GA130. La Eterización de la Sangre

Rudolf Steiner — Basilea, 1 de Octubre de 1911

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Donde quiera que nosotros, como seres humanos, hayamos luchado por el conocimiento, ya sea como místicos o realistas o de alguna manera como todo, nos ha sido demandada la adquisición del autoconocimiento. Pero como se ha subrayado repetidamente en otras ocasiones, el autoconocimiento no es tan fácil de lograr como muchas personas creen y entre ellos a veces los antropósofos. El antropósofo debe ser constantemente consciente de los obstáculos que encontrará en sus esfuerzos. Pero la adquisición del autoconocimiento es absolutamente esencial si queremos alcanzar un objetivo digno en la existencia del mundo y si nuestras acciones han de ser dignas de nosotros como miembros de la Humanidad.

Hagámonos la pregunta: ¿Por qué el logro del autoconocimiento es tan difícil? El hombre es un ser muy complicado. Si queremos hablar verdaderamente de su vida interior, de su vida anímica, no comenzaremos por considerarla como algo simple y elemental. Preferiremos tener la paciencia, la perseverancia y la voluntad, para penetrar más profundamente en esa maravillosa creación de las Potencias Divinas Espirituales, conocida como Hombre.

Antes de investigar la naturaleza del autoconocimiento, pueden presentársenos dos aspectos de la vida del alma humana. Así como el imán tiene los polos Norte y Sur, así como la luz y la oscuridad están presentes en el mundo, también hay dos polos en la vida del alma del hombre. Estos dos polos se hacen evidentes cuando observamos a una persona colocada en dos situaciones contrastantes. Supongamos que estamos mirando a alguien que está totalmente absorto en la contemplación de un fenómeno natural sorprendentemente hermoso e impresionante. Vemos cómo está de pie, sin moverse, sin apartar los ojos del espectáculo que se le presenta y somos conscientes de que en su interior está representando su entorno. Esa es una situación. La otra es la siguiente: un hombre está caminando por la calle y siente que alguien lo ha insultado. Sin pensar, se llena de cólera y se desahoga golpeando a la persona que lo insulta. Ahí somos testigos de una manifestación de fuerzas que surgen de la ira, una manifestación de los impulsos de la voluntad, y es fácil imaginar que si la acción hubiera sido precedida por el pensamiento, no habría necesidad de golpear. Ahora nos hemos imaginado dos situaciones contrastantes: en una hay una ideación, un proceso en la vida del pensamiento del cual está ausente toda voluntad consciente; en el otro no hay pensamiento, ni ideación, y la expresión inmediata es un impulso de voluntad. Aquí tenemos ejemplos de los dos extremos del comportamiento humano. El primer polo es la entrega total a la contemplación, al pensamiento, en el cual la voluntad no tiene parte; El segundo polo es la fuerza impulsora de la voluntad sin pensamiento. Estos hechos se revelan simplemente por la observación de la vida externa.

Podemos meditar más profundamente en estas cosas y llegar entonces a esferas en las que podemos encontrar nuestra orientación sólo mediante la convocatoria de los resultados de la investigación oculta como ayuda. Aquí nos confronta otra polaridad: la de dormir y despertar. De los conceptos elementales de la Antroposofía sabemos que en la vida de vigilia los cuatro miembros del ser humano —el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo— están orgánicamente y activamente entrelazados, pero que en el sueño los cuerpos físico y etérico permanecen en la cama, mientras que el cuerpo astral y el yo son empujados hacia el gran mundo que limita con la existencia física. Estos hechos también podrían abordarse desde un punto de vista diferente. Podríamos preguntarnos: ¿qué hay que decir acerca de la ideación, la contemplación, el pensamiento y sobre la voluntad y sus impulsos, por un lado, durante la vigilia y durante el sueño, por el otro?.

Cuando penetramos más profundamente en esta cuestión, se hace evidente que en su existencia física actual el hombre está, en cierto sentido, siempre dormido, sólo hay una diferencia entre el sueño durante la noche y el sueño durante el día. De esto podemos convencernos de una manera puramente externa, pues sabemos que podemos despertar en el sentido oculto durante el día, es decir, podemos llegar a ser clarividentes y ver en el mundo espiritual. El cuerpo físico en su estado ordinario estaría dormido ante lo que está sucediendo entonces allí y podríamos hablar con razón de un despertar de nuestros sentidos espirituales. Por la noche, por supuesto, estamos durmiendo de la manera normal. Por lo tanto, se puede decir: el sueño ordinario es el sueño con respecto al mundo físico exterior; La conciencia diurna en el tiempo presente es el sueño en cuanto al mundo espiritual.

Estos hechos pueden considerarse en otra luz. En un escrutinio más profundo nos damos cuenta de que en la condición ordinaria de vigilia de la vida física, el hombre tiene, por regla general, muy poco poder o control sobre su voluntad y sus impulsos. La voluntad está muy separada de la vida cotidiana. Sólo consideren cuán poco de todo lo que hacen desde la mañana hasta la tarde es realmente el resultado de su propio pensamiento, de sus resoluciones personales. Cuando alguien llama a la puerta y usted dice “¡entre!”, eso no puede ser llamado una decisión de tu propio pensamiento y voluntad. Si tienes hambre y te sientas en la mesa, eso no puede llamarse una decisión hecha por la voluntad, porque esta ocasionada por sus circunstancias, por las necesidades del organismo. Traten de imaginar su vida cotidiana y descubrirán cuán poco la voluntad es influenciada directamente desde el centro del ser. ¿Por qué es este el caso?.

El ocultismo nos muestra que con respecto a su voluntad el hombre duerme de día, es decir, que no está en el sentido real presente en su voluntad. Podemos evolucionar mejores y mas conceptos e ideas; o podemos llegar a ser individuos más morales, más cultos, pero no podemos hacer nada con respecto a la voluntad. Cultivando mejores pensamientos podemos trabajar indirectamente sobre la voluntad, pero en lo que respecta a la vida volitiva no podemos hacer nada directamente con ella, porque en la vigilia del día, nuestra voluntad sólo influye indirectamente, a saber, a través del sueño. Cuando estamos dormidos no pensamos; la ideación pasa a un estado de sueño. La voluntad, sin embargo, despierta, impregna nuestro organismo desde afuera, y lo revigoriza. Nos sentimos fortalecidos por la mañana porque lo que ha penetrado en nuestro organismo es de una naturaleza volitiva. Que no seamos conscientes de esta actividad de la voluntad se hace comprensible cuando recordamos que toda actividad conceptual cesa cuando estamos dormidos. Por lo tanto, para empezar, este estímulo se dará en una mayor contemplación, una meditación ulterior. Cuanto más se progrese en el conocimiento de sí mismo, más se encontrará la confirmación de la verdad de las palabras que el hombre duerme respecto a su voluntad cuando está despierto y duerme respecto a su vida conceptual cuando está dormido. La vida de la voluntad duerme durante el día; La vida del pensamiento duerme por la noche.

El hombre no sabe que la voluntad no duerme durante la noche porque sólo sabe despertar en su vida de pensamiento. La voluntad no duerme durante la noche, pues entonces trabaja como en un elemento ardiente sobre el cuerpo para restaurar lo que ha sido gastado durante el día.

Así, hay dos polos en el hombre, la vida de observación e ideación, y los impulsos de la voluntad; Y el hombre se relaciona de manera totalmente opuesta con estos dos polos. Toda la vida del alma se mueve en diferentes matices entre estos dos polos, y podemos empezar a entenderlo al relacionar esta vida microcósmica del alma con los mundos superiores.

De lo que se ha dicho hemos aprendido que la vida del pensamiento y de la ideación es uno de los polos de la vida anímica del hombre. Esta vida de pensamiento es algo que parece irreal para las personas con mentalidad materialista. ¿No oímos a menudo decir: “¡Oh, las ideas y pensamientos son sólo ideas y pensamientos!” Esto quiere decir que si alguien tiene [una pieza] de pan o carne en la mano es una realidad porque se puede comer, pero un pensamiento es sólo un pensamiento, no es una realidad. ¿Por qué se dice esto? Es porque lo que el hombre llama sus pensamientos están relacionados con lo que los pensamientos son realmente como la sombra de una imagen es a la cosa real. La sombra de la imagen de una flor te señala a la flor misma, a la realidad. Lo mismo ocurre con los pensamientos. El pensamiento humano es la sombra de ideas y seres pertenecientes a un mundo superior, el mundo que llamamos el plano Astral. Y ustedes pueden representarse pensando correctamente cuando se imaginan así la cabeza humana, por lo tanto —no es absolutamente correcto, pues simplemente es un diagrama. En la cabeza tenemos pensamientos, pero estos pensamientos deben ser representados como seres vivos en el plano astral. Seres de las más variadas clases trabajan allí en la forma de conceptos y actividades que emiten sus imágenes, como una sombra, en los hombres y estos procesos se reflejan en la cabeza humana como pensamientos.

 

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Así como la vida del pensamiento esta en el alma humana, también está la vida del sentimiento. Los sentimientos se dividen en dos categorías: los de placer y simpatía y los de disgusto y antipatía. Los primeros son despertados por las buenas acciones, acciones benevolentes; la antipatía es despertada por hechos malvados y malévolos. Aquí hay algo más, que es diferente de la mera formación de conceptos. Formamos conceptos de cosas independientemente de cualquier otro factor. Pero nuestra alma experimenta simpatía o antipatía sólo con respecto a lo que es bello y bueno, o lo que es feo y malo. Así como todo lo que tiene lugar en el hombre en forma de pensamientos apunta al plano Astral, todo lo relacionado con la simpatía o la antipatía apunta al reino que llamamos Devacán Inferior. Los procesos en el mundo celestial o Devacán, se proyectan, principalmente en nuestro tórax, como sentimientos de simpatía o antipatía por lo bello o lo feo, por lo que es bueno o malo. De modo que en nuestros sentimientos por el elemento estético—moral, llevamos dentro de nuestras almas la sombra de las reflexiones del mundo celestial o Devacán inferior.

Todavía hay una tercera jurisdicción en la vida del alma humana que debe ser estrictamente distinguida de la mera preferencia por las buenas acciones. Hay una diferencia entre estar contemplando y sintiendo placer al presenciar algún acto bondadoso y establecer la voluntad de  realizar alguna de estas acciones. Llamaré placer ante las buenas acciones o desagrado ante las malas acciones al elemento estético, en contra del elemento moral que impulsa al hombre a realizar alguna buena acción. El elemento moral está en un nivel más alto que el puramente estético; El mero placer o disgusto está en un nivel más bajo que la voluntad de hacer algo bueno o malo. En la medida en que nuestra alma se siente obligada a dar expresión a los impulsos morales, estos impulsos son la sombra de las imágenes del Devacán Superior, del Mundo Celestial Superior.

Es fácil imaginar estas tres etapas de actividad del alma humana: las puramente intelectuales (pensamientos, conceptos), las estéticas (placer o displacer) y morales (reveladas en impulsos hacia las buenas o malas acciones) como imágenes microcósmicas de los tres reinos que en el Macrocosmos, el gran Universo, se encuentran uno encima del otro. El mundo astral se refleja en el mundo del pensamiento; El mundo devacánico se refleja en la esfera estética del placer y el desagrado; Y el mundo Devacánico más alto se refleja como moralidad.

  • Pensamientos: Sombra de las imágenes de Seres del Plano Astral (Despertar)
  • Simpatía y Antipatía: Sombra de las imágenes de Seres del Devacán Inferior (Soñar)
  • Impulsos Morales: Sombra de Imágenes de Seres del Devacán Superior (Dormir)

 

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Si conectamos esto con lo que se dijo anteriormente acerca de los dos polos de la vida del alma, tomaremos el polo del intelecto como el que domina la vida despierta, la vida en la que el hombre está mentalmente despierto. Durante el día está despierto con respecto a su intelecto; Durante el sueño está despierto con respecto a su voluntad. Es porque por la noche está dormido con respecto al intelecto que no es consciente de lo que está sucediendo con su voluntad. La verdad es que lo que llamamos principios morales, impulsos morales, están trabajando indirectamente en la voluntad.

Y, de hecho, el hombre necesita la vida del sueño para que los impulsos morales que toma en sí mismo a través de la vida del pensamiento puedan volverse activos y efectivos. En la vida ordinaria actual, el hombre es capaz de realizar lo que es justo sólo en el plano del intelecto; Él es menos capaz de lograr cualquier cosa en el plano moral, por lo que depende de la ayuda que viene del Macrocosmos.

Lo que ya está dentro de nosotros puede provocar el desarrollo ulterior de la intelectualidad, pero los dioses deben venir en nuestro auxilio si queremos adquirir mayor fuerza moral. Nos vamos a dormir para poder sumergirnos en la Divina Voluntad donde el intelecto no interviene y donde las Fuerzas Divinas transforman en el poder de la voluntad los principios morales que aceptamos, inculcando en nuestra voluntad lo que de otro modo sólo podríamos recibir en nuestros pensamientos.

Entre estos dos polos, el de la voluntad que despierta por la noche y del intelecto que despierta en el día, está la esfera de la apreciación estética que está continuamente presente en el hombre. Durante el día el hombre no está completamente despierto —al menos sólo los individuos más prosaicos y pedantes están siempre completamente despiertos en la vida despierta. Debemos ser capaces de soñar un poco incluso durante el día cuando estamos despiertos; Debemos ser capaces de entregarnos al disfrute del arte, de la poesía, o de alguna otra actividad que no se ocupe totalmente de la crasa realidad. Aquellos que pueden entregarse de esta manera forman una conexión con algo que puede animar y vigorizar toda la existencia. Entregarse a tales imaginaciones es como un sueño que se abre paso en la vida de vigilia. En la vida del sueño saben bien como van entrando los sueños; Son sueños en el sentido usual, sueños que penetran en la consciencia del sueño. Los seres humanos también necesitan soñar de día si no quieren llevar una vida árida, vacía, malsana y despierta. El sueño tiene lugar durante el dormir por la noche en cualquier caso, y no es necesario probar esto. A medio camino entre los dos polos, el de la noche soñando y el sueño del día esta la condición que puede llegar a expresarse en la fantasía.

Así que aquí también hay una triple vida anímica. El elemento intelectual en el que estamos realmente despiertos nos trae la sombra de las imágenes del Plano Astral cuando durante el día nos entregamos a un pensamiento en el que se originan las ideas más fructíferas para la vida cotidiana y los grandes inventos. Entonces, durante el sueño, cuando estamos soñando, estos sueños actúan en nuestra vida durmiente y las sombras de las imágenes del Bajo Devacán se reflejan en nosotros. Y cuando trabajamos activamente durante el sueño, impresionando la moralidad en nuestra voluntad —no podemos ser conscientes de este proceso real, pero ciertamente podemos ver sus efectos, cuando somos capaces de imbuir nuestra vida de pensamientos durante la noche con la influencia de los Poderes Divinos Espirituales, entonces los impulsos que recibimos son reflexiones del Alto Devacán, del mundo celestial superior.

Estas reflexiones son impulsos y sentimientos morales que actúan dentro de nosotros y nos conducen al reconocimiento de que la vida humana sólo es reivindicada cuando ponemos nuestros pensamientos al servicio de la bondad y de la belleza; cuando permitimos que la misma sangre del corazón de la Vida Espiritual Divina fluya a través de nuestras actividades intelectuales, impregnándolas de impulsos morales.

 La vida del alma humana, tal como se presenta aquí, primero a la observación externa, exotérica y después a la observación de un carácter más místico, se revela mediante una investigación más profunda (oculta). Los procesos que han sido descritos en su aspecto más externo también pueden ser percibidos en el hombre a través de la clarividencia. Cuando un hombre se encuentra frente a nosotros hoy en su estado de vigilia y lo observamos con el ojo de la clarividencia, ciertos rayos de luz se ven fluyendo continuamente desde el corazón hacia la cabeza. Dentro de la cabeza estos rayos actúan alrededor del órgano conocido en la anatomía como la glándula pineal. Estas corrientes surgen porque la sangre humana, que es una sustancia física, se está resolviendo perpetuamente en sustancia etérica.

En la región del corazón hay una continua transformación de la sangre en esta delicada sustancia etérica que fluye hacia arriba, hacia la cabeza y reluce alrededor de la glándula pineal. Este proceso —la eterización de la sangre— se puede percibir en el ser humano todo el tiempo durante su vida de vigilia.

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El observador oculto es capaz de ver un flujo continuo desde el exterior hacia el cerebro, y también en la dirección inversa, desde el cerebro hasta el corazón. Ahora bien, estas corrientes, que en el hombre durmiente vienen del exterior, del espacio cósmico, del macrocosmos y fluyen hacia la constitución interna del cuerpo físico y etérico que yacen en la cama, revelan algo notable cuando son investigados. Estos rayos varían mucho en diferentes individuos. Los seres humanos durmientes difieren muy drásticamente los unos de los otros, y si aquellos que son un poco vanidosos supieran lo mal que se traicionan para la observación oculta cuando se quedan dormidos durante las reuniones públicas, tratarían de mejorar su nivel para no dejar que esto suceda!

Las cualidades morales se revelan claramente en la coloración particular de las corrientes que fluyen en los seres humanos durante el sueño; En un individuo de principios morales inferiores, las corrientes son muy diferentes de las que se pueden observar en un individuo de nobles principios. Los esfuerzos para disimular son inútiles. Ante la faz de las Potencias Cósmicas superiores, no es posible el disimulo. En el caso de un hombre que sólo tiene una ligera inclinación hacia principios morales los rayos que fluyen de él son de un color rojo parduzco —varias tonalidades tienden hacia el rojo parduzco. En un hombre de altos ideales morales los rayos son de color lila violeta. En el momento de despertarse o de dormirse, tiene lugar una especie de lucha en la región de la glándula pineal entre lo que fluye desde arriba y lo que desde abajo fluye hacia arriba. Cuando el hombre está despierto, el elemento intelectual fluye hacia arriba desde abajo en forma de corrientes de luz, y lo que es de naturaleza estético—moral fluye hacia abajo desde arriba.

 En el momento de despertar o de dormirse, estas dos corrientes se encuentran, y en el hombre de baja moralidad se produce una violenta lucha entre las dos corrientes en la región de la glándula pineal. En el hombre de alta moralidad hay alrededor de la glándula pineal como un pequeño mar de luz. La nobleza moral se revela cuando en esos momentos un suave resplandor rodea la glándula pineal. De esta manera, se refleja en él la disposición moral, y este suave resplandor de luz a menudo se extiende hasta el corazón. Por lo tanto, dos corrientes pueden ser percibidas en el hombre —la una Macrocósmica, la otra, Microcósmica.

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Estimar el significado de cómo estas dos corrientes se encuentran en el hombre sólo es posible considerando, por un lado, lo que se dijo anteriormente de manera más externa sobre la vida del alma y cómo esta vida revela la triple polaridad intelectual,  estética y el elemento moral que fluye desde arriba, desde el cerebro hacia el corazón; y si, por otro lado, comprendemos el significado de lo que se dijo acerca de dirigir nuestra atención al fenómeno correspondiente en el macrocosmos. Este fenómeno correspondiente se puede describir hoy como el resultado de la más escrupulosa y cuidadosa investigación oculta de los últimos años, emprendida por genuinos rosacruces. Estas investigaciones han demostrado que algo similar a lo que se ha descrito en relación con el microcosmos también tiene lugar en el macrocosmos. Ustedes comprenderán esto más plenamente con el paso del tiempo.

Así como en la región del corazón humano la sangre se transforma continuamente en sustancia etérica, un proceso similar tiene lugar en el Macrocosmos. Entendemos esto cuando volvemos nuestras mentes al Misterio del Gólgota —al momento en que la sangre fluyó de las heridas de Jesucristo.

Esta sangre no debe ser considerada simplemente como sustancia química, sino por todo lo que se ha dicho acerca de la naturaleza de Jesús de Nazaret debe ser reconocida como algo completamente único. Cuando fluía de sus heridas, una sustancia fue impartida a nuestra Tierra, que al unirse con ella, constituyó un Evento del mayor significado posible para todas las épocas futuras de la evolución de la Tierra —y que sólo puede tener lugar una vez. ¿Qué vino de esta sangre para los tiempos que le siguieron?. Nada diferente de lo que de otro modo ocurre en el corazón del hombre. En el curso de la evolución de la Tierra esta sangre pasa por un proceso de “eterización”. Y así como nuestra sangre humana fluye hacia arriba desde el corazón como éter, así desde el Misterio del Gólgota la sangre eterizada de Cristo Jesús está presente en el éter de la Tierra. El cuerpo etérico de la Tierra está permeado por la sangre —ahora transformada— que fluyó sobre el Gólgota. Esto es sumamente importante. Si lo que ha sucedido por medio de Cristo Jesús no hubiera ocurrido, la condición del hombre en la Tierra sólo podría haber sido como se describió anteriormente. Pero desde el Misterio del Gólgota ya es posible que la sangre etérea de Cristo fluya junto con las corrientes de abajo hacia arriba, del corazón a cabeza.

Puesto que la sangre eterizada de Jesús de Nazaret está presente en el cuerpo etérico de la Tierra, acompaña a la sangre humana eterizada que fluye hacia arriba desde el corazón hasta el cerebro, de modo que no sólo las corrientes de las cuales hablé antes se encuentran en el hombre, el torrente sanguíneo humano se une al torrente sanguíneo de Cristo Jesús. Sin embargo, la unión de estas dos corrientes sólo puede producirse si la persona es capaz de desplegar una verdadera comprensión de lo que está contenido en el Impulso de Cristo. De otra manera no puede haber unión; las dos corrientes entonces se repelen mutuamente, empujándose una a la otra. En cada época de la evolución de la Tierra, debe adquirirse la comprensión en la forma adecuada para esa época. En el tiempo en que Cristo Jesús vivió en la Tierra, los acontecimientos precedentes fueron correctamente comprendidos por aquellos que fueron a su precursor, Juan, y fueron bautizados por él según el rito descrito en los Evangelios. Ellos recibieron el bautismo para poder cambiar sus pecados, es decir, el karma de sus vidas anteriores —el karma que había llegado a su fin—; Y para que pudieran comprender que el impulso más poderoso en la evolución de la Tierra estaba a punto de descender en un cuerpo físico.

Pero la evolución de la humanidad progresa y en nuestra época actual lo que importa es que la gente reconozca la necesidad del conocimiento contenido en la Ciencia Espiritual y sea capaz de encender las corrientes que fluyen del corazón al cerebro para que este conocimiento pueda ser comprendido.

Si esto sucede, los individuos serán capaces de recibir y comprender el evento que tiene su comienzo en el siglo XX: este evento es la aparición del Cristo como un Ser Etérico en oposición al Cristo Físico de Palestina. Pues ahora hemos llegado al punto en que el Cristo Etérico entra en la vida de la Tierra y se hace visible, primero a un pequeño número de individuos a través de una forma de clarividencia natural. Entonces en el curso de los próximos tres mil años, Él se hará visible a un número cada vez mayor de personas. Esto inevitablemente ocurrirá en el curso natural del desarrollo. Que sucederá es tan cierto como lo fueron los logros de la electricidad en el siglo XIX. Varias personas verán al Cristo Etérico y experimentarán el acontecimiento que tuvo lugar en Damasco. Pero esto dependerá de que tales hombres aprendan a estar alertas al momento en que Cristo se acerque a ellos. En sólo unas pocas décadas a partir de ahora ocurrirá, particularmente a aquellos que son jóvenes —ya se están preparando para esto— que algún individuo aquí o allí tiene ciertas experiencias. Si han agudizado su visión a través de la asimilación de la Antroposofía, pueden darse cuenta de que de repente alguien se ha acercado para ayudarlo, para hacerle alerta a esto o aquello. La verdad es que Cristo ha venido a él, aunque cree que lo que vio es un hombre físico. Se dará cuenta de que lo que vio fue un ser suprasensible, porque desaparece inmediatamente. Muchos seres humanos tendrán esta experiencia cuando permanezcan sentados en silencio en su habitación, con el corazón pesado y oprimido, sin saber a dónde dirigirse. La puerta se abrirá, y el Cristo etérico aparecerá y le dirá palabras de consuelo. El Cristo se convertirá en un Consolador vivo para los hombres. Por extraño que parezca, es verdad que muchas veces, aun en número considerable, están sentados juntos, sin saber qué hacer y esperando, verán al Cristo Etérico. Él mismo estará allí, hablará con ellos, hará oír su voz en tales reuniones. Estos tiempos se acercan, y el elemento positivo y constructivo que ahora se describe tendrá un efecto real en la evolución de la humanidad.

No se hablará aquí contra los grandes avances de la cultura de nuestros días; Estos logros son esenciales para el bienestar y la libertad de los hombres. Pero cualquier cosa que se pueda obtener en el camino del progreso externo en el dominio de las fuerzas de la naturaleza es algo pequeño e insignificante comparado con la bendición otorgada al individuo que experimenta el despertar del alma por Cristo, el Cristo que ahora operará en la cultura humana y sus preocupaciones. De este modo, los hombres adquirirán fuerzas que contribuyen a la unificación. En verdad Cristo trae fuerzas constructivas a la cultura y civilización humanas.

Si nos fijamos en los primeros tiempos post-atlantes, encontraríamos que los hombres construyeron sus lugares de morada por métodos muy diferentes de los usados en la actualidad. En esos días hacían uso de todo tipo de cosas en crecimiento. Incluso al construir palacios convocaban a la naturaleza en su ayuda utilizando plantas entrelazadas con ramas de árboles y así sucesivamente, mientras que hoy los hombres deben construir con fragmentos rotos. Toda la cultura del mundo exterior es inventada con la ayuda de productos de fragmentación. Y en el curso de los años venideros se verá aún más claramente cuánto en nuestra vida civilizada es el resultado de la destrucción.

La luz misma que hasta el tiempo de la Atlántida fue un proceso progresivo está siendo destruida en esta era post-atlante de la existencia de la Tierra. Desde entonces ha sido un proceso de decadencia[1].  ¿Qué es la luz? La luz se desintegra y la luz en descomposición es la electricidad. Lo que conocemos como electricidad es la luz que está siendo destruida en la materia. Y la fuerza química que experimenta una transformación en el proceso de la evolución de la Tierra es el magnetismo. Sin embargo, una tercera fuerza se activará y si la electricidad parece funcionar de maravilla hoy en día, esta tercera fuerza afectará a la civilización de una manera aún más milagrosa. Cuanto más empleemos esta fuerza, más rápidamente la Tierra tenderá a convertirse en un cadáver y su parte espiritual se preparará para la encarnación de Júpiter. Estas fuerzas tienen que ser aplicadas con el propósito de destrucción, para que el hombre pueda liberarse de la Tierra y que el cuerpo de la Tierra pueda caer. Mientras la Tierra estuvo involucrada en la evolución progresiva, no ocurrió tal destrucción, porque los grandes logros de la electricidad sólo pueden servir a una Tierra en decadencia. Por extraño que parezca, debe ser conocido poco a poco. Al comprender el proceso de la evolución, aprenderemos a evaluar nuestra cultura en su verdadero valor. También aprenderemos que es necesario que la Tierra sea destruida, porque de lo contrario lo espiritual no podría llegar a ser libre. También aprenderemos a valorar lo positivo, es decir, la penetración de las fuerzas espirituales en nuestra existencia en la Tierra.

Así nos damos cuenta de lo que significó el tremendo avance por el hecho de que Cristo vivió tres años en la Tierra en un cuerpo humano especialmente preparado para que fuera visible a los ojos físicos. A través de lo que sucedió durante estos tres años, los hombres se están preparando para contemplar al Cristo que caminará entre ellos en un cuerpo etérico, que participará en la vida terrenal tan verdaderamente y efectivamente como lo hizo el Cristo físico en Palestina. Si los hombres observan tales acontecimientos con sentidos no identificados, sabrán que hay un cuerpo etérico que se moverá en el mundo físico, porque es el único cuerpo etérico capaz de trabajar en el mundo físico como un cuerpo físico humano. Sólo se diferenciará de un cuerpo físico a este respecto, en que puede estar en dos, tres, incluso en cien, mil lugares al mismo tiempo. Esto es posible sólo para una forma etérica, no para una forma física. Lo que se logrará en la humanidad a través de este avance es que los dos polos de los que he hablado, el intelectual y el moral, se convertirán cada vez más en uno; Se fusionarán. Esto sucederá porque en el transcurso de los próximos milenios los hombres tomarán conciencia de la presencia del Cristo Etérico en el mundo; serán más y más influenciados también en la vida despierta por el trabajo directo del Bien del mundo espiritual. Mientras que en la actualidad la voluntad está dormida durante el día, y el hombre sólo es capaz de influir indirectamente a través del pensamiento, en el curso de los próximos milenios, a través del poder que desde nuestro tiempo en adelante está trabajando en nosotros bajo la égida de Cristo, ocurrirá que las acciones de los hombres con la conciencia despierta también pueden ser directamente productoras del Bien.

El sueño de Sócrates, de que la virtud se puede enseñar, se hará realidad; Más y más será posible en la Tierra no sólo para que el intelecto sea estimulado y energizado por esta enseñanza, sino por impulsos morales que se difundirán al exterior. Schopenhauer dijo: “Predicar la moralidad es fácil; pero establecerla es muy difícil”. ¿Por qué es esto? Porque ninguna moral ha sido aún difundida por la predicación. Es muy posible reconocer los principios morales y sin embargo no respetarlos. Para la mayoría de la gente el dicho paulino es bueno, que el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil. Esto cambiará, porque el fuego moral que fluye de la figura de Cristo intensificará el reconocimiento de la necesidad de impulsos morales. El hombre transformará la Tierra sintiendo con fuerza cada vez mayor que la moral es una parte esencial de ella. En el futuro, ser inmoral sólo será posible para los individuos que son incitados en esta dirección, que están poseídos por demonios malignos, por Poderes Ahrimánicos, Asúricos y más, aspirando a ser así.

En el  devenir en la Tierra habrá un número suficiente de individuos que enseñaran moralidad y al mismo tiempo sostendrán sus principios; pero también habrá quienes por su propia decisión libre se entreguen a las Potencias malignas y así permitan que un exceso de mal sea enfrentado a una buena humanidad. Nadie se verá obligado a hacer esto; estará en el libre albedrío de cada individuo.

Entonces vendrá la época en que la Tierra pasara a condiciones de las cuales, como en otras cosas, el Ocultismo Oriental y el Misticismo por sí solos dan alguna idea. La atmósfera moral se habrá fortalecido. Durante muchos miles de años el Misticismo Oriental ha hablado de esta época, y desde la llegada de Gautama Buda ha hablado con especial énfasis sobre esa condición futura cuando la Tierra será bañada en una “atmósfera etérico-moral”. Desde entonces de los antiguos Rishis era la gran esperanza del Misticismo Oriental de que este impulso moral llegara a la Tierra desde Vishva-Karman o, como Zaratustra proclamaba, de Ahura Mazdao. Así, el Misticismo Oriental previó que este impulso moral, esta atmósfera moral, vendría a la Tierra del Ser que llamamos el Cristo. Y fue sobre Él, sobre Cristo, que las esperanzas del Misticismo Oriental fueron establecidas.

El Misticismo Oriental fue capaz de imaginar las consecuencias de ese evento, pero no la forma real que tomaría. La mente podría imaginar que dentro de un período de 5.000 años después de que el gran Buda alcanzara la Iluminación, las formas puramente Akáshicas, bañadas en el fuego, iluminadas por el sol, aparecerían en la estela de Uno más allá de lo conocido en el Misticismo Oriental. Una imagen maravillosa en verdad: que sucedería algo que haría posible que los Hijos del Fuego y de la Luz se movieran alrededor de la Tierra, no en la encarnación física sino como puras formas Akáshicas dentro de la atmósfera moral de la Tierra. Pero entonces, así se dijo, en 5.000 años después de la Ilustración de Gautama Buda, el Maestro también estará allí para dar a conocer a los hombres la naturaleza de estas formas maravillosas de puro Fuego y Luz. Este maestro —el Buda Maitreya— aparecerá 3.000 años después de nuestra era actual y hablará del Impulso de Cristo.

Así, el misticismo oriental se une al conocimiento cristiano de Occidente para formar una unidad maravillosamente hermosa. También se revela que el que aparecerá tres mil años después de nuestra era como el Buda Maitreya se ha encarnado una y otra vez en la Tierra como un Bodhisattva, como el sucesor de Gautama Buda. Una de sus encarnaciones fue la de Jeshu ben Pandira, que vivió cien años antes de la era cristiana. El ser que encarnó en Jeshu ben Pandira es el que un día se convertirá en el Maitreya Buda y que de siglo a siglo regresa una y otra vez en un cuerpo de carne, aún no como Buda, sino como Bodhisattva. Aún ahora proceden de él, que más tarde será el Maitreya Buda, las enseñanzas más significativas concernientes al Ser de Cristo y los Hijos de Fuego  —los Agnishvattas— del Misticismo Indio.

Las indicaciones por las cuales el Ser que debe convertirse en el Maitreya Buda pueden ser reconocidas son comunes en todo el genuino misticismo oriental y en la gnosis cristiana. El Buda Maitreya que, en contraste con los Hijos del Fuego, aparecerá en un cuerpo físico como Bodhisattva, puede ser reconocido por el hecho de que en su primer desarrollo su desarrollo temprano no da ninguna indicación de la naturaleza de la individualidad que esta dentro de él. Sólo aquellos poseídos de entendimiento reconocerán la presencia de un Bodhisattva en un ser humano a la edad de treinta a treinta y tres años, y no antes. Algo similar a un cambio de personalidad ocurrirá entonces. El Buda Maitreya revelará su identidad a la humanidad en el trigésimo tercer año de su vida. Así como Cristo Jesús comenzó su misión en su trigésimo año, también los Bodhisattvas, que seguirán proclamando el Impulso de Cristo, se revelarán en el trigésimo tercer año de su vida. Y el mismo  Maitreya Buda, como Bodhisattva transformado, hablando en palabras poderosas de las que no se puede dar una idea adecuada en la actualidad, proclamará los grandes secretos de la existencia. Hablará en un lenguaje que primero tiene que ser creado, porque ningún ser humano puede hoy formular palabras tales como aquellas con las que el Maitreya Buda se dirigirá a la Humanidad. La razón por la cual los hombres no pueden ser abordados de esta manera en la actualidad es que el instrumento físico para esta forma de expresión todavía no existe. Las enseñanzas del Iluminado no fluirán en los hombres como enseñanzas solamente, sino que verterán impulsos morales en sus almas. Las palabras tales como las que después se hablarán aún no pueden ser pronunciadas por una laringe física; En nuestro tiempo sólo pueden estar presentes en los mundos espirituales.

La antroposofía es la preparación para todo lo que el futuro nos reserva. Aquellos que toman el proceso de la evolución del hombre deciden seriamente no permitir que el desarrollo del alma llegue a un punto muerto, sino asegurar que este desarrollo finalmente permitirá que la parte espiritual de la Tierra se vuelva libre, dejando la parte más grosera caer como un cadáver —pero los hombres podrían frustrar todo el proceso. Aquellos que desean que la evolución tenga éxito deben adquirir la comprensión de la vida del espíritu a través de lo que hoy llamamos Antroposofía. El cultivo de la Antroposofía se convierte así en un deber; El conocimiento se convierte en algo que realmente sentimos, algo hacia lo que tenemos responsabilidad. Cuando estamos interiormente conscientes de esta responsabilidad y tenemos esta resolución, cuando los misterios del mundo despiertan en nosotros el deseo de convertirnos en antropósofos, entonces nuestro sentimiento será verdadero y correcto. Porque la Antroposofía no debe ser algo que meramente satisfaga nuestra curiosidad; Debe ser algo sin lo cual no podemos vivir. Sólo entonces nuestros sentimientos son lo que deben ser, sólo entonces vivimos como piedras edificadoras en esa gran obra de construcción que debe llevarse a cabo en las almas humanas y puede abrazar a toda la Humanidad.

La Antroposofía es una revelación de los acontecimientos del mundo que enfrentará a los hombres del futuro, se enfrentará a nuestras propias almas, ya sea en el cuerpo físico o en la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Los cambios que se avecinan nos afectarán, sin importar si seguimos viviendo en el cuerpo físico o si hemos lo hemos dejado a un lado. Sin embargo, la comprensión de estos acontecimientos debe ser adquirida durante la vida en el cuerpo físico para que surtan efecto después de la muerte. A aquellos que adquieren algún conocimiento del Cristo mientras todavía viven en el cuerpo físico, no hará ninguna diferencia, cuando llegue el momento de la visión del Cristo, ya hayan pasado o no por la puerta de la muerte. Pero si aquellos que ahora rechazan cualquier comprensión del Cristo ya han pasado por la puerta de la muerte cuando este momento llegue, deben esperar hasta su próxima encarnación, porque tal entendimiento no puede ser adquirido entre la muerte y el renacimiento. Una vez que la fundación ha sido adquirida, sin embargo, perdura, y entonces Cristo se hace visible también durante el período entre la muerte y el nuevo nacimiento.

Y así, la Antroposofía no es sólo algo que aprendemos para nuestra vida física, sino que es de valor esencial cuando hemos dejado a un lado el cuerpo físico en la muerte.

Esto es lo que deseaba transmitirles hoy como una ayuda para responder a muchas preguntas. El autoconocimiento es difícil porque el hombre es un ser muy complejo. La razón de esta complejidad es que está conectado con todos los Mundos y Seres superiores. Tenemos dentro de nosotros imágenes de sombra del gran Universo y todos los miembros de nuestra constitución —los cuerpos físico, etérico, astral y el yo— son mundos para los Seres Divinos. Nuestro cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y yo forman un solo mundo; El otro es el mundo superior, el mundo celestial. Los Mundos Divinos-espirituales son los miembros corporales de los Seres de las esferas superiores de la existencia cósmica.

El hombre es un ser tan complejo porque es una imagen especular del mundo espiritual. La realización de esto debe hacerse consciente de su valor intrínseco. Pero a partir del conocimiento de que si bien somos imágenes reflejadas del mundo espiritual, sin embargo estamos muy lejos de lo que debemos ser —de este conocimiento también adquirimos, así como la conciencia de nuestro valor como seres humanos, la actitud correcta de modestia y Humildad hacia el Macrocosmos y sus dioses.

 

Respuestas de Rudolf Steiner a las preguntas al final de la conferencia

Pregunta: ¿Cómo se entienden las palabras usadas por San Pablo, “para hablar en lenguas” (Corintios 1: 12)?

Respuesta: En los seres humanos excepcionales puede ocurrir que no sólo el fenómeno del habla esté presente en el estado de vigilia, sino que algo que se presente en la conciencia del sueño, fluya en este hablar. Este es el fenómeno al que se refiere San Pablo. Goethe se refiere a él en el mismo sentido; Ha escrito dos tratados muy interesantes sobre el tema.

Pregunta: ¿Cómo se reciben y experimentan las palabras de consolación de Cristo?

Respuesta: Los hombres sentirán estas palabras de consuelo como si surgieran de sus propios corazones. La experiencia también puede parecer audición física.

Pregunta: ¿Cuál es la relación de las fuerzas y sustancias químicas con el mundo espiritual?

Respuesta: Hay en el mundo una serie de sustancias que pueden combinarse o separarse unas de otras. Lo que llamamos acción química se proyecta en el mundo físico desde el mundo de Devacán —el reino de la Armonía de las Esferas. En la combinación de dos sustancias según sus pesos atómicos, tenemos un reflejo de dos tonos de la Armonía de las Esferas. La afinidad química entre dos sustancias en el mundo físico es como un reflejo del reino de la Armonía de las Esferas. Las relaciones numéricas en química son una expresión de las proporciones numéricas de la armonía de las esferas, que se ha vuelto muda y silenciosa debido a la densificación de la materia. Si uno pudiera eterizar la sustancia material y percibir los números atómicos como el principio interno de formación, estaría escuchando la Armonía de las Esferas.

Tenemos el mundo físico, el mundo astral, el Devacán Inferior y el Devacán Superior. Si el cuerpo es empujado hacia abajo incluso más bajo que el mundo físico, entra en el mundo sub-físico, el mundo astral inferior, el Devacán inferior o malvado y el Devacán superior más bajo o malvado. El mundo astral malvado es la esfera de Lucifer, el Devacán inferior o malvado la esfera de Ahriman, el Devacán superior más bajo o malvado la esfera de los asuras. Cuando la acción química es llevada abajo del plano físico —al malvado mundo Devacánico— surge el magnetismo. Cuando la luz es empujada hacia abajo en lo sub-material —es decir, una etapa más profunda que el mundo material— surge la electricidad. Si lo que vive en la Armonía de las Esferas es empujado aún más lejos, hacia la esfera de los Asuras, se genera una fuerza aún más terrible —que no será posible ocultar mucho más tiempo. Sólo se puede esperar que cuando se conozca esta fuerza —una fuerza que debemos concebir como mucho, mucho más fuerte que la descarga eléctrica más violenta— sólo se puede esperar que antes de que algún descubridor ponga esta fuerza en las manos de la humanidad, los hombres ya no tendrán nada inmoral en ellos.

Pregunta: ¿Qué es la electricidad?

Respuesta: La electricidad es luz en el estado sub-material. La luz está allí comprimida al máximo grado. También hay que atribuir a la luz una cualidad interior; La luz está en cada punto del espacio. El calor se expande en las tres dimensiones del espacio. En la luz hay una cuarta; tiene una extensión cuádruple; tiene la cualidad de interioridad como cuarta dimensión.

Pregunta: ¿Qué sucedera con el cadáver de la Tierra?

Respuesta: Como residuo de la evolución lunar, tenemos nuestra luna actual que circunda la Tierra. Del mismo modo habrá un residuo de la Tierra que girará alrededor de Júpiter. Entonces estos residuos se disolverán gradualmente en el éter universal. En Venus ya no habrá ningún residuo. Venus se manifestará, para empezar, como puro Calor, entonces se convertirá en Luz y luego pasará al mundo espiritual. El residuo dejado por la Tierra será como un cadáver. Este es un camino por el cual el hombre no debe acompañar a la Tierra, pues de este modo estaría expuesto a terribles tormentos. Pero hay seres que acompañaran a ese cadáver, ya que por ese medio ellos mismos pasaran a una etapa superior.

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Traducido por Gracia Muñoz en Agosto de 2017.

 

[1] Véase también la sección al final del texto, que contiene las respuestas dadas por el Dr. Steiner a las preguntas.

Esta entrada fue publicada en Planetas.

3 comentarios el “GA130. La Eterización de la Sangre

  1. […] GA130. La Eterización de la Sangre — Basilea, 1 de Octubre de 1911 […]

  2. Hugo Jaramillo Tobar dice:

    Muchas Gracias. Saludos

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