GA219c7. Procesos interiores en el organismo humano. Sentidos-Percepción, Dormir-Respiración, Despertar-Memoria.

Rudolf Steiner — Dornach, 22 de diciembre de 1922

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El hombre percibe las cosas del mundo a través de sus sentidos, pero con su conciencia ordinaria no percibe lo que ocurre dentro de los sentidos. Si hiciera esto en la vida cotidiana, no sería capaz de percibir el mundo exterior. Los sentidos deben, por así decirlo, renunciar a sí mismos si quieren dar a conocer al hombre lo que se encuentra fuera de los sentidos en el mundo que lo rodea inmediatamente en la Tierra. Si nuestro oído pudiera hablar o nuestro ojo pudiera hablar, si pudiésemos de este modo tomar conciencia de los procesos que tienen lugar en esos órganos, no deberíamos poder escuchar lo que se puede oír externamente ni ver lo que se ve exteriormente. Pero es precisamente esto lo que le permite al hombre conocer el mundo que lo rodea, en la medida en que es un ser terrestre; sin embargo, él no aprende a conocerse a sí mismo. Esto presupone que durante el proceso de adquisición del autoconocimiento uno puede suspender toda cognición del mundo exterior, de modo que durante un tiempo no se experimenta nada en absoluto desde el mundo externo.

En Ciencia Espiritual siempre se ha esforzado por descubrir métodos a través de los cuales el hombre pueda adquirir un verdadero autoconocimiento, y ustedes son conscientes de las muchas conferencias diferentes que he dado, que por este autoconocimiento no me refiero al tipo ordinario de melancólica contemplación del ser cotidiano; porque todo lo que el hombre experimenta de ese modo es simplemente una imagen refleja del mundo externo. Él no aprende nada que sea nuevo; simplemente conoce, como en un espejo, lo que ha experimentado en el mundo físico exterior. El verdadero autoconocimiento debe, como saben, proceder a través de métodos que silencien no solo el mundo externo terrenal, sino también el contenido diario del alma que, tal como existe en la conciencia real, es simplemente una imagen especular del mundo exterior. Y a través de los métodos descritos en el libro Como se adquiere el conocimiento de los Mundos Superiores, saben que la investigación espiritual avanza primero a lo que se llama Cognición Imaginativa.

Quien avanza a este Conocimiento Imaginativo tiene ante sí, desde el principio, todo lo que pertenece al mundo suprasensible que puede revestirse de las imágenes y panorámicas de esta forma de conocimiento superior. Y cuando ha adquirido la facultad interior de la visión imaginativa del mundo, ya está en posición de seguir lo que ocurre en los órganos de los sentidos humanos.

No sería posible seguir lo que ocurre en los órganos de los sentidos si solo continuara algo allí mientras el mundo exterior fuera percibido a través de ellos. Cuando veo un objeto del mundo exterior, mi ojo está quieto. Cuando escucho algún sonido del mundo exterior, mi oído está quieto. Esto significa que aquello de lo que el oído da cuenta no es lo que sucede dentro del oído sino lo que viene desde el mundo externo hacia el oído. Pero si, por ejemplo, el oído solo fuera activo en conexión con el mundo externo mientras se llevara a cabo la percepción externa, nunca seriamos capaces de observar el proceso que ocurre en el oído mismo, independientemente del mundo exterior. Pero todos ustedes saben que una impresión sensorial tiene un efecto posterior en los sentidos, aparte del hecho de que los sentidos siempre participan incluso cuando estamos simplemente pensando activamente con nuestra conciencia ordinaria. Es posible retirarse por completo del mundo exterior en la medida en que es un mundo de color, sonido, olor, etc., y prestar atención únicamente a lo que sucede en o por medio de nuestros propios órganos sensoriales. Cuando llegamos a este punto, hemos dado el primer paso hacia la adquisición del verdadero conocimiento del hombre. Para tomar el ejemplo más simple, digamos que queremos entender cómo se desvanece una impresión hecha en el ojo del exterior. Una persona que ha adquirido la facultad de Cognición Imaginativa es capaz, porque no está percibiendo nada en el mundo externo, de seguir esta muerte lejos de la impresión sensorial. Es decir, está siguiendo un proceso en el que está involucrado el órgano de los sentidos como tal, aunque en este momento en realidad no está en conexión con el mundo externo.

O, digamos, alguien puede imaginarse vívidamente algo que ha visto, dándose cuenta de cómo el órgano de la vista participó en el pensamiento viviente de los colores, y así sucesivamente. Lo mismo se puede hacer en el caso de todos los sentidos. Entonces, tal persona realmente se hace consciente de que lo que ocurre dentro de los sentidos solo puede ser percibido por la Cognición Imaginativa. Como por arte de magia aparece ante nuestra alma un mundo de Imaginaciones cuando vivimos, no en el mundo externo, sino en los sentidos mismos. Y luego empezamos a entender que nuestros sentidos pertenecen a un mundo diferente al que percibimos a través de los mismos en nuestra existencia de la Tierra. Nadie que esté verdaderamente en una posición, a través de la adquisición del Conocimiento Imaginativo, de observar la actividad de sus propios sentidos, puede dudar de que el hombre, como ser sensible, pertenece al mundo suprasensible.

En el libro La Ciencia Oculta, he llamado al mundo que el hombre aprende a conocer retirando su atención del mundo exterior y viviendo dentro de sus propios sentidos, el mundo de los Ángeles, los Seres que están en un nivel más alto que el hombre. ¿Qué es lo que realmente sucede en nuestros sentidos? Podemos comprender si somos capaces de observar la actividad interna de los sentidos mientras no estamos percibiendo con ellos. Así como podemos recordar una experiencia que tuvo lugar años antes, aunque ya no está presente, entonces, si somos capaces de observar los sentidos mientras no están ocupados en ningún acto de percepción, podemos adquirir conocimiento de lo que allí sucede. No puede llamarse remembranza, porque eso transmitiría una idea falaz; sin embargo, en lo que percibimos, podemos percibir al mismo tiempo los procesos engendrados en los sentidos por el mundo exterior a través del color, el sonido, el olfato, el gusto, el tacto, etc.

De esta manera, podemos penetrar en algo de lo que el hombre es inconsciente, es decir, la actividad de sus propios sentidos mientras el mundo exterior le transmite sus impresiones.  Y aquí nos damos cuenta de que el proceso de respiración —la inhalación del aire, la distribución del aire en el organismo humano, la exhalación— funciona de manera notable a través de todo el organismo. Cuando respiramos, el aire inhalado pasa a las ramificaciones más finas de los sentidos, y aquí la respiración rítmica entra en contacto con lo que se llama en la Ciencia Espiritual, el cuerpo astral del hombre. Lo que sucede en los sentidos depende de que el cuerpo astral entre en contacto con el proceso de respiración rítmica.

Por lo tanto, cuando escuchas un tono, es porque el cuerpo astral puede entrar en tu órgano de audición en contacto con el aire que vibra. No puede hacer esto en ninguna otra parte del organismo humano, sino solo en los sentidos. Los sentidos están presentes en el hombre para que el cuerpo astral pueda contactar lo que surge en el cuerpo humano a través de la respiración. Y esto sucede no solo con el órgano de la audición, sino en todos los órganos de los sentidos; incluso con el sentido del tacto o sentimiento que se extiende sobre todo el organismo, el cuerpo astral entra realmente en contacto con la respiración rítmica, es decir, con la acción del aire en nuestro organismo.

Es precisamente al estudiar estas cosas que nos damos cuenta de lo necesario que es tener en cuenta que el hombre no es simplemente una estructura sólida, sino casi el 90% una columna de agua; como el aire circula todo el tiempo en los procesos internos del cuerpo, también es un organismo aéreo. Y el organismo aéreo, con su vida entrelazada, entra en contacto, en los órganos de los sentidos, con el cuerpo astral del hombre. Esto ocurre de muchas maneras en los órganos de los sentidos, pero hablando en general puede decirse que este encuentro es el factor esencial en todos los procesos sensoriales.

Observar cómo el cuerpo astral entra en contacto con el aire no es posible a menos que ingresemos en el mundo Imaginativo. Con la Cognición Imaginativa se perciben otras condiciones en el entorno de la Tierra donde las fuerzas astrales entran en contacto con el aire. Pero dentro de nosotros, como seres humanos, lo que es de importancia esencial es que el cuerpo astral entre en contacto con el proceso de respiración y con lo que realmente envía el proceso de respiración a través del organismo corporal.

Así aprendemos a conocer el tejer de la actividad de los Seres pertenecientes a la jerarquía de los Ángeles. La única imagen verdadera que podemos tener de ello es que en el proceso inconsciente que sigue su curso en la percepción de los sentidos, este mundo de Seres suprasensibles está trabajando y tejiendo, entrando y saliendo, por así decirlo, a través de las puertas de nuestros sentidos. Cuando escuchamos y cuando vemos, este es un proceso que no tiene lugar únicamente a través de nuestra voluntad arbitraria, sino que pertenece también a un mundo objetivo, que opera en una esfera donde los hombres ni siquiera estamos presentes, pero a través de la cual somos verdaderamente hombres, hombres dotados de sentidos.

Verán, cuando nuestro cuerpo astral entre el despertar y el dormir entra en relación con la esfera de nuestros sentidos con el aire que ahora es respiración rítmica y por lo tanto ha cambiado de carácter, aprendemos, por así decirlo, a conocer la periferia más exterior del hombre. Pero aprendemos a conocer aún más al hombre si podemos alcanzar la etapa superior de la cognición suprasensible llamada Inspiración en los libros ya mencionados.

En este punto, debemos pensar en cómo el hombre está sujeto a los estados alternantes de la vida de vigilia y la vida del sueño. La percepción sensorial también está sujeta a esta alternancia. Las percepciones no tendrían el efecto correcto sobre nuestra conciencia si no pudiéramos interrumpir continuamente el proceso involucrado. Saben por experiencias puramente externas que la rendición prolongada a una percepción sensorial afecta a  la conciencia de ello.

Debemos retirarnos una y otra vez de una impresión sensorial dada, es decir, debemos alternar entre la impresión y otra condición donde no tenemos impresión. Que nuestra conciencia sea normal en lo que respecta a las impresiones de los sentidos depende de que también podamos retirar los sentidos de la impresión que se está produciendo sobre ellos; la percepción sensorial siempre debe estar sujeta a estas breves condiciones alternas. Estas alternancias también ocurren en períodos más largos de nuestra vida, ya que alternamos una vez cada veinticuatro horas entre el dormir y el despertar.

Ustedes saben que cuando pasamos a la condición de sueño, nuestro cuerpo astral y yo abandonan el cuerpo físico y etérico. Consecuentemente, entre el dormir y el despertar el cuerpo astral entra en relación con el mundo exterior, mientras que entre el despertar y el dormir se relaciona solo con lo que sucede dentro del cuerpo humano. Imagínense estos dos estados, o estos dos procesos: el cuerpo astral entre el despertar y el dormir en conexión con lo que ocurre en el cuerpo físico y etérico humano y el cuerpo astral entre el dormirse y despertar en conexión con el mundo exterior, ya no con el cuerpo físico y etérico del hombre mismo.

Las esferas de los sentidos en nosotros ya son casi un mundo exterior, si puedo usar la expresión que, aunque sea paradójica, lo entiendan. Piensen, por ejemplo, en el ojo humano. Es como un ser independiente —naturalmente quiero decir esto solo de forma análoga— pero es realmente como un ser independiente colocado allí en una cavidad en el cráneo, y luego continúa más hacia el interior con independencia comparativa. El ojo mismo, aunque impregnado de vida, es notablemente como un aparato físico. Los procesos en el ojo y los procesos en un aparato físico se pueden caracterizar de una manera notablemente similar. El alma, es cierto, comprende los procesos que surgen en el ojo, pero, como he dicho a menudo, los órganos de los sentidos o las esferas de los sentidos son como golfos que el mundo exterior extiende dentro de nosotros, por así decirlo, y en las esferas de los sentidos participamos mucho más en el mundo exterior que los otros dominios de nuestro organismo.

Cuando volvemos nuestra atención a algún órgano interno como los riñones, por ejemplo, no podemos decir que allí compartimos algo externo en virtud de experimentar los procesos del órgano mismo. Pero al experimentar lo que sucede en los sentidos, experimentamos el mundo exterior al mismo tiempo. Les ruego que ignoren por completo las cosas que puedan conocer de los tratados sobre la fisiología de los sentidos y demás. No me estoy refiriendo ahora a ninguna de estas cosas, sino al hecho de que es perfectamente accesible para la comprensión humana ordinaria, saber que el proceso que tiene lugar en los sentidos puede captarse más fácilmente como algo que se extiende hacia nosotros desde fuera y de lo cual participamos, como algo que traemos interiormente a través de nuestro organismo.

Por lo tanto, también es un hecho que en los sentidos, nuestro cuerpo astral está prácticamente en el mundo exterior. Especialmente cuando nos hemos rendido deliberadamente a las percepciones sensoriales del mundo exterior, nuestro cuerpo astral está en realidad casi completamente sumergido en el mundo exterior, aunque no en la misma medida en el caso de todos los sentidos. Está completamente sumergido en el mundo exterior mientras dormimos. Entonces, desde este punto de vista, el sueño es una especie de mejora de la entrega de los sentidos al mundo exterior. Cuando tus ojos se cierran, tu cuerpo astral también se retira más al interior de la cabeza; te perteneces más a ti mismo. Cuando miras hacia afuera de la manera normal, entonces el cuerpo astral se introduce en el ojo y participa en el mundo exterior. Si sale totalmente fuera del organismo, entonces te duermes. La rendición de los sentidos al mundo exterior no es, de hecho, lo que normalmente se supone, sino que en lo que respecta a la conciencia, es en realidad una etapa en el camino hacia el sueño.

Así, en los actos de percepción sensorial, el hombre participa en cierta medida en el mundo exterior; en el sueño, participa en él por completo. Con la Inspiración (conocimiento a través de la Inspiración) puede tomar conciencia de lo que está sucediendo en el mundo en el que se encuentra con su cuerpo astral entre el sueño y la vigilia.

Con la Inspiración Cognitiva, sin embargo, el hombre puede tomar conciencia de otra cosa, a saber, del momento de despertarse. El momento de la vigilia es, por así decirlo, algo más intenso, más vivido, pero, sin embargo, se puede comparar con cerrar los ojos.

Cuando estoy posicionado ante un color, entrego mi cuerpo astral a eso en el ojo que,  como dije, está casi afuera, es decir, al proceso ocasionado por un color del mundo externo que causa una impresión en mi ojo. Cuando cierro los ojos, vuelvo a llamar a mi cuerpo astral dentro de mí; cuando me despierto, retiro mi cuerpo astral del mundo externo, del cosmos. A menudo, infinitamente a menudo durante la vigilia del día, en relación con los ojos o los oídos, por ejemplo, hago lo mismo con mi cuerpo astral cuando estoy despierto, solo entonces mi organismo completo está involucrado como totalidad. Al despertar, retiro todo mi cuerpo astral. Naturalmente, este proceso de retracción del cuerpo astral al despertar permanece inconsciente de la manera ordinaria, del mismo modo que el proceso de los sentidos permanece inconsciente. Pero si este momento de vigilia se convierte en una experiencia consciente para alguien que ha alcanzado la etapa de la Inspiración, es evidente a la vez que esta entrada del cuerpo astral tiene lugar en un mundo completamente diferente de aquel en el que vivimos; sobre todo, a menudo es obvio lo difícil que es para el cuerpo astral regresar a los cuerpos físico y etérico. Los obstáculos están ahí.

Se puede decir verdaderamente que aquel que comienza a hacerse consciente de este proceso de retorno del cuerpo astral al cuerpo físico y etérico experimenta percusiones y tormentas espirituales. Estas tormentas espirituales muestran que el cuerpo astral se sumerge en el cuerpo físico y etérico, pero estos cuerpos no son como las descripciones dadas por los anatomistas y fisiólogos, ya que ellos también pertenecen al mundo espiritual. Tanto el llamado cuerpo físico como el cuerpo etérico algo nebuloso están arraigados en un mundo espiritual. En su naturaleza real, el cuerpo físico se revela como algo bastante diferente de la imagen material presentada a la vista o por la ciencia ordinaria.

Este descenso del cuerpo astral hacia los cuerpos físico y etérico puede aparecer en imágenes de infinita variedad. Digamos que una pieza de madera que se quema cae en el agua, es la analogía más simple y abstracta de la experiencia que puede surgir en alguien que recién comienza a tener conocimiento de este proceso. Pero luego se vuelve interiormente real de múltiples maneras, y luego se espiritualiza por completo en la medida en que al principio solo se puede comparar en su apariencia a una furiosa tormenta que luego se permea con movimientos armoniosos, dando la impresión de que algo está hablando, está diciendo o anunciando alguna cosa.

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Lo que se anuncia así se viste, en primer lugar, en imágenes de reminiscencias de la vida ordinaria; pero esto cambia con el tiempo y gradualmente llegamos a experimentar un mundo que también nos rodea pero en el que nuestras experiencias no pueden llamarse reminiscencias de las percepciones ordinarias, porque son de un carácter completamente diferente y porque nos muestran en sí mismas que esto es un mundo diferente. Se puede percibir que el hombre con su cuerpo astral sale de su entorno a los cuerpos físico y etérico a través de todo el proceso de respiración. El cuerpo astral que está activo en los sentidos entra en contacto con las delicadas ramificaciones del proceso de respiración y penetra en los ritmos sutiles en los que el proceso de respiración alcanza la esfera de los sentidos. En el momento de despertar, el cuerpo astral deja el mundo exterior, entra en los cuerpos físico y etérico y se apodera del proceso de respiración que se ha dejado durante el período de sueño. A lo largo del camino del proceso de respiración, del movimiento de la respiración, el cuerpo astral entra en el cuerpo físico y etérico y se extiende como lo hace la respiración misma.

En el momento de la vigilia, la conciencia ordinaria se involucra rápidamente en la percepción del mundo exterior, y rápidamente une la experiencia del proceso de respiración con la experiencia del organismo como un todo. La conciencia en la etapa de Inspiración puede separar este flujo del cuerpo astral a lo largo del camino del ritmo respiratorio y tomar conciencia del resto del proceso orgánico, aunque naturalmente este último no sigue su curso por sí mismo. No solo en este momento de vigilia, sino que en todo momento el movimiento de la respiración en el organismo humano está, por supuesto, conectado internamente con los otros procesos del organismo. Pero en la conciencia superior de la Inspiración, los dos se pueden separar. Seguimos cómo el cuerpo astral, moviéndose a lo largo de los caminos de la respiración rítmica, ingresa en el cuerpo físico, y luego aprendemos a saber algo que de otro modo permanecería completamente inconsciente.

Después de haber experimentado todos los estados de conciencia que acompañan a esta entrada del cuerpo astral y son objetivos —no subjetivos— estados de sentimiento, el conocimiento llega a ese hombre, en la medida en que no es simplemente un ser de sentidos sino también un ser de aliento, tiene sus raíces en el mundo que he llamado en la Ciencia Oculta el mundo de los Arcángeles. Así como los Seres del mundo suprasensible que están una etapa por encima del hombre están activos en sus procesos sensoriales, también lo están los Seres del mundo espiritual que están dos etapas por encima de él activas en el proceso respiratorio. Entran y salen, por así decirlo, entre el dormir y el despertar.

Algo de gran importancia para la vida humana se nos presenta cuando observamos estos procesos. Si nuestra vida de vigilia no fuera interrumpida por el sueño, aunque las impresiones del mundo exterior vinieran a nosotros, estas impresiones durarían solo un corto tiempo. No podríamos desarrollar un poder duradero de memoria. Ya saben cuán fugazmente funcionan las imágenes en los sentidos como imágenes posteriores. Los procesos que se activan más profundamente en el organismo continúan trabajando durante más tiempo; pero las secuelas no continuarán por más de unos días si no dormimos.

¿Qué es lo que realmente sucede en el sueño? Aquí debo recordarles algo que dije recientemente, describiendo cómo durante el sueño, con su cuerpo astral y su yo, el hombre siempre vive en un orden retrospectivo lo que ha experimentado en el mundo físico en el período anterior de vigilia. Tomemos un período de vigilia regular y un período de sueño regular; sin embargo, es lo mismo para períodos irregulares. Un hombre se despierta una cierta mañana, se entretiene durante el día, se va a descansar por la noche y duerme durante la noche la tercera parte del tiempo que estuvo despierto. Entre despertarse e irse a dormir tiene una serie de experiencias, experiencias diurnas. Durante el sueño, en realidad vive en orden inverso lo que se ha experimentado durante el día. La vida de sueño retrocede con mayor rapidez, por lo que solo se necesita un tercio del tiempo.

¿Qué ha sucedido realmente? Si tuviéramos que dormir de acuerdo con las leyes del mundo físico, ahora no me refiero al cuerpo, porque el cuerpo duerme de acuerdo con esas leyes como una cuestión de rutina, pero si en las condiciones de existencia fuera de los cuerpos físicos y etéricos, en nuestro yo y nuestro cuerpo astral, nuestro sueño se rigiera por las mismas leyes que rigen nuestra vida de vigilia, este movimiento hacia atrás no sería posible, ya que simplemente deberíamos avanzar con el flujo del tiempo. Estamos sujetos a leyes totalmente diferentes cuando en nuestro cuerpo astral y yo estamos fuera de los cuerpos físico y etérico.

Ahora piensen en lo siguiente. Hoy es el 22 de diciembre; esta mañana fue para vosotros, cuando os despertasteis del sueño, la mañana del 22 de diciembre. En un momento dado se irán a dormir y para cuando se despierten mañana, las experiencias en su orden retrógrado, les habrán llevado de nuevo a la mañana del día de hoy, el 22 de diciembre. Entonces han pasado por un proceso interno en el que han retrocedido. Cuando se despierten mañana, la mañana del 23 de diciembre, el proceso les habrá devuelto a la mañana del 22 de diciembre. Se despiertan; en el mismo momento, porque ahora el cuerpo astral, contrario a las leyes que ha estado obedeciendo durante su sueño, hace que el tirón atraviese su cuerpo hacia el mundo físico ordinario, al mismo tiempo que se ve obligado en su vida más íntima del alma a avanzar rápidamente con su yo y cuerpo astral hasta la mañana del 23 de diciembre. En realidad, se pasa por este proceso interiormente.

Quiero que entiendan con todo su significado lo que ahora voy a decir. Si tienen algún tipo de gas en un recipiente cerrado, pueden comprimir ese gas para que se vuelva más denso. Este es un proceso en el espacio. Pero puede ser comparado, —naturalmente solo comparado— con lo que acabo de describirles.  Regresas con tu cuerpo astral y tu yo a la mañana del 22 de diciembre, y luego, cuando despiertas, avanzas rápidamente hacia la mañana del 23 de diciembre. Impulsas tu alma hacia adelante en el Tiempo. Y a través de este proceso, tu ser anímico, tu cuerpo astral, se vuelve tan condensado en el tiempo, que lleva las impresiones del mundo exterior no solo por un corto período de tiempo, sino como memoria perdurable. Así como cualquier gas que se condensa al ejercer una presión más fuerte, tiene más poder interno, también el cuerpo astral adquiere el fuerte poder del recuerdo, de la memoria, a través de esta condensación interna en el Tiempo.

Esto nos da una idea de algo que de otra forma siempre se escapa de nuestra conciencia. Podemos concebir que el Tiempo fluye de manera uniforme y que todo lo que tiene lugar en el Tiempo también fluye en forma pareja con él. Con respecto al espacio, sabemos que todo lo que se extiende en el espacio se puede condensar; y su poder interno de expansión aumenta. Pero el elemento anímico que vive en el Tiempo, también se puede condensar —estoy hablando figurativamente, por supuesto— y luego aumenta su poder interno. Y para el hombre, uno de estos poderes es el poder de la memoria.

De hecho, debemos este poder de recuerdo, de memoria, a lo que sucede durante nuestro sueño. Desde el momento de ir a dormir hasta el despertar estamos en el mundo de los Arcángeles, y junto con los Seres de esa jerarquía cultivamos este poder de la memoria. Así como cultivamos el poder de la percepción sensorial y la combinación de percepciones sensoriales junto con los Seres de la jerarquía de los Ángeles, también cultivamos este poder de la memoria, que es un poder mas guardado, más conectado con el centro de nuestro ser, en comunión con el mundo de los Arcángeles.

El verdadero conocimiento del hombre no existe en una forma nebulosa y mística de introspección melancólica; el verdadero conocimiento del hombre, con cada paso adicional que lleva a la vida interior, conduce al mismo tiempo a mundos superiores. Hoy hemos hablado de dos de esos pasos. Si contemplamos la esfera de los sentidos, estamos en la esfera de los Ángeles; si contemplamos la esfera de la memoria, entramos en la esfera de los Arcángeles. El autoconocimiento es, al mismo tiempo, conocimiento de los Dioses, conocimiento del Espíritu, porque cada paso que conduce al ser interior del hombre conduce ipso facto al mundo espiritual. Y cuanto más profunda es la penetración mayor —para usar una paradoja— es el ascenso al mundo de los Seres espirituales. El autoconocimiento, si es serio, es verdadero conocimiento del mundo, es decir, conocimiento del contenido espiritual del mundo.

Por lo que se ha dicho, se puede entender por qué en la antigüedad, cuando ciertos pueblos orientales se esforzaban por adquirir un tipo de visión espiritual instintiva, el objetivo era hacer que el proceso de respiración fuera un proceso consciente mediante ejercicios de respiración especiales. De hecho, tan pronto como el proceso de respiración se convierte en un proceso consciente, entramos en el mundo espiritual.

No necesito volver a decir hoy que esas prácticas antiguas no deberían ser repetidas por el hombre moderno con su constitución diferente, sino que deberían ser reemplazadas por otras que se exponen en los libros mencionados. Sin embargo, se puede decir con verdad en el caso de ambos tipos de conocimiento, el conocimiento basado en la antigua clarividencia mística y el conocimiento producido por la clarividencia exacta propia de la edad moderna, que la observación genuina de los procesos que tienen lugar internamente en el hombre conducen al mismo tiempo al mundo espiritual.

Hay personas que dicen: Todo esto no es espiritual, ya que el objetivo es investigar los sentidos, la respiración. Lo llaman autoconocimiento materialista en comparación con la nebulosa experiencia mística. ¡Pero que intenten practicarlo por una vez! Pronto descubrirán que el conocimiento genuino del proceso sensorial revela que es un proceso espiritual y que considerarlo como un proceso material es pura ilusión. Y lo mismo se aplica al proceso de respiración. El proceso de respiración es un proceso material solo cuando se ve externamente. Visto desde adentro, es a través de un proceso espiritual, que toma su curso en un mundo mucho más elevado que el mundo que percibimos a través de nuestros sentidos.

Traducido por Gracia Muñoz en Diciembre de 2017.

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GA219c5. Las facultades humanas y su conexión con los seres elementales.

Rudolf Steiner — Dornach, 16 de diciembre de 1922

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Las facultades que necesita el hombre para poder enfrentarse al mundo y trabajar en él durante la vida terrenal están conectadas, como ya he demostrado, con sus actividades en el mundo espiritual entre la muerte y el renacimiento. Esto significa, sin embargo, que aquí en la Tierra el hombre vive en ciertas esferas que en la Tierra misma no tienen una realidad inherente, que sólo manifiestan su realidad cuando se observa desde el reino suprasensible.

Dirigiremos nuestra atención hoy a los tres dominios que en realidad comprenden toda la actividad humana en la Tierra:

  • a los pensamientos a través de los cuales el hombre se esfuerza por asimilar la Verdad en el mundo;
  • a los sentimientos, en la medida en que a través del mundo de sentimientos, el hombre se esfuerza por asimilar la Belleza;
  • a su naturaleza volitiva, en la medida en que está destinado a llevar la Bondad a su cumplimiento a través de él.

Cuando hablamos de pensamientos, nos referimos a ese dominio a través del cual puede  asimilarse la Verdad. Pero los pensamientos en sí mismos no pueden ser reales. Precisamente cuando tenemos claro que a través de nuestros pensamientos tenemos que informarnos sobre la verdad de lo que es real, también debe admitirse que los pensamientos, como tales, no pueden ser reales. Solo imaginen por un momento que debieran estar fijados tan firmemente en sus pensamientos como lo están en su cerebro o en su corazón; si ese fuera el caso, estos pensamientos serían de hecho algo real en sí mismos. Pero no podríamos asimilar la realidad a través de ellos. Tampoco podríamos expresar a través del lenguaje humano lo que el habla humana pretende expresar si contuviera la realidad completa en el sentido terrenal ordinario. Si cada vez que pronunciáramos una oración nos viéramos obligados a sacar algo pesado de la boca, no podríamos expresar nada; sería más bien una cuestión de producir algo. En este sentido, lo que se habla no es una realidad en sí misma, sino que “significa” una realidad, así como los pensamientos no son en sí mismos una realidad, sino que simplemente significan una realidad.

Y si consideramos la Bondad, entonces encontraremos que lo que se forma a través de la realidad física nunca puede ser llamado el Bien. Debemos elevar desde las profundidades de nuestro ser el impulso hacia la Bondad, al principio como algo totalmente irreal, y luego hacerlo realidad. Si el impulso hacia la Bondad surgiera como el hambre, como una realidad externa, la Bondad es justo lo que no podría ser.

Y nuevamente, cuando estás mirando una estatua, no se te ocurre pensar que puedes conversar con ella. Es meramente apariencia; y en la apariencia algo se manifiesta, a saber: Belleza. De modo que en la Verdad, la realidad está ciertamente indicada; pero la Verdad misma se mueve en un elemento de irrealidad; ocurre lo mismo con la Belleza, y lo mismo con la Bondad.

Por lo tanto, es necesario para el hombre que sus pensamientos no sean, en sí mismos, reales. Imagínense, si los pensamientos vagaran en la cabeza como figuras de plomo, entonces, sin duda, estarían al tanto de una realidad, pero estos pensamientos plomizos no podrían significar nada para ustedes, serían algo real en sí mismos. Tan cierto como los Pensamientos, lo Bello y lo Bueno no pueden ser directamente reales, también es cierto que la realidad es necesaria en este mundo físico terrenal para que podamos tejer Pensamientos, hacer que lo Bello se manifieste en el mundo a través del arte, y también llevar el Bien a la realización.

Al hablar de esto, voy a entrar en un dominio de la Ciencia Espiritual que puede conducirnos muy profundamente a la espiritualidad que nos rodea aquí en la Tierra y que es esencial para la existencia terrenal, pero totalmente alejada de la observación posible de los sentidos y por lo tanto no puede ser captada por la conciencia ordinaria que depende, como ustedes saben, enteramente de la percepción física. El hecho es que estamos rodeados en todas partes por seres espirituales de la mayor variedad posible, solo que la conciencia ordinaria no los percibe. Su existencia es necesaria para que, como seres humanos, podamos desplegar nuestras facultades, tener pensamientos en su ligereza y evanescencia quiméricas, para que no estén presentes en nuestras cabezas como pesos de plomo, no son algo real en sí mismos, sino que pueden ‘significar’ la realidad.

Para esto es necesario que haya seres en el mundo que eviten que nuestros pensamientos con su no realidad se desvanezcan inmediatamente. Nosotros, los hombres, realmente somos demasiado engorrosos, demasiado pesados, para poder sin más demorar nuestros pensamientos con la conciencia ordinaria. Los seres elementales deben estar allí, seres que nos ayudan una y otra vez a retener nuestros pensamientos. Tales seres elementales están realmente presentes, solo que son extraordinariamente difíciles de descubrir porque siempre se ocultan a sí mismos. Cuando preguntamos: ¿cómo es que realmente podemos mantener un pensamiento cuando no tiene realidad? ¿Quién nos está ayudando a hacer esto?  —incluso entonces es muy fácil ser engañado, precisamente cuando el asunto se considera a la luz de la Ciencia Espiritual. Porque en el momento mismo que comenzamos a hacernos la pregunta: ¿por qué se aferran los pensamientos a los hombres? a través de este deseo de conocer las entidades espirituales que mantienen los pensamientos, rápido somos conducidos al reino de los seres Ahrimánicos; nos sumergimos en el reino de estos seres y muy pronto comenzamos a creer —aunque es, por supuesto, una creencia engañosa—  que el hombre debe estar apoyado por los espíritus Ahrimánicos para poder aferrarse a los pensamientos, para que no desaparezcan en el momento en que los abraza.  En este sentido, la mayoría de la gente está —inconscientemente— incluso agradecida a los seres ahrimánicos por apoyarles en su pensamiento. Pero es una gratitud que esta fuera de lugar, porque existe un reino de seres que nos apoyan particularmente en nuestro mundo de pensamiento, y que de ninguna manera son ahrimánicos.

Estos seres son difíciles de encontrar en el mundo espiritual, incluso para una visión bien entrenada. Uno les encuentra a veces al observar a un hombre muy inteligente trabajando; si uno mira a un hombre así se puede percibir que en realidad tiene una banda volátil y fugaz de seguidores. Él no va solo, sino que tiene un seguimiento fugitivo de seres espirituales que no pertenecen al reino Ahrimánico, pero que tienen un carácter totalmente notable. Uno primero realmente aprende a conocer estos seres cuando puede observar a esos otros seres que pertenecen al reino Ahrimánico, a los reinos elementales, y por lo tanto no son perceptibles a los ojos de los sentidos, que están trabajando cuando surgen las formas en la Naturaleza, en las formas cristalinas, por ejemplo.

La actividad de estos seres subyace en toda forma; la encuentran descrita en mis Dramas Misterio como seres que cincelan y martillean formas sólidas. Si piensan en los seres parecidos a los gnomos en uno de los Dramas Misterio[1], tienen a los seres que producen formas. Ahora, estos seres son taimados y astutos —como pueden ver en la forma en que los presenté en el Drama— y se burlan de la escasa inteligencia que poseen los hombres. Recuerden esas escenas del Drama Misterio si lo conocen.

Ahora bien, si observamos a un hombre realmente inteligente y percibimos cómo puede tener un séquito compuesto por tal gran cantidad de seres como los que he descrito, descubrimos que estos seres son despreciados por los gnomos del mundo elemental porque son torpes y, sobre todo, porque son terriblemente tontos. ¡La tontería es su principal característica! Y así se puede decir que son precisamente en las personas más inteligentes del mundo, cuando podemos observarlas desde este aspecto, que son seguidas por tropas enteras de “tontos espirituales”. Es como si estos espíritus tontos quisieran pertenecer a alguien. Y son desdeñados en gran medida por los seres que modelan y dan forma a las formas en la Naturaleza de la manera descrita en los Dramas Misterio.

Por lo tanto podemos decir: entre los mundos desconocidos para comenzar con la conciencia ordinaria, hay uno que está poblado por un espíritu-grupo de “tontos”, tontos que se apiñan hacia la astucia y la sabiduría humana. En la actualidad, estos seres no tienen vida propia. Logran una vida utilizando la vida de aquellos que se están muriendo, que están muriendo a causa de una enfermedad pero en quienes las fuerzas vitales aun están presentes. Estos seres solo pueden hacer uso de una vida gastada. Por lo tanto, hay tontos espirituales que usan la vida que les queda a los hombres; se sacian a sí mismos con la vida que perdura en los cementerios y en esos lugares.

Es cuando penetramos en mundos como este donde nos damos cuenta de lo densamente poblado que está el reino que está detrás del mundo perceptible para los sentidos, qué multiplicidad de clases de seres espirituales, y cuán estrechamente conectados están estos seres espirituales con nuestras facultades. Un hombre inteligente que sigue sus actividades, que es meramente astuto y no clarividente, puede precisamente aferrar sus pensamientos a través del hecho de que es seguido por esta tropa de tontos espirituales. Estos tontos espirituales se atornillan a sus pensamientos, los arrastran y les dan peso, para que permanezcan con él, mientras que de lo contrario se desvanecerían rápidamente del hombre.

Estos seres son, como dije, amargamente burlados por los seres parecidos a los gnomos. Los seres semejantes a los gnomos no los tolerarán en su reino aunque pertenezcan a él. Los seres parecidos a los gnomos alejan a los demás continuamente y hay una dura lucha entre el gnomo de nuestro folklore y esta clase de tontos espirituales, a través de quienes es posible la sabiduría para el hombre; de lo contrario, la sabiduría sería fugitiva, desaparecería en el momento en que surgió, no podría permanecer. Como se ha dicho, estos seres son difíciles de descubrir porque es muy fácil caer en la esfera ahrimánica; cuando directamente se hacen preguntas sobre ellos. Pero uno puede encontrarlos en ocasiones como las que acabo de indicar, observando a hombres muy inteligentes que son seguidos por toda una tropa de tales seres. Aparte de eso, sin embargo, cuando no hay suficientes pensamientos inteligentes en los hombres, estos seres se encuentran persistentes, por ejemplo, en las bibliotecas, cuando los libros contienen material inteligente. Cuando los contenidos de los libros son estúpidos, estos seres no se encuentran; solo se encuentran donde hay inteligencia. Ahí se clavan a sí mismos.

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Esto nos da una idea del reino que nos rodea por todas partes, que está presente al igual que los reinos de la naturaleza están presentes, y que tiene algo que ver con nuestras facultades, pero es muy difícil de evaluar. Si deseamos hacer eso, debemos confiar en esos seres semejantes a los gnomos y dar algo de valor a su juicio, que de hecho, consideran a los otros seres estúpidos e imprudentes.

Pero estos otros seres tienen otra característica más. Cuando son perseguidos demasiado severamente por los seres semejantes a los gnomos, escapan a las cabezas humanas, y mientras afuera en la naturaleza son casi gigantes —de un tamaño enorme— se vuelven bastante pequeños cuando están dentro de la cabeza de los hombres. Se podría decir que son una especie anormal de espíritus de la Naturaleza, que están, sin embargo, íntimamente conectados con toda la evolución humana en la Tierra.

Hay seres de otro tipo que viven principalmente en los elementos acuosos y aireados, al igual que aquellos seres descritos en los Dramas Misterio como seres parecidos a silfos. Los seres a los que ahora me refiero tienen que ver principalmente con el mundo de la “bella apariencia”. Se apegan menos a los hombres que son inteligentes en el sentido ordinario que a aquellos que son de naturaleza genuinamente artística. Pero estos seres también son muy difíciles de descubrir ya que pueden ocultarse fácilmente. Se encuentran donde hay obras de arte genuinas, donde, por ejemplo, se representan en apariencia la forma o formas humanas de la Naturaleza, etc. Ahí pueden ser encontrados.

Estos seres también, como dije, solo se pueden descubrir con dificultad. Cuando, por ejemplo, nos preguntamos: ¿Cómo es que nos interesa esa bella apariencia? Hay ocasiones en las que obtenemos mayor placer de una estatua hermosa que de una persona viva (es cierto, es un tipo diferente de placer, pero a pesar de todo, mayor), o que somos edificados y deleitados por melodías o armonías?. Cuando nos preguntamos esto, caemos muy fácilmente en un reino diferente, en el reino de los seres Luciféricos. No están solo los seres luciféricos que promueven el entusiasmo por el arte, sino que también existe un reino de seres elementales por quienes se estimula y se mantiene vivo el interés por el arte en el hombre. Sin tales seres, el hombre nunca estaría dispuesto a interesarse en la apariencia bella, simplemente porque es irreal.

Ahora bien, la razón por la cual es tan difícil descubrir a estos seres es porque pueden ocultarse con mayor facilidad que los tontos espirituales, ya que en realidad solo están presentes donde la belleza hace sentir su poder. Y cuando estamos envueltos en el disfrute de lo bello, entonces ciertamente no vemos a estos seres. ¿Por qué es esto?.

Para poder verlos de una manera normal, debemos esforzarnos en dejar de lado las impresiones artísticas, para dirigir la visión clarividente a los seres que están representados en la escena de mis Dramas Misterio como ninfas o sílfides; estos seres también pertenecen a los reinos elementales de la Naturaleza, y debemos proyectarnos en ellos. Debemos, por así decirlo, mirar junto con los seres de aire y del agua a los otros a los que están presentes cada vez que la alegría se torna en belleza. Y como esto es difícil, debemos recurrir a otros medios de ayuda. Ahora, afortunadamente, es fácil descubrir a estos seres cuando escuchamos a alguien que habla muy bien y cuyo lenguaje no comprendemos adecuadamente; cuando escuchamos solo los sonidos, sin entender el significado. Si nos abandonamos a la experiencia de este hermoso discurso —pero debe ser realmente un hermoso hablar, una oratoria genuina, y no debemos ser capaces de entenderlo adecuadamente— entonces podemos adquirir la facultad, íntima y delicada de percibir a estos seres.

Por lo tanto, debemos intentar, por así decirlo, adquirir el talento de las sílfides y fortalecerlo a través del talento que se desarrolla cuando escuchamos un hermoso discurso sin esforzarnos por comprender el significado, sino que estamos atentos a la belleza del discurso. Entonces descubrimos a los seres que están presentes donde sea que esté la Belleza y obtener su apoyo para que el hombre pueda tener un verdadero interés en ella.

Y después sigue la desilusión, la terrible y gran sorpresa. Porque estos seres son, de hecho, terriblemente feos, lo más horrible que puedan imaginarse; son criaturas espantosas, el arquetipo mismo de la fealdad. Y si desarrollamos la visión espiritual necesaria y visitamos un estudio donde se realiza un trabajo artístico, descubrimos que son como los seres que están presentes en la Tierra, como arañas; en el terreno de la existencia del mundo, para que los hombres puedan interesarse por la belleza. Es a través de estas espantosas criaturas-araña de un orden elemental que realmente se despierta el interés en la Belleza. El hombre simplemente no podría tener el interés correcto en la Belleza si en su vida anímica no estuviera enredado en un mundo de horripilantes seres-araña.

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Cuando están visitando una Galería, la gente no tiene ni idea —porque lo que he dicho se refiere solo a descubrir la forma de estos seres, que siempre están presentes cuando alguien se deleita con la belleza— las personas no tienen ni idea de cómo se fortalecen por el interés que tienen en las bellas imágenes al tener estas horribles criaturas parecidas a arañas entrando y saliendo de sus orejas y orificios nasales.

El entusiasmo del hombre por lo que es bello surge sobre la base de la fealdad. Ese es un secreto cósmico, mis queridos amigos. El estímulo de la fealdad es necesario para que lo bello se manifieste. Y los mejores artistas fueron hombres que debido a su fuerte constitución corporal pudieron soportar las invasiones de estos seres araña para producir, digamos, una Virgen Sixtina, o algo similar. Cualquier belleza que surja en el mundo ha sido levantada de un mar de fealdad a través del entusiasmo en el alma humana.

Que no se piense que detrás del velo del mundo material, en la región más allá del umbral, entramos en un reino de belleza pura. No imaginemos que cualquiera que conozca estas cosas habla alegremente cuando dice que si los hombres no están preparados adecuadamente, deben ser retenidos en el umbral del mundo espiritual. Porque es esencial, antes que nada, conocer completamente los fundamentos no edificantes de todo lo que frente a la cortina, por así decirlo, es alentador y edificante.

Por lo tanto, si con la visión espiritual nos movemos en el mundo elemental que pertenece al aire y al agua, de nuevo vemos la gran batalla que se libra entre las efímeras sílfides y ondinas y estos arquetipos de la fealdad. Aunque hablé de estos últimos como criaturas-araña, el tejido del que están formados no es como el de las arañas que conocemos, sino que están compuestos de los elementos de agua y vapor acuoso. Son formaciones de aire volátiles, cuya fealdad se potencia, ya que cada segundo tienen una fealdad diferente; cada fealdad exitosa da la impresión de ser incluso peor que su predecesora. Este mundo está presente en el aire y el agua junto con todo lo que es delicioso allí.

Y ahora, para que el hombre pueda desplegar el entusiasmo por el Bien, ocurre algo más. Se puede decir de los otros seres que están más o menos en realidad allí, pero en el caso de los seres de los que voy a hablar ahora, realmente se debe decir que están apareciendo continuamente, siempre que, de hecho, un hombre lleve dentro de él un sentimiento cálido de Bondad.  Es en esta calidez donde se desarrollan estos seres; su naturaleza en sí misma es cálida y ardiente; viven en el presente pero su naturaleza inherente es similar a lo que he descrito en el libro La Ciencia Oculta en relación con la existencia del hombre en el Antiguo Saturno.

Tal como el hombre estuvo en la antigua existencia de Saturno, también lo están estos seres hoy. Su forma no es la misma, pero su naturaleza es similar. No se puede decir de ellos que sean bellos o feos, o algo por el estilo; deben ser juzgados en comparación con los elementales de calor o fuego ordinario, seres que, como ustedes saben, también existen. Toda investigación espiritual en esta esfera es extraordinariamente difícil.   Es muy difícil acercarse a los seres que viven completamente en el calor, es decir, en “fuego” en el sentido antiguo, y cuando uno los encuentra, no es muy agradable.  Uno se topa con ellos, por ejemplo, cuando se tiene la  fiebre alta, pero en general no se trata de un observador realmente objetivo. De lo contrario, se trata de desarrollar la facultad necesaria para percibir estos seres cálidos mediante la elaboración de los métodos indicados en mis libros.

Estos seres cálidos tienen cierta relación con los seres que aparecen, por ejemplo, cuando un hombre tiene un cálido entusiasmo por el Bien, pero la relación es muy peculiar. Asumiré hipotéticamente —porque solo de esta manera puedo describir estas cosas— que los seres cálidos del tipo normal están presentes, se originan en el calor físico del hombre, que como saben es mayor que el calor del ambiente. El hombre tiene su propia calidez, por lo tanto, estos seres particulares están cerca de él. Y ahora, en un hombre que tiene entusiasmo por el Bien, estos otros seres se manifiestan; ellos también son seres cálidos, pero de un tipo diferente. Cuando se encuentran cerca de los seres normales del fuego, inmediatamente se apartan de ellos y se deslizan hacia los rincones más recónditos de la naturaleza del hombre.

Si uno hace grandes esfuerzos para descubrir sus características esenciales en contraste con aquellos seres de calor normales, encuentra que tienen una timidez interna, pero muy pronunciada. Se niegan a ser observados por otros seres del mundo espiritual, y huyen de ellos porque están avergonzados de ser vistos; huyen ante todo a la naturaleza más íntima del hombre. Por lo tanto, son difíciles de descubrir. En realidad, solo se descubrirán si nos observamos en ciertos momentos que realmente no es tan fácil de lograr a voluntad. Supongamos que, a pesar de no ser sentimentales en absoluto, nos emocionamos con solo leer una escena de un libro que nos atrapa profunda y dramáticamente. Se describe una gran y buena acción, digamos, en una novela. Si tenemos el poder de la auto observación, podemos descubrir cómo huéspedes enteros de tales seres (que tienen una sensibilidad tan delicada que no quieren ser vistos por ningún otro ser del mundo espiritual) huyen a nuestro corazón, a nuestro pecho, cómo vienen a nosotros, cómo buscan protección de los otros seres cálidos y, de hecho, de cualquier otro ser de los mundos espirituales elementales.

Hay una fuerza significativa de repulsión entre los seres cálidos normales y estos otros seres cálidos con su intensa timidez que viven solo en la esfera de la vida moral del hombre y que huyen del contacto con otros seres espirituales. Estos seres están presentes en un número mucho mayor de lo que generalmente se imagina y son ellos quienes impregnan al hombre del entusiasmo por lo moralmente bueno. El hombre no adquiriría fácilmente este entusiasmo por lo moralmente bueno si estos seres no acudieran en su ayuda; y cuando un hombre ama la moral, tiene un vínculo real, un vínculo inconsciente con estos seres.

Algunas de sus características son tales que pueden llevarnos a malinterpretar todo este reino. Porque después de todo, ¿por qué estos seres se sienten tímidos y avergonzados?  En realidad, es porque todos los otros seres de los reinos elementales del mundo espiritual en el que viven, los desdeñan, no quieren tener nada que ver con ellos. Ellos son conscientes de esto y el desdén al que están sometidos los hace estimular el entusiasmo por el Bien.

Estos seres tienen ciertas otras características de las que prefiero no hablar, ya que el alma humana está evidentemente molesta ante cualquier mención de esas espantosas criaturas-araña. Por lo tanto, prefiero no referirme a algunas de sus peculiaridades. Pero de todos modos hemos escuchado cómo lo que se desarrolla en el reino de los sentidos como lo verdadero, lo bello, lo bueno, se desarrollan desde los fundamentos que necesitan los tres reinos espirituales que he descrito, así como nosotros en la Tierra necesitamos el terreno sobre el cual caminar. Estos seres no crean lo verdadero, lo bello o lo bueno. Pero los pensamientos que expresan lo verdadero, que significan lo verdadero, necesitan a los espíritus malvados, para poder moverse sobre sus espaldas. Lo bello que produce el hombre necesita las feas arañas de agua y aire para poder salir de este océano de fealdad. Y el Bien necesita un reino de seres que no puedan mostrarse en absoluto entre los otros seres de calidez normal, que siempre deben luchar para evitarlos, y por esta misma razón evocan entusiasmo por el Bien.

Si estos seres no existieran, entonces, en lugar de pensamientos en nuestra cabeza, deberíamos tener, si no exactamente soldados de plomo, al menos fuertes vapores y nada inteligente podría resultar. Para producir lo bello deberíamos tener el don de impregnarlo de vida real para despertar el interés de los hombres. Para que aquí, en el mundo de los sentidos, podamos tener la mano lo que necesitamos para la actividad del Pensamiento, para el sentido de la Belleza y la voluntad de despertar el entusiasmo por el Bien son necesarios estos tres reinos elementales.

Los reinos elementales normales —es decir, los reinos de los gnomos, silfos, ondinas y salamandras, para usar la terminología popular—todavía están en la etapa de trabajar para convertirse en algo en el mundo. Están en el camino de tener formas que se parecen a las de nuestro mundo sensorial; las formas no serán las mismas, pero algún día serán perceptibles para los sentidos que poseen los hombres hoy en día, mientras que ahora, en su existencia elemental, estos seres no son perceptibles a los sentidos ordinarios.

Los seres que les describí ahora ya han sobrepasado el escenario en el que los hombres, los animales y las plantas se encuentran actualmente. De modo que si, por ejemplo, pudiéramos regresar a la existencia de la Antigua Luna que precedió a la Tierra, allí deberíamos encontrar a los seres que hoy encontramos en la Tierra como seres tímidos conectados con los impulsos morales en el hombre. En la Antigua Luna, habrían sido perceptibles como un verdadero mundo animal, girando como si fueran de árbol en árbol. Pero deben recordar la existencia de la Antigua Luna como la describí en el libro La Ciencia Oculta. Todo en esta existencia lunar era flexible y fluido y la metamorfosis tenía lugar continuamente. Entre los seres que estaban allí, girando hacia adentro y hacia afuera, estaban esos horribles seres que describí, esas criaturas-araña que permeaban la Antigua Luna y allí eran visibles. Y también estaban presentes los seres que, como tontos espirituales, acompañan actualmente a los sabios en la Tierra. Fueron un factor que provoco la destrucción de la Antigua Luna, para que pudiera surgir la Tierra. E incluso ahora, durante la existencia en la Tierra, estos seres no tienen placer en la formación de cristales, sino en la ruptura de todo lo mineral.

Por lo tanto, si bien podemos decir de los seres elementales normales que un día llegarán a ser visibles para los sentidos, debemos decir de estos otros seres: fueron una vez visibles para los sentidos y ahora han surgido en lo espiritual —a decir verdad a través de sus naturalezas Luciférica y Ahrimánica. Por lo tanto, hay dos tipos de seres elementales: ascendiendo y descendiendo. Podemos decir: en el “estiércol” de la fealdad de la Antigua Luna, que estaba allí en profusión durante la etapa de su existencia, en el “estiércol” de la fealdad de la Antigua Luna, surge nuestro mundo de belleza.

Ustedes tienen una analogía en la naturaleza cuando llevan estiércol a los campos y de él brotan las plantas hermosas. Ahí tienen una analogía en la Naturaleza, excepto que el estiércol también es perceptible para los sentidos. Es entonces cuando la semirrealidad del mundo de la belleza se observa clarividentemente. Traten de imaginar este mundo medio real de la belleza, aparte de la vida bulliciosa en los tres reinos de la Naturaleza en la Tierra; imaginen todas las bellas secuelas que surgen de la Tierra. Así como surgen flores preciosas en un prado, deben imaginar espiritualmente debajo de él todo el estiércol lunar que contiene las feas criaturas-araña que he descrito. Así como el repollo no crece a menos que esté lleno de abono, la belleza no puede florecer en la Tierra a menos que los Dioses abonen la Tierra con fealdad. Esa es la necesidad interna de la vida. Y esta necesidad interna de la vida debe ser conocida por nosotros, ya que solo ese conocimiento puede darnos el poder de confrontar con la comprensión lo que realmente nos rodea en la Naturaleza.

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Cualquiera que crea que la belleza en el arte puede producirse en la Tierra sin la base de esta fealdad es como un hombre que se horroriza de que la gente use estiércol, insistiendo en que sería mucho mejor dejar que las cosas hermosas crezcan sin él. De hecho, no es posible que la belleza se produzca sin la base de la fealdad. Y si la gente no quiere entregarse a la ilusión sobre el mundo, es decir, si genuinamente desean conocer lo esencial y no lo ilusorio, entonces deben adquirir conocimiento de estas cosas. Quien crea que hay arte en el mundo sin fealdad, no sabe lo que es el arte. ¿Y por qué no?. Simplemente porque el que tiene una idea de lo que he descrito hoy disfrutará de las obras de arte de la manera correcta, porque sabe a qué precio se las adquiere en la existencia del mundo. Quien quiera disfrutar de las obras de arte sin esta conciencia es como un hombre que preferiría eliminar el estiércol en los campos. Tal hombre no tiene un conocimiento real de lo que crece en la Naturaleza; de hecho, tiene una mera ilusión: plantas de papel maché, aunque las plantas reales están realmente allí.  Quien no sienta la fealdad como la base no tiene el tipo correcto de deleite en la belleza.

Tal es el orden mundial y los hombres deben adquirir conocimiento de él si no quieren seguir vagando como lombrices de tierra, manteniendo su propio elemento y no mirando hacia arriba a lo que es real. Los hombres solo pueden desarrollar los talentos latentes dentro de ellos si confrontan la realidad de manera justa y directa. La realidad, sin embargo, no se alcanza meramente hablando una y otra vez de espíritu, espíritu y espíritu, sino realmente aprendiendo lo espiritual. Pero también hay que enfrentar el hecho de que en ciertas regiones del mundo espiritual se encontrará algo como lo que he estado describiendo hoy.

 

 

Traducido por Gracia Muñoz en Diciembre de 2017.

 

[1] El despertar del alma. Escena 2.

GA219c2. Cualidades morales y la vida después de la muerte. Ventanas de la Tierra

Rudolf Steiner — Dornach, 1 de diciembre de 1922

English version

El propósito esencial de las conferencias que he estado dando aquí durante algunas semanas fue mostrar cómo a través de su vida espiritual el hombre participa en lo que podemos llamar el mundo de las Estrellas, así como a través de su vida física en la Tierra participa de la existencia terrenal, de los acontecimientos terrenales. A la luz de las perspectivas adquiridas a través de la Antroposofía, distinguimos en el hombre las fuerzas que yacen en su cuerpo físico y en su cuerpo etérico o de fuerzas formativas, y las que yacen en su yo y su cuerpo astral. Ya saben, por supuesto, que estos dos lados de su ser se separan cada vez que duerme. Y ahora pensaremos por un corto tiempo en el hombre mientras está dormido. Por un lado, el cuerpo físico y el cuerpo etérico se encuentran allí en estado de inconsciencia; pero el yo y el cuerpo astral también carecen de conciencia.

Ahora podemos preguntarnos: ¿estos dos lados inconscientes de la naturaleza humana también están relacionados durante el sueño?. Sabemos que en el estado de vigilia, donde funciona la conciencia ordinaria del hombre moderno, los dos lados se relacionan a través del pensamiento, a través del sentimiento y la voluntad. Por lo tanto, debemos imaginarnos a nosotros mismos que cuando el Yo y el cuerpo astral se hunden, por así decirlo, en el cuerpo etérico y el cuerpo físico, surgen de esta unión el pensar, el sentir y el querer.

Ahora cuando el hombre está dormido, el pensamiento, el sentimiento y la voluntad cesan. Pero cuando consideramos el cuerpo físico tendremos que decir: todas las fuerzas que, de acuerdo con nuestra observación humana pertenecen a la existencia de la Tierra, están activas en este cuerpo físico. Este cuerpo físico puede ser pesado; pónganlo en la balanza y demostrará tener un cierto peso. Podemos investigar cómo los procesos materiales siguen su curso dentro de él, o al menos podemos imaginar hipotéticamente que esto es posible. Deberíamos encontrar en él procesos materiales que son una continuación de esos procesos que se encuentran fuera de la existencia de la Tierra; estos continúan dentro del cuerpo físico del hombre en el proceso de nutrición. En su cuerpo físico también deberíamos encontrar lo que se logra a través del proceso de respiración. Es solo lo que procede de la organización principal del hombre, todo lo que pertenece al sistema de los sentidos y los nervios, lo que se atenúa o se sumerge en completa oscuridad durante el sueño.

Si luego pasamos a considerar el cuerpo etérico que impregna lo físico, de ningún modo es tan fácil entender cómo funciona este cuerpo etérico durante el sueño. Cualquiera, sin embargo, que ya esté versado hasta cierto punto en lo que dice la Ciencia Espiritual acerca del hombre, comprenderá sin dificultad cómo, a través de su cuerpo etérico, el ser humano vive, incluso mientras duerme, en medio de todas las condiciones del mundo etérico y todas las fuerzas etéricas que rodean la existencia en la Tierra. Para que podamos decir: dentro del cuerpo físico del hombre mientras está dormido, todo lo que pertenece a la existencia de la Tierra está activo. Así también en el cuerpo etérico todo lo que pertenece al mundo del éter que envuelve y permea a la Tierra está activo.

Pero las cosas se vuelven más difíciles cuando volvemos nuestra atención, naturalmente la atención de nuestra alma, a lo que está ahora (durante el sueño) fuera de los cuerpos físico y etérico, es decir, al yo y cuerpo astral del hombre. No podemos aceptar la idea de que esto tenga algo que ver con la Tierra física o con lo que rodea e impregna la Tierra como éter. En cuanto a lo que ocurre durante el sueño, ya lo indiqué de manera más descriptiva en las conferencias que se dieron aquí hace poco tiempo, y lo resumiré hoy desde un punto de vista diferente. En realidad, solo podemos entender lo que sucede en el yo y el cuerpo astral del hombre cuando con la ayuda de la Ciencia Espiritual penetramos en lo que ocurre en y alrededor de la Tierra más allá de las fuerzas y actividades físicas y etéricas.

Para empezar, volvamos nuestra mirada al mundo vegetal. Hablando en el sentido general y dejando de lado los árboles de hoja perenne y plantas de ese estilo, vemos que el mundo vegetal brota de la Tierra en primavera. Vemos que las plantas se vuelven más vivas y ricas en color, más exuberantes, y después, en otoño se desvanecen de nuevo. En cierto sentido, las vemos desaparecer de la Tierra cuando ésta se cubre de nieve.

Pero ese es solo un aspecto del desarrollo del mundo vegetal. El conocimiento físico nos dice que este despliegue del mundo vegetal en primavera y su desvanecimiento hacia el otoño está conectado con el Sol, también que, por ejemplo, la coloración verde de las plantas puede producirse solo bajo la influencia de la luz solar. El conocimiento físico, por lo tanto, nos muestra lo que sucede en el ámbito de los efectos físicos; pero no nos muestra que mientras están en marcha todos los brotes, el florecimiento y el marchitamiento de las plantas, también ocurren eventos espirituales. En realidad, al igual que en el organismo humano físico existe, por ejemplo, la circulación de la sangre, así como los procesos etéricos se expresan en el organismo físico como acción vascular y demás, y así como este organismo físico está impregnado por el alma y el espíritu, así también los procesos de germinación, reverdecimiento, florecimiento y desvanecimiento de las plantas que consideramos procesos físicos están impregnados en todas partes por el funcionamiento del mundo cósmico del alma y el espíritu.

Ahora cuando miramos el semblante de un hombre y su mirada cae sobre nosotros, cuando vemos su expresión, tal vez el enrojecimiento de la cara, entonces, de hecho, los ojos de nuestra alma están mirando a través de lo físico hacia el alma y el espíritu. De hecho, no puede ser de otra manera en nuestra vida entre nuestros semejantes. De la misma manera, debemos acostumbrarnos también a ver el espíritu y el alma en la fisonomía, si puedo llamarlo así, y cambios de la coloración del mundo vegetal en nuestra Tierra.

Si solo estamos dispuestos a reconocer lo físico, decimos que el calor y la luz del Sol actúan sobre las plantas, formando en ellas los jugos, la clorofila y demás. Pero si contemplamos todo esto con una visión espiritual, si tomamos la misma actitud hacia esta fisonomía de la planta de la Tierra como estamos acostumbrados a llevarla a la fisonomía humana, entonces se nos revela algo que me gustaría expresar con un palabra particular, porque esta palabra realmente transmite la realidad.

El Sol, del que decimos, aparentemente hablando, que envía su luz a la Tierra, no es simplemente un globo radiante de gas sino infinitamente más que eso. Envía sus rayos a la Tierra, pero cada vez que miramos al Sol, vemos el lado externo de los rayos. Los rayos tienen, sin embargo, un lado interno. Si alguien fuera capaz de mirar a través de la luz del Sol, considerar la luz solo como una cáscara externa y mirar hacia su alma, contemplaría el Poder del Alma, el Ser del Alma del Sol. Con la conciencia humana común vemos el Sol como deberíamos ver a un hombre que estuviera hecho de papel maché. Una efigie en la que no hay nada más que la forma, una forma sin vida, es por supuesto algo diferente del ser humano que realmente vemos ante nosotros. En el caso del ser humano viviente, miramos a través de esta forma externa y percibimos el alma y el espíritu. Para la conciencia ordinaria, el Sol en cambio es como si fuera un molde de papel maché. No vemos a través de su cáscara externa que está tejida de Luz.

Pero si pudiéramos ver a través de esto, deberíamos ver la esencia del alma y espíritu del Sol. Podemos ser conscientes de su actividad así como somos conscientes de la cáscara de papel maché del Sol. Desde el punto de vista del conocimiento físico, decimos: ‘El Sol brilla sobre la Tierra; brilla sobre las piedras, sobre el suelo. La luz se arroja y, por lo tanto, vemos todo lo que es mineral. Los rayos del sol penetran en las plantas, haciéndolas verdear, haciéndolas brotar   —todo eso es externo. Si vemos la esencia del alma y el espíritu del Sol, no podemos simplemente decir: ‘La luz del sol brilla sobre los minerales, se refleja, lo que nos permite ver los minerales’ o ‘La luz y el calor del Sol penetran en las plantas, haciéndolas verdes’ —pues tendremos que decir, los innumerables Seres espirituales que son seres del Sol y que constituyen su alma y espíritu: “El Sol sueña y sus sueños envuelven a la Tierra y modelan las plantas”.

Si imaginan la superficie de la Tierra con las plantas físicas que crecen a partir de ella, llegando a florecer, tienen allí el funcionamiento de los rayos físicos del Sol. Pero arriba está la vida tejida del mundo de los sueños del Sol —un mundo de Imaginaciones puras. Y uno puede decir: Cuando el manto de nieve se derrite en la primavera, el Sol recupera su poder, entonces las Imaginaciones del Sol se tejen nuevamente alrededor de la Tierra. Estas Imaginaciones del Sol son fuerzas imaginativas que trabajan en el mundo de las plantas. Ahora bien, aunque es cierto que este mundo Imaginativo —esta atmósfera imaginativa que rodea la Tierra— está muy activa desde la primavera hasta el otoño en cualquier región de la Tierra, sin embargo, este carácter onírico de la actividad del Sol también está presente de cierta manera durante el invierno. Solo que durante el invierno los sueños son, por así decirlo, aburridos y meditabundos, mientras que en verano son móviles, creativos, formativos. Ahora, es en este elemento en el que se despliegan las Imaginaciones del Sol que el Yo y el cuerpo astral del hombre viven y tejen cuando están fuera de los cuerpos físicos y etéricos.

Se darán cuenta por lo que he dicho que dormir en verano es en realidad un asunto bastante diferente de dormir en invierno, aunque en el estado actual de la evolución, la vida y la conciencia del hombre son tan aburridas y carentes de vitalidad que estas cosas no se perciben. En tiempos pasados, los hombres se distinguían definitivamente por sus sentimientos entre el sueño invernal y el sueño estival, y también sabían qué significado tenían para ellos el sueño invernal y el sueño estival. En aquellos tiempos antiguos los hombres sabían que del sueño de verano podían decir: Durante el verano, la Tierra está envuelta por pensamientos de imágenes. Y expresaron esto diciendo: Los Dioses Superiores descienden durante el verano y planean alrededor de la Tierra; durante el invierno, los Dioses Inferiores ascienden de la Tierra y se ciernen sobre ella. —Este mundo imaginativo, constituido de manera diferente en invierno y en verano, fue concebido como el tejido de los Dioses Superiores e Inferiores. Pero en aquellos tiempos antiguos también se sabía que el hombre mismo, con su Yo y su cuerpo astral, vive en este mundo tejido de imaginaciones.

Ahora, las mismas verdades de las que he hablado aquí, nos muestran, si las meditamos a la luz de la Ciencia Espiritual, en qué relación se encuentra el hombre, incluso durante su existencia terrenal, con el Universo extraterrenal. Ya ven, en verano —cuando es verano en cualquier región de la Tierra— el ser humano durante su sueño está siempre entrelazado por un mundo de contornos agudos de Imaginaciones Cósmicas. El resultado es que durante el verano está, por así decirlo, cerca de la Tierra con su alma y espíritu.  Durante el invierno es diferente. Durante el invierno, los contornos, las mallas, de las Imaginaciones Cósmicas se ensanchan, por así decirlo. Durante el verano vivimos con nuestro Yo y cuerpo astral mientras dormimos dentro de imaginaciones muy claramente definidas, dentro de múltiples figuras y formas. Durante el invierno, las figuras alrededor de la Tierra tienen un ancho entramado y la consecuencia de esto es que siempre que comienza el otoño, lo que vive en nuestro yo y cuerpo astral es llevado lejos en el Universo por la noche. Durante el verano y su calor, lo que vive en nuestro yo y cuerpo astral permanece más, por así decirlo, en la atmósfera psicoespiritual del mundo humano. Durante el invierno, este mismo contenido se confirma en las lejanas distancias del Universo. De hecho, sin hablar figurativamente, ya que uno está diciendo algo que es bastante real, uno puede decir: lo que el hombre cultiva en sí mismo, en su alma, y que a través de su yo y cuerpo astral puede extraer de sus cuerpos físico y etérico entre el momento de irse a dormir y despertarse, se almacena durante el verano y fluye durante el invierno hacia las grandes extensiones cósmicas.

Ahora, no podemos concebir que los hombres nos encerramos, por así decirlo, en la existencia terrenal y que el amplio Universo no sabe nada de nosotros. Está lejos de ser así. Es cierto que, en el solsticio de verano, el hombre puede ocultarse a los espíritus del universo, y también puede tener éxito en albergar sentimientos reprensibles del mal. La densa red de Imaginaciones no deja pasar estos sentimientos; todavía permanecen. Y en la Navidad, los Dioses miran hacia la Tierra y todo lo que vive en la naturaleza del hombre se revela y sale con su yo y su ser astral. Usando una imagen que realmente representa los hechos, podemos decir: En invierno se abren las ventanas de la Tierra y los Ángeles y Arcángeles contemplan lo que los hombres realmente son en la Tierra.

Nosotros en la Tierra nos hemos acostumbrado gradualmente en la civilización moderna a expresar todo lo que permitimos pasar como conocimiento en frases triviales, secas y no poéticas. Los Seres superiores son siempre poetas, por lo tanto, nunca damos una verdadera impresión de su naturaleza si los describimos con palabras físicas estériles; debemos recurrir a palabras como las que acabo de utilizar: en Navidad se abren las ventanas de la Tierra y, a través de estas ventanas, los Ángeles y Arcángeles contemplan las hazañas de los hombres durante todo el año. Los Seres de las Jerarquías superiores son poetas y artistas, incluso en su pensamiento. La lógica que generalmente nos esforzamos por aplicar es solo resultado de la gravedad de la Tierra, pero no insinúo, en absoluto, que no es muy útil en la Tierra.

Es lo que vive en las mentes y los corazones de los hombres como lo acabo de describir, lo que es de interés esencial para estos Seres Superiores; los Ángeles que miran a través de las ventanas de Navidad no están interesados en las especulaciones de los profesores; los pasan por alto. Ni, para empezar, están muy interesados en los pensamientos del hombre. Es lo que sucede en sus sentimientos, en su corazón, que en su aspecto cósmico está conectado con el curso anual del Sol. Por lo tanto, no es tanto si somos tontos o listos en la Tierra como lo es ante la mirada de los Seres Espirituales Divinos en el momento de la Navidad, sino simplemente si somos hombres buenos o malvados, si sentimos a los demás o somos egoístas. Eso es lo que se comunica a los mundos cósmicos a lo largo de las estaciones anuales.

Pueden creer que nuestros pensamientos permanecen cerca de la Tierra, porque he dicho que los Ángeles y los Arcángeles no se preocupan por ellos cuando miran por las ventanas navideñas. No se preocupan por nuestros pensamientos porque, si utilizo una forma de hablar bastante prosaica, reciben la moneda más rica, la moneda más valiosa que acuña el alma y el espíritu del hombre. Y esta moneda más valiosa es la acuñada por el corazón, los sentimientos, por lo que un hombre vale por lo que contienen su corazón y su sentimiento. Para el Cosmos, nuestros pensamientos son solo el pequeño cambio, la moneda menor, y esta moneda menor es espiada por seres espirituales subordinados todas las noches. Si somos tontos o astutos es espiado por el Cosmos cada noche —no de hecho para las regiones muy lejanas del Cosmos sino solo para las regiones alrededor de la Tierra— espiado por seres que están más cerca de la Tierra y de su entorno y, por lo tanto, los más subordinados en rango. La revolución diaria del Sol tiene lugar para impartir al Cosmos el valor de nuestros pensamientos. Hasta ahora nuestros pensamientos se extienden; pertenecen meramente en el entorno de la Tierra. La revolución anual del Sol tiene lugar para llevar nuestra naturaleza del corazón, nuestra naturaleza sentimental, más allá en los mundos cósmicos.

Nuestra naturaleza desiderativa no puede llevarse de esta manera al Cosmos, ya que el ciclo del día está estrictamente regulado. Sigue su curso en veinticuatro horas. El curso anual del Sol también está estrictamente regulado. Percibimos la regularidad del ciclo diario en las secuencias estrictamente lógicas de nuestros pensamientos. La regularidad del ciclo anual —percibimos el efecto posterior de esto en nuestro corazón y alma, en que hay ciertos sentimientos que dicen a unas cosas que hace el hombre: esto es bueno, y a otras: esto es malo.

Pero hay una tercera facultad en el hombre, a saber, la voluntad. Es cierto que la voluntad está ligada a los sentimientos y el sentimiento no puede dejar de decir que ciertas acciones son moralmente buenas y otras moralmente no buenas. Pero la voluntad puede hacer lo que es moralmente bueno y también lo que no es moralmente bueno. Aquí, entonces, no hay una estricta regularidad. La relación de nuestra voluntad con nuestra naturaleza como seres humanos no está estrictamente regulada en el sentido en que están regulados el pensamiento y el sentimiento. No podemos decir que una mala acción es buena o una buena acción mala, ni podemos llamar ilógico a un pensamiento lógico, o a un pensamiento ilógico, lógico. Esto se debe al hecho de que nuestros pensamientos se encuentran bajo la influencia de la revolución diaria del Sol y nuestros sentimientos bajo la influencia de su revolución anual. La voluntad, sin embargo, queda en manos de la humanidad misma en la Tierra. Y ahora un hombre podría decir: ‘Lo único que me sucede es que, si pienso de manera ilógica, mis pensamientos ilógicos se llevan a cabo cada noche en el Cosmos y hacen travesuras allí —pero ¿qué me importa eso? No estoy aquí para poner orden en el Cosmos “—. Aquí en la Tierra, donde la vida se vive en la ilusión, un hombre podría en ciertas circunstancias hablar así, pero entre la muerte y un nuevo nacimiento nunca lo haría. Porque entre la muerte y un nuevo nacimiento él mismo está en los mundos en los que puede haber causado daño a través de sus pensamientos necios; y debe vivir a través de todo el daño lo que ha hecho. Así también, entre la muerte y un nuevo nacimiento, él está en esos mundos en los que han fluido sus sentimientos. Pues aquí nuevamente podría decir en la Tierra: ‘Lo que vive en mis sentimientos se evapora en el Cosmos; pero les dejo a los Dioses que hagan frente a cualquier daño que pueda haber causado allí a través de mí. Mi voluntad, sin embargo, no está limitada a la Tierra por ningún reglamento. ‘-

El hombre pasa por la puerta de la muerte cargado con lo que ha salido de sus actos de voluntad. Así como aquí en la Tierra él tiene a su alrededor todo lo que vive en minerales, plantas, animales y en la humanidad física, todo lo que vive en nubes, arroyos, montañas, estrellas, en la medida en que son visibles externamente a través de la luz. —Así como él tiene todo esto a su alrededor durante su existencia entre el nacimiento y la muerte, entonces él tiene un mundo a su alrededor cuando ha dejado de lado los cuerpos físico y etérico y ha pasado por la puerta de la muerte. En verdad, tiene a su alrededor el mundo en el que sus pensamientos han entrado todas las noches, en el que han entrado sus sentimientos con el cumplimiento de cada ciclo anual … “Lo que has pensado; lo que has sentido “…   Ahora le parece que los Seres de las Jerarquías le transmiten sus propios pensamientos y sentimientos. Lo han percibido todo, como he indicado. Su vida mental y su vida de sentimiento ahora fluye hacia él. El materialista que considera que la vida del hombre se limita al tiempo entre el nacimiento y la muerte, nunca puede concebir que su voluntad tenga un significado cósmico; tampoco puede concebir que los pensamientos o sentimientos humanos tengan algún significado para el Cosmos. Pero incluso uno que sabe muy bien que los pensamientos tienen un significado cósmico como resultado de la revolución diaria del Sol y los sentimientos a través de la revolución anual, incluso él,  cuando ve lo que se logra en la Tierra por el bien o el mal, los impulsos del hombre, debe alejarse del Cosmos y de la naturaleza humana para ver cómo lo que trabaja en la voluntad del hombre se va al Cosmos. Porque lo que trabaja en la voluntad del hombre debe ser corroborado en el Cosmos por el hombre mismo, y él lo confirma cuando pasa por la puerta de la muerte. Por lo tanto, no es a través de los ciclos diarios o anuales sino a través del portal de la muerte que el hombre lleva a cabo el bien o el mal que ha causado aquí en la Tierra a través de su voluntad.

Es una relación extraña la que el hombre tiene con el Cosmos en su vida anímica. Decimos de nuestros pensamientos: ‘Tenemos pensamientos pero no están sujetos a nuestra voluntad arbitraria; debemos conformarnos a las leyes del Universo cuando pensamos, de lo contrario entraremos en conflicto con todo lo que sucede en el mundo. ‘Si un niño pequeño está de pie frente a mí, y pienso: Es un anciano; puedo halagarme a mí mismo al haber determinado el pensamiento, pero estoy ciertamente desconectado del mundo. Por lo tanto, con respecto a nuestros pensamientos, de ninguna manera somos independientes, tan poco independientes que nuestros pensamientos se llevan a cabo en el Cosmos por el ciclo diario del Sol. Tampoco somos independientes en nuestra vida de sentimientos, ya que se llevan a cabo a través del ciclo anual del sol. Así, incluso durante la vida terrenal, lo que vive en nuestra cabeza a través de nuestros pensamientos y, a través de nuestros sentimientos en nuestro pecho, no vive solo dentro de nosotros sino que también participa en una existencia cósmica. Solo eso que vive en nuestra voluntad lo mantenemos con nosotros hasta la muerte. Entonces, cuando hemos dejado de lado el cuerpo, cuando ya no tenemos nada que ver con las fuerzas terrenales, lo llevamos adelante a través de la puerta de la muerte.

En la existencia terrenal, el sol ilumina desde la mañana hasta la tarde; se oculta y se hace la noche. Cuando hemos pasado por la puerta de la muerte, nuestra sabiduría se extiende hacia nosotros como el día; a través de nuestros actos acumulados de insensatez, las luces espirituales se oscurecen y oscurecen a nuestro alrededor y se convierte en noche. Aquí en la Tierra tenemos día y noche; cuando hemos pasado por la puerta de la muerte, tenemos como el día y la noche los resultados de nuestra sabiduría y nuestra necedad. Y lo que el hombre experimenta aquí en la Tierra como primavera, verano, otoño e invierno en el ciclo anual, como las temperaturas cambiantes y otras experiencias sentientes, de todo esto se da cuenta —cuando ha pasado por la puerta de la muerte— también como un tipo de ciclo, aunque de una duración mucho más larga. Experimenta la cualidad que da calidez, da vida (que da vida, es decir, a su Ser espiritual) de sus buenos sentimientos, de su simpatía con la bondad; experimenta con la misma frialdad su simpatía con el mal, con lo inmoral. Así como aquí en la Tierra vivimos el calor del verano y el frío del invierno, también vivimos después de la muerte, calentados por nuestros buenos sentimientos, enfriados por nuestros malos sentimientos; y soportamos los efectos de nuestra voluntad a través de estos años y días espirituales. Después de la muerte, somos el producto de nuestra naturaleza moral en la Tierra. Y tenemos un ambiente que está impregnado por nuestras locuras y nuestra sabiduría, por nuestras simpatías y antipatías por el bien.

Para que podamos decir: así como aquí en la Tierra tenemos el aire veraniego a nuestro alrededor dándonos calidez y vida, y como tenemos el frío y helado aire invernal a nuestro alrededor, así, después de la muerte, estamos rodeados por una atmósfera de alma y espíritu que es cálido y dador de vida en la medida en que se produce a través de nuestros buenos sentimientos, y se enfría en la medida en que se produce a través de nuestros malos sentimientos. Aquí en la Tierra, en ciertas regiones al menos, las temperaturas de verano e invierno son las mismas para todos nosotros. En el tiempo después de la muerte, cada ser humano tiene su propia atmósfera, engendrada por él mismo. Y las experiencias más conmovedoras después de la muerte están conectadas con el hecho de que un hombre vive en un frío helado y el otro, cerca de él, en una calidez vivificante.

Tales son las experiencias que pueden ser experimentadas después de la muerte. Y como describí en mi libro Teosofía, una de las experiencias principales que se transmiten en el mundo del alma, es que aquellos seres humanos que han albergado sentimientos malvados aquí en la Tierra, deben experimentar unas experiencias difíciles a la vista de aquellos que desarrollaron y albergaron buenos sentimientos.

De hecho, se puede decir: Todo lo que permanece oculto para comenzar en el ser interior del hombre, se revela cuando ha pasado por la puerta de la muerte. Dormir también adquiere un significado cósmico, al igual que nuestra vida durante el invierno. Dormimos todas las noches para que podamos prepararnos la luz en la que debemos vivir después de la muerte. Pasamos por nuestras experiencias de invierno para preparar el calor espiritual del alma en el que entramos después de la muerte. Y en esta atmósfera del mundo espiritual que nosotros mismos hemos preparado, soportamos los efectos de nuestros actos.

Aquí en la Tierra vivimos, a través de nuestro cuerpo físico, como seres sujetos a la gravedad terrestre. A través de nuestra respiración, vivimos en el aire circundante, y muy a lo lejos vemos las estrellas. Cuando hemos pasado por la puerta de la muerte, entramos en el mundo anímico espiritual, muy lejos de la Tierra; estamos más allá de las estrellas, vemos las estrellas desde el otro lado, miramos hacia atrás al mundo de las estrellas. Nuestro propio ser vive en los pensamientos cósmicos y las fuerzas cósmicas. Miramos hacia atrás a las estrellas, ya no las vemos brillar, sino que vemos a las Jerarquías, a los Seres Espirituales que tienen simplemente su reflejo en las estrellas.

sol

Así, el hombre en la Tierra puede obtener más y más conocimiento de lo que será la naturaleza de su vida cuando atraviese la puerta de la muerte. Hay personas que dicen: ‘¿Por qué necesito saber todo esto? ¡Seguramente lo veré todo después de la muerte!”. Esa actitud es como si un hombre dudara del valor de la vista. Porque a medida que la evolución de la Tierra sigue su curso, el hombre entra cada vez más en una vida en la que debe adquirir el poder de participar en estas experiencias después de la muerte mediante su aprehensión, comenzando con el pensamiento, aquí en la Tierra. Cerrar el conocimiento de los mundos espirituales mientras estamos en la Tierra es cegarnos en alma y el espíritu después de la muerte. Un hombre entrará en el mundo espiritual como un lisiado cuando atraviese la puerta de la muerte, si aquí, en este mundo, desdeña aprender el mundo del espíritu, porque la humanidad está evolucionando hacia la libertad, hacia la actividad espiritual libre. Este hecho debería ser cada vez más claro para la humanidad y debería hacer que los hombres se den cuenta de la necesidad urgente de adquirir conocimiento sobre el mundo espiritual.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Diciembre de 2017

GA107c3. Diferentes tipos de enfermedad

Rudolf Steiner — Berlín 10 de Noviembre de 1908

English version

Aquellos de ustedes que han estado asistiendo a estas conferencias grupales por años quizás han notado que los temas no han sido elegidos al azar sino que tienen una cierta continuidad. En el transcurso de cada invierno, las conferencias siempre han tenido una cierta conexión interior, aunque en la superficie esto no haya sido inmediatamente evidente.

Por lo tanto, obviamente será de suma importancia el seguimiento de los diversos cursos que se celebran aquí, junto con el grupo real de las tardes que tiene la finalidad de reunir a los nuevos miembros para nivelarlos, por decirlo así, a estas conferencias del grupo; pues varias cosas que se dicen aquí no pueden ser inmediatamente entendidas por cada recién llegado. Pero hay algo más que debo señalar también, y que habrá que tener gradualmente en cuenta en los diversos grupos de nuestra sección alemana. Como hay un cierto hilo interior en las conferencias, corresponde a cada uno formar cada conferencia de modo que sea parte de un todo. Por lo tanto, no es posible decir cosas que se pueden presentar a los participantes avanzados en ese tipo de conferencia única de tal manera que sean igualmente adecuadas para los recién llegados. Podemos hablar del mismo tema de una manera muy elemental, por supuesto, pero eso no sucederá ante el camino progresivo que estamos planeando tomar en la vida antroposófica de este grupo en particular. Esto, de nuevo, está relacionado con el hecho de que cuanto más avancemos, más podemos anticipar en forma de publicaciones de conferencias más amplias y en la presentación de informes de las conferencias de un grupo a otro. En cuanto a estas conferencias que doy cada vez a los nuevos grupos es menos importante si se oye una un lunes y la otra el lunes siguiente. Puede no ser inmediatamente evidente para la audiencia por qué una conferencia sucede a la otra, sin embargo, es importante, y cuando se dan conferencias entre sí, no se puede tener en cuenta en absoluto.

Una conferencia puede ser leída antes que la otra, y luego inevitablemente se malinterpreta y provoca confusión. Quiero hacer hincapié en esto, ya que es una parte esencial de nuestra vida antroposófica. Incluso la inserción de una frase aquí o allá, o el subrayado de una palabra depende de todo el desarrollo de la vida del grupo. Sólo cuando la publicación de las conferencias se pueda supervisar estrictamente para que no se publique nada a menos que se me haya presentado, ¿puede venir algún bien de esta duplicación y publicación de conferencias?.

Esto es también una especie de introducción a las conferencias que se celebrarán en este grupo. Habrá una cierta conexión interna en el transcurso de las conferencias de este invierno y todo el material preparatorio será eventualmente dirigido hacia una culminación definitiva con la que se cerrará el curso. La conferencia de la semana pasada fue un pequeño comienzo, y la conferencia de hoy será una especie de continuación. Pero no continuará como una serie de periódicos, donde la entrega treinta y ocho sigue a la treinta y siete. Habrá una conexión interna, aunque el tema parezca diferir, y la conexión consistirá en el hecho de que toda la serie culminará en las conferencias finales. Por lo tanto, con estas conferencias concluyentes, empezaremos hoy esbozando la naturaleza de las enfermedades, y el próximo lunes hablaremos del origen, la importancia histórica y el significado de los “Diez Mandamientos”. Esto podría parecer que no tiene nada en común; sin embargo, finalmente se verá que todo tiene una conexión interna, y que estas conferencias no deben tomarse como separadas, como ocurre a menudo con las que se dan para un público más amplio.

Me gustaría hablar hoy sobre la naturaleza de la enfermedad desde el punto de vista de la Ciencia Espiritual. Por regla general, la gente no se preocupa de la enfermedad, ni de uno u otro tipo de enfermedad al menos, hasta que ellos mismos enferman, e incluso entonces su interés no va mucho más allá de la cura. Es decir, sólo les preocupa su recuperación. La forma en que se efectúa esta curación es a veces una cuestión completamente indiferente, y lo más agradable es no tener ninguna responsabilidad adicional por el “cómo”. La mayoría de nuestros contemporáneos se contentan con el pensamiento de que las personas que llevan a cabo el trabajo han sido designadas por las autoridades para hacerlo. En nuestro tiempo existe en esta esfera una creencia mucho más fanática en la autoridad de la que nunca ha existido en la esfera religiosa. El papado de la medicina, independientemente de sus diversas formas, todavía se hace sentir con gran intensidad y lo hará aún más en el futuro. Los laicos no son de ninguna manera culpables por el hecho de que esto pueda ser así. Pues no piensan en estos asuntos ni les importa en lo más mínimo, a menos que les afecte personalmente y sufran de un caso agudo que requiera tratamiento. Así, una gran parte de la población mira tranquilamente mientras el papado de la medicina asume cada vez más dimensiones y se insinúa en las cosas de todas las maneras, como ahora que habla e interfiere tan horriblemente en la educación de los niños y la vida de las escuelas, reclamando su derecho a una terapia particular. La gente no se preocupa por el profundo significado que realmente está detrás de todo esto. Observan mientras se instituye una u otra ley. La gente no quiere saber nada sobre estos asuntos. Por otro lado, siempre habrá personas afectadas personalmente y que no pueden manejarse con la medicina materialista ordinaria, cuya base no les concierne, sino sólo el hecho de si pueden curarse o no, y luego se aplicarán a la gente que trabaja en el ocultismo —y allí otra vez solamente miraran si pueden curarse o no. Pero no les importa si la vida pública como un todo, con sus métodos y su manera de entender las cosas, socava completamente un método más profundo que surge del espíritu. ¿A quién le importa si el público impide que se realicen curas en el método basado en el ocultismo, o se preocupa si el que aplica el método es apresado? Estas cosas no se toman suficientemente en serio, excepto cuando las personas están afectadas personalmente. Sin embargo, es la tarea de un movimiento realmente espiritual despertar la conciencia al hecho de que tiene que haber más que un deseo egoísta de recuperación; De hecho, hay que tener conocimiento de los fundamentos más profundos en estos asuntos, y este conocimiento tiene que ser dado a conocer.

En nuestra época de materialismo, parece que cualquiera que pueda ver el fondo de estas cuestiones como demasiado obvias porque sólo la teoría de la enfermedad en particular, se encuentra bajo la más fuerte influencia del pensamiento materialista. Sin embargo, si seguimos este o aquel lema, o damos un crédito especial a tal o cual método, meramente criticando lo recortado con teorías materialistas, a pesar de que surge de una base científica y es útil en muchos aspectos, seguiríamos cometiendo tanto error como si fuéramos al otro extremo y pusiéramos todo bajo el rótulo de curas psicológicas y similares, y así seríamos víctimas de toda clase de unilateralidad.

La humanidad actual debe, sobre todo, darse cuenta cada vez más que el hombre es un ser complicado y que todo lo que tiene que ver con el hombre está conectado con esta complejidad de su ser. Si hay una especie de ciencia que sostiene la opinión de que el hombre consiste simplemente de un cuerpo físico, no puede trabajar de una manera beneficiosa con el ser humano sano o enfermo. Pues la salud y la enfermedad, tienen una relación con el hombre como un todo y no sólo con una parte de él, a saber, el cuerpo físico. Tampoco debe tomarse la cuestión superficialmente. Ustedes pueden encontrar muchos médicos hoy en día, reconocidos como miembros de la profesión médica, que nunca admitirían ser materialistas jurados; Profesan una u otra fe religiosa, y niegan firmemente la acusación de ser materialistas. Pero este no es el punto. La vida no depende de lo que un hombre dice o cree. Esa es su preocupación personal. Para ser eficaz es necesario saber aplicar y hacer uso valioso en la vida de aquellos hechos que no están limitados al mundo de los sentidos sino que tienen una existencia en el mundo espiritual. Así que, por muy piadoso que sea un médico y por muchas ideas que tenga con respecto a este u otro mundo espiritual, si, sin embargo, trabaja solo de acuerdo con las reglas que surgen enteramente de nuestra concepción materialista del mundo, es decir, el cuerpo, entonces, sin importar la mentalidad espiritual en la que crea, es, sin embargo, un materialista. Pues no depende de lo que una persona diga o crea, sino de su habilidad para poder vivificar las fuerzas que actúan detrás del mundo exterior de los sentidos.

 Tampoco es suficiente que la antroposofía difunda el conocimiento de la naturaleza cuadruple del hombre y que todos repitan que el hombre consiste en un cuerpo físico, un cuerpo etérico, un cuerpo astral y un yo, aunque puedan definirlos y describirlos de cierta manera. Lo esencial no es sólo conocer esto, sino comprender cada vez más claramente la interacción viva de estos miembros del ser del hombre y de la parte que el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo juegan en el ser humano sano y enfermo y lo que su interrelación implica. A menos que ustedes se empeñen en saber lo que la Ciencia Espiritual puede decirles sobre la naturaleza del cuarto miembro del ser humano, el yo, entonces por mucho que ustedes estudien anatomía y fisiología no sabrán nada sobre la naturaleza de la sangre. Eso sería imposible. Y nunca podrían decir nada de valor sobre las enfermedades relacionadas con la naturaleza de la sangre. Porque la sangre es la expresión de la naturaleza del yo del hombre. Y las palabras de Goethe en Fausto: “La sangre es un fluido muy especial” [ver la conferencia: Significado Ocultado de la Sangre] todavía se cita hoy, de hecho se dice mucho. La ciencia actual no tiene idea del hecho de que los científicos deben tratar la sangre, incluso la sangre física, de una manera completamente diferente a cualquier otro órgano del cuerpo físico del hombre, porque estos otros órganos son la expresión de cosas completamente diferentes. Si las glándulas son la expresión, la contrapartida física, del cuerpo etérico, entonces, incluso físicamente, tenemos que buscar algo muy diferente en la composición de una glándula, ya sea hígado o bazo, de lo que hay que buscar en la sangre que es la expresión de un miembro mucho más elevado del ser humano, es decir, el Yo. Y los métodos científicos deben guiarse por esto si quieren mostrarnos cómo trabajar con estas cosas. Ahora quiero decir algo que realmente sólo será entendido por los antropósofos avanzados, pero es importante que se diga.

Un estudioso de mentalidad materialista de hoy da por hecho que cuando hace un pinchazo en el cuerpo la sangre fluirá hacia fuera y que podrá ser examinada en todas las maneras sabidas. Y la sangre se describe de acuerdo con el método de investigar su composición química exactamente de la misma manera que se hace con cualquier otra sustancia, como un ácido. Una cosa, sin embargo, se deja fuera de cuenta, aunque, seria innecesario decir, que no sólo está obligado a ser desconocido para la ciencia materialista, sino que es seguro que se considera pura locura y demencia y sin embargo es cierto: la sangre que fluye en las arterias y sostiene el cuerpo vivo, no es la que fluye cuando hago el pinchazo y saco una gota. Por el momento la sangre que sale del cuerpo cambia a tal punto que tenemos que admitir que es algo muy diferente; y lo que fluye como sangre coagulante, por fresca que sea, no es prueba de la esencia viviente dentro del organismo. La sangre es la expresión del Yo, un miembro del ser humano que está en un alto nivel. Incluso como sustancia física la sangre es algo que no se puede examinar físicamente en su totalidad en absoluto, porque cuando eres capaz de verla, ya no es la sangre que era cuando fluía en el cuerpo. No se puede mirar físicamente, pues desde el momento en que está expuesta a la vista y puede ser examinada por algún método similar a la radiografía, ya no se examina la sangre sino algo que es la imagen externa de la sangre en el plano físico. Estas cosas sólo se entenderán gradualmente. Siempre ha habido científicos en el mundo que trabajan desde el ocultismo que han dicho esto, pero han sido recibidas como cosas de locos o filósofos.

Todo lo que tiene que ver con la salud o la enfermedad del hombre está realmente ligado a la naturaleza múltiple del hombre, con la complicidad de su ser; Por lo tanto, es sólo a través del conocimiento del hombre que surge de la Ciencia Espiritual que podemos llegar a una concepción del hombre en la salud y en la enfermedad. Hay ciertas enfermedades en el organismo del hombre que sólo se pueden entender cuando nos damos cuenta de su conexión con la naturaleza del yo, y estas dolencias también aparecen de alguna manera —pero de manera limitada— en la expresión del yo, la sangre. También hay ciertas enfermedades en el organismo del hombre que apuntan a una enfermedad del cuerpo astral y que por lo tanto afectan a la expresión externa del cuerpo astral, el sistema nervioso. Ahora, al mencionar este segundo caso, tendré que pedirles que sepan algo de la sutileza del pensamiento necesario aquí.

Cuando el cuerpo astral del hombre tiene una irregularidad que llega a expresarse en el sistema nervioso, la imagen externa del cuerpo astral, lo primero que notamos físicamente es una cierta discapacidad en el funcionamiento del sistema nervioso. Ahora, cuando el sistema nervioso no puede hacer su trabajo en un área determinada pueden resultar todo tipo de síntomas afectando al estómago, la cabeza o el corazón. Sin embargo, una enfermedad que muestra síntomas en el estómago no necesariamente apunta a una discapacidad del sistema nervioso en un área determinada originándose por lo tanto en el cuerpo astral, pues puede venir de algo totalmente diferente.

Esos tipos de enfermedades relacionadas con el yo mismo y, por lo tanto, también relacionadas con su expresión externa, la sangre, aparecen como una regla —pero sólo como regla, porque estas cosas no están tan claras en el mundo, aunque se pueden trazar líneas generales cuando se quieren hacer observaciones— estas enfermedades aparecen como enfermedades crónicas. Otras varias alteraciones que parecen comenzar son generalmente síntomas. Puede aparecer uno u otro síntoma, que sin embargo se origina en una perturbación en la sangre, y que tiene su origen en una irregularidad de esa parte del ser humano a la que llamamos portador del Yo. Podría hablarles durante horas sobre los tipos de enfermedades que son crónicas y que se originan desde el punto de vista físico en la sangre y desde el punto de vista espiritual en el yo. Esas son principalmente las enfermedades que en el sentido propio son hereditarias, y que sólo pueden ser comprendidas por aquellas personas que miran el ser del hombre desde un punto de vista espiritual. Aquí y allá hay personas que están enfermas crónicamente, en otras palabras, que nunca están realmente en forma; Siempre tienen una u otra cosa del asunto con ellos. Para llegar al fondo de esto, debemos preguntarnos cuál es el verdadero carácter básico del yo. ¿Qué clase de persona es? Si usted entiende lo que realmente es la vida, entonces usted sabrá que las formas definidas de enfermedades crónicas están conectadas con uno u otro carácter básico del alma, del yo. Ciertas enfermedades crónicas nunca se producirán en personas que tienen una actitud seria y digna hacia la vida, pero si en aquellas de naturaleza frívola. Esto sólo puede ser una indicación, para mostrar la forma en que se están conduciendo estas conferencias.

Como ven, lo primero que tienen que preguntarse cuando alguien viene y dice que ha estado sufriendo esto o aquello por años, ¿qué clase de persona es fundamentalmente?. Tienen que saber qué tipo de carácter básico es su Yo, de lo contrario estaran obligados a ir mal con la medicina común, a menos que tengan suerte. Lo importante de curar a las personas de estas enfermedades, que son principalmente las realmente hereditarias, es considerar todo su entorno, en la medida en que puedan tener una influencia directa o indirecta sobre el yo. Cuando realmente se ha llegado a conocer este aspecto de una persona, puede tener que aconsejar que sea enviado a otro entorno natural, tal vez para el invierno, si es posible; O, si tiene un determinado trabajo, cambiarlo y encontrar un aspecto diferente de la vida.

Lo esencial será tratar de encontrar el escenario que tendrá el justo efecto sobre el carácter del yo. Para encontrar la cura correcta, necesitan, en particular, una amplia experiencia de vida, para que puedan entrar en el carácter de la persona y decir: Para que esta persona se recupere, debe cambiar de trabajo. Es una cuestión de señalar lo que es necesario desde el punto de vista de su naturaleza anímica. A veces, tal vez, sólo en este ámbito, no se puede lograr ninguna recuperación, porque es imposible hacer un cambio; En muchos casos se puede efectuar, sin embargo, sólo si la gente sabe de ello.  Se puede hacer mucho para algunas personas, por ejemplo, si simplemente viven en las montañas en lugar de en las tierras bajas. Estas son las cosas que se aplican al tipo de enfermedades que aparecen externamente como enfermedades crónicas, y que están conectadas físicamente con la sangre y espiritualmente con el yo.

Ahora llegamos a aquellas enfermedades que tienen su origen espiritual principalmente en irregularidades del cuerpo astral y que aparecen en ciertas discapacidades del sistema nervioso en una u otra dirección. Ahora una gran parte de las enfermedades agudas comunes están conectadas con lo que acabamos de mencionar, de hecho la mayoría de ellas. Pues es pura superstición creer que cuando alguien tiene una queja del estómago o del corazón o incluso una irregularidad claramente perceptible en alguna parte, el tratamiento correcto es tratar directamente con el síntoma. Lo esencial es que el síntoma está ahí porque el sistema nervioso es incapaz de funcionar. Así, el corazón puede verse afectado simplemente porque el sistema nervioso se ha vuelto incapaz de funcionar en el área donde debe apoyar el movimiento del corazón. Es absolutamente innecesario maltratar el corazón o, en su caso, el estómago, porque en principio no tienen nada directamente con ellos, porque sólo los nervios que los proporcionan son incapaces de llevar a cabo su trabajo. Si en un caso como este, la queja del estómago es tratada con ácido clorhídrico, sería un error comparable a tratar de  reparar un motor que siempre llega tarde porque se piensa que eso está relacionado con él —y con todo todavía sigue tardando. Pues encontrarían, en un examen más atento, que el motorista siempre se emborracha antes de conducir; Por lo que sería mejor tratar con el conductor del motor, para que el tren pueda llegar a ser puntual. Así que bien podría ser que con las quejas del estómago tengamos que tratar los nervios que proporcionan el dolor de estómago en lugar del propio estómago. En el campo de la medicina materialista, también, tal vez se pueden escuchar varias observaciones a este efecto. Pero no es sólo una cuestión de decir que con los síntomas del estómago usted tiene que tratar primero con los nervios. Esto no logra nada. Sólo logras algo cuando sabes que los nervios son la expresión del cuerpo astral y se buscan las causas en las irregularidades que allí se encuentran. La pregunta es, ¿qué es lo principal?

La primera cosa a considerar en el tratamiento de este tipo de queja es la dieta y encontrar el equilibrio adecuado entre lo que una persona goza y lo que es bueno para ella. Lo que importa es su modo de vida, no con respecto a las externalidades, sino con respecto a lo que tiene que ser digerido y trabajado por él, y en este sentido nadie puede saber nada sobre la base de la ciencia puramente materialista. Tenemos que darnos cuenta de que todo lo que nos rodea en el amplio mundo del macrocosmos tiene una relación con nuestro complicado mundo interior del microcosmos, y toda clase de alimento que existe tiene una conexión definida con lo que está dentro de nuestro organismo.

Hemos escuchado con frecuencia que el hombre ha pasado por una larga evolución y cómo toda la naturaleza exterior ha sido construida a partir de lo que ha sido impulsado por el hombre. Una y otra vez en nuestros estudios hemos vuelto al período del antiguo Saturno, donde encontramos que no existía nada aparte del hombre, que por así decirlo empujó a otros reinos de la naturaleza: las plantas, los animales, etc. En esa evolución, el hombre construyó sus órganos de acuerdo con lo que impulsaban. Incluso cuando el reino mineral fue expulsado, surgieron ciertos órganos internos específicos. El corazón no podría haber surgido si ciertas plantas, minerales y sus posibilidades minerales no hubieran surgido externamente con el paso del tiempo. Ahora lo que surgió externamente tiene cierta conexión con lo que surgió en su interior. Y sólo la persona que sabe de esta conexión puede prescribir en casos individuales cómo el elemento macrocósmico exterior puede ser utilizado en el microcosmos, de lo contrario el hombre experimentará de cierta manera que está tomando algo que no es correcto para él. Así que tenemos que recurrir a la Ciencia Espiritual para la base real de nuestro juicio. Siempre es superficial seguir leyes puramente externas tomadas de la estadística o la química cuando se prescribe un tratamiento dietético. Necesitamos una base completamente diferente, porque el conocimiento espiritual tiene que estar activo cuando tratamos al hombre en la salud o enfermedad.

Luego están aquellos tipos de enfermedades, en parte crónicas y en parte agudas, que están conectadas con el cuerpo etérico humano y que por lo tanto se expresan en las glándulas del hombre. Por regla general, estas enfermedades no tienen nada que ver con la herencia, sino mucho con la nacionalidad y la raza. De modo que en el caso de las enfermedades originadas en el cuerpo etérico y que aparecen como quejas glandulares, siempre debemos preguntarnos si la enfermedad está ocurriendo en ruso, en italiano, en noruego o en francés. Pues estas enfermedades están relacionadas con el carácter nacional y por lo tanto toman formas muy diferentes. Así, por ejemplo, se está cometiendo un gran error en el campo de la medicina, ya que en toda Europa occidental tienen una visión completamente errónea de la tuberculosis espinal. Aunque tienen el juicio correcto para los occidentales [los europeos, están bastante equivocados en lo que se refiere a la población de Europa oriental, porque tiene un origen muy diferente, ya que incluso estas cosas todavía varían considerablemente en la actualidad. Ahora se darán cuenta de que la mezcla de pueblos nos da un cierto estudio. Sólo la persona que puede distinguir las diferencias en la naturaleza humana puede hacer cualquier juicio absoluto. Estas enfermedades hoy son tratadas simplemente externamente y aglomeradas junto con enfermedades agudas, mientras que en realidad pertenecen a un campo completamente diferente. Sobre todo debemos saber que los órganos humanos que están bajo la influencia del cuerpo etérico y que pueden caer enfermos como resultado de irregularidades del cuerpo etérico, tienen relaciones muy definidas entre sí.

Hay, por ejemplo, una cierta relación entre el corazón de un hombre y su cerebro que se puede describir de una manera un tanto pictórica, diciendo que esta relación mutua del corazón y el cerebro corresponde a la relación del sol y la luna —el corazón es el sol y el cerebro la luna—. Por lo tanto, debemos saber si, por ejemplo, ocurre una perturbación en el corazón, que, en la medida en que esté arraigada en el cuerpo etérico, está destinada a tener un efecto sobre el cerebro. Así como cuando sucede algo en el Sol, un eclipse por ejemplo, la Luna está destinada a ser afectada. No es diferente, porque estas cosas tienen una conexión directa.

En la medicina oculta estas cosas también se describen aplicando las imágenes de los planetas a la constelación de los órganos del hombre. Así el corazón es el Sol, el cerebro la Luna, el bazo Saturno, el hígado Júpiter, la bilis de Marte, Venus los riñones y los pulmones  Mercurio. Si estudian las relaciones mutuas de los planetas, tendrán una imagen de las relaciones mutuas de los órganos del hombre en la medida en que están en el cuerpo etérico. La bilis no podría posiblemente afligirnos —y esto se mostraría espiritualmente en el cuerpo etérico— sin que la enfermedad tenga su efecto sobre los otros órganos mencionados, de hecho si la bilis se describe como Marte, su efecto sería similar al efecto de Marte en nuestro sistema planetario. Tienen que conocer las interconexiones de los órganos cuando hay una enfermedad etérica y, sin embargo, éstas son principalmente esas enfermedades —y con esto verán que cualquier forma de unilateralidad debe ser evitada en el campo del ocultismo— para las cuales se deben utilizar los remedios específicos. Este es el lugar para usar los remedios que se encuentran en las plantas y minerales. Porque todo lo que pertenece a las plantas y a los minerales tiene una profunda importancia en todo lo que tiene que ver con el cuerpo etérico humano. Así, cuando sabemos que una enfermedad ha surgido en el cuerpo etérico y aparece de cierta manera en el sistema glandular, debemos encontrar el remedio que pueda reparar correctamente el complejo de interconexiones. Particularmente con aquellas enfermedades donde lo primero que hay que buscar es, obviamente, si se originan en el cuerpo etérico y, en segundo lugar, si están relacionados con el carácter nacional, y todos los órganos están interconectados de forma regular, estas enfermedades son las primeras para las cuales se pueden usar remedios específicos.

Ahora quizás lo que están imaginando es que si es necesario enviar a una persona a otro lugar, no podrán ayudarlo como regla si está atado a un trabajo y no puede moverse. El método psicológico es siempre eficaz. Lo que se llama el método psicológico funciona mejor cuando la enfermedad está realmente en el ser del yo de una persona. Así, cuando se produce una enfermedad crónica de este tipo, una que está en la sangre, los remedios psicológicos están justificados. Y si se llevan a cabo de la manera correcta, su efecto sobre el yo compensará por completo lo que le toca desde fuera. Dondequiera que miren, podrán ver la sutil conexión entre lo que un hombre experimenta en su alma cuando trabaja habitualmente detrás de una mesa de trabajo y cuando tiene la oportunidad de disfrutar del aire del campo por un corto tiempo. La alegría que da alas al alma puede llamarse un método psicológico en el sentido más amplio. Entonces, si el terapeuta está llevando a cabo su método correctamente, puede gradualmente ejercer su propia influencia en lugar de esto y los métodos psicológicos tienen su más fuerte justificación para esta forma de enfermedad que no debe pasarse por alto, porque la mayoría de las enfermedades provienen de una irregularidad del yo del hombre.

Luego llegamos a las enfermedades que surgen de las irregularidades del cuerpo astral. Aunque los métodos puramente psicológicos se pueden utilizar, ciertamente pierden su mayor valor, por lo tanto se utilizan raramente para éstos. Aquí se aplican los remedios dietéticos. El tipo de enfermedad que describimos en tercer lugar es en realidad el primero en el que está justificado el uso de medicamentos externos para ayudar al curso de la recuperación. Si vemos al hombre como el ser complicado que es, el tratamiento de las enfermedades también será de mente amplia, y la unilateralidad debe ser evitada.

Las únicas enfermedades que quedan ahora son las que realmente se originan en el propio cuerpo físico, que tienen que ver con el cuerpo físico, y éstas son las enfermedades infecciosas reales. Este es un capítulo importante y será considerado con mayor detalle en una de las próximas conferencias, después de haber tratado primero el verdadero origen de los “Diez Mandamientos”. Porque ustedes verán que esto realmente tiene una conexión. Hoy, por lo tanto, sólo puedo mencionar que existe este cuarto tipo de enfermedad, y que una comprensión más profunda de esta implica conocer la naturaleza de todo lo relacionado con el cuerpo físico humano. La base de estas enfermedades no es física, sino de naturaleza espiritual. Cuando hemos examinado el cuarto tipo, todavía no habremos terminado con todas las enfermedades importantes, porque veremos que el karma humano también juega. Esa es una quinta categoría a considerar.

Digamos, pues, que gradualmente alcanzaremos una comprensión de las cinco diferentes formas de la enfermedad humana, que proceden del yo, del cuerpo astral, del cuerpo etérico, del cuerpo físico, y también de las causas kármicas. La esfera de la medicina no mejorará hasta que toda esta esfera incluya el conocimiento de los miembros superiores del ser del hombre. Hasta ahora no hemos tenido una práctica médica que realmente haya llegado a enfrentarse con lo que está en juego. Aunque, como ocurre con muchas otras ideas ocultas, estas cosas tienen que actualizarse y ponerse en una forma moderna, deben darse cuenta de que esta sabiduría no es nueva en algunos aspectos.

La medicina surgió del conocimiento espiritual y se ha vuelto más y más materialista. Y quizás en ninguna otra ciencia podemos ver tan claramente cómo el materialismo ha superado a la humanidad. En épocas anteriores la gente era por lo menos consciente del hecho de que tenían que tener un conocimiento del cuadruple ser del hombre para entenderlo. Hubo casos de materialismo antes, por supuesto, e incluso antes de hace cuatrocientos años, los clarividentes observaron el pensamiento materialista surgiendo a su alrededor en esta esfera. Paracelso, por ejemplo, que se considera un loco o un soñador y no se comprende en absoluto hoy, llamó la atención sobre el creciente materialismo de la ciencia médica centrada en Salerno, Montpellier, París y también en ciertas partes de Alemania. Y sólo por su posición responsable en el mundo, Paracelso se sintió obligado —como lo hacemos hoy— a llamar la atención sobre la diferencia entre la medicina basada en el conocimiento espiritual o en el materialismo. Tal vez sea aún más difícil hoy en día lograr algo con el pensamiento paracélsico. Pues en aquellos días el enfoque materialista de la medicina no se oponía tan rígidamente al enfoque paracelsiano, como la ciencia materialista de hoy a cualquier penetración en la naturaleza real, espiritual del hombre. Lo que dijo Paracelso acerca de esto, por lo tanto, todavía se aplica hoy, aunque su significado será menos fácilmente reconocido. Si nos fijamos en las opiniones que mantienen hoy las personas que trabajan en los bancos de disección y en los laboratorios, y en la forma en que se aplica la investigación a la comprensión del hombre en la salud y en la enfermedad, podríamos reaccionar en cierta medida como lo hizo Paracelso. Sin embargo, quizá no sea apropiado añadir una súplica para la comprensión y el perdón, tal vez, tal como lo hizo Paracelso a sus contemporáneos locales en la esfera médica, es decir, con toda esperanza real de perdón. Pues el propio Paracelso dijo que no era un hombre de buena crianza, ni se había movido en altos círculos; Le faltaba gracia y refinamiento, por lo tanto se le perdonaría si lo que decía no siempre se expresaba en el mejor lenguaje. Mientras hablaba sobre la naturaleza de las diferentes enfermedades, Paracelso dijo lo siguiente sobre los médicos extranjeros y también alemanes: “Es un mal negocio, todos esos médicos extranjeros, nombrar a los de Montpellier, Salerno y París, que quieren tener todos el crédito y derraman el desprecio a todos los demás, pero ellos mismos no saben nada y no pueden hacer nada, y es de conocimiento común que no hacen más que hablar y mostrar. No se avergüenzan de sus enemas y purgantes, y dependen de ellos incluso si el paciente está muriendo. Se jactan de toda la anatomía que conocen, y ni siquiera pueden ver el sarro en los dientes de las personas, y mucho menos cualquier otra cosa. Son excelentes doctores, incluso sin gafas en la nariz. ¿Qué clase de visión y anatomía tienen? No pueden hacer ningún bien terrenal con ellos, y no ven más allá de sus propias narices. Trabajan tan duro, también, esos estafadores y ladrones alemanes de médicos y tontos recién nacidos, que cuando lo han visto todo, saben menos que antes. Así que se ahogan en la inmundicia y los cadáveres y después se ponen los aires de santos —deben ser arrojados a la chusma!”.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Agosto de 2017.

GA57. Isis y Madonna

Rudolf Steiner — Berlín, 29 de Abril de 1909

 

English version

 

Goethe señalo en repetidas ocasiones que el hombre que se acerca a los secretos de la naturaleza anhela el más digno exponente de sus secretos, el Arte. Y durante toda su vida mostró en sus creaciones como el Arte era para él el intérprete de la Verdad. Se puede decir que en esta concepción de Goethe se ilumina algo que ha sido una convicción fundamental, un tema básico, a lo largo de todos los tiempos y épocas de la evolución humana.

En las diferentes artes, más o menos conscientemente, se nos presenta en diferentes lenguajes algo que da expresión a ciertas verdades que viven en el alma humana. A menudo son las verdades más secretas, el conocimiento más secreto, que no puede ser fácilmente reducido a conceptos rígidos, ni vestido de fórmulas abstractas, sino que buscan una expresión artística.

Hoy nuestra atención elaborará una Verdad secreta de este tipo, que durante siglos se ha esforzado por encontrar expresión en el arte, es cierto que esto siempre ha encontrado su formulación científica en ciertos círculos estrechos, pero para un público más amplio sólo tomara su importancia en el conocimiento popular del futuro a través de la Ciencia Espiritual.

Goethe fue capaz en su alma de acercarse a esta verdad desde ángulos muy diversos. En una de mis conferencias aquí en el Goetheanum señalé un momento significativo en su vida, que es un ejemplo de este tipo de experiencia. En la segunda de las conferencias sobre Fausto hable de cómo Goethe leyendo al escritor romano Plutarco se encontró con la extraordinaria historia de Nicias, que quiso someter de nuevo a los romanos en un cierto pueblo de Sicilia perteneciente a los cartagineses, y por eso estaba siendo perseguido. En su huida y fingiendo locura, lanzó su extraño grito: “¡Las madres, me están persiguiendo las madres”, se reconoció que esta locura no era de tipo ordinario. Porque en esa región existía un denominado “Templo de las Madres”, creado en el marco de los antiguos Centros de Misterios, por lo que se sabía lo que esa expresión significaba. Cuando Goethe fue capaz de dejar que el significado de la expresión “las Madres” se hundiera en su alma, se dio cuenta de que si quería llegar al punto más alto de la imponente belleza de una de las escenas de la segunda parte de su Fausto, no podía expresarlo mejor que mediante el envío de Fausto a las Madres.

 Ahora, ¿qué significa este viaje a las Madres para Fausto? Hemos hecho una breve mención de esto en la conferencia mencionada. Mefistófeles mismo no puede entrar en el reino donde las madres se entronizan a pesar de que le da la clave a Fausto. Mefistófeles es el espíritu del materialismo, el espíritu contenido en las fuerzas y los poderes de la existencia material del hombre. Para él, el reino de las Madres es el reino de la Nada. Fausto, el ser humano espiritual, con su inclinación hacia el espíritu es capaz de responder: “En tu Nada espero encontrar el Todo”. Luego sigue la descripción altamente notable y significativa del reino de las Madres, y se nos dice cómo tejen y viven en una esfera en la que trabajan dando las formas al mundo visible; Cómo el hombre, si quiere penetrar en el reino de las Madres, debe elevarse por encima de todo lo que vive en el espacio y en el tiempo. Formación, transformación, ésta es la esencia de su reino. Son misteriosas diosas que mantienen el dominio de un reino espiritual detrás de la realidad de los sentidos. Fausto debe penetrarlo si quiere obtener conocimiento de todo lo que trasciende lo sensorial y lo físico. Sólo mediante la ampliación de su alma a este reino de las madres puede Fausto unirse dignamente a Helen; lo eterno con lo temporal. En esa conferencia sobre Fausto indique que Goethe entiende completamente cómo en este reino de las Madres uno tiene que ver con una esfera en la que el hombre es capaz de penetrar si es capaz de despertar las fuerzas espirituales dormidas en su alma. Esto es para él el gran momento en el que se le revelan los seres espirituales y sus hechos que están siempre a nuestro alrededor, pero que con los ojos de los sentidos vemos tan poco como el ciego ve el color y la luz. Es el momento en que los ojos y oídos espirituales se abren al mundo que está detrás del mundo físico. La entrada a este reino es interpretado por el viaje a las Madres.

En esas conferencias se indicó repetidamente que cuando el hombre practica ciertos ejercicios internos en su alma, ciertos métodos minuciosamente prescritos para hundirse profundamente en el mundo de sus conceptos, sentimientos y voluntad, entonces se abren sus ojos y oídos espirituales y nuevos reinos se despliegan a su alrededor. También se demostró que quien entra en este reino se siente confundido por todas las impresiones que trabajan sobre él. Mientras que en el mundo físico percibimos objetos en contornos afilados de los cuales tomamos nuestras orientaciones, en el mundo espiritual tenemos un confuso sentimiento de interconexión, a modo de vuelo, tal como Goethe lo describe en la segunda parte de Fausto.

Pero es de este reino de las Madres que nace todo lo que se da a nuestros sentidos, así como en las montañas el metal nace del mineral madre. Y porque este reino misterioso, el reino de la Madre de todo lo terrenal y físico, el reino que contiene, por así decirlo, la sustancia divina de todas las cosas —porque este misterioso reino resuena en Goethe— la expresión “las Madres” trabaja con una fascinación y belleza impresionantes. Así, cuando leyó en Plutarco que alguien gritó “Las Madres, las Madres”, reconoció que no era una visión loca en un mundo insano e irreal, sino una visión en un mundo de realidad espiritual. El problema de la Madre del Mundo se detuvo ante Goethe mientras estaba leyendo a Plutarco, y con la forma que fue elaborándose, insertó este problema como el Misterio de las Madres en la segunda parte de su Fausto.

virgen de durero

Ahora bien, cualquiera que quiera entrar en este reino de las Madres, el reino del mundo espiritual, ha tenido en todo momento que emprender, además de otros ejercicios que pueden encontrarse en el libro “Como se adquiere el Conocimiento de los Mundos Superiores”, lo que invariablemente se ha llamado la purificación preparatoria, la catarsis del alma. Debe prepararse de tal modo que su alma, de la cual derivan las fuerzas espirituales superiores, esté libre de todo impulso y pasión por el mundo ordinario de los sentidos. El alma debe ser purificada de todas aquellas cosas que tienen atracción sensual y proporcionan alimento a los sentidos y que mantienen el entendimiento cautivo en el cuerpo físico. El alma debe ser libre, entonces podrá despertar dentro de sí la visión espiritual y penetrar en su reino. La llamada alma purificada, el alma que ha pasado por la catarsis y ya no se dirige hacia el mundo físico de los sentidos, siempre que ha existido el conocimiento de este misterio ha sido llamada el Yo Superior del hombre, ese Ser interior del cual se ha dicho que no se origina en nada que los ojos físicos puedan investigar, sino en fuentes de un alma superior y de una naturaleza espiritual; No tiene un hogar terrenal sino un hogar celestial. Se pensaba que el alma ennoblecida y purificada estaba conectada con ese verdadero origen del hombre, pues lo que ha sido la ciencia espiritual a través de los siglos nunca ha podido hablar de una evolución puramente material, de una perfección o imperfección de acuerdo con los sentidos. La Ciencia Espiritual no condena como erróneo lo que hoy se llama la evolución, el ascenso desde el ser físico más bajo al más perfecto vagando sobre la faz de la Tierra, a saber, el hombre físico. Como ya he enfatizado muchas veces, eso está plenamente reconocido. La teoría científica de la evolución y la descendencia es algo plenamente reconocido por la Ciencia Espiritual, pero al mismo tiempo se señala que todo el ser al que llamamos hombre no está incluido en esta evolución, que sólo se aplica al lado externo del desarrollo del hombre. Ahora, cuando remontamos al hombre a través de todos los cambios en el transcurso del tiempo, encontramos que cuanto más nos remontamos a formas físicas cada vez más imperfectas, más nos encontramos con el origen del hombre como un ser anímico espiritual.

A menudo nos hemos trasladado a un tiempo de la evolución humana donde el ser que ahora llamamos hombre todavía no tenía ninguna clase de existencia física y estaba firmemente resguardado en una existencia anímico espiritual. Se ha señalado repetidamente cómo, en el sentido de la Ciencia Espiritual, consideramos la forma material, el cuerpo físico del hombre, como una densificación del Ser que una vez fue sólo espíritu y alma. Este Ser de espíritu y alma se ha densificado, por así decirlo, en el hombre de hoy, como el agua se solidifica en el hielo. Esta imagen utiliza a menudo, cuando se dice: Imaginemos una cantidad de agua que se va condensando en hielo de modo que finalmente nos quedamos con cierta cantidad de agua junto con la parte que se ha convertido en hielo. Ahí tenemos una imagen del origen del hombre. En el hombre que  una vez fue sólo alma y espíritu, todavía no existía nada de la naturaleza corporal física y material que hoy es perceptible a los ojos y tangible para las manos. El hombre paulatinamente ha devenido más físico, hasta llegar a su forma actual. La época a la que la ciencia ortodoxa puede mirar hacia atrás solo puede revelar de hecho al hombre en la forma física que vemos hoy. Pero la Ciencia Espiritual se remonta a un pasado primordial cuando el hombre nació del mundo espiritual y todavía era de naturaleza anímico espiritual. Cuando contemplamos el alma del hombre hoy podemos decir que ese elemento anímico es el último remanente, por así decirlo, de la naturaleza espiritual y anímica que alguna vez fue suya. Miramos la naturaleza interior del hombre, aprendiendo a conocer su ser anímico espiritual y comprendemos que así como él es en su ser interior, así lo fue hace mucho tiempo cuando nació del vientre del mundo espiritual. Este ser anímico está envuelto desde fuera en los elementos inferiores del mundo de los sentidos, pero puede ser purificado y limpiado puede elevarse a una percepción libre de los sentidos, recobrando así la espiritualidad de la cual nació.

Este es el proceso del conocimiento espiritual que pasa por la catarsis, por la purificación. Así, en espíritu, contemplamos el ser anímico del hombre, y hablando no sólo en imágenes sino de la realidad, decimos: Conociendo este alma en su verdad, percibimos que el ser no es de este mundo. En el fondo de este ser anímico vemos un mundo espiritual divino del que nació.

Ahora vamos a tratar de convertir lo que se ha dicho en una imagen física. Preguntémonos: ¿No poseemos una imagen física de lo que se ha descrito, en el mundo espiritual representado por las formaciones de nubes desde las cuales lo espiritual nace en forma de cabezas de ángeles que retratan el alma humana? ¿No vemos en la figura de la Virgen en la Madonna Sixtina de Rafael, una imagen del nacimiento en el mundo divino espiritual?.

madona sixtina

Vamos a preguntar: ¿Qué sucede con un hombre cuya alma se ha limpiado y purificado, que ha ascendido al conocimiento superior y ha desplegado ante su alma esas imágenes espirituales que dan vida dentro de él a lo divino, que vive y tejed en el mundo?. Este ser humano que da a luz en el hombre al hombre superior, a un hombre que representa un pequeño mundo en el gran mundo, que de su alma purificada saca al verdadero hombre superior —¿qué es? No puede ser descrito de otro modo que por la palabra clarividente. Si tratamos de hacer una imagen en el alma que dé a luz al hombre superior, fuera del universo espiritual, basta recordar la imagen de la Madonna Sixtina, la Virgen con el maravilloso Niño en sus brazos.

Así, en la Madonna Sixtina tenemos una imagen del alma humana nacida del universo espiritual y que brota de esta alma lo más alto que un ser humano puede producir —el propio nacimiento espiritual del hombre— lo que en él es un nuevo engendramiento de la actividad creativa cósmica .

Intentemos experimentar en nuestro sentimiento lo que hace la conciencia clarividente. Hubo un tiempo en que la estructura del mundo se fundamentó en la espiritualidad divina; pues sería absurdo buscar en el mundo el Espíritu si este Espíritu no hubiera construido originalmente el mundo. Todo lo que nos rodea en el mundo ha surgido del Espíritu que buscamos en el Alma. Así, el alma ha surgido del Espíritu Divino del Padre, viviendo y tejiendo en todo el universo, portando al Hijo de la Sabiduría que es semejante a este Espíritu del Padre, de quien Él es una repetición.

Entendemos ahora la forma en que Goethe abordó este problema en todo su significado místico cuando trató de reunir todo el contenido de Fausto en el “Coro Místico”, donde habla del alma humana como el “eterno femenino” que nos atrae hacia el espíritu universal del mundo. Esta fue la actitud de Goethe respecto a su enigma con la Madonna al final de Fausto. De la figura que ha asumido la representación de la Virgen, todavía hoy es difícil reconocer plenamente lo que ahí se expresa como una imagen que sin embargo se basa en una verdad profunda. Sin embargo, si remitimos este problema de Madonna a su origen, nos daremos cuenta de que, en verdad, el más poderoso problema humano, a pesar de estar muy oculto, nos confronta en la figura de la Virgen. Es cierto que estas Madonas han cambiado mucho de la simple figura de las catacumbas en los primeros siglos cristianos, donde encontramos Madonas con el Niño cobijados en el pecho de la madre. De esta primera figura sencilla, que poco tiene que ver con el arte, hay un largo camino hacia el siglo XV donde a Miguel Ángel y Rafael,  después de muchas transformaciones del Niño y la Virgen le han dado en el sentido moderno algo mucho más acorde con el Arte, — de acuerdo con el Arte de la pintura. Es, sin embargo, como si estos supremos artistas procedieran de un conocimiento no muy completo, sino de un sentimiento definido de la verdad más profunda del enigma de la Madonna. Se nos presentan experiencias muy hermosas cuando nos encontramos ante la llamada Piedad de Miguel Ángel en San Pedro en Roma, donde la Virgen está sentada con el cadáver de su Hijo sobre sus rodillas —ahí la Virgen debería estar en la edad en que Cristo ya había pasado por la muerte pero es retratada con toda la belleza de la juventud. En la época de Miguel Ángel fue algo muy discutido el  por qué a su edad había dado a la Virgen esta belleza juvenil. Cuando se le preguntó acerca de ello, él respondió como es bien sabido que las Vírgenes preservan la frescura de la juventud —y esto no es una mera creencia, sino un conocimiento derivado espiritualmente. Así, ¿por qué no tenía razón al representar a la Madre de Dios en esa edad con toda la frescura de la juventud? ¡Es una concepción notable lo aquí expresado por Miguel Ángel! A pesar de que esto no es expresado abiertamente por Rafael, sin embargo sentimos que está allí en sus cuadros. Podemos, sin embargo, comprender esta concepción sólo remontándonos a los tiempos en que lo que nos encontramos en las Madonas como arte inconsciente todavía estaba viviendo exteriormente. Podríamos ir muy lejos, y realmente seguiríamos encontrando el enigma de la Madonna en todo el mundo. Podríamos ir a la India y encontrar allí a la diosa con el niño Krishna en su pecho; en el culto chino podríamos encontrar imágenes similares.

 Sin embargo, no volveremos a estas regiones lejanas, pero mantendremos las representaciones repetidas tan impresionantemente en los tiempos antiguos y que se nos vuelven a dar con tanta belleza en la Virgen. Volveremos a las representaciones de Isis con el niño Horus. Estas representaciones que han crecido enteramente fuera de la sabiduría egipcia pueden en cierto sentido ser la llave para la comprensión correcta de la representación de la Virgen. Aquí, es cierto, debemos dirigir nuestra atención a la naturaleza de la sabiduría que llevó a esta notable figura de la Diosa egipcia, fijando nuestra atención en lo que esta sabiduría, expresada en la saga de Isis y Osiris, significa para nosotros. Porque cuando lo entendemos bien, esta saga nos lleva profundamente al problema real de la Humanidad. Dondequiera que miremos en la religión de Egipto, la saga de Osiris es aun lo más significativo y lleno de contenido —este Rey que en los tiempos primordiales gobernó en una edad de oro entre los hombres, y se casó con su hermana, Isis, trayendo la felicidad y bendición a la Humanidad. Se colocó frente a los ojos del antiguo Egipto como un Rey humano con poder divino y virtud divina; y gobernó hasta que fue asesinado por Set, su malvado hermano. Fue asesinado de una manera extraña. En un banquete, el malvado Set, en tiempos posteriores llamado Tifón, mando construir un cofre y con astucia, indujo a Osiris a tumbarse en él, cerrando la tapa rápidamente. El cofre fue arrojado al agua y llevado a un lugar desconocido. Su triste cónyuge Isis busco por todas partes a su marido, y después de mucho tiempo buscando, finalmente lo descubre en Asia. Ella lo trae de regreso a Egipto, donde es desmembrado por su malvado hermano Set, y sus fragmentos fueron enterrados en muchas tumbas. De ahí el gran número de tumbas de Osiris en Egipto. Osiris ahora se convierte en el rey de los muertos, como antes fue el rey de hombres vivos en la Tierra. Desde ese otro mundo un rayo atraviesa la cabeza de Isis y da a luz a Horus que se convierte en el gobernante de este mundo.

Según la leyenda egipcia Horus es el hijo póstumo de Osiris. Horus, que ha nacido como resultado de la impregnación del mundo del más allá, es el gobernante del mundo terrenal de los sentidos; Osiris es el gobernante del reino de los muertos. Mientras que el alma encerrada en un cuerpo está sujeta a la regencia de Horus, cuando abandona el cuerpo —así el Libro de los Muertos egipcio testifica que el que entra en el reino de Osiris, se convierte en un Osiris. El libro egipcio de los muertos describe en qué forma tan impresionante el alma es presentada ante el tribunal con estas palabras: “Y tú, Oh Osiris, ¿qué has hecho?” Así el alma al pasar por la puerta de la muerte misma se convierte en un Osiris.

De acuerdo con los antiguos egipcios, entonces, miramos hacia dos reinos, el reino percibido por los sentidos, el reino de Horus, y el ámbito en el que el alma entra después de la muerte donde domina Osiris. Pero al mismo tiempo sabemos que de acuerdo con la época de los iniciados egipcios, el iniciado que había adquirido la facultad de la clarividencia ya en vida entraba en la misma región que de otro modo sólo se puede hacerse después de la muerte —donde podía unirse a Osiris. El iniciado por lo tanto se convirtió en Osiris. Él se despojó de lo físico, renunció a todos los hábitos del plano físico, a todas las pasiones y deseos, se limpió de lo físico, se convirtió en un alma purificada y como tal, se unió a Osiris.

Ahora, ¿qué significa esta leyenda? Es una idea pueril sostener que esta leyenda se supone que representa el curso anual del sol alrededor del planeta. El consejo de los sabios de la Tierra ha creado la leyenda de que Osiris es el Sol, cuya desaparición significa su conquista por los poderes de la naturaleza invernal, que se dice Set, el malvado hermano Tifón. Y en Isis tenemos la representación de la Luna que busca el sol para ser irradiada por su luz. Sólo aquellos que hilvanan mitos teóricos acerca de la naturaleza de su propia mente pueden hacer tales afirmaciones. Pues la verdad es que esta es la expresión externa, gráfica de una verdad mucho más profunda.

¿Cuál fue esa época cuando Osiris gobernaba sobre los hombres? Era el tiempo en que los hombres todavía eran seres de alma y espíritu que habitaban en el mundo anímico espiritual entre seres que también tenían su ser anímico espiritual. Por lo tanto, cuando se habla del reino de Osiris, no se trata del reino físico, sino de un reino pasado en el que el hombre se mantenía como un ser de alma y espíritu. Y el hermano, enemigo de Osiris, es ese ser que envolvió al hombre en un cuerpo físico, que densificó parte de esa alma espiritual en el cuerpo físico. Ahora vemos cómo Osiris, puramente espiritual, fue colocado en un cofre. Este cofre es simplemente el cuerpo físico humano. Pero debido a que Osiris es un ser que, de acuerdo con su naturaleza, no puede descender tanto como al mundo físico, que está destinado a permanecer en el mundo espiritual divino, su colocación en el cofre, el cuerpo humano, tiene para él el mismo significado que la muerte.

Aquí, vemos representado en un sentido más amplio el paso del reino del alma y del espíritu por las diferentes épocas evolutivas físicas de la Humanidad. Osiris no podía entrar en este mundo físico, murió con el mundo físico externo y se convirtió en rey del reino anímico donde entran las almas al dejar el mundo físico de los sentidos, o cuando desarrolla los poderes de la clarividencia. De ahí que el iniciado esté en su alma unido con Osiris.

¿Qué ha quedado para el hombre de ese reino del alma y del espíritu, al hombre que no se retiró como Osiris del mundo de los sentidos físicos sino que entró en él? ¿Qué le ha quedado? Es su alma, su ser anímico espiritual que siempre le llevará a la fuente anímico espiritual original —a Osiris. Es el alma humana que mora en nosotros, Isis, en cierto sentido, el eterno femenino que nos lleva hacia el reino donde nacimos.

Isis, cuando está purificada y ha dejado a un lado todo lo que ha recibido de lo físico, está impregnada del mundo espiritual y da a luz a Horus, el Yo Superior, que debe salir victorioso sobre el ser humano inferior. Así vemos a Isis como la representante del alma humana, como la que en nosotros, como seres divino espirituales, nace del Padre universal y permanece en nosotros, buscando a Osiris y encontrándolo sólo a través de la iniciación o de la muerte. Al conjurar esta saga de Osiris e Isis como en una panorámica ante nuestra alma estamos contemplando el reino que se encuentra detrás del mundo físico de los sentidos, en el momento en que el hombre todavía estaba entre las Madres, los fundamentos primordiales de la existencia, cuando Isis no estaba encerrada en el cuerpo físico y estaba unida con su esposo Osiris en la edad de oro.

Entonces se nos revela la más bella flor de la Humanidad, el ideal humano más elevado, que nace del cuerpo humano impregnado por el mundo eterno del Espíritu. Por lo tanto, ¿cómo podría ser otro que el ideal más sublime, el pico más alto de la Humanidad, el mismo Cristo, que es el ideal de lo que representan? ¿Quién entraría naturalmente en el reino de las Madres? En el Fausto de Goethe nos encontramos con tres madres sentadas en trípodes de oro: tres madres. El alma humana ha pasado por una evolución desde los tiempos en que aún no estaba en un cuerpo humano. Lo que hoy tenemos como concepción humana y nacimiento humano nos aparece sólo como emblema final y símbolo de la forma anterior de la misma fuente. En la Madre física vemos la última forma física de la Madre espiritual que está detrás de ella; Y vemos que la impregnación de esta Madre espiritual no ocurre de la manera que sucede en la Tierra hoy, sino desde el Cosmos mismo, así como en el conocimiento superior nuestras almas son fructificadas desde fuera del cosmos. Miramos hacia atrás a formas cada vez más espirituales de fructificación y reproducción.

Por lo tanto, en el verdadero sentido de la Ciencia Espiritual no hablamos solamente de una Madre sino de las Madres, haciéndonos conscientes de que lo que tenemos hoy como la madre física es el último desarrollo de la figura anímico espiritual fuera del reino espiritual. De hecho, hay imágenes de Isis representando no una madre, sino a tres madres. En frente tenemos la figura, Isis con el niño de Horus en su pecho, parecido a las representaciones más antiguas de la Madonna. Pero detrás de esta figura en ciertas representaciones egipcias tenemos otra figura, una Isis, que lleva sobre su cabeza los dos familiares cuernos de vaca y las alas del halcón, ofreciendo la “crux ansata” al Niño.

isis

 

Vemos que lo que es físico, humano, en la figura más importante esta aquí más espiritualizado. Detrás hay todavía una tercera figura, con una cabeza de león y representando la tercera etapa del alma humana. Es así como estas tres figuras de Isis aparecen, una detrás  de la otra. Es un hecho real que el alma humana tiene en sí tres naturalezas —una naturaleza volitiva que se encuentra en lo más profundo de su ser, una naturaleza de sentimiento y una naturaleza de sabiduría. Estas son las tres almas Madre y nos encontramos con ellas en las tres figuras de la egipcia Isis.

Que detrás de la Madre física que tenemos a la Madre suprafísica, la Madre espiritual, la Isis de la antigüedad espiritual, con las alas del halcón, los cuernos de vaca con el globo del mundo entre ellos en la cabeza de Isis —este es un simbolismo profundo. Los que entienden algo de la antigua llamada teoría de los números siempre han dicho —y esto se corresponde con una profunda verdad— que el sagrado número tres representa lo divino masculino en el cosmos. Este sagrado número tres está expresado gráficamente por el globo del mundo y dos cuernos de vaca que son, si se quiere, una especie de imagen de la media luna de la Virgen, pero en realidad representa el trabajo fructífero de las fuerzas de la naturaleza.

El globo representa la actividad creativa del cosmos. Tendría que hablar durante horas para dar una imagen del elemento masculino en el mundo. Así, detrás de la Isis física está su representante la Isis suprafísica, que no está impregnada por uno de su propia especie, sino por lo divino masculino viviendo y tejiendo en el mundo. El proceso de fructificación todavía se retrata como algo similar al proceso de la cognición. La conciencia de que el proceso de cognición es una especie de fructificación todavía vivía en la antigüedad. Ustedes pueden leer en la Biblia: “Adán conoció a su esposa y ella dio a luz…”  Lo que hoy recibimos como espíritu da nacimiento a lo espiritual en el alma; Es algo que representa un último remanente del antiguo modo de fructificación.  Lo que viene a expresarse aquí nos muestra cómo hoy estamos fructificados por el espíritu del mundo recibiendo este espíritu en el alma humana como espíritu del mundo para adquirir el conocimiento humano, el sentimiento humano y la voluntad humana.

Esto es lo que se representa en Isis. Ella es fructificada por el divino elemento masculino, de modo que la cabeza es fructificada; Y no es la sustancia material la que se ofrece al niño, como en el caso de la Isis física, sino la “cruz ansata” que es el signo de la vida. Mientras que aquí desde lo físico, Isis ofrece la sustancia física de la vida, también ofrece el espíritu de la vida en su símbolo. Detrás de la Madre física de la vida aparece la Madre espiritual de la vida; y detrás de ella de nuevo la fuerza primitiva de toda vida, representada con la fuerza vital, así como la voluntad habita detrás de todo lo todavía espiritual en el lejano pasado. Aquí tenemos a las tres Madres, y también la forma en que en el cosmos estas tres Madres imparten la fuerza vitalizadora al sol. Aquí tenemos lo que no es una mera expresión artística, sino una expresión simbólica de una profunda verdad cósmica. Lo que se mantuvo a lo largo de la evolución egipcia como el símbolo de Isis fue recibido en tiempos más recientes y transformado de acuerdo con el progreso hecho por la Humanidad como resultado de la aparición de Cristo Jesús en la Tierra; porque en Cristo Jesús tenemos el gran prototipo de todo lo que el alma humana está destinada a sacar de sí misma. El alma humana en su fructificación por el espíritu del mundo se da forma tangible en la Virgen. En la Madonna nos encontramos, por así decirlo, con la Isis renacida y mejorada, transfigurada.

Lo que podría ser retratado en las imágenes al comienzo de la conferencia ahora viene ante nuestras almas como vinculadas con la evolución de la humanidad, que fluye de la antigüedad arcaica, transfigurada artísticamente y dada en nueva forma en las imágenes modernas presentadas en todo el mundo a las almas humanas sedientas de arte.

Aquí vemos cómo el verdadero arte, como resuena en las palabras de Goethe, se convierte en el exponente de la Verdad. Vemos cómo en realidad cuando nuestra mirada cae sobre la Madonna, cuando esta mirada está impregnada de profundo sentimiento, el alma participa en cierto conocimiento del poderoso enigma del mundo. Nos percatamos de que en tal entrega nuestra alma, buscando en sí misma lo eterno femenino, está anhelando al divino Padre-Espíritu nacido del cosmos, a quien como el Sol damos a luz en nuestra propia alma. Lo que somos como hombres y como hombres relacionados con el Universo, esto es lo que nos encontramos en las imágenes de la Virgen. Por eso las imágenes de la Virgen son cosas tan sagradas, aparte de cualquier corriente religiosa, de cualquier dogma religioso. Por lo tanto, podemos sentirlo como algo nacido del cosmos cuando de las nebulosas nubes se forman las cabezas de los ángeles, y de la totalidad surge el Representante del alma humana. La Madonna también incluye lo que puede nacer del alma humana, el verdadero Yo superior que duerme en cada ser humano, todo lo que es lo mejor en el hombre, lo que fluye del espíritu y teje por el mundo. Goethe también sintió esto cuando dio forma final a su Fausto conduciéndolo a través de las diferentes etapas hasta el conocimiento superior y la vida superior. Es por eso que hace que Fausto vaya a las Madres y por qué el nombre de “Madres” le suena a Fausto tan impresionante y tan hermoso, inculcando en él un sentimiento por la sabiduría que resuena desde la antigüedad. Así Goethe sintió que debía enviar a Fausto a las Madres, que sólo allí podría Fausto buscar y encontrar lo eterno y a través del cual Euforio puede llegar a ser. Porque el alma humana le pareció representada por la Madonna Goethe dio expresión al enigma del alma en las palabras del Coro Mysticus: “El eterno femenino nos eleva hacia arriba”.

Sea lo que sea que los tiempos modernos puedan tener que decir, esta es la razón por la que Rafael en su maravilloso cuadro de la Virgen, tuvo tanto éxito en llevarnos de nuevo a los reinos a los que pertenecen las antiguas figuras de Isis. De lo que es espiritual, de lo que ya no se puede expresar en una figura humana porque sería demasiado material, de esa Isis cuya fuerza sólo puede representarse simbólicamente por la cabeza del león, descendemos a la Isis humana que transmite su fuerza a Horus a través de la sustancia física. Raphael inconscientemente lo expresó en su Madonna Sixtina. Pero la Ciencia Espiritual conducirá al hombre consciente de vuelta al reino espiritual del que ha descendido. En dos conferencias que se han dado aquí se proporcionan ejemplos de cómo el hombre ha descendido de las alturas espirituales y subirá de nuevo a esta existencia superior. Ambas conferencias (01/05/1909 no está traducida. 06/05/1909, ver Trimestral Antroposófica , IV, 3.), impartidas entre el 1 de mayo y del 6 de mayo de 1909, nos mostrarán en un sentido estrictamente científico como estas imágenes y representaciones de Isis y Madonna son de hecho mucho y definitivamente exponentes artísticos de los secretos más profundos de la Naturaleza y del Espíritu, y cómo en realidad no son más que una transcripción de las sublimes palabras de Platón: “”Una vez el hombre fue un ser espiritual; Él descendió a la Tierra solo porque sus alas espirituales le fueron robadas y fue envuelto en un cuerpo físico. Él luchará de nuevo desde este cuerpo físico y volverá a ascender al mundo anímico espiritual”. Esto fue anunciado por el filósofo Platón. Las imágenes de la Madona proclaman lo mismo, porque en el más bello sentido son lo que Goethe quiso expresar en las palabras: “El arte es el exponente más digno de los misterios reconocidos del mundo”. El hombre no tiene por qué temer que el arte se vuelva abstracto o totalmente alegórico si una vez más es obligado, repito obligado, a reconocer las realidades espirituales más altas; ni necesita temer que se vuelva rígido y sin vida cuando se encuentre incapaz de seguir usando modelos físicos externos y toscos.

Debido a que el hombre ha olvidado lo espiritual, el arte se ha ligado a los sentidos exteriores. Pero cuando los hombres encuentren el camino de regreso a las alturas espirituales y al conocimiento espiritual, entonces se sabran que la realidad verdadera está en el mundo espiritual, y que aquellos que perciben esta realidad crearán vivamente, sin estar esclavizadamente ligados a modelos físicos. Goethe sólo se entenderá cuando se reconozca más ampliamente que el arte y la sabiduría van de la mano, cuando el arte vuelva a ser una representación de lo espiritual. Entonces la ciencia y el arte volverán a ser uno; En su unión se convertirán en religión, porque la voluntad espiritual trabajará en esta forma como divinidad una vez más en el corazón del hombre, y dará a luz lo que Goethe llamó la verdadera y genuina piedad. “Un hombre que tiene ciencia y arte también tiene religión”, dice Goethe. “Si alguien no posee estos dos entonces que tenga religión “.

En verdad, quienquiera que tenga conocimiento de los secretos espirituales del mundo y sepa lo que habla a través de Isis y Madonna ve en ellos algo de vida primitiva, algo mucho más vivo que todo lo que es posible expresar en cualquier imitación servil de un modelo humano físico. Un hombre de este tipo, cuya mirada penetra a través de un velo a través de la cualidad viva que estas Madonas representan y que contempla lo espiritual detrás de ellas, puede, libre de todo dogma y prejuicio, volver a sentir piedad en completa libertad espiritual. Él unirá en su alma la ciencia o la sabiduría con el arte y dará nuevo nacimiento a un auténtico sentimiento religioso libre —a la genuina piedad.

Traducido por Gracia Muñoz en Agosto de 2017.

GA193c3. Las Influencias de Lucifer y Ahriman

Rudolf Steiner — Berna, 4 de  noviembre de 1919

English version

La fase de la evolución que comienza en nuestro propio tiempo tiene un carácter muy especial. Lo mismo puede decirse, por supuesto, de cada época, pero en todos los casos se trata de definir las características particulares. La fase actual de la evolución puede caracterizarse de manera general diciendo que todas las experiencias que enfrenta la Humanidad en el mundo físico durante la existencia posterior de la Tierra representarán un declive, un retroceso. El tiempo en que el progreso humano fue posible gracias al constante refinamiento de las fuerzas físicas ya ha terminado. En el futuro, también, la Humanidad progresará, pero sólo a través del desarrollo espiritual, a través del desarrollo a un nivel superior al de los procesos del plano físico. Las personas que dependen enteramente de los procesos del plano físico no encontrarán en ello ninguna fuente de satisfacción.

La indicación dada en la Ciencia Espiritual hace mucho tiempo, en el curso de conferencias sobre el Apocalipsis, es decir, que nos dirigimos a la “guerra de todos contra todos”, debe ser capturada a partir de ahora en todo su significado y gravedad; Sus implicaciones no deben permanecer en el ámbito de la teoría, sino que también se deben manifestar en las acciones, en el comportamiento de los seres humanos.

El hecho de que —por decirlo coloquialmente— la gente en el futuro no vaya a divertirse mucho con el desarrollo en el plano físico les llevara a comprender que la evolución posterior debe proceder de las fuerzas espirituales.

Esto sólo puede entenderse examinando un largo período de evolución y aplicando lo que se descubre en experiencias que se harán más y más generales en el futuro. La tendencia de las fuerzas que se manifiestan en el inicio casi rítmico de la guerra y la destrucción —procesos de los cuales la catástrofe actual no es más que el comienzo— se hará demasiado evidente. Es infantil creer que cualquier cosa relacionada con esta guerra puede traer una era permanente de paz para la Humanidad en el plano físico. Eso no será así. Lo que debe ocurrir en la Tierra es el desarrollo espiritual. Su dirección y propósito estarán claros para nosotros si, después de examinar la época comparativamente larga que precede al Misterio del Gólgota, tenemos en mente algo del significado del Misterio del Gólgota y entonces tratamos de prever el impulso de ese evento que trabaja en la futura evolución de la Humanidad.

Hemos estudiado el Misterio del Gólgota desde muchos puntos de vista diferentes y lo haremos de nuevo hoy mismo, caracterizando muy brevemente la civilización que le precedió, —digamos desde el tercer milenio AC—  y que luego continuó por un tiempo como cultura pagana en el período del desarrollo cristiano mismo. Dentro de esta cultura pagana, se arraigó la cultura hebreo-judía completamente diferente, teniendo al cristianismo como su descendencia.

La naturaleza de la cultura pagana se puede entender mejor si nos damos cuenta de que fue el resultado del conocimiento, la visión y la acción nacidos de fuerzas mucho más amplias que las que pertenecen a la presente existencia terrenal. Fue en realidad a través de la cultura hebraica que se inculcó primero el elemento moral en la Humanidad. En el paganismo el elemento moral no ocupaba un lugar separado y aparte; Esta cultura pagana era tal que las personas se sentían miembros de todo el Cosmos.

Esto es algo que debemos tener particularmente en cuenta. Los seres humanos que vivían en la Tierra dentro del antiguo mundo pagano se sentían miembros de todo el Cosmos. Sintieron cómo las fuerzas que actúan en los movimientos de las estrellas se extendían a su propia acción o, mejor dicho, a las fuerzas que surtían efecto en sus acciones. Lo que más tarde pasó por la astrología, y lo hace todavía, no es más que un reflejo —y muy engañoso— de la antigua sabiduría que se obtenía de la contemplación del curso de las estrellas y luego se utilizaba como base para los preceptos que regían la acción humana.

Estas civilizaciones antiguas sólo pueden entenderse si la Ciencia Espiritual arroja la luz sobre la evolución humana en su aspecto exterior unos cuatro o cinco mil años antes de Cristo.

Estamos dispuestos a hablar de una manera más bien práctica de la segunda o primera época posterior a la Atlántida, pero nos equivocamos si imaginamos la existencia humana en la Tierra en el quinto, sexto o séptimo milenio AC. como si hubieran sido similares a nuestra existencia actual. Es muy cierto que la gente que vivía en la Tierra en aquellos tiempos antiguos tenía una especie de vida anímica instintiva, en cierto sentido más afín a la vida del alma de los animales que a la de los seres humanos actuales. Pero es un concepto muy unilateral de la vida humana decir que en aquellos tiempos antiguos la gente era más como animal. En tenor del alma, el ser humano que se movía entonces alrededor de la Tierra era, es verdad, más parecido al animal; Pero esos cuerpos humanos-animales eran utilizados por seres de anímico espirituales que se sentían miembros de los mundos suprasensibles, sobre todo de los mundos cósmicos. Y siempre que vayamos lo suficientemente lejos, digamos al quinto milenio pre-cristiano, se puede decir que la gente hacia uso de cuerpos animales como instrumentos en lugar de sentirse dentro de esos cuerpos. Para caracterizar a estas personas con precisión, habría que decir que cuando estaban despiertos, se movían con una vida anímica instintiva como la de los animales, pero en esta vida instintiva del alma brillaba algo como sueños de su estado durmiente, sueños despiertos. Y en estos sueños despiertos percibían cómo habían descendido, usando los cuerpos animales simplemente como instrumentos.

Este tenor interior y fundamental del alma humana se expresó entonces como un rito religioso, en el culto de Mitras, con su símbolo principal del Dios Mitras montado en un toro, sobre él los cielos estrellados a los que pertenece, y debajo de él la Tierra a la que pertenece el toro. Este símbolo no era, estrictamente hablando, un mero símbolo para estas personas de antaño; era una visión de la realidad. Todo el tenor del alma de la gente les hizo decirse a sí mismos: Cuando estoy fuera de mi cuerpo por la noche pertenezco a las fuerzas del cosmos, de los cielos estrellados; cuando me despierto por la mañana hago uso de instintos animales en un cuerpo animal.

mitras

 

Entonces la evolución humana pasó, figurativamente hablando, a un período de crepúsculo. Una cierta oscuridad, un cierto letargo, se extendió sobre la vida de la Humanidad; los sueños cósmicos retrocedieron y el instinto ganó ventaja.

La actitud del alma prevaleciente en los seres humanos fue preservada a través de los Centros de Misterios, principalmente a través de los Misterios Asiáticos. Pero en el cuarto milenio AC. y hasta el comienzo del tercero, la Humanidad en general —no influenciada por la sabiduría de los Centros de Misterios— vivió una existencia impregnada por una conciencia más o menos tenue y crepuscular. En Asia y el entonces mundo conocido, se puede decir que durante el cuarto y el principio del tercer milenio antes del Misterio del Gólgota, la vida anímica de la población era tenue e instintiva. Pero los Centros de Misterios estaban allí, en los cuales, a través de los poderosos ritos y ceremonias, los mundos espirituales fueron capaces de penetrar. Y fue en estos Centros de Misterios donde los seres humanos recibieron iluminación.

A principios del tercer milenio tuvo lugar un acontecimiento trascendental. La causa fundamental de esta vida débil y más instintiva puede caracterizarse diciendo que como seres de espíritu y alma, la gente todavía no podía en ese momento hacer uso de los órganos humanos del intelecto. Estos órganos ya estaban dentro de ellos, habían tomado forma en su constitución física, pero el ser anímico espiritual no podía hacer uso de ellos. Así, los seres humanos no podían adquirir conocimiento a través de su propio pensamiento, a través de sus propios poderes de discernimiento intelectual. Dependían de lo que les era impartido de los Centros de Misterios. Y entonces, hacia el comienzo del tercer milenio, tuvo lugar un acontecimiento trascendental en el este de Asia.

A un niño de una distinguida familia asiática de la época se le permitió crecer en los recintos de las ceremonias de los Centros de Misterio. Las circunstancias eran tales que a este niño se le permitía participar en las ceremonias, sin duda porque los sacerdotes que llevaban a cabo los ritos en los Misterios sentían como una inspiración el que un niño así pudiera participar. Y cuando el ser encarnado en ese niño alcanzo la edad de unos cuarenta años, aproximadamente esa edad, algo muy notable salió a la luz. Se hizo evidente —y no hay duda de que los sacerdotes de los Misterios habían previsto el acontecimiento proféticamente— se hizo evidente que este hombre que se había permitido crecer en los recintos de uno de los centros de Misterio en Asia Oriental, comenzó de repente, a la edad de unos cuarenta años, a captar a través de la facultad del intelecto humano mismo lo que antes había llegado a los Misterios a través de la revelación, y sólo a través de la revelación. Era como si fuera el primero en hacer uso de los órganos del intelecto humano, pero aún en asociación con los Misterios.

Al traducir en términos de nuestra lengua actual cómo los sacerdotes de los Misterios hablaron de este asunto, debemos decir: En este hombre, Lucifer mismo se encarnó —¡ni más ni menos que eso! Es un hecho significativo y trascendental que en el tercer milenio antes de Cristo la encarnación física de Lucifer realmente tuvo lugar en el este de Asia. Y de esta encarnación de Lucifer —porque este ser se convirtió en un maestro— salió lo que se describe como la cultura pre-cristiana, pagana que todavía sobrevivió en la Gnosis de los primeros siglos cristianos.

Sería un error aprobar un juicio despectivo sobre esta cultura luciférica. Pues toda la belleza producida por la civilización griega, incluso la intuición que todavía está viva en la antigua filosofía griega y en las tragedias de Esquilo habrían sido imposibles sin esta encarnación de Lucifer.

La influencia de la encarnación de Lucifer seguía siendo poderosa en el sur de Europa, en el norte de África y en Asia Menor durante los primeros siglos de la cristiandad. Y cuando el Misterio del Gólgota tuvo lugar en la Tierra, fue esencialmente a través de la sabiduría luciférica donde podía entenderse. La Gnosis, que se dedicaba a la tarea de captar la importancia del Misterio del Gólgota, estaba impregnada completamente con la sabiduría luciférica. Por lo tanto, hay que destacar, en primer lugar, que a principios del tercer milenio AC. hubo una encarnación china de Lucifer; Al comienzo de nuestra era, tuvo lugar la encarnación de Cristo. Y para empezar, el significado de la encarnación de Cristo fue captado porque el poder de la encarnación de Lucifer todavía sobrevivía en ese tiempo. Este poder no se desvaneció realmente de la facultad humana de comprensión hasta el siglo IV DC; e incluso entonces, tuvo sus consecuencias, sus ramificaciones.

A estas dos encarnaciones, la encarnación de Lucifer en los tiempos antiguos y la encarnación del Cristo que da a la Tierra su significado, una tercera encarnación se añadirá en un futuro no muy lejano. Y los acontecimientos de la época actual ya se están moviendo de tal manera que se preparan para ello.

De la encarnación de Lucifer a principios del tercer milenio AC. debemos decir: a través de Lucifer, los seres humanos han adquirido la facultad de utilizar los órganos de su intelecto, su poder de discernimiento intelectual. Fue Lucifer mismo, en un cuerpo humano, el primero en captar a través del poder del intelecto lo que antes podía ser impartido a la Humanidad sólo a través de la revelación, a saber, del contenido de los Centros de Misterios.

Lo que ahora está en preparación y definitivamente llegará a pasar en la Tierra en un futuro no muy lejano es una encarnación real de Ahriman.

Como ustedes saben, desde mediados del siglo XV hemos estado viviendo en una época en la que corresponde a la Humanidad llegar cada vez más a la posesión del pleno poder de la conciencia. Es de la mayor importancia que la gente se acerque a la encarnación de Ahriman con plena conciencia de este acontecimiento. La encarnación de Lucifer sólo podía ser reconocida por la visión profética de los sacerdotes de los Misterios. La gente también era muy inconsciente de lo que realmente significaba la encarnación de Cristo y el acontecimiento del Gólgota. Pero deben seguir viviendo hacia la encarnación de Ahriman con plena conciencia en medio de los acontecimientos quebrantadores que ocurrirán en el plano físico. En medio de las tensiones perpetuas de la guerra y otras tribulaciones del futuro inmediato, la mente humana se volverá muy inventiva en el ámbito de la vida física. Y a través de este mismo crecimiento de la inventiva en la vida física —que no se puede evitar de ninguna manera ni por ningún medio— la existencia corporal de una individualidad humana en la que Ahriman podrá encarnarse será posible e inevitable.

Desde el mundo espiritual, este poder ahrimánico se está preparando para encarnarse en la Tierra, esforzándose de cualquier manera concebible para hacer tal preparación que la encarnación de Ahriman en forma humana pueda engañar y corromper a la Humanidad en la Tierra hasta el extremo. Una tarea de la Humanidad durante la siguiente fase de la civilización será vivir hacia la encarnación de Ahriman con tal conciencia alerta que esta encarnación pueda realmente servir para promover un desarrollo espiritual superior, ya que a través de Ahriman mismo la Humanidad se dará cuenta de lo que puede, o digamos, no puede lograrse solo por la vida física. Pero la gente debe avanzar con plena conciencia hacia esta encarnación de Ahriman y estar cada vez más alerta en cada dominio, para reconocer con mayor claridad las tendencias de la vida que conducen a esta encarnación ahrimánica. La gente debe aprender de la Ciencia Espiritual para encontrar la clave de la vida y así ser capaz de reconocer y aprender a controlar las corrientes que conducen hacia la encarnación de Ahriman. Hay que saber que Ahriman vivirá entre la gente de la Tierra, pero que al enfrentarse con él, las personas determinarán lo que pueden aprender de él, lo que pueden recibir de él. Esto, sin embargo, no serán capaces de hacerlo a menos que, a partir de ahora, tomen el control de ciertas corrientes espirituales y también no espirituales que son usadas por Ahriman con el propósito de dejar a la Humanidad tan profundamente inconsciente como sea posible de su venida; Entonces, un día, será capaz de aparecer en la Tierra y abrumar a la gente tentándolos y atrayéndolos a repudiar la evolución de la Tierra, impidiéndole así alcanzar su meta. Para comprender todo el proceso del que he estado hablando, es esencial reconocer el carácter de ciertas corrientes e influencias —espirituales o inversas.

¿No ven ustedes el número cada vez mayor de personas en el tiempo presente que no quieren ninguna ciencia del espíritu, ningún conocimiento de lo espiritual? ¿No ven cuán numerosas son las personas a las que las antiguas fuerzas de la religión ya no dan ningún estímulo interior? Ya sea que vayan a la iglesia o no es una cuestión de completa indiferencia para un gran número de seres humanos en la actualidad. Los antiguos impulsos religiosos no significan nada para ellos. Pero tampoco se darán a pensar en lo que puede fluir en nuestra civilización como nueva vida espiritual. Ellos se resisten, lo rechazan, lo consideran como locura, como algo inconveniente; no se permitirán tener nada que ver con ello. Pero, vean ustedes, los seres humanos tal como vivimos en la Tierra somos verdaderamente una unidad. Nuestra naturaleza espiritual no puede separarse de nuestra naturaleza física; Ambas trabajan juntas como una unidad entre el nacimiento y la muerte. Y aun si los seres humanos no reciben lo espiritual a través de sus facultades de alma, lo espiritual sin embargo se hace efectivo. Desde el último tercio del siglo XIX, el mundo espiritual esta fluyendo a nuestro alrededor; Está fluyendo hacia la evolución terrenal. Lo espiritual está allí en verdad, —sólo que las personas no están dispuestas a recibirlo.

Pero incluso si no aceptan lo espiritual, ¡está ahí! ¿Y qué pasa con ello? Por paradójico que parezca, pues mucho de lo que es cierto parece paradójico para la mente moderna, en aquellas personas que rechazan lo espiritual y les gusta comer y beber lo mejor de todas las cosas en la vida, las corrientes espirituales, inconscientemente, entran en los procesos del comer y la digestión. Este es el secreto de esa marcha hacia el materialismo que comenzó alrededor del año 1840, o más bien que estaba preparándose activamente. Aquellos que no reciben lo espiritual a través de sus almas, lo reciben hoy sin embargo: al comer y beber comen y beben el espíritu.

Ellos son “comilones” del alma y el espíritu. Y de esta manera el espíritu que fluye en la evolución de la Tierra pasa hacia el elemento luciférico, se transmite a Lucifer. Por lo tanto, el poder luciférico, puede entonces ser de ayuda al poder ahrimánico para su encarnación posterior, y está constantemente fortalecido. Esto debe llegar al conocimiento de aquellos que admiten el hecho de que en el futuro las personas recibirán conscientemente el conocimiento espiritual o consumirán el espíritu inconscientemente, entregándolo así a las manos de los poderes luciféricos.

Ahriman anima particularmente este flujo de consumo de alma y espíritu, porque de esta manera puede acallar a la Humanidad en una mayor y mayor somnolencia, de modo que entonces, a través de su encarnación, podrá venir entre las personas y caer sobre ellas desprevenidas porque no lo enfrentan conscientemente.

Pero Ahriman también puede prepararse directamente para su encarnación, y lo hace. Ciertamente, las personas de nuestros días también tienen una vida espiritual, pero es puramente intelectual, sin relación con el mundo espiritual. Esta vida puramente intelectual se está extendiendo cada vez más; Al principio tuvo efecto principalmente en las ciencias, pero ahora también está conduciendo a malicias de todo tipo en la vida social. ¿Cuál es el carácter esencial de esta vida intelectual?.

¡Esta vida intelectual tiene muy poco que ver con los verdaderos intereses de los seres humanos! Les pregunto: ¿cuántos maestros no ven ustedes hoy, pasando dentro y fuera de las instituciones educativas más altas y bajas sin traer ningún entusiasmo interior a su ciencia sino perseguirla meramente como un medio de subsistencia? En tales casos, el interés del alma no está directamente relacionado con la persecución real. Lo mismo sucede incluso en la escuela. Piensen cuánto se aprende en las diversas etapas de la vida sin ningún entusiasmo o interés real, en que se está convirtiendo la vida intelectual externa para mucha gente que se dedica a ella! ¡Y cuántos son hoy los que se ven obligados a producir una masa de material intelectual que luego se conserva en las bibliotecas y, como vida espiritual, no está realmente viva!.

Todo lo que se desarrolla como vida intelectual sin ser absorbido por el calor del alma, sin ser acelerado por el entusiasmo, favorece directamente la encarnación de Ahriman de una manera que después es su propio corazón. Acobarda a la gente adormeciéndola de la manera que he descrito, con unos resultados muy ventajosos para Ahriman.

Existen muchas otras corrientes en la vida espiritual o no espiritual que Ahriman puede aprovechar. Ustedes han oído últimamente —y todavía lo están escuchando— que los estados nacionales, los imperios nacionales deben ser fundados. Mucho se dice acerca de la “libertad de los pueblos individuales”. Pero el tiempo para fundar imperios basados en relaciones de sangre y raza esta mas que pasado en la evolución de la Humanidad. Si hoy se hace una apelación a las relaciones nacionales, raciales y similares, a las relaciones que surgen del intelecto y no del espíritu, entonces se intensificará la desarmonía entre la Humanidad. Y es esta desarmonía entre la Humanidad a la que el poder ahrimánico puede dar un uso especial. Chauvinismo, patriotismo pervertido en todas sus formas —este es el material con el cual Ahriman construirá justo lo que necesita.

Pero hay otras cosas también. En todas partes hoy vemos partidos que se forman para un objetivo u otro. Hoy en día la gente no tiene discernimiento, ni quiere tenerlo en las opiniones partidarias y los programas de partidos. Con ingenio intelectual, se puede proporcionar la prueba en apoyo de las teorías más radicalmente opuestas. Se pueden usar argumentos muy inteligentes para probar la solidez del leninismo, pero lo mismo se puede aplicar a los principios directamente contrarios y también a lo que está entre los dos extremos. Una excelente validez se puede hacer para cada programa de partido: pero el que establece la validez del programa opuesto es igualmente correcto. El intelectualismo prevaleciente entre la gente de hoy no es capaz de demostrar las potencialidades internas y los valores de nada. Pueden proporcionar pruebas; pero lo que se demuestra intelectualmente no debe considerarse como de verdadero valor o eficacia en la vida. Las personas se oponen unas a otras en los partidos porque la solidez de cada opinión del partido —en todo caso las opiniones principales del partido— pueden probarse con la misma justificación. Nuestro intelecto permanece en la capa superficial de la comprensión y no penetra hasta la capa más profunda donde está la verdad. Esto debe entenderse fundamental y completamente.

La gente hoy prefiere dejar que su intelecto permanezca en la superficie y no penetre con sus fuerzas más profundas en esos niveles donde se revela la naturaleza esencial de las cosas. Sólo es necesario mirar un poco, porque aun cuando toma su forma más externa, la vida a menudo revela las trampas de las predilecciones actuales. A la gente le gustan los números y las cifras de la ciencia, pero también aman a las figuras sociales. La ciencia social consiste casi enteramente en estadísticas. Y de las estadísticas, es decir de las cifras, se alcanzan las conclusiones más importantes. Bueno, con cifras también, cualquier cosa puede ser probada y cualquier cosa creída; pero las figuras no son un medio por el cual se pueda probar la realidad esencial de las cosas, —son simplemente una forma de engaño. Cada vez que uno no puede mirar más allá de las cifras hacia lo cualitativo, estas pueden ser totalmente engañosas.

El siguiente es un ejemplo obvio. Hay, o por lo menos solía haber, mucha discusión sobre la nacionalidad de los macedonios. La vida política de la península balcánica, dependía mucho de las estadísticas allí compiladas. Las cifras tienen tanto valor como las contenidas en otras estadísticas. Si en Macedonia se compilan estadísticas sobre la producción de trigo y centeno, o sobre el número de ciudadanos griegos, serbios o búlgaros, en lo que respecta a lo que puede probarse por estos medios da igual. De las cifras citadas para los griegos, para los búlgaros y para los serbios, se pueden extraer conclusiones muy plausibles. Pero uno puede también tener una visión para el elemento cualitativo, y entonces a menudo se encuentra registrado que el padre es griego, un hijo es búlgaro, otro es serbio. Lo que está en la parte de atrás puede romperse por sí mismo! Estas estadísticas se toman como autoritativas, mientras que en este caso fueron compiladas únicamente en apoyo de los objetivos del partido. Es lógico que si el padre es realmente un griego, los dos hijos sean también griegos. Pero el procedimiento adoptado allí es sólo un ejemplo de muchas otras cosas que se hacen con cifras. Ahriman puede lograr mucho mediante cifras y números usados ​​de esta manera como evidencia de la prueba.

Otro medio del cual Ahriman puede valerse es de nuevo uno que parecerá paradójico. Como ustedes saben, nos hemos preocupado en nuestro movimiento de estudiar los Evangelios a la luz de la Ciencia Espiritual. Pero estas interpretaciones más profundas de los Evangelios, cada vez más necesarias en nuestro tiempo, son rechazadas por todos lados, así como la Ciencia Espiritual como un todo es rechazada.

Las personas que a menudo profesan humildad en estos asuntos —e insisten en ello— son en realidad las más arrogantes de todas. Más y más generalmente se dice que la gente debe empeñarse en la simplicidad misma de los Evangelios y no intentar comprender el Misterio del Gólgota entrando en las complejidades de la Ciencia Espiritual. Aquellos que fingen despretensión en su estudio de los Evangelios son los más arrogantes de todos, porque desprecian la búsqueda honesta del conocimiento exigido en la Ciencia Espiritual. Tan arrogantes son ellos que creen que las revelaciones más altas del mundo espiritual pueden ser obtenidas sin esfuerzo, simplemente explorando la simplicidad de los Evangelios. Lo que dice ser “humilde” o “simple” hoy en día es a menudo la suprema arrogancia. En las sectas, en las confesiones religiosas —es allí donde se encuentran las personas más arrogantes:

Debe recordarse que los Evangelios surgieron en un tiempo en que la sabiduría luciférica todavía sobrevivía. En los primeros siglos de la cristiandad, la comprensión de la gente de los Evangelios fue muy diferente de lo que ha llegado a ser en los últimos tiempos. Hoy en día, las personas que no pueden profundizar sus mentes a través de la Ciencia Espiritual simplemente pretenden entender los Evangelios. En realidad, ni siquiera tienen idea del significado original de las palabras; Porque las traducciones que se han hecho en las diferentes lenguas no son reproducciones fieles de los Evangelios; A menudo apenas recuerdan el significado original de las palabras en que se componían los Evangelios.

La comprensión real de la intervención del ser de Cristo en la evolución terrenal es posible sólo hoy a través de la Ciencia Espiritual. Aquellos que quieren estudiar o actualizar los estudios de los Evangelios “sin pretensión” —como dice el refrán— no pueden llegar a ninguna realización interior del ser de Cristo como él realmente es, sino sólo a un cuadro ilusorio o, a lo sumo, una visión o alucinación del ser de Cristo. Ninguna conexión real con el impulso de Cristo puede ser alcanzada hoy por la simple lectura de los Evangelios, sino sólo una imagen alucinante del Cristo. De ahí la prevalencia de la visión teológica de que el Cristo no estaba presente en el hombre Jesús de Nazaret, que era simplemente una figura histórica como Sócrates o Platón u otros, aunque posiblemente más exaltado. El “hombre sencillo de Nazaret” es un ideal incluso para los teólogos. Y muy pocos de ellos pueden hacer nada de un acontecimiento como el de la visión de Pablo en la puerta de Damasco, porque sin el conocimiento profundizado cedido por la Ciencia Espiritual los Evangelios pueden dar lugar sólo a una alucinación del Cristo, no a la visión del Cristo real. Y así la visión de Pablo en Damasco también se considera una alucinación.

Una comprensión más profunda de los Evangelios a la luz de la Ciencia Espiritual es esencial hoy en día, porque la apatía que se apodera de las personas que se contentan con vivir simplemente dentro de los brazos de las denominaciones será utilizada por Ahriman para alcanzar su meta —que es que su encarnación atrape a la gente desprevenida. Y aquellos que creen que son verdaderamente cristianos al rechazar cualquier desarrollo de la concepción del misterio de Cristo, son, en su arrogancia, los que más están promoviendo los objetivos de Ahriman. Las denominaciones y las sectas son positivamente esferas de estímulo, campos de cultivo para Ahriman. Es inútil acabar con estas cosas con ilusiones. Del mismo modo que la actitud materialista, rechazando todo lo espiritual y sosteniendo que el ser humano es producto de lo que la gente come y bebe, favorece los objetivos de Ahriman, así también lo son los rechazos obstinados de todo lo espiritual y la adhesión a la literal “simple” concepción de los Evangelios.

Una barrera que impide que los Evangelios únicos circunscriban indebidamente la mente humana se ha erigido a través del hecho de que el acontecimiento del Gólgota se describe en los Evangelios desde cuatro lados aparentemente contradictorios. Sólo una pequeña reflexión demostrará que se trata de una protección contra una concepción demasiado literal. En las sectas, sin embargo, donde un solo Evangelio se toma como la base de la enseñanza —y tales sectas son muy numerosas— se generan trampas, estupefacción y alucinación. En su día, los Evangelios fueron dados como un contrapeso necesario a la gnosis luciférica; pero si no se intenta desarrollar la comprensión de su contenido, se fomentan los objetivos de Ahriman, no el progreso de la Humanidad. En el sentido absoluto, nada es bueno o malo en sí mismo, pero siempre es bueno o malo de acuerdo con el uso que se le da. Lo mejor puede ser lo peor si se usa incorrectamente. Por sublimes que sean, los Evangelios también pueden tener el efecto contrario si la gente es demasiado vaga para buscar una comprensión más profunda basada en la Ciencia Espiritual.

Por lo tanto, hay mucho en las corrientes espirituales y no espirituales de la época presente, de las cuales la gente debe estar agudamente consciente y determinar en consecuencia su actitud anímica. Sobre la capacidad y la voluntad de penetrar en las raíces de tales asuntos dependerá el efecto que la encarnación de Ahriman pueda tener sobre los seres humanos, si esta encarnación les llevará a impedir que la Tierra alcance su meta, o les traerá el significado muy limitado de la vida intelectual, no espiritual. Si las personas toman correctamente las corrientes que conducen a Ahriman, entonces, simplemente a través de su encarnación en la vida terrenal, reconocerán la influencia ahrimánica por un lado y por el otro su opuesto polar: la influencia luciférica. Y entonces el contraste mismo entre lo ahrimánico y lo luciférico les permitirá percibir la tercera realidad. Los seres humanos deben luchar conscientemente para comprender esta trinidad del impulso cristiano, las influencias ahrimánicas y las influencias luciféricas; pues sin esta conciencia no podrán avanzar hacia el futuro con la perspectiva de alcanzar la meta de la existencia terrena.

golgota

 

La Ciencia Espiritual debe tomarse con profunda seriedad, porque sólo así puede ser entendida correctamente. No es el resultado de ningún capricho sectario sino algo que ha procedido de las necesidades fundamentales de la evolución humana. Aquellos que reconocen estas necesidades no pueden elegir si quieren o no tratar de fomentar la Ciencia Espiritual. Por el contrario, se dirán a sí mismos: ¡Toda la vida física y espiritual de los seres humanos debe ser iluminada e impregnada por las concepciones de la Ciencia Espiritual!

Así como una vez en el Oriente hubo una encarnación de Lucifer, y luego, en el punto medio, por así decirlo, de la evolución del mundo, la encarnación de Cristo, así en Occidente habrá una encarnación de Ahriman.

Esta encarnación ahrimánica no puede ser evitada; Es inevitable, porque la Humanidad debe enfrentarse cara a cara con Ahriman. Será la individualidad la que tendrá que aclararse qué indescriptible inteligencia puede desarrollarse si piden ayuda a todo lo que las fuerzas terrestres pueden hacer para mejorar la inteligencia y el ingenio. En las catástrofes que afectarán a la Humanidad en un futuro próximo, la gente se volverá muy inventiva; Muchas cosas descubiertas en las fuerzas y sustancias del universo serán usadas para proveer alimento humano. Pero estos descubrimientos al mismo tiempo harán evidente que la materia está conectada con los órganos del intelecto, no con los órganos del espíritu, sino con el intelecto.

La gente aprenderá qué comer y beber para ser realmente inteligente. Comer y beber no puede hacerlos espirituales, pero inteligentes y astutos, sí. La Humanidad todavía no tiene conocimiento de estas cosas; Pero no sólo se esforzará por ellas, sino que será el resultado inevitable de las catástrofes que se avecinan en el futuro cercano. Y ciertas sociedades secretas  —cuando los preparativos ya estén en marcha—  aplicarán estas cosas de tal manera que se puedan establecer las condiciones necesarias para una encarnación real de Ahriman en la Tierra. Esta encarnación no puede ser evitada, pues la gente debe darse cuenta durante el tiempo de la existencia de la Tierra cuánto puede proceder de procesos puramente materiales. Debemos aprender a poner bajo nuestro control aquellas corrientes espirituales o no espirituales que conducen a Ahriman.

Una vez que se compruebe que los programas de partidos contradictorios pueden demostrarse igualmente correctos, nuestra actitud de alma será que no nos proponemos probar cosas, sino experimentarlas. Porque experimentar algo es algo muy diferente de intentar probarlo intelectualmente.

Igualmente estaremos convencidos de que es necesaria una penetración más profunda de los Evangelios a través de la Ciencia Espiritual. La aceptación literal, palabra por palabra, de los Evangelios, que todavía es tan frecuente hoy en día, promueve la cultura ahrimánica. Incluso por razones externas es obvio que una aceptación estrictamente literal de los Evangelios es injustificada. Porque como ustedes saben, lo que es bueno y correcto por un tiempo no es lo correcto para otro momento. Lo que es correcto para una época se convierte en luciférico o ahrimánico cuando se practica en una época posterior. La mera lectura de los textos evangélicos ha tenido su día. Lo esencial ahora es adquirir una comprensión espiritual del Misterio del Gólgota a la luz de las verdades consagradas en los Evangelios. Muchas personas, por supuesto, encuentran estas cosas inquietantes; Pero aquellos cuyo interés les lleva a la antroposofía deben aprender a darse cuenta de que los niveles de cultura, acumulándose gradualmente uno encima del otro, han creado el caos y que la luz debe penetrar de nuevo en este caos.

Es interesante hoy en día escuchar a alguien cuyas opiniones se han vuelto muy extremas, o leer sobre alguna pregunta candente del día, y luego escuchar sermones sobre el mismo tema dado por un sacerdote de alguna denominación que todavía está empapado en la forma del pensamiento actual en épocas pasadas. Allí enfrentas dos mundos que no puedes confundir a menos que evites todos los intentos de llegar a la raíz de estas cosas. Escuchar a un socialista moderno hablando sobre cuestiones sociales y luego, inmediatamente después, a un predicador católico que habla sobre las mismas cuestiones. Es muy interesante encontrar dos niveles de cultura existentes lado a lado pero usando las palabras en un sentido totalmente diferente. La misma palabra tiene un significado completamente diferente en cada caso.

Estas cosas deben ser vistas en la luz que amanecerá si se toma en serio el espíritu que he estado tratando de transmitir. Las personas pertenecientes a religiones definidas también llegan, al final, a largo tiempo en su camino a la profundización espiritual. No es en modo alguno significativo que un hombre tan eminentemente espiritual como el cardenal Newman, aunque fuera ardiente católico, dijera en su investidura en Roma que no podía ver ninguna salvación para el cristianismo si no fuera a través de una nueva revelación.

En efecto, lo que el cardenal Newman dijo es que no podía ver ninguna salvación para el cristianismo si no hubiera una nueva revelación. Pero no tuvo el valor de tomar en serio una nueva revelación espiritual. Y así sucede con muchos otros. Hoy se pueden leer innumerables tratados sobre lo que se necesita en la vida social. Otro libro ha aparecido recientemente: Socialismo, de Robert Wilbrandt, el hijo del poeta. En él se discute la cuestión social sobre el fundamento de un conocimiento preciso y detallado. Y finalmente se afirma que sin el espíritu nada se logra, que el curso mismo de los acontecimientos demuestra que el espíritu es necesario. Sí, pero ¿qué es lo que el hombre realmente consigue? Llega a pronunciar la palabra «espíritu», pronuncia de manera abstracta la palabra «espíritu», pero se niega a aceptar, en realidad rechaza, cualquier esfuerzo por hacer que el espíritu sea realmente efectivo.

Para ello, es esencial ante todo ser consciente de que revolcarse en las abstracciones, por muy alto que sea el grito para el espíritu, no es todavía espiritual, ¡aún no es espíritu! La charla vaga y abstracta sobre el espíritu no debe confundirse nunca con la búsqueda activa del contenido del mundo espiritual perseguido en la ciencia antroposófica.

Hoy en día se habla mucho del espíritu. Pero ustedes que aceptan la Ciencia Espiritual no deben dejarse engañar por tales parloteos; Deben percibir la diferencia entre ello y las descripciones del mundo espiritual intentadas en la antroposofía, donde el mundo espiritual es descrito tan objetivamente como el mundo físico. Deberían investigar estas diferencias, recordándoles repetidamente que la conversación abstracta del espíritu es una desviación del esfuerzo sincero por el espíritu y que, con su propia charla, la gente se está apartando del espíritu. La alusión puramente intelectual al espíritu no conduce a ninguna parte. ¿Cuál es entonces la inteligencia? ¿Cuál es el contenido de nuestra inteligencia humana? La mejor manera en que puedo explicar esto es la siguiente.

Imagínese —y esto será mejor entendido por las muchas damas presentes!— imagínense de pie mirándose frente a un espejo. La imagen que les presenta el espejo son ustedes, pero no tiene realidad en absoluto. No es más que un reflejo. Toda la inteligencia dentro del alma, todo el contenido intelectual, es sólo una imagen especular; No tiene realidad. Y así como su imagen reflejada se ve a través del espejo, lo que se refleja de sí mismo como inteligencia se refleja en la existencia a través del aparato físico del cuerpo, a través del cerebro. Eres inteligente sólo porque tu cuerpo está ahí. Y tan poco como puedas tocarte al estirar tu mano hacia tu imagen reflejada, tan poco puedes agarrarte al espíritu si te vuelves sólo un intelectual, —¡porque el espíritu no está allí!. Lo que se capta a través del intelecto, por ingenioso que sea, nunca contiene el espíritu mismo, sino sólo una imagen del espíritu. No puedes experimentar verdaderamente el espíritu si no vas más allá de la mera inteligencia. La razón por la que la inteligencia es tan seductora es que da una imagen, una imagen reflejada del espíritu, pero no el espíritu mismo. Parece innecesario ir a la inconveniencia de penetrar en el espíritu, porque está ahí —o al menos, se imagina. Porque en realidad es sólo una imagen reflejada— pero por todo eso, no es difícil hablar del espíritu.

Eso es lo que quería decirles hoy para intensificar la seriedad que debe impregnar toda nuestra actitud hacia la vida espiritual concebida por la Antroposofía. Porque la evolución de la Humanidad en el futuro dependerá de la verdadera actitud adoptada por la gente de hoy. Si lo que he caracterizado en esta conferencia continúa ofreciendo la recepción que todavía hoy le ofrece la gran mayoría de la gente en la Tierra, entonces Ahriman será un mal huésped cuando venga. Pero si las personas son capaces de despertarse para tomar conciencia de lo que hemos estado estudiando, si son capaces de guiarlo para que la Humanidad pueda enfrentar libremente la influencia ahrimánica, entonces, cuando Ahriman aparezca, los seres humanos adquirirán, precisamente a través de él, el poder de darse cuenta de que aunque la Tierra debe entrar inevitablemente en su declive, la Humanidad se elevara por encima de la existencia terrenal por este mismo hecho. Cuando los seres humanos han alcanzado cierta edad en la vida física, el cuerpo comienza a declinar, pero si son sensatos no se quejan, sabiendo que junto con el alma se están acercando a una vida que no va paralela a este declive físico. Vive en la Humanidad algo que no está vinculado con el ya prevaleciente declive de la Tierra física, sino que se vuelve más y más espiritual sólo por este declive físico.

Aprendamos a decir con franqueza: Sí, la Tierra está en su decadencia, y la vida humana también, con respecto a su manifestación física; Pero sólo porque es así, reunimos la fuerza para atraer a nuestra civilización ese elemento que, brotando de la misma Humanidad, vivirá mientras la Tierra decae, como el fruto inmortal de la evolución de la Tierra.

Traducido por Gracia Muñoz en Julio de 2017.

GA296. El nombre inexpresable. Espíritus del Espacio y del Tiempo – Venciendo el egoísmo.

Rudolf Steiner – Dornach, 17 de Agosto de 1919

English version

Las explicaciones que les di ayer sobre el camino que el intelecto humano tomará en el futuro, se basan en hechos bastante definidos, que salen a la luz a través del conocimiento científico-espiritual. Permítanme indicar algunos de estos hechos hoy. Deben entender que prácticamente cuando el ser humano está delante de uno, él es el que está siendo descrito en la Antroposofía. Es decir, primero tenemos ante nosotros (ustedes saben esto de mi “TEOSOFÍA”) un ser cuádruple. Tenemos ante nosotros el Yo, el llamado cuerpo astral, el cuerpo etérico y el cuerpo físico. El hecho de que cada vez que nos enfrentamos a un ser humano siempre tenemos ante nosotros estos cuatro miembros, implica que la manera ordinaria de mirar el mundo de hoy en realidad no nos permite conocer la verdadera esencia de la persona que se encuentra ante nosotros. Realmente no lo sabemos. Pensamos que la persona que vemos ante nosotros llena el espacio con su cuerpo físico y que vemos su cuerpo físico. Sin embargo, no podemos ver esta parte física como generalmente la vemos con nuestro ordinario poder de visión, si sólo se presentara ante nosotros como un cuerpo físico. Vemos el cuerpo físico con nuestros ojos ordinarios, como generalmente nos aparece, sólo porque está permeado por el cuerpo etérico, por el cuerpo astral y por el Yo. Puede sonar extraño si les digo que nuestro cuerpo físico es un cadáver, incluso durante la existencia entre el nacimiento y la muerte. Cuando vemos un cadáver humano, realmente tenemos ante nosotros el cuerpo físico del hombre. El cadáver es el cuerpo físico que no está permeado por el cuerpo etérico, por el cuerpo astral y por el Yo. Esta abandonado por estos cuerpos y entonces revela, por así decirlo, su verdadero ser. No tienes una concepción verdadera de ti mismo si piensas que estás llevando a través del espacio lo que te imaginas que es tu cuerpo físico. Tendrías una concepción mucho mejor de ti mismo si piensas en ti mismo como un cadáver, llevado a través del espacio por tu Yo, tu cuerpo astral y tu cuerpo etérico.

En la actualidad es cada vez más importante adquirir conciencia de la verdadera naturaleza del hombre. Las cosas no siempre fueron como son ahora, en la etapa actual del desarrollo humano, y como lo han sido desde hace algún tiempo. Por supuesto, lo que les digo ahora no puede ser averiguado con la ayuda de la ciencia ordinaria que trata del mundo físico externo, porque son hechos revelados por la Ciencia Espiritual.

Si volvemos al siglo VIII, AC., que es como ustedes saben, el comienzo de la 4ª época post-atlante, llegamos a la época egipcio-caldea del desarrollo de la Tierra. Allí, los cuerpos humanos tenían una constitución diferente a la actual. Los cuerpos humanos de antaño, las momias que ahora se pueden ver en los museos, no estaban constituidas en su esencia más fina, como los actuales cuerpos humanos. Estaban mucho más llenos de la vida vegetal, no estaban tan muertos, no estaban tan cadáveres como los cuerpos humanos de hoy. Estos cuerpos físicos eran, por decirlo así, mucho más similares a la naturaleza vegetal, mientras que el cuerpo físico del hombre moderno —y esto es ya el caso desde la época greco-latina— tiene un mayor parecido con el mundo mineral. Si por algún milagro cósmico fuéramos ahora dotados de los cuerpos de los pueblos caldeo-egipcios, todos estaríamos enfermos. Nos traerían enfermedades. Llevaríamos dentro de nuestros tejidos del cuerpo la tendencia hacia un crecimiento exuberante excesivo. Muchas enfermedades simplemente consisten en el hecho de que el cuerpo humano en parte se remonta a las condiciones que eran normales en la época egipcio-caldea. En la actualidad encontramos crecimientos ulcerosos en el cuerpo humano, que se deben simplemente al hecho de que en una o en otra persona una parte de su cuerpo tiende a convertirse en algo parecido a los cuerpos de la población egipcio-caldea.

Lo que le he dicho ahora, depende esencialmente del desarrollo de la humanidad. Nosotros los hombres modernos llevamos con nosotros un cadáver. Este no era el caso del egipcio: su conocimiento era diferente al nuestro, su inteligencia funcionaba de manera diferente a nuestra inteligencia.

Ahora consideremos cuidadosamente la siguiente pregunta: ¿Qué reconoce el ser humano con la ayuda de ese conocimiento que designa como ciencia moderna y del que se enorgullece tanto? ¡Sólo cosas sin vida! La ciencia enfatiza constantemente que la inteligencia ordinaria no puede captar la vida. Es cierto que algunos investigadores creen que si continúan experimentando, algún día podrán entender el juego alternante de la vida a través de complicadas combinaciones de átomos, moléculas y sus fuerzas alternas. Esto nunca ocurrirá. A lo largo del camino químico-físico, sólo podrán entender la sustancia mineral, sin vida; Es decir, sólo podrán captar la parte de la materia viva que ahora es un cadáver.

Pero esa parte en el hombre que es inteligente y ejercita las fuerzas conscientes, es sin embargo el cuerpo físico; Es decir, el cadáver. ¿Qué es lo que realmente hace el cadáver que llevamos con nosotros? Va más lejos de todo el largo del camino del conocimiento matemático-geométrico. Allí todo es transparente; pero cuando más nos alejamos de la esfera matemático-geométrica, las cosas devienen menos transparentes. Esto se debe a que el cadáver humano es hoy el verdadero instrumento de la cognición, y porque un instrumento sin vida sólo puede usarse para reconocer cosas sin vida. El cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo en el hombre no son instrumentos de cognición, pues permanecen, por decirlo así, en la oscuridad. Si el cuerpo etérico fuera capaz de reconocer, de la misma manera en que el cuerpo físico reconoce las cosas sin vida, reconocería lo primero la esencia viva del mundo vegetal.

Con su cuerpo físico vivo y semejante a una planta, los egipcios percibieron el mundo de las plantas de manera muy diferente de la forma en que ahora la percibimos. Muchos conocimientos instintivos sobre el mundo de las plantas pueden remontarse a la percepción egipcia, a lo que se encarnó con la cultura egipcia a través de una forma instintiva de cognición. Incluso ciertos hechos botánicos en la esfera médica están, en muchos aspectos, basados en las tradiciones de la antigua sabiduría egipcia. En efecto, para el juicio laico puede parecer de aficionados extraer de fuentes egipcias, lo que transmiten ciertas verdades que no parecen ser de gran valor. Ustedes saben que muchas de las llamadas logias, que no tienen un fundamento adecuado, se llaman “Logias Egipcias”. Esto es sólo porque en estos círculos todavía existen tradiciones de la sabiduría que se podría obtener a través de un cuerpo egipcio.

Podemos decir que con la transición gradual de la época egipcia a la época greco-latina, murió el cuerpo vegetal del hombre; Ya en la antigua Grecia, este cuerpo vivo parecido a una planta estaba más o menos muerto, o al menos estaba agonizando lentamente. Ahora ya tenemos un cuerpo físico que está muerto a un alto grado, y esta condición sin vida se aplica particularmente a la cabeza humana. Ya les expliqué que un iniciado científico espiritual puede percibir la cabeza humana como algo sin vida, como algo que está constantemente muriendo. La humanidad crecerá cada vez más consciente del hecho de que es un cadáver lo que usamos como instrumento de la cognición, y que este cadáver sólo puede captar cosas sin vida.

Cuanto más avanzamos hacia el futuro, más intenso será el anhelo de reconocer sólo lo que está vivo. Pero la inteligencia ordinaria, que está ligada al cuerpo sin vida, no puede percibir lo que está vivo. Muchas cosas serán necesarias para que el hombre, que ha perdido la posibilidad de penetrar en el mundo de una manera viva, pueda una vez más alcanzar esto. Debemos tener en cuenta todo lo que hemos perdido.

Cuando el ser humano pasó de la época Atlante a la post-atlante, era incapaz de hacer muchas de las cosas que se hacen ahora. Cada uno de ustedes, desde un cierto momento de su infancia hacia adelante, pudieron decir “yo” al referirse a uno mismo. Ahora se pronuncia esta palabra “yo” muy descuidadamente. Pero en el curso del desarrollo humano esta palabra no siempre fue pronunciada tan descuidadamente. Hubo épocas más antiguas en la evolución de la humanidad —aunque incluso en el antiguo Egipto, estos tiempos antiguos en gran medida ya había menguado— hubo épocas más antiguas en que el Yo estaba designado por un nombre, y si se pronunciaba ese nombre, aturdía a la gente. Por lo tanto, se evitó pronunciarlo. Si el nombre aplicable al Yo, que sólo era conocido por los iniciados, hubiera sido pronunciado en presencia de personas en los tiempos inmediatamente posteriores a la catástrofe atlante, el sonido de este nombre habría aturdido a toda la congregación; Toda la gente habría caído al suelo, tan fuerte habría sido el efecto del nombre aplicable al Yo.

Un eco de esto todavía puede encontrarse entre los antiguos hebreos, donde se habla del nombre indecible de Dios en el alma, un nombre que sólo podría ser pronunciado por los iniciados o mostrado a la congregación en gestos eurítmicos. Por lo tanto, el origen del nombre indecible de Dios puede verse en los hechos que se explican en este momento.

Pero poco a poco este nombre se perdió. Y con él se perdió el efecto profundo que irradia de tales cosas.

Durante la primera época post-atlante teníamos una profunda influencia procedente del Yo; Durante la segunda época posterior a la Atlántida, una profunda influencia procedente del cuerpo astral; Durante la tercera época post-atlante, una profunda influencia que salía del cuerpo etérico, pero que la gente podía soportar, porque, como les expliqué ayer, los puso en conexión con el universo, les hizo sentir su relación con el universo. En el tiempo presente, podemos pronunciar la palabra “yo”, podemos pronunciar todo tipo de cosas, pero no hacen ningún efecto sobre nosotros, porque ahora captamos el mundo a través de nuestro cuerpo sin vida. Es decir, sólo nos aferramos a la esencia mineral del mundo sin vida. Pero debemos nuevamente ascender y regresar a las regiones que nos permitan captar la vida. Mientras que desde la época grecolatina, desde el siglo VIII AC, hasta mediados del siglo XV DC, se atribuía el mayor valor a una adquisición cada vez mayor de conocimientos a través del cuerpo sin vida, nuestra inteligencia sigue ahora el camino que les describí ayer Pero debemos resistir la mera inteligencia. Debemos añadir algo a nuestra inteligencia.

Una característica que debemos tener en cuenta es que ahora debemos retraer el camino de una manera correcta; En el tiempo presente, en la quinta época post-atlante, debemos aprender de cierto modo a conocer el mundo vegetal; Durante la 6ª época deberemos aprender a conocer el reino animal, y sólo durante la 7ª época el reino real del hombre. Así, una de las tareas de la humanidad es trascender el mero conocimiento del mundo mineral y ascender al conocimiento del mundo vegetal.

Ahora que son capaces de entender esto sobre una base más profunda, consideren quién es la persona cuya principal característica es esta búsqueda del conocimiento del mundo vegetal. Este hombre es Goethe. Al acercarse a la vida desde la base de las cosas sin vida y al alcanzar, en oposición a la ciencia de sus días, la ley de la metamorfosis, el proceso vivo de las plantas, Goethe nos aparece como el representante de la 5ª epoca post-atlante, en sus primeros comienzos. Lean el pequeño folleto de Goethe, escrito en 1790, titulado “Una tentativa para explicar la metamorfosis de las plantas”, y allí encontrarán que Goethe trató incesantemente de captar la planta en su proceso de crecimiento, no como algo muerto y acabado, sino como algo en un proceso constante de crecimiento, pasando de hoja a hoja. Aquí pueden encontrar el comienzo del conocimiento que se debe buscar en la 5ª época post-Atlante.

El Goetheanismo por lo tanto nos da la nota fundamental para lo que debemos buscar durante esta 5ª época post-Atlante. La ciencia, por decirlo así, debería despertar al significado de Goethe y proceder del estudio de las cosas sin vida a la de los seres vivos. Esto es lo que quiero decir cuando continuamente enfatizo que debemos adquirir la capacidad de abandonar conceptos muertos y abstractos y penetrar en conceptos vivos y concretos. Las explicaciones que les di ayer y anteayer constituyen realmente el camino que conduce a estas regiones vivas y concretas del pensamiento.

Pero no será posible penetrar en tales pensamientos y conceptos a menos que nos tomemos la molestia de unir los elementos que forman nuestra concepción del mundo y nuestros puntos de vista sobre la vida. A través de la configuración especial de la civilización moderna, las diferentes corrientes de nuestra concepción del mundo están permitidas, por así decirlo, para correr inorgánicamente de lado a lado. ¡Consideren cuan inorgánicos y desunidos están en muchos casos los puntos de vista religiosos y científico-naturales de una persona! Muchas personas tienen conceptos religiosos y científicos, pero no lanzan un puente de uno a otro. De hecho, tienen cierta renuencia, un cierto temor a hacer esto. Sin embargo, debemos ser claramente conscientes de que las cosas no pueden permanecer como están.

Durante mi visita actual, le señalé cuan egoístamente desarrollan las personas modernas su concepción del mundo. Llamé la atención sobre el hecho de que hoy en día la gente está principalmente interesada en la vida del alma después de la muerte. Por puro egoísmo se interesan por la vida del alma después de la muerte. También les dije que ahora es necesario interesarse por la vida del alma desde el nacimiento, en la medida en que esta vida es una continuación de la vida antes del nacimiento o la concepción. Nuestra concepción del mundo sería mucho menos egoísta de lo que es hoy, si observáramos el desarrollo de un niño, la forma en que crece como continuación de su existencia anímico-espiritual prenatal,  con el mismo anhelo y el mismo interés con el que pensamos en la vida después de la muerte.

Este carácter egoísta de nuestra concepción del mundo moderno depende de muchas otras cosas además. Ahora llegamos a un punto que demuestra claramente que la gente moderna debe ser cada vez más consciente de los hechos reales que yacen en el fundamento de estas cosas. Durante la época que conduce hasta el presente, el elemento egoísta se ha desarrollado principalmente en el hombre; El yo ha permeado nuestra concepción del mundo y el yo también ha permeado la voluntad humana. No estamos presos de ninguna ilusión con respecto a esto.

Los más egoístas de todos se han convertido en religiones, credos religiosos, etc.. Incluso los hechos superficiales pueden mostrar que las creencias religiosas se han hecho egoístas. Consideren cuántos sacerdotes modernos deben contar con el egoísmo de la gente. Cuanto más se toma en cuenta el egoísmo humano, cuantas más promesas se hacen para la vida del alma después de la muerte, más fácilmente alcanza sus objetivos. A la gente moderna no les interesa mucho otra cosa, porque no les importa mucho la vida espiritual animica que se manifiesta tan maravillosamente después del nacimiento; Es decir, después de la concepción.

Un resultado de este interés egoísta en la vida después de la muerte es la manera en que la gente moderna piensa acerca de Dios en las diferentes religiones. Pensar en Dios como el Ser más elevado, no implica nada especial. En este sentido es necesario eliminar toda ilusión. ¿Qué implican la mayoría de las personas cuando hablan de “Dios”? Ya lo he mencionado antes. ¿Qué clase de Ser quieren decir cuando hablan de Dios? Es un Ángel, un Angelos –a su propio Ángel a quien llaman Dios! ¡No es nada más, queridos amigos! La gente todavía tiene alguna idea del hecho de que un espíritu guía los acompaña en la vida; A este espíritu guía levantan la vista, y es a este ser angélico a quien llaman Dios. Aunque no hablan de él como de un Ángel, aunque lo llamen “Dios”, sin embargo, sólo significan a su Ángel. La nota egoísta de las creencias religiosas es que su idea de Dios no va más allá del Ángel. Como consecuencia, los intereses humanos se han vuelto más estrechos, rasgo que puede verse claramente hoy en día en la vida pública.

¿Cuáles son las preguntas que la gente hace hoy? ¿Investigan los destinos generales de la humanidad? ¡Oh, en cierto sentido es muy doloroso hoy hablar con gente de destinos humanos generales! La gente tampoco tiene idea de cuántos cambios han tenido lugar en este sentido, incluso en un espacio de tiempo comparativamente corto. Ya ven, hoy podemos decirle a la gente que la guerra que se ha librado en la Tierra durante los últimos cuatro o cinco años será seguida por la más poderosa batalla espiritual jamás emprendida, una batalla que se extenderá por todo el mundo, que nunca existió antes en esta forma, batalla que es consecuencia del hecho de que el Occidente designa como maya o como ideología lo que el Oriente designa como realidad y que el Oriente designa como realidad la ideología del Occidente. Hoy podemos llamar la atención sobre este importante y pesado hecho, sin embargo, la gente ni siquiera se da cuenta de que si se hubiera dicho esto hace tan sólo cien años, habría agitado tanto a las almas que no habrían tenido paz.

El hecho más llamativo de todo es este cambio en la humanidad, esta indiferencia respecto a los grandes destinos de la existencia humana. Hoy en día nada penetra en las almas humanas, pues les rebota, por así decirlo. Los hechos más abarcadores, los más importantes e intensivos se toman ahora como hechos sensacionalistas. No sacuden suficientemente a las almas humanas. Esto sólo depende del hecho de que el egoísmo inteligente, en constante aumento, restringe los intereses humanos.

La gente puede ahora tener democracias o parlamentos —pueden reunirse en los parlamentos, pero los destinos de la humanidad no respiran a través de estos parlamentos, porque los hombres que son elegidos en el parlamento no están llenos del aliento de los destinos de la humanidad. Están llenos del aliento de los intereses egoístas. Cada persona tiene su propio interés egoísta. Semejanzas esquemáticas externas en estos intereses, a menudo debido a una profesión común, inducen a la gente a formar grupos. Y si estos grupos son suficientemente grandes, se convierten en mayorías. En ese caso, no son los destinos humanos los que pasan por el parlamento o a través de estos grupos representativos de personas, sino sólo el egoísmo humano, multiplicado por tantas personas.

Incluso las creencias religiosas han sido transferidas a la esfera del egoísmo, porque las almas humanas están llenas de intereses que sólo apelan a su egoísmo. Las creencias religiosas pasarán por la renovación que necesitan, cuando los intereses humanos se hayan ampliado, cuando hayan adquirido una forma que trascienda el destino puramente personal y ascienda al destino de la humanidad como tal, cuando la gente se agitará nuevamente al oír que en Occidente hay una civilización que difiere de la del Este, y que en el Centro hay una civilización que difiere de la de los dos polos de Oriente y Occidente; Una renovación religiosa vendrá cuando las almas humanas se despierten al oír que en Occidente se buscan los grandes objetivos de la humanidad (¡si, son absolutamente buscados!) recurriendo a las personas mediúmnicas, que en estado de trance son, por así decirlo, conscientemente llevadas a una conexión sub-terrenal con los mundos espirituales para que revelen, medianamente, algo sobre los grandes objetivos históricos.

En Europa, se podría explicar con tanta frecuencia, aunque la gente no lo crea, que realmente existen sociedades en los países angloamericanos donde las personas con facultades mediúmnicas son llevadas a una especie de trance, para descubrir a partir de ellas, mediante preguntas inteligentemente formuladas, algo sobre el gran destino objetivo de la humanidad.

La gente tampoco cree que los Orientales, también, obtienen información sobre los grandes fines de destino de la humanidad, no de forma mediúmnica sino mística. Esto es casi palpablemente evidente hoy en día, pues uno puede comprar en todas partes los hermosos discursos de Rabindranath Tagore, revelando a gran escala cómo piensa un oriental sobre los objetivos de la humanidad. La gente lee sus poemas, como si fueran los folletos de algún escritor barato, porque hoy ya no distinguen a los escritores baratos de hombres dotados de gran espiritualidad como Rabindranath Tagore. No se dan cuenta de que hoy en día las más diversas sustancias raciales viven, por así decirlo, de lado a lado. Ya les he explicado, en muchas conferencias, los puntos de vista que deben aplicarse a Europa Central, pero estas explicaciones no se tomaron como deberían haber sido tomadas.

Con estas palabras, queridos amigos, sólo deseo demostrar que es posible hacerse consciente de algo que trasciende los destinos humanos egoístas, algo que está conectado con el destino de grupos enteros de hombres, de modo que las diferenciaciones pueden hacerse en todo el mundo. Si elevamos los ojos del alma con comprensión a estos destinos de la humanidad en el mundo entero, si tomamos un interés profundo en este elemento que trasciende los destinos personales, sintonizamos nuestra alma para la comprensión de algo más alto y más real que el Ángel; a saber, el Arcángel. Los pensamientos que revelan la verdadera naturaleza del Arcángel no pueden llegar a nosotros si sólo nos movemos en esferas pertenecientes a intereses humanos personales puramente egoístas. Si los predicadores sólo se mueven en las regiones del egoísmo humano, sus sermones pueden estar llenos de palabras que tratan de lo Divino, pero sólo predicarán del Ángel. El hecho de que le den otro nombre constituye una falsedad, y no cambia nada. Sólo si empezamos a interesarnos por el destino humano que se extiende sobre amplios espacios, sintonizamos nuestra alma con la comprensión del Arcángel.

Pasemos ahora a otra cosa. Tratemos de desarrollar un sentimiento de los impulsos sucesivos en la evolución de la humanidad, indicados en recientes conferencias. Consideremos el hecho de que un gran número de nuestros hombres principales reciben una educación clásica durante los años en que el alma humana todavía puede ser conformada y moldeada; Se enseña en escuelas que no son el producto de la civilización moderna, sino de una cultura pasada, de la época greco-latina. Si los griegos y los romanos hubieran hecho lo mismo que estamos haciendo ahora, habrían establecido escuelas egipcio-caldeas. Pero ellos evitaron esto. Tomaron su tema de instrucción de la vida misma. Lo tomaron de la época precedente y entrenaron a los seres humanos en consecuencia. Esto tiene una gran importancia en la vida humana, pero no lo hemos reconocido. Si hubiéramos reconocido la importancia de este hecho, el movimiento feminista habría dado una nota diferente, expresando la siguiente verdad: “Los hombres que están aprendiendo a usar sus poderes intelectuales ahora, están siendo entrenados en escuelas anticuadas. Esto endurece su cerebro. Las mujeres afortunadamente no fuimos admitidas en esas escuelas (los “gimnasios” del continente). Desarrollemos nuestros poderes intelectuales más originalmente; demostrémonos cómo pueden desplegarse en el tiempo presente, si no están embotados en los años de juventud por una educación grecolatina”.

Pero el movimiento feminista no alcanzó esa nota. Por el contrario, a menudo avanzan con la siguiente afirmación: “Los hombres se han educado bajo la educación greco-latina, vamos ahora las mujeres también a educarnos en ella. Vamos a permitirnos tener un entrenamiento de gimnasio nosotras también”.

Por lo tanto, pueden ver, mis queridos amigos, cómo no existe la comprensión de las cosas que realmente son necesarias. Debemos saber que en la actualidad no estamos siendo educados de acuerdo con las exigencias modernas, sino de acuerdo con las normas relativas a la cultura greco-latina. En consecuencia, esta cultura greco-latina llena la vida moderna. Debemos ser conscientes de ello. Deberíamos sentir los ingredientes greco-latinos de la cultura en las principales personalidades de nuestros días, en la llamada “intelligensia”, entre los intelectuales; Este es un estrato que existe en el tiempo presente. Toda nuestra cultura espiritual está permeada por ella. No leemos ningún periódico que no contenga rastros de la cultura greco-latina, pues escribimos en un estilo greco-latino, aunque escribamos en nuestro propio idioma.

Como ya se ha explicado, nuestros puntos de vista jurídicos están inmersos en el pensamiento romano —que es a la vez algo obsoleto y anticuado. La vida romana llena la ley moderna. A veces la antigua ley nativa entra en conflicto con el derecho romano, pero no puede afirmarse. Esto también debe ser sentido: que lo que llamamos justicia o injusticia en la vida pública está empapado de los impulsos de una época pasada.

Sólo en la esfera económica vivimos realmente en el presente. Es un hecho significativo que sólo vivimos el presente en la esfera económica. Por lo tanto, algunas cosas tendrán que ser modificadas. Permítanme decir entre paréntesis que muchas mujeres recogen conceptos modernos sólo con respecto a la cocina; Es decir, en la economía doméstica, pues allí son verdaderamente modernas; Pero para todo lo demás esta anticuada; Es algo que injertamos en el presente. No digo que esto sea una cosa especialmente deseable —en cualquier caso, lo otro tampoco es del todo deseable; a saber, que en el tiempo presente incluso las almas de las mujeres vuelven a las culturas anticuadas.

Cuando examinamos nuestro entorno cultural, no encontramos en él sólo lo que está activo en el espacio, sino también los impulsos que vienen de tiempos muy remotos. Y si adquirimos un sentimiento por tales cosas, descubriremos no sólo la influencia del pasado, sino también la del futuro. De hecho, es nuestra tarea introducir en el presente estos impulsos del futuro. Pues, queridos amigos, si no viviera en cada uno de nosotros una especie de rebeldía contra el pasado, oponiéndose al carácter griego de nuestra cultura y al carácter romano de la legislación moderna, si el futuro no viera su luz en estas esferas, nuestro destino sería una pena.

En cuanto a la cultura moderna, debemos considerar, además del espacio, también el tiempo; Lo que penetra en el presente, en la historia de nuestro tiempo, desde un pasado remoto y desde el futuro. Como personas modernas, debemos saber que, de la misma manera en que América, Inglaterra, Asia, China e India existen en el tiempo presente, así el pasado y el presente existen en el alma humana y envían sus influencias hacia ella, en cuanto que somos europeos, pues el pasado y el presente representan los dos polos de Oriente y Occidente. Así tenemos dentro de nosotros a la antigua Grecia, a la antigua Roma y el futuro. Y si nos tomamos la molestia de contemplar este hecho, si nos hacemos conscientes de que el pasado y el futuro, o las cosas por venir, viven en nuestra alma, estaremos llenándonos de un nuevo sentimiento, que puede trascender el egoísmo en el destino humano; Es un sentimiento que difiere del de una mera contemplación espacial de la vida.

Sólo si desarrollamos este estado de ánimo en nuestra alma, adquiriremos la posibilidad de desarrollar pensamientos sobre la esfera de los Espíritus del Tiempo, o los Arcai. Es decir, llegamos al tercer Elemento Divino en el orden jerárquico. Es bueno concebir estas tres Jerarquías en pensamientos y conceptos, con la ayuda de los medios que acabamos de explicar. Pues los Espíritus de la Forma, que vienen después de los Arcai, son mucho más difíciles de entender. Pero para las personas modernas bastaría con intentar trascender el egoísmo y penetrar en la esfera no egoísta; Deben repetir este intento una y otra vez y ocupar sus mentes con las cosas que se acaban de caracterizar!.

Esto debería ser particularmente el caso de los profesores (permítanme enfatizar esto). Lo que le he explicado ahora debe ser tenido en cuenta especialmente en la formación de los profesores. Los maestros no deben tener el derecho de educar y entrenar a los niños a menos que adquieran un concepto de ese egoísmo que sólo alcanza hasta la Divinidad más cercana; es decir, el Ángel, y a menos que adquieran un concepto de los poderes no egoístas que determinan el destino y que existen espacialmente lado a lado aquí en la Tierra; Es decir, los Arcángeles. Y también deben adquirir un concepto de las influencias del pasado y del futuro en la cultura moderna —el carácter romano del derecho, la sustancia espiritual griega— y de la indefinida rebelión futura del hombre, que podría rescatarlo.

En la actualidad, sin embargo, la gente no está muy inclinada a penetrar en tales cosas. Hace poco tiempo, enfatizo una y otra vez en mis conferencias que una de las tareas sociales de la actualidad es extraer nuestra sustancia educativa para los años que los jóvenes pasan ahora en las escuelas, desde el presente, para hacer lo mismo que los antiguos griegos también hicieron: extraer nuestra sustancia educativa del presente.

En el mismo lugar en que repetidamente hablé de este asunto como uno de los problemas sociales más importantes, apareció poco tiempo después de mis conferencias: no deseo construir una conexión casual; esto es indiferente, pero es sintomático! —un gran número de anuncios en todos los periódicos locales haciendo propaganda para un local “gimnasio”. Di charlas en las que caracterizaba, como lo he hecho ahora, el clásico gimnasio en la educación y al mismo tiempo aparecieron anuncios de alabanza a un gimnasio en la educación, exponiendo todo lo que la juventud de Alemania debe a sus gimnasios para el “fortalecimiento de la conciencia nacional”, de la “fuerza nacional”, etc., etc. ¡Y esto, unas pocas semanas antes de la Paz de Versalles! Estos anuncios fueron firmados por las celebridades locales de la escuela, etc. Lo que uno tiene que decir hoy para una base verdaderamente objetiva de la evolución humana siempre rebota, vuelve de nuevo. La gente lo rechaza —no toca a las profundidades de sus almas.

Esto explica la dificultad de actuar con respecto a la cuestión social. Pues la actitud superficial con la que la gente se aproxima a la cuestión social nunca será de ninguna utilidad. La cuestión social es profundamente significativa; Es un problema que no puede ser resuelto a menos que uno esté dispuesto a mirar las profundidades del ser humano y del universo. Este mismo hecho debe ser capaz de mostrarnos lo necesario que es establecer ciertas verdades contenidas en la triple estructura del organismo social.

Pero debemos adquirir un órgano capaz de captar lo que nuestro tiempo actual realmente necesita. Será difícil adquirir este órgano en la esfera espiritual, pues la sustancia espiritual en la educación, gradualmente asimilada por el cuerpo gobernante, el Estado, sacó del ser humano toda fuerza activa, todo verdadero esfuerzo, transformándolo así en un miembro “resignado” dentro de la estructura del estado. Ya les he hablado aquí, creo, de la pregunta: ¿Cómo vive realmente la gran mayoría de la gente? (Por supuesto, siempre se tienen en cuenta las excepciones). Hasta el sexto año de su vida se permite al ser humano vivir libremente, porque es todavía demasiado mugriento para el estado! El Estado no quiere asumir las tareas que implica el cuidado de los niños pequeños; El Estado deja, pues, al ser humano al cuidado de los poderes fuera de su propia esfera. Pero después lo reclama y entonces lo entrena para que pueda encajar en la economía del estado, en el modelo estereotipado; Dejando de ser un ser humano real y se convirtiendose en algo que lleva la huella del Estado. En ese caso puede ser “de uso” para el estado. Él se esfuerza por esto, porque es inculcado a ello; en ese caso, el Estado no sólo cuida de él mientras trabaja, sino también cuando deja de trabajar, al concederle una pensión hasta que se muere. Para muchas personas una posición que implica el derecho a una pensión es un gran “ideal”!. ¡Y las religiones hablan de una especie de pensión para el tiempo después de la muerte!. El alma obtiene una pensión; sin ningún esfuerzo por su parte obtiene la vida eterna a través de la misma iglesia. ¡La iglesia se encarga de esto!. Es incómodo oír que la salvación sólo puede ser alcanzada por un esfuerzo espiritual libre, independientemente del Estado, y que el Estado debe limitarse a la esfera jurídica. ¡Y el derecho a tener una pensión NO existiría en un estado jurídico! Esta es para muchas personas una razón… para rechazarlo! Uno puede ver esto una y otra vez.

Y en cuanto a la vida más íntima del espíritu, debemos decir que la vida religiosa requerirá, ciertamente, una concepción del mundo válida para el futuro; Debe exigir al hombre que trabaje por su inmortalidad, para que actúe en su alma, de modo que pueda tomar el impulso divino, el Impulso de Cristo, a través de su propia actividad.

Durante mi vida recibí innumerables cartas de la gente de la iglesia declarando que la Antroposofía es una cosa buena, pero que contradice la  “simple fe cristiana” de la salvación del alma a través de Cristo, de la vida eterna alcanzada a través de Cristo, sin tener que hacer nada por ello “La fe en la salvación por medio de Cristo” es algo que ellos no pueden abandonar. Cuando las personas escriben o dicen tales cosas, piensan que son especialmente piadosas. Pero son simplemente egoístas, completamente interesadas y egoístas, porque no desean hacer ningún esfuerzo en su alma, desean dejarlo todo a Dios, que llevará su alma a salvo a través del portal de la muerte y lo acogerá.

Estos asuntos no estarán tan cómodos en la concepción del mundo que creará la sustancia religiosa en el futuro. Tendremos que comprender que la esencia divina dentro de nosotros debe desarrollarse dentro del alma. Entonces ya no será posible someterse pasivamente a las iglesias que prometen llevar las almas humanas con seguridad a través de la muerte… una costumbre censurable por lo menos ha cesado ahora; A saber, hacer esto a cambio de dinero, pero en secreto esto todavía desempeña un cierto papel, incluso en lo que respecta a la consecución de la vida eterna. Esta transición a una etapa de la actividad interior, de modo que miremos hacia un mundo al que pertenecemos, es un requisito urgente, sin embargo, no atrae a la humanidad en gran medida.

Para adquirir un sentimiento hacia las exigencias en este ámbito, debemos contemplar los hechos expuestos hoy: la metamorfosis de la humanidad desde los tiempos del antiguo Egipto, donde incluso el cuerpo tenía un carácter más vegetal. Pero si volviera a caer en esta condición parecida a una planta, tomaría crecimientos ulcerosos, etc., así como el hecho de que llevamos realmente un cadáver con nosotros, que es el verdadero instrumento de la cognición. Estas verdades nos permiten tener un sentimiento para las exigencias de la humanidad, mostrándonos cómo avanzar en la dirección correcta, cómo poder avanzar ahora en la cuestión social. Ya no deberíamos contentarnos con considerar una cuestión tan importante como la cuestión social de la manera más sencilla posible.

Esta es la extraordinaria dificultad del tiempo presente, y deben tener en cuenta que a la gente moderna le gusta escuchar explicaciones sobre los hechos más importantes de la vida en unas pocas frases abstractas. Cuando un libro como los “Puntos Fundamentales de la Cuestión Social” contiene más que unas pocas frases abstractas, cuando tal libro contiene los resultados de una observación de la vida misma, entonces la gente dice que no puede entenderlo y parece confundida con ellos. Pero es la desgracia de la actualidad que a la gente no le gusta penetrar en las cosas que deberían penetrar. Pues las frases abstractas que son muy transparentes, sólo tratan de cosas sin vida; pero la esfera social es una esfera viviente. Aquí debemos aplicar concepciones elásticas, oraciones elásticas, formas elásticas. Por lo tanto, es necesario, como he explicado con frecuencia, considerar no sólo la transformación de las cosas, sino también aprender a pensar de manera diferente con respecto a la estructura más íntima de nuestros pensamientos y reflexiones.

Al despedirme de nuevo por un par de semanas, queridos amigos, quería hablar de todo esto, porque ahora debemos sentir que estamos bajo el signo de la cooperación en nuestro movimiento antroposófico o social. Quisiera que ustedes se llenaran cada vez más con el entendimiento de que si algo se quiere lograr en el ámbito social, la ciencia espiritual de la Antroposofía debe fluir hacia las almas humanas. Permítanme recomendarles una cosa, aunque la repita una y otra vez. Es esencial que las verdades antroposóficas que podemos obtener para nosotros mismos sean reconocidas como la verdadera regla de conducta para nuestras actividades y para nuestro esfuerzo en el tiempo presente; debemos tener el coraje y la voluntad de impulsarnos con verdades antroposóficas. Lo peor de todo es que la gente moderna no tiene el coraje de empujar con algo que realmente se necesita. Permiten quebrar las mejores fuerzas de su voluntad; no están dispuestos a llevarlas a cabo, aunque esto sea tan necesario.

Ya ven, queridos amigos, aprendan a soportar valientemente el hecho de que las personas que se interesan por el edificio representativo de nuestros esfuerzos espirituales, el Goetheanum, sean bien aceptadas por ustedes; Alegraos por cada persona que no muestra más que un grado de entendimiento, y vayan hacia ella, pero no pongan atención al hecho de que la gente trae mala voluntad, o lo que es más frecuente hoy en día, una falta de comprensión hacia la antroposofía —limítense a rechazar esto de una manera correspondiente. Lo esencial es el coraje para avanzar con estas cosas. Considerémonos como ese pequeño grupo de hombres cuyo destino es conocer y comunicar al mundo las cosas que más necesita. Que la gente se burle de nosotros, que digan que es vanidad pensar esto; Sin embargo, es cierto. Decirnos a nosotros mismos que «sin embargo es cierto», decir esto sinceramente, para que toda nuestra alma se llene de ello, exige un coraje interior que debemos tener. Que este valor llene nuestra alma de sustancia antroposófica. Esto nos permitirá hacer lo que cada uno debe hacer en el lugar donde está. Esto es lo que quiero decirles hoy.

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Realmente podemos decir que estamos dando la bienvenida a cada día que nos acerca a la meta (que ahora encuentra los mayores obstáculos) de trabajar en el mundo a través de nuestro Edificio. Pues este edificio es, después de todo, el único que tiene en cuenta, incluso en sus formas arquitectónicas, los grandes destinos de la Humanidad. Y es bueno que la gente comience ya a tomar nota del Goetheanum. Pero se necesita otra cosa para una actividad progresiva respecto a la cuestión social; A saber, que por un medio como el Goetheanum, con sus formas más potentes que cualquier otra forma arquitectónica del presente, debe ejercerse una influencia sobre el mejoramiento espiritual de las fuerzas humanas; La gente debe volver a hacerse accesible a las verdades que deben ser conocidas, para que puedan elevarse no sólo a la esfera del mundo Angélico, sino también a la esfera del mundo Arcangélico y a la del Espíritu del Tiempo.

Traducido por Gracia Muñoz en Julio de 2017.