El Evangelio de San Juan

(Edouard Schuré – del libro “Tratado de Cosmogonía)

SÉPTIMA LECCIÓN

El Cristianismo desempeña un papel único, incisivo y capital en la historia de la Humanidad. En cierta forma es el momento central, el punto de retorno o de vuelta entre la involución y la evolución. De ahí que su luz sea tan resplandeciente. En parte alguna se encuentra esta luz tan viva como en el Evangelio de San Juan y en verdad puede decirse que sólo en él aparece en toda su fuerza.

No es así, por cierto, como la teología contemporánea concibe este evangelio. Desde el punto de vista histórico, ella lo considera como inferior a los tres evangelios sinópticos y hasta suele sospechársele de apócrifo. El mero hecho de que su redacción haya sido atribuida al segundo siglo de Jesucristo, ha hecho que los teólogos y la escuela crítica lo consideren como una obra de poesía mística y de filosofía alejandrina. En cambio el Ocultismo, considera el Evangelio de San Juan muy diferentemente.

Durante la Edad Media hubo una serie de fraternidades que vieron en él su ideal y la fuente principal de la verdad cristiana. Estas fraternidades se llamaban los Hermanos de San Juan, Los Albingenses, los Cátaros, los Templarios, los Rosacruces. Todos eran ocultistas prácticos y hacían de este evangelio su Biblia, su breviario. Puede admitirse que la leyenda del Grial, de Parsifal y de Lohengrin, salió de esas fraternidades y fue como la expresión de sus doctrinas secretas. Todos estos hermanos de diversas órdenes se consideraban como los precursores de un cristianismo individual, del cual poseían el secreto y cuyo pleno desenvolvimiento y floración estaba reservado al futuro. Y este secreto sólo lo encontraban única y absolutamente en el Evangelio de San Juan.

Allí encontraban una verdad eterna aplicable a todos los tiempos, una verdad que regenera el Alma totalmente, si la vive en las propias profundidades de su ser. No se leía entonces el Evangelio de San Juan, como si fuera un escrito literario, sino que servía a modo de instrumento místico. Para podernos dar cuenta de ello tendremos que abstraernos por un momento de su valor histórico.

Los catorce primeros versículos de este Evangelio eran para los Rosacruces objeto de una meditación cotidiana y de un ejército espiritual. Se les atribuía un poder mágico, que realmente tienen para el ocultista. He aquí el efecto que producen por la constante repetición, sin cansarse: hecha siempre a la misma hora, todos los días, se logra obtener la visión de todos los acontecimientos que cuenta el Evangelio, pudiendo vivirlos interiormente.

Así es como, para los Rosacruces, la vida de Cristo significaba el Cristo resucitando en el fondo de cada Alma por la visión espiritual. Por lo demás creían, naturalmente, en la existencia real e histórica del Cristo, porque conocer el Cristo interior es reconocer igualmente el Cristo exterior.

Todos estos hermanos de diversas órdenes se consideraban como los precursores de un cristianismo individual, del cual poseían el secreto y cuyo pleno desenvolvimiento y floración estaba reservado al futuro.

Un espíritu materialista podría decir actualmente: Acaso el hecho de que los Rosacruces hayan tenido esas visiones, ¿prueba la existencia real del Cristo? A lo cual contestaría el Ocultista : Si no existiera el ojo para ver el sol, el sol no existiría, pero si no hubiera sol en el cielo, tampoco podría haber ojos para verlo.

Porque es el Sol quien ha formado el ojo en el curso de los tiempos y quien lo ha construido para que pudiera percibir la luz. Similarmente, el Rosacruz decía: El Evangelio de San Juan despierta el sentido interno, pero si no existiera un Cristo viviente, uno no podría hacerlo vivir en sí mismo.

La obra de Jesucristo no puede ser comprendida en toda su inmensa profundidad si no es estableciendo las diferencias entre los antiguos misterios y el Misterio Cristiano. Los Misterios antiguos se celebraban en Templos Escuelas. Los iniciados, personas que habían despertado, habían igualmente aprendido a obrar sobre su cuerpo etérico y por lo tanto eran “nacidos dos veces”, porque sabían ver la verdad de dos maneras: directamente por el sueño y la visión astral, e indirectamente por la visión sensible y lógica. La iniciación por la que tenían que pasar se llamaba Vida, Muerte y Resurrección. El discípulo pasaba tres días en la tumba, en un sarcófago, dentro del Templo; su espíritu quedaba liberado del cuerpo, pero, al tercer día, respondiendo a la voz del hierofante, su espíritu volvía al cuerpo, arrancándose a los confines del Cosmos, donde había conocido la vida universal. Se había transformado y nacido dos veces. Los más grandes autores griegos han hablado con entusiasmo y sagrado respeto de estos misterios. Platón llega hasta decir que solamente el Iniciado merece el calificativo de hombre.

Pero esta iniciación encontró en el Cristo su verdadero coronamiento. El Cristo es la iniciación condensada en la vida sensible, así como el hielo es agua solidificada. Lo que se veía en los misterios antiguos se realizaba históricamente en el Cristo en el mundo físico. La muerte de los iniciados no era más que una muerte parcial en el Mundo Etérico. La muerte del Cristo fue una muerte completa en el Mundo Físico.

Puede considerarse la resurrección de Lázaro como un momento de transición, como un paso de la iniciación antigua a la iniciación cristiana. En el Evangelio de San Juan, Juan mismo no aparece hasta después de mencionarse la muerte de Lázaro. “El discípulo que Jesús amaba”, era también el más iniciado de todos. Es aquel que ha pasado por la muerte y la resurrección y que ha resucitado a la voz del Cristo mismo. Juan es Lázaro salido de la tumba después de su iniciación. San Juan ha vivido la muerte del Cristo. Tal es la mística vía que revelan las profundidades del Cristianismo.

Las bodas de Canaán, cuya descripción se lee igualmente en este evangelio, encierran uno de los más profundos misterios de la historia espiritual de la humanidad. Se refiere a las siguientes palabras de Hermes: “Lo que está arriba es como lo que está abajo”. En las bodas de Canaán, el agua se transforman en vino. A este hecho se le da un sentido simbólico universal, que es el siguiente: en el culto religioso el sacrificio del agua va a ser reemplazado, por un tiempo, por el sacrificio del vino.

Hubo un tiempo, en la historia de la humanidad, en que no se conocía el vino. En los tiempos védicos apenas si se le conocía. Ahora bien, mientras el hombre no bebía líquidos alcohólicos, la idea de las existencias precedentes y de la pluralidad de vida era una creencia universal, de la que nadie dudaba. Desde que la humanidad comenzó a beber vino, la idea de la reencarnación se fue oscureciendo rápidamente y acabó por desaparecer del todo a la conciencia popular. Y sólo la conservaron los Iniciados que se abstenían de beber vino.

El alcohol ejerce sobre el organismo una acción particular, especialmente sobre el cuerpo etérico donde se elabora la memoria. El alcohol vela esta memoria, la oscurece en sus profundidades íntimas. El vino procura el olvido, se dice, pero no es solamente un olvido superficial y momentáneo, sino un olvido profundo y duradero, una oscuración verdadera de la fuerza de la memoria en el cuerpo etérico. Por este motivo, cuando los hombres se pusieron a beber vino, perdieron poco a poco su sentimiento espontáneo de la reencarnación.

Ahora bien, la creencia en la reencarnación y en la ley del Karma, tenía una influencia poderosa, no solamente sobre los individuos, sino sobre su sentimiento social. Esta creencia le hacía aceptar la desigualdad de las condiciones humanas y sociales. Cuando el desgraciado obrero trabajaba en las Pirámides de Egipto, cuando el hindú de la última casta esculpía los templos gigantescos en el corazón de las montañas, se decía que otra existencia lo recompensaría de un trabajo soportado valerosamente, que su amo había ya pasado por pruebas similares si era bueno o que pasaría más tarde por otras mucho más penosas si era injusto y malo.

Al aproximarse el Cristianismo la humanidad tenía que atravesar una época de concentración sobre la obra terrestre: le era necesario trabajar por el mejoramiento de esta vida, por el desenvolvimiento del intelecto, del conocimiento razonado y científico de la Naturaleza. El sentimiento de la reencarnación debía, pues, perderse durante dos mil años. Y lo que se empleó para lograr ese fin fue el vino. Tal es la causa profunda del culto de Baco, dios del vino, de la embriaguez (forma popular del Dionisio de los Antiguos Misterios que, sin embargo, tiene otro sentido).

Tal es también el sentido simbólico de las bodas de Canán. El agua servía para los antiguos sacrificios y el vino para los nuevos. Las palabras de Cristo: “Felices aquellos que no vieron y, sin embargo creyeron”, se aplican a la nueva era en que el hombre, entregado por completo a su obra terrestre, no tendría ni el recuerdo de sus anteriores encarnaciones, ni la visión directa del Mundo Divino.

El Cristo nos dejó un testamento en la escena del Monte Tabor, en la Transfiguración que tuvo lugar delante de Pedro, Santiago y Juan. Los discípulos lo vieron entre Elías y Moisés. Elías representa el camino de la verdad; Moisés la Verdad misma y el Cristo la vida que resume a ambas. Por eso sólo EL podía decir: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

Así todo se resume y se concentra, todo se aclara y se intensifica, todo se transfigura en el Cristo. Remonta el pasado del alma humana hasta su misma fuente y prevé su futuro hasta su confluencia con Dios mismo. Porque el Cristianismo no es solamente una fuerza del pasado, sino una fuerza del futuro. Con los Rosacruces, el nuevo ocultismo enseña el Cristo Interior en cada hombre y el Cristo futuro en toda la humanidad.

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Entidades individuales y unidad indivisa del Cosmos 3/3

 Rudolf Steiner – Dornach (Suiza), 28 de Noviembre de 1917

 

English Version

Quisiera agregar hoy algunos comentarios a las observaciones aisladas que he estado haciendo. Si siguen ustedes con atención el curso de los acontecimientos, habrán podido notar, de vez en cuando, como un sentimiento de que las ideas, impresiones e impulsos, en los que durante largo tiempo los hombres encontraron un “auténtico triunfo”, ya no sirven hoy día para tender un puente hacia el próximo futuro. Uno de nuestros consocios me entregó ayer un número del “Frankfurter Zeitung”, del último miércoles, 21 de noviembre de 1917. En él aparece el escrito de un señor muy ilustrado, y ha de serlo porque antepuso a su nombre no sólo el título de doctor en Filosofía, sino también en Teología y, por añadidura, el de profesor, o sea que se trata de un profesor, doctor en Teología y doctor en Filosofía: persona, no cabe duda, sumamente erudita.

Versa su escrito sobre las necesidades espirituales del presente, y en un párrafo expresa lo siguiente: “La vivencia del ser que se halla tras los objetos no necesita consagración piadosa o valoración religiosa, pues es en sí misma religión. No se trata aquí de una sensación o aprehensión del contenido individual propio, sino de la gran irracionalidad oculta tras toda existencia, y quien entre en contacto con esa irracionalidad hace saltar la chispa divina, vive una experiencia de carácter primario, una vivencia primordial propiamente dicha. Esto experimentable, conjuntamente con aquello que está siendo conmovido por la misma corriente vital, le confiere un sentimiento cósmico de la vida, para usar una expresión favorita de los tiempos modernos”.

Perdonen la cita, queridos amigos, pues no se la leo con la intención de sugerirles de algún modo, ideas grandiosas con frases tan deslavadas, sino únicamente para destacarles un símbolo de nuestro tiempo: tiene lugar el nacimiento de una religiosidad cósmica, hacia la cual aspiramos con una intensidad que se echa de ver en el palpable crecimiento del movimiento teosófico, que pretende descubrir y revelar los ciclos de la vida tras las impresiones sensorias. Es difícil abrirse paso por entre toda esta serie de conceptos nebulosos, pero son dignos de mención en cuanto símbolos de nuestro tiempo y continúa el mencionado escritor: “Esta piedad cósmica no es una mística que se inicie en aislamiento del mundo…” etc., etc.

En toda la peroración no se ve sensatez alguna; y considerando que procede de un “profesor, doctor en teología y doctor en filosofía”, tendremos que convenir en su sensatez, que si no fuera por todos sus doctorados, más bien debiera considerarse puras parrafadas confusas y balbucientes dando a entender que el docto señor no sabe cómo seguir, y siente, empero, la necesidad de aludir a algo que vagamente percibe y que le parece promisorio.

No deben embelesarnos estos desahogos, ni dejar tampoco que nos arrullen en un sueño iluso de que alguien, al fin, se ha dado cuenta de que, detrás del movimiento científico-espiritual, hay realmente algo. Sería esto incluso muy dañino, pues los que se permiten semejantes expansiones son frecuentemente los mismos que así se dan por satisfechos, no tratan de ir más allá, se limitan con sus frases confusas a aludir lo que tienda a hacer su aparición en el mundo, y así se quedan en casta de los perezosos, demasiado apáticos para adentrarse a un estudio profundo de las ciencias ocultas y al ejercicio de las doctrinas que deberán irrumpir efectivamente y apoderarse del ánimo de los hombres, si es que el enclave en la realidad y la corriente temporal del devenir llegan a esa intima fusión de la que arrancará la redención del género humano. Claro que es más fácil discursear sobre “oleajes” y “sentimientos cósmicos”, que aceptar seriamente las verdades que en el momento presente han de revelarse a la humanidad, de acuerdo con el signo de los tiempos.

Por eso me parece necesario decir precisamente ahora las cosas que sustento en mis conferencias públicas y que seguiré sustentando, a fin precisamente de acentuar la diferencia que existe entre lo pasado, que no puede sobrevivir y que nos ha conducido a este período de catástrofe, y lo que el alma humana debe asimilar, si ha de proseguir adelante.

Con la antigua sabiduría con la que el hombre ha llegado a los tiempos actuales, pueden celebrarse miles de congresos, congresos mundiales, populares, o lo que sea, fundarse miles y miles de asociaciones: lo único seguro es que todo esto no llegará a ninguna parte, si no lo irriga la sangre vital de la ciencia del espíritu. Lo que le falta hoy al hombre, es el valor para entrar a la verdadera investigación del mundo del espíritu, y, por raro que parezca, hemos de insistir de nuevo: bastaría, un pequeño paso al principio; nada más que la propagación en amplios círculos del opúsculo titulado “La vida humana desde el punto de vista de la ciencia oculta”, para que hiciéramos algo efectivo en pro del conocimiento de la relación entre el hombre y el orden cósmico. He aquí el objeto de ese opúsculo; concretamente lleva a observar que la Tierra cambia anualmente su estado de conciencia, y así sigue la disgresión.

Todo el contenido de esta conferencia y el del opúsculo citado se relaciona con las necesidades de nuestro tiempo, y se afirma con toda intención. Aceptarlo, tendría una resonancia de mucho mayor alcance que toda la explosión de sentimientos cósmicos y de todo lo que informa la marejada que les he leído, y que por insulso no voy a repetir. Esto no impide que prestemos atención a ello: es importante y esencial, pero cuidemos que no nos ofusque, pues hemos de lograr la máxima claridad cuando se trata de actuar en sentido de la ciencia espiritual antroposófica.

Quiero llamar una vez más la atención sobre el hecho de que en esta quinta época postatlante, la humanidad ha de enfocar muy especialmente los grandes problemas de la vida, obscurecido en cierto modo por el conocimiento de los tiempos anteriores. Ya antes me he referido a ello. Uno de esos problemas puede definirse así: cómo lo etéreo-espiritual puede ponerse al servicio de la vida práctica exterior. Ya he mencionado que esta quinta época postatlante tendrá que enfocar en qué forma los estados de ánimo humanos, las fluctuaciones anímicas, podrán transmitirse a las máquinas en movimientos oscilatorios, así como de qué modo el hombre podrá relacionarse con un mecanismo cada vez mayor. He ahí el motivo por el que, hace ocho días, llamé su atención sobre la manera superficial en que conciben esta mecanización ciertos países del mundo. Les presenté un ejemplo de cómo, basado en el pensamiento norteamericano, se pretende anteponer lo mecánico al mismo vivir humano, y me detuve en las pausas que se intentan aprovechar para que cierto número de obreros puedan cargar unas cincuenta toneladas en vez de un peso mucho menor; para eso basta aplicar a la vida el principio de selección darwinista en toda su efectividad.

En esta forma, se pretende sujetar bajo el mismo yugo la energía humana y la mecánica; lo que no procede en ningún sentido; sería una idea completamente falsa. Pero todo esto no se puede evitar, ha de suceder forzosamente. El interrogante es si entrarán en la escena del devenir histórico universal hombres familiarizados altruistamente con las grandes metas de la evolución terrestre, y aptos para estructurarlas en beneficio de la humanidad, o grupos humanos solamente atentos al egoísmo personal o del grupo. He ahí el enigma. No es el qué lo que importa, porque viene indefectiblemente; lo que importa es el cómo, el enfoque real del asunto: el qué se halla simplemente en el camino de la evolución terrestre, y la fusión de la esencia humana con la esencia mecánica constituirá un problema trascendental que se arrastrará durante el resto de la evolución terrestre.

Con toda intención he venido señalando últimamente, cada vez con más frecuencia, incluso en las conferencias públicas, que la conciencia del hombre se relaciona con energías demoledoras. Dos veces he advertido en mis conferencias públicas de Basilea: morimos en nuestro sistema nervioso; y esta muerte, estas energías en extinción, serán cada vez más poderosas, y habrá que establecer la conexión entre las fuerzas humanas que expiran en forma similar a las energías eléctricas y magnéticas, y las externas de la máquina. El hombre podrá en cierto modo inducir sus intenciones y sus pensamientos, a las fuerzas mecánicas; lo que corresponde a las fuerzas todavía ignoradas de la naturaleza humana, fuerzas capaces de actuar sobre las energías exteriores eléctricas o magnéticas. He ahí uno de los problemas: la conjunción del hombre con lo mecánico, sin cesar en incremento en el futuro.

El otro problema corresponde a la apelación de las condiciones espirituales, sólo a su debido tiempo y cuando exista la suficiente cantidad de personas correctamente preparadas. Pero ha de llegar el día en que las energías del espíritu se movilicen para el dominio de la vida en lo que se refiere a la enfermedad y la muerte. Se espiritualizará la medicina, en alto grado. Por doquiera surgen sobre esto caricaturas, caricaturas que fatalmente conducen a lo que ha de suceder. Y de nuevo, tropezamos con lo mismo: el problema es atacado al igual que otros problemas, o sea, de un modo superficial egoísta, ya sea egoísmo particular o grupal.

El tercer problema es: cómo introducir el pensamiento humano en el propio devenir de la raza humana, en el nacimiento y la educación. Ya me he referido en alguna ocasión a los congresos celebrados con la finalidad de preparar para el futuro una estructuración materialista de la genética y del ayuntamiento de hombre y mujer; todas estas cosas nos sugieren que algo importante está en gestación, y lógico es, pues, preguntarse: ¿por qué los que saben, no revelan su sabiduría? Pronto sabremos el por qué, y qué fuerzas obstaculizadoras háyanse todavía en juego actualmente, con suficiente poder para entorpecer la fundación de una medicina espiritualizada, o de una economía espiritualizada. Lo único que podemos hacer hoy día, es hablar de ello hasta que los hombres nos entiendan, hasta que las entiendan, realmente, quienes estén dispuestos a responsabilizarse de ellas con altruismo. En este momento, muchos creen poder hacerlo; pero existen muchos factores vitales todavía que lo impiden, y que sólo pueden superarse con una comprensión más profunda, y cuando se renuncie en el primer momento, al menos por algún tiempo, a cualquier aplicación práctica y directa en gran escala.

La evolución se ha llevado a cabo en tal forma, que ya podemos decir: poco queda de lo que se ocultaba tras la antigua tendencia atávica hasta los siglos XIV y XV. Mucho se habla hoy de la antigua Alquimia; incluso surge el recuerdo del proceso de engendrar el Homúnculo, etc. Los comentarios al respecto son, generalmente, equivocados; hemos de llegar a entender lo que, en verdad, significa el Homúnculo, de Goethe; hay que llegar a este nivel. Pero hemos de tener en cuenta que desde el siglo XVI, se viene velando todo esto, se viene nublando la conciencia humana.

La ley que gobierna estos procesos es exactamente la misma que determina en el hombre el cambio rítmico entre vigilia y sueño, y así como él no puede eludir el sueño, tampoco podría la humanidad evitar la letargia de la ciencia espiritual del devenir que caracteriza a los siglos a partir del XVI. Tenía que caer alguna vez la humanidad en esta somnolencia espiritual a fin de que, al despertar, resurja la espiritualidad bajo otra forma. Hay que comprenderlo, y no desanimarse; pero, por la misma razón, debemos ser conscientes de que ha llegado el momento del despertar, y de que hemos de coadyuvar a él: los acontecimientos se anticipan en diversa forma al auténtico conocimiento; no podremos entender los acontecimientos si no nos esforzamos, desde ahora, hacia la sabiduría.

También les he manifestado repetidas veces que ciertos grupos ocultistas de tendencias egoístas están trabajando en la misma dirección que he señalado varias veces en estas conferencias. Era necesario que la humanidad perdiera determinada sabiduría, sabiduría que hoy se define con las incomprensibles palabras de alquimia, astrología, etc; era necesario que determinado saber entrara en estado letárgico, para que el hombre ya no tuviera el deseo de descubrir el espíritu en su observación de la naturaleza, y así quedara más bien abandonado a sí mismo. Y, para que pudiera despertar las energías que dormitaban en su interior, convenía que ciertas cosas aparecieran primero en forma abstracta, y sólo después adoptarán nuevamente una figura espiritual concreta.

Tres ideas se han ido progresivamente formando en el curso de los últimos siglos, ideas propiamente  abstractas en la forma como se han presentado al hombre: Kant las ha definido erróneamente, en tanto que Goethe lo ha hecho correctamente. Kant las denominó: Dios, Libertad e Inmortalidad, y Goethe les aplicó las acertadas denominaciones de: Dios, Virtud e Inmortalidad.

Si se examina lo que se halla tras estos tres conceptos, se verá que es exactamente lo mismo que el hombre moderno hoy enfoca abstractamente, y que en los siglos XIV y XV se enunciaba con mayor concreción, en el antiguo sentido atávico, con mayor materialidad. Así el experimento al estilo antiguo, correspondía al intento de ver, en los experimentos alquimistas, los procesos que mostraran el poder de Dios en acción: se trataba de producir la piedra filosofal.

Tras todo esto siempre hay algo concreto; así la piedra filosofal debía conferir al hombre la capacidad de virtud, pero entendida materialmente; debía llevar también al hombre a la experiencia de la inmortalidad, situarle en una relación tal con el Universo que le permitiera percibir lo que hay mas allá del nacimiento y la muerte. Todas las ideas esfuminadas con las que hoy se conciben las cosas antiguas, ya no coinciden con las intenciones de antiguos tiempos: se han tornado abstractas, y la humanidad moderna se mueve en abstracciones; ha pretendido entender a Dios por medio de la teología abstracta, y a la virtud como algo meramente abstracto. Cuanto más abstractamente se hable de todo esto, más agradable será para la humanidad moderna; y esto también concierne a la inmortalidad, a la especulación sobre lo que pueda haber de inmortal en el hombre. En mi primera conferencia en Basilea, dije que la ciencia filosófica que gira en torno de la inmortalidad, es una ciencia hambrienta, una ciencia subalimentada; otra forma de expresar el abstraccionismo hacia el cual decididamente se tiende.En ciertas hermandades de Occidente se conserva también la conexión con las antiguas tradiciones, y se intenta utilizarla al servicio de un cierto egoísmo de grupo. Hubo que destacarlo.

Cuando en algún rincón de occidente se tratan estos temas en la literatura pública exotérica, se hace referencia también a Dios, a la Virtud o a la Libertad, e Inmortalidad, pero siempre en sentido abstracto. Únicamente en los círculos iniciáticos se sabe que todo esto no es sino especulación, mera abstracción.

Sin embargo, desde el punto de vista personal, lo que se persigue con las fórmulas abstractas de Dios, Virtud e Inmortalidad, es algo mucho mas concreto, y en las escuelas respectivas, se interpretan estos conceptos para los iniciados. Dios se interpreta como el Oro, y se intenta descubrir el secreto que podría definirse como el secreto del Oro. Ya que el oro representa al sol en la corteza terrestre y, efectivamente encierra en sí un importante secreto: él está en una relación material con las demás sustancias, similar a la de la idea de Dios con respecto a las demás ideas, se trata de cómo captar el secreto.

Esto guarda relación con la explotación egoísta grupal (Nota del traductor: en 1976 diríamos manipulación demográfica”), del misterio del nacimiento, y lo que se pretende es llegar a una comprensión realmente cósmica. Pero el hombre moderno ha substituido esa comprensión cósmica por la telúrica, y cuando investiga cómo se desarrolla, por ejemplo, el embrión del animal o del humano, escudriña con el microscopio lo que existe en el lugar de la Tierra hacia el que dirige la lente, y considera que eso es lo que debe investigar. Pero no es así. Con el tiempo se llegará a comprender ,  y ciertos círculos están muy próximos a esa comprensión, que el poder operante no está donde el microscopio dirige su mirada, sino que procede del cosmos, de la Constelación Cósmica. Cuando se manifiesta el embrión es porque fuerzas procedentes de todo el cosmos, energías cósmicas, actúan sobre el ser en el que tiene lugar su formación, y el resultado de una fecundación depende de las energías cósmicas que en ella intervienen.

Una cosa se llegará a comprender, incomprendida hoy todavía.  Supongamos un ser animado cualquiera, digamos una gallina.  Cuando en este organismo aparece un nuevo germen, la biología dispone sus investigaciones partiendo de la premisa de que el huevo procede de la gallina misma, e investiga sus propias energías que permiten que el huevo se desarrolle.  Esto es un absurdo, porque el huevo no procede de la gallina, que es nada más que sustrato: es del cosmos de donde  proceden las energías que engendran el huevo en el suelo propicio de la gallina. El biólogo provisto de un microscopio que examina el campo focal de su aparato, cree que las fuerzas fecundantes están dentro de ese mismo campo. Pero lo que está viendo depende de los poderes estelares, que confluyen en un punto de una constelación determinada.  Cuando descubramos lo cósmico en este proceso, captaremos, por primera vez, la verdad y la realidad, o sea, que es el universo el que realiza la magia del huevo dentro de  la gallina.

 Cuando descubramos lo cósmico en este proceso, captaremos, por primera vez, la verdad y la realidad, o sea, que es el universo el que realiza la magia del huevo dentro de la gallina.

Todo esto se relaciona principalmente con el secreto del Sol, y desde un punto de vista telúrico con el secreto del Oro. Me limito ahora a una especie de señalamiento programático, por así decir; en el curso del tiempo todo esto se nos irá aclarando.

En las hermandades a las que me he referido, la virtud no se llama virtud, sino sencillamente, salud, y se busca conocer constelaciones cósmicas que se relacionan con el hombre en su salud y enfermedad. Conociendo las constelaciones cósmicas, se conocen asimismo las distintas sustancias de la Tierra, tales como zumos y otras, relacionadas con la salud y la enfermedad. En ciertos sectores, se irá configurando una estructuración cada vez mas material de la ciencia curativa, que descansará, sin embargo, sobre bases espirituales.

Los mencionados sectores propagarán la idea de que no es con la asimilación abstracta de principios éticos como el hombre puede sanar, sino administrándole, pongamos por ejemplo cobre bajo una constelación estelar determinada, y arsénico bajo otra. ¡Imagínense ustedes hasta que punto pueden aprovechar esta sapiencia en pos del poder, las personas dominadas por un egoísmo grupal!. Basta con excluir de este saber a los demás, no hacerlos partícipes de él, y así disponer del mejor medio de dominar grandes masas humanas. Y ni siquiera se necesita recurrir a la palabra hablada, basta con inventar hoy por ejemplo, una nueva golosina. Luego se organiza el mercadeo con ella, aderezada del modo conveniente, y se pueden dar los pasos necesarios si se conciben de un modo materialista. Basta con tener presente que todo lo material encierra en sí una virtualidad espiritual; solo el que sabe que nada material existe en sentido estricto y que todo es espíritu, puede penetrar en los secretos de la vida.

Del mismo modo, esos grupos tratan de llevar el problema de la inmortalidad por cauces materialistas. Por el mismo procedimiento, o sea, aprovechando las constelaciones cósmicas, se puede dirigir, por dichos cauces, el problema de la inmortalidad, aunque, en verdad, así no se logre la auténtica inmortalidad, sino otra. Mientras no sea posible todavía actuar sobre el cuerpo físico a fin de alargar artificialmente la vida, los miembros de ciertas hermandades, tratan por medio de ejercicios anímicos idóneos, de estar en posibilidad de permanecer dentro de la hermandad aún después de la muerte, y así colaborar con ella recurriendo a los poderes de que entonces dispongan. La inmortalidad en estos círculos simplemente se denomina prolongación de la vida.

Sin duda, pueden ustedes observar los signos externos de todas estas cosas. No sé si alguno de los que me escuchan conoce el libro titulado “La arbitrariedad de la muerte”, originario del Occidente, y con cierto éxito durante algún tiempo. Todo esto desemboca en la misma dirección. Todavía están en pañales, pues todo lo que va más allá de los primeros pasos, el egoísmo grupal lo guarda celosamente; lo mantienen las hermandades dentro de un estricto esoterismo. Pero todo ello es posible si, dirigido por cauces materialistas, se convierten las ideas abstractas de Dios, Virtud e Inmortalidad en las concretas de Oro, Salud y Prolongación de la Vida, si se aprovechan en sentido grupal egoísta los graves problemas que les he presentado como propios de la quinta época postatlante. Lo que el profesor, doctor en teología y en filosofía, denomina vagamente “sentimiento cósmico”, muchos lo presentan al hombre como conocimiento cósmico, y muchos de ellos, por desgracia, en sentido egoísta. Mientras que la ciencia se ha limitado durante siglos a observar solamente lo que actúa en la Tierra, y no ha pretendido llegar a lo extratelúrico que constituye lo esencial en el acontecer, la quinta época postatlante concederá primacía a la utilización de las fuerzas de origen cósmico.

Y así como lo importante ahora para un profesor normal de biología, es disponer de un microscopio del mayor poder posible, de los sistemas mas perfeccionados de laboratorio, y así sucesivamente, cuando en el porvenir, se haya espiritualizado la ciencia, lo importante será el momento en que se lleve a cabo el proceso: mañana, tarde o mediodía; si lo ejecutado en la mañana por ejemplo, recibirá de algún modo las influencias del atardecer, o si queda excluida y paralizada toda influencia cósmica desde por la mañana hasta el anochecer. La necesidad de tales procesos se pondrá en evidencia en el futuro, y se pondrán en práctica.

Naturalmente, que mucha agua arrastrarán los ríos antes de que las cátedras de estilo puramente materialista, y los laboratorios, etc., se entreguen a los científicos del espíritu. Mas si la humanidad no quiere llegar a su absoluta decadencia, los trabajos que actualmente se desarrollan en los laboratorios, tendrán que substituirse por otros, a fin de que, en pos de la evolución en un futuro próximo, de tal modo se planeen, que se suspendan ciertos procesos de la mañana, durante el día, para dejarlos expuestos al anochecer al influjo de las corrientes cósmicas, en repetición rítmica hasta el día siguiente. O sea que los procedimientos deberán transcurrir de tal modo que determinadas influencias cósmicas se interrumpan durante el día, encauzadas hacia las alternativas de procesos cósmicos matutinos y vespertinos. Esto requiere múltiples preparativos.

De aquí podrán ustedes deducir que, cuando no se está en posibilidad de públicamente colaborar en el devenir, no queda otra alternativa que la de disertar sobre el tema. No obstante, los sectores aludidos, que se inclinan por el Oro, la Salud y la Longevidad, en lugar de Dios, Virtud e Inmortalidad, no intentan recurrir a los procesos matutinos y vespertinos, sino a algo muy distinto.

Me permito recordar que, en mi última conferencia , expuse que, por una parte, se pretende desterrar del mundo el Impulso procedente del Misterio del Gólgota, sustituyéndolo en Occidente por otro estímulo, que puede corresponder a una especie de Anticristo, y, por otra parte, del Oriente, paralizando el Impulso Crístico que ha de resurgir en el siglo XX, desviando la atención del Cristo que habrá de reaparecer en lo etéreo.

Quienes pretenden suplantar, en cierto modo al Cristo por el Anticristo, habrán de aprovechar los efectos de las fuerzas mas materiales, efectos que sin embargo son de índole espiritual. A este fin, se intenta, sobre todo, recurrir a la electricidad y particularmente al magnetismo terrestre para lograr decididos efectos sobre toda la Tierra.

Ya he tenido ocasión de manifestar que con el doble del hombre, ascienden esas fuerzas terrestres, secreto que se descubrirá muy en breve. La aplicación del magnetismo terrestre en su doble polaridad de magnetismo boreal y magnetismo austral, para irradiar hacia la Tierra fuerzas directrices de efectividad espiritual, constituirá en el futuro un secreto norteamericano.

Examinen el mapa magnético, y comparen ahí el curso de las líneas magnéticas según que la aguja señale hacia Oriente u Occidente, o permanezca inmóvil. Sobre todo esto he de limitarme a alusiones por el momento: seres espirituales actúan sobre la Tierra desde cierta región del Cielo, y basta con que se hallen al servicio de la existencia terrena para descubrir el secreto el magnetismo terrestre. Estos seres espirituales que actúan desde el cosmos pueden revelarnos ese secreto, y así conseguir óptimos resultados desde un punto de vista egoísta grupal, o sea, en lo referente a la triada Oro, Salud y Longevidad. Lo único necesario es moverse en cierto ánimo de dudosa calidad; y ciertos círculos lo procurarán, sin duda.

Los grupos orientales intentarán fortalecer la tendencia que ya mencioné, poniendo al servicio de la existencia terrestre la influencia y acción de las entidades que proceden del lado cósmico opuesto; magna contienda tendrá lugar en el futuro.

La ciencia humana se encaminará hacia lo cósmico, de diversas maneras. Será misión de la ciencia sana y benéfica encontrar las fuerzas cósmicas que se originen por la confluencia sobre la Tierra de dos corrientes cósmicas de sentido opuesto; las procedentes de Piscis y de Virgo, habrá que descubrir, ante todo, el secreto de la fusión de las fuerzas solares que proceden de Piscis, con las que llegan de Virgo. Y lo que hay que descubrir es cómo lograr que las dos energías procedentes de dos partes del cosmos, las de Piscis, por un lado, y las de Virgo, por el otro, matutinas y vespertinas, actúen en provecho de la humanidad.

No interesan estas fuerzas a los que intentan alcanzarlo todo por medio del dualismo y la polaridad, por medio de fuerzas positivas y negativas. Los secretos espirituales que, con el auxilio de las fuerzas dobles del magnetismo, la positiva y la negativa, permiten que lo espiritual de la Tierra se sature de energías cósmicas, emplean energías que proceden de Géminis, fuerzas de mediodía.

Ya en la antigüedad se conocían estas fuerzas cósmicas, y también saben hoy los científicos, de una manera exotérica, que tras el signo zodiacal Géminis se ocultan los magnetismos positivo y negativo.

El propósito puede consistir en neutralizar los beneficios que resultan por la manifestación de la dualidad del cosmos, anularlos materialista y egoístamente por medio de las fuerzas que afluyen a la humanidad especialmente de Géminis y que fácilmente pueden estar al servicio del doble de los hombres.

Luego hay otras hermandades, cuyo objetivo consiste en pasar por alto el Misterio del Gólgota, y cuya meta es recurrir a la naturaleza dual del hombre; esta doble naturaleza que en esta quinta época postatlante, háyase integrada por lo humano y por lo animal inferior. El hombre es realmente un centauro: contiene la naturaleza animal inferior, astralmente, y la humanidad situada, en cierto modo, sobre ese animal astral. Por la acción reciproca de esta dualidad, existe un dualismo de fuerzas; ese dualismo del que tratan de aprovecharse ciertas hermandades egoístas del Oriente, hinduístas, con el fin de seducir al Este europeo, al cual corresponde la misión de preparar la sexta época postatlante, recurriendo a las energías procedentes de Sagitario.

Lo que se le plantea ahora a la humanidad es la conquista de lo cósmico, ya sea de manera doblemente incorrecta, o simplemente correcta. Esto nos lleva a una auténtica renovación de lo astrológico que, en su antigua forma atávica, no puede sobrevivir.

Los conocedores de los secretos del cosmos se combatirán entre sí, los unos echando mano de los procesos matutinos y vespertinos en la forma indicada; los otros, en Occidente, utilizando preferentemente los procesos de mediodía, con exclusión de aquéllos, y en Oriente, sirviéndose de los procesos de medianoche. La preparación de substancias ya no tendrá exclusivamente en cuenta las fuerzas químicas de atracción y repulsión; se sabrá asimismo que las substancias resultantes son distintas según que se relacionen con procesos matutinos-vespertinos o de mediodía-medianoche; se sabrá asimismo que actúan de modo totalmente distinto sobre las triadas Dios, Virtud e Inmortalidad – Oro, Salud, Longevidad.

Ninguna injusticia podrá cometerse por la acción recíproca de fuerzas procedentes de Piscis y Virgo; sí se conseguirá, en cierto sentido, desprender del hombre el mecanismo biológico, pero ningún dominio y poder de un grupo sobre otro. Las fuerzas cósmicas traídas de estas últimas regiones siderales, producirán extraordinarias máquinas, pero únicamente las que redimen al hombre del trabajo, porque llevarán en sí mismas un cierto poder inteligente. Y la ciencia espiritual de orientación cósmica cuidará de que no ejerzan influjo dañino alguno las grandes tentaciones que provocarán estos animales-máquina que el propio hombre habrá producido,

A todo esto hay que añadir que es necesario que los hombres adquieran la preparación adecuada, evitando confundir las ilusiones con las realidades, a cuyo fin han de profundizar realmente en una concepción espiritual del mundo, en una comprensión espiritual del orbe. Ver las cosas tal como son: ‘He ahí lo importante! Pero únicamente podemos verlas tal como son si estamos capacitados para aplicar a la realidad las ideas y conceptos procedentes de la ciencia espiritual de orientación antroposófica.

Los muertos ejercerán gran influencia durante todo el periodo de existencia de la Tierra. ¿Qué será esta influencia?: He ahí el interrogante. La gran diferencia dependerá, sobre todo, de la conducta de los hombres sobre la Tierra, y así la acción benéfica de los muertos estará dirigida a que actúen por sí mismos, a que tomen sus estímulos de acción del mundo espiritual donde habitan post mortem.

En cambio, se manifestarán diversas tendencias hacia la penetración artificiosa de los muertos en la existencia humana. Por el medio de Géminis, ellos se introducirán en la vida del hombre, y así continuaran resonando las vibraciones humanas, vibrando de una manera bien definida en el funcionamiento de la máquina. Y de esta manera indirecta, el cosmos moverá las máquinas.

Cuando surjan estos problemas, lo importante será no hacer nada indebido, limitándose a las fuerzas elementales que ya son parte de la naturaleza, y renunciando a introducir energías impropias en la acción mecánica. En el campo del ocultismo, convendrá desistir de uncir el hombre al engranaje mecánico con objeto de sacar provecho de la teoría de la selección darwinista en lo que corresponde a la determinación de la capacidad de trabajo del hombre, tal como les indiqué últimamente por medio de un ejemplo.

El motivo de hacerles estas explicaciones, que naturalmente no pueden agotar el tema en tan breve tiempo, es porque confío que ustedes continuarán meditando sobre todas ellas, que intentarán tender un puente entre lo que yo digo y sus propias experiencias, ante todo las experiencias que estos tiempos difíciles nos deparan.

Cuando, a la luz de las ideas expuestas, enfoquen lo que he dicho, verán entonces cuántas cosas les resultarán más claras. Pues, no se trata, en nuestra época, de un enfrentamiento y constelación de fuerzas, como se repite, una y otra vez, en la vida externa exotérica, sino de algo muy distinto: tender un velo sobre las verdades intenciones que están en juego. Sin duda, existen ciertas fuerzas humanas empeñadas en salvar algo para sí. ¿En salvar qué? Ciertas fuerzas humanas están empeñadas en apoyar ahora solapadamente, con cierta reserva arhimánico-luciférica, los impulsos que hasta la Revolución francesa eran justificados e incluso los habían defendido algunas escuelas ocultistas: en apoyarlos con el propósito de mantener en pie un orden social que la humanidad creía haber superado desde fines del siglo XVIII.

Básicamente, hay dos potencias frente a frente: los representantes del principio superado desde fines de ese siglo, y los representantes de los tiempos nuevos. No cabe duda de que, instintivamente, un gran número de personas representa el impulso de lo nuevo. Por eso, representantes del viejo impulso, el de los siglos XVI, XVII y XVIII, son uncidos, por medios artificiosos, a las fuerzas que emanan de ciertas hermandades que actúan en virtud de un egoísmo grupal. El principio más eficaz, de los tiempos modernos para extender el poder sobre todos cuantos hombres se requiera, es el principio económico el de la dependencia económica, simple medio, sin embargo. porque en realidad, se trata de otra cosa, y la pueden ustedes deducir de todas las consideraciones que les he hecho. El principio económico está ligado a todo lo expuesto, cuyo objeto es formar un gran ejército mundial al servicio de dicho principio.

He ahí a lo que nos enfrentamos. Acabamos de señalar una de las partes que actualmente contienden en el mundo: la que defiende el principio de los siglos XVI , XVII y XVIII, enclavado en Occidente, disimulado bajo la indumentaria de la Revolución, de las frases de la Democracia, y tras la máscara, oculta sus propósitos de conquista del máximo poder. Favorece esos propósitos el que la gran mayoría no trate de ver las cosas como son, y se dejen engañar por el velo de maya, por la ficción de que la actual guerra es una lucha entre la Entente y las Potencias de la Europa Central.

No es esta guerra lo que, en verdad, existe, sino otra muy distinta, escondida tras el velo de maya: la guerra entre la Entente y las Potencias Centrales no es sino maya, ilusión. Para darse cuenta de lo que realmente está en juego en esta batalla, de cuáles son los verdaderos combatientes, observemos tras bambalinas, y a la luz de lo que, por ciertas razones, no puedo mas que sugerir. Mas, procuremos no tomar las ilusiones por realidades y, con sólo esto, se irán ellas desvaneciendo, observémoslo todo con actitud imparcial.

Si resumen ustedes las consideraciones que han integrado estas charlas, verán por si mismos que una de ellas, dada como accesoria, no lo es tanto como parece. No hubiera hecho Mefistófeles a Woodrow Wilson el comentario que hizo a Fausto: “Ya veo que tú conoces al diablo”, comentario no de poca monta, sino detalle que nos aclara una situación. Veamos esto sin simpatía o antipatía, objetivamente; seamos sobre todo, capaces de captar una causa cualquiera dentro del significado de su constelación, y el significado de su fuerza propia, pues suele ocurrir que tras ésta haya algo completamente distinto de lo que entraña la mera constelación. Y así, plantéense imparcialmente la pregunta de cuánto hubiera valido el cerebro de Wilson, si este cerebro no hubiera estado sentado en la silla presidencial de la Unión Americana. Supónganse que hubiera estado en otra constelación: ¡cómo hubiera podido entonces manifestar su fuerza propia! La constelación es lo que importa.

Existen casos, dicho radicalmente y en abstracto, y sin referirse desde luego al que acabamos de mencionar – no se me ocurriría esto en un país neutral – en que uno se pregunta si determinado cerebro tiene el valor que le confiere el poder espiritual especial que lo anima, si lo tiene en el sentido que anima nuestras disquisiciones, o bien si no tiene más peso que el de su materia en gramos.

Tan pronto como se han penetrado secretos del doble humano, tantas veces comentado últimamente llega uno a conceder a ciertos cerebros el valor. no estoy hablando de nada irreal, de su masa puesta en una balanza, porque es muy posible, si tuviera que ser así ponerlos a funcionar por medio del doble, exclusivamente.

Todo esto puede parecer grotesco al hombre del presente, mas toda esa extravagancia se convertirá en evidencia, si ciertas cosas que hoy llevan un curso dañino deben desembocar hacia una corriente benéfica. ¡De qué sirve el mero verbalismo! Por favor, adquieran la convicción de que toda verborrea en torno a la “religiosidad cósmica”, al “gran anhelo que suscita”, a “la actividad que propende a descubrir y desentrañar los movimientos cíclicos de esa vida tras la impresión sensorial”, etc. etc., no conduce sino a extender una neblina sobre cuestiones que nunca deberían plantearse sino con inmensa claridad, pues únicamente pueden ser efectivas si son límpidas, si, en verdad, encauzan hacia impulsos prácticos y ético-morales a la humanidad.

Yo no puedo hacer más que alusiones aisladas. A ustedes corresponde meditar sobre ellas, proseguir constructivamente sobre los temas. Desde diversos aspectos, las cosas son aforísticas, pero de una sinopsis como la del círculo zodiacal que se reproduce seguidamente; utilizada como tema de meditación, podrán sacar ustedes, gran numero de conclusiones.

Traducción directa del alemán de Iván Villanueva

Los Temples de los Planetas – Venus

Rayo 3 – El Rayo de Inteligencia y Actividad  (♀ – Venus – Misticismo)

El Tercer Rayo refiere a la expresión de la Inteligencia Divina. Esencialmente, es este rayo que proporciona la inteligencia subyacente en toda la naturaleza. Con respecto al reino humano, es la fuerza que anima el pensamiento. Su propósito es dar a conocer la mente de Dios en la conciencia de la humanidad, así como proporcionar el entendimiento espiritual a toda actividad humana. Para aquellas almas impregnadas sobre el Tercer Rayo, su propósito es dar a conocer la mente de Dios mediante la demostración de la interconexión de todas las ideas. Además, este es el rayo que más se asocia con el karma, ya que mantiene el recuerdo de lo que fue, así como lo que debe ser. Por esta razón, el nombre primitivo utilizado para identificar este rayo era el “Guardián de los Registros”.

Venus