GA136c2. Las Entidades Espirituales en los cuerpos celestes y en los Reinos de la Naturaleza

Rudolf Steiner Helsingfors (Finlandia) 4 de abril de 1912

English version

Ayer intenté en primer lugar, señalar el camino que conduce al alma humana a la observación del mundo espiritual que se esconde detrás de nuestro mundo material físico, y llamé la atención sobre dos clases o categorías de seres espirituales, perceptibles a la mirada oculta si se levanta el velo que cubre el mundo sensible tal como hemos descrito.

Para continuar nos ocuparemos hoy de otros dos géneros o categorías de seres de la naturaleza (o genios elementales). Uno de ellos se ofrece a la mirada oculta cuando se observa el marchitamiento paulatino, el desvanecimiento gradual y muerte de la planta en el mundo vegetal a finales del verano o en el otoño. Para hablar con más precisión advertimos que ya desde que las plantas empiezan a desarrollar frutos en sus flores es posible que dejemos que este desarrollo de los frutos actúe sobre el alma en la forma descrita ayer para que surjan ante la imaginación entidades espirituales que tienen que ver con la decadencia y el marchitamiento de las especies naturales.

Ayer describí como en la primavera las plantas son, por así decirlo, empujadas de la Tierra por ciertos seres que están sujetos a perpetua metamorfosis, y también podemos decir que cuando, las plantas han terminado su desarrollo y ha llegado el tiempo de que se desvanezcan y se marchiten, intervienen otras entidades que ni siquiera podemos decir que se transforman continuamente, ya que lo único que podemos decir es que propiamente no tienen forma.  Aparecen parpadeando arriba como un rayo, como pequeños meteoros; ahora titilando arriba, desapareciendo, realmente no tienen una forma definida, sino que revolotean sobre nuestra Tierra, parpadean y desaparecen como meteoros o fuegos fatuos.

Estos seres están principalmente relacionados con todo lo que es maduración en los reinos de la naturaleza, el proceso de maduración se produce porque existen estas fuerzas o seres. Y sólo son visibles para la visión oculta cuando se concentra en el aire mismo, de hecho, en el aire más puro posible.

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Ayer describimos la segunda clase de seres de la naturaleza manifestándose en el agua que cae, se dispersa o se reconcentra y se ofrece a nuestra observación en la estructuración de las nubes, por ejemplo. En cambio, si queremos lograr la visión de esas entidades que relampaguean como meteoros y luego se apagan; que viven invisibles en el aire limpio y que ávidamente inhalan la luz que impregna el aire y que les permite resplandecer o relumbrar, hemos de exponer nuestra alma a la impresión que le causa el aire seco, impregnado de luz y de calor solar. Estas entidades descienden luego sobre el mundo vegetal, y también sobre el animal, y procuran la maduración. Ya por la manera como obtenemos conocimiento de estas entidades nos damos cuenta que guardan cierta relación con lo que en el ocultismo siempre se ha venido llamando los elementos.

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Cuando se describió en la anterior conferencia como la primera clase de estos seres, que encontramos cuando se desciende a las profundidades de la Tierra y penetran en la sustancia sólida de nuestro planeta, nuestra imaginación se enfrentó entonces con seres de una forma definida, de manera que también podríamos llamarles elementales de lo sólido o de la Tierra. La segunda categoría que se describió a continuación, la encontramos en el agua que se acumula y dispersa, de modo que podemos conectar a estas entidades con lo que en el ocultismo siempre se ha llamado el fluido o el elemento líquido. En este elemento ellas se metamorfosean y asumen al mismo tiempo el trabajo de llevar adelante desde el suelo de la Tierra todo lo que crece y brota. Y ahora hemos visto los seres que se encuentran en relación con el elemento aéreo, cuando el aire está libre de humedad, de modo que ahora podemos hablar de elementos de la naturaleza de la Tierra, del agua, y del aire.

Todavía tenemos una cuarta categoría de entidades espirituales con las que la visión oculta se puede familiarizar. Se debe esperar hasta que en la flor se haya producido el fruto y la semilla, y luego observar cómo el germen poco a poco se convierte en una nueva planta. Sólo en una ocasión se puede hacer esto con facilidad, de lo contrario es difícil observar este cuarto tipo de seres, porque ellos son los protectores de todos los gérmenes, de todas las semillas en el reino de la naturaleza. Como guardianes protectores llevan la semilla de una generación de plantas u otros seres de la naturaleza, a la siguiente generación. Podemos observar que estos seres, que son los protectores de las semillas o gérmenes, hacen posible que las especies se perpetúen continuamente sobre la Tierra, conviven con el calor de nuestro planeta —es decir con lo que desde los tiempos antiguos ha sido llamado el Elemento de Fuego o Calor. Es por eso que las fuerzas de la semilla están conectadas con un cierto grado de calor, una temperatura determinada. Si la visión oculta observa con precisión suficiente, se describe que la transmutación necesaria de la calidez del ambiente en calor, como se requiere por la semilla o germen para madurar, el cambio de calor muerto en un fuego vivo, está regulado por estos seres. De ahí que también se les puede llamarles elementales del fuego o del calor.

Así que, para empezar (entraremos en más detalles en las conferencias posteriores), nos hemos familiarizado con cuatro categorías de seres de la naturaleza, que tiene una cierta relación con lo que se denominan los elementos de Tierra, Agua, Aire y Fuego.

Es como si estos seres espirituales tuvieran su jurisdicción, su territorio, en estos elementos, así como el hombre mismo tiene su territorio en todo el planeta. Al igual que el hombre siente que el planeta le pertenece y determina su relación con el universo, del mismo modo estos seres tienen su territorio en uno u otro de los elementos mencionados.

Ya hemos llamado la atención ayer sobre el hecho de que, para nuestro mundo físico terrenal, para la Tierra en su conjunto, con sus distintos reinos naturales, estos seres diferentes significan lo que el cuerpo etérico o cuerpo de vida significa para el hombre individual Con la diferencia de que este cuerpo etéreo en el hombre es una unidad, mientras que el cuerpo etérico de la Tierra se compone de muchísimas de estas entidades naturales que además se dividen en cuatro clases.  El cuerpo etérico o vital de la Tierra consiste pues en la cooperación viviente de estos diversos genios de la naturaleza, por lo tanto, no es una unidad, sino una multiplicidad, una pluralidad.

Si queremos conocer con la visión oculta este cuerpo etérico de la Tierra, debemos permitir —como se ha descrito anteriormente— que el mundo físico nos influya moralmente, descorriendo así el velo del mundo físico. A continuación, se nos hace visible el cuerpo etérico de la Tierra que se encuentra directamente detrás de ese velo. Ahora, ¿Qué pasa cuando se descorre también el velo adicional, descrito como el cuerpo etérico de la Tierra?  Sabemos que detrás del cuerpo etérico del hombre se encuentra el cuerpo astral, como el tercer principio —ese cuerpo portador de nuestros anhelos, deseos y pasiones. Por lo tanto, si hacemos caso omiso de los principios superiores de la naturaleza del hombre, podemos decir que tenemos ante todo en el ser humano el cuerpo físico, detrás de este el cuerpo etérico, y detrás el cuerpo astral. Es lo mismo en la naturaleza externa, si trascendemos lo físico, llegamos ciertamente a una pluralidad, pero esta se nos presenta como el cuerpo etéreo de la Tierra con todos los reinos de la naturaleza.

Ahora ¿podemos también hablar de una especie de cuerpo astral de la Tierra, algo que, en relación a todos sus reinos, corresponda al cuerpo astral del ser humano? Ciertamente, no es tan fácil penetrar en este cuerpo astral de la Tierra como con el cuerpo etérico. Hemos visto que al cuerpo etérico se puede llegar si permitimos que los fenómenos del mundo trabajen sobre nosotros, no sólo a través de las impresiones de los sentidos, sino moralmente.  Sin embargo, para penetrar más son necesarios ejercicios ocultos más intensos, tal como se encuentra descrito en parte —en la medida en que es posible consignarlos en una publicación abierta— en mi libro “Como se adquiere el conocimiento de los mundos superiores”. En un momento determinado del desarrollo esotérico y oculto —como se puede leer allí— el hombre empieza a ser consciente también cuando normalmente se halla inconsciente, es decir, durante el tiempo transcurrido entre el dormir y el despertar. Sabemos que, en la condición inconsciente ordinaria, lo normal en la condición de sueño, está causada por el hecho de que el hombre deja su cuerpo físico y etérico en la cama, separando el cuerpo astral y el yo, entrando entonces en un estado inconsciente. Sin embargo, cuando, el hombre se dedica cada vez más a aquellos ejercicios de meditación y concentración, fortalece aún más las fuerzas ocultas dormidas en su alma, y puede establecer una condición consciente durante el sueño. Por lo tanto, cuando ha sacado su cuerpo astral fuera de sus cuerpos físico y etérico, ya no está inconsciente, y tendrá a su alrededor no el mundo físico, ni el mundo que se acaba de describir, el mundo de los seres de la naturaleza sino otro distinto, más espiritual. Cuando llega el momento en que el hombre, después de que se ha liberado de su cuerpo físico y etérico, continúa sin embargo consciente entonces percibe un nuevo género de seres espirituales.

Lo primero que llama la atención a la mirada oculta que ha alcanzado este grado de adiestramiento, es que esta nueva clase de espíritus que ahora percibe son, como si dijéramos los que ejercen el control sobre los seres elementales de la naturaleza. Vamos a aclarar hasta qué punto esto es así. Les he dicho que esos seres que llamamos los genios elementales del agua, actúan sobre todo, en el trabajo de germinación del mundo vegetal que brota de la Tierra; Aquellos que podemos llamar los genios elementales del aire desempeñan su papel más bien hacia finales del verano y comienzos del otoño, cuando las plantas se marchitan y mueren pues es entonces cuando estos genios aéreos descienden sobre el mundo vegetal como meteoros, saturándose de las plantas por así decirlo, dejando que sus estructuras estivales y primaverales se desintegren, marchitándose. Esta disposición de que en algún momento los genios del agua, y en otro los genios del aire tengan su predominio en tal o cual región de la Tierra, varían según las diferentes zonas, el hemisferio norte es naturalmente muy diferente de lo que es el hemisferio sur. Este encauce de los elementos respectivos a sus actividades en el tiempo adecuado, se lleva a cabo por esos seres espirituales que aprendemos a conocer cuando la visión oculta se ha capacitado para percibir algo de su medio circundante aun después de que el hombre se ha liberado de su cuerpo físico y etérico. Hay seres espirituales, por ejemplo, trabajando en conexión con nuestra Tierra, con nuestro planeta Tierra, que adjudican el obrar de los espíritus de la naturaleza en concordancia con las estaciones del año, y por lo tanto las posibles alternancias de las estaciones para las diferentes regiones de la Tierra, mediante la distribución del trabajo de los genios de la naturaleza. Estos seres espirituales constituyen lo que podemos llamar el cuerpo astral de la Tierra, en el cual el hombre se sumerge con su propio cuerpo astral por las noches cuando se duerme. Este cuerpo astral, constituido por espíritus superiores hallase unido a la Tierra y el cuerpo astral del hombre entra durante la noche en la región de esos espíritus que rodean nuestro planeta y lo impregnan cual atmósfera espiritual.

Ahora, para la observación oculta hay una gran diferencia entre las categorías de genios de la naturaleza, que hemos descrito en primer término, los seres elementales de la Tierra, el agua, etc., y los espíritus que a su vez dirigen la actividad de aquellos. La función de los genios de la naturaleza es dejar madurar o marchitar los entes naturales, esto es introducir vida en toda la región terrestre (mineral) de nuestro planeta. Algo distinto acontece con los seres espirituales que en su conjunto se puede llamar el cuerpo astral de la Tierra. Estos seres son tales que cuando el hombre puede tener conocimiento de ellos por medio de su visión oculta, se les percibe como seres conectados a su propia alma, a su propio cuerpo astral. Ellos ejercen tal influencia sobre el cuerpo astral del hombre (como también sobre el cuerpo astral de los animales), que no solo es vivificante sino comparable a la acción que los sentimientos y los pensamientos ejercen sobre nuestra propia alma. Los genios de la naturaleza del agua y el aire se pueden observar, se puede decir que están en el medio ambiente, pero no se puede decir de estos seres espirituales de los que estamos hablando, que se encuentran en nuestro entorno, ya que propiamente estamos de hecho siempre realmente unidos con ellos, como vertidos en ellos, cuando les percibimos nos confundimos con ellos y ellos nos hablan en espíritu. Es como si nuestro medio circundante nos transmitiera pensamientos, sentimientos e impulsos volitivos, a través de los cuales se expresan también simpatías y antipatías. Así, en esta categoría de espíritus vemos seres que se asemejan al alma humana.

Si volvemos otra vez a lo expuesto, podemos decir que todo tipo de ordenamiento en el tiempo, toda distribución de las condiciones temporales y espaciales se relacionan también con estas entidades. Se ha conservado en el ocultismo una antigua expresión para designar a estos seres, que en su totalidad reconocemos como el cuerpo astral de la Tierra, y esto en la traducción adecuada sería “Espíritus de la rotación del Tiempo” Por lo tanto, no sólo las estaciones del año, y el crecimiento y el desvanecimiento de las plantas, sino también la alternancia periódica que, en relación con el planeta Tierra, se expresa como el día y la noche, se produce por estos espíritus, que deberán ser clasificados como pertenecientes al cuerpo astral de la Tierra. En otras palabras, todo lo relacionado con el retorno rítmico, con la alternancia rítmica, con la repetición de los acontecimientos en el tiempo, es organizado por los seres espirituales que en conjunto pertenecen al cuerpo astral de la Tierra y que llevan el nombre de “Espíritus de la Rotación de nuestro Planeta”. Lo que los astrónomos comprueban a través del cálculo de la rotación de la Tierra sobre su eje, es perceptible para la visión oculta, debido a que el ocultista sabe que estos espíritus están distribuidos en todo el orbe planetario y en realidad son los portadores de las fuerzas que hacen girar la Tierra sobre su eje. Es extremadamente importante que reconozcamos que en el cuerpo astral de la Tierra se encuentra todo lo relacionado con las alteraciones ordinarias entre la floración y extinción de plantas y también todo lo que se relaciona con la alternancia entre el día y la noche, entre las distintas estaciones del año, y los distintos momentos del día, etc. Todos estos cambios producen en el observador que ha progresado tanto que él puede, con su cuerpo astral, salir de sus cuerpos físico y etérico y seguir siendo consciente, a la impresión de los seres espirituales que pertenecen a los Espíritus de la Rotación del Tiempo.

Tenemos ahora, que ya se ha descorrido el segundo velo tejido por los espíritus de la naturaleza. Podríamos decir que cuando apartamos el primer velo, tejido de impresiones físicas materiales, llegamos al cuerpo etérico de la Tierra, a los espíritus de la naturaleza, y luego podemos apartar un segundo velo y llegar a los espíritus de la rotación del tiempo, que regulan todo lo sujeto a la rotación rítmica.

Ahora sabemos que en nuestro propio cuerpo astral está incrustado lo que podríamos llamar los principios superiores de la naturaleza del hombre, que al principio entendemos como el yo incrustado en nuestro cuerpo astral. Ya hemos dicho que nuestro cuerpo astral se hunde en la región de los Espíritus de la Rotación del Tiempo; que está inmerso en el mar agitado, por así decirlo, de estos espíritus; pero con respecto a la conciencia normal, nuestro yo está aún más dormido que el cuerpo astral. Un hombre que se está desarrollando de manera oculta y progresando esotéricamente se da cuenta de esto, porque en el mundo espiritual en el que se sumerge y que consiste en los Espíritus de la Rotación del Tiempo, primero aprende a penetrar en las percepciones del cuerpo astral. En cierto sentido, esta percepción es realmente un arrecife peligroso en el desarrollo esotérico, ya que el cuerpo astral del hombre es, en sí mismo, una unidad; pero todo en el reino de los Espíritus de la Rotación del Tiempo es, fundamentalmente, multiplicidad, pluralidad. Y dado que, de la manera descrita, el hombre está unido e inmerso en esta pluralidad, si todavía está dormido en su yo y despierto en su cuerpo astral, se siente como si estuviera desmembrado en el mundo de los Espíritus de la Rotación del Tiempo. En una evolución esotérica se debe evitar que esto suceda.

Por lo tanto, aquellos que son capaces de dar instrucción para ese desarrollo, tomen las precauciones necesarias con el fin de impedir que el yo humano permanezca dormido cuando su cuerpo astral ya está despierto, porque entonces perdería cohesión interna y como Dionysios, se sentiría desparramado en todo el mundo astral de la Tierra, que consta de los Espíritus de la rotación del Tiempo. En una evolución esotérica correcta se toman las medidas necesarias para que no ocurra esto. Estas medidas consisten en que el estudiante, a través de la meditación, la concentración, u otras prácticas esotéricas llegue a la clarividencia, conservando dos cosas en todo el ámbito de la observación oculta. Es especialmente importante que en la evolución esotérica todo se disponga de tal manera que estos dos elementos que el hombre tiene en la vida ordinaria no se pierdan en una evolución esotérica incorrectamente dirigida. Si se dirige correctamente esto no ocurrirá. En primer lugar, no hay que perder el recuerdo de las experiencias de la encarnación actual, tal como ordinariamente se retienen en la memoria. La conexión con la memoria no debe ser destruida. Esta conexión con la memoria significa mucho más en la esfera del ocultismo que en la esfera de la vida ordinaria. En la vida ordinaria sólo entendemos por memoria, el poder de mirar hacia atrás y no perder la conciencia de los acontecimientos importantes de la vida. En ocultismo se entiende por una memoria correcta, además la capacidad de que el hombre atribuye valor emotivo únicamente a lo que el mismo ha realizado en el pasado, de modo que no se atribuye ningún otro valor para sí mismo o para sus obras sino el que se deriva de los hechos en los que él ha sido el factor actuante. Es necesario que entendamos esto muy bien, porque esto es muy importante.

 Si un hombre en el curso de su desarrollo oculto se viera impelido a decirse a sí mismo: “Yo soy la reencarnación de este o el otro espíritu” sin que exista justificación para ello a través de cualquier acción que haya realizado en su vida actual entonces tendríamos el caso de que su memoria estaría interrumpida en el sentido oculto. Un principio importante en el desarrollo oculto es el de no atribuirse ningún otro mérito sino aquel que proviene de las propias acciones en el mundo físico en la encarnación presente. Eso es muy importante. Cualquier otro mérito sólo debe estar en la base de un mayor desarrollo, que solo puede actualizarse si, por de pronto, se pisa el terreno firme de no tomarse por algo distinto de lo que corresponde a lo que se ha logrado en esta encarnación. Esto es muy natural si miramos el asunto objetivamente, pues lo que hemos logrado en la encarnación presente es también el resultado de encarnaciones anteriores, es lo que el Karma, hasta el momento, ha hecho de nosotros. Lo que el karma haga de nosotros en lo futuro no podemos incluirlo en nuestro crédito sino hasta después que se haya actualizado.  En resumen, si queremos establecer un valor justo de nosotros mismos, sólo podemos hacerlo, en el principio de nuestro desarrollo esotérico, si atribuimos el mérito sólo a lo que está escrito en nuestra memoria como nuestro pasado. Ese es el único elemento que hay que preservar, para evitar que nuestro yo quede dormido, mientras despierta nuestro cuerpo astral.

La segunda cosa que nosotros, como hombres del presente no debemos perder es el grado de conciencia que poseemos en el mundo externo. Aquí de nuevo esto es algo muy importante de observar. Ustedes pueden haber experimentado a menudo que alguien que conocen ha pasado por un desarrollo oculto, y si no es guiado y conducido de la manera correcta, encuentran que, en relación a la conciencia, su amigo se toma las cosas más a la ligera de lo que lo hacía antes de su entrenamiento oculto. Lo que antes le guiaba era su educación, su conexión social, así que él hacia esto o aquello, o no se atrevía a hacerlo. Después de comenzar un desarrollo oculto, sucede incluso que quienes antes nunca hubieran mentido empiezan a mentir y toman las cosas con una ligereza que no hubieran concebido anteriormente. No debemos perder ni un ápice de la conciencia que poseemos.

Sintetizando, en cuanto a la memoria se refiere, sólo debemos atribuirnos un valor en base a lo que ya hemos realizado y no recurriendo a anticipos sobre el porvenir, o apelando a lo que hagamos en el futuro. Tenemos que conservar el mismo grado de conciencia moral que hemos adquirido en el mundo físico ordinario. Si mantenemos estos dos elementos en nuestra conciencia: una memoria sana que no nos engañe haciéndonos ver que somos otra cosa que nuestras acciones demuestran que somos, y una conciencia que no nos permita moralmente tomar las cosas más a la ligera que antes, —en efecto, si es posible debemos tomarlas más en serio— si mantenemos estas dos cualidades, nuestro yo nunca estará dormido cuando nuestro cuerpo astral este despierto.

Llevaremos la conexión de nuestro yo al mundo en que nos despertamos con nuestro cuerpo astral, si podemos, por así decirlo, permanecer despiertos en el sueño, preservando nuestra conciencia y llevándola con nosotros en la condición en que con nuestro cuerpo astral estamos liberados de los cuerpos físico y etérico. Entonces, si nos despertamos con nuestro yo, no sólo sentimos que nuestro cuerpo astral se conecta con todos los seres espirituales que hemos descrito como los espíritus de la rotación del Tiempo de nuestro planeta, sino también nos damos cuenta de una muy manera peculiar, de que en realidad no tenemos una relación directa con el hombre individual que es portador del cuerpo físico y el cuerpo etérico en el que solemos vivir. Creemos, por así decirlo, como si todas las cualidades de nuestros cuerpos físico y etérico nos fueran arrebatadas. En consecuencia, llegamos a tener la sensación de hallarnos despojados de todo lo que solo puede vivir exteriormente sobre algún territorio particular de nuestro planeta pues todo eso está conectada con los espíritus de la rotación del Tiempo. Ahora, sin embargo, cuando nos despertamos con nuestro yo, nos sentimos no sólo derramados por todo el mundo de los Espíritus de la Rotación del Tiempo, sino asimismo identificados con todo el espíritu Unificado del propio planeta, nos despertamos en el.

Es extremadamente importante que tengamos este sentimiento de pertenencia a la totalidad de nuestro planeta. Por ejemplo, cuando nuestra visión oculta está suficientemente despierta, y estamos tan avanzados que podemos despertar con nuestro yo y el cuerpo astral al mismo tiempo puede observar durante la vigilia el sol que surca el cielo de la aurora hasta el ocaso y que luego, al dormirse, este sol no desaparece para el hombre, sigue unido a él, no cesa de brillar, si bien adopta un carácter espiritual, por lo que, aunque en realidad estamos dormidos durante la noche, todavía podemos seguir al sol. El hombre es de tal naturaleza que está relacionado con las condiciones cambiantes del planeta sólo en la medida en que él vive en su cuerpo astral. Sin embargo, cuando se vuelve consciente de su yo, no tiene nada que ver con ellos. Él entonces toma conciencia de todas las condiciones por las que el planeta puede pasar. Luego se vierte en toda la sustancia del espíritu planetario.

Cuando digo que un hombre se hace uno con el espíritu planetario, que vive en unión con el espíritu planetario, no debemos suponer que esto implica un grado avanzado de la clarividencia, pues esto no es más que un comienzo. Porque cuando un hombre se despierta en la forma descrita, en realidad sólo experimenta el espíritu planetario en su conjunto, sin darse cuenta de que este Espíritu Planetario está constituido de muchos pormenores y de maravillosas entidades espirituales diferenciadas, de las que nos ocuparemos en las conferencias siguientes. En el nivel a que aquí nos referimos, el hombre todavía no percibe los rasgos especiales y la pluralidad particular del Espíritu Planetario. Lo que percibe en primer lugar, es la certeza de que vive sumergido en ese espíritu que envuelve espiritualmente todo nuestro planeta, pues es el espíritu mismo de la Tierra. La experiencia de la progresiva identificación con el Espíritu Planetario puede extenderse por evoluciones inmensamente largas, pero el umbral de esta identificación es lo que acabo de describirles. Así como con respecto al hombre se dice: “detrás de su cuerpo astral esta su yo” del mismo modo en todo lo que llamamos la totalidad de los Espíritus de la rotación del Tiempo se esconde el espíritu del propio planeta, el Espíritu Planetario.

Considerando que los Espíritus de la rotación del Tiempo guían a los seres elementales con el fin de suscitar el cambio rítmico y repeticiones en el tiempo —las alteraciones en el espacio de nuestro planeta— el Espíritu de la Tierra tiene una tarea diferente. Tiene la tarea de establecer la relación recíproca entre la Tierra misma y los demás cuerpos celestes que la circundan, dirigiéndola y guiándola, para que en el transcurso del tiempo ocupe las correctas posiciones relativas a los demás cuerpos celestes. El Espíritu de la Tierra es, por así decirlo, el gran aparato sensorial de la Tierra, a través del cual el planeta entra en la relación correcta con el Cosmos. Si tuviera que resumir la gradación de los seres espirituales que nos afectan en forma inmediata mientras vivimos en la Tierra y hacia los cuales podemos encontrar el camino mediante un paulatino desarrollo oculto, tendría que decirles, como primer velo exterior tenemos el mundo sensible en toda su multiplicidad de formas, formado de lo que vemos extendido ante nuestros sentidos y que podemos captar con el intelecto. Entonces, detrás de este mundo sensible, tenemos el mundo de los espíritus de la naturaleza. Detrás de este mundo de Espíritus de la Naturaleza tenemos los Espíritus de la Rotación del Tiempo, y detrás de ellos el Espíritu Planetario.

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Si desean comparar lo que es conocido en el estado normal de la conciencia acerca de la estructura del cosmos, con la estructura del propio cosmos, es posible que esto quede claro en la siguiente forma. Vamos a considerar que el velo más externo es el mundo de los sentidos, detrás de él está el mundo de los Seres de la Naturaleza, detrás el Espíritu de la Rotación del Tiempo y finalmente el Espíritu Planetario. Ahora bien, el Espíritu Planetario en su actividad, penetra en cierto sentido hasta el mundo sensible, de modo que en cierta manera podemos percibir su imagen en este mundo, lo que también se aplica a los espíritus de la rotación del Tiempo, así como a los espíritus de la naturaleza.

Así que, si observamos el mundo con la conciencia normal, se manifiesta tras el mundo sensible algo así como una impresión o huella de esos mundos que están detrás, como si el mundo sensible fuera la piel más externa y detrás de esto, nos encontramos con los diferentes grados de seres espirituales en su actividad escalonada. El estado normal de conciencia percibe ese mundo en forma de percepciones, el mundo de los genios de la naturaleza se expresa detrás de estas percepciones en forma de lo que llamamos las fuerzas de la naturaleza. Cuando la ciencia habla de las fuerzas de la naturaleza, no existe en el fondo nada real, para el ocultista las fuerzas de la naturaleza no son realidades, sino maya, son las huellas impresas de los genios de la naturaleza que trabajan detrás del mundo de los sentidos.

Luego la impronta de los Espíritus de la rotación del Tiempo es lo que habitualmente se conoce en la conciencia ordinaria como las leyes de la naturalezaFundamentalmente todas las leyes de la naturaleza existen debido a que los Espíritus de la Rotación actúan como potencias rectoras. Para el ocultista las leyes de la naturaleza no son realidades. Cuando el científico natural ordinario habla de las leyes de la naturaleza y las combina externamente, el ocultista sabe que estas leyes se revelan en su realidad cuando, con su cuerpo astral despierto, presta atención a lo que dicen los Espíritus de la rotación del Tiempo y a cómo ordenan y dirigen a los genios elementales. Esto se expresa en maya, en la apariencia exterior, en las leyes de la naturaleza, y la conciencia normal, por lo general, no va más allá.  Por lo general no alcanzan el sello del Espíritu planetario en el mundo externo. El estado normal de conciencia de la humanidad actual habla del mundo externo de la percepción, de los hechos que se pueden percibir; habla de las fuerzas de la naturaleza, luz, calor, magnetismo, electricidad, y así sucesivamente; de las fuerzas de atracción y repulsión, de la gravedad, etc. Estos son los seres de Maya, detrás de la cual, en realidad, se encuentra el mundo de los espíritus de la naturaleza —el cuerpo etérico de la Tierra. La ciencia externa también habla de las leyes de la naturaleza, que de nuevo es maya. Detrás de estas leyes que tenemos hoy en día se describe como el mundo de los Espíritus de la Rotación del Tiempo. Sólo cuando nos adentramos aún más llegamos hasta la impronta del propio Espíritu Planetario en el mundo sensible externo. La ciencia de hoy no lo hace y a los que si lo hacen todavía no se les cree. Lo hacen los poetas y los artistas porque buscan un significado detrás de las cosas. ¿Por qué florece el mundo de las plantas? ¿Por qué las diferentes especies de animales surgen y desaparecen? ¿Por qué el hombre habita la Tierra? Si de este modo investigamos los fenómenos de la naturaleza, y deseamos analizar el significado, y combinar los hechos externos, como a veces intenta hacerlo la filosofía más profunda nos acercaríamos a la impronta del Espíritu Planetario en el mundo exterior. Hoy en día, sin embargo, nadie cree en la legitimidad de esa búsqueda del sentido de la existencia. El sentimiento si conserva a veces un poco de creencia, pero la ciencia ya no quiere saber gran cosa de lo que podría encontrarse en el desfile de los fenómenos mas allá de las leyes naturales. Si todavía buscan un significado en cuanto a las leyes de la naturaleza en las cosas del mundo perceptible a nuestros sentidos, debemos ser capaces de interpretar este significado como el sello del Espíritu Planetario en el mundo sensible. Ese sería el Maya exterior porque el cuerpo etérico de la Tierra, la esencia de los espíritus de la naturaleza lo hace brotar de su seno.

Otro Maya, el segundo es aquel que al hombre le aparece en forma de fuerzas de la naturaleza. El tercer Maya es lo que se manifiesta como las leyes de la naturaleza, producida por los Espíritus de la Rotación del Tiempo. El cuarto Maya es algo que, a pesar de su naturaleza-Maya, habla al alma del hombre, ya que, en la percepción de la finalidad de la naturaleza, el hombre, en cualquier caso, se siente unido con el Espíritu de todo el planeta, con el Espíritu que lleva al planeta a través del espacio cósmico, y de hecho da sentido a todo el planeta. En este Maya se encuentra la huella directa del Espíritu Planetario.

Así, podemos decir que hemos avanzado hasta el Espíritu Planetario Unificado y si tratamos una vez mas de buscar un paralelismo entre lo que hemos descubierto para el planeta y para el hombre, podemos decir: “El mundo sensible corresponde al cuerpo físico del hombre, el mundo de los espíritus de la naturaleza al cuerpo etérico, el mundo de la Espíritus de la rotación del Tiempo al cuerpo astral, y el Espíritu Planetario al yo del hombre”. Así como el yo del hombre percibe el entorno físico de la Tierra, también lo hace el Espíritu Planetario percibiendo toda la periferia y el espacio cósmico en su conjunto ordenando los actos del planeta y también sus sentimientos de los que hablaremos mañana, con arreglo a esas percepciones del espacio cósmico. La función del planeta en el espacio exterior es seguir su órbita por las inmensidades del espacio y lo que el provoca en su propio cuerpo, en los elementos que lo integran es a su vez es resultado de las observaciones del Espíritu Planetario relativas al mundo exterior. Así como cada alma humana en particular vive al lado de otros hombres en nuestro mundo terrestre y los tiene en cuenta, asimismo el Espíritu Planetario vive en el cuerpo planetario que es precisamente el suelo que nosotros pisamos; pero este Espíritu Planetario vive en compañía de otros espíritus planetarios o, hablando con más precisión de espíritus de otros cuerpos celestes.

Traducción revisada por Gracia Muñoz en Enero de 2019.

 

 

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