GA58c9. Algo sobre la Luna a la luz de la Ciencia Espiritual

Del ciclo: Metamorfosis del Alma

Rudolf Steiner. Berlín, 9 de diciembre de 1909

English version

La conferencia que voy a dar hoy me pone en una posición difícil. Quiero hacer algunas observaciones alejadas de la manera de pensar llamada “científica”. Desde el punto de vista del que, la gente, está formada mayormente, por las ideas vigentes en los círculos de divulgación científica, y puesto que el objeto de esta conferencia está muy lejos de este tipo de ideas, el público en general puede inclinarse a considerar mis declaraciones como meras fantasías, derivadas de cavilaciones arbitrarias, más de lo que realmente son: el resultado de la investigación científico espiritual.

Les pido, por tanto, tomen esta conferencia como una especie de paréntesis de esta serie de invierno, mi intención es apuntar en otra dirección, por lo que no es probable que nos extendamos mas sobre ello, aunque puede que la retomemos el año próximo. La razón de tocar este tema ahora, es demostrar que lo que estamos tratando este invierno como una ciencia del alma, se ramifica en muchas formas que van desde el dominio inmediato de la vida animica a las conexiones que encontramos en el vasto universo, en la totalidad del cosmos.

Por último, debo pedirles que recuerden que esta conferencia es sólo una pequeña parte de un gran volumen. Debe ser vista en estricta relación con su título, “Algo sobre la Luna a la Luz de la Ciencia Espiritual”. No pretendo en modo alguno ser exhaustivo. Ustedes encontraran en todo tipo de libros populares  esto o aquello, acerca de la Luna desde el punto de vista de la ciencia actual. Pero todo lo que podemos aprender de estas fuentes o de la literatura científica no nos dejará muy satisfechos en cuanto a las difíciles preguntas acerca de esta extraña compañera de la Tierra.

A medida que avanzaba el siglo XIX, los enunciados de la ciencia con respecto a la luna se volvieron más y más prudentes, pero también menos frecuentes, y al día de hoy no hay nada nuevo. La imagen de la superficie de la luna es dada por los telescopios, las imágenes astronómicas, las descripciones de su superficie, marcadas como cráteres, formaciones, surcos, llanuras y valles, y cosas por el estilo, y las impresiones resultantes que se pueden obtener de la faz puramente espacial de la luna, nada de esto nos concierne. Nuestra pregunta es en verdad científico-espiritual, si la Luna tiene alguna influencia especial sobre el significado de la vida humana en la Tierra.

De un significado de este tipo se ha hablado desde diversos puntos de vista en el curso de los siglos pasados. Y puesto que todo lo que sucede en la Tierra, año tras año, se relaciona con la posición cambiante de la Tierra respecto al Sol, y está sujeta a la gran influencia de la luz y el calor solar, es natural preguntarse si esta otra luminaria celestial, la Luna, podría tener alguna importancia para la vida en la Tierra, y sobre todo para la vida humana.

En un pasado relativamente reciente, la gente se inclinaba a hablar de la Luna como una influencia muy poderosa para la vida terrenal. Aparte del hecho de que durante mucho tiempo fue costumbre atribuir a la atracción lunar el reflujo y flujo de las mareas, la luna siempre ha sido considerada como algo que afecta a las condiciones climáticas en la Tierra. Por otra parte, en la primera mitad del siglo XIX, investigadores científicos y médicos recopilaron observaciones de cómo la luna en sus distintas fases tiene un efecto definitivo sobre determinadas enfermedades, e incluso en el conjunto de la vida humana. Fue entonces cuando dejo de ser una superstición popular considerar la influencia de la luna, en relación con los altibajos de la fiebre, el asma, el bocio y otros similares; todavía hay médicos que registran estos casos, pues se sienten obligados a creer que las fases de la Luna tienen alguna influencia en el curso de la vida humana y en la salud y la enfermedad en particular.

Con el surgimiento del pensamiento científico, que tuvo su amanecer en la mitad del siglo XIX, la inclinación a permitir cualquier influencia de la luna en la vida humana fue disminuyendo continuamente. Sólo sobrevivió la creencia de que la luna causa las mareas. Y fue un científico importante, Schleiden, quien derramó las copas de su ira sobre los que todavía creían en la influencia de la luna, aunque fuera sólo en el tiempo o en algún otro fenómeno terrestre. Schleiden, que había realizado un trabajo excelente en su propia esfera por su importante descubrimiento de las  células de la planta, lanzó un violento ataque contra otro científico alemán, Gustav Theodor Fechner, destacado sobre todo por dirigir su atención hacia ciertos aspectos sutiles fronterizos de la investigación. Así, Fechner, en su Zend Avesta trato de mostrar que la vida de las plantas está dotada de alma, mientras que en su Introducción a la Estética y sus Elementos de Psicofísica logró un gran trabajo sobre los aspectos más íntimos de las ciencias naturales. Tal vez sea mejor no hablar de esta célebre controversia sobre la luna sin decir un poco más sobre el mismo Fechner.

Fechner fue un investigador que asiduamente trató de reunir, con gran cuidado y precisión, la observación de los hechos en diversos campos de investigación, pero utilizaba un método de analogías con el fin de mostrar, por ejemplo, que todos los fenómenos de la vida, y no sólo de la vida humana, tienen alma. A partir de los fenómenos del curso de la vida humana, tomó los hechos y fenómenos similares, que aparecen a la observación de, digamos, la vida de la tierra, o de todo un sistema solar, o del mundo. Cuando comparó estos fenómenos con los de la vida humana, encontró una analogía tras otra. Por lo tanto concluyó, más o menos, que en el estudio de la vida humana, con la llegada del alma, se observa la aparición de ciertos fenómenos, y que en la observación de otros fenómenos se pueden establecer ciertas similitudes con la vida humana, ¿por qué no reconocer los otros fenómenos como dotados también  de “alma”?

Cualquier persona que se encuentre en el terreno de la Ciencia Espiritual, y  examine todo lo relacionado con lo espiritual de manera estrictamente científica, de la misma manera como el científico natural se aplica a los estudios de los fenómenos externos, consideraría que mucho de lo que Fechner resuelve tan hábilmente, no es más que un juego de ingenio, y sin embargo, en un juego de este tipo se debe tener cuidado al tratar con meras analogías. Cuando un pensador estimulante como Fechner emplea este método, su obra puede ser muy interesante. Pero hay gente de la que justamente se puede decir que les gustaría resolver los enigmas del mundo con tan poco conocimiento y comodidad como sea posible. Y si se apoyan en Fechner y sus métodos propios, debemos recordar que un imitador o un copista no suscita en nosotros los mismos sentimientos de satisfacción que el hombre que fue original en su propio campo, un hombre que reconocemos como dotado y estimulante, a pesar de que no podamos atribuirle nada más.

No tenemos necesidad de caracterizar a Schleiden más allá que decir que descubrió la importancia de las células. Es evidente que un hombre, que dirigió todas sus facultades perceptivas y cognitivas hacia lo inmediato, lo verdadero, es decir, hacia lo que se puede percibir con instrumentos externos, tendrá poca simpatía por las analogías que las que habló  Fechner en su empeño por demostrar que las plantas tienen alma, porque la visión de Schleiden se compone de células individuales, y este hecho le parecía naturalmente innovador, algo maravilloso. Así, para Schleiden eran como un ultraje las especulaciones, con este modelo brillante disponible como punto de partida, en caso de preferir hacer tratos con algunas relaciones aún más sutiles de la naturaleza. Fue sobre todo el método de las analogías de Fechner  lo que despertaba la ira de Schleiden, y en este sentido se refirió a la cuestión de la luna. Con referencia no sólo a Fechner, sino a todos aquellos que se aferraban a la tradición secular de atribuir a la luna todo tipo de influencia sobre el clima, etc., dijo que para estas personas la luna era como el gato en la casa, responsable de todo lo que no puede ser explicado de otra manera.

Como es natural, Fechner se sintió cuestionado, ya que fue el principal objeto de estos ataques. Rápido se embarcó en una tarea que —estemos o no de acuerdo con ella—  fue muy estimulante. Y aunque hay muchos errores que ya se han despejado, el folleto de Fechner, “Schleiden y la Luna”, publicado en 1856, es muy interesante. No tenía necesidad de hablar de la influencia de la luna en el flujo y reflujo de las mareas, pues esto  ya era admitido incluso por Schleiden. Era la supuesta conexión de la luna con las condiciones climáticas  la que hizo de ella, el gato de la investigación científica. Por lo tanto, Fechner se propuso investigar los mismos hechos que le imputaba su oponente, y de esa investigación se extrajeron algunas conclusiones notables. Cualquiera que se preocupe en  revisar su procedimiento encontrará que en esta investigación, Fechner fue un trabajador excepcional cuidadoso y con un enfoque totalmente científico. Su primera conclusión a partir de una serie de hechos -que no necesito repetir, cualquiera puede leerlo por sí mismo- fue que la cantidad y frecuencia de las precipitaciones eran mayores con una luna creciente que con una luna menguante: mayores cuando la luna se acerca a la tierra, menores cuando retrocede, y la proporción de las precipitaciones entre la luna creciente y la luna menguante era 107:100. Las observaciones que se registraron no cubrían pocos años, algunas de ellas se extendieron durante décadas y  no en una localidad, sino de muchas partes de Europa.

Con el fin de excluir los efectos del azar, Fechner propuso que otra condición, exceptuando la Luna, podría haber producido esta proporción de 107:100. A continuación, estudió las condiciones meteorológicas en las fechas impares y pares de fases de la luna, pues dijo que si la luna creciente o menguante no fueron la causa, los días pares e impares del mes  producirían resultados similares. Pero ese no fue el caso. Surgieron cifras muy diferentes: la relación no era constante, sino variable, por lo que aquí se podría atribuir a la casualidad.

Fechner se dio cuenta de que no había logrado ningún gran resultado y tuvo que reconocer que la luna no tenía gran influencia en el clima, pero los hechos sí apuntan a una cierta influencia. Procedió muy científicamente, teniendo en cuenta únicamente las observaciones cuidadosamente registradas en lugares definidos. Hizo investigaciones similares en relación con la fiebre y otros fenómenos corporales, y aquí también obtuvo pequeños resultados positivos. Difícilmente se puede negar que fenómenos de este tipo pueden tomar un curso diferente en virtud de la depilación con cera y bajo la luna menguante. Así, el viejo punto de vista de la luna libró su última batalla a mitad del siglo XIX a través de la obra de este hombre superdotado, Fechner.

Este ejemplo muestra muy bien el error de aceptar la afirmación cada vez más común que la ciencia nos obliga a hablar más sobre el trasfondo espiritual de las cosas, pues la ciencia -estamos seguros- está a punto de aprender cómo combinar los materiales simples, de  manera que puedan producir sustancia viva. Sabemos que tenemos mucho camino por recorrer antes de que podamos hacer que las proteínas y sus componentes —carbono, hidrógeno, oxígeno, etc.— pero la tendencia general de la ciencia es hacernos creer que algún se conseguirá. Cuando se haya hecho, perspectiva sólo sostenible -por aquellos que hacen estas afirmaciones-  por monistas que sostienen que un ser vivo, pensante, se compone sólo de un conjunto de elementos materiales.

Cualquier persona que hable en este sentido se está basando en los últimos objetivos y logros de la ciencia para convencerse de que no se justifica postular algo espiritual detrás de lo que percibimos con nuestros sentidos, o nos cuenta la ciencia externa; se sentirá satisfecho afirmando que ya han pasado los días en que se podía afirmar la existencia de una vida llena de sabiduría detrás del mundo perceptible.

En este punto podemos preguntarnos. ¿Realmente la ciencia nos obliga a rechazar la investigación espiritual? ¿Es eso una conclusión científica? Si quiero permanecer enteramente en el terreno de los que creen que en un futuro no muy lejano será posible producir proteína viva de las sustancias simples. ¿Hay algo que nos obligue a decir que la vida esta materialmente constituida y que no debemos buscar el espíritu por ninguna parte?

Una observación histórica ordinaria nos mostrará que esta conclusión es innecesaria. Hubo un tiempo en que se creía que no sólo el carbono, el hidrógeno, etc. se podrían utilizar para producir proteína viva, sino que un hombre entero podría ser construido a partir de los ingredientes necesarios en una retorta. El valor de esta creencia es algo  que no nos concierne, se puede leer un tratamiento poético de la misma en la segunda parte de Fausto. La cuestión es que hubo momentos en que la gente realmente creía —aunque nos pueda parecer una locura— que el Homúnculos, podría combinarse a partir de componentes separados. Sin embargo, en aquellos tiempos, nadie dudaba que el espíritu estaba detrás de lo perceptible por los sentidos. Por lo tanto se puede demostrar históricamente que no hay “ciencia” que nos obligue a rechazar el espíritu, porque esto depende de algo muy diferente de la capacidad de discernir si el espíritu está ahí o no. Ni la ciencia de hoy ni la ciencia del mañana pueden  obligarnos a rechazar el espíritu. Podemos tomar un punto de vista totalmente científico, pero rechazar el espíritu no depende de la ciencia. Depende de si somos capaces o no de discernir el espíritu, y la ciencia no puede determinar eso.

Así que, sin estar de acuerdo desde el punto de vista científico espiritual, con Schleiden o con Fechner, podemos entender que Schleiden, con los ojos fijos en el mundo de los sentidos, rechazó toda búsqueda del alma o el espíritu detrás de los fenómenos. Pero no tomó esta actitud por motivos científicos, simplemente estaba tan acostumbrado a considerar las cosas visibles, que no tenía ningún interés en nada más. Fechner era muy diferente, adoptó un punto de vista espiritual, y a pesar de que cometió un error tras otro, era un hombre de calidad diferente, buscaba el espíritu. De ahí que su tendencia no era rechazar, sino aclarar el significado de las sutiles influencias de los cuerpos celestes. Se dijo a sí mismo: Cuando observo la luna, no  puedo sentirla como el montón de escoria que se ve a través de un telescopio, está dotada de alma, al igual que todos los cuerpos. De ahí que el alma de la luna debe tener efectos sobre la Tierra, y estos efectos se expresan por debajo de la superficie de la vida ordinaria o en los fenómenos meteorológicos.

Ahora bien, es digno de mención, y a menudo se ha señalado aquí, que el método de la investigación científico-espiritual se dirige hacia lo práctico, y que las mejores pruebas de lo que tiene que decir puede encontrarse en la vida cotidiana.

 Y esta fue la forma de Fechner cuando se dedicó a defender sus puntos de vista. Sugirió que la disputa entre Schleiden y él mismo sobre la luna tal vez podría ser resuelta por sus esposas. Él dijo: “Los dos necesitamos el agua de lluvia para el lavado, y se puede ejercer en relación a las condiciones climáticas. Dado que Schleiden y yo no vivimos bajo el mismo techo podemos recoger el agua en momentos definidos, le sugiero que mi esposa la acumule durante la luna creciente y la esposa de Schleiden durante la luna menguante. Estoy seguro de que estará de acuerdo a fin de no dejar en vergüenza la teoría de su marido, y tanto más cuanto que no establece una gran importancia a la misma. El resultado será que mi esposa tendrá una lata extra por cada catorce latas recogidas por la señora Schleiden, pero como el fin es superar una opinión preconcebida, sin duda harán este sacrificio”[1].

Nos hemos basado en esta historia para mostrar cómo la luna y su influencia en la Tierra fueron consideradas hace mucho tiempo. Hoy en día se podría decir que las personas han avanzado en su punto de vista científico —como ellos lo llaman— y así han ido un paso más allá de Schleiden, en el sentido de tratar como a una persona soñadora y supersticiosa al que se aferraba a la creencia de que la Luna tendría algo que ver con las condiciones meteorológicas y similares. Incluso entre las personas muy sensibles hoy en día no se encuentra ninguna opinión más que la luna sólo tiene influencia en las mareas, todas las demás opiniones han sido reemplazadas.

Si tomamos el punto de vista de la Ciencia Espiritual, que por supuesto, no está obligada a jurar todo lo que alguna vez fue parte de la creencia popular, eso sería confundir la Ciencia Espiritual con la superstición, muy a menudo hoy en día nos encontramos con una cantidad de supersticiones, que en realidad son creencias populares mal entendidas y se dice que son parte de la Ciencia Espiritual. Una superstición acerca de la luna de hecho se puede ver en cada esquina, porque es bien sabido que un emblema de la Luna se une a nuestras tiendas de barberos, ¿por qué? debido a que era una creencia generalizada que la nitidez de una navaja de afeitar se conecta con una luna creciente. De hecho hubo momentos en los que nadie se hubiera preocupado de esquilar una oveja durante la luna menguante, porque creía que después la lana no crecería de nuevo. Esta es una superstición muy fácil de refutar, pues cualquier persona que se afeita la barba sabe que vuelve a crecer durante la luna menguante. En este ámbito es fácil burlarse, ya que es difícil, en el otro lado, ver con claridad. Por ahora estamos llegando a una pregunta particular, cuando al fin tocamos la Ciencia Espiritual. Se trata del flujo y reflujo de las mareas, universalmente considerado  bajo la influencia de la luna.

Se cree que las mareas están obviamente conectadas con la fuerza de atracción de la luna, y se mira cuando la luna llega a su meridiano. Cuando la luna sale del meridiano, se espera que el flujo cambie a menguante. Sin embargo, sólo tenemos que observar que, en muchos lugares, el reflujo y el flujo se produce dos veces, mientras la luna se encuentra en el meridiano una sola vez durante el mismo período. Y hay otro hecho. Podemos leer en los libros de viajes que, en muchas partes de la Tierra, la pleamar de ningún modo coincide con el meridiano de la luna, y en algunos lugares se produce hasta dos horas y media más tarde. Ciertamente, la ciencia ha inventado excusas para dar cuenta de esto: se nos dice que la pleamar se retrasa. Pero también hay ciertos resortes que muestran el flujo y el reflujo de manera indudable, en algunos casos el reflujo aparece cuando la marea del océano se encuentra en las inundaciones, y viceversa. Se nos dice que estos casos, también son ejemplos de flujo retardado o el flujo en algunos casos tan retrasados ​​como para empezar en la otra fase. Por supuesto, este tipo de explicación puede aclarar casi cualquier cosa.

Una cuestión correctamente planteada: ¿de dónde obtiene la luna este poder de atracción del mar? La luna es mucho más pequeña que la Tierra y sólo tiene alrededor de un 70% de poder de atracción de la Tierra, mientras que para establecer las grandes masas del mar en movimiento se requieren millones de caballos de fuerza. Julius Robert Mayer[2] hizo algunos cálculos interesantes sobre esta cuestión, que nos lleva a muchos otros problemas. Por lo tanto podemos decir: Aquí hay algo que es considerado como científicamente irrefutable, y sin embargo, aunque no se escuchan oposiciones de hecho, es muy vulnerable

Sin embargo se mantiene un hecho muy significativo. Aunque la posición y la influencia de la Luna son tales que es difícil hablar de una relación inmediata de causa y efecto, es cierto que una pleamar definitiva se produce todos los días —en relación con el meridiano de la Luna— unos cincuenta minutos más tarde que en el día anterior. La secuencia regular de flujo y reflujo se corresponden por lo tanto al recorrido de la luna, y este es el hecho más significativo de todos. Por lo tanto, no podemos hablar de la luna en su meridiano como una influencia real sobre el flujo y reflujo, pero podemos decir que el curso de la órbita de la Luna se interpone en una cierta correspondencia con el curso de las mareas.

Para acercarnos un poco a la manera de pensar de la Ciencia Espiritual, me gustaría referirme a un hecho similar que dio a Goethe una gran cantidad de problemas. La mayoría de la gente sabe muy poco acerca de las preocupaciones de este gran genio de los tiempos modernos, pero cualquier persona que, como yo, ha pasado muchos años estudiando los escritos científicos de Goethe y ha visto sus manuscritos en el Archivo Goethe-Schiller en Weimar, hace algunos descubrimientos sorprendentes. Por ejemplo, en las notas preliminares que más tarde Goethe condensó ​​en unas pocas páginas como la meteorología[3]. Goethe trabajo en estas investigaciones con mucha diligencia y asiduidad. Una y otra vez reunió a sus amigos para recoger datos y cifras que luego él tabulaba. El propósito de estos estudios extensivos era demostrar que el nivel de presión barométrica en varios lugares no se debía al azar, sino que varía de alguna manera bastante regular. Y Goethe de hecho tenía una gran cantidad de evidencias que indicaban que en todo tipo de lugares el ascenso y caída del barómetro estaban sujetos a una ley que se extendía por todo el globo. Tenía la esperanza de refutar la hipótesis de que la presión del aire depende totalmente de las influencias externas. Sabía, por supuesto, que la densificación y rarefacción del aire, dan lugar a cambios de presión, que fueron atribuidos generalmente a la luna, al sol y otros factores cósmicos. Quería demostrar que la posición de las constelaciones, independientemente de los efectos del sol y de la luna sobre la atmósfera, tenían una regularidad constante en el ascenso y caída de la presión del aire que prevalece en el globo. Por lo tanto, él deseaba mostrar que la Tierra formaba parte de la subida y bajada del barómetro, pues estaba convencido que la Tierra está impregnada de elementos invisibles de la cual surge toda una vida de flujos, así como el hombre tiene, además de su cuerpo físico, elementos invisibles que lo impregnan. Y así como el hombre tiene una inhalación y exhalación, donde se conecta con el aire, también lo hace la Tierra, que como un ser vivo, inhala y exhala. La inhalación y exhalación de la Tierra, como manifestaciones de su vida interna, se registran externamente en el auge y caída del mercurio en el barómetro. Así tenemos en Goethe un hombre que estaba convencido de que la Tierra es un ser imbuido de espíritu y que se comporta de una manera comparable al proceso de respiración en los seres humanos. Por otra parte, Goethe dijo una vez a Eckermann que consideraba el flujo y reflujo de las mareas, como una expresión más de la vitalidad interior, del proceso de la vida de la Tierra[4].

Goethe no es de ninguna manera el único genial pensador que investigaba estas cosas desde el punto de vista espiritual. Las personas de mentalidad materialista, por supuesto, encontraran todo esto ridículo, pero entre los hombres que tienen una idea de la vida, ya sea en un nivel determinado o, en general, siempre habrá personas con ideas similares a las de Goethe —por ejemplo, Leonardo da Vinci. En su excelente libro, donde expone sus puntos de vista de comprensión científica a la altura de los logros de aquellos tiempos, nos encontramos con lo que dice —y no simplemente como una analogía— que él realmente consideraba las rocas sólidas como el esqueleto de la Tierra, y que los ríos, arroyos y cursos de agua en realidad pueden compararse con la circulación de la sangre en el hombre. Allí encontrarán también —afirmó— que flujo y reflujo se conectan con un ritmo regular en la vida interior de la Tierra. Kepler también habló en un tono similar cuando dijo que la Tierra puede considerarse en cierto sentido como una ballena gigantesca y que los altibajos eran la inhalación y exhalación de esta enorme criatura.

Comparemos ahora los hechos mencionados anteriormente con vistas tales como la de Goethe sobre el flujo y reflujo. Vamos a utilizar los hallazgos de la ciencia espiritual y nuestras conclusiones anteriores sobre las fases de la luna y las mareas en relación, por ejemplo, a los puntos de vista de Goethe sobre la vida interior de la Tierra y la respiración. Para ello hemos que construir las conclusiones de la ciencia espiritual, que sólo pueden establecerse por las investigaciones realizadas por métodos científico espirituales. Aquí entramos en un terreno muy peligroso donde los que creen que tienen un punto de apoyo firme en la ciencia moderna, objetarán sobre las fantasías de la Ciencia Espiritual. Bien, dejemos que hablen. Sería mejor si se lo tomaran como un estímulo; entonces serían capaces de encontrar pruebas a través de un examen más profundo de la vida.

Con el fin de abordar de manera correcta lo que el científico espiritual tiene que decir, vamos a considerar al hombre mismo en relación con el mundo que le rodea. Por lo que se refiere a la Ciencia Espiritual, el ser humano se origina no en el mundo sensible, sino en los fundamentos espirituales que se encuentran detrás del mundo físico externo. Por lo tanto, el hombre nace en realidad sólo como un ser físico que puede percibir el mundo de los sentidos. Y en la medida en que está impregnado de alma y espíritu, nace desde el alma y el espíritu del cosmos. Y sólo cuando encontramos el camino desde el alma y el espíritu del hombre, con el alma y el espíritu del cosmos, se nos da la posibilidad de ver la conexión entre los dos

En capítulos anteriores hemos hablado de diversos fenómenos de la vida anímica del hombre. Encontramos que el alma es algo que no es la nebulosa que describe la psicología moderna. Entre sus miembros se distingue, en primer lugar, lo que llamamos el alma sensible. En este alma el yo, aunque vagamente y apenas consciente de sí mismo, experimenta los impulsos del placer y el dolor y todo lo que viene a él desde el mundo exterior a través del cuerpo sensible. El yo está presente en la vida del Alma Sensible, pero no sabe nada de sí mismo. A medida que  el yo se va desarrollando avanza a la etapa del Alma Racional. Y cuando el Yo continua y ahonda su trabajo en el alma Racional, da lugar al Alma Consciente. Así, en la estructura del alma humana se distinguen tres miembros: Alma Sensible, Alma Racional y Alma Consciente.

El Yo continúa trabajando en estos tres miembros y eleva al hombre más y más a la cima de su desarrollo. Sin embargo, estos tres miembros, que llevan a cabo su trabajo a través del hombre, tienen que vivir en su estructura corporal, pues solo así puede realizar sus tareas. El alma sensible utiliza como instrumento el cuerpo sensible, el alma racional se sirve del cuerpo etérico. El alma consciente es la primera en utilizar como portador e instrumento al cuerpo físico. Así, en la estructura corporal del hombre tenemos el cuerpo físico en común con los minerales. A continuación tenemos en el hombre una parte superior que tiene en común con el mundo vegetal y todo lo vivo. Las funciones de crecimiento, nutrición y reproducción en la planta están activas también en el hombre, pero en el hombre están conectadas con el Alma Racional, el cuerpo etérico de la planta no está impregnado por el alma racional, como en el caso del hombre, y el cuerpo físico está permeado por el Alma Consciente. Aquello que forma cristales en el reino mineral está impregnado en el hombre por el Alma Consciente. En los animales el cuerpo astral es el portador de los impulsos y emociones, en el hombre, el cuerpo astral se profundizó hacia el interior y es el portador del alma sensible. Así, el alma humana, compuesta de Alma Sensible, Alma Racional y Alma Consciente, mora en su triple corporeidad, en el cuerpo sensible, el cuerpo etérico y el cuerpo físico, respectivamente,

Esa es la condición del hombre mientras está despierto. Durante el sueño, es diferente. Entonces, deja su cuerpo físico y etérico en la cama, sale de ellos con su yo y el cuerpo astral, más las partes de su alma que impregnan su cuerpo físico y etéreo como alma racional y Alma Consciente. Así, durante el sueño, él vive en un mundo espiritual que no puede percibir, simplemente porque viviendo en la Tierra se ve obligado a usar su cuerpos físico y etéreo para percibir el mundo circundante. Como en el sueño abandona estos instrumentos, no es capaz de percibir el mundo espiritual, ya que en la vida del sueño le faltan los órganos para percibir dicho mundo.

Ahora hay algo más que decir acerca de estos estados de vigilia y el sueño. Nuestra vida de vigilia está directamente conectada con el curso del sol, aunque en realidad esto ya no es del todo cierto hoy en día, especialmente en las personas que viven en las ciudades. Pero si miramos la vida sencilla del campo, donde esta relación entre la naturaleza exterior y la vida humana aún prevalece en gran parte, nos encontramos con que la mayor parte del tiempo la gente está despierta, mientras que el sol está en lo alto y duerme mientras el sol está abajo. Esta alternancia regular de vigilia y sueño se corresponde con la acción normal de la luz solar sobre la Tierra y todo lo que brota de ella. Y no es solo una manera pintoresca de hablar decir que en la mañana el sol recuerda en el cuerpo físico al cuerpo astral y el yo, junto con el alma sensible, el alma intelectual y el Alma Consciente, y mientras el hombre está despierto ve todo a su alrededor por medio del sol y su resplandor. Y cuando el hombre tiene una vez más unidos a todos los miembros de su ser en la conciencia de la luz del día, es el sol el que pone ritmo a la vida ordinaria. Ahora vamos a reconocer fácilmente, si no observamos en profundidad, cómo el sol regula la relación del hombre consigo mismo y con la Tierra. Veamos ahora más de cerca los tres aspectos de esta relación.

En cuanto a la triple naturaleza del alma, que comprende Alma Sensible, Alma Racional y Alma Consciente, el hombre es interiormente independiente, pero no con respecto a sus portadores, el cuerpo astral, etérico y físico. Estas tres envolturas se construyen a partir del universo exterior, a fin de que puedan servir al hombre en su vida de vigilia, se construyen a través de la relación entre el Sol y la Tierra.

Como hemos visto, el alma sensible vive en su instrumento, el cuerpo sensible. El cuerpo sensible debe sus características a la región que el hombre llama “su hogar”. Todo el mundo tiene una casa en alguna parte, y no importa si ha nacido en Europa o en Estados Unidos o Australia. Para los cuerpos físico y etérico no hay diferencia directa, pero sí importa directamente al cuerpo sensible. Aunque el hombre se va haciendo más libre de estos efectos en su cuerpo sensible, todavía tenemos que decir: los seres humanos cuyas raíces se encuentran en su tierra natal, los seres humanos en los que el sentimiento de patria es particularmente fuerte, que aún no han vencido por la fuerza del alma el poder de lo físico y se sienten atraídos por su lugar de nacimiento, si tales seres humanos tienen que trasladarse a otra región, no sólo pueden sentirse malhumorados y taciturnos, en realidad pueden caer enfermos. A menudo, la mera perspectiva de volver a casa es suficiente para restaurar su salud, pues el origen de su enfermedad no está en el cuerpo físico o en el cuerpo etérico, sino en su cuerpo sensible, cuyos estados de ánimo, emociones y deseos surgen del entorno de su tierra natal.

A medida que desarrolla la libertad, el hombre supera las influencias que lo atan a su tierra natal, pues una visión global, muestra que la situación del hombre sobre la Tierra varía de acuerdo con la relación del lugar donde vive el sol, porque el ángulo con que los rayos solares caen sobre la Tierra varía de un lugar a otro. En efecto, podemos rastrear ciertas actividades instintivas, que luego se asimilan culturalmente, que derivan parcialmente de la patria de las personas afectadas.

Tomemos dos ejemplos: el uso del hierro y el ordeño de los animales para la alimentación. Veremos que es sólo en ciertas áreas de Europa, Asia y África donde se desarrollaron estas prácticas, en otras áreas no se conocía. Y comenzaron a utilizarse más adelante, introducidas por los emigrantes procedentes de Europa. Podemos rastrear exactamente el ordeño de animales a través de Siberia desde las fechas más remotas de la antigüedad, y extenderse sólo hasta el Mar de Bering, no hay registro de ello entre los habitantes originales de América. Con el hierro es similar.

Así, podemos ver cómo ciertos instintos que existen en el cuerpo sensible se conectan con la región particular donde vive la gente, y cómo, por tanto, depende en primer lugar de la relación del Sol con la Tierra.

Una segunda dependencia se refiere al cuerpo etérico. A medida que es portador del alma racional, el cuerpo etérico se muestra a sí mismo como dependiente en su actividad de las estaciones del año, por lo que en la relación del Sol con la Tierra se expresa en el curso de las estaciones. Una prueba directa de esto por supuesto puede venir sólo a través de la ciencia espiritual, pero podemos convencernos a nosotros mismos por hechos externos que esta declaración es correcta. Por ejemplo, sólo en las regiones donde una alternancia equilibrada de las estaciones ocurre que la actividad interna del alma racional o intelectual puede desarrollarse, lo que significa que sólo en estas regiones puede evolucionar el Alma Racional en el cuerpo etérico del hombre. En el extremo norte nos encontramos con que cuando los elementos de la cultura son introducidos desde otros lugares, el alma tiene una gran dificultad en la lucha con el cuerpo etérico, que es tener que vivir en condiciones caracterizadas por inviernos excesivamente largos y veranos cortos. Entonces al Alma Racional le será imposible forjarse de un instrumento que pueda manejar fácilmente fuera del cuerpo etérico

Si nos vamos a las zonas tropicales, nos encontramos que la falta de temporadas regulares produce una especie de apatía. Así como las fuerzas de la vida de las plantas varían en el curso del año, también lo hacen las fuerzas en el cuerpo etérico del hombre: encuentran su expresión en la alegría de la primavera, el anhelo de verano, la melancolía del otoño, la desolación del invierno. Estos cambios regulares son necesarios para que el instrumento adecuado para el alma racional pueda crearse en el cuerpo etérico humano. Así, vemos de nuevo cómo el sol afecta a los seres humanos a través de su relación cambiante con la Tierra.

Tomemos ahora el cuerpo físico. Si el Alma Consciente trabaja directamente en el cuerpo físico, tenemos que seguir en la vida ordinaria un ritmo similar a la alternancia del día y la noche. Cualquier persona que no duerma pronto se dará cuenta de que es incapaz de controlar eficazmente sus pensamientos acerca del mundo que le rodea. Una alternancia regular de vigilia y el sueño prepara a nuestro cuerpo físico de manera que puede proporcionar un instrumento al Alma Consciente. Así, hemos visto cómo los tres cuerpos del hombre, astral, etérico y físico, se forman por el Sol.

Pero, ¿qué influencias externas juegan en el ser humano, mientras él está dormido, mientras está viviendo en el mundo espiritual y ha dejado atrás su cuerpo físico y etérico?

Mientras dormimos tenemos algo del mundo espiritual que restituye las fuerzas que han sido utilizadas por nuestras actividades durante el día anterior. ¿Es posible que en este caso también podamos apuntar a una influencia externa como lo hicimos en relación con las horas de vigilia durante el día? Sí, lo es, y lo que encontramos está de acuerdo de una manera extraordinaria con la duración de las fases de la luna. No estoy afirmando que esta influencia externa coincida exactamente con las fases de la luna, o que las propias fases produzcan efectos correspondientes, sino que el curso de estos efectos es comparable con el curso de las fases de la luna. Voy a dar dos ejemplos para mostrar lo que quiero decir.

Vamos a ser muy conscientes de que las personas que se entregan a los pensamientos creativos y al libre juego de la imaginación no están igualmente productivas en todo momento. Los poetas, por ejemplo, si son honestos con ellos mismos, tienen que admitir que de vez en cuando se encuentran fuera de tono, incapaces de escribir nada. Las personas que observan esto en ellas mismas saben que viven períodos productivos, donde es necesario un cierto marco imaginativo de la mente y una sensación de calor, que se alternan de una manera notable con períodos en los que nada se puede lograr. Saben, también, que el alma tiene un periodo de catorce días de productividad, después de los cuales cualquier cosa que tenga que ver con el pensamiento creativo pasa por un período de vacío, el alma se queda como un limón exprimido. Durante este período vacío, sin embargo, puede dedicarse a trabajar más sobre lo que ya se ha hecho. Si los artistas y autores tomaran nota de ello, pronto verían cuán cierto es.

Esta alternancia de períodos no está influenciada por las condiciones del día, sino por los momentos en que el alma y el yo están fuera de los cuerpos físico y etérico. Y así, durante un período de catorce días, las fuerzas productivas están, por así decirlo, vertidas en el ser humano, mientras esta fuera de sus cuerpos físico y etérico, y luego, durante los siguientes catorce días, no recibe tales fuerzas. Ese es el ritmo. Se aplica a todos los seres humanos, pero es más evidente en el tipo de personas que acabo de mencionar.

Mucho más clara aún es la evidencia de la investigación espiritual genuina. Este no es el tipo de investigación que pueden llevarse a cabo cada vez que uno desea, pues depende de un patrón rítmico. Este punto casi nunca se menciona en ninguna parte, pero es así. ¡Durante la investigación espiritual uno no está durmiendo, el mundo del espíritu no otorga sus dones en el sueño! El cuerpo físico está inactivo con respecto al mundo exterior, sin embargo, uno no está dormido, aunque los cuerpos físico y etérico se hayan quedado atrás, la meditación, la concentración y así sucesivamente  han fortalecido las facultades del investigador a tal grado, que la conciencia no se borra cuando se sale del cuerpo físico. El sueño no sobreviene y el mundo espiritual puede ser percibido. Para el investigador espiritual moderno hay dos períodos: uno de catorce días en los que puede hacer observaciones: se siente especialmente fuerte y percibe las comunicaciones del mundo espiritual sobre él por todas partes. Luego viene un período en el que es especialmente capaz, gracias a las fuerzas que acaba de recibir, de penetrar con su pensamiento las iluminaciones, imaginaciones y las inspiraciones que han venido con él del mundo espiritual, para trabajar sobre ellas, para que puedan adquirir una forma estrictamente científica. La inspiración y la técnica de pensamiento siguen un curso rítmico. El investigador espiritual no tiene por qué llevar a cabo una coordinación con los hechos externos, sino que simplemente ve cómo estos períodos se alternan, al igual que la luna llena y la luna nueva, con sus cuartos intermedios. Pero no es sólo su curso rítmico que tiene un paralelo en la sucesión de la luna llena y nueva. El período de la inspiración no coincide con la luna llena o el de investigación durante el período de luna nueva. Todo lo que podemos decir es que la comparación es posible entre los dos períodos y la luna llena y nueva. ¿Por qué esto es así?

Cuando estudiamos nuestra Tierra, nos encontramos con que se ha desarrollado a partir de un estado anterior. Así como cada uno de nosotros ha llegado en el alma y el espíritu de una encarnación anterior, nuestra Tierra ha surgido de una encarnación planetaria anterior. Pero nuestra Tierra conserva reliquias de los acontecimientos que tuvieron lugar bajo las condiciones anteriores durante su encarnación anterior. Y estas reliquias se encuentran en el curso de la ronda de Luna por la Tierra, tal como la vemos hoy. Desde un punto científico-espiritual la luna, se computa como parte de la Tierra. Pero ¿qué es lo que mantiene a la luna girando alrededor de la Tierra? Es la misma Tierra, y aquí la ciencia espiritual y la ciencia actual están en completo acuerdo. La ciencia actual, también, se refiere a la luna como si hubiera sido separada de la Tierra, y habiendo ganado la fuerza que la mantiene en órbita por haber formado parte de ella. Así, la órbita de luna representa simplemente un estado anterior de la Tierra. La Tierra misma ha conservado en su satélite estas condiciones anteriores ya que tiene que hacer que brille en el presente. ¿Podemos encontrar alguna razón para esta necesidad?

Tomemos al hombre mismo y observemos que vive como alma en su cuerpo y la forma en que se expone al curso del sol. Podemos decir: para la conciencia actual, todo lo relacionado con el sol se restringe a la vida entre el nacimiento y la muerte. Esto es algo que se puede probar —pregúntense si lo que las experiencias normales de la conciencia durante las horas de vigilia, en su triple dependencia del lugar de nacimiento, el cambio de estaciones y la alternancia del día y la noche, no se limita a la vida entre el nacimiento y la muerte. El hombre no tendría nada más en su conciencia, nada más se le encendería, si sólo existiera la acción del Sol sobre la Tierra, y sólo esta relación entre la Tierra y el Sol. Lo que toca el relevo de una encarnación a la siguiente aparece de nuevo en una nueva vida, hay que buscarlo en el elemento anímico-espiritual que impregna el cuerpo exterior del hombre durante el sueño pasando por el cuerpo astral y el yo de los cuerpos físico y etérico. A la muerte también deja el cuerpo, y reaparece bajo una nueva forma a la próxima encarnación. Aquí hay un ritmo que dirige nuestra atención a un ritmo similar asociado con la luna.

Si ahora consideramos la evolución humana, vemos que el trabajo del yo en el Alma Sensible, Alma Racional y Alma Consciente se ha desarrollado en las condiciones que prevalecen entre la Tierra y el Sol. Pero la relación de la Tierra con la Luna refleja un estado anterior de su propia evolución. La Fase de la evolución actual del hombre, a través de Alma Sensible, Alma Racional y Alma Consciente, apunta a un período en el que los portadores de los anteriores miembros de las almas, los cuerpos astrales, etéreos y físicos, se estaban preparando. Entonces, así como la acción del Sol es ahora necesaria para el desarrollo adecuado de estos tres portadores, las fuerzas de la luna estaban trabajando en su elaboración. Hoy en día las fuerzas de la luna armonizan con el hombre y lo preparan para ser lo que es hoy en día, del mismo modo que la Tierra en su condición lunar preparo nuestra Tierra actual. Por lo tanto, podemos decir que la naturaleza inferior del hombre, en la que se construyó el alma sensible, alma racional y Alma Consciente, son los puntos de vuelta a las primeras condiciones que la Tierra ha conservado en la órbita de la Luna como la vemos hoy.

Podemos ver, también, cómo la individualidad humana, que pasa de una encarnación a otra, debe tener un ritmo que corresponde al de la Luna. Durante las primeras etapas de la evolución de la Tierra, que no era la física transitoria que se asocia con la luna, sino la actividad interior, que estaba trabajando en este físico, al igual que lo físico externo que hoy está trabajando con el sol. Así como Tierra ha conservado algo de las condiciones anteriores de la luna, también lo ha hecho el hombre con su individualidad eterna. En ese ser eterno que está evolucionando ahora esas cualidades superiores que antes eran una influencia externa y que ahora deben ser desarrolladas por sus capacidades interiores.

Un punto esencial que hay que destacar es que el hombre crece fuera de estas influencias externas. Se vuelve más independiente del tiempo —por ejemplo, él puede dormir de día y permanecer despierto durante la noche. Pero todavía tiene que ordenar su despertar y dormir de acuerdo con el ritmo del sol, él tiene que mantener el ritmo en sí mismo. En épocas anteriores, el día y la noche interior correspondía estrechamente al día y la noche exterior, el hombre estaba entonces estrechamente ligado a su tierra natal. Llego a ser libre e independiente precisamente por liberarse internamente del ritmo en que vive; por retenerlo como un ritmo, pero ya no dependiendo del mundo exterior. Es como si tuviéramos un reloj marcado por 24 horas, pero lo establecemos de tal manera que no se corresponde con el tiempo externo; por ejemplo, cuando el reloj dice que son las 12 en punto, no corresponde a las 12 en punto por el sol. Así, aunque el reloj sigue un ritmo de 24 horas, el tiempo que se muestra es el propio, no el del sol.

Así, el hombre se libera interiormente, haciendo del ritmo externo uno interno. Hace tiempo que se liberó del ritmo que conectaba su ser interior con la luna. Por lo tanto hemos hecho hincapié en que el hombre vive las fases de la luna interiormente, pero estas experiencias no son causadas por la luna en el cielo. El curso de la luna muestra un ritmo similar, porque el hombre ha mantenido ese ritmo hacia el interior, aunque exteriormente se ha hecho a sí mismo libre e independiente de ella.

Esto nos lleva a considerar a la Tierra como un ser vivo, pero ya que solo nos muestra su cuerpo físico, sin signos evidentes de vida, sentimiento o conocimiento, su condición es más cercana a la de la Luna. Ahora podemos entender por qué no es correcto, incluso teniendo sólo los hechos externos, hablar de una influencia directa de la Luna sobre las mareas, y sólo se puede decir que el flujo y reflujo de las mareas se corresponde con las fases de la luna. Las mareas, así como el curso de la luna están causadas ​​por las profundas fuerzas espirituales de la Tierra viviente.

Así vemos cómo la ciencia espiritual nos ayuda a aclarar los hechos externos de una manera maravillosa. Las mareas se corresponden con un proceso interno en la tierra viva que las produce y también de la órbita de la Luna[5]. Si se toman los resultados de la ciencia espiritual y luego investigamos en los libros las fases de la Luna y la Tierra y registramos las mareas, entenderemos la verdadera relación entre la Luna y la Tierra y la Luna y el hombre.

Podemos ver fácilmente que si un hombre pierde su independencia y se hunde de una plena conciencia a un estado menos consciente o inconsciente, él regresará a las primeras etapas de la evolución. El hombre avanzó desde la inconsciencia a su estado actual de conciencia, de su dependencia anterior de la luna y su influencia a su independencia actual de la luna y a su dependencia del sol.

Porque el hombre fue una vez dependiente directamente de la luna, se deduce que, si su conciencia está amortiguada, su funcionamiento será ordenado por el curso de la luna. Este es un efecto atávico que pone de manifiesto la antigua conexión del hombre con las fases de la luna. Una característica de los medios es que su conciencia se redujo hasta el momento que volver a una etapa anterior de la evolución y la influencia de la antigua luna se hace sentir en ellas. Es similar en ciertos casos de enfermedad donde se reduce la conciencia. Si se tiene en cuenta los principios de la ciencia espiritual, serán perfectamente capaces de comprender estos fenómenos. La evidencia de lo que la Ciencia Espiritual tiene que decir se puede encontrar en todos los aspectos de la vida.

Una cosa más. Cuando alguien va a nacer de nuevo en la Tierra después de su estancia en el mundo espiritual entre la muerte y un nuevo nacimiento, y luego, durante el período embrionario, pasa a través de condiciones que recuerdan a un estado anterior de la Tierra. El período embrionario todavía es contado por la ciencia como que abarca diez meses lunares, por lo que nos encontramos ante un ritmo que sigue su curso a través de diez períodos lunares sucesivos. También encontramos que cada semana en el periodo de diez meses —es decir, cada fase de la luna— corresponde a una condición particular en el desarrollo del embrión. Aquí, también, el hombre ha conservado en sí mismo el ritmo lunar, como podemos llamarlo

Podríamos mencionar toda una serie de fenómenos relacionados con la existencia embrionaria del hombre, antes de emerger de las profundidades de la naturaleza a la luz del día, que por supuesto, no se deben a la luna y no coinciden con las fases de la luna, sino que reflejan el mismo ritmo, ya que se remontan a las causas primarias que estaban presentes mientras la Tierra estaba pasando por anteriores condiciones de existencia

Ahora voy a arrojar luz sobre un tema que no puede ser iluminado en público. Las personas reflexivas verán que aquí se abre una perspectiva a los reinos de la vida en la ciencia espiritual, de hecho, puede señalar el camino a una gran clarificación de mucho que se esconde en el hombre de la luz solar exterior, que está detrás de él. Son ámbitos que deben ser explorados por una luz diferente a la luz de los conocimientos que hemos adquirido a través de la luz del sol, es decir, por las facultades que no dependen de los servicios prestados por los órganos sensibles, etérico y físico bajo la influencia de el sol. Una facultad clarividente se hace independiente de estos tres cuerpos, pudiendo hundirse en sí misma interioridad y ver en el mundo espiritual, por lo que puede abrir una capacidad de conocimiento de lo que hay detrás de la luz solar externa y, sin embargo, está lleno de luz y claridad. Pero debo enfatizar nuevamente que en la cuestión de la luna se necesita una luz aún más íntima para llegar al corazón de ella.

En conclusión, me vienen a la memoria unos versos del poeta lírico alemán Wilhelm Muller: me voy a ocupar sólo de la última estrofa. Se aborda a la Luna y todo tipo de palabras íntimas pasan entre el hombre y la luna, y asi el alma habla con la luna de una manera maravillosa:

Esta pequeña canción, una ronda nocturna,

Un vagabundo la canta en plena luna llena;

Los que lo lean a la luz de las velas

No podrán entenderla bien,

Por infantil y sencilla que sea[6].

Así es como deberíamos tomar lo que la Ciencia Espiritual tiene que decir, como se muestra en nuestro tratamiento de la luna y su significado para la vida humana.

La canción de la Ciencia Espiritual sobre la luna, de hecho, solo se puede cantar si tenemos alguna comprensión de las ideas más íntimas de la Ciencia Espiritual. Las personas que intentan leer la canción a la luz de las velas, y me refiero al telescopio, o emplean fotografías de la luna, para la llamada investigación —estas personas difícilmente entenderán nuestra canción. Pero aquellas que están listas para avanzar un poco en lo que la vida nos puede decir en todos sus aspectos se dirán a sí mismos: ¡Realmente no es tan difícil! Cualquiera que busque comprender la canción que la ciencia espiritual canta sobre la luna —no a la luz de las velas del telescopio, sino a la luz viva del espíritu, que brilla incluso cuando faltan todas las impresiones sensoriales— encontrará que esta canción sobre la Luna, y por lo tanto sobre un aspecto importante de la vida, es realmente bastante fácil, ¡aunque no sea infantilmente fácil!

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Traducción revisada por Gracia Muñoz en diciembre de 2019

[1] G. Th. Fechner, Profesor Schleiden y la Luna, Leipzig, 1856, p.1 56.

[2] Julius Robert Mayer, 1814-1878, médico y físico, descubrió la ley de conservación de la energía en 1842

[3] Escritos científicos de Goethe , como nota 27, vol. 11, libro 3, Meteorología, pp.323-398.

[4] Johann Peter Eckermann, Conversaciones con Goethe en los últimos años de su vida, conversación del 11 de abril de 1827.

[5] La correspondencia entre la órbita de la luna y las mareas puede llevarse a una causa conjunta, pero la primera no causa la segunda, así como la manecilla que se mueve alrededor del reloj corresponde al camino del sol, aunque nadie sugeriría que el sol hizo que la manecilla del reloj se mueva.

[6] Wilhelm Müller, 1794-1827, conocido por los ciclos de poemas “Die Winterreise” y “Die schöne Müllerin”, que fueron interpretados por Franz Schubert. Este poema es el último verso de “Mondlied”, de Liederder Griechen, segunda edición, Leipzig, 1844.

GA93ac14. Fundamentos esotéricos

Rudolf Steiner — Berlín, 9 de octubre de 1905

English version

Hablaremos hoy sobre la estadía del hombre en el Devacán entre dos encarnaciones.

Una y otra vez debemos aclararnos a nosotros mismos que esta estancia en el Devacán no es más que donde estamos nosotros mismos en la vida física. Pues el Devacán, como el mundo astral y el mundo físico no son más que tres mundos interpenetrantes. Podemos hacernos una idea más correcta del Devacán si pensamos en el mundo de las fuerzas eléctricas antes de que se descubriera la electricidad. Hubo un tiempo en que todo esto estaba contenido en el mundo físico, solo que entonces era un mundo oculto. Todo lo oculto tiene que ser descubierto en algún momento. La diferencia entre la vida en el Devacán y la del mundo físico es que el hombre en su época actual está dotado de órganos que le permiten percibir el mundo físico, pero no de órganos que le permitan contemplar los fenómenos del Devacán.

Imaginemos que estamos en el alma de alguien que vive entre dos encarnaciones. Él ha entregado su cuerpo físico a las fuerzas de la Tierra y ha cedido su cuerpo etérico a las fuerzas de la vida. Además, ha devuelto esa parte de su cuerpo astral en la que él mismo no ha trabajado. Luego se encuentra en el Devacán. Ya no tiene como posesión personal lo que los dioses habían trabajado en su cuerpo etérico y astral; todo esto ha sido dejado de lado. Ahora sólo posee lo que él mismo ha logrado en el curso de muchas vidas. En el Devacán esto sigue siendo suyo. Todo lo que el hombre ha hecho en el mundo físico tiene el propósito de hacerlo más y más consciente en el Devacán.

Tomemos la relación de una persona con otra. Se puede decir que esta relación es simplemente natural, por ejemplo, la relación entre hermanos y hermanas que se han unido a través de circunstancias naturales. Sin embargo, es solo parcialmente natural, ya que los factores morales e intelectuales están jugando continuamente. A través de su Karma, el hombre nace en una familia particular; pero no todo está condicionado por el karma. La relación natural, en la que nada más se entremezcla, la tenemos en el caso de los animales. En el caso de los seres humanos siempre hay una relación moral también, a través del Karma. Sin embargo, la relación entre dos personas también puede existir sin que esto esté condicionado por la naturaleza. Por ejemplo, puede surgir un vínculo de amistad íntima entre dos personas a pesar de los obstáculos externos. Como un caso bastante extremo, supongamos que al principio eran mutuamente poco comprensivos entre sí y que encontraron el camino el uno al otro sobre una base puramente intelectual y moral, de alma a alma. Comparemos esto con la relación natural entre los miembros de una familia. Con la relación de alma a alma tenemos un poderoso medio para desarrollar órganos devacánicos. De ninguna manera los órganos devacánicos pueden desarrollarse más fácilmente en la actualidad que mediante tales relaciones. Tal relación es inconscientemente devacánica.

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Lo que una persona desarrolla en su vida actual en el camino de las facultades del alma a través de una amistad de naturaleza puramente anímica, en el Devacán es la sabiduría, la posibilidad de experimentar lo espiritual en acción. En la medida en que alguien entra animadamente en tales conexiones, está bien preparado para el Devacán. Si no puede formar tales relaciones, no está preparado; porque, así como el color escapa a un ciego, la experiencia del alma escapa de él. En la medida en que el hombre fomenta las relaciones puramente anímicas, se desarrollan en él los órganos de visión para el Devacán. Para que la afirmación sea válida: quien viva y se mueva aquí en la vida del espíritu, allí percibirá la mayor parte de lo espiritual que ha ganado aquí a través de su actividad. De ahí la importancia inconmensurable de la vida en el plano físico. En la evolución humana, no existe otro medio de despertar los órganos para el Devacán que no sea la actividad espiritual en el plano físico. Todo esto es creativo y vuelve a nosotros como órganos sensoriales devacánicos para el mundo devacánico. Como preparación, no hay nada mejor que tener una relación puramente anímica con otros seres humanos, una relación cuyo origen no se basa de ninguna manera en las conexiones naturales.

Esta es la razón por la cual las personas deberían reunirse en grupos, para unirse en una base puramente espiritual. Es la voluntad de los Maestros verter la vida de esta manera en la corriente de la humanidad. Lo que ocurre con la actitud mental correcta significa para todos los miembros del grupo la apertura de un ojo espiritual en el Devacán. Entonces verá allí todo lo que está en el mismo nivel con el que se había unido aquí. Si en el plano físico uno se ha apegado a un esfuerzo espiritual, esta es una de esas cosas que conservan su existencia después de la muerte. Tales cosas pertenecen tanto a los muertos como al que lo ha sobrevivido. El que ya ha pasado permanece en la misma conexión con el que todavía está en la Tierra y de hecho es aún más intensamente consciente de esta relación espiritual.

Así uno se educa para el Devacán. Las almas de los muertos permanecen en conexión con aquellos que les eran queridos. Las relaciones anteriores se convierten en causas que tienen sus efectos en el Devacán. Por eso se llama al mundo devacánico, el mundo de los efectos y al mundo físico, el mundo de las causas. De ninguna otra manera puede el hombre construir sus órganos superiores, implantando las semillas de estos órganos en el plano físico. Para este propósito, el hombre es transferido a la existencia terrenal. Lo que significa la frase citada, “Para superar la existencia separada”, ahora se nos hará evidente. Antes de descender a la existencia física, vivíamos con el contenido de nuestro cuerpo astral que fue producido por un Deva. En épocas anteriores, los Devas estimularon la simpatía y la antipatía en el ser humano; él mismo no era responsable. Luego, en la siguiente etapa, el hombre se dijo: Ahora he entrado en el mundo físico como un ser que debe encontrar su propio camino. Antes no podía pronunciar la palabra “yo”, ahora me he convertido por primera vez en una entidad separada. Anteriormente era una entidad separada, pero también miembro de un ser devacánico. En el plano físico, soy una entidad separada para mí, un yo, porque estoy encerrado en un cuerpo físico.

Los cuerpos superiores fluyen entre sí: por ejemplo, Atma es, en verdad, una unidad para toda la humanidad, como una atmósfera compartida en común. Sin embargo, el Atma del ser humano individual debe entenderse como si cada uno se cortara una pieza del Karma común, de modo que, por así decirlo, se hicieran incisiones en él. Pero la separación debe ser superada. Esto lo hacemos cuando formamos apegos humanos de una naturaleza puramente anímica. Al hacerlo, eliminamos la separación y reconocemos la unidad de Atma en todo.

Al establecer tales relaciones humanas, despierto la simpatía dentro de mí. Entonces emprendo la tarea de adaptarme desinteresadamente al plan mundial. A través de esto, lo Divino se despierta en el hombre. Es por eso que miramos al mundo.

Hoy estamos rodeados de realidad física, sol, luna y estrellas. Lo que el hombre tenía a su alrededor en la existencia de la Antigua Luna, lo tiene hoy dentro de sí mismo. Las fuerzas de la Luna ahora viven dentro de él. Si el hombre no hubiera existido en la Antigua Luna, no habría poseído estas fuerzas. Esta es la razón de la enseñanza oculta egipcia en centros esotéricos llamada Isis Lunar, la Diosa de la Fertilidad. Isis es el alma de la Luna, la precursora de la Tierra. Entonces todas las fuerzas vivieron en el ambiente que ahora vive en las plantas y animales con el propósito de reproducción. Como ahora el fuego, el éter químico, el magnetismo, etc., nos rodean y rodean la Tierra, la Antigua Luna estaba rodeada por esas fuerzas que permitieron la propagación del hombre, los animales y las plantas. Las fuerzas que actualmente rodean la Tierra desempeñarán en el futuro un papel individualizado en el hombre. Lo que ahora constituye la relación entre el hombre y la mujer fue en la actividad física externa de la Antigua Luna, como lo son hoy las erupciones volcánicas. Estas fuerzas rodearon al hombre durante la existencia de la Luna y él las atrajo a través de sus sentidos lunares, para ahora evolucionarlos. Lo que el hombre desarrolló en la Antigua Luna a través de la involución, surgió en la Tierra como evolución. Lo que el hombre desarrolló después de la Época Lemúrica como fuerzas sexuales, se debe a Isis, el alma de la Luna, que ahora vive más en el hombre. Aquí tenemos la relación entre el ser humano y la presente luna. La luna ha dejado su alma con el hombre y, por lo tanto, se ha convertido en un simple montón de escoria.

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Mientras estamos adquiriendo experiencias en la Tierra, estamos reuniendo las fuerzas que durante la próxima Evolución Planetaria se convertirán en nuestro propio ser. Nuestras experiencias actuales en el Devacán son las etapas preparatorias para épocas futuras. Así como el hombre hoy mira a la Luna y dice: “Nos has dado las fuerzas de reproducción”, en el futuro mirará a una Luna que ha surgido de nuestra tierra física actual que, como un cuerpo sin alma, como escoria circulará alrededor del futuro Júpiter. En el futuro Júpiter, el hombre desarrollará nuevas fuerzas que hoy en la Tierra toma como luz, calor y todas las percepciones de los sentidos físicos. Más tarde, irradiará todo lo que previamente había percibido a través de los sentidos. Lo que sea que haya asimilado a través de su alma será realidad. Entonces, la concepción teosófica no nos lleva a subestimar el mundo en el plano físico, sino a comprender que debemos extraer del plano físico lo que necesitamos tener, experiencias que luego irradiarán hacia afuera. El calor de la Tierra, los rayos del sol, que ahora fluyen hacia nosotros, después fluirán de nosotros. Como en la actualidad las fuerzas sexuales emanan de nosotros, así será con estas nuevas fuerzas.

Ahora dejemos en claro para nosotros mismos el significado de las condiciones que se suceden en el Devacán. Al principio, el Devacán es corto. Pero cada vez se forman más y más órganos espirituales en el Cuerpo Mental, hasta que, por fin, cuando su comprensión haya abrazado la sabiduría de la Tierra, el hombre habrá moldeado completamente los órganos del cuerpo devacánico. Esto ocurrirá para toda la humanidad cuando se completen todas las rondas mundiales. Entonces todo se habrá convertido en sabiduría humana. El calor y la luz se habrán convertido en sabiduría. Entre el Manvantara Tierra y la siguiente evolución planetaria, el hombre vive en Pralaya. Exteriormente no hay nada, pero todas las fuerzas que el hombre ha sacado de la Tierra están dentro de él. En tal Período de Vida, el exterior gira hacia adentro. Todo está entonces presente como semilla y su vida se traslada al próximo Manvantara. En términos generales, esta es una condición similar a aquella en la que nosotros, en el momento de la retrospectiva, olvidamos todo lo que nos rodea y solo recordamos nuestras experiencias para preservarlas en la memoria y luego hacer uso de ellas. Entonces, en Pralaya, la humanidad en su conjunto recuerda todas las experiencias para ponerlas en práctica una vez más.

Siempre hay tales condiciones intermedias que, por así decirlo, consisten en recuerdos, por lo que el estado devacánico también es intermedio. El iniciado ya ve ante él aquellos hechos que el hombre solo gradualmente tiene a su alrededor en Devacán. Es una condición intermedia. Todas las condiciones similares son de naturaleza intermedia. El iniciado describe el mundo tal como está en el otro lado, en el Devacán, en el estado intermedio. Cuando va más allá del Devacán y alcanza una condición aún más alta, nuevamente describe un estado intermedio.

La primera etapa de iniciación consiste en que el alumno aprenda a penetrar a través del velo del mundo externo y a mirar el mundo desde el otro lado. El iniciado no tiene hogar aquí en la Tierra. Debe construirse una casa al otro lado. Cuando los discípulos estaban con Jesús “en la montaña”, fueron conducidos al mundo devacánico, más allá del espacio y el tiempo; se construyeron un “tabernáculo”, un hogar. Esta es la primera etapa de iniciación.

En la segunda etapa de iniciación ocurre algo similar, pero en un nivel superior. En esta etapa, el iniciado tiene un estado de conciencia correspondiente al período intermedio entre dos condiciones de forma (Globos), un estado de Pralaya que se produce cuando se logra todo lo que se puede lograr en la condición física de la forma y la Tierra se metamorfosea en una llamada condición astral de forma (Globo).

La tercera etapa de la conciencia del iniciado es la que corresponde al estado intermedio entre dos Rondas, desde el Globo-Arupa de la Ronda anterior hasta el nuevo Globo-Arupa de la siguiente Ronda. El iniciado está en el Pralaya entre dos rondas cuando se eleva a la tercera etapa. Él es entonces un iniciado del tercer grado. Y ahora podemos entender por qué Jesús tuvo que alcanzar la tercera etapa antes de poder poner su cuerpo al servicio de Cristo. Cristo está por encima de todos los espíritus que viven en las Rondas. El iniciado que se había elevado por encima de las Rondas podía colocar su cuerpo al servicio de Cristo.

La conciencia del yo humano debía ser purificada y sanada a través del cristianismo. Cristo tuvo que levantar y purificar el yo egocéntrico, de modo que cuando haya alcanzado la conciencia de sí mismo, pueda morir desinteresadamente. Esto solo podía hacerlo en un cuerpo que se había convertido en uno con … [Brecha en el texto …]. Así, solo un iniciado del tercer grado podría sacrificar su cuerpo por el Cristo.

En nuestro tiempo, es extraordinariamente difícil alcanzar una conciencia completa de estas elevadas condiciones. El profundamente sabio Subba Row[1]  tenía su propio conocimiento; Él describe las tres etapas del discipulado.

Vemos la luna como el residuo sin vida de nosotros mismos y nosotros mismos tenemos en nosotros las fuerzas que una vez le dieron vida a la luna. Esa es también la razón del especial estado de ánimo sentimental en todos los poetas que cantan las alabanzas de la luna.  Todos los sentimientos poéticos son débiles ecos de corrientes vivas profundamente ocultas en el hombre.

Sin embargo, un ser puede enredarse en lo que en realidad debería quedar como escoria. Algo debe quedar atrás de la Tierra que está destinado a convertirse más tarde en lo que hoy es la Luna. Esto debe ser superado por el hombre. Pero a alguien le pueden gustar esas cosas y se une a ellas. Una persona que está profundamente ligada a lo que es puramente de los sentidos, de los instintos inferiores, se conecta cada vez con más fuerza con lo que debería convertirse en escoria. Esto ocurrirá cuando se cumpla el número 666[2], el número de la Bestia. Luego llegara el momento en que la Tierra debe alejarse de una mayor evolución planetaria. Sin embargo, si el ser humano se ha conectado demasiado con las fuerzas de los sentidos, que ahora deberían separarse, si está relacionado con ellas y no ha encontrado la manera de apegarse a lo que pasará al próximo Globo, entonces partirá con la escoria y se convertirá en un habitante de este cuerpo de escoria, de la misma manera que otros seres son ahora habitantes de la luna actual.

Aquí tenemos el concepto de la Octava Esfera[3].  La humanidad debe atravesar las Siete Esferas. Las Siete Evoluciones Planetarias corresponden a los siete cuerpos.

  • Antiguo Saturno corresponde al cuerpo físico
  • Antiguo Sol corresponde al cuerpo etérico
  • Antigua Luna corresponde al cuerpo astral
  • La Tierra corresponde al Yo.
  • El futuro Júpiter corresponde a Manas.
  • El futuro Venus corresponde a Buddhi
  • El Futuro Vulcano corresponde a Atma

Junto a estos esta la Octava Esfera a la que va todo lo que no puede hacer ninguna conexión con esta evolución continua. Esto ya se forma como predisposición en el estado devacánico. Cuando un ser humano usa la vida en la Tierra solo para acumular solo lo que le sirve, solo para experimentar una intensificación de su propio egoísmo, esto lleva en el Devacán a la condición de Avitchi. Una persona que no puede escapar de su propia separación entra en Avitchi. Todos estos hombres Avitchi eventualmente se convertirán en habitantes de la Octava Esfera. Los otros seres humanos serán habitantes de la cadena continua de evolución. Es a partir de este concepto que las religiones han formulado la doctrina del infierno.

Cuando el hombre regresa del Devacán, las fuerzas astrales, etéricas y físicas se organizan a su alrededor de acuerdo con doce fuerzas del karma que en el esoterismo indio se llaman Nidanas:

1.                 avidja no conocimiento
2.                 sanskara las tendencias organizadoras
3.                 vijnana* conciencia
4.                 nama-rupa nombres y forma
5.                 shadayadana lo que el intelecto hace de las cosas
6.                 sparsha contacto con la existencia
7.                 vedana Sensación – sentimiento
8.                 trishna sed de existencia
9.                 upadana una sensación de confort en la existencia
10.             bhava nacimiento
11.             jati* la necesidad de nacer
12.             jaramarana* lo que libera de la existencia terrenal
*En las palabras sánscritas j se pronuncia como dj.

En la próxima conferencia estudiaremos estos aspectos importantes del karma con más detalle.

Traducción revisada por Gracia Muñoz en agosto de 2019

[1] Subba Row. Sus enseñanzas aparecieron publicadas como Escritos esotéricos.

[2] El número 666. Ver Rudolf Steiner El Apocalipsis de San Juan, conferencia 11 (1908).

[3] La octava esfera. Más detalles en El movimiento oculto en el siglo XIX y su relación con la Cultura mundial (1915).

GA102c10. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 16 de mayo de 1908

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Lo que hemos estado estudiando durante un tiempo en nuestro grupo de conferencias es una coronación o expansión de los temas que nos han ocupado durante el invierno. Puede ser que una observación aquí o allá parezca algo aforística, y queremos mediante estos estudios ampliar o redondear los pensamientos y conceptos que se han despertado en nosotros.

En la última conferencia, estuvimos particularmente ocupados con la presencia de todo tipo de seres espirituales que se encuentran, por así decirlo, entre los reinos perceptibles por los sentidos de la naturaleza que nos rodea. Vimos especialmente cómo en el lugar donde los seres de diferentes reinos de la naturaleza se unen, donde la planta empuja hacia la piedra en un manantial, donde la piedra ordinaria incide sobre un metal como ocurre constantemente debajo de la Tierra, donde hay una comunión entre las abejas y las flores; cómo en todas partes se desarrollan fuerzas que atraen a los seres a los que hemos llamado seres elementales a la existencia terrenal. Además, en relación con estos seres elementales, nos hemos ocupado del hecho de un cierto corte, una separación de los seres de su conexión total. Hemos visto que los seres elementales llamados por la Ciencia Espiritual “Salamandras” tienen en parte su origen en las partes separadas de las almas-grupo de los animales. Estos, por así decirlo, se aventuraron demasiado adelantándose en nuestro mundo físico y no han podido encontrar el camino de regreso para unirse nuevamente con el alma grupal, después de la muerte y disolución del animal. Sabemos que en el curso regular de nuestra vida, los seres de nuestra Tierra, los seres de los reinos animal, vegetal, mineral, tienen su “ser anímico espiritual” —si así se puede llamar, tienen almas egocéntricas, como el hombre, que difieren solo en el hecho de que este “ser anímico espiritual” de los otros seres se encuentran en otros mundos. Sabemos que el hombre es ese ser en nuestro ciclo de evolución que tiene un yo individual aquí en el plano físico, al menos durante su vida de vigilia. Sabemos además que los seres a los que llamamos animales están tan condicionados que —por así decirlo— los animales de forma similar tienen un alma grupo o yo  grupal que se encuentra en el llamado mundo astral. Además, los seres que llamamos vegetales tienen una conciencia como el dormir sin sueños aquí en el mundo físico pero tienen yoes grupales que habitan en las partes más bajas del mundo devacánico; y, finalmente, las piedras, los minerales, tienen sus yoes grupales en las partes más altas del Devacán. Quien se mueve clarividentemente en el mundo astral y devacánico tiene relaciones allí con las almas grupales de los animales, las plantas y los minerales, de la misma manera que aquí en el mundo físico tiene relaciones sociales durante el día con otras almas humanas o yoes.

Ahora tenemos que tener claro que en muchos aspectos el hombre es un ser muy complicado —hemos hablado a menudo de esta complejidad en diferentes conferencias. Pero parecerán más y más complicadas cuanto más lejos lleguemos a las conexiones con los grandes hechos cósmicos. Para darse cuenta de que el hombre no es el simple ser que tal vez le parezca a una observación ingenua, solo necesitamos recordar que por la noche, desde el irse a dormir hasta despertar, el hombre del presente ciclo evolutivo es un ser completamente diferente de lo qué es durante el día Sus cuerpos físico y etérico yacen en la cama, el yo con el cuerpo astral sale de ellos. Consideremos ambas condiciones y, en primer lugar, los cuerpos físico y etérico. Se quedan allí, y si hacemos caso omiso del estado de transición del sueño, tienen lo que podríamos llamar una conciencia de sueño carente de contenido, percepciones o sueños. Pero el yo y el cuerpo astral externo tienen, en este ciclo de evolución presente, la misma conciencia de sueño sin sueños. El hombre dormido, ya sea en los miembros que permanecen aquí en el mundo físico, o en aquellos que están en el mundo astral, tiene la misma conciencia que la cubierta vegetal de la Tierra. Debemos ocuparnos un poco de estas dos partes separadas del ser humano dormido.

De otras conferencias sabemos que el hombre del tiempo presente ha surgido lenta y gradualmente. Sabemos que recibió los primeros rudimentos del cuerpo físico en la encarnación de nuestra Tierra que yace en un pasado primitivo que llamamos la evolución del Antiguo Saturno. Sabemos que entonces, en una segunda encarnación de nuestra Tierra, durante la evolución del Antiguo Sol, recibió el cuerpo etéreo o de vida, que en la tercera encarnación, la evolución lunar, también recibió el cuerpo astral, y que en la presente encarnación de la Tierra, de nuestro planeta adquirió lo que llamamos el yo. Por lo tanto, el ser humano ha evolucionado de forma bastante lenta y gradual. Este cuerpo físico que el hombre lleva hoy es en realidad su parte más antigua, la parte que ha atravesado la mayoría de las metamorfosis. Ha sufrido cuatro cambios. El primer rudimento, recibido por el hombre en el Antiguo Saturno, ha pasado por tres modificaciones, en el Sol, en la Luna y finalmente en la Tierra, y se expresa en los órganos de los sentidos presentes del hombre. Eran órganos bastante diferentes en el antiguo Saturno, pero sus primeros rudimentos estaban allí, mientras que no existía ninguna otra parte del cuerpo físico. Podemos ver al antiguo Saturno como un ser único, compuesto enteramente de órganos de los sentidos. En el Sol se agregó el cuerpo etérico, el cuerpo físico experimentó un cambio y surgieron los órganos que llamamos hoy glándulas, aunque al principio solo existían en sus rudimentos. Luego, en la Luna, cuando el cuerpo físico había sufrido una tercera transformación a través de la impresión del cuerpo astral, se añadieron los órganos que conocemos como los órganos nerviosos. Y finalmente en la Tierra se agregó el sistema de sangre actual, la expresión del ego, ya que el sistema nervioso es la expresión del cuerpo astral, el sistema glandular del cuerpo etérico y el sistema de los sentidos la expresión física del cuerpo físico en sí mismo. Hemos visto en conferencias anteriores que el sistema sanguíneo apareció por primera vez en nuestra evolución de la Tierra y nos preguntamos: ¿Por qué fluye la sangre en la forma presente en los canales sanguíneos? ¿Qué expresa esta sangre? La sangre es la expresión del yo y con esto consideraremos un posible malentendido, a saber, que el hombre en realidad no entiende el cuerpo físico humano presente.

El cuerpo humano tal como lo vemos hoy es solo una forma de muchas. En la Antigua Luna, en el Antiguo Sol, en Antiguo Saturno, estaba allí pero siempre diferente. En la Antigua Luna, por ejemplo, todavía no había ningún reino mineral, en el Sol no había mundo vegetal ante nuestros sentidos, y en Saturno no había reino animal; solo había seres humanos en sus primeros rudimentos físicos. Ahora, cuando reflexionemos sobre esto, debemos tener claro que el cuerpo humano actual no es solo cuerpo físico, sino cuerpo físico-mineral, y que a las leyes del mundo físico —por lo tanto, es el “cuerpo físico”— ha asimilado las leyes y las sustancias del reino mineral, que lo impregnan hoy. En la Luna, el cuerpo físico humano aún no había asimilado esas leyes: si a uno lo hubieran quemado no habría cenizas, ya que no había minerales en el presente sentido terrenal. Recordemos que ser físico y ser mineral son dos cosas bastante diferentes. El cuerpo humano es físico porque está gobernado por las mismas leyes que la piedra; es al mismo tiempo mineral porque ha sido impregnado con sustancias minerales. El primer germen del cuerpo físico estaba presente en Saturno, pero no había cuerpos sólidos, ni agua, ni gases. En Saturno no había nada más que una condición de calidez. El físico moderno no conoce esta condición porque cree que el calor solo puede aparecer en relación con gases, agua u objetos sólidos. Pero eso es un error. El cuerpo físico que hoy ha asimilado el reino mineral fue en el antiguo Saturno un nexo de leyes físicas. Somos leyes físicas que trabajan en líneas, en formas, lo que aprendes a conocer como leyes en física. Externamente, el ser humano físico se manifestó en el Antiguo Saturno puramente como un ser que vivía en el calor. Por lo tanto, debemos distinguir claramente entre el elemento mineral y el principio físico real del cuerpo del hombre. Es la ley física la que gobierna el cuerpo físico. Pertenece, por ejemplo, al principio físico el que nuestro oído tenga tal forma, que recibe el sonido de una manera bastante definida; a la naturaleza mineral del oído pertenecen las sustancias que están impregnadas en este andamiaje de leyes físicas.

Ahora que hemos aclarado esto y nos damos cuenta en particular de cómo los órganos de los sentidos, las glándulas, los nervios y la sangre son las expresiones de nuestra naturaleza cuádruple, volvamos nuevamente a la observación del ser humano dormido. Cuando el hombre está dormido, el cuerpo físico y el cuerpo etérico están sobre la cama, el cuerpo astral y el yo están fuera. Pero ahora recordemos que el cuerpo astral es el principio del sistema nervioso y el yo el del sistema sanguíneo. Así, durante la noche, el cuerpo astral ha abandonado esa parte del cuerpo físico del cual, por así decirlo, es la causa, es decir, el sistema nervioso.  Porque solo cuando los miembros del cuerpo astral se introdujeron en el hombre en la Antigua Luna pudo surgir el sistema nervioso. Por lo tanto, el cuerpo astral deja insensiblemente lo que le pertenece, lo que realmente debe mantener, y de la misma manera el yo abandona lo que le ha llamado a la vida. Los principios de la sangre y del cuerpo astral están fuera y el cuerpo físico y etérico durmientes están absolutamente solos. Pero ahora nada de una naturaleza física material puede subsistir en la forma que ha sido invocada por un principio espiritual cuando este principio espiritual ya no está allí. Eso está completamente fuera de lugar. Nunca podría vivir un sistema nervioso a menos que los seres astrales estén activos en él, y nunca podría vivir un sistema sanguíneo a menos que los seres del yo estén activos en él. Por lo tanto, significa que todos ustedes desertarán en la noche su sistema nervioso y sanguíneo abandonándolos a otros seres de naturaleza astral. Seres que son de la misma naturaleza que el yo descienden ahora al organismo. Todas las noches el organismo humano está ocupado por seres equipados para mantenerlo. El cuerpo físico y el cuerpo etérico que yacen en la cama están al mismo tiempo interpenetrados por estos seres astrales y de yo; en realidad están dentro del cuerpo físico. Podríamos llamarlos intrusos, pero eso de ninguna manera es correcto. En muchos sentidos debemos llamarlos espíritus guardianes, ya que son los sostenedores de lo que el hombre abandona cruelmente en la noche.

Ahora no es tan malo para el hombre el dejar sus cuerpos todas las noches. Ya he dicho que el cuerpo astral y el yo están activos perpetuamente en la noche. Eliminan del cuerpo físico el desgaste que el día le ha dado, lo que en un sentido amplio llamamos fatiga. El hombre se refresca y se renueva por la mañana, porque durante la noche su cuerpo astral y su yo han eliminado la fatiga que le habían causado las impresiones de la vida cotidiana. Esta actividad nocturna del cuerpo astral para deshacerse de las sustancias de fatiga es un hecho definido para la percepción clarividente. El yo y el cuerpo astral trabajan desde fuera en los cuerpos físico y etérico. Pero en el ciclo actual de su evolución, el hombre aún no está lo suficientemente avanzado como para poder llevar a cabo tal actividad de manera completamente independiente. Él solo puede hacerlo bajo la guía de otros seres superiores. Entonces, el ser humano es llevado todas las noches al seno de los seres superiores, por así decirlo, y le otorgan el poder de trabajar de la manera correcta en sus cuerpos físico y etérico. Estos al mismo tiempo son los seres —es por eso que no podemos llamarlos intrusos— que cuidan el sistema nervioso y sanguíneo del hombre de la manera correcta durante el sueño.

Mientras no surjan anormalidades, la cooperación de los seres espirituales con el hombre está justificada. Pero tales irregularidades pueden muy bien entrar y aquí llegamos a un capítulo de la Ciencia Espiritual que es extraordinariamente importante para la vida práctica del alma humana. A uno le gustaría que se le conociera en los círculos más amplios y no solo teóricamente, sino también como base para ciertas actividades de la vida anímica humana. Generalmente no se imaginan que los hechos de la vida anímica tengan un efecto de gran alcance. En ciertas conexiones también he llamado su atención sobre el hecho de que es solo cuando se ve a la luz de la Ciencia Espiritual que los eventos en la vida del alma pueden encontrar su verdadera explicación. Todos conocemos el profundo significado de la declaración: “Considerado desde el aspecto científico espiritual, una mentira es una especie de asesinato”. He explicado que realmente ocurre una especie de explosión en el mundo astral cuando el hombre dice una mentira, incluso, de cierta manera, si solo lo piensa. Algo ocurre en el mundo espiritual cuando el hombre miente, lo que tiene un efecto mucho más devastador para ese mundo que cualquier desgracia en el mundo físico. Pero las cosas que se relacionan en una determinada etapa de observación científico-espiritual, caracterizándolas en la medida de lo posible, ganan cada vez más claridad y confirmación cuando uno avanza en el conocimiento de la Ciencia Espiritual. Hoy aprenderemos de otro efecto de mentir, difamar, aunque estas palabras no se usan aquí en el sentido crudamente ordinario. Cuando más sutilmente, fuera de convención, por ejemplo, o fuera de todo tipo de consideraciones sociales o de partidos, las personas colorean la verdad, tenemos que ver con una mentira en el sentido de la Ciencia Espiritual. En muchos aspectos, la vida entera del hombre está saturada,  si no con mentiras, sin embargo, con manifestaciones que tienen un matiz no verdadero. El materialista iluminado puede en cualquier caso ver que se produce una impresión en su cuerpo físico si recibe un golpe en el cráneo con un hacha, o si su cabeza es cortada por el ferrocarril, o si tiene una úlcera en algún lugar o es atacado por bacilos. Luego admitirá que los efectos se producen en el cuerpo físico. Lo que generalmente no se considera en absoluto es que el hombre es una unidad espiritual, que lo que sucede en sus miembros superiores, el cuerpo astral y el yo, tiene un efecto positivo hasta su naturaleza física. No se considera, por ejemplo, que el decir mentiras y falsedades, falsedades incluso en los asuntos de la vida, tenga un efecto definido en el cuerpo físico humano. La visión espiritual puede experimentar lo siguiente: si una persona, digamos, ha dicho una mentira durante el día, su efecto permanece en el cuerpo físico y es visto por la percepción clarividente mientras la persona duerme.  Supongamos que esta persona no es sincera, y va acumulando mentiras, entonces tendrá muchos de esos efectos en su cuerpo físico. Todo esto se endurece, por así decirlo, en la noche, y luego sucede algo muy importante. Estos endurecimientos, estos “recintos”, en el cuerpo físico no son del agrado de los seres que desde los mundos superiores deben tomar posesión del cuerpo físico en la noche y llevar a cabo las funciones ejercidas de otro modo por el cuerpo astral y el yo. El resultado es que en el curso de la vida y por la razón de un cuerpo enfermo, —se podría decir—, a través de mentiras, partes de esos seres que descienden al hombre por la noche se separan. Aquí tenemos nuevamente procesos de desapego que conducen al hecho de que cuando un hombre muere, su cuerpo físico no solo sigue los caminos que normalmente tomaría. Ciertos seres quedan atrás, seres que han sido creados en el cuerpo físico a través del efecto de la mentira y la calumnia, y han sido separados del mundo espiritual. Tales seres, desprendidos de este modo tortuoso, ahora revolotean y zumban en nuestro mundo y pertenecen a la clase que llamamos “fantasmas”. Forman un cierto grupo de seres elementales relacionados con nuestro cuerpo físico, e invisibles a la visión física. Se multiplican a través de mentiras y calumnias, y estos en realidad pueblan nuestro mundo terrenal con fantasmas. De esta forma aprendemos a conocer una nueva clase de seres elementales.

Pero ahora, no solo las mentiras y las calumnias sino también otras cosas que pertenecen a la vida del alma producen un efecto en el cuerpo humano. Son las mentiras y las calumnias que actúan sobre el cuerpo físico lo que provoca el despliegue de los fantasmas. Otras cosas vuelven a trabajar de manera similar en el cuerpo etérico. No deben sorprenderse de tales fenómenos anímicos: en la vida espiritual uno debe ser capaz de tomar las cosas con toda calma. Los asuntos, por ejemplo, que tienen un resultado dañino en el cuerpo etérico son las malas leyes o malas medidas sociales que prevalecen en una comunidad. Todo lo que conduce a la falta de armonía, todo lo que hace que se den los malos entendidos entre hombre y hombre, trabaja de tal manera a través del sentimiento que se crea en la vida común que el efecto continúa en el cuerpo etérico. La acumulación en el cuerpo etérico causado a través de estas experiencias del alma trae de nuevo el desprendimiento de los seres que trabajan desde los mundos espirituales y estos también se encuentran ahora en nuestro entorno —son “espectros” o “fantasmas”. Así estos seres que existen en el mundo etérico, en el mundo de la vida, los vemos crecer fuera de la vida de los hombres. Muchos hombres pueden andar entre nosotros y, para alguien que puede ver estas cosas espiritualmente, su cuerpo físico está abarrotado, se podría decir, con fantasmas, su cuerpo etérico atestado de espectros y, como regla, después de la muerte de ese hombre o en breve tiempo después todo esto se separa y dispersa poblando el mundo.

Entonces vemos cuán sutilmente se continúan los eventos espirituales de nuestra vida, cómo mentiras, calumnias, malos arreglos sociales, depositan sus creaciones espiritualmente entre nosotros en nuestra Tierra.

Pero ahora también pueden comprender que si en la vida diaria normal el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo están juntos, y el cuerpo físico y el cuerpo etérico tienen que permitir que otros seres los presionen y actúen sobre ellos, entonces el cuerpo astral y el yo tampoco están en condiciones normales. En cualquier caso, se encuentran en una posición algo diferente con respecto a los cuerpos físico y etérico. Estos dos tienen en el hombre dormido la conciencia de las plantas. Pero las plantas, por otro lado, tienen su yo arriba en el Devacán. De ahí que los cuerpos físicos y etéricos del hombre dormido también deban ser sostenidos por seres que despliegan su conciencia desde el Devacán. Ahora bien, es cierto que el cuerpo astral y el yo del hombre están en un mundo superior, pero él también duerme sin soñar como las plantas. El hecho de que las plantas solo tengan un cuerpo físico y etéreo y que el hombre en su estado de sueño posea además un cuerpo astral y un yo, no hace diferencia en cuanto a la naturaleza vegetal. Es cierto que el hombre ha sido arrastrado hacia arriba, al mundo astral espiritual, pero aún no lo suficientemente elevado hacia arriba con su yo, para justificar la condición de sueño. La consecuencia es que estos seres también deben entrar en su cuerpo astral cuando el ser humano se duerme. Y así es: las influencias del mundo devacánico presionan todo el tiempo en el cuerpo astral del hombre. No necesitan ser influencias anormales, pueden venir de lo que llamamos el yo superior del hombre. Porque sabemos que el hombre se está elevando gradualmente al mundo devacánico, en la medida en que se acerca cada vez más a un estado de espiritualización, y lo que se está preparando allí le envía sus influencias ahora cuando duerme. Pero no son simplemente estas influencias normales. Esto simple y llanamente sería el caso si los seres humanos entendieran completamente lo que es valorar y estimar la libertad del otro. La humanidad en este momento todavía está muy alejada de eso. Piensen solo en cómo el hombre moderno en su mayor parte quiere gobernar por encima de la mente del otro, cómo no puede soportar que otra persona pueda pensar y gustar de otra manera, cómo quiere trabajar sobre el alma del otro. En todo lo que funciona de alma a alma en nuestro mundo, desde dar un consejo injustificable a todos los métodos que los hombres emplean para abrumar a los demás, en cada acto que no permite que el alma libre se enfrente al alma libre, sino que emplea, incluso en el más mínimo grado, medios poderosos para convencer y persuadir, en todo esto, las fuerzas están trabajando de alma a alma, lo que de nuevo influye en estas almas de tal manera que se expresa en la noche en el cuerpo astral. El cuerpo astral obtiene esos “recintos” y, por lo tanto, los seres se separan de otros mundos y se vuelven a revolotear a través de nuestro mundo como seres elementales. Ellos pertenecen a la clase de los demonios. Su existencia se debe únicamente al hecho de que la intolerancia y la opresión del pensamiento se han utilizado de diversas maneras en nuestro mundo. Así es como estas huestes de demonios han surgido en nuestro mundo. Así hemos aprendido de nuevo hoy a conocer seres que son tan reales como las cosas que percibimos a través de nuestros sentidos físicos, y que definitivamente producen efectos en la vida humana. La humanidad habría avanzado de manera bastante diferente si la intolerancia no hubiera creado los demonios que impregnan nuestro mundo, influyendo continuamente en las personas. Son al mismo tiempo espíritus de prejuicios. Uno comprende las complejidades de la vida cuando aprende acerca de estos enredos entre el mundo espiritual en el sentido superior y nuestro mundo humano. Todos estos seres, como hemos dicho, están allí, y zumban y aletean en el mundo en el que vivimos.

Ahora recordemos algo más que también se ha dicho anteriormente. Hemos señalado que en el hombre del último tercio de la era atlante, antes del diluvio atlante, la relación del cuerpo etérico con el cuerpo físico era bastante diferente de la que había sido anteriormente. Hoy la parte física de la cabeza y la parte etérica prácticamente coinciden. Eso fue bastante diferente en la antigua Atlántida; allí tenemos la parte etérica de la cabeza proyectándose muy lejos —especialmente en la región de la frente. Ahora tenemos un punto central para la parte etérica y física aproximadamente entre las cejas. Estas dos partes se juntaron en el último tercio de la era Atlante y hoy coinciden. De este modo, el hombre pudo decirse “yo” a sí mismo y sentirse una personalidad independiente. Por lo tanto, el cuerpos etérico y físico de la cabeza se han unido. Esto ha sucedido para que el hombre pueda convertirse en el ser sensible que está dentro de nuestro mundo físico, de modo que pueda enriquecer su vida interior a través de lo que capta a través de impresiones sensoriales, a través del olfato, el gusto, la vista, etc. Todo esto se encarna en su ser interior, de modo que al obtenerlo pueda usarlo para el desarrollo posterior de todo el Cosmos. Lo que él adquiere así no se puede adquirir de ninguna otra manera, y por eso siempre hemos dicho que no debemos tomar la Ciencia Espiritual en un sentido ascético, como una huida del mundo físico. Todo lo que sucede aquí lo llevamos con nosotros fuera del mundo físico y se perderá en el mundo espiritual si no se recoge aquí primero. El camino de regreso está ocupado. Hay personas hoy que tienen un cuerpo etérico mucho más flexible que otros. Este aflojamiento del cuerpo etérico es justo para el hombre si durante sus diferentes encarnaciones en esas épocas culturales ha absorbido tanto en sí mismo que cuando su cuerpo etérico se apaga nuevamente tendrá los frutos correctos del mundo de los sentidos físicos de la Tierra, frutos adecuados para su incorporación a un cuerpo etérico cada vez más independiente. Cuanto más espirituales sean los conceptos que el hombre encuentra en el mundo físico, más se lleva consigo en su cuerpo etérico. Todas las ideas utilitarias, todos los conceptos ligados a la máquina y la industria que solo sirven a las necesidades externas y la vida externa, y que el hombre absorbe en nuestra presente existencia terrenal, no son adecuados para la incorporación en el cuerpo etérico. Pero todos los conceptos que él absorbe de lo artístico, lo bello, lo religioso —y todo puede sumergirse en la esfera de la sabiduría, el arte, la religión— todo esto dota al cuerpo etérico del hombre de la capacidad y posibilidad de organizarse de manera independiente. Como esto se puede ver de antemano, a menudo se ha enfatizado aquí que la concepción del mundo de la Ciencia Espiritual debe enviar sus impulsos y actividades a la vida práctica. La Ciencia Espiritual nunca debe seguir siendo un tema de conversación en las reuniones de té o cualquier otra actividad aparte de la vida ordinaria; debe abrirse paso en toda nuestra civilización. Si algún día se entienden los pensamientos científicos espirituales, entonces los hombres comprenderán que todo lo que nuestra época logra debe estar impregnado de principios espirituales. Muchos seres humanos, entre ellos Richard Wagner, previeron en ciertos campos tal penetración con principios espirituales. Algún día los hombres entenderán cómo construir una estación de ferrocarril para que fluya la verdad como en un templo y de hecho sea simplemente una expresión adecuada para lo que hay dentro de ella. Todavía hay mucho por hacer. Por lo tanto, estos impulsos deben ser efectivos y serán efectivos cuando se comprendan más plenamente los pensamientos científico-espirituales.

Todavía recuerdo vívidamente una dirección de rectoría dada hace unos veinticinco años por un conocido arquitecto. Habló sobre el estilo en la arquitectura y pronunció la notable frase: “¡Los estilos arquitectónicos no se inventan, crecen de la vida espiritual!”. Al mismo tiempo, mostró por qué nuestra era, si bien produce estilos arquitectónicos, solo revive los antiguos y es incapaz de encontrar un nuevo estilo porque todavía no tiene una vida espiritual interior. Cuando el mundo vuelva a crear vida espiritual, todo será posible. Entonces sentiremos que el alma humana brilla hacia nosotros desde todo lo que miramos, así como en la Edad Media cada cerradura de una puerta expresaba lo que el alma humana entendía de las formas externas. La Ciencia Espiritual no será entendida hasta que se encuentre en todas partes de esta manera como si estuviera cristalizada en formas. Para entonces la humanidad también vivirá como espíritu en el Espíritu. Entonces, sin embargo, el hombre estará preparando más y más algo que llevara consigo cuando vuelva a ascender al mundo espiritual, cuando su cuerpo etérico se vuelva independiente. Así los hombres deben sumergirse en el mundo espiritual si quiere llevar la evolución por el camino correcto.

 

ascension y pentecostes

Nada simboliza la penetración del mundo por el espíritu tan bellamente como la historia del milagro de Pentecostés. Cuando lo contemplan, es como si la interpenetración del mundo con la vida espiritual estuviera indicada proféticamente a través del descenso de las “lenguas ardientes”. Todo debe volver a vivificarse a través del espíritu, esa relación intelectual abstracta que el hombre tiene con las festividades también debe volverse concreta y vivir de nuevo. Ahora, en este momento de Pentecostés, intentemos ocupar nuestras almas con los pensamientos que pueden proceder de la conferencia de hoy. Entonces la Festividad, que como sabemos está establecida sobre una base espiritual, significará de nuevo algo que vive en el hombre cuando su cuerpo etérico está maduro para la creación espiritual. Pero si el hombre no absorbe el espíritu de Pentecostés, entonces el cuerpo etérico sale del cuerpo físico y es demasiado débil para vencer lo que ya ha sido creado, esos mundos de espectros, fantasmas, demonios, que el mundo crea como fenómenos existentes a su lado.

Traducido por Gracia Muñoz en febrero de 2018.

 

GA102c6. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 24 de marzo de 1908

English version

Si de los que estuvisteis presentes en la última conferencia dada aquí han pensado cuidadosamente y recordado cómo ciertas etapas ya pasadas se recapitulan en una etapa posterior, como, por ejemplo, en nuestra Tierra las etapas del Antiguo Saturno, del Antiguo Sol y la Antigua Luna, surgen y se desarrollan poco a poco hasta completar nuestra condición terrena, se podría sentir instado a hacer las siguientes observaciones.

Podría decir: en varias conferencias anteriores se ha afirmado que en Saturno los primeros rudimentos físicos del hombre pasaron por algo así como una especie de sistema sensorial, como si los primeros rudimentos de Saturno hubieran consistido en primitivos órganos de los sentidos; luego en el Sol se desarrolló un sistema glandular: en la Luna un sistema nervioso y en nuestra Tierra todo esto fue recapitulado. Pero, ¿cómo concuerda eso con lo que se dijo en la última conferencia, es decir, que los primeros en aparecer en la Tierra fueron los primeros rudimentos del sistema sanguíneo, una especie de hombre calórico? Luego se dijo que hubo una condensación hacia un estado de aire y que surgió la luz, por un lado se agregó una especie de sistema de aire que luego se convirtió en nuestro sistema de respiración actual, mientras que el sistema de calor se transformó en el posterior sistema sanguíneo, y bajo la influencia de la luz se formó una especie de sistema nervioso percibido interiormente. Se describió además cómo todo eso estaba aún en una condición etérea enrarecida, luego se rellenó con una especie de albúmina que, bajo la influencia del sonido y el tono cósmicos, se organizó en las diferentes sustancias.

Si admito —podría decir el objetor— que el sistema glandular sólo comenzó con el depósito de esta sustancia orgánica, entonces la primera cosa en la Tierra sería una especie de sistema del calor que formó los rudimentos del sistema de la sangre y una especie de sistema nervioso presente en las finas líneas etéricas de fuerza, a continuación se plantearía, el sistema glandular que, en cierto sentido ya estaba sustanciado orgánicamente, y por último se deposito el elemento mineral como se ha descrito en la última conferencia. Si las condiciones sucesivas de Saturno, el Sol, la Luna han reaparecido y en estas condiciones se recapitula en la Tierra, es extraño que el sistema de los sentidos no sea el primero en volver a aparecer, después el sistema glandular, el sistema nervioso y finalmente un sistema de la sangre. Sin embargo, la última vez se describió todo lo contrario: primero, la sangre, a continuación, los nervios, las glándulas y, finalmente, los depósitos sólidos que, como se puso de relieve, en primer lugar abrieron los sentidos hacia el mundo exterior. El objetor podría decir: Este principio de recapitulación funciona muy mal ya que el orden que se ha dado es exactamente el inverso de lo que uno esperaría si tuviera lugar una repetición literal.

Debe admitirse que si alguien deseaba describir las condiciones siguientes como una simple repetición de lo anterior, probablemente daría una descripción que fuera exactamente lo contrario de lo que realmente ha existido. Pues el intelecto concluiría que, de manera automática, la Tierra primero recapitularía lo que sucedió en Saturno, luego lo que sucedió en el Sol, después en la Luna, y que solo entonces surgiría el sistema sanguíneo.

A menudo he enfatizado que como regla en el ocultismo, uno siempre sale mal y puede cometer terribles errores a menos que describa los hechos ocultos y no confíe en el mero intelecto o cualquier conclusión puramente lógica. Porque si uno sigue la evolución de Saturno, Sol, Luna en el Registro Akáshico, es un hecho que uno debe decir que se planeó una especie de sistema de sentidos en Saturno, un sistema glandular en el Sol, un sistema nervioso en la Luna, y con la Tierra, se agregó la sangre. Si uno profundiza en los hechos ocultos aún más, entonces uno encuentra que en realidad en la Tierra aparece primero un tipo de sistema sanguíneo, luego un sistema glandular, un sistema nervioso, y solo entonces surge lo que aparece como el sistema de sentidos en la forma adecuada a las condiciones de la Tierra. Por lo tanto, si uno habla de recapitulaciones, de acuerdo con los hechos reales, debe hablarse de una recapitulación invertida. Lo que se ha demostrado en conferencias anteriores y lo que se demostró en las últimas fuentes no es ninguna especulación, sino los hechos reales y estos muestran tal inversión, lo que hace que la recapitulación sea aún más complicada.

Sin embargo, no debemos contentarnos con la idea de que tenemos que ver con una mera reversión. Así el sistema sanguíneo en sus primeros rudimentos apareció en la Tierra como una especie de hombre de calor, como lo describí la vez pasada, pero al mismo tiempo era realmente una especie de sistema sensorial. De hecho, era un sistema de calidez y percepción. El ser humano era, por así decirlo, totalmente un hombre de sangre o calor. No estaba impregnado de la sustancia de la sangre, pero las líneas etéreas de calor penetraron en él, y estas líneas etéreas de fuerza calórica de las que surgió posteriormente el sistema sanguíneo fueron, en sus primeros rudimentos, claramente una especie de sistema sensorial. Fueron los primeros rudimentos de un sistema sensorial, y el sistema de nervios y luz fue al principio una especie de sistema glandular, y el último sistema glandular que se organizó realmente solo pudo surgir debido a que los otros sistemas, el de la sangre y el sistema nervioso, ahora incorporados, avanzaron en su desarrollo. Este avance se produjo de la siguiente manera: mientras que el sistema nervioso se desarrolló como una especie de sistema glandular, algo de la sangre quedó atrás como sus últimos rudimentos. Pero también durante la segunda etapa el sistema sanguíneo en sí cambió a una especie de sistema nervioso; y cuando eso se logró y, en la tercera etapa, se incorporó el sistema glandular, los dos sistemas anteriores cambiaron nuevamente, de modo que, de hecho, el sistema sanguíneo avanzó un grado y el sistema nervioso también un grado. Cambios y transformaciones están teniendo lugar continuamente. La evolución es muy complicada y uno no puede estar satisfecho con la idea de la recapitulación invertida. Porque la “inversión” es solo parcial: el sistema sanguíneo es un sistema sensorial que se transforma más tarde, y es lo mismo con el sistema nervioso, y así sucesivamente.

Así que podemos hacer un recorrido que nos permita observar como hemos llegado a nuestra altura actual, ciertamente no es un asunto fácil si nos empeñamos en elaborarlo con el intelecto. La cuestión está en que con paciencia y perseverancia nos familiaricemos con este complicado curso de la evolución. Sin embargo, esto no es más que una especie de introducción que he querido dar a aquellos que han estado estudiando y vivenciando lo que se dijo en la última conferencia.

Una tarea muy diferente nos preocupa hoy —la de considerar al hombre y su evolución en la Tierra desde un punto de vista totalmente diferente, por lo que el ser humano debe aparecer ante nosotros con una claridad cada vez mayor. Si, con esto en mente, miramos hacia atrás una vez más a la encarnación anterior de nuestra Tierra, a la antigua Luna, recordamos que el ser humano tiene un cuerpo físico, un cuerpo etérico y un cuerpo astral, pero todavía no tiene un yo personal como el que actualmente posee en la Tierra. Si examinamos ahora la conciencia de este hombre lunar nos encontramos con que era radicalmente diferente al ser humano de hoy. La conciencia del hombre de hoy se expresa realmente en lo que se podría llamar “personalidad”. Con esta palabra se dice mucho en la caracterización del hombre de la Tierra, ya que no había “personalidad” en la antigua Luna. Hemos visto cómo esta personalidad se ha ido formando gradualmente en la Tierra y cómo en la antigüedad el hombre aún se sentía mucho más como miembro de un gran número de otros que se pertenecían mutuamemte. Incluso si no retrocedemos demasiado en las regiones donde vivimos nosotros mismos, sí, incluso si regresamos a los primeros siglos cristianos, todavía encontraremos allí los últimos ecos de una conciencia antigua. El antiguo miembro de los Cherusci, los Sugambri, Heruli, Bructeri, no se sentía en la misma medida una personalidad como lo es el hombre de hoy, se sentía uno de su tribu. Y cuando decía “yo”, eso significaba algo completamente diferente de lo que significa hoy. Si un hombre moderno dice “yo”, se refiere a la entidad de su personalidad, la que, por así decirlo, está encerrada dentro de su piel. En ese momento los hombres se sentían con respecto a su tribu como una extremidad se siente en nuestro organismo. Se sentía en primer lugar como miembro de los Sugambri, Heruli, Bructeri, Cherusci y, en segundo lugar, un “yo” personal. Tendrán una mejor comprensión de muchas condiciones antiguas si tienen en cuenta esta alteración radical en la personalidad, si se dan cuenta, por ejemplo, de que ciertas formas de venganza familiar, venganza tribal, deben ser explicadas completamente por la conciencia común de la tribu, una especie de conciencia de alma grupal.

Y si nos remontamos aún más atrás al tiempo clásico del Antiguo Testamento, el tiempo del pueblo judío, sabemos que el judío individual se sentía absolutamente un miembro de todo el pueblo judío. Sabemos que cuando decía “yo” no lo sentía como representante de su ser, sino que sentía la sangre de todo el pueblo tal como había fluido en las generaciones desde el Padre Abraham: “el Padre Abraham y yo somos uno”. Cada miembro de la raza sentía que esto era lo que le daba su valor y posición. Sentía en el alma grupal, por la sangre, directamente al Padre Abraham. Y si retrocedemos aún más, a las épocas más tempranas de la Tierra, encontramos que el elemento de alma grupal aún se expresaba más claramente. El individuo tenía un recuerdo de lo que sus antepasados habían hecho, volvían al primer antepasado. El recuerdo de los descendientes se remonta a cientos de años. En nuestros días, en circunstancias normales, un hombre ya no recuerda lo que su padre hizo, a menos que lo haya visto. Ya no recuerda lo que sus antepasados han experimentado. En la antigüedad, el hombre tenía un recuerdo no solo de lo que él mismo había experimentado, sino también de las experiencias de los antepasados con los que tenia la sangre en común, no porque él lo supiera, sino porque la memoria continuaba más allá del nacimiento. Y sabemos que la gran edad atribuida a los Patriarcas, a Adán y los antecesores posteriores del pueblo judío, originalmente significaba nada más que la longitud de la memoria, cuán lejos se recordaba en el árbol ancestral.  ¿Por qué vivió Adán tanto tiempo? ¿Por qué los otros Patriarcas vivieron tanto tiempo? Porque uno no designaba a la personalidad individual, sino que recordaba las generaciones pasadas como uno recuerda la juventud actual. Eso fue denotado por una expresión común, la personalidad no se puso en duda en absoluto. El hombre recordaba no solo lo que había pasado en la infancia, sino lo que su padre, su abuelo habían experimentado en la infancia, y demás a través de los siglos, y comprimió los contenidos de esta memoria en una unidad a la que llamó —déjenme decir— “Adán” o “Noé”, y así sucesivamente. En las epocas primitivas, la personalidad separada no tenía nada del valor que tiene ahora; la memoria llegaba más allá del padre, la madre, el abuelo, etc., y en la medida en que le llegaba a uno, usaba un nombre común. Eso parece torpe y fantástico para la concepción materialista del mundo actual, pero debe ser afirmado desde el fondo de los hechos con una psicología fundamental que sabe cómo contar los hechos.

En nuestra Tierra, por lo tanto, el hombre tenía una especie de conciencia grupal conectada con su alma grupal. Si tuviéramos que regresar a la antigua Luna donde el ser humano no tenía un yo restringido de este tipo incrustado en la conciencia grupal, pues no tenía yo en absoluto, donde todavía consistía de cuerpo físico, cuerpo etérico y cuerpo astral, deberíamos encontrar que esta antigua conciencia Lunar no era más pequeña, sino que abarcaba grupos inmensamente grandes; que, de hecho, las almas grupales integradas fueron la base de la raza humana en la Luna. Estas almas grupales que, por así decirlo, establecían los hombres lunares individuales en la Luna simplemente como sus miembros, eran almas sabias. Como saben, también hemos descrito las almas grupo de los animales en la Tierra y también hemos encontrado la sabiduría como su característica sobresaliente. Estas almas grupales de la Luna implantaron en la encarnación previa de nuestro planeta la sabiduría que conocemos hoy y de la que tanto nos maravillamos y admiramos. Y cuando hoy nos sorprende cómo cada hueso, corazón y cerebro, cómo cada hoja de la planta está impregnada e imbuida de sabiduría, entonces sabemos que la sabiduría de las almas grupales cayó de la atmósfera de la antigua Luna —como hoy las nubes dejan que la lluvia gotee— y se hizo miembro de todos los seres. Estos lo recibieron como una propensión y lo sacaron de nuevo cuando aparecieron en la Tierra después de la Pralaya. Por lo tanto, en la Antigua Luna estaban las almas grupales omnipresentes llenas de sabiduría.

Ahora bien, si buscáramos en la Antigua Luna una cualidad que encontramos hoy en la Tierra en una medida cada vez mayor a medida que avanza la evolución, no la encontraríamos en los seres de la Luna. Esta cualidad es el amor, el impulso que nos conduce a unirnos a otros seres por la propia voluntad. El amor es la misión de nuestro planeta terrenal. Por eso en el ocultismo llamamos a la Luna el “Cosmos de la Sabiduría” y a la Tierra el “Cosmos del Amor”. Así como hoy, en la Tierra, nos maravillamos de la sabiduría incrustada en ella, así un día los seres de Júpiter serán seres en los que el amor fluirá hacia ellos como una fragancia. Así como la sabiduría brilla hacia nosotros en la Tierra, así en Júpiter vendrá como fragancia hacia los seres de Júpiter lo que está evolucionando aquí en la Tierra como amor, desde el amor puramente sexual hasta el “Amor Divino” de Spinoza. Enviará su perfume como las plantas envían sus diversos aromas. Por lo tanto, los grados de amor fluirán como el perfume ascendiendo del cosmos al que, como sucesor de nuestra Tierra, hemos llamado Júpiter. Así, en el curso de la evolución, las condiciones se alteran, y cada vez que ocurre un avance en la evolución, los seres también avanzan; aquellos que están unidos con las etapas de la evolución planetaria están siempre avanzando hacia etapas más altas. Los seres humanos que viven en la Tierra hoy son los instrumentos de la evolución del amor. Porque el reino animal ha desarrollado formas de amor que se han quedado atrás como formas rezagadas; y en la medida en que el amor aparece entre los animales, una simple reflexión mostrará que todo es pre-etapa del amor humano, del amor que continuamente se espiritualiza. Como el hombre es el instrumento para la evolución del amor en la Tierra, cuando haya evolucionado a Júpiter será capaz de recibir una calidad aún mayor. Así también los seres que “derramaron” sabiduría desde la periferia de la Luna se volvieron capaces de una mayor evolución cuando la Luna se convirtió en Tierra; ellos ascendieron más alto. Los seres que en ese momento fueron capaces de dejar que la sabiduría se infiltrara en los seres lunares fueron en realidad aquellos que estaban tan avanzados en el momento en que el Sol se retiró de la Tierra que salieron con el Sol y lo convirtieron en su escenario de acción. Los seres que en la Luna fueron espíritus de la sabiduría —la sabiduría que se derramó— no fueron los Espíritus de la Sabiduría que han sido llamados así en relación con Saturno, estos espíritus, o al menos un gran número de ellos, eligieron el sol como su escenario. Solo el Ser que designamos como Iahvé o Jehová, que había alcanzado la plena madurez en la Antigua Luna, se convirtió en el Espíritu de la Forma de la Tierra, el Regente de las fuerzas de la Luna. Pero ya hemos hablado de otros seres que no completaron su desarrollo en la Luna, que permanecieron, por así decirlo, a medio camino entre la existencia humana y la divina. Los hemos caracterizado de muchas maneras. Hemos indicado que el Sol en una determinada etapa de su evolución expulso a Venus y a Mercurio de sí mismo para dar a estos seres un escenario que se adaptara a ellos. También hemos hablado de seres que han participado en el desarrollo progresivo del hombre y que, como seres de Venus y Mercurio, han sido los grandes maestros de la humanidad en los Misterios.

Hoy ampliaremos esta imagen desde otro punto de vista.

Ya hemos señalado que si las fuerzas y los seres que dejaron la Tierra cuando el Sol se retiró se hubieran mantenido unidos a la Tierra como estaban originalmente, entonces el hombre se habría visto obligado a desarrollarse a un ritmo demasiado rápido como para soportarlo. Él nunca habría alcanzado su evolución si los Espíritus de la Sabiduría hubieran estado ligados a la Tierra como lo estuvieron en la Luna. Tuvieron que alejarse a cierta distancia y trabajar desde fuera para que el hombre tuviera la velocidad adecuada en su desarrollo. De lo contrario, tan pronto como naciera, habría envejecido,  pasaría por su desarrollo a un ritmo demasiado rápido. Puedo aclararlo de otra manera.

Los espíritus que han evolucionado hasta la existencia del Sol no están interesados en absoluto en el desarrollo gradual y lento del hombre de su naturaleza espiritual durante su existencia corporal, durante la infancia, la juventud, la madurez y la vejez. Solo tienen interés en el desarrollo perfeccionado de la espiritualidad. Si hubieran permanecido en conexión con la Tierra, los cuerpos humanos en cierta manera habrían quedado atrofiados, quemados. Sin madurar los frutos obtenidos de una existencia terrenal, el espíritu habría ido hacia una evolución rápida y el ser humano habría perdido todo lo que podía aprender sobre la Tierra. Sobre todo, la impronta del Amor en la evolución cósmica habría permanecido oculta. Para que el amor pueda desarrollarse en la Tierra, el cuerpo primero debe desarrollarse en una etapa primitiva. El amor tuvo que ser inaugurado en la forma más baja como el amor sexual, para elevarse a través de las diversas etapas y, finalmente, cuando la Tierra perfeccionada alcance sus últimas etapas, pueda imprimirse en el hombre como amor puro y espiritual. Todo amor inferior es la educación para el amor superior. El hombre terrestre debe desarrollar el amor en sí mismo, para que al final de su evolución pueda devolverlo a la Tierra, ya que todo lo que se desarrolla en el microcosmos se vierte al final en el macrocosmos. La sabiduría que fluyó en el hombre de la Luna brilla hacia el hombre de la Tierra como la sabiduría que impregna su estructura. El amor que, por grados, se va implantado en el hombre durante el período de la Tierra fluirá como fragancia hacia los seres de Júpiter, en todo el reino de Júpiter. Este es el camino que deben tomar las diversas fuerzas cósmicas.

Por lo tanto, el punto de partida de la misión de nuestra Tierra, la impresión del Amor, estaba de alguna manera enfrentando las dos tendencias siguientes. Los Espíritus de la Sabiduría, los creadores de la sabiduría, quienes en la Luna habían vertido la sabiduría en los reinos de la Tierra, estaban en la Tierra, como tal, desinteresados en la naturaleza física corporal del hombre. Como Espíritus de la Sabiduría no estaban interesados en ello, y al estar interesados solo en la sabiduría, delegaron la misión especial de la Tierra a los “Espíritus del Amor”. Estos son de otro rango y, como Espíritus de Amor, ellos también pudieron atravesar su propia evolución durante un tiempo en el Antiguo Sol. De esta manera, tenemos una doble tendencia en la evolución de la Tierra: una corriente de amor que, por así decirlo, aparece por primera vez, y una transmisión de sabiduría que trabaja desde fuera, ya que los espíritus que se interesan de manera preeminente por la sabiduría se han retirado al Sol. Es muy importante comprender correctamente esta cooperación de los Espíritus de la Sabiduría y los Espíritus del Amor, ya que expresa un contraste infinitamente importante. Si ahora trato de poner en lenguaje humano lo que expresa este contraste, es que los Espíritus de la Sabiduría delegaron por completo el hombre a los Espíritus del Amor entre el nacimiento y la muerte y la forma en que se desarrolla, y tomaron para sí el control de la “individualidad” que atraviesa las diversas “personalidades” en el curso de las reencarnaciones. Si imaginan al hombre en su totalidad, tienen aquí el análisis que muestra bajo qué dos poderes se encuentra en la regencia cósmica. Lo que el hombre es entre el nacimiento y la muerte, lo que desarrolla en sí mismo mientras vive en el cuerpo, lo que realmente le hace a él, por así decirlo, una entidad que está con sus dos pies sobre la Tierra, está bajo la autoridad de los Espíritus del Amor. Lo que se entrelaza a través de las personalidades como la individualidad duradera, nace con el hombre, muere, nace de nuevo, muere otra vez, etc., se encuentra en cierto sentido bajo la regencia de los Espíritus de la Sabiduría. Pero no deben tratar esto mecánicamente y decir: Entonces afirma que la individualidad humana está bajo la influencia de los Espíritus de la Sabiduría y la personalidad humana bajo la influencia de los Espíritus del Amor. Si tuviéramos que estereotipar estas cosas, eso solo nos llevaría a tonterías. Los conceptos solo son válidos si los entendemos en su relatividad y sabemos que cada concepto tiene dos lados. Solo si tuvieran la opinión de que esta vida entre el nacimiento y la muerte carece de significado para todas las vidas siguientes, entonces podrían estereotiparlo de esa manera. Pero deben tener en mente lo que siempre he enfatizado, es decir, que los frutos de cada vida terrenal separada, los frutos de todo lo que se ha ganado bajo la influencia de los Espíritus del Amor fluyen en toda la evolución e igualmente en lo que es guiado por los Espíritus de la Sabiduría.

Por otro lado, deben tener claro que todo en el cuerpo humano, hasta el cuerpo astral (ya hemos descrito cómo las experiencias hechas en la Tierra deben ser transformadas) procede bajo el poder de los Espíritus de la Sabiduría, así que de nuevo los espíritus de la sabiduría trabajan en el ser del hombre ya que tiene un cuerpo físico, un cuerpo etérico y astral. Y porque todo lo que el hombre como personalidad desarrolla bajo el elemento del amor perdura para su individualidad, los Espíritus del Amor trabajan nuevamente en lo que se desarrolla en una vida humana a través de los Espíritus de la Sabiduría. Por lo tanto, trabajan juntos. Entonces la regencia de estos Espíritus está nuevamente dividida en tanto que todo lo que es personalidad está directamente bajo el control del amor, y todo lo que sucede entre el nacimiento y la muerte está indirectamente bajo el elemento de la sabiduría.

Así vemos cómo la personalidad del hombre y su individualidad está dentro de dos tendencias y corrientes diferentes. Eso es importante por la siguiente razón. Si los Espíritus de la Sabiduría que se significan ahora, por así decirlo, se arrogaran la autoridad a ellos mismos, entonces habría surgido ese desarrollo vigoroso y exuberante que también se podría describir al decir que el hombre en una encarnación única habría pasado, todos los posibles perfeccionamientos de todas las encarnaciones. Lo que los Espíritus de la Sabiduría debían dar, sin embargo, fue distribuido entre las sucesivas encarnaciones terrenales del hombre. Esto se expresa en el ocultismo de manera muy definitiva al decir: Si los Espíritus de la Sabiduría permanecieran en la evolución, el hombre rápidamente se habría desarrollado a la espiritualidad, abrasándose a sí mismo a lo largo de la evolución corporal. Pero los Espíritus de la Sabiduría se abstuvieron de llevar al hombre a un desarrollo tan violento. Se alejaron de la Tierra para rodearla, con el fin de regular y modificar los períodos de tiempo que de otro modo habrían pasado tan vehementemente. Por lo tanto, uno dice en ocultismo que estos Espíritus de la Sabiduría se convirtieron en los “Espíritus de la Rotación del Tiempo”. Las sucesivas encarnaciones del hombre fueron reguladas en las sucesivas revoluciones del tiempo, que fueron nuevamente reguladas a través del curso de las estrellas. Los Espíritus de la Sabiduría se convirtieron en Espíritus de la Rotación del Tiempo. Habrían podido alejar al hombre de la Tierra con su poder lleno de sabiduría, pero luego habrían tenido que renunciar a la maduración de los frutos que solo puede tener lugar en el transcurso del tiempo. Los frutos del amor, de la experiencia terrenal, no habrían sido ganados. Esos secretos que los seres deben poseer y guardar en sus corazones para madurar los frutos del amor, de la experiencia de la Tierra, fueron ocultados desde estos Espíritus de la Rotación del Tiempo. Por lo tanto, se ha registrado: “Ellos velaron sus rostros ante el Cordero Místico”. Porque el “Cordero Místico” es el Espíritu Solar que tiene el secreto no solo de levantar a los espíritus de la Tierra, sino de redimirlos, espiritualizándolos, después de atravesar muchas encarnaciones. El poseedor del Misterio del Amor es el Espíritu Solar al que llamamos el Cristo, y como tiene un interés no solo en la individualidad, sino directamente en cada personalidad de la Tierra, lo llamamos el “Gran Sacrificio de la Tierra” o el “Cordero Místico”.

Así, ciertos Espíritus se convirtieron en los Espíritus de la Rotación del Tiempo y regularon las sucesivas encarnaciones. El Cristo se convirtió en el centro, el foco, en la medida en que las personalidades individuales debían ser santificadas y purificadas.  Todo lo que el hombre puede traer como fruto de la personalidad individual en la individualidad lo logra a través de tener una conexión con el Ser Crístico. Mirar hacia adelante, sintiéndose unido con Cristo, purifica y ennoblece la personalidad. Si la evolución de la Tierra hubiera seguido su curso sin la aparición del Cristo, entonces el cuerpo humano —si hablamos en un sentido integral— habría permanecido malvado; habría tenido que unirse con la Tierra y caer presa de la materialidad para siempre.

Sin embargo, si los Espíritus de la Sabiduría no hubieran renunciado a la espiritualización inmediata del hombre al comienzo de la evolución de la Tierra, podría haber tomado uno de los siguientes dos cursos: o los Espíritus de la Sabiduría, al comienzo de la evolución terrenal —en la edad lemuriana—habrían arrancado al hombre del cuerpo, lo habrían llevado a una rápida evolución espiritual y consumido rápidamente su cuerpo, en cuyo caso la Tierra nunca podría cumplir su misión; o, por otro lado, podrían haber dicho: no deseamos eso, queremos que el cuerpo humano se desarrolle completamente, pero nosotros mismos no tenemos ningún interés en ello. Por lo tanto, renunciaremos al Nacido-Tardío, a Jehová; él es el Señor de la Forma —y el hombre se habría secado, momificado. El cuerpo del hombre habría permanecido unido a la Tierra, nunca habría sido espiritualizado.

Ninguno de estos caminos fue elegido, pero a fin de formar un equilibrio entre los Espíritus de la Sabiduría y el Último Nacido de la antigua Luna, el Señor de la Forma, que fue el punto de partida para la creación de la luna presente, fue creada una situación central. Esta solución intermedia fue preparada para la aparición de Cristo quien es exaltado por encima de la Sabiduría, ante quien los Espíritus de la Sabiduría cubren su rostro con humildad, y quien redimirá a los hombres si se impregnan cada vez más con Su Espíritu. Y cuando la Tierra misma alcance el punto en que el hombre se habrá espiritualizado completamente, entonces no caerá de la evolución una bola seca, pues a través de lo que ha podido extraer de la evolución, el hombre llevará su forma humana cada vez más ennoblecida a la completa espiritualización. Y vemos cómo los seres humanos son espiritualizados. Si tuviéramos que ver los cuerpos humanos originales de la Edad Lemuriana, que nunca describiría en una conferencia pública, encontraríamos que representaban el límite extremo de la fealdad, y los hombres se volvían más ennoblecidos a medida que el amor los purificaba cada vez más. Pero el hombre evolucionará incluso más allá del rostro humano actual. Hoy estamos en la quinta raza. En la sexta raza, la fisonomía externa del semblante del hombre mostrará su bondad interior, el estado interior de su alma. El hombre tendrá entonces una fisonomía bastante diferente; por la forma externa uno reconocerá cuán bueno, cuán noble es, uno verá por su semblante qué cualidades se encuentran dentro de su alma. La fisonomía recibirá cada vez más la impronta de la nobleza y la bondad contenidas en el alma, hasta que al final de la condición de la Tierra la naturaleza corporal del hombre estará totalmente impregnada de espíritu y se destacará totalmente aliviada de aquellos que han permanecido apegados a la materialidad y que llevarán la imagen del mal en sus semblantes. Esto es lo que vendrá. Se llama la “última crisis” y debe describirse como “espiritualización” o, como se le llama popularmente, “la resurrección de la carne”. Uno debe entender estas cosas solo en el verdadero sentido dado por el ocultismo, entonces no podrá ser atacado.  Los círculos ilustrados no podrán en ningún caso comprender que la materia algún día podría llegar a ser muy diferente de lo material. Lo que podría llamarse en el mejor sentido de la palabra “locura de la materialidad” nunca será capaz de imaginar que la materia podrá algún día ser espiritualizada, es decir, que algún día surgirá algo que uno llama espiritualización, la Resurrección del Cuerpo, de la carne.

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Pero así son las cosas, y este es el curso de la evolución terrenal, y así surge el significado de la evolución terrenal y el lugar de Cristo dentro de esa evolución. Si fuéramos simplemente a mirar todo lo que hemos estado considerando hoy, entonces deberíamos tener una imagen peculiar de la evolución de nuestra Tierra. Tal imagen mostrará que se sostuvo el equilibrio entre los Espíritus de la Forma y los Espíritus que se convirtieron en los Espíritus de la Rotación del Tiempo, los actuales Espíritus de Luz. Por el hecho de que el Cristo desde el momento del Misterio del Gólgota, guía la evolución terrenal, los mantiene en la posición de equilibrio y cuyo resultado será un ascenso continuo. Pero el asunto nuevamente no es tan simple. Sabemos que hay seres espirituales se han quedado atrás: espíritus que no alcanzaron la plena madurez del desarrollo de la sabiduría y que, por lo tanto, no tenían interés en renunciar a su autoridad por la transmisión del amor. Estos espíritus querían trabajar dejando que la sabiduría continuara fluyendo. Lo hicieron y, por lo tanto, su trabajo en la Tierra no ha sido del todo infructuoso. Han llevado a los hombres a la liberación. Si el Principio de Cristo ha traído el amor, también lo han hecho estos Espíritus, a quienes llamamos Espíritus Luciféricos, trajeron a los hombres la libertad, la libertad de la personalidad. Incluso el quedarse atrás de ciertos Espíritus tiene su lado bueno, y todo, ya sea por adelantarse o por permanecer atrás, es de naturaleza divina. Así que había Espíritus de la Rotación del Tiempo que guiaban las encarnaciones progresivas, aquello que pasa como individualidad a través de todas las diferentes encarnaciones; y había Espíritus de Amor bajo la guía del Principio de Cristo que preparaban así a esta individualidad para que la personalidad pudiera acercarse poco a poco a un Reino de Amor. Si caracterizáramos el gran ideal que se cierne ante nosotros como un Reino de Amor, podemos hacerlo de la siguiente manera.

Hoy, en los círculos más amplios, circula el error radical de que el bienestar de una sola personalidad es posible sin el bienestar de todos los demás en la Tierra. Aunque los hombres pueden no admitirlo directamente, en la práctica nuestra vida moderna se basa en el hecho de que el individuo vive a costa de otros y existe una creencia generalizada de que el bienestar de uno es independiente del bienestar de los demás. La evolución futura traerá la comunidad completa del espíritu, es decir, en Júpiter comenzará a prevalecer la creencia de que no habrá salud y felicidad individual sin la salud y la felicidad de todos los demás, y de hecho en igual medida. El cristianismo prepara esta concepción y está ahí para prepararla. Al principio surgió a través del amor en las comunidades que estaban ligadas por la sangre, y de esta manera se superó el puro egoísmo. La misión del cristianismo ahora es encender en el hombre el amor que ya no está ligado a la sangre, es decir, que los hombres aprendan a encontrar el amor puro, donde el bienestar de uno no pueda ser concebido sin el bienestar del otro. Cualquier otra cosa no es un verdadero cristianismo. De esta manera, podemos caracterizar la evolución del hombre a una etapa superior. Pero el avance de la evolución hacia tal etapa ocurre en ciclos, no es una continuidad. Pueden ver estos ciclos ustedes mismos a través de una simple reflexión.

Ustedes saben cómo surge en la primera época de la Era Post-Atlante, una civilización que alcanza su culminación y debe volver a declinar, cómo alcanza su punto más alto en la evasión de la materialidad, pero cómo debe retroceder porque ha buscado su cultura sobre la base del no reconocimiento de la materia. Entonces ven cómo entra un nuevo ciclo con la antigua civilización persa, cómo conquista la Tierra a través del reconocimiento de la materia, en todo caso como un poder luchando contra el hombre, y que el hombre somete a través de su trabajo; nuevamente, esta cultura alcanza su culminación y se hunde en la decadencia. Pero una nueva civilización asciende, la egipcio-caldeo-asirio-babilónico, que ya no solo reconoce la materia, sino que la penetra con inteligencia humana, donde se investigan las órbitas de las estrellas, donde se edifican edificios de acuerdo con la sabiduría de las estrellas, de acuerdo con las leyes de la geometría. La materia ya no es un poder opuesto, sino que se refunde y se transforma, espiritualizándose. Y después de que la cultura egipcia-caldea-asiria-babilónica entra en decadencia, vamos más allá de la cultura greco-latina, donde en el arte griego el hombre ha transformado la materia de tal manera que ha formado su propia imagen en ella. Nunca antes había sido el caso, como en la escultura griega, la arquitectura griega y el drama, el ser humano imprimió su propia imagen en la materia. Y con la civilización romana vemos que se agrega la idea legal de la personalidad. Es solo una erudición bastante pervertida el decir que el concepto legal ya había existido antes; un hombre racional puede verlo a simple vista. El Libro de La Ley de Hammurabi es completamente diferente de lo que se creó en Roma como jurisprudencia. Esta es un producto romano genuino, porque la jurisprudencia surgió donde la personalidad creó también su imagen en la ley; en la ley, el hombre se coloca completamente en su propia personalidad. Uno debe estudiar y comparar el testamento de la Ley Romana con lo que se encuentra en el Libro de La Ley de Hammurabi, donde la personalidad del hombre tiene definitivamente su lugar en una teocracia. El “ciudadano romano” fue un nuevo elemento en el ciclo evolutivo de la humanidad. Y habrá un nuevo ciclo cuando los hombres hayan captado por completo lo que se presenta hoy como Teosofía. Vemos cómo cada ciclo en la civilización alcanza su máximo y vuelve a declinar y cómo cada nuevo ciclo tiene la tarea de llevar a la civilización más allá.

La firme posición de equilibrio le da al hombre la certeza de que puede ser redimido de la Tierra, en el esfuerzo por elevarse y luchar por la libertad real, que los Espíritus Luciféricos han impreso en la Humanidad. Así, el Principio de Cristo y los Espíritus Luciféricos trabajan juntos en la evolución del mundo y determinan las condiciones de la civilización. No tiene importancia que en los primeros siglos cristianos el principio luciférico fuera excluido y los hombres fueran referidos solo al Principio de Cristo. La humanidad seguramente conseguirá su logro de la libertad mediante la devoción completa al Principio de Cristo; porque el Principio de Cristo es tan omnipresente que solo puede captarlo el que busca abarcarlo en el nivel de la sabiduría más elevada. Echemos una mirada a los tiempos precristianos. Encontramos que las religiones existen allí como preparación para el cristianismo. Vemos religiones, es cierto, entre los hindúes y los persas, pero religiones adecuadas para las personas particulares del lugar donde han nacido. Son religiones nacionales, tribales, raciales, que aparecen con la coloración de la que han surgido, limitadas interiormente, porque de alguna manera todavía proceden de las almas grupales y están ligadas a ellas. Con la religión cristiana, entró un elemento en la evolución de la humanidad, que es el verdadero elemento de la evolución de la Tierra. Desde el principio, el cristianismo rompió todos los principios de las religiones anteriores. Se opuso abruptamente a la frase “el Padre Abraham y Yo somos uno”. Se opuso en primer lugar a la idea de que uno puede sentirse una unidad con algo que es solo un grupo humano. Por otro lado, el alma que mora en cada personalidad debe ser capaz de sentirse una con el eterno Fundamento del Mundo a quien llamamos el “Padre” y quien habita en cada alma, y esto se expresa en la oración: ” el Padre y Yo somos uno”. Y en contraste con el Antiguo Testamento que comienza con las palabras: “En el principio era la Luz”, el cristianismo establece las palabras del Nuevo Testamento: “En el principio primordial era la Palabra”. Con esto se dio uno de los mayores avances en la evolución a la Humanidad. Porque al referirse a la luz que surgió, uno habla, en la medida en que uno puede hablar de luz, de algo externamente visible. Los registros antiguos contienen un Génesis que establece lo físico como una manifestación de la luz. La “Palabra”, sin embargo, es lo que surge de la naturaleza interna del ser, y antes de que apareciera alguna manifestación de luz existía en el hombre “lo que era, lo que es y lo que está por venir”, es decir, el ser más íntimo del hombre. En el Principio Primordial no era la Luz, sino la Palabra. El Evangelio de San Juan no es un documento que pueda colocarse junto a los demás; expande a los otros de lo temporal a lo eterno.

Así que el cristianismo se encuentra allí, no como una religión que podría ser una religión nacional, sino, si se entiende correctamente, como una religión de la Humanidad. En eso el cristiano se siente uno con el “Padre” y el alma se confronta al alma, sin importar a qué pueblo o nación pertenece. Todas las divisiones deben desaparecer bajo las influencias del cristianismo, y la condición de Júpiter debe prepararse bajo la influencia de este principio.  El cristianismo, por lo tanto, ha comenzado como una religión, porque la humanidad se fundó en la religión. Sin embargo, la religión debe ser reemplazada por la sabiduría, por el conocimiento.

En la medida en que la religión descansa sobre la fe y no se inflama con el fuego del conocimiento pleno, es algo que debe ser reemplazado en el curso del progreso de la humanidad. Y mientras que anteriormente el hombre tenía que creer antes de poder llegar al conocimiento, en el futuro el pleno conocimiento brillará con luz y el hombre lo sabrá y desde allí ascenderá al reconocimiento de los mundos espirituales más elevados. Desde la religión, la humanidad evoluciona hacia la sabiduría, resplandeciente por el amor. Primero la sabiduría, luego el amor, después la sabiduría resplandeciendo a través del amor.

Ahora podemos preguntar: si la religión se fusiona con el conocimiento, si el hombre ya no recibe la religión según la forma antigua, es decir, si de acuerdo con su fe, se dirige a la sabiduría que guía la evolución ¿entonces el cristianismo tampoco existirá?. No habrá religión fundada en la mera fe. El cristianismo permanecerá; en sus orígenes era religión ¡pero el cristianismo es más grande que toda religión!. Esa es la sabiduría rosacruz. El principio religioso del cristianismo, tal como se originó, es más abarcador que el principio religioso de cualquier otra religión. Pero el cristianismo es aún más grande que el principio religioso en sí mismo. Cuando las capas exteriores de la fe caigan, brotarán en forma de sabiduría. Pueden despojarse por completo las envolturas de la fe y convertirse en sabiduría religiosa y la ciencia espiritual ayudará a preparar a los hombres para esto. Los hombres podrán vivir sin las antiguas formas de religión y fe, pero no podrán vivir sin el cristianismo, porque el cristianismo es más grande que toda religión. El cristianismo existe con el propósito de romper todas las formas de religión, y lo que llena a los hombres como cristianismo todavía existirá cuando las almas humanas hayan crecido más allá de toda mera vida religiosa.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Enero de 2018.

GA102c5. La influencia de los Seres Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 16 de marzo de 1908

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En la conferencia anterior hablamos en líneas generales del desarrollo del ser humano en relación con la evolución del cosmos. Podemos observar estas cuestiones desde variados puntos de vista. Cuando dirigimos nuestra mirada espiritual hacia el pasado primigenio, se nos presenta una multiplicidad no menos rica en acontecimientos, y no debemos pensar que cuando caracterizamos las fases de evolución con algunos conceptos e ideas ya está todo sabido o completo. Es necesario caracterizar estos tiempos pasados así como nuestro presente desde los más variados aspectos. Poco a poco se nos irá haciendo cada vez más claro, pero no debemos dejarnos engañar por lo que aparece aquí y allá como contradicciones.

Tales contradicciones aparentes surgen del hecho de que incluso a la visión espiritual una materia puede ser vista desde aspectos muy variados. Uno puede caminar alrededor de un árbol, por ejemplo, y hacer una foto desde muchos lados. Cada imagen es verdadera y puede haber un centenar de ellas. Esto es sólo una comparación, pero en cierto sentido, es perfectamente adecuada para las épocas de la evolución terrestre que deben ser consideradas también desde muchos aspectos diferentes. Hoy vamos a considerar la evolución de la Tierra  en relación con la evolución de la humanidad desde un punto de vista diferente, y prestaremos especial atención al ser humano en sí mismo. Vamos a describir los procesos que se presentan en lo que llamamos los Anales Akáshicos, cuando dirigimos la visión espiritual al pasado.

A menudo he relatado que la Tierra  antes de convertirse en “Tierra ” pasó por una serie de encarnaciones. Primero fue el período de Antiguo Saturno, el período de Antiguo Sol, el período de la Antigua Luna, y nuestro período de la Tierra .

En una breve mirada a la época del antiguo Saturno debemos tener en cuenta que de los elementos y las condiciones físicas que nos encontramos hoy en la Tierra, en nuestra tierra  sólida, el líquido, el aire, el fuego o calor, sólo el fuego estuvo presente en el antiguo Saturno. Tendremos la verdadera imagen de la primera encarnación de la Tierra  si atendemos a lo siguiente: Saturno no tenía gas,  ni agua, ni los componentes terrenales. Si pudieran visitar el antiguo Saturno, como hombres de hoy a ese momento, a medida que se acercaran no encontrarían nada más que una esfera que consistía únicamente en calor, habrían entrado en una especie de horno. Sentirían que entraban en una región de diferentes grados de calor. Así, el Antiguo Saturno consistía exclusivamente de fuego o calor.

En el Antiguo Sol, la segunda incorporación de la Tierra , el calor había llegado a una densificación tal que se puede hablar de un estado gaseoso o aireado.

La condición de la Antigua Luna mostró una fase acuosa de las sustancias del período anterior, y ya he comentado cómo la sustancia del Antiguo Sol se separo de la Antigua Luna produciéndose una poderosa densificación en todos los seres Lunares.

Es importante ser claramente conscientes de que en cada etapa posterior se recapitula de cierta manera la evolución anterior. Por eso, cuando miramos hacia atrás en la evolución de nuestra propia Tierra, tenemos al principio una recapitulación del Antiguo Saturno, una especie de repetición. Después se recapitula la etapa del Antiguo Sol, a continuación, una repetición de la fase Lunar, y sólo entonces comienza realmente la encarnación actual de nuestra evolución de la Tierra. A medida que nuestra Tierra  salió de la Pralaya, de la condición crepuscular en la que entro después de su existencia como Antigua Luna,  emergió de nuevo como una esfera de calor. Ya he descrito cómo se fueron desprendiendo los otros planetas. Primero vamos a aferrarnos al hecho de que la Tierra  era simplemente una bola ígnea, que solo contenía el calor como sustancia. Dentro de esta bola de calor o fuego el ser humano existía potencialmente. El primer rudimento del hombre estuvo presente en Saturno, por lo que ahora en la recapitulación de la condición de Saturno en la Tierra, solo el hombre estaba presente. No había ningún otro reino. El hombre es el primogénito de la condición de la Tierra. Al principio de nuestra evolución terrestre no había reino vegetal, ni reino animal, ningún reino mineral. Nuestra Tierra  en el comienzo de su evolución estaba de hecho compuesta sólo de cuerpos calóricos humanos.

¿Cuál es entonces la diferencia entre la antigua condición de Saturno y su recapitulación en la Tierra?. Hay una diferencia considerable, ya que los cuerpos humanos que emergieron, como las plantas que se desarrollan a partir de semillas, habían pasado por las tres primeras etapas de su evolución. Su formación fue esencialmente más diversa, más compleja, pues todas las fuerzas que se encontraban trabajando en Saturno estuvieron presentes en primer lugar en esta condición de la Tierra. Pero dentro de ella también estaban las condiciones del Antiguo Sol y la Antigua Luna ya que se agregaron al principio evolutivo de la Tierra  formando un solo cuerpo una vez más; las fuerzas de Saturno, el Sol y la Luna trabajaron juntas en esta primera fase de la Tierra. Y así esta primera humanidad en el comienzo de la evolución de la Tierra era mucho más compleja que el ser humano del Antiguo Saturno. En el Antiguo Saturno, todo estaba indiferenciado —todo lo que entonces era el hombre de Saturno. Ahora bien, en la recién surgida Tierra, Saturno, el Sol y la Luna trabajaron juntos. El hombre se presentó en sus primeros rudimentos, a pesar de que estos rudimentos eran muy complejos.

Cuando la Tierra  emergió de la oscuridad del espacio cósmico, era un espacio rebosante de calor interno, y dentro de él vivían las primeras formas de la humanidad como seres de calidez. Cuando, con la visión clarividente se mira hacia atrás a lo que realmente existía del hombre en ese momento se encuentran esos rudimentos humanos originales, como si la esfera tuviese muchas clases de corrientes de calidez. Estas corrientes van hacia la superficie de la recién surgida Tierra , se hunden en la superficie, y forman allí masas más calientes que los alrededores. El ser humano se distingue del medio ambiente, simplemente por el hecho de que uno sentía que ciertos espacios eran más cálidos. Puede aclararse este punto si observamos cuales fueron los primeros rudimentos de los órganos humanos.

Piensen en un niño recién nacido que todavía tiene una parte muy delicada en la cabeza, la fontanela. Imaginen que por este lugar abierto entra una corriente de calor. Piensen en esta corriente de calor, no densificada que fluye hacia la sangre  en corrientes que bajan y forman un centro en el propio corazón  y sigue su curso en las arterias, no a las arterias de la sangre, sino a la fuerza de las arterias. Ahí tenemos los primeros rudimentos del hombre-calórico. Más tarde, en el progreso de la evolución, el corazón humano con sus vasos sanguíneos surgió de este hombre de calor rudimentario. La circulación de la sangre ha surgido de él, y el órgano que existió durante mucho tiempo en la evolución del hombre y que más tarde desapareció fue un brillante órgano de calor, aunque en sus primeros rudimentos.  Mucho más tarde en la evolución terrenal el ser humano todavía tenía ese órgano. La fontanela que existe en la cabeza del bebé es una especie de órgano calórico que proyectaba el hombre cuando aún era incapaz de ver su entorno. Cuando todavía estaba en un elemento acuoso y no podía percibir a nuestra manera actual, cuando aún nadaba en el agua, sabía las condiciones de temperatura, ya que podía trasladarse a lugares en una determinada dirección o no. Usaba este órgano-linterna con el que se podía desplazar. Fue en la tercera época, la época de Lemuria que el hombre poseía este órgano. Ya les conté que la leyenda de los Cíclopes —el ser humano con un solo ojo— viene de esta etapa. No era un ojo real, lo describen como un ojo, lo que no es correcto. Era una especie de órgano de calor que indicaba las direcciones que podrían adoptarse. Así que deberíamos tener algo así como un órgano en forma de copa que se extiende hacia abajo a los primeros rudimentos del corazón, y rodeado por algo así como brazos prensiles, mientras que arriba uno tendría una especie de órgano sanguíneo. Esta era la apariencia del órgano en los primeros períodos.

Ahora, en el curso de la evolución de la Tierra , entró algo muy importante. La materia, la sustancia, se diferencio. La materia homogénea de calor se diferencio de tal manera que de la materia surgió el aire, mientras que una parte de la materia cálida anterior permanecía.  Y aquí deben tener en cuenta una ley: deben ser muy claros al respecto si desean considerar estos comienzos humanos en el curso de la evolución: dondequiera que la materia cálida se densifica en aire, entonces, al mismo tiempo, surge la luz.  La materia de calor todavía está oscura, no impregnada de luz. Pero cuando una parte del calor en una esfera cósmica se condensa en gas o aire, una parte de esta materia puede dejar que la luz le atraviese. Y así fue.

Ahora tenemos la Tierra  en la segunda etapa de su evolución. (Todos los demás aspectos van en paralelo con ella). Una Tierra que consiste en parte, de calor, parte de aire y brillante por dentro. Y todo lo que ocurre fuera se expresa asimismo en el desarrollo del hombre. Lo que antes era simplemente una rudimentaria calidez de órganos empezó realmente a brillar. El ser humano era como una especie de linterna. Uno no necesita encontrar esta maravillosa particularidad, ya que no es nada extraordinario. Hace algunos siglos se habrían quedado sorprendidos al oír hablar de seres luminosos, pero no hay motivo de asombro en la actualidad. La ciencia natural sabe que en las profundidades del océano, donde es imposible que pueda penetrar un rayo de luz, hay seres que brillan, derramando su propia luz. Y así, en ese momento el ser humano comenzó a irradiar luz.

Ahora se produjo en esta formación humana algo extremadamente peculiar, se añadieron los rudimentos para hacer uso del aire circundante. Esto se desarrolló paulatinamente y se formo el comienzo del proceso respiratorio. Vemos, pues, añadido al proceso de calor anterior una especie de proceso de respiración. Es importante tener claro que con el depósito de aire en la Tierra  apareció el proceso respiratorio, y que este hecho fue la adición de aire en la materia calórica, impregnando el calor con pequeñas burbujas de aire. Esto, está conectado con otra cosa, el efecto de la luz está ahí también y se manifiesta en los inicios del sistema nervioso. No es de hecho un sistema nervioso físico, son más unas líneas de fuerza que se desarrollan con la densificación. Debemos pensarlo como finas corrientes de aire,  como líneas de fuerza. Así pues, tenemos ahora un ser humano que en toda la finura rudimentaria es todavía un ser etéreo de calor y aire, en el que se muestran los primeros signos de un sistema nervioso. Esa fue la etapa de nuestra evolución terrestre, cuando el Sol se encontraba todavía en la Tierra. Imagínense cómo apareció este cuerpo cósmico en el espacio universal.

Si alguien mirara este cuerpo cósmico desde el exterior vería que todos los seres que acabamos de describir como seres humanos irradiaban una luz individual, y esta luz se convirtió en una esfera de luz que brillaba en el universo. Si se pudiera examinar la condición de Saturno se encontrarían que se puede abordar sin verlo, sólo lo podrían percibir a través del calor. Pero ahora que tiene incorporado el Antiguo Sol, desde el calor interior envía su luz al espacio.

Ahora poco a poco llegó el momento que ya he descrito como la salida del Sol. Todos los seres superiores que estaban conectados con el Sol y que dieron a los seres humanos la capacidad de la que acabamos de hablar, se separaron, junto con las sustancias más finas. El Sol salió. Y ya no brillaba, la luz salió de la Tierra.

Así que tenemos un cuerpo cósmico, que consiste en la Tierra y la Luna, la Luna en ese momento estaba presente todavía en la Tierra. Y se produjo algo muy notable. Puesto que todas las fuerzas más sutiles habían salido con el Sol,  dio como resultado una muy rápida —relativamente rápida— densificación. Las corrientes anteriores se fueron densificando. Y a medida que las sustancias más finas fueron desapareciendo, vemos cómo se condensa el estado gaseoso del agua. El cuerpo entero se organizó en forma no sólo de fuego y aire, sino también de agua. La fuerza lumínica había salido con el Sol y se hizo de nuevo la oscuridad en la Tierra, los seres habían mantenido en ellos mismos sólo una parte de la fuerza lumínica. Esta fue una etapa interesante de la evolución de la humanidad. Ya he demostrado que la luz sentó las bases del sistema nervioso. El sistema nervioso es una creación de la luz. El origen del sistema nervioso se debe a la transmisión de la luz. Ahora la luz, el Sol, salió al espacio cósmico y la sustancia se densifico muy rápidamente. Todavía no era la misma sustancia nerviosa actual, pero era más densa que antes, ya no era solo una sustancia etérea. Y lo importante era esto: que antes brillaba hacia fuera y ahora se volvió luminosa hacia el interior. Eso significa que en el hombre primitivo el sistema nervioso tenía el poder de crear luz interior, imágenes, visiones y surgió la conciencia clarividente.

Así, el Sol salió de la Tierra, dejó la Tierra  sin luz, pero los seres crearon la luz interior. Anteriormente habían reflejado la luz que brillaba hacia ellos, y ahora habían perdido el poder de brillar. La Tierra  ya no era Sol, pero su conciencia interior estaba iluminada como hoy en el sueño se ilumina la conciencia en el mundo de los sueños. Esta brillante conciencia interior, sin embargo, era en ese momento infinitamente más significativa, más viva. Y ahora llegamos de nuevo a un asunto importante.

Así como había surgido la luz cuando el calor se densifico en aire, ahora también con la densificación del aire hacia el agua apareció una contraparte. Así como el aire está relacionado con la luz, el agua está relacionada con el sonido y el tono. El sonido puede, por supuesto, pasar a través del aire, hacer que el aire vibre y de esa forma se vuelve audible. En la Tierra, sin embargo, surgió el sonido —el sonido como tal— junto a la formación del agua. Y exactamente como la acción de la luz fluía a través del aire, así ahora la totalidad del agua en la que el aire se había condensado vibraba con las corrientes del tono. La Tierra consistía entonces en calor, aire y agua. Las partes de la Tierra que se habían vuelto fluidas estaban particularmente impregnadas por la armonía de las esferas, por tonos que fluían a la Tierra desde el Universo con toda la armonía posible.

El resultado de esta acción de sonido en el elemento agua fue muy, muy importante. Deben imaginar que en este agua original, en este agua fluida terrenal, estaban contenidas todas las sustancias que existen hoy por separado como metales, minerales, etc. Es extremadamente interesante mirar atrás con visión espiritual a este tiempo antiguo y ver cómo se formaron las figuras más variadas. El tono creaba formas en el agua. Fue un período bastante sorprendente de la evolución de nuestra Tierra.

Algo sucedió entonces en la escala más grandiosa, similar a lo que sucede cuando se esparce arena fina sobre una placa de metal y se acaricia la placa con un arco de violín. Se forman las figuras del sonido de Chladni y ustedes saben por supuesto qué figuras y formaciones regulares aparecen. Así, la música que fluye desde el espacio cósmico da lugar a la mayoría de las formas y figuras múltiples, y las sustancias que están disueltas en el agua, que son ellas mismas acuosas, escuchan la música cósmica y se acomodan en conformidad con ella. La formación más importante de la danza de las sustancias ante la música cósmica es la albúmina, el protoplasma, la base de todo crecimiento vivo. Los materialistas pueden pensar lo que quieran de la construcción mecánica de la albúmina a partir del oxígeno, el nitrógeno, el carbono, etc. el protoplasma original estaba formado de sustancia cósmica que se había formado a partir de las armonías de la música cósmica.

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Y así las sustancias de la vida se organizaron de acuerdo con el mundo de la música. La sustancia albuminosa, ahora rodeada del protoplasma, entró en las estructuras finas, que todo lo penetran. El agua, con la albúmina coagulada de acuerdo con el tono cósmico, siguió su curso a lo largo de las líneas que he descrito como líneas de calor y poco a poco pasó a la formación de la sangre. El agua congelada se estableció como albúmina en las líneas de los nervios. Y en primer lugar, la albúmina formo una especie de envoltura, sin gluten cartilaginoso, se podría decir, como una protección desde el exterior. Todo esto realmente tomó forma a partir de la danza de las sustancias con la armonía de las esferas.

Todo esto existió antes de que hubiera una sola célula. La célula no es el origen del organismo, sino lo que he descrito. El origen del organismo es en primer lugar el espíritu, que existe en forma de calor, a continuación se manifiesta más en las líneas de fuerza, entonces surgió de las armonías de las esferas a través de la disposición de sustancias, del depósito de sí mismo en estas líneas de fuerza, y sólo relativamente tarde, al final, surgió la formación de la célula. La célula como la última excreción, tuvo que nacer de una criatura viviente. Los organismos nunca se han formado a partir de las células, sino que la célula se formó de la vida. La anatomía es siempre una consecuencia de la combinación.

Tenemos todo esto al principio de la condición de la Tierra  cuando todavía contenía a la Luna después de la salida del Sol. Pero mientras la Luna se mantuvo en la Tierra  hubo un aumento del endurecimiento de la formación albuminosa, y hubiera resultado el estado que he descrito como momificación si los seres y las sustancias más groseras no hubieran salido de la Tierra. La última parte desarrollada de la criatura humana en ese momento eran los nervios dirigidos a los órganos de los sentidos. Sin embargo, los órganos de los sentidos no se habían abierto todavía. Se habían formado desde dentro hacia afuera, pero aún no estaban activos. Y ahora la Luna salió, junto con las sustancias más pesadas. Como consecuencia el ser humano pudo pasar gradualmente a una condición superior. Sus sentidos se abrieron, los dos cuerpos celestes estaban ahora fuera y podían mantener un equilibrio mutuo. Sus sentidos se abrieron, los dos cuerpos celestiales estaban ahora afuera y podían mantener un equilibrio mutuo.  Mientras estuvieron unidos con la Tierra edificaron al hombre y ahora trabajaron desde fuera; abrieron sus sentidos y lo hicieron ver y oír, tal como se nos aparece hoy. La salida de la Luna ocurrió prácticamente en la mitad de la antigua época de Lemuria. Tenemos, pues, un ser humano que aún no había abierto sus órganos de los sentidos, pero que tenía un poderoso don de clarividencia. Ya he descrito cómo él podría llenar su conciencia con los colores más variados y los fenómenos de calor desde el interior, todos los cuales tenían verdadero valor e importancia, sin embargo, aun no podía percibir los objetos en el espacio. Eso sólo fue posible después de la salida de la Luna de la Tierra.

Si consideran este breve bosquejo que os he dado de la antigua evolución de la Tierra verán que el hombre actual en realidad tomó su punto de partida, como ser terrenal desde el exterior hacia el corazón. El corazón no era, por supuesto, un órgano como el actual, que se desarrolló mucho más tarde, pero los rudimentos del corazón proceden del elemento calor. Luego se añadió el sistema respiratorio nacido del aire, y el sistema nervioso nacido de la luz. Luego vino el material protoplásmico en el que se insertaron los órganos y se formó el conjunto de la materia viva, congelando los fluidos a través de los tonos de las sustancias cósmicas. En el período final, cuando la sustancia lunar todavía estaba presente en la Tierra, se produjo la densificación de la condición de solidez de la Tierra. En realidad, fue poco antes de la salida de la Luna cuando emergió lo que hoy llamamos el reino mineral, es decir, el elemento solido del líquido elemento. La albúmina es de hecho un estado intermedio entre lo sólido y lo fluido. Sin embargo, la Tierra  sólida en realidad surgió en el último período. ¿Por qué? Surgió porque bajo la influencia de la densificación —de todo lo que estuvo involucrado en el proceso continuo de condensación— los elementos se habían vuelto más y más materiales. Piensen por un momento en el inicio la evolución de la Tierra. ¿Qué importancia tiene el calor que hace allí? Dio a la naturaleza corporal lo que ahora late en su sangre. No hay que pensar que cuando hablamos de la condición de primer calor de la Tierra, estamos hablando de una calidez que surge cuando se enciende un fósforo. Eso es un mineral del fuego y del calor mineral. Estamos hablando del fuego y el calor que late en la sangre, ahí vive el calor. De hecho, no sólo existe el calor mineral que surge en el espacio exterior, que no es muy diferente al calor vivo que tenemos en nosotros mismos. Eso estuvo presente en el comienzo de la Tierra  y de él se formaron los primeros rudimentos del hombre. Pero incluso este calor viviente se desvaneció gradualmente con la densificación continua. Esto estaba relacionado con el proceso de densificación que se produjo cuando el Sol salió y la Luna se unió con la Tierra. La calidez de los minerales apareció por primera vez como un proceso de combustión.

Aquí llegamos a algo importante que os pido tengáis en cuenta. Es cierto que al principio se puede hablar de una condición de fuego, de calor, pero no podemos hablar realmente de una combustión. Eso no sería correcto. Debemos hablar sólo de lo que sentimos latiendo en nuestra propia sangre. El calor que proviene de un motor de combustión externa mineral apareció sólo cuando el Sol había salido y la Tierra  estaba unida con la Luna.

Y a través del proceso de combustión, que antes no existía en absoluto, se separó una sustancia en la masa de la Tierra, que se describe en el ocultismo como “ceniza.” Cuando se quema algo se da lugar a la ceniza. La ceniza se incrustó en la estructura de la Tierra cuando la Tierra  y la Luna estaban unidas. La evolución ahora había llegado tan lejos que a través de la presión del tono cósmico las sustancias se pusieron danzar, insertándose las masas de protoplasma. Había seres donde las finas sustancias protoplásmicas se habían organizado anteriormente a lo largo de las líneas de fuerza, este protoplasma es similar en la formación externa a la actual formación de la albúmina. Había también unas sustancias más densas que actuaron como una protección, que rodeaba a los seres como una especie de funda gelatinosa.

¿Que faltaba en estos seres? La sustancia ósea Si se me permite expresarme popularmente, todo era aún una masa pegajosa y la naturaleza mineral estaba totalmente ausente hasta el momento ya descrito. Ahora hay que pensar en lo diferentes que eran estos seres. Ustedes no tienen nada en su actual cuerpo físico que no esté impregnado de sustancia mineral. El cuerpo humano tal como se nos presenta hoy ha surgido sólo relativamente tarde. Se trata no sólo de los huesos, músculos y sangre, la sustancia mineral se ha incrustado en todas las cosas. Piensen en la sustancia mineral, piensen en toda la Tierra  y sus seres aún sin sustancia mineral y luego por un proceso de combustión del depósito de ceniza, la ceniza de las sustancias minerales más variadas. Por lo tanto, en los seres humanos, que hasta entonces de hecho, sólo llegaban a una densidad gelatinosa, los componentes de la ceniza se insertaron en todas las direcciones. Y los seres absorbieron la ceniza como antes habían absorbido la albúmina organizándose a su manera —tomando el elemento mineral de los densos huesos a la sangre fluida.

Pueden formarse una idea de lo que se estaba incrustando —todo lo que queda atrás como ceniza cuando el cuerpo se quema o se descompone. Lo que en realidad queda como ceniza es lo último que se originó. Todo lo que no se quedo atrás como ceniza estaba allí con anterioridad, pero almacenaban la ceniza en sí mismos. Alguien que observa las cenizas derivadas de un cadáver en estado de descomposición debe decirse a sí mismo: esta es la sustancia mineral en mí, que finalmente ha sido absorbida por lo que existía previamente. Así, surgió el último mineral en el curso del desarrollo de la Tierra y los otros reinos lo almacenaron en sí mismos, habiendo consistido previamente en otras sustancias.

Podemos preguntar cuál fue el motivo de esta incorporación de la ceniza. Llevamos cenizas dentro de nosotros todo el tiempo, solo que se distribuye y se queda atrás cuando nuestro cadáver se quema o se descompone. ¿Cómo presionó la ceniza en las líneas que se llenaron con sustancia albuminosa?

Hemos visto que en un principio hubo calor y los rudimentos del corazón se formaron a partir de él. A continuación fue produjo por el aire, el estado rudimentario de la respiración, entró la luz y formó los rudimentos de los nervios. Luego vino el sonido y produjo la sustancia viva haciendo que los materiales danzaran. Pero, ¿qué causó que el elemento ceniza, el mineral, fluyera hacia esta sustancia?

Lo que presionó la ceniza en los cuerpos humanos fue de ahora en adelante el pensamiento, que hizo del sonido, del tono, la palabra. Incluso en los tiempos de la Atlántida, cuando todo estaba inmerso en la niebla, lo que el ser humano hablaba no era solo un lenguaje único articulado, pues el hombre entendía el hablar susurrante de los árboles, el ondular de los manantiales y las fuentes. Todo lo que hoy es lenguaje articulado y todo lo que se expresa en él, formaron una danza; el tono, el elemento musical en él, formó los materiales en la sustancia viva. El sentido, el significado de la palabra presionó en esta sustancia viva formándose la ceniza en ese proceso de combustión.

Y en la medida en que el sistema óseo del hombre fue condensándose gradualmente hacia el final de la Época Atlante fue penetrado por los pensamientos, por la autoconciencia. Su intelecto amaneció y se hizo cada vez más consciente de sí mismo. Las cosas que existen en nosotros se crean desde el exterior: en primer lugar, los rudimentos que se desarrollan en el corazón humano, en segundo lugar, nuestro sistema nervioso con los rudimentos de la respiración, el tercero de los órganos glandulares, que surgen de la vida; en cuarto lugar, la estructura ósea, impregnada por la ceniza y, por último, el hombre se convierte en un ser consciente de sí mismo. Tal fue el curso de la evolución dentro de nuestra propia encarnación en la Tierra y ahora hemos llegado en nuestra descripción casi al final de la época Atlante.

Si comparan esto con nuestros estudios anteriores, verán que lo último en activarse siempre estuvo allí;  y que lo que presionó en la materia como “Palabra” estuvo en el principio de todo. Lo que le dio al hombre su yo, estaba allí desde el principio. Si tratan de entender claramente lo que se ha dicho hoy, también podrán encontrar fácilmente los hechos en los primeros párrafos del Evangelio de San Juan.  En una de nuestras próximas conferencias debemos mostrar cómo nuestros estudios que se han extendido hacia el espacio cósmico están bellamente presentados en el Evangelio de San Juan y también en los primeros versículos del Génesis. Todas estas cosas las recuperamos cuando consideramos el curso de la evolución. Una cosa, sin embargo, emergerá claramente: cuando miramos los hechos, nuestra evolución humana se ve muy diferente de lo que imagina la fantasía materialista. Los materialistas piensan que el hombre ha sido producido a partir de la materia grosera y que sus facultades espirituales se han desarrollado a partir de ahí.

Ahora ven que la misión real de la evolución terrenal, aquello en lo que se expresa el Amor en el hombre, fue colocado primero en lo que poseía como órgano de calor, que fue el primero en emerger. Antes que cualquier cosa orgánica, el Espíritu estaba allí en forma de líneas de fuerza, luego vino la incorporación de lo orgánico bajo el maravilloso concierto de la música mundial. Solo entonces se impregno todo de sustancia mineral, materia sólida, a través de la Palabra o el pensamiento. Lo más denso surgió lo último. El hombre se desarrolla a partir del Espíritu, y esto también se ve si estudiamos el curso de la evolución terrenal. El hombre tiene su origen y estado primario —como siempre ha demostrado todo estudio genuino del Universo— no en la materia, sino en el Espíritu. La materia se incrustó en el ser humano posteriormente a las fuerzas espirituales, y esto se vuelve cada vez más claro con lo que hemos estado estudiando.

Traducido por Gracia Muñoz en Enero de 2018.

 

GA102c2. La influencia de los seres espirituales en el hombre

Rudolf Steiner — Berlín 27 de enero de 1908

English version

En la conferencia de hoy vamos a hacer un recorrido de largo alcance por el espacio cósmico. Esto nos revelara, a grandes rasgos, el curso interior de la evolución del mundo, y al mismo tiempo, su íntima relación con la evolución humana en la Tierra. Todo en el universo está interconectado. Para poder ser capaces de seguir estas complicadas conexiones, naturalmente, necesitamos un largo, largo tiempo, y sólo muy poco a poco el hombre podrá encontrar su camino, por así decirlo, en el complejo funcionamiento del cosmos.

En conferencias anteriores hemos hablado de como ciertos seres que tienen su residencia en otros cuerpos cósmicos ejercen una influencia sobre nuestra propia vida, cómo se relacionan con lo que llamamos la linfa, los líquidos digestivos y también a través de nuestras percepciones sensoriales. Esto nos ha dado una imagen de cómo se proyecta el espíritu a través del espacio cósmico. hoy lo vamos a estudiar desde un aspecto diferente, recordemos, para empezar, que nuestra Tierra, como el hombre mismo, ha pasado por diferentes etapas de evolución y pasará por otras en los tiempos por venir.

Miremos hacia atrás, a las tres etapas anteriores de la Tierra: a la etapa de la Antigua Luna (no debe confundirse con la Luna actual), y luego a la del “Antiguo Sol”, y  más atrás a la de “Antiguo Saturno”. Y mirando al porvenir vemos proféticamente que la Tierra se transformará en “Nuevo Júpiter”, una “Nueva Venus” y “Vulcano”.

Estas son las encarnaciones sucesivas de nuestro planeta Tierra. Si  meditamos en estas etapas de la evolución de nuestro planeta, veremos que lo que en La Ciencia Oculta  denominamos  un “Sol” —como nuestro Sol actual— es un cuerpo celeste alrededor del cual gira un número de planetas. Aparte de esto cuando, hablamos de un planeta llamado Antiguo Sol, diciendo que nuestra propia Tierra en un estado anterior de la evolución, fue “Sol”, implica en cierto sentido, que el Sol que está actualmente en el centro de nuestro sistema planetario, no siempre fue un Sol. Ha avanzado, por así decirlo, al rango y la dignidad de un Sol en el Cosmos. Se unió una vez con las sustancias y  fuerzas que forman nuestra Tierra y, a continuación, recogió, por así decirlo, lo mejor y fue capaz de alcanzar su más alto grado de desarrollo separándose de la Tierra, dejándonos con ciertas fuerzas que estaban destinadas a una evolución más lenta. El Sol se llevó consigo a algunos seres superiores y junto con estos seres superiores se estableció en el centro de nuestro sistema. Por lo tanto en las dos etapas anteriores, lo que está contenido en el Sol de hoy tuvo una existencia planetaria y posteriormente ha pasado por tal grado de evolución que su forma de existencia pertenece a las estrellas fijas. Esto nos muestra los grandes cambios en la evolución que tienen lugar en el universo. En primer lugar, el Sol no nace Sol. Una estrella fija no ha sido una estrella fija desde el principio, ha tenido que pasar a través de la escuela elemental de la existencia planetaria.

Ahora naturalmente pueden preguntarme: ¿Qué ocurre entonces cuando una estrella fija evoluciona a una etapa posterior? Tan cierto como la existencia del Sol —una existencia de estrella fija— ha surgido de una existencia planetaria, por lo que realmente su evolución procede de etapas posteriores de la vida en el cosmos. Por supuesto, comprenderemos esta evolución aún mejor si estudiamos la evolución posterior de nuestra Tierra.

Es cierto que por un determinado período de su evolución cósmica nuestra Tierra ha sido separada del Sol. El Sol y sus seres avanzaron por un camino evolutivo más rápido. Nuestra Tierra y los seres que a ella pertenecen tomaron un rumbo diferente. Pero estos seres, y la Tierra como un todo, un día progresaran hasta la etapa en que sea posible de nuevo la unión con el Sol, después de una existencia separada que les ha permitido completar y perfeccionar su fase actual de desarrollo. Nuestra Tierra volverá a unirse con el Sol. Durante la etapa de la existencia de la Tierra misma, la Tierra se reunirá con el sol, así como durante la misma fase de evolución se separó del sol. Y durante la etapa de Júpiter debe haber nuevamente una separación. Los seres de la Tierra deben ser nuevamente separados del sol durante la condición de Júpiter. Nuevamente habrá una reunión, y durante la condición de Venus, nuestra tierra se unirá permanentemente con el sol, habrá sido tomado asumida permanentemente por el sol. Y durante la condición de Vulcano, nuestra Tierra se convertirá en un Sol dentro del sol y habrá contribuido en algo a la evolución solar, habrá agregado algo que, a pesar de su rango superior, aquellos seres que siempre han permanecido en el sol, nunca hubieran podido lograr por ellos mismos. La existencia de la Tierra es necesaria para que los hombres puedan evolucionar de la manera que han evolucionado, con una conciencia que alterna entre la vigilia y el sueño. Esto está relacionado con la separación del Sol. Los Seres que viven siempre en el Sol no tienen días y noches. La conciencia de los sentidos que llamamos la conciencia clara del día y que en los tiempos venideros evolucionará hacia condiciones más elevadas, lleva consigo a la evolución solar los frutos de las experiencias conectadas con las cosas del espacio físico exterior. De esta manera, los seres de la Tierra le dan algo al sol, enriquecen al sol. Y de lo que se adquiere así en la tierra, aumentado por lo que se adquiere en el sol, nace la existencia de Vulcano. Esta existencia de Vulcano es en realidad una condición más alta que la de nuestra presente existencia solar. La tierra evoluciona, el sol evoluciona, hasta que pueden unirse para constituir la existencia de Vulcano.

Pueden preguntarme: cuando un planeta ha evolucionado de esta manera a una existencia solar, ¿en qué se convierte este sol en el curso de la evolución cósmica posterior? Cuando nuestra Tierra alcance la condición de Venus, se convertirá en sol y todos los seres de Venus serán seres del Sol, en realidad en una etapa más elevada que los seres del sol presente. ¿Cuál es, entonces, la etapa posterior de tal evolución planetaria?

Lo siguiente parecerá grotesco, incluso absurdo, para aquellos cuyos conceptos están enraizados en la astronomía moderna. Sin embargo, es una verdad de evolución cósmica que cuando un planeta como nuestra Tierra se eleva a la existencia del sol, cuando gradualmente se ha logrado la unión con el sol e incluso, la existencia el sol se trasciende, como una etapa todavía más elevada de la evolución algo que en cierto sentido pueden percibir en los cielos: surge lo que hoy llamamos un “Zodiaco”: es un nivel más elevado que el de una estrella fija. Así, cuando los seres ya no están restringidos a la forma de existencia que pertenece a una estrella fija sino que han expandido su evolución tan poderosamente que se extiende más allá de las estrellas fijas y las estrellas fijas yacen como cuerpos incrustados en ella, entonces se alcanza un nivel superior, el escenario de la existencia del zodiaco. Las fuerzas que trabajan desde un zodiaco hasta un sistema planetario evolucionaron, en épocas anteriores, en un sistema planetario y han avanzado al estado de un zodiaco.

Y ahora regresen sus mentes a la evolución del Antiguo Saturno, la primera encarnación de nuestra Tierra. Este Antiguo Saturno brilló una vez, por así decirlo, en el espacio cósmico, como el primer heraldo del amanecer de nuestra existencia planetaria. Saben, también, que en este Antiguo Saturno nació el primer inicio germinal de nuestro cuerpo físico. Incluso en su mayor densidad, este Saturno no era tan denso como nuestra Tierra física. Era una condición de rarefacción extrema. Lo que hoy está presente en todos los seres en forma de calor —conocido en ocultismo como “fuego”— era la materia de Saturno. Podemos imaginarnos a nosotros mismos que en torno a este alborear de Saturno,  la primera condición de nuestro sistema planetario, estaban las constelaciones del Zodiaco, pero no como están actualmente. Las estrellas individuales que componen las constelaciones zodiacales en torno al antiguo Saturno apenas se distinguían unas de otras. Brillaban sólo muy débilmente, como rayos de luz derramándose hacia Saturno. La mejor manera de representar esto es pensar en el antiguo Saturno rodeado de haces de luz, al igual que nuestra Tierra está rodeada por el Zodiaco. Y en el curso de la evolución misma de la Tierra estas masas de luz se convirtieron en los cúmulos de estrellas actuales comprendidas en el zodiaco. Así que el Zodiaco —por usar una expresión abstracta— se ha diferenciado de aquel océano primigenio de luz. ¿Y cómo se presenta este océano de  luz?

Surgió de un sistema planetario que precedió al nuestro. El propio Saturno fue precedido por evoluciones planetarias en una época que, hablando en el sentido de la astronomía oculta, de ninguna manera puede describirse como “tiempo”, como entendemos el tiempo, ya que su carácter era bastante diferente. Pero para la mente humana de hoy el concepto es tan fabuloso que no tenemos palabras para expresarlo. Hablando en analogía, sin embargo, podemos decir que las fuerzas que precedieron a nuestro sistema planetario en un ciclo anterior de existencia planetaria salieron de las corrientes de luz, y de una pequeña porción de materia que gradualmente se unió en el centro, de esta primera condición surgió el amanecer de la Tierra; esto fue el Antiguo Saturno y las fuerzas contenidas en el zodiaco irradiaban desde el Todo cósmico.

Algo bastante notable sale a la luz cuando se compara la existencia planetaria con la existencia del zodiaco. El ocultista hace uso de dos palabras para indicar la diferencia entre ellas. Él dice: Todo lo que está contenido en el Zodiaco se encuentra bajo el signo de la “Duración”, todo lo que está comprendido dentro de la existencia planetaria está bajo el signo del que se puede obtener una idea de lo que significa si no recordáramos siquiera el concepto “Tiempo”, ni los más lejanos confines de la mente pueden concebir los cambios que han tenido lugar en el zodiaco. Cada planeta puede haber sufrido un cambio considerable a través de largos períodos y difiere mucho en la evolución, las fuerzas que trabajan en el Zodiaco siguen siendo, en términos relativos, fijas y permanentes. Estos conceptos pueden, en cualquier caso, ser solo relativos. La única diferencia en estos cambios que podemos concebir es con respecto a la velocidad. Los cambios en el Zodiaco tienen lugar lentamente; los cambios en el mundo planetario e incluso en la existencia de una estrella fija tienen lugar rápidamente —es decir en comparación con lo que sucede en el Zodiaco—. La diferencia es siempre relativa, solo relativa. En lo que respecta al pensamiento humano, podemos decir que la existencia planetaria pertenece a la esfera de lo finito, mientras que la existencia zodiacal pertenece a la esfera de la Infinitud. Esto, como ya se dijo, debe tomarse en el sentido relativo, pero por el momento es lo suficientemente preciso.

Y ahora les pido que presten especial atención a lo siguiente: ¿Qué es lo que se ha logrado en una existencia planetaria para que se haya convertido en Sol, para que ascienda a la existencia “celestial”, transformándose en un zodiaco?. Y habiendo llegado a la existencia zodiacal, ¿qué hace? ¡se ofrece en sacrificio!. Por favor, tengan en cuenta esta palabra en particular. La primera condición del amanecer de la Tierra, el antiguo Saturno, surgió de una manera misteriosa, como resultado de un sacrificio por parte del Zodiaco. Las fuerzas que provocaron que las primeras enrarecidas masas de Saturno se juntaran eran las que fluían desde el zodiaco, produciendo en Saturno el primer inicio germinal del hombre físico. Esto continuó sin cesar.

. No hay que imaginar que sucede sólo una vez. Fundamentalmente hablando, lo que está sucediendo de forma continua es que dentro de lo que llamamos un sistema planetario  las fuerzas que se desarrollaron a una etapa superior después de haber pasado a través de un sistema planetario, se sacrifican. Podemos decir, en efecto: lo que está contenido primero en un sistema planetario evoluciona a la existencia de un “Sol”, y después a la existencia del zodiaco donde alcanza  el poder de ser él mismo creador y ofrecerse en sacrificio dentro de una existencia planetaria. Las fuerzas del zodiaco “llueven” de forma continua a la existencia planetaria y continuamente suben de nuevo, porque lo que en algún momento se convirtió en zodiaco gradualmente debe ascender de nuevo. La distribución de fuerzas en nuestra existencia de la Tierra puede ser concebida de la siguiente manera: las fuerzas laterales que descienden del Zodiaco y, por otro lado, las fuerzas que ascienden al Zodiaco. Tal es la interacción misteriosa entre el zodiaco y nuestra Tierra. Fuerzas que descienden y ascienden. Esta es la misteriosa “escalera celestial” en la que las fuerzas están descendiendo y ascendiendo. Estas fuerzas se indican de varias maneras en las diferentes escrituras,  también, en el Fausto de Goethe:

“Fuerzas celestiales que suben y bajan

intercambiando los recipientes de oro”.

En lo que respecta a nuestro entendimiento humano, estas fuerzas comenzaron a descender durante la existencia de Saturno de nuestra Tierra y cuando la propia existencia de la Tierra había alcanzado su punto medio, llego el momento donde gradualmente comenzaron nuevamente a ascender.  Ahora hemos pasado más allá del punto medio de nuestra evolución, que cayó en la mitad de la época atlante; y lo que los seres humanos han vivido desde entonces es una fase de existencia más allá del punto medio. En cierto sentido, por lo tanto, podemos decir que en este momento, están ascendiendo más fuerzas al Zodiaco que las que descienden de él.

Por tanto, cuando pensamos en el zodiaco en su totalidad, debemos imaginar que algunas de sus fuerzas están descendiendo y otras están ascendiendo. Pensamos en las fuerzas que están involucradas en la línea ascendente de la evolución, de manera colectiva, como Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, ya que en realidad pertenecen a estas constelaciones. Estas siete constelaciones comprenden las fuerzas ascendentes. Las fuerzas descendentes se componen, aproximadamente hablando, a las cinco constelaciones de Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Así, de las fuerzas que llueven desde el zodiaco y ascienden de nuevo: siete constelaciones son ascendentes y cinco constelaciones descendentes. Las fuerzas ascendentes corresponden también, en el hombre, a los miembros superiores de su ser, a sus atributos más nobles. Las fuerzas que están en la fase descendente de la evolución tienen primero que pasar por el hombre y alcanzar dentro de él la fase en la que también pueden convertirse en fuerzas ascendentes.

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De esta manera nos hacemos conscientes de que hay una interacción entre todo, en el espacio cósmico todo está interconectado, interrelacionado. Pero nunca hay que olvidar que estas operaciones y actividades, están funcionando constantemente, que están siempre presentes. En un momento dado de nuestra evolución por lo tanto, se puede hablar de fuerzas que van por delante del hombre y fuerzas que están llegando, son las fuerzas que están descendiendo y las fuerzas que ascienden. Para todas y cada una de estas fuerzas llega un momento, en que pasan de la condición descendente a fuerzas que se transforman en ascendentes. Todas las fuerzas que eventualmente se convierten en fuerzas ascendentes han sido en un primer momento fuerzas descendentes. Descienden, por así decir, en la medida del hombre. En el hombre, adquieren el poder de ascender.

En el punto medio de su evolución, cuando nuestra Tierra hubo pasado por las tres etapas planetarias de Saturno, el Sol, la Luna, y alcanzado la cuarta condición planetaria, teniendo delante de ella las etapas de Júpiter, Venus y Vulcano (así la Tierra, por lo tanto, está a mitad de camino en el lapso de su existencia) —ha pasado por tres “condiciones de vida” (también llamadas “rondas”). Ha pasado por tres de estas condiciones de vida y ahora está en la cuarta; ha pasado por tres “condiciones de forma”— el arupa, el rupa y el astral, que conducen a la existencia física. Por lo tanto, con respecto a las “condiciones de forma”, nuestra Tierra se encuentra en la fase intermedia de su evolución. Como Tierra física, en la cuarta forma-condición de la cuarta condición de vida de la cuarta existencia planetaria, ha tenido tres grandes razas: la primera, la raza polar; la segunda, la raza hiperbórea; la tercera, la raza lemuriana. La raza Atlante es la cuarta. En la raza Atlante, la humanidad estaba en el medio de esas fases de evolución de las que estamos hablando. Desde mediados de la época Atlante, la humanidad ha pasado más allá de este punto medio. Y desde mediados de la época de la Atlántida, han comenzado, para los hombres en general, las condiciones en que predominan las fuerzas ascendentes. Si estuviéramos hablando de la proporción de fuerzas que descienden y ascienden al Zodíaco antes de la mitad de la época Atlante, deberíamos decir: estaban en igual proporción. Deberíamos tener que hablar de manera diferente de las condiciones imperantes entonces, enumerando como las fuerzas ascendentes: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, contando a Libra con las otras fuerzas descendentes.

Pero algo más está conectado con todo esto. Debemos entender que al hablar de estos procesos cósmicos, no estamos hablando del cuerpo físico o etéreo, sino de los seres que habitan en los diferentes cuerpos celestes. Cuando hablamos de hombre en términos de Ciencia Espiritual, decimos que el hombre completo —y solo pensamos en el hombre en este sentido— es un ser de siete envolturas, que consiste en cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral, yo, yo espiritual, espíritu de vida y hombre espíritu. Su desarrollo aún no se ha completado, pero lo será cuando su ser séptuple se haya desarrollado completamente. Pero en el gran universo cósmico, existen seres distintos del hombre, seres de una naturaleza diferente. Hay, por ejemplo, seres en el cosmos de los que no podemos decir que, como el hombre, tienen el cuerpo físico como uno de sus miembros. Hay seres de quienes debemos hablar de manera diferente. Los miembros de los que se compone el hombre se pueden enumerar de la siguiente manera:

  1. Hombre-Espíritu
  2. Espíritu de Vida
  3. Yo espiritual
  4. Ego – Yo
  5. Cuerpo Astral
  6. Cuerpo Etéreo
  7. Cuerpo Físico

 

Ahora hay seres cuyo miembro más bajo es el cuerpo etérico, y que también son siete, con un octavo miembro, por encima de hombre-espíritu. Empezamos a enumerar así: cuerpo etérico, cuerpo astral, y así sucesivamente, terminando con un miembro por encima de nuestro hombre-espíritu (Atma). Hay otros seres cuyo miembro más bajo es el cuerpo astral, por encima del espíritu del hombre que tienen un octavo y un noveno miembro todavía. Una vez más hay seres cuyo miembro más bajo es el ‘yo’, que por lo tanto no tiene un cuerpo físico, ni etérico, ni astral, en nuestro sentido, pero cuyo Yo se muestra al exterior, sin las corrientes de estas tres envolturas. Por consiguiente, son seres que envían sucesivamente su yo en todas las direcciones. Estos seres tienen un octavo, un noveno y un décimo miembro, se describe en el Apocalipsis como seres que están “llenos de ojos”. A continuación, hay seres cuyo yo espiritual (Manas) es el miembro más bajo. Todavía tienen un undécimo miembro. Y finalmente están los seres cuyo miembro más bajo es el espíritu de vida y que aún no han alcanzado un duodécimo miembro. Por lo tanto, hay que pensar en los seres que, así como el miembro más bajo del hombre es un cuerpo físico, ellos tienen el espíritu de vida (Budhi) como su miembro más bajo y por encima, un miembro más, designado por el número 12. Estos son los seres más sublimes, que trascienden con mucho todo lo que el hombre es capaz de concebir. ¿Cómo es posible formar cualquier tipo de idea de estos maravillosos y sublimes seres?.

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Cuando se trata de caracterizar el hombre, en un aspecto, es evidente que, con respecto al universo, es un ser que recibe. Las cosas y los seres del mundo están extendidas a su alrededor,  las percibe y se forma conceptos de ellas. Imagínense que el mundo que les rodea estuviese vacío, y oscuro. No podrían tener percepciones, ni habría nada de lo que se pudiera formar conceptos. Tendríamos que confiar en recibir desde el exterior el contenido del mundo interior. Es característico del hombre que él es un ser que recibe, que recibe el contenido de la vida de su alma, de su vida interior, desde fuera, las cosas deben existir en el mundo si su alma quiere tener un contenido. La naturaleza del cuerpo etérico del hombre es tal que no podría experimentar nada en sí mismo si no estuviera comprometido con todo el universo circundante por todas las experiencias, por todo lo que entra en él. Estos seres de los cuales acabo de hablar, que tienen el Espíritu de Vida como su miembro más bajo, se encuentran en una posición completamente diferente. Con respecto a su vida, estos seres no dependen de recibir nada de fuera, sino que son “donantes”, que ellos mismos son creativos.

Por lo que les he dicho a menudo, saben que el ‘yo’, el ego, trabaja en el cuerpo etérico y que ‘Budhi’ no es más que un cuerpo etérico transformado. Con respecto a la sustancia, por lo tanto, el espíritu de vida también es un cuerpo de éter El duodécimo miembro de estos seres sublimes es también un “cuerpo de éter”, pero uno que derrama vida, que trabaja en el mundo de tal manera que no recibe vida sino que la da, ofrece vida en sacrificio perpetuo.

Y ahora preguntémonos: ¿Podemos concebir un ser que de alguna manera esté conectado con nosotros y que irradie vida a nuestro universo? ¿Es posible concebir la vida que fluye perpetuamente al mundo, impregnando al mundo de vida?

Pensemos por un momento de lo que se dijo al comienzo de la conferencia, a saber, que hay fuerzas que ascienden y descienden, fuerzas que están ascendiendo en el zodiaco y las fuerzas que están descendiendo desde el Zodiaco. ¿Cómo ha llegado el hombre a una posición que hace posible que pueda transmitir algo desde dentro de él? ¿Qué ha pasado con el hombre que permite que algo pueda fluir de él? Ha llegado a esta posición porque su yo, después de una larga preparación y tiempo, se ha ido desplegando y desarrollando. Este Yo, este ego, ha estado en preparación durante largas, largas eras. Para decir la verdad, el objeto de toda la existencia en la condición de Saturno, la condición del Sol y la condición de la Luna fue el producir las envolturas en las que se iba a recibir el Yo, era preparar al Yo. En esas condiciones anteriores, otros seres crearon la morada para el Yo. Ahora, en la tierra, el lugar de la morada estaba en la etapa donde el yo podía enraizarse en el hombre y de allí en adelante comenzar a trabajar sobre las envolturas corporales externas desde adentro. El hecho de que el yo pueda trabajar desde adentro también ha producido un excedente, un excedente de fuerzas ascendentes; ya no hay un estado de paridad. Antes de que el yo fuera capaz de trabajar dentro del hombre, las fuerzas ascendentes evolucionaron gradualmente hasta que se alcanzo el punto medio, y cuando el yo realmente entró en el hombre las fuerzas ascendentes y descendentes habían llegado a una etapa en la que se encontraban en “equilibrio”. Con la entrada del yo, las fuerzas ascendentes y descendentes se encontraban en equilibrio y le corresponde al hombre llevar las escalas en la dirección correcta. Es por eso que los ocultistas han llamado a la constelación que se ha introducido en el momento en que el yo mismo comenzó a trabajar, la “Balanza” (Libra). Hasta el final de Virgo, se estuvo preparando para el obrar del yo en nuestra evolución planetaria, pero el yo no había comenzado a funcionar. Cuando se llegó a Libra, el yo comenzó a participar y este fue el momento más importante de su evolución.

Basta pensar lo que significa que el yo haya llegado a esta etapa de la evolución:

A partir de entonces fue posible para el yo participar en la elaboración de las fuerzas pertenecientes al Zodiaco, para alcanzar el zodíaco. Cuanto más se esfuerza el yo por lograr el punto más alto de su evolución, más se trabaja en el zodíaco. No hay nada que ocurra en el núcleo más interno del yo que no tenga sus consecuencias hasta el mismísimo Zodíaco. Y en la medida en que el hombre con su yo sienta las bases para su desarrollo en Atma, u hombre espíritu, desarrolla, etapa por etapa, las fuerzas que le permiten trabajar hacia arriba en la esfera de Libra, el Equilibrio, en el Zodíaco. Él alcanzará pleno poder sobre Libra en el Zodíaco cuando su yo se haya desarrollado a Atma, o espíritu-hombre. Entonces será un ser de quien algo fluye, que ha pasado de la esfera del Tiempo a la esfera de la Duración, de la Eternidad.

Tal es el camino del hombre. Pero hay otros seres cuya esfera de operación más baja es la más alta del hombre. Intentemos concebir a estos seres cuya esfera de operación más baja es la más alta del hombre (Libra en el zodíaco). Cuando relacionamos al hombre con el Zodíaco, él alcanza a Libra. El Ser cuya naturaleza más interna pertenece enteramente al Zodíaco, cuyas fuerzas pertenecen por completo al Zodíaco, que solo se manifiesta en la vida planetaria a través de su miembro más bajo, que corresponde a Libra (como el miembro más bajo del hombre corresponde a Piscis) —este es el Ser que difunde la vida a través de todo nuestro Universo:

 

 

  12º.   Aries  

 

 

Cordero Místico

  11º.   Tauro
  10º.   Géminis
   9º.   Cáncer
   8º.   Leo
7º. Hombre Espíritu  7º.   Virgo
6º. Espíritu de Vida  6º.   Libra
5º. Yo espiritual Escorpio  
4º. Yo Sagitario  
3º. Cuerpo astral Capricornio  
2º. Cuerpo etérico Acuario  
1º. Cuerpo físico Piscis  

 

Así como el hombre recibe vida en sí mismo, también lo hace este Ser que irradia vida a través de todo nuestro universo. Este es el Ser que tiene el poder de hacer el gran sacrificio y que está inscrito en el Zodíaco como el Ser que por el bien de nuestro mundo se ofrece en sacrificio. Así como el hombre se esfuerza hacia arriba en el zodíaco, también este ser nos envía su regalo de sacrificio desde Aries —que está relacionado con Él, como Libra está relacionado con el hombre. Y así como el hombre eleva su yo hacia Libra, así también este Ser irradia su propio Ser en sacrificio sobre nuestra esfera. Este Ser se llama el “Cordero Místico”, porque el Cordero y Aries son lo mismo; por lo tanto, la descripción ‘Cordero sacrificial’ o ‘Aries’ se le da a Cristo. Cristo pertenece al Cosmos como un todo. Su Yo, su Ego, alcanza a Aries y así se convierte en el “Gran Sacrificio”, está relacionado con toda la Humanidad y, en cierto sentido, los seres y fuerzas presentes en la Tierra son Sus creaciones. La configuración de las fuerzas es tal que podría convertirse en el Creador de estos seres en la constelación de Aries, o el Cordero. La designación “Cordero sacrificial” o “Cordero místico” proviene de los mismos cielos.

Este es uno de los aspectos que se nos revelan cuando, desde nuestra existencia circunscrita, miramos hacia los cielos y percibimos el interfuncionamiento de las fuerzas y los seres celestiales en el espacio cósmico. Poco a poco comenzamos a darnos cuenta de que las fuerzas que fluyen del cuerpo celestial al cuerpo celestial son similares a las fuerzas que fluyen de un alma humana a otra como el amor y el odio. Percibimos las fuerzas del alma que fluyen de estrella a estrella y aprendemos a reconocer el guión celestial que registra para nosotros lo que se produce y efectúa por esas fuerzas en el espacio cósmico.

Traducido por Gracia Muñoz en Enero de 2018.

 

GA233ac3. El secreto de la Luna. Los Misterios de Primavera y Otoño

Del ciclo: La Fiesta de Pascua en relación con los Misterios (GA233a)

Rudolf Steiner – Dornach, 21 de abril de 1924

English version

Continuando nuestro tema de las dos últimas conferencias, ahora indicaré el aspecto astronómico de la Fiesta de Pascua. Para este fin, primero será necesario tocar algunos de los hechos relacionados con el llamado secreto de la Luna.

En todas las épocas, dondequiera que haya conocimiento de la Sabiduría de los Misterios, los hombres hablaron del secreto de la Luna que estaba conectado con el ser del hombre, en la medida en que el hombre mismo, en su naturaleza plena, está conectado con todo el Cosmos, tal como él está conectado, con respecto a su cuerpo físico, con la Tierra. Ahora con la época del materialismo ha ocurrido que de estos espacios lejanos del Cosmos cuya vida espiritual se expresa en las formas de las constelaciones y en los movimientos de las estrellas errantes, nada ha permanecido en la conciencia humana excepto la apariencia externa de las estrellas, el cálculo de sus movimientos si son planetas, y así sucesivamente.

Estudiar estas cosas en el camino de la astronomía moderna es como si debiéramos considerar las medidas externas y las proporciones y condiciones de movimiento del cuerpo humano en completa inconsciencia del hecho de que un alma y un espíritu impregnan ese cuerpo físico. Es como si uno olvidara que en las proporciones y movimientos de este cuerpo, se expresan el alma y el espíritu.

Ahora en el ser humano, hacen su aparición un alma y espíritu reunidos en un yo. Pero en el organismo del universo, visto y considerado espiritualmente, no es solo un alma y un espíritu lo que se expresa, sino una multiplicidad. Es una multiplicidad inconmensurable e infinita de seres espirituales que se expresan en las formas de las constelaciones, en los movimientos de los planetas, en la luz radiante de las estrellas, y así sucesivamente.

Toda la multitud de seres espirituales que viven en las estrellas están conectados con la vida interior del ser humano, así como las sustancias del entorno de la Tierra disponibles para la nutrición humana están conectadas con el hombre físico. Y la primera y más cercana relación del hombre con el gran universo tiene que ver con lo que podemos llamar el secreto de la Luna.

Considerada externamente, la Luna aparece desde el aspecto terrenal en constante metamorfosis. En el momento presente, vemos el disco lleno de la Luna brillando intensamente. Después la veremos de manera diferente y tenemos que suponer que está parcialmente iluminada, medio iluminada, cuarto iluminada, y así sucesivamente. Además, está esa apariencia de la Luna cuando se retira por completo de nuestra visión externa, el tiempo que llamamos Luna Nueva, y finalmente tenemos el regreso a la Luna Llena.

Hoy en día todo esto se explica como si la Luna fuera un cuerpo material que se moviera fuera en el espacio cósmico, iluminada desde varias direcciones por el Sol y mostrándose así a nuestra visión en diferentes siluetas y formas. Pero esto de ninguna manera agota lo que la Luna es para la Tierra y especialmente para la humanidad en la Tierra. Para la Luna especialmente, debemos entender claramente lo siguiente. Cuando miramos algo que se nos representa tan evidentemente en superficies físicas como la Luna Llena, mostrándonos un aspecto físico, vemos algo completamente diferente en su apariencia de lo que es cuando se revela a sí misma como la Luna Nueva. La Luna Nueva, a través de todas las relaciones cósmicas en las que se encuentra, no puede revelarse directamente. Ahora sin embargo, no debemos imaginar que la influencia de la Luna está ausente cuando no se revela como un fenómeno exterior. En los momentos cuando a través de las relaciones del mundo entero tomamos conciencia de la aparición de la Luna Nueva, en estos momentos la Luna está presente de manera invisible y por esta misma razón está presente de una manera más espiritual que cuando nos aparece en la luz física como la Luna Llena. Por lo tanto, la Luna está presente, ahora en una forma completamente física y ahora de nuevo en una forma completamente espiritual. De hecho, tenemos la alternancia rítmica perpetua entre la manifestación física y la manifestación espiritual de la Luna.

Para entender realmente lo que esto significa, debemos mirar hacia atrás al evento que se describe, por ejemplo, en mi libro, La Ciencia Oculta. La Luna estuvo una vez dentro de la Tierra; pertenecía al cuerpo de la Tierra. Salió del cuerpo de la Tierra y se convirtió en un satélite como lo llamamos, o en el planeta que acompaña a la Tierra. Se separó de la Tierra y ahora circula a su alrededor.

Ahora, en el tiempo en que estaba unida a la Tierra, la luna influenciaba al ser humano desde la Tierra misma. El hombre era por supuesto un ser muy diferente cuando se posicionó y evolucionó en una Tierra que todavía contenía a la Luna dentro de su cuerpo. La Tierra quedo empobrecida de todo el contenido de la Luna cuando salió de ella; y ahora desde abajo, el hombre es moldeado y retenido por otras fuerzas, es decir, solo por las fuerzas de la Tierra, ya no por las fuerzas conjuntas de la Tierra y de la Luna. Por otro lado, lo que trabajaba en él desde la Tierra, desde dentro hacia afuera cuando la Luna todavía estaba dentro de la Tierra, ahora trabaja sobre él desde fuera hacia adentro, es decir desde la Luna hacia la Tierra.

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Por lo tanto, podemos decir: las fuerzas de la Luna una vez atravesaron al ser humano, incidiendo primero sobre sus extremidades, sobre sus pies y piernas y luego fluyendo a través de él desde abajo hacia arriba. Pero dado que la Luna ha abandonado la Tierra, las fuerzas de la Luna trabajan sobre él de forma inversa, desde la cabeza hacia abajo. Y como resultado, las fuerzas de la Luna ahora tienen una tarea para el hombre bastante diferente de la que tenía antes. ¿Cómo se manifiesta esto? Se manifiesta de la siguiente manera. Cuando el hombre desciende de lo preterrenal a esta vida terrenal, experimenta ciertas vivencias definidas. Él pasó el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento. Él ha absuelto, en lo que concierne a su alma y espíritu, todo lo que debe ser absuelto entre la muerte y un nuevo nacimiento, y ahora se prepara para descender a la Tierra para unirse con la naturaleza corporal física que le es dada por el padre la y madre. Sin embargo, antes de que pueda encontrar la posibilidad de que su yo y su cuerpo astral se unan con lo físico, primero debe vestirse con un cuerpo etérico que atrae hacia él desde el Cosmos circundante.

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Este es el proceso que ha cambiado fundamentalmente desde el momento en que la Luna salió de la Tierra. Antes de la partida de la Luna, cuando el hombre había absuelto la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento y se acercaba a la Tierra una vez más, necesitaba ciertas fuerzas para atraer e incorporar la forma de un cuerpo etérico alrededor del yo y cuerpo astral, el éter que se dispersa por todo el Universo. Estas fuerzas que recibió cuando se acercaba a esta vida terrenal, las recibía de la Luna que entonces estaba dentro de la Tierra.

Desde que la Luna dejó la Tierra, el hombre ha recibido las fuerzas que necesita para construir su cuerpo etérico fuera de la Tierra, es decir, desde la Luna, que ahora está dividida. Así, inmediatamente antes de su entrada en la vida terrenal, el hombre debe recurrir a lo que es inherente a las fuerzas de la Luna, es decir, a un principio cósmico, para construir su cuerpo etérico. Ahora bien, este cuerpo etérico debe construirse de tal manera que tenga, por así decirlo, un aspecto exterior y otro interior. Cuando el hombre forma el aspecto externo de este cuerpo etérico, necesita las fuerzas de la luz, ya que junto con otras sustancias, el cuerpo etérico se crea sobre todo a partir de la luz que fluye del Cosmos. Pero la luz del sol es inútil para este propósito; La luz del sol no puede proporcionar las fuerzas que permitan al cuerpo humano formar su cuerpo etérico. Para esto, se necesita la luz que brilla desde el Sol hasta la Luna y se remonta nuevamente desde la Luna. Y mediante este proceso de reflexión, la luz del sol se transforma esencialmente. En efecto, toda la luz que irradia desde la Luna al Cosmos contiene la fuerza por la cual el hombre, al descender, puede formar el aspecto exterior de su cuerpo etérico. Por otro lado, todo lo que brota espiritualmente de la Luna cuando está en la fase de Luna Nueva, todo esto irradia al Cosmos las fuerzas que el hombre necesita para formar el aspecto interno de su cuerpo etérico. Por lo tanto, este ritmo del brillo externo de la Luna y de su oscurecimiento le permite al hombre formar el lado externo e interno de su cuerpo etérico.

Ahora, lo que las fuerzas de la Luna hacen para el hombre depende esencialmente del hecho de que la Luna no es el mero cuerpo físico del que la ciencia moderna cuenta sus historias, sino que está impregnado en todas partes por la espiritualidad. La Luna en sí misma contiene una multitud de seres espirituales.

A menudo he explicado cómo son estas cosas. La Luna una vez se separo de la Tierra. Pero no fue solo la materia física la que entró en el espacio cósmico. También estaban aquellos Seres que vivieron en la antigüedad sobre la Tierra, no en un cuerpo físico sino en una forma espiritual, los Seres que fueron los Maestros primigenios de la humanidad. Estos también viajaron con la Luna al Cosmos y allí fundaron una especie de colonia lunar. Por lo tanto, debemos distinguir en la Luna lo físico y lo etérico del alma y el espíritu, solo que el alma y el espíritu no son una unidad sino una multiplicidad de Seres.

Ahora toda la vida espiritual en la Luna depende de la forma en que los Seres que la habitan miran hacia el universo circundante. Si pudiera expresarme pictóricamente, diría: los Seres espirituales de la Luna dirigen su mirada hacia lo que para ellos es más importante, es decir, sobre las estrellas errantes que pertenecen a nuestro sistema planetario. Y todo lo que sucede en la Luna, incluido todo lo que sucede para que el hombre pueda recibir las fuerzas que necesita para construir su cuerpo etérico, todo depende de los resultados de la observación alcanzada por los Seres en la Luna que, viviendo como están dentro de la Luna, escrutan  y observan a su alrededor las estrellas de nuestro sistema planetario, Mercurio, Sol y demás.

El conocimiento de esto estaba contenido en ciertos antiguos Misterios. Sabían que las constelaciones, las relaciones y los movimientos del sistema planetario al que pertenece nuestra Tierra se observaban desde la Luna y que en consecuencia se determinaban las hazañas de los Seres Lunares. No solo lo sabían, sino que de hecho lo expresaron; porque ellos trajeron estas fuerzas de la Luna a la conciencia de la humanidad en relación con las fuerzas de los otros planetas, tomando a la Luna, como si dijéramos, como el punto donde están determinadas las relaciones cósmicas conectadas con la formación del cuerpo etérico humano. Lo hicieron en los días de la semana:

  • Luna – Lunes.
  • La Luna en su observación de Marte, el día de Marte, el martes;
  • con Mercurio – día de Mercurio, Mercredi, miércoles;
  • con Júpiter – Júpiter es el Thor germánico o Donar – el jueves.
  • Luego, con Venus, la Freya germánica: viernes;
  • y con Saturno el sábado,
  • y finalmente con el Sol mismo. El Sol no puede influir directamente en la formación del cuerpo etérico con sus propias fuerzas, pero en el reflejo de la Luna desempeña su papel: el domingo.

Por lo tanto, los hechos relacionados con el punto de vista de la Luna se tomaron como el punto de partida para llevar el sistema planetario a la conciencia del hombre en la división del tiempo. Era como si quisieran decir en los Misterios antiguos: ” Recuerda, oh hombre, que antes de descender a la Tierra necesitabas fuerzas engendradas en la Luna por el acto de los seres de la Luna en la observación de los otros planetas. Para la configuración de su cuerpo etérico, cuando descendió a la vida terrenal, está en deuda con la participación de la Luna en lo que se expresa en el martes, miércoles, jueves, etc. la configuración peculiar que tu cuerpo etérico puede asumir al descender a esta vida terrenal”.

Así tenemos, por un lado, el curso rítmico de la Luna alrededor de nuestra Tierra a través de la luz y la oscuridad, y, por otro lado, hemos registrado en la conciencia del hombre toda la sucesión de los planetas. Y los Misterios también proclamaron el conocimiento de que a través del hecho de que los Seres Lunares vuelven su mirada hacia Marte, el hombre recibe la facultad de hablar incorporada en su cuerpo etérico. A través del hecho de que los Seres Lunares pueden dirigir su mirada hacia Mercurio, el hombre puede recibir la facultad de movimiento concentrada en su cuerpo etérico.

Para hablar por un momento en términos de estos secretos de la Luna, podemos expresar en una forma bastante diferente cómo la Euritmia surge del habla. Podemos decir, la Euritmia nace del habla, al descubrir los misterios del habla al dejar que los Seres Lunares nos digan las observaciones que hacen cuando miran a Marte, escuchamos de ellos cómo estas observaciones cambian cuando ahora vuelven su mirada a Mercurio. Es decir, cuando transformamos las experiencias marcianas de los Seres Lunares en las experiencias de Mercurio, recibimos de la facultad del sonido hablado en el hombre la facultad de Euritmia. Este es el aspecto cósmico de esto.

Luego llegamos a lo que impregna al ser humano con la facultad de la sabiduría. Esto lo recibimos a través de las experiencias de los Seres Lunares con Júpiter. Lo que fluye a través del ser humano a través del amor y la belleza en su alma, esto lo recibimos a través de las experiencias de los Seres Lunares con Venus. Y lo que experimentan al observar a Saturno inculca en el cuerpo etérico el calor interno del alma que el hombre requiere. Y al fin llegamos a algo que debe ser protegido por así decirlo, que debe mantenerse apartado para que no perturbe y estropee la formación del cuerpo etérico. Es lo que procede directamente del Sol antes del descenso del hombre a la Tierra. Así, desde el Sol —o la contemplación del Sol— proceden las fuerzas de las cuales el ser humano debe ser protegido para que pueda convertirse en un ser humano autocontenido mediante la incorporación del cuerpo etérico.

Así aprendemos a reconocer lo que sucede en la Luna y con esto también aprendemos a reconocer cómo se forma el cuerpo etérico humano cuando el hombre desciende de la vida pre-terrenal a la vida terrenal. Estas son las cosas que se relacionan con el secreto de la Luna.

Cosas como estas pueden ser contadas hoy; pero en ciertos Misterios antiguos no solo se les dijo, sino que se experimentaron conscientemente. Los hombres no solo conocían estas cosas; también las descubrieron interiormente.

 

  • Lunes
  • Martes:               Discurso
  • Miércoles:          Movimiento
  • Jueves:                Sabiduría
  • Viernes:              Amor, belleza
  • Sábado:               Calidez interior del alma
  • Domingo:            Fuerzas protectoras (reflejadas desde la Luna)

 

Por la Iniciación en los Misterios de los que hable ayer, el hombre podía ir más allá de la mera mirada a través de los ojos o escuchar a través de los oídos, para ver y escuchar el ambiente físico de la Tierra. Él podía liberarse de su cuerpo físico y vivir en su cuerpo etérico. Podía mantenerse separado del cuerpo físico y vivir solo en el cuerpo etérico. Y cuando vivía así en el cuerpo etérico con todas las cosas de las que acabo de contar, hablaba no con el habla que se forma a través de la laringe física, sino con el discurso que resuena en Marte como discurso cósmico. Se movía en la forma en que Mercurio guía los movimientos desde el Cosmos; no se movía con los pies y las piernas físicas, sino en el sentido en que Mercurio guía los movimientos del ser humano. Tampoco tenía la sabiduría que se adquiere con tantos dolores en la niñez y la adolescencia, una sabiduría que en esta era materialista es, por hablar verdaderamente, una falta de sabiduría. Vivía directamente dentro de la sabiduría de Júpiter; vivía en la sabiduría de Júpiter porque podía unirse con los Seres Lunares que observaban a Júpiter. Cuando fue iniciado de esta manera, el hombre estaba completamente dentro de la luz radiante de la Luna. Él había dejado la Tierra. Él no era un ser de carne y hueso en la Tierra, se había alejado de la Tierra y vivía como un ser en la luz de la Luna. Pero esta luz lunar estaba configurada, diferenciada, modificada por lo que vivía en los otros planetas de nuestro sistema planetario.

En el momento de las observaciones espirituales en tales Misterios, el hombre se convirtió en un ser liviano de la Luna. No lo digo en un sentido simbólico o concebido de manera abstracta, pero así como el hombre común de hoy, si ha ido a Basilea y regresa nuevamente, es consciente de la realidad, sabe que ha experimentado algo bastante real: también el hombre era consciente de una realidad cuando, a través del rito de Iniciación, visitaba a los Seres Lunares. Sabía que se había despedido de su cuerpo físico por un tiempo. Con su alma y su espíritu, había llegado a las esferas radiantes de la luz de los Seres Lunares, vestido con un cuerpo liviano y, a través de su unión con los Seres Lunares, mirando hacia los lejanos espacios, realmente había sido capaz de observar todo lo que se le podría revelar en los espacios lejanos del sistema planetario.

¿Y qué vio él? Esto en general  —todas las otras cosas que observó también, pero sobre todo observó esto— vio que del Sol vienen las fuerzas de los Seres que pueden no tener nada que ver con la forma del cuerpo etérico del hombre. Miró hacia el Sol en cuanto a algo que tenía un efecto destructivo y disolvente para el cuerpo etérico. Por esta experiencia, él sabía que las fuerzas que fueron recibidas por los Seres Solares no deben partir del cuerpo etéreo, sino de los miembros superiores de la naturaleza del hombre, del yo y del cuerpo astral. Las fuerzas del Sol deben poder trabajar solo sobre estos miembros superiores. Por lo tanto, sabía que con el cuerpo etérico humano no puede dirigirse hacia el Sol, porque el cuerpo etérico debe dirigirse a los planetas.

Es con el cuerpo astral y especialmente con el yo humano que puede volverse hacia el Sol. Sabía que para toda la fuerza interna del yo, del “Yo soy”, debía ir al Sol. Esta fue la segunda gran experiencia en la Iniciación que comenzó desde el Misterio de la Luna. Esta fue la segunda cosa. El hombre aprendió que el cuerpo etérico pertenece al sistema planetario, mientras que para la fuerza interna y la penetración de su yo sobre todo y de su cuerpo astral, debe mirar hacia el Sol. Tal  fue realmente esta iniciación. El mismo hombre se hizo uno con la luz de la luna. Pero a través de la vida de la Luz de Luna de su propio ser, miró hacia el Sol. Y ahora se dijo a sí mismo: el Sol envía su luz a la Luna porque no es posible darsela directamente al hombre. Desde allí tenemos la luz de la luna al unísono con las fuerzas planetarias y de ellas construimos nuestro cuerpo etérico.

Este secreto era conocido para el que así fue iniciado. Y así supo en qué medida llevaba dentro de él la fuerza del Sol espiritual, porque lo había visto. Había tomado conciencia de cómo llevaba las fuerzas espirituales del Sol dentro de él, y este en efecto era el grado de Iniciación por el cual el hombre se convirtió en un Portador de Cristo, es decir, un portador del Ser del Sol, no un receptor del Ser del Sol, pero un portador del Ser del Sol. Así como la Luna misma, cuando es Luna Llena, es portadora de la Luz del Sol, así el hombre se convirtió en un portador del Cristo, un Cristóforo.

Esta iniciación por la cual un hombre se convirtió en Cristóforo fue una experiencia absolutamente real.

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Y ahora imaginen esta experiencia real por la cual el hombre se alejó de la Tierra y se elevó al Ser de Luz como hombre terrenal en el camino de la Iniciación. Imaginen esta experiencia pascual interna humana de los tiempos pasados transformada en una Fiesta cósmica. En tiempos posteriores, los hombres ya no sabían que tal cosa podría suceder. Ya no sabían que el hombre realmente puede salir del reino terrenal, unirse con la naturaleza de la Luna y desde la Luna contemplar el Sol. Pero un cierto recuerdo de eso había sido preservado. Este recuerdo en efecto se conservó en la Festividad de Pascua.

Porque la forma real en que el hombre puede experimentar estas cosas no se transmitió a la conciencia posterior, cada vez más materialista. En la idea abstracta, sin embargo, fue transmitida. El hombre ya no se miró a sí mismo y dijo: “Puedo unirme a la luz de la luna”, pero él miraba hacia la Luna, hacia la Luna Llena. Mirando hacia arriba a la Luna Llena, no dijo,”yo mismo puedo evolucionar allá”, sino “La Tierra se esfuerza allá”. ¿Cuándo lo hace más que nunca? Es cuando comienza la primavera, cuando las fuerzas que estaban hasta ahora con las semillas, con las plantas dentro de la Tierra, fluyen desde la superficie de la Tierra. En la Tierra se convierten en plantas, pero van más allá. Fluyen hacia afuera a los espacios lejanos del Cosmos.

En los Misterios antiguos usaron esta imagen: cuando las fuerzas de la Tierra se mueven hacia fuera a través del tallo y la hoja de la planta que está surgiendo desde la Tierra hacia el Cosmos, entonces el hombre puede alcanzar la Iniciación Luna-Sol y convertirse en Cristóforo. Porque entonces, por así decirlo, puede flotar hacia arriba, hacia la Luna, elevado hacia arriba por las fuerzas que en primavera irradian de la Tierra hacia la Luna.  Debe entrar solo en la luz de luna llena.

Todo esto, entonces, se convirtió en un recuerdo, pero también se volvió abstracto… Debe ser la luz de la Luna llena…. Inconscientemente, ya no con el claro conocimiento de que esto podía ser una experiencia humana, las personas imaginaron que algo u otro —no el hombre mismo — fluyó hacia la Luna llena, la primera después del comienzo de la primavera. ¿Y qué puede hacer ahora esta Luna llena? Contempla al Sol; es decir, el primer día dedicado al Sol: el primer domingo siguiente. Del mismo modo que una vez un Cristóforo, desde el punto de vista de la Luna, contempló el Ser del Sol, entonces ahora la Luna contempla el Sol, es decir, su simbolización en el Domingo.

Por lo tanto, tenemos primero el comienzo de la primavera, el 21 de marzo. Las fuerzas de la Tierra están brotando hacia el universo. Pero debemos esperar la llegada del observador correcto, es decir, la Luna Llena.

21 de marzo – Luna llena – Día del sol.

¿Qué observa la luna? El sol; y el siguiente domingo se fija como el Domingo de Pascua. Esta es una forma abstracta de determinar la fecha, sobreviviendo de un evento de los Misterios muy real que en tiempos anteriores solía ocurrir para muchos hombres.

Y así es con esta Fiesta de Pascua. Nuestra presente Fiesta espiritual de Pascua representa un evento en los Misterios que de hecho se representó en todas partes en la primavera. Pero este es un Misterio diferente al que describí antes de ayer. El evento en los Misterios que describí anteayer llevó al ser humano a comprender el hecho de la muerte. Les conté cómo la idea de la resurrección llegó al hombre en festividades como la Fiesta de Adonis en otoño. Realmente llevó al ser humano a la experiencia de la muerte y a la resurrección en el Espíritu después de unos tres días. Este evento de resurrección pertenece realmente al tiempo de otoño por las razones que expliqué en esa conferencia.

El proceso que he descrito hoy es diferente. Fue celebrado o promulgado en otros Misterios para ciertas Iniciaciones, a saber, para la Iniciación del Sol y la Luna. Y este proceso posterior confrontó al ser humano con el comienzo de su vida. Por lo tanto, recordamos los tiempos antiguos cuando el descenso del hombre desde la vida preterrenal a esta vida terrenal fue reconocido en ciertos Misterios, mientras que el ascenso, la resurrección en el Espíritu, fue reconocido en otros Misterios, concretamente en los Misterios de Otoño.

En días posteriores, el hombre ya no fue capaz de penetrar en la realidad viviente de su relación con lo espiritual en el cosmos. Y al final las cosas fueron tan lejos que los Misterios de la resurrección de otoño simplemente se superpusieron al Misterio de la primavera del descenso. La confusión que así surgió en el curso de la evolución humana muestra cuán profundamente trabajó el materialismo en el transcurso del tiempo. Porque no solo creó falsas opiniones sino que trajo a la humanidad a una confusión real con respecto a aquellas cosas que, si puedo decirlo así, alguna vez estuvieron en orden sagrado y santo en el curso de la vida terrenal humana. Hubo una vez un orden sagrado en estas cosas. Cuando se acercaba el otoño, la humanidad celebró una Fiesta Cósmica, un Festival que señalaba un verdadero proceso de los Misterios. La naturaleza, decían, se está desvaneciendo y muriendo, la naturaleza es devastada. Es como la muerte gradual del hombre en cuanto a su vida física. Pero mientras que cuando miramos a la Naturaleza vemos solo lo transitorio en ella, en los hombres vive lo Eterno que debemos contemplar ahora aparte de lo que ocurre en la Naturaleza exterior, porque debemos contemplarlo en el espíritu como lo que resucita en el mundo espiritual después de la muerte .

Y a través de los Misterios de la primavera, se le dejó claro al hombre que la Naturaleza misma es vencida por lo Espiritual; lo espiritual trabaja nuevamente desde el Cosmos, lo físico germina y brota de la Tierra, porque está impulsado por lo Espiritual. Sin embargo, esto fue para llevar al hombre a recordar, no cómo pasaron a través de la muerte a lo espiritual, sino cómo han venido a la Tierra descendiendo de lo espiritual. Justo cuando la naturaleza está surgiendo y ascendiendo, el hombre debía recordar su descenso al mundo físico; y nuevamente, cuando la naturaleza está disminuyendo, el hombre debía recordar su ascenso, su resurrección en lo espiritual. Y, de hecho, profundizó infinitamente la vida del alma para experimentar cómo el hombre está relacionado con el Cosmos.

Pero esto varió según la localidad. Antiguamente, algunos se inclinaban por ser pueblos de otoño y otros más bien por ser pueblos de primavera. Entre los primeros se encuentran los Misterios de Adonis; entre estos últimos, otros Misterios relacionados con lo que he expuesto hoy. Y solo aquellos buscadores de la sabiduría de quienes se informa correctamente que, como Pitágoras, se movían de un lugar a otro, de un Misterio a otro, solo aquellos disfrutaban de la plenitud de la experiencia humana. Desde un lugar de los Misterios donde pudieron contemplar el secreto de otoño que es el verdadero secreto del Sol, caminaron a otro lugar donde podían contemplar el secreto de la Primavera, que es el secreto de la Luna.

Por lo tanto, de los más grandes Iniciados de la antigüedad se relata una y otra vez cómo vagaron de un lugar a otro de los Misterios. Y podemos decir verdaderamente que esos antiguos Iniciados en cierto sentido experimentaron el año en su vida interior, el año con sus Festividades sagradas. Un antiguo Iniciado podría decir: “Cuando llego a tal o cual lugar donde se celebran las Festividades de Adonis, contemplo el Otoño cósmico, el brillo del Sol espiritual en el comienzo de la noche de invierno”. Y cuando llegaba a otro lugar donde se celebraban los Misterios de la Primavera, él decía: “Ahora seré testigo del secreto de la Luna”. Así, en su vida interior aprendió a conocer aquello que determina el significado total del año.

Así que, como ven, nuestra Festividad de Pascua de hecho ha estado cargado con cosas con las que no debería haber sido gravado. Realmente debería ser una Festividad de “yacer en la tumba”, como fue el caso en tales festivales en relación con la parte espiritual del hombre, por lo que este Festival de primavera de la colocación en la tumba debe ser al mismo tiempo un Festival para animar al hombre a trabajar, un Festival como un hombre que necesita de impulsos más fuertes y prístinos para la temporada de verano. El Festival de Pascua fue de hecho un Festival para convocar al hombre a trabajar durante el verano. Y el Festival de Resurrección de Otoño fue para el mundo espiritual un Festival celebrado en el momento en que el hombre se apartaba de su trabajo una vez más. Pero a medida que se alejaba de su trabajo, debía experimentar en lo más profundo de su ser lo que es más importante para su alma y espíritu. Debía volverse consciente de su ser eterno al contemplar la resurrección en el mundo espiritual tres días después de la muerte.

Pasando así de los secretos terrenales a los secretos cósmicos, del conocimiento terrenal al conocimiento cósmico, podemos reconocer lo que puedo llamar la estructura interna en el orden de nuestras festividades durante todo el año. Pero todavía hay muchos secretos que estaban ocultos en estos Misterios que han desaparecido.

Mañana, en la medida de lo posible, intentaré profundizar aún más en estas cosas, refiriéndome más a ciertos lugares de los Misterios. Por lo tanto, trataré de profundizar lo que les expliqué hoy en nuestro estudio de las relaciones en los Cielos.

Traducido por Gracia Muñoz en Enero de 2018.