GA148c3. El Quinto Evangelio.

Rudolf Steiner — Christiania, 3 de Octubre de 1913

English version

Si en la conferencia anterior he dicho que en el mo­mento de la fiesta de Pentecostés, las personalidades a quienes llamamos los apóstoles de Cristo Jesús, experi­mentaron, en cierto sentido, un despertar, esto no quie­re decir que en ese mismo momento todo aquello que tengo que exponer como contenido del Quinto Evan­gelio, haya estado presente, en la misma forma en que lo relato, en la clara y plena conciencia de los apóstoles.

Ciertamente, si con el conocimiento clarividente se pe­netra en el alma de ellos, se descubren allí aquellas imá­genes; sin embargo, en los apóstoles mismos, todo vivió no tanto como imagen sino que existió, por decirlo así, como vida, como experiencia espontánea, como sentimiento y potencia del alma. Lo que entonces los apósto­les pudieron expresar, dando el impulso inicial de la evo­lución cristiana, y que incluso a los griegos de aquel tiempo dejó maravillados; lo que en los apóstoles hubo como potencia del alma, potencia del ánimo, era fruto de lo que en su alma vivió como fuerza viviente del Quinto Evangelio. Pudieron hablar y obrar de esa manera porque tuvieron en el alma lo que nosotros desciframos como contenido del Quinto Evangelio, si bien no lo dieron con las mismas palabras con que ahora corresponde relatarlo. Pues ellos habían recibido, por una suerte de despertamiento, la fecundación por el amor cósmico Universal; y como fruto de tal fecundación siguieron obrando. A través de ellos obró lo que el Cristo había llegado a ser.

Y esto nos conduce al punto en que, en sentido del Quinto Evangelio, nos toca hablar de la vida terrenal de Cristo. Para los conceptos que imperan en nuestro tiempo no es fácil expresar con palabras, de que aquí se trata. Pero mediante diversos conceptos e ideas de la ciencia espiritual podemos acercarnos a este supremo misterio terrestre. Para comprender la entidad de Cristo es preciso emplear, en forma modificada, conceptos que ya poseemos por nuestras contemplaciones científico-espirituales. Partamos, para comprender de qué se trata, de lo que comúnmente se llama el bautismo en el Jordán el cual, con respecto a la vida terrenal de Cristo, se nos presenta en el Quinto Evangelio como una concepción humana terrenal: lo comprenderemos si la vida de Cristo desde el bautismo hasta el Misterio de Gólgota, la comparamos con el desenvolvimiento del germen humano en el seno de la madre. Quiere decir que en cierto sentido fue una vida embrionaria la que el Cristo vivió desde el bautismo en el Jordán hasta el Misterio de Gólgota. Y el Misterio de Gólgota mismo, lo hemos de comprender como el nacimiento terrenal; o sea, la muerte de Jesús como el nacimiento terrenal del Cristo. Su vida terrenal, en sentido propio, debe buscarse después del Misterio de Gólgo­ta, cuando el Cristo estuvo con los apóstoles quienes entonces habían vivido en otro estado de conciencia, tal como lo he explicado en la conferencia anterior.

Esto es lo que siguió al verdadero nacimiento del Cristo. Lo que se describe como la Ascensión y, después, la Venida del Espíritu, debe entenderse en sentido igual que aquello que, al producirse la muerte del hombre, consideramos como el entrar en los mundos espirituales. La ulterior vida de Cristo dentro de la esfera terrestre, a partir de la Ascensión, o bien, del acontecimiento de Pentecostés, debe compararse con la vida del alma humana en el así llamado Devacán, o país del espíritu. Resulta, pues, que en el Cristo se nos presenta una entidad frente a la cual hemos de modificar todos los conceptos que hasta ahora, con respecto a la sucesión de los distintos estados de la vida humana, hemos adquirido. Después del breve tiempo intermedio, llamado purgatorio (Kamaloka), el hombre pasa al mundo espiritual, para preparar su próxima vida terrenal, vale decir que después de la muerte el hombre entra en una vida espiritual. A partir del acontecer de Pentecostés, el Cristo experimentó el penetrar en la esfera de la Tierra lo que para El fue lo que para el hombre es el traspaso al país del espíritu. En vez de entrar en una región espiritual, el Devacán, como sucede para el hombre después de la muerte, el Cristo hizo el sacrificio de establecer, o bien, de buscar su cielo en la Tierra. El hombre deja la Tierra, para cambiar esta su morada por la del cielo. El Cristo, en cambio, dejó el cielo para cambiar su morada celestial  por la de la Tierra. Hay que contemplarlo bien para sentir profundamente lo que tuvo lugar por el Misterio de Gólgota y lo que hizo el Cristo: que su sacrificio consistió en que El ha dejado las esferas espirituales para vivir con la Tierra y con los hombres sobre ella; para proseguir por este impulso la evolución de la humanidad sobre la Tierra.

Con esto se evidencia que antes del bautismo en el Jordán, esta entidad no había pertenecido a la esfera terrestre; ella vino a la Tierra desde esferas extraterrenales. Y lo vivido entre el bautismo y el acontecimiento de Pentecostés, debió cumplirse para transformar el ser celeste del Cristo en la entidad terrenal. Es de infinita importancia el que este misterio se exprese con las palabras: desde el acontecer de Pentecos­tés, el Cristo está con las almas humanas sobre la Tierra; antes no había estado con ellas sobre esta Tierra. Lo que el Cristo experimentó entre el bautismo por Juan y lo acontecido en Pentecostés, se realizó para cambiar la morada en el mundo espiritual por la morada en la esfera terrestre. Esto se realizó para que la entidad divino espiritual de Cristo pudiera adoptar la forma adecuada a su obrar en comunidad con las almas humanas. He aquí el porqué tuvieron lugar los acontecimientos de Palestina. Con ello, también se pone de manifiesto que el acontecimiento de Palestina es de singular característica; pues consiste en el descender a la esfera terrestre de una entidad superior, extra-terrestre; y en que esta entidad cósmica permanecerá en la esfera terrestre hasta que ésta, por influjo de aquélla, haya alcanzado la debida transformación. Tengamos presente que desde aquel momento el Cristo ejerce su actividad en la Tierra.

Para la plena comprensión del acontecimiento de Pen­tecostés, en sentido del Quinto Evangelio, hemos de recurrir a los conceptos que nos ofrece la ciencia espiritual. Hemos señalado que en los tiempos antiguos existieron los Misterios con sus métodos de iniciación, por los cuales el alma humana ascendía a participar de la vida espiritual. Estos Misterios precristianos se nos presentan lo más concretamente si contemplamos los así llamados Misterios iranios de Mithra. Comprendían siete grados de iniciación. Como primer paso el iniciando fue conducido al grado simbólico del “Cuervo”; después al grado de “Oculto”. En el tercer grado llegó a ser un “Luchador”, en el cuarto un “León”; y en el quinto se le dio el nombre del pueblo a que él pertenecía. En el sexto grado fue un “Héroe del Sol”, y en el séptimo el “Padre”. Para los primeros cuatro grados basta con decir que se conducía al iniciando cada vez más profundamente a la experiencia espiritual. En el quinto grado obtenía la facultad de una más amplia conciencia la que le confería la capacidad para convertirse en guardián espiritual de todo su pueblo. Por esta razón se le daba el nombre del respectivo pueblo; y tal iniciado participaba de la vida espiritual de un modo bien definido.

En otro ciclo de conferencias he explicado que los distintos pueblos son conducidos por las entidades espirituales llamadas arcángeles. El iniciado del quinto grado se había elevado a dicha esfera, por lo que tomaba parte de la vida de los arcángeles. El cosmos tenía necesidad de iniciados del quinto grado; y por esta razón los había en Tierra. Cuando en los Misterios tal iniciado había adquirido en su alma todo el contenido perteneciente al quinto grado, sucedió que, así como nosotros leemos un libro para conocer lo necesario por hacer esto o aquello, el arcángel leyó en el alma de ese hombre. En el alma de los iniciados del quinto grado, los arcángeles leyeron lo que un pueblo necesitaba. En la vida terrenal deben de crearse iniciados de quinto grado, para que los arcángeles puedan guiar de la justa manera. Estos iniciados son los intermediarios entre el guía de un pueblo y el pueblo mismo: en cierto modo, ellos llevan a la esfera de los Arcángeles lo necesario para conducir al pueblo de la justa manera. En los tiempos precristianos este quinto grado no podía alcanzarse mientras el alma humana quedaba dentro del cuerpo; era necesario sacarla. La iniciación precisamente consistía en que se desligaba del cuerpo el alma del hombre; y ésta experimentaba fuera del cuerpo lo que le proporcionaba el contenido que acabo de describir. El alma debía abandonar la Tierra y ascender al mundo espiritual para adquirir lo necesario.

Al alcanzar el sexto grado de la antigua iniciación, el grado de Héroe del Sol, se suscitaba en el alma de tal iniciado algo superior a lo que se requiere para la conducción de un pueblo. Si consideramos la evolución terrestre de la humanidad, observamos que los pueblos nacen y se extinguen, lo mismo que el hombre como individuo nace y muere. Empero, lo que un pueblo contribuye para la evolución terrestre debe conservarse dentro de la ulterior evolución. Cada pueblo no solamente debe ser guiado sino que el fruto de su trabajo debe conservarse para los tiempos que sobrepasan los del pueblo mismo, Para este traspaso de lo realizado por los pueblos debían obrar los Héroes del Sol. En los mundos superiores puede leerse lo que vive en el alma de un Héroe del Sol; y del modo indicado se lograban las fuerzas para traspasar e integrar de la justa manera el trabajo de un pueblo al trabajo de toda la humanidad. El obrar del Héroe del Sol se elevaba por encima del trabajo de cada pueblo. Y así como en los antiguos Misterios el aspirante al quinto grado de iniciación tenía que hallarse fuera de su cuerpo para experimentar lo necesario, así también el que debía convertirse en Héroe del Sol, debía abandonar su cuerpo y, durante el tiempo respectivo, morar realmente en el Sol.

Ciertamente, para el modo de pensar de nuestro tiempo, estas verdades parecerán fabulosas, o bien se considerarán necedades; pero aquí cabe la palabra de San Pa­blo: que la sabiduría de este mundo es necedad para con Dios. Durante el tiempo de su iniciación, el Héroe del Sol vivía junto con todo el sistema solar; el sol era su morada al igual que el hombre común vive en la Tierra como en su planeta; y como montañas y ríos están en torno de nosotros, así también hallábanse los planetas del sistema solar en torno del Héroe del Sol, durante el tiempo de su iniciación. En los Misterios antiguos esto sólo se lograba al estar el iniciado fuera de su cuerpo. Y cuando volvía a éste, se acordaba de todo lo vivido fuera del cuerpo y lo empleaba como fuerza activa para la evolución de la humanidad. Durante los tres días y medio de su iniciación, es decir, mientras los Héroes del Sol andaban —así podemos llamarlo— sobre el sol, estaban en comunidad con el Cristo, el que antes del Misterio de Gólgota todavía no se encontraba en la Tierra. Todos los Héroes del Sol de la antigüedad habían ido a las esferas superiores espirituales, pues sólo allí afuera pudieron vivir en comunidad con el Cristo; y El descendió a la Tierra desde ese mundo. Por consiguiente, podemos decir: lo que en los tiempos antiguos por todo aquel procedimiento de la iniciación, se había alcanzado para unos pocos, fue dado en los días de Pentecostés, como por un acaecimiento natural, a los apóstoles del Cristo.

Mientras que antes los hombres debían ascender al encuentro con el Cristo, El descendió ahora a los apóstoles; y ellos se convirtieron en hombres que en sí mismos tuvieron el contenido que antiguamente los Héroes del Sol habían tenido en su alma. La fuerza espiritual del sol se derramó en el alma de los hombres y a partir de entonces siguió obrando en la evolución de la humanidad. Para que esto fuera posible, tuvieron que producirse los acontecimientos de Palestina. ¿En qué se originó el unirse del Cristo con la Tierra? Fue el resultado del sufrimiento más profundo, de un sufrimiento que sobrepasa toda imaginación humana del dolor. Para formarse la idea justa a este respecto también hay que remover contrariedades del pensar de nuestro tiempo.

 Aquí tengo que intercalar otra observación. Hace poco apareció un libro cuya lectura recomiendo, porque el autor es un hombre ingenioso, y el contenido demuestra cuán disparatado resulta lo que con respecto a cosas espirituales hombres inteligentes suelen expresar. Me refiero al libro titulado ,”De la muerte” de Maurice Maeterlinck. Entre otras cosas insensatas también figura allí la aserción que el hombre, una vez muerto, es espíritu y, por haber dejado su cuerpo físico, ya no puede sufrir. Maeterlinck, hombre tan ingenioso, se hace pues la ilusión que sólo lo físico puede sufrir y que, por lo tanto, el difunto no puede sufrir. No se da cuenta de lo absurdo del pensar que únicamente pueda sufrir el cuerpo físico que se compone de fuerzas físicas y substancias químicas. ¡Cómo si una piedra tuviera que sufrir! Lo que sufre no es el cuerpo físico sino lo anímico. La humanidad ha llegado a tal punto que sobre las cosas más sencillas se piensa lo contrario de lo razonable. Si la vida espiritual no pudiera sufrir, no podría haber sufrimiento en el Kamaloka, el que justamente se produce porque lo anímico se halla privado del cuerpo físico. Quien opina que el espíritu no puede sufrir, no llegará a representarse el infinito sufrimiento que el Cristo-Espíritu padeció durante los días de Palestina. Empero, antes de hablar de este sufrimiento, tengo que llamar la atención sobre otro punto más.

Hay que tener presente que con el bautismo en el Jordán descendió a la Tierra y vivió en lo físico, durante tres años, un ser espiritual que después sufrió la muerte de Gólgota, un ser espiritual que antes del bautismo en el Jordán había vivido en condiciones muy distintas a las terrestres. ¿Qué significa este hecho de que ese ser espiritual había vivido en condiciones totalmente distintas de las terrestres? Expresado con términos antroposóficos, ello significa que ese ser espiritual tampoco ha tenido karma terrenal. Hay que tenerlo bien presente: una entidad espiritual vivió tres años en el cuerpo de Jesús de Nazareth sin tener en su alma un karma terrenal. Debido a ello, toda la vida y todas las experiencias habidas, tuvieron para el Cristo un significado enteramente distinto del de las experiencias de una alma humana. Si nosotros sufrimos, si tenemos experiencias, sabemos que el sufrimiento tiene en el karma su razón de ser. No fue así para el Cristo-Espíritu; El tuvo que cumplir una experiencia trienal sin que jamás hubiera tenido un karma. Esto fue, por consiguiente, sufrimiento sin sentido kármico, sufrimiento inmerecido, inocente. El Quinto Evangelio es el Evangelio antroposófico que nos evidencia la única vida terrenal de tres años a la que no se puede aplicar el concepto de karma, en sentido humano.

Pero la ulterior contemplación de este Evangelio nos revela otra cosa más con respecto a esta vida trienal. Esta vida terrenal de tres años que hemos considerado como una vida embrionaria, tampoco produjo karma, ni acarreó culpa alguna. Fue una vida terrenal de tres años, no condicionada por karma y sin producir karma. Es preciso concebir en todo su profundo sentido todos estos conceptos e ideas; así se ganará mucho para la justa comprensión de estos extraordinarios acontecimientos de Palestina los que, de otro modo, quedarán en muchos respectos inexplicables. ¡Cuántas cuestiones surgieron en la evolución de la humanidad, con relación a estos acontecimientos, y de qué manera fueron malentendidos! A pesar de todo ¡cuán inmensamente obraron como impulso!

Cuando se tomen estas cosas en su justo y profundo significado, se llegará a pensar sobre ellas de un modo bien distinto. No se presta la debida atención a muchas cosas de profundo significado. Voy a dar un ejemplo. En el año 1863 apareció el libro “Vida de Jesús” de Ernesto Renán. La gente lo lee sin tomar en consideración lo significativo de su contenido. Quizás en tiempos venideros llamará la atención el que muchos hayan leído este libro sin darse cuenta de lo extraño de su composición. Es una mezcla de sublime exposición y novelón vulgar; esto es lo llamativo del citado libro. Naturalmente, para Renán el Cristo es, ante todo, el Cristo Jesús; y lo describe como héroe quien, al principio obra con la mejor intención, como bienhechor de la humanidad, pero quien, después, se deja llevar por el entusiasmo de la multitud, cediendo cada vez. más, a lo que complace a la gente. En amplia escala, Ernesto Renán aplica a la naturaleza de Cristo lo que a menudo se emplea en sentido corriente.

Ocurre por ejemplo, que la gente con respecto a la teosofía que va difundiéndose, aplica la siguiente crítica: al principio habíais procedido con la mejor intención; después llegaban los adeptos en busca de las cosas interesantes; y a raíz de eso claudicasteis cada vez más. Es así como Renán considera a Cristo Jesús. No le da vergüenza describir la resurrección de Lázaro como un cuasi engaño cometido con fines propagandistas. No le da vergüenza conducir a Cristo Jesús a una suerte de delirio y de ser víctima de los instintos de la multitud. De esta manera se entreteje un novelón vulgar con sublimes descripciones que ese libro también contiene. Es extraño que el sentimiento sano no sienta repugnancia ante la descripción de un ser que al principio tiene la mejor intención, pero que después es víctima de los instintos de la multitud e incluso deja cometer toda clase de engaños. Renán no siente ninguna repugnancia; por el contrario, emplea palabras de alabanza y de entusiasmo para con tal personalidad. Es realmente curioso. Por otra parte da prueba de la gran afición por el Cristo, aunque la gente no comprenda nada de su verdadera naturaleza. Y así se llega al extremo de convertir la vida de Cristo en una novela vulgar en la que, no obstante, no faltan las palabras de alabanza para dirigir la atención hacia esa personalidad. Esto sólo es posible con respecto a una en­tidad como la de Cristo Jesús. Ciertamente, se hubiera acumulado mucho karma en los tres años de la vida te­rrenal de Cristo, si esta vida hubiera sido como Renán la describe. Mas en tiempos venideros se llegará a compren­der que semejante descripción se desvanece ante el he­cho de que allí hubo una vida terrenal libre de karma. He aquí el mensaje del Quinto Evangelio.

Se trata, pues, del acontecimiento en el Jordán, el bautismo realizado por Juan. El Quinto Evangelio nos dice que las palabras que figuran en el Evangelio de Lu­cas transmiten correctamente lo que entonces la bien desarrollada conciencia clarividente hubiera oído: “Este es mi muy amado Hijo, hoy lo he engendrado”. Esta es la correcta interpretación de lo realmente sucedido en el Jordán: el engendramiento, la concepción por la cual el Cristo entró en la entidad Tierra.

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En las próximas conferencias nos referiremos a la característica de la entidad que descendió sobre el cuerpo de Jesús. Por ahora vamos a considerar que Jesús de Na­zareth había venido para dar el cuerpo al Cristo. Ahora bien, el Quinto Evangelio nos dice  —lo leemos con la mirada clarividente retrospectiva— que desde el principio de su andar sobre la Tierra, el Cristo no se unió totalmente con el cuerpo de Jesús de Nazareth, sino que sólo hubo una unión libre entre la entidad Cristo y el cuerpo de Jesús de Nazareth. No fue la unión de cuerpo y alma como en el hombre común sino de tal índole que en todo momento en que era necesario; el Cristo podía volver a dejar el cuerpo de Jesús. Mientras el cuerpo de Jesús se hallaba en algún lugar, como durmiendo, el Cristo, como entidad, anduvo allí o allá, según hacía falta. El Quinto Evangelio nos revela que no siempre, cuando la entidad Cristo aparecía a los apóstoles, estuviese presente también el cuerpo de Jesús de Nazareth, sino que muchas veces el cuerpo de Jesús había quedado en algún lugar y que Cristo-Espíritu aparecía a los apóstoles. No obstante, ellos tuvieron la aparición por el cuerpo de Jesús de Nazareth. Se dieron cuenta, por cierto, que era algo diferente, pero la diferencia no resultó lo suficiente como para verificarla claramente. Los cuatro Evangelios apenas lo dicen; el Quinto Evangelio sí lo evidencia. Los apóstoles no siempre fueron capaces de discernir: ahora nos aparece el Cristo Jesús en su cuerpo, o ahora es sólo el Cristo-Espíritu. En la mayoría de los casos, la aparición la tuvieron por el Cristo Jesús, quiere decir por el Cristo-Espíritu en cuanto le reconocieron en el cuerpo de Jesús de Nazareth. Empero, lo que en los tres años de esa vida terrenal tuvo lugar, fue que, en cierto modo, el Espíritu se unió cada vez más firmemente con el cuerpo de Jesús de Nazareth; o sea, que la entidad Cristo, como naturaleza etérea, se asemejó más y más al cuerpo físico de Jesús de Nazareth.

Obsérvese bien que referente a la naturaleza del Cristo sucedió algo distinto que en cuanto al cuerpo del hombre común. El hombre común es un microcosmos frente al macrocosmos, un trasunto de todo el macrocosmos. Lo que el hombre terrenal llega a ser, es reflejo del gran cosmos. En cuanto a la naturaleza del Cristo ocurre todo en sentido inverso. La entidad macrocósmica solar se amolda a la configuración del microcosmos humano; se comprime y se restringe cada vez más, de modo que va asemejándose al microcosmos humano. ¡Justamente al revés! La unión con el cuerpo de Jesús de Nazareth fue la más libre al principio de la vida terrenal de Cristo, inmediatamente después del bautismo en el Jordán. Enteramente fuera del cuerpo de Jesús estuvo la entidad Cristo. Al andar sobre la Tierra, el obrar del Cristo fue todavía algo enteramente celestial. La entidad Cristo realizó curaciones que ninguna fuerza humana podría hacer. La intimidad con que habló a los hombres, fue intimidad divina. La entidad Cristo, atándose Ella misma al cuerpo de Jesús de Nazareth, obró como entidad celeste. Sin embargo, fue asemejándose, cada vez más, al cuerpo de Jesús, comprimiéndose y amoldándose a las condiciones terrestres, de modo que la fuerza divina se desvaneció, más y más. Por todo esto pasó el Cristo, asemejándose al cuerpo de Jesús; en cierto sentido fue una evolución descendente. El Cristo tuvo que experimentar que la potencia y la fuerza del Dios paso a paso le abandonó, al asemejarse al cuerpo de Jesús de Nazareth. El Dios fue convirtiéndose en hombre. Como un hombre que con infinito sufrimiento siente el extinguirse de su cuerpo, así también el Cristo experimentó el desvanecimiento de su substancia divina, al asemejarse, como naturaleza etérea, al cuerpo terrenal de Jesús de Nazareth, hasta el punto de sentir angustia, igual que un hombre.

He aquí lo que también los otros Evangelios relatan, cuando con sus discípulos el Cristo Jesús llegó al monte de los Olivos y El, en el cuerpo de Jesús de Nazareth, estando con angustia, tuvo sudor en la frente. En el Cristo dominó, cada vez más, la naturaleza humana. A medida que su naturaleza etérea iba asemejándose al cuerpo de Jesús, el Cristo devino hombre. La sublime fuerza divina gradualmente se desvaneció. Vemos, pues, toda la pasión a partir de poco tiempo después del bautismo en el Jordán, cuando la gente, al haber presenciado lo que el Cristo realizó, decía: jamás ningún ser sobre la Tierra ejecutó semejantes acciones. Esto fue cuando el Cristo se parecía muy poco al cuerpo de Jesús de Nazareth.

 En el curso de tres años, a partir de este maravillarse de parte de los admiradores en torno de él, la naturaleza de Cristo va asemejándose al cuerpo de Jesús a tal punto que dentro de este enfermizo cuerpo ya no es capaz de responder a las preguntas de Pilatos, ni de Herodes o Caifás. La naturaleza de Cristo había devenido tan parecida al cuerpo de Jesús, cada vez más débil y más enfermizo, que a la pregunta: ¿tú has dicho que puedes derribar el templo y en tres días reedi­ficarlo? ya no habló, del quebradizo cuerpo de Jesús, el Cristo y quedó callado ante el pontífice de los judíos; y quedó callado ante Pilatos quien le preguntó: ¿tú has dicho que eres el Rey de los Judíos? Así se nos presenta el camino desde el bautismo en el Jordán hasta la plena debilidad. Y poco después, la multitud que antes había admirado las celestiales fuerzas milagrosas, estuvo ante la cruz, ya no asombrada, sino burlándose de la impotencia del Dios que había devenido hombre, y diciéndole, si tú eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. A otros salvaste, ahora sálvate a ti mismo. He aquí la pasión, infinito sufrimiento, a lo que se sumó el pesar por la humanidad que había descendido a las condiciones en que se hallaba, precisamente en la época del Misterio de Gólgota. Pero este sufrimiento engendró el Espíritu que en la fiesta de Pentecostés se derramó sobre los apóstoles. De estos dolores nació el amor cósmico universal que en el instante del bautismo descendió de las extraterrenales esferas celestes, a la esfera terrenal; el amor cósmico que se había asemejado al hombre, quedando parecido a un cuerpo humano, y que vivió el instante de la máxima impotencia divina, para engendrar el impulso que como impulso del Cristo se nos presenta en la ulterior evolución de la humanidad. Hay que tenerlo presente, para comprender en todo su alcance el significado de este impulso, en el sentido del futuro de la humanidad; para que el hombre pueda proseguir su camino evolutivo cultural.

 

 Traducido por Francisco Schneider

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GA148c2. El Quinto Evangelio.

Rudolf Steiner — Christiania, 2 de Octubre de 1913

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Empecemos por contemplar, —como lo hemos enunciado— el acontecimiento de Pentecostés. En la primera conferencia ya se ha aludido a que la mirada de la investigación clarividente, primero ha de dirigirse a dicho acontecer; pues éste se presenta a la visión retrospectiva cual un despertar que ha sido experimentado, en el día que por la fiesta de Pentecostés se conmemora, por las personalidades generalmente llamadas los apóstoles o discípulos de Cristo Jesús. No es fácil evocar una imagen exacta de los respectivos fenómenos, sin duda extraños; y, con el fin de obtener una idea exacta con relación al tema de este ciclo de conferencias, será necesario recordar, digamos, en la profundidad del alma, mucho de lo tratado en anteriores contemplaciones antroposóficas.

En aquel momento, los apóstoles tuvieron la sensación de un despertar, la sensación de que durante mucho tiempo habían vivido en un inusitado estado de conciencia. Efectivamente, fue cual un despertar de un profundo sueño, pero un sueño extraño, un estado onírico, de tal manera —estoy hablando del estado de conciencia de los apóstoles mismos— que en todo momento, como hombre regularmente sano, se cumple con los quehaceres cotidianos, de modo que los demás ni se dan cuenta de que uno se halla en otro estado de conciencia. De todos modos, llegó el momento en que los apóstoles tuvieron la sensación de haber pasado varios días en un estado de ensoñación, del cual despertaron con el acontecimiento de Pentecostés. Este despertar lo experimentaron de un modo singular: tuvieron la sensación de que del universo hubiera bajado sobre ellos algo que sólo podría llamarse la substancia del amor cósmico. Los apóstoles sintiéronse como despertados del citado estado onírico y fecundados desde lo alto por el amor que impera en todo el Universo. Tuvieron la sensación de haber sido despertados por todo aquello que como la prístina fuerza del amor compenetra y da calor al universo, como si la prístina fuerza del amor hubiera penetrado en el alma de cada uno de ellos.

A los demás, al observarlos como entonces hablaban, les causaba una extraña, impresión; pues sabían que los apóstoles habían vivido, hasta entonces, de una manera sumamente sencilla, si bien en los últimos días algunos se habían comportado de un modo algo extraño, como sumergidos en la ensoñación. Pero ahora parecieron hombres transformados, que efectivamente habían adquirido un estado del alma totalmente nuevo; hombres que habían dejado atrás toda estrechez y todo egoísmo de la vida, y que habían ganado infinita amplitud del corazón y extensa tolerancia interior, junto con una profunda comprensión por todo lo humano sobre la Tierra.

Además, tuvieron la capacidad para expresarse de tal manera que cualquiera los entendía. En cierto modo dieron la impresión de que eran capaces de mirar en el corazón y el alma del prójimo para descubrir los profundos secretos del alma y poder confortar y decir lo que cada uno necesitaba. Naturalmente, causó asombro que semejante transformación pudiera producirse en unos cuantos hombres. Ellos mismos, que por el espíritu del amor cósmico habían sido despertados, sintieron en sí mismos una nueva comprensión; comprendieron lo que, por cierto, en íntima comunidad de las almas había tenido lugar, pero sin haberlo entendido antes. Ahora, en aquel instante, surgió ante el ojo del alma, la comprensión de lo realmente sucedido en Gólgota.

Y si miramos en el alma del apóstol a quien en los otros Evangelios se llama Pedro, su interior anímico revela a la visión clarividente retrospectiva que, a partir del instante que en los otros Evangelios es llamado la negación, su conciencia terrenal en cierto sentido había quedado como totalmente cortada. Ahora, en cierto modo percibió aquella escena de la negación, cuando le habían preguntado si él había estado con el Galileo; ahora estuvo consciente de que en aquel momento lo había negado, porque su conciencia se había ofuscado y había entrado en un estado parecido a lo onírico, como alejado a un mundo totalmente distinto. Fue para él como cuando alguien, al despertar, recuerda lo sucedido el día anterior antes de haberse dormido.

Así también recordó Pedro lo que comúnmente se llama la negación; el haber negado tres veces, antes que el gallo hubiera cantado dos. Y así como se va haciendo de noche, sobrevino ahora un estado intermedio de la conciencia de Pedro; pero no un estado lleno de imágenes de ensueño sino de visiones como de una conciencia superior, un participar de hechos puramente espirituales. Todo lo que desde aquel entonces había sucedido y que Pedro, en cierto modo, había presenciado durmiendo, surgió ahora ante su alma como de un ensueño clarividente. Ante todo llegó a percibir el acontecimiento, del que realmente puede decirse que lo había presenciado durmiendo, porque para su plena comprensión se requiere la fecundación por el amor cósmico universal. Ahora percibió las imágenes del Misterio de Gólgota tal como con la conciencia clarividente retrospectiva podemos evocarlas, si establecemos las condiciones pertinentes.

Francamente, no es fácil decidirse a expresar con palabras lo que se revela al penetrar con la mirada en la conciencia de Pedro y los demás que estuvieron reunidos en aquella fiesta de Pentecostés; sólo con el más hondo respeto es posible hablar de estas cosas. Diría que emociona sobremanera saber que se pone pie en suelo sagrado de la conciencia humana al expresar con palabras lo que aquí se abre a la visión del alma. A pesar de ello y a raíz de ciertas condiciones anímicas de nuestro tiempo, resulta necesario hablar de estas cosas; pero plenamente consciente de que vendrán tiempos distintos a los nuestros, tiempos que considerarán estas cosas con mayor comprensión que los nuestros. Pues para comprender mucho de lo que al respecto hemos de decir, será preciso que el alma humana se libre de diversos elementos que ella necesariamente contiene, debido a la civilización de la época.

En primer lugar, la visión clarividente percibe algo que parece ofender a la actual conciencia científico-natural. No obstante, me veo precisado a expresar con palabras, lo mejor que pueda, lo que a la visión del alma se presenta. No tengo la culpa si lo que debo decir acaso penetre en almas no suficientemente preparadas y luego sea exagerado, de modo que no pueda sostenerse frente a conceptos de la ciencia actual.

La visión clarividente es atraída por un cuadro que presenta una realidad, a la cual también en los otros Evangelios se alude, pero que de todos modos ofrece un singular aspecto dentro de la profusión de imágenes que la visión clarividente retrospectiva percibe. Esta visión es efectivamente atraída por un obscurecimiento terrestre. Se reproduce la sensación del singular instante en que durante horas, como en el caso de un intenso eclipse solar, el sol físico sobre Palestina, sobre el lugar de Gólgota, se había obscurecido. Da la impresión, la que incluso ahora la clara visión científico-espiritual es capaz de verificar cuando realmente sobreviene un eclipse solar; que en tal momento, para la visión del alma, todo lo que circunda al hombre se presenta de un modo totalmente distinto. Dejo aparte todo lo producido por el arte y la técnica humanas en cuanto al aspecto que ofrece el eclipse solar. Se requiere un ánimo fortalecido y la certeza de que todo eso debió producirse para resistir a las potencias demoníacas que durante un eclipse solar se alzan de la grosera técnica exterior. Mas no quiero extenderme sobre este asunto, sino llamar la atención sobre el hecho de que en tal momento se presenta lleno de luz lo que, de otro modo, sólo se alcanza por muy difíciles meditaciones: se percibe entonces de manera distinta todo lo vegetal y lo animal; cada mariposa presenta un aspecto distinto. Es algo que en profundo sentido conduce a la convicción de que en el cosmos existe una íntima relación entre la vida sobre la Tierra y una vida espiritual que pertenece al sol y que en cierto modo tiene su cuerpo físico en lo que como sol se percibe. Y cuando la luz física forzadamente se obscurece porque se interpone la luna, no es lo mismo que cuando de noche simplemente no hay sol. Durante el eclipse solar el aspecto de lo terrestre que nos circunda es muy distinto del simplemente nocturno.

Cuando hay eclipse solar, se nota un erigirse de las almas grupales de vegetales y animales; un debilitarse de la corporeidad física de vegetales y animales, y un esclarecer de todo lo que representa el modo de ser del alma grupal. Todo lo expuesto lo percibe la visión retrospectiva clarividente si se dirige hacia el instante que, dentro de la evolución terrestre, se denomina el Misterio de Gólgota.

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Entonces surge algo que podría describirse así: se aprende a descifrar lo que significa aquel singular signo de la naturaleza que a la visión clarividente retrospectiva se presenta en el cosmos. Repito que no es culpa mía si me veo precisado a leer, según la escritura oculta, un fenómeno de la naturaleza por lo demás común que tuvo lugar justamente en aquel punto de la evolución terrestre; a leerlo, tal como espontáneamente se presenta, en contradicción con todo conocimiento materialista actual. Es como cuando se abre un libro y se lee lo allí escrito; lo mismo ocurre al presentarse, aquel fenómeno cuyos mismos signos indican lo que debe leerse. Esos signos del cosmos nos obligan a leer lo que la humanidad debe llegar a conocer. Da la impresión de una palabra escrita en el cosmos, un signo cósmico. ¿Qué es lo que lee allí el alma que se abre?

En la conferencia anterior he expuesto que al llegar la época de la cultura griega, la humanidad alcanzó un nivel evolutivo que en Platón y Aristóteles se elevó a un muy alto grado de desarrollo del alma humana y de la intelectualidad. En muchos respectos, en los tiempos posteriores, el saber alcanzado por Platón y Aristóteles no fue superado, pues en cierto modo la intelectualidad había llegado a un nivel supremo. Si se considera este saber intelectual que por el actuar de predicadores viandantes, precisamente en la época del Misterio de Gólgota, se había popularizado enormemente en las penínsulas griega e itálica, si se considera que dicho saber se había difundido de una manera que hoy no se comprende, se tiene la impresión comparable a un leer de aquel signo oculto que apareció escrito en el cosmos,. Con la conciencia clarividente así desarrollada nos decimos entonces; todo este saber que la humanidad ha reunido, a que en el tiempo precristiano se ha elevado, tiene como signo la Luna, la cual, para el punto de vista terrenal, anda por el universo; ese signo es la Luna porque para la cognición superior de la humanidad este saber no ha actuado como para esclarecer, para dar solución a enigmas, sino para obscurecer, tal como por el eclipse solar, la luna obscurece al sol. He aquí lo que se lee.

Todo el saber de aquel tiempo no esclareció, sino que obscureció el enigma del mundo; y el clarividente percibe el obscurecimiento por el saber del tiempo antiguo, de las regiones espirituales superiores del mundo, saber que se colocó ante el verdadero conocimiento, tal como la luna eclipsa al sol cuando se produce el eclipse solar. Y el acontecimiento exterior se convierte en expresión de que la humanidad había alcanzado un grado de desarrollo en que el saber adquirido dentro de la esfera de la humanidad misma, se colocó ante el conocimiento superior, como la luna ante el sol, en el eclipse solar. En aquel obscurecimiento del sol se percibe escrito en el cosmos, mediante un grandioso signo de la escritura oculta, el obscurecimiento solar de la humanidad, dentro de la evolución terrestre.

He dicho que la conciencia humana del presente lo sentirá como una ofensa, porque ya no tiene capacidad para entender el obrar del espíritu en el Universo. No quiero hablar de milagros en sentido corriente, o sea de un quebrantar las leyes de la naturaleza, pero no puedo menos de enunciar cómo aquel obscurecimiento del sol puede leerse, y que no hay otra alternativa que mirar con el alma y, en cierto modo, leer lo que aquel fenómeno de la naturaleza expresa: con el saber lunar se había producido un obscurecimiento, frente al mensaje solar superior.

Entonces aparece ante la conciencia clarividente la imagen de la Cruz de Gólgota con el cuerpo de Jesús, entre los dos ladrones. Y luego otra imagen la que se mantiene tanto más firme cuanto más se trata de rehuirla ­la imagen del Descendimiento de la Cruz y de la Sepultura.

Con ella se presenta otro grandioso signo, escrito en el cosmos, y que debe leerse para entenderlo como un símbolo de lo realmente sucedido dentro de la evolución de la humanidad: al contemplar con la mirada del alma, la imagen del Jesús descendido de la cruz y la de la Sepultura, se experimenta un sacudimiento, producido por un terremoto que tuvo lugar en aquella región. Es de esperar que a su tiempo la ciencia natural comprenderá mejor la relación entre este terremoto y el obscurecimiento del sol, pues ya existen, aunque en forma incoherente, ciertas teorías que señalan una relación entre eclipse solar y terremoto e incluso explosiones en minas. Aquel terremoto ocurrió a consecuencia del eclipse solar. Ese mismo terremoto sacudió el sepulcro en que se había puesto el cuerpo de Jesús y arrastró la piedra que allí se había colocado; se abrió una hendidura y ella acogió al cuerpo. Un nuevo sacudimiento volvió a cerrar la hendidura sobre el cuerpo. Cuando a la mañana siguiente acudió la gente al sepulcro, éste estaba vacío, porque la Tierra había acogido al cuerpo de Jesús; mas la piedra se encontraba al lado de la tumba.

Contemplemos una vez más la sucesión de las imágenes. En la cruz de Gólgota muere Jesús. Cae la obscuridad sobre la tierra. En el sepulcro abierto se pone el cuerpo de Jesús. Un temblor sacude el suelo, y la Tierra acoge al cuerpo de Jesús. La hendidura producida por el temblor, vuelve a cerrarse; la piedra es arrastrada a un lado. Son sucesos que efectivamente ocurrieron y debo describirlos de esta manera. Por más argumentos en contra que los hombres de la ciencia natural aporten, la visión clarividente lo ve tal como acabo de relatarlo. Y si alguien quisiera sostener que no es posible que en el cosmos apareciese, como poderoso lenguaje en signos, un símbolo como expresión de que algo nuevo ha entrado en la evolución de la humanidad; si alguien quisiera decir que las potencias divinas no escriben en la tierra, por medio de semejante lenguaje en señas, como, por ejemplo, un obscurecimiento del sol y un terremoto, yo respondería: respeto vuestra creencia de que no puede ser; pero sin embargo, es verdad que sucedió.

Me imagino que un Ernesto Renán; quien escribió aquel curioso libro Vida de Jesús, diría: semejantes cosas no merecen fe; sólo se cree lo que se puede reproducir experimentalmente. Pero esto es insostenible, pues Renán seguramente cree que existió el período glacial, aunque no es posible reproducirlo experimentalmente. Es absolutamente imposible retraer la época glacial; sin embargo, todo naturalista cree que existió. También es imposible que aquel signo cósmico vuelva a presentarse a la humanidad. No obstante, tuvo lugar. Únicamente por la visión clarividente podemos abrir el camino hacia esos acontecimientos, si ante todo ahondamos la mirada en el alma de Pedro u otro de los apóstoles que en la fiesta de Pentecostés se sintieron fecundados por el amor cósmico universal. Únicamente si con la visión penetramos en el alma de esos hombres para percibir lo que en ellos vivió, nos será posible —por este camino más largo— llegar a la visión de la Cruz de Gólgota, el obscurecimiento y el temblor que le siguió. No se niega, de modo alguno, que en sentido físico aquel obscurecimiento y el terremoto fueron fenómenos comunes a la naturaleza. Empero, para el que los examina a través de la clarividencia, aparecen tal como lo he expuesto; y esto lo afirma decididamente quien en su alma ha creado las condiciones pertinentes.

En la conciencia de Pedro lo expuesto fue, efectivamente; algo que en el contorno del largo sueño se cristalizó. En la conciencia de Pedro, entre diversas imágenes, se destacaron claramente: la Cruz de Gólgota, el obscurecimiento y el temblor, como primeros frutos de la fecundación de Pentecostés, por el amor cósmico. Entonces supo, lo que antes, efectivamente, había ignorado: que el cuerpo en la cruz era el mismo con el cual muchas veces en la vida había caminado. Ahora fue consciente de que Jesús murió en la cruz, pero que en verdad esa muerte fue un nacimiento, el nacimiento del Espíritu que en la fiesta de Pentecostés, como amor universal se derramó en el alma de los apóstoles. Pedro lo sintió como un resplandor del amor eterno, el amor que reina por los siglos de los siglos. Lo sintió como aquello que nació, cuando Jesús murió en la cruz. Y en el alma de Pedro se suscitó la grandiosa verdad: es simplemente apariencia que en la cruz haya tenido lugar una muerte.

En verdad, esa muerte, a la que había precedido infinito sufrimiento, fue el nacimiento del cual ahora un resplandor penetró en el alma de Pedro, con la muerte de Jesús nació para la Tierra aquello que antes, por todas partes, se había encontrado fuera de ella: el amor cósmico universal. En forma abstracta, parece fácil pronunciar semejantes palabras, sin embargo, hemos de tener presente que el alma de Pedro por primera vez lo sintió: para la Tierra nació lo que antes sólo había existido en el cosmos; nació en el instante en que Jesús de Naza­reth murió en la cruz de Gólgota. La muerte de Jesús de Nazareth fue el nacimiento, dentro de la esfera de la Tierra, del amor cósmico. He aquí, en cierto modo, la primera revelación que se nos da en lo que llamamos el Quinto Evangelio.

Con lo que en el Nuevo Testamento se describe como la Venida, el derramar del Espíritu, comienza lo que acabo de relatar. Por todo el estado de su alma, los apóstoles únicamente habían sido capaces de presenciar con conciencia anormal el acontecimiento de la muerte de Jesús de Nazareth. Otro momento más de lo vivido debieron recordar Pedro, como asimismo Juan y Jacobo: aquella escena que sólo por el Quinto Evangelio se nos presenta en toda su grandeza. Aquel con quien allí habían caminado, los había conducido al monte y les había dicho: ¡velad! Pero ellos habían quedado dormidos. Ya había empezado aquel estado de sus almas que cada vez más se intensificaba: la conciencia normal se adormecía; ellos caían en un sueño que se mantenía durante el acontecimiento de Gólgota. De este sueño irradió lo que, balbuceando, acabo de relatar. Pedro, Juan y Jacobo recordaron que habían caído en ese estado, y ahora, para la mirada retrospectiva, aparecieron, al principio opacamente los grandes acontecimientos que habían tenido lugar en torno al cuerpo terrenal de Aquel con quien habían caminado. Lentamente, tal como ensueños olvidados vuelven a surgir, aparecieron en la conciencia y en el alma de los apóstoles aquellos sucesos. En esos días no los habían presenciado con conciencia normal. Ahora, todo apareció para la conciencia normal; apareció todo el tiempo vivido desde el acontecer de Gólgota hasta Pentecostés. Tuvieron la sensación de que ese tiempo lo habían pasado como sumergidos en un profundo sueño. Ahora, a la visión retrospectiva, les apareció, día por día, el tiempo pasado entre el Misterio de Gólgota y la así llamada Ascensión de Cristo Jesús. Lo habían vivido pero sólo ahora surgió de una manera muy singular. Pido perdón por insertar una observación personal: debo decir que me sorprendió sobremanera la visión de lo que surgió en el alma de los apóstoles, lo que ellos habían vivido en el tiempo entre el Misterio de Gólgota y la Ascensión. Es extraño cómo se suscitó la visión en el alma de los apóstoles. Surgieron imágenes como esta: ciertamente, tú estuviste reunido, te encontraste con lo que nació en la cruz; como si al despertar a la mañana, se recordase cual un sueño: durante la noche estabas reunido con este o aquel. De un modo extraño surgieron los distintos acontecimientos en el alma de los apóstoles, y siempre se preguntaron: ¿pero quién es Aquel con quien estamos reunidos? Y siempre de nuevo fallaron en conocerle. Sabían: es seguro que con El habíamos caminado, pero no reconocieron la figura con la que habían estado y que ahora apareció en la imagen, al haber reci­bido la fecundación por el amor universal. Se vieron a sí mismos caminando, después del Misterio de Gólgota con el Cristo.

También percibieron que entonces El les había dado enseñanzas acerca del reino del Espíritu. Aprendieron a comprender que durante cuarenta días habían caminado con ese Ser que nació en la cruz, y que ese Ser  —el amor universal que del cosmos nació en la Tierra— había sido su maestro, pero que no habían llegado a la madurez para comprender su enseñanza; que con subconscientes fuerzas del alma le habían escuchado, y que como sonámbulos habían caminado al lado del Cristo, sin poder concebir con el intelecto común lo que ese ser les enseñaba. Durante esos cuarenta días le habían escuchado con la conciencia extraña, la que sólo ahora, al haber experimentado el acontecer de Pentecostés, despertó en ellos. Como sonámbulos habían escuchado. El les había aparecido como el maestro espiritual, y les había revelado secretos que ellos sólo comprendían, porque Él los había puesto en otro estado de conciencia. Sólo ahora vieron claramente que habían caminado con el Cristo resucitado, y ahora comprendieron lo que había sucedido. ¿Cómo llegaron a comprender que realmente habían estado con Aquel con quien, en su cuerpo, antes del Misterio de Gólgota habían caminado? Lo comprendieron de la siguiente manera.

Supongamos que, después de Pentecostés, ante el alma de uno de los apóstoles haya aparecido esta imagen:  vio que había caminado con el Resucitado pero no le reconoció. Vio un ser celeste espiritual, sin conocerlo. Se añadió entonces, mezclándose con la imagen puramente espiritual, otra imagen, la que representaba un acontecer que los apóstoles realmente habían vivido, antes del Misterio de Gólgota, con Cristo Jesús: una escena donde el Cristo les había hablado del secreto del Espíritu; pero sin que ellos hubiesen reconocido al Cristo, sino encontrándose frente a un ser espiritual.

Para conocer a éste, la imagen se transformó, manteniéndose ella misma, a la vez en la de la Ultima Cena que ellos habían celebrado con Cristo Jesús. Hay que imaginarse que tal apóstol tuvo la visión suprasensible de haber caminado con el Resucitado y, detrás de esta imagen, la de la Ultima Cena. De esta manera los apóstoles reconocieron que Aquel con quien en el pasado habían caminado fue el mismo que el que ahora, en la apariencia que El había adoptado después del Misterio de Gólgota, les enseñó. Fue un total confluir del recuerdo correspondiente al estado de conciencia que en cierto modo había sido un estado de sueño, con las imágenes de recuerdo del tiempo anterior. Como dos imágenes, una sobre la otra, lo experimentaron: la imagen tomada de lo vivido después del Misterio de Gólgota, y la otra, con su luz del tiempo anterior al ofuscamiento de su propia conciencia.

Así reconocieron la unidad: la entidad del Resucitado y aquel con quien, breve tiempo atrás, en el cuerpo físico, habían caminado. Ahora pudieron decirse: antes de nuestro despertar en virtud de haber sido fecundados por el amor universal, habíamos estado como enajenados de nuestro estado de conciencia común. Y el Cristo resucitado estaba con nosotros; El nos acogía inconscientes en su reino, caminaba con nosotros revelándonos los secretos de su reino; secretos que ahora, después del Misterio de Pentecostés aparecen como un sueño. Causa realmente asombro este coincidir de las imágenes de los apóstoles: una de lo vivido con el Cristo después de Gólgota, y otra antes del Misterio de Gólgota, la de lo vivido conscientemente, en el cuerpo físico, con el Cristo Jesús.

Con lo que precede hemos comenzado a comunicar lo que puede leerse en el así llamado Quinto Evangelio; y para terminar este primer anuncio, deseo agregar algunas palabras que también deben decirse, aparte de aquellos hechos. En cierto modo, siento el deber oculto de hablar, en nuestro tiempo, de estas cosas. Sé muy bien que vivimos en una época en que para el cercano porvenir de la humanidad, están preparándose diversos cambios, y que nosotros, dentro de la Sociedad Antroposófica, debemos concebir la idea de que hay algo que en el alma humana necesariamente debe prepararse para el futuro. Vendrán tiempos en que será posible hablar de estas cosas de una manera muy distinta de lo que nuestro tiempo permite. Todos pertenecemos a esta época; pero se acerca un tiempo en que será posible hablar de un modo más exacto, en que probablemente mucho de lo que ahora sólo puede conocerse en principio, se conocerá por la crónica espiritual del devenir de un modo mucho más exacto. Estos tiempos vendrán, por más que la humanidad actual lo considere fuera de lo previsible. Precisamente por esta razón es, en cierto sentido, una obligación hablar de ello. Si bien me cuesta mucho hablar de este tema, predomina, no obstante, el deber frente a lo que en nuestro tiempo tiene que prepararse; y esto me ha conducido a hablar sobre este tema, ahora por primera vez, en esta ciudad.

Si digo que me cuesta mucho, hay que entenderlo tal cual lo expreso. Pido explícitamente tomar como una suerte de alusión lo que ahora expongo, como algo que ciertamente en tiempos venideros podrá decirse mejor y mucho más exactamente. Una observación personal explicará mejor el porqué vacilo en hablar sobre este tema. Sé muy bien que para la investigación espiritual a que me dedico, resulta a veces bastante difícil, precisamente cuando se trata de cosas de esta índole, descifrar la escritura espiritual del mundo; y no sería nada extraño si a la palabra “alusión” hubiera que darle un significado más amplio de lo que ahora podría parecer. De ningún modo quiero decir que ya ahora soy capaz de interpretar exactamente lo que figura en la escritura espiritual, pues siento cierta dificultad para leer las imágenes de la Crónica del Akasha que se refieren al Cristianismo. Sólo con cierto esfuerzo logro cristalizar y conservar las imágenes. Considero que según mi karma tengo el deber de expresar lo que acabo de decir. No cabe duda que todo lo haría con menos esfuerzo si en mi infancia hubiera recibido al igual que otros coetáneos una educación realmente cristiana, la que no se me ha dado, pues me he criado en un ambiente enteramente racionalista. He sido educado de un modo puramente científico; debido a ello no me es fácil encontrar las cosas, de las que tengo el deber de hablar. Por dos razones me permito hacer esta advertencia personal: primero, porque precisamente ahora, de mala fe, se ha difundido una disparatada difamación en cuanto a relaciones que yo haya tenido con ciertas corrientes católicas; de lo cual ni una sola palabra es verdad. Semejante imputación ha tenido su origen en círculos teosóficos; y esto hace ver a qué extremo ha llegado lo que a veces suele llamarse Teosofía.

Las circunstancias nos obligan a no pasarlo por alto, sino a contraponerle la verdad. Por otra parte, debido a que, cuando joven, estuve ajeno al cristianismo, me siento tanto más libre frente a él y creo que sólo por el espíritu he sido conducido al cristianismo y al Cristo. Creo que precisamente en este campo tengo el derecho de hablar imparcialmente y sin prejuicios. Quizás, en esta hora de la historia universal, se dará más crédito a la palabra de un hombre de cultura científica, el que, cuando joven, estuvo ajeno al cristianismo, que a uno que desde su infancia haya tenido contacto con él. Con estas palabras también se alude a lo que vive en mí mismo, si ahora tengo que hablar de los misterios del así llamado Quinto Evangelio.

Traducido por Francisco Schneider

GA148c1. El Quinto Evangelio.

Rudolf Steiner — Christiania (Oslo), 1 de Octubre de 1913

English version

Creo que, con respecto al tiempo en que vivimos, es de peculiar importancia el tema sobre el cual voy a hablar en este ciclo de conferencias. Ante todo, deseo poner en claro que el haber elegido semejante tema no se debe, en absoluto, al afán de producir sensación, ni cosa parecida. Pues espero poder mostrar que, en un sentido de singular importancia para el tiempo presente, se justifica hablar de un quinto Evangelio, y que para lo que ello significa, la denominación “El Quinto Evangelio”, es, efectivamente, la más apropiada.

Este Evangelio aún no existe —como se explicará— como documento escrito; pero en tiempos venideros de la humanidad, seguramente existirá escrito en una forma bien definida. Mas en cierto sentido también se podría decir que el quinto Evangelio es tan antiguo como los otros cuatro Evangelios.

Para poder hablar sobre este tema es preciso contemplar, a modo de introducción, algunos puntos que son tan importantes como necesarios para la plena comprensión de lo que ahora queremos llamar el Quinto Evangelio. Al respecto, quisiera partir de que con toda seguridad se acerca el tiempo en que desde la enseñanza primaria y en el marco de la más simple instrucción, la ciencia que comúnmente se llama historia, se enseñará de un modo algo distinto de como hasta ahora se había enseñado.

En cierto sentido, este ciclo de conferencias nos dará la prueba de que en la historiografía del futuro e incluso en la historia más elemental, el concepto y la idea acerca del Cristo serán de mucha más importancia que hasta ahora. Sé que, en realidad, con este aserto digo algo totalmente paradójico. Tengamos presente que en tiempos pasados, no muy lejanos, un sinnúmero de hombres, incluso de los más cultos de los países occidentales, dirigían hacia el Cristo el corazón y el sentimiento, de una manera mucho más intensa que ahora. Quien pase revista a la literatura actual, quien reflexione sobre lo que principalmente interesa al hombre de nuestra época y lo que más hondamente le habla al corazón, tendrá la impresión de que van disminuyendo el entusiasmo y la emoción por las ideas acerca del Cristo, principalmente en las personas que pretenden pertenecer a los que poseen cierta cultura conforme a nuestra época.

A pesar de ello, y según lo que acabo de expresar, hemos de esperar que nuestro tiempo esté en camino para dar en el futuro mucho más importancia que hasta ahora, a las ideas sobre el Cristo, dentro de la historiografía universal. ¿No hay en ello, aparentemente, una absoluta contradicción?

Acerquémonos ahora desde otro punto de vista a este problema. En muchas conferencias del pasado, incluso en esta ciudad, he hablado sobre el significado y el contenido de las ideas concernientes al Cristo; y en muchos libros, como resultado de la ciencia espiritual, se ha publicado lo expuesto sobre los secretos de la entidad del Cristo. Quien estudie el contenido de esos libros llegará a decirse que para la plena comprensión de la entidad de Cristo hace falta un vasto conocimiento, y que se debe partir de los más profundos conceptos e ideas para elevarse a la verdadera comprensión de la naturaleza de Cristo, como asimismo del impulso de Cristo que obró a través de los siglos. En cierto modo podría pensarse que primero hay que conocer toda la antroposofía para ascender a la correcta idea de la naturaleza del Cristo. Empero, si examinamos la evolución espiritual en el curso de los siglos, se nos presenta, de siglo en siglo, la extensa y honda ciencia dedicada a comprender la venida y la obra de Cristo. A través de los siglos, la humanidad recurrió a las más altas y más importantes ideas con el fin de comprender al Cristo. Por eso podría parecer que sólo las más importantes actividades espirituales podrían conducir a la comprensión de la naturaleza del Cristo. ¿Pero, es efectivamente así?

Una muy sencilla reflexión puede darnos la prueba de que no es así. Coloquemos, por decirlo así, sobre una balanza espiritual todo aquello de erudición y ciencia e incluso la antroposofía; todo lo que hasta ahora ha contribuido a la comprensión del concepto y la naturaleza del Cristo. Coloquémoslo sobre uno de los platillos de la balanza espiritual; y sobre el otro platillo todos los sentimientos profundos, todos los impulsos en el alma de los hombres que a través de los siglos se dirigieron hacia la entidad que llamamos el Cristo; y se verificará que todo cuanto la ciencia, la erudición y hasta la antroposofía pueden contribuir a la explicación de la naturaleza del Cristo, bruscamente hace subir el platillo; y que los profundos sentimientos e impulsos que la humanidad dirigió hacia la entidad y el mundo de Cristo, hacen bajar hondamente el otro platillo. Sin exagerar, podemos afirmar que la esfera del Cristo influyó enormemente sobre la humanidad, y que el mero saber de lo que es el Cristo ha ejercido el menor efecto en tal sentido. Verdaderamente, la posición del cristianismo hubiera quedado muy poco favorable si las gentes, para apegarse al Cristo, hubieran tenido que basarse en las doctas disquisiciones de la Edad Media, de los escolásticos y de los eruditos eclesiásticos, o también en lo que la antroposofía contribuye al conocimiento acerca del Cristo. Muy poco podría alcanzarse con todo ello.

Estimo que quien considere objetivamente el devenir del cristianismo en el curso de los siglos, nada podrá objetar a estos pensamientos. Pero acerquémonos, además, a ellos desde otro punto de vista. Remontémonos a los tiempos precristianos.

Basta recordar lo que es de pleno conocimiento de la mayoría de los aquí presentes: que la antigua tragedia griega, principalmente en sus formas primitivas, al caracterizar al héroe divino, o bien al hombre en cuya alma vivía la lucha del Dios, en cierto modo expresaba, desde el escenario, una clara e inmediata visión del divino obrar y tejer. Basta señalar que en la gran obra poética de Homero teje el obrar de lo espiritual; basta nombrar las grandes figuras de Sócrates, Platón, Aristóteles. Con estos nombres se presenta a nuestra alma una suprema vida espiritual en un determinado campo. Si únicamente alzamos la vista hacia la figura de Aristóteles que vivió y obró unos siglos antes de la fundación del cristianismo, se nos presenta lo que en cierto sentido hasta en nuestro tiempo no ha sido superado ni ulteriormente desarrollado. El pensamiento y el procedimiento científico de Aristóteles son de tan inmensa categoría que podemos afirmar que se había alcanzado un nivel supremo del pensar humano de manera tal que hasta ahora no se ha producido un acrecentamiento, al respecto.

Por un instante, vamos ahora a establecer una singular hipótesis que es necesaria para la prosecución de nuestras conferencias. Representémonos que no existiesen los Evangelios como fuente de información sobre la figura de Cristo. Supongamos que no existiesen los primitivos documentos que como Nuevo Testamento tomamos en la mano. Vamos a hacer caso omiso de lo que se ha escrito o dicho sobre la fundación del cristianismo; sólo tomaremos en consideración el devenir del cristianismo como hecho histórico, lo que sucedió en la humanidad en el transcurso de los siglos poscristianos. Vamos a considerar lo que realmente sucedió, sin recurrir a los Evangelios, a Los Hechos de los Apóstoles, ni a las Epístolas de San Pablo, ¿Qué es lo que sucedió?

Si empezamos por fijar la vista en el Sur de Europa, tenemos una época de la más alta cultura espiritual humana, cuyo representante fue Aristóteles, a quien acabamos de nombrar; una vida espiritual altamente desarrollada que en los siglos subsiguientes tuvo un singular cultivo. En la época en que el cristianismo comenzó a tomar su camino por el mundo, hubo en el Sur de Europa muchos hombres, de cultura griega; hombres que se habían adherido a la vida cultural griega.

Si examinamos el desarrollo del cristianismo hasta Celso, célebre por sus ataques contra  el cristianismo, y, más tarde, en el segundo y tercer siglo poscristianos, hay en el Sur de Europa, en las penínsulas greca e itálica, hombres de la más alta cultura espiritual, numerosos hombres que habían acogido las sublimes ideas de Platón; hombres cuya sagacidad fue como la continuación de la de Aristóteles; espíritus finos y fuertes de la cultura griega; romanos de cultura griega, que a la sutileza del espíritu helénico añadieron lo agresivo y personal del romanismo. En este mundo penetra el impulso del cristianismo, al que para aquel tiempo puede caracterizarse como sigue: en cuanto a la intelectualidad y al tesoro del saber, los representantes del impulso cristiano de aquel tiempo, comparados con la cultura de numerosos hombres romano-griegos, aparecen verdaderamente como gente inculta. En el mundo de madura intelectualidad, se introducen hombres sin cultura. Y allí se nos presenta un singular espectáculo: esas gentes de naturaleza sencilla, los portadores del primitivo cristianismo, extienden este cristianismo en el Sur de Europa, con relativamente gran rapidez.

Si ahora, con lo que por la antroposofía nos es posible comprender, consideramos a esos hombres de natural sencillo que en aquel tiempo difundieron el cristianismo, podemos decirnos: esas gentes sencillas no comprendían nada de la naturaleza de Cristo —no hace falta pensar en la gran idea cósmica de Cristo; podemos pensar en ideas mucho más simples— aquellos portadores del impulso cristiano, colocados en la altamente desarrollada cultura griega, no comprendían absolutamente nada de todo aquello. Nada poseían para contribuir al escenario de la vida grecorromana, sino únicamente su interioridad personal, la que habían desarrollado en sí mismos como su afecto personal al Cristo amado; pues le tenían este afecto como si se tratara de un miembro de una familia amada. Los que dentro del helenismo y el romanismo enraizaron el cristianismo, que hasta nuestro tiempo ha seguido desenvolviéndose, no eran teósofos cultos, ni intelectuales en general. Los teósofos cultos de aquel tiempo, los gnósticos, se habían elevado, por cierto, a sublimes ideas sobre el Cristo, pero no pudieron dar otra cosa que aquello que debemos poner sobre el platillo que sube bruscamente. Si todo hubiese dependido de los gnósticos, es seguro que el cristianismo no hubiera tomado su camino por el mundo. No fue una intelectualidad particularmente desarrollada lo que desde el Este penetró y con cierta rapidez causó el hundimiento del helenismo y romanismo antiguos. He aquí el aspecto que se presenta por un lado.

Considerado por el otro, tenemos los hombres de alto nivel intelectual; empezando con Celso, el enemigo del cristianismo, quien ya en aquel tiempo exponía todo lo que hasta hoy se suele aducir; hasta el filósofo en el trono, Marco Aurelio. Fijemos la mirada en los neoplatónicos de fina cultura quienes entonces expresaban ideas, al lado de las cuales la filosofía actual es de muy poca substancia. En su nivel y amplitud de horizonte eran ideas muy superiores a las de nuestro tiempo. Pero si miramos lo que esos filósofos sostenían contra el cristianismo, y lo mismo lo que en espíritu griego y romano aquellos hombres de alto nivel intelectual aducían desde el punto de vista de la filosofía griega, se nos da la impresión de que todos ellos no comprendían el impulso de Cristo.

Vemos que el cristianismo va extendiéndose debido a portadores que no entienden nada de la naturaleza del cristianismo, y es combatido por una alta cultura que no es capaz de comprender la significación del impulso de Cristo. Curiosamente, el cristianismo viene al mundo de manera tal que ni adictos, ni adversarios llegan a comprender su verdadero espíritu. Y sin embargo, hubo hombres dotados de la fuerza del alma para hacer triunfar en el mundo el impulso de Cristo. Si pasamos a los que, como Tertuliano, con cierta grandeza se consagraban a defender al cristianismo, vemos en él a un romano quien, si nos fijamos en su modo de hablar, es el cuasi-creador de una nueva lengua romana; un hombre que por su acierto en el uso vivo de las palabras, se nos presenta como una personalidad importante. No obstante, si nos preguntamos ¿qué hay detrás de las ideas de Tertuliano?, resulta que todo cambia.

Descubrimos que en verdad posee bien poco de intelectualidad y nivel espiritual: los que defienden al cristianismo tampoco contribuyen mucho. Pero semejantes personajes como lo fue Tertuliano, a cuyos argumentos los griegos cultos no daban mucho crédito, de todos modos, por su actuar, ejercían influencia. Por algo Tertuliano influía en forma irresistible; pero ¿debido a qué? He aquí lo importante.

Seamos conscientes de que aquí realmente surge una pregunta. ¿A qué se debe que van influyendo sobre la evolución, los portadores del impulso de Cristo, si ellos mismos entienden poco de la naturaleza del impulso de Cristo? ¿A qué se debe que van influyendo los Santos Padres, incluso Orígenes, quienes dan la impresión de que les falta habilidad? ¿Qué es lo que de la naturaleza del impulso de Cristo ni la cultura grecorromana es capaz de comprender?

Pero demos otro paso más. El referido fenómeno se nos presenta en forma más acentuada si consideramos la historia. Vemos llegar los siglos en que el cristianismo va extendiéndose dentro del mundo europeo, entre pueblos como, por ejemplo, los germánicos, que habían tenido cultos religiosos muy distintos; pueblos aparentemente unificados por sus ideas religiosas, los cuales, no obstante acogían con plena fuerza el impulso de Cristo, como si hubiera sido su verdadera vida. Si miramos los mensajeros germánicos más activos, vemos que no eran, de modo alguno, hombres de preparación escolástico teológica. Por el contrario, eran aquellos que de alma más bien sencilla actuaban entre las gentes y les hablaban con ideas sencillísimas, pero directamente al corazón.  Sabían expresarse en forma tal que sus palabras llegaban a lo más hondo del alma de quienes los escuchaban. Eran hombres sencillos que se dirigían a todas partes y que actuaban de la manera más eficaz. Por un lado tenemos la expansión, del cristianismo a través de los siglos; por otro lado admiramos que este mismo cristianismo es motivo de importante erudición, ciencia y filosofía.

No tenemos en poco esta filosofía, pero ahora vamos a dirigir la mirada sobre el singular fenómeno que hasta la Edad Media, el cristianismo se difundía y se arraigaba en el alma de pueblos que hasta entonces habían albergado ideas totalmente distintas; y en un futuro no muy lejano, al hablar de la expansión del cristianismo, se expondrán otras cosas más. Cuando se habla del efecto del impulso cristiano, el que lo oye comprenderá fácilmente que los frutos de la expansión del cristianismo se evidenciaron en el entusiasmo que tal expansión ha producido. Empero, si llegamos a los tiempos modernos, parece menguar lo que a través de la Edad Media se observa como el cristianismo en expansión.

Consideremos a Copérnico y toda la ciencia natural moderna, hasta el siglo XIX. Podría parecer que la ciencia natural, lo que desde Copérnico se ha infundido en la cultura espiritual de Occidente, hubiese contrariado al cristianismo; y hechos exteriores podrían corroborarlo. Por ejemplo, hasta la segunda década del siglo XIX, la Iglesia Católica había puesto en el lndex a Copérnico. Pero esto es cosa exterior que no impidió que Copérni­co fuera canónigo. Lo mismo ocurre con Giordano Bruno que fue quemado por hereje. Ambos habían llegado a sus ideas, basándose en el cristianismo, y actuaban por el impulso cristiano. Mal lo comprende quien, ateniéndose a lo que dice la Iglesia, pensase que aquello no haya sido fruto del cristianismo. Los hechos que acabo de exponer, dan prueba de que la Iglesia no ha comprendido bien lo que son frutos del cristianismo. Quien considere las cosas más profundamente reconocerá que todo lo que los pueblos hicieron, hasta en los siglos recientes, fue resultado del cristianismo, y que por el cristianismo el hombre llegó a mirar desde la Tierra hacia las vastedades celestes, como lo muestran las leyes copernicanas. Esto sólo fue posible dentro de la cultura y por el impulso del cristianismo. Para el que considere la vida espiritual no en la superficie sino en sus profundidades, resultará algo que, si lo enuncio, parecerá paradójico; no obstante, es cierto. Para la profunda contemplación resulta que sin el cristianismo hubiera sido imposible el surgimiento de un Haeckel, tal como él se nos presenta, con toda su oposición al Cristo. Sin la existencia de la cultura cristiana, no hubiera sido posible el fenómeno de Ernst Haeckel. Y toda la evolución de la moderna ciencia natural, por más que se esfuerce en desarrollar oposición al cristianismo, es realmente fruto de este mismo cristianismo, una continuación inmediata del impulso cristiano.

Cuando la moderna ciencia natural haya superado los defectos de su primitivo desarrollo, la humanidad llegará a comprender lo que significa que el punto de partida de dicha ciencia, en su consecuente prosecución, realmente conduce a la ciencia espiritual; se comprenderá que existe un camino que consiguientemente conduce de Haeckel a la ciencia espiritual. Esto también hará comprender que Haeckel, si bien él mismo no lo sabe, es un genio enteramente cristiano. Los impulsos cristianos no sólo han producido lo que se llama, o se llamaba, cristiano, sino también aquello que se tiene por opuesto al cristianismo.

Examinando las cosas no solamente por los conceptos sino por la realidad, se llegará a tal convicción. En mi opúsculo Reencarnación y Karma se expone que un camino directo conduce del darwinismo a la idea de las vidas terrenales repetidas. Para juzgarlo correctamente, es preciso contemplar sin prejuicios el obrar de los impulsos cristianos. El que comprende el haeckelismo y el darwinismo y conoce un poco lo que Haeckel no alcanzó a conocer —Darwin, en cambio, sabía ciertas cosas— comprenderá que el darwinismo sólo fue posible como movimiento cristiano y que consiguientemente conduce a la idea de la reencarnación.

Quien, además, posee cierta fuerza clarividente, llegará, por este camino, al origen espiritual del género humano. Ciertamente, es un camino más largo pero, con la ayuda de la clarividencia, un correcto camino que del haeckelismo conduce a la concepción espiritual del origen de la evolución terrestre.

Pero también puede suceder que, sin compenetrarse del principio vital del darwinismo, se lo tome tal como hoy se presenta; dicho de otro modo: si se toma al darwinismo como impulso, sin poseer la viviente comprensión del cristianismo que le es inherente, llegará a algo extraño. Con semejante disposición anímica no se comprenderá ni el cristianismo, ni el darwinismo; pues se estará lejos del verdadero espíritu, tanto del cristianismo como del dar­winismo. En cambio quien se compenetre del genuino espíritu del darwinismo, por materialista que fuere, será capaz de remontarse en la evolución terrestre, al punto de reconocer que jamás el ser humano puede haberse desenvuelto de formas animales inferiores, sino que necesariamente debe de ser de origen espiritual.

Remontándose, se llega al punto en que se percibe al hombre como ser espiritual, apareciendo en lo alto sobre el mundo terrenal. Empero, quien se aleje de ese buen espíritu puede creer, si es adepto a la idea de la reencarnación, que en alguna encarnación pasada él mismo puede haber vivido como mono. El verdadero darwinismo jamás puede conducir a semejante creencia. Si al darwinismo no se le quita lo cristiano, se verificará que hasta en nuestro tiempo los impulsos darwinianos surgieron del impulso de Cristo, y que los impulsos cristianos ejercen su influencia, incluso donde se los niega.

Resulta pues que tenemos no solamente el fenómeno que en los primeros siglos el cristianismo se difunde aisladamente de la erudición y el saber de los adeptos; que en la Edad Media los doctos escolásticos contribuyen muy poco a su difusión, sino que también tenemos el fenómeno paradójico que el cristianismo, como contra-imagen, aparece en el darwi­nismo. Toda la grandeza de la idea del darwinismo recibió de los impulsos cristianos su energía; y estos impulsos que le son inmanentes, conducirán de por sí a que esta ciencia supere al materialismo.

¡Hay algo curioso en los impulsos cristianos! Parece que nada contribuyen a su difusión, la intelectualidad, el saber, la erudición y el conocimiento. Diríamos que el cristianismo se extiende, no importa el pensar en su favor o en su contra; más aun, que en el moderno materialismo aparece, en cierto modo, como convertido en lo contrario. ¿Qué es lo que se extiende? No son las ideas del cristianismo, no es la ciencia cristiana, lo que se extiende. Se podría afirmar: lo que se extiende es el sentimiento moral que el cristianismo infundió a la humanidad. Pero si se considera la moralidad que en aquel tiempo imperaba, se verá justificado mucho de cuanto se describe como enfurecimiento de los adeptos al cristianismo contra sus adversarios efectivos o supuestos. Ni tampoco puede impresionarnos la moralidad que reinaba en las almas de alta cultura intelectual, incluso en su pensar realmente cristiano.

¿Qué es lo singular que se difunde? ¿Qué es lo que triunfalmente se expande en  el mundo? Preguntemos lo que al respecto nos dice la ciencia espiritual, el conocimiento clarividente. ¿Qué es lo que impera y obra en los hombres incultos que desde el Este penetran en el helenismo y romanismo altamente cultos? ¿Qué impera en aquellos que llevan el cristianismo al ajeno mundo germánico? ¿Qué es lo que impera en la moderna ciencia natural materialista en que, en cierto modo, la doctrina todavía cubre su rostro con un velo? En fin, ¿qué es lo que reina en todas esas almas, si no son impulsos intelectuales, ni siquiera morales?

Es el Cristo mismo quien va de corazón a corazón, de alma a alma; quien pasa por el mundo, poco importa que en el correr de los siglos las almas le comprendan o no. Debemos prescindir de nuestros conceptos, de toda Ciencia; señalar lo que es la realidad y hacer ver que el Cristo mismo, misteriosamente, obra en millares de impulsos, tomando forma en las almas, compenetrando y  estando presente en miles y miles de hombres.

En los hombres sencillos es el Cristo mismo quien anda por el mundo griego e itálico; más tarde, es el Cristo mismo quien anda junto a los maestros que llevan el cristianismo a los pueblos germánicos; es El mismo, el verdadero Cristo quien realmente va de lugar a lugar, de alma a alma; quien penetra en ellas; no importa lo que ellas mismas piensen acerca del Cristo. Lo voy a comparar con algo trivial: cuántos hombres hay que nada entienden de la composición de los alimentos y que, no obstante, se nutren primorosamente. Nutrirse, nada tiene que ver con entender algo de las substancias alimenticias.

Lo característico es que la penetración del cristianismo en el mundo, de ninguna manera dependía de la comprensión de parte de los hombres. He aquí un secreto que sólo se puede esclarecer si se contesta la pregunta: ¿Cómo obra el Cristo mismo en el ánimo del hombre? Con respecto a esta pregunta la atención de la ciencia espiritual es atraída por un acontecer cuyo significado, en el fondo, sólo puede revelarse por la visión clarividente, un acontecimiento que concuerda plenamente con lo que acabo de exponer. Además, veremos que ya pasó el tiempo en que de la manera caracterizada el Cristo influyó en la evolución; ahora ha llegado el tiempo en que es necesario que los hombres lleguen a conocer, a comprender al Cristo.

Por la misma razón también es preciso contestar la pregunta por qué a nuestra época había precedido la otra en que el impulso de Cristo pudo extenderse sin haber sido comprendido. El acontecimiento a que la conciencia clarividente es conducida, es el de Pentecostés, la Venida del Espíritu Santo. La visión clarividente, suscitada por la realidad del impulso de Cristo, en sentido antroposófico; primero fue dirigida al acontecimiento de Pentecostés, la Venida del Espíritu Santo.

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¿Qué sucedió en aquel instante de la evolución terrestre, el cual, al principio bastante incomprensible, se nos describe como el descenso del Espíritu Santo sobre los apóstoles? Si se investiga con la vista clarividente lo que allí sucedió, la ciencia espiritual obtiene una respuesta, una explicación de lo que se relata: que hombres sencillos, como también lo eran los apóstoles, súbitamente comienzan a hablar en otras lenguas, diciendo lo que desde las profundidades del espíritu debían expresar, y que de ellos no se esperaba. Realmente, en aquel momento el cristianismo, los impulsos cristianos, comenzaron a difundirse de una manera independiente de la comprensión de parte de los hombres entre los que se propagaba. Partiendo del acontecer de Pentecostés fluye la corriente que hemos caracterizado. ¿Qué fue, en realidad, ese acontecimiento de Pentecostés? Para la ciencia espiritual surgió esta pregunta; y el Quinto Evangelio comienza con la respuesta que la misma ciencia espiritual puede dar a esta pregunta.

Traducido por Francisco Schneider

 

 

 

 

 

 

 

 

GA148v2c2. El quinto evangelio

Rudolf Steiner — Colonia 18 de diciembre de 1913

English version

Antes de continuar con el estudio de la vida de Jesucristo, quisiera mencionar algunas indicaciones sobre la forma en que tales cosas son encontradas. Con pocas palabras, un tema tan completo puede, por supuesto, únicamente ser caracterizado. Pero quiero que tengan una idea de lo que podemos llamar investigación oculta, en la etapa en que uno puede penetrar en hechos tan concretos como los que, por ejemplo, consideramos aquí ayer.

Para empezar, podemos decir que esta investigación se basa en un estudio de la Crónica de Akasha. En términos generales, yo describí cómo tal lectura en la Crónica del Akasha debe ser entendida, en los artículos de la revista “Lucifer-Gnosis”, que aparecieron bajo el título “De La Crónica del Akasha”. Debería estar claro que los diferentes hechos sobre los eventos cósmicos y seres cósmicos deben investigarse de diferentes maneras, por lo que ahora me gustaría ser más específico acerca de lo que ya se ha dicho.

Básicamente en el universo no hay nada más que consciencia. Excepto por la consciencia, todo lo demás pertenece al dominio de maya, o la gran ilusión. Ustedes pueden encontrar estos hechos en dos lugares –también en otros– pero especialmente en la descripción de la evolución de la Tierra desde el Antiguo Saturno hasta Vulcano en La Ciencia Oculta, Un Bosquejo, donde la evolución desde Antiguo Saturno al Antiguo Sol, desde Sol a la Antigua Luna, desde Luna a la Tierra, y así sucesivamente, se describen como etapas de consciencia. Esto significa que, si uno quiere alcanzar estos hechos importantes, debe ascender a una etapa de eventos cósmicos donde ellos consisten en etapas de consciencia. Por lo tanto, si describimos realidades, solo podemos describir varias etapas de la consciencia. También se incluye en otro libro publicado este verano: El Umbral del Mundo Espiritual. Se muestra cómo, a través de una ascensión gradual de la visión del vidente, surge de los objetos y procesos que nos rodean, que desaparecen en la nada, se derriten por así decirlo, y finalmente se llega a la región donde solo hay seres en diversas etapas de consciencia. Entonces, las verdaderas realidades del mundo son seres en diversas etapas de la consciencia. Debido al hecho de que vivimos en la etapa humana de consciencia, y que en esta etapa de consciencia no tenemos una visión completa de las realidades involucradas, el efecto es que lo que es irreal nos parece real.

Solo tienen que hacerse la siguiente pregunta: ¿es un cabello humano una realidad, incluso en un sentido limitado? ¿Tiene una existencia independiente? Sería absurdo decir que un cabello humano tiene una existencia independiente. Tiene sentido considerarlo como un creciendo desde el cuerpo humano, de lo contrario no es posible que exista por sí mismo. Todos estarían de acuerdo en que no tiene sentido hablar de un mechón de cabello como teniendo una existencia independiente. Una planta se ve a menudo como un ser individual, pero no es más ser individual que un mechón de cabello. Pues lo que el mechón de pelo es para la cabeza, la planta lo es para el organismo de la Tierra, y no tiene sentido considerar la planta en forma aislada. Debemos pensar en la Tierra como análoga al hombre, y todas las plantas en la Tierra como pertenecientes a la Tierra, como lo es el cabello la cabeza de uno. Ya no es posible para una planta que exista como un ser independiente fuera del organismo terrestre, como tampoco lo es que el cabello exista sin una cabeza para crecer. Es importante saber cuándo dejar de considerar algo como un ser autónomo. Pero todo lo que el ser humano puede alcanzar y no tiene sus raíces en la consciencia no es un ser independiente. Todo está enraizado en la consciencia, solo que de diferentes maneras.

Tomemos el pensamiento, es decir, lo que nosotros, como humanos, pensamos. Al principio, estos pensamientos están en nuestra consciencia, pero no solo en nuestra consciencia. Al mismo tiempo, están en la consciencia de los seres de la próxima Jerarquía superior, los Angeloi, los Ángeles. Pues mientras podamos tener un pensamiento, todos nuestros pensamientos son los pensamientos de los Ángeles. Los Ángeles piensan en nuestra consciencia. Por lo tanto, pueden ver que cuando ascendemos a la clarividencia, debemos desarrollar un sentimiento diferente para percibir los seres de los mundos superiores, de lo que es el caso en la realidad ordinaria. Si pensamos como lo hacemos en la existencia física-sensorial de la Tierra, no podemos alcanzar una clarividencia superior. Uno no debe simplemente pensar, uno también debe pensar, y ser consciente que uno está siendo pensado. No es fácil, ya que las palabras humanas aún no han sido diseñadas para describir cuál es el sentimiento acerca de esta percepción. Pero para usar una comparación: hacemos todo tipo de movimientos, y si no observamos estos movimientos en nosotros mismos, sino en los ojos de otro, y vemos allí el reflejo de nuestros propios movimientos, nos decimos a nosotros mismos: al observar de esta manera sabemos que estamos haciendo esto o aquello con nuestras manos o con nuestras expresiones faciales. Uno ya tiene este sentimiento en la próxima etapa de clarividencia. Sabemos en general que estamos pensando, pero nos vemos a nosotros mismos [haciéndolo] en la consciencia de los seres de la próxima Jerarquía superior. Dejamos que los Ángeles piensen nuestros pensamientos. Debemos darnos cuenta que no dirigimos nuestros pensamientos, sino que los seres de la próxima Jerarquía los están conduciendo. Debemos sentir la consciencia ondulante y entretejiente de los Ángeles. Nosotros recibimos luego información acerca del impulso continuo de la evolución, por ejemplo, sobre la verdad del impulso de Cristo, cómo continúa estando activo ahora. Los Ángeles pueden pensar este impulso; nosotros los humanos también podemos pensarlo y describirlo, si dedicamos nuestros pensamientos a los Ángeles, para que ellos piensen en nosotros. Podemos lograr esto mediante la práctica continua, como describí en mi libro Cómo Se Alcanza el Conocimiento de los Mundos Superiores. A partir de cierto momento conectamos un sentimiento, una sensación, con las palabras: “Tu alma ya no piensa, es un pensamiento que los Ángeles piensan”. Y cuando esto se convierte en una verdad para la experiencia humana individual, experimentamos los pensamientos acerca de las verdades del impulso de Cristo, y también otros pensamientos acerca de la sabia guía de la evolución de la Tierra.

Aquellas cosas relacionadas con las épocas de la evolución de la Tierra -la época antigua de la India, la antigua época Persa y así sucesivamente- son pensadas por los Arcángeles. Por medio de la práctica meditativa sostenida somos capaces no sólo de ser considerados por los Ángeles, sino ser experimentado por los Arcángeles. Ustedes deben entonces llegar al punto donde saben que están entregando su vida a la vida de los Arcángeles. En El Umbral del Mundo Espiritual yo entro en esto con más detalle: cómo se tiene la sensación, al continuar los ejercicios -también hablé sobre esto en Múnich, utilizando un grotesco ejemplo- como si fueran a meter la cabeza en un hormiguero y las hormigas fuesen los pensamientos en movimiento. Mientras que en la vida ordinaria pensamos que pensamos nuestros pensamientos, a través de la práctica nos damos cuenta que los pensamientos piensan en nosotros, porque los Ángeles piensan en nosotros. Y continuando con la práctica se llega al sentimiento de que somos llevados hacia diversas regiones del mundo por los Arcángeles y, por lo tanto, aprendemos acerca de esas regiones.

Para describir correctamente las antiguas culturas India o Egipcia hay que entender el significado de: “Tu alma ha sido traída a este o aquel tiempo por un Arcángel”. Es como si nuestros fluidos corporales vitales supieran que apoyan el proceso general de la vida y son llevados a través del organismo como es llevada la sangre. Por lo tanto, el vidente sabe que él es conducido a través del proceso de la vida del mundo por los Arcángeles. Sin embargo, cuando se trata de experiencias individuales del alma, sólo pueden ser investigadas si el alma da sentido a las palabras: El alma se ofrece a sí misma como alimento al Archai, los Espíritus de la Personalidad.

Lo que acabo de decir suena grotesco, pero es sin embargo cierto que uno no puede investigar hechos concretos tales como la vida de Jesús de Nazaret antes que uno de sentido a las palabras: Uno es consumido como alimento espiritual y por lo tanto sirve a los Espíritus de la Personalidad. Obviamente, esto suena como una locura a las personas que viven en el mundo exterior. ¡Claro que lo hace! Sin embargo, es tan cierto como el trozo de pan que entra en el estómago y se convierte en nuestro alimento, y si pudiera pensar, sabría que su existencia tiene significado y propósito en el que lo hacemos nuestra comida. Es igual de cierto que los seres humanos tienen el propósito de servir al Archai como alimento. Mientras caminamos por aquí en la Tierra, somos al mismo tiempo seres que son continuamente consumidos, comidos por el Archai. Ustedes no van a negar que la gente en la vida ordinaria no sabe esto, y que lo llamarían locura si alguien les dijera algo como esto. El hombre es para el Archai lo que un grano de trigo es para ustedes como seres humanos físicos. No sólo conozcan esto en forma teórica, sino que vivan, con respeto a los Archai, como un grano de trigo viviera suponiendo que sea molido en papilla por los dientes y pasado a través de nuestras paletas y el estómago con la consciencia: soy comida humana. Por lo tanto, también sé: soy alimento de los Archai, estoy siendo digerido por el Archai; esa es su vida, que yo vivo en ellos. Para vívidamente saber que esto significa entrar en la consciencia de los Espíritus de la Personalidad, los Archai. Al igual que lo que significa entrar en la consciencia de los Arcángeles cuando uno sabe: tu alma es traída a esta o aquella época por los Arcángeles; y lo que significa entrar en la consciencia de los Ángeles cuando se sabe: mis pensamientos son pensados por los Ángeles. Si se quiere entrar en los mundos superiores, las condiciones de experiencia deben ser diferentes. Es necesario ser consumido a sabiendas por los Espíritus de la Personalidad si los hechos concretos, tales como la vida de Jesús de Nazaret en la evolución humana, han de ser investigados.

Tal vez lo que he dicho servirá para demostrar que esta investigación oculta es completamente diferente de la investigación en el mundo exterior. Si ustedes pueden pensar que, a través de las analogías, se proporcionan los consejos correctos: pueden imaginarse a sí mismos como los granos de trigo molido en papilla por sus dientes con el fin de tener una imagen mental, que es una analogía, de lo que es leer en la consciencia de los Archai. Uno debe ser mentalmente elevado de la Tierra y sentirlo. Esto significa que la investigación superior no es posible sin el dolor y el sufrimiento interior. Si la investigación es tan abstracta que no se pierde nada, como lo es la investigación en el mundo físico, entonces la investigación en los mundos superiores no puede ser alcanzada, si se trata de que sea más que completa fantasía.

De allí entonces mis esfuerzos ayer en la descripción de la vida de Jesús que lo separan de los conceptos abstractos y descripciones. Recuerden lo que dije en un intento de señalar lo que es importante. Dije: esto era la vida de Jesús de Nazaret en el decimosegundo, decimotercero y hasta los treinta años. Lo que he descrito es menos importante que tener una sensación vívida de lo que el alma de Jesús tuvo que pasar, para sentir el dolor de la soledad, el dolor interminable de tener que estar a solas con las mentiras sobre las cuales había muchos oídos para oírlas. Yo quise señalar los sentimientos de Jesús de Nazareth. Su enorme compasión trimembre por la humanidad, desde sus doce hasta sus treinta años. No describiendo los hechos a ustedes mismos o a otros sabrán algo sobre el significado de la experiencia de Jesús como preparación para el Misterio del Gólgota, sino más bien concibiendo la idea –una imagen mental– que mueva sus almas, una imagen de lo que aquel hombre Jesús de Nazareth tuvo que sufrir antes del Misterio del Gólgota, para que el Impulso Crístico pudiera fluir dentro de la evolución terrestre.

De esta manera, una idea viva del Impulso de Cristo se produjo, en la que el sufrimiento es vuelto a despertar, por lo cual hay que describir estos hechos que están relacionados con este tipo de cosas, tratando de traer a la mente sentimientos. Ustedes pueden ver esto en cómo he tratado de caracterizar en pocas palabras lo que es la investigación Akasha. Cuanto más son ustedes capaces de sentir en sí mismos los ondulantes sentimientos en un ser como era Jesús de Nazareth, tanto más se profundiza en tales misterios.

He hablado a menudo de lo que pasó a continuación –que, a través del Bautismo en el Jordán, después que los tres cuerpos de Jesús de Nazareth [físico, etérico, astral] se han espiritualizado por el Yo de Zaratustra en ellos, el Ser de Cristo entró en ellos, es decir, un Ser del reino del mundo espiritual descendió, cuyo destino era vivir ligado dentro de un cuerpo humano durante tres años. Es importante entender lo que significa este Hecho. Porque este Hecho es fundamentalmente diferente de todos los demás hechos en la evolución de la Tierra. Aquí estamos entrando en algo que no es meramente un acontecimiento humano en la evolución de la Tierra. Esto debe ser claro.

Podemos considerar esto desde un punto de vista humano. Entonces decimos: “Había una vez un hombre, como lo hemos descrito. Recibió el Ser de Cristo, el Impulso de Cristo”. Pero también podemos considerarlo de manera diferente, a pesar que las consideraciones son más bien escasas en representaciones, eso no importa. Por medio de nuestra preparación científico-espiritual, seremos capaces de hacer algo con ellas.

Imagínese que se están sentados en un consejo teniendo en cuenta el Misterio del Gólgota no como hombres, sino en un consejo de las Jerarquías Superiores; como Seres de las Jerarquías más altas están considerando el Misterio del Gólgota. En un sentido espiritual, este cambio de punto de vista es posible. Una comparación podría ser: Tenemos una montaña antes nosotros, y a medio camino hacia arriba hay una ciudad. Podemos ver la ciudad desde abajo, pero también puede ser observada desde la cumbre. Naturalmente, en nosotros en su mayoría observamos el Misterio del Gólgota desde un punto de vista humano. Pero también podríamos subir a la esfera de las Jerarquías Superiores. ¿Cómo entonces podríamos hablar del Misterio del Gólgota? Tendríamos que decir: Cuando comenzó la evolución de la Tierra, los Seres de las Jerarquías Superiores tenían ciertas intenciones para con la humanidad. Ellos querían guiar la evolución de la Tierra de una manera determinada. Pero Lucifer se insertó a sí mismo en esta guía pretendida para con los asuntos terrenales de la humanidad. Así que, si estamos mirando hacia abajo en la evolución Tierra, como un Ser de las Jerarquías Superiores, vemos que Lucifer cambió la dirección de esta evolución de nuestra intención original.

Y decimos: No todo lo que sucede allí pasa a través de nosotros. Lucifer está interviniendo continuamente. Debido a la intervención de Lucifer, y más tarde de Ahriman, un elemento extraño está presente en la evolución humana. Se podría expresarse de tal manera que los seres de las Jerarquías Superiores dicen: “Hasta cierto punto, la esfera de la Tierra se ha perdido para nosotros. Hay fuerzas allí que alejan la Tierra con su humanidad de Nosotros”.

La conducción de las Jerarquías Superiores es gradual; cada una participa según sus potencias, en primer lugar, la más baja. Todas las Jerarquías participan en la evolución de la Tierra, hasta la más alta, pero estas últimos dejan ciertas tareas a sus subordinados -los Ángeles, Arcángeles y Archai. Por lo que ellos son los primeros en estar activos en el proceso evolutivo.

Nos transferimos a nosotros mismos -con toda humildad, por supuesto- al Consejo de las Jerarquías Superiores, no a un consejo de hombres. Entonces podemos decir: “Nuestros mensajeros, los Ángeles, Arcángeles y Archai, están allí; ellos podrían llevar a cabo nuestras órdenes muy bien si los poderes extraños no estuvieran presentes en la esfera de la Tierra”. Por lo que el gran Consejo decide algo como lo siguiente: “Ya que no fuimos capaces de prevenir que Lucifer y Ahriman estan interfiriendo en la evolución de la Tierra, nuestros subordinados, los Ángeles, Arcángeles y Archai, han perdido la capacidad, desde un cierto punto en el tiempo, de hacer por la humanidad lo que había que hacer de acuerdo con nuestras intenciones”. Y este punto en el tiempo fue cuando el Misterio del Gólgota tuvo lugar.

En la medida en que este punto en el tiempo se acercó, los Dioses de las Jerarquías Superiores tenían que decir: “Estamos perdiendo la posibilidad de que nuestros subordinados intervengan en las almas humanas. Por el hecho de que no hemos podido disuadir a Lucifer y Ahriman, sólo hemos sido capaces de actuar a través de nuestros subordinados hasta este punto en el tiempo. De este modo surgen fuerzas en las almas humanas que ya no pueden ser conducidas por los Ángeles, Arcángeles y Archai. Los seres humanos se están alejando de Nosotros a través de los poderes de Lucifer y Ahriman”.

Eso fue realmente -si se me permite expresarlo así- el estado de ánimo en el cielo en la medida en que el punto en el tiempo se acercaba, el que fue calculado para que fuera el comienzo de la nueva era. Debido a que sus subordinados ya no podían cuidar en modo suficiente a la humanidad, desde un cierto punto en el tiempo, esto se convirtió en la “angustia” de los Dioses. Ustedes no van a malinterpretar esto, pues están preparados por la ciencia espiritual para comprender que las expresiones tienen un sentido y un valor anímico diferentes cuando se utilizan para caracterizar los mundos superiores.

Esta divina ansiedad creció, cada vez más tentadora, cada vez más preocupante -si se puede decir así- en los Cielos. Entonces, fue tomada la decisión de enviar el Espíritu del Sol hacia abajo, para sacrificarlo, al decidir: “Él deberá elegir un sitio diferente, de ahora en adelante, que el de sentarse en el Consejo de los Dioses: Él deberá entrar en la arena donde viven las almas humanas. Nosotros sacrificamos a este Espíritu Solar para ellos. Hasta ahora ha vivido entre nosotros, en las esferas de las Jerarquías Superiores; ahora, va a entrar en el aura de la Tierra a través del portal de Jesús”.

Así es como se veía desde arriba en el Consejo de los Dioses, en la medida en que el Misterio del Gólgota se acercaba. Era un asunto de los Dioses que guían la Tierra, no simplemente un asunto humano. Puede ser entendido no simplemente preguntando: ¿Qué hay que hacer para que la humanidad no se pierda en su precipitado camino? Más bien la pregunta: ¿Qué debemos hacer los Dioses con el fin de crear un contrapeso de lo que ha sucedido, porque tuvimos que permitir [la entrada] de Lucifer y Ahriman dentro de la evolución de la Tierra?

Y uno puede crear un sentimiento de que el Misterio del Gólgota es otro que un mero asunto de la Tierra, que es un asunto de los Dioses, un evento del mundo de los Dioses. En verdad, fue importante para los Dioses que tenían que renunciar a Cristo para la Tierra, de lo que fue para la humanidad el recibir al Cristo.

Y, ¿qué es el conocimiento del Misterio del Gólgota más que reconocerlo como evento central de la Tierra? Que cuando uno observa el Misterio del Gólgota, se ve como un asunto de los Dioses, que los Dioses abrieron una ventana al cielo, que los Dioses revelaron sus asuntos a los ojos humanos por un tiempo, y que los hombres ¡pudieron observar estos asuntos Divinos! Uno debe aprender a sentir esto observando el Misterio del Gólgota, imaginando que si uno tuviera que pasar por la casa cerrada del cielo, uno podría mirar por la ventana y ver lo que de otro modo es invisible detrás de las paredes de la morada de los Dioses.

La persona con sentimientos reverentes sobre la naturaleza oculta del Misterio del Gólgota es como alguien que camina en silencio alrededor de una casa que siempre está cerrada, sólo sospechando lo que está sucediendo en el interior. En un momento dado hay una ventana por la cual puede ser testigo de una pequeña parte de lo que está sucediendo en el interior. Para los hombres el Misterio del Gólgota es como una ventana al mundo espiritual. Por lo tanto, tenemos que sentir lo que sucedió como el Ser-Cristo descendiendo dentro del cuerpo -o más bien los tres cuerpos- de Jesús de Nazaret. Hay que absorber esta idea cada vez con mayor profundidad, que somos testigos de un asunto de los Dioses a través del Misterio del Gólgota.

golgota

Cuando hablamos de estas cosas las palabras deben ser utilizadas de una manera diferente a como son utilizadas en la vida ordinaria. Hay que hablar de cosas tales como la ‘angustia’ y el ´temor´ de los Dioses antes del tiempo del Misterio del Gólgota. Uno debe utilizar palabras acerca de los asuntos espirituales de la humanidad, de una manera diferente. Es muy fácil para aquellos que están demasiado dispuestos a denigrar a lo que se entiende en el sentido más sagrado -ya sea por estupidez, frivolidad, orgullo o por otras razones. Todo lo que tienen que hacer es torcer el significado de las palabras, hacia la forma en que se utilizan en la vida exotérica. De ese modo es posible convertirlas en lo contrario de lo que se entiende, a pesar de que provienen de la necesidad de anunciar las verdades del mundo espiritual, que son tan difíciles de extraer del alma. Sus significados están invertidos, por lo tanto haciendo que ellas suenen ridículas o satánicas.

Todo esto está demasiado extendido en nuestros días. Y los que deberían proteger el tesoro de las verdades espirituales sagradas, que son tan necesarias para las almas humanas precisamente en estos tiempos, no están lo suficientemente despiertos.

¡Cuán grande es la comodidad con la que nos gusta alimentar nuestro espíritu! ¡Con qué frecuencia tenemos que ver cosas lamentables! Si, cuando se habla del espíritu, se va incluso un poco más allá del materialismo, la gente se declara satisfecha porque de esa manera no tienen que esforzarse a sí mismos, en particular, no tienen que forzar sus sensibilidades. Lo que tenemos que sentir es que, debido a que estamos tomando parte en una consideración de los más sagrados eventos de la evolución terrestre, tenemos una responsabilidad hacia los tesoros del conocimiento relacionados con el mundo espiritual. Existe una gran frivolidad en nuestros días acerca de tales cosas, y la gente tiende a tomar todo a la ligera. Ustedes lo notarán apareciendo aquí y allá, pero sólo reconocerán su abominable naturaleza si están lo suficientemente alerta y sus corazones se encienden lo suficiente por las más sagradas verdades espirituales. Quizá entonces, ustedes puedan acceden al valor de los tesoros espirituales y volverse sus buenos guardianes, pues todos nosotros somos llamados a guardarlos juntos.

Tal vez la forma más fácil hablar de algo tan importante es: que el Misterio del Gólgota no es simplemente un asunto humano, sino también un asunto de los Dioses, y que podemos observar este asunto de los Dioses. Pero la forma en que esto se describe será distorsionada de tal manera que dudo en siquiera mencionarlo. El tiempo tal vez vendrá cuando será notado que tenemos que reformular las palabras del mundo sensible cuando las usamos para el mundo suprasensible, y que es fácil de insinuar otros significados con ellas.

El Cristianismo popular dice lo que yo acabo de indicar con las palabras: “El Padre sacrificó a su hijo para la humanidad”. Estas palabras describen lo que es sentido por el corazón humano en un sentido popular, aunque el verdadero significado es: El Misterio del Gólgota es un asunto de los Dioses.

Y si tenemos en cuenta todo lo que he dicho, podemos tener una idea de lo que ocurrió durante el evento que llamamos el Bautismo por Juan en el Jordán. La tentación, que también se describe en los Evangelios, le siguió. Desde el punto de vista de la Crónica del Akasha diríamos: Después que Jesús de Nazareth tomó el Ser-Cristo dentro de sí mismo, Él tenía que ir hacia dentro del desierto. Allí tuvo visiones clarividentes, que son descritas con bastante precisión por las palabras de los escritores clarividentes de los Evangelios. También podría ser dicho que ahora el Ser-Cristo estaba realmente ligado a los tres cuerpos de Jesús. Eso significa que descendió del mundo espiritual y se volvió limitado por las capacidades de los tres cuerpos. Por lo tanto, sería falso pensar que Cristo, porque pertenecía a un mundo superior del que había descendido, podía ahora imaginar de inmediato aquel mundo superior. Ese no es el caso. El que encuentre esto incomprensible debe pensar de nuevo sobre lo que significa ser clarividente. ¡Todos ustedes son clarividentes! ¡Todos! No hay nadie aquí que no sea clarividente. Entonces, ¿por qué no todos ustedes ven clarividentemente? Debido a que ustedes no han desarrollado los órganos con el fin de utilizar las fuerzas que residen en todos los hombres. No es una cuestión de tener las capacidades, sino de ser capaz de utilizarlas.

El Ser-Cristo tenía todas las capacidades posibles, pero en los tres cuerpos de Jesús de Nazareth, Él sólo tenía las capacidades que se correspondían con esos tres cuerpos. Es por eso por lo que tenían que ser preparados de tan complicada manera, pues las capacidades de estos tres cuerpos eran de hecho capacidades superiores, más grandiosas que las capacidades correspondientes a todas las otras personas en la Tierra. Pero Cristo fue unido a ellas, así como sus capacidades clarividentes están ligadas a los órganos que tengan, solamente que aún no pueden utilizarlas. Fue posible gracias a las capacidades que el alma de Zaratustra había dejado atrás, en los tres cuerpos de Jesús de Nazareth, los restos de las que ahora le sirven a Cristo para hacer frente a un ser que podría despertar todo el orgullo y la arrogancia de las que el alma humana es capaz. Este confrontó al Cristo Jesús.

En ese momento, Él se sintió lo que aquel ser estaba tratando, en el lenguaje de las visiones -lo que la Biblia describe con las palabras: “Todos los reinos que ves ante ti” – reinos del mundo espiritual- “pueden ser tuyos si me reconoces como el señor de este mundo”. Si uno está lleno de orgullo y arrogancia, y lo trae dentro del mundo espiritual, uno puede poseer el reino de este mundo de Lucifer, porque la arrogancia sumerge todo lo demás, si todo excepto la arrogancia es dejado atrás. Pero el ser humano no está preparado para ello; significaría enfrentarse a un terrible destino.

El Cristo Jesús enfrentó esta posibilidad. Entonces aparecieron dos imágenes ante su alma. La primera fue de su experiencia en el camino hacia el río Jordán, que he descrito ayer, habiendo conocido al hombre desesperado. Y una vez más la figura que había aparecido a aquel hombre desesperado en un sueño, se puso delante del alma de Jesús de Nazareth, quien ahora dice: “Reconóceme como señor del mundo”. Luego Él reconoció aquella figura como la que había visto a las puertas de los Esenios: ¡Lucifer! Por lo tanto, supo que ahora Lucifer estaba hablando con Él, y Él repelió el ataque. Él derrotó a Lucifer.

A continuación, dos seres llegaron a atacarlo, y tuvo la impresión de que fue más o menos lo que la Biblia describe. Ellos le dijeron: “Muestra a todos tu valentía, tu fuerza, muestra lo que puedes hacer como hombre, al lanzarte a ti mismo desde las alturas y no tener miedo de ser herido”. En tal situación, la consciencia de la fuerza y el valor deberían despertar en el alma humana, pero también pueden hacerlo un ser sensual. Dos figuras de pie delante de Él. Debido a que Jesús había tenido la impresión de que eran Lucifer y Ahriman quienes habían huido de las puertas Esenias, Él ahora tuvo la impresión dentro de uno de ellos estaba el mismo ser que el leproso había encontrado y que se había presentado a sí mismo como la muerte. Fue debido a estas experiencias que Él reconoció a Lucifer y Ahriman. Por lo tanto, revivió lo que había experimentado en el camino hacia el Jordán. También rechazó este ataque. Él venció a Lucifer y Ahriman.

Luego Ahriman vino de nuevo. Un tipo de tentación se produjo. Él al Cristo Jesús algo similar a lo que la Biblia describe: “Haz estas piedras en pan para mostrar tu poder.” Pero ahora Jesús no podía dar una respuesta completa a lo que exigió Ahriman. Él fue capaz de repeler el primer ataque y el segundo: el ataque por Lucifer solo, el de Ahriman solo y el ataque de los dos juntos[1]. Pero ahora no podía repeler el ataque de Ahriman. El hecho de que Él no pudiese rechazar totalmente el ataque de Ahriman tenía significado para la eficacia del Impulso de Cristo en la Tierra.

Debo caracterizar lo que esto significa en una forma popular, casi frívola: Hacer estas piedras en pan, para que se vuelvan alimentos para la humanidad. Las Jerarquías Superiores no seran capaces de eliminar por completo a Ahriman del campo de la evolución de la Tierra hasta la época Vulcano. Nunca será posible a través de los esfuerzos puramente espirituales, vencer las tentaciones interiores de Ahriman: los deseos, ansias y deseos que surgen desde el interior, y lo que surge como arrogancia y sensualidad. Cuando Lucifer ataca sólo a los hombres, él puede ser derrotado por la espiritualidad. También cuando Lucifer y Ahriman atacan juntos desde dentro, pueden ser derrotados por medios espirituales. Pero cuando Ahriman está solo, envuelve su eficacia en los hechos materiales de evolución de la Tierra. Eso no puede ser completamente esquivado.

Ahriman, Mephisto, Mammon -significan lo mismo. Están inmersos en el dinero y en todo lo relacionado con el egoísmo humano. El hecho de que es necesario para la vida humana el ser mezclados con cosas materiales significa que la humanidad debe reconocer a Ahriman. Si Cristo debía ayudar a la humanidad terrena de la manera correcta, tenía que permitir que Ahriman actuara. Ahriman, lo material, debe estar activo hasta el final de la evolución de la Tierra. Su obrar tuvo que permanecer invicto por Cristo, no superado por completo. El Cristo debe aceptar la lucha con Ahriman hasta el final de la evolución de la Tierra. Ahriman tenía que permanecer.

Nosotros, como seres humanos, podemos superar los ataques de Lucifer y los ataques de Lucifer y Ahriman juntos. La lucha en el mundo externo material debe ser librada hasta el final de la evolución de la Tierra. Por lo tanto, Cristo tuvo que mantener a raya a Ahriman, pero permitir que se pare junto a Él. Por esta razón Ahriman se mantuvo activo durante los tres años que Cristo trabajó en el cuerpo de Jesús de Nazareth, y entró en el alma de Judas, y fue decisivo en la traición a Jesús. Lo que pasó a través de Judas se relaciona con la Tentación en el Desierto, después del Bautismo en el Jordán.

Lenta y gradualmente el Ser-Cristo se unió con los tres cuerpos de Jesús. Se necesitaron tres años. Al principio el vínculo estaba suelto, y luego gradualmente es presionado dentro de los tres cuerpos. Sólo cuando la muerte se acercó fueron los tres cuerpos verdaderamente impregnados con el Ser-Cristo. Y todo el sufrimiento y el dolor experimentado durante las tres etapas de su desarrollo se incrementó enormemente en la medida en que poco a poco Él fue capaz de sumergirse por completo a sí mismo en los tres cuerpos humanos. Fue un dolor continuo, pero un dolor que fue transformado en amor.

Y entonces sucedió lo siguiente. Si tenemos en cuenta cómo el Cristo Jesús vivió durante el primer, segundo y tercer año que pasó con sus discípulos más cercanos, nos encontramos con que es diferente en cada año. En el primer año Cristo fue, como he dicho, sólo débilmente unido al cuerpo de Jesús de Nazareth. Así que hay momentos en que cuando el cuerpo físico se encontraba en un lugar u otro, el Ser-Cristo estaba en otro lugar. Los otros Evangelios narran que el Señor se apareció a sus discípulos cuando su cuerpo físico estaba en otra parte -lo que significa que Cristo deambulaba por la Tierra en espíritu.

Eso fue en el principio. A continuación, el Ser-Cristo se unió a sí mismo cada vez más con el cuerpo de Jesús de Nazareth. Más tarde, cuando Cristo estaba con el círculo de sus discípulos más cercanos, ellos estaban unidos tan íntimamente con Él que nunca fue separado de ellos. Cuanto más vivía dentro de su cuerpo, más vivió dentro del ser interior de sus discípulos. Él viajó por la Tierra con sus discípulos. Él hablaría a través de uno de ellos, luego a través de otro discípulo del grupo interno, de manera que, a medida que viajaban por la Tierra, ya no era sólo Cristo Jesús quien habló, sino uno de los discípulos; pues Cristo hablaba a través de ellos. Vivió en los discípulos con tal poder, que las expresiones faciales de un discípulo, a través de quien el Cristo hablaba, cambiaban tanto que las personas que lo escuchaban tuvieron el sentimiento de que él era el maestro. Otro, sin embargo, que en realidad era el Cristo, era tan modesto que parecía ordinario. En esta forma Él habló a través de uno y luego de otro, por toda la Tierra. Ese fue el secreto de su eficacia en el último de los tres años.

A medida que se trasladaba con sus discípulos, de esta manera, y que parecía incluso más peligroso para sus enemigos, ellos se preguntaban: “¿Cómo podemos darle caza? No podemos detener a todo el grupo. Pues nunca podemos saber, cuando capturamos a la persona que está hablando, si es el correcto o el equivocado. Si cogemos al equivocado, el correcto se escapa”. Ese era su mayor temor. Ellos sabían que uno hablaba y luego lo hacía otro diferente. Y el correcto era irreconocible, pues tomó la forma ordinaria del otro.

Había algo maravilloso acerca de ese grupo. Por lo tanto, era necesaria una traición. La forma en que esto por lo general se describe es errónea. ¿Qué se supone que significa que Judas tuvo que besar al correcto? De acuerdo con los relatos habituales, no debería haber sido difícil atrapar a Jesús de Nazaret. Por lo que el beso no tendría sentido si alguien que sabía quién era el correcto, tenía que señalarlo aquellos quienes podrían haberlo sabido de todos modos. Pero debido a las razones que he relatado, los enemigos no sabían quién era el adecuado.

Sólo cuando el gran sufrimiento -el Misterio del Gólgota– estuvo delante de Él, sucedió la unión total del Ser-Cristo con los cuerpos de Jesús de Nazareth. Lo que sucedió a continuación, se describe muy bien en los otros Evangelios. Para el vidente que lee en la Crónica Akasha sobre lo que pasó, es un hecho que, mientras que Cristo estaba colgado en la cruz, algo así como un eclipse de sol tuvo lugar en el área alrededor de Gólgota. No puedo decir si fue un eclipse de sol o un poderoso oscurecimiento de las nubes, pero un oscurecimiento al igual que el que se observa durante un eclipse de sol tuvo lugar en la zona en torno al evento del Misterio del Gólgota.

Cuando la visión oculta observa la vida en la Tierra durante un oscurecimiento tal, todas las cosas vivientes se muestran a él de manera diferente que cuando no hay tal oscurecimiento. En las plantas, la conexión del cuerpo etérico y el cuerpo físico es diferente; y también en los animales el cuerpo astral y el etérico aparecen completamente diferentes. Durante un eclipse de sol, es diferente sobre la Tierra que cuando el sol está simplemente ausente en la noche. Por supuesto, este no es el caso cuando, en el sentido ordinario, el cielo está cubierto con nubes; sólo cuando un especialmente espeso oscurecimiento ocurre. Y un oscurecimiento tal es el que tuvo lugar entonces. Como ya he dicho, todavía no puedo decir si fue un eclipse de sol, pero lo que puede ser visto es como un eclipse de sol. Mientras esta transformación de la Tierra estaba teniendo lugar, también en el sentido físico, Aquel a quien llamamos el Ser-Cristo se introdujo dentro del aura viviente de la Tierra. A través de la muerte de Cristo Jesús la Tierra recibió el Impulso del Cristo.

El mayor acontecimiento que se produjo en la Tierra debe ser descrito en tales sencillas y vacilantes palabras, porque es imposible incluso aproximarse a esta grandeza con palabras humanas.

Cuando el cuerpo de Jesús fue bajado y colocado en una tumba, se produjo un acontecimiento natural. Un torbellino surgió, y entonces la Tierra se abrió y el cuerpo de Jesús fue puesto dentro de ella, mientras los obenques eran soplados lejos del cuerpo. Es asombroso ver que la disposición de los sudarios descritos en el Evangelio de Juan, coinciden con esta visión.

Estos dos eventos: el oscurecimiento de la Tierra, el terremoto y el poderoso torbellino muestran en un momento en la evolución de la Tierra, cómo los eventos naturales coinciden con eventos espirituales. De lo contrario, este tipo de cosas sólo ocurren con los seres vivos como, por ejemplo, cuando el pensar y la decisión de la voluntad preceden a un movimiento de la mano. En la vida ordinaria nosotros sólo nos preocupamos por tales fenómenos mecánicos. Sólo en un momento muy especial uno fenómeno espiritual y dos fenómenos físicos coinciden -también en otros fenómenos terrestres, pero sobre todo con éste.

No creo que la consideración de estos hechos concretos, que ahora es posible describir a un pequeño número de personas como una especie de Quinto Evangelio, pueda restar valor a las grandes ideas que hemos trabajado más teóricamente sobre el Misterio del Gólgota. Por el contrario, yo creo que, si tratamos de dejar que estos hechos concretos obren en nosotros más y más profundamente, sentiremos cómo lo que fue presentado con anterioridad más en forma más teórica, abstracta, se fortalece. Nos daremos cuenta a través de estos hechos, que en este nuestro propio tiempo en la evolución terrestre, eventos importantes se llevarán a cabo.

Por medio de estos hechos concretos quizá sea posible alcanzar los correctos sentimientos y matices anímicos sobre el misterio del Gólgota, y es este matiz de sentimiento el que deseaba presentar ante sus almas con lo que he relatado desde el Quinto Evangelio. Quizás algunos de ustedes serán capaces de asistir a otras conferencias sobre el Misterio del Gólgota, o nosotros podamos continuar aquí en Colonia. Pues debemos decir: Independientemente del hecho de que la gente hoy en día muestra tan poco interés en escuchar acerca de los hechos de los que hemos hablado hoy, existe una gran necesidad de que tales hechos fluyan en la evolución humana, sobre todo ahora. Por ello, han sido revelados, aunque es bastante difícil hablar de estas cosas. Sin embargo, a pesar de que pueda yo estar inclinado a no hablar de ellos, lo hago desde un sentido de responsabilidad interna, siempre y cuando haya personas para escucharlos. Serán necesarios en la evolución de la humanidad. Los que los están escuchando ahora seguramente los necesitan para el trabajo espiritual que están haciendo, para un mayor desarrollo humano.

Ustedes ven, poco a poco estamos aprendiendo a través de nuestras consideraciones lo que debería surgir en nuestras almas con el fin de ser miembros útiles de la evolución humana progresiva. Ese es el significado del desarrollo humano en la Tierra – que las almas humanas sean más conscientes de sus tareas.

El Cristo ha venido. Su Impulso está obrando. Durante mucho tiempo Él sólo podía actuar en el inconsciente; entonces, Él tenía que obrar a través de lo que era entendido hasta ese tiempo. Pero va a ser cada vez más necesario para el hombre que aprenda a comprenderlo, el Cristo, que, por los cuerpos de Jesús de Nazareth, ha entrado en el aura de la Tierra y en el desarrollo de la humanidad.

Traducido por Nicolás Martin en Septiembre de 2018.

 

[1] N. del T.: en la traducción inglesa de esta conferencia, el texto dice aquello que está remarcado en cursiva. Sin embargo, al continuar leyendo, se supone algún tipo de error, ya que las tentaciones son tres: una por Lucifer, una segunda por Lucifer y Ahriman, y una tercera por Ahriman. Es esta última la que el Cristo no puede vencer por completo. No se entiende entonces porque en el párrafo anterior se mencionan tres tentaciones, a pesar de aclarar que son dos.

GA148v2c1. El quinto evangelio

Rudolf Steiner — Colonia 17 de diciembre de 1913

English version

Esta tarde y mañana me siento obligado a hablarles de lo que nos hemos acostumbrado a llamar el Misterio del Gólgota, pero intentaré hablar de él de una manera algo diferente a lo hecho hasta ahora. Lo que se ha dicho anteriormente, aunque ciertamente esotérico, ha tenido un contenido más teórico esotérico. He hablado sobre la esencia e importancia del Misterio del Gólgota para la Humanidad. Que es, hasta cierto punto, el fenómeno central para toda la evolución de la humanidad en la Tierra, y hasta qué punto se ha considerado el fenómeno central. Esto ha sido tomado por completo de fuentes de investigación oculta. Se han abordado las fuentes del pensamiento que fluyen del Misterio del Gólgota, y que están vivientes en nuestra evolución terrenal. Si se observa la evolución humana en la Tierra desde un punto de vista clarividente,  el significado del Misterio del Gólgota puede ser comprendido.

Ahora, sin embargo, estoy obligado a hablar más concretamente sobre los eventos que tuvieron lugar al comienzo de nuestra era [cristiana]. Hablaré de los acontecimientos, de las fuerzas que viven en el aura de la Tierra y que pueden observarse esotéricamente. Mañana hablaré de las razones por las cuales ahora, en nuestros tiempos, estas cosas deben ser reveladas dentro de nuestros círculos antroposóficos. Hoy trataré de indicar algunas de las cosas que ocurrieron en Palestina al comienzo de nuestra era. Y espero que en sus corazones, en sus almas, cuando el evento del Gólgota, que [hasta ahora] se ha caracterizado más en forma conceptual, no pierda nada de su significado si miramos directa y concretamente lo que sucedió en ese momento.

En los ciclos de conferencias sobre los Evangelios de Lucas y Mateo, ya he tenido la oportunidad de hablar sobre este tema. Es un hecho que dos niños Jesús nacieron aproximadamente al mismo tiempo al comienzo de nuestra era. Señalé que esos dos niños Jesús eran muy diferentes en lo que respecta al carácter y las capacidades. El Jesús muy bien descrito por el Evangelio de Mateo descendió de la línea de Salomón de la Casa de David. En él vivió el alma, o el “yo” de la persona que conocemos como Zarathustra.

[Nota del traductor: en otros lugares, Rudolf Steiner entró en más detalles sobre los dos niños Jesús. Pero como su público estaba familiarizado con el tema, solo dio una especie de currículum. Para los lectores interesados ​​sugiero que comparen las historias del nacimiento en los Evangelios de Mateo y Lucas. Notarán de inmediato que las genealogías de los dos niños son completamente diferentes de las del rey David a José, el padre de Jesús. También verán que en Lucas hay pastores y “no hay lugar en la posada” y el famoso establo donde nació Jesús, y no hay reyes ni magos. En Mateo, los tres reyes / magos son de hecho una presencia importante. Pero no adoran a un hijo de carpintero nacido en un establo. No, han venido a Belén para saludar al nuevo o futuro Rey de los Judíos. Aunque Mateo no describe el lugar de nacimiento, es poco probable que sea el establo. La huida a Egipto no ocurre en Lucas, solo en Mateo, cuyos padres tenían más que temer, viviendo como estaban con el futuro rey. Además, es muy extraño que Jesús, el hijo del carpintero, estuviera tan bien educado que pudiera enseñar a los rabinos en el templo. Ah, pero ese era el Jesús según Lucas. El Jesús descrito por Mateo descendía de una familia real y estaría en condiciones infinitamente mejores para hacerlo. Tomando todas estas cosas, y más, en consideración, se puede considerar obvio que efectivamente hubo dos niños Jesús].

Cuando consideramos tal encarnación, debemos ser especialmente claros en una cosa: que incluso cuando un individuo tan avanzado, como ciertamente lo fue Zarathustra, se encarna nuevamente, es decir, en el tiempo en que nació como Jesús, de ninguna manera debe saber en la infancia o juventud que él es ese individuo. No es necesario poder decir: soy esta persona o esa persona. Ese no es el caso. Sin embargo, es cierto que, en tales casos, las capacidades mejoradas que se obtienen al pasar por una encarnación así, se hacen evidentes desde el principio y, por lo tanto, definen el carácter del niño. Así fue como el niño Jesús Salomónico —como me gustaría llamarlo—, en quien vivió el Yo de Zaratustra, fue embebido con capacidades mejoradas que le permitieron absorber fácilmente la cultura y el conocimiento que sus contemporáneos terrenales habían alcanzado. En el entorno de aquel niño, especialmente en aquellos tiempos, existía toda la civilización cultural de la humanidad en palabras,  gestos y acciones, en resumen, en todo lo que podía ser visto y oído. Un niño normal absorbía poco de lo que veía y escuchaba. Este niño, sin embargo, absorbió con gran facilidad todos los escasos indicios en los que existía todo lo que la humanidad había logrado para entonces. En resumen, demostró estar grandemente dotado al ir absorbiendo todo el conocimiento académico disponible. Hoy llamaríamos a tal niño “altamente dotado”. Hasta su duodécimo año, él aprendió rápidamente todo lo que podía aprenderse en su entorno.

El otro Jesús era completamente diferente. Su carácter está bien reflejado en el Evangelio de Lucas. Él descendió de la línea de Natán de la Casa de David. Él no tenía ningún don para el aprendizaje académico, ni mostraba interés en él hasta su duodécimo año. Por otro lado, mostró en alto grado lo que podemos llamar  capacidad del corazón, la compasión por toda felicidad y sufrimiento humanos. Se mostró a sí mismo el ser especialmente capaz en el sentido que se concentraba menos en sí mismo y era menos capaz de obtener conocimiento exterior. Pero desde la más tierna infancia en adelante, sintió el sufrimiento y la alegría de los demás como su propio sufrimiento y su propia alegría. Él podía transponerse a sí mismo a las almas de los demás; poseía esta habilidad en el más alto grado. La Crónica  de Akasha indica que las diferencias entre los dos niños Jesús no podrían haber sido mayores.

Después que ambos niños hubieran llegado a su duodécimo año, ocurrió un evento que he caracterizado a menudo: que cuando el Jesús Nathánico viajó a Jerusalén con sus padres, el Yo de Zarathustra, que había estado en el otro niño, el Jesús Salomónico, dejó su cuerpo y tomó posesión de los cuerpos físico, etérico y astral del Jesús Nathánico. El resultado fue, por lo tanto, que todo aquello de lo que este Yo-Rey era  capaz, estaba ahora activo en el alma del otro, el niño Jesús Nathánico. Y este muchacho, ahora poseyendo todo el poder de Zaratustra, sin saberlo, causó asombro en los eruditos entre los que emergió enseñando, como también se describe en la Biblia. También he indicado cómo el otro, el Jesús Salomónico, de quien el Yo se había separado, poco después fue disminuyendo y, luego de tiempo relativamente corto, murió.

Debe ser entendido que cuando el yo de una persona lo abandona —como fue el caso con el niño Jesús Salomónico— él no necesariamente muere en forma inmediata. Así como una pelota continúa rodando por un tiempo bajo su propia inercia, también esa persona continúa viviendo a través de la fuerza que vive dentro de él. Ahora, alguien que no puede observar las almas humanas de manera precisa notará poca diferencia entre una persona que ha perdido su Yo y una persona que todavía tiene uno. Porque en la vida normal el Yo, en una persona que estemos observando, no juega un rol tan dominante. Lo que experimentamos en otra persona es, en muy pequeña medida, una manifestación directa de su Yo, sino más bien la manifestación de su Yo a través del cuerpo astral. Sin embargo, aquel  otro niño Jesús conservó su cuerpo astral, y sólo alguien que pueda distinguir cuidadosamente —y no es fácil— si los viejos hábitos y pensamientos aún continúan obrando en una persona o si  nuevos elementos están presentes, pueden por lo tanto determinar si el Yo todavía está presente o no. Pero comienza un declive, una especie de extinción, un marchitarse. Y tal fue el caso con este niño Jesús.

Luego, a través de un golpe del karma, la madre biológica del Jesús Nathánico y también el padre del Jesús Salomónico, murieron poco después del paso del Yo de Zaratustra de un niño a otro. Y el padre del Jesús Nathánico y la madre del Jesús Salomónico se casaron. El Jesús Nathánico no tenía hermanos físicos, y los hermanastros que él ahora adquirió, eran los hermanos del Jesús Salomónico. De las dos familias fue formada una, que de ahí en adelante residiría en la ciudad ahora llamada Nazaret, de modo que cuando nos referimos al Jesús Nathánico, en quien vivió el Yo de Zaratustra, usamos la expresión: Jesús de Nazaret.

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Yo quisiera relatar algo acerca de la vida de Jesús de Nazaret cuando era joven —de la investigación en la Crónica del Akasha— de una manera que les permita comprender un cierto momento importante en la evolución de la Tierra, que el Misterio del Gólgota había preparado.

Para un vidente, la vida de Jesús se puede dividir claramente en tres fases. La conversación con los eruditos en su duodécimo año ya había demostrado que poseía una capacidad interna, provista por el traspaso del Yo de Zarathustra, de ser iluminado, de recibir la iluminación y conectarla con las capacidades que vivían en el alma de Zaratustra. Se mostró que en su alma había una enorme fuerza de experiencia interna, de modo que a medida que se desarrollaba desde su décimo séptimo y décimo octavo años, se puede ver cómo la iluminación interior se hizo más y más rica, y especialmente la iluminación relacionada con la evolución de los antiguos Hebreos y el pueblo Hebreo en general.

En el momento en que Jesús vivió en el pueblo Hebreo, la grandeza de lo que había existido como secretos del cosmos durante los tiempos de los antiguos profetas ya no estaba presente. Muchas de las antiguas revelaciones de los profetas continuaron viviendo, pero la capacidad original de recibir secretos espirituales directamente del mundo espiritual se había desvanecido mucho antes. Ellos (los secretos) eran estudiados a partir de las escrituras conservadas. Todavía había algunos, como el famoso rabino Hillel[1], quien, debido a su desarrollo individual, aún era capaz de percibir algo de lo que los antiguos profetas habían proclamado. Pero esa fuerza, que existía durante la época antigua del pueblo Hebreo, el tiempo de las revelaciones proféticas, hacía tiempo que ya no estaba presente en esos pocos individuos. Una disminución en el desarrollo espiritual del pueblo Hebreo era claramente evidente. Ahora, sin embargo, lo que una vez se había sido revelado durante el tiempo de los profetas emergió de las profundidades del alma de Jesús de Nazaret como iluminación interior.

Pero deseo llamar menos su atención sobre el hecho histórico que en una persona, que lo que  había sido revelado durante el tiempo de los profetas apareció nuevamente por medio de la iluminación interior. Prefiero más bien enfatizarles  lo que se sentía por un alma tan joven —el alma de Jesús de Nazaret de trece a catorce años— al sentir una revelación viniendo a él en total aislamiento, una revelación que nadie más en su entorno sintió. A lo sumo, el mejor de ellos tenía un tenue resplandor de ella.

Traten de imaginarse en tal posición, en el alma de alguien que poseyendo tan gran conocimiento sólo, y entiendan que el Misterio del Gólgota tuvo que ser preparado por tales sentimientos de soledad y aislamiento tomando posesión del alma de Jesús de Nazaret. Cuando ustedes se encuentran en una isla psíquica como él lo hizo, quien desde su infancia en adelante había sentido tal solidaridad con todos los hombres, pero ahora no sentía que pudiera compartir su conocimiento con ellos porque se habían hundido a un nivel en el que ya no podían recibir la revelación. Sufrió en gran medida  teniendo que saber algo que los demás no podían comprender, pero también deseándolo con tanta fuerza que también podía surgir en sus almas que había estado preparándose para una misión.

Todo eso le dio el impulso fundamental de decir: una voz resuena en mí desde el mundo espiritual. Si los humanos pudieran oírla, les proporcionaría una bendición infinita. En tiempos antiguos había personas que podían escucharla. Ahora, sin embargo, ellos no tienen oídos para escuchar. Ese dolor de soledad presionaba cada vez más profundamente en su alma.

Tal era la vida interior de Jesús de Nazaret desde su duodécimo hasta su décimo octavo año. Por esta razón, él no era entendido por su padre biológico y su madrastra y menos aún por sus hermanastros, que a menudo se burlaban de él y lo consideraban medio loco. Él trabajó duro en la carpintería de su padre. Pero mientras estaba trabajando, los sentimientos que acabo de describir vivieron en su alma.

Luego, cuando tenía cerca de dieciocho años, dejó su hogar para viajar. Pasó por Palestina y las áreas paganas circundantes, trabajando en su oficio. Él era dirigido por su karma. Mientras vagaba por Palestina, su extraordinario carácter o personalidad fue visto por todas las personas que conoció. Durante el día trabajaba, por las noches se sentaba junto con la gente. Y la gente con la que se sentaba, desde su decimonoveno hasta alrededor de su vigésimo cuarto año, tuvo la sensación, aunque no siempre fueron conscientes de ello, de que era un individuo extraordinario, uno como nunca  habían encontrado antes; ni siquiera podían haber imaginado que tal personalidad existiera. Ellos no sabían qué hacer con él.

Si ustedes quieren entender esto, para penetrar dentro de  los secretos de la evolución humana, es necesario tener en cuenta que experimentar lo que el joven Jesús de Nazaret hizo —como acabo de describir— causa  profunda pena en el alma. Pero este dolor es transformado  en amor. Y en un amor mucho más profundo en la vida, es transformado este tipo de dolor

La pena profunda, el dolor, tiene la capacidad de transformarse en amor, que no solo actúa como el amor ordinario, sino que a través de la misma existencia del ser amoroso fluye como aura de gran alcance. Entonces las personas que estaban junto a Jesús creyeron que estaban en presencia de mucho más que un mero hombre. Y cuando él había partido  de un lugar y se sentaban juntos por las noches, tenían la sensación de su real presencia. Sentían como si todavía estuviera allí. Y sucedía cada vez más que las personas con las que se había quedado, cuando se sentaban juntas alrededor de la mesa, tenían visiones en común. Lo veían entrar como una figura espiritual. Cada uno tenía esta visión al mismo tiempo, que Jesús estaba una vez más entre ellos, que él hablaba con ellos, les contaba cosas, tal como lo había hecho una vez en forma física. Él era visible entre ellos mucho después de que se hubiera marchado. Lo que causó este efecto fue el dolor y la tristeza transformados en amor. Las personas con quien había estado preparándose se sentían unidas a él de una manera especial. Sentían que nunca de nuevo serian separadas de él. Sintieron que él permanecía  con ellos y que siempre regresaba.

Pero no solo viajó por Palestina, su karma también lo llevó a lugares paganos. (Tomaría demasiado  describir aquí las razones por las que su karma hacía esto. Esto fue después de que él hubo reconocido los desarrollos decrecientes en el Judaísmo. Y aprendió cómo en los rituales religiosos de los paganos, al igual que en el Judaísmo, lo que era originalmente  revelación, también se había extinguido. Por lo tanto, en la segunda fase tuvo que experimentar el declive de la humanidad desde una meseta espiritual previa. Pero percibió cómo el paganismo declinó de manera diferente que el Judaísmo.

Su percepción del declive del Judaísmo fue una experiencia más interna, obtenida  por la iluminación. Él vio cómo las revelaciones del mundo espiritual que una vez fueron proclamadas por los profetas, habían cesado porque ya no había oídos para escucharlas. Aprendió acerca de cómo era con el paganismo, en un lugar donde los antiguos servicios religiosos paganos habían caído en deterioro, y donde la caída del paganismo era físicamente evidente. Los habitantes del lugar habían caído víctimas de la lepra y otras enfermedades horribles. Algunos se habían vuelto malignos, otros cojos. Los sacerdotes los abandonaron y huyeron. Cuando Jesús fue visto por primera vez, la noticia se extendió como un reguero de pólvora que alguien muy especial había llegado. Pues ahora, incluso en su apariencia exterior, había logrado que el sufrimiento transformado fuera amor. Ellos vieron que había venido un ser como ninguno que haya nunca caminado sobre la Tierra. Pronto se difundió la noticia y muchos corrieron hacia él, pues pensaban que se les había enviado un sacerdote que oficiaría nuevamente los sacrificios. Sus propios sacerdotes habían huido,  entonces vinieron corriendo. El registro de Akasha muestra esto, tal como lo estoy describiendo.

Él no tenía intención de oficiar en el sacrificio pagano. Sin embargo, ahora vio en vívidas imaginaciones el enigma del declive de la espiritualidad pagana. Pudo percibir directamente lo que había fluido en los secretos de los Misterios paganos: que las fuerzas de los altos Seres Divinos habían volado hacia abajo, hacia los altares sacrificiales. Pero ahora, en lugar de fluir hacia abajo las fuerzas de los espíritus buenos, toda clase de demonios, emisarios de Lucifer y Ahriman, descendían hacia los santos altares. Él percibió la caída de la vida espiritual pagana no por  iluminación interior, como con el Judaísmo, sino a través de visiones externas.

Es muy diferente llegar a conocer las cosas teóricamente que visualizar cómo una vez las fuerzas divino-espirituales fluían hacia un altar y ahora lo hacían los demonios, lo que causaba estados mentales anormales, enfermedades y demás. Tal imaginación espiritual es bastante diferente de saber algo en forma teórica. Pero Jesús de Nazaret debía ver esto en visualización espiritual directa, ver cómo funcionaban los emisarios de Lucifer y Ahriman. Él debía ver cómo le hacian daño a la gente.

De repente, cayó al suelo como muerto. Asustada, la gente huyó. Pero mientras el yacía allí como llevado a un mundo espiritual, recibió una impresión de todas las antiguas revelaciones que una vez  habían sido dichas a los paganos. Por lo tanto, así como había percibido los secretos que habían sido proclamados a los antiguos profetas y que ahora ni siquiera eran una sombra en la cultura Judía, a través de la inspiración espiritual pudo escuchar de qué manera habían sido proclamadas a los paganos.

La impresión más fuerte que se hizo sobre él fue lo que intenté investigar, y de lo que yo hablé por primera vez con motivo de la colocación de la  piedra fundamental de nuestro edificio en Dornach. Podría llamarse el Padre Nuestro Invertido, porque era la inversión del contenido substancial de la oración que los discípulos de Cristo Jesús le atribuyeron. Jesús de Nazaret percibió algo así como un Padre Nuestro inverso, de modo que él pudo sentir en estas palabras el secreto de la evolución humana y las incorporaciones en encarnaciones terrenales en un formato concentrado.

Amen,
Es walten die Übel,
Zeugen sich lösender Ichheit,
Von ändern erschuldete Selbstheitschuld,
Erlebet im täglichen Brote,
In dem nicht waltet der Himmel Wille,
Indem der Mensch sich schied von Eurem Reich
Und vergaß Euren Namen,
Ihr Väter in den Himmeln.

Amen,
Evil rules,
Witness of the dissolving I,
Selfhood’s guilt to others attributed,
Experienced in daily bread,
In which heaven’s will be not done,
For man deserted your kingdom
And forgot your names,
You fathers in the heavens

 

AUM, Amén.
Impera el Mal,
testigo de disuelta yoidad
deuda del propio ser, por otros acarreada,
experimentada en el pan de cada día,
en que no domina la Voluntad de los Cielos,
porque el Hombre se separó de Vuestro Reino
Y olvidó Vuestros Nombres,
Vosotros, Padres en los Cielos.

Esto es —en palabras balbucientes— lo que expresa algo así como las leyes que rigen cómo los seres humanos encarnan desde el macrocosmos hacia el microcosmos. Desde que conocí estas palabras, he descubierto que son una forma de meditación extraordinariamente significativa. Ejercen una fuerza sobre el alma que es bastante extraordinaria, y cuanto uno más lo estudia, más fuerza tiene. Y luego, cuando uno trata de resolverlas y comprenderlas, se da cuenta  que en ellas esta condensado el secreto y el destino de la humanidad y cómo la inversión de las palabras revela cómo podría originarse el Padre Nuestro Microcósmico que Cristo proclamó a sus seguidores.

Pero Jesús no solo percibió este secreto de las revelaciones paganas originales. Cuando despertó de la visión, aprendió de las personas que huían y de los demonios, todos los secretos del paganismo. Ese fue el segundo dolor inconmensurable que se hundió en su alma. Primero aprendió decisivamente sobre la caída del Judaísmo, reconociendo lo que  había sido revelado al Judaísmo antes de su caída. Ahora él aprendió lo mismo sobre el paganismo. De esta manera (o en esta forma), experimentó conscientemente el hecho de que en su entorno la gente tenía que vivir en el sentido de las palabras: “Tienen oídos pero no oyen aquello que los secretos del cosmos son”. Así, él alcanzó la compasión ilimitada que siempre había sentido por la humanidad y que puede expresarse de la siguiente manera: ahora que él podía ver tales cosas, la humanidad debería recibir el contenido de sus visiones, pero ¿dónde estaban los seres que lo comunicarían a la humanidad?

Tuvo estas experiencias hasta su vigésimo cuarto año, aproximadamente. Luego, su karma lo llevó de vuelta a casa en el momento en que murió su padre. Él vivió allí con sus hermanastros y su madrastra. Mientras que su madrastra anteriormente le había mostrado poca comprensión, ahora ella mostraba más comprensión, por el gran dolor que él portaba dentro suyo. Luego, otras experiencias le siguieron desde el año vigesimocuarto hasta el trigésimo, durante el cual encontró cada vez más comprensión por parte de su madrastra, aunque las cosas aún eran algo difíciles. Estos fueron también los años en los que llegó a conocer mejor a los Esenios. Hoy solo indicaré los puntos principales acerca de cómo Jesús aprendió de la Orden Esenia. Esta era una orden de hombres que se separó del resto de la humanidad y desarrolló una vida especial de cuerpo y alma para ascender nuevamente a las antiguas revelaciones del espíritu que la humanidad había perdido. Con ejercicios y formas de vida estrictas, las almas luchadoras  debían alcanzar una etapa en la que pudieran reunirse con la región espiritual desde la cual se habían originado las antiguas revelaciones.

En este grupo, Jesús de Nazaret también se encontró con Juan el Bautista, aunque estrictamente hablando, ninguno era Esenio. La Crónica del Akasha muestra esto claramente. Pero por lo que he explicado, está claro que estuvo presente una persona excepcional, que causó una impresión extraordinaria en todos. Él impresionó tanto a los Esenios que, a pesar de guardar sus actividades espirituales como secretos sagrados, que no revelaban a ningún extraño, voluntariamente hablaron con Jesús sobre secretos importantes de su orden con respecto a lo que habían logrado para sus almas. Así, Jesús aprendió que en aquellos tiempos todavía había formas para que las personas alcanzaran las alturas donde la humanidad alguna vez estuvo y de donde descendió desde entonces.

Pero lo que también le causó una profunda impresión de incomodidad fue que un Esenio, si deseaba ascender a esas alturas, tenía que separarse de la humanidad y vivir una vida fuera de la sociedad, de los demás. Ese no era el camino del amor humano universal, como  Jesús de Nazaret lo había sentido. Él no podía tolerar la existencia de una riqueza espiritual que no estuviese disponible para todos, sino solo para unos pocos elegidos en detrimento de la humanidad en su conjunto.

Lo que él sintió se puede expresar de la siguiente manera: Son pocas personas, y siempre habrá menos, los que encuentran el camino de regreso a las antiguas revelaciones, pero es justo cuando esos pocos se separan a sí mismos que el resto debe vivir en decadencia, pues ellos deben ejecutar el trabajo material por aquellos que ya no están allí.

Una vez, mientras estaba abandonando la comunidad de la Orden Esenia, vio en espíritu a dos figuras que huían de la puerta. Él tuvo la impresión de que los Esenios se protegían de estas dos figuras, a quienes llamamos Lucifer y Ahriman en términos antroposóficos, expulsándolos por medio de sus ejercicios espirituales, su forma de vida ascética y las estrictas reglas de su orden. Nada de Lucifer y Ahriman debería tocar sus almas. Por lo tanto, Jesús de Nazaret vio a Lucifer y Ahriman huyendo, pero también supo que, debido a que se había establecido una comunidad así, donde Lucifer y Ahriman no podían entrar y los Esenios no querían tener nada que ver con ellos, se volvieron aún más hacia las otras personas. Eso fue evidente para él. Nuevamente, es completamente diferente cuando uno conoce esto solo a través de la teoría y cuando uno ve lo que las personas hacen para su propio progreso y, como consecuencia, Lucifer y Ahriman son enviados a otras personas porque han sido expulsados ​​de la presencia de los primeros. Se dio cuenta  que no era un camino de salvación el que seguían los Esenios, sino que era uno que, a través de la separación y a costa del resto de la humanidad, solo busca su propio avance.

Una inmensa compasión le envolvió. Él no sintió ninguna alegría por la ascensión de los Esenios, porque sabía que los demás debían hundirse más mientras que algunos ascendían. Todo se volvió más claro para él cuando vio la misma imagen en otras puertas Esenias: —había más comunidades de ese tipo— la imagen de Lucifer y Ahriman parados ante las puertas, pero no pudiendo entrar, salían huyendo. Así se dio cuenta  que los métodos y las reglas de las órdenes tales como la de los Esenios “impulsaban a Lucifer y Ahriman hacia las otras personas”. Y esta fue la causa del tercer dolor extremo que experimentó con respecto a la decadencia de la humanidad.

Ya mencioné que su madrastra tenía cada vez más entendimiento de lo que vivía en su alma. Entonces, lo que sucedió fue significativo como preparación para el Misterio del Gólgota: tuvo lugar una conversación—de acuerdo con la investigación en el Registro del Akasha— entre Jesús de Nazaret y su madre adoptiva. Tan avanzada se había vuelto su comprensión, que él podía hablarle a ella sobre el triple sufrimiento que tenía a causa de la decadencia de la humanidad, que había experimentado en las áreas del Judaísmo y el paganismo, así como con los Esenios. Y mientras le describía su sufrimiento solitario y lo que había experimentado, vio que eso afectaba su alma.

Pertenece a las impresiones más maravillosas que uno puede recibir en el campo oculto el aprender el contenido de esta conversación. Porque en todo el campo de la evolución humana nada similar—no digo mayor, porque naturalmente el Misterio del Gólgota es mayor—  pero algo similar hay que uno no puede ver. Lo que le dijo a su madre no eran palabras en el sentido habitual, sino que eran como seres vivos que pasaron desde él hacia su madrastra, y su alma le dio alas a las palabras con su propia fuerza. Todo lo que él había soportado tan dolorosamente fue, en esta conversación, como sobre alas hacia el alma de su madrastra, palabras de su amor infinito, así como de su sufrimiento infinito. Así que él pudo describirle lo que había experimentado tres veces como en una gran imagen. Fue entonces cuando Jesús de Nazaret gradualmente dirigió la conversación a sus conclusiones sobre la triple decadencia de la humanidad.

Es muy difícil expresar con palabras cómo él resumió sus propias experiencias a su madrastra. Pero, como estamos preparados por la ciencia espiritual, podemos usar términos y expresiones científicas espirituales para tratar de describir el sentido del final de la conversación. Naturalmente, lo que ahora digo no se expresó en las mismas palabras, pero proporcionará una idea aproximada de lo que Jesús quería dar a entender a su madrastra:

Cuando miramos hacia atrás en la evolución de la humanidad sobre la Tierra, es similar a una vida humana individual, solo cambiada en generaciones posteriores, e inconsciente para ellas. La vida de la humanidad post-Atlante se reveló a Jesús de Nazaret,  que después del gran desastre natural en la Atlántida, primero se desarrolló una antigua cultura india en la que los grandes santos Rishis comunicaron su vasta sabiduría a la humanidad. En otras palabras, era básicamente una cultura espiritual. Sí, continuó, así como un ser humano individual es un niño entre el nacimiento y el séptimo año, en el que  diferentes fuerzas están obrando en la vida posterior, así  las fuerzas espirituales estuvieron activas durante ese tiempo de la antigua India. Pero debido a que esas fuerzas no solo estuvieron presentes hasta el séptimo año, sino que se extendieron a lo largo de toda la vida del indio,  la humanidad estaba en una etapa diferente de evolución en ese entonces.Durante el transcurso de su vida, supieron lo que hoy el niño sabe y experimenta hasta su séptimo año. Hoy pensamos de la manera en que lo hacemos entre el séptimo y el decimocuarto, y el decimocuarto y el vigésimo primer año, porque hemos perdido las fuerzas de la infancia que son reprimidas en el séptimo año. Durante ese tiempo antiguo, debido a que estas fuerzas se extendieron durante toda una vida, que hoy solo están presentes hasta el séptimo año, las personas en la primera época post-atlántica eran clarividentes. Se elevaron más alto con las fuerzas que hoy solo están presentes hasta el séptimo año. Sí, esa fue la Edad de Oro de la evolución humana. Luego vino otra época, en la que las fuerzas extendidas durante toda la vida, que de otro modo solo estarían activas entre el séptimo y el decimocuarto año. Después vino la tercera época, en la cual estaban activas las fuerzas, que de otro modo estarían activas entre el decimocuarto y el vigesimoprimer año. Luego vivimos en una época en la que las fuerzas que están activas hoy entre el vigesimoprimer y el vigésimo octavo año, estaban activas durante toda la vida.

Ahora nos acercamos a la mitad de la vida humana, dijo Jesús de Nazaret, que es en los treinta años, donde las fuerzas de la juventud dejan de crecer y comienzan a declinar. Ahora estamos viviendo en una época que corresponde desde el vigésimo octavo al trigésimo quinto año de la persona individual, donde su vida comienza a declinar. Mientras que en el caso de algunos individuos existen otras fuerzas, en la humanidad en general ya no están. Ese es el gran sufrimiento, que la humanidad debe volverse anciana teniendo su juventud detrás de ella, estando en la época correspondiente desde el vigésimo octavo al trigésimo quinto año. ¿Desde dónde deberían venir las nuevas fuerzas? Las fuerzas de la juventud están agotadas.

Eso es lo que le contó a su madrastra acerca de la inminente decadencia de la humanidad, que le causó tanto dolor, pues estaba claro que la situación de la humanidad era de desesperanza. Las fuerzas de la juventud estaban agotadas, la humanidad ahora enfrentaba la vejez. Los individuos, él supo, continuarían viviendo desde el trigésimo quinto año hasta la muerte como antes, porque retenían  los residuos de las fuerzas, pero la humanidad en su conjunto no tenía eso, por lo que debería venir algo más: lo que para el individuo es necesario desde el vigésimo octavo hasta el trigésimo quinto año. La Tierra tendría que ser iluminada macro-cósmicamente con las fuerzas con las cuales el individuo debe ser iluminado desde el año veintiocho hasta el trigésimo quinto.

Esa humanidad como tal se estaba haciendo vieja, eso es lo que se lee en el Registro del Akasha, y lo que se sintió durante lo que Jesús de Nazaret relató. Mientras le hablaba así a su madre acerca del significado de la evolución humana, en ese momento se dio cuenta  que lo él que estaba diciendo era parte de sí mismo, y algo de sí mismo fluyó desde sus palabras, pues sus palabras se habían convertido en lo que él mismo era.

Ese fue también el momento en que en el alma de su madrastra fluyó el alma que había vivido en su madre biológica quien —después que el Yo de Zaratustra entrara en él desde el otro niño Jesús— había muerto y vivía en las regiones espirituales desde que Jesús tenía doce años. Desde ese momento en adelante ella pudo espiritualizar el alma de la madrastra. Así, esta última vivía ahora con el alma de la madre biológica del Jesús Nathánico.

Pero Jesús de Nazaret se había unido tan intensamente con las palabras con las que había expresado su dolor por la humanidad, que era como si este yo hubiera desaparecido de las envolturas de su vida [física, etérea y astral], de modo que estas envolturas se volvieron como cuando era pequeño, solo  impregnadas de todo lo que había sufrido desde su duodécimo año. El Yo de Zaratustra había desaparecido y lo que vivía en sus tres envolturas era solo lo que quedaba del poder de las experiencias. Un impulso emergió de estas tres envolturas  que lo condujo al camino de Juan el Bautista en el río Jordán. Como en una especie de sueño, que sin embargo no era un sueño, sino una consciencia mejorada, siguió su camino con solo las tres envolturas espiritualizadas e impulsadas por los efectos de lo que había experimentado desde que tenía doce años. El Yo de Zaratustra ya no estaba. Las tres envolturas lo condujeron, apenas notando lo que estaba a su alrededor. Vivió, con el Yo ausente, totalmente consciente del destino de la humanidad y sus necesidades.

En su camino hacia Juan el Bautista en el río Jordán, se encontró con dos Esenios con los que había hablado muchas veces. Sin su yo, no los reconoció. Pero ellos lo reconocieron y por lo tanto le hablaron: ¿A dónde vas, Jesús de Nazaret? Lo que él contestó he intentado expresarlo con palabras. Él habló de una manera en la que ellos no sabían de dónde venían las palabras. Salieron de él, pero no eran de él. “Allí donde las almas como las vuestras no desean ver, es donde el sufrimiento de la humanidad puede encontrar los rayos de la luz olvidada”.

Esas fueron las palabras que parecían venir de él. Ellos no lo entendieron; se dieron cuenta  que no los reconocía, entonces preguntaron: “Jesús de Nazaret, ¿no nos reconoces?”. Ahora incluso palabras más extrañas fueron dichas. Era como si les hubiera dicho: “Son como corderos perdidos, pero yo fui el hijo del pastor de quien ustedes huyeron. Si me reconocierais, huiríais de nuevo. Fue hace mucho tiempo que huisteis de mí al mundo”.

Los Esenios no sabían qué hacer con él, porque mientras les hablaba, sus ojos adquirieron un aspecto muy especial. Parecían mirar hacia afuera, luego también hacia dentro. Parecían ojos que mostraban una expresión de reproche hacia las personas a las que hablaba. Eran ojos a través de los cuales se mostraba un amor  gentil, pero un amor que se convirtió en una reprimenda para los Esenios, una que provenía de sus propios corazones. Podemos caracterizar lo que sintieron los Esenios cuando lo escucharon así: “¿Qué clase de personas son ustedes? ¿Dónde está su mundo? ¿Por qué se envuelven en túnicas engañosas? ¿Por qué arde dentro suyo un fuego que no se enciende en la casa de mi padre?.

Fueron silenciados por estas palabras. Y él habló aún más: “Lleváis la marca de los tentadores, que os atrapó cuando huisteis. Con su fuego hizo brillar vuestra lana. El pelo de esta lana pica mis ojos. ¡Perdisteis corderos! Él ha llenado vuestras almas con orgullo”.

Cuando pronunció estas palabras, uno de los esenios respondió: “¿No le mostramos al tentador la puerta? Él ya no tiene nada que ver con nosotros”. Jesús dijo: “Cuando le enseñasteis la puerta, corrió hacia otras personas. Él los ataca por todos lados. No sois elevados cuando degradáis a los demás. Solo pensáis que sois elevados porque dejáis que los otros disminuyan. Permanecéis tan alto como sois solo porque hacéis que los otros sean más pequeños, así os creéis que sois grandiosos”. Jesús de Nazaret habló de esa manera para que los Esenios pudieran tomar nota. Les impresionó tanto que ya no podían ver. Sus ojos se oscurecieron y Jesús de Nazaret pareció desaparecer ante sus ojos. Pero luego, cuando parecía haber desaparecido, vieron su rostro desde la distancia, pero aumentado enormemente su tamaño como una fatamorgana, y muy, muy lejos. Y las palabras llegaron como si hablaran por esa fatamorgana. Ellos sintieron que eran: “Vano es vuestro esfuerzo porque vuestros corazones están vacíos, ya que lo habéis llenado con el espíritu que oculta el orgullo en el manto de humildad”.

Entonces el espejismo también desapareció y se quedaron allí consternados y deprimidos. Cuando pudieron volver a ver, vieron que Jesús se había ido más lejos mientras miraban el rostro. Y no pudieron hacer nada más que ser conscientes que él había continuado su camino. Abatidos, se dirigieron hacia el albergue Esenio y nunca le contaron a nadie lo que habían experimentado, sino que guardaron silencio al respecto durante toda su vida. Y se convirtieron en los más profundos de los Esenios, pero permanecieron en silencio y solo hablaron cuando era necesaria la comprensión cotidiana. Sus hermanos Esenios nunca supieron por qué estaban tan cambiados. Hasta su muerte, nunca revelaron lo que habían visto y oído. Por lo tanto, experimentaron el Misterio del Gólgota de una manera especial. Para los demás, sin embargo, lo que habían experimentado era imperceptible.

Después  que Jesús hubo caminado por un tiempo, se encontró con un hombre que estaba en profunda desesperación. Pero, como dije, Jesús estaba tan alejado de las condiciones terrenales que no se dio cuenta  que un hombre se le había acercado. Y tuvo un efecto tan fuerte en ese hombre que estaba tan desesperado, que Jesús de Nazaret dijo algo que puede describirse como: “¿A dónde te ha llevado tu alma? Te vi hace muchos miles de años; ¡eras diferente entonces!”. El hombre desesperado escuchó esto como si hablara desde la figura que se acercaba de Jesús de Nazaret. Debido a estas palabras, el hombre sintió el impulso de decir lo siguiente. Por un lado, sintió la necesidad de hablar, por otro, de encontrar la respuesta a su destino: “En mi vida he tenido mucho éxito. Siempre estudié, y debido a este aprendizaje, me elevé más y más sobre otros hombres. Con cada honor me sentía más orgulloso y con frecuencia me decía a mí mismo: qué persona tan única eres, elevándote tan alto sobre tus semejantes. Sentí que mi alma debía valer más que las almas de los demás. Mi orgullo aumentó con cada nuevo honor. Entonces tuve un sueño. ¡Qué sueño tan horrible! Mientras soñaba, mi alma fue llenada con  un sentimiento de vergüenza. Estaba avergonzado de soñar tal cosa. Estaba tan orgulloso de mi vida, y ahora soñaba algo que nunca hubiera querido soñar. Soñé que me hacía la pregunta: ¿Quién me hizo tan bueno? Y entonces un ser se paró frente a mí y dijo: Yo te hice grandioso, te elevé hacia lo alto, y por lo tanto eres mío. Me sentí escandalizado ante la revelación de que no había subido tanto por mis propios esfuerzos, sino que otro ser había sido responsable de mi éxito. Todavía soñando, escapé. Cuando desperté, realmente escapé, abandonando todos mis logros. No sabía lo que estaba buscando y he así he estado vagando por el mundo durante mucho tiempo, avergonzado de todas las cosas que una vez me dieron tanto orgullo”. Después  que el hombre desesperado hubiera dicho esto, el ser que había aparecido en su sueño se presentó de nuevo ante él, entre él y Jesús de Nazaret. Esta figura de ensueño bloqueó la figura de Jesús de Nazaret. Y cuando la figura del sueño se fue, disolviéndose en la niebla, Jesús ya se había alejado. Cuando el hombre desesperado miró a su alrededor, vio a Jesús a una buena distancia. Y entonces tuvo que continuar su camino desesperado. Entonces, un leproso se acercó a Jesús, cuya enfermedad y sufrimiento estaba muy avanzado. Y debido a lo que esa alma estaba sintiendo, Jesús nuevamente se vio obligado a hablar. Él dijo otra vez: “¿A dónde te ha llevado tu alma? Te conocí hace muchos miles de años, y eras diferente”. Estas palabras animaron al leproso a hablar de la misma manera en que habían afectado al hombre desesperado. El leproso dijo: “No sé cómo obtuve esta enfermedad, simplemente llegó gradualmente. Y otras personas ya no me permitían estar entre ellos. Tenía que vagar por el páramo, solo podía rogar por lo que la gente me arrojaba. Una noche me acerqué a un bosque denso. Vi un árbol que se acercaba hacia mí desde un claro. Me parpadeó con su propia luz. Me sentí impulsado a acercarme a ese árbol. Me animaba a seguir. Y cuando estaba cerca de él, un esqueleto vino hacia mí como una luz desde el árbol. Era la muerte irguiéndose frente a mí en esa forma. Y la muerte me dijo: ‘Yo soy tú. Yo vivo de ti. No temas’. Y continuó: ‘¿Por qué tienes miedo? ¿No me amaste durante muchas vidas en la Tierra? Solo que tú no sabías que me amabas, porque te aparecí como un bello Arcángel a quien creías amar. Y entonces la muerte no estaba parada ante mí, sino el Arcángel que había visto a menudo y del que yo sabía: esa era la imagen que amaba. Entonces desapareció. A la mañana siguiente, me desperté junto al árbol, más miserable que antes. Y supe que todas las placenteras indulgencias que había amado, que vivían en mí como egoísmo, están relacionadas con el ser que se me apareció como la muerte, y como un Arcángel, y que afirmó que yo lo amaba y que era yo mismo. Y ahora estoy frente a ti y no sé quién eres”. Y ahora el Arcángel apareció de nuevo, y luego la muerte, parada entre el leproso y Jesús, bloqueando la visión del leproso de Jesús de Nazaret. Cuando el leproso vio solo al Arcángel, Jesús se desvaneció, y entonces la muerte y el Arcángel desaparecieron. El leproso tuvo que continuar caminando y vio que Jesús de Nazaret ya había avanzado más. Esos fueron los eventos que ocurrieron en el camino que tomó Jesús entre la conversación con su madrastra y el Bautismo de Juan en el Jordán. Mañana veremos cómo estos eventos —la reunión con los dos Esenios, con el hombre desesperado y con el leproso— continuó afectando el cuerpo físico, etérico y astral de Jesús de Nazaret cuando apenas entendía el mundo del que estaba tan distante, y que fue animado por  lo que recibió con Juan en el Bautismo en el Jordán. Si estos eventos, que he descrito como ocurridos entre la conversación con su madrastra y el Bautismo en el Jordán parecen improbables o extraños, entonces solo puedo decir: A pesar de que pueden parecer extraños, son realmente revelados por la investigación en La Crónica del Akasha. Ella describe eventos que son tan singulares como deben ser, pues están en preparación para un evento que solo puede suceder una vez: lo que llamamos el Misterio del Gólgota. Quien no desee considerar la idea de que algo tan especial sucedió en ese momento en la evolución de la humanidad, encontrará que la evolución humana es difícil de entender.

Traducido por Nicolás Martin y Gracia Muñoz en Agosto de 2018.

[1]https://es.wikipedia.org/wiki/Hilel

 

 

GA193. El engaño ahrimánico

Rudolf Steiner – Zúrich, 27 de octubre de 1919

Traducido por Nicolás Martin

English version

La presente conferencia fue dada en Zúrich, el 27 de octubre de 1919. En la edición de la obra de Rudolf Steiner, el volumen que contiene el texto alemán es titulado: El aspecto interno del problema social, pasado luciférico, futuro ahrimánico, GA193.

Al dirigirse hoy a una audiencia pública en la cuestión más importante de nuestro tiempo, hay una gran diferencia si uno habla desde un conocimiento de las profundas fuerzas de la evolución histórica del mundo, esto es, desde la ciencia del espíritu, o si uno habla sin tal conocimiento. Es relativamente fácil hablar acerca de preguntas actuales si uno se basa en los datos del conocimiento exterior, que es considerado científico, práctico, etc.

Es, sin embargo, extraordinariamente difícil hablar acerca de estas preguntas desde el punto de vista de la ciencia espiritual – desde la que en realidad se deriva todo a lo que tenemos que enfrentarnos en este tipo de reuniones como la de hoy. Pues aquel que habla desde este punto de vista acerca de los problemas de este tiempo, sabe que se opone no sólo a las casuales, subjetivas opiniones de aquellos a los que les habla. Sabe también que una gran parte de la humanidad actual está ya bajo el control, de un lado u otro, de fuerzas Ahrimánicas de naturaleza cósmica que están creciendo cada vez con más fuerza. Para explicar lo que quiero decir, debo darles una especie de reconocimiento histórico de un periodo bastante largo de la historia de la humanidad.

Desde varias declaraciones que se han hecho aquí y que ustedes también encontrarán en algunos de mis ciclos de conferencias, sabrán que tenemos que ubicar el inicio de nuestra época moderna en la mitad del siglo XV. Siempre hemos llamado a este periodo –del cual en realidad estamos sólo al comienzo– la Quinta Época Postatlante. Ha reemplazado a la Época Greco-Latina, que ubicamos desde la mitad del siglo VIII AC. hasta la mitad del siglo XV DC.; y aún más atrás, tenemos la Época Egipcio-Caldea. Indico esto meramente para que ustedes puedan recordar dónde, en la evolución humana como un todo, ubicamos la época en la que nos sentimos a nosotros mismos como hombres modernos.

Ahora, ustedes saben que hacia el final del primer tercio de la Época Greco-Latina, tuvo lugar el Misterio del Gólgota. Y desde muchos aspectos diferentes hemos caracterizado lo que realmente se produjo para la evolución humana a través del Misterio del Gólgota, de hecho para toda la evolución de la Tierra. Hoy, dentro de este reconocimiento histórico general, vamos a colocar varias cuestiones concernientes a la humanidad que están conectadas con este Misterio.

Con esto presente, permitámonos mirar hacia atrás a tiempos primigenios, podríamos decir, dentro del tiempo alrededor del comienzo del tercer milenio antes de Cristo. Ustedes están al tanto de cuan poco se dice en la tradición histórica externa, acerca de esta temprana evolución de la raza humana en la Tierra. Ustedes saben, también, cómo los documentos externos apuntan hacia Asia, hacia el Oriente. Desde muchas fuentes antroposóficas, ustedes sabrán que cuanto más retrocedemos en la evolución humana, más vamos encontrando una constitución anímica diferente dotada de algo como una antigua sabiduría original que subyace en toda la evolución de la humanidad. Saben, además, que ciertas tradiciones de esa antigua sabiduría de la humanidad fueron preservadas en círculos secretos, cerrados, justo en el siglo XIX. Incluso han sido preservados en nuestro tiempo –pero no en absoluto, en su mayoría, de manera fiel.

Cuando el hombre de hoy aprende a conocer algo de esta sabiduría original, es sorprendido por la profundidad de las realidades hacia las que señala. Aún en los ciclos de estudios que hemos sostenido por muchos años, se ha mostrado que esta extensa enseñanza de la sabiduría de tiempos antiguos debe siempre ser contrastada con el entendimiento de la vida y del mundo que estaba en posesión del antiguo pueblo Hebreo y que tenía un carácter completamente diferente. Con cierta justicia, la extendida sabiduría original es descrita como el elemento oculto, el elemento pagano, y a esto se opone el elemento Hebreo, Judío. De tradiciones y literatura exterior, ustedes están al tanto cómo el elemento Cristiano surge entonces del judío.

Ustedes pueden ya reunir de estos hechos externos algo que les ruego tengan en mente, y es que fue esencial en la evolución humana el confrontar el antiguo elemento pagano y su sabiduría con el elemento Judío desde el cual el Cristianismo en todo caso evolucionó parcialmente. El paganismo primordial o sabiduría pagana no estaba destinado a ser la única influencia en la evolución de la humanidad. Y ahora surge la pregunta: ¿por qué tiene la antigua sabiduría pagana, que es en tantos aspectos tan maravillosa, que experimentar una nueva forma, una transformación, a través del Judaísmo y del Cristianismo? Esta cuestión se eleva inevitablemente.

La respuesta viene dada por la ciencia espiritual sólo a través de un hecho muy, muy contundente, a través de un evento que tuvo lugar lejos en Asia en el comienzo del tercer milenio de la era precristiana. La visión clarividente encuentra al mirar hacia atrás que tuvo lugar allí la encarnación de un Ser suprasensible en un ser humano, al igual que en el Hecho del Gólgota la encarnación del Cristo suprasensible tuvo lugar en el hombre Jesús de Nazaret. La encarnación que tuvo lugar en el comienzo del tercer milenio antes de Cristo, es extraordinariamente difícil de seguir, incluso con la ciencia clarividente de la Iniciación. Le dio a la humanidad algo de un inmenso brillo, que tuvo un incisivo efecto. Lo que dio a la humanidad, de hecho, fue la sabiduría primordial.

Visto exteriormente, uno puede decir que fue una sabiduría que penetró profundamente en la realidad; fría, basada puramente en ideas, poco permeada por el sentir. La actual naturaleza interna de esta sabiduría puede ser juzgada sólo al ir hacia atrás hacia aquella encarnación que tuvo lugar en Asia al comienzo del tercer milenio precristiano. Se revela a la mirada retrospectiva clarividente que esta fue una encarnación humana real del Poder Luciférico.

Y esta encarnación de Lucifer en la humanidad, que en cierta manera ha sido conquistada, es el origen de la ampliamente extendida sabiduría antigua basada en la Tercera Civilización Postatlante.

Hubo aún un efecto posterior, incluso en los tiempos Griegos, de este esparcido impulso cultural que se deriva de este ser humano asiático, Luciférico. La sabiduría luciférica fue del mayor beneficio para el hombre en aquella época de la evolución – brillante en cierto sentido, graduada de acuerdo con los diferentes pueblos y razas entre las que se dispersó. Fue plenamente reconocible a través de toda Asia, luego en la civilización Egipcia, la Babilónica e incluso en la cultura Griega. Todo lo que fue posible para la humanidad de aquel tiempo en el pensamiento, en el reino de la poesía, en obras, fue en cierta manera determinado a través de la entrada de este impulso Luciférico dentro de la civilización humana.

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Sería, por supuesto, extraordinariamente filisteo desear decir: ¡aquella fue una encarnación de Lucifer, por lo tanto debemos huir de ella! Tal filisteísmo puede hacer que uno huya también de la belleza y la grandeza que vinieron a la humanidad con la corriente Luciférica, pues los frutos de la cultura Griega con toda su belleza, proceden, como ya se ha dicho, de esta corriente de la evolución. La totalidad del pensamiento gnóstico existente en el tiempo del Misterio del Gólgota, una impresionante sabiduría derramando luz en lo profundo de las realidades cósmicas –todo este conocimiento gnóstico fue inspirado por el impulso proveniente de las fuerzas luciféricas. Uno no debe decir que el pensamiento gnóstico es por lo tanto falso; simplemente se le está caracterizando al decir que está permeado por las fuerzas luciféricas.

Entonces, considerablemente más de dos mil años después de la encarnación Luciférica, vino el Misterio del Gólgota. Puede decirse que los hombres entre los que se esparció el Impulso de este Misterio, estaban aún plenamente imbuidos en su pensamiento y su sentimiento con lo que había venido del Impulso de Lucifer. Y ahora allí entra dentro de la evolución de la humanidad civilizada un Impulso enteramente diferente, el Impulso procedente del Cristo. Hemos hablado a menudo de qué significa este Impulso del Cristo dentro de la humanidad civilizada. El Impulso de Cristo –sólo tocaré esto hoy– fue tomado por los corazones y las mentes que recién he caracterizado. Uno podría decir que resplandeció en todo lo mejor que vino al hombre desde Lucifer. Y en los primeros siglos cristianos, el hombre entendió al Cristo a través de lo que habían recibido de Lucifer. Estas cosas deben enfrentarse sin prejuicio; de otra forma, no es realmente posible entender la manera particular en la que el Impulso del Cristo fue recibido en las primeras centurias de nuestra era.

Como el Impulso Luciférico comenzó a apagarse más y más, el hombre también fue cada vez más incapaz de absorber el Impulso de Cristo de la forma correcta. Consideren cuánto se ha vuelto materialista en el curso de los tiempos modernos. Pero si se preguntan a ustedes mismos qué en particular se ha vuelto materialista, deben acoger la respuesta: una gran parte de la teología Cristiana moderna. Pues es simplemente al más rígido materialismo a lo que una gran parte de la teología Cristiana moderna ha sucumbido cuando ya no ve al Cristo en el hombre Jesús de Nazaret. Ve sólo al ser humano, el simple hombre de Nazaret, el hombre a quien uno puede entender sólo si se eleva a sí mismo hacia una especie de entendimiento superior. Cuanto más es considerado el hombre Jesús de Nazaret como un hombre ordinario,  perteneciente al rango de otras notorias personalidades humanas, tanto mejor se satisface una cierta tendencia materialista de la moderna teología. Del elemento suprasensible del Evento del Gólgota, la teología moderna está dispuesta a reconocer poco, muy poco.

Los impulsos entrantes en la humanidad desde la fuente Luciférica se hundieron lentamente en el alma. Por otro lado, otro impulso, que nosotros llamamos el Ahrimánico, está creciendo más y más fuerte en los tiempos modernos. Se volverá cada vez más fuerte en el futuro cercano y más aun en épocas futuras. El Impulso Ahrimánico procede de un Ser suprasensible diferente al Ser del Cristo o de Lucifer. Igualmente que ´suprasensible´ uno podría decir ´subsensible´, pero este no es el punto aquí. La influencia de este Ser se vuelve especialmente poderosa en la Quinta Época Postatlante. Si miramos hacia las confusas condiciones de los recientes años, encontraremos que el hombre ha sido arrastrado a esas caóticas condiciones mayormente a través de los poderes Ahrimánicos.

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Así como hubo una encarnación de Lucifer en el comienzo del tercer milenio precristiano, y hubo la encarnación del Cristo en el tiempo del Misterio del Gólgota, así habrá una encarnación Occidental del Ser Ahriman algún tiempo después de nuestra presente existencia terrestre, de hecho, en el tercer milenio postcristiano. Para formarse una correcta concepción de la evolución histórica de la humanidad durante los próximos 6000 años aproximadamente, uno debe comprender que en un polo se erige la encarnación Luciférica, en el centro, la encarnación del Cristo, y en el otro polo la encarnación Ahrimánica. Lucifer es el poder que suscita en el hombre todo fanatismo, toda fuerza mística falsa, todo lo que fisiológicamente tiende a desordenar la sangre y así elevar al hombre por encima y por fuera de sí mismo. Ahriman es el poder que hace al hombre seco, prosaico, filisteo –que lo osifica y lo trae hacia la superstición del materialismo. Y la verdadera naturaleza y ser del hombre es esencialmente el esfuerzo por sostener el equilibrio entre los poderes de Lucifer y Ahriman; el Impulso del Cristo ayuda a la humanidad del presente a establecer este equilibrio.

Esos dos polos –el Luciférico y el Ahrimánico– están continuamente presentes en el hombre. Visto históricamente, encontramos que lo Luciférico prepondera en ciertas corrientes de desarrollo cultural de los tiempos precristianos, y continúan hasta los primeros siglos de nuestra era. Por otro lado, la influencia Ahrimánica ha estado trabajando desde la mitad del siglo XV y se incrementará con fuerza hasta que una real encarnación de Ahriman tenga lugar entre la humanidad del Oeste (Occidente).

Ahora, es una característica de estas cosas que sean preparadas con mucha antelación. Los poderes Ahrimánicos preparan la evolución de la humanidad en tal forma que pueda caer presa de Ahriman cuando aparezca en forma humana en la civilización Occidental –difícilmente llamada entonces ´civilización´ en nuestro sentido– como una vez apareció Lucifer en forma humana en China, y como apareció el Cristo en forma humana en Asia Menor. No sirve de nada que uno se haga ilusiones hoy acerca de estas cosas. Ahriman aparecerá en forma humana y la única cuestión es cómo encontrará preparada a la humanidad. Podrán sus preparaciones asegurarle como seguidores a toda la humanidad que hoy se llama civilizada, o encontrará una humanidad que ofrezca resistencia. No ayuda en absoluto que uno se haga ilusiones. La gente en estos días huye de la verdad, y uno no puede darles la verdad en una forma sin barnizar porque la ridiculizarían, se burlarían y mofarían. Pero si uno les da la esta verdad a través del “Aspecto ternario del Organismo Social” como ahora tratamos de hacer, entonces ellos no la tendrán – al menos no la mayoría. El hecho de que la gente rechace estas cosas es justo uno de los medios que los poderes Ahrimánicos pueden usar y que le darán a Ahriman los más grandes seguidores posibles cuando él aparezca en forma humana en la Tierra. Esta desconsideración de las verdades de más peso es precisamente lo que construirá para Ahriman el mejor puente hacia el éxito de su encarnación. Y nada nos ayudará a encontrar la recta posición al respecto del rol que Ahriman juega en la evolución humana excepto un estudio sin prejuicios de las fuerzas a través de las que trabaja la influencia Ahrimánica, así como aprender a conocer las fuerzas con las que la humanidad puede armarse a sí misma contra la tentación y el extravío. Por esta razón vamos a mirar hoy brevemente a varias cosas que fomentan el actuar de Ahriman y con las que los poderes Ahrimánicos, trabajando desde los mundos suprasensibles a través de las mentes humanas aquí abajo, trabajarán particularmente empleándolas en orden de hacer a sus seguidores lo más numerosos posible.

Uno de los medios es este: que no se comprende cuál es el significado real para el hombre de ciertos tipos de pensamiento y concepción que predominan en los tiempos modernos. Ya saben, la gran diferencia que existe entre la forma en que el hombre se sintió dentro de todo el cosmos en la era egipcia, digamos, e incluso en el tiempo de Grecia, y cómo se siente desde el comienzo de la edad moderna, desde el final de la Edad Media. Imagínense a un antiguo egipcio bien instruido. Sabía que su cuerpo estaba constituido no solo por los elementos que existen aquí en la Tierra y están encarnados en el reino animal, reino vegetal y reino mineral. Sabía que las fuerzas que veía arriba, en las estrellas trabajaban en su ser como hombre; se sentía miembro de todo el cosmos. Sentía que el cosmos no solo estaba lleno de vida, sino que estaba animado e imbuido de espíritu; en su conciencia vivía algo de los seres espirituales del cosmos, de la naturaleza anímica del cosmos y de su vida. Todo esto se ha perdido en el curso posterior de la historia humana. Hoy el hombre mira desde la Tierra hacia el mundo estelar y para él está lleno de estrellas fijas, soles, planetas, cometas, etc. Pero, ¿con qué medios examina todo lo que le parece fuera en el espacio cósmico? Lo examina con las matemáticas, con la ciencia de la mecánica. Lo que se encuentra alrededor de la Tierra es despojado de espíritu, robado de alma, incluso de vida. De hecho, es un gran mecanismo para ser captado por la ayuda de leyes matemáticas y mecanicistas. ¡Con la ayuda de estas leyes matemáticas y mecanicistas lo captamos magníficamente! El estudiante de ciencia espiritual es sin duda el único que valora los logros de un Galileo, un Kepler y otros, pero lo que penetra el entendimiento y la conciencia humana a través de los principios de estos grandes espíritus en la evolución humana simplemente muestra el universo como un gran mecanismo.

Lo que esto significa solo se revela a alguien que es capaz de comprender al hombre en toda su naturaleza. Está muy bien para los astrónomos y astrofísicos presentar el universo como un mecanismo que puede ser entendido y calculado mediante fórmulas matemáticas. Esto es lo que el hombre creerá en el tiempo desde que se despierta por la mañana hasta que se va a dormir otra vez por la noche. Pero en esas profundidades inconscientes que no alcanza con su conciencia despierta pero que pertenecen a su existencia y en las que vive entre el dormir y el despertar, algo completamente diferente en relación con el universo fluye en su alma. Vive en el alma humana un conocimiento que, aunque desconocido para la conciencia despierta, aún está presente en las profundidades y moldea el alma —un conocimiento del espíritu, de la vida del alma, de la vida del cosmos. Y aunque con su conciencia despierta el hombre no sabe nada de lo que sucede allí en comunión con el espíritu, el alma y la vida del universo mientras duerme— en el alma, las cosas están allí; viven dentro de ella. Y gran parte de la gran disonancia que siente el hombre moderno se deriva de la falta de armonía entre lo que el alma experimenta y lo que la conciencia despierta reconoce como su concepción del mundo.

¿Y qué dice todo el espíritu y el significado de la ciencia espiritual antroposófica sobre tales cosas?.  Dice: Lo que las ideas de Galileo, Copérnico, han aportado a la humanidad es grandioso y poderoso, pero no una verdad absoluta, de ninguna manera una verdad absoluta. Es un aspecto del universo, un lado desde un cierto punto de vista. Es solo a través de la arrogancia del hombre moderno que la gente dice hoy:  “El Sistema mundial ptolemaico: es infantilismo; eso es lo que los hombres tenían cuando todavía eran niños. Hemos hecho grandes avances, directamente a las estrellas, y eso es lo que ahora tomamos como absoluto “.  Es tan poco un absoluto como el sistema Ptolemaico fue un absoluto, es un aspecto. La única visión correcta —según la ciencia espiritual— es darse cuenta de que todo lo que se acepta por medio de la mera matemática mundial, el mero esquematismo del mundo de un orden mecánico, no proporciona al hombre una verdad absoluta sobre el universo, sino ilusiones. Las ilusiones son necesarias porque la humanidad pasa por diversas formas de educación en sus diferentes etapas de evolución. Para la educación moderna necesitamos estas ilusiones de naturaleza matemática sobre el universo, debemos adquirirlas, pero debemos saber que son ilusiones. Y, sobre todo, son ilusiones cuando los transponemos a nuestro entorno cotidiano, cuando, de acuerdo con las teorías atómicas o moleculares, incluso nos esforzamos por crear una especie de astronomía para las sustancias de la Tierra. Una actitud correcta con respecto a la totalidad de la ciencia moderna, en la medida en que piense de esta manera, es reconocer que su conocimiento es ilusión.

Ahora, para que su encarnación pueda tomar la forma más rentable, Ahriman tiene el mayor interés en que la gente se perfeccione a sí misma en toda nuestra ciencia moderna ilusoria, pero que no sepan que es una ilusión. Ahriman tiene el mayor interés posible en instruir a los hombres en matemáticas, pero no en instruirlos en que los conceptos matemático-mecanicistas del universo son meramente ilusiones. Él está intensamente interesado en llevar a los hombres a la química, la física, la biología, etc., tal como se presentan hoy en todos sus notables efectos, pero le interesa hacer creer a los hombres que son verdades absolutas, no que solo sean puntos de vista, como la imagen tomada desde un lado. Si fotografían un árbol desde una perspectiva, puede ser una imagen correcta, pero no da la imagen de la totalidad del árbol. Si lo fotografían por los cuatro ángulos, pueden hacerse en algún caso, una idea de ello. Pues ocultarle a la humanidad que la ciencia intelectual moderna y racionalista con su suplemento de cierto empirismo supersticioso, se trata de una gran ilusión, de una decepción  —que los hombres no puedan reconocer que esto es del mayor interés posible para Ahriman. Sería una experiencia triunfal para él si la superstición científica se apoderara de todos los círculos actuales y en base a ella que los hombres quisieran organizar su ciencia social, prevaleciendo en el tercer milenio. Tendría el mayor éxito si pudiera entrar como un ser humano en la civilización occidental y encontrarse con esa superstición científica.

Pero les pido que no saquen falsas conclusiones de lo que acabo de decir. Sería una conclusión falsa el evitar la ciencia actual; esa es la conclusión más falsa que podría extraerse. Debemos conocer la ciencia; debemos obtener un conocimiento exacto de todo lo que proviene de esta dirección —pero siendo plenamente conscientes de que estamos recibiendo un aspecto ilusorio, una ilusión necesaria para nuestra educación como hombres. No nos salvaguardamos contra Ahriman evitando la ciencia moderna, sino aprendiendo a conocer su carácter. Porque la ciencia moderna nos da una ilusión externa del universo, y necesitamos esta ilusión. No imaginen que no la necesitamos. Solo que debemos completarla desde el otro lado, con la realidad obtenida a través de la investigación espiritual, debemos elevarnos del carácter ilusorio a la verdadera realidad. Encontrarán referencias en muchos de mis cursos de conferencias sobre lo que les estoy diciendo hoy, y verán cómo en todas partes se ha buscado entrar completamente en la ciencia de nuestro tiempo, para elevarla a la esfera donde uno pueda ver su valor real. ¡No puedes desear deshacerte del arcoíris porque sabes que es una ilusión de luz y color! No lo entenderás si no te das cuenta de su carácter ilusorio. Pero es lo mismo con todo lo que la ciencia moderna te da para tu imaginación del universo, solo da ilusiones y eso debe ser reconocido. Es al educarse a través de estas ilusiones que uno llega a la realidad.

Esto, entonces, representa uno de los medios utilizados por Ahriman para hacer que su encarnación sea lo más efectiva posible: esta retención del hombre en la superstición científica.

El segundo medio que emplea es despertar todas las emociones que dividen a los hombres en pequeños grupos —grupos que se atacan mutuamente. Solo necesitan mirar a todos los lugares en conflicto que existen hoy, y si no tienen prejuicios, reconocerán que la explicación no se encuentra meramente en la naturaleza humana. Si los hombres honestamente intentan explicar esta llamada Guerra Mundial a través de disarmonías humanas, se darán cuenta de que no pueden explicarlo con lo que encuentran en la humanidad física. Es precisamente aquí donde los poderes “suprasensibles”, los poderes ahrimánicos, han estado trabajando.

Estos poderes Ahrimánicos trabajan, de hecho, dondequiera que surjan disarmonías entre grupos de hombres. Ahora surge la pregunta sobre en qué se basa la mayoría de lo que estamos considerando.

Vamos a partir de un ejemplo muy característico. El proletariado moderno ha tenido a Karl Marx. Observen de cerca cómo las doctrinas de Karl Marx se han difundido entre el proletariado, y la literatura marxista ha alcanzado proporciones prácticamente inconmensurables. Encontrarán todos los métodos de nuestra ciencia actual utilizados en sus libros; todo está estrictamente probado, tan estrictamente probado que muchas personas, de las cuales uno nunca lo hubiera supuesto, han sido víctimas del marxismo. ¿Cuál fue el verdadero destino del marxismo? Se difundió al principio, como saben, entre el proletariado y fue rechazado firmemente por la ciencia universitaria. Hoy en día ya hay una cantidad de científicos universitarios que se han desviado al reconocer la lógica marxista. Se adhieren a ella porque su literatura ha demostrado que sus conclusiones están en excelente acuerdo, que desde el punto de vista de la ciencia moderna, el marxismo puede ser completamente probado. Los círculos de la clase media lamentablemente no tuvieron un Karl Marx que pudiese haber demostrado lo contrario para ellos; porque así como uno puede probar el carácter ideológico del derecho, la moralidad, etc., la teoría de la plusvalía y la investigación histórica materialista desde el punto de vista marxista, también es posible demostrar su opuesto exacto. Un Marx burgués de clase media sería completamente capaz de demostrar exactamente lo contrario por el mismo método estricto. No hay ningún tipo de estafa o engaño al respecto; la prueba funcionaría bien.

 ¿De dónde viene esto? Viene del hecho de que el pensamiento humano presente, el intelecto presente, se encuentra en un estrato del ser donde no llega a las realidades. Por lo tanto, uno puede probar algo de manera bastante estricta y también demostrar lo contrario. Hoy es posible probar el espiritismo por un lado y el materialismo por el otro. Y las personas pueden luchar entre sí desde puntos de vista igualmente buenos porque el intelectualismo actual se encuentra en una capa superior de la realidad y no desciende a las profundidades del ser. Y es lo mismo con las opiniones de los partidos. Un hombre que no mira más profundo sino que simplemente se permite ser aceptado en el círculo de un partido determinado, en razón de su educación, herencia, circunstancias de la vida y estado honestamente cree —o eso piensa él— en la posibilidad de probar los principios del partido en el que se ha afiliado, como él dice. Y luego – ¡luchar contra otro que se ha afiliado a otro partido!. Y el uno es tan bueno como el otro. Esto provoca un caos y confusión sobre la humanidad que poco a poco se irá haciendo cada vez más grande a menos que los hombres vean a través de ello. Ahriman hace uso de esta confusión para preparar el triunfo de su encarnación y conducir a los hombres con fuerza creciente a lo que les resulta tan difícil de comprender, es decir, que mediante el razonamiento científico intelectual o moderno actual, uno puede probar cualquier cosa y probar igualmente bien la opuesta. El punto es que reconozcamos que todo puede ser probado y por esa razón examinar las pruebas presentadas hoy por la ciencia. Es solo en las ciencias naturales que la realidad es mostrada por los hechos; en ningún otro campo se pueden considerar validas las pruebas intelectuales. La única manera de escapar del peligro que amenaza si uno acepta las atracciones de Ahriman y su deseo de conducir a los hombres más y más profundamente en estas cosas, es hacerse consciente a través de la ciencia espiritual antroposófica de que el conocimiento humano debe buscarse en un estrato más profundo desde el cual pueda surgir la validez de nuestras pruebas. Y así, para crear discordias, Ahriman también hace uso de lo que se desarrolla a partir de las antiguas condiciones de herencia que el hombre realmente ha superado en la Quinta Época Postatlante. Las potencias ahrimánicas usan todo lo que se deriva de antiguas circunstancias heredadas para poner a los hombres unos contra otros, en grupos en conflicto. Todo lo que proviene de antiguas diferencias de familia, raza, tribu, pueblos, es utilizado por Ahriman para crear confusión. “Libertad para cada nación, incluso la más pequeña…” Estas son palabras que suenan bien. Pero los poderes hostiles al hombre siempre usan palabras bonitas para traer confusión y para alcanzar las cosas que Ahriman desea alcanzar para su encarnación.

Si preguntamos: ¿Quién suscita las naciones unas contra otras? ¿Quién plantea las preguntas que están dirigiendo a la humanidad hoy? – la respuesta es: el engaño ahrimánico que actúa en la vida humana. Y en este campo los hombres se dejan engañar muy fácilmente. No están dispuestos a descender a los estratos inferiores donde se encuentra la realidad. Porque, como ven, Ahriman prepara hábilmente su objetivo de antemano; desde la Reforma y el Renacimiento, lo económico ha estado emergiendo en la civilización moderna como el tipo de gobierno representativo. Ese es un hecho histórico real. Si vuelven a la antigüedad, incluso a aquella que he caracterizado como Luciférica, ¿quiénes eran los gobernantes? Los Iniciados. Los faraones egipcios, los gobernantes de Babilonia, los gobernantes asiáticos, fueron iniciados. Entonces surgió el tipo sacerdotal como gobernante y el tipo sacerdotal fue realmente el gobernante hasta la Reforma y el Renacimiento. Desde ese momento, la economía ha tomado el mando. Los gobernantes son, de hecho, simplemente los prácticos, los atrapadores de la economía. Uno no debe imaginar que los gobernantes de los tiempos modernos sean cualquier cosa que los atrapadores de la economía. Y todo lo que ha resultado por ley y justicia, debe ser estudiado cuidadosamente, pues es simplemente una consecuencia de lo que han pensado los hombres con orientación económica. En el siglo XIX, el hombre “económico” es reemplazado por primera vez por el hombre que piensa en términos de banca, y en el siglo diecinueve se crea por primera vez la organización de las finanzas que empantana cualquier otra relación. Uno solo debe ser capaz de ver estas cosas y seguirlas empírica y prácticamente. Todo lo que dije en la segunda conferencia pública aquí (El futuro social, 25 de octubre de 1919)  es profundamente cierto. Uno solo podría desear que la siguiera en todos los detalles; entonces se vería cuán fundamentalmente verdaderas son estas cosas.  Pero solo porque ha surgido esta gobernación del mero ‘símbolo de los bienes sólidos’ (es decir, dinero – cita de la conferencia) se le ha dado a Ahriman otro medio esencial para el engaño de la humanidad. Si los hombres no se dan cuenta de que el estado de los derechos y el organismo del Espíritu deben contraponerse al orden económico convocado por los economistas y los bancos, Ahriman encontrará un instrumento importante para preparar su encarnación. Su encarnación, sin duda, viene, y esta falta de perspicacia le permitirá prepararla triunfalmente.

Tales medios pueden ser usados por Ahriman para cierta clase de hombres. Pero hay otra clase – ciertamente las dos están mezcladas en una sola personalidad – y esto también, desde una dirección diferente, provee a Ahriman con un fácil medio de éxito.

Ahora, es un hecho que en la vida real, las mentiras totales no son tan dañinos como las medias verdades. Las mentiras totales son percibidas rápidamente, mientras que las verdades a medias o a cuartos engañan a las personas.

Hay personas hoy que no se dan cuenta de la unilateralidad de la concepción Copernicana del mundo, o que al menos no ven su carácter ilusorio, o son demasiado cómodos como para examinarla. Acabamos de mostrar cuan erróneo es eso. Pero también hay personas hoy en día, innúmeras personas que reconocen una media verdad, una muy significativa media verdad, y que no se adentran en el problema de la pura justificación hipotética del mismo. Extraño como pueda parecer para muchos, es tan unilateralidad ver el mundo únicamente a través del Evangelio y rechazar otra búsqueda de la verdadera realidad, como lo es el ver al mundo desde el punto de vista de Galileo y Copérnico, o desde la ciencia materialista universitaria en general.

El Evangelio fue dado a aquellos que vivieron en las primeras centurias del Cristianismo, y creer hoy que el Evangelio puede dar todo del Cristianismo es simplemente una media verdad. Es por lo tanto también un medio error que nubla a las personas y así provee a Ahriman con los mejores medios de alcanzar su meta y el triunfo de su encarnación.

Cuan numerosos son aquellos que creen que están hablando de la humildad Cristiana, pero en realidad hablan desde una terrible arrogancia, cuando dicen: “¡Oh, no necesitamos ninguna ciencia espiritual! La humildad, la sencillez de los Evangelios nos guía hacia lo que el hombre necesita de lo eterno”. Una espantosa arrogancia se expresa, para la mayor parte, en esta aparente humildad, que puede muy bien ser usada por Ahriman en el sentido en que lo he indicado. Pues no olviden lo que he explicado al comienzo de la conferencia de hoy, cómo en el tiempo en que el Evangelio llega, el hombre aún está permeado por el impulso Luciférico en su pensar, en su sentir y en su mirada cotidiana, y que podían entender el Evangelio por cierta Gnosis Luciférica. Pero la comprensión del Evangelio en este antiguo sentido no es posible hoy. Ninguna real comprensión del Cristo puede ser conquistada si uno confía meramente en el Evangelio, especialmente en la forma en que ha sido transmitido. No existe en ningún lado hoy una comprensión menor del Cristo que en las variadas confesiones y fes religiosas.

El Evangelio debe ser profundizado con la Ciencia Espiritual si deseamos alcanzar una real comprensión del Cristo. Es entonces interesante examinar los Evangelios por separado y llegar a su real contenido. El aceptar el Evangelio como es y como innúmeras personas aceptan hoy, y particularmente como es pensado en la actualidad, no es un camino hacia el Cristo. Por eso las confesiones se mueven más y más lejos del Cristo. ¿A qué clase de comprensión del Cristo llega un hombre que acepta el Evangelio y sólo el Evangelio, sin la profundidad dada por la Ciencia Espiritual? En última instancia llega a un Cristo – pero no es lo máximo que puede alcanzar a través solo del Evangelio. No es la realidad del Cristo, pues actualmente sólo la Ciencia Espiritual puede conducir a ello. A lo que el Evangelio conduce es a una alucinación del Cristo, una real imagen interior o visión, sin embargo sólo una visión. El Evangelio hoy provee aquel camino hacia una visión del Cristo, pero no hacia la realidad del Cristo. Esa es justamente la razón por la cual la teología moderna se ha vuelta tan materialista. Los comentaristas y expositores teológicos del Evangelio deben preguntarse a sí mismos: ¿qué debe realizarse con el Evangelio? Ellos deciden por fin que en su mirada el resultado es similar a lo que uno obtiene cuando examina el caso de Pablo en Damasco. Y luego estos teólogos, que se supone que deben confirmar el Cristianismo, pero que en realidad lo socavan, dicen: Pablo estaba simplemente enfermo, sufriendo de los nervios y tuvo una visión antes de Damasco. El punto es que sólo a través del Evangelio uno puede llegar a alucinaciones, a visiones, pero no a realidades; el Evangelio no nos da al verdadero Cristo, sino sólo una alucinación del Cristo. El verdadero Cristo debe ser buscado hoy a través de todo lo que puede ser conquistado desde un conocimiento espiritual del mundo.

Estas mismas personas que juran por el Evangelio solamente, y rechazan toda clase de real conocimiento espiritual, forman el inicio de una manada para cuando Ahriman aparezca en su forma humana en la civilización moderna. Desde estos círculos, desde estos miembros de las confesiones y sectas que repelen el conocimiento concreto traído por el esfuerzo espiritual, huéspedes completos se desarrollarán como adherentes de Ahriman. Ahora todo esto está comenzado a suceder. Esta allí, es un trabajo en la humanidad del presente, y aquel que habla al hombre hoy con el conocimiento de la Ciencia Espiritual, habla de ello, no importa se está hablando de cuestiones sociales o de otras cuestiones. Él sabe dónde yacen los poderes hostiles, que viven suprasensiblemente y que los hombres son sus pobres mal guiadas víctimas. Este es el llamado a la humanidad: “¡Libérense a sí mismos de todas estas cosas que forma una tentación tan grande de contribuir al triunfo de Ahriman!”.

Muchas personas han sentido algo de esta índole. Pero no existe todavía el coraje en ningún lugar de llegar a un entendimiento del impulso histórico del Cristo, Lucifer y Ahriman en la manera urgente que es necesaria y que es enfatizada por la Antroposofía. Incluso aquellos que tienen una

idea de lo que es necesario no irán demasiado lejos. Por ejemplo, miren los casos en donde se eleva algún conocimiento de que la ciencia secular materialista con su carácter Ahrimánico deba ser permeada con el Impulso del Cristo, y cómo, por otro lado, el Evangelio debe ser iluminado a través de explicaciones de la Ciencia Espiritual. Consideren cómo muchas personas luchan hasta el punto de realmente derramar luz en alguna de estas direcciones por los medios del conocimiento científico espiritual. Sin embargo la humanidad sólo adquirirá la actitud correcta hacia la encarnación de Ahriman si ve a través de estas cosas y tiene el coraje, voluntad y energía de iluminar ambos, la ciencia secular y el Evangelio, con el Espíritu. De otra forma el resultado es siempre superficialidades. Piensen, por ejemplo, en cómo el Cardenal Newman –quien, después de todo, fue un hombre iluminado, uno que siguió el desarrollo religioso moderno– en el tiempo de su investidura como Cardenal en Roma declaró abiertamente en sus disertaciones que si la enseñanza Católica Cristiana debe sobrevivir, una nueva revelación era necesaria. No tenemos necesidad, sin embargo, de una nueva revelación; el tiempo de las revelaciones en el sentido antiguo ha terminado. Necesitamos una nueva ciencia, una que sea iluminada por el Espíritu. Pero los hombres deben tener el coraje para tal nueva ciencia.

Piensen en un fenómeno literario como el movimiento Lux Mundi que originado con ciertos eminentes teólogos, miembros de la Alta Iglesia Inglesa, al final de los ´80 y principios de los ´90 del último siglo. Consiste en una serie de estudios, imbuidos con el esfuerzo de construir un puente desde la ciencia secular hacia los contenidos del dogma. Uno podría llamarlo un forcejeo de aquí para allá, nunca un audaz entendimiento de la ciencia secular, nunca una iluminación de ésta con el espíritu. No hubo ninguna examinación desprejuiciada del Evangelio con el conocimiento que el Evangelio por sí mismo no es suficiente hoy, que debe ser elucidado e iluminado. Pero la humanidad debe ser valiente en ambas direcciones y decir: la ciencia secular por sí misma lleva a la ilusión, el Evangelio por sí mismo lleva a la alucinación. El camino medio entre la ilusión y la alucinación es encontrado sólo comprendiendo la realidad a través del Espíritu. Este es el punto.

Debemos ver a través de estas cosas hoy. Ciencia puramente mundana hace al hombre enteramente sujeto a la ilusión; de hecho, en última instancia ellos cometerían sólo locuras. Suficiente locura es perpetuada hoy ya, pues seguramente ¡la catástrofe de la Guerra Mundial fue una gran locura! Sin embargo mucha gente que estuvo envuelta en ella fue completamente saturada con la ciencia oficial secular de nuestro tiempo. Y si ustedes notan que fenómeno psicológico remarcable al mismo tiempo surgió cuando algunas sectas ubican uno de los cuatro Evangelios en primer plano, entonces entenderán más fácilmente lo que he estado diciendo acerca de los Evangelios hoy. Vean cuán fuertemente inclinados a toda suerte de alucinaciones están las sectas que prestan atención sólo al Evangelio de Juan, o sólo al Evangelio de Lucas. Afortunadamente hay cuatro Evangelios, con exteriormente se contradicen, y esto hasta ahora ha prevenido el gran daño que la unilateralidad puede causar. Al ser enfrentadas con cuatro Evangelios, las personas no van demasiado lejos en una sola dirección, sino que tienen los otros al lado. Un Evangelio es leído en voz alta un Domingo y otro en otro Domingo y así el poder ilusorio de uno es contrabalanceado por el del otro. Una gran sabiduría yace en el hecho de que estos cuatro Evangelios han llegado al mundo civilizado. De esta manera el hombre es protegido de ser atrapado por alguna única corriente, que tomaría posesión de él –como en el caso de tantos miembros de sectas– si es influenciado por un Evangelio sólo. Cuando únicamente un Evangelio trabaja sobre él es particularmente claro cómo esto conduce al menos a la alucinación.

De hecho, es esencial hoy sacrificar mucho de la propia inclinación subjetiva, mucho a lo que uno está atado y piensa como piadoso e inteligente. La humanidad debe sobre todo buscar universalidad y coraje para mirar las cosas desde todos los lados.

Deseé hoy decirles esto para que puedan darse cuenta que lo que uno intenta ahora traer a la humanidad tiene bases verdaderamente más profundas que alguna suerte de prejuicio subjetivo. De hecho, uno puede decir que es leído de los signos de los tiempos y que debe ser comunicado.

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