GA201c4. El Hombre: Enigma del Universo

Rudolf Steiner — Dornach, 16 de abril de 1920

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La naturaleza fundamental y la imaginación del Universo no pueden ser concebidas en su realidad sin referirla continuamente al Hombre. Una y otra vez debemos tratar de encontrar en el Universo, lo que existe de una u otra manera en el Hombre. Utilizaremos estas tres conferencias con el fin de obtener, desde este punto de vista, una especie de imagen del mundo conformada plásticamente, que pueda llevarnos a la respuesta a la pregunta: ¿Cuál es la relación entre la moralidad y las leyes naturales en el hombre?.

Cuando estudiamos el Hombre (y aquí estoy solo repitiendo cosas que ya se han hablado y escrito desde diversos puntos de vista) lo encontramos, en primer lugar, organizado en lo que podemos llamar Hombre superior y Hombre inferior; y tenemos lo que forma la conexión entre los dos: el Hombre rítmico, igualando o equilibrando las otras dos partes.

 

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Primero debemos observar que existe una diferencia completa en las leyes que rigen las partes superior e inferior del hombre. Podemos ver esta diferencia cuando consideramos el hecho de que el ‘hombre superior’, que está regulado por la cabeza, es en su origen el resultado de leyes completamente diferentes, que pertenecen a un mundo diferente del mundo de los sentidos.

Esa parte de nosotros que en nuestra última encarnación fue el resultado de las fuerzas del mundo de los sentidos, es decir, los miembros, se ha convertido en lo que es ahora, la cabeza, a través de una metamorfosis que tiene lugar entre la muerte y un nuevo nacimiento —no en relación, por supuesto, con la forma externa, sino con respecto a las fuerzas formativas.

Lo que ahora son los miembros del hombre, se transforma completamente en sus fuerzas —transmutándose en su constitución suprasensible entre la muerte y un nuevo nacimiento, y apareciendo en nuestra nueva vida terrestre incorporándose desde el Universo en nuestra constitución. En esto está suspendido, por así decirlo, el resto del hombre —formado por el mundo de los sentidos.

Este hecho que podemos encontrar que ya se demostró claramente en Embriología, si pensáramos racionalmente solo sobre hechos embrionarios. Y de ese modo tenemos en nuestra cabeza un sistema de leyes que no pertenecen a este mundo en absoluto, salvo solo en su origen, es decir, en la medida en que estuvo presente en una encarnación anterior. Pero todo lo que ha causado la transformación del hombre metabólico en hombre cefálico está activo en un mundo completamente diferente: el mundo en el que vivimos, en el intervalo entre la muerte y un nuevo nacimiento. Aquí, entonces, otro mundo penetra el mundo de los sentidos. Otro mundo que se manifiesta en el organismo cefálico del hombre. En cierto sentido, el mundo externo se pone en correspondencia con este otro mundo, en el sentido de que la cabeza proyecta hacia afuera los principales órganos de los sentidos. El mundo que se extiende en el espacio y que sigue su curso en el tiempo, es percibido por el hombre a través de sus sentidos; penetra en el hombre a través de sus sentidos, y también pertenece en cierto sentido al organismo cefálico. En relación con nuestros miembros, por otro lado, estamos en un estado de sueño. A menudo he hablado de este estado de sueño del hombre en relación con su naturaleza volitiva, con todo lo que existe en el hombre metabólico. No sabemos cómo movemos nuestras extremidades, cómo la voluntad causa el movimiento; solo examinamos el movimiento después como un fenómeno externo a través de nuestros sentidos. Estamos dormidos en nuestra organización de las extremidades, en el mismo sentido en que dormimos en el Universo en el estado de dormir hasta el despertar.

Entonces, tenemos aquí ante nosotros un mundo completamente diferente. Podemos decir: tenemos un mundo que exteriormente manifiesta en todo lo que perciben nuestros sentidos, todo lo que percibimos a través de los ojos, los oídos, etc. Pertenecemos a este mundo a través de esa parte de nosotros que llamamos el hombre cefálico. Nuestra conexión con el mundo que está detrás de éste es provocada por el hombre metabólico, pero en eso estamos inconscientes; dormimos en este mundo, ya sea que lo hagamos en el ámbito de nuestra Voluntad, o si dormimos en el Universo entre nuestro sueño y nuestra vigilia.

 Estos dos mundos están realmente constituidos de tal manera que uno se acerca y otro se aleja, por así decirlo; está detrás del mundo de los sentidos, aunque tenemos nuestro origen en él. El hombre sintió en los antiguos tiempos —y Oriente aún lo siente— que es posible una reconciliación entre los dos. Como saben, nosotros en Occidente buscamos la reconciliación de una manera diferente; pero en el Este, incluso hoy, todavía intentan encontrarlo de una manera relativamente consciente, aunque sus métodos ya son anticuados para la humanidad actual.

 El acto de comer está simbolizado por una línea (dibujo), porque cuando tomamos alimentos, el proceso siguiente tiene lugar en la esfera del sueño (inconscientemente). No somos conscientes de lo que realmente está sucediendo cuando comemos un huevo o una col; pues tiene lugar en el inconsciente, como los acontecimientos del sueño. El repollo y el huevo se manifiestan exteriormente a nuestra percepción sensorial. Pero cuando los comemos ya pertenecen realmente a un mundo completamente diferente. La reconciliación, sin embargo, la encontramos en nuestra respiración.

Aunque esta última es, hasta cierto punto, inconsciente, no lo es en grado tan grande como nuestra alimentación. A pesar del hecho de que nuestra respiración no es tan consciente como nuestra audición y visión, es más consciente que el proceso de digestión, por ejemplo; y mientras que en Oriente hoy, el intento de hacer que el proceso digestivo sea consciente, como regla general, ha cesado (esto solía hacerse en los viejos tiempos), el proceso de respiración todavía se hace en cierto sentido conscientemente. (La serpiente lleva el proceso de digestión a la conciencia, pero la conciencia de la serpiente, por supuesto, no se puede comparar con la conciencia humana). Hay un cierto entrenamiento de la respiración, donde la inhalación y exhalación están reguladas de tal manera que el proceso se transforma en una percepción sensorial. Por lo tanto, encontramos que la respiración se inserta, por así decirlo, entre la percepción sensorial consciente y la inconsciencia completa de asimilación y transmutación de la materia física. El hombre, de hecho, habita en tres mundos; el sensible a su conciencia, el otro en el cual permanece completamente inconsciente, y el tercero (el de la respiración) que actúa como un enlace de conexión o mediador entre los dos.

Ahora es un hecho que el proceso respiratorio es también un tipo de asimilación; en todo caso, es un proceso material, aunque se lleva a cabo de una manera más enrarecida; es un estado intermedio entre la transmutación real de la asimilación de la materia y el proceso de la percepción sensorial, donde experimentamos completamente conscientes el mundo exterior.

En el estado en que nos encontramos entre quedarnos dormidos y despertar, experimentamos en el entorno que nos rodea, eventos que solo captamos en nuestra conciencia cotidiana como sueños. Aquí el hombre se adentra en el mundo que está marcado en la línea (dibujo,) y los sueños revelan a través de su propia naturaleza cómo el hombre la cruza. Consideren por un momento la relación de los sueños con el proceso de la respiración, el ritmo de la respiración, con qué frecuencia se puede rastrear este ritmo en sus actividades posteriores cuando está soñando. El hombre cruza la frontera, por así decirlo, del mundo de la conciencia, cuando se sumerge levemente en este otro mundo en el que se encuentra cuando duerme o cuando sueña. Allí yace también el mundo de las ‘Imaginaciones’. El mundo de las ‘Imaginaciones’ es para nosotros un mundo plenamente consciente, tenemos una percepción consciente de ese mundo, que simplemente nos limitamos a sorber, por así decirlo, en nuestros sueños.

Ahora podemos considerar una correspondencia que encontramos que se da, una correspondencia absoluta, con respecto al Número. Ya he llamado con frecuencia la atención sobre esta correspondencia entre el Hombre y el mundo en el que evoluciona. He señalado el hecho de que el hombre, en su ritmo de respiración —18 por minuto— manifiesta algo que está en notable acuerdo con otros procesos del Universo. Hacemos 18 respiraciones por minuto, que da cuando se calcula, 25.920 respiraciones en un día. Y llegamos al mismo número cuando calculamos cuántos días hay en el término medio de una vida de 72 años. Eso también da unos 25.920 días; así que podemos decir que exhalar nuestro cuerpo astral y yo, al quedarnos dormidos e inhalarlos nuevamente al despertar, siempre está en conformidad con el mismo ritmo numérico.

Y nuevamente, cuando consideramos cómo se mueve el Sol —si aparentemente o realmente, eso ahora no importa— avanzando un poco cada año en lo que llamamos la precesión de los equinoccios, cuando consideramos la cantidad de años que le lleva al Sol hacer este viaje alrededor de todo el Zodíaco, una vez más obtenemos 25.920 años, el año platónico.

El hecho es que esta vida humana nuestra, dentro de los límites establecidos por el nacimiento y la muerte, está ciertamente configurada, hasta en sus procesos más infinitesimales —como hemos visto en la respiración— de acuerdo con las leyes del Universo. Pero en la correspondencia que hemos observado hasta ahora entre el Macrocosmos y el Hombre, el Microcosmos, hemos hecho nuestras observaciones en un ámbito donde la correspondencia es obvia y evidente. Sin embargo, hay otras correspondencias muy importantes. Por ejemplo, consideren lo siguiente. Quiero llevarles a través del número a otra cosa que tengo que presentar. Tomen las 18 respiraciones por minuto, que hacen 1.080 respiraciones por hora, lo que multiplicado por 24 horas, nos da 25.920 respiraciones; es decir, debemos multiplicar: 18 X 60 X 24 para llegar a 25.920.

Considerando esto en relación con el ciclo de la precesión de los equinoccios, y dividiéndolo por 60 y nuevamente por 24, obtendríamos naturalmente 18 años. ¿Y qué significan realmente estos 18 años? Consideren estas 25,920 respiraciones que corresponden a un día humano de 24 horas; en otras palabras, este día de 24 horas es el día del Microcosmos. Y estas 18 respiraciones pueden servir como unidad de ritmo.

Y ahora tomen el círculo completo descrito por la precesión de los equinoccios, y llámenlo, no un año platónico, sino un gran Día de los Cielos, un día Macrocósmico. ¿Cuánto tiempo debe ocupar una respiración en esta escala para que pueda corresponderse con la respiración humana? Su duración debería ser de 18 años, una respiración hecha por el Ser correspondiente al Macrocosmos.

Si tomamos las afirmaciones de la astronomía moderna —no necesitamos interpretarlas aquí, hablaremos más adelante de su significado— encontraremos que es indiferente si suponemos que el movimiento del Sol o el movimiento de la Tierra es aparente; eso no nos concierne, pero tomemos ahora lo que el Astrónomo de hoy llama la Nutación del Eje de la Tierra.

 

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Ustedes saben que el eje de la Tierra esta oblicuo sobre la Eclíptica, y que los Astrónomos hablan de una oscilación del eje de la Tierra alrededor de este punto y lo llaman ‘Nutación’. Este eje completa una revolución alrededor de este punto en aproximadamente 18 años (en realidad son 18 años, 7 meses, pero no necesitamos considerar la fracción, aunque también es posible calcular esto con exactitud). Pero algo más está íntimamente conectado con estos 18 años. Porque no es solo por el hecho de ‘Nutación’ —este ‘temblor’, esta rotación del eje de la Tierra en un doble cono alrededor del centro de la Tierra, y el período de 18 años para su finalización— no es solo este hecho el que tenemos que fijar en nuestras mentes, sino que encontramos que simultáneamente se produce otro proceso. La Luna aparece cada año en una posición diferente porque, como el Sol, ella asciende y desciende a través de la eclíptica, procediendo en una especie de movimiento oscilante una y otra vez hacia la eclíptica desde el Ecuador. Y cada 18 años vuelve a aparecer en la misma posición que ocupó 18 años antes. Ven que hay una conexión entre esta Nutación y el camino de la Luna. La nutación en verdad no indica más que el camino de la Luna. Es la proyección del movimiento de la Luna. Para que podamos realmente observar la “respiración” del Macrocosmos solo necesitamos seguir el camino de la Luna en 18 años o, en otras palabras, la Nutación del eje de la Tierra. La Tierra baila, y baila de tal manera que describe un cono, un cono doble, en 18 años, y este baile es un reflejo de la respiración Macrocósmica. Esto ocurre tantas veces en el año macrocósmico como las 18 respiraciones humanas durante el día microcósmico de 24 horas.

Entonces realmente tenemos una respiración Macrocósmica por minuto en este movimiento de Nutación. En otras palabras, observamos esta respiración del Macrocosmos a través de este movimiento de Nutación de la Luna, y tenemos ante nosotros lo que corresponde a la respiración en el hombre. Y ahora, ¿cuál es el significado de todo esto? El significado de esto es que a medida que pasamos de la vigilia al sueño, o solo del estado totalmente consciente al sueño, entramos en otro mundo, y en contra de las leyes ordinarias del día, los años, etc., y también del año platónico, encontramos en esta inserción del ritmo lunar, algo que tiene la misma relación en el macrocosmos, que la respiración, el proceso semiconsciente de la respiración, tiene para nuestra plena conciencia. Por lo tanto, no solo debemos considerar un mundo que se extiende ante nosotros, sino otro mundo que se proyecta y penetra en el nuestro.

Así como tenemos ante nosotros una segunda parte del organismo humano, al observar el proceso de respiración, es decir, al hombre rítmico, en oposición al hombre perceptivo o cefálico, así tenemos en lo que aparece como el movimiento lunar anual, o más bien los 18 años de movimiento de la Luna, la identidad entre un año y una respiración humana; tenemos este segundo mundo interpenetrando el nuestro.

Por lo tanto, no puede haber ninguna posibilidad de tener un solo mundo en nuestro entorno. Tenemos este mundo que podemos seguir como el mundo de los sentidos; pero luego tenemos otro mundo, cuyos fundamentos están establecidos dentro de otras leyes y que se encuentra exactamente en la misma relación con el mundo de los sentidos, como nuestra respiración lo hace con nuestra conciencia; y en ese otro mundo se nos revela tan pronto como lo interpretamos de la manera correcta este movimiento de la Luna, esta Nutación del eje de la Tierra.

Estas consideraciones deberían permitirles hacerse conscientes de la imposibilidad de investigar de una manera unilateral las leyes que se manifiestan en el mundo. El pensador materialista moderno está buscando un sistema único de leyes naturales. En esto se engaña a sí mismo; lo que debería decir es más bien lo siguiente: “El mundo de los sentidos es ciertamente un mundo en el que me encuentro incrustado y al que pertenezco; es ese mundo el que es explicado por la ciencia natural en términos de Causa y Efecto. Pero otro mundo lo interpenetra y está regulado por leyes diferentes. Cada mundo está sujeto a su propio sistema de leyes”. Mientras mantengamos la opinión de que un tipo de sistema de leyes podría ser suficiente para nuestro mundo, y que todo depende del hilo de la Causa y el Efecto, siempre seremos víctimas de una completa ilusión. Solo cuando podemos percibir a partir de hechos tales como el movimiento de la Luna o la nutación del eje de la Tierra, que otro mundo se extiende dentro de este, solo entonces estaremos en el camino correcto.

Y ahora, como pueden ver, estas son las cosas en las que lo llamado espiritual y lo material se tocan, o digamos lo psíquico y lo material. El que puede observar fielmente lo que está contenido en su propio ser encontrará lo siguiente. Estas cosas deben señalarse gradualmente a la humanidad. Hay muchos entre ustedes, que ya pasaron los 18 años y aproximadamente 7 meses de edad.  Ese fue un período importante. Otros habrán superado el doble de años (37 años y 2 meses) entrando de nuevo en un tiempo importante. Después de eso tenemos un tercer período muy trascendental, 18 años y siete meses después, a la edad de 55 años y 9 meses. Pocos pueden darse cuenta todavía, al no haber sido capacitados para hacerlo, de los efectos y cambios importantes que tienen lugar dentro del alma individual en esos momentos. Las noches pasadas durante estos períodos son las noches más importantes en la vida del individuo. Es aquí donde el Macrocosmos completa sus 18 respiraciones, completa un minuto, y el Hombre, por así decirlo, abre una ventana que enfrenta un mundo completamente diferente. Pero como dije, el hombre todavía no puede observar estos puntos en su vida. Sin embargo, todo el mundo podría intentar dejar que su ojo mental mire hacia atrás a lo largo de los años que han pasado, y si se tiene más de 55 años podrá reconocer tres épocas tan importantes; otros dos, y la mayoría de ustedes en cualquier caso una! En estas épocas se producen eventos que se precipitan a este mundo desde uno muy diferente. Nuestro mundo se abre en estos momentos a otro mundo.

 Si deseamos describir esto con mayor claridad, podemos decir que nuestro mundo está en esos momentos penetrado de nuevo por ciertas corrientes astrales; fluyen dentro y fuera. Por supuesto, esto sucede todos los años, pero estamos ocupándonos de estos 18 años, ya que corresponden a las 18 respiraciones por minuto. En resumen, nuestra atención se dirige a través del reloj cósmico hacia la respiración del Macrocosmos, en el que estamos incrustados. Esta correspondencia con el otro mundo, que se manifiesta a través del movimiento de la Luna, es excepcionalmente importante. Porque, como ven, el mundo que en estos momentos se proyecta en el nuestro, es el mismo mundo al que pasamos durante nuestro sueño, cuando el yo y el cuerpo astral abandonan el cuerpo físico y etérico. No deben pensar que el mundo que compone nuestro entorno cotidiano está meramente impregnado de manera abstracta por el mundo astral; más bien deberíamos decir que respiramos en el mundo astral, y podemos observar lo astral en este proceso de respiración a través del movimiento o nutación de la Luna. Observaran que aquí hemos llegado a algo de gran importancia. Si recuerdan lo que dije recientemente, podemos ponerlo de la siguiente manera. Tenemos, por un lado, nuestro mundo tal como se observa generalmente; y tenemos además, la superstición materialista que, por ejemplo, si miramos hacia arriba, vemos el Sol, una bola de gas, como se describe en los libros. Esto es una tontería. El Sol no es una bola de gas; pues en ese lugar donde está el Sol, hay algo menos que un espacio vacío, es una succión, un cuerpo absorbente, de hecho, mientras que a su alrededor está lo que ejerce presión. En consecuencia, en lo que nos viene del Sol no tenemos que ver con nada que constituya un producto de la combustión en el Sol; pero se refleja todo lo que se transmite al Sol desde el Universo.

Donde está el sol, hay una oquedad más vacía que el espacio. Esto se puede decir de todas las partes del Universo donde encontramos el Éter.  Por esta razón es tan difícil para el físico hablar del Éter, porque él piensa que el éter también es materia, aunque más enrarecida que la materia ordinaria. El materialismo todavía está muy ocupado con este perpetuo “enrarecimiento”, tanto el materialismo de la ciencia natural como el materialismo de la Teosofía. Distingue primero la materia densa; después la materia etérea  —más enrarecido; luego, la materia astral —aún más enrarecida; y le sigue lo “mental” y no sé qué más, ¡siempre más y más rarificado!

La única diferencia (en esta teoría de la rarefacción) entre las dos formas de materialismo es que uno reconoce más grados de enrarecimiento que el otro. Pero en la transición de materia ponderable a éter no tenemos nada que ver con rarefacción. Cualquiera que crea que en Éter nos tenemos que ver simplemente con un proceso de ‘enrarecimiento’ es como si un hombre que dice: ‘Tengo aquí un bolso lleno de dinero; lo voy sacando repetidamente y cada vez hay menos dinero. Me lo voy gastando hasta que por fin no queda nada”. No queda nada, ¡pero aún puede continuar! La ‘nada’ puede hacerse menos que nada; porque si se endeuda, el dinero se vuelve menos que nada. De la misma manera, no solo la materia se convierte en espacio vacío, sino que se vuelve negativa, menos que nada —más vacía que el vacío, asumiendo una naturaleza ‘chupadora’. El éter está chupando, absorbiendo. Presionando la materia. El éter se absorbe.  El sol es absorbente, una bola de succión, y dondequiera que esté presente el éter, tenemos esta fuerza absorbente.

Aquí damos un paso hacia el otro lado, el otro aspecto del espacio tridimensional: pasamos de la presión a la succión. Lo que inmediatamente nos rodea en este mundo, aquello de lo que estamos constituidos como hombres físicos y hombres etéricos, es a la vez apremiante y absorbente. Somos una combinación de ambos; mientras que el Sol posee solo el poder de la succión, siendo nada más que éter, nada más que succión. Es la onda ondulante de presión y succión, la materia ponderable y el éter, las que forman en su alternancia una organización viviente. Y el organismo vivo respira continuamente en el mundo astral; la respiración se expresa a través del movimiento o nutación de la Luna. Y aquí comenzamos a adivinar un segundo miembro o principio de la construcción del mundo; el primer miembro —presión y succión, físico y etérico; el otro, el segundo —astral. Lo astral no es ni físico ni etérico, sino que se inhala y exhala continuamente; y la nutación demuestra este proceso.

Ahora, un cierto hecho astronómico fue observado incluso en los tiempos más antiguos. Muchos miles de años antes de la era cristiana, los egipcios sabían que, después de un período de 72 años, las estrellas fijas en su curso aparente ganan un día en el Sol. Nos parece, aunque no sea así, que las estrellas fijas giran y el Sol gira también, pero que este último gira más lentamente, de modo que después de 72 años las estrellas están notablemente por delante. Esta es la razón del movimiento del punto vernal (el punto equinoccial de primavera); a saber, que las estrellas se van desplazando. El equinoccio de primavera se aleja cada vez más, las estrellas fijas han alterado su lugar en relación con el sol.  Brevemente, los hechos son que si seguimos el camino de una estrella fija y anotamos el punto donde el Sol se encuentra sobre ella, encontramos que la estrella que ocupaba una posición el 30 de diciembre, después de 72 años el Sol llegara a ese punto de nuevo el 31 de diciembre. El sol ha perdido un día. Después de un lapso de 25.920 años, esta pérdida es tan grande, que el Sol ha descrito una revolución completa y una vez más ha vuelto al lugar que anotamos. Vemos por lo tanto que en 72 años, el Sol está un día detrás de las estrellas fijas. Ahora estos 72 años son aproximadamente el período de vida normal del Hombre, y está compuesto por 25,920 días.

Por lo tanto, cuando multiplicamos 72 años por 360, y consideramos que la duración humana de la vida es un día cósmico, tenemos la vida humana como un día del Macrocosmos. El hombre es exhalado, por así decirlo, del Macrocosmos; su vida es un día en el año macrocósmico.

De modo que esta revolución, este círculo descrito por la precesión de los Equinoccios, que indica el año macrocósmico, como ya lo sabían los egipcios hace miles de años (ya que consideraban este período de 72 años como muy importante), esta aparente revolución del punto de Vernal está conectada con la vida y la muerte del Hombre en el Universo, con la vida y la muerte, es decir, en el Macrocosmos. Y las leyes de la vida y la muerte del Hombre son algo que estamos obligados a seguir. Ya hemos encontrado cómo la nutación apunta a otro mundo; así como nuestro mundo de percepción de los sentidos apunta a un mundo, la nutación señala a otro, al mundo de la respiración. Y ahora, a través de lo que la astronomía actual llama ‘precesión’, tenemos algo que podemos llamar una transición, una transición esta vez a un estado de sueño profundo, una transición a otro más, a un tercer mundo. Tenemos así tres mundos, interpenetrados entre sí, interrelacionados; pero no debemos intentar simplemente combinar estos mundos desde el punto de vista de la causalidad. Tres mundos, un mundo tripartito, como el Hombre es un ser triple; uno, el mundo de los sentidos que nos rodea, el mundo que percibimos; un segundo mundo cuya presencia esta indicada por los movimientos de la Luna; y un tercero que se nos da a conocer por el movimiento del punto equinoccial, o podríamos decir, por el camino del Sol. Este tercer mundo de hecho permanece tan desconocido para nosotros como el mundo de nuestra propia voluntad es desconocido para nuestra conciencia ordinaria.

Por lo tanto, es importante buscar en todas partes las correspondencias entre el Microcosmos humano y el Macrocosmos. Y cuando hoy el Oriental, aunque sea de una manera decadente, busque adquirir conciencia de la respiración, como se hizo en la antigua sabiduría Oriental, es la manifestación del deseo de desviarse hacia este otro mundo que de otro modo solo se podría reconocer a través de la Luna, por así decirlo, que actúa en nuestro mundo. Pero en aquellos tiempos en que aún existía una sabiduría ancestral que venía al hombre de una manera diferente a la que tenemos hoy en día para buscar la sabiduría, en aquellos tiempos el hombre también sabía cómo ver este funcionamiento de las leyes internas en otras conexiones y correspondencias.

En el Antiguo Testamento, los Iniciados, que estaban familiarizados con estos asuntos, usaban siempre cierta ilustración o imagen: la imagen, a saber, de la relación entre la luz de la Luna y la luz del Sol. Esto también lo podemos encontrar en cierto sentido en los Evangelios, como les he mostrado recientemente.

Generalmente hablamos de que la luz de la Luna está reflejando la luz solar. Estoy hablando ahora en el sentido de la física, y tendré que mostrar más adelante que estas expresiones son realmente muy inexactas. La luz de la Luna representa en el Antiguo Testamento el poder de Iahvé o Jehová. Este poder fue concebido como un poder de reflexión, y los Iniciados, —aunque no por supuesto los rabinos ortodoxos del Antiguo Testamento— sabían: El Mesías, el Cristo vendrá, y Él será la luz solar directa. Iahvé es solo su reflejo anticipado. Iahvé es la luz solar, pero no la luz solar directa. Por supuesto, aquí estamos hablando no de la luz solar física, sino de la realidad espiritual.

Cristo entró en la evolución humana, Él había estado presente previamente solo en la reflexión, de manera indirecta en la forma de Jehová. Y surgió la necesidad de pensar en Cristo, que vivió en Jesús, como resultado de un conjunto de leyes diferente a las que pertenecen a la ciencia natural ordinaria. Pero si no admitimos este otro conjunto de leyes, si creemos que el mundo existe solo como el resultado de causa y efecto, entonces no hay lugar para Eso que llamamos el Cristo. Debemos preparar Su lugar mediante nuestro reconocimiento de tres mundos interpenetrantes. Luego se crea la posibilidad de poder decir: “puede ser que en este mundo de los sentidos todo esté relacionado a través de la ley de causa y efecto mantenida por la ciencia natural, pero otro mundo impregna a este, y a este otro mundo pertenece todo lo que ha sucedido en el mundo que tiene conexión con el Misterio del Gólgota”.

En nuestros tiempos, cuando el deseo de comprender estos asuntos se hace cada vez más manifiesto, es importante darse cuenta de que esta comprensión debe buscarse a través del reconocimiento de estos tres mundos interpenetrantes, que existen simultáneamente y son completamente diferentes unos de otros. Esto significa que debemos buscar no solo un sistema de leyes, sino tres; y debemos buscarlos dentro del Hombre mismo.

Si consideran bien lo que acabo de decir, verán que no servirá adoptar los métodos del sistema copernicano, simplemente dibujando elipses para mostrar el camino de Saturno, de Júpiter, de Marte, de la Tierra, de Venus y Mercurio y, por último, del Sol. Eso no es lo que se quiere en absoluto. Lo que se quiere es más bien mirar las leyes que están activas en los mundos que son físicamente perceptibles y ver cómo estas leyes son recortadas por un conjunto de leyes totalmente diferentes; y que especialmente la presente Luna, en su movimiento, presenta algo que de ninguna manera está relacionado causalmente con el resto del Sistema Estelar, como sería el caso si la Luna fuera miembro de ese Sistema, como los otros planetas. Sin embargo, la Luna debe ser referida a un mundo completamente diferente, que se inserta, por así decirlo, en el nuestro, y que indica el proceso de respiración de nuestro Universo, como que el Sol indica la interpenetración de nuestro Universo por el Éter.

Antes de que uno se dedique a la Astronomía, debe educarse en un sentido cualitativo con respecto a lo que se mueve en el espacio, con respecto a las cosas que son interdependientes en el espacio. Para uno debe estar bastante claro que la materia del Sol y cualquier otra materia —la materia de la Tierra, por ejemplo—  bajo ninguna circunstancia se puede llevar a una relación simple; porque la materia del Sol es, en comparación con la materia de la Tierra, algo que absorbe y chupa, mientras que esta última ejerce presión. Los movimientos que se expresan en nutación son movimientos que proceden del mundo astral, y no de cualquier cosa que se pueda encontrar en los principios de Newton. Es este newtonismo el que nos ha llevado tan lejos en el materialismo, porque se aprovecha de las abstracciones más extremas. Habla de una fuerza de gravitación. El Sol, dice, atrae a la Tierra, o la Tierra atrae a la Luna; existe una fuerza de atracción entre estos cuerpos, como un cable invisible. Pero si realmente no existiera más que esta fuerza de atracción, no habría motivo para que la Luna girara alrededor de la Tierra, o la Tierra alrededor del Sol; la Luna simplemente caería sobre la Tierra. Esto de hecho habría sucedido hace siglos, si solo estuviera actuando la gravitación; o la Tierra habría caído en el Sol. Por lo tanto, es completamente imposible para nosotros considerar solo la gravitación como medio para explicar los movimientos imaginarios o reales de los cuerpos celestes. Entonces, ¿qué hacen? ¡Veamos!: Aquí tenemos un Planeta imbuido con un deseo constante de caer en el Sol, suponiendo que solamente tuviéramos la ley de la gravitación. Pero ahora supondremos que a este Planeta en algún momento se le ha dado otra fuerza, una fuerza tangencial. Este ímpetu actúa con tal y tal poder, y la fuerza de gravitación actúa al mismo tiempo con tal y tal poder, de modo que eventualmente el planeta no cae en el Sol, sino que tiene que moverse a lo largo de una línea que resulta de ambas fuerzas .

Ven que la teoría de Newton considera necesario asumir algún tipo de ímpetu original, una especie de primer impulso en el caso de cada planeta, de cada cuerpo celeste en movimiento. Siempre debe haber algún Dios extra-mundano en alguna parte, que dé este ímpetu, que imparta esta fuerza tangencial. Esto siempre se presupone; y recuerden, esta suposición fue hecha en un momento en que habíamos perdido toda idea de poner lo material y lo espiritual en cualquier tipo de conexión, cuando éramos incapaces de concebir algo más que un “empujón” perfectamente externo.

Aquí tenemos un ejemplo de la incapacidad del materialismo para comprender la materia. En repetidas ocasiones les he llamado la atención sobre esto. Se sigue que, por lo tanto, el materialismo tampoco es capaz de entender los movimientos de la materia, y se ve obligado a dar una explicación bastante antropomórfica de ellos, imaginando a Dios como un ser con atributos totalmente humanos, que simplemente le da un empujón a la Luna y empuja a la Tierra. La Tierra y la Luna se “atraen” entre sí  —y he aquí, de estas dos fuerzas, el empuje y la atracción, tenemos sus movimientos en los cielos.

Es a partir de ideas de este tipo como se construye hoy el sistema solar. Pero para obtener una comprensión real del Universo es absolutamente necesario buscar la conexión entre lo que vive en el Hombre y lo que vive en el Macrocosmos. Pues el hombre es un microcosmos real en el macrocosmos. De esto hablaremos más mañana.

 

Traducido por Gracia Muñoz en febrero de 2018.

 

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GA194c3. El pensamiento de Micael. El conocimiento del hombre como un ser suprasensible. El sendero de Micael y los más profundos impulsos de la cuestión social

Rudolf Steiner —Dornach, 23 de noviembre de 1919

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Antes de ayer les hablé sobre el hecho de que nosotros, como miembros de la raza humana, vivimos en una esfera que podemos designar como la cuarta esfera de la evolución. Sabemos que la evolución terrestre se ha desarrollado gradualmente de la evolución de Saturno; que la evolución de Saturno fue seguida por la evolución Solar, y ésta a su vez por la evolución Lunar, de la cual, finalmente llegamos a la evolución de la Tierra.

  Si mantenemos en la mente estas cuatro formaciones secuenciales del planeta Tierra a las cuales por supuesto, pertenece la humanidad como tal, debemos considerar únicamente al hombre en la medida en que es un ser cefálico. Haciendo esto debemos saber que la denominación “la cabeza del hombre” es la expresión simbólica de todo lo que pertenece a la percepción sensorial humana, a la inteligencia humana, de todo lo que a su vez fluye en la vida social a través de la percepción sensorial humana, como ser inteligente, debe ser incluida en esta expresión simbólica. Así, si digo: “el hombre es un ser con cabeza”, esto es dicho simbólicamente y se refiere a todo lo que acabo de mencionar.

 Hablamos ligeramente del hecho de que nosotros, como seres humanos físicos, vivimos en la atmósfera que nos rodea. Debemos darnos cuenta de que esta atmósfera nos pertenece. Ya que, ¿no es cierto que el aire que está ahora dentro de nosotros estaba hace un momento fuera de nosotros? No somos concebibles como seres humanos fuera de esta atmósfera. Pues nos hemos habituado a creer que los hombres de períodos anteriores hablaban sobre materias como el aire de la misma manera que la humanidad actual habla sobre ellas. Esto, sin embargo, no fue así. Encontramos extraño decir que igual que caminamos en el aire, también caminamos en una esfera que contiene las condiciones para nuestra existencia como seres sensibles, seres inteligentes, resumiendo, que poseemos todo aquello que puede ser expresado simbólicamente, como se ha afirmado, por virtud de nuestra existencia como seres de cabeza. Ahora, les he dicho que esta es sólo una de las esferas en las que existimos, ya que vivimos en varias esferas. Avancemos en nuestras consideraciones a una esfera de significado práctico para la humanidad y enfoquemos nuestra atención sobre la cuarta esfera en la que ahora vivimos a causa de los tres estados de evolución que han precedido a nuestra Tierra.

 Representemos esto con este plano circular (el Doctor Steiner hace un dibujo en la pizarra) en el que vivimos como nuestra cuarta esfera de evolución. Además de esto, vivimos aún en otra esfera en evolución a través del hecho de que esta otra esfera pertenece a los seres espirituales que son nuestros creadores, igual que esta cuarta esfera nos pertenece. Si hacemos caso omiso del ser humano por un momento y consideramos aquellos seres que siempre hemos llamado, en el orden de las jerarquías por encima de nosotros, los Espíritus de la Forma, los Seres Creativos de la Forma, entonces tendremos que decir que nosotros, como seres humanos, sólo alcanzaremos la esfera que atribuimos a nuestros Seres Creadores Divinos cuando la Tierra haya pasado a través de tres etapas más de evolución, que encontrarán designadas en mi “Ciencia Oculta” como las fases de Júpiter, la de Venus y la de Vulcano, y hayamos alcanzado la octava fase. Así estos Espíritus Creadores están en la etapa que los seres humanos habrán alcanzado después de la evolución de Vulcano. Esta es la esfera que les pertenece así como la cuarta esfera nos pertenece. Pero debemos pensar en estas esferas como estando insertadas una dentro de otra, como interpenetrándose una a otra. Así, si yo designo la esfera de la cual acabo de hablar como la octava esfera, nosotros no sólo vivimos en la cuarta sino también en esta octava esfera por el hecho de que nuestros Creadores Divinos viven en esta esfera junto con nosotros.

 Si ahora mantenemos esta octava esfera a la vista, encontramos viviendo allí no solo a nuestros Divinos Creadores, sino también a los seres Ahrimánicos. Así al vivir en el entorno de la octava esfera vivimos junto con los seres Ahrimánicos. En la cuarta esfera, los seres Luciféricos viven junto con nosotros. Esta es la situación en lo que concierne a la distribución de estos seres espirituales. Somos capaces de entrar en detalles considerando estas cosas solo si sabemos como estamos relacionados nosotros mismos con el entorno correspondiente de esta esfera.

 Así, se revela a la percepción de la ciencia espiritual que somos seres inteligentes y perceptivos a causa de nuestra vida en la cuarta esfera de nuestra evolución. Pero nunca debemos olvidar que el poder Luciférico influyó esta inteligencia en la que debemos siempre incluir las percepciones sensoriales. Este poder Luciférico está íntimamente conectado con la clase especial de inteligencia que el ser humano hoy considera suya propia y la cual prefiere emplear. Aún así, el hombre fue dotado con esta inteligencia sólo a través del hecho de que aquel ser superior del que ya les he hablado como el ser de Micael ha arrojado a los seres Luciféricos abajo a la esfera de los hombres, a la cuarta esfera, la de los hombres. A través de esto  surgió en los seres humanos el impulso de la inteligencia.

Ustedes pueden sentir lo que este impulso de inteligencia significa en la humanidad si dirigen su atención al elemento impersonal de la inteligencia humana de hoy en día. Ustedes saben que nosotros los seres humanos tenemos muchos intereses personales, y que estamos individualizados respecto a ellos. Pero esta individualización se para ante la inteligencia. Hasta donde concierne a la inteligencia y la lógica, todos los seres humanos poseen lo mismo; contamos con esta posesión común. No tendríamos esta posesión común si la influencia luciférica, obtenida por mediación de Micael, no hubiera sido ejercida sobre la humanidad.

 Nos comprendemos unos a otros de esta sencilla manera sólo a causa de tener esta inteligencia en común que se origina en la espiritualidad luciférica. Esta espiritualidad luciférica surgió a través de Micael que impregnó e influyó a los seres humanos con el ser de Lucifer. Estas influencias se desarrollaron posteriormente en la evolución histórica humana. Al lado de ellas, mucho más ha sido desarrollado en el ser humano. Pero hoy esta espiritualidad luciférica que nosotros llamamos nuestra inteligencia es aún considerada por mucha gente la facultad más distinguida del hombre.

 Ustedes deben, para llegar a una mayor claridad en esta materia, dirigir la mirada anímica sobre algo más que puede unir a los seres humanos sobre toda la Tierra una vez que se haya extendido. Este es el impulso de Cristo. Pero el impulso Crístico es algo diferente del impulso de la inteligencia. El impulso de la inteligencia es de naturaleza coercitiva. Ustedes no pueden hacer de la inteligencia de la humanidad su asunto personal. Ustedes no pueden de repente resolver decidir de una manera personal lo que tiene que ser decidido por la inteligencia sin parecer demente dentro de las relaciones de la vida social. Aún así, por otro lado, no pueden adquirir ninguna relación con el impulso Crístico que no sea personal. Nadie puede interferir con la manera de relacionarse con el Cristo de otra persona. Esto es un asunto completamente personal. Pero a través del hecho de que el Cristo ha pasado por el Misterio del Gólgota y se ha unido con la evolución de la Tierra la situación se ha vuelto tal que, a pesar de cuántos seres humanos, independientemente unos de otros, hacen del impulso Crístico su asunto personal: el impulso Crístico, a través de su propia naturaleza, se volverá el mismo para todos. Eso significa, que los seres humanos se unen a través de algo que todos ellos hacen su propio asunto, no coercitivamente como en el caso de la inteligencia, sino a través del hecho de que precisamente a través del impulso Crístico mismo la relación de todo ser humano con el Cristo se forma ella misma de tal manera que es la misma en cada ser humano. Esto, ustedes ven, es la diferencia entre el impulso de la inteligencia y el impulso Crístico. El impulso Crístico puede ser el mismo para toda la humanidad y aún así un asunto personal para cada ser humano individual. La inteligencia no es un asunto personal.

 Ahora, ¿cual era la situación en la cual entró el impulso Crístico? Podemos responder a esta pregunta con las indicaciones que ya he dado. Sabemos que la evolución de la cabeza es regresiva. Con respecto a su cabeza el ser humano se encuentra en un proceso moribundo. Podemos así señalar el siguiente hecho cósmico: Micael ha empujado a las huestes de Lucifer hacia abajo al reino de la humanidad; ellos asumieron su morada en la cabeza humana, pero en la cabeza humana en su estado de muerte gradual.

 Estos seres Luciféricos comenzaron a luchar contra esta muerte de la cabeza humana. Y aquí tocamos un conocido secreto de la naturaleza humana, un secreto conocido en las más diversas formas, pero que está casi completamente oculto para el hombre moderno. Con respecto a esta evolución divina, el hombre lleva en su cabeza un proceso continuo de muerte ; pero en paralelo con este continuo proceso de muerte hay un prendimiento de vida por parte de Lucifer. Es el constante esfuerzo de Lucifer de hacer nuestra cabeza tan viva como el resto de nuestro organismo. Visto desde el punto de vista orgánico, Lucifer apartaría a la humanidad de su dirección divina, si él tuviera éxito en hacer la cabeza humana tan viva como el resto del organismo.

 Esto es precisamente a lo que la dirección divina de la evolución humana se tiene que oponer. El hombre debe permanecer unido con la evolución de la Tierra de tal forma que pueda continuar a través de las evoluciones de Júpiter, Venus y Vulcano. Si Lucifer alcanzara su meta, el hombre no continuaría por su sendero destinado; por el contrario, se haría parte de un cosmos que es inteligente por completo.

Fisiológicamente hablando, es el esfuerzo constante de Lucifer de emitir las fuerzas vitales del resto del organismo a nuestra cabeza. Psíquicamente hablando, Lucifer está constantemente esforzándose en dar al contenido de nuestra inteligencia que meramente comprende pensamientos e imágenes el carácter de sustancia.

Lo que he afirmado antes desde el punto de vista psíquico ahora lo afirmo desde el punto de vista del alma cuando digo que Lucifer tiene la tendencia constante a dar un contenido sustancial real a aquello que nosotros formamos como una imagen en nuestro espíritu –algo de una forma artística, por ejemplo; es decir, tiene la tendencia a impregnar los contenidos de nuestro pensamiento con la realidad terrestre ordinaria. Si él tuviera éxito ocasionaría que nosotros como seres humanos abandonaríamos la realidad y sobrevolaríamos una realidad del pensamiento que sería realidad y no simples pensamientos.

Esta tendencia de permitir que nuestras fantasías se conviertan en realidad está conectada con nuestra naturaleza humana, y los mayores esfuerzos imaginables son hechos para convertir nuestras fantasías humanas en realidades.

Ahora, todo lo que existe en la humanidad como causas de enfermedades internas está conectado con esta tendencia luciférica. Llevar a cabo el trabajo de Lucifer en relación con la conducción de las fuerzas vitales a las fuerzas moribundas de la cabeza humana significa, en realidad, ser capaz de diagnosticar todas las enfermedades internas. El desarrollo científico-mental debe esforzarse por construir su conocimiento sobre este elemento luciférico. Dar este impulso pertenece a las tendencias de la influencia de Micael entrando en nuestra evolución humana.

 La influencia Ahrimánica es el reverso de la tendencia Luciférica. Se hace sentir desde la octava esfera fuera de la cual es creado el resto de nuestro organismo, exceptuando la cabeza,; este organismo está lleno de vitalidad a través de su misma naturaleza. Dentro de estas fuerzas de vitalidad los poderes Ahrimánicos se esfuerzan en enviar las fuerzas de la muerte que debidamente, en el divino proceso de evolución, pertenecen a la cabeza. Así, desde la octava esfera las fuerzas de la muerte vienen a nosotros a través de Ahriman como intermediario. Esto, de nuevo, hablando desde el aspecto físico.

 Hablando desde el aspecto del alma, tendría que decir: todo lo que siente su influencia dentro de nosotros desde la octava esfera actúa sobre la voluntad humana, no sobre la inteligencia. El deseo subyace en la voluntad humana; toda voluntad contiene una cierta cantidad de deseo. Es el esfuerzo constante de Ahriman introducir el elemento personal dentro de la naturaleza desiderativa que subyace en la voluntad; y a través del hecho de que el elemento personal está oculto en nuestra naturaleza desiderativa, nuestra voluntad humana lleva la impronta de nuestra aproximación gradual al momento de la muerte. En lugar de permitirnos ser impregnados por los ideales divinos y dejarlos entrar en nuestros deseos y, por tanto, en nuestra voluntad, el elemento personal se introduce en nuestro deseo, en nuestra voluntad.

 Así estamos realmente en una situación de equilibrio entre el elemento Luciférico y el Ahrimánico. El elemento Luciférico-Ahrimánico nos entrega a la enfermedad y a la muerte en lo físico; en la esfera del alma desarrolla el engaño en la medida en que consideramos una realidad algo que pertenece simplemente al mundo del pensamiento, de la fantasía. En cuanto a la esfera espiritual, el deseo egoísta penetra en nuestra naturaleza humana por este camino.

 Así nosotros vemos esta dualidad –Lucifer-Ahriman– conectada con la naturaleza humana, y ya les he mostrado mediante “el Paraíso Perdido” de Milton, “el Mesías” de Klopstock, y el “Fausto” de Goethe cómo la humanidad civilizada moderna se engaña a sí misma, puede engañarse a sí misma, respecto a esta dualidad. Ahora tenemos que tener en mente que la humanidad en su desarrollo ha pasado más allá del punto medio de la evolución de la Tierra.

La evolución de la humanidad fue, en primer lugar, una ascendente; entonces alcanzó su clímax y ahora está en el camino descendente. Por determinadas razones que no necesitamos discutir hoy hubo un estado de equilibrio en el período Greco-Latino hasta el siglo XV. Desde entonces, sin embargo, la evolución de la humanidad en la tierra está en el camino descendente. La evolución física de la tierra ha entrado en el camino descendente en un período mucho más temprano; ya en el tiempo que precedió a nuestra última edad del hielo; es decir, anterior a la catástrofe de la Atlántida, la evolución de la Tierra comenzó a descender en un aspecto físico.

 Este es un hecho que los antropósofos no necesitan anunciar al mundo; ya que ya es conocido por la geología, como he mencionado frecuentemente, que cuando caminamos sobre la tierra en numerosas regiones caminamos ya sobre la corteza terrestre en estado de deterioro. Sólo necesitan leer las descripciones de la evolución de la Tierra en buenos libros de geología de nuestro tiempo y encontrarán que la ciencia física ha llegado a la conclusión de que la tierra está en la etapa descendente de su evolución. Pero nosotros los seres humanos, también, estamos en la etapa descendente de la evolución. No debemos esperar que ninguna tendencia ascendente surja en nuestro desarrollo corporal. Debemos asumir el control de la tendencia ascendente considerando aquello que conduce al ser humano más allá de la evolución de la Tierra hacia sus formas evolucionarias subsiguientes. Debemos aprender a considerar al ser humano del futuro. Esto significa pensar en el sentido de Micael, tener los pensamientos de Micael.

 Caracterizaré con más precisión lo que significa pensar en el sentido de Micael, pensar Micaélicamente.

 Ya ven, queridos amigos, si afrontan a su prójimo hoy, realmente le afrontan con una conciencia completamente materialista. Ustedes se dicen a sí mismos, incluso aunque no lo digan en voz alta ni incluso lo piensen, pero se lo dicen a ustedes mismos en lo más recóndito e íntimo de su consciencia: Este es un hombre de carne y hueso; este es un hombre de sustancia terrestre. Ustedes dicen lo mismo en el caso del animal, lo mismo en el caso de la planta. Pero lo que ustedes así se dicen a ustedes mismos cuando afrontan a un hombre, un animal o una planta, ustedes están justificados al decirlo sólo en lo que respecta a la naturaleza mineral.

 Tratemos inmediatamente con el caso más extremo, con el hombre. Consideremos al hombre en relación con su forma externa. Aquello que constituye su forma externa ustedes no la ven realmente, no lo afrontan en absoluto con su capacidad física de observación, ya que está formada en más de un noventa por ciento de fluido, de agua. Aquello que constituye la forma como sustancia mineral es lo que ven con sus ojos físicos. Aquello que el hombre une consigo mismo de este mundo mineral exterior es lo que ustedes ven; el ser humano que hace la unión no lo ven. Hablan correctamente sólo si se dicen a sí mismos: lo que afronto aquí son las partículas de materia que la forma espiritual humana acumula en sí misma; esto hace que el ser invisible que está aquí ante mí sea visible. Todos ustedes aquí sentados son invisibles a los sentidos físicos. Un cierto número de formas están sentadas aquí; tienen, a través de un cierto poder interno de atracción partículas acumuladas de materia. Estas partículas de materia son lo que nosotros vemos; nosotros simplemente vemos el mineral. Los seres humanos reales que están sentados aquí son invisibles, son suprasensibles. Decirse esto a uno mismo con plena consciencia en todo momento de la vida de vigilia constituye el modo Micaélico de pensar; dejar de concebir al ser humano como un conglomerado de partículas minerales que él tan solo organiza de una cierta manera, como es también asumido de los animales y las plantas y de los que sólo los minerales están exentos, y llegar a ser consciente del hecho de que caminamos entre seres humanos invisibles –esto significa pensar Micaélicamente.

 Nosotros hablamos de seres Luciféricos y Ahrimánicos, hablamos de los seres de la jerarquía de los Ángeles, Arcángeles Arcai y así sucesivamente. Estos son seres invisibles. Aprendemos a conocerlos por sus efectos. Hemos discutido muchos de estos efectos, incluso durante los últimos días. Aprendemos a conocer a estos seres por sus actos. Bien, ¿es el asunto diferente con el ser humano? Aprendemos a conocer al ser humano –que es invisible– aquí en el mundo físico a través del hecho de que organiza partículas minerales en una forma humanoide. Pero esto es sólo una actividad del ser humano, un efecto de su naturaleza. El hecho de que tenemos que aclararnos sobre los efectos de Ahriman y Lucifer, de los Ángeles, Arcángeles, Arcai, y así sucesivamente, de otra forma significa simplemente que tenemos que aprender a conocerlos de una manera diferente. Pero en relación con el carácter suprasensible de estos seres no hay diferencia entre ellos y los seres humanos si empleamos la razón en nuestro pensamiento sobre el ser del hombre.

 Comprender que no somos diferentes en nuestro ser esencial de los seres suprasensibles significa pensar en el espíritu de Micael. La humanidad fue capaz de progresar sin este entendimiento siempre que aún recibiera algo del mundo mineral. Pero como el mundo mineral está en una evolución declinante, el ser humano debe gradualmente adquirir una concepción espiritual de sí mismo y del mundo.

  Desde los años setenta del siglo XIX él es capaz, en cada vez mayor medida, de encontrar la fortaleza interna para desarrollar la consciencia de que el hombre no es una ordenada conglomeración de partículas de materia sino que es un ser suprasensible, y que estas partículas de materia son sólo un gesto del mundo externo mineral, indicando: aquí hay un ser humano. Sólo a causa de las influencias Ahrimánicas que he caracterizado en una reciente conferencia [Conferencia del 15 de noviembre de 1919, Dornach] el ser humano elude esta consciencia interior, trata de evitarla. Una cosa está conectada con la otra en la vida humana. Y así como trabajamos bajo el engaño de que el hombre es un ser sensual y no suprasensible, así trabajamos también bajo otros engaños. Hablamos de evolución e imaginamos que una cosa procede de otra en un desarrollo continuo progresivo. Ustedes saben que no fue posible seguir tal pensamiento al representar la evolución artísticamente en nuestro Edificio. [Ver Rudolf Steiner, Der Baugedanke des Goetheanum, con 104 fotografías del primer Goetheanum]. Cuando desarrollé las formas para las mayúsculas, tuve que mostrar la primera, segunda y tercera mayúscula en una evolución ascendente, la cuarta permanecía en el medio, la quinta comenzando la evolución descendente, la sexta era aún más simple, la séptima la más simple. Tuve que añadir a la evolución ascendente la evolución descendente.

 Nuestra cabeza está en esta evolución descendente, mientras que el resto de nuestro organismo está en la evolución ascendente. Si creemos que evolución significa una subida continua abandonamos la verdadera realidad. Nosotros entonces mantenemos el punto de vista de Haeckel, quien, bajo la influencia de un cierto engaño, mantenía que hay, primero, seres simples, al avanzar la evolución, hay seres más y más complejos, seres más y más perfectos, y así sucesivamente, ad infinitum. Esto es una tontería.

 Toda evolución que progresa también retrocede y degenera. Todo ascenso es seguido por un descenso; todo ascenso conlleva en sí mismo el germen del descenso. está entre los más insidiosos engaños de la humanidad moderna que es inconsciente de la conexión entre evolución e involución, entre desarrollo progresivo y desarrollo regresivo. Pues de toda evolución ascendente debe resultar la disposición para la evolución regresiva.

 En el momento en que la evolución progresiva comienza a convertirse en regresiva, lo físico pasa por alto en la evolución espiritual. Pues tan pronto como lo físico comienza a convertirse en regresivo, hay lugar para el desarrollo espiritual. En nuestra cabeza hay lugar para el desarrollo espiritual porque el desarrollo físico está en el sendero regresivo. Sólo cuando estamos en posición de ver las cosas a la luz adecuada, es decir, sólo cuando vemos la conexión de nuestra inteligencia con el desarrollo Luciférico comprenderemos realmente el ser del hombre y de ese modo el mundo. Pues entonces evaluaremos estas cosas correctamente y sabremos que nuestra inteligencia necesita un nuevo impulso si es para conducir al hombre a su meta. A través del principio Crístico se debe impedir a Lucifer que haga que el ser humano abandone su rumbo divino predestinado.

 Antes dije: Una cosa está conectada con otra. Los seres humanos están hoy bajo la influencia del mismo engaño que atribuía a los poderes divinos ciertas cualidades Luciféricas. El mismo engaño crea hoy la inclinación en los seres humanos a ver un ideal en su representación parcial, de lo hermoso, por ejemplo. Para asegurarnos, es posible representar lo hermoso como tal. Pero debemos ser conscientes del hecho de que si nosotros como seres humanos nos rindiéramos a lo hermoso, cultivaríamos aquellas fuerzas en nosotros que conducen a canales Luciféricos. Así como no hay una evaluación progresiva parcial en el mundo real, sino que la evolución es seguida por la involución, así también no existe una belleza parcial en el mundo real.

 Lo meramente hermoso utilizado por Lucifer para fascinar y cegar a los seres humanos liberaría a los seres humanos de la evolución de la Tierra; cortaría su conexión con ella. Así como hay una interacción de la evolución y la involución, así tenemos en realidad que hacer con una interacción de la belleza y la fealdad; en realidad, hay una dura batalla entre la belleza y la fealdad. Y si realmente deseamos comprender el arte nunca debemos olvidar que lo máximo en arte en el mundo es la interacción de lo hermoso y lo feo, la presentación de la batalla de lo hermoso con lo feo. Ya que sólo considerando el estado de equilibrio entre lo hermoso y lo feo permanecemos en la realidad; entonces nosotros no existimos en una realidad parcial Luciférica o Ahrimánica que no nos pertenece, en la cual, sin embargo, Lucifer y Ahriman luchan por ponernos. Es muy necesario que tales ideas como las que acabo de exponer entren en la evolución cultural humana.

 Ustedes saben que les he hablado a menudo con gran entusiasmo sobre la cultura Griega, aún así, en la antigua Grecia aún era posible dedicarse uno mismo parcialmente a cultivar la belleza, pues la humanidad de aquella época aún no había tomado el control por la regresión de la evolución de la Tierra, al menos no los Griegos. Desde aquel tiempo, sin embargo, el hombre no debe volver a darse el gusto en el cultivo de lo meramente bello. Esto sería un vuelo desde la realidad. Él debe, audazmente y con coraje, enfrentar la batalla real entre la belleza y la fealdad. Él debe ser capaz de sentir, y experimentar las disonancias en su batalla con las consonancias del mundo.

 Esto dará fuerza a la evolución de la humanidad, y de esta fuerza brotará la posibilidad de lograr aquella condición interna de consciencia que nos eleva por encima del engaño de que el ser humano consiste en su verdadera esencia de materia amontonada, de partículas minerales de sustancia que ha juntado en sí mismo. Incluso desde el aspecto físico puede ser dicho hoy que el hombre no lleva en su ser la firma de la naturaleza mineral, de la naturaleza física externa.

  El mineral exterior es pesado. Pero aquello que nos da, por ejemplo, la posibilidad de desarrollar el elemento alma –no me refiero aquí a la inteligencia– aquello que nos hace capaces de desarrollar cualidades del alma no está vinculado a la gravedad sino a su opuesto, a lo que es llamado la ligereza de los fluidos. Les he descrito en otras ocasiones cómo nuestro cerebro nada en el fluido cerebral. Si no fuera así, los corpúsculos de la sangre contenidos en él serían aplastados. Ustedes saben por sus lecciones de física que Arquímedes, sentado en su bañera, descubrió que se volvía más ligero, y estaba tan contento sobre esto que gritó su famoso “¡Eureka!”.

 En lo que respecta a nuestra alma, no vivimos por ser atraídos hacia abajo, sino por ser elevados hacia arriba. No es por ser nuestro cerebro pesado, sino por ser nuestro cerebro más ligero por estar flotando en el fluido cerebral que vivimos físicamente. Vivimos por medio de lo que nos aleja de la tierra. Esto puede ser afirmado hoy incluso desde el aspecto físico.

 Sin embargo, lo que quería indicarles en las presentes conferencias era y es que, al enfrentarnos a la vida moderna, necesitamos una condición del alma que, en todo momento de la vida vigílica, sea consciente de lo suprasensible en el entorno inmediato, y que no se rinda al engaño de que el ser humano es real porque puede ser visto, y los espíritus no son reales porque no pueden ser vistos. Pues lo cierto es que tampoco vemos a los seres humanos. Este es precisamente el engaño, que creemos que vemos a los seres humanos. No diferimos en absoluto de los seres de las jerarquías superiores. Aprender a comprender la similitud entre los seres de las jerarquías superiores y nosotros mismos, e incluso los animales y las plantas, es la tarea planteada a la humanidad moderna.

 Decimos que a través del Misterio del Gólgota el impulso Crístico ha entrado en la evolución de la Tierra, ha entrado en la evolución de la humanidad, en primer lugar, y está de ahora en adelante unida con ella. La gente dice: No lo vemos. Efectivamente, no lo verán mientras se engañen a sí mismo sobre el hombre mismo, mientras consideren al hombre como algo bastante diferente de lo que realmente es. El momento en que esto deje de ser una teoría sino una realidad del alma sentida vívidamente que nos permite ver en el hombre un ser suprasensible, cultivamos dentro de nosotros la facultad de percibir el impulso Crístico entre nosotros, en todas partes, y de ser capaces de decir con plena convicción: no le buscamos a Él en manifestación externa; Él está entre vosotros por todas partes. Pero la humanidad tendría que desarrollar la fe, la modestia y la humildad, cuesta un gran esfuerzo cultivar la consciencia que, justo desde el comienzo, ve en el hombre un ser suprasensible. Pues si hacemos esto sólo en teoría no sirve de nada. Sólo si no creemos realmente que lo que se nos enfrenta físicamente sea el ser humano real, sólo si sentimos que esto es un absurdo, habremos adquirido el estado del alma al que me estoy refiriendo.

 Mis queridos amigos, si ustedes salieran al terreno de nuestro edificio y recogieran toda clase de basura que hay por allí y a través de una inteligente manipulación de esta chatarra fueran capaces de sujetarla delante de ustedes de tal forma que una persona que les encontrara no pudiera verles sino sólo los pedazos de madera o ladrillos – ustedes no mantendrían que estos pedazos de ladrillos y madera son el ser humano. Pero el asunto no es diferente en ningún aspecto en lo que concierne a las sustancias minerales con las que se enfrentan a sus prójimos, dispuestas en una determinada forma. ¡Aún así ustedes dicen: estas sustancias minerales – ya que sus ojos físicos las ven – son el ser humano!. En realidad son sólo el gesto que apunta al ser humano real.

 Si echamos la vista atrás a los tiempos pre-Cristianos encontraremos que el Mensajero de Dios bajó a la Tierra, visiblemente, por así decirlo, revelándose y haciéndose entender por el ser humano. El mayor Mensajero de Dios Que bajó a la tierra, el Cristo, era a la vez El Que era capaz de revelarse a Si mismo en el mayor suceso de la tierra así como el último de aquellos que podían revelarse a sí mismos sin la ayuda del ser humano. Ahora vivimos en la era de la Revelación de Micael. Existe como las otras revelaciones. Pero no se revela por la fuerza al ser humano porque el hombre ha entrado en su evolución de libertad. Debemos salir para encontrar la revelación de Micael, debemos prepararnos de tal modo que él nos envíe las más poderosas fuerzas y nos hagamos conscientes de lo suprasensible en el entorno inmediato de la tierra. No fracasemos en reconocer lo que esta revelación de Micael significaría para los hombres del presente y del futuro si los hombres se aproximaran a ella en libertad. No fracasemos en reconocer que los hombres de hoy se esfuerzan por obtener una solución de la cuestión social a partir de los vestigios de los antiguos estados de consciencia.

 Todos los problemas que podían ser resueltos con los antiguos estados de consciencia humana han sido resueltos. La tierra está en la fase descendente de su evolución. Las demandas que surgen hoy no pueden ser resueltas con el pensamiento del pasado. Sólo pueden ser resueltas por una humanidad con una nueva constitución del alma. Es nuestra tarea pues dirigir nuestra actividad para que pueda ayudar al surgimiento de esta nueva constitución del alma en la humanidad. El hecho de que los seres humanos no puedan liberarse de los conceptos que han sido fomentados durante milenios oprime nuestras almas como una terrible pesadilla. Vemos hoy cómo los resultados de estos conceptos anticuados que están despojados de todo contenido y no son más que meros cascarones que siguen su curso casi automáticamente. En todas partes se habla sobre los ideales humanos. Pero estos ideales no tienen contenido real, son meramente palabras sonantes, pues la humanidad necesita una nueva constitución del alma.

 Érase una vez la llamada resonó a la humanidad que, traducido a nuestro idioma, dice: “¡Cambia tu forma de pensar, porque el tiempo ha llegado!” En aquel tiempo, sin embargo, los seres humanos eran aún capaces de cambiar su forma de pensar de su antigua constitución del alma. Ahora esto posiblemente ha cesado; si lo que en aquel tiempo fue empezado tuviera que ser cumplido hoy, sería cumplido con una nueva constitución del alma. Micael trasmitió a los seres humanos la tradición de Yahvé, la influencia de Yahvé.

Desde el final de los años setenta del siglo XIX él está ocupado – sólo si vamos a su encuentro – en transmitir la comprensión del impulso Crístico en el verdadero sentido de la palabra. Pero debemos ir a su encuentro. Y salimos a su encuentro si cumplimos dos condiciones.

 En lo que respecta a la constitución de nuestra alma podemos decirnos a nosotros mismos: Tenemos que superar un cierto error. No deseo cargarles excesivamente con limitadas abstracciones y concepciones filosóficas del mundo, pero debo atraer su atención a un síntoma tal de la evolución moderna humana como el filósofo Cartesius (Descartes) que vivió en el amanecer de la era moderna. Él aún sabía algo de lo espiritual que juega a través del moribundo sistema nervioso del hombre. Pero hizo al mismo tiempo la afirmación: “Pienso, luego existo”. Eso es lo opuesto de la verdad. Cuando pensamos no somos; pues al pensar tenemos meramente la imagen de la realidad. Pensar no tendría ninguna consecuencia para nosotros si existiéramos dentro de la realidad con nuestro pensamiento, si pensar no fuera meramente una imagen.

 Debemos ser conscientes del espejo de la personalidad de nuestro mundo de imágenes mentales, de nuestro mundo de pensamientos. El momento que seamos conscientes de este espejo de la personalidad apelaremos a un origen diferente de la realidad dentro de nosotros. De esto, Micael desea hablarnos. Eso significa, que debemos tratar de reconocer nuestro mundo de pensamientos en el espejo de la personalidad; entonces trabajaremos contra la evolución Luciférica. Pues esta última está enormemente interesada en verter sustancia en  nuestro pensamiento, en tratar de engañarnos con la errónea creencia de que el pensamiento está impregnado de sustancia. El pensamiento no contiene sustancia, sino simplemente imagen.

 Nosotros obtendremos sustancia de otros niveles más profundos de nuestra consciencia. Esa es la condición. Sólo necesitamos ser conscientes de que nuestros pensamientos nos debilitan, entonces apelaremos a la fuerza de Micael; pues él va a ser el espíritu que nos señale aquello que es más fuerte en nosotros que el pensamiento, en tanto que hemos aprendido a través de la moderna civilización principalmente a considerar el pensamiento, y al hacer eso nos hemos vuelto seres humanos débiles porque hemos considerado al pensamiento mismo como algo real. Podemos imaginar que estamos dando vueltas siempre tan alejados de la mera inteligencia abstracta, pero esto es una ilusión; ya que los seres humanos modernos estamos en la esclavitud de la inteligencia y no emitimos de los más profundos niveles de nuestro ser a los pensamientos mismos aquello que debería haber en ellos.

 La segunda condición es que introducimos en nuestros deseos, y por tanto en nuestra voluntad, aquello que resulta de una realidad que debemos reconocer como suprasensible. El hecho de que el Misterio del Gólgota en su carácter suprasensible no ha sido tomado absolutamente en serio ha tenido graves consecuencias. Lo he mencionado a menudo aquí. He atraído, por ejemplo, su atención a las opiniones del teólogo liberal, Adolf Harnack. Hay muchos teólogos liberales que confiesan abiertamente: a través de los documentos históricos no puede encontrarse ninguna prueba de la existencia de Cesar o de Napoleón. ¿Por qué? Porque en el Misterio del Gólgota un suceso iba a ser puesto delante de la humanidad para el cual sólo se tendría acceso suprasensible. No se iba a tener acceso a él a través de los sentidos. Para que la humanidad pueda aprender, precisamente a través del Misterio del Gólgota, a alzarse hacia lo suprasensible, no debía haber ninguna prueba externa, sensible, histórica.

 Hemos así indicado dos cosas hacia las que nos debemos esforzar. Primero, reconocer lo suprasensible en el mundo sensorio inmediato, esto es, en el mundo del hombre, del animal y de la planta: este es el camino de Micael. Y su continuación es encontrar en el mundo que nosotros mismos reconocemos como suprasensible, el impulso Crístico.

 Al describirles esto, estoy describiéndoles al mismo tiempo los más profundos impulsos de la cuestión social. Ya que  la abstracta Liga de Naciones no resolverá el problema internacional. Tales abstracciones no unen a la gente por toda la tierra. Pero los espíritus que guían a los seres humanos a lo suprasensible, y de los cuales hemos hablado durante estos días, unirán a la gente.

 Externamente, la humanidad se acerca hoy a graves batallas. En lo que respecta a estas serias batallas que sólo están en su comienzo – lo he mencionado a menudo aquí – y que conducirán los antiguos impulsos de la evolución de la Tierra ad absurdum, no hay remedios políticos, económicos o espirituales que puedan ser tomados de la farmacia de la evolución histórica pasada. Ya que desde estos tiempos pasados vienen los elementos de fermentación que primero, han llevado a Europa al borde del abismo, que enfrentarán a Asia y a América la una contra la otra, y que están preparando una batalla por todo el mundo. Esta dirección ad absurdum de la evolución humana puede ser contrarrestada sólo por aquello que conduce a los hombres por el camino hacia lo espiritual: el camino de Micael que encuentra su continuación en el camino del Cristo.

 

Traductor desconocido.