EL HORÓSCOPO PRENATAL (continuación de Astrología III)

Artículo por Willi Sucher, Octubre de 1937

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Los sucesos en las esferas planetarias durante el desarrollo embrionario humano, como hemos visto, describen al cuerpo etérico o cuerpo de fuerzas cósmicas, las cuales permean y vitalizan al físico. Por otro lado, tenemos a una múltiple variedad de fenómenos cósmicos, el reunirse y separarse nuevamente de los diferentes planetas, sus conjunciones, oposiciones, etc. Durante este tiempo, el mundo planetario atraviesa una cierta evolución. Se conforman constelaciones que sólo tienen lugar una vez dentro del curso del Gran Año platónico. Todo esto sucede durante la época prenatal que consta de un promedio de 273 días antes del nacimiento y de éste mismo.

Por otro lado, a través de los ciclos de la Luna, todo este drama planetario entra en una relación definitiva con el curso temporal y el ritmo del devenir del ser humano en la Tierra. El  movimiento vivo, fluido del sistema planetario es –por así decirlo– grabado durante aproximadamente diez ciclos lunares, similar a como se puede grabar el curso de sucesos terrenos en un filme. La organización estelar individualizada, la cual se formó de este modo durante el período prenatal, posee una significancia real y verdadera para la vida entera del ser humano. Separado –como forma de decir– de su origen cósmico, se torna una organización independiente en nosotros, un cuerpo en el tiempo. Le llamamos cuerpo etérico.

El cuerpo etérico toma posesión del cuerpo físico en un momento inicial, lo dirige hacia un curso definitivo del desarrollo orgánico en el tiempo, y lo orienta hacia un objetivo determinado. Le arrebata a la substancia material su tendencia natural por la desintegración y lo posiciona en una corriente de desarrollo, metamorfosis y progreso.

Por virtud de estas fuerzas vivas que forman nuestro cuerpo, tenemos una relación más cercana a las fuerzas de la vida y del crecimiento dentro del mundo vegetal, ya que es un principio similar el que actúa en la planta. En su propia esencia, invisible, suprasensible y reconocible a los sentidos físicos sólo a través de sus efectos, se halla vivo en la semilla y provoca que la planta genere una raíz y que crezca en armonía con los ritmos cósmicos de las estaciones. Impulsa al desarrollo de la planta hacia cierto objetivo por medio de la floración hasta la nueva formación seminal.

Este cuerpo etérico suprasensible de la planta convoca desde el mundo material a un cierto despliegue y desarrollo y aporta un cierto balance entre el buen desarrollo, el crecimiento y los procesos de decadencia y desaparición.

Ahora bien, debe considerarse una diferencia esencial cuando se lo compara con el ser humano. Aún con lo maravilloso del ritmo de su desarrollo, la planta nunca queda liberada del ciclo perpetuo que comienza con la formación germinal y conduce nuevamente a esta misma. El curso temporal de una vida humana terrestre, por otro lado, es único, individual y nunca ha de repetirse. Esto es debido a que el cuerpo etérico humano se ve constantemente influido desde la esfera del alma –el así llamado cuerpo astral– y desde el Yo o Ego. Estos miembros superiores –el cuerpo astral y el Yo– no se hallan presentes en la planta. Por de pronto, la planta es una imagen pura y hermosa de la labor del cuerpo etérico, el cual establece el lazo entre los ritmos cósmicos y la inercia de la materia terrestre. El cuerpo etérico aporta vida cósmica y movimiento dentro de la rigidez del mundo mineral terrestre.

Entre las fuerzas del vasto cosmos y aquellas de la Tierra, el principio etérico es el mediador esencial. Pero la misma imagen surge cuando retornamos a nuestro punto de partida, las constelaciones prenatales. El reino planetario, que es un cuadro del cuerpo etéreo, es el intermediario entre el cosmos de las estrellas fijas que se halla concentrado arriba en el zodíaco, y la Tierra como lugar de nacimiento.

Un aspecto de todo esto nos ha sido mostrado en el ejemplo del horóscopo prenatal de Richard Wagner. Las constelaciones de Cáncer y Sagitario aportan un contenido espiritual interno a las conjunciones planetarias que son ocasionadas delante de éstas. Semeja al curso de un drama sobre el escenario; los actores son los planetas, los signos del zodíaco son como el escenario –los bastidores en tiempo y espacio. Sin embargo, el drama también requiere de una audiencia; su efecto ético ha de quedar impreso en los corazones de quienes lo presencian. ¿Dónde está el último elemento a ser encontrado?. Es dentro de la esfera de la Tierra en donde hemos de buscarle. El reino terrestre es la  verdadera contraparte del mundo de las estrellas fijas. El reino etérico de los planetas media entre ambos. Mismo en el período prenatal, el desarrollo físico del embrión tiende hacia el reino terrestre, aunque en su propia forma como espacio terrestre,  el elemento Tierra sólo comienza a hacerse presente al momento de nacer.

¿Cómo se revela esto entonces?. El nacimiento ocurre en un lugar particular de la Tierra y a cierta hora del día o la noche. Esto le otorga al espacio terrestre una relación definitiva con respecto al cielo estelar, ya que en ese momento se eleva una determinada constelación por el horizonte Este y otra constelación se pone por el Oeste, otra se ve pasando por el meridiano, etc. Por lo tanto, también los planetas poseen una relación fija con respecto al espacio terrestre. Por ejemplo, si el nacimiento ocurre durante la mañana, el Sol se estará elevando por el Este; si ocurre por la tarde, el Sol se hallará en el Oeste. Entonces, el espacio terrestre –su configuración característica dada por los planos del horizonte y el meridiano– se relacionará a cada momento de un modo diferente con el cosmos. Este espacio terrestre es el tercer elemento a ser considerado dentro de aquello que habremos de juzgar en las constelaciones prenatales. Si bien esto no es visible durante la época prenatal sino solamente a partir del nacimiento en adelante, el desarrollo prenatal tiende de todos modos a esto.

Los planos del horizonte y del meridiano nos proporcionan una división natural del espacio terrestre en cuatro cuadrantes al ocurrir el nacimiento. Con el transcurrir del tiempo, la Astrología adoptó una visión más elaborada de estos cuadrantes y los dividió en tres respectivamente, obteniendo 4 veces tres, es decir doce partes del espacio que concluyen centrándose sobre el eje norte-sur del espacio terrestre, como si fuesen los gajos de una naranja.

En el espacio así formado, el cosmos –sobre todo el zodíaco– actuará de manera muy diferente según la hora del día y la latitud geográfica.

En el gráfico siguiente hemos intentado representar cómo es que el zodíaco y el mundo planetario irradian hacia el espacio terrestre al acontecer el nacimiento de Richard Wagner, tomando en consideración que no es fácil representar un suceso tridimensional en dos dimensiones. Richard Wagner nació al amanecer, vemos por lo tanto al Sol levarse por sobre la línea del horizonte Este (el Ascendente astrológico), pero se halla suficientemente alejado hacia el Noreste. El zodiaco emerge a través de un arco bastante elongado hasta la línea del meridiano –representado por el MC o Medium Coeli– y a partir de allí desciende en un arco comparativamente corto hacia el Sudoeste. Las relaciones correspondientes se hallarán en el hemisferio espacial por debajo del horizonte, sólo que en orden inverso.

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En el círculo interno obtenemos algo similar a la imagen convencional del horóscopo natal. El Sol sobre el Ascendente, es decir que se eleva. Venus y Mercurio ya se han elevado; la Luna, Marte y Saturno se hallan  cerca del meridiano; Júpiter está por debajo del horizonte. Desde el lugar del nacimiento (representado por una O), el espacio restante se divide en doce partes (cuatro cuadrantes de tres sectores respectivamente, como he descrito arriba) y que pueden ser numerados del 1 al 12 –las tan conocidas casas astrológicas.

Pese a ser tan familiares  en la Astrología moderna, las personas encuentran a menudo las mayores dificultades al querer traducir estos horóscopos  diagramáticos en una imaginación real y verdadera de los hechos cósmicos al momento en que nace un ser humano. Esto es en si lo que se precisa. Podemos suplementar entonces al gráfico de arriba con un dibujo más tridimensional, que nos ayudará a crear una comprensión.

El dibujo ha de ser visto situándose uno en el cosmos exterior. Desde allí vemos al plano horizontal con sus direcciones: Este, Oeste, Norte y Sur. El círculo vertical prolongado es la línea del meridiano, mientras que el círculo oblícuo que lo corta sobre el punto del MC, representa al zodiaco. El plano del horizonte se encuentra con el zodíaco en el Ascendente y lo divide en dos porciones, la visible que está dibujada por medio de una línea continua y la invisible que se la ha representado por una línea punteada por debajo del horizonte. El Sol se está elevando. El arco del zodíaco desde el Ascendente hasta el MC es más largo que aquel del Descendente –el punto por el cual se pone en el Sudoeste. El dibujo nos muestra éstas y otras circunstancias.

Por lo tanto, los fenómenos  son ternarios: en primer lugar está el zodíaco, seguidamente están los planetas que se ubican al ocurrir el nacimiento, proviniendo desde su trayectoria prenatal, y tercero está el espacio terrestre, dividido en cuatro o doce segmentos. Agregar los doce segmentos a nuestro segundo dibujo hubiera sido demasiado complicado, pero de todos modos podemos reconocer los cuatro cuadrantes. El plano del horizonte divide al espacio en un hemisferio superior e inferior, el plano del meridiano lo divide en una mitad Este y Oeste. Así surgen los cuadrantes del I al IV, cada uno de ellos divididos a su vez en tres partes, obteniéndose doce.

En el artículo precedente se mostró cómo pueden ser leídas las relaciones entre los planetas y las constelaciones del zodiaco, incluso como escritura cósmica. Por ejemplo, el movimiento de Saturno en Sagitario, visto en conjunción a Mercurio, Venus y Marte respectivamente, pudo verse como pleno de significancia en la vida  de Wagner. La pregunta sería ahora ¿cómo se enriquece la escritura cósmica por medio de la inclusión del aspecto del espacio terrestre al ocurrir el nacimiento?.

Estas constelaciones acontecieron con Saturno en un lugar del zodiaco que, al producirse el nacimiento, está irradiando hacia el espacio de la 8ª y 9ª casas, desde el lado opuesto hacia las casas 2ª y 3ª también. Este hecho se ve indicado en el círculo exterior del primer diagrama. Pero para empezar, debemos intentar adquirir cierta visión acerca del significado de las así denominadas casas, que especifican y dividen al espacio terrestre en doce partes.

Si los planetas son un cuadro del cuerpo etérico y reciben en ellos –digamos– las intenciones del mundo astral de las estrellas fijas, el espacio terrestre viene a ser una especie de pizarra en donde se escribe desde el cosmos. Es un cuadro de lo puramente físico, de hecho el cuerpo físico de un ser humano, con todas sus peculiaridades visibles, hablándonos de lo hecho por los dioses por medio de las herramientas del universo estelar. El espacio terrestre al momento del nacimiento es una imagen cósmica del cuerpo físico, ya que las doce casas representan a la naturaleza dodecamórfica del cuerpo, como se conoce en ocultismo. Las doce casas, en efecto, es el zodiaco de doce miembros invertido en el reino terrestre. El zodiaco irradia hacia la Tierra mientras que los doce segmentos terrestres se abren receptivos al cosmos circundante.

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No carece de significado el hecho de que en Astrología, se indica tradicionalmente a las doce casas con los símbolos del zodíaco. Debemos recordar solamente que las casas están relacionadas con el cuerpo humano. Consiguientemente, podemos representar a la 1ª casa por medio del signo de Aries, la 2ª por el de Tauro, la 3ª por el de Géminis, hasta llegar a la 12ª representada por Piscis.

De tal modo obtenemos las siguientes relaciones entre las doce casas y el cuerpo humano físico:

1ª Casa = Aries  relacionada con el porte vertical de la cabeza, enfatizando esta línea en contraste a la postura horizontal del animal.

2ª Casa = Tauro   ésta es la imagen de la laringe y todo aspecto del cuerpo relacionado con la formación del lenguaje y el sonido.

3ª Casa = Géminis   conectado con la simetría del cuerpo humano, especialmente ambos brazos; también con la simetría relativa de las dos mitades del rostro, pulmones, etc.

4ª Casa = Cáncer  el símbolo mismo indica el gesto envolvente del tórax, las costillas, etc.

5ª Casa =  Leo   este símbolo es también la pura imagen que revela a Leo en su relación con el sistema circulatorio, con su centro en el corazón.

6ª Casa = Virgo   relacionada con las partes internas del cuerpo que se sitúan por debajo del diafragma.

7ª Casa =  Libra   conectada a la región de las caderas, el punto de balance entre los impulsos superiores que se dirigen hacia el interior, y aquellos inferiores que corresponden a los órganos del movimiento y que están más en contacto con el mundo exterior.

8ª Casa = Escorpio   relacionada a los órganos reproductivos

9ª Casa = Sagitario  aquí nos hallamos en la región de los muslos, mostrando claramente la tendencia hacia el exterior, el ser humano relacionándose con el medio ambiente terrestre.

10ª Casa = Capricornio  relacionada con las rodillas, pero en un sentido más amplio abarca a todas las articulaciones, aportándole al cuerpo su mecánica y su movilidad.

11ª Casa = Acuario  la región de las pantorrillas halla su expresión aquí; también los antebrazos, brindando el poder del movimiento armonioso y bello.

12ª Casa =  Piscis   se asocia a los pies y las manos, que tocan, trabajan y pisan sobre las cosas del mundo físico externo.

En el caso de Richard Wagner, la cuestión significativa es que las conjunciones prenatales a Saturno tuvieron lugar en una región del cosmos en donde se despliegan las casas 8va y 9na, o la 2da y 3ra desde el lado opuesto. La trilogía de la escritura cósmica se presenta del siguiente modo:

  1. constelación del zodíaco: Sagitario;
  2. Saturno bajo diferentes conjunciones;
  3. 8ª y 9ª (2ª y 3ª) casas.

Todos los sucesos que fueron preconfigurados en el cuerpo etérico de Richard Wagner a través del trayecto prenatal del Sol, Mercurio, Venus y Marte por delante de Saturno en Sagitario, ingresan finalmente en esas casas, en las esferas corporales de Tauro y de Géminis. Estos sucesos prenatales corresponden al destino del Richard Wagner de los años 1849, 1853, 1857, 1876-7 (considerado más en detalle en el artículo precedente), durante los cuales Richard Wagner atravesó por tempestades y pruebas en sus experiencias hasta alcanzar la altura de su grandeza histórica y un artista y compositor que marcó época en nuestro tiempo.

 Las fuerzas cósmicas, predispuestas en el reino etérico, encarnaron en las esferas del organismo del lenguaje y de los brazos que ponen en marcha a la acción, es decir en la esfera que permite la experiencia y el manejo de la palabra y el sonido. Se tiene la impresión de que todo esto nació primeramente en un modo germinativo dentro de los órganos del oído y la laringe, para luego afluir en los poemas, las composiciones y las escenas dramáticas logradas por Richard Wagner gracias a sus brazos y manos.

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Todo esto hubo de ser obtenido a través de un arduo y difícil camino de vida. Ciertamente es un hecho impresionante que Wagner no haya podido ser capaz de establecer su arte en el teatro de Bayreuth recién a los 63 años, del modo que respondía a su ideal. Vemos aquí a la tendencia de Sagitario (♐), en donde encontramos la imagen de un ascenso arduo y difícil. Saturno recibe esta tendencia cósmica dentro suyo y la canaliza en la formación del cuerpo etérico, gracias a todos los encuentros con los demás planetas durante el tiempo previo al nacimiento.

Todo esto fue llevado al cuerpo físico del modo en que lo hemos descrito, y la individualidad eterna de Richard Wagner lo tomó e hizo de esto un logro maravilloso, lo cual nos ha sido brindado con su biografía -su trayecto por la vida terrena.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

 

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Astrología III. La significancia de los sucesos prenatales entre los astros

Artículo por Willi Sucher, Septiembre de 1937

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Con la ayuda de la Regla Hermética, descubrimos en los artículos anteriores cómo es posible hallar una cierta constelación —es más, un sistema vivo de constelaciones que se relacionan todas entre sí—. Nuestra tarea consistirá ahora en conectar estos hechos cósmicos con la vida terrena de un ser humano.

Comenzaremos con el caso de Richard Wagner. Entre el 15 de Agosto de 1812 (constelación de la época prenatal) y el 22 de Mayo de 1813 (su fecha de nacimiento), la Luna completó diez revoluciones alrededor del zodíaco y recorrió el pequeño espacio que dista desde Sagitario hasta Acuario. También tomamos en consideración al trayecto de los planetas y del Sol. Aquí es donde encontramos la llave necesaria que nos posibilita ingresar en estas relaciones de un modo real.

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La experiencia en sí misma mostró que los ciclos lunares en esta época prenatal son como cuadros reflejados –digamos– que nos anticipan los ritmos subsecuentes de nuestra vida terrestre. Tomemos como ejemplo nuevamente a Richard Wagner. En la constelación prenatal del 15 de Agosto de 1812, la Luna partió desde el signo de Sagitario, detrás de la cual se halla la constelación real de Escorpio. Siguiendo a la Luna en su trayecto de 27,3 días, arribamos nuevamente a Sagitario. Este primer ciclo lunar prenatal está relacionado a la vida temprana de Richard Wagner, desde su primer al séptimo año de edad. El ciclo lunar siguiente, transcurridos una vez más los 27,3 días hasta arribar al punto de partida en Sagitario, es un reflejo del período de vida que va desde los siete a los catorce años de edad. Cada uno de los ciclos lunares consecuentes, de este modo, representa a un ciclo contíguo de siete años. En los aproximadamente diez ciclos lunares prenatales tenemos 70 años preconfigurados (10 veces 7). Setenta años representan un cierto promedio ideal de la duración de la vida humana.

Esta relación de los ciclos lunares prenatales con los períodos heptagesimales de la vida terrena subsiguiente, es un concepto completamente nuevo en Astrología. Como fuere, no estamos intentando suplantar a otras relaciones que estén consideradas en la Astrología clásica. Las así llamadas direcciones astrológicas, por ejemplo, representa a otra manera de relacionar a los sucesos en el cielo estelar con el curso de la vida en el tiempo. Descripciones posteriores mostrarán que este punto de vista también es justificable, como también será posible reconocerle un profundo trasfondo espiritual.

Esta correspondencia del período prenatal con los subsecuentes ritmos temporales logra que emerja un cuadro expresivo del drama de la vida humana. En el caso de Richard Wagner, al inicio de cada nuevo ciclo, la Luna arriba nuevamente a la constelación de Escorpio. De esto podemos conjeturar que esta personalidad, al inicio de cada nuevo período heptagesimal de vida –por ejemplo, a las edades de 21, 28 y 35 años– habrá de atravesar tiempos difíciles en su vida; Escorpio es ciertamente difícil. Hasta cierto punto, podremos confirmar esto cuando consideremos su biografía.

Como tales, los ritmos lunares en sí mismos sólo nos aportarían indicaciones de algo que se repite monótonamente alrededor de diez veces –aburrida e invariablemente. Es gracias a los otros planetas que esto no sea así. También ellos tienen sus encuentros dramáticos y relaciones entre sí durante todo el tiempo previo al nacimiento; consiguientemente, los ritmos repetidos de los ciclos lunares adquieren un carácter más individual.

Por ejemplo, tomemos el comienzo del sexto ciclo lunar en la constelación prenatal de Richard Wagner, el 30 de Diciembre de 1812. Hasta ese momento, la Luna – comenzando en Sagitario el 15 de Agosto de 1812– dio cinco vueltas completas alrededor del zodíaco y está a punto de comenzar el sexto ciclo lunar. Pocos días después, el 2 de Enero de 1813, es Luna nueva –es decir que la Luna pasa por delante del Sol, quien se halla en ese momento en el signo de Capricornio. Al mismo tiempo, el Sol está conjunto a Saturno, con lo que obtenemos el siguiente cuadro en el cosmos: la Luna, el Sol y Saturno se hallan uno por detrás del otro, todos ellos en el signo de Capricornio, siendo Sagitario la constelación real.

Por lo tanto, en ese momento ocurre algo individualizado y único en el desarrollo prenatal, y sucediendo ésto al comienzo del sexto ciclo lunar, se producirá un reflejo de estos eventos en la vida de Richard Wagner durante el cambio del quinto al sexto período heptagesimal. Esto podremos confirmarlo, pero primero consideraremos de esta misma manera a un par más de estos sucesos que tuvieron lugar en el cielo estelar durante el período prenatal.

Al comienzo del séptimo ciclo lunar, el 27 de Enero de 1813, se produjo una conjunción entre el Sol y Mercurio. Esto estaría relacionado a la edad de 42-43 años en la vida de Richard Wagner. Unos pocos días después, el 3 de Febrero de 1813, Venus pasa por delante de Saturno. Para aquel entonces, la Luna ya se había alejado de su punto de partida en Sagitario, hallándose ahora en Piscis y habiendo completado 2/7 de un nuevo ciclo lunar. Por lo tanto, el tiempo de vida que obtenemos como resultado será 42 + 2 años = 44 años. El significado dramático de este momento está indicado por la conjunción entre Venus y Saturno en Capricornio. Finalmente, no mucho antes del nacimiento –el 20 de Abril de 1813– se produjo una conjunción entre Marte y Saturno en Capricornio. La Luna ya había comenzado su décimo ciclo y se hallaba delante de Marte y de Saturno en Capricornio. Esto nos recuerda al caso anterior, cuando la Luna, Marte y Saturno se hallaban juntos, sólo que ahora tenemos al Sol en lugar de Marte. Siendo éste el inicio del décimo ciclo lunar, hemos de relacionarlo a los 64 años de edad en la vida de Wagner.

Del mismo modo podría observarse una multitud de otras relaciones entre los planetas durante el período prenatal, puesto que solamente hemos considerado a las conjunciones del Sol, de Mercurio, de Venus y de Marte. Tomando en consideración a todos los demás aspectos, obtendríamos una imagen altamente intrincada. Hemos descubierto cuatro momentos esenciales:

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Además de estos hechos cósmicos, debemos considerar ahora a la biografía de Richard Wagner: en el año 1849, Wagner se vio en una situación muy difícil. Había tomado parte activa en la revolución que se había desatado en Dresden. Los revolucionarios fueron derrotados y Wagner se vio obligado a huir a Suiza, que le significó el principio de un largo y arduo período de exilio. Desde un aspecto más externo, estos sucesos llegaron casi a destruir su existencia física, pero no por ello fueron de menor importancia en lo concerniente al aspecto espiritual. Esto sucedió hacia la mitad de la vida de Wagner, y pareciera como si en ese momento se encontrasen dos seres que se combaten mutuamente en su vida interior. Wagner era uno de esos hombres tanto fuertes como capaces de imprimir la mítica realidad superior de su ser verdadero por sobre la naturaleza humana inferior.

Ambos – el hombre inferior y el superior que pertenece al futuro- se hallaban en este año en una situación peculiar entre sí en la vida de Wagner. Su participación en un conflicto revolucionario es un síntoma de esto. El portaba consigo la fuerte voluntad de hacer nacer una nueva forma artística, una que elevase al ser humano hasta un nuevo y por lo tanto insospechado nivel existencial. Pero en los muchos años de conflicto y deamarga frustración hasta entonces, hubo de experimentar todos los obstáculos a los cuales está sujeto el ser inferior. En la convulsión radical  del orden social existente, creyó ver la preparación de los caminos por sobre los cuales puede elevarse la humanidad hasta niveles más altos, en armonía con los ideales artísticos que sentía dentro suyo. El curso de los sucesos demostró que estaba equivocado, y Richard Wagner hubo de sufrir por ello. El año 1849 representa una incisión profunda en su vida. De aquí en más, tuvo que trabajar inexorablemente por la realización de su ideal artístico, vivenciándose como un hombre común, meramente civil y citadino. De hecho, fue en este momento que la comunidad civil a la que había pertenecido lo incitaal exilio. Fue perseguido por el rol jugado en la revolución, y debieron transcurrir muchos años antes de que pudiera poner pie nuevamente en su Alemania natal.

Como dije, estos sucesos se ven reflejados en la conjunción prenatal entre Saturno y el Sol en la constelación de Sagitario. ¿Cómo podemos relacionar esta situación en el destino de los seres humanos con las fechas cósmicas?. Las antiguas reglas astrológicas no nos serán de ayuda aquí, ya que nos vemos confrontados con un concepto astrológico completamente nuevo. Hemos de buscar modos y métodos nuevos.

En primer lugar debemos observar que la conjunción tuvo lugar en la constelación de Sagitario cuyo símbolo es (♐). Intentemos ahora ahondar más bien en el lenguaje simbólico del zodiaco. La flecha de Sagitario indica algo semejante a un movimiento, algo que se direcciona hacia un cierto objetivo. Para que este lenguaje nos sea más claro, quizás deberíamos transformar el símbolo de este modo   como si fuese un trayecto ascendente, escarpado y tortuoso .

Saturno se ubicó en la esfera de Sagitario durante todo el desarrollo embrionario de Wagner. Ahora bien, Saturno posee un carácter de pesadez; de hecho está relacionado al plomo como metal. Por sobre todo, es el representante del destino inexorable así como del tiempo en sí mismo. Por consiguiente, Saturno en Sagitario indicará un transitar del desarrollo hasta un determinado objetivo, llegando a ser arduo, tortuoso, inclusive doloroso. Luego el Sol se coloca por delante de Saturno, quien posee al centro y a la periferia en equilibrio señalados en el símbolo del Sol. El Sol ha llegado hasta aquí desde la constelación de Leo, y como bien podemos imaginar, está conectado a un elemento de fortaleza y acción.

El Sol conjunto a Marte en Leo ( a como estaba ubicado en la constelación de la época prenatal el 15 de Agosto de 1812), es un verdadero cuadro de la energía impresionante de la naturaleza de Wagner. Ya que en este contexto, la conjunción entre el Sol y Marte significa un realce del poder activo, fisiológicamente significativo pese a todo.

Por lo tanto, cuando el Sol pasa por delante de Saturno en Sagitario, se hace posible poner a esta gran energía en movimiento, que en el caso de Wagner se ve dirigida hacia un ideal artístico para el futuro de la humanidad, para ser purificado y trasmutado a un nivel superior. Esto es lo sucedido en los sucesos de 1849.

De la misma manera hemos de entender el paso de los otros planetas, Mercurio, Venus y Marte por delante de Saturno. Todas estas imágenes de estadios sucesivos es un camino del destino arduo y cuesta arriba; sin embargo, el increíble genio de Richard Wagner es capaz de ponerle al servicio de su capacidad creativa.

El paso de Mercurio por delante de Saturno está conectado con el año 1855 aproximadamente (véase cuadro). Wagner se encontraba en Zürich en aquel momento. La tragedia de las tres mujeres que jugaron parte decisiva en su vida alcanzaba un punto álgido. En primer lugar, comenzó a distanciarse más y más de Minna Wagner, que hasta entonces había sido su fiel compañera, a su modo, a través de toldas las dificultades en su vida. Las muchas y diversas diferencias entre ambos los llevó a apartarse más y más. Además, fue por entonces que MathildaWesendonk apareció en la vida de Wagner, causándole gran impresión. Tristán e Isolda es una de las imágenes y el fruto de profundas emociones y de amplias vivencias interiores que él vivió con ella. Finalmente, fue durante los mismos años que CósimaBülow se relacionó con él. Ella fue quien le ayudó a concluir la labor de su vida.

Mirando de este modo por sobre la vida de Wagner, nos vemos conducidos hacia un aspecto remarcable, el cual quizás nos sea posible indicar en un diagrama:

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Fue en el año 1834-5 que Wagner conoce a Minna Planer, quien se vuelve su esposa. Aproximadamente 3×7 = 21 años distan desde allí hasta el año 1855 del que hemos estando hablando. Entre medio, ocurrieron los sucesos de 1842 y 1849. En 1842, habiendo sufrido épocas de gran privación, Wagner retorna de París a Dresden, y 1849 fue su dramática partida de Dresden – su huída a Suiza. Comparando a estos tres ciclos de siete años -como indicado en el diagrama- vemos que hacia mediados del quinto período heptagesimal (28 a 35) ocurre un punto de inversión en la vida de Wagner. Cada suceso subsecuente es como un reflejo del suceso correspondiente a este punto de inversión, si bien a un nivel superior. Así es que el retorno de París, en donde no fue mayormente bien recibido, reaparece ahora en la huída de 1849. La primer experiencia con MinnaPlaner en 1834, es transformada en la culminación de 1855. Podemos ganar cierta idea sobre los impresionantes cambios internos que han de haber tenido lugar en  este alma humana hacia la edad de 42 años (en 1855), cambios que sólo han de pronunciarse con gran reserva pero que ciertamente fueron de profunda significacia para su creación. La posibilidad de estos profundos cambios estaba enraizada en todos aquellos sucesos que fueron preconfigurados durante su vida prenatal por medio de la conjunción de Mercurio y Saturno.

El paso de Venus por delante de Saturno se relaciona de modo similar con el año 1857, cuando los sucesos que le adjudicamos a Mercurio alcanzaron su culminación, mientras que al mismo tiempo surge otro elemento completamente nuevo. El Viernes Santo de 1857, tras un largo período de oscuridad exterior e interior, Richard Wagner experimenta la profunda experiencia de una nueva vida al salir el Sol, el comienzo de la primavera. El recuerda que de repente surge en él el pensamiento sobre el Viernes Santo mientras leía el Parsifal de Wolfram von Eschenbach. A partir de esta impresión concibió rápidamente su propio drama sobre Parsifal, destinado en modo único a ser la corona de toda la labor de su vida.

Este suceso halla su reflejo en la constelación prenatal de Venus. El 15 de Agosto de 1812, venus había estado en conjunción a Júpiter, a comienzos de la constelación de Cáncer. Pasando subsecuentemente por delante de Saturno, la influencia venusina () fue poderosamente realzada por las profundas y difíciles experiencias que ocurrirían en el año 1857, transformando así al símbolo de Cáncer en la imagen  del Espíritu cósmico proveniente de un pasado primigenio, pasando a través de la era presente de la vida humana y desplazándose nuevamente hacia el futuro cósmico de la Tierra:

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El símbolo de Cáncer puede ser tomado como la imagen de dos espirales que van de una a la otra  -una con movimiento envolvente y la otra que desenvuelve, significando el pasaje vivo y perpetuo que va del pasado al futuro.

Sólo nos es necesario seleccionar a tres personajes del Parsifal de Wagner:Titurel, Amfortas y mismo Parsifal, y la imagen cobra vida. Titurel representa al pasado cósmico, Amfortas al presente de la evolución humana en el medio de la crisis y el sufrimiento, y Parsifal al espíritu sanador del futuro de la Tierra, sostenido por el profundo poder del Santo Grial.

Parsifal fue el objetivo innato en la vida de Wagner, a ser obtenido por medio de un largo y pesado peregrinaje. En 1882, cuando el drama terminado fue presentado por primera vez, su vida estuvo realizada; un año más tarde, en 1883, abandona la Tierra. Este paso final hacia la perfección estaba reflejado en la conjunción prenatal entre Marte y Saturno, en virtud de los ciclos lunares se relaciona al año 1876-7. En el año 1876 se ejecuta por primera vez al Anilloen Bayreuth; en 1877, el texto del poema del Parsifal fue completado. La primer ejecución completa del Anillo de los Nibelungos puede considerarse como el clímax de una larga época  de evolución interior en Richard Wagner. Una vez más, fue una época que abarca tres veces siete años ( 1857/77) y solamente cuando finalizó este período se vio capaz de terminar el texto para el Parsifal y componer la música. Es de este modo que Marte, que se hallaba conjunto al Sol en la época prenatal del 15 de Agosto de 1812 y de algún modo representaba  una síntesis más elevada de energía creativa, hubo de esperar más prolongadamente para toda su realización. Ahora, tras larga espera, resultó ser la corona de la labor de la vida de Richard Wagner.

Por lo tanto, en la constelación prenatal de un ser humano, puesto en relación a los ciclos lunares, tenemos algo semejante a un plan prefigurado y profético de la vida terrena que esta a punto de comenzar. Es ciertamente un organismo altamente complejo tejido desde las esencias espirituales del cosmos, formado de manera completamente individual para cada ser humano, e incorporado a la naturaleza del ser humano terrestre. Esta delicada entidad cósmica no labora como mero poder abstracto o decreto del destino. Es una realidad viviente, colaborando en formar y configurar mismo al cuerpo físico. En efecto, podemos detectar a este cuerpo estelar incluso en la formación orgánica del cuerpo, en las enfermedades y sus tendencias. Es en sí mismo un cuerpo respondiendo al cuerpo físico a un nivel superior. Podemos relacionarlo a lo que se conoce en el ocultismo como cuerpo etérico.

Así es como este cuerpo, tejido a partir de las fuerzas de los astros, no es más que un plan preconfigurado de la vida terrena que deviene. Es como el mapa de un país. Podemos descifrar nuestro recorrido dentro de una dirección determinada, unificándonos hasta cierto punto con un propósito tal, ya sea en pos de una experiencia interior  a través de un paisaje al que nunca estaremos amarrados.

Desde las impresiones que recibimos por medio de nuestros sentidos a medida que vamos transitando nuestro camino, podemos despertar en nosotros todo lo que la vida interior y la imaginación del alma puede lograr. Mientras más vivos estemos, más recibiremos. Por ello es que  no puede existir ninguna determinación absoluta por parte del mundo estelar por sobre el curso de la vida humana.

Audio de la biografía de Richard Wagner

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz

21ª Carta. Nuestra conexión con las Estrellas. La Luna/Venus de Tycho

Diciembre, 1945

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Si tomamos las posiciones de los planetas en el zodiaco en el momento de la transición de los Nodos Lunares a través del lugar donde está la Luna en el nacimiento y las traducimos al lenguaje del universo filosófico que esbozamos en la última carta, entonces podemos encontrar la “filosofía” de un ser humano. Por supuesto el  cálculo por sí solo no es suficiente, pero tenemos, en todo caso, al menos dos posibilidades: una la de la posición anterior y otra desde la posición después del nacimiento.

En relación con los nacimientos históricos, no es difícil encontrar el evento correcto, ya que podemos encontrar desde las biografías  las tendencias filosóficas generales de estas individualidades. Estos estudios históricos también proporcionan una respuesta a este problema que no puede resolverse sólo mediante el cálculo.

En la natividad de Tycho de Brahe, nos encontramos con la Luna en el signo de Virgo. Esta es la puerta de entrada de los reinos más elevados de la existencia espiritual en la existencia de la Tierra, y después del nacimiento esta puerta nos lleva a un despertar de las fuerzas del alma consciente.

Ahora vamos a tener que encontrar el momento en el que uno de los dos nodos de la luna estuvo en esta posición y abrió la puerta, por así decirlo. Sucedió poco antes del nacimiento de Tycho en junio 1541.

Nueve años más tarde en octubre de 1550, el otro nodo lunar se posiciono en ese punto de Virgo, pero podemos ignorar este evento por el momento y concentrarnos únicamente en el otro evento en 1541.

Podemos encontrar en ese momento una agrupación muy esclarecedora de los planetas en el zodiaco. La mayoría de ellos, el Sol, la Luna, Mercurio, Venus y Marte, se concentran en el signo de Géminis. Júpiter esta en el signo de Leo y Saturno en la constelación de Virgo. La acumulación en Géminis sugiere una fuerte inclinación hacia el estado de ánimo filosófico del Matematismo, pero en este caso se trata de una especie bastante intrincada de Matematismo.

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Tycho de Brahe dio expresión a esto al convertirse en astrónomo. Pues la astronomía, y en especial la astronomía que, en los días de Tycho de Brahe existía como una rama de la ciencia moderna, se basaban en gran medida en las matemáticas. Sin embargo, en este caso se diferencia. El Sol estaba en  la constelación de Géminis, lo que indica que el estado de ánimo filosófico era un Matematismo experimental como la tendencia del empirismo, es decir, una concepción matemática astronómica del mundo a la luz de la experiencia sensible. Tycho de Brahe se hizo famoso por su catálogo de estrellas, que contenía las posiciones exactas de cerca de mil estrellas. Kepler basó su trabajo en observaciones muy precisas de Tycho del planeta Marte.

Este Matematismo tiene todavía diferentes aspectos. Encontramos que la Luna, Mercurio y Venus estaban en Géminis. Ellos representan las tendencias filosóficas de Ocultismo, Trascendentalismo y Misticismo. Esto puede parecer una contradicción con la concepción del mundo del Matematismo; sin embargo, podemos llegar a entender esto si tratamos de imaginar el otro lado del ser de Tycho. Fue uno de los astrólogos más capaces de su tiempo, aunque no mucha gente sabía de sus capacidades. Cuando apareció un cometa en el año 1577, predijo desde el estudio del mismo que “en el Norte -Finlandia- nacería un príncipe que arrasaría Alemania y luego desaparecería en 1632”. Una predicción de este tipo no sólo puede explicarse como un “golpe de suerte”; Indica que Tycho de Brahe tenía una visión muy profunda de la estructura matemática del universo estrellado, y que era un verdadero ocultista, en este sentido, pues esta predicción, así como otras, literalmente, se hicieron realidad. Mucho tiempo después de la muerte de Tycho de Brahe, el rey Gustavo Adolfo de Suecia, que nació en Finlandia, apareció en Alemania, y murió en la batalla de Luetzen en 1632.

Marte también estaba en la constelacion Géminis y esto indica que la concepción de Tycho del universo no fue la de unas Matemáticas abstractas. No concebía el mundo como un gigantesco mecanismo que se mueve de acuerdo con las leyes matemáticas que los científicos a menudo conciben en nuestros días, sino como una acumulación de fuerzas que provocan los distintos movimientos en el cielo estrellado. Kepler, su discípulo, también tenía todavía un poder similar de entendimiento, y podemos leer en sus escritos que vivió los cuerpos celestes como si estuvieran penetrados por seres de alma.

Júpiter en Leo revela otra cara de la concepción del mundo de Tycho. Es la tendencia al Logismo en el estado de ánimo del Sensualismo. Podemos imaginar que Tycho tenía el coraje suficiente de confiar en lo que le revelaban los sentidos, sin partir de ideas preconcebidas, y después agregar la imagen  del universo. Era la época del nacimiento de la ciencia moderna y Tycho de Brahe fue uno de los primeros científicos que dejo guiar su pensamiento por el Sensualismo, es decir por el lenguaje de las impresiones de los sentidos. Hay más del sensualismo de Tycho en la imagen del mundo moderno y sus aplicaciones prácticas de lo que generalmente creemos.

Saturno estaba en la constelación de Virgo, que representa a la Gnosis en el estado de ánimo del Fenomenalismo. La manifestación de un panorama tan filosófico difícilmente puede ser rastreada en lo que tenemos como el registro documental de la vida de Tycho. Esta muy escondido y sólo lo podrán saber unos pocos de sus contemporáneos.

Anteriormente hemos señalado que Tycho no sólo era astrónomo, era también alquimista. Sabía que el buscador tiene que combinar ambas investigaciones con el fin de encontrar la verdad. Por lo tanto, en su observatorio hizo experimentos con las sustancias de la Tierra a codo con sus observaciones astronómicas. Y su objetivo era descubrir la reacción de los sucesos y condiciones en el cielo estrellado sobre las sustancias terrenales.

Tycho no daba por sentadas las viejas tradiciones alquímicas; el hizo los experimentos para que los “fenómenos” pudieran revelar la verdad. Fue a través de este trabajo que desarrolló el punto de vista de la Gnosis en el estado de ánimo de Fenomenalismo. Este es el nacimiento espiritual de Tycho de Brahe. Es de gran importancia. En términos generales el nacimiento espiritual revela algo de la naturaleza superior de un ser humano, lo que resalta la verdadera naturaleza humana en contraste con los seres de los otros reinos de la naturaleza.

Los hechos astronómicos muestran esto. Salimos por la puerta de entrada de la Luna en el nacimiento al espacio cósmico. De hecho, todo lo que se refiere a los pasos de la bajada de un alma humana a una encarnación terrenal está relacionado con esta pasarela del “carril” de la Luna en el nacimiento. Las etapas del desarrollo embrionario están especialmente conectadas con la Luna, pues todos estos eventos, que llevan finalmente a la natividad física, tienen lugar, por así decirlo, dentro de la esfera de la Luna, que está rodeada por su órbita.

Con el fin de encontrar la natividad espiritual, tenemos que ir más allá. Sin embargo, tras el “carril de la Luna”, llegamos a la frontera de la esfera de la Luna, y ahora tenemos que esperar hasta que se abra la puerta  desde la esfera de la Luna hacia una esfera superior. Esto sucede tan pronto como uno de los nodos Lunares entra en la dirección del carril de la Luna. El Nodo lunar es la llave que abre la puerta de la Luna a la esfera solar. (En la 14ª carta  ya describimos este hecho). Ahora podemos entrar en la esfera del Sol, y es en ese mismo momento donde tenemos el aspecto de la natividad espiritual. Por lo tanto, también lo podríamos llamar el nacimiento Solar, en contraste con el nacimiento  lunar.

La Natividad Lunar muestra cómo se presentan las adquisiciones prenatales y bosquejos predestinados a la existencia del alma humana en las sustancias terrenales para finalmente incorporarse a la corriente  hereditaria. La natividad Solar muestra todo lo contrario; muestra nuestra la “super-herencia” del ser, nuestro origen en el mundo de los dioses. Pues es desde el Sol o la natividad espiritual donde se realiza la filosofía del ser humano en la Tierra, el reflejo de los pensamientos de los Dioses, que el alma individual recibe como un don divino antes de descender a la esfera de la Luna.

El alma recibe este don no con el fin de poder dominar la existencia terrenal, sino para poder desarrollarlo, ampliarlo, y combinarlo con las distintas perspectivas que se indican en la natividad espiritual individual. Esta es la tarea del alma y esto le da la dignidad divina como un ser pensante. Este nacimiento Solar es  de una gran importancia, ya que también abre la puerta a la verdadera libertad humana o “freehood”.

Los dos nacimientos que hemos descrito como Lunar y Solar están fuertemente relacionados entre sí. Para demostrar esta relación en el nacimiento de Tycho de Brahe, vamos a tener que trabajar en algunos detalles más de su luna de nacimiento. En la 16ª carta, se señaló la importancia de los ritmos del desarrollo embrionario para la vida posterior al nacimiento. Estos ritmos son una especie de profecía de la vida en la Tierra dentro de ciertos límites.

Ahora vamos a mirar de nuevo la natividad de Tycho de Brahe. Nació el 14 de diciembre de 1546. Por otra parte, se supone que su desarrollo embrionario duró unos 10 meses lunares de cuatro semanas cada uno. Por lo tanto, su concepción debe haber tenido lugar marzo 1546. Tenemos ciertos medios astronómicos por los cuales podemos definir más exactamente el momento de la concepción individual. Estos medios se derivan de muy antigua sabiduría que en parte se encuentra en lo que conocemos como la Regla Hermética de la antigua cosmología egipcia, pero que, en realidad, es mucho más profunda. Pero no podemos embarcarnos en esta cuestión aquí; es toda una ciencia en sí misma.

Así que de momento vamos a considerar que el comienzo de la profecía prenatal de la vida terrenal de Tycho, fue hacia el final de marzo de 1546, cuando la Luna estaba en la constelación de Capricornio. Este es, pues, el punto que al nacer se elevaba en el Oriente cuando nació Tycho. A partir de ese momento, en marzo 1546, se inicia lo que podemos llamar la época, ahora podemos seguir adelante hacia el nacimiento, y podemos encontrar que la Luna regresó nueve veces a ese punto de la constelación de Capricornio (signo Acuario. NT).

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Cada uno de estos meses lunares de 27,3 días contiene una imagen de lo que después se fue haciendo realidad en cada uno de los períodos de siete años de la vida terrenal de Tycho, después del nacimiento. Por ejemplo, si tomamos el primer mes lunar, o el tiempo desde finales de marzo hasta finales de abril de 1546, y leemos los eventos estelares que tuvieron lugar durante este tiempo, nos percataremos de que son las imágenes de los acontecimientos que sucedieron durante los primeros siete años de la infancia de Tycho. Si seguimos, podemos descubrir en el segundo mes lunar las imágenes cósmicas de los acontecimientos que tuvieron lugar en la vida de Tycho de 7-14 años, etc.

El ritmo fundamental es el ritmo de la Luna. Transcurridos 27,3 días siempre vuelve a la misma posición en el zodiaco, y en su recorrido se mueve a través de todas las constelaciones. Esto explica la naturaleza rítmica básica del destino humano. Muy a menudo podemos experimentar que nos enfrentamos a problemas y situaciones similares a las que hemos vivido siete años antes. Esta es la “actualización” imaginativa de la Luna, que antes del nacimiento pasó por las mismas constelaciones una y otra vez. Pero también hay una diferencia.

Los planetas, en especial el Sol y los planetas interiores, se están moviendo a través del Zodíaco. Nos encontramos en el caso de Tycho de Brahe que en el momento de la época el Sol estaba en la constelación de Piscis. Luego se trasladó a Aries, y durante el segundo mes lunar lo encontramos pasando de Aries a Tauro. Venus y Mercurio y otros planetas también se están moviendo constantemente. Así, se introduce un elemento de cambio y variación y una repetición constante en los ritmos de la Luna.

Estos hechos son una imagen de las influencias en su vida posterior que rompen constantemente los ritmos de la vida que quieren persistir en la uniformidad y la repetición. Podemos calcular que el Sol, Mercurio y Venus entraron en la constelación de Géminis durante el tercer y cuarto ciclos o meses lunares del desarrollo embrionario de Tycho. Entraron en esa parte del zodíaco que se impregna mucho antes de estos eventos por las posiciones de algunos de los planetas durante el tiempo de la natividad espiritual.

Decíamos más arriba que en 1541, cuando este nacimiento espiritual tuvo lugar, el Sol, la Luna, Mercurio, Venus y Marte estaban en Géminis. En el nacimiento lunar, como podemos denominar a la totalidad de los eventos estelares durante el desarrollo embrionario, el Sol y los planetas inferiores se movieron a la misma posición. Como esto ocurrió durante el tercer y cuarto ciclo lunar, es, por supuesto, una imagen del destino de Tycho de Brahe durante los períodos de siete años 3º y 4º, o el tiempo entre los 14 y 28 años de edad.

Durante esta época, Tycho de Brahe “descubrió” lo que vivía en su alma como su vocación y que podemos leer en la imagen de su nacimiento espiritual. Era la época en que se convirtió en ese tipo peculiar de astrónomo y astrólogo que describimos anteriormente. Su padre murió pronto, y después de esto, en 1559, cuando Tycho tenía sólo 13 años de edad, su tío lo envió a Copenhague para estudiar Filosofía y Letras. Más tarde se suponía que debía estudiar Derecho. Y para este fin fue enviado con un tutor a Leipzig.

El verdadero objetivo era preparar a Tycho para una carrera política, pues esa era, por decirlo así, la tradición familiar. Aquí las fuerzas de la herencia se hicieron influyentes; pero inmediatamente después de que Tycho fuera enviado a Copenhague, las fuerzas súper herencia comenzaron a estallar en él, y poco a poco fueron dejados de lado los planes hechos por su familia. Como Tycho era un hombre de enorme fuerza de voluntad, sus impulsos anímicos individuales adquirieron una forma muy distintiva. Por ejemplo, el 21 de agosto de 1560, se observó un gran eclipse de Sol, y empezó a considerar a la astronomía como algo divino.

Más tarde, cuando se encontraba en Leipzig, pasó noches enteras contemplando las estrellas mientras su tutor se creía que su alumno estaba durmiendo en la cama. En 1563 observó la gran conjunción de Saturno y Júpiter, y detectó que las tablas astronómicas que había en aquellos tiempos estaban lejos de ser matemáticamente correctas. Más tarde visitó muchos lugares en Alemania, y en 1569 lo encontramos en Augsburgo dedicado afanosamente a investigaciones astronómicas y alquímicas. Entonces se produjo un incidente, que es muy esclarecedor en cuanto a su posición hacia los impulsos hereditarios y familiares.

Cuando tenía 25 años, en 1571, regresó a Dinamarca y se casó con una joven campesina. En consecuencia, estalló entre él y sus familiares una violenta disputa en la que incluso tuvo que intervenir el rey danés. Así que percibimos cómo una afluencia de fuerzas puede fluir desde la natividad lunar, y que éstas son las responsables incluso de alterar la imagen preconcebida firme y del destino humano, pero, por lo menos, elevamos la existencia humana fuera de la esfera de la mera la tradición y herencia.

La natividad lunar se refiere a la encarnación de las cualidades espirituales cósmicas en el cuerpo humano. La natividad Solar representa la condición puramente individual del alma de una persona. La relación de estas actividades, en el caso de Tycho de Brahe, muestran la lucha entre las fuerzas que son innatas al cuerpo de una persona y las fuerzas del alma. Esta lucha es una necesidad, no sólo para la evolución del ser humano, sino también para el universo, porque es allí donde se redime el pasado de la evolución del mundo y se conduce hacia el futuro.

Ahora vamos a considerar el planeta Venus y su esfera en la natividad de Tycho de Brahe, de la que ya hemos hablado en la 18ª carta. Al comienzo del desarrollo prenatal estaba situado en el signo de Piscis, y desde allí se fue desplazando por las constelaciones hasta llegar a las primeras estrellas del signo de Acuario, donde estaba en el momento del nacimiento de Tycho de Brahe. Por lo tanto, Venus no ha atravesado los signos de Acuario y Piscis durante este tiempo.

Entre ese tiempo hizo una conjunción superior con el Sol en Tauro. En las cartas 18 y 19, señalamos que los planetas Venus y Mercurio son los puntos más densos de sus esferas, que, aunque no es visible, es de la mayor importancia. Es en cierto modo una contradicción con el planeta, no sólo porque —contrariamente al poder de contracción inherente al planeta— tiene el poder de expansión, porque su cualidad es mayor que la naturaleza espiritual de Mercurio.

 Aún así podemos leer sus movimientos a partir de los gestos del planeta Venus. Tenemos que recordar que encontramos la historia cósmica de los sentidos en las actividades de este ámbito, no sólo en la evolución cósmica el pasado, sino también con respecto al futuro. Se refiere al destino de los seres humanos en relación con el proceso de su encarnación en la experiencia sensible, así como la redención de este destino y su evolución hacia nuevas capacidades sensoriales. Así, el espacio que fue, por decirlo así, “abierto” por Venus en el nacimiento de Tycho de Brahe indica que la dirección al “mundo de los sentidos” de Tycho estaba al menos limitada por la tendencia contractiva del planeta.

Esta es la dirección de Acuario, que representa la imagen cósmica del sentido del calor. Sin embargo, en este caso debemos considerar esto desde un amplio punto de vista cósmico. Para entenderlo vamos a tener que utilizar una imagen. Dentro del cuerpo humano podemos observar la circulación de la sangre. Se permite que esta corriente sanguínea fluya sólo hasta la piel. Si ahora imaginamos que un ser humano podría tener un tipo de sangre etérea que no se detiene en la piel, sino que va hacia el espacio cósmico y después de algún tiempo regresa de nuevo, entonces tenemos una imagen de lo que estaba presente en Tycho de Brahe como una capacidad especial.

 Él podía utilizar aquellas corrientes etéreas de calor como un órgano sensorial, yendo hacia el espacio cósmico y regresar a su propio organismo. Por lo tanto, podía experimentar la vida interior del mundo estelar. Todo esto sucedió más o menos inconscientemente, pero fue la base orgánica de su brillante capacidad de experimentar los acontecimientos futuros en la Tierra mirando las estrellas. Entonces esta enorme, pero vaga y dormida capacidad, se condensó en unos contornos más sólidos por el otro evento que se refleja en la conjunción superior de Venus con el Sol al final del segundo mes lunar del desarrollo embrionario de Tycho.

Esto se refiere a la época en que tenía unos 14 años. Este fue exactamente el momento en que se enfrenta a un evento cósmico por primera vez, un eclipse de Sol. Fue también en este momento en el que el sentido para predecir eventos de los aspectos estelares se despertaron en él por primera vez. La conjunción superior de Venus tuvo lugar en el signo de Tauro, y por la posición del planeta podemos suponer que la esfera se amplió, por así decirlo, hacia la constelación de Tauro. Tauro es la imagen cósmica del sentido de la percepción del pensamiento humano. Sin embargo, Tycho no sólo había desarrollado el sentido de la percepción del pensamiento humano con la ayuda de las capacidades innatas de Acuario, de las que ya hemos hablado antes, sino que también fue capaz de percibir el Pensamiento Divino.

De este modo, podía realmente leer el futuro en los movimientos de las estrellas; no se limito sólo a trabajar con las reglas astrológicas tradicionales. Se le permitió leer los pensamientos de los Dioses.

En la figura 1 se muestran los movimientos de los planetas y del Sol durante los diez meses lunares del desarrollo embrionario de Tycho de Brahe. Se puede ver a Saturno y Júpiter haciendo bucles, pero sin salir de sus constelaciones. Marte comienza en Sagitario, se mueve hacia Capricornio y Acuario, luego hace un bucle (retrograda. NT) en Acuario, continuando su camino en dirección a Piscis. Además, podemos ver a Venus partiendo de Piscis y moviéndose a través del zodíaco hasta llegar a Acuario.

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El Sol pasa de Piscis a Sagitario y Mercurio se mueve de la misma manera. Durante este tiempo, Mercurio hace los dos bucles que se indican en el dibujo. La Figura 2 muestra el nacimiento espiritual de Tycho de Brahe en el círculo exterior. En el círculo interior vemos de nuevo el camino del Sol durante el desarrollo embrionario con referencia a la posición de acuerdo con la secuencia de los meses lunares.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz

 

El Arcángel Micael y la Astrosofía

(Del libro “El Cristianismo Cósmico”) – Willi Sucher

English Version

En múltiples ocasiones Rudolf Steiner dio unas indicaciones prácticas referentes a la relación de la humanidad moderna con el mundo estelar. En especial en una Carta que escribió el 25 de Octubre de 1924 (Antroposofía, un camino de conocimiento, El misterio de Micael. GA 26, ver Nota 13) evocó la relación que existe entre la humanidad y el mundo de las estrellas desde el punto de vista de la misión y el trabajo del arcángel Micael.

Ahí desarrolla dos aspectos, uno de los cuales se refiere a la encarnación: durante nuestro descenso hacia la reencarnación, Micael insiste en que dirijamos nuestro encuentro con la Tierra de tal manera que nuestro destino se corresponda con los movimientos y ritmos de los planetas del cielo.

Hablando de manera práctica, en nuestro estadio actual de evolución ya no habría necesidad de establecer esta relación con el mundo estelar durante nuestra encarnación. Que sea necesario se debe a la acción persistente de Micael: su intención es mantener todavía una unión entre las estrellas y la total evolución del mundo, gracias a la chispa espiritual del ser humano. Steiner continúa en esa carta diciendo que eso le produce a Micael “una satisfacción tan profunda que gran parte de su esencia vital, de su energía vital, de su voluntad que brilla como un sol, viven de esta satisfacción”.

Pero esto no es todo. Steiner indica una nueva relación potencial de la humanidad con el mundo estelar. No traemos con nosotros solamente a ese “compañero estelar” que se unió a nosotros con el nacimiento y del que se supone que tenemos que ser conscientes de su presencia. A medida que nos dirigimos hacia el futuro, se espera de nosotros que vayamos transformando este mundo estelar a través de nuestros actos terrenales. Así en un futuro muy lejano, habremos creado un nuevo Cosmos. A primera vista esto parece algo inalcanzable, por eso me gustaría describirlo ahora de manera muy concreta.

Voy a tomar como ejemplo la configuración en el momento del nacimiento de Beethoven, así como de los sucesos estelares durante su vida prenatal. Durante cientos, incluso miles de años, la Astrología tradicional sólo ha tenido en cuenta la configuración del cielo de nacimiento. Sin embargo existen indicios en ciertos documentos egipcios que sugieren que en Egipto se tenía en cuenta el conjunto del periodo prenatal en base a la llamada Trutina de Hermes (la ley de Hermes), que toma en cuenta los nueve meses, más o menos, antes del nacimiento, con diferencias individuales. Los egipcios pretendían que ellos habrían recibido esta sabiduría directamente de Hermes, el fundador de su civilización. La tradición fue, finalmente, puesta por escrito por dos Reyes-Sacerdotes, Nechepso y Petosiris. Los documentos en cuestión se hallan depositados en una biblioteca de Paris. Con dicha ley nos remontamos hasta el tiempo anterior al nacimiento, el más cercano al momento de la concepción. Eso nos permite calcular la llamada “Época” (de la concepción) a partir de una relación especial entre el Sol, la Luna y la Tierra. Sin embargo la ‘Época’ no es idéntica a la concepción.

¿Qué querría decir esta ‘Época’? Tenemos que considerarlo un suceso cósmico-espiritual. Rudolf Steiner lo ha descrito con todo detalle. Cuando un alma se acerca al momento de su encarnación, más o menos en el momento de su concepción, todavía se encuentra en la esfera lunar, revestida de su cuerpo astral. Junto a éste trae el “germen espiritual” del cuerpo físico. Se trata de un extracto dinámico salido de las doce constelaciones del zodiaco que representa el recuerdo del cuerpo de forma divina del ser humano que fue creado por las Jerarquías espirituales en un pasado muy remoto. Durante la mayor parte de su vida entre dos encarnaciones, el alma se esfuerza en reconstruir de nuevo este germen espiritual con ayuda de las Jerarquías espirituales. Más tarde, en el momento de la concepción, el alma tiene que separarse de él. Podríamos decir que este germen espiritual se le va de las manos al alma, uniéndose al germen físico, organizando a éste último, forzando la materia que se le ofrece para tomar la forma humana.

Durante este tiempo el alma está todavía en la esfera de la Luna, en el umbral de la puerta de la Tierra, vestida únicamente con el cuerpo astral. La experiencia de la pérdida de ese germen espiritual insta al alma a formarse el cuerpo etéreo individual a partir del éter cósmico. De esta manera en un momento dado el alma se encuentra en la esfera de la Luna, envuelta en su cuerpo astral y su cuerpo etéreo, estando lista en ese momento para descender sobre la Tierra para unirse al germen físico. Por regla general esto tiene lugar hacia la tercera semana del desarrollo del embrión, más o menos hacia el día dieciocho. Tenemos que distinguir entre la concepción y este momento en que el alma extrae su propio  cuerpo etéreo del éter cósmico. Esta es la ‘Época’ que los antiguos reconocían cuando seguían la ley hermética o ‘Trutina de Hermes’.

Dibujemos ahora la configuración del cielo, al menos en parte, durante los nueve meses del desarrollo prenatal de Beethoven. Tenemos que considerarla como una imagen del cuerpo etéreo del músico que se fue incorporando gradualmente a su cuerpo físico. Por lo que sabemos, Beethoven nació la noche del 15 al 16 de diciembre de 1770. En ese momento el Sol acababa de entrar en la constelación de Sagitario desde el punto de vista sideral (Fig. 4.1) Según nuestros cálculos de la fecha de la Época establecida siguiendo la ley hermética, nos remontamos ahora al momento en que el Sol estaba a punto de salir de la constelación de Piscis, hacia el 22 de marzo de 1770.

f4.1.

Durante los nueve meses siguientes el Sol recorrió el zodiaco sobre la eclíptica alrededor de tres cuartos del círculo. Al margen de esto, se produjeron otras cosas en el Cosmos durante este periodo. Por ejemplo, el planeta Saturno atravesó la constelación del Cáncer sideral. En el momento de la Época, Marte se encontraba en oposición a Saturno en la constelación de Capricornio, es decir estaba entonces exactamente en la posición opuesta a la que ocupaba Saturno en el momento del nacimiento (Todo esto visto desde el punto de vista geocéntrico)

Ya hemos dicho que esta carta prenatal era una imagen del cuerpo etéreo que se ha unido al cuerpo físico. El cuerpo etéreo del hombre mantiene “vivo” el cuerpo físico durante su vida terrenal, combatiendo la tendencia natural a la descomposición de las substancias físico-materiales. Dicha descomposición no es más que la reacción  natural de las substancias materiales disueltas, o que están nadando en el agua, como sucede en el interior del cuerpo humano. La misión del  cuerpo etéreo es mantener la integridad del cuerpo físico, mantenerlo en “buen estado de salud”, como se dice. Por esa razón en cierto sentido tiene que integrarse, identificarse con la forma espacial del organismo físico. Esto lo hemos representado en el diagrama en el recorrido del Sol, las tres cuartas partes del círculo del Sol, lo que da una imagen perfecta del embrión. Intensas investigaciones durante muchos años sobre este tema han demostrado que el movimiento del Sol dibuja la figura encogida típica del embrión.

En el diagrama hemos dibujado el embrión partiendo de la imagen de una cabeza humana en segundo plano. ¿Por qué? Porque queremos señalar que, como consecuencia de nuestra investigación, el embrión, en los primeros estadios de su desarrollo, es sobre todo “cabeza”. El tronco y los miembros son sólo “puntos-germinales”  que se desarrollan y crecen en los siguientes estadios. En este sentido, el embrión parece como si hubiera nacido de una cabeza. ¿Por qué tendría que ser así? ¿Por qué las proporciones típicas de la forma humana no se establecen ya desde el principio? Hay razones profundamente espirituales para que sea así, las cuales están asociadas a los sucesos que el ser humano vive entre dos encarnaciones. Cuando un ser humano muere la esencia espiritual de su cuerpo físico, que dio una forma típicamente humana a la materia, no muere, sólo se separa del cuerpo físico material, pero ella permanece “intacta” y se va transformando progresivamente en la cabeza de la próxima encarnación. ¿Cómo se puede comprender una cosa así? Vamos a intentar explicarlo con ayuda de la figura 4.2.

f4.2

Imaginémonos a un ser humano en el momento de entrar en el espacio cósmico-espiritual después de la muerte, podríamos decir, mientras se va dilatando hacia los confines del espacio. Seguramente no  miraría hacia atrás, hacia la Tierra, ni estaría encogido  hacia el interior. En un gesto majestuoso se alejaría hacia el Cosmos. Sólo podemos hacernos una idea con ayuda de la figura 4.2. Esta forma humana, forma dinámica que está totalmente vuelta hacia el exterior, se va transformando gradualmente para crear la cabeza de la próxima encarnación. No podemos tomar la cabeza de la encarnación anterior porque la ha dejado detrás, en la Tierra,  inservible de tanto haberla usado. Pero los miembros del antiguo cuerpo físico se convierten entonces en las mandíbulas: los brazos en la mandíbula superior y las piernas en la mandíbula inferior. La estructura del nuevo cerebro, con todas sus circunvoluciones, proviene de los intestinos del último cuerpo físico, transformados. Reaparecen ahora en las curvas del nuevo cerebro. Todo esto no tiene lugar en un sentido físico material, sino como potencial dinámico, en el plano espiritual.

Así, de esta manera el “cuerpo-espíritu” de la encarnación precedente se ha transformado en la potencial forma de la cabeza de la encarnación posterior. Se mantiene en segundo plano tras la forma del embrión. A partir de esta cabeza, reminiscencia de la antigua encarnación, finalmente se desarrolla el embrión y la nueva forma del cuerpo humano. Lo transformado después entre la muerte y el nuevo nacimiento en los arquetipos de las mandíbulas da forma ahora a los nuevos miembros, y los arquetipos del cerebro trabajan en la formación del tronco y de los órganos internos. Sin embargo esta forma está “dando la vuelta”, está mirando hacia abajo, hacia la Tierra, hacia el representante de la Madre Tierra,  como el cordón umbilical.

Comparad los sucesos cósmicos insertos en la cabeza arquetípica de Beethoven (Fig. 4.1) con uno de sus retratos. Sus rasgos, sobre todo la boca, no tienen nada que ver con los de un hombre feliz. Por el contrario, parecen los de un hombre que ha conservado mucho rencor. Al mismo tiempo se puede observar en él una fuerte determinación. Nos preguntamos: ¿qué subyace en todo esto? Ya hemos indicado que en la configuración prenatal cósmica vemos la imagen del cuerpo etéreo. Este último lleva en sí los recuerdos kármicos de las encarnaciones precedentes, a pesar de que no entran a formar parte, por lo general, de nuestra consciencia humana, y ahí es donde debemos buscar las raíces de todo lo que se expresa en los rasgos del rostro de Beethoven.

Saturno se encontraba en Cáncer, una configuración bien conocida que se puede estudiar en El Cristianismo Cósmico. Saturno estaba en Cáncer durante el periodo que Cristo estuvo presente en la Tierra. Esta configuración está por tanto muy ligada a los misterios de la evolución de la raza humana. Durante Sus tres años de permanencia en la Tierra, el Cristo trajo las fuerzas de redención a una Tierra y una Humanidad que habían descendido a gran profundidad. Esta caída tan profunda se expresa en la constelación de Cáncer. La mitología nórdica habla de ella como “el crepúsculo de los dioses”, lo que significa la extinción del conocimiento de los dioses para la consciencia humana. En un lejano pasado, Asgard, el país de los dioses, estaba ligado a Midgard, el país de los hombres, a través del puente Bifrost. Esta imagen quiere revelarnos que la Humanidad de los tiempos antiguos tenía una consciencia del mundo espiritual divino, si bien era soñadora y nebulosa. El desarrollo del egoísmo humano destruyó esta consciencia: los dioses “perecieron” para la consciencia humana, y de esta manera el puente Bifrost que unía Asgard y Midgard fue destruido. En la mitología nórdica esta grandiosa historia está  asociada a la constelación de Cáncer.

En la mitología griega esto se describe en cierto modo en la historia de Prometeo, y esa es la clave que necesitamos. La Ciencia del Espíritu nos enseña que, en un pasado muy lejano, la individualidad que vivió en Beethoven estuvo encarnada en Prometeo, el hijo del titán Jápeto. Prometeo decidió salvar a la raza humana y para ello robó el fuego de los dioses y lo trajo aquí abajo, a la Tierra, para la humanidad. Por hacerlo fue severamente castigado por Zeus que le hizo encadenar a una roca. Le colocó un buitre a su lado, para que pudiera abrirle por el costado y comerse su hígado. Durante la noche el hígado se reconstruía, renovando así el festín del buitre. Esta es otra descripción de la naturaleza de la constelación de Cáncer. Prometeo sufrió así un dolor sin fin hasta que fue liberado por Heracles mucho más tarde. Esta historia nos parece terriblemente injusta y atroz para un hombre que quería ayudar a la humanidad, dándole el acceso al fuego, por lo cual recibió un trato tan ingrato. Para comprender realmente su significado tenemos que penetrar  bien en esta imagen para captar su  significado más profundo. La acción de Prometeo fue un paso adelante en el camino hacia la emancipación de la humanidad de la guía y dominación del mundo divino. Su castigo fue ser encadenado a la materia y a la enfermedad. Podemos ver las huellas de este destino en la fisionomía de Beethoven, que él llevó consigo toda su vida. Sin embargo, también podemos ver su determinación que parece decir: “tengo que seguir aportando a la Tierra y a los hombres el fuego del entusiasmo y de la voluntad”. Beethoven consiguió hacerlo a través de sus obras, con sus grandes sinfonías, en especial con la 9ª que habla de la chispa de la voluntad en los corazones humanos. Pero siempre estuvo perseguido por su destino pasado. También él fue encadenado “a la roca” de la enfermedad y de la limitación terrenal. Antes del retorno de Saturno, alrededor de los 30 años, a la posición que tenía en el momento del nacimiento, se quedó sordo: uno de los más penosos destinos para un compositor de su talla. A pesar de todo continuó legando a la humanidad, con verdadero empeño, las obras más bellas y con un poder artístico inigualable.

Encontramos este destino en la relación de Marte y Saturno (Fig. 4.1) Hay algo que sucede entre ambos que se refiere a un tipo de lucha, encarnizada y prolongada, un resurgir de grandiosos recuerdos cósmicos. Beethoven vivió este destino: sin duda, incluso antes de su nacimiento, había decidido hacerse cargo de él, para aportar aún más “fuego” a los hombres. La configuración estelar en el momento de su muerte nos sugiere que se hizo cargo de su destino: Saturno y Marte estaban entonces – el 26 de marzo de 1827 – en las mismas posiciones del zodiaco que en el bautismo de Jesús de Nazaret (Saturno geocéntrico en la línea nodal ascendente de Júpiter y Marte en su propio nodo ascendente). Con esta configuración tenemos la confirmación de que Beethoven terminó acercándose íntimamente a la auténtica eclosión espiritual de la humanidad, muy cerca, en su esencia, del impulso de Cristo. Ahora tenemos que volver al otro aspecto de nuestra relación con el Cosmos.

Con este fin vamos a estudiar otra gran personalidad de la historia moderna: Rafael Sancio, el gran pintor del Renacimiento. Rafael murió el 6 de abril de 1520, un Viernes Santo. En el momento de su muerte (ver Fig. 4.3) la constelación de Escorpio se elevaba al este (la línea horizontal indica el plano del horizonte en el zodiaco). Además en ese día Júpiter acababa justo de entrar en Escorpio y la Luna, todavía menguante, no estaba muy lejos de Escorpio. Esto es sólo una parte de la configuración estelar en ese preciso momento, pero bastará ampliamente para el aspecto que nos ocupa ahora. El escorpión, con su aguijón envenenado, es en cierto sentido la imagen de la muerte. Algunos testimonios antiguos parecen sugerir que, en épocas pasadas, la humanidad percibía de manera clarividente en este lugar del zodiaco la imagen de un águila, el pájaro de puede volar y planear más alto por encima de la Tierra para vigilar el paisaje con la máxima amplitud. Sin duda era una imagen propia de la capacidad de clarividencia que tenían los hombres del pasado, como un don natural, que trascendía las limitaciones del tiempo. Con la pérdida de estas facultades instintivas, parecidas a sueños, el águila cayó de manera vertiginosa, por decirlo así, para convertirse en la imagen del escorpión con su dardo mortal. Así pues, la maravillosa individualidad que fue Rafael Sancio se apagó bajo la influencia de este aspecto.

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¿Por qué ocurrió así? Este es un ejemplo magnífico que ilustra el hecho de que las relaciones de los hombres con el Cosmos han cambiado radicalmente. Cada vez más seremos llamados a aportar  algo  nuevo al Cosmos: los elementos esenciales que antes no estaban ahí. Se podría hablar entonces de una cierta redención, incluso una nueva vida, del Cosmos. Esto parece algo imposible pero lo podemos probar, hasta un cierto punto, con precisión matemática. Cuando un hombre muere significa en realidad que la vida se retira del cuerpo físico. En ese caso la vida no es simplemente una abstracción, sino que la consideramos totalmente como un organismo, como un cuerpo etéreo o cuerpo vital que se separa del cuerpo físico en el momento de la muerte. Este cuerpo participa en la elaboración de la memoria universal en evolución y asimila igualmente el conjunto de la biografía del ser humano al que está ligado. Durante los tres primeros días después de la muerte, este cuerpo etéreo, ahora libre de su misión de mantener “vivo” el cuerpo físico, se presenta ante el alma como un cuadro panorámico que contiene todo el conjunto de la vida  extinguida. Todos los sucesos que tuvieron lugar en una sucesión temporal aparecen ahora reunidos simultáneamente. Después de tres días, este cuadro desaparece para la visión del alma. En otras palabras, se disipa en el Cosmos, absorbido por el cosmos etéreo que es el mundo de los planetas. El Cosmos está ahí, esperando lo que le llega del ser humano. Aquel Viernes Santo de 1520, los planetas estaban ahí, esperando lo que Rafael les iba a trasmitir como frutos de su propia vida.

Todo esto puede parecer una imaginación insensata. ¿Cómo podemos probar lo que acabamos de decir? Hay que volverse hacia Saturno, que es el órgano de la memoria cósmica, y que preparó así el cuadro vivo de la encarnación de Rafael. Cuando éste murió, Saturno se encontraba por debajo de la línea del horizonte, al Este, en la constelación de Capricornio. A través de nuestros cálculos hemos podido saber que en un momento dado de la vida de Rafael, Saturno había ocupado esta misma posición en 1491, memorizando lo que estaba sucediendo en la Tierra a gran escala cósmica, por ejemplo, en relación a lo que rodeaba al personaje de Rafael. Esta es la “técnica” que emplea Saturno para preparar el cuadro etéreo. Además, hemos comprobado que en 1514-1515 Saturno ocupaba las mismas posiciones de la Luna y de Júpiter en el momento de su muerte. En 1491, cuando Rafael tenía 8 años, murió su madre. Este suceso tuvo por cierto una profunda influencia en su desarrollo. Ya no tenía madre terrenal. Sin embargo podemos imaginar que el alma de su madre, desde las esferas espirituales en las que acababa de penetrar, ayudó a su joven hijo en su desarrollo. De esta etapa decisiva en la vida de Rafael, Saturno “se acordó” cuando él estaba en Capricornio. En 1514-1515 Rafael vivió una fase muy importante de su vida. Ya antes había pintado muchos cuadros de la Virgen, como sabemos, pero en este periodo pintó la “Madona Sixtina” que representa en cierto sentido el cuadro más destacado de todas sus pinturas de la Virgen. En ese preciso momento Saturno se encontraba en Escorpio. De entre todos los miles de sucesos que estaban teniendo lugar en la Tierra en ese momento, Saturno estaba muy atento al trabajo de Rafael y lo incluyó en su memoria cósmica. Más tarde, en el momento de la muerte, primero la Luna y después Júpiter ocuparon las posiciones del zodiaco – la crónica cósmica – en las que previamente Saturno había inscrito sus “observaciones”. Estos planetas recibieron en su cabeza estos recuerdos y entonces se nos presenta de pronto ante nosotros una imagen completamente nueva de Escorpio. Le conocemos como imagen del animal que posee un aguijón venenoso, pero ahora aparece en el cielo la imagen de la divina Sofía. Puede parecer curioso pero es Ella la que Rafael esbozó en sus pinturas, en especial en la Madona Sixtina. No se trata simplemente de la imagen de la madre terrenal de Jesús, sino que es la divina Sofía, la sabiduría de los dioses que posada en la Luna creciente avanza hacia Júpiter, el planeta de la sabiduría cósmica (Fig. 4.4.) La configuración del cielo en el momento de la muerte de Rafael era la señal inequívoca de la divina Sofía. A través de ello se imprimió en Escorpio un elemento de redención gracias a Júpiter, lo que podría estar anunciando un cambio en el carácter de la constelación de Escorpio para el porvenir.

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Ahora podemos preguntarnos –y sería una pregunta legítima– ¿cómo va a evolucionar esta impregnación en la esfera de Júpiter y de Saturno? Según parece ha sido preservada en el Cosmos, hasta que las almas que se hayan preparado para ello, puedan retomar este impulso y lo hagan progresar. Una de estas almas fue el filósofo ruso Wladimir Soloviev[1]. En el momento de su nacimiento Júpiter estaba de nuevo en la constelación de Escorpio, o mejor dicho, Júpiter atravesó esta constelación durante su desarrollo prenatal. Podemos suponer, entonces, que Soloviev pudo, durante su camino hacia la encarnación,  apropiarse de este impulso que Rafael había impreso en este Júpiter y en esta Luna en Escorpio. ¿Podemos encontrar una confirmación de esto? La respuesta es positiva: estudiando la vida de Soloviev tenemos una confirmación de lo más dramática. Escribió un poema titulado “Los tres encuentros”, en el que describe sus tres encuentros con la divina Sofía o, como la llama él, la Sophia Hagria. Una vez, siendo niño, se encontraba en una catedral rusa ante la reja que separaba el coro de la asamblea de fieles: y ahí tuvo por primera vez la visión de la divina Sofía. Más tarde, estudió teología. Con ocasión de uno de sus viajes, fue a Inglaterra y estando sentado en la sala de lectura del British Museum tuvo de nuevo una visión de la divina Sofía y, según nos lo cuenta, Ella le dijo que debía ir a Egipto, directamente al desierto, pues allí Ella se le revelaría en toda su gloria cósmica. Soloviev partió rápidamente para Egipto, con buen ánimo, a pesar de que todos le dijeron que era muy peligroso. Fue al desierto, vestido con una larga capa y un sombrero negros, como iban los estudiantes de teología en aquellos tiempos. De inmediato los beduinos le tomaron por el mismísimo diablo y casi le matan. Pero sobrevivió y permaneció tendido sobre la arena toda la noche, en el desierto que estaba poblado de animales salvajes. Por la mañana, a la salida del Sol tuvo la visión más gloriosa de la divina Sofía, así como la más grandiosa conversación con Ella. Esta experiencia le acompañó toda su vida,  a través de sus estudios. Sus libros sobre la religión, sobre la filosofía o sobre el cristianismo  son un testimonio de ello y seguramente no habrían podido ser escritos sin esta experiencia. Así pues, lo que Rafael imprimió en Escorpio, resurgió gracias a Júpiter. Soloviev fue capaz, en virtud de su destino y sus encarnaciones precedentes, de atraparlo y traerlo a la Tierra. Evidentemente él no pintó la divina Sofía o la Madona como lo hizo Rafael pero a su manera tuvo la experiencia y la edificó y exaltó dentro de su alma.

He aquí un ejemplo que muestra cómo la raza humana transforma el Cosmos;  cómo la constelación de Escorpio fue penetrada realmente por ciertas imaginaciones morales magníficas. Y sin embargo esto no es más que el comienzo: cada vez más imaginaciones irán manifestándose en nosotros, a medida que vayamos avanzando hacia el futuro. A pesar de todo lo que acabamos de mencionar no es un ejemplo aislado de nuestra época. Hay otros muchos ejemplos que dan testimonio de la transformación del zodiaco y de los planetas. Por ejemplo, la muerte, en el caso de Rafael se convierte en un nacimiento espiritual. Creemos que una de las tareas de la nueva cosmología es elevar las experiencias interiores de los hombres hacia las alturas de un conocimiento  preciso y científico de la realidad del mundo espiritual. Hasta ahora sólo nos hemos ocupado de un aspecto del asterograma estelar: el que está ligado a los tres primeros días después de la muerte, con la disolución del cuerpo etéreo en el éter cósmico. Pero hay más. En tales configuraciones estelares se puede tomar consciencia de la progresión del alma después de franquear el umbral de la muerte, así como evaluar las posibilidades para  la próxima encarnación. Todo ello está contenido en el asterograma del “nacimiento espiritual” y es accesible si se emprende la investigación con regularidad. Por ejemplo, el tiempo transcurrido entre la muerte de Rafael y el nacimiento de Novalis, la siguiente encarnación del pintor, estaba contenido como germen en la última configuración del cielo en el momento de su muerte. Los 252 años que van desde 1520 a 1772, las dos encarnaciones ya estaban incluidas en el mapa estelar de 1520, evidentemente sólo como posibilidades en potencia. De hecho la indicación es de triple naturaleza: la Luna, el Sol y Saturno presentan, es un decir, sus sugerencias en lo que  respecta al futuro, cada uno de ellos en el ritmo que le es propio.

No somos una coincidencia insignificante en el planeta Tierra. Una cosmología y astrología espirituales, realmente modernas, pueden revelar realmente que los frutos de los esfuerzos humanos realizados en este planeta, pueden ser muy importantes, incluso creadores, para el Cosmos. Después de mucho tiempo de separación del Cosmos espiritual, hemos desarrollado el Yo. Con todo el potencial de realización de uno mismo, podemos ahora de nuevo sobrepasarnos a nosotros mismos para llegar a ser ciudadanos del Universo,  con los pies firmemente apoyados en la Tierra, trabajando al mismo tiempo con las fuerzas del Universo. Así como aprendimos a trabajar el suelo de nuestro planeta, debemos igualmente comenzar a cultivar, en nuestra época, a plantar y hacer fértiles los campos del Cosmos. Estamos hablando de unas perspectivas considerables que exigen una gran responsabilidad al ser humano, así como a la voluntad de trabajar con ardor para construir el futuro, aunque en la actualidad las posibilidades de hacerlo nos parezcan muy reducidas. Sólo con que unos pocos seres humanos, en las circunstancias que dominan actualmente, pudieran aceptar esto, y vivirlo, entonces podríamos tener esperanza y confiar, que la vía que conduce a la Humanidad hacia el futuro permanecerá abierta.

Traducido por Maribel Garcia Polo y editado por Gracia Muñoz.

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