GA296. El nombre inexpresable. Espíritus del Espacio y del Tiempo – Venciendo el egoísmo.

Rudolf Steiner – Dornach, 17 de Agosto de 1919

English version

Las explicaciones que les di ayer sobre el camino que el intelecto humano tomará en el futuro, se basan en hechos bastante definidos, que salen a la luz a través del conocimiento científico-espiritual. Permítanme indicar algunos de estos hechos hoy. Deben entender que prácticamente cuando el ser humano está delante de uno, él es el que está siendo descrito en la Antroposofía. Es decir, primero tenemos ante nosotros (ustedes saben esto de mi “TEOSOFÍA”) un ser cuádruple. Tenemos ante nosotros el Yo, el llamado cuerpo astral, el cuerpo etérico y el cuerpo físico. El hecho de que cada vez que nos enfrentamos a un ser humano siempre tenemos ante nosotros estos cuatro miembros, implica que la manera ordinaria de mirar el mundo de hoy en realidad no nos permite conocer la verdadera esencia de la persona que se encuentra ante nosotros. Realmente no lo sabemos. Pensamos que la persona que vemos ante nosotros llena el espacio con su cuerpo físico y que vemos su cuerpo físico. Sin embargo, no podemos ver esta parte física como generalmente la vemos con nuestro ordinario poder de visión, si sólo se presentara ante nosotros como un cuerpo físico. Vemos el cuerpo físico con nuestros ojos ordinarios, como generalmente nos aparece, sólo porque está permeado por el cuerpo etérico, por el cuerpo astral y por el Yo. Puede sonar extraño si les digo que nuestro cuerpo físico es un cadáver, incluso durante la existencia entre el nacimiento y la muerte. Cuando vemos un cadáver humano, realmente tenemos ante nosotros el cuerpo físico del hombre. El cadáver es el cuerpo físico que no está permeado por el cuerpo etérico, por el cuerpo astral y por el Yo. Esta abandonado por estos cuerpos y entonces revela, por así decirlo, su verdadero ser. No tienes una concepción verdadera de ti mismo si piensas que estás llevando a través del espacio lo que te imaginas que es tu cuerpo físico. Tendrías una concepción mucho mejor de ti mismo si piensas en ti mismo como un cadáver, llevado a través del espacio por tu Yo, tu cuerpo astral y tu cuerpo etérico.

En la actualidad es cada vez más importante adquirir conciencia de la verdadera naturaleza del hombre. Las cosas no siempre fueron como son ahora, en la etapa actual del desarrollo humano, y como lo han sido desde hace algún tiempo. Por supuesto, lo que les digo ahora no puede ser averiguado con la ayuda de la ciencia ordinaria que trata del mundo físico externo, porque son hechos revelados por la Ciencia Espiritual.

Si volvemos al siglo VIII, AC., que es como ustedes saben, el comienzo de la 4ª época post-atlante, llegamos a la época egipcio-caldea del desarrollo de la Tierra. Allí, los cuerpos humanos tenían una constitución diferente a la actual. Los cuerpos humanos de antaño, las momias que ahora se pueden ver en los museos, no estaban constituidas en su esencia más fina, como los actuales cuerpos humanos. Estaban mucho más llenos de la vida vegetal, no estaban tan muertos, no estaban tan cadáveres como los cuerpos humanos de hoy. Estos cuerpos físicos eran, por decirlo así, mucho más similares a la naturaleza vegetal, mientras que el cuerpo físico del hombre moderno —y esto es ya el caso desde la época greco-latina— tiene un mayor parecido con el mundo mineral. Si por algún milagro cósmico fuéramos ahora dotados de los cuerpos de los pueblos caldeo-egipcios, todos estaríamos enfermos. Nos traerían enfermedades. Llevaríamos dentro de nuestros tejidos del cuerpo la tendencia hacia un crecimiento exuberante excesivo. Muchas enfermedades simplemente consisten en el hecho de que el cuerpo humano en parte se remonta a las condiciones que eran normales en la época egipcio-caldea. En la actualidad encontramos crecimientos ulcerosos en el cuerpo humano, que se deben simplemente al hecho de que en una o en otra persona una parte de su cuerpo tiende a convertirse en algo parecido a los cuerpos de la población egipcio-caldea.

Lo que le he dicho ahora, depende esencialmente del desarrollo de la humanidad. Nosotros los hombres modernos llevamos con nosotros un cadáver. Este no era el caso del egipcio: su conocimiento era diferente al nuestro, su inteligencia funcionaba de manera diferente a nuestra inteligencia.

Ahora consideremos cuidadosamente la siguiente pregunta: ¿Qué reconoce el ser humano con la ayuda de ese conocimiento que designa como ciencia moderna y del que se enorgullece tanto? ¡Sólo cosas sin vida! La ciencia enfatiza constantemente que la inteligencia ordinaria no puede captar la vida. Es cierto que algunos investigadores creen que si continúan experimentando, algún día podrán entender el juego alternante de la vida a través de complicadas combinaciones de átomos, moléculas y sus fuerzas alternas. Esto nunca ocurrirá. A lo largo del camino químico-físico, sólo podrán entender la sustancia mineral, sin vida; Es decir, sólo podrán captar la parte de la materia viva que ahora es un cadáver.

Pero esa parte en el hombre que es inteligente y ejercita las fuerzas conscientes, es sin embargo el cuerpo físico; Es decir, el cadáver. ¿Qué es lo que realmente hace el cadáver que llevamos con nosotros? Va más lejos de todo el largo del camino del conocimiento matemático-geométrico. Allí todo es transparente; pero cuando más nos alejamos de la esfera matemático-geométrica, las cosas devienen menos transparentes. Esto se debe a que el cadáver humano es hoy el verdadero instrumento de la cognición, y porque un instrumento sin vida sólo puede usarse para reconocer cosas sin vida. El cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo en el hombre no son instrumentos de cognición, pues permanecen, por decirlo así, en la oscuridad. Si el cuerpo etérico fuera capaz de reconocer, de la misma manera en que el cuerpo físico reconoce las cosas sin vida, reconocería lo primero la esencia viva del mundo vegetal.

Con su cuerpo físico vivo y semejante a una planta, los egipcios percibieron el mundo de las plantas de manera muy diferente de la forma en que ahora la percibimos. Muchos conocimientos instintivos sobre el mundo de las plantas pueden remontarse a la percepción egipcia, a lo que se encarnó con la cultura egipcia a través de una forma instintiva de cognición. Incluso ciertos hechos botánicos en la esfera médica están, en muchos aspectos, basados en las tradiciones de la antigua sabiduría egipcia. En efecto, para el juicio laico puede parecer de aficionados extraer de fuentes egipcias, lo que transmiten ciertas verdades que no parecen ser de gran valor. Ustedes saben que muchas de las llamadas logias, que no tienen un fundamento adecuado, se llaman “Logias Egipcias”. Esto es sólo porque en estos círculos todavía existen tradiciones de la sabiduría que se podría obtener a través de un cuerpo egipcio.

Podemos decir que con la transición gradual de la época egipcia a la época greco-latina, murió el cuerpo vegetal del hombre; Ya en la antigua Grecia, este cuerpo vivo parecido a una planta estaba más o menos muerto, o al menos estaba agonizando lentamente. Ahora ya tenemos un cuerpo físico que está muerto a un alto grado, y esta condición sin vida se aplica particularmente a la cabeza humana. Ya les expliqué que un iniciado científico espiritual puede percibir la cabeza humana como algo sin vida, como algo que está constantemente muriendo. La humanidad crecerá cada vez más consciente del hecho de que es un cadáver lo que usamos como instrumento de la cognición, y que este cadáver sólo puede captar cosas sin vida.

Cuanto más avanzamos hacia el futuro, más intenso será el anhelo de reconocer sólo lo que está vivo. Pero la inteligencia ordinaria, que está ligada al cuerpo sin vida, no puede percibir lo que está vivo. Muchas cosas serán necesarias para que el hombre, que ha perdido la posibilidad de penetrar en el mundo de una manera viva, pueda una vez más alcanzar esto. Debemos tener en cuenta todo lo que hemos perdido.

Cuando el ser humano pasó de la época Atlante a la post-atlante, era incapaz de hacer muchas de las cosas que se hacen ahora. Cada uno de ustedes, desde un cierto momento de su infancia hacia adelante, pudieron decir “yo” al referirse a uno mismo. Ahora se pronuncia esta palabra “yo” muy descuidadamente. Pero en el curso del desarrollo humano esta palabra no siempre fue pronunciada tan descuidadamente. Hubo épocas más antiguas en la evolución de la humanidad —aunque incluso en el antiguo Egipto, estos tiempos antiguos en gran medida ya había menguado— hubo épocas más antiguas en que el Yo estaba designado por un nombre, y si se pronunciaba ese nombre, aturdía a la gente. Por lo tanto, se evitó pronunciarlo. Si el nombre aplicable al Yo, que sólo era conocido por los iniciados, hubiera sido pronunciado en presencia de personas en los tiempos inmediatamente posteriores a la catástrofe atlante, el sonido de este nombre habría aturdido a toda la congregación; Toda la gente habría caído al suelo, tan fuerte habría sido el efecto del nombre aplicable al Yo.

Un eco de esto todavía puede encontrarse entre los antiguos hebreos, donde se habla del nombre indecible de Dios en el alma, un nombre que sólo podría ser pronunciado por los iniciados o mostrado a la congregación en gestos eurítmicos. Por lo tanto, el origen del nombre indecible de Dios puede verse en los hechos que se explican en este momento.

Pero poco a poco este nombre se perdió. Y con él se perdió el efecto profundo que irradia de tales cosas.

Durante la primera época post-atlante teníamos una profunda influencia procedente del Yo; Durante la segunda época posterior a la Atlántida, una profunda influencia procedente del cuerpo astral; Durante la tercera época post-atlante, una profunda influencia que salía del cuerpo etérico, pero que la gente podía soportar, porque, como les expliqué ayer, los puso en conexión con el universo, les hizo sentir su relación con el universo. En el tiempo presente, podemos pronunciar la palabra “yo”, podemos pronunciar todo tipo de cosas, pero no hacen ningún efecto sobre nosotros, porque ahora captamos el mundo a través de nuestro cuerpo sin vida. Es decir, sólo nos aferramos a la esencia mineral del mundo sin vida. Pero debemos nuevamente ascender y regresar a las regiones que nos permitan captar la vida. Mientras que desde la época grecolatina, desde el siglo VIII AC, hasta mediados del siglo XV DC, se atribuía el mayor valor a una adquisición cada vez mayor de conocimientos a través del cuerpo sin vida, nuestra inteligencia sigue ahora el camino que les describí ayer Pero debemos resistir la mera inteligencia. Debemos añadir algo a nuestra inteligencia.

Una característica que debemos tener en cuenta es que ahora debemos retraer el camino de una manera correcta; En el tiempo presente, en la quinta época post-atlante, debemos aprender de cierto modo a conocer el mundo vegetal; Durante la 6ª época deberemos aprender a conocer el reino animal, y sólo durante la 7ª época el reino real del hombre. Así, una de las tareas de la humanidad es trascender el mero conocimiento del mundo mineral y ascender al conocimiento del mundo vegetal.

Ahora que son capaces de entender esto sobre una base más profunda, consideren quién es la persona cuya principal característica es esta búsqueda del conocimiento del mundo vegetal. Este hombre es Goethe. Al acercarse a la vida desde la base de las cosas sin vida y al alcanzar, en oposición a la ciencia de sus días, la ley de la metamorfosis, el proceso vivo de las plantas, Goethe nos aparece como el representante de la 5ª epoca post-atlante, en sus primeros comienzos. Lean el pequeño folleto de Goethe, escrito en 1790, titulado “Una tentativa para explicar la metamorfosis de las plantas”, y allí encontrarán que Goethe trató incesantemente de captar la planta en su proceso de crecimiento, no como algo muerto y acabado, sino como algo en un proceso constante de crecimiento, pasando de hoja a hoja. Aquí pueden encontrar el comienzo del conocimiento que se debe buscar en la 5ª época post-Atlante.

El Goetheanismo por lo tanto nos da la nota fundamental para lo que debemos buscar durante esta 5ª época post-Atlante. La ciencia, por decirlo así, debería despertar al significado de Goethe y proceder del estudio de las cosas sin vida a la de los seres vivos. Esto es lo que quiero decir cuando continuamente enfatizo que debemos adquirir la capacidad de abandonar conceptos muertos y abstractos y penetrar en conceptos vivos y concretos. Las explicaciones que les di ayer y anteayer constituyen realmente el camino que conduce a estas regiones vivas y concretas del pensamiento.

Pero no será posible penetrar en tales pensamientos y conceptos a menos que nos tomemos la molestia de unir los elementos que forman nuestra concepción del mundo y nuestros puntos de vista sobre la vida. A través de la configuración especial de la civilización moderna, las diferentes corrientes de nuestra concepción del mundo están permitidas, por así decirlo, para correr inorgánicamente de lado a lado. ¡Consideren cuan inorgánicos y desunidos están en muchos casos los puntos de vista religiosos y científico-naturales de una persona! Muchas personas tienen conceptos religiosos y científicos, pero no lanzan un puente de uno a otro. De hecho, tienen cierta renuencia, un cierto temor a hacer esto. Sin embargo, debemos ser claramente conscientes de que las cosas no pueden permanecer como están.

Durante mi visita actual, le señalé cuan egoístamente desarrollan las personas modernas su concepción del mundo. Llamé la atención sobre el hecho de que hoy en día la gente está principalmente interesada en la vida del alma después de la muerte. Por puro egoísmo se interesan por la vida del alma después de la muerte. También les dije que ahora es necesario interesarse por la vida del alma desde el nacimiento, en la medida en que esta vida es una continuación de la vida antes del nacimiento o la concepción. Nuestra concepción del mundo sería mucho menos egoísta de lo que es hoy, si observáramos el desarrollo de un niño, la forma en que crece como continuación de su existencia anímico-espiritual prenatal,  con el mismo anhelo y el mismo interés con el que pensamos en la vida después de la muerte.

Este carácter egoísta de nuestra concepción del mundo moderno depende de muchas otras cosas además. Ahora llegamos a un punto que demuestra claramente que la gente moderna debe ser cada vez más consciente de los hechos reales que yacen en el fundamento de estas cosas. Durante la época que conduce hasta el presente, el elemento egoísta se ha desarrollado principalmente en el hombre; El yo ha permeado nuestra concepción del mundo y el yo también ha permeado la voluntad humana. No estamos presos de ninguna ilusión con respecto a esto.

Los más egoístas de todos se han convertido en religiones, credos religiosos, etc.. Incluso los hechos superficiales pueden mostrar que las creencias religiosas se han hecho egoístas. Consideren cuántos sacerdotes modernos deben contar con el egoísmo de la gente. Cuanto más se toma en cuenta el egoísmo humano, cuantas más promesas se hacen para la vida del alma después de la muerte, más fácilmente alcanza sus objetivos. A la gente moderna no les interesa mucho otra cosa, porque no les importa mucho la vida espiritual animica que se manifiesta tan maravillosamente después del nacimiento; Es decir, después de la concepción.

Un resultado de este interés egoísta en la vida después de la muerte es la manera en que la gente moderna piensa acerca de Dios en las diferentes religiones. Pensar en Dios como el Ser más elevado, no implica nada especial. En este sentido es necesario eliminar toda ilusión. ¿Qué implican la mayoría de las personas cuando hablan de “Dios”? Ya lo he mencionado antes. ¿Qué clase de Ser quieren decir cuando hablan de Dios? Es un Ángel, un Angelos –a su propio Ángel a quien llaman Dios! ¡No es nada más, queridos amigos! La gente todavía tiene alguna idea del hecho de que un espíritu guía los acompaña en la vida; A este espíritu guía levantan la vista, y es a este ser angélico a quien llaman Dios. Aunque no hablan de él como de un Ángel, aunque lo llamen “Dios”, sin embargo, sólo significan a su Ángel. La nota egoísta de las creencias religiosas es que su idea de Dios no va más allá del Ángel. Como consecuencia, los intereses humanos se han vuelto más estrechos, rasgo que puede verse claramente hoy en día en la vida pública.

¿Cuáles son las preguntas que la gente hace hoy? ¿Investigan los destinos generales de la humanidad? ¡Oh, en cierto sentido es muy doloroso hoy hablar con gente de destinos humanos generales! La gente tampoco tiene idea de cuántos cambios han tenido lugar en este sentido, incluso en un espacio de tiempo comparativamente corto. Ya ven, hoy podemos decirle a la gente que la guerra que se ha librado en la Tierra durante los últimos cuatro o cinco años será seguida por la más poderosa batalla espiritual jamás emprendida, una batalla que se extenderá por todo el mundo, que nunca existió antes en esta forma, batalla que es consecuencia del hecho de que el Occidente designa como maya o como ideología lo que el Oriente designa como realidad y que el Oriente designa como realidad la ideología del Occidente. Hoy podemos llamar la atención sobre este importante y pesado hecho, sin embargo, la gente ni siquiera se da cuenta de que si se hubiera dicho esto hace tan sólo cien años, habría agitado tanto a las almas que no habrían tenido paz.

El hecho más llamativo de todo es este cambio en la humanidad, esta indiferencia respecto a los grandes destinos de la existencia humana. Hoy en día nada penetra en las almas humanas, pues les rebota, por así decirlo. Los hechos más abarcadores, los más importantes e intensivos se toman ahora como hechos sensacionalistas. No sacuden suficientemente a las almas humanas. Esto sólo depende del hecho de que el egoísmo inteligente, en constante aumento, restringe los intereses humanos.

La gente puede ahora tener democracias o parlamentos —pueden reunirse en los parlamentos, pero los destinos de la humanidad no respiran a través de estos parlamentos, porque los hombres que son elegidos en el parlamento no están llenos del aliento de los destinos de la humanidad. Están llenos del aliento de los intereses egoístas. Cada persona tiene su propio interés egoísta. Semejanzas esquemáticas externas en estos intereses, a menudo debido a una profesión común, inducen a la gente a formar grupos. Y si estos grupos son suficientemente grandes, se convierten en mayorías. En ese caso, no son los destinos humanos los que pasan por el parlamento o a través de estos grupos representativos de personas, sino sólo el egoísmo humano, multiplicado por tantas personas.

Incluso las creencias religiosas han sido transferidas a la esfera del egoísmo, porque las almas humanas están llenas de intereses que sólo apelan a su egoísmo. Las creencias religiosas pasarán por la renovación que necesitan, cuando los intereses humanos se hayan ampliado, cuando hayan adquirido una forma que trascienda el destino puramente personal y ascienda al destino de la humanidad como tal, cuando la gente se agitará nuevamente al oír que en Occidente hay una civilización que difiere de la del Este, y que en el Centro hay una civilización que difiere de la de los dos polos de Oriente y Occidente; Una renovación religiosa vendrá cuando las almas humanas se despierten al oír que en Occidente se buscan los grandes objetivos de la humanidad (¡si, son absolutamente buscados!) recurriendo a las personas mediúmnicas, que en estado de trance son, por así decirlo, conscientemente llevadas a una conexión sub-terrenal con los mundos espirituales para que revelen, medianamente, algo sobre los grandes objetivos históricos.

En Europa, se podría explicar con tanta frecuencia, aunque la gente no lo crea, que realmente existen sociedades en los países angloamericanos donde las personas con facultades mediúmnicas son llevadas a una especie de trance, para descubrir a partir de ellas, mediante preguntas inteligentemente formuladas, algo sobre el gran destino objetivo de la humanidad.

La gente tampoco cree que los Orientales, también, obtienen información sobre los grandes fines de destino de la humanidad, no de forma mediúmnica sino mística. Esto es casi palpablemente evidente hoy en día, pues uno puede comprar en todas partes los hermosos discursos de Rabindranath Tagore, revelando a gran escala cómo piensa un oriental sobre los objetivos de la humanidad. La gente lee sus poemas, como si fueran los folletos de algún escritor barato, porque hoy ya no distinguen a los escritores baratos de hombres dotados de gran espiritualidad como Rabindranath Tagore. No se dan cuenta de que hoy en día las más diversas sustancias raciales viven, por así decirlo, de lado a lado. Ya les he explicado, en muchas conferencias, los puntos de vista que deben aplicarse a Europa Central, pero estas explicaciones no se tomaron como deberían haber sido tomadas.

Con estas palabras, queridos amigos, sólo deseo demostrar que es posible hacerse consciente de algo que trasciende los destinos humanos egoístas, algo que está conectado con el destino de grupos enteros de hombres, de modo que las diferenciaciones pueden hacerse en todo el mundo. Si elevamos los ojos del alma con comprensión a estos destinos de la humanidad en el mundo entero, si tomamos un interés profundo en este elemento que trasciende los destinos personales, sintonizamos nuestra alma para la comprensión de algo más alto y más real que el Ángel; a saber, el Arcángel. Los pensamientos que revelan la verdadera naturaleza del Arcángel no pueden llegar a nosotros si sólo nos movemos en esferas pertenecientes a intereses humanos personales puramente egoístas. Si los predicadores sólo se mueven en las regiones del egoísmo humano, sus sermones pueden estar llenos de palabras que tratan de lo Divino, pero sólo predicarán del Ángel. El hecho de que le den otro nombre constituye una falsedad, y no cambia nada. Sólo si empezamos a interesarnos por el destino humano que se extiende sobre amplios espacios, sintonizamos nuestra alma con la comprensión del Arcángel.

Pasemos ahora a otra cosa. Tratemos de desarrollar un sentimiento de los impulsos sucesivos en la evolución de la humanidad, indicados en recientes conferencias. Consideremos el hecho de que un gran número de nuestros hombres principales reciben una educación clásica durante los años en que el alma humana todavía puede ser conformada y moldeada; Se enseña en escuelas que no son el producto de la civilización moderna, sino de una cultura pasada, de la época greco-latina. Si los griegos y los romanos hubieran hecho lo mismo que estamos haciendo ahora, habrían establecido escuelas egipcio-caldeas. Pero ellos evitaron esto. Tomaron su tema de instrucción de la vida misma. Lo tomaron de la época precedente y entrenaron a los seres humanos en consecuencia. Esto tiene una gran importancia en la vida humana, pero no lo hemos reconocido. Si hubiéramos reconocido la importancia de este hecho, el movimiento feminista habría dado una nota diferente, expresando la siguiente verdad: “Los hombres que están aprendiendo a usar sus poderes intelectuales ahora, están siendo entrenados en escuelas anticuadas. Esto endurece su cerebro. Las mujeres afortunadamente no fuimos admitidas en esas escuelas (los “gimnasios” del continente). Desarrollemos nuestros poderes intelectuales más originalmente; demostrémonos cómo pueden desplegarse en el tiempo presente, si no están embotados en los años de juventud por una educación grecolatina”.

Pero el movimiento feminista no alcanzó esa nota. Por el contrario, a menudo avanzan con la siguiente afirmación: “Los hombres se han educado bajo la educación greco-latina, vamos ahora las mujeres también a educarnos en ella. Vamos a permitirnos tener un entrenamiento de gimnasio nosotras también”.

Por lo tanto, pueden ver, mis queridos amigos, cómo no existe la comprensión de las cosas que realmente son necesarias. Debemos saber que en la actualidad no estamos siendo educados de acuerdo con las exigencias modernas, sino de acuerdo con las normas relativas a la cultura greco-latina. En consecuencia, esta cultura greco-latina llena la vida moderna. Debemos ser conscientes de ello. Deberíamos sentir los ingredientes greco-latinos de la cultura en las principales personalidades de nuestros días, en la llamada “intelligensia”, entre los intelectuales; Este es un estrato que existe en el tiempo presente. Toda nuestra cultura espiritual está permeada por ella. No leemos ningún periódico que no contenga rastros de la cultura greco-latina, pues escribimos en un estilo greco-latino, aunque escribamos en nuestro propio idioma.

Como ya se ha explicado, nuestros puntos de vista jurídicos están inmersos en el pensamiento romano —que es a la vez algo obsoleto y anticuado. La vida romana llena la ley moderna. A veces la antigua ley nativa entra en conflicto con el derecho romano, pero no puede afirmarse. Esto también debe ser sentido: que lo que llamamos justicia o injusticia en la vida pública está empapado de los impulsos de una época pasada.

Sólo en la esfera económica vivimos realmente en el presente. Es un hecho significativo que sólo vivimos el presente en la esfera económica. Por lo tanto, algunas cosas tendrán que ser modificadas. Permítanme decir entre paréntesis que muchas mujeres recogen conceptos modernos sólo con respecto a la cocina; Es decir, en la economía doméstica, pues allí son verdaderamente modernas; Pero para todo lo demás esta anticuada; Es algo que injertamos en el presente. No digo que esto sea una cosa especialmente deseable —en cualquier caso, lo otro tampoco es del todo deseable; a saber, que en el tiempo presente incluso las almas de las mujeres vuelven a las culturas anticuadas.

Cuando examinamos nuestro entorno cultural, no encontramos en él sólo lo que está activo en el espacio, sino también los impulsos que vienen de tiempos muy remotos. Y si adquirimos un sentimiento por tales cosas, descubriremos no sólo la influencia del pasado, sino también la del futuro. De hecho, es nuestra tarea introducir en el presente estos impulsos del futuro. Pues, queridos amigos, si no viviera en cada uno de nosotros una especie de rebeldía contra el pasado, oponiéndose al carácter griego de nuestra cultura y al carácter romano de la legislación moderna, si el futuro no viera su luz en estas esferas, nuestro destino sería una pena.

En cuanto a la cultura moderna, debemos considerar, además del espacio, también el tiempo; Lo que penetra en el presente, en la historia de nuestro tiempo, desde un pasado remoto y desde el futuro. Como personas modernas, debemos saber que, de la misma manera en que América, Inglaterra, Asia, China e India existen en el tiempo presente, así el pasado y el presente existen en el alma humana y envían sus influencias hacia ella, en cuanto que somos europeos, pues el pasado y el presente representan los dos polos de Oriente y Occidente. Así tenemos dentro de nosotros a la antigua Grecia, a la antigua Roma y el futuro. Y si nos tomamos la molestia de contemplar este hecho, si nos hacemos conscientes de que el pasado y el futuro, o las cosas por venir, viven en nuestra alma, estaremos llenándonos de un nuevo sentimiento, que puede trascender el egoísmo en el destino humano; Es un sentimiento que difiere del de una mera contemplación espacial de la vida.

Sólo si desarrollamos este estado de ánimo en nuestra alma, adquiriremos la posibilidad de desarrollar pensamientos sobre la esfera de los Espíritus del Tiempo, o los Arcai. Es decir, llegamos al tercer Elemento Divino en el orden jerárquico. Es bueno concebir estas tres Jerarquías en pensamientos y conceptos, con la ayuda de los medios que acabamos de explicar. Pues los Espíritus de la Forma, que vienen después de los Arcai, son mucho más difíciles de entender. Pero para las personas modernas bastaría con intentar trascender el egoísmo y penetrar en la esfera no egoísta; Deben repetir este intento una y otra vez y ocupar sus mentes con las cosas que se acaban de caracterizar!.

Esto debería ser particularmente el caso de los profesores (permítanme enfatizar esto). Lo que le he explicado ahora debe ser tenido en cuenta especialmente en la formación de los profesores. Los maestros no deben tener el derecho de educar y entrenar a los niños a menos que adquieran un concepto de ese egoísmo que sólo alcanza hasta la Divinidad más cercana; es decir, el Ángel, y a menos que adquieran un concepto de los poderes no egoístas que determinan el destino y que existen espacialmente lado a lado aquí en la Tierra; Es decir, los Arcángeles. Y también deben adquirir un concepto de las influencias del pasado y del futuro en la cultura moderna —el carácter romano del derecho, la sustancia espiritual griega— y de la indefinida rebelión futura del hombre, que podría rescatarlo.

En la actualidad, sin embargo, la gente no está muy inclinada a penetrar en tales cosas. Hace poco tiempo, enfatizo una y otra vez en mis conferencias que una de las tareas sociales de la actualidad es extraer nuestra sustancia educativa para los años que los jóvenes pasan ahora en las escuelas, desde el presente, para hacer lo mismo que los antiguos griegos también hicieron: extraer nuestra sustancia educativa del presente.

En el mismo lugar en que repetidamente hablé de este asunto como uno de los problemas sociales más importantes, apareció poco tiempo después de mis conferencias: no deseo construir una conexión casual; esto es indiferente, pero es sintomático! —un gran número de anuncios en todos los periódicos locales haciendo propaganda para un local “gimnasio”. Di charlas en las que caracterizaba, como lo he hecho ahora, el clásico gimnasio en la educación y al mismo tiempo aparecieron anuncios de alabanza a un gimnasio en la educación, exponiendo todo lo que la juventud de Alemania debe a sus gimnasios para el “fortalecimiento de la conciencia nacional”, de la “fuerza nacional”, etc., etc. ¡Y esto, unas pocas semanas antes de la Paz de Versalles! Estos anuncios fueron firmados por las celebridades locales de la escuela, etc. Lo que uno tiene que decir hoy para una base verdaderamente objetiva de la evolución humana siempre rebota, vuelve de nuevo. La gente lo rechaza —no toca a las profundidades de sus almas.

Esto explica la dificultad de actuar con respecto a la cuestión social. Pues la actitud superficial con la que la gente se aproxima a la cuestión social nunca será de ninguna utilidad. La cuestión social es profundamente significativa; Es un problema que no puede ser resuelto a menos que uno esté dispuesto a mirar las profundidades del ser humano y del universo. Este mismo hecho debe ser capaz de mostrarnos lo necesario que es establecer ciertas verdades contenidas en la triple estructura del organismo social.

Pero debemos adquirir un órgano capaz de captar lo que nuestro tiempo actual realmente necesita. Será difícil adquirir este órgano en la esfera espiritual, pues la sustancia espiritual en la educación, gradualmente asimilada por el cuerpo gobernante, el Estado, sacó del ser humano toda fuerza activa, todo verdadero esfuerzo, transformándolo así en un miembro “resignado” dentro de la estructura del estado. Ya les he hablado aquí, creo, de la pregunta: ¿Cómo vive realmente la gran mayoría de la gente? (Por supuesto, siempre se tienen en cuenta las excepciones). Hasta el sexto año de su vida se permite al ser humano vivir libremente, porque es todavía demasiado mugriento para el estado! El Estado no quiere asumir las tareas que implica el cuidado de los niños pequeños; El Estado deja, pues, al ser humano al cuidado de los poderes fuera de su propia esfera. Pero después lo reclama y entonces lo entrena para que pueda encajar en la economía del estado, en el modelo estereotipado; Dejando de ser un ser humano real y se convirtiendose en algo que lleva la huella del Estado. En ese caso puede ser “de uso” para el estado. Él se esfuerza por esto, porque es inculcado a ello; en ese caso, el Estado no sólo cuida de él mientras trabaja, sino también cuando deja de trabajar, al concederle una pensión hasta que se muere. Para muchas personas una posición que implica el derecho a una pensión es un gran “ideal”!. ¡Y las religiones hablan de una especie de pensión para el tiempo después de la muerte!. El alma obtiene una pensión; sin ningún esfuerzo por su parte obtiene la vida eterna a través de la misma iglesia. ¡La iglesia se encarga de esto!. Es incómodo oír que la salvación sólo puede ser alcanzada por un esfuerzo espiritual libre, independientemente del Estado, y que el Estado debe limitarse a la esfera jurídica. ¡Y el derecho a tener una pensión NO existiría en un estado jurídico! Esta es para muchas personas una razón… para rechazarlo! Uno puede ver esto una y otra vez.

Y en cuanto a la vida más íntima del espíritu, debemos decir que la vida religiosa requerirá, ciertamente, una concepción del mundo válida para el futuro; Debe exigir al hombre que trabaje por su inmortalidad, para que actúe en su alma, de modo que pueda tomar el impulso divino, el Impulso de Cristo, a través de su propia actividad.

Durante mi vida recibí innumerables cartas de la gente de la iglesia declarando que la Antroposofía es una cosa buena, pero que contradice la  “simple fe cristiana” de la salvación del alma a través de Cristo, de la vida eterna alcanzada a través de Cristo, sin tener que hacer nada por ello “La fe en la salvación por medio de Cristo” es algo que ellos no pueden abandonar. Cuando las personas escriben o dicen tales cosas, piensan que son especialmente piadosas. Pero son simplemente egoístas, completamente interesadas y egoístas, porque no desean hacer ningún esfuerzo en su alma, desean dejarlo todo a Dios, que llevará su alma a salvo a través del portal de la muerte y lo acogerá.

Estos asuntos no estarán tan cómodos en la concepción del mundo que creará la sustancia religiosa en el futuro. Tendremos que comprender que la esencia divina dentro de nosotros debe desarrollarse dentro del alma. Entonces ya no será posible someterse pasivamente a las iglesias que prometen llevar las almas humanas con seguridad a través de la muerte… una costumbre censurable por lo menos ha cesado ahora; A saber, hacer esto a cambio de dinero, pero en secreto esto todavía desempeña un cierto papel, incluso en lo que respecta a la consecución de la vida eterna. Esta transición a una etapa de la actividad interior, de modo que miremos hacia un mundo al que pertenecemos, es un requisito urgente, sin embargo, no atrae a la humanidad en gran medida.

Para adquirir un sentimiento hacia las exigencias en este ámbito, debemos contemplar los hechos expuestos hoy: la metamorfosis de la humanidad desde los tiempos del antiguo Egipto, donde incluso el cuerpo tenía un carácter más vegetal. Pero si volviera a caer en esta condición parecida a una planta, tomaría crecimientos ulcerosos, etc., así como el hecho de que llevamos realmente un cadáver con nosotros, que es el verdadero instrumento de la cognición. Estas verdades nos permiten tener un sentimiento para las exigencias de la humanidad, mostrándonos cómo avanzar en la dirección correcta, cómo poder avanzar ahora en la cuestión social. Ya no deberíamos contentarnos con considerar una cuestión tan importante como la cuestión social de la manera más sencilla posible.

Esta es la extraordinaria dificultad del tiempo presente, y deben tener en cuenta que a la gente moderna le gusta escuchar explicaciones sobre los hechos más importantes de la vida en unas pocas frases abstractas. Cuando un libro como los “Puntos Fundamentales de la Cuestión Social” contiene más que unas pocas frases abstractas, cuando tal libro contiene los resultados de una observación de la vida misma, entonces la gente dice que no puede entenderlo y parece confundida con ellos. Pero es la desgracia de la actualidad que a la gente no le gusta penetrar en las cosas que deberían penetrar. Pues las frases abstractas que son muy transparentes, sólo tratan de cosas sin vida; pero la esfera social es una esfera viviente. Aquí debemos aplicar concepciones elásticas, oraciones elásticas, formas elásticas. Por lo tanto, es necesario, como he explicado con frecuencia, considerar no sólo la transformación de las cosas, sino también aprender a pensar de manera diferente con respecto a la estructura más íntima de nuestros pensamientos y reflexiones.

Al despedirme de nuevo por un par de semanas, queridos amigos, quería hablar de todo esto, porque ahora debemos sentir que estamos bajo el signo de la cooperación en nuestro movimiento antroposófico o social. Quisiera que ustedes se llenaran cada vez más con el entendimiento de que si algo se quiere lograr en el ámbito social, la ciencia espiritual de la Antroposofía debe fluir hacia las almas humanas. Permítanme recomendarles una cosa, aunque la repita una y otra vez. Es esencial que las verdades antroposóficas que podemos obtener para nosotros mismos sean reconocidas como la verdadera regla de conducta para nuestras actividades y para nuestro esfuerzo en el tiempo presente; debemos tener el coraje y la voluntad de impulsarnos con verdades antroposóficas. Lo peor de todo es que la gente moderna no tiene el coraje de empujar con algo que realmente se necesita. Permiten quebrar las mejores fuerzas de su voluntad; no están dispuestos a llevarlas a cabo, aunque esto sea tan necesario.

Ya ven, queridos amigos, aprendan a soportar valientemente el hecho de que las personas que se interesan por el edificio representativo de nuestros esfuerzos espirituales, el Goetheanum, sean bien aceptadas por ustedes; Alegraos por cada persona que no muestra más que un grado de entendimiento, y vayan hacia ella, pero no pongan atención al hecho de que la gente trae mala voluntad, o lo que es más frecuente hoy en día, una falta de comprensión hacia la antroposofía —limítense a rechazar esto de una manera correspondiente. Lo esencial es el coraje para avanzar con estas cosas. Considerémonos como ese pequeño grupo de hombres cuyo destino es conocer y comunicar al mundo las cosas que más necesita. Que la gente se burle de nosotros, que digan que es vanidad pensar esto; Sin embargo, es cierto. Decirnos a nosotros mismos que «sin embargo es cierto», decir esto sinceramente, para que toda nuestra alma se llene de ello, exige un coraje interior que debemos tener. Que este valor llene nuestra alma de sustancia antroposófica. Esto nos permitirá hacer lo que cada uno debe hacer en el lugar donde está. Esto es lo que quiero decirles hoy.

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Realmente podemos decir que estamos dando la bienvenida a cada día que nos acerca a la meta (que ahora encuentra los mayores obstáculos) de trabajar en el mundo a través de nuestro Edificio. Pues este edificio es, después de todo, el único que tiene en cuenta, incluso en sus formas arquitectónicas, los grandes destinos de la Humanidad. Y es bueno que la gente comience ya a tomar nota del Goetheanum. Pero se necesita otra cosa para una actividad progresiva respecto a la cuestión social; A saber, que por un medio como el Goetheanum, con sus formas más potentes que cualquier otra forma arquitectónica del presente, debe ejercerse una influencia sobre el mejoramiento espiritual de las fuerzas humanas; La gente debe volver a hacerse accesible a las verdades que deben ser conocidas, para que puedan elevarse no sólo a la esfera del mundo Angélico, sino también a la esfera del mundo Arcangélico y a la del Espíritu del Tiempo.

Traducido por Gracia Muñoz en Julio de 2017.

GA169. Las festividades y su significado

IV . Pentecostés – Un símbolo de la inmortalidad del Yo

[Extracto de la primera conferencia del Curso XLIII, Cosmic Being and Egohood, impartido por Rudolf Steiner en Berlín, del 6 de junio al 18 de julio de 1916. (Impreso con permiso especial).

Berlin, 6 de Junio de 1916

English version

Llevar la mente a pensamientos relacionados con la Festividad de Pentecostés me parece menos apropiado en estos días graves [Berlín, 1916.] de lo que ha sido en años anteriores. Pues la humanidad está atravesando pruebas fatídicas y en tales momentos realmente no es apropiado llamar a los sentimientos de calidez interior y regocijo. Si nuestros sentimientos son correctos y verdaderos, nunca podremos olvidar por un momento el sufrimiento que ahora es tan universal y,en cierto sentido, es realmente egoísta querer olvidarlo para entregarnos a pensamientos que alientan y elevan el alma. Por lo tanto, será más apropiado hoy hablar de ciertos asuntos relacionados con las necesidades de la época, porque nuestros estudios recientes han demostrado muy claramente que muchas de las razones de los sufrimientos de la época actual están en la actitud predominante hacia lo espiritual, y es urgente trabajar en el desarrollo del alma humana para que la humanidad pueda avanzar hacia mejores días. Sin embargo quiero por lo menos comenzar con pensamientos que nos lleven al significado de una festividad tal como Pentecostés.

Hay tres Festividades de importancia capital en el curso del año: Navidad, Pascua y Pentecostés. Todos los que no se han vuelto indiferentes al significado de tales festividades en la evolución del mundo y de la humanidad, como es el caso de la mayoría de nuestros contemporáneos, percibirán a la vez los contrastes entre estos tres eventos. Las experiencias asociadas con cada una se expresa en su simbolismo exterior.

La Navidad es una festividad relacionada sobre todo con las alegrías de la infancia, una fiesta en la que una parte esta usualmente, si no siempre, relacionada con el Árbol de Navidad que se lleva al hogar traído de la naturaleza cubierta de nieve. Nuestro pensamiento también se vuelve a la festividad de Navidad tan frecuentemente celebrada entre nosotros y que durante siglos en esta temporada ha llevado a los corazones humanos sencillos el recuerdo del gran y único acontecimiento en la evolución de la Tierra cuando Jesús de Nazaret o, para ser más exactos, el Jesús, que vino de Nazaret y nació en Belén. La fiesta del nacimiento de Jesús de Nazaret es una fiesta ligada al mundo de sentimientos engendrado por el Evangelio de San Lucas, por aquellas partes del Evangelio que hacen el llamamiento más general a los corazones sencillos y son los más fáciles de entender. Es, pues, una Festividad de la humanidad universal, inteligible hasta cierto punto al menos para el niño y para los hombres que han conservado una cualidad infantil de corazón y mente. Sin embargo, trae a esos corazones infantiles algo grande y poderoso que luego llega a formar parte de su conciencia.

El festival de Pascua, aunque se celebra durante la temporada cuando la naturaleza está despertando a la vida, lleva a nuestras mentes al portal de la muerte. En contraste con la ternura y el atractivo universal de la fiesta de Navidad, la fiesta de Pascua contiene algo infinitamente sublime. Si las almas humanas son capaces de celebrar el festival de Pascua realmente, no pueden dejar de ser conscientes de su majestad trascendente. Trae la sublime concepción del Ser Divino que descendió a un cuerpo humano y pasó por la muerte. El enigma de la muerte y la preservación en la misma muerte la vida eterna del alma – esta es la gran visión presentada por la fiesta de Pascua.

Estas fiestas sólo se pueden experimentar en su profundidad cuando recordamos las muchas cosas hechas realidad por la Ciencia Espiritual. Piensen en lo estrechamente vinculados con todas las fiestas celebradas en el mundo en conmemoración de los nacimientos de salvadores con los pensamientos que surgen de la fiesta de Navidad. Se nos recuerda, por ejemplo, la fiesta de Mithras celebrando su nacimiento en una cueva. Todas estas cosas son la evidencia de una íntima conexión con la naturaleza. Que la Navidad es un festival vinculado con la naturaleza se simboliza con el árbol de Navidad, y el nacimiento, también, lleva nuestra mente a los trabajos y poderes de la naturaleza. Pero debido a que el nacimiento del cual la Ciencia Espiritual tiene tantas cosas que decir es el de Jesús de Nazaret, es un nacimiento cargado de infinito significado. Y recordando que el Espíritu de la Tierra despierta en invierno, está más activo durante la estación donde la naturaleza exterior parece estar durmiendo en un manto de hielo y nieve, podemos sentir que el festival de Navidad nos lleva a la naturaleza elemental y que la iluminación de las velas de Navidad es un símbolo de cómo el Espíritu está despertando en la oscuridad invernal de la Naturaleza.

Si relacionamos el festival de Navidad con la vida y el ser del hombre, podemos hacerlo recordando que el hombre también está conectado con la naturaleza cuando se separa de ella espiritualmente, como lo hace durante el sueño, cuando con su yo y cuerpo astral entra en el mundo espiritual. Su cuerpo etérico permanece unido, suprasensiblemente, al cuerpo físico, y representa la parte del ser del hombre que pertenece a la naturaleza elemental, a esa naturaleza elemental que despierta a la vida dentro de la Tierra cuando se halla envuelta en el hielo del invierno. Es mucho más que una analogía; de hecho, es una verdad profunda decir que, aparte de todo lo demás, la fiesta de Navidad es una señal de que el hombre tiene en su ser un principio elemental etérico, un cuerpo etérico a través del cual está vinculado con la Naturaleza elemental.

Si reflexionan ahora en todo lo que se ha dicho en el transcurso de muchos años acerca del gradual oscurecimiento y declive de las fuerzas del hombre, se  harán conscientes de cuán estrechamente todas las fuerzas del cuerpo astral humano están conectadas con los procesos de muerte. El hecho de que tengamos que desarrollar el cuerpo astral durante nuestra vida, y que en el cuerpo astral tengamos que recibir lo espiritual, significa que, al hacerlo, traemos las semillas de la muerte a nuestro ser. Es completamente incorrecto creer que la muerte está conectada con la vida en un sentido externo solamente, porque la conexión es interior y fundamental. Nuestra vida es como es sólo porque somos capaces de morir en la forma en que lo hacemos. Pero esto está ligado con todo el desarrollo del cuerpo astral del hombre. Una vez más, es más que una analogía cuando decimos: El festival de Pascua es un símbolo de todo lo que tiene que ver con la naturaleza astral del hombre, con ese principio de su ser que, cuando duerme, deja el cuerpo físico y junto con él yo entra en el mundo espiritual de donde descendió ese Ser Divino-Espiritual que en Jesús de Nazaret realmente pasó por la muerte. Si uno estuviera hablando en una época más viva para lo espiritual que la nuestra, lo que acabo de decir sería reconocido como realidad, mientras que en nuestros días se toma simplemente como simbolismo. Se comprendería entonces que el propósito de instituir las fiestas de Navidad y de Pascua era proporcionar al hombre señales de recuerdo de que está conectado con la naturaleza espiritual, con esa naturaleza que lleva a la muerte la integridad física, y darle indicios que le recuerden que en su cuerpo etérico y en su cuerpo astral es portador de lo espiritual. — En nuestros días estas cosas han sido olvidadas. Se volverán a iluminar cuando la humanidad tenga la voluntad de adquirir la comprensión de verdades espirituales como éstas.

Pero ahora, además del cuerpo etérico y del cuerpo astral, llevamos dentro de nosotros como supremamente espiritual, nuestro Yo. Sabemos algo de la naturaleza compleja del Yo. Sabemos especialmente que es el Yo el que pasa de encarnación a encarnación, que las fuerzas interiores del Yo se construyen y se conforman a esa forma que llevamos adelante en nuestro ser en cada nueva encarnación. En el Yo resucitamos de la muerte para prepararnos para una nueva encarnación. Es en virtud del Yo que somos individuos. Si podemos decir que el cuerpo etérico representa en cierto sentido lo que es semejante al nacimiento y está conectado con las fuerzas elementales de la naturaleza, que el cuerpo astral simboliza el principio de muerte que está conectado con la espiritualidad superior, podemos decir que el Yo representa nuestro continuo resurgimiento en el espíritu, nuestra resurrección en el reino espiritual que no es ni la naturaleza ni el mundo de las estrellas, sino que los impregna a todos. Y así como el festival de Navidad se puede conectar con el cuerpo etérico y la fiesta de Pascua con el cuerpo astral, la fiesta de Pentecostés se puede conectar con el Yo. Esta es la fiesta que, representando la inmortalidad del Yo, es una muestra del hecho de que nosotros, como hombres, no solo compartimos la vida universal de la naturaleza, no sólo sufrimos la muerte, sino que somos seres inmortales individuales, creciendo una y otra vez de la muerte.

¡Y cuán maravillosamente esto llega a expresarse cuando el pensamiento de Navidad, el pensamiento de Pascua y el pensamiento de Pentecostés son llevados más lejos! El festival de Navidad está directamente relacionado con los acontecimientos terrenales, con el solsticio de invierno, el tiempo en que la Tierra está envuelta en la oscuridad más profunda. Al celebrar el festival de Navidad seguimos la ley por la cual se gobierna la existencia de la Tierra; cuando las noches son más largas y los días más cortos, cuando la tierra está helada, nos retiramos en nosotros mismos y buscamos lo espiritual que ahora está despertando dentro de la Tierra. El festival de Navidad está ligado con el Espíritu de la Tierra; Nos recuerda una y otra vez que pertenecemos a la Tierra, que el Espíritu debió bajar de las alturas cósmicas y tomar forma terrenal para ser un hijo de la Tierra entre los hijos de la Tierra.

El festival de Pascua tiene un ambiente diferente. Ustedes saben bien que la Pascua está determinada por la relación del sol con la luna del primer domingo después de la primera luna llena de primavera, la primera luna llena después del 21 de marzo. El festival de Pascua, por lo tanto, se fija según la posición relativa del sol a la luna. De una manera maravillosa, entonces, el festival de Navidad está vinculado con la Tierra, y la fiesta de Pascua con el Cosmos. En Navidad nos recuerdan lo que es más santo en la Tierra, y en la Pascua lo más santo en los cielos.

Pero el pensamiento subyacente a la fiesta cristiana de Pentecostés está asociado de una manera muy hermosa con lo que está incluso por encima de las estrellas: el fuego universal, espiritual y cósmico que se individualiza y en lenguas ardientes desciende sobre los Apóstoles. Es el fuego que no es ni solo celestial ni solo terrestre; Es el fuego omnipresente que individualiza y pasa a cada ser humano. En verdad, el festival de Pentecostés está vinculado con todo el Universo. Así como la fiesta de Navidad está conectada con la Tierra y la fiesta de Pascua con las Estrellas, así la fiesta de Pentecostés esta directamente conectada con el hombre, con el hombre individual, en cuanto recibe la chispa de la vida espiritual de todo el Universo. Lo que se concede a la Humanidad en general por el descenso a la Tierra del Ser que es tanto Dios como Hombre, se prepara para cada ser humano individual en las ardientes lenguas de Pentecostés. Estas lenguas ardientes representan lo que por igual vive en el hombre, en las estrellas, en el mundo.

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Y para aquellos que buscan lo espiritual, esta fiesta de Pentecostés tiene un significado y un contenido de especial profundidad, llamando cada vez más a la perpetua renovación de la búsqueda espiritual.

En nuestros días es necesario que estos pensamientos de la fiesta se tomen en un sentido más profundo que en otros tiempos. Pues la forma en que saldremos de los graves acontecimientos de estos tiempos dependerá en gran medida de cuán profundamente los hombres sean capaces de experimentar estos pensamientos. Que las almas tendrán que salir de las condiciones catastróficas actuales ya está empezando a realizarse aquí y allá. Y aquellos que han llegado a la Ciencia Espiritual deben sentir con mayor intensidad la necesidad de que se infunda nueva fuerza en la vida espiritual, la necesidad de superar el materialismo. Esta victoria sobre el materialismo sólo será posible si los hombres tienen la voluntad de encender el mundo espiritual en la actividad viva dentro de ellos, para celebrar el festival de Pentecostés interior y con verdadera seriedad.

Traducido por Gracia Muñoz en Junio de 2017

GA159. Las cuatro grandes virtudes

Rudolf Steiner – Zürich 31 de enero de 1915

English version

Nuestra ciencia espiritual tiene la tarea de eliminar de nuestra conciencia —de hecho, de toda nuestra vida interior— la brecha que existe entre nuestra conciencia humana exterior dirigida al mundo físico, donde el hombre vive entre el nacimiento y la muerte y el mundo espiritual donde el hombre vive la otra parte de la totalidad de su existencia, el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Para alguien que vive la ciencia espiritual con cada fibra de su alma, esto es bien conocido, e incluso obvio. Podemos  decir además que en momentos como éste se torna en algo particularmente sagrado. A través de los graves hechos de la guerra hemos perdido en muy poco tiempo unos cuantos queridos amigos y miembros, y otros están a punto de acompañarles en sus últimos pasos por la Tierra. Mañana por la mañana a las once tendremos aquí en Zürich la cremación de un querido miembro, la señora Dr. Colazza, y acabamos de escuchar que nuestro querido amigo Fritz Mitscher murió esta tarde alrededor de las cinco, cerca de Davos. Con estos dos miembros, almas queridas que han dejado el plano físico;  la ciencia espiritual nos ha mostrado el camino para entender en un sentido mucho más elevado que dichas almas no se pierden, sino que permanecemos unidos con ellas.

Contamos con un número considerable de almas que pertenecen a nuestro movimiento y que han pasado a través del portal de la muerte. Y a partir de las fuentes de las que fluye hacia nosotros el conocimiento del espíritu, se puede decir que estas almas se han convertido en fieles compañeros que trabajan con nosotros desde el mundo espiritual, cada uno según le compete. Con la plena responsabilidad con la que esto se puede decir, teniendo una base firme en el conocimiento espiritual, puedo afirmar que con ellos hemos cimentamos los pilares que sostienen nuestro movimiento espiritual. Muchos de los que han pasado por el portal de la muerte trabajaron dentro de nuestro movimiento espiritual,  y ahora lo contemplan y sobre el dirigen su amor. Durante el periodo entre el nacimiento y la muerte permanecieron unidos a la aspiración que se representa en nuestro círculo. Ellos han dejado algo tras de sí en nuestra sociedad, y lo llevan en sí mismos en su camino entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Así como podemos mirar hacia atrás en el mundo de la naturaleza que nos rodea, podemos hacerlo con nuestra vida física a partir de ese momento, que podemos comparar con el nacimiento del hombre. Inmediatamente después de la muerte, el hombre entra en una condición que puede ser comparada con la vida embrionaria, con la vida dentro del cuerpo materno, excepto que este periodo en la vida después de la muerte se puede contar en días, y es mucho más corto que la vida embrionaria en relación a la vida física. Luego sigue lo que puede ser comparado con el nacimiento en el mundo físico, con la primera respiración. A esto lo podemos llamar el despertar en el mundo espiritual; se tiene la percepción de que la voluntad del alma que ha pasado por el portal de la muerte es recibida por los seres de las jerarquías más elevadas. Al igual que el ser humano que entra en el mundo físico a través de su madre se encuentra preparado para recibir el aire exterior despertando gradualmente sus sentidos, de la misma manera llega un momento después de la muerte, donde el alma siente que el poder de su voluntad —que durante la vida física estaba confinada en los límites del cuerpo físico—  ahora fluye hacia el universo. Y siente cómo es recibida por los seres de la jerarquía más próxima, la jerarquía de los Ángeles. Esto es semejante a una primera respiración en el mundo espiritual y al crecimiento gradual en el ambiente espiritual; la experiencia espiritual nos lo muestra.

Me gustaría hablar del destino de aquellos que en el transcurso de los años, han dejado el plano físico. Quisiera mirar a los que se han unido a nuestro movimiento espiritual aquí, y que informan a las almas humanas que aún están encarnadas sobre las condiciones en que ellos viven. Ser capaz de relacionarse así en la memoria de la vida terrenal es algo que incluso aquí, en el mundo físico pertenece ya al mundo espiritual. Para aquellos que han pasado por el portal de la muerte esto es algo infinitamente precioso y significativo cuando, como un afluente de río, pueden fluir por la corriente que va hacia ellos desde el mundo físico y que tiene su origen en lo que experimentaron en nuestro movimiento —la corriente de los pensamientos de quienes están  vinculados a ellos por amor o por lazos familiares— entonces la comunidad une mucho más  de lo que  podría llegar a estarlo  en nuestros tiempos materialistas pues esta basada en relaciones espirituales.

Podemos decir: más de uno de los que han atravesado temprano el portal de la muerte hacia el mundo espiritual, da la impresión de que lo hubieran hecho desde un íntimo amor por nuestro movimiento espiritual, con el fin de poder ayudar teniendo mayores fuerzas desde mundo espiritual. Entre un número considerable de los que han cruzado el umbral, vive en sus almas una sensación maravillosamente clara sobre las necesidades de nuestro movimiento espiritual. Para el que puede mirar en el mundo espiritual a todos los que han pasado por la puerta de la muerte, y ahora miran hacia abajo al movimiento con el que estaban conectados, son como mensajeros espirituales de nuestro movimiento. Llevan sus normas ante nosotros, y nos dicen constantemente: estábamos convencidos de la necesidad de este movimiento mientras convivimos con vosotros. Pero ahora que hemos ingresado en el mundo espiritual, sabemos que podemos ayudar y cómo hacerlo en un momento en el que este movimiento es necesario.

Esto es algo que para quienes permanecen aquí en el plano físico se hará cada vez más perceptible al perder a las personas queridas. Para ellos, lo que se ha dicho puede darles el consuelo más profundo, porque encuentran aquí todo lo que puede generar una conexión aún más profunda entre las almas con las que ya no podemos conectarnos en el ámbito de la manifestación externa, a través de los ojos y palabras físicas.

Este movimiento espiritual, del cual somos parte, ha de generar algo de magnitud. Hoy me gustaría tocar un capítulo en particular. En un tiempo como el nuestro, en el que la civilización —a pesar de los últimos ecos de las antiguas religiones— se basa completamente en una conciencia materialista, sólo puede desarrollar los impulsos de la vida moral de una manera tal que únicamente reconoce la vida entre el nacimiento y la muerte. Entre las muchas cosas que deberían tener lugar en nuestro movimiento espiritual, una de ellas sería el desarrollo de un nueva vida moral de la humanidad. Puesto que  los hombres tendrán que aprender a considerar la vida moral desde un punto de vista que se extiende más allá del nacimiento y la muerte y que reconoce el hecho de que el alma humana pasa a través de vidas consecutivas a la Tierra  y que el alma que portamos en nosotros entre el nacimiento y la muerte ha pasado ya por muchas otras vidas, y puede esperar otras vidas futuras. Cuando extendemos nuestra visión de una sola vida a una serie de vidas sucesivas, obtenemos una comprensión más amplia de nuestra existencia y una comprensión más sólida de lo que es la virtud y la moral.

Cuando hablamos de las virtudes humanas podemos distinguir cuatro de ellas que se pueden describir en el lenguaje de uso común. Hay otra virtud, que como indicare más adelante vive en las profundidades del alma humana y de la cual debemos hablar lo menos posible —como veremos—  por razones sagradas. Todas las otras virtudes que existen en la vida y que en su conjunto constituyen la moral, pueden considerarse como ejemplos particulares de las cuatro virtudes que vamos a considerar, cuatro virtudes de las cuales la antigüedad  especialmente tenía mucho que decir.

Platón, el gran filósofo de la antigua Grecia, distingue estas cuatro virtudes en particular, porque fue capaz de tomar su sabiduría de los ecos de los antiguos Misterios. Bajo la influencia de los Misterios, Platón pudo distinguir las virtudes mucho mejor que los filósofos posteriores y los de nuestra época, donde la sabiduría de los Misterios se ha vuelto tan remota y caótica.

La primera virtud que vamos a considerar, si hablamos de moralidad a partir de un conocimiento integral de la naturaleza humana, es la virtud de la Sabiduría. Pero esta Sabiduría debe entenderse en un sentido más profundo de lo que se suele hacer, más en relación con la ética.

La Sabiduría no es algo que llega al hombre por sí misma; menos aún se puede aprender en el sentido corriente. No es fácil describir cuál debería ser su significado. Si pasamos por la vida de tal manera que los acontecimientos actúan en nosotros y aprendemos de ellos, considerando cómo podríamos haber hecho esto o aquello más adecuadamente, cómo podríamos haber usado nuestras capacidades con más fuerza y eficacia  —si estamos atentos a todo en la vida, de manera que cuando nos encontramos por segunda vez con una experiencia similar podemos tratarla con mas tiento al habernos beneficiado con la primera experiencia— entonces nuestra Sabiduría se acrecentará. Si preservamos a lo largo de la vida un estado de ánimo capaz de aprender de ella, de poder considerar todo lo que nos trae la naturaleza y la experiencia de tal manera que aprendemos de ella, no simplemente acumulando conocimiento sino haciéndonos interiormente mejores y más enriquecidos, entonces hemos recogido la Sabiduría y lo que hemos experimentado no ha sido inútil para nuestra vida anímica.

La vida será inútil para nosotros si pasan décadas y todavía seguimos juzgando  algo que hemos experimentado de la misma manera que lo hicimos anteriormente. Si atravesamos la vida de esa manera, nos estamos alejando de la Sabiduría. El karma nos puede haber confrontado  en la juventud con algo que nos enfureció y condenamos tal o cual acción humana. Si mantenemos esta actitud, estamos haciendo un mal uso de nuestras vidas. La usamos bien si, suponiendo que en nuestra juventud formamos juicios severos, en una etapa posterior de la vida ya no lo juzgamos con dureza sino con la comprensión y el perdón, si hacemos el esfuerzo de querer comprender. De mantener el carácter que desde el nacimiento se irrita por alguna cosa y nos despierta una ira furiosa y  a medida que envejecemos ya se va desvaneciendo el enojo de nuestra juventud, ya no sentimos ira y nos hemos vuelto más tolerantes —entonces hemos usado la vida de acuerdo con la Sabiduría. Si éramos materialistas en nuestra juventud pero despues nos permitimos experimentar lo que nuestro tiempo nos puede traer como revelaciones del mundo espiritual, entonces hemos usado nuestra vida de acuerdo con la Sabiduría. Si nos cerramos a las revelaciones del mundo espiritual, no estamos usando nuestra vida de acuerdo con la Sabiduría.

Para enriquecernos de esta manera y alcanzar un horizonte más amplio, podemos hacer uso de la vida de acuerdo con la Sabiduría. Lo que la ciencia espiritual nos propone es capaz de ayudarnos a abrirnos hacia la vida  a fin de ser más sabios. La Sabiduría es algo que se opone fuertemente al egoísmo humano. La Sabiduría es algo que siempre cuenta con el curso de los acontecimientos universales. Nos dejamos instruir por el curso de los acontecimientos universales porque esto nos libera del juicio estrecho establecido por nuestro ego. Fundamentalmente, un hombre sabio no puede juzgar de manera egoista; porque si uno aprende del mundo y crece en entendimiento sobre el mundo, entonces permite que el juicio sea corregido por el mundo.  Así la Sabiduría nos aleja de la visión estrecha y limitada y nos pone en armonía con nosotros mismos. Se podría describir mucho más para formar gradualmente una imagen de la Sabiduría. No debemos intentar una definición de tales ideas, sino mantener nuestros corazones abiertos con el fin de crecer más sabios, incluso en Sabiduría.

Aquí en el mundo físico, para todo lo que el hombre debe experimentar en la vida de vigilia debe usar los instrumentos de la naturaleza externa física y etérica. Entre el nacimiento y la muerte estamos fuera de nuestro cuerpo físico y etérico con nuestro ser anímico, es decir el Yo y el cuerpo astral, durante nuestros períodos de sueño. En nuestra condición consciente y despierta usamos como instrumentos nuestros cuerpos físico y etéreo. Cuando nos imbuimos de Sabiduría, cuando intentamos vivir acorde a la Sabiduría en la acción y  el pensamiento, en los sentimientos y las percepciones, utilizamos los órganos de nuestros cuerpos físicos y etérico que son, por así decirlo, los más perfectos en nuestra vida terrenal. Órganos que se han desarrollado durante un período más largo, que fueron preparados en A. Saturno, A. Sol y A. Luna y que forman parte de nuestras vidas como una herencia, habiendo alcanzado una cierta culminación.

Me gustaría darles desde otro punto de vista, una idea de lo que puede ser entendido por los órganos más o menos perfectos. Tomemos por un lado nuestro cerebro. El cerebro no es el órgano más perfecto, pero aún podemos decir que es más perfecto que otros órganos, por ello ha necesitado más tiempo para su evolución. Podemos comparar el cerebro con nuestro torso, al cual pertenecen nuestras manos. Cuando tenemos la intención de hacer algo con nuestras manos, generamos el pensamiento: yo extiendo mi mano, tomo el vaso, y retiro la mano. ¿Qué he hecho? Extendí la mano no sólo física, sino también la etérica, la mano astral y una parte de mi Yo; la parte física fue con ellos.

Si sólo pienso, la conciencia clarividente puede ver cómo algo a modo de brazos espirituales se extiende  desde la cabeza, pero el cerebro físico permanece dentro del cráneo. Así como mi mano etérica y astral pertenecen a mi mano física, algo etéreo y astral pertenece al cerebro. El cerebro no puede seguirles, pero las manos pueden seguir. En un tiempo futuro las manos se fijarán  y sólo podremos mover su parte astral. Las manos están en camino de convertirse en lo que hoy ya es el cerebro. En épocas anteriores, durante los antiguos períodos del Sol y de la Luna, lo que hoy se extiende desde el cerebro como algo que es sólo espiritual, todavía estaba acompañado por el órgano físico. El cráneo lo ha cubierto ahora, de modo que el cerebro físico se mantiene firme dentro de él durante la evolución de la Tierra. El cerebro es un órgano que ha pasado por más etapas de evolución. Las manos están en el camino de llegar a ser similares al cerebro, ya que el hombre en su totalidad está en camino de convertirse en un cerebro. Así, hay órganos que son más perfectos, y que han evolucionado hacia algo más contenido  en sí mismo, y otros que son menos perfectos. Los órganos más perfectos se usan para aquello que obtenemos por medio de la Sabiduría. Nuestro cerebro común y corriente es realmente usado sólo como instrumento para la forma más inferior de la Sabiduría, la inteligencia terrenal. Cuanto más adquirimos Sabiduría, menos dependemos de nuestro cerebro, más actividad se retira (algo desconocido para la anatomía externa) a nuestro cerebelo, a ese cerebro más pequeño encerrado en nuestro cráneo que semeja a un árbol. Cuando nos hemos vuelto sabios, cuando nos hemos convertido en Sabiduría, nos encontramos de hecho bajo un “árbol”, que es nuestro cerebelo y que luego comienza a desplegar su actividad.

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Imaginad cómo un hombre que ha llegado a ser especialmente prudente extiende los órganos de su Sabiduría poderosamente, como las ramas de un árbol. Se originan en el cerebelo, que se mantiene dentro de la cubierta dura del cráneo; pero los órganos espirituales se extienden lejos, y el hombre entonces está bajo el árbol, el árbol de Bodhi, en la realidad espiritual.

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Y así vemos también que lo que hacemos con Sabiduría es lo más espiritual de nosotros, o al menos pertenece a lo más espiritual, porque los órganos ya están en reposo. Si hacemos algo con nuestras manos, debemos usar parte de nuestra fuerza en el movimiento de la mano. Si formamos un juicio sabio o decidimos algo sabiamente, los órganos permanecen en reposo, la fuerza ya no se usa sobre el órgano físico. Allí somos más espirituales; esos órganos que utilizamos en el plano físico para el desarrollo de la Sabiduría, son aquellos en los que necesitamos usar la menor cantidad de energía —en ese sentido son los más perfectos.

De este modo la Sabiduría es algo en la vida moral que permite a los hombres experimentarse a sí mismos de una manera espiritual. Está conectado con lo que el hombre alcanza en el camino de la Sabiduría y que le permite obtener el mayor producto de sus encarnaciones anteriores. Debido a que podemos vivir en la Sabiduría dentro del espíritu y sin ningún esfuerzo por parte de los órganos físicos, estamos más capacitados a través de la vida para hacer fructífero lo que hemos adquirido para esta vida, lo que ganamos en Sabiduría de encarnaciones anteriores.

Tenemos en alemán una buena expresión de un hombre que se niega a ser sabio. Lo llamamos un filisteo. [ en alemán e inglés los significados de la palabra son bastante diferentes. (Tr.) ] Un filisteo es un hombre que se resiste al desarrollo de la Sabiduría, que quiere permanecer y recorrer su vida sin alterar sus opiniones. Un hombre que trata de llegar a ser sabio hace el esfuerzo de trabajar por conseguirlo, y su trabajo se va almacenando en el curso de las encarnaciones anteriores. Cuanto más sabios nos volvemos, más traemos de encarnaciones anteriores al presente, y si no deseamos llegar a ser sabios, de modo que dejamos estéril la Sabiduría desarrollada en encarnaciones anteriores, entonces hay alguien que viene a buscarla: Ahriman.

A nadie le gusta más que a Ahriman el que no seamos capaces de lograr una mayor Sabiduría. Tenemos el poder para hacerlo. Hemos ganado mucho, mucho más en encarnaciones anteriores de lo que creemos; ganamos mucho más durante los tiempos en los que hemos pasado a través de las antiguas condiciones de clarividencia. Todo el mundo podría llegar a ser mucho más inteligente de lo que consigue ser. Nadie tiene la excusa de que no podría traer mucho más del pasado. Pues ser sabio significa que uno desarrolla lo que se ha ganado en encarnaciones anteriores de tal manera que nos llena en esta encarnación.

Otra virtud puede ser llamada —aunque es difícil de describir con exactitud—  la virtud del Coraje. El Coraje es un estado de ánimo que no permanece pasivo ante la vida, que está listo para usar su fuerza y actividad. Se puede decir que esta virtud viene del corazón. De quien tiene esta virtud en la vida ordinaria, se puede decir: él tiene su corazón en el lugar correcto. Esta es una buena expresión de nuestra condición cuando no nos acobardamos ante lo que la vida nos pide, cuando estamos dispuestos a actuar y sabemos cómo intervenir cuando sea necesario. Tenemos esta virtud cuando nos ponemos en movimiento, con confianza y valentía. Está conectada con una vida de sentimiento saludable, desarrollar la valentía en el momento oportuno, mientras que su ausencia provoca la cobardía. Esta virtud naturalmente se puede utilizar en el curso de la vida física sólo a través de órganos específicos. Estos órganos, a los que pertenece el corazón físico y etérico, no son tan perfectos como los que sirven a la Sabiduría. Estos órganos están en vías de transformación y de hecho, serán diferentes en el futuro

Hay una gran diferencia entre el cerebro y el corazón en su relación con la evolución cósmica. Supongamos que un hombre pasa por el umbral de la muerte, y atraviesa la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Su cerebro es por sobre todo una obra de los dioses. El cerebro está permeado por fuerzas que lo abandonan por completo cuando pasa por la muerte de manera que en su próxima vida el cerebro será completamente nuevo, no sólo físicamente, sino también lo serán sus fuerzas interiores. Este no es el caso del corazón. Con el corazón, no propiamente el corazón físico sino las fuerzas que actúan en él, continúan existiendo. Estas fuerzas acompañan al cuerpo astral y al Yo, continuando su existencia entre la muerte y un nuevo nacimiento. Las mismas fuerzas  que llenaron nuestros corazones, latirán de nuevo en nuestra la próxima encarnación. Lo que funciona en el cerebro ha desaparecido;  no aparece en la siguiente encarnación. Pero las fuerzas activas del corazón vuelven a aparecer en la próxima encarnación. Si contemplamos el interior de la cabeza podemos decir: las fuerzas invisibles que componen el cerebro están trabajando allí. Pero cuando el hombre pasa por el portal de la muerte,  estas fuerzas retornan al universo. Pero si percibimos el latido del corazón humano, percibiremos fuerzas espirituales que no sólo están presentes en esta encarnación sino que van a continuar viviendo en la próxima encarnación, atravesando la muerte y pasando a un nuevo nacimiento.

El sentimiento popular tiene unas ideas maravillosas sobre tales cosas. Es por esto que se preocupan tanto por el sentimiento del latido del corazón, no porque se valore tanto el latido físico en sí mismo, sino porque estamos mirando algo mucho más eterno cuando consideramos el latido del corazón humano. Si tenemos la virtud del valor, de la valentía, para ello sólo podemos utilizar una parte de ciertas fuerzas. Debemos usar la otra parte que corresponde a  los órganos que son el instrumento para esta virtud. Son órganos para los que todavía tenemos que utilizar parte de las fuerzas en cuestión. Si no somos valientes, si nos dejamos ir y nos amilanamos, abandonándonos a nuestra propia gravedad, entonces no podemos dar vida a aquellas fuerzas que tienen que acompañar el uso de la cualidad del Coraje en la vida.

Cuando recorremos la vida de una manera cobarde, las fuerzas que deben activar nuestros corazones permanecen sin utilizar. Entonces son semillas para Lucifer. Él se hace cargo de ellas y careceremos de las mismas en la próxima vida. Pues ser cobarde ante la vida significa abandonar una serie de fuerzas a Lucifer; y éstas nos faltarán cuando tratemos de construir nuestro corazón para nuestra próxima encarnación. Y este corazón debe ser el órgano, el instrumento para el valor. Entonces volvemos al mundo con órganos defectuosos, subdesarrollados.

La tercera virtud cuenta con los órganos menos perfectos, los que lograrán una forma en el futuro, los que en la actualidad contienen sólo la semilla. Esta virtud puede llamarse Templanza. [La palabra alemana “Besonnenheit” parece imposible de traducir adecuadamente al inglés. “Templanza” es ampliamente utilizado para la palabra de Platón σωφροσύνη) (Tr.)] Una sombra de ella se puede llamar “moderación”. Tenemos, pues, tres virtudes: Sabiduría, Coraje y Templanza. [Otra traducción para la σωφροσύνη de Platón es ‘Prudence.’ – e.Ed].

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Alegoría de la Templanza

Ahora es posible ser destemplado en las formas más variadas. Uno puede ser destemplado en el exceso de comer y beber; esta es su forma más inferior. Aquí el alma queda absorbida por el deseo corporal  y vivimos a través de nuestro cuerpo en su totalidad. Pero si controlamos nuestro deseo, si ordenamos al cuerpo lo que no debe hacer, entonces somos templados o moderados. Con tal moderación mantenemos en el orden correcto a las fuerzas que deben ayudarnos, para que no abandonemos en Lucifer los órganos concernientes para la siguiente encarnación. Pues entregamos a Lucifer aquellas fuerzas que malgastamos en una vida de pasión. Lo hacemos de la peor manera cuando nuestras pasiones nos embriagan, y nos contentamos con vivir en un estado ilusorio y somnoliento.

Cuando perdemos nuestra clara conciencia a través de la intemperancia estamos siempre abandonando poderes a Lucifer. Él toma estos poderes y así nos priva de las fuerzas que necesitamos para los órganos de la respiración y la digestión. Volvemos con órganos de respiración y digestión defectuosos si no practicamos la virtud de la moderación. Aquellos que se dejan devorar por sus deseos, que se entregan a la vida de sus pasiones, son candidatos a ser seres humanos decadentes en el futuro, aquellos seres humanos futuros que sufrirán todo tipo de faltas en su cuerpo físico.

Se puede decir que esta virtud de la Templanza depende de los órganos humanos menos perfectos, esos órganos que están en el comienzo de su desarrollo y que tienen que ser fundamentalmente transformados. Cuando consideramos nuestros órganos de digestión y todo lo que está conectado con ellos, se ponen en movimiento por el uso de Yo,  del cuerpo astral,  del cuerpo etérico y del cuerpo físico.

Es diferente con aquellos órganos que son los instrumentos para el Coraje. Aquí nuestro Yo se mantiene más o menos por fuera y nos movemos libremente; sólo lo que es astral y etérico en nosotros queda absorbido por lo físico.

Si vamos más allá, a las virtudes abarcadas por la Sabiduría, conservamos el Yo y el cuerpo astral en un libre desapego. Porque a medida que nos volvemos más sabios, desarrollamos la organización del cuerpo astral y conseguimos el control sobre ella. Eso es lo esencial, que al hacernos sabios transformamos el cuerpo astral en el Yo-Espiritual y entonces sólo el cuerpo etérico acompaña al físico.

En el cerebro sólo lo etérico acompaña al físico. Mientras que durante la vigilia —en relación con el resto del cuerpo—  estamos estrechamente conectados, al menos con nuestra naturaleza astral, con el órgano físico, retenemos para el cerebro la condición que tenemos en el sueño en el más alto grado. Por lo tanto, necesitamos dormir físicamente especialmente por el cerebro. Porque cuando estamos despiertos también estamos fuera del cerebro con nuestro Yo y nuestro cuerpo astral, y éstos tienen que hacer los mayores esfuerzos dentro de sí mismos sin  apoyarse por el órgano externo.

Así, encontramos una conexión entre nuestro ser humano y las virtudes. Podemos decir que la Sabiduría es una virtud que pertenece al hombre como ser espiritual, donde está libremente activo con su Yo y su cuerpo astral, utilizando sólo los órganos físicos y etéricos como una especie de base. Podemos nombrar al Coraje como la virtud activa, donde el hombre sólo es libre con su Yo, y que se apoya en su cuerpo astral, etéreo y físico. Y por último, podemos hablar de la Templanza, en donde la semilla contenida en nuestro Yo se está liberando; donde nuestro Yo está todavía ligado a los cuerpos astral, etéreo y físico,  sin embargo con nuestro Yo estamos empezando a trabajar nosotros mismos en liberarnos de estos lazos.

Hay, pues, otra virtud que es quizás la más espiritual de todas. Está relacionada con todo el ser humano. Hay un ejercicio del ser humano que perdemos temprano, que sólo lo poseemos en los primeros años de la infancia. He mencionado esto a menudo. Cuando entramos en el plano físico aún no tenemos la actitud que forma parte de nuestra dignidad humana: nos arrastramos, gateamos. He señalado que sólo alcanzamos la actitud correcta, la posición vertical, a través de nuestras propias fuerzas. Desarrollamos también las fuerzas que intervienen en el habla. En los primeros años de nuestra vida desarrollamos las fuerzas que en su mayor parte nos guían a la posición que tenemos en el mundo como verdaderos hombres. No entramos en el mundo de tal manera que ya logramos hallar la dirección correcta. Rastreamos. Pero nos ubicamos en ella razonablemente cuando dirigimos la cabeza hacia afuera, hacia las estrellas. Esto corresponde a las fuerzas interiores.

En la vida posterior perdemos estas fuerzas. Ya no aparecen. No hay nada que ingrese de nuevo en la vida humana tan radicalmente como el aprender a caminar y permanecer erguido. En relación con la posición vertical nos vamos cansando más y más. Si empezamos por la mañana a vivir con nuestro cerebro, entonces cuando concluye el día estamos cansados y necesitamos dormir. Lo que nos hace permanecer erectos en la infancia, cuando estamos cansados, seguimos cansados  a lo largo de la vida y nos debilita, y nada es comparable a los logros que como niños conseguimos para la vida posterior.

¿Y cómo nos dirigimos a la vida cuando aprendemos a hablar? Las fuerzas de dirección también funcionan cuando aprendemos a hablar. Pero las fuerzas que usamos en la primera infancia no se pierden para nosotros en la vida posterior. Permanecen en nosotros, pues están conectadas con una virtud; con una virtud que se relaciona con la rectitud y el derecho, con la virtud de la Justicia que todo lo abarca, la cuarta virtud. El mismo impulso  que ponemos en práctica cuando somos niños para levantarnos, vive en nosotros si tenemos la virtud de la Justicia, la cuarta mencionada por Platón.

Quien realmente ejerce la virtud de la Justicia pone cada cosa y cada ser en su lugar correcto, y sale de sí mismo para entrar en los otros. Eso es lo que comprende la Justicia. Vivir en Sabiduría significa sacar los mejores frutos de las fuerzas que hemos almacenado durante las encarnaciones anteriores. Aquí tenemos que señalar hacia lo que nos fue impartido durante las encarnaciones anteriores, donde todavía estábamos permeados por las fuerzas divinas;  con la Justicia debemos señalar hacia algo más: hemos surgido del universo. Ejercemos la Justicia desarrollando aquellas fuerzas que nos relacionan espiritualmente con todo el universo. La Justicia es la medida de la conexión del hombre con lo divino. En la práctica, la injusticia es equivalente a la impiedad; equivalente a aquel que ha perdido su origen divino; Nosotros blasfemamos contra Dios, al Dios de quien surgimos, si cometemos una injusticia a cualquier hombre.

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Por lo tanto tenemos dos virtudes, la Justicia y la Sabiduría, que nos llevan a épocas anteriores, a encarnaciones anteriores,  a los momentos en los que estábamos todavía en el seno de la divinidad. Y tenemos otras dos virtudes, el Coraje y la Templanza, que nos guían hacia encarnaciones posteriores. Cuanto más usemos estas virtudes, menos fuerzas damos a Lucifer. Hemos visto cómo lo que corresponde a  la naturaleza del Coraje y de la Templanza ingresa en los órganos, y cómo de ese modo se preparan los órganos para la próxima encarnación. De la misma manera la vida moral se extiende hacia el futuro, cuando nos llenamos de espiritualidad. Dos virtudes brillan desde la última encarnación: La Sabiduría y la Justicia. El Coraje y la Templanza brillan a lo largo de las encarnaciones venideras.

Un tiempo vendrá cuando los hombres verán claramente que están cayendo por sí mismos en las fauces de Ahriman, cuando se encierran fuera de la Justicia y la Sabiduría. Lo que era suyo de encarnaciones anteriores, lo que pertenecía al mundo divino, sería arrojado a Lucifer a través de acciones destempladas o cobardes. Todo lo que puede ser aprovechado por Lucifer arrebata los poderes a nuestra disposición para la construcción de nuestro cuerpo en la próxima vida.

No podemos practicar la Sabiduría y la Justicia sin volvernos desinteresados, como ya he indicado. Sólo un hombre egoísta puede ser injusto. Sólo un hombre que busca el ego puede estar dispuesto a permanecer imprudente. La Sabiduría y la justicia nos llevan más allá de nuestro propio Ser y nos hacen miembros de todo el organismo de la humanidad. El valor y la templanza nos hacen, en cierto sentido, miembros de todo el organismo de la humanidad; Sólo experimentando el Coraje y la Templanza y expresándolos en nuestras vidas, nos proveemos para el futuro de un organismo más fuerte que tomará su lugar dentro de la humanidad. Entonces no perdemos lo que de otro modo lanzaríamos a Lucifer.

El egoísmo se transforma por sí mismo en abnegación cuando la Justicia se extiende correctamente sobre todo el horizonte de la vida y el hombre encuentra su lugar a la luz de la cuarta virtud. Eso es lo que traerá la Sabiduría espiritual para el futuro del hombre, y se extenderá sobre la ética y la vida moral.

Esto se verterá en el método educativo también. A través de la comprensión de la Sabiduría y la justicia en el sentido que he indicado, surgirá el deseo de aprender todo a través de la vida. Se verá que uno tiene que comenzar a aprender de la manera correcta cuando uno ya ha dejado atrás la juventud  —mientras que la gente piensa ahora que no necesitan aprender nada más, una vez que su juventud ha pasado. De esta manera, incluso las obras de arte más grandes y más nobles de los grandes poetas se perderían. Los entenderíamos mejor si los retomamos de nuevo en la vejez. Si la gente lee la Ifigenia de Goethe o el Tell de Schiller, generalmente piensan:  ya leímos eso en la escuela. Eso no está bien; uno no debe olvidar que estos escritos tienen su mejor efecto si son leídos en la vida posterior, pues entonces desarrollan la Justicia y la Sabiduría.

Y de nuevo la educación de los niños traerá fruto especial si la virtud del Coraje y la virtud de la Templanza se ven en la luz adecuada. Donde los niños deben ser educados, estas virtudes deben ser consideradas de manera individual, al mostrar a los niños una y otra vez que las necesitan para apoyarse en la vida con valor y no tener miedo o sustraerse a todo tipo de cosas; y que capten la vida con moderación y moderadamente, con el fin gradual de liberarse de sus pasiones. Una cantidad inmensa se puede hacer por la educación de los niños de esta manera. En el curso posterior de nuestro estudio de la ciencia del espíritu estas cosas tendrán que ser desarrolladas con mayor detalle.

Así vemos que, si bien la vida ética sólo provee leyes relacionadas con la vida entre el nacimiento y la muerte, en el plano físico externo  las consideraciones de la ciencia espiritual se extienden a un horizonte ilimitado. Lo mismo ocurre con otras cosas en la ciencia espiritual. La humanidad ha tenido que experimentar en relación con la ciencia de la naturaleza la extensión de sus horizontes. Giordano Bruno mostró a los hombres que no sólo está la Tierra, sino muchos otros mundos en el espacio cósmico. La ciencia espiritual muestra a los hombres que no hay una sola vida terrenal  sino muchas vidas terrenales. Antes de Giordano Bruno los hombres creían que había un límite fijo en el cielo. Giordano Bruno demostró que no hay límite, que el azul del cielo no es un límite. La ciencia espiritual muestra que el nacimiento y la muerte no están allí, sino que los introducimos en la vida a través de la limitación de nuestra comprensión.

Así, el abismo entre lo físico y lo espiritual puede ser superado. Las cosas que descansan sobre un fundamento científico-espiritual son así para los que buscan fundar un Monismo genuino y veraz. Aquellos que a menudo se llaman monistas hoy manejan su Monismo muy simplemente. Ellos toman una parte del mundo y hacen de ella una unidad arrojando la otra mitad. El verdadero Monismo se produce al permitir que ambas mitades tengan su influencia significativa sobre las demás. Esto llega a través de la ciencia espiritual. Esto no sólo debe surgir de manera significativa para nuestra conciencia  sino para toda nuestra vida. Tenemos que acercarnos cada vez más al conocimiento real, mirando al mundo: en todo lo que vive y trabaja a nuestro alrededor algo suprasensible está presente, no sólo en lo que ven nuestros ojos, sino también en lo que percibimos por el entendimiento que está ligado al cerebro. En todas partes existen fuerzas espirituales, detrás de cada fenómeno, detrás del fenómeno del arco iris, detrás del movimiento de la mano, etc.

Si ustedes leen el ciclo de conferencias que di en Leipzig a finales del año pasado año, [Cristo y el mundo espiritual . La búsqueda del Santo Grial (seis conferencias, Leipzig, 28 diciembre 1913 a 2 enero 1914), publicado por el Rudolf Steiner Press. ] encontrarán cómo el Impulso de Cristo obró  a través del Misterio del Gólgota y la forma en que Cristo vive dentro de los asuntos más importantes de la humanidad, no sólo en el conocimiento consciente humano. Por ejemplo, hubo disputas sobre los dogmas. Pero mientras que los hombres estaban discutiendo, el Impulso de Cristo vivía y generaba los eventos necesarios.

Tomen la figura de la doncella de Orleans. En la historia europea aparece la sencilla chica pastora. Ella surgió de una manera notable; vivían en su alma no sólo aquellas fuerzas  que  por lo demás se encuentran en los seres humanos, sino el Impulso de Cristo obrando en esta personalidad, dándole vida y manteniéndola a través de su poderosa influencia. Ella se convirtió en una especie de representante del mismo Impulso de Cristo en su tiempo. Ella pudo ser capaz de hacerlo, porque el Impulso de Cristo podía ingresar y vivir en ella.

Ustedes saben que celebramos la Fiesta de Navidad en el momento en que el Sol tiene menos poder, en la más profunda oscuridad del invierno, porque podemos estar convencidos de que en este momento la luz interior, la luz espiritual, tiene su mayor potencia.

Las leyendas nos dicen que en Navidad, hasta el 6 de enero, la gente tiene experiencias especiales, porque en este momento la vida de la Tierra y las fuerzas interiores de la Tierra, están más concentradas. Los que tienen la disposición adecuada para ello, experimentan entonces a las fuerzas espirituales dentro de las fuerzas terrestres. Innumerables leyendas describen esto. El mejor momento para esto abarca trece días antes del 6 de enero.

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La doncella de Orleans pasa a través de estos trece días en un estado particular, en una condición en la que la vida del sentir  aún no se había visto  afectada por el mundo exterior. Es notable que el tiempo durante el cual la doncella de Orleans estaba en el cuerpo de su madre concluyó durante la época de Navidad del año 1411. Ella nació, después de haber sido llevada esos trece días en el cuerpo de su madre, el 6 de enero. Antes de que ella tomara el primer aliento, antes de ver la vida física con los ojos físicos, experimentó lo que es terrenal durante estos trece días en el sueño, a través del cual el hombre pasa antes de entrar en el mundo físico.

Aquí estoy indicando algo inmensamente significativo, que muestra cómo el mundo es guiado desde lo espiritual; cómo lo que sucede en el mundo físico tiene su dirección desde el mundo espiritual; cómo, a través de lo físico, está fluyendo el mundo espiritual.

Así, en nuestro tiempo debemos trabajar cada vez más conscientemente para eliminar a través de la ciencia espiritual el abismo entre lo físico y lo espiritual. Hacemos esto  cuando nos volvemos conscientes de que dentro de nuestro movimiento, están operando los poderes de aquellos que se unieron en alma y cuerpo durante su vida terrenal con nuestro movimiento y han pasado por el portal de la muerte. Si miramos hacia el otro lado de la corriente, donde están activos, sintiéndonos unidos con ellos, dirigiendo nuestros pensamientos hacia ellos, lo hacemos pues en plenitud de conciencia, una conciencia adquirida a través de la ciencia espiritual. Sabemos que estamos en una conexión más viva con aquellos que han pasado por el portal de la muerte, y sabemos que ellos nos proporcionan las mejores fuerzas. Cuando hacemos esto, o podemos pensarlo, consideramos la vida como un campo que debe ser sembrado. Y de entre lo sembrado por nosotros, veremos surgir plantas por todas partes que no podríamos haber hecho crecer nosotros mismos. Entonces podremos saber: estas plantas han sido colocadas por aquellos a quienes se concede estar en el mundo del espíritu, aquellos con los que nos sentimos conectados, aquellos con los que nos unimos.

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Llevaremos todo esto en nuestras almas, y guardaremos como sentido permanente esta cualidad característica, uniéndonos con este movimiento espiritual que nos ha sido muy querido. La hermandad humana con aquellos que ya no están en un cuerpo físico será el signo característico de este movimiento y de aquellos que se sienten como miembros de este movimiento, o se considerarán como pertenecientes a él en el futuro. Otras sociedades, fundadas sólo en las cosas terrenales, serán capaces de eliminar muchas barreras entre los seres humanos. Las barreras entre los vivos y los muertos serán cada vez más llevadas por el movimiento que une a aquellos hombres que desean estar unidos en el signo de la ciencia espiritual. Llevaremos todo esto en nuestras almas, y guardaremos como sentido permanente esta cualidad característica, uniéndonos con este movimiento espiritual, que nos es tan querido.

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.