GA323c7. Curso de Astronomía

Del ciclo: “La relación de las diversas ramas de las ciencias naturales con la astronomía”

Rudolf Steiner — Stuttgart, 7 de enero de 1921

English version

Mis queridos amigos,

Habrán visto que en estas conferencias intentamos preparar el terreno para obtener una imagen adecuada del mundo. Como he señalado una y otra vez, los fenómenos astronómicos nos impulsan a avanzar desde el aspecto meramente cuantitativo al cualitativo. Bajo la influencia de las Ciencias Naturales, en la investigación moderna, existe una tendencia a descuidar el aspecto cualitativo y traducir lo que es realmente cualitativo en términos cuantitativos, o al menos en formas rígidas. Porque cuando estudiamos las cosas desde un aspecto formal, tendemos a pasar de manera involuntaria a formas rígidas, incluso si nos esforzamos en mantenerlas móviles. Ahora, la cuestión es saber si es posible lograr una comprensión adecuada de los fenómenos del Universo en términos de conceptos rígidos y formales. Y no podremos construir una imagen astronómica del mundo hasta que esta pregunta haya sido respondida.

Esta inclinación a lo cuantitativo, que se abstrae del aspecto cualitativo, ha conducido a una manía absoluta por la abstracción que está haciendo no poco daño a la vida científica, ya que se aleja de la realidad. La gente calculará, por ejemplo, bajo qué condiciones, si dos ondas de sonido se emiten una después de la otra, el sonido emitido más adelante se escuchará antes que el otro. Todo lo que es necesario es el insignificante detalle de que nosotros mismos deberíamos estar moviéndonos con una velocidad mayor que la del sonido. Pero cualquier persona que piense en mantenerse en la vida real en lugar de dejar que sus pensamientos y conceptos huyan de la realidad, cuando los encuentre incompatibles con las condiciones de coexistencia del hombre con su entorno, dejará de formar conceptos en esa dirección. Él no podrá evitarlo. No tiene ningún sentido formular conceptos para situaciones en las que uno nunca puede estar.

Para ser un científico espiritual, uno debe educarse para ver las cosas de esta manera. El científico espiritual siempre querrá que sus conceptos se unan con la realidad. Él no quiere formar conceptos alejados de la realidad, yendo por la tangente, —o al menos no por mucho tiempo. Él los vuelve a la realidad una y otra vez. El daño que hacen los tipos erróneos de hipótesis en el tiempo moderno se debe sobre todo al sentimiento deficiente de la realidad en que se vive. Una concepción del mundo libre de hipótesis, por la cual nos esforzamos o deberíamos esforzarnos, se lograría mucho más rápidamente si tan solo pudiéramos impregnarnos de este sentido de la realidad. Y entonces debemos estar realmente preparados, para ver qué presenta el mundo de los fenómenos. De hecho, esto no se hace hoy. Si los fenómenos se miraran sin prejuicios, surgiría otra imagen del mundo más que las imágenes del mundo de la ciencia contemporánea, de las cuales se deducen conclusiones inverosímiles para ningún propósito real, acumulando una irrealidad sobre otra en estructuras de pensamiento meramente hipotéticas.

A partir de esto y de lo que se dijo ayer, debo introducir nuevamente ciertos conceptos que al principio puede parecer que no están relacionados con nuestro tema, aunque en el curso posterior verán que ellos también son necesarios para la construcción de una verdadera imagen del mundo. Me referiré nuevamente a lo que se dijo ayer en relación con las edades de hielo y con la evolución de la Tierra. Para empezar, sin embargo, vamos a seguir desde otra dirección.

Nuestra vida cognitiva se compone de las impresiones sensoriales que recibimos y de lo que surge cuando asimilamos las impresiones sensoriales en nuestra vida mental interna. De manera correcta y natural, distinguimos en nuestra vida cognitiva las percepciones sensoriales como tales y la vida interior de las “ideas” —imágenes mentales. Para acercarnos a la realidad de este dominio, deben ser formados estos dos conceptos: el de la percepción sensorial pura y simple, y la percepción sensorial transformada y asimilada en una imagen mental.

Es importante ver sin prejuicios, cuál es la diferencia real entre nuestra vida cognitiva en la medida en que esta está impregnada de percepciones sensoriales reales y en la medida en que consiste en una mera imagen mental. Necesitamos ver estas cosas no meramente de lado a lado de una manera indiferente; Necesitamos reconocer las sutiles diferencias de calidad e intensidad con las que entran en nuestra vida interior.

Si comparamos el reino de nuestras percepciones sensoriales —la forma en que las experimentamos— con nuestra vida onírica, observaremos, por supuesto, una diferencia cualitativa esencial entre las dos. Pero no es lo mismo en cuanto a nuestra vida interior de ideas y cuadros mentales. Me refiero ahora, no a su contenido, sino a su calidad interior. Respecto a esto, el contenido —permeado como esta con reminiscencias de las percepciones sensoriales — nos engaña fácilmente. Dejando a un lado el contenido real y mirando solo su calidad y carácter interno —toda la forma en que lo experimentamos— no hay diferencia cualitativa entre nuestra vida interior de ideas y cuadros mentales y nuestra vida de sueños. Piensen en nuestra vida de vigilia durante el día, o todo lo que está presente en el campo de nuestra conciencia en el sentido de que abrimos nuestros sentidos al mundo exterior y, por lo tanto, estamos activos en nuestra vida interior, formando imágenes e ideas mentales. En toda esta formación de imágenes mentales tenemos precisamente el mismo tipo de actividad interna que en nuestra vida onírica; lo único que se le agrega es el contenido determinado por la percepción sensorial.

Esto también nos ayuda a darnos cuenta de que la vida de ideación del hombre —su formación de imágenes mentales— es un proceso más interno que la percepción sensorial. Incluso la estructura de nuestros órganos sensoriales … la forma en que están incorporados en el cuerpo— lo muestra. Los procesos en los que vivimos en virtud de estos órganos no están un poco apartados del resto de la vida orgánica corporal. Como cuestión de hecho, es mucho más cierto describir la vida de nuestros sentidos como una penetración del mundo exterior en el cuerpo, similar a un golfo (Fig. 1), que como algo contenido principalmente dentro de este último. Una vez más, es más fiel a los hechos decir que a través del ojo, por ejemplo, experimentamos una entrada similar a un golfo en el mundo exterior. El desprendimiento relativo de los órganos sensoriales nos permite compartir conscientemente en el dominio del mundo exterior. Nuestros órganos de los sentidos más característicos son precisamente la parte de nosotros que está menos estrechamente vinculada a la vida interna y la organización del cuerpo. Nuestra vida interior de ideación por otro lado —nuestra formación de imágenes mentales— está muy ligada a ellos. Por lo tanto, la ideación es otro elemento en nuestra vida cognitiva que la percepción sensorial como tal. (Recuerden siempre que estoy pensando en estos procesos como los que se encuentran en la etapa actual de la evolución humana).

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Ahora volvamos a pensar en lo que hablé ayer —la evolución de la vida del conocimiento de una edad de hielo a otra. Mirando hacia atrás en el tiempo, observarán que toda la interacción de las percepciones sensoriales con la vida interior de la ideación, la formación de imágenes mentales, ha sufrido un cambio desde la última Glaciación. Si perciben la esencia misma de esa metamorfosis en la vida de conocimiento que describí ayer, entonces se darán cuenta de que, en los tiempos inmediatamente posteriores al declive de la Glaciación, la vida de la cognición humana comenzó a partir de una experiencia cualitativa bastante diferente a la que tenemos hoy. Por describirlo más definitivamente; mientras nuestra vida cognitiva se ha vuelto más permeada y determinada por los sentidos y todo lo que recibimos de ellos, lo que no recibimos de los sentidos —lo que recibimos hace mucho, mucho tiempo a través de otra forma de vivir con el mundo exterior— se desvaneció y desapareció, cada vez más a medida que pasaba el tiempo. Esta otra calidad —esta otra forma de vivir con el mundo— pertenece sin embargo actualmente a nuestras ideas y cuadros mentales. Cualitativamente son como los sueños. En nuestros sueños, tenemos la sensación de que nos damos y nos entregamos al mundo que nos rodea. Tenemos el mismo tipo de experiencia en nuestras imágenes mentales. Mientras formamos imágenes mentales, no diferenciamos realmente entre nosotros y el mundo que nos rodea; estamos bastante entregados a este último. Solo en el acto de la percepción sensorial nos separamos del mundo circundante. Ahora, esto es justo lo que le sucedió a todo el carácter de la vida cognitiva del hombre desde la última Edad de Hielo (o Glaciación). La autoconciencia se encendió. Una y otra vez el sentimiento del “yo” se encendió, y esto fue aumetando.

¿A qué llegamos, por tanto, a medida que retrocedemos en la evolución más allá de la última Edad de Hielo? (No estamos formulando hipótesis; estamos observando lo que realmente sucedió). Llegamos a una vida anímica humana, no solo más parecida al sueño que la de hoy, sino similar a nuestra vida actual de ideación más bien que a nuestra vida en la percepción sensorial actual. Ahora la ideación —es decir, la formación de imágenes mentales— está más estrechamente ligada a la naturaleza corporal que la vida de los sentidos. Por lo tanto, lo que vive y trabaja en este reino se expresará más bien dentro de la naturaleza corporal que independientemente de esta última. Al recordar lo que se dijo en las últimas conferencias, esto les guiará desde las influencias diarias hasta las influencias anuales del mundo circundante. Las influencias diarias, como mostré, son aquellas que tienden a formar nuestra imagen consciente del mundo, mientras que las influencias anuales afectan nuestra naturaleza corporal como tal. Por lo tanto, si rastreamos lo que ha estado sucediendo en la vida interior del hombre, a medida que retrocedemos en el tiempo, somos conducidos desde la vida consciente del alma, más y más profundamente hacia la vida orgánica corporal.

En otras palabras; antes de la última Edad de Hielo, el curso del año y las estaciones tuvieron una influencia mucho mayor sobre el hombre que después. El hombre, una vez más, es el reactivo por el cual podemos discernir las influencias cósmicas que rodean la Tierra. Solo cuando se ve esto podemos formar ideas verdaderas de las relaciones, incluso las de movimiento, entre la Tierra y los cuerpos celestes circundantes. Para penetrar en los fenómenos del movimiento en los Cielos, debemos comenzar desde el hombre —el hombre, el instrumento más sensible, si puedo llamarlo así. Y para ello necesitamos conocer al hombre; debemos ser capaces de discernir lo que pertenece a un reino, a saber, las influencias del día, y al otro, las influencias del año.

Aquellos que han hecho un estudio más intensivo de la ciencia antroposófica pueden recordar aquí lo que a menudo describí desde la percepción espiritual; las condiciones de vida en la antigua Atlántida, es decir, antes de la última Edad de Hielo. Pues estuve describiendo desde otro aspecto —es decir, desde la visión espiritual directa— las mismas cosas a las que nos estamos acercando ahora más con la luz de la razón, partiendo de los hechos del mundo externo.

Nos llevaron a una especie de interacción entre la Tierra y su entorno celestial que dio a los hombres una vida interior de ideación —imágenes mentales— y que luego se transmutó de tal manera que dio lugar a la vida de la percepción sensorial en su forma actual. (La vida de los sentidos como tal, es por supuesto, un concepto mucho más amplio; aquí nos referimos a la forma que toma en el tiempo presente).

Pero debemos hacer una distinción aún más sutil. Es cierto que la autoconciencia o yo-consciente, como lo tenemos hoy en nuestra vida ordinaria, solo se enciende en nosotros en el momento del despertar. La autoconciencia entra en nosotros en el momento en que despertamos. Es a nuestra relación con el mundo exterior —esa relación con la que entramos por el uso de nuestros sentidos— a la que debemos nuestra autoconciencia. Pero si realmente analizamos qué es lo que nos llama la atención, percibiremos lo siguiente. Si nuestra vida interior de imágenes mentales conservara su calidad de sueño y solo se le añadiera la vida de los sentidos, todavía faltaría algo. Nuestros conceptos se mantendrían como los conceptos de imaginación o fantasía (no digo idénticos a estos, pero más o menos). No debemos obtener los conceptos que necesitamos para la vida exterior claramente definidos. Simultáneamente, por lo tanto, con la vida de los sentidos, algo fluye hacia nosotros desde el mundo exterior, que nos da una claridad y contorno a las imágenes mentales de nuestra vida cognitiva diaria. Esto también nos es dado por el mundo exterior. De no ser por esto, la mera interacción de los efectos sensoriales con la formación de ideas y cuadros mentales produciría en nosotros una vida de ensueño o fantasía y nada más; nunca debemos alcanzar la precisión aguda de la vida diaria de vigilia.

Ahora veamos los diferentes fenómenos simplemente de la manera de Goethe o, como ya se ha dicho, de manera más abstracta —en el camino de Kizchhoff. Antes de hacerlo, sin embargo, debo hacer otro comentario incidental, los científicos hoy en día hablan de una “fisiología de los sentidos”, e incluso tratan de construir sobre esta base una “psicología de los sentidos”, de la que existen diferentes escuelas. Pero si ven las cosas como son, encontrarán poca realidad bajo estos encabezados. En efecto, nuestros sentidos son tan radicalmente diferentes entre sí que una “Fisiología de los sentidos”, que pretenda tratarlos a todos juntos, puede ser de lo más abstracto. Todo lo que emerge, como último recurso, es una fisiología y una psicología del sentido del tacto bastante escasa y, hasta entonces, muy cuestionable, que se transfiere por analogía a los otros sentidos. Si buscan lo que es real, necesitarán una fisiología distinta y una psicología distinta para cada uno de los sentidos. Siempre que recordemos esto, podemos proceder. Con todas las calificaciones necesarias, podemos decir lo siguiente. Mira el ojo humano. (Ahora no puedo repetir los detalles elementales que pueden encontrar en cualquier libro de texto científico.) Miren el ojo humano, uno de los órganos que nos da impresiones del mundo exterior —impresiones sensoriales y también lo que les da forma y contorno. Estas impresiones, recibidas a través del ojo, están —una vez más— conectadas con todas las imágenes mentales que luego hacemos de ellas en nuestra vida interior.

Ahora hagamos una clara distinción, en percibir lo que subyace en el contorno y la configuración nítida que hace de nuestras imágenes mentales más que simples imágenes de fantasía, dándoles un esquema claro y preciso. Distinguiremos esto de todo el reino de la imagen donde no se puede encontrar esta claridad y nitidez, —donde en efecto deberíamos estar viviendo en fantasías— incluso a través de lo que experimentamos con la ayuda de nuestros órganos sensoriales —y lo que nuestra facultad interna de ideación hace de ella— todavía deberíamos estar flotando en un reino de fantasía. Es a través del mundo exterior que todas estas imágenes reciben contornos claros y definidos. Es a través de algo del mundo exterior, que de cierta manera entra en una relación definida con nuestro ojo.

Y ahora miren a su alrededor. Transfieran, lo que así hemos reconocido con respecto al ojo humano, al ser humano en su conjunto. Búsquenlo, simple y empíricamente, en el ser humano en su conjunto. ¿Dónde encontramos —aunque en forma metamorfoseada— qué hace una impresión similar? Lo encontramos en el proceso de fertilización. La relación del ser humano en su conjunto —el cuerpo humano femenino— para el medio ambiente es, en una forma metamorfoseada, lo mismo que la relación del ojo con el medio ambiente. Para alguien que está listo para entrar en estas cosas, será completamente claro. Solamente traducida, se podría decir, en el dominio material, la vida femenina es la vida de fantasía o fantasía del Universo, mientras que la masculina es la que forma perfiles y contornos definidos. Es el hombre el que transforma la vida indeterminada de la fantasía en una vida de forma y contorno determinados. Visto de la manera que hemos descrito en la conferencia de hoy, el proceso de la vista no es otra cosa que una metamorfosis directa de la fertilización; y viceversa.

No podemos alcanzar ideas viables sobre el Universo sin entrar en cosas como estas. Solo lamento no poder hacer nada más que indicarles, pero después de todo, estas conferencias tienen la intención de ser un estímulo para seguir trabajando. Creo que este es el propósito de tales conferencias; como resultado, cada uno de ustedes debería poder seguir trabajando en una u otra de las direcciones indicadas. Solo quiero mostrar las direcciones; Pueden ser seguidas de diversas maneras. De hecho, existen innumerables posibilidades en nuestro tiempo, para llevar los métodos científicos de investigación en nuevas direcciones. Solo necesitamos poner más énfasis en los aspectos cualitativos, incluso en aquellos dominios donde uno se ha acostumbrado a un mero tratamiento cuantitativo.

¿Qué hacemos, en el tratamiento cuantitativo? Las matemáticas son el ejemplo obvio; La «foronomía» (cinemática) es otra. Nosotros mismos desarrollamos primero una ciencia de este tipo, y luego buscamos encontrar sus verdades en la realidad empírica externa. Pero al abordar la realidad empírica en su integridad, necesitamos más que esto. Necesitamos un contenido más rico con el que enfocarlo que ideas meramente matemáticas y teóricas. Acérquense al mundo con las premisas de la Foronomía y las Matemáticas y, naturalmente, encontraremos mundos estrellados, o mecanismos de desarrollo, según el caso, ordenados de manera foronómica y matemática. Encontraremos otros contenidos en el mundo si, una vez que tomamos nuestro comienzo desde otros reinos que no sean el matemático y el analítico. Incluso en la investigación experimental lo haremos.

La clara diferenciación entre la vida de los sentidos y la vida orgánica del ser humano en su conjunto aún no había tenido lugar en el tiempo anterior a la última Edad glacial. El ser humano todavía disfrutaba de una vida orgánica más sintética, más “unitaria”. Desde la última vida orgánica del hombre de la era glaciar se ha experimentado, como se podría decir, un “análisis” muy real. Esto también es una indicación de que la relación de la Tierra con el Sol era diferente antes de la última Edad de Hielo de lo que fue después. Esta es la clase de premisa a partir de la cual debemos comenzar para alcanzar imágenes e ideas genuinas sobre el Universo en su relación con la Tierra y el hombre.

Además, nuestra atención se dirige aquí a otra pregunta, mis queridos amigos. ¿Hasta qué punto podemos utilizar el ‘espacio euclidiano? —el nombre, por supuesto, no importa— me refiero al espacio que se caracteriza por tres direcciones rígidas en ángulo recto entre sí. Esto, seguramente, es una definición aproximada y lista del espacio euclidiano. También podría llamarlo ‘espacio kantiano’, ya que los argumentos de Kant se basan en esta suposición. Ahora en cuanto a este espacio euclidiano —o, si quieren, Kantiano…—  tenemos que plantear la pregunta: ¿Corresponde a una realidad, o es solo una imagen mental, una abstracción? Después de todo, bien podría ser que realmente no haya tal cosa como ese espacio rígido. Ahora tendrán que admitir; cuando hacemos geometría analítica, comenzamos con la suposición de que los ejes X, Y y Z pueden tomarse de esta manera inmóvil. Suponemos que esta rigidez interna de X, Y y Z tiene algo que ver con el mundo real. ¿Qué pasaría si no hubiera nada, después de todo, en los reinos de la realidad, para justificar la configuración de los tres ejes coordinados de la geometría analítica de esta manera rígida? Entonces también la totalidad de nuestras matemáticas euclidianas sería a lo más un tipo de aproximación a la realidad —una aproximación que nosotros mismos desarrollamos en nuestra vida interior— un marco conveniente con el que abordarlo en primer lugar. Pero no sería algo que en su aplicación nos pueda asegurar que estemos en la realidad, que nos esté diciendo algo sobre la realidad.

La pregunta ahora es, ¿hay alguna indicación que apunte en esta dirección, —sugiriendo, en efecto, que esta rigidez del espacio no puede, después de todo, mantenerse? Sé que lo que estoy abordando aquí causará grandes dificultades a muchas personas de hoy en día, por la sencilla razón de que no siguen el paso de la realidad en su pensamiento. Piensan que se puede confiar en una cadena infinita de conceptos, deduciendo una cosa lógicamente de otra, sacando conclusiones lógicas y matemáticas sin límite. En contraste con esta tendencia en la ciencia hoy en día, tenemos que aprender a pensar con la realidad, —no permitirnos meramente entretener a una imagen de pensamiento sin al menos ver si está o no de acuerdo con la realidad. Así que, en este caso, debemos investigar. Tal vez, después de todo, al observar el mundo de las cosas concretas, haya alguna forma de alcanzar una determinación más cualitativa del espacio.

Soy consciente, queridos amigos, de que las ideas que ahora expondré encontrarán una gran resistencia. Sin embargo, es necesario llamar la atención sobre tales cosas. La teoría de la evolución ha entrado cada vez más en los diferentes campos de la ciencia. Incluso comenzaron a aplicarse en la astronomía. (Esta fase, tal vez, ha terminado ahora, pero fue hace poco.) Comenzaron a hablar de una especie de selección natural. Entonces, como lo harían los radicales darwinianos para los organismos vivos, comenzaron a atribuir la génesis de los cuerpos celestes a una especie de selección natural, como si la forma eventual de nuestro sistema solar hubiera surgido mediante la selección de entre todos los cuerpos que antes habían sido expulsados Incluso esta teoría se propuso una vez. Se hizo costumbre la idea de llevar a todo el Universo, lo que se llega a comprender desde cientos de hechos.

Así también ocurrió que el hombre simplemente se colocó en el último extremo de la serie evolutiva del reino animal. Se interpretó así la morfología humana, la fisiología, etc. Pero la pregunta es si este tipo de investigación puede hacer justicia a la organización del hombre en su totalidad. Para empezar, omite lo más llamativo y esencial, incluso desde un punto de vista puramente empírico. Uno vio a los evolucionistas de la escuela de Haechel simplemente contando cuántos huesos, músculos, etc., poseen el hombre y los animales superiores, respectivamente. Si se cuenta de esa manera, no se puede hacer otra cosa que poner al hombre al final del reino animal. Sin embargo, es otra cuestión cuando se imaginan lo que es evidente para todos los ojos, a saber, que la columna vertebral del hombre es vertical, mientras que la del animal es principalmente horizontal. Por muy aproximado que sea, es definido y evidente. Las desviaciones en ciertos animales —investigado empíricamente— demostrará ser de importancia definida en cada caso individual. Cuando la dirección de la columna vertebral se gira hacia la vertical, se invocan los cambios correspondientes en el animal en su conjunto. Pero lo esencial es observar esta diferencia muy característica entre el hombre y el animal. La columna vertebral humana sigue la dirección vertical del radio de la Tierra, mientras que la columna vertebral animal es paralela a la superficie de la Tierra. Aquí tiene fenómenos puramente espaciales con una diferenciación interna bastante evidente, en la medida en que se aplican a toda la figura y la formación del animal y el hombre. Partiendo de las realidades del mundo, no podemos tratar la horizontal de la misma manera que la vertical. Al entrar en la realidad del espacio —ver lo que está sucediendo en el espacio, tal como es realmente—  no es posible considerar la horizontal como si fuera equivalente o intercambiable con la dimensión vertical.

Ahora hay una consecuencia adicional de esto. Miren la forma del animal y miren la forma del ser humano. Tomaremos nuestro comienzo del animal, y por favor, complementen sensatamente con su capacidad de percibir lo que voy a presentar ahora. Quiero decir, observen y contemplen por si mismos el esqueleto de un mamífero. Las reflexiones habituales en este reino no son lo suficientemente concretas; no se entra lo suficientemente a fondo en los detalles.

Consideremos entonces el esqueleto del animal. No iré más allá del esqueleto, pero lo que digo es cierto en un grado aún mayor en las otras partes y sistemas en el cuerpo humano y animal. Miren la diferencia obvia, comparando el cráneo con el extremo opuesto del animal. Si hacen esto con una visión morfológica, percibirán las armonías o acuerdos característicos, y también las diversidades características. Aquí hay una línea de investigación que debe seguirse con mucho mayor detalle. Aquí hay algo para ser visto y reconocido, que llevará mucho más profundamente a la realidad que lo que los científicos hoy en día suelen ir.

Está en la naturaleza misma de estas conferencias que solo puedo insinuar en tales cosas, dejando de lado muchos enlaces intermedios. Debo apelar a su propia intuición, confiando en que lo piensen y completen lo que falta entre una clase y la siguiente. Luego verán cómo todas estas cosas están conectadas. Si hicieran lo contrario en estas pocas conferencias, no podríamos alcanzar el final deseado.

Diagramáticamente ahora (Fig. 2), dejen que esta sea la forma animal. Si después de ingresar un número incalculable de enlaces intermedios en la investigación, plantean la pregunta: ‘¿a qué se debe viene esta diferencia característica entre la frente y la parte posterior; entre la cabeza y el extremo de la cola?’, Llegarán a una conclusión muy interesante. Es decir, conectarán la diferenciación de la parte frontal con las influencias del Sol. Aquí está la Tierra (Fig. 3). Tienen un animal en este lado de la Tierra expuesto al sol. Ahora tomen el lado de la Tierra que está alejado del Sol. De una forma u otra, ocurrirá que el animal está en este otro lado. Aquí también los rayos del sol influirán en el animal, pero ahora la Tierra está en el medio. En un caso, los rayos del Sol están trabajando directamente sobre el animal; en el otro caso, de manera indirecta, ya que la Tierra se encuentra en un punto intermedio y los rayos del Sol primero tienen que pasar a través de la Tierra (Fig. 3).

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Si exponemos al animal a la influencia directa del Sol obtendremos la cabeza. Si exponemos al animal a los rayos del Sol que primero han atravesado la Tierra obtendremos el polo opuesto a la cabeza. Estudien el cráneo, para reconocer en él el resultado directo de las influencias del sol. Estudie las formas, toda la morfología del polo opuesto, para reconocer el funcionamiento de los rayos del Sol ante los cuales se interpone la Tierra —los rayos indirectos del sol. De este modo, la morfología del propio animal atrae nuestra atención hacia una cierta interrelación entre la Tierra y el Sol. Para un verdadero conocimiento de las relaciones mutuas de la Tierra y el Sol, debemos crear las condiciones necesarias, no por el mero aspecto visual (aunque el ojo esté armado con telescopios), sino para percibir también cómo se forma el animal —cómo se forma toda la forma animal.

Ahora consideren de nuevo cómo la columna vertebral humana se desplaza a través de un ángulo recto en relación con el animal. Todos los efectos que hemos estado describiendo sufrirán modificaciones adicionales en lo que concierne al hombre. Las influencias del Sol serán, por lo tanto, diferentes en el hombre que en el animal. Tenemos la necesidad de eso que trabaja en el hombre representarlo como una resultante (Fig. 4). Es decir, si simbolizamos la línea horizontal —representando la influencia directa o indirecta del Sol— por esta longitud, tendremos que decir; Aquí hay una línea vertical; esto también estará actuando. Y solo obtendremos lo que realmente trabaja en el hombre formando el resultante de las dos.

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En otras palabras, supongamos que nos llevan a relacionar la formación animal de manera bastante fundamental con alguna forma de movimiento cósmico —digamos, una rotación del Sol sobre la Tierra, o una rotación de la Tierra sobre su propio eje. Si entonces este movimiento subyace a la formación animal, se nos obligará inevitablemente a atribuir a la Tierra o al Sol otro movimiento relacionado con la formación del hombre mismo, —un movimiento que, para su efecto final, se une en una resultante con el primer movimiento de la conformación animal.  De lo que emerge en el hombre y en el animal debemos derivar la base para un verdadero reconocimiento de los movimientos mutuos entre los cuerpos celestes.

Por lo tanto, el estudio de la Astronomía se levantará directamente de su actual dominio limitado, donde uno simplemente toma la apariencia visual externa, incluso si acude a la ayuda de telescopios, cálculos matemáticos y mecánicos. Se elevará a lo que encuentra expresión en ese instrumento tan sensible, como es la organización corporal animal y humana. Las fuerzas formativas que trabajan en el animal, y en el hombre, son una clara indicación de los movimientos reales en el espacio celeste.

Este es de hecho un tipo de matemática cualitativa. ¿Cómo, entonces, debemos metamorfosear la idea cuando pasamos del animal a la planta? Ya no podemos usar ninguna de las dos direcciones que hemos estado usando hasta ahora. Es cierto que puede parecer que la dirección vertical de la planta coincide con la de la columna vertebral humana. Desde el aspecto del espacio euclidiano se hace, sin duda (espacio euclidiano, es decir, no con respecto a la configuración detallada sino simplemente con respecto a su rigidez). Pero no será lo mismo en un espacio intrínsecamente móvil. Me refiero a un espacio, cuyas dimensiones sean tan intrínsecamente móviles que, en las ecuaciones relevantes, por ejemplo, no podamos simplemente equiparar las dimensiones YX con la misma trascendencia, sino que la dirección Y como dirección vertical es al mismo tiempo una función de la dirección de X: Y = F (X). (La ecuación podría escribirse de manera muy diferente a esto. Verán más lo que pretendo con las palabras que uso que con los símbolos; no es fácil expresarlo en forma matemática). En un sistema de coordenadas que responda a lo que ahora pretendo, ya no sería permisible medir las ordenadas con las mismas medidas inherentes que las abscisas. No pudimos mantener las medidas rígidas al pasar de una a otra. De este modo, deberíamos guiarnos desde el rígido sistema de coordenadas del espacio euclidiano a un sistema de coordenadas que es inherentemente móvil.

Y si ahora volvemos a hacer la pregunta: ¿Cómo se relacionan las direcciones verticales del crecimiento de las plantas y del crecimiento humano respectivamente? Estaremos obligados a diferenciar una vertical de otra. La pregunta es, entonces, cómo encontrar el camino a una idea diferente del espacio desde la rigidez de Euclides. Pues bien puede ser que los fenómenos celestes solo puedan entenderse en términos de otro tipo de espacio, ni euclidiano, ni ningún espacio concebido de manera abstracta de las Matemáticas modernas, sino una forma de espacio derivada de la realidad misma. Si esto es así, entonces no hay alternativa; es en ese espacio y no en el espacio rígido de Euclides que tendremos que entenderlo.

De este modo, nos dirigimos a otros reinos, a saber, a la Época Glaciar, por un lado, y por el otro, a una reforma muy necesaria de la idea euclidiana del espacio. Pero esta reforma tendrá un espíritu diferente al de Minkowsky y otros. Simplemente al contemplar los hechos dados y tratar de construir una ciencia libre de hipótesis, nos enfrentamos a la necesidad de una revisión exhaustiva del concepto de espacio en sí. De estas cosas volveremos a hablar mañana.

Traducción revisada por Gracia Muñoz en mayo de 2019

Esta entrada fue publicada en Planetas.

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