GA232.c6. Los Misterios Efesios de Artemisa (3)

templo de diana en efeso

Rudolf Steiner. Dornach, 2 de diciembre de 1923.

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Cuando hoy el hombre habla de la “palabra” para él significa, por regla general, sólo la débil palabra humana, la cual, en presencia de la majestad del Universo, tiene poco significado. Pero sabemos que el Evangelio de Juan comienza con las palabras profundamente significativas: “En el Principio Primordial estaba la Palabra, el Logos. Y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”.

Cualquiera que medite en este significativo comienzo del Evangelio de Juan debe preguntarse: ¿Qué se indica en realidad cuando la Palabra se coloca al principio de todas las cosas? ¿Qué significa realmente este Logos, esta Palabra? ¿Y cómo se relaciona este significado con nuestra palabra humana, tan insignificante en presencia de la majestad del Universo?

El nombre de Juan está relacionado con la ciudad de Éfeso, y el que, equipado con una visión imaginativa de la historia del mundo, enfrenta estas significativas palabras: “En el Principio era el Logos. Y el Logos estaba con Dios. Y el Logos era Dios”, se remite continuamente a lo largo del sendero interior al antiguo Templo de Diana en Éfeso. Para aquel que es iniciado hasta cierto punto en los misterios cósmicos, lo que suena como un enigma en los primeros versos del Evangelio de Juan señala los Misterios del Templo de Artemisa o Diana en Éfeso; por lo que puede parecerle que a través de la investigación de los Misterios de Éfeso se podría obtener algo que le condujera a la comprensión del comienzo del evangelio de Juan.

Por lo tanto, equipados hoy con lo que se ha traído ante nuestras almas en las dos últimas conferencias, busquemos durante un momento los Misterios del Templo de Diana (Artemisa) en Éfeso. Miremos hacia atrás en un tiempo de seis o siete siglos o incluso antes de la era cristiana, para ver lo que se hizo en este santuario tan sagrado para los antiguos. Encontramos que la instrucción dada en los Misterios de Éfeso se centraba en primer lugar en lo que emana del habla humana. Aprendemos lo que ocurrió en esos Misterios Efesios no de ninguna presentación histórica (porque la barbarie humana ha tomado suficiente cuidado para la destrucción de los registros históricos), pero lo aprendemos del Registro Akáshico, esa Crónica del pensamiento etérico accesible a la cognición espiritual, donde están inscritos los acontecimientos de la historia del mundo.

En este Registro viene una y otra vez a nuestra percepción la manera en que el alumno fue dirigido por el maestro para concentrarse en el habla humana. Una y otra vez el alumno fue instado de la siguiente manera: “Aprende a sentir en tu propio instrumento de expresión lo que realmente ocurre cuando hablas”.

Los procesos que tienen lugar cuando un hombre habla no pueden ser aprehendidos por percepciones toscas, porque estos procesos son delicados e íntimos. Consideremos primero el lado exterior del habla, pues fue con este lado externo de la palabra que comenzó la instrucción dada en los Misterios de Éfeso.

La atención del pupilo se dirigió primero a la manera en que la palabra suena de la boca. Se le dijo una y otra vez: “Nota lo que sientes cuando la palabra suena en tu boca”. El alumno debía primero notar cómo, en cierta medida, algo de la palabra ascendía para tomar en sí el pensamiento de la cabeza; y después, cómo algo de la misma palabra descendía para experimentar interiormente el contenido del sentimiento.

Una y otra vez se instaba al discípulo a dirigir el mayor rango posible de hablar por su garganta, y al mismo tiempo observar el ascenso y el descenso, que se percibe en la palabra que empuja de la garganta. Tuvo que hacer una afirmación positiva y negativa: “Yo soy, yo no soy.” Esto tuvo que forzarlo de la manera más articulada posible a través de su garganta y luego tenía que observar cómo, en las palabras “Yo soy” es predominante el sentimiento de lo que sube mientras que en las palabras “yo no soy” prevalece el sentimiento de lo que desciende.

La atención del alumno fue entonces dirigida a acercarse aún más al íntimo sentimiento interior y a las experiencias personales de la palabra. Tuvo que experimentar lo siguiente: De la palabra se eleva hacia la cabeza algo como el calor y ese calor, ese fuego, se apodera del pensamiento. Y hacia abajo fluye algo como un elemento acuoso, éste se derrama, como se derrama la secreción glandular en el hombre. A los discípulos de los Misterios de Éfeso se les hizo ver que el hombre hace uso del aire para hacer resonar la palabra. Pero al hablar, el aire se transforma en el siguiente elemento, en el fuego, en el calor, arrastrando y envolviendo el pensamiento a las alturas de la cabeza.

Una vez más, debido a que surge una condición alterna  —este envío de fuego hacia arriba y el envío hacia abajo de lo que está encarnado en la palabra— el aire, que gotea hacia abajo como agua, como un elemento fluido como una secreción glandular. Y mediante este último proceso la palabra se vuelve interiormente perceptible, el hombre puede sentirla interiormente. La palabra fluye hacia abajo como un elemento fluido.

El discípulo fue entonces llevado al misterio real del habla; y este misterio está conectado con el misterio del hombre. Este misterio del hombre está hoy barrado para los científicos, pues la ciencia coloca como coronación de todo pensamiento la caricatura más increíble de una verdad, a saber, la llamada ley de la conservación de la energía y de la materia. En el hombre la materia se transforma continuamente. No permanece. El aire que es expulsado de la garganta se transforma a medida que pasa, alternativamente en el siguiente elemento superior, en el elemento de calor o fuego, y de nuevo al elemento del agua, Fuego-Agua-Fuego-Agua.

El discípulo de Éfeso se hizo consciente de que cuando hablaba, una serie de ondas brotaban de su boca; Fuego-agua-fuego-agua; pero esto no era ni más ni menos que el esfuerzo de la palabra hacia arriba hacia el pensamiento, y el hundimiento de la palabra hacia el sentimiento. Así, en el discurso del hombre, el pensamiento y el sentimiento se están entretejiendo, y por este vivo movimiento ondulante del habla el aire se enrarece en el fuego por una parte y por otra se condensa en agua, y así sucesivamente.

Cuando en los Misterios de Éfeso esta gran verdad fue llevada ante el alma del discípulo por medio de su propio discurso, se pensó que su sentimiento debía decir lo siguiente:

“Habla, oh hombre! Y revelaras por ti mismo la evolución del mundo”.

En Éfeso, cuando el alumno entraba en el umbral del Templo, siempre se le exhortaba con estas palabras:

“Habla hombre! Y revela por ti mismo la evolución del mundo”.

Y cuando salía del  umbral del Templo le fue hecha esta declaración en otra forma:

“La evolución del mundo se revela a través de ti, oh hombre! cuando hablas”.

El discípulo se sentía como si su propio cuerpo fuera un velo sobre los misterios cósmicos que resonaban en su pecho viviendo en su discurso, como si con su propio cuerpo estuviera encerrando estos misterios del cosmos.

Esto fue realizado como preparación para un misterio realmente más profundo, pues a través de esta preparación el alumno se hizo consciente de que el ser humano individual estaba íntimamente conectado con los misterios del cosmos. El dicho “Conócete a ti mismo” ganó un significado sagrado porque fue proferido no sólo teóricamente, sino porque interiormente fue solemnemente sentido y experimentado.

Cuando el discípulo en cierta medida había ennoblecido y elevado su propia naturaleza humana, en cuanto la consideraba como un velo que cubría el misterio del cosmos, podía ser llevado aún más lejos hacia aquello que extiende el misterio sobre las vastedades cósmicas. Recordemos aquí lo que se dijo en la última conferencia.

Os he representado una condición en la evolución de la Tierra en la que ocurrió lo siguiente. Sabemos que en la antigua condición de la Tierra existía como sustancia esencial para su evolución en esa etapa toda esa arcilla sin pretensiones que tenemos también en las montañas del Jura. En los depósitos calcáreos, en las rocas calizas de la Tierra tenemos lo que queremos considerar ahora. Debemos pensar en la Tierra rodeada de aquello que en la última conferencia llamé albúmina fluida. Sabemos que las fuerzas cósmicas trabajaron en este fluido albuminico de tal manera que se coagularon en formas definidas. Y también escucharon que mientras existió esta condición de la Tierra todo ocurrió en una sustancia más densa, en un grado realzado de lo que tenemos hoy con el levantamiento de la niebla y la caída de la lluvia. El elemento calcáreo se eleva hacia arriba, impregnando lo que se había condensado en el fluido albuminico, llenándolo de arcilla para que pudiera adquirir formaciones óseas, y de esta manera en el curso de la evolución de la Tierra se desarrollaron los animales. Los animales fueron arrancados de la atmósfera todavía albuminosa por aquello que vive espiritualmente en el elemento de la arcilla.

arcilla

 

También dije que cuando el hombre se une a los metales de la Tierra, siente todo lo que sucedió entonces como parte de su propio ser; es como si un recuerdo se levantara en él. En cuanto a esta etapa de la evolución, no se siente como un hombre diminuto encerrado en una piel; se siente como abrazando a todo el planeta Tierra. Para expresar esto de una manera algo grotesca, debo decir: El hombre siente esencialmente que su cabeza abarca todo el planeta Tierra.

En los procesos que explique en la última conferencia, el hombre siente que todo esto tiene lugar dentro de sí mismo. Pero, ¿cómo siente esto dentro de él? Todo lo que os he representado como el surgimiento de la arcilla, la unión de esta arcilla con la albúmina coagulada, su descenso y la extracción de los animales a la Tierra, es experimentado por el hombre que lo escucha. Lo experimenta internamente. Sólo deben concebirlo como experiencia interior. Él lo oye. Esta creación que surge cuando la arcilla llena la albúmina coagulada y la hace gruesa y huesuda, lo que se forma es algo que se oye y se siente como a través del oído. Se oye el Misterio del Mundo.

De hecho, el hombre experimenta en la memoria, a través del recuerdo producido por los metales, el pasado de la Tierra, como si uno oyera resonar lo que he descrito y que en esta resonancia se sintiera el vivir y tejer de los acontecimientos del mundo.

¿Qué es lo que el hombre oye? Estos sucesos del mundo, ¿en qué forma se revelan? Se revelan como la Palabra Cósmica, como el Logos. En este ascenso y caída de la arcilla resuena el Logos, la Palabra Macrocósmica. Y cuando el hombre es capaz de oír este discurso dentro de sí, percibe algo más. Lo siguiente es realmente posible.

Pongamonos ante un esqueleto humano o animal. Lo que la ciencia de la anatomía tiene que decir acerca de estas formas es muy superficial, en realidad es vergonzosamente superficial. ¿Qué podemos decir cuando, conectando interiormente con su ser natural y espiritual, miramos un esqueleto? Nosotros decimos: No se limiten a mirarlo. Es espantoso mirar simplemente las formas: la columna vertebral con sus vértebras maravillosamente moldeadas apiladas una sobre otra, con las costillas procedentes de ella que se doblan y se curvan al frente y se articulan tan maravillosamente; la forma en que las vértebras se cambian en los huesos del cráneo, cuya articulación es todavía más difícil de percibir; cómo las costillas arqueadas encierran la cavidad del pecho; cómo se forman las articulaciones en forma de bola para los huesos del brazo y los huesos de la pierna. Frente a este misterio del esqueleto no podemos hacer otra cosa que decir algo claramente definido. Debemos decirnos a nosotros mismos: “No mires simplemente todo esto sino escúchalo; Escucha cómo un hueso cambia en otro. Aquí hay un discurso real”.

Si en este punto puedo hacer una observación personal es ésta: Algo muy maravilloso nos precede si con un sentimiento para estas cosas, entramos en un museo de historia natural, porque allí tenemos una maravillosa colección de instrumentos musicales, formando una poderosa orquesta, que resuena en la más  maravillosa sinfonía. He experimentado esto muy fuertemente cuando visité el museo en Trieste. Allí, debido a un arreglo muy especial de los esqueletos animales (que se hizo instintivamente) el efecto fue que de un extremo del animal resonaban los misterios de la luna y del otro los misterios del Sol. El conjunto estaba como impregnado por soles y planetas resonando. Allí se podía sentir la conexión entre este sistema óseo compuesto de arcilla, el esqueleto, y lo que una vez llamó al hombre del universo en el que tejía, cuando él mismo era uno con el Universo, cuando resonando como el misterio del Mundo, resonó en el hombre al mismo tiempo que su propio misterio.

Las criaturas que surgieron entonces, en primer lugar, las criaturas animales, revelaron así su ser esencial, para el Ser del reino animal vivido en el Logos, en el resonante misterio cósmico. Lo que uno percibía no eran dos cosas separadas. No se perciben los animales, y luego de alguna otra manera el Ser de los animales; lo que hablaba era el surgimiento y desarrollo de los animales mismos en su propio Ser.

El discípulo de los Misterios de Éfeso podía tomar en su corazón y en su alma de la manera correcta para esa época lo que entonces podría hacerse claro en él acerca del Principio Primordial, cuando la Palabra, el Logos estaba activo como la esencia y el ser de todas las cosas. El alumno fue capaz de recibir este misterio porque se había preparado para ello ennobleciendo y elevando su naturaleza humana, ya que había sido capaz de sentirse a sí mismo como una capa o un velo del diminuto reflejo de este misterio cósmico que vivía en la resonancia de su propia palabra.

Intentemos ahora sentir cómo este desarrollo de la Tierra pasó de un nivel a otro. Consideremos esto. En el elemento de la arcilla tenemos algo que en ese momento era todavía fluido; la arcilla ascendía como vapor y caía de nuevo en gotas como lluvia. La arcilla era de naturaleza fluida. Al ascender, se transformaba en aire; y cuando descendía se transformaba en sustancia sólida. Fue en una etapa más temprana que la imagen del hombre, donde tenemos el aire que se transforma en calor y en agua. En esa condición primitiva el elemento del agua estaba activo, es decir, la arcilla, el fluido se enrarecía en el aire y se condensaba en sustancia sólida; así como en nuestras gargantas hoy el aire rarificado se calienta o se condensa en agua. Lo que vivía en el mundo se elevaba del agua al aire. En tiempos primitivos se vivía en lo fluido, se enrarecía en el aire y se condensaba en sustancia sólida.

Por lo tanto, es posible para nosotros seres humanos comprender este misterio del mundo en miniatura. Cuando este misterio era el maya grande y poderoso del mundo fue una etapa más anterior. La Tierra condensaba todo. La arcilla se volvió más densa, etc. Los seres humanos no habríamos podido admitir esta tendencia densificante en nuestro propio ser interior, aunque hubiera llegado a nosotros en miniatura. Sólo podíamos admitirlo cuando subiera un nivel más alto, desde el agua hasta el aire, y con ello en su elevación hacia arriba en el elemento del calor o hacia abajo en el agua, que ahora era el elemento más denso.

 Así, el Gran Mundo, el Misterio Macrocósmico se convirtió en el Misterio microcósmico del habla humana, y es a este Misterio Cósmico, la traducción en maya, del Gran Mundo, a lo que señala el comienzo del Evangelio de Juan:

“En el Principio estaba el Logos; Y el Logos estaba con Dios, y el Logos era Dios”.

Esto fue lo que aún vivía y estaba activo en la tradición de Éfeso, también lo que el evangelista, el escritor del Evangelio de Juan podía leer en el Registro Akáshico acerca de Éfeso, del cual tenía sed su corazón, la forma correcta de expresar lo que quería comunicar a la humanidad del misterio del comienzo del mundo. Ahora podemos dar un paso más allá.

Podemos recordar lo que se dijo la última vez, que, antes de la arcilla, estaba la sílice, que ahora aparece en el cuarzo. En esta sílice aparecieron las formas vegetales, aquellas formaciones parecidas a nubes que verdecían  y se desvanecían. Y si, como dije, un hombre en ese momento hubiera podido mirar hacia las extensiones del cosmos, habría visto el surgimiento de la creación animal y aquellas plantas primitivas que verdecían y después desaparecían. Todo esto fue percibido por el hombre como una experiencia interior. Lo percibió como parte de su propio ser. Además de oír lo que resonaba en la creación animal como algo que vivía dentro de sí mismo, el hombre podía en cierto sentido acompañar interiormente lo que oía sonar, como en su propia cabeza, en el pecho y la cabeza humanos puede ascender con palabras a través del calor para captar el pensamiento. Podía así acompañar lo que oía resonar en la creación de los animales después de lo que había experimentado en el surgimiento de las plantas.

tiza,silice, cuarzo

 

 Esto fue lo notable: el hombre experimentó el proceso del desarrollo de los animales en la arcilla vaporizante y descendente. Y cuando trazó más allá de lo que estaba en la sílice, mientras los seres vegetales se volvían verdes y se desvanecían, la Palabra Cósmica se hizo Pensamiento Cósmico y las plantas que vivían en el elemento silíceo agregaron el Pensamiento a la Palabra Resonante.

Uno daba como un paso hacia arriba, y al Logos retumbante se agregaba el Pensamiento Cósmico; Al igual que hoy, en la palabra sonora en el habla, en las olas del habla (fuego-agua-fuego-agua) el pensamiento es aferrado en el fuego.

Si estudian ciertas enfermedades de los órganos sensoriales de la cabeza o de los órganos de los sentidos en general, podrán observar los efectos curativos del ácido silícico. El ácido silícico aparece entonces entre los secretos del cosmos como el elemento del pensamiento en la creación primitiva original de la planta, y podría incluso decirse que ésta es la percepción sensorial de la Tierra con respecto a la estructura del cosmos. De una manera maravillosa se expresa realmente microcósmicamente en el hombre de hoy lo que una vez fue macrocósmico, lo que fue el surgimiento y la evolución, el trabajo y el tejido del mundo.

Sólo piensen por un momento cómo el hombre vivió entonces, todavía uno con el cosmos, en unidad con el cosmos. Hoy, cuando el hombre piensa, tiene que pensar aislándose en su cabeza. Dentro están sus pensamientos y salen sus palabras. El Universo está fuera. Las palabras sólo pueden indicar el Universo. Los pensamientos sólo pueden reflejar el Universo. Cuando el hombre seguía siendo uno con el macrocosmos, no era así, pues entonces experimentaba el universo como si estuviera en sí mismo. La Palabra era al mismo tiempo su entorno. El pensamiento era lo que permeaba y fluía a través de su ambiente. El hombre escuchaba y lo que oía era Mundo. El hombre alzó la mirada hacia lo que oía, pero levantaba la visión desde su interior. La Palabra fue en primer lugar sonido. La Palabra era algo que luchaba como para ser resuelto como un enigma; en el surgimiento de la creación animal se reveló algo que pugnaba por una solución. Como una pregunta, el reino animal surgió dentro de la arcilla. El hombre miró el ácido silícico, y la creación vegetal respondió con lo que había sido tomado como la naturaleza sensible de la Tierra, y resolvió los enigmas que la creación animal presentaba. Estos mismos seres respondieron mutuamente las preguntas del otro. Un ser, en este caso el animal, plantea una pregunta: los otros seres, en este caso las plantas, proporcionan la respuesta. El mundo entero se convierte en lenguaje.

Y ahora podemos decir: esta es la realidad del comienzo del Evangelio de Juan. Nos remiten al principio primordial de todo lo que ahora existe. En este Principio Primordial, en este Principio, estaba la Palabra. Y el Verbo estaba con Dios. Y el Verbo era Dios, porque era el Ser creador de todo.

Es realmente el caso que lo que se enseñó a los alumnos en los Misterios de Éfeso con respecto a la Palabra es la que llevó a las oraciones iniciales del Evangelio de Juan. En efecto, es muy apropiado que los antropósofos vuelvan hoy su atención a estos secretos que descansan en el tiempo; pues en cierto sentido, en un sentido muy particular, lo que estaba aquí en la colina de Dornach, ya que el Goetheanum se había convertido en el centro de la actividad antroposófica. El dolor que sentimos hoy debe seguir siendo dolor, y lo será en todos los que fueron capaces de sentir lo que el Goetheanum estaba destinado a ser. Pero para aquel que se esfuerza en elevarse en su conocimiento hacia lo espiritual todo lo que tiene lugar en el mundo físico debe ser al mismo tiempo para él una manifestación exterior, una imagen de lo espiritual que está detrás de ella. Y si, por un lado, tenemos que aceptar este dolor, por otro lado, nosotros como seres humanos que luchamos por el conocimiento espiritual debemos ser capaces de convertir lo que ha causado este dolor en una oportunidad para mirar espiritualmente una revelación que nos lleva a profundidades cada vez mayores. Este Goetheanum habría sido un lugar en el que uno esperaba haber hablado y en el que hemos hablado una y otra vez de las cosas que están relacionadas con las primeras palabras del Evangelio de Juan:

“En el Principio estaba la Palabra —el Logos— y la Palabra estaba con Dios, y Dios era la Palabra”.

Entonces el Goetheanum fue destruido por el fuego. Esta imagen terrible del Goetheanum ardiente surge ante nosotros. El dolor puede dar origen a la convocatoria para mirar cada vez más profundamente lo que vive en el poder de nuestro pensamiento, en este ardiente Goetheanum de Nochevieja. Es una experiencia, aunque dolorosa, que nos lleva a profundidades cada vez mayores. Lo que quisiéramos haber fundado en este Goetheanum, que como he dicho está relacionado con el Evangelio de Juan, éstas ya forman un recinto dentro de estas llamas ardientes que consumen. Y es un impulso importante que podemos captar: Que estas llamas sean para nosotros la ocasión de mirar a través de ellas a otras llamas, esas llamas que una vez hace mucho consumieron el Templo de Éfeso. Considerémoslo como una invocación para intentar comprender lo que está al principio del Evangelio de Juan. Impulsados por este hecho dolorosamente sagrado, llevemos la mirada desde el Evangelio de Juan al Templo de Éfeso —que una vez fue quemado— y luego a las llamas del Goetheanum, que nos hablan tan dolorosamente, y recibiremos una monición de lo que fluye en el Akasha con las llamas ardientes del templo de Éfeso.

Aún hoy, si miramos hacia atrás a esa desgraciad noche, a esas fieras llamas de la conflagración de Goetheanum, ¿no encontramos en ellas todavía los metales fundidos los instrumentos musicales que hablan una lengua tan pura y santa? ¿No encontramos en estos metales fundidos aquellos instrumentos musicales que conjuran en las llamas esos maravillosos colores —diversos colores— que están estrechamente relacionados con los metales? A través de la conexión con los metales surge algo como la memoria en la sustancia de la Tierra. Este recuerdo que tenemos de lo que fue consumido con el Templo de Éfeso. Y así como estas dos conflagraciones pueden estar conectadas, también el anhelo de investigar el significado de “En el Principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y Dios era la Palabra” Puede estar ligada un poco a las palabras que una y otra vez quedaron claras para el discípulo de Éfeso: “Estudia el misterio del hombre en la pequeña palabra, en el micrologos; Así maduraras para experimentar en ti el Misterio del Macrologos”.

El hombre es el microcosmos en contraste con el macrocosmos, pero también lleva dentro de él los misterios del cosmos, y podemos descifrar el misterio cósmico contenido en los tres primeros versículos del Evangelio de Juan si tenemos en cuenta en el correcto sentido en el que, como en muchas otras cosas también, las llamas del Goetheanum se condensaron, como si se tratara de caracteres escritos:

“He aquí el Logos

En el fuego ardiente

Procura la solución

En el Templo de Diana”.

El Registro Akáshico del fuego de la víspera del Año Nuevo habla estas palabras muy claramente, junto con muchas otras; y nos dan la exigencia de establecer en el microcosmos el micrologos, para que el hombre pueda adquirir la comprensión de aquello de lo cual se ha formado todo su ser —el macrocosmos— a través del macrologos.

ruinas de efeso

Traducido por Gracia Muñoz en junio de 2017.

 

GA232C4. Los Misterios Efesios de Artemisa

Dornach, 30 de noviembre de 1923

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La continuación de los estudios que hicimos aquí en la última ocasión nos conducen hoy ante algo que servirá de preparación para las próximas dos conferencias. Nos lleva a mirar la conexión del hombre y de hecho del hombre en su totalidad, con nuestra Tierra. A menudo he dicho en varios encuentros que el hombre está sujeto a una especie de engaño si se atribuye a sí mismo una existencia totalmente separada, si se atribuye a sí mismo, como ser humano físico, una existencia separada e independiente. Él es de hecho independiente e individual como un ser psíquico y espiritual; pero como hombre físico de la Tierra pertenece a la Tierra en su totalidad orgánica, y esto también se aplica en cierto sentido a su cuerpo etérico.

Os describiré hoy cómo esta conexión del hombre con la existencia terrenal puede aparecer a la visión suprasensible, y lo haré en una forma más narrativa como preparación para las dos conferencias que seguirán a esta. Supongamos que alguien que posee la conciencia imaginativa  —que he descrito a menudo— emprende un viaje por los Alpes primitivos, entre aquellas rocas y piedras que consisten principalmente en cuarzo, es decir, en rocas que contienen silicatos y otros minerales similares. Cuando entramos en esta región montañosa primitiva, caminamos sobre las rocas más duras de la Tierra, las cuales, cuando aparecen en su propia forma característica, tienen algo virgen en ellas, podría decirse, algo que no ha sido tocado por la vida cotidiana ordinaria de la Tierra. De hecho, podemos comprender bien a Goethe cuando, en una de las hermosas declaraciones que hemos citado aquí, habla de su experiencia entre estas montañas primitivas. Habla de la soledad que sentía al sentarse entre estas montañas de granito recibiendo impresiones de aquellas rocas duras y severas que se elevaban desde la Tierra. Goethe se dirige al granito como “el eterno hijo de la Tierra”, el granito que consiste en cuarzo, es decir en silicatos, en mica y feldespato.

tiza,silice, cuarzo

Ahora bien, cuando un hombre se acerca a estas rocas primitivas con su conciencia ordinaria, puede admirarlas desde fuera. Puede quedarse impresionado por sus formas, por el maravilloso arte plástico primitivo, que es, sin embargo, extraordinariamente elocuente. Cuando, sin embargo, se acerca a estas rocas, las más duras de la Tierra, con la conciencia imaginativa, penetra por sus medios directamente en las profundidades del reino mineral. Entonces él es capaz de crecer junto con la roca como ser pensante. Podría decirse que su ser anímico se extiende por todas partes en las profundidades de la roca, y realmente entra en espíritu como en un santuario de los dioses. La naturaleza interna de estas rocas se revela como permeable a la cognición Imaginativa, mientras que las superficies exteriores aparecen como las paredes del templo de los dioses. Pero al mismo tiempo tiene el conocimiento de que dentro de esta roca vive un reflejo interior de todo lo que está en el cosmos. Una vez más el mundo de las estrellas se coloca ante el alma del hombre reflejado en esta dura roca. Finalmente, recibe la impresión de que en cada una de estas rocas de cuarzo hay algo como un ojo de la Tierra para todo el cosmos.

Recuerden los ojos de los insectos, esos ojos de muchas facetas que dividen todo lo que se les acerca desde fuera en muchas partes separadas. Uno quisiera imaginar, y de hecho no puede dejar de hacerlo, que hay un sinnúmero de cuarzos y formaciones similares en la superficie de la Tierra que son tantos ojos de la Tierra, para que el ambiente cósmico pueda ser reflejado y la Tierra pueda percibirlo interiormente. Poco a poco se adquiere el conocimiento de que cada forma cristalina existente en la Tierra es un órgano sensorial cósmico de la Tierra.

Éste es el hecho maravilloso, majestuoso, de la cubierta de nieve, y aún más de la caída de los copos de nieve, donde en cada uno de estos copos hay un reflejo de gran parte del cosmos, que con la cristalización del agua reflexionan en la Tierra partes de los cielos estrellados. No necesito mencionar que las estrellas también están allí durante el día solamente que la luz del sol es por supuesto demasiado fuerte para que las percibamos. Las estrellas nos se ven durante el día, pero si tienen en cualquier momento la oportunidad de bajar a una bodega profunda sobre la cual haya una torre abierta en la cima, entonces, porque están mirando fuera desde la oscuridad y la luz del sol no les confunde, pueden ver las estrellas incluso por el día. Hay una cierta torre en Jena, por ejemplo, desde la cual uno puede ver las estrellas durante el día. Sólo menciono esto de pasada para dejar claro que este reflejo de las estrellas en los copos de nieve y por lo general, en todos los cristales está por supuesto presente también durante el día. Y no es una reflexión física sino espiritual. La impresión que uno recibe de esto es comunicada interiormente.

Pero esto no es todo. Del sentimiento espiritual, de la impresión que se recibe así, surge en el alma el sentimiento de que así como vivimos imaginativamente en la cubierta cristalina de la Tierra, así crecemos junto con todo lo que la Tierra experimenta del cosmos en esta cubierta cristalina.

De esta manera, extendemos nuestro propio ser hacia el cosmos. Nos sentimos uno con el cosmos. Y sobre todo lo que ahora se convierte en una verdad, una verdad profunda para el observador imaginativo, que lo que llamamos el cuerpo de la Tierra con todas sus diversidades fue una vez en el curso del tiempo nacido del cosmos; entonces la relación de la Tierra con el cosmos aparece más intensamente ante los ojos del alma. Así, a través de esta experiencia de vivir nosotros mismos en los millones de ojos cristalinos de la Tierra, nos preparamos para sentir toda la relación interior de la Tierra con el cosmos, experimentándola en el Alma Sensible.

montañas del jura

De este modo, nos sentimos como hombres más unidos a la Tierra —explicaré este punto más adelante. Porque este proceso de la Tierra que nace del cosmos tuvo lugar cuando el hombre mismo era todavía un ser primordial, no un ser físico sino un ser espiritual. Pero el proceso por el que pasó entonces la Tierra después de salir del cuerpo cósmico, el hombre mismo lo vivió en su propio ser junto con la Tierra. Es realmente el caso de que la Tierra una vez en un tiempo tenía la misma relación interna con el cosmos vecino que lo rodea como el embrión humano lo tiene al cuerpo de su madre antes del nacimiento. Más tarde, sin embargo, el niño comienza a ser independiente. De modo similar, la Tierra misma desarrolló la independencia, mientras que en el primer período del Antiguo Saturno estuvo más unida con el cosmos. Este proceso de independizarse fue compartido por el hombre de tal manera que aprendió a decir: “El dedo que llevo sobre mí es un dedo sólo mientras sea parte de mi organismo; en el momento en que lo corte ya no es un dedo, se descompone”. De la misma manera, si imaginamos al hombre como cuerpo físico separado a pocas millas del cuerpo de la Tierra, se pudriría como lo hace el dedo cuando es cortado del cuerpo del hombre. El engaño del hombre de que como un ser físico es independiente de la Tierra surge sólo del hecho de que puede moverse libremente sobre su superficie, mientras que el dedo no puede moverse sobre el resto del organismo. Si el dedo pudiera caminar sobre el resto del cuerpo, se engañaría con respecto al hombre como él, como un ser físico, se engaña con respecto a la Tierra. Es sólo a través del conocimiento superior donde la conexión del hombre físico con la Tierra queda clara.

Ese es el primer conocimiento que el hombre adquiere por medio de la cognición imaginativa cuando se aplica a la parte más dura de la superficie terrestre.

Podemos avanzar más en este conocimiento si entramos más profundamente en la Tierra y aprendemos a conocer todo lo que está en su interior como venas o vetas de metal, o cualquier cosa de naturaleza metálica en general. Aquí penetramos bajo la superficie de la Tierra; pero aquí, cuando encontramos lo metálico, llegamos a algo muy especial, a una existencia separada del resto de la Tierra. Los metales tienen algo de una naturaleza independiente en ellos, pueden ser experimentados como algo independiente; y esta experiencia tiene mucho, mucho que ver con el hombre.

Incluso aquel que ya ha alcanzado un cierto conocimiento superior por medio de la visión imaginativa todavía no está muy cerca cuando experimenta el cuarzo y otras rocas de las montañas de tal manera que al convertirse en uno con el millón de ojos de la Tierra él mismo vive, siente y se proyecta en la totalidad cósmica. Cuando, sin embargo, ese hombre se acerca al interior de la Tierra, llegan a él los primeros impulsos que acompañan una experiencia tan maravillosa y profunda como la que puede tener en el estímulo que se puede alcanzar en una mina. Sin embargo, una vez que estos impulsos han llegado a él, sólo requiere visión espiritual para poder en todo lugar entrar en relación con lo que es metálico, incluso si no baja a los pozos mineros.

Pero el sentimiento del que estoy hablando puede adquirirse con especial intensidad en las minas de metal. Incluso los mineros de metal (aunque esto no es tanto el caso como lo fue hace unas décadas) que han crecido interiormente con su llamada demuestran algo de lo que podríamos llamar un profundo sentido del elemento espiritual de los metales; porque los metales no sólo perciben el ambiente del cosmos, sino que hablan. Hablan espiritualmente. Relacionan cosas, nos hablan. Y hablan de tal manera que este lenguaje que pronuncian es muy parecido al que se recibe como una impresión propia.

Cuando conseguimos establecer una conexión psíquica con los seres humanos que están pasando por el desarrollo entre la muerte y el renacimiento (he mencionado a menudo este punto antes) necesitamos para ello un lenguaje especial. Los enunciados de los espiritistas son realmente infantiles en este dominio por la razón de que los muertos no hablan el lenguaje del hombre terrenal. Los espiritistas creen que los muertos hablan de tal manera que uno puede escribir lo que dicen, tal como uno puede recibir una carta de un contemporáneo, viviendo aquí en la Tierra. En su mayor parte eso es una extravagancia que proviene de las sesiones espiritistas, porque incluso entre nuestros contemporáneos que viven en la Tierra también se escriben cosas altisonantes. Pero esa no es la cuestión. La primera necesidad es encontrar el enfoque correcto del lenguaje que hablan los muertos, que no tiene semejanza con ningún idioma en la Tierra. Ciertamente tiene un carácter vocal-consonántico, pero no como el del habla terrenal. Este lenguaje que sólo puede ser percibido por los oídos espirituales es también utilizado por los metales en el interior de la Tierra. Y este lenguaje a través de la cual el hombre puede acercarse a las almas que viven entre la muerte y el renacimiento nos relata los recuerdos de la Tierra, las cosas que la Tierra ha experimentado en su paso por Saturno, Sol y Luna. Debemos dejar que los metales nos relaten cuáles fueron las experiencias de la Tierra. Las experiencias de todo el sistema planetario (ya he hablado de esto) nos son contadas por lo que Saturno tiene que comunicar al sistema cósmico planetario en el que vivimos. Lo que la Tierra ha sufrido en el proceso, de esto hablan los metales de la Tierra.

La lengua hablada por los metales de la Tierra puede asumir dos formas diferentes. Cuando este lenguaje tiene la forma ordinaria, por así decirlo, aparece ante nosotros lo que la Tierra ha atravesado durante la evolución que comenzó en el período de Antiguo Saturno. Lo que encuentran en mi  libro “La Ciencia Oculta, un Esquema” en relación con esta evolución se originó en su mayor parte, de la manera que he descrito a menudo, a través de la percepción espiritual directa de los acontecimientos. Ese es un modo de adquirir conocimiento de estos procesos de la Tierra que es algo diferente del modo al que me estoy refiriendo ahora. Pues los metales hablan más —si puedo expresarme así; es, por supuesto, algo extrañamente expresado— los metales hablan más de las experiencias personales de la Tierra. Hablan de lo que la Tierra ha experimentado como una personalidad cósmica. Así, si tuviera en cuenta las narraciones de los metales, a los cuales se puede escuchar penetrando espiritualmente en la parte interior de la Tierra, tendría que añadir muchos detalles a lo que he escrito sobre los períodos de Antiguo Saturno, el Antiguo Sol y la Antigua Luna etc.

Lo primero, por ejemplo, sería que esas formas de Antiguo Saturno que encontraréis descritas en mi libro “La Ciencia Oculta, un Esquema” como formas que consisten en diferenciaciones de calor, aparecerían como poderosos seres gigantescos consistentes en calor; Seres de calor que, incluso en el período del antiguo Saturno, habían alcanzado una cierta densidad. Si tal cosa pudiera ser (por supuesto, es imposible, pero supongamos que podría suceder) que un hombre terrenal fuera a encontrarse con estos seres, podría tomar conciencia de ellos, sería capaz de apoderarse de ellos. En cierto momento, a mediados de este período de Saturno, estos seres no eran meramente seres espirituales, sino que también mostraban una existencia física; si el hombre los hubiese tocado, se habría llenado de ampollas. Sin embargo, sería un error suponer que estos seres tenían una temperatura de millones de grados de calor. Ese no es el caso, pero tenían una temperatura interior tal que si se pudiera tocarlas el contacto habría causado ampollas.

En lo que respecta al período solar, deberíamos relacionar cómo en estas formaciones descritas en mi “Ciencia Oculta” como presentes en el período del Antiguo Sol aparecen otros seres que muestran transformaciones maravillosas, metamorfosis maravillosas. De la observación de estos seres auto-transformadores se da la impresión, por ejemplo, de que las metamorfosis descritas por autores clásicos como Ovidio tienen algo que ver con estas comunicaciones que nos imparten, indirectamente, los metales. Ovidio ciertamente no era capaz de comprender directamente el lenguaje de los metales, y lo que describe en sus Metamorfosis no se corresponde perfectamente con la impresión que uno recibe; pero en cierto sentido transmite la correspondencia.

Paracelso de nuevo era una personalidad que vivió mucho más tarde que aquellos a los que acabo de referirme. Lo más importante que Paracelso quería aprender no lo aprendió en la Universidad. No puedo decir que Paracelso no asistió a la Universidad, porque lo hizo y no voy a presentar objeciones contra ir a la Universidad, pero Paracelso no fue allí para aprender las cosas más importantes que quería saber. Se fue por todas partes donde los hombres le podían contar cosas más importantes; se dirigió a hombres como los mineros del metal, por ejemplo, y de esta manera adquirió gran parte de su conocimiento.

Ahora bien, cualquiera que conozca la forma correcta de adquirir conocimiento por sí mismo, sabe lo extremadamente esclarecedoras que son las sencillas observaciones del agricultor por ejemplo, un hombre que tiene que sembrar y cosechar y  hacer todo lo que está relacionado con ese tipo de trabajo. Usted dirá, sí, pero él no entiende la importancia de lo que está diciendo. A usted no le importa si el hablante entiende o no, siempre y cuando usted mismo entienda cuando le escucha. Eso es lo importante. Ciertamente en muy pocos casos el propio hombre entenderá lo que dice; habla por instinto. Y aún más cosas fundamentales se pueden experimentar en el caso de aquellos seres que no entienden nada de lo que nos dicen —de los escarabajos y mariposas, de los pájaros, y así sucesivamente.

Lo que se podía aprender en las minas de Asia Menor a través del lenguaje de los metales fue estudiado muy profundamente por Pitágoras, por ejemplo, en sus peregrinaciones, y desde allí muy penetrado en lo que se convirtió en la civilización griega y romana. Luego aparece en forma debilitada en escritos como las Metamorfosis de Ovidio. Que entonces es una forma del lenguaje de los metales en el interior de la Tierra.

La otra forma  —suena como grotesca, pero sin embargo es cierto— la otra forma es aquella en la que este discurso de los metales comienza a desarrollar la poesía cósmica, cuando pasa a la forma poética. En realidad en el lenguaje de los metales aparece la fantasía cósmica. Entonces resuena de esta poesía cósmica lo que constituye las relaciones más íntimas entre los metales y el hombre. Estas relaciones íntimas entre el hombre y los metales existen. Las relaciones ordinarias de las que la fisiología es consciente sólo se refieren a unos pocos metales. Se sabe, por ejemplo, que el hierro juega un papel importante en la sangre humana; pero el hierro es el único metal de este tipo que hace esto. Un cierto número metales, como el potasio, el calcio, el sodio, el magnesio, también desempeñan un papel determinado, pero un mayor número de metales importantes, importantes para la estructura y el funcionamiento de la Tierra, no desempeñan aparentemente ninguna función en el organismo humano, para la observación superficial. Pero esto es sólo aparentemente. Cuando bajamos a la Tierra y aprendemos a conocer el color de los metales también aprendemos que los metales no están de ninguna manera confinados al interior de la Tierra, sino que están en todas partes en los alrededores de la Tierra, aunque ciertamente en un ambiente extremadamente diluido —debo usar aquí la expresión— en una dilución superhomeopática que se distribuye por todas partes en el medio ambiente de la Tierra.

En términos generales, no podemos tener plomo en nosotros, pero hablando con mayor precisión, no podemos existir sin el plomo. ¿Qué sería del hombre si el plomo no operara desde el cosmos, desde la atmósfera; si en un estado infinitamente dividido, el propio plomo no penetrara por el ojo con el rayo nervioso; si el plomo no penetrara en el cuerpo a través de la respiración y en un estado infinitamente finamente dividido entrar en nosotros a través de la comida? ¿Qué sería el hombre si el plomo no funcionara en él?.

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De hecho, el hombre podría tener percepciones sensoriales sin plomo. Percibiría colores, percibiría sonidos; pero en sus percepciones de colores y sonidos sería como si, con cada percepción, se volviera ligeramente inconsciente. No sería capaz de retirarse de sus percepciones y reflexionar en el pensamiento, ni formarse conceptos de lo que ha percibido. Si no tomamos plomo, como ya he dicho, en la dilución súper homeopática en nuestro sistema nervioso y, sobre todo, en nuestro cerebro, abandonaríamos completamente nuestras percepciones de los sentidos como algo exterior a nosotros. No seriamos capaces de meditar sobre nuestras percepciones sensoriales, ni podríamos conservarlas en la memoria. Esta capacidad nos es dada por el plomo finamente diluido en nuestro cerebro. Si el plomo se introduce en el cuerpo humano en grandes cantidades resulta en el terrible envenenamiento por plomo. Pero el que conoce la conexión puede ver de este envenenamiento por plomo que, mientras que el plomo cuando se introduce en el cuerpo del hombre en grandes cantidades produce un daño excesivo, en esta fina dilución súper homeopática es algo que causa un morir en cada momento como es necesario para que pueda llegar a ser un ser consciente, y no sufrir inconsciencia a través del continuo crecimiento, brotar y crecer. Porque en la germinación y brotación, en la sobrepresión de las fuerzas puras del crecimiento, el hombre se vuelve impotente.

Es así que el hombre está conectado con todos los metales, incluso con aquellos sobre los cuales nuestra fisiología grosera no habla. El conocimiento de estas conexiones es la base para una auténtica y verdadera terapia; pero la instrucción acerca de estas conexiones entre los metales y el hombre sólo puede darse en ese lenguaje que es el discurso poético de los metales en la Tierra. Así puede decirse que, respecto a las experiencias pasadas de la Tierra misma, el lenguaje ordinario de los metales instruye al hombre; pero los metales instruyen al hombre acerca de sus propiedades curativas cuando se vuelven poéticos, cuando su lenguaje se convierte en poesía.

Esto es ciertamente una conexión notable. Desde el aspecto cósmico, la medicina es la poesía cósmica; indicando cuántos secretos del mundo están contenidos en el hecho de que algo que en un nivel del mundo es dañino y provoca la enfermedad, en otro nivel es el más beneficioso, el más perfecto, el más hermoso. Esto se nos muestra cuando la cognición inspirada penetra en las venas de metal en la Tierra y en todo lo que es metálico en la Tierra.

Podemos entrar en otra relación con los metales, esa relación que se hace evidente cuando se someten a las fuerzas de la naturaleza, por ejemplo, al fuego o fuerzas naturales similares. Observen la notable forma asumida en la Tierra por el antimonio, un metal. Se compone de picos individuales, lo que demuestra que cuando se está formando sigue ciertas direcciones de fuerza que operan en el cosmos.

antimonio

 

Este antimonio gris tiene también la propiedad de que si se calienta y se esparce sobre el vidrio se forma un espejo. El antimonio tiene también otras características, por ejemplo, la de explotar si se trata eléctricamente de una cierta manera y después se lleva al cátodo (el polo negativo). Todas estas características del antimonio muestran la relación de tal sustancia metálica con las fuerzas de la Tierra y su entorno. Esto sin embargo, se puede observar en el caso de todos los metales. Podemos observar todos los metales cuando son sometidos al fuego, y vemos cómo, si alguna vez se desarrolla una temperatura más alta, pasan a esa condición súper homeopática y en esta alta temperatura toman una forma completamente diferente. En este sentido, las ideas de nuestros físicos modernos son las más limitadas que uno pueda imaginar. Por ejemplo, se imaginan que cuando se derrite el plomo se vuelve más y más suave, y por supuesto que es bastante correcto en esa medida. Se hace más suave a medida que la temperatura aumenta; El plomo se vuelve más y más caliente. Se vuelve más líquido hasta que emite vapores de plomo. Pero todo el tiempo algo está siendo lanzado ya que no va más allá de una cierta temperatura. Esto no lo saben. Es precisamente esta parte superior, esa parte súper homeopática del plomo que pasa continuamente a lo que yo llamo la vida invisible universal, y esto es algo que actúa sobre el hombre.

El asunto puede presentarse así. Abajo, en la Tierra hay varios metales, pero estos metales también existen en un estado finamente dividido por todas partes. Puedo decir que son metales vaporizados. Allá abajo en la Tierra tenemos los metales con sus contornos afilados, con sus formas rígidas, y aún más abajo estarán ciertamente en una condición fluida ardiente. Pero también existen en el ambiente de la Tierra en ese estado finamente dividido; Allí se revelan en continuas radiaciones, de modo que una radiación constante sale al cosmos. Los metales entran en el espacio; Pero hay una cierta elasticidad en este espacio cósmico, y las fuerzas que salen de esta manera no irradian sin límite al espacio como los físicos imaginan ser el caso con los rayos de luz. Proceden a una determinada frontera y luego regresan. Se puede observar esta parte trasera radiante de los metales que vuelven en todas direcciones desde la periferia del cosmos como si vinieran de todas partes. Se nota que estas fuerzas de retroceso actúan en esa esfera de la vida humana que es realmente la más maravillosa y bella, es decir, cuando, en los primeros años de su vida, un niño aprende a caminar, a hablar y a pensar. La forma en que un niño se levanta de la posición de arrastramiento hasta conseguir su orientación en el mundo es realmente lo más maravilloso que podemos observar en la vida terrenal —esta realización de sí mismo como ser humano. En el interior, en estas fuerzas que he descrito tan a menudo trabajan las fuerzas de retroceso de los metales. Mientras el niño aprende a levantarse verticalmente desde su posición de arrastre horizontal, es permeado por estas fuerzas metálicas que vuelven como reflejo. Son estas fuerzas las que realmente elevan al niño. Si uno puede interiormente percibir y comprender esta conexión, entonces al mismo tiempo se tiene otra experiencia. Uno aprende en sus acciones y en su ser la conexión del hombre como él vive aquí en la Tierra con sus vidas anteriores de la Tierra.

Se requiere la misma capacidad de percibir el funcionamiento de los metales en el cosmos como lo hace para percibir la conexión kármica de sucesivas vidas terrenales. Estas capacidades son las mismas, la una surge con la otra, y la una no existe sin la otra. Por esta razón dije en una conexión diferente que en el poder de la orientación, el levantarse del niño del arrastrarse al caminar a pie, en aprender a hablar y en aprender a pensar la posición que viene de las vidas terrenales anteriores. Cualquiera que tenga un sentimiento por estas cosas puede ver en la forma en que un niño da sus primeros pasos, en la forma en que camina, si tiene la inclinación de presionar más sobre los dedos o el talón, si dobla las rodillas más o menos fuerte —en todo esto cualquiera que tenga ojo para estas cosas puede ver una tendencia kármica de una anterior vida terrenal. Esto se revela principalmente en el andar y ahora se puede percibir porque la capacidad de ver las fuerzas de retroceso de los metales y el poder de observar la conexión del hombre con su vida anterior de la Tierra se pertenecen.

Cuando la gente dice que la antroposofía no se puede demostrar que cualquier aserción realmente no tiene fundamento. La gente está acostumbrada a probar las cosas de tal manera que la percepción de los sentidos siempre tiene que presentarse como prueba. Eso es como si alguien dijera: Si me dices que la Tierra se mueve en el espacio cósmico sin apoyo es imposible; La Tierra debe tener algo para descansar, de lo contrario se caería. Ahora los cuerpos cósmicos se apoyan mutuamente, y sólo con respecto a las cosas de la Tierra se puede decir que todo debe tener algo sobre lo que descansar. Para las verdades que conciernen a la conciencia cotidiana exigimos pruebas. Las verdades que se relacionan con el espíritu se apoyan mutuamente. Pero uno debe ser capaz de rastrear este apoyo mutuo.

Hace unas semanas dije cómo, observando la manera en que un niño o un hombre camina —si primero levanta los dedos de los pies o el talón, si pisa ligera o firmemente, si dobla las rodillas o las sostiene tiesamente, etc.— que en todas estas cosas se puede ver la realización de su karma como el resultado de su vida anterior en la Tierra. Hoy les he mostrado cómo las fuerzas reflejadas de los metales permiten reconocer cómo las varias vidas en la Tierra están conectadas entre sí.

Aquí percibimos dos verdades que se apoyan mutuamente. Siempre es el caso que debemos primero oír una verdad, entonces intervienen otras cosas, y volvemos a oírs de nuevo la misma verdad desde un punto de vista diferente, quizás una tercera vez. Así las verdades de la Antroposofía se apoyan unas a otras, como los cuerpos celestes en el cosmos se sostienen y se apoyan mutuamente. Esto debe ser así cuando ascendemos de las verdades que son válidas para la conciencia ordinaria a aquellas verdades que subsisten por sí mismas en el cosmos. Y el auto-subsistir en el cosmos es aquello que debe ser comprendido a través del conocimiento dado por la Antroposofía.

Así que debemos reunir todas las verdades que se han dado en diferentes momentos, verdades que realmente se apoyan unas a otras, se atraen unas a otras y algunas veces también se repelen, mostrando así la vida interior del conocimiento antroposófico; porque el conocimiento antroposófico vive de su propia inspiración. Otros sistemas que se obtienen hoy en día dependen de los soportes sobre los que descansan, pero el conocimiento antroposófico es autosuficiente.

Traducido por Gracia Muñoz en Junio de 2017.

 

GA232c2. Centros de Misterios

24 de Noviembre de 1923

 

English version

Si buscamos continuar el estudio de la naturaleza anímica, a la que dedicamos nuestra atención en la conferencia de ayer e investigar la actividad de la naturaleza anímica en el hombre físico en relación con aquellas cosas que también hablamos ayer, podemos seguir dos direcciones. La memoria indica al alma las experiencias pasadas; el pensamiento conduce al alma, como ayer expliqué, a la existencia etérica. Aquello que puede aferrarse al hombre, incluso con más fuerza que el recuerdo, tan fuerte que los impulsos interiores penetran hasta su sustancialidad corporal, lo denominé el gesto. Al observar el gesto y su naturaleza hemos avanzado hasta la revelación del alma y el espíritu en lo físico.

La entrada completa del hombre en la vida física terrenal es una toma de posesión de lo físico mediante el alma y el espíritu y si para empezar, limitamos nuestras consideraciones a la memoria, encontramos que esto consiste en que lo experimentado a una edad temprana es portado hasta años posteriores. Ahora, cuando la memoria señala a cosas del curso pasado de la vida terrenal, surge la pregunta, ¿hay algo en la vida humana que nos señale aún más hacia el pasado? ¿Podemos remontar la mirada hasta aquello que existe antes de la entrada del hombre en la vida terrenal?

Aquí llegamos a dos cosas, es decir, aquello que el hombre ha experimentado espiritual y psíquicamente en la existencia pre-terrenal (que dejaremos para una posterior consideración) y algo relacionado con la naturaleza física corporal que el hombre como ser individual porta en ella. Me refiero a todo aquello que estamos acostumbrados a designar como la herencia debido a nuestras ideas científico-naturales. El hombre porta consigo justo en las tendencias de su propio temperamento aquellos impulsos, aquellas características, que juegan un papel tan importante en el alma, y que están relacionadas con lo que era característico de sus antepasados físicos.

Por supuesto nuestra humanidad moderna trata tales asuntos con superficialidad, con insensatez. Por ejemplo, esta misma mañana leí un libro que trata de un regente de una conocida casa real, ahora extinta. Este libro se entrega a la cuestión de la herencia en esa familia. Se mencionan cualidades que se remontan hereditariamente hasta el siglo XVII. En ese libro que trata de la herencia encontramos una frase peculiar, que dice aproximadamente: “En esta casa real hay miembros que muestran claramente una tendencia hacia la extravagancia, hacia lo absurdo de la vida, hacia los excesos, etc. Aunque hay también miembros de esta casa que no tienen ninguna de estas tendencias”. Como ustedes ven, esta es una clase de pensamiento peculiar, pues uno podría realmente suponer que un escritor que hace una afirmación de esta índole tendría que admitir que no se pueden extraer conclusiones de tales circunstancias. Pero si examinan muchas de las cosas que en la actualidad conducen a lo que se llaman opiniones bien fundadas encontrarán muchas cosas de esta naturaleza.

Incluso aunque los puntos de vista imperantes sobre la herencia puedan parecer algo superficiales uno debe admitir que el hombre porta consigo características heredadas. Ese es un aspecto; el hombre a menudo tiene que luchar contra estas características heredadas. Debe, por así decirlo, desprenderse de ellas para alcanzar aquello para lo que estaba preparado mediante el proceso de la vida prenatal.

El otro aspecto que atrae nuestra atención es aquello que el hombre adquiere a través de la educación, a través del intercambio con sus prójimos, y también a través del intercambio con la naturaleza exterior. A los hábitos adquiridos a través de la observación de los reinos inferiores de la naturaleza, se les llama la adaptación del hombre a las condiciones que le rodean. Como ustedes saben, nuestra ciencia natural moderna considera estos dos impulsos de la herencia y adaptación como las influencias más importantes sobre los seres vivos.

Cuando penetramos en estos hechos sentimos, si los contemplamos sin prejuicios, que a menos que un hombre encuentre su camino hacia el mundo espiritual, no podrá llegar a conclusión alguna sobre tales cosas. Por tanto hoy consideraremos a la luz del conocimiento espiritual, las cosas que hallamos en cualquier momento de la vida.

Para ello debemos regresar a algo que hemos tratado repetidamente en estudios anteriores. A menudo hemos tenido que referirnos a la salida de la luna del planeta Tierra, y hemos mostrado que la luna estuvo anteriormente unida con la Tierra, y en un determinado punto del tiempo abandonó esta para influenciar sobre ella desde fuera. También he señalado que hay una causa espiritual para esta salida de la luna. Les he contado cómo hubo una vez sobre la Tierra seres sobrehumanos viviendo, que fueron los primeros grandes Maestros de la humanidad, y de los que procede lo que basándose en nuestro pensamiento humano terrenal podría designarse como Sabiduría Primigenia, que se encuentra por doquier como una trama, que es de profunda importancia y suscita reverencia incluso en la forma de restos fragmentarios en que existe hoy en día. Esta sabiduría fue una vez el contenido de las enseñanzas de estos grandes Maestros sobrehumanos en el punto de partida de la evolución terrenal humana.

Estos Seres encontraron su camino en la existencia lunar y allí están hoy, unidos a la luna. Pertenecen a la población de la luna, por así decirlo. Ahora lo importante es que cuando el hombre atraviesa el portal de la muerte, viaja a través de una serie de etapas por el reino del mundo planetario que pertenece a nuestra Tierra. Ya hemos considerado cómo, después de pasar a través de la existencia terrenal, el hombre entra primero en la esfera de actividad de la luna, después en la esfera de actuación de Venus, Mercurio, Sol, etc. Hoy puede interesarnos aprender cómo entra en la esfera de acción de la luna.

Ya he indicado cómo la vida del hombre puede seguirse con la visión Imaginativa más allá del portal de la muerte y que aquello que el hombre es como espíritu aparece después de haber desechado el cuerpo físico, que es entregado a los elementos terrenales, y después de haber visto su cuerpo etérico asumido por la esfera etérica que está unida con la Tierra; aún permanece allí la parte espiritual y anímica del hombre, el yo y el cuerpo astral.

Si, con la visión Imaginativa, seguimos lo que así atraviesa el portal de la muerte, siempre se presenta en una determinada forma. Esa es la forma espiritual que modela la sustancia física que el hombre porta en sí. Esta forma, comparada con el robusto cuerpo físico, no es sino una especie de imagen imprecisa, pero ejerce una profunda e intensa impresión en el sentimiento y percepción del alma. En esta forma la cabeza del hombre aparece débilmente a la mirada del alma. El resto de la forma es robusta, y gradualmente al pasar entre la muerte y un nuevo nacimiento esta forma se transforma en la cabeza de la siguiente encarnación.

Debemos aquí decir algo sobre esta forma que puede observarse con la visión Imaginativa después de que el hombre ha atravesado el portal de la muerte. Lleva una verdadera expresión fisionómica. En cierto sentido es una verdadera imagen de la forma en que el hombre aquí en su vida físico-terrenal fue bueno o malvado. Aquí en la vida terrenal un hombre puede ocultar el hecho de si el bien o el mal prevalecen en su alma, pero tras su muerte ya no puede ocultarlo. Cuando por tanto miramos la forma espiritual que queda tras la muerte vemos que lleva la expresión fisionómica moral de lo que el hombre fue sobre la Tierra.

Alguien que lleve a través del portal de la muerte aquello que es moralmente malo unido a su alma, tiene una expresión fisionómica mediante la cual se hace exteriormente similar, si se puede decir así, a las formas ahrimánicas. Es absolutamente un hecho que, durante el primer período tras la muerte, el sentimiento y percepción completa del hombre está condicionado por aquello que puede reproducir en sí mismo. Si él tiene la fisionomía de Ahriman, porque ha portado el mal moral en su alma, al atravesar el portal de la muerte, sólo puede reproducir, lo que significa percibir, lo que se asemeja a Ahriman. En cierto sentido esta psíquicamente ciego ante aquellas almas humanas que han atravesado el portal de la muerte teniendo una buena disposición moral. Ciertamente, es el más severo juicio que el hombre puede sufrir tras atravesar el portal de la muerte, que en la medida en que él mismo es malvado sólo es capaz de ver a aquellos seres que son como él mismo, porque sólo puede reproducir en sí aquello que forma la fisionomía de los seres humanos malvados.

Habiendo atravesado el portal de la muerte él entra ahora en la esfera lunar. Allí entra en la presencia de seres suprasensibles y suprafísicos, pero siempre en la medida en que son similares fisionómicamente a él mismo; así aquel que porta el mal a través del portal de la muerte entra en contacto con formas ahrimánicas. Este paso a través de un mundo ahrimánico, posee en el caso de ciertos seres humanos un significado bastante definido en la conexión completa de los sucesos cósmicos; y comprenderemos lo que sucede allí realmente si tenemos en cuenta el verdadero propósito del viaje de los sabios Guías humanos de la antigüedad a la colonia lunar del cosmos.

Además de los Seres de las Jerarquías superiores a los que habitualmente llamamos ángeles, arcángeles, etc., existen también, vinculados con la totalidad de la evolución cósmica aquellos Seres que pertenecen a los reinos de Lucifer y Ahriman. Estos Seres actúan en la conexión cósmica igual que lo hacen aquellos que se desarrollan normalmente. Los seres Luciféricos actúan de forma tal que buscan alejar de la materialidad física aquello que tiene la tendencia en sí de sumergirse en aquella. En la esfera de la humanidad los seres Luciféricos actúan de tal forma que utilizan cualquier oportunidad para alejar al hombre de su cuerpo físico. Los seres Luciféricos se afanan en hacer del hombre un ser etérico psíquico puramente espiritual. Las formas Ahrimánicas sin embargo se afanan en separar del hombre todo aquello que pueda desarrollarse hacia una naturaleza psíquica y espiritual, naturaleza que debería desarrollarse ahora en la humanidad. Les gustaría cambiar lo sub-humano –aquello que reside en los impulsos, instintos y demás, y que se expresa en el cuerpo– y transformarlo en lo espiritual. Transformar al hombre en un ser espiritual es la tendencia tanto de los seres Luciféricos como de los Ahrimánicos.

O Baron Arild Rosenkrantz10

 

Lucifer busca extraer del hombre el espíritu y el alma de tal forma que ya no se preocupe de las encarnaciones terrenales sino que desee vivir únicamente como un ser anímico-espiritual. Los seres Ahrimánicos por el contrario prefieren no preocuparse en absoluto por el alma y el espíritu del hombre; sino que buscan separar y llevarse a su propio mundo aquello que le es dado al hombre como una envoltura, como una vestidura, como un instrumento, es decir, el cuerpo físico y etérico.

El hombre encara por un lado a los Seres de las Jerarquías que se desarrollan normalmente, pero como está entretejido en la existencia completa, encara también las formas luciféricas y ahrimánicas.

El hecho es que cada vez que las formas luciféricas hacen esfuerzos para acercarse al hombre, su objetivo es alejarle de la Tierra. Por otra parte, cuando las formas ahrimánicas se esfuerzan por dominarle, buscan hacerlo más y más terrenal, aunque también desean espiritualizar la Tierra en una densa sustancia espiritual e impregnarla de condensadas fuerzas espirituales.

Cuando hablamos sobre asuntos espirituales hemos de utilizar expresiones que quizás puedan parecer grotescas, pero debemos utilizar el lenguaje humano. Por tanto permítanme utilizar palabras humanas habituales para algo que tiene lugar puramente en el espíritu; ustedes me comprenderán. Tendrán que elevar lo que debo expresar de esta manera a lo espiritual.

Los mismos seres que, como grandes Maestros trajeron al hombre aquella antigua sabiduría al comienzo de la existencia terrenal, se retiraron a la Luna para, en la medida de sus poderes, poner a los elementos Luciféricos y Ahrimánicos en la relación correcta con la vida humana. ¿Por qué fue esto necesario? ¿Por qué seres tan elevados como estos grandes Maestros Primigenios decidieron abandonar la esfera terrenal en la que habían actuado durante un tiempo, y marcharon a la esfera lunar fuera de la Tierra, para en la medida de lo posible situar a los elementos Luciféricos y Ahrimánicos en la correcta relación con el hombre?

Cuando el hombre, como ser anímico y espiritual, desciende a la esfera terrenal desde su existencia preterrenal, atraviesa aquel sendero que he descrito recientemente en el ciclo de conferencias sobre “Cosmología, Filosofía y Religión”. Él tiene una existencia psíquico-espiritual definida. El hombre une esto con lo que le es dado con la pura línea hereditaria a través de sus padres en la existencia física embrionaria. Estas dos, la existencia física embrionaria y la espiritual se interpenetran la una con la otra. Se unen entre sí; y de esta manera el hombre deviene a la existencia terrenal. Pero en aquello que vive en la línea hereditaria, en lo que desciende de los ancestros en forma de características heredadas, está contenido aquello que da a los seres ahrimánicos su punto de incisión sobre la naturaleza humana. Las fuerzas ahrimánicas moran en las fuerzas de la herencia, y cuando el hombre porta en sí muchos de estos impulsos heredados, tiene una naturaleza corporal en la que el yo no puede entrar plenamente. Ciertamente el secreto de muchos seres humanos es que tienen dentro de sí demasiados impulsos heredados. Esto se llama actualmente “estar cargado con la herencia”. La consecuencia de esto es que el yo no puede penetrar completamente en el cuerpo; no puede rellenar completamente todos los órganos individuales del cuerpo. Así el cuerpo en cierto sentido desarrolla una actividad propia paralela a los impulsos del yo al que realmente pertenece ese cuerpo. Así estos poderes ahrimánicos, al esforzarse por incidir lo máximo posible en la herencia, logran de este modo que el yo encaje con demasiada holgura en el ser humano; ese es el asunto.

El hombre está sin embargo sujeto también a la influencia de condiciones externas. Ustedes pueden darse cuenta de con cuánta fuerza el hombre está sujeto a estas condiciones  si consideran toda la influencia que las condiciones climáticas o geográficas tienen sobre él. Esta influencia del entorno puramente natural es ciertamente de extraordinaria importancia para el hombre. Hubo incluso momentos en que esta influencia del entorno natural se utilizó de una forma especial en la guía de los sabios líderes de la humanidad.

Por ejemplo, vamos a considerar algo muy extraordinario en la Antigua Grecia, la distinción entre espartanos y atenienses, debemos afirmar que esta diferencia, que se describe de una manera muy superficial en nuestros libros ordinarios de historia, reside sobre algo que se remonta a las regulaciones de los antiguos Misterios, que actuaron de tal forma que produjeron diferentes resultados para los espartanos y los atenienses.

En la antigua Grecia se prestaba mucha atención a la gimnasia como el principal factor en la educación del niño; pues de acuerdo con el método griego, al actuar sobre el cuerpo de una determinada forma también se actuaba indirectamente sobre el alma y el espíritu. Pero esto tuvo lugar de una forma para los espartanos y de otra diferente para los atenienses. Para los espartanos, se consideraba necesario por encima de todo permitir que los chicos se desarrollasen de tal forma que a través de sus ejercicios gimnásticos adquirieran en la medida de lo posible aquello que actuaba interiormente sobre el cuerpo, sólo por medio del cuerpo. Por tanto el muchacho espartano era impulsado a realizar sus ejercicios gimnásticos sin importar el clima.

Esto era diferente para los atenienses. Estos ponían gran énfasis en que sus ejercicios gimnásticos estuvieran adaptados a las condiciones climáticas. Ellos tuvieron mucho cuidado de que el chico que efectuaba sus ejercicios estuviera expuesto a la luz solar de la manera correcta. Para los espartanos era indiferente que los ejercicios se efectuasen bajo la lluvia o a la luz del sol, pero los atenienses exigían que las condiciones climáticas, especialmente los efectos solares, actuaran como un estímulo para ellos. El muchacho espartano era tratado de tal modo que su piel se hacía impermeable, de forma que todo lo que desarrollase en sí mismo proviniera de la corporalidad interior. La piel del muchacho ateniense no era masajeada con arena y aceite, sino que estaba expuesta a la acción del sol. Aquello que puede entrar en el hombre desde el exterior, a partir de los efectos del sol, pasaba así al interior de los muchachos atenienses. El muchacho ateniense era animado a ser elocuente, a expresarse con hermosas palabras. El muchacho espartano, por otra parte, era encerrado en sí mismo por medio de todo tipo de masajes con aceite; ciertamente al masajear la piel con arena y aceite se le entrenaba para desarrollar todo en sí mismo independientemente de la naturaleza exterior. Se le obligaba así a llevar a su naturaleza interna todas las fuerzas que la naturaleza humana puede desarrollar y no exteriorizarlas. Así, no llegó a ser elocuente como el muchacho ateniense, pero de esta manera se consiguió que fuera reticente, que hablara muy poco, que permaneciera silencioso. Si decía algo tenía que ser significativo. Tenía que tener contenido. Los discursos espartanos, que se escuchaban raras veces, se distinguían por el peso de su contenido. Los discursos atenienses se distinguían por la belleza de su lenguaje. Todo esto se hallaba relacionado con la adaptación del hombre a su entorno por medio del sistema de educación correspondiente.

Ustedes también pueden ver en otros lugares esta relación mantenida entre el hombre y su entorno. Los hombres de las regiones del sur, sobre los que actúan los efectos exteriores del sol, son más prolíficos en gestos; también son más habladores. Se desarrolla en ellos un lenguaje que tiene melodía porque en su desarrollo del calor interior están conectados con el calor exterior. Los hombres de las regiones del norte, por otro lado, se desarrollan de tal modo que no son habladores, porque tienen que retener en ellos su calor corporal como impulso. Consideren a los hombres del norte. Son conocidos por su silencio. Pueden sentarse juntos durante toda la noche sin sentirse obligados a pronunciar muchas palabras. Un hombre puede hacer una pregunta. El otro tal vez le responda con un “no” o “sí” después de dos horas, o tal vez la noche siguiente. Esto se haya relacionado con el hecho de que estos hombres del norte están obligados a tener en su interior un impulso más fuerte para la creación de calor interior, porque en ellos no penetra calor desde el exterior.

Aquí tenemos algo que podríamos llamar la adaptación del hombre a las condiciones naturales exteriores. Observen pues cómo todo esto se encuentra activo en la educación y en la vida anímico-espiritual general. Ahora bien, igual que los seres ahrimánicos poseen una influencia esencial sobre lo basado en la herencia, del mismo modo los seres luciféricos tienen una influencia esencial sobre la adaptación. Aquí pueden llegar al hombre cuando está desarrollando su relación con el mundo exterior. Enredan el yo humano en el mundo exterior; y al hacerlo a menudo confunden a este en el ámbito del karma.

Así mientras los seres ahrimánicos pueden poner al hombre en un estado de confusión en lo referente a su yo y sus impulsos físicos, los seres luciféricos le confunden en lo que respecta a su karma; pues aquello que proviene del mundo exterior no siempre se basa en el karma, sino que ha de ser tejido primero en el karma del hombre por medio de muchos hilos y conexiones de forma que su karma pueda residir en el futuro.

De esta forma las influencias Luciféricas y Ahrimánicas están íntimamente conectadas con la vida humana y han de ser reguladas. Deben ser reguladas a lo largo de la evolución del hombre. Por esa razón se hizo necesario que estos Maestros Primigenios de la Humanidad abandonasen la Tierra —en la que no podrían haber emprendido esta regulación porque no se puede emprender durante la vida terrena del hombre, y el hombre, cuando sale de su vida terrenal ya no está en la Tierra— por tanto estos antiguos Maestros de la humanidad tuvieron que retirarse de la Tierra, y proseguir su existencia en la Luna. Aquí estoy obligado a revestir con el discurso humano algo para lo que uno realmente requiere otras palabras-imagen. Después de que estos antiguos Maestros de la humanidad (Protomaestros) se hubieran retirado a la Luna tuvieron que buscar, durante su existencia lunar, un acuerdo con los poderes Ahrimánicos y Luciféricos. Ahora la aparición de los poderes Ahrimánicos sería especialmente perjudicial para el hombre en su existencia tras la muerte si, durante esa existencia, pudieran ejercer su influencia sobre él; pues si el hombre atraviesa el portal de la muerte llevando las secuelas de algo malvado en su alma, entonces, como ya les he explicado se encuentra completamente en un entorno Ahrimánico, ciertamente, incluso tiene una apariencia ahrimánica. Él mismo tiene un aspecto ahrimánico y sólo percibe a aquellos seres humanos que también poseen una fisonomía ahrimánica. Eso debe seguir siendo una experiencia puramente psíquica en su alma. Si Ahriman pudiera intervenir ahora, si pudiera ahora influir sobre el cuerpo astral, esto se convertiría en una fuerza que Ahriman enviaría al hombre y que no podría equilibrarse kármicamente, sino que pondría al hombre y a la Tierra en una relación muy cercana. Esto es lo que los poderes Ahrimánicos se afanan por lograr. Ellos desean, tras la muerte, mientras el hombre en su forma espiritual aún se parece a su forma terrenal, desean introducirse en aquellos seres humanos en los que les es posible introducirse, gracias a los impulsos malignos que portan al atravesar el portal de la muerte. Ellos desean impregnar gradualmente esta forma espiritual en tantos seres como sea posible con sus propias fuerzas, atraerlos hacia abajo a la existencia terrenal y establecer una humanidad Ahrimánica terrenal.

Por tanto los antiguos y sabios Maestros de la humanidad que ahora habitan la luna hicieron un pacto con los poderes Ahrimánicos, que tuvo que ser firmado por esos poderes por razones que explicaré más tarde, según las cuales permitían que los poderes Ahrimánicos influyeran en el más pleno sentido de la palabra sobre la vida del hombre antes de descender a la vida terrenal.

Así, cuando el hombre, en su descenso a la vida terrenal, atraviesa de nuevo la esfera lunar, entonces, según el acuerdo hecho entre los sabios y antiguos Maestros de la humanidad y los poderes Ahrimánicos, estos tienen una influencia definida sobre él. Esta influencia se manifiesta en el hecho de la herencia. Como contrapartida, ya que gracias a los esfuerzos de los antiguos sabios Maestros de la humanidad, esta esfera de la herencia había sido asignada a los seres Ahrimánicos, estos renunciaban a tomar parte en lo que vive en la evolución del hombre tras la muerte.

De manera inversa se concluyó un acuerdo con los seres Luciféricos mediante el cual estos seres sólo tendrían una influencia sobre el hombre después de que hubiera atravesado el portal de la muerte, y no antes de que descendiera a la existencia terrenal.

De ese modo, a través de los antiguos sabios Maestros de la humanidad, surgió una regulación de las influencias de los seres Ahrimánicos y Luciféricos ejercidas fuera de la Tierra. Ya hemos visto y sólo necesitamos considerar el asunto cuando se hace inmediatamente claro que el hombre es puesto bajo la influencia de la naturaleza gracias a que los seres ahrimánicos son capaces de actuar sobre él. Antes de su descenso a la Tierra el hombre se haya expuesto a las influencias de la herencia. A través de las influencias de los seres Luciféricos está expuesto a aquellos impulsos que subyacen en su entorno físico, en el clima y demás, también en los impulsos que subyacen en su entorno psíquico, espiritual y social a través de la educación, etc. El hombre entra así en relación con su entorno natural, y en este entorno pueden actuar tanto las influencias Ahrimánicas como las Luciféricas.

Ahora me gustaría hablar de otro aspecto relativo a la existencia de estos seres Luciféricos y Ahrimánicos en este ambiente natural. Ya he tocado estas cosas al discutir el enigma de Michael, pero ahora trataré de aclararlo más.

Imagínense el cambio que tiene lugar en nuestro entorno natural en el fenómeno de una niebla creciente. Las exhalaciones acuosas de la Tierra ascienden. Vivimos dentro de la atmósfera, que se satura con este ascenso de los vapores acuosos terrenales. Alguien que ha desarrollado la visión espiritual descubre que en este fenómeno natural puede vivir algo que transporta el elemento terrenal hacia arriba en una dirección centrífuga.

niebla

No sin razón los hombres que viven en zonas con niebla suelen ser melancólicos, pues hay algo en experimentar la niebla que aplasta nuestra voluntad. Experimentamos un aplastamiento de nuestra voluntad con la niebla.

Ahora mediante ciertos ejercicios puede uno desarrollar su imaginación de forma que pueda aplastar su propia voluntad. Se puede hacer por medio de ejercicios que consisten en que el hombre se concentre interiormente en ciertos órganos del cuerpo, y produciendo una especie de sentimiento interior de los músculos (cuando una persona camina y siente sus músculos es diferente que contraer un músculo mediante la concentración cuando está en reposo). Cuando este ejercicio se practica regularmente como los ejercicios descritos en “Cómo se Alcanza el Conocimiento de los Mundos Superiores” entonces sobrecarga su voluntad a través de su propia actividad. Entonces comienza a ver lo que está presente en la niebla, que puede volver a las personas taciturnas y melancólicas. Él entonces ve, espiritual y psíquicamente, que en la niebla, viven ciertos espíritus ahrimánicos. Debe decirse entonces con cognición espiritual: En la niebla surgen desde la Tierra hacia el espacio cósmico espíritus ahrimánicos que extienden así su existencia más allá de esta.

De nuevo, es distinto cuando, aquí en la región del Goetheanum donde el hermoso entorno ofrece tantas oportunidades, dirigimos nuestra mirada por la tarde y por la mañana al cielo, y vemos las nubes sobre las que se posa la luz del sol. Hace unos días pudieron ver por la tarde una especie de luz solar rojizo-dorada incorporada en las nubes, que producía las más hermosas formas de una manera maravillosa. En la noche de ese mismo día la luna brilló con especial intensidad. Pero pueden ver por doquier las nubes con esta iluminación desplegando sobre ellas un hermoso juego de colores. Esto puede verse en cualquier lugar; estoy hablando simplemente de algo que puede ser especialmente hermoso aquí.

En esa radiante luz que se despliega en la atmósfera sobre las nubes, viven los espíritus luciféricos, igual que los espíritus Ahrimánicos viven en la niebla. En realidad, para alguien que puede ver los eventos de la naturaleza de la manera correcta, conscientemente, con imaginación, permitiendo que sus pensamientos ordinarios salgan y acompañen a las formas y los colores de las cambiantes nubes, dando juego a sus pensamientos en vez de fijarlas en contornos afilados, y que es capaz de cambiarlos o transformarlos cuando los pensamientos mismos se expanden o contraen al salir con estos cúmulos y acompañarlos en su forma y color, entonces él realmente comienza a contemplar el juego del color en las nubes, especialmente por la tarde o por la mañana, como un océano de color en el que se mueven las formas Luciféricas. Y mientras que, a través de la niebla surgen sentimientos melancólicos en el hombre, es ahora cuando sus pensamientos y al mismo tiempo hasta cierto grado sus sentimientos aprenden a respirar como en una libertad sobrehumana al ver este fluyente océano luciférico de luz. Esa es una relación especial con su entorno que el hombre puede cultivar, pues él puede entonces realmente elevarse hasta el sentimiento de que su pensamiento es como una respiración de luz. El hombre siente entonces su pensamiento, lo siente como una respiración de luz.

luz del amanecer

Si emprenden voluntariamente estos ejercicios, entonces comprenderán mejor esa parte de mis Dramas Misterio donde hablo de los Seres que respiran luz. El hombre puede incluso ahora obtener una premonición de lo que son esos Seres que respiran luz, si emprende los ejercicios que acabo de describir.

Entonces descubrimos cómo los seres Luciféricos y Ahrimánicos están incorporados en los fenómenos de la naturaleza exterior. Cuando estudiamos los fenómenos de la herencia y la adaptación al entorno en el ser humano nos damos cuenta de que en estos el hombre lleva su alma y su espíritu a la naturaleza. Si observamos los fenómenos de la naturaleza como la niebla y las nubes bañadas en luz vemos cómo los seres Ahrimánicos y Luciféricos se unen a la naturaleza. Pero el acercamiento del alma y del espíritu humano a la naturaleza a través de la herencia y la adaptación al entorno es también, como he mostrado hoy, sólo un acercamiento a lo Luciférico y Ahrimánico.

Así, cuando contemplamos la naturaleza del hombre encontramos en ella las influencias Luciféricas y Ahrimánicas; y en esos fenómenos de la naturaleza que tienen lugar dentro de ella y de los que el físico no se preocupa, encontramos de nuevo los elementos luciféricos y ahrimánicos. Ese es el punto de partida desde el cual podemos observar una actividad de la naturaleza sobre el hombre que se extiende más allá de la existencia terrenal.

Fijemos esto firmemente hoy en nuestras mentes. Encontramos a Ahriman y a Lucifer en la herencia y en la adaptación al entorno. Encontramos a Ahriman y a Lucifer en la niebla y en la luz que se vierte sobre las nubes y es retenida por ellas; y encontramos en el hombre el esfuerzo por crear un ritmo y un equilibrio entre la herencia y la adaptación al entorno. Pero también encontramos fuera en la naturaleza el esfuerzo de crear el ritmo entre los dos poderes cuya existencia en la naturaleza he mostrado, el Luciférico y el Ahrimánico.

Si siguen el proceso completo fuera en la naturaleza, tienen un hermoso drama. Observen la niebla y vean cómo en ella los espíritus ahrimánicos se afanan por salir al espacio cósmico. En el momento en que la niebla forma nubes, estos seres han de cejar en su empeño y regresar de nuevo a la Tierra. En las nubes el presuntuoso esfuerzo de Ahriman encuentra sus límites. En las nubes la niebla cesa, y con ella la morada de Ahriman; en las nubes comienza la posibilidad de que la luz repose sobre ella, Lucifer reposa sobre las nubes.

Capten el significado completo de esto. Imaginen la niebla creciente con formas ahrimánicas amarillo-grisáceas transformándose en nubes; mientras en aquello que se forma en la luz que fluye sobre las nubes las formas luciféricas se afanan por descender, y tendrán la imagen de lo Ahrimánico y lo Luciférico en la naturaleza.

Entonces comprenderán los tiempos en que había un sentimiento por lo que reside al otro lado del Umbral, por aquello que teje y vive en las brillantes nubes, por aquello que teje y vive en la niebla que asciende; de forma que en aquellos días los pintores, por ejemplo, estaban en una posición bastante diferente de la que asumieron después. Entonces el color, que para ellos era de naturaleza espiritual, asumió su lugar correcto en el lienzo. El poeta, consciente entonces de que lo Divino, el Espíritu, hablaba en él, podía decir: “Canta, Musa, la cólera de Aquiles”, o “Cántame, Musa, la historia del hombre que recorre muchos senderos”. Así comienzan los poemas de Homero. Klopstock, que vivió en una época en que el sentido por lo divino-espiritual ya no estaba vivo, escribe en su lugar: “Canta, Alma Inmortal, acerca de la redención de los hombres pecadores”. A menudo he hablado de esto. Igual que los poetas de tiempos antiguos podían hablar así, del mismo modo los antiguos pintores, incluso en la época de Rafael o de Leonardo, podían decirlo, porque ellos también lo sentían a su modo: “Pinta para mí, oh Musa. Pinta para mí, oh Divino Poder. Dirige mis manos, lleva mi alma a mis manos, para que Tú puedas guiar el pincel en ellas”.

Realmente se trata de comprender esta unión del hombre con lo espiritual en todas las situaciones de la vida, y la mayoría de ellas en las más importantes.

Así que tengamos esto claro, que por un lado, en la herencia y en la adaptación al entorno, llevamos al ser humano hacia Lucifer y Ahriman; mientras que, por otra parte, en una verdadera comprensión de la naturaleza, llevamos los elementos luciférico y ahrimánico hacia la naturaleza exterior. Desde este punto de vista continuaremos nuestras observaciones en la próxima conferencia.

Traducido por Gracia Muñoz. Junio de 2017

 

GA169. Las festividades y su significado

IV . Pentecostés – Un símbolo de la inmortalidad del Yo

[Extracto de la primera conferencia del Curso XLIII, Cosmic Being and Egohood, impartido por Rudolf Steiner en Berlín, del 6 de junio al 18 de julio de 1916. (Impreso con permiso especial).

Berlin, 6 de Junio de 1916

English version

Llevar la mente a pensamientos relacionados con la Festividad de Pentecostés me parece menos apropiado en estos días graves [Berlín, 1916.] de lo que ha sido en años anteriores. Pues la humanidad está atravesando pruebas fatídicas y en tales momentos realmente no es apropiado llamar a los sentimientos de calidez interior y regocijo. Si nuestros sentimientos son correctos y verdaderos, nunca podremos olvidar por un momento el sufrimiento que ahora es tan universal y,en cierto sentido, es realmente egoísta querer olvidarlo para entregarnos a pensamientos que alientan y elevan el alma. Por lo tanto, será más apropiado hoy hablar de ciertos asuntos relacionados con las necesidades de la época, porque nuestros estudios recientes han demostrado muy claramente que muchas de las razones de los sufrimientos de la época actual están en la actitud predominante hacia lo espiritual, y es urgente trabajar en el desarrollo del alma humana para que la humanidad pueda avanzar hacia mejores días. Sin embargo quiero por lo menos comenzar con pensamientos que nos lleven al significado de una festividad tal como Pentecostés.

Hay tres Festividades de importancia capital en el curso del año: Navidad, Pascua y Pentecostés. Todos los que no se han vuelto indiferentes al significado de tales festividades en la evolución del mundo y de la humanidad, como es el caso de la mayoría de nuestros contemporáneos, percibirán a la vez los contrastes entre estos tres eventos. Las experiencias asociadas con cada una se expresa en su simbolismo exterior.

La Navidad es una festividad relacionada sobre todo con las alegrías de la infancia, una fiesta en la que una parte esta usualmente, si no siempre, relacionada con el Árbol de Navidad que se lleva al hogar traído de la naturaleza cubierta de nieve. Nuestro pensamiento también se vuelve a la festividad de Navidad tan frecuentemente celebrada entre nosotros y que durante siglos en esta temporada ha llevado a los corazones humanos sencillos el recuerdo del gran y único acontecimiento en la evolución de la Tierra cuando Jesús de Nazaret o, para ser más exactos, el Jesús, que vino de Nazaret y nació en Belén. La fiesta del nacimiento de Jesús de Nazaret es una fiesta ligada al mundo de sentimientos engendrado por el Evangelio de San Lucas, por aquellas partes del Evangelio que hacen el llamamiento más general a los corazones sencillos y son los más fáciles de entender. Es, pues, una Festividad de la humanidad universal, inteligible hasta cierto punto al menos para el niño y para los hombres que han conservado una cualidad infantil de corazón y mente. Sin embargo, trae a esos corazones infantiles algo grande y poderoso que luego llega a formar parte de su conciencia.

El festival de Pascua, aunque se celebra durante la temporada cuando la naturaleza está despertando a la vida, lleva a nuestras mentes al portal de la muerte. En contraste con la ternura y el atractivo universal de la fiesta de Navidad, la fiesta de Pascua contiene algo infinitamente sublime. Si las almas humanas son capaces de celebrar el festival de Pascua realmente, no pueden dejar de ser conscientes de su majestad trascendente. Trae la sublime concepción del Ser Divino que descendió a un cuerpo humano y pasó por la muerte. El enigma de la muerte y la preservación en la misma muerte la vida eterna del alma – esta es la gran visión presentada por la fiesta de Pascua.

Estas fiestas sólo se pueden experimentar en su profundidad cuando recordamos las muchas cosas hechas realidad por la Ciencia Espiritual. Piensen en lo estrechamente vinculados con todas las fiestas celebradas en el mundo en conmemoración de los nacimientos de salvadores con los pensamientos que surgen de la fiesta de Navidad. Se nos recuerda, por ejemplo, la fiesta de Mithras celebrando su nacimiento en una cueva. Todas estas cosas son la evidencia de una íntima conexión con la naturaleza. Que la Navidad es un festival vinculado con la naturaleza se simboliza con el árbol de Navidad, y el nacimiento, también, lleva nuestra mente a los trabajos y poderes de la naturaleza. Pero debido a que el nacimiento del cual la Ciencia Espiritual tiene tantas cosas que decir es el de Jesús de Nazaret, es un nacimiento cargado de infinito significado. Y recordando que el Espíritu de la Tierra despierta en invierno, está más activo durante la estación donde la naturaleza exterior parece estar durmiendo en un manto de hielo y nieve, podemos sentir que el festival de Navidad nos lleva a la naturaleza elemental y que la iluminación de las velas de Navidad es un símbolo de cómo el Espíritu está despertando en la oscuridad invernal de la Naturaleza.

Si relacionamos el festival de Navidad con la vida y el ser del hombre, podemos hacerlo recordando que el hombre también está conectado con la naturaleza cuando se separa de ella espiritualmente, como lo hace durante el sueño, cuando con su yo y cuerpo astral entra en el mundo espiritual. Su cuerpo etérico permanece unido, suprasensiblemente, al cuerpo físico, y representa la parte del ser del hombre que pertenece a la naturaleza elemental, a esa naturaleza elemental que despierta a la vida dentro de la Tierra cuando se halla envuelta en el hielo del invierno. Es mucho más que una analogía; de hecho, es una verdad profunda decir que, aparte de todo lo demás, la fiesta de Navidad es una señal de que el hombre tiene en su ser un principio elemental etérico, un cuerpo etérico a través del cual está vinculado con la Naturaleza elemental.

Si reflexionan ahora en todo lo que se ha dicho en el transcurso de muchos años acerca del gradual oscurecimiento y declive de las fuerzas del hombre, se  harán conscientes de cuán estrechamente todas las fuerzas del cuerpo astral humano están conectadas con los procesos de muerte. El hecho de que tengamos que desarrollar el cuerpo astral durante nuestra vida, y que en el cuerpo astral tengamos que recibir lo espiritual, significa que, al hacerlo, traemos las semillas de la muerte a nuestro ser. Es completamente incorrecto creer que la muerte está conectada con la vida en un sentido externo solamente, porque la conexión es interior y fundamental. Nuestra vida es como es sólo porque somos capaces de morir en la forma en que lo hacemos. Pero esto está ligado con todo el desarrollo del cuerpo astral del hombre. Una vez más, es más que una analogía cuando decimos: El festival de Pascua es un símbolo de todo lo que tiene que ver con la naturaleza astral del hombre, con ese principio de su ser que, cuando duerme, deja el cuerpo físico y junto con él yo entra en el mundo espiritual de donde descendió ese Ser Divino-Espiritual que en Jesús de Nazaret realmente pasó por la muerte. Si uno estuviera hablando en una época más viva para lo espiritual que la nuestra, lo que acabo de decir sería reconocido como realidad, mientras que en nuestros días se toma simplemente como simbolismo. Se comprendería entonces que el propósito de instituir las fiestas de Navidad y de Pascua era proporcionar al hombre señales de recuerdo de que está conectado con la naturaleza espiritual, con esa naturaleza que lleva a la muerte la integridad física, y darle indicios que le recuerden que en su cuerpo etérico y en su cuerpo astral es portador de lo espiritual. — En nuestros días estas cosas han sido olvidadas. Se volverán a iluminar cuando la humanidad tenga la voluntad de adquirir la comprensión de verdades espirituales como éstas.

Pero ahora, además del cuerpo etérico y del cuerpo astral, llevamos dentro de nosotros como supremamente espiritual, nuestro Yo. Sabemos algo de la naturaleza compleja del Yo. Sabemos especialmente que es el Yo el que pasa de encarnación a encarnación, que las fuerzas interiores del Yo se construyen y se conforman a esa forma que llevamos adelante en nuestro ser en cada nueva encarnación. En el Yo resucitamos de la muerte para prepararnos para una nueva encarnación. Es en virtud del Yo que somos individuos. Si podemos decir que el cuerpo etérico representa en cierto sentido lo que es semejante al nacimiento y está conectado con las fuerzas elementales de la naturaleza, que el cuerpo astral simboliza el principio de muerte que está conectado con la espiritualidad superior, podemos decir que el Yo representa nuestro continuo resurgimiento en el espíritu, nuestra resurrección en el reino espiritual que no es ni la naturaleza ni el mundo de las estrellas, sino que los impregna a todos. Y así como el festival de Navidad se puede conectar con el cuerpo etérico y la fiesta de Pascua con el cuerpo astral, la fiesta de Pentecostés se puede conectar con el Yo. Esta es la fiesta que, representando la inmortalidad del Yo, es una muestra del hecho de que nosotros, como hombres, no solo compartimos la vida universal de la naturaleza, no sólo sufrimos la muerte, sino que somos seres inmortales individuales, creciendo una y otra vez de la muerte.

¡Y cuán maravillosamente esto llega a expresarse cuando el pensamiento de Navidad, el pensamiento de Pascua y el pensamiento de Pentecostés son llevados más lejos! El festival de Navidad está directamente relacionado con los acontecimientos terrenales, con el solsticio de invierno, el tiempo en que la Tierra está envuelta en la oscuridad más profunda. Al celebrar el festival de Navidad seguimos la ley por la cual se gobierna la existencia de la Tierra; cuando las noches son más largas y los días más cortos, cuando la tierra está helada, nos retiramos en nosotros mismos y buscamos lo espiritual que ahora está despertando dentro de la Tierra. El festival de Navidad está ligado con el Espíritu de la Tierra; Nos recuerda una y otra vez que pertenecemos a la Tierra, que el Espíritu debió bajar de las alturas cósmicas y tomar forma terrenal para ser un hijo de la Tierra entre los hijos de la Tierra.

El festival de Pascua tiene un ambiente diferente. Ustedes saben bien que la Pascua está determinada por la relación del sol con la luna del primer domingo después de la primera luna llena de primavera, la primera luna llena después del 21 de marzo. El festival de Pascua, por lo tanto, se fija según la posición relativa del sol a la luna. De una manera maravillosa, entonces, el festival de Navidad está vinculado con la Tierra, y la fiesta de Pascua con el Cosmos. En Navidad nos recuerdan lo que es más santo en la Tierra, y en la Pascua lo más santo en los cielos.

Pero el pensamiento subyacente a la fiesta cristiana de Pentecostés está asociado de una manera muy hermosa con lo que está incluso por encima de las estrellas: el fuego universal, espiritual y cósmico que se individualiza y en lenguas ardientes desciende sobre los Apóstoles. Es el fuego que no es ni solo celestial ni solo terrestre; Es el fuego omnipresente que individualiza y pasa a cada ser humano. En verdad, el festival de Pentecostés está vinculado con todo el Universo. Así como la fiesta de Navidad está conectada con la Tierra y la fiesta de Pascua con las Estrellas, así la fiesta de Pentecostés esta directamente conectada con el hombre, con el hombre individual, en cuanto recibe la chispa de la vida espiritual de todo el Universo. Lo que se concede a la Humanidad en general por el descenso a la Tierra del Ser que es tanto Dios como Hombre, se prepara para cada ser humano individual en las ardientes lenguas de Pentecostés. Estas lenguas ardientes representan lo que por igual vive en el hombre, en las estrellas, en el mundo.

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Y para aquellos que buscan lo espiritual, esta fiesta de Pentecostés tiene un significado y un contenido de especial profundidad, llamando cada vez más a la perpetua renovación de la búsqueda espiritual.

En nuestros días es necesario que estos pensamientos de la fiesta se tomen en un sentido más profundo que en otros tiempos. Pues la forma en que saldremos de los graves acontecimientos de estos tiempos dependerá en gran medida de cuán profundamente los hombres sean capaces de experimentar estos pensamientos. Que las almas tendrán que salir de las condiciones catastróficas actuales ya está empezando a realizarse aquí y allá. Y aquellos que han llegado a la Ciencia Espiritual deben sentir con mayor intensidad la necesidad de que se infunda nueva fuerza en la vida espiritual, la necesidad de superar el materialismo. Esta victoria sobre el materialismo sólo será posible si los hombres tienen la voluntad de encender el mundo espiritual en la actividad viva dentro de ellos, para celebrar el festival de Pentecostés interior y con verdadera seriedad.

Traducido por Gracia Muñoz en Junio de 2017

GA137.c10. El Hombre a la luz del Ocultismo, la Teosofía y la Filosofía

Christiania, 12 de junio de 1912

English version

Mis queridos amigos,

No es casual que después de haberles dado una descripción del encuentro con la muerte y con Lucifer que tiene lugar en el hombre cuando cruza el umbral a los mundos suprasensibles, pasara a tratar otra cuestión que  tal vez puede que la hayan encontrado difícil de entender. Comencé por intentar explicarles el verdadero significado del Ser de Cristo; y en el curso de la explicación —cuyo camino encontré de manera muy natural en el tema que estábamos considerando— tuve que hablar de cómo Cristo venció a Lucifer, tal como se puede encontrar relatado en los Evangelios en el capítulo de la Tentación en el desierto. Y luego, después de haber llevado nuestro estudio un poco más lejos, pasamos a una comunicación sobre el Buda.

Recordemos brevemente este encuentro con la muerte y Lucifer. Lucifer aparece de hecho ante el discípulo como el arquetipo de la grandeza humana —sí, e incluso de la grandeza suprahumana y divina— cuando, en este punto, separado de sus andanzas y acciones, se acerca al hombre. Aparece como un Ser que tienta al hombre. Y sólo cuando el alumno vuelve a mirar lo que él mismo ha llegado a ser a través de la influencia de Lucifer, sólo cuando contempla el espantoso cuadro animal en el que el hombre se ha convertido en el curso de sus encarnaciones a través de las seducciones y tentaciones de Lucifer, se cura un poco del poder seductor de la figura que tiene delante. Entonces les conté la ayuda que puede llegar al discípulo de Cristo. Cristo trae una especie de profundo consuelo y esperanza, para contrarrestar la terrible impresión que se produce en el alumno tras el encuentro con la muerte y Lucifer, y además del encuentro con la imagen de sí mismo, —que es en cierto sentido el Guardián del umbral. En el lugar de la muerte, en el lugar del cuerpo humano destruido, aparece algo más.

muerte

Lo que estoy hablando ahora puede ser experimentado, y cuando se experimenta, es exactamente como lo describo. En el lugar de la muerte aparece Cristo mismo, dándonos a entender que ese yo nuestro puede, después de todo, ser retenido. En otras palabras, tenemos en nuestra conciencia una imagen interior que es totalmente independiente de la memoria que nos queda de nuestra vida en los sentidos. Sugerir que tenemos que ver aquí con una ilusión o alucinación sería un disparate; Porque uno puede ser ciego, sordo, sin sentido del olfato o cualquier otro sentido, y sin embargo tiene la experiencia cuando uno llega a este punto en el camino de la iniciación, —la experiencia de Cristo apareciendo en el lugar de la muerte. ¿Qué es lo que el hombre tiene ante sí? Traten de imaginarlo! Tienes delante de ti a Cristo, que aparece en el lugar de la muerte y de Lucifer. Es decir, tenemos la misma imagen descrita por los Evangelistas en la escena de la Tentación en el desierto. No habrá necesidad de recordar los relatos de la Tentación dada en los Evangelios; Lo tendrías allí delante de ti, recibiendo en tu alma el Impulso de todo el acontecimiento de Cristo, que caminó sobre la Tierra, fue crucificado y venció a la muerte. Basta con que tuvieran el cristianismo de San Pablo; no tendrías que haber estado bajo la influencia del cristianismo de los Evangelios. Es muy posible experimentar, independientemente de los Evangelios, independientemente de cualquier impresión externa, algo que se describe en los Evangelios. Tal cosa es perfectamente posible. Piensen en lo que sucede en la vida ordinaria. En la vida ordinaria tienes una experiencia consciente cuando desde fuera se hacen impresiones en tu conciencia y por ello entran en tu conciencia los conceptos e ideas. Ahora, sin embargo, tienes ante ti una imagen que no la puede evocar ninguna impresión exterior. Porque no puedes encontrar a Lucifer en ninguna parte del mundo de los sentidos; Es completamente imposible que Lucifer sea una impresión externa en el mundo físico de los sentidos. Tampoco la imagen de la muerte se encuentra en el mundo de los sentidos. Y cuando finalmente la muerte se convierte en Cristo, tienes ante ti una imagen que ciertamente podrías descubrir en última instancia como el recuerdo de un hecho en el mundo exterior, pero que sin embargo se muestra ante ti ahora, en tu entrada en el Mundo Suprasensible, como una imagen que es alcanzable sin ningún apoyo del mundo externo. Pues no es necesaria ninguna impresión exterior para hacer surgir la imagen de la Tentación de Cristo, la conquista de la muerte y la superación de todo lo que Lucifer hizo del hombre. ¿A qué clase de conciencia llegamos entonces?. A una conciencia sin objeto externo. Me he esforzado por conducirles a la Luz no manifiesta y a la Palabra no expresada. Y ahora ya tienen el concepto de la Conciencia sin objeto externo, una conciencia que recibe el contenido de su propio ser.

Nuestras consideraciones nos llevaron entonces a una asombrosa, pero no menos verdadera, comunicación concerniente al Buda. Esto no fue una mera casualidad. Tuve que comenzar la conferencia de ayer, hablando sobre el hombre del movimiento interior, con el fin de explicar cómo el hombre puede dar un paso más aún en la iniciación en los mundos superiores; Y en ese sentido expresé una verdad que tal vez a primera vista es difícil de comprender (volveremos a ella de nuevo) —la verdad, es decir, que Lucifer se muestra en una forma completamente cambiada cuando avanzamos a esta segunda etapa de la iniciación, apareciendo ante nosotros como el gobernante del reino de Venus. Dije también cómo el Sol, que hasta ahora hemos considerado supremo en poder, ahora aparece como un planeta mas entre los siete planetas, y Cristo como el Espíritu del planeta del Sol. Cristo mismo se manifiesta en esta conexión como un Espíritu planetario, hermano del Espíritu de Venus. En otras palabras, Cristo aparece como un hermano de Lucifer. Esto abrió el camino para una consideración del destino post-terrenal del Buda. Pues el destino posterior del Buda no puede ser experimentado vivamente en su verdad pura y original, sin alcanzar esta segunda etapa de iniciación; Es imposible llegar a la verdad que expusimos ayer sobre el Buda, a menos que uno vaya más allá del primer encuentro con la muerte y con Lucifer donde uno contempla la escena de la Tentación y pasa a la siguiente etapa de iniciación donde se manifiestan los siete Espíritus Planetarios. Por lo tanto esto debía ser descrito, primero. Todavía se podría preguntar si la verdad sobre la vida del Buda después de dejar la Tierra no es de alguna manera alcanzable para la conciencia externa —es decir la conciencia, que está dirigida a las impresiones exteriores— entonces la respuesta debe ser que no es posible que con la conciencia terrestre se pueda hacer tal investigación sobre las condiciones de vida y cultura en Marte, como para revelar lo que el Buda realiza allí. Sin embargo, en el momento en que la iniciación penetra hasta el estadio que describimos ayer, es posible que la conciencia sin objeto externo tenga esa experiencia en virtud de su propia naturaleza. Por lo tanto, en relación con esta verdad acerca de Buda, se trata también de adquirir la conciencia sin objeto externo. Las condiciones y circunstancias de los hechos aquí revelados son por supuesto externos —porque el Buda vive realmente en Marte—. Sin embargo, la conciencia no sale de sí misma; en el reconocimiento de tal verdad no se cede a la influencia de una impresión externa, es todavía una conciencia sin objeto externo. De esta manera, os he llevado a la tercera de las tres cosas que presentamos al comienzo de estas conferencias: la conciencia sin objeto externo.

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Mirando hacia atrás sobre este estudio, vemos que hemos encontrado tres etapas o condiciones de la conciencia humana. Primero tenemos la conciencia física ordinaria. Después tenemos la conciencia que se alcanza en la primera etapa de la iniciación, y os he dado como ejemplo de lo que se experimenta en este estado de conciencia la imagen de la “Muerte y Lucifer” o “Cristo y Lucifer, en la Historia de la Tentación”. Finalmente, la tercera etapa de la conciencia es aquella en la que los siete Espíritus planetarios se manifiestan al hombre. E ilustramos esta tercera etapa por referencia a Buda. En la tercera etapa se experimenta el destino de Buda después de que su conversión a Buda no volviendo más a la existencia física en la Tierra. Hemos considerado así tres condiciones de la conciencia humana: la conciencia física; la conciencia de los mundos superiores en la primera etapa tal como la describimos ayer, ilustrándola con la historia de la Tentación; y finalmente una conciencia aún más elevada, la segunda conciencia de una naturaleza suprasensible. A muchos de ustedes tal vez les gustaría mucho si pudiéramos ir más lejos y describir estados todavía más altos de conciencia, pero el tiempo no lo permite. Voy sin embargo a sólo sugerir otra etapa.

¿Qué es lo que podemos experimentar por medio de la conciencia física? Todo nuestro entorno, todo lo que está presente a nuestros sentidos, todos los objetos existentes de la Tierra. ¿Qué podemos experimentar por medio de la segunda conciencia? Dejando por un lado, por el momento, el ejemplo que presentamos de la historia de la Tentación, descubrimos que por medio de la primera etapa de una clase superior de conciencia, se puede descubrir algo más allá de los objetos de los sentidos. Lo encontrarán descrito en líneas generales en mi libro “La Ciencia Oculta” en la parte donde se habla de la Antigua Luna, esa condición planetaria que precedió a nuestra actual Tierra. Esta Antigua Luna ya no existe, y tiene que ser descrita por medio de una conciencia que trabaja sin objeto exterior. La condición lunar de nuestra Tierra está en los mundos superiores. Está presente en los mundos superiores, conservados, como a menudo me han oído decir, en los Registros Akáshicos. De modo que para la primera conciencia de una clase superior tenemos, además de la Historia de la Tentación, todos los procesos que se puede decir que tienen relación con la antigua Luna. Todo lo relacionado con la Antigua Luna es posible describirlo por esta conciencia.

 Y ahora quiero llamar su atención hacia algo más. Hay un profundo significado en el hecho de que, de entre los muchos tipos de experiencia que el hombre adquiere a través de la primera conciencia superior, escogí la historia de la Tentación. Porque cuando nos dirigimos en el mismo estado de conciencia a la Antigua Luna, encontramos allí una repetición de la historia de la Tentación. (Digo una repetición, ¡pero naturalmente tuvo lugar mucho antes!) Es realmente así. Aprendemos cómo Cristo ya en la Antigua Luna superó a Lucifer, y en la escena que se nos da en los Evangelios tenemos que ver, por así decirlo, una repetición del hecho de que Cristo alcanzó la victoria sobre Lucifer. En la Tierra, Cristo rechaza a Lucifer desde el principio. Y esto se debe a que en la Antigua Luna, cuando Él mismo estaba menos evolucionado —porque Cristo también experimenta la evolución— había rechazado, a través de la devoción extrema de Su Ser a los Poderes Supremos, todos los ataques de Lucifer que en aquella época todavía significaban algo para Él. Ya en la Antigua Luna, Lucifer se acercó a Cristo. En la Tierra ya no era peligroso para Él: en la Tierra Cristo rechaza a Lucifer desde el principio. En la Luna, sin embargo, Cristo tuvo que ejercer todas las fuerzas a su disposición para repeler a Lucifer. Esta es entonces la experiencia añadida que viene a nosotros cuando dirigimos la mirada hacia atrás con la conciencia superior al remoto tiempo de la Antigua Luna.

LA TENTACION

Si vamos aún más lejos y alcanzamos la segunda conciencia de una clase superior, entonces, además de aprender acerca de hechos que tienen un significado para la Tierra, como la historia de Buda, también aprendemos nuevamente lo que ya ha sido descrito en mi Ciencia Oculta, nos vamos a la aún más temprana encarnación de nuestra Tierra, —el Antiguo Sol. En ese tiempo lejano las condiciones eran esencialmente diferentes, y la dificultad que se tiene para entender esta sección particular en la Ciencia Oculta puede ser una indicación de lo difícil que es describir el estado del Antiguo Sol. Allí me tomé el trabajo de describir especialmente las imágenes que están menos alejadas del hombre e incluso pueden recordarnos el paisaje de la Naturaleza. En el tiempo en que se escribió “La Ciencia Oculta” se habría encontrado poca comprensión hacia las cosas de una naturaleza más moral que se experimenta en el estudio de la encarnación del Antiguo Sol.

Cuando volvemos a la época del Antiguo Sol, ¡no encontramos ninguna historia de la Tentación! Encontramos el Sol todavía como un planeta entre los siete planetas, encontramos a Venus con Lucifer como su regente; Y ambos, el Espíritu del Sol y el Espíritu de Venus —en otras palabras, Cristo y Lucifer— aparecen a primera vista como hermanos. Solamente al esforzarnos al máximo en nuestros poderes de percepción podemos observar la diferencia entre ellos. Pues la diferencia entre Lucifer y Cristo, en el tiempo del Antiguo Sol no se aprecia desde una observación de su ser externo, requiere una observación y estudio más interior. En efecto, es extraordinariamente difícil encontrar medios exteriores para demostrar en qué consiste la diferencia. Por lo tanto, por favor, tomen lo que voy a decir como si no fuera más que un intento de caracterizar, si puede ser, la diferencia que la conciencia clarividente puede percibir entre Cristo y Lucifer en la época del Antiguo Sol.

Cuando dirigimos nuestra mirada ahora a Cristo, ahora a Lucifer, una nueva percepción comienza a amanecer en nosotros. Lucifer, el soberano de Venus, aparece en una forma extraordinariamente llena de luz, por supuesto quiero decir de luz espiritual. Tenemos la sensación de que todo el resplandor y la brillantez que podemos experimentar en la Tierra al contemplar una manifestación de luz es débil y tenue en comparación con la majestuosidad de Lucifer en el Antiguo Sol. Pero entonces nos damos cuenta, cuando empezamos a percibir sus intenciones —y somos capaces de ver a través de éstas— que Lucifer es un Espíritu dotado en su misma naturaleza de un orgullo infinito, un orgullo tan grande que puede ser una tentación para el hombre. Porque, como es bien sabido, hay cosas que hasta cierto punto no son tentaciones para el hombre, pero que se patentizan cuando crecen en proporciones majestuosas y el orgullo es una de ellas. Cuando el orgullo es majestuosamente grande, tienta al hombre. La grandeza de Lucifer, el orgullo de Lucifer en su majestuosa figura de luz, contiene un elemento seductor. “Luz no manifiesta”, luz que no brilla exteriormente, pero que tiene en sí misma un poder inmenso y fuerte  —que Lucifer tiene en su totalidad.

 ¿Y cómo se ve la figura de Cristo junto a Lucifer? La figura de Cristo en la época del Antiguo Sol —el Señor y Gobernante del planeta Sol— es una imagen de devoción extrema, devoción entera a todo lo que le rodea. Mientras que Lucifer aparece como alguien que sólo piensa en sí mismo —estamos obligados a vestirlo todo en palabras humanas, a pesar de que son bastante inadecuadas— Cristo aparece como completamente entregado, en devoción, a todo lo que está a su alrededor en la totalidad del mundo.

El Gran Mundo no era entonces como es ahora. Si nos transportáramos ahora al presente Sol, colocándonos en el centro circular y mirando alrededor en todas las direcciones, deberíamos percibir en primer lugar las doce Constelaciones del Zodíaco. Éstas no eran entonces externamente visibles; sino que se presentaban doce grandes Formas, doce Seres que dejaban que sus palabras resonaran desde las profundidades de la oscuridad, pues el espacio exterior todavía no estaba lleno de luz. ¿Qué clase de palabras eran éstas? Eran palabras: —la palabra «palabra» no es más que una improvisación, para indicar lo que aquí se quiere decir— eran palabras que hablaban desde los tiempos primitivos, tiempos que aún entonces venían de un pasado remoto y antiguo. Los doce eran Doce Iniciadores de los Mundos. Hoy vemos en las direcciones de estos Doce Iniciadores de los Mundos los doce Signos del Zodíaco, pero en ellos resuena, para el alma que está abierta a la totalidad, el ser original de la Palabra No Hablada de los Mundos, que podía tomar la forma de las doce Voces. Y—ahora debo comenzar a hablar más en imágenes; las palabras humanas no son suficientes— mientras que Lucifer tuvo el impulso de iluminar todas las cosas con la luz que vivía en él llegando por lo tanto a conocerlo todo, el Cristo, por otro lado se entregó a la Impresión de esta Palabra de los Mundos, la recibió en Sí mismo en su totalidad de modo que el Alma de Cristo devino en el Ser que reunió en Sí Mismo todos los grandes Secretos del Mundo que resonaban en Él a través de la Palabra no Expresada. Tal es el contraste que se presenta; el Cristo que recibe la Palabra de los Mundos y el orgulloso Lucifer, el Espíritu de Venus, que rechaza la Palabra de los Mundos, queriendo fundar y establecerlo todo con su propia luz.

Toda la evolución posterior es el resultado directo de lo que Lucifer y Cristo eran en ese tiempo. El Ser de Cristo, como vimos, recibió en Él los grandes y abarcadores secretos de los Mundos. El Ser de Lucifer, teniendo lo que sólo puedo describir como una “figura orgullosa de Luz”, perdió por lo tanto su reino, perdió su soberanía en Venus.

Por otros motivos, pues entrar detalles nos llevaría demasiado lejos, los otros Espíritus Planetarios perdieron también sus reinos, o más bien cambiaron su naturaleza. Pero no necesitamos pararnos ahora aquí. Lo que es importante para nosotros es el contraste entre Cristo y Lucifer. Llegó el momento en que Lucifer perdió más y más su gobierno; El reino de Venus poco a poco se fue apartando de él.   Lucifer con su luz se convirtió en un gobernante destronado, y el planeta Venus a partir de entonces tuvo que prescindir de un gobernante apropiado y por lo tanto estuvo obligado a sufrir un rezago evolutivo. El Cristo, sin embargo, retuvo durante el tiempo del Antiguo Sol la Palabra de los Mundos, y esta Palabra de los Mundos tiene la cualidad de encenderse a una nueva luz en el alma del que la recibe; de modo que desde entonces la Palabra de los Mundos se convirtió en la Luz de Cristo, y el planeta del cual el Cristo fue gobernante, el Sol, se convirtió en el centro de todo el sistema planetario y los otros planetas se sometieron a Él. Lo mismo ocurrió también con sus Gobernantes espirituales.

Deberíamos dejar que estas escenas vivan ante nosotros, debemos aprender a ver la divergencia que surgió en el tiempo del Antiguo Sol entre el camino de Lucifer y el camino de Cristo. Lucifer se rezagó, tuvo que quedarse atrás en su evolución, y volvió a rezagarse durante el tiempo de la Antigua Luna. Cristo siguió adelante. El Espíritu de Cristo, el Espíritu del Sol, se convirtió en un Espíritu que evolucionó hacia adelante hasta que finalmente pudo aparecer en la Tierra en la Forma que frecuentemente he descrito. A través de su devoción al Mundo, a través de su recibir e identificarse con la Divina Palabra Creadora No Expresada, por haber rechazado todo tipo de orgullo y haber puesto siempre la devoción en el altar de la Palabra de los Mundos, paso de gobernante planetario en el Antiguo Sol, a convertirse en el Gobernante Solar de todos los planetas, que fueron conquistados como parte del reino del Sol. Cuando se conoce esto —estoy hablando aquí más particularmente a aquellos que escucharon mis conferencias en Helsingfors (Los Seres Espirituales en los Cuerpos Celestiales y en los Reinos de la Naturaleza. GA 136)—  sabiendo esto, no lo sentirán como una contradicción con lo que expuse en aquellas conferencias sobre Cristo como un Espíritu del Sol de una clase superior a los Espíritus de los planetas. Porque por supuesto estábamos hablando de nuestro tiempo, del día de hoy. Cristo está muy por encima de los otros Espíritus Planetarios. Él es el Espíritu del Sol.

Aquí, sin embargo, no estamos simplemente describiendo cómo los cuerpos planetarios individuales son acelerados a la vida por sus Espíritus, pues nuestra tarea es sobre todo describir los diversos estados de conciencia, debemos mostrar cómo Cristo a través de Su propio carácter especial y durante el curso de la evolución que tuvo lugar entre el antiguo Sol y el tiempo presente, Su Naturaleza ha pasado por una evolución ascendente y de ser un Espíritu de la misma naturaleza que los Espíritus Planetarios se ha convertido en el Gobernante o Regente de todo el Sistema Solar.

Como he dicho, el tiempo no nos permite entrar en una descripción de la tercera conciencia de grado superior. Sólo mencionaré que la condición del Antiguo Saturno, la primera que ordinariamente se puede describir de las sucesivas encarnaciones de nuestra Tierra, puede ser experimentada con esta tercera conciencia superior. Como pueden ver, es posible hablar de una tercera conciencia superior de un carácter suprasensible. Si realmente queremos seguir la iniciación en su integridad, tendríamos que conducirnos a alturas vertiginosas de la conciencia. Hacerlo parecería desde el principio una especie de presunción y de hecho debemos ser llevados a regiones donde es casi imposible emplear palabras humanas. Por lo tanto, en mi Ciencia Oculta me he abstenido de describir cualquier cosa que pertenezca a estados aún más elevados de conciencia, ya que realmente está fuera de toda cuestión describir las cosas superiores en palabras humanas. En los Misterios se hacía formando signos simbólicos especiales y luego hablando en un lenguaje de símbolos. Por este medio era posible llevar al hombre a estados superiores de conciencia. Tales estados superiores sí existen; podemos hablar de una cuarta y una quinta consciencia de naturaleza suprasensible. Continúa, de hecho, sin límite. Todo lo que podemos hacer es decir que para la conciencia suprasensible la evolución toma su curso en una dirección determinada.

Estados planetariosc10

Teniendo en cuenta todo esto, en cualquier caso serán capaces de concebir la posibilidad de que por medio de los diferentes grados de conciencia suprasensible el hombre vea otros mundos aparte del físico; Y cuando recuerden que los primeros rudimentos del hombre físico comenzaron, como se muestra en “la Ciencia Oculta”, durante la condición del Antiguo Saturno, también verán que hay en el hombre una cierta conexión con el mundo de la tercera conciencia suprasensible. Pero aparte de esto, el hombre es, como ustedes saben, guiado y dirigido por Seres superiores a él. Él puede llegar al conocimiento de estos Seres superiores, pues ellos tienen influencia sobre él. Por lo tanto, no será difícil ver que no sólo el hombre, tal como está ante nosotros, ha sido creado a partir de mundos que van hasta la tercera conciencia suprasensible, sino que también tiene conexión con mundos más elevados.

El conocimiento y la experiencia que hemos descrito como alcanzables por medio de los diversos estados de conciencia pueden ser descritos al ser humano ordinario. Él puede comprender que tales estados de conciencia existen. No tiene experiencia directa como hombre en la Tierra de estos estados de conciencia adicionales, pero experimenta sus manifestaciones externas. La conciencia física, que, por supuesto, experimenta directamente. La primera conciencia suprasensible, de la cual experimenta una indicación en la conciencia onírica que no sólo proporciona imágenes arbitrarias de sueños, sino que conduce a una percepción de realidades pertenecientes a un mundo superior. Un desarrollo sistemático más alto de la conciencia del sueño es todo lo que se requiere para que el hombre llegue a la primera conciencia de una naturaleza suprasensible. Esta primera conciencia suprasensible puede dar información sobre las condiciones que prevalecían en la antigua Luna, la anterior encarnación de nuestra Tierra. Por lo tanto, encontrarán que en las comunicaciones ocultas la mayoría de las descripciones, aparte de las relacionadas con la propia Tierra, se refieren a la Antigua Luna; muy a menudo se detienen allí y no avanzan al Antiguo Sol. Este es el caso, siempre que tales comunicaciones estén basadas en la primera conciencia suprasensible, que es la que se da con mayor frecuencia y es la más fácil de alcanzar. Es en esta conciencia que tiene su origen la mayor parte de lo que dio H. P. Blavatsky en la “Doctrina Secreta”. Los ocultistas que tienen un conocimiento real son muy conscientes de este hecho. Por lo tanto, si leen “la Doctrina Secreta”, entonces en todas las grandes y comprensivas comunicaciones que se dan allí en referencia a los tiempos primitivos, encontrarán una referencia escasa a un pasado más lejano que la Antigua Luna.

 La condición de la conciencia onírica puede considerarse así como un primer comienzo —tiene por así decirlo, un hombre sustituto en la Tierra— para la primera conciencia suprasensible. Cuando el hombre entra en un sueño profundo, su conciencia se oscurece; pero no podemos decir que no existe conciencia. Si la consciencia profunda del sueño despertara, es decir, si se despertara fuera del cuerpo, entonces es la segunda conciencia suprasensible. Va más allá que la primera, y conduce a lo que uno puede experimentar en la condición del Antiguo Sol.

Un poco de reflexión nos aclarara lo siguiente. En la conciencia cotidiana vas haciendo movimientos externos. Tales movimientos están conectados con la conciencia diurna, la conciencia de la Tierra. Por otro lado, los movimientos que tienen lugar dentro del hombre —los movimientos del hombre medio que continúan incluso cuando estás dormido— están regulados por la conciencia que podríamos llamar la conciencia del sueño profundo. Los movimientos del corazón y de la respiración son movimientos conectados con esta segunda conciencia y sólo pueden ser comprendidos en toda su conexión con los mundos superiores cuando el hombre despierta fuera de su cuerpo, es decir, en la condición de sueño profundo del cuerpo.

Como pueden ver es muy posible percibir con la inteligencia ordinaria que están estos tres tipos de conciencia. Nos llevaría demasiado lejos ahora investigar las indicaciones que indudablemente existen para llegar a un tipo de conciencia aún más elevada. Sin embargo, hemos demostrado que cada vez que el hombre comienza a reflexionar sobre su vida como hombre de la Tierra, descubre manifestaciones de las conciencias superiores. Por lo tanto, es posible hablar con el hombre de la Tierra de estos estados superiores de conciencia. Se puede señalar primero cómo el hombre experimenta los procesos ordinarios de la vida en la Tierra por medio de su conciencia ordinaria. Uno puede entonces mostrar cómo, si la conciencia onírica fuera sometida a un realce tremendo, experimentaría todo lo que pertenece a las leyes que han sido traídas a la Tierra, por así decirlo, como un legado de la Antigua Luna; y finalmente como si se despertara en un sueño profundo, independientemente del cuerpo, experimentaría las condiciones del Antiguo Sol en esa forma en la que también se extienden hacia las condiciones de la Tierra. Por lo tanto, es posible comunicar estas cosas al hombre en la actualidad, y describirle cómo se manifiestan; Estamos justificados al hacerlo, ya que el entendimiento puede ser despertado por lo que el ocultista investiga. El ocultista habla de diferentes estados de conciencia. En realidad, son mundos diferentes: y se ha convertido en costumbre, como ustedes saben, llamar a estos diferentes estados de conciencia diferentes planos. Lo que se puede estudiar con la conciencia física se llama el plano físico; Lo que es perceptible a la primera conciencia de naturaleza suprasensible, el plano astral; al segundo, el Devacán inferior o plano mental; Y al tercero, el plano mental superior, o Devacán superior. Todavía más lejos, tenemos el plano Budhi y el plano Nirvana. Todo lo que estamos haciendo aquí es simplemente dar otros nombres a los resultados alcanzados en el camino oculto. Ambos caminos conducen a una imagen del hombre. Pues es siempre el hombre quien en sus diversas condiciones o estados esta activo como miembro de los diferentes planos o mundos. Lo que hemos hecho es conducir el conocimiento del hombre desde el punto de vista del Ocultismo, donde hablamos de diferentes condiciones de conciencia y diferentes condiciones de evolución, al conocimiento del hombre desde el punto de vista de la Teosofía. Pues donde el ocultista habla de condiciones de conciencia, el teósofo habla de planos sucesivos. El Ocultismo puede de esta manera ser comunicado abiertamente como Teosofía.

Ahora debemos retroceder un poco. En el curso de nuestras consideraciones han surgido algunos nuevos puntos de vista, y nos conviene abordarlos un poco más a fondo. Tomemos por ejemplo la percepción a la que llegamos de que el hombre es, en su forma externa, un ser humano de tres veces siete miembros. No tenemos tiempo en estas conferencias para explicar el asunto en detalle, pero les pido que recuerden lo que está escrito en “la Ciencia Oculta”, a saber, que antes de esta condición de la existencia de la Tierra, el hombre pasó por otras tres condiciones: Antigua Luna, Antiguo Sol y Antiguo Saturno, y que el primer fundamento para la forma humana física externa ya estaba presente durante el Antiguo Saturno y posteriormente fue sufriendo un continuo cambio y desarrollo. De modo que el maravilloso cuerpo humano que tenemos ante nosotros es el resultado de una larga evolución. Su evolución ha continuado a lo largo de tres grandes fases de la existencia, —Antiguo Saturno, Antiguo Sol y Antigua Luna. Cada una de ellas puede dividirse en siete, y cada subdivisión de estas grandes fases de la existencia ha dejado su marca en la forma humana. Tres veces siete fuerzas formativas han trabajado sobre la forma y la figura del hombre.

HOMBRE TRIPARTITO

Lo que el hombre ha añadido durante el tiempo de la Tierra, — que por sí solo no se encuentra es, como hemos visto, sólo la parte del hombre que está sujeta a la destrucción. Es la terminación de la forma humana, la acumulación de todas las partes en un todo completo; y esto ha sido destruido por Lucifer. De modo que cuando dividimos al ser humano en tres veces siete miembros, tenemos la expresión del hombre físico en la Tierra tal como viene ante nosotros con todos los cambios que se han ido produciendo en cada condición de las anteriores existencias sucesivas. Es el ser humano físico con el que estamos ocupados aquí. El ocultista debe considerarlo de la manera que hemos hecho en esta conferencia, en la medida que el tiempo lo ha permitido. El teósofo, por otra parte, sólo puede tener su atención dirigida a lo que está presente allí ante él. Podemos decirle: En el hombre, está el cuerpo físico. Cuando nos dispusimos a estudiar al ser humano, llegamos primero a su cuerpo físico, a esa forma sumamente complicada que ha pasado por tantas condiciones de existencia y que hoy se despliega manifestando perpetuamente las huellas dejadas atrás de las condiciones anteriores. Entonces, como recordarán, pasamos a considerar otra cosa. Hicimos un estudio del hombre en sus movimientos interiores; Y permítanme recordarles la conclusión a la que se nos condujo ayer. La forma del hombre la podemos ver, pero los movimientos como tales no lo vemos, y señalé ayer cuán difícil es discriminar entre los movimientos y llegar a una conclusión sobre cuáles son los movimientos esenciales en el hombre. Sin embargo, un hecho surgió naturalmente de nuestro estudio, a saber, que esta facultad de movimiento nos lleva al Antiguo Sol. Por lo tanto, no se sorprenderán cuando continúe diciendo que todos los movimientos interiores en el hombre están conectados con las experiencias que vivio durante la época del Antiguo Sol. Mientras que el hombre como hombre físico lleva en él la impresión de Antiguo Saturno, Antiguo Sol y Antigua Luna, el hombre como hombre de movimiento interior lleva en él las fuerzas para este movimiento desde la época del Antiguo Sol. El hombre de movimiento interior ha pasado a través del Sol y la Luna, y también la Tierra hasta donde ha llegado. Así distinguimos en el ser humano algo que no es forma, sino que es el fundamento interior del movimiento, y a esto debemos designarlo como el primer hombre invisible. No vemos a este hombre, podemos, sin embargo, ver los resultados externos de su actividad —los movimientos; y lo llamamos el cuerpo etérico, el cuerpo de éter. El cuerpo etérico sólo puede ser percibido por medio de una conciencia superior. El funcionamiento del cuerpo etérico en el mundo físico son los movimientos interiores que el ser humano realiza. Por lo tanto, en la medida en que el hombre ha tenido que someterse a las tres condiciones de existencia que precedieron a la nuestra, se ha convertido en hombre físico; En la medida en que ha tenido que someterse sólo al Sol en el tiempo de la Luna, se ha convertido en un hombre etérico. Y podemos ascender más allá y decir que en la medida en que el hombre ha sufrido el tiempo lunar, se ha convertido en hombre astral, es decir, ha fluido en sus movimientos todo lo que lleva al pensar, sentir y querer. Cuando pasamos más allá de lo externo y corporal, más allá también de lo que está dentro del hombre (en el movimiento interior), llegamos entonces al hombre astral, que tampoco puede ser visto como tal, pero que se manifiesta y llega a expresarse en pensamiento, sentimiento y voluntad. Finalmente, llegamos a ese elemento en el hombre que la Tierra ha comenzado a preparar en él y que será su tarea completar en el futuro. Porque la Tierra está llamada a llevar al desarrollo a la perfección y a formar el Yo del hombre, que ya se ha manifestado en el curso de la evolución de la Tierra y que en el futuro se desarrollará hacia etapas superiores. (Manas, Budhi, Atman). Y ahora tenemos ante nosotros al hombre en sus diferentes miembros.

Por lo tanto, resulta que al tratar de comprender al hombre en su relación con el mundo, no sólo nos encontramos con diferentes condiciones de conciencia que luego identificamos con mundos diferentes, sino que también estamos conducidos a una división del ser humano en varios miembros, —cuerpo físico, cuerpo etérico y así sucesivamente. Por otra parte, por medio de una inteligente observación externa del hombre, podemos llegar a percibir que, si bien el cuerpo etérico no es visible para nosotros, todavía podemos discernir sus manifestaciones aquí en el mundo físico. Las manifestaciones del cuerpo etérico son los movimientos dentro del hombre. Las manifestaciones del cuerpo astral son el pensar, sentir y querer. El Yo se manifiesta a sí mismo, es su propia manifestación. Cuando una vez el hombre es lo suficientemente inteligente como para comprender que los movimientos que hace dentro de él no proceden de su forma, no pueden proceder de nada físico, cuando una vez que puede llegar a la única forma inteligente de considerarlos, a saber, como teniendo su fuente en lo suprasensible, entonces se abre para él la posibilidad —no simplemente de creer, sino de comprender con su entendimiento, la existencia de un cuerpo etérico. Pues vestir el conocimiento oculto en formas que apelan a la conciencia ordinaria, es llevar el ocultismo a la teosofía, vestirla, por así decirlo, con la vestimenta de la teosofía. Así como hallamos que en la teosofía hablamos de planos, volvemos a vestir la verdad con la vestimenta de la teosofía cuando hablamos de los diversos miembros de la naturaleza del hombre. Todo lo que puede decirse del hombre tiene que ser encontrado primero en el camino oculto. Debemos atravesar el mundo entero, debemos alcanzar, como estudiantes de ocultismo, las diversas condiciones de la conciencia; y descubriremos que estas diversas condiciones de la conciencia pueden darnos una explicación del hombre, pueden de hecho mostrarnos lo que realmente es. Sólo a través del ocultismo se puede entender al hombre en su verdadera naturaleza y en su verdadero ser. La teosofía no es más que un intento de vestir el conocimiento oculto en verdades inteligentemente declaradas, para que los hombres puedan tener una visión del conocimiento oculto. Los hechos de los que he estado hablando, si los prueban inteligentemente, los encontrarán armonizando uno con otro de innumerables maneras, armonizados también con el mundo entero. La prueba inteligente es la única manera de encontrar la confirmación de los resultados obtenidos en el Ocultismo.

Aparece un segundo punto que también requiere ser explicado un poco más, puesto que debemos dejar claro que aunque la teosofía y el ocultismo parecen al principio conducir a contradicciones (hemos aclarado en la primera conferencia de este curso cuál es nuestra actitud hacia tales contradicciones), el estudio posterior siempre conducirá a la solución de las mismas. Esto ya lo habrán visto en muchos casos en estas conferencias. Tal vez, sin embargo, ahora se presentarán nuevas contradicciones cuando lo que acabamos de decir se tome en relación con lo que se dijo en anteriores conferencias del curso. Es imposible tratar hoy con todas las posibles contradicciones, pero hay una que me gustaría tratar de resolver con la ayuda del conocimiento oculto alcanzable en la segunda conciencia de tipo suprasensible. Muchos de ustedes recordarán que yo —y otros también— hemos señalado repetidamente el carácter cósmico del Cristo, y he mostrado cómo Él supera en su misma naturaleza a todos los demás fundadores de las religiones. Sólo es de esperar que este carácter único del Ser Crístico se encuentre más fácilmente con el reconocimiento en Occidente, ya que en Occidente se desarrolla especialmente el sentido histórico. Para que la evolución de la Tierra tenga lugar de tal manera que permita a los hombres pasar por muchas encarnaciones diferentes, Occidente buscará naturalmente un “centro de gravedad” para esta evolución. Por lo tanto, sólo puede sorprender que se encuentren todavía occidentales que no estén preparados para admitir este centro de gravedad de la evolución, que es, en efecto, el Impulso de Cristo. Hablar de reencarnación del Cristo sería cometer el mismo error que imaginar que un par de balanzas pudieran mantenerse en equilibrio en más de un punto. Visto desde este aspecto, el asunto es sumamente simple.

Hay, sin embargo, otro fundamento moral que debemos tener en cuenta en su efecto sobre la relación del ser humano con el Cristo, que debe considerarse como el Impulso de la Evolución de la Tierra. Es como sigue. Cristo entró en la evolución de la Tierra en un momento particular. Los hombres que viven en la actualidad se encarnaron antes de la venida de Cristo y ahora están encarnados de nuevo. Así han vivido no sólo durante el tiempo de la evolución de la Tierra cuando Cristo todavía no estaba presente, sino que también viven ahora cuando Cristo  está presente; y la objeción frecuentemente hecha desde el punto de vista materialista, que si Cristo fuera tan importante, entonces una única aparición en la Tierra significaría una injusticia para la Humanidad, se derrumba. Sin embargo todavía se oye a la gente preguntar; “¿Cómo se puede permitir tal injusticia que todos los hombres que vivieron antes de Cristo no han tenido el beneficio de su obra, mientras que los que viven después de Él tienen este beneficio?” ¡Pero son los mismos seres humanos! Tal objeción no debería ser planteada en los aposentos teófilos. Y sin embargo, esta objeción abre un tema de gran importancia. Pues hay algunos casos en los que la objeción esta en cierto sentido justificada; y uno de estos casos, como verán si se detienen a reflexionar, es el caso del Buda.

Mientras que los seres humanos en la Tierra nacen una y otra vez y pueden así siempre llegar a una experiencia del Impulso de Cristo en sus encarnaciones después del tiempo de Cristo, el Buda alcanzó en tiempos pre-cristianos la etapa de evolución que le quitó la necesidad de volver a un cuerpo terrenal. Esto significa que el Buda pertenece por lo tanto a un número muy pequeño de seres humanos que vivieron en la Tierra y luego la dejaron, antes de que Cristo viniera. Y es posible que desee saber, ¿cuál es la relación del Cristo con Buda? Aparte de lo que mencioné ayer, de ese Buda que brilló desde los mundos superiores hacia el cuerpo astral del niño Jesús de Lucas, ¿cómo se unen el Cristo y el Buda? ¿Es realmente así, que Buda dejó la Tierra antes de que Cristo encarnara? Que se dirigió a Marte, de modo que el Buda y Cristo por así decirlo se cruzaron uno con otro? Sólo con la ayuda de un profundo conocimiento oculto podemos esperar resolver este dilema. Recuerden todo lo que he dicho. Les expliqué cómo el Cristo estaba unido con el Sol. De hecho, sólo a través del bautismo de Juan, o mejor dicho, a través del Misterio del Gólgota mismo, el Cristo entró en unión con la Tierra. El Cristo es por lo tanto un Espíritu del Sol y tenemos que buscarlo, antes de que el Misterio del Gólgota tuviera lugar en la Tierra, en estrecha conexión con Su Reino, el Sol. Zaratustra lo buscó allí. Y es durante el tiempo en que Cristo estaba trabajando como Regente en el reino del Sol, cuando todavía no había extendido Su gobierno a la Tierra —en todo caso, aún no por medio de Su Impulso— que la vida de Buda toma su curso en la Tierra. Y ahora debemos volver a las encarnaciones anteriores de Buda, si queremos llegar a la verdad en esta materia. Sabemos que Buda era un Bodhisattva; trabajó en la Tierra durante largos períodos de tiempo como Bodhisattva. Estos Bodhisattvas no tienen en ellos un alma humana ordinaria. Su caso es muy especial. Deben recordar aquí la descripción en La Ciencia Oculta del comienzo de la evolución de la Tierra, —cómo, después del intervalo entre la Antigua Luna y la Tierra, el Sol se reunió con la Tierra y los otros planetas, y cómo todos se volvieron a separar como si fueran una cáscara tras otra. (Ver también mi ciclo de conferencias sobre las Jerarquías Espirituales.) Hubo, por lo tanto, un tiempo donde la Tierra estuvo unida con el Sol. Entonces se separaron, y ustedes saben que después de eso vino también la separación de la Luna, y el fortalecimiento de la Tierra a través de almas procedentes de otros planetas.

Ahora fijemos nuestra atención en el momento en que el Sol se separa de la Tierra. Cuando tuvo lugar esta separación, los dos planetas Venus y Mercurio —les estoy dando sus nombres astronómicos— estaban todavía unidos al Sol. Sólo se separó la Tierra, Venus y Mercurio permanecieron dentro del Sol. Por lo tanto, tenemos ahora el Sol y la Tierra. En la Tierra, la evolución continúa. Sólo queda un pequeño número de seres humanos; otros emigran a los diferentes planetas, para volver más tarde. Con el Sol también se fueron Seres; porque el mundo no consiste sólo en materia externa, sino de Seres. Los Seres que se fueron con el Sol cuando este se separó de la Tierra. Y su Líder es el Cristo. Porque en aquel tiempo en la evolución de la Tierra cuando el Sol se separó de la Tierra, lo que uno puede llamar la prioridad de Cristo sobre Lucifer y los otros Espíritus planetarios ya se había cumplido. Luego, más tarde, Venus y Mercurio se separaron.

Consideremos por un momento la salida de Venus del Sol. Junto con Venus hay Seres que al principio se habían ido con el Sol, pero no pudieron permanecer allí. Entonces se separan y habitan en Venus. Entre ellos estaba el Ser que está detrás del posterior Buda. Era como un mensajero del Cristo para los habitantes de Venus. El Cristo lo envió a Venus, y aquí en Venus Buda pasó por toda clase de etapas evolutivas. Más tarde, las almas volvieron de Venus a la Tierra. Las almas humanas ordinarias estaban, por supuesto, poco desarrolladas. Buda, sin embargo, quien también descendió a la Tierra con las almas de Venus, era un Ser altamente evolucionado, tan evolucionado que pudo convertirse de inmediato en un Bodhisattva y más tarde en un Buda. Así tenemos en Buda a quien mucho tiempo atrás había sido enviado por Cristo y tenía la tarea de preparar la obra de Cristo en la Tierra. Para su misión a los hombres de Venus tenía este significado, —que él debía ir previamente a la Tierra, como precursor del sol. Y ahora podrán comprender que habiendo estado Buda con Cristo por un tiempo más largo que los otros hombres de la Tierra —la Tierra antes de ser separada— sólo necesitaba esa parte del Impulso de Cristo que tenía en él desde el Sol, para permitirle seguir el acontecimiento de Cristo desde mundo espiritual. Eso bastaba a Buda. Los otros seres humanos tuvieron que esperar el evento de Cristo en la Tierra. Pero debido a que Buda tenía esta relación especial con Cristo, porque había sido enviado por el Cristo como un precursor, no necesitaba esperar en la Tierra el acontecimiento de Cristo. Él se llevo de la Tierra la capacidad de recordar —incluso sin la ayuda del Cristo que otros hombres necesitan— lo que el yo significa en la Tierra. Por lo tanto, él también pudo mirar hacia abajo y contemplar el acontecimiento de Cristo desde los mundos superiores. Así fue preparada con antelación en el mundo la notable misión que Buda había emprendido a instancias de Cristo. Porque primero fue enviado a los hombres de Venus, —y comparen lo que ahora estoy diciendo con las conferencias que di en Helsingfors— y después en la Tierra; Luego fue a los hombres de Marte y allí sigue trabajando, llevando a cabo en Marte la misión para la que se había estado preparando desde hacía tanto tiempo. En Marte es así, que los hombres que han permanecido allí están en gran peligro, así como los hombres de la Tierra estaban en peligro, de los cuales Cristo los liberó. El peligro para los hombres de Marte es que su cuerpo astral, —ellos tienen como ustedes saben, no un Yo que se desarrolla como en nosotros— su cuerpo astral y por lo tanto indirectamente su cuerpo etérico, puede sufrir una muy seria disminución de fuerza y llegar a secarse. La naturaleza de los hombres de Marte ha demostrado ser de una especie que lleva a guerras terribles. Los hombres de Marte tienden a establecerse permanentemente en un cierto lugar. Los hombres de la Tierra tienen una inclinación cosmopolita; Los hombres de Marte están casados con el suelo, hay muy pocos cosmopolitas entre ellos. Y hay, o más bien hubo en Marte guerras y luchas constantes, debido a que los cuerpos astrales son muy fuertes y no están templados ni suavizados por un Yo. Si lo piensan, entenderán que entre los hombres que se desarrollan así debe haber inevitablemente una cantidad terrible de luchas y conflictos. Marte no es otra cosa que una especie de Antigua Luna reencarnada; lo que el cuerpo astral sostiene no está templado con la influencia suavizante del yo, con el resultado de que los hombres de Marte tienen una lujuria excepcional para la guerra. Los griegos actuaron sobre un verdadero conocimiento cuando hicieron de Marte el Dios de la Guerra. Uno realmente se llena de asombro y maravilla cuando encuentra en el mundo de la leyenda estos ecos de la verdad. Inolvidable es la impresión que se recibe cuando, habiendo descubierto que allí hubo guerras terribles, se encuentra que este conocimiento oculto está presente en los nombres que fueron dados del conocimiento contenido en los antiguos Misterios.

Piensen en la continuación de la vida de Buda, este Maestro de la Compasión y el Amor, este Maestro en la superación de las distinciones de casta, y comprenderán la misión que Buda tuvo en Marte, —introducir algo a lo que los hombres de Marte nunca podrían acceder sin ayuda, algo que les parecería una piedad exagerada, una especie de actitud monástica hacia la vida. Porque era la misión de Buda por medio de un sobresaliente ejemplo de superación de humildad y de pobreza acelerar la vida de los hombres de Marte en esta dirección. Sólo puedo hacer un esbozo imaginativo de la influencia de Buda sobre Marte. El significado de su trabajo allí para los hombres de Marte que viven sin el Yo, es en realidad enteramente similar a la influencia de un Redentor y un Salvador, que libera a los hombres a una concepción superior del mundo. Y mientras en la Tierra la hermandad universal y el amor al prójimo están conectados en su impulso más profundo con el Cristo, el cosmopolitismo en su carácter esencial está conectado con el Acto de Salvación que Buda tiene que cumplir en Marte.

Hay otro punto en nuestro estudio que podría presentar una dificultad, y me gustaría disponer de él antes de separarnos. Es el hecho de que las diversas religiones en la Tierra, que como cada teósofo sabe tienen una fuente única común, están diferentemente relacionadas con las comunicaciones ocultas. Toda religión tiene que ser remitida a su fundador que a través de esta religión dio a conocer a un grupo de personas, de una manera adecuada a su capacidad, alguna experiencia perteneciente a una etapa particular de iniciación. Tienen, por ejemplo, la religión que no es capaz de elevarse al Cristo, el Espíritu del Sol, sino que está especialmente adaptada para elevarse al alma grande y de largo alcance que vivió en el ser que estuvo muchas veces encarnado como Bodhisattva —Una religión que mira hacia arriba en adoración al que es el gran Iniciador, el gran Inspirador, el Buda. Esta religión no puede ascender a la visión de que el Cristo es el Espíritu del Sol que ha descendido a la Tierra. Sólo ven hasta el que es enviado como mensajero; lo juntan, por así decir, con el contenido que sale del Sol y lo convierten en un Espíritu Planetario. Y podemos entender bien que Buda es considerado como un espíritu planetario.

Tal religión, que eleva los pensamientos de los hombres hacia el Espíritu que guía la evolución del Buda, sólo pudo comprender una figura como la de Vishnu en el Trimurti indio. Además, puesto que una religión de este tipo todavía no ha llegado al conocimiento de la victoria universal de Cristo sobre Lucifer, tampoco es capaz de colocar la figura de Lucifer en tal relación con el Cristo como lo podemos hacer hoy en día. Para los seguidores de tal religión, Lucifer parece estar junto al Cristo como una figura independiente, —Su igual, insubordinado. Hemos visto cómo a Lucifer se le da el lugar de una especie de hermano. Esto es lo que tienen cuando Shiva se enfrenta a Vishnu. Miren en la religión de Shiva, estúdienla cuidadosamente; y me seguirán cuando digo que la religión de Shiva de la India se puede entender cuando se tiene conocimiento del Ser de Lucifer. Porque Shiva es en realidad Lucifer en la forma en que todavía no había sido vencido. Todo su culto y ritual, toda la religión de Shiva con sus 60 millones de adherentes—Visto desde este punto de vista, se muestra como una religión eminentemente luciférica. A partir de estos ejemplos, comprenderán fácilmente cómo todas las formas de conocimiento oculto han sido capaces de imprimir su influencia en las diferentes religiones de las distintas etapas, de acuerdo con el carácter y la disposición de los pueblos interesados.

Y ahora quiero pedirles que me sigan en una consideración más. Hemos hablado de la Luz Inmanifiesta y de la Palabra Inexpresada; Y hemos logrado también llegar por muchos desvíos a la Conciencia sin Objeto. Detengámonos ahora un momento en esta trinidad y preguntémonos: ¿Se manifiestan estas tres cosas en nuestro mundo?

La respuesta es que, reuniendo todo lo que se ha dado en el curso de estas conferencias, podemos sin dificultad llegar a un conocimiento de cómo estas tres cosas se expresan en nuestro mundo. ¡Tomen la luz! Cuando dimos una descripción del orgulloso Lucifer, ¡era todo Luz! La luz es esencialmente un atributo de lo espiritual; Y cuando está en el plano físico, el hombre sólo tiene la luz —y desde luego en su expresión más débil— en sus pensamientos. ¿Y dónde tiene el hombre la Palabra Inexpresable, cuando está aquí en el plano físico? Lo que en el Gran Mundo es palabra inexpresable es palabra expresable aquí en el plano físico, y no tardarán mucho en descubrir cuál es el origen y la fuente de la palabra. Es lo que llamamos el alma en el hombre. Mientras la Luz gradualmente se convierte en lo espiritual en el hombre, la Palabra se revela gradualmente en la naturaleza anímica el hombre. Y la Conciencia ¿cómo se manifiesta en el hombre físico? Por el hecho de que la materia externa le toca. Pues la conciencia física necesita un objeto externo, ¡debe, por así decirlo, tener algo que morder! Arriba encontramos: Conciencia sin objeto, Palabra inexpresable, Luz no manifestada. Abajo, encontramos como su última manifestación en el plano físico: la conciencia humana que trabaja en la materia; El alma que revela, aunque en forma oscura, la palabra; Y finalmente la luz que está presente en forma sumamente débil en el pensamiento del hombre. Sólo en el aura humana puede el vidente ver el pensamiento como luz. Todo lo que proviene de la luz sólo puede verlo como aura. Sin embargo, en el pensamiento —en lo que ya es espiritual en el plano físico— podemos reconocer el último reflejo de la Luz Inmanifiesta. Así que, ya ven, el hombre puede, después de todo, expresar estas tres cosas más elevadas que encontramos. Los descubrimos cuando consideramos al hombre como espíritu, alma y materia. Y en la unificación del espíritu y el alma el hombre encuentra la imagen de su yo como una unidad. Sí, incluso esta tríada que encontramos en el plano físico —materia, alma, espíritu— es una revelación de la más alta Trinidad. Los hombres perdieron estas revelaciones primitivas del ocultismo de los tiempos antiguos, y el ocultismo adquirió gradualmente una nueva forma que se encontró con poca comprensión externa. En nuestro tiempo el ocultismo debe volver a encontrar comprensión, en nuestro tiempo debe convertirse en Teosofía. Ha habido un tiempo intermedio cuando los hombres no se elevaron a las verdades ocultas que se les habían comunicado anteriormente, cuando no entendían lo que hoy vemos en las palabras de la Teosofía. Y en este tiempo intermedio se sostuvieron por la última manifestación, el último producto como si fuera de la obra de la Trinidad Superior,  —se sostuvieron a la materia, el alma y el espíritu. Esta etapa dio nacimiento a lo que podríamos llamar Filosofía, que en realidad apareció por primera vez unos seis siglos antes de Cristo y ha continuado hasta nuestros días. Siempre encontrarán que la filosofía comienza desde la última manifestación externa de la gran trinidad que permanece siempre profundamente oculta. La Filosofía ve esparcir ante ella la vida material, y la vida material sola, como si fuera la comida para la conciencia humana. La Filosofía no comprende la Palabra Inexpresable, pero puede sin embargo tener un sentimiento para el elemento del alma en el mundo cuando se revela en el alma del hombre como la palabra expresada. La Filosofía no encuentra la Luz Inmanifestada, sino que la percibe desde lejos, en la medida en que aparece, en su última actividad, en el pensamiento humano, es decir, en aquella parte del espíritu humano que se manifiesta en el mundo exterior. Cuerpo, alma y espíritu  —la mente de los griegos los ve como un hombre triple, y desempeñan su papel justo a través de la era de la filosofía. La humanidad ha estado pasando por una época en su evolución cuando lo Oculto estaba oculto. Oculta también estaba la Teosofía. Todo lo que quedaba para que el hombre se aferrara era lo más externo de todas las revelaciones, era lo que llamamos cuerpo, alma y espíritu. Y esta época ha durado hasta ahora. Pero el tiempo de la Filosofía se cumple. Los filósofos han tenido su día. Lo único que le queda a la Filosofía es salvar para el hombre aquello que el clarividente debe recordar en la primera etapa de su evolución, el Yo, la autoconciencia. Y es importante que la filosofía no falle en esta tarea. Traten de entender mi “Filosofía de la Libertad” desde este punto de vista. El libro está escrito de tal manera que conduce la conciencia filosófica a la nueva era que viene, cuando aquello que puede dar una imagen más exacta y precisa de la Trinidad Superior debe entrar una vez más en la evolución de la humanidad, La Teosofía debe encontrar su camino en la evolución humana.

La era de la filosofía ha llegado a su fin. Más antigua que la Filosofía es la Teosofía, y la Teosofía tomará el lugar de la Filosofía, a pesar de toda oposición. Tiene, por así decirlo, la vida más larga, excede en duración la edad de la Filosofía. Sólo durante un tiempo limitado se puede estudiar al ser humano desde el punto de vista filosófico. Más allá en el pasado, y también en el futuro, se extiende la edad en que el hombre puede ser considerado desde el punto de vista de la Teosofía. Transcender ambos, y sondear el ser del hombre al extremo, es el Ocultismo. Porque detrás de todo conocimiento humano se encuentra el Ocultismo. El Ocultismo es el más antiguo de todos; Tiene la edad más larga del tiempo. Antes de la teosofía estaba el ocultismo; Después de la teosofía, el ocultismo seguirá siendo. Antes de la filosofía, era la teosofía; Después de la filosofía, la teosofía seguirá siendo.

Y ahora, queridos amigos, intentad, entre otros ideales, aprehender éste, que seáis llamados a comprender cómo en nuestro tiempo el ideal filosófico (que ha sido necesariamente sostenido por unos pocos) tiene que fluir hacia un nuevo ideal, El ideal teosófico, que será comprensible para muchos, porque la teosofía es capaz de hablar al hombre desde profundidades mucho más profundas que la filosofía, que no puede ser más que abstracta, ya que es sólo una última copia débil del ser original del hombre en su triplicidad. Si estudiamos el asunto de la manera que hemos hecho, entonces lo estamos viendo todo en el fondo de la historia del mundo como necesidad histórica; Sentimos lo que la teosofía debe ser para el hombre moderno y reconocemos cómo los tres puntos de vista —filosofía, teosofía, ocultismo— son en verdad maneras de entender al hombre que deben desplegarse una tras otra. Que este pensamiento no permanezca sólo como un pensamiento en la cabeza, sino que se hunda profundamente en sus corazones, y aprenderán a apreciar cuán importante, así como la santa teosofía debe ser para nosotros.

Traducido por Gracia Muñoz en Mayo de 2017

 

GA107. Las Cuatro Almas Grupo humanas (León, Toro, Águila, Hombre)

Rudolf Steiner. Berlín 29 de Octubre de 1908

English version

Hoy consideraremos desde otro punto de vista algunas cosas ya conocidas. Pues las cuestiones teosóficas, sólo podremos penetrarlas plenamente cuando las iluminamos desde diferentes aspectos. Y dentro de la corriente teosófica aquí en nuestras regiones centroeuropeas, se discuten cosas que se extraen de investigaciones ocultas muy avanzadas, y que pueden ser fácilmente incomprendidas. Por otro lado tampoco podremos avanzar si no nos aventuramos a hablar de una vez por todas de tales cosas con toda claridad. Si repasamos la evolución humana, a través de las diferentes épocas de la era post-atlante hasta la Atlántida, y luego retrocedemos a períodos más antiguos, incluso de la Atlántida y volvemos la mirada espiritual sobre los acontecimientos de ese tiempo, encontraremos formas muy diferentes de la humanidad.

En el último tercio de la época atlante, el cuerpo etérico estaba todavía, en cierta medida, fuera del cuerpo físico. La cabeza del cuerpo etérico aún no estaba unida con las fuerzas del cuerpo físico, que son las fuerzas del Yo, de la autoconciencia. Si observamos el proceso que está detrás de esto, podemos decir: la evolución progresiva consiste en que la cabeza etérica que estaba ampliamente extendida se sumerge en la cabeza física. Si hoy miramos un caballo, la cabeza etérica del caballo se extiende más allá de la cabeza física. Ya les he hablado de la gigantesca organización que forman las partes etéreas del elefante, que se extienden mucho, mucho más allá del cuerpo físico, —casi del tamaño de una casa, por así decirlo. Así era también con el hombre en la era atlante, el cuerpo etérico estaba todavía fuera, y poco a poco fue introduciéndose más y más en lo fisico. Esta entrada de un miembro más enrarecido en uno más denso produce, al mismo tiempo, una densificación de lo que es físico. Por lo tanto la cabeza física del hombre antes del último tercio de la era atlante era muy diferente de lo que se hizo más tarde. Y si volvemos aún más atrás a los últimos tiempos lemurianos, entonces se vería muy poco de la cabeza física. Existía, pero de una materia muy suave y transparente. Sólo a través de la gradual entrada de la cabeza etérica, a través de la asimilación gradual de las sustancias, las partes de la cabeza se fueron densificando y separándose de su entorno. Incluso en la posterior Atlántida el hombre todavía estaba dotado, en un grado extraordinario, de lo que se hoy retenido, —pero ya como un estado patológico— como agua en el cerebro, como un cerebro acuoso. Además de esto tenemos que pensar en un ablandamiento de los huesos, un completo ablandamiento de los miembros superiores del hombre. Eso suena terrible para el hombre moderno. Lo que hoy forma la cabeza humana y la rodea se endurece de esta sustancia acuosa. La comparación que a veces doy no es del todo inepta: la cristalización de la sal, de una solución salina en un vaso. Esta cristalización de una solución en sal acuosa da una idea bastante correcta. Lo que sucedió en un tiempo posterior con respecto a la cabeza, ya había ocurrido con el resto del hombre en una etapa mucho más temprana.

Todos los demás miembros se desarrollaron gradualmente a partir de una masa suave, de modo que podemos decir: ¿Dónde estaba entonces el Yo humano, en realidad? ¿Dónde estaba el Yo actual? En ese tiempo realmente no estaba dentro del hombre, sino en su entorno. Podemos decir: los miembros superiores del hombre se endurecen por la entrada de los Yoes. Debido a que el Yo estaba fuera el hombre estaba dotado de una cualidad que más tarde se transformo. Por el hecho de penetrar en el cuerpo físico, el Yo fue capaz de convertirse en un yo individual, mientras que antes era una especie de alma grupal.

Aquí voy a dar una imagen de todo este asunto. Imagínense un círculo de doce hombres sentados en alguna parte. Estos doce hombres están sentados en un círculo. A través de la evolución actual, cada uno de estos hombres tiene su yo dentro de sí mismo. Así, podemos imaginar doce yoes que están sentados en un círculo. Consideremos este círculo de hombres en la época atlante; entonces los cuerpos físicos siguen sentados así alrededor, pero el Yo está ubicado en el cuerpo etérico que está fuera. El Yo se encuentra así sobre a cada uno. Este yo, sin embargo, tiene otra característica, no esta tan centralizado. Desarrolla, por decirlo así, sus fuerzas y se une con los yoes de los otros hombres formando una especie de anillo que concentra sus fuerzas hacia un centro. Así tenemos aquí un cuerpo etérico circular que forma una unidad en sí misma, y dentro de ella, los yoes. Así, hay un círculo de cuerpos físicos, y dentro de la superficie circular etérica se forma una unidad de yoes que están atrapados en ella y se forma un solo Yo. A través de esta imagen podemos hacernos una idea pictórica de lo que es el alma grupo.

Si retrocedemos en el tiempo podemos mantener esta imagen, pero no debemos imaginarnos un círculo tan regulado de hombres; estos seres humanos pueden estar dispersos por el mundo de la manera más diversa. Imaginémonos a uno en el oeste de Francia, otro en el este de América, etc., —es decir, no están sentados juntos—. Cuando las leyes del mundo espiritual están en cuestión, los yoes pueden estar conectados, aunque los seres humanos estén dispersos por el mundo. Estos seres humanos forman, entonces, una “ronda”. Lo que se forma a través del flujo de sus yoes no es de hecho un cuerpo etérico perfectamente formado, pero es una Unidad. Así, en ese tiempo existían grupos de personas que se unificaron porque sus yoes formaron una unidad —y de hecho, hubo en realidad cuatro grupos unificados por sus yoes. Deben imaginar a estos seres humanos de acuerdo con las leyes del mundo espiritual. Las almas grupales de los cuatro grupos pasaron de una a otra. No estaban íntimamente unidas, sino que se unían una a otra. A estas cuatro almas grupales se les denomina con los nombres de las bestias apocalípticas: Toro, Águila, León y Hombre. El Hombre, sin embargo, estaba en una etapa evolutiva diferente a la del hombre actual. Los nombres que se dieron a esta organización de las almas grupales. ¿Por qué se les denomino así? Hoy quisiera aclarar esto desde otro aspecto.

GA107.2

Coloquémonos tan vívidamente como sea posible en los primeros tiempos de la vida lemuriana. Las almas que hoy están encarnadas en cuerpos humanos no habían descendido todavía hasta los cuerpos físicos. Todavía no tenían la tendencia a unirse a la materia física. Incluso los cuerpos que más tarde se convertirían en cuerpos humanos eran muy, muy animales. Los seres espirituales más grotescos estaban en la Tierra, lo que incluso parecería grotesco en comparación con lo que hoy llamamos a las criaturas más grotescas actuales. Todo estaba en una forma suave y resbaladiza —hirviente, acuosa, o ardiente— tanto los seres humanos como el medio ambiente. Entre estas formas grotescas ya estaban, por supuesto, los antepasados de los cuerpos físicos humanos, pero éstos aún no estaban tomados por los yoes. Los cuatro grupos, que ya hemos caracterizado como almas grupales antes de la entrada del espíritu en la organización física, representaban en realidad a cuatro grupos de yoes que esperaban para encarnar, tales yoes se adaptaron a formas muy especiales que estaban allí abajo. Una categoría se adaptó para entrar en las organizaciones ya existentes físicamente, en formas bastante definidas, otra categoría se adapto a otra. Las formas que estaban abajo, de cierta manera se correspondían en su formación, a los tipos de yoes que esperaban. Existían formas que estaban especialmente adaptadas para recibir los yoes León, otros los yoes Toro, etc. Esto fue en una época muy temprana de la evolución de la Tierra. Ahora consideremos que el alma grupal que hemos denominado Toro entra en formas bastante definidas que están allí abajo. Con un aspecto muy definido. Del mismo modo, el alma León fue atraída por otras formas especiales.

Así, lo que es físico en la Tierra se nos muestra en una imagen cuadruple. Un grupo desarrolla especialmente los órganos cuyas funciones coinciden más con las del corazón. Estaban organizados unilateralmente en la naturaleza del corazón; en ellos había un elemento especialmente agresivo, valiente y atacante. Eran valientes, autoafirmativos, buscados para vencer a los otros, eran ya como conquistadores, nacidos como naturalezas conquistadoras incluso en su forma. Eran aquellos en quienes el corazón, el asiento del Yo, se había hecho fuerte. En otros se desarrollaron especialmente los órganos de la digestión, de la nutrición, de la procreación. En el tercer grupo, fueron especialmente los órganos del movimiento. En el cuarto grupo, estas tendencias fueron compartidas por igual  —tanto la valentía, la agresividad como la tranquilidad que deviene a través del desarrollo de los órganos digestivos. Ambos se fueron desarrollando. El grupo en el que la cualidad agresiva perteneciente a la organización del corazón se desarrolló especialmente, formó a los seres humanos cuya alma grupal pertenecía al León. El segundo grupo al del Toro. El tercer grupo, con el elemento móvil que no deseaba conocer gran parte de la Tierra, pertenece al alma grupal del Águila. Ellos son los que pueden elevarse por encima de lo que es terrenal. Y aquellos en los que todos estos elementos estaban en equilibrio pertenecían al alma grupal “Hombre”. Así tenemos, en la debida forma, la proyección de las cuatro almas grupales en lo físico. En ese momento se habría ofrecido al observador un espectáculo bastante peculiar.

Uno habría encontrado una especie de raza, de la cual alguien con un don profético podría haber dicho: Son seres físicos que recuerdan un poco al león, que reproducen el carácter del león, aunque parezca diferente del león actual. Eran personas de corazón de león, gérmenes humanos agresivos. De nuevo había un grupo de Toros como todo un pueblo, todo adaptado al plano físico. Ustedes puede completar fácilmente la tercera y cuarta razas. La tercera raza ya era muy visionaria. Mientras que la primera era combativa y la segunda cultivaba todo lo relacionado con el plano físico y lo hacía funcionar y también se  encontraba el tercer alma grupo de personas que eran muy visionarias. Por regla general, tenían algo que, en relación con los otros cuerpos, estaba desordenado. Les habrían recordado a personas que tienen mucho psiquismo y creen en visiones, y por el hecho de no preocuparse mucho por lo físico, tienen algo seco, algo atrofiado comparado con la abundante fuerza de los otros dos grupos. Les habría recordado a la naturaleza de las aves. “Retendré mi Espíritu”, esa era la tendencia de los hombres del Águila. Los demás tenían algo que, por así decirlo, estaba mezclado de los otros tres grupos. A esto voy a agregar algo más.

Si volvemos tan atrás como para encontrarnos con estas condiciones en la Tierra, debemos tener en cuenta que todo lo que sucedió en el curso de la evolución de la Tierra, ocurrió de tal manera que los asuntos terrestres estaban regulados desde fuera del mundo espiritual. Fue todo un desvío para llegar al hombre de hoy. Aquel que hubiera podido ver más profundamente estas cosas, podría haber hecho la experiencia de que estas naturalezas de león (que recordaban lo que vemos hoy de otra manera en el cuerpo del león) desarrollaron una fuerza atractiva especial para las formas masculinas de los cuerpos etéricos. Estos se sintieron especialmente atraídos por los hombres León, de modo que estos seres que tenían exteriormente un cuerpo de león —estaban, sin embargo revestidos interiormente por un cuerpo etérico masculino. Tenían un poderoso ser etérico con un carácter masculino, y una pequeña parte de este ser etérico se densificó en el cuerpo físico del León. La raza del Toro, sin embargo, tenía una fuerza de atracción especial por el cuerpo etérico femenino. Así, el cuerpo del Toro tenía la fuerza especial de atraer al cuerpo etérico femenino y unirse con él. Y ahora vamos a avanzar más: los cuerpos etéricos continúan trabajando, penetrando y transformándose continuamente. La relación de los hombres parecidos a los leones y a los toros era especialmente importante en los tiempos antiguos. Los otros dos estaban menos considerados. Los cuerpos etéricos masculinos que cristalizaban un cuerpo físico de león desde fuera tenían el poder de fructificar el cuerpo físico del león mismo, de modo que la procreación de la humanidad estaba especialmente cuidada por la raza del león. Era una especie de fructificación fuera de lo espiritual, una procreación no sexual. La raza del Toro, sin embargo, también hacia lo mismo. Lo que se había vuelto físico trabajó aquí en el cuerpo etérico femenino. En el transcurso de la evolución, el proceso se fue modelando en modos diferentes.

GA107.almas grupo

Mientras que la naturaleza del León retenía este modo de procreación, donde la fuerza fructificante provenía de arriba, fuera de lo espiritual, y el proceso se intensificaba, el otro proceso se retrotraía cada vez más. La  humanidad Toro devino paulatinamente improductiva. El resultado fue que por un lado había una humanidad que se mantenía por fructificación y por el otro lado,  la otra mitad se hacía cada vez más infructuosa. El uno se convirtió en el sexo hembra el otro en el macho. La naturaleza física femenina actual tiene de hecho un cuerpo etérico masculino, mientras que el cuerpo etérico del hombre es femenino. El cuerpo físico de la mujer procede de la naturaleza del León, mientras que el cuerpo físico del Toro es el antepasado del cuerpo masculino.

Lo espiritual en el hombre tiene un origen común, es neutral, y entró por primera vez en el cuerpo físico cuando los sexos ya se habían diferenciado. Sólo entonces el espíritu se apoderó de lo físico y la cabeza se endureció. El cuerpo etérico de la cabeza se unió por primera vez con el cuerpo físico; le era indiferente si se unía a un cuerpo masculino o femenino, ya que para él ambos sexos eran iguales.

Debemos decir que la mujer, siempre y cuando desviemos la mirada de lo que en general trasciende esta diferenciación, tiene, a través de su evolución, algo de león en su naturaleza. Uno seguramente encontrará este valor oculto. La mujer puede desarrollar el valor interior; p.ej. en la guerra, en el cuidado de los enfermos, en el trabajo al servicio de la humanidad. El cuerpo físico masculino tiene lo que en el verdadero sentido podemos llamar la naturaleza Toro. Esto está relacionado con el hecho de que el hombre, tal como está organizado, ejerce su actividad basándose en la creación física. Estas cosas consideradas ocultas, se nos revelan precisamente así, aunque parezca extraordinario. Pueden ver cómo estas Almas Grupo han trabajado juntas. Trabajan de tal manera que las almas grupos de Leones y Toros colaboran en su trabajo. Estos seres divinos cooperan y en el hombre de hoy, está oculto el trabajo de las diferentes alma -grupo divinas.

Estas imágenes que he esbozado aquí ante vosotros, ciertamente tendrán su efecto. Si seguimos a la humanidad atrás en el tiempo, hasta el momento en que aún no era posible la procreación, debemos decir: El cuerpo físico de la hembra se va transformando en algo parecido a un León, mientras que el cuerpo macho es como un Toro. Sin embargo tales cosas si las entendemos bien, deben tomarse en un sentido sagrado y con seriedad. Sería fácil para aquellos que han estudiado la anatomía humana, deducir las diferencias anatómicas entre los cuerpos físicos del hombre y la mujer de estas naturalezas del león y del toro. La ciencia física será completamente infructuosa y sólo describirá hechos externos mientras no penetre en el espíritu de estos hechos.

Ahora ya no les parecerá tan extraño entender que existió una raza de seres que tenían un cuerpo parecido a un león. Éstos tomaron la naturaleza del Yo, y con esto la naturaleza del león fue transformándose más y más en el cuerpo femenino. Los que no recibieron nada de este elemento espiritual se transformaron de manera diferente; es decir, en el león actual y todo lo que está relacionado con él.

En otro momento acordaremos la razón de por qué estos animales también son bisexuales. Aquellos que no compartieron ninguna espiritualidad formaron el león actual, mientras que los que lo hicieron desarrollaron el cuerpo femenino moderno. Con el transcurso del tiempo muchos, muchos otros aspectos de este asunto podrán ser mostrados. El aprendizaje teosófico no es como el matemático. Primero se demostró, por ejemplo, que existen cuatro almas grupo de las cuales en principio sólo se dan los nombres. Luego se elige un aspecto u otro, y la materia se va iluminando desde el exterior. Y así nos vamos acercando continuamente desde otro lado. Primero vamos a por lo que se presenta, y lo iluminamos desde los más diversos aspectos. Quien quiera comprender esto nunca podrá decir que las cuestiones teosóficas se contradicen entre sí. Este es también el caso, incluso en las cosas que consideramos más elevadas. Las diferencias provienen de los diversos puntos de vista desde los que se observa un asunto. Llevemos con nosotros de esta reunión lo que podríamos llamar tolerancia interior. Que tengamos éxito en nuestra especial corriente teosófica para llevar este espíritu de tolerancia interior al movimiento teosófico. Tomemos eso en nosotros como contenido sentimental y tratemos de trabajar externamente de tal manera que este espíritu de comprensión íntima pueda llegar a ser efectivo.

Traducido del ingles por Gracia Muñoz

 

El perfil del siglo XX

Curso de conferencias no revisadas por WILLI SUCHER del 14 al 21 de julio de 1966 en Hawkwood College, Stroud

(Los dibujos en estas conferencias no fueron dibujados por Willi)

1ª) 14 de julio de 1966 – Antecedentes

English version

2907 AC (Egipto) -747 AC (Grecia-Roma) -1413 DC (Edad Moderna)

 

En estas conferencias, vamos a intentar orientarnos en el contexto del siglo XX para poder encontrar la profunda relación entre el mundo cósmico y nuestro planeta. Por lo cual y para poder guiarnos, consideraremos los ritmos cósmicos desde varios aspectos.

Para ello, primero trataremos sobre la precesión de los equinoccios. Sabemos que el vértice, o equinoccio, indica el comienzo de la primavera alrededor del 21 de marzo, cuando el Sol está relacionado especialmente con una de las constelaciones del Zodiaco de las estrellas fijas. Estas estrellas fijas, situadas en las doce constelaciones del Zodiaco, son una característica estable en los cielos.

Recordemos que el Sol, en su recorrido alrededor de la eclíptica, vuelve a la misma posición cada 365 días, y cuando miramos hacia el Sol, vemos como telón de fondo el mundo de las estrellas fijas en el espacio solar. El Sol va haciendo el recorrido gradualmente de una constelación a otra cada 2,160 años aproximadamente, y a esto se le llama precesión, a la trayectoria del Sol alrededor de la eclíptica (ver Fig. 1). Incidentalmente, nos acercamos a esto desde el punto de vista ptolemaico, en el que, con la Tierra como centro, no tenemos el sentido del movimiento de la Tierra, sino sólo el del movimiento aparente del Sol alrededor de la Tierra sobre la cual nos hallamos.

f2

Hoy tomaré el movimiento del equinoccio de Otoño en lugar del equinoccio de primavera, que es el punto de vista opuesto, como vemos en la Fiesta de Micael. En Primavera, las fuerzas cósmicas caen sobre nuestra Tierra, pero en el Otoño tenemos una especie de recesión o retirada, dejando sola a la Humanidad. Es entonces el momento en el que podemos y debemos esforzarnos por conservar nuestra integridad y desarrollar nuestra propia conciencia con renovada fuerza interior. Me gustaría que observaran particularmente las constelaciones de Virgo, Libra y Escorpio. Recuerden también que en el tiempo de Cristo el equinoccio de otoño pasó de Libra a Virgo. A esto se le puede llamar una gran transición. En los antiguos templos de misterios, el neófito experimentaba las grandes fuerzas que fluían del sistema solar, ya fuera a través de la meditación profunda o de la intuición, que se puede describir como el elemento Libra o el de equilibrio. Los símbolos abreviados que se asignaron a las constelaciones proporcionan una visión aún más profunda.

En Egipto, Libra se elevaba ante Osiris en el tiempo en que las almas de los muertos le fueran llevadas por Annubis, el de cabeza de perro y se pesaban contra una pluma, para que pudieran considerarse dignas de elevarse al más alto reino espiritual. La constelación de Libra todavía podemos experimentarla como un reino conectado con la libertad condicional y la purificación, con lo cual uno puede evolucionar y ascender interiormente a etapas superiores de experiencia y existencia. Este es el aspecto de Libra en Otoño o la Fiesta de Micael.

Hace más de dos mil años, esto también fue experimentado por el pueblo judío después del Éxodo, cuando se les dio su verdadera tarea en la historia narrada por Moisés. Este fue un tiempo de prueba para ellos, cuando se prepararon para la venida de Cristo a través de diversas vicisitudes, como los cuarenta años en el desierto, hasta su exilio de Palestina. Estas fueron algunas de las tremendas pruebas de la humanidad.

El equinoccio de Otoño está conectado con el elemento de interiorización del alma humana, mientras que el equinoccio de Primavera está conectado con su contraparte cósmica. Por lo tanto, debemos comparar Libra en Otoño con Aries en Primavera. Con el equinoccio de Primavera en la constelación opuesta de Aries, encontramos la indicación al pueblo judío de su preparación para recibir a Cristo. En el Éxodo se les dio el símbolo del Cordero de la Pascua, Aries, cargado simbólicamente con los pecados del mundo entero o del pueblo y empujado al abismo. ¿Por qué un carnero? Juan el Bautista explicó: “He aquí el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo”. Esta era una imaginación preparada anualmente ante el pueblo judío. La Imaginación del Cristo fue reconocida por Juan el Bautista como el más alto iniciado de la Jerarquía Espiritual de los Kyriótetes, a quien llamaba El Cordero de Dios. Rudolf Steiner se refiere a los Kyriótetes como los Espíritus de la Sabiduría, que donaron a los seres el poder de la vida y Cristo fue su Cabeza.

Ahora, vamos a seguir el movimiento del punto equinoccial a Piscis (Primavera) y a Virgo (Otoño). Hemos visto a Libra como un reino de libertad condicional, aunque ésta es sólo una faceta de la historia cósmica. Rudolf Steiner sugirió que el símbolo de Virgo representaba tres portales, que parecen estar flanqueados por una serpiente. A medida que nos movemos en la dirección de Virgo nos acercamos hacia los grandes misterios cósmicos, no necesariamente los más importantes, sino los que nos conducen a nuestros orígenes cósmicos y los del mundo. Por lo tanto, parece que la iniciación sigue a la libertad condicional, ya que el neófito egipcio fue cuidadosamente preparado y purificado para luego pasar por los tres portales, o etapas de imaginación, inspiración e intuición. Finalmente, el neófito experimentó las etapas de la evolución.

Esta es la experiencia de Otoño de la Era actual y es por ello que la elegimos como nuestro fondo. Rudolf Steiner nos trajo la Ciencia Oculta como un mensaje vital, porque debemos aprender a reconocer la sabiduría de la serpiente cósmica y comprender también la sabiduría cósmica de la Antropo-Sofía.

El equinoccio de Primavera, frente al del Otoño, está en Piscis. En Piscis, los dos mundos parece que se encuentran, mientras que en Géminis se apartan, y el mundos cósmico y el humano están separados en lugar de unidos (véase más adelante). Pero en Piscis se encuentran uno al lado del otro, están unidos, y aquí encontramos el símbolo de la fraternidad cósmica. Debemos aprender nuevamente en esta Era a permanecer en el cosmos, no como entidades separadas, sino para encontrar el mundo espiritual en nuestro propio nivel y elevarnos en una comunión establecida.

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El equinoccio otoñal se trasladará a Leo dentro de unos 500 años, pues Piscis es más extenso. El cosmos da el impulso, pero la inercia de la Tierra es mucho más lenta en su realización. ¿Cuál es la expectativa de Otoño para la humanidad?

El símbolo de Leo parece representar la cabeza de un león con una cola larga y sin cuerpo. Sin embargo, el círculo siempre indica una entidad que ha llegado a ser, una entidad que se ha encontrado a sí misma. La dificultad humana actual es encontrarnos en nuestro ser íntimo y encontrar nuestra propia integridad. Una vez logrado esto, debemos ir a la periferia, hacia el infinito, y ganar una nueva relación con el cosmos. La edad futura del punto otoñal en Leo, con Acuario como punto vernal, indica una relación totalmente nueva para la Humanidad.

Cuando el Sol entre en el punto vernal de Acuario, podemos hacernos conscientes de dos ondas que representan tanto la altura como la profundidad —un movimiento rítmico— tanto arriba, como abajo. Cuando hayamos encontrado nuestro yo en el cosmos como seres egóicos, podemos ir con seguridad a la periferia por primera vez. Nos perderíamos si nuestro yo no fuera lo suficientemente fuerte, pero a través de nuestro fortalecimiento podemos realizar los ritmos cósmicos en libertad, porque habremos trabajado con los ritmos naturales del pasado. En el futuro, se nos requerirá trabajar con ritmos y fuerzas cósmicas y conservar sin embargo nuestra identidad

La E rade Leo / Acuario traerá a la humanidad la necesidad de vivir con ritmos cósmicos. Ya conocemos los ritmos del año y los de la Luna, pero éstos son sólo una fracción de los ritmos cósmicos. Si aprendemos a trabajar con ellos, podremos lograr milagros. Por ejemplo, los ritmos de la mañana y de la noche relacionados con la meditación y los medicamentos: el Dr. Hauschka ha demostrado que estos últimos pueden ser preservados sin alcohol durante años, sólo con la exposición al sol naciente y poniente por períodos cortos a la vez. Debemos aprender a trabajar conscientemente con tales ritmos, y para ello necesitaremos la cualidad de la fiesta de San Miguel de retener nuestra identidad mientras somos capaces de salir al cosmos.

Cuando miramos nuevamente a los puntos de Tauro (Primavera) y Escorpio (Otoño), encontramos que estamos de vuelta a la civilización egipcio-caldea. Nos hacemos conscientes de que hay un misterio y una verdad tremendos en sus símbolos, pero ya no se comprenden. A veces el Escorpión se representa con la picadura apuntando hacia abajo y otras hacia arriba. Podemos compararlo con Virgo, porque también tiene tres portales a la vida cósmica. Pero ahora en nuestro tiempo nos dirigimos hacia abajo para encontrar los nuevos secretos.

Hemos anotado antes que en Libra nos movemos a través de los portales de los misterios. En Virgo comenzamos a penetrar en los misterios cósmicos. A través de Escorpio nos movemos hacia los misterios menores: Isis es la Diosa que representa las fuerzas del alma ante los seres humanos. En Escorpio, Sagitario, etc., podemos ahora entrar en los misterios menores del alma humana y su desarrollo, de la gente y de los principios superiores que se manifiestan en ellos. A Escorpio se le asocia con la muerte —muerte cósmica en el alma humana— en todas las mitologías, incluso en la indio-americana, mientras que Virgo está asociada con la vida cósmica. No sólo el enigma de la muerte es el símbolo del Escorpión, sino también el misterio de la resurrección y el rejuvenecimiento humanos. Por lo tanto, es significativo si su aguijón apunta sólo a la muerte, o si apunta hacia arriba, hacia la resurrección a través de los tres portales. Este impulso hacia arriba es también de lanza y nos recuerda la historia de Parsifal, en la que la lanza había causado tanta desolación y enfermedad. El misterio de la muerte desempeñó un papel importante en los misterios egipcios inspirados por Isis, el ser del alma del cosmos y el gran enigma del alma humana.

Tauro es el opuesto en el equinoccio vernal. Esto da una imagen tremendamente exaltada del cosmos: Aries como el Cordero de Dios y el símbolo Tauro como el Logos. El Dios Ptah fue el gran inspirador de todos los artistas, el Dios guardián de todos los artesanos. Él fue el arquitecto del cosmos, y todo fue creado por Su palabra. Todos los edificios y templos egipcios fueron construidos sobre este principio.

Sin embargo, la puerta del cosmos se cerró lentamente, y la gente dejó de aprender lo que estaba más allá de sus creaciones. Necesitamos estos antecedentes para nuestro futuro trabajo nocturno, especialmente en la perspectiva actual de Virgo y  Piscis. Debemos vivir esta situación, invocada por el Mundo Divino, para atravesar los misterios de la vida cósmica (ver La Ciencia Oculta). También, surge en la humanidad un fuerte impulso espiritual para crear posteriormente la fraternidad en las condiciones externas, pero esta primero debe realizarse espiritualmente. Debemos comenzar con las condiciones sociales humanas. El presente problema que se teje a través de nuestra vida social acerca de qué hacer con el problema racial y los órdenes sociales jerárquicos, con muchos intentos infelices de solución. Esto sólo puede hacerse sobre una base espiritual, estableciendo como fondo a Virgo —nuestros orígenes y futuro—. Esto debe ser recreado de nuevo, a partir de una sabiduría cósmica. Y sólo esto puede resolver el problema de la Era de Piscis.

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.