GA201c6. El Hombre: Enigma del Universo

Rudolf Steiner — Dornach, 18 de abril de 1920

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Hemos visto que debemos buscar una armonía entre los procesos que tienen lugar en y con el Hombre, y los procesos que tienen lugar en el Universo exterior. Recordemos una vez más brevemente el punto al que nos condujo nuestro estudio de ayer. Dijimos que, para empezar, el hombre debía ser considerado desde cuatro puntos de vista. Primero, desde el punto de vista de las fuerzas que son responsables de su forma; en segundo lugar, de aquello que comprende todas las fuerzas que se expresan en la circulación de la sangre, la linfa, etc., en resumen las fuerzas del movimiento interno. (Ya saben que las fuerzas formativas están en gran medida en estado de reposo en el hombre adulto, mientras que el movimiento interior está en un flujo continuo). En tercer lugar, tenemos las fuerzas orgánicas y en el cuarto, el metabolismo actual.

Para empezar, debemos considerar todo lo que tiene conexión con las fuerzas formativas. Estas son las fuerzas que trabajan hacia afuera desde adentro hasta que alcanzan la periferia más externa, los límites de la circunferencia del hombre. Si formamos una silueta del hombre, vista por así decirlo por todos lados, debemos comprender y encerrar los extremos más externos de las actividades resultantes de estas fuerzas internas, que se construyen desde adentro hacia afuera.

Ahora bien, no debería ser difícil entender que estas fuerzas formativas deben estar conectadas con otras fuerzas, que, como ellas, pertenecen a la periferia del hombre y allí deben descubrirse. Estas últimas son las fuerzas que tienen su actividad en los sentidos. Los sentidos del hombre yacen, como saben, en la periferia. Por supuesto, están distribuidos y diferenciados, pero para entrar en contacto con las fuerzas que actúan en los sentidos deben buscarlas en la periferia, y esto nos justifica al decir que las fuerzas formativas deben tener una conexión con la actividad de los sentidos.

Tal vez comprendamos mejor este punto si recordamos las palabras que Goethe cita como pronunciadas por uno de los antiguos místicos.

"Si el ojo no fuera como el Sol en sí mismo,

¿Cómo podríamos ver el Sol? "

Ahora bien, no puede ser la actividad lumínica que nos rodea todo el tiempo lo que se entiende cuando se dice que el ojo es similar al sol o similar a la luz, ya que el ojo solo puede percibir esta actividad lumínica cuando está completamente formado. Por lo tanto, no puede ser esto lo que se quiere decir cuando hablamos de la construcción del ojo. Debemos imaginar esta actividad de luz como algo intrínsecamente diferente. Y es un hecho que llegamos a una cierta concepción de lo que subyace en este verso, si seguimos al hombre durante el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento. Porque durante este período sus experiencias consisten en parte —pero, por supuesto, solo en parte— en una percepción de la transformación gradual de las fuerzas de la vida física precedente en él a la nueva; y percibe cómo el hombre metabólico se transforma en el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento en la forma de la cabeza. Estas experiencias no son menos ricas en contenido que aquellas experiencias que vivimos en esta vida, cuando vemos la aceleración gradual de las plantas en primavera y su decadencia en otoño, etc.

Todo este desarrollo que ocurre en el hombre en el tiempo entre la muerte y el renacimiento es una gran riqueza de eventos, una riqueza de acontecimientos reales que de ninguna manera son tan fáciles de entender como la mera idea abstracta de ellos. Todo lo que tiene lugar durante este tiempo para efectuar la transformación de las fuerzas de los miembros en las fuerzas de la cabeza para la nueva encarnación, es extraordinariamente múltiple. El hombre mismo participa en el proceso. Experimenta, por ejemplo, algo parecido con la construcción del ojo. Pero él no lo experimenta de la misma manera que lo hizo durante el largo período evolutivo, cuando pasó por las diversas etapas que precedieron a nuestra Tierra, a saber, las de la Antigua Luna, el Antiguo Sol y Antiguo Saturno. Las fuerzas del Universo Estelar actuaron sobre él de una manera diferente. Este Universo Estelar también tenía una forma diferente de la que tiene ahora.

Es de una gran importancia formarse ideas claras sobre estos asuntos. Si consideramos nuestras percepciones actuales de lo que nos rodea, ¿cuáles son?. Ellas son en realidad imágenes. Detrás de estas imágenes, por supuesto, se encuentra el mundo real; pero es el mundo que está detrás de estas imágenes, el que en realidad construyó al hombre antes de que hubiera evolucionado lo suficiente como para poder percibir estas imágenes. Hoy percibimos con nuestros ojos las imágenes del mundo circundante. Detrás de este maya está lo que ha edificado nuestros ojos. Esto nos lleva a la verdad: si las fuerzas que residían detrás de la imagen del Sol no hubieran construido el ojo, el ojo no podría percibir la imagen del Sol.

El dicho, como ven, tiene que ser modificado, porque si bien la percepción de la luz hoy nos da imágenes, sin embargo, lo que primero construyó los órganos en la periferia del hombre no fueron las imágenes, sino las realidades. De modo que cuando miramos a nuestro alrededor en este mundo, lo que percibimos son realmente las fuerzas que nos han fortalecido: nuestras propias fuerzas formativas. Ahora han sido atraídas hacia nosotros; lo que actuaba desde fuera hasta el período de la Tierra, ahora actúa desde dentro. Retendremos este pensamiento para nuestros estudios posteriores y ahora reuniremos la primera y la cuarta de estas fuerzas.

  1. Fuerzas Formativas.
  2. Fuerzas del movimiento interno.
  3. Fuerzas orgánicas.
  4. Fuerzas asimilativas o metabólicas.

 

Permítanme, por el momento, considerar estas últimas. El proceso del metabolismo ya se ha vuelto en algún grado irregular; pero hay causas naturales que aún llevan al Hombre a una cierta regularidad en este respecto; y todos ustedes saben del inconveniente si, por una razón u otra, algo falla en el proceso rítmico de asimilación. Pueden desviarse de él dentro de los límites, pero siempre se esfuerzan por regresar a un cierto ritmo; y ustedes saben que este ritmo es uno de los primeros elementos esenciales de la salud física. Es un ritmo que abarca el día y la noche. Dentro de las 24 horas, se completa el proceso rítmico del metabolismo. Veinticuatro horas después del desayuno, nuevamente tienen apetito para el desayuno. Todo lo que está conectado con la asimilación está conectado también con el curso del día. Ahora les pediría que comparen la solidez, la firmeza de la periferia corporal con la movilidad de las fuerzas de asimilación. Se puede decir que no ocurren alteraciones en la primera, mientras que se repita la asimilación cada 24 horas. Mucho se lleva a cabo dentro del organismo, pero su periferia permanece sin cambios. Ahora traten de descubrir, en el mundo exterior, algo que se corresponda con esta movilidad interna en relación con la firmeza, que encuentran en el Hombre. Miren el universo de las estrellas. Observen cómo las constelaciones se mueven tan poco como las partículas en la superficie de la periferia humana. Encontrarán que la constelación de Aries está siempre a una distancia fija de la constelación de Tauro, así como los ojos permanecen a la misma distancia el uno del otro. Pero aparentemente todo este cielo estelar se mueve; aparentemente gira alrededor de la Tierra. Bueno, con respecto a esto, los hombres hoy en día ya no son ignorantes, saben que el movimiento es meramente aparente, y atribuyen su apariencia a la rotación de la Tierra sobre su propio eje.

Muchos han sido los intentos de encontrar pruebas de esta rotación de la Tierra sobre su eje. En realidad, fue solo durante los años cincuenta del siglo pasado que el hombre comenzó a tener derecho a hablar de tal revolución, ya que fue solo entonces que los experimentos con el péndulo de Foucault mostraron este giro de la Tierra. No entraré más en esto hoy. Sin embargo, tenemos, de esta manera, una prueba válida de este proceso terrestre, que se repite cada 24 horas. Representa, en relación con las constelaciones fijas, una analogía del curso rítmico del metabolismo en el hombre en comparación con la naturaleza fija de su forma periférica; y aquí puede encontrar, si examinan a fondo todas las condiciones y relaciones, pruebas exactas del movimiento de la Tierra en los procesos del metabolismo en el hombre.

En estos tiempos nos encontramos con varias de las llamadas teorías de la relatividad que afirman que no podemos hablar realmente de movimiento absoluto. Si miro por la ventanilla de un vagón de tren y pienso que los objetos exteriores se mueven, cuando la realidad es que el tren y yo somos los que nos movemos. ¡Sin embargo, tampoco se puede probar estrictamente que el mundo exterior no se está moviendo en la dirección opuesta! Todo este tipo de charla, de hecho, no tiene mucho valor. Porque si un hombre camina hacia adelante y otro hombre permanece quieto en la distancia mientras se acerca a él, es relativamente irrelevante si dice: “Me acerco a él” o “él se acerca a mí”. Visto de esta manera, parece que no hay diferencia. Tales consideraciones como esta forman, como saben, los fundamentos de las teorías de la relatividad de Einstein.

Todo está muy bien, pero hay una manera en que uno puede probar estrictamente el movimiento, ya que la persona que permanece en reposo no experimentará fatiga, mientras que el que camina lo hará. Por medio de procesos internos, la realidad absoluta del movimiento puede ser probada; de hecho, no hay más pruebas que los procesos internos. Aplicando esto a la Tierra, también podemos hablar verdaderamente de movimiento absoluto, ya que a través de la Ciencia Espiritual aprendemos a darnos cuenta de que este movimiento es el equivalente del movimiento interno del metabolismo en comparación con la forma fija del hombre. No deberíamos hacer tanto hincapié en el hecho de que la Tierra al girar sobre su eje provoca un movimiento solar aparente en el espacio, sino que deberíamos relacionar este movimiento terrestre con todo el Universo Estrellado; no deberíamos hablar de días de sol, sino de días de estrellas, que no son sinónimos, ya que el día estelar es más corto que el día solar. Siempre es necesaria una corrección en las fórmulas que se relacionan con el día solar. Por lo tanto, podemos hablar realmente de este movimiento de la Tierra sobre su eje como algo que se deriva de la naturaleza del Hombre; porque como ya se señaló, la rotación considerada en su relación con el cielo de las estrellas fijas está conectada con el movimiento interno del metabolismo en el Hombre. En resumen, la relación del metabolismo en el Hombre con las fuerzas responsables de la forma del Hombre es la relación de la rotación de la Tierra con el Cielo de las Estrellas Fijas, que representa para nosotros el Zodiaco.

Cuando miramos el Zodíaco, vemos que es para nosotros el representante cósmico externo de nuestra propia forma externa. Cuando consideramos la Tierra, tenemos ante nosotros la representación de nuestra propias fuerzas asimilativas; y la relación del movimiento correspondiente en cada caso.

Ahora será un poco más difícil encontrar la relación entre (2) y (3), entre el Movimiento interno y las Fuerzas orgánicas. Sin embargo, podemos hacer que el asunto sea comprensible de la siguiente manera. Si consideran los movimientos dentro del organismo humano, concluirán fácilmente que son algo en el hombre que de ninguna manera está tan fijo como su periferia externa. Ellos están en movimiento. Pero algo más está conectado con este movimiento. Los movimientos incluyen el de la sangre así como el líquido nervioso, la linfa, etc. No necesitamos dar una lista detallada de ellos aquí, pero hay siete de estos movimientos internos. Conectados con estos movimientos están los órganos individuales. Las fuerzas del movimiento han producido, dentro de su curso, estos órganos; en estos últimos debemos reconocer los resultados de estos movimientos. A menudo he llamado la atención sobre la verdadera realidad del corazón humano. La visión materialista como he señalado, es de la opinión de que el corazón es una especie de bomba que obliga a la sangre a pasar por todo el cuerpo. Pero este no es el caso; por el contrario, la pulsación del corazón no es la causa sino el efecto de la circulación. En los movimientos o movimientos interiores vivientes se inserta el funcionamiento de los órganos.

Si tratamos de descubrir un equivalente cósmico para esto, lo encontraremos observando, por un lado, los movimientos de los planetas, especialmente si consideramos sus movimientos en relación con los movimientos de la Luna. Sabrán —habiendo tenido esta explicación en conferencias anteriores— la conexión entre los movimientos de la luna y los fenómenos de las mareas; y mucho más está conectado con este movimiento lunar. Si estudiáramos más profundamente los fenómenos de la naturaleza, deberíamos encontrar que no solo aparece la luz como resultado del amanecer, sino que también —y de hecho más material— los efectos en nuestro medio ambiente de la Tierra deben estar conectados con el movimiento planetario. Una vez que esto se base en un estudio real y genuino, nos daremos cuenta de la armonía existente entre muchos fenómenos en la Tierra y los movimientos de los planetas. Estudiaremos los efectos de la influencia planetaria sobre el aire, el agua y la tierra, de la misma manera que tenemos que estudiar —en el cuerpo humano— las influencias sobre sus respectivos órganos de las fuerzas del movimiento interno que existen en la circulación de la sangre y en otras circulaciones. De esta forma descubriremos una cierta acción recíproca entre las actividades orgánicas y las fuerzas del movimiento interno. Del mismo modo que ya hemos observado una correspondencia entre la Tierra y las estrellas fijas, ahora tendremos ante nosotros una correspondencia similar entre la tierra, el agua, el aire, el fuego (calor) y los planetas, entre los que contamos, por supuesto, al Sol.

Así llegamos a una cierta relación entre lo que ocurre en el organismo humano y lo que ocurre en el Macrocosmos. Por el momento, sin embargo, solo necesitamos preocuparnos de las fuerzas orgánicas. ¿Cómo se forman en el cuerpo humano? Están formadas de tal manera que a medida que seguimos la vida humana durante los períodos de este proceso de construcción de los órganos, podemos reconocer con bastante precisión que este proceso está relacionado con el transcurso del año así como el metabolismo está relacionado con el curso del día. Pues este curso se encuentra en una relación similar a las fuerzas del movimiento interior en el hombre como las variadas condiciones de la actividad del año —primavera, verano, otoño e invierno— hacen afectan a los planetas. Aquí nuevamente descubrimos algo en el Hombre que tiene su correspondencia en el Macrocosmos. No podemos estudiar estos asuntos de otra manera que comparando detalles entre sí. Todo lo que puedo hacer hoy es llamar su atención sobre ciertos hechos que tienen que ver con este tema, ya que si examinamos las conexiones en detalle nos tomaría demasiado tiempo; pero al estudiar ciertas relaciones en el Hombre durante el proceso real de construcción de los órganos, y ponerlos en conexión con las fuerzas del movimiento interior, pueden encontrar en todas partes analogías de lo que ocurre en los cambios trimestrales de las Estaciones, como se ve en sus relación con las fuerzas del movimiento planetario. Pero debemos evitar comenzar nuestro examen sobre la base de que el corazón es una bomba; por el contrario, el corazón debe ser visto como una creación de la circulación de la sangre. Debemos, por así decirlo, insertar el corazón en una circulación sanguínea viva. También se debe pensar que el movimiento del Sol está insertado de manera similar en los movimientos de los Planetas. Un examen imparcial de las condiciones intrahumanas nos lleva a hablar de una rotación de la Tierra sobre su eje que causa un movimiento aparente de los cielos estrellados, y que esto constituye el equivalente de los movimientos relacionados con el metabolismo en su relación con la forma externa humana. Pero no podemos hablar de un movimiento de la Tierra alrededor del Sol durante el año. No podemos hacer esto, si entendemos al hombre interior viviendo en estrecha relación con el Macrocosmos; porque no debemos concebir lo que se mueve hacia el corazón, de ninguna otra manera que como lo haríamos con los otros flujos del movimiento dentro del hombre. Por lo tanto, debemos reconocer que no nos estamos ocupando del movimiento eclíptico de la Tierra en el transcurso del año, sino más bien de un movimiento que corresponde al movimiento solar. Es decir, la Tierra y el Sol se mueven juntos en el transcurso del año; el uno no da vueltas alrededor del otro.

Esta última opinión es el resultado de juzgar por las apariencias; en realidad tenemos aquí el movimiento de ambos cuerpos en el espacio con una cierta conexión entre los dos. Esto es algo de la teoría de Copérnico que deberá corregirse sustancialmente. Pero aún hay otra manera en la que debemos concebir la relación del hombre con la naturaleza macrocósmica. ¿Cuál es realmente la naturaleza del proceso que observamos en el movimiento diario del metabolismo? Sólo parte de este proceso se lleva a cabo de tal manera que va acompañado de los fenómenos de nuestra consciencia, mientras que se logra otra parte cuando se cierra la consciencia, al separarse el yo y el cuerpo astral del cuerpo físico y etérico. Ahora debemos tener en cuenta especialmente lo siguiente. El hombre no experimenta de la misma manera lo que ocurre entre el despertar y el dormir, y lo que ocurre entre el dormir y el despertarse. Solo consideren la relación entre los dos momentos del tiempo: ir a dormir y despertar. Si hacen esto con una mente libre de prejuicios, llegarán a una visión inequívoca de este asunto. Cuando te vas a dormir, estás, por así decirlo, en el cero de tu ser; la condición del sueño no es meramente de descanso, es la condición antitética del estado de vigilia. Cuando estás despierto, estás, desde el punto de vista de tu vida, realmente en la misma relación contigo mismo y tu entorno que en el momento de irte a dormir. El uno es el equivalente del otro, la única diferencia es la de dirección. Despertar significa pasar del sueño al estado de vigilia; quedarse dormido es al revés. Además de la dirección, son absolutamente iguales. Por lo tanto, si pudiéramos indicar los movimientos del metabolismo con una línea, entonces no podria ser una línea recta o un círculo, ya que no contendría los puntos de despertar y de quedarse dormido. Debemos encontrar una línea que represente los movimientos del metabolismo, de modo de contenga estos puntos, y la única —busquen todo el tiempo que quieran— es la lemniscata. Aquí tienen el punto de despertarse en una dirección y el punto de quedarse dormidos en la otra dirección. Solo las direcciones están opuestas, siendo los dos movimientos iguales en cuanto a las condiciones de vida. Ahora podemos distinguir de una manera real el ciclo del día y el ciclo de la noche.

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¿A dónde conduce todo esto? Si hemos captado el hecho de que el movimiento del metabolismo diario corresponde al movimiento de la Tierra, ya no podemos, con la Tierra aquí (diagrama) atribuir a cualquier punto un movimiento circular. Por el contrario, debemos formarnos el concepto de que la Tierra, en realidad, avanza a lo largo de su camino de tal manera que produce una línea como la de la lemniscata. El movimiento no es una simple revolución, sino un movimiento más complicado; cada punto de la superficie terrestre describe una lemniscata, que también es la línea descrita por el proceso metabólico.

Por lo tanto, no podemos imaginar que el movimiento de la Tierra consista simplemente en que da la vuelta sobre su eje, porque en realidad es un movimiento complicado en el que cada punto sobre el que se encuentra describe en realidad lo que forma la base del movimiento de sus procesos metabólicos —una lemniscata. Es absolutamente necesario buscar en los movimientos del Universo externo el equivalente de los movimientos que tienen lugar dentro del Hombre. Porque solo mediante un estudio de los cambios dentro del Hombre físico podemos llegar a una comprensión de los movimientos planetarios exteriores al Hombre.

Cuando el hombre pone en movimiento sus extremidades y se cansa, ¡no podemos seguir discutiendo sobre si está en movimiento relativo o real! Está fuera de cuestión decir: tal vez el movimiento sea solo relativo, ¡tal vez el otro hombre al que se está acercando esta después de todo realmente acercándose a él! Las teorías de la relatividad ya no contienen agua, cuando el movimiento interno comprueba que el hombre se está moviendo. Y es imposible también probar los movimientos del interior de la Tierra, excepto por medio de los cambios internos que ocurren en el Hombre. Los movimientos del metabolismo, por ejemplo, son el verdadero reflejo de lo que la Tierra ejecuta como movimiento en el espacio. Y nuevamente, eso que hemos llamado las fuerzas de construcción de los órganos, activas en el transcurso del año, son el equivalente del movimiento anual de la Tierra y el Sol. Tendremos ocasión de hablar más específicamente de estas cosas más adelante; en este momento me gustaría llamar su atención una vez más al dibujo, donde he señalado que la Tierra se mueve detrás del Sol en una línea similar a una hélice, moviéndose la Tierra siempre con el Sol. Y luego, si miramos la línea desde arriba, obtenemos una proyección de la línea y la proyección muestra una lemniscata.

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Ahora todo esto dejará claro que ciertamente podemos hablar de un movimiento diario de la Tierra alrededor de su eje, pero de ningún modo de un movimiento anual de la Tierra alrededor del Sol. Porque la Tierra sigue al Sol, describiendo el mismo camino. Otros hechos muestran que no tenemos derecho a hablar de tal revolución. Para dar una instancia, el hecho de que se consideró necesario —he hablado de esto antes—  simplemente para suprimir una declaración de Copérnico. Si la Tierra girara alrededor del Sol, deberíamos esperar que su eje, que debido a su inercia permanece paralelo, apunte en la dirección de diferentes estrellas fijas durante esta revolución. ¡Pero no es así! Si la Tierra girara alrededor del Sol, el eje no podría indicar la dirección de la Estrella Polar, ya que el punto indicado tendría que girar alrededor de la Estrella Polar; sin embargo, no hace esto, el eje indica continuamente la Estrella Polar. Esa línea que debería ser evidente para nosotros y que correspondería al movimiento progresivo de la Tierra en su relación con el Sol, no se puede encontrar.

La Tierra sigue al Sol en un camino en espiral y en forma de hélice, taladrando su camino, como si dijéramos, al espacio cósmico. Ya he indicado, sin embargo, que hay otro movimiento que se manifiesta en los fenómenos de la precesión de los equinoccios: el movimiento del punto de salida del sol en el equinoccio de primavera a través del zodíaco, volviendo al mismo punto cada 25.920 años. Esto también es el equivalente de un cierto movimiento en el Hombre. ¿Qué podemos encontrar dentro del Hombre que le corresponda?

Pueden ser capaces de llegar a una conclusión sobre este punto a partir de lo que he dicho anteriormente. Tenemos que encontrar un movimiento equivalente a la relación del Sol con las Estrellas Fijas, porque el punto del amanecer progresa a través del Zodíaco completo —o estrellas fijas—en 25.920 años. El equivalente en el Hombre es la relación entre las fuerzas del movimiento interno y las fuerzas de la forma; esto también debe ser de larga duración. Las fuerzas del movimiento interno en el Hombre deben cambiar de alguna manera, para alterar su posición en relación con la periferia del Hombre.

Recordarán lo que dije sobre algo que ha sido observable desde el período de la antigua Grecia. Dije que los griegos usaban la misma palabra para “amarillo” y “verde”, pues realmente no veían el azul de la misma manera que nosotros, y como informaron los escritores romanos, solo realizaron y usaron cuatro colores en su arte, es decir, amarillo, rojo, blanco y negro. Vieron estos cuatro colores vivos. Para ellos el cielo no era azul como lo vemos; les parecía una especie de oscuridad. Ahora bien, esta es una afirmación que puede hacerse con toda certeza, y la Ciencia Espiritual lo confirma. Este cambio en el hombre ha tenido lugar desde la época de la antigua Grecia. Cuando reflexionan sobre el hecho de que la constitución del ojo humano ha experimentado tal grado de modificación desde el período de la Grecia antigua, entonces también pueden concebir otras alteraciones en el organismo humano, teniendo lugar en la periferia y ocupando períodos aún más largos de tiempo para su realización. Tales alteraciones en la periferia deben necesariamente tener una relación con las fuerzas del movimiento interno, ya que, por supuesto, no pueden ser producidas por la digestión o las funciones orgánicas. Estas modificaciones periféricas corresponden, de hecho, al curso del equinoccio de primavera en el Zodíaco, es decir a un período de 25.920 años. Durante este período, la raza humana sufre un cambio completo. No debemos cometer el error de pensar que, antes de ese tiempo, la humanidad apareció tal como ahora la vemos. La consideración de las circunstancias relacionadas con la existencia física hace que sea absurdo utilizar las cifras que nos da la geología moderna con el propósito de seguir la evolución humana en el tiempo, ya que podemos comprender esto solo en el período de 25.920 años, y parte de eso todavía está en el futuro.

Cuando el equinoccio de primavera haya vuelto al mismo lugar, las alteraciones que habrán tenido lugar en toda la raza humana serán tales que la forma humana será bastante diferente de lo que es ahora. Ya les he contado algo derivado de otras fuentes de conocimiento sobre el futuro de la raza humana y sobre su época. Y aquí vemos cómo la consideración de las condiciones físicas obliga al reconocimiento del mismo conocimiento.

Como resultado de lo anterior, llegamos a la conclusión de que lo que llamamos los “movimientos de los cuerpos celestes” no son tan simples como la astronomía actual nos haría creer, pero entramos aquí en condiciones extremadamente complicadas, condiciones que pueden ser estudiadas desde el punto de vista de la conexión del Hombre con el Macrocosmos. Ya he podido señalarles ciertos detalles de los movimientos de los cuerpos celestes, y en el transcurso del tiempo aprenderemos más y más sobre ellos de otras fuentes.

Ya podrán ver una cosa: que el hombre no depende por completo del Macrocosmos. Con lo que yace en lo profundo del subconsciente, con los procesos de asimilación, todavía está en cierto modo —pero solo en cierto modo— obligado a la rotación diaria de la Tierra. Sin embargo, él puede salir de esta conexión. ¿Cómo es esto? Es posible porque el hombre tal como está ahora, constituido de acuerdo con las fuerzas de la periferia y del movimiento interior, con las fuerzas de los órganos y del sistema metabólico, está completo y terminado en su dependencia de las fuerzas de afuera; y ahora él puede, con su organización completa y terminada, separarse de esta conexión. En el mismo sentido que tenemos al despertar y dormir una copia del día y de la noche, teniendo así en nosotros el ritmo interno del día y de la noche, pero sin necesidad de hacer que este ritmo interno se corresponda con el ritmo externo del día y la noche (es decir, no es necesario dormir por la noche, ni despertarse durante el día), así que de una manera similar el Hombre corta su conexión con el Macrocosmos en otros departamentos de su existencia. Sobre esto se funda la posibilidad del libre albedrío humano.

No es la formación presente del Hombre la que depende del Macrocosmos, sino su formación pasada. Las experiencias actuales del hombre son fundamentalmente una imagen o copia de su adaptación pasada al Macrocosmos, y en este sentido vivimos en las imágenes de nuestro pasado. Dentro de este estamos capacitados para desarrollar nuestra libertad, y de ello recibimos nuestras leyes morales, que son independientes de la necesidad que rige en nuestra naturaleza. Cuando comprendemos claramente cómo el Hombre y el Macrocosmos se relacionan entre sí, reconocemos la posibilidad del libre albedrío en el Hombre.

Finalmente, debemos pensar en lo siguiente. Está claro que en el hombre las fuerzas metabólicas todavía están, en cierto sentido, conectadas con el ritmo de su vida diaria. Las fuerzas de la forma se han solidificado. Ahora consideren al animal en lugar del hombre. Aquí encontraremos una dependencia mucho más completa del Macrocosmos. El hombre ha crecido fuera o más allá de esta dependencia. Por lo tanto, la sabiduría antigua hablaba del Zodíaco o Círculo de Animales, no del Círculo del Hombre, como correspondiente a las fuerzas de la formación. Las fuerzas de la forma se manifiestan en el reino animal en una gran variedad de formas, mientras que en el hombre se manifiestan esencialmente en una forma que cubre a toda la raza humana; pero son las fuerzas del reino animal, y a medida que evolucionamos más allá de ellas y nos convertimos en Hombres, debemos ir más allá del Zodíaco. Más allá del zodíaco se encuentra aquello sobre lo que nosotros, como seres humanos, dependemos en un sentido más elevado de lo que estamos en todo lo que existe dentro del zodíaco, es decir, dentro del círculo de las estrellas fijas. Más allá del zodíaco esta lo que corresponde a nuestro Yo.

Con el cuerpo astral —que el animal también posee— estamos encadenados a una dependencia del Macrocosmos, y la construcción del vehículo astral se lleva a cabo de acuerdo con la voluntad de las Estrellas. Pero con nuestro ‘Yo’ o Ego trascendemos este Zodíaco. Aquí tenemos el principio sobre el cual hemos ganado nuestra libertad. Dentro del Zodíaco no podemos pecar, como tampoco los animales; comenzamos a pecar tan pronto como llevamos a cabo nuestra acción más allá del Zodíaco. Esto sucede cuando hacemos aquello que nos libera de nuestra conexión con las fuerzas de formación universales, cuando entramos en relación con regiones exteriores al Zodíaco o región de estrellas fijas. Y este es el contenido esencial del yo humano.

Como ven, podemos medir el Universo en tanto que nos aparece como una cosa visible y temporal, podemos medir su extensión completa a través del espacio de las estrellas fijas más externas, y todo lo que tiene lugar a través del movimiento en el tiempo en este cielo estrellado, y podemos considerar todo esto en su relación con el Hombre; pero en el Hombre se está cumpliendo algo que sucede fuera de este espacio y fuera de este tiempo, fuera de todo lo que tiene lugar en lo astral. Más allá, no hay “necesidad de la Naturaleza”, sino algo que tiene un lugar que está íntimamente conectado con nuestra naturaleza moral y nuestras acciones morales. Dentro del Zodiaco no podemos evolucionar nuestra naturaleza moral; pero en la medida en que evolucionamos, lo registramos en el Macrocosmos más allá del Zodíaco. Todo lo que hacemos permanece y funciona en el mundo. Los procesos que tienen lugar dentro de nosotros, desde las fuerzas de la formación hasta las fuerzas del metabolismo, son el resultado del pasado. Pero el pasado no prejuzga todo el futuro, no tiene poder sobre ese futuro que deriva del propio Hombre en sus acciones morales.

Solo puedo guiarles en este estudio paso a paso. Tengan en cuenta lo que he dicho hoy y en mi próxima conferencia vamos a examinar el asunto desde otro punto de vista.

 

 

Traducido por Gracia Muñoz en Febrero de 2018.

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GA201c5. El Hombre: Enigma del Universo

Rudolf Steiner — Dornach, 17 de abril de 1920

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Nuestros estudios de los últimos días habrán dejado claro que es completamente imposible conocer la configuración del Universo espacial y sus movimientos de la forma que es adoptada por la ciencia moderna. Porque no solo se considera al Universo como completamente separado del Hombre, sino que incluso los diferentes cuerpos celestes, que a nuestra vista parecen desconectados, se tratan como algo aislado y desde su aislamiento, se observan sus efectos entre sí. Se trata de lo mismo que si, por ejemplo, estudiáramos el organismo humano examinando primero un brazo y luego una pierna, para luego entender el organismo completo por la manera en que los miembros individuales trabajan juntos.

Pero el hecho es que no es posible comprender el organismo humano estudiando sus miembros individuales; pues toda la investigación del cuerpo del hombre debe tener el punto de partida en el todo, desde el cual podemos pasar a las diferentes partes. Lo mismo se aplica al Sistema Solar y también al Sistema Solar en su relación con la totalidad del Universo Estelar visible. Porque el Sol, la Luna, la Tierra y los otros planetas son solo partes de todo el sistema. ¿Por qué debería el Sol, por ejemplo, ser considerado como un cuerpo aislado? No hay absolutamente ninguna razón para que imaginemos que el Sol está simplemente donde lo vemos, limitado por las fronteras desde las que nuestros ojos lo perciben. En relación con esto, el filósofo Schelling estaba en lo cierto cuando se negó a hacer la pregunta: “¿Dónde está el Sol?” con otro significado que no fuera “¿Dónde se siente su influencia?”. Si el Sol actúa sobre la Tierra, los efectos de dicha actividad deben pertenecer necesariamente a la esfera del Sol; y es muy incorrecto extraer una parte de un todo y estudiar esa parte en sí misma. Pero esto es precisamente lo que la concepción materialista moderna del Universo se propuso hacer, y su influencia se está fortaleciendo cada vez más desde mediados del siglo XV.

Esto es contra lo que Goethe siempre luchó cuando estaba trabajando en sus investigaciones en el ámbito de la ciencia natural, y contra lo que todos los verdaderos seguidores de su ciencia también deben luchar. Goethe se vio obligado a llamar la atención sobre el hecho de que no debemos estudiar la Naturaleza sin el Hombre, sin tener en cuenta la relación de la Naturaleza con el Hombre. El estudio de los fenómenos naturales fuera del hombre debe tener su base en la comprensión de la naturaleza del hombre. El siguiente ejemplo le mostrará el valor de algunas de las afirmaciones hechas por la Astronomía moderna.

La Astronomía moderna se esfuerza, con el uso de todo tipo de argumentos, por hablar de un camino elíptico de la Tierra alrededor del Sol; afirmando que este movimiento fue en primer lugar iniciado por esa propulsión tangencial de la que hablé ayer en relación con la atracción gravitacional del Sol. Pero la Astronomía no puede negar el hecho de que cuando se habla de atracción, el Sol no solo atrae a la Tierra, sino que la Tierra también debe atraer al Sol. Esto, sin embargo, nos obliga a concluir que no podemos hablar de una revolución en una trayectoria elíptica de la Tierra alrededor del Sol, ya que si la atracción es mutua no podemos tener un movimiento unilateral de la Tierra alrededor del Sol, pues ambos deberían girar alrededor de un punto neutral. En otras palabras, esta revolución no puede tener lugar de una manera que nos permita mirar el centro del Sol como el pivote, porque el pivote debe ser un punto neutral situado entre el centro del Sol y el centro de la Tierra. Al decir esto, no estoy planteando objeciones a la Astronomía, simplemente estoy diciendo lo que pueden encontrar por ustedes mismos en los libros astronómicos. Por lo tanto, estamos obligados a admitir la existencia —de una u otra manera— de un pivote (eje) entre las dos esferas.

Nuestra Astronomía, a modo de consuelo, mantiene que este pivote o punto se encuentra dentro del Sol mismo. Tanto la Tierra como el Sol giran entonces alrededor de este punto. Y así, una vez más, no obtenemos una revolución directa de la Tierra alrededor del Sol, pues el Sol también gira, sin embargo gira alrededor de un punto que está dentro de sí mismo. Así, la Astronomía exotérica ha llegado a suponer que pivota un punto que no es el centro del Sol, sino que se encuentra en la línea que conecta el Sol y la Tierra, y aún dentro del Sol. Pero ahora nos enfrentamos con otra dificultad. Primero debe calcularse el tamaño del Sol. (La verdad de la suposición anterior depende del tamaño calculado del Sol). Sobre el resultado de tal cálculo se construye una conclusión que, por supuesto, debe poseer una cierta validez limitada (los cálculos se hacen a partir de la evidencia de los sentidos), pero que no necesariamente tiene que ser el criterio por el cual podamos juzgar la realidad de lo que yace detrás de los fenómenos de la naturaleza.

Por lo tanto, es necesario tener un ojo estricto con la Astronomía moderna, así como con otras ciencias, con el fin de discernir los lugares —y son numerosos—  donde la ciencia se sobrepasa y se mete en dificultades.

Esta dificultad no puede resolverse estudiando el aspecto externo de los fenómenos; solo podemos llegar a un resultado verdadero al examinar el Universo en su relación con el Hombre. Debemos, en primer lugar, tomar nota de las conexiones previamente explicadas entre el Universo y el Hombre; y luego debemos agregar muchos otros hechos, antes de que podamos llegar a una verdadera imagen del mundo. Hemos dicho que debemos imaginar, antes que nada, la materia ordinaria y ponderable, como una cuestión que pueda ser sopesada. La Luz que no podemos pesar; no pertenece al ámbito de la materia ponderable, como tampoco lo hace el calor. Entonces debemos imaginar primero lo ponderable, y debemos oponer a esto el éter. Dijimos que es incorrecto considerar que el Sol consiste en materia ponderable como la materia de la Tierra. El Sol es algo que en realidad es menos que el espacio, por así decirlo, es un “vaciado” del espacio; es algo que absorbe, en contraposición a la presión de la materia ponderable.

Y tenemos que hacernos no solo con una agregación (por el Sol) de este éter absorbente en el Universo externo, sino también con el hecho de que este éter se distribuye por todas partes, en todas partes encontramos, coexistiendo con la fuerza de presión, la fuerza absorbente. Nosotros mismos llevamos esta fuerza de succión en nuestros propios cuerpos etéricos. Con esto, agotamos por completo todo lo que llamamos Espacio. Presión y succión —ambos dos, los encontramos en el espacio. Porque no solo poseemos nuestro cuerpo físico, compuesto de materia ponderable que asimila y expulsa de nuevo, no solo tenemos también un cuerpo etérico, compuesto de éter absorbente, sino que tenemos además un cuerpo astral —si podemos usar el término ‘cuerpo’ a este respecto. ¿Qué implica la posesión de este tercer cuerpo? Significa que tenemos dentro de nosotros algo que ya no es espacial, aunque tenga cierta relación con el espacio. Esta relación puede ser probada cuando nos damos cuenta de que durante las horas de vigilia el cuerpo astral interpenetra los cuerpos etérico y físico. Pero el cuerpo etérico actúa de forma muy diferente cuando estamos despiertos a cuando estamos dormidos. Se establece una relación diferente entre los cuerpos etérico y físico cuando nos despertamos, y esto es causado por el cuerpo astral. Está activo y trabaja sobre lo espacial, aunque no es en sí mismo espacial. Porta el orden y la organización a las correlaciones del espacio. Esta actividad organizadora del cuerpo astral dentro de nosotros tiene lugar también en el Universo externo, donde se manifiesta de la siguiente manera.

Intenten por un momento considerar solo el Espacio y fuera de todo el Cielo visible, consideremos solo las regiones indicadas por el Zodíaco. No pretendo aquí tratar en detalle los diversos signos zodiacales, pero consideremos las direcciones a las que miramos en el cielo cuando nos volvemos, por ejemplo, hacia Aries, en el zodíaco; luego a Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Todo lo que tenemos que anotar, en primer lugar, es que el espacio que se encuentra ante nosotros como nuestro Universo visible está dividido de esta manera. Los signos simplemente indican la división, en la medida en que cada uno de ellos denota el límite de una determinada sección del espacio. Ahora no debemos imaginar que estas direcciones del espacio puedan tratarse de tal manera que uno pueda decir: ‘Hay un espacio vacío, y simplemente trazo una línea en algún lugar dentro de él’. Simplemente no existe tal cosa que las matemáticas llaman ‘Espacio’; pues en todas partes hay líneas de fuerza, direcciones de fuerza, y estas no son iguales, varían, se diferencian. Podemos distinguir entre estas doce regiones al darnos cuenta de que si nos colocamos en la dirección del signo de Aries, la fuerza que experimentamos es diferente a la que tendríamos si enfrentáramos el signo de Libra o Cáncer. En cada dirección, la fuerza es diferente. El hombre no admitirá esto, mientras viva meramente en el mundo de los sentidos; pero tan pronto como ascienda a la vida Imaginativa del alma, ya no experimentara las direcciones en el espacio de la misma manera cuando se coloca frente a Aries o frente a Cáncer, sino que sentirá su influencia como muy diferenciada.

Para darles un paralelismo, puedo presentar lo siguiente. Imaginen que organizan a su alrededor un círculo de doce personas de tal manera que aquellos que con los que simpatizan más ocupan una parte del círculo, luego se van colocando los menos comprensivos, hasta que en el otro lado tienen a todos aquellos que les son antipáticos. (No estamos imaginando el grado de simpatía o antipatía que resulta de cualquier emoción personal; puede ser simplemente una cuestión de apariencia externa). Ahora si dan la vuelta dentro del círculo, doce imágenes pasan frente a la visión y al mismo tiempo experimentan una serie graduada de sensaciones diferenciadas. El hombre se da cuenta de tal serie de sensaciones si, después de alcanzar la percepción Imaginativa, se mueve dentro del Zodíaco. Una gradación similar de sensación, una gradación de visión similar se produce en él, y tiene lugar dentro de él en el momento en que escapa de la indiferencia de la existencia sensorial ordinaria. Por lo tanto, cuando tratamos con estas diversas secciones del espacio no hay uniformidad, ya que debemos ser conscientes de que cada una de estas direcciones ejerce una influencia diferente sobre nosotros.

Verán, aquí sale a la luz un hecho íntimamente conectado con la evolución del Hombre. Si hubiera permanecido en la etapa de la antigua conciencia, la conciencia pictórica atávica, todavía experimentaría con fuerza la realidad de esta diferenciación en las diversas secciones de los cielos; habría sido consciente de una sensación de simpatía hacia una dirección del espacio y antipatía hacia otra. Sin embargo, el hombre ha sido liberado de este juego de fuerzas en el cual estuvo conscientemente rodeado en un momento, y ha sido liberado de él simplemente por el hecho de que su organización actual lo ha colocado en el mundo de los sentidos. Pero el Hombre en realidad está organizado de acuerdo con las leyes cósmicas, incluso ahora puede ser probado mediante experimentos bastante externos, si se presta atención a ciertos fenómenos. Porque de ninguna manera es una tontería decir que ciertas enfermedades se pueden curar más rápidamente si la cama del paciente se coloca en la dirección de Este a Oeste. No es una superstición sino un hecho capaz de una prueba definitiva. ¡Pero esto no pretende ser una recomendación para que cada uno de ustedes coloque su cama en una determinada posición! ¡He tenido tantas experiencias en este sentido, que creo necesario interponer aquí unas palabras de advertencia! por ejemplo una vez me sucedió en Berlín, al final de un discurso antroposófico. Puse un cierto énfasis en el hecho de poder ponerme mis chanclos porque estaba lloviendo, sin sentarme, diciendo que esto se podía hacer al pararse sobre una pierna y luego sobre la otra, y agregué ‘Y uno debería ¡poder pararse sobre una pierna!”. Esto fue tomado por algunos antropósofos de tal manera que, al regresar de Londres a Berlín, descubrí que a los miembros de la Sociedad Antroposófica de allí se les recomendaba, como entrenamiento esotérico, pararse sobre una pierna por un corto tiempo en la medianoche!. Muchas aseveraciones sobre nosotros tienen una buena base. Una y otra vez se dicen cosas de este tipo y luego se abren camino en este o aquel artículo periodístico con la pluma de una persona bien o mal dispuesta, generalmente lo último. Entonces, repito, no tengo ningún deseo de recomendarles a cada uno que coloquen su cama en una posición particular. Sin embargo, este hecho y muchos otros muestran que aún hoy, en la parte interna o subconsciente de su ser, el Hombre todavía se encuentra en cierta relación con estas diferenciaciones espaciales externas, en las cuales ha sido colocado.

Ahora, ¿a través de qué medios posee el Hombre estas relaciones? Las posee a través de su cuerpo astral, que establece estas relaciones. Solo son posibles para él porque a través de su cuerpo astral, el Hombre es un habitante del mundo astral, un mundo que, aunque actúa sobre el Espacio, no es en sí mismo espacial. Solo concebimos el Zodíaco en todo su significado cuando lo tratamos como el representante más allá del mundo astral. Y ahora, sin tener en cuenta las teorías astronómicas actuales, examinemos estos fenómenos que aparecen ante nuestro sentido de la vista. Sabemos que, de hecho o aparentemente, el Sol pasa a través del Zodíaco de diferentes maneras; en su curso diario, en su curso anual, y de nuevo en su curso hasta el año platónico, a través de la precesión de los equinoccios. Esto apunta al hecho de que los efectos sobre nosotros de esa bola de éter absorbente llamada Sol varían enormemente, ya que provienen de las diferentes direcciones del espacio. En un momento, la energia del Sol nos afecta desde una parte que llamamos Aries, en otro momento desde una sección diferente y así sucesivamente. Tomando el caso de un habitante de nuestra propia parte del globo, podemos ver que en cualquier momento dado tiene frente a él la mitad de los signos zodiacales, mientras que la otra mitad está oscurecida por la Tierra. En otras palabras, estamos tan ubicados en relación con esta diferenciación del Espacio, que estamos dirigidos directamente hacia una parte del Zodíaco, mientras que entre la otra y nosotros mismos esta la Tierra. Obviamente esto no tiene nada que ver con un movimiento real o aparente; es un hecho simple que en cualquier momento dado enfrentamos una parte del Zodíaco, mientras que la otra parte es interceptada por la Tierra. Ahora, por favor, intenten imaginar estas secciones del espacio con nuestra Tierra oscureciendo algunas de ellas. ¿Qué significa para nosotros? Está claro que la mitad nos influenciará directamente, la otra no directamente, sino más bien, debo decir, a través de su ausencia. En un momento tenemos el trabajo directo de estas regiones diferenciadas del espacio, en otro momento el funcionamiento de su ausencia, el efecto, por así decirlo, de su falta de presencia. Este hecho es algo que está activo en nosotros y nos permite, en cierta medida, poner en una especie de relación lo que está trabajando directamente sobre nosotros y lo que está ausente, de cuya influencia directa somos eliminados. Porque abre otra posibilidad.

Digamos, desde la dirección de Cáncer, procede cierto tipo de influencia. Esto se opondría a la influencia de Capricornio, pues este último estaría ocultado, estaría interceptado. En consecuencia, tengo en mí la influencia de Cáncer y me opongo a la influencia capricorniana interceptada; la influencia de Cáncer, en cierto sentido, queda en mí, la tengo en mis manos, por así decirlo. Por supuesto, lo que está ausente no puede actuar sobre mí de la misma manera que lo que está presente; pero gano una cierta influencia con respecto al Signo que actúa sobre mí en razón de la oposición a su antítesis interceptada. A través del hecho de que estoy en la Tierra, las influencias celestiales se vuelven bastante diferentes de lo que serían, si estuviera flotando libremente en el espacio y directamente expuesto a todas ellas. Quiero que entiendan este punto especialmente, y luego se darán cuenta de que no puedes decir simplemente: sobre nosotros tenemos los signos Aries, Piscis, Acuario, etc., y debajo de Libra, Virgo, etc., pues tendrán que concebir el todo como una organización, con ustedes mismos insertados. Y a medida que avanzan, a causa de la rotación de la Tierra, de signo a signo, están siendo llevados a través de todas estas influencias directas a la vez. Aquí en un punto, la influencia de Escorpio fue obstaculizada y allí en otro punto has sido llevado a ella. Una analogía seria tomar comida; tenías hambre, la comida no estaba allí dentro de ti, pero después de la comida la comida está presente dentro de ti. La influencia de Escorpio estuvo ausente aquí, pero en este otro punto se activó. Y así formamos conexiones con el Cosmos circundante a medida que entramos en diferentes relaciones con él a través del movimiento de la Tierra.

Pero, ¿es el hombre consciente de estas influencias variables, mientras está todavía en el plano físico? No, no lo es; hemos visto que el mundo físico lo aleja de ellas. Pero en el momento en que se retira con su cuerpo astral y el yo de sus cuerpos físico y etérico, se encuentra dentro de estas fuerzas; ellas actúan directa y fuertemente sobre él. Estas influencias extraterrenas y celestiales comienzan entonces sobre esa parte del Hombre que ya no está conectada con lo físico y etérico; actúan sobre él tan poderosamente como el alimento sobre el cuerpo físico. Es solo este descenso a lo físico la causa de la retirada del hombre de estas influencias externas. Por lo tanto, podemos considerar que el cuerpo astral es, en cierto sentido, parte del universo celestial, y no del terrestre, porque cuando, junto con el yo, está fuera del cuerpo físico, tenemos que coordinarlo con la no-influencia terrestre.

Al considerar el asunto de esta manera, gradualmente llegamos a la conclusión de que el hombre se vuelve receptivo a estas fuerzas celestiales en la medida en que deja de actuar a través de los órganos de su cuerpo físico, es decir, cuando esta, a través de esta no actividad, más o menos en estado de sueño. El hombre cuando es niño está siempre más o menos dormido, por lo tanto, el niño es mucho más receptivo a las influencias celestiales que el hombre. A medida que crece, se va abriendo camino cada vez más a las condiciones terrenales. Durante la infancia, todo lo que está dentro de la piel sigue siendo plástico y en estado de formación. Los poderes formativos se vuelven cada vez menos activos con los años, hasta que, en un momento considerablemente posterior de la vida, se vuelven muy pequeños.

Esto muestra que el proceso de formación físico interno se encuentra en cierta relación con los movimientos y configuraciones del Universo celestial externo. Pero la parte de nuestro ser que, en lo que concierne a la conciencia, permanece en un estado continuo de sueño —como nuestra actividad cardíaca, nuestro proceso digestivo, etc.; de hecho, todos los procesos físicos internos— toda esa parte de nuestro ser permanece bajo la influencias de lo suprafísico durante toda nuestra vida. (Estos procesos son inducidos de la misma manera que el proceso que sigue cuando doy un paso adelante conscientemente, solo que todos están dirigidos hacia adentro en lugar de hacia afuera). Tomemos un ejemplo característico. Por medio de los movimientos internos de los intestinos, el quimo toma un impulso en su camino. Estos son movimientos internos dentro del límite de la piel humana, y por lo tanto, como dijimos, dependen de lo que está más allá de la Tierra. Fundamentalmente, el hombre como Hombre depende solo de lo terrestre, de la materia terrestre ponderable, de todo lo que le afecta desde fuera de su piel. Pero en el momento en que cualquier acto o circunstancia exterior se traduce en actividad dentro de la piel, entonces comienza en su organismo una actividad que está relacionada con lo suprasensible. Cuando tomas un trozo de azúcar en la palma de tu mano, sientes su peso físicamente, lo elevas a tus labios; el proceso sigue siendo físico, pero tan pronto como lo disuelves en la lengua y entra en la esfera del gusto, ya no queda dentro del alcance de los procesos terrestres, sino que queda sujeto a las fuerzas extraterrestres. Para encontrar el funcionamiento de lo extraterrestre, debemos penetrar en lo que está encerrado dentro de la piel humana. Esto nos llevará a darnos cuenta del hecho de que, mientras andas por el mundo, te rodeas, por así decirlo, de todo tu ser, estás en el reino de lo terrenal. Pero tan pronto como uno entra, incluso dentro de la organización física, ya no está en el ámbito de lo Terrenal, sino que ha entrado en una esfera que depende de fuerzas extraterrenales. Pueden demostrárselo fácilmente a ustedes mismos en el hecho de que dentro de nosotros reside algo que no se fusionó con la existencia terrenal, si recuerdan el hecho tantas veces repetido, de que el cerebro humano flota en el fluido meníngeo. Si este no fuera el caso, la presión del cerebro sobre los órganos colocados en el piso del cráneo aplastaría todos los vasos sanguíneos. Cualquier libro de texto que trate estos asuntos le dirá el peso del cerebro. Si su elección es un “Bischoff”, notará que afirma que el cerebro femenino es mucho más ligero que el del hombre, afirmación que se volvió absurda más adelante, para el deleite de las damas, cuando se descubrió al ser examinado, que el cerebro del propio Bischoff demostró tener mucho menos peso que el cerebro más ligero examinado por él. Esto es por cierto, solo un ejemplo del valor general de los juicios humanos. Sin embargo, el cerebro humano, que posee un peso considerable (al menos de 1.200 a 1.300 gramos), no ejerce presión de ninguna manera, de acuerdo con su peso real, sino solo, como podríamos decir, un peso de comparativamente pocos gramos, por la presión hacia arriba del líquido meníngeo. Recuerden la ley de Arquímedes, según la cual el peso de un objeto se reduce por el peso del agua que desaloja.

Por lo tanto, la presión del cerebro es igual a solo unos pocos gramos porque flota en el líquido. Si tuviera una tendencia a presionar hacia abajo con todo su peso, el hombre no podría usar su cerebro para pensar. Supera su peso porque esta flotando en el líquido. No pensamos en la cuestión del cerebro, sino en aquello que se retira de la materia, con las fuerzas ascendentes, con lo que crece más allá de la Tierra. Y debemos seguir con esto en todas las partes de la organización del hombre. Así como interiormente nos retiramos de las fuerzas de la gravedad terrestre en el caso del peso del cerebro (exteriormente, por supuesto, esto es imposible, el cerebro sobre la balanza muestra su peso real, incluso mientras está dentro de nosotros), del mismo modo nosotros también nos separamos de las fuerzas físicas y químicas terrenales de otro tipo.

 ¿Qué nos permite separarnos de estas fuerzas? Es el yo y el cuerpo astral. Tan pronto como estos actúan sobre el cuerpo etérico y físico retiran lo etérico de lo físico, la fuerza absorbente se ausenta y solo queda la materia ponderable. La materia ponderable no es parte de la Tierra, ya que la Tierra no la retiene en su forma original, sino que la destruye. Las fuerzas terrestres no contienen en ellas lo que le da al hombre su forma. Eso no es difícil de comprender, ya que hemos visto que nos separamos interiormente de las fuerzas terrestres. Con todo lo que entra en él a través del cuerpo astral y del yo, el hombre se relacionado con las fuerzas que están activas más allá de la Tierra.

Nuestra siguiente pregunta puede ser: ¿cuál es la naturaleza de esta relación? Para determinar esto, debemos de alguna manera estudiar la calidad y naturaleza del Hombre. Encontramos en primer lugar su forma o figura completa. No me refiero con esto a la forma que dibujaría si fuera a hacer un boceto de él, sino a toda la configuración, toda la formación del Hombre. Incluirá, por ejemplo el hecho de que los ojos se colocan en la cara y los talones en los pies; porque esto es parte de la configuración interna del Hombre de acuerdo con la ley. Los pintores expresionistas pueden afirmar que el Hombre puede ser dibujado de tal manera que su dedo del pie tome el lugar de su nariz, o que un ojo se coloque aquí y el otro en su mano. Sí, realmente existen tales personas, pero solo muestran la poca relación interior que tienen con el mundo. De hecho, en estos días hemos avanzado tanto en el pensamiento materialista como para poder representar cosas individuales por separado, cuando realmente pertenecen al todo y no deben representarse por sí mismas.

Tenemos, por lo tanto, primero la forma completa del hombre; y este, como saben muy bien, no se produce como cuando se modela una figura tallándola en madera, por ejemplo, sino que se forma desde dentro. Ni siquiera podríamos volver a tallar ninguna parte que no cuente con nuestra aprobación. La forma humana está modelada por fuerzas que residen en la periferia y son fuerzas que vienen de más allá de la Tierra. Por lo tanto, cuando contemplamos la forma humana, estamos viendo un producto de lo extraterrenal.

En segundo lugar, podemos distinguir en el Hombre, además de su forma, todo lo que esta dentro de la categoría del movimiento interno. Tomemos, por ejemplo, la sangre y los otros jugos corporales; estos poseen movimiento interno. Esto también se produce desde adentro; esta, por así decirlo, situado incluso más profundamente en el hombre que su forma. Esta última avanza hacia la periferia, mientras que el movimiento interno tiene lugar completamente dentro; y nuevamente es un proceso que se encuentra en relación con el mundo que está más allá de la Tierra.

En tercer lugar, la actividad de los órganos. Órganos como los pulmones, el hígado, el bazo, etc., son los responsables de las actividades dentro del Hombre, y son estas actividades las que nombraré como el tercer hecho que encontramos en el Hombre. No es necesario que esto les sorprenda, más bien debería llevarles a buscar la razón.

Consideren por ejemplo, un órgano importante, a saber, el corazón, del cual recientemente he hablado en repetidas ocasiones. Nos damos cuenta de que en cierto sentido, el corazón ha sido soldado.

Al seguir la Embriología, encontramos cómo el corazón se va soldando gradualmente o se acumula, por así decirlo, por la circulación sanguínea, y no es una forma primaria. Esto es verificado por la Embriología. Y lo mismo ocurre con otros órganos.   Son el resultado de estas circulaciones, más que las causas de ellas. Dentro de los órganos, la circulación se paraliza, sufre una especie de metamorfosis y avanza de otra manera.

Para ilustrar la idea, digamos que tenemos una corriente de agua que cae sobre una roca. Lanza una variedad de formaciones y luego fluye. Estas formaciones son causadas por las fuerzas del equilibrio y el movimiento en ese lugar. Ahora imaginen que de repente todo esto se petrificara; se formaría como una piel a modo de pared, luego el resto seguiría fluyendo de nuevo, y tendríamos una estructura orgánica formada. Deberíamos hacer que la corriente atraviese la estructura y que vuelva a salir y fluir más allá de forma alterada. Pueden imaginar algo como esto en el caso del flujo de la sangre, que circula por el corazón. Solo puedo indicar estas cosas aquí. Están bien fundamentadas, pero aquí solo se puede dar una indicación de ellas.

Aunque los órganos en la manera de su formación dependen del flujo de las fuerzas internas, sin embargo, son algo de la parte interna del Hombre que de nuevo entra en relación con lo que está afuera. Aquí tenemos algo que, como pueden ver en un ejemplo que daré, se encuentra en una relación más cercana con lo terrenal; a través de estos órganos, somos llevados desde el interior al contacto con el exterior.

Tomen el caso de los pulmones. Los pulmones son órganos, pero a la vez son la base de la respiración. Como instrumento para la transmutación del oxígeno inhalado en el ácido carbónico exhalado, los pulmones forman una relación con algo que tiene significado para el Hombre, pero que aún existe fuera de él en el ámbito de lo Terrenal. De esta forma regresamos, por así decirlo, al entorno terrestre a través de las actividades orgánicas. En el momento en que sobrepasamos, a través de la actividad orgánica, el límite de nuestra piel, estamos fuera, en la esfera terrestre. Verán, todos estos procesos que tienen lugar completamente dentro de nosotros, la formación y regulación de movimientos fluídicos, etc., se encuentran en una relación con lo extraterrenal; mientras que cuando llegamos a los órganos, nuevamente nos acercamos a lo terrestre. Aquí tenemos en el Hombre la unión del Cielo y la Tierra. Los pulmones están formados por seres extraterrestres, pero lo que hacen con el oxígeno los relaciona con lo terrenal. Y ahora, cuando el hombre toma sustancias aún más terrenales y las recibe en su organismo, entra en contacto inmediato, a través del proceso del metabolismo con lo verdaderamente terrenal.

Por lo tanto, podemos estudiar al hombre desde cuatro puntos de vista diferentes: La Forma completa, en la medida en que esta se construye desde adentro hacia afuera; Movimiento interno, actividad orgánica y metabolismo. Si estudiamos la forma completa, que está totalmente construida por fuerzas internas, encontramos que es de todas la que menor conexión tiene con la Tierra.

Este punto se explicará más mañana. Solo comenzaremos a comprender esta conexión cuando relacionemos, como haremos mañana, la forma completa del Hombre con  el Zodiaco. El movimiento interno, la circulación de la sangre, la linfa, etc., solo pueden concebirse en su realidad, cuando los relacionamos con nuestro sistema planetario. Y cuando llegamos a la actividad de los órganos, ya nos acercamos a lo terrestre.

adzodiaco

 

Les di el ejemplo de los pulmones, que, en lo que respecta a su construcción interna, están formados por fuerzas extraterrestres, pero en relación con el oxígeno están en relación con el aire. Otros órganos humanos entran en relación con el agua, otros de nuevo con calor, etc. Por lo tanto, al estudiar la actividad de los órganos, entramos en contacto con el mundo Elemental —con fuego, agua, aire. Solo cuando nuestras observaciones se centran en la asimilación real o el metabolismo, estamos en la esfera de la Tierra. El mundo Elemental es aquel que abarca la Tierra como la esfera del agua y del aire, y solo cuando nos encontramos con el proceso del metabolismo, nos acercamos a la relación del Hombre con la Tierra misma.

De esta forma podemos descubrir la relación del Hombre con el Universo que lo rodea:

Zodiaco (1) Forma completa
Mundo de los Planetas (2) Movimiento interno
Mundo de los Elementos (3) Actividad de los órganos
Tierra (4) Metabolismo

 

Y ahora consideren, si entendemos la forma del Hombre en toda su naturaleza y condiciones, y encontramos la posibilidad de rastrearlo hasta el Zodíaco —es decir, el mundo de estrellas fijas — solo en ese momento podemos formarnos, desde el Hombre, una idea de todo lo que nos es visible en el espacio circundante; porque no puede ser investigado por medios mecánicos o matemáticos, sino solo a través del conocimiento de la forma completa del Hombre. Tampoco los movimientos planetarios pueden ser examinados simplemente por medio de un telescopio. Con un telescopio uno encuentra sus posiciones, colocándolo primero frente a una estrella y luego frente a otra, encontrando el ángulo, y de esta manera ir descubriendo las posiciones. Lo que está realmente presente en los procesos del Mundo Planetario es algo que se forma desde adentro hacia afuera. Es por un estudio de las actividades de los jugos y la savia en el hombre que aprenderemos a comprender las actividades planetarias. Del mismo modo, si comprendemos nuestras propias actividades orgánicas, también comprenderemos lo que sucede en el mundo elemental; y cuando seamos capaces de comprender lo que sucede en el Hombre en el momento en que se introduce la sustancia terrenal en su sistema metabólico, poseeremos la clave de las actividades de la Tierra y podremos separarlas espacialmente de todas las actividades extraterrestres.

 

 

 

Traducido por Gracia Muñoz en Febrero de 2018.

GA102c11. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 11 de junio de 1908

English version

En nuestras últimas tardes de estudio se han presentado varios aspectos que apuntan a la cooperación oculta entre el hombre y los mundos espirituales. Los seres espirituales en realidad están continuamente a nuestro alrededor y no solo a nuestro alrededor sino, en cierto sentido,  pasando a través de nosotros continuamente; vivimos con ellos todo el tiempo.

No debemos suponer, sin embargo, que se establece una relación entre el hombre y los seres espirituales del entorno, simplemente de la forma que hemos estado considerando en nuestros últimos estudios. También se forma una relación entre el hombre y el mundo espiritual a través de sus muchos y variados intereses de pensamiento y hechos. En nuestros dos últimos estudios, hemos indicado a seres espirituales de un carácter algo subordinado. Pero por conferencias anteriores sabemos que también tenemos que ver con seres espirituales que están por encima del hombre y que también existen conexiones y relaciones entre el hombre y los seres espirituales más sublimes. Hemos dicho que hay elevados seres espirituales viviendo a nuestro alrededor que no consisten en cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral, y así sucesivamente, como el hombre, sino que tienen un cuerpo etérico como su miembro más bajo.  Son invisibles para la vista ordinaria ya que su naturaleza corporal es finamente etérica y atraviesa la mirada del hombre. Y luego llegamos a seres espirituales aún más elevados, cuyo miembro más bajo es el cuerpo astral, que presentan una naturaleza corporal aún menos densa.

Todos estos seres se encuentran en cierta relación con el hombre, y el punto principal para nosotros hoy es este: el hombre puede actuar positivamente para entrar en relaciones bastante definidas con tales seres aquí en su vida en la Tierra. De acuerdo a como los hombres aquí en la Tierra hagan esto o aquello en cada situación de la vida, también establecen una relación todo el tiempo con los mundos superiores, por improbable que pueda parecerle al hombre de la presente era iluminada —como se dice— que no está en absoluto iluminado con respecto a muchas verdades profundas de la vida.

Tomemos en primer lugar a los seres que tienen como cuerpo más bajo un cuerpo etéreo, que viven a nuestro alrededor en este fino cuerpo etéreo, y nos envían sus fuerzas y manifestaciones. Pongamos a estos seres mentalmente ante nosotros y preguntémonos: ¿Puede el hombre hacer algo en este planeta terrenal? —o mejor— ¿Han hecho algo los hombres desde tiempos inmemoriales para dar a estos seres un vínculo, un puente, a través del cual puedan ejercer una influencia más intensa sobre la totalidad el ser humano? Sí, ¡desde tiempos inmemoriales, los hombres han hecho algo al respecto! Podemos profundizar en muchos sentimientos e ideas que abordamos en las últimas conferencias si nos formamos una idea clara sobre este puente.

Nos imaginamos entonces que estos seres viven, por así decirlo, en los mundos espirituales y extienden su cuerpo etérico desde allí; no necesitan cuerpo físico como el hombre. Pero hay un elemento corporal físico a través del cual pueden poner en contacto su cuerpo etérico con nuestra esfera terrenal: un elemento corporal terrenal que podemos establecer y que forma un vínculo de atracción para que estos seres desciendan con sus cuerpos etéricos y encuentren una oportunidad de habitar entre los hombres.

Tales oportunidades para que los seres espirituales moren entre los hombres se dan, por ejemplo, en el templo de la arquitectura griega, o la catedral gótica. Cuando establecemos en nuestra esfera terrenal esas formas de realidad física con una relación de líneas y fuerzas como las que se ven en un templo o una obra plástica de escultura, entonces esto da una oportunidad para que los cuerpos etéricos de estos seres presionen por todos lados en estas obras de arte que hemos creado. El arte es un vínculo de unión verdadero y real entre el hombre y los mundos espirituales. En esas formas de arte expresadas en el espacio, tenemos en la Tierra las condiciones corporales físicas en las que se sumergen los seres con sus cuerpos etéricos.

Los seres que tienen el cuerpo astral como su miembro más bajo necesitan, sin embargo, algo diferente como vínculo entre el mundo espiritual y nuestra Tierra, y ese es el arte de la música, el arte fonético. Un espacio a través del cual fluyen tonos musicales es una oportunidad para que el cuerpo astral libremente determinado y autodeterminado de los seres superiores se manifieste en él. Las Artes y lo que ellas significan para el hombre adquieren así un significado muy real. Forman las fuerzas magnéticas de atracción para los seres espirituales cuya misión es tener una conexión con el hombre que desea tenerla. Nuestros sentimientos se profundizan hacia la creación artística humana y cuando vemos las cosas de esta manera se adquiere una apreciación del arte.

Sin embargo, podemos profundizar aún más si nos hacemos conscientes de que la Ciencia Espiritual es la verdadera fuente de la creación artística y la apreciación artística del hombre. Para llegar a esta comprensión, debemos considerar con más detalle las diferentes formas de conciencia del hombre.

En varias ocasiones, como saben, hemos señalado que en el hombre despierto, el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo están ante nosotros, mientras que en el hombre dormido el cuerpo físico y etérico yacen en la cama, mientras que el yo y el cuerpo astral está fuera de ambos. Para nuestro presente propósito, será bueno observar con más detalle estos dos estados de conciencia que se alternan en todos nosotros en el curso de las veinticuatro horas. En primer lugar, el hombre tiene el cuerpo físico, luego el cuerpo etérico o de vida, a continuación lo que llamamos el cuerpo astral, el cuerpo anímico, que pertenece al cuerpo astral pero que está unido al cuerpo etérico. Ese es el miembro que también posee el animal aquí, en el plano físico. Pero luego sabemos —y pueden leerlo en mi Teosofía— que unido con estos tres miembros esta lo que generalmente se comprende como el “yo”. El “yo” es en realidad un ser triple: alma sensible, alma racional o mental y alma consciente, y sabemos que el alma consciente está nuevamente conectada con lo que llamamos yo espiritual o Manas. Si colocamos este miembro más particularizado del ser humano ante nosotros, entonces podemos decir:

Lo que llamamos el alma sensible —que además pertenece al cuerpo astral y es de naturaleza astral—  se separa cuando el hombre se va a dormir, pero una parte del cuerpo anímico permanece en conexión con el cuerpo etérico que yace sobre la cama. Lo que esencialmente se retira es el alma sensible, el alma racional o mental y el alma consciente; con el hombre despierto todo esto está unido y activo en él en todo momento. Por lo tanto, todo lo que sucede en el cuerpo físico trabaja en toda la naturaleza interior, en el alma sensible, en el alma racional, y también en el alma consciente.

Todo lo que trabaja en el hombre en la vida ordinaria con su desorden y caos, las impresiones desordenadas que recibe de la mañana a la noche —solo piensen en las impresiones de caos y ruido de una gran ciudad— todo esto continúa en los miembros que con la conciencia despierta están unidos con los cuerpos físico y etérico. En la noche, el ser interior del hombre —alma sensible, alma racional y alma consciente— entran en el mundo astral y desde allí atrae las fuerzas y armonías que se han perdido a través de las impresiones caóticas del día. Lo que en un sentido integral llamamos el yo anímico del hombre está, por lo tanto, en un mundo más ordenado y más espiritual que durante el día. Por la mañana, la naturaleza intima del alma emerge de esta espiritualidad y entra en la naturaleza corporal triple del cuerpo físico, cuerpo etérico y esa parte del cuerpo astral que está unida con el cuerpo etérico, incluso durante la noche.

Ahora bien, si el hombre nunca durmiera, es decir, si nunca sacara nuevas fuerzas de fortalecimiento del mundo espiritual, entonces todo lo que vive en su cuerpo físico y lo permea con fuerzas se vería cada vez más socavado. Sin embargo, dado que una fuerte naturaleza interna se sumerge todas las mañanas en las fuerzas del cuerpo físico, entra un nuevo orden, uno podría decir que se da un renacimiento de las fuerzas. Así, el elemento del alma humana trae consigo del mundo espiritual algo para cada uno de los miembros del cuerpo, algo que trabaja cuando la naturaleza interna del alma y el instrumento físico externo están juntos. Lo que ocurre en la interacción de la interioridad del alma y el cuerpo físico realmente es capaz —si el hombre es sensible en la noche para la recepción de las armonías del mundo espiritual— de impregnar de fuerzas —no de sustancias— el cuerpo físico, con lo que podríamos llamar las “fuerzas del Espacio”.

Como en nuestra civilización actual el hombre está tan alejado del mundo espiritual, estas “fuerzas Espaciales” tienen poco efecto sobre él. Donde el ser interior anímico se permea con el miembro más denso del cuerpo humano, las energías tienen que ser muy fuertes para que se manifiesten en un cuerpo físico robusto.  En las épocas culturales más antiguas, el alma traía impulsos que penetraban el cuerpo físico y los hombres percibían que las fuerzas siempre atravesaban el espacio físico, que de ningún modo era un espacio vacío e indiferente, sino entretejido por fuerzas en todas direcciones. Había un sentimiento de esta distribución de fuerzas del espacio que era causada a través de las relaciones que se han descrito. Pueden entenderlo a través de un ejemplo.

Piensen en uno de los pintores que pertenecen a los grandes momentos del arte cuando aún había un fuerte sentimiento de las fuerzas que trabajan en el espacio. Se podía ver en la obra de un pintor como pinta un grupo de tres ángeles en el espacio. Te colocas ante la imagen y sientes una clara sensación: Estos ángeles no pueden caer, es obvio que están flotando, se apoyan mutuamente a través de las fuerzas vivas del espacio. Las personas que hacen esta propia dinámica interna a través de esa interacción entre el interior del alma y el cuerpo físico tienen la sensación de: “Eso debe ser así, los tres ángeles se mantienen en el espacio”. Van a encontrar esto en el caso de muchos de los antiguos pintores, menos en los más recientes. Por mucho que uno pueda apreciar a Bocklin, la figura que se cierne sobre su “Pieta” produce en todos la sensación de que en cualquier momento se van a caer, ya no se sostienen en el espacio.

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Todas estas fuerzas yendo y viniendo en el espacio que se deben sentir con tanta fuerza son realidades, realidades —y toda arquitectura procede de este sentimiento del espacio. El origen de la arquitectura genuina es únicamente la colocación de piedra o ladrillo en las líneas que ya existen en el espacio; no se hace nada en absoluto más que hacer visible lo que ya está presente idealmente en el espacio, distribuido espiritualmente; uno lo llena con material. En el grado más puro, este sentimiento de espacio fue poseído por el arquitecto griego que llego a manifestar en todas las formas de su templo lo que vive en el espacio, lo que uno puede sentir allí. La relación simple, donde la columna admite las masas horizontales o inclinadas —líneas encarnadas, por así decirlo— es puramente una reproducción de las fuerzas espirituales que se encuentran en el espacio, y todo el templo griego no es más que un relleno con material de lo que está viviendo en el espacio. El templo griego es por lo tanto, el más puro pensamiento arquitectónico, el espacio cristalizado. Y por extraño que pueda parecer al hombre moderno, el templo griego es una corporeidad física compuesta a partir de pensamientos, es la oportunidad para que esas figuras que los griegos han conocido como las figuras de sus dioses que ponen sus cuerpos etéreos en contacto real con las líneas espaciales que les resultan familiares y son capaces de morar en ellas.

Es más que una simple frase decir que el templo griego es una morada del Dios. Para alguien que tiene un sentimiento real en tales asuntos, el templo griego tiene una cualidad que hace que en la imagen a lo largo y ancho, no exista ningún ser humano, ni haya nadie dentro de él. El templo griego no necesita a nadie para observarlo, nadie para entrar en él. Piensen en el mismo templo griego permanentemente solo, donde a lo largo y ancho no hay nadie. Es entonces como debería estar en su forma más intensa. Entonces es el refugio del Dios que debe morar en él, porque el Dios puede habitar en las formas. Solo así se comprende realmente la arquitectura griega, la arquitectura más pura del mundo.

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En la arquitectura egipcia —digamos, en las pirámides— es algo bastante diferente. Solo podemos pincelar estas cosas ahora. Allí las relaciones espaciales, las líneas espaciales, están dispuestas de tal manera que en sus formas señalan los caminos del alma para elevarse hacia los mundos espirituales. Se nos da en las formas que se expresan en las Pirámides de Egipto el camino que toma el alma desde el mundo físico al mundo espiritual. Y en todo tipo de arquitectura tenemos pensamientos que solo deben ser entendidos por cognición espiritual.

En la arquitectura románica con sus arcos redondeados, que ha formado iglesias con naves centrales y laterales, con crucero y ábside, de modo que el todo es una cruz cerrada por la cúpula, tenemos los pensamientos espaciales derivados de la tumba. No puedes pensar en una construcción románica cuando piensas en el templo. El templo griego es la morada de Dios. La construcción románica solo puede considerarse como un lugar de sepultura. La cripta requiere hombres en medio de la vida para permanecer dentro de ella, sin embargo, es un lugar que reúne todos los sentimientos relacionados con la preservación y el refugio de los muertos. En el edificio gótico, nuevamente vemos una diferencia. Del mismo modo que es cierto que se puede pensar que el templo griego no tiene ningún alma humana cerca, y aunque este habitada, es la morada de Dios, también es cierto que la catedral gótica cerrada por encima por sus arcos ojivales no puede ser imaginada sin la congregación de los fieles dentro. No está completa en sí mismo. Si esta solitaria, no es el todo. Las personas que están dentro le pertenecen con sus manos dobladas, dobladas al igual que los arcos apuntados. El todo está allí solo cuando el espacio está lleno de los sentimientos de los fieles piadosos.

Estas son las fuerzas que se activan en nosotros y se sienten en el cuerpo físico como una sensación de uno mismo en el espacio. El verdadero artista siente el espacio y lo moldea arquitectónicamente.

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Si pasamos ahora al cuerpo etéreo, nuevamente tenemos lo que el alma asimila íntimamente por la noche en el mundo espiritual y trae consigo cuando se desliza de nuevo en el cuerpo etérico. Lo que se expresa así en el cuerpo etérico es percibido por el verdadero escultor y lo imprime en la figura viviente. Esto ya no es el pensamiento espacial, sino la tendencia a mostrar por la forma viviente lo que la naturaleza le ha ofrecido. La mayor comprensión que posee el artista griego, en su Zeus, por ejemplo, ha sido traída con él del mundo espiritual y lo vivifica cuando entra en contacto con el cuerpo etérico.

Además, tiene lugar una interacción similar con lo que llamamos el cuerpo anímico. Cuando la naturaleza interior del alma se encuentra con el cuerpo anímico surge de la misma manera el sentimiento por los primeros elementos de la pintura,  como el sentimiento de la guía de la línea. Y a través del hecho de que al despertar el alma sensible se une con el cuerpo anímico y lo impregna, surge la sensación de la armonía del color.

Así, para empezar, tenemos las tres formas de arte que trabajan con medios externos, tomando su material del mundo exterior.

Ahora cuando el alma racional o mental vuela al mundo astral todas las noches, surge otra cosa. Cuando utilizamos la expresión “alma intelectual” en el sentido de ciencia espiritual, no debemos pensar en el seco intelecto común del que hablamos en la vida ordinaria. Para la ciencia espiritual, el “intelecto” es el sentido de la armonía que no puede encarnarse en la materia externa, el sentido de la armonía que se experimenta interiormente.

Es por eso que decimos “alma intelectual o mental”. Ahora cuando el alma intelectual o mental se sumerge cada noche en las armonías del mundo astral y se vuelve consciente de ellas en el cuerpo astral —aunque este mismo cuerpo astral en el hombre moderno no tiene conciencia de su naturaleza interna—  entonces ocurre lo siguiente. En la noche, el alma ha vivido en lo que siempre se ha llamado la “Armonía de las esferas”, las leyes internas del mundo espiritual, esas Armonías de la Esferas a las cuales señaló la Antigua Escuela de Pitágoras y que alguien que puede percibir en el mundo espiritual entiende como las relaciones del gran universo espiritual. Goethe también lo señaló cuando dejó que Fausto al principio del poema fuera transportado al cielo, y dice:

“El sol resuena según la antigua usanza

En el armonioso conjunto de las esferas hermanadas

Y culmina su viaje determinado

Con la rapidez del rayo”

Y permanece en esas imágenes cuando, en la Parte II, donde Fausto vuelve a elevarse al mundo espiritual, usa las palabras:

 

“Y, para los oídos del espíritu, un fuerte sonido,

Ahora nace el día del recién nacido.

Los portales rocosos resuenan en pedazos,

Las ruedas de Phoebus brotan en trueno.

¡Qué tumulto trae la luz!

En voz alta ha sonado el triunfo del alba,

El ojo está deslumbrado, el oído asombrado,

El oído inaudito no puede herir”.

 

Es decir, el alma vive durante la noche en estos sonidos de las esferas y se enciende cuando el cuerpo astral se hace consciente de sí mismo. En la música creativa, las percepciones de la conciencia nocturna luchan durante la conciencia del día y se convierten en recuerdos: recuerdos de experiencias astrales, o en particular, del alma racional o mental. Todo lo que los hombres conocen como el arte de la música son las expresiones, las huellas, de lo que se experimenta inconscientemente en las armonías de las esferas, y ser dotado musicalmente no significa nada más que tener un cuerpo astral que es sensible durante el día a lo que resuena durante la noche. Ser no musical significa que la condición del cuerpo astral no permite el surgimiento de tal memoria. Es la incorporación de los tonos del mundo espiritual lo que el hombre experimenta en el arte musical.  Y como la música crea en nuestro mundo físico lo que solo se puede encender en el astral, por lo tanto dije que conecta al hombre con aquellos seres que tienen el cuerpo astral como su miembro más inferior. Con estos seres el hombre vive en la noche; experimenta su obrar en la armonía de las esferas y en la vida diurna lo expresa a través de su música terrenal, de modo que en la música terrenal la armonía de las esferas aparece como una imagen en la sombra. Y en la medida en que el elemento de estos seres espirituales irrumpe en esta esfera terrenal, tejen y viven a través de nuestra esfera terrenal, tienen la oportunidad de sumergir sus cuerpos astrales de nuevo en las olas oceánicas de la música, y así se construye un puente entre estos seres y el hombre a través del arte. Aquí vemos cómo en tal etapa surge lo que llamamos el arte de la música.

Ahora bien, ¿qué percibe el alma consciente cuando está inmersa en el mundo espiritual por la noche, aunque en el presente ciclo humano el hombre está inconsciente de ello?. Percibe las palabras del mundo espiritual. Recibe noticias susurradas que solo se pueden recibir del mundo espiritual. Las palabras se susurran en ella y cuando se traen a la conciencia del día aparecen como las fuerzas fundamentales del arte poético. Así, la poesía es la imagen en la sombra de lo que el alma consciente experimenta por la noche en el mundo espiritual.

Y aquí podemos entender en nuestro pensamiento cómo a través de la conexión del hombre con los mundos superiores —y solo así— en las cinco artes, la arquitectura, la escultura, la pintura, la música, la poesía, él crea existencia en nuestro mundo terrenal, representaciones de la realidad espiritual. Sin embargo, este es solo el caso cuando el arte realmente se eleva por encima de la mera percepción sensorial exterior. En lo que hoy en día se llama ampliamente el naturalismo, donde el hombre simplemente imita lo que ve en el mundo exterior, no hay nada de lo que él trae consigo. El hecho de que tengamos un arte tan puramente externo en muchos campos hoy en día, copiando solo lo que está fuera, es una prueba de que los hombres en nuestro tiempo han perdido la conexión con el mundo espiritual divino. El hombre cuyo interés total se funde en el mundo físico externo, en lo que sus sentidos externos consideran lo único valioso, trabaja tan fuertemente en su naturaleza corporal astral a través de este interés exclusivo en el mundo físico, que esto le vuelve ciego y sordo cuando está en los mundos espirituales por la noche. Los sonidos de las esferas más sublime pueden resonar, los tonos espirituales más elevados pueden susurrarle algo al alma, pero no trae nada a la vida del día. Y luego los hombres se burlan de los idealistas, del arte espiritual, y sostienen que el único propósito del arte es fotografiar la realidad exterior, porque solo allí tiene un suelo sólido bajo sus pies.

Esa es la forma en que habla el materialista ya que no sabe nada de las realidades del mundo espiritual. El verdadero artista habla de manera diferente. Quizás diga: cuando los tonos de la orquesta suenan, es como si escuchara el discurso de la música arquetípica cuyos tonos sonaban antes de que aún hubiera oídos humanos para escucharlos. Él también puede decir: en los tonos de una sinfonía subyace un conocimiento de los mundos superiores que es más elevado y más significativo que cualquier cosa que pueda ser probada por la lógica, analizada en conclusiones.

Richard Wagner ha expresado estas dos declaraciones. Quería llevar a la humanidad a una sensación intensa de que donde hay un verdadero arte, al mismo tiempo debe haber una elevación por encima del elemento sensorial externo. Si la ciencia espiritual dice que algo vive en el hombre que va más allá de el mismo, algo sobrehumano que va a aparecer en perfección cada vez mayores en encarnaciones futuras, Richard Wagner también lo siente cuando dice: “No quiero que aparezcan figuras sobre el escenario como hombres comunes en la esfera terrestre”. Él quiere a los hombres exaltados por encima de la vida ordinaria, que lo lleva a figuras mitológicas que se forman en una escala mayor que la del hombre normal. Él busca lo sobrehumano en el ser humano. Él quiere representar en el arte al ser humano con todos los mundos espirituales, brillando sobre el hombre de la Tierra física. En una época relativamente temprana de su vida, dos imágenes estaban ante él —Shakespeare y Beethoven—. En sus brillantes visiones artísticas vio Shakespeare de tal manera que dijo: “Si reúno todo lo que Shakespeare ha dado a la humanidad, veo que las figuras de Shakespeare se mueven sobre el escenario y realizan actos”. Actos —y las palabras también son actos en este sentido— suceden cuando el alma siente lo que ya no se puede mostrar externamente en el espacio, lo que ya está detrás de él.

El alma ha sentido toda la escala de dolor y sufrimiento, toda la alegría y la felicidad, y ha experimentado cómo a partir de este o aquel matiz se realiza esta o aquella acción. En el drama de Shakespeare, —piensa Richard Wagner—, todo aparece meramente en sus consecuencias, donde adquiere forma espacial, donde se convierte en escritura. Ese es un arte dramático que solo puede exhibir la naturaleza interna exteriorizada; y el hombre puede a lo sumo adivinar lo que vive en el alma, lo que sucede, mientras realiza la escritura.

Además de esto, le apareció la imagen del sinfonista, y vio en la sinfonía la reproducción de lo que vive en el alma en toda la escala emocional de pena y dolor, alegría y felicidad en todas sus sombras.  “En la sinfonía cobra vida —se dijo a sí mismo—pero no se convierte en acción, no sale al espacio”. Y trajo ante su alma una imagen que lo condujo al sentimiento de que una vez esta naturaleza interior se había quebrado, por así decirlo, en la creación artística para pasar a la novena sinfonía.

De estas dos visiones de los artistas surgió la idea en su alma de unir a Beethoven y Shakespeare. Tendríamos que recorrer un largo camino si queremos mostrar cómo a través del manejo exclusivo de la orquesta, Richard Wagner trató de crear esa gran armonía entre Shakespeare y Beethoven para que el interior se expresara en el tono y al mismo tiempo, desembocara en la acción. El discurso secular no era suficiente para él, ya que es el medio de expresión de los acontecimientos del plano físico. El lenguaje que solo se puede dar en los tonos de la canción se convirtió en su expresión de lo que supera a lo físicamente humano como suprahumano.

La Ciencia Espiritual no necesita simplemente ser expresada con palabras, para sentirse con los pensamientos, la Ciencia Espiritual es la vida. Vive en el proceso mundial, y cuando uno dice que quiere conducir las diversas corrientes divididas del alma humana a una gran corriente, vemos este sentimiento vivo en el artista que buscó combinar los diferentes medios de expresión para que lo que vive en el todo pueda expresarse en uno. Richard Wagner no tiene ningún deseo de ser meramente un músico, un dramaturgo, o un poeta. Todo lo que hemos visto fluir desde los mundos espirituales se convierte para él en un medio para unirse en el mundo físico con algo aún más elevado. Tiene el presentimiento de lo que experimentarán los hombres cuando se familiaricen cada vez más con esa época evolutiva en la que la humanidad debe entrar, cuando el Yo espiritual o Manas se una con lo que el hombre ha traído consigo de las épocas pasadas. Y una adivinación de ese gran impulso humano de unir lo que ha aparecido durante siglos se encuentra en Richard Wagner en la transmisión en conjunto de los modos individuales de expresión artística. Tenía una premonición de lo que será la vida cultural humana cuando todo lo que el alma experimente esté inmerso en el principio del yo espiritual o Manas, cuando la naturaleza completa del alma esté inmersa en los mundos espirituales. Es de profunda importancia cuando se ve como historia espiritual que en el arte ha aparecido el primer amanecer para la humanidad para el enfoque hacia el futuro —un futuro que llama a la humanidad, cuando todo lo que el hombre ha ganado en diferentes reinos se unirá en una cultura completa, en una cultura integral. Las artes de cierta manera son los verdaderos precursores de una espiritualidad que se revela en el mundo de los sentidos. Mucho más importante que las declaraciones separadas de Richard Wagner en sus escritos en prosa es la característica principal que vive en ellos, la sabiduría religiosa, el fuego sagrado que fluye a través de todo y que llega a la mejor expresión en su brillante ensayo sobre Beethoven, donde se debe leer entre líneas, pero donde se puede sentir el aliento del aire del amanecer que se acerca.

.Así vemos cómo la ciencia espiritual puede dar una visión más profunda de lo que los hombres producen en sus obras. Hemos visto hoy en el campo de las artes que allí el hombre logra algo por lo que, si podemos decirlo así, los Dioses pueden morar con él, con lo cual él asegura a los Dioses una morada en la esfera terrenal. Si la ciencia espiritual pone en conocimiento del hombre que la espiritualidad se encuentra en relación mutua con la vida física —esto se lleva a cabo por el arte. Y el arte espiritual siempre impregnará nuestra cultura si los hombres vuelven sus mentes a la verdadera espiritualidad. A través de tales reflexiones, la mera enseñanza, la mera concepción del mundo de la ciencia espiritual se expande a impulsos que pueden penetrar en nuestra vida y decirnos lo que debería ser  y en lo que debe convertirse. Para el arte musical-poético fue en Richard Wagner que surgió la nueva estrella que envía a la tierra la luz de la vida espiritual. Tal impulso de vida debe expandirse cada vez más hasta que toda la vida externa se convierta nuevamente en un espejo del alma.

Todo lo que nos sale al encuentro desde afuera puede convertirse en un espejo del alma. No lo tomen como una mera superficialidad, sino como algo que uno puede adquirir desde la ciencia espiritual. Será como lo fue hace siglos, donde en cada cerradura, en cada llave, nos encontramos con algo que reflejaba lo que el artesano había sentido y experimentado. De la misma manera, cuando haya nuevamente verdadera vida espiritual en la humanidad, toda la vida, todo lo que salga al encuentro, se nos aparecerá nuevamente como una imagen del alma. Los edificios seculares serán solo seculares mientras el hombre sea incapaz de imprimir el espíritu en ellos. El espíritu puede ser impreso en todas partes. La imagen de la estación de tren puede parpadear, artísticamente concebida. Hoy no lo tenemos. Pero cuando se vuelva a comprender qué formas deberían estar, uno sentirá que la locomotora puede hacerse arquitectónicamente y que la estación puede relacionarse con ella como la envoltura exterior de lo que la locomotora expresa en sus formas arquitectónicas. Solo cuando se conciban arquitectónicamente se relacionarán mutuamente como dos cosas que se pertenecen entre sí. Pero tampoco es indiferente cómo se usa la izquierda y la derecha en las formas. Cuando el hombre aprenda cómo lo interior se expresa en lo exterior, entonces habrá una cultura otra vez. En efecto, ha habido épocas en las que aún no existía el románico, ni la arquitectura gótica, cuando los que llevaban en sus almas el comienzo de una nueva cultura se reunían en las catacumbas situadas debajo de la antigua ciudad romana. Pero eso que vivía dentro de ellos y solo podía ser grabado en formas pobres en las antiguas cuevas de la tierra, eso que se encuentra en las catacumbas, eso se iluminó débilmente allí y es lo que entonces nos aparece en los arcos románicos, los pilares románicos, el ábside. El pensamiento ha sido llevado al mundo. Si los primeros cristianos no hubieran tenido el pensamiento en el alma  no nos encontraríamos en lo que se ha convertido en cultura mundial. El teósofo solo se siente a sí mismo como tal cuando es consciente de que en su alma tiene una cultura futura. Otros pueden preguntar qué es lo que ya se ha logrado. Entonces se dirá a sí mismo: ¿Qué lograron los cristianos de las catacumbas, y qué ha crecido de eso?.

El débil impulso emocional que vive en nuestras almas cuando nos sentamos juntos, busquemos expandirlo en el espíritu, de alguna manera como los pensamientos de los cristianos pudieron expandirse a las maravillas abovedadas de la catedral posterior. Lo que tenemos en las horas en que estamos juntos, imaginemos expandido exteriormente, llevado al mundo. Entonces tenemos los impulsos que deberíamos tener cuando somos conscientes de que la ciencia espiritual no es un pasatiempo para que las personas se sientan juntas, sino algo que debería llevarse a cabo en el mundo. Las almas que se sientan aquí con sus cuerpos encontrarán, cuando aparezcan en una nueva encarnación, realizadas muchas cosas que ya viven en ellas hoy. Permitámosnos traer tales pensamientos con nosotros cuando volvamos a encontrarnos y revisemos los pensamientos científico espirituales del invierno. Transformémoslos de modo que trabajen como impulsos culturales. Busquemos de esta manera elevar nuestras almas en sentimientos y sensaciones y dejemos que eso viva en el sol veraniego que nos muestra exteriormente en el mundo físico las fuerzas cósmicas activas. Entonces nuestra alma podrá mantener el estado de ánimo y llevar al mundo exterior lo que ha experimentado en los mundos del espíritu. Eso es parte del desarrollo del teósofo. Así, de nuevo, daremos un paso adelante si tomamos esos sentimientos con nosotros y absorbemos con ellos las fuerzas fortalecedoras del verano.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Febrero de 2018.

 

 

GA219c6. La espiritualización del conocimiento del espacio. La misión de Micael.

Rudolf Steiner — Dornach, 17 de diciembre de 1922

English version

A menudo me he referido al hecho de que desde aproximadamente el primer tercio del siglo XV, la evolución humana ha entrado en una época especial. Se puede decir que la era que comenzó aproximadamente en el siglo VIII a. C. y continuó hasta el primer tercio del siglo XV fue la era de la cultura greco-latina y que la fase más reciente de tiempo en la que aún vivimos hoy, comenzó en el punto que he indicado. Hoy consideraremos las tareas de la humanidad actual en conexión con este hecho.

Sabemos —particularmente por las conferencias dadas aquí últimamente— que entre el nacimiento y la muerte el hombre lleva a su desarrollo físico, psíquico y espiritual en la Tierra la herencia de lo que ha experimentado en la existencia preterrenal. Y recientemente escuchamos en qué sentido la vida social y moral es la herencia de esa condición entre la muerte y el renacimiento cuando el hombre vive en íntima comunión con los Seres de las Jerarquías Superiores. Esta comunión  se experimenta, como ya he descrito, en alternancia rítmica con otra condición —el hombre trae consigo el poder del amor, y este poder del amor es el fundamento de la moralidad en la Tierra. La otra condición es aquella en la que el hombre se retrae a sí mismo, cuando, por así decirlo, sale de esa comunión con los Seres de las Jerarquías. Y como herencia de esta condición, trae consigo a la Tierra el poder de la memoria, el poder del recuerdo, que por un lado se expresa en su egoísmo, pero por otro lado lo predispone a la libertad, a todo lo que le da fuerza interior e independencia.

Hasta la época greco-latina, las facultades que permitieron al hombre moldear su civilización desde dentro eran, en cierto sentido, aún una herencia de existencia preterrenal.

Si nos remontamos a tiempos aún más remotos en la evolución de la humanidad, a la época de la antigua Persia y egipcio-caldea, encontramos evidencia en todas partes del conocimiento, de las ideas, que fluían como si estuvieran fuera de la interioridad del hombre, pero que estaban conectadas con la vida entre la muerte y el renacimiento. En la época de la antigua India, el hombre tenía una clara conciencia de que pertenecía a la misma “raza” a la que pertenecen los Seres divino-espirituales de las Jerarquías.  El hombre de conocimiento en la antigua civilización india se sentía menos ciudadano de la Tierra que del mundo al que pertenecen los Seres divino-espirituales. Sentía que había sido enviado a la Tierra desde las filas de estos Seres Divino-espirituales. Y consideraba que la civilización que se disemina sobre la Tierra estaba allí para que los actos terrenales del hombre e incluso los objetos y los seres de la Tierra se ajustaran a la naturaleza de los Seres divinos y espirituales con los que se sentía relacionado.

En el hombre de la antigua Persia, este sentimiento de parentesco ya había perdido parte de su intensidad anterior, pero también sentía que su verdadero hogar era lo que llamó el Reino de la Luz, el Reino al que pertenece entre la muerte y el nuevo nacimiento, y deseaba ser un guerrero del lado de los espíritus de ese Reino de Luz. Deseaba luchar contra aquellos seres que vienen de la oscuridad de la Tierra para que los espíritus del Reino de la Luz no fueran obstaculizados por estos seres oscuros; él dedicaba toda su actividad al servicio de los espíritus del Reino de la Luz. Y si luego pasamos a los pueblos egipcio-caldeo, vemos cómo su ciencia está llena del conocimiento relacionado con los movimientos de las estrellas. Los destinos de los hombres se leían en lo que revelan las estrellas. Antes de que se hiciera algo en la Tierra, se preguntaba a las estrellas si estaba justificado o no. Esta ciencia, según la cual toda la vida terrenal está regulada, también se sentía como una herencia de la existencia del hombre entre la muerte y el renacimiento, cuando sus experiencias eran de una clase que lo hacían uno con los movimientos y las leyes de las estrellas, tal como aquí en la Tierra, entre el nacimiento y la muerte, él es uno con los seres de los reinos mineral, vegetal y animal.

En la cuarta época post-atlante, la época greco-latina, comenzando en el siglo VIII AC. hasta el siglo XV DC., los hombres ya se empiezan a sentir verdaderos ciudadanos de la Tierra. Sienten que en su mundo de ideas entre el nacimiento y la muerte ya no hay ecos muy distintos de las experiencias en la existencia preterrenal. Se esfuerzan por estar en casa en la Tierra. Y, sin embargo, si penetramos profundamente en el espíritu de la civilización griega e incluso de la primitiva romana podemos decir algo como lo siguiente. Los hombres que estaban fundando la ciencia en esa época estaban decididos a aprender y saber todo lo que sucede en los tres reinos de la Naturaleza en la Tierra, pero a conocerlo de tal manera que este conocimiento también tuviera alguna relación con la existencia extraterrestre.  Entre los griegos hay un fuerte sentimiento de que a través del conocimiento aplicado por el hombre sobre la Tierra y a la luz de la cual él regula sus acciones terrenales, al mismo tiempo debe tener un tenue recuerdo del mundo divino-espiritual. El griego sabia que solo odia obtener su conocimiento de la observación del mundo terrenal; pero tenía la clara sensación de que lo que percibía en los minerales, las plantas, los animales, las estrellas, las montañas, los ríos, etc., debía ser un reflejo de lo Divino-Espiritual que se puede experimentar en un mundo que no es el mundo de los sentidos.

Este es el caso porque en esa época el hombre todavía siente que con la mejor parte de su ser él pertenece a un mundo suprasensible. Este mundo suprasensible, sin duda, se oscureció para la observación humana —así es como el hombre se lo dice a sí mismo: pero durante la existencia terrenal también debe esforzarse por iluminarlo. Es cierto que en la época greco-latina los hombres ya no pudieron regular las acciones ordinarias de la humanidad de acuerdo con los cursos de las estrellas, ya que su dominio de la ciencia de las estrellas no estaba a la par con la de los caldeos y los egipcios; pero, en todo caso, todavía se esforzaron, más bien a tientas, mediante el estudio de las expresiones de la voluntad de los Seres divinos-espirituales, por traer algo del  mundo Divino-Espiritual al mundo terrenal.

En los lugares de los Oráculos y en los Templos, los hombres buscaban determinar la voluntad de los Dioses a través de las sacerdotisas y profetisas, como saben por la historia. Y vemos cómo estos esfuerzos para determinar la voluntad de lo divino-espiritual, de los seres con quienes el hombre mismo es uno durante la existencia preterrenal, también eran habituales en otras regiones de Europa en el momento en que la cultura grecorromana estaba en su mejor momento en el sur.

 En las regiones germánicas de Europa Central, por ejemplo, las sacerdotisas y profetisas eran muy veneradas; se hicieron peregrinaciones hasta ellas y en estados de conciencia extáticos, se daba a conocer la voluntad de los Dioses a los hombres para que sus obras en la Tierra pudieran estar en conformidad con esta voluntad. Podemos ver claramente cómo hasta los siglos XII y XIII —aunque el impulso es por entonces menos intenso— el hombre se esfuerza por formular el conocimiento que busca de tal manera que contiene en sí la voluntad del mundo divino-espiritual. A lo largo de estos siglos de la Edad Media, hasta el siglo XII y XIII, podemos encontrar lugares que en aquel momento todavía se consideraban sagrados y que después se transformaron en nuestros laboratorios. Podemos encontrar lugares donde los llamados alquimistas investigaban las fuerzas de las sustancias y de los procesos de la Naturaleza; podemos leer escritos que todavía dan una imagen tenue del tipo de pensamiento que se aplicaba en esos antiguos centros de investigación y en todas partes descubriremos evidencia de la lucha para llevar a las sustancias mismas a tales combinaciones o interacción mutua que lo Divino-Espiritual pudiera trabajar en el frasco, en la retorta.

En el Fausto de Goethe hay un eco de esta actitud del alma, en la escena en la que Wagner trabaja en su laboratorio para producir el Homúnculo. No fue sino hasta el cambio de los siglos XIV y XV en la civilización occidental que surgió el deseo en el hombre de poner los cimientos de una ciencia en completa independencia, sin poner sus ideas en relación directa con una voluntad divino-espiritual por la cual el mundo está gobernado. Una forma de conocimiento puramente humana surge por primera vez durante este período; es el conocimiento que se emancipa de la voluntad divina-espiritual. Y es este conocimiento puramente humano, emancipado de la voluntad divina del que está compuesta la ciencia de Galileo y Copérnico.

Es la ciencia a través de la cual el universo se presenta al hombre en la imagen abstracta actual de hoy, la imagen de una bóveda —como Giordano Bruno fue el primero en prever—  con las estrellas dando vueltas en ella como cuerpos puramente materiales, o incluso en una condición de descanso tomando su parte en los acontecimientos cósmicos. Esta imagen del universo nos hace pensar que un vasto mecanismo funciona en la Tierra desde el espacio cósmico. E incluso en la investigación de las cosas terrenas, las personas se limitan fundamentalmente a lo que se puede calcular y medir, y así formar parte de un mecanismo abstracto. Sin embargo, este es un mundo de concepciones e ideas que el hombre puede sacar de sí mismo con la ayuda de la observación y el experimento externos, donde se cree que las sustancias físicas por sí mismas se afectan unas a otras, los procesos de la Naturaleza se manifiestan y donde lo divino-espiritual ya no se busca en el mundo de la naturaleza.

Hay una gran diferencia entre este mundo conceptual y el tipo de pensamiento que le precedió en la evolución humana. Es solo desde el primer tercio del siglo XV que los conceptos e ideas del hombre se han vuelto puramente humanos. Y es del Espacio en lo que el hombre se ha interesado principalmente desde que comenzó este período. Si se retrocede aún más a los tiempos de la Antigua India,  Persia, la cultura Egipcio-Caldea, en todas partes encontrarán que las concepciones del mundo se refieren a la Edad del Mundo. Señalan a una época antigua cuando la humanidad todavía guardaba una íntima relación con los Dioses, a una Edad de Oro.

Señalan otra época cuando el hombre todavía experimentaba en la Tierra al menos el reflejo solar de lo Divino: una Edad de Plata, y así sucesivamente. El tiempo y el curso del tiempo desempeñan un papel destacado en las imágenes del mundo de las primeras fases evolutivas. Del mismo modo, cuando se considera la época griega, y de hecho la imagen del mundo que estaba presente al mismo tiempo en las regiones más del norte y centro de Europa, encontrarán que en todas partes la idea del Tiempo juega un papel esencial.  El griego se remonta a la Edad primigenia cuando los sucesos cósmicos son el resultado de la interacción entre Urano y Gaia. La siguiente Era señala, a Cronos y Rea, luego la Era en que Zeus y los otros dioses conocidos en la mitología griega gobiernan el Cosmos y la Tierra. Y es lo mismo en la mitología germánica. El Tiempo juega el papel más esencial en todas estas imágenes mundiales.

Una parte mucho menos importante es el Espacio. El elemento espacial todavía es oscuro en las imágenes del mundo nórdico y germánico con el Mundo del Fresno, el Gigante Ymir y demás. Que algo está sucediendo en el Tiempo es bastante claro, pero la idea del Espacio está apenas amaneciendo; es un factor sin gran significado. No es sino hasta la era de Galileo, de Copérnico, de Giordano Bruno, que el espacio realmente comienza a desempeñar su gran papel en la imagen del Universo. Incluso en el sistema ptolemaico, que sin duda se preocupa por el espacio, el tiempo es un factor más esencial de lo que es en la imagen del mundo que nos resulta familiar desde el siglo XV, en el que el Tiempo juega realmente un papel secundario. La distribución actual de las estrellas en el espacio cósmico se toma como el punto de partida y, a través del cálculo, se llega a conclusiones sobre cómo era la imagen del mundo en épocas anteriores. Pero la concepción del espacio, la imagen del mundo espacial, adquiere una importancia capital. Y el resultado es que todos los juicios humanos se basan en el principio del Espacio. El hombre moderno ha elaborado este elemento del Espacio en su imagen externa del mundo, lo ha elaborado también en todo su pensamiento. Y hoy este pensamiento en términos de Espacio ha alcanzado su cenit.

Piensen en lo difícil que es para el hombre de hoy en día seguir una exposición puramente del Tiempo. Él está contento si el espacio es llevado al menos hasta el punto de dibujar algo en la pizarra. Pero si el sentimiento del Espacio se transmite por medio de imágenes, ¡entonces el hombre moderno está realmente en su elemento! “Ilustración” —y con esto él quiere decir expresión en términos de Espacio—  es lo que el hombre de hoy se esfuerza por lograr en cada exposición. El tiempo, en la medida en que está en flujo perpetuo, se ha convertido en algo que le causa incomodidad. Todavía le agrega valor en la música; pero incluso allí la tendencia hacia lo espacial es bastante evidente.

Solo tenemos que considerar algo que se ha convertido en una característica definida de la vida moderna y esta manía del hombre moderno para adherirse a lo espacial es aparente a la vez. En el cine, es completamente indiferente el elemento de Tiempo en la imagen. Está contento con la fracción más pequeña del elemento de Tiempo y está completamente entregado al elemento de Espacio.

Esta orientación del alma a lo espacial es muy característica del tiempo presente y quien observa la cultura y la civilización modernas con los ojos abiertos la encontrará en todas partes.

Por otro lado, en la Ciencia Espiritual antroposófica nos esforzamos, como saben, por alejarnos de lo espacial. Sin duda, nos encontramos con el deseo de que también tratemos de dar forma tangible a lo espiritual, y eso es justificable para fortalecer la facultad de ideación. Solo que siempre debemos ser conscientes de que esto es puramente un medio de ilustración y que lo esencial es esforzarse, al menos esforzarse, para trascender lo espacial.

Los “devotos” espaciales entre nosotros a menudo causan dificultades haciendo diagramas de las épocas consecutivas del Tiempo, escribiendo “Primera Época con Sub-Épocas”, y así sucesivamente. A continuación, sigue una gran cantidad de títulos y lo que es secuencial en el Tiempo se arrastra a una imagen espacial.

Nuestro objetivo, sin embargo, es trascender lo espacial. Nos esforzamos por penetrar en lo temporal y también en lo supratemporal, en el elemento que conduce más allá de lo que es físicamente perceptible. Lo físicamente perceptible existe en su forma más cruda en el mundo del espacio y allí el pensamiento se dirige en cierta dirección. A menudo he hablado de las intenciones reales de la Ciencia Espiritual antroposófica. Ciertamente, no menosprecia, y mucho menos rechaza, el modo de pensar engendrado en la época de Galileo, Copérnico, Giordano Bruno. La validez de este modo de pensar en el que, como saben, el espacio es el elemento esencial, es plenamente reconocido por la ciencia espiritual antroposófica. Por lo tanto, debe ser capaz de arrojar luz en todos los dominios del pensamiento científico. No debe adoptar una actitud de aficionado a estos dominios del pensamiento científico, sino que debe arrojar luz sobre ellos por su forma de ver las cosas.

Pero una y otra vez se debe enfatizar que la Ciencia Espiritual antroposófica está tratando de guiar de regreso a lo Divino-Espiritual este conocimiento puramente humano que se basa casi por completo en el elemento del Espacio y se emancipa de lo Divino-Espiritual. No nos remontamos a las condiciones antiguas, sino que deseamos guiar la actitud moderna del alma hacia lo espiritual, lejos de su preocupación por lo puramente espacial y material.  En otras palabras, queremos aprender a hablar sobre cosas espirituales, ya que las personas de la epoca Galileo-Copernicana se acostumbraron a hablar sobre sustancias, sobre fuerzas. Con sus métodos de estudio y observación, esta Ciencia Espiritual debe ser compatible con el tipo de conocimiento que se ha estado desarrollando en relación con las cosas y los procesos del mundo material desde el primer tercio del siglo XV.  Su objetivo es el logro del conocimiento espiritual que se relaciona con este conocimiento de la naturaleza, aunque como el primero se refiere a lo suprasensible, el contraste es muy evidente.

Considerado internamente, ¿qué es lo que estamos buscando lograr?.  Si nos trasladamos en el pensamiento a la posición de los Seres divino-espirituales en cuyas filas vivimos entre la muerte y el renacimiento, y discernimos cómo dirigen su mirada hacia abajo, y a través de los diversos medios que he descrito observamos el curso de los acontecimientos en la Tierra, entonces encontramos que estos seres miraron hacia la Tierra en las edades más tempranas de la evolución humana —en las épocas de la Antigua India, Persa, Caldeo-Egipcia— y vieron lo que los hombres estaban haciendo, qué puntos de vista tenían sobre la Naturaleza y su propia vida social. Y entonces, si puedo decirlo así, los Dioses pudieron decirse a sí mismos acerca de las obras y los pensamientos de los hombres: Sus acciones y sus pensamientos son el resultado de su recuerdo, o son un eco de, lo que experimentaron entre nosotros en nuestro mundo. En el caso de los caldeos o los egipcios, era bastante evidente que el deseo principal de los hombres de abajo en la Tierra era llevar a cabo lo que los dioses de arriba habían pensado o estaban pensando. Cuando los Dioses miraron hacia la Tierra, vieron sucesos que estaban de acuerdo con sus intenciones; y era lo mismo cuando miraban los pensamientos de los hombres, como los dioses pueden hacer. Desde el primer tercio del siglo XV esto ha cambiado. Desde entonces, los Seres divinos-espirituales han mirado hacia abajo a la Tierra, y especialmente cuando miran hacia abajo en el tiempo presente, encuentran que las cosas en todas partes son fundamentalmente ajenas a ellos, que los hombres están haciendo cosas en la Tierra que ellos mismos han planeado de acuerdo con los fenómenos y procesos de la existencia terrenal. Y para los Dioses con quienes los hombres viven entre la muerte y el renacimiento, esta es una actitud completamente ajena.

Cuando un alquimista en su laboratorio se esforzaba por determinar la voluntad divina-espiritual a través de la combinación y separación de los Elementos, un Dios habría contemplado algo similar a su propia naturaleza en lo que el alquimista estaba haciendo. Si un Dios fuera a buscar en un laboratorio moderno, los métodos y procedimientos adoptados allí sería intensamente ajeno a él. Se puede decir con absoluta certeza que desde el primer tercio del siglo XV, los Dioses han sentido como si toda la raza humana se hubiera alejado de ellos en cierto sentido, como si los hombres de la Tierra se dedicaran a trivialidades, a cosas que los Dioses son incapaces de entender, ciertamente no los Dioses que aún guiaban las manos y las mentes de los hombres en sus búsquedas científicas en tiempos greco-latinos. Estos Seres divino-espirituales no tienen un interés activo en lo que se hace en los laboratorios modernos, y mucho menos en los hospitales modernos. En una ocasión anterior me vi obligado a decir que cuando los dioses miran hacia abajo a través de las ventanas, como las llamé, lo que menos les interesa en la Tierra es el tipo de trabajo llevado a cabo por los doctos. Lo que va al corazón de alguien que tiene un conocimiento genuino de la moderna Ciencia de la Iniciación es lo que está obligado a decirse a sí mismo: En los últimos tiempos, los hombres nos hemos distanciado de los dioses; debemos buscar nuevamente los puentes para conectarnos con el mundo divino-espiritual. Y es esto lo que acelera el impulso de la Ciencia Espiritual antroposófica. Su deseo es transformar las ideas y los conceptos científicos que son ininteligibles para los Dioses de tal manera que se espiritualicen y así puedan brindar un puente a lo Divino-Espiritual.

Se debe comprender que la luz, por ejemplo, es algo en lo que la divinidad está presente. Esto se sintió fuertemente en la cultura persa antigua, pero hoy, cuando, por ejemplo, se intentan indicar mediante todo tipo de líneas cómo se rompen los rayos de una lente, este es un lenguaje que los dioses no entienden; no significa nada para ellos. Todas estas cosas deben ser abordadas con una actitud anímica que permita que el puente a lo Divino se encuentre una vez más. Comprender esto significa una gran profundización de la comprensión del tipo de tarea que incumbe en la epoca actual en materia de transformar y metamorfosear nuestras ideas no espirituales.

Una verdad cósmica de profunda significación subyace a estas cosas. La concepción del espacio es una concepción enteramente humana. Los dioses con los que el hombre vive en el período más importante de su vida entre la muerte y un nuevo nacimiento tienen una vívida concepción del tiempo pero ninguna concepción del espacio tal como el hombre la adquiere en la Tierra. Esta concepción del espacio es completamente humana. El hombre realmente entra al Espacio por primera vez cuando desciende del mundo divino-espiritual al mundo físico de la Tierra. Es cierto, como se ve desde aquí, todo aparece en perspectiva espacial. Pero pensar en dimensiones, si puedo decirlo así, es algo que pertenece completamente a la Tierra.

En la civilización occidental, esta concepción del espacio se ha arraigado en el hombre desde el siglo XV. Pero cuando a través de la espiritualización del conocimiento puramente espacial, se han encontrado nuevamente puentes hacia el mundo divino, entonces, ¿qué ha obtenido el hombre de la ciencia del espacio? —en el mismo período en que ha emancipado su pensamiento de manera más drástica del mundo divino, es decir, desde el siglo XV— todo el conocimiento espacial que ha adquirido será importante para el mundo divino-espiritual también. Y el hombre puede conquistar una nueva porción del universo para los Dioses tan solo si trae el espíritu nuevamente a la concepción del Espacio.

Ya ven, lo que he descrito en el libro La Ciencia Oculta —los períodos del Antiguo Saturno, el Antiguo Sol, la Antigua Luna, la Tierra y los periodos futuros de Júpiter, Venus y Vulcano— solo está presente a los Dioses en la secuencia del Tiempo. Aquí en la Tierra, sin embargo, todo se vive en términos de Espacio. Estamos viviendo hoy en el período de la Tierra propiamente dicho, pero en los sucesos de la Tierra aún persisten los ecos de los períodos de la Antigua Luna, el Antiguo Sol y el Antiguo Saturno.

Si se sumergen en la descripción del período del Antiguo Saturno en La Ciencia Oculta, dirán: El período de Saturno es pasado, pero los efectos de su calor todavía están presentes en nuestra existencia terrenal. Saturno, Sol, Luna, Tierra están uno dentro del otro; ellos existen simultáneamente. Los dioses los ven en la secuencia del tiempo. Aunque en épocas anteriores, incluso durante la época caldea, se los veía en su sucesión, ahora los vemos uno dentro del otro, espacialmente uno dentro del otro. De hecho, esto lleva mucho más lejos y si estudiamos estas cosas en detalle, descubriremos qué hay detrás de ellas.

Imaginen que extienden la mano izquierda. Lo Divino vive en todo lo terrestre. En los músculos, en los nervios, vive lo Divino. Ahora con los dedos de la mano izquierda toquen los dedos de la mano derecha —esto solo se puede hacer en el espacio. El hecho de que sientan su mano derecha con la izquierda, su mano izquierda con la derecha, esto es algo que los Seres divino-espirituales no siguen— Siguen la mano izquierda y la mano derecha hasta el punto de contacto, pero el sentimiento que surge entre los dos es una experiencia que las facultades que poseen los dioses no hacen posible; es algo que surge solo en el espacio. Tan poco como los Dioses contemplan a Saturno, Sol, Luna y Tierra simultáneamente sino solo en sucesión, en el Tiempo, entonces no tienen ninguna de las experiencias puramente espaciales conocidas por el hombre. Cuando miran con los ojos izquierdo y derecho y tienen la línea de visión desde la derecha y desde la izquierda, la actividad de los Dioses está presente en la visión desde el ojo derecho y nuevamente en la visión desde el ojo izquierdo, pero en la unión de las dos líneas de visión se encuentran en un elemento puramente humano. Así experimentamos como hombres, porque hemos sido colocados en el mundo del espacio, algo que se experimenta en un estado de emancipación de la actividad de los dioses.

Solo necesitan extender esta imagen de las manos derecha e izquierda a otros dominios en la vida del hombre terrenal, y encontrarán una gran cantidad de experiencias humanas que caen inmediatamente fuera del campo de visión de los Dioses. En realidad, solo desde el primer tercio del siglo XV el hombre ha traído ideas de un tipo puramente humano a estos dominios. Por lo tanto, el pensamiento humano se ha vuelto cada vez menos inteligible para los dioses cuando miran hacia la Tierra. Y con esto en mente, debemos dirigir nuestra atención a ese evento más importante en el último tercio del siglo XIX, que puede caracterizarse por decir que el reinado del Ser espiritual conocido como Gabriel fue sucedido por la regencia de ese otro Ser espiritual conocido como Michael.

En el último tercio del siglo XIX, el Ser espiritual que llamamos Mikael se convirtió en el Regente, por así decirlo, de todo lo que tiene un carácter espiritual en los eventos humanos en la Tierra. Mientras que Gabriel es un Ser más orientado a las cualidades pasivas del hombre, Mikael es el Ser activo, el Ser que, por así decirlo, pulsa nuestro aliento, nuestras venas, nuestros nervios, para que podamos desarrollar activamente todo lo que pertenece a nuestro humanidad completa en relación con el Cosmos. Lo que se nos presenta como un desafío de Mikael es que nos volvamos activos en nuestros propios pensamientos, elaborando nuestra visión del mundo a través de nuestra propia actividad interna. Solo pertenecemos a Época de Michael cuando no nos sentamos inactivos y deseamos que venga a nosotros la iluminación desde dentro y desde fuera, sino cuando cooperamos activamente en lo que el mundo nos ofrece en forma de experiencias y oportunidades de observación. Si un hombre lleva a cabo algún experimento, no implica fundamentalmente actividad; no hay necesariamente ninguna actividad de su parte; es solo un evento como cualquier otro evento en la Naturaleza, excepto que está dirigido por la inteligencia humana. ¡Pero todos los acontecimientos en la Naturaleza también han sido dirigidos por la inteligencia!. ¿Cómo es la vida mental del hombre hoy en día afectada por los experimentos? No hay participación activa, ya que simplemente mira e intenta eliminar la actividad tanto como sea posible; él quiere que el experimento le cuente todo y considera que todo es fruto de su propia actividad interior.  Es precisamente en sus ideas científicas que los hombres son menos importantes en la era de Micael.

Pero la humanidad debe entrar en la edad de Michael. Si nos hacemos la pregunta: ¿qué significa realmente en todo el entorno cósmico que Gabriel le haya pasado el cetro a Micael? Entonces debemos responder: Significa que de todos los Seres que guían espiritualmente a la humanidad, Micael es el Espíritu que es el primero en acercarse a lo que los hombres aquí en la Tierra están haciendo como resultado de esta emancipación del conocimiento desde el primer tercio del siglo XV. Gabriel se encuentra en completa perplejidad ante las ideas y nociones de un hombre culto de la edad moderna. Micael, que está estrechamente relacionado con las fuerzas del Sol, al menos puede inculcar su actividad en los pensamientos del hombre que pueden darle impulsos para sus obras libres. Micael puede trabajar, por ejemplo, en lo que he llamado en la Ciencia Oculta, el pensamiento puro y libre, que debe ser el verdadero impulso para la voluntad individual del hombre que actúa en libertad en la nueva era. Y con las obras del hombre que surgen del impulso del amor, Michael tiene su propia relación particular.

Por lo tanto, él es el mensajero a quien los Dioses han enviado para que pueda recibir lo que ahora se está llevando del conocimiento emancipado del espíritu al conocimiento espiritualizado. La ciencia que como Ciencia Espiritual antroposófica espiritualiza nuevamente el pensamiento espacial, lo eleva nuevamente a lo suprasensible: esta Ciencia Espiritual trabaja desde abajo hacia arriba, extiende sus manos desde abajo para tomar las manos de Micael que se extiende desde arriba. Es entonces cuando se puede crear el puente entre el hombre y los Dioses. Michael se ha convertido en el Regente de esta Era porque debe recibir lo que los Dioses desean recibir de lo que el hombre puede agregar al Concepto-Tiempo a través del Concepto-Espacio, ya que esto aumenta el conocimiento que poseen los Dioses.

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Los dioses representan a Saturno, Sol, Luna, Tierra, en la sucesión del Tiempo. Si el hombre desarrolla correctamente la última fase de su vida de pensamiento, ve esto en términos de espacio. Los dioses pueden imaginar el estiramiento de la izquierda y de la mano derecha, pero el contacto real es una cuestión puramente humana. Los dioses pueden vivir en la línea de visión del ojo izquierdo, en la línea de visión del ojo derecho. El hombre visualiza en términos de espacio cómo la visión del ojo izquierdo se encuentra con la del ojo derecho. Micael dirige su mirada hacia la Tierra. Él puede, al entrar en conexión con lo que los hombres desarrollan en pensamiento puro y objetivo en pura voluntad, tomar el conocimiento de los ciudadanos de la Tierra, de los hombres, como fruto del pensamiento en términos de Espacio, y elevarlo a los mundos divinos.

Si los hombres se limitaran a desarrollar el conocimiento del espacio y no a espiritualizarlo, si se detuvieran en la antropología y no estuvieran dispuestos a avanzar hacia la antroposofía, entonces pasaría la edad de Micael. Micael se retiraría de su regencia y traería este mensaje a los dioses: la humanidad desea separarse de los dioses.  Si Michael debe devolver el mensaje correcto al mundo de los Dioses, debe hablar con este fin: Durante mi Época, los hombres han elevado a lo Suprasensible lo que ya han desarrollado en la forma de pensar puramente en términos de Espacio; y, por lo tanto, podemos aceptar a los hombres de nuevo, porque han unido sus pensamientos con los nuestros. Si la evolución humana procede de la manera correcta, Micael no tendrá que decir a los dioses: los hombres se han acostumbrado a mirar todo espacialmente; Han aprendido a despreciar lo que vive solo en el Tiempo. Si los seres humanos se resuelven para lograr su objetivo terrenal, Micael dirá: Los hombres han hecho esfuerzos para traer nuevamente el Tiempo y lo Suprasensible al Espacio; por lo tanto, aquellos que no están contentos de mirar fijamente el espacio, que no están contentos de aceptar todo en una forma tan material como era costumbre a principios del siglo XX, se puede considerar que han vinculado sus vidas directamente a la vida de los Dioses.

Si realmente perseguimos la Antroposofía a la luz de la Ciencia de la Iniciación, significa que nos ocupamos de los asuntos cósmicos, con asuntos que la humanidad tiene que resolver en armonía con el mundo de los Dioses. Y en la edad presente, mucho está en juego; es cuestión de si debemos o no sembrar la semilla para la verdadera comunión en el futuro con el mundo divino-espiritual.

Cuando se hagan conscientes de la tremenda importancia de este tema, podrán medir la seriedad y la constancia interna que necesita el alma para que la Antroposofía sea el contenido de su vida de pensamiento.

Traducido por Gracia Muñoz en diciembre de 2017.