GA136c9. Las Entidades Espirituales en los cuerpos celestes y en los Reinos de la Naturaleza

Rudolf Steiner — Helsingfors (Finlandia), 13 de abril de 1912

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En nuestra última conferencia, señalamos la relación entre las fuerzas espirituales que trabajan en los reinos de la naturaleza en la Tierra y lo que percibimos externamente. Hoy recapitularemos brevemente aquellas explicaciones que constituyen la parte esencial de nuestro tema, ya que nos conducirán a la meta en lo que será el punto culminante de nuestras conferencias: una comprensión de la cooperación viva de los seres de las diversas jerarquías y de sus descendientes, en los cuerpos celestes y en los reinos de la naturaleza.

Afirmamos que el hombre tiene los cuatro principios de su naturaleza esencial en el plano físico; su cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y yo. Después, llamamos la atención sobre el hecho de que el animal tiene tres principios activos en el plano físico; el cuerpo físico, el etérico y el astral; mientras que, por otro lado, su yo grupal está en el plano astral. Vimos además que, con respecto a las plantas, solo sus cuerpos físico y etérico están activos en el plano físico, su cuerpo astral está en el plano astral y su yo-grupal en el plano Devacánico. Con respecto al mineral, solo encontramos su cuerpo físico en el plano físico, su cuerpo etérico está en el plano astral, y su cuerpo astral en el plano Devacánico, mientras que en la región que designamos como el plano Devacánico Superior, habita el yo grupal de los minerales.

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Ahora pasaremos a mostrar más en detalle lo que realmente significa todo esto. Hasta ahora solo he podido decir que la visión oculta que se eleva hasta el primero de los mundos suprasensibles que están sobre nosotros no encuentra en el mundo físico con respecto al animal, lo que encuentra allí con respecto al hombre —a saber, el yo; para lo que en el hombre llamamos yo, el yo del animal solo se puede encontrar en el plano astral, en el mundo suprasensible; solo ahí tiene su centro de actividad. La ciencia oculta no puede atribuir un yo al animal en el mundo físico. No le niega un yo al animal, sino que establece que lo que se puede designar como el yo del animal, solo se encuentra en el mundo astral.

Puede fácilmente objetarse el hecho de que se niega un yo a los animales, incluso a los animales superiores, en el plano físico, mientras que podría decirse —y de hecho a menudo se dice— que, con respecto a sus acciones, los animales muestran una inteligencia extraordinaria, una comprensión bastante maravillosa, de modo que tanto lo que los animales hacen en el plano físico puede compararse con lo que hace el hombre. Ahora, aquellos que se expresan así no han captado el principio fundamental de este asunto. No se le ocurriría a nadie que penetre en estos asuntos, negar lo que llamamos las fuerzas del alma humana a los animales en el plano físico. No hay duda de eso. En esta esfera se encuentra el fundamento de múltiples errores y malentendidos. Por lo tanto, el malentendido surgiría de inmediato si un cierto darwinismo materialista dijera en nuestro tiempo: “De hecho, ustedes, los antropósofos, ven el asunto como si el hombre estuviera definitivamente en una etapa más alta de espiritualidad que el animal; mientras que vemos que el animal desarrolla inteligencia, tanto una inteligencia como una cierta moralidad instintiva que existe en ese reino, que lo que el hombre tiene en sus fuerzas anímicas puede no ser más que una especie de etapa superior de aquello con lo que nos encontramos en el reino animal”.

El punto de vista aquí involucrado es bastante erróneo. Ningún estudio sin prejuicios negaría la inteligencia, ni siquiera la razón, al reino animal. Solo tenemos que considerar hechos como que el hombre, comparativamente al final de su evolución, llegó el descubrimiento del papel. El descubrimiento del papel por la inteligencia humana está representado en nuestras descripciones históricas como una gran adquisición; y, en cierto sentido, es realmente un signo del progreso humano. Sin embargo, las avispas conocieron este arte hace millones de años; El material del cual las avispas construyen sus nidos es realmente papel. Por lo tanto, podemos decir: “Lo que el intelecto humano como tal logra, se halla ya poseído por el reino animal en un nivel más bajo”. No se le ocurriría a un observador imparcial negar las fuerzas del alma humana, como tal, al animal; de hecho, en el ámbito del ocultismo incluso estamos convencidos de que la sagacidad y la inteligencia en los animales es mucho más segura, más precisa y mucho más libre de errores que en el hombre. El punto esencial es que en el hombre todas esas fuerzas anímicas se relacionan con un yo en el mundo físico, un yo que se desarrolla individualmente en un mundo físico, pasando por un desarrollo y educación individual.

Ahora, en lo que respecta a los animales que pertenecen a cualquier grupo, sabemos que el círculo de su desarrollo depende simplemente de la especie, del género al que pertenecen; pero el caso del hombre que se desarrolla como individuo es bastante diferente. Si dirigimos nuestra mirada al reino animal, encontramos en ese mundo las formas más variadas, que difieren mucho más entre sí que las razas humanas. Ciertamente, encontramos grandes diferencias en las razas humanas, en toda la Tierra, pero si las comparamos con la gran diferencia de los animales desde el más imperfecto hasta la especie más perfecta, notamos cuán poderosa es la diferenciación en el reino animal; muy diferente es eso en el hombre. ¿De qué depende esto entonces?

Podemos obtener una respuesta aproximada si, en primer lugar, preguntamos: ¿Qué causa la variedad del yo-grupal en el reino animal, de las diferentes especies, que encontramos de forma característica en el mundo? La visión oculta nos muestra que la causa de las variedades de las especies animales no se originó simplemente en la Tierra; más bien, las especies animales reciben sus formas del espacio cósmico y, de hecho, las fuerzas que producen una especie provienen de una parte del espacio cósmico diferente de la que provienen las fuerzas que producen otra. Las fuerzas que construyen las diversas formas animales, fluyen hacia nuestro planeta Tierra desde los diferentes planetas de nuestro sistema. Podemos dividir todo el reino animal en seis o siete grupos principales, y estos grupos principales tienen el yo grupal más elevado. Estos grupos reciben el impulso de su actividad en los seis o siete planetas principales que pertenecen a nuestro Sistema; de modo que las fuerzas que forman los grupos principales de los animales descienden espiritualmente de los planetas. Al decir esto, hemos dado al mismo tiempo la explicación concreta de lo que realmente significa cuando hablamos del yo-grupo de los animales. Significa que en el animal habitan fuerzas espirituales, que pertenecen a Seres que no deben buscarse en la Tierra misma, sino en el espacio cósmico, y de hecho principalmente en el mundo planetario. Los Regentes, por así decirlo, de las formas grupales principales de los animales viven en los diferentes planetas; tuvieron que retirarse a estos planetas para trabajar con sus fuerzas en la distancia y en la dirección correcta de la Tierra. Sólo desde estas direcciones en el espacio puede venir lo que construye las principales formas animales de la manera correcta. Ahora, si los planetas estuvieran solo para permitir que estas fuerzas fluyan sobre la Tierra, no deberíamos tener la multiplicidad en el reino animal que tenemos actualmente, solo deberíamos tener siete formas principales.

Erase una vez, en tiempos muy lejanos, solo existían las siete formas animales principales; pero estas siete formas eran muy móviles, determinables, tan suaves y plásticas en su formación que podían transformarse fácilmente; una forma especial en otra y otra forma en otra; Esto realmente ocurrió en un período posterior de tiempo. Las siete formas principales datan de mucho, muy atrás; pero luego aparecieron otras formas además de estas, y por así decirlo, trabajaban para fortalecer u obstaculizar las fuerzas de los planetas.

Ahora tendré que explicar cómo surgieron estas otras fuerzas. Si dirigimos nuestra visión ordinaria hacia los espacios siderales, podemos creer fácilmente que todo es en realidad de la misma forma; Pero este no es el caso. Si dirigimos nuestra mirada hacia una cierta dirección en el espacio, la visión oculta percibe algo muy diferente en una dirección de lo que ve en otra. El espacio no es de ninguna manera algo homogéneo; no es igual en todos los lados; porque diferentes fuerzas trabajan desde las diferentes direcciones del espacio. Todo el espacio cósmico está lleno de seres espirituales de diferentes Jerarquías que trabajan de diferentes maneras desde varias direcciones hacia la Tierra.

En aquellas épocas pasadas, cuando el hombre tenía cierta primitiva clarividencia original, para él estaba claro lo siguiente: “Si a una hora particular del día dirijo mi mirada a una parte de los cielos, encuentro ciertas fuerzas, mientras que en otra dirección encuentro ciertas otras fuerzas”. Y los hombres también eran conscientes de que, desde ciertos puntos, fuerzas especialmente precisas y definidas venían desde el espacio cósmico, implicando algo de importancia particular para la Tierra. Todas ellas están dispuestas en el círculo estelar del espacio cósmico que desde la antigüedad ha sido llamado el zodiaco. Los hombres no hablaban entonces sin razón del zodiaco o del círculo de animales; sabían por qué se llamaba así. En los espacios celestiales el caso es el siguiente: las fuerzas que trabajan desde el planeta Marte, por ejemplo, y provocaron en la sustancia animal aún plástica, una de las siete formas principales, trabajaban de manera diferente dependiendo de si Marte estaba en un signo del Zodíaco o en otro. El zodíaco se dividió en doce signos, que representan las constelaciones, y según las fuerzas marcianas que afectan a una forma animal, se situaban ante Aries, Tauro o cualquier otra constelación, su influencia variaba. De esta manera se modificaron las siete formas diferentes. Y así se posibilitaron diferentes formas de animales; y si consideran que a esto también debe agregarse el hecho de que Marte, por ejemplo, puede trabajar de manera cualificada cuando se coloca ante Leo, de modo que suplanta a Leo en su relación con la Tierra; o que desde el otro lado trabaja calificativamente cuando la Tierra está entre el sol y Marte; ustedes verán que hay un gran número de posibilidades.

Todas estas fuerzas han trabajado para diferenciar los siete grupos originales del reino animal; de modo que toda la multiplicidad de nuestras formas animales en la Tierra surgió del hecho de que las fuerzas planetarias son en realidad la morada de las almas grupo, los yo grupales de los animales; y que estos seres cumplen sus tareas desde estos centros, porque solo desde allí pueden hacerlo. Solo porque ese particular yo grupal de una forma animal que debía trabajar desde Marte seleccionó esa posición en los cielos podía ejercer el resultado correspondiente sobre lo que se encuentra en la Tierra. Aquí se encuentran las fuerzas que provocaron la multiplicidad de nuestros animales; y cuando usamos la expresión “El yo-grupo animal se encuentra en el plano astral”, eso significa que cuando la visión oculta desea buscar el yo-grupo de cualquier forma animal, no debe buscarlo en la Tierra, sino en uno de los planetas.

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Lo que con respecto al hombre se encuentra en la Tierra, la visión oculta solo puede descubrirse para el animal en el espacio cósmico, entre los planetas. Así como, por ejemplo, un hombre que tiene que lograr algo que necesita varios puntos de vista sobre la Tierra, debe adaptarse a estos, así también el yo-grupal que mora en un planeta pasa a través del espacio cósmico frente al Zodíaco, ordenadamente para diferenciar sus fuerzas desde allí. Si traemos los hechos que acabamos de exponer en relación con el hecho de que el impulso de las formas animales se busca hoy día en algún principio de la Tierra misma —en la lucha por la existencia o en la selección natural o similar— entonces, los hechos que han surgido a través de los esfuerzos de Darwin, por ejemplo, son magníficos en la medida en que no fue más allá de los hechos. Pues inconscientemente, el darwinismo ha descrito la movilidad de las formas animales originales y cómo se crearon realmente a partir de las formas básicas. Pero, de acuerdo con toda la predisposición de nuestro tiempo, el hombre ha desviado el hecho de que las fuerzas que crean esas formas obran desde el espacio cósmico; y que, por lo tanto, los creadores de las formas animales deben buscarse en el mundo de los planetas que pertenecen a nuestro sistema planetario, y que están fuera de nuestra Tierra.

Si ahora preguntamos cómo se relaciona este tema en relación con el hombre, solo podemos recibir una respuesta respondiendo primero a la otra pregunta: ¿De qué naturaleza son los espíritus que ahora describimos como las almas grupo de los animales y que tienen su morada en los diversos planetas?  Entonces podemos ver que estos yo-grupo de los animales son la descendencia de esa categoría de seres espirituales a los que me he referido en este curso de conferencias como los Espíritus del Movimiento. Por lo tanto, debemos considerar a las almas grupales de los animales como la descendencia de los Espíritus del Movimiento. Ahora, los Espíritus del Movimiento en realidad dieron su propia sustancia, su cuerpo astral al hombre, durante la condición de la Antigua Luna. Para completar el asunto podemos decir: Esta Tierra fue precedida por la condición de la Antigua Luna, durante la cual el hombre recibió su cuerpo astral de los Espíritus del Movimiento. En otras palabras, cuando la Tierra era Luna —la Antigua Luna, no la actual (La luna actual es solo una parte separada de la Tierra misma, mientras que la Antigua Luna fue una encarnación anterior de nuestra Tierra)— mientras la Tierra estaba en esa condición de Antigua Luna, los Espíritus del Movimiento flotaban en torno a ella e instilaron su propia sustancia en lo que el hombre había traído consigo de las condiciones anteriores. De modo que lo que el hombre adquirió como cuerpo astral —lo cual era nuevo para él, porque en ese momento solo tenía sus cuerpos físico y etérico— fue derivado de los Espíritus del Movimiento.

La Antigua Luna desapareció; la Tierra había sido formada y los Espíritus del Movimiento aparte de continuar su propio desarrollo generaron también descendientes. Estos son los seres que designamos como el yo-grupo de los animales; no han tomado su morada sobre la Tierra, sino sobre los otros planetas, para poder trabajar desde allí sobre la Tierra produciendo las formas animales de la manera que he descrito. Este es el punto especial en lo que he concretado de que los yo-grupo pueden considerarse como los descendientes de los seres de la Segunda Jerarquía.

Ahora debemos plantear la siguiente pregunta: de estos descendientes de los Espíritus del Movimiento que se desplazan desde los planetas hacia los animales; ¿hay Seres Espirituales similares, trabajando sobre el hombre, sobre la raza humana extendida sobre la Tierra? No podemos responder a esto con respecto a aquellos seres espirituales que hemos citado como miembros normales de las diferentes jerarquías; pero hemos mencionado una categoría especial de espíritus que hemos llamado espíritus luciféricos, y ya hemos descrito la relación de estos con los espíritus normales. En nuestro ciclo actual de tiempo, hay espíritus luciféricos en cada categoría de las jerarquías.

Mientras que las almas grupo animales son la descendencia normal y apropiada de los Espíritus del Movimiento, los Espíritus Luciféricos correspondientes a los Espíritus del Movimiento son aquellos que se resistieron al camino normal, y han permanecido en oposición a los Espíritus normales del Movimiento. Estos Espíritus de Movimiento luciféricos se agrupan en varios planetas en relación con la Tierra, al igual que la descendencia de los espíritus de movimiento normales. También ellos tienen sus partes asignadas, por así decirlo, y se les asigna su morada en los diversos planetas. Así como las almas grupo de los animales habitan en los diversos planetas, también lo hacen ciertos Espíritus de Movimiento Luciféricos. Se han fijado la tarea que realmente pertenece a los Espíritus del Movimiento; la de trabajar de manera formativa desde los planetas, para que grupos de seres correspondientes surjan sobre la Tierra. Así como se formaron siete grupos principales de animales, que solo se han especificado de acuerdo con las relaciones descritas, así también los Seres de Movimiento Luciféricos trabajaron desde los planetas hasta la Tierra para diferenciar a la raza humana, que en realidad fue, en cierto sentido, diseñada de acuerdo a un plan único. Mientras que en todo el plan cósmico se pretendía que surgiera una sola forma humana en la Tierra, estos Espíritus del Movimiento Luciféricos trabajaron desde los diversos planetas y diferenciaron la forma humana de tal manera que pudieron surgir las formas de las principales razas humanas individuales. Se pueden encontrar más detalles en mis conferencias en Christiania[1] sobre la manera especial en que los Espíritus de Movimiento Luciféricos trabajaron para formar las diferentes razas.

Por lo tanto, tenemos que distinguir entre la descendencia de los Espíritus del Movimiento normales y los Espíritus del Movimiento Luciféricos. ¡Pero hay algo más además de esto! Naturalmente, ahora tendremos que hacernos la pregunta: “¿Dónde están los espíritus normales del movimiento ahora, quienes, durante el período de la antigua Luna, le dieron al hombre su cuerpo astral?” ¿Dónde están aquellos que alcanzaron la meta de su evolución en ese momento de la transición de la Antigua Luna a la de la Tierra? Aquellos Espíritus del Movimiento completamente maduros, ¿dónde están ahora? La peculiaridad de estos espíritus es que ellos también tienen su lugar de residencia real, o, más bien, su campo de operación en los planetas de nuestro sistema; de modo que, por ejemplo, no trabajan directamente como Espíritus de Movimiento desde el Sol, en el que tienen su sede, por así decirlo, sino que primero envían sus rayos a los planetas y desde éstos trabajan sobre la Tierra. En la medida en que tenemos que ver con los verdaderos Espíritus del Movimiento, su actividad proviene directamente de los planetas de nuestro sistema; pero, por supuesto, todo lo que trabaja desde los planetas de estos seres espirituales pertenece al mundo suprasensible e invisible, como tal. Sólo los efectos mismos son exteriorizados sobre la Tierra; Los resultados aparecen en la Tierra. ¿Qué hacen, entonces, estos espíritus por los hombres, que, en algún momento, en la antigua Luna, le dieron su cuerpo astral a partir de su propia sustancia? Este cuerpo astral fue preservado como un germen en la existencia de la Tierra; y, después de que la antigua Luna hubo desaparecido y paso un intervalo, donde la Tierra se formó nuevamente, entonces este cuerpo astral, una vez más, se desarrolló a partir del germen. Pero los Espíritus de Movimiento en sí mismos se han desarrollado aún más, hacia una actividad superior. Con respecto a su descendencia, sabemos que se han convertido en las almas grupo de los animales; Los que se rebelaron contra ellos participaron, como sabemos, en la diferenciación de las razas humanas. Entonces, ¿dónde se revelan los espíritus de movimiento progresivos, genuinos y normalmente desarrollados? Un ejemplo lo hará evidente.

Sabemos que cada hombre individual es guiado por lo que llamamos su Ángel; sabemos que las naciones son guiadas espiritualmente por su espíritu del pueblo o Arcángel (las naciones son muy diferentes de las razas), sabemos que los períodos sucesivos de la civilización son guiados por los Espíritus del Tiempo, o Archai; y, finalmente, sabemos que por encima de los Archai se encuentra esa categoría de Jerarquías que llamamos los Espíritus de la Forma; mientras que por encima de ellos están los Espíritus del Movimiento. Pensaremos en ellos como estaban sobre la Tierra, en el tiempo cuando entregaron al hombre su cuerpo astral y llegando ellos a su propio progreso.

Ahora, en la evolución humana hay algo que va más allá del carácter de los meros Espíritus del Tiempo; algo más lleno de significado, más importante para la humanidad colectiva que la esfera de los Espíritus individuales del Tiempo. Los Espíritus del Tiempo trabajan sobre la Tierra por un período definido; pero hay desarrollos espirituales en la evolución de la humanidad en su conjunto que abarcan esferas más amplias que la de los Espíritus del Tiempo. Estas grandes épocas de la humanidad que se extienden más allá de la influencia de los Espíritus del Tiempo, tienen como Regentes a los Espíritus del Movimiento normalmente desarrollados. Estos se revelan a sí mismos en su actividad en el proceso del crecimiento de la humanidad estimulando los grandes impulsos de la civilización. Si ahora examinamos la historia del hombre, la historia de la civilización humana, vemos que los hombres individuales son guiados por los ángeles o angeloi, las naciones y los pueblos por los arcángeles o Arcangeloi; ciertos períodos de civilización están guiados por los Espíritus del Tiempo y también en ciertos aspectos (como veremos) por los Espíritus de la Forma.

 

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Entonces, tenemos el curso colectivo de las diferentes civilizaciones en la evolución humana; de modo que, durante ciertos largos períodos de tiempo, mucho más largos que los gobernados por un Espíritu del Tiempo, y en esos ciclos mayores se hallan en actividad inspiradora bien el Espíritu del Movimiento que opera desde un planeta, o bien el de otro, revelándose en el proceso del devenir humano y manifestándose a través  de los impulsos culturales que transcienden más allá de la esfera de los Espíritus del Tiempo.

 Así, por ejemplo, de ese Espíritu de Movimiento que descendió del planeta que la astronomía actual llama Venus, y que la antigua astronomía llamada Mercurio (porque estos dos nombres han sido intercambiados), de ese Espíritu de Movimiento surgió originalmente ese impulso de la civilización que se expresa en el budismo. Otros impulsos de civilización que vienen de más allá de los meros Espíritus de la Época, vinieron de los Espíritus del Movimiento desde los otros planetas.

Así, mientras que de la descendencia de los Espíritus del Movimiento provienen las almas grupo de los animales, y de los Espíritus del Movimiento Luciféricos, las formas raciales de la humanidad, estos grandes impulsos de la civilización provienen de los Espíritus del Movimiento que han alcanzado su evolución con normalidad. Muchos otros impulsos también vienen de esta dirección, pero en este momento es importante tener en cuenta, desde este punto de vista, los impulsos de la civilización.

Ahora, aquí tienen en este desarrollo de todo nuestro sistema planetario algo que se encuentra mencionado entre las grandes verdades que, como sabe todo estudiante experimentado, se encuentran en La Doctrina Secreta de H. P. Blavatsky para aquellos que saben encontrar indicios de esto allí. En una página está escrito “Buda = Mercurio”, es decir, Buda es igual a Mercurio. Eso significa que la individualidad que es el líder del budismo se remonta en el ocultismo al Espíritu del Movimiento que trabaja desde ese planeta. Él es el inspirador; de él proviene la influencia expresada en esa corriente de civilización. De hecho, este extraordinario libro, La Doctrina Secreta, de H. P. Blavatsky, trae grandes verdades, pero deben ser reconocidas de la manera correcta. No debemos simplemente aceptar esto como un libro de dogmas; debemos rastrear cada cosa en él; entonces solo reconoceremos la grandeza de este libro. De todas las grandes verdades enseñadas por el verdadero ocultista, se encuentran indicios significativos en La Doctrina Secreta de H.P. Blavatsky; y cuando, a través de su inspirador, escribió en La Doctrina Secreta: “Buda es equivalente a Mercurio”, tenía presente que aquel que, en el vigésimo noveno año de su vida ascendió a Buda, pudo empezar a dejarse inspirar por el Espíritu de Movimiento entronizado en Mercurio en el momento en que se alude simbólicamente como “sentado bajo el Árbol Bodhi”. Con ello, esa individualidad se había convertido de Bodhisattva en Buda. Esto es, en un espíritu que recibe la inspiración no de la esfera terrestre, sino del espacio universal, del Cosmos. Así Buda había sido conducido desde la esfera terrestre al Nirvana, es decir, a una esfera en la que lo terrestre ya no juega un papel. H. P. Blavatsky, en su conciencia ordinaria, no sabía nada de muchas de estas cosas, pero su Inspirador si las conocía. Estas cosas deben extraerse de las profundidades del ocultismo, y en estas verdades sutiles y grandiosas, las cosas no deben confundirse unas con otras.

Ahora no es mi intención afirmar que en el momento en que un Bodhisattva es ascendido a Buda, únicamente haya intervenido la inspiración de un Espíritu del Movimiento intervienen también las Entidades de Jerarquías todavía superiores.  El punto esencial es que, a partir de ese momento en adelante, quedaron eliminados los demás espíritus de las jerarquías inferiores; y que Buda pudo relacionarse directamente con las entidades que hemos llamado los Espíritus de Movimiento normalmente desarrollados.

Ahora, antes de considerar el proceso de la civilización humana desde otro aspecto, pasemos al reino vegetal. En ese reino vemos que el cuerpo astral se encuentra en el plano astral, donde también se encuentran los yo-grupales de los animales. Esto nos lleva de vuelta al hecho real revelado a la visión oculta con respecto a las plantas; que no solo en su yo-grupo, sino que ya en el cuerpo astral de la planta, las fuerzas están trabajando activamente desde el sistema planetario, desde las estrellas. Así, mientras que, en los animales, los Espíritus del Movimiento solo están activos en las fuerzas grupales, en las fuerzas que crean las formas grupales, lo que pertenece a la esfera de los Espíritus del Movimiento trabaja en la planta sobre el cuerpo astral. La descendencia de los Espíritus del Movimiento también pertenece a esta categoría, solo que difieren de la descendencia de otros seres porque se formaron en un momento algo diferente, pero como descendientes de los Espíritus del Movimiento trabajan no solo sobre el yo, sino sobre el cuerpo astral de las plantas. Por lo tanto, podemos decir que las fuerzas de los Espíritus del Movimiento o sus descendientes trabajan sobre los cuerpos astrales de las plantas de los planetas del sistema planetario. En cada ser, el cuerpo astral es el que da el impulso al movimiento. Perteneciendo a las plantas de las que solo tenemos en el plano físico, sus cuerpos físicos y etéricos, si alguna fuerza debiera trabajar sobre las plantas desde la esfera de los Espíritus del Movimiento, estas fuerzas, como cuerpo astral no está en las plantas, sino alrededor de ellas, provocando su movimiento, aunque no movimientos como el de los hombres y animales, sino como para extraer las plantas de la Tierra cuando aparecen por primera vez. Cuando ven las fuerzas que se desarrollan en espiral en una planta de un peciolo a otro, entonces tienen la actividad de aquellas fuerzas que trabajan desde los planetas. Y de acuerdo con las fuerzas de los descendientes de los Espíritus del Movimiento que trabajan desde este o aquel planeta, esa peculiar línea que presentan las hojas varía. Esto proporciona un cierto medio para estudiar las órbitas reales de los planetas individuales a través de su reflexión; y cuando la ciencia externa haya reconocido este hecho, tendrá que corregir gran parte de los antiguos sistemas astronómicos. Ciertas plantas están asignadas a las fuerzas de los Espíritus del Movimiento que trabajan desde Marte, otras a las que están en Venus, otras, a las que están en Mercurio. Trabajan aquí desde su planeta y de acuerdo a como trabajan desde uno u otro, imparten a la planta el movimiento expresado en su espiral de hojas; es el mismo movimiento que hace el planeta correspondiente; el movimiento absoluto que el planeta realiza en los cielos.

Si tomas una enredadera ordinaria, en el cual el tallo está torcido, tienen en el movimiento espiral del tallo una imitación de los movimientos planetarios que proceden de los Espíritu de Movimiento. Cuando el tallo está recto, tienen en los peciolos las imágenes de aquellas fuerzas que proceden de los Espíritus de Movimiento de los planetas del sistema planetario. Estas fuerzas trabajan sobre las plantas en cooperación con los yo-grupo, cuyos impulsos trabajan de tal manera que podemos descubrir la dirección de sus fuerzas simplemente conectando el Sol con el punto central de la Tierra; es decir, junto con las fuerzas que provienen de los Espíritus del Movimiento, otras fuerzas trabajan en la dirección del tallo de la planta, que siempre está luchando hacia el punto central de la Tierra.

Por lo tanto, tenemos que componer toda la planta de lo que crece hacia el sol o hacia el centro de la tierra y lo que se enrolla y copia en los peciolos los movimientos de los planetas. Esto se corresponde, sin embargo, con el hecho real de que tenemos que buscar el impulso directo de actividad del yo-grupo de las plantas en la dirección de la Tierra al Sol. Es decir, si ahora no dirigimos nuestra visión oculta al planeta, sino al Sol, encontraremos los diferentes yo-grupal de las plantas. Estos yo-grupo de las plantas son la descendencia de los Espíritus de la Sabiduría, al igual que los yo-grupo de los animales son la descendencia de los Espíritus del Movimiento. Así, en el yo-grupo de las plantas tenemos que reconocer a la descendencia de los Espíritus de la Sabiduría.

Ahora, en el curso de estas conferencias, he afirmado que en los espíritus de la naturaleza tenemos que ver a los descendientes de la Tercera Jerarquía, y que en los yo-grupales tenemos que ver a los descendientes de la Segunda Jerarquía. Ahora llegamos, además, a los Espíritus de la Rotación del Tiempo, a los gobernantes o reguladores del tiempo. Y hemos alcanzado una posición en la que podemos aludir a la función de una determinada categoría de tales Espíritus de la Rotación del Tiempo. En este punto, podemos afirmar que ciertos Espíritus de la Rotación del Tiempo unen las fuerzas de movimiento que descienden de los planetas a las plantas que trabajan en espiral con las fuerzas que descienden del sol. Ambos Espíritus de la Rotación del Tiempo se unen a estas dos fuerzas en un momento determinado, y de hecho en esa época del año en que la planta avanza hacia su fructificación. El principio del movimiento espiral está unido al principio que trabaja en el tallo.

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De ahí que en los estambres tenemos el principio que trabaja en espiral, y el principio que es la continuación directa del tallo, en el ovario, en el centro de la planta. Cuando se completa el curso de la planta, es decir, cuando los Espíritus de la Rotación del Tiempo asignados a las plantas unen su actividad a la actividad de los espíritus planetarios con la actividad del Espíritu del Sol, entonces en la planta ahora completada, aquellos órganos que hasta entonces seguían los planetas en espiral están dispuestos en un círculo limpio como los estambres, mientras que el tallo en sí mismo se alarga y termina en el ovario. Entonces estos dos se unen y el crecimiento de la planta se completa cuando a las dos actividades espirituales de los descendientes de los Espíritus de la Sabiduría y del Movimiento, se agrega la actividad de los Espíritus de la Rotación del Tiempo, uniendo a los dos seres espirituales en una especie de matrimonio.

Así, en el reino vegetal, hemos tenido la oportunidad de familiarizarnos con los descendientes de los Espíritus de la Sabiduría. Además, como pueden leer en mi libro La Ciencia Oculta o La Crónica del Akasha, debemos asumir que estos descendientes de los Espíritus de la Sabiduría se formaron desde el momento en que estos Espíritus de la Sabiduría dieron el cuerpo etérico al hombre de su propia sustancia. Eso ocurrió cuando la Tierra estaba en la condición del Antiguo Sol; el cuerpo etérico del hombre se derivó entonces de los Espíritus de la Sabiduría. Pero ahora, desde ese momento, la condición del Antiguo Sol progresó a la condición de la Antigua Luna, y esto nuevamente avanzó a la condición de la Tierra. Durante la condición lunar, los Espíritus de la Sabiduría que, durante el período del Sol, pudieron dar al hombre su cuerpo etérico a partir de su propia sustancia, ya habían progresado tanto que ya no necesitaban desarrollar la capacidad de dar nada al hombre en la Tierra pues habían progresado a actividades aún más elevadas.

 Ahora bien, no es una característica exclusiva de la descendencia de los Espíritus de la Sabiduría, a quienes descubrimos como el yo-grupo del reino vegetal, el dar un impulso directo desde el Sol, de modo que parece provenir no solo de los planetas sino del propio Sol; También es peculiar de los mismos Espíritus de la Sabiduría que se revelan a sí mismos como bajando directamente del Sol a la Tierra. Ahora, ¿cómo se revelan los impulsos, que provienen de estos Espíritus de la Sabiduría que han pasado por su evolución normal?

Hemos visto que, en una personalidad como el Buda, hay un Espíritu de Movimiento normalmente desarrollado que trabaja desde un planeta y lo inspira. Ahora llegamos al punto de buscar a los Espíritus de la Sabiduría normales. De acuerdo con el espíritu de nuestras consideraciones, debemos buscarles en el Sol. Debemos buscarlos allí en el mismo sentido que tenemos que buscar los Espíritus de Movimiento normales que trabajan desde los planetas, aunque también ellos tienen su verdadera morada en el Sol. Tenemos que buscar el impulso de los Espíritus de Sabiduría normalmente desarrollados que vienen directamente del Sol. Ahora, sin embargo, llegamos a algo peculiar. Con respecto a las plantas, relacionadas con la descendencia de los Espíritus de la Sabiduría, si realmente investigamos de manera oculta, podemos distinguir una diferenciación; pero si consideramos las plantas en la Tierra en relación con los Espíritus de la Sabiduría desde el Sol, todos sus movimientos aparecen más o menos como una unión vertical del Sol con el punto central de la Tierra.

En las formas de las plantas podemos distinguir lo que procede de los espíritus que tienen su lugar de residencia en los planetas; pero lo que percibimos como proveniente de los Espíritus de la Sabiduría fluye junto en una línea vertical. De forma similar —y todos los que conozcan los hechos ocultos en esta esfera darán exactamente la misma información— es el caso de que en la región en la que entramos cuando dirigimos nuestra mirada al Sol (porque debemos buscar allí a los Espíritus de Sabiduría normales) ya no podemos distinguir ninguna diferenciación. Allí percibimos la unidad. Lo que procede de los espíritus normales fluye de manera unificada. Y de nuevo llegamos a la pregunta: ¿dónde se revela eso que procede de la unidad de los Espíritus de la Sabiduría que tienen su morada directamente en el Sol? ¿Dónde se revela eso en la actividad de la Tierra? —llegamos así a una esfera aún más amplia.

La esfera de un espíritu como el que inspiró a Buda (el Espíritu de Movimiento de Mercurio) es insignificante en comparación con la esfera más y más amplia que, en el proceso de desarrollo de la humanidad, está dirigida por los Seres Espirituales de la Sabiduría percibida como Unidad, y que debe buscarse en el Sol. Si volvemos a la civilización de la antigua India, encontramos que los Siete Santos Rishis hablaron de lo que cada uno de ellos tenía que dar a la humanidad desde sus cimientos ocultos. Estaban conscientes de haber conservado lo que, a lo largo de siete largos períodos de civilización, había sido dirigido por los Espíritus del Movimiento. Era como si siete períodos sucesivos de tiempo se unieran a la vez en la evolución de la Tierra y trabajaran de tal manera que representaran a un Colegio de grandes Individualidades. De modo que ocurrió que estas siete actividades sucesivas de los Espíritus Planetarios salieron a la luz en lo que los Siete Santos Rishis tenían que decir a la humanidad; cada uno hablando de lo que él mismo sabía. Ellos no afirmaron que lo que tenían que dar era un efluvio inmediato de un Espíritu de Movimiento, sino que suscitaron en cada alma individual como una especie de recuerdo de lo que había sido dado anteriormente por los Espíritus de Movimiento. Porque la sabiduría exaltada que los Santos Rishis le dieron a la humanidad fue el gran recuerdo de las antiguas civilizaciones atlantes, solo que en una nueva forma. Al mismo tiempo, estos siete Santos Rishis dijeron: “por encima de lo que somos capaces de relatar emanante de épocas culturales sucesivas, existe algo superior a nuestra esfera”. A lo que estaba por encima de su esfera, los Santos Rishis lo llamaban Vishvakarman. Así, aludieron a algo que estaba más allá de su esfera, y que comprendía una esfera terrestre mayor que la de los Espíritus de Movimiento individuales y por encima de las épocas culturales que son obra de los Espíritus del Tiempo, los Santos Rishis señalaron épocas de la civilización que se encuentran más allá de la esfera de los Espíritus individuales del Movimiento.

Luego vino la civilización de Zarathustra; y Zarathustra señaló de nuevo el mismo ser al que los Santos Rishis habían llamado Vishvakarman, solo que él lo mencionaba a su manera como Ahura Mazdao. Los Santos Rishis sabían, al igual que Zarathustra, que lo que significa Vishvakarman representa el Espíritu de Sabiduría que fluye sobre la Tierra y abarca esferas más anchas que los Espíritus de Movimiento individuales. Zarathustra también sabía que Ahura Mazdao tiene esferas más amplias que los Espíritus del Movimiento.

Luego vino la civilización egipcia; y por ciertas razones se hizo necesario decir: El tiempo presente (es decir, el presente egipcio) no está preparado para dirigir su visión a ese espíritu Solar de Sabiduría que Zarathustra adivinó a su manera. Por lo tanto, la civilización egipcia cubrió su concepto de la naturaleza de este Espíritu en la leyenda de que cuando quiso descender a la Tierra fue desmembrado de inmediato. Osiris desmembrado por su hermano es una referencia a aquello a lo que los Santos Rishis señalaron como su Vishvakarman. Luego vino el cuarto período postatlante de la civilización, y puso en evidencia la posibilidad de lograr, en visión directa aquello a lo cual las épocas anteriores habían tenido que aludir simplemente, esto es, la posibilidad de inspirar a cierta Entidad en la Tierra, gracias a determinadas condiciones especiales.

 Los Siete Rishis Santos aludieron al hecho de que existió ese Ser. Zarathustra dijo que la visión oculta dirigida al Sol ve este Ser. La civilización egipcia declaró que este Ser todavía está tan lejos de la Tierra que el hombre solo puede encontrarse con Él, después de la muerte. El cuarto período fue capaz de señalar que habían surgido las condiciones en nuestra evolución de la Tierra, como para hacer posible que durante tres años un ser humano pudiera ser inspirado directamente por este Espíritu de la Sabiduría. Por lo tanto, fue posible reconocer como un hecho, que la esfera de este Espíritu de la Sabiduría del Sol es mucho más completa que la esfera de los Espíritus del Movimiento, ya que ahora abarca todo el proceso colectivo de civilización en la Tierra. Lo que se designó en el lenguaje de los Santos Rishis como Vishvakarman, en el de Zarathustra como Ahura Mazdao, en el egipcio (si uno realmente entiende lo que está detrás del nombre) como Osiris, y que nosotros, en el cuarto período de la civilización designamos por la palabra “Cristo” es lo que ha brillado a través del portal del Espíritu de la Sabiduría del Sol. Nunca he dicho que el Espíritu de Movimiento brillaba solo a través del Buda, ni ahora digo que solo el Espíritu de la Sabiduría del Sol brillara a través del Cristo. Él era el portal a través del cual la visión oculta podía ser dirigida hacia esferas infinitas, en donde moran los Espíritus de las Jerarquías Superiores; pero el portal era el Espíritu de la Sabiduría, el Espíritu Solar de la Sabiduría. Como el Sol está relacionado con los planetas, también lo está el Espíritu Solar de la Sabiduría relacionado con los Espíritus del Movimiento que, por su parte, se expresan en Espíritus como el que inspiró a Buda. H. P. Blavatsky pretendía expresar esto en su teoría; nunca se le habría ocurrido identificar a alguno de los Espíritus del movimiento planetarios con el Cristo.

Sería una gran deserción del espíritu original del Movimiento Teosófico, en el que tanto lo que es grande, verdadero e importante, tantas verdades ocultas han prevalecido, si tuviéramos que confundir lo que hemos podido aprender a través del ocultismo con respecto a los espíritus que alcanzan su altura con un nombre como el de Buda, de quien HP Blavatsky señala tan claramente en su sencilla afirmación de que corresponde al Espíritu de Mercurio. Sería una ruptura con todos los puntos de partida originales de la revelación teosófica, con esa enseñanza que en su momento se entendió correctamente y en la que el espíritu de Buda nunca fue confundido con el Espíritu de Cristo —si hoy, confundimos a estos diferentes Seres. Sería una brecha si no supiéramos, a través de nuestra enseñanza básica, cómo distinguir entre aquellos Espíritus que guían la evolución de la humanidad en el transcurso de sucesivos períodos de tiempo y llegar a la cima con espíritus como Buda, y ese Espíritu a quien todo el resto, incluso el mismo Buda, ha aludido, y que es el Espíritu Unitario de toda la evolución de la Tierra, al igual que el Sol es el cuerpo unitario de todo el sistema planetario. Este Espíritu Unitario debe, en el sentido del cuarto período post-atlante de la civilización, ser designado como el Cristo. En el sistema solar no podemos, en el sentido ordinario, hablar de dos soles y decir que el Sol que en un momento cubre a Aries no es el mismo Sol que cubre a Capricornio en otro momento; debemos tener bastante claro que es el mismo Sol el que pasa por todos los signos del zodíaco; pero que también están los diferentes planetas, que pasan por el zodiaco.

También debemos ser claros en el siguiente punto. Cuando hablamos de Cristo, que pasa a través de las esferas de las diferentes civilizaciones de toda la evolución de la humanidad en la Tierra, y que siempre ha sido reconocido por todas las religiones cuando alcanzan su clímax, debemos distinguir este Espíritu de Cristo del espíritu de las diferentes esferas que alcanzaron su cumbre, por así decirlo, en sus grandes individualidades, incluso cuando el budismo alcanzó su punto culminante en Buda. Esto muestra cómo debe buscarse primero el objetivo en estos asuntos.

Cuando el ocultista occidental tiene que aludir a este hecho, no se le debe reprochar el deseo de transmitir algo que sería una falta de tolerancia hacia otras religiones; La ciencia espiritual tiene la tarea de permitirle a cada religión su lugar correcto. Cuando se hace tal reproche, no debemos olvidar que lo que se exigió a los ocultistas occidentales ya se ha cumplido. ¿Surgió el Impulso Crístico en Occidente? ¿Alguna nación occidental ha producido el Impulso Crístico de su propia gente, sus propias razas? No; El Impulso Crístico, como un impulso dado a toda la humanidad, ha sido aceptado, aunque este Impulso Crístico, en relación con su presentación externa, fue ajeno a los pueblos de Occidente. La civilización occidental demostró por primera vez que comprendía la necesaria renunciación al particularismo religioso.

Cuando Occidente rechazó al Espíritu del Movimiento de Marte como un Inspirador directo, cuando intercambió ese Inspirador por el Espíritu de Cristo —el inspirador correspondiente al Espíritu Solar de la Sabiduría— se logró un hecho histórico e importante. Es injusto que otras religiones culpen a Occidente por la intolerancia con respecto a este asunto. Los grandes líderes de las otras religiones siempre muestran que reconocen que los Espíritus de la Sabiduría son más exaltados que los Espíritus del Movimiento. Solo aquellos que desean convertir su propio Espíritu de Movimiento en una especie de Espíritu Líder con otro nombre, que no desean dar el paso de ascender de su propio Espíritu al Espíritu del Sol, pueden decir que la intolerancia es demostrada por los que ya han practicado la tolerancia. Que primero ejerzan la tolerancia en otras esferas, la tolerancia que Occidente ya ha ejercido al intercambiar su Espíritu de Movimiento por el Espíritu de la Sabiduría.

De este modo, se logró un acto teosófico antes de que existiera la Teosofía, al ver que las religiones individuales tienen sus derechos, en la medida en que no se reivindica para Cristo algún impulso privativo de un grupo particular de hombres, sino que busco el impulso aplicable a la humanidad por encima de las religiones particulares, comparable a como el impulso solar es aplicable a todos los planetas. Es desde las profundidades del ocultismo, mis queridos amigos, que estos hechos se representan así de manera objetiva; y si alguna vez se dijera que esta representación del Impulso Crístico surge de un interés nacional o racial especial, o de intereses occidentales, tal observación solo podría hacerse por ignorancia de la relación de los hechos, o por una tergiversación de los mismos. En todo, debemos afrontar con audacia y sinceridad los hechos objetivos; y esto solo lo podemos hacer si nos fijamos en las profundidades de los mundos que están deviniendo. Todas las verdades ocultas nos muestran finalmente cómo se produce la evolución cósmica; pero debemos tener el coraje y la imparcialidad necesaria para enfrentarnos a esa evolución cósmica. Con respecto a los nombres, ya sea prestado de Oriente o de Occidente, ya sea por este o aquel espíritu personal, eso no tiene significado para nosotros. Lo que nos concierne, lo que debemos reconocer, es lo que trabaja en el mundo. La ciencia espiritual nos enseña a ver y percibir lo que se halla en actividad efectiva en el mundo. De hecho, en el campo de la ciencia espiritual, hemos desarrollado el instinto —podría decir— para encontrar lo correcto. No siempre debemos desear nuevas sensaciones, sino tratar de comprender un poco de lo que se encuentra en los primeros impulsos del Movimiento Teosófico. Cuando H. P. Blavatsky identificó al Buda con Mercurio, se expresó una gran verdad, que será mucho más reconocida cuanto más se reconozca la relación del Buda con Cristo en las esferas ocultas; así como aprendemos a conocer mejor las relaciones cósmicas cuando reconocemos la relación del planeta Mercurio con la estrella fija: el Sol. Estas cosas no pueden ser sacudidas desde sus cimientos a través de prejuicios humanos; pues solo funcionan correctamente en el proceso de la civilización si los miramos imparcialmente sin prejuicios.

Esto tuvo que ser agregado a lo que se dijo hoy con respecto a los Espíritus activos en los planetas y en el Sol; porque estos Espíritus extienden su actividad a la Tierra, y el mundo no tiene idea de cuán profundamente lo que debe enseñarse en conferencias publicas está arraigado en fundamentos ocultos. Cuan profundamente fundamentada es la relación que se acaba de dar de las esferas sucesivas de la civilización, de las cuales una culminó en Buda, mientras que la otra —llámenlo como quieran— la cuarta época cultural la llamó Cristo. Solo con base en el ocultismo es posible señalar las diferencias, solo se puede aprender de las profundidades del ocultismo. Pero el ocultismo también nos convence de cómo, si lo vemos correctamente, el cosmos de todas partes nos ofrece señales de lo que está tan profundamente inculcado en nuestros corazones. Así que hay que decir: —“Si aprendemos que la escritura se extiende en el cosmos, en las estrellas, en su orden y en sus movimientos, descubriremos que desde el cosmos en todas partes habla aquello que impregna nuestros corazones con verdad, amor, y esa piedad que lleva adelante la Evolución de la humanidad de época en época.

f2c9

Traducción revisada por Gracia Muñoz en abril de 2019.

[1] https://wn.rsarchive.org/Lectures/Places/Christiania/19100614p02.html

GA136c8. Las Entidades Espirituales en los cuerpos celestes y en los Reinos de la Naturaleza

Rudolf Steiner – Helsingfors (Finlandia), 11 de abril de 1912

English version

Estaría bien que al comienzo de la conferencia de hoy hablemos de hasta qué punto lo que consideramos ayer en relación con las partes, o al menos en referencia a algunas de las partes, del sistema físico del mundo, del cosmos físico, es importante para la perspectiva del hombre, para su percepción y conocimiento.

Ayer hablamos de la vida de los cometas, de la vida de las estrellas fijas —la vida Solar; la vida de la luna— la vida lunar y de la vida planetaria. Al hablar de estos cuerpos celestes desde el punto de vista de la conciencia ordinaria, naturalmente nos referimos a los cuerpos celestes visibles para los ojos. Ahora, en el curso de nuestras conferencias, hemos sustituido, por decirlo de alguna manera, este sistema de cuerpos celestes; los hemos sustituido por el estudio de los seres espirituales correspondientes que hemos reconocido como miembros de las diversas jerarquías.

Quizás lo que realmente se ha dicho se aclare aún más si afirmamos lo siguiente: Encontramos que la categoría de seres que se encuentran inmediatamente por encima del hombre son los Ángeles, o Seres Angélicos; También hemos demostrado cómo, si el hombre desea realmente obtener una visión del mundo espiritual suprasensible, debe, en cierto sentido, ennoblecer su organización de tal forma que le permita alcanzar el nivel de esa entidad superior inmediata; debe, por así decirlo, aprender a ver el mundo con el tipo de percepción que poseen los Ángeles. Ahora podemos plantear la cuestión: si tal ser de la siguiente categoría superior, en el coro de las jerarquías, adquiere conciencia del cosmos a través de su percepción —a la que llamamos Manifestación— ¿cómo le aparece el Cosmos? Si se responde a esta pregunta, lo que pretendo transmitir será más claro para nosotros. Tal Ser, el Ángel realmente no vería en el cosmos, nada de lo que vemos, y que, como sabemos, es Maya, una ilusión que solo se manifiesta a la visión humana. Un Ángel no vería nada de todo esto de la misma manera que nosotros; debemos ser tener esto bastante claro.

Pero el Ángel en cambio vería y percibiría a su manera, de la manera descrita, las diversas actividades cooperativas entre los seres de las Jerarquías. En lugar de decir, “Desde Marte”, él diría: “Por allí cooperan (como hemos descrito) ciertos seres de las Jerarquías Superiores”. Esto significa que, para esos seres, para los Ángeles o Angeloi, todo el sistema cósmico se le aparece directamente como una suma de actividades espirituales.

Entonces, ¿cómo se verían los planetas y otros cuerpos visibles a nuestros ojos, ante tal ser? Podemos aventurarnos a hablar de estos asuntos, ya que de hecho no podríamos hablar en absoluto del mundo suprasensible que se encuentra detrás del sistema planetario, los cielos o el Cosmos, si no pudiéramos, a través de la disciplina oculta obtener la capacidad de colocarnos en la mentalidad propia de una entidad angélica. Ser clarividente simplemente significa invocar dentro de nosotros la posibilidad de ver el mundo como lo ve cada uno de estos Seres.

Así, para la conciencia clarividente, esas formas, aquellas formas de luz visibles como los cuerpos celestes que se perciben con la vista ordinaria, en realidad desaparecen; ya no están allí. Por otro lado, la conciencia clarividente adquiere, como también lo hace la conciencia del Ángel, una impresión de lo que corresponde al cuerpo físico celestial. La conciencia clarividente no puede percibir la Luna o Marte tal como le aparecen a un habitante en la Tierra, visto físicamente; y sin embargo es capaz de saber lo que existe allí. Ahora me gustaría invocar dentro de ustedes una idea del tipo de conocimiento que la conciencia clarividente tiene de tal cuerpo celestial.

Pueden hacerse una idea de esto, al principio teóricamente —pues el entrenamiento oculto solo puede proporcionar un conocimiento práctico— si invocan en su mente una imagen de la memoria, un recuerdo, un concepto de imagen de lo que experimentaron ayer o antes de ayer. Este concepto de imagen que se encuentra en el alma, difiere del concepto de imagen de un objeto que está inmediatamente ante los ojos. Solo miren esto (señala una rosa) con la intensidad necesaria. Si recuerdan esta rosa mañana, tendrán una imagen de ella en la memoria. Ahora bien, si se dan cuenta claramente de que, en su mente, en su alma, la simple imagen de la memoria difiere de la que surge como imagen de percepción a través de una impresión directa, entonces podrán comprender cómo percibe la conciencia clarividente los cuerpos celestes.

De este modo, si se transportan de manera clarividente al cosmos, y si, por ejemplo, se trasladan a Marte o, a la Luna, no saben directamente lo que aparecería si uno observara físicamente el cuerpo celestial, pero si se transportarán tendrán dentro algo que no puede describirse más que como una imagen recordativa, una imagen de pensamiento. Y así sucede con todo lo que nuestra conciencia normal ordinaria encuentra como cuerpos celestes físicos en el Cosmos. Para la conciencia clarividente, todo aparece de tal manera que tenemos un conocimiento directo de que en todo lo que veamos hay algo pasado, algo que ha tenido una vida completa en el pasado y que, tal como aparece en el presente, no está realmente en el original estado viviente, sino que es —por así decirlo— como un cascaron del que ha salido el caracol. Todo el sistema físico de los cuerpos celestes es un testimonio de tiempos pasados, contando sucesos pasados. Mientras que nosotros, en nuestra Tierra, somos contemporáneos de las cosas que aparecen ante nuestros ojos físicos, lo que vemos en los cielos estrellados es en realidad Maya, ya que no representa una condición existente, sino que tuvo su significado completo en el pasado, y queda ese remanente. El mundo físico de los cuerpos celestes representa los restos de las actividades pasadas de los seres correspondientes de las Jerarquías, cuyos efectos posteriores aún se extienden hasta el presente.

Examinemos el asunto aún más de cerca mediante un ejemplo concreto. Cuando observamos nuestra propia Tierra-Luna por medio de la conciencia clarividente (que se ha retirado de todo lo demás y, por así decirlo, fijado solo en la Luna), obtenemos la notable impresión de que la luna física externa desaparece, y en su lugar aparece algo que da la impresión de ser como una imagen recordativa. Uno tiene la impresión de que lo que de otro modo le parece al ojo físico (y que, por supuesto, está físicamente, aunque todo lo físico es maya) da la impresión de contar un pasado, como una estampa de recuerdo. Y si permitimos que esta impresión comience a ahondar en nosotros, nos dice: “Si lo que ahora en realidad aparece a nuestra visión oculta estuviera activo, si su actividad no se hallara paralizada por otras influencias, nuestra Tierra en su forma actual no podría existir a causa de la proximidad de lo que vemos allí”. A nuestra conciencia oculta, la Luna le atestigua algo que de acontecer, haría imposible nuestra vida terrestre. Si lo que la conciencia oculta observa no se hallara neutralizado por otras influencias el hombre no podría vivir en su forma actual a causa de lo que la Luna nos testimonia. Por otro lado, ni la vida animal actual en la Tierra, ni la vida vegetal, ni la actividad en el mundo mineral serían especialmente influenciados. Ciertos seres de los reinos animal y vegetal ciertamente tendrían que tener una forma muy diferente—pues sabemos directamente de las fuerzas que con tanta vehemencia actúan sobre nosotros desde la Luna— pero sustancialmente, aunque la vida animal, vegetal y mineral sería posible sobre la Tierra, la vida humana no podría. Así, la Luna, tal como la vemos con la mirada oculta, habla de una condición que, si estuviera activa, excluiría la vida humana de la Tierra.

Estoy tratando de describir estas cosas de la manera más concreta posible, como se ven desde la visión oculta; no deseo hablar en abstracciones, lo que me permitiría relacionar todo tipo de cosas; solo deseo relacionar las cosas como aparecen ante la visión oculta. La impresión que uno recibe solo se puede comparar con lo siguiente: Si, —digamos— todas las ideas que un hombre de treinta años tenía a los quince años surgieran repentinamente dentro de él, y todos los conceptos que había sido capaz de trabajar en su alma desde su decimoquinto año se detuvieran, la vida interior del alma de su decimoquinto año estaría entonces representada ante su propia conciencia, por así decirlo, objetivamente; pero estaría obligado a decir: “Si ahora tuviera dentro de mí solamente lo que estaba contenido en mi alma en ese momento, no podría pensar todo lo que ahora pienso. La condición anímica en la que estoy ahora, sería imposible”. El hombre se vería forzado a regresar a su decimoquinto año y vería claramente que, aunque lo que experimentó como contenido de su alma no pudo producir su yo actual, tiene que ver con lo que se ha convertido. De esta manera podemos, en cierto sentido, describir la impresión que recibimos de la Luna. Podemos decir: “Ante nosotros hay algo que realmente no apunta a ningún presente, sino que habla de un pasado. Así como si yo, en mi trigésimo año, solo pudiese percibir el contenido de mi alma en mi decimoquinto año, si pienso en todo lo que se ha desarrollado dentro de mí desde entonces, debo pensar ahora en la posibilidad de que realmente hay una Tierra; pero la Tierra tal como es ahora, que comprende los requisitos de la vida humana, no sería posible si se realizara lo que está representado por la Luna.  Ahora, tan pronto como esta impresión aparece a la visión clarividente, es posible entonces educar esta visión para que podamos obtener una idea, una concepción, de lo que existía antes de que la Tierra pudiera existir. Porque lo que vemos allí fue posible antes de la Tierra, y lo que más tarde llevó a la producción de la Tierra solo pudo hacerse posible después de que la condición percibida hubiera desaparecido.

Verán, ahora he descrito lo que debe hacer el clarividente para viajar en las Crónicas Akáshicas a una condición anterior de nuestro sistema planetario; porque al fijar la visión oculta en la Luna, hemos recordado una condición anterior de nuestro sistema planetario. Si ahora tratamos de describir eso, podemos hablar de la condición de nuestro sistema planetario antes de que existiera nuestra Tierra presente. Y debido a que debemos proceder de tal manera que solo podamos aprender sobre las condiciones anteriores al origen de nuestra Tierra presente al fijar nuestra atención en lo que ha quedado en la Luna como una especie de memoria —también nos hemos acostumbrado a llamar a la condición anterior de nuestra Tierra, con el nombre de estado lunar. Sin embargo, solo podemos obtener una explicación completa de todas las circunstancias si abandonamos el estado clarividente mediante el cual se provoca la imagen recordativa del sistema planetario y pasar al estado ordinario de conciencia. Tratemos de aclararnos en qué consiste la diferencia.

La diferencia se determina tratando de llevar las dos impresiones a una especie de armonía; y esta puesta en armonía solo es posible apartando la vista de la Luna; porque la visión externa ordinaria de la conciencia normal no nos dice mucho acerca de la Luna. Saben, de hecho, que la astronomía externa trata de decirnos todo tipo de cosas sobre la Luna, pero la observación externa en general no nos dice mucho. Más bien, por el bien de la comparación, debemos hacer uso de una cierta observación clarividente de nuestra propia Tierra como es en la actualidad, como un cuerpo celestial sobre el cual nosotros mismos vagamos. Si apagamos todo lo físico que aparece ante nuestros ojos en los diversos reinos de la naturaleza y observamos nuestra Tierra con claridad, vemos que esta Tierra debajo de nuestros pies y alrededor de nosotros, como un planeta físico, se revela a sí misma como un desarrollo posterior de lo que existió como la Antigua Luna. Cuando comparamos las dos impresiones, podemos preguntar: ¿Cómo ha crecido una condición sin de la otra? Y luego surge ante la visión clarividente, por así decirlo, el trabajo que se ha realizado para que la antigua condición de nuestra Tierra pudiera pasar a nuestra condición actual. Entonces tenemos la impresión de que esta transición ha sido provocada por uno o varios de esos Seres Espirituales, a quienes, en el coro de las Jerarquías, hemos llamado los Espíritus de la Forma. Así obtenemos la posibilidad de penetrar en el crecimiento del planeta, en sus condiciones anteriores. La pregunta ahora es: ¿Podemos mirar hacia atrás aún más?

Debemos entrar en estas consideraciones, porque solo al hacerlo entenderemos en el sentido correcto a los Seres Espirituales que participan en el trabajo sobre estos cuerpos celestes.

Como un segundo intento de observación oculta, debemos mirar otra vez lejos de nuestra Tierra —y también de nuestra Luna, de todo lo que es de naturaleza lunar en todo el sistema planetario; y, en la medida de lo posible, transferirnos a las condiciones de uno o varios de los demás planetas y comparar sus condiciones entre sí. Ahora, me refiero a hechos reales que pueden ser evidentes para nuestra conciencia clarividente. La visión clarividente, aunque quizás no simultáneamente (lo que las circunstancias a menudo no permiten) puede dirigirse a otros planetas de nuestro sistema planetario, puede tomar conciencia de las impresiones dadas por los otros planetas de nuestro sistema. Si observamos así un planeta, o varios juntos, todavía no ganamos mucho, porque aún no tenemos un concepto claro de ellos; pero de inmediato lo ganamos si procedemos de cierta manera con estas impresiones clarividentes. Una vez más daré una comparación que aclarará lo que realmente quiero decir.

Supongamos que debieran recordar algo que experimentaron en su decimoctavo año, y que debieran decirse a sí mismos. “En mi decimoctavo año asumí un punto de vista con respecto a esta experiencia para la cual estaba maduro en ese momento. Tal vez sea más claro al respecto si me acuerdo de otra experiencia. En mi vigésimo quinto año experimenté algo más relacionado con el mismo hecho: ahora compararé las dos impresiones, una con la otra”. Traten de aclarar lo que pueden ganar en la vida comparando cosas que permanecen juntas pero que están separadas unas de otras en el tiempo, y luego tendrán una impresión general de que una siempre arrojará luz sobre la otra. Por medio de una comparación de este tipo, ustedes evocarán y crearán una especie de método aritmético, un concepto bastante nuevo de la cooperación de sus dos imágenes recordativas. Eso es lo que debe hacer el clarividente después de lograr que su visión quede impresionada —por así decir— por Marte, Mercurio, Venus o Júpiter. Ahora deben considerar estas impresiones separadas, no individualmente sino en relación y conexión entre sí. Deben dejar que trabajen unas sobre otras, relacionarlas entre sí. Si emprenden este trabajo, tendrán la sensación de que a través de la comparación de estas impresiones nuevamente tendrán algo así como un concepto de estampa recordativa del sistema planetario. De nuevo, esta no es una condición posible en el momento presente, sino una condición que debe haber sido posible en el pasado; porque se expresa como algo que, como describí para la condición lunar, fue la causa de lo que ahora existe en el sistema planetario. Ahora, la impresión obtenida de esta manera tiene infinitas peculiaridades de gran alcance.

Lo que, por lo tanto, debo relacionar en representaciones aparentemente muy áridas, pertenece realmente a una de las impresiones más maravillosas que uno puede alcanzar, pero aquí nuevamente, si deseamos describir las características de esta impresión, solo podemos hacerlo por medio de una comparación. Debo admitir que no podría tratar de describir esta impresión de otra manera.

No sé si alguna vez tuvieron la siguiente experiencia en la vida física ordinaria. Sin duda, hay momentos en los que les ha conmovido el llanto y la tristeza, la solidaridad y la compasión por los seres que les rodean en la vida física. Uno puede tener otra impresión; sin duda, muchos entre ustedes conocen la impresión que ocasionalmente se produce al leer una descripción abrumadoramente llamativa en alguna obra de arte, o, por ejemplo, cuando leen una escena en un libro que conocen bien, si lo consideraran un poco, no hay realidad en ello. Sin embargo, sus lágrimas fluyen abundantemente; no se detienen a considerar si es verdad o no, sino que toman lo que se describe en su pensamiento y en su percepción, de modo que trabaja como una realidad y produce un torrente de lágrimas.

Cualquiera que haya tenido esta experiencia tiene una leve idea de lo que significa obtener una impresión inspirada por algo espiritual, sobre lo cual no tiene el problema de preguntar si está basado en una realidad física; no se pregunta siquiera por algo que se encuentra fuera de lo que nos sobrecoge y nos remite hacia nosotros mismos. Estamos interiormente henchidos con la misma intensidad con que podríamos estarlo por un acto normal de percepción de la conciencia normal. Debemos hablar de tal impresión si queremos describir la condición que nos supera cuando comparamos las impresiones que recibe la conciencia clarividente de los planetas individuales. Todo lo que experimentamos trabaja solo a través de nuestro ser interior, como una impresión anímica; obtenemos una idea bastante clara de lo que realmente es una inspiración, cuando sabemos cosas por las que el impulso del conocimiento solo puede provenir de dentro.

Por ejemplo, nadie entiende realmente el contenido de los Evangelios a menos que pueda comparar las impresiones que le causaron con una impresión tal como se acaba de describir. Téngase presente que los evangelios se escribieron con fundamento en la inspiración, si bien para apreciar este hecho uno debe volver a su texto original. Aún mayor y más poderosa es la impresión recibida de la manera descrita a través de una comparación de las impresiones hechas por los planetas individuales. Esto es lo primero que me gustaría decir sobre esta impresión.

Lo segundo es que no podemos obtener esta impresión sin interrupciones y sin control a menos que seamos capaces, al menos por un momento —en nuestro actual ciclo de tiempo, casi nadie es capaz de esto por mucho tiempo— de sincero sentimiento de simpatía y amor; de expulsar el egoísmo total y absolutamente del alma; porque el más pequeño grado de egoísmo unido a esta impresión,  funciona de inmediato de manera letal; y en lugar de lo que he descrito, alcanzamos inmediatamente una especie de estupefacción, una amortiguación de la conciencia. Nuestra conciencia se oscurece inmediatamente. De ahí que lograr una de estas impresiones, trascendiendo el mencionado escollo, constituye una de las experiencias más gloriosas.

Si somos lo suficientemente afortunados de tener semejante experiencia, ocurre algo muy peculiar. El Sol, tal y como se puede encontrar en otros estados de conciencia, ya no se percibe; deja de existir como objeto de observación externo a nosotros. El Sol  deja de ser algo aparte de nosotros mismos; pero en estas condiciones todo lo que se ofrece a nuestra mirada oculta, presupone una abstracción completa de nuestro sistema planetario actual, —lo que implica anular también la impresión física del Sol . Podemos hacer esto mejor si intentamos tener la impresión oculta del Sol, no de día, sino de noche. Naturalmente, el hecho de que en la noche la Tierra física esté delante del Sol  no es razón para que la visión oculta no tenga una impresión de el, porque, aunque la Tierra física es impenetrable por los ojos físicos, no es así para la vista oculta. Por el contrario, si intentamos a plena luz del día dirigir nuestra visión oculta al Sol , las perturbaciones son tan grandes que apenas podemos tener éxito, sin daño físico, en obtener una buena impresión oculta de ello.

Por lo tanto, en los antiguos Misterios, nunca se intentó que los eruditos obtuvieran una impresión oculta del Sol durante el día; se les enseñó que podrían aprender a conocer el Sol en su naturaleza peculiar cuando es menos visible para los ojos físicos, es decir, a la medianoche. A los alumnos se les enseñó a dirigir su visión oculta al Sol, a través de la Tierra física, precisamente a la medianoche. Por lo tanto, entre las muchas descripciones de los Misterios antiguos, se encuentra entre otras cosas, que en su mayor parte ya no se entienden hoy la frase en los Misterios egipcios, por ejemplo: “El alumno debe ver el Sol de medianoche”.

¡Cuánto diletantismo se ha presentado para explicar mediante todo tipo de símbolos bonitos y pulcros, qué se entiende por “ver el Sol de medianoche”! Por regla general, las personas no tienen idea de que las cosas impartidas en escritos ocultos se entienden mejor si no se hace ningún esfuerzo en explicarlas por medio de símbolos, sino que se tomen tan literalmente como sea posible.  El hombre moderno, como regla, solo se siente atraído por interpretaciones simbólicas porque la conciencia de hoy en día ya no está organizada correctamente para la comprensión de estos escritos antiguos. Para aquellos que reflexionan más de cerca, debe quedar claro que en los escritos antiguos era la costumbre hablar con precisión. Me gustaría (entre paréntesis, por así decirlo) llamar su atención sobre una cosa que podría haberse agregado a la conferencia pública dada ayer, con referencia a Kriemhilda[1]. Se afirmó que después de que Siegfried hubiera muerto, tomó para sí el tesoro de los Nibelungos e hizo mucho bien con él; pero Hagen se lo quitó y lo tiró al Rin. Cuando más tarde, en el reino del rey Etzel ella se lo exigió nuevamente a Hagen, él no le reveló el lugar donde se encontraba. Vean ustedes, este pasaje se da circunstancialmente en la Saga de los Nibelungos, con el fin de arrojar luz sobre ciertas cosas. En las explicaciones simbólicas de la Saga he encontrado interpretaciones intelectuales y muy brillantes que supuestamente aclaran todo el significado. El tesoro de los Nibelungos tiene un significado muy diferente en todos ellos. Admito que el trabajo intelectual aplicado a tales explicaciones a veces es abrumador —el tesoro de los Nibelungos se explica generalmente como el símbolo de algo espiritual. Pero, en primer lugar, es muy difícil curar a los enfermos con meros símbolos. En segundo lugar, no se puede ocultar un símbolo a nadie, ni siquiera a Kriemhilda, arrojándolo al Rin; al menos no puedo imaginar un símbolo del tipo que muchos expositores alegan, que sea hundido en el Rin. En general, es muy difícil para mí imaginar cómo una cosa que solo debe explicarse simbólicamente se pueda quitar a alguien externamente. Todos los que entienden estas cosas saben que se trata de algo muy especial, algo que ahora deberíamos llamar un talismán, un talismán completamente físico, que se combinó de tal manera que estaba completamente compuesto de oro.

Este oro, sin embargo, solo fue extraído del depósito aluvial dejado por el agua en un estuario, y todo el poder de este oro aluvial se comprimió en la forma —(y ahora viene el símbolo)— de este talismán. Y el efecto de este talismán sobre Kriemhilda produjo en ella las energías por las que pudo curar a los enfermos, y así sucesivamente. Hagen podría ocultarle este talismán, y más tarde, negarse a revelar el escondite. Así, uno realmente tiene que ver con una cosa física, con una cosa bastante real; en el que los poderes ocultos existían solo a través de la naturaleza especial de su composición. He dado esto como ejemplo, para mostrarles cómo uno debe entender las cosas en los escritos antiguos.

Así que debemos tomar la expresión “ver el Sol de medianoche”, literalmente. Por lo tanto, podemos obtener mejor una impresión oculta del Sol sin que nos molesten las impresiones físicas; es decir, sin ver nada de la luz del Sol, sino observándolo de noche. Entonces obtenemos una impresión del Sol actual, que en gran medida se asemeja a lo que se obtiene con la impresión descrita anteriormente.

A través de todo lo que les he descrito, resulta una impresión de una condición aún anterior de nuestro sistema planetario, a la que también pertenece nuestra Tierra, una condición en la que el Sol aún no estaba separado, cuando todo el sistema planetario era en cierto sentido un Sol, y contenía en él la sustancia de nuestra Tierra. Esta condición, que al mismo tiempo era la de nuestra Tierra, por lo tanto, se designa como la condición del Antiguo Sol. Así podemos decir: antes de que nuestra Tierra se convirtiera en Tierra, estaba en una condición de Luna; antes de que estuviera en la condición de Luna estuvo en una condición de Sol.

Se puede obtener una representación aproximada de una condición anterior de nuestro planeta Tierra si intentamos obtener una impresión oculta de la categoría de cuerpos celestes de los que hablamos al final de nuestra última conferencia, los cometas. Describirlo con mayor precisión absorbería demasiado tiempo, pero el método es muy parecido a lo que ya se ha descrito. Si ahora comparamos lo que obtuvimos a través de la percepción oculta de la vida de los cometas con el concepto —(ahora se trata de tener que formar un cierto concepto, ya que no podemos comparar bien el concepto de memoria así obtenido con nada en el momento presente) recibimos una impresión inmediata, más allá de esto no se puede ir— de haber alcanzado una condición aún más atrás que la condición del Sol, que por ciertas razones se llama condición de Saturno. De este modo, se ve que las experiencias internas que podemos tener sobre el sistema planetario, son decisivas para el ocultista por los conceptos que él forma al respecto.

Ahora, por el momento, dejaremos el sistema planetario. Todo lo que he presentado hasta ahora, ha sido mencionado con el propósito y el objetivo de culminar en una descripción general de los modos de acción de los Seres Espirituales en los cuerpos celestes. Sin embargo, como los cuerpos celestes están construidos a partir de los reinos de la naturaleza, también debemos crear, al menos aproximadamente, una idea desde el punto de vista del ocultista, de los hechos inmediatos revelados a la visión oculta cuando permitimos que los reinos separados de la naturaleza trabajen en nosotros. Pasemos a la consideración de los reinos de la naturaleza, comenzando con el hombre.

Ustedes saben que cuando observamos al hombre, encontramos que consiste en un cuerpo físico, un cuerpo etérico, un cuerpo astral y lo que llamamos la “naturaleza del yo”, el “yo” en sí mismo. ¿Dónde se encuentra este ser humano de cuatro miembros según la observación antroposófica? Bueno, este ser humano de cuatro miembros está en el mundo físico; Porque todo lo que ahora se relaciona con el hombre tiene lugar en el mundo físico. Ahora pasaremos al mundo animal. Si consideramos al animal, es bastante seguro que encontramos el cuerpo físico del animal en nuestro mundo sensorial ordinario, como lo hacemos con el hombre. De eso no puede haber duda. Sin embargo, también debemos atribuir un cuerpo astral y un cuerpo etérico al animal; pues atribuimos un cuerpo etérico al hombre en el mundo físico porque no sería posible que su cuerpo físico exista solo en el mundo físico. Esto es evidente directamente cuando un hombre pasa por el umbral de la muerte. Su cuerpo físico queda entonces abandonado en el mundo físico y se desintegra; se entrega a sus propias fuerzas. Mientras el hombre vive, debe haber un combatiente presente para librar una batalla perpetua contra el desmoronamiento del cuerpo físico, y este combatiente es el cuerpo etérico, que en realidad solo es visible para la conciencia oculta.

Las mismas circunstancias también prevalecen en el animal, de modo que debemos atribuirle un cuerpo etérico en el mundo físico. Ahora porque nos queda claro que los hechos y las cosas no solo afectan al hombre, sino que se reflejan en él, invocando algo que podemos llamar un reflejo interno, atribuimos por lo tanto al hombre un cuerpo astral; lo cual es visible para la visión oculta. Es exactamente lo mismo en el caso del animal. Mientras que la planta no emite gritos cuando se hace una impresión externa, el animal se expresa en un grito, es decir, una impresión externa producida por una experiencia interior. La visión oculta nos enseña que esta experiencia interna solo es posible cuando un cuerpo astral está presente.

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Sin embargo, hablar de un “yo” en el animal, como un fenómeno del mundo físico, no tiene sentido, excepto para ciertos filósofos naturalistas modernos, que viven completamente de acuerdo con la analogía. Si uno juzga meramente por analogía, puede mantener todo tipo de cosas. Incluso hay ciertos teosofistas de hoy que se llenaron de respeto cuando cierto conocido estudiante de la naturaleza, Raoul France, atribuyó un alma a las plantas, y no distinguió entre lo que llamamos un alma en el animal y un alma en las plantas. Por ejemplo, consideró, y esto es bastante correcto, que hay ciertas plantas que, cuando un pequeño insecto se acerca a ellas, doblan sus hojas para atraerlo y devorarlo. Este observador externo entonces se dice a sí mismo: “Dondequiera que los hechos aparezcan externamente en la naturaleza, análogos a la toma de alimento y al consumo, ha de haber algo que se asemeje a los seres que, desde una especie de condición anímica interna, atraen y consumen alimentos”. Ahora sé de algo que también atrae a pequeñas criaturas, pero a esto el filósofo natural moderno ciertamente no le atribuiría un alma; Me refiero a una trampa para ratones, cebada con tocino. Esto también atrae a pequeñas criaturas, y si procedemos de acuerdo con los métodos de estos filósofos de la naturaleza, entonces, al igual que atribuyen un alma a la planta llamada “drosera”, también debemos atribuir un alma a la trampa del ratón. Por eso atrae a los ratones cuando están bien cebadas con tocino —todos estos investigadores, que no meramente juzgan por lo externo, no deben perder el anhelo que existe en muchas personas de mente espiritual, contentándose con muy poco del espíritu.

A este respecto, en la literatura alemana —como muchos dicen— mucha belleza ha sido sacada a la luz; pero, como diría el ocultista; “Se han hablado una gran cantidad de tonterías”. Tan poco como podemos hablar de una naturaleza anímica que se asemeje al alma animal que habita en la “drosera” o cualquier otra planta, alguien con una visión imparcial puede decir de cualquier animal, que tiene un “yo”. El animal no tiene un yo dentro de su integración tal como se nos presenta en el plano físico. Solo la investigación oculta podría llevarnos al yo de los animales; porque este no se encuentra en la misma región que el yo del ser humano. El yo animal se encuentra separado del cuerpo físico; de manera que, cuando con la visión oculta ascendemos al yo animal penetramos en propiamente en un mundo totalmente distinto. Si no nos importa hacer todo tipo de divisiones esquemáticas, y comenzar diciendo: El mundo consiste en un plano físico, un plano astral, un plano mental, etc., porque no hay mucho que ganar con tales designaciones verbales, debemos entonces proceder de otras maneras.

He encontrado incluso en libros teosóficos, mucho sobre la expresión “Logos”; pero no he encontrado ningún concepto claro sobre lo que realmente es el “Logos”. Como regla general, descubrí que los escritores de estos libros solo sabían que esta palabra “Logos” consta de cinco letras; pero tan pronto como uno intentaba llegar a conceptos realmente definidos que se pudieran retener en el alma, los conceptos desaparecían como el humo. Porque al relacionar todo tipo de cosas, como que el Logos “teje”, etc., una conciencia que desea ser concreta no sabe qué hacer con ello. Sea lo que sea el “Logos” lo seguro es que no es una araña y que su actividad no puede llamarse ni tela ni telaraña.

Por lo tanto, no es bueno comenzar con abstracciones, para invocar conceptos al hablar de cosas que se extienden más allá de la esfera física del hombre. Es algo diferente cuando la visión oculta busca en el animal, lo que en el hombre se revela en el mundo físico en todas sus acciones y procedimientos, es decir, el yo. Si buscan eso en el animal, lo encontrarán, no en el mundo en el que se encuentran el cuerpo físico, etérico y astral del animal, sino en el mundo suprasensible, que aparece más cercano al mundo de los sentidos tan pronto como sea posible apartar el velo del mundo ordinario. Podemos decir: En un mundo de naturaleza suprasensible podemos encontrar el yo de los animales. Ahí aparece como una realidad; pero en el mundo físico este yo animal no nos aparece como una individualidad; solo podemos entenderlo aquí si dirigimos nuestra atención a un grupo de animales, un grupo de lobos o de corderos, etc. Así como nuestras dos manos, nuestros diez dedos y nuestros pies, pertenecen a un alma que dentro de ella tiene su propio yo; lo mismo ocurre con el grupo de animales de la misma especie que posee un yo tal que no encontramos en nuestro mundo físico; sólo se revela y se patentiza en él. El materialista abstracto ordinario de nuestra época dice: lo único real es el animal que vemos con los ojos físicos —y si formamos un concepto de lobo o de cordero, estos son solo conceptos y nada más. Para el ocultista eso no es así; estas no son meras ideas que viven en nosotros, son imágenes reflejadas de algo real que, sin embargo, no se encuentran en el plano físico, sino en un mundo suprasensible.

Ahora, con un poco de reflexión, es evidente que incluso en el plano físico, más allá de lo que pueden percibir los sentidos, todavía existe algo que no se puede percibir en el mundo físico pero que tiene un significado para las relaciones internas de las fuerzas de los animales. Me gustaría que aquellas personas que, por ejemplo, toman el concepto de lobo como una idea que no corresponde a ninguna realidad, se ocupen del siguiente experimento. Supongamos que tomamos un número de corderos —se sabe que el lobo se alimenta de corderos— y alimenta a un lobo con ellos el tiempo suficiente de acuerdo con lo que la Ciencia Natural ha determinado, para que toda la materia física se transforme, de modo que el lobo, durante el tiempo en que se reemplaza su corporeidad física, haya sido alimentado solo de corderos, que el lobo no tiene nada más que el cordero dentro de él. Todo lo que ven como materia física en el lobo solo procede del cordero; ahora traten de averiguar si el lobo se ha convertido en un cordero. Si no lo ha hecho, no se tiene derecho a decir que el concepto que se tiene del lobo se limita a lo que puede percibirse físicamente, ya que hay algo suprasensible en él. Esto no se puede resolver hasta que entremos en el mundo suprasensible; allí se hace evidente que, al igual que nuestros diez dedos pertenecen al alma, así también todos los lobos pertenecen a un alma grupal. El mundo en el que encontramos el yo grupal de los animales, lo designamos concretamente como el mundo astral.

Ahora, con respecto a las plantas, una observación similar muestra que en el mundo físico no encontramos nada de la planta sino sus cuerpos físico y etérico. Solo porque las plantas tienen su cuerpo físico y etérico en el mundo físico, no gritan cuando les hacemos daño. Por eso hay que decir; solo el cuerpo físico y etérico de la planta existen en el mundo físico.

Si con la visión oculta investigamos, lo que hacemos simplemente trasplantándonos a ese mundo en el que se encuentra el yo grupal de los animales, encontramos algo muy característico en relación con el reino vegetal: encontramos que hay dolor incluso en el mundo vegetal Esto ciertamente se siente cuando arrancamos las plantas del suelo con las raíces. El organismo terrestre colectivo siente un dolor parecido al que sentimos cuando arrancamos un cabello de nuestro cuerpo. Otra vida también, la vida consciente, está conectada con el crecimiento de las plantas. Intenten imaginar el brote —ya he tocado esta cuestión durante estas conferencias— empujando hacia adelante los brotes de las plantas de la tierra en primavera; este surgimiento corresponde a un sentimiento en ciertos seres espirituales, seres que pertenecen a la Tierra y participan en su atmósfera espiritual.

Para describir este sentimiento, podemos compararlo con la percepción que se tiene en el momento de pasar por la noche desde la vigilia hasta la del sueño. Al igual que la conciencia se va extinguiendo gradualmente, también se sienten ciertos espíritus de la Tierra, cuando las plantas brotan en primavera. Nuevamente en el gradual desvanecimiento y la muerte del mundo vegetal, ciertos seres espirituales conectados con la atmósfera espiritual de la Tierra tienen el mismo sentimiento que el hombre cuando despierta por la mañana. Por lo tanto, podemos decir: hay ciertos seres conectados con el organismo de nuestra Tierra que tienen los mismos sentimientos que nuestro propio cuerpo astral tiene al quedarse dormido y al despertar. Solo que uno no debe compararlos de manera abstracta. Por supuesto, parecería mucho más real comparar el surgimiento de la naturaleza en la primavera, con el despertar —y la extinción del mundo vegetal en otoño con el sueño; pero lo contrario es lo correcto: es decir, los seres que estamos considerando ahora, sienten una especie de despertar en otoño, y una especie de quedarse dormidos ante el brote de las plantas en la primavera. Ahora estos seres no son más que los cuerpos astrales de las plantas; y los encontramos en la misma región que las almas grupales de los animales. Los cuerpos astrales de las plantas se encuentran en el llamado plano astral.

Ahora también debemos hablar del yo de las plantas, cuando las observamos por la clarividencia oculta. Encontramos nuevamente este yo de las plantas de la misma manera que un yo grupal, como algo que pertenece a todo un grupo o especie de plantas, al igual que el yo grupo de los animales; pero en vano debemos buscar el yo grupal de las plantas en la misma esfera que el cuerpo astral de las plantas y el yo grupal de los animales. Debemos pasar a un mundo suprasensible aún más elevado; debemos elevarnos del plano astral a un mundo que percibimos como aún más elevado. Solo en un mundo así podemos encontrar el yo grupal de las plantas. Al investigar este mundo podemos volver a darle un nombre. Para nosotros, en primer lugar, se caracteriza por el hecho de que los yo-grupo de las plantas están allí, aunque hay mucho más además de estos. Nosotros lo designamos —aunque los nombres no tienen nada que ver con el asunto— como el mundo devacánico.

Ahora es fácil ver en el mundo físico que solo tenemos el cuerpo físico de los minerales. De ahí que el mineral nos parezca inorgánico, desprovisto de vida; por otro lado, tenemos su cuerpo etérico en el mismo mundo en el que se encuentran los yo grupales de los animales y los cuerpos astrales de las plantas. Pero incluso aquí no podemos encontrar nada de la naturaleza mineral que revele que estos entes puedan tener sensaciones. Sin embargo, incluso el mineral se revela como algo viviente. Aprendemos a conocer la vida duradera del mineral, su crecimiento, la formación de cristales y el autodesarrollo —por así decirlo, de los minerales y similares; —en resumen, en el plano astral nos familiarizamos con las diversas formas de la vida mineral de nuestro planeta. Cuando nos encontramos con un mineral individual, aprendemos a reconocer que no es muy diferente de nuestros huesos, similares a los minerales que aún están conectados con nuestra vida. Por lo tanto, todo lo mineral también está conectado con lo vivo, pero esa calidad de vivo solo la encontramos en el plano astral. El cuerpo etérico del mineral se encuentra por lo tanto en el plano astral.

Ahora bien, si nos detenemos en ese mundo oculto, por así decirlo, en ese mundo en el que se encuentran los yo grupales de las plantas, observamos que el reino mineral también está conectado con algo en lo que es posible el sentimiento, algo astral. Cuando las piedras se rompen en una cantera, no se percibe nada de esto en el plano astral; pero en el plano Devacánico es inmediatamente evidente que cuando las piedras se pulverizan y se hacen añicos, se produce algo parecido a una sensación de bienestar, en realidad aparece una especie de goce. Eso también es un sentimiento; pero está en contradicción con el sentimiento que los animales y los hombres tendrían en tal caso. Si fueran destrozados, sufrirían dolor; con el mineral el caso es lo contrario. Cuando se aplasta, es consciente de una sensación de bienestar.

Si disolvemos la sal de cocina en un vaso de agua y la seguimos con la visión dirigida al mundo devacánico, cómo esta sal se vuelve a formar en cristales, vemos que esto causa dolor: sentimos que hay dolor en el punto de unión. Esto ocurre en todas partes en la vida mineral donde a través de la cristalización, se forma algo sólido en el seno de lo acuoso. De hecho, esto es lo que sucedió en nuestra Tierra, que en un momento estuvo en una condición más blanda y fluida. La materia sólida se ha formado gradualmente a partir de lo fluido, y ahora caminamos por tierra firme y la surcamos con nuestros arados. Al hacerlo no causamos dolor a la Tierra; al contrario, se le hace bien. Pero no complace a los seres conectados con la Tierra, y que como reino astral pertenecen al planeta, no tuvieron una sensación de agrado al densificarse para que se hiciera posible la vida humana en él. Los seres que, como cuerpos astrales están ocultos en las rocas, tuvieron que soportar dolor tras dolor. En el reino mineral los seres, la creación, sufren a medida que la Tierra progresa.

Nos da una sensación muy extraña cuando, después de reconocer esto en una investigación oculta, uno vuelve de nuevo al célebre pasaje, escrito por un Iniciado: “Toda la creación suspira y sufre con dolor, esperando su Redención; esperando la adopción del estado de la infancia”. Pasajes como este, en los escritos basados en la visión oculta, pasan fácilmente inadvertidos, pero cuando uno los contempla con visión oculta, entonces, por primera vez, uno llega a descubrir que mucho provecho puede sacar de ellos incluso la mente más simple, pero dan aún más a aquellos que pueden percibir todo, o al menos mucho, lo que está contenido en ellos. El hablar del suspiro y el gemido del reino mineral tiene que ser, porque el proceso de la civilización de nuestra Tierra necesita una base sólida bajo sus pies; eso es a lo que se refiere San Pablo cuando habla de los suspiros de la creación.

Todo esto tiene lugar en aquellos seres que se encuentran en el reino mineral como su cuerpo astral, y que encontramos en el mundo devacánico. El yo real, el verdadero yo-grupo del reino mineral debe buscarse en un mundo superior, que llamaremos el mundo devacánico superior. Aquí solo encontramos los yo grupales del reino mineral. Deben emanciparse por completo de la concepción de identificar lo que llamamos el cuerpo astral de un ser con el mundo astral. Con respecto a los minerales, su cuerpo astral debe buscarse en Devacán; por otro lado, su cuerpo etérico está en el mundo astral. Los yo grupales de los animales están en el plano astral y el cuerpo astral del animal está en el plano físico. Debemos decir del mundo, tal como lo conocemos: No debemos identificar lo que reconocemos como principios individuales de los seres, con los mundos correspondientes, sino que debemos acostumbrarnos a presuponer diferencias entre los diversos seres. Un discernimiento oculto más preciso lo deja muy claro. Por lo tanto, provisionalmente solo tenemos que encontrar las almas grupales de los minerales en la región del Devacán Superior.

Ahora ya hemos hablado de los diferentes seres de los diversos reinos de la naturaleza en su relación con los mundos superiores, y esto puede darnos una base para buscar las relaciones de estos diversos reinos de la naturaleza con las entidades jerárquicas creadoras, entidades activas y trabajando en el mundo, tal como hemos aprendido a conocerlas.

Traducción revisada por Gracia Muñoz en Abril de 2019

[1] Conferencia pública en Helsingfors, 9 de abril de 1912. “La naturaleza de las epopeyas nacionales, con especial referencia a la Kalevala”.

Marzo de 1966

Del libro: Enfoque Práctico I. Hacia una Nueva Astrología Espiritual

Revista Estelar — Por Willi Sucher

https://astrosophycenter.com/books

En la edición de diciembre discutimos las tres categorías aparentes de planetas del sistema solar. De estos, hemos descrito en resumen la tríada media: Saturno, Júpiter y Marte. Tan pronto como hayamos establecido una comprensión del zodíaco en números posteriores, también podemos determinar la naturaleza y los impactos variados de estos planetas. Ahora estudiaremos los planetas “interiores”: Mercurio, Venus y la Tierra con su Luna.

Por supuesto, en astrología geocéntrica estamos acostumbrados a tratar también al Sol como un factor importante en este campo. Sin embargo, estas preguntas se elaborarán en relación con una descripción de nuestro propio planeta. Mercurio es el planeta más cercano al sol. En la edición de diciembre, indicamos la distancia media al Sol en 0,39 radios terrestres. También es el más pequeño de todos los planetas, aparte de los planetoides. Estos hechos hacen que sea bastante difícil observar a este miembro del sistema solar.

Visto desde la Tierra, parece que nunca está más alejado 28° como máximo del Sol. Si en tales circunstancias las condiciones atmosféricas son favorables, puede verse como una estrella matutina o vespertina. Mercurio completa una revolución sideral alrededor del Sol en 88 días. En el curso de este viaje, se encuentra, en un punto, en una línea común con la Tierra, que se extiende desde el centro del Sol [y pasa a través de la Tierra] hacia el espacio cósmico. Esto se llama, astronómicamente, una conjunción “inferior”. Mercurio se encuentra entonces entre nuestro planeta y el sol. En ciertas ocasiones, incluso puede ocurrir que Mercurio se mueva a través de la cara del Sol y se pueda observar como un pequeño punto negro.

Supongamos que la Tierra y Mercurio han estado parados en un momento determinado en una línea común que pasa a través de sus cuerpos y también a través del Sol. Después de eso, los dos planetas se separan porque Mercurio es el más rápido. Sin embargo, debido a que es más rápido y también su órbita es más pequeña que la de nuestro planeta, volverá a alcanzar a la Tierra después de 116 días. Solo su línea común apuntará en una dirección diferente a la de la primera reunión. Por lo tanto, surge una relación rítmica muy interesante entre la Tierra y Mercurio que explicaremos con la ayuda del diagrama en la Fig. 4.

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Tomamos nuestro punto de partida en E1 y M1. Ambos planetas están en conjunción y su línea común pasa a través del centro del Sol. Después de 88 días, Mercurio regresa a la misma posición en su órbita (M2). Esto se llama una revolución sideral. La Tierra se ha movido mientras tanto a E2. Por lo tanto, Mercurio ahora tiene que hacer un esfuerzo adicional para ponerse al día con nuestro propio planeta. Lo logra al cabo de 28 días adicionales (E3-M3). Para ello necesitó 88 + 28 = 116 días. De nuevo, la Tierra y Mercurio ahora están parados en una línea común, pero apuntan en una dirección diferente a la de M1-E1. El juego se repite después de una segunda revolución de Mercurio. Después de 176 (2 x 88) días, está de vuelta en M1 y M2 (M4), pero ahora la Tierra se ha movido de E3 a E4. Por lo tanto, Mercurio tiene que hacer un esfuerzo aún mayor; Solo después de 56 días, consigue ponerse en línea con nuestra Tierra. Esto sucede en E5-M5, 232 días después del inicio. De nuevo, la línea común de los dos planetas apunta en una dirección diferente. Así sucede que, en el transcurso de un año, solo pueden aparecer tres conjunciones y, al mismo tiempo, solo tres oposiciones, que tienen lugar aproximadamente a la mitad entre las conjunciones: se denominan en la astronomía conjunciones “superiores” porque Mercurio aparece en tales ocasiones detrás o “por encima” del sol.

Por lo tanto, aquí tenemos otra secuela de “patrones estelares”, hecha por conjunciones y oposiciones, similar a la “estrella octogonal” de Marte (ver el número de febrero). Sólo que en el caso de Mercurio es una estrella triangular que gira lentamente en la eclíptica. A medida que el intervalo entre la conjunción y la conjunción de 116 días se reduce en unos 17 días en un año (3 x 116 = 348 días), el triángulo parece rotar, o, en otras palabras, las conjunciones vuelven gradualmente al ritmo de las estaciones del año. Por ejemplo, el 21 de marzo de 1966, tendrá lugar una conjunción “inferior” de Mercurio cuando esta última se interpondrá entre la Tierra y el Sol. En 1967, el mismo evento ocurrirá el 4 de marzo. Lo mismo se aplica a las otras dos conjunciones durante el año. Por lo tanto, es bastante obvio que vuelven a caer en la eclíptica, en contra de la dirección de todos los planetas. Después de una rotación completa, que lleva aproximadamente 20 años, vuelven aproximadamente a las posiciones iniciales.

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En la cosmología de Rudolf Steiner, las esferas de los planetas “interiores” y la de la Luna pertenecen al alma o al mundo astral. Este es el primer mundo al que entramos después de la muerte. En este contexto, la esfera de Mercurio correspondería a la sexta región del Mundo Anímico. Rudolf Steiner dice que lo que sucede allí después de la muerte es

 … “la purificación de esa parte del alma que tiene sed de acción”. Esta esfera es importante para “las almas cuya actividad no tiene un carácter egoísta, pero que sin embargo brota de la satisfacción sensual que la acción les proporciona … Muchas naturalezas artísticas y las que se entregan a la actividad científica porque les agrada, pertenecen a esta clase”… (De la Teosofía, por Rudolf Steiner).

Esto nos da una idea de la herencia que el alma obtiene de Mercurio cuando regresa a una nueva encarnación. Después de la muerte, nos enfrentamos a todo lo que se aferre como egoísmo en nuestras fuerzas activas del alma, para que pueda ser purificado.

Luego, cuando volvemos a descender a una vida terrenal, adquiriremos en esa esfera particular la capacidad y las inclinaciones para participar activa e inteligentemente en el flujo de la civilización humana en la Tierra. Por supuesto, en toda esta herencia de Mercurio, se integrará e inscribirá el karma evolucionado de encarnaciones pasadas. El estado de ánimo y la intensidad de la voluntad con que participaremos en los problemas de la humanidad, ya nos preparamos en la esfera de Mercurio. Cuando damos los últimos pasos que coinciden con nuestro desarrollo embrionario, Mercurio aparece, aproximadamente en el momento de la concepción y el nacimiento, para indicar en un último resumen las tendencias individuales hacia la vida activa, lo que implica también suficiente espacio para la amplitud y la flexibilidad. Sin embargo, indicaría en el caso de Goethe (nacido en 1749), por ejemplo, una tendencia a usar la idea y el poder de la palabra como poeta y escritor, mientras que Mercurio, en Henry Ford (nacido en 1863) revela más una inclinación hacia el llamado trabajo práctico, incluso manual, y de ingeniería.

Sin embargo, en ambos casos, el planeta sí revela una dirección de la fuerza activa del alma y la inteligencia hacia la voluntad de enfrentar y reaccionar ante la situación espiritual más profunda de esta humanidad presente. Si tanto Mercurio como Saturno se estudian juntos durante la gestación, pueden brindar información sobre el potencial de la voluntad latente de un ser humano, porque Saturno agrega a Mercurio la órbita arquetípica del alma o la capacidad astral nacida del karma. Por supuesto, todas estas observaciones deberán ser fundamentadas en ediciones posteriores.

Entre la Tierra y Mercurio, se está moviendo Venus. A diferencia de Mercurio, este planeta puede observarse muy bien en ciertos momentos, cuando aparece después del atardecer como la Estrella de la Tarde o antes del amanecer como la Estrella de la Mañana. Debido a su mayor distancia del Sol, puede moverse, aparentemente, a una distancia de hasta 48 ° Oeste o Este de este último. El hecho mismo y las fases cambiantes de visibilidad de un cuerpo celeste dependen en gran medida de su tamaño aparente y de su proximidad al Sol. Para aclarar esto, en lo que concierne a Venus, primero queremos concentrarnos en los ritmos de las revoluciones de este planeta alrededor del foco central del sistema solar (ver Fig. 5).

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Al igual que en el caso de Mercurio, partimos de una conjunción de Venus y la Tierra, es decir, la ocasión en que ambos planetas están parados en una línea común que pasa por el centro del Sol (V1-E1). En esta posición no podemos ver el planeta, porque ese lado del planeta en el que caen los rayos del Sol se aleja de la Tierra. Venus se está moviendo más rápido que nuestro planeta; También su órbita es más pequeña. Por lo tanto, solo necesita 225 días para comenzar desde un punto definido de su órbita y regresar (V2). Mientras tanto, la Tierra se ha movido a E2 y Venus debe hacer un gran esfuerzo para capturar nuestro planeta en otra conjunción. Antes de que eso suceda algo más ocurre. Después de 292 días desde el inicio, Venus se ha mudado a V3. Al mismo tiempo, la Tierra está en E3. Nuevamente, los dos están parados en una línea común que pasa por el centro del Sol, pero esta vez ocupan los extremos opuestos de esta línea. Esto es obviamente una oposición de Venus a la Tierra. En esta posición no podemos observar a Venus porque está oculta por los rayos del sol. En algunos casos excepcionales, incluso puede estar oculta detrás del disco del Sol.

Después de eso la persecución continúa. Después de 450 días (2 x 225), Venus ha regresado a la posición original (V4) pero la Tierra no está allí. Se ha movido en E4. Ahora hay una mejor oportunidad para que Venus alcance a la Tierra y, efectivamente, 584 días después de la conjunción en V1-E1, ambos planetas están parados en una línea común (V5-E5), aunque la línea apunta en una dirección diferente. Así, estas conjunciones entre Venus y la Tierra se repiten una vez en 584 días. Se llevan a cabo en cinco direcciones diferentes desde el punto de vista del Sol. Si comenzamos, por ejemplo, con V1-E1, la siguiente será en D (ver diagrama), seguida de otras en B, E, C y nuevamente en A. Esto necesitará 5 x 584 días = 2920 días, o 8 años. Después de eso, el ciclo se repite durante otros 8 años, y así sucesivamente. Siempre a medio camino entre dos conjunciones, tendrá lugar una “oposición” entre Venus y la Tierra, como la de V3-E3. En el curso de estos ciclos, las líneas comunes de ambos planetas inscriben dos pentágonos en la órbita de Venus. Son bastante equiláteros.

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Estos pentágonos también giran en el transcurso del tiempo, como el triángulo de Mercurio, que es causado por el hecho de que las revoluciones de Venus y la Tierra no están exactamente sincronizadas. Sin embargo, esta rotación es mucho más lenta: los pentágonos tardan aproximadamente 1200 años en realizar una revolución completa. Al igual que Mercurio, giran en contra de la dirección del movimiento del planeta en su órbita. Este ritmo de unos 1200 años está estrechamente vinculado a ciertos ritmos de la historia. Por ejemplo, justo en la actualidad (exactamente en enero) tuvo lugar una conjunción inferior de Venus que, siempre observada desde la posición geocéntrica, se asocia con un movimiento retrógrado aparente del planeta en la eclíptica. De hecho, si uno hubiera trazado el curso de Venus entre el 5 de enero y el 19 de marzo, se encontraría con que realizó un “bucle” perfecto en los cielos.

 

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Además, observamos que un bucle similar en el mismo lugar de la eclíptica, o círculo del Sol, tuvo lugar ocho años antes en 1958, y otro ocurrirá en 1974. Entre estos intervalos de ocho años, ocurrirán cuatro conjunciones más en las cuatro esquinas restantes de la estrella del pentágono-pentagrama, descritas anteriormente. Sin embargo, notamos un hecho importante: la conjunción en 1958 fue más avanzada en la eclíptica, aproximadamente 2½°, y la de 1974 se habrá retrasado respecto de la de 1966. Así llegamos a la conclusión de que la estrella del pentágono está girando, que nace por una investigación de las conjunciones a lo largo de los siglos. El de 1966 tuvo lugar en la misma porción de la eclíptica exactamente en los años 711 DC. Este es un intervalo de 1255 años.

(Un año se perdió, por así decirlo, en el proceso de rotación, cuando la conjunción cayó sobre el punto del Año Nuevo en el año en curso). El año 711 DC fue un momento importante en la historia europea. Musa, el gobernador Califa de los árabes mahometanos, que para entonces había conquistado todo el norte de África, envió a su mariscal de campo, Tarik, a España. Los visigodos, que se habían establecido anteriormente en España, estaban desunidos entre sí y se dividieron en facciones hostiles. Así, se convirtieron en una presa fácil para los árabes y fueron derrotados decisivamente en la batalla de Jerez de la Frontera, en julio de 711. Durante los años siguientes, toda la península de los Pirineos fue conquistada por Musa y pronto los árabes cruzaron los Pirineos y descendieron sobre la región que hoy en día es el sur de Francia, que era entonces el dominio franco. Exigió de los francos arduos esfuerzos para contener a los árabes y finalmente expulsarlos de Francia y regresarlos a España.

Las guerras duraron hasta la época de Carlomagno. Los árabes desarrollaron una cultura poderosa y refinada en España, cuyas huellas aún se pueden descubrir allí en restos arquitectónicos, etc. Tuvo una influencia tremenda en el desarrollo de la cultura espiritual europea de la Edad Media. Esta influencia no fue considerada como beneficiosa y saludable por todos los grandes espíritus de Europa. La escolástica y particularmente su gran exponente, Tomás de Aquino, contraatacó en las enseñanzas de Averroes. Era un filósofo árabe que había traducido e interpretado la filosofía del gran griego, Aristóteles, de una manera que daba la impresión de que este último había negado nuestro ser imperecedero y espiritual. Esta fue una inferencia equivocada y considerada peligrosa para el desarrollo de la individualidad humana en un sentido cristiano europeo.

La coincidencia de las conjunciones de Venus con la Tierra en 711 DC y los eventos históricos correspondientes no sería suficiente para establecer una conexión entre los dos. Sin embargo, existe el hecho de que la invasión de los turcos otomanos en Europa coincidió con el momento en que la presente conjunción de Venus-Tierra había llegado exactamente en el punto opuesto a la eclíptica, y también estaba opuesta a la del 711 DC. (Esto sucedió en el curso de la rotación de la estrella del pentágono de la que hablamos anteriormente). En 1326, Orkhan I, hijo de Osman I, se convirtió en sultán otomano. Ese fue el momento en que la esquina del pentágono de Venus, activada a principios de 1966, era exactamente opuesta. Aproximadamente 28 años después, (13½ x 8, que está asociado con el ritmo del pentágono de Venus) en 1353-4, uno de sus hijos cruzó los Dardanelos. Así comenzó la invasión de Europa, que encontró uno de sus eventos culminantes en la conquista de Constantinopla en 1453.

Comentario de marzo:

Uno de los aspectos más importantes, según la visión heliocéntrica, nos parece la posición de Júpiter en la constelación de Géminis. Para fines de mayo, estará en su propio nodo ascendente (vea el número de enero). Esto significa que el planeta ascenderá en ese momento por encima de la eclíptica, viniendo desde debajo de esta última. Por supuesto, este evento no es extremadamente único. Se repite a un ritmo de unos 12 años. De hecho, coincide con la otra característica en el cielo de la que hemos estado hablando: la conjunción de Urano y Plutón. Ambos planetas están relativamente cerca de la línea absidal de Urano. Esta es la línea directa que conecta los puntos (ligeramente fluctuantes) del perihelio (la distancia más cercana al Sol) y el afelio (la distancia más lejana) de este planeta.

Ambos eventos, Júpiter al estar cerca de su propio nodo ascendente y Urano (pero no Plutón) en la proximidad de su perihelio, estuvieron en estas posiciones durante el año 33 DC. (La conjunción de Urano y Plutón es, por supuesto, un énfasis adicional). El año 33 DC fue, según los escritores eclesiásticos y también a la vista de Rudolf Steiner, el año de la Crucifixión y la Resurrección de Cristo (3-5 de abril), posiblemente un año después, también la conversión de San Pablo. Vemos en estos sucesos casuales no solo las similitudes con los aniversarios de la historia. El mismo acorde cósmico, por así decirlo, se toca ahora como cuando sucedió en la época de Cristo, y vemos en esto una señal o señal en los cielos, o un recordatorio de que una hora mundial similar está con nosotros, según el Ritmos del cosmos.

El reloj cósmico no hará más que recordarnos. Pero nos corresponde a nosotros evaluar cuidadosamente las demandas, las posibilidades, las expectativas de esta hora mundial. No hacerlo puede significar que perdemos una oportunidad importante en el calendario o en el plan de estudios de la humanidad y nos veamos obligados a enfrentar el peligro de llegar al fracaso escolar, por así decirlo. Porque no solo estamos en este planeta para seguir nuestro propio deseo de ocio y autoconservación, tenemos una tarea que cumplir. ¿Cuál sería la respuesta humana a esos eventos en los cielos? Si solo nos fijamos, por el momento, en la posición de Júpiter en Géminis, podemos experimentar en nosotros una poderosa inspiración. Géminis, los dos Gemelos, se han desarrollado desde proposiciones de la humanidad más antiguas y totalmente diferentes, hasta una imagen de nuestra exposición moderna a los dos adversarios, como los describe el esoterismo moderno de Rudolf Steiner: Lucifer y Ahriman. Lucifer es el poder que trabaja en nosotros y nos da la capacidad de entusiasmo, de un sentido de belleza y de realización del yo. Pero si se le otorga un poder exclusivo sobre nosotros, Lucifer nos alejaría de la realidad de la Tierra, dejándonos flotar en la existencia de los sueños y el alejamiento de nuestras tareas y problemas terrenales.

Ahriman nos da el terreno sólido bajo nuestros pies, una conciencia de la gravedad y, con ello, la necesidad de la existencia de la Tierra en sus múltiples manifestaciones de experiencia de vida. Sin embargo, si Ahriman tuviera un poder exclusivo sobre nosotros, nos arrastraríamos cada vez más profundamente en la oscuridad de la Tierra, haciéndonos olvidar cualquier noción de la existencia del mundo espiritual, incluso dejándonos olvidar, a través de las correspondientes instituciones sociales y educativas, etc., que somos individualidades y no animales. Estos poderes son el peligro real de nuestra epoca moderna y debemos, y podemos, encontrar la fuerza para mantener nuestra integridad espiritual entre los dos adversarios. Esta será, entonces, también una respuesta humana a ese desafío cósmico que vemos en los cielos. Cómo esto es posible en la presente era, tendremos que discutirlo en el futuro.

Traducción revisada por Gracia Muñoz en marzo de 2019

Febrero de 1966

Del libro: Enfoque Práctico I. Hacia una Nueva Astrología Espiritual

Calendario Estelar — Por Willi Sucher

https://astrosophycenter.com/books

 

En el Diario de enero intentamos describir el funcionamiento del planeta y la esfera de Saturno sobre la base de un conocimiento espiritual realista de nuestra relación con este último. Por supuesto, nos damos cuenta de que nosotros, en la Tierra o en el Cosmos, siempre estamos dentro de estas esferas. Sin embargo, la diferencia es que nuestras almas se mueven en la vida entre dos encarnaciones directamente, por así decirlo, hacia la periferia de la esfera de Saturno. En cierto sentido, incluso se puede decir que nos volvemos idénticos a esta última y la vemos como miraríamos a nuestro cuerpo mientras estamos en la Tierra. De este modo, obtenemos una notable comprensión y universalidad que nos permite percibir los arquetipos de todas las motivaciones del alma de las que hemos hablado anteriormente. En contraste con esto, todavía estamos asociados con el elemento esférico de Saturno, pero estamos comprimidos y contraídos en un punto, el punto de nuestro cuerpo físico. Por lo tanto, podemos entender que esta contracción en un solo punto se manifieste en los órganos del cuerpo humano.

Por ejemplo, el elemento de Saturno aparece condensado en la función dinámica del esqueleto y del bazo, entre otras peculiaridades. Esta perspectiva encaja perfectamente en la imagen de la función de la totalidad del sistema planetario que sugerimos en la edición de diciembre del Calendario Estelar. Llevamos en nuestro cuerpo la suma total del Universo Solar. Se ha encogido y condensado en los órganos físicos. De este modo, llevamos todo lo que experimentamos en las esferas entre encarnaciones en nuestra forma caracterológica física y dinámica.

Esto es, en un sentido amplio, el “destino” que nos hemos construido a través de encarnaciones pasadas, y mediante su escrutinio espiritual, por así decirlo, entre encarnaciones. Ahora, en nuestra nueva vida en la Tierra, nos corresponde a nosotros resolver, redimir, ampliar éticamente o mejorar aún más lo que construimos como un “monumento vivo” del pasado, como nuestra propia corporeidad.

El planeta Saturno, que en realidad vemos en el momento del nacimiento, es como un signo que indica dónde se detuvo el reloj cósmico al final de nuestra existencia prenatal “esférica”. Dado que el planeta, junto con su relación con los otros planetas, es una parte integral de la esfera, podemos juzgar la condición de esta última en cualquier momento, esperando de ella la información correspondiente sobre la asociación del ser humano individual con Saturno. En otras palabras, estudiamos, o al menos intentamos estudiar, nuestro destino individual —el Karma en la terminología esotérica oriental— que nos hemos preparado y eso se ha reducido, por así decirlo, a una fisiología dinámica y objetiva como caracterología en el sentido más amplio. De esta forma podemos visualizar las perspectivas de una astrología espiritual. Nunca nos liberamos del cosmos de las esferas planetarias, siempre nos impregnan, pero en momentos definidos de nuestra entelequia cósmica o camino cambiamos nuestra relación con ellos. Hablando figurativamente, al movernos desde la periferia hacia el centro, pasamos por diversos grados de agregación, y en un punto de transición, al nacer, la configuración de los planetas se destaca en los cielos como una complicada placa de dial marcando nuestra posición momentánea en el camino de nuestra propia interencarnación.

Al pensar en esta línea, llegamos a las perspectivas que expresamos en el último número: adquirimos, al pasar por la esfera de Saturno en el camino hacia una nueva encarnación, nuestra columna vertebral anímica, la dirección general de los motivos interiores con respecto a la vida que se aproxima al cuerpo. La posición del planeta Saturno alrededor del nacimiento indicaría, además de su asociación con el esqueleto, el bazo, etc., nuestro esqueleto psicológico interno de la formación de destino alrededor del cual se construyó el curso de la nueva encarnación. Al mismo tiempo, presente en esta posición de Saturno, estaría el resultado de nuestra participación y motivos en la encarnación pasada y la resolución que siguió a la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento actual. Las innumerables modificaciones posibles en la vida del alma individual se expresarían en las variadas posiciones de Saturno, de acuerdo con las constelaciones de estrellas fijas y también por las relaciones o aspectos angulares de otros planetas.

Trabajaremos sobre estas perspectivas después de una investigación exhaustiva de los doce grupos de estrellas fijas del Zodiaco. Se llamó a Saturno en Grecia, Kronos o Cronos: Padre omnipotente del Tiempo. Esto tiene un significado esotérico de gran alcance. El planeta que vemos en el cielo es una especie de memoria cósmica de una etapa de evolución en el oscuro pasado, llamada en esoterismo Antiguo Saturno (ver La Ciencia Oculta de Rudolf Steiner). El tiempo surgió entonces, por así decirlo, de una condición de duración atemporal. El universo en el que sucedió esto consistió en un momento determinado de una sola entidad planetaria unificada, llenando un volumen tan grande como la esfera (o órbita) actual de Saturno.

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En este contexto, también podemos comprender que los ritmos de Saturno se imprimen significativamente en la vida terrenal.  El planeta necesita 29 años y 167 días para hacer el recorrido completo de su órbita y regresar a una línea desde el centro del Sol hasta una estrella fija en particular. Esto se denomina revolución sideral y coincide, aproximadamente, con el lapso de tiempo de una generación. También con respecto a los desarrollos históricos, el ciclo de 30 años, y particularmente el doble del intervalo de tiempo de 60 años, es de gran importancia. Sesenta años es el ritmo del regreso de la llamada Gran Conjunción, es decir, el retorno periódico de estos momentos en que Saturno y Júpiter parecen moverse juntos en aproximadamente la misma posición de la eclíptica o Zodiaco.

Estos eventos rítmicos son como las manos en un gran reloj cósmico que indica que las intenciones e inspiraciones definidas se activan dentro del universo solar. En este sentido, Saturno actúa como un cronometrador en el calendario del ser humano individual, desafiándonos a ser cada vez más libres en la respuesta espiritual a las situaciones y oportunidades de la vida. Si no respondemos en libertad, Saturno también puede convertirse en algo así como un vengador y anunciar un castigo por la pereza y la indiferencia humanas.

 La esfera debajo, o dentro de Saturno, es la de Júpiter; es mucho más pequeña, como muestra el diagrama de la edición de diciembre. El alma pasa por esa esfera después de la muerte, antes de entrar en la de Saturno. Júpiter toma una posición intermedia entre Saturno y Marte. Los tres juntos forman una unidad. A medida que pasamos por las esferas entre dos encarnaciones, encontramos en ellos los arquetipos del pensamiento o ideas creativas de las tres etapas de manifestación que experimentamos en la existencia terrenal: el ser físico-mineral, la vida y el Yo o conciencia del alma. (Este último ya lo hemos descrito en relación con Saturno).

Rudolf Steiner describe la esfera de Júpiter en su libro Teosofía de la siguiente manera:

 “La segunda región del Mundo del Espíritu” (Marte es la primera y Saturno la tercera) contiene los arquetipos de la vida. Pero aquí esta vida forma una unidad perfecta. Uno podría describir esta segunda etapa del Mundo del Espíritu como “vida fluyente”, formada por material de pensamiento … De esto, también, solo se nos presenta un reflejo durante la vida terrenal … Nosotros (después de la muerte) nos damos cuenta (en la esfera de Júpiter) de hasta qué punto el significado que abarca toda la existencia no se encuentra en lo que es transitorio y separado. Consideramos lo transitorio como una “similitud”, una semejanza de una eterna unidad armoniosa”. Por lo tanto, experimentaríamos allí la inutilidad de cualquier estrechez y egocentrismo en los que podríamos haber estado involucrados en la vida terrenal. Todo lo que en nuestro camino terrenal no fue dirigido e inspirado por los aspectos más importantes de la vida cósmica, por ejemplo, por las grandes visiones de la evolución espiritual, como las expresaría una verdadera religión, encuentran aquí su desafío amonestador y su reintegración en la corriente de la existencia cósmica.

Luego, cuando descendemos hacia una nueva encarnación, nos movemos de nuevo a través de la esfera de Júpiter y reuniremos los elementos importantes para construir una nueva vida en la Tierra; Por ejemplo, durante la gestación, el órgano del hígado. Ciertamente necesitamos este último para preservar el equilibrio de nuestra salud en un sentido fisiológico. Aparte de esto, también necesitamos las fuerzas dinámicas invisibles de este órgano para convertir las ideas en hechos reales. Así, Júpiter indicaría a través de su posición, etc., alrededor del nacimiento, las relaciones en la existencia cósmica prenatal con los seres y los hechos de la esfera de este planeta. Implícito en ello esta el grado de capacidad y dirección para los objetivos y los ideales más grandes de la humanidad, el potencial de trabajar para ellos en el flujo de la evolución y de acuerdo con las situaciones en las que nos coloca el destino.

Esto requiere sumergirse en las corrientes de la realidad terrenal y dejarse guiar en las acciones por los ritmos de evolución más grandes y más pequeños. Por lo tanto, Júpiter al nacer estaría conectado con el poder individual de expansión en la vida terrenal. Todos los grados son posibles, pero el impulso fundamental sería hacia la expansión espiritual y ética. Sin embargo, queda entonces la libertad de cada individualidad para cultivar sus campos de capacidades o dejarlos desatendidos. Del mismo modo, podemos aprender a través del desarrollo de nuestro potencial de Júpiter para utilizar conscientemente los vehículos de la vida terrenal que son los ritmos del tiempo: Júpiter está asociado con la sabiduría cósmica y quien es alumno, por así decirlo, de este sabio planeta, sabe actuar en el momento adecuado; es decir, uno ha aprendido a ser consciente de los ritmos de un desarrollo definido. Debido a que las etapas de la evolución solo pueden alcanzarse “en el tiempo”. Y para conocer el “momento adecuado” uno debe penetrar en los secretos de los ritmos en el cosmos. Poder hacer esto significa cultivar con plena conciencia la herencia de Júpiter. Como hemos señalado anteriormente, esta asociación de Júpiter con los ritmos de la vida, ya sean ritmos en evolución o los ritmos en la vida orgánica, se derivan de la asociación periódica del planeta con Saturno. Sin embargo, Saturno tiene mucha más tendencia a mirar hacia atrás en el tiempo, mientras que Júpiter se concentra en el futuro, en convertirse en y en los poderes potenciales de la vida o las fuerzas etéricas en el Universo. Esta es la razón por la cual Júpiter fue llamado en la antigua Grecia, el Omnipotente Padre del Éter.

Por lo tanto, Júpiter también tiene una asociación más cercana con el espacio, la expansión en el espacio, el relleno del espacio, etc. Esto se expresa mediante la revolución sideral de Júpiter (retorno a la misma estrella fija) que es de 11 años y 315 días, casi 12 años. De este modo, el planeta necesita 1 año para moverse a través de cada una de las 12 constelaciones del Zodiaco, y así establece una relación clara con ese gran círculo en el que está incrustado nuestro universo solar y que es el fundamento espiritual del espacio cósmico.

 La órbita del planeta Marte se encuentra dentro de la de Júpiter; por lo tanto, ya es mucho más pequeñs y Marte necesita solo 687 días para una revolución completa. Su esfera constituye la primera región del Mundo del Espíritu. Rudolf Steiner lo describe en su Teosofía de la siguiente manera: “… La primera región contiene los “arquetipos” del mundo físico en la medida en que no está dotada de vida. Los arquetipos de los minerales se encuentran aquí, también los de las plantas; pero estos últimos solo en la medida en que son puramente físicos … Durante la vida en la Tierra, aprendemos a conocer solo las sombras de esos arquetipos que captamos en nuestros pensamientos… Nos movemos (después de la muerte) entre los pensamientos, pero estos pensamientos son seres reales… Estamos, por así decirlo, en el laboratorio de pensamientos donde se forman y construyen las cosas…

La esfera de Marte es la última a través de la cual se mueve la corriente cósmica de sustancia sideral antes de que entre en el grado más alto de densificación en los objetos físicos de la Tierra. (Ver carta de diciembre: fig.2).

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 En este contexto podemos entender la connotación aparentemente agresiva que se asocia con el nombre de Marte. Para lograr la precipitación final en la materia física en la Tierra, el origen cósmico-espiritual debe ser, por así decirlo, silenciado y conducirse a un proceso ligeramente similar al de la congelación. Esto se hace en un acto que es, en cierto sentido, un proceso de muerte y lo promoverían las fuerzas de Marte. Sin embargo, la agresividad de Marte tiene otro trasfondo. Por ejemplo, en la historia de la Guerra de Troya escuchamos que el Dios o la Inteligencia relacionada con ese planeta era, según las concepciones humanas, absolutamente inestable y sin principios.

Un día, Marte luchaba del lado de los griegos, pero al día siguiente, Marte fue bastante capaz de ayudar a los troyanos. Los otros dioses olímpicos tuvieron que interferir para permitir que los eventos llegasen a su curso predeterminado. ¿Por qué estas características aparentemente extrañas? Los griegos obviamente se dieron cuenta de que en el universo tenía que funcionar un poder cuya tarea fuera crear obstrucción y confusión. Tenía y tiene que funcionar, porque solo a través de este curso podría la conciencia y finalmente la autoconsciencia ser promovida en la raza humana. Eventualmente, la existencia de un mundo material físico sirve a este proceso. Golpeamos, en sentido figurado, nuestra cabeza contra los objetos que nos rodean y, por lo tanto, “despertamos”. Es una escuela difícil, pero debemos admitir que es la más efectiva, y Marte tiene, como hemos visto, una mano decisiva en su creación. Esta misma constelación de hechos sirvió y sigue sirviendo también para la existencia del habla. En el proceso de observación debemos empujar, por así decirlo, los objetos hacia atrás y alejarlos de nosotros para crear el concepto de una cosa y, finalmente, la palabra correspondiente. Esta es una actividad de Marte que está teniendo lugar en nosotros. Podemos realizarlo porque acumulamos experiencias correspondientes en la esfera de Marte antes de encarnar.

Marte en nuestro nacimiento es un símbolo cósmico que indica este tipo de experiencias. Indica, en líneas generales, la capacidad que traemos para la confrontación del mundo material físico, comenzando con aprender a hablar como un niño, hasta la comprensión conceptual de este mundo. Sin embargo, una astrología espiritual siempre procurará cultivar y refinar estas cualidades y eliminar la agresividad original y las tendencias materialistas fácilmente combinadas con esta actividad. Gran parte del materialismo en todos los campos de la vida humana en nuestra era actual está causado por la realización parcial de ciertos impulsos que residen, por así decirlo, en Marte. Este planeta [y su esfera] está pasando por una tremenda transformación. En cierto sentido, las fuerzas que siguen el impulso de una espiritualidad, incluso se puede decir un budismo cristianizado, buscar permear a Marte con cualidades redentoras y sanadoras.

Estos y otros desarrollos similares en este planeta se reflejan en el desarrollo de “nuestra” herencia de Marte mientras estamos en la Tierra. Una astrología espiritual tendrá que tener muy en cuenta este hecho. Los ritmos de Marte que se producen en las reuniones periódicas del planeta con la Tierra —conjunciones, o Marte junto con la Tierra en una línea que se extiende desde el centro del Sol hacia el espacio— son importantes. Están asociadas con el impacto de este planeta en la vida de la Tierra y sus habitantes. A nuestro propio planeta le toma aproximadamente 780 días alcanzar a Marte en una de esas conjunciones. Por lo tanto, ocurren una vez cada dos años, pero siempre alrededor de 45 días más tarde que en el del año anterior. El efecto de este ritmo es que las conjunciones marchan, en un intervalo de unos 15-17 años, progresivamente en el Zodíaco y finalmente regresan, después de ocho conjunciones de este tipo con la Tierra, a la primera localidad zodiacal.

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Un ritmo similar está involucrado en las oposiciones de Marte y la Tierra, o conjunciones con el Sol, cuando los dos planetas se ubican en lados opuestos del Sol en una línea que pasa por el centro de este último y se extiende hacia el espacio a cada lado. En un intervalo de 15-17 años, se producen nueve de estas oposiciones, y la novena regresa a la localidad zodiacal aproximada de la primera. Así llegamos al interesante descubrimiento de que estas conjunciones y oposiciones “dibujan” patrones significativos en el espacio cósmico. En el caso de las conjunciones con la Tierra, vemos un octágono, o “estrella” de ocho puntas (aunque irregular) que se forma cerca de la Tierra. De hecho, estas conjunciones acercan a Marte a la Tierra. Las oposiciones establecen otra “estrella” de ocho puntas, pero esta está mucho más lejos de la Tierra y, por lo tanto, más grande en cierto sentido. En tiempos de oposiciones a la Tierra, Marte está más alejado de nuestro planeta en el curso de su carrera. Visto desde nuestro propio planeta (en otras palabras, geocéntricamente), descubrimos dos “estrellas” octagonales u ocho esquinas formadas por las conjunciones de los dos planetas. Una de ellas, que es más pequeña, se encuentra dentro de la otra más grande. Estos patrones causados por los ritmos cósmicos también son importantes para el conocimiento de la naturaleza de los planetas. Regresaremos a ellos con sugerencias prácticas.

Traducción revisada por Gracia Muñoz en marzo de 2019