GA102c9. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 13 de mayo de 1908

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En nuestra última conferencia nos aventuramos en un terreno bastante inusual, cuando dirigimos nuestra atención a ciertos seres que existen entre nosotros. Son seres espirituales que en cierto modo están fuera del curso regular de la evolución, y es precisamente este hecho el que les da su significado. Estamos teniendo en cuenta los seres elementales, cuya existencia naturalmente, para las mentes iluminadas de hoy en día son una superstición; pero que van a jugar un significativo papel en nuestra evolución espiritual en un tiempo no muy lejano, precisamente por la posición que ocupan en el Cosmos.

Hemos visto cómo estos seres elementales vienen a la existencia como una especie de piezas cortadas de forma irregular de las almas grupo. Sólo tenemos que recordar lo que se dijo al final de la ultima conferencia donde hemos ubicado la naturaleza de tales criaturas elementales ante nuestros ojos espirituales. Estamos teniendo en cuenta una de las últimas especies formadas de estos seres elementales. Hemos señalado el hecho de que cada forma animal, o por decirlo de otra manera, la totalidad de los animales de la misma especie está representada por un alma-grupo. Hemos dicho que las almas-grupo juegan el mismo papel en el mundo astral que el alma humana, en la medida en que está dotada de un Yo en el mundo físico.

El Yo humano es en realidad un Yo grupal que ha descendido del plano astral al plano físico, y por lo tanto se ha convertido en un yo individual. Los Yoes de los animales todavía están en el plano astral, y lo que vemos en el plano físico como animal individual posee sólo el cuerpo físico, el cuerpo etérico, y el cuerpo astral. El Yo esta en el mundo astral, los animales formados de manera similar pertenecen al Alma-grupo. Se puede comprender a partir de este hecho cómo el nacimiento y la muerte en la vida humana no tienen el mismo significado en la vida del animal. Porque cuando un animal muere, el alma del grupo o el yo del grupo sigue viva. Es lo mismo que si —en el supuesto de que fuera posible— un hombre perdiera una mano y fuese capaz de reemplazarla. Su Yo no diría: “He muerto a causa de la pérdida de mi mano”, pues siente que se ha renovado la extremidad. Así que el Yo del grupo de los leones renueva un miembro cuando un león muere y es reemplazado por otro. Así podemos entender que el nacimiento y la muerte de los animales vinculados al alma grupo, no tienen en absoluto la importancia que tiene para el ser humano en el presente ciclo de evolución. El alma-grupo de los animales sabe de los cambios, las metamorfosis; sabe, por así decirlo, la ruptura de los miembros que luego se extienden en el mundo físico, la pérdida de estos miembros y su renovación.

Hemos dicho, sin embargo, que hay ciertas formas animales que van demasiado lejos en el proceso de ruptura, que ya no están en condiciones de devolver al plano astral, lo que traen hasta el plano físico. Cuando un animal muere lo que se desprende debe estar totalmente agotado en el mundo que le rodea, mientras que la naturaleza del alma y el espíritu del animal vuelve a asumirse de nuevo en el alma del grupo, extenderse y crecer en un ser físico nuevo. Hay  ciertos animales que no pueden enviar todo de nuevo al alma grupo, y estas partes que se quedan sueltas, desprendidas del alma grupal pasan a una vida aislada, como seres elementales. Nuestra evolución ha pasado por los escenarios más variados y en cada etapa estos seres elementales han sido separados, por lo que se pueden imaginar que tenemos un número bastante grande de esos elementales que nos rodean en lo que llamamos el mundo suprasensible.

Cuando, por ejemplo, la persona ilustrada dice que la gente habla de los seres elementales llamándolos silfos, o lemures, pero que tales seres no existen, hay que responder que no ve estas cosas, porque no se ha preocupado de desarrollar los órganos del conocimiento que le permite reconocerlos. Pero que pregunten a las abejas, o más bien, al alma de la colmena. Ellos no podrían negar la existencia de silfos o Lemures! Pues los seres elementales que se denominan por estos nombres se encuentran en lugares muy definidos, es decir, donde hay un cierto contacto del reino animal con el reino vegetal. Esto no tiene una aplicación general, sin embargo, se encuentra sólo en lugares donde el contacto se lleva a cabo bajo ciertas circunstancias. Cuando el buey come hierba hay un contacto entre el reino animal y el reino vegetal, que crea un lugar común, un procedimiento normal, que se encuentra en el curso normal de la evolución. El contacto que ocurre entre la abeja y la flor se encuentra en una página bastante diferente de la evolución cósmica. Las abejas y las flores están mucho más separadas en su organización y se unen de nuevo de una manera especial —además, se desarrolla una fuerza bastante notable en su contacto. La peculiar envoltura áurica que siempre surge cuando una abeja o un insecto similar liba una flor pertenece a las observaciones “interesantes” de los mundos suprasensibles espirituales, si se puede usar la expresión, pues tenemos muy pocas expresiones apropiadas para estas cosas sutiles. La experiencia peculiar y única que tiene la pequeña abeja cuando liba la flor está presente no solo en los masticadores o en el cuerpo de la abeja, sino que el intercambio de sabor entre la abeja y la flor extiende una especie de aura etérica diminuta. Cada vez que la abeja liba se crea este aura, y siempre que surge algo como esto en el mundo suprasensible, los seres que lo necesitan llegan al lugar. Ellos se sienten atraídos por ella, porque allí encuentran su alimento —por expresarlo crudamente otra vez. Ya dije en otra ocasión que no debemos estar preocupados con la pregunta: ¿De dónde vienen todos los seres de los que hemos hablado? Dondequiera que se dé la oportunidad a estos seres que hemos definido siempre estarán ahí. Si una persona envía injustos, malos sentimientos, estos viven a su alrededor y atraen a los seres que están allí, esperando, como un ser físico espera la comida. En una ocasión se comparó con el hecho de que no hay moscas en una habitación limpia, y si  todo tipo de alimentos se mantienen en la habitación, entonces habrá moscas. Lo mismo sucede con los seres suprasensibles: sólo hay que darles los medios de alimentación. La abeja que chupa la flor, extiende algo de aura etérica y entonces se acercan, especialmente cuando un enjambre entero de abejas se posa sobre un árbol y luego se aleja con la sensación del gusto en el cuerpo. Entonces todo el enjambre está envuelto en este aura etérea y también completamente compenetrado por los seres espirituales que uno llama Silfos o Lemures. En las regiones fronterizas donde los diferentes reinos entran en contacto unos con otros, estos seres están presentes y realmente juegan un papel. De hecho, no solo se encuentran donde surge esta fina aura etérea, no solo se acercan para satisfacerse, sino que tienen hambre y hacen que el hambre se exprese guiando a las criaturas particulares hacia los lugares particulares. De cierta manera, son pequeños guías.

Así que vemos que los seres que, podemos decir, han cortado su conexión con otros mundos a los que antes estaban unidos, han tomado a cambio un papel extraño. Son seres que bien pueden usarse en otros mundos. En cualquier caso, cuando se usan así, se establece un tipo de organización,  donde ellos quedan bajo seres superiores.

Se dijo al comienzo de la conferencia de hoy que en un momento no muy lejano será totalmente necesario que la humanidad sepa de estas cosas. En un futuro no muy lejano, la ciencia tomará un curso extraordinario. La ciencia se volverá cada vez más materialista, se limitará simplemente a una descripción de hechos externos perceptibles con los sentidos físicos. La ciencia se limitará a lo crudamente material, aunque todavía prevalece un extraño estado de transición. Un tiempo de puro materialismo no diluido en la ciencia no está muy lejos de nosotros. Este materialismo crudo es, en la mayoría de los casos, una posibilidad para las personas con una perspectiva puramente amateur, aunque pocos pensadores se molestan en poner esto en su lugar. Vemos aparecer un gran número de teorías abstractas en las que se hace una referencia tímida a lo suprasensible, lo superfluo. El curso de los acontecimientos, sin embargo, y el poder de los hechos físicos externos derrocarán por completo estas teorías extrañas y fantásticas que son creadas por aquellos que no están satisfechos hoy con la ciencia física. Y un día los sabios se encontrarán en una situación peculiar con respecto a estas teorías.

Todo lo que han esparcido sobre el Todo-Ser y Toda-Exaltación de este o aquel mundo, todas sus especulaciones serán derrocadas y los hombres no tendrán nada más en la mano que simples hechos perceptibles por los sentidos en los campos de la geología, la biología, la astronomía, etc. Las teorías establecidas hoy serán muy efímeras, y para aquel que es capaz de observar el curso especial de la ciencia, se le presenta la desolación absoluta del horizonte puramente físico.

Entonces, sin embargo, también habrá llegado el momento en que un número bastante grande de representantes de la humanidad estará listo para reconocer los mundos suprasensibles de los que habla la concepción del mundo de la Ciencia Espiritual en la actualidad. Un fenómeno como el de la vida de las abejas en relación con lo que se puede conocer de los mundos suprasensibles ofrece una respuesta maravillosa al gran enigma de la existencia. Estas cosas son de gran importancia desde el otro lado. Será cada vez más indispensable captar la naturaleza de las almas grupales, y tal conocimiento jugará un gran papel incluso en la evolución puramente externa de la humanidad. Si retrocedemos miles y miles de años, encontramos al hombre mismo como un ser que todavía pertenecía al alma grupal. La evolución humana en nuestra Tierra va desde la naturaleza del alma grupal hasta el alma individual. El hombre avanza a través del descenso gradual de su alma dotada por el yo a las condiciones físicas, y tiene la oportunidad de convertirse en individuo. Podemos observar las diferentes etapas en la evolución de la humanidad y ver cómo el alma grupal se va volviendo gradualmente individual.

Volvamos al tiempo del primer tercio de la época de la cultura atlante. Allí la vida del hombre era bastante diferente; en los cuerpos en los que estábamos incorporados en ese momento nuestras almas tenían experiencias bastante diferentes. Hay una experiencia que desempeña un papel en la vida del hombre de hoy, —ya sea como individuo o como miembro de un grupo social—, que ha experimentado un gran cambio desde ese momento, es decir, la alternancia de la vigilia y el sueño.

En los antiguos tiempos de la Atlántida no se experimentaba la misma alternancia de vigilia y el sueño como la que existe hoy en día. ¿Cuál es entonces la diferencia característica en comparación con la humanidad actual?

Cuando los cuerpos físico y etérico están durmiendo, el cuerpo astral con el yo se elevan a lo que la conciencia moderna llama el hundirse en una oscuridad indefinida. Por la mañana, cuando el cuerpo astral y el yo atraen nuevamente a los otros miembros, hacen uso de los órganos físicos y se ilumina la conciencia. Esta condición diaria del despertar en la conciencia, y dormir todas las noches en la inconsciencia, no existía anteriormente. Cuando era de día y el hombre se hundía en su cuerpo físico, como era el caso, entonces, de ninguna manera veía seres físicos y los objetos con sus límites definidos como lo vemos hoy. Él veía todo con contornos vagos como ocurre cuando se camina por la calle en una noche brumosa y se ven las luces rodeadas de un aura de bruma. Esa era la forma en que el ser humano de aquellos tiempos lo veía todo.

Si esa era la condición del día, ¿cuál era la condición de la noche? Cuando el ser humano salía del cuerpo físico y etérico durante la noche, no le sobrevenía ninguna inconsciencia absoluta, era solo un cambio a un tipo diferente de conciencia. En ese momento, el hombre todavía era consciente de los procesos espirituales y de los seres espirituales a su alrededor, no clara y exactamente como en la verdadera clarividencia, sino como una última reliquia de la antigua visión clarividente.  El hombre vivía de día en un mundo de nebulosos contornos, en la noche vivía entre los seres espirituales que estaban a su alrededor como hoy tenemos los diversos objetos que nos rodean. Por lo tanto, no había una división tajante entre el día y la noche, y lo que está contenido en las sagas y los mitos no es una fantasía popular, sino recuerdos de las experiencias que el hombre primitivo tenia del mundo suprasensible en su estado de conciencia. Wotan, Zeus u otras divinidades espirituales suprasensibles que eran conocidas por los diferentes pueblos no son elaboraciones fantásticas como se afirma en la junta del consejo de la erudición. Tales afirmaciones solo pueden ser hechas por alguien que no sabe nada de la naturaleza de la fantasía popular. A los pueblos primitivos no se les ocurría en lo más mínimo personificarse de esa manera. Estas fueron experiencias en la antigüedad. Wotan y Thor eran seres con los que el hombre anduvo, como hoy va con sus semejantes, y los mitos y las sagas son recuerdos clarividentes de la antigüedad.

Sin embargo, debemos tener claro que algo más estaba unido con este vivir en los mundos espirituales suprasensibles. En estos mundos, el hombre se sentía no como un ser individual sino como una especie de miembro de los seres espirituales. Pertenecía a los seres espirituales superiores así como nuestras manos nos pertenecen. El débil sentimiento de individualidad que el hombre poseía en ese momento lo adquiría cuando se sumergía en su cuerpo físico y se emancipaba de la “danza” con los seres espirituales divinos. Ese fue el comienzo de su sentimiento de individualidad. En ese tiempo el hombre estaba absolutamente certero acerca de su alma grupal, se sentía inmerso en el alma grupal cuando dejaba su cuerpo físico y entraba en la conciencia suprasensible. Ese fue un tiempo antiguo en el que el ser humano tenía una conciencia vívida de pertenecer a un alma grupal, a un yo grupal.

Veamos una segunda etapa de la evolución humana —omitiremos las etapas intermedias— el escenario al que se hace referencia en la historia de los Patriarcas del Antiguo Testamento. Lo que realmente subyace a esto ya lo hemos relacionado. Hemos dado la razón por la cual los Patriarcas Adán, Noé, y demás, tuvieron un tiempo de vida tan largo. Fue porque la memoria de la humanidad primitiva era bastante diferente de la del hombre contemporáneo.

La memoria del hombre moderno también se ha vuelto individual. Él recuerda lo que ha experimentado desde su nacimiento —muchos en realidad desde un punto del tiempo mucho más tardío. Este no era el caso en la antigüedad. En ese momento, lo que el padre había experimentado entre el nacimiento y la muerte, lo que había experimentado el abuelo, el bisabuelo, era tanto un objeto de la memoria como las propias experiencias del hombre. Por extraño que parezca para el hombre moderno, hubo un momento en que la memoria iba más allá del individuo y volvía a través de la relación de la sangre. El signo externo de la existencia de tal memoria es precisamente nombres como Noé, Adán, etc. Estos nombres no denotan seres individuales entre el nacimiento y la muerte. Hoy se le da un nombre al individuo cuya memoria está encerrada entre el nacimiento y la muerte. Antiguamente, la entrega de un nombre llegaba tan lejos como la memoria se remontaba a las generaciones, en la medida en que la sangre fluía a través de las generaciones.

“Adam” es simplemente un nombre que duró mientras duró el recuerdo. Quien no sabe que dar nombres en otros tiempos era bastante diferente de lo que es hoy, no podrá entender la naturaleza de estas cosas en absoluto. En los tiempos antiguos existía una conciencia fundamental que mediaba de forma bastante diferente. Imaginen que un antepasado tuvo dos hijos, cada uno de estos, dos nuevamente, la siguiente generación nuevamente dos, y así sucesivamente. En todos ellos el recuerdo llegaba hasta el antepasado y se sintieron uno en la memoria que se encuentra arriba, por así decirlo, en un punto en común. La gente del Antiguo Testamento expresaba esto diciendo, y esto se aplica a cada adherente del Antiguo Testamento: “el Padre Abraham y Yo somos uno”. Cada individuo se sentía oculto en la conciencia del alma grupal, en el “Padre Abrahám”.

La conciencia con la que el Cristo ha dotado a la Humanidad sobrepasa eso. El yo a través de su conciencia está conectado directamente con el mundo espiritual, y esto se expresa en: “Antes que Abraham fuera, estaba el yo —o el yo soy”. Aquí, el impulso de estimular el “Yo soy” entra completamente en el individuo separado.

Entonces vemos una segunda etapa de la evolución de la humanidad: la época del alma grupal que encuentra su expresión externa en la relación de la sangre de las generaciones. Un pueblo que ha desarrollado particularmente esto tiene un valor muy especial en enfatizar continuamente: como pueblo, tenemos un alma grupal en común.   —Ese fue particularmente el caso para los hombres del Antiguo Testamento, y entre ellos los conservadores se opusieron fuertemente por lo tanto al énfasis del “Yo soy” del yo individual. Quien lea el Evangelio de San Juan puede captar con el tacto espiritual, por así decirlo, que eso es verdad. Basta leer la historia de la conversación de Jesús con la mujer de Samaria en el pozo. Aquí se señala expresamente que Cristo Jesús va también a aquellos que no están relacionados por la sangre. Lean lo notablemente indicado: “Porque los judíos no tenían trato con los samaritanos”. Quien pueda experimentar esto gradualmente, meditativamente, verá cómo la humanidad ha avanzado desde el alma grupal hacia el alma individual.

La historia se ha convertido en un asunto totalmente externo, en gran medida en una “fábula convenida”, ya que está escrita a partir de documentos. ¡Supongamos que algo tiene que escribirse hoy a partir de documentos y se pierden los documentos más importantes! Entonces, cualesquiera documentos que estén accidentalmente disponibles se juntan y se hacen informes. Para asuntos de realidad espiritual uno no necesita documentos; están inscritos en el Registro Akáshico, que es un registro fiel y no borra nada. Sin embargo, es difícil leer en el Registro Akáshico porque los documentos externos son incluso un obstáculo para el lector de “guiones” espirituales. Pero podemos ver cómo el avance del alma grupal al alma individual ha tenido lugar en tiempos muy cercanos al nuestro.

Quien observa la historia desde un aspecto espiritual tendrá que reconocer un período de tiempo muy importante a principios de la Edad Media. Anteriormente, el hombre todavía estaba encerrado en varios grupos, aunque desde fuera. En una medida mucho mayor de lo que sueña el hombre moderno, las personas al comienzo de la Edad Media todavía recibieron su significado y valor incluso en lo que respecta a su trabajo, a partir de las relaciones y otras conexiones. Era una consecuencia natural para el hijo hacer lo que hacia el padre. Luego llegó el momento de los grandes inventos y descubrimientos. El mundo comenzó a exigir más desde el dominio puramente personal, y el hombre fue cada vez más desgarrado de las antiguas conexiones. Podemos ver la expresión de esto a lo largo de la Edad Media cuando se fundaron ciudades del mismo tipo en toda Europa. Todavía podemos distinguir hoy las ciudades construidas en este tipo de aquellas construidas sobre otras fundaciones.

En la mitad de la Edad Media hubo nuevamente un avance del alma grupal al alma individual. Si miramos hacia el futuro debemos decir: cada vez más el hombre se emancipa del antiguo elemento  del alma grupal y se va individualizando. Si pudieran mirar atrás a las fases anteriores de la evolución del hombre, verían cómo esas culturas se fundieron en el mismo molde, como, por ejemplo, Egipto y Roma. Esto es solo cierto grado de verdad. La humanidad ahora ha descendido al punto donde no solo los modales y las costumbres son individuales sino también las opiniones y las creencias. Ya hay personas entre nosotros quienes consideran un ideal elevado el que cada uno tenga su propia religión. La idea flota ante un número bastante grande de que debe llegar un momento en el que haya tantas religiones y verdades como personas.

Este no será el curso de la evolución humana. Tomaría este curso si los hombres siguieran cultivando el impulso que viene hoy del materialismo. Eso llevaría a la falta de armonía, a la división de la humanidad en individuos separados. La humanidad, sin embargo, no tomará solo este curso si se acepta un movimiento espiritual como la Ciencia Espiritual. ¿Qué entrará entonces? La gran verdad, la gran ley, se comprenderá que las verdades más individuales, aquellas que se encuentran de la manera más interior, son al mismo tiempo las que se sostienen por todos.

Ya he comentado sobre el hecho de que hoy en día existe un acuerdo general sobre las verdades de las matemáticas solamente, ya que estas son las más triviales de todas. Nadie puede decir que encuentra verdades matemáticas a través de la experiencia externa; las encontramos a través de interiorizarlas. Si uno quiere mostrar que los tres ángulos de un triángulo forman 180°, entonces uno dibuja una línea a través del vértice que es paralelo a la base y establece los tres ángulos juntos en forma de abanico; luego, hace un ángulo a = d, b = e, c = sí mismo, y entonces los tres ángulos son iguales a una línea recta, es decir, 180°. Cualquiera que una vez haya captado esto sabe que es así, de una vez por todas, tal como uno sabe que 3 x 3 = 9 después de haber sido captado. No creo que uno esperara descubrir eso por inducción.

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Se trata de la más trivial de las verdades, la aritmética, la geometría, se encuentran en el interior, y sin embargo la gente no disputa acerca de ello. Están totalmente de acuerdo sobre ello, porque el hombre esta lo bastante avanzado como para comprenderlo. El acuerdo en la opinión prevalece sólo en la medida en que la pura verdad no está nublada por las pasiones, la simpatía o la antipatía. Un tiempo vendrá, aunque todavía está muy lejano, cuando la humanidad se unirá cada vez más por el verdadero conocimiento del mundo interior.

Entonces, a pesar de todo individualismo, a pesar de la verdad que se encuentra esparcida por todo el mundo hacia el interior, la armonía prevalecerá. Si las verdades matemáticas no fueran tan sencillas y obvias, entonces, las pasiones desatadas en el reconocimiento, darían lugar a muchas dificultades. Porque si entrara la codicia ahí entonces, tal vez muchas amas de casa determinarían que 2 x 2 = 5 y no 4. Estas cosas son tan obvias y simples que ya no pueden nublarse por la simpatía o la antipatía. Continuamente regiones más amplias serán captadas por esta forma de verdad y más paz podrá llegar a la humanidad si la verdad es captada de esta manera. El ser humano ha crecido fuera de la condición del alma grupal emancipándose de ella cada vez más. Si miramos a los grupos en lugar de las almas, tenemos conexiones familiares, conexiones de tribu y nación, y finalmente razas conectadas. La raza corresponde a un alma grupal. Todas estas conexiones grupales de la humanidad primitiva son lo que el hombre deja atrás y cuanto más avanzamos, más pierde su significado la concepción racial.

Nos encontramos hoy en un punto de transición; la raza desaparecerá gradualmente y algo más tomará su lugar. Aquellos que volverán a captar la verdad espiritual como se ha descrito serán guiados juntos por su propia voluntad. Esas serán las conexiones de una era posterior. Los seres humanos de épocas anteriores nacieron con conexiones, nacieron en la tribu, en la raza. Más adelante viviremos en las conexiones y asociaciones que los hombres crearan por sí mismos, uniéndose en grupos con aquellos de ideas similares mientras conservan su total libertad e individualidad. Comprender esto es necesario para una correcta comprensión de algo como la Sociedad Antroposófica. La Sociedad Antroposófica pretende ser el primer ejemplo de asociación voluntaria de este tipo, aunque podemos ser conscientes de que aún no ha llegado demasiado lejos.

Hubo el intento de crear un grupo en el que los hombres se encuentren sin la diferenciación de la naturaleza del antiguo alma grupal, y habrá muchas asociaciones similares en el futuro. Entonces ya no tendremos que hablar de conexiones raciales sino de aspectos intelectuales-éticos-morales con respecto a las asociaciones que se forman. Los individuos que voluntariamente permiten que sus sentimientos fluyan juntos causan nuevamente la formación de algo que va más allá del hombre meramente emancipado. Un ser humano emancipado posee su alma individual que nunca pierde cuando se ha alcanzado una vez. Pero cuando los hombres se encuentran en asociaciones voluntarias se agrupan alrededor de un centro. Los sentimientos transmitidos de esta manera a un centro una vez más le dan a los seres la oportunidad de trabajar como una especie de alma grupal, aunque en un sentido completamente diferente de las almas grupales anteriores. Todas las almas grupales anteriores fueron seres que liberaron al hombre. Estos nuevos seres, sin embargo, son compatibles con la completa libertad e individualidad del hombre. De hecho, en cierto sentido podemos decir que mantienen su existencia en la armonía humana; residirán en las almas de los hombres, ya sea que den o no la mayor cantidad posible a tales almas superiores la oportunidad de descender al hombre. Cuanto más divididos estén los hombres, menos almas nobles descenderán a la esfera humana. Cuanto más asociaciones se formen donde los sentimientos de compañerismo se desarrollen con total libertad, los seres más elevados descenderán y más rápidamente se espiritualizará el planeta terrenal.

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Entonces, vemos que si el hombre tiene que adquirir alguna idea de la evolución futura, debe tener una comprensión profunda del carácter del elemento del alma grupal. De lo contrario, si su alma individual se mantiene distante demasiado tiempo en la Tierra, y no encuentra el vínculo de la compañía, podría suceder que deje pasar la oportunidad de la unión. Entonces se convertiría en una especie de ser elemental, y los seres elementales que se originan en el hombre serán de una naturaleza bastante malvada. Mientras que aquellos que han surgido de los reinos anteriores son muy útiles para nuestro curso ordenado de la naturaleza, los seres elementales humanos de ninguna manera poseerán esta cualidad.

Hemos visto que tales seres separados surgen en ciertas regiones fronterizas, y surgen también en el límite hecho por la transición de la naturaleza del alma grupal a las asociaciones grupales independientes donde las conexiones son de carácter estético, moral e intelectual. Dondequiera que surjan tales conexiones, los seres grupales están allí.

Si pudieran observar ciertos puntos, como, por ejemplo, los manantiales donde debajo hay una piedra cubierta de musgo, formando una especie de división entre la planta y la piedra, y luego el agua goteando sobre ella —eso también es esencial— entonces verían que lo que se llaman Ninfas y Ondinas son muy reales, son una realidad. De nuevo, donde los metales entran en contacto con el resto del reino terrenal, allí se encuentran haces completos de los seres que llamamos Gnomos. Una cuarta especie son las Salamandras que forman, por así decirlo, la generación más joven en las categorías de seres elementales. Sin embargo, existen en grandes cantidades. En gran medida, deben su existencia a un proceso de separación de las almas grupos de los animales. Estos seres también buscan oportunidades para encontrar alimento, y lo encuentran en particular donde a veces existen relaciones no del todo normales entre los reinos humano y animal. Aquellos que saben algo sobre estas cosas son conscientes de que los seres elementales —y definitivamente buenos seres— se desarrollan a través de la relación íntima del jinete y su corcel.

A través de la cálida conexión de ciertos hombres con grupos de animales, surgen sentimientos, pensamientos e impulsos que proporcionan una buena nutrición para estos seres elementales de naturaleza salamandra. Esto se puede observar particularmente en la vida unida del pastor y su rebaño, en el caso de los pastores en general que viven en estrecha relación con sus animales. Ciertos seres elementales tipo salamandra pueden encontrar su alimento en los sentimientos que se desarrollan a través de esta intimidad entre el hombre y el animal y permanecen donde se encuentra este alimento. También son bastante astutas, llenas de una sabiduría natural. Las facultades que se desarrollan en el pastor a través del cual estos seres elementales pueden susurrarle lo que saben, y muchas de las recetas o prescripciones provenientes de tales fuentes se han originado de esta manera. Un hombre entre tales condiciones puede estar rodeado por hermosos seres espirituales que le proporcionan un conocimiento del que nuestros intelectuales modernos no tienen la menor idea. Todas estas cosas se basan en buenas razones y definitivamente se pueden observar a través de los métodos que la sabiduría oculta puede perfeccionar.

Quisiera concluir señalando otro fenómeno más que puede mostrar cómo ciertas cosas que se explican de forma bastante abstracta hoy en día a menudo han surgido de una profunda sabiduría. Ya he hablado de los tiempos de la Atlántida y de cómo cuando los hombres dejaban sus cuerpos en la noche, vivían entre los seres espirituales a quienes llamaban los Dioses. Estos hombres estaban descendiendo más profundamente en una corporeidad física; pero los seres a quienes veneraron como dioses, es decir, Zeus, Wotan, están en otro camino de evolución. No descienden tan lejos como el cuerpo físico, no tocan el mundo físico. Pero incluso allí encontramos ciertos estados de transición. El hombre ha llegado a la existencia a través de la totalidad de su alma y espíritu habiendo sido curtido en su cuerpo físico. En el caso del hombre, las almas grupales en su totalidad han bajado al plano físico, y el cuerpo físico del hombre se ha convertido en una huella del alma grupal. Supongamos que un ser como Zeus —quien es una realidad positiva— ha contactado un poco con el plano físico, solo proyectado muy poco en él. Eso es más bien como si sumerges una pelota en el agua y  se moja por debajo. De la misma manera, ciertos seres en tiempos de la Atlántida solo han sido apacentados por el mundo físico. Los ojos físicos no ven lo que queda en el mundo espiritual como etérico-astral. Solo la parte que se proyecta en el mundo físico es visible. De tales proyecciones surgió el simbolismo en la mitología. Si Zeus tiene el águila como símbolo es porque su naturaleza de águila es la pequeña proyección donde un ser de los mundos superiores toca el mundo físico. Una gran parte del mundo de las aves está dividida en partes de tales seres evolutivos del mundo suprasensible. Al igual que con los cuervos de Wotan y el águila de Zeus, es en todas partes donde el simbolismo se remonta a hechos ocultos. Todo se hará mucho será más claro si toman en cuenta así la naturaleza, la actividad y la evolución de las almas grupales en los más variados campos.

 

Traducido por Gracia Muñoz en febrero de 2018.

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GA102c6. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 24 de marzo de 1908

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Si de los que estuvisteis presentes en la última conferencia dada aquí han pensado cuidadosamente y recordado cómo ciertas etapas ya pasadas se recapitulan en una etapa posterior, como, por ejemplo, en nuestra Tierra las etapas del Antiguo Saturno, del Antiguo Sol y la Antigua Luna, surgen y se desarrollan poco a poco hasta completar nuestra condición terrena, se podría sentir instado a hacer las siguientes observaciones.

Podría decir: en varias conferencias anteriores se ha afirmado que en Saturno los primeros rudimentos físicos del hombre pasaron por algo así como una especie de sistema sensorial, como si los primeros rudimentos de Saturno hubieran consistido en primitivos órganos de los sentidos; luego en el Sol se desarrolló un sistema glandular: en la Luna un sistema nervioso y en nuestra Tierra todo esto fue recapitulado. Pero, ¿cómo concuerda eso con lo que se dijo en la última conferencia, es decir, que los primeros en aparecer en la Tierra fueron los primeros rudimentos del sistema sanguíneo, una especie de hombre calórico? Luego se dijo que hubo una condensación hacia un estado de aire y que surgió la luz, por un lado se agregó una especie de sistema de aire que luego se convirtió en nuestro sistema de respiración actual, mientras que el sistema de calor se transformó en el posterior sistema sanguíneo, y bajo la influencia de la luz se formó una especie de sistema nervioso percibido interiormente. Se describió además cómo todo eso estaba aún en una condición etérea enrarecida, luego se rellenó con una especie de albúmina que, bajo la influencia del sonido y el tono cósmicos, se organizó en las diferentes sustancias.

Si admito —podría decir el objetor— que el sistema glandular sólo comenzó con el depósito de esta sustancia orgánica, entonces la primera cosa en la Tierra sería una especie de sistema del calor que formó los rudimentos del sistema de la sangre y una especie de sistema nervioso presente en las finas líneas etéricas de fuerza, a continuación se plantearía, el sistema glandular que, en cierto sentido ya estaba sustanciado orgánicamente, y por último se deposito el elemento mineral como se ha descrito en la última conferencia. Si las condiciones sucesivas de Saturno, el Sol, la Luna han reaparecido y en estas condiciones se recapitula en la Tierra, es extraño que el sistema de los sentidos no sea el primero en volver a aparecer, después el sistema glandular, el sistema nervioso y finalmente un sistema de la sangre. Sin embargo, la última vez se describió todo lo contrario: primero, la sangre, a continuación, los nervios, las glándulas y, finalmente, los depósitos sólidos que, como se puso de relieve, en primer lugar abrieron los sentidos hacia el mundo exterior. El objetor podría decir: Este principio de recapitulación funciona muy mal ya que el orden que se ha dado es exactamente el inverso de lo que uno esperaría si tuviera lugar una repetición literal.

Debe admitirse que si alguien deseaba describir las condiciones siguientes como una simple repetición de lo anterior, probablemente daría una descripción que fuera exactamente lo contrario de lo que realmente ha existido. Pues el intelecto concluiría que, de manera automática, la Tierra primero recapitularía lo que sucedió en Saturno, luego lo que sucedió en el Sol, después en la Luna, y que solo entonces surgiría el sistema sanguíneo.

A menudo he enfatizado que como regla en el ocultismo, uno siempre sale mal y puede cometer terribles errores a menos que describa los hechos ocultos y no confíe en el mero intelecto o cualquier conclusión puramente lógica. Porque si uno sigue la evolución de Saturno, Sol, Luna en el Registro Akáshico, es un hecho que uno debe decir que se planeó una especie de sistema de sentidos en Saturno, un sistema glandular en el Sol, un sistema nervioso en la Luna, y con la Tierra, se agregó la sangre. Si uno profundiza en los hechos ocultos aún más, entonces uno encuentra que en realidad en la Tierra aparece primero un tipo de sistema sanguíneo, luego un sistema glandular, un sistema nervioso, y solo entonces surge lo que aparece como el sistema de sentidos en la forma adecuada a las condiciones de la Tierra. Por lo tanto, si uno habla de recapitulaciones, de acuerdo con los hechos reales, debe hablarse de una recapitulación invertida. Lo que se ha demostrado en conferencias anteriores y lo que se demostró en las últimas fuentes no es ninguna especulación, sino los hechos reales y estos muestran tal inversión, lo que hace que la recapitulación sea aún más complicada.

Sin embargo, no debemos contentarnos con la idea de que tenemos que ver con una mera reversión. Así el sistema sanguíneo en sus primeros rudimentos apareció en la Tierra como una especie de hombre de calor, como lo describí la vez pasada, pero al mismo tiempo era realmente una especie de sistema sensorial. De hecho, era un sistema de calidez y percepción. El ser humano era, por así decirlo, totalmente un hombre de sangre o calor. No estaba impregnado de la sustancia de la sangre, pero las líneas etéreas de calor penetraron en él, y estas líneas etéreas de fuerza calórica de las que surgió posteriormente el sistema sanguíneo fueron, en sus primeros rudimentos, claramente una especie de sistema sensorial. Fueron los primeros rudimentos de un sistema sensorial, y el sistema de nervios y luz fue al principio una especie de sistema glandular, y el último sistema glandular que se organizó realmente solo pudo surgir debido a que los otros sistemas, el de la sangre y el sistema nervioso, ahora incorporados, avanzaron en su desarrollo. Este avance se produjo de la siguiente manera: mientras que el sistema nervioso se desarrolló como una especie de sistema glandular, algo de la sangre quedó atrás como sus últimos rudimentos. Pero también durante la segunda etapa el sistema sanguíneo en sí cambió a una especie de sistema nervioso; y cuando eso se logró y, en la tercera etapa, se incorporó el sistema glandular, los dos sistemas anteriores cambiaron nuevamente, de modo que, de hecho, el sistema sanguíneo avanzó un grado y el sistema nervioso también un grado. Cambios y transformaciones están teniendo lugar continuamente. La evolución es muy complicada y uno no puede estar satisfecho con la idea de la recapitulación invertida. Porque la “inversión” es solo parcial: el sistema sanguíneo es un sistema sensorial que se transforma más tarde, y es lo mismo con el sistema nervioso, y así sucesivamente.

Así que podemos hacer un recorrido que nos permita observar como hemos llegado a nuestra altura actual, ciertamente no es un asunto fácil si nos empeñamos en elaborarlo con el intelecto. La cuestión está en que con paciencia y perseverancia nos familiaricemos con este complicado curso de la evolución. Sin embargo, esto no es más que una especie de introducción que he querido dar a aquellos que han estado estudiando y vivenciando lo que se dijo en la última conferencia.

Una tarea muy diferente nos preocupa hoy —la de considerar al hombre y su evolución en la Tierra desde un punto de vista totalmente diferente, por lo que el ser humano debe aparecer ante nosotros con una claridad cada vez mayor. Si, con esto en mente, miramos hacia atrás una vez más a la encarnación anterior de nuestra Tierra, a la antigua Luna, recordamos que el ser humano tiene un cuerpo físico, un cuerpo etérico y un cuerpo astral, pero todavía no tiene un yo personal como el que actualmente posee en la Tierra. Si examinamos ahora la conciencia de este hombre lunar nos encontramos con que era radicalmente diferente al ser humano de hoy. La conciencia del hombre de hoy se expresa realmente en lo que se podría llamar “personalidad”. Con esta palabra se dice mucho en la caracterización del hombre de la Tierra, ya que no había “personalidad” en la antigua Luna. Hemos visto cómo esta personalidad se ha ido formando gradualmente en la Tierra y cómo en la antigüedad el hombre aún se sentía mucho más como miembro de un gran número de otros que se pertenecían mutuamemte. Incluso si no retrocedemos demasiado en las regiones donde vivimos nosotros mismos, sí, incluso si regresamos a los primeros siglos cristianos, todavía encontraremos allí los últimos ecos de una conciencia antigua. El antiguo miembro de los Cherusci, los Sugambri, Heruli, Bructeri, no se sentía en la misma medida una personalidad como lo es el hombre de hoy, se sentía uno de su tribu. Y cuando decía “yo”, eso significaba algo completamente diferente de lo que significa hoy. Si un hombre moderno dice “yo”, se refiere a la entidad de su personalidad, la que, por así decirlo, está encerrada dentro de su piel. En ese momento los hombres se sentían con respecto a su tribu como una extremidad se siente en nuestro organismo. Se sentía en primer lugar como miembro de los Sugambri, Heruli, Bructeri, Cherusci y, en segundo lugar, un “yo” personal. Tendrán una mejor comprensión de muchas condiciones antiguas si tienen en cuenta esta alteración radical en la personalidad, si se dan cuenta, por ejemplo, de que ciertas formas de venganza familiar, venganza tribal, deben ser explicadas completamente por la conciencia común de la tribu, una especie de conciencia de alma grupal.

Y si nos remontamos aún más atrás al tiempo clásico del Antiguo Testamento, el tiempo del pueblo judío, sabemos que el judío individual se sentía absolutamente un miembro de todo el pueblo judío. Sabemos que cuando decía “yo” no lo sentía como representante de su ser, sino que sentía la sangre de todo el pueblo tal como había fluido en las generaciones desde el Padre Abraham: “el Padre Abraham y yo somos uno”. Cada miembro de la raza sentía que esto era lo que le daba su valor y posición. Sentía en el alma grupal, por la sangre, directamente al Padre Abraham. Y si retrocedemos aún más, a las épocas más tempranas de la Tierra, encontramos que el elemento de alma grupal aún se expresaba más claramente. El individuo tenía un recuerdo de lo que sus antepasados habían hecho, volvían al primer antepasado. El recuerdo de los descendientes se remonta a cientos de años. En nuestros días, en circunstancias normales, un hombre ya no recuerda lo que su padre hizo, a menos que lo haya visto. Ya no recuerda lo que sus antepasados han experimentado. En la antigüedad, el hombre tenía un recuerdo no solo de lo que él mismo había experimentado, sino también de las experiencias de los antepasados con los que tenia la sangre en común, no porque él lo supiera, sino porque la memoria continuaba más allá del nacimiento. Y sabemos que la gran edad atribuida a los Patriarcas, a Adán y los antecesores posteriores del pueblo judío, originalmente significaba nada más que la longitud de la memoria, cuán lejos se recordaba en el árbol ancestral.  ¿Por qué vivió Adán tanto tiempo? ¿Por qué los otros Patriarcas vivieron tanto tiempo? Porque uno no designaba a la personalidad individual, sino que recordaba las generaciones pasadas como uno recuerda la juventud actual. Eso fue denotado por una expresión común, la personalidad no se puso en duda en absoluto. El hombre recordaba no solo lo que había pasado en la infancia, sino lo que su padre, su abuelo habían experimentado en la infancia, y demás a través de los siglos, y comprimió los contenidos de esta memoria en una unidad a la que llamó —déjenme decir— “Adán” o “Noé”, y así sucesivamente. En las epocas primitivas, la personalidad separada no tenía nada del valor que tiene ahora; la memoria llegaba más allá del padre, la madre, el abuelo, etc., y en la medida en que le llegaba a uno, usaba un nombre común. Eso parece torpe y fantástico para la concepción materialista del mundo actual, pero debe ser afirmado desde el fondo de los hechos con una psicología fundamental que sabe cómo contar los hechos.

En nuestra Tierra, por lo tanto, el hombre tenía una especie de conciencia grupal conectada con su alma grupal. Si tuviéramos que regresar a la antigua Luna donde el ser humano no tenía un yo restringido de este tipo incrustado en la conciencia grupal, pues no tenía yo en absoluto, donde todavía consistía de cuerpo físico, cuerpo etérico y cuerpo astral, deberíamos encontrar que esta antigua conciencia Lunar no era más pequeña, sino que abarcaba grupos inmensamente grandes; que, de hecho, las almas grupales integradas fueron la base de la raza humana en la Luna. Estas almas grupales que, por así decirlo, establecían los hombres lunares individuales en la Luna simplemente como sus miembros, eran almas sabias. Como saben, también hemos descrito las almas grupo de los animales en la Tierra y también hemos encontrado la sabiduría como su característica sobresaliente. Estas almas grupales de la Luna implantaron en la encarnación previa de nuestro planeta la sabiduría que conocemos hoy y de la que tanto nos maravillamos y admiramos. Y cuando hoy nos sorprende cómo cada hueso, corazón y cerebro, cómo cada hoja de la planta está impregnada e imbuida de sabiduría, entonces sabemos que la sabiduría de las almas grupales cayó de la atmósfera de la antigua Luna —como hoy las nubes dejan que la lluvia gotee— y se hizo miembro de todos los seres. Estos lo recibieron como una propensión y lo sacaron de nuevo cuando aparecieron en la Tierra después de la Pralaya. Por lo tanto, en la Antigua Luna estaban las almas grupales omnipresentes llenas de sabiduría.

Ahora bien, si buscáramos en la Antigua Luna una cualidad que encontramos hoy en la Tierra en una medida cada vez mayor a medida que avanza la evolución, no la encontraríamos en los seres de la Luna. Esta cualidad es el amor, el impulso que nos conduce a unirnos a otros seres por la propia voluntad. El amor es la misión de nuestro planeta terrenal. Por eso en el ocultismo llamamos a la Luna el “Cosmos de la Sabiduría” y a la Tierra el “Cosmos del Amor”. Así como hoy, en la Tierra, nos maravillamos de la sabiduría incrustada en ella, así un día los seres de Júpiter serán seres en los que el amor fluirá hacia ellos como una fragancia. Así como la sabiduría brilla hacia nosotros en la Tierra, así en Júpiter vendrá como fragancia hacia los seres de Júpiter lo que está evolucionando aquí en la Tierra como amor, desde el amor puramente sexual hasta el “Amor Divino” de Spinoza. Enviará su perfume como las plantas envían sus diversos aromas. Por lo tanto, los grados de amor fluirán como el perfume ascendiendo del cosmos al que, como sucesor de nuestra Tierra, hemos llamado Júpiter. Así, en el curso de la evolución, las condiciones se alteran, y cada vez que ocurre un avance en la evolución, los seres también avanzan; aquellos que están unidos con las etapas de la evolución planetaria están siempre avanzando hacia etapas más altas. Los seres humanos que viven en la Tierra hoy son los instrumentos de la evolución del amor. Porque el reino animal ha desarrollado formas de amor que se han quedado atrás como formas rezagadas; y en la medida en que el amor aparece entre los animales, una simple reflexión mostrará que todo es pre-etapa del amor humano, del amor que continuamente se espiritualiza. Como el hombre es el instrumento para la evolución del amor en la Tierra, cuando haya evolucionado a Júpiter será capaz de recibir una calidad aún mayor. Así también los seres que “derramaron” sabiduría desde la periferia de la Luna se volvieron capaces de una mayor evolución cuando la Luna se convirtió en Tierra; ellos ascendieron más alto. Los seres que en ese momento fueron capaces de dejar que la sabiduría se infiltrara en los seres lunares fueron en realidad aquellos que estaban tan avanzados en el momento en que el Sol se retiró de la Tierra que salieron con el Sol y lo convirtieron en su escenario de acción. Los seres que en la Luna fueron espíritus de la sabiduría —la sabiduría que se derramó— no fueron los Espíritus de la Sabiduría que han sido llamados así en relación con Saturno, estos espíritus, o al menos un gran número de ellos, eligieron el sol como su escenario. Solo el Ser que designamos como Iahvé o Jehová, que había alcanzado la plena madurez en la Antigua Luna, se convirtió en el Espíritu de la Forma de la Tierra, el Regente de las fuerzas de la Luna. Pero ya hemos hablado de otros seres que no completaron su desarrollo en la Luna, que permanecieron, por así decirlo, a medio camino entre la existencia humana y la divina. Los hemos caracterizado de muchas maneras. Hemos indicado que el Sol en una determinada etapa de su evolución expulso a Venus y a Mercurio de sí mismo para dar a estos seres un escenario que se adaptara a ellos. También hemos hablado de seres que han participado en el desarrollo progresivo del hombre y que, como seres de Venus y Mercurio, han sido los grandes maestros de la humanidad en los Misterios.

Hoy ampliaremos esta imagen desde otro punto de vista.

Ya hemos señalado que si las fuerzas y los seres que dejaron la Tierra cuando el Sol se retiró se hubieran mantenido unidos a la Tierra como estaban originalmente, entonces el hombre se habría visto obligado a desarrollarse a un ritmo demasiado rápido como para soportarlo. Él nunca habría alcanzado su evolución si los Espíritus de la Sabiduría hubieran estado ligados a la Tierra como lo estuvieron en la Luna. Tuvieron que alejarse a cierta distancia y trabajar desde fuera para que el hombre tuviera la velocidad adecuada en su desarrollo. De lo contrario, tan pronto como naciera, habría envejecido,  pasaría por su desarrollo a un ritmo demasiado rápido. Puedo aclararlo de otra manera.

Los espíritus que han evolucionado hasta la existencia del Sol no están interesados en absoluto en el desarrollo gradual y lento del hombre de su naturaleza espiritual durante su existencia corporal, durante la infancia, la juventud, la madurez y la vejez. Solo tienen interés en el desarrollo perfeccionado de la espiritualidad. Si hubieran permanecido en conexión con la Tierra, los cuerpos humanos en cierta manera habrían quedado atrofiados, quemados. Sin madurar los frutos obtenidos de una existencia terrenal, el espíritu habría ido hacia una evolución rápida y el ser humano habría perdido todo lo que podía aprender sobre la Tierra. Sobre todo, la impronta del Amor en la evolución cósmica habría permanecido oculta. Para que el amor pueda desarrollarse en la Tierra, el cuerpo primero debe desarrollarse en una etapa primitiva. El amor tuvo que ser inaugurado en la forma más baja como el amor sexual, para elevarse a través de las diversas etapas y, finalmente, cuando la Tierra perfeccionada alcance sus últimas etapas, pueda imprimirse en el hombre como amor puro y espiritual. Todo amor inferior es la educación para el amor superior. El hombre terrestre debe desarrollar el amor en sí mismo, para que al final de su evolución pueda devolverlo a la Tierra, ya que todo lo que se desarrolla en el microcosmos se vierte al final en el macrocosmos. La sabiduría que fluyó en el hombre de la Luna brilla hacia el hombre de la Tierra como la sabiduría que impregna su estructura. El amor que, por grados, se va implantado en el hombre durante el período de la Tierra fluirá como fragancia hacia los seres de Júpiter, en todo el reino de Júpiter. Este es el camino que deben tomar las diversas fuerzas cósmicas.

Por lo tanto, el punto de partida de la misión de nuestra Tierra, la impresión del Amor, estaba de alguna manera enfrentando las dos tendencias siguientes. Los Espíritus de la Sabiduría, los creadores de la sabiduría, quienes en la Luna habían vertido la sabiduría en los reinos de la Tierra, estaban en la Tierra, como tal, desinteresados en la naturaleza física corporal del hombre. Como Espíritus de la Sabiduría no estaban interesados en ello, y al estar interesados solo en la sabiduría, delegaron la misión especial de la Tierra a los “Espíritus del Amor”. Estos son de otro rango y, como Espíritus de Amor, ellos también pudieron atravesar su propia evolución durante un tiempo en el Antiguo Sol. De esta manera, tenemos una doble tendencia en la evolución de la Tierra: una corriente de amor que, por así decirlo, aparece por primera vez, y una transmisión de sabiduría que trabaja desde fuera, ya que los espíritus que se interesan de manera preeminente por la sabiduría se han retirado al Sol. Es muy importante comprender correctamente esta cooperación de los Espíritus de la Sabiduría y los Espíritus del Amor, ya que expresa un contraste infinitamente importante. Si ahora trato de poner en lenguaje humano lo que expresa este contraste, es que los Espíritus de la Sabiduría delegaron por completo el hombre a los Espíritus del Amor entre el nacimiento y la muerte y la forma en que se desarrolla, y tomaron para sí el control de la “individualidad” que atraviesa las diversas “personalidades” en el curso de las reencarnaciones. Si imaginan al hombre en su totalidad, tienen aquí el análisis que muestra bajo qué dos poderes se encuentra en la regencia cósmica. Lo que el hombre es entre el nacimiento y la muerte, lo que desarrolla en sí mismo mientras vive en el cuerpo, lo que realmente le hace a él, por así decirlo, una entidad que está con sus dos pies sobre la Tierra, está bajo la autoridad de los Espíritus del Amor. Lo que se entrelaza a través de las personalidades como la individualidad duradera, nace con el hombre, muere, nace de nuevo, muere otra vez, etc., se encuentra en cierto sentido bajo la regencia de los Espíritus de la Sabiduría. Pero no deben tratar esto mecánicamente y decir: Entonces afirma que la individualidad humana está bajo la influencia de los Espíritus de la Sabiduría y la personalidad humana bajo la influencia de los Espíritus del Amor. Si tuviéramos que estereotipar estas cosas, eso solo nos llevaría a tonterías. Los conceptos solo son válidos si los entendemos en su relatividad y sabemos que cada concepto tiene dos lados. Solo si tuvieran la opinión de que esta vida entre el nacimiento y la muerte carece de significado para todas las vidas siguientes, entonces podrían estereotiparlo de esa manera. Pero deben tener en mente lo que siempre he enfatizado, es decir, que los frutos de cada vida terrenal separada, los frutos de todo lo que se ha ganado bajo la influencia de los Espíritus del Amor fluyen en toda la evolución e igualmente en lo que es guiado por los Espíritus de la Sabiduría.

Por otro lado, deben tener claro que todo en el cuerpo humano, hasta el cuerpo astral (ya hemos descrito cómo las experiencias hechas en la Tierra deben ser transformadas) procede bajo el poder de los Espíritus de la Sabiduría, así que de nuevo los espíritus de la sabiduría trabajan en el ser del hombre ya que tiene un cuerpo físico, un cuerpo etérico y astral. Y porque todo lo que el hombre como personalidad desarrolla bajo el elemento del amor perdura para su individualidad, los Espíritus del Amor trabajan nuevamente en lo que se desarrolla en una vida humana a través de los Espíritus de la Sabiduría. Por lo tanto, trabajan juntos. Entonces la regencia de estos Espíritus está nuevamente dividida en tanto que todo lo que es personalidad está directamente bajo el control del amor, y todo lo que sucede entre el nacimiento y la muerte está indirectamente bajo el elemento de la sabiduría.

Así vemos cómo la personalidad del hombre y su individualidad está dentro de dos tendencias y corrientes diferentes. Eso es importante por la siguiente razón. Si los Espíritus de la Sabiduría que se significan ahora, por así decirlo, se arrogaran la autoridad a ellos mismos, entonces habría surgido ese desarrollo vigoroso y exuberante que también se podría describir al decir que el hombre en una encarnación única habría pasado, todos los posibles perfeccionamientos de todas las encarnaciones. Lo que los Espíritus de la Sabiduría debían dar, sin embargo, fue distribuido entre las sucesivas encarnaciones terrenales del hombre. Esto se expresa en el ocultismo de manera muy definitiva al decir: Si los Espíritus de la Sabiduría permanecieran en la evolución, el hombre rápidamente se habría desarrollado a la espiritualidad, abrasándose a sí mismo a lo largo de la evolución corporal. Pero los Espíritus de la Sabiduría se abstuvieron de llevar al hombre a un desarrollo tan violento. Se alejaron de la Tierra para rodearla, con el fin de regular y modificar los períodos de tiempo que de otro modo habrían pasado tan vehementemente. Por lo tanto, uno dice en ocultismo que estos Espíritus de la Sabiduría se convirtieron en los “Espíritus de la Rotación del Tiempo”. Las sucesivas encarnaciones del hombre fueron reguladas en las sucesivas revoluciones del tiempo, que fueron nuevamente reguladas a través del curso de las estrellas. Los Espíritus de la Sabiduría se convirtieron en Espíritus de la Rotación del Tiempo. Habrían podido alejar al hombre de la Tierra con su poder lleno de sabiduría, pero luego habrían tenido que renunciar a la maduración de los frutos que solo puede tener lugar en el transcurso del tiempo. Los frutos del amor, de la experiencia terrenal, no habrían sido ganados. Esos secretos que los seres deben poseer y guardar en sus corazones para madurar los frutos del amor, de la experiencia de la Tierra, fueron ocultados desde estos Espíritus de la Rotación del Tiempo. Por lo tanto, se ha registrado: “Ellos velaron sus rostros ante el Cordero Místico”. Porque el “Cordero Místico” es el Espíritu Solar que tiene el secreto no solo de levantar a los espíritus de la Tierra, sino de redimirlos, espiritualizándolos, después de atravesar muchas encarnaciones. El poseedor del Misterio del Amor es el Espíritu Solar al que llamamos el Cristo, y como tiene un interés no solo en la individualidad, sino directamente en cada personalidad de la Tierra, lo llamamos el “Gran Sacrificio de la Tierra” o el “Cordero Místico”.

Así, ciertos Espíritus se convirtieron en los Espíritus de la Rotación del Tiempo y regularon las sucesivas encarnaciones. El Cristo se convirtió en el centro, el foco, en la medida en que las personalidades individuales debían ser santificadas y purificadas.  Todo lo que el hombre puede traer como fruto de la personalidad individual en la individualidad lo logra a través de tener una conexión con el Ser Crístico. Mirar hacia adelante, sintiéndose unido con Cristo, purifica y ennoblece la personalidad. Si la evolución de la Tierra hubiera seguido su curso sin la aparición del Cristo, entonces el cuerpo humano —si hablamos en un sentido integral— habría permanecido malvado; habría tenido que unirse con la Tierra y caer presa de la materialidad para siempre.

Sin embargo, si los Espíritus de la Sabiduría no hubieran renunciado a la espiritualización inmediata del hombre al comienzo de la evolución de la Tierra, podría haber tomado uno de los siguientes dos cursos: o los Espíritus de la Sabiduría, al comienzo de la evolución terrenal —en la edad lemuriana—habrían arrancado al hombre del cuerpo, lo habrían llevado a una rápida evolución espiritual y consumido rápidamente su cuerpo, en cuyo caso la Tierra nunca podría cumplir su misión; o, por otro lado, podrían haber dicho: no deseamos eso, queremos que el cuerpo humano se desarrolle completamente, pero nosotros mismos no tenemos ningún interés en ello. Por lo tanto, renunciaremos al Nacido-Tardío, a Jehová; él es el Señor de la Forma —y el hombre se habría secado, momificado. El cuerpo del hombre habría permanecido unido a la Tierra, nunca habría sido espiritualizado.

Ninguno de estos caminos fue elegido, pero a fin de formar un equilibrio entre los Espíritus de la Sabiduría y el Último Nacido de la antigua Luna, el Señor de la Forma, que fue el punto de partida para la creación de la luna presente, fue creada una situación central. Esta solución intermedia fue preparada para la aparición de Cristo quien es exaltado por encima de la Sabiduría, ante quien los Espíritus de la Sabiduría cubren su rostro con humildad, y quien redimirá a los hombres si se impregnan cada vez más con Su Espíritu. Y cuando la Tierra misma alcance el punto en que el hombre se habrá espiritualizado completamente, entonces no caerá de la evolución una bola seca, pues a través de lo que ha podido extraer de la evolución, el hombre llevará su forma humana cada vez más ennoblecida a la completa espiritualización. Y vemos cómo los seres humanos son espiritualizados. Si tuviéramos que ver los cuerpos humanos originales de la Edad Lemuriana, que nunca describiría en una conferencia pública, encontraríamos que representaban el límite extremo de la fealdad, y los hombres se volvían más ennoblecidos a medida que el amor los purificaba cada vez más. Pero el hombre evolucionará incluso más allá del rostro humano actual. Hoy estamos en la quinta raza. En la sexta raza, la fisonomía externa del semblante del hombre mostrará su bondad interior, el estado interior de su alma. El hombre tendrá entonces una fisonomía bastante diferente; por la forma externa uno reconocerá cuán bueno, cuán noble es, uno verá por su semblante qué cualidades se encuentran dentro de su alma. La fisonomía recibirá cada vez más la impronta de la nobleza y la bondad contenidas en el alma, hasta que al final de la condición de la Tierra la naturaleza corporal del hombre estará totalmente impregnada de espíritu y se destacará totalmente aliviada de aquellos que han permanecido apegados a la materialidad y que llevarán la imagen del mal en sus semblantes. Esto es lo que vendrá. Se llama la “última crisis” y debe describirse como “espiritualización” o, como se le llama popularmente, “la resurrección de la carne”. Uno debe entender estas cosas solo en el verdadero sentido dado por el ocultismo, entonces no podrá ser atacado.  Los círculos ilustrados no podrán en ningún caso comprender que la materia algún día podría llegar a ser muy diferente de lo material. Lo que podría llamarse en el mejor sentido de la palabra “locura de la materialidad” nunca será capaz de imaginar que la materia podrá algún día ser espiritualizada, es decir, que algún día surgirá algo que uno llama espiritualización, la Resurrección del Cuerpo, de la carne.

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Pero así son las cosas, y este es el curso de la evolución terrenal, y así surge el significado de la evolución terrenal y el lugar de Cristo dentro de esa evolución. Si fuéramos simplemente a mirar todo lo que hemos estado considerando hoy, entonces deberíamos tener una imagen peculiar de la evolución de nuestra Tierra. Tal imagen mostrará que se sostuvo el equilibrio entre los Espíritus de la Forma y los Espíritus que se convirtieron en los Espíritus de la Rotación del Tiempo, los actuales Espíritus de Luz. Por el hecho de que el Cristo desde el momento del Misterio del Gólgota, guía la evolución terrenal, los mantiene en la posición de equilibrio y cuyo resultado será un ascenso continuo. Pero el asunto nuevamente no es tan simple. Sabemos que hay seres espirituales se han quedado atrás: espíritus que no alcanzaron la plena madurez del desarrollo de la sabiduría y que, por lo tanto, no tenían interés en renunciar a su autoridad por la transmisión del amor. Estos espíritus querían trabajar dejando que la sabiduría continuara fluyendo. Lo hicieron y, por lo tanto, su trabajo en la Tierra no ha sido del todo infructuoso. Han llevado a los hombres a la liberación. Si el Principio de Cristo ha traído el amor, también lo han hecho estos Espíritus, a quienes llamamos Espíritus Luciféricos, trajeron a los hombres la libertad, la libertad de la personalidad. Incluso el quedarse atrás de ciertos Espíritus tiene su lado bueno, y todo, ya sea por adelantarse o por permanecer atrás, es de naturaleza divina. Así que había Espíritus de la Rotación del Tiempo que guiaban las encarnaciones progresivas, aquello que pasa como individualidad a través de todas las diferentes encarnaciones; y había Espíritus de Amor bajo la guía del Principio de Cristo que preparaban así a esta individualidad para que la personalidad pudiera acercarse poco a poco a un Reino de Amor. Si caracterizáramos el gran ideal que se cierne ante nosotros como un Reino de Amor, podemos hacerlo de la siguiente manera.

Hoy, en los círculos más amplios, circula el error radical de que el bienestar de una sola personalidad es posible sin el bienestar de todos los demás en la Tierra. Aunque los hombres pueden no admitirlo directamente, en la práctica nuestra vida moderna se basa en el hecho de que el individuo vive a costa de otros y existe una creencia generalizada de que el bienestar de uno es independiente del bienestar de los demás. La evolución futura traerá la comunidad completa del espíritu, es decir, en Júpiter comenzará a prevalecer la creencia de que no habrá salud y felicidad individual sin la salud y la felicidad de todos los demás, y de hecho en igual medida. El cristianismo prepara esta concepción y está ahí para prepararla. Al principio surgió a través del amor en las comunidades que estaban ligadas por la sangre, y de esta manera se superó el puro egoísmo. La misión del cristianismo ahora es encender en el hombre el amor que ya no está ligado a la sangre, es decir, que los hombres aprendan a encontrar el amor puro, donde el bienestar de uno no pueda ser concebido sin el bienestar del otro. Cualquier otra cosa no es un verdadero cristianismo. De esta manera, podemos caracterizar la evolución del hombre a una etapa superior. Pero el avance de la evolución hacia tal etapa ocurre en ciclos, no es una continuidad. Pueden ver estos ciclos ustedes mismos a través de una simple reflexión.

Ustedes saben cómo surge en la primera época de la Era Post-Atlante, una civilización que alcanza su culminación y debe volver a declinar, cómo alcanza su punto más alto en la evasión de la materialidad, pero cómo debe retroceder porque ha buscado su cultura sobre la base del no reconocimiento de la materia. Entonces ven cómo entra un nuevo ciclo con la antigua civilización persa, cómo conquista la Tierra a través del reconocimiento de la materia, en todo caso como un poder luchando contra el hombre, y que el hombre somete a través de su trabajo; nuevamente, esta cultura alcanza su culminación y se hunde en la decadencia. Pero una nueva civilización asciende, la egipcio-caldeo-asirio-babilónico, que ya no solo reconoce la materia, sino que la penetra con inteligencia humana, donde se investigan las órbitas de las estrellas, donde se edifican edificios de acuerdo con la sabiduría de las estrellas, de acuerdo con las leyes de la geometría. La materia ya no es un poder opuesto, sino que se refunde y se transforma, espiritualizándose. Y después de que la cultura egipcia-caldea-asiria-babilónica entra en decadencia, vamos más allá de la cultura greco-latina, donde en el arte griego el hombre ha transformado la materia de tal manera que ha formado su propia imagen en ella. Nunca antes había sido el caso, como en la escultura griega, la arquitectura griega y el drama, el ser humano imprimió su propia imagen en la materia. Y con la civilización romana vemos que se agrega la idea legal de la personalidad. Es solo una erudición bastante pervertida el decir que el concepto legal ya había existido antes; un hombre racional puede verlo a simple vista. El Libro de La Ley de Hammurabi es completamente diferente de lo que se creó en Roma como jurisprudencia. Esta es un producto romano genuino, porque la jurisprudencia surgió donde la personalidad creó también su imagen en la ley; en la ley, el hombre se coloca completamente en su propia personalidad. Uno debe estudiar y comparar el testamento de la Ley Romana con lo que se encuentra en el Libro de La Ley de Hammurabi, donde la personalidad del hombre tiene definitivamente su lugar en una teocracia. El “ciudadano romano” fue un nuevo elemento en el ciclo evolutivo de la humanidad. Y habrá un nuevo ciclo cuando los hombres hayan captado por completo lo que se presenta hoy como Teosofía. Vemos cómo cada ciclo en la civilización alcanza su máximo y vuelve a declinar y cómo cada nuevo ciclo tiene la tarea de llevar a la civilización más allá.

La firme posición de equilibrio le da al hombre la certeza de que puede ser redimido de la Tierra, en el esfuerzo por elevarse y luchar por la libertad real, que los Espíritus Luciféricos han impreso en la Humanidad. Así, el Principio de Cristo y los Espíritus Luciféricos trabajan juntos en la evolución del mundo y determinan las condiciones de la civilización. No tiene importancia que en los primeros siglos cristianos el principio luciférico fuera excluido y los hombres fueran referidos solo al Principio de Cristo. La humanidad seguramente conseguirá su logro de la libertad mediante la devoción completa al Principio de Cristo; porque el Principio de Cristo es tan omnipresente que solo puede captarlo el que busca abarcarlo en el nivel de la sabiduría más elevada. Echemos una mirada a los tiempos precristianos. Encontramos que las religiones existen allí como preparación para el cristianismo. Vemos religiones, es cierto, entre los hindúes y los persas, pero religiones adecuadas para las personas particulares del lugar donde han nacido. Son religiones nacionales, tribales, raciales, que aparecen con la coloración de la que han surgido, limitadas interiormente, porque de alguna manera todavía proceden de las almas grupales y están ligadas a ellas. Con la religión cristiana, entró un elemento en la evolución de la humanidad, que es el verdadero elemento de la evolución de la Tierra. Desde el principio, el cristianismo rompió todos los principios de las religiones anteriores. Se opuso abruptamente a la frase “el Padre Abraham y Yo somos uno”. Se opuso en primer lugar a la idea de que uno puede sentirse una unidad con algo que es solo un grupo humano. Por otro lado, el alma que mora en cada personalidad debe ser capaz de sentirse una con el eterno Fundamento del Mundo a quien llamamos el “Padre” y quien habita en cada alma, y esto se expresa en la oración: ” el Padre y Yo somos uno”. Y en contraste con el Antiguo Testamento que comienza con las palabras: “En el principio era la Luz”, el cristianismo establece las palabras del Nuevo Testamento: “En el principio primordial era la Palabra”. Con esto se dio uno de los mayores avances en la evolución a la Humanidad. Porque al referirse a la luz que surgió, uno habla, en la medida en que uno puede hablar de luz, de algo externamente visible. Los registros antiguos contienen un Génesis que establece lo físico como una manifestación de la luz. La “Palabra”, sin embargo, es lo que surge de la naturaleza interna del ser, y antes de que apareciera alguna manifestación de luz existía en el hombre “lo que era, lo que es y lo que está por venir”, es decir, el ser más íntimo del hombre. En el Principio Primordial no era la Luz, sino la Palabra. El Evangelio de San Juan no es un documento que pueda colocarse junto a los demás; expande a los otros de lo temporal a lo eterno.

Así que el cristianismo se encuentra allí, no como una religión que podría ser una religión nacional, sino, si se entiende correctamente, como una religión de la Humanidad. En eso el cristiano se siente uno con el “Padre” y el alma se confronta al alma, sin importar a qué pueblo o nación pertenece. Todas las divisiones deben desaparecer bajo las influencias del cristianismo, y la condición de Júpiter debe prepararse bajo la influencia de este principio.  El cristianismo, por lo tanto, ha comenzado como una religión, porque la humanidad se fundó en la religión. Sin embargo, la religión debe ser reemplazada por la sabiduría, por el conocimiento.

En la medida en que la religión descansa sobre la fe y no se inflama con el fuego del conocimiento pleno, es algo que debe ser reemplazado en el curso del progreso de la humanidad. Y mientras que anteriormente el hombre tenía que creer antes de poder llegar al conocimiento, en el futuro el pleno conocimiento brillará con luz y el hombre lo sabrá y desde allí ascenderá al reconocimiento de los mundos espirituales más elevados. Desde la religión, la humanidad evoluciona hacia la sabiduría, resplandeciente por el amor. Primero la sabiduría, luego el amor, después la sabiduría resplandeciendo a través del amor.

Ahora podemos preguntar: si la religión se fusiona con el conocimiento, si el hombre ya no recibe la religión según la forma antigua, es decir, si de acuerdo con su fe, se dirige a la sabiduría que guía la evolución ¿entonces el cristianismo tampoco existirá?. No habrá religión fundada en la mera fe. El cristianismo permanecerá; en sus orígenes era religión ¡pero el cristianismo es más grande que toda religión!. Esa es la sabiduría rosacruz. El principio religioso del cristianismo, tal como se originó, es más abarcador que el principio religioso de cualquier otra religión. Pero el cristianismo es aún más grande que el principio religioso en sí mismo. Cuando las capas exteriores de la fe caigan, brotarán en forma de sabiduría. Pueden despojarse por completo las envolturas de la fe y convertirse en sabiduría religiosa y la ciencia espiritual ayudará a preparar a los hombres para esto. Los hombres podrán vivir sin las antiguas formas de religión y fe, pero no podrán vivir sin el cristianismo, porque el cristianismo es más grande que toda religión. El cristianismo existe con el propósito de romper todas las formas de religión, y lo que llena a los hombres como cristianismo todavía existirá cuando las almas humanas hayan crecido más allá de toda mera vida religiosa.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Enero de 2018.

El Ser de la Navidad

Conferencia no Revisada de Willi Sucher – Rudolf Steiner Hall, 30 de Diciembre de 1955

English version

Señoras y señores, creo que se puede decir que la conciencia de la imagen de la Navidad ha crecido enormemente durante las últimas décadas. Incluso las tarjetas de Navidad tradicionales han cambiado de alguna manera, y ahora se puede ver en las felicitaciones copias de las antiguas pinturas de los pintores medievales sobre la Virgen y el Niño. Creo, por lo tanto, que está justificado contemplar esta imagen universal de la Virgen y el Niño, que queremos hacer esta noche.

Hay, por supuesto, algunos obstáculos en el cristianismo moderno que no permiten que la realidad del evento de Navidad, de la gran visión de la Navidad, llegue a una realidad completa. Creo que eso se debe principalmente a la incertidumbre sobre la historicidad del nacimiento de Jesús, que en cierto sentido ha sido creada por la investigación histórica moderna y también por la teología. La fecha tradicional del 25 de diciembre se introdujo durante los primeros siglos del cristianismo, y hoy en día no se sabe con certeza si esa fecha tradicional del 25 de diciembre fue realmente la fecha del nacimiento de Jesús,  de quien leemos en el Evangelio de San Lucas.

Hay opiniones que dicen más o menos que esos días, que ahora llamamos las 12 noches santas, coincidieron en la antigüedad con ciertas fiestas paganas que se referían a la salida del sol. Los Misterios del Sol estaban de alguna manera relacionados con esas festividades antiguas, y a veces se escucha la opinión de que el cristianismo primitivo tomó el control, o trató de hacerse cargo de esas fiestas y las revisó mediante el Misterio, la imagen o la visión del nacimiento de Jesús.

Ahora, esos Misterios del Sol, la salida del sol, que es algo tremendo a lo largo del año, jugaron un gran papel en la vida de aquellos que vivieron en la antigüedad.  En el transcurso del año vemos que el sol se levanta; comenzando desde el 21 de diciembre en adelante, vemos que el arco del Sol se eleva y se hace más y más grande hasta que llegamos al tiempo del pleno verano, cuando vemos el Sol en su punto más alto en el cielo. Luego, después del 23 de junio, el Sol desciende nuevamente; la “marca” diaria del Sol se hace cada vez más pequeña, y hacia el 21 de diciembre el Sol ha alcanzado nuevamente su punto más bajo. Así, en el transcurso del año, este momento en que el Sol volvía a subir e indicaba que la vida, el calor y la luz estaban renaciendo —que era la esperanza de que la oscuridad reinante de los días invernales se superaría algún día—era de enorme importancia y significado para la gente de la antigüedad. Por lo tanto, aquellos días en los que se veían los primeros signos de que el Sol estaba en realidad subiendo, comenzando el 25 de diciembre, esos 12 días se consideraban como el momento más significativo en el transcurso del año.

Estamos hablando aquí desde el punto de vista de la investigación antroposófica con respecto a ciertos hechos espirituales concernientes a la humanidad y la evolución del mundo. Desde este punto de vista, no podemos dejar de ver en los eventos de Cristo, que tuvieron lugar hace unos 2.000 años, eventos que conciernen a la evolución completa de este planeta en el sentido más profundo. También podemos imaginar, no debería ser demasiado difícil de aceptar, el hecho de que todos esos Acontecimientos, que están en el centro de la evolución total de nuestro planeta, se coordinaron con respecto a los eventos cósmicos.

Este es un hecho que ha sido elaborado por la ciencia del espíritu, que de hecho ha confirmado que esos eventos, que tuvieron lugar hace 2.000 años, estaban en total conformidad con los eventos en el cosmos. Espero más tarde tener la oportunidad de explicar de por qué fue así. Por lo tanto, podemos imaginarnos que el nacimiento de Jesús efectivamente tuvo lugar, al menos ese nacimiento del que escuchamos en el Evangelio de San Lucas, durante ese tiempo. Esto significa que el nacimiento de esa nueva Esperanza de la Humanidad, de esa Esperanza concentrada con respecto al futuro de nuestro planeta, en realidad tuvo lugar en conformidad con ese gran símbolo en el cielo, el del Sol naciente: el Sol que en el curso del año se aleja de la oscuridad llegando a las alturas del verano. Sin embargo, hay otro aspecto del que también debemos hablar.

Lo primero de todo es que celebramos la Navidad todos los años en recuerdo del día del nacimiento de Jesús. Por supuesto, esto se ha convertido más o menos en una tradición. Si uno solo toma el nacimiento de Jesús en el día tradicional del 25 de diciembre, como una especie de fecha adoptada y no como la fecha verdadera, la cual no podemos saber, entonces este evento anual tiene una base débil. Sin embargo, si podemos aceptar que los Eventos que tuvieron lugar hace 2.000 años estuvieron en conformidad con los eventos cósmicos, entonces nuestra celebración de Navidad tiene un significado mucho más profundo. Además, cada año volvería a coincidir con el gran símbolo cósmico del sol naciente.

Ahora, hay más en eso. ¿Por qué celebramos la Navidad como un evento que se refiere a algo más que esa misma noche del 24 al 25 de diciembre? ¿Por qué incluimos un intervalo de tiempo de 12 días, o más bien, como estamos acostumbrados a decir, 12 noches en la celebración de este festival?

El concepto de 12 noches es bastante lógico si piensan que a menudo hablamos, cuando se trata de intervalos de tiempo, no de días sino de noches. Hablamos, por ejemplo, de una quincena; o, en algunas Obras de Navidad, escuchamos “sennight”, que son siete noches —no siete días o 12 días o catorce días, sino que hablamos de una semana o quince días. Por lo tanto, lo que cuenta es el elemento de la noche. ¿Por qué entonces celebramos 12 días? ¿Son esos 12 días tan importantes? Aquí nuevamente, a este respecto, podemos revivir nuevamente la experiencia y la importancia de esos 12 días en nuestro tiempo fuera del conocimiento espiritual. Volvemos otra vez al misterio del Sol. Tal como lo tenemos en el momento del Sol naciente, después de su punto más bajo en el transcurso del año, también tenemos un misterio del sol escondido detrás del concepto de esos 12 días, detrás de la imagen de esos 12 días.

Imaginemos que el Sol está en el cosmos brillando en el espacio cósmico. Aquí tenemos la Tierra en la que vivimos. También sabemos que lo más cercano a la Tierra es nuestra compañera la Luna, que viaja alrededor de la Tierra. La Luna, al igual que la Tierra, tiene cierta relación con el Sol. Como cuestión de hecho, si uno investiga la naturaleza del Sol sobre la base de una ciencia espiritual, uno llega a concepciones bastante diferentes con respecto al Sol. Uno llega a la imagen real del Sol como la entidad central en nuestro universo solar, el que mantiene nuestro universo e incluso el creador de todo el universo solar. En nuestro tiempo, mucho después de la existencia del universo solar, este mismo Sol todavía mantiene ese universo solar, lo anima y lo hace trabajar y funcionar, en cierto sentido.

La Luna está viajando alrededor de la Tierra, y sabemos que en ciertos momentos esta Luna entra en una relación bastante definida, bastante específica al Sol, y ese es el tiempo de la Luna Llena. En tiempos de Luna llena tenemos el reflejo completo, como decimos, de la luz del Sol, que la Luna recibe en su superficie. Ahora es un hecho que esto sucede dentro de un cierto ritmo, y ese ritmo es de aproximadamente 29.5 días —es entre 29 y 30 días, que es, por supuesto, un mes. El concepto del mes en nuestro calendario se deriva de la Luna. Mes realmente significa el intervalo de una Luna— es decir, de luna llena a luna llena.

Si nos tomamos el tiempo de manera muy exacta, al observar las Lunas llenas en el transcurso del año, llegaremos a la conclusión de que hay 12 Lunas llenas en un año. A veces, bajo circunstancias muy específicas, es posible que haya trece Lunas llenas, pero eso es excepcional. Si tomamos el ritmo de la Luna —29.5 días— y lo multiplicamos por 12, llegamos a un tiempo de 354 días. Así tenemos en el curso de un año 12 Lunas llenas, que se agrupan alrededor de la Tierra de tal manera que tenemos una especie de progresión. Por lo tanto, llegamos a 12 Lunas llenas en el transcurso de un año. Sin embargo, como podemos ver, queda algo. El intervalo de tiempo de 354 días no cubre todo el año, porque sabemos muy bien que el año contiene 365 días, en realidad 365 y ¼ de un día. Esta cuarta parte de un día después se suma cada 4 años para producir un día bisiesto completo. Tenemos, pues, un año bisiesto cada cuatro años en nuestro calendario, dejando un tiempo sobrante de 11 a 12 días.

Ahora, durante el transcurso de un año, como sabemos, todo está en movimiento. Para demostrar este movimiento exactamente, tendría que mover la Tierra y también tendría que mover el Sol, y sólo entonces podríamos ver que hay un movimiento constante de ese ciclo de la Luna Llena en el transcurso del año. El Sol se mueve demasiado, pues bien, como decimos, está aparentemente en movimiento alrededor de la Tierra. Hemos aprendido en la escuela que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol, pero esto no debe preocuparnos tanto ahora. El Sol está aparentemente en movimiento alrededor de la Tierra, al igual que las lunas llenas se mueven alrededor de la Tierra, sólo que el Sol sería mucho más lejos. Por lo tanto, en 365,25 días el Sol se volverá exactamente a la estrella fija mismo donde estaba un año antes. Si pudiéramos ver el Sol después de 365 días, veríamos el Sol cerca de esa estrella fija mismo donde lo vimos el año anterior. Así tenemos este excedente de 11 a 12 días más allá de los 354 días de los 12 meses lunares.

Ahora, en el transcurso de un año, como sabemos, todo está en movimiento. Para mostrar este movimiento exactamente, tendría que mover la Tierra y también tendría que mover el Sol; y solo entonces podríamos ver que hay un movimiento constante de ese ciclo de Luna Llena durante el transcurso del año. El Sol también se está moviendo; bueno, como decimos, aparentemente se está moviendo alrededor de la Tierra. Hemos aprendido en la escuela que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol, pero esto no tiene por qué preocuparnos mucho ahora.   El Sol aparentemente se está moviendo alrededor de la Tierra, justo cuando esas Lunas llenas se mueven alrededor de la Tierra; solo que el Sol está mucho más lejos. Por lo tanto, en 365.25 días el Sol volvería exactamente a la misma estrella fija donde estaba un año antes. Si pudiéramos ver el Sol después de 365 días, veríamos al Sol cerca de la misma estrella fija donde lo vimos el año anterior. Por lo tanto, tenemos este excedente de 11 a 12 días más allá de los 354 días de los 12 meses de la Luna.

Este excedente está contenido en el hecho de las 12 noches santas. Las 12 noches santas son, por así decirlo, el excedente del sol en el año lunar, que claramente no se hace al azar. Como cuestión de hecho, en la antigüedad se encuentra que las personas organizaron su calendario de acuerdo con el ciclo de la Luna. ¿Por qué? Bueno, antes que nada, podían observar la Luna Llena y podían ver cuándo se desarrollaba la Luna Llena. Era un evento en el cosmos que podían observar y según el cual podían organizar su calendario. Eso fue algo que tuvo lugar visiblemente. Hubiera sido mucho más difícil para ellos descubrir el momento en que el Sol regresa a la misma estrella fija. Por lo tanto, el año lunar era mucho más ameno; pero, ya ven, estaba el problema de que ese año lunar de las 12 Lunas llenas hacia un año de solo 354 días, y esto no encajaba con el año de las estaciones.

En aquellas culturas cuyos años fueron calculados por el año lunar, que encontramos, por ejemplo, en el antiguo calendario hebreo y también en muchos otros calendarios de origen oriental, siempre había una diferencia de 11 a 12 días. Por lo tanto, tuvieron que insertar un mes bisiesto completo cada dos o tres años, como se hace incluso hoy en el calendario judío y también en otros calendarios. Ahora, ¿por qué es esto tan importante? ¿Qué podemos ver en este evento de las 12 noches santas que tiene lugar cada año y que también nos concierne? ¿Por qué deberíamos pensar que este evento anual es de tanta importancia con respecto a la celebración de la Navidad? Si tomamos la Navidad no solo como un evento de conmemoración (que por supuesto lo es) sino como un evento que tiene lugar, sobre todo, en el alma humana, entonces debemos de alguna manera crear un concepto apropiado de esta diferencia entre  el año lunar y el año solar.

La Luna —y esto se puede verificar de varias maneras— es un cuerpo, una entidad en el cosmos que trabaja en la Tierra;  No hay duda sobre eso. Eso puede ser investigado y confirmado. La Luna, en la Tierra, trabaja principalmente en la dirección de todo lo que concierne a la necesidad en nuestro planeta; por ejemplo, el crecimiento, como el crecimiento de las plantas, y muchas otras cosas también están conectadas con este influjo de la Luna en la esfera de la Tierra. En la Luna podemos ver un vehículo de fuerzas cósmicas que trabajan en la dirección de la “necesidad” y también funcionan, en cierto sentido, en la dirección de lo que incluso llamamos destino. La “necesidad” es aquello que simplemente no podemos circunnavegar mientras tengamos que vivir en un cuerpo en la Tierra.

El Sol es un vehículo de fuerzas bastante diferentes. Una vez más, debo decir que se puede demostrar muy bien por los medios, que han sido dados por la ciencia espiritual, que las fuerzas que usan el Sol como su vehículo de operación trabajan mucho más en la dirección de la libertad espiritual. El Sol: Bien, pueden imaginar un día de verano muy caluroso, no en nuestra latitud, sino ir más al sur, es decir al ecuador, e imaginar que el Sol estuviera brillando todo el día, todos los días. ¿Qué pasaría?.  La vida física se destruiría. Realmente eso sucede en las partes de la Tierra cercanas al ecuador. ¿Qué está trabajando ahí? Está operando un elemento que, en el extremo, demuestra lo que haría el Sol si estuviera solo en el cosmos. Disolvería externamente todo lo que está ligado a la existencia física y material. Desde un punto externo, las plantas morirían, los seres humanos no podrían vivir, y los animales se extinguirían. Estamos siendo testigos de un elemento que, por sí mismo, eliminaría la incorporación terrenal; es decir, el acto mismo de ser bajado a la tumba de la existencia física y material y de todo lo terrenal que generaría un valor espiritual, que solo se produce por el equilibrio entre el Sol y la Luna. Este es solo un ejemplo extremo. El Sol trabaja sobre la Tierra, y las fuerzas que usa el Sol como vehículo de su operación están funcionando todo el tiempo, incluso si el Sol no está brillando, o si está debajo del horizonte. Incluso entonces, el Sol está funcionando, porque la Tierra como un organismo integrado recibe el impacto del Sol desde el otro lado. Todo el tiempo el Sol está trabajando sobre la Tierra en la dirección de la creación de la libertad, del surgimiento de la libertad espiritual.  Es solo esa actividad de las fuerzas del Sol, que es contrarrestada por el elemento que proviene de la Luna que siempre tiende a guardar la vida en la existencia material. Por lo tanto, se establece en el cosmos un equilibrio perfecto que varía según las fases de la Luna y también según la posición del Sol. La posición relativa del Sol varía, pero sin embargo hay una especie de equilibrio establecido entre los dos: la Luna y el Sol. Pero durante la época navideña, cuando el año lunar ha finalizado y la siguiente Luna Llena debe ser contada en el año próximo, la Luna “se retira”, por así decirlo, de ese año.

Entonces las fuerzas del Sol, a través de la superposición natural y cósmica, predominan durante 11 a 12 días. Tenemos pues un funcionamiento puro del Sol en el elemento de la Tierra. Es durante este tiempo, durante esas 12 noches santas, que realmente podemos experimentar un momento en el año durante el cual podemos despertar en nosotros mismos si nos preparamos adecuadamente, por ejemplo, tomando el tiempo de Adviento como preparación  para  una realidad.

Entonces podemos experimentar realmente un elemento en la Tierra que puede ayudarnos a experimentar, a realizar, un Sol espiritual. Es posible que experimentemos algo que nos pueda guiar, algo que nos brinde una plataforma sobre la cual apoyarnos, o que pueda indicar una puerta, un camino hacia la realización de la libertad espiritual. Por lo tanto, la Navidad no es solo un evento que quiere referirnos al pasado, a lo que ha sido, a lo que tal vez tuvo lugar hace unos 2.000 años. Es también un evento que puede renovarse y convertirse en una experiencia real en nuestra alma. Si nos preparamos y tomamos precauciones, nuestra vida anímica no estará demasiado comprimida por los impactos de la civilización, que nos rodea en la época actual, de una manera casi aterradora. En un sentido cósmico, podemos ver todo esto, como imagen renovada de esa gran visión la Virgen y el Niño: la imagen que alcanzó su punto culminante, en cuanto a la representación pictórica, es la Madonna Sixtina de Rafael Santi. En todo esto que hemos estado diciendo hasta ahora, está escondido el secreto de la Virgen y el Niño, aunque puede no haber sido aparente.

¿Qué es lo que tenemos aquí en las fuerzas lunares? En todo lo que se necesita en la existencia de la Tierra?  No podríamos vivir en este planeta sin la Luna. Sin la Luna no habría vida; ni siquiera habría agua en este planeta, en cuyo caso no podría haber vida en la Tierra. Muy a menudo hablamos de la Luna como una ceniza cósmica, algo que está completamente seco, un desierto completo, y que el crecimiento de la vegetación no es posible en ese planeta. Seguramente eso es así, pero solo en este mismo hecho —que la Luna aparece allí en el cosmos como una tremenda ceniza, como un tremendo desierto— ahí yace el tremendo sacrificio que han realizado las fuerzas que están conectadas con la Luna, que usan la Luna como su vehículo. Han sacrificado todo lo que está conectado con el agua, con el elemento líquido, con el elemento fluido en la Tierra; y por lo tanto, la Luna puede trabajar aún más en lo que ha regalado, en lo que ha dejado atrás, incluso, en la Tierra. Por lo tanto, la Luna es un elemento de fructificación, en lo que respecta a nuestra Tierra, un elemento de éter constantemente vivificante. Si tomamos el camino de la órbita de la Luna alrededor de la Tierra como una realidad, entonces encontraríamos en ese espacio que rodea a la Tierra, el cielo azul. Y en ese cielo azul se encuentra algo así como el gentil manto de fuerzas que son similares, en un sentido cósmico, a lo que se ve en la imagen como la del manto azul en la Virgen Sixtina. Necesitamos esto, porque no podría haber vida en la Tierra si no tuviéramos ese elemento lunar. Por lo tanto, es un elemento Maternal, en cierto sentido, que le da a la existencia de la Tierra la posibilidad de vivir, de existir y de crecer en el transcurso del año. En todo lo que tenemos a través de la Luna, también hay un elemento Maternal, en el más verdadero sentido, contenido en las fuerzas de la Luna.

madona sixtina

¿Y qué hay del Sol? Como dije antes, en el Sol tenemos un elemento que nos lleva a otro principio en el cosmos, que se opone, o parece oponerse a lo que es el elemento contenido en la Luna. El Sol quiere llevarnos a la libertad espiritual, y conectado con ese Ser del Sol (hay, por supuesto, grandes misterios conectados con el Sol, pero no creo que podamos enumerarlos todos esta noche) son fuerzas que quieren guiar al universo hacia la libertad espiritual, hacia lo que en realidad es la superación de la muerte mediante la disolución de la materia. En un sentido externo, habría decadencia; por ejemplo, si las fuerzas del Sol funcionaran solas, habría algo así como un proceso de contracción. Por otro lado sin embargo, tenemos la posibilidad de un nacimiento espiritual, de salir de la prisión de la existencia material, y eso es lo que hace el Sol y las fuerzas que usan el Sol como vehículo. Así podemos ver que así como en la Luna está contenido ese elemento Maternal de preservar la vida, de crear vida, de traer esa fuerza de brote alrededor del tiempo de la Luna Llena de Primavera (porque siempre la Luna Llena está conectada con el brote de vida en la Tierra), así hay un elemento disolviéndose en el elemento espiritual del Sol.  No es tanto lo que llamamos el Sol en el cielo sino lo que se destaca como fuerzas espirituales detrás de esa entidad cósmica. Ahí tenemos un elemento que nos llevará a la libertad espiritual, a un nacimiento en el espíritu. Así, podemos encontrar de nuevo, desde una dirección diferente, lo que es el Niño, a saber, el Niño de la Esperanza, la Esperanza de la evolución, del futuro progresivo de lo que finalmente encontramos en el impulso Crístico.

 

Por lo tanto, todos los años, debido a que existe una justificación de los hechos cósmicos, es necesario celebrar ese momento cuando las fuerzas de la Luna entran en un segundo plano y donde las fuerzas del Sol pueden trabajar sin obstáculos en el cosmos. Es un momento en el año en el que realmente podemos celebrar el nacimiento de ese nuevo impulso de libertad espiritual, el impulso de Cristo, donde podemos celebrar el nacimiento de ese impulso y hacerlo realidad incluso en la vida diaria, llegando directamente a los hechos prácticos. Creo que el futuro de la civilización humana, mucho dependerá de la comprensión de estos hechos que están relacionados con las estaciones del año, como por ejemplo la Navidad. Mucho dependerá de la realización de esos hechos, porque necesitamos esa orientación, necesitamos esa experiencia interior, esa toma de conciencia de lo que ocurre con respecto a todo el organismo de la Tierra y con respecto al cosmos que nos rodea.

Sin embargo, también hay un tercer aspecto, un gran aspecto cósmico que nos puede acercar a la realidad de la conexión entre la Madre y el Niño, acerca de esa gran visión presentada a la humanidad por los pintores medievales.   Este tercer aspecto es la relación entre lo que uno podría llamar, en un sentido cósmico, la relación entre Sophia y el Cristo. Esto es algo de lo que tenemos una gran necesidad en nuestro tiempo. El cristianismo, en la medida en que descansa en los pilares de la tradición y principalmente en los pilares de esa tradición contenida en los Evangelios, ha entrado en una crisis tremenda. Los mismos soportes del cristianismo parecen desmoronarse. Podemos visitar muchos lugares y naciones en toda la Tierra, y encontraremos en todas partes el mismo cuadro: la humanidad cristiana ha perdido gradualmente la comprensión del contenido de los Evangelios. El desarrollo de las ciencias naturales modernas ha tenido un gran impacto en la comprensión de la humanidad moderna, incluso en nuestro enfoque de lo que contienen los Evangelios. Piensen en el Evangelio de San Juan donde habla de las siete grandes obras, las Siete Señales. ¿Quién puede aceptar, sobre una base científica, tal cosa como una de las Siete Señales, por ejemplo, la alimentación de los cinco mil o la resurrección de Lázaro o cualquiera de los otros siete signos? ¿Quién puede aceptar esto? La humanidad cristiana está en una posición deplorable. Solo puede aceptar con fe ciega lo que se presenta en los Evangelios, y solo si ignora por completo todo lo que viene desde el ángulo del materialismo en la conciencia moderna, como los hechos que la ciencia natural moderna ha descubierto. Las preguntas son: “¿Cómo va a continuar esto? ¿Podemos encontrar alguna solución, o el cristianismo está condenado a desaparecer de este mundo? Creo que debemos encontrar nuevas bases para comprender lo que está contenido en los Evangelios; y aquí nuevamente debo decir que la ciencia del espíritu, o antroposofía, puede dar una base sólida para la comprensión de los eventos que se describen en los Evangelios. Además, me gustaría hablar hoy de algo más que está realmente relacionado con esto, y esa es la relación de Sophia, o Isis, como la llamaban en la antigüedad, con el Cristo.

 

Encontramos en Egipto —en el Egipto actual— la visión, la imagen de la Virgen con el Niño. Existen estatuas que muestran a la Diosa Isis con el Niño, el bebé Horus, en su regazo. Podemos preguntar: “¿Cómo es posible? ¿Qué significa que estas cosas existan mucho antes de que ocurrieran los eventos en Palestina?”. Sobre la base de la ciencia espiritual, quizás pueda decir, en el momento, que esas imágenes en tiempos precristianos son en realidad una especie de previsión de lo que vendrá. ¿Por qué es así? Isis, la antigua diosa de la mitología egipcia, también fue llamada la Reina del Cielo; y, por supuesto, en varias naciones ella tenía diferentes nombres. Ustedes ven en representaciones antiguas, por ejemplo, la diosa que se extiende por el cielo. Ella está parada en un extremo del mundo; el mundo se imagina, por supuesto, algo así como un disco plano. Ella se para en un extremo del mundo y llega al otro extremo. Se inclina sobre la Tierra y su cuerpo lleva las estrellas. Ella es en realidad el Ser, el Ser del Alma de las estrellas, lo que vive detrás de las estrellas.

Luego llegó el momento en que los misterios antiguos, toda esa gran y maravillosa sabiduría de la antigüedad, de la que ahora tenemos poco conocimiento, llegaron a su fin. Se acercó el tiempo donde la humanidad gradualmente perdió toda esa conexión instintiva y contacto con el mundo espiritual divino. Así también se perdió el conocimiento de la Divina Isis del mundo divino. Esta pérdida fue en realidad una pérdida para la humanidad, ya que los dioses nunca pueden morir; por lo tanto, debemos darnos cuenta de que Isis nunca murió. Lo que murió fue algo en el corazón de la humanidad, haciéndole incapaz de alcanzar a Isis, de tener una verdadera experiencia interna del ser de Isis. Esto fue comprimido, por así decirlo, en la leyenda de Osiris, que tal vez conozcan.

 

También hay una leyenda de la muerte de Isis. Ella fue asesinada por un oponente de la evolución normal, a quien hoy llamamos Lucifer. Lucifer mató a Isis. Su esposo, Osiris, fue asesinado antes, y Osiris fue bajado a la tumba de la Tierra; en realidad, su cuerpo fue cortado y las piezas fueron enterradas en toda la Tierra. Isis también fue asesinada, pero por Lucifer, y colocada en la Tumba de los Cielos. Ahora debemos aprender a entender esta maravillosa leyenda. ¿Qué quiere decirnos? Quiere decirnos que hay un Ser, hay un poder trabajando en la Tierra —en el alma de la humanidad— que quiere permitirnos usar nuestros sentidos para ver solo lo que es visible. Por ejemplo, el Sol visible, las estrellas visibles, todo lo que se nos aparece y que podemos percibir a través de nuestros sentidos. Ese poder de Lucifer quiere hacer o formar nuestra constitución en una constitución que está dirigida solo hacia lo que nos aparece como el mundo visible. Así, esta leyenda habla de una tendencia en nosotros que está dirigida solo y exclusivamente hacia el mundo de los sentidos. Esa fuerza, por supuesto, mataría algo en nosotros, eliminaría algo de lo que la antigua humanidad era instintivamente consciente, y ese es el hecho de que detrás de lo visible hay fuerzas espirituales invisibles. Hay fuerzas espirituales y seres espirituales trabajando, quienes en primer lugar crearon el mundo cósmico, ese mundo de las estrellas y aquello que lo dirige. Por lo tanto, Lucifer intentó e incluso logró, hasta cierto punto, matar algo en nosotros que originalmente era capaz de percibir el Ser de Isis detrás del mundo de las estrellas visibles. Miren a su alrededor: tenemos una astronomía moderna, hemos acumulado un tremendo conocimiento sobre el mundo cósmico, hemos llegado a conclusiones fantásticas con respecto al tamaño del Universo, hemos calculado sus distancias, las hemos medido, e incluso hemos intentado pesarlas. Hemos tratado todo el cosmos en la astronomía moderna como una máquina y nada más que una máquina. Ya no hay vida en este cosmos. Ha habido una tendencia en el trabajo en la humanidad, que ha creado paso a paso y muy lentamente, una capacidad unilateral que es una certeza altamente cultivada pero dirigida solo hacia lo que se puede ver.

 

Imaginen por un momento, todo lo que se ha hecho y todo lo que se ha logrado en la astronomía moderna se ha construido exclusivamente con el sentido de la vista. Saben que uno habla generalmente de cinco sentidos —la ciencia espiritual incluso habla de 12 sentidos— y de todo ese cosmos de sentidos, hemos escogido para la base de nuestra información en astronomía ese único sentido: el sentido de la vista. Ciertamente, el astrónomo moderno preguntaría: “¿Qué otra cosa podríamos hacer?” Pero hemos distinguido el sentido de la vista y lo hemos convertido en el único espectador en el mundo de las estrellas. Por lo tanto, Isis fue asesinada; pero los Dioses nunca pueden morir, solo pueden morir en la conciencia humana, y eso es lo que ha sucedido. Lo que necesitamos es un nuevo despertar de esas fuerzas.

 

Como dije antes, Isis fue experimentada en la antigüedad como una fuerza maternal en el cosmos. La gente en la antigüedad se dio cuenta de que habían nacido de la totalidad del cosmos, y la ciencia espiritual moderna, trabajando realmente con medios que pueden probar estos hechos, ha encontrado de nuevo esta verdad: que nacemos de la totalidad del Cosmos. En realidad, todo lo que existe en este planeta: mineral, vegetal, animal, seres humanos, con respecto a las fuerzas espirituales, y los elementos espirituales que trabajan en la materia, provienen del cosmos, provienen del mundo de las estrellas. Como ven, Isis no ha muerto, todavía está dando a luz a todo lo que existe en este planeta; solo nosotros debemos aprender a reconocerla y a experimentarla de nuevo. Si hacemos esto, entonces podemos encontrar una imagen mucho más amplia: podemos encontrar la glorificación del cuadro que fue pintado por Rafael. Entonces podemos encontrar que el gran cosmos en el que vivimos, el mundo de las estrellas, realmente nos está dando la existencia que necesitamos en nuestro planeta. Es desde el elemento de la Luna, pero de una manera cósmica expandida y magnificada. Recibimos esta existencia en nuestro planeta Tierra para desarrollar nuestras facultades espirituales: todo lo contenido en la vida de nuestra alma y en las capacidades que podemos desarrollar en el curso de nuestra estadía en este planeta. Piensen en todos los logros culturales de la humanidad, incluidos los logros tecnológicos.

 

Tomando todo en conjunto, habla un lenguaje majestuoso de las capacidades que están ocultas en el ser humano, y lo que se ha logrado es solo una partícula de lo que está escondido en nosotros como capacidades, como facultades que podemos desarrollar, que podemos elevar la existencia a alturas de las cuales, en su mayoría, ni siquiera podemos imaginar hoy. Así que allí tenemos de nuevo la gran imagen de haber nacido como humanidad, como miembros del planeta Tierra que nace de la gran Madre cósmica que es el mundo de las estrellas. Eso es solo un lado. También debemos reconocer el hecho de que recibimos esta existencia para manifestar lo que está escondido en nuestro ser como nuestras capacidades y facultades. Esto se puede realizar en todos los sentidos. Dije que el cristianismo moderno se encuentra en una posición muy difícil, que los documentos antiguos están en su mayoría destruidos.

 

Deberíamos tomar la imagen de la Madre y el Niño muy en serio en un verdadero sentido cósmico. Podemos hacerlo; se puede hacer. Por supuesto, no hay tiempo hoy para entrar en grandes detalles, pero hay una posibilidad, incluso hay muchas posibilidades. Durante esos tres años del ministerio de Cristo, los últimos y decisivos tres años después del Bautismo en el río Jordán, el Cristo caminó por este planeta y ejecutó las obras que escuchamos en los Evangelios. Él habló las palabras de las cuales escuchamos; Mientras tanto, en el cosmos, las entidades cósmicas —los planetas, el sol— se movían en sus cursos.

 

Existe una intima relación entre lo que sucedió en la Tierra hace 2.000 años y lo que sucedió al mismo tiempo en el cosmos. Si estudiáramos los cursos de las entidades celestiales durante esos tres años, encontraríamos algo así como un reflejo, como un espejo, y veríamos lo que sucedió en la Tierra. ¿Por qué es así? ¿Por qué podemos hablar de esto? Bueno, ¿quién era el Cristo? Esa es una de las cosas que un cristianismo moderno no puede entender fácilmente. ¿Quién era el Cristo? La teología, principalmente del siglo pasado y el comienzo de este siglo, llegó a la conclusión de que Cristo era un simple ser humano, el hombre simple de Nazaret, nada especial. Luego, otras religiones de Oriente preguntaron: “¿Por qué deberíamos aceptar a esta persona sencilla? Hay otros: profetas, Buda y otros, ¿por qué no deberían ser ellos también los elegidos y por qué no deberían ser también luces de guía en la humanidad? “. En esto se reveló el hecho de que la cristiandad moderna no podía entender la naturaleza de Cristo. En la ciencia espiritual, la antroposofía habla de que el Ser Crístico vino del cosmos, en realidad descendió del Sol. Cristo fue la guía en los tiempos precristianos, , en cierto sentido el Creador de ese Sol que vemos en el cosmos. Por lo tanto, Él fue el Creador de todo el Universo Solar en el que vivimos.

 

Todo esto se puede resolver en un sentido filosófico estricto e incluso en un sentido matemático, si se investigan las propiedades del sol. El Cristo descendió de ese Sol a la Tierra. Si Cristo fue el Espíritu Guía de ese Sol, que fue y que todavía es el vehículo de la creación, el vehículo que mantiene e ilumina todo el sistema solar, entonces debe haber en el Cristo, un Ser que es el Espíritu del universo entero en el que vivimos; y como tal, descendió a la Tierra. Por lo tanto, durante esos tres años mientras Cristo caminó sobre la Tierra, Su Corte, si me permiten esta expresión (en realidad hay una oración celta que habla de la Corte de Cristo como las Estrellas, que es Su manto y que era Su vestidura en tiempos precristianos, cuando aún no había nacido en la Tierra, cuando todavía moraba en el vientre de la gran Madre cósmica, la Virgen), esta Corte de Cristo se adapto alrededor de todo lo que el Cristo hizo en la Tierra. Ciertamente no fue que ninguna de las obras de Cristo estuviera determinada por lo que sucedió en el cosmos. No, era más bien que el cosmos seguía como la corte de un Rey siguiendo los movimientos, los deseos y las peticiones de un Rey. Así tenemos allá afuera en el cosmos en ese manto azul de la Divina Sophia-Divina Isis en un sentido antiguo el elemento de la gran Madre, y en la Tierra tenemos esas acciones que toman lugar inauguradas por el Cristo.

 

Si podemos leer y volver a despertar al conocimiento o la sabiduría que está detrás o se revela en los movimientos de las estrellas, entonces tendremos una luz de sabiduría. En realidad, a Sophia también se la llama Sabiduría divina en las Iglesias orientales. Siempre se supo que Isis era la Sabiduría Divina de las estrellas. Si volvemos a despertar nuestra capacidad de leer, experimentar y tomar conciencia de lo que funcionó como sabiduría divina detrás de los movimientos de las estrellas durante los tres años del ministerio de Cristo, entonces tendremos algo dentro de nosotros como una Luz de Sabiduría que puede brillar en todo lo que ocurrió hace 2.000 años.

 

Aquí en la Tierra tenemos algo que nos ha llegado a través de la tradición en lo que está contenido en los Evangelios. La humanidad cristiana, como un todo, ha perdido ese enfoque o lo está perdiendo rápidamente hoy. Lo que necesitamos es una Luz de la Sabiduría que nuevamente arroje luz, pero desde una dirección completamente diferente a lo que ocurrió hace 2.000 años. Necesitamos, en cierto sentido, no tanto el Cristo, porque Él se ha unido a la Tierra, pero lo que necesitamos ahora es la Sabiduría que finalmente se encuentra en la comprensión de los movimientos, los ritmos y los gestos del estrellas como una expresión externa de la divina Sophia. Si tenemos eso, entonces la luz puede caer sobre el Ser de Cristo. Por ejemplo, si tuviéramos tiempo para estudiar el Ser del Sol —todo lo que podemos reconciliar, en cierto sentido, con lo que la astronomía moderna ha encontrado con respecto al Sol— y descubrir qué es el Ser del Sol, encontraríamos la luz que arrojaríamos sobre la gran pregunta: ¿Quién es el Cristo y cómo se ha unido el Cristo con la Tierra desde el Misterio del Gólgota? Si tomáramos los eventos en el cosmos estrellado durante esos tres años del ministerio de Cristo, si siguiéramos los gestos de Saturno, Júpiter, Marte, y leyéramos en ellos la vida o la expresión del cosmos (tal como podemos leer en la expresión de un semblante humano la vida interior de ese ser), si pudiéramos leer en los movimientos y gestos externos de los planetas la vida interior de la Divina Sofía, que fue asesinada en tiempos precristianos por Lucifer (a través de ese elemento que quería llevar todo a un nivel materialista), si pudiéramos leer esos movimientos y esos gestos de los planetas durante esos tres años, aprenderíamos de nuevo a comprender lo que ocurrió hace 2000 años. Así habríamos magnificado a dimensiones cósmicas la imagen de la Virgen y el Niño de una manera que, quizás, no solo tendría un atractivo para una especie de conciencia sentimental y experimental del hecho de la Navidad, sino que podría reconciliarse por completo con todo lo que vive en nosotros como el esfuerzo, como el anhelo de un conocimiento de estas cosas. No solo es necesario que la imagen de la Virgen y el Niño sea algo que apele al sentimiento del ser humano, a lo que sin duda y de manera justificada puede traer calor y luz interior al alma humana en el momento de Navidad, pues esta gran imagen, esta gran visión de la Virgen y el Niño podría elevarse al nivel en que lo que puede ser representado por medios artísticos puede reconciliarse por completo, y no solo reconciliarse sino verificarse con lo que podemos encontrar a nivel científico.

 

Este es el mensaje que creo debería sonar en una humanidad moderna, especialmente en la humanidad cristiana moderna. Tal imagen aparentemente simple, como la de la visión navideña, no tiene por qué ser algo meramente empujado a un rincón de la existencia humana por el impacto de la civilización moderna, solo para ser sacado de esa esquina y utilizado como una especie de refrescante y calentamiento de los sentimientos de los seres humanos durante unos días. Más bien, esta gran visión puede mantenerse en medio de la existencia humana, incluso de una existencia humana moderna que está tan interesada en la tecnología, en la ciencia natural y demás. Se puede hacer; y de esto, creo, tenemos que hablar en esta ocasión sobre la base de la ciencia espiritual antroposófica.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Diciembre de 2017

 

 

GA219c2. Cualidades morales y la vida después de la muerte. Ventanas de la Tierra

Rudolf Steiner — Dornach, 1 de diciembre de 1922

English version

El propósito esencial de las conferencias que he estado dando aquí durante algunas semanas fue mostrar cómo a través de su vida espiritual el hombre participa en lo que podemos llamar el mundo de las Estrellas, así como a través de su vida física en la Tierra participa de la existencia terrenal, de los acontecimientos terrenales. A la luz de las perspectivas adquiridas a través de la Antroposofía, distinguimos en el hombre las fuerzas que yacen en su cuerpo físico y en su cuerpo etérico o de fuerzas formativas, y las que yacen en su yo y su cuerpo astral. Ya saben, por supuesto, que estos dos lados de su ser se separan cada vez que duerme. Y ahora pensaremos por un corto tiempo en el hombre mientras está dormido. Por un lado, el cuerpo físico y el cuerpo etérico se encuentran allí en estado de inconsciencia; pero el yo y el cuerpo astral también carecen de conciencia.

Ahora podemos preguntarnos: ¿estos dos lados inconscientes de la naturaleza humana también están relacionados durante el sueño?. Sabemos que en el estado de vigilia, donde funciona la conciencia ordinaria del hombre moderno, los dos lados se relacionan a través del pensamiento, a través del sentimiento y la voluntad. Por lo tanto, debemos imaginarnos a nosotros mismos que cuando el Yo y el cuerpo astral se hunden, por así decirlo, en el cuerpo etérico y el cuerpo físico, surgen de esta unión el pensar, el sentir y el querer.

Ahora cuando el hombre está dormido, el pensamiento, el sentimiento y la voluntad cesan. Pero cuando consideramos el cuerpo físico tendremos que decir: todas las fuerzas que, de acuerdo con nuestra observación humana pertenecen a la existencia de la Tierra, están activas en este cuerpo físico. Este cuerpo físico puede ser pesado; pónganlo en la balanza y demostrará tener un cierto peso. Podemos investigar cómo los procesos materiales siguen su curso dentro de él, o al menos podemos imaginar hipotéticamente que esto es posible. Deberíamos encontrar en él procesos materiales que son una continuación de esos procesos que se encuentran fuera de la existencia de la Tierra; estos continúan dentro del cuerpo físico del hombre en el proceso de nutrición. En su cuerpo físico también deberíamos encontrar lo que se logra a través del proceso de respiración. Es solo lo que procede de la organización principal del hombre, todo lo que pertenece al sistema de los sentidos y los nervios, lo que se atenúa o se sumerge en completa oscuridad durante el sueño.

Si luego pasamos a considerar el cuerpo etérico que impregna lo físico, de ningún modo es tan fácil entender cómo funciona este cuerpo etérico durante el sueño. Cualquiera, sin embargo, que ya esté versado hasta cierto punto en lo que dice la Ciencia Espiritual acerca del hombre, comprenderá sin dificultad cómo, a través de su cuerpo etérico, el ser humano vive, incluso mientras duerme, en medio de todas las condiciones del mundo etérico y todas las fuerzas etéricas que rodean la existencia en la Tierra. Para que podamos decir: dentro del cuerpo físico del hombre mientras está dormido, todo lo que pertenece a la existencia de la Tierra está activo. Así también en el cuerpo etérico todo lo que pertenece al mundo del éter que envuelve y permea a la Tierra está activo.

Pero las cosas se vuelven más difíciles cuando volvemos nuestra atención, naturalmente la atención de nuestra alma, a lo que está ahora (durante el sueño) fuera de los cuerpos físico y etérico, es decir, al yo y cuerpo astral del hombre. No podemos aceptar la idea de que esto tenga algo que ver con la Tierra física o con lo que rodea e impregna la Tierra como éter. En cuanto a lo que ocurre durante el sueño, ya lo indiqué de manera más descriptiva en las conferencias que se dieron aquí hace poco tiempo, y lo resumiré hoy desde un punto de vista diferente. En realidad, solo podemos entender lo que sucede en el yo y el cuerpo astral del hombre cuando con la ayuda de la Ciencia Espiritual penetramos en lo que ocurre en y alrededor de la Tierra más allá de las fuerzas y actividades físicas y etéricas.

Para empezar, volvamos nuestra mirada al mundo vegetal. Hablando en el sentido general y dejando de lado los árboles de hoja perenne y plantas de ese estilo, vemos que el mundo vegetal brota de la Tierra en primavera. Vemos que las plantas se vuelven más vivas y ricas en color, más exuberantes, y después, en otoño se desvanecen de nuevo. En cierto sentido, las vemos desaparecer de la Tierra cuando ésta se cubre de nieve.

Pero ese es solo un aspecto del desarrollo del mundo vegetal. El conocimiento físico nos dice que este despliegue del mundo vegetal en primavera y su desvanecimiento hacia el otoño está conectado con el Sol, también que, por ejemplo, la coloración verde de las plantas puede producirse solo bajo la influencia de la luz solar. El conocimiento físico, por lo tanto, nos muestra lo que sucede en el ámbito de los efectos físicos; pero no nos muestra que mientras están en marcha todos los brotes, el florecimiento y el marchitamiento de las plantas, también ocurren eventos espirituales. En realidad, al igual que en el organismo humano físico existe, por ejemplo, la circulación de la sangre, así como los procesos etéricos se expresan en el organismo físico como acción vascular y demás, y así como este organismo físico está impregnado por el alma y el espíritu, así también los procesos de germinación, reverdecimiento, florecimiento y desvanecimiento de las plantas que consideramos procesos físicos están impregnados en todas partes por el funcionamiento del mundo cósmico del alma y el espíritu.

Ahora cuando miramos el semblante de un hombre y su mirada cae sobre nosotros, cuando vemos su expresión, tal vez el enrojecimiento de la cara, entonces, de hecho, los ojos de nuestra alma están mirando a través de lo físico hacia el alma y el espíritu. De hecho, no puede ser de otra manera en nuestra vida entre nuestros semejantes. De la misma manera, debemos acostumbrarnos también a ver el espíritu y el alma en la fisonomía, si puedo llamarlo así, y cambios de la coloración del mundo vegetal en nuestra Tierra.

Si solo estamos dispuestos a reconocer lo físico, decimos que el calor y la luz del Sol actúan sobre las plantas, formando en ellas los jugos, la clorofila y demás. Pero si contemplamos todo esto con una visión espiritual, si tomamos la misma actitud hacia esta fisonomía de la planta de la Tierra como estamos acostumbrados a llevarla a la fisonomía humana, entonces se nos revela algo que me gustaría expresar con un palabra particular, porque esta palabra realmente transmite la realidad.

El Sol, del que decimos, aparentemente hablando, que envía su luz a la Tierra, no es simplemente un globo radiante de gas sino infinitamente más que eso. Envía sus rayos a la Tierra, pero cada vez que miramos al Sol, vemos el lado externo de los rayos. Los rayos tienen, sin embargo, un lado interno. Si alguien fuera capaz de mirar a través de la luz del Sol, considerar la luz solo como una cáscara externa y mirar hacia su alma, contemplaría el Poder del Alma, el Ser del Alma del Sol. Con la conciencia humana común vemos el Sol como deberíamos ver a un hombre que estuviera hecho de papel maché. Una efigie en la que no hay nada más que la forma, una forma sin vida, es por supuesto algo diferente del ser humano que realmente vemos ante nosotros. En el caso del ser humano viviente, miramos a través de esta forma externa y percibimos el alma y el espíritu. Para la conciencia ordinaria, el Sol en cambio es como si fuera un molde de papel maché. No vemos a través de su cáscara externa que está tejida de Luz.

Pero si pudiéramos ver a través de esto, deberíamos ver la esencia del alma y espíritu del Sol. Podemos ser conscientes de su actividad así como somos conscientes de la cáscara de papel maché del Sol. Desde el punto de vista del conocimiento físico, decimos: ‘El Sol brilla sobre la Tierra; brilla sobre las piedras, sobre el suelo. La luz se arroja y, por lo tanto, vemos todo lo que es mineral. Los rayos del sol penetran en las plantas, haciéndolas verdear, haciéndolas brotar   —todo eso es externo. Si vemos la esencia del alma y el espíritu del Sol, no podemos simplemente decir: ‘La luz del sol brilla sobre los minerales, se refleja, lo que nos permite ver los minerales’ o ‘La luz y el calor del Sol penetran en las plantas, haciéndolas verdes’ —pues tendremos que decir, los innumerables Seres espirituales que son seres del Sol y que constituyen su alma y espíritu: “El Sol sueña y sus sueños envuelven a la Tierra y modelan las plantas”.

Si imaginan la superficie de la Tierra con las plantas físicas que crecen a partir de ella, llegando a florecer, tienen allí el funcionamiento de los rayos físicos del Sol. Pero arriba está la vida tejida del mundo de los sueños del Sol —un mundo de Imaginaciones puras. Y uno puede decir: Cuando el manto de nieve se derrite en la primavera, el Sol recupera su poder, entonces las Imaginaciones del Sol se tejen nuevamente alrededor de la Tierra. Estas Imaginaciones del Sol son fuerzas imaginativas que trabajan en el mundo de las plantas. Ahora bien, aunque es cierto que este mundo Imaginativo —esta atmósfera imaginativa que rodea la Tierra— está muy activa desde la primavera hasta el otoño en cualquier región de la Tierra, sin embargo, este carácter onírico de la actividad del Sol también está presente de cierta manera durante el invierno. Solo que durante el invierno los sueños son, por así decirlo, aburridos y meditabundos, mientras que en verano son móviles, creativos, formativos. Ahora, es en este elemento en el que se despliegan las Imaginaciones del Sol que el Yo y el cuerpo astral del hombre viven y tejen cuando están fuera de los cuerpos físicos y etéricos.

Se darán cuenta por lo que he dicho que dormir en verano es en realidad un asunto bastante diferente de dormir en invierno, aunque en el estado actual de la evolución, la vida y la conciencia del hombre son tan aburridas y carentes de vitalidad que estas cosas no se perciben. En tiempos pasados, los hombres se distinguían definitivamente por sus sentimientos entre el sueño invernal y el sueño estival, y también sabían qué significado tenían para ellos el sueño invernal y el sueño estival. En aquellos tiempos antiguos los hombres sabían que del sueño de verano podían decir: Durante el verano, la Tierra está envuelta por pensamientos de imágenes. Y expresaron esto diciendo: Los Dioses Superiores descienden durante el verano y planean alrededor de la Tierra; durante el invierno, los Dioses Inferiores ascienden de la Tierra y se ciernen sobre ella. —Este mundo imaginativo, constituido de manera diferente en invierno y en verano, fue concebido como el tejido de los Dioses Superiores e Inferiores. Pero en aquellos tiempos antiguos también se sabía que el hombre mismo, con su Yo y su cuerpo astral, vive en este mundo tejido de imaginaciones.

Ahora, las mismas verdades de las que he hablado aquí, nos muestran, si las meditamos a la luz de la Ciencia Espiritual, en qué relación se encuentra el hombre, incluso durante su existencia terrenal, con el Universo extraterrenal. Ya ven, en verano —cuando es verano en cualquier región de la Tierra— el ser humano durante su sueño está siempre entrelazado por un mundo de contornos agudos de Imaginaciones Cósmicas. El resultado es que durante el verano está, por así decirlo, cerca de la Tierra con su alma y espíritu.  Durante el invierno es diferente. Durante el invierno, los contornos, las mallas, de las Imaginaciones Cósmicas se ensanchan, por así decirlo. Durante el verano vivimos con nuestro Yo y cuerpo astral mientras dormimos dentro de imaginaciones muy claramente definidas, dentro de múltiples figuras y formas. Durante el invierno, las figuras alrededor de la Tierra tienen un ancho entramado y la consecuencia de esto es que siempre que comienza el otoño, lo que vive en nuestro yo y cuerpo astral es llevado lejos en el Universo por la noche. Durante el verano y su calor, lo que vive en nuestro yo y cuerpo astral permanece más, por así decirlo, en la atmósfera psicoespiritual del mundo humano. Durante el invierno, este mismo contenido se confirma en las lejanas distancias del Universo. De hecho, sin hablar figurativamente, ya que uno está diciendo algo que es bastante real, uno puede decir: lo que el hombre cultiva en sí mismo, en su alma, y que a través de su yo y cuerpo astral puede extraer de sus cuerpos físico y etérico entre el momento de irse a dormir y despertarse, se almacena durante el verano y fluye durante el invierno hacia las grandes extensiones cósmicas.

Ahora, no podemos concebir que los hombres nos encerramos, por así decirlo, en la existencia terrenal y que el amplio Universo no sabe nada de nosotros. Está lejos de ser así. Es cierto que, en el solsticio de verano, el hombre puede ocultarse a los espíritus del universo, y también puede tener éxito en albergar sentimientos reprensibles del mal. La densa red de Imaginaciones no deja pasar estos sentimientos; todavía permanecen. Y en la Navidad, los Dioses miran hacia la Tierra y todo lo que vive en la naturaleza del hombre se revela y sale con su yo y su ser astral. Usando una imagen que realmente representa los hechos, podemos decir: En invierno se abren las ventanas de la Tierra y los Ángeles y Arcángeles contemplan lo que los hombres realmente son en la Tierra.

Nosotros en la Tierra nos hemos acostumbrado gradualmente en la civilización moderna a expresar todo lo que permitimos pasar como conocimiento en frases triviales, secas y no poéticas. Los Seres superiores son siempre poetas, por lo tanto, nunca damos una verdadera impresión de su naturaleza si los describimos con palabras físicas estériles; debemos recurrir a palabras como las que acabo de utilizar: en Navidad se abren las ventanas de la Tierra y, a través de estas ventanas, los Ángeles y Arcángeles contemplan las hazañas de los hombres durante todo el año. Los Seres de las Jerarquías superiores son poetas y artistas, incluso en su pensamiento. La lógica que generalmente nos esforzamos por aplicar es solo resultado de la gravedad de la Tierra, pero no insinúo, en absoluto, que no es muy útil en la Tierra.

Es lo que vive en las mentes y los corazones de los hombres como lo acabo de describir, lo que es de interés esencial para estos Seres Superiores; los Ángeles que miran a través de las ventanas de Navidad no están interesados en las especulaciones de los profesores; los pasan por alto. Ni, para empezar, están muy interesados en los pensamientos del hombre. Es lo que sucede en sus sentimientos, en su corazón, que en su aspecto cósmico está conectado con el curso anual del Sol. Por lo tanto, no es tanto si somos tontos o listos en la Tierra como lo es ante la mirada de los Seres Espirituales Divinos en el momento de la Navidad, sino simplemente si somos hombres buenos o malvados, si sentimos a los demás o somos egoístas. Eso es lo que se comunica a los mundos cósmicos a lo largo de las estaciones anuales.

Pueden creer que nuestros pensamientos permanecen cerca de la Tierra, porque he dicho que los Ángeles y los Arcángeles no se preocupan por ellos cuando miran por las ventanas navideñas. No se preocupan por nuestros pensamientos porque, si utilizo una forma de hablar bastante prosaica, reciben la moneda más rica, la moneda más valiosa que acuña el alma y el espíritu del hombre. Y esta moneda más valiosa es la acuñada por el corazón, los sentimientos, por lo que un hombre vale por lo que contienen su corazón y su sentimiento. Para el Cosmos, nuestros pensamientos son solo el pequeño cambio, la moneda menor, y esta moneda menor es espiada por seres espirituales subordinados todas las noches. Si somos tontos o astutos es espiado por el Cosmos cada noche —no de hecho para las regiones muy lejanas del Cosmos sino solo para las regiones alrededor de la Tierra— espiado por seres que están más cerca de la Tierra y de su entorno y, por lo tanto, los más subordinados en rango. La revolución diaria del Sol tiene lugar para impartir al Cosmos el valor de nuestros pensamientos. Hasta ahora nuestros pensamientos se extienden; pertenecen meramente en el entorno de la Tierra. La revolución anual del Sol tiene lugar para llevar nuestra naturaleza del corazón, nuestra naturaleza sentimental, más allá en los mundos cósmicos.

Nuestra naturaleza desiderativa no puede llevarse de esta manera al Cosmos, ya que el ciclo del día está estrictamente regulado. Sigue su curso en veinticuatro horas. El curso anual del Sol también está estrictamente regulado. Percibimos la regularidad del ciclo diario en las secuencias estrictamente lógicas de nuestros pensamientos. La regularidad del ciclo anual —percibimos el efecto posterior de esto en nuestro corazón y alma, en que hay ciertos sentimientos que dicen a unas cosas que hace el hombre: esto es bueno, y a otras: esto es malo.

Pero hay una tercera facultad en el hombre, a saber, la voluntad. Es cierto que la voluntad está ligada a los sentimientos y el sentimiento no puede dejar de decir que ciertas acciones son moralmente buenas y otras moralmente no buenas. Pero la voluntad puede hacer lo que es moralmente bueno y también lo que no es moralmente bueno. Aquí, entonces, no hay una estricta regularidad. La relación de nuestra voluntad con nuestra naturaleza como seres humanos no está estrictamente regulada en el sentido en que están regulados el pensamiento y el sentimiento. No podemos decir que una mala acción es buena o una buena acción mala, ni podemos llamar ilógico a un pensamiento lógico, o a un pensamiento ilógico, lógico. Esto se debe al hecho de que nuestros pensamientos se encuentran bajo la influencia de la revolución diaria del Sol y nuestros sentimientos bajo la influencia de su revolución anual. La voluntad, sin embargo, queda en manos de la humanidad misma en la Tierra. Y ahora un hombre podría decir: ‘Lo único que me sucede es que, si pienso de manera ilógica, mis pensamientos ilógicos se llevan a cabo cada noche en el Cosmos y hacen travesuras allí —pero ¿qué me importa eso? No estoy aquí para poner orden en el Cosmos “—. Aquí en la Tierra, donde la vida se vive en la ilusión, un hombre podría en ciertas circunstancias hablar así, pero entre la muerte y un nuevo nacimiento nunca lo haría. Porque entre la muerte y un nuevo nacimiento él mismo está en los mundos en los que puede haber causado daño a través de sus pensamientos necios; y debe vivir a través de todo el daño lo que ha hecho. Así también, entre la muerte y un nuevo nacimiento, él está en esos mundos en los que han fluido sus sentimientos. Pues aquí nuevamente podría decir en la Tierra: ‘Lo que vive en mis sentimientos se evapora en el Cosmos; pero les dejo a los Dioses que hagan frente a cualquier daño que pueda haber causado allí a través de mí. Mi voluntad, sin embargo, no está limitada a la Tierra por ningún reglamento. ‘-

El hombre pasa por la puerta de la muerte cargado con lo que ha salido de sus actos de voluntad. Así como aquí en la Tierra él tiene a su alrededor todo lo que vive en minerales, plantas, animales y en la humanidad física, todo lo que vive en nubes, arroyos, montañas, estrellas, en la medida en que son visibles externamente a través de la luz. —Así como él tiene todo esto a su alrededor durante su existencia entre el nacimiento y la muerte, entonces él tiene un mundo a su alrededor cuando ha dejado de lado los cuerpos físico y etérico y ha pasado por la puerta de la muerte. En verdad, tiene a su alrededor el mundo en el que sus pensamientos han entrado todas las noches, en el que han entrado sus sentimientos con el cumplimiento de cada ciclo anual … “Lo que has pensado; lo que has sentido “…   Ahora le parece que los Seres de las Jerarquías le transmiten sus propios pensamientos y sentimientos. Lo han percibido todo, como he indicado. Su vida mental y su vida de sentimiento ahora fluye hacia él. El materialista que considera que la vida del hombre se limita al tiempo entre el nacimiento y la muerte, nunca puede concebir que su voluntad tenga un significado cósmico; tampoco puede concebir que los pensamientos o sentimientos humanos tengan algún significado para el Cosmos. Pero incluso uno que sabe muy bien que los pensamientos tienen un significado cósmico como resultado de la revolución diaria del Sol y los sentimientos a través de la revolución anual, incluso él,  cuando ve lo que se logra en la Tierra por el bien o el mal, los impulsos del hombre, debe alejarse del Cosmos y de la naturaleza humana para ver cómo lo que trabaja en la voluntad del hombre se va al Cosmos. Porque lo que trabaja en la voluntad del hombre debe ser corroborado en el Cosmos por el hombre mismo, y él lo confirma cuando pasa por la puerta de la muerte. Por lo tanto, no es a través de los ciclos diarios o anuales sino a través del portal de la muerte que el hombre lleva a cabo el bien o el mal que ha causado aquí en la Tierra a través de su voluntad.

Es una relación extraña la que el hombre tiene con el Cosmos en su vida anímica. Decimos de nuestros pensamientos: ‘Tenemos pensamientos pero no están sujetos a nuestra voluntad arbitraria; debemos conformarnos a las leyes del Universo cuando pensamos, de lo contrario entraremos en conflicto con todo lo que sucede en el mundo. ‘Si un niño pequeño está de pie frente a mí, y pienso: Es un anciano; puedo halagarme a mí mismo al haber determinado el pensamiento, pero estoy ciertamente desconectado del mundo. Por lo tanto, con respecto a nuestros pensamientos, de ninguna manera somos independientes, tan poco independientes que nuestros pensamientos se llevan a cabo en el Cosmos por el ciclo diario del Sol. Tampoco somos independientes en nuestra vida de sentimientos, ya que se llevan a cabo a través del ciclo anual del sol. Así, incluso durante la vida terrenal, lo que vive en nuestra cabeza a través de nuestros pensamientos y, a través de nuestros sentimientos en nuestro pecho, no vive solo dentro de nosotros sino que también participa en una existencia cósmica. Solo eso que vive en nuestra voluntad lo mantenemos con nosotros hasta la muerte. Entonces, cuando hemos dejado de lado el cuerpo, cuando ya no tenemos nada que ver con las fuerzas terrenales, lo llevamos adelante a través de la puerta de la muerte.

En la existencia terrenal, el sol ilumina desde la mañana hasta la tarde; se oculta y se hace la noche. Cuando hemos pasado por la puerta de la muerte, nuestra sabiduría se extiende hacia nosotros como el día; a través de nuestros actos acumulados de insensatez, las luces espirituales se oscurecen y oscurecen a nuestro alrededor y se convierte en noche. Aquí en la Tierra tenemos día y noche; cuando hemos pasado por la puerta de la muerte, tenemos como el día y la noche los resultados de nuestra sabiduría y nuestra necedad. Y lo que el hombre experimenta aquí en la Tierra como primavera, verano, otoño e invierno en el ciclo anual, como las temperaturas cambiantes y otras experiencias sentientes, de todo esto se da cuenta —cuando ha pasado por la puerta de la muerte— también como un tipo de ciclo, aunque de una duración mucho más larga. Experimenta la cualidad que da calidez, da vida (que da vida, es decir, a su Ser espiritual) de sus buenos sentimientos, de su simpatía con la bondad; experimenta con la misma frialdad su simpatía con el mal, con lo inmoral. Así como aquí en la Tierra vivimos el calor del verano y el frío del invierno, también vivimos después de la muerte, calentados por nuestros buenos sentimientos, enfriados por nuestros malos sentimientos; y soportamos los efectos de nuestra voluntad a través de estos años y días espirituales. Después de la muerte, somos el producto de nuestra naturaleza moral en la Tierra. Y tenemos un ambiente que está impregnado por nuestras locuras y nuestra sabiduría, por nuestras simpatías y antipatías por el bien.

Para que podamos decir: así como aquí en la Tierra tenemos el aire veraniego a nuestro alrededor dándonos calidez y vida, y como tenemos el frío y helado aire invernal a nuestro alrededor, así, después de la muerte, estamos rodeados por una atmósfera de alma y espíritu que es cálido y dador de vida en la medida en que se produce a través de nuestros buenos sentimientos, y se enfría en la medida en que se produce a través de nuestros malos sentimientos. Aquí en la Tierra, en ciertas regiones al menos, las temperaturas de verano e invierno son las mismas para todos nosotros. En el tiempo después de la muerte, cada ser humano tiene su propia atmósfera, engendrada por él mismo. Y las experiencias más conmovedoras después de la muerte están conectadas con el hecho de que un hombre vive en un frío helado y el otro, cerca de él, en una calidez vivificante.

Tales son las experiencias que pueden ser experimentadas después de la muerte. Y como describí en mi libro Teosofía, una de las experiencias principales que se transmiten en el mundo del alma, es que aquellos seres humanos que han albergado sentimientos malvados aquí en la Tierra, deben experimentar unas experiencias difíciles a la vista de aquellos que desarrollaron y albergaron buenos sentimientos.

De hecho, se puede decir: Todo lo que permanece oculto para comenzar en el ser interior del hombre, se revela cuando ha pasado por la puerta de la muerte. Dormir también adquiere un significado cósmico, al igual que nuestra vida durante el invierno. Dormimos todas las noches para que podamos prepararnos la luz en la que debemos vivir después de la muerte. Pasamos por nuestras experiencias de invierno para preparar el calor espiritual del alma en el que entramos después de la muerte. Y en esta atmósfera del mundo espiritual que nosotros mismos hemos preparado, soportamos los efectos de nuestros actos.

Aquí en la Tierra vivimos, a través de nuestro cuerpo físico, como seres sujetos a la gravedad terrestre. A través de nuestra respiración, vivimos en el aire circundante, y muy a lo lejos vemos las estrellas. Cuando hemos pasado por la puerta de la muerte, entramos en el mundo anímico espiritual, muy lejos de la Tierra; estamos más allá de las estrellas, vemos las estrellas desde el otro lado, miramos hacia atrás al mundo de las estrellas. Nuestro propio ser vive en los pensamientos cósmicos y las fuerzas cósmicas. Miramos hacia atrás a las estrellas, ya no las vemos brillar, sino que vemos a las Jerarquías, a los Seres Espirituales que tienen simplemente su reflejo en las estrellas.

sol

Así, el hombre en la Tierra puede obtener más y más conocimiento de lo que será la naturaleza de su vida cuando atraviese la puerta de la muerte. Hay personas que dicen: ‘¿Por qué necesito saber todo esto? ¡Seguramente lo veré todo después de la muerte!”. Esa actitud es como si un hombre dudara del valor de la vista. Porque a medida que la evolución de la Tierra sigue su curso, el hombre entra cada vez más en una vida en la que debe adquirir el poder de participar en estas experiencias después de la muerte mediante su aprehensión, comenzando con el pensamiento, aquí en la Tierra. Cerrar el conocimiento de los mundos espirituales mientras estamos en la Tierra es cegarnos en alma y el espíritu después de la muerte. Un hombre entrará en el mundo espiritual como un lisiado cuando atraviese la puerta de la muerte, si aquí, en este mundo, desdeña aprender el mundo del espíritu, porque la humanidad está evolucionando hacia la libertad, hacia la actividad espiritual libre. Este hecho debería ser cada vez más claro para la humanidad y debería hacer que los hombres se den cuenta de la necesidad urgente de adquirir conocimiento sobre el mundo espiritual.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Diciembre de 2017

GA178bc2. Uso incorrecto y correcto del conocimiento esotérico

Rudolf Steiner — Dornach, 19 de noviembre de 1917

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Hemos estado considerando la aparición de una búsqueda de conocimiento con medios inadecuados, y esto ha abierto amplias perspectivas históricas. Ahora con respecto a estos asuntos, y también a lo que dije con la misma intención la última vez que hablé aquí, debo pedirles que sean conscientes de que no nos preocupamos por una teoría o un sistema de ideas, sino por la comunicación de los hechos. Ese es el punto a tener en cuenta; de lo contrario, estos temas no se entenderán claramente. No expongo leyes o ideas históricas, sino que establezco hechos —hechos que están relacionados con los planes y propósitos de ciertas personalidades que se mantienen unidas en hermandades así como a otras que actúan sobre ellas y cuya influencia precisamente ellas buscan, pero que, en su forma de ser, no pertenecen a la especie humana que encarna, sino a la de los seres que se “corporizan” en el mundo espiritual.  En lo que concierne a estas hermandades, tenemos que ver con diferentes partidos (como de hecho habrán aprendido de las explicaciones dadas en conferencias anteriores, por ejemplo, El movimiento oculto en el siglo XIX). Por lo tanto, hay una parte que defiende que ciertas verdades superiores absolutamente secretas; y de nuevo, teniendo en cuenta diversos matices de opinión, hay hermanos, particularmente desde mediados del siglo XV, que sostienen que ciertas verdades, solo las requeridas por las necesidades del momento, deben ser reveladas cuidadosa y pertinentemente. Además de estos dos partidos principales, hay otras variaciones; por lo tanto, verán que cualquier influencia que finalmente se ejerza sobre la evolución humana desde el lado de estas hermandades muy a menudo reflejará algún tipo de compromiso.

A principios de la década de 1840, aquellas hermandades que tenían conocimiento de los impulsos espirituales que actúan en la historia vieron venir la batalla de ciertos seres espirituales con los Espíritus superiores que termino en 1879, cuando ciertos seres angélicos, Espíritus de la Oscuridad, fueron derribados, evento simbolizado por la victoria de Michael sobre el dragón. Cuando, por lo tanto, a mediados del siglo XIX, estas hermandades sintieron que este evento se acercaba, tuvieron que decidir qué actitud adoptar y considerar qué se debía hacer.

Aquellos hermanos que deseaban sobre todo tener en cuenta las exigencias del momento fueron empujados hasta cierto punto con las mejores intenciones, pero se equivocaron en su enfoque del materialismo de la época; pensaban que a los hombres que estaban dispuestos a aceptar solo lo que podía conocerse en términos físicos se les debería ofrecer algo del mundo espiritual en una forma materialista. Así que fue con buenas intenciones que el espiritismo se lanzara al mundo en la década de 1840.

Dado que en ese momento iba a prevalecer en la Tierra una mentalidad crítica, interesada únicamente en el mundo externo, era necesario dar a la gente algún indicio, algún sentimiento, de que existía un mundo espiritual a su alrededor. Y ahora este compromiso, se puso en práctica. Aquellos hermanos que estaban totalmente en contra de comunicar las verdades espirituales a la humanidad se encontraron votando por la fuerza, se podría decir; tuvieron que ceder y estar de acuerdo. Aun así, no era su intención original introducir los fenómenos relacionados con el espiritismo en el mundo. Cuando se trata de grupos colectivos de personas, uno siempre obtiene compromisos, y naturalmente, cuando se ha llegado a una decisión colectiva, no solo aquellos que la favorecen buscarán resultados, sino que aquellos que al principio se opusieron esperarán algo de ello.

Así, los bien intencionados miembros de estas cofradías adoptaron la errónea opinión de que mediante el uso de médiums las personas estarían convencidas de la presencia a su alrededor de un mundo espiritual; entonces, sobre la base de esta convicción, sería posible impartir verdades más elevadas. Esto de hecho podría haber sucedido si los fenómenos que vinieron a través de los médiums hubieran sido de hecho interpretados de la manera prevista, como evidencia de la presencia de un mundo espiritual interpenetrante. Pero —como expliqué ayer— resultó algo bastante diferente. Los fenómenos mediúmnicos fueron interpretados por aquellos que tomaron parte en las sesiones espiritistas como provenientes de los muertos. Por lo tanto, el experimento fue una desilusión para todos los interesados. Aquellos hermanos que se dejaron convencer se sintieron muy afligidos de que las manifestaciones de la sesión pudieran ser interpretadas —a veces correctamente— como viniendo de los espíritus de los muertos. Los hermanos progresistas bien intencionados no esperaban ninguna mención de los muertos, sino más bien de un mundo elemental general, por lo que también se sintieron decepcionados.

Sin embargo, estas actividades las llevaron a cabo personas que habían sido iniciadas de alguna manera. Y además de las hermandades ya mencionadas, tenemos que contar con otras, o con secciones de las mismas hermandades, en donde una minoría de miembros, o incluso una mayoría, consiste en iniciados que dentro de sus hermandades son conocidos como “hermanos de la izquierda”; son aquellos que tratan cada impulso que entra en la evolución humana como una cuestión de poder. Naturalmente, estos hermanos esperaban todo tipo de cosas del espiritismo.

Como dije ayer, fueron estos hermanos de la izquierda los que fueron especialmente responsables de tratar de la manera que describí con las almas de los muertos. Su interés se centraba en observar lo que salía de las sesiones de espiritismo, y gradualmente lograron controlar todo el campo. Los iniciados bien intencionados perdieron gradualmente todo interés en el espiritismo; en cierto sentido, se sentían avergonzados, porque aquellos que desde el principio se habían opuesto al espiritismo dijeron que desde un principio sabían que nada saldría de ello. Pero el resultado fue que el espiritismo cayó bajo el poder de los hermanos de la izquierda. Ayer dije que estos hermanos habían quedado decepcionados de la siguiente manera. Vieron que el espiritismo podría sacar a la luz lo que se habían propuesto y ante todo estaban ansiosos de que esto no sucediera.  Como las personas que asistían a las sesiones de espiritismo creían que estaban en contacto con los muertos, las comunicaciones de los muertos podían revelar lo que los hermanos de la izquierda estaban haciendo con las almas de los muertos.  Las mismas almas de las que estaban abusando podrían manifestarse en el curso de una sesión.

Deben por favor, una vez más, tener en cuenta que no estoy exponiendo teorías sino relatando hechos —hechos que se remontan a individuos particulares. Y cuando las personas se unen en hermandades, difieren en lo que esperan del mismo evento.  Cuando uno habla de hechos que pertenecen al mundo espiritual, siempre se trata de buscar el resultado de los impulsos individuales. En la vida ordinaria, una acción a menudo contradice a otra. Si se discuten las teorías, se debe observar la regla de la contradicción. Pero cuando uno habla de hechos, entonces —solo porque son hechos— muy a menudo encontraremos que los hechos en el mundo espiritual concuerdan tan poco como lo hacen las acciones humanas en el plano físico. Por lo tanto, les pido que tengan esto en cuenta. Uno no puede hablar de realidades en estos asuntos a menos que uno hable de hechos individuales. Ese es el punto. Por lo tanto, debemos mantener separadas las diferentes corrientes y distinguirlas.

Esto está conectado con algo muy importante, que debe ser mantenido claramente a la vista por cualquiera que desee llegar a una perspectiva más o menos satisfactoria del mundo. Es un punto fundamental, y debemos presentarlo ante nosotros, aunque sea algo abstracto.

Una persona que intenta construir una imagen razonable del mundo se esfuerza por armonizar sus elementos por separado. Lo hace por costumbre —un hábito completamente justificado, conectado durante muchos siglos con la posesión más querida de nuestras almas: con el monoteísmo. Por lo tanto, trata de llevar toda la gama de sus experiencias del mundo a un principio unitario. Esto es lo suficientemente válido a su manera —no, sin embargo, en el sentido en que se aplica habitualmente, sino en un sentido bastante distinto del que hablaremos la próxima vez. Hoy trataré solo con el principio esencial.

Si nos acercamos al mundo con la idea preconcebida de que todo debe ser explicable sin contradicciones, como si proviniera de una sola fuente, nos decepcionaremos una y otra vez cuando miramos sin prejuicios al mundo y las experiencias que nos brinda. Hemos adquirido el hábito de tratar todo lo que percibimos a la luz del concepto didáctico que dice que todo conduce a un origen divino unitario —todo se deriva de Dios y, por lo tanto, debe admitir un único modo de explicación.

Pero esto no es así. Las experiencias que encontramos en el mundo no surgen de una base única, sino de diversas individualidades espirituales, que juegan un papel en su producción. Ese es el punto esencial. Hablaremos mañana del sentido en que se justifica el monoteísmo. Hasta cierto punto, y de hecho hasta un nivel alto, debemos pensar en individualidades independientes tan pronto como crucemos el umbral del mundo espiritual. Y luego no podemos esperar explicar todo lo que experimentamos en términos unitarios. Tomen cualquier serie de eventos —digamos las experiencias encontradas desde 1913 hasta 1918. Un diagrama les mostrará naturalmente como se toma el curso desde dos direcciones a la vez …

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Un historiador siempre intentará reducir todo el proceso al funcionamiento de un único principio, pero no es así como suceden las cosas. Directamente cruzamos el umbral del mundo espiritual, ya sea hacia abajo o hacia arriba —es uno y lo mismo— encontramos que diferentes individualidades, relativamente independientes entre sí, están trabajando en estos eventos. Nunca comprenderemos el curso de los eventos si asumimos una única fuente para ellos; los veremos correctamente solo si en la turbulencia de los acontecimientos consideramos las actividades de las individualidades que trabajan con o uno contra el otro.

Esto es algo que pertenece a los secretos más profundos de la evolución humana. Durante siglos, incluso durante milenios, ha sido oscurecido por el sentimiento monoteísta, pero deben tenerlo en cuenta. Si hoy vamos a acercarnos a las preguntas fundamentales, sobre todo no debemos confundir la lógica con la libertad abstracta de las contradicciones. En un mundo en el que las individualidades independientes actúan simultáneamente, es inevitable que surjan contradicciones y esperar que no ocurran conduce a un empobrecimiento de las ideas; a ideas que no pueden abarcar toda la realidad. Las únicas ideas adecuadas serán aquellas que puedan captar un mundo lleno de contradicciones, porque ese es el mundo real.

Los reinos de la naturaleza que nos rodean nacen de una manera muy notable. En todo lo que llamamos naturaleza, en la naturaleza que abordamos a través de la ciencia por un lado y a través de la percepción estética por el otro, están trabajando varias individualidades. Pero en la fase presente de la evolución humana, una sabia Providencia ha ordenado un arreglo que es una gran bendición para la humanidad. Podemos asirnos de la naturaleza con ideas que asumen una dispensación monista, porque la percepción sensorial nos permite normalmente experimentar solo la mayor parte de la naturaleza de acuerdo con ese principio. Detrás del tapiz de la naturaleza hay algo diferente que se sostiene desde una dirección completamente diferente; pero la percepción sensorial lo cierra, admitiendo solo la mayor parte de la naturaleza que puede atravesar el tamiz.

Todo lo contradictorio se ve forzado, y la naturaleza nos es comunicada bajo la apariencia de un sistema monista. Pero directamente cruzamos el umbral y traemos los hechos verdaderos que influyen en la interpretación de la naturaleza —los hechos concernientes a los espíritus elementales o la influencia de las almas humanas, que también pueden actuar sobre la naturaleza— entonces ya no podemos hablar de un sistema monista aplicable a la naturaleza. Una vez más, vemos claramente que tenemos que ver con el funcionamiento de las individualidades que pueden oponerse o reforzarse mutuamente. En el mundo elemental encontramos espíritus de la tierra, gnomos; espíritus del agua, ondinas; espíritus del aire, sílfides; espíritus de fuego, salamandras. Están todos allí, pero no forman una sola banda unificada. Cada uno de los cuatro reinos es en cierto sentido independiente; no trabajan solo en base a un único sistema, sino que se oponen entre sí. Sus propósitos son, para empezar, completamente distintos; el resultado refleja las interacciones de sus propósitos en las formas más variadas. Si sabemos cuáles son estos propósitos, podemos discernir en un fenómeno dado el trabajo conjunto, digamos, de los espíritus de fuego y las ondinas. Pero nunca debemos suponer que detrás de ellos hay una sola autoridad que les dé órdenes definidas. Esta forma de pensar está muy extendida hoy; y filósofos como, por ejemplo, Wilhelm Wundt (a quien Fritz Mauthner describió con cierta justicia como “una autoridad por la gracia de su editor”) —sin embargo, antes de la guerra se clasificó como una autoridad en casi todas partes)— estos filósofos quieren forzar a una unidad toda la multiplicidad del alma, sus conceptos, sus sentimientos, su voluntad, porque dicen que el alma es una unidad y, por lo tanto, todo esto debe pertenecer a un sistema unitario. Pero eso no es así, y las tendencias fuertemente conflictivas en la vida humana, que el psicoanálisis pone en evidencia, no ocurrirían si nuestra vida conceptual no retrocediera más allá del umbral hacia regiones donde está influenciada por individualidades completamente diferentes de las que influencian nuestro sentimiento y nuestra voluntad.

Realmente es extraño! Aquí (dibujando en la pizarra) tenemos en el ser humano una vida conceptual, una vida de sentimientos y una vida volitiva. Sin embargo, un sistematizador como Wundt no puede evitar la idea de que todo esto debe formar un solo sistema. De hecho, la vida de los conceptos conduce a un mundo, la vida del sentimiento a otro mundo, y la vida de la voluntad a otro. La función del alma humana es precisamente unificar las actividades que en el mundo prehumano —y, por lo tanto, en el aun existente mundo prehumano— es triple.

Todas estas cosas deben tenerse en cuenta tan pronto como estudiemos los impulsos que han actuado en la evolución humana. Ya he dicho que cada época post-Atlante tiene una tarea especial, y he descrito la tarea para la humanidad en la quinta época post-Atlante como la de aceptar el mal como un impulso en la evolución del mundo. Hemos hablado de lo que esto significa desde varios puntos de vista. La necesidad indispensable es que las fuerzas que se manifiestan como mal cuando aparecen en el lugar equivocado sean superadas por el esfuerzo humano durante esa época, de modo que los hombres puedan comenzar a hacer de estas fuerzas algo favorable para el futuro de la evolución cósmica. Por lo tanto, la tarea de esta quinta época post-Atlante es especialmente ardua, y muchas tentaciones están por venir. Y a medida que los poderes del mal hacen su aparición en etapas graduales, los hombres naturalmente están mucho más inclinados a cederles el lugar en todos los ámbitos en lugar de luchar para colocar lo que parece ser el mal al servicio del curso correcto del desarrollo mundial. Esto, sin embargo, es lo que tiene que suceder —hasta cierto punto, el mal debe convertirse en un buen fin. De lo contrario, no podremos avanzar hacia la sexta época post-Atlante, que tendrá una tarea bastante diferente. Su tarea será permitir que los hombres, mientras están todavía conectados con la Tierra, tengan el mundo espiritual continuamente a la vista y vivan de acuerdo con los impulsos espirituales. Es precisamente en relación con la tarea de oponerse al mal durante nuestra época que puede ocurrir un cierto oscurecimiento de la personalidad humana.

Sabemos que desde 1879 los Espíritus de la Oscuridad que están más cerca del hombre, y que pertenecen al reino de los Ángeles, están vagando por el mundo humano, porque fueron arrojados desde el mundo espiritual. Por lo tanto, están presentes en los impulsos humanos y trabajan a través de ellos. Solo porque estos seres puedan trabajar invisiblemente, tan cerca del hombre, y por su influencia impedir que reconozca lo espiritual con la razón —que también es una tarea para nuestra época— entonces en esta época hay muchas oportunidades para rendirse a todo tipo de errores y observaciones que pertenecen a la oscuridad del mal. Durante esta época, el hombre tiene que aprender gradualmente a captar lo espiritual con su razón; porque se le ha ofrecido esta posibilidad al vencer a los Espíritus de la Oscuridad en 1879, como resultado de lo cual ha podido fluir desde los mundos espirituales cada vez más sabiduría espiritual. Solo si los Espíritus de la Oscuridad hubieran permanecido allí en los reinos espirituales hubieran podido obstruir este flujo. De ahora en adelante no pueden hacer nada para obstaculizarlo; pero pueden continuar creando confusión y oscurecer a las almas humanas. Ya hemos descrito en parte las oportunidades que tienen para hacer esto, y las precauciones que han tomado para evitar que los hombres reciban sabiduría espiritual. Todo esto, por supuesto, no da ocasión para lamentarnos, sino para fortalecer la energía humana y aspirar a lo espiritual. Porque si los hombres logran lo que se puede lograr en esta época al tomar las fuerzas del mal y convertirlas en buenos fines, entonces al mismo tiempo lograrán algo tremendo: esta quinta época post-Atlante ganará para la evolución humana concepciones más grandiosas que las de cualquier otra época post-Atlante, o de hecho de cualquier época anterior. Por ejemplo, el Cristo apareció y pasó por el Misterio del Gólgota durante la cuarta época post-Atlante, pero solo en nuestra quinta época será posible que la razón humana abarque el significado de este evento. En la cuarta época, los hombres podían comprender que en el Impulso de Cristo tenían algo que llevaría sus almas más allá de la muerte: esto quedó suficientemente claro a través del cristianismo paulino.

La quinta época traerá un desarrollo aún más importante: los hombres llegarán a reconocer al Cristo como su ayudante en la tarea de transformar las fuerzas del mal en bien. Pero conectado con esta característica de la quinta época hay un hecho que debemos inscribir diariamente en nuestras almas y nunca olvidar, aunque estamos prontos a olvidarlo. En esta época tenemos que ser luchadores del espíritu: debemos darnos cuenta de que nuestras fuerzas disminuyen a menos que se las mantenga constantemente en entrenamiento para la conquista del mundo espiritual. En esta quinta época, el hombre depende, en el más alto grado, de su libertad, y debe experimentarla plenamente. Y la idea de la libertad humana debería ser el criterio de todo lo que encuentre en esta época. Porque si las energías humanas se debilitaran, todo podría volverse malvado. El hombre ya no está en condiciones de ser guiado como un niño. Si el objetivo de ciertas hermandades es tratarlo de esta manera, como lo fue en la tercera y cuarta época, están lejos de hacer lo correcto y no están avanzando en la evolución humana. Cualquiera que en esta época hable del mundo espiritual debe recordarse a sí mismo constantemente que debe hacerlo de tal manera que la aceptación o el rechazo se deje en manos de la libertad del individuo. Por lo tanto, solo ciertas cosas pueden ser dichas; pero el dicho es tan importante como cualquier otra forma de presentarlos en otras épocas. Les daré un ejemplo.

En nuestro tiempo la comunicación de verdades —o, si puedo usar una frase trivial, dar una conferencia sobre ellas—  es lo más importante. La gente debería entonces ser dejada a actitud de libre elección.  Uno no debe ir más allá de la conferencia, de la comunicación de verdades; el resto debe seguir la decisión libre, al igual que cuando alguien toma una decisión en el plano físico. Esto se aplica también a las cosas que, en cierto sentido, solo pueden ser dirigidas y guiadas desde el mundo espiritual.

Lo comprenderemos mejor si entramos en detalles. Durante la cuarta época post-Atlante todavía era necesario considerar otras cosas, no solo la palabra hablada. ¿Cuáles fueron estas otras cosas? Tomemos una instancia definida. La isla de Irlanda, para usar su nombre moderno, tiene características bastante especiales que la distinguen del resto del mundo. Cada parte de la Tierra tiene algunas características distintivas —no hay nada inusual en eso— pero el punto aquí es que Irlanda los tiene en un grado excepcional. Saben por mi Ciencia Oculta que es posible mirar hacia atrás y discernir varias influencias que han fluido desde el mundo espiritual hacia la evolución de la Tierra. También han escuchado cómo eran las cosas en la Era Lemuriana y de los diversos desarrollos evolutivos desde entonces. Ayer llamé la atención sobre el hecho de que toda la tierra debe ser considerada como un organismo vivo, y que las diversas influencias que irradian a los habitantes de territorios particulares tienen un efecto especial sobre el “doble”, también mencionado ayer. En la antigüedad, las personas que conocían Irlanda daban expresión a sus peculiares características en forma de mitos y leyendas. Podría hablar de una leyenda esotérica que indica la naturaleza de Irlanda dentro de todo el organismo terrestre. Se decía que Lucifer había tentado una vez a la humanidad en el Paraíso, por lo que la humanidad fue expulsada y esparcida por la Tierra, que ya existía en ese momento. Por lo tanto, se hizo una distinción —por lo que la leyenda nos dice— entre el Paraíso, con Lucifer en él, y el resto de la Tierra. Pero con Irlanda fue diferente. Irlanda no pertenecía en el mismo sentido al resto de la Tierra, porque del Paraíso, antes de que Lucifer ingresara en él, se había creado una imagen de sí mismo en la Tierra, y esa imagen se convirtió en Irlanda.

Vamos a entender esto claramente. Irlanda es esa parte de la tierra en la que Lucifer no tiene participación, no tiene conexión con Lucifer. La parte del Paraíso que tuvo que separarse, para que una imagen terrenal del mismo pudiera existir, se habría interpuesto en el camino de la entrada de Lucifer al Paraíso. De acuerdo con esta leyenda, por lo tanto, se concibió que Irlanda había sido, antes que nada, esa parte del Paraíso que habría mantenido a Lucifer fuera. Solo cuando Irlanda se separara, podría entrar Lucifer.

Esta leyenda, de la que he dado un relato muy incompleto, es muy hermosa. Para muchas personas, explica la tarea bastante individual de Irlanda a través de los siglos. En el primero de mis Dramas Misterio encontrarán lo que se ha descrito a menudo: cómo Europa fue cristianizada por los monjes irlandeses. Después de que Patrick introdujera el cristianismo en Irlanda, se produjo que el cristianismo condujo a la más alta devoción espiritual. En una interpretación adicional de la leyenda que acabo de describir, Irlanda —Ierne para los griegos e Hibernia para los romanos— incluso se la llamó la isla de los santos, debido a la piedad que allí prevalecía en los monasterios cristianos. Esto está relacionado con el hecho de que las fuerzas que irradian de la Tierra y se apoderan del “doble” están en su mejor momento en la isla de Irlanda.

Dirán: entonces los irlandeses deberían ser los mejores hombres. ¡Pero no es así cómo funcionan las cosas en el mundo! La gente inmigra a todas las regiones de la Tierra y tiene descendientes, y así sucesivamente. Por lo tanto, los seres humanos no son simplemente un producto del pedazo de tierra donde viven; su personaje bien puede contradecir las influencias que provienen de la tierra. No debemos atribuir su desarrollo a las cualidades encontradas en una parte particular del organismo terrestre; eso sería meramente sucumbir a las ilusiones.

Pero podemos decir, más o menos como he dicho hoy, que Irlanda es una tierra muy especial y este es uno de los factores entre los que debería obtenerse una fructífera elaboración de las ideas político-sociales. Irlanda es uno de esos factores, y todos estos factores deben tenerse en cuenta conjuntamente. De esta manera, debemos desarrollar una ciencia de las relaciones humanas en la Tierra. Hasta que eso se haga, no habrá salud real en la organización de los asuntos públicos. Lo que puede ser comunicado desde el mundo espiritual debe fluir en cualquier medida que se tome. Por esta razón, he dicho en conferencias públicas que los estadistas y otros interesados en asuntos públicos deberían familiarizarse con estas comunicaciones, ya que solo entonces podrán controlar la realidad. Pero ellos no hacen esto, o al menos no lo han hecho hasta ahora; sin embargo, la necesidad de hacerlo permanece.

Esta conversación, esta comunicación, es lo importante hoy, de acuerdo con las tareas de la quinta época post-Atlante, porque entonces, antes de hablar se pasa a acciones, las decisiones deben tomarse tal como se toman en relación con los impulsos en el plano físico En tiempos anteriores era diferente; otros métodos podrían ser empleados.

En un momento particular en la tercera época post-Atlante, cierta hermandad tuvo la oportunidad de enviar un gran número de colonos de Asia Menor a Irlanda. Estos colonos vinieron de la región donde mucho más tarde, en la cuarta época, nació el filósofo Tales. Fue de este mismo entorno espiritual que los iniciados enviaron colonos a Irlanda, ¿por qué?.  Porque eran conscientes de las características especiales de una tierra como Irlanda, como lo indica la leyenda esotérica que les mencioné.

Sabían que las fuerzas que surgen de la tierra a través del suelo de Irlanda actúan de tal manera que las personas allí están poco influenciadas hacia el desarrollo de la intelectualidad, o el yo, o hacia una capacidad para tomar decisiones. Los iniciados que enviaron estos colonos a Irlanda lo sabían muy bien, y eligieron personas que parecían ser kármicamente adecuadas para exponerse a tales influencias. En Irlanda todavía existen descendientes de los antiguos inmigrantes de Asia Menor que no tenían la intención de desarrollar ningún rastro de intelectualidad o de poder de razonamiento o de decisión, sino que, manifestaban ciertas cualidades especiales del temperamento en un grado sobresaliente.

Así que, como pueden ver, se hicieron los preparativos con mucho tiempo de anticipación para la interpretación pacífica del cristianismo que finalmente encontró alcance en Irlanda, y para los gloriosos desarrollos que condujeron a la cristianización de Europa. Los últimos compatriotas de Tales enviaron a Irlanda personas que demostraron ser muy adecuadas para convertirse en esos monjes que podrían trabajar de la manera que he descrito. Esos planes a menudo se llevaban a cabo en tiempos anteriores, y cuando en la historia externa escrita por historiadores que carecen de comprensión —aunque, por supuesto, pueden ser lo suficientemente inteligentes, porque la inteligencia de hoy puede ser recogida en la calle — si encuentran relatos de las antiguas colonizaciones, deben tener en claro que detrás de ellas yace una sabiduría de gran alcance. Fueron guiados y guiados a la luz de lo que iba a suceder en el futuro, y siempre se tuvieron en cuenta las características locales de la evolución de la Tierra.

Esa fue otra forma de introducir la sabiduría espiritual en el mundo. No debería ser adoptado hoy por nadie que esté siguiendo el camino correcto. Prescribir el movimiento de personas contra su voluntad, para dividir partes de la Tierra, estaría mal. La forma correcta es impartir hechos verdaderos y dejar que las personas decidan por sí mismas sus acciones.

Por lo tanto, pueden ver que ha habido un avance real desde la tercera y cuarta época post-Atlante hasta el presente; y esto es algo que debemos comprender con bastante claridad. Debemos reconocer cómo este impulso de libertad debe penetrar en todas las tendencias dominantes de la quinta época post-Atlante. Porque es precisamente esta libertad de la mente humana a la que se opone ese adversario del que he hablado —el “doble” que acompaña al hombre desde poco antes del nacimiento hasta la muerte, aunque justo antes de la muerte tiene que partir. Si alguien está bajo la influencia que procede directamente del “doble”, puede provocar toda clase de cosas que pueden aparecer en esta época pero que no están en armonía con ella. Entonces no le será posible cumplir su tarea de luchar contra el mal de tal manera que, en cierta medida, el mal se convierta en bien.

¡Solo piensen en todo lo que realmente se esconde detrás de la situación de la humanidad en la quinta época post-Atlante! Los hechos detallados deben ser vistos y entendidos en sus verdaderos colores. Porque donde sea que el “doble” esté fuertemente activo, estará trabajando contra la humanidad. En esta quinta época post-Atlante, la gente no ha alcanzado la etapa de poder juzgar los hechos correctamente; particularmente durante estos últimos tres tristes años, no se han inclinado a formar verdaderos juicios.

Tomemos un hecho que parece estar muy alejado de nuestro tema inmediato. En una ferretería grande, debían cargarse 10.000 toneladas de hierro fundido en camiones ferroviarios. Un número definido de trabajadores —75— fueron asignados al trabajo, y parecía que cada hombre podía cargar 12½ toneladas por día.

Hubo un hombre llamado Taylor en quien la influencia del “doble” prevaleció sobre las necesidades del alma humana en nuestra época. Primero preguntó a los gerentes si no pensaban que un hombre podía cargar mucho más de 12½ toneladas por día. Dijeron que, en su opinión, un obrero podría cargar 18 toneladas al día como máximo. Taylor luego pidió algunos experimentos.

Entonces, ya ven, ¡Taylor procedió a experimentar con los seres humanos! Los estándares de la máquina debían trasladarse a la vida social. Taylor deseaba saber si era cierto, como creían los gerentes, que 18 toneladas diarias era lo máximo que un hombre podía cargar. Ordenó períodos de descanso, calculados en términos fisiológicos para que fueran lo suficientemente largos como para que un hombre recuperara la energía que había gastado previamente. Naturalmente, los resultados variaban según las personas. Esto no importa con las máquinas —simplemente toman la media aritmética— pero no se puede hacer apropiadamente con los seres humanos, porque cada individuo tiene su propia capacidad justificada. De todos modos, Taylor lo hizo, es decir, eligió a aquellos obreros cuya necesidad de descanso correspondía al período que él había calculado; los demás simplemente fueron expulsados. El resultado fue que los trabajadores seleccionados, a fuerza de restaurar completamente sus energías durante los períodos de descanso, fueron capaces de cargar 47 ½ toneladas por día.

Aquí tenemos la mecánica de la teoría darwiniana aplicada a la vida laboral: el ajuste se mantuvo y el no apto se descartó. El ajuste en este caso fueron aquellos que, con la ayuda de los períodos de descanso dados, podían cargar 47½ toneladas, en lugar de las 18 toneladas consideradas anteriormente como el máximo. De esta manera, los obreros también podrían estar satisfechos, ya que se efectuaron economías tan enormes que los salarios podrían aumentarse en un 60 por ciento. Así, los obreros elegidos, que habían demostrado estar en forma en la lucha por la existencia, estaban muy complacidos. Pero, ¡los no aptos podrían pasar hambre!.

Este es solo el comienzo de un principio de largo alcance. Tales cosas se notan poco, porque no se ven —como deben ser vistas— a la luz de los grandes problemas involucrados. Hasta ahora no hemos ido más allá de la aplicación de ideas científicas defectuosas a la vida humana; pero el impulso subyacente permanece. El siguiente paso será hacer un uso similar de las verdades ocultas que se revelarán en el curso de la quinta época post-Atlante. El darwinismo no contiene verdades ocultas, pero su aplicación con experimentos directos en seres humanos tendría resultados horribles. Pero si se introducen verdades ocultas, a medida que estén disponibles, será posible usarlas para obtener un enorme poder sobre los hombres, aunque solo sea mediante una selección continua de los “más aptos”.Pero las cosas no se detendrán allí. Habría un esfuerzo por usar un cierto descubrimiento oculto para hacer que los aptos sean cada vez más aptos… y eso significa que se lograría un tremendo poder para lograr la utilización de los seres humanos —un poder directamente opuesto a las buenas tendencias de la quinta época post-Atlante.

Quería darles estos ejemplos interrelacionados para mostrarles cómo comienzan esas intenciones de gran alcance, y cómo estas cuestiones deben ser iluminadas desde puntos de vista más elevados.

La próxima vez volveremos nuestra atención a las tres o cuatro grandes verdades a las que debe llegar la quinta época post-Atlante, y cómo podrían ser mal utilizadas si, en lugar de alinearse con las tendencias legítimas de la época, fueran colocadas al servicio del “doble”, representado por aquellas hermandades que desean establecer otro ser en lugar del Cristo.

Traducido por Gracia Muñoz en noviembre de 2017.

 

GA202c3. El camino hacia la Libertad y el Amor y su importancia en los acontecimientos mundiales

Rudolf Steiner – Dornach – 19 de Diciembre de 1920

English version

El hombre está en el mundo por un lado como un ser pensante, contemplativo y como hacedor, como un ser de acción, por el otro; Con sus sentimientos vive dentro de estas dos esferas. Con su sentimiento responde, por un lado, a lo que se le presenta a su observación; y por el otro lado, introduce el sentimiento en sus hechos, en sus acciones. Sólo necesitamos considerar cómo un hombre puede estar satisfecho o insatisfecho con el éxito o la falta de éxito de sus actos, cómo en verdad toda acción va acompañada de impulsos de sentimiento, y veremos que el sentimiento une los dos polos de nuestro ser: el polo del pensamiento y el polo de la voluntad, de la acción. Sólo a través del hecho de que somos seres pensantes somos Hombres en el sentido más verdadero. Consideren también, cómo todo lo que nos da conciencia de nuestra humanidad esencial está conectado con el hecho de que podemos crear interiormente una imagen del mundo que nos rodea, Vivimos en este mundo y podemos contemplarlo. Imaginar que no podemos contemplar el mundo implicaría perder nuestro ser esencial. Como hacedores, como hombres de acción, tenemos nuestro lugar en la vida social y fundamentalmente hablando, todo lo que realizamos entre el nacimiento y la muerte tiene un cierto significado en esta vida social.

En cuanto que somos seres contemplativos, el pensamiento opera en nosotros; En la medida en que somos hacedores, es decir, seres sociales, la voluntad operará en nosotros. No es el caso en la naturaleza humana, ni lo es nunca, que las cosas puedan simplemente ser pensadas intelectualmente una al lado de la otra; la verdad es que lo que es un factor activo en la vida se puede caracterizar como de un aspecto u otro; Las fuerzas del mundo se interpenetran, fluyen unas a otras. Mentalmente, podemos imaginarnos a nosotros mismos como seres de pensamiento y también como seres de voluntad. Pero incluso cuando estamos completamente absortos en la contemplación, cuando el mundo exterior está completamente saciado, la voluntad está continuamente activa. Y de nuevo, cuando estamos haciendo algo, el pensamiento también está activo en nosotros. Es inconcebible que algo proceda de nosotros en el camino de las acciones o andanzas —que también pueden tener efecto en el ámbito de la vida social— sin que nos identifiquemos en el pensamiento con lo que estamos haciendo. En todo lo que es de la naturaleza de la voluntad, está contenido el elemento del pensamiento; y en todo lo que es de la naturaleza del pensamiento, la voluntad está presente. Es esencial ser muy claro acerca de lo que está involucrado aquí si queremos seriamente construir el puente entre el orden mundial moral-espiritual y el orden natural-físico del mundo.

Imaginen que están viviendo por un tiempo puramente en la reflexión como generalmente se entiende, que no están involucrados en ningún tipo de actividad exterior, sino que están completamente absortos en el pensamiento. Sin embargo deben comprender, que en esta vida de pensamiento, también esta activa la voluntad; la voluntad está entonces trabajando en su ser interior, irradiando sus fuerzas al reino del pensamiento. Cuando imaginamos al ser humano pensante de esta manera, cuando nos hacemos conscientes de que la voluntad está irradiando todo el tiempo en los pensamientos, algo ciertamente nos afectará con respecto a la vida y a sus realidades. Si revisamos todos los pensamientos que hemos formulado, encontraremos en cada caso que están vinculados con algo de nuestro entorno, algo que nosotros mismos hemos experimentado. Entre el nacimiento y la muerte no tenemos, en cierto sentido, pensamientos distintos a los que nos trae la vida. Si nuestra vida ha sido rica en experiencias tendremos un rico contenido de pensamientos; si nuestra experiencia de la vida ha sido escasa, tendremos un pobre contenido de pensamientos. El contenido del pensamiento representa nuestro destino interno —hasta cierto punto. Pero dentro de esta vida de pensamiento hay algo que es inherentemente nuestro; Lo que es intrínsecamente nuestro es cómo conectamos un pensamiento con otro y de nuevo lo disociamos, cómo los elaboramos interiormente, cómo llegamos a los juicios y sacamos conclusiones, cómo nos orientamos en la vida del pensamiento —todo esto es inherentemente nuestro. La voluntad en nuestra vida de pensamiento es nuestra.

Si estudiamos esta vida de pensamiento en un cuidadoso autoexamen, ciertamente nos daremos cuenta de que los pensamientos, en lo que respecta a su contenido real, nos vienen desde fuera, pero que somos nosotros mismos los que elaboramos estos pensamientos. —Fundamentalmente hablando, por lo tanto, con respecto a nuestro mundo de pensamientos dependemos totalmente de las experiencias que traemos por nuestro nacimiento, por nuestro destino. Pero a través de la voluntad, que brota de las profundidades del alma, llevamos a lo que viene a nosotros desde el mundo exterior, algo que es inherentemente nuestra propiedad.

Para el cumplimiento de lo que nos exige el autoconocimiento, es muy importante mantener separados en nuestras mentes por un lado, el contenido del pensamiento que nos viene del mundo circundante y por otro lado, la fuerza de la voluntad, que viene de dentro de nuestro ser, irradiando en el mundo del pensamiento. ¿Cómo nos volvemos en realidad interiormente más y más espirituales?  —No tomando el mayor número posible de pensamientos del mundo circundante, pues estos pensamientos simplemente reproducen en imágenes este mundo exterior, que es el mundo físico y material. Correr constantemente en busca de sensaciones no nos hace más espirituales. Nos volvemos más espirituales a través del trabajo interior, permeable, que llevamos a cabo en nuestros pensamientos.

Por eso la meditación también consiste en no caer en pensamientos fortuitos, sino en mantener ciertos pensamientos fácilmente contemplados en el centro de nuestra conciencia, atrayéndolos allí con un fuerte esfuerzo de voluntad. Y cuanto mayor sea la fuerza e intensidad de esta irradiación interna de la voluntad en la esfera del pensamiento, en más espirituales nos convertiremos. Cuando tomamos los pensamientos del mundo material exterior —y entre el nacimiento y la muerte sólo podemos tomar tales pensamientos— nos convertimos, como ustedes pueden fácilmente comprobar, en libres; porque estamos entregados a las concatenaciones de cosas y acontecimientos en el mundo exterior; en lo que se refiere al contenido real de los pensamientos, estamos obligados a pensar como prescribe el mundo exterior; sólo cuando elaboramos los pensamientos nos volvemos libres en el sentido real.

Ahora es posible alcanzar la libertad completa en nuestra vida interior si cada vez borramos y excluimos más el contenido real del pensamiento, en la medida en que este viene de fuera, y acentuamos en mayor actividad el elemento de voluntad que fluye a través de nuestros pensamientos cuando formamos juicios, sacando conclusiones y cosas por el estilo. De este modo, nuestro pensamiento se convierte en lo que he llamado en mi “Filosofía de la Libertad”: en pensamiento puro. Pensamos, pero en nuestro pensamiento no hay nada sino voluntad. He puesto especial énfasis en esto en la nueva edición del libro (1918). Lo que está dentro de nosotros está en la esfera del pensamiento. Pero el pensamiento puro también puede llamarse voluntad pura. Así, desde el reino del Pensamiento llegamos al reino de la Voluntad, cuando nos volvemos interiormente libres; Nuestro pensamiento alcanza tal madurez que está enteramente irradiado por la voluntad; ya no toma nada de fuera, sino que su propia vida es de naturaleza volitiva. Al fortalecer progresivamente el impulso de la voluntad en nuestro pensamiento, nos preparamos para lo que he llamado en la “Filosofía de la Libertad”, “Imaginación Moral”.

La Imaginación Moral se eleva a las Intuiciones Morales que entonces impregnan e iluminan nuestra voluntad que ahora se ha convertido en pensamiento, o nuestro pensamiento que ahora se ha convertido en voluntad. De esta manera nos elevamos por encima del dominio de la «necesidad» que impera en el mundo material, nos impregnamos de una fuerza que es inherentemente nuestra y nos preparamos para la Intuición Moral. Y todo lo que puede fluir en el hombre desde el mundo espiritual tiene su fundamento, principalmente, en estas Intuiciones Morales. Por lo tanto, la libertad nace cuando permitimos que la voluntad se convierta en una fuerza cada vez más y más poderosa en nuestro pensamiento.

Ahora consideremos al ser humano desde el polo opuesto, el de la voluntad. ¿Cuándo se presenta la voluntad con particular claridad a través de lo que hacemos? —Cuando estornudamos, digamos que también estamos haciendo algo, pero ¡no podemos atribuirnos a nosotros mismos ningún impulso definitivo de voluntad cuando estornudamos! Cuando hablamos, estamos haciendo algo en lo que la voluntad está indudablemente contenida. Pero piensen cómo, al hablar, la intención deliberada y la ausencia de intención, volición y ausencia de volición, se entremezclan. Tenemos que aprender a hablar, de tal manera que ya no estemos obligados a formular cada palabra a golpe de un esfuerzo de voluntad; pues también un elemento instintivo entra en el habla. Al menos, es así en la vida cotidiana, y lo es enfáticamente en el caso de aquellos que no se esfuerzan por la espiritualidad. Los marrulleros, que siempre abren la boca para decir alguna cosa u otra en la que se encuentra muy poco pensamiento, dan a los demás la oportunidad de notar —ellos mismos, por supuesto, no lo notan— cuánto hay en el discurso que es instintivo e involuntario.

Pero cuanto más salimos de nuestra vida orgánica y pasamos a actividades liberadas, por así decirlo, de procesos orgánicos, más llevamos los pensamientos a nuestras acciones y hechos. Los estornudos son todavía enteramente una cuestión de vida orgánica; El hablar se relaciona en gran parte con la vida orgánica; caminando realmente hay muy poco; lo que hacemos con las manos, también muy poco. Y así vamos gradualmente a acciones cada vez más emancipadas de nuestra vida orgánica. Acompañamos estas acciones con nuestros pensamientos, aunque no sabemos cómo fluye la voluntad en estos pensamientos. Si no somos sonámbulos y no vamos en esta condición, nuestras acciones siempre van acompañadas de nuestros pensamientos. Llevamos nuestros pensamientos a nuestras acciones y cuando nuestras acciones evolucionan más hacia la perfección, mas se están llevando nuestros pensamientos hacia ellas.

Nuestra vida interior se profundiza constantemente cuando enviamos la voluntad —nuestra propia fuerza inherente— a nuestro pensamiento, cuando impregnamos nuestro pensamiento con voluntad. Traemos la voluntad al pensamiento y, por lo tanto, alcanzamos la libertad. A medida que gradualmente perfeccionamos nuestras acciones finalmente conseguimos enviar pensamientos a estas acciones; Irradiamos nuestras acciones —que proceden de nuestra voluntad— con pensamientos. Por un lado (hacia adentro) vivimos una vida de pensamiento; Lo impregnamos con la voluntad y así encontramos la libertad. Del otro lado (hacia fuera) nuestras acciones fluyen de nuestra voluntad, y las impregnamos con nuestros pensamientos. (Diagrama IX).

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Pero, ¿por qué medios evolucionan nuestras acciones hacia una mayor perfección? Para utilizar una expresión invariablemente polémica —¿Cómo lograr una mayor perfección en nuestras acciones?. Logramos esto desarrollando en nosotros la fuerza que sólo puede designarse con las palabras: devoción al mundo exterior. —Cuanto más crece y se intensifica nuestra devoción al mundo exterior, más este mundo exterior nos mueve a la acción. Pero es sólo a través del despliegue de la devoción al mundo exterior que logramos impregnar nuestras acciones con pensamientos. ¿Qué es, en realidad, la devoción al mundo exterior? La devoción al mundo exterior, que impregna nuestras acciones con pensamientos, no es otra cosa que el Amor.

Así como alcanzamos la libertad irradiando la vida del pensamiento con la voluntad, también alcanzamos el amor impregnando la vida de la voluntad con pensamientos. Desarrollamos el amor en nuestras acciones dejando que los pensamientos irradien en el reino de la voluntad; desarrollamos la libertad en nuestro pensamiento dejando que lo que es de naturaleza volitiva irradie en nuestros pensamientos. Y porque, como hombres, somos un todo unificado, cuando llegamos al punto donde encontramos la libertad en la vida del pensamiento y del amor en la vida de la voluntad, habrá libertad en nuestras acciones y amor en nuestro pensamiento. Cada uno irradia al otro: la acción llena de pensamiento es forjada en el amor; el pensamiento que está impregnado de voluntad da lugar a acciones y hechos verdaderamente libres.

Así podemos ver cómo en el ser humano los dos grandes ideales, la Libertad y el Amor, crecen juntos. La libertad y el amor son también lo que el hombre, de pie en el mundo, puede llevar a la realización en sí mismo de tal manera que, a través de él, se une uno con el otro para el bien del mundo.

Podemos preguntarnos: ¿Cómo se alcanza el ideal, el ideal más elevado, en la vida permeada por la voluntad en el pensamiento? Ahora bien, si la vida del pensamiento fuera algo que representara procesos materiales, la voluntad nunca podría penetrar plenamente en el reino de los pensamientos y arraigar cada vez más allí. La voluntad a lo sumo sería capaz de rayar en estos procesos materiales como una fuerza organizadora. La voluntad sólo puede tener un efecto real si la vida del pensamiento es algo que no tiene una realidad física exterior. ¿Qué debe ser entonces?.

Podrán imaginar lo que debe ser si toman una imagen como punto de partida. Si tienen aquí un espejo y aquí un objeto, el objeto se refleja en el espejo; sfgi luego se colocan detrás del espejo, no encontraran nada. En otras palabras, ustedes tienen una imagen —nada más. Nuestros pensamientos son imágenes en este mismo sentido. (Diagrama X) ¿Cómo se explica esto? —

 

En una conferencia anterior dije que la vida del pensamiento como tal no es una realidad del momento inmediato. La vida del pensamiento irradia desde nuestra existencia antes del nacimiento, o más bien, antes de la concepción. La vida del pensamiento tiene su realidad entre la muerte y un nuevo nacimiento. Y así como aquí el objeto se coloca ante el espejo y lo que presenta es una imagen —sólo eso y nada más— así lo que desplegamos como la vida del pensamiento se vive en el sentido real entre la muerte y un nuevo nacimiento, y sólo irradian en nuestra vida desde el nacimiento. Como seres pensantes, tenemos dentro de nosotros una realidad espejo solamente. Porque esto es así, la otra realidad que, como ustedes saben, surge del proceso metabólico, puede penetrar en el espejo de la vida del pensamiento. Si, como muy raramente es el caso hoy en día, hacemos esfuerzos sinceros por desarrollar un pensamiento imparcial, veremos que la vida del pensamiento consiste en una imagen-espejo, si miramos el pensamiento en su forma más pura —las matemáticas. El pensamiento matemático fluye completamente de nuestro ser interior, pero sólo tiene una existencia espejo. A través de las matemáticas, la composición de objetos externos puede ser analizada y determinada; pero los pensamientos matemáticos en sí mismos son sólo pensamientos, existen simplemente como imágenes. No se han adquirido de ninguna realidad exterior.

Pensadores abstractos como Kant también emplean una expresión abstracta. Dicen: los conceptos matemáticos son a priori. – A priori, (apriority) significa “de lo que es antes”. [E.Ed: Ver Diccionario de Oxford.] ¿Pero por qué los conceptos matemáticos son a priori? Porque fluyen de la existencia anterior al nacimiento, o más bien de la concepción precedente. Esto es lo que constituye su “aprioridad”. Y la razón por la que parecen reales a nuestra conciencia es porque son irradiados por la voluntad. Esto es lo que los hace reales. ¡Piensen cómo se ha convertido el pensamiento moderno abstracto cuando utiliza palabras abstractas para algo que, en su realidad, no se entiende! Los hombres como Kant tenían una idea débil de que traemos las matemáticas con nosotros desde nuestra existencia antes del nacimiento, y por lo tanto llamaron a priori las conclusiones de las matemáticas. Pero el término “a priori” realmente no nos dice nada, en realidad, señala algo meramente formal. En cuanto a la vida del pensamiento, que con su existencia-espejo debe ser irradiada por la voluntad para convertirse en realidad, las tradiciones antiguas hablan de Semblanza. (Diagrama XI, Schein.)

Consideremos ahora el otro polo de la naturaleza del hombre, donde los pensamientos fluyen hacia la esfera de la voluntad, donde los actos se realizan con el Amor. Aquí nuestra conciencia está, por decirlo así, rayando, rebotando en la realidad. No podemos mirar a ese reino de oscuridad, un reino de tinieblas para nuestra conciencia, donde se despliega la voluntad cuando levantamos un brazo o giramos la cabeza, a menos que tomemos conceptos suprasensibles en nuestra ayuda. Movemos un brazo; pero su complicado proceso de funcionamiento permanece tan escondido de la conciencia ordinaria como lo que ocurre en el sueño profundo, en el sueño sin sueños. Percibimos nuestro brazo; percibimos cómo nuestra mano agarra un objeto. Esto es porque permeamos la acción con pensamientos. Pero los pensamientos mismos que están en nuestra conciencia todavía son sólo apariencia. Vivimos en lo que es real, pero no irradia en nuestra conciencia ordinaria. Las tradiciones antiguas hablan aquí del Poder (Gewalt), porque la realidad en la que vivimos está, de hecho, permeada por el pensamiento, pero sin embargo el pensamiento en cierto sentido, esta rebotando de ella durante la vida entre el nacimiento y la muerte. (Diagrama XI).

Entre estos dos polos yace el factor de equilibrio que une a los dos: une la voluntad que irradia hacia la cabeza con los pensamientos que, como fluyen en hechos forjados con amor, se sienten, por decirlo así, con el corazón. Este medio de unión es la vida del sentimiento, que es capaz de dirigirse hacia la voluntad así como hacia los pensamientos. En nuestra conciencia ordinaria vivimos en un elemento mediante el cual comprendemos, por un lado, lo que viene a expresarse en nuestro pensamiento permeado por la voluntad con su predisposición a la libertad, mientras que por otro lado tratamos de asegurar que lo que pasa más en nuestras acciones se llene cada vez más con pensamientos. Y lo que forma el puente que conecta ambos ha sido llamado desde tiempos antiguos Sabiduría. (Diagrama XI).

En su cuento de hadas, La serpiente verde y el hermoso lirio, Goethe ha dado indicaciones de estas antiguas tradiciones en las figuras del rey de oro, el rey de plata y el rey de bronce. Ya hemos demostrado desde otros puntos de vista cómo estos tres elementos deben volver a la vida, pero en una forma completamente diferente —los tres elementos a los que apuntaban los conocimientos instintivos antiguos y que sólo pueden revivir si el hombre adquiere el conocimiento dado por la Imaginación, Inspiración, e Intuición.

Pero, ¿qué es lo que realmente ocurre cuando el hombre despliega su vida de pensamiento? —¡Que la realidad se convierte en apariencia! Es muy importante tener claro esto. Llevamos con nosotros la cabeza, que con su cráneo duro y su tendencia a la osificación, presenta, incluso exteriormente, una imagen de lo que está muerto, en contraste con el resto del organismo vivo. Entre el nacimiento y la muerte llevamos en la cabeza aquello que, desde un tiempo anterior, cuando era realidad, entra en nosotros como apariencia, y del resto de nuestro organismo impregnamos esa apariencia con el elemento que emana de nuestros procesos metabólicos, lo impregnamos con el elemento real de la voluntad. Allí tenemos dentro de nosotros una semilla, una entidad germinativa que, ante todo, es parte de nuestra humanidad, pero también significa algo en el cosmos. Piénsenlo: un hombre nace en un año determinado; antes  estaba en el mundo espiritual. Cuando sale del mundo espiritual, el pensamiento que es la realidad, se convierte en apariencia, y lleva a esa apariencia las fuerzas de su voluntad que proceden de una dirección completamente distinta, surgiendo de partes de su organismo distintas de la cabeza. Así es como el pasado, muriendo en apariencia, se enciende de nuevo para convertirse en realidad del futuro.

Vamos a entender esto correctamente. ¿Qué sucede cuando el hombre se eleva al pensamiento puro, al pensamiento irradiado por la voluntad? —Sobre el fundamento del pasado que se ha disuelto en la apariencia, a través de la fructificación por la voluntad que surge de su yoidad, se despliega dentro de él una nueva realidad que conduce al futuro. Él es el portador de la semilla del futuro. Los pensamientos del pasado, como realidades, son como el suelo-madre; en este suelo-madre se coloca lo que viene del yo individual y la semilla es enviada al futuro para la vida futura.

En el otro lado, el hombre evoluciona impregnando sus hechos y acciones, su naturaleza de voluntad, con pensamientos; con actos que se realizan con amor. Tales hechos se separan de él. Nuestras acciones no permanecen confinadas a nosotros mismos. Se convierten en acontecimientos del mundo; y si están permeadas por el amor, entonces el amor va con ellas. En lo que respecta al cosmos, una acción egoísta es diferente de una acción permeada por el amor. Cuando, a través de la apariencia, a través de la fructificación por la voluntad, desplegamos lo que procede de nuestro ser íntimo, entonces lo que fluye hacia el mundo desde nuestra cabeza encuentra nuestras acciones impregnadas de pensamiento. Y así como cuando se despliega una planta ya contiene en su flor la semilla a la que debe venir la luz del sol, el aire exterior, y así sucesivamente, a lo que algo debe ser traído desde el cosmos para que pueda crecer, en lo que se despliega a través de la libertad debe encontrarse un elemento en el que crecer a través del amor que vive en nuestros actos.

Así, el hombre permanece dentro del gran proceso de la evolución del mundo, y lo que ocurre dentro del límite de su piel y fluye más allá de su piel en forma de hechos, tiene significado no sólo para él, sino para el mundo, para el Universo. Él pone su granito en la arena de los acontecimientos cósmicos, en los acontecimientos del mundo. Lo que era la realidad en épocas anteriores se convierte en apariencia en el hombre, la realidad se disuelve continuamente, y su apariencia es acelerada de nuevo por la voluntad, surgiendo una nueva realidad. Aquí tenemos —como si espiritualmente pudiéramos poner nuestro dedo sobre ello— lo que también se ha hablado desde otros puntos de vista. ¡No hay conservación eterna de la materia! La materia se transforma en apariencia y la apariencia se transforma en realidad por la voluntad. La ley de la conservación de la materia y la energía afirmada por la física es una ilusión, porque sólo se tiene en cuenta el mundo natural. La verdad es que la materia está continuamente transformándose en apariencia; y una nueva creación tiene lugar en lo que a través del Hombre, que se presenta ante nosotros como el logro supremo del cosmos, la apariencia se transforma nuevamente en Ser (Sein).

También podemos ver esto si nos fijamos en el otro polo  —sólo que este no es tan fácil de percibir. Los procesos que finalmente llevan a la libertad ciertamente pueden ser capturados por el pensamiento imparcial. Pero ver correctamente el caso de este otro polo se necesita un cierto grado de desarrollo científico-espiritual. Porque aquí, para empezar, la conciencia ordinaria rebota cuando se enfrenta a lo que las antiguas tradiciones llaman Poder. Lo que se vive como Poder, como Fuerza, está verdaderamente permeado por pensamientos; pero la conciencia ordinaria no percibe que así como la voluntad entra más y más en el mundo del pensamiento con una facultad cada vez mayor de juicio, así cuando llevamos los pensamientos a la naturaleza de la voluntad, cuando superamos el elemento del Poder más y más completamente, también impregnamos lo que es meramente Poder con la luz del pensamiento. En un polo del ser humano vemos la superación de la materia; en el otro polo, vemos el nuevo nacimiento de la materia.

Como he señalado brevemente en mi libro Enigmas del alma, el hombre es un ser triple: como hombre de sistema nervioso y perceptivo es portador de la vida del pensamiento, de la percepción; como ser rítmico (respiración, sangre circulante), es portador de la vida del sentimiento; como ser metabólico, es portador de la vida de la voluntad. Pero ¿cómo, entonces, opera el proceso metabólico en el hombre cuando la voluntad se despliega cada vez más en el amor? Opera en que, como el hombre realiza tales actos, la materia es continuamente superada. Y qué es lo que se despliega en el hombre cuando, como ser libre, encuentra su camino en el pensamiento puro, que es, sin embargo, realmente de la naturaleza de la voluntad? —¡Nace la materia!— ¡Contemplamos el devenir-en-ser de la materia! Llevamos en nosotros lo que hace nacer la materia: nuestra cabeza; Y llevamos en nosotros lo que destruye la materia, donde podemos ver cómo se destruye la materia: nuestro organismo de las extremidades y del metabolismo.

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Esta es la manera en que debemos estudiar al hombre completo. Vemos cómo lo que la conciencia concibe en las abstracciones es un factor real en el proceso del devenir del mundo; Y vemos cómo aquello que está contenido en este proceso de devenir del mundo y al que la conciencia ordinaria se aferra tan firmemente que no puede hacer otra cosa que concebirla como realidad, vemos cómo esto se disuelve hasta la nulidad. Es realidad para la conciencia ordinaria, y cuando obviamente no coincide con las realidades externas, entonces el recurso de los átomos tiene que ser tomado, considerándolo una realidad firmemente fijada. Y porque el hombre no puede liberarse en sus pensamientos de estas realidades firmemente fijas, uno las deja mezclarse unas con otras, ahora de esta manera, ahora de esta otra. En un momento se mezclan para formar hidrógeno, en otro, oxígeno; Simplemente se agrupan de forma diferente. Esto es simplemente porque la gente es incapaz de cualquier otra creencia de que lo que una vez ha estado firmemente fijado en el pensamiento también debe estar firmemente fijado en la realidad.

No es otra cosa que la debilidad del pensamiento en la que se pierde cuando acepta la existencia de átomos fijos y duraderos. Lo que se revela a nosotros a través del pensamiento que está de acuerdo con la realidad es que la materia es continuamente disuelta hasta la nulidad y continuamente reconstruida a partir de la nulidad. Es sólo porque cuando la materia muere, surge la nueva materia, que la gente habla de la conservación de la materia. Caen en el mismo error en el que caerían, digamos, si un número de documentos fueran llevados a una casa, y copiados allí, pero los originales se queman y las copias se sacaran de nuevo, y entonces creyeran que lo que fue cargado había sido  llevado a cabo—que es la misma cosa. La realidad es que los documentos antiguos han sido quemados y los nuevos reescritos. Es lo mismo con lo que viene a ser en el mundo, y es importante para nuestro conocimiento avanzar a este punto. Porque en ese reino del ser del hombre, donde la materia muere y de la apariencia surge la nueva materia, está la posibilidad de la libertad, y también está la posibilidad del amor. Y la libertad y el amor siempre están van unidos, como ya he indicado en mi Filosofía de la Libertad. Aquellos que, partiendo de alguna concepción particular del mundo, hablan de lo imperecedero de la materia, anulan la libertad por un lado y el desarrollo pleno del amor por el otro.

Pues sólo por el hecho de que en el hombre el pasado muere, se convierte en apariencia, y el futuro como nueva creación en la condición de una semilla, surge en nosotros el sentimiento del amor —devoción a algo a lo que no estamos coaccionados por el pasado— y la libertad —acción que no está predeterminada.

La libertad y el amor son, en realidad, comprensibles sólo para una concepción científico-espiritual del mundo, no de cualquier otra. Aquellos que están familiarizados con la imagen del mundo que ha aparecido en el transcurso de los últimos siglos podrán evaluar las dificultades que habrá que superar antes de que los hábitos de pensamiento prevalecientes en la humanidad moderna puedan ser inducidos a dar paso a este pensamiento imparcial y científico-espiritual. Pues en la imagen del mundo existente en las ciencias naturales no hay realmente puntos a partir de los cuales podamos avanzar hacia una verdadera comprensión de la libertad y el amor.

Cómo la imagen natural-científica del mundo, por un lado y por el otro, la imagen tradicional y antigua del mundo, se relacionan con un desarrollo verdaderamente progresivo, espiritual y científico de la humanidad —de esto hablaremos en alguna otra ocasión.

Traducido por Gracia Muñoz, en Mayo de 2017