GA102c10. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 16 de mayo de 1908

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Lo que hemos estado estudiando durante un tiempo en nuestro grupo de conferencias es una coronación o expansión de los temas que nos han ocupado durante el invierno. Puede ser que una observación aquí o allá parezca algo aforística, y queremos mediante estos estudios ampliar o redondear los pensamientos y conceptos que se han despertado en nosotros.

En la última conferencia, estuvimos particularmente ocupados con la presencia de todo tipo de seres espirituales que se encuentran, por así decirlo, entre los reinos perceptibles por los sentidos de la naturaleza que nos rodea. Vimos especialmente cómo en el lugar donde los seres de diferentes reinos de la naturaleza se unen, donde la planta empuja hacia la piedra en un manantial, donde la piedra ordinaria incide sobre un metal como ocurre constantemente debajo de la Tierra, donde hay una comunión entre las abejas y las flores; cómo en todas partes se desarrollan fuerzas que atraen a los seres a los que hemos llamado seres elementales a la existencia terrenal. Además, en relación con estos seres elementales, nos hemos ocupado del hecho de un cierto corte, una separación de los seres de su conexión total. Hemos visto que los seres elementales llamados por la Ciencia Espiritual “Salamandras” tienen en parte su origen en las partes separadas de las almas-grupo de los animales. Estos, por así decirlo, se aventuraron demasiado adelantándose en nuestro mundo físico y no han podido encontrar el camino de regreso para unirse nuevamente con el alma grupal, después de la muerte y disolución del animal. Sabemos que en el curso regular de nuestra vida, los seres de nuestra Tierra, los seres de los reinos animal, vegetal, mineral, tienen su “ser anímico espiritual” —si así se puede llamar, tienen almas egocéntricas, como el hombre, que difieren solo en el hecho de que este “ser anímico espiritual” de los otros seres se encuentran en otros mundos. Sabemos que el hombre es ese ser en nuestro ciclo de evolución que tiene un yo individual aquí en el plano físico, al menos durante su vida de vigilia. Sabemos además que los seres a los que llamamos animales están tan condicionados que —por así decirlo— los animales de forma similar tienen un alma grupo o yo  grupal que se encuentra en el llamado mundo astral. Además, los seres que llamamos vegetales tienen una conciencia como el dormir sin sueños aquí en el mundo físico pero tienen yoes grupales que habitan en las partes más bajas del mundo devacánico; y, finalmente, las piedras, los minerales, tienen sus yoes grupales en las partes más altas del Devacán. Quien se mueve clarividentemente en el mundo astral y devacánico tiene relaciones allí con las almas grupales de los animales, las plantas y los minerales, de la misma manera que aquí en el mundo físico tiene relaciones sociales durante el día con otras almas humanas o yoes.

Ahora tenemos que tener claro que en muchos aspectos el hombre es un ser muy complicado —hemos hablado a menudo de esta complejidad en diferentes conferencias. Pero parecerán más y más complicadas cuanto más lejos lleguemos a las conexiones con los grandes hechos cósmicos. Para darse cuenta de que el hombre no es el simple ser que tal vez le parezca a una observación ingenua, solo necesitamos recordar que por la noche, desde el irse a dormir hasta despertar, el hombre del presente ciclo evolutivo es un ser completamente diferente de lo qué es durante el día Sus cuerpos físico y etérico yacen en la cama, el yo con el cuerpo astral sale de ellos. Consideremos ambas condiciones y, en primer lugar, los cuerpos físico y etérico. Se quedan allí, y si hacemos caso omiso del estado de transición del sueño, tienen lo que podríamos llamar una conciencia de sueño carente de contenido, percepciones o sueños. Pero el yo y el cuerpo astral externo tienen, en este ciclo de evolución presente, la misma conciencia de sueño sin sueños. El hombre dormido, ya sea en los miembros que permanecen aquí en el mundo físico, o en aquellos que están en el mundo astral, tiene la misma conciencia que la cubierta vegetal de la Tierra. Debemos ocuparnos un poco de estas dos partes separadas del ser humano dormido.

De otras conferencias sabemos que el hombre del tiempo presente ha surgido lenta y gradualmente. Sabemos que recibió los primeros rudimentos del cuerpo físico en la encarnación de nuestra Tierra que yace en un pasado primitivo que llamamos la evolución del Antiguo Saturno. Sabemos que entonces, en una segunda encarnación de nuestra Tierra, durante la evolución del Antiguo Sol, recibió el cuerpo etéreo o de vida, que en la tercera encarnación, la evolución lunar, también recibió el cuerpo astral, y que en la presente encarnación de la Tierra, de nuestro planeta adquirió lo que llamamos el yo. Por lo tanto, el ser humano ha evolucionado de forma bastante lenta y gradual. Este cuerpo físico que el hombre lleva hoy es en realidad su parte más antigua, la parte que ha atravesado la mayoría de las metamorfosis. Ha sufrido cuatro cambios. El primer rudimento, recibido por el hombre en el Antiguo Saturno, ha pasado por tres modificaciones, en el Sol, en la Luna y finalmente en la Tierra, y se expresa en los órganos de los sentidos presentes del hombre. Eran órganos bastante diferentes en el antiguo Saturno, pero sus primeros rudimentos estaban allí, mientras que no existía ninguna otra parte del cuerpo físico. Podemos ver al antiguo Saturno como un ser único, compuesto enteramente de órganos de los sentidos. En el Sol se agregó el cuerpo etérico, el cuerpo físico experimentó un cambio y surgieron los órganos que llamamos hoy glándulas, aunque al principio solo existían en sus rudimentos. Luego, en la Luna, cuando el cuerpo físico había sufrido una tercera transformación a través de la impresión del cuerpo astral, se añadieron los órganos que conocemos como los órganos nerviosos. Y finalmente en la Tierra se agregó el sistema de sangre actual, la expresión del ego, ya que el sistema nervioso es la expresión del cuerpo astral, el sistema glandular del cuerpo etérico y el sistema de los sentidos la expresión física del cuerpo físico en sí mismo. Hemos visto en conferencias anteriores que el sistema sanguíneo apareció por primera vez en nuestra evolución de la Tierra y nos preguntamos: ¿Por qué fluye la sangre en la forma presente en los canales sanguíneos? ¿Qué expresa esta sangre? La sangre es la expresión del yo y con esto consideraremos un posible malentendido, a saber, que el hombre en realidad no entiende el cuerpo físico humano presente.

El cuerpo humano tal como lo vemos hoy es solo una forma de muchas. En la Antigua Luna, en el Antiguo Sol, en Antiguo Saturno, estaba allí pero siempre diferente. En la Antigua Luna, por ejemplo, todavía no había ningún reino mineral, en el Sol no había mundo vegetal ante nuestros sentidos, y en Saturno no había reino animal; solo había seres humanos en sus primeros rudimentos físicos. Ahora, cuando reflexionemos sobre esto, debemos tener claro que el cuerpo humano actual no es solo cuerpo físico, sino cuerpo físico-mineral, y que a las leyes del mundo físico —por lo tanto, es el “cuerpo físico”— ha asimilado las leyes y las sustancias del reino mineral, que lo impregnan hoy. En la Luna, el cuerpo físico humano aún no había asimilado esas leyes: si a uno lo hubieran quemado no habría cenizas, ya que no había minerales en el presente sentido terrenal. Recordemos que ser físico y ser mineral son dos cosas bastante diferentes. El cuerpo humano es físico porque está gobernado por las mismas leyes que la piedra; es al mismo tiempo mineral porque ha sido impregnado con sustancias minerales. El primer germen del cuerpo físico estaba presente en Saturno, pero no había cuerpos sólidos, ni agua, ni gases. En Saturno no había nada más que una condición de calidez. El físico moderno no conoce esta condición porque cree que el calor solo puede aparecer en relación con gases, agua u objetos sólidos. Pero eso es un error. El cuerpo físico que hoy ha asimilado el reino mineral fue en el antiguo Saturno un nexo de leyes físicas. Somos leyes físicas que trabajan en líneas, en formas, lo que aprendes a conocer como leyes en física. Externamente, el ser humano físico se manifestó en el Antiguo Saturno puramente como un ser que vivía en el calor. Por lo tanto, debemos distinguir claramente entre el elemento mineral y el principio físico real del cuerpo del hombre. Es la ley física la que gobierna el cuerpo físico. Pertenece, por ejemplo, al principio físico el que nuestro oído tenga tal forma, que recibe el sonido de una manera bastante definida; a la naturaleza mineral del oído pertenecen las sustancias que están impregnadas en este andamiaje de leyes físicas.

Ahora que hemos aclarado esto y nos damos cuenta en particular de cómo los órganos de los sentidos, las glándulas, los nervios y la sangre son las expresiones de nuestra naturaleza cuádruple, volvamos nuevamente a la observación del ser humano dormido. Cuando el hombre está dormido, el cuerpo físico y el cuerpo etérico están sobre la cama, el cuerpo astral y el yo están fuera. Pero ahora recordemos que el cuerpo astral es el principio del sistema nervioso y el yo el del sistema sanguíneo. Así, durante la noche, el cuerpo astral ha abandonado esa parte del cuerpo físico del cual, por así decirlo, es la causa, es decir, el sistema nervioso.  Porque solo cuando los miembros del cuerpo astral se introdujeron en el hombre en la Antigua Luna pudo surgir el sistema nervioso. Por lo tanto, el cuerpo astral deja insensiblemente lo que le pertenece, lo que realmente debe mantener, y de la misma manera el yo abandona lo que le ha llamado a la vida. Los principios de la sangre y del cuerpo astral están fuera y el cuerpo físico y etérico durmientes están absolutamente solos. Pero ahora nada de una naturaleza física material puede subsistir en la forma que ha sido invocada por un principio espiritual cuando este principio espiritual ya no está allí. Eso está completamente fuera de lugar. Nunca podría vivir un sistema nervioso a menos que los seres astrales estén activos en él, y nunca podría vivir un sistema sanguíneo a menos que los seres del yo estén activos en él. Por lo tanto, significa que todos ustedes desertarán en la noche su sistema nervioso y sanguíneo abandonándolos a otros seres de naturaleza astral. Seres que son de la misma naturaleza que el yo descienden ahora al organismo. Todas las noches el organismo humano está ocupado por seres equipados para mantenerlo. El cuerpo físico y el cuerpo etérico que yacen en la cama están al mismo tiempo interpenetrados por estos seres astrales y de yo; en realidad están dentro del cuerpo físico. Podríamos llamarlos intrusos, pero eso de ninguna manera es correcto. En muchos sentidos debemos llamarlos espíritus guardianes, ya que son los sostenedores de lo que el hombre abandona cruelmente en la noche.

Ahora no es tan malo para el hombre el dejar sus cuerpos todas las noches. Ya he dicho que el cuerpo astral y el yo están activos perpetuamente en la noche. Eliminan del cuerpo físico el desgaste que el día le ha dado, lo que en un sentido amplio llamamos fatiga. El hombre se refresca y se renueva por la mañana, porque durante la noche su cuerpo astral y su yo han eliminado la fatiga que le habían causado las impresiones de la vida cotidiana. Esta actividad nocturna del cuerpo astral para deshacerse de las sustancias de fatiga es un hecho definido para la percepción clarividente. El yo y el cuerpo astral trabajan desde fuera en los cuerpos físico y etérico. Pero en el ciclo actual de su evolución, el hombre aún no está lo suficientemente avanzado como para poder llevar a cabo tal actividad de manera completamente independiente. Él solo puede hacerlo bajo la guía de otros seres superiores. Entonces, el ser humano es llevado todas las noches al seno de los seres superiores, por así decirlo, y le otorgan el poder de trabajar de la manera correcta en sus cuerpos físico y etérico. Estos al mismo tiempo son los seres —es por eso que no podemos llamarlos intrusos— que cuidan el sistema nervioso y sanguíneo del hombre de la manera correcta durante el sueño.

Mientras no surjan anormalidades, la cooperación de los seres espirituales con el hombre está justificada. Pero tales irregularidades pueden muy bien entrar y aquí llegamos a un capítulo de la Ciencia Espiritual que es extraordinariamente importante para la vida práctica del alma humana. A uno le gustaría que se le conociera en los círculos más amplios y no solo teóricamente, sino también como base para ciertas actividades de la vida anímica humana. Generalmente no se imaginan que los hechos de la vida anímica tengan un efecto de gran alcance. En ciertas conexiones también he llamado su atención sobre el hecho de que es solo cuando se ve a la luz de la Ciencia Espiritual que los eventos en la vida del alma pueden encontrar su verdadera explicación. Todos conocemos el profundo significado de la declaración: “Considerado desde el aspecto científico espiritual, una mentira es una especie de asesinato”. He explicado que realmente ocurre una especie de explosión en el mundo astral cuando el hombre dice una mentira, incluso, de cierta manera, si solo lo piensa. Algo ocurre en el mundo espiritual cuando el hombre miente, lo que tiene un efecto mucho más devastador para ese mundo que cualquier desgracia en el mundo físico. Pero las cosas que se relacionan en una determinada etapa de observación científico-espiritual, caracterizándolas en la medida de lo posible, ganan cada vez más claridad y confirmación cuando uno avanza en el conocimiento de la Ciencia Espiritual. Hoy aprenderemos de otro efecto de mentir, difamar, aunque estas palabras no se usan aquí en el sentido crudamente ordinario. Cuando más sutilmente, fuera de convención, por ejemplo, o fuera de todo tipo de consideraciones sociales o de partidos, las personas colorean la verdad, tenemos que ver con una mentira en el sentido de la Ciencia Espiritual. En muchos aspectos, la vida entera del hombre está saturada,  si no con mentiras, sin embargo, con manifestaciones que tienen un matiz no verdadero. El materialista iluminado puede en cualquier caso ver que se produce una impresión en su cuerpo físico si recibe un golpe en el cráneo con un hacha, o si su cabeza es cortada por el ferrocarril, o si tiene una úlcera en algún lugar o es atacado por bacilos. Luego admitirá que los efectos se producen en el cuerpo físico. Lo que generalmente no se considera en absoluto es que el hombre es una unidad espiritual, que lo que sucede en sus miembros superiores, el cuerpo astral y el yo, tiene un efecto positivo hasta su naturaleza física. No se considera, por ejemplo, que el decir mentiras y falsedades, falsedades incluso en los asuntos de la vida, tenga un efecto definido en el cuerpo físico humano. La visión espiritual puede experimentar lo siguiente: si una persona, digamos, ha dicho una mentira durante el día, su efecto permanece en el cuerpo físico y es visto por la percepción clarividente mientras la persona duerme.  Supongamos que esta persona no es sincera, y va acumulando mentiras, entonces tendrá muchos de esos efectos en su cuerpo físico. Todo esto se endurece, por así decirlo, en la noche, y luego sucede algo muy importante. Estos endurecimientos, estos “recintos”, en el cuerpo físico no son del agrado de los seres que desde los mundos superiores deben tomar posesión del cuerpo físico en la noche y llevar a cabo las funciones ejercidas de otro modo por el cuerpo astral y el yo. El resultado es que en el curso de la vida y por la razón de un cuerpo enfermo, —se podría decir—, a través de mentiras, partes de esos seres que descienden al hombre por la noche se separan. Aquí tenemos nuevamente procesos de desapego que conducen al hecho de que cuando un hombre muere, su cuerpo físico no solo sigue los caminos que normalmente tomaría. Ciertos seres quedan atrás, seres que han sido creados en el cuerpo físico a través del efecto de la mentira y la calumnia, y han sido separados del mundo espiritual. Tales seres, desprendidos de este modo tortuoso, ahora revolotean y zumban en nuestro mundo y pertenecen a la clase que llamamos “fantasmas”. Forman un cierto grupo de seres elementales relacionados con nuestro cuerpo físico, e invisibles a la visión física. Se multiplican a través de mentiras y calumnias, y estos en realidad pueblan nuestro mundo terrenal con fantasmas. De esta forma aprendemos a conocer una nueva clase de seres elementales.

Pero ahora, no solo las mentiras y las calumnias sino también otras cosas que pertenecen a la vida del alma producen un efecto en el cuerpo humano. Son las mentiras y las calumnias que actúan sobre el cuerpo físico lo que provoca el despliegue de los fantasmas. Otras cosas vuelven a trabajar de manera similar en el cuerpo etérico. No deben sorprenderse de tales fenómenos anímicos: en la vida espiritual uno debe ser capaz de tomar las cosas con toda calma. Los asuntos, por ejemplo, que tienen un resultado dañino en el cuerpo etérico son las malas leyes o malas medidas sociales que prevalecen en una comunidad. Todo lo que conduce a la falta de armonía, todo lo que hace que se den los malos entendidos entre hombre y hombre, trabaja de tal manera a través del sentimiento que se crea en la vida común que el efecto continúa en el cuerpo etérico. La acumulación en el cuerpo etérico causado a través de estas experiencias del alma trae de nuevo el desprendimiento de los seres que trabajan desde los mundos espirituales y estos también se encuentran ahora en nuestro entorno —son “espectros” o “fantasmas”. Así estos seres que existen en el mundo etérico, en el mundo de la vida, los vemos crecer fuera de la vida de los hombres. Muchos hombres pueden andar entre nosotros y, para alguien que puede ver estas cosas espiritualmente, su cuerpo físico está abarrotado, se podría decir, con fantasmas, su cuerpo etérico atestado de espectros y, como regla, después de la muerte de ese hombre o en breve tiempo después todo esto se separa y dispersa poblando el mundo.

Entonces vemos cuán sutilmente se continúan los eventos espirituales de nuestra vida, cómo mentiras, calumnias, malos arreglos sociales, depositan sus creaciones espiritualmente entre nosotros en nuestra Tierra.

Pero ahora también pueden comprender que si en la vida diaria normal el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo están juntos, y el cuerpo físico y el cuerpo etérico tienen que permitir que otros seres los presionen y actúen sobre ellos, entonces el cuerpo astral y el yo tampoco están en condiciones normales. En cualquier caso, se encuentran en una posición algo diferente con respecto a los cuerpos físico y etérico. Estos dos tienen en el hombre dormido la conciencia de las plantas. Pero las plantas, por otro lado, tienen su yo arriba en el Devacán. De ahí que los cuerpos físicos y etéricos del hombre dormido también deban ser sostenidos por seres que despliegan su conciencia desde el Devacán. Ahora bien, es cierto que el cuerpo astral y el yo del hombre están en un mundo superior, pero él también duerme sin soñar como las plantas. El hecho de que las plantas solo tengan un cuerpo físico y etéreo y que el hombre en su estado de sueño posea además un cuerpo astral y un yo, no hace diferencia en cuanto a la naturaleza vegetal. Es cierto que el hombre ha sido arrastrado hacia arriba, al mundo astral espiritual, pero aún no lo suficientemente elevado hacia arriba con su yo, para justificar la condición de sueño. La consecuencia es que estos seres también deben entrar en su cuerpo astral cuando el ser humano se duerme. Y así es: las influencias del mundo devacánico presionan todo el tiempo en el cuerpo astral del hombre. No necesitan ser influencias anormales, pueden venir de lo que llamamos el yo superior del hombre. Porque sabemos que el hombre se está elevando gradualmente al mundo devacánico, en la medida en que se acerca cada vez más a un estado de espiritualización, y lo que se está preparando allí le envía sus influencias ahora cuando duerme. Pero no son simplemente estas influencias normales. Esto simple y llanamente sería el caso si los seres humanos entendieran completamente lo que es valorar y estimar la libertad del otro. La humanidad en este momento todavía está muy alejada de eso. Piensen solo en cómo el hombre moderno en su mayor parte quiere gobernar por encima de la mente del otro, cómo no puede soportar que otra persona pueda pensar y gustar de otra manera, cómo quiere trabajar sobre el alma del otro. En todo lo que funciona de alma a alma en nuestro mundo, desde dar un consejo injustificable a todos los métodos que los hombres emplean para abrumar a los demás, en cada acto que no permite que el alma libre se enfrente al alma libre, sino que emplea, incluso en el más mínimo grado, medios poderosos para convencer y persuadir, en todo esto, las fuerzas están trabajando de alma a alma, lo que de nuevo influye en estas almas de tal manera que se expresa en la noche en el cuerpo astral. El cuerpo astral obtiene esos “recintos” y, por lo tanto, los seres se separan de otros mundos y se vuelven a revolotear a través de nuestro mundo como seres elementales. Ellos pertenecen a la clase de los demonios. Su existencia se debe únicamente al hecho de que la intolerancia y la opresión del pensamiento se han utilizado de diversas maneras en nuestro mundo. Así es como estas huestes de demonios han surgido en nuestro mundo. Así hemos aprendido de nuevo hoy a conocer seres que son tan reales como las cosas que percibimos a través de nuestros sentidos físicos, y que definitivamente producen efectos en la vida humana. La humanidad habría avanzado de manera bastante diferente si la intolerancia no hubiera creado los demonios que impregnan nuestro mundo, influyendo continuamente en las personas. Son al mismo tiempo espíritus de prejuicios. Uno comprende las complejidades de la vida cuando aprende acerca de estos enredos entre el mundo espiritual en el sentido superior y nuestro mundo humano. Todos estos seres, como hemos dicho, están allí, y zumban y aletean en el mundo en el que vivimos.

Ahora recordemos algo más que también se ha dicho anteriormente. Hemos señalado que en el hombre del último tercio de la era atlante, antes del diluvio atlante, la relación del cuerpo etérico con el cuerpo físico era bastante diferente de la que había sido anteriormente. Hoy la parte física de la cabeza y la parte etérica prácticamente coinciden. Eso fue bastante diferente en la antigua Atlántida; allí tenemos la parte etérica de la cabeza proyectándose muy lejos —especialmente en la región de la frente. Ahora tenemos un punto central para la parte etérica y física aproximadamente entre las cejas. Estas dos partes se juntaron en el último tercio de la era Atlante y hoy coinciden. De este modo, el hombre pudo decirse “yo” a sí mismo y sentirse una personalidad independiente. Por lo tanto, el cuerpos etérico y físico de la cabeza se han unido. Esto ha sucedido para que el hombre pueda convertirse en el ser sensible que está dentro de nuestro mundo físico, de modo que pueda enriquecer su vida interior a través de lo que capta a través de impresiones sensoriales, a través del olfato, el gusto, la vista, etc. Todo esto se encarna en su ser interior, de modo que al obtenerlo pueda usarlo para el desarrollo posterior de todo el Cosmos. Lo que él adquiere así no se puede adquirir de ninguna otra manera, y por eso siempre hemos dicho que no debemos tomar la Ciencia Espiritual en un sentido ascético, como una huida del mundo físico. Todo lo que sucede aquí lo llevamos con nosotros fuera del mundo físico y se perderá en el mundo espiritual si no se recoge aquí primero. El camino de regreso está ocupado. Hay personas hoy que tienen un cuerpo etérico mucho más flexible que otros. Este aflojamiento del cuerpo etérico es justo para el hombre si durante sus diferentes encarnaciones en esas épocas culturales ha absorbido tanto en sí mismo que cuando su cuerpo etérico se apaga nuevamente tendrá los frutos correctos del mundo de los sentidos físicos de la Tierra, frutos adecuados para su incorporación a un cuerpo etérico cada vez más independiente. Cuanto más espirituales sean los conceptos que el hombre encuentra en el mundo físico, más se lleva consigo en su cuerpo etérico. Todas las ideas utilitarias, todos los conceptos ligados a la máquina y la industria que solo sirven a las necesidades externas y la vida externa, y que el hombre absorbe en nuestra presente existencia terrenal, no son adecuados para la incorporación en el cuerpo etérico. Pero todos los conceptos que él absorbe de lo artístico, lo bello, lo religioso —y todo puede sumergirse en la esfera de la sabiduría, el arte, la religión— todo esto dota al cuerpo etérico del hombre de la capacidad y posibilidad de organizarse de manera independiente. Como esto se puede ver de antemano, a menudo se ha enfatizado aquí que la concepción del mundo de la Ciencia Espiritual debe enviar sus impulsos y actividades a la vida práctica. La Ciencia Espiritual nunca debe seguir siendo un tema de conversación en las reuniones de té o cualquier otra actividad aparte de la vida ordinaria; debe abrirse paso en toda nuestra civilización. Si algún día se entienden los pensamientos científicos espirituales, entonces los hombres comprenderán que todo lo que nuestra época logra debe estar impregnado de principios espirituales. Muchos seres humanos, entre ellos Richard Wagner, previeron en ciertos campos tal penetración con principios espirituales. Algún día los hombres entenderán cómo construir una estación de ferrocarril para que fluya la verdad como en un templo y de hecho sea simplemente una expresión adecuada para lo que hay dentro de ella. Todavía hay mucho por hacer. Por lo tanto, estos impulsos deben ser efectivos y serán efectivos cuando se comprendan más plenamente los pensamientos científico-espirituales.

Todavía recuerdo vívidamente una dirección de rectoría dada hace unos veinticinco años por un conocido arquitecto. Habló sobre el estilo en la arquitectura y pronunció la notable frase: “¡Los estilos arquitectónicos no se inventan, crecen de la vida espiritual!”. Al mismo tiempo, mostró por qué nuestra era, si bien produce estilos arquitectónicos, solo revive los antiguos y es incapaz de encontrar un nuevo estilo porque todavía no tiene una vida espiritual interior. Cuando el mundo vuelva a crear vida espiritual, todo será posible. Entonces sentiremos que el alma humana brilla hacia nosotros desde todo lo que miramos, así como en la Edad Media cada cerradura de una puerta expresaba lo que el alma humana entendía de las formas externas. La Ciencia Espiritual no será entendida hasta que se encuentre en todas partes de esta manera como si estuviera cristalizada en formas. Para entonces la humanidad también vivirá como espíritu en el Espíritu. Entonces, sin embargo, el hombre estará preparando más y más algo que llevara consigo cuando vuelva a ascender al mundo espiritual, cuando su cuerpo etérico se vuelva independiente. Así los hombres deben sumergirse en el mundo espiritual si quiere llevar la evolución por el camino correcto.

 

ascension y pentecostes

Nada simboliza la penetración del mundo por el espíritu tan bellamente como la historia del milagro de Pentecostés. Cuando lo contemplan, es como si la interpenetración del mundo con la vida espiritual estuviera indicada proféticamente a través del descenso de las “lenguas ardientes”. Todo debe volver a vivificarse a través del espíritu, esa relación intelectual abstracta que el hombre tiene con las festividades también debe volverse concreta y vivir de nuevo. Ahora, en este momento de Pentecostés, intentemos ocupar nuestras almas con los pensamientos que pueden proceder de la conferencia de hoy. Entonces la Festividad, que como sabemos está establecida sobre una base espiritual, significará de nuevo algo que vive en el hombre cuando su cuerpo etérico está maduro para la creación espiritual. Pero si el hombre no absorbe el espíritu de Pentecostés, entonces el cuerpo etérico sale del cuerpo físico y es demasiado débil para vencer lo que ya ha sido creado, esos mundos de espectros, fantasmas, demonios, que el mundo crea como fenómenos existentes a su lado.

Traducido por Gracia Muñoz en febrero de 2018.

 

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GA102c6. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 24 de marzo de 1908

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Si de los que estuvisteis presentes en la última conferencia dada aquí han pensado cuidadosamente y recordado cómo ciertas etapas ya pasadas se recapitulan en una etapa posterior, como, por ejemplo, en nuestra Tierra las etapas del Antiguo Saturno, del Antiguo Sol y la Antigua Luna, surgen y se desarrollan poco a poco hasta completar nuestra condición terrena, se podría sentir instado a hacer las siguientes observaciones.

Podría decir: en varias conferencias anteriores se ha afirmado que en Saturno los primeros rudimentos físicos del hombre pasaron por algo así como una especie de sistema sensorial, como si los primeros rudimentos de Saturno hubieran consistido en primitivos órganos de los sentidos; luego en el Sol se desarrolló un sistema glandular: en la Luna un sistema nervioso y en nuestra Tierra todo esto fue recapitulado. Pero, ¿cómo concuerda eso con lo que se dijo en la última conferencia, es decir, que los primeros en aparecer en la Tierra fueron los primeros rudimentos del sistema sanguíneo, una especie de hombre calórico? Luego se dijo que hubo una condensación hacia un estado de aire y que surgió la luz, por un lado se agregó una especie de sistema de aire que luego se convirtió en nuestro sistema de respiración actual, mientras que el sistema de calor se transformó en el posterior sistema sanguíneo, y bajo la influencia de la luz se formó una especie de sistema nervioso percibido interiormente. Se describió además cómo todo eso estaba aún en una condición etérea enrarecida, luego se rellenó con una especie de albúmina que, bajo la influencia del sonido y el tono cósmicos, se organizó en las diferentes sustancias.

Si admito —podría decir el objetor— que el sistema glandular sólo comenzó con el depósito de esta sustancia orgánica, entonces la primera cosa en la Tierra sería una especie de sistema del calor que formó los rudimentos del sistema de la sangre y una especie de sistema nervioso presente en las finas líneas etéricas de fuerza, a continuación se plantearía, el sistema glandular que, en cierto sentido ya estaba sustanciado orgánicamente, y por último se deposito el elemento mineral como se ha descrito en la última conferencia. Si las condiciones sucesivas de Saturno, el Sol, la Luna han reaparecido y en estas condiciones se recapitula en la Tierra, es extraño que el sistema de los sentidos no sea el primero en volver a aparecer, después el sistema glandular, el sistema nervioso y finalmente un sistema de la sangre. Sin embargo, la última vez se describió todo lo contrario: primero, la sangre, a continuación, los nervios, las glándulas y, finalmente, los depósitos sólidos que, como se puso de relieve, en primer lugar abrieron los sentidos hacia el mundo exterior. El objetor podría decir: Este principio de recapitulación funciona muy mal ya que el orden que se ha dado es exactamente el inverso de lo que uno esperaría si tuviera lugar una repetición literal.

Debe admitirse que si alguien deseaba describir las condiciones siguientes como una simple repetición de lo anterior, probablemente daría una descripción que fuera exactamente lo contrario de lo que realmente ha existido. Pues el intelecto concluiría que, de manera automática, la Tierra primero recapitularía lo que sucedió en Saturno, luego lo que sucedió en el Sol, después en la Luna, y que solo entonces surgiría el sistema sanguíneo.

A menudo he enfatizado que como regla en el ocultismo, uno siempre sale mal y puede cometer terribles errores a menos que describa los hechos ocultos y no confíe en el mero intelecto o cualquier conclusión puramente lógica. Porque si uno sigue la evolución de Saturno, Sol, Luna en el Registro Akáshico, es un hecho que uno debe decir que se planeó una especie de sistema de sentidos en Saturno, un sistema glandular en el Sol, un sistema nervioso en la Luna, y con la Tierra, se agregó la sangre. Si uno profundiza en los hechos ocultos aún más, entonces uno encuentra que en realidad en la Tierra aparece primero un tipo de sistema sanguíneo, luego un sistema glandular, un sistema nervioso, y solo entonces surge lo que aparece como el sistema de sentidos en la forma adecuada a las condiciones de la Tierra. Por lo tanto, si uno habla de recapitulaciones, de acuerdo con los hechos reales, debe hablarse de una recapitulación invertida. Lo que se ha demostrado en conferencias anteriores y lo que se demostró en las últimas fuentes no es ninguna especulación, sino los hechos reales y estos muestran tal inversión, lo que hace que la recapitulación sea aún más complicada.

Sin embargo, no debemos contentarnos con la idea de que tenemos que ver con una mera reversión. Así el sistema sanguíneo en sus primeros rudimentos apareció en la Tierra como una especie de hombre de calor, como lo describí la vez pasada, pero al mismo tiempo era realmente una especie de sistema sensorial. De hecho, era un sistema de calidez y percepción. El ser humano era, por así decirlo, totalmente un hombre de sangre o calor. No estaba impregnado de la sustancia de la sangre, pero las líneas etéreas de calor penetraron en él, y estas líneas etéreas de fuerza calórica de las que surgió posteriormente el sistema sanguíneo fueron, en sus primeros rudimentos, claramente una especie de sistema sensorial. Fueron los primeros rudimentos de un sistema sensorial, y el sistema de nervios y luz fue al principio una especie de sistema glandular, y el último sistema glandular que se organizó realmente solo pudo surgir debido a que los otros sistemas, el de la sangre y el sistema nervioso, ahora incorporados, avanzaron en su desarrollo. Este avance se produjo de la siguiente manera: mientras que el sistema nervioso se desarrolló como una especie de sistema glandular, algo de la sangre quedó atrás como sus últimos rudimentos. Pero también durante la segunda etapa el sistema sanguíneo en sí cambió a una especie de sistema nervioso; y cuando eso se logró y, en la tercera etapa, se incorporó el sistema glandular, los dos sistemas anteriores cambiaron nuevamente, de modo que, de hecho, el sistema sanguíneo avanzó un grado y el sistema nervioso también un grado. Cambios y transformaciones están teniendo lugar continuamente. La evolución es muy complicada y uno no puede estar satisfecho con la idea de la recapitulación invertida. Porque la “inversión” es solo parcial: el sistema sanguíneo es un sistema sensorial que se transforma más tarde, y es lo mismo con el sistema nervioso, y así sucesivamente.

Así que podemos hacer un recorrido que nos permita observar como hemos llegado a nuestra altura actual, ciertamente no es un asunto fácil si nos empeñamos en elaborarlo con el intelecto. La cuestión está en que con paciencia y perseverancia nos familiaricemos con este complicado curso de la evolución. Sin embargo, esto no es más que una especie de introducción que he querido dar a aquellos que han estado estudiando y vivenciando lo que se dijo en la última conferencia.

Una tarea muy diferente nos preocupa hoy —la de considerar al hombre y su evolución en la Tierra desde un punto de vista totalmente diferente, por lo que el ser humano debe aparecer ante nosotros con una claridad cada vez mayor. Si, con esto en mente, miramos hacia atrás una vez más a la encarnación anterior de nuestra Tierra, a la antigua Luna, recordamos que el ser humano tiene un cuerpo físico, un cuerpo etérico y un cuerpo astral, pero todavía no tiene un yo personal como el que actualmente posee en la Tierra. Si examinamos ahora la conciencia de este hombre lunar nos encontramos con que era radicalmente diferente al ser humano de hoy. La conciencia del hombre de hoy se expresa realmente en lo que se podría llamar “personalidad”. Con esta palabra se dice mucho en la caracterización del hombre de la Tierra, ya que no había “personalidad” en la antigua Luna. Hemos visto cómo esta personalidad se ha ido formando gradualmente en la Tierra y cómo en la antigüedad el hombre aún se sentía mucho más como miembro de un gran número de otros que se pertenecían mutuamemte. Incluso si no retrocedemos demasiado en las regiones donde vivimos nosotros mismos, sí, incluso si regresamos a los primeros siglos cristianos, todavía encontraremos allí los últimos ecos de una conciencia antigua. El antiguo miembro de los Cherusci, los Sugambri, Heruli, Bructeri, no se sentía en la misma medida una personalidad como lo es el hombre de hoy, se sentía uno de su tribu. Y cuando decía “yo”, eso significaba algo completamente diferente de lo que significa hoy. Si un hombre moderno dice “yo”, se refiere a la entidad de su personalidad, la que, por así decirlo, está encerrada dentro de su piel. En ese momento los hombres se sentían con respecto a su tribu como una extremidad se siente en nuestro organismo. Se sentía en primer lugar como miembro de los Sugambri, Heruli, Bructeri, Cherusci y, en segundo lugar, un “yo” personal. Tendrán una mejor comprensión de muchas condiciones antiguas si tienen en cuenta esta alteración radical en la personalidad, si se dan cuenta, por ejemplo, de que ciertas formas de venganza familiar, venganza tribal, deben ser explicadas completamente por la conciencia común de la tribu, una especie de conciencia de alma grupal.

Y si nos remontamos aún más atrás al tiempo clásico del Antiguo Testamento, el tiempo del pueblo judío, sabemos que el judío individual se sentía absolutamente un miembro de todo el pueblo judío. Sabemos que cuando decía “yo” no lo sentía como representante de su ser, sino que sentía la sangre de todo el pueblo tal como había fluido en las generaciones desde el Padre Abraham: “el Padre Abraham y yo somos uno”. Cada miembro de la raza sentía que esto era lo que le daba su valor y posición. Sentía en el alma grupal, por la sangre, directamente al Padre Abraham. Y si retrocedemos aún más, a las épocas más tempranas de la Tierra, encontramos que el elemento de alma grupal aún se expresaba más claramente. El individuo tenía un recuerdo de lo que sus antepasados habían hecho, volvían al primer antepasado. El recuerdo de los descendientes se remonta a cientos de años. En nuestros días, en circunstancias normales, un hombre ya no recuerda lo que su padre hizo, a menos que lo haya visto. Ya no recuerda lo que sus antepasados han experimentado. En la antigüedad, el hombre tenía un recuerdo no solo de lo que él mismo había experimentado, sino también de las experiencias de los antepasados con los que tenia la sangre en común, no porque él lo supiera, sino porque la memoria continuaba más allá del nacimiento. Y sabemos que la gran edad atribuida a los Patriarcas, a Adán y los antecesores posteriores del pueblo judío, originalmente significaba nada más que la longitud de la memoria, cuán lejos se recordaba en el árbol ancestral.  ¿Por qué vivió Adán tanto tiempo? ¿Por qué los otros Patriarcas vivieron tanto tiempo? Porque uno no designaba a la personalidad individual, sino que recordaba las generaciones pasadas como uno recuerda la juventud actual. Eso fue denotado por una expresión común, la personalidad no se puso en duda en absoluto. El hombre recordaba no solo lo que había pasado en la infancia, sino lo que su padre, su abuelo habían experimentado en la infancia, y demás a través de los siglos, y comprimió los contenidos de esta memoria en una unidad a la que llamó —déjenme decir— “Adán” o “Noé”, y así sucesivamente. En las epocas primitivas, la personalidad separada no tenía nada del valor que tiene ahora; la memoria llegaba más allá del padre, la madre, el abuelo, etc., y en la medida en que le llegaba a uno, usaba un nombre común. Eso parece torpe y fantástico para la concepción materialista del mundo actual, pero debe ser afirmado desde el fondo de los hechos con una psicología fundamental que sabe cómo contar los hechos.

En nuestra Tierra, por lo tanto, el hombre tenía una especie de conciencia grupal conectada con su alma grupal. Si tuviéramos que regresar a la antigua Luna donde el ser humano no tenía un yo restringido de este tipo incrustado en la conciencia grupal, pues no tenía yo en absoluto, donde todavía consistía de cuerpo físico, cuerpo etérico y cuerpo astral, deberíamos encontrar que esta antigua conciencia Lunar no era más pequeña, sino que abarcaba grupos inmensamente grandes; que, de hecho, las almas grupales integradas fueron la base de la raza humana en la Luna. Estas almas grupales que, por así decirlo, establecían los hombres lunares individuales en la Luna simplemente como sus miembros, eran almas sabias. Como saben, también hemos descrito las almas grupo de los animales en la Tierra y también hemos encontrado la sabiduría como su característica sobresaliente. Estas almas grupales de la Luna implantaron en la encarnación previa de nuestro planeta la sabiduría que conocemos hoy y de la que tanto nos maravillamos y admiramos. Y cuando hoy nos sorprende cómo cada hueso, corazón y cerebro, cómo cada hoja de la planta está impregnada e imbuida de sabiduría, entonces sabemos que la sabiduría de las almas grupales cayó de la atmósfera de la antigua Luna —como hoy las nubes dejan que la lluvia gotee— y se hizo miembro de todos los seres. Estos lo recibieron como una propensión y lo sacaron de nuevo cuando aparecieron en la Tierra después de la Pralaya. Por lo tanto, en la Antigua Luna estaban las almas grupales omnipresentes llenas de sabiduría.

Ahora bien, si buscáramos en la Antigua Luna una cualidad que encontramos hoy en la Tierra en una medida cada vez mayor a medida que avanza la evolución, no la encontraríamos en los seres de la Luna. Esta cualidad es el amor, el impulso que nos conduce a unirnos a otros seres por la propia voluntad. El amor es la misión de nuestro planeta terrenal. Por eso en el ocultismo llamamos a la Luna el “Cosmos de la Sabiduría” y a la Tierra el “Cosmos del Amor”. Así como hoy, en la Tierra, nos maravillamos de la sabiduría incrustada en ella, así un día los seres de Júpiter serán seres en los que el amor fluirá hacia ellos como una fragancia. Así como la sabiduría brilla hacia nosotros en la Tierra, así en Júpiter vendrá como fragancia hacia los seres de Júpiter lo que está evolucionando aquí en la Tierra como amor, desde el amor puramente sexual hasta el “Amor Divino” de Spinoza. Enviará su perfume como las plantas envían sus diversos aromas. Por lo tanto, los grados de amor fluirán como el perfume ascendiendo del cosmos al que, como sucesor de nuestra Tierra, hemos llamado Júpiter. Así, en el curso de la evolución, las condiciones se alteran, y cada vez que ocurre un avance en la evolución, los seres también avanzan; aquellos que están unidos con las etapas de la evolución planetaria están siempre avanzando hacia etapas más altas. Los seres humanos que viven en la Tierra hoy son los instrumentos de la evolución del amor. Porque el reino animal ha desarrollado formas de amor que se han quedado atrás como formas rezagadas; y en la medida en que el amor aparece entre los animales, una simple reflexión mostrará que todo es pre-etapa del amor humano, del amor que continuamente se espiritualiza. Como el hombre es el instrumento para la evolución del amor en la Tierra, cuando haya evolucionado a Júpiter será capaz de recibir una calidad aún mayor. Así también los seres que “derramaron” sabiduría desde la periferia de la Luna se volvieron capaces de una mayor evolución cuando la Luna se convirtió en Tierra; ellos ascendieron más alto. Los seres que en ese momento fueron capaces de dejar que la sabiduría se infiltrara en los seres lunares fueron en realidad aquellos que estaban tan avanzados en el momento en que el Sol se retiró de la Tierra que salieron con el Sol y lo convirtieron en su escenario de acción. Los seres que en la Luna fueron espíritus de la sabiduría —la sabiduría que se derramó— no fueron los Espíritus de la Sabiduría que han sido llamados así en relación con Saturno, estos espíritus, o al menos un gran número de ellos, eligieron el sol como su escenario. Solo el Ser que designamos como Iahvé o Jehová, que había alcanzado la plena madurez en la Antigua Luna, se convirtió en el Espíritu de la Forma de la Tierra, el Regente de las fuerzas de la Luna. Pero ya hemos hablado de otros seres que no completaron su desarrollo en la Luna, que permanecieron, por así decirlo, a medio camino entre la existencia humana y la divina. Los hemos caracterizado de muchas maneras. Hemos indicado que el Sol en una determinada etapa de su evolución expulso a Venus y a Mercurio de sí mismo para dar a estos seres un escenario que se adaptara a ellos. También hemos hablado de seres que han participado en el desarrollo progresivo del hombre y que, como seres de Venus y Mercurio, han sido los grandes maestros de la humanidad en los Misterios.

Hoy ampliaremos esta imagen desde otro punto de vista.

Ya hemos señalado que si las fuerzas y los seres que dejaron la Tierra cuando el Sol se retiró se hubieran mantenido unidos a la Tierra como estaban originalmente, entonces el hombre se habría visto obligado a desarrollarse a un ritmo demasiado rápido como para soportarlo. Él nunca habría alcanzado su evolución si los Espíritus de la Sabiduría hubieran estado ligados a la Tierra como lo estuvieron en la Luna. Tuvieron que alejarse a cierta distancia y trabajar desde fuera para que el hombre tuviera la velocidad adecuada en su desarrollo. De lo contrario, tan pronto como naciera, habría envejecido,  pasaría por su desarrollo a un ritmo demasiado rápido. Puedo aclararlo de otra manera.

Los espíritus que han evolucionado hasta la existencia del Sol no están interesados en absoluto en el desarrollo gradual y lento del hombre de su naturaleza espiritual durante su existencia corporal, durante la infancia, la juventud, la madurez y la vejez. Solo tienen interés en el desarrollo perfeccionado de la espiritualidad. Si hubieran permanecido en conexión con la Tierra, los cuerpos humanos en cierta manera habrían quedado atrofiados, quemados. Sin madurar los frutos obtenidos de una existencia terrenal, el espíritu habría ido hacia una evolución rápida y el ser humano habría perdido todo lo que podía aprender sobre la Tierra. Sobre todo, la impronta del Amor en la evolución cósmica habría permanecido oculta. Para que el amor pueda desarrollarse en la Tierra, el cuerpo primero debe desarrollarse en una etapa primitiva. El amor tuvo que ser inaugurado en la forma más baja como el amor sexual, para elevarse a través de las diversas etapas y, finalmente, cuando la Tierra perfeccionada alcance sus últimas etapas, pueda imprimirse en el hombre como amor puro y espiritual. Todo amor inferior es la educación para el amor superior. El hombre terrestre debe desarrollar el amor en sí mismo, para que al final de su evolución pueda devolverlo a la Tierra, ya que todo lo que se desarrolla en el microcosmos se vierte al final en el macrocosmos. La sabiduría que fluyó en el hombre de la Luna brilla hacia el hombre de la Tierra como la sabiduría que impregna su estructura. El amor que, por grados, se va implantado en el hombre durante el período de la Tierra fluirá como fragancia hacia los seres de Júpiter, en todo el reino de Júpiter. Este es el camino que deben tomar las diversas fuerzas cósmicas.

Por lo tanto, el punto de partida de la misión de nuestra Tierra, la impresión del Amor, estaba de alguna manera enfrentando las dos tendencias siguientes. Los Espíritus de la Sabiduría, los creadores de la sabiduría, quienes en la Luna habían vertido la sabiduría en los reinos de la Tierra, estaban en la Tierra, como tal, desinteresados en la naturaleza física corporal del hombre. Como Espíritus de la Sabiduría no estaban interesados en ello, y al estar interesados solo en la sabiduría, delegaron la misión especial de la Tierra a los “Espíritus del Amor”. Estos son de otro rango y, como Espíritus de Amor, ellos también pudieron atravesar su propia evolución durante un tiempo en el Antiguo Sol. De esta manera, tenemos una doble tendencia en la evolución de la Tierra: una corriente de amor que, por así decirlo, aparece por primera vez, y una transmisión de sabiduría que trabaja desde fuera, ya que los espíritus que se interesan de manera preeminente por la sabiduría se han retirado al Sol. Es muy importante comprender correctamente esta cooperación de los Espíritus de la Sabiduría y los Espíritus del Amor, ya que expresa un contraste infinitamente importante. Si ahora trato de poner en lenguaje humano lo que expresa este contraste, es que los Espíritus de la Sabiduría delegaron por completo el hombre a los Espíritus del Amor entre el nacimiento y la muerte y la forma en que se desarrolla, y tomaron para sí el control de la “individualidad” que atraviesa las diversas “personalidades” en el curso de las reencarnaciones. Si imaginan al hombre en su totalidad, tienen aquí el análisis que muestra bajo qué dos poderes se encuentra en la regencia cósmica. Lo que el hombre es entre el nacimiento y la muerte, lo que desarrolla en sí mismo mientras vive en el cuerpo, lo que realmente le hace a él, por así decirlo, una entidad que está con sus dos pies sobre la Tierra, está bajo la autoridad de los Espíritus del Amor. Lo que se entrelaza a través de las personalidades como la individualidad duradera, nace con el hombre, muere, nace de nuevo, muere otra vez, etc., se encuentra en cierto sentido bajo la regencia de los Espíritus de la Sabiduría. Pero no deben tratar esto mecánicamente y decir: Entonces afirma que la individualidad humana está bajo la influencia de los Espíritus de la Sabiduría y la personalidad humana bajo la influencia de los Espíritus del Amor. Si tuviéramos que estereotipar estas cosas, eso solo nos llevaría a tonterías. Los conceptos solo son válidos si los entendemos en su relatividad y sabemos que cada concepto tiene dos lados. Solo si tuvieran la opinión de que esta vida entre el nacimiento y la muerte carece de significado para todas las vidas siguientes, entonces podrían estereotiparlo de esa manera. Pero deben tener en mente lo que siempre he enfatizado, es decir, que los frutos de cada vida terrenal separada, los frutos de todo lo que se ha ganado bajo la influencia de los Espíritus del Amor fluyen en toda la evolución e igualmente en lo que es guiado por los Espíritus de la Sabiduría.

Por otro lado, deben tener claro que todo en el cuerpo humano, hasta el cuerpo astral (ya hemos descrito cómo las experiencias hechas en la Tierra deben ser transformadas) procede bajo el poder de los Espíritus de la Sabiduría, así que de nuevo los espíritus de la sabiduría trabajan en el ser del hombre ya que tiene un cuerpo físico, un cuerpo etérico y astral. Y porque todo lo que el hombre como personalidad desarrolla bajo el elemento del amor perdura para su individualidad, los Espíritus del Amor trabajan nuevamente en lo que se desarrolla en una vida humana a través de los Espíritus de la Sabiduría. Por lo tanto, trabajan juntos. Entonces la regencia de estos Espíritus está nuevamente dividida en tanto que todo lo que es personalidad está directamente bajo el control del amor, y todo lo que sucede entre el nacimiento y la muerte está indirectamente bajo el elemento de la sabiduría.

Así vemos cómo la personalidad del hombre y su individualidad está dentro de dos tendencias y corrientes diferentes. Eso es importante por la siguiente razón. Si los Espíritus de la Sabiduría que se significan ahora, por así decirlo, se arrogaran la autoridad a ellos mismos, entonces habría surgido ese desarrollo vigoroso y exuberante que también se podría describir al decir que el hombre en una encarnación única habría pasado, todos los posibles perfeccionamientos de todas las encarnaciones. Lo que los Espíritus de la Sabiduría debían dar, sin embargo, fue distribuido entre las sucesivas encarnaciones terrenales del hombre. Esto se expresa en el ocultismo de manera muy definitiva al decir: Si los Espíritus de la Sabiduría permanecieran en la evolución, el hombre rápidamente se habría desarrollado a la espiritualidad, abrasándose a sí mismo a lo largo de la evolución corporal. Pero los Espíritus de la Sabiduría se abstuvieron de llevar al hombre a un desarrollo tan violento. Se alejaron de la Tierra para rodearla, con el fin de regular y modificar los períodos de tiempo que de otro modo habrían pasado tan vehementemente. Por lo tanto, uno dice en ocultismo que estos Espíritus de la Sabiduría se convirtieron en los “Espíritus de la Rotación del Tiempo”. Las sucesivas encarnaciones del hombre fueron reguladas en las sucesivas revoluciones del tiempo, que fueron nuevamente reguladas a través del curso de las estrellas. Los Espíritus de la Sabiduría se convirtieron en Espíritus de la Rotación del Tiempo. Habrían podido alejar al hombre de la Tierra con su poder lleno de sabiduría, pero luego habrían tenido que renunciar a la maduración de los frutos que solo puede tener lugar en el transcurso del tiempo. Los frutos del amor, de la experiencia terrenal, no habrían sido ganados. Esos secretos que los seres deben poseer y guardar en sus corazones para madurar los frutos del amor, de la experiencia de la Tierra, fueron ocultados desde estos Espíritus de la Rotación del Tiempo. Por lo tanto, se ha registrado: “Ellos velaron sus rostros ante el Cordero Místico”. Porque el “Cordero Místico” es el Espíritu Solar que tiene el secreto no solo de levantar a los espíritus de la Tierra, sino de redimirlos, espiritualizándolos, después de atravesar muchas encarnaciones. El poseedor del Misterio del Amor es el Espíritu Solar al que llamamos el Cristo, y como tiene un interés no solo en la individualidad, sino directamente en cada personalidad de la Tierra, lo llamamos el “Gran Sacrificio de la Tierra” o el “Cordero Místico”.

Así, ciertos Espíritus se convirtieron en los Espíritus de la Rotación del Tiempo y regularon las sucesivas encarnaciones. El Cristo se convirtió en el centro, el foco, en la medida en que las personalidades individuales debían ser santificadas y purificadas.  Todo lo que el hombre puede traer como fruto de la personalidad individual en la individualidad lo logra a través de tener una conexión con el Ser Crístico. Mirar hacia adelante, sintiéndose unido con Cristo, purifica y ennoblece la personalidad. Si la evolución de la Tierra hubiera seguido su curso sin la aparición del Cristo, entonces el cuerpo humano —si hablamos en un sentido integral— habría permanecido malvado; habría tenido que unirse con la Tierra y caer presa de la materialidad para siempre.

Sin embargo, si los Espíritus de la Sabiduría no hubieran renunciado a la espiritualización inmediata del hombre al comienzo de la evolución de la Tierra, podría haber tomado uno de los siguientes dos cursos: o los Espíritus de la Sabiduría, al comienzo de la evolución terrenal —en la edad lemuriana—habrían arrancado al hombre del cuerpo, lo habrían llevado a una rápida evolución espiritual y consumido rápidamente su cuerpo, en cuyo caso la Tierra nunca podría cumplir su misión; o, por otro lado, podrían haber dicho: no deseamos eso, queremos que el cuerpo humano se desarrolle completamente, pero nosotros mismos no tenemos ningún interés en ello. Por lo tanto, renunciaremos al Nacido-Tardío, a Jehová; él es el Señor de la Forma —y el hombre se habría secado, momificado. El cuerpo del hombre habría permanecido unido a la Tierra, nunca habría sido espiritualizado.

Ninguno de estos caminos fue elegido, pero a fin de formar un equilibrio entre los Espíritus de la Sabiduría y el Último Nacido de la antigua Luna, el Señor de la Forma, que fue el punto de partida para la creación de la luna presente, fue creada una situación central. Esta solución intermedia fue preparada para la aparición de Cristo quien es exaltado por encima de la Sabiduría, ante quien los Espíritus de la Sabiduría cubren su rostro con humildad, y quien redimirá a los hombres si se impregnan cada vez más con Su Espíritu. Y cuando la Tierra misma alcance el punto en que el hombre se habrá espiritualizado completamente, entonces no caerá de la evolución una bola seca, pues a través de lo que ha podido extraer de la evolución, el hombre llevará su forma humana cada vez más ennoblecida a la completa espiritualización. Y vemos cómo los seres humanos son espiritualizados. Si tuviéramos que ver los cuerpos humanos originales de la Edad Lemuriana, que nunca describiría en una conferencia pública, encontraríamos que representaban el límite extremo de la fealdad, y los hombres se volvían más ennoblecidos a medida que el amor los purificaba cada vez más. Pero el hombre evolucionará incluso más allá del rostro humano actual. Hoy estamos en la quinta raza. En la sexta raza, la fisonomía externa del semblante del hombre mostrará su bondad interior, el estado interior de su alma. El hombre tendrá entonces una fisonomía bastante diferente; por la forma externa uno reconocerá cuán bueno, cuán noble es, uno verá por su semblante qué cualidades se encuentran dentro de su alma. La fisonomía recibirá cada vez más la impronta de la nobleza y la bondad contenidas en el alma, hasta que al final de la condición de la Tierra la naturaleza corporal del hombre estará totalmente impregnada de espíritu y se destacará totalmente aliviada de aquellos que han permanecido apegados a la materialidad y que llevarán la imagen del mal en sus semblantes. Esto es lo que vendrá. Se llama la “última crisis” y debe describirse como “espiritualización” o, como se le llama popularmente, “la resurrección de la carne”. Uno debe entender estas cosas solo en el verdadero sentido dado por el ocultismo, entonces no podrá ser atacado.  Los círculos ilustrados no podrán en ningún caso comprender que la materia algún día podría llegar a ser muy diferente de lo material. Lo que podría llamarse en el mejor sentido de la palabra “locura de la materialidad” nunca será capaz de imaginar que la materia podrá algún día ser espiritualizada, es decir, que algún día surgirá algo que uno llama espiritualización, la Resurrección del Cuerpo, de la carne.

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Pero así son las cosas, y este es el curso de la evolución terrenal, y así surge el significado de la evolución terrenal y el lugar de Cristo dentro de esa evolución. Si fuéramos simplemente a mirar todo lo que hemos estado considerando hoy, entonces deberíamos tener una imagen peculiar de la evolución de nuestra Tierra. Tal imagen mostrará que se sostuvo el equilibrio entre los Espíritus de la Forma y los Espíritus que se convirtieron en los Espíritus de la Rotación del Tiempo, los actuales Espíritus de Luz. Por el hecho de que el Cristo desde el momento del Misterio del Gólgota, guía la evolución terrenal, los mantiene en la posición de equilibrio y cuyo resultado será un ascenso continuo. Pero el asunto nuevamente no es tan simple. Sabemos que hay seres espirituales se han quedado atrás: espíritus que no alcanzaron la plena madurez del desarrollo de la sabiduría y que, por lo tanto, no tenían interés en renunciar a su autoridad por la transmisión del amor. Estos espíritus querían trabajar dejando que la sabiduría continuara fluyendo. Lo hicieron y, por lo tanto, su trabajo en la Tierra no ha sido del todo infructuoso. Han llevado a los hombres a la liberación. Si el Principio de Cristo ha traído el amor, también lo han hecho estos Espíritus, a quienes llamamos Espíritus Luciféricos, trajeron a los hombres la libertad, la libertad de la personalidad. Incluso el quedarse atrás de ciertos Espíritus tiene su lado bueno, y todo, ya sea por adelantarse o por permanecer atrás, es de naturaleza divina. Así que había Espíritus de la Rotación del Tiempo que guiaban las encarnaciones progresivas, aquello que pasa como individualidad a través de todas las diferentes encarnaciones; y había Espíritus de Amor bajo la guía del Principio de Cristo que preparaban así a esta individualidad para que la personalidad pudiera acercarse poco a poco a un Reino de Amor. Si caracterizáramos el gran ideal que se cierne ante nosotros como un Reino de Amor, podemos hacerlo de la siguiente manera.

Hoy, en los círculos más amplios, circula el error radical de que el bienestar de una sola personalidad es posible sin el bienestar de todos los demás en la Tierra. Aunque los hombres pueden no admitirlo directamente, en la práctica nuestra vida moderna se basa en el hecho de que el individuo vive a costa de otros y existe una creencia generalizada de que el bienestar de uno es independiente del bienestar de los demás. La evolución futura traerá la comunidad completa del espíritu, es decir, en Júpiter comenzará a prevalecer la creencia de que no habrá salud y felicidad individual sin la salud y la felicidad de todos los demás, y de hecho en igual medida. El cristianismo prepara esta concepción y está ahí para prepararla. Al principio surgió a través del amor en las comunidades que estaban ligadas por la sangre, y de esta manera se superó el puro egoísmo. La misión del cristianismo ahora es encender en el hombre el amor que ya no está ligado a la sangre, es decir, que los hombres aprendan a encontrar el amor puro, donde el bienestar de uno no pueda ser concebido sin el bienestar del otro. Cualquier otra cosa no es un verdadero cristianismo. De esta manera, podemos caracterizar la evolución del hombre a una etapa superior. Pero el avance de la evolución hacia tal etapa ocurre en ciclos, no es una continuidad. Pueden ver estos ciclos ustedes mismos a través de una simple reflexión.

Ustedes saben cómo surge en la primera época de la Era Post-Atlante, una civilización que alcanza su culminación y debe volver a declinar, cómo alcanza su punto más alto en la evasión de la materialidad, pero cómo debe retroceder porque ha buscado su cultura sobre la base del no reconocimiento de la materia. Entonces ven cómo entra un nuevo ciclo con la antigua civilización persa, cómo conquista la Tierra a través del reconocimiento de la materia, en todo caso como un poder luchando contra el hombre, y que el hombre somete a través de su trabajo; nuevamente, esta cultura alcanza su culminación y se hunde en la decadencia. Pero una nueva civilización asciende, la egipcio-caldeo-asirio-babilónico, que ya no solo reconoce la materia, sino que la penetra con inteligencia humana, donde se investigan las órbitas de las estrellas, donde se edifican edificios de acuerdo con la sabiduría de las estrellas, de acuerdo con las leyes de la geometría. La materia ya no es un poder opuesto, sino que se refunde y se transforma, espiritualizándose. Y después de que la cultura egipcia-caldea-asiria-babilónica entra en decadencia, vamos más allá de la cultura greco-latina, donde en el arte griego el hombre ha transformado la materia de tal manera que ha formado su propia imagen en ella. Nunca antes había sido el caso, como en la escultura griega, la arquitectura griega y el drama, el ser humano imprimió su propia imagen en la materia. Y con la civilización romana vemos que se agrega la idea legal de la personalidad. Es solo una erudición bastante pervertida el decir que el concepto legal ya había existido antes; un hombre racional puede verlo a simple vista. El Libro de La Ley de Hammurabi es completamente diferente de lo que se creó en Roma como jurisprudencia. Esta es un producto romano genuino, porque la jurisprudencia surgió donde la personalidad creó también su imagen en la ley; en la ley, el hombre se coloca completamente en su propia personalidad. Uno debe estudiar y comparar el testamento de la Ley Romana con lo que se encuentra en el Libro de La Ley de Hammurabi, donde la personalidad del hombre tiene definitivamente su lugar en una teocracia. El “ciudadano romano” fue un nuevo elemento en el ciclo evolutivo de la humanidad. Y habrá un nuevo ciclo cuando los hombres hayan captado por completo lo que se presenta hoy como Teosofía. Vemos cómo cada ciclo en la civilización alcanza su máximo y vuelve a declinar y cómo cada nuevo ciclo tiene la tarea de llevar a la civilización más allá.

La firme posición de equilibrio le da al hombre la certeza de que puede ser redimido de la Tierra, en el esfuerzo por elevarse y luchar por la libertad real, que los Espíritus Luciféricos han impreso en la Humanidad. Así, el Principio de Cristo y los Espíritus Luciféricos trabajan juntos en la evolución del mundo y determinan las condiciones de la civilización. No tiene importancia que en los primeros siglos cristianos el principio luciférico fuera excluido y los hombres fueran referidos solo al Principio de Cristo. La humanidad seguramente conseguirá su logro de la libertad mediante la devoción completa al Principio de Cristo; porque el Principio de Cristo es tan omnipresente que solo puede captarlo el que busca abarcarlo en el nivel de la sabiduría más elevada. Echemos una mirada a los tiempos precristianos. Encontramos que las religiones existen allí como preparación para el cristianismo. Vemos religiones, es cierto, entre los hindúes y los persas, pero religiones adecuadas para las personas particulares del lugar donde han nacido. Son religiones nacionales, tribales, raciales, que aparecen con la coloración de la que han surgido, limitadas interiormente, porque de alguna manera todavía proceden de las almas grupales y están ligadas a ellas. Con la religión cristiana, entró un elemento en la evolución de la humanidad, que es el verdadero elemento de la evolución de la Tierra. Desde el principio, el cristianismo rompió todos los principios de las religiones anteriores. Se opuso abruptamente a la frase “el Padre Abraham y Yo somos uno”. Se opuso en primer lugar a la idea de que uno puede sentirse una unidad con algo que es solo un grupo humano. Por otro lado, el alma que mora en cada personalidad debe ser capaz de sentirse una con el eterno Fundamento del Mundo a quien llamamos el “Padre” y quien habita en cada alma, y esto se expresa en la oración: ” el Padre y Yo somos uno”. Y en contraste con el Antiguo Testamento que comienza con las palabras: “En el principio era la Luz”, el cristianismo establece las palabras del Nuevo Testamento: “En el principio primordial era la Palabra”. Con esto se dio uno de los mayores avances en la evolución a la Humanidad. Porque al referirse a la luz que surgió, uno habla, en la medida en que uno puede hablar de luz, de algo externamente visible. Los registros antiguos contienen un Génesis que establece lo físico como una manifestación de la luz. La “Palabra”, sin embargo, es lo que surge de la naturaleza interna del ser, y antes de que apareciera alguna manifestación de luz existía en el hombre “lo que era, lo que es y lo que está por venir”, es decir, el ser más íntimo del hombre. En el Principio Primordial no era la Luz, sino la Palabra. El Evangelio de San Juan no es un documento que pueda colocarse junto a los demás; expande a los otros de lo temporal a lo eterno.

Así que el cristianismo se encuentra allí, no como una religión que podría ser una religión nacional, sino, si se entiende correctamente, como una religión de la Humanidad. En eso el cristiano se siente uno con el “Padre” y el alma se confronta al alma, sin importar a qué pueblo o nación pertenece. Todas las divisiones deben desaparecer bajo las influencias del cristianismo, y la condición de Júpiter debe prepararse bajo la influencia de este principio.  El cristianismo, por lo tanto, ha comenzado como una religión, porque la humanidad se fundó en la religión. Sin embargo, la religión debe ser reemplazada por la sabiduría, por el conocimiento.

En la medida en que la religión descansa sobre la fe y no se inflama con el fuego del conocimiento pleno, es algo que debe ser reemplazado en el curso del progreso de la humanidad. Y mientras que anteriormente el hombre tenía que creer antes de poder llegar al conocimiento, en el futuro el pleno conocimiento brillará con luz y el hombre lo sabrá y desde allí ascenderá al reconocimiento de los mundos espirituales más elevados. Desde la religión, la humanidad evoluciona hacia la sabiduría, resplandeciente por el amor. Primero la sabiduría, luego el amor, después la sabiduría resplandeciendo a través del amor.

Ahora podemos preguntar: si la religión se fusiona con el conocimiento, si el hombre ya no recibe la religión según la forma antigua, es decir, si de acuerdo con su fe, se dirige a la sabiduría que guía la evolución ¿entonces el cristianismo tampoco existirá?. No habrá religión fundada en la mera fe. El cristianismo permanecerá; en sus orígenes era religión ¡pero el cristianismo es más grande que toda religión!. Esa es la sabiduría rosacruz. El principio religioso del cristianismo, tal como se originó, es más abarcador que el principio religioso de cualquier otra religión. Pero el cristianismo es aún más grande que el principio religioso en sí mismo. Cuando las capas exteriores de la fe caigan, brotarán en forma de sabiduría. Pueden despojarse por completo las envolturas de la fe y convertirse en sabiduría religiosa y la ciencia espiritual ayudará a preparar a los hombres para esto. Los hombres podrán vivir sin las antiguas formas de religión y fe, pero no podrán vivir sin el cristianismo, porque el cristianismo es más grande que toda religión. El cristianismo existe con el propósito de romper todas las formas de religión, y lo que llena a los hombres como cristianismo todavía existirá cuando las almas humanas hayan crecido más allá de toda mera vida religiosa.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Enero de 2018.

GA102c5. La influencia de los Seres Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 16 de marzo de 1908

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En la conferencia anterior hablamos en líneas generales del desarrollo del ser humano en relación con la evolución del cosmos. Podemos observar estas cuestiones desde variados puntos de vista. Cuando dirigimos nuestra mirada espiritual hacia el pasado primigenio, se nos presenta una multiplicidad no menos rica en acontecimientos, y no debemos pensar que cuando caracterizamos las fases de evolución con algunos conceptos e ideas ya está todo sabido o completo. Es necesario caracterizar estos tiempos pasados así como nuestro presente desde los más variados aspectos. Poco a poco se nos irá haciendo cada vez más claro, pero no debemos dejarnos engañar por lo que aparece aquí y allá como contradicciones.

Tales contradicciones aparentes surgen del hecho de que incluso a la visión espiritual una materia puede ser vista desde aspectos muy variados. Uno puede caminar alrededor de un árbol, por ejemplo, y hacer una foto desde muchos lados. Cada imagen es verdadera y puede haber un centenar de ellas. Esto es sólo una comparación, pero en cierto sentido, es perfectamente adecuada para las épocas de la evolución terrestre que deben ser consideradas también desde muchos aspectos diferentes. Hoy vamos a considerar la evolución de la Tierra  en relación con la evolución de la humanidad desde un punto de vista diferente, y prestaremos especial atención al ser humano en sí mismo. Vamos a describir los procesos que se presentan en lo que llamamos los Anales Akáshicos, cuando dirigimos la visión espiritual al pasado.

A menudo he relatado que la Tierra  antes de convertirse en “Tierra ” pasó por una serie de encarnaciones. Primero fue el período de Antiguo Saturno, el período de Antiguo Sol, el período de la Antigua Luna, y nuestro período de la Tierra .

En una breve mirada a la época del antiguo Saturno debemos tener en cuenta que de los elementos y las condiciones físicas que nos encontramos hoy en la Tierra, en nuestra tierra  sólida, el líquido, el aire, el fuego o calor, sólo el fuego estuvo presente en el antiguo Saturno. Tendremos la verdadera imagen de la primera encarnación de la Tierra  si atendemos a lo siguiente: Saturno no tenía gas,  ni agua, ni los componentes terrenales. Si pudieran visitar el antiguo Saturno, como hombres de hoy a ese momento, a medida que se acercaran no encontrarían nada más que una esfera que consistía únicamente en calor, habrían entrado en una especie de horno. Sentirían que entraban en una región de diferentes grados de calor. Así, el Antiguo Saturno consistía exclusivamente de fuego o calor.

En el Antiguo Sol, la segunda incorporación de la Tierra , el calor había llegado a una densificación tal que se puede hablar de un estado gaseoso o aireado.

La condición de la Antigua Luna mostró una fase acuosa de las sustancias del período anterior, y ya he comentado cómo la sustancia del Antiguo Sol se separo de la Antigua Luna produciéndose una poderosa densificación en todos los seres Lunares.

Es importante ser claramente conscientes de que en cada etapa posterior se recapitula de cierta manera la evolución anterior. Por eso, cuando miramos hacia atrás en la evolución de nuestra propia Tierra, tenemos al principio una recapitulación del Antiguo Saturno, una especie de repetición. Después se recapitula la etapa del Antiguo Sol, a continuación, una repetición de la fase Lunar, y sólo entonces comienza realmente la encarnación actual de nuestra evolución de la Tierra. A medida que nuestra Tierra  salió de la Pralaya, de la condición crepuscular en la que entro después de su existencia como Antigua Luna,  emergió de nuevo como una esfera de calor. Ya he descrito cómo se fueron desprendiendo los otros planetas. Primero vamos a aferrarnos al hecho de que la Tierra  era simplemente una bola ígnea, que solo contenía el calor como sustancia. Dentro de esta bola de calor o fuego el ser humano existía potencialmente. El primer rudimento del hombre estuvo presente en Saturno, por lo que ahora en la recapitulación de la condición de Saturno en la Tierra, solo el hombre estaba presente. No había ningún otro reino. El hombre es el primogénito de la condición de la Tierra. Al principio de nuestra evolución terrestre no había reino vegetal, ni reino animal, ningún reino mineral. Nuestra Tierra  en el comienzo de su evolución estaba de hecho compuesta sólo de cuerpos calóricos humanos.

¿Cuál es entonces la diferencia entre la antigua condición de Saturno y su recapitulación en la Tierra?. Hay una diferencia considerable, ya que los cuerpos humanos que emergieron, como las plantas que se desarrollan a partir de semillas, habían pasado por las tres primeras etapas de su evolución. Su formación fue esencialmente más diversa, más compleja, pues todas las fuerzas que se encontraban trabajando en Saturno estuvieron presentes en primer lugar en esta condición de la Tierra. Pero dentro de ella también estaban las condiciones del Antiguo Sol y la Antigua Luna ya que se agregaron al principio evolutivo de la Tierra  formando un solo cuerpo una vez más; las fuerzas de Saturno, el Sol y la Luna trabajaron juntas en esta primera fase de la Tierra. Y así esta primera humanidad en el comienzo de la evolución de la Tierra era mucho más compleja que el ser humano del Antiguo Saturno. En el Antiguo Saturno, todo estaba indiferenciado —todo lo que entonces era el hombre de Saturno. Ahora bien, en la recién surgida Tierra, Saturno, el Sol y la Luna trabajaron juntos. El hombre se presentó en sus primeros rudimentos, a pesar de que estos rudimentos eran muy complejos.

Cuando la Tierra  emergió de la oscuridad del espacio cósmico, era un espacio rebosante de calor interno, y dentro de él vivían las primeras formas de la humanidad como seres de calidez. Cuando, con la visión clarividente se mira hacia atrás a lo que realmente existía del hombre en ese momento se encuentran esos rudimentos humanos originales, como si la esfera tuviese muchas clases de corrientes de calidez. Estas corrientes van hacia la superficie de la recién surgida Tierra , se hunden en la superficie, y forman allí masas más calientes que los alrededores. El ser humano se distingue del medio ambiente, simplemente por el hecho de que uno sentía que ciertos espacios eran más cálidos. Puede aclararse este punto si observamos cuales fueron los primeros rudimentos de los órganos humanos.

Piensen en un niño recién nacido que todavía tiene una parte muy delicada en la cabeza, la fontanela. Imaginen que por este lugar abierto entra una corriente de calor. Piensen en esta corriente de calor, no densificada que fluye hacia la sangre  en corrientes que bajan y forman un centro en el propio corazón  y sigue su curso en las arterias, no a las arterias de la sangre, sino a la fuerza de las arterias. Ahí tenemos los primeros rudimentos del hombre-calórico. Más tarde, en el progreso de la evolución, el corazón humano con sus vasos sanguíneos surgió de este hombre de calor rudimentario. La circulación de la sangre ha surgido de él, y el órgano que existió durante mucho tiempo en la evolución del hombre y que más tarde desapareció fue un brillante órgano de calor, aunque en sus primeros rudimentos.  Mucho más tarde en la evolución terrenal el ser humano todavía tenía ese órgano. La fontanela que existe en la cabeza del bebé es una especie de órgano calórico que proyectaba el hombre cuando aún era incapaz de ver su entorno. Cuando todavía estaba en un elemento acuoso y no podía percibir a nuestra manera actual, cuando aún nadaba en el agua, sabía las condiciones de temperatura, ya que podía trasladarse a lugares en una determinada dirección o no. Usaba este órgano-linterna con el que se podía desplazar. Fue en la tercera época, la época de Lemuria que el hombre poseía este órgano. Ya les conté que la leyenda de los Cíclopes —el ser humano con un solo ojo— viene de esta etapa. No era un ojo real, lo describen como un ojo, lo que no es correcto. Era una especie de órgano de calor que indicaba las direcciones que podrían adoptarse. Así que deberíamos tener algo así como un órgano en forma de copa que se extiende hacia abajo a los primeros rudimentos del corazón, y rodeado por algo así como brazos prensiles, mientras que arriba uno tendría una especie de órgano sanguíneo. Esta era la apariencia del órgano en los primeros períodos.

Ahora, en el curso de la evolución de la Tierra , entró algo muy importante. La materia, la sustancia, se diferencio. La materia homogénea de calor se diferencio de tal manera que de la materia surgió el aire, mientras que una parte de la materia cálida anterior permanecía.  Y aquí deben tener en cuenta una ley: deben ser muy claros al respecto si desean considerar estos comienzos humanos en el curso de la evolución: dondequiera que la materia cálida se densifica en aire, entonces, al mismo tiempo, surge la luz.  La materia de calor todavía está oscura, no impregnada de luz. Pero cuando una parte del calor en una esfera cósmica se condensa en gas o aire, una parte de esta materia puede dejar que la luz le atraviese. Y así fue.

Ahora tenemos la Tierra  en la segunda etapa de su evolución. (Todos los demás aspectos van en paralelo con ella). Una Tierra que consiste en parte, de calor, parte de aire y brillante por dentro. Y todo lo que ocurre fuera se expresa asimismo en el desarrollo del hombre. Lo que antes era simplemente una rudimentaria calidez de órganos empezó realmente a brillar. El ser humano era como una especie de linterna. Uno no necesita encontrar esta maravillosa particularidad, ya que no es nada extraordinario. Hace algunos siglos se habrían quedado sorprendidos al oír hablar de seres luminosos, pero no hay motivo de asombro en la actualidad. La ciencia natural sabe que en las profundidades del océano, donde es imposible que pueda penetrar un rayo de luz, hay seres que brillan, derramando su propia luz. Y así, en ese momento el ser humano comenzó a irradiar luz.

Ahora se produjo en esta formación humana algo extremadamente peculiar, se añadieron los rudimentos para hacer uso del aire circundante. Esto se desarrolló paulatinamente y se formo el comienzo del proceso respiratorio. Vemos, pues, añadido al proceso de calor anterior una especie de proceso de respiración. Es importante tener claro que con el depósito de aire en la Tierra  apareció el proceso respiratorio, y que este hecho fue la adición de aire en la materia calórica, impregnando el calor con pequeñas burbujas de aire. Esto, está conectado con otra cosa, el efecto de la luz está ahí también y se manifiesta en los inicios del sistema nervioso. No es de hecho un sistema nervioso físico, son más unas líneas de fuerza que se desarrollan con la densificación. Debemos pensarlo como finas corrientes de aire,  como líneas de fuerza. Así pues, tenemos ahora un ser humano que en toda la finura rudimentaria es todavía un ser etéreo de calor y aire, en el que se muestran los primeros signos de un sistema nervioso. Esa fue la etapa de nuestra evolución terrestre, cuando el Sol se encontraba todavía en la Tierra. Imagínense cómo apareció este cuerpo cósmico en el espacio universal.

Si alguien mirara este cuerpo cósmico desde el exterior vería que todos los seres que acabamos de describir como seres humanos irradiaban una luz individual, y esta luz se convirtió en una esfera de luz que brillaba en el universo. Si se pudiera examinar la condición de Saturno se encontrarían que se puede abordar sin verlo, sólo lo podrían percibir a través del calor. Pero ahora que tiene incorporado el Antiguo Sol, desde el calor interior envía su luz al espacio.

Ahora poco a poco llegó el momento que ya he descrito como la salida del Sol. Todos los seres superiores que estaban conectados con el Sol y que dieron a los seres humanos la capacidad de la que acabamos de hablar, se separaron, junto con las sustancias más finas. El Sol salió. Y ya no brillaba, la luz salió de la Tierra.

Así que tenemos un cuerpo cósmico, que consiste en la Tierra y la Luna, la Luna en ese momento estaba presente todavía en la Tierra. Y se produjo algo muy notable. Puesto que todas las fuerzas más sutiles habían salido con el Sol,  dio como resultado una muy rápida —relativamente rápida— densificación. Las corrientes anteriores se fueron densificando. Y a medida que las sustancias más finas fueron desapareciendo, vemos cómo se condensa el estado gaseoso del agua. El cuerpo entero se organizó en forma no sólo de fuego y aire, sino también de agua. La fuerza lumínica había salido con el Sol y se hizo de nuevo la oscuridad en la Tierra, los seres habían mantenido en ellos mismos sólo una parte de la fuerza lumínica. Esta fue una etapa interesante de la evolución de la humanidad. Ya he demostrado que la luz sentó las bases del sistema nervioso. El sistema nervioso es una creación de la luz. El origen del sistema nervioso se debe a la transmisión de la luz. Ahora la luz, el Sol, salió al espacio cósmico y la sustancia se densifico muy rápidamente. Todavía no era la misma sustancia nerviosa actual, pero era más densa que antes, ya no era solo una sustancia etérea. Y lo importante era esto: que antes brillaba hacia fuera y ahora se volvió luminosa hacia el interior. Eso significa que en el hombre primitivo el sistema nervioso tenía el poder de crear luz interior, imágenes, visiones y surgió la conciencia clarividente.

Así, el Sol salió de la Tierra, dejó la Tierra  sin luz, pero los seres crearon la luz interior. Anteriormente habían reflejado la luz que brillaba hacia ellos, y ahora habían perdido el poder de brillar. La Tierra  ya no era Sol, pero su conciencia interior estaba iluminada como hoy en el sueño se ilumina la conciencia en el mundo de los sueños. Esta brillante conciencia interior, sin embargo, era en ese momento infinitamente más significativa, más viva. Y ahora llegamos de nuevo a un asunto importante.

Así como había surgido la luz cuando el calor se densifico en aire, ahora también con la densificación del aire hacia el agua apareció una contraparte. Así como el aire está relacionado con la luz, el agua está relacionada con el sonido y el tono. El sonido puede, por supuesto, pasar a través del aire, hacer que el aire vibre y de esa forma se vuelve audible. En la Tierra, sin embargo, surgió el sonido —el sonido como tal— junto a la formación del agua. Y exactamente como la acción de la luz fluía a través del aire, así ahora la totalidad del agua en la que el aire se había condensado vibraba con las corrientes del tono. La Tierra consistía entonces en calor, aire y agua. Las partes de la Tierra que se habían vuelto fluidas estaban particularmente impregnadas por la armonía de las esferas, por tonos que fluían a la Tierra desde el Universo con toda la armonía posible.

El resultado de esta acción de sonido en el elemento agua fue muy, muy importante. Deben imaginar que en este agua original, en este agua fluida terrenal, estaban contenidas todas las sustancias que existen hoy por separado como metales, minerales, etc. Es extremadamente interesante mirar atrás con visión espiritual a este tiempo antiguo y ver cómo se formaron las figuras más variadas. El tono creaba formas en el agua. Fue un período bastante sorprendente de la evolución de nuestra Tierra.

Algo sucedió entonces en la escala más grandiosa, similar a lo que sucede cuando se esparce arena fina sobre una placa de metal y se acaricia la placa con un arco de violín. Se forman las figuras del sonido de Chladni y ustedes saben por supuesto qué figuras y formaciones regulares aparecen. Así, la música que fluye desde el espacio cósmico da lugar a la mayoría de las formas y figuras múltiples, y las sustancias que están disueltas en el agua, que son ellas mismas acuosas, escuchan la música cósmica y se acomodan en conformidad con ella. La formación más importante de la danza de las sustancias ante la música cósmica es la albúmina, el protoplasma, la base de todo crecimiento vivo. Los materialistas pueden pensar lo que quieran de la construcción mecánica de la albúmina a partir del oxígeno, el nitrógeno, el carbono, etc. el protoplasma original estaba formado de sustancia cósmica que se había formado a partir de las armonías de la música cósmica.

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Y así las sustancias de la vida se organizaron de acuerdo con el mundo de la música. La sustancia albuminosa, ahora rodeada del protoplasma, entró en las estructuras finas, que todo lo penetran. El agua, con la albúmina coagulada de acuerdo con el tono cósmico, siguió su curso a lo largo de las líneas que he descrito como líneas de calor y poco a poco pasó a la formación de la sangre. El agua congelada se estableció como albúmina en las líneas de los nervios. Y en primer lugar, la albúmina formo una especie de envoltura, sin gluten cartilaginoso, se podría decir, como una protección desde el exterior. Todo esto realmente tomó forma a partir de la danza de las sustancias con la armonía de las esferas.

Todo esto existió antes de que hubiera una sola célula. La célula no es el origen del organismo, sino lo que he descrito. El origen del organismo es en primer lugar el espíritu, que existe en forma de calor, a continuación se manifiesta más en las líneas de fuerza, entonces surgió de las armonías de las esferas a través de la disposición de sustancias, del depósito de sí mismo en estas líneas de fuerza, y sólo relativamente tarde, al final, surgió la formación de la célula. La célula como la última excreción, tuvo que nacer de una criatura viviente. Los organismos nunca se han formado a partir de las células, sino que la célula se formó de la vida. La anatomía es siempre una consecuencia de la combinación.

Tenemos todo esto al principio de la condición de la Tierra  cuando todavía contenía a la Luna después de la salida del Sol. Pero mientras la Luna se mantuvo en la Tierra  hubo un aumento del endurecimiento de la formación albuminosa, y hubiera resultado el estado que he descrito como momificación si los seres y las sustancias más groseras no hubieran salido de la Tierra. La última parte desarrollada de la criatura humana en ese momento eran los nervios dirigidos a los órganos de los sentidos. Sin embargo, los órganos de los sentidos no se habían abierto todavía. Se habían formado desde dentro hacia afuera, pero aún no estaban activos. Y ahora la Luna salió, junto con las sustancias más pesadas. Como consecuencia el ser humano pudo pasar gradualmente a una condición superior. Sus sentidos se abrieron, los dos cuerpos celestes estaban ahora fuera y podían mantener un equilibrio mutuo. Sus sentidos se abrieron, los dos cuerpos celestiales estaban ahora afuera y podían mantener un equilibrio mutuo.  Mientras estuvieron unidos con la Tierra edificaron al hombre y ahora trabajaron desde fuera; abrieron sus sentidos y lo hicieron ver y oír, tal como se nos aparece hoy. La salida de la Luna ocurrió prácticamente en la mitad de la antigua época de Lemuria. Tenemos, pues, un ser humano que aún no había abierto sus órganos de los sentidos, pero que tenía un poderoso don de clarividencia. Ya he descrito cómo él podría llenar su conciencia con los colores más variados y los fenómenos de calor desde el interior, todos los cuales tenían verdadero valor e importancia, sin embargo, aun no podía percibir los objetos en el espacio. Eso sólo fue posible después de la salida de la Luna de la Tierra.

Si consideran este breve bosquejo que os he dado de la antigua evolución de la Tierra verán que el hombre actual en realidad tomó su punto de partida, como ser terrenal desde el exterior hacia el corazón. El corazón no era, por supuesto, un órgano como el actual, que se desarrolló mucho más tarde, pero los rudimentos del corazón proceden del elemento calor. Luego se añadió el sistema respiratorio nacido del aire, y el sistema nervioso nacido de la luz. Luego vino el material protoplásmico en el que se insertaron los órganos y se formó el conjunto de la materia viva, congelando los fluidos a través de los tonos de las sustancias cósmicas. En el período final, cuando la sustancia lunar todavía estaba presente en la Tierra, se produjo la densificación de la condición de solidez de la Tierra. En realidad, fue poco antes de la salida de la Luna cuando emergió lo que hoy llamamos el reino mineral, es decir, el elemento solido del líquido elemento. La albúmina es de hecho un estado intermedio entre lo sólido y lo fluido. Sin embargo, la Tierra  sólida en realidad surgió en el último período. ¿Por qué? Surgió porque bajo la influencia de la densificación —de todo lo que estuvo involucrado en el proceso continuo de condensación— los elementos se habían vuelto más y más materiales. Piensen por un momento en el inicio la evolución de la Tierra. ¿Qué importancia tiene el calor que hace allí? Dio a la naturaleza corporal lo que ahora late en su sangre. No hay que pensar que cuando hablamos de la condición de primer calor de la Tierra, estamos hablando de una calidez que surge cuando se enciende un fósforo. Eso es un mineral del fuego y del calor mineral. Estamos hablando del fuego y el calor que late en la sangre, ahí vive el calor. De hecho, no sólo existe el calor mineral que surge en el espacio exterior, que no es muy diferente al calor vivo que tenemos en nosotros mismos. Eso estuvo presente en el comienzo de la Tierra  y de él se formaron los primeros rudimentos del hombre. Pero incluso este calor viviente se desvaneció gradualmente con la densificación continua. Esto estaba relacionado con el proceso de densificación que se produjo cuando el Sol salió y la Luna se unió con la Tierra. La calidez de los minerales apareció por primera vez como un proceso de combustión.

Aquí llegamos a algo importante que os pido tengáis en cuenta. Es cierto que al principio se puede hablar de una condición de fuego, de calor, pero no podemos hablar realmente de una combustión. Eso no sería correcto. Debemos hablar sólo de lo que sentimos latiendo en nuestra propia sangre. El calor que proviene de un motor de combustión externa mineral apareció sólo cuando el Sol había salido y la Tierra  estaba unida con la Luna.

Y a través del proceso de combustión, que antes no existía en absoluto, se separó una sustancia en la masa de la Tierra, que se describe en el ocultismo como “ceniza.” Cuando se quema algo se da lugar a la ceniza. La ceniza se incrustó en la estructura de la Tierra cuando la Tierra  y la Luna estaban unidas. La evolución ahora había llegado tan lejos que a través de la presión del tono cósmico las sustancias se pusieron danzar, insertándose las masas de protoplasma. Había seres donde las finas sustancias protoplásmicas se habían organizado anteriormente a lo largo de las líneas de fuerza, este protoplasma es similar en la formación externa a la actual formación de la albúmina. Había también unas sustancias más densas que actuaron como una protección, que rodeaba a los seres como una especie de funda gelatinosa.

¿Que faltaba en estos seres? La sustancia ósea Si se me permite expresarme popularmente, todo era aún una masa pegajosa y la naturaleza mineral estaba totalmente ausente hasta el momento ya descrito. Ahora hay que pensar en lo diferentes que eran estos seres. Ustedes no tienen nada en su actual cuerpo físico que no esté impregnado de sustancia mineral. El cuerpo humano tal como se nos presenta hoy ha surgido sólo relativamente tarde. Se trata no sólo de los huesos, músculos y sangre, la sustancia mineral se ha incrustado en todas las cosas. Piensen en la sustancia mineral, piensen en toda la Tierra  y sus seres aún sin sustancia mineral y luego por un proceso de combustión del depósito de ceniza, la ceniza de las sustancias minerales más variadas. Por lo tanto, en los seres humanos, que hasta entonces de hecho, sólo llegaban a una densidad gelatinosa, los componentes de la ceniza se insertaron en todas las direcciones. Y los seres absorbieron la ceniza como antes habían absorbido la albúmina organizándose a su manera —tomando el elemento mineral de los densos huesos a la sangre fluida.

Pueden formarse una idea de lo que se estaba incrustando —todo lo que queda atrás como ceniza cuando el cuerpo se quema o se descompone. Lo que en realidad queda como ceniza es lo último que se originó. Todo lo que no se quedo atrás como ceniza estaba allí con anterioridad, pero almacenaban la ceniza en sí mismos. Alguien que observa las cenizas derivadas de un cadáver en estado de descomposición debe decirse a sí mismo: esta es la sustancia mineral en mí, que finalmente ha sido absorbida por lo que existía previamente. Así, surgió el último mineral en el curso del desarrollo de la Tierra y los otros reinos lo almacenaron en sí mismos, habiendo consistido previamente en otras sustancias.

Podemos preguntar cuál fue el motivo de esta incorporación de la ceniza. Llevamos cenizas dentro de nosotros todo el tiempo, solo que se distribuye y se queda atrás cuando nuestro cadáver se quema o se descompone. ¿Cómo presionó la ceniza en las líneas que se llenaron con sustancia albuminosa?

Hemos visto que en un principio hubo calor y los rudimentos del corazón se formaron a partir de él. A continuación fue produjo por el aire, el estado rudimentario de la respiración, entró la luz y formó los rudimentos de los nervios. Luego vino el sonido y produjo la sustancia viva haciendo que los materiales danzaran. Pero, ¿qué causó que el elemento ceniza, el mineral, fluyera hacia esta sustancia?

Lo que presionó la ceniza en los cuerpos humanos fue de ahora en adelante el pensamiento, que hizo del sonido, del tono, la palabra. Incluso en los tiempos de la Atlántida, cuando todo estaba inmerso en la niebla, lo que el ser humano hablaba no era solo un lenguaje único articulado, pues el hombre entendía el hablar susurrante de los árboles, el ondular de los manantiales y las fuentes. Todo lo que hoy es lenguaje articulado y todo lo que se expresa en él, formaron una danza; el tono, el elemento musical en él, formó los materiales en la sustancia viva. El sentido, el significado de la palabra presionó en esta sustancia viva formándose la ceniza en ese proceso de combustión.

Y en la medida en que el sistema óseo del hombre fue condensándose gradualmente hacia el final de la Época Atlante fue penetrado por los pensamientos, por la autoconciencia. Su intelecto amaneció y se hizo cada vez más consciente de sí mismo. Las cosas que existen en nosotros se crean desde el exterior: en primer lugar, los rudimentos que se desarrollan en el corazón humano, en segundo lugar, nuestro sistema nervioso con los rudimentos de la respiración, el tercero de los órganos glandulares, que surgen de la vida; en cuarto lugar, la estructura ósea, impregnada por la ceniza y, por último, el hombre se convierte en un ser consciente de sí mismo. Tal fue el curso de la evolución dentro de nuestra propia encarnación en la Tierra y ahora hemos llegado en nuestra descripción casi al final de la época Atlante.

Si comparan esto con nuestros estudios anteriores, verán que lo último en activarse siempre estuvo allí;  y que lo que presionó en la materia como “Palabra” estuvo en el principio de todo. Lo que le dio al hombre su yo, estaba allí desde el principio. Si tratan de entender claramente lo que se ha dicho hoy, también podrán encontrar fácilmente los hechos en los primeros párrafos del Evangelio de San Juan.  En una de nuestras próximas conferencias debemos mostrar cómo nuestros estudios que se han extendido hacia el espacio cósmico están bellamente presentados en el Evangelio de San Juan y también en los primeros versículos del Génesis. Todas estas cosas las recuperamos cuando consideramos el curso de la evolución. Una cosa, sin embargo, emergerá claramente: cuando miramos los hechos, nuestra evolución humana se ve muy diferente de lo que imagina la fantasía materialista. Los materialistas piensan que el hombre ha sido producido a partir de la materia grosera y que sus facultades espirituales se han desarrollado a partir de ahí.

Ahora ven que la misión real de la evolución terrenal, aquello en lo que se expresa el Amor en el hombre, fue colocado primero en lo que poseía como órgano de calor, que fue el primero en emerger. Antes que cualquier cosa orgánica, el Espíritu estaba allí en forma de líneas de fuerza, luego vino la incorporación de lo orgánico bajo el maravilloso concierto de la música mundial. Solo entonces se impregno todo de sustancia mineral, materia sólida, a través de la Palabra o el pensamiento. Lo más denso surgió lo último. El hombre se desarrolla a partir del Espíritu, y esto también se ve si estudiamos el curso de la evolución terrenal. El hombre tiene su origen y estado primario —como siempre ha demostrado todo estudio genuino del Universo— no en la materia, sino en el Espíritu. La materia se incrustó en el ser humano posteriormente a las fuerzas espirituales, y esto se vuelve cada vez más claro con lo que hemos estado estudiando.

Traducido por Gracia Muñoz en Enero de 2018.

 

GA102c2. La influencia de los seres espirituales en el hombre

Rudolf Steiner — Berlín 27 de enero de 1908

English version

En la conferencia de hoy vamos a hacer un recorrido de largo alcance por el espacio cósmico. Esto nos revelara, a grandes rasgos, el curso interior de la evolución del mundo, y al mismo tiempo, su íntima relación con la evolución humana en la Tierra. Todo en el universo está interconectado. Para poder ser capaces de seguir estas complicadas conexiones, naturalmente, necesitamos un largo, largo tiempo, y sólo muy poco a poco el hombre podrá encontrar su camino, por así decirlo, en el complejo funcionamiento del cosmos.

En conferencias anteriores hemos hablado de como ciertos seres que tienen su residencia en otros cuerpos cósmicos ejercen una influencia sobre nuestra propia vida, cómo se relacionan con lo que llamamos la linfa, los líquidos digestivos y también a través de nuestras percepciones sensoriales. Esto nos ha dado una imagen de cómo se proyecta el espíritu a través del espacio cósmico. hoy lo vamos a estudiar desde un aspecto diferente, recordemos, para empezar, que nuestra Tierra, como el hombre mismo, ha pasado por diferentes etapas de evolución y pasará por otras en los tiempos por venir.

Miremos hacia atrás, a las tres etapas anteriores de la Tierra: a la etapa de la Antigua Luna (no debe confundirse con la Luna actual), y luego a la del “Antiguo Sol”, y  más atrás a la de “Antiguo Saturno”. Y mirando al porvenir vemos proféticamente que la Tierra se transformará en “Nuevo Júpiter”, una “Nueva Venus” y “Vulcano”.

Estas son las encarnaciones sucesivas de nuestro planeta Tierra. Si  meditamos en estas etapas de la evolución de nuestro planeta, veremos que lo que en La Ciencia Oculta  denominamos  un “Sol” —como nuestro Sol actual— es un cuerpo celeste alrededor del cual gira un número de planetas. Aparte de esto cuando, hablamos de un planeta llamado Antiguo Sol, diciendo que nuestra propia Tierra en un estado anterior de la evolución, fue “Sol”, implica en cierto sentido, que el Sol que está actualmente en el centro de nuestro sistema planetario, no siempre fue un Sol. Ha avanzado, por así decirlo, al rango y la dignidad de un Sol en el Cosmos. Se unió una vez con las sustancias y  fuerzas que forman nuestra Tierra y, a continuación, recogió, por así decirlo, lo mejor y fue capaz de alcanzar su más alto grado de desarrollo separándose de la Tierra, dejándonos con ciertas fuerzas que estaban destinadas a una evolución más lenta. El Sol se llevó consigo a algunos seres superiores y junto con estos seres superiores se estableció en el centro de nuestro sistema. Por lo tanto en las dos etapas anteriores, lo que está contenido en el Sol de hoy tuvo una existencia planetaria y posteriormente ha pasado por tal grado de evolución que su forma de existencia pertenece a las estrellas fijas. Esto nos muestra los grandes cambios en la evolución que tienen lugar en el universo. En primer lugar, el Sol no nace Sol. Una estrella fija no ha sido una estrella fija desde el principio, ha tenido que pasar a través de la escuela elemental de la existencia planetaria.

Ahora naturalmente pueden preguntarme: ¿Qué ocurre entonces cuando una estrella fija evoluciona a una etapa posterior? Tan cierto como la existencia del Sol —una existencia de estrella fija— ha surgido de una existencia planetaria, por lo que realmente su evolución procede de etapas posteriores de la vida en el cosmos. Por supuesto, comprenderemos esta evolución aún mejor si estudiamos la evolución posterior de nuestra Tierra.

Es cierto que por un determinado período de su evolución cósmica nuestra Tierra ha sido separada del Sol. El Sol y sus seres avanzaron por un camino evolutivo más rápido. Nuestra Tierra y los seres que a ella pertenecen tomaron un rumbo diferente. Pero estos seres, y la Tierra como un todo, un día progresaran hasta la etapa en que sea posible de nuevo la unión con el Sol, después de una existencia separada que les ha permitido completar y perfeccionar su fase actual de desarrollo. Nuestra Tierra volverá a unirse con el Sol. Durante la etapa de la existencia de la Tierra misma, la Tierra se reunirá con el sol, así como durante la misma fase de evolución se separó del sol. Y durante la etapa de Júpiter debe haber nuevamente una separación. Los seres de la Tierra deben ser nuevamente separados del sol durante la condición de Júpiter. Nuevamente habrá una reunión, y durante la condición de Venus, nuestra tierra se unirá permanentemente con el sol, habrá sido tomado asumida permanentemente por el sol. Y durante la condición de Vulcano, nuestra Tierra se convertirá en un Sol dentro del sol y habrá contribuido en algo a la evolución solar, habrá agregado algo que, a pesar de su rango superior, aquellos seres que siempre han permanecido en el sol, nunca hubieran podido lograr por ellos mismos. La existencia de la Tierra es necesaria para que los hombres puedan evolucionar de la manera que han evolucionado, con una conciencia que alterna entre la vigilia y el sueño. Esto está relacionado con la separación del Sol. Los Seres que viven siempre en el Sol no tienen días y noches. La conciencia de los sentidos que llamamos la conciencia clara del día y que en los tiempos venideros evolucionará hacia condiciones más elevadas, lleva consigo a la evolución solar los frutos de las experiencias conectadas con las cosas del espacio físico exterior. De esta manera, los seres de la Tierra le dan algo al sol, enriquecen al sol. Y de lo que se adquiere así en la tierra, aumentado por lo que se adquiere en el sol, nace la existencia de Vulcano. Esta existencia de Vulcano es en realidad una condición más alta que la de nuestra presente existencia solar. La tierra evoluciona, el sol evoluciona, hasta que pueden unirse para constituir la existencia de Vulcano.

Pueden preguntarme: cuando un planeta ha evolucionado de esta manera a una existencia solar, ¿en qué se convierte este sol en el curso de la evolución cósmica posterior? Cuando nuestra Tierra alcance la condición de Venus, se convertirá en sol y todos los seres de Venus serán seres del Sol, en realidad en una etapa más elevada que los seres del sol presente. ¿Cuál es, entonces, la etapa posterior de tal evolución planetaria?

Lo siguiente parecerá grotesco, incluso absurdo, para aquellos cuyos conceptos están enraizados en la astronomía moderna. Sin embargo, es una verdad de evolución cósmica que cuando un planeta como nuestra Tierra se eleva a la existencia del sol, cuando gradualmente se ha logrado la unión con el sol e incluso, la existencia el sol se trasciende, como una etapa todavía más elevada de la evolución algo que en cierto sentido pueden percibir en los cielos: surge lo que hoy llamamos un “Zodiaco”: es un nivel más elevado que el de una estrella fija. Así, cuando los seres ya no están restringidos a la forma de existencia que pertenece a una estrella fija sino que han expandido su evolución tan poderosamente que se extiende más allá de las estrellas fijas y las estrellas fijas yacen como cuerpos incrustados en ella, entonces se alcanza un nivel superior, el escenario de la existencia del zodiaco. Las fuerzas que trabajan desde un zodiaco hasta un sistema planetario evolucionaron, en épocas anteriores, en un sistema planetario y han avanzado al estado de un zodiaco.

Y ahora regresen sus mentes a la evolución del Antiguo Saturno, la primera encarnación de nuestra Tierra. Este Antiguo Saturno brilló una vez, por así decirlo, en el espacio cósmico, como el primer heraldo del amanecer de nuestra existencia planetaria. Saben, también, que en este Antiguo Saturno nació el primer inicio germinal de nuestro cuerpo físico. Incluso en su mayor densidad, este Saturno no era tan denso como nuestra Tierra física. Era una condición de rarefacción extrema. Lo que hoy está presente en todos los seres en forma de calor —conocido en ocultismo como “fuego”— era la materia de Saturno. Podemos imaginarnos a nosotros mismos que en torno a este alborear de Saturno,  la primera condición de nuestro sistema planetario, estaban las constelaciones del Zodiaco, pero no como están actualmente. Las estrellas individuales que componen las constelaciones zodiacales en torno al antiguo Saturno apenas se distinguían unas de otras. Brillaban sólo muy débilmente, como rayos de luz derramándose hacia Saturno. La mejor manera de representar esto es pensar en el antiguo Saturno rodeado de haces de luz, al igual que nuestra Tierra está rodeada por el Zodiaco. Y en el curso de la evolución misma de la Tierra estas masas de luz se convirtieron en los cúmulos de estrellas actuales comprendidas en el zodiaco. Así que el Zodiaco —por usar una expresión abstracta— se ha diferenciado de aquel océano primigenio de luz. ¿Y cómo se presenta este océano de  luz?

Surgió de un sistema planetario que precedió al nuestro. El propio Saturno fue precedido por evoluciones planetarias en una época que, hablando en el sentido de la astronomía oculta, de ninguna manera puede describirse como “tiempo”, como entendemos el tiempo, ya que su carácter era bastante diferente. Pero para la mente humana de hoy el concepto es tan fabuloso que no tenemos palabras para expresarlo. Hablando en analogía, sin embargo, podemos decir que las fuerzas que precedieron a nuestro sistema planetario en un ciclo anterior de existencia planetaria salieron de las corrientes de luz, y de una pequeña porción de materia que gradualmente se unió en el centro, de esta primera condición surgió el amanecer de la Tierra; esto fue el Antiguo Saturno y las fuerzas contenidas en el zodiaco irradiaban desde el Todo cósmico.

Algo bastante notable sale a la luz cuando se compara la existencia planetaria con la existencia del zodiaco. El ocultista hace uso de dos palabras para indicar la diferencia entre ellas. Él dice: Todo lo que está contenido en el Zodiaco se encuentra bajo el signo de la “Duración”, todo lo que está comprendido dentro de la existencia planetaria está bajo el signo del que se puede obtener una idea de lo que significa si no recordáramos siquiera el concepto “Tiempo”, ni los más lejanos confines de la mente pueden concebir los cambios que han tenido lugar en el zodiaco. Cada planeta puede haber sufrido un cambio considerable a través de largos períodos y difiere mucho en la evolución, las fuerzas que trabajan en el Zodiaco siguen siendo, en términos relativos, fijas y permanentes. Estos conceptos pueden, en cualquier caso, ser solo relativos. La única diferencia en estos cambios que podemos concebir es con respecto a la velocidad. Los cambios en el Zodiaco tienen lugar lentamente; los cambios en el mundo planetario e incluso en la existencia de una estrella fija tienen lugar rápidamente —es decir en comparación con lo que sucede en el Zodiaco—. La diferencia es siempre relativa, solo relativa. En lo que respecta al pensamiento humano, podemos decir que la existencia planetaria pertenece a la esfera de lo finito, mientras que la existencia zodiacal pertenece a la esfera de la Infinitud. Esto, como ya se dijo, debe tomarse en el sentido relativo, pero por el momento es lo suficientemente preciso.

Y ahora les pido que presten especial atención a lo siguiente: ¿Qué es lo que se ha logrado en una existencia planetaria para que se haya convertido en Sol, para que ascienda a la existencia “celestial”, transformándose en un zodiaco?. Y habiendo llegado a la existencia zodiacal, ¿qué hace? ¡se ofrece en sacrificio!. Por favor, tengan en cuenta esta palabra en particular. La primera condición del amanecer de la Tierra, el antiguo Saturno, surgió de una manera misteriosa, como resultado de un sacrificio por parte del Zodiaco. Las fuerzas que provocaron que las primeras enrarecidas masas de Saturno se juntaran eran las que fluían desde el zodiaco, produciendo en Saturno el primer inicio germinal del hombre físico. Esto continuó sin cesar.

. No hay que imaginar que sucede sólo una vez. Fundamentalmente hablando, lo que está sucediendo de forma continua es que dentro de lo que llamamos un sistema planetario  las fuerzas que se desarrollaron a una etapa superior después de haber pasado a través de un sistema planetario, se sacrifican. Podemos decir, en efecto: lo que está contenido primero en un sistema planetario evoluciona a la existencia de un “Sol”, y después a la existencia del zodiaco donde alcanza  el poder de ser él mismo creador y ofrecerse en sacrificio dentro de una existencia planetaria. Las fuerzas del zodiaco “llueven” de forma continua a la existencia planetaria y continuamente suben de nuevo, porque lo que en algún momento se convirtió en zodiaco gradualmente debe ascender de nuevo. La distribución de fuerzas en nuestra existencia de la Tierra puede ser concebida de la siguiente manera: las fuerzas laterales que descienden del Zodiaco y, por otro lado, las fuerzas que ascienden al Zodiaco. Tal es la interacción misteriosa entre el zodiaco y nuestra Tierra. Fuerzas que descienden y ascienden. Esta es la misteriosa “escalera celestial” en la que las fuerzas están descendiendo y ascendiendo. Estas fuerzas se indican de varias maneras en las diferentes escrituras,  también, en el Fausto de Goethe:

“Fuerzas celestiales que suben y bajan

intercambiando los recipientes de oro”.

En lo que respecta a nuestro entendimiento humano, estas fuerzas comenzaron a descender durante la existencia de Saturno de nuestra Tierra y cuando la propia existencia de la Tierra había alcanzado su punto medio, llego el momento donde gradualmente comenzaron nuevamente a ascender.  Ahora hemos pasado más allá del punto medio de nuestra evolución, que cayó en la mitad de la época atlante; y lo que los seres humanos han vivido desde entonces es una fase de existencia más allá del punto medio. En cierto sentido, por lo tanto, podemos decir que en este momento, están ascendiendo más fuerzas al Zodiaco que las que descienden de él.

Por tanto, cuando pensamos en el zodiaco en su totalidad, debemos imaginar que algunas de sus fuerzas están descendiendo y otras están ascendiendo. Pensamos en las fuerzas que están involucradas en la línea ascendente de la evolución, de manera colectiva, como Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, ya que en realidad pertenecen a estas constelaciones. Estas siete constelaciones comprenden las fuerzas ascendentes. Las fuerzas descendentes se componen, aproximadamente hablando, a las cinco constelaciones de Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Así, de las fuerzas que llueven desde el zodiaco y ascienden de nuevo: siete constelaciones son ascendentes y cinco constelaciones descendentes. Las fuerzas ascendentes corresponden también, en el hombre, a los miembros superiores de su ser, a sus atributos más nobles. Las fuerzas que están en la fase descendente de la evolución tienen primero que pasar por el hombre y alcanzar dentro de él la fase en la que también pueden convertirse en fuerzas ascendentes.

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De esta manera nos hacemos conscientes de que hay una interacción entre todo, en el espacio cósmico todo está interconectado, interrelacionado. Pero nunca hay que olvidar que estas operaciones y actividades, están funcionando constantemente, que están siempre presentes. En un momento dado de nuestra evolución por lo tanto, se puede hablar de fuerzas que van por delante del hombre y fuerzas que están llegando, son las fuerzas que están descendiendo y las fuerzas que ascienden. Para todas y cada una de estas fuerzas llega un momento, en que pasan de la condición descendente a fuerzas que se transforman en ascendentes. Todas las fuerzas que eventualmente se convierten en fuerzas ascendentes han sido en un primer momento fuerzas descendentes. Descienden, por así decir, en la medida del hombre. En el hombre, adquieren el poder de ascender.

En el punto medio de su evolución, cuando nuestra Tierra hubo pasado por las tres etapas planetarias de Saturno, el Sol, la Luna, y alcanzado la cuarta condición planetaria, teniendo delante de ella las etapas de Júpiter, Venus y Vulcano (así la Tierra, por lo tanto, está a mitad de camino en el lapso de su existencia) —ha pasado por tres “condiciones de vida” (también llamadas “rondas”). Ha pasado por tres de estas condiciones de vida y ahora está en la cuarta; ha pasado por tres “condiciones de forma”— el arupa, el rupa y el astral, que conducen a la existencia física. Por lo tanto, con respecto a las “condiciones de forma”, nuestra Tierra se encuentra en la fase intermedia de su evolución. Como Tierra física, en la cuarta forma-condición de la cuarta condición de vida de la cuarta existencia planetaria, ha tenido tres grandes razas: la primera, la raza polar; la segunda, la raza hiperbórea; la tercera, la raza lemuriana. La raza Atlante es la cuarta. En la raza Atlante, la humanidad estaba en el medio de esas fases de evolución de las que estamos hablando. Desde mediados de la época Atlante, la humanidad ha pasado más allá de este punto medio. Y desde mediados de la época de la Atlántida, han comenzado, para los hombres en general, las condiciones en que predominan las fuerzas ascendentes. Si estuviéramos hablando de la proporción de fuerzas que descienden y ascienden al Zodíaco antes de la mitad de la época Atlante, deberíamos decir: estaban en igual proporción. Deberíamos tener que hablar de manera diferente de las condiciones imperantes entonces, enumerando como las fuerzas ascendentes: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, contando a Libra con las otras fuerzas descendentes.

Pero algo más está conectado con todo esto. Debemos entender que al hablar de estos procesos cósmicos, no estamos hablando del cuerpo físico o etéreo, sino de los seres que habitan en los diferentes cuerpos celestes. Cuando hablamos de hombre en términos de Ciencia Espiritual, decimos que el hombre completo —y solo pensamos en el hombre en este sentido— es un ser de siete envolturas, que consiste en cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral, yo, yo espiritual, espíritu de vida y hombre espíritu. Su desarrollo aún no se ha completado, pero lo será cuando su ser séptuple se haya desarrollado completamente. Pero en el gran universo cósmico, existen seres distintos del hombre, seres de una naturaleza diferente. Hay, por ejemplo, seres en el cosmos de los que no podemos decir que, como el hombre, tienen el cuerpo físico como uno de sus miembros. Hay seres de quienes debemos hablar de manera diferente. Los miembros de los que se compone el hombre se pueden enumerar de la siguiente manera:

  1. Hombre-Espíritu
  2. Espíritu de Vida
  3. Yo espiritual
  4. Ego – Yo
  5. Cuerpo Astral
  6. Cuerpo Etéreo
  7. Cuerpo Físico

 

Ahora hay seres cuyo miembro más bajo es el cuerpo etérico, y que también son siete, con un octavo miembro, por encima de hombre-espíritu. Empezamos a enumerar así: cuerpo etérico, cuerpo astral, y así sucesivamente, terminando con un miembro por encima de nuestro hombre-espíritu (Atma). Hay otros seres cuyo miembro más bajo es el cuerpo astral, por encima del espíritu del hombre que tienen un octavo y un noveno miembro todavía. Una vez más hay seres cuyo miembro más bajo es el ‘yo’, que por lo tanto no tiene un cuerpo físico, ni etérico, ni astral, en nuestro sentido, pero cuyo Yo se muestra al exterior, sin las corrientes de estas tres envolturas. Por consiguiente, son seres que envían sucesivamente su yo en todas las direcciones. Estos seres tienen un octavo, un noveno y un décimo miembro, se describe en el Apocalipsis como seres que están “llenos de ojos”. A continuación, hay seres cuyo yo espiritual (Manas) es el miembro más bajo. Todavía tienen un undécimo miembro. Y finalmente están los seres cuyo miembro más bajo es el espíritu de vida y que aún no han alcanzado un duodécimo miembro. Por lo tanto, hay que pensar en los seres que, así como el miembro más bajo del hombre es un cuerpo físico, ellos tienen el espíritu de vida (Budhi) como su miembro más bajo y por encima, un miembro más, designado por el número 12. Estos son los seres más sublimes, que trascienden con mucho todo lo que el hombre es capaz de concebir. ¿Cómo es posible formar cualquier tipo de idea de estos maravillosos y sublimes seres?.

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Cuando se trata de caracterizar el hombre, en un aspecto, es evidente que, con respecto al universo, es un ser que recibe. Las cosas y los seres del mundo están extendidas a su alrededor,  las percibe y se forma conceptos de ellas. Imagínense que el mundo que les rodea estuviese vacío, y oscuro. No podrían tener percepciones, ni habría nada de lo que se pudiera formar conceptos. Tendríamos que confiar en recibir desde el exterior el contenido del mundo interior. Es característico del hombre que él es un ser que recibe, que recibe el contenido de la vida de su alma, de su vida interior, desde fuera, las cosas deben existir en el mundo si su alma quiere tener un contenido. La naturaleza del cuerpo etérico del hombre es tal que no podría experimentar nada en sí mismo si no estuviera comprometido con todo el universo circundante por todas las experiencias, por todo lo que entra en él. Estos seres de los cuales acabo de hablar, que tienen el Espíritu de Vida como su miembro más bajo, se encuentran en una posición completamente diferente. Con respecto a su vida, estos seres no dependen de recibir nada de fuera, sino que son “donantes”, que ellos mismos son creativos.

Por lo que les he dicho a menudo, saben que el ‘yo’, el ego, trabaja en el cuerpo etérico y que ‘Budhi’ no es más que un cuerpo etérico transformado. Con respecto a la sustancia, por lo tanto, el espíritu de vida también es un cuerpo de éter El duodécimo miembro de estos seres sublimes es también un “cuerpo de éter”, pero uno que derrama vida, que trabaja en el mundo de tal manera que no recibe vida sino que la da, ofrece vida en sacrificio perpetuo.

Y ahora preguntémonos: ¿Podemos concebir un ser que de alguna manera esté conectado con nosotros y que irradie vida a nuestro universo? ¿Es posible concebir la vida que fluye perpetuamente al mundo, impregnando al mundo de vida?

Pensemos por un momento de lo que se dijo al comienzo de la conferencia, a saber, que hay fuerzas que ascienden y descienden, fuerzas que están ascendiendo en el zodiaco y las fuerzas que están descendiendo desde el Zodiaco. ¿Cómo ha llegado el hombre a una posición que hace posible que pueda transmitir algo desde dentro de él? ¿Qué ha pasado con el hombre que permite que algo pueda fluir de él? Ha llegado a esta posición porque su yo, después de una larga preparación y tiempo, se ha ido desplegando y desarrollando. Este Yo, este ego, ha estado en preparación durante largas, largas eras. Para decir la verdad, el objeto de toda la existencia en la condición de Saturno, la condición del Sol y la condición de la Luna fue el producir las envolturas en las que se iba a recibir el Yo, era preparar al Yo. En esas condiciones anteriores, otros seres crearon la morada para el Yo. Ahora, en la tierra, el lugar de la morada estaba en la etapa donde el yo podía enraizarse en el hombre y de allí en adelante comenzar a trabajar sobre las envolturas corporales externas desde adentro. El hecho de que el yo pueda trabajar desde adentro también ha producido un excedente, un excedente de fuerzas ascendentes; ya no hay un estado de paridad. Antes de que el yo fuera capaz de trabajar dentro del hombre, las fuerzas ascendentes evolucionaron gradualmente hasta que se alcanzo el punto medio, y cuando el yo realmente entró en el hombre las fuerzas ascendentes y descendentes habían llegado a una etapa en la que se encontraban en “equilibrio”. Con la entrada del yo, las fuerzas ascendentes y descendentes se encontraban en equilibrio y le corresponde al hombre llevar las escalas en la dirección correcta. Es por eso que los ocultistas han llamado a la constelación que se ha introducido en el momento en que el yo mismo comenzó a trabajar, la “Balanza” (Libra). Hasta el final de Virgo, se estuvo preparando para el obrar del yo en nuestra evolución planetaria, pero el yo no había comenzado a funcionar. Cuando se llegó a Libra, el yo comenzó a participar y este fue el momento más importante de su evolución.

Basta pensar lo que significa que el yo haya llegado a esta etapa de la evolución:

A partir de entonces fue posible para el yo participar en la elaboración de las fuerzas pertenecientes al Zodiaco, para alcanzar el zodíaco. Cuanto más se esfuerza el yo por lograr el punto más alto de su evolución, más se trabaja en el zodíaco. No hay nada que ocurra en el núcleo más interno del yo que no tenga sus consecuencias hasta el mismísimo Zodíaco. Y en la medida en que el hombre con su yo sienta las bases para su desarrollo en Atma, u hombre espíritu, desarrolla, etapa por etapa, las fuerzas que le permiten trabajar hacia arriba en la esfera de Libra, el Equilibrio, en el Zodíaco. Él alcanzará pleno poder sobre Libra en el Zodíaco cuando su yo se haya desarrollado a Atma, o espíritu-hombre. Entonces será un ser de quien algo fluye, que ha pasado de la esfera del Tiempo a la esfera de la Duración, de la Eternidad.

Tal es el camino del hombre. Pero hay otros seres cuya esfera de operación más baja es la más alta del hombre. Intentemos concebir a estos seres cuya esfera de operación más baja es la más alta del hombre (Libra en el zodíaco). Cuando relacionamos al hombre con el Zodíaco, él alcanza a Libra. El Ser cuya naturaleza más interna pertenece enteramente al Zodíaco, cuyas fuerzas pertenecen por completo al Zodíaco, que solo se manifiesta en la vida planetaria a través de su miembro más bajo, que corresponde a Libra (como el miembro más bajo del hombre corresponde a Piscis) —este es el Ser que difunde la vida a través de todo nuestro Universo:

 

 

  12º.   Aries  

 

 

Cordero Místico

  11º.   Tauro
  10º.   Géminis
   9º.   Cáncer
   8º.   Leo
7º. Hombre Espíritu  7º.   Virgo
6º. Espíritu de Vida  6º.   Libra
5º. Yo espiritual Escorpio  
4º. Yo Sagitario  
3º. Cuerpo astral Capricornio  
2º. Cuerpo etérico Acuario  
1º. Cuerpo físico Piscis  

 

Así como el hombre recibe vida en sí mismo, también lo hace este Ser que irradia vida a través de todo nuestro universo. Este es el Ser que tiene el poder de hacer el gran sacrificio y que está inscrito en el Zodíaco como el Ser que por el bien de nuestro mundo se ofrece en sacrificio. Así como el hombre se esfuerza hacia arriba en el zodíaco, también este ser nos envía su regalo de sacrificio desde Aries —que está relacionado con Él, como Libra está relacionado con el hombre. Y así como el hombre eleva su yo hacia Libra, así también este Ser irradia su propio Ser en sacrificio sobre nuestra esfera. Este Ser se llama el “Cordero Místico”, porque el Cordero y Aries son lo mismo; por lo tanto, la descripción ‘Cordero sacrificial’ o ‘Aries’ se le da a Cristo. Cristo pertenece al Cosmos como un todo. Su Yo, su Ego, alcanza a Aries y así se convierte en el “Gran Sacrificio”, está relacionado con toda la Humanidad y, en cierto sentido, los seres y fuerzas presentes en la Tierra son Sus creaciones. La configuración de las fuerzas es tal que podría convertirse en el Creador de estos seres en la constelación de Aries, o el Cordero. La designación “Cordero sacrificial” o “Cordero místico” proviene de los mismos cielos.

Este es uno de los aspectos que se nos revelan cuando, desde nuestra existencia circunscrita, miramos hacia los cielos y percibimos el interfuncionamiento de las fuerzas y los seres celestiales en el espacio cósmico. Poco a poco comenzamos a darnos cuenta de que las fuerzas que fluyen del cuerpo celestial al cuerpo celestial son similares a las fuerzas que fluyen de un alma humana a otra como el amor y el odio. Percibimos las fuerzas del alma que fluyen de estrella a estrella y aprendemos a reconocer el guión celestial que registra para nosotros lo que se produce y efectúa por esas fuerzas en el espacio cósmico.

Traducido por Gracia Muñoz en Enero de 2018.

 

GA233ac3. El secreto de la Luna. Los Misterios de Primavera y Otoño

Del ciclo: La Fiesta de Pascua en relación con los Misterios (GA233a)

Rudolf Steiner – Dornach, 21 de abril de 1924

English version

Continuando nuestro tema de las dos últimas conferencias, ahora indicaré el aspecto astronómico de la Fiesta de Pascua. Para este fin, primero será necesario tocar algunos de los hechos relacionados con el llamado secreto de la Luna.

En todas las épocas, dondequiera que haya conocimiento de la Sabiduría de los Misterios, los hombres hablaron del secreto de la Luna que estaba conectado con el ser del hombre, en la medida en que el hombre mismo, en su naturaleza plena, está conectado con todo el Cosmos, tal como él está conectado, con respecto a su cuerpo físico, con la Tierra. Ahora con la época del materialismo ha ocurrido que de estos espacios lejanos del Cosmos cuya vida espiritual se expresa en las formas de las constelaciones y en los movimientos de las estrellas errantes, nada ha permanecido en la conciencia humana excepto la apariencia externa de las estrellas, el cálculo de sus movimientos si son planetas, y así sucesivamente.

Estudiar estas cosas en el camino de la astronomía moderna es como si debiéramos considerar las medidas externas y las proporciones y condiciones de movimiento del cuerpo humano en completa inconsciencia del hecho de que un alma y un espíritu impregnan ese cuerpo físico. Es como si uno olvidara que en las proporciones y movimientos de este cuerpo, se expresan el alma y el espíritu.

Ahora en el ser humano, hacen su aparición un alma y espíritu reunidos en un yo. Pero en el organismo del universo, visto y considerado espiritualmente, no es solo un alma y un espíritu lo que se expresa, sino una multiplicidad. Es una multiplicidad inconmensurable e infinita de seres espirituales que se expresan en las formas de las constelaciones, en los movimientos de los planetas, en la luz radiante de las estrellas, y así sucesivamente.

Toda la multitud de seres espirituales que viven en las estrellas están conectados con la vida interior del ser humano, así como las sustancias del entorno de la Tierra disponibles para la nutrición humana están conectadas con el hombre físico. Y la primera y más cercana relación del hombre con el gran universo tiene que ver con lo que podemos llamar el secreto de la Luna.

Considerada externamente, la Luna aparece desde el aspecto terrenal en constante metamorfosis. En el momento presente, vemos el disco lleno de la Luna brillando intensamente. Después la veremos de manera diferente y tenemos que suponer que está parcialmente iluminada, medio iluminada, cuarto iluminada, y así sucesivamente. Además, está esa apariencia de la Luna cuando se retira por completo de nuestra visión externa, el tiempo que llamamos Luna Nueva, y finalmente tenemos el regreso a la Luna Llena.

Hoy en día todo esto se explica como si la Luna fuera un cuerpo material que se moviera fuera en el espacio cósmico, iluminada desde varias direcciones por el Sol y mostrándose así a nuestra visión en diferentes siluetas y formas. Pero esto de ninguna manera agota lo que la Luna es para la Tierra y especialmente para la humanidad en la Tierra. Para la Luna especialmente, debemos entender claramente lo siguiente. Cuando miramos algo que se nos representa tan evidentemente en superficies físicas como la Luna Llena, mostrándonos un aspecto físico, vemos algo completamente diferente en su apariencia de lo que es cuando se revela a sí misma como la Luna Nueva. La Luna Nueva, a través de todas las relaciones cósmicas en las que se encuentra, no puede revelarse directamente. Ahora sin embargo, no debemos imaginar que la influencia de la Luna está ausente cuando no se revela como un fenómeno exterior. En los momentos cuando a través de las relaciones del mundo entero tomamos conciencia de la aparición de la Luna Nueva, en estos momentos la Luna está presente de manera invisible y por esta misma razón está presente de una manera más espiritual que cuando nos aparece en la luz física como la Luna Llena. Por lo tanto, la Luna está presente, ahora en una forma completamente física y ahora de nuevo en una forma completamente espiritual. De hecho, tenemos la alternancia rítmica perpetua entre la manifestación física y la manifestación espiritual de la Luna.

Para entender realmente lo que esto significa, debemos mirar hacia atrás al evento que se describe, por ejemplo, en mi libro, La Ciencia Oculta. La Luna estuvo una vez dentro de la Tierra; pertenecía al cuerpo de la Tierra. Salió del cuerpo de la Tierra y se convirtió en un satélite como lo llamamos, o en el planeta que acompaña a la Tierra. Se separó de la Tierra y ahora circula a su alrededor.

Ahora, en el tiempo en que estaba unida a la Tierra, la luna influenciaba al ser humano desde la Tierra misma. El hombre era por supuesto un ser muy diferente cuando se posicionó y evolucionó en una Tierra que todavía contenía a la Luna dentro de su cuerpo. La Tierra quedo empobrecida de todo el contenido de la Luna cuando salió de ella; y ahora desde abajo, el hombre es moldeado y retenido por otras fuerzas, es decir, solo por las fuerzas de la Tierra, ya no por las fuerzas conjuntas de la Tierra y de la Luna. Por otro lado, lo que trabajaba en él desde la Tierra, desde dentro hacia afuera cuando la Luna todavía estaba dentro de la Tierra, ahora trabaja sobre él desde fuera hacia adentro, es decir desde la Luna hacia la Tierra.

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Por lo tanto, podemos decir: las fuerzas de la Luna una vez atravesaron al ser humano, incidiendo primero sobre sus extremidades, sobre sus pies y piernas y luego fluyendo a través de él desde abajo hacia arriba. Pero dado que la Luna ha abandonado la Tierra, las fuerzas de la Luna trabajan sobre él de forma inversa, desde la cabeza hacia abajo. Y como resultado, las fuerzas de la Luna ahora tienen una tarea para el hombre bastante diferente de la que tenía antes. ¿Cómo se manifiesta esto? Se manifiesta de la siguiente manera. Cuando el hombre desciende de lo preterrenal a esta vida terrenal, experimenta ciertas vivencias definidas. Él pasó el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento. Él ha absuelto, en lo que concierne a su alma y espíritu, todo lo que debe ser absuelto entre la muerte y un nuevo nacimiento, y ahora se prepara para descender a la Tierra para unirse con la naturaleza corporal física que le es dada por el padre la y madre. Sin embargo, antes de que pueda encontrar la posibilidad de que su yo y su cuerpo astral se unan con lo físico, primero debe vestirse con un cuerpo etérico que atrae hacia él desde el Cosmos circundante.

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Este es el proceso que ha cambiado fundamentalmente desde el momento en que la Luna salió de la Tierra. Antes de la partida de la Luna, cuando el hombre había absuelto la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento y se acercaba a la Tierra una vez más, necesitaba ciertas fuerzas para atraer e incorporar la forma de un cuerpo etérico alrededor del yo y cuerpo astral, el éter que se dispersa por todo el Universo. Estas fuerzas que recibió cuando se acercaba a esta vida terrenal, las recibía de la Luna que entonces estaba dentro de la Tierra.

Desde que la Luna dejó la Tierra, el hombre ha recibido las fuerzas que necesita para construir su cuerpo etérico fuera de la Tierra, es decir, desde la Luna, que ahora está dividida. Así, inmediatamente antes de su entrada en la vida terrenal, el hombre debe recurrir a lo que es inherente a las fuerzas de la Luna, es decir, a un principio cósmico, para construir su cuerpo etérico. Ahora bien, este cuerpo etérico debe construirse de tal manera que tenga, por así decirlo, un aspecto exterior y otro interior. Cuando el hombre forma el aspecto externo de este cuerpo etérico, necesita las fuerzas de la luz, ya que junto con otras sustancias, el cuerpo etérico se crea sobre todo a partir de la luz que fluye del Cosmos. Pero la luz del sol es inútil para este propósito; La luz del sol no puede proporcionar las fuerzas que permitan al cuerpo humano formar su cuerpo etérico. Para esto, se necesita la luz que brilla desde el Sol hasta la Luna y se remonta nuevamente desde la Luna. Y mediante este proceso de reflexión, la luz del sol se transforma esencialmente. En efecto, toda la luz que irradia desde la Luna al Cosmos contiene la fuerza por la cual el hombre, al descender, puede formar el aspecto exterior de su cuerpo etérico. Por otro lado, todo lo que brota espiritualmente de la Luna cuando está en la fase de Luna Nueva, todo esto irradia al Cosmos las fuerzas que el hombre necesita para formar el aspecto interno de su cuerpo etérico. Por lo tanto, este ritmo del brillo externo de la Luna y de su oscurecimiento le permite al hombre formar el lado externo e interno de su cuerpo etérico.

Ahora, lo que las fuerzas de la Luna hacen para el hombre depende esencialmente del hecho de que la Luna no es el mero cuerpo físico del que la ciencia moderna cuenta sus historias, sino que está impregnado en todas partes por la espiritualidad. La Luna en sí misma contiene una multitud de seres espirituales.

A menudo he explicado cómo son estas cosas. La Luna una vez se separo de la Tierra. Pero no fue solo la materia física la que entró en el espacio cósmico. También estaban aquellos Seres que vivieron en la antigüedad sobre la Tierra, no en un cuerpo físico sino en una forma espiritual, los Seres que fueron los Maestros primigenios de la humanidad. Estos también viajaron con la Luna al Cosmos y allí fundaron una especie de colonia lunar. Por lo tanto, debemos distinguir en la Luna lo físico y lo etérico del alma y el espíritu, solo que el alma y el espíritu no son una unidad sino una multiplicidad de Seres.

Ahora toda la vida espiritual en la Luna depende de la forma en que los Seres que la habitan miran hacia el universo circundante. Si pudiera expresarme pictóricamente, diría: los Seres espirituales de la Luna dirigen su mirada hacia lo que para ellos es más importante, es decir, sobre las estrellas errantes que pertenecen a nuestro sistema planetario. Y todo lo que sucede en la Luna, incluido todo lo que sucede para que el hombre pueda recibir las fuerzas que necesita para construir su cuerpo etérico, todo depende de los resultados de la observación alcanzada por los Seres en la Luna que, viviendo como están dentro de la Luna, escrutan  y observan a su alrededor las estrellas de nuestro sistema planetario, Mercurio, Sol y demás.

El conocimiento de esto estaba contenido en ciertos antiguos Misterios. Sabían que las constelaciones, las relaciones y los movimientos del sistema planetario al que pertenece nuestra Tierra se observaban desde la Luna y que en consecuencia se determinaban las hazañas de los Seres Lunares. No solo lo sabían, sino que de hecho lo expresaron; porque ellos trajeron estas fuerzas de la Luna a la conciencia de la humanidad en relación con las fuerzas de los otros planetas, tomando a la Luna, como si dijéramos, como el punto donde están determinadas las relaciones cósmicas conectadas con la formación del cuerpo etérico humano. Lo hicieron en los días de la semana:

  • Luna – Lunes.
  • La Luna en su observación de Marte, el día de Marte, el martes;
  • con Mercurio – día de Mercurio, Mercredi, miércoles;
  • con Júpiter – Júpiter es el Thor germánico o Donar – el jueves.
  • Luego, con Venus, la Freya germánica: viernes;
  • y con Saturno el sábado,
  • y finalmente con el Sol mismo. El Sol no puede influir directamente en la formación del cuerpo etérico con sus propias fuerzas, pero en el reflejo de la Luna desempeña su papel: el domingo.

Por lo tanto, los hechos relacionados con el punto de vista de la Luna se tomaron como el punto de partida para llevar el sistema planetario a la conciencia del hombre en la división del tiempo. Era como si quisieran decir en los Misterios antiguos: ” Recuerda, oh hombre, que antes de descender a la Tierra necesitabas fuerzas engendradas en la Luna por el acto de los seres de la Luna en la observación de los otros planetas. Para la configuración de su cuerpo etérico, cuando descendió a la vida terrenal, está en deuda con la participación de la Luna en lo que se expresa en el martes, miércoles, jueves, etc. la configuración peculiar que tu cuerpo etérico puede asumir al descender a esta vida terrenal”.

Así tenemos, por un lado, el curso rítmico de la Luna alrededor de nuestra Tierra a través de la luz y la oscuridad, y, por otro lado, hemos registrado en la conciencia del hombre toda la sucesión de los planetas. Y los Misterios también proclamaron el conocimiento de que a través del hecho de que los Seres Lunares vuelven su mirada hacia Marte, el hombre recibe la facultad de hablar incorporada en su cuerpo etérico. A través del hecho de que los Seres Lunares pueden dirigir su mirada hacia Mercurio, el hombre puede recibir la facultad de movimiento concentrada en su cuerpo etérico.

Para hablar por un momento en términos de estos secretos de la Luna, podemos expresar en una forma bastante diferente cómo la Euritmia surge del habla. Podemos decir, la Euritmia nace del habla, al descubrir los misterios del habla al dejar que los Seres Lunares nos digan las observaciones que hacen cuando miran a Marte, escuchamos de ellos cómo estas observaciones cambian cuando ahora vuelven su mirada a Mercurio. Es decir, cuando transformamos las experiencias marcianas de los Seres Lunares en las experiencias de Mercurio, recibimos de la facultad del sonido hablado en el hombre la facultad de Euritmia. Este es el aspecto cósmico de esto.

Luego llegamos a lo que impregna al ser humano con la facultad de la sabiduría. Esto lo recibimos a través de las experiencias de los Seres Lunares con Júpiter. Lo que fluye a través del ser humano a través del amor y la belleza en su alma, esto lo recibimos a través de las experiencias de los Seres Lunares con Venus. Y lo que experimentan al observar a Saturno inculca en el cuerpo etérico el calor interno del alma que el hombre requiere. Y al fin llegamos a algo que debe ser protegido por así decirlo, que debe mantenerse apartado para que no perturbe y estropee la formación del cuerpo etérico. Es lo que procede directamente del Sol antes del descenso del hombre a la Tierra. Así, desde el Sol —o la contemplación del Sol— proceden las fuerzas de las cuales el ser humano debe ser protegido para que pueda convertirse en un ser humano autocontenido mediante la incorporación del cuerpo etérico.

Así aprendemos a reconocer lo que sucede en la Luna y con esto también aprendemos a reconocer cómo se forma el cuerpo etérico humano cuando el hombre desciende de la vida pre-terrenal a la vida terrenal. Estas son las cosas que se relacionan con el secreto de la Luna.

Cosas como estas pueden ser contadas hoy; pero en ciertos Misterios antiguos no solo se les dijo, sino que se experimentaron conscientemente. Los hombres no solo conocían estas cosas; también las descubrieron interiormente.

 

  • Lunes
  • Martes:               Discurso
  • Miércoles:          Movimiento
  • Jueves:                Sabiduría
  • Viernes:              Amor, belleza
  • Sábado:               Calidez interior del alma
  • Domingo:            Fuerzas protectoras (reflejadas desde la Luna)

 

Por la Iniciación en los Misterios de los que hable ayer, el hombre podía ir más allá de la mera mirada a través de los ojos o escuchar a través de los oídos, para ver y escuchar el ambiente físico de la Tierra. Él podía liberarse de su cuerpo físico y vivir en su cuerpo etérico. Podía mantenerse separado del cuerpo físico y vivir solo en el cuerpo etérico. Y cuando vivía así en el cuerpo etérico con todas las cosas de las que acabo de contar, hablaba no con el habla que se forma a través de la laringe física, sino con el discurso que resuena en Marte como discurso cósmico. Se movía en la forma en que Mercurio guía los movimientos desde el Cosmos; no se movía con los pies y las piernas físicas, sino en el sentido en que Mercurio guía los movimientos del ser humano. Tampoco tenía la sabiduría que se adquiere con tantos dolores en la niñez y la adolescencia, una sabiduría que en esta era materialista es, por hablar verdaderamente, una falta de sabiduría. Vivía directamente dentro de la sabiduría de Júpiter; vivía en la sabiduría de Júpiter porque podía unirse con los Seres Lunares que observaban a Júpiter. Cuando fue iniciado de esta manera, el hombre estaba completamente dentro de la luz radiante de la Luna. Él había dejado la Tierra. Él no era un ser de carne y hueso en la Tierra, se había alejado de la Tierra y vivía como un ser en la luz de la Luna. Pero esta luz lunar estaba configurada, diferenciada, modificada por lo que vivía en los otros planetas de nuestro sistema planetario.

En el momento de las observaciones espirituales en tales Misterios, el hombre se convirtió en un ser liviano de la Luna. No lo digo en un sentido simbólico o concebido de manera abstracta, pero así como el hombre común de hoy, si ha ido a Basilea y regresa nuevamente, es consciente de la realidad, sabe que ha experimentado algo bastante real: también el hombre era consciente de una realidad cuando, a través del rito de Iniciación, visitaba a los Seres Lunares. Sabía que se había despedido de su cuerpo físico por un tiempo. Con su alma y su espíritu, había llegado a las esferas radiantes de la luz de los Seres Lunares, vestido con un cuerpo liviano y, a través de su unión con los Seres Lunares, mirando hacia los lejanos espacios, realmente había sido capaz de observar todo lo que se le podría revelar en los espacios lejanos del sistema planetario.

¿Y qué vio él? Esto en general  —todas las otras cosas que observó también, pero sobre todo observó esto— vio que del Sol vienen las fuerzas de los Seres que pueden no tener nada que ver con la forma del cuerpo etérico del hombre. Miró hacia el Sol en cuanto a algo que tenía un efecto destructivo y disolvente para el cuerpo etérico. Por esta experiencia, él sabía que las fuerzas que fueron recibidas por los Seres Solares no deben partir del cuerpo etéreo, sino de los miembros superiores de la naturaleza del hombre, del yo y del cuerpo astral. Las fuerzas del Sol deben poder trabajar solo sobre estos miembros superiores. Por lo tanto, sabía que con el cuerpo etérico humano no puede dirigirse hacia el Sol, porque el cuerpo etérico debe dirigirse a los planetas.

Es con el cuerpo astral y especialmente con el yo humano que puede volverse hacia el Sol. Sabía que para toda la fuerza interna del yo, del “Yo soy”, debía ir al Sol. Esta fue la segunda gran experiencia en la Iniciación que comenzó desde el Misterio de la Luna. Esta fue la segunda cosa. El hombre aprendió que el cuerpo etérico pertenece al sistema planetario, mientras que para la fuerza interna y la penetración de su yo sobre todo y de su cuerpo astral, debe mirar hacia el Sol. Tal  fue realmente esta iniciación. El mismo hombre se hizo uno con la luz de la luna. Pero a través de la vida de la Luz de Luna de su propio ser, miró hacia el Sol. Y ahora se dijo a sí mismo: el Sol envía su luz a la Luna porque no es posible darsela directamente al hombre. Desde allí tenemos la luz de la luna al unísono con las fuerzas planetarias y de ellas construimos nuestro cuerpo etérico.

Este secreto era conocido para el que así fue iniciado. Y así supo en qué medida llevaba dentro de él la fuerza del Sol espiritual, porque lo había visto. Había tomado conciencia de cómo llevaba las fuerzas espirituales del Sol dentro de él, y este en efecto era el grado de Iniciación por el cual el hombre se convirtió en un Portador de Cristo, es decir, un portador del Ser del Sol, no un receptor del Ser del Sol, pero un portador del Ser del Sol. Así como la Luna misma, cuando es Luna Llena, es portadora de la Luz del Sol, así el hombre se convirtió en un portador del Cristo, un Cristóforo.

Esta iniciación por la cual un hombre se convirtió en Cristóforo fue una experiencia absolutamente real.

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Y ahora imaginen esta experiencia real por la cual el hombre se alejó de la Tierra y se elevó al Ser de Luz como hombre terrenal en el camino de la Iniciación. Imaginen esta experiencia pascual interna humana de los tiempos pasados transformada en una Fiesta cósmica. En tiempos posteriores, los hombres ya no sabían que tal cosa podría suceder. Ya no sabían que el hombre realmente puede salir del reino terrenal, unirse con la naturaleza de la Luna y desde la Luna contemplar el Sol. Pero un cierto recuerdo de eso había sido preservado. Este recuerdo en efecto se conservó en la Festividad de Pascua.

Porque la forma real en que el hombre puede experimentar estas cosas no se transmitió a la conciencia posterior, cada vez más materialista. En la idea abstracta, sin embargo, fue transmitida. El hombre ya no se miró a sí mismo y dijo: “Puedo unirme a la luz de la luna”, pero él miraba hacia la Luna, hacia la Luna Llena. Mirando hacia arriba a la Luna Llena, no dijo,”yo mismo puedo evolucionar allá”, sino “La Tierra se esfuerza allá”. ¿Cuándo lo hace más que nunca? Es cuando comienza la primavera, cuando las fuerzas que estaban hasta ahora con las semillas, con las plantas dentro de la Tierra, fluyen desde la superficie de la Tierra. En la Tierra se convierten en plantas, pero van más allá. Fluyen hacia afuera a los espacios lejanos del Cosmos.

En los Misterios antiguos usaron esta imagen: cuando las fuerzas de la Tierra se mueven hacia fuera a través del tallo y la hoja de la planta que está surgiendo desde la Tierra hacia el Cosmos, entonces el hombre puede alcanzar la Iniciación Luna-Sol y convertirse en Cristóforo. Porque entonces, por así decirlo, puede flotar hacia arriba, hacia la Luna, elevado hacia arriba por las fuerzas que en primavera irradian de la Tierra hacia la Luna.  Debe entrar solo en la luz de luna llena.

Todo esto, entonces, se convirtió en un recuerdo, pero también se volvió abstracto… Debe ser la luz de la Luna llena…. Inconscientemente, ya no con el claro conocimiento de que esto podía ser una experiencia humana, las personas imaginaron que algo u otro —no el hombre mismo — fluyó hacia la Luna llena, la primera después del comienzo de la primavera. ¿Y qué puede hacer ahora esta Luna llena? Contempla al Sol; es decir, el primer día dedicado al Sol: el primer domingo siguiente. Del mismo modo que una vez un Cristóforo, desde el punto de vista de la Luna, contempló el Ser del Sol, entonces ahora la Luna contempla el Sol, es decir, su simbolización en el Domingo.

Por lo tanto, tenemos primero el comienzo de la primavera, el 21 de marzo. Las fuerzas de la Tierra están brotando hacia el universo. Pero debemos esperar la llegada del observador correcto, es decir, la Luna Llena.

21 de marzo – Luna llena – Día del sol.

¿Qué observa la luna? El sol; y el siguiente domingo se fija como el Domingo de Pascua. Esta es una forma abstracta de determinar la fecha, sobreviviendo de un evento de los Misterios muy real que en tiempos anteriores solía ocurrir para muchos hombres.

Y así es con esta Fiesta de Pascua. Nuestra presente Fiesta espiritual de Pascua representa un evento en los Misterios que de hecho se representó en todas partes en la primavera. Pero este es un Misterio diferente al que describí antes de ayer. El evento en los Misterios que describí anteayer llevó al ser humano a comprender el hecho de la muerte. Les conté cómo la idea de la resurrección llegó al hombre en festividades como la Fiesta de Adonis en otoño. Realmente llevó al ser humano a la experiencia de la muerte y a la resurrección en el Espíritu después de unos tres días. Este evento de resurrección pertenece realmente al tiempo de otoño por las razones que expliqué en esa conferencia.

El proceso que he descrito hoy es diferente. Fue celebrado o promulgado en otros Misterios para ciertas Iniciaciones, a saber, para la Iniciación del Sol y la Luna. Y este proceso posterior confrontó al ser humano con el comienzo de su vida. Por lo tanto, recordamos los tiempos antiguos cuando el descenso del hombre desde la vida preterrenal a esta vida terrenal fue reconocido en ciertos Misterios, mientras que el ascenso, la resurrección en el Espíritu, fue reconocido en otros Misterios, concretamente en los Misterios de Otoño.

En días posteriores, el hombre ya no fue capaz de penetrar en la realidad viviente de su relación con lo espiritual en el cosmos. Y al final las cosas fueron tan lejos que los Misterios de la resurrección de otoño simplemente se superpusieron al Misterio de la primavera del descenso. La confusión que así surgió en el curso de la evolución humana muestra cuán profundamente trabajó el materialismo en el transcurso del tiempo. Porque no solo creó falsas opiniones sino que trajo a la humanidad a una confusión real con respecto a aquellas cosas que, si puedo decirlo así, alguna vez estuvieron en orden sagrado y santo en el curso de la vida terrenal humana. Hubo una vez un orden sagrado en estas cosas. Cuando se acercaba el otoño, la humanidad celebró una Fiesta Cósmica, un Festival que señalaba un verdadero proceso de los Misterios. La naturaleza, decían, se está desvaneciendo y muriendo, la naturaleza es devastada. Es como la muerte gradual del hombre en cuanto a su vida física. Pero mientras que cuando miramos a la Naturaleza vemos solo lo transitorio en ella, en los hombres vive lo Eterno que debemos contemplar ahora aparte de lo que ocurre en la Naturaleza exterior, porque debemos contemplarlo en el espíritu como lo que resucita en el mundo espiritual después de la muerte .

Y a través de los Misterios de la primavera, se le dejó claro al hombre que la Naturaleza misma es vencida por lo Espiritual; lo espiritual trabaja nuevamente desde el Cosmos, lo físico germina y brota de la Tierra, porque está impulsado por lo Espiritual. Sin embargo, esto fue para llevar al hombre a recordar, no cómo pasaron a través de la muerte a lo espiritual, sino cómo han venido a la Tierra descendiendo de lo espiritual. Justo cuando la naturaleza está surgiendo y ascendiendo, el hombre debía recordar su descenso al mundo físico; y nuevamente, cuando la naturaleza está disminuyendo, el hombre debía recordar su ascenso, su resurrección en lo espiritual. Y, de hecho, profundizó infinitamente la vida del alma para experimentar cómo el hombre está relacionado con el Cosmos.

Pero esto varió según la localidad. Antiguamente, algunos se inclinaban por ser pueblos de otoño y otros más bien por ser pueblos de primavera. Entre los primeros se encuentran los Misterios de Adonis; entre estos últimos, otros Misterios relacionados con lo que he expuesto hoy. Y solo aquellos buscadores de la sabiduría de quienes se informa correctamente que, como Pitágoras, se movían de un lugar a otro, de un Misterio a otro, solo aquellos disfrutaban de la plenitud de la experiencia humana. Desde un lugar de los Misterios donde pudieron contemplar el secreto de otoño que es el verdadero secreto del Sol, caminaron a otro lugar donde podían contemplar el secreto de la Primavera, que es el secreto de la Luna.

Por lo tanto, de los más grandes Iniciados de la antigüedad se relata una y otra vez cómo vagaron de un lugar a otro de los Misterios. Y podemos decir verdaderamente que esos antiguos Iniciados en cierto sentido experimentaron el año en su vida interior, el año con sus Festividades sagradas. Un antiguo Iniciado podría decir: “Cuando llego a tal o cual lugar donde se celebran las Festividades de Adonis, contemplo el Otoño cósmico, el brillo del Sol espiritual en el comienzo de la noche de invierno”. Y cuando llegaba a otro lugar donde se celebraban los Misterios de la Primavera, él decía: “Ahora seré testigo del secreto de la Luna”. Así, en su vida interior aprendió a conocer aquello que determina el significado total del año.

Así que, como ven, nuestra Festividad de Pascua de hecho ha estado cargado con cosas con las que no debería haber sido gravado. Realmente debería ser una Festividad de “yacer en la tumba”, como fue el caso en tales festivales en relación con la parte espiritual del hombre, por lo que este Festival de primavera de la colocación en la tumba debe ser al mismo tiempo un Festival para animar al hombre a trabajar, un Festival como un hombre que necesita de impulsos más fuertes y prístinos para la temporada de verano. El Festival de Pascua fue de hecho un Festival para convocar al hombre a trabajar durante el verano. Y el Festival de Resurrección de Otoño fue para el mundo espiritual un Festival celebrado en el momento en que el hombre se apartaba de su trabajo una vez más. Pero a medida que se alejaba de su trabajo, debía experimentar en lo más profundo de su ser lo que es más importante para su alma y espíritu. Debía volverse consciente de su ser eterno al contemplar la resurrección en el mundo espiritual tres días después de la muerte.

Pasando así de los secretos terrenales a los secretos cósmicos, del conocimiento terrenal al conocimiento cósmico, podemos reconocer lo que puedo llamar la estructura interna en el orden de nuestras festividades durante todo el año. Pero todavía hay muchos secretos que estaban ocultos en estos Misterios que han desaparecido.

Mañana, en la medida de lo posible, intentaré profundizar aún más en estas cosas, refiriéndome más a ciertos lugares de los Misterios. Por lo tanto, trataré de profundizar lo que les expliqué hoy en nuestro estudio de las relaciones en los Cielos.

Traducido por Gracia Muñoz en Enero de 2018.

GA354c1. La evolución de la Tierra, el hombre y la influencia de los astros.

Rudolf  Steiner — Dornach 30 de junio de 1924

English version

Rudolf Steiner : Buenos días, señores!. ¿Alguien ha pensado en una pregunta?

Herr Dollinger : Me gustaría preguntar si podría hablar de nuevo acerca de la creación del mundo y el hombre. Aquí hay muchos recién llegados que todavía no lo han escuchado.

El Dr. Steiner: Se me preguntó si podía hablar de nuevo acerca de la creación del mundo y de la Humanidad, ya que se encuentran aquí muchos nuevos trabajadores. Y voy a hacerlo. En primer lugar, describiré las condiciones originales de la Tierra, que nos han llevado por una parte a todo lo que vemos a nuestro alrededor y por la otra al hombre.

Ahora, el hombre es realmente un ser muy complicado. Si alguien piensa que será capaz de entenderlo mediante la disección del cadáver humano, están equivocados, porque naturalmente, no llegara a un entendimiento real. Al igual que poco pueden comprender el mundo que nos rodea, si lo único que hacen es recoger piedras y plantas y concentrarse en los puntos individuales. Debemos ser capaces de comprender que lo que así se examina no  presenta a primera vista lo que realmente es.

Veamos, si nos fijamos en un cadáver, tal vez poco después de que el hombre haya muerto —todavía tiene la misma forma, aunque quizás este algo más pálido— podemos ver que la muerte se apoderó de él, pero que todavía tiene la misma forma que tenía cuando estaba vivo. Pero ahora piensen: ¿cómo se vería el cadáver con el tiempo si no se incinera y lo dejamos descomponerse?.  Se destruye, no hay nada en él que pueda construirse de nuevo, sin duda quedará destruido.

Al principio de la Biblia cuando se dice que una vez Dios formó al hombre de barro, uno sonríe, considerándolo como imposible y naturalmente, tienen razón. Ningún Dios puede venir y hacer un ser humano de un pedazo de Tierra, ya que no sería un hombre sino una estatua, sin embargo la forma podría ser parecida —no más que los niños maniquí que pueden caminar. Así que la gente sonríe con razón, cuando se supone que una divinidad hizo al hombre de un trozo de Tierra.

Aquel cadáver que estábamos viendo, de hecho, después de cierto tiempo será uno de esos pedazos de Tierra, ya que en la tumba empieza a descomponerse hasta que se disuelve. Así pues, creer que un ser humano puede estar hecho de lo que tenemos ante nosotros es realmente una gran locura.

Por un lado, hoy se afirma que es incorrecto suponer que el hombre pueda estar formado de un trozo de tierra, por otro lado se le permite suponer que se compone solo de Tierra. Si uno quiere ser lógico, entonces una cosa no es mejor que la otra. Hay que tener claro que mientras el hombre vivía, había algo en él que le daba su forma  y ​​cuando ya no está en él, esa forma ya no puede mantenerse. Las fuerzas de la Naturaleza no le dan la forma, las fuerzas de la naturaleza sólo le descomponen, no pueden hacerle crecer. Así que debemos volver al alma y al espíritu del hombre, que son los que tenían realmente el control durante el tiempo que estuvo vivo.

Ahora, cuando nos fijamos en la piedra sin vida exterior, si nos imaginamos que ha sido siempre igual, tal como lo vemos hoy, es como si dijéramos de un cadáver que siempre ha estado así, incluso mientras el hombre vivía. Las piedras que vemos hoy en el mundo exterior, las rocas, las montañas, son de la misma calidad de un cadáver, de hecho, son un cadáver!. No siempre fueron como las vemos hoy. Al igual que un cadáver humano no siempre ha sido lo que es, cuando el alma y el espíritu le han abandonado, así que lo que vemos fuera no siempre ha estado en su condición actual. El hecho de que las plantas crezcan en el cuerpo sin vida, es decir, en las rocas, no tiene por qué sorprendernos, pues cuando se descompone un cadáver humano, crecen en el todo tipo de pequeñas plantas y animales.

Por supuesto, lo que está fuera en la naturaleza parece hermoso, y lo que vemos en un cadáver, cuando todo tipo de plantas parásitas crecen en el no parece hermoso. Pero eso es sólo porque uno es gigantesco en tamaño y el otro es pequeño. Si no fuéramos seres humanos, sino  pequeños escarabajos que se arrastran sobre el cadáver en descomposición no podríamos pensar lo mismo ya que consideraríamos los huesos del cadáver como unas rocas. No cuenta lo que está podrido, como escombros y piedras, ya que si fuéramos pequeños escarabajos veríamos como grandes bosques lo que está creciendo en el cadáver, tendríamos un mundo entero para admirar y no lo consideraríamos repugnante como nos parece ahora.

Así como tenemos que volver a lo que el hombre era antes de su muerte, en el caso de la Tierra y nuestro entorno, debemos volver a lo que vivió una vez en todo lo que hoy esta sin vida, antes de que efectivamente la Tierra se viera como un cadáver. A menos que la Tierra en su conjunto estuviese muerta no podría haber ningún ser humano. Los seres humanos son los parásitos, por así decirlo, en la Tierra presente. Toda la Tierra estuvo viva alguna vez, podía pensar como nosotros pensamos. Pero sólo cuando se convirtió en un cadáver pudo producir la raza humana. Esto es algo que realmente todo el mundo puede pensar. Pero hoy la gente no quiere pensar. Sin embargo, hay que pensarlo si uno quiere llegar a la verdad.

Tenemos, por tanto, que imaginar lo que hoy es roca sólida, con plantas en cultivo, y así sucesivamente, era en su origen completamente diferente. Originalmente, existía la vida, el pensamiento, el cuerpo de una vida cósmica, el cuerpo cósmico!

Muchas veces he dicho aquí: ¿Qué se imagina la gente hoy en día?. Se imaginan que en un principio había una niebla enorme, que esta neblina primigenia entró en rotación y que a continuación los planetas se separaron convirtiéndose el sol en el centro. Esto se enseña a los niños desde muy temprano, y se hace un pequeño experimento para mostrar que realmente todo comenzó de esa manera. Se ponen unas pocas gotas de aceite en un vaso de agua, se deja el baño de aceite en el agua. Y en un pedazo de cartón que tiene un alfiler clavado en el con un pasador hace girar el cartón; y el aceite de las gotas se separa girando y se constituye un pequeño sistema planetario con el sol en el centro[1].

Ahora bien, suele ser una virtud el que uno pueda olvidarse de sí mismo, pero en este caso el profesor no debería!. Cuando se hace el experimento, entonces deberíamos decir a los niños: Allá en el universo había un maestro de la gran escuela gigante que hizo el giro!. Lo que se trata es descuido —no porque los hechos le obliguen a uno a ser irreflexivo, sino porque uno quiere serlo. Pero de esa manera uno no llega a la verdad

Por lo tanto, debemos imaginar que no fue un gigantesco maestro de escuela quien rotó la niebla del mundo, sino que había algo en la bruma del mundo que podía moverse y demás. Pero ahí regresamos a lo viviente. Si queremos rotar, no necesitamos un alfiler que nos atraviese por un maestro que lo gira. Eso no es para nosotros; podemos rotarnos a nosotros mismos Esta variedad de bruma primigenia de la escuela tiene que ser rotada por el maestro. Pero si está viva y puede sentir y pensar, entonces no necesita un maestro de escuela cósmico; puede causar la rotación por sí misma.

Entonces, podemos imaginar que lo que hoy en día está sin vida a nuestro alrededor estuvo vivo una vez, era sensible, era un ser cósmico. Si miramos más allá, incluso había una gran cantidad de seres cósmicos que animaban el todo. Las condiciones originales del mundo se deben, por lo tanto, al hecho de que había Espíritu dentro de la sustancia.

Ahora, ¿qué es lo que subyace a todo lo material? Imaginen que tengo un trozo de plomo en la mano, es decir, materia sólida, materia totalmente sólida. Ahora, si pongo este plomo en hierro al rojo vivo o en cualquier cosa al rojo vivo, en llamas, se hace fluido. Si sigo trabajando con el fuego, todo el plomo desaparece; se evapora, y no veo nada más de eso. Es lo mismo con todas las sustancias. ¿De qué depende entonces que una sustancia sea sólida? Depende del calor que hay en ella. La apariencia de una sustancia depende únicamente de la cantidad de calor que contenga.

Ya saben que hoy se puede hacer que el aire sea líquido, entonces uno tiene aire licuado. El aire que tenemos en nuestro entorno es aireado, gaseoso, siempre que contenga una cantidad definida de calor. Y el agua: el agua es fluida, pero también puede convertirse en hielo y, por lo tanto, solidificarse. Si hubiera una cierta temperatura fría en nuestra Tierra, no habría agua, solo hielo. Ahora entremos en nuestras montañas: allí encontramos el granito sólido u otra roca sólida. Pero si allí todo fuera inmensamente caliente, no habría granito sólido; sería fluido y fluiría como el agua en nuestros arroyos.

¿Cuál es, en realidad, el elemento original que hace que las cosas sean sólidas, fluidas o gaseosas? ¡Es el calor! Y a menos que haya calor en primer lugar, nada en absoluto puede ser sólido o fluido. Entonces, podemos decir que el calor o el fuego es lo que subyace en todo principio.

Eso también se muestra en la investigación de la ciencia espiritual o la antroposofía. La ciencia espiritual muestra que originalmente no había una neblina primitiva, una niebla sin vida, pero esa calidez viviente estaba allí en el principio, un simple calor viviente. Por lo tanto, asumiré un cuerpo cósmico original que era calidez viviente. [Ver dibujo – rojo.] En mi Ciencia Oculta, he llamado a esta condición de calor original la “condición de Saturno”; se ha llamado así desde la antigüedad, y aunque uno debe tener un nombre, no es el nombre lo que importa. Tiene, de hecho, algo que ver con el cuerpo cósmico llamado Saturno, pero no entraremos en eso ahora.

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En esta condición original todavía no había cuerpos sólidos ni aire, solo calor; pero la calidez estaba viva. Cuando te congelas hoy, es tu yo el que se congela; cuando sudas hoy, es tu yo el que suda, se vuelve completamente caliente. Siempre estás en calor, a veces calor, a veces frío, pero siempre en una especie de calidez. De hecho, todavía podemos ver hoy que el hombre vive en el calor. El ser humano vive absolutamente en lo cálido. Cuando la ciencia moderna dice que originalmente había un gran calor, en cierto sentido es correcto; pero cuando piensa que este gran calor estaba muerto, entonces va mal. Había un ser cósmico viviente, un ser cósmico totalmente viviente.

Ahora, lo primero que surgió en relación con este ser cálido fue un enfriamiento. Las cosas se enfrían continuamente. ¿Y qué sucede cuando lo que no ha sido más que calidez ahora se enfría? Surge el aire, el aire, el estado gaseoso. Pues cuando calentamos un objeto sólido, el gas se forma en el calor; pero cuando algo que aún no es sustancia se enfría desde arriba hacia abajo, se forma el principio del aire. Entonces podemos decir que la segunda condición que se produjo fue gaseosa, definitivamente aireada. [Ver dibujo-verde.]

En lo que se ha formado, en cierto sentido, como un segundo cuerpo cósmico, todo es aire. Todavía no hay agua, nada sólido dentro de ello; consiste completamente en aire.

Entonces ahora tenemos la segunda condición que se formó en el transcurso del tiempo. Verán, en esta segunda condición, algo más se desarrolló junto con lo que ya estaba allí. He llamado a esta segunda condición “Sol” en mi Ciencia Oculta; no era el sol presente, sino una especie de condición solar, una bruma de aire caliente. El sol presente, como ya les dije, no es eso, ni es lo que originalmente era este segundo cuerpo cósmico. Así obtenemos un segundo cuerpo cósmico formado a partir del primero; el primero era puro calor, el segundo era de naturaleza aérea.

Ahora el hombre puede vivir en el calor anímico. El calor da al alma sensibilidad sin destruirla. Sin embargo, destruye el cuerpo; si me arrojaran al fuego mi cuerpo sería destruido pero no mi alma. (Hablaremos de esto más con más exactitud más adelante, porque, naturalmente, la pregunta debe ser considerada en detalle). Por esta razón, el ser humano ya podía vivir como ser anímico durante la primera condición de Saturno. Pero aunque el hombre pudiera vivir entonces, el animal no podría, porque en el caso del animal cuando el cuerpo es destruido, el elemento anímico también se lesiona. El fuego tiene una influencia en el elemento anímico del animal. En la primera condición, por lo tanto, tenemos al hombre ya presente pero no al animal.

Cuando tuvo lugar la transformación a la condición del Sol [ver dibujo], tanto el ser humano como el animal estaban allí. Ese es el hecho importante. No es cierto que los animales estuvieran allí originalmente y que el hombre se desarrollara a partir de ellos. El hombre estaba allí originalmente y después evolucionaron los animales que no pudieron evolucionar en hombres. Naturalmente, el ser humano no andaba con los pies cuando solo había calor, obviamente no. Él vivía en la calidez y era un ser flotante; solo tenía una condición de calidez. Más adelante, cuando se metamorfoseó en un cuerpo de calor y aire, se formaron los animales y aparecieron al lado del hombre. Por lo tanto, los animales están de hecho relacionados con el hombre, pero se desarrollaron más tarde en el curso de la evolución mundial.

Ahora ¿que mas ocurrió? El calor disminuyó y, a medida que disminuía, no solo se formó aire sino también el agua. Por lo tanto, tenemos un tercer cuerpo cósmico. [Ver dibujo – amarillo.] Lo llamé “Luna” porque era un poco similar a nuestra luna actual, aunque no es nuestra luna actual. Era un cuerpo acuoso, completamente acuoso. El aire y el calor naturalmente permanecieron, pero ahora apareció el agua que no había estado presente en la segunda condición. Después de la aparición del agua, podía existir el hombre, que ya estaba allí así como los animales y, empujando fuera del agua, las plantas. Las plantas originalmente crecieron en el agua, no en la tierra. Entonces tenemos el hombre, el animal y el mundo vegetal.

Vean ustedes, las plantas parecen crecer de la tierra, pero si la tierra no contuviese agua, no crecerían las plantas; ellas necesitan agua para su crecimiento. También existen plantas acuáticas, como se sabe, y se puede pensar que las plantas originales eran similares a estas; las plantas originales nadaban en el agua. Los animales también deben imaginarse como animales nadadores y, en la primera y segunda condición, incluso como animales voladores.

Algo todavía permanece de todo lo que estaba allí originalmente. Durante la condición del Antiguo Sol, cuando solo existían el hombre y el animal, todo tenía que volar, y dado que el aire se ha mantenido y aún existe, esas criaturas voladoras tienen sus descendientes. Nuestras aves actuales son descendientes de los animales originales que se desarrollaron durante la condición del Sol. Sin embargo, en ese momento no eran como actualmente. Esas criaturas animales consistían puramente en aire; eran nubes aireadas. Aquí, más tarde [estado de la Luna], se les incorporo el agua. Hoy, miramos a los pájaros. Por lo general, los pájaros se observan sin pensar mucho en ellos. Si vamos a imaginar a los animales tal como existieron durante la condición del Sol, debemos decir que consistían solo de aire; flotando en nubes de aire. Cuando miramos un pájaro hoy, debemos saber que tienen los huesos huecos llenos de aire. Es muy interesante ver eso en las aves actuales. ¡Hay aire en todas partes en las aves, en los huesos, en todas partes!

Piensen en lo que no sea aire y obtienen un ser-aéreo: el pájaro. Si no tuviera este aire, no podrían volar en absoluto. Tiene los huesos huecos; por dentro es un ave de aire, que nos recuerda las condiciones anteriores. El resto del cuerpo fue construido alrededor de él en tiempos posteriores. Las aves son realmente los descendientes de la condición del Antiguo Sol.

Miren al hombre moderno: puede vivir en el aire, pero no puede volar; él es demasiado pesado para volar. Él no ha formado huesos huecos para sí mismo como el pájaro, para también poder volar. Entonces no solo tendría omóplatos, sino que sus omóplatos se extenderían en alas. El ser humano todavía tiene los rudimentos de las alas allá arriba en los homoplatos; y si estos crecieran, él podría volar.

Así el hombre vive en el aire que lo rodea. Pero este aire debe contener vapor. El hombre no puede vivir en un aire puramente seco; él necesita fluidos. Sin embargo, hay una condición en la que el ser humano no puede vivir en el aire: ese es el estado humano más antiguo, el embrión. Uno debe observar estas cosas correctamente. Durante el tiempo embrionario, el germen o embrión humano obtiene aire y todo lo que necesita del cuerpo de la madre. Debe estar en algo vivo.

Verán, es así: si el embrión humano mediante una operación se eliminara del cuerpo de la madre, no podría vivir en el aire. Durante la condición embrionaria, el ser humano necesita tener un entorno vivo. En el tiempo en que existían el hombre, el animal y la planta, pero aun no había minerales como los tenemos hoy, todo estaba vivo y el hombre vivía rodeado de lo que estaba vivo, así como ahora vive como embrión en el cuerpo de la madre. Naturalmente, era más grande.

Piensen en esto: si no tuviéramos que nacer, vivir en el aire y respirar por nuestra cuenta, nuestro período de vida terminaría con el nacimiento. Como embrión todos podríamos vivir solo diez meses lunares. De hecho, hay tales criaturas que viven solo diez meses; estos no llegan al aire exterior sino que reciben aire de un entorno vivo. Así fue con el hombre hace mucho tiempo. Ciertamente creció, pero nunca salió del elemento vivo. Él vivió en ese estado todo el tiempo. Él no avanzó hasta el nacimiento; él vivía como embrión. En ese momento todavía no había minerales, ni rocas.

Si hoy se disecara el cuerpo de un ser humano, se encontrará el mismo carbonato de cal en sus huesos que se encuentran aquí en las montañas del Jura. Ahora hay una sustancia mineral dentro del cuerpo que no estaba presente en la condición anterior. Tampoco en el embrión, particularmente en los primeros meses, no hay depósitos de minerales; todo sigue siendo fluido, solo ligeramente engrosado. Y así fue durante esta condición anterior; el hombre aún no era huesudo, teniendo, como máximo, cartílagos. De ese ser humano, hoy solo nos recuerda el embrión humano. ¿Por qué no puede el embrión humano salir inmediatamente del cuerpo de la madre? Porque el mundo de hoy es un mundo diferente. Mientras se desenvolvía en  la Antigua Luna —voy a llamarle la Antigua Luna, ya que no es la luna presente, sino el estado anterior de la Tierra— mientras duró el período de la Antigua Luna, toda la Tierra era un útero, interiormente vivo, un verdadero útero. Aún no había nada de piedra o mineral. Todo era un útero gigantesco, y podemos decir que nuestra presente Tierra surgió de este útero gigantesco.

Anteriormente este inmenso útero no existía en absoluto. ¿Qué había entonces? Bueno, de hecho, antes hubo algo más en la existencia. Consideremos lo que vino antes. Si un ser humano se desarrolla en el cuerpo de la madre, si va a ser un embrión, primero debe ser concebido. Tiene lugar la concepción. Pero, ¿nada precede a la concepción? Lo que precede a la concepción es el período menstrual en la mujer; eso es lo que precede. En el organismo femenino tiene lugar un proceso muy especial que está conectado con la expulsión de la sangre. Pero eso no es lo único; ese es solo el aspecto físico. Cada vez que se expulsa la sangre, nace al mismo tiempo algo de naturaleza anímico espiritual, y esto permanece. No se hace físico, porque no ha tenido lugar ninguna concepción. El elemento anímico espiritual permanece sin convertirse en un cuerpo físico humano. ¡Lo que para un ser humano debe estar allí antes de la concepción también estaba allí durante la condición del sol cósmico!. El Sol en su totalidad era un ser cósmico que de vez en cuando expulsaba algo espiritual. Entonces el hombre y el animal vivían en una condición como de aire expulsado, expulsados de todo ese cuerpo. Entre una condición (Sol) y la otra (Luna), sucedió que el ser humano se convirtió en un ser físico de agua. Antiguamente era un ser físico solo de aire. Durante esta condición lunar tenemos algo similar a la concepción, pero todavía no hay nada similar al nacimiento. ¿Cuál era la naturaleza de esta concepción durante la antigua condición lunar?.

La Luna estaba allí, un ser completamente femenino, y confrontándola no estaba un ser masculino, sino todo lo que todavía estaba fuera de su cuerpo cósmico en ese momento. Fuera había muchos otros cuerpos cósmicos que ejercieron una influencia. (Ahora viene el dibujo que ya hice aquí).

Así que este cuerpo cósmico estaba ahí y a su alrededor los otros cuerpos cósmicos, ejerciendo su influencia en las más variadas formas. Las semillas llegaron desde el exterior y fructificaron el conjunto Tierra-Luna. Y si hubieran vivido en ese momento poniendo el pie en este cuerpo cósmico primigenio, no habrían dicho como cuando ven que caen gotas “Está lloviendo”, como se dice hoy en día. En ese momento, habrían dicho: “La Tierra se está fructificando”. Hubo épocas en que las semillas fructificadas venían desde todas las direcciones, y otras temporadas de descanso, entonces, en ese momento no había una fructificación cósmica. Pero el ser humano no había nacido, sólo fructificó, fue llevado adelante por la concepción. El ser humano salió de todo el cuerpo de la Tierra, o del  cuerpo de la Luna, como lo era entonces. De la misma manera todo el entorno cósmico de animales y plantas procedía de la fructificación.

Ahora  a través de un mayor enfriamiento se produjo un endurecimiento de todo lo que vivía en aquel entonces como el hombre, animales y plantas. Allí, en la condición de la Antigua Luna todavía tenemos que ver con el agua, a lo sumo, un endurecimiento a través de la refrigeración. Aquí,  en la Tierra aparece lo sólido, lo mineral. Así que ahora tenemos una cuarta condición [ver dibujo]: esta es nuestra Tierra como la tenemos hoy, y contiene al hombre, al animal, al vegetal y al mineral.

Basta con ver por ejemplo en lo que el ave se ha convertido en la Tierra. Durante este tiempo (condiciones de luz solar) el ave era todavía una especie de bolsa de aire, que consistía en nada más que aire, una masa de aire flotante. Luego, durante este tiempo (condición Lunar) se convirtió en acuosa, una cosa líquida espesa, y se cernía como una especie de nube —no como nuestras nubes,  que ya contienen una forma. Lo que para nosotros son sólo estructuras de agua sin forma fueron menos que las formas de aquel tiempo. Había una forma de esqueleto, pero era fluido. Pero ahora llegó el elemento mineral, y se incorporó a lo que era sólo una estructura de agua. Carbonato de cal, cal fosfatada y así sucesivamente fue la longitud del esqueleto, formando huesos sólidos. Así que al principio tenemos el aire de las aves, después el ave acuática, y por último la parte sólida de las aves.

Esto no podía ser lo mismo en el caso del hombre. El hombre no podía limitarse a incorporar en sí mismo lo que sólo surgió como mineral durante su período embrionario. El ave si podía hacerlo —¿y por qué?. Porque el pájaro adquirió su forma aérea aquí (condiciones de luz solar), y entonces paso a vivir en la condición del agua. Es esencial no dejar que el mineral se acerque demasiado a él durante su estado germinal. Si el mineral llega a el demasiado pronto, entonces, se endurecería y se convertiría en un mineral. El pájaro, mientras que se está desarrollando es aún un poco aguado y fluido; el mineral, sin embargo, quiere acercarse. ¿Qué hace el pájaro?. Empuja, hace algo alrededor de sí mismo, construye la cáscara de huevo a su alrededor!. Ese es el elemento mineral. La cáscara de huevo se mantiene siempre y cuando el ave deba protegerse hacia el interior del mineral, es decir, el tiempo que debe permanecer fluido. La razón de esto es que el ave se originó sólo durante la segunda condición de la Tierra. Si hubiera estado allí durante la primera condición, ahora sería mucho más sensible al calor de lo que realmente es. Dado que no estaba allí en ese momento, ahora pueden formar la cáscara del huevo duro alrededor de sí mismo.

El hombre ya estaba presente durante la primera condición de la Tierra, la condición de calor, y por lo tanto ahora no puede mantener a raya al mineral mientras está en la fase embrionaria. No puede construir una cáscara de huevo, sino que debe ser organizado de manera diferente. Él debe asumir el elemento mineral de la matriz, y por eso tenemos la formación de minerales ya en el embrión al final de su desarrollo. El hombre debe absorber parte mineral de la matriz, por lo tanto, la matriz primero debe poseer el mineral que se va a absorber. Así, en el caso del hombre el elemento mineral se incorpora de manera muy diferente. El pájaro tiene los huesos llenos de aire; los seres humanos los tenemos llenos de médula ósea, muy diferente de los huesos de las aves. Por el hecho de que tenemos esta médula de una madre humana capaz de proporcionar la sustancia mineral al embrión en su interior. Pero una vez que se proporciona el elemento mineral, el ser humano ya no es capaz de vivir en el ambiente del útero y poco a poco tiene que nacer. Primero debe haber adquirido componentes minerales. Con el pájaro no es una cuestión de haber nacido, como los reptiles de la cáscara de los huevos, el hombre nace sin una cáscara de huevo. ¿Por qué?. Porque el hombre se originó al principio y por lo tanto todo lo puede hacer a través de calor y no a través del aire.

De esto se puede entender la diferencia que aún existen y que se puede observar hoy en día. La diferencia entre un “huevo-animal” y un ser como el hombre, y también los mamíferos superiores, se encuentra en el hecho de que el hombre es mucho más antiguo que, por ejemplo, las especies de aves, mucho más antiguo que los minerales. Por lo tanto, cuando es muy joven, durante la etapa embrionaria en el útero, debe ser protegido de la naturaleza mineral y sólo se le puede dar el mineral preparado que proviene de la madre. De hecho, el elemento mineral preparado en el cuerpo de la madre, incluso imprescindible para un cierto tiempo después del nacimiento puede serle dado con la leche de la madre! Mientras que el ave puede ser alimentada a la vez con sustancias externas, el hombre y los animales superiores sólo pueden ser alimentados con lo que proporciona el cuerpo de la madre.

Lo que el ser humano obtiene hoy en día en nuestra condición actual de la Tierra desde el cuerpo de la madre, lo obtuvo durante la anterior condición cósmica desde el aire, desde el medio ambiente. Lo que tenía a su alrededor durante su existencia era de naturaleza láctea. Nuestro aire actual contiene oxígeno y nitrógeno pero relativamente poco carbono e hidrógeno y particularmente muy, muy poco azufre. Se ha ido. Durante la condición de la Antigua Luna era diferente; en el aire circundante no solo había oxígeno y nitrógeno sino también hidrógeno, carbono y azufre. Eso creó una especie de papilla lechosa alrededor de la Luna, una papilla de leche bastante delgada en la que existía la vida. ¡Hoy el hombre todavía vive en una delgada papilla de leche antes de nacer!  Porque es solo después de su nacimiento que la leche va al seno; antes del nacimiento esta en aquellas partes del cuerpo femenino donde está resguardado el embrión humano. Eso es algo sorprendente, que los procesos en el organismo de la madre que pertenecen al útero antes del nacimiento luego van al seno. Y así todavía se conserva la condición de la Antigua Luna en el hombre antes de que nazca, y la condición real de la Tierra solo llega en el momento del nacimiento con la naturaleza lunar todavía presente en la leche materna.

Así es como deben explicarse las cosas relacionadas con el origen de la Tierra y la Humanidad. Si las personas no avanzan hacia una Ciencia Espiritual, simplemente no pueden resolver el misterio de por qué un pájaro sale del huevo y puede alimentarse de inmediato con sustancias externas, mientras que un ser humano no puede salir de un huevo y debe salir del útero para ser nutrido por la leche de la madre. ¿Por qué es? Es porque el pájaro se originó después y, por lo tanto, es un ser externo. El hombre se originó antes, y cuando estuvo bajo la condición de la Luna, aún no estaba tan endurecido como el pájaro. Por eso hoy tampoco está tan endurecido; aún debe estar más protegido, ya que tiene dentro de él muchas más de las condiciones originales.

Dado que las personas de hoy en día ya no pueden pensar correctamente, no entienden lo que existe en la Tierra como plantas, animales y hombres. Así surgió el darwinismo materialista, que creía que los animales estaban allí primero y que el hombre simplemente se desarrolló a partir de los animales. Es cierto que en su forma externa el hombre está relacionado con los animales, pero él existió antes, y los animales realmente se desarrollaron más tarde después de que el mundo hubo pasado por una transformación. Y entonces podemos decir que los animales que vemos ahora presentan una etapa posterior de una condición anterior cuando estaban más estrechamente relacionados con el hombre. Pero nunca debemos permitirnos imaginar que de los animales presentes podría surgir un ser humano. Esa es una idea completamente falsa.

Ahora veamos no a las especies de aves sino a los peces. Las especies de aves se desarrollaron para el aire, las especies de peces para el agua. No fue hasta que lo que llamamos la condición de la Luna donde ciertos seres anteriores a los pájaros-aire fueron transformados de tal manera que se convirtieron en peces, —a causa al agua. A los seres parecidos a los pájaros se les añadieron los peces. Se podría decir que los peces son pájaros que se han vuelto acuosos, pájaros que reciben el agua. De esto se puede deducir que el pez apareció más tarde que las aves; aparecieron cuando el elemento acuoso estaba allí, es decir, durante el período de la Antigua Luna.

Y ahora ya no les sorprenderá que todo lo que está nadando en un estado acuoso durante el tiempo de la Antigua Luna se asemeje a un pez. Los pájaros parecían peces a pesar de volar en el aire y ser más ligeros.  Todo era como un pez. Ahora bien, esto es interesante: si observamos hoy un embrión humano aproximadamente el día 21 o 22 después de la concepción, ¿cuál es su apariencia? Allí nada en un elemento fluido en el cuerpo de la madre, ¡y se ve realmente como un pez diminuto! El ser humano realmente tenía esta forma durante el antiguo período lunar y todavía la tiene en la tercera semana de embarazo; él lo ha preservado.

Se puede decir, entonces, que el hombre se desarrolló a sí mismo de esta forma en la Antigua Luna, y todavía podemos ver por la forma de pez que tiene el embrión cómo se va resolviendo él solo. Cuando observamos el mundo presente, en todas partes podemos ver cómo antes todo tenía vida, así como sabemos de un cadáver que tenía vida anterior. Así que hoy les he descrito la condición anterior de lo que ahora tenemos en la Tierra como mineral. Miramos un cadáver y decimos que ya no puede mover las piernas, las manos, ya no abre la boca o los ojos —todo se ha vuelto inmóvil. Sin embargo, eso nos lleva de vuelta a un estado humano en el que todo se puede mover: piernas, brazos, manos, donde los ojos se pueden abrir Del mismo modo, miramos a nuestro alrededor el cadáver de la Tierra, los restos de un cuerpo viviente, en el que el hombre y el animal aún deambulan, y recordamos el tiempo en que toda la Tierra estuvo viva.

Pero hay algo más. Dije que con la concepción, la potencialidad del ser humano físico está allí y, gradualmente, se desarrolla el embrión. También describí lo que sucede antes, los procesos en el organismo femenino, lo que se elimina en los períodos mensuales y cómo se expulsa un elemento espiritual también. Ahora en este proceso siempre hay algo de la naturaleza de la fiebre, incluso en una mujer sana y perfectamente normal. Esto es porque hay una condición de calor; es la condición de calor que se ha preservado de la antigua condición que tenemos en el dibujo llamado Saturno. Esta condición de fiebre aún perdura.

Se puede decir que toda nuestra evolución procedió de una especie de condición febril de nuestra Tierra, que llegó a su fin con el enfriamiento. La mayoría de las personas hoy en día ya no tienen fiebre sino que de hecho están completamente secas. Sin embargo, incluso ahora, cuando hay algo que no está causado por el calor externo sino que aparece interiormente como calor, dándonos algo de vida interior, ahora también tenemos una condición de fiebre.

Así es, señores: uno puede ver en todas partes en las condiciones de la humanidad actual cómo se pueden remontar a las condiciones del pasado. Hoy les he contado cómo el hombre, el animal, la planta y el mineral evolucionaron gradualmente a medida que todo el cuerpo cósmico con el que todos están conectados se hizo más y más sólido.

Seguiremos hablando de todo esto —hoy es lunes— el miércoles a las nueve en punto.

Traducido por Gracia Muñoz en enero de 2018.

 

 

[1] “El pequeño experimento de Plateau”, elaborado por el físico J.A.E Plateau, 1801 – 1883. Compare la descripción de Vincent Knauer en sus conferencias,  “El problema principal de la filosofía”, Viena y Leipzig 1892: “Uno de los mejores experimentos es el experimento Plateau. Se prepara una mezcla de agua y alcohol, que tenga el peso exacto del aceite de oliva puro. En esto se vierte una gota de aceite bastante grande. Esto no flota en la parte superior del líquido, sino que se hunde en el medio, en forma de una bola. Se perfora en el centro un pequeño disco de cartón con una aguja larga y se baja cuidadosamente en el centro de la bola de aceite, de modo que el borde del cartón se convierta en el “ecuador” de la bola. El disco ahora se pone en movimiento, al principio lentamente, luego más y más rápido. Naturalmente, el movimiento se imparte a la bola de aceite, y como resultado de la fuerza del movimiento, partes del aceite se desprenden y continúan el movimiento por separado durante un tiempo, primero en círculos y luego girando como pequeñas bolas. De esta manera surge algo sorprendentemente similar a nuestro sistema planetario: en el centro, el globo más grande, como nuestro sol, y moviendo alrededor de él bolas y anillos más pequeños, como nuestros planetas con sus lunas.  La Ciencia Oculta, un bosquejo.

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