3. Sobre el movimiento diurno en el cielo estelar

Informe I – Dra. Vreede

                                                    Noviembre de 1927

Las representaciones de nuestro último informe, nos llevaron desde el mundo de las Entidades hasta el mundo creado. Por medio de los ejemplos que fueron presentados, nos introdujimos en forma inversa desde lo más perceptible exteriormente que pertenece al mundo creado, hasta lo rítmico interior de las fuerzas generadoras. Constelaciones como la Luna nueva, cuarto creciente, etc., son exteriormente visibles en el cielo. Tienen lugar en el mundo dado, pero de un modo u otro son indicadores de las relaciones con el mundo elemental. Que esto haya sido comprobado experimentalmente, es el gran merito de Lili Kolisko (14).

Contrariamente, allí donde ha de contarse con un exceso o incluso una diferencia entre dos ritmos, experimentamos el estadio de ACCIÓN  de las fuerzas astrales -la manifestación- de seres espirituales se expresa cósmicamente por medio de tales relaciones, como por ejemplo en la sucesión de los diferentes dominios arcangélicos.

Entonces Micael manifiesta su actuar (que por supuesto esta también presente en el tiempo intermedio) cuando su tiempo ha llegado, y que no ha de ser calculado refiriéndose a una situación momentánea, sino según la interacción de todos los ritmos del sistema planetario.

Cristo se relacionó con el cosmos de un modo único, en la época en que dispuso de un cuerpo físico. Sobre esto se nos pone en claro en el pequeño escrito “La guía espiritual del hombre y de la humanidad” (15). Fue como si el Cristo portase consigo al cosmos a cada instante, con todas sus constelaciones y fuerzas que permanentemente están allí. En otras palabras: aquello que se le presenta al hombre como mundo dado, en El es acción y manifestación al mismo tiempo. Mientras que en el hombre común y corriente se detiene en el momento de nacer, cósmicamente visto puede hablarse aquí de un constante nacer. Mientras el Cristo estuvo encarnado, la humanidad convivió durante tres años nuevamente con un Ser del mundo espiritual.

Nos impera ahora conocer al mundo dado tal como se presenta a los sentidos, por de pronto como mundo estelar frente al órgano de la vista.

Por ello se diferencia tanto de nuestro mundo circundante, ya que no se escucha ni se degusta, y sobre todo porque no es palpable. Recién cuando vamos atravesando el mundo dado, nos damos cuenta de que la Tierra es un espejo del cielo y que según la antigua regla hermética, todo lo que está arriba puede ser hallado aquí abajo.

Para que esto pueda percibirse nuevamente, es necesario que desaparezca una idea de la consciencia moderna. Es una idea que surge como consecuencia del sistema copernicano y que gracias a la popularización general de la ciencia, taladra en todas las cabezas con mayor o menor eficacia, la idea de las impresionantes enormes distancias entre las estrellas, los “años luz”, que son medidos de a miles y miles, que es lo que la luz precisaría para alcanzarnos desde una estrella. Esto genera en cierta manera que el cosmos se expanda dentro de un espacio infinito y vacío, en el cual se pasean algunas estrellas aisladas pese al número existente, dentro de las cuales nuestro Sol seria una de porte mediano y bastante envejecida, y la Tierra  no sería más que un granillo de polvo oscuro sin ningún tipo de relevancia (las nuevas ideas tienden, por suerte, nuevamente a esto, a contemplar al cosmos como cerrado e incluso calculable, también se dan datos de la masa -todavía hoy existen representantes de la escuela del “espacio curvado”- aquí se trata sin embargo de caracterizar las representaciones del alma que a menudo son inconscientes).

En este punto, aún no se puede pretender discutir cómo es que se ha llegado a tales representaciones. Como he dicho, ha sido una consecuencia del sistema copernicano, y en un sentido más profundo, fue naturalmente una necesidad histórica para la época del Alma Consciente. Hasta aquí, la Humanidad no poseía otra representación que la de que el mundo planetario estaba ligado al mundo estelar, que al mismo tiempo es el mundo de los muertos – la esfera estelar que está directamente “detrás” de la esfera de Saturno, como se ve en antiguas cartas. En aquel entonces se pensaba al cosmos no tanto como espacial, sino como temporal, en ritmos y ciclos, como hemos visto. Cuando Ptolomeo (16) repite la vieja frase: “la Tierra y los cuerpos celestes (es decir la distancia entre estos) son relativos a un punto”, no se está refiriendo a un cosmos infinito; luego dice también que “la bóveda celeste tiene forma esférica y gira como tal”, siendo este el termino científico de su época aplicado al antiguo antagonismo del Génesis: Cielo-Tierra.

Recién cuando Copérnico retira a la Tierra del punto central del cosmos, en donde se la había percibido desde tiempos primigenios, surge realmente la cuestión sobre la mensurabilidad del cosmos. Las “esferas” habían sido rotas finalmente. Por de pronto, para quienes fueron luego los primeros que aceptaron al sistema copernicano, el quebrar de este “cielo de cristal” que a la percepción medieval se había vuelto cada vez más denso, significó en principio un sentimiento de liberación. Como una ciudad que se libera de sus murallas y que puede expandirse ilimitadamente, del mismo modo se sintió Giordano Bruno frente al espacio cósmico inconmensurable, como una liberación de los lazos cósmicos. Prácticamente hizo alabanza a esta inconmensurabilidad y a la idea de mundos habitados por infinidad de seres, que se le volvió una fatalidad y lo condujo a la hoguera.

Y cuando se quiso intentar encontrar pruebas para la teoría copernicana -que como se sabe fue recién posible siglos después de haber sido expuesta- las estrellas continuaron desplazándose. El cosmos se deshizo, se volvió mas y  mas vacío, las estrellas se hundieron en un mar de oscuridad y frialdad. Así fue como se dejo al hombre consigo mismo en la época del Alma Consciente, volcando el pensar racional sobre la apariencia y, al mismo tiempo, pretendiendo corregirla.

Si retrocedemos hasta la época del Alma Sensible, la época egipcio-caldea, encontramos que no es el cosmos visual-sensorio el que actúa sobre los hombres, sino lo imaginativo, aquello que se manifiesta por detrás del mundo sensorio.

Si, el mundo sensorio que para nosotros es el mundo estelar, era para los hombres de antaño (a quienes debemos sumar nuestras almas) inexistente. En su lugar experimentaban cuadros, imaginaciones, que les mostraban al mundo estelar desde el otro lado -como fue expresado por Rudolf Steiner. Una comprensión espacial estaría totalmente fuera de lugar. Quien pueda experimentarlo como los antiguos caldeos, el mundo estelar y planetario le resultara más cercano y “comprensible” que una montaña con su cumbre cubierta por nubes. Incluso los dioses griegos habitaban aun sobre el Olimpo, en otro mundo, lejos de los hombres.

Es justamente en aquella época helénica, al comenzar la decadencia paulatina de la época egipcio-caldea, que se despierta la consciencia frente al mundo estelar. Los viejos cuadros palidecen. Para el Alma Racional se manifiesta particularmente el cuadro de la “visión”: la redondeada bóveda celeste, las estrellas fijadas en ella, los planetas cruzándola en multiplicidad de movimientos. El Alma Racional dirige su pensamiento hacia ese cuadro. El resultado fue elaborado en el sistema ptoloméico, varios siglos más tarde: el pensar racional dirigido hacia la apariencia, de la cual lo imaginativo ha ido desapareciendo paulatinamente, pero teniendo a la apariencia como base.

Al iniciarse la quinta época post-atlántica, Copérnico rompe con la apariencia. El pensar del Alma Consciente, aun ligado al hombre sensorial-nervioso, quiere corregir lo que le ofrece una parte de la cabeza, justamente la parte sensoria. Se produce un cuadro del mundo monótono y desesperanzador. Esto conduce finalmente a extravagancias, como por ejemplo la teoría de la relatividad. La percepción sensoria es obsoleta; el pensar se ha liberado de ella, pero pese a que se basa igualmente en esta, no ofrece ningún tipo de cosmovisión factible.

De todo esto se traduce la necesidad de resolver este problema desde un lugar muy distinto. Se entenderá entonces lo que dijo Rudolf Steiner acerca de la representación racional: “la astronomía es algo que no cabe en nuestras cabezas, no encuentra lugar”. No puede aproximarse a la realidad astronómica desde la teorización. Permitamos que la apariencia nos hable, pensando en las profundas palabras de Goethe: “los sentidos no engañan, pero el juicio sí”. Porque aquello que, por ejemplo, nos manifiestan los sentidos del rostro, también es una parte de la realidad, esa parte que corresponde justamente al sistema craneano del hombre. Y nos puede ser un guía que nos conduzca a lo espiritual que se halla oculto detrás de todo lo visible exteriormente.

El cambio entre día y noche es por de pronto lo que nos espejea el movimiento Este-Oeste del Sol y de las estrellas. Sin lugar a dudas es algo que tiene que ver con la integridad del ser humano, influenciando al cuerpo, al alma y al espíritu. No hace falta más que observar al niño pequeño, para corroborar que es la acción de la luz diurna la que le permite despertar paulatinamente su consciencia.

Por otro lado, el ciclo de 24 horas se halla insertado en nuestra alimentación, en nuestro metabolismo, mientras que nos hemos emancipado marcadamente de él gracias al dormir y despertar, sobre todo en relación a las actividades espirituales.

Si se observa de este modo al día y a la noche, nos confrontaremos con hechos abarcantes, que son asimismo la expresión de grandes y excelsas entidades. Para el sentido visual, la “mirada astronómica”, estos hechos se hallan de un modo u otro grabados, inscritos en el cielo a modo de giro, de rotación de todo el cielo estelar sobre un eje. La evolución e involución de los astros diurno y nocturno, del Sol y de la Luna, el recorrido nocturno de estrellas y planetas, nos manifiestan el primer gran ritmo que, dicho groseramente, se desarrolla en 24 horas. Pensemos por un instante solo en las estrellas, dejemos de lado momentáneamente al Sol, la Luna y los planetas, y obtendremos así la imagen de algo eternamente regular, que no permite ser diferenciado ya en “día” y “noche”, que mas bien representa a una noche eterna, en donde las estrellas simplemente aportan una medida temporal, a través de su ascenso y descenso.

Algunas no ascenderán ni descenderán nunca (las denominadas estrellas circumpolares), algunas parecerán estar quietas por completo – la estrella polar, hacia la que apunta el eje terrestre, o en la lengua antigua: a través de la cual pasa el eje celeste.

f2

Tomemos la simple marca 2, que si bien es abstracta, nos puede indicar ciertas cosas que pueden volver a encontrarse en el cielo. Uno ha de pensarse a si mismo dentro de la figura, justo en el punto central. El circulo que está en el plano eclíptico será el meridiano del sitio de observación, que dará origen al círculo que pasa por el ZENIT (el punto más alto sobre nosotros) y la estrella polar (mas exactamente: el polo celeste); este círculo desemboca en el horizonte directamente sobre los puntos Norte-Sur. El horizonte es representado justamente gracias al imaginar el círculo “horizontal”. El punto medio de ambos círculos es el sitio sobre el cual nos encontramos; pues cada ser humano es, siempre, el punto central de su cosmos y de un modo u otro, porta consigo su propio cielo – su zenit, su elevación polar y sus direcciones celestes.

Cuando uno se pregunta dónde está la Tierra en este esquema, se llega a la extraña conclusión de que en  sí, la Tierra se halla representada por el plano de la horizontal, o simplemente por el punto en la mitad, si se piensa  obviamente que el disco sobre el cual estamos no llega hasta la bóveda estelar, aun cuando Cielo y Tierra parecieran tocarse en el horizonte. Porque ¡¿como harían para ascender y descender el Sol, la Luna y las estrellas?!. A través de una representación semejante se experimenta nuevamente algo de aquello que expresaban los antiguos astrónomos por medio del concepto: la Tierra se relaciona con el Cielo como el punto con su entorno.

Es así como las estrellas de este imaginario firmamento sin Sol, describen grandes y pequeños circuitos alrededor de la estrella polar (fig.3).

f3

Algunas de entre ellas, ascienden y descienden sobre dos puntos diametralmente opuestos (describen al así llamado “circulo máximo”). Son los puntos este y oeste del horizonte, en donde debemos pensar que hemos quitado hipotéticamente al Sol de nuestra cosmovisión, con lo cual no podemos indicar a los conceptos “Este” y “Oeste” por medio de la salida del Sol; si el mundo estuviera organizado de esta manera, el “tiempo” se mediría simplemente según la trayectoria de las estrellas. Quizás dividiríamos al día estelar en 24 horas, como lo hacemos a modo de hombres solares. Pero extrañamente, serian otro tipo de horas a las que conocemos.

El mundo sin Sol, ni Luna ni planetas es naturalmente una abstracción terrible. Uno percibe inmediatamente que de ser así, el hombre debería ser totalmente diferente a como es. Si, se puede decir: el hombre estaría compuesto por un cuerpo físico, pero sin cuerpo etéreo, astral ni Yo; sería una especie de mineral con consciencia cósmica. El mundo giraría con regularidad eterna en la eterna noche, y al mismo tiempo ascenderían y descenderían siempre las mismas estrellas.

En los detalles de este  imaginario mundo hipotético, incorporaremos la existencia solar, lunar y planetaria. Inmediatamente aparece la vida, el crecimiento, la multiplicidad. Inmediatamente se modifica también el tiempo. Se ralentiza un tanto, como si se produjese una discreta inhibición, un retraso. Porque el Sol, que se ha vuelto señor del día y lo escinde de la noche, arriba siempre un poco mas tarde a su lugar (digamos: al meridiano, cuando “culmina” o también al horizonte del Este, de donde asciende) a como lo hace la estrella con la cual estaba conjunto. La estrella se adelanta un poco, en cierta forma. Si había desaparecido primeramente en los rayos solares, volverá a ser visible antes de la salida del Sol luego de cierto tiempo, ya que se le ha adelantado. Todo el cielo estelar pareciera avanzar (de Este a Oeste) en relación al trayecto del Sol.

Podemos expresar este hecho de la siguiente manera: las 24 horas del “día estelar” carente de Sol del cual hemos hablado, son algo más cortas  porque transcurren mas rápido  que las 24 horas del “día solar”, el cual habitualmente nos rige. Si bien el Sol sale en las diferentes épocas del año por todos los sitios que no pertenecen al ecuador, siempre arriba sin embargo al meridiano, a la mitad de su trayecto diurno, al punto más alto del día, “culmina”. El lapso entre ambas “mitades” es calculable de a 24 horas (gracias a la maravillosa vivacidad y movilidad de todo el cosmos es posible que estos datos exactos no coincidan; son siempre aproximaciones. El Sol pasa por el meridiano a veces antes, a veces después, con una diferenciación de tiempo que se puede medir en minutos).

Si bien el lapso entre dos culminaciones de una misma estrella se mide con el mismo patrón que para el Sol, no alcanza a las 24 horas sino que suma solo 23 horas 56 minutos y 4 segundos. Las estrellas son entonces más veloces que el Sol, quedando este un poco por detrás.

Ya que no somos minerales animados por una consciencia mecánica, nuestra vida cotidiana no se rige según la hora estelar, sino por la solar. Nuestra contabilidad horaria se rige de algún modo según el Sol y no por las estrellas (solo el astrónomo utiliza el horario  inamovible del día estelar en sus observaciones y cálculos).

Más tarde se deberá indicar que gracias a que estamos regidos por la hora solar y no por la estelar (si bien el girar cotidiano de las estrellas sobre el eje cósmico representa al fenómeno primigenio del trayecto del día, un reflejo exacto de la rotación de la Tierra sobre su eje), a lo largo del año se muestra marcadamente la diferencia entre la velocidad de las estrellas y la del Sol, en tanto van ascendiendo cada vez más temprano por sobre el horizonte este. Observemos por ejemplo al zodiaco en estos momentos del otoño, hacia las 9 o 10 de la noche, entonces veremos aparecer a Géminis, luego de pasadas unas semanas y a la misma hora, veremos a Cáncer, ya en invierno tendremos al poderoso Leo, mientras que Géminis asciende alrededor de las 8 horas. Estas diferencias, que se vuelven perceptibles a la observación superficial recién tras días y semanas, se van sumando desde la diferencia de los 3 minutos y 56 segundos, producto del día solar y estelar. En esto percibimos el avance más rápido de las estrellas en comparación a la trayectoria solar que rige nuestra organización cotidiana, puesto que no estamos compuestos tan solo de un cuerpo físico, sino que poseemos además un cuerpo etéreo, astral y un Yo.

Rudolf Steiner trajo en correlación con esta diferencia entre el sistema estelar y el solar, al antagonismo entre las entidades de Lucifer y Jehová. Ha de pensarse que luego de la salida del Sol de la Tierra, se produjo el influjo luciférico sobre los hombres. El movimiento solar tuvo que ser regulado de modo tal que equilibrase a la intención luciférica de prematurizar y acelerar el desarrollo; Lucifer quería desarrollar demasiado rápido a ciertas capacidades del hombre, por sobre todo lo que refiere al pensar, el intelecto emancipado del cosmos. Este Tempo se expresa en la velocidad del trayecto estelar – o dicho copernicanamente, en la velocidad de la rotación terrestre sobre su eje.

Los Dioses buenos debieron retrasar un tanto al Sol – una estrella entre estrellas- impidiéndole que llevara el Tempo de las estrellas. Gracias a esto, el hombre no posee simplemente la comprensión relativamente veloz del intelecto, sino que posee asimismo un vivenciar más lento de aquello que ha asimilado. Con la razón, la cosa se resuelve mas rápido que con la vivencia (en cierto modo, esto es lo mismo que fue dicho en el informe “sobre ritmos y constelaciones”, sobre la relación de la Luna con las estrellas y el Sol. El sobrepaso de la Luna sobre una estrella requiere menor tiempo que el del Sol. Si en la cosmovisión hipotética que dimos más arriba, sin el Sol pero agregando la Luna, entonces conoceríamos solamente el trayecto sidéreo lunar, pero no conoceríamos la conclusión del mes sideral en sinódico durante los 2 1/5 días).

Lo que ha sido expresado aquí representa en el campo de la vida humana, tomado desde el punto de vista de las entidades espirituales, algo así: Jehová hubo de ofrecer una resistencia al veloz impulso arrollador de Lucifer, y es nuevamente lo mismo, cuando experimentamos en lo exteriormente visible del Cielo, como queda relegado el Sol comparado con las estrellas, como con el correr de los días, semanas y meses provocan un avance, apareciendo cada vez más temprano por el cielo del Este y ocultándose por el Oeste.

14 Lili Kolisko, Sternenwirken in Erdenstoffen. StudienausdembiologischenInstitut am Goetheanum (La acción de los astros en las sustancias terrestres. Estudio del Instituto de biología del Goetheanum). Serie «Natura» I, Stuttgart 1927.

15 Rudolf Steiner, Die geistigeFuhrung des Menschenund der Menschheit  (La dirección espiritual del Hombre y de la humanidad) (191 1). GA 15, 9ª edición, Dornach 1974; página 34; 3ª conferencia.

16 Ptolomeo, Handbuch der Astronomie (Manual de la astronomía). Traducción de K. Manitius, TeubnerVerlag, Leipzig 1963, especialmente el volumen II, libro 9, Capítulo 1; en pág.,  152 y 168

Traducido del alemán por Diego Milillo, editado por Gracia Muñoz y Julián Ponce

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1er. Informe: Antroposofía y Astronomía

Cartas de Astronomía – Septiembre 1927

Dra. Elizabeth Vreede

English version

La Ciencia Espiritual de Rudolf Steiner nos ha legado una cosmología del Espíritu, que da al hombre un lugar dentro del contexto universal y que vincula Cielo y Tierra  como una unidad. Al mismo tiempo, el objetivo de Rudolf Steiner era construir un puente desde este conocimiento de la Astronomía tal y como se cultiva en la ciencia moderna. Que tal puente es necesario se deriva del principio fundamental de todo conocimiento espiritual: el mundo exterior de los sentidos es maya, ilusión, en tanto que la ciencia espiritual penetra en la realidad subyacente detrás de este mundo exterior. ¿Cómo y en qué punto se encuentran maya y realidad?. Este es el gran problema del que Rudolf Steiner habla en el año 1912 en su curso de conferencias en Helsingfors: Las Jerarquías Espirituales en los cuerpos celestes y en los Reinos de la Naturaleza [Curso N º XXI. Antroposófica Publishing Co., de Londres].

El estudio detallado de estas conferencias señala el camino del maya exterior a la realidad espiritual interior. Nos orientaremos más rápido si descubrimos lo que corresponde a la realidad.

 “El universo de los cuerpos celestes físicos, representa lo que ha quedado de las acciones pasadas de las jerarquías de Seres, cuyas influencias posteriores han perdurado en nuestro tiempo presente.”

En este sentido, el mundo de las estrellas, así como el resto de la naturaleza ¡es maya del pasado!. Detrás de este velo de maya las estrellas se revelan como “colonias de seres espirituales”. Esto nos lleva a un estudio de la naturaleza de las Jerarquías más elevadas, que se extienden en nueve etapas por encima del hombre y a todo lo ligado de alguna manera al mundo de las estrellas o de su evolución cosmológica. En  “La Ciencia Oculta, un  Bosquejo”,  Rudolf Steiner, nos describe a estas Jerarquías en mayor detalle.

El primer reino por encima del hombre es el de los seres angélicos, los Ángeles. Son los Espíritus Guardianes del hombre y lo guían de encarnación en encarnación. Su hogar es la esfera de la Luna, aunque para empezar, no pueden  desplegar su actividad en la propia Luna. Para esto son necesarios aún mayores poderes; poderes que poseen los Arcángeles y Arkáis, (Poderes Primordiales). Estos Seres, que junto con los Ángeles constituyen la tercera jerarquía del mundo espiritual, guían y dirigen a los pueblos y las grandes épocas  de la Tierra. Los Arcángeles son los Espíritus del Pueblo, y los Arkai los Espíritus del Tiempo. Estas jerarquías –cuyo campo de acción es la esfera de la Luna- se ocupan  esencialmente de la vida histórica de los seres humanos individuales y de los pueblos.

En la  esfera del Sol moran los seres de la Segunda Jerarquía: Espíritus de la Forma, Espíritus del Movimiento y Espíritus de la Sabiduría. Rudolf Steiner hablo de estos Seres en su conferencia titulada “El Misterio del Gólgota” [Una traducción completa de esta conferencia apareció en Antroposofía , vol. I., Pascua de 1926.] impartida  en Manchester College Chapel, Oxford, agosto, 1922.

“Las almas de tiempos antiguos, mirando el entorno físico, veían en las estrellas las imágenes del mundo de los Seres espirituales que habían dejado atrás cuando descendieron a esta vida a través del nacimiento. En el flagor del sol, vieron la radiante sabiduría en la que habían habitado, y que había sido su aliento de vida. En el mismo sol, vieron los coros de las Jerarquías Divinas, aquellas por los que habían sido enviados a la Tierra. “

Es cierto que la morada de esos Seres está en el Sol, y desde allí trabajan sobre los planetas, enviando también sus energías desde los planetas a la Tierra. La forma y la configuración de cada planeta es impartida por los Espíritus de la Forma.

Los Espíritus de Movimiento generan la movilidad interna del planeta –no su movimiento en el espacio, sino los cambios producidos en el curso de cientos y miles de años por el flujo y reflujo, los terremotos, la actividad volcánica y influencias meteorológicas y  climáticas.

En cierto modo es diferente cuando hablamos de los Espíritus de la Sabiduría, que trabajan desde la propia esfera del Sol, derramando fuerzas solares por el sistema planetario. Mientras que la configuración interna y la movilidad interior de cada planeta es diferente según la operación de los Espíritus de la Forma o del Movimiento, la acción de los Espíritus de la Sabiduría es uniforme para todos los planetas.

Esta uniformidad en la acción de los Espíritus de la Sabiduría es fácil de observar en el mundo vegetal. Hay gran variedad de formas en las plantas, la posición de sus hojas, zarcillos, etc., revelando diferentes proporciones en espiral, y en estas formas, están reflejadas las fuerzas que emanan desde un Espíritu de la Forma o un Espíritu del Movimiento trabajando desde la perspectiva de un planeta en particular.

Sin embargo una cosa, es común a todas las plantas; la dirección perpendicular del tallo, alejándose de la Tierra y dirigiéndose hacia el sol. Aquí tenemos una expresión del trabajo uniforme de los Espíritus de la Sabiduría en todas las plantas. Una especie de conciencia general, rudimentaria,  de todo el sistema planetario, está funcionando aquí, algo así existe en todos los seres humanos; como elementos comunes de sentimientos e impulsos que pueden surgir del subconsciente. Los Espíritus de la Sabiduría tienen su hogar, no sólo en el Sol, sino en todas las estrellas fijas, de manera que el primer y básico principio común de todas las estrellas fijas se encuentra en estos Espíritus de la Sabiduría.

En la Primera Jerarquía tenemos los Seres más sublimes del Cosmos: los Tronos, Querubines y Serafines, como fueron nominados por la antigua sabiduría esotérica. Los Tronos o Espíritus de Voluntad  gobiernan el movimiento de los planetas en el espacio; los Querubines armonizan los diferentes movimientos y logran un “entendimiento” entre un planeta y otro. Ellos son los Mensajeros Planetarios, así como los Ángeles son los mensajeros del mundo de los hombres. Los Serafines tienen a su vez la misma tarea en  respecto al mundo de las estrellas, producen  una mutua comprensión entre el Sol y las otras estrellas, de estrella fija a estrella fija, engarzando el Cosmos entero en una gran unidad.

Así tenemos:

 

SERAFINES – QUERUBINES Cometas
TRONOS  – ESPIRITUS DE LA SABIDURIA (KYRIOTETES) Estrellas fijas
ESPIRITUS DEL MOVIMIENTO –ESPIRITUS DE LA FORMA (EXUSIA) Planetas
PODERES PRIMORDIALES (ARCHAI) – ARCANGELES (ARCHANGELOI) Luna
ANGELES (ANGELOI) –  HOMBRE Tierra

 

De los cometas, hay que decir que son particularmente el campo de acción de los Serafines y Querubines. Tal vez cause sorpresa el que atribuyamos los cometas –los rebeldes en el ámbito de la ley cósmica- a los más altos Seres que hemos considerado hasta ahora. Para entender esto debemos tratar de penetrar con más profundidad en la relación entre  realidad y maya.

El plan divino es recibido por los Seres de las Jerarquías (especialmente de la Primera Jerarquía) del Espíritu Cósmico y lo llevan a cabo en el curso de la evolución. Pero en esta evolución han ocurrido muchas cosas que han cambiado la realidad espiritual en el maya que percibimos a través de los sentidos y con el que vivimos hoy en día. Los movimientos de los planetas y las estrellas fijas (también los llamados movimientos “aparentes”) se llevan a cabo con tanta regularidad que el hombre de nuestra época se pregunta: “¿Queda algo entonces para que los Tronos sigan regulando los movimientos exteriores de los planetas?. Todos ellos proceden de acuerdo con estrictas leyes mecánicas.

Pero esto no ha sido siempre así, ni tampoco lo es hoy en día. Los cometas son una excepción, y quizás esto es lo que nos conduce a suponer que sus  movimientos deben ser dirigidos por los Seres más sublimes de todos. En este punto debemos tener en cuenta que el universo ha pasado por diferentes etapas, que Rudolf Steiner describe en “La Ciencia Oculta un Bosquejo”, como los períodos evolutivos del Antiguo Saturno, Antiguo Sol, Antigua Luna y Tierra.

En cada una de estas etapas, el mundo de las estrellas, también era diferente. En la etapa del Antiguo Saturno, solo había Seres –Esos seres de los cuales ya hemos hablado. Hasta entonces, sin embargo, no se expresan en los mundo estrellados, de los cuales, ciertamente, no había nada más que la más rudimentaria indicación

Durante la etapa de la evolución del Antiguo Sol, las estrellas eran las manifestaciones de los seres espirituales. En sus movimientos, las estrellas eran una expresión directa de la permanencia de Seres espirituales, en el mismo sentido que el cuerpo humano se dirige, en sus movimientos y expresiones, por el Espíritu que mora en él.

En la siguiente etapa -la de la antigua Luna- sólo les fue posible a los Seres Espirituales  enviar sus impulsos a los cuerpos celestes, pero su verdadero Ser llego a ser más y más remoto.

Con el fin de dejar estas cosas un poco más claras, consideraremos brevemente el curso de la evolución terrestre, desde este punto de vista.

La tierra representa la cuarta etapa –denominada por Rudolf Steiner el mundo del “trabajo terminado”- un mundo que cumple con la descripción citada al comienzo de este ensayo. Sin embargo, en las épocas históricas, el hombre recapituló en su conciencia las primeras etapas evolutivas. En la época de la antigua India, por ejemplo, no se prestó atención al mundo de las estrellas como tales, sino sólo a los Seres espirituales en sí. (Estamos hablando aquí de una época anterior a la de los Vedas).

En la antigua época Persa, la esencia del ser-Solar fue revelada a Zaratustra. El movimiento del sol mismo, por supuesto, estaba sujeto a la misma ley de hoy en día, mientras que durante el período de la evolución del Antiguo Sol era la expresión directa del Espíritu del Sol. En la época de la antigua civilización persa, el hombre experimentó esta condición previa. Los antiguos caldeos y los egipcios tenían la experiencia viva de las actividades de los Seres espirituales en los cuerpos celestes; de ello emanaba su Astrología -que era maravillosa, en esos tiempos, aunque no debe ser aplicada de la misma forma en nuestros días-. La Época Egipcio-Caldea fue, en cierto sentido, una recapitulación de la evolución de la Antigua Luna. El hombre veía los Seres relacionados con el sol y la luna, planetas y estrellas, pero no se puede decir que estos Seres pertenecen a las jerarquías propias, sino que son sus descendientes  –Seres que se han separado de las jerarquías-. Llevan a cabo, por así decirlo, una actividad de la cual, sus Creadores, las Jerarquías propias, se retiraron una vez establecido el plan que subyacía en los movimientos del sistema planetario. Muchas de estas órdenes de dioses menores están activas en el Cosmos y los egipcios y caldeos, especialmente de la última época, quienes ya no podían ascender a la esfera real de los dioses estelares, observaban la actividad de estos seres subordinados. Estos “descendientes” de las jerarquías son los responsables de los fenómenos que hoy en día  se cree que son producidos “por si  solos”.

Para que el hombre pudiera desarrollar la libertad, era necesario que los Seres superiores se retirasen del mundo de las estrellas y de la naturaleza y dejarlos abandonados a las leyes aparentemente mecánicas, sin espíritu. Sin embargo, en este mecanismo, como en todos los fenómenos naturales, seres espirituales, “descendientes” de las jerarquías superiores  siguen trabajando. El hecho de que en la primavera las plantas broten de la tierra, que flor y fruto aparezcan, que las plantas se marchiten en otoño y también el hecho de que, cuando aquí tenemos el otoño, la primavera comience su proceso  en el otro lado de la Tierra -todo esto es provocado por los espíritus de la naturaleza, los gnomos, ondinas y silfos (los descendientes de la tercera jerarquía), junto con las salamandras, que se han separado de los Espíritus de la Forma. Estos seres subordinados realizan el trabajo bajo la tutela de los Espíritus de las Estaciones” o “Espíritus de la Rotación”, quienes les orientan sobre la Tierra. La acción  de algunos de estos Espíritus de la Rotación hace que  la Tierra gire alrededor de su eje, mientras que otros llevan a la Tierra y a los planetas en sus órbitas regulares alrededor del sol. Estos Seres son los descendientes de las más altas jerarquías – los Serafines y Querubines.

Los Espíritus de Movimiento, de la Sabiduría y la Voluntad también tienen descendientes, siendo estos las “almas-grupo” de los animales, plantas y minerales.

Todos estos seres son de un orden inferior al de sus progenitores, son los que –en virtud de mandamiento divino, por así decirlo- han dado lugar a la separación del orden natural y el orden moral del mundo, que en cierto modo presentan una dualidad a la observación externa. Por lo tanto, ocurre que en la Naturaleza y en el Cosmos nos enfrentamos a un maya donde las fuerzas de la naturaleza aparecen como una huella de las actividades de los espíritus de la naturaleza. Y en lugar del poderoso trabajo directo de las Jerarquías, ahora tenemos las leyes de la naturaleza como la impresión de los Espíritus de la Rotación en el mundo de maya.

Todos estos procesos siguen su curso conforme a la ley que necesariamente se obtiene en el mundo exterior a fin de permitir que el hombre desarrolle la experiencia de la libertad interior. Los cometas representan un elemento que no entra por completo en este ámbito de la ley. A pesar de que los llamados cometas periódicos se someten más o menos a las leyes del sistema planetario, con la aparición de nuevos cometas (incluso Kepler dijo que los cometas son tan numerosos como los peces en el mar), estas leyes siempre se rompen. Los cometas todavía contienen un vestigio del trabajo directo del poder espiritual, de los más elevados Seres –los Serafines y Querubines-. Antes de que las leyes comunes puedan romperse, es necesaria una visión y poder espiritual mas elevado. Los cometas, son agentes de una naturaleza muy especial en nuestro sistema planetario, su antítesis, su polaridad, son las lunas. Así como las lunas son una especie de cadáver que el sistema planetario  va arrastrando con él, podemos hablar de los cometas como de constantes purificadores de la atmósfera espiritual dentro del sistema solar. En la antigüedad los hombres veían en ellos los “carroñeros de Dios”, y existen muchas supersticiones  alrededor de los mismos. Desde el punto de vista del Espíritu, la misión de los cometas es expulsar perpetuamente las impuras fuerzas astrales del Cosmos para introducir nuevos impulsos.

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El Cosmos no sólo contiene los seres y fuerzas de las que hemos estado hablando hasta ahora. Si esto fuera así, todo el Cosmos consistiría únicamente de Ser, sin sustancia. Los cuerpos celestes no serían visibles ni tendrían sustancia tangible. Con el fin de comprender plenamente el maya, también tenemos que recordar que hay  otras órdenes de Seres – Luciféricos y Ahrimánicos como se les llama en La Ciencia Oculta, que han intervenido en la evolución y en ella están jugando su papel. Son seres que pertenecen a las jerarquías superiores que no pasan por el mismo desarrollo que las demás, que quedan rezagados, mientras que los espíritus jerárquicos normales ascienden a etapas cada vez más altas. Tenemos, por ejemplo, un número de los Espíritus de la Forma, que en el curso normal serían Espíritus de Movimiento, pero que se han quedado en la etapa de los Espíritus de la Forma.

Las esferas etéreas de Saturno o Júpiter, están formadas por los Espíritus de la Forma, su movilidad interna es el trabajo de los Espíritus del Movimiento. Los Espíritus de la Forma rebeldes se oponen y, en lugar de trabajar en armonía con los Espíritus del  Movimiento Planetario, crean una forma, en un punto definido en el ámbito etéreo como resultado de la congestión. ¡Esta forma son los planetas que vemos en los cielos!. La esfera planetaria sigue siendo una estructura etérea en la que trabajan las fuerzas astrales, mientras que el planeta en sí se mueve alrededor de la periferia de esta esfera etérea.

Otros seres Luciféricos aparecen en la escena y, desde el planeta existente, reflejan la luz que irradia espiritualmente del sol para que el planeta sea visible hacia el exterior. Más tarde, los seres Ahrimánicos imparten la sustancia sólida de la Tierra, generando así el denso velo de maya que se presenta en el mundo exterior de los sentidos. Por lo tanto todo lo que puede ser objeto de la investigación externa contiene de alguna manera un  elemento Luciférico –la  esencia exterior de la luz- y el elemento Ahrimánico – la pesadez o gravedad-. Esto también es parte de la maya que se extiende sobre la realidad espiritual.

Podemos seguir la misma línea de estudio en referencia a otros fenómenos cósmicos, los meteoros,  también están relacionados con los cometas. Los cometas son formaciones espirituales enviadas al Cosmos por los más altos y sublimes Espíritus, que en el transcurso de su actividad como purificadores de la atmósfera astral, reúnen hacia sí diversas sustancias, gases, etc. Ahora otras formaciones cósmicas, generadas por los “rezagados” Espíritus del reino de los Tronos –Seres que deberían  haberse convertido en Serafines y Querubines, pero que han permanecido en la etapa de los Tronos- se arrojan en el camino de los meteoros y trabajan con una potencia prodigiosa adquirida al haber permanecido en un nivel inferior. Los Tronos son los creadores de las almas-grupo de los minerales y los Tronos rezagados, aquellos que se han quedado atrás, generan formaciones minerales sólidas en el Cosmos, en los meteoritos que a menudo acompañan a los cometas o aparecen a intervalos más o menos regulares de tiempo en la atmósfera de la Tierra. Y así, en estas formaciones -retiradas como están en cierto sentido de las leyes ordinarias en el sistema planetario- tenemos la más alta espiritualidad unida  con la más densa materialidad.

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El comportamiento mismo de los cometas puede recordarnos que los procesos que tienen lugar en el sistema solar no pueden ser exhaustivamente explicados por la teoría Newtoniana de la gravitación. En el caso de los otros cuerpos celestes, también hay algo que siempre se puede detectar, lo cual, cuando la observación se realiza durante largos períodos de tiempo, se ve que es una expresión del trabajo de los Seres espirituales que no han acabado en totalidad su  “Trabajo final”. Es en los cometas y los meteoritos donde se hace manifiesto lo “incalculable”, la arbitrariedad. El factor inconmensurable en los movimientos de los otros cuerpos celestes muestra que debemos basar nuestra observación de sus movimientos en algo que va más allá que la teoría de la gravitación, que es válido y real para la Tierra.

Ritmo y la periodicidad viven en los movimientos planetarios y constituyen sus leyes primarias; así como la ley de la gravedad mantiene su dominio en el entorno inmediato de la Tierra. (La Tierra, por supuesto, como uno de los cuerpos celestes también participa en las leyes cósmicas del ritmo y la periodicidad). Estas leyes son las mismas con las que el hombre y los demás reinos de la naturaleza han sido moldeados. Por lo tanto el hombre y el universo vuelven a ser uno, nuevamente la religión se une al mundo de las estrellas. Las estrellas portan y nos muestran las huellas de los hechos de los Dioses, que nos llevan a través de las Jerarquías  a las fronteras de la Divinidad misma. Y en este sentido, Rudolf Steiner fue capaz de decir a sus oyentes, cuando los conducía desde la Antroposofía a la Astronomía:

“Cuando observamos la vida del mundo de las estrellas, estamos contemplando los cuerpos de los dioses y, en última instancia, de la Divinidad. “

 

Antroposofía y Astronomía

Dra. Elizabeth Vreede

English version

La Ciencia Espiritual de Rudolf Steiner nos ha legado una cosmología del Espíritu, que da al hombre un lugar dentro del contexto universal y que vincula Cielo y Tierra  como una unidad. Al mismo tiempo, el objetivo de Rudolf Steiner fue construir un puente desde este conocimiento de la Astronomía tal y como se cultiva en la ciencia moderna. Que tal puente es necesario se deriva del principio fundamental de todo conocimiento espiritual: el mundo exterior de los sentidos es maya, ilusión, en tanto que la ciencia espiritual penetra en la realidad subyacente detrás de este mundo exterior.

¿Cómo y en qué punto maya y realidad se encuentran?. Este es el gran problema del que Rudolf Steiner hablo en el año 1912 en su curso de conferencias en Helsingfors: Las Jerarquías Espirituales en los cuerpos celestes y en los Reinos de la Naturaleza [Curso N º XXI. Antroposófica Publishing Co., de Londres].

El estudio detallado de estas conferencias señala el camino del maya exterior a la realidad espiritual interior. Nos orientaremos más rápido si descubrimos lo que corresponde a la realidad.

 “El universo de los cuerpos celestes físicos, representa lo que ha quedado de las acciones pasadas de las Jerarquías Espirituales, cuyas influencias posteriores han perdurado en nuestro tiempo presente”.

En este sentido, el mundo de las estrellas, así como el resto de la naturaleza es maya –¡es pasado! Detrás de este velo de maya las estrellas se revelan como “colonias de seres espirituales.” Somos  llevados  a un estudio de la naturaleza de las jerarquías más altas, que se extiende en nueve etapas por encima del hombre y a todo lo ligado de alguna manera con el mundo de las estrellas o de su evolución cosmológica. Estas Jerarquías son descritas con mayor detalle en  “La Ciencia Oculta, un  Bosquejo“, de Rudolf Steiner .

El primer reino por encima del hombre es el de los seres angélicos, los Ángeles. Son los Espíritus Guardianes del hombre y lo guían de encarnación en encarnación. Su casa es la esfera de la Luna, aunque para empezar, no pueden  desplegar su actividad en la propia Luna.

Aún mayores poderes son necesarios para esto –poderes como sólo los Arcángeles y Arkai, (Poderes Primordiales) poseen-. Estos Seres, que junto con los Ángeles constituyen la jerarquía más baja del mundo espiritual, guían y dirigen a los pueblos y las grandes épocas  de la Tierra.

Los Arcángeles son también los Espíritus del Pueblo, y los Archai son los Espíritus del Tiempo. Estas jerarquías –cuyo campo de acción es la esfera de la Luna- se ocupan  esencialmente con la vida histórica de los seres humanos individuales y de los pueblos.

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En la  esfera del sol moran los seres de la segunda jerarquía – Espíritus de la Forma, Espíritus del Movimiento y Espíritus de la Sabiduría. Rudolf Steiner hablo de estos Seres en su conferencia titulada “El Misterio del Gólgota” [Una traducción completa de esta conferencia apareció en Antroposofía , vol. I., Pascua de 1926.] impartida  en Manchester College Chapel, Oxford, agosto, 1922.

“Las almas de tiempos antiguos, mirando a su entorno físico, veían en las estrellas las imágenes del mundo de los Seres espirituales que habían dejado atrás cuando descendieron a esta vida a través del nacimiento. En el flagor del sol, vieron la radiante sabiduría en la que habían habitado, y que había sido su aliento de vida. En el mismo sol, vieron los coros de las jerarquías divinas, aquellas por las que habían sido enviados a la Tierra. “

Es cierto que el hogar de esos seres está en el sol, pero desde allí trabajan sobre los planetas, para enviar sus fuerzas también desde los planetas a la Tierra. La forma y la configuración de cada planeta es impartida por los Espíritus de la Forma. Los Espíritus de Movimiento generan la movilidad interna del planeta, no su movimiento en el espacio, sino los cambios producidos en el curso de cientos y miles de años por el flujo y reflujo, terremotos y actividad volcánica, influencias meteorológicas y  climáticas.

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En cierto modo es diferente cuando hablamos de los Espíritus de la Sabiduría, que trabajan desde el propio sol, derramando fuerzas solares en el sistema planetario. Mientras que la configuración interna y la movilidad interior de cada planeta es diferente según la operación de los Espíritus de la Forma o del Movimiento, la acción de los Espíritus de la Sabiduría es uniforme en todos los planetas. Esta uniformidad de acción de los Espíritus de la Sabiduría es fácil de observar en el mundo vegetal. Hay gran variedad de formas en las plantas, la posición de sus hojas, zarcillos, etc., revelando diferentes proporciones en espiral, y en estas formas, están reflejadas las fuerzas que emanan desde un Espíritu de la Forma o un Espíritu del Movimiento trabajando desde la perspectiva de un planeta en particular. Sin embargo una cosa, es común a todas las plantas – la dirección perpendicular del tallo, alejándose de la Tierra y dirigiéndose hacia el sol. Aquí tenemos una expresión del trabajo uniforme de los Espíritus de la Sabiduría en todas las plantas. Una especie de conciencia general, rudimentaria,  de todo el sistema planetario está funcionando aquí, algo así como existen en todos los seres humanos elementos comunes del sentimiento y de los impulsos que pueden surgir del subconsciente. Los Espíritus de la Sabiduría tienen su casa, no sólo en el Sol, sino en todas las estrellas fijas de manera que el primer y básico principio común de todas las estrellas fijas se encuentra en estos Espíritus de la Sabiduría.

En la Primera Jerarquía tenemos los seres más sublimes de todo el cosmos, los Tronos, Querubines y Serafines, como fueron nombrados por la antigua sabiduría esotérica. Los Tronos o Espíritus de Voluntad  gobiernan el movimiento de los planetas en el espacio; los Querubines armonizan los diferentes movimientos y logran un “entendimiento” entre un planeta y otro. Ellos son los mensajeros planetarios, así como los Ángeles son los mensajeros del mundo de los hombres. Los Serafines tienen a su vez la misma tarea en  respecto al mundo de las estrellas, producen  una mutua comprensión entre el Sol y otras estrellas, de estrella fija a estrella fija, engarzando el Cosmos entero en una gran unidad.

Así tenemos:

SERAFINES – QUERUBINES Cometas
TRONOS (THRONOI) – ESPIRITUS DE LA SABIDURIA (KYRIOTETES) Estrellas fijas
ESPIRITUS DEL MOVIMIENTO (DYNAMIS) – ESPIRITUS DE LA FORMA (EXUSIA) Planetas
PODERES PRIMORDIALES (ARCHAI) – ARCANGELES (ARCHANGELOI) Luna
ANGELES (ANGELOI) –  HOMBRE Tierra

De los cometas, hay que decir que son particularmente el campo de acción de los Serafines y Querubines. Tal vez sea una causa de sorpresa que atribuimos los cometas –los rebeldes en el ámbito de la ley cósmica- a los más altos Seres que hemos considerado hasta ahora. Para entender esto debemos tratar de penetrar más profundamente en la relación entre  realidad y maya.

Podemos hablar de los cometas como de constantes purificadores de la atmósfera espiritual dentro del sistema solar.

El plan divino es recibido por los Seres de las jerarquías (especialmente de la primera jerarquía) del Espíritu Cósmico y lo llevan a cabo en el curso de la evolución. Pero en esta evolución han ocurrido muchas cosas que han cambiado la realidad espiritual en el maya que percibimos a través de los sentidos y con la que vivimos hoy en día.

Los movimientos de los planetas y las estrellas fijas (también los llamados movimientos ‘aparentes’) se llevan a cabo con tanta regularidad que el hombre de nuestra época se pregunta: “¿Queda algo entonces para que los Tronos sigan regulando los movimientos exteriores de los planetas? Todos ellos proceden de acuerdo con estrictas leyes mecánicas.

Esto no ha sido siempre así, ni tampoco lo es hoy en día. Los cometas son una excepción, y quizás esto es lo que nos conduce a suponer que sus  movimientos deben ser dirigidos por los Seres más sublimes de todos. En este punto debemos tener en cuenta que el universo ha pasado por diferentes etapas, descritas por Rudolf Steiner “La Ciencia Oculta, un Bosquejo”, como los períodos evolutivos de los antiguos Saturno, Sol, Luna y Tierra. En cada una de estas etapas, el mundo de las estrellas, también era diferente. En la etapa del antiguo Saturno, solo había Seres –esos seres de los cuales ya hemos hablado. Entonces, sin embargo, no se expresaban en los mundo estrellados, de los cuales, ciertamente, no había nada más que una rudimentaria indicación.

Durante la etapa de la evolución del Antiguo Sol, las estrellas eran las manifestaciones de los seres espirituales. Eran una expresión directa de la permanencia de Seres espirituales, en el mismo sentido que el cuerpo humano se dirige en sus movimientos y expresiones por el espíritu que mora en él.

En la siguiente etapa – la de la antigua Luna – sólo les fue posible a los Seres espirituales  enviar sus impulsos dentro los de los cuerpos celestes, pero su verdadero Ser llego a ser más y más remoto. Con el fin de dejar estas cosas un poco más claras, consideraremos brevemente el curso de la evolución terrestre, desde este punto de vista.

La tierra representa la cuarta etapa –denominada por Rudolf Steiner el mundo del trabajo terminado-  un mundo que cumple con la descripción citada al comienzo de este ensayo. Sin embargo, en las épocas históricas, el hombre recapituló en su conciencia las primeras etapas evolutivas. En la época de la Antigua India, por ejemplo, no se prestó atención al mundo de las estrellas como tales, sino sólo a los Seres espirituales en si. (Estamos hablando aquí de una época anterior a la de los Vedas). En la antigua época Persa, la esencia del ser-Solar fue revelada por Zaratustra. El movimiento del sol mismo, por supuesto, estaba sujeto a la misma ley de hoy en día, mientras que durante el período de la evolución del Antiguo Sol era la expresión directa del Espíritu del Sol.

En la época de la antigua civilización persa, el hombre experimentaba una condición previa. Los antiguos caldeos y los egipcios tenían la experiencia viva de las actividades de los Seres espirituales en los cuerpos celestes; de ello emanaba su Astrología -que era maravillosa, en esos tiempos, aunque no debe ser aplicada de la misma forma en nuestros días-. La Época Egipcio-Caldea era, en cierto sentido, una recapitulación de la evolución de la Antigua Luna. El hombre veía los Seres relacionados con el sol y la luna, planetas y estrellas, pero no se puede decir que estos Seres pertenecen a las jerarquías propias, sino a sus descendientes  –Seres que se han separado de las jerarquías-. Llevando a cabo, por así decirlo, una actividad de la cual,  sus Creadores, las jerarquías propias, se retiraron cuando el plan que subyacía a los movimientos en el sistema planetario se había establecido. Muchas de estas órdenes de dioses menores están activos en el Cosmos y los egipcios y caldeos, especialmente de la última época, que ya no podían ascender a la esfera real de los dioses estelares, observaban  la actividad de estos seres subordinados. Estos ‘descendientes’ de las jerarquías son responsables de los fenómenos que hoy en día creemos que son producidos ´”por si  solos”.

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Para que el hombre pudiera desarrollar la libertad, era necesario que los Seres superiores se retirasen del mundo de las estrellas y de la naturaleza y dejarlos abandonados a las leyes “aparentemente” mecánicas, sin espíritu. Sin embargo, en este mecanismo, como en todos los fenómenos naturales, seres espirituales, los ‘descendientes’ de las jerarquías superiores  siguen trabajando.

El hecho de que en la primavera las plantas broten de la tierra, que flor y fruto aparezcan, que las plantas se marchitan en otoño y también el hecho de que cuando aquí tenemos el otoño, la primavera comienza a su proceso  en el otro lado de la Tierra -todo esto es provocado por los espíritus de la naturaleza, los gnomos, ondinas y silfos (los descendientes de la tercera jerarquía), junto con las salamandras que se han separado de los Espíritus de la Forma. Estos seres subordinados realizan el trabajo bajo la tutela de los Espíritus de las Estaciones”o “Espíritus de la Rotación”, quienes les orientan sobre la Tierra. La acción  de algunos de estos Espíritus de la Rotación hace que  la Tierra gire alrededor de su eje, mientras que otros llevan a la Tierra y a los planetas en sus órbitas regulares alrededor del sol. Estos Seres son los descendientes de las más altas jerarquías – los Serafines y Querubines.

Los Espíritus de Movimiento, de la Sabiduría y la Voluntad también tienen descendientes, siendo estos las “almas-grupo” de los animales, plantas y minerales.

Todos estos seres son de un orden inferior al de sus progenitores, son ellos los que –en virtud de mandamiento divino, por así decirlo- han dado lugar a la separación del orden natural y el orden moral del mundo, que en cierto modo  presentan una dualidad a la observación externa. Por lo tanto, ocurre que en la Naturaleza y en el Cosmos nos enfrentamos a un maya donde las fuerzas de la naturaleza aparecen como una huella de las actividades de los espíritus de la naturaleza. Y en lugar del poderoso trabajo directo de las jerarquías, ahora tenemos las leyes de la naturaleza como la impresión de los Espíritus de la Rotación en el mundo de maya.

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Todos estos procesos siguen su curso conforme a la ley que necesariamente se obtiene en el mundo exterior a fin de permitir que el  hombre desarrolle la experiencia de la libertad interior. Los cometas representan un elemento que no entra por completo en este ámbito de la ley. A pesar de que los llamados cometas periódicos se someten más o menos a las leyes del sistema planetario, con la aparición de nuevos cometas (e incluso Kepler dijo que los cometas son tan numerosos como los peces en el mar), estas leyes siempre se rompen.

Los cometas todavía contienen un vestigio del trabajo directo del poder espiritual, de hecho, de los más elevados Seres –los Serafines y Querubines-. Antes de que las leyes comunes puedan ser rotas, la más grande visión y poder espiritual son necesarios. Los cometas, son agentes de una naturaleza muy especial en nuestro sistema planetario, su antítesis, su polaridad, son las lunas. Así como las lunas son una especie de cadáver que el sistema planetario va arrastrando con él, por otro lado, podemos hablar de los cometas como de constantes purificadores de la atmósfera espiritual dentro del sistema solar. En los tempranos tiempos, los hombres veían en ellos los “carroñeros de Dios”, y muchas supersticiones se han reunido alrededor de los mismos. Desde el punto de vista del Espíritu, la misión de los cometas es perpetuamente expulsar a las impuras fuerzas astrales del Cosmos para introducir nuevos impulsos.

El Cosmos no sólo contiene los seres y fuerzas de las que hemos estado hablando hasta ahora. Si esto fuera así, todo el Cosmos consistiría únicamente de Ser, sin sustancia. Los cuerpos celestes no serían visibles, ni habría sustancia terrenal, es decir: tangible. Con el fin de comprender plenamente maya, también tenemos que recordar que hay  otras órdenes de Seres – Luciféricos y Ahrimánicos como se les llama en “La Ciencia Oculta, un Bosquejo”, que han intervenido en la evolución y están jugando su papel en ésta. Son Seres que pertenecen a las jerarquías superiores que no pasan por el mismo desarrollo que los demás, que quedan rezagados, mientras que los espíritus jerárquicos normales ascienden a etapas cada vez más altas. Tenemos, por ejemplo, un número de los Espíritus de la Forma, que en el curso normal serían Espíritus de Movimiento, pero que se han quedado en la etapa de los Espíritus de la Forma.

Las esferas etéreas de Saturno o Júpiter, están formadas por los Espíritus de la Forma, su movilidad interna es el trabajo de los Espíritus de Movimiento. Los espíritus de la Forma rebeldes se oponen y, en lugar de trabajar en armonía con los Espíritus del  Movimiento Planetario, crean una forma, en un punto definido en el ámbito etéreo como resultado de la congestión. ¡Esta forma son los planetas que vemos en los cielos! La esfera planetaria sigue siendo una estructura etérea en la que las fuerzas astrales  trabajan, mientras que el planeta en sí sólo se mueve alrededor de la periferia de esta esfera etérea.

Otros seres Luciféricos aparecen  en la escena y, desde el planeta existente,  lanzan de nuevo (reflejan) la luz que se irradia espiritualmente desde el sol para que el planeta sea visible hacia el exterior. Más tarde, los Seres Ahrimánicos imparten la sustancia sólida de la Tierra, generando así el denso velo de maya que se presenta en el mundo exterior de los sentidos. Todo lo que por lo tanto puede ser un objeto de la investigación externa contiene de alguna manera un  elemento luciferico –la  esencia exterior de la luz- y el elemento Ahrimánico –pesadez o la gravedad-. Esto también es parte de la maya que se extiende sobre la realidad espiritual.

Podemos seguir la misma línea de estudio en referencia a otros fenómenos cósmicos, los meteoros,  ellos también están relacionados con los cometas. Los cometas son formaciones espirituales enviadas al Cosmos por las más altas y sublimes Espíritus, pero en el transcurso de su actividad como purificadores de la atmósfera astral, reúnen hacia sí diversas sustancias, gases, etc. Ahora otras formaciones cósmicas, generadas por los ‘anormales’ Espíritus del reino de los Tronos –Seres que deberían  haberse convertido en Serafines y Querubines, pero que han permanecido en la etapa de los Tronos- se arrojan en el camino de los meteoros y  trabajan con una potencia prodigiosa adquirida al haber permanecido en un nivel inferior. Los Tronos son los creadores de las almas-grupo de los minerales y los Tronos rezagados, aquellos que se han quedado atrás, generan formaciones minerales sólidas en el Cosmos, en los meteoritos que a menudo acompañan a los cometas o aparecen a intervalos más o menos regulares de tiempo en la atmósfera de la Tierra. Y así, en estas formaciones – retiradas como están en cierto sentido de las leyes ordinarias en el sistema planetario – tenemos la más alta espiritualidad unida  con la más densa materialidad.

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El comportamiento mismo de los cometas puede recordarnos que los procesos que tienen lugar en el sistema solar no pueden ser exhaustivamente explicados por la teoría Newtoniana de la gravitación. En el caso de los otros cuerpos celestes, también hay algo que siempre se puede detectar, lo cual, cuando la observación se realiza durante largos períodos de tiempo, se ve que es una expresión del trabajo de los Seres espirituales que no han acabado en totalidad su  “Trabajo final”. Es sólo en los cometas y los meteoritos que lo “incalculable”, la arbitrariedad, se hace manifiesta. El factor inconmensurable en los movimientos de los otros  cuerpos celestes muestra que debemos basar nuestra observación de sus movimientos en algo más allá que la teoría de la gravitación, que es válida y autentica para la Tierra.

Ritmo y la periodicidad viven en los movimientos planetarios y constituyen sus leyes primarias; así como la ley de la gravedad mantiene su dominio en el entorno inmediato de la Tierra. (La Tierra, por supuesto, como uno de los cuerpos celestes también participa en las leyes cósmicas del ritmo y la periodicidad). Estas leyes son idénticas a las que el hombre y los demás reinos de la naturaleza han sido moldeados. Por lo tanto el hombre y el universo vuelven a ser uno, nuevamente la religión se une al mundo de las estrellas. Las estrellas  nos muestran las huellas de los hechos de los dioses, que nos llevan a través de los Seres de las jerarquías  a las fronteras de la Divinidad misma. Y en este sentido, Rudolf Steiner fue capaz de decir a sus oyentes, cuando los llevó desde la Antroposofía a la Astronomía: “Cuando observamos la vida del mundo de las estrellas, estamos contemplando los cuerpos de los dioses y, en última instancia, de la Divinidad misma. “

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Traducción: Mª Jesus Garrido