GA232c1. Centros de Misterios

Conferencia I

Dornach, 23 de Noviembre de 1923

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Comenzaré hoy con la vida anímica del hombre, y seguiré desde ahí hasta penetrar en los secretos cósmicos.

Comencemos con algo de lo más simple. Consideremos la vida anímica de un ser humano tal y como se ve cuando lleva su meditación más allá del punto que tuve especialmente en cuenta cuando escribí los artículos en el semanario del Goetheanum sobre la Vida del Alma (GA 36 N.T.) Consideraremos la vida del alma más íntimamente de lo que se hizo en los artículos del semanario. Aquellos cuatro artículos sobre la vida del alma forman una especie de introducción, una preparación para aquello que vamos a considerar ahora.

Cuando meditamos de una manera amplia y exhaustiva, vemos cómo esta vida anímica puede elevarse hasta un nivel superior. Comenzamos por dejar que el mundo exterior actúe sobre nosotros –hacemos esto desde la niñez– y después nos vamos formando pensamientos sobre aquello que encontramos en ese mundo exterior. Somos realmente seres humanos cuando permitimos que las impresiones del mundo exterior continúen viviendo en nuestros pensamientos, elaborándolas interiormente, creando un mundo de imágenes mentales, que en cierto modo reflejen las impresiones realizadas sobre nosotros desde el exterior. No estamos haciendo nada especialmente útil para la vida anímica si simplemente nos formamos una serie de pensamientos sobre cómo el mundo exterior se refleja en nuestra alma, pues al actuar así sólo logramos lo que yo llamaría una imagen sombría del mundo de las ideas en nuestra alma. Realmente practicamos una mejor meditación si enfocamos nuestra atención más bien en la energía interior, en el intento de entrar vívidamente en el elemento del pensamiento, sin mirar al mundo exterior, y ahondamos en lo que nos ha llegado como impresiones procedentes del mundo exterior. Por tanto un hombre puede ser conducido, según su disposición, al mero pensamiento abstracto. Puede crear sistemas planetarios, o puede realizar esquemas sobre cualquier cosa imaginable en el mundo, etc. mientras otro puede reflexionar sobre las cosas que le han causado una impresión, mediante la prolongación de sus pensamientos más allá del período de la percepción, podría quizás desarrollar algún concepto incluso más imaginativo.

No entraremos más en la manera en que, según el temperamento o el carácter u otras influencias sobre un hombre, este pensamiento interno, esta meditación desprovista de impresiones externas, puede desarrollarse, pero reconoceremos el hecho de que es un asunto de especial importancia cuando nos retiramos respecto a nuestros sentidos del mundo exterior y vivimos en nuestros pensamientos e ideas, haciéndolos girar aún más lejos, a menudo tal vez en una dirección de solo meras posibilidades.

Mucha gente considera innecesario desarrollar esta vida del pensar, en la dirección de las meras posibilidades. Incluso en estos tiempos difíciles uno puede ver a la gente ocupada todo el día con sus asuntos (que por supuesto supone una actitud necesaria para la afrontar la vida exterior); posteriormente se reúnen en pequeños grupos, jugando a las cartas o al dominó o cosas similares, para, como se dice frecuentemente, pasar el tiempo. No sucede a menudo, sin embargo, que la gente se reúna en tales grupos para intercambiar pensamientos, por ejemplo, sobre las cosas en las que estuvieron ocupados durante el día, y considerar qué habría sucedido si esto o aquello hubiera sido diferente. No están tan interesados en esto como en jugar a las cartas, pero sería una prolongación de los pensamientos, y si conserváramos un sentido suficientemente sólido de la realidad, tal continuación de nuestros pensamientos no necesitarían convertirse en algo fantasioso.

Esta vida de pensamientos conduce finalmente a lo que ustedes encuentran si leen La Filosofía de la Libertad de la manera correcta. Si ustedes leen La Filosofía de la Libertad de la manera correcta deben familiarizarse con ese sentimiento de vivir en los pensamientos. La Filosofía de la Libertad se halla completamente extraída de la realidad, y al mismo tiempo procede enteramente del pensamiento real. Encontrarán por tanto una tonalidad fundamental en esta obra. La concebí en los años 80 y la escribí a comienzos de 1890, y ciertamente puedo decir que de todos aquellos que en aquel momento estuvieron en posición de conocer el núcleo de esta Filosofía de la Libertad, encontré por doquier incomprensión. Esta falta de entendimiento surge por una razón definida. Los seres humanos, incluso los llamados pensadores actuales, en realidad sólo llegan tan lejos en su pensamiento como para experimentar en este una imagen del mundo de los sentidos exterior; y luego dicen: quizás podría llegar al pensamiento del hombre algo del mundo suprasensible, pero tendría que entrar de la misma manera que lo hacen una silla o una mesa que está fuera de nosotros, y que nuestro pensamiento reconoce como algo que está fuera de nosotros. Así este pensamiento que vive en nuestro interior tendría que ser capaz de experimentar de una u otra manera algo suprasensible, exterior al hombre, de la misma forma que la mesa o la silla están fuera de nosotros y se pueden experimentar. De alguna forma parecida, Edward von Hartmann concibió esta actividad del pensamiento.

Este libro, La Filosofía de la Libertad llegó entonces a ser conocido. En este libro el pensamiento es tan experimentado que en la experiencia del pensamiento se llega a esta realidad, a saber que si un hombre realmente experimenta el pensamiento, vive, aunque al principio algo indefinidamente, en el cosmos, esta unión del hombre en su experiencia pensante más íntima con los secretos cósmicos es el nervio raíz de la Filosofía de la Libertad. Así, en este libro se encuentra la frase: “Al pensar, el hombre descubre un borde del velo del secreto cósmico”. Esto se expresa quizás simplemente, pero se supone que cuando un hombre realmente experimenta el pensamiento, ya no se siente fuera del secreto cósmico, sino dentro de él, ya no está fuera de la Esencia divina sino dentro de Ella. Cuando un hombre alcanza la realidad del pensar en sí mismo, alcanza lo Divino dentro de sí mismo.

Era este hecho el que no podía entenderse. Pues si un hombre realmente lo entiende, si realmente se ha tomado la molestia de adquirir esta experiencia de pensar, ya no descansa en el mundo en el que estaba antes, sino que vive en el mundo etérico. Está viviendo en un mundo que conoce: no está condicionado desde ninguna parte del espacio físico terrenal, sino por toda la esfera cósmica.

Ya no puede dudar del orden y de la realidad de la esfera cósmica etérica si han captado el pensamiento tal como está reflejado en la Filosofía de la Libertad. Así se llega a lo que puede llamarse experiencia etérica. Cuando un hombre entra en esta experiencia, realmente hace un notable paso adelante en la totalidad de su vida.

Puedo caracterizar este paso así: Si pensamos con la conciencia ordinaria, nos decimos: en esta habitación hay mesas, sillas, seres humanos, y así sucesivamente. Podemos pensar quizás en muchas más cosas también; pero pensamos en estas cosas como algo fuera de nosotros. Así comprendemos estas cosas en nuestro pensamiento –y hay diversas cosas fuera– desde el punto central de nuestro ser. Todo hombre es consciente de esto; quiere comprender las cosas del mundo con su pensamiento.

Si, sin embargo, hemos adquirido la experiencia del pensar que se acaba de caracterizar, ya no es el mundo lo que debemos comprender. El hombre no está tan atrapado, como yo diría, en su propio yo; sucede algo totalmente diferente. Tiene la sensación de que, con su pensamiento, ya no se limita a un solo lugar, puede captarlo todo interiormente. Siente que está contrayendo al hombre interior. Así como en su pensamiento ordinario extiende los sentidos espirituales hacia fuera, cuando experimenta el pensamiento dentro de él se extiende continuamente a su propio ser. El hombre mismo se convierte en el objeto.

Esta es una experiencia muy importante que cualquiera puede tener cuando se hace consciente de que: anteriormente tú siempre comprendías el mundo; ahora que tienes esta experiencia del pensamiento, debes comprenderte a ti mismo. El resultado de este proceso de intensa auto-comprensión es que él pasa más allá de su piel.

Y así como él interiormente se aferra a sí mismo, también se aferra desde dentro a todo el éter cósmico, no en sus detalles, naturalmente, pero gana la convicción de que este éter se extiende sobre la esfera cósmica dentro de la cual él existe junto con las estrellas, Sol y luna, etc.

Una segunda cosa que el hombre puede desarrollar en la vida interna de su alma es el poder de no ser estimulado inmediatamente en sus pensamientos desde el exterior, de no prolongar estos pensamientos y seguir entretejiéndolos, sino de entregarse a sus recuerdos. Si hace esto, y realmente hace de sus recuerdos una experiencia interior, entonces e resultado es una experiencia bastante definida. La experimentación ya descrita del pensamiento conduce al hombre hacia sí mismo, se comprende a sí mismo; y obtiene una cierta satisfacción en esta comprensión de su propio ser interior.

Cuando, sin embargo, pasa a la experiencia de la memoria, entonces, si se sobrelleva internamente de la manera correcta, acercarse a uno mismo finalmente no parece ser ya lo más importante. Esto es lo que sucede en la experiencia del pensamiento. Por eso uno encuentra en el pensamiento esa libertad que depende enteramente del elemento personal humano. Por tanto, una filosofía de la libertad debe comenzar por la experiencia del pensar, porque el hombre llega de ese modo a su propio ser; se encuentra a sí mismo como una personalidad libre. Esto no sucede con la experiencia de la memoria. En la experiencia de la memoria, si un hombre la sigue seriamente y se sumerge completamente en su memoria, adquirirá finalmente el sentimiento de hacerse libre de sí mismo, de alejarse de sí. Por tanto esos recuerdos que le permiten a uno olvidar el presente son de lo más satisfactorio. (No diré que es siempre lo mejor, pero es, en muchos casos, lo más satisfactorio).

Podemos obtener una idea del valor de la memoria si podemos concebir recuerdos que nos “saquen” al mundo, a pesar del hecho de que podamos estar completamente disconformes con el presente y nos gustaría alejarnos de él. Si podemos desarrollar recuerdos de tal naturaleza que nuestra vida de sentimiento se intensifique mientras nos entregamos a ellos, esto aporta lo que podría llamar una especie de preparación para lo que los recuerdos pueden llegar a ser cuando se hacen mucho más reales.

Ustedes pueden convertir en recuerdo en una experiencia real si recuerdan con el máximo realismo posible algo que realmente experimentaron digamos hace 10, 20 o 30 años. Solamente indicaré cómo puede hacerse. Supongan que repasan antiguos y queridos documentos y buscan, digamos, cartas antiguas que ustedes escribieron o que recibieron en alguna ocasión. Sitúen estas cartas ante ustedes, y por medio de ellas vivirán intensamente en el pasado. O quizás una manera mejor puede ser no tomar las cartas que ustedes han escrito, o que otras personas les han escrito, porque en esto entra demasiada subjetividad; sería mucho mejor, si son capaces de hacerlo, tomando sus antiguos libros de texto de la escuela y mirarlos como lo hicieron mucho tiempo atrás cuando realmente se sentaban frente a ellos cuando eran niños en la escuela, y de esta forma traen de vuelta a sus vidas algo que existió anteriormente. Esa es una experiencia realmente extraordinaria. Si llevan a cabo algo de esta naturaleza ustedes modifican completamente la actitud anímica  que poseen en el presente. Es muy extraordinario. Pero deben ser un poco ingeniosos en relación a esto, y hay toda una serie de cosas que pueden ayudarles. Una dama, por ejemplo, quizás pueda encontrar en algún rincón un vestido o alguna prenda que llevó hace 20 años; se lo pone y se transporta de ese modo a la posición en que estaba en aquel momento; o algo de naturaleza similar que pueda traer el pasado con la máxima realidad posible al presente. De esta manera ustedes serán capaces de separarse profundamente de su experiencia presente.

Cuando tenemos experiencias con nuestra consciencia actual en realidad permanecemos demasiado íntimamente en las experiencias, demasiado cerca para que de las experiencias resulte algo, por así decirlo. Debemos ser capaces de permanecer alejados. El hombre está más alejado de sí mismo cuando duerme que cuando está despierto; pues él se sitúa entonces fuera de sus cuerpos físico y etérico con su cuerpo astral y su yo. Cuando ustedes invocan realmente experiencias anteriores al presente, como acabo de describir, se acercan entonces al cuerpo astral que se sitúa fuera del cuerpo físico durante el sueño. Puede que al principio no crean que tal vivificación de las experiencias pasadas por medio de una antigua prenda pueda tener el poderoso efecto que he indicado, pero en realidad sólo se trata de que ustedes mismos experimenten con estos temas. Si ustedes realizan el experimento y realmente evocan en el presente lo que se experimentó en años pasados de tal forma que puedan vivir en ello y olvidar completamente el presente, verán que se acercan mucho a su cuerpo astral, a su cuerpo astral del sueño.

Ahora bien, si ustedes esperan que sólo sea necesario mirar a la derecha o a la izquierda para ver su cuerpo astral como una forma de nube, quedarán defraudados, pues esto no sucede de esa manera; deben prestar atención a lo que sucede realmente. Lo que sucede realmente es que, por ejemplo, después de un cierto tiempo, a través de tales experiencias, pueden gradualmente ver el amanecer de una nueva forma; pueden tener un nuevo sentimiento al ver un amanecer. Gradualmente, a lo largo de este camino llegarán a experimentar el calor del amanecer como algo de naturaleza profética, como si estuviera anunciando algo, como si el amanecer tuviera una fuerza profética natural en sí. Comenzarán a sentir el amanecer como algo espiritualmente poderoso, y serán capaces de relacionar el significado interior de esta fuerza profética, de forma que obtendrán un sentimiento, que al principio podrán confundir con una ilusión, de que el amanecer está relacionado con su propio ser.

amanecer

A través de experiencias como las que he descrito, se puede gradualmente llegar a una condición en la que se siente al ver el amanecer: “El amanecer no me deja solo. No está simplemente allí mientras yo estoy aquí; estoy interiormente unido a este amanecer; es una cualidad de mi propio sentimiento interior. Yo mismo soy el amanecer en este momento” Cuando se sientan así unidos con el amanecer de tal modo que se experimenten a ustedes mismos como el color, radiación y resplandor, la aparición del sol a partir de los colores y de la luz, de tal forma que en su propio corazón surja un sol, por así decirlo, a partir del fulgor de la mañana como un sentimiento viviente, entonces también sentirán como si estuvieran viajando con el sol sobre la cúpula del cielo; sentirán que el sol no les deja solos, el sol no está allí mientras ustedes están aquí, sino que sentirán que su existencia se extiende en cierto sentido hasta la existencia solar y que viajan con la luz a lo largo del día.

Si desarrollan este sentimiento que, como hemos dicho, no proviene del pensamiento –pues de esa manera sólo se puede llegar al hombre mismo– sino que pueden desarrollar a partir del recuerdo de la forma indicada, cuando desarrollan esta experiencia a partir de sus recuerdos, o mejor dicho a partir de las fuerzas del recuerdo, entonces las cosas que percibían anteriormente con sus sentidos físicos comienzan a tener un aspecto diferente; comenzarán a ser espiritual y psíquicamente transparentes. Cuando un hombre ha alcanzado este sentimiento de viajar con el sol, de obtener fuerzas del amanecer al acompañar al sol, observa todas las flores de la pradera con un aspecto diferente. Las flores no permanecen pasivas, mostrando los colores rojos o amarillos que tienen en su superficie sino que comienzan a hablar. Hablan a nuestros corazones de una manera espiritual. Las flores se vuelven transparentes. La parte espiritual de la planta se agita interiormente, y la floración se convierte en una especie de lenguaje. De esta manera el hombre une realmente su alma con la vida exterior de la naturaleza, y obtiene así la impresión de que existe algo detrás de la existencia de la naturaleza, de que la luz con la que se ha unido es portada por Seres espirituales, y en estos Seres espirituales él llega a reconocer gradualmente las características de aquello que ha sido presentado por la Antroposofía.

Consideremos ahora las dos etapas del sentimiento que he descrito. Tomemos el primer sentimiento que puede producirse a través del pensamiento como una experiencia interior; esta experiencia interior del pensamiento le lleva a uno lejos, y el sentimiento de estar en un espacio limitado desaparece completamente. La experiencia del hombre se amplía; siente con bastante claridad que en su ser interior hay un aspecto que se expande abarcando el cosmos completo, y que es de su misma sustancia. Se siente uno con el mundo entero, con la sustancialidad etérica del mundo; pero también siente que al estar sobre la Tierra, sus pies y piernas son atraídos por la gravedad. Siente que, con toda su naturaleza humana, se halla vinculado con este planeta. Pero en el momento en que el hombre tiene esta experiencia de pensamiento ya no se siente vinculado con la Tierra, sino que se siente dependiente de las vastedades de la esfera cósmica. Todo proviene del universo, ya no desde abajo, desde el centro terrestre, sino que todo proviene de las vastedades del espacio (de la periferia espacial). Uno siente que si ha de comprender al hombre, este sentimiento de fluir desde el espacio debe estar allí presente.

Esto se extiende incluso a la comprensión de la forma humana. Si quiero captar la forma humana, ya sea en la escultura o en la pintura, sólo puedo hacerlo en lo que respecta a la parte inferior de la forma pensando en algo procedente de la naturaleza corporal interna del hombre. No voy a traer el espíritu correcto a esto, a menos que pueda dibujar la parte superior de tal manera que piense en ella como traída desde afuera. Nuestra frente, la parte superior de nuestra cabeza, proviene del exterior, y realmente está colocada sobre el resto del cuerpo. Cualquiera que haya mirado con comprensión artística las pinturas de la cúpula pequeña del primer Goetheanum (actualmente destruido) habrá visto que la parte inferior del rostro siempre se representaba como habiendo crecido desde el interior del hombre, y la parte superior de la cabeza como algo dado desde el cosmos. Esto se sentía especialmente en las épocas en que los hombres tenían sensibilidad para estas cosas. Ustedes nunca comprenderán la forma de la cabeza de una verdadera escultura griega a menos que tengan esta sensibilidad, pues los griegos creaban bajo la inspiración de estos sentimientos.

Así el hombre se siente unido con el entorno por medio de su experiencia del pensar.

Ahora uno podría imaginarse que este proceso simplemente se llevara más lejos, y que uno llegara incluso más lejos cuando se pasa de la experiencia del pensamiento a la experiencia de la memoria; pero este no es el caso. Si desarrollan realmente esta experiencia del pensamiento en ustedes, obtendrán en último término una impresión de la Tercera Jerarquía, la de los Ángeles, Arcángeles y Arcai.

De la misma forma que ustedes pueden representarse la experiencia corporal del hombre aquí en la Tierra con las fuerzas de la gravedad y la transformación del alimento por medio de la digestión, también pueden formarse una idea de las condiciones en las que viven estos seres de la Tercera Jerarquía si, a través de esta experiencia del pensar, en vez de deambular por la Tierra, se sienten llevados por fuerzas que fluyen hacia ustedes desde las más alejadas regiones del Cosmos.

Ahora bien, cuando el hombre pasa de las experiencias del pensamiento a las del recuerdo, no es como si fuese el final de la esfera cósmica, el límite al que el hombre puede llegar. Podemos llegar a este límite cósmico si entramos realmente en la autenticidad de esta experiencia-pensamiento; pero entonces no vamos más allá; el asunto se presenta de manera diferente. Aquí, por ejemplo, podemos tener un objeto de alguna clase, un cristal, una flor o un animal; y si avanzamos desde la experiencia del pensar hasta todo lo que la experiencia del recuerdo nos puede aportar, entonces observamos justamente en el interior de ese objeto. La mirada que se ha extendido al universo puede, si es llevada más lejos a través de la experiencia del recuerdo, ver en las cosas. No es que ustedes se adentren en distancias abstractas indefinidas; la mirada que es fortalecida por el experiencia del recuerdo observa dentro  de las cosas y puede ver lo espiritual en todo. Ve, por ejemplo, en la luz, los seres espirituales activos en ella, etcétera. Ve en la oscuridad los seres espirituales activos en la oscuridad. Así que podemos decir: la experiencia del recuerdo nos conduce hasta la segunda Jerarquía.

Existe algo todavía en la vida anímica humana que va más allá de la memoria. Aclaremos lo que es. La memoria aporta a nuestra alma su colorido. Podemos saber con bastante exactitud, cuando nos acercamos a un hombre que lo juzga todo con desaprobación, que emana su agria atmósfera sobre todo, un hombre que, si se le dice algo hermoso inmediatamente responde con algo desagradable, etcétera, podemos saber con certeza que todo esto se haya relacionado con su memoria. La memoria da su colorido al alma. Podemos conocer a un hombre que siempre muestra una mueca irónica en la boca, especialmente si le decimos algo; o puede fruncir el ceño o poner una cara trágica. Otro hombre puede mirarnos de una manera amistosa, de tal forma que nos sentimos animados no sólo por lo que dice sino por la forma en que nos mira. Ciertamente es interesante, al pronunciar algunas afirmaciones especiales en una conferencia, contemplar los rostros del público, ver la expresión de la boca, o mirar las frentes o las expresiones en blanco en muchos rostros, o la nobleza de muchos otros, etc. En lo que ven se expresa no sólo lo que ha quedado como recuerdo en el alma y le ha aportado un cierto colorido, sino que se expresa algo que ha pasado de la memoria hasta la fisionomía, hasta el gesto, hasta la completa actitud humana.

También es característico si un hombre no ha acogido nada, si en su rostro se muestra que no ha aprendido nada de lo que ha experimentado como pena, dolor o gozo. Si su rostro se ha quedado demasiado suave, eso es tan característico como si expresara con profundas arrugas la tragedia o la seriedad de su vida, o incluso quizás sus múltiples satisfacciones. Aquello que queda en el alma como resultado del poder del recuerdo, pasa al cuerpo físico y lo moldea; y esto tiene lugar tan marcadamente que posteriormente el hombre realmente extrae de ello su fisionomía exterior y sus gestos, e interiormente su temperamento, pues no siempre tenemos el mismo temperamento en la vejez que en la niñez. El temperamento en la vejez a menudo es resultado de lo que hemos experimentado en la vida, y que se ha convertido interiormente en recuerdo, en el seno del alma.

Aquello que penetra interiormente al hombre de esta manera puede ser llevado a la realidad, aunque esto es más difícil. Es aún mucho más fácil traer ante la visión de nuestra alma las cosas que experimentamos en la niñez o, hace muchos años, para desarrollar la memoria hasta un cierto grado, pero es más difícil transponerse uno mismo al temperamento que se tuvo en la niñez, al temperamento anterior que uno experimentó. Pero la práctica de tal ejercicio puede ser de gran importancia para nosotros, y se logra más realmente cuando podemos hacer esto interiormente en las profundidades del alma que si lo hacemos exteriormente.

Un hombre ya logra realmente algo si, a los cuarenta o cincuenta años de edad, juega a un juego de niños, o salta como lo hacía cuando era niño o trata de poner la cara que ponía cuando una tía le daba un bombón cuando tenía ocho años de edad, y cosas por el estilo.

Transponerse uno nuevamente hasta el mismo gesto, hasta la misma actitud, trae algo a nuestra vida que conduce convincentemente al sentimiento de que el mundo exterior es el mundo interior, y el mundo interior es el mundo exterior.

Entonces entramos con todo nuestro ser, por ejemplo, en la flor, y tenemos además de la experiencia-pensamiento y la experiencia-recuerdo lo que podría llamarse la experiencia del gesto, en el sentido más verdadero de la palabra. A partir de esto se obtiene una idea de cómo lo espiritual obra por doquiera, sin impedimentos en el mundo físico.

Ustedes no podrán aprehender interiormentecon plena conciencia su comportamiento de hace, digamos, veinte años, en lo que concierne a sus gestos ante cualquier ocasión, si no toman conciencia de la unión de lo espiritual y lo físico en todas las cosas; es decir, si ustedes no penetran hasta las profundidades de este asunto con toda seriedad y energía. Entonces habrán llegado a la experiencia de la primera Jerarquía.

  • Experiencia-pensamiento: Tercera Jerarquía.
  • Experiencia-recuerdo: Segunda Jerarquía.
  • Experiencia-gesto: Primera Jerarquía.

La experiencia-recuerdo nos conduce a identificarnos con el amanecer cuando nos hallamos ante el fulgor del alba. Nos permite sentir interiormente, experimentar interiormente todo el calor del amanecer; pero cuando nos elevamos a la experiencia del gesto, entonces aquello que se nos aproxima en el amanecer se une con todo lo que puede experimentarse objetivamente como color o tono.

Cuando contemplamos los objetos a nuestro alrededor, iluminados por el sol y simplemente los vemos tal como aparecen ante nosotros, los vemos en la luz. Pero no vemos el amanecer de esta forma, especialmente cuando pasamos gradualmente de la experiencia-memoria a la experiencia del gesto; entonces todo lo que se experimenta como color se separa gradualmente de toda la existencia material. La experiencia del color se hace viva, se hace psíquica, espiritual. Renuncia al espacio en que el amanecer externo se manifiesta. El amanecer comienza a hablarnos entonces del secreto de la relación del Sol con la Tierra; y aprendemos cómo actúan los Seres de la Primera Jerarquía. Cuando dirigimos de nuevo nuestra mirada al amanecer y aparece ante nosotros casi como se hacía anteriormente en la mera experiencia del recuerdo, comenzamos a reconocer a los Tronos. Entonces el amanecer se disuelve. El color se hace vivo, se hace psíquico, espiritual, se convierte en un Ser, y nos habla de la relación del Sol con la Tierra tal como existió durante el período del Antiguo Sol; nos habla de tal manera que aprendemos lo que son los Querubines. Y entonces, cuando llenos de entusiasmo y veneración somos trasportados por esta doble revelación del amanecer, la Revelación de los Tronos y la de los Querubines, y seguimos viviendo dentro del alma, entonces se abre el camino hacia nuestro propio ser interior, desde el Ser viviente en que se ha convertido el amanecer ahora, a aquello que constituye la naturaleza de los Serafines.

Todo lo que les he descrito hoy, lo he hecho simplemente para señalarles cómo, con el simple seguimiento del alma desde el pensamiento hasta el gesto que está pleno de pensamiento y se haya impregnado por el alma, el hombre puede adquirir para sí un sentimiento (pues, para empezar, sólo tiene sentimientos) sobre los fundamentos espirituales del Cosmos, justo hasta la esfera de los Serafines.

Quería aportarles esto como una especie de introducción a los estudios que nos van a conducir desde la vida anímica hasta las vastedades del cosmos espiritual.

Traducido por Gracia Muñoz en Junio de 2017

 

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GA110.c4, Las Jerarquías Espirituales y su reflejo en el mundo físico.

Steiner – Dusseldorf 13 de abril de 1909

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La mirada retrospectiva sobre lo que se dijo esta mañana, nos permite comprender que las condiciones de Saturno, relativamente transparentes y no tan opacadas por maya e ilusión nos suministran mayor claridad sobre cómo se realiza la redención o la continuada atadura de ciertas entidades que conocimos ayer al ocuparnos del profundamente significativo y, a la par incisivo pasaje del Bhagavad Gita.

Recuerden lo que les dije, si los Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno hubieran absorbido esos cuerpos calóricos de forma ovoide sin dejar nada atrás, al final de su evolución, la totalidad de Saturno se habría reabsorbido en el mundo espiritual. Pero como he señalado, esto no fue así, pues los Espíritus de la Personalidad imprimieron sus huellas en el conjunto del Antiguo Saturno con mayor intensidad de lo que hubieran debido, y no lo reabsorbieron en su totalidad, es decir, dejaron fuera de si esos cuerpos de calor exteriormente perceptibles.

¿Cuál es el poder que late en los Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno?.  No es otro que lo que conocemos en el hombre moderno como el poder mental, el pensamiento. Porque en realidad, los Espíritus de Personalidad no hicieron otra cosa en el antiguo Saturno que ejercer el poder mental y lograr la formación de esos huevos calóricos, suscitando en sí mismos la idea de ellos. Así ese poder representativo de los Espíritus de la Personalidad tiene una potencialidad mucho más superior que en el caso de la humanidad moderna. ¿Cual es el poder que está detrás de la fuerza de las ideas, o conceptos, en la humanidad moderna?. Cuando se formula una idea hoy en día, se forma la representación sólo en el cuerpo astral, no se proyecta más allá del cuerpo astral. Y así la permanencia de esa forma no puede distinguirse en el mundo físico externo. En el antiguo Saturno los Espíritus de Personalidad eran magos poderosos. Formaron los huevos de calor en Saturno por la fuerza de sus pensamientos, y a través de esa misma fuerza también los dejaron atrás. Así que en realidad fue el poder de los Espíritus de la Personalidad los que causaron el residuo del antiguo Saturno, residuos que reaparecen una y otra vez, incluso durante la evolución del Antiguo Sol.

Es perfectamente comprensible que una entidad, que es realmente humana debe tomar forma a partir de su entorno, (pues los huevos que se formaron allí se construyeron del medio ambiente de Saturno) y los huevos se quedaron encantados, o encadenados a una existencia posterior. Esto se presenta en un sentido más abarcante de las condiciones de las que hablamos ayer pues aún no había llegado a ser tan complicado.

En este punto se puede decir: He aquí el fuego de Saturno, he aquí lo que siempre se espiritualiza de nuevo por ese fuego antiguo, que se retira de nuevo como el fuego interior del alma, como un calor confortable que se eleva hacia arriba a los mundos superiores. Pero si hubiera ocurrido sólo esto, Saturno se habría disuelto en los mundos superiores. Lo que se percibe como calor externo, que se ha condensado en calor externo es necesario que nazca de nuevo, debe reaparecer de nuevo, y reaparece de nuevo en el Antiguo Sol, como ya describí.

Ahora vamos a echar un vistazo a lo que hemos descrito en la conferencia anterior. Hemos dejado claro que esos seres de las jerarquías espirituales que llamamos Arcángeles, o Espíritus del Fuego, pasaron por su etapa humana en el Antiguo Sol, y que el elemento de calor se condenso por un lado, en humo o gas, por lo que el sol se convirtió en una esfera de gas, y por el otro lado el gas se combustionó de tal manera que la luz sale al espacio universal, y son los Arcángeles o Espíritus de Fuego los que viven en esa emanación de luz, quienes la inhalan y  la emiten y en esa actividad tienen su Ser. Como ya he dicho, si se hubiera viajado entonces por el universo, habrían visto al Antiguo Sol brillando en la distancia. En el interior de este sol hubieran registrado las distintas corrientes de gas, y lo habrían percibido como el proceso de la respiración de todo el cuerpo solar.

Vamos ahora a traer una vez más a nuestra mente este antiguo Saturno y el antiguo Sol. Hemos visto que en la vida de estos cuerpos planetarios reinan la vida y la actividad y que algo está ocurriendo allí. Hemos sido capaces de describir en el antiguo Saturno, las formaciones ovoides, que fueron construidas apareciendo y disolviéndose  de nuevo, con la excepción de aquellos restos que quedaron atrás. Cualquiera que observara la actividad interna del Antiguo Saturno se hubiera dicho a sí mismo: “Saturno es realmente un ser viviente. Es exactamente como si fuera un ser vivo. Vive: vive en sí mismo, y continuamente acumula formas de vida propia y así sucesivamente”. En un grado aún más alto ocurre con el antiguo Sol. El se presenta como una unidad, como una totalidad en las condiciones cambiantes de su noche Solar y su día Solar, de la inhalación y la exhalación de la luz. Si se le hubiera podido observar habría dado la impresión de ser un cuerpo celeste lleno de vida.

Ahora todo lo que vive, que tiene ese tipo de actividad, que vive interiormente debe su vida y movilidad interna a los seres espirituales que gobiernan y guían ese movimiento. Es cierto que hemos dicho, que los Espíritus de Personalidad construyeron esas formas ovoides a través de su poder mental. Pero primero tiene que existir algo que suministre la sustancia de esos huevos. Los Espíritus de la Personalidad, los primigenios “principios” o Arkai no pueden producir esa sustancia. Eso es lo primero que debemos poner en nuestras mentes, que algo debe estar allí que proporcione la sustancia, es decir la calidez indiferenciada, el fuego mismo. Los espíritus de la personalidad sólo pueden moldear esa sustancia. Pero el calor lo deben recibir de otros lugares. ¿De dónde consiguen los Espíritus de Personalidad, la sustancia de calor, ese elemento de fuego?

Viene de Espíritus superiores esencialmente, seres espirituales que ya pasaron por su evolución humana hacia mucho tiempo, y que en el antiguo Saturno ya estaban mucho más allá de esa etapa.

Con el fin de formarnos una idea de tales seres sublimes, y por qué eran necesarios para dar el calor ardiente del antiguo Saturno, debemos por medio de una comparación, recordar el desarrollo del hombre mismo, pues el hombre  también, algún día se convertirá en un ser divino.

Sabemos que el hombre de hoy, integra su naturaleza humana en cuatro miembros constitutivos que son la clave de toda la ciencia espiritual: el hombre se compone de los cuerpos físico, etérico, astral y el yo. Sabemos cómo continua el desarrollo del hombre, su “yo” trabajando desde el interior empieza por remodelar el cuerpo astral para ponerlo por completo bajo su dominio.  Y, cuando el cuerpo astral este lo suficientemente transformado para que el yo tenga pleno poder sobre él, se puede decir que se ha configurado de modo que contiene el Yo Espiritual o Manas. Yo Espiritual o Manas es pues, un cuerpo astral supeditado al Yo.  Lo mismo sucede con el cuerpo etérico. Cuando el ‘yo’ intensificando aun mas su esfuerzo, vence también las fuerzas de resistencia del cuerpo etérico, este se transmuta en el Espíritu de Vida o Budhi. Y por último, cuando el ‘yo’ se enseñorea del cuerpo físico, cuando vence las fuerzas más reacias que son las fuerzas del cuerpo físico, entonces el hombre ha desarrollado dentro de sí al Hombre–Espíritu o Atman. Así queda constituido el hombre septenario con su cuerpo físico transformado en Atman u Hombre–Espíritu. Externamente, el cuerpo físico se muestra como tal cuerpo físico,  pero internamente, se halla totalmente supeditado a la incandescencia del yo, siendo cuerpo físico y  Atman, al mismo tiempo.

Análogamente el cuerpo etérico es a la vez cuerpo etéreo y Espíritu de Vida o Budhi, y el cuerpo astral es cuerpo astral y Yo Espiritual o Manas, el “yo” se ha convertido en soberano. Así, es como el hombre asciende a grados superiores en su propio desarrollo, con lo que se transforma, y trabaja en su propia divinidad, en su propia deificación, como diría Dionisio, el Areopagita, el amigo y discípulo del apóstol Pablo.

Sin embargo aquí no termina la evolución. Cuando el hombre este tan avanzado que ya ha conquistado por completo y absolutamente el cuerpo físico, todavía tiene por delante otras etapas superiores de desarrollo. Miremos las alturas espirituales, más y más elevadas, y a entidades suprahumanas mas y mas portentosas. ¿En qué consiste el continuo aumento de poder en estos seres?. Consiste en que en primer lugar se encuentran menesterosos y necesitan de algo, quieren algo, demandan algo del mundo, en tanto que después de su desarrollo, podrán entregarle algo. Fundamentalmente, todo el sentido y el espíritu de la evolución se apoya en el hecho de que pasamos del recibir, al dar. Vemos la analogía con la evolución humana en nuestra vida aquí entre el nacimiento y la muerte: el niño  nace desamparado y depende totalmente de quienes le rodean. Poco a poco se sobrepone a ese desamparo hasta que finalmente, el mismo se convierte en auxiliador de quienes le rodean.  Así sucede también con la gran evolución humana en el Universo.

En el antiguo Saturno, el hombre existía sólo como primer germen físico humano. Allí tuvo que contentarse con recibir las primeras bases de su humanidad, y así continuó durante toda la época solar y la lunar. En la Tierra adquirió su Yo, y ahora poco a poco se prepara para dejar que su Yo actúe sobre su cuerpo astral , etérico y  físico y así convertirse cósmicamente en un ser capaz de dar. Poco a poco se va introduciendo del estado de recibir, al de dar cósmico universal. Otro ejemplo de este hecho, nos lo ofrecen los Arcángeles o Arcangeloi. Ya en el Sol, su desarrollo les permitió darle la luz al espacio universal.

Repito, la evolución progresa del recibir al dar. En el caso de dar, la cosa tiene mayor alcance. Tomemos un ser que sólo puede dar sus pensamientos, que hablando con franqueza, no es todavía mucho lo que da por muchos que sean, pues el dador de pensamientos, seguirá siendo igual a como estaba. No ha dado nada visible o tangible, nada de efectivo en sentido superior. Pero llega un momento en que las entidades pueden dar no sólo pensamientos o especies mentales, sino mucho mas, por ejemplo, aquello que los Espíritus de Personalidad necesitaban en el antiguo Saturno: la sustancia del fuego calórico.

¿Quién estaba en un grado tan elevado de su propio desarrollo que pudiera emitir de su propio cuerpo esa sustancia calórica?. Eran los seres a quienes llamamos Tronos o Espíritus de la voluntad.

Así vemos que el antiguo Saturno se origina a través del hecho de que, desde determinado punto del Universo se concentran los Tronos y realizan en gran escala lo que a nivel inferior hacen los gusanos de seda, cuando con la materialidad de sus cuerpos hilan las hebras de seda. Los Tronos expelen e hilan la sustancia calórica y la ofrendan en el altar del antiguo Saturno.

Tenemos que considerar la vida de los Espíritus de la Personalidad en Saturno de tal manera, que estos Espíritus de la Personalidad o Arcai realmente impartían personalidad a ese calor dotándolo de autoconciencia. La sustancia del fuego calórico afluye desde el Universo  emanada de las sublimes entidades espirituales que son los Tronos.

¿En qué consisten esos huevos que se encuentran en Saturno?. En hilados del cuerpo ofrendado de los Tronos.

Pero eso no hubiera sido suficiente, la operación conjunta de los Espíritus de Personalidad tenía el poder de dar forma a la sustancia de calor, pero no podían hacerlo solos. Para producir esa vida interior y actividad, fueron necesarios otros seres espirituales que también habitaban en el antiguo Saturno, seres de una jerarquía inferior a los Tronos, pero mayor que la de los Archai o Espíritus de la Personalidad. Entidades a quienes les incumbe prestar ayuda a estos últimos. Podemos hacernos una idea de esa ayuda si pensamos en los ángeles que son los que están inmediatamente por encima de nosotros, y luego los Arcángeles, y los Principados o Espíritus de la Personalidad – arkai. Estos seres pertenecen a la Jerarquía que se encuentra inmediatamente por encima de nosotros. Los Tronos no son contiguos a los Principados sino que entre los dos existen grados intermedios, a lo que Dionisio el Areopagita; denomina Potestades o Exusiai (también Espíritus de la Forma) superiores en un grado a los Principados (Espíritus de la Personalidad). Las Potestades tenían con los Principados la misma relación que los Angeles tienen con nosotros. Otro grado superior a las Potestades lo ocupan las Virtudes (en griego Dynamis). Éstos se relacionan con los Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno de la misma forma que los Arcángeles se relacionan hoy en día con nosotros.  Luego en ascenso le siguen las Dominaciones (Espíritus de Sabiduría) en griego Kyriotetes cuya relación con los Principados corresponde a la que estos tienen con nosotros. Solo después siguen los Tronos o Espíritus de la Voluntad.

Así, el antiguo Saturno tenemos una gradación ascendente de seres: los Espíritus de la Personalidad que estimulan y ejecutan la conciencia del “yo”, luego los Tronos, o Espíritus de la Voluntad, que son superiores en cuatro grados, y que donan la sustancia ígnea  y entre estos dos coros para que pueda regularse y dirigirse toda la vida en el Antiguo Saturno, tenemos, en ascenso: las Potestades, o Espíritus de la Forma, las Virtudes o Espíritus del Movimiento (Dynamis); y las Dominaciones o Espíritus de la Sabiduría (en griego Exusiai y Kyriótetes). Estos eran, si se puede llamar así los habitantes del antiguo Saturno.

Mientras que el antiguo Saturno está evolucionando hacia el antiguo Sol -como se ha descrito en la última conferencia- los seres que acabo de enumerar también evolucionan hacia una etapa superior y los Arcángeles entran en la etapa humana. Externamente -podríamos decir físicamente- el calor se condensa en gas. El Antiguo Sol es un cuerpo gaseoso. Mientras que el Antiguo Saturno era todavía un cuerpo calórico oscuro, el Sol ya empieza a brillar pero alternando, por así decirlo, entre lo que podríamos llamar días solares y noches solares, alternancia de particular importancia, pues existe una enorme diferencia entre la vida solar diurna y la nocturna. Si no se hubiera producido otra influencia que la que señalé en mis dos conferencias anteriores,  los Arcángeles, que realizaban su condición humana en el antiguo Sol viajarían hacia el Universo en alas de los rayos luminosos, por el se difundirían y en las noches solares, tendrían que regresar al seno del Sol. Sería una inhalación y exhalación de la luz, y con ello también de los seres que hayan su medio vital en esa luz. Pero no fue así.

Permítanme ahora caracterizar la naturaleza de estos Arcángeles, de una forma sencilla, también podría decir trivial.

Cuando ellos se escapan, les gusta más esa expansión en la espiritualidad del Universo que la posterior concentración, existencia oprimente y de menos categoría. Les gusta más la vida en el éter lumínico. Pero no podrían jamás extender su vida en el éter lumínico mas allá de cierto límite, si nada hubiese acudido en su auxilio. Si los Arcángeles hubieran dependido totalmente de sí mismos, no hubieran podido hacer otra cosa que regresar dócilmente al Sol durante las noches solares. Sin embargo, ellos no lo hicieron, sino que prolongaron por mas y mas tiempo su estancia en el Mundo Espiritual. ¿Quién les ayudó a hacer esto?.

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Imaginemos que el círculo pequeño es esfera del Antiguo Sol, los Arcángeles tienden en todas direcciones hacia fuera, extendiendo su esencia espiritual en el Universo. Lo que favoreció esta expansión fue la circunstancia de que ciertos seres del Universo salieron a su encuentro. Así como en el Antiguo Saturno el elemento ígneo de los Tronos, afluía desde el Universo, así también los Arcángeles en su emigración se encontraron con otras entidades, incluso superiores a los Tronos, y ellas les ayudaron a permanecer en el mundo espiritual más tiempo del que hubiera sido posible por si solos.

Estas entidades que desde el espacio espiritual salen al encuentro de los Arcángeles, son los Querubines (Espíritus de la Armonía) coro particularmente egregio de entidades espirituales dispuestas a recibir a los Arcángeles con los brazos abiertos. Cuando los Arcángeles se propagan hacia el exterior, los Querubines acuden a su encuentro desde el Universo y  así toda la esfera del Antiguo Sol se hallaba rodeada del reino de los Querubines que se les acercaban. Del mismo modo que nuestra Tierra esta rodeada de su atmósfera, así el antiguo Sol se hallaba rodeado por el reino de los Querubines, en beneficio de los Arcángeles. Por lo tanto, al salir estos a los espacios universales, contemplaban a sus grandes ayudantes.

¿De qué manera se les acercaban? ¿Cómo se veían?.  Solo la conciencia clarividente que puede leer los Anales Akáshicos puede comprobarlo. Estos Grandes Auxiliadores Universales adoptaron figuras etéreas bien determinadas. Nuestros antepasados que, a través de sus tradiciones, todavía eran conscientes de estos significativos hechos, los representaban como peculiares animales alados, con sus cabezas configuradas de manera diferente: el león alado, el águila, el toro, el hombre alado. En efecto, los Querubines se acercaban por de pronto desde cuatro lados, mostrando precisamente los aspectos que corresponden a su posterior popularización. De ahí que las Escuelas de los primeros iniciados en la época post-Atlante designaron a los  Querubines que desde cuatro lados, se  acercaban al Sol con nombres que posteriormente se transformaron en el Toro, el León, el Águila y el Hombre. Oportunamente nos ocuparemos de ello en mayor detalle; por hoy nos limitaremos a estudiar los cuatro tipos de Querubines que se acercaron a los Arcángeles.

He ahí pues el aspecto presentado por el antiguo Sol, cuando sus auténticos moradores humanos, también llamados Arcángeles, se desplazaron al espacio universal, se les acercaron los Querubines desde cuatro lados y de cuadruple manera. Y esto les permitió permanecer en la región espiritual que rodeaba al antiguo Sol por más tiempo de lo que, de otra manera les hubiera sido posible. Y es que la influencia de los Querubines ejercía sobre los antiguos Arcángeles un efecto sumamente vivificante en el más alto grado, en el sentido espiritual. Pero como sea que esa influencia entró en la vecindad del Sol, esa influencia no podía quedar restringida únicamente a los Arcángeles, tenía que hacerse valer de otra manera. Pues así es siempre; lo que existe en alguna parte, ejerce efecto múltiple, no único. Pongamos el caso de dos personas que se hallan en una habitación; una de ellas desea un calor fuerte pero no la otra; sin embargo quedara afectada por el excesivo calor. Lo mismo sucedió con los Querubines que irradiaban desde el espacio cósmico: ejercían el efecto descrito sobre las entidades del antiguo Sol que se habían encumbrado hasta el elemento luminoso y podian vivir en el, acción que, sin embargo solo era posible durante el día solar, cuando la luz emanaba hacia el espacio cósmico.

Pero también había noches solares  cuando no emanaba luz alguna, los Querubines entonces también estaban en el cielo. En esa fase de oscurecimiento, el planeta solar era tan solo gas y calor, sin resplandor, los gases calóricos circulaban entonces dentro de la esfera solar. En esta etapa, los Querubines que de todos modos continuaban enviando sus efectos hacia el Sol, no podían ejercer normalmente su influencia sobre los Arcángeles,  sino que la ejercían sobre el oscuro humo del Sol, sobre el oscuro gas. En tanto que en el antiguo Saturno los efectos procedentes del cosmos se producían sobre el calor como tal, ahora, en el Sol, se ejercían sobre el calor condensado, esto es, sobre el gas. A esta acción de los Querubines hay que atribuir el hecho de que en el antiguo Sol a partir de la neblina solar se formaran los primeros rudimentos de lo que hoy llamamos el reino animal.  Al igual que sobre el Antiguo Saturno se genero a partir del calor, el primer rudimento del reino humano, o sea su cuerpo físico, asimismo en el Antiguo Sol se genera el primer rudimento del reino animal a partir del humo o gas, gracias a las figura de los Querubines reflejadas en los gases solares.

Estas figuras querubínicas que se extienden por toda la periferia del Sol, integran pues el conjunto de elevadas entidades que, por un lado se abren a los Arcángeles, y por el otro en las noches solares hacen surgir del gas o neblina solar, como por magia, los primeros rudimentos físicos del reino animal. De ahí que los antiguos conocedores de la cosmología espiritual le dieran el nombre de Zodiaco, esto es, circulo de animales a esas entidades que desde diferentes direcciones del espacio universal obraban sobre el antiguo Sol. He ahí el significado del zodiaco. En el antiguo Saturno los Tronos  derraman y sacrifican la sustancia precursora del cuerpo físico humano; en el Sol, se empieza trazando las primeras formas del reino animal, gracias a que los Querubines que se reflejan en el gas, es decir, en la sustancia calórica condensada, las evocan de ella. Inicialmente, los animales son, pues, trasuntos solares del zodiaco, existe una autentica relación interna entre el zodiaco y los animales que están en trance de devenir en el Sol.

En verdad, hubo buenas razones para dar semejantes nombres, y no se crean que, en aquellos tiempos los nombres se inventaron porque si. Uno nunca debe pensar que en aquellos tiempos antiguos los nombres fueran escogidos al azar. Hoy en día, cuando se descubre un nuevo planeta en la cadena planetaria, ¿qué dice el astrónomo que haya tenido la suerte de descubrirlo?. Abre el diccionario y buscan algún nombre tomado de la mitología griega que de casualidad todavía está desocupado, y se lo cuelga a su estrella.  En los tiempos en que en los nombres debían expresar la esencia de las cosas, es decir, en los tiempos en que los Misterios se hallaban en todo su apogeo, los nombres nunca se daban así; las denominaciones de antaño denuncian siempre un significado profundo del objeto. Las formas de nuestros animales, aunque hoy se hallen desfiguradas en caricatura, se extrajeron de la periferia del Universo, de la configuración del zodiaco, tal como existía entonces.

Puede que les haya llamado la atención el que aquí solo se apuntaran cuatro de los nombres zodiacales. Si bien estos son las expresiones principales para los Querubines, cada una de las figuras querubínicas tiene un descendiente o acompañante a la izquierda y a la derecha. Imaginen a cada Querubín escoltado de dos acompañantes, y así tendrán doce potencias en la circunferencia del Sol, que tienen que cumplir su misión cósmica conforme acabo de describir.

 Ahora se puede preguntar: ¿Qué relación tiene esto con los nombres comunes del Zodiaco?. A ello dedicaremos un comentario durante los próximos días, pues la secuencia de nombres ha cambiado un poco. En general se empieza a contar con Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo. Luego siguen Virgo y Libra. El Águila, por cierta transformación posterior tuvo que aceptar que la rebautizasen como Escorpión, por buenas razones. Siguen los dos acompañantes: Sagitario, Capricornio. El Hombre, por causas que oportunamente conoceremos se llama ahora Acuario. Finalmente Piscis. Así pues, la figura primordial de la que ha surgido el zodiaco, ya no trasluce sino en Tauro y Leo y un poco en el Hombre, que en ordinaria terminología exotérica, se llama Acuario. En los próximos días veremos el porqué de estas transformaciones.

Sintetizando, en el antiguo Saturno, elevadas entidades espirituales, los Tronos, segregan de su propia sustancia la materia ígnea. Otras entidades aun superiores, los Querubines recogen en su propio ser, la luz que nace de esa materia ígnea y transfiguran y enaltecen su condición luminosa. Sin embargo, cada enaltecimiento en el Universo, clama porque se produzca un rebajamiento para crear la necesaria compensación. Así, para que, de día, los Arcángeles encuentren la oportunidad de expandir su existencia espiritual, los Querubines tienen que continuar actuando de noche, y objetivar, en la sustancia calórica condensada a neblina, humo y gas, los entes y formas animales inferiores al hombre.

Con ello, hemos adquirido en sentido de la sabiduría primordial, una primera visión de la acción concertada de ciertas entidades espirituales del Universo con nuestro propio cuerpo celeste; hemos visto, asimismo, que lo que física y externamente sale a nuestro encuentro, siempre puede atribuirse a entidades espirituales. Lo que hoy tan profanamente se llama zodiaco, tiene su oriundez en la ronda de los Querubines que desde la periferia universal, ejercían su influencia sobre el antiguo Sol, cuando este irradiaba hacia el Universo cual energía luminosa, su propia energía.

Así hemos derivado el importante concepto del zodiaco y mañana continuaremos dentro de esta misma línea, podremos paulatinamente ascender a otros conceptos sobre los cuerpos celestes y verter mas y mas luz sobre su relación con las Jerarquías Espirituales.

Traducido por Gracia Muñoz con ayuda del texto de Juan Berlín traducido del alemán.

 

Las doce noches santas

Conferencia no revisada por Willi Sucher, Albrighton Hall, 6 de enero de 1953

English version

Ya han pasado las 12 Noches Santas y los símbolos del árbol de Navidad han desaparecido. En la 13ª noche nos alejamos del recuerdo de las estrellas, y traemos del cosmos la Imaginación de los Tres Reyes y Epifanía, cuando Cristo ingresó en la Tierra.

Existe una costumbre durante la Epifanía, en la cual los Tres Reyes vienen a limpiar el árbol de Navidad, y se lo llevan. Ellos, que eran los maestros de la antigua sabiduría de las estrellas, tenían que quitar los símbolos de las estrellas para que regresáramos a la Tierra.

Ahora hablaremos de Venus Oculto, la estrella de los Hechos. Este Venus Oculto es la verdadera estrella de seis puntas, que se dibuja por medio de los movimientos del planeta que llamamos Mercurio. Y así como la estrella de cinco puntas nos recuerda la compasión y sanación de los pastores, la estrella de seis puntas de Venus Oculto nos recuerda a la verdadera estrella de los Reyes Magos. Es la estrella de las Escrituras.

Y aquí tenemos una dificultad, ya que en la astronomía moderna este planeta se llama Mercurio. Si tomamos la posición de Venus Oculto visto desde la Tierra, encontraremos que a veces se encuentra por detrás del Sol y a veces delante de él, ya que siempre permanece alrededor del Sol. Los lazos y las conjunciones describen una estrella de seis puntas, que no podemos ver, pero que en el transcurso de 40 años, estas conjunciones van  girando alrededor del zodiaco, llegando a un grado o así de su punto de partida anterior. Las conjunciones inferiores son compresiones o contracciones y las conjunciones superiores son más ligeras o expansiones.

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Cuando  Mercurio Oculto cruzó el Sol, frente a la Tierra, surgió la raza negra —luz y oscuridad. Los guardianes, responsables de ayudar a crear las diferentes razas, ocultaron este significado. La Sabiduría de los Magos tiene de hecho poderes mágicos. Uno de los Reyes Magos vino de Persia, donde cultivaban el suelo. Los siete signos de Cristo son como una especie de arquetipo sanador. Los Tres Años no están realmente completos, son 2¼ años. Tenemos siete signos durante los cuales ocurren las conjunciones inferiores de Venus Oculto con el Sol. Cristo había tomado las fuerzas de la luz procedentes de las anteriores conjunciones superiores de Venus Oculto con el Sol y las manifestó a través de Signos durante las conjunciones inferiores que le siguieron.

Los siete ciclos de Venus Oculto en estos 2 años y medio corresponden a los siete Signos dados por Cristo y que se encuentran en el Evangelio de San Juan. A esto también le hemos unido la siete división heptagesimal de los planetas, y también podemos ver cómo se asocian con los días de la semana.

Podemos ver a Saturno en la Primera Señal, las bodas de Canaán. Aquí es donde Cristo dio un paso adelante a través de Jesús, por así decirlo; era el principio del Servicio, por el cual el “Yo” ahora hizo vino del agua, ahora tomó el lugar el vino.

El Segundo Signo, la curación del hijo del Noble de Cafarnaúm, reveló el Misterio del Sol. La curación tuvo lugar en la 7ª hora, al mediodía a mediados de verano.

El tercer signo fue la curación del hombre que estuvo enfermo durante 38 años en el estanque de Bethesda, revelando el misterio de la Luna. Las aguas de la fuente eran movidas a veces por un ángel, y el que entraba primero era sanado, pero no había nadie para ayudar al enfermo a  entrar en la fuente a tiempo. El Cristo le pregunta al enfermo si quiere ser sanado, luego le ordenó que tomara su cama y se fuera a casa. La curación ocurrió  en el día de reposo en el 31DC. El nodo de la Luna tiene un ritmo de unos 38 años, y el hombre había estado enfermo durante 38 años.

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Los planetas no se mueven exactamente en el mismo plano. El plano de la Luna está ligeramente inclinado al de la Tierra, y por lo tanto el plano orbital de la Luna cruza el de la Tierra en un punto o nodo descendente, y un punto o nodo ascendente. Estos nodos giran alrededor del plano de la Tierra. Una vuelta completa del nodo de la Luna toma cerca de 18 años y 7 meses. Dos vueltas de nodo lunar son 37 años y 3 meses, y 31 años a partir de 38 llega al año 7 AC, cuando hubo tremendos eventos en el cielo. Sucesos majestuosos, como el primero en el año 7 aC., anunciando la inminente encarnación de Cristo, cuando hubo un tremendo eclipse. Ese hombre cayó enfermo en ese momento, como un reflejo de la Gran Caída en el cosmos (ver Antigua Luna III). Este hombre no pudo recibir el mensaje del Sol y tuvo que esperar 38 años. Entonces vino el Ser Solar y sanó el misterio de la Luna, con el Sol descendiendo hacia la ella; Es decir, el Sol volviendo y entrando nuevamente en la Luna.

Mirando hacia atrás de estos acontecimientos podemos traer a la luz el significado de Cristo. Las estrellas están avanzando; El Cristo se ha unido con la Tierra. Júpiter en Aries-Kyriótetes; El Cordero de Dios. Tales eventos ocurren sólo una vez. Una vez, las fuerzas de Júpiter en Aries fueron llevadas a la Tierra; Ahora podemos mirar hacia la Tierra y visualizar en imágenes vívidas el gran cosmos y el líder espiritual de los Kyriótetes. Esto se refiere al universo entero.

(1) Saturno / Sábado: La boda en Cana.

(2) Domingo / Domingo: La curación del hijo del Noble de Cafarnaúm.

(3) Luna / Lunes: La curación del hombre que estaba enfermo 38 años.

(4) Marte / Martes (uniendo el Sol y la Luna) -La Alimentación de los 5000. Marte, que estuvo activo durante la primera mitad de la evolución de la Tierra, ahora se convierte en el servidor, el Pan. En este Cuarto Signo, la estrella de Venus Oculto señala efectivamente el futuro lejano. Júpiter también señala el futuro. Nuestros pensamientos se convertirán en la sustancia del futuro Júpiter. Contemplaremos el espíritu. Venus Oculto será capaz de crear el Espíritu. Mercurio (Venus oculto) llega al lugar donde tuvo lugar la alimentación de los 5.000. Y aquí podemos  experimentar vívidamente la alimentación de los 5.000. En un futuro lejano, la humanidad podrá hacer mayores obras.

(5) Mercurio Oculto / Miércoles: Cristo camina sobre el Mar: Mercurio es el planeta de la paz. Tal y como se ve desde la Tierra, Venus conjunta al Sol y luego esta Mercurio justo antes de hacer conjunción con el Sol, y Júpiter está en Tauro. Las cuatro de la madrugada en el reloj. Antes del amanecer, los discípulos estaban atrapados en los elementos, luego el Sol se elevó. Cristo calmó el mar con las fuerzas de Mercurio.

(6) Júpiter / Jueves: La curación del hombre que era ciego desde el nacimiento: se trataba de un  despertar de las fuerzas de Júpiter. Preparación para el futuro mientras duren los días. “Yo Soy la Luz del mundo y del Cosmos”. Cristo da su propia sustancia -símbolo del choque entre la oscuridad del pasado y la luz del futuro.

(7) Venus Oculto / Viernes: La Resurrección de Lázaro  —Hubo una conjunción superior en Capricornio / Cabra: “Yo Soy la Puerta” (San Juan, Capítulo 10) y una conjunción inferior, un lazo, en Piscis. En Venus Oculto tenemos a los Misterios, y en el séptimo ciclo, los Misterios se manifiestan en la Resurrección de Lázaro (San Juan, Capítulo 11).

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Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

Taller terapéutico sobre la Luna.

El tema, NUESTRA LUNA PERSONAL, después de haberse comprendido, se empezó a digerir, he aquí las expresiones artístico-terapéuticas:

La luna de Amaranta.

La noche me duerme, me tranquiliza, me da vida para seguir.

Miro mi luna y veo caminos para avanzar.

La luna de Gracia.

Empece a sentir la soledad y el agobio.

Para poder recibir la luz del sol tuve que tener fuerza, coraje y capacidad de soltarlo todo.

A medida que volaba sentía acercarse un nuevo amanecer.

La luna de Jesús.

Estigma es madera.

El alocado vuelo de mano rechazado.

La luna de Laura

(el silencio, algún día hablará)

La luna de Carmen

Recogido del Cosmos han engendrado mi ser.

La luna de Maria Jesús.

Arropado embrión en cercano azul.

Palpitante impulso: el futuro llama,

Calidez,

alrededor excesivo calor abrasa.

Su brillo,

en el presente lo atenúa el agua.

La luna de Maribel.

El pasado está ahí,

me envuelve sin ahogarme,

dejando abierta la puerta

para que el futuro se insinúe

en mi presente.

Ayer, mañana

hoy, siempre hoy.

La luna de Prado

En algún lugar

la sangre fluye

y se transforma en sol.

Desconozco su origen

desconozco

pero bebo su fuego

y su sacrificio.

La luna de Esperanza

En la oscuridad de las profundidades se gesta la vida.

Botón rojo de esencia divina.

Destellos de luz consiguen traspasar la neblina protectora.

Oro fecundador, verde de existencia.

Esencias que se mezclan y conforman un mandala de vida.

La luna de Alfredo

A lo lejos

en un espejo

está el reflejo

de lo viejo.

somos artistas. La profe nos ha inmortalizado.

Trabajamos juntos y felices.

GA236v2c11. Relaciones kármicas

Rudolf Steiner – Dornach el 18 de mayo de 1924

English Versión

Si queremos comprender la verdadera naturaleza del karma, es de suma importancia centrar nuestra atención en lo que, desde el Cosmos, participa en la evolución de la Humanidad. Con el fin de poder ser capaces de dirigir nuestra atención a los seres que desde el universo juegan un papel en la evolución humana, vamos a considerar, en primer lugar, la conexión del hombre con los seres que pertenecen a la Tierra. En ella vemos al hombre rodeado de seres del reino mineral, vegetal y animal. Como ya sabemos, estos tres reinos naturales existen en él en una forma superior.

A través del cuerpo físico, el hombre está relacionado con el reino mineral. El ser humano, eleva lo que se encuentra en el reino mineral exterior, a una forma superior. A través de su cuerpo etéreo está emparentado con el reino vegetal, elevando a una forma superior lo que de otra manera se encuentra en el reino vegetal. Y lo mismo puede decirse del cuerpo astral del hombre en relación con los seres del mundo animal. Por tanto, cuando pensamos en el entorno espacial del hombre, podemos darnos cuenta de que lleva dentro de él los reinos mineral, vegetal y animal. Y así como el hombre lleva en él los reinos de la Naturaleza, que encontramos en el espacio, también lleva en sí respecto al tiempo, no al espacio, los reinos de las Jerarquías Superiores. Y sólo podremos entender el karma humano en todos sus aspectos, cuando sepamos cómo trabajan los diversos reinos de las Jerarquías sobre el hombre en el transcurso de su vida terrenal.

Al considerar cómo trabaja el reino mineral sobre el hombre, podemos ver los procesos relacionados con la nutrición. Por cualquier medio de alimentación, el hombre mineraliza, en primer lugar lo que acoge de los reinos que se encuentran por encima de la condición mineral. Pasando al reino vegetal, sabemos que el hombre tiene dentro de sí las fuerzas vitales. Respecto al reino animal, vemos que a través de su cuerpo astral el hombre eleva lo que es mera vida a una esfera superior, al reino de las sensaciones. En resumen, en el organismo humano podemos seguir la secuencia de los procesos de los tres reinos de la Naturaleza. De la misma manera podemos sentir el trabajo de las Jerarquías Superiores en la vida anímica y espiritual del hombre.

La naturaleza mineral, vegetal y animal del hombre se puede entender a la luz de los procesos que operan en los tres reinos de la naturaleza, en el espacio. Paralelamente, podemos entender en el tiempo, las Fuerzas Anímicas Superiores, que operan en la vida del hombre.

Para empezar, vamos a considerar el destino humano y tratar de entender cómo los reinos de las Jerarquías trabajan en él. Pero aquí tendremos que mirar, no lo que está presente simultáneamente en el hombre, es decir, el cuerpo físico, el cuerpo etérico y el cuerpo astral. En relación al trabajo de las Jerarquías Superiores, debemos observar lo que sucede en la vida terrenal del hombre  desde el punto de vista anímico espiritual, considerando la sucesión del tiempo.

En nuestros estudios antroposóficos siempre hemos reconocido distintos períodos en el curso de la vida humana:

  • desde el nacimiento hasta el cambio de dientes alrededor de los 7 años. A partir del cambio de los dientes hasta la pubertad, a los 14 años;
  • desde la pubertad hasta los 21 años, donde la diferenciación es menos perceptible;
  • desde los 21 a los 28 años;
  • desde los 28 hasta los 35, desde los 35 a los 42, desde los 42 hasta los 49; desde los 49 hasta la 56, y así sucesivamente.

En cuanto a lo que está más allá de los 56 años hablaré en el próximo estudio. Hoy vamos a considerar el curso de la vida humana hasta los 56 años.

Tenemos por tanto tres septenios de la vida hasta los 21 años, luego otros tres septenios (21-42 años) y así sucesivamente. El hombre es el único ser capaz de decirse “yo” a sí mismo, pero sobre este Yo, actúan muchas fuerzas. Desde el punto de vista exterior, en el “yo” trabajan fuerzas minerales, vegetales y los animales y observado interiormente, desde el aspecto anímico espiritual está influenciado por las Jerarquías Superiores: Tercera Jerarquía, (Ángeles, Arcángeles y Arkáis), Segunda Jerarquía (Exusiai, Kyriótetes, Dynamis) y Primera Jerarquía (Serafines, Querubines y Tronos).

Estos Seres sin embargo, no hacen todo el trabajo en el curso de la vida del hombre de la misma forma. Incluso exteriormente, hay una diferencia en las influencias, que tienen efecto en el ser humano de acuerdo con su edad, con el tiempo. Podemos decir que la parte exterior del hombre está expuesta a las diferentes etapas que recorren su biografía.

Los septenios en el hombre

Cuando observamos un bebé, al comienzo mismo de la vida terrenal, encontramos especialmente marcado en él un creciente y próspero proceso de edificación y desarrollo, algo característico del reino animal. Si tenemos en cuenta la última parte de la vida, los años que nos llevan a la vejez, encontramos evidentes procesos de mineralización. El organismo se vuelve esclerótico y quebradizo. Debido a que este proceso de mineralización es más sutil e íntimo en el hombre, funciona con más fuerza en él que en los animales, con la excepción de los animales superiores, debido a condiciones en las que no voy a entrar ahora, lo trataré en una ocasión posterior. Mientras que en los animales, comienza enseguida la detención del flujo de las fuerzas vitales, el hombre realiza importantes fases de su desarrollo dentro del periodo de disminución de estas fuerzas vitales, comenzando esta en la década de los treinta. Y muchas cosas de enorme importancia cultural, en la evolución de la humanidad, simplemente no existirían si los seres humanos se desarrollaran de la misma manera que los animales, que no aportan nada a la vejez.

Los seres humanos pueden llevar mucho a la ancianidad, y muchos logros trascendentales se deben a lo que ha sido así llevado hasta la ultima parte de su vida, en el período de su declive físico, cuando el proceso de mineralización es particularmente evidente. Es claramente perceptible que en el comienzo de la vida terrenal predomina la naturaleza animal, al final de la vida terrenal, la naturaleza mineral, y en el período intermedio de la vida, la naturaleza vegetal.

Sin embargo, el obrar de las Jerarquías Superiores en el ser humano hace la diferencia aún más clara y enfática. En la primera infancia es la Tercera Jerarquía: Ángeles  Arcángeles  y Arkais, la que trabaja con particular fuerza en la vida del alma y el espíritu. La actividad de esta Tercera Jerarquía alcanza, hablando con propiedad, los tres primeros septenios de la vida. Los Ángeles, Arcángeles y Arkais trabajan a lo largo de este período. En el niño, el organismo está siendo construido constantemente por el alma y el espíritu. Esta actividad lo abarca casi todo, y en ella trabajan fuerzas de la Tercera Jerarquía.

A los 14 años comienza a trabajar la Segunda Jerarquía (Exusiai, Dynamis, Kyriótetes o Potestades, Virtudes y Dominaciones). De tal forma que (ver dibujo) que entre los 14 y 35 años tenemos que escribir Potestades, Virtudes y Dominaciones. Como pueden ver, en el periodo entre los 14 y los 21 años actúan simultáneamente sobre el hombre la segunda y la tercera Jerarquía. Es en el septenio de los 21-28 años cuando sólo está presente el obrar de la Segunda Jerarquía.

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En la pubertad, los grandes procesos cósmicos, que hasta ese momento no estaban actuando en el ser humano, comienzan en cierta medida, a participar activamente en él. Poca reflexión es necesaria para percibir que el hombre es capaz de procrear, está preparado para acoger aquellas fuerzas cósmicas que actúan en él en el instante en que ha de tener lugar una concepción o nueva creación física en el ser humano. Antes de esa edad estas fuerzas cósmicas no están presentes. Es en el organismo donde tiene lugar esta transformación y, a través de ella, se envían a éste fuerzas más poderosas de las que previamente contenía. Estas poderosas fuerzas no están presentes en el niño antes de esa edad. El niño carece de ellas, aunque las contiene de una forma aun débil, y obran sólo sobre el alma en la vida terrenal, no en el cuerpo.

A los 35 años comienza un período donde el ser humano se vuelve más débil con respecto a sus fuerzas anímicas, se hace menos capaz de soportar la aparición de las fuerzas destructivas en su organismo. Antes de esta edad,  el propio organismo constituye un apoyo fundamental, por su tendencia inherente a fomentar lo constructivo. Esta tendencia se prolonga a lo largo de la década de los treinta, pero entonces comienza a predominar una tendencia destructiva. Este proceso de destrucción no puede ser contrarrestado ni siquiera por las fuerzas que emanan de los Seres de la Segunda Jerarquía.

A partir de entonces el alma debe recibir suficiente apoyo desde el cosmos para impedir que el curso normal de la vida desemboque en la muerte a la edad de 35 años. Porque si hasta los 21 años sólo trabajaran los seres de la Tercera Jerarquía y, después, desde los 14 hasta los 35 años, sólo los Seres de la Segunda Jerarquía, estaríamos maduros para la muerte a la edad de 35 años, es decir en la mitad del curso de la vida terrenal, a no ser que el cuerpo se siguiera manteniendo por pura inercia. Pero esto no llega a suceder porque no ya desde los 35 años, sino desde los 28, y de nuevo durante tres periodos de siete años, hasta los 49, obran en el hombre las entidades de la Primera Jerarquía: Serafines, Querubines y Tronos.

Una vez más hay un septenio, entre los 28 y los 35 años, donde la Segunda y la Primera Jerarquía trabajan conjuntamente.  Así, en realidad, la Segunda Jerarquía funciona por sí misma durante el período comprendido entre los 21 y los 28  años de edad.

Como he dicho antes, vamos a considerar el último período de la vida en la próxima conferencia. Naturalmente, dirán: Pero ¿está el ser humano a partir de los 49 años abandonado por todas las Jerarquías?. Estudiaremos esta posibilidad en otra ocasión. Lo que estamos estudiando hoy no tiene por qué ser aplicado solo a los que están por debajo de la edad de 49 años. Para empezar, sin embargo, debemos aprender a conocer cómo vierten sus fuerzas las Jerarquías, en el curso de la biografía humana.

Naturalmente, no hay que pensar que estos asuntos pueden ser adecuadamente estudiados poniéndolos de una manera esquemática. Esto es imposible cuando tenemos que entrar en las regiones de una vida superior.

Durante muchos años he estado hablando del hombre como un ser tripartito: el hombre cefálico (neuro-sensorial), el hombre rítmico, y el hombre metabólico. Un profesor dedujo de ello ¡lo que deducen los profesores!  que yo había dividido al hombre en tres -la cabeza, el pecho y el sistema abdominal-; lo hizo así porque puso esquemáticamente una cosa al lado de la otra. Pero yo siempre he puesto el acento en que el sistema neuro-sensorio está realmente concentrado en la cabeza, pero por otro lado, se extiende por todo el hombre. Lo mismo sucede respecto al sistema rítmico. Las cosas vivas simplemente no se pueden poner una al lado de la otra,  espacialmente.  De la misma manera no se debe concebir la secuencia del funcionamiento de Ángeles, Arcángeles y Arkais limitado por lo general a los tres primeros períodos de la vida, pues las consecuencias de estos períodos continúan a través de la toda la vida, al igual que el sistema neuro-sensorial se concentra principalmente en la cabeza, pero está presente en todo el organismo. Podemos sentir con el dedo gordo del pie, ya que éste también contiene el sistema neuro-sensorial. La tripartición del organismo humano es una realidad, como también lo es la tripartición de la que voy a hablar ahora.

Al estudiar los septenios de la vida humana, se podría decir: por un lado el “yo” humano está sujeto a numerosas influencias procedentes del mundo espiritual, al igual que en el aspecto físico está sujeto a influencias procedente de los reinos naturales. Como seres humanos estamos con nuestro “yo” expuestos a lo que nos viene del Cosmos, de una manera más complicada. Esta actividad espiritual que se extiende a partir de las Jerarquías desde el cosmos hacia el hombre, también se ocupa de la formación del karma durante la vida física en la tierra.

Los Ángeles, Arcángeles y Arkáis nos traen desde el mundo espiritual al mundo físico, y son ellos principalmente los que nos acompañan a través de los tres primeros septenios de la vida. Y  trabajan con más fuerza sobre todo en el sistema cefálico. Todo el complicado y maravilloso desarrollo que tiene lugar en nuestra vida sensorial e intelectual hasta la edad de 21 años está marcado por la Tercera Jerarquía. Innumerables acontecimientos tienen lugar tras las escenas de la conciencia ordinaria. Y es precisamente en estos acontecimientos donde participan estos Seres de las Jerarquías Superiores.

Por otra parte a partir de la pubertad, alrededor de los 14 años en adelante, Seres, cuyas fuerzas son más potentes que las de la Tercera Jerarquía, comienzan a actuar en el sistema rítmico. La verdadera tarea de los Seres de la Tercera Jerarquía (Ángeles, Arcángeles y Arkáis), es influir en nuestra vida anímica. Desde la pre-existencia terrenal traemos con nosotros para las tres primeras etapas de la vida fuerzas tales, que el alma es capaz de trabajar poderosamente sobre el cuerpo físico. Durante este período, sólo son necesarias comparativamente, las fuerzas mas débiles de la Tercera Jerarquía para venir en ayuda del hombre.

Las fuerzas que necesitan la Tercera Jerarquía, para guiar y dirigir la vida humana hasta los 21 años emanan de estas entidades desde las radiaciones espirituales de Saturno (♄), Júpiter (♃) y Marte (♂).

Cuando la ciencia física trata de describir el Cosmos, es muy ingenuo. De Saturno, Júpiter y Marte irradian fuerzas de las cuales, los Ángeles  Arcángeles y Arkais obtienen el entendimiento más profundo.

Cuando el hombre pasa el umbral de la muerte, entra, en primer lugar, en la esfera de la Luna, donde toma contacto con Seres que una vez estuvieron en la Tierra y que son jueces severos del bien y el mal que éste trae consigo. Por el momento tendrá que dejar en esta esfera lunar el mal que forma parte de él. No lo puede  llevar a la Región Solar. Luego pasa a través de la esfera Sol, y aún más lejos en el cosmos. Las fuerzas de Marte, Júpiter y Saturno comienzan a trabajar sobre él.

Transcurre la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, y en el camino de regreso, cuando ha llegado de nuevo a la esfera Lunar, salen a su encuentro los Ángeles  Arcángeles y Arkáis donde, por así decirlo le susurran: “Saturno, Júpiter y Marte nos han dicho que te encuentras lisiado en determinados aspectos. Nos han dicho que tuviste que dejar el mal, pero esto significa que dejaste atrás algo de ti mismo y entraste como un lisiado en la esfera del Sol, así como en las regiones más allá del mismo. Y la mirada de Saturno, Júpiter y Marte caen sobre ti.”

En verdad, mis queridos amigos, la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento es complicada. Tan pronto como pasamos por el portal de la muerte, acontece lo que he descrito que se lleva a cabo en la esfera Lunar. El hombre debe dejar atrás todo lo que de su ser se ha identificado con el mal. Es como si el cuerpo físico se viera obligado a abandonar sus extremidades. Debido a que se ha identificado con el mal, el hombre entra en la esfera Sol y al resto del cosmos en un estado mutilado; mutilado, porque se ha visto obligado a dejar atrás ciertas partes de su ser. Y cuando, después de haber pasado por el esfera del Sol, entra en la esfera de Marte, Júpiter y Saturno, siente la mirada de los Seres que habitan en estas esferas. Siente que estos Seres le contemplan  con la mirada penetrante de la justicia, porque como tejedores de la justicia cósmica, observan cuanto de su ser como hombre puede llevar hacia allí  Se miran en él. Cada uno de nosotros percibe cuánto bien o mal se ha convertido en parte de nosotros, lo que hemos podido llevar hacia arriba, así como lo que nos falta, es decir, lo que nos vimos obligados a dejar atrás, cada uno de nosotros se da cuenta ¿hasta qué punto estamos identificados con el mal?, ¿cuánto nos falta?. La mirada que nos dirigen los Seres de Marte, Saturno y Júpiter hace que nos hagamos conscientes de nuestras imperfecciones y defectos.

Transcurrido el tiempo, cuando el hombre se prepara para su nueva encarnación, cuando vuelve de nuevo, Saturno, Júpiter y Marte comunican a los Ángeles, Arcángeles y Arkais, lo que vieron y experimentaron cuando el hombre pasó frente a ellos, con todas sus imperfecciones. Los Seres de la Tercera Jerarquía tejen esto en él, por lo que el hombre lleva inscrito en su ser, lo que tiene que hacer en la vida terrenal como compensación kármica.  Es en estos tres primeros septenios de la vida (0-21 años) cuando Ángeles, Arcángeles y Arkáis trabajan con especial fuerza sobre el ser humano, inscribiendo las demandas kármicas en el sistema neuro-sensorio, en el sistema cefálico.

Cuando traspasamos los 21 años (en las próximas conferencias presentare lo que ocurre con los seres humanos que mueren antes de esa edad) llevamos grabado en nosotros lo que son las exigencias kármicas de nuestra vida. Esto se puede leer en las personas de 21 años, se pueden percibir las demandas kármicas inscritas en ellas, porque es en este período, hasta los 21 años cuando se inscriben estas demandas. Las llevamos en el trasfondo oculto del sistema neuro-sensorio, en lo que constituye nuestro fundamento anímico-espiritual.

Cuando, por el contrario, dirigimos nuestra atención hacia el curso posterior de la vida, cuando observamos el ser humano entre las edades de 28 y 49 años, nos encontramos con que no es tanto una cuestión de la inscripción de demandas kármicas, sino más bien del cumplimiento del karma, la descarga del karma. En este periodo de la vida aparece el cumplimiento kármico, lo que tenemos que descargar en función de lo que se acuñó en los tres primeros septenios.

Así que aquí puedo escribir (ver diagrama): desde los 28 hasta los 49 años, cumplimiento del karma. Durante el período comprendido entre los 21 y los 28 años las exigencias kármicas y el cumplimiento kármico se mantienen en equilibrio.

Ahora, hay un notable fenómeno al que se debe prestar atención en nuestro tiempo. En la época actual de la evolución de la humanidad existen muchos seres humanos cuya última encarnación de importancia se produjo en los primeros siglos después de la fundación del cristianismo, hasta aproximadamente el siglo VIII y IX. (Esto no implica que no halla habido ninguna otra encarnación en el tiempo transcurrido, pero en caso afirmativo, fue poco importante). Si tuviéramos que hacer un estudio de los seres humanos que viven en nuestro tiempo y participan en su cultura, podríamos encontrar que, con mucho, la mayoría de ellos tuvieron su última encarnación importante en los primeros siete u ocho siglos después de la fundación del cristianismo.

Ahora bien, este período tuvo un efecto notable sobre los seres humanos que vivían entonces. Esto se puede percibir hoy en día cuando se observa a ciertas personas en relación con su karma. Una y otra vez, mis queridos amigos, me he impuesto la tarea de estudiar a una serie de personas, desde este punto de vista en particular, personas que han adquirido un cierto grado de cultura contemporánea, la cultura intelectual predominante en nuestra época que es la cultura de la cabeza, así pues se trata de hombres que, comparativamente aprendieron mucho. Piensen en el gran número de personas que se han convertido hoy en día en profesores, de secundaria, funcionarios, y similares.  Estos han aprendido mucho, han estado a las escuelas secundarias, incluso en las universidades, y se han convertido realmente en personas muy inteligentes. (No me refiero a esto, irónicamente, sólo pido que se lo tome en relación con lo que he dicho en otras ocasiones sobre estas cosas). Hay un número incalculable de personas muy listas hoy en día. La mayoría, de hecho, son tan inteligentes que difícilmente se les puede decir nada, porque ellos ya lo saben. Cada uno tiene su propio punto de vista, su criterio, cada uno pronuncia un juicio acerca de lo que se le dice.

Así son las cosas en nuestro tiempo, pero sólo en nuestro tiempo. En épocas anteriores era bastante diferente. Entonces eran pocas las personas que tenían conocimiento, las demás escuchaban. No era normal que existieran tantas personas inteligentes como las de hoy en día  incluso en la temprana juventud ya se es sagaz. Basta pensar en cuántas personas menores de 21 años escriben -no voy a decir poesía, pues eso se ha hecho siempre- sino que elaboran artículos de prensa, incluso críticas serias.

Así pues, hoy en día la intelectualidad está extraordinariamente desarrollada. En el caso de la mayoría de las personas, esta intelectualidad está influenciada, fundamentalmente, por su encarnación en los primeros siete u ocho siglos después de la fundación del cristianismo.

En estos siglos se fue debilitando paulatinamente en el alma humana el sentimiento de lo que de la vida pre-terrenal venía a la existencia terrenal. Los hombres comenzaron a interesarse cada vez más por lo que viene después de la muerte y menos por lo que precedió a la vida terrenal. En este sentido he señalado en reiteradas ocasiones que no tenemos una expresión adecuada para la eternidad, sino sólo para la mitad de la eternidad que tiene un principio y nunca termina. Para esta parte de la eternidad de la existencia del hombre tenemos la palabra “inmortalidad”, pero a diferencia de las lenguas antiguas, no tenemos una palabra para la otra mitad de la eternidad, que nunca tuvo un principio. La eternidad abarca tanto la ‘inmortalidad’ como la ‘innatalidad‘. Hemos venido a este mundo como seres para quienes el nacimiento es solo una metamorfosis, al igual que nos alejamos del mundo terrenal a través de la muerte que a su vez significa sólo una metamorfosis, no un fin.

Esta consciencia estaba presente en el hombre hasta los primeros siglos cristianos, el hombre se decía  “He descendido del mundo espiritual a la existencia física”. Esta conciencia se hizo más y más débil hasta que el hombre comenzó a limitarse con este otro pensamiento: ¡Estoy aquí!. ¿Qué pasó antes? eso no me interesa. Lo que me interesa es lo que sigue después de la muerte. Esta fue la conciencia que se hizo más y más potente durante los primeros siglos cristianos. El sentimiento de existencia pre-terrenal se oscureció para los que en ese momento estaban pasando por su última encarnación importante, y es por esto que la inteligencia intelectual está actualmente totalmente dirigida a la tierra. Es por ello  que la inteligencia que ahora muestra el hombre es enorme, porque se dirige únicamente a lo terrenal. Cuando uno lleva a cabo investigaciones kármicas en este dominio, aparecen cosas muy sorprendentes y significativas. Voy a mencionar dos casos.

La primera es la de un hombre que enseñó historia en una escuela secundaria, un hombre extremadamente inteligente y muy impresionante como profesor. Hasta el momento en que las demandas kármicas aún estaban trabajando y luego a través de esta zona neutra aquí (véase el diagrama anterior) – es decir, hasta el comienzo de los treinta años, su inteligencia era muy evidente. Fue uno de los muchos hombres realmente inteligentes de nuestro tiempo. Pero  en el momento en que entró en esta fase aquí (de los 28 a los 49 años), su astucia ya no era un apoyo y sus impulsos morales estaban en peligro. No quedaba nada sino la intelectualidad, que entonces fue socavada. Cuando llegó el tiempo en el que las fuerzas ya no estaban unidas al sistema neuro-sensorio, sino hacia las del final de la vida, al sistema metabólico-motor, la naturaleza inferior reprimió lo que anteriormente había emergido, expresándose de forma tan evidente en el sistema neuro-sensorio. Esta personalidad que, en cuanto a la intelectualidad, había comenzado con tanta fuerza en su vida, termino en una degeneración moral. En una debacle moral. Este es un ejemplo.

Y ahora otro ejemplo –una personalidad que era aún más inteligente que la que acabo de mencionar- pero de nuevo sólo inteligente. Era extremadamente miope y estaba en posesión de una inteligencia realmente notable. Hasta la edad de 30 años, esta personalidad también, debido a su inteligencia, tuvo una fuerte influencia sobre sus semejantes. Sin embargo, cuando  cumplió los 30 años, e incluso los 35, cuando el sistema neuro-sensorio dejo de trabajar con tanta fuerza, dando paso a la actividad del sistema metabólico, este hombre, que había sido tan capaz e inteligente, se convirtió  en alguien absolutamente trivial y banal, absorto en pequeñas disputas. Lo conocí en su juventud y confieso que me sorprendió cuando lo encontré posteriormente entre las personas que quedan absortas en la vida trivial característica de un partido. La observación de la ruta de la exigencia kármica que conduce al cumplimiento kármico reveló que las fuerzas de la inteligencia en los hombres de nuestro tiempo, preparadas en la encarnación anterior durante los primeros siglos cristianos, no eran lo suficientemente fuertes como para que el alma pudiera elevarse al reino de la Primera Jerarquía, en el tiempo en que deviene más débil, cuando el cuerpo le ofrece la oposición más grande.

Y entonces, para mi se hizo evidente, que el gran número de hombres que son tan inteligentes, que pueden, sobre todo ser tan inteligentes a través de su educación, estos hombres que en la primera época de la vida desarrollan la capacidad de llegar con las fuerzas de su inteligencia a la Tercera Jerarquía, (Ángeles, Arcángeles y Arkáis). Esto lo obtienen. Y en esta época de la vida son personalidades que prometen.

Cuando entran en el ámbito de la Segunda Jerarquía, cuando están  por decirlo así, entregados a esta Jerarquía. Cuando la Segunda Jerarquía (Exusiai, Dynamis, Kyriótetes –Espíritus de la Forma, del Movimiento y de la Sabiduría) desciende a los seres humanos, casi todos los seres humanos son capaces de procrear, de reproducirse. Esta Jerarquía cósmica desciende. Aquí no hay un verdadero abismo entre el hombre y las Jerarquías. Sin embargo, cuando el hombre llega a sus 28 años y debe empezar a buscar una relación con la Jerarquía superior, la Primera Jerarquía, debe encontrar esta relación con toda su naturaleza, hasta en el sistema metabólico y las extremidades. Aquí se necesita una gran fuerza de apoyo interior en el ámbito espiritual, y a la semilla que fue plantada en él durante una vida anterior, en una época en que los hombres dejaron de pensar en la existencia pre-terrenal,  le resulta imposible suministrar tales fuerzas.

En relación con el karma, uno de buena gana querría impresionar a todos los verdaderos educadores y maestros, de la urgente necesidad de imbuir intelectualidad con tal fuerza espiritual que cuando el ser humano pase a través de los años posteriores de la vida, lo que se ha impregnado como fuerza moral en su intelecto pueda ser capaz de mantener el equilibrio contra las fuerzas que lo alejan de la Primera Jerarquía. (Vean la flecha en el diagrama.)

Es una cuestión de gran interés en nuestra época comparar la segunda parte de la vida humana con la primera, y los que tienen una aptitud para la observación de la vida deben comenzar a practicar la observación desde este punto de vista. Porque las cosas de las que he hablado se producen en la vida ordinaria; Los ejemplos que he dado son tomados de la vida cotidiana y pueden ser multiplicados no por cien, sino por mil, los encontramos por todas partes.

Pero también se puede encontrar algo distinto, en donde lo mismo solo se muestra en una región superior de la vida. Siempre he estado interesado en el camino del desarrollo espiritual de  la humanidad, y cuando dirijo mi atención a un numero de estos hombres, que entran en la vida de forma tan productiva, que incluso como jóvenes poetas o artistas causan una gran impresión sobre sus congéneres, y mas tarde dirijo la mirada a los mismos,  de quienes se dijo cuando tenían 24, 25, 26, 27 años: “¿Qué talento maravilloso!” veo que se hicieron mayores y todo se agoto, todo se quedo en la poesía o en lo artístico de la juventud. Mas tarde, todo se seco. No tenían ya la relevancia anterior, se agotaron en el terreno en que gozaron una vez de significación real.

Si ustedes recorren los nombres de los que  se han hecho una reputación como jóvenes poetas o artistas y luego perdieron todo derecho a ser incluidos en los anales de la literatura o el arte, encontrarán abundantes pruebas de lo que estoy diciendo.  Con ello quiero  mostrar cómo las diferentes épocas de la vida humana revelan de muchas maneras cómo entra en vigor el karma y los impulsos del karma.

Todo lo que es meramente intelectual y materialista realmente sólo puede influir interiormente en el ser humano en su juventud. Solo puede mantenerse a lo largo de toda la vida humana en concordancia con el karma a través de la vida terrenal, lo que como espíritu se añade a lo intelectual. Por lo tanto, cuando observamos el tipo de destinos que he descrito, debemos mirar hacia atrás, a las encarnaciones anteriores, donde al hombre no le fue dado el dirigir su atención a lo espiritual. Lo espiritual solo puede ser aprendido cuando la mirada se dirige a la vida antes del nacimiento, no sólo a la vida después de la muerte.

Estamos sumergidos en una autentica tragedia y hay múltiples cosas que no llegan a resistir la prueba de los años. En la juventud, los ideales son abundantes, y en la vejez pocos permanecen. Las personas mayores se basan más en el Estado y en sus pensiones que en el poder que sustenta la vida misma,  necesitan apoyo del exterior, porque no pueden encontrar en sí mismos lo que les lleva a vincularse con la Primera Jerarquía.

Vemos pues, que si queremos estudiar el karma por la senda correcta, debemos prestar atención a los diferentes miembros del hombre que se engranan unos con otros.  Cuando el hombre pasa a través de las tres primeras épocas de la vida, luego por las tres segundas y más tarde por las tres siguientes, vive de tal forma que primero tiene relación con la Tercera Jerarquía. Después añade la relación interior, inconsciente, con la Segunda Jerarquía y finalmente con la Primera Jerarquía. Sólo sobre la base de este conocimiento podemos juzgar hasta qué punto el hombre permite que sus impulsos kármicos, puedan llegar a su expresión. Pues es este saber respecto a la relación del hombre con las Jerarquías Superiores, el que otorga y muestra lo que es  la vida humana, en la realidad concreta.

Los Ángeles, Arcángeles y Arkáis nos dicen en nuestro inconsciente durante las tres primeras épocas de la vida: “todo esto lo has traído de épocas anteriores, a partir de vidas terrenales anteriores. Esto lo debes tomar sobre ti mismo”. Esto se nos dice en nuestra experiencia subconsciente de la vivencia del destino. Y en verdad, este mensaje de destino resuena constantemente en nosotros a lo largo de estos tres septenios, proveniente de la Tercera Jerarquía: “Esto es lo que Saturno, Júpiter y Marte han impuesto sobre ti. Sus fuerzas se nos han revelado”.

Luego pasamos a todo lo que viene de la Segunda Jerarquía, desde la región solar, y por último lo que viene de la Primera Jerarquía, desde la esfera de Venus, Mercurio y la Luna. Y así como los Ángeles evocan en las primeras épocas de la vida: “nos dijeron Saturno, Júpiter y Marte que esto te ha sido impuesto para llevarlo en la vida”, así desde los 28 años se encuentran en nuestra inconsciencia los Serafines, que también nos hablan: “Todo esto queda contigo, porque no puedes llevarlo a cumplimiento, porque eres incapaz de elevarte hasta nosotros, esto se queda contigo y has de soportarlo en la siguiente vida terrenal; tú no puedes equilibrarlo porque no tienes la fuerza para hacerlo”.

Por debajo de la consciencia del hombre hablan las fuerzas del karma, las fuerzas que forman el destino. Hablan desde  las tres Jerarquías Superiores. Y si tenemos la facultad sensitiva de percibir lo que entra en nuestra vida como destino, entonces también podemos presentir con reverencia y asombro cómo en el curso de nuestra vida los Seres de las Jerarquías Superiores están tejiendo en nuestro destino. Y en verdad, sólo entonces aprenderemos a ver la vida de la manera correcta.

Porque, ¿quién estaría satisfecho, si, cuando nos preguntan acerca de un hombre de cuya vida en la tierra se quiere saber algo, y se presupone que podemos contestar, nos limitamos a responder: “Oh, se llama Joseph Müller. Todo lo que puedo decirle es sólo el nombre?. Pues ante esa pregunta se esperaba que se iba a decir algo más que un nombre: los eventos de su vida, algo que arroje luz sobre las fuerzas e impulsos que influyeron en su vida terrenal. Nadie que realmente quiera saber algo acerca de un ser humano puede quedarse satisfecho con sólo saber su nombre. Pero en esta época materialista,  por desgracia, los hombres se conforman con el concepto “hombre” respecto a lo que se encuentra detrás de la conciencia ordinaria, en donde obran los Ángeles, Arcángeles, Arkáis, Exusiai, Dynamis, Kyriótetes, Querubines, Serafines y Tronos; pero no solo con la palabra “hombre”, sino con el concepto general “hombre”. No miran a las realidades concretas. Pero tienen que aprender a hacerlo, los hombres tienen que aprender a dirigir de nuevo la mirada a estas realidades concretas de la vida humana.

Traducido por Gracia Muñoz.

GA178. La reaparición de Cristo en el etérico

 

GA178c3. Las Entidades individuales y unidad indivisa del Cosmos

 

Rudolf Steiner – Dornach (Suiza), 25 de Noviembre de 1917

 

English Version

Quisiera agregar hoy algunos comentarios a las observaciones aisladas que he estado haciendo. Si siguen ustedes con atención el curso de los acontecimientos, habrán podido notar, de vez en cuando, como un sentimiento de que las ideas, impresiones e impulsos, en los que durante largo tiempo los hombres encontraron un “auténtico triunfo” ya no sirven hoy día para tender un puente hacia el próximo futuro. Uno de nuestros consocios me entregó ayer un número del “Frankfurter Zeitung”, del último miércoles 21 de noviembre de 1917. En él aparece el escrito de un señor muy ilustrado, y ha de serlo porque antepuso a su nombre no sólo el título de doctor en Filosofía, sino también en Teología y, por añadidura, el de profesor, o sea que se trata de un profesor, doctor en Teología y doctor en Filosofía: persona, no cabe duda, sumamente erudita.

Versa su escrito sobre las necesidades espirituales del presente, y en un párrafo expresa lo siguiente:

“La vivencia del ser que se halla tras los objetos no necesita consagración piadosa o valoración religiosa, pues es en sí misma religión. No se trata aquí de una sensación o aprehensión del contenido individual propio, sino de la gran irracionalidad oculta detrás toda existencia, y quien entra en contacto con esa irracionalidad hace saltar la chispa divina, vive una experiencia de carácter primario, una vivencia primordial propiamente dicha. Esto experimentado conjuntamente con aquello que está siendo conmovido por la misma corriente vital, confiere un sentimiento cósmico de la vida, por usar una expresión favorita de los tiempos modernos”.

Perdonen la cita, queridos amigos, pues no la leo con la intención de sugerirles de algún modo, ideas grandiosas con frases tan deslavadas, sino únicamente para destacar un símbolo de nuestro tiempo: tiene lugar el nacimiento de una religiosidad cósmica, hacia la cual aspiramos con una intensidad que se echa de ver en el palpable crecimiento del movimiento teosófico, que pretende descubrir y revelar los ciclos de la vida tras las impresiones sensorias. Es difícil abrirse paso por entre toda esta serie de conceptos nebulosos, pero son dignos de mención en cuanto símbolos de nuestro tiempo. Continúa el mencionado escritor:

“Esta piedad cósmica no es una mística que se inicie en aislamiento del mundo…” etc., etc.

En toda la peroración no se ve sensatez alguna; y considerando que procede de un “profesor, doctor en teología y doctor en filosofía”, tendremos que convenir en su sensatez, que si no fuera por todos sus doctorados, más bien debiera considerarse puras parrafadas confusas y balbucientes dando a entender que el docto señor no sabe cómo seguir, y siente, empero, la necesidad de aludir a algo que vagamente percibe y que le parece promisorio.

No deben embelesarnos estos desahogos, ni dejar tampoco que nos arrullen en un sueño iluso de que alguien, al fin, se ha dado cuenta de que, detrás del movimiento científico-espiritual, hay realmente algo. Sería esto incluso muy dañino, pues los que se permiten semejantes expansiones son frecuentemente los mismos que así se dan por satisfechos, no tratan de ir más allá, se limitan con sus frases confusas a aludir lo que tiende a hacer su aparición en el mundo, y así se quedan en la casta de los perezosos, demasiado apáticos para adentrarse a un estudio profundo de las ciencias ocultas y al ejercicio de las doctrinas que deberán irrumpir efectivamente y apoderarse del ánimo de los hombres, si es que el enclave en la realidad y la corriente temporal del devenir llegan a esa intima fusión de la que arrancará la redención del género humano. Claro que es más fácil discursear sobre “oleajes” y “sentimientos cósmicos”, que aceptar seriamente las verdades que en el momento presente han de revelarse a la humanidad, de acuerdo con el signo de los tiempos.

Por eso me parece necesario decir precisamente ahora las cosas que sustento en mis conferencias públicas y que seguiré sustentando, a fin precisamente de acentuar la diferencia que existe entre lo pasado, que no puede sobrevivir y que nos ha conducido a este período de catástrofe, y lo que el alma humana debe asimilar, si ha de proseguir adelante.

Con la antigua sabiduría con la que el hombre ha llegado a los tiempos actuales, pueden celebrarse miles de congresos, congresos mundiales, populares, o lo que sea, fundarse miles y miles de asociaciones: lo único seguro es que todo esto no llegará a ninguna parte, si no lo irriga la sangre vital de la ciencia del espíritu. Lo que le falta hoy al hombre, es el valor para entrar en la verdadera investigación del mundo del espíritu, y, por raro que parezca, hemos de insistir de nuevo: bastaría, un pequeño paso al principio; nada más que la propagación en amplios círculos del opúsculo titulado “La vida humana desde el punto de vista de la ciencia oculta”, para que hiciéramos algo efectivo en pro del conocimiento de la relación entre el hombre y el orden cósmico. He aquí el objeto de ese opúsculo; concretamente lleva a observar que la Tierra cambia anualmente su estado de conciencia, y así sigue la disgresión.

Todo el contenido de esta conferencia y el del opúsculo citado se relaciona con las necesidades de nuestro tiempo, y se afirma con toda intención. Aceptarlo, tendría una resonancia de mucho mayor alcance que toda la explosión de sentimientos cósmicos y de todo lo que informa la marejada que les he leído, y que por insulso no voy a repetir. Esto no impide que le prestemos atención: es importante y esencial, pero cuidemos que no nos ofusque, pues hemos de lograr la máxima claridad cuando se trata de actuar en el sentido de la ciencia espiritual antroposófica.

Quiero llamar una vez más la atención sobre el hecho de que en esta quinta época postatlante, la humanidad ha de enfocar muy especialmente los grandes problemas de la vida, obscurecidos en cierto modo por el conocimiento de los tiempos anteriores. Ya antes me he referido a ello. Uno de esos problemas puede definirse así: cómo lo etéreo-espiritual puede ponerse al servicio de la vida práctica exterior. Ya he mencionado que esta quinta época postatlante tendrá que enfocar en qué forma los estados de ánimo humanos, las fluctuaciones anímicas, podrán transmitirse a las máquinas en movimientos oscilatorios, así como de qué modo el hombre podrá relacionarse con un mecanismo cada vez mayor. He ahí el motivo por el que, hace ocho días, llamé su atención sobre la manera superficial en que conciben esta mecanización ciertos países del mundo. Les presenté un ejemplo de cómo, basado en el pensamiento norteamericano, se pretende anteponer lo mecánico al mismo vivir humano, y me detuve en las pausas que se intentan aprovechar para que cierto número de obreros puedan cargar unas cincuenta toneladas en vez de un peso mucho menor; para eso basta aplicar a la vida el principio de selección darwinista en toda su efectividad.

En esta forma, se pretende sujetar bajo el mismo yugo la energía humana y la mecánica; lo que no procede en ningún sentido; sería una idea completamente falsa. Pero todo esto no se puede evitar, ha de suceder forzosamente. El interrogante es si entrarán en la escena del devenir histórico universal hombres familiarizados altruistamente con las grandes metas de la evolución terrestre, y aptos para estructurarlas en beneficio de la humanidad, o grupos humanos atentos solamente al egoísmo personal o del grupo. He ahí el enigma. No es el qué lo que importa, porque viene indefectiblemente; lo que importa es el cómo, el enfoque real del asunto: el qué se halla simplemente en el camino de la evolución terrestre, y la fusión de la esencia humana con la esencia mecánica constituirá un problema trascendental que se arrastrará durante el resto de la evolución terrestre.

Con toda intención he venido señalando últimamente, cada vez con más frecuencia, incluso en las conferencias públicas, que la conciencia del hombre se relaciona con energías demoledoras. Dos veces he advertido en mis conferencias públicas de Basilea: morimos en nuestro sistema nervioso; y esta muerte, estas energías en extinción, serán cada vez más poderosas, y habrá que establecer la conexión entre las fuerzas humanas que expiran en forma similar a las energías eléctricas y magnéticas, y las externas de la máquina. El hombre podrá en cierto modo inducir sus intenciones y sus pensamientos, a las fuerzas mecánicas; lo que corresponde a las fuerzas todavía ignoradas de la naturaleza humana, fuerzas capaces de actuar sobre las energías exteriores eléctricas o magnéticas. He ahí uno de los problemas: la conjunción del hombre con lo mecánico, sin cesar en incremento en el futuro.

El otro problema corresponde a la apelación de las condiciones espirituales, sólo a su debido tiempo y cuando exista la suficiente cantidad de personas correctamente preparadas. Pero ha de llegar el día en que las energías del espíritu se movilicen para el dominio de la vida en lo que se refiere a la enfermedad y la muerte. Se espiritualizará la medicina, en alto grado. Por doquiera surgen sobre esto caricaturas, caricaturas que fatalmente conducen a lo que ha de suceder. Y de nuevo, tropezamos con lo mismo: el problema es atacado al igual que otros problemas, o sea, de un modo superficial egoísta, ya sea egoísmo particular o grupal.

El tercer problema es: cómo introducir el pensamiento humano en el propio devenir de la raza humana, en el nacimiento y la educación. Ya me he referido en alguna ocasión a los congresos celebrados con la finalidad de preparar para el futuro una estructuración materialista de la genética y del ayuntamiento de hombre y mujer; todas estas cosas nos sugieren que algo importante está en gestación, y lógico es, pues, preguntarse: ¿por qué los que saben, no revelan su sabiduría? Pronto sabremos el por qué, y qué fuerzas obstaculizadoras háyanse todavía en juego actualmente, con suficiente poder para entorpecer la fundación de una medicina espiritualizada, o de una economía espiritualizada. Lo único que podemos hacer hoy día, es hablar de ello hasta que los hombres nos entiendan, hasta que las entiendan, realmente, quienes estén dispuestos a responsabilizarse de ellas con altruismo. En este momento, muchos creen poder hacerlo; pero existen muchos factores vitales todavía que lo impiden, y que sólo pueden superarse con una comprensión más profunda, y cuando se renuncie en el primer momento, al menos por algún tiempo, a cualquier aplicación práctica y directa en gran escala.

La evolución se ha llevado a cabo en tal forma, que ya podemos decir: poco queda de lo que se ocultaba tras la antigua tendencia atávica hasta los siglos XIV y XV. Mucho se habla hoy de la antigua Alquimia; incluso surge el recuerdo del proceso de engendrar el Homúnculo, etc. Los comentarios al respecto son, generalmente, equivocados; hemos de llegar a entender lo que, en verdad, significa el Homúnculo, de Goethe; hay que llegar a este nivel. Pero hemos de tener en cuenta que desde el siglo XVI, se viene velando todo esto, se viene nublando la conciencia humana.

La ley que gobierna estos procesos es exactamente la misma que determina en el hombre el cambio rítmico entre vigilia y sueño, y así como él no puede eludir el sueño, tampoco podría la humanidad evitar la letargia de la ciencia espiritual del devenir que caracteriza a los siglos a partir del XVI. Tenía que caer alguna vez la humanidad en esta somnolencia espiritual a fin de que, al despertar, resurja la espiritualidad bajo otra forma. Hay que comprenderlo, y no desanimarse; pero, por la misma razón, debemos ser conscientes de que ha llegado el momento del despertar, y de que hemos de coadyuvarle: los acontecimientos se anticipan en diversa forma al auténtico conocimiento; no podremos entender los acontecimientos si no nos esforzamos, desde ahora, hacia la sabiduría.

También les he manifestado repetidas veces que ciertos grupos ocultistas de tendencias egoístas están trabajando en la misma dirección que he señalado varias veces en estas conferencias. Era necesario que la humanidad perdiera determinada sabiduría, sabiduría que hoy se define con las incomprensibles palabras de alquimia, astrología, etc; era necesario que determinado saber entrara en estado letárgico, para que el hombre ya no tuviera el deseo de descubrir el espíritu en su observación de la naturaleza, y así quedara más bien abandonado a sí mismo. Y, para que pudiera despertar las energías que dormitaban en su interior, convenía que ciertas cosas aparecieran primero en forma abstracta, y sólo después adoptarán nuevamente una figura espiritual concreta.

Tres ideas se han ido progresivamente formando en el curso de los últimos siglos, ideas propiamente  abstractas en la forma como se han presentado al hombre: Kant las ha definido erróneamente, en tanto que Goethe lo ha hecho correctamente. Kant las denominó: Dios, Libertad e Inmortalidad, y Goethe les aplicó las acertadas denominaciones de: Dios, Virtud e Inmortalidad.

Si se examina lo que se halla tras estos tres conceptos, se verá que es exactamente lo mismo que el hombre moderno hoy enfoca abstractamente, y que en los siglos XIV y XV se enunciaba con mayor concreción, en el antiguo sentido atávico, con mayor materialidad. Así el experimento al estilo antiguo, correspondía al intento de ver, en los experimentos alquimistas, los procesos que mostraran el poder de Dios en acción: se trataba de producir la piedra filosofal.

Tras todo esto siempre hay algo concreto; así la piedra filosofal debía conferir al hombre la capacidad de virtud, pero entendida materialmente; debía llevar también al hombre a la experiencia de la inmortalidad, situarle en una relación tal con el Universo que le permitiera percibir lo que hay mas allá del nacimiento y la muerte. Todas las ideas esfuminadas con las que hoy se conciben las cosas antiguas, ya no coinciden con las intenciones de antiguos tiempos: se han tornado abstractas, y la humanidad moderna se mueve en abstracciones; ha pretendido entender a Dios por medio de la teología abstracta, y a la virtud como algo meramente abstracto. Cuanto más abstractamente se hable de todo esto, más agradable será para la humanidad moderna; y esto también concierne a la inmortalidad, a la especulación sobre lo que pueda haber de inmortal en el hombre. En mi primera conferencia en Basilea, dije que la ciencia filosófica que gira en torno de la inmortalidad, es una ciencia hambrienta, una ciencia subalimentada; otra forma de expresar el abstraccionismo hacia el cual decididamente se tiende.En ciertas hermandades de Occidente se conserva también la conexión con las antiguas tradiciones, y se intenta utilizarla al servicio de un cierto egoísmo de grupo. Hubo que destacarlo.

Cuando en algún rincón de occidente se tratan estos temas en la literatura pública exotérica, se hace referencia también a Dios, a la Virtud o a la Libertad, e Inmortalidad, pero siempre en sentido abstracto. Únicamente en los círculos iniciáticos se sabe que todo esto no es sino especulación, mera abstracción.

Sin embargo, desde el punto de vista personal, lo que se persigue con las fórmulas abstractas de Dios, Virtud e Inmortalidad, es algo mucho mas concreto, y en las escuelas respectivas, se interpretan estos conceptos para los iniciados. Dios se interpreta como el Oro, y se intenta descubrir el secreto que podría definirse como el secreto del Oro. Ya que el oro representa al sol en la corteza terrestre y, efectivamente encierra en sí un importante secreto: él está en una relación material con las demás sustancias, similar a la de la idea de Dios con respecto a las demás ideas, se trata de cómo captar el secreto.

Esto guarda relación con la explotación egoísta grupal (Nota del traductor: en 1976 diríamos manipulación demográfica”), del misterio del nacimiento, y lo que se pretende es llegar a una comprensión realmente cósmica. Pero el hombre moderno ha substituido esa comprensión cósmica por la telúrica, y cuando investiga cómo se desarrolla, por ejemplo, el embrión del animal o del humano, escudriña con el microscopio lo que existe en el lugar de la Tierra hacia el que dirige la lente, y considera que eso es lo que debe investigar. Pero no es así. Con el tiempo se llegará a comprender ,  y ciertos círculos están muy próximos a esa comprensión, que el poder operante no está donde el microscopio dirige su mirada, sino que procede del cosmos, de la Constelación Cósmica. Cuando se manifiesta el embrión es porque fuerzas procedentes de todo el cosmos, energías cósmicas, actúan sobre el ser en el que tiene lugar su formación, y el resultado de una fecundación depende de las energías cósmicas que en ella intervienen.

Una cosa se llegará a comprender, incomprendida hoy todavía.  Supongamos un ser animado cualquiera, digamos una gallina.  Cuando en este organismo aparece un nuevo germen, la biología dispone sus investigaciones partiendo de la premisa de que el huevo procede de la gallina misma, e investiga sus propias energías que permiten que el huevo se desarrolle.  Esto es un absurdo, porque el huevo no procede de la gallina, que es nada más que sustrato: es del cosmos de donde  proceden las energías que engendran el huevo en el suelo propicio de la gallina. El biólogo provisto de un microscopio que examina el campo focal de su aparato, cree que las fuerzas fecundantes están dentro de ese mismo campo. Pero lo que está viendo depende de los poderes estelares, que confluyen en un punto de una constelación determinada.  Cuando descubramos lo cósmico en este proceso, captaremos, por primera vez, la verdad y la realidad, o sea, que es el universo el que realiza la magia del huevo dentro de  la gallina.

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Todo esto se relaciona principalmente con el secreto del Sol, y desde un punto de vista telúrico con el secreto del Oro. Me limito ahora a una especie de señalamiento programático, por así decir; en el curso del tiempo todo esto se nos irá aclarando.

En las hermandades a las que me he referido, la virtud no se llama virtud, sino sencillamente, salud, y se busca conocer constelaciones cósmicas que se relacionan con el hombre en su salud y enfermedad. Conociendo las constelaciones cósmicas, se conocen asimismo las distintas sustancias de la Tierra, tales como zumos y otras, relacionadas con la salud y la enfermedad. En ciertos sectores, se irá configurando una estructuración cada vez mas material de la ciencia curativa, que descansará, sin embargo, sobre bases espirituales.

Los mencionados sectores propagarán la idea de que no es con la asimilación abstracta de principios éticos como el hombre puede sanar, sino administrándole, pongamos por ejemplo cobre bajo una constelación estelar determinada, y arsénico bajo otra. ¡Imagínense ustedes hasta que punto pueden aprovechar esta sapiencia en pos del poder, las personas dominadas por un egoísmo grupal!. Basta con excluir de este saber a los demás, no hacerlos partícipes de él, y así disponer del mejor medio de dominar grandes masas humanas. Y ni siquiera se necesita recurrir a la palabra hablada, basta con inventar hoy por ejemplo, una nueva golosina. Luego se organiza el mercadeo con ella, aderezada del modo conveniente, y se pueden dar los pasos necesarios si se conciben de un modo materialista. Basta con tener presente que todo lo material encierra en sí una virtualidad espiritual; solo el que sabe que nada material existe en sentido estricto y que todo es espíritu, puede penetrar en los secretos de la vida.

Del mismo modo, esos grupos tratan de llevar el problema de la inmortalidad por cauces materialistas. Por el mismo procedimiento, o sea, aprovechando las constelaciones cósmicas, se puede dirigir, por dichos cauces, el problema de la inmortalidad, aunque, en verdad, así no se logre la auténtica inmortalidad, sino otra. Mientras no sea posible todavía actuar sobre el cuerpo físico a fin de alargar artificialmente la vida, los miembros de ciertas hermandades, tratan por medio de ejercicios anímicos idóneos, de estar en posibilidad de permanecer dentro de la hermandad aún después de la muerte, y así colaborar con ella recurriendo a los poderes de que entonces dispongan. La inmortalidad en estos círculos simplemente se denomina prolongación de la vida.

Sin duda, pueden ustedes observar los signos externos de todas estas cosas. No sé si alguno de los que me escuchan conoce el libro titulado “La arbitrariedad de la muerte”, originario del Occidente, y con cierto éxito durante algún tiempo. Todo esto desemboca en la misma dirección. Todavía están en pañales, pues todo lo que va más allá de los primeros pasos, el egoísmo grupal lo guarda celosamente; lo mantienen las hermandades dentro de un estricto esoterismo. Pero todo ello es posible si, dirigido por cauces materialistas, se convierten las ideas abstractas de Dios, Virtud e Inmortalidad en las concretas de Oro, Salud y Prolongación de la Vida, si se aprovechan en sentido grupal egoísta los graves problemas que les he presentado como propios de la quinta época postatlante. Lo que el profesor, doctor en teología y en filosofía, denomina vagamente “sentimiento cósmico”, muchos lo presentan al hombre como conocimiento cósmico, y muchos de ellos, por desgracia, en sentido egoísta. Mientras que la ciencia se ha limitado durante siglos a observar solamente lo que actúa en la Tierra, y no ha pretendido llegar a lo extratelúrico que constituye lo esencial en el acontecer, la quinta época postatlante concederá primacía a la utilización de las fuerzas de origen cósmico.

Y así como lo importante ahora para un profesor normal de biología, es disponer de un microscopio del mayor poder posible, de los sistemas mas perfeccionados de laboratorio, y así sucesivamente, cuando en el porvenir, se haya espiritualizado la ciencia, lo importante será el momento en que se lleve a cabo el proceso: mañana, tarde o mediodía; si lo ejecutado en la mañana por ejemplo, recibirá de algún modo las influencias del atardecer, o si queda excluida y paralizada toda influencia cósmica desde por la mañana hasta el anochecer. La necesidad de tales procesos se pondrá en evidencia en el futuro, y se pondrán en práctica.

Naturalmente, que mucha agua arrastrarán los ríos antes de que las cátedras de estilo puramente materialista, y los laboratorios, etc., se entreguen a los científicos del espíritu. Mas si la humanidad no quiere llegar a su absoluta decadencia, los trabajos que actualmente se desarrollan en los laboratorios, tendrán que substituirse por otros, a fin de que, en pos de la evolución en un futuro próximo, de tal modo se planeen, que se suspendan ciertos procesos de la mañana, durante el día, para dejarlos expuestos al anochecer al influjo de las corrientes cósmicas, en repetición rítmica hasta el día siguiente. O sea que los procedimientos deberán transcurrir de tal modo que determinadas influencias cósmicas se interrumpan durante el día, encauzadas hacia las alternativas de procesos cósmicos matutinos y vespertinos. Esto requiere múltiples preparativos.

De aquí podrán ustedes deducir que, cuando no se está en posibilidad de públicamente colaborar en el devenir, no queda otra alternativa que la de disertar sobre el tema. No obstante, los sectores aludidos, que se inclinan por el Oro, la Salud y la Longevidad, en lugar de Dios, Virtud e Inmortalidad, no intentan recurrir a los procesos matutinos y vespertinos, sino a algo muy distinto.

Me permito recordar que, en mi última conferencia , expuse que, por una parte, se pretende desterrar del mundo el Impulso procedente del Misterio del Gólgota, sustituyéndolo en Occidente por otro estímulo, que puede corresponder a una especie de Anticristo, y, por otra parte, del Oriente, paralizando el Impulso Crístico que ha de resurgir en el siglo XX, desviando la atención del Cristo que habrá de reaparecer en lo etéreo.

Quienes pretenden suplantar, en cierto modo al Cristo por el Anticristo, habrán de aprovechar los efectos de las fuerzas mas materiales, efectos que sin embargo son de índole espiritual. A este fin, se intenta, sobre todo, recurrir a la electricidad y particularmente al magnetismo terrestre para lograr decididos efectos sobre toda la Tierra.

Ya he tenido ocasión de manifestar que con el doble del hombre, ascienden esas fuerzas terrestres, secreto que se descubrirá muy en breve. La aplicación del magnetismo terrestre en su doble polaridad de magnetismo boreal y magnetismo austral, para irradiar hacia la Tierra fuerzas directrices de efectividad espiritual, constituirá en el futuro un secreto norteamericano.

Examinen el mapa magnético, y comparen ahí el curso de las líneas magnéticas según que la aguja señale hacia Oriente u Occidente, o permanezca inmóvil. Sobre todo esto he de limitarme a alusiones por el momento: seres espirituales actúan sobre la Tierra desde cierta región del Cielo, y basta con que se hallen al servicio de la existencia terrena para descubrir el secreto el magnetismo terrestre. Estos seres espirituales que actúan desde el cosmos pueden revelarnos ese secreto, y así conseguir óptimos resultados desde un punto de vista egoísta grupal, o sea, en lo referente a la triada Oro, Salud y Longevidad. Lo único necesario es moverse en cierto ánimo de dudosa calidad; y ciertos círculos lo procurarán, sin duda.

Los grupos orientales intentarán fortalecer la tendencia que ya mencioné, poniendo al servicio de la existencia terrestre la influencia y acción de las entidades que proceden del lado cósmico opuesto; magna contienda tendrá lugar en el futuro.

La ciencia humana se encaminará hacia lo cósmico, de diversas maneras. Será misión de la ciencia sana y benéfica encontrar las fuerzas cósmicas que se originen por la confluencia sobre la Tierra de dos corrientes cósmicas de sentido opuesto; las procedentes de Piscis y de Virgo, habrá que descubrir, ante todo, el secreto de la fusión de las fuerzas solares que proceden de Piscis, con las que llegan de Virgo. Y lo que hay que descubrir es cómo lograr que las dos energías procedentes de dos partes del cosmos, las de Piscis, por un lado, y las de Virgo, por el otro, matutinas y vespertinas, actúen en provecho de la humanidad.

No interesan estas fuerzas a los que intentan alcanzarlo todo por medio del dualismo y la polaridad, por medio de fuerzas positivas y negativas. Los secretos espirituales que, con el auxilio de las fuerzas dobles del magnetismo, la positiva y la negativa, permiten que lo espiritual de la Tierra se sature de energías cósmicas, emplean energías que proceden de Géminis, fuerzas de mediodía.

Ya en la antigüedad se conocían estas fuerzas cósmicas, y también saben hoy los científicos, de una manera exotérica, que tras el signo zodiacal Géminis se ocultan los magnetismos positivo y negativo.

El propósito puede consistir en neutralizar los beneficios que resultan por la manifestación de la dualidad del cosmos, anularlos materialista y egoístamente por medio de las fuerzas que afluyen a la humanidad especialmente de Géminis y que fácilmente pueden estar al servicio del doble de los hombres.

Luego hay otras hermandades, cuyo objetivo consiste en pasar por alto el Misterio del Gólgota, y cuya meta es recurrir a la naturaleza dual del hombre; esta doble naturaleza que en esta quinta época postatlante, háyase integrada por lo humano y por lo animal inferior. El hombre es realmente un centauro: contiene la naturaleza animal inferior, astralmente, y la humanidad situada, en cierto modo, sobre ese animal astral. Por la acción reciproca de esta dualidad, existe un dualismo de fuerzas; ese dualismo del que tratan de aprovecharse ciertas hermandades egoístas del Oriente, hinduístas, con el fin de seducir al Este europeo, al cual corresponde la misión de preparar la sexta época postatlante, recurriendo a las energías procedentes de Sagitario.

Lo que se le plantea ahora a la humanidad es la conquista de lo cósmico, ya sea de manera doblemente incorrecta, o simplemente correcta. Esto nos lleva a una auténtica renovación de lo astrológico que, en su antigua forma atávica, no puede sobrevivir.

Los conocedores de los secretos del cosmos se combatirán entre sí, los unos echando mano de los procesos matutinos y vespertinos en la forma indicada; los otros, en Occidente, utilizando preferentemente los procesos de mediodía, con exclusión de aquéllos, y en Oriente, sirviéndose de los procesos de medianoche. La preparación de substancias ya no tendrá exclusivamente en cuenta las fuerzas químicas de atracción y repulsión; se sabrá asimismo que las substancias resultantes son distintas según que se relacionen con procesos matutinos-vespertinos o de mediodía-medianoche; se sabrá asimismo que actúan de modo totalmente distinto sobre las triadas Dios, Virtud e Inmortalidad – Oro, Salud, Longevidad.

Ninguna injusticia podrá cometerse por la acción recíproca de fuerzas procedentes de Piscis y Virgo; sí se conseguirá, en cierto sentido, desprender del hombre el mecanismo biológico, pero ningún dominio y poder de un grupo sobre otro. Las fuerzas cósmicas traídas de estas últimas regiones siderales, producirán extraordinarias máquinas, pero únicamente las que redimen al hombre del trabajo, porque llevarán en sí mismas un cierto poder inteligente. Y la ciencia espiritual de orientación cósmica cuidará de que no ejerzan influjo dañino alguno las grandes tentaciones que provocarán estos animales-máquina que el propio hombre habrá producido,

A todo esto hay que añadir que es necesario que los hombres adquieran la preparación adecuada, evitando confundir las ilusiones con las realidades, a cuyo fin han de profundizar realmente en una concepción espiritual del mundo, en una comprensión espiritual del orbe. Ver las cosas tal como son: ‘He ahí lo importante! Pero únicamente podemos verlas tal como son si estamos capacitados para aplicar a la realidad las ideas y conceptos procedentes de la ciencia espiritual de orientación antroposófica.

Los muertos ejercerán gran influencia durante todo el periodo de existencia de la Tierra. ¿Qué será esta influencia?: He ahí el interrogante. La gran diferencia dependerá, sobre todo, de la conducta de los hombres sobre la Tierra, y así la acción benéfica de los muertos estará dirigida a que actúen por sí mismos, a que tomen sus estímulos de acción del mundo espiritual donde habitan post mortem.

En cambio, se manifestarán diversas tendencias hacia la penetración artificiosa de los muertos en la existencia humana. Por el medio de Géminis, ellos se introducirán en la vida del hombre, y así continuaran resonando las vibraciones humanas, vibrando de una manera bien definida en el funcionamiento de la máquina. Y de esta manera indirecta, el cosmos moverá las máquinas.

Cuando surjan estos problemas, lo importante será no hacer nada indebido, limitándose a las fuerzas elementales que ya son parte de la naturaleza, y renunciando a introducir energías impropias en la acción mecánica. En el campo del ocultismo, convendrá desistir de uncir el hombre al engranaje mecánico con objeto de sacar provecho de la teoría de la selección darwinista en lo que corresponde a la determinación de la capacidad de trabajo del hombre, tal como les indiqué últimamente por medio de un ejemplo.

El motivo de hacerles estas explicaciones, que naturalmente no pueden agotar el tema en tan breve tiempo, es porque confío que ustedes continuarán meditando sobre todas ellas, que intentarán tender un puente entre lo que yo digo y sus propias experiencias, ante todo las experiencias que estos tiempos difíciles nos deparan.

Cuando, a la luz de las ideas expuestas, enfoquen lo que he dicho, verán entonces cuántas cosas les resultarán más claras. Pues, no se trata, en nuestra época, de un enfrentamiento y constelación de fuerzas, como se repite, una y otra vez, en la vida externa exotérica, sino de algo muy distinto: tender un velo sobre las verdades intenciones que están en juego. Sin duda, existen ciertas fuerzas humanas empeñadas en salvar algo para sí. ¿En salvar qué? Ciertas fuerzas humanas están empeñadas en apoyar ahora solapadamente, con cierta reserva arhimánico-luciférica, los impulsos que hasta la Revolución francesa eran justificados e incluso los habían defendido algunas escuelas ocultistas: en apoyarlos con el propósito de mantener en pie un orden social que la humanidad creía haber superado desde fines del siglo XVIII.

Básicamente, hay dos potencias frente a frente: los representantes del principio superado desde fines de ese siglo, y los representantes de los tiempos nuevos. No cabe duda de que, instintivamente, un gran número de personas representa el impulso de lo nuevo. Por eso, representantes del viejo impulso, el de los siglos XVI, XVII y XVIII, son uncidos, por medios artificiosos, a las fuerzas que emanan de ciertas hermandades que actúan en virtud de un egoísmo grupal. El principio más eficaz, de los tiempos modernos para extender el poder sobre todos cuantos hombres se requiera, es el principio económico el de la dependencia económica, simple medio, sin embargo. porque en realidad, se trata de otra cosa, y la pueden ustedes deducir de todas las consideraciones que les he hecho. El principio económico está ligado a todo lo expuesto, cuyo objeto es formar un gran ejército mundial al servicio de dicho principio.

He ahí a lo que nos enfrentamos. Acabamos de señalar una de las partes que actualmente contienden en el mundo: la que defiende el principio de los siglos XVI , XVII y XVIII, enclavado en Occidente, disimulado bajo la indumentaria de la Revolución, de las frases de la Democracia, y tras la máscara, oculta sus propósitos de conquista del máximo poder. Favorece esos propósitos el que la gran mayoría no trate de ver las cosas como son, y se dejen engañar por el velo de maya, por la ficción de que la actual guerra es una lucha entre la Entente y las Potencias de la Europa Central.

No es esta guerra lo que, en verdad, existe, sino otra muy distinta, escondida tras el velo de maya: la guerra entre la Entente y las Potencias Centrales no es sino maya, ilusión. Para darse cuenta de lo que realmente está en juego en esta batalla, de cuáles son los verdaderos combatientes, observemos tras bambalinas, y a la luz de lo que, por ciertas razones, no puedo mas que sugerir. Mas, procuremos no tomar las ilusiones por realidades y, con sólo esto, se irán ellas desvaneciendo, observémoslo todo con actitud imparcial.

Si resumen ustedes las consideraciones que han integrado estas charlas, verán por si mismos que una de ellas, dada como accesoria, no lo es tanto como parece. No hubiera hecho Mefistófeles a Woodrow Wilson el comentario que hizo a Fausto: “Ya veo que tú conoces al diablo”, comentario no de poca monta, sino detalle que nos aclara una situación. Veamos esto sin simpatía o antipatía, objetivamente; seamos sobre todo, capaces de captar una causa cualquiera dentro del significado de su constelación, y el significado de su fuerza propia, pues suele ocurrir que tras ésta haya algo completamente distinto de lo que entraña la mera constelación. Y así, plantéense imparcialmente la pregunta de cuánto hubiera valido el cerebro de Wilson, si este cerebro no hubiera estado sentado en la silla presidencial de la Unión Americana. Supónganse que hubiera estado en otra constelación: ¡cómo hubiera podido entonces manifestar su fuerza propia! La constelación es lo que importa.

Existen casos, dicho radicalmente y en abstracto, y sin referirse desde luego al que acabamos de mencionar – no se me ocurriría esto en un país neutral – en que uno se pregunta si determinado cerebro tiene el valor que le confiere el poder espiritual especial que lo anima, si lo tiene en el sentido que anima nuestras disquisiciones, o bien si no tiene más peso que el de su materia en gramos.

Tan pronto como se han penetrado secretos del doble humano, tantas veces comentado últimamente llega uno a conceder a ciertos cerebros el valor. no estoy hablando de nada irreal, de su masa puesta en una balanza, porque es muy posible, si tuviera que ser así ponerlos a funcionar por medio del doble, exclusivamente.

Todo esto puede parecer grotesco al hombre del presente, mas toda esa extravagancia se convertirá en evidencia, si ciertas cosas que hoy llevan un curso dañino deben desembocar hacia una corriente benéfica. ¡De qué sirve el mero verbalismo! Por favor, adquieran la convicción de que toda verborrea en torno a la “religiosidad cósmica”, al “gran anhelo que suscita”, a “la actividad que propende a descubrir y desentrañar los movimientos cíclicos de esa vida tras la impresión sensorial”, etc. etc., no conduce sino a extender una neblina sobre cuestiones que nunca deberían plantearse sino con inmensa claridad, pues únicamente pueden ser efectivas si son límpidas, si, en verdad, encauzan hacia impulsos prácticos y ético-morales a la humanidad.

Yo no puedo hacer más que alusiones aisladas. A ustedes corresponde meditar sobre ellas, proseguir constructivamente sobre los temas. Desde diversos aspectos, las cosas son aforísticas, pero de una sinopsis como la del círculo zodiacal que se reproduce seguidamente; utilizada como tema de meditación, podrán sacar ustedes, gran numero de conclusiones.

Entidades individuales y unidad indivisa del cosmos c3

 

 

Traducción directa del alemán de Iván Villanueva

GA182. ¿Qué hace el Ángel en nuestro cuerpo astral?.

Rudolf Steiner —  Zurich, 9 de octubre de 1918

English Version

¿Qué están haciendo los Ángeles, en el cuerpo astral humano?

Una  comprensión antroposófica del espíritu no puede quedar como una simple interpretación teórica del mundo; tiene que ser como la levadura, como un poder real en la vida. Sólo cuando logremos profundizar esta visión del mundo de tal manera  que cobre realidad en nosotros, cumplirá adecuadamente su misión. Pues uniendo nuestras almas con esta concepción antroposófica del Espíritu nos convertiremos en los “custodios”, por así decirlo, de procesos muy concretos y significativos en la evolución de la Humanidad.

Sea cual sea su visión del mundo, los hombres están convencidos de que los pensamientos y las ideas no tienen “significado”, excepto en el contenido de sus propias almas. Los que sostienen tales opiniones creen que los pensamientos e imágenes mentales son “ideales”, que solo se incluirán en el mundo en la medida en que el hombre pueda objetivarlos mediante la acción física.

La actitud antroposófica postula la convicción de que nuestros pensamientos e ideas encontrarán la forma y la manera de que entren en vigor, a través de nuestras acciones en el mundo físico. El reconocimiento de este principio fundamental implica que el antropósofo debe estar atento a las señales de los tiempos.

Constantemente están sucediendo grandes acontecimientos en la evolución del mundo, y es responsabilidad de los hombres, sobre todo de los hombres de nuestro tiempo, adquirir una verdadera comprensión de lo que está pasando en el proceso evolutivo en el que estamos inmersos.

En el caso del ser humano individual, todo el mundo sabe que debe tenerse en cuenta su grado de desarrollo, no sólo ante los hechos externos y sucesos a su alrededor. Piensen en ello por un momento. Acontecimientos externos, físicos se están llevando a cabo en torno a los seres humanos de 5, 10, 20, 30, 50, o 60 años. Pero nadie en su sano juicio va a esperar la misma reacción a estos acontecimientos a la edad de cinco años, diez, de veinte, de cincuenta, o de los setenta años. De los seres humanos se puede esperar que reaccionen a su entorno teniendo en cuenta su edad y su estado de desarrollo. Todo el mundo admitirá esto en el caso del ser humano. Pero así como hay etapas claras en la evolución del ser humano individual, y que la naturaleza de sus poderes y facultades son diferentes en la infancia, la vida media o la vejez, ocurre también con los poderes y facultades que posee la Humanidad como totalidad; el curso de su evolución está cambiando constantemente.

Sin tener en cuenta el hecho de que el carácter de la humanidad es diferente en el siglo XX de lo que fue en el siglo XV, por no hablar antes del Misterio del Gólgota, estamos dormidos en el proceso de evolución del mundo. Uno de los mayores defectos, una de las principales fuentes de aberración y confusión en nuestro tiempo, es la incapacidad para prestar atención a esto, así como la noción prevaleciente de que es posible hablar del hombre o de la Humanidad en términos de generalizaciones abstractas, que no hay necesidad de considerar a la Humanidad implicada en el proceso continuo de la evolución.

¿Cómo podemos adquirir una visión más exacta sobre estas cosas? Como ustedes saben, a menudo hemos hablado de una etapa importante en la evolución de la humanidad, la época de la civilización grecolatina, que duró desde el siglo VIII AC hasta aproximadamente el siglo XV, fue el período de evolución del Alma Racional, a partir del siglo XV comenzó el desarrollo del Alma Consciente. Este es un factor en la evolución de la Humanidad, que esencialmente se refiere a nuestro propio tiempo. La fuerza primordial en la evolución humana desde el siglo XV hasta el comienzo del tercer milenio, es el Alma Consciente.

Pero en la verdadera Ciencia Espiritual no debemos quedarnos en generalizaciones y abstracciones, en todas partes y en todo momento debemos esforzarnos en comprender los hechos concretos. Las abstracciones son, como mucho, útiles para satisfacer la curiosidad en el sentido más corriente del término. Si la Ciencia Espiritual tiene que ser la levadura y la fuerza esencial de la vida, la seriedad debe superar la curiosidad y no debemos pararnos en abstracciones como las que acabo de exponer. Realmente es importante que debido a que estamos viviendo en la época del Alma Consciente, tengamos en cuenta su desarrollo, pero no debemos detenernos ahí.

Para llegar a una concepción clara de estas cosas, debemos ante todo tener en cuenta, detalladamente, la naturaleza del hombre. En el sentido de la ciencia espiritual, los miembros del ser humano, empezando de arriba hacia abajo, son: el Yo, el cuerpo astral, el cuerpo etérico —que últimamente se está llamado también el cuerpo de las fuerzas formativas—  y el cuerpo físico. El Yo es el único de estos miembros en los que vivimos y funcionamos como seres de alma y espíritu. El Yo se nos ha implantado en la evolución de la Tierra por los Espíritus de la Forma, como he indicado en diferentes conferencias. Fundamentalmente hablando, todo lo que entra en nuestra conciencia se hace a través de nuestro Yo. Y al menos que ese Yo, a medida que se desarrolla, pueda permanecer conectado a través de los distintos cuerpos con el mundo exterior, tendríamos la conciencia que tenemos durante el sueño. Es el Yo el que nos conecta con nuestro entorno, el cuerpo astral es el legado de la evolución Lunar, el cuerpo etérico de la evolución Solar y el cuerpo físico, en sus primeros rudimentos, de la evolución de Saturno.

Pero si estudian la descripción de estas entidades que tienen en el libro “La Ciencia Oculta: un bosquejo”, se darán cuenta de que esta constitución cuadruple del hombre llegó a existir en un proceso muy complicado. ¿No es evidente a partir de los hechos presentados en ese libro, que los Espíritus pertenecientes a todas las Jerarquías participaron en la formación de las tres envolturas del ser del hombre? ¿No es evidente que nuestra triple envoltura compuesta de cuerpo físico, cuerpo etérico y cuerpo astral, es muy complicada?. No se trata simplemente de que estas envolturas deban su origen a la cooperación de las Jerarquías. Las Jerarquías siguen trabajando constantemente en su interior. Y los que creen que el hombre no es más que un aparato de huesos, sangre, músculos, etc…, de los que habla la ciencia natural, la fisiología, la biología y la anatomía, no tienen conocimiento de su naturaleza real.

Si realmente estudiamos estas envolturas del hombre, nos daremos cuenta de que los seres espirituales de las Jerarquías Superiores trabajan conjuntamente con un propósito lleno de sabiduría y elaboran todo lo que ocurre, sin que seamos conscientes de ello, en nuestras envolturas corporales. De la breve reseña que he dado en La Ciencia Oculta, la cooperación que se llevó a cabo entre los seres particulares de las Jerarquías, a fin de que el hombre pudiera llegar a existir, se darán cuenta de lo intrincados que son los detalles. Sin embargo, si queremos entender al hombre tendremos que elaborar y concretar más y más todo este proceso.

En este dominio, es extremadamente difícil incluso poder formular una pregunta concreta, debido a la enorme complejidad de todas estas preguntas. Supongamos por un momento que alguien preguntara: ¿Que estaba haciendo en el cuerpo etérico del hombre en el año 1918 del presente ciclo de evolución la Jerarquía, digamos, de los Serafines o de los Dynamis?, porque sin duda puede hacerse esta pregunta, al igual que podemos preguntarnos si llueve o no llueve en Lugano en el momento presente. Ninguna pregunta puede ser respondida por la mera reflexión o teorización, sino únicamente por la determinación de los hechos. Al igual que tendríamos que averiguar, por medio de un telegrama tal vez, si llueve o no en Lugano, es necesario investigar los hechos mismos, con el fin de obtener la respuesta a una pregunta como: ¿Cuál es la tarea de los Espíritus de la Sabiduría o de los Tronos en el cuerpo etérico del hombre durante el presente ciclo de evolución?, este tipo de pregunta es indescriptiblemente compleja y no podemos hacer más que una aproximación a los ámbitos en los que se plantean. Deberíamos tener cuidado en no curiosear demasiado alto y convertirnos en seres arrogantes y altaneros en nuestros esfuerzos por alcanzar el conocimiento de tales temas.

En términos generales, es la perspectiva más cercana a nosotros -la que nos concierne directamente- de la que podemos obtener una visión clara. Este es el punto de vista que debemos mirar, si no queremos permanecer dormidos en nuestro proceso de evolución como parte de la humanidad.

Quiero, pues, hablar de una cuestión menos vaga e indefinida que la pregunta de qué están haciendo en nuestro cuerpo etérico los Dynamis o los Tronos. Voy a hablar de otra cuestión que es de interés inmediato para los hombres del presente. Esta es la pregunta: ¿Qué están haciendo los Ángeles, los seres espirituales más cercanos al hombre, en el cuerpo astral humano en el actual ciclo de evolución?

¿Qué están haciendo los Ángeles, en el cuerpo astral humano?

El cuerpo astral es el miembro más cercano al Yo, obviamente, por lo tanto nos concierne la respuesta a esta pregunta vital. Los Ángeles son la Jerarquía inmediatamente por encima de la Jerarquía humana. Así que la pregunta no es excesivamente arrogante y veremos cómo puede ser contestada. ¿Qué están haciendo los ángeles en el cuerpo astral del hombre en esta época actual, que comenzó en el siglo XV y se extenderá hasta el inicio del tercer milenio?

¿Qué se puede decir en sentido general cuando se trata de responder a una pregunta como ésta?. Sólo se puede decir que cuando se persigue fervientemente la investigación espiritual,  no es una cuestión de hacer juegos malabares con las ideas o palabras, sino que se abre paso en el ámbito real donde el mundo espiritual se vuelve perceptible, pero esta pregunta, en realidad, sólo puede responderse de manera fructífera en la época del Alma Consciente.

Ustedes pueden pensar que si esta pregunta se hubiera hecho en otras épocas, la respuesta probablemente habría tenido lugar. Pero ni en la época de la clarividencia atávica ni en la de la civilización greco-latina podría ser contestada esta pregunta, porque las imágenes que surgían en el alma del hombre con clarividencia atávica oscurecían la observación de los hechos de los ángeles en su cuerpo astral. No se veía nada de esto, precisamente porque estaban en él las imágenes dadas por la clarividencia atávica. Y en el período greco-latino, no se pensaba con la misma fuerza como lo hacemos hoy. El pensamiento se ha fortalecido como consecuencia directa de la ciencia natural. Por tanto, es en la época del Alma Consciente que esas cuestiones pueden ser objeto de un estudio consciente. La fecundidad de la vida por la Ciencia Espiritual debe ser demostrada por el hecho de que no nos limitamos a navegar en teorías, sino saber cómo decir las cosas que realmente importan.

¿Qué están haciendo los ángeles en nuestro cuerpo astral?. La convicción de lo que están haciendo nos vendrá cuando hayamos alcanzado un cierto grado de clarividencia y seamos capaces de percibir lo que realmente está pasando en nuestro cuerpo astral. Por tanto debe haberse alcanzado un grado mínimo de conocimiento imaginativo si esta pregunta debe ser contestada.

Entonces se nos revela que estos Seres de la Jerarquía de los Ángeles, en particular, a través de un trabajo concertado, aunque en cierto sentido, cada ángel también tiene su tarea en relación con cada ser humano individual, estos Seres forman imágenes en el cuerpo astral del hombre.

Bajo la dirección de los Espíritus de la Forma (Exusiai), los Ángeles forman imágenes. A menos que alcancemos el nivel de conocimiento imaginativo no sabremos que las imágenes están constantemente formándose en nuestro cuerpo astral. Surgen y desaparecen, pero sin ellas no habría ninguna evolución en la humanidad del futuro de acuerdo con las intenciones de los Espíritus de la Forma.

Los Espíritus de la Forma pretenden, en primer lugar, desarrollar en imágenes lo que desean lograr para nosotros durante la evolución de la Tierra y más allá. Y de estas imágenes surgirá, más adelante, una Humanidad transformada, otra realidad. Estas imágenes anticipadas en nuestro cuerpo astral, ya las están generando hoy los Espíritus de la Forma a través de los Ángeles y el pensamiento que evoluciona hasta el nivel de la clarividencia puede captarlas.

Si somos capaces de captar estas imágenes, se hace evidente que se tejen en conformidad con impulsos y principios muy definidos. En ellas  están contenidas las fuerzas evolutivas de la Humanidad futura. Si observamos como llevan a cabo este trabajo los ángeles, por extraño que parezca, uno tiene que expresarlo de esta manera: es evidente que tienen un plan bien definido para la futura configuración de la vida social en la Tierra, su objetivo es engendrar en los cuerpos astrales de los hombres imágenes tales que crearán las condiciones definidas en la vida social futura.

Aunque los hombres se resistan a aceptarlo, eso no cambia el hecho de que los Ángeles pretenden despertar en ellos ideales para el futuro. Pero es así de todos modos. Y de hecho en la formación de estas imágenes los Ángeles trabajan con un principio definido, a saber, que en el futuro ningún ser humano podrá encontrar la paz, ni disfrutar ninguna felicidad, si a su lado otros seres humanos son infelices. Un impulso de fraternidad en el sentido absoluto, la unificación de la raza humana en una Hermandad bien entendida. Este va a ser el principio rector de las condiciones sociales de  la existencia física. Este es el principio del acuerdo con que los ángeles forman las imágenes en el cuerpo astral del hombre.

Pero hay un segundo impulso en la obra de los Ángeles. Ellos tienen ciertos objetivos a la vista, no sólo en relación con la vida social exterior, sino también con la vida anímica del hombre. A través de las imágenes que inculcan en el cuerpo astral su objetivo es, que en el futuro todos los seres humanos podrán ver en todos y cada uno de sus semejantes una divinidad oculta.

Entiéndanlo bien, la intención que subyace en el trabajo de los ángeles, marcará un cambio, nunca, ni en la teoría ni en la práctica podemos considerar al ser humano como un animal superior, teniendo tan solo en cuenta sus atributos físicos: hemos de acercarnos a todo hombre con el sentimiento plenamente desarrollado de: “hallase presente en el ser humano algo que, procedente de los fundamentos divinos del mundo, se manifiesta a través de la carne y de la sangre”. El impulso depositado en las imágenes por los Ángeles es que, con la mayor seriedad e intensidad, concibamos al hombre como imagen que se manifiesta desde el mundo espiritual.

Una vez que esto se cumpla, habrá una consecuencia muy definida. La base de todo sentimiento religioso libre que se desarrollará en la humanidad del futuro será el reconocimiento, no sólo teórico sino práctico, de que todo ser humano está hecho a imagen de la Divinidad. Cuando llegue ese momento, no habrá necesidad de ninguna coerción religiosa, porque entonces cada encuentro entre un hombre y otro se establecerá como un rito religioso, un sacramento, y nadie va a necesitar una Iglesia particular con instituciones  físicas para sostener la vida religiosa. Si la Iglesia capta correctamente su propio cometido, ha de hacerse innecesaria, desvanecerse en el plano físico, ya que la totalidad de la vida se convertirá en la expresión de lo suprasensible. Otorgar al hombre la completa libertad en la vida religiosa es lo que subyace en los impulsos, en la obra de los Ángeles.

Pero existe todavía un tercer propósito: ofrecerle al hombre la posibilidad de llegar al espíritu mediante el pensamiento; y, con la ayuda de este, cruzando el abismo, llegar a la vivencia de lo espiritual.

Ciencia Espiritual para el espíritu, Libertad religiosa para el alma, Fraternidad para los cuerpos: he ahí lo que resuena, cual armonía cósmica, en la labor angélica en los cuerpos astrales humanos. Solo hay que elevar la conciencia a cierto nivel superior, para sentirse transportado al maravilloso taller donde los Ángeles actúan en esos cuerpos astrales.

Estamos viviendo en la era del Alma Consciente, y en esta época los ángeles trabajan en los cuerpos astrales de los hombres como he descrito. El hombre gradualmente debe llegar a captar conscientemente esta actuación, puesto que forma parte de su evolución. Es parte del proceso de la evolución humana. ¿Cómo puede hacerse tal afirmación? ¿Dónde debemos buscar esta obra de los ángeles?

Hoy en día podemos encontrarlo solamente en el hombre dormido, en los estados de sueño, tanto en el efectivo sueño nocturno, como cuando duerme con los ojos abiertos.  Muchas veces he insistido en que los hombres duermen para los asuntos más importantes, aunque estén despiertos. Aunque no sea muy placentero decirlo, al recorrer el mundo con los ojos abiertos, se tropieza con muchísima gente dormida, permanecen indiferentes a los asuntos del mundo, sin interesarse, sin preocuparse, sin identificarse con nada. Aunque la gente parezca despierta, les pasan inadvertidos los grandes acontecimientos del mundo, como pasa inadvertida cualquier cosa que suceda en la ciudad, al hallarse dormido. Pero precisamente cuando los hombres, como si fuera en duermevela, pasan por alto algún evento especial, y totalmente al margen de lo que quieran o no quieran saber, es cuando en sus cuerpos astrales puede mejor realizarse la trascendental proeza de los Ángeles.

Estos procesos se desarrollan, a menudo, en una forma que podría parecernos enigmática y paradójica; hay personas que se nos antojan completamente indignas de entrar en relación con el mundo espiritual; lo que sucede en realidad, es que, en su actual encarnación, esas personas, tremendos dormilones, no se enteran de  lo que ocurre en torno suyo; sin que al mismo tiempo, el Ángel, de conformidad con el coro de los Ángeles, deje de trabajar en sus cuerpos astrales, en bien del futuro de la humanidad: su cuerpo astral está siendo utilizado; puede observarse. Lo que realmente importa, sin embargo, es que los hombres deben ser conscientes de estas cosas. El Alma Consciente debe elevarse al nivel en el que sea capaz de reconocer lo que sólo se puede descubrir de esta manera.

Con estas premisas, comprenderán por que la actual época del alma consciente avanza hacia un acontecimiento bien determinado, y como sea que nos hallamos en esta época, dependerá de los individuos como se objetive el acontecimiento en la evolución de la humanidad. Podrá producirse con un siglo de atraso o de adelanto, pero, en rigor, es forzoso su advenimiento en la evolución humana.

Para caracterizarlo, diremos que los hombres, en virtud de su alma consciente, de su pensamiento consciente, han de llegar a intuir cómo trabajan los Ángeles para preparar el porvenir humano. Las correspondientes enseñanzas de la Ciencia Espiritual han de convertirse en sabiduría practica, sabiduría que permita al hombre abrigar la firme convicción de que es su propio caudal sapiencial, su propio saber, el reconocer que los Ángeles tienen las intenciones que acabo de caracterizar.

Pero el progreso de la raza humana hacia la libertad ha ido ya tan lejos que depende del hombre mismo si va  a continuar dormido ante el acontecimiento respectivo, o caminar hacia él en plena consciencia. ¿Qué significa ir hacia él en plena conciencia? Hoy en día, puede estudiarse la Ciencia Espiritual, ahí está y solo necesitamos estudiarla. Aunque se pueda fortalecer el estudio mediante la meditación, siguiendo las indicaciones practicas del libro “Como se adquiere el conocimiento de los Mundos Superiores” será una ayuda adicional. Lo esencial y necesario es el estudio de la Ciencia Espiritual, comprenderla pleniconscientemente. Hoy día puede estudiarse esta Ciencia incluso sin adquirir facultades clarividentes propias, simplemente evitando prejuicios que obstruyan el camino. Cuanto más se estudie la Ciencia Espiritual, cuanto más asimilen sus conceptos e ideas, tanto más ira despertando la conciencia de modo que ciertos eventos ya no les pasarán inadvertidos, sino que desfilaran ante ellos en plena consciencia.

Estos eventos se pueden caracterizar con mayor detalle, pues saber lo que el Ángel está haciendo es sólo la fase preparatoria. Lo fundamental es que la humanidad, gracias a la obra angélica, capte un triple mensaje ¿Cuándo? Eso depende del comportamiento humano; puede producirse antes o después, o en el peor de lo casos, nunca.

  • En primer lugar, se mostrará cómo su genuino interés permitirá al hombre entender la parte más profunda de la naturaleza humana. Llegará un momento que los hombres no deben dejar pasar dormidos, en que recibirán, transmitido desde el mundo espiritual por los Ángeles, un impulso que estimule su interés hacia el prójimo, interés mucho más profundo del que, hoy día estamos dispuestos a abrigar. Ese aumento de interés por nuestro prójimo no será simple cambio subjetivo de un estado  anímico, sino un a modo “de sacudida”. Al hombre le será sugerida desde el mundo espiritual, la efectiva revelación del misterio que es el otro hombre. Con esto, introduzco algo real, no una reflexión teórica, los hombres recibirán una experiencia respecto al prójimo, que les interesará luego, ratificar en cada uno. He aquí el primer mensaje, que beneficia particularmente la convivencia social.
  • En segundo lugar: desde el mundo espiritual, el Ángel revelará al hombre que el Impulso de Cristo implica amén de todo lo demás la más absoluta libertad religiosa, comprender que solamente es verdadero cristianismo, aquello que asegure esa plena libertad religiosa.
  • Y en tercer lugar: a la intuición irrebatible de la naturaleza espiritual del mundo.

Este evento debería realizarse de tal manera que el alma consciente del hombre participe en ella. Esto es inminente en la evolución de la humanidad, pues el Ángel está trabajando en este sentido a través de las imágenes tejidas en cuerpo astral del hombre. He de advertirles, sin embargo, que este acontecimiento por venir depende ya de la voluntad humana. Los hombres pueden dejar de hacer ciertas cosas, omitirlas. Y efectivamente, son muchos los que se abstienen de llevar a cabo lo que habría de conducir a la vivencia despierta del momento señalado.

Pero eso no es todo. Como ustedes saben, hay otros seres en la evolución del mundo, que se interesan por desviar al hombre de su camino; son las entidades ahrimánicas y luciféricas. Lo dicho hasta ahora corresponde a la evolución divina de los seres humanos, pues si el hombre se entregara cabalmente a su propia naturaleza, llegaría a la intuición de lo que hace en Ángel en su cuerpo astral. Pero la evolución luciférica tiende a desviar al hombre de la comprensión de la labor desarrollada por la Jerarquía Angélica ¿Cómo tratan esos seres de conseguir esa desviación?. Dificultando la libre voluntad del hombre; tratando de oscurecerle la práctica de su libre voluntad, no apartándole de ser bueno, pero suprimiendo su libre voluntad, la posibilidad del mal. Desde el punto de vista que estoy exponiendo, son buenas las intenciones de Lucifer, el pretende el bien, lo espiritual del hombre, pero un bien automático, sin intervención de la libre voluntad. Pudiéramos decir que Lucifer quiere dotar al hombre de clarividencia según buenos principios, buenas prácticas, pero automáticamente. Los seres luciféricos quieren hacer del hombre un ser que si bien obre inspirado por la espiritualidad, lo haga como simple réplica del espíritu, es decir, sin voluntad libre, el que sea un autómata.

Esto está relacionado con ciertos secretos específicos de la evolución.

Recordemos que los seres luciféricos han quedado rezagados en otros grados de la evolución, y así introducen un elemento extraño en el proceso normal; tienen el mayor interés en apoderarse del hombre, para que no llegue a la libre voluntad, esa libre voluntad que ellos mismos no pudieron adquirir. La libertad de la voluntad no puede alcanzarse sino en la Tierra y los seres luciféricos nada quieren en relación con la Tierra; sus intereses se relacionan con la evolución de Saturno, Sol y Luna, pretenden mantenerse al margen del ciclo terrestre. Es como si ellos odiasen la libre voluntad del hombre; aunque obran en un alto nivel espiritual, lo hacen automáticamente, hecho sumamente significativo, tratando de elevar al hombre a su altura espiritual, espiritualizarle, si bien automatizándole. Del lado luciférico amenaza pues, el peligro de que el hombre se transforme en un autómata espiritual, antes de haber entrado en plena función su alma consciente, y, por esta razón, quede dormido para la revelación que se anuncia y que acabo de caracterizar.

¿Qué están haciendo los Ángeles, en el cuerpo astral humano?

Pero los seres Ahrimánicos también están trabajando para ocultar esta revelación. No se esfuerzan por hacer del hombre un ser espiritual, sino más bien matan en él la conciencia de su propia espiritualidad. Se esfuerzan por inculcarle la convicción de que él no es más que un animal completamente desarrollado. Ahriman es en verdad el maestro por excelencia del darwinismo materialista, así como el gran maestro de todas aquellas actividades técnicas y prácticas dentro de la evolución terrestre, donde existe la negativa a reconocer la validez de nada, excepto la vida externa de los sentidos, donde el único deseo es una tecnología generalizada, de modo que de una manera más refinada, los hombres deberán satisfacer sus necesidades de hambre, sed, etc. en la misma forma que el animal. Los espíritus ahrimánicos quieren anular, ofuscar la conciencia del hombre en el sentido de ser imagen de la Divinidad. He ahí su propósito en lo que al alma consciente se refiere, y tratan de lograrlo mediante toda clase de sutiles medios científicos.

En épocas pasadas, de nada les habría servido a esos espíritus oscurecerle al hombre la verdad, mediante teorías. ¿Y por qué?.  Incluso durante la época greco-latina, pero más aún en épocas anteriores cuando el hombre todavía poseía las imágenes que le suministraba la clarividencia atávica, era completamente indiferente como el pensara; a través de sus imágenes, intuía el mundo espiritual. Las enseñanzas que Ahriman le hubiese inculcado relativas a su parentesco con los animales, no habrían modificado su actitud ante la vida. No fue hasta la quinta época postatlante, a partir del siglo XV, que cobro potencia el pensar, dentro de su impotencia. Solo a partir de entonces el pensar es capaz de introducir el alma consciente en el dominio espiritual, si bien, al mismo tiempo, impedirle su entrada. Solo ahora vivimos en un tiempo en que una teoría, una ciencia, puede arrebatarle al hombre, conscientemente, su divinidad, sus vivencias relacionadas con lo divino. Esto solo es posible con la llegada de la edad del alma consciente, de esto se aprovechan los espíritus ahrimánicos para difundir enseñanzas que oscurezcan el origen divino del hombre.

La mención de esta corriente contraria a la evolución normal divina del hombre, nos permite inferir como hemos de organizar nuestra vida para que no pase inadvertida la revelación que ha de producirse en el futuro de la evolución humana. En caso contrario, surge un gran peligro del que el hombre ha de estar pendiente, pues de no advertirlo, en vez del significativo acontecimiento que ha de influir poderosamente en la configuración futura de la evolución terrestre, puede tener lugar otro distinto de peligrosas consecuencias.

Ahora, ciertos seres espirituales alcanzan su propia evolución a través del hombre, a medida que, junto con ellos, el evoluciona. Los Ángeles generan sus imágenes en el cuerpo astral humano, no como divagación sino para alcanzar un fin. Y como sea que ha de lograrse ese fin precisamente dentro de la humanidad terrestre, si los hombres, después de haber adquirido el alma consciente, conscientemente de él se desviaran, se tornaría mero juego el trabajo de los Ángeles, o sea, que los Ángeles no habrían sino jugado en la evolución de los cuerpos astrales humanos. Solo a medida que su labor cobra realidad a nivel humano, adquiere seriedad y trasciende la pura veleidad de un juego.

De esto se puede comprender que la actuación de los Ángeles ha de mantenerse la máxima seriedad, que sucedería entre los bastidores de la existencia, si con nuestra pereza, nuestra adormecedora comodidad, convirtiésemos en lúdica la labor angelical.

¿Y si a pesar de todo, fuera así?.  ¿Qué pasaría si la humanidad permaneciera dormida ante el magno acontecimiento de la revelación espiritual que se aproxima?. Si subsistiera el letargo, por ejemplo, ante el segundo de los tres aspectos mencionados, es decir, el relativo a la libertad religiosa; si subsistiera el dormir ante la réplica del Misterio del Gólgota en el plano etéreo, es decir, la nueva aparición del Cristo Etéreo al que tan reiteradamente me he referido; si todo esto pasara inadvertido, los Ángeles tendrían que tratar de lograr, por otro camino, el propósito que ha de alcanzarse con las imágenes tejidas en nuestro cuerpo astral. De no despertar los Ángeles tendrían que realizar sus intenciones a través del cuerpo humano dormido. Lo que quiere decir que, si los hombres perduraran en su sopor durante la vigilia y  así se malograra la labor angélica, esa labor tendría que realizar sus propósitos a través del cuerpo físico y etéreo que yace en la cama; así se lucharía por lo que no ha podido lograrse a través del ser humano despierto, es decir, cuando el alma vigilante se halla en sus cuerpos físico y etéreo.

¿Qué están haciendo los Ángeles, en el cuerpo astral humano?

He ahí el gran peligro que amenaza a la época del alma consciente. Fatalidad que sobrevendría si los hombres no se abren a la vida espiritual antes del tercer milenio, ese tercer milenio al que se entra en el año 2000. Quizá pues, los Ángeles, para realizar sus propósitos, tengan que transferir su labor del cuerpo astral al etéreo, logrando así, a través de los cuerpos dormidos, la realización que correspondía al alma humana despierta. Si esto sucede, el hombre queda al margen, en su ausencia se cumpliría el propósito en el cuerpo etéreo, en tanto que con su participación alerta, esto no sucedería.

Ahora he dado una idea general de estas cosas. ¿Pero cuál sería el resultado si los ángeles se ven obligados a realizar este trabajo sin la participación del hombre mismo, para llevarla a cabo en sus cuerpos etérico y físico durante el sueño?

El resultado en la evolución de la humanidad, sin duda, sería triple. La primera sería que, en los cuerpos dormidos, cuando el hombre no está presente con su Yo y su cuerpo astral, se engendraría algo que, luego encontraría el hombre al despertar. Lo encontraría, no por haberlo buscado en libre voluntad, sino por tropezar con ello, día tras día, como convertido en instinto, sustituyendo la conciencia de su libertad. Y entonces resultaría dañino. Esta amenaza de dañino, se refiere, en particular a ciertos conocimientos instintivos que han de incorporarse en la naturaleza humana, relacionados con el misterio del nacimiento y de la concepción, con toda la vida sexual. Entonces, ciertos Ángeles sufrirán, ellos mismos, una transformación de la que no puedo hablar, porque pertenece a misterios superiores de la Ciencia Iniciática que todavía han de mantenerse en silencio. Lo que sí puedo manifestar es lo siguiente: dentro de la evolución humana, ciertos instintos relacionados con la sexualidad, en vez de que el hombre los admita con la conciencia despierta y lucida, es decir, provechosamente, le invadirían en forma dañina y destructora, no significarían meros desvíos, sino que invadirían la vida social, produciendo en ella estructuras indeseables, ante todo y debido a que la sexualidad pervertiría la sangre humana, esos instintos impedirían la fraternidad: los hombres se rebelarían contra ella, por instinto. Se aproxima pues, el momento crucial en que se abren dos caminos: el camino que va hacia la derecha y que implica estar despierto, y el que va hacia la izquierda, hollado dormido si se quiere con la amenaza del nacimiento de funestos instintos.

¿Y qué cree usted que los expertos científicos dirán cuando tales instintos se hagan evidentes?.  Dirán que es una evolución natural e inevitable en la evolución de la humanidad. La ciencia natural no puede llamar la atención sobre todo esto. Con igual facilidad podrían explicar la transformación de los hombres en ángeles o en diablos. En ambos casos, la ciencia natural afirmaría lo mismo “lo posterior es efecto de lo anterior”, supersabia explicación de la naturaleza con base en la causalidad. Las ciencias naturales no pueden considerar el proceso a que me he referido, y así estimaran necesidad natural el que los seres humanos se transformen en casi demonios a consecuencia de sus instintos sexuales. No pueden las ciencias naturales ofrecer explicación verdadera alguna, pues poseen un solo esquema que justifica lo uno y lo contrario. Estos problemas solo pueden enfocarse mediante el conocimiento espiritual, suprasensible; he ahí la primera de las tres consecuencias.

El segundo aspecto es que a partir de este trabajo, que implica cambios que afectan a los mismos ángeles, además genera otro efecto para la humanidad: el conocimiento instintivo de ciertas sustancias terapéuticas, pero conocimiento nocivo de ellas. Todo lo relacionado con la medicina recibirá un enorme empuje, si bien enorme en sentido materialista. Se lograran intuiciones instintivas sobre el valor curativo de ciertas sustancias y de ciertos procedimientos y esto causará gran daño, que el hombre considerará como un beneficio. Lo morboso se declarará saludable, porque gustarán los nuevos procedimientos y así se aclamará lo que al hombre conduce a lo malsano.

De modo que se ampliara el conocimiento de la virtud curativa de ciertos procedimientos, de ciertos procesos, si bien entrando en un cauce sumamente nocivo, pues ciertos instintos permitirán conocer qué enfermedades pueden provocarse con ciertas sustancias y ciertas prácticas. Así, con criterios egoístas, se podrá elegir entre provocar enfermedades o impedirlas.

La tercera consecuencia que sobrevendrá será el conocimiento de bien determinadas energías que, mediante un leve impulso, sintonizando ciertas ondulaciones, podrán desencadenar poderosas fuerzas mecánicas del mundo. Se llegara al conocimiento instintivo de cierta guía espiritual en el manejo de las maquinas y de todo lo mecánico en general; la técnica entera entrara en un cauce desenfrenado, que el egoísmo humano se complacerá en considerarlo benéfico por rendirle excelentes servicios.

He ahí, mis queridos amigos, la ampliación de nuestro conocimiento concreto de la evolución, conocimiento cuyo alcance solo podrá aquilatar quien sepa apreciar asimismo que la concepción agnóstica de la vida es impotente ante él. Si algún día sobreviniere una medicina perjudicial para la humanidad, un terrible extravío de los instintos sexuales, una dotación del puro mecanismo universal y de la explotación de las fuerzas naturales por potencias espirituales; si todo esto sobreviniere, la concepción agnóstica de la vida, carente de espíritu, no se daría cuenta de todo ello, y no comprendería que se desvía del recto camino. Sería el mismo caso del durmiente que no ve al ladrón que se le acerca, inadvertido para él; a lo sumo notará el daño cuando despierte. He ahí un fatal despertar para el ser humano. Mientras no despierte, sentirá regocijo ante la ampliación instintiva de sus conocimientos sobre las fuerzas curativas de ciertos procesos y sustancias, y sentirá asimismo tal bienestar al perseguir ciertos desvíos de los instintos sexuales, que los estimara como particular objetivación de lo sobrehumano, de la falta de prejuicios, de la espontaneidad. Lo feo se concebirá como bello y lo bello como feo, sin que nadie lo advierta, porque todo se considerará como necesidad natural. Sin embargo, corresponderá a un desvío del camino que, dentro de la humanidad misma, se ha trazado para la propia individualidad del hombre.

Creo que si somos sensibles a como la Ciencia Espiritual se introduce en nuestro ánimo, podemos desarrollar la seriedad que se impone antes las verdades que hoy hemos presentado. El ahonde de la Ciencia Espiritual debiera significar cierto compromiso ante la vida, doquiera estemos, cualquiera que sea nuestro quehacer para el mundo, lo que importa es abrigar el pensamiento de que nuestra actividad ha de quedar saturada e iluminada por nuestra conciencia antroposófica, porque es así como contribuiremos al verdadero progreso de la evolución humana.

Sería un error pensar que la verdadera Ciencia Espiritual, seria y dignamente comprendida, nos desvía del trabajo práctico e intenso en el mundo externo; lo que ella significa es despertarnos, despertar para hechos como los que hoy les presenté.

Quizás quepa preguntar ¿es la vigilia dañina para el sueño?, si, a modo de comparación, consideremos la visión del mundo espiritual como un segundo despertar frente al despertar común después de haber dormido, cabe entonces también preguntar, si la vida de vigilia puede ser nociva para el sueño.

Sí, puede serlo, si la vigilia es desordenada. En cambio, si transcurre ordenadamente, el sueño ambien será sano. Quien lleve una vida inactiva, comoda y ociosa, no podrá disfrutar de un sueño sano. Lo mismo vale en relación con la nueva vigilia que nos apropiamos gracias a la Ciencia Espiritual; si, por su medio, fundamentamos nuestra correcta relación con el mundo espiritual, entonces, a semejanza de cómo la saludable vida de vigilia regulariza el sueño, también se encauzara correctamente nuestro interés por la vida común del mundo sensible, gracias a aquella correcta relación con el mundo espiritual.

Quien mira la vida de nuestro tiempo sin calar ciertas cosas, está dormido. ¡Como se han jactado los humanos, en las últimas décadas especialmente, de su enfoque practico de la vida!. Se ha conseguido que los puestos de mayor influencia los ocupen justamente quienes más desdeñan la vida ideal y espiritual. Eran fáciles los grandes discursos vociferando sobre el enfoque practico de la vida, mientras todavía no se había arrastrado a la humanidad al abismo; pero ahora ya hay quienes comienzan a graznar, aunque la mayoría lo haga tan solo por instinto; ¡todo ha de cambiar!; ¡necesitamos nuevos ideales!. No deja de ser graznido. Y si semejantes demandas se presentan por instinto, sin identificación consciente con la Ciencia Espiritual, arrastran al derrumbe de lo que ha de vivirse en estado de vigilia, no a una provechosa transición evolutiva.

Todavía es posible conseguir, a veces, algún aplauso con la retorica que usa las mismas palabras rutinarias consagradas desde hace mucho tiempo. Pero si del caos ha de nacer nuevamente un cosmos social, los hombres habrán de decidirse a escuchar otras palabras, otros giros. Si en alguna época los hombres que deben estar vigilantes, dejan de estarlo y no se dan cuenta de cuál debiese ser su actitud, nada de real se produce, y lo que asusta no es sino el fantasma de la época anterior, a semejanza de cómo, un muchas comunidades religiosas, deambulan simplemente los espectros del pasado, como en nuestra vida jurídica suele rondar todavía el espectro de la antigua Roma. La Ciencia Espiritual que corresponde a nuestra época del alma consciente, ha de liberar al hombre de esos espectros del pasado, conduciéndole a observar hechos espirituales tales como el que se traduce en la pregunta : ¿Qué hace el Ángel en nuestro cuerpo astral?.

¿Qué hace el Ángel en nuestro cuerpo astral?.

Hablar en abstracciones acerca del coro de los Ángeles no constituye sino el primer paso, a lo sumo; el progreso ha de consistir en referirse a lo concreto, esto es, responder a la pregunta inmediata que nos afecta en relación con la época especifica en que vivimos. Nos concierne en forma directa, porque si el Ángel se empeña en tejer imágenes en nuestro cuerpo astral, estas imágenes han de determinar nuestra configuración futura, configuración que ha de lograrse a través del alma consciente.

Si no tuviéramos el alma consciente, no habría motivo de preocuparnos; otros espíritus, otras Jerarquías se encargarían de realizar lo que teje el Ángel; pero como sea que hemos de desarrollar el alma consciente, no acuden otros espíritus que nos sustituyan para realizar las intenciones del Ángel.

Desde luego en la época egipcia fueron otros los Ángeles que laboraron tejiendo, pero, al poco tiempo, aparecieron otras entidades, quedaron los humanos envueltos en oscuridad, debido precisamente a su conciencia clarividente atávica; los hombres tejieron un velo, un denso velo que cubría las imágenes que percibían con su clarividencia atávica. Pero ya llegó la hora de despojarlas de ese velo, y el hombre no debe permanecer dormido ante los acontecimientos que han de penetrar en su vida consciente antes de comenzar el tercer milenio. No nos limitemos a deducir toda clase de enseñanzas de la Ciencia Espiritual Antroposófica, formulemos propósitos. Porque solo ellos nos dotaran de la fuerza para alcanzar el nivel de hombres vigilantes. Es posible convertir en habito, la vigilia, ¡hay tantas cosas dignas de notarse!.

Practiquemos inmediatamente el ejercicio de la vigilancia, y si estamos realmente alertas, comprobaremos que no pasa ningún día sin que algún milagro suceda en nuestra vida. Podemos invertir también esta afirmación y decir: si transcurre un día sin descubrir en él un milagro, es que no supimos captarlo. Traten alguna vez, al anochecer, de pasar revista en su vida diurna, y observaran invariablemente en ella algún episodio, pequeño, grande o mediano, del que puedan decir: se introdujo en mi vida en forma extraña; se realizo extrañamente. Lo lograrán siempre, con tal de que sea abarcante su pensamiento, y observen con suficiente envergadura todo el vasto horizonte de sus experiencias.

Esto no suele hacerse en la vida común, porque nadie se pregunta, por ejemplo ¿Qué ha sido impedido por una u otra razón?. Generalmente, no nos preocupan las cosas no sucedidas y que, de haberse realizado hubieran cambiado radicalmente nuestra vida. Tras esas influencias que, en una u otra forma, quedaron eliminadas de nuestra existencia, late lo que puede educar nuestra atención vigilante. “¿Qué podría haberme sucedido hoy?”. Si todas las noches, me formulo esta pregunta y luego observo los diversos sucesos que pudieran haber tenido una u otra consecuencia, las preguntas originan reflexiones que introducen en nuestra vida disciplina y vigilancia. He ahí algo que puede servir de comienzo y que, de por sí, llevará mas y mas adelante. Por lo común, no tratamos de averiguar lo que significa para nosotros, por ejemplo, el no haber podido salir, digamos, a las 11 horas de la mañana, porque precisamente entonces vino alguien que nos detuvo. La demora nos irrita, y no se nos ocurre preguntar: ¿Qué hubiera sucedido de haber salido a la hora propuesta?, ¿Qué cambios me produjo esto?.

En otra oportunidad hablé detenidamente de todo esto; desde la observación de lo negativo en  nuestro vivir cotidiano, negativo que sin embargo, puede ser testimonio de una sabia conducción, hay un camino directo y visible hacia la observación del Ángel activo en nuestro cuerpo astral.