GA232c1. Centros de Misterios

Conferencia I

Dornach, 23 de Noviembre de 1923

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Comenzaré hoy con la vida anímica del hombre, y seguiré desde ahí hasta penetrar en los secretos cósmicos.

Comencemos con algo de lo más simple. Consideremos la vida anímica de un ser humano tal y como se ve cuando lleva su meditación más allá del punto que tuve especialmente en cuenta cuando escribí los artículos en el semanario del Goetheanum sobre la Vida del Alma (GA 36 N.T.) Consideraremos la vida del alma más íntimamente de lo que se hizo en los artículos del semanario. Aquellos cuatro artículos sobre la vida del alma forman una especie de introducción, una preparación para aquello que vamos a considerar ahora.

Cuando meditamos de una manera amplia y exhaustiva, vemos cómo esta vida anímica puede elevarse hasta un nivel superior. Comenzamos por dejar que el mundo exterior actúe sobre nosotros –hacemos esto desde la niñez– y después nos vamos formando pensamientos sobre aquello que encontramos en ese mundo exterior. Somos realmente seres humanos cuando permitimos que las impresiones del mundo exterior continúen viviendo en nuestros pensamientos, elaborándolas interiormente, creando un mundo de imágenes mentales, que en cierto modo reflejen las impresiones realizadas sobre nosotros desde el exterior. No estamos haciendo nada especialmente útil para la vida anímica si simplemente nos formamos una serie de pensamientos sobre cómo el mundo exterior se refleja en nuestra alma, pues al actuar así sólo logramos lo que yo llamaría una imagen sombría del mundo de las ideas en nuestra alma. Realmente practicamos una mejor meditación si enfocamos nuestra atención más bien en la energía interior, en el intento de entrar vívidamente en el elemento del pensamiento, sin mirar al mundo exterior, y ahondamos en lo que nos ha llegado como impresiones procedentes del mundo exterior. Por tanto un hombre puede ser conducido, según su disposición, al mero pensamiento abstracto. Puede crear sistemas planetarios, o puede realizar esquemas sobre cualquier cosa imaginable en el mundo, etc. mientras otro puede reflexionar sobre las cosas que le han causado una impresión, mediante la prolongación de sus pensamientos más allá del período de la percepción, podría quizás desarrollar algún concepto incluso más imaginativo.

No entraremos más en la manera en que, según el temperamento o el carácter u otras influencias sobre un hombre, este pensamiento interno, esta meditación desprovista de impresiones externas, puede desarrollarse, pero reconoceremos el hecho de que es un asunto de especial importancia cuando nos retiramos respecto a nuestros sentidos del mundo exterior y vivimos en nuestros pensamientos e ideas, haciéndolos girar aún más lejos, a menudo tal vez en una dirección de solo meras posibilidades.

Mucha gente considera innecesario desarrollar esta vida del pensar, en la dirección de las meras posibilidades. Incluso en estos tiempos difíciles uno puede ver a la gente ocupada todo el día con sus asuntos (que por supuesto supone una actitud necesaria para la afrontar la vida exterior); posteriormente se reúnen en pequeños grupos, jugando a las cartas o al dominó o cosas similares, para, como se dice frecuentemente, pasar el tiempo. No sucede a menudo, sin embargo, que la gente se reúna en tales grupos para intercambiar pensamientos, por ejemplo, sobre las cosas en las que estuvieron ocupados durante el día, y considerar qué habría sucedido si esto o aquello hubiera sido diferente. No están tan interesados en esto como en jugar a las cartas, pero sería una prolongación de los pensamientos, y si conserváramos un sentido suficientemente sólido de la realidad, tal continuación de nuestros pensamientos no necesitarían convertirse en algo fantasioso.

Esta vida de pensamientos conduce finalmente a lo que ustedes encuentran si leen La Filosofía de la Libertad de la manera correcta. Si ustedes leen La Filosofía de la Libertad de la manera correcta deben familiarizarse con ese sentimiento de vivir en los pensamientos. La Filosofía de la Libertad se halla completamente extraída de la realidad, y al mismo tiempo procede enteramente del pensamiento real. Encontrarán por tanto una tonalidad fundamental en esta obra. La concebí en los años 80 y la escribí a comienzos de 1890, y ciertamente puedo decir que de todos aquellos que en aquel momento estuvieron en posición de conocer el núcleo de esta Filosofía de la Libertad, encontré por doquier incomprensión. Esta falta de entendimiento surge por una razón definida. Los seres humanos, incluso los llamados pensadores actuales, en realidad sólo llegan tan lejos en su pensamiento como para experimentar en este una imagen del mundo de los sentidos exterior; y luego dicen: quizás podría llegar al pensamiento del hombre algo del mundo suprasensible, pero tendría que entrar de la misma manera que lo hacen una silla o una mesa que está fuera de nosotros, y que nuestro pensamiento reconoce como algo que está fuera de nosotros. Así este pensamiento que vive en nuestro interior tendría que ser capaz de experimentar de una u otra manera algo suprasensible, exterior al hombre, de la misma forma que la mesa o la silla están fuera de nosotros y se pueden experimentar. De alguna forma parecida, Edward von Hartmann concibió esta actividad del pensamiento.

Este libro, La Filosofía de la Libertad llegó entonces a ser conocido. En este libro el pensamiento es tan experimentado que en la experiencia del pensamiento se llega a esta realidad, a saber que si un hombre realmente experimenta el pensamiento, vive, aunque al principio algo indefinidamente, en el cosmos, esta unión del hombre en su experiencia pensante más íntima con los secretos cósmicos es el nervio raíz de la Filosofía de la Libertad. Así, en este libro se encuentra la frase: “Al pensar, el hombre descubre un borde del velo del secreto cósmico”. Esto se expresa quizás simplemente, pero se supone que cuando un hombre realmente experimenta el pensamiento, ya no se siente fuera del secreto cósmico, sino dentro de él, ya no está fuera de la Esencia divina sino dentro de Ella. Cuando un hombre alcanza la realidad del pensar en sí mismo, alcanza lo Divino dentro de sí mismo.

Era este hecho el que no podía entenderse. Pues si un hombre realmente lo entiende, si realmente se ha tomado la molestia de adquirir esta experiencia de pensar, ya no descansa en el mundo en el que estaba antes, sino que vive en el mundo etérico. Está viviendo en un mundo que conoce: no está condicionado desde ninguna parte del espacio físico terrenal, sino por toda la esfera cósmica.

Ya no puede dudar del orden y de la realidad de la esfera cósmica etérica si han captado el pensamiento tal como está reflejado en la Filosofía de la Libertad. Así se llega a lo que puede llamarse experiencia etérica. Cuando un hombre entra en esta experiencia, realmente hace un notable paso adelante en la totalidad de su vida.

Puedo caracterizar este paso así: Si pensamos con la conciencia ordinaria, nos decimos: en esta habitación hay mesas, sillas, seres humanos, y así sucesivamente. Podemos pensar quizás en muchas más cosas también; pero pensamos en estas cosas como algo fuera de nosotros. Así comprendemos estas cosas en nuestro pensamiento –y hay diversas cosas fuera– desde el punto central de nuestro ser. Todo hombre es consciente de esto; quiere comprender las cosas del mundo con su pensamiento.

Si, sin embargo, hemos adquirido la experiencia del pensar que se acaba de caracterizar, ya no es el mundo lo que debemos comprender. El hombre no está tan atrapado, como yo diría, en su propio yo; sucede algo totalmente diferente. Tiene la sensación de que, con su pensamiento, ya no se limita a un solo lugar, puede captarlo todo interiormente. Siente que está contrayendo al hombre interior. Así como en su pensamiento ordinario extiende los sentidos espirituales hacia fuera, cuando experimenta el pensamiento dentro de él se extiende continuamente a su propio ser. El hombre mismo se convierte en el objeto.

Esta es una experiencia muy importante que cualquiera puede tener cuando se hace consciente de que: anteriormente tú siempre comprendías el mundo; ahora que tienes esta experiencia del pensamiento, debes comprenderte a ti mismo. El resultado de este proceso de intensa auto-comprensión es que él pasa más allá de su piel.

Y así como él interiormente se aferra a sí mismo, también se aferra desde dentro a todo el éter cósmico, no en sus detalles, naturalmente, pero gana la convicción de que este éter se extiende sobre la esfera cósmica dentro de la cual él existe junto con las estrellas, Sol y luna, etc.

Una segunda cosa que el hombre puede desarrollar en la vida interna de su alma es el poder de no ser estimulado inmediatamente en sus pensamientos desde el exterior, de no prolongar estos pensamientos y seguir entretejiéndolos, sino de entregarse a sus recuerdos. Si hace esto, y realmente hace de sus recuerdos una experiencia interior, entonces e resultado es una experiencia bastante definida. La experimentación ya descrita del pensamiento conduce al hombre hacia sí mismo, se comprende a sí mismo; y obtiene una cierta satisfacción en esta comprensión de su propio ser interior.

Cuando, sin embargo, pasa a la experiencia de la memoria, entonces, si se sobrelleva internamente de la manera correcta, acercarse a uno mismo finalmente no parece ser ya lo más importante. Esto es lo que sucede en la experiencia del pensamiento. Por eso uno encuentra en el pensamiento esa libertad que depende enteramente del elemento personal humano. Por tanto, una filosofía de la libertad debe comenzar por la experiencia del pensar, porque el hombre llega de ese modo a su propio ser; se encuentra a sí mismo como una personalidad libre. Esto no sucede con la experiencia de la memoria. En la experiencia de la memoria, si un hombre la sigue seriamente y se sumerge completamente en su memoria, adquirirá finalmente el sentimiento de hacerse libre de sí mismo, de alejarse de sí. Por tanto esos recuerdos que le permiten a uno olvidar el presente son de lo más satisfactorio. (No diré que es siempre lo mejor, pero es, en muchos casos, lo más satisfactorio).

Podemos obtener una idea del valor de la memoria si podemos concebir recuerdos que nos “saquen” al mundo, a pesar del hecho de que podamos estar completamente disconformes con el presente y nos gustaría alejarnos de él. Si podemos desarrollar recuerdos de tal naturaleza que nuestra vida de sentimiento se intensifique mientras nos entregamos a ellos, esto aporta lo que podría llamar una especie de preparación para lo que los recuerdos pueden llegar a ser cuando se hacen mucho más reales.

Ustedes pueden convertir en recuerdo en una experiencia real si recuerdan con el máximo realismo posible algo que realmente experimentaron digamos hace 10, 20 o 30 años. Solamente indicaré cómo puede hacerse. Supongan que repasan antiguos y queridos documentos y buscan, digamos, cartas antiguas que ustedes escribieron o que recibieron en alguna ocasión. Sitúen estas cartas ante ustedes, y por medio de ellas vivirán intensamente en el pasado. O quizás una manera mejor puede ser no tomar las cartas que ustedes han escrito, o que otras personas les han escrito, porque en esto entra demasiada subjetividad; sería mucho mejor, si son capaces de hacerlo, tomando sus antiguos libros de texto de la escuela y mirarlos como lo hicieron mucho tiempo atrás cuando realmente se sentaban frente a ellos cuando eran niños en la escuela, y de esta forma traen de vuelta a sus vidas algo que existió anteriormente. Esa es una experiencia realmente extraordinaria. Si llevan a cabo algo de esta naturaleza ustedes modifican completamente la actitud anímica  que poseen en el presente. Es muy extraordinario. Pero deben ser un poco ingeniosos en relación a esto, y hay toda una serie de cosas que pueden ayudarles. Una dama, por ejemplo, quizás pueda encontrar en algún rincón un vestido o alguna prenda que llevó hace 20 años; se lo pone y se transporta de ese modo a la posición en que estaba en aquel momento; o algo de naturaleza similar que pueda traer el pasado con la máxima realidad posible al presente. De esta manera ustedes serán capaces de separarse profundamente de su experiencia presente.

Cuando tenemos experiencias con nuestra consciencia actual en realidad permanecemos demasiado íntimamente en las experiencias, demasiado cerca para que de las experiencias resulte algo, por así decirlo. Debemos ser capaces de permanecer alejados. El hombre está más alejado de sí mismo cuando duerme que cuando está despierto; pues él se sitúa entonces fuera de sus cuerpos físico y etérico con su cuerpo astral y su yo. Cuando ustedes invocan realmente experiencias anteriores al presente, como acabo de describir, se acercan entonces al cuerpo astral que se sitúa fuera del cuerpo físico durante el sueño. Puede que al principio no crean que tal vivificación de las experiencias pasadas por medio de una antigua prenda pueda tener el poderoso efecto que he indicado, pero en realidad sólo se trata de que ustedes mismos experimenten con estos temas. Si ustedes realizan el experimento y realmente evocan en el presente lo que se experimentó en años pasados de tal forma que puedan vivir en ello y olvidar completamente el presente, verán que se acercan mucho a su cuerpo astral, a su cuerpo astral del sueño.

Ahora bien, si ustedes esperan que sólo sea necesario mirar a la derecha o a la izquierda para ver su cuerpo astral como una forma de nube, quedarán defraudados, pues esto no sucede de esa manera; deben prestar atención a lo que sucede realmente. Lo que sucede realmente es que, por ejemplo, después de un cierto tiempo, a través de tales experiencias, pueden gradualmente ver el amanecer de una nueva forma; pueden tener un nuevo sentimiento al ver un amanecer. Gradualmente, a lo largo de este camino llegarán a experimentar el calor del amanecer como algo de naturaleza profética, como si estuviera anunciando algo, como si el amanecer tuviera una fuerza profética natural en sí. Comenzarán a sentir el amanecer como algo espiritualmente poderoso, y serán capaces de relacionar el significado interior de esta fuerza profética, de forma que obtendrán un sentimiento, que al principio podrán confundir con una ilusión, de que el amanecer está relacionado con su propio ser.

amanecer

A través de experiencias como las que he descrito, se puede gradualmente llegar a una condición en la que se siente al ver el amanecer: “El amanecer no me deja solo. No está simplemente allí mientras yo estoy aquí; estoy interiormente unido a este amanecer; es una cualidad de mi propio sentimiento interior. Yo mismo soy el amanecer en este momento” Cuando se sientan así unidos con el amanecer de tal modo que se experimenten a ustedes mismos como el color, radiación y resplandor, la aparición del sol a partir de los colores y de la luz, de tal forma que en su propio corazón surja un sol, por así decirlo, a partir del fulgor de la mañana como un sentimiento viviente, entonces también sentirán como si estuvieran viajando con el sol sobre la cúpula del cielo; sentirán que el sol no les deja solos, el sol no está allí mientras ustedes están aquí, sino que sentirán que su existencia se extiende en cierto sentido hasta la existencia solar y que viajan con la luz a lo largo del día.

Si desarrollan este sentimiento que, como hemos dicho, no proviene del pensamiento –pues de esa manera sólo se puede llegar al hombre mismo– sino que pueden desarrollar a partir del recuerdo de la forma indicada, cuando desarrollan esta experiencia a partir de sus recuerdos, o mejor dicho a partir de las fuerzas del recuerdo, entonces las cosas que percibían anteriormente con sus sentidos físicos comienzan a tener un aspecto diferente; comenzarán a ser espiritual y psíquicamente transparentes. Cuando un hombre ha alcanzado este sentimiento de viajar con el sol, de obtener fuerzas del amanecer al acompañar al sol, observa todas las flores de la pradera con un aspecto diferente. Las flores no permanecen pasivas, mostrando los colores rojos o amarillos que tienen en su superficie sino que comienzan a hablar. Hablan a nuestros corazones de una manera espiritual. Las flores se vuelven transparentes. La parte espiritual de la planta se agita interiormente, y la floración se convierte en una especie de lenguaje. De esta manera el hombre une realmente su alma con la vida exterior de la naturaleza, y obtiene así la impresión de que existe algo detrás de la existencia de la naturaleza, de que la luz con la que se ha unido es portada por Seres espirituales, y en estos Seres espirituales él llega a reconocer gradualmente las características de aquello que ha sido presentado por la Antroposofía.

Consideremos ahora las dos etapas del sentimiento que he descrito. Tomemos el primer sentimiento que puede producirse a través del pensamiento como una experiencia interior; esta experiencia interior del pensamiento le lleva a uno lejos, y el sentimiento de estar en un espacio limitado desaparece completamente. La experiencia del hombre se amplía; siente con bastante claridad que en su ser interior hay un aspecto que se expande abarcando el cosmos completo, y que es de su misma sustancia. Se siente uno con el mundo entero, con la sustancialidad etérica del mundo; pero también siente que al estar sobre la Tierra, sus pies y piernas son atraídos por la gravedad. Siente que, con toda su naturaleza humana, se halla vinculado con este planeta. Pero en el momento en que el hombre tiene esta experiencia de pensamiento ya no se siente vinculado con la Tierra, sino que se siente dependiente de las vastedades de la esfera cósmica. Todo proviene del universo, ya no desde abajo, desde el centro terrestre, sino que todo proviene de las vastedades del espacio (de la periferia espacial). Uno siente que si ha de comprender al hombre, este sentimiento de fluir desde el espacio debe estar allí presente.

Esto se extiende incluso a la comprensión de la forma humana. Si quiero captar la forma humana, ya sea en la escultura o en la pintura, sólo puedo hacerlo en lo que respecta a la parte inferior de la forma pensando en algo procedente de la naturaleza corporal interna del hombre. No voy a traer el espíritu correcto a esto, a menos que pueda dibujar la parte superior de tal manera que piense en ella como traída desde afuera. Nuestra frente, la parte superior de nuestra cabeza, proviene del exterior, y realmente está colocada sobre el resto del cuerpo. Cualquiera que haya mirado con comprensión artística las pinturas de la cúpula pequeña del primer Goetheanum (actualmente destruido) habrá visto que la parte inferior del rostro siempre se representaba como habiendo crecido desde el interior del hombre, y la parte superior de la cabeza como algo dado desde el cosmos. Esto se sentía especialmente en las épocas en que los hombres tenían sensibilidad para estas cosas. Ustedes nunca comprenderán la forma de la cabeza de una verdadera escultura griega a menos que tengan esta sensibilidad, pues los griegos creaban bajo la inspiración de estos sentimientos.

Así el hombre se siente unido con el entorno por medio de su experiencia del pensar.

Ahora uno podría imaginarse que este proceso simplemente se llevara más lejos, y que uno llegara incluso más lejos cuando se pasa de la experiencia del pensamiento a la experiencia de la memoria; pero este no es el caso. Si desarrollan realmente esta experiencia del pensamiento en ustedes, obtendrán en último término una impresión de la Tercera Jerarquía, la de los Ángeles, Arcángeles y Arcai.

De la misma forma que ustedes pueden representarse la experiencia corporal del hombre aquí en la Tierra con las fuerzas de la gravedad y la transformación del alimento por medio de la digestión, también pueden formarse una idea de las condiciones en las que viven estos seres de la Tercera Jerarquía si, a través de esta experiencia del pensar, en vez de deambular por la Tierra, se sienten llevados por fuerzas que fluyen hacia ustedes desde las más alejadas regiones del Cosmos.

Ahora bien, cuando el hombre pasa de las experiencias del pensamiento a las del recuerdo, no es como si fuese el final de la esfera cósmica, el límite al que el hombre puede llegar. Podemos llegar a este límite cósmico si entramos realmente en la autenticidad de esta experiencia-pensamiento; pero entonces no vamos más allá; el asunto se presenta de manera diferente. Aquí, por ejemplo, podemos tener un objeto de alguna clase, un cristal, una flor o un animal; y si avanzamos desde la experiencia del pensar hasta todo lo que la experiencia del recuerdo nos puede aportar, entonces observamos justamente en el interior de ese objeto. La mirada que se ha extendido al universo puede, si es llevada más lejos a través de la experiencia del recuerdo, ver en las cosas. No es que ustedes se adentren en distancias abstractas indefinidas; la mirada que es fortalecida por el experiencia del recuerdo observa dentro  de las cosas y puede ver lo espiritual en todo. Ve, por ejemplo, en la luz, los seres espirituales activos en ella, etcétera. Ve en la oscuridad los seres espirituales activos en la oscuridad. Así que podemos decir: la experiencia del recuerdo nos conduce hasta la segunda Jerarquía.

Existe algo todavía en la vida anímica humana que va más allá de la memoria. Aclaremos lo que es. La memoria aporta a nuestra alma su colorido. Podemos saber con bastante exactitud, cuando nos acercamos a un hombre que lo juzga todo con desaprobación, que emana su agria atmósfera sobre todo, un hombre que, si se le dice algo hermoso inmediatamente responde con algo desagradable, etcétera, podemos saber con certeza que todo esto se haya relacionado con su memoria. La memoria da su colorido al alma. Podemos conocer a un hombre que siempre muestra una mueca irónica en la boca, especialmente si le decimos algo; o puede fruncir el ceño o poner una cara trágica. Otro hombre puede mirarnos de una manera amistosa, de tal forma que nos sentimos animados no sólo por lo que dice sino por la forma en que nos mira. Ciertamente es interesante, al pronunciar algunas afirmaciones especiales en una conferencia, contemplar los rostros del público, ver la expresión de la boca, o mirar las frentes o las expresiones en blanco en muchos rostros, o la nobleza de muchos otros, etc. En lo que ven se expresa no sólo lo que ha quedado como recuerdo en el alma y le ha aportado un cierto colorido, sino que se expresa algo que ha pasado de la memoria hasta la fisionomía, hasta el gesto, hasta la completa actitud humana.

También es característico si un hombre no ha acogido nada, si en su rostro se muestra que no ha aprendido nada de lo que ha experimentado como pena, dolor o gozo. Si su rostro se ha quedado demasiado suave, eso es tan característico como si expresara con profundas arrugas la tragedia o la seriedad de su vida, o incluso quizás sus múltiples satisfacciones. Aquello que queda en el alma como resultado del poder del recuerdo, pasa al cuerpo físico y lo moldea; y esto tiene lugar tan marcadamente que posteriormente el hombre realmente extrae de ello su fisionomía exterior y sus gestos, e interiormente su temperamento, pues no siempre tenemos el mismo temperamento en la vejez que en la niñez. El temperamento en la vejez a menudo es resultado de lo que hemos experimentado en la vida, y que se ha convertido interiormente en recuerdo, en el seno del alma.

Aquello que penetra interiormente al hombre de esta manera puede ser llevado a la realidad, aunque esto es más difícil. Es aún mucho más fácil traer ante la visión de nuestra alma las cosas que experimentamos en la niñez o, hace muchos años, para desarrollar la memoria hasta un cierto grado, pero es más difícil transponerse uno mismo al temperamento que se tuvo en la niñez, al temperamento anterior que uno experimentó. Pero la práctica de tal ejercicio puede ser de gran importancia para nosotros, y se logra más realmente cuando podemos hacer esto interiormente en las profundidades del alma que si lo hacemos exteriormente.

Un hombre ya logra realmente algo si, a los cuarenta o cincuenta años de edad, juega a un juego de niños, o salta como lo hacía cuando era niño o trata de poner la cara que ponía cuando una tía le daba un bombón cuando tenía ocho años de edad, y cosas por el estilo.

Transponerse uno nuevamente hasta el mismo gesto, hasta la misma actitud, trae algo a nuestra vida que conduce convincentemente al sentimiento de que el mundo exterior es el mundo interior, y el mundo interior es el mundo exterior.

Entonces entramos con todo nuestro ser, por ejemplo, en la flor, y tenemos además de la experiencia-pensamiento y la experiencia-recuerdo lo que podría llamarse la experiencia del gesto, en el sentido más verdadero de la palabra. A partir de esto se obtiene una idea de cómo lo espiritual obra por doquiera, sin impedimentos en el mundo físico.

Ustedes no podrán aprehender interiormentecon plena conciencia su comportamiento de hace, digamos, veinte años, en lo que concierne a sus gestos ante cualquier ocasión, si no toman conciencia de la unión de lo espiritual y lo físico en todas las cosas; es decir, si ustedes no penetran hasta las profundidades de este asunto con toda seriedad y energía. Entonces habrán llegado a la experiencia de la primera Jerarquía.

  • Experiencia-pensamiento: Tercera Jerarquía.
  • Experiencia-recuerdo: Segunda Jerarquía.
  • Experiencia-gesto: Primera Jerarquía.

La experiencia-recuerdo nos conduce a identificarnos con el amanecer cuando nos hallamos ante el fulgor del alba. Nos permite sentir interiormente, experimentar interiormente todo el calor del amanecer; pero cuando nos elevamos a la experiencia del gesto, entonces aquello que se nos aproxima en el amanecer se une con todo lo que puede experimentarse objetivamente como color o tono.

Cuando contemplamos los objetos a nuestro alrededor, iluminados por el sol y simplemente los vemos tal como aparecen ante nosotros, los vemos en la luz. Pero no vemos el amanecer de esta forma, especialmente cuando pasamos gradualmente de la experiencia-memoria a la experiencia del gesto; entonces todo lo que se experimenta como color se separa gradualmente de toda la existencia material. La experiencia del color se hace viva, se hace psíquica, espiritual. Renuncia al espacio en que el amanecer externo se manifiesta. El amanecer comienza a hablarnos entonces del secreto de la relación del Sol con la Tierra; y aprendemos cómo actúan los Seres de la Primera Jerarquía. Cuando dirigimos de nuevo nuestra mirada al amanecer y aparece ante nosotros casi como se hacía anteriormente en la mera experiencia del recuerdo, comenzamos a reconocer a los Tronos. Entonces el amanecer se disuelve. El color se hace vivo, se hace psíquico, espiritual, se convierte en un Ser, y nos habla de la relación del Sol con la Tierra tal como existió durante el período del Antiguo Sol; nos habla de tal manera que aprendemos lo que son los Querubines. Y entonces, cuando llenos de entusiasmo y veneración somos trasportados por esta doble revelación del amanecer, la Revelación de los Tronos y la de los Querubines, y seguimos viviendo dentro del alma, entonces se abre el camino hacia nuestro propio ser interior, desde el Ser viviente en que se ha convertido el amanecer ahora, a aquello que constituye la naturaleza de los Serafines.

Todo lo que les he descrito hoy, lo he hecho simplemente para señalarles cómo, con el simple seguimiento del alma desde el pensamiento hasta el gesto que está pleno de pensamiento y se haya impregnado por el alma, el hombre puede adquirir para sí un sentimiento (pues, para empezar, sólo tiene sentimientos) sobre los fundamentos espirituales del Cosmos, justo hasta la esfera de los Serafines.

Quería aportarles esto como una especie de introducción a los estudios que nos van a conducir desde la vida anímica hasta las vastedades del cosmos espiritual.

Traducido por Gracia Muñoz en Junio de 2017

 

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GA137c6. El Hombre a la luz del Ocultismo, la Filosofía y la Religión

Christiania, 8 de junio de 1912

English version

Mis queridos amigos,

Tal vez os sorprenda que en el curso de estas conferencias vayamos a dedicar tanto tiempo a considerar la naturaleza de lo que después de todo es la parte externa del hombre, su forma y su figura. Sin embargo, si se quiere profundizar en el conocimiento que el verdadero ocultismo puede dar, no se puede omitir de su estudio del hombre los aspectos con los que ahora estamos tratando. Recuerden cuán a menudo en el curso de sus estudios se han encontrado con el pensamiento de que en su forma exterior la figura el hombre es un templo de la Deidad.

Así es, y esto es lo que debemos tener en la mente todo el tiempo que lo estudiemos, como si colocáramos las piedras de construcción del templo, tal y como comenzamos a hacer ayer y como continuaremos haciendo por un tiempo. Veremos que cuando nos tomamos la molestia de buscar en la figura humana los secretos ocultos del mundo espiritual, llegamos a un conocimiento que es de suma importancia para el corazón y el alma humana.

Ayer estudiamos al hombre en sus doce miembros. Ahora estos doce miembros aparecen a primera vista como formando una unidad. Sin embargo, en realidad no es una unidad, y es importante reconocer esto. Pues, en el momento en que estamos despiertos al hecho de que la unidad externa de la forma humana es sólo aparente, en el momento en que nos hacemos conscientes de que toda la forma y figura del cuerpo, tal como lo vemos y podemos tener conocimiento de ello aquí en la vida terrenal  es sólo una apariencia  —en ese momento también podemos comenzar a entender cómo es el Yo, el punto central de la conciencia del hombre.

Vimos ayer cómo este Yo nuestro desaparece de nuestra conciencia cada noche, y es por ello que nuestro Yo solo puede ser para el hombre una imagen; pues de otra manera no se le podría quitar la realidad de la noche. Cada noche algo del yo del hombre (que siempre va con él a través de toda la vida terrena) se retira; Y los Poderes Divinos han ordenado las cosas de tal manera que lo que el hombre pierde en el sueño se le dona en el cuerpo externo; se adhiere en su lugar del cuerpo. Es por ello que el hombre puede mirar su cuerpo como una unidad. Pero en realidad no es unidad. En realidad se compone de miembros que se amalgaman de la manera más complicada.

Aquí estamos acercándonos a uno de los misterios más importantes del ser humano, que nos llevará a profundizar en los secretos fundamentales de la existencia. Uno de los misterios lo tocamos en el mundo exterior; y es importante tomar este camino de fuera hacia dentro para recibir en nuestra conciencia esta idea que no tiene objeto.

  El hombre tal como lo vemos en el mundo consiste en tres partes, y estamos tratando todo el tiempo con una apariencia si simplemente tratamos estas tres partes del hombre como una unidad. La forma del hombre, que ayer vimos compuesta de doce miembros, está realmente dividida en tres, y debemos aprender a comprender cómo el hombre tiene en él, por así decirlo, tres hombres. Pongamos ante nosotros a estos tres hombres en sucesión.

Ayer, cuando pusimos un orden a los miembros de la forma humana, comenzamos con lo que llamamos la postura erguida  y continuamos con que el hombre está orientado en una dirección de avanzar —para expresarlo mejor, para el acto de hablar—Tenemos, por lo tanto, como segundo miembro la dirección de avance, la dirección para el habla. La tercera, como recordarán, era la simetría. Teniendo por el momento sólo estos tres miembros de la naturaleza del hombre, vemos una parte de la forma humana tal y como la contemplamos en el espacio exterior.

Veamos ahora ver si podemos, siguiendo una percepción puramente exterior, buscar otra cosa a la que podemos aplicar la palabra simetría, —y que en su aspecto externo ofrece a una observación cuidadosa muchos problemas interesantes. Por simetría nos referimos, por supuesto, la forma en que el hombre muestra un desarrollo de dos caras. Esta calidad de simetría está presente en todos los órganos de la cabeza, pero a medida que avanzamos hacia abajo desde la cabeza llegamos a una parte de la figura humana donde es aún más patente la evidencia.

Recordarán que hemos dado a  la  “postura erguida”, el nombre de Aries y el signo ♈ , y a la “orientación a la formación de sonido” el Toro nombre (Tauro) y el signo ♉ y a la “simetría” el nombre de Mellizos (Géminis) y el signo ♊. Estos son los nombres dados a los tres primeros miembros del organismo del hombre.

 Llegamos entonces a algo que parece seguir como una especie de continuación de la cabeza y que manifiesta de una manera muy especial la propiedad de la simetría. Me refiero a los brazos y las manos. Es a estos que les voy a pedir ahora tengan en consideración.

Los brazos y las manos del hombre se unen a la parte de la cabeza de tal manera que prefiguran de una manera sorprendente lo que tenemos en el hombre inferior como el muslo, la pierna y el pie. Si consideráis el reino animal, seréis inmediatamente golpeados con la semejanza de estos últimos órganos con aquellos que en el hombre, como brazos y manos, son diferentes. Podréis hacer observaciones muy importantes dedicando un cuidadoso estudio y pensamiento a la diferencia que hay en el hombre entre los brazos y las piernas, y entre las manos y los pies, en contraposición a los animales que están más cerca de él.

Tomemos ahora los nombres que empleamos ayer para las piernas y los pies y los aplicamos de manera correspondiente a los brazos y manos que se unen a la cabeza y que —como una observación bastante superficial nos permitirá ver— tienen conexión espiritual con todo el mundo del pensamiento de la cabeza. No lo encontraremos irrazonable o inapropiado si aplicamos ahora a estos brazos y manos que están conectados con la cabeza, los mismos términos que usamos ayer para las piernas y los pies, y nombrar esta continuación simétricamente extendida de la cabeza de la siguiente manera.

Primero tenemos, como cuarto miembro, el brazo superior, y a esto le damos la misma designación que le dimos al muslo, el Arquero (Sagitario) ♐.

Observamos una diferencia entre el codo y la rodilla, no habiendo desarrollo el codo una correspondencia con la rotula, pero a pesar de ello la similitud es suficientemente obvia. Y así le damos al codo el signo y el nombre que dimos a la rodilla, – Cabra (Capricornio) y ♑.

Asignamos al brazo inferior el mismo signo que tomamos para la pierna, el Signo de Acuario ♒, y las manos se indican con el mismo signo que dimos a los pies,  el signo de los Peces (Piscis) ♓.

Y si ahora juntamos estos miembros de la naturaleza del hombre, por sí mismos, comprendiendo la cabeza y los brazos, obtenemos un hombre de siete miembros. Esta es una percepción importante. Al reflexionar sobre cómo este hombre séptuple completo recibe alimento —la nutrición es naturalmente traída a él del resto del hombre— entonces la idea no será totalmente grotesca si imaginamos por un momento que este hombre séptuple podría recibir su alimento de fuera, como una planta que encuentra alimento preparado para ella en el mundo exterior, y simplemente la recibe y trabaja sobre ella. Podríamos muy bien imaginar que sucedió lo mismo con este hombre séptuple, y que no obtuvo lo que necesitaba para el mantenimiento del cerebro y demás de las otras partes de la naturaleza del hombre, sino directamente del mundo exterior. Este séptimo hombre estaría entonces directamente e inmediatamente ligado al mundo exterior.

Es esencial que el ocultista llegue a una comprensión de este hombre séptuple si quiere elevarse de manera correcta al nivel de una conciencia superior. Lo que acabamos de describir debe encontrar en algún momento un lugar en su mente, esta posibilidad de un hombre séptuple, de la cual uno piensa todas las partes restantes y miembros del ser humano actual.

HOMBRE SUPERIOR

Pasemos ahora a considerar al segundo hombre. Entenderemos mejor al segundo hombre si perseguimos el siguiente tren de pensamiento. El órgano esencial de la cabeza es, como veréis fácilmente, el cerebro. Ahora el hombre tiene algo más en su forma que es similar al cerebro. Difiere del cerebro de la cabeza en lo que aparentemente es un detalle, pero realmente es un punto de gran importancia. El hombre tiene en realidad algo así como un segundo cerebro; Es el cerebro de la médula espinal, que está encerrado en la columna vertebral.

Voy a pedirles que nos detengamos un poco en este pensamiento. Traten de imaginar que la médula espinal no es otra cosa que un cerebro extraño y peculiar. Es muy posible sentirlo como un cerebro que ha sido alargado y se ha convertido como en un bastón —al igual que también podemos ver el cerebro como una médula espinal inflada.

Nos ayudará aquí si imaginamos al hombre asumiendo por el momento la misma postura en el mundo que los animales todavía tienen hoy, es decir, con su columna vertebral no vertical sino paralela a la superficie de la Tierra. Entonces tendría un cerebro que simplemente ha sido sacado en la forma de un bastón. Y ahora observen al ser humano como lo tendría antes, paralelo a la superficie de la tierra, con la espalda recostada horizontalmente en el espacio. En esta posición la médula espinal puede muy bien pasar por una especie de cerebro.

Y ahora notamos algo muy extraño y notable, a saber, que tenemos nuevamente apéndices a la derecha y a la izquierda, aunque naturalmente muy diferentes de los apéndices de los brazos que teníamos antes. Pero imagínense una condición en la que el hombre no hubiera desarrollado la simetría tanto como hoy (que los dos brazos son casi iguales), pero aquí un brazo habría experimentado un peculiar desarrollo propio que lo diferenciara muy claramente del otro. En el día de hoy hay incluso una tendencia —y es una tontería— descartar la derecha y cultivar una igualdad de izquierda y derecha. Pero imagínense ahora que el brazo izquierdo, por el contrario, se convirtiera en un órgano completamente diferente; entonces no os parecerá imposible o absurdo referirnos en la forma en que lo haremos ahora de otros dos apéndices.

Consideremos al ser humano en esta posición, con su columna vertebral arriba, tendido horizontalmente, y unido a él por un lado la cabeza y por el otro lado los pies. Tenemos entonces dos apéndices, como lo habíamos hecho antes con los brazos. Podemos considerar la cabeza como un brazo y los dos pies como el otro brazo. A primera vista, suena muy extraño: pero cuando reflexionan en el reino animal se dan formas que no son muy diferentes a la que he descrito, la idea después de todo tal vez no  parezca tan grotesca.

De hecho, esta idea debe encontrar lugar en nuestra mente, si queremos tener la comprensión de todo el ser que es en verdad un ser de tres miembros. Entonces podemos decir que tenemos aquí apéndices,  —sólo formados asimétricamente; melllizos, digamos, que no son iguales. En efecto, llegamos a percibir que tenemos ante nosotros algo así como una repetición del primer hombre séptuple.

Comencemos entonces asignando a este hombre horizontal de dos formas disimilares Gemelos. Pues podemos llamar de nuevo a los dos apéndices laterales Gemelos (Géminis). En el hombre horizontal, la cabeza por un lado y los pies por el otro se pertenecen; están dispuestos en una relación mutua, y los denotamos en relación con el nombre Geminis.

Y ahora debemos regresar a lo que hemos visto ser un cerebro. Recuerden lo que dijimos antes. Ahora tenemos la imagen del hombre al que ahora miramos tumbándolo. Tenemos ante nosotros la parte media del hombre, el cuerpo como tal. Esto debe considerarse como un mundo encerrado en sí mismo y, además, como un mundo del que pensamos que contiene en él el segundo hombre. Así tenemos la cobertura o el encerramiento de este segundo hombre, y dentro, por encima, una especie de cerebro. Al recinto –el sudario o envoltura por así decirlo– lo designamos como Cangrejo (Cáncer). Todo el recinto del pecho adquiere un carácter completamente nuevo por el hecho de que hemos tumbado al hombre para obtener una imagen correcta de él.

HOMBRE medio

Ahora veamos qué miembros podemos encontrar dentro de este recinto del pecho. Sólo tenemos que seguir a los miembros como los tomamos en su secuencia ayer, en cuanto al lugar donde es posible todavía contarlos como la parte del tronco o del hombre medio. No hay duda del interior al que le dimos el nombre de León (Leo) ♌ y que se concentra en el corazón. Este es el tercer miembro. Entonces recordarán que vimos cómo el hombre está realmente dividido en dos miembros, un contenido interior que está encerrado por el Cangrejo (Cáncer) y un contenido interno que está encerrado por las paredes abdominales. Anatómicamente, el cuerpo del hombre está dividido exactamente por el diafragma en una cavidad superior y una cavidad inferior; lo que está debajo del diafragma también tiene que ser contado con el hombre medio. Lo designamos por el nombre de Virgen (Virgo) con el Signo ♍.

Llegamos entonces al lugar del equilibrio, donde el hombre comienza a no estar encerrado en su propia forma, sino a abrirse al mundo exterior. Cuando usa sus piernas está tomando contacto con lo que está fuera de él. El lugar del equilibrio es el límite en el que el estar totalmente “dentro” llega a su fin. Este quinto miembro se llama Escalas (Libra) y se le da el Signo ♎.

Del modo en que se colocan los órganos de la reproducción en el hombre, se verá que obviamente deben contarse con el hombre medio; Y así tenemos, como sexto miembro, los órganos reproductores, Escorpión (Escorpio) con el Signo ♏.

Y ahora nada queda por hacer sino definir el apéndice que forma el segundo de los Gemelos. Si consideran lo que es el muslo para el hombre y observan cómo su movimiento está condicionado por la naturaleza del hombre medio (porque el muslo está estrechamente relacionado con todo el sistema muscular del hombre medio), verán que debemos contarlo también como miembro. En cuanto a la rodilla, el hombre es hombre medio; las fuerzas del hombre medio entran en el muslo y se extienden hasta la rodilla. Por otra parte, ya hemos incluido el muslo como uno de los gemelos. La cabeza en un lado y el muslo en el otro constituyen el par de gemelos. Al muslo, entonces, lo denotamos con el Signo ♐ y lo llamamos Sagitario.

Cuando vamos más allá y consideramos los pies, encontramos que mientras que el muslo aún conserva una conexión íntima con el hombre medio, la rodilla, la pierna y el pie requieren el apoyo de la tierra. El muslo, es cierto, usa este apoyo, pero la pierna y el pie están allí sólo porque el hombre tiene que estar firme y recto en la tierra. En el muslo todavía tenemos que ver con la continuación del hombre medio. Si no estuviera adaptado a los otros miembros de la pierna y el pie, el muslo, de hecho, podría asumir una forma diferente y permitir al hombre ser una criatura aérea. Órganos muy diferentes podrían ser desarrollados más allá de él, adecuados para nadar o volar. Estos se pondrían en movimiento por medio del muslo, pero entonces todo lo que esta sobre ellos tendría que adaptarse a su propósito.

Vemos por lo tanto, que las partes restantes de la forma del hombre no requieren ser contadas con el hombre medio, de modo que ahora tenemos nuevamente un hombre séptuple. Es el segundo. Si miramos la diferencia entre los dos, encontraremos que es absolutamente asombrosa. En el primer hombre de siete miembros tenemos, al principio, todos los órganos sensoriales importantes, situados en la cabeza. Y cuando contamos en este primer hombre séptuple, como debemos hacerlo, los brazos y las manos, entonces hemos incluido en él órganos que tienen una cualidad distintiva que ninguna otra observación puramente externa y materialista podría dejar de reconocer. Porque los órganos que llamamos brazos y manos, si los estudiáramos seriamente, revelan en alto grado el significado sublime de la naturaleza del hombre.

Si quisiéramos hablar del arte en la Naturaleza  —y todo lo que el hombre considera con razón como el Templo de Dios está maravillosamente imbuido del arte de la Naturaleza— no podremos encontrar mejor expresión que en la maravillosa construcción de las manos y los brazos del hombre. Tomen los órganos correspondientes en otras criaturas que están relacionadas con el hombre. Miren, por ejemplo,  las alas de un pájaro,  —un animal alejado del hombre. Las alas son los miembros delanteros del pájaro, son comparables con lo que tenemos en el hombre como manos. El pájaro no podría volar sin alas. Las alas son órganos que son útiles y necesarios para su existencia— en el sentido más completo, órganos de utilidad. La mano humana no es en el mismo sentido un órgano de utilidad en absoluto. Es cierto que podemos desarrollarla para que lo sea, pero requiere desarrollo. No podemos volar con ellas, ni nadar con ellas, y es incluso torpe en la escalada, en la que los miembros delanteros del mono —el animal que está más relacionado con el hombre— son muy inteligentes. Podríamos casi decir que, mirado puramente desde el punto de vista de la utilidad, hay muy poco significado o propósito en la forma de las manos. Si, sin embargo, observamos todo lo que el hombre tiene que hacer en el curso de la evolución con sus manos, encontramos que son sus posesiones más preciadas. Cuando se trata de llevar a la expresión exterior lo que la mente y el espíritu son capaces de lograr, entonces las manos muestran su valor.

Piensen en los movimientos más sencillos y elementales de la mano. ¿Acaso la mano, cuando acompaña a la palabra con un gesto, no se convierte en el órgano más expresivo? En todos los diferentes movimientos y posiciones de la mano ¿no vemos a menudo algo revelado del carácter interior del ser humano? Supongamos por un momento que las manos fueran adaptadas para escalar o nadar; o suponer que el hombre necesitara sus manos para ayudarse a moverse por la tierra. El mundo podría estar tan ordenado que no tendríamos que aprender a caminar, sino que haríamos uso de nuestras manos para ayudarnos. Para tener en cuenta, que tenemos que aprender a caminar haciendo movimientos que son bastante inadecuados para el propósito —movimientos pendulares con ambas piernas—. Por lo general, no se observa lo poco adaptados para el fin en vista de lo que son los movimientos de la pierna; no hay un solo animal que no tenga sus piernas mucho más útilmente colocadas y ajustadas que el hombre. Y en cuanto a nuestras manos, no tienen nada que ver con este reino de nuestra existencia. Pero supongamos ahora que no fuera así, supongamos que el hombre encontrase más fácil, más natural, moverse con la ayuda de sus manos. ¡En ese caso tendríamos que olvidarnos de toda la cultura humana! ¿Qué no hace un artista con su mano? Todo arte sería simplemente inexistente, si las manos hubieran sido órganos de utilidad.

Este es un hecho que debe tener muy presente el aspirante del ocultismo, que en los brazos y las manos tenemos órganos maravillosos, profunda y fuertemente conectados con la vida espiritual que vive el hombre en la Tierra. Cuando consideramos cómo el hombre en su cabeza tiene un sentido de contacto con el mundo exterior, donde los órganos de los sentidos están principalmente localizados, y luego trabaja en ese mundo externo por medio de sus manos, cuando consideramos cómo puede preparar en su cabeza lo que despues muestra al mundo exterior con sus manos y lo lega como arte y cultura, entonces comenzamos a ver el verdadero carácter de este primer hombre séptuple. Es el hombre esencialmente espiritual, es el hombre en su conexión con el mundo externo. Si miramos a estos siete miembros y vemos cómo forman un todo autocontenido entonces vemos cómo en este hombre séptuple el proceso de la tierra se vuelve consciente para el hombre. Este primer hombre de siete miembros debe considerarse como la naturaleza espiritual del ser humano; es el ser espiritual del hombre, en la medida en que es hombre de la Tierra.

Veamos ahora al segundo hombre. El hecho de que el hombre medio tiene gemelos (Géminis) que muestran desarrollos totalmente diferentes en ambos lados, le da una relación doble con el mundo exterior. Está conectado con el mundo exterior por un lado a través de la cabeza, —porque tiene el conocimiento en la cabeza; y por otro lado, a través del hecho de que el hombre es una criatura que se mueve sobre la Tierra y puede dirigir su movimiento desde dentro. Finalmente, también está conectado con el mundo exterior por medio de los órganos reproductivos que hacen posible la continuidad física del hombre. Si no fuera por estos tres miembros, Géminis por los dos lados, y por los órganos reproductores, no habría conexión con el mundo exterior. Estos tres miembros en el organismo medio permiten al hombre tener conexión por un lado con el proceso de la Tierra y por otro lado con la evolución continua del hombre en la tierra, con la secuencia de las generaciones y la reciprocidad del sexo.

Sin embargo, cuando nos volvemos a los miembros medios que denotamos con las palabras Cáncer, Leo, Virgo y Libra, descubrimos que sólo están allí para el hombre interior —quiero decir, por supuesto, “interior” en el sentido corporal—. Esta naturaleza interna corporal del hombre tiene, es cierto, continuación en dos direcciones exteriores en lo que para él es Géminis; pero el resto está enteramente ocupado con el organismo interior. Para el organismo interior del hombre es de la mayor importancia que tenga un corazón, pero es de muy poco interés para la naturaleza externa, y de poco interés que tenga un abdomen.

Tenemos, pues, tres miembros que son importantes para la naturaleza terrestre externa y otros cuatro que sirven especialmente al propio organismo interno del hombre. Mientras que el hombre superior vive esencialmente en el mundo exterior, en virtud de los sentidos, así como en virtud del mecanismo del brazo y la mano, aquí tenemos fundamentalmente una vida dentro del organismo. Por lo tanto, existen grandes diferencias entre estos dos hombres, el hombre medio y el hombre cefálico.

Ahora debemos pasar a considerar al tercer hombre. Para hacernos más fácil de formar un cuadro mental de este tercer hombre, lo tomaremos en el orden inverso, comenzando desde el otro extremo. Encontraremos que este tercer hombre se separa de los otros dos de una manera perfectamente natural y obvia.

Comencemos con el séptimo miembro, los pies. Sabemos por la conferencia de ayer que conferimos a los pies el nombre de Piscis y el Signo ♓. La forma humana está aquí totalmente adaptada al mundo exterior. Si se piensa un poco sobre ello encontrarán que no hay ninguna pregunta al respecto. Porque es esencialmente la forma del pie lo que hace posible que el hombre sea una criatura que se mueve sobre la Tierra.

Todo lo que se requiere para caminar el hombre tiene que aprenderlo. Es conforme con la naturaleza que el hombre tiene que colocar sobre la Tierra la planta del pie, de modo que la superficie extendida del pie no esté dirigida hacia dentro sino hacia la Tierra. Y ahora, como lo que llamamos la pierna pertenece y corresponde a esta naturaleza del pie, debemos considerar como sexto miembro la pierna, a la que le damos el nombre de Acuario y el Signo ♒.

Llegamos entonces al quinto miembro, la rodilla, que aquí no se debe considerar de otra manera que formando un necesario mecanismo de descanso para el muslo. Debido a que el hombre tiene que poner a su hombre medio en conexión con el hombre inferior —el pie y la pierna— por lo tanto debe haber esta partición en la rodilla. Piensen en lo difícil que sería caminar si la pierna y el pie no se separaran de esta manera. Caminar sería una cuestión aún más difícil de lo que es, si la pierna y el muslo estuvieran hechos de una sola pieza! Si no tuviéramos que caminar, el hombre medio no nos preocuparía. Como sin embargo es así,  necesitamos al hombre medio y, en consecuencia, también se requiere de la rodilla como miembro de conexión. Lo llamamos Capricornio, con el Signo ♑. Este es el quinto miembro.

El cuarto, el muslo, ya lo hemos considerado y hemos visto que pertenece al hombre medio. El muslo tendría que estar allí incluso si el hombre tuviera otro tipo de movimiento. Si, por ejemplo, volara o nadara, seguiría necesitando el muslo, aunque podría tener que asumir otra forma. Si el hombre es capaz de caminar sobre la tierra, no sólo debe adaptarse el pie, la pierna y la rodilla a la tierra, sino también el muslo debe estar en la relación y proporción correcta con la de estos miembros. Debe ser formado de modo que corresponda de la manera correcta a los tres miembros inferiores. Lo reconocerán cuando observen que, en la medida en que el muslo está en correspondencia con los órganos medios, es del mismo tipo en aves, y en los animales de cuatro patas; solo en el hombre se desarrolla de manera diferente. Así, el muslo pertenece al hombre en cuanto tiene de naturaleza animal. Le damos el nombre de Arquero (Sagitario) y el signo ♐.

Se puede ver fácilmente que los órganos de reproducción están formados, por un lado, desde dentro, y por otro en sus funciones se adaptan al trabajo exterior. Permítanme decir de paso que debemos hablar de estas cosas con bastante objetividad, y considerar aspectos de ellas que sólo se pueden considerar cuando se trata el tema con seriedad científica. Los órganos reproductivos se adaptan a la naturaleza externa en el sentido de que relacionan un sexo con el otro. El órgano del macho no sólo se forma fuera del hombre medio, sino que también se le da una dirección externa y un forma adaptada al órgano reproductor de la hembra. Tenemos, por lo tanto, que hablar de los órganos reproductivos como el tercer miembro, que llamamos Escorpión y denotamos con el Signo ♏.

Ahora vamos a lo que se llama la balanza (Libra), el lugar del equilibrio en el hombre. La forma externa de la región del equilibrio es prueba suficiente de que tenemos aquí un miembro de la naturaleza media del hombre. Tengan en cuenta que es porque el hombre se ha vuelto vertical que tuvo que tener aquí este órgano de equilibrio. Debe desarrollarse de tal manera que le permita convertirse en un ser recto. Comparen la región de equilibrio en un animal de cuatro patas con el del hombre y reconocerán que este miembro del equilibrio es diferente pues la parte superior del cuerpo tiene una dirección ascendente o descansa horizontalmente en las piernas y los pies. Así, el lugar donde se encuentra el equilibrio y que designamos como Libra tiene que ser contado como el segundo miembro del hombre inferior.

Y ahora llegamos a algo que no puede sino encontrarse con malentendidos por parte de la ciencia actual. Hemos considerado hasta ahora un hombre de seis envolturas; hemos estudiado al tercer hombre empezando desde abajo hacia arriba y encontramos en él a estos seis miembros. Cuando consideramos a los otros dos, al primer y el segundo hombre séptuple, tomamos como punto de partida en cada caso un cerebro. Al considerar la cabeza, comenzamos con el cerebro y eso nos condujo a los brazos y manos. Entonces aprendimos a ver un segundo cerebro, un cerebro que es como un cuerpo alargado, pero aún así es verdaderamente cerebro,—la médula espinal. Como usted sabrá, la diferencia entre la médula espinal y el cerebro, aunque aparentemente  parece pequeña, es realmente muy grande. La médula espinal es el instrumento para todos los movimientos que el hombre está obligado a realizar; los movimientos que llamamos movimientos involuntarios son controlados por la médula espinal. Cuando, por otra parte, empleamos el instrumento del cerebro, el pensamiento se inserta entre la percepción y el movimiento. En la médula espinal no existe conexión con el pensamiento. Allí el movimiento sigue directamente a la percepción. En el caso del animal la médula espinal desempeña una mayor parte que en el caso del hombre, y el cerebro una parte menor. La mayoría de los animales realizan sus acciones de manera involuntaria. El hombre, sin embargo, en virtud de su cerebro superior, se inclina al pensamiento entre la percepción y el movimiento; por consiguiente, sus hechos muestran un carácter voluntario.

Tratemos ahora de imaginar al tercer hombre de tal manera que en él también descubrimos una clase de cerebro. Como ustedes saben, hay en el hombre un tercer sistema nervioso distinto del cerebro y de la médula espinal. Es el sistema nervioso simpático, el denominado plexo solar, situado en la parte inferior del hombre y que envía sus fibras hacia arriba, paralelas a la médula espinal. Es un sistema nervioso que está separado de los otros dos y en relación con el propio cerebro, puede considerarse como un cerebro peculiar, no desarrollado. Cuando seguimos la forma humana más allá de Libra, encontramos este notable sistema nervioso simpático, el sistema del plexo solar extendido como el cerebro del tercer hombre. Con los órganos especiales que ya hemos enumerado, también está conectado lo que tenemos que considerar como una especie de tercer cerebro, el plexo solar.

Ahora bien, existe una conexión vital —y esto es lo que la ciencia externa no puede sino encontrar difícil de aceptar— entre el plexo solar y los riñones. Como la sustancia del cerebro en la cabeza y las fibras de las vías nerviosas permanecen unidas, también lo hacen los riñones que pertenecen al cerebro del abdomen, al plexo solar. De hecho, el plexo solar y los riñones forman, en conjunto, un tipo peculiar de cerebro subordinado. Reconociendo este cerebro como parte del hombre inferior, podemos designarlo con el término Virgen (Virgo) ♍. Tenemos, pues, ahora nuestro séptimo, o más bien nuestro primer miembro, compuesto por la conexión del plexo solar con los riñones; y en este punto llegamos a completar el tercer hombre séptuple.

HOMBRE INFERIOR

Así, el hombre se encuentra triformado en su composición. Estos tres hombres colaboran entre sí, y no es posible comprender la naturaleza del ser humano hasta que se sepa que en él están activos en realidad tres seres humanos. Tres hombres séptuples trabajan unidos en el hombre.

El último cerebro nombrado toma extraordinariamente poco interés en el mundo externo. Su único propósito es mantener las partes interiores del hombre en posición vertical. Todo el resto de los órganos en el hombre inferior se adaptan al mundo exterior, aunque de una manera muy diferente a la del hombre cefálico. La relación del hombre cefálico con el mundo externo se expresa en el hecho de que él re-forma el mundo de la tierra al mundo de la cultura humana. Por otro lado, en los órganos externos e internos del hombre inferior tenemos que ver con algo que pertenece y sirve al ser humano mismo. Es sólo porque no nos tomamos la molestia de pensar con precisión en estos asuntos que no podemos observar la enorme diferencia que hay entre esta Triformación que engloba la totalidad del ser humano

El ocultismo siempre ha dado el nombre de Mysterium Magnum, el Gran Misterio, al maravilloso secreto de la naturaleza del hombre, cuyo aspecto exterior hemos estado considerando aquí. Este aspecto del Mysterium Magnum es visible en el mundo exterior; sólo que, en general, no estamos en condiciones de entenderlo, porque no distinguimos desde un principio, en lo que parece ser una unidad, un ser tres veces séptuple.

Ahora podemos pasar a considerar el otro aspecto de este misterio. Hablamos antes de la naturaleza del Yo del hombre, y dijimos cómo tiene la apariencia de ser una unidad. Vimos también cómo esta unidad se rompe continuamente, siendo continuamente interrumpida por el sueño. Si leen “Como se alcanza el conocimiento de los Mundos Superiores” encontrarán que se describe un hecho notable, cuando el discípulo de ocultismo da el paso que lo lleva fuera de su conciencia ordinaria algo extraño sucede con su Yo, con su conciencia. El está dividido en tres miembros, y tan eficazmente que es dominado por estos miembros auto-dependientes dentro de él —el alma pensante, el alma sensible y el alma dispuesta—. En la vida ordinaria estas tres cosas —pensamiento, sentimiento y voluntad— están unidas en la naturaleza del Yo, en la conciencia del Yo. En nuestra conciencia cotidiana común juegan entre sí. Sin embargo, tan pronto como damos un paso hacia una conciencia superior, el pensamiento, el sentimiento y la voluntad se desmoronan. Este es un hecho al cual el aspirante del ocultismo debe prestar atención. Cuando sale de su conciencia cotidiana, se encuentra dividido en tres, encuentra la unidad del Yo dividida en un hombre pensante, un hombre sensible y un hombre dispuesto.

Ahí tienen el otro aspecto del Mysterium Magnum. Cuando el hombre se precipita, por así decirlo, cuando realmente pasa por encima de los límites de su conciencia, entonces su unidad del Yo se divide en tres al igual que la aparente unidad de la figura humana externa, tan pronto como llegamos a estudiar el cuerpo más de cerca, se divide en tres, —en tres hombres de siete miembros.

Así, nuestra naturaleza interna del Yo, al igual que nuestra forma externa, es una unidad formada de una trinidad. El hombre exterior se divide en el hombre cefálico de siete miembros, el hombre medio o rítmico se divide en siete miembros  y el hombre inferior o metabólico consta de siete miembros. En consecuencia, el yo interior del ser humano se divide, en cuanto alcanza el primer paso en el reino oculto, en un ser trimembrado, el hombre pensante, el hombre sensible y el hombre dispuesto, que colaboran entre sí en completa independencia. Ese es el segundo aspecto del misterio.

Ambos hechos deben ser reconocidos por el discípulo del ocultismo, cuando da el primer paso hacia una conciencia superior. (Hablaremos mañana del encuentro con el Guardián del umbral.) Así como la conciencia se divide en tres partes, así si avanzamos de la manera correcta, aprenderemos a percibir en la forma externa manifiesta del hombre un ser trino y séptuple. Tenemos aquí dos aspectos de un aspecto múltiple, —el Mysterium Magnum. De los otros aspectos hablaremos más adelante. De momento estamos indicando los primeros y más elementales pasos para el comienzo de este gran y maravilloso misterio. Por eso, cuando se llega a una etapa particular del desarrollo oculto, se encuentra por todos los lados con la fórmula (expresada de muchas maneras diferentes): El gran secreto es —”Tres son uno y uno son tres”. Para el ocultista esta fórmula significa lo que he descrito hoy; aquí tiene su pleno y verdadero significado. Sólo cuando la gente lo malinterpreta y lo convierte en un dogma materialista pierde su verdadero significado. Sin embargo, si lo toman en el sentido que he explicado, puede ser un símbolo correcto para las verdades con las que hemos estado tratando hoy. La fórmula se convierte entonces en una expresión del Mysterium Magnum. Si queremos encontrar el camino correcto en el reino del ocultismo —y esto es lo que intentamos aquí, en muchas conexiones—, entonces debemos aprender a comprender esta misteriosa y aparentemente contradictoria fórmula: Tres son uno y uno son tres. Para el discípulo medieval del ocultismo una y otra vez le fueron pronunciadas las palabras: “Presta atención a lo que se te dice; así podrás entender el misterio de cómo los Tres pueden ser al mismo tiempo Uno, y el Uno al mismo tiempo Tres. “

HOMBRETRIMEMBRADO

Traducido por Gracia Muñoz

La Pascua

Publicaciones para una nueva cultura – Artículo por John Seeker (pseudónimo utilizado por Willi Sucher)

English version

El declive general en la vida cultural de la civilización humana ha visto madurar una inhabilidad casi completa por la comprensión y el festejo de las grandes festividades del año cristiano. Por lo tanto, pareciera ser necesario abrir nuevos portales hacia la comprensión sobre los hechos conectados a tales festividades.

Durante la Pascua, la humanidad cristiana conmemora la Muerte y la Resurrección del Cristo Jesús. Según la tradición, se celebra el domingo que sigue a la primera Luna llena de primavera.

Por medio de la cognición común y corriente, la humanidad moderna ya no es capaz de comprender estos dos hechos. En ningún lugar del mundo –el que percibimos gracias a los sentidos– podemos encontrar algo que sugiera la posibilidad de que el hombre resucite de la muerte, tal como se describe en los Evangelios. Paulatinamente, esto se fue tornando en una cuestión de fe. Hoy en día, la humanidad moderna demanda un conocimiento aceptable al intelecto y no meras creencias de las confesiones cristianas. Y así, en tanto el conocimiento no pueda penetrar hasta los hechos reales que están detrás del suceso histórico de Pascua, este festejo se verá menos comprendido y se lo tomara menos en serio.

Además, el hecho de que esta época pascual se estime partiendo de condiciones cósmicas tampoco logra ser comprendido por el pensamiento moderno. La gente se ha emancipado tanto de la naturaleza gracias a la tecnología, que no pareciera necesario tener que regular ningún festejo acorde a las condiciones pertinentes a los cielos estelares. Por ende, la tendencia actual pretende acabar con la tradicional movilidad del festejo pascual. El efecto moral que resulta de esta celebración a ser acordada según las condiciones cósmicas, sólo causa disturbios en el calcular del mundo de los negocios. De aquí que se haya propuesto fijarla a una cierta fecha, por ejemplo, tal como la celebración navideña está fijada al 25 de Diciembre.

Detrás de todo esto está el hecho de que la Pascua se ha convertido en objeto de mera tradición. Difícilmente se ve ligada a una experiencia interior, y tranquilamente se podría establecer como tiempo vacacional a disposición del recreo usual de la estación. Se ha tornado un desafío para el mundo moderno, junto con los demás festejos cristianos, y ante todo debemos decidir si queremos tener simplemente unas vacaciones públicas en lugar de Pascua, o si deseamos hacer de ésta una festividad de verdadera devoción y fortaleza interior religiosas.

Pero ¿cómo podemos hallar nuevamente en la festividad pascual una fuente de experiencia y de fortaleza interior?.

Podemos intentarlo por medio del punto de vista de las estaciones anuales. Esto ocurre durante la Primavera, después del equinoccio. Es la época del año en que quedan atrás las largas, oscuras y frías noches invernales, gracias al Sol que asciende. Los días se extienden, y el calor y la luz llenan  nuevamente la vida de la Tierra. La naturaleza despierta de su profundo sueño e incontables florecillas y hojas surgen del letargo desde las semillas y los brotes. El estéril paisaje invernal pronto se ve transformado en una bella carpeta de brillantes colores.

¿No es la Primavera una imagen verdadera del poder de resurrección inherente a la naturaleza?. Cada año, el calor y la luz resurgen de los signos de la muerte. El hielo y la nieve invernal se derriten; el suelo congelado se suaviza cubriéndose de abundantes manifestaciones de vida. Incluso el proceso de germinación nos provee de una verdadera imagen acerca de la muerte sucedida el Viernes Santo. Ya que millones y millones de semillas enterradas en la matriz terrestre han de morir para que sea posible el resurgir de la vida.

Por decirlo de algún modo, la naturaleza nos brinda ‘muletas’ sobre las cuales sostener una comprensión acerca del Viernes Santo y la Pascua. No fue una persona quien decidió sobre esta época del año la celebración de la Pascua, sino que los sucesos descritos en los Evangelios tuvieron lugar realmente en Primavera, hacia la época de la Pascua judía. Fueron los poderes del destino quienes se encargaron de generar esta coincidencia.

Ahora bien, debemos confesar que la imagen sobre la naturaleza en Primavera sólo nos presta ‘muletas’ para la comprensión de la Pascua. Esta solo nos ayuda a lo largo de cierta parte del camino hacia la comprehensión de esta festividad; pero después no basta. Ya que si bien percibimos a la imagen de la resurrección en la naturaleza, como seres pensantes sabemos muy bien que todo ese esplendor decae en Otoño, cuando las noches comienzan a alargarse otra vez, y la oscuridad y el frío hacen desaparecer a la hermosa carpeta de color y vida. Es así como las manifestaciones de la naturaleza no proveen realmente una imagen de la Resurrección tal como la que deseamos encontrar, en conexión con el Cristo. Esta semeja un eterno círculo de destrucción y re-creación. Sobre todo las personas con mentes orientadas a la ciencia moderna, saben muy bien que este círculo cesará su actividad en un futuro lejano. La gente sabe acerca de esto, e intenta incluso pre-calcular la época en la que este planeta sobre el cual vivimos ya no reciba ni luz ni calor desde el Sol decadente. Para entonces ya no existirá una vegetación sobre la Tierra; la muerte prevalecerá sobre la naturaleza. Por ende, también la Naturaleza nos deja sin respuesta a la pregunta que hemos de proponer cuando nos vemos confrontados al mensaje de la Pascua.

También nosotros estamos ligados al destino de la Naturaleza, puesto que nuestro cuerpo es parte de ella. Sabemos que algún día, nuestro cuerpo se desgastará; hemos de morir inevitablemente, y nada en el mundo de nuestras experiencias sensoriales sugiere la existencia de una parte imperecedera en nosotros, más allá de lo que desaparece con el transcurso de los sucesos naturales.

Fuere como fuere, la imagen de la Resurrección del Cristo persiste. ¿Puede la Humanidad moderna apreciarla como una verdad, más allá de los meros registros tradicionales?. Salvarnos del devenir incesante de la naturaleza depende de la respuesta a esta pregunta. Habremos de decir que si, que existe una respuesta y que puede ser experimentada por cada ser humano en forma personal.

La Resurrección de Cristo, por El Greco.

La vida del Cristo abarca el tiempo que va desde Navidad hasta Pascua. Nació durante la Noche Buena; muere en la cruz un Viernes Santo y resurge desde la tumba durante la Pascua. Entre estos dos sucesos fundamentales se extiende un tiempo de 33 años, treinta hasta el Bautismo en el Jordán y tres años de ministerio efectivo. El Amor divino nace la noche de Navidad; durante los sucesos pascuales –33 años más tarde– este impulso resucitó y halló una morada en la gente, por el bien de su realización.

Desde aquella época, este ritmo de 33 años, el ritmo establecido por el nacimiento de un impulso hasta su resurrección y realización, se encuentra arraigado profundamente en la historia y en las actividades de la humanidad. Esto ya no puede negarse, y reconocerlo puede abrir las puertas que permiten el acceso al gran mensaje de la Pascua dentro de cada ser humano individual, si éste predispone su voluntad a tal efecto (Rudolf Steiner, el gran maestro de la nueva revelación espiritual, fue el primero en enfatizar el hecho que subyace al ritmo de 33 años, en referencia a los sucesos históricos).

En 1113, el gran San Bernardo de Claivaux ingresa como monje en el monasterio de Citeaux. Siguió la estricta disciplina de la vida monástica con gran energía y un fervor religioso indesviable. Llevó a cabo las prácticas hasta el agotamiento físico total. La vida monástica medieval ya no es aplicable al hombre contemporáneo. Pero para los monjes de entonces significaba un desarrollo de fuerzas volitivas inusuales, muy superiores a las de la gente común y corriente. Para San Bernardo, el año 1113 fue la época en donde nacieron fuerzas volitivas tremendas, en relación a la vida religiosa. Significó realmente una época navideña para él. Treinta y tres años después, este impulso volitivo que había nacido en 1113 resucita, y se manifiesta poderosamente a sí mismo como impulso mundial histórico. Ya que en 1146, San Bernardo proclamó a la 2ª Cruzada por toda Europa y gracias a una elocuencia brillante, encendió el entusiasmo de miles de personas por esta idea.

El fracaso de la 2ª Cruzada merece otro estudio. Pero el ejemplo de San Bernardo expone cómo un impulso anímico tan fuerte puede permanecer en letargo dentro de una persona, hasta que llega el día en que surge poderosamente, superando todo obstáculo en su camino. Este impulso, nacido en lo más profundo de la intimidad de San Bernardo, requirió de treinta y tres años para poder resucitar dentro de la humanidad. Este tiempo corresponde al período de vida del Cristo que va desde Navidad hasta Pascua, y abre las puertas a la experiencia del poder de la Resurrección, de su inmortalidad, que fue otorgado al mundo por el Cristo Jesús.

Pero esta manifestación del desarrollo de un impulso anímico, desde su nacimiento hasta la resurrección no está confinada solamente a la vida humana terrestre. Su poder creativo se revela incluso más acentuadamente al dejar atrás las ataduras que sujetan a la vida al cuerpo mortal.

El príncipe Enrique de Portugal, usualmente llamado ‘el navegante’, aplicó todas sus capacidades casi exclusivamente en el esfuerzo de hallar un pasaje marítimo hacia la India y el Asia oriental. Realizó numerosos intentos con grandes sacrificios, que lo llevaron lejos por la costa oeste de África. Ahora bien, al fallecer el 13 de Noviembre de 1460, el objetivo final –el rodeo por la costa sur africana– todavía no había sido logrado. Podría decirse que al acaecer su muerte, su impulso (que hasta entonces había sido una cuestión personal) se torna en el interés de toda la humanidad civilizada. Nace, por así decirlo, dentro de la humanidad. Y 33 años tras la muerte de Enrique, en Marzo de 1943, Colón retorna desde el Oeste y le cuenta al mundo atónito que había hallado el pasaje hasta la India. No sabía que había descubierto un continente hasta ahora desconocido. Su idea se basaba en que si la Tierra fuese redonda, entonces cabría la posibilidad de establecer un pasaje hasta la India, tanto por el Este como el Oeste. El eligió el camino por el Oeste y descubrió América.

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Enrique el Navegante

 

En este caso, un impulso o una idea se apoderaron de un hombre. El no fue capaz de realizarlo por él mismo, y al morir lo dejó tras sí como una especie de testamento espiritual para la humanidad. Ya que 33 años después quedó celebrada su resurrección y su realización. No obstante, el resultado fue diferente al modo en que existía en las mentes humanas. En lugar de ser un pasaje hasta la India, resultó ser el descubrimiento de un nuevo continente. De este modo, impulsos e ideas revelan poseer propósitos diferentes a los deseos comunes de los humanos. Este hecho revela justamente la existencia real  e independiente, como lo son los objetos en el mundo material. Pero incluso los seres humanos individuales pueden ganar una existencia superior e inmortal, de volverse capaces de penetrar hasta su naturaleza esencial.

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El nacimiento de tales impulsos dentro del alma humana puede significar a veces una experiencia dolorosa, teniendo lugar en medio de la desesperación interior y la depresión.

El famoso pintor y escultor italiano Michelangelo (1475-1564) atravesó por una crisis de vida muy dificultosa. Fue un punto de inflexión para él (en 1505), y luego se vio inclinado a cultivar una actitud depresiva y de pesadez. También aquí podemos reconocer el ingreso de un impulso espiritual en el alma de Michelangelo. Puesto que 33 años más tarde, éste se revela y manifiesta majestuosamente a través de su pintura ‘El Juicio Final’ (1535 en adelante) en la Capilla Sixtina. Lo que se había mostrado como pesadez y depresión al nacer, alcanza su resurrección a través de la pintura como una Imaginación gigantesca del juicio del Cristo por sobre las almas.

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Ninguno de los impulsos espirituales que ingresan en el mundo a través de las almas humanas se pierde, aunque puede que se los rechace por un tiempo. Las personas que por destino están provistas de lo necesario para concebir tales ideas, posiblemente no se identifiquen siempre con estas ideas ni pretendan luchar por su realización; pero las ideas son seres inmortales, y reaparecerán desde otras almas buscando allí su resurrección.

Pero ¿qué sucede con aquellos impulsos que parecen ser destructivos en la historia humana?. Su existencia y su desarrollo concretan finalmente la manifestación y la realización del Bien. Estos también están involucrados dentro del mismo ritmo de 33 años.

La crucifixión del Cristo tuvo lugar, según las fuentes fidedignas, en el año 33 DC. Los Hechos apostólicos nos narran acerca de la persecución que sufrió la primera pequeña comunidad cristiana bajo los judíos. En esto consistió la gran tragedia del pueblo judío: negaron que el Cristo fuese el Mesías, por quien esperaban desde el inicio de su existencia como nación. En su lugar, nace un impulso de odio que también se desarrolló dentro de un período de 33 años. En la Primavera del año 66 DC comienza la denominada Guerra Judía, la cual duró siete años; y en medio se lleva a cabo la destrucción de Jerusalén y su templo.

En este caso, el impulso nacido el año 33 DC pareciera haber resucitado sólo en destrucción. Pero si se contempla más detenidamente, se puede reconocer una gran enseñanza. Ya que muchas de aquellas almas que estaban presas de la idea de un imperio judío mundial, en contradicción al impulso del Amor divino del Cristo, los hechos y los sucesos así como sus propias muertes les aleccionaron sobre lo equívoco de sus tendencias nacionalistas.

 Por lo tanto, la Resurrección no es un suceso que sucedió solamente una vez y que quedó inscrito en los Evangelios. Se la puede experimentar una y otra vez puramente por medio del desarrollo de los impulsos espirituales que ingresan en el alma humana. Por detrás de los múltiples impulsos unitarios, puede asumirse que aquí subyace un gran principio directivo. Puede denominársele como el principio de la evolución humana, en cuyo seno moran todos los impulsos e ideas. El principio de la evolución humana puede exaltarse muy por encima del impulso de una persona en singular. Pese a todo, sigue siendo el juez certero por sobre cada impulso espiritual unitario dentro de la humanidad, se trate de la idea de una cruzada, sea el espíritu todo abarcante de un descubrimiento o de la realización artística.

En realidad, esta entidad inmortal deviene en cada ser humano que esté predispuesto a llevar a cabo alguna tarea cultural, e incentiva su desarrollo de un modo u otro. Algún feligrés que otro puede extraviarse de la guía conductora del propósito humano original por un tiempo. Y a través del ritmo de 33 años, el poder de la Resurrección le llamará de regreso tarde o temprano. Y lo que a veces semeja ser una catástrofe en lugar de una resurrección, puede que sea una enseñanza necesaria para la evolución posterior. Consiguientemente, no puede resultar tan extraña la idea de que, habiendo atravesado por desarrollos de esta índole, el espíritu humano retorne a la Tierra con el propósito de purificarse a sí mismo y avanzar así en armonía con el Principio Guía Humano. Una persona puede haber dado a luz a cierto impulso, el cual quizás logró resucitar durante el transcurso de su vida o solamente tras haber fallecido. Quizás no pudo serle útil al propósito evolutivo de la humanidad. ¿No es posible entonces que una persona tal retorne en otro cuerpo, en pos de recibir nuevamente el impulso que le es idóneo para así seguir desarrollándolo, ahora bajo un mundo de condiciones diferentes?. ¿Y acaso los hombres no comparten todos el mismo destino: no poder realizar completamente aquello que se ve representado por sus más altos ideales?.

Pero podemos destacar un hecho: cuanto más alta es la cualidad moral del impulso que guía al ser humano, podría decirse que tanto más se lo malinterpreta y hasta llega a ser perseguido por sus contemporáneos. Aquí emerge la otra faceta de la Pascua: la resurrección no es posible sin un Viernes Santo. El mundo mortal detesta al mundo de las ideas cuando éstas se manifiestan a través del ser superior de las personas, porque finalmente supera lo que es mortal. Por ende, el mundo mortal se resiste frente al surgir de lo que le es adversario desde el ser interior de alguien. Y solamente si lo mortal cede lugar y renuncia a su deseo de permanencia, puede lo eterno en uno brillar sin oposición.

Nuestros más altos impulsos constituyen nuestro Yo Superior. No se concibe que las ideas y los impulsos de la evolución humana lleven una especie de vida impersonal y que de vez en cuando se instalen en el ser humano, por decirlo de algún modo.

Ninguna persona en la Tierra que no se refiriera a sí misma como un ‘Yo’ en el más elevado de los sentidos, será jamás capaz de evolucionar ni de realizar impulsos creativos. El ‘Yo’ de la persona y el Ser de la idea deben conformar una unidad, de otra manera no hay resurrección posible. La idea sólo es creativa cuando se convierte en la más alta realización del ‘Yo’. No es posible imaginar a las ideas que actúan en el mundo separadas de la persona egóica, más de lo que estas ideas puedan llegar a manifestarse  a través de un animal.

¿Cómo se verifica el principio conductor dentro de la evolución de la humanidad?. Si la idea en cuestión y el ‘Yo’ son indivisibles, ¿no habrá de ser un ‘Yo’ mucho más grande y universal a quien se le remita este cosmos de ideas creativas unificadas, cuyos impulsos individuales le son como los rayos al Sol?.

Yendo más lejos, si aquellos impulsos multifacéticos fueron incorporados dentro de la envoltura mortal de una persona egóica, ¿no hubiera sido posible para este gran ‘Yo’ universal del cosmos de las ideas creativas el incorporarse dentro del cuerpo mortal de un hombre?

Respondiendo con honestidad a todas estas preguntas, no debería ser demasiado difícil llegar a percibir al Cristo Jesús de los Evangelios en este Ser único. Puesto que Él muestra de sí –partiendo de todo el registro de los detalles– al arquetipo de todo lo que ha sido descrito como el poder de resurrección que conlleva el ser superior del hombre (ha de confesarse que los detalles conforman solamente una fracción y que han sufrido distorsiones varias).

Su vida quedó representada por el lapso de los 33 años, los cuales son el fundamento del ritmo Nacimiento/Resurrección dentro de los impulsos históricos. Si este cosmos de las ideas creativas, a modo de seres divinos, estaba realmente representado por Su presencia, el mundo mortal no pudo más que haber desarrollado el mayor odio y deseo de persecución concebibles. Y finalmente, sólo la muerte –la superación total de lo mortal– pudo haber abierto el portal, a través del cual la plenitud de semejante luz espiritual, logró resucitar gradualmente dentro de la humanidad.

El razonamiento mental puede decir que las palabras y los hechos de Aquel sobre el cual narran los Evangelios, no justifican el ver en El semejante grandeza universal como para considerarle el portador  del cosmos espiritual de las ideas. Sus palabras y hechos corresponden al de un simple hombre. Un juicio tal revelaría solamente que aún no se han comprendido –largo es el trecho que dista– las profundidades inconmensurables de los Evangelios. Sólo las eras futuras de la evolución humana se verán capacitadas para iluminar aquello que se halla oculto en estos documentos aparentemente poco pretensiosos, y favorecer así a la humanidad en su comprensión.

La celebración de la festividad de Pascuas debería unir ambos factos: la conmemoración del Viernes Santo original y las escenas pascuales, tal como fueran descritas en los Evangelios; y la creación de una consciencia sobre la realidad espiritual dentro de cada ser humano por medio de la cual las personas se hallan ligadas al Uno, que fue quien manifestó el poder de la Resurrección. La Pascua no será entonces una conmemoración y una tradición desvanecida, sino un momento en el cual se experimente al Espíritu Universal de la evolución humana que irradia sus rayos curativos de luz solar espiritual. De este modo, la Pascua ha de convertirse en una festividad que contemple el propósito de la existencia humana. Una contemplación tal nos conduce a considerar los ejemplos otorgados por aquellos miembros del género humano que se esforzaron por realizar los más altos impulsos evolutivos de la humanidad, pese a dificultades, oposiciones e incluso persecución. Finalmente, esto puede conducir a la vivencia de Aquel en quien se hallan presentes los arquetipos purificados de todos los ideales e impulsos evolutivos humanos, quien es la Resurrección y la Vida.

Tal experiencia nos demanda grandeza cósmica. Por supuesto que sólo podemos evolucionar gradualmente hasta semejante altura. Por lo tanto, la festividad de Pascua no puede estar determinada solo por factores terrestres sino que debe acordarse según las condiciones cósmicas, y las personas pueden volverse cada vez más conscientes sobre esta necesidad. Los primeros cristianos, que todavía conservaban la memoria personal de los verdaderos sucesos pascuales, sabían de la exigencia por esta grandeza cósmica. Ellos acordaron que se festejase el Domingo que sigue a la primera Luna llena de Primavera. Tenían dos razones para que así fuera, y de este modo se estableció la verdadera conmemoración de las primeras Pascuas, ya que los Evangelios relatan que la crucifixión del Cristo tuvo lugar un Viernes previo a la Pascua judía. Esta Pascua estaba fijada por la primera Luna llena pasado el 21 de Marzo, el equinoccio de Primavera. Consecuentemente, la mañana de Pascua, de la Resurrección ocurrió un Domingo luego de esta Luna llena de Primavera. Y al celebrarla acorde a esta tradición a lo largo de los siglos que siguieron, no se trató solamente de una verdadera conmemoración sino que también se elevó la festividad hasta las alturas y la grandeza del cosmos.

Solo si se pretende generar conscientemente un trasfondo cósmico tal en lo que concierne al festejo pascual, seremos capaces de celebrarlo como un evento que nos puede brindar fortaleza y dignidad interiores.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

El horóscopo del deceso y la vida tras la muerte

Artículo de Willi Sucher, Julio de 1938

English version

 

 

En nuestros estudios precedentes hemos considerado al horóscopo del deceso como una especie de epítome de la vida terrena, el cual llega a su final al momento del fallecimiento. Es una imagen de lo que se ha obtenido como fruto de la vida y que ahora acompaña al individuo hasta el gran universo con el fin de seguir elaborándolo. Es como si la humanidad se viese a cargo de pintar una enorme cúpula. Queda así revelada la relación activa de los seres humanos con los seres estelares, por medio de los horóscopos del deceso de personajes e individuos históricos a través de extensos períodos de tiempo.

También será necesario que veamos este hecho a la luz de lo que experimenta el alma tras la muerte. Como ya fuera indicado, el horóscopo del fallecimiento apunta en dos direcciones, no sólo hacia la vida terrena que ha quedado atrás sino que también hacia el futuro, es decir, principalmente hacia la existencia post-mortem del alma en los mundos espirituales.

En relación al horóscopo natal, fue explicado cómo el alma humana desciende hasta su vida terrena a través de diferentes estadios, reconocidos por la Ciencia Espiritual. Generalizando, la individualidad humana atraviesa por tres estadios de desarrollo cuando prepara el camino hacia una nueva encarnación. Los hemos descrito como el pasaje por las esferas de Saturno, del Sol y de la Luna. Hemos mostrado como los pasajes por las esferas solar y lunar se ven reflejadas en el horóscopo o la constelación del pensamiento cósmico (la constelación por la cual a cada quién le corresponde una filosofía  o cosmovisión en particular) y en la constelación prenatal que se inicia hacia el momento de la concepción y que concluye con el nacimiento. De la misma manera, debería ser posible realizar un seguimiento del alma de un ser humano por su camino a través de los mundos espirituales tras el deceso.

Los hechos cósmicos conectados con la Luna han sido los que se convirtieron en nuestra línea guía, en pos de hallar las relaciones prenatales de alguien con el cosmos. Es de este modo como el horóscopo prenatal se vio determinado por la relación de la Luna con el Ascendente natal. La constelación del pensamiento cósmico, por la posición de la Luna natal en relación al nodo lunar. Efectivamente, a partir del momento en que ocurre el nacimiento, ciertas direcciones en el cosmos pueden ponerse en funcionamiento. En estas direcciones hemos visto una imagen del camino de ingreso del alma en la Tierra y de su paso a través de las esferas prenatales. La posición de la Luna natal es especialmente importante; la hemos descrito como indicadora de la dirección por la cual el alma ingresa a la esfera lunar desde la solar.

De este modo, deberíamos ser capaces de hallar una ‘dirección’ en el horóscopo del deceso, una realidad astronómica, una imagen del camino por el cual este alma humana se adentra en el cosmos. Ya hemos mencionado a la dirección hacia el Este luego de producirse la muerte, el modo en que el alma se dirige hacia el Este eterno. Como fuere, esta dirección sólo nos conduce desde la Tierra hacia la esfera lunar. Para alcanzar las esferas del Sol y de Saturno, el alma ha de recibir ahora otra ‘dirección cósmica’, tal como sucedió mientras tomaba el camino descendente antes de nacer. Pero aquí tenemos una diferencia importante: si bien ha sido la Luna quien impartió la dirección del ingreso del alma a través del nacimiento, al producirse el fallecimiento será el Sol quien determine la dirección de la partida hacia las esferas superiores. Esto arrojará luz por sobre muchas otras cosas.

Dondequiera que se halle el Sol al momento de fallecer un ser humano, ésa es la dirección cósmica, la dirección que indica el lugar de partida hacia las altas esferas del Sol y de Saturno. Si somos capaces de leer la escritura cósmica resultante, ganaremos algún tipo de idea acerca de la actitud con la cual inicia su partida el alma que desencarna.

Rafael por ejemplo, a quien ya mencionamos, falleció el 6 de Abril de 1520. En ese momento el Sol ingresaba en Aries. En consecuencia, ésta fue la dirección por la cual Rafael ingresó en los mundos espirituales. Aquí tenemos a una imagen que tiende a expresar cuál de todas las esferas espirituales cósmicas buscará su hogar luego de fallecer. Ahora bien, mismo el símbolo que representa a Aries (♈) indica un abrirse, un soplo ascendente de alabanza y alegría, una expansión. Ciertamente, Aries siempre está relacionado con el recibir algo, nuestra apertura frente a las fuerzas espirituales. Mismo desde este solo hecho, el Sol en Aries al morir Rafael, podemos desarrollar un sentir acerca de lo que sería el entorno espiritual de esta individualidad durante la vida post-mortem, más aún si tenemos en cuenta el modo en que vivió su vida terrena, ofreciendo todo su arte a las ideas creativas y los impulsos  de los mundos espirituales.

Lo mismo podemos encontrar también en el caso de otros seres humanos, sobre quienes podemos intentar sentir  cómo se desarrollan en la esfera de las ideas creativas luego de fallecer, plenos de vida real y situándose en el Espíritu.

Por ejemplo, el Sol se ubicaba en Aries cuando fallece Byron, el 19 de Abril de 1824. También fue el caso de Schiller, el 9 de Mayo de 1805. El Sol ingresaba a Tauro desde Aries, con lo cual la imagen cósmica se transforma un tanto. El mundo de Schiller es un mundo ideal, más fuerte y firme, más marcadamente delineado comparado con el de Byron, que poseía un toque más liviano y bellamente móvil.

Por lo tanto, mucho más puede descubrirse acerca de la vida post-mortem. De ahondar un poco más, podemos tomar consciencia acerca de cómo se revela aquí la actitud y el tono anímico fundamental o –digamos– el carácter básico del cuerpo astral de una individualidad tal, manifestada en el juicio cósmico. Ciertamente, esto no difiere de lo que contemplamos como pensamiento cósmico, sólo que en dirección opuesta. Vemos el juzgar del cosmos sobre la vida y la esencia que, ahora, el ser humano lleva consigo hacia el cosmos como los primeros  frutos  de su alma.

Si –por ejemplo– al momento en que muere Tolstoi, el 20 de Noviembre de 1910 (calendario gregoriano) el Sol ingresa en la constelación de Escorpio, debemos reconocer aquí a la imagen de la configuración interior del alma de Tolstoi, vista desde el juzgar del cosmos, la esfera cósmica en particular que delinea  a este alma en sí misma. Si luego contemplamos el aspecto a menudo dual y escindido del ser de Tolstoi, ya volcándose vigorosamente hacia el mundo de los sentidos, ya retrayéndose hacia la soledad del alma pero siempre inagotable y dinámico en su empeño, reconoceremos la afinidad interior de esta alma humana con Escorpio dentro de la existencia post-mortem.

Este aspecto, la ubicación del Sol en el Zodíaco cuando ocurre el deceso, es tan sólo uno entre los muchos que han de ser considerados como importantes. Ya hemos hablado acerca de cómo las experiencias propias conforman un gran cuadro de la vida terrena concluida, durante los primeros días tras haber fallecido, pudiendo contemplar los puntos esenciales de ese destino terrestre a modo de poderosa imagen. Este es el primer estadio del trayecto post-mortem; sólo dura unos pocos días, concretamente, hasta que el cuerpo etérico es disuelto en el cosmos.

El alma humana ha dejado entonces atrás a los cuerpos físico y etérico. El único velo que la individualidad espiritual interior conserva aún consigo es el astral –el cuerpo del alma. Ahora bien, en este cuerpo astral aún se hallan vivos todos los deseos, pasiones e inclinaciones de todo tipo y grado, los cuales han sido gestados por el alma durante su estadía en la vida terrena. Antes de poder elevarse hacia esferas más altas del mundo espiritual, esta aura anímica debe ser limpiada y purificada. Se debe atravesar un lapso de tiempo de purificación y purgamiento, algo que nos es relatado por todas las religiones basadas en una contemplación espiritual. Fue Dante quien otorgó forma poética a esto en su Divina Comedia.

Durante este lapso de tiempo, el así llamado fuego de la purificación, el alma humana atraviesa una vez más por todas la experiencias de la vida terrestre pasada, pero en forma inversa. Vivenciamos todo el bien que causamos en otros desde su verdadero aspecto moral. Percibimos el efecto real de nuestros actos en las almas de los demás seres. De la misma manera experimentamos los efectos de nuestro mal obrar, en las almas de quienes hemos perjudicado. Inclusive, la inversión llega más lejos, puesto que siendo en orden inverso la forma por la cual el alma experimenta todos los sucesos de su vida pasada bajo la luz de su aspecto moral, la visión se extiende desde los últimos acontecimientos previos a la muerte hasta el momento en que se produce el nacimiento. Además, como lo demuestra la Ciencia Espiritual, este lapso de purificación dura alrededor de un tercio de lo que duró la vida terrestre pasada. Por lo tanto, si un ser humano vivió hasta la edad de 60 años, el trayecto a través de esta esfera cósmica abarcará unos 20 años. Entonces, el alma se verá lo suficientemente purificada como para continuar su trayecto hacia regiones más elevadas del mundo espiritual.

Este lapso de tiempo en el que el alma se halla en la esfera de purificación,  se verá indicado de manera bastante real en el horóscopo del deceso. Como ejemplo tomaremos el horóscopo de la muerte de Beethoven, quien fallece en Viena el 26 de Marzo de 1827, pasadas las cinco de la tarde. El círculo interior de la figura 1 muestra las constelaciones para ese momento. Particularmente sorprendente es la posición de Saturno sobre el Meridiano. Como si la pesada mano de Saturno sobrecargase la escena. En efecto, la vida de Beethoven no fue muy feliz; se sintió profundamente solo y portaba una pesada carga del destino sobre sus hombros. Sus sufrimientos, sobre todo su soledad, provenía de su problema auditivo, el cual le condujo a una sordera total. Fue precisamente esta pérdida de audición la que estaba bajo la influencia de Saturno. Los primeros signos de enfermedad auditiva, que pese a todo esfuerzo no pudo detenérsele, aparecen en el año 1798. En aquel año, Saturno se ubicaba aproximadamente sobre el mismo sitio que en el de la constelación del deceso. Por lo tanto, debemos confrontarnos con un tránsito previo de Saturno a como fuera explicado en los artículos anteriores, y todo esto se aprecia en medida impresionante por la posición de Saturno sobre el Meridiano al morir.

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La sordera fue ciertamente un durísimo golpe del destino para Beethoven, puesto que le disminuyó considerablemente en el ejercicio de su profesión como músico, pero él luchó con gran fortaleza con el fin de atravesar tales dificultades. Bajo la tenacidad de la fuerza de su destino, logró elevarse a mayores alturas como compositor, uno cuyas obras se vieron consecuentemente destinadas a ejercer la más profunda influencia sobre la humanidad –mismo hasta el día de hoy. Esto aplica sobre todo para la Novena Sinfonía, la cual él describió como la obra más madura de su espíritu. La Novena Sinfonía fue compuesta durante la época en que Saturno se hallaba en Aries, es decir, en el mismo lugar en donde se ubicó Marte al fallecer. Consecuentemente, esto está relacionado con Marte en Aries.

Todo esto ha sido dicho para vitalizar el horóscopo y volverle más real. De todos modos, lo que nos concierne en este contexto es la posición del Sol, que al momento en que fallece Beethoven se ubicaba a 6° del signo de Aries o constelación de Piscis. Como se explicó más arriba, ésta sería la dirección cósmica por donde partió el alma de Beethoven, pero esto no es todo aún. Debemos tomar también en consideración la relación con la dirección cósmica  del nodo lunar, que al morir Beethoven se hallaba a 16° del signo de Escorpio. Esto corresponde al nodo ascendente; el nodo descendente –opuesto- se ubicaba en el signo de Tauro. Sabemos que los nodos lunares se mueven inversamente a través del Zodíaco. Dos años después de la muerte de Beethoven, el nodo descendente –en su movimiento inverso- arribó a los 6° del signo de Aries, es decir al sitio en los cielos en donde se ubicó el Sol del deceso. Pero debemos seguir al nodo durante toda su revolución completa (18 años y 7 meses). Esto nos lleva a Diciembre de 1847. Ese día, el nodo descendente se ubicó nuevamente sobre el sitio donde estuvo el Sol al ocurrir la muerte.

Hemos hallado ahora lo que buscábamos. En primer lugar, han pasado 20 años desde la muerte de Beethoven en 1827. Llegó a vivir hasta los 57 años, ya que había nacido en 1770. Recordemos que tras ocurrido el deceso, el alma atraviesa la esfera de la purificación, un recorrido que dura un tercio de la duración total de la vida terrena, con lo cual contamos con que esto haya tomado unos 19-20 años de la vida post-mortem de Beethoven. Por tanto, en los sucesos cósmicos reales hallamos ciertamente algo que responde al carácter interior de la experiencia de este alma humana, ya que 20 años luego de su fallecimiento, aproximadamente hacia finales del tiempo de la purificación, el nodo lunar retorna al sitio en donde se ubicó el Sol del deceso.

Surge la pregunta: ¿qué es lo que justifica que relacionemos  a la experiencia anímica post-mortem  –el pasar a través de la ‘esfera de purificación’– con estos sucesos cósmicos particulares?. Para brindar respuesta a tal pregunta, apelaremos nuevamente al significado de los nodos lunares que fue descrito en un artículo anterior (Fig.2).

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Los nodos son los puntos de intersección entre las órbitas solar y lunar. Estos son los puntos en donde entran en contacto las esferas lunar y solar –donde se estrechan las manos, digamos. Puesto que consideramos al trayecto u órbita del Sol y de la Luna como las demarcaciones externas de las esferas respectivas –los ecuadores varios, por decirlo así, de estas esferas celestes. La esfera lunar rota por dentro de la solar, con los cual los puntos de intersección van rotando, creándose un ritmo de 18 años y 7 meses hasta dar la vuelta completa. De este modo se deduce cómo se produce el retorno del nodo lunar a este punto esencial una y otra vez, el cual indica la dirección cósmica del punto de partida que tomó el alma al dejar la Tierra. Como hemos dicho, esto ocurrió para Beethoven en el año 1847, ya que entonces había retornado el nodo a los 6° de Aries, donde se ubicó el Sol del deceso.

Ahora nos será también posible expresar este hecho cósmico de manera más concreta. Ya que el alma pasa el tiempo de la purificación dentro de la esfera lunar. Es allí donde la naturaleza inferior ha de ser purificada y dejada de lado. Hasta que este estadio post-mortem no haya concluido (una vez más, como fuera establecido por la Ciencia Espiritual, conlleva un tercio de la vida terrena pasada), el alma no puede ingresar a la esfera superior, aquella del Sol. Este es el momento en que, por medio del nodo lunar, las esferas solar y lunar están en contacto precisamente en la dirección individual de la partida del alma.

Podría demostrarse la misma conexión dentro de muchos otros ejemplos. A menos que se hubiese producido alguna idiosincrasia orgánica, deberíamos ser siempre capaces de rastrear este tercio aproximado de la duración de la vida terrena en conexión al horóscopo del deceso, indicando la conexión espiritual que ha sido descrita.

La constelación de los planetas sobre el momento que hemos señalado, resulta pues significativa: el momento en que se deja la esfera lunar para ingresar en la solar. En el caso de Beethoven, Marte se ubica nuevamente sobre el mismo sitio en el año 1847 que al momento del fallecimiento, en la constelación de Aries. Podría decirse que Marte ha sido portado a un nivel superior, aportando significado al pasaje del alma desde la esfera lunar a la solar. Podemos sacar en conclusión de que éste es un punto de particular relevancia que el cosmos desea enfatizar especialmente. Como dicho anteriormente, este Marte en Aries corresponde  a la época en la vida de Beethoven durante el cual fue creada su gran obra maestra, la Novena Sinfonía. Ahora que el alma ha sido admitida en las esferas superiores, se ve iluminada una vez más por el juicio cósmico, es el horizonte espiritual, el trasfondo cósmico y creativo de su gran obra de arte loque se enciende aquí en la esfera de Aries – el Idealismo (como fuera explicado en un artículo previo). Como si en el Pensar del cosmos emergiese ahora el arquetipo espiritual. Incentivado desde la voluntad interior, es el mundo de las ideas y de los ideales lo que se ocultaba detrás de esta realidad, la mayor de las obras del genial compositor. La Novena Sinfonía recibe su significado cósmico sólo tras la muerte, madurando dentro del alma de Beethoven hasta alcanzar una estatura gigantesca. Durante su vida terrena, Beethoven vivenció un ideal -más bien todo un mundo de ideales humanos- y lo manifestó por medio de la enérgica realidad de su música. Ahora, a modo del más puro y esencial elemento de su ser, le es permitido brindarlo a los Dioses en los cielos. Puesto que al ingresar en la esfera del Sol, él retorna al seno de los Dioses; y con los frutos de su labor terrenal puede incluso enriquecer a la esfera cósmica y arquetípica de donde provino, la esfera del Idealismo en el pensar cósmico y divino.

Aquí tenemos al menos una pista, una indicación sobre las experiencias del alma humana durante la vida post-mortem.

Expresar estas cosas con palabras no es fácil en absoluto; ellas requieren más bien que se las vivencie en el silencio interior.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz

Horóscopos natales y de muerte

Artículo de Willi Sucher, Junio de 1938

English version

Al recordar cómo la gente del Medioevo contemplaba los cielos estelares, se genera la impresión de que los astros en aquella época aún hablaban en un lenguaje comprensible para los humanos. Sin embargo, el lenguaje de los astros se redujo lentamente hasta el silencio; mismo durante la Edad Media sucedía parcialmente así. La sublime sabiduría de los astros fue muriendo cada vez más en la mera tradición, la trasmisión de lo antiguo y hasta cierto punto, la añadidura de reglas nuevas. Hoy hemos alcanzado el punto de mayor silencio.

Por el otro lado, hemos podido ver cómo a través de las constelaciones del fallecimiento se ha podido explorar una nueva relación con  las estrellas. El ser humano porta consigo substancia espiritual fresca hacia el cosmos; en cierto sentido, el mundo estelar se rejuvenece. Multifacéticos, ricamente coloreados, completamente impregnados de la realidad terrestre, los destinos humanos se ven ahora inscritos en los cielos. Comenzamos entonces a hablarle a las estrellas –al menos eso intentamos– así como una vez lo hiciesen con nosotros. Este es el gran punto de inversión mundial a través del cual está pasando la humanidad, afectando a todos los aspectos de la vida humana. Debemos aprender a confrontarlo con claridad de consciencia.

El gran Hombre-Espíritu cósmico que se revela –en el espejo de las constelaciones del fallecimiento– cuando consideramos un período histórico completo, de la manera en que lo hicimos en el artículo previo, puesto que no queda allí en el cosmos exterior separado de nosotros aquí en la Tierra. Por el contrario, está íntimamente conectado. Además, gracias a los cambios de la humanidad en la Tierra, también se transforma el ser humano macrocósmico.

Esto sucede del siguiente modo: la substancia espiritual que fluye desde cada persona hacia el cosmos a través del horóscopo del fallecimiento, retorna una vez más a la humanidad en la Tierra a modo de cuestionamientos y problemáticas de la vida terrestre. Lo que períodos y generaciones previas portaron consigo hacia el cosmos exterior gracias a los horóscopos del fallecimiento, recobra vida ahora a través de los horóscopos natales en épocas posteriores. De por sí, una era sólo puede resolver las problemáticas de la vida terrena, consideradas como un todo, hasta un punto determinado. Las cosas no pueden finalizarse dentro de una sola vida terrestre. Cambios interminables y transmutaciones son el destino de la Tierra. Esto también se revela en la relación de uno mismo con los cielos. En los horóscopos natales de la humanidad que prosigue, vuelve a cobrar vida aquello que fue elaborado hasta cierto punto en épocas anteriores.

Un ejemplo histórico nos será de utilidad para ilustrar esto. Hallamos en la historia a la poderosa figura de Dante Aliguieri, quien causó gran impresión sobre la gente de la Edad Media con su poema La Divina Comedia. Consideraremos el horóscopo de su muerte (14 de Septiembre de 1321) para apreciar cómo se refleja el paso del destino.

La vida de Dante estuvo plena de drama; cortada al medio por cambios revolucionarios y sucesos. En el espacio oculto del tiempo, su vida puede compararse a una elipse con dos centros. Uno de ellos representa a su juventud, la cual describe en su poesía temprana Vita Nuova. De allí en adelante, así nos es narrado, su vida interior se vio centrada sobre aquel ser misterioso que él llama Beatrice. No fue posible establecer por medio de datos históricos quién fue esta doncella Beatrice, allí en Florencia donde vivía Dante. Algunos han llegado a creer que ella no existió en absoluto como ser terrenal, y si Beatrice sería más bien una figura alegórica que representa a algún tipo de experiencia interior.

Dante describe la abrumadora impresión que ella provocó en su vida interior. Cuando ella se le acercaba, él se veía movido por las más profundas emociones. Sobre todo, su temprana muerte se convirtió en un factor determinante en su desarrollo. Primeramente, le inspiró a narrar sus experiencias con ella en su Vita Nuova. Al final del poema él cuenta cómo el alma de la fallecida Beatrice apareció frente a él con maravillosa claridad y le prometió aparecérsele más seguido en el futuro. Aquí hemos sido llevados hasta el otro centro en la vida de Dante, el orígen y la creación de la Divina Comedia.

Entre ambos polos encontramos a la época en que trabajó para su ciudad natal y alcanzó un alto oficio. Pero las revoluciones políticas en Florencia alteraron el curso de su vida. Se vio obligado a partir, para nunca más volver. Pasó los últimos veinte años de su vida peregrinando sin cesar, de una ciudad o monasterio a la otra. Fue en esta época que la Divina Comedia alcanzó su dramática grandeza.

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Descubrimos la marca de estos dos polos en el horóscopo de la muerte de Dante (Fig.1), en la posición de Júpiter en Capricornio por un lado, y la de Marte en Leo por el otro, muy próximo a realizarse una oposición entre ambos. Los tránsitos previos de Saturno, descritos en el artículo anterior, sitúa a Júpiter en Capricornio como a la época en que se originó su Vita Nuova –el poema dedicado a Beatrice. Mientras que en cuadrante celeste opuesto –enfrentado a Júpiter– se halla inscrita la hora de nacimiento de la Divina Comedia, un Viernes Santo del año 1300. Ese día, Dante atravesó por una profunda experiencia interior. El nos narra sobre esto en el pasaje de apertura de la Divina Comedia, seguido inmediatamente por la asombrosa descripción de su viaje por el infierno, en donde presencia el dolor y la tortura de las almas condenadas al castigo eterno. Para empezar, Virgilio será su guía a través del reino de las sombras. Más tarde, tras haber hecho el largo peregrinaje a través de las esferas de la existencia post-mortem, le es permitido elevarse al cielo y es Beatriz quien aquí le sirve de guía. Vemos entonces cómo los núcleos de la vida de Dante citados anteriormente se pertenecen entre sí, y cómo ésto se refleja armoniosamente en las constelaciones al morir. Gracias a su amor por Beatriz, preservado en juvenil pureza, Dante es guiado desde las regiones del purgatorio y de la condena hacia la esfera de beatitud eterna.

Esta enorme y abarcante experiencia de Dante fue portada hacia el cosmos por Júpiter en Capricornio, pero no permaneció solamente allí. Fluyó nuevamente en la esfera terrestre con el fin de ser transmutada, y es maravilloso poder ver cómo emerge nuevamente en los horóscopos natales de aquellos nacidos más tarde, por ejemplo, en el de Michelangelo (6 de Marzo de 1475 – Fig. 2)

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En primer lugar, en el horóscopo natal de Michelangelo, Júpiter se ubica sobre el mismo lugar que al morir Dante, en la constelación de Capricornio. Este hecho pareciera ya sugerir una especie de reminiscencia cósmica, algo similar a un lazo oculto entre el poeta y el artista. Pero no solamente esto; se revelan conexiones más profundas cuando tomamos en consideración al horóscopo prenatal.

Marte, por ejemplo, se halla en Leo al comenzar la constelación prenatal y se ubica en el mismo sitio cósmico que al morir Dante. Luego transita hasta Capricornio, el lugar que ocupa Júpiter, en donde ambos planetas conjuncionan durante el noveno ciclo lunar prenatal. Además éste será más tarde el sitio del Ascendente natal. Ahora bien, como fuera indicado en artículos anteriores, los ciclos lunares prenatales han de ser referidos a los ritmos de las edades tempranas y al destino, y en este sentido hallamos a la conjunción prenatal entre Marte y Júpiter relacionada con el período de los años 1534-35 en la vida de Michelangelo. Esta es precisamente la época que arroja la mayor de las luces sobre la peculiar conexión entre Michelangelo y Dante. Ya que fue en estos años comenzó su labor sobre el gran fresco de la Capilla Sixtina, conocido como el Juicio Final. Si podemos recordar la imagen del drama arrobador de las almas ascendiendo al cielo, en contraste con aquellas que se precipitan a la condena, nos damos cuenta de que ha nacido completamente desde el mundo pensante de la Divina Comedia. Hermann Grimm, en su tan conocida Vida de Michelangelo, relata a pleno sobre esta conexión. Al contemplar el Juicio Final, le parece ver a Dante junto a Michelangelo mientras éste trabajaba, ‘insuflándole’ su espíritu. Para cualquiera que esté familiarizado con Dante, la obra de Michelangelo no puede presentarse de otro modo que no fuere como segunda inspiración de un mismo genio inspirador. La fluida corriente poética dentro de la cual vivía la fantasía del poeta, fue manifestada a modo de formas eternas por el pintor.

Vemos entonces cómo un cierto mundo de pensamientos, el empeño de toda una época por la esencia del ser espiritual de la humanidad, es portada a través de todo tipo de tempestades y obstáculos por un destino humano individual, fluye a través del horóscopo de su muerte hacia el cosmos. A continuación, nace nuevamente dentro de la vida terrena de una persona que pertenece a otra época y sufre una transmutación. Podemos sentir cómo una substancia espiritual tal, rebosante de vida espiritual de seres humanos individuales, crece aún más gracias a la transformación y, sin lugar a dudas, sobrepasando lejos a la limitación imaginativa de una época histórica particular, emergerá como la manifestación verdadera del mundo espiritual.

Sería muy valioso que veamos ahora cómo este impulso que habita en hombres tal como Dante y Michelangelo, el impulso de retomar la posta de la existencia post-mortem en toda su realidad, vive dentro de la humanidad.

En el caso de ambos, Júpiter en Capricornio fue la constelación importante y podemos rastrear su pista. En épocas más recientes vivió un hombre que en su vida y destino personal, experimentó la conexión entre vivos y muertos de un modo bastante nuevo. Nos referimos al poeta Novalis -seudónimo de Georg Friedrich von Hardenberg, nacido el 2 de Mayo de 1772. Una vez más, es el horóscopo prenatal quien más nos relata (Fig. 3). Durante el período prenatal, Júpiter atravesó Capricornio, mientras Marte inició su tránsito desde Leo. En líneas generales, se nos pide recordar nuevamente el horóscopo de la muerte de Dante. Ciertamente, existe una similitud impresionante entre los destinos de ambos hombres. Pareciera como si la tarea que Dante cargaba en su vida, con enorme grandeza pese a las limitaciones de la Edad Media, se convirtió en el motivo que subyacía a la vida terrena de Novalis, de un modo infinitamente más profundo y agraciado.

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Como mismo lo describe Dante, el amor celestial de Beatrice le instó a penetrar en las esferas de la existencia post-mortem. Fue Beatrice quien le guió hasta las más elevadas regiones. Un destino similar guió a Novalis.

Temprano en su vida, llegó a amar a una criatura. Ella fue un ser que causaba una impresión casi celestial a quienes la conocieron –Sophie von Kühn. Al joven poeta le pareció que ella fuese una aparición del mundo ideal de sus sueños poéticos. Siendo de naturaleza delicada y frágil, no pudo permanecer por mucho tiempo como para iluminarle el camino terrenal. Muere a los catorce años de edad, poco después de que Novalis la conociera, lo que le dejó en profunda desesperación. Tan grande fue su pena que deseó morir. Ciertamente, había decidido morir de inanición. Gradualmente, su pena abrumadora fue disolviéndose en un calmo matiz de resignación. Allí es donde se inicia para él un corto pero fertilísimo período de labor creativa, que culmina con su propia muerte temprana, el 25 de Marzo de 1801.

Lo primero que surge desde su desconsuelo fue el ciclo poético Himnos a la Noche. Comenzando con lamentos y el deseo de morir, el poema concluye a modo de apoteosis de la vida post-mortem, el único y verdadero reino de la existencia. Es como si el alma de Sophie, tras su muerte, le hubiese abierto un portal hacia el conocimiento, hacia la realidad del espíritu creativo. Una y otra vez, Novalis habló acerca del lazo absolutamente real que le unía a ella. Desde esta actitud, dio nacimiento a gran número de aforismos, pensamientos sobre todos los reinos de la existencia, la ciencia y la filosofía, probando que verdaderamente había alcanzado profundísima visión, incluso dentro de la esencia espiritual del mundo material que le rodeaba.

Su obra final fue la novela Enrique de Ofterdingen, sin poder concluírla antes de fallecer. De todos modos, en ella se encuentra un cuento de hadas y que es narrado por un personaje de nombre Klingsor, que equivale al mayor aporte por el cual se puede comprender al espíritu de Novalis. Las preciosas imágenes de este cuento proponen una perspectiva maravillosa sobre el futuro espiritual de la humanidad y de la Tierra. Así como Dante nos brinda una imagen asombrosa de la vida post-mortem, como Michelangelo retrató la pavorosa división de los caminos en su Juicio Final, también Novalis nos ofrece un cuadro abrumador a través de su cuento de hadas que, dentro de todo, es una imagen de la salvación.

Si reflexionamos acerca de la variabilidad con la que estos tres configuraron y trasmutaron a la misma constelación espiritual de Júpiter en Capricornio, dentro de las más amplias esferas históricas en las que vivieron, podemos atisbar cómo el gran Hombre-Espíritu es trasmutado una y otra vez y obtiene una delineación más y más clara a medida en que la humanidad avanza hacia el futuro.

Se genera ahora la pregunta: ¿cómo logra un impulso tal, portado como un Leiv motiv espiritual que atraviesa una vida en la Tierra, reaparecer bajo la luz cósmica en el horóscopo del deceso?. Alguien que mostró esta relación de un modo penetrante fue León Tolstoi, nacido el 9 de Septiembre de 1828 y falleció el 20 de Noviembre de 1910. Siéndonos más importante la constelación de la época prenatal para nuestro propósito, compararemos ésta con el horóscopo del deceso, abajo en la Fig. 4. Inmediatamente reconocemos la estrecha relación entre ambos cuadros en los cielos. Sobre todo, lo vemos al contemplar en dirección de Escorpio y de Libra.

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Recordando ahora lo dicho anteriormente acerca de la esencia del Zodíaco y su conexión con los horóscopos del deceso, recordando también cómo esta substancia espiritual desciende nuevamente y es rejuvenecida por medio de los destinos de otros individuos, diremos que el horóscopo prenatal de Tolstoi concentra a los planetas en Escorpio y en Libra, indicando cuán profundamente conectado estaba al empeño por el balance verdadero sobre el pasaje que va desde el mundo interior al exterior y además, cómo se ubicaba en el medio de un quiebre de las formas de vida obsoletas, teniendo que luchar en pos de las fuerzas de sostén del futuro.

Mucho ha sido publicado recientemente sobre la dramática vida de Tolstoi. Esto lo vemos indicado en alto grado dentro de su horóscopo prenatal. Por otro lado, el horóscopo de su muerte revela cómo logra asirse a estas tareas predestinadas durante su vida en la Tierra. Debemos considerar una vez más a los tránsitos previos de Saturno. Precisaremos considerar solamente a dos de los tránsitos, por ejemplo, y reconoceremos cuán elocuente es esta constelación.

En el año 1881, Saturno pasó por sobre la misma ubicación en el horóscopo del deceso; en 1865 pasó por el lugar en Libra sobre el cual se agrupan los planetas en el horóscopo del deceso. Luego de atravesar una juventud algo excéntrica, vemos que en el año 1865 contrae matrimonio y su vida se asienta y se ordena complacientemente. Desde esta esfera es que escribe su novela Guerra y Paz, la cual porta los aires de las amplias perspectivas y visiones del lenguaje ruso y del alma popular de este país. La calma interior, la tranquilidad casi física de esta obra es la expresión de uno de los aspectos del ser de Tolstoi.

Otro aspecto bastante distinto se manifiesta a través de las experiencias por las que atravesó en el año 1881. Fue una crisis interior abrumadora. Todo su pasado, los estándares religiosos y sociales que él había aceptado quedaron en ruinas. Emergió la actitud de Escorpio –la destrucción de lo obsoleto- mientras que al mismo tiempo, una nueva actitud surgía. Su camino se convirtió en una lucha por los nuevos conceptos religiosos y sociales de la humanidad. Este es un aspecto de su ser que se refleja en la posición de Saturno en Aries –el Aries que tanto tiene que ver con el verter impulsos frescos dentro de la evolución.

Podemos apreciar entonces cómo la problemática de Libra y de Escorpio que se indica en el horóscopo prenatal de Tolstoi y que corresponde a la gran crisis interior y la toma de decisiones en su vida, se ve finalmente trasmutada en un nuevo inicio –Saturno en Aries al fallecer.

Visto superficialmente, este inicio de la gran individualidad de Tolstoi se presenta sin dudas primitiva e ingenuamente, pero pese a ello semeja igualmente haber llegado más lejos del simple hecho de haber creado una bella literatura; desde el horóscopo de su muerte obtenemos la impresión de que los nuevos impulsos sociales propuestos por él, prosperarán y alcanzarán una manifestación en algún momento futuro.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

El Zodiaco (continuación)

Artículo de Willi Sucher, Mayo de 1938

English versión

En el artículo del mes pasado, intentamos mostrar un momento de profundo significado en la evolución espiritual de la humanidad –el giro de los siglos XIII y XIV– que fue incorporado en la escritura de los astros. Esta época está grabada en los cielos estelares por medio de una gran cruz cósmica. Por un lado se produjo la retirada de la antigua sabiduría hacia el oscuro y oculto trasfondo de la historia exterior, mostrado en el trágico drama de la destrucción de los Caballeros Templarios y grabado en la constelación de Sagitario, y por el otro lado tenemos el florecimiento de la Escolástica medieval, relacionada a las constelaciones de Virgo y de Piscis. Finalmente, tenemos el surgimiento de la Mística en la figura del Maestro Eckhardt, cuyo destino está inscrito en Géminis.

La cruz cósmica –Sagitario/Géminis y Virgo/Piscis– representa en su aspecto histórico-mundial un momento decisivo en la evolución de la humanidad  como un todo. Las fuerzas de la consciencia que restan de antaño se extinguen y un nuevo inicio alborea en el horizonte. Ciertamente, es significativo ver cómo la evolución del mundo occidental, a partir de aquel entonces hasta el día presente, queda revelada a la luz del actuar del cosmos. Con una continuidad remarcable, esta evolución de la humanidad que va desde la Edad Media en adelante, está representada en el cosmos.

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Esta vez, partamos desde Aries. Podremos ver cómo las principales figuras de la evolución espiritual se relacionaron con el Zodiaco a través del horóscopo de sus muertes. Para comenzar, tenemos a San Bernardo de Clairvaux, quien falleció el 20 de Agosto de 1153. Marte se hallaba en la constelación de Aries. ¿Qué significa esta ubicación de Marte?. Los tránsitos pasados de Saturno, explicados en una entrega anterior, nos capacitarán para encontrar la respuesta. Es en la fundación y el desempeño del monasterio de Clairvaux en donde San Bernardo jugó un rol decisivo y es lo que se encuentra inscrito aquí por el planeta Marte. En Aries se halla inscrito un suceso que proviene de un impulso importantísimo, surgido de la ardiente experiencia mística de un hombre que sería el inspirador de la Segunda Cruzada. En estos eventos alborea el paso al cual estaría destinada la humanidad medieval, desde las últimas reliquias de la antigua sabiduría de los Misterios hasta el tipo de experiencia mística que alcanza su mayor expresión en el Maestro Eckhardt.

Esta nueva incisión en los esfuerzos espirituales de la humanidad tocó de cerca a los seres humanos de la edad Media una y otra vez, y desde diversos aspectos. Pasando ahora a la esfera de Tauro, encontramos a Raimundo Lullio, y Marte se ubicó en esta constelación al fallecer éste. El fue el conocido originador del ‘arte lulliano’, como se le llamaba algunas veces, que intenta desarrollar nuevos tipos de cuestionamientos y respuestas, a partir de combinaciones sutiles sobre conceptos filosóficos ya conocidos por la humanidad. Su modo de pensar influyó a muchos otros, inclusive en épocas posteriores –a Giordano Bruno, por ejemplo.

Raimundo Lullio nació en Mallorca. Paso su juventud dedicado exclusivamente a las impresiones de los sentidos. Repentinamente tiene una vivencia visionaria que cambia el curso de su vida. A partir de allí  se dedicó con toda su alma al estudio espiritual y a las grandes cuestiones religiosas de su época. Este fue un suceso decisivo en su vida, y fue inscrito en Tauro por Marte.

En Aries vimos reflejado un suceso humano surgiendo desde un impulso profundamente interior, una misión completamente absorbente. En Tauro tenemos a la imagen de una conversión, una transformación debido a una experiencia profunda en el espíritu. Una incisión poderosa proporciona con suficiencia un nuevo giro a la tendencia que preexiste en la vida. Esta cualidad de Tauro podrá encontrarse también en otros horóscopos de muerte.

Ahora llevemos al aspecto cósmico de la historia humana hasta la esfera de Géminis, en donde aparece una profunda hendidura entre el mundo interno y el externo. Ya nos hemos confrontado a este tipo de vivencias del alma en el Maestro Eckhardt. La Mística, con su profunda orientación hacia el interior se coloca en un conflicto con la Iglesia. Géminis, los hermanos gemelos que luchan entre sí en cada alma humana, se revela aquí; estereotipada en el empeño dentro del individuo mismo por la luz interior y, en la poderosa institución eclesiástica, deseando adherirse a la tradición del pasado.

Ahora, la evolución emprendió su curso de un modo tal que las antiguas facultades cognitivas fueron muriendo gradualmente hasta la característica experiencia mística del Medioevo. A través de sus mejores exponentes, la Escolástica mantuvo aún un balance por medio de una aguda disciplina del pensar. En el pensamiento, la vida interior consciente del ser humano buscó retener la conexión con el alto mundo de la Revelación Divina. Esta facultad se fue extinguiendo más y más.

Significativamente, vemos cómo sucede esto en alguien como Nicolás de Cusa, quien muere el 11 de Agosto de 1464. Nacido entre los siglos XIV y XV, fue educado en la disciplina del pensamiento escolástico; pero su experiencia interior lo llevó por otro camino. Mientras viajaba por mar, tuvo una experiencia mística que lo hizo sentirse como bañado por el océano eterno del Espíritu, de un modo tal que la experiencia no llegó ya a alcanzar el reino del pensamiento. ‘Docta ignorancia’ fue como él llamó a esta experiencia de lo divino; así lo describe pues en su libro ‘De Docta Ignorantia’. Al momento de fallecer, ocurre una conjunción entre Saturno y Júpiter en la constelación de Acuario. Aquí vemos su conexión con el Escolasticismo. Por el otro lado, Marte y Venus se encuentran en la región de Cáncer y Leo. Esta es la imagen cósmica de su paso más interior hacia la esfera de la docta ignorancia. Entre las dos constelaciones, su experiencia marítima quedó inscrita en Aries.

Por lo tanto, en la constelación de Cáncer vemos indicada la tendencia en el desarrollo espiritual del ser humano a retraerse dentro de la vida interior del alma. Esto se expresa aún más fuertemente en los horóscopos en Leo. Consiguientemente, en los horóscopos del deceso de un significativo número de místicos de la Edad Media tardía y en los albores de la época moderna, vemos ingresar a los planetas en la región de Leo. Uno de los que se destaca entre ellos es Johannes Tauler, discípulo del Maestro Eckhardt. Al fallecer en Junio de 1361, Saturno, Marte y Venus se hallaban en Leo. Una experiencia de carácter único quedó grabada en esta constelación. Nos referimos a la así llamada conversión del Amigo de Dios de Oberland, un hombre cuya influencia se extendía a lo largo y ancho de los alrededores de Basilea por aquel entonces. El Amigo de Dios es ciertamente una figura misteriosa en la Historia. No existe evidencia histórica concreta acerca de quién era o de dónde venía, solamente quedan las historias contadas por aquellos que le rodeaban que se refieren a él como un ser maravilloso que poseía una influencia espiritual profunda y extensa. Lo mismo sucede con la historia de la ‘conversión’ de Tauler. A través de su encuentro con el Amigo de Dios, atraviesa por profundas experiencias internas, y a partir de allí su influencia y su elocuencia se vieron realzadas de un modo maravilloso.

Mientras que la constelación de Leo está conectada con la búsqueda de la verdad espiritual en lo más hondo del alma humana, Virgo corresponde a la paz interior, el calmo equilibrio del alma dentro del ser espiritual de la naturaleza y de la vida humana. Esto ya fue indicado en relación al Escolasticismo en el artículo previo. Pasando desapercibidas por el mundo exterior, en silencio interno y la serenidad del alma, las experiencias cobran forma en la esfera de Virgo preparándose para manifestar cambios esenciales en el desarrollo de la consciencia. En la constelación de Virgo tenemos consecuentemente a alguien que muestra vigorosamente este rasgo: Paracelso, el famoso alquimista y médico, quien murió el 23 de Septiembre de 1541. Al fallecer, Júpiter se hallaba en Leo mientras que Marte y Saturno, junto con el Sol y los dos planetas interiores Mercurio y Venus, se ubicaban en Virgo. Saturno se hallaba más bien al límite entre Virgo y Libra. Todo esto corresponde al lugar peculiar que ocupa esta gran individualidad en la vida espiritual de su época. Ya que por un lado, Paracelso como alquimista vivía dentro de la corriente espiritual que buscaba penetrar hasta la comprensión de lo divino y lo espiritual atravesando un sendero místico más interior; pero por el otro lado ya era alguien que se había volcado conscientemente hacia el mundo exterior, buscando encontrar las verdaderas raíces de ser de la naturaleza. Esto lo vemos por el modo en que aporta una concepción nueva sobre la naturaleza humana y hasta cierto punto, una nueva ciencia médica. Paracelso es un representante muy vital de la transición que va desde la humanidad medieval –cuya experiencia sobre lo espiritual se iba desvaneciendo dentro del Misticismo– hasta la nueva tendencia del alma que dio nacimiento a la ciencia moderna. Dentro de esta corriente científica, la consciencia sobre la realidad del mundo espiritual se hallaba y está verdaderamente en peligro de ser sofocada por completo; como fuere, este desarrollo también estaba destinado a ser llevado a cabo y era por tanto inevitable; es una fase necesaria de nuestra evolución, puesto que nos situó sobre el camino que conduce a la libertad espiritual. Este giro en la evolución de la humanidad se ve expresado potencialmente en la constelación de Libra.

Hallamos a Saturno en Libra dentro de los horóscopos de la muerte de tres grandes hombres –inauguradores de la era científica: Copérnico, el fundador de una nueva Astronomía (fallece el 24 de Mayo de 1543); Tycho Brahe, el famoso astrónomo danés (fallece el 24 de Octubre de 1601); y Johannes Kepler, el gran astrónomo y matemático alemán (fallece el 15 de Noviembre de 1630).  La transición de la humanidad hacia la nueva visión sobre la naturaleza, se retrata de un modo impresionante a través de la relación de estos tres.

Copérnico estableció las bases de una nueva sistematización del mundo, exclusivamente por medio de la observación exterior y la experimentación matemática. Tycho Brahe incursionó una línea muy distinta. Como astrónomo, también él se dedicó encarecidamente a la observación del cielo estelar, pero en lo profundo de su alma prevalecía la memoria de una vida pasada en la Tierra, durante la cual había estado unido a la sabiduría de los antiguos Misterios de manera aún más íntima. De aquí que se rebelara contra la idea central del sistema copernicano, que consistía en situar al Sol en el centro de nuestro sistema solar. El desarrolló un sistema propio, por el cual intentó otorgarle el rol central a la Tierra una vez más.

Luego surge Kepler, quien trabaja junto a él como su asistente. Cuando Tycho presintió su final, rogó a Kepler que basase su trabajo futuro en su sistema, el tychoniano, y no en el copernicano. Pero Kepler no siguió tal consejo y basó su labor subsiguiente en la idea copernicana.

Vemos conectado a la constelación de Libra uno de los más grandes giros en la evolución espiritual. La cosmovisión de los antiguos, como por ejemplo el sistema ptolemaico, es sustituida por el punto de vista moderno de la investigación científica y el experimento. Ahora, los hombres se hallan dedicados al exámen de la naturaleza visible externa.

Arribamos ahora a la constelación de Escorpio. Allí tenemos a Marte, tanto en el horóscopo de muerte de Kepler como en el de Galileo (8 de Enero de 1642). En el Marte de Kepler se ve inscrito el giro hacia el sistema copernicano tras la muerte de Tycho Brahe; en el de Galileo señala el período de su vida en donde lo vemos llevar a cabo importantes investigaciones en Padua. Además, en la vida posterior de Galileo representa el momento en el que defendía valerosamente al sistema copernicano frente a la Inquisición. Consecuentemente, a Escorpio le corresponde la transformación profunda de la cosmovisión dentro de la humanidad. Kepler, Galileo y muchos otros confrontan a las viejas ideas con las bases de un método de investigación completamente nuevo. Escorpio está ligado a la destrucción de las tradiciones vetustas y a su vez, con la transmutación y el progreso.

El ciclo evolutivo nos conduce ahora hacia la esfera de Sagitario. Esta esfera  está conectada al surgimiento y la caída de las corrientes espirituales dentro de la evolución, como ya hemos visto a través de la destrucción de la Orden de los Caballeros Templarios. Existe una batalla por la continuidad espiritual en el progreso humano. El horóscopo de la muerte de Martín Lutero, por ejemplo (18 de febrero de 1546) se ve penetrado de manera decisiva por esta constelación. Saturno y Marte se hallan en Sagitario mientras que Júpiter ingresa a Capricornio desde allí. Saturno en Sagitario representa a la época en que Lutero clavó sus tesis en las puertas del palacio de Wittenberg, marcó la incisión en el camino que conduciría a la separación de la Iglesia romana. También en el horóscopo de la muerte de Leonardo da Vinci (2 de Mayo de 1519), Saturno estaba en Sagitario. Esta es una imagen de las dificultades que debieron atravesar los grandes maestros en pos de alcanzar nuevos puntos de vista sobre todo el terreno de las artes y la ciencia. Cierto es que sus fuerzas, al verse confrontados con lo viejo, no son aún lo suficientemente fuertes y muchos de sus intentos ven esquivar el éxito inmediato. Pero tanto en Leonardo como en Lutero, el empeño sincero por el progreso de la humanidad, por la realización de nuevas formas de vida, se manifiesta vigorosamente. Este es el temple de Sagitario.

La constelación siguiente, Capricornio, se ve plena de destinos humanos en donde lo esencial consiste en alcanzar una rápida realización de una tarea o misión. Podrían darse muchos ejemplos. Uno que expresó esto del más bello modo fue el gran pintor Rafael. A su muerte, un Viernes Santo de 1520, Saturno se hallaba en Capricornio. Esta posición de Saturno corresponde a los sucesos ocurridos en la juventud temprana de Rafael, al morir su madre para luego ser tomado como aprendiz en el taller de su padre. Fue un momento importante del destino cuando este ser amable y delicado se vio privado de la protección materna y se lo situó en una corriente que lo condujo con gran rapidez hacia las más grandes alturas de su creación. En los 30 años que siguieron, con un toque de increíble facilidad y liviandad, dio a luz a las verdades espirituales más profundas mediante su arte y las ofreció a la humanidad. Esta manera de llevar un impulso espiritual a  la concreción, casi sin resistencia, es el verdadero temple de Capricornio.

A través de la constelación de Acuario, las corrientes espirituales cósmicas se manifiestan a sí mismas en el fluir de la historia humana en la Tierra. Como representante de esta tipología podemos mencionar una vez más al cardenal Nicolás de Cusa, quien en el horóscopo de su muerte mostraba a Júpiter conjunto a Saturno en Acuario. Por sobre todo, esto estaba conectado con el curso que había tomado el Concilio de Basilea durante la década de 1430. Nicolás de Cusa tuvo mucho que ver con este Concilio. Quienes se habían reunido allí intentaban realmente de entablar términos sobre un evento el cual –en el terreno de lo espiritual– se mostraba ya como un hecho. Esto fue la creciente rebelión de la humanidad en contra de los viejos principios jerárquicos representados por la Iglesia romana. La tendencia y el propósito de la nueva era que alboreaba, consistía en congregar a toda la humanidad  por medio de un espíritu unificado, pese a la inmensidad de sus diferencias. El mismo Nicolás había atravesado por experiencias espirituales de las cuales había aprendido que las más diversas –inclusive las creencias religiosas no cristianas– podían llegar a entablar una comprensión pacífica entre sí. Que un sentimiento tal pudiera surgir en el alma humana, así como en el seno de la Reforma, provocó que se creasen poderosos movimientos opositores al principio autoritario de la Iglesia Católica. Todo esto se debió a que la transformación en una nueva era ya había tenido lugar en el mundo espiritual. Los seres humanos sobre la Tierra –como por ejemplo aquellos que tomaron parte del Concilio de Basilea– vivenciaron este hecho que se reflejaba en lo profundo de sus almas, e intentaron por todos los medios comprenderlo y asimilarlo. Esta vivencia humana fue inscrita en Acuario gracias a horóscopos del deceso como lo fue el caso de Nicolás de Cusa.

De allí nos vemos dirigidos hasta la constelación de Piscis, en donde se ven configuradas las grandes batallas libradas a causa de la cosmovisión y las formas de vida en la humanidad, tal como explicamos al tratar la Escolástica. Tales batallas pueden extenderse a lo largo de los siglos, pero aún así se focalizan sobre individualidades particulares y lograron inscribirse en esta constelación a través de sus horóscopos.

De este modo es como podemos reconocer el trayecto continuo de la humanidad occidental a través de la totalidad del Zodiaco. Alrededor de los siglos XII y XIII se produce una especie de nudo, un punto nodal en la evolución. Por un lado se iban extinguiendo las reliquias de las antiguas facultades cognitivas, todavía en conexión más directa con el mundo espiritual real, pero el Escolasticismo fue aún capaz de mantener un sutil lazo entre ambos gracias a heroicos esfuerzos del pensar. Esto se perdió en última instancia al concluir el Misticismo medieval, con su ansiar profundo por una experiencia de lo divino, ya no le era posible lograr que tal experiencia se vivenciara con la plena consciencia. Como consecuencia, la humanidad se volcó más y más a la observación y experimentación sobre la naturaleza externa. A su modo, esto fue el comienzo de una evolución que se extiende lejos hacia el futuro, una evolución que busca por un lado el liberarse de reglas y tradiciones antiguas, mientras que por el otro lado, la gente se esforzó desde lo profundo de su alma por alcanzar un nuevo conocimiento sobre las relaciones espirituales entre la Tierra y el cosmos, conocimiento que nacía desde la libertad. Puede admitirse que en nuestra época, este rasgo marcante de la evolución moderna se malentiende a menudo o incluso se lo niega. Pese a todo, a través de la oscura noche del vacío espiritual reinante, una nueva especie de ser humano está a la búsqueda de la luz. Los delineamientos de este ser humano futuro se hallan escritos en el cosmos del modo en que hemos intentado indicar, si bien resumidamente.

No debemos contemplar solamente las secciones parciales o las perspectivas azarosas de la historia exterior, su unilateralidad e imperfecciones, debemos intentar ver el todo. Esto se ve representado en la imagen cósmica, y lo maravilloso aquí es ver cómo las tendencias más opuestas se ubican –a pesar de todo- armoniosamente dentro del cosmos, en los lugares cósmicos que les corresponde según sus numerosas virtudes e inspiraciones. De este modo, ellas hallan su lugar en este empeño hacia el ser humano perfecto; un empeño escrito en el universo por medio de los horóscopos del deceso, trascendiendo al ser humano individual y convocándonos una y otra vez a elevarnos por encima de nuestra unilateralidad hacia el todo.

Este ser espiritual compuesto por doce partes puede vivenciarse en el Zodíaco, puesto que en el Zodíaco se halla la verdadera imagen arquetípica de la forma humana. Comenzamos por Aries que representa a la esfera directriz y que equivale a la cabeza del cuerpo terrestre; de allí irradia a través del cuerpo espiritual viviente, pasando por la introspección profunda y emergiendo nuevamente desde la esfera del movimiento y la actividad comparable a los miembros en el cuerpo terrestre. Así es como se ven conectadas las numerosas constelaciones del Zodíaco a  los esfuerzos espirituales de los seres humanos:

Aries: los impulsos espirituales son vertidos en la evolución.

Tauro: los impulsos intentan encarnar en realidades terrestres; se confrontan con resistencias pero son capaces de lograr transmutaciones.

Géminis: el hermano luminoso y el oscuro; el impulso espiritual lucha contra las dos aberraciones del alma humana: la liviandad del ser y el materialismo.

Cáncer: la introspección hacia el silencio interior.

Leo: la búsqueda por la fuente del Espíritu en las profundidades del propio ser.

Virgo: el Portal hacia el interior de todos los seres.

Libra: desde la vida interior, se genera nuevamente el giro hacia el exterior; de aquí la cuestión del balance –los momentos decisivos del Espíritu.

Escorpio: viejas conexiones son destruidas y han de ser creadas nuevas por medio de propósitos y buena voluntad.

Sagitario: la alternancia de grandes corrientes espirituales en la historia humana.

Capricornio: el lograr con éxito tareas del destino dentro de la esfera terrestre.

Acuario:  las corrientes de la vida espiritual en la Tierra, a modo de imágenes de corrientes cósmicas.

Piscis: la lucha de las corrientes espirituales en la humanidad  por el futuro del mundo.

Como podrá revelarse en el curso de trabajos futuros, el ser humano espiritual macrocósmico es una realidad en cada uno de sus detalles.

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Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

El Zodíaco

Artículo de Willi Sucher, Abril de 1938

English version

En la fase presente de la evolución humana, la antigua sabiduría estelar tradicional se pierde más y más, y nos vemos en la necesidad de hallar nuevos medios para el conocimiento que corresponde a nuestra relación con los astros. El estudio de las constelaciones de la muerte puede resultar una ayuda muy grande en esta dirección. Casi se podría decir que los fallecidos, que permanecen conectados a la constelación celeste al ocurrir su deceso, son los verdaderos astrólogos de nuestro tiempo. Si los vivos establecen la relación correcta con los muertos, entonces podrán ganar un conocimiento nuevo y fructífero acerca de lo cósmico.

Este aspecto será desarrollado más en detalle en este ensayo. Sobre todo, pretendemos ganar una visión renovada sobre la naturaleza del zodíaco y su segmentación en doce partes. Debemos alcanzar de algún modo un punto de ventaja más amplio; por lo tanto, consideraremos una suma de figuras históricas para ver en el horóscopo de su muerte  cómo se relacionaron con el universo de los astros. Ningún horóscopo puede abarcar el carácter dodecamórfico completamente. El horóscopo de la muerte de Napoleón enfatiza –principalmente– tan sólo una constelación, la de Piscis. Es por esta razón que debemos estudiar varios horóscopos, teniendo en cuenta cómo los planetas superiores –aquellos más allá del Sol: Marte, Júpiter y Saturno– se ven relacionados con las constelaciones de las estrellas fijas.

Comenzaremos retrocediendo lejos en la historia occidental hasta la época medieval y la era de la alta Escolástica. Santo Tomás de Aquino, sin lugar a dudas una de las más grandes figuras del movimiento escolástico, falleció el 6 de Marzo de 1274. La constelación de los astros para ese día nos brindará una imagen sobre la relación de su labor en la Tierra con el cielo estelar. Es un cuadro realmente impresionante. El Sol en Piscis entre medio de Júpiter en Acuario por un lado y Marte en Aries por el otro. Júpiter se ve acompañado por Venus, la Luna también se ubica en esta región, mientras que sobre el otro lado está Mercurio cercano a Marte. Semeja a una pintura en el cosmos, armoniosa en su composición, balanceada y centrada en las fuerzas del Sol. Ahora bien, en esta imagen el Sol presenta otro aspecto, Saturno se halla en Virgo y opuesto a éste.

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Esto le otorga al horóscopo un aspecto peculiarmente dualista, y veremos que esta dualidad permea la obra completa de Santo Tomas durante su vida en la Tierra. Por un lado, él representa a la corriente escolástica en su más fina esencia. Al intentar aprehender la esencia más íntima de esta importante época de nuestra historia espiritual, quizás debamos recurrir a la imagen histórica creada durante esta misma era, la arquitectura de la catedral gótica que alcanza su más alta perfección en aquella de Chartres. En el fuerte énfasis por la línea vertical, con su aspirar por lo celeste, el ánimo espiritual de la gente de aquella época halla aquí su expresión característica.

Por medio de un pensamiento fino y sutil, disciplinado gracias a una inconmensurable devoción por el Espíritu y desarrollando una técnica elaborada para la formación de conceptos puros, la gente de esta época buscó y encontró el contacto con lo divino y espiritual –a menudo se trató de un contacto muy real y asequible. Al igual que el alzarse hacia el infinito del universo de los chapiteles empinados de sus catedrales, ellos disponían aún de un delicado lazo que los unía al mundo divino espiritual de manera muy directa, por medio de un orientarse a sí mismos ascendentemente. Puesto que alzaban su pensamiento receptivamente hacia el mundo espiritual, sentían que las revelaciones divinas se iluminaban en ellos. El más puro y poderoso exponente de ello, Tomás de Aquino, surge en la escena histórica. La gente de su época le apodó Doctor Angelicus. Por sobre todo, él estaba imbuido de aquel ser anímico virginal , capaz de abrirse en su pensar a lo divino en un grado sin paralelismos. De este modo se convirtió en una de las figuras espirituales más grandes de su época. Lo que existe de sus obras, las así llamadas Summae, son un testimonio de su grandeza.

El carácter anímico, sutilmente desarrollado, altamente entrenado y aún así directamente abierto a lo espiritual, se ve bien expresado por la posición de Saturno en Virgo al momento en que él atravesó el umbral de la muerte. Saturno, el más elevado de los siete planetas, se ubica en la virginal constelación. Hasta esta constelación alcanza este aspecto del ser de Santo Tomás, gracias a por el cual fue tan capaz de recibir en su alma a las revelaciones espirituales. Esto se vuelve aún más evidente cuando ponemos atención sobre los tránsitos pasados de Saturno, ya que entonces reconocemos cuál de los períodos de su vida, digamos, es el que reluce en esta constelación. Es alrededor del año 1244-5. Un año antes, Aquino había sido aceptado en la orden de los Dominicanos. En 1245 fue llamado a Paris por la escuela de Alberto Magno. Saturno en Virgo en el horóscopo del deceso es por tanto una imagen de su surgimiento, del paso esencial que él dio y que lo condujo hacia el horizonte espiritual de su era. Virgo se destaca en los horóscopos de otros representantes de aquel tiempo. Alberto Magno, maestro y amigo de Santo Tomás, tuvo a Júpiter en Virgo al morir (15 de Noviembre de 1280), en el mismo lugar donde se ubicó Saturno al fallecer Santo Tomás. Al morir DunsScotus –Doctor Subtilis, como se habituaba llamarle– Marte se hallaba en Virgo (8 de Noviembre de 1308).

Un mundo muy diferente a éste, tan tierna e íntimamente devoto a la experiencia de lo divino y lo espiritual, es el que está inscrito en las constelaciones de Acuario, Piscis y Aries del horóscopo de la muerte de Santo Tomás. Dentro de lo temporal –es decir, respecto a los tránsitos de Saturno– esto representa al período en la vida de Aquino en el que ya era una personalidad famosamente reconocida en la Universidad de Paris y dentro de todo el Cristianismo occidental. Ahora debemos mirar más profundamente. Fue la época en la que se vio bregar con las tendencias que él consideraba un detrimento a la verdadera evolución de la humanidad. Estas tendencias estaban concentradas, sobre todo, en las ideas del filósofo moro Averroes. El conflicto, una vez más, ocurría en la esfera de vida dentro de la cual la gente de aquella época debía entablar una lucha con las grandes verdades espirituales –el elemento del pensamiento. Como punto de partida esencial para el disciplinar de su pensamiento, se basaron en la filosofía de Aristóteles. Pero detrás de esto se libraba una batalla mayor. El tema candente era la realidad y la substancia espiritual del ser eterno en el ser humano.

Aristóteles había vivido y actuado en el S. IV AC, pero su filosofía había permanecido viva inclusive hasta la Edad Media. En principio, sus obras habían sido trasmitidas por las escuelas griegas de los filósofos. En los primeros siglos del Cristianismo, cuando estas antiguas escuelas de sabiduría fueron duramente reprimidas y perseguidas, incluso aniquiladas, las obras de Aristóteles hallaron su camino hacia las civilizaciones de Siria, Mesopotamia y Asia occidental. Traducidas a los idiomas orientales, sufrieron numerosas distorsiones. Una de tales traducciones cayó en manos del filósofo moro Averroes. Fiel al carácter del alma arábiga, Averroes interpretó la filosofía de Aristóteles a criterio propio. Desde su descripción, uno puede llegar fácilmente a la conclusión de que a los ojos del maestro griego, una persona no porta consigo un núcleo espiritual e inmortal. Sólo lleva encendida una chispa de lo divino dentro suyo, que se funde con el océano de seres divinos luego de morir, sin que tenga una continuación de su existencia personal. Tomás de Aquino debía refutar esta interpretación, ya que no correspondía a la línea del desarrollo espiritual normal del mundo occidental. En contra de los latinos averroístas, propuso una nueva traducción sobre ciertas partes de las obras de Aristóteles a partir del griego original y escribió voluminosos comentarios. Esta fue la época en la cual se hallaba trabajando como Magister en la Universidad de Paris y, notablemente, la época de su estadía en la corte del Papa Urbano IV, 1261-4. Es el período que se ve inscrito por los tránsitos de Saturno en las constelaciones de Acuario, Piscis y Aries. La altura de este trabajo fue registrado, sobre todo, por el Sol en Piscis; ciertamente, fue durante el tiempo en que fue de Paris a la corte papal –en cierto sentido, se le reconoció como líder espiritual del Cristianismo occidental.

Así es como en su horóscopo del deceso se revelan dos tendencias, concentradas respectivamente en las constelaciones de Piscis y Virgo. A Virgo pertenece el calmo porte interior del alma, prestando atención a la voz del conocimiento sobre los secretos divinos de la creación del mundo y de la humanidad; conocimiento que puede emerger en las regiones más profundas del alma si somos lo suficientemente serenos como para oírle. Asimismo, la constelación de Virgo está asociada con el ingresar en la vida interior, espiritual de la naturaleza. Piscis, el opuesto de Virgo, está asociado a las grandes batallas espirituales de la humanidad. En el horóscopo de la muerte de Santo Tomás vemos de un modo distinto a como lo hicimos con el de Napoleón. Ahora reconoceremos la tremenda diferencia entre los dos horóscopos. Enormes como fueron las batallas de la Escolástica, Tomás de Aquino las inscribió con serena armonía en la esfera de Piscis a través de su vida y su labor. En su horóscopo del deceso, esta región semeja a una imagen en donde el pasado y el futuro del mundo están unidos muy armoniosamente; los planetas según sus numerosas posiciones son guiados desde Aries, a través del Sol en Piscis hasta Acuario. Por el otro lado, en el horóscopo de Napoleón encontramos a Piscis bloqueado por la conjunción de Saturno, Júpiter, Marte y Mercurio. Aquí también nos confrontamos a una de las grandes batallas de la humanidad. Comenzando con la Revolución Francesa, empuja como un puño apretado hacia el mundo occidental.

Mirado bajo la luz cósmica, tal como se muestran estos horóscopos del deceso, los sucesos de la época de Napoleón se muestran más enmarañados y convulsivos, resueltos nada armoniosamente en comparación a la obra de Santo Tomás, en donde Piscis se ve irradiado por el Sol. Esta vez es el Sol quien aporta su carácter a la constelación de Piscis, viéndose colmado por los prototipos de las batallas espirituales.

Existe un cuadro de Santo Tomás de Aquino realizado por Gozzoli, donde esto se ilustra muy bien. Desde su corazón irradia un Sol, a sus pies se acuclilla Averroes, a quien ha conquistado, mientras que desde lo alto por encima de él está el Cristo diciendo: bene scriptisi de me, Thomma!. Es un hecho de lo más impresionante que en el propio horóscopo de la muerte de Averroes (12 de Diciembre de 1198), el planeta Marte se ubica en el mismo lugar que el Sol de Aquino, una vez más en Piscis. El Sol en el corazón de Santo Tomás ensombrece a los impulsos marcianos de Averroes.

Gozzolitomasaquino

La era en que tuvieron lugar estos desarrollos fue un gran giro en la vida espiritual de occidente. Puesto bajo la luz cósmica, tuvo lugar a lo largo de la línea que va de Virgo a Piscis. Las fuerzas de Virgo, los impulsos hacia una profundización de la vida interior del alma, perteneciente a la constelación de la Virgen, combatían por su existencia contra aquellas otras fuerzas que cobraban forma en Piscis. Piscis mismo se vió transformado, así como el mundo virginal del pensamiento puro también atravesó por un cambio esencial. El escolasticismo fue aún capaz –por medio de un severo disciplinar del pensamiento– de ascender  hasta lo divino y espiritual –los secretos de la Divina Revelación. Ahora, al ocurrir este giro de la evolución humana, esta facultad fue desapareciendo lentamente. Esto queda revelado por un suceso de esta época –me refiero a la destrucción de la Orden de los Caballeros Templarios, durante los siete años que van de 1307 a 1314.

Fundada con el declarado objetivo de proteger los lugares sagrados de la Cristiandad en Palestina contra los mahometanos que regían sobre la Tierra Santa, la Orden de los Caballeros Templarios albergaba una razón más profunda. Actuaba con el fin de preservar profundos secretos que se cultivaban antaño en los antiguos centros de los Misterios del Este y que brindaban luz por sobre la evolución espiritual del mundo y de la humanidad. La tarea esotérica de la Orden consistía en trasladar los antiguos tesoros de la sabiduría oriental y unirlos con todo aquello que había surgido en el Oeste, a partir de la corriente cristiana. Hasta cierto punto, esto fue un malentendido por parte del mundo exterior, al imaginar que el tesoro secreto de la Orden eran grandes cantidades de oro, lo que eventualmente condujo a su destrucción.

Felipe el Hermoso de Francia fue el protagonista. Codicioso y envidioso del oro templario, quiso destruirlos. En 1307 ordenó el arresto de los líderes templarios en Francia. Hacia esa época, Saturno se hallaba en la constelación de Libra, Júpiter transitaba hacia Escorpio y Marte se ubicaba en Sagitario. Dentro de todo, estos sucesos no fueron más que el preludio de los siete años de terribles conflictos y que ahora sobrevenía. Horrendos reproches anti-cristianos fueron argumentados contra los Templarios, se obtuvieron falsos testimonios mediante tortura. Una cosa siguió a la otra. En el año 1310, cincuenta y cuatro de los Caballeros Templarios fueron quemados vivos. Finalmente, el Maestro de la Orden, Jacques de Molay, muere en la hoguera. Esto sucedió el 11 de Marzo de 1314. La destrucción de la Orden había sido completada.

f2

Extrañas fueron las constelaciones para estas fechas. En 1310, al acontecer la destrucción de los 54 templarios, Saturno ingresaba en la constelación de Sagitario, Júpiter se hallaba en Piscis y Marte en Géminis. Luego, al morir Jacques de Molay, Saturno pasaba de Sagitario a Capricornio, mientras que Júpiter y Marte hacían conjunción en Géminis. Aquí vemos a una cierta línea que se demarca claramente en el cielo. Al comienzo, en 1307, Saturno se halla en Libra pero proviniendo recientemente desde la dirección de Virgo y Piscis que está asociada a los conflictos del Escolasticismo. Al ocurrir la aniquilación final de la Orden –entre la muerte de los 54 Caballeros y el martirio del Gran Maestre de la Orden– Saturno atravesaba Sagitario. Al mismo tiempo, la constelación de Géminis se ve muy fuertemente implicada en estos dos momentos históricos, como se muestra en el diagrama (fig.2). Es así como la dirección en el cosmos que va desde Géminis a Sagitario está conectada especialmente con la destrucción de la Orden de los Templarios y del mismo modo, la constelación anterior – que va de Virgo a Piscis, juega un cierto rol.

Semeja a una cruz cósmica en la cual se hallan inscritos los sucesos espirituales de esta época. El Escolasticismo luchaba por el Espíritu, empeñándose por encontrar una conexión con la revelación Divina a través de la pureza del pensar. Pero dentro de las consecuencias, esta conexión estaba precisamente destinada a perderse. Todo esto tuvo lugar a lo largo de la línea que va de Virgo a Piscis. Mientras tanto, la Orden de los Caballeros Templarios buscó brindar una continuidad a los tesoros de sabiduría de los antiguos Misterios. La orden fue destruida; su aniquilación se ve asociada a la línea cósmica que va de Sagitario a Géminis. Aquí se manifiesta el giro del tiempo cósmico en el cual estaba involucrada la humanidad del S. XIII. En los siglos sucesivos surgió una nueva modalidad de pensamiento, paulatinamente primero para luego acelerarse, más bien dirigida hacia el mundo exterior. Las profundas corrientes espirituales tomaron ahora un curso más oculto en los trasfondos de la historia exotérica.

Este giro histórico espiritual puede vivenciarse de un modo bastante íntimo y humano. En esto consistió la Mística germana, representada por el Maestro Eckhardt. Educado en la disciplina del pensar escolástico, formaba parte de aquellos que ya eludían la antigua facultad, es decir aquel buscar la conexión con lo divino-espiritual por el solo medio de pensar. Ahora pudo solamente encontrarla por debajo de la región de la consciencia plena, a través de la experiencia mística que brinda la vida purificada del sentir. Partiendo de este estado de ánimo, pudo desarrollar un pensamiento que reza: “Lo que fuere que el hombre es capaz de pensar sobre Dios, no es Dios. Lo que Dios es en Sí mismo, ningún hombre es capaz de alcanzar a menos que sea llevado hasta la Luz que es Dios”. Este tipo de experiencia espiritual se presentaba como nueva para aquella época; ocurrió así que la Iglesia no estuvo a la altura de aceptarla. Deseaba preservar el método escolástico solamente. Llevado a juicio por herejía, las consideraciones del Maestro Eckhardt fueron condenadas. Muere mismo durante el juicio en el año 1327.

Es considerable que en  el horóscopo de su muerte (Figura 3; la fecha exacta se desconoce) surge nuevamente el eje de Sagitario-Géminis, puesto que Saturno se ubicaba en Géminis aquel año, Marte estaba en Tauro y Júpiter en Cáncer. Es la contraparte cósmica de lo sucedido en la época en que fueron destruidos los Caballeros Templarios. Esta vez vemos al mismo eje  desde el otro lado, desde Géminis.

De este modo ganamos un cuadro más completo de la cruz cósmica: Virgo y Piscis – Sagitario y Géminis. Sobre todo, la naturaleza esencial del Zodíaco se torna más real y substancial de esta manera, tanto humana como espiritualmente. Nos volvemos capaces de vivenciarlo como algo cercano a nuestra humanidad, no permanece en la esfera de lo inalcanzable y en mano de los poderes inexorables del destino.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz