GA148v2c1. El quinto evangelio

Rudolf Steiner — Colonia 17 de diciembre de 1913

English version

Esta tarde y mañana me siento obligado a hablarles de lo que nos hemos acostumbrado a llamar el Misterio del Gólgota, pero intentaré hablar de él de una manera algo diferente a lo hecho hasta ahora. Lo que se ha dicho anteriormente, aunque ciertamente esotérico, ha tenido un contenido más teórico esotérico. He hablado sobre la esencia e importancia del Misterio del Gólgota para la Humanidad. Que es, hasta cierto punto, el fenómeno central para toda la evolución de la humanidad en la Tierra, y hasta qué punto se ha considerado el fenómeno central. Esto ha sido tomado por completo de fuentes de investigación oculta. Se han abordado las fuentes del pensamiento que fluyen del Misterio del Gólgota, y que están vivientes en nuestra evolución terrenal. Si se observa la evolución humana en la Tierra desde un punto de vista clarividente,  el significado del Misterio del Gólgota puede ser comprendido.

Ahora, sin embargo, estoy obligado a hablar más concretamente sobre los eventos que tuvieron lugar al comienzo de nuestra era [cristiana]. Hablaré de los acontecimientos, de las fuerzas que viven en el aura de la Tierra y que pueden observarse esotéricamente. Mañana hablaré de las razones por las cuales ahora, en nuestros tiempos, estas cosas deben ser reveladas dentro de nuestros círculos antroposóficos. Hoy trataré de indicar algunas de las cosas que ocurrieron en Palestina al comienzo de nuestra era. Y espero que en sus corazones, en sus almas, cuando el evento del Gólgota, que [hasta ahora] se ha caracterizado más en forma conceptual, no pierda nada de su significado si miramos directa y concretamente lo que sucedió en ese momento.

En los ciclos de conferencias sobre los Evangelios de Lucas y Mateo, ya he tenido la oportunidad de hablar sobre este tema. Es un hecho que dos niños Jesús nacieron aproximadamente al mismo tiempo al comienzo de nuestra era. Señalé que esos dos niños Jesús eran muy diferentes en lo que respecta al carácter y las capacidades. El Jesús muy bien descrito por el Evangelio de Mateo descendió de la línea de Salomón de la Casa de David. En él vivió el alma, o el “yo” de la persona que conocemos como Zarathustra.

[Nota del traductor: en otros lugares, Rudolf Steiner entró en más detalles sobre los dos niños Jesús. Pero como su público estaba familiarizado con el tema, solo dio una especie de currículum. Para los lectores interesados ​​sugiero que comparen las historias del nacimiento en los Evangelios de Mateo y Lucas. Notarán de inmediato que las genealogías de los dos niños son completamente diferentes de las del rey David a José, el padre de Jesús. También verán que en Lucas hay pastores y “no hay lugar en la posada” y el famoso establo donde nació Jesús, y no hay reyes ni magos. En Mateo, los tres reyes / magos son de hecho una presencia importante. Pero no adoran a un hijo de carpintero nacido en un establo. No, han venido a Belén para saludar al nuevo o futuro Rey de los Judíos. Aunque Mateo no describe el lugar de nacimiento, es poco probable que sea el establo. La huida a Egipto no ocurre en Lucas, solo en Mateo, cuyos padres tenían más que temer, viviendo como estaban con el futuro rey. Además, es muy extraño que Jesús, el hijo del carpintero, estuviera tan bien educado que pudiera enseñar a los rabinos en el templo. Ah, pero ese era el Jesús según Lucas. El Jesús descrito por Mateo descendía de una familia real y estaría en condiciones infinitamente mejores para hacerlo. Tomando todas estas cosas, y más, en consideración, se puede considerar obvio que efectivamente hubo dos niños Jesús].

Cuando consideramos tal encarnación, debemos ser especialmente claros en una cosa: que incluso cuando un individuo tan avanzado, como ciertamente lo fue Zarathustra, se encarna nuevamente, es decir, en el tiempo en que nació como Jesús, de ninguna manera debe saber en la infancia o juventud que él es ese individuo. No es necesario poder decir: soy esta persona o esa persona. Ese no es el caso. Sin embargo, es cierto que, en tales casos, las capacidades mejoradas que se obtienen al pasar por una encarnación así, se hacen evidentes desde el principio y, por lo tanto, definen el carácter del niño. Así fue como el niño Jesús Salomónico —como me gustaría llamarlo—, en quien vivió el Yo de Zaratustra, fue embebido con capacidades mejoradas que le permitieron absorber fácilmente la cultura y el conocimiento que sus contemporáneos terrenales habían alcanzado. En el entorno de aquel niño, especialmente en aquellos tiempos, existía toda la civilización cultural de la humanidad en palabras,  gestos y acciones, en resumen, en todo lo que podía ser visto y oído. Un niño normal absorbía poco de lo que veía y escuchaba. Este niño, sin embargo, absorbió con gran facilidad todos los escasos indicios en los que existía todo lo que la humanidad había logrado para entonces. En resumen, demostró estar grandemente dotado al ir absorbiendo todo el conocimiento académico disponible. Hoy llamaríamos a tal niño “altamente dotado”. Hasta su duodécimo año, él aprendió rápidamente todo lo que podía aprenderse en su entorno.

El otro Jesús era completamente diferente. Su carácter está bien reflejado en el Evangelio de Lucas. Él descendió de la línea de Natán de la Casa de David. Él no tenía ningún don para el aprendizaje académico, ni mostraba interés en él hasta su duodécimo año. Por otro lado, mostró en alto grado lo que podemos llamar  capacidad del corazón, la compasión por toda felicidad y sufrimiento humanos. Se mostró a sí mismo el ser especialmente capaz en el sentido que se concentraba menos en sí mismo y era menos capaz de obtener conocimiento exterior. Pero desde la más tierna infancia en adelante, sintió el sufrimiento y la alegría de los demás como su propio sufrimiento y su propia alegría. Él podía transponerse a sí mismo a las almas de los demás; poseía esta habilidad en el más alto grado. La Crónica  de Akasha indica que las diferencias entre los dos niños Jesús no podrían haber sido mayores.

Después que ambos niños hubieran llegado a su duodécimo año, ocurrió un evento que he caracterizado a menudo: que cuando el Jesús Nathánico viajó a Jerusalén con sus padres, el Yo de Zarathustra, que había estado en el otro niño, el Jesús Salomónico, dejó su cuerpo y tomó posesión de los cuerpos físico, etérico y astral del Jesús Nathánico. El resultado fue, por lo tanto, que todo aquello de lo que este Yo-Rey era  capaz, estaba ahora activo en el alma del otro, el niño Jesús Nathánico. Y este muchacho, ahora poseyendo todo el poder de Zaratustra, sin saberlo, causó asombro en los eruditos entre los que emergió enseñando, como también se describe en la Biblia. También he indicado cómo el otro, el Jesús Salomónico, de quien el Yo se había separado, poco después fue disminuyendo y, luego de tiempo relativamente corto, murió.

Debe ser entendido que cuando el yo de una persona lo abandona —como fue el caso con el niño Jesús Salomónico— él no necesariamente muere en forma inmediata. Así como una pelota continúa rodando por un tiempo bajo su propia inercia, también esa persona continúa viviendo a través de la fuerza que vive dentro de él. Ahora, alguien que no puede observar las almas humanas de manera precisa notará poca diferencia entre una persona que ha perdido su Yo y una persona que todavía tiene uno. Porque en la vida normal el Yo, en una persona que estemos observando, no juega un rol tan dominante. Lo que experimentamos en otra persona es, en muy pequeña medida, una manifestación directa de su Yo, sino más bien la manifestación de su Yo a través del cuerpo astral. Sin embargo, aquel  otro niño Jesús conservó su cuerpo astral, y sólo alguien que pueda distinguir cuidadosamente —y no es fácil— si los viejos hábitos y pensamientos aún continúan obrando en una persona o si  nuevos elementos están presentes, pueden por lo tanto determinar si el Yo todavía está presente o no. Pero comienza un declive, una especie de extinción, un marchitarse. Y tal fue el caso con este niño Jesús.

Luego, a través de un golpe del karma, la madre biológica del Jesús Nathánico y también el padre del Jesús Salomónico, murieron poco después del paso del Yo de Zaratustra de un niño a otro. Y el padre del Jesús Nathánico y la madre del Jesús Salomónico se casaron. El Jesús Nathánico no tenía hermanos físicos, y los hermanastros que él ahora adquirió, eran los hermanos del Jesús Salomónico. De las dos familias fue formada una, que de ahí en adelante residiría en la ciudad ahora llamada Nazaret, de modo que cuando nos referimos al Jesús Nathánico, en quien vivió el Yo de Zaratustra, usamos la expresión: Jesús de Nazaret.

sagradafamilia

 

Yo quisiera relatar algo acerca de la vida de Jesús de Nazaret cuando era joven —de la investigación en la Crónica del Akasha— de una manera que les permita comprender un cierto momento importante en la evolución de la Tierra, que el Misterio del Gólgota había preparado.

Para un vidente, la vida de Jesús se puede dividir claramente en tres fases. La conversación con los eruditos en su duodécimo año ya había demostrado que poseía una capacidad interna, provista por el traspaso del Yo de Zarathustra, de ser iluminado, de recibir la iluminación y conectarla con las capacidades que vivían en el alma de Zaratustra. Se mostró que en su alma había una enorme fuerza de experiencia interna, de modo que a medida que se desarrollaba desde su décimo séptimo y décimo octavo años, se puede ver cómo la iluminación interior se hizo más y más rica, y especialmente la iluminación relacionada con la evolución de los antiguos Hebreos y el pueblo Hebreo en general.

En el momento en que Jesús vivió en el pueblo Hebreo, la grandeza de lo que había existido como secretos del cosmos durante los tiempos de los antiguos profetas ya no estaba presente. Muchas de las antiguas revelaciones de los profetas continuaron viviendo, pero la capacidad original de recibir secretos espirituales directamente del mundo espiritual se había desvanecido mucho antes. Ellos (los secretos) eran estudiados a partir de las escrituras conservadas. Todavía había algunos, como el famoso rabino Hillel[1], quien, debido a su desarrollo individual, aún era capaz de percibir algo de lo que los antiguos profetas habían proclamado. Pero esa fuerza, que existía durante la época antigua del pueblo Hebreo, el tiempo de las revelaciones proféticas, hacía tiempo que ya no estaba presente en esos pocos individuos. Una disminución en el desarrollo espiritual del pueblo Hebreo era claramente evidente. Ahora, sin embargo, lo que una vez se había sido revelado durante el tiempo de los profetas emergió de las profundidades del alma de Jesús de Nazaret como iluminación interior.

Pero deseo llamar menos su atención sobre el hecho histórico que en una persona, que lo que  había sido revelado durante el tiempo de los profetas apareció nuevamente por medio de la iluminación interior. Prefiero más bien enfatizarles  lo que se sentía por un alma tan joven —el alma de Jesús de Nazaret de trece a catorce años— al sentir una revelación viniendo a él en total aislamiento, una revelación que nadie más en su entorno sintió. A lo sumo, el mejor de ellos tenía un tenue resplandor de ella.

Traten de imaginarse en tal posición, en el alma de alguien que poseyendo tan gran conocimiento sólo, y entiendan que el Misterio del Gólgota tuvo que ser preparado por tales sentimientos de soledad y aislamiento tomando posesión del alma de Jesús de Nazaret. Cuando ustedes se encuentran en una isla psíquica como él lo hizo, quien desde su infancia en adelante había sentido tal solidaridad con todos los hombres, pero ahora no sentía que pudiera compartir su conocimiento con ellos porque se habían hundido a un nivel en el que ya no podían recibir la revelación. Sufrió en gran medida  teniendo que saber algo que los demás no podían comprender, pero también deseándolo con tanta fuerza que también podía surgir en sus almas que había estado preparándose para una misión.

Todo eso le dio el impulso fundamental de decir: una voz resuena en mí desde el mundo espiritual. Si los humanos pudieran oírla, les proporcionaría una bendición infinita. En tiempos antiguos había personas que podían escucharla. Ahora, sin embargo, ellos no tienen oídos para escuchar. Ese dolor de soledad presionaba cada vez más profundamente en su alma.

Tal era la vida interior de Jesús de Nazaret desde su duodécimo hasta su décimo octavo año. Por esta razón, él no era entendido por su padre biológico y su madrastra y menos aún por sus hermanastros, que a menudo se burlaban de él y lo consideraban medio loco. Él trabajó duro en la carpintería de su padre. Pero mientras estaba trabajando, los sentimientos que acabo de describir vivieron en su alma.

Luego, cuando tenía cerca de dieciocho años, dejó su hogar para viajar. Pasó por Palestina y las áreas paganas circundantes, trabajando en su oficio. Él era dirigido por su karma. Mientras vagaba por Palestina, su extraordinario carácter o personalidad fue visto por todas las personas que conoció. Durante el día trabajaba, por las noches se sentaba junto con la gente. Y la gente con la que se sentaba, desde su decimonoveno hasta alrededor de su vigésimo cuarto año, tuvo la sensación, aunque no siempre fueron conscientes de ello, de que era un individuo extraordinario, uno como nunca  habían encontrado antes; ni siquiera podían haber imaginado que tal personalidad existiera. Ellos no sabían qué hacer con él.

Si ustedes quieren entender esto, para penetrar dentro de  los secretos de la evolución humana, es necesario tener en cuenta que experimentar lo que el joven Jesús de Nazaret hizo —como acabo de describir— causa  profunda pena en el alma. Pero este dolor es transformado  en amor. Y en un amor mucho más profundo en la vida, es transformado este tipo de dolor

La pena profunda, el dolor, tiene la capacidad de transformarse en amor, que no solo actúa como el amor ordinario, sino que a través de la misma existencia del ser amoroso fluye como aura de gran alcance. Entonces las personas que estaban junto a Jesús creyeron que estaban en presencia de mucho más que un mero hombre. Y cuando él había partido  de un lugar y se sentaban juntos por las noches, tenían la sensación de su real presencia. Sentían como si todavía estuviera allí. Y sucedía cada vez más que las personas con las que se había quedado, cuando se sentaban juntas alrededor de la mesa, tenían visiones en común. Lo veían entrar como una figura espiritual. Cada uno tenía esta visión al mismo tiempo, que Jesús estaba una vez más entre ellos, que él hablaba con ellos, les contaba cosas, tal como lo había hecho una vez en forma física. Él era visible entre ellos mucho después de que se hubiera marchado. Lo que causó este efecto fue el dolor y la tristeza transformados en amor. Las personas con quien había estado preparándose se sentían unidas a él de una manera especial. Sentían que nunca de nuevo serian separadas de él. Sintieron que él permanecía  con ellos y que siempre regresaba.

Pero no solo viajó por Palestina, su karma también lo llevó a lugares paganos. (Tomaría demasiado  describir aquí las razones por las que su karma hacía esto. Esto fue después de que él hubo reconocido los desarrollos decrecientes en el Judaísmo. Y aprendió cómo en los rituales religiosos de los paganos, al igual que en el Judaísmo, lo que era originalmente  revelación, también se había extinguido. Por lo tanto, en la segunda fase tuvo que experimentar el declive de la humanidad desde una meseta espiritual previa. Pero percibió cómo el paganismo declinó de manera diferente que el Judaísmo.

Su percepción del declive del Judaísmo fue una experiencia más interna, obtenida  por la iluminación. Él vio cómo las revelaciones del mundo espiritual que una vez fueron proclamadas por los profetas, habían cesado porque ya no había oídos para escucharlas. Aprendió acerca de cómo era con el paganismo, en un lugar donde los antiguos servicios religiosos paganos habían caído en deterioro, y donde la caída del paganismo era físicamente evidente. Los habitantes del lugar habían caído víctimas de la lepra y otras enfermedades horribles. Algunos se habían vuelto malignos, otros cojos. Los sacerdotes los abandonaron y huyeron. Cuando Jesús fue visto por primera vez, la noticia se extendió como un reguero de pólvora que alguien muy especial había llegado. Pues ahora, incluso en su apariencia exterior, había logrado que el sufrimiento transformado fuera amor. Ellos vieron que había venido un ser como ninguno que haya nunca caminado sobre la Tierra. Pronto se difundió la noticia y muchos corrieron hacia él, pues pensaban que se les había enviado un sacerdote que oficiaría nuevamente los sacrificios. Sus propios sacerdotes habían huido,  entonces vinieron corriendo. El registro de Akasha muestra esto, tal como lo estoy describiendo.

Él no tenía intención de oficiar en el sacrificio pagano. Sin embargo, ahora vio en vívidas imaginaciones el enigma del declive de la espiritualidad pagana. Pudo percibir directamente lo que había fluido en los secretos de los Misterios paganos: que las fuerzas de los altos Seres Divinos habían volado hacia abajo, hacia los altares sacrificiales. Pero ahora, en lugar de fluir hacia abajo las fuerzas de los espíritus buenos, toda clase de demonios, emisarios de Lucifer y Ahriman, descendían hacia los santos altares. Él percibió la caída de la vida espiritual pagana no por  iluminación interior, como con el Judaísmo, sino a través de visiones externas.

Es muy diferente llegar a conocer las cosas teóricamente que visualizar cómo una vez las fuerzas divino-espirituales fluían hacia un altar y ahora lo hacían los demonios, lo que causaba estados mentales anormales, enfermedades y demás. Tal imaginación espiritual es bastante diferente de saber algo en forma teórica. Pero Jesús de Nazaret debía ver esto en visualización espiritual directa, ver cómo funcionaban los emisarios de Lucifer y Ahriman. Él debía ver cómo le hacian daño a la gente.

De repente, cayó al suelo como muerto. Asustada, la gente huyó. Pero mientras el yacía allí como llevado a un mundo espiritual, recibió una impresión de todas las antiguas revelaciones que una vez  habían sido dichas a los paganos. Por lo tanto, así como había percibido los secretos que habían sido proclamados a los antiguos profetas y que ahora ni siquiera eran una sombra en la cultura Judía, a través de la inspiración espiritual pudo escuchar de qué manera habían sido proclamadas a los paganos.

La impresión más fuerte que se hizo sobre él fue lo que intenté investigar, y de lo que yo hablé por primera vez con motivo de la colocación de la  piedra fundamental de nuestro edificio en Dornach. Podría llamarse el Padre Nuestro Invertido, porque era la inversión del contenido substancial de la oración que los discípulos de Cristo Jesús le atribuyeron. Jesús de Nazaret percibió algo así como un Padre Nuestro inverso, de modo que él pudo sentir en estas palabras el secreto de la evolución humana y las incorporaciones en encarnaciones terrenales en un formato concentrado.

Amen,
Es walten die Übel,
Zeugen sich lösender Ichheit,
Von ändern erschuldete Selbstheitschuld,
Erlebet im täglichen Brote,
In dem nicht waltet der Himmel Wille,
Indem der Mensch sich schied von Eurem Reich
Und vergaß Euren Namen,
Ihr Väter in den Himmeln.

Amen,
Evil rules,
Witness of the dissolving I,
Selfhood’s guilt to others attributed,
Experienced in daily bread,
In which heaven’s will be not done,
For man deserted your kingdom
And forgot your names,
You fathers in the heavens

 

AUM, Amén.
Impera el Mal,
testigo de disuelta yoidad
deuda del propio ser, por otros acarreada,
experimentada en el pan de cada día,
en que no domina la Voluntad de los Cielos,
porque el Hombre se separó de Vuestro Reino
Y olvidó Vuestros Nombres,
Vosotros, Padres en los Cielos.

Esto es —en palabras balbucientes— lo que expresa algo así como las leyes que rigen cómo los seres humanos encarnan desde el macrocosmos hacia el microcosmos. Desde que conocí estas palabras, he descubierto que son una forma de meditación extraordinariamente significativa. Ejercen una fuerza sobre el alma que es bastante extraordinaria, y cuanto uno más lo estudia, más fuerza tiene. Y luego, cuando uno trata de resolverlas y comprenderlas, se da cuenta  que en ellas esta condensado el secreto y el destino de la humanidad y cómo la inversión de las palabras revela cómo podría originarse el Padre Nuestro Microcósmico que Cristo proclamó a sus seguidores.

Pero Jesús no solo percibió este secreto de las revelaciones paganas originales. Cuando despertó de la visión, aprendió de las personas que huían y de los demonios, todos los secretos del paganismo. Ese fue el segundo dolor inconmensurable que se hundió en su alma. Primero aprendió decisivamente sobre la caída del Judaísmo, reconociendo lo que  había sido revelado al Judaísmo antes de su caída. Ahora él aprendió lo mismo sobre el paganismo. De esta manera (o en esta forma), experimentó conscientemente el hecho de que en su entorno la gente tenía que vivir en el sentido de las palabras: “Tienen oídos pero no oyen aquello que los secretos del cosmos son”. Así, él alcanzó la compasión ilimitada que siempre había sentido por la humanidad y que puede expresarse de la siguiente manera: ahora que él podía ver tales cosas, la humanidad debería recibir el contenido de sus visiones, pero ¿dónde estaban los seres que lo comunicarían a la humanidad?

Tuvo estas experiencias hasta su vigésimo cuarto año, aproximadamente. Luego, su karma lo llevó de vuelta a casa en el momento en que murió su padre. Él vivió allí con sus hermanastros y su madrastra. Mientras que su madrastra anteriormente le había mostrado poca comprensión, ahora ella mostraba más comprensión, por el gran dolor que él portaba dentro suyo. Luego, otras experiencias le siguieron desde el año vigesimocuarto hasta el trigésimo, durante el cual encontró cada vez más comprensión por parte de su madrastra, aunque las cosas aún eran algo difíciles. Estos fueron también los años en los que llegó a conocer mejor a los Esenios. Hoy solo indicaré los puntos principales acerca de cómo Jesús aprendió de la Orden Esenia. Esta era una orden de hombres que se separó del resto de la humanidad y desarrolló una vida especial de cuerpo y alma para ascender nuevamente a las antiguas revelaciones del espíritu que la humanidad había perdido. Con ejercicios y formas de vida estrictas, las almas luchadoras  debían alcanzar una etapa en la que pudieran reunirse con la región espiritual desde la cual se habían originado las antiguas revelaciones.

En este grupo, Jesús de Nazaret también se encontró con Juan el Bautista, aunque estrictamente hablando, ninguno era Esenio. La Crónica del Akasha muestra esto claramente. Pero por lo que he explicado, está claro que estuvo presente una persona excepcional, que causó una impresión extraordinaria en todos. Él impresionó tanto a los Esenios que, a pesar de guardar sus actividades espirituales como secretos sagrados, que no revelaban a ningún extraño, voluntariamente hablaron con Jesús sobre secretos importantes de su orden con respecto a lo que habían logrado para sus almas. Así, Jesús aprendió que en aquellos tiempos todavía había formas para que las personas alcanzaran las alturas donde la humanidad alguna vez estuvo y de donde descendió desde entonces.

Pero lo que también le causó una profunda impresión de incomodidad fue que un Esenio, si deseaba ascender a esas alturas, tenía que separarse de la humanidad y vivir una vida fuera de la sociedad, de los demás. Ese no era el camino del amor humano universal, como  Jesús de Nazaret lo había sentido. Él no podía tolerar la existencia de una riqueza espiritual que no estuviese disponible para todos, sino solo para unos pocos elegidos en detrimento de la humanidad en su conjunto.

Lo que él sintió se puede expresar de la siguiente manera: Son pocas personas, y siempre habrá menos, los que encuentran el camino de regreso a las antiguas revelaciones, pero es justo cuando esos pocos se separan a sí mismos que el resto debe vivir en decadencia, pues ellos deben ejecutar el trabajo material por aquellos que ya no están allí.

Una vez, mientras estaba abandonando la comunidad de la Orden Esenia, vio en espíritu a dos figuras que huían de la puerta. Él tuvo la impresión de que los Esenios se protegían de estas dos figuras, a quienes llamamos Lucifer y Ahriman en términos antroposóficos, expulsándolos por medio de sus ejercicios espirituales, su forma de vida ascética y las estrictas reglas de su orden. Nada de Lucifer y Ahriman debería tocar sus almas. Por lo tanto, Jesús de Nazaret vio a Lucifer y Ahriman huyendo, pero también supo que, debido a que se había establecido una comunidad así, donde Lucifer y Ahriman no podían entrar y los Esenios no querían tener nada que ver con ellos, se volvieron aún más hacia las otras personas. Eso fue evidente para él. Nuevamente, es completamente diferente cuando uno conoce esto solo a través de la teoría y cuando uno ve lo que las personas hacen para su propio progreso y, como consecuencia, Lucifer y Ahriman son enviados a otras personas porque han sido expulsados ​​de la presencia de los primeros. Se dio cuenta  que no era un camino de salvación el que seguían los Esenios, sino que era uno que, a través de la separación y a costa del resto de la humanidad, solo busca su propio avance.

Una inmensa compasión le envolvió. Él no sintió ninguna alegría por la ascensión de los Esenios, porque sabía que los demás debían hundirse más mientras que algunos ascendían. Todo se volvió más claro para él cuando vio la misma imagen en otras puertas Esenias: —había más comunidades de ese tipo— la imagen de Lucifer y Ahriman parados ante las puertas, pero no pudiendo entrar, salían huyendo. Así se dio cuenta  que los métodos y las reglas de las órdenes tales como la de los Esenios “impulsaban a Lucifer y Ahriman hacia las otras personas”. Y esta fue la causa del tercer dolor extremo que experimentó con respecto a la decadencia de la humanidad.

Ya mencioné que su madrastra tenía cada vez más entendimiento de lo que vivía en su alma. Entonces, lo que sucedió fue significativo como preparación para el Misterio del Gólgota: tuvo lugar una conversación—de acuerdo con la investigación en el Registro del Akasha— entre Jesús de Nazaret y su madre adoptiva. Tan avanzada se había vuelto su comprensión, que él podía hablarle a ella sobre el triple sufrimiento que tenía a causa de la decadencia de la humanidad, que había experimentado en las áreas del Judaísmo y el paganismo, así como con los Esenios. Y mientras le describía su sufrimiento solitario y lo que había experimentado, vio que eso afectaba su alma.

Pertenece a las impresiones más maravillosas que uno puede recibir en el campo oculto el aprender el contenido de esta conversación. Porque en todo el campo de la evolución humana nada similar—no digo mayor, porque naturalmente el Misterio del Gólgota es mayor—  pero algo similar hay que uno no puede ver. Lo que le dijo a su madre no eran palabras en el sentido habitual, sino que eran como seres vivos que pasaron desde él hacia su madrastra, y su alma le dio alas a las palabras con su propia fuerza. Todo lo que él había soportado tan dolorosamente fue, en esta conversación, como sobre alas hacia el alma de su madrastra, palabras de su amor infinito, así como de su sufrimiento infinito. Así que él pudo describirle lo que había experimentado tres veces como en una gran imagen. Fue entonces cuando Jesús de Nazaret gradualmente dirigió la conversación a sus conclusiones sobre la triple decadencia de la humanidad.

Es muy difícil expresar con palabras cómo él resumió sus propias experiencias a su madrastra. Pero, como estamos preparados por la ciencia espiritual, podemos usar términos y expresiones científicas espirituales para tratar de describir el sentido del final de la conversación. Naturalmente, lo que ahora digo no se expresó en las mismas palabras, pero proporcionará una idea aproximada de lo que Jesús quería dar a entender a su madrastra:

Cuando miramos hacia atrás en la evolución de la humanidad sobre la Tierra, es similar a una vida humana individual, solo cambiada en generaciones posteriores, e inconsciente para ellas. La vida de la humanidad post-Atlante se reveló a Jesús de Nazaret,  que después del gran desastre natural en la Atlántida, primero se desarrolló una antigua cultura india en la que los grandes santos Rishis comunicaron su vasta sabiduría a la humanidad. En otras palabras, era básicamente una cultura espiritual. Sí, continuó, así como un ser humano individual es un niño entre el nacimiento y el séptimo año, en el que  diferentes fuerzas están obrando en la vida posterior, así  las fuerzas espirituales estuvieron activas durante ese tiempo de la antigua India. Pero debido a que esas fuerzas no solo estuvieron presentes hasta el séptimo año, sino que se extendieron a lo largo de toda la vida del indio,  la humanidad estaba en una etapa diferente de evolución en ese entonces.Durante el transcurso de su vida, supieron lo que hoy el niño sabe y experimenta hasta su séptimo año. Hoy pensamos de la manera en que lo hacemos entre el séptimo y el decimocuarto, y el decimocuarto y el vigésimo primer año, porque hemos perdido las fuerzas de la infancia que son reprimidas en el séptimo año. Durante ese tiempo antiguo, debido a que estas fuerzas se extendieron durante toda una vida, que hoy solo están presentes hasta el séptimo año, las personas en la primera época post-atlántica eran clarividentes. Se elevaron más alto con las fuerzas que hoy solo están presentes hasta el séptimo año. Sí, esa fue la Edad de Oro de la evolución humana. Luego vino otra época, en la que las fuerzas extendidas durante toda la vida, que de otro modo solo estarían activas entre el séptimo y el decimocuarto año. Después vino la tercera época, en la cual estaban activas las fuerzas, que de otro modo estarían activas entre el decimocuarto y el vigesimoprimer año. Luego vivimos en una época en la que las fuerzas que están activas hoy entre el vigesimoprimer y el vigésimo octavo año, estaban activas durante toda la vida.

Ahora nos acercamos a la mitad de la vida humana, dijo Jesús de Nazaret, que es en los treinta años, donde las fuerzas de la juventud dejan de crecer y comienzan a declinar. Ahora estamos viviendo en una época que corresponde desde el vigésimo octavo al trigésimo quinto año de la persona individual, donde su vida comienza a declinar. Mientras que en el caso de algunos individuos existen otras fuerzas, en la humanidad en general ya no están. Ese es el gran sufrimiento, que la humanidad debe volverse anciana teniendo su juventud detrás de ella, estando en la época correspondiente desde el vigésimo octavo al trigésimo quinto año. ¿Desde dónde deberían venir las nuevas fuerzas? Las fuerzas de la juventud están agotadas.

Eso es lo que le contó a su madrastra acerca de la inminente decadencia de la humanidad, que le causó tanto dolor, pues estaba claro que la situación de la humanidad era de desesperanza. Las fuerzas de la juventud estaban agotadas, la humanidad ahora enfrentaba la vejez. Los individuos, él supo, continuarían viviendo desde el trigésimo quinto año hasta la muerte como antes, porque retenían  los residuos de las fuerzas, pero la humanidad en su conjunto no tenía eso, por lo que debería venir algo más: lo que para el individuo es necesario desde el vigésimo octavo hasta el trigésimo quinto año. La Tierra tendría que ser iluminada macro-cósmicamente con las fuerzas con las cuales el individuo debe ser iluminado desde el año veintiocho hasta el trigésimo quinto.

Esa humanidad como tal se estaba haciendo vieja, eso es lo que se lee en el Registro del Akasha, y lo que se sintió durante lo que Jesús de Nazaret relató. Mientras le hablaba así a su madre acerca del significado de la evolución humana, en ese momento se dio cuenta  que lo él que estaba diciendo era parte de sí mismo, y algo de sí mismo fluyó desde sus palabras, pues sus palabras se habían convertido en lo que él mismo era.

Ese fue también el momento en que en el alma de su madrastra fluyó el alma que había vivido en su madre biológica quien —después que el Yo de Zaratustra entrara en él desde el otro niño Jesús— había muerto y vivía en las regiones espirituales desde que Jesús tenía doce años. Desde ese momento en adelante ella pudo espiritualizar el alma de la madrastra. Así, esta última vivía ahora con el alma de la madre biológica del Jesús Nathánico.

Pero Jesús de Nazaret se había unido tan intensamente con las palabras con las que había expresado su dolor por la humanidad, que era como si este yo hubiera desaparecido de las envolturas de su vida [física, etérea y astral], de modo que estas envolturas se volvieron como cuando era pequeño, solo  impregnadas de todo lo que había sufrido desde su duodécimo año. El Yo de Zaratustra había desaparecido y lo que vivía en sus tres envolturas era solo lo que quedaba del poder de las experiencias. Un impulso emergió de estas tres envolturas  que lo condujo al camino de Juan el Bautista en el río Jordán. Como en una especie de sueño, que sin embargo no era un sueño, sino una consciencia mejorada, siguió su camino con solo las tres envolturas espiritualizadas e impulsadas por los efectos de lo que había experimentado desde que tenía doce años. El Yo de Zaratustra ya no estaba. Las tres envolturas lo condujeron, apenas notando lo que estaba a su alrededor. Vivió, con el Yo ausente, totalmente consciente del destino de la humanidad y sus necesidades.

En su camino hacia Juan el Bautista en el río Jordán, se encontró con dos Esenios con los que había hablado muchas veces. Sin su yo, no los reconoció. Pero ellos lo reconocieron y por lo tanto le hablaron: ¿A dónde vas, Jesús de Nazaret? Lo que él contestó he intentado expresarlo con palabras. Él habló de una manera en la que ellos no sabían de dónde venían las palabras. Salieron de él, pero no eran de él. “Allí donde las almas como las vuestras no desean ver, es donde el sufrimiento de la humanidad puede encontrar los rayos de la luz olvidada”.

Esas fueron las palabras que parecían venir de él. Ellos no lo entendieron; se dieron cuenta  que no los reconocía, entonces preguntaron: “Jesús de Nazaret, ¿no nos reconoces?”. Ahora incluso palabras más extrañas fueron dichas. Era como si les hubiera dicho: “Son como corderos perdidos, pero yo fui el hijo del pastor de quien ustedes huyeron. Si me reconocierais, huiríais de nuevo. Fue hace mucho tiempo que huisteis de mí al mundo”.

Los Esenios no sabían qué hacer con él, porque mientras les hablaba, sus ojos adquirieron un aspecto muy especial. Parecían mirar hacia afuera, luego también hacia dentro. Parecían ojos que mostraban una expresión de reproche hacia las personas a las que hablaba. Eran ojos a través de los cuales se mostraba un amor  gentil, pero un amor que se convirtió en una reprimenda para los Esenios, una que provenía de sus propios corazones. Podemos caracterizar lo que sintieron los Esenios cuando lo escucharon así: “¿Qué clase de personas son ustedes? ¿Dónde está su mundo? ¿Por qué se envuelven en túnicas engañosas? ¿Por qué arde dentro suyo un fuego que no se enciende en la casa de mi padre?.

Fueron silenciados por estas palabras. Y él habló aún más: “Lleváis la marca de los tentadores, que os atrapó cuando huisteis. Con su fuego hizo brillar vuestra lana. El pelo de esta lana pica mis ojos. ¡Perdisteis corderos! Él ha llenado vuestras almas con orgullo”.

Cuando pronunció estas palabras, uno de los esenios respondió: “¿No le mostramos al tentador la puerta? Él ya no tiene nada que ver con nosotros”. Jesús dijo: “Cuando le enseñasteis la puerta, corrió hacia otras personas. Él los ataca por todos lados. No sois elevados cuando degradáis a los demás. Solo pensáis que sois elevados porque dejáis que los otros disminuyan. Permanecéis tan alto como sois solo porque hacéis que los otros sean más pequeños, así os creéis que sois grandiosos”. Jesús de Nazaret habló de esa manera para que los Esenios pudieran tomar nota. Les impresionó tanto que ya no podían ver. Sus ojos se oscurecieron y Jesús de Nazaret pareció desaparecer ante sus ojos. Pero luego, cuando parecía haber desaparecido, vieron su rostro desde la distancia, pero aumentado enormemente su tamaño como una fatamorgana, y muy, muy lejos. Y las palabras llegaron como si hablaran por esa fatamorgana. Ellos sintieron que eran: “Vano es vuestro esfuerzo porque vuestros corazones están vacíos, ya que lo habéis llenado con el espíritu que oculta el orgullo en el manto de humildad”.

Entonces el espejismo también desapareció y se quedaron allí consternados y deprimidos. Cuando pudieron volver a ver, vieron que Jesús se había ido más lejos mientras miraban el rostro. Y no pudieron hacer nada más que ser conscientes que él había continuado su camino. Abatidos, se dirigieron hacia el albergue Esenio y nunca le contaron a nadie lo que habían experimentado, sino que guardaron silencio al respecto durante toda su vida. Y se convirtieron en los más profundos de los Esenios, pero permanecieron en silencio y solo hablaron cuando era necesaria la comprensión cotidiana. Sus hermanos Esenios nunca supieron por qué estaban tan cambiados. Hasta su muerte, nunca revelaron lo que habían visto y oído. Por lo tanto, experimentaron el Misterio del Gólgota de una manera especial. Para los demás, sin embargo, lo que habían experimentado era imperceptible.

Después  que Jesús hubo caminado por un tiempo, se encontró con un hombre que estaba en profunda desesperación. Pero, como dije, Jesús estaba tan alejado de las condiciones terrenales que no se dio cuenta  que un hombre se le había acercado. Y tuvo un efecto tan fuerte en ese hombre que estaba tan desesperado, que Jesús de Nazaret dijo algo que puede describirse como: “¿A dónde te ha llevado tu alma? Te vi hace muchos miles de años; ¡eras diferente entonces!”. El hombre desesperado escuchó esto como si hablara desde la figura que se acercaba de Jesús de Nazaret. Debido a estas palabras, el hombre sintió el impulso de decir lo siguiente. Por un lado, sintió la necesidad de hablar, por otro, de encontrar la respuesta a su destino: “En mi vida he tenido mucho éxito. Siempre estudié, y debido a este aprendizaje, me elevé más y más sobre otros hombres. Con cada honor me sentía más orgulloso y con frecuencia me decía a mí mismo: qué persona tan única eres, elevándote tan alto sobre tus semejantes. Sentí que mi alma debía valer más que las almas de los demás. Mi orgullo aumentó con cada nuevo honor. Entonces tuve un sueño. ¡Qué sueño tan horrible! Mientras soñaba, mi alma fue llenada con  un sentimiento de vergüenza. Estaba avergonzado de soñar tal cosa. Estaba tan orgulloso de mi vida, y ahora soñaba algo que nunca hubiera querido soñar. Soñé que me hacía la pregunta: ¿Quién me hizo tan bueno? Y entonces un ser se paró frente a mí y dijo: Yo te hice grandioso, te elevé hacia lo alto, y por lo tanto eres mío. Me sentí escandalizado ante la revelación de que no había subido tanto por mis propios esfuerzos, sino que otro ser había sido responsable de mi éxito. Todavía soñando, escapé. Cuando desperté, realmente escapé, abandonando todos mis logros. No sabía lo que estaba buscando y he así he estado vagando por el mundo durante mucho tiempo, avergonzado de todas las cosas que una vez me dieron tanto orgullo”. Después  que el hombre desesperado hubiera dicho esto, el ser que había aparecido en su sueño se presentó de nuevo ante él, entre él y Jesús de Nazaret. Esta figura de ensueño bloqueó la figura de Jesús de Nazaret. Y cuando la figura del sueño se fue, disolviéndose en la niebla, Jesús ya se había alejado. Cuando el hombre desesperado miró a su alrededor, vio a Jesús a una buena distancia. Y entonces tuvo que continuar su camino desesperado. Entonces, un leproso se acercó a Jesús, cuya enfermedad y sufrimiento estaba muy avanzado. Y debido a lo que esa alma estaba sintiendo, Jesús nuevamente se vio obligado a hablar. Él dijo otra vez: “¿A dónde te ha llevado tu alma? Te conocí hace muchos miles de años, y eras diferente”. Estas palabras animaron al leproso a hablar de la misma manera en que habían afectado al hombre desesperado. El leproso dijo: “No sé cómo obtuve esta enfermedad, simplemente llegó gradualmente. Y otras personas ya no me permitían estar entre ellos. Tenía que vagar por el páramo, solo podía rogar por lo que la gente me arrojaba. Una noche me acerqué a un bosque denso. Vi un árbol que se acercaba hacia mí desde un claro. Me parpadeó con su propia luz. Me sentí impulsado a acercarme a ese árbol. Me animaba a seguir. Y cuando estaba cerca de él, un esqueleto vino hacia mí como una luz desde el árbol. Era la muerte irguiéndose frente a mí en esa forma. Y la muerte me dijo: ‘Yo soy tú. Yo vivo de ti. No temas’. Y continuó: ‘¿Por qué tienes miedo? ¿No me amaste durante muchas vidas en la Tierra? Solo que tú no sabías que me amabas, porque te aparecí como un bello Arcángel a quien creías amar. Y entonces la muerte no estaba parada ante mí, sino el Arcángel que había visto a menudo y del que yo sabía: esa era la imagen que amaba. Entonces desapareció. A la mañana siguiente, me desperté junto al árbol, más miserable que antes. Y supe que todas las placenteras indulgencias que había amado, que vivían en mí como egoísmo, están relacionadas con el ser que se me apareció como la muerte, y como un Arcángel, y que afirmó que yo lo amaba y que era yo mismo. Y ahora estoy frente a ti y no sé quién eres”. Y ahora el Arcángel apareció de nuevo, y luego la muerte, parada entre el leproso y Jesús, bloqueando la visión del leproso de Jesús de Nazaret. Cuando el leproso vio solo al Arcángel, Jesús se desvaneció, y entonces la muerte y el Arcángel desaparecieron. El leproso tuvo que continuar caminando y vio que Jesús de Nazaret ya había avanzado más. Esos fueron los eventos que ocurrieron en el camino que tomó Jesús entre la conversación con su madrastra y el Bautismo de Juan en el Jordán. Mañana veremos cómo estos eventos —la reunión con los dos Esenios, con el hombre desesperado y con el leproso— continuó afectando el cuerpo físico, etérico y astral de Jesús de Nazaret cuando apenas entendía el mundo del que estaba tan distante, y que fue animado por  lo que recibió con Juan en el Bautismo en el Jordán. Si estos eventos, que he descrito como ocurridos entre la conversación con su madrastra y el Bautismo en el Jordán parecen improbables o extraños, entonces solo puedo decir: A pesar de que pueden parecer extraños, son realmente revelados por la investigación en La Crónica del Akasha. Ella describe eventos que son tan singulares como deben ser, pues están en preparación para un evento que solo puede suceder una vez: lo que llamamos el Misterio del Gólgota. Quien no desee considerar la idea de que algo tan especial sucedió en ese momento en la evolución de la humanidad, encontrará que la evolución humana es difícil de entender.

Traducido por Nicolás Martin y Gracia Muñoz en Agosto de 2018.

[1]https://es.wikipedia.org/wiki/Hilel

 

 

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Esta entrada fue publicada en Planetas.

3 comentarios el “GA148v2c1. El quinto evangelio

  1. […] GA148v2c1. — Colonia 17 de diciembre de 1913 […]

  2. Jaime dice:

    En el tercer párrafo Nota del Traductor, dice dos “hijos” de Jesús, al parecer hay un error de transcripción

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