Transformando la Memoria: de la Muerte al amor: El misterio de Micael en nuestro tiempo. PARTE I

Dos conferencias y un taller impartido por Adriana Koulias en Varsity Lakes Gold Coast, Australia. El 1 y 2 de septiembre de 2018.

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Traducido por Nicolás Martín y Gracia Muñoz

Rudolf Steiner nos dice en muchas conferencias, pero más prominentemente, en sus Cartas Micaélicas, cómo Micael era, en tiempos pasados, el regente o el administrador de la llamada Inteligencia Cósmica, y que sacrificó esta Inteligencia a la Humanidad. El desarrollo humano depende de nuestra capacidad para captar y entender esta Inteligencia de la manera correcta.

Pero, a fin de comprenderla, tenemos que conocer sus orígenes y su conexión no sólo con Micael, sino con la Divina Sophia y con Cristo. En estas próximas conferencias vamos a explorar cómo esta Inteligencia Cósmica entró en la Tierra con un enfoque particular en su relación con el pensamiento y la memoria. Vamos a explorar cómo nuestra tarea en el pasado fue el desarrollo de estas dos fuerzas, y cómo en el futuro hay que efectuar una transformación de la memoria, a través del pensamiento, en imaginación, como un camino hacia el amor. Esto, veremos, es la tarea principal de los Antropósofos Micaelitas y Rosacruces en la sociedad y en la escuela Micaélica, como representantes y precursores del futuro.

En el taller vamos a encontrar maneras de comenzar a trabajar en la práctica de esta transformación.

Así que comencemos con las dos fuerzas en cuestión y su conexión con lo que llamamos ‘inteligencia’, la Memoria y el Pensamiento. ¿Qué son y cómo se desarrollaron?

MEMORIA Y PENSAMIENTO (pensar)

Se hace evidente que nuestra memoria y nuestros pensamientos son esenciales para nuestra consciencia si tenemos en cuenta que todas las noches, cuando nuestros recuerdos y pensamientos se sosiegan y caemos dormidos; esto se traduce en una pérdida de la consciencia. La razón de esto radica en un hecho espiritual: el cuerpo necesario para la memoria y el pensamiento el cuerpo etérico, permanece en la cama con el cuerpo físico, mientras el cuerpo astral y el yo se elevan y entran en el mundo espiritual.

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Desde el momento en que nos quedamos dormidos hasta el momento en que nos despertamos, la única consciencia que tenemos surge en los sueños. Los sueños son una consciencia experimentada cuando el Yo y el cuerpo astral entran o salen del cuerpo etérico. Es por eso que los sueños a menudo están conectados con los recuerdos de experiencias y pensamientos que hemos tenido.

Los sueños son el cuerpo astral y el Yo entrando en el cuerpo etérico en la mañana o saliendo del cuerpo etérico en la noche, de algún modo conscientemente. Es, por decirlo así, la puerta de entrada al mundo espiritual.

Por lo tanto, no es demasiado difícil ver la conexión entre el cuerpo etérico y la imaginación, teniendo en cuenta que la imaginación es una forma de soñar consciente. Para decirlo más claramente: la imaginación es una conciencia plenamente consciente, controlada en esa parte del cuerpo etérico no conectada con el cuerpo físico.

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El pensamiento, o mejor dicho, el pensar abstracto, sin embargo, es algo que sólo se puede experimentar en nuestro estado de vigilia, dentro de nuestro cuerpo físico, ya que requiere el cerebro físico como reflector, y se conecta a la parte de nuestro cuerpo etérico que llamamos intelectual, o uno podría decir, el ‘asiento’ de la inteligencia humana. Necesitamos el cuerpo etérico conectado al cuerpo físico para pensar. Pero esto no fue siempre así.

La unión entre el cuerpo físico y el cuerpo etérico humanos no siempre fue tan estrecha. Este vínculo sólo se desarrolló gradualmente. Antes de eso, la consciencia humana era un estado de ensueño perpetuo, y lo que llamamos inteligencia humana pertenecía a los Dioses. Esta fue la Inteligencia Cósmica.

Antes que la Inteligencia Cósmica pudiera entrar en el alma humana, el cuerpo etérico humano tenía que ligarse más con el cuerpo físico. Los seres humanos tenían que conquistar un doble conocimiento:

  • El conocimiento del Mundo
  • El conocimiento del Ser (Yo)

En el primer caso los seres humanos tuvieron que desarrollar órganos capaces de percibir el mundo material objetivo. En el segundo caso tuvieron que desarrollar un órgano interno independiente capaz de reflejar una vida interior subjetiva.

  • Sentidos físicos – Percepción
  • Cerebro físico – Pensamiento

Pero la percepción no podría haberse desarrollado en la facultad del pensamiento sin memoria. La memoria es la que permite que una percepción sea recordada más tarde por el cerebro reflectante. La facultad de la memoria está a medio camino entre la percepción y el pensamiento.

INTELIGENCIA CÓSMICA

¿Qué es la Inteligencia cósmica?

Cuando hablamos de una inteligencia cósmica no estamos hablando de algo abstracto, en la forma en que hablamos de la ‘inteligencia’ en el mundo físico, tal como la capacidad de adquirir y aplicar el conocimiento y las habilidades, o una colección de información con fines militares. La Inteligencia Cósmica de la que Rudolf Steiner habla es una relación activa y obrante entre las Jerarquías, una comunicación y participación activas, que conduce a resultados. Podemos compararlo con la forma en que nuestra cabeza física y nuestros miembros deben trabajar activa y armoniosamente con el fin de que podamos tener una relación con el mundo que nos rodea y con los demás.

Hay siete Inteligencias Planetarias, siendo la más alta la Inteligencia Solar.

‘¿Qué es la inteligencia? Estas generalizaciones abstractas, en efecto, no existen en la realidad. ‘Inteligencia’ significa las mutuas relaciones de conducta entre las Jerarquías Superiores. Lo que hacen, cómo se relacionan la una, la otra, lo que son el uno para el otro,  —esta es la Inteligencia Cósmica. Y puesto que, como seres humanos, debemos tener en cuenta en primer lugar el reino que está más cerca de nosotros, hablando concretamente la Inteligencia Cósmica será para nosotros la suma total de los Seres de la Jerarquía de Ángeles. Si estamos hablando concretamente, no podemos decir ‘tanta inteligencia’, sino más bien ‘tantos Ángeles.’ Esta es la realidad”.[1]

La Jerarquía de los Ángeles obra como mensajero de esta Inteligencia.

¿Por qué es la más alta de las siete inteligencias la Inteligencia Solar, y cuál es su relación con la Inteligencia Cósmica?

 Es debido a que la ‘vida’ de la Inteligencia Solar está inextricablemente conectada con el ‘Ser’ del Cristo, al igual que nuestros corazones están íntimamente conectados a la sangre viviente que corre por nuestras venas y arterias. Por otra parte, Cristo, como el Yo Superior de nuestro sistema solar aporta, a través del Sol, esa vida que tiene influencia sobre las otras Inteligencias Planetarias de la misma manera que la sangre nutre a los otros órganos por medio del corazón.

Y  vemos la conexión entre la ‘percepción’, el ojo y el Yo, bien ilustrada en el signo del Cordero:

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‘Cuando miramos a una estrella, lo que se nos aparece físicamente no es más que el aspecto externo. En realidad, estamos conectados con una reunión de Seres Espirituales. Ahora bien, hay un cierto contraste. Desde el comienzo mismo de la evolución terrestre, este contraste ha existido. Es el contraste entre las Inteligencias de todos los planetas y la Inteligencia del Sol. En efecto, existe por un lado la Inteligencia Solar, mientras que por el otro están las Inteligencias de los otros planetas. Y siempre fue así que la Inteligencia Solar se yergue bajo el dominio de Micael, mientras que las otras Inteligencias Planetarias están sujetas a  los otros Arcángeles”[2].

 Entonces, ¿cómo el Sol se conectó con el Ser del Cristo? Para entender esto tenemos que retroceder a la evolución del Antiguo Sol y el gran evento que ocurrió allí.

Antiguo Sol

 Rudolf Steiner nos dice que la evolución de nuestra Tierra, en la que  se ha desarrollado la vida, fue precedida por tres condiciones:

  • Antiguo Saturno – Calor
  • Antiguo Sol – Luz
  • Antigua Luna – Agua
  • Tierra – Vida

También nos dice que en el Antiguo Sol, los Kyriotetes sacrificaron su sabiduría a los seres que entonces atravesaban su etapa humana, seres que en nuestro tiempo han alcanzado la fase de Arcángeles.

  • Antiguo Saturno – Arcai actuales estaban atravesando la etapa humana.
  • Antiguo Sol – Arcángeles actuales estaban atravesando la etapa humana.
  • Antigua Luna – Ángeles actuales estaban atravesando la etapa humana.
  • Tierra – nosotros estamos atravesando nuestra etapa humana.

 Los seres humanos sobre el Antiguo Sol (Arcángeles actuales) fueron capaces de tomar la sabiduría del Kyriótetes y devolver esta sabiduría en forma de luz. Este fue el cumplimiento de su tarea como humanidad en el Antiguo Sol, y también permitió la elaboración de nuestros propios cuerpos etéricos, así como el cuerpo etérico del mismo Sol  uno podría decir, al oscuro calor de Saturno se añadió la luz de la Sabiduría sobre el Sol. El cuerpo etérico es un cuerpo de luz.

A partir de ese momento en adelante, la luz ha sido sinónimo de sabiduría, con el cuerpo etérico a través de una relación desarrollada entre los Arcángeles y los Kyriótetes o Espíritus de la Sabiduría. En particular, el más alto Arcángel del Sol, Micael, y su relación con los más altos Kyriótetes o Espíritus de la Sabiduría, a quienes los antiguos llamaban la Divina Sophia.

Antiguo Sol = Sabiduría, Luz, cuerpo etérico humano / cuerpo etérico del Sol.

Micael era el más elevado de los seres humanos sobre el Antiguo Sol, porque era preeminentemente capaz de convertir la sabiduría en luz. Por esta razón él es llamado tanto el poderoso Arcángel Solar como el ‘Hijo de la Divina Sophía’ el más alto de los Espíritus de la Sabiduría (Kyriótetes) en el Sol, capaz de sabiduría.

  • Micael ser humano superior en el Sol, capaz de convertir la Sabiduría en Luz.
  • Divina Sophia  Kyriótetes superiores capaces de aceptar la Sabiduría como Luz de los Arcángeles.
  • Sophía recoge la Luz de la Sabiduría, y Micael, como el regente de esta Sabiduría, la administra.

Veamos ahora más de cerca la Inteligencia Solar y cómo se relaciona con el Ser del Cristo.

Rudolf Steiner nos dice que durante el Antiguo Sol, cuando los Arcángeles estaban elaborando el Yo microcósmico y tornando la Sabiduría en Luz, Cristo estaba elaborando su Yo macrocósmico. El nos dice que Cristo permaneció detrás en el Antiguo Sol, con el fin de lograr esto antes que todos los demás seres en nuestro sistema solar y, al realizarlo, se convirtió en la Inteligencia del Sol.

Pero todos los planetas están también relacionados con esta Inteligencia a través de los Espíritus de la Forma o Exusiai. Hay siete Exusiai y ellos formaron el cuerpo del Antiguo Sol. Eran las Siete Inteligencias Planetarias que vemos en el signo del Cordero. Ellos dirigen la Inteligencia Cósmica hacia los planetas.

Ahora, Cristo, siendo el segundo Logos, está relacionado con el ámbito de Aries o el Cordero, y es por eso que el signo de arriba se llama el Signo del Cordero. Se ve claramente que Cristo es la cabeza y los Exusiai de los planetas forman sus extremidades. Es por esta razón que los Exusiai son a veces llamados Logos Solar, y por qué Cristo es a veces considerado un Exusiai.

Si uno mira de esta manera, la Inteligencia Cósmica es nada menos que la relación de nuestro Cosmos con el Ser de Cristo. Esta Inteligencia no es sólo lo que perciben las Jerarquías de Él, sino también lo que entienden acerca de Él y lo que se comunican entre sí acerca de este entendimiento.

Pues debemos tener en mente que Cristo es exaltado por encima de todas las Jerarquías que han elaborado un Yo, porque Cristo ha perfeccionado su Yo Macrocósmico en el Antiguo Sol, y sólo entonces fue la luz capaz de llenar el cosmos, sólo entonces pudieron los Exusiai hacer brillar exteriormente la Luz visible de la Sabiduría, que fue creada por los Kyriotetes y Arcángeles obrando en conjunto para crear grandes imágenes y formas.

 “Entonces el Segundo Logos comenzó a fluir y tejió imágenes y formas en el aroma del mundo”[3]

Pero Cristo no solo desarrolló Su Yo Macrocósmico. También tuvo que desarrollar su Yo Espiritual Macrocósmico[4] (Espíritu Santo), un Espíritu de Vida Macrocósmico (Hijo) y un Hombre Espíritu Macrocósmico (Padre) para convertirse en miembro de la Trinidad. Porque la Trinidad es una en el mundo espiritual —solo están divididos en la Tierra.

‘Ahora, un Logos no funciona por sí mismo: los tres viven y se tejen completamente el uno en el otro para que cada uno de los tres también se exprese en los otros dos. Pero no podemos percibir los efectos de los tres igualmente bien, porque fluyen en diferentes momentos”.[5]

Y

“El Cristo, entonces, es un ser de cuatro miembros, incluido Su Yo macrocósmico, así como el hombre mismo es microcósmicamente un ser de cuatro miembros”[6].

Rudolf Steiner nos cuenta esto acerca de Cristo y el Yo Macrocósmico en oposición a aquellos seres que desarrollaron un Yo Microcósmico en la Tierra:

‘Él es un Ser que se quedó atrás no sólo durante la evolución de la Luna, al igual que los Espíritus Luciféricos, sino que, previendo la evolución de la Luna, en realidad permaneció atrás aun antes, es decir, durante la antigua evolución del Sol; y fue desde una cierta sabiduría asegurada, por encima de la humana, que Él permaneció atrás durante la antigua evolución Solar. No podemos considerar a este Ser como microcósmico en el sentido en que se aplica a los otros seres que hemos considerado; pues tenemos que considerar como seres microscósmicos a aquellos que estaban conectados con esta evolución de la Tierra desde su inicio. El Cristo no estaba conectado directamente con la evolución de la Tierra, sino con la evolución del Sol. Era un ser Macrocósmico desde el principio de la evolución de la Tierra, un Ser que fue expuesto a condiciones totalmente distintas de la evolución de aquellos seres microcósmicos[7]

Por lo tanto, podemos decir que la Divina Sophía, como el ser más alto en el rango de los Kyriotetes, recoge y armoniza la Inteligencia Solar del Cristo, que llega tan alto como la Trinidad y tan bajo como la Jerarquía de los Ángeles, y Micael la administra.

A través de la relación de Cristo, Sophia y Micael una conexión fue forjada entre el Sol etérico, el yo humano (Micael / Luz), el Yo Macrocósmico (Cristo / Inteligencia) y la Sabiduría (Kyriótetes). Y a partir de esto podemos ver cómo se formó una relación especial con los seres humanos terrestres en dos direcciones —la dirección del yo humano y la dirección del cuerpo etérico.

Al igual que los seres humanos de las etapas evolutivas anteriores de la Tierra, los seres humanos en la Tierra tienen una tarea, y está particular e intrínsecamente conectada a Cristo, Micael y Sophía. Durante las tres evoluciones planetarias anteriores, la elaboración del Yo, fue la obra culminante de los seres humanos, pero fueron obligados a desarrollar sus yoes, lo que significa que aunque pueden tener desarrollado el yo en diversos grados, esto lo hicieron de una manera que no era libre  —los seres humanos en la Tierra serían diferentes, tuvieron que desarrollar su yo en completa libertad.

¿Por qué esto es así?

Debemos considerar que el planeta Tierra forma el punto medio de siete etapas planetarias. Esta posición se podría decir que es equivalente a la edad media humana. Y al igual que el ser humano, el Cosmos hubiera tomado un curso descendente, si algo nuevo no se hubiera inyectado en esta etapa. Sólo un nuevo ‘impulso’ podría crear una tendencia ascendente, y este nuevo impulso fue la libertad y el ser humano terrenal era vital en este sentido.

Para que los seres humanos terrestres sean libres, tendrían que cortarse a sí mismos de los Dioses. Tendrían que cortarse a sí mismos de la Inteligencia Cósmica con el fin de desarrollar su propia inteligencia.

Este era el plan.

Una serie de cosas que tenían que pasar para realizar este plan:

  1. La Tierra tuvo que separarse del sol y de los otros planetas — Polar/Hiperbórea.
  2. La Tierra tuvo que separarse de la Luna — Lemuria.
  3. El séptimo Elohim tuvo que tomar su morada en la Luna para guiar a la Humanidad.
  4. Los Elohim tuvieron que sacrificar parte de su propia sustancia del yo a la humanidad para crear un yo rudimentario en los seres humanos.
  5. Lucifer tuvo que ser arrojado del mundo espiritual, confinado al mundo astral, —y por lo tanto al cuerpo astral de los seres humanos— por parte de Micael, con el fin de que Lucifer pudiera en esta forma tentar al Yo de los seres humanos a caer hacia la Tierra y los crear órganos de percepción sensiente.
  6. Ahriman tendría que ingresar en las almas humanas para estimular los primeros indicios rudimentarios del intelecto.
  7. Micael tuvo que sacrificar su regencia sobre la Inteligencia Cósmica y permitir que descendiera hacia la Tierra.
  8. La Hija de Sophia entro en el alma humana para ayudar a formar las tres facultades del alma: el Alma Sensible, el Alma Intelectual (Racional) y finalmente el Alma Consciente, como preparación para el ingreso de la Inteligencia Cósmica.
  9. Cristo tuvo que descender a la Tierra trayendo Su Yo Macrocósmico y, por lo tanto, no solo un reflejo sino el ser real de Su Inteligencia en las almas humanas.

Podemos ver las influencias y las contrainfluencias necesarias para separar a la Humanidad de los Dioses mientras que al mismo tiempo su Inteligencia entraba en la evolución de la Tierra para convertirse en Inteligencia Humana. Porque así como el Sol creó los ojos para que pudieran percibir el sol, la Inteligencia Cósmica o la comprensión de Cristo tuvieron que ser sacrificados por los dioses a la Tierra para que pudiera crearse un órgano de percepción capaz de percibir a Cristo.

A través de Cristo, los seres humanos tendrían el potencial de convertirse en soberanos de sus cuerpos físico, etérico y astral, así como Cristo era el soberano de los Seres de las Jerarquías.

INTELIGENCIA HUMANA

Veámoslo ahora desde la perspectiva del alma humana.

La inteligencia humana no hubiera sido posible si Cristo no hubiera hecho cuatro descensos de sacrificio a la Tierra. Estos fueron seguidos por Michael,[8] que sacrificó su Inteligencia Cósmica también en cuatro etapas, que corresponden a cuatro etapas de la conciencia.[9]

Evolución de la Tierra

A menudo pensamos en el ser espiritual como estando arriba, y abajo lo físico, pero en un sentido esto es maya. Rudolf Steiner da a entender con bastante frecuencia que el espacio pertenece sólo a la consciencia terrenal, y que arriba y abajo, dentro y fuera, delante y atrás, son una quimera cuando se trata del Espíritu. Está más cerca de la verdad si decimos que el Espíritu interpenetra en capas aquí en la Tierra. Se podría decir que todo lo que era Saturno, el Sol y la Luna se puede encontrar en la Tierra, y también todo lo que será Júpiter, Venus y Vulcano. La memoria del pasado y el futuro potencial tienen experiencia en diferentes capas de la consciencia, que en nuestro tiempo son sinónimo de consciencia de vigilia, consciencia onírica o gráfico-refleja, consciencia del dormir y consciencia mineral.

Voluntad – La primera etapa Polar/Hiperbórea:

En la primera etapa, los seres humanos eran uno con Seres de alma y espíritu. Un hombre no pensaba un pensamiento, sino que él percibía un Ser espiritual del Mundo Espiritual directamente a través del Yo, pensando un pensamiento dentro suyo. En todas partes el Yo ‘parecía’ percibir los pensamientos volitivos de Seres Espirituales, porque la consciencia penetró hasta la capa más alejada —uno podría llamar a esta capa, Devachán.

Aquellos Seres Espirituales fueron los grandes ‘Maestros’ de la humanidad, cuya sabiduría el ser humano se vio obligado a obedecer, porque su impulso movía la voluntad. En esta etapa, todo ‘estaba siendo’, todo era una consciencia, y la voluntad y el pensamiento eran uno. Pero, a causa de esta unidad, los seres humanos no eran libres —no tenían libre albedrío.

En esta etapa los planetas Saturno y Sol se separaron de la Tierra.

Consciencia en la Primera Etapa: Seres Espirituales en el Yo = percepción de la Luz Espiritual Luz y Seres Espirituales.

 

Sentir — La segunda etapa, Lemuria:

 En Lemuria los Seres Espirituales comenzaron a ocultarse, o más bien, el alma humana ya no podía penetrar en esa capa de la consciencia en la que estos Seres Espirituales se manifiestan, de modo que ya no podían percibir la Luz espiritual de los Seres, sino solo, uno podría decir, las fuerzas del alma de estos Seres, que penetraron dentro de la siguiente capa de la consciencia. Como pasar de la luz al color.

Se podría decir que la consciencia humana había penetrado al nivel del Mundo Astral a través de una elaboración del cuerpo astral. ¿Qué lo causó? ¿Recuerdan más arriba, donde hemos dicho que Micael arrojó a Lucifer desde el reino del Devachán al mundo astral? En el Mundo Astral, Lucifer fue capaz de tentar el cuerpo astral humano para introducir o ‘descender’ más hacia adentro del ámbito de lo físico y es por eso que es retratado como una ´Caída´.

La Luna se separa de la Tierra.

A través de la tentación de Lucifer, el Yo se separó de lo que era percibido, y la percepción conectó ahora la ‘imagen’ con las sensaciones o sentimientos de simpatía y antipatía interiores, percibidos como colores (complementos), que crearon una vida interior y exterior. Este es el principio de la libertad.

Imágenes externas percibidas engendraron sensaciones internas. Sin embargo, las dos todavía estaban conectados a través de la ‘vida’. El ser humano aún conectaba el espíritu y la materia a través de una memoria del Espíritu viviente.

Una forma de consciencia elástica era ahora experimentada, en otras palabras, las imágenes del mundo exterior no hacían aún una profunda impresión, pero fue el comienzo de la memoria — por lo tanto, Lucifer está conectado a la memoria.

Ahora llegamos a la conexión de la Hija de Sophía con Lucifer.

La tarea de preparar el alma para la Inteligencia Cósmica que desciende desde arriba, cayó sobre la Hija de Sophía o la parte ‘femenina’ de Adán / Eva, que fue separada antes de La Caída y llevada a la esfera del Sol. La Hija de Sophia descendió desde la esfera del Sol a las almas humanas para desarrollar el alma desde dentro[10]. Los griegos vieron a este ser como Perséfone, la hija de Démeter.

‘Antes que el hombre perdiera su consciencia clarividente, ellos vivían junto a lo que era, en su cuerpo astral, las fuerzas de Zeus, Perséfone. El hombre había traído este cuerpo astral, estrechamente asociado con las fuerzas de Zeus, desde la Luna. La vida del alma, que encontramos personificada por Perséfone, se desarrolló en él sobre la Tierra. Y eso es lo que era el hombre que vivía en los tiempos antiguos en la Tierra. Se sentía: ‘tengo en mi cuerpo astral… tengo dentro mío a Perséfone’. En tiempos antiguos, el hombre aún no podía hablar de un yo intelectual, como lo hacemos hoy, pero era consciente de algo que surgió en él como resultado de la cooperación de las fuerzas de Zeus en su cuerpo astral con las fuerzas Perséfone.[11]

Fue en tiempos de los egipcios (que son una recapitulación de Lemuria) que la hija de Sophia, según Rudolf Steiner, entró en el alma humana por primera vez, para transformar el don de Lucifer, el Alma Sensible, en una facultad capaz de entender a Dios — Teosofía. Esto era necesario porque Dios estaba ahora fuera del ser humano. Antes de esto no había necesidad para la Teosofía, ya que Dios y el Yo humano’ o Voluntad, eran uno.

Fue también en la época de Lemuria que Cristo hizo su primer sacrificio. Él emergió de la esfera de la Trinidad hacia dentro de la esfera del Sol, como una estrella con su Yo Macrocósmico, su Macrocósmico Hombre-Espíritu, Espíritu de Vida y Yo Espiritual[12].  Este sacrificio contribuyó a la relación ‘correcta’ del ser humano con los doce sentidos o el cuerpo del Sistema Nervioso / Astral, que había sido el resultado de la tentación Luciférica. El ser humano pudo erguirse.

Consciencia en la segunda etapa: imagen anímica en el cuerpo astral = consciencia del mundo astral y los Seres anímicos — color.

 

La Tercera Etapa: Pensar – Atlántida.

En esta etapa la percepción o consciencia humana descendió a una capa ‘más cercana’ de la capa física, y esto fue acompañado por una impronta más profunda de lo que se percibía en el cuerpo etérico— memoria de largo alcance.

En esta etapa las fuerzas del alma todavía tenían una cualidad de vida, pero que ya no se experimentaron en el presente, sino en una forma rudimentaria de ‘memoria’, es decir, que lo que era visto, fue impreso mucho más profundo y de una manera tal, que duraba mucho tiempo y podía evocarse  —al igual que una impresión se deja en cera. Pero esto todavía se consideraba algo vivo, algo que entraba desde el exterior y que creaba una imagen posterior o eco en el alma humana. Uno podría decir, un opuesto de lo que fue visto.

Imágenes externas y memorias internas todavía estaban conectadas por la memoria ‘viviente’ del Ser anímico. Uno podría comparar esta memoria con una forma de consciencia plástica, y un verdadero comienzo de la libertad y el pensamiento. Ahora podemos entender por qué durante una iniciación Celta, el acólito era llevado ante dos columnas, una plástica y otra elástica. Esta era la expresión física de una experiencia interior, que durante la época de los Celtas, ya no era una experiencia natural sino que tenía que ser trabajada y conquistada.

La capacidad de mirar hacia atrás en la impronta de lo contrario de lo que era visto, distanciaba la consciencia humana aún más de los ‘Seres de alma y espíritu’. Para comparar, lo que era visto en el pasado con lo que se ve en el presente, la humanidad podía nombrar y categorizar lo que fue visto y experimentado, y concebía lo que podría ser visto y experimentado en el futuro. Este es el principio del pensamiento. Más tarde, en tiempos Greco-romanos, la Hija de Sophía obró para elaborar esa parte del alma conectada a esa parte del cuerpo etérico capaz de convertirse en facultad de pensamiento —el Alma Racional. El producto de esto sería más tarde conocido como Filosofía —una comprensión del mundo[13] Antes de esto no había necesidad de Filosofía ya que el ser humano era uno con el mundo de la naturaleza.

Esta etapa también marca el segundo y tercer sacrificio del Cristo en la Atlántida. El segundo, cuando entró en el reino del Sol como planeta principal de siete planetas, dejando atrás a su Hombre-Espíritu. Lo hizo con el fin de redimir a los siete órganos humanos en relación con el órgano del habla.

El tercer sacrificio, en la segunda mitad de la Atlántida, hizo necesario que entrara en la esfera de la Luna —a la Jerarquía de los Arcángeles (cuyo máximo representante era Micael) para traer armonía al pensar, el sentir y la voluntad. El ser humano podía pensar.

Este tercer sacrificio era, por decirlo así, la culminación de todas las etapas anteriores: la primera etapa (Voluntad—Yo), la segunda etapa (Sentir-—Astral) y la tercera etapa (Pensamiento—Etérico).

Consciencia en la tercera etapa: imagen reflejo en el cuerpo etérico = consciencia del mundo etérico —luz anímica (en contraposición a la luz espiritual).

 

Las Cuatro Etapas del Pensar.

En la cuarta etapa el pensar surgió de la relación del cuerpo etérico con el cuerpo físico. En el cuerpo físico el pensar fue completamente despojado de vida, sólo las sombras de los Seres debían ser experimentados como reflejos desde el cerebro físico humano. El poder de la ‘Inteligencia’ había sido sacrificado por Micael y entró en el reino de Ahriman, que buscaría aprovechar esta Inteligencia para sí mismo. Esto hizo necesario un sacrificio más por parte de Cristo. El cuarto sacrificio de Cristo fue dejar su Espíritu de Vida detrás, en la esfera de la Luna, con el fin de entrar en el cuerpo de un ser humano con su Yo Macrocósmico y su Yo Espiritual.

‘Mientras todo esto de lo que he estado hablando estaba ocurriendo en el Oeste, el mismo Cristo, el Cristo que había bajado a la Tierra dejando su Hombre-Espíritu en el Sol y su Espíritu de Vida en la atmósfera alrededor de la Tierra, reduciendo su Yo y su Yo Espiritual.

Pero Cristo no podía entrar en Jesús de Nazaret con el Yo Espiritual, (este se mantuvo en la Tierra pero flotando por encima de Jesús, en la forma en que se sitúa por encima de los seres humanos en la actualidad). Él sólo podía entrar con su Yo Macrocósmico. Jesús solo se uniría con el Yo Espiritual del Cristo después del Misterio del Gólgota.

Así, el Cristo entró en su curso terrenal en el sentido de que trajo al hombre del macrocosmos lo que el hombre habría de desarrollar microcósmicamente —sólo el Cristo lo trajo como principio macrocósmico. Entró en la evolución de la Tierra de tal manera que durante su curso Él no tendría un quinto, sexto y séptimo principio como su posesión personal, así como el hombre en su camino no los posee.

El Cristo es un Ser que había evolucionado macrocósmicamente hasta el cuarto principio, y la evolución de su cuarto principio en el transcurso de la Tierra consiste en conferir al hombre todo lo que le permitirá evolucionar su yo [14].

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En cuanto a este misterio desde el punto de vista del mundo superior nos puede traer profundos sentimientos de agradecimiento por los sacrificios que los seres superiores a sí mismos también fueron sometidos. Para el momento en que Cristo entró en el cuerpo de Jesús, la inteligencia Cósmica se convirtió en una ‘memoria’ a ‘Más allá de Inteligencia’ para ellos. En otras palabras perdieron Yo Macrocósmico de Cristo (presente) y sólo vieron lo que se reflejó de nuevo a ellos de su Hombre Espíritu, Espíritu de Vida y Yo Espiritual. En términos espirituales, Cristo ‘murió’ para ellos, dejando solo Su Memoria.

¿Por qué?

Porque cuando Cristo descendió a través de las capas de la consciencia hacia la Tierra, entró en un mundo físico cuyo aspecto material no puede ser penetrado por la percepción de los Seres Superiores.

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“La consecuencia es que llega un momento en la evolución del mundo, donde el Cosmos ya no vive por su presente, sino por su inteligencia pasada, mientras que la inteligencia presente está en la corriente de la evolución humana”[15].

Cristo vino libremente a la Tierra para traer Su Inteligencia a la actual corriente del tiempo, con el fin de crear las condiciones adecuadas para la libertad, pero la sombra de esta libertad es el ‘materialismo’ —la experiencia de la materia como un fin en sí mismo es la inspiración de Ahriman.

 ‘Desde ese reino del cual fue Micael mismo el sirviente, el Ser-Cristo desciende dentro de la esfera de la Tierra, para que esté al alcance cuando el poder de la Inteligencia haya sido traspasado completamente al individuo humano. Pues entonces vendrá el tiempo en que el impulso será más fuerte en el hombre, de entregarse en su totalidad a ese poder, que en todos los detalles y en la perfección consumada, se ha hecho a sí mismo el portador de la fuerza intelectual. Pero Cristo estará al alcance. A través de Su gran sacrificio Él vivirá en la misma esfera donde habita Ahriman. El hombre tendrá la posibilidad de elegir entre Cristo y Ahriman. El mundo será capaz en la evolución de la humanidad, de encontrar el camino de Cristo’. Rudolf Steiner [16]

Pensar ​​= sombras sin alma, sin vida, sin espíritu, reflejadas por el cerebro físico.

 

[1] GA237. 8 de agosto de 1924

[2] GA237. Dornach, 8 de agosto de 1924

[3] GA266. Berlín 18 de Diciembre de 1906

[4] También debemos tener en cuenta que el yo y el espíritu son “uno” como una espada dentro de una vaina. Por lo tanto, Rudolf Steiner dice que es un ser de cuatro miembros.

[5] GA266. Berlín 18 de Diciembre de 1906

[6] GA130. El Yo Cósmico y el Yo Humano. La naturaleza de Cristo resucitado

[7] GA130. El Yo Cósmico y el Yo Humano. La naturaleza de Cristo resucitado

[8] Ver las conferencias del autor sobre el alma de Nathan y los cuatro sacrificios de Cristo

[9] https://wn.rsarchive.org/Books/GA026/English/APC1956/GA026_c03.html

[10] Ver las conferencias del autor sobre antroposofía

[11] https://wn.rsarchive.org/Lectures/Dates/19110822p01.html

[12] https://wn.rsarchive.org/Lectures/GA240/English/RSP1975/19240827p01.html

[13] El hecho de que haya postulado que esta encarnación en el punto de inflexión en el tiempo por primera vez como la María del evangelio de Lucas de ninguna manera contradice su trabajo antes y después, en el alma humana.

[14] El Yo Cosmico y el Yo Humano. La naturaleza de Cristo Resucitado

[15] https://wn.rsarchive.org/Books/GA026/English/APC1956/GA026_c05.html

[16] https://wn.rsarchive.org/Books/GA026/English/APC1956/GA026_c05.html

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GA102c6. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 24 de marzo de 1908

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Si de los que estuvisteis presentes en la última conferencia dada aquí han pensado cuidadosamente y recordado cómo ciertas etapas ya pasadas se recapitulan en una etapa posterior, como, por ejemplo, en nuestra Tierra las etapas del Antiguo Saturno, del Antiguo Sol y la Antigua Luna, surgen y se desarrollan poco a poco hasta completar nuestra condición terrena, se podría sentir instado a hacer las siguientes observaciones.

Podría decir: en varias conferencias anteriores se ha afirmado que en Saturno los primeros rudimentos físicos del hombre pasaron por algo así como una especie de sistema sensorial, como si los primeros rudimentos de Saturno hubieran consistido en primitivos órganos de los sentidos; luego en el Sol se desarrolló un sistema glandular: en la Luna un sistema nervioso y en nuestra Tierra todo esto fue recapitulado. Pero, ¿cómo concuerda eso con lo que se dijo en la última conferencia, es decir, que los primeros en aparecer en la Tierra fueron los primeros rudimentos del sistema sanguíneo, una especie de hombre calórico? Luego se dijo que hubo una condensación hacia un estado de aire y que surgió la luz, por un lado se agregó una especie de sistema de aire que luego se convirtió en nuestro sistema de respiración actual, mientras que el sistema de calor se transformó en el posterior sistema sanguíneo, y bajo la influencia de la luz se formó una especie de sistema nervioso percibido interiormente. Se describió además cómo todo eso estaba aún en una condición etérea enrarecida, luego se rellenó con una especie de albúmina que, bajo la influencia del sonido y el tono cósmicos, se organizó en las diferentes sustancias.

Si admito —podría decir el objetor— que el sistema glandular sólo comenzó con el depósito de esta sustancia orgánica, entonces la primera cosa en la Tierra sería una especie de sistema del calor que formó los rudimentos del sistema de la sangre y una especie de sistema nervioso presente en las finas líneas etéricas de fuerza, a continuación se plantearía, el sistema glandular que, en cierto sentido ya estaba sustanciado orgánicamente, y por último se deposito el elemento mineral como se ha descrito en la última conferencia. Si las condiciones sucesivas de Saturno, el Sol, la Luna han reaparecido y en estas condiciones se recapitula en la Tierra, es extraño que el sistema de los sentidos no sea el primero en volver a aparecer, después el sistema glandular, el sistema nervioso y finalmente un sistema de la sangre. Sin embargo, la última vez se describió todo lo contrario: primero, la sangre, a continuación, los nervios, las glándulas y, finalmente, los depósitos sólidos que, como se puso de relieve, en primer lugar abrieron los sentidos hacia el mundo exterior. El objetor podría decir: Este principio de recapitulación funciona muy mal ya que el orden que se ha dado es exactamente el inverso de lo que uno esperaría si tuviera lugar una repetición literal.

Debe admitirse que si alguien deseaba describir las condiciones siguientes como una simple repetición de lo anterior, probablemente daría una descripción que fuera exactamente lo contrario de lo que realmente ha existido. Pues el intelecto concluiría que, de manera automática, la Tierra primero recapitularía lo que sucedió en Saturno, luego lo que sucedió en el Sol, después en la Luna, y que solo entonces surgiría el sistema sanguíneo.

A menudo he enfatizado que como regla en el ocultismo, uno siempre sale mal y puede cometer terribles errores a menos que describa los hechos ocultos y no confíe en el mero intelecto o cualquier conclusión puramente lógica. Porque si uno sigue la evolución de Saturno, Sol, Luna en el Registro Akáshico, es un hecho que uno debe decir que se planeó una especie de sistema de sentidos en Saturno, un sistema glandular en el Sol, un sistema nervioso en la Luna, y con la Tierra, se agregó la sangre. Si uno profundiza en los hechos ocultos aún más, entonces uno encuentra que en realidad en la Tierra aparece primero un tipo de sistema sanguíneo, luego un sistema glandular, un sistema nervioso, y solo entonces surge lo que aparece como el sistema de sentidos en la forma adecuada a las condiciones de la Tierra. Por lo tanto, si uno habla de recapitulaciones, de acuerdo con los hechos reales, debe hablarse de una recapitulación invertida. Lo que se ha demostrado en conferencias anteriores y lo que se demostró en las últimas fuentes no es ninguna especulación, sino los hechos reales y estos muestran tal inversión, lo que hace que la recapitulación sea aún más complicada.

Sin embargo, no debemos contentarnos con la idea de que tenemos que ver con una mera reversión. Así el sistema sanguíneo en sus primeros rudimentos apareció en la Tierra como una especie de hombre de calor, como lo describí la vez pasada, pero al mismo tiempo era realmente una especie de sistema sensorial. De hecho, era un sistema de calidez y percepción. El ser humano era, por así decirlo, totalmente un hombre de sangre o calor. No estaba impregnado de la sustancia de la sangre, pero las líneas etéreas de calor penetraron en él, y estas líneas etéreas de fuerza calórica de las que surgió posteriormente el sistema sanguíneo fueron, en sus primeros rudimentos, claramente una especie de sistema sensorial. Fueron los primeros rudimentos de un sistema sensorial, y el sistema de nervios y luz fue al principio una especie de sistema glandular, y el último sistema glandular que se organizó realmente solo pudo surgir debido a que los otros sistemas, el de la sangre y el sistema nervioso, ahora incorporados, avanzaron en su desarrollo. Este avance se produjo de la siguiente manera: mientras que el sistema nervioso se desarrolló como una especie de sistema glandular, algo de la sangre quedó atrás como sus últimos rudimentos. Pero también durante la segunda etapa el sistema sanguíneo en sí cambió a una especie de sistema nervioso; y cuando eso se logró y, en la tercera etapa, se incorporó el sistema glandular, los dos sistemas anteriores cambiaron nuevamente, de modo que, de hecho, el sistema sanguíneo avanzó un grado y el sistema nervioso también un grado. Cambios y transformaciones están teniendo lugar continuamente. La evolución es muy complicada y uno no puede estar satisfecho con la idea de la recapitulación invertida. Porque la “inversión” es solo parcial: el sistema sanguíneo es un sistema sensorial que se transforma más tarde, y es lo mismo con el sistema nervioso, y así sucesivamente.

Así que podemos hacer un recorrido que nos permita observar como hemos llegado a nuestra altura actual, ciertamente no es un asunto fácil si nos empeñamos en elaborarlo con el intelecto. La cuestión está en que con paciencia y perseverancia nos familiaricemos con este complicado curso de la evolución. Sin embargo, esto no es más que una especie de introducción que he querido dar a aquellos que han estado estudiando y vivenciando lo que se dijo en la última conferencia.

Una tarea muy diferente nos preocupa hoy —la de considerar al hombre y su evolución en la Tierra desde un punto de vista totalmente diferente, por lo que el ser humano debe aparecer ante nosotros con una claridad cada vez mayor. Si, con esto en mente, miramos hacia atrás una vez más a la encarnación anterior de nuestra Tierra, a la antigua Luna, recordamos que el ser humano tiene un cuerpo físico, un cuerpo etérico y un cuerpo astral, pero todavía no tiene un yo personal como el que actualmente posee en la Tierra. Si examinamos ahora la conciencia de este hombre lunar nos encontramos con que era radicalmente diferente al ser humano de hoy. La conciencia del hombre de hoy se expresa realmente en lo que se podría llamar “personalidad”. Con esta palabra se dice mucho en la caracterización del hombre de la Tierra, ya que no había “personalidad” en la antigua Luna. Hemos visto cómo esta personalidad se ha ido formando gradualmente en la Tierra y cómo en la antigüedad el hombre aún se sentía mucho más como miembro de un gran número de otros que se pertenecían mutuamemte. Incluso si no retrocedemos demasiado en las regiones donde vivimos nosotros mismos, sí, incluso si regresamos a los primeros siglos cristianos, todavía encontraremos allí los últimos ecos de una conciencia antigua. El antiguo miembro de los Cherusci, los Sugambri, Heruli, Bructeri, no se sentía en la misma medida una personalidad como lo es el hombre de hoy, se sentía uno de su tribu. Y cuando decía “yo”, eso significaba algo completamente diferente de lo que significa hoy. Si un hombre moderno dice “yo”, se refiere a la entidad de su personalidad, la que, por así decirlo, está encerrada dentro de su piel. En ese momento los hombres se sentían con respecto a su tribu como una extremidad se siente en nuestro organismo. Se sentía en primer lugar como miembro de los Sugambri, Heruli, Bructeri, Cherusci y, en segundo lugar, un “yo” personal. Tendrán una mejor comprensión de muchas condiciones antiguas si tienen en cuenta esta alteración radical en la personalidad, si se dan cuenta, por ejemplo, de que ciertas formas de venganza familiar, venganza tribal, deben ser explicadas completamente por la conciencia común de la tribu, una especie de conciencia de alma grupal.

Y si nos remontamos aún más atrás al tiempo clásico del Antiguo Testamento, el tiempo del pueblo judío, sabemos que el judío individual se sentía absolutamente un miembro de todo el pueblo judío. Sabemos que cuando decía “yo” no lo sentía como representante de su ser, sino que sentía la sangre de todo el pueblo tal como había fluido en las generaciones desde el Padre Abraham: “el Padre Abraham y yo somos uno”. Cada miembro de la raza sentía que esto era lo que le daba su valor y posición. Sentía en el alma grupal, por la sangre, directamente al Padre Abraham. Y si retrocedemos aún más, a las épocas más tempranas de la Tierra, encontramos que el elemento de alma grupal aún se expresaba más claramente. El individuo tenía un recuerdo de lo que sus antepasados habían hecho, volvían al primer antepasado. El recuerdo de los descendientes se remonta a cientos de años. En nuestros días, en circunstancias normales, un hombre ya no recuerda lo que su padre hizo, a menos que lo haya visto. Ya no recuerda lo que sus antepasados han experimentado. En la antigüedad, el hombre tenía un recuerdo no solo de lo que él mismo había experimentado, sino también de las experiencias de los antepasados con los que tenia la sangre en común, no porque él lo supiera, sino porque la memoria continuaba más allá del nacimiento. Y sabemos que la gran edad atribuida a los Patriarcas, a Adán y los antecesores posteriores del pueblo judío, originalmente significaba nada más que la longitud de la memoria, cuán lejos se recordaba en el árbol ancestral.  ¿Por qué vivió Adán tanto tiempo? ¿Por qué los otros Patriarcas vivieron tanto tiempo? Porque uno no designaba a la personalidad individual, sino que recordaba las generaciones pasadas como uno recuerda la juventud actual. Eso fue denotado por una expresión común, la personalidad no se puso en duda en absoluto. El hombre recordaba no solo lo que había pasado en la infancia, sino lo que su padre, su abuelo habían experimentado en la infancia, y demás a través de los siglos, y comprimió los contenidos de esta memoria en una unidad a la que llamó —déjenme decir— “Adán” o “Noé”, y así sucesivamente. En las epocas primitivas, la personalidad separada no tenía nada del valor que tiene ahora; la memoria llegaba más allá del padre, la madre, el abuelo, etc., y en la medida en que le llegaba a uno, usaba un nombre común. Eso parece torpe y fantástico para la concepción materialista del mundo actual, pero debe ser afirmado desde el fondo de los hechos con una psicología fundamental que sabe cómo contar los hechos.

En nuestra Tierra, por lo tanto, el hombre tenía una especie de conciencia grupal conectada con su alma grupal. Si tuviéramos que regresar a la antigua Luna donde el ser humano no tenía un yo restringido de este tipo incrustado en la conciencia grupal, pues no tenía yo en absoluto, donde todavía consistía de cuerpo físico, cuerpo etérico y cuerpo astral, deberíamos encontrar que esta antigua conciencia Lunar no era más pequeña, sino que abarcaba grupos inmensamente grandes; que, de hecho, las almas grupales integradas fueron la base de la raza humana en la Luna. Estas almas grupales que, por así decirlo, establecían los hombres lunares individuales en la Luna simplemente como sus miembros, eran almas sabias. Como saben, también hemos descrito las almas grupo de los animales en la Tierra y también hemos encontrado la sabiduría como su característica sobresaliente. Estas almas grupales de la Luna implantaron en la encarnación previa de nuestro planeta la sabiduría que conocemos hoy y de la que tanto nos maravillamos y admiramos. Y cuando hoy nos sorprende cómo cada hueso, corazón y cerebro, cómo cada hoja de la planta está impregnada e imbuida de sabiduría, entonces sabemos que la sabiduría de las almas grupales cayó de la atmósfera de la antigua Luna —como hoy las nubes dejan que la lluvia gotee— y se hizo miembro de todos los seres. Estos lo recibieron como una propensión y lo sacaron de nuevo cuando aparecieron en la Tierra después de la Pralaya. Por lo tanto, en la Antigua Luna estaban las almas grupales omnipresentes llenas de sabiduría.

Ahora bien, si buscáramos en la Antigua Luna una cualidad que encontramos hoy en la Tierra en una medida cada vez mayor a medida que avanza la evolución, no la encontraríamos en los seres de la Luna. Esta cualidad es el amor, el impulso que nos conduce a unirnos a otros seres por la propia voluntad. El amor es la misión de nuestro planeta terrenal. Por eso en el ocultismo llamamos a la Luna el “Cosmos de la Sabiduría” y a la Tierra el “Cosmos del Amor”. Así como hoy, en la Tierra, nos maravillamos de la sabiduría incrustada en ella, así un día los seres de Júpiter serán seres en los que el amor fluirá hacia ellos como una fragancia. Así como la sabiduría brilla hacia nosotros en la Tierra, así en Júpiter vendrá como fragancia hacia los seres de Júpiter lo que está evolucionando aquí en la Tierra como amor, desde el amor puramente sexual hasta el “Amor Divino” de Spinoza. Enviará su perfume como las plantas envían sus diversos aromas. Por lo tanto, los grados de amor fluirán como el perfume ascendiendo del cosmos al que, como sucesor de nuestra Tierra, hemos llamado Júpiter. Así, en el curso de la evolución, las condiciones se alteran, y cada vez que ocurre un avance en la evolución, los seres también avanzan; aquellos que están unidos con las etapas de la evolución planetaria están siempre avanzando hacia etapas más altas. Los seres humanos que viven en la Tierra hoy son los instrumentos de la evolución del amor. Porque el reino animal ha desarrollado formas de amor que se han quedado atrás como formas rezagadas; y en la medida en que el amor aparece entre los animales, una simple reflexión mostrará que todo es pre-etapa del amor humano, del amor que continuamente se espiritualiza. Como el hombre es el instrumento para la evolución del amor en la Tierra, cuando haya evolucionado a Júpiter será capaz de recibir una calidad aún mayor. Así también los seres que “derramaron” sabiduría desde la periferia de la Luna se volvieron capaces de una mayor evolución cuando la Luna se convirtió en Tierra; ellos ascendieron más alto. Los seres que en ese momento fueron capaces de dejar que la sabiduría se infiltrara en los seres lunares fueron en realidad aquellos que estaban tan avanzados en el momento en que el Sol se retiró de la Tierra que salieron con el Sol y lo convirtieron en su escenario de acción. Los seres que en la Luna fueron espíritus de la sabiduría —la sabiduría que se derramó— no fueron los Espíritus de la Sabiduría que han sido llamados así en relación con Saturno, estos espíritus, o al menos un gran número de ellos, eligieron el sol como su escenario. Solo el Ser que designamos como Iahvé o Jehová, que había alcanzado la plena madurez en la Antigua Luna, se convirtió en el Espíritu de la Forma de la Tierra, el Regente de las fuerzas de la Luna. Pero ya hemos hablado de otros seres que no completaron su desarrollo en la Luna, que permanecieron, por así decirlo, a medio camino entre la existencia humana y la divina. Los hemos caracterizado de muchas maneras. Hemos indicado que el Sol en una determinada etapa de su evolución expulso a Venus y a Mercurio de sí mismo para dar a estos seres un escenario que se adaptara a ellos. También hemos hablado de seres que han participado en el desarrollo progresivo del hombre y que, como seres de Venus y Mercurio, han sido los grandes maestros de la humanidad en los Misterios.

Hoy ampliaremos esta imagen desde otro punto de vista.

Ya hemos señalado que si las fuerzas y los seres que dejaron la Tierra cuando el Sol se retiró se hubieran mantenido unidos a la Tierra como estaban originalmente, entonces el hombre se habría visto obligado a desarrollarse a un ritmo demasiado rápido como para soportarlo. Él nunca habría alcanzado su evolución si los Espíritus de la Sabiduría hubieran estado ligados a la Tierra como lo estuvieron en la Luna. Tuvieron que alejarse a cierta distancia y trabajar desde fuera para que el hombre tuviera la velocidad adecuada en su desarrollo. De lo contrario, tan pronto como naciera, habría envejecido,  pasaría por su desarrollo a un ritmo demasiado rápido. Puedo aclararlo de otra manera.

Los espíritus que han evolucionado hasta la existencia del Sol no están interesados en absoluto en el desarrollo gradual y lento del hombre de su naturaleza espiritual durante su existencia corporal, durante la infancia, la juventud, la madurez y la vejez. Solo tienen interés en el desarrollo perfeccionado de la espiritualidad. Si hubieran permanecido en conexión con la Tierra, los cuerpos humanos en cierta manera habrían quedado atrofiados, quemados. Sin madurar los frutos obtenidos de una existencia terrenal, el espíritu habría ido hacia una evolución rápida y el ser humano habría perdido todo lo que podía aprender sobre la Tierra. Sobre todo, la impronta del Amor en la evolución cósmica habría permanecido oculta. Para que el amor pueda desarrollarse en la Tierra, el cuerpo primero debe desarrollarse en una etapa primitiva. El amor tuvo que ser inaugurado en la forma más baja como el amor sexual, para elevarse a través de las diversas etapas y, finalmente, cuando la Tierra perfeccionada alcance sus últimas etapas, pueda imprimirse en el hombre como amor puro y espiritual. Todo amor inferior es la educación para el amor superior. El hombre terrestre debe desarrollar el amor en sí mismo, para que al final de su evolución pueda devolverlo a la Tierra, ya que todo lo que se desarrolla en el microcosmos se vierte al final en el macrocosmos. La sabiduría que fluyó en el hombre de la Luna brilla hacia el hombre de la Tierra como la sabiduría que impregna su estructura. El amor que, por grados, se va implantado en el hombre durante el período de la Tierra fluirá como fragancia hacia los seres de Júpiter, en todo el reino de Júpiter. Este es el camino que deben tomar las diversas fuerzas cósmicas.

Por lo tanto, el punto de partida de la misión de nuestra Tierra, la impresión del Amor, estaba de alguna manera enfrentando las dos tendencias siguientes. Los Espíritus de la Sabiduría, los creadores de la sabiduría, quienes en la Luna habían vertido la sabiduría en los reinos de la Tierra, estaban en la Tierra, como tal, desinteresados en la naturaleza física corporal del hombre. Como Espíritus de la Sabiduría no estaban interesados en ello, y al estar interesados solo en la sabiduría, delegaron la misión especial de la Tierra a los “Espíritus del Amor”. Estos son de otro rango y, como Espíritus de Amor, ellos también pudieron atravesar su propia evolución durante un tiempo en el Antiguo Sol. De esta manera, tenemos una doble tendencia en la evolución de la Tierra: una corriente de amor que, por así decirlo, aparece por primera vez, y una transmisión de sabiduría que trabaja desde fuera, ya que los espíritus que se interesan de manera preeminente por la sabiduría se han retirado al Sol. Es muy importante comprender correctamente esta cooperación de los Espíritus de la Sabiduría y los Espíritus del Amor, ya que expresa un contraste infinitamente importante. Si ahora trato de poner en lenguaje humano lo que expresa este contraste, es que los Espíritus de la Sabiduría delegaron por completo el hombre a los Espíritus del Amor entre el nacimiento y la muerte y la forma en que se desarrolla, y tomaron para sí el control de la “individualidad” que atraviesa las diversas “personalidades” en el curso de las reencarnaciones. Si imaginan al hombre en su totalidad, tienen aquí el análisis que muestra bajo qué dos poderes se encuentra en la regencia cósmica. Lo que el hombre es entre el nacimiento y la muerte, lo que desarrolla en sí mismo mientras vive en el cuerpo, lo que realmente le hace a él, por así decirlo, una entidad que está con sus dos pies sobre la Tierra, está bajo la autoridad de los Espíritus del Amor. Lo que se entrelaza a través de las personalidades como la individualidad duradera, nace con el hombre, muere, nace de nuevo, muere otra vez, etc., se encuentra en cierto sentido bajo la regencia de los Espíritus de la Sabiduría. Pero no deben tratar esto mecánicamente y decir: Entonces afirma que la individualidad humana está bajo la influencia de los Espíritus de la Sabiduría y la personalidad humana bajo la influencia de los Espíritus del Amor. Si tuviéramos que estereotipar estas cosas, eso solo nos llevaría a tonterías. Los conceptos solo son válidos si los entendemos en su relatividad y sabemos que cada concepto tiene dos lados. Solo si tuvieran la opinión de que esta vida entre el nacimiento y la muerte carece de significado para todas las vidas siguientes, entonces podrían estereotiparlo de esa manera. Pero deben tener en mente lo que siempre he enfatizado, es decir, que los frutos de cada vida terrenal separada, los frutos de todo lo que se ha ganado bajo la influencia de los Espíritus del Amor fluyen en toda la evolución e igualmente en lo que es guiado por los Espíritus de la Sabiduría.

Por otro lado, deben tener claro que todo en el cuerpo humano, hasta el cuerpo astral (ya hemos descrito cómo las experiencias hechas en la Tierra deben ser transformadas) procede bajo el poder de los Espíritus de la Sabiduría, así que de nuevo los espíritus de la sabiduría trabajan en el ser del hombre ya que tiene un cuerpo físico, un cuerpo etérico y astral. Y porque todo lo que el hombre como personalidad desarrolla bajo el elemento del amor perdura para su individualidad, los Espíritus del Amor trabajan nuevamente en lo que se desarrolla en una vida humana a través de los Espíritus de la Sabiduría. Por lo tanto, trabajan juntos. Entonces la regencia de estos Espíritus está nuevamente dividida en tanto que todo lo que es personalidad está directamente bajo el control del amor, y todo lo que sucede entre el nacimiento y la muerte está indirectamente bajo el elemento de la sabiduría.

Así vemos cómo la personalidad del hombre y su individualidad está dentro de dos tendencias y corrientes diferentes. Eso es importante por la siguiente razón. Si los Espíritus de la Sabiduría que se significan ahora, por así decirlo, se arrogaran la autoridad a ellos mismos, entonces habría surgido ese desarrollo vigoroso y exuberante que también se podría describir al decir que el hombre en una encarnación única habría pasado, todos los posibles perfeccionamientos de todas las encarnaciones. Lo que los Espíritus de la Sabiduría debían dar, sin embargo, fue distribuido entre las sucesivas encarnaciones terrenales del hombre. Esto se expresa en el ocultismo de manera muy definitiva al decir: Si los Espíritus de la Sabiduría permanecieran en la evolución, el hombre rápidamente se habría desarrollado a la espiritualidad, abrasándose a sí mismo a lo largo de la evolución corporal. Pero los Espíritus de la Sabiduría se abstuvieron de llevar al hombre a un desarrollo tan violento. Se alejaron de la Tierra para rodearla, con el fin de regular y modificar los períodos de tiempo que de otro modo habrían pasado tan vehementemente. Por lo tanto, uno dice en ocultismo que estos Espíritus de la Sabiduría se convirtieron en los “Espíritus de la Rotación del Tiempo”. Las sucesivas encarnaciones del hombre fueron reguladas en las sucesivas revoluciones del tiempo, que fueron nuevamente reguladas a través del curso de las estrellas. Los Espíritus de la Sabiduría se convirtieron en Espíritus de la Rotación del Tiempo. Habrían podido alejar al hombre de la Tierra con su poder lleno de sabiduría, pero luego habrían tenido que renunciar a la maduración de los frutos que solo puede tener lugar en el transcurso del tiempo. Los frutos del amor, de la experiencia terrenal, no habrían sido ganados. Esos secretos que los seres deben poseer y guardar en sus corazones para madurar los frutos del amor, de la experiencia de la Tierra, fueron ocultados desde estos Espíritus de la Rotación del Tiempo. Por lo tanto, se ha registrado: “Ellos velaron sus rostros ante el Cordero Místico”. Porque el “Cordero Místico” es el Espíritu Solar que tiene el secreto no solo de levantar a los espíritus de la Tierra, sino de redimirlos, espiritualizándolos, después de atravesar muchas encarnaciones. El poseedor del Misterio del Amor es el Espíritu Solar al que llamamos el Cristo, y como tiene un interés no solo en la individualidad, sino directamente en cada personalidad de la Tierra, lo llamamos el “Gran Sacrificio de la Tierra” o el “Cordero Místico”.

Así, ciertos Espíritus se convirtieron en los Espíritus de la Rotación del Tiempo y regularon las sucesivas encarnaciones. El Cristo se convirtió en el centro, el foco, en la medida en que las personalidades individuales debían ser santificadas y purificadas.  Todo lo que el hombre puede traer como fruto de la personalidad individual en la individualidad lo logra a través de tener una conexión con el Ser Crístico. Mirar hacia adelante, sintiéndose unido con Cristo, purifica y ennoblece la personalidad. Si la evolución de la Tierra hubiera seguido su curso sin la aparición del Cristo, entonces el cuerpo humano —si hablamos en un sentido integral— habría permanecido malvado; habría tenido que unirse con la Tierra y caer presa de la materialidad para siempre.

Sin embargo, si los Espíritus de la Sabiduría no hubieran renunciado a la espiritualización inmediata del hombre al comienzo de la evolución de la Tierra, podría haber tomado uno de los siguientes dos cursos: o los Espíritus de la Sabiduría, al comienzo de la evolución terrenal —en la edad lemuriana—habrían arrancado al hombre del cuerpo, lo habrían llevado a una rápida evolución espiritual y consumido rápidamente su cuerpo, en cuyo caso la Tierra nunca podría cumplir su misión; o, por otro lado, podrían haber dicho: no deseamos eso, queremos que el cuerpo humano se desarrolle completamente, pero nosotros mismos no tenemos ningún interés en ello. Por lo tanto, renunciaremos al Nacido-Tardío, a Jehová; él es el Señor de la Forma —y el hombre se habría secado, momificado. El cuerpo del hombre habría permanecido unido a la Tierra, nunca habría sido espiritualizado.

Ninguno de estos caminos fue elegido, pero a fin de formar un equilibrio entre los Espíritus de la Sabiduría y el Último Nacido de la antigua Luna, el Señor de la Forma, que fue el punto de partida para la creación de la luna presente, fue creada una situación central. Esta solución intermedia fue preparada para la aparición de Cristo quien es exaltado por encima de la Sabiduría, ante quien los Espíritus de la Sabiduría cubren su rostro con humildad, y quien redimirá a los hombres si se impregnan cada vez más con Su Espíritu. Y cuando la Tierra misma alcance el punto en que el hombre se habrá espiritualizado completamente, entonces no caerá de la evolución una bola seca, pues a través de lo que ha podido extraer de la evolución, el hombre llevará su forma humana cada vez más ennoblecida a la completa espiritualización. Y vemos cómo los seres humanos son espiritualizados. Si tuviéramos que ver los cuerpos humanos originales de la Edad Lemuriana, que nunca describiría en una conferencia pública, encontraríamos que representaban el límite extremo de la fealdad, y los hombres se volvían más ennoblecidos a medida que el amor los purificaba cada vez más. Pero el hombre evolucionará incluso más allá del rostro humano actual. Hoy estamos en la quinta raza. En la sexta raza, la fisonomía externa del semblante del hombre mostrará su bondad interior, el estado interior de su alma. El hombre tendrá entonces una fisonomía bastante diferente; por la forma externa uno reconocerá cuán bueno, cuán noble es, uno verá por su semblante qué cualidades se encuentran dentro de su alma. La fisonomía recibirá cada vez más la impronta de la nobleza y la bondad contenidas en el alma, hasta que al final de la condición de la Tierra la naturaleza corporal del hombre estará totalmente impregnada de espíritu y se destacará totalmente aliviada de aquellos que han permanecido apegados a la materialidad y que llevarán la imagen del mal en sus semblantes. Esto es lo que vendrá. Se llama la “última crisis” y debe describirse como “espiritualización” o, como se le llama popularmente, “la resurrección de la carne”. Uno debe entender estas cosas solo en el verdadero sentido dado por el ocultismo, entonces no podrá ser atacado.  Los círculos ilustrados no podrán en ningún caso comprender que la materia algún día podría llegar a ser muy diferente de lo material. Lo que podría llamarse en el mejor sentido de la palabra “locura de la materialidad” nunca será capaz de imaginar que la materia podrá algún día ser espiritualizada, es decir, que algún día surgirá algo que uno llama espiritualización, la Resurrección del Cuerpo, de la carne.

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Pero así son las cosas, y este es el curso de la evolución terrenal, y así surge el significado de la evolución terrenal y el lugar de Cristo dentro de esa evolución. Si fuéramos simplemente a mirar todo lo que hemos estado considerando hoy, entonces deberíamos tener una imagen peculiar de la evolución de nuestra Tierra. Tal imagen mostrará que se sostuvo el equilibrio entre los Espíritus de la Forma y los Espíritus que se convirtieron en los Espíritus de la Rotación del Tiempo, los actuales Espíritus de Luz. Por el hecho de que el Cristo desde el momento del Misterio del Gólgota, guía la evolución terrenal, los mantiene en la posición de equilibrio y cuyo resultado será un ascenso continuo. Pero el asunto nuevamente no es tan simple. Sabemos que hay seres espirituales se han quedado atrás: espíritus que no alcanzaron la plena madurez del desarrollo de la sabiduría y que, por lo tanto, no tenían interés en renunciar a su autoridad por la transmisión del amor. Estos espíritus querían trabajar dejando que la sabiduría continuara fluyendo. Lo hicieron y, por lo tanto, su trabajo en la Tierra no ha sido del todo infructuoso. Han llevado a los hombres a la liberación. Si el Principio de Cristo ha traído el amor, también lo han hecho estos Espíritus, a quienes llamamos Espíritus Luciféricos, trajeron a los hombres la libertad, la libertad de la personalidad. Incluso el quedarse atrás de ciertos Espíritus tiene su lado bueno, y todo, ya sea por adelantarse o por permanecer atrás, es de naturaleza divina. Así que había Espíritus de la Rotación del Tiempo que guiaban las encarnaciones progresivas, aquello que pasa como individualidad a través de todas las diferentes encarnaciones; y había Espíritus de Amor bajo la guía del Principio de Cristo que preparaban así a esta individualidad para que la personalidad pudiera acercarse poco a poco a un Reino de Amor. Si caracterizáramos el gran ideal que se cierne ante nosotros como un Reino de Amor, podemos hacerlo de la siguiente manera.

Hoy, en los círculos más amplios, circula el error radical de que el bienestar de una sola personalidad es posible sin el bienestar de todos los demás en la Tierra. Aunque los hombres pueden no admitirlo directamente, en la práctica nuestra vida moderna se basa en el hecho de que el individuo vive a costa de otros y existe una creencia generalizada de que el bienestar de uno es independiente del bienestar de los demás. La evolución futura traerá la comunidad completa del espíritu, es decir, en Júpiter comenzará a prevalecer la creencia de que no habrá salud y felicidad individual sin la salud y la felicidad de todos los demás, y de hecho en igual medida. El cristianismo prepara esta concepción y está ahí para prepararla. Al principio surgió a través del amor en las comunidades que estaban ligadas por la sangre, y de esta manera se superó el puro egoísmo. La misión del cristianismo ahora es encender en el hombre el amor que ya no está ligado a la sangre, es decir, que los hombres aprendan a encontrar el amor puro, donde el bienestar de uno no pueda ser concebido sin el bienestar del otro. Cualquier otra cosa no es un verdadero cristianismo. De esta manera, podemos caracterizar la evolución del hombre a una etapa superior. Pero el avance de la evolución hacia tal etapa ocurre en ciclos, no es una continuidad. Pueden ver estos ciclos ustedes mismos a través de una simple reflexión.

Ustedes saben cómo surge en la primera época de la Era Post-Atlante, una civilización que alcanza su culminación y debe volver a declinar, cómo alcanza su punto más alto en la evasión de la materialidad, pero cómo debe retroceder porque ha buscado su cultura sobre la base del no reconocimiento de la materia. Entonces ven cómo entra un nuevo ciclo con la antigua civilización persa, cómo conquista la Tierra a través del reconocimiento de la materia, en todo caso como un poder luchando contra el hombre, y que el hombre somete a través de su trabajo; nuevamente, esta cultura alcanza su culminación y se hunde en la decadencia. Pero una nueva civilización asciende, la egipcio-caldeo-asirio-babilónico, que ya no solo reconoce la materia, sino que la penetra con inteligencia humana, donde se investigan las órbitas de las estrellas, donde se edifican edificios de acuerdo con la sabiduría de las estrellas, de acuerdo con las leyes de la geometría. La materia ya no es un poder opuesto, sino que se refunde y se transforma, espiritualizándose. Y después de que la cultura egipcia-caldea-asiria-babilónica entra en decadencia, vamos más allá de la cultura greco-latina, donde en el arte griego el hombre ha transformado la materia de tal manera que ha formado su propia imagen en ella. Nunca antes había sido el caso, como en la escultura griega, la arquitectura griega y el drama, el ser humano imprimió su propia imagen en la materia. Y con la civilización romana vemos que se agrega la idea legal de la personalidad. Es solo una erudición bastante pervertida el decir que el concepto legal ya había existido antes; un hombre racional puede verlo a simple vista. El Libro de La Ley de Hammurabi es completamente diferente de lo que se creó en Roma como jurisprudencia. Esta es un producto romano genuino, porque la jurisprudencia surgió donde la personalidad creó también su imagen en la ley; en la ley, el hombre se coloca completamente en su propia personalidad. Uno debe estudiar y comparar el testamento de la Ley Romana con lo que se encuentra en el Libro de La Ley de Hammurabi, donde la personalidad del hombre tiene definitivamente su lugar en una teocracia. El “ciudadano romano” fue un nuevo elemento en el ciclo evolutivo de la humanidad. Y habrá un nuevo ciclo cuando los hombres hayan captado por completo lo que se presenta hoy como Teosofía. Vemos cómo cada ciclo en la civilización alcanza su máximo y vuelve a declinar y cómo cada nuevo ciclo tiene la tarea de llevar a la civilización más allá.

La firme posición de equilibrio le da al hombre la certeza de que puede ser redimido de la Tierra, en el esfuerzo por elevarse y luchar por la libertad real, que los Espíritus Luciféricos han impreso en la Humanidad. Así, el Principio de Cristo y los Espíritus Luciféricos trabajan juntos en la evolución del mundo y determinan las condiciones de la civilización. No tiene importancia que en los primeros siglos cristianos el principio luciférico fuera excluido y los hombres fueran referidos solo al Principio de Cristo. La humanidad seguramente conseguirá su logro de la libertad mediante la devoción completa al Principio de Cristo; porque el Principio de Cristo es tan omnipresente que solo puede captarlo el que busca abarcarlo en el nivel de la sabiduría más elevada. Echemos una mirada a los tiempos precristianos. Encontramos que las religiones existen allí como preparación para el cristianismo. Vemos religiones, es cierto, entre los hindúes y los persas, pero religiones adecuadas para las personas particulares del lugar donde han nacido. Son religiones nacionales, tribales, raciales, que aparecen con la coloración de la que han surgido, limitadas interiormente, porque de alguna manera todavía proceden de las almas grupales y están ligadas a ellas. Con la religión cristiana, entró un elemento en la evolución de la humanidad, que es el verdadero elemento de la evolución de la Tierra. Desde el principio, el cristianismo rompió todos los principios de las religiones anteriores. Se opuso abruptamente a la frase “el Padre Abraham y Yo somos uno”. Se opuso en primer lugar a la idea de que uno puede sentirse una unidad con algo que es solo un grupo humano. Por otro lado, el alma que mora en cada personalidad debe ser capaz de sentirse una con el eterno Fundamento del Mundo a quien llamamos el “Padre” y quien habita en cada alma, y esto se expresa en la oración: ” el Padre y Yo somos uno”. Y en contraste con el Antiguo Testamento que comienza con las palabras: “En el principio era la Luz”, el cristianismo establece las palabras del Nuevo Testamento: “En el principio primordial era la Palabra”. Con esto se dio uno de los mayores avances en la evolución a la Humanidad. Porque al referirse a la luz que surgió, uno habla, en la medida en que uno puede hablar de luz, de algo externamente visible. Los registros antiguos contienen un Génesis que establece lo físico como una manifestación de la luz. La “Palabra”, sin embargo, es lo que surge de la naturaleza interna del ser, y antes de que apareciera alguna manifestación de luz existía en el hombre “lo que era, lo que es y lo que está por venir”, es decir, el ser más íntimo del hombre. En el Principio Primordial no era la Luz, sino la Palabra. El Evangelio de San Juan no es un documento que pueda colocarse junto a los demás; expande a los otros de lo temporal a lo eterno.

Así que el cristianismo se encuentra allí, no como una religión que podría ser una religión nacional, sino, si se entiende correctamente, como una religión de la Humanidad. En eso el cristiano se siente uno con el “Padre” y el alma se confronta al alma, sin importar a qué pueblo o nación pertenece. Todas las divisiones deben desaparecer bajo las influencias del cristianismo, y la condición de Júpiter debe prepararse bajo la influencia de este principio.  El cristianismo, por lo tanto, ha comenzado como una religión, porque la humanidad se fundó en la religión. Sin embargo, la religión debe ser reemplazada por la sabiduría, por el conocimiento.

En la medida en que la religión descansa sobre la fe y no se inflama con el fuego del conocimiento pleno, es algo que debe ser reemplazado en el curso del progreso de la humanidad. Y mientras que anteriormente el hombre tenía que creer antes de poder llegar al conocimiento, en el futuro el pleno conocimiento brillará con luz y el hombre lo sabrá y desde allí ascenderá al reconocimiento de los mundos espirituales más elevados. Desde la religión, la humanidad evoluciona hacia la sabiduría, resplandeciente por el amor. Primero la sabiduría, luego el amor, después la sabiduría resplandeciendo a través del amor.

Ahora podemos preguntar: si la religión se fusiona con el conocimiento, si el hombre ya no recibe la religión según la forma antigua, es decir, si de acuerdo con su fe, se dirige a la sabiduría que guía la evolución ¿entonces el cristianismo tampoco existirá?. No habrá religión fundada en la mera fe. El cristianismo permanecerá; en sus orígenes era religión ¡pero el cristianismo es más grande que toda religión!. Esa es la sabiduría rosacruz. El principio religioso del cristianismo, tal como se originó, es más abarcador que el principio religioso de cualquier otra religión. Pero el cristianismo es aún más grande que el principio religioso en sí mismo. Cuando las capas exteriores de la fe caigan, brotarán en forma de sabiduría. Pueden despojarse por completo las envolturas de la fe y convertirse en sabiduría religiosa y la ciencia espiritual ayudará a preparar a los hombres para esto. Los hombres podrán vivir sin las antiguas formas de religión y fe, pero no podrán vivir sin el cristianismo, porque el cristianismo es más grande que toda religión. El cristianismo existe con el propósito de romper todas las formas de religión, y lo que llena a los hombres como cristianismo todavía existirá cuando las almas humanas hayan crecido más allá de toda mera vida religiosa.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Enero de 2018.

GA219c4. Ritmos de la vida terrenal y espiritual. Amor, Memoria, Vida Moral.

Rudolf Steiner — Dornach, 15 de diciembre de 1922

English version

Vamos a recordar lo que les he estado explicando sobre las experiencias del hombre entre la muerte y un nuevo nacimiento. Las diversas descripciones nos han permitido saber que esta vida, sobre todo en su período principal, en el tiempo medio entre la muerte y el renacimiento, es tal que el hombre vive en comunión con los Seres mencionados en el libro “La Ciencia Oculta” como los Seres de las jerarquías superiores. Esta vida del hombre en comunión con esos Seres superiores es comparable con la vida que tiene aquí, cuando está en el cuerpo físico, en comunión con los seres de los tres reinos de la Naturaleza. Básicamente hablando, todo en su ambiente terrenal pertenece a uno de los tres reinos de la Naturaleza: el mineral, el vegetal y el reino animal, o incluso el reino físico humano, que en esta conexión particular puede considerarse como perteneciente al reino animal.

El hombre tiene sus sentidos y, a través de sus impresiones sensoriales, vive en comunión con los seres de los tres reinos de la Naturaleza. Lo que se desarrolla en su vida de sentimiento entre el nacimiento y la muerte, en la medida en que es el resultado de experiencias que surgen de su entorno, también está relacionado con estos tres reinos de la Naturaleza. Lo mismo se aplica a lo que proviene de la voluntad, a saber, la acción humana. Así, entre el nacimiento y la muerte, el hombre se entrelaza con lo que sus sentidos le transmiten de los tres reinos de la Naturaleza.

De la misma manera entre la muerte y un nuevo nacimiento, en el tiempo indicado arriba, el hombre vive en los reinos superiores, entre los Seres de las Jerarquías Superiores. Esta vida junto con los Seres de las Jerarquías es, en realidad, todo acción, perpetua actividad. Hemos escuchado cómo se produce la semilla espiritual del cuerpo físico en cooperación con estos Seres superiores. Aquí en la Tierra, cuando nos percibimos o nos conectamos con las entidades que pertenecen a los tres reinos de la Naturaleza, nos sentimos fuera de ellos. Pero existe una condición entre la muerte y un nuevo nacimiento donde nos encontramos totalmente dentro de los Seres de las Jerarquías Superiores; estamos completamente entregados a ellos. Esa es una de las condiciones en las que vivimos —imagínenlo claramente— aquí en la Tierra, cuando, por ejemplo, elegimos una flor, el hecho se describe correctamente diciendo: “Escojo esta flor”. Pero si esta forma de hablar se aplicara a nuestra vida junto con los Seres de las Jerarquías Superiores, los hechos no se expresarían correctamente. Cuando hacemos algo en relación con estos Seres, debemos decir: este Ser actúa en nosotros. Por lo tanto, estamos en una condición que nos obliga todo el tiempo a no llamar a la actividad —en la cual, por supuesto, nosotros mismos participamos— nuestra propia actividad, sino la actividad de los Seres de las Jerarquías en nosotros. En verdad, tenemos una conciencia cósmica. Así como aquí sentimos el corazón, los pulmones y demás, dentro de nosotros, también sentimos que el mundo está dentro de nosotros, pero es el mundo de los Seres de las Jerarquías Superiores. Todo lo que ocurre es el resultado de una actividad en la que nosotros también estamos involucrados; pero para describir los hechos correctamente deberíamos decir: tal y tal Ser de las Jerarquías Superiores está actuando en nosotros.

Ahora la condición así descrita es solo una de las condiciones que se obtienen entre la muerte y un nuevo nacimiento. No podríamos ser hombres en el verdadero sentido si solo viviéramos en esta única condición. En el mundo espiritual entre la muerte y el renacimiento no podríamos ser capaces de soportar esta condición así como aquí en la Tierra no podríamos soportar la respiración sin exhalar. La condición que acabo de describir debe alternar con la otra, que consiste en borrar a través de nuestra conciencia cósmica todo pensamiento y sentimiento acerca de los Seres de las Jerarquías Superiores, borrando también toda voluntad que trabaje de esta manera en nosotros desde los Seres de las Jerarquías.

Por lo tanto, podemos decir que hay momentos durante la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento donde nos encontramos penetrados hasta la médula por los Seres de las Jerarquías Superiores y su resplandor. Los sentimos dentro de nosotros mismos. Pero hay otra condición, en la que primero suprimimos y después borramos por completo, esta conciencia de los Seres Superiores manifestándose en nosotros. Entonces, para usar términos terrenales, estamos “fuera de nuestro cuerpo”, la condición es por supuesto completamente espiritual, pero permítanme ponerlo de esta manera: estamos fuera de nuestro cuerpo. En esta condición, no sabemos nada del mundo que vive dentro de nosotros, pues estamos por así decirlo en la condición de ‘vuelvo a mi mismo’. Ya no vivimos en los otros Seres de las Jerarquías, sino que vivimos totalmente en nosotros mismos. Entre la muerte y un nuevo nacimiento, nunca deberíamos tener conciencia de nosotros mismos si viviéramos solo en una condición. Al igual que aquí en la Tierra, la inspiración debe alternar con la exhalación, o dormir con la vida despierta, así entre la muerte y un nuevo nacimiento debe haber una alternancia rítmica entre la experiencia interior del mundo de las Jerarquías dentro de nosotros y otra condición en la que nos retiramos a nosotros mismos.

Ahora, en cierto sentido, toda la vida terrenal es el resultado de lo que hemos experimentado en la existencia preterrenal entre la muerte y un nuevo nacimiento. Como recordarán, les he dicho cómo incluso las facultades en la vida terrenal del hombre como caminar, hablar y pensar son transformaciones de ciertas actividades en la existencia preterrenal. Hoy enfocaremos nuestra atención más específicamente a la vida del alma.

Lo que experimentamos en la existencia preterrenal al trabajar junto con los Seres de las Jerarquías Superiores deja en nosotros una herencia para nuestra vida terrenal, una tenue sombra de esta comunión con las Jerarquías. Si entre la muerte y un nuevo nacimiento no tuviéramos tal comunidad de vida con los Seres de las Jerarquías, no podríamos desarrollar, aquí en la Tierra, el poder del amor. El poder del amor que desplegamos aquí en la Tierra es, por supuesto, solo un reflejo tenue, una sombra de nuestra comunión con los Seres Espirituales de las Jerarquías Superiores entre la muerte y un nuevo nacimiento, pero es un reflejo de esa comunión. Que aquí en la Tierra podamos desplegar el amor humano, la comprensión hacia otro ser humano, se debe al hecho de que entre la muerte y un nuevo nacimiento pudimos vivir en comunión con los Seres de las Jerarquías Superiores.

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La visión científico-espiritual nos permite percibir lo que les sucede a aquellos que en vidas terrenales anteriores adquirieron poca aptitud —en breve hablaremos de cómo se adquiere—  para convivir durante el período apropiado después de la muerte con los Seres de las Jerarquías, en ciertos estados enteramente entregados a ellos. Tales hombres aquí en la Tierra son incapaces de desplegar el amor en el que hay una fuerza real, incapaces de desplegar ese amor que todo lo abarca y que se expresa con el poder de comprender al otro. Podemos decir con verdad: es entre los Dioses, en la existencia preterrenal, que adquirimos el don de observar a nuestro prójimo, de percibir cómo piensa y cómo se siente, de comprenderlo con simpatía interior. Si nos viéramos privados de esta relación con los dioses —como de hecho se puede llamar— nunca seriamos capaces de desplegar aquí en la Tierra ese conocimiento de otros seres humanos, el único que hace de la vida terrenal una realidad.

Cuando en relación con esto hablo de amor, y especialmente del amor humano que todo lo abarca, deben pensar que el amor tiene este significado real y concreto; deben pensar que es una comprensión genuina e íntima del otro hombre. Si al amor omnímodo de la humanidad se le agrega esta comprensión del prójimo, tenemos todo lo que constituye la moralidad humana. Pues la moralidad humana en la Tierra —si no se expresa meramente en frases vacías o en conversaciones refinadas o en resoluciones que no se llevan a cabo posteriormente— depende del interés que un hombre tenga por el otro, de la capacidad de ver al otro. Aquellos que tienen el don de comprender a otros seres humanos recibirán de este entendimiento los impulsos para una vida social impregnada de verdadera moralidad.

Entonces también podemos decir: todo lo que constituye la vida moral en la existencia terrenal ha sido adquirido por el hombre en la existencia preterrenal; de su comunión con los Dioses, ha permanecido en él el impulso de desarrollar, en el alma de todos modos, una comunidad en la Tierra también. Y es el desarrollo de una vida en la que un hombre, junto con el otro, cumple las tareas y la misión de la Tierra —es esto solo lo que en realidad lleva a la vida moral en la Tierra. Así vemos que el amor y el resultado del amor, la moralidad, es en realidad una consecuencia de lo que el hombre ha experimentado espiritualmente en la existencia preterrenal.

Ahora pensemos en la otra condición en la vida entre la muerte y el renacimiento, cuando la conciencia del hombre de la comunión con los Seres de las Jerarquías Superiores se ha atenuado, cuando, como en el sueño terrenal, las impresiones del entorno son silenciadas, cuando la comunión deliberada con los Seres superiores cesa y el hombre “vuelve en sí”. Esta condición también tiene una consecuencia, un eco, un patrimonio, aquí en la vida terrenal, y este patrimonio es la facultad de la Memoria.

La posibilidad de que tengamos experiencias en un momento definido y después de un lapso de tiempo, extraer de la profundidad de nuestro ser algo que trae imágenes de estas experiencias a nuestra conciencia —esta facultad de la memoria que es tan necesaria en nuestra vida terrenal, es un reflejo tenue, una sombra, de nuestro estado independiente de vida en el mundo espiritual. Aquí en la Tierra solo podríamos vivir el momento que pasamos en nuestra vida pasada solo unos pocos años después del nacimiento, si entre la muerte y el nuevo nacimiento no hubiéramos podido emerger, por así decirlo, de la vida universal para estar completamente solos, solos en nosotros mismos.

Mientras dormimos aquí en la Tierra, nuestros cuerpos físico y etérico están en la cama; nuestro cuerpo astral y nuestro yo están fuera de los ambos cuerpos, entonces están en condiciones de experimentar —inconscientemente, es verdad— el ambiente anímico espiritual. El hombre está inconsciente entre el dormir y el despertarse. Sin embargo, como ya he dicho, realmente tiene experiencias durante el sueño, algunas de las cuales también he descrito. Pero no entran en el campo de la conciencia, y en la vida terrenal esto es necesario. ¿Cuál es el motivo?.

Si desde el momento de dormirse hasta el de la vigilia experimentamos lo que hacemos, de hecho, experimentamos con nuestro yo y con nuestro cuerpo astral, con tanta fuerza e intensidad que somos capaces de llevarlo a la conciencia, entonces, cada vez que estamos despiertos también deberíamos querer impresionar en los cuerpos físicos y etéricos, lo que experimentamos en el sueño; deberíamos querer hacer que nuestro cuerpo físico y nuestro cuerpo etéreo se conviertan en algo diferente de lo que son. Quien tiene conocimiento de lo que se experimenta entre el dormirse y el despertarse, debe acostumbrarse a un acto de renuncia. Debe poder decirse a sí mismo: “Me abstendré del deseo de presionar lo que experimento con mi yo y mi cuerpo astral durante el sueño en el cuerpo físico y etérico, porque en la vida terrenal estos cuerpos no podrían soportarlo”.

Es bastante posible hablar de manera grotesca sobre estas cosas, de hecho les puede parecer casi cómico, aunque lo que se dice se entienda muy en serio. Durante el sueño, el hombre de hecho experimenta imágenes del Cosmos. Debido a esto, continuamente se siente tentado, como resultado de su sueño, a darse, por ejemplo, un semblante diferente. Si lo que de hecho no llega a su conciencia pudiera elevarse, siempre estaría deseando cambiar su rostro, porque el rostro que realmente tiene le recordaría constantemente las faltas de antiguas vidas terrenales. Por la mañana, antes de despertar, en realidad hay una gran necesidad en el hombre de hacer con el cuerpo físico algo así como revestirlo. Quien tenga conocimiento de esto debe abstenerse conscientemente de ceder ante el impulso; de lo contrario, caería en una condición completamente desorganizada; perpetuamente estaría tratando de cambiar todo su organismo, especialmente si en un aspecto u otro no es muy saludable, o si algo está mal en él.

Pero durante la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento lo experimentamos tan conscientemente, que esta conciencia conduce a la formación y configuración de nuestro próximo cuerpo físico. Si esto fuera hecho solo por nosotros, no le daríamos la forma al cuerpo físico de acuerdo con nuestro karma. Sin embargo, lo formamos realmente junto con los Seres de las Jerarquías Superiores, Seres que vigilan nuestro karma. Y así obtenemos los ojos, la nariz, etc., que con toda probabilidad no nos habríamos dado, si nos hubiera sido concedido. Porque hay ciertos momentos entre la muerte y un nuevo nacimiento cuando somos intensamente egoístas —precisamente en esos momentos en que la conciencia de nuestra conexión con los Seres de las Jerarquías Superiores se ha atenuado— que nuestras experiencias son entonces tan fuertes e intensas que, a partir de las fuerzas que contienen, podemos formar el cuerpo físico; y de hecho, lo formamos.

Esta es una experiencia de tal intensidad que contiene en ella la semilla de la creación actual. Entonces, a través del hecho de que está muy atenuado en la vida terrenal, tiene efecto en parte como amor terrenal y en parte como la facultad del recuerdo, como memoria.

Aquí en la Tierra, el hecho de que nos sintamos dentro de un yo, depende de la memoria. Si viviéramos solo en el presente y no tuviéramos recuerdos, nuestro yo no tendría coherencia interna. De hecho, como he dicho a menudo, no deberíamos poder sentirnos con un yo fuertemente marcado en absoluto. Pueden entender cómo la memoria se convierte en una facultad terrenal similar a la sombra. Surge a través del hecho de que en la existencia preterrenal, en el mundo espiritual, está presente una facultad de tremendo poder  —la facultad por la cual en esos períodos en que “volvemos a nosotros mismos” preparamos nuestro cuerpo de acuerdo con las instrucciones recibidas de los Seres de las Jerarquías Superiores, cuando, en el otro estado de la existencia, vivíamos en unión con ellos.

Esta facultad trabaja, al principio, como una fuerza formativa, en nuestro cuerpo. En el niño, siempre que no tenga la conciencia que le lleva a la memoria —es decir, en el período más temprano de la infancia— esta fuerza creativa entra y trabaja con más ahínco con las fuerzas del crecimiento. Entonces, algo que es más sutil, más enrarecido, es como si se separara de estas potentes fuerzas y esta es la facultad humana de la memoria.

El hecho de que aquí en la Tierra también, el hombre viva principalmente en sí mismo, está nuevamente conectado con esta facultad de la memoria. La memoria también está muy relacionada con el egoísmo humano, por un lado, y, por el otro, con la libertad humana. La libertad se convertirá en realidad en el ser humano en cuya vida en la Tierra hay un verdadero eco de lo que se experimenta en la existencia preterrenal como una especie de ritmo: es decir, sentirse unido a los Seres de las Jerarquías, liberarse, y entrar en unión nuevamente, y así sucesivamente. Aquí en la Tierra las experiencias se expresan, no como un ritmo, sino como dos facultades humanas coexistentes: la facultad del amor y la facultad de la memoria. Pero un cierto patrimonio de este ritmo en la existencia preterrenal puede permanecer con el hombre. Si esto es así, también en la vida terrenal, en él se establecerá la verdadera relación entre la memoria y el amor. Él podrá, por un lado, desarrollar comprensión, comprensión amorosa hacia otros hombres. Y, por otro lado, desde su experiencia del mundo junto con otros seres humanos, su propio pensamiento recordatorio contribuirá a su propio desarrollo, al fortalecimiento de su propia naturaleza.

Una verdadera relación de este tipo puede permanecer como un legado del ritmo que es esencial en la existencia preterrenal. Pero la verdadera relación también puede estar alterada. Puede ser, por ejemplo, que un hombre solo esté dispuesto a guiarse por lo que él mismo ha experimentado. Este rasgo se acentúa mucho cuando el hombre tiene poco interés en lo que otros experimentan, poca facultad de mirar dentro de los corazones y las mentes de otros, cuando su interés se limita casi por completo a lo que gradualmente se acumula en su propia reserva de recuerdos. De nuevo, esto está íntimamente conectado con su yo, y así se intensifica el egoísmo.

Tal hombre se “desencaja” de sí mismo, porque le falta la verdadera relación que existe entre la muerte y el renacimiento; un cierto ritmo no está allí. Y al mismo tiempo, cuando un hombre solo se interesa en lo que se amontona en su propia alma, cuando todo el tiempo se preocupa solo de si mismo, entonces se vuelve cada vez menos apto —si puedo decirlo así— para las experiencias entre la muerte y un nuevo nacimiento. Al interesarse solo en sí mismo, el hombre se aparta, en cierto sentido, de la comunión con los Seres de las Jerarquías Superiores.

Un hombre en quien el amor y la memoria están justamente interrelacionados desarrolla el sentimiento de la verdadera libertad humana en lugar de la introspección egoísta. Porque en otro aspecto, este sentimiento de libertad humana también es un eco del surgimiento de la comunión con los Seres de las Jerarquías Superiores entre la muerte y un nuevo nacimiento.  La sensación de libertad es la consecuencia saludable de esa emergencia; el egoísmo es la consecuencia malsana. Y como la vida junto con los Seres de las Jerarquías Superiores entre la muerte y un nuevo nacimiento es la base de la moralidad del hombre en la Tierra, la necesaria emergencia de la vida en comunión con ellos es a la vez la base de la inmoralidad de la Tierra. Por lo tanto, el necesario surgimiento de la vida en comunión con ellos es al mismo tiempo la base en la Tierra de la inmoralidad de los hombres, de su separación entre sí, de las acciones de parte de uno que trasciende las acciones del otro, y etcétera. Porque esto está en la raíz de toda inmoralidad. Entonces, ven que es necesario que el hombre sea consciente de que lo que puede aparecer aquí en la Tierra como algo perjudicial, tiene un significado definido para los mundos superiores. También en la Tierra, el aire que inhalamos es saludable, mientras que el aire que exhalamos no es saludable, es capaz de generar enfermedades, ya que en realidad exhalamos ácido carbónico. Así también, lo que subyace en la inmoralidad aquí en la Tierra es algo que es necesario para nuestra experiencia en el mundo espiritual.

Estas conexiones deben estudiarse porque, en efecto, la moralidad y la inmoralidad no pueden explicarse realmente a la luz de las condiciones terrenales. Cualquiera que intente tales explicaciones estará inevitablemente en el camino equivocado. Porque el hecho de que el hombre sea moral o inverso, se relaciona, en su vida anímica con el mundo suprasensible. Y podemos decir: al dirigir las mentes de los hombres hacia el estudio de esta relación con el mundo espiritual, la Ciencia Espiritual ha hecho posible, por primera vez, adquirir una base para comprender lo moral. Para una visión del mundo que solo reconoce la validez de la ciencia que trata con el mundo de la Naturaleza, la moral solo puede consistir en ilusiones que surgen de los procesos de la Naturaleza que se supone que también siguen su curso en el hombre.

Supongamos por un momento que la nebulosa cósmica de Kant Laplace, con sus fuerzas y leyes mecánicas, realmente constituyó el comienzo de la existencia de la Tierra; supongamos que de estas nebulosas giratorias, a través del funcionamiento de las leyes neutrales de la Naturaleza, hubieran surgido los reinos de la existencia terrenal, y finalmente el Hombre. Si eso fuera así, los impulsos morales del hombre serían meros sueños. Porque todo lo que él llama moral pasaría cuando, de nuevo de acuerdo con las leyes mecánicas, la Tierra llegara a su fin. Ninguna vindicación de la realidad de la vida moral puede surgir de tal visión del mundo si se lleva honestamente a sus conclusiones. La reivindicación de lo moral solo puede resultar cuando, como en la Ciencia Espiritual antroposófica, se revelan esos reinos de la existencia donde lo moral es tanto una realidad como el mundo de la Naturaleza es una realidad aquí en la vida entre el nacimiento y la muerte. A medida que las plantas crecen y florecen aquí, entre la muerte y un nuevo nacimiento, se desarrollan ciertas actividades cuando el hombre está entre los Dioses. Estas actividades son el elemento moral en su realidad, la realidad del elemento moral. En ese ámbito, lo moral tiene realidad, mientras que en la Tierra solo hay un reflejo de esa realidad. Pero el hombre, debemos recordar, pertenece a ambos mundos. Por lo tanto, para él, si puede percibir estos hechos a la luz de la Ciencia Espiritual, el mundo moral tiene realidad, pero el conocimiento de esta realidad nunca puede derivarse de la existencia física.

Aquí tienen una razón por la cual es necesario que el hombre adquiera comprensión de la Ciencia Espiritual. Sin la Ciencia Espiritual, no podría ser honesto con su conocimiento. Él no podría atribuir honestamente la realidad al mundo moral, porque no está dispuesto a investigar el reino donde yace esa realidad. Es de tremenda importancia entender una frase como esta de la manera correcta. Pero aún hay otro aspecto en el que quiero enfatizar cuán necesario es para el hombre el conocimiento que se puede obtener a través de la Ciencia Espiritual. Aquí de nuevo tendremos que volvernos a las realidades del otro mundo.

Cuando ya logramos el conocimiento imaginativo —el conocimiento que nos permite vivir en el mundo etérico en lugar de hacerlo en el mundo físico, donde en vez de cosas físicas percibimos las actividades (las actividades que están) en el éter— y cuando esto se logra, el espacio tridimensional tal como está en la Tierra se aleja de nuestro campo de experiencia. Hablar de un espacio tridimensional no tiene ningún significado, porque estamos viviendo en el tiempo. Por lo tanto, desde otros puntos de vista he hablado del cuerpo etérico como un organismo del tiempo. He dicho, por ejemplo, que aquí, en el organismo espacial, tenemos la cabeza y, digamos, la pierna; y si picamos o nos cortamos la pierna, la cabeza lo sentirá. Espacialmente, en este cuerpo espacial, un órgano está conectado con los demás. Entonces en el cuerpo del tiempo que consiste en procesos —procesos donde todo lo que yace en los fundamentos más profundos de nuestra naturaleza humana entre el nacimiento y la muerte está involucrado— cada detalle está conectado con todos los demás.

Recordarán que en las conferencias sobre educación, he dicho que si a cierta edad en la niñez hemos aprendido a tener reverencia, este poder de reverencia se transforma en años posteriores en un poder de gentileza y bendición que puede transmitirse a otros hombres. Por otro lado, aquellos que en su niñez nunca fueron capaces de venerar de la manera verdadera no pueden desplegar este poder para bendecir en la vida posterior. Así como en el organismo espacial, el pie o la pierna está conectado con la cabeza,  la juventud está conectada con la vejez y la vejez con la juventud. Es solo para la visión física externa que el mundo fluye en una dirección, del pasado al futuro. Para una visión más elevada también existe el flujo inverso, del futuro al pasado. Es en esta corriente, como ya he descrito, en la que entramos después de la muerte, viajando hacia atrás.

En el organismo del tiempo, todo está interconectado. Si el organismo espacial como un todo debe estar en orden, no puedes eliminar los órganos esenciales de él. No puedes, por ejemplo, eliminar una parte considerable de tu rostro sin arruinar todo el organismo. Del mismo modo, no puedes eliminar nada del hombre que siga su curso en el tiempo. Imaginen que en el organismo espacial, en el lugar donde están los ojos, hubiera un crecimiento bastante diferente: en lugar de ojos, algún tipo de tumor. Entonces no podrían ver porque los ojos están situados en un lugar definido en el organismo espacial y también en el organismo del tiempo —y ahora me refiero no solo al organismo del tiempo entre el nacimiento y la muerte, sino también al organismo del tiempo en el hombre que va más allá de todos los nacimientos y muertes— en este organismo del tiempo se incorpora todo lo que existe entre el nacimiento y la muerte y que en esta vida se desarrolla a través de conceptos, ideas, imágenes mentales, de un mundo espiritual. Y lo que así se desarrolla son los ojos para contemplar la existencia suprasensible. Si entre el nacimiento y la muerte no se desarrolla el conocimiento del mundo suprasensible, esto significará ceguera en la vida en el mundo suprasensible entre la muerte y el nuevo nacimiento, así como la ausencia de ojos significa ceguera en el organismo espacial. El hombre pasa por la muerte incluso si en la Tierra no adquiere ningún conocimiento del mundo suprasensible; pero entra entonces en un mundo donde no ve nada, donde solo puede andar a tientas.

Esta es la experiencia agonizante que es el corolario natural de la era materialista para alguien que tiene una verdadera percepción de la Ciencia de la Iniciación hoy. Él ve cómo los hombres en la Tierra caen en el materialismo; pero también sabe lo que significa este lapso para la vida espiritual. Él sabe que significa la erradicación de los ojos, que en la existencia que les espera después de la muerte, los hombres solo podrán andar a tientas. En la antigüedad, cuando existía un conocimiento instintivo del mundo suprasensible, los hombres pasaban por la puerta de la muerte y podían ver. Ese antiguo conocimiento instintivo suprasensible ahora está extinto. Hoy, el conocimiento espiritual debe ser adquirido conscientemente, el conocimiento espiritual, digo, no la clarividencia. Como siempre he enfatizado, la clarividencia también se puede lograr, pero eso no es lo esencial aquí. Lo esencial es que lo que se descubre a través de la investigación clarividente se entienda —como se puede entender— por la razón humana ordinaria, la razón humana sana. La clarividencia es necesaria para investigar estas cosas, pero no es necesaria para adquirir la facultad de ver en el mundo suprasensible después de la muerte. Y cualquiera que declare que el conocimiento ordinario adquirido a través de la sana razón humana no le da ojos para una existencia suprasensible, sino que para esto necesita clarividencia: cualquiera que hable así podría declarar que el hombre no puede pensar a menos que sus ojos piensen. Tan poco como en la vida física, necesitamos los ojos para pensar, el conocimiento de los mundos suprasensibles necesita clarividencia para los propósitos que estoy indicando hoy.

Naturalmente, no habría conocimiento suprasensible en la Tierra si no hubiera clarividencia; pero incluso el vidente debe hacer inteligible de la manera ordinaria lo que ve en lo suprasensible. No importa cuán poderosa sea la facultad clarividente de un hombre en la vida terrenal, por más clara que sea su visión del mundo espiritual, si fuera demasiado fácil para traer a la forma de ideas lógicas e inteligibles lo que ve en el mundo espiritual, aún estaría cegado en el mundo espiritual después de la muerte.

Lo que constituye el gran sufrimiento para alguien que tiene una idea de la Ciencia Espiritual moderna es que debe admitir: el materialismo hace a los hombres ciegos cuando pasan por la puerta de la muerte. Y aquí de nuevo hay algo que demuestra lo significativo que es para toda la existencia cósmica si el hombre de hoy se inclina hacia el conocimiento suprasensible o no. El momento en que es esencial para él ha llegado; el mismo progreso de la humanidad depende de que el hombre adquiera el conocimiento suprasensible.

 

Traducido por Gracia Muñoz en diciembre de 2017.