GA201c6. El Hombre: Enigma del Universo

Rudolf Steiner — Dornach, 18 de abril de 1920

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Hemos visto que debemos buscar una armonía entre los procesos que tienen lugar en y con el Hombre, y los procesos que tienen lugar en el Universo exterior. Recordemos una vez más brevemente el punto al que nos condujo nuestro estudio de ayer. Dijimos que, para empezar, el hombre debía ser considerado desde cuatro puntos de vista. Primero, desde el punto de vista de las fuerzas que son responsables de su forma; en segundo lugar, de aquello que comprende todas las fuerzas que se expresan en la circulación de la sangre, la linfa, etc., en resumen las fuerzas del movimiento interno. (Ya saben que las fuerzas formativas están en gran medida en estado de reposo en el hombre adulto, mientras que el movimiento interior está en un flujo continuo). En tercer lugar, tenemos las fuerzas orgánicas y en el cuarto, el metabolismo actual.

Para empezar, debemos considerar todo lo que tiene conexión con las fuerzas formativas. Estas son las fuerzas que trabajan hacia afuera desde adentro hasta que alcanzan la periferia más externa, los límites de la circunferencia del hombre. Si formamos una silueta del hombre, vista por así decirlo por todos lados, debemos comprender y encerrar los extremos más externos de las actividades resultantes de estas fuerzas internas, que se construyen desde adentro hacia afuera.

Ahora bien, no debería ser difícil entender que estas fuerzas formativas deben estar conectadas con otras fuerzas, que, como ellas, pertenecen a la periferia del hombre y allí deben descubrirse. Estas últimas son las fuerzas que tienen su actividad en los sentidos. Los sentidos del hombre yacen, como saben, en la periferia. Por supuesto, están distribuidos y diferenciados, pero para entrar en contacto con las fuerzas que actúan en los sentidos deben buscarlas en la periferia, y esto nos justifica al decir que las fuerzas formativas deben tener una conexión con la actividad de los sentidos.

Tal vez comprendamos mejor este punto si recordamos las palabras que Goethe cita como pronunciadas por uno de los antiguos místicos.

"Si el ojo no fuera como el Sol en sí mismo,

¿Cómo podríamos ver el Sol? "

Ahora bien, no puede ser la actividad lumínica que nos rodea todo el tiempo lo que se entiende cuando se dice que el ojo es similar al sol o similar a la luz, ya que el ojo solo puede percibir esta actividad lumínica cuando está completamente formado. Por lo tanto, no puede ser esto lo que se quiere decir cuando hablamos de la construcción del ojo. Debemos imaginar esta actividad de luz como algo intrínsecamente diferente. Y es un hecho que llegamos a una cierta concepción de lo que subyace en este verso, si seguimos al hombre durante el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento. Porque durante este período sus experiencias consisten en parte —pero, por supuesto, solo en parte— en una percepción de la transformación gradual de las fuerzas de la vida física precedente en él a la nueva; y percibe cómo el hombre metabólico se transforma en el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento en la forma de la cabeza. Estas experiencias no son menos ricas en contenido que aquellas experiencias que vivimos en esta vida, cuando vemos la aceleración gradual de las plantas en primavera y su decadencia en otoño, etc.

Todo este desarrollo que ocurre en el hombre en el tiempo entre la muerte y el renacimiento es una gran riqueza de eventos, una riqueza de acontecimientos reales que de ninguna manera son tan fáciles de entender como la mera idea abstracta de ellos. Todo lo que tiene lugar durante este tiempo para efectuar la transformación de las fuerzas de los miembros en las fuerzas de la cabeza para la nueva encarnación, es extraordinariamente múltiple. El hombre mismo participa en el proceso. Experimenta, por ejemplo, algo parecido con la construcción del ojo. Pero él no lo experimenta de la misma manera que lo hizo durante el largo período evolutivo, cuando pasó por las diversas etapas que precedieron a nuestra Tierra, a saber, las de la Antigua Luna, el Antiguo Sol y Antiguo Saturno. Las fuerzas del Universo Estelar actuaron sobre él de una manera diferente. Este Universo Estelar también tenía una forma diferente de la que tiene ahora.

Es de una gran importancia formarse ideas claras sobre estos asuntos. Si consideramos nuestras percepciones actuales de lo que nos rodea, ¿cuáles son?. Ellas son en realidad imágenes. Detrás de estas imágenes, por supuesto, se encuentra el mundo real; pero es el mundo que está detrás de estas imágenes, el que en realidad construyó al hombre antes de que hubiera evolucionado lo suficiente como para poder percibir estas imágenes. Hoy percibimos con nuestros ojos las imágenes del mundo circundante. Detrás de este maya está lo que ha edificado nuestros ojos. Esto nos lleva a la verdad: si las fuerzas que residían detrás de la imagen del Sol no hubieran construido el ojo, el ojo no podría percibir la imagen del Sol.

El dicho, como ven, tiene que ser modificado, porque si bien la percepción de la luz hoy nos da imágenes, sin embargo, lo que primero construyó los órganos en la periferia del hombre no fueron las imágenes, sino las realidades. De modo que cuando miramos a nuestro alrededor en este mundo, lo que percibimos son realmente las fuerzas que nos han fortalecido: nuestras propias fuerzas formativas. Ahora han sido atraídas hacia nosotros; lo que actuaba desde fuera hasta el período de la Tierra, ahora actúa desde dentro. Retendremos este pensamiento para nuestros estudios posteriores y ahora reuniremos la primera y la cuarta de estas fuerzas.

  1. Fuerzas Formativas.
  2. Fuerzas del movimiento interno.
  3. Fuerzas orgánicas.
  4. Fuerzas asimilativas o metabólicas.

 

Permítanme, por el momento, considerar estas últimas. El proceso del metabolismo ya se ha vuelto en algún grado irregular; pero hay causas naturales que aún llevan al Hombre a una cierta regularidad en este respecto; y todos ustedes saben del inconveniente si, por una razón u otra, algo falla en el proceso rítmico de asimilación. Pueden desviarse de él dentro de los límites, pero siempre se esfuerzan por regresar a un cierto ritmo; y ustedes saben que este ritmo es uno de los primeros elementos esenciales de la salud física. Es un ritmo que abarca el día y la noche. Dentro de las 24 horas, se completa el proceso rítmico del metabolismo. Veinticuatro horas después del desayuno, nuevamente tienen apetito para el desayuno. Todo lo que está conectado con la asimilación está conectado también con el curso del día. Ahora les pediría que comparen la solidez, la firmeza de la periferia corporal con la movilidad de las fuerzas de asimilación. Se puede decir que no ocurren alteraciones en la primera, mientras que se repita la asimilación cada 24 horas. Mucho se lleva a cabo dentro del organismo, pero su periferia permanece sin cambios. Ahora traten de descubrir, en el mundo exterior, algo que se corresponda con esta movilidad interna en relación con la firmeza, que encuentran en el Hombre. Miren el universo de las estrellas. Observen cómo las constelaciones se mueven tan poco como las partículas en la superficie de la periferia humana. Encontrarán que la constelación de Aries está siempre a una distancia fija de la constelación de Tauro, así como los ojos permanecen a la misma distancia el uno del otro. Pero aparentemente todo este cielo estelar se mueve; aparentemente gira alrededor de la Tierra. Bueno, con respecto a esto, los hombres hoy en día ya no son ignorantes, saben que el movimiento es meramente aparente, y atribuyen su apariencia a la rotación de la Tierra sobre su propio eje.

Muchos han sido los intentos de encontrar pruebas de esta rotación de la Tierra sobre su eje. En realidad, fue solo durante los años cincuenta del siglo pasado que el hombre comenzó a tener derecho a hablar de tal revolución, ya que fue solo entonces que los experimentos con el péndulo de Foucault mostraron este giro de la Tierra. No entraré más en esto hoy. Sin embargo, tenemos, de esta manera, una prueba válida de este proceso terrestre, que se repite cada 24 horas. Representa, en relación con las constelaciones fijas, una analogía del curso rítmico del metabolismo en el hombre en comparación con la naturaleza fija de su forma periférica; y aquí puede encontrar, si examinan a fondo todas las condiciones y relaciones, pruebas exactas del movimiento de la Tierra en los procesos del metabolismo en el hombre.

En estos tiempos nos encontramos con varias de las llamadas teorías de la relatividad que afirman que no podemos hablar realmente de movimiento absoluto. Si miro por la ventanilla de un vagón de tren y pienso que los objetos exteriores se mueven, cuando la realidad es que el tren y yo somos los que nos movemos. ¡Sin embargo, tampoco se puede probar estrictamente que el mundo exterior no se está moviendo en la dirección opuesta! Todo este tipo de charla, de hecho, no tiene mucho valor. Porque si un hombre camina hacia adelante y otro hombre permanece quieto en la distancia mientras se acerca a él, es relativamente irrelevante si dice: “Me acerco a él” o “él se acerca a mí”. Visto de esta manera, parece que no hay diferencia. Tales consideraciones como esta forman, como saben, los fundamentos de las teorías de la relatividad de Einstein.

Todo está muy bien, pero hay una manera en que uno puede probar estrictamente el movimiento, ya que la persona que permanece en reposo no experimentará fatiga, mientras que el que camina lo hará. Por medio de procesos internos, la realidad absoluta del movimiento puede ser probada; de hecho, no hay más pruebas que los procesos internos. Aplicando esto a la Tierra, también podemos hablar verdaderamente de movimiento absoluto, ya que a través de la Ciencia Espiritual aprendemos a darnos cuenta de que este movimiento es el equivalente del movimiento interno del metabolismo en comparación con la forma fija del hombre. No deberíamos hacer tanto hincapié en el hecho de que la Tierra al girar sobre su eje provoca un movimiento solar aparente en el espacio, sino que deberíamos relacionar este movimiento terrestre con todo el Universo Estrellado; no deberíamos hablar de días de sol, sino de días de estrellas, que no son sinónimos, ya que el día estelar es más corto que el día solar. Siempre es necesaria una corrección en las fórmulas que se relacionan con el día solar. Por lo tanto, podemos hablar realmente de este movimiento de la Tierra sobre su eje como algo que se deriva de la naturaleza del Hombre; porque como ya se señaló, la rotación considerada en su relación con el cielo de las estrellas fijas está conectada con el movimiento interno del metabolismo en el Hombre. En resumen, la relación del metabolismo en el Hombre con las fuerzas responsables de la forma del Hombre es la relación de la rotación de la Tierra con el Cielo de las Estrellas Fijas, que representa para nosotros el Zodiaco.

Cuando miramos el Zodíaco, vemos que es para nosotros el representante cósmico externo de nuestra propia forma externa. Cuando consideramos la Tierra, tenemos ante nosotros la representación de nuestra propias fuerzas asimilativas; y la relación del movimiento correspondiente en cada caso.

Ahora será un poco más difícil encontrar la relación entre (2) y (3), entre el Movimiento interno y las Fuerzas orgánicas. Sin embargo, podemos hacer que el asunto sea comprensible de la siguiente manera. Si consideran los movimientos dentro del organismo humano, concluirán fácilmente que son algo en el hombre que de ninguna manera está tan fijo como su periferia externa. Ellos están en movimiento. Pero algo más está conectado con este movimiento. Los movimientos incluyen el de la sangre así como el líquido nervioso, la linfa, etc. No necesitamos dar una lista detallada de ellos aquí, pero hay siete de estos movimientos internos. Conectados con estos movimientos están los órganos individuales. Las fuerzas del movimiento han producido, dentro de su curso, estos órganos; en estos últimos debemos reconocer los resultados de estos movimientos. A menudo he llamado la atención sobre la verdadera realidad del corazón humano. La visión materialista como he señalado, es de la opinión de que el corazón es una especie de bomba que obliga a la sangre a pasar por todo el cuerpo. Pero este no es el caso; por el contrario, la pulsación del corazón no es la causa sino el efecto de la circulación. En los movimientos o movimientos interiores vivientes se inserta el funcionamiento de los órganos.

Si tratamos de descubrir un equivalente cósmico para esto, lo encontraremos observando, por un lado, los movimientos de los planetas, especialmente si consideramos sus movimientos en relación con los movimientos de la Luna. Sabrán —habiendo tenido esta explicación en conferencias anteriores— la conexión entre los movimientos de la luna y los fenómenos de las mareas; y mucho más está conectado con este movimiento lunar. Si estudiáramos más profundamente los fenómenos de la naturaleza, deberíamos encontrar que no solo aparece la luz como resultado del amanecer, sino que también —y de hecho más material— los efectos en nuestro medio ambiente de la Tierra deben estar conectados con el movimiento planetario. Una vez que esto se base en un estudio real y genuino, nos daremos cuenta de la armonía existente entre muchos fenómenos en la Tierra y los movimientos de los planetas. Estudiaremos los efectos de la influencia planetaria sobre el aire, el agua y la tierra, de la misma manera que tenemos que estudiar —en el cuerpo humano— las influencias sobre sus respectivos órganos de las fuerzas del movimiento interno que existen en la circulación de la sangre y en otras circulaciones. De esta forma descubriremos una cierta acción recíproca entre las actividades orgánicas y las fuerzas del movimiento interno. Del mismo modo que ya hemos observado una correspondencia entre la Tierra y las estrellas fijas, ahora tendremos ante nosotros una correspondencia similar entre la tierra, el agua, el aire, el fuego (calor) y los planetas, entre los que contamos, por supuesto, al Sol.

Así llegamos a una cierta relación entre lo que ocurre en el organismo humano y lo que ocurre en el Macrocosmos. Por el momento, sin embargo, solo necesitamos preocuparnos de las fuerzas orgánicas. ¿Cómo se forman en el cuerpo humano? Están formadas de tal manera que a medida que seguimos la vida humana durante los períodos de este proceso de construcción de los órganos, podemos reconocer con bastante precisión que este proceso está relacionado con el transcurso del año así como el metabolismo está relacionado con el curso del día. Pues este curso se encuentra en una relación similar a las fuerzas del movimiento interior en el hombre como las variadas condiciones de la actividad del año —primavera, verano, otoño e invierno— hacen afectan a los planetas. Aquí nuevamente descubrimos algo en el Hombre que tiene su correspondencia en el Macrocosmos. No podemos estudiar estos asuntos de otra manera que comparando detalles entre sí. Todo lo que puedo hacer hoy es llamar su atención sobre ciertos hechos que tienen que ver con este tema, ya que si examinamos las conexiones en detalle nos tomaría demasiado tiempo; pero al estudiar ciertas relaciones en el Hombre durante el proceso real de construcción de los órganos, y ponerlos en conexión con las fuerzas del movimiento interior, pueden encontrar en todas partes analogías de lo que ocurre en los cambios trimestrales de las Estaciones, como se ve en sus relación con las fuerzas del movimiento planetario. Pero debemos evitar comenzar nuestro examen sobre la base de que el corazón es una bomba; por el contrario, el corazón debe ser visto como una creación de la circulación de la sangre. Debemos, por así decirlo, insertar el corazón en una circulación sanguínea viva. También se debe pensar que el movimiento del Sol está insertado de manera similar en los movimientos de los Planetas. Un examen imparcial de las condiciones intrahumanas nos lleva a hablar de una rotación de la Tierra sobre su eje que causa un movimiento aparente de los cielos estrellados, y que esto constituye el equivalente de los movimientos relacionados con el metabolismo en su relación con la forma externa humana. Pero no podemos hablar de un movimiento de la Tierra alrededor del Sol durante el año. No podemos hacer esto, si entendemos al hombre interior viviendo en estrecha relación con el Macrocosmos; porque no debemos concebir lo que se mueve hacia el corazón, de ninguna otra manera que como lo haríamos con los otros flujos del movimiento dentro del hombre. Por lo tanto, debemos reconocer que no nos estamos ocupando del movimiento eclíptico de la Tierra en el transcurso del año, sino más bien de un movimiento que corresponde al movimiento solar. Es decir, la Tierra y el Sol se mueven juntos en el transcurso del año; el uno no da vueltas alrededor del otro.

Esta última opinión es el resultado de juzgar por las apariencias; en realidad tenemos aquí el movimiento de ambos cuerpos en el espacio con una cierta conexión entre los dos. Esto es algo de la teoría de Copérnico que deberá corregirse sustancialmente. Pero aún hay otra manera en la que debemos concebir la relación del hombre con la naturaleza macrocósmica. ¿Cuál es realmente la naturaleza del proceso que observamos en el movimiento diario del metabolismo? Sólo parte de este proceso se lleva a cabo de tal manera que va acompañado de los fenómenos de nuestra consciencia, mientras que se logra otra parte cuando se cierra la consciencia, al separarse el yo y el cuerpo astral del cuerpo físico y etérico. Ahora debemos tener en cuenta especialmente lo siguiente. El hombre no experimenta de la misma manera lo que ocurre entre el despertar y el dormir, y lo que ocurre entre el dormir y el despertarse. Solo consideren la relación entre los dos momentos del tiempo: ir a dormir y despertar. Si hacen esto con una mente libre de prejuicios, llegarán a una visión inequívoca de este asunto. Cuando te vas a dormir, estás, por así decirlo, en el cero de tu ser; la condición del sueño no es meramente de descanso, es la condición antitética del estado de vigilia. Cuando estás despierto, estás, desde el punto de vista de tu vida, realmente en la misma relación contigo mismo y tu entorno que en el momento de irte a dormir. El uno es el equivalente del otro, la única diferencia es la de dirección. Despertar significa pasar del sueño al estado de vigilia; quedarse dormido es al revés. Además de la dirección, son absolutamente iguales. Por lo tanto, si pudiéramos indicar los movimientos del metabolismo con una línea, entonces no podria ser una línea recta o un círculo, ya que no contendría los puntos de despertar y de quedarse dormido. Debemos encontrar una línea que represente los movimientos del metabolismo, de modo de contenga estos puntos, y la única —busquen todo el tiempo que quieran— es la lemniscata. Aquí tienen el punto de despertarse en una dirección y el punto de quedarse dormidos en la otra dirección. Solo las direcciones están opuestas, siendo los dos movimientos iguales en cuanto a las condiciones de vida. Ahora podemos distinguir de una manera real el ciclo del día y el ciclo de la noche.

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¿A dónde conduce todo esto? Si hemos captado el hecho de que el movimiento del metabolismo diario corresponde al movimiento de la Tierra, ya no podemos, con la Tierra aquí (diagrama) atribuir a cualquier punto un movimiento circular. Por el contrario, debemos formarnos el concepto de que la Tierra, en realidad, avanza a lo largo de su camino de tal manera que produce una línea como la de la lemniscata. El movimiento no es una simple revolución, sino un movimiento más complicado; cada punto de la superficie terrestre describe una lemniscata, que también es la línea descrita por el proceso metabólico.

Por lo tanto, no podemos imaginar que el movimiento de la Tierra consista simplemente en que da la vuelta sobre su eje, porque en realidad es un movimiento complicado en el que cada punto sobre el que se encuentra describe en realidad lo que forma la base del movimiento de sus procesos metabólicos —una lemniscata. Es absolutamente necesario buscar en los movimientos del Universo externo el equivalente de los movimientos que tienen lugar dentro del Hombre. Porque solo mediante un estudio de los cambios dentro del Hombre físico podemos llegar a una comprensión de los movimientos planetarios exteriores al Hombre.

Cuando el hombre pone en movimiento sus extremidades y se cansa, ¡no podemos seguir discutiendo sobre si está en movimiento relativo o real! Está fuera de cuestión decir: tal vez el movimiento sea solo relativo, ¡tal vez el otro hombre al que se está acercando esta después de todo realmente acercándose a él! Las teorías de la relatividad ya no contienen agua, cuando el movimiento interno comprueba que el hombre se está moviendo. Y es imposible también probar los movimientos del interior de la Tierra, excepto por medio de los cambios internos que ocurren en el Hombre. Los movimientos del metabolismo, por ejemplo, son el verdadero reflejo de lo que la Tierra ejecuta como movimiento en el espacio. Y nuevamente, eso que hemos llamado las fuerzas de construcción de los órganos, activas en el transcurso del año, son el equivalente del movimiento anual de la Tierra y el Sol. Tendremos ocasión de hablar más específicamente de estas cosas más adelante; en este momento me gustaría llamar su atención una vez más al dibujo, donde he señalado que la Tierra se mueve detrás del Sol en una línea similar a una hélice, moviéndose la Tierra siempre con el Sol. Y luego, si miramos la línea desde arriba, obtenemos una proyección de la línea y la proyección muestra una lemniscata.

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Ahora todo esto dejará claro que ciertamente podemos hablar de un movimiento diario de la Tierra alrededor de su eje, pero de ningún modo de un movimiento anual de la Tierra alrededor del Sol. Porque la Tierra sigue al Sol, describiendo el mismo camino. Otros hechos muestran que no tenemos derecho a hablar de tal revolución. Para dar una instancia, el hecho de que se consideró necesario —he hablado de esto antes—  simplemente para suprimir una declaración de Copérnico. Si la Tierra girara alrededor del Sol, deberíamos esperar que su eje, que debido a su inercia permanece paralelo, apunte en la dirección de diferentes estrellas fijas durante esta revolución. ¡Pero no es así! Si la Tierra girara alrededor del Sol, el eje no podría indicar la dirección de la Estrella Polar, ya que el punto indicado tendría que girar alrededor de la Estrella Polar; sin embargo, no hace esto, el eje indica continuamente la Estrella Polar. Esa línea que debería ser evidente para nosotros y que correspondería al movimiento progresivo de la Tierra en su relación con el Sol, no se puede encontrar.

La Tierra sigue al Sol en un camino en espiral y en forma de hélice, taladrando su camino, como si dijéramos, al espacio cósmico. Ya he indicado, sin embargo, que hay otro movimiento que se manifiesta en los fenómenos de la precesión de los equinoccios: el movimiento del punto de salida del sol en el equinoccio de primavera a través del zodíaco, volviendo al mismo punto cada 25.920 años. Esto también es el equivalente de un cierto movimiento en el Hombre. ¿Qué podemos encontrar dentro del Hombre que le corresponda?

Pueden ser capaces de llegar a una conclusión sobre este punto a partir de lo que he dicho anteriormente. Tenemos que encontrar un movimiento equivalente a la relación del Sol con las Estrellas Fijas, porque el punto del amanecer progresa a través del Zodíaco completo —o estrellas fijas—en 25.920 años. El equivalente en el Hombre es la relación entre las fuerzas del movimiento interno y las fuerzas de la forma; esto también debe ser de larga duración. Las fuerzas del movimiento interno en el Hombre deben cambiar de alguna manera, para alterar su posición en relación con la periferia del Hombre.

Recordarán lo que dije sobre algo que ha sido observable desde el período de la antigua Grecia. Dije que los griegos usaban la misma palabra para “amarillo” y “verde”, pues realmente no veían el azul de la misma manera que nosotros, y como informaron los escritores romanos, solo realizaron y usaron cuatro colores en su arte, es decir, amarillo, rojo, blanco y negro. Vieron estos cuatro colores vivos. Para ellos el cielo no era azul como lo vemos; les parecía una especie de oscuridad. Ahora bien, esta es una afirmación que puede hacerse con toda certeza, y la Ciencia Espiritual lo confirma. Este cambio en el hombre ha tenido lugar desde la época de la antigua Grecia. Cuando reflexionan sobre el hecho de que la constitución del ojo humano ha experimentado tal grado de modificación desde el período de la Grecia antigua, entonces también pueden concebir otras alteraciones en el organismo humano, teniendo lugar en la periferia y ocupando períodos aún más largos de tiempo para su realización. Tales alteraciones en la periferia deben necesariamente tener una relación con las fuerzas del movimiento interno, ya que, por supuesto, no pueden ser producidas por la digestión o las funciones orgánicas. Estas modificaciones periféricas corresponden, de hecho, al curso del equinoccio de primavera en el Zodíaco, es decir a un período de 25.920 años. Durante este período, la raza humana sufre un cambio completo. No debemos cometer el error de pensar que, antes de ese tiempo, la humanidad apareció tal como ahora la vemos. La consideración de las circunstancias relacionadas con la existencia física hace que sea absurdo utilizar las cifras que nos da la geología moderna con el propósito de seguir la evolución humana en el tiempo, ya que podemos comprender esto solo en el período de 25.920 años, y parte de eso todavía está en el futuro.

Cuando el equinoccio de primavera haya vuelto al mismo lugar, las alteraciones que habrán tenido lugar en toda la raza humana serán tales que la forma humana será bastante diferente de lo que es ahora. Ya les he contado algo derivado de otras fuentes de conocimiento sobre el futuro de la raza humana y sobre su época. Y aquí vemos cómo la consideración de las condiciones físicas obliga al reconocimiento del mismo conocimiento.

Como resultado de lo anterior, llegamos a la conclusión de que lo que llamamos los “movimientos de los cuerpos celestes” no son tan simples como la astronomía actual nos haría creer, pero entramos aquí en condiciones extremadamente complicadas, condiciones que pueden ser estudiadas desde el punto de vista de la conexión del Hombre con el Macrocosmos. Ya he podido señalarles ciertos detalles de los movimientos de los cuerpos celestes, y en el transcurso del tiempo aprenderemos más y más sobre ellos de otras fuentes.

Ya podrán ver una cosa: que el hombre no depende por completo del Macrocosmos. Con lo que yace en lo profundo del subconsciente, con los procesos de asimilación, todavía está en cierto modo —pero solo en cierto modo— obligado a la rotación diaria de la Tierra. Sin embargo, él puede salir de esta conexión. ¿Cómo es esto? Es posible porque el hombre tal como está ahora, constituido de acuerdo con las fuerzas de la periferia y del movimiento interior, con las fuerzas de los órganos y del sistema metabólico, está completo y terminado en su dependencia de las fuerzas de afuera; y ahora él puede, con su organización completa y terminada, separarse de esta conexión. En el mismo sentido que tenemos al despertar y dormir una copia del día y de la noche, teniendo así en nosotros el ritmo interno del día y de la noche, pero sin necesidad de hacer que este ritmo interno se corresponda con el ritmo externo del día y la noche (es decir, no es necesario dormir por la noche, ni despertarse durante el día), así que de una manera similar el Hombre corta su conexión con el Macrocosmos en otros departamentos de su existencia. Sobre esto se funda la posibilidad del libre albedrío humano.

No es la formación presente del Hombre la que depende del Macrocosmos, sino su formación pasada. Las experiencias actuales del hombre son fundamentalmente una imagen o copia de su adaptación pasada al Macrocosmos, y en este sentido vivimos en las imágenes de nuestro pasado. Dentro de este estamos capacitados para desarrollar nuestra libertad, y de ello recibimos nuestras leyes morales, que son independientes de la necesidad que rige en nuestra naturaleza. Cuando comprendemos claramente cómo el Hombre y el Macrocosmos se relacionan entre sí, reconocemos la posibilidad del libre albedrío en el Hombre.

Finalmente, debemos pensar en lo siguiente. Está claro que en el hombre las fuerzas metabólicas todavía están, en cierto sentido, conectadas con el ritmo de su vida diaria. Las fuerzas de la forma se han solidificado. Ahora consideren al animal en lugar del hombre. Aquí encontraremos una dependencia mucho más completa del Macrocosmos. El hombre ha crecido fuera o más allá de esta dependencia. Por lo tanto, la sabiduría antigua hablaba del Zodíaco o Círculo de Animales, no del Círculo del Hombre, como correspondiente a las fuerzas de la formación. Las fuerzas de la forma se manifiestan en el reino animal en una gran variedad de formas, mientras que en el hombre se manifiestan esencialmente en una forma que cubre a toda la raza humana; pero son las fuerzas del reino animal, y a medida que evolucionamos más allá de ellas y nos convertimos en Hombres, debemos ir más allá del Zodíaco. Más allá del zodíaco se encuentra aquello sobre lo que nosotros, como seres humanos, dependemos en un sentido más elevado de lo que estamos en todo lo que existe dentro del zodíaco, es decir, dentro del círculo de las estrellas fijas. Más allá del zodíaco esta lo que corresponde a nuestro Yo.

Con el cuerpo astral —que el animal también posee— estamos encadenados a una dependencia del Macrocosmos, y la construcción del vehículo astral se lleva a cabo de acuerdo con la voluntad de las Estrellas. Pero con nuestro ‘Yo’ o Ego trascendemos este Zodíaco. Aquí tenemos el principio sobre el cual hemos ganado nuestra libertad. Dentro del Zodíaco no podemos pecar, como tampoco los animales; comenzamos a pecar tan pronto como llevamos a cabo nuestra acción más allá del Zodíaco. Esto sucede cuando hacemos aquello que nos libera de nuestra conexión con las fuerzas de formación universales, cuando entramos en relación con regiones exteriores al Zodíaco o región de estrellas fijas. Y este es el contenido esencial del yo humano.

Como ven, podemos medir el Universo en tanto que nos aparece como una cosa visible y temporal, podemos medir su extensión completa a través del espacio de las estrellas fijas más externas, y todo lo que tiene lugar a través del movimiento en el tiempo en este cielo estrellado, y podemos considerar todo esto en su relación con el Hombre; pero en el Hombre se está cumpliendo algo que sucede fuera de este espacio y fuera de este tiempo, fuera de todo lo que tiene lugar en lo astral. Más allá, no hay “necesidad de la Naturaleza”, sino algo que tiene un lugar que está íntimamente conectado con nuestra naturaleza moral y nuestras acciones morales. Dentro del Zodiaco no podemos evolucionar nuestra naturaleza moral; pero en la medida en que evolucionamos, lo registramos en el Macrocosmos más allá del Zodíaco. Todo lo que hacemos permanece y funciona en el mundo. Los procesos que tienen lugar dentro de nosotros, desde las fuerzas de la formación hasta las fuerzas del metabolismo, son el resultado del pasado. Pero el pasado no prejuzga todo el futuro, no tiene poder sobre ese futuro que deriva del propio Hombre en sus acciones morales.

Solo puedo guiarles en este estudio paso a paso. Tengan en cuenta lo que he dicho hoy y en mi próxima conferencia vamos a examinar el asunto desde otro punto de vista.

 

 

Traducido por Gracia Muñoz en Febrero de 2018.

GA102c10. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 16 de mayo de 1908

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Lo que hemos estado estudiando durante un tiempo en nuestro grupo de conferencias es una coronación o expansión de los temas que nos han ocupado durante el invierno. Puede ser que una observación aquí o allá parezca algo aforística, y queremos mediante estos estudios ampliar o redondear los pensamientos y conceptos que se han despertado en nosotros.

En la última conferencia, estuvimos particularmente ocupados con la presencia de todo tipo de seres espirituales que se encuentran, por así decirlo, entre los reinos perceptibles por los sentidos de la naturaleza que nos rodea. Vimos especialmente cómo en el lugar donde los seres de diferentes reinos de la naturaleza se unen, donde la planta empuja hacia la piedra en un manantial, donde la piedra ordinaria incide sobre un metal como ocurre constantemente debajo de la Tierra, donde hay una comunión entre las abejas y las flores; cómo en todas partes se desarrollan fuerzas que atraen a los seres a los que hemos llamado seres elementales a la existencia terrenal. Además, en relación con estos seres elementales, nos hemos ocupado del hecho de un cierto corte, una separación de los seres de su conexión total. Hemos visto que los seres elementales llamados por la Ciencia Espiritual “Salamandras” tienen en parte su origen en las partes separadas de las almas-grupo de los animales. Estos, por así decirlo, se aventuraron demasiado adelantándose en nuestro mundo físico y no han podido encontrar el camino de regreso para unirse nuevamente con el alma grupal, después de la muerte y disolución del animal. Sabemos que en el curso regular de nuestra vida, los seres de nuestra Tierra, los seres de los reinos animal, vegetal, mineral, tienen su “ser anímico espiritual” —si así se puede llamar, tienen almas egocéntricas, como el hombre, que difieren solo en el hecho de que este “ser anímico espiritual” de los otros seres se encuentran en otros mundos. Sabemos que el hombre es ese ser en nuestro ciclo de evolución que tiene un yo individual aquí en el plano físico, al menos durante su vida de vigilia. Sabemos además que los seres a los que llamamos animales están tan condicionados que —por así decirlo— los animales de forma similar tienen un alma grupo o yo  grupal que se encuentra en el llamado mundo astral. Además, los seres que llamamos vegetales tienen una conciencia como el dormir sin sueños aquí en el mundo físico pero tienen yoes grupales que habitan en las partes más bajas del mundo devacánico; y, finalmente, las piedras, los minerales, tienen sus yoes grupales en las partes más altas del Devacán. Quien se mueve clarividentemente en el mundo astral y devacánico tiene relaciones allí con las almas grupales de los animales, las plantas y los minerales, de la misma manera que aquí en el mundo físico tiene relaciones sociales durante el día con otras almas humanas o yoes.

Ahora tenemos que tener claro que en muchos aspectos el hombre es un ser muy complicado —hemos hablado a menudo de esta complejidad en diferentes conferencias. Pero parecerán más y más complicadas cuanto más lejos lleguemos a las conexiones con los grandes hechos cósmicos. Para darse cuenta de que el hombre no es el simple ser que tal vez le parezca a una observación ingenua, solo necesitamos recordar que por la noche, desde el irse a dormir hasta despertar, el hombre del presente ciclo evolutivo es un ser completamente diferente de lo qué es durante el día Sus cuerpos físico y etérico yacen en la cama, el yo con el cuerpo astral sale de ellos. Consideremos ambas condiciones y, en primer lugar, los cuerpos físico y etérico. Se quedan allí, y si hacemos caso omiso del estado de transición del sueño, tienen lo que podríamos llamar una conciencia de sueño carente de contenido, percepciones o sueños. Pero el yo y el cuerpo astral externo tienen, en este ciclo de evolución presente, la misma conciencia de sueño sin sueños. El hombre dormido, ya sea en los miembros que permanecen aquí en el mundo físico, o en aquellos que están en el mundo astral, tiene la misma conciencia que la cubierta vegetal de la Tierra. Debemos ocuparnos un poco de estas dos partes separadas del ser humano dormido.

De otras conferencias sabemos que el hombre del tiempo presente ha surgido lenta y gradualmente. Sabemos que recibió los primeros rudimentos del cuerpo físico en la encarnación de nuestra Tierra que yace en un pasado primitivo que llamamos la evolución del Antiguo Saturno. Sabemos que entonces, en una segunda encarnación de nuestra Tierra, durante la evolución del Antiguo Sol, recibió el cuerpo etéreo o de vida, que en la tercera encarnación, la evolución lunar, también recibió el cuerpo astral, y que en la presente encarnación de la Tierra, de nuestro planeta adquirió lo que llamamos el yo. Por lo tanto, el ser humano ha evolucionado de forma bastante lenta y gradual. Este cuerpo físico que el hombre lleva hoy es en realidad su parte más antigua, la parte que ha atravesado la mayoría de las metamorfosis. Ha sufrido cuatro cambios. El primer rudimento, recibido por el hombre en el Antiguo Saturno, ha pasado por tres modificaciones, en el Sol, en la Luna y finalmente en la Tierra, y se expresa en los órganos de los sentidos presentes del hombre. Eran órganos bastante diferentes en el antiguo Saturno, pero sus primeros rudimentos estaban allí, mientras que no existía ninguna otra parte del cuerpo físico. Podemos ver al antiguo Saturno como un ser único, compuesto enteramente de órganos de los sentidos. En el Sol se agregó el cuerpo etérico, el cuerpo físico experimentó un cambio y surgieron los órganos que llamamos hoy glándulas, aunque al principio solo existían en sus rudimentos. Luego, en la Luna, cuando el cuerpo físico había sufrido una tercera transformación a través de la impresión del cuerpo astral, se añadieron los órganos que conocemos como los órganos nerviosos. Y finalmente en la Tierra se agregó el sistema de sangre actual, la expresión del ego, ya que el sistema nervioso es la expresión del cuerpo astral, el sistema glandular del cuerpo etérico y el sistema de los sentidos la expresión física del cuerpo físico en sí mismo. Hemos visto en conferencias anteriores que el sistema sanguíneo apareció por primera vez en nuestra evolución de la Tierra y nos preguntamos: ¿Por qué fluye la sangre en la forma presente en los canales sanguíneos? ¿Qué expresa esta sangre? La sangre es la expresión del yo y con esto consideraremos un posible malentendido, a saber, que el hombre en realidad no entiende el cuerpo físico humano presente.

El cuerpo humano tal como lo vemos hoy es solo una forma de muchas. En la Antigua Luna, en el Antiguo Sol, en Antiguo Saturno, estaba allí pero siempre diferente. En la Antigua Luna, por ejemplo, todavía no había ningún reino mineral, en el Sol no había mundo vegetal ante nuestros sentidos, y en Saturno no había reino animal; solo había seres humanos en sus primeros rudimentos físicos. Ahora, cuando reflexionemos sobre esto, debemos tener claro que el cuerpo humano actual no es solo cuerpo físico, sino cuerpo físico-mineral, y que a las leyes del mundo físico —por lo tanto, es el “cuerpo físico”— ha asimilado las leyes y las sustancias del reino mineral, que lo impregnan hoy. En la Luna, el cuerpo físico humano aún no había asimilado esas leyes: si a uno lo hubieran quemado no habría cenizas, ya que no había minerales en el presente sentido terrenal. Recordemos que ser físico y ser mineral son dos cosas bastante diferentes. El cuerpo humano es físico porque está gobernado por las mismas leyes que la piedra; es al mismo tiempo mineral porque ha sido impregnado con sustancias minerales. El primer germen del cuerpo físico estaba presente en Saturno, pero no había cuerpos sólidos, ni agua, ni gases. En Saturno no había nada más que una condición de calidez. El físico moderno no conoce esta condición porque cree que el calor solo puede aparecer en relación con gases, agua u objetos sólidos. Pero eso es un error. El cuerpo físico que hoy ha asimilado el reino mineral fue en el antiguo Saturno un nexo de leyes físicas. Somos leyes físicas que trabajan en líneas, en formas, lo que aprendes a conocer como leyes en física. Externamente, el ser humano físico se manifestó en el Antiguo Saturno puramente como un ser que vivía en el calor. Por lo tanto, debemos distinguir claramente entre el elemento mineral y el principio físico real del cuerpo del hombre. Es la ley física la que gobierna el cuerpo físico. Pertenece, por ejemplo, al principio físico el que nuestro oído tenga tal forma, que recibe el sonido de una manera bastante definida; a la naturaleza mineral del oído pertenecen las sustancias que están impregnadas en este andamiaje de leyes físicas.

Ahora que hemos aclarado esto y nos damos cuenta en particular de cómo los órganos de los sentidos, las glándulas, los nervios y la sangre son las expresiones de nuestra naturaleza cuádruple, volvamos nuevamente a la observación del ser humano dormido. Cuando el hombre está dormido, el cuerpo físico y el cuerpo etérico están sobre la cama, el cuerpo astral y el yo están fuera. Pero ahora recordemos que el cuerpo astral es el principio del sistema nervioso y el yo el del sistema sanguíneo. Así, durante la noche, el cuerpo astral ha abandonado esa parte del cuerpo físico del cual, por así decirlo, es la causa, es decir, el sistema nervioso.  Porque solo cuando los miembros del cuerpo astral se introdujeron en el hombre en la Antigua Luna pudo surgir el sistema nervioso. Por lo tanto, el cuerpo astral deja insensiblemente lo que le pertenece, lo que realmente debe mantener, y de la misma manera el yo abandona lo que le ha llamado a la vida. Los principios de la sangre y del cuerpo astral están fuera y el cuerpo físico y etérico durmientes están absolutamente solos. Pero ahora nada de una naturaleza física material puede subsistir en la forma que ha sido invocada por un principio espiritual cuando este principio espiritual ya no está allí. Eso está completamente fuera de lugar. Nunca podría vivir un sistema nervioso a menos que los seres astrales estén activos en él, y nunca podría vivir un sistema sanguíneo a menos que los seres del yo estén activos en él. Por lo tanto, significa que todos ustedes desertarán en la noche su sistema nervioso y sanguíneo abandonándolos a otros seres de naturaleza astral. Seres que son de la misma naturaleza que el yo descienden ahora al organismo. Todas las noches el organismo humano está ocupado por seres equipados para mantenerlo. El cuerpo físico y el cuerpo etérico que yacen en la cama están al mismo tiempo interpenetrados por estos seres astrales y de yo; en realidad están dentro del cuerpo físico. Podríamos llamarlos intrusos, pero eso de ninguna manera es correcto. En muchos sentidos debemos llamarlos espíritus guardianes, ya que son los sostenedores de lo que el hombre abandona cruelmente en la noche.

Ahora no es tan malo para el hombre el dejar sus cuerpos todas las noches. Ya he dicho que el cuerpo astral y el yo están activos perpetuamente en la noche. Eliminan del cuerpo físico el desgaste que el día le ha dado, lo que en un sentido amplio llamamos fatiga. El hombre se refresca y se renueva por la mañana, porque durante la noche su cuerpo astral y su yo han eliminado la fatiga que le habían causado las impresiones de la vida cotidiana. Esta actividad nocturna del cuerpo astral para deshacerse de las sustancias de fatiga es un hecho definido para la percepción clarividente. El yo y el cuerpo astral trabajan desde fuera en los cuerpos físico y etérico. Pero en el ciclo actual de su evolución, el hombre aún no está lo suficientemente avanzado como para poder llevar a cabo tal actividad de manera completamente independiente. Él solo puede hacerlo bajo la guía de otros seres superiores. Entonces, el ser humano es llevado todas las noches al seno de los seres superiores, por así decirlo, y le otorgan el poder de trabajar de la manera correcta en sus cuerpos físico y etérico. Estos al mismo tiempo son los seres —es por eso que no podemos llamarlos intrusos— que cuidan el sistema nervioso y sanguíneo del hombre de la manera correcta durante el sueño.

Mientras no surjan anormalidades, la cooperación de los seres espirituales con el hombre está justificada. Pero tales irregularidades pueden muy bien entrar y aquí llegamos a un capítulo de la Ciencia Espiritual que es extraordinariamente importante para la vida práctica del alma humana. A uno le gustaría que se le conociera en los círculos más amplios y no solo teóricamente, sino también como base para ciertas actividades de la vida anímica humana. Generalmente no se imaginan que los hechos de la vida anímica tengan un efecto de gran alcance. En ciertas conexiones también he llamado su atención sobre el hecho de que es solo cuando se ve a la luz de la Ciencia Espiritual que los eventos en la vida del alma pueden encontrar su verdadera explicación. Todos conocemos el profundo significado de la declaración: “Considerado desde el aspecto científico espiritual, una mentira es una especie de asesinato”. He explicado que realmente ocurre una especie de explosión en el mundo astral cuando el hombre dice una mentira, incluso, de cierta manera, si solo lo piensa. Algo ocurre en el mundo espiritual cuando el hombre miente, lo que tiene un efecto mucho más devastador para ese mundo que cualquier desgracia en el mundo físico. Pero las cosas que se relacionan en una determinada etapa de observación científico-espiritual, caracterizándolas en la medida de lo posible, ganan cada vez más claridad y confirmación cuando uno avanza en el conocimiento de la Ciencia Espiritual. Hoy aprenderemos de otro efecto de mentir, difamar, aunque estas palabras no se usan aquí en el sentido crudamente ordinario. Cuando más sutilmente, fuera de convención, por ejemplo, o fuera de todo tipo de consideraciones sociales o de partidos, las personas colorean la verdad, tenemos que ver con una mentira en el sentido de la Ciencia Espiritual. En muchos aspectos, la vida entera del hombre está saturada,  si no con mentiras, sin embargo, con manifestaciones que tienen un matiz no verdadero. El materialista iluminado puede en cualquier caso ver que se produce una impresión en su cuerpo físico si recibe un golpe en el cráneo con un hacha, o si su cabeza es cortada por el ferrocarril, o si tiene una úlcera en algún lugar o es atacado por bacilos. Luego admitirá que los efectos se producen en el cuerpo físico. Lo que generalmente no se considera en absoluto es que el hombre es una unidad espiritual, que lo que sucede en sus miembros superiores, el cuerpo astral y el yo, tiene un efecto positivo hasta su naturaleza física. No se considera, por ejemplo, que el decir mentiras y falsedades, falsedades incluso en los asuntos de la vida, tenga un efecto definido en el cuerpo físico humano. La visión espiritual puede experimentar lo siguiente: si una persona, digamos, ha dicho una mentira durante el día, su efecto permanece en el cuerpo físico y es visto por la percepción clarividente mientras la persona duerme.  Supongamos que esta persona no es sincera, y va acumulando mentiras, entonces tendrá muchos de esos efectos en su cuerpo físico. Todo esto se endurece, por así decirlo, en la noche, y luego sucede algo muy importante. Estos endurecimientos, estos “recintos”, en el cuerpo físico no son del agrado de los seres que desde los mundos superiores deben tomar posesión del cuerpo físico en la noche y llevar a cabo las funciones ejercidas de otro modo por el cuerpo astral y el yo. El resultado es que en el curso de la vida y por la razón de un cuerpo enfermo, —se podría decir—, a través de mentiras, partes de esos seres que descienden al hombre por la noche se separan. Aquí tenemos nuevamente procesos de desapego que conducen al hecho de que cuando un hombre muere, su cuerpo físico no solo sigue los caminos que normalmente tomaría. Ciertos seres quedan atrás, seres que han sido creados en el cuerpo físico a través del efecto de la mentira y la calumnia, y han sido separados del mundo espiritual. Tales seres, desprendidos de este modo tortuoso, ahora revolotean y zumban en nuestro mundo y pertenecen a la clase que llamamos “fantasmas”. Forman un cierto grupo de seres elementales relacionados con nuestro cuerpo físico, e invisibles a la visión física. Se multiplican a través de mentiras y calumnias, y estos en realidad pueblan nuestro mundo terrenal con fantasmas. De esta forma aprendemos a conocer una nueva clase de seres elementales.

Pero ahora, no solo las mentiras y las calumnias sino también otras cosas que pertenecen a la vida del alma producen un efecto en el cuerpo humano. Son las mentiras y las calumnias que actúan sobre el cuerpo físico lo que provoca el despliegue de los fantasmas. Otras cosas vuelven a trabajar de manera similar en el cuerpo etérico. No deben sorprenderse de tales fenómenos anímicos: en la vida espiritual uno debe ser capaz de tomar las cosas con toda calma. Los asuntos, por ejemplo, que tienen un resultado dañino en el cuerpo etérico son las malas leyes o malas medidas sociales que prevalecen en una comunidad. Todo lo que conduce a la falta de armonía, todo lo que hace que se den los malos entendidos entre hombre y hombre, trabaja de tal manera a través del sentimiento que se crea en la vida común que el efecto continúa en el cuerpo etérico. La acumulación en el cuerpo etérico causado a través de estas experiencias del alma trae de nuevo el desprendimiento de los seres que trabajan desde los mundos espirituales y estos también se encuentran ahora en nuestro entorno —son “espectros” o “fantasmas”. Así estos seres que existen en el mundo etérico, en el mundo de la vida, los vemos crecer fuera de la vida de los hombres. Muchos hombres pueden andar entre nosotros y, para alguien que puede ver estas cosas espiritualmente, su cuerpo físico está abarrotado, se podría decir, con fantasmas, su cuerpo etérico atestado de espectros y, como regla, después de la muerte de ese hombre o en breve tiempo después todo esto se separa y dispersa poblando el mundo.

Entonces vemos cuán sutilmente se continúan los eventos espirituales de nuestra vida, cómo mentiras, calumnias, malos arreglos sociales, depositan sus creaciones espiritualmente entre nosotros en nuestra Tierra.

Pero ahora también pueden comprender que si en la vida diaria normal el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo están juntos, y el cuerpo físico y el cuerpo etérico tienen que permitir que otros seres los presionen y actúen sobre ellos, entonces el cuerpo astral y el yo tampoco están en condiciones normales. En cualquier caso, se encuentran en una posición algo diferente con respecto a los cuerpos físico y etérico. Estos dos tienen en el hombre dormido la conciencia de las plantas. Pero las plantas, por otro lado, tienen su yo arriba en el Devacán. De ahí que los cuerpos físicos y etéricos del hombre dormido también deban ser sostenidos por seres que despliegan su conciencia desde el Devacán. Ahora bien, es cierto que el cuerpo astral y el yo del hombre están en un mundo superior, pero él también duerme sin soñar como las plantas. El hecho de que las plantas solo tengan un cuerpo físico y etéreo y que el hombre en su estado de sueño posea además un cuerpo astral y un yo, no hace diferencia en cuanto a la naturaleza vegetal. Es cierto que el hombre ha sido arrastrado hacia arriba, al mundo astral espiritual, pero aún no lo suficientemente elevado hacia arriba con su yo, para justificar la condición de sueño. La consecuencia es que estos seres también deben entrar en su cuerpo astral cuando el ser humano se duerme. Y así es: las influencias del mundo devacánico presionan todo el tiempo en el cuerpo astral del hombre. No necesitan ser influencias anormales, pueden venir de lo que llamamos el yo superior del hombre. Porque sabemos que el hombre se está elevando gradualmente al mundo devacánico, en la medida en que se acerca cada vez más a un estado de espiritualización, y lo que se está preparando allí le envía sus influencias ahora cuando duerme. Pero no son simplemente estas influencias normales. Esto simple y llanamente sería el caso si los seres humanos entendieran completamente lo que es valorar y estimar la libertad del otro. La humanidad en este momento todavía está muy alejada de eso. Piensen solo en cómo el hombre moderno en su mayor parte quiere gobernar por encima de la mente del otro, cómo no puede soportar que otra persona pueda pensar y gustar de otra manera, cómo quiere trabajar sobre el alma del otro. En todo lo que funciona de alma a alma en nuestro mundo, desde dar un consejo injustificable a todos los métodos que los hombres emplean para abrumar a los demás, en cada acto que no permite que el alma libre se enfrente al alma libre, sino que emplea, incluso en el más mínimo grado, medios poderosos para convencer y persuadir, en todo esto, las fuerzas están trabajando de alma a alma, lo que de nuevo influye en estas almas de tal manera que se expresa en la noche en el cuerpo astral. El cuerpo astral obtiene esos “recintos” y, por lo tanto, los seres se separan de otros mundos y se vuelven a revolotear a través de nuestro mundo como seres elementales. Ellos pertenecen a la clase de los demonios. Su existencia se debe únicamente al hecho de que la intolerancia y la opresión del pensamiento se han utilizado de diversas maneras en nuestro mundo. Así es como estas huestes de demonios han surgido en nuestro mundo. Así hemos aprendido de nuevo hoy a conocer seres que son tan reales como las cosas que percibimos a través de nuestros sentidos físicos, y que definitivamente producen efectos en la vida humana. La humanidad habría avanzado de manera bastante diferente si la intolerancia no hubiera creado los demonios que impregnan nuestro mundo, influyendo continuamente en las personas. Son al mismo tiempo espíritus de prejuicios. Uno comprende las complejidades de la vida cuando aprende acerca de estos enredos entre el mundo espiritual en el sentido superior y nuestro mundo humano. Todos estos seres, como hemos dicho, están allí, y zumban y aletean en el mundo en el que vivimos.

Ahora recordemos algo más que también se ha dicho anteriormente. Hemos señalado que en el hombre del último tercio de la era atlante, antes del diluvio atlante, la relación del cuerpo etérico con el cuerpo físico era bastante diferente de la que había sido anteriormente. Hoy la parte física de la cabeza y la parte etérica prácticamente coinciden. Eso fue bastante diferente en la antigua Atlántida; allí tenemos la parte etérica de la cabeza proyectándose muy lejos —especialmente en la región de la frente. Ahora tenemos un punto central para la parte etérica y física aproximadamente entre las cejas. Estas dos partes se juntaron en el último tercio de la era Atlante y hoy coinciden. De este modo, el hombre pudo decirse “yo” a sí mismo y sentirse una personalidad independiente. Por lo tanto, el cuerpos etérico y físico de la cabeza se han unido. Esto ha sucedido para que el hombre pueda convertirse en el ser sensible que está dentro de nuestro mundo físico, de modo que pueda enriquecer su vida interior a través de lo que capta a través de impresiones sensoriales, a través del olfato, el gusto, la vista, etc. Todo esto se encarna en su ser interior, de modo que al obtenerlo pueda usarlo para el desarrollo posterior de todo el Cosmos. Lo que él adquiere así no se puede adquirir de ninguna otra manera, y por eso siempre hemos dicho que no debemos tomar la Ciencia Espiritual en un sentido ascético, como una huida del mundo físico. Todo lo que sucede aquí lo llevamos con nosotros fuera del mundo físico y se perderá en el mundo espiritual si no se recoge aquí primero. El camino de regreso está ocupado. Hay personas hoy que tienen un cuerpo etérico mucho más flexible que otros. Este aflojamiento del cuerpo etérico es justo para el hombre si durante sus diferentes encarnaciones en esas épocas culturales ha absorbido tanto en sí mismo que cuando su cuerpo etérico se apaga nuevamente tendrá los frutos correctos del mundo de los sentidos físicos de la Tierra, frutos adecuados para su incorporación a un cuerpo etérico cada vez más independiente. Cuanto más espirituales sean los conceptos que el hombre encuentra en el mundo físico, más se lleva consigo en su cuerpo etérico. Todas las ideas utilitarias, todos los conceptos ligados a la máquina y la industria que solo sirven a las necesidades externas y la vida externa, y que el hombre absorbe en nuestra presente existencia terrenal, no son adecuados para la incorporación en el cuerpo etérico. Pero todos los conceptos que él absorbe de lo artístico, lo bello, lo religioso —y todo puede sumergirse en la esfera de la sabiduría, el arte, la religión— todo esto dota al cuerpo etérico del hombre de la capacidad y posibilidad de organizarse de manera independiente. Como esto se puede ver de antemano, a menudo se ha enfatizado aquí que la concepción del mundo de la Ciencia Espiritual debe enviar sus impulsos y actividades a la vida práctica. La Ciencia Espiritual nunca debe seguir siendo un tema de conversación en las reuniones de té o cualquier otra actividad aparte de la vida ordinaria; debe abrirse paso en toda nuestra civilización. Si algún día se entienden los pensamientos científicos espirituales, entonces los hombres comprenderán que todo lo que nuestra época logra debe estar impregnado de principios espirituales. Muchos seres humanos, entre ellos Richard Wagner, previeron en ciertos campos tal penetración con principios espirituales. Algún día los hombres entenderán cómo construir una estación de ferrocarril para que fluya la verdad como en un templo y de hecho sea simplemente una expresión adecuada para lo que hay dentro de ella. Todavía hay mucho por hacer. Por lo tanto, estos impulsos deben ser efectivos y serán efectivos cuando se comprendan más plenamente los pensamientos científico-espirituales.

Todavía recuerdo vívidamente una dirección de rectoría dada hace unos veinticinco años por un conocido arquitecto. Habló sobre el estilo en la arquitectura y pronunció la notable frase: “¡Los estilos arquitectónicos no se inventan, crecen de la vida espiritual!”. Al mismo tiempo, mostró por qué nuestra era, si bien produce estilos arquitectónicos, solo revive los antiguos y es incapaz de encontrar un nuevo estilo porque todavía no tiene una vida espiritual interior. Cuando el mundo vuelva a crear vida espiritual, todo será posible. Entonces sentiremos que el alma humana brilla hacia nosotros desde todo lo que miramos, así como en la Edad Media cada cerradura de una puerta expresaba lo que el alma humana entendía de las formas externas. La Ciencia Espiritual no será entendida hasta que se encuentre en todas partes de esta manera como si estuviera cristalizada en formas. Para entonces la humanidad también vivirá como espíritu en el Espíritu. Entonces, sin embargo, el hombre estará preparando más y más algo que llevara consigo cuando vuelva a ascender al mundo espiritual, cuando su cuerpo etérico se vuelva independiente. Así los hombres deben sumergirse en el mundo espiritual si quiere llevar la evolución por el camino correcto.

 

ascension y pentecostes

Nada simboliza la penetración del mundo por el espíritu tan bellamente como la historia del milagro de Pentecostés. Cuando lo contemplan, es como si la interpenetración del mundo con la vida espiritual estuviera indicada proféticamente a través del descenso de las “lenguas ardientes”. Todo debe volver a vivificarse a través del espíritu, esa relación intelectual abstracta que el hombre tiene con las festividades también debe volverse concreta y vivir de nuevo. Ahora, en este momento de Pentecostés, intentemos ocupar nuestras almas con los pensamientos que pueden proceder de la conferencia de hoy. Entonces la Festividad, que como sabemos está establecida sobre una base espiritual, significará de nuevo algo que vive en el hombre cuando su cuerpo etérico está maduro para la creación espiritual. Pero si el hombre no absorbe el espíritu de Pentecostés, entonces el cuerpo etérico sale del cuerpo físico y es demasiado débil para vencer lo que ya ha sido creado, esos mundos de espectros, fantasmas, demonios, que el mundo crea como fenómenos existentes a su lado.

Traducido por Gracia Muñoz en febrero de 2018.

 

GA102c9. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 13 de mayo de 1908

English version

En nuestra última conferencia nos aventuramos en un terreno bastante inusual, cuando dirigimos nuestra atención a ciertos seres que existen entre nosotros. Son seres espirituales que en cierto modo están fuera del curso regular de la evolución, y es precisamente este hecho el que les da su significado. Estamos teniendo en cuenta los seres elementales, cuya existencia naturalmente, para las mentes iluminadas de hoy en día son una superstición; pero que van a jugar un significativo papel en nuestra evolución espiritual en un tiempo no muy lejano, precisamente por la posición que ocupan en el Cosmos.

Hemos visto cómo estos seres elementales vienen a la existencia como una especie de piezas cortadas de forma irregular de las almas grupo. Sólo tenemos que recordar lo que se dijo al final de la ultima conferencia donde hemos ubicado la naturaleza de tales criaturas elementales ante nuestros ojos espirituales. Estamos teniendo en cuenta una de las últimas especies formadas de estos seres elementales. Hemos señalado el hecho de que cada forma animal, o por decirlo de otra manera, la totalidad de los animales de la misma especie está representada por un alma-grupo. Hemos dicho que las almas-grupo juegan el mismo papel en el mundo astral que el alma humana, en la medida en que está dotada de un Yo en el mundo físico.

El Yo humano es en realidad un Yo grupal que ha descendido del plano astral al plano físico, y por lo tanto se ha convertido en un yo individual. Los Yoes de los animales todavía están en el plano astral, y lo que vemos en el plano físico como animal individual posee sólo el cuerpo físico, el cuerpo etérico, y el cuerpo astral. El Yo esta en el mundo astral, los animales formados de manera similar pertenecen al Alma-grupo. Se puede comprender a partir de este hecho cómo el nacimiento y la muerte en la vida humana no tienen el mismo significado en la vida del animal. Porque cuando un animal muere, el alma del grupo o el yo del grupo sigue viva. Es lo mismo que si —en el supuesto de que fuera posible— un hombre perdiera una mano y fuese capaz de reemplazarla. Su Yo no diría: “He muerto a causa de la pérdida de mi mano”, pues siente que se ha renovado la extremidad. Así que el Yo del grupo de los leones renueva un miembro cuando un león muere y es reemplazado por otro. Así podemos entender que el nacimiento y la muerte de los animales vinculados al alma grupo, no tienen en absoluto la importancia que tiene para el ser humano en el presente ciclo de evolución. El alma-grupo de los animales sabe de los cambios, las metamorfosis; sabe, por así decirlo, la ruptura de los miembros que luego se extienden en el mundo físico, la pérdida de estos miembros y su renovación.

Hemos dicho, sin embargo, que hay ciertas formas animales que van demasiado lejos en el proceso de ruptura, que ya no están en condiciones de devolver al plano astral, lo que traen hasta el plano físico. Cuando un animal muere lo que se desprende debe estar totalmente agotado en el mundo que le rodea, mientras que la naturaleza del alma y el espíritu del animal vuelve a asumirse de nuevo en el alma del grupo, extenderse y crecer en un ser físico nuevo. Hay  ciertos animales que no pueden enviar todo de nuevo al alma grupo, y estas partes que se quedan sueltas, desprendidas del alma grupal pasan a una vida aislada, como seres elementales. Nuestra evolución ha pasado por los escenarios más variados y en cada etapa estos seres elementales han sido separados, por lo que se pueden imaginar que tenemos un número bastante grande de esos elementales que nos rodean en lo que llamamos el mundo suprasensible.

Cuando, por ejemplo, la persona ilustrada dice que la gente habla de los seres elementales llamándolos silfos, o lemures, pero que tales seres no existen, hay que responder que no ve estas cosas, porque no se ha preocupado de desarrollar los órganos del conocimiento que le permite reconocerlos. Pero que pregunten a las abejas, o más bien, al alma de la colmena. Ellos no podrían negar la existencia de silfos o Lemures! Pues los seres elementales que se denominan por estos nombres se encuentran en lugares muy definidos, es decir, donde hay un cierto contacto del reino animal con el reino vegetal. Esto no tiene una aplicación general, sin embargo, se encuentra sólo en lugares donde el contacto se lleva a cabo bajo ciertas circunstancias. Cuando el buey come hierba hay un contacto entre el reino animal y el reino vegetal, que crea un lugar común, un procedimiento normal, que se encuentra en el curso normal de la evolución. El contacto que ocurre entre la abeja y la flor se encuentra en una página bastante diferente de la evolución cósmica. Las abejas y las flores están mucho más separadas en su organización y se unen de nuevo de una manera especial —además, se desarrolla una fuerza bastante notable en su contacto. La peculiar envoltura áurica que siempre surge cuando una abeja o un insecto similar liba una flor pertenece a las observaciones “interesantes” de los mundos suprasensibles espirituales, si se puede usar la expresión, pues tenemos muy pocas expresiones apropiadas para estas cosas sutiles. La experiencia peculiar y única que tiene la pequeña abeja cuando liba la flor está presente no solo en los masticadores o en el cuerpo de la abeja, sino que el intercambio de sabor entre la abeja y la flor extiende una especie de aura etérica diminuta. Cada vez que la abeja liba se crea este aura, y siempre que surge algo como esto en el mundo suprasensible, los seres que lo necesitan llegan al lugar. Ellos se sienten atraídos por ella, porque allí encuentran su alimento —por expresarlo crudamente otra vez. Ya dije en otra ocasión que no debemos estar preocupados con la pregunta: ¿De dónde vienen todos los seres de los que hemos hablado? Dondequiera que se dé la oportunidad a estos seres que hemos definido siempre estarán ahí. Si una persona envía injustos, malos sentimientos, estos viven a su alrededor y atraen a los seres que están allí, esperando, como un ser físico espera la comida. En una ocasión se comparó con el hecho de que no hay moscas en una habitación limpia, y si  todo tipo de alimentos se mantienen en la habitación, entonces habrá moscas. Lo mismo sucede con los seres suprasensibles: sólo hay que darles los medios de alimentación. La abeja que chupa la flor, extiende algo de aura etérica y entonces se acercan, especialmente cuando un enjambre entero de abejas se posa sobre un árbol y luego se aleja con la sensación del gusto en el cuerpo. Entonces todo el enjambre está envuelto en este aura etérea y también completamente compenetrado por los seres espirituales que uno llama Silfos o Lemures. En las regiones fronterizas donde los diferentes reinos entran en contacto unos con otros, estos seres están presentes y realmente juegan un papel. De hecho, no solo se encuentran donde surge esta fina aura etérea, no solo se acercan para satisfacerse, sino que tienen hambre y hacen que el hambre se exprese guiando a las criaturas particulares hacia los lugares particulares. De cierta manera, son pequeños guías.

Así que vemos que los seres que, podemos decir, han cortado su conexión con otros mundos a los que antes estaban unidos, han tomado a cambio un papel extraño. Son seres que bien pueden usarse en otros mundos. En cualquier caso, cuando se usan así, se establece un tipo de organización,  donde ellos quedan bajo seres superiores.

Se dijo al comienzo de la conferencia de hoy que en un momento no muy lejano será totalmente necesario que la humanidad sepa de estas cosas. En un futuro no muy lejano, la ciencia tomará un curso extraordinario. La ciencia se volverá cada vez más materialista, se limitará simplemente a una descripción de hechos externos perceptibles con los sentidos físicos. La ciencia se limitará a lo crudamente material, aunque todavía prevalece un extraño estado de transición. Un tiempo de puro materialismo no diluido en la ciencia no está muy lejos de nosotros. Este materialismo crudo es, en la mayoría de los casos, una posibilidad para las personas con una perspectiva puramente amateur, aunque pocos pensadores se molestan en poner esto en su lugar. Vemos aparecer un gran número de teorías abstractas en las que se hace una referencia tímida a lo suprasensible, lo superfluo. El curso de los acontecimientos, sin embargo, y el poder de los hechos físicos externos derrocarán por completo estas teorías extrañas y fantásticas que son creadas por aquellos que no están satisfechos hoy con la ciencia física. Y un día los sabios se encontrarán en una situación peculiar con respecto a estas teorías.

Todo lo que han esparcido sobre el Todo-Ser y Toda-Exaltación de este o aquel mundo, todas sus especulaciones serán derrocadas y los hombres no tendrán nada más en la mano que simples hechos perceptibles por los sentidos en los campos de la geología, la biología, la astronomía, etc. Las teorías establecidas hoy serán muy efímeras, y para aquel que es capaz de observar el curso especial de la ciencia, se le presenta la desolación absoluta del horizonte puramente físico.

Entonces, sin embargo, también habrá llegado el momento en que un número bastante grande de representantes de la humanidad estará listo para reconocer los mundos suprasensibles de los que habla la concepción del mundo de la Ciencia Espiritual en la actualidad. Un fenómeno como el de la vida de las abejas en relación con lo que se puede conocer de los mundos suprasensibles ofrece una respuesta maravillosa al gran enigma de la existencia. Estas cosas son de gran importancia desde el otro lado. Será cada vez más indispensable captar la naturaleza de las almas grupales, y tal conocimiento jugará un gran papel incluso en la evolución puramente externa de la humanidad. Si retrocedemos miles y miles de años, encontramos al hombre mismo como un ser que todavía pertenecía al alma grupal. La evolución humana en nuestra Tierra va desde la naturaleza del alma grupal hasta el alma individual. El hombre avanza a través del descenso gradual de su alma dotada por el yo a las condiciones físicas, y tiene la oportunidad de convertirse en individuo. Podemos observar las diferentes etapas en la evolución de la humanidad y ver cómo el alma grupal se va volviendo gradualmente individual.

Volvamos al tiempo del primer tercio de la época de la cultura atlante. Allí la vida del hombre era bastante diferente; en los cuerpos en los que estábamos incorporados en ese momento nuestras almas tenían experiencias bastante diferentes. Hay una experiencia que desempeña un papel en la vida del hombre de hoy, —ya sea como individuo o como miembro de un grupo social—, que ha experimentado un gran cambio desde ese momento, es decir, la alternancia de la vigilia y el sueño.

En los antiguos tiempos de la Atlántida no se experimentaba la misma alternancia de vigilia y el sueño como la que existe hoy en día. ¿Cuál es entonces la diferencia característica en comparación con la humanidad actual?

Cuando los cuerpos físico y etérico están durmiendo, el cuerpo astral con el yo se elevan a lo que la conciencia moderna llama el hundirse en una oscuridad indefinida. Por la mañana, cuando el cuerpo astral y el yo atraen nuevamente a los otros miembros, hacen uso de los órganos físicos y se ilumina la conciencia. Esta condición diaria del despertar en la conciencia, y dormir todas las noches en la inconsciencia, no existía anteriormente. Cuando era de día y el hombre se hundía en su cuerpo físico, como era el caso, entonces, de ninguna manera veía seres físicos y los objetos con sus límites definidos como lo vemos hoy. Él veía todo con contornos vagos como ocurre cuando se camina por la calle en una noche brumosa y se ven las luces rodeadas de un aura de bruma. Esa era la forma en que el ser humano de aquellos tiempos lo veía todo.

Si esa era la condición del día, ¿cuál era la condición de la noche? Cuando el ser humano salía del cuerpo físico y etérico durante la noche, no le sobrevenía ninguna inconsciencia absoluta, era solo un cambio a un tipo diferente de conciencia. En ese momento, el hombre todavía era consciente de los procesos espirituales y de los seres espirituales a su alrededor, no clara y exactamente como en la verdadera clarividencia, sino como una última reliquia de la antigua visión clarividente.  El hombre vivía de día en un mundo de nebulosos contornos, en la noche vivía entre los seres espirituales que estaban a su alrededor como hoy tenemos los diversos objetos que nos rodean. Por lo tanto, no había una división tajante entre el día y la noche, y lo que está contenido en las sagas y los mitos no es una fantasía popular, sino recuerdos de las experiencias que el hombre primitivo tenia del mundo suprasensible en su estado de conciencia. Wotan, Zeus u otras divinidades espirituales suprasensibles que eran conocidas por los diferentes pueblos no son elaboraciones fantásticas como se afirma en la junta del consejo de la erudición. Tales afirmaciones solo pueden ser hechas por alguien que no sabe nada de la naturaleza de la fantasía popular. A los pueblos primitivos no se les ocurría en lo más mínimo personificarse de esa manera. Estas fueron experiencias en la antigüedad. Wotan y Thor eran seres con los que el hombre anduvo, como hoy va con sus semejantes, y los mitos y las sagas son recuerdos clarividentes de la antigüedad.

Sin embargo, debemos tener claro que algo más estaba unido con este vivir en los mundos espirituales suprasensibles. En estos mundos, el hombre se sentía no como un ser individual sino como una especie de miembro de los seres espirituales. Pertenecía a los seres espirituales superiores así como nuestras manos nos pertenecen. El débil sentimiento de individualidad que el hombre poseía en ese momento lo adquiría cuando se sumergía en su cuerpo físico y se emancipaba de la “danza” con los seres espirituales divinos. Ese fue el comienzo de su sentimiento de individualidad. En ese tiempo el hombre estaba absolutamente certero acerca de su alma grupal, se sentía inmerso en el alma grupal cuando dejaba su cuerpo físico y entraba en la conciencia suprasensible. Ese fue un tiempo antiguo en el que el ser humano tenía una conciencia vívida de pertenecer a un alma grupal, a un yo grupal.

Veamos una segunda etapa de la evolución humana —omitiremos las etapas intermedias— el escenario al que se hace referencia en la historia de los Patriarcas del Antiguo Testamento. Lo que realmente subyace a esto ya lo hemos relacionado. Hemos dado la razón por la cual los Patriarcas Adán, Noé, y demás, tuvieron un tiempo de vida tan largo. Fue porque la memoria de la humanidad primitiva era bastante diferente de la del hombre contemporáneo.

La memoria del hombre moderno también se ha vuelto individual. Él recuerda lo que ha experimentado desde su nacimiento —muchos en realidad desde un punto del tiempo mucho más tardío. Este no era el caso en la antigüedad. En ese momento, lo que el padre había experimentado entre el nacimiento y la muerte, lo que había experimentado el abuelo, el bisabuelo, era tanto un objeto de la memoria como las propias experiencias del hombre. Por extraño que parezca para el hombre moderno, hubo un momento en que la memoria iba más allá del individuo y volvía a través de la relación de la sangre. El signo externo de la existencia de tal memoria es precisamente nombres como Noé, Adán, etc. Estos nombres no denotan seres individuales entre el nacimiento y la muerte. Hoy se le da un nombre al individuo cuya memoria está encerrada entre el nacimiento y la muerte. Antiguamente, la entrega de un nombre llegaba tan lejos como la memoria se remontaba a las generaciones, en la medida en que la sangre fluía a través de las generaciones.

“Adam” es simplemente un nombre que duró mientras duró el recuerdo. Quien no sabe que dar nombres en otros tiempos era bastante diferente de lo que es hoy, no podrá entender la naturaleza de estas cosas en absoluto. En los tiempos antiguos existía una conciencia fundamental que mediaba de forma bastante diferente. Imaginen que un antepasado tuvo dos hijos, cada uno de estos, dos nuevamente, la siguiente generación nuevamente dos, y así sucesivamente. En todos ellos el recuerdo llegaba hasta el antepasado y se sintieron uno en la memoria que se encuentra arriba, por así decirlo, en un punto en común. La gente del Antiguo Testamento expresaba esto diciendo, y esto se aplica a cada adherente del Antiguo Testamento: “el Padre Abraham y Yo somos uno”. Cada individuo se sentía oculto en la conciencia del alma grupal, en el “Padre Abrahám”.

La conciencia con la que el Cristo ha dotado a la Humanidad sobrepasa eso. El yo a través de su conciencia está conectado directamente con el mundo espiritual, y esto se expresa en: “Antes que Abraham fuera, estaba el yo —o el yo soy”. Aquí, el impulso de estimular el “Yo soy” entra completamente en el individuo separado.

Entonces vemos una segunda etapa de la evolución de la humanidad: la época del alma grupal que encuentra su expresión externa en la relación de la sangre de las generaciones. Un pueblo que ha desarrollado particularmente esto tiene un valor muy especial en enfatizar continuamente: como pueblo, tenemos un alma grupal en común.   —Ese fue particularmente el caso para los hombres del Antiguo Testamento, y entre ellos los conservadores se opusieron fuertemente por lo tanto al énfasis del “Yo soy” del yo individual. Quien lea el Evangelio de San Juan puede captar con el tacto espiritual, por así decirlo, que eso es verdad. Basta leer la historia de la conversación de Jesús con la mujer de Samaria en el pozo. Aquí se señala expresamente que Cristo Jesús va también a aquellos que no están relacionados por la sangre. Lean lo notablemente indicado: “Porque los judíos no tenían trato con los samaritanos”. Quien pueda experimentar esto gradualmente, meditativamente, verá cómo la humanidad ha avanzado desde el alma grupal hacia el alma individual.

La historia se ha convertido en un asunto totalmente externo, en gran medida en una “fábula convenida”, ya que está escrita a partir de documentos. ¡Supongamos que algo tiene que escribirse hoy a partir de documentos y se pierden los documentos más importantes! Entonces, cualesquiera documentos que estén accidentalmente disponibles se juntan y se hacen informes. Para asuntos de realidad espiritual uno no necesita documentos; están inscritos en el Registro Akáshico, que es un registro fiel y no borra nada. Sin embargo, es difícil leer en el Registro Akáshico porque los documentos externos son incluso un obstáculo para el lector de “guiones” espirituales. Pero podemos ver cómo el avance del alma grupal al alma individual ha tenido lugar en tiempos muy cercanos al nuestro.

Quien observa la historia desde un aspecto espiritual tendrá que reconocer un período de tiempo muy importante a principios de la Edad Media. Anteriormente, el hombre todavía estaba encerrado en varios grupos, aunque desde fuera. En una medida mucho mayor de lo que sueña el hombre moderno, las personas al comienzo de la Edad Media todavía recibieron su significado y valor incluso en lo que respecta a su trabajo, a partir de las relaciones y otras conexiones. Era una consecuencia natural para el hijo hacer lo que hacia el padre. Luego llegó el momento de los grandes inventos y descubrimientos. El mundo comenzó a exigir más desde el dominio puramente personal, y el hombre fue cada vez más desgarrado de las antiguas conexiones. Podemos ver la expresión de esto a lo largo de la Edad Media cuando se fundaron ciudades del mismo tipo en toda Europa. Todavía podemos distinguir hoy las ciudades construidas en este tipo de aquellas construidas sobre otras fundaciones.

En la mitad de la Edad Media hubo nuevamente un avance del alma grupal al alma individual. Si miramos hacia el futuro debemos decir: cada vez más el hombre se emancipa del antiguo elemento  del alma grupal y se va individualizando. Si pudieran mirar atrás a las fases anteriores de la evolución del hombre, verían cómo esas culturas se fundieron en el mismo molde, como, por ejemplo, Egipto y Roma. Esto es solo cierto grado de verdad. La humanidad ahora ha descendido al punto donde no solo los modales y las costumbres son individuales sino también las opiniones y las creencias. Ya hay personas entre nosotros quienes consideran un ideal elevado el que cada uno tenga su propia religión. La idea flota ante un número bastante grande de que debe llegar un momento en el que haya tantas religiones y verdades como personas.

Este no será el curso de la evolución humana. Tomaría este curso si los hombres siguieran cultivando el impulso que viene hoy del materialismo. Eso llevaría a la falta de armonía, a la división de la humanidad en individuos separados. La humanidad, sin embargo, no tomará solo este curso si se acepta un movimiento espiritual como la Ciencia Espiritual. ¿Qué entrará entonces? La gran verdad, la gran ley, se comprenderá que las verdades más individuales, aquellas que se encuentran de la manera más interior, son al mismo tiempo las que se sostienen por todos.

Ya he comentado sobre el hecho de que hoy en día existe un acuerdo general sobre las verdades de las matemáticas solamente, ya que estas son las más triviales de todas. Nadie puede decir que encuentra verdades matemáticas a través de la experiencia externa; las encontramos a través de interiorizarlas. Si uno quiere mostrar que los tres ángulos de un triángulo forman 180°, entonces uno dibuja una línea a través del vértice que es paralelo a la base y establece los tres ángulos juntos en forma de abanico; luego, hace un ángulo a = d, b = e, c = sí mismo, y entonces los tres ángulos son iguales a una línea recta, es decir, 180°. Cualquiera que una vez haya captado esto sabe que es así, de una vez por todas, tal como uno sabe que 3 x 3 = 9 después de haber sido captado. No creo que uno esperara descubrir eso por inducción.

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Se trata de la más trivial de las verdades, la aritmética, la geometría, se encuentran en el interior, y sin embargo la gente no disputa acerca de ello. Están totalmente de acuerdo sobre ello, porque el hombre esta lo bastante avanzado como para comprenderlo. El acuerdo en la opinión prevalece sólo en la medida en que la pura verdad no está nublada por las pasiones, la simpatía o la antipatía. Un tiempo vendrá, aunque todavía está muy lejano, cuando la humanidad se unirá cada vez más por el verdadero conocimiento del mundo interior.

Entonces, a pesar de todo individualismo, a pesar de la verdad que se encuentra esparcida por todo el mundo hacia el interior, la armonía prevalecerá. Si las verdades matemáticas no fueran tan sencillas y obvias, entonces, las pasiones desatadas en el reconocimiento, darían lugar a muchas dificultades. Porque si entrara la codicia ahí entonces, tal vez muchas amas de casa determinarían que 2 x 2 = 5 y no 4. Estas cosas son tan obvias y simples que ya no pueden nublarse por la simpatía o la antipatía. Continuamente regiones más amplias serán captadas por esta forma de verdad y más paz podrá llegar a la humanidad si la verdad es captada de esta manera. El ser humano ha crecido fuera de la condición del alma grupal emancipándose de ella cada vez más. Si miramos a los grupos en lugar de las almas, tenemos conexiones familiares, conexiones de tribu y nación, y finalmente razas conectadas. La raza corresponde a un alma grupal. Todas estas conexiones grupales de la humanidad primitiva son lo que el hombre deja atrás y cuanto más avanzamos, más pierde su significado la concepción racial.

Nos encontramos hoy en un punto de transición; la raza desaparecerá gradualmente y algo más tomará su lugar. Aquellos que volverán a captar la verdad espiritual como se ha descrito serán guiados juntos por su propia voluntad. Esas serán las conexiones de una era posterior. Los seres humanos de épocas anteriores nacieron con conexiones, nacieron en la tribu, en la raza. Más adelante viviremos en las conexiones y asociaciones que los hombres crearan por sí mismos, uniéndose en grupos con aquellos de ideas similares mientras conservan su total libertad e individualidad. Comprender esto es necesario para una correcta comprensión de algo como la Sociedad Antroposófica. La Sociedad Antroposófica pretende ser el primer ejemplo de asociación voluntaria de este tipo, aunque podemos ser conscientes de que aún no ha llegado demasiado lejos.

Hubo el intento de crear un grupo en el que los hombres se encuentren sin la diferenciación de la naturaleza del antiguo alma grupal, y habrá muchas asociaciones similares en el futuro. Entonces ya no tendremos que hablar de conexiones raciales sino de aspectos intelectuales-éticos-morales con respecto a las asociaciones que se forman. Los individuos que voluntariamente permiten que sus sentimientos fluyan juntos causan nuevamente la formación de algo que va más allá del hombre meramente emancipado. Un ser humano emancipado posee su alma individual que nunca pierde cuando se ha alcanzado una vez. Pero cuando los hombres se encuentran en asociaciones voluntarias se agrupan alrededor de un centro. Los sentimientos transmitidos de esta manera a un centro una vez más le dan a los seres la oportunidad de trabajar como una especie de alma grupal, aunque en un sentido completamente diferente de las almas grupales anteriores. Todas las almas grupales anteriores fueron seres que liberaron al hombre. Estos nuevos seres, sin embargo, son compatibles con la completa libertad e individualidad del hombre. De hecho, en cierto sentido podemos decir que mantienen su existencia en la armonía humana; residirán en las almas de los hombres, ya sea que den o no la mayor cantidad posible a tales almas superiores la oportunidad de descender al hombre. Cuanto más divididos estén los hombres, menos almas nobles descenderán a la esfera humana. Cuanto más asociaciones se formen donde los sentimientos de compañerismo se desarrollen con total libertad, los seres más elevados descenderán y más rápidamente se espiritualizará el planeta terrenal.

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Entonces, vemos que si el hombre tiene que adquirir alguna idea de la evolución futura, debe tener una comprensión profunda del carácter del elemento del alma grupal. De lo contrario, si su alma individual se mantiene distante demasiado tiempo en la Tierra, y no encuentra el vínculo de la compañía, podría suceder que deje pasar la oportunidad de la unión. Entonces se convertiría en una especie de ser elemental, y los seres elementales que se originan en el hombre serán de una naturaleza bastante malvada. Mientras que aquellos que han surgido de los reinos anteriores son muy útiles para nuestro curso ordenado de la naturaleza, los seres elementales humanos de ninguna manera poseerán esta cualidad.

Hemos visto que tales seres separados surgen en ciertas regiones fronterizas, y surgen también en el límite hecho por la transición de la naturaleza del alma grupal a las asociaciones grupales independientes donde las conexiones son de carácter estético, moral e intelectual. Dondequiera que surjan tales conexiones, los seres grupales están allí.

Si pudieran observar ciertos puntos, como, por ejemplo, los manantiales donde debajo hay una piedra cubierta de musgo, formando una especie de división entre la planta y la piedra, y luego el agua goteando sobre ella —eso también es esencial— entonces verían que lo que se llaman Ninfas y Ondinas son muy reales, son una realidad. De nuevo, donde los metales entran en contacto con el resto del reino terrenal, allí se encuentran haces completos de los seres que llamamos Gnomos. Una cuarta especie son las Salamandras que forman, por así decirlo, la generación más joven en las categorías de seres elementales. Sin embargo, existen en grandes cantidades. En gran medida, deben su existencia a un proceso de separación de las almas grupos de los animales. Estos seres también buscan oportunidades para encontrar alimento, y lo encuentran en particular donde a veces existen relaciones no del todo normales entre los reinos humano y animal. Aquellos que saben algo sobre estas cosas son conscientes de que los seres elementales —y definitivamente buenos seres— se desarrollan a través de la relación íntima del jinete y su corcel.

A través de la cálida conexión de ciertos hombres con grupos de animales, surgen sentimientos, pensamientos e impulsos que proporcionan una buena nutrición para estos seres elementales de naturaleza salamandra. Esto se puede observar particularmente en la vida unida del pastor y su rebaño, en el caso de los pastores en general que viven en estrecha relación con sus animales. Ciertos seres elementales tipo salamandra pueden encontrar su alimento en los sentimientos que se desarrollan a través de esta intimidad entre el hombre y el animal y permanecen donde se encuentra este alimento. También son bastante astutas, llenas de una sabiduría natural. Las facultades que se desarrollan en el pastor a través del cual estos seres elementales pueden susurrarle lo que saben, y muchas de las recetas o prescripciones provenientes de tales fuentes se han originado de esta manera. Un hombre entre tales condiciones puede estar rodeado por hermosos seres espirituales que le proporcionan un conocimiento del que nuestros intelectuales modernos no tienen la menor idea. Todas estas cosas se basan en buenas razones y definitivamente se pueden observar a través de los métodos que la sabiduría oculta puede perfeccionar.

Quisiera concluir señalando otro fenómeno más que puede mostrar cómo ciertas cosas que se explican de forma bastante abstracta hoy en día a menudo han surgido de una profunda sabiduría. Ya he hablado de los tiempos de la Atlántida y de cómo cuando los hombres dejaban sus cuerpos en la noche, vivían entre los seres espirituales a quienes llamaban los Dioses. Estos hombres estaban descendiendo más profundamente en una corporeidad física; pero los seres a quienes veneraron como dioses, es decir, Zeus, Wotan, están en otro camino de evolución. No descienden tan lejos como el cuerpo físico, no tocan el mundo físico. Pero incluso allí encontramos ciertos estados de transición. El hombre ha llegado a la existencia a través de la totalidad de su alma y espíritu habiendo sido curtido en su cuerpo físico. En el caso del hombre, las almas grupales en su totalidad han bajado al plano físico, y el cuerpo físico del hombre se ha convertido en una huella del alma grupal. Supongamos que un ser como Zeus —quien es una realidad positiva— ha contactado un poco con el plano físico, solo proyectado muy poco en él. Eso es más bien como si sumerges una pelota en el agua y  se moja por debajo. De la misma manera, ciertos seres en tiempos de la Atlántida solo han sido apacentados por el mundo físico. Los ojos físicos no ven lo que queda en el mundo espiritual como etérico-astral. Solo la parte que se proyecta en el mundo físico es visible. De tales proyecciones surgió el simbolismo en la mitología. Si Zeus tiene el águila como símbolo es porque su naturaleza de águila es la pequeña proyección donde un ser de los mundos superiores toca el mundo físico. Una gran parte del mundo de las aves está dividida en partes de tales seres evolutivos del mundo suprasensible. Al igual que con los cuervos de Wotan y el águila de Zeus, es en todas partes donde el simbolismo se remonta a hechos ocultos. Todo se hará mucho será más claro si toman en cuenta así la naturaleza, la actividad y la evolución de las almas grupales en los más variados campos.

 

Traducido por Gracia Muñoz en febrero de 2018.

GA219c7. Procesos interiores en el organismo humano. Sentidos-Percepción, Dormir-Respiración, Despertar-Memoria.

Rudolf Steiner — Dornach, 22 de diciembre de 1922

English version

El hombre percibe las cosas del mundo a través de sus sentidos, pero con su conciencia ordinaria no percibe lo que ocurre dentro de los sentidos. Si hiciera esto en la vida cotidiana, no sería capaz de percibir el mundo exterior. Los sentidos deben, por así decirlo, renunciar a sí mismos si quieren dar a conocer al hombre lo que se encuentra fuera de los sentidos en el mundo que lo rodea inmediatamente en la Tierra. Si nuestro oído pudiera hablar o nuestro ojo pudiera hablar, si pudiésemos de este modo tomar conciencia de los procesos que tienen lugar en esos órganos, no deberíamos poder escuchar lo que se puede oír externamente ni ver lo que se ve exteriormente. Pero es precisamente esto lo que le permite al hombre conocer el mundo que lo rodea, en la medida en que es un ser terrestre; sin embargo, él no aprende a conocerse a sí mismo. Esto presupone que durante el proceso de adquisición del autoconocimiento uno puede suspender toda cognición del mundo exterior, de modo que durante un tiempo no se experimenta nada en absoluto desde el mundo externo.

En Ciencia Espiritual siempre se ha esforzado por descubrir métodos a través de los cuales el hombre pueda adquirir un verdadero autoconocimiento, y ustedes son conscientes de las muchas conferencias diferentes que he dado, que por este autoconocimiento no me refiero al tipo ordinario de melancólica contemplación del ser cotidiano; porque todo lo que el hombre experimenta de ese modo es simplemente una imagen refleja del mundo externo. Él no aprende nada que sea nuevo; simplemente conoce, como en un espejo, lo que ha experimentado en el mundo físico exterior. El verdadero autoconocimiento debe, como saben, proceder a través de métodos que silencien no solo el mundo externo terrenal, sino también el contenido diario del alma que, tal como existe en la conciencia real, es simplemente una imagen especular del mundo exterior. Y a través de los métodos descritos en el libro Como se adquiere el conocimiento de los Mundos Superiores, saben que la investigación espiritual avanza primero a lo que se llama Cognición Imaginativa.

Quien avanza a este Conocimiento Imaginativo tiene ante sí, desde el principio, todo lo que pertenece al mundo suprasensible que puede revestirse de las imágenes y panorámicas de esta forma de conocimiento superior. Y cuando ha adquirido la facultad interior de la visión imaginativa del mundo, ya está en posición de seguir lo que ocurre en los órganos de los sentidos humanos.

No sería posible seguir lo que ocurre en los órganos de los sentidos si solo continuara algo allí mientras el mundo exterior fuera percibido a través de ellos. Cuando veo un objeto del mundo exterior, mi ojo está quieto. Cuando escucho algún sonido del mundo exterior, mi oído está quieto. Esto significa que aquello de lo que el oído da cuenta no es lo que sucede dentro del oído sino lo que viene desde el mundo externo hacia el oído. Pero si, por ejemplo, el oído solo fuera activo en conexión con el mundo externo mientras se llevara a cabo la percepción externa, nunca seriamos capaces de observar el proceso que ocurre en el oído mismo, independientemente del mundo exterior. Pero todos ustedes saben que una impresión sensorial tiene un efecto posterior en los sentidos, aparte del hecho de que los sentidos siempre participan incluso cuando estamos simplemente pensando activamente con nuestra conciencia ordinaria. Es posible retirarse por completo del mundo exterior en la medida en que es un mundo de color, sonido, olor, etc., y prestar atención únicamente a lo que sucede en o por medio de nuestros propios órganos sensoriales. Cuando llegamos a este punto, hemos dado el primer paso hacia la adquisición del verdadero conocimiento del hombre. Para tomar el ejemplo más simple, digamos que queremos entender cómo se desvanece una impresión hecha en el ojo del exterior. Una persona que ha adquirido la facultad de Cognición Imaginativa es capaz, porque no está percibiendo nada en el mundo externo, de seguir esta muerte lejos de la impresión sensorial. Es decir, está siguiendo un proceso en el que está involucrado el órgano de los sentidos como tal, aunque en este momento en realidad no está en conexión con el mundo externo.

O, digamos, alguien puede imaginarse vívidamente algo que ha visto, dándose cuenta de cómo el órgano de la vista participó en el pensamiento viviente de los colores, y así sucesivamente. Lo mismo se puede hacer en el caso de todos los sentidos. Entonces, tal persona realmente se hace consciente de que lo que ocurre dentro de los sentidos solo puede ser percibido por la Cognición Imaginativa. Como por arte de magia aparece ante nuestra alma un mundo de Imaginaciones cuando vivimos, no en el mundo externo, sino en los sentidos mismos. Y luego empezamos a entender que nuestros sentidos pertenecen a un mundo diferente al que percibimos a través de los mismos en nuestra existencia de la Tierra. Nadie que esté verdaderamente en una posición, a través de la adquisición del Conocimiento Imaginativo, de observar la actividad de sus propios sentidos, puede dudar de que el hombre, como ser sensible, pertenece al mundo suprasensible.

En el libro La Ciencia Oculta, he llamado al mundo que el hombre aprende a conocer retirando su atención del mundo exterior y viviendo dentro de sus propios sentidos, el mundo de los Ángeles, los Seres que están en un nivel más alto que el hombre. ¿Qué es lo que realmente sucede en nuestros sentidos? Podemos comprender si somos capaces de observar la actividad interna de los sentidos mientras no estamos percibiendo con ellos. Así como podemos recordar una experiencia que tuvo lugar años antes, aunque ya no está presente, entonces, si somos capaces de observar los sentidos mientras no están ocupados en ningún acto de percepción, podemos adquirir conocimiento de lo que allí sucede. No puede llamarse remembranza, porque eso transmitiría una idea falaz; sin embargo, en lo que percibimos, podemos percibir al mismo tiempo los procesos engendrados en los sentidos por el mundo exterior a través del color, el sonido, el olfato, el gusto, el tacto, etc.

De esta manera, podemos penetrar en algo de lo que el hombre es inconsciente, es decir, la actividad de sus propios sentidos mientras el mundo exterior le transmite sus impresiones.  Y aquí nos damos cuenta de que el proceso de respiración —la inhalación del aire, la distribución del aire en el organismo humano, la exhalación— funciona de manera notable a través de todo el organismo. Cuando respiramos, el aire inhalado pasa a las ramificaciones más finas de los sentidos, y aquí la respiración rítmica entra en contacto con lo que se llama en la Ciencia Espiritual, el cuerpo astral del hombre. Lo que sucede en los sentidos depende de que el cuerpo astral entre en contacto con el proceso de respiración rítmica.

Por lo tanto, cuando escuchas un tono, es porque el cuerpo astral puede entrar en tu órgano de audición en contacto con el aire que vibra. No puede hacer esto en ninguna otra parte del organismo humano, sino solo en los sentidos. Los sentidos están presentes en el hombre para que el cuerpo astral pueda contactar lo que surge en el cuerpo humano a través de la respiración. Y esto sucede no solo con el órgano de la audición, sino en todos los órganos de los sentidos; incluso con el sentido del tacto o sentimiento que se extiende sobre todo el organismo, el cuerpo astral entra realmente en contacto con la respiración rítmica, es decir, con la acción del aire en nuestro organismo.

Es precisamente al estudiar estas cosas que nos damos cuenta de lo necesario que es tener en cuenta que el hombre no es simplemente una estructura sólida, sino casi el 90% una columna de agua; como el aire circula todo el tiempo en los procesos internos del cuerpo, también es un organismo aéreo. Y el organismo aéreo, con su vida entrelazada, entra en contacto, en los órganos de los sentidos, con el cuerpo astral del hombre. Esto ocurre de muchas maneras en los órganos de los sentidos, pero hablando en general puede decirse que este encuentro es el factor esencial en todos los procesos sensoriales.

Observar cómo el cuerpo astral entra en contacto con el aire no es posible a menos que ingresemos en el mundo Imaginativo. Con la Cognición Imaginativa se perciben otras condiciones en el entorno de la Tierra donde las fuerzas astrales entran en contacto con el aire. Pero dentro de nosotros, como seres humanos, lo que es de importancia esencial es que el cuerpo astral entre en contacto con el proceso de respiración y con lo que realmente envía el proceso de respiración a través del organismo corporal.

Así aprendemos a conocer el tejer de la actividad de los Seres pertenecientes a la jerarquía de los Ángeles. La única imagen verdadera que podemos tener de ello es que en el proceso inconsciente que sigue su curso en la percepción de los sentidos, este mundo de Seres suprasensibles está trabajando y tejiendo, entrando y saliendo, por así decirlo, a través de las puertas de nuestros sentidos. Cuando escuchamos y cuando vemos, este es un proceso que no tiene lugar únicamente a través de nuestra voluntad arbitraria, sino que pertenece también a un mundo objetivo, que opera en una esfera donde los hombres ni siquiera estamos presentes, pero a través de la cual somos verdaderamente hombres, hombres dotados de sentidos.

Verán, cuando nuestro cuerpo astral entre el despertar y el dormir entra en relación con la esfera de nuestros sentidos con el aire que ahora es respiración rítmica y por lo tanto ha cambiado de carácter, aprendemos, por así decirlo, a conocer la periferia más exterior del hombre. Pero aprendemos a conocer aún más al hombre si podemos alcanzar la etapa superior de la cognición suprasensible llamada Inspiración en los libros ya mencionados.

En este punto, debemos pensar en cómo el hombre está sujeto a los estados alternantes de la vida de vigilia y la vida del sueño. La percepción sensorial también está sujeta a esta alternancia. Las percepciones no tendrían el efecto correcto sobre nuestra conciencia si no pudiéramos interrumpir continuamente el proceso involucrado. Saben por experiencias puramente externas que la rendición prolongada a una percepción sensorial afecta a  la conciencia de ello.

Debemos retirarnos una y otra vez de una impresión sensorial dada, es decir, debemos alternar entre la impresión y otra condición donde no tenemos impresión. Que nuestra conciencia sea normal en lo que respecta a las impresiones de los sentidos depende de que también podamos retirar los sentidos de la impresión que se está produciendo sobre ellos; la percepción sensorial siempre debe estar sujeta a estas breves condiciones alternas. Estas alternancias también ocurren en períodos más largos de nuestra vida, ya que alternamos una vez cada veinticuatro horas entre el dormir y el despertar.

Ustedes saben que cuando pasamos a la condición de sueño, nuestro cuerpo astral y yo abandonan el cuerpo físico y etérico. Consecuentemente, entre el dormir y el despertar el cuerpo astral entra en relación con el mundo exterior, mientras que entre el despertar y el dormir se relaciona solo con lo que sucede dentro del cuerpo humano. Imagínense estos dos estados, o estos dos procesos: el cuerpo astral entre el despertar y el dormir en conexión con lo que ocurre en el cuerpo físico y etérico humano y el cuerpo astral entre el dormirse y despertar en conexión con el mundo exterior, ya no con el cuerpo físico y etérico del hombre mismo.

Las esferas de los sentidos en nosotros ya son casi un mundo exterior, si puedo usar la expresión que, aunque sea paradójica, lo entiendan. Piensen, por ejemplo, en el ojo humano. Es como un ser independiente —naturalmente quiero decir esto solo de forma análoga— pero es realmente como un ser independiente colocado allí en una cavidad en el cráneo, y luego continúa más hacia el interior con independencia comparativa. El ojo mismo, aunque impregnado de vida, es notablemente como un aparato físico. Los procesos en el ojo y los procesos en un aparato físico se pueden caracterizar de una manera notablemente similar. El alma, es cierto, comprende los procesos que surgen en el ojo, pero, como he dicho a menudo, los órganos de los sentidos o las esferas de los sentidos son como golfos que el mundo exterior extiende dentro de nosotros, por así decirlo, y en las esferas de los sentidos participamos mucho más en el mundo exterior que los otros dominios de nuestro organismo.

Cuando volvemos nuestra atención a algún órgano interno como los riñones, por ejemplo, no podemos decir que allí compartimos algo externo en virtud de experimentar los procesos del órgano mismo. Pero al experimentar lo que sucede en los sentidos, experimentamos el mundo exterior al mismo tiempo. Les ruego que ignoren por completo las cosas que puedan conocer de los tratados sobre la fisiología de los sentidos y demás. No me estoy refiriendo ahora a ninguna de estas cosas, sino al hecho de que es perfectamente accesible para la comprensión humana ordinaria, saber que el proceso que tiene lugar en los sentidos puede captarse más fácilmente como algo que se extiende hacia nosotros desde fuera y de lo cual participamos, como algo que traemos interiormente a través de nuestro organismo.

Por lo tanto, también es un hecho que en los sentidos, nuestro cuerpo astral está prácticamente en el mundo exterior. Especialmente cuando nos hemos rendido deliberadamente a las percepciones sensoriales del mundo exterior, nuestro cuerpo astral está en realidad casi completamente sumergido en el mundo exterior, aunque no en la misma medida en el caso de todos los sentidos. Está completamente sumergido en el mundo exterior mientras dormimos. Entonces, desde este punto de vista, el sueño es una especie de mejora de la entrega de los sentidos al mundo exterior. Cuando tus ojos se cierran, tu cuerpo astral también se retira más al interior de la cabeza; te perteneces más a ti mismo. Cuando miras hacia afuera de la manera normal, entonces el cuerpo astral se introduce en el ojo y participa en el mundo exterior. Si sale totalmente fuera del organismo, entonces te duermes. La rendición de los sentidos al mundo exterior no es, de hecho, lo que normalmente se supone, sino que en lo que respecta a la conciencia, es en realidad una etapa en el camino hacia el sueño.

Así, en los actos de percepción sensorial, el hombre participa en cierta medida en el mundo exterior; en el sueño, participa en él por completo. Con la Inspiración (conocimiento a través de la Inspiración) puede tomar conciencia de lo que está sucediendo en el mundo en el que se encuentra con su cuerpo astral entre el sueño y la vigilia.

Con la Inspiración Cognitiva, sin embargo, el hombre puede tomar conciencia de otra cosa, a saber, del momento de despertarse. El momento de la vigilia es, por así decirlo, algo más intenso, más vivido, pero, sin embargo, se puede comparar con cerrar los ojos.

Cuando estoy posicionado ante un color, entrego mi cuerpo astral a eso en el ojo que,  como dije, está casi afuera, es decir, al proceso ocasionado por un color del mundo externo que causa una impresión en mi ojo. Cuando cierro los ojos, vuelvo a llamar a mi cuerpo astral dentro de mí; cuando me despierto, retiro mi cuerpo astral del mundo externo, del cosmos. A menudo, infinitamente a menudo durante la vigilia del día, en relación con los ojos o los oídos, por ejemplo, hago lo mismo con mi cuerpo astral cuando estoy despierto, solo entonces mi organismo completo está involucrado como totalidad. Al despertar, retiro todo mi cuerpo astral. Naturalmente, este proceso de retracción del cuerpo astral al despertar permanece inconsciente de la manera ordinaria, del mismo modo que el proceso de los sentidos permanece inconsciente. Pero si este momento de vigilia se convierte en una experiencia consciente para alguien que ha alcanzado la etapa de la Inspiración, es evidente a la vez que esta entrada del cuerpo astral tiene lugar en un mundo completamente diferente de aquel en el que vivimos; sobre todo, a menudo es obvio lo difícil que es para el cuerpo astral regresar a los cuerpos físico y etérico. Los obstáculos están ahí.

Se puede decir verdaderamente que aquel que comienza a hacerse consciente de este proceso de retorno del cuerpo astral al cuerpo físico y etérico experimenta percusiones y tormentas espirituales. Estas tormentas espirituales muestran que el cuerpo astral se sumerge en el cuerpo físico y etérico, pero estos cuerpos no son como las descripciones dadas por los anatomistas y fisiólogos, ya que ellos también pertenecen al mundo espiritual. Tanto el llamado cuerpo físico como el cuerpo etérico algo nebuloso están arraigados en un mundo espiritual. En su naturaleza real, el cuerpo físico se revela como algo bastante diferente de la imagen material presentada a la vista o por la ciencia ordinaria.

Este descenso del cuerpo astral hacia los cuerpos físico y etérico puede aparecer en imágenes de infinita variedad. Digamos que una pieza de madera que se quema cae en el agua, es la analogía más simple y abstracta de la experiencia que puede surgir en alguien que recién comienza a tener conocimiento de este proceso. Pero luego se vuelve interiormente real de múltiples maneras, y luego se espiritualiza por completo en la medida en que al principio solo se puede comparar en su apariencia a una furiosa tormenta que luego se permea con movimientos armoniosos, dando la impresión de que algo está hablando, está diciendo o anunciando alguna cosa.

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Lo que se anuncia así se viste, en primer lugar, en imágenes de reminiscencias de la vida ordinaria; pero esto cambia con el tiempo y gradualmente llegamos a experimentar un mundo que también nos rodea pero en el que nuestras experiencias no pueden llamarse reminiscencias de las percepciones ordinarias, porque son de un carácter completamente diferente y porque nos muestran en sí mismas que esto es un mundo diferente. Se puede percibir que el hombre con su cuerpo astral sale de su entorno a los cuerpos físico y etérico a través de todo el proceso de respiración. El cuerpo astral que está activo en los sentidos entra en contacto con las delicadas ramificaciones del proceso de respiración y penetra en los ritmos sutiles en los que el proceso de respiración alcanza la esfera de los sentidos. En el momento de despertar, el cuerpo astral deja el mundo exterior, entra en los cuerpos físico y etérico y se apodera del proceso de respiración que se ha dejado durante el período de sueño. A lo largo del camino del proceso de respiración, del movimiento de la respiración, el cuerpo astral entra en el cuerpo físico y etérico y se extiende como lo hace la respiración misma.

En el momento de la vigilia, la conciencia ordinaria se involucra rápidamente en la percepción del mundo exterior, y rápidamente une la experiencia del proceso de respiración con la experiencia del organismo como un todo. La conciencia en la etapa de Inspiración puede separar este flujo del cuerpo astral a lo largo del camino del ritmo respiratorio y tomar conciencia del resto del proceso orgánico, aunque naturalmente este último no sigue su curso por sí mismo. No solo en este momento de vigilia, sino que en todo momento el movimiento de la respiración en el organismo humano está, por supuesto, conectado internamente con los otros procesos del organismo. Pero en la conciencia superior de la Inspiración, los dos se pueden separar. Seguimos cómo el cuerpo astral, moviéndose a lo largo de los caminos de la respiración rítmica, ingresa en el cuerpo físico, y luego aprendemos a saber algo que de otro modo permanecería completamente inconsciente.

Después de haber experimentado todos los estados de conciencia que acompañan a esta entrada del cuerpo astral y son objetivos —no subjetivos— estados de sentimiento, el conocimiento llega a ese hombre, en la medida en que no es simplemente un ser de sentidos sino también un ser de aliento, tiene sus raíces en el mundo que he llamado en la Ciencia Oculta el mundo de los Arcángeles. Así como los Seres del mundo suprasensible que están una etapa por encima del hombre están activos en sus procesos sensoriales, también lo están los Seres del mundo espiritual que están dos etapas por encima de él activas en el proceso respiratorio. Entran y salen, por así decirlo, entre el dormir y el despertar.

Algo de gran importancia para la vida humana se nos presenta cuando observamos estos procesos. Si nuestra vida de vigilia no fuera interrumpida por el sueño, aunque las impresiones del mundo exterior vinieran a nosotros, estas impresiones durarían solo un corto tiempo. No podríamos desarrollar un poder duradero de memoria. Ya saben cuán fugazmente funcionan las imágenes en los sentidos como imágenes posteriores. Los procesos que se activan más profundamente en el organismo continúan trabajando durante más tiempo; pero las secuelas no continuarán por más de unos días si no dormimos.

¿Qué es lo que realmente sucede en el sueño? Aquí debo recordarles algo que dije recientemente, describiendo cómo durante el sueño, con su cuerpo astral y su yo, el hombre siempre vive en un orden retrospectivo lo que ha experimentado en el mundo físico en el período anterior de vigilia. Tomemos un período de vigilia regular y un período de sueño regular; sin embargo, es lo mismo para períodos irregulares. Un hombre se despierta una cierta mañana, se entretiene durante el día, se va a descansar por la noche y duerme durante la noche la tercera parte del tiempo que estuvo despierto. Entre despertarse e irse a dormir tiene una serie de experiencias, experiencias diurnas. Durante el sueño, en realidad vive en orden inverso lo que se ha experimentado durante el día. La vida de sueño retrocede con mayor rapidez, por lo que solo se necesita un tercio del tiempo.

¿Qué ha sucedido realmente? Si tuviéramos que dormir de acuerdo con las leyes del mundo físico, ahora no me refiero al cuerpo, porque el cuerpo duerme de acuerdo con esas leyes como una cuestión de rutina, pero si en las condiciones de existencia fuera de los cuerpos físicos y etéricos, en nuestro yo y nuestro cuerpo astral, nuestro sueño se rigiera por las mismas leyes que rigen nuestra vida de vigilia, este movimiento hacia atrás no sería posible, ya que simplemente deberíamos avanzar con el flujo del tiempo. Estamos sujetos a leyes totalmente diferentes cuando en nuestro cuerpo astral y yo estamos fuera de los cuerpos físico y etérico.

Ahora piensen en lo siguiente. Hoy es el 22 de diciembre; esta mañana fue para vosotros, cuando os despertasteis del sueño, la mañana del 22 de diciembre. En un momento dado se irán a dormir y para cuando se despierten mañana, las experiencias en su orden retrógrado, les habrán llevado de nuevo a la mañana del día de hoy, el 22 de diciembre. Entonces han pasado por un proceso interno en el que han retrocedido. Cuando se despierten mañana, la mañana del 23 de diciembre, el proceso les habrá devuelto a la mañana del 22 de diciembre. Se despiertan; en el mismo momento, porque ahora el cuerpo astral, contrario a las leyes que ha estado obedeciendo durante su sueño, hace que el tirón atraviese su cuerpo hacia el mundo físico ordinario, al mismo tiempo que se ve obligado en su vida más íntima del alma a avanzar rápidamente con su yo y cuerpo astral hasta la mañana del 23 de diciembre. En realidad, se pasa por este proceso interiormente.

Quiero que entiendan con todo su significado lo que ahora voy a decir. Si tienen algún tipo de gas en un recipiente cerrado, pueden comprimir ese gas para que se vuelva más denso. Este es un proceso en el espacio. Pero puede ser comparado, —naturalmente solo comparado— con lo que acabo de describirles.  Regresas con tu cuerpo astral y tu yo a la mañana del 22 de diciembre, y luego, cuando despiertas, avanzas rápidamente hacia la mañana del 23 de diciembre. Impulsas tu alma hacia adelante en el Tiempo. Y a través de este proceso, tu ser anímico, tu cuerpo astral, se vuelve tan condensado en el tiempo, que lleva las impresiones del mundo exterior no solo por un corto período de tiempo, sino como memoria perdurable. Así como cualquier gas que se condensa al ejercer una presión más fuerte, tiene más poder interno, también el cuerpo astral adquiere el fuerte poder del recuerdo, de la memoria, a través de esta condensación interna en el Tiempo.

Esto nos da una idea de algo que de otra forma siempre se escapa de nuestra conciencia. Podemos concebir que el Tiempo fluye de manera uniforme y que todo lo que tiene lugar en el Tiempo también fluye en forma pareja con él. Con respecto al espacio, sabemos que todo lo que se extiende en el espacio se puede condensar; y su poder interno de expansión aumenta. Pero el elemento anímico que vive en el Tiempo, también se puede condensar —estoy hablando figurativamente, por supuesto— y luego aumenta su poder interno. Y para el hombre, uno de estos poderes es el poder de la memoria.

De hecho, debemos este poder de recuerdo, de memoria, a lo que sucede durante nuestro sueño. Desde el momento de ir a dormir hasta el despertar estamos en el mundo de los Arcángeles, y junto con los Seres de esa jerarquía cultivamos este poder de la memoria. Así como cultivamos el poder de la percepción sensorial y la combinación de percepciones sensoriales junto con los Seres de la jerarquía de los Ángeles, también cultivamos este poder de la memoria, que es un poder mas guardado, más conectado con el centro de nuestro ser, en comunión con el mundo de los Arcángeles.

El verdadero conocimiento del hombre no existe en una forma nebulosa y mística de introspección melancólica; el verdadero conocimiento del hombre, con cada paso adicional que lleva a la vida interior, conduce al mismo tiempo a mundos superiores. Hoy hemos hablado de dos de esos pasos. Si contemplamos la esfera de los sentidos, estamos en la esfera de los Ángeles; si contemplamos la esfera de la memoria, entramos en la esfera de los Arcángeles. El autoconocimiento es, al mismo tiempo, conocimiento de los Dioses, conocimiento del Espíritu, porque cada paso que conduce al ser interior del hombre conduce ipso facto al mundo espiritual. Y cuanto más profunda es la penetración mayor —para usar una paradoja— es el ascenso al mundo de los Seres espirituales. El autoconocimiento, si es serio, es verdadero conocimiento del mundo, es decir, conocimiento del contenido espiritual del mundo.

Por lo que se ha dicho, se puede entender por qué en la antigüedad, cuando ciertos pueblos orientales se esforzaban por adquirir un tipo de visión espiritual instintiva, el objetivo era hacer que el proceso de respiración fuera un proceso consciente mediante ejercicios de respiración especiales. De hecho, tan pronto como el proceso de respiración se convierte en un proceso consciente, entramos en el mundo espiritual.

No necesito volver a decir hoy que esas prácticas antiguas no deberían ser repetidas por el hombre moderno con su constitución diferente, sino que deberían ser reemplazadas por otras que se exponen en los libros mencionados. Sin embargo, se puede decir con verdad en el caso de ambos tipos de conocimiento, el conocimiento basado en la antigua clarividencia mística y el conocimiento producido por la clarividencia exacta propia de la edad moderna, que la observación genuina de los procesos que tienen lugar internamente en el hombre conducen al mismo tiempo al mundo espiritual.

Hay personas que dicen: Todo esto no es espiritual, ya que el objetivo es investigar los sentidos, la respiración. Lo llaman autoconocimiento materialista en comparación con la nebulosa experiencia mística. ¡Pero que intenten practicarlo por una vez! Pronto descubrirán que el conocimiento genuino del proceso sensorial revela que es un proceso espiritual y que considerarlo como un proceso material es pura ilusión. Y lo mismo se aplica al proceso de respiración. El proceso de respiración es un proceso material solo cuando se ve externamente. Visto desde adentro, es a través de un proceso espiritual, que toma su curso en un mundo mucho más elevado que el mundo que percibimos a través de nuestros sentidos.

Traducido por Gracia Muñoz en Diciembre de 2017.