GA137c6. El Hombre a la luz del Ocultismo, la Filosofía y la Religión

Christiania, 8 de junio de 1912

English version

Mis queridos amigos,

Tal vez os sorprenda que en el curso de estas conferencias vayamos a dedicar tanto tiempo a considerar la naturaleza de lo que después de todo es la parte externa del hombre, su forma y su figura. Sin embargo, si se quiere profundizar en el conocimiento que el verdadero ocultismo puede dar, no se puede omitir de su estudio del hombre los aspectos con los que ahora estamos tratando. Recuerden cuán a menudo en el curso de sus estudios se han encontrado con el pensamiento de que en su forma exterior la figura el hombre es un templo de la Deidad.

Así es, y esto es lo que debemos tener en la mente todo el tiempo que lo estudiemos, como si colocáramos las piedras de construcción del templo, tal y como comenzamos a hacer ayer y como continuaremos haciendo por un tiempo. Veremos que cuando nos tomamos la molestia de buscar en la figura humana los secretos ocultos del mundo espiritual, llegamos a un conocimiento que es de suma importancia para el corazón y el alma humana.

Ayer estudiamos al hombre en sus doce miembros. Ahora estos doce miembros aparecen a primera vista como formando una unidad. Sin embargo, en realidad no es una unidad, y es importante reconocer esto. Pues, en el momento en que estamos despiertos al hecho de que la unidad externa de la forma humana es sólo aparente, en el momento en que nos hacemos conscientes de que toda la forma y figura del cuerpo, tal como lo vemos y podemos tener conocimiento de ello aquí en la vida terrenal  es sólo una apariencia  —en ese momento también podemos comenzar a entender cómo es el Yo, el punto central de la conciencia del hombre.

Vimos ayer cómo este Yo nuestro desaparece de nuestra conciencia cada noche, y es por ello que nuestro Yo solo puede ser para el hombre una imagen; pues de otra manera no se le podría quitar la realidad de la noche. Cada noche algo del yo del hombre (que siempre va con él a través de toda la vida terrena) se retira; Y los Poderes Divinos han ordenado las cosas de tal manera que lo que el hombre pierde en el sueño se le dona en el cuerpo externo; se adhiere en su lugar del cuerpo. Es por ello que el hombre puede mirar su cuerpo como una unidad. Pero en realidad no es unidad. En realidad se compone de miembros que se amalgaman de la manera más complicada.

Aquí estamos acercándonos a uno de los misterios más importantes del ser humano, que nos llevará a profundizar en los secretos fundamentales de la existencia. Uno de los misterios lo tocamos en el mundo exterior; y es importante tomar este camino de fuera hacia dentro para recibir en nuestra conciencia esta idea que no tiene objeto.

  El hombre tal como lo vemos en el mundo consiste en tres partes, y estamos tratando todo el tiempo con una apariencia si simplemente tratamos estas tres partes del hombre como una unidad. La forma del hombre, que ayer vimos compuesta de doce miembros, está realmente dividida en tres, y debemos aprender a comprender cómo el hombre tiene en él, por así decirlo, tres hombres. Pongamos ante nosotros a estos tres hombres en sucesión.

Ayer, cuando pusimos un orden a los miembros de la forma humana, comenzamos con lo que llamamos la postura erguida  y continuamos con que el hombre está orientado en una dirección de avanzar —para expresarlo mejor, para el acto de hablar—Tenemos, por lo tanto, como segundo miembro la dirección de avance, la dirección para el habla. La tercera, como recordarán, era la simetría. Teniendo por el momento sólo estos tres miembros de la naturaleza del hombre, vemos una parte de la forma humana tal y como la contemplamos en el espacio exterior.

Veamos ahora ver si podemos, siguiendo una percepción puramente exterior, buscar otra cosa a la que podemos aplicar la palabra simetría, —y que en su aspecto externo ofrece a una observación cuidadosa muchos problemas interesantes. Por simetría nos referimos, por supuesto, la forma en que el hombre muestra un desarrollo de dos caras. Esta calidad de simetría está presente en todos los órganos de la cabeza, pero a medida que avanzamos hacia abajo desde la cabeza llegamos a una parte de la figura humana donde es aún más patente la evidencia.

Recordarán que hemos dado a  la  “postura erguida”, el nombre de Aries y el signo ♈ , y a la “orientación a la formación de sonido” el Toro nombre (Tauro) y el signo ♉ y a la “simetría” el nombre de Mellizos (Géminis) y el signo ♊. Estos son los nombres dados a los tres primeros miembros del organismo del hombre.

 Llegamos entonces a algo que parece seguir como una especie de continuación de la cabeza y que manifiesta de una manera muy especial la propiedad de la simetría. Me refiero a los brazos y las manos. Es a estos que les voy a pedir ahora tengan en consideración.

Los brazos y las manos del hombre se unen a la parte de la cabeza de tal manera que prefiguran de una manera sorprendente lo que tenemos en el hombre inferior como el muslo, la pierna y el pie. Si consideráis el reino animal, seréis inmediatamente golpeados con la semejanza de estos últimos órganos con aquellos que en el hombre, como brazos y manos, son diferentes. Podréis hacer observaciones muy importantes dedicando un cuidadoso estudio y pensamiento a la diferencia que hay en el hombre entre los brazos y las piernas, y entre las manos y los pies, en contraposición a los animales que están más cerca de él.

Tomemos ahora los nombres que empleamos ayer para las piernas y los pies y los aplicamos de manera correspondiente a los brazos y manos que se unen a la cabeza y que —como una observación bastante superficial nos permitirá ver— tienen conexión espiritual con todo el mundo del pensamiento de la cabeza. No lo encontraremos irrazonable o inapropiado si aplicamos ahora a estos brazos y manos que están conectados con la cabeza, los mismos términos que usamos ayer para las piernas y los pies, y nombrar esta continuación simétricamente extendida de la cabeza de la siguiente manera.

Primero tenemos, como cuarto miembro, el brazo superior, y a esto le damos la misma designación que le dimos al muslo, el Arquero (Sagitario) ♐.

Observamos una diferencia entre el codo y la rodilla, no habiendo desarrollo el codo una correspondencia con la rotula, pero a pesar de ello la similitud es suficientemente obvia. Y así le damos al codo el signo y el nombre que dimos a la rodilla, – Cabra (Capricornio) y ♑.

Asignamos al brazo inferior el mismo signo que tomamos para la pierna, el Signo de Acuario ♒, y las manos se indican con el mismo signo que dimos a los pies,  el signo de los Peces (Piscis) ♓.

Y si ahora juntamos estos miembros de la naturaleza del hombre, por sí mismos, comprendiendo la cabeza y los brazos, obtenemos un hombre de siete miembros. Esta es una percepción importante. Al reflexionar sobre cómo este hombre séptuple completo recibe alimento —la nutrición es naturalmente traída a él del resto del hombre— entonces la idea no será totalmente grotesca si imaginamos por un momento que este hombre séptuple podría recibir su alimento de fuera, como una planta que encuentra alimento preparado para ella en el mundo exterior, y simplemente la recibe y trabaja sobre ella. Podríamos muy bien imaginar que sucedió lo mismo con este hombre séptuple, y que no obtuvo lo que necesitaba para el mantenimiento del cerebro y demás de las otras partes de la naturaleza del hombre, sino directamente del mundo exterior. Este séptimo hombre estaría entonces directamente e inmediatamente ligado al mundo exterior.

Es esencial que el ocultista llegue a una comprensión de este hombre séptuple si quiere elevarse de manera correcta al nivel de una conciencia superior. Lo que acabamos de describir debe encontrar en algún momento un lugar en su mente, esta posibilidad de un hombre séptuple, de la cual uno piensa todas las partes restantes y miembros del ser humano actual.

HOMBRE SUPERIOR

Pasemos ahora a considerar al segundo hombre. Entenderemos mejor al segundo hombre si perseguimos el siguiente tren de pensamiento. El órgano esencial de la cabeza es, como veréis fácilmente, el cerebro. Ahora el hombre tiene algo más en su forma que es similar al cerebro. Difiere del cerebro de la cabeza en lo que aparentemente es un detalle, pero realmente es un punto de gran importancia. El hombre tiene en realidad algo así como un segundo cerebro; Es el cerebro de la médula espinal, que está encerrado en la columna vertebral.

Voy a pedirles que nos detengamos un poco en este pensamiento. Traten de imaginar que la médula espinal no es otra cosa que un cerebro extraño y peculiar. Es muy posible sentirlo como un cerebro que ha sido alargado y se ha convertido como en un bastón —al igual que también podemos ver el cerebro como una médula espinal inflada.

Nos ayudará aquí si imaginamos al hombre asumiendo por el momento la misma postura en el mundo que los animales todavía tienen hoy, es decir, con su columna vertebral no vertical sino paralela a la superficie de la Tierra. Entonces tendría un cerebro que simplemente ha sido sacado en la forma de un bastón. Y ahora observen al ser humano como lo tendría antes, paralelo a la superficie de la tierra, con la espalda recostada horizontalmente en el espacio. En esta posición la médula espinal puede muy bien pasar por una especie de cerebro.

Y ahora notamos algo muy extraño y notable, a saber, que tenemos nuevamente apéndices a la derecha y a la izquierda, aunque naturalmente muy diferentes de los apéndices de los brazos que teníamos antes. Pero imagínense una condición en la que el hombre no hubiera desarrollado la simetría tanto como hoy (que los dos brazos son casi iguales), pero aquí un brazo habría experimentado un peculiar desarrollo propio que lo diferenciara muy claramente del otro. En el día de hoy hay incluso una tendencia —y es una tontería— descartar la derecha y cultivar una igualdad de izquierda y derecha. Pero imagínense ahora que el brazo izquierdo, por el contrario, se convirtiera en un órgano completamente diferente; entonces no os parecerá imposible o absurdo referirnos en la forma en que lo haremos ahora de otros dos apéndices.

Consideremos al ser humano en esta posición, con su columna vertebral arriba, tendido horizontalmente, y unido a él por un lado la cabeza y por el otro lado los pies. Tenemos entonces dos apéndices, como lo habíamos hecho antes con los brazos. Podemos considerar la cabeza como un brazo y los dos pies como el otro brazo. A primera vista, suena muy extraño: pero cuando reflexionan en el reino animal se dan formas que no son muy diferentes a la que he descrito, la idea después de todo tal vez no  parezca tan grotesca.

De hecho, esta idea debe encontrar lugar en nuestra mente, si queremos tener la comprensión de todo el ser que es en verdad un ser de tres miembros. Entonces podemos decir que tenemos aquí apéndices,  —sólo formados asimétricamente; melllizos, digamos, que no son iguales. En efecto, llegamos a percibir que tenemos ante nosotros algo así como una repetición del primer hombre séptuple.

Comencemos entonces asignando a este hombre horizontal de dos formas disimilares Gemelos. Pues podemos llamar de nuevo a los dos apéndices laterales Gemelos (Géminis). En el hombre horizontal, la cabeza por un lado y los pies por el otro se pertenecen; están dispuestos en una relación mutua, y los denotamos en relación con el nombre Geminis.

Y ahora debemos regresar a lo que hemos visto ser un cerebro. Recuerden lo que dijimos antes. Ahora tenemos la imagen del hombre al que ahora miramos tumbándolo. Tenemos ante nosotros la parte media del hombre, el cuerpo como tal. Esto debe considerarse como un mundo encerrado en sí mismo y, además, como un mundo del que pensamos que contiene en él el segundo hombre. Así tenemos la cobertura o el encerramiento de este segundo hombre, y dentro, por encima, una especie de cerebro. Al recinto –el sudario o envoltura por así decirlo– lo designamos como Cangrejo (Cáncer). Todo el recinto del pecho adquiere un carácter completamente nuevo por el hecho de que hemos tumbado al hombre para obtener una imagen correcta de él.

HOMBRE medio

Ahora veamos qué miembros podemos encontrar dentro de este recinto del pecho. Sólo tenemos que seguir a los miembros como los tomamos en su secuencia ayer, en cuanto al lugar donde es posible todavía contarlos como la parte del tronco o del hombre medio. No hay duda del interior al que le dimos el nombre de León (Leo) ♌ y que se concentra en el corazón. Este es el tercer miembro. Entonces recordarán que vimos cómo el hombre está realmente dividido en dos miembros, un contenido interior que está encerrado por el Cangrejo (Cáncer) y un contenido interno que está encerrado por las paredes abdominales. Anatómicamente, el cuerpo del hombre está dividido exactamente por el diafragma en una cavidad superior y una cavidad inferior; lo que está debajo del diafragma también tiene que ser contado con el hombre medio. Lo designamos por el nombre de Virgen (Virgo) con el Signo ♍.

Llegamos entonces al lugar del equilibrio, donde el hombre comienza a no estar encerrado en su propia forma, sino a abrirse al mundo exterior. Cuando usa sus piernas está tomando contacto con lo que está fuera de él. El lugar del equilibrio es el límite en el que el estar totalmente “dentro” llega a su fin. Este quinto miembro se llama Escalas (Libra) y se le da el Signo ♎.

Del modo en que se colocan los órganos de la reproducción en el hombre, se verá que obviamente deben contarse con el hombre medio; Y así tenemos, como sexto miembro, los órganos reproductores, Escorpión (Escorpio) con el Signo ♏.

Y ahora nada queda por hacer sino definir el apéndice que forma el segundo de los Gemelos. Si consideran lo que es el muslo para el hombre y observan cómo su movimiento está condicionado por la naturaleza del hombre medio (porque el muslo está estrechamente relacionado con todo el sistema muscular del hombre medio), verán que debemos contarlo también como miembro. En cuanto a la rodilla, el hombre es hombre medio; las fuerzas del hombre medio entran en el muslo y se extienden hasta la rodilla. Por otra parte, ya hemos incluido el muslo como uno de los gemelos. La cabeza en un lado y el muslo en el otro constituyen el par de gemelos. Al muslo, entonces, lo denotamos con el Signo ♐ y lo llamamos Sagitario.

Cuando vamos más allá y consideramos los pies, encontramos que mientras que el muslo aún conserva una conexión íntima con el hombre medio, la rodilla, la pierna y el pie requieren el apoyo de la tierra. El muslo, es cierto, usa este apoyo, pero la pierna y el pie están allí sólo porque el hombre tiene que estar firme y recto en la tierra. En el muslo todavía tenemos que ver con la continuación del hombre medio. Si no estuviera adaptado a los otros miembros de la pierna y el pie, el muslo, de hecho, podría asumir una forma diferente y permitir al hombre ser una criatura aérea. Órganos muy diferentes podrían ser desarrollados más allá de él, adecuados para nadar o volar. Estos se pondrían en movimiento por medio del muslo, pero entonces todo lo que esta sobre ellos tendría que adaptarse a su propósito.

Vemos por lo tanto, que las partes restantes de la forma del hombre no requieren ser contadas con el hombre medio, de modo que ahora tenemos nuevamente un hombre séptuple. Es el segundo. Si miramos la diferencia entre los dos, encontraremos que es absolutamente asombrosa. En el primer hombre de siete miembros tenemos, al principio, todos los órganos sensoriales importantes, situados en la cabeza. Y cuando contamos en este primer hombre séptuple, como debemos hacerlo, los brazos y las manos, entonces hemos incluido en él órganos que tienen una cualidad distintiva que ninguna otra observación puramente externa y materialista podría dejar de reconocer. Porque los órganos que llamamos brazos y manos, si los estudiáramos seriamente, revelan en alto grado el significado sublime de la naturaleza del hombre.

Si quisiéramos hablar del arte en la Naturaleza  —y todo lo que el hombre considera con razón como el Templo de Dios está maravillosamente imbuido del arte de la Naturaleza— no podremos encontrar mejor expresión que en la maravillosa construcción de las manos y los brazos del hombre. Tomen los órganos correspondientes en otras criaturas que están relacionadas con el hombre. Miren, por ejemplo,  las alas de un pájaro,  —un animal alejado del hombre. Las alas son los miembros delanteros del pájaro, son comparables con lo que tenemos en el hombre como manos. El pájaro no podría volar sin alas. Las alas son órganos que son útiles y necesarios para su existencia— en el sentido más completo, órganos de utilidad. La mano humana no es en el mismo sentido un órgano de utilidad en absoluto. Es cierto que podemos desarrollarla para que lo sea, pero requiere desarrollo. No podemos volar con ellas, ni nadar con ellas, y es incluso torpe en la escalada, en la que los miembros delanteros del mono —el animal que está más relacionado con el hombre— son muy inteligentes. Podríamos casi decir que, mirado puramente desde el punto de vista de la utilidad, hay muy poco significado o propósito en la forma de las manos. Si, sin embargo, observamos todo lo que el hombre tiene que hacer en el curso de la evolución con sus manos, encontramos que son sus posesiones más preciadas. Cuando se trata de llevar a la expresión exterior lo que la mente y el espíritu son capaces de lograr, entonces las manos muestran su valor.

Piensen en los movimientos más sencillos y elementales de la mano. ¿Acaso la mano, cuando acompaña a la palabra con un gesto, no se convierte en el órgano más expresivo? En todos los diferentes movimientos y posiciones de la mano ¿no vemos a menudo algo revelado del carácter interior del ser humano? Supongamos por un momento que las manos fueran adaptadas para escalar o nadar; o suponer que el hombre necesitara sus manos para ayudarse a moverse por la tierra. El mundo podría estar tan ordenado que no tendríamos que aprender a caminar, sino que haríamos uso de nuestras manos para ayudarnos. Para tener en cuenta, que tenemos que aprender a caminar haciendo movimientos que son bastante inadecuados para el propósito —movimientos pendulares con ambas piernas—. Por lo general, no se observa lo poco adaptados para el fin en vista de lo que son los movimientos de la pierna; no hay un solo animal que no tenga sus piernas mucho más útilmente colocadas y ajustadas que el hombre. Y en cuanto a nuestras manos, no tienen nada que ver con este reino de nuestra existencia. Pero supongamos ahora que no fuera así, supongamos que el hombre encontrase más fácil, más natural, moverse con la ayuda de sus manos. ¡En ese caso tendríamos que olvidarnos de toda la cultura humana! ¿Qué no hace un artista con su mano? Todo arte sería simplemente inexistente, si las manos hubieran sido órganos de utilidad.

Este es un hecho que debe tener muy presente el aspirante del ocultismo, que en los brazos y las manos tenemos órganos maravillosos, profunda y fuertemente conectados con la vida espiritual que vive el hombre en la Tierra. Cuando consideramos cómo el hombre en su cabeza tiene un sentido de contacto con el mundo exterior, donde los órganos de los sentidos están principalmente localizados, y luego trabaja en ese mundo externo por medio de sus manos, cuando consideramos cómo puede preparar en su cabeza lo que despues muestra al mundo exterior con sus manos y lo lega como arte y cultura, entonces comenzamos a ver el verdadero carácter de este primer hombre séptuple. Es el hombre esencialmente espiritual, es el hombre en su conexión con el mundo externo. Si miramos a estos siete miembros y vemos cómo forman un todo autocontenido entonces vemos cómo en este hombre séptuple el proceso de la tierra se vuelve consciente para el hombre. Este primer hombre de siete miembros debe considerarse como la naturaleza espiritual del ser humano; es el ser espiritual del hombre, en la medida en que es hombre de la Tierra.

Veamos ahora al segundo hombre. El hecho de que el hombre medio tiene gemelos (Géminis) que muestran desarrollos totalmente diferentes en ambos lados, le da una relación doble con el mundo exterior. Está conectado con el mundo exterior por un lado a través de la cabeza, —porque tiene el conocimiento en la cabeza; y por otro lado, a través del hecho de que el hombre es una criatura que se mueve sobre la Tierra y puede dirigir su movimiento desde dentro. Finalmente, también está conectado con el mundo exterior por medio de los órganos reproductivos que hacen posible la continuidad física del hombre. Si no fuera por estos tres miembros, Géminis por los dos lados, y por los órganos reproductores, no habría conexión con el mundo exterior. Estos tres miembros en el organismo medio permiten al hombre tener conexión por un lado con el proceso de la Tierra y por otro lado con la evolución continua del hombre en la tierra, con la secuencia de las generaciones y la reciprocidad del sexo.

Sin embargo, cuando nos volvemos a los miembros medios que denotamos con las palabras Cáncer, Leo, Virgo y Libra, descubrimos que sólo están allí para el hombre interior —quiero decir, por supuesto, “interior” en el sentido corporal—. Esta naturaleza interna corporal del hombre tiene, es cierto, continuación en dos direcciones exteriores en lo que para él es Géminis; pero el resto está enteramente ocupado con el organismo interior. Para el organismo interior del hombre es de la mayor importancia que tenga un corazón, pero es de muy poco interés para la naturaleza externa, y de poco interés que tenga un abdomen.

Tenemos, pues, tres miembros que son importantes para la naturaleza terrestre externa y otros cuatro que sirven especialmente al propio organismo interno del hombre. Mientras que el hombre superior vive esencialmente en el mundo exterior, en virtud de los sentidos, así como en virtud del mecanismo del brazo y la mano, aquí tenemos fundamentalmente una vida dentro del organismo. Por lo tanto, existen grandes diferencias entre estos dos hombres, el hombre medio y el hombre cefálico.

Ahora debemos pasar a considerar al tercer hombre. Para hacernos más fácil de formar un cuadro mental de este tercer hombre, lo tomaremos en el orden inverso, comenzando desde el otro extremo. Encontraremos que este tercer hombre se separa de los otros dos de una manera perfectamente natural y obvia.

Comencemos con el séptimo miembro, los pies. Sabemos por la conferencia de ayer que conferimos a los pies el nombre de Piscis y el Signo ♓. La forma humana está aquí totalmente adaptada al mundo exterior. Si se piensa un poco sobre ello encontrarán que no hay ninguna pregunta al respecto. Porque es esencialmente la forma del pie lo que hace posible que el hombre sea una criatura que se mueve sobre la Tierra.

Todo lo que se requiere para caminar el hombre tiene que aprenderlo. Es conforme con la naturaleza que el hombre tiene que colocar sobre la Tierra la planta del pie, de modo que la superficie extendida del pie no esté dirigida hacia dentro sino hacia la Tierra. Y ahora, como lo que llamamos la pierna pertenece y corresponde a esta naturaleza del pie, debemos considerar como sexto miembro la pierna, a la que le damos el nombre de Acuario y el Signo ♒.

Llegamos entonces al quinto miembro, la rodilla, que aquí no se debe considerar de otra manera que formando un necesario mecanismo de descanso para el muslo. Debido a que el hombre tiene que poner a su hombre medio en conexión con el hombre inferior —el pie y la pierna— por lo tanto debe haber esta partición en la rodilla. Piensen en lo difícil que sería caminar si la pierna y el pie no se separaran de esta manera. Caminar sería una cuestión aún más difícil de lo que es, si la pierna y el muslo estuvieran hechos de una sola pieza! Si no tuviéramos que caminar, el hombre medio no nos preocuparía. Como sin embargo es así,  necesitamos al hombre medio y, en consecuencia, también se requiere de la rodilla como miembro de conexión. Lo llamamos Capricornio, con el Signo ♑. Este es el quinto miembro.

El cuarto, el muslo, ya lo hemos considerado y hemos visto que pertenece al hombre medio. El muslo tendría que estar allí incluso si el hombre tuviera otro tipo de movimiento. Si, por ejemplo, volara o nadara, seguiría necesitando el muslo, aunque podría tener que asumir otra forma. Si el hombre es capaz de caminar sobre la tierra, no sólo debe adaptarse el pie, la pierna y la rodilla a la tierra, sino también el muslo debe estar en la relación y proporción correcta con la de estos miembros. Debe ser formado de modo que corresponda de la manera correcta a los tres miembros inferiores. Lo reconocerán cuando observen que, en la medida en que el muslo está en correspondencia con los órganos medios, es del mismo tipo en aves, y en los animales de cuatro patas; solo en el hombre se desarrolla de manera diferente. Así, el muslo pertenece al hombre en cuanto tiene de naturaleza animal. Le damos el nombre de Arquero (Sagitario) y el signo ♐.

Se puede ver fácilmente que los órganos de reproducción están formados, por un lado, desde dentro, y por otro en sus funciones se adaptan al trabajo exterior. Permítanme decir de paso que debemos hablar de estas cosas con bastante objetividad, y considerar aspectos de ellas que sólo se pueden considerar cuando se trata el tema con seriedad científica. Los órganos reproductivos se adaptan a la naturaleza externa en el sentido de que relacionan un sexo con el otro. El órgano del macho no sólo se forma fuera del hombre medio, sino que también se le da una dirección externa y un forma adaptada al órgano reproductor de la hembra. Tenemos, por lo tanto, que hablar de los órganos reproductivos como el tercer miembro, que llamamos Escorpión y denotamos con el Signo ♏.

Ahora vamos a lo que se llama la balanza (Libra), el lugar del equilibrio en el hombre. La forma externa de la región del equilibrio es prueba suficiente de que tenemos aquí un miembro de la naturaleza media del hombre. Tengan en cuenta que es porque el hombre se ha vuelto vertical que tuvo que tener aquí este órgano de equilibrio. Debe desarrollarse de tal manera que le permita convertirse en un ser recto. Comparen la región de equilibrio en un animal de cuatro patas con el del hombre y reconocerán que este miembro del equilibrio es diferente pues la parte superior del cuerpo tiene una dirección ascendente o descansa horizontalmente en las piernas y los pies. Así, el lugar donde se encuentra el equilibrio y que designamos como Libra tiene que ser contado como el segundo miembro del hombre inferior.

Y ahora llegamos a algo que no puede sino encontrarse con malentendidos por parte de la ciencia actual. Hemos considerado hasta ahora un hombre de seis envolturas; hemos estudiado al tercer hombre empezando desde abajo hacia arriba y encontramos en él a estos seis miembros. Cuando consideramos a los otros dos, al primer y el segundo hombre séptuple, tomamos como punto de partida en cada caso un cerebro. Al considerar la cabeza, comenzamos con el cerebro y eso nos condujo a los brazos y manos. Entonces aprendimos a ver un segundo cerebro, un cerebro que es como un cuerpo alargado, pero aún así es verdaderamente cerebro,—la médula espinal. Como usted sabrá, la diferencia entre la médula espinal y el cerebro, aunque aparentemente  parece pequeña, es realmente muy grande. La médula espinal es el instrumento para todos los movimientos que el hombre está obligado a realizar; los movimientos que llamamos movimientos involuntarios son controlados por la médula espinal. Cuando, por otra parte, empleamos el instrumento del cerebro, el pensamiento se inserta entre la percepción y el movimiento. En la médula espinal no existe conexión con el pensamiento. Allí el movimiento sigue directamente a la percepción. En el caso del animal la médula espinal desempeña una mayor parte que en el caso del hombre, y el cerebro una parte menor. La mayoría de los animales realizan sus acciones de manera involuntaria. El hombre, sin embargo, en virtud de su cerebro superior, se inclina al pensamiento entre la percepción y el movimiento; por consiguiente, sus hechos muestran un carácter voluntario.

Tratemos ahora de imaginar al tercer hombre de tal manera que en él también descubrimos una clase de cerebro. Como ustedes saben, hay en el hombre un tercer sistema nervioso distinto del cerebro y de la médula espinal. Es el sistema nervioso simpático, el denominado plexo solar, situado en la parte inferior del hombre y que envía sus fibras hacia arriba, paralelas a la médula espinal. Es un sistema nervioso que está separado de los otros dos y en relación con el propio cerebro, puede considerarse como un cerebro peculiar, no desarrollado. Cuando seguimos la forma humana más allá de Libra, encontramos este notable sistema nervioso simpático, el sistema del plexo solar extendido como el cerebro del tercer hombre. Con los órganos especiales que ya hemos enumerado, también está conectado lo que tenemos que considerar como una especie de tercer cerebro, el plexo solar.

Ahora bien, existe una conexión vital —y esto es lo que la ciencia externa no puede sino encontrar difícil de aceptar— entre el plexo solar y los riñones. Como la sustancia del cerebro en la cabeza y las fibras de las vías nerviosas permanecen unidas, también lo hacen los riñones que pertenecen al cerebro del abdomen, al plexo solar. De hecho, el plexo solar y los riñones forman, en conjunto, un tipo peculiar de cerebro subordinado. Reconociendo este cerebro como parte del hombre inferior, podemos designarlo con el término Virgen (Virgo) ♍. Tenemos, pues, ahora nuestro séptimo, o más bien nuestro primer miembro, compuesto por la conexión del plexo solar con los riñones; y en este punto llegamos a completar el tercer hombre séptuple.

HOMBRE INFERIOR

Así, el hombre se encuentra triformado en su composición. Estos tres hombres colaboran entre sí, y no es posible comprender la naturaleza del ser humano hasta que se sepa que en él están activos en realidad tres seres humanos. Tres hombres séptuples trabajan unidos en el hombre.

El último cerebro nombrado toma extraordinariamente poco interés en el mundo externo. Su único propósito es mantener las partes interiores del hombre en posición vertical. Todo el resto de los órganos en el hombre inferior se adaptan al mundo exterior, aunque de una manera muy diferente a la del hombre cefálico. La relación del hombre cefálico con el mundo externo se expresa en el hecho de que él re-forma el mundo de la tierra al mundo de la cultura humana. Por otro lado, en los órganos externos e internos del hombre inferior tenemos que ver con algo que pertenece y sirve al ser humano mismo. Es sólo porque no nos tomamos la molestia de pensar con precisión en estos asuntos que no podemos observar la enorme diferencia que hay entre esta Triformación que engloba la totalidad del ser humano

El ocultismo siempre ha dado el nombre de Mysterium Magnum, el Gran Misterio, al maravilloso secreto de la naturaleza del hombre, cuyo aspecto exterior hemos estado considerando aquí. Este aspecto del Mysterium Magnum es visible en el mundo exterior; sólo que, en general, no estamos en condiciones de entenderlo, porque no distinguimos desde un principio, en lo que parece ser una unidad, un ser tres veces séptuple.

Ahora podemos pasar a considerar el otro aspecto de este misterio. Hablamos antes de la naturaleza del Yo del hombre, y dijimos cómo tiene la apariencia de ser una unidad. Vimos también cómo esta unidad se rompe continuamente, siendo continuamente interrumpida por el sueño. Si leen “Como se alcanza el conocimiento de los Mundos Superiores” encontrarán que se describe un hecho notable, cuando el discípulo de ocultismo da el paso que lo lleva fuera de su conciencia ordinaria algo extraño sucede con su Yo, con su conciencia. El está dividido en tres miembros, y tan eficazmente que es dominado por estos miembros auto-dependientes dentro de él —el alma pensante, el alma sensible y el alma dispuesta—. En la vida ordinaria estas tres cosas —pensamiento, sentimiento y voluntad— están unidas en la naturaleza del Yo, en la conciencia del Yo. En nuestra conciencia cotidiana común juegan entre sí. Sin embargo, tan pronto como damos un paso hacia una conciencia superior, el pensamiento, el sentimiento y la voluntad se desmoronan. Este es un hecho al cual el aspirante del ocultismo debe prestar atención. Cuando sale de su conciencia cotidiana, se encuentra dividido en tres, encuentra la unidad del Yo dividida en un hombre pensante, un hombre sensible y un hombre dispuesto.

Ahí tienen el otro aspecto del Mysterium Magnum. Cuando el hombre se precipita, por así decirlo, cuando realmente pasa por encima de los límites de su conciencia, entonces su unidad del Yo se divide en tres al igual que la aparente unidad de la figura humana externa, tan pronto como llegamos a estudiar el cuerpo más de cerca, se divide en tres, —en tres hombres de siete miembros.

Así, nuestra naturaleza interna del Yo, al igual que nuestra forma externa, es una unidad formada de una trinidad. El hombre exterior se divide en el hombre cefálico de siete miembros, el hombre medio o rítmico se divide en siete miembros  y el hombre inferior o metabólico consta de siete miembros. En consecuencia, el yo interior del ser humano se divide, en cuanto alcanza el primer paso en el reino oculto, en un ser trimembrado, el hombre pensante, el hombre sensible y el hombre dispuesto, que colaboran entre sí en completa independencia. Ese es el segundo aspecto del misterio.

Ambos hechos deben ser reconocidos por el discípulo del ocultismo, cuando da el primer paso hacia una conciencia superior. (Hablaremos mañana del encuentro con el Guardián del umbral.) Así como la conciencia se divide en tres partes, así si avanzamos de la manera correcta, aprenderemos a percibir en la forma externa manifiesta del hombre un ser trino y séptuple. Tenemos aquí dos aspectos de un aspecto múltiple, —el Mysterium Magnum. De los otros aspectos hablaremos más adelante. De momento estamos indicando los primeros y más elementales pasos para el comienzo de este gran y maravilloso misterio. Por eso, cuando se llega a una etapa particular del desarrollo oculto, se encuentra por todos los lados con la fórmula (expresada de muchas maneras diferentes): El gran secreto es —”Tres son uno y uno son tres”. Para el ocultista esta fórmula significa lo que he descrito hoy; aquí tiene su pleno y verdadero significado. Sólo cuando la gente lo malinterpreta y lo convierte en un dogma materialista pierde su verdadero significado. Sin embargo, si lo toman en el sentido que he explicado, puede ser un símbolo correcto para las verdades con las que hemos estado tratando hoy. La fórmula se convierte entonces en una expresión del Mysterium Magnum. Si queremos encontrar el camino correcto en el reino del ocultismo —y esto es lo que intentamos aquí, en muchas conexiones—, entonces debemos aprender a comprender esta misteriosa y aparentemente contradictoria fórmula: Tres son uno y uno son tres. Para el discípulo medieval del ocultismo una y otra vez le fueron pronunciadas las palabras: “Presta atención a lo que se te dice; así podrás entender el misterio de cómo los Tres pueden ser al mismo tiempo Uno, y el Uno al mismo tiempo Tres. “

HOMBRETRIMEMBRADO

Traducido por Gracia Muñoz

GA137c5. El Hombre a la luz del Ocultismo, la Teosofía y la Filosofía

Christiania, 7 de junio de 1912

English version

Mis queridos amigos,

Ayer hicimos un estudio general de algunas de las diversas formas de misticismo. Vimos cómo el místico, y especialmente el místico de los tiempos cristianos modernos, es aquel que se propone recorrer el camino oculto y emprende en primer lugar, como preparación para el mismo, superar y trascender su conciencia egóica personal cotidiana.

Tuvimos que mostrar también de los ejemplos que presentamos, cómo es posible que tal místico se pierda en el camino. Habiendo hecho todo lo posible por extinguir la conciencia ordinaria, para que en el momento en que una experiencia suprasensible emerja en su lugar, bien puede ser que entre en una región que excluya la posibilidad de toda experiencia. Vimos cómo esto realmente ha sucedido en el caso de los místicos eminentes. Encontramos que una mística muy distinguida hablaba del objetivo que ella tenía a la vista como un “matrimonio” y una “unión”. Al mismo tiempo,  describí este matrimonio o unión como implicando inevitablemente una pérdida de sí mismo. El místico está alejado de sí mismo, ya no se posee a sí mismo, sino que pasa por encima, —como si se tratara de una especie de sueño superior—, a un elemento completamente diferente.

Aquí radica la causa por la que el misticismo, en general, aunque puede ser un camino hacia el ocultismo, no alcanza la conciencia que carece de objeto. Porque en el momento en el que el místico deja los objetos de este mundo, pierde también la conciencia misma, e interviene otro estado, una especie de intoxicación; se pierde a sí mismo y no puede alcanzar lo que llamamos el tercer elemento de la experiencia oculta, —esa conciencia superior que no posee los objetos que la conciencia ordinaria tiene y, sin embargo, todavía es una conciencia.

Ahora quiero mostrar cómo el ocultista por el contrario se las ingenia para salir de la conciencia ordinaria y no perderse, pues aún conserva algo dentro de lo que él puede vivir. Primero vamos a hacernos la siguiente pregunta: ¿Cómo es  el hecho de que en el caso de la mayoría de los místicos, la más exhaustiva investigación no puede descubrir ninguna razón de peso interno por la que deban salir de sí mismos?. No existe tal necesidad interior.

Sería muy fácil, en el caso de los místicos de quienes hablamos ayer, señalar motivos externos que les indujeron a sobrepasar los límites de su propia personalidad. En San Francisco de Asís, por ejemplo, hay evidencia de clarividencia heredada, estados visionarios; y en el caso de las diversas mujeres místicas que hemos citado, fue la personalidad —digo expresamente, la personalidad— del mismo Jesús, a quien ellas consideraban como su Esposo. De no haber sido por la tradición cristiana que trabajó sobre ellos como un estímulo exterior, nunca habrían llegado a su estado místico. En el caso de todos los místicos que estudiamos ayer, hubo un estímulo externo, pero no había una causa interior que los llevara a sobrepasar los límites del yo. Tal causa interior está presente en el caso del verdadero aspirante del ocultismo. Podemos imaginarlo de la siguiente manera.

Imaginen que alguien se dispone a meditar sobre su yo, ese extraño y misterioso miembro de la naturaleza humana, su verdadero centro de conciencia,  en primer lugar se preguntara, ¿cómo es que este yo sostiene su vida junto con la Tierra?. Si repasa su vida, descubrirá rápidamente que su cuerpo substancial externo tiene muy poco que ver con su propia existencia en esta Tierra. Las ciencias naturales nos pueden decir que las sustancias corporales se renuevan por completo en el curso de siete u ocho años, de modo que no será muy difícil que muchos de ustedes puedan presumir de no mantener ninguna sustancia del cuerpo que tenían cuando eran niños: todos ustedes tienen que admitir que su cuerpo ha cambiado completa y fundamentalmente, en el curso de la vida. De hecho se ha ido transformando en un organismo completamente nuevo. Por lo tanto y con toda seguridad el elemento permanente en la vida no se encuentra en la sustancia del cuerpo.

Y si ahora se apartan de la sustancia externa del cuerpo y dirigen la mirada sobre la vida anímica interior, sobre el pensamiento, sentimiento y deseos, allí no pueden dejar de notar cuánto han cambiado. Miren hacia el pasado del transcurso de su vida e intenten recordar los pensamientos  —aún más, los sentimientos y los impulsos de la voluntad— que les influenciaron cuando eran jóvenes.

No hay más que compararlos con otros momentos biográficos para ver los cambios fundamentales que se han producido  en su vida anímica. Sin embargo, a cualquier persona en su sano juicio no se le ocurriría hablar de sí mismo como un yo distinto de lo que fue hace diez, veinte o treinta años, o tantos años como él pueda recordar. En el momento en que un hombre tiene que reconocer que, pongamos por caso, a partir de los tres o cuatro años hasta los diecisiete años era un yo, pero que desde que cumplió diecisiete años era otro yo —en ese momento su ser sería despedazado;  ya no estaría, como se dice, en su sano juicio. Nuestro Yo, que es el punto central de nuestra conciencia, debe ser asumido como algo que es permanente a lo largo de la vida terrenal.  Y, sin embargo, si nos paramos a pensarlo, pronto descubrimos que incluso esta hipótesis relativa al yo no es después de todo suficiente correcta. Cuando hablamos sobre nosotros mismos decimos “yo”, y queremos referirnos al “yo” que se mantiene en la conciencia durante el curso de nuestra vida terrenal. Este es el sentimiento fundamental que los hombres tienen sobre el yo o el ego y que ha llevado a varios filósofos a considerar al yo como algo que puede tomarse como punto de partida para cualquier declaración sobre la naturaleza del ser humano. En toda filosofía moderna encontramos una y otra vez esta inclinación a tomar el yo como punto de partida. De Fichte a Bergson —sin ir más lejos— nos encontramos que su filosofía tiene continuamente esta orientación. Resultados notables y significativos han salido a la luz de estas consideraciones. Sin embargo, cuando uno reflexiona más profundamente, de repente le asalta otro pensamiento. Es este: estamos constantemente hablando de nuestro Yo y estamos convencidos de que este Yo es algo que persiste y permanece durante toda la vida terrenal; pero ¿realmente conocemos este Yo? ¿Podríamos dar alguna descripción o definición del mismo? Una reflexión atenta nos muestra que el yo después de todo no es tan permanente como pensamos. La vida misma está en contradicción con los filósofos que hablan de un yo permanente y piensan que pueden constatarlo. Pero cada noche, cuando el hombre se duerme, esta “permanencia” el yo es desmentida. Pues cuando el hombre está dormido este yo se extingue. Así que cuando hablamos de nuestro yo de esta manera cometemos un error. Contemplamos nuestra vida, olvidando que estamos omitiendo por completo lo que sucede con nuestro yo durante el sueño. Este yo, que sabemos que nos pertenece, desaparece en la noche, no sabemos nada de él en absoluto. Por lo tanto, cuando pensamos en nuestro yo, tenemos que hacernos la imagen no de un proceso continuo, sino de una línea interrumpida.

.¿Cómo puede ser eso? ¿Cómo puede ser que la conciencia del yo continuamente se rompa? La explicación es que cuando hablamos del yo  en realidad no queremos decir nada más que el pensamiento o la idea del yo. Y puesto que todas las ideas se hunden en la oscuridad de la inconsciencia durante el sueño, también lo hace el pensamiento del yo. El hecho mismo de que se hunda con todo nuestro mundo de ideas nos demuestra que del yo tal como lo concebimos, sólo tenemos una imagen o imagen de aquello de lo que queremos expresar cuando decimos “yo”.

Por lo tanto, no podremos encontrar en el yo el punto de partida oculto del que estamos investigando. Porque para empezar el yo sólo está ahí como una imagen. Sin embargo, es una imagen de un tipo único, cuyo estudio puede llevarnos a un resultado muy interesante. ¿Cómo, en todo caso, es que aparecen imágenes e ideas en el alma? Por el hecho de que el hombre tiene alrededor de él objetos. Si examinan cuidadosamente las ideas con las que se llena la conciencia, descubrirán que estas son despertadas por objetos externos, todas son —originalmente— imágenes de objetos externos. Ahí radica la fuente de nuestra vida de ideas, se lo debemos a la estimulación de los objetos externos. Si los objetos no estuvieran allí no podríamos tener ideas sobre ellos.

Con la idea del Yo sin embargo, es diferente. En este sentido, la imagen que tenemos del yo es única. En el mundo exterior, donde quiera que se mire, no se puede encontrar ningún objeto que lo despierte. Esto es lo que distingue la idea del yo de todas las demás ideas, no podemos apuntar a ningún objeto que sea el origen de ella. Sea lo que sea que viva en la idea del yo y se reviste con las palabras “Yo soy”, no podemos encontrarlo en ningún lugar de la amplitud de la vida exterior.

Nos vemos obligados, por lo tanto, a admitir que detrás de la idea del yo yace algo totalmente desconocido, algo que no se encuentra en el mundo exterior en cuanto que está abierto a la percepción de los sentidos. ¡Una cosa extraña y maravillosa, esta nuestra! Si pudiéramos disponer de ella dentro de nosotros, como Bergson y otros creen que podemos, si fuera posible captar más de ella que la mera imagen o idea, entonces podríamos decir que tendríamos —tal vez no mucho, sino algo— una realidad terrenal que no se da desde el exterior. ¡Pero no podemos atraparlo, no podemos alcanzarlo!

Hay, sin embargo, una cosa que podemos conocer de este yo, una cosa que puede servir como fulcro, como el fulcro que Arquímedes pidió hace mucho tiempo, para poder desquiciar la Tierra. Una cosa podemos descubrir cuando enfocamos nuestra atención en el Yo. Entre toda la multitud de preguntas y enigmas que se nos presentan cuando dirigimos nuestro pensamiento hacia el mundo exterior, hay una pregunta particular que llama fuertemente a una respuesta y es la cuestión que todo aspirante del ocultismo debe enfrentar si quiere saltar a la conciencia. Debe preguntarse: “En todo el vasto campo de la experiencia terrenal, ¿no ves nada de lo que puedas decir que expresa la parte más íntima de tu propio ser? ¿No encuentras nada en lo que se expresa tu yo? “.

Buscar esa expresión en nuestra vida interior sólo conducirá a la decepción. Allí entramos simplemente con nuestras ideas fugaces y transitorias, y nunca podemos estar seguros de encontrar algo que nos lleve más allá de este mundo de ideas temporales. En cualquier caso, nunca podremos aspirar a liberarnos de nuestra personalidad —la misma cosa que debemos hacer como ocultistas— siempre y cuando contemplemos perpetuamente esto. Por otro lado, en el mundo externo fuera de nosotros, sólo existen las experiencias del hombre en la Tierra. Cualquier expresión de lo que corresponde al yo en el hombre debe ser una expresión externa. Al Yo mismo no lo podemos alcanzar; pero cuando miramos a nuestro alrededor, encontramos algo que es una expresión —y por el momento, la única expresión— de nuestro Yo. Es la forma o figura humana.

Hemos llegado aquí a un punto difícil en nuestra consideración, pero debemos encontrar la manera de dominarlo. En primer lugar, permítanme que les diga que entiendan el término “forma humana” como indicación de la forma del hombre tal como la encontramos en el mundo exterior. Creo que no tendrán ninguna dificultad en seguirme cuando digo esto, así como una planta es en su forma exterior la expresión de su naturaleza y de su ser, como el cristal se forma de tal manera que se corresponde con su ser interior, y como un animal también tiene una forma que corresponde con su ser interior, la forma corresponde con la naturaleza y el ser del hombre. Y puesto que desde el conjunto de nuestras experiencias terrenas reunimos nuestro ser en nuestro Yo, la forma humana debe ser una expresión del yo humano. En otras palabras, en todo el vasto reino de nuestra experiencia hay una cosa —la forma o la figura humana— que es una expresión del ser humano. Suena trivial decirlo, pero es en realidad una de las declaraciones más importantes que se pueden hacer, y sobre la cual debemos reflexionar y meditar.

Ahora el ocultista debe ir más lejos. Del yo puede decir que lo expresa cuando dice “yo”, pero no puede decir que lo tiene, que está “ahí” para la percepción. Lo que tiene, lo que hay, es la idea del yo. La forma humana, por otra parte, parece estar allí. Y así el ocultista se encuentra en una situación extraña y desconcertante. Él encuentra a cada paso la forma humana, la expresión del yo humano, mientras que el yo mismo todavía se le escapa.

Aquí sólo hay un camino posible a seguir por el ocultista. Y es este. Él debe entender claramente que no es diferente una forma humana que un yo humano. Si la forma humana está siempre ahí, entonces no corresponde al yo que no siempre está ahí. Nos enfrentamos a la necesidad de llegar de alguna manera a entender que la forma humana —que aparentemente encontramos cada minuto de nuestra vida— no existe, no existe entre los objetos terrenales. Es sumamente importante llegar a la percepción de que la forma del hombre posee una cualidad peculiar y que se parece mucho a la idea del yo. Pues la forma humana también en su aspecto externo nos engaña, nos miente. Eso es lo que el ocultista llega encontrar, que la forma humana le miente, pretendiendo ser una expresión del ser del hombre, afirmando estar allí como una realidad simple, cuando todo el tiempo el ser del hombre permanece oculto.

Como veréis, nos acercaremos más a la meta que nos hemos propuesto, —a saber, una “conciencia que no tiene objeto y que aun así sigue siendo una conciencia”— si nos proponemos adquirir una conciencia de la forma humana, puesto que  en el ser humano ¡La forma es después de todo un objeto externo! Esto significa que la forma humana tal como la encontramos en la vida no puede ser lo que buscamos como expresión del yo.

Ahora bien, el ocultista debe, por supuesto, saber que no puede vivir de ideas y conclusiones tomadas del mundo exterior, las experiencias en las que ahora tiene que penetrar no pueden ser recibidas desde fuera; pues lo que le viene de afuera va a darle su conciencia de la Tierra, y esto lo quiere trascender. Cuando el ocultista mira la forma humana, lo que tiene que hacer es experimentar algo en ella que le lleve lejos de la conciencia terrestre.

¿Es posible experimentar en la forma humana algo que nos lleve más allá de toda conciencia de la Tierra? Sí, es posible. Miremos primero el rostro humano y observemos la impresión que produce sobre nosotros. Si queremos alcanzar una verdadera percepción del rostro humano, no debemos ser tan absurdos como para aferrarnos a nuestras ideas acostumbradas. Porque aquí tenemos que entrar en una profunda experiencia que conducirá finalmente a la asombrosa conclusión de que el rostro humano no es como debería ser. Aprendemos a ver cómo el rostro humano y todo lo que le pertenece —en realidad toda la parte superior del hombre— ha sufrido cambios en el transcurso del tiempo a través del orgullo en el alma del hombre—, el orgullo, la altivez y la presunción.

Esta es la primera experiencia que tenemos que vivir, cuando comenzamos a sobrepasar los límites de la conciencia ordinaria. Entramos en un sentimiento profundo y original del alma donde decimos:  “¡Me mientes, oh rostro humano y cabeza humana!. Por orgullo y presunción te has dado una forma que no deberías tener. Al mirar toda la parte superior del hombre, empiezo a ver a través de su apariencia; cuando veo cómo el orgullo y la presunción han hecho su impresión en el hombre a través de muchas encarnaciones, entonces empiezo a percibir un rostro humano original que es muy diferente”. Así, mirando la parte superior del hombre, percibimos cómo a través del orgullo y la presunción el hombre ha cambiado su forma original.

Una observación adicional ha de hacerse, y esta vez se refiere a las partes restantes de la figura humana. Aquí de nuevo, cuando se despiertan las percepciones más profundas y originales del alma, tenemos la impresión de que la forma humana nos está mintiendo. Las partes restantes de la misma —éstas también, no menos que la cabeza—, deberían ser diferentes de lo que son. Nuevamente tenemos que descubrir y eliminar alguna influencia interferente para llegar al original; y aquí está el anhelo y el deseo apasionado. Cambiado en forma y figura, el hombre se ha convertido, a través del orgullo y la presunción por encima, y a través del deseo por debajo. Si el deseo no estuviera encendido en él, entonces la parte inferior de su organismo tendría una forma diferente.

Estas dos experiencias son los fundamentos sobre los que debemos construir. Son experiencias que es posible tener y que pueden llevar a pronunciar dos juicios, —que el hombre es demasiado orgulloso y que está demasiado lleno de anhelo y deseo—. Son experiencias internas definidas en la conciencia y que le obligan a uno mismo si mira al ser humano con las facultades perceptivas anímicas más profundas. Pero ¿qué pasa con su origen? ¿Han sido despertados por cualquier objeto en el amplio mundo de la vida de la Tierra? Como hemos visto, sólo están presentes cuando el hombre empieza a sentir la imperfección de su propia forma, cuando siente que su forma originalmente tenía un plan y un carácter diferentes y que se ha transformado a través de la  acción del orgullo y del deseo. No es, por lo tanto, ningún objeto externo el que ha ocasionado estas experiencias. Sin embargo, son experiencias que pueden aparecer en la conciencia humana, que pueden estar allí simplemente por el hecho de que el hombre vive su vida en la Tierra junto con su entorno.

Aquí hemos hecho un descubrimiento de extraordinaria importancia, a saber, que es posible llegar a un juicio interno, a una experiencia interior, que no tiene objeto. Y esta experiencia interior tiene el siguiente resultado. El estudiante de ocultismo concibe un disgusto por su forma humana. Él le dice a ella: “eres falsa.” Él se retira de ella, —no como los místicos de los cuales hablamos ayer, que cuando se retiran, no conservan nada de las experiencias de la Tierra. No, el ocultista se aparta de la experiencia ordinaria y toma algo con él, lo que le hace falta es un juicio acerca de la forma humana. Es una sentencia a la que, de hecho, la expresión ha sido propuesta por el hombre una y otra vez en innumerables maneras diferentes.

Lo que aquí se ha descrito es, por así decirlo, la primera percepción elemental que se encuentra en el comienzo de la conciencia oculta, —si se trata de una conciencia oculta genuina y no una mera experiencia mística—. Al principio se encuentra un juicio sobre el ser humano. La forma humana como tal se ha extinguido, no así, sin embargo, toda la experiencia interior. Sigue habiendo una sentencia firme sobre el hombre, que le dice: “Es la vida de la Tierra la que te ha hecho como eres; La forma en que nos vemos ahora nos remite a otra forma completamente diferente

Para ver claramente que tenemos que ver con el amanecer de una “conciencia sin objeto”, será necesario que estudiemos un poco más de cerca esta forma o figura humana. Pues cuando mostramos cómo el estudiante de ocultismo hace este salto de sí mismo, conservando sólo una especie de sentimiento juicioso sobre la forma humana —encontrando fallas en la mitad por ser demasiado orgulloso y en la otra mitad por estar demasiado lleno de deseo— están hablando de una experiencia interior que es bastante indefinida. De hecho, es algo que conduce, como veremos más adelante, a las regiones más altas de la experiencia espiritual; sin embargo, todavía no está definida.

Para llegar a una mayor definición, estudiemos ahora la forma humana con cierto detalle. ¡Hablando en lenguaje científico, diseccionemos la forma humana! Cuando tratamos de hacerlo, nos sorprende inmediatamente el hecho notable de que la forma humana se divide por sí misma de forma natural en varios miembros. Veremos claramente lo que estos miembros son cuando preguntamos cómo el hombre llegó a recibir su forma actual. Encontraremos que las verdades que se extraen de los pozos profundos del ocultismo nos dan una imagen completa de los miembros de la forma humana, nos muestran cómo la forma humana ha sido unificada.

Lo primero en la forma humana que llama nuestra atención, lo primero en la forma que hace al hombre, es lo que insistí en las palabras iniciales de estas conferencias, el hecho de que es vertical. El hombre es un ser que camina erecto. Esa es la primera cosa importante sobre él, por así decirlo, —el primer miembro de su forma— su postura erguida.

Tal vez parecerá como si hubiera algo arbitrario acerca de la manera en que estoy diseccionando la forma del hombre. Pero si me siguen de cerca y con cuidado, verán que en realidad no es así en absoluto, el hecho es que el ser esencial del hombre, tal como se nos describe en el conocimiento oculto, se refleja en su forma o figura.

La segunda cosa que hace al hombre “hombre” y que también será fácilmente reconocido como esencial para la forma humana, es el hecho de que está constituido de tal manera que le permite ser un ser hablante. El sonido puede nacer en él. Consideren la importancia de esta característica. En general, el hombre está organizado en una dirección ascendente, y en particular está tan organizado que sus órganos del habla, comenzando desde el corazón y la laringe, suben, hasta la cara. Estudien al ser humano desde este aspecto y encontrarán que todas las formas de los miembros están dispuestas de modo que se adapten a la creación, a la modulación y formación del sonido. Así podemos decir, el segundo factor importante en el ordenamiento de los miembros de la forma humana es que están ordenados y dispuestos con vistas al habla.

La tercera cosa que tenemos que considerar importante para la forma del hombre es el hecho de que es simétrica. Inevitablemente uno siente que la forma humana perdería algo de su naturaleza real si no fuera simétrica. Ése es entonces el tercer esencial, que las extremidades y los miembros están dispuestos simétricamente. Como sabemos, hay excepciones, pero la calidad de la simetría es esencial.

La cuarta cosa que entra en consideración se manifiesta de la siguiente manera. Si observan atentamente estos tres primeros miembros de la forma humana: postura erguida, habla, y simetría, verán que todos están dirigidos hacia el exterior. El hecho de que el hombre se mantenga recto es algo que lo coloca en el mundo exterior. El habla es algo que obviamente lo relaciona con el mundo externo. Finalmente, la simetría de su forma le da un cierto equilibrio en el espacio. Ahora llegamos a un aspecto diferente. Llegamos al hecho de que el hombre tiene una interioridad. Desde el punto de vista puramente físico, el hombre tiene órganos encerrados dentro de su piel. Por lo tanto, podemos decir que el hombre tiene como cuarto miembro de su forma el hecho de encerrarse dentro de la piel, de modo que los órganos de los que dependen las funciones internas están dentro y protegidos del mundo externo. Por lo tanto, el recinto o aislamiento dentro de la piel es algo que pertenece debidamente a la forma humana.

Para encontrar el quinto miembro de la forma humana, debemos prestar atención a que dentro de ella, en las partes que están cerradas al exterior, encontramos órganos, órganos internos activos. Todo lo que vive y trabaja dentro del hombre —esa es la quinta cosa que tenemos que anotar— que hay movimiento y vida dentro de él puede convencernos de que el hombre, tal como está ante nosotros en su forma, no depende sólo del mundo exterior, sino que depende de su propio hombre interior, así como de su interior como un centro de todo el tejido de su vida y su ser.

Contraste, por ejemplo, con los miembros que ya hemos descrito, como la circulación de la sangre. Allí tienen un proceso que toma su curso enteramente dentro del hombre, es algo completamente aislado del mundo exterior. Así pues, tenemos como cuarto miembro el hecho del recinto o aislamiento, y como quinto, el interior del hombre en el que está encerrado.

Pero ahora hay algo más que debemos observar acerca de lo que está dentro de la forma humana. Mirado desde el aspecto puramente físico, es una dualidad. Tiene en primer lugar, órganos como los pulmones y el corazón, que deben su forma a un encuentro, porque reciben también una influencia desde el exterior. Incluso el corazón, debido a su conexión con los pulmones, tiene que adaptarse a las condiciones externas. El aire del exterior entra en el hombre a través de los pulmones y es por este medio que se pone en contacto con los órganos internos. Tenemos por otra parte, órganos que muestran por su forma que se adaptan única y exclusivamente al interior del cuerpo. Estos son los órganos del abdomen. Deben su forma al hecho de que están dentro del hombre. Es muy posible imaginar que el estómago, los intestinos, el hígado o el bazo, si estuvieran formados de manera diferente, todavía podrían estar en conexión con el corazón y los pulmones y, de alguna manera, cumplir con sus funciones de manera correcta y apropiada Una vez que el mundo externo ha encontrado la entrada en los pulmones, entonces todos los órganos internos pueden asumir sus propias y variadas formas. Están totalmente determinados desde dentro. De modo que podemos decir que tenemos, como sexto, un miembro de lo humano que podemos llamar el verdadero interior del hombre en el sentido corporal. Es importante darse cuenta de que aquí tenemos un miembro de la forma humana que no tiene ninguna conexión con el mundo exterior.

Hemos llegado ahora a un límite en la forma humana, donde la dirección exterior comienza a funcionar de nuevo, donde una vez más encontramos algo que tiene una fuerte relación con el mundo exterior. Consideren la forma del pie del hombre. Si no estuviera formado para la tierra, si tuviera un pie solo, el hombre no podría caminar. Si su pie, por ejemplo, terminara en un punto, se estaría cayendo continuamente. Así, al seguir la forma humana hacia abajo, volvemos a órganos que se adaptan a las condiciones externas. Al mismo tiempo observamos que los pies, y también las piernas, ayudan a dar al hombre su forma distintivamente humana. Si el hombre fuera un pez, o si fuera una criatura que vuela en el aire, estos órganos tendrían que estar formados de manera muy diferente; tal y como es su forma expresa el hecho de que el hombre es un ser que se levanta y camina sobre la tierra. Todos los órganos de las caderas hacia abajo están formados con este fin,  —que el hombre sea un ser capaz de trabajar, permanecer y caminar sobre la Tierra. De modo que podemos decir que en las caderas tenemos como séptimo miembro, una condición de equilibrio. A lo que está por encima del lugar del equilibrio se le ha dado en su forma una dirección hacia el exterior, o como hemos visto, se gira hacia adentro; y lo que está debajo se forma en una dirección descendente. En las caderas tenemos un punto de equilibrio entre estas tendencias. De todo lo que está por debajo de las caderas, podemos decir que está adaptado a las condiciones terrenales.

Después tenemos como octavo miembro los órganos que están totalmente orientados con vistas a condiciones fuera del ser humano, los órganos de la reproducción. Continuando, un poco de reflexión les permitirá ver que para que el hombre camine en la forma que le es propia, el muslo debe estar separado de la pierna, debe haber una curva entre ellos. Y así, se ha unido al muslo, la rodilla, lo que le permite adaptarse en su caminata a las condiciones terrenales. Pues son las condiciones terrenales las que determinan en conjunto la parte inferior de la figura del hombre. Luego tenemos la pierna y, separada de ella, el pie. Tal vez usted dirá, ¿qué pasa con las manos? Veremos en la próxima conferencia por qué las manos se quedan fuera en este sentido.

Y ahora voy a pedirles que sigan esta lista que hemos hecho de los miembros de la forma del hombre.

listafigurahumana

Como dije antes, a primera vista puede parecer arbitrario mostrar la forma humana dividida de esta manera en doce miembros. Pero todo lo que el hombre requiere en su forma para que sea hombre en la tierra está realmente comprendido en estos doce miembros (explicaré mañana que pasa con las manos), de tal manera que cada miembro tenga una cierta independencia, cada miembro está separado de los demás. Incluso se podría imaginar que cada uno de ellos, aun permaneciendo en relación con los demás, podría asumir otra forma de la que realmente tiene. Es perfectamente posible en cada caso individual imaginar otras formas o figuras para los diferentes miembros; pero que toda la figura humana está ante nosotros como el resultado de la conjunción de doce miembros de ese tipo, es un hecho que no puede ser ignorado.

Cuando reflexionan sobre el significado y la intención de la existencia del hombre sobre la Tierra, no pueden dejar de tener en cuenta que él tiene una forma y una figura asociada de esta manera particular, de modo que cuando llegamos a estudiar su forma debemos inevitablemente pensar en ella como divisible en doce partes o miembros. Estos doce miembros siempre han sido considerados en el ocultismo como de la mayor significación posible. Estamos obligados a tomarlos en consideración si queremos entender el significado de la forma y la figura del hombre en relación con su ser. El ocultismo siempre ha sabido de ellos, y por razones que quedarán claras en el curso de estas conferencias, mientras continuamos nuestro estudio del hombre a la luz del ocultismo, la filosofía y la teosofía, los doce miembros han recibido doce designaciones específicas.

  • Lo que dimos como el primer miembro se ha llamado “Carnero” (Aries) y se denota por el signo ♈.
  • El segundo se llama “Toro” (Tauro) y es simbolizado con el signo♉.
  • La simetría se llama “Gemelos” (Géminis) y se denota con el signo ♊.
  • Lo que describimos como la calidad de recinto dentro de sí se le da el Signo ♋ y se llama “Cangrejo” (Cáncer).
  • Lo que describimos como el interior, la vida que está encerrado, se llama “León” (Leo) ♌y esta simbolizado con el Signo ♌.
  • Las partes internas del hombre, que en el aspecto corporal no tienen ninguna conexión con el mundo exterior y señalan el carácter triple de la naturaleza del hombre, que tipifican un aislamiento completo del mundo exterior, se llaman “Virgen” y se denotan con el Signo ♍.
  • Entonces llegamos a la condición de equilibrio y allí, no será necesaria ninguna explicación para dar el nombre de “Escalas” (Libra) ♎.
  • Los órganos de reproducción, que tienen una vez más la dirección hacia el exterior, se denotan con la expresión “Escorpión” (Escorpión) y simbolizada con el Signo ♏
  • El muslo se llama “Arquero” (Sagitario) y tiene el signo ♐.
  • Las rodillas, la “cabra” (Capricornio), se simbolizan con el signo ♑.
  • La pierna debajo de la rodilla es “Waterman” (Acuario) y tiene el Signo ♒.
  • Finalmente, los pies se denominan “Peces” (Piscis) y tienen el Signo ♓.

Por el momento, les pido que vean en estos signos no más que signos o firmas para los diversos miembros que van a hacer la forma humana completa. Por favor considérenlos como nada más que un medio de distinguir los diferentes miembros de la forma humana. Ustedes saben muy bien que estos signos pertenecen a hábitos de la mente y del pensamiento que son de gran antigüedad, y que desempeñan un papel particular en la astrología. Sin embargo, quiero que ustedes no conecten con ellos nada más que el hecho de que con su ayuda podemos estudiar la forma humana y ver cómo se presta naturalmente a la división en doce miembros. Si parece que estamos dando nombres y signos bastante extraños a estos miembros de la forma humana, es realmente sólo como lo es con los sonidos del habla humana, donde no podemos reconocer rápidamente el significado del sonido, O, digamos, como es con las letras del alfabeto, de las cuales a menudo somos incapaces de decir de inmediato por qué designan tal o cual sonido. Todo lo que hemos hecho es encontrar una expresión para la figura de los doce miembros del hombre y, por conveniencia de referencia adicional, dar a estos miembros nombres que han encontrado aquí y allá su camino fuera del ocultismo en uso general.

  • La postura erguida ♈.
  • Orientación a la emisión de sonido ♉.
  • Simetría ♊
  • Encierro dentro de sí mismo ♋.
  • El interior del hombre que está encerrado ♌
  • El interior del hombre, que en el aspecto físico no tiene ninguna conexión con el mundo exterior ♍.
  • Equilibrio ♎.
  • Órganos de la reproducción ♏.
  • Muslos ♐.
  • Rodillas ♑.
  • Piernas ♒.
  • Pies ♓.

adamk

Traducido por Gracia Muñoz.

GA137c2. El hombre a la luz del ocultismo, la teosofía y la filosofía.

Christiania, 4 de Junio de 1912.

English version

Mis queridos amigos,

Vamos a considerar al hombre desde los tres puntos de vista: el ocultismo, la teosofía y la filosofía, y será necesario hablar primero del punto de vista oculto. Y podemos hacerlo mejor si empezamos por dar una descripción de cómo en la historia de la evolución de la humanidad uno u otro ser humano ha logrado incrementar por sí mismo la visión oculta del mundo.

Como hemos dicho en la conferencia introductoria, solo unos pocos  se encuentran maduros para tomar parte en todo lo que sucedía en los Misterios y lugares de enseñanza y la educación oculta. Por lo tanto, tendremos que hablar del desarrollo de estos pocos.

Sin embargo, también hemos aclarado en muchas otras conferencias que nos encontramos ahora en un momento en el que a través de la popularización del conocimiento teosófico más y más gente tendrá que participar en la vida oculta, en lugar de los muy pocos que lo hicieron en el pasado. Así que lo que tenemos que considerar hoy en día concierne a todos los que se interesan por la teosofía y saben que el conocimiento oculto —el conocimiento, es decir, los aspectos ocultos de la existencia —ya no deben permanecer en secreto, sino que deben extenderse más y más, de acuerdo con las exigencias de una humanidad en continuo desarrollo.

El hombre que se propone alcanzar el conocimiento oculto tendrá en primer lugar que apartar su mirada del mundo exterior y dirigirla a las fuerzas de su propia alma. Sin embargo, al mismo tiempo, debe seguir siendo un hombre de acción en el mundo, su desarrollo oculto será, por así decirlo, su propio asunto, una cuestión que solo le atañe a él, en el mundo seguirá siendo un hombre entre los hombres, con todos los deberes que la vida le ha traído. Este hecho encuentra su notable expresión en el primer paso que tiene que tomar para el desarrollo de las fuerzas de su alma. Lo primero que el alumno tiene que hacer puede ser descrito con las siguientes palabras: tiene que resignarse con su karma en relación a todo lo concerniente a su voluntad. Reconciliación con el karma (o destino) es lo primero que se le pide a un hombre que está en la fase del desarrollo oculto.

Por favor, no imaginen que tal reconciliación con el karma exija la formación de una teoría completa sobre el karma, lo que se entiende es mucho más un tipo particular de cultura y educación de la vida del sentimiento. Piensen en lo que ocurre con el hombre que está empezando un camino de desarrollo oculto. Antes de este momento en que se hace con este principio, ha vivido en el mundo como un hombre entre los hombres. Si ha adquirido una cierta posición en la vida, él mismo se ha hecho dueño de ciertos pensamientos que le permiten llevar a cabo satisfactoriamente las acciones exteriores que se le demandan. También ha llegado a reconocer ciertos deberes u obligaciones que la costumbre y la sociedad han puesto sobre él. Se puede suponer desde el principio que cualquier hombre que no ha respondido a lo que el mundo exige de él, cualquier hombre, que no quiere desempeñar lealmente sus obligaciones para con el mundo a su alrededor, nunca tendrá la necesidad de someterse al desarrollo oculto De hecho, como regla general, los que podrían ser llamados al desarrollo oculto son hombres que muestran gran habilidad en las posiciones en las que la vida los ha colocado y que también están deseosos de estar en todos los aspectos, igual que con las obligaciones establecidas en ellos por la costumbre y la sociedad. Las capacidades y facultades que un hombre muestra en su posición en la vida, la ronda de los derechos que él reconoce que le corresponden, – éstas son las mismas cosas que constituyen el karma en el sentido positivo. Aquí el karma de un hombre llega a la máxima expresión. Y la primera exigencia formulada en el momento en que un hombre se dispone a salir de los límites de su posición en la vida como tal y entrar en una investigación sobre el mundo espiritual, es que él no debe de ninguna manera apartarse de su karma de vida, tiene que mantenerse intacto. Esto significa que él se hizo una promesa, a sí mismo y a los que le estaban ayudando para penetrar en el mundo de lo oculto, no hacer uso de su posición externa en la vida en todo lo que debe ser adquirido en el campo de la investigación oculta. Su voluntad y la acción tiene que ser tan ordenada que las personas que lo están observando no deben estar al tanto de cualquier diferencia marcada en el comportamiento cotidiano vida desde que ha comenzado a dar pasos en el camino de  la investigación oculta. El poder que se le ha dado en la investigación oculta no debe permitirse que interfiera en la vida externa del plano físico. Esto es lo que se entiende por “la reconciliación con el karma”. El alumno renuncia a todas las ventajas que podrían obtenerse por medios ocultos de su posición en la vida.

Veremos que un correcto y regular seguimiento de la ruta de acceso tiende, como cuestión de hecho a conducir a menudo a una cierta mejora en la posición externa del alumno en la vida. Esto, sin embargo, no tiene nada que ver con la obligación que tiene que ser deliberadamente realizada, y que se establece en el camino oculto. “No trata de hacer cualquier uso de su desarrollo oculto para adquirir una ventaja sobre aquellos que le acompañan en la vida, sino que debe dirigir su vida de acuerdo con las mismas reglas que ha seguido hasta ahora.” Tal fue la orden constantemente dada a los que se sometieron al desarrollo oculto. Es la primera renuncia que se ven obligados a hacer,  a renunciar a todas las aplicaciones para un fin egoísta de los medios adquiridos por la vida oculta. Lo que se acaba de decir está diseñado para ser tomado muy exacta y literalmente, por favor reciban estas palabras tal como son, ni más ni menos. Observarán que tiene que ver con lo que el alumno está en condiciones de hacer, o tiene la obligación de hacer, en el mundo exterior a causa del karma que se coloca sobre él.

Desde el principio la voluntad egoísta del hombre está, pues, consciente y deliberadamente excluida de todo esfuerzo oculto. Este factor por sí solo produce un cambio en el estado total de ánimo y el carácter del alumno. Si reflexionamos por un momento, veremos que esto debe ser así. Hasta ahora la ronda de los deberes que le incumben en su posición externa en la vida ha sido el único mundo en el que vivía y al que se dedicó. Ahora él toma sobre sí la obligación de seguir viviendo en este mundo de acuerdo con las mismas reglas que ha seguido hasta ahora, y, sin embargo, al mismo tiempo tiene fuerzas de sobra para hacer otra cosa muy diferente. Esto significa que se establece en él un límite entre las dos regiones en las cuales está activo. Un mundo se abre ante él del que nunca antes se hizo idea. Eso es un hecho de extraordinaria importancia. Para el hombre verdaderamente comienza un nuevo capítulo en su vida, cuando nuevos intereses entran de repente y se hacen valer con fuerza y persistentemente.

Esto es lo que sucede en el comienzo mismo del desarrollo oculto, la sensación entera de un hombre y el interés son reclamados por un mundo nuevo, un mundo del que no había tenido antes ni parte ni lugar. El alumno tiene que tener estricta vigilancia, especialmente en los misterios más antiguos y las escuelas de desarrollo oculto, para no caer en cualquier falta de armonía con sus círculos de intereses externos. Se requiere  firmeza para cumplir con sus deberes en el sentido más amplio en relación con las demandas hechas por su vocación o por su relación con la forma de estado o de otro tipo de comunidad. Los que hicieron cualquier muestra de no estar dispuestos a hacer esto o de rebelarse contra los deberes de la vida exterior no fueron admitidos en los centros de instrucción de lo oculto. Estoy aquí simplemente sobre los hechos. Estudien la historia del desarrollo de lo oculto, y encontrarán que los que en la vida externa se mostraron rebeldes en una dirección u otra en contra del orden de toda la vida en que vivían no eran miembros de ninguna escuela oculta o lugar de instrucción de misterios.

La segunda cosa que se requiere del pupilo es mucho más difícil de lograr. Consideremos el caso de un hombre que se ha hecho a sí mismo y a sus maestros la promesa de la que hemos hablado. Ha tenido que declarar: “No voy a sufrir para entrar en mi voluntad, ya que se hace sentir en el plano físico, todo lo que ha venido a mí como resultado de la investigación oculta” Él lleva con él la investigacion en el reino de lo oculto con todas las fuerzas de su alma, con la excepción de la voluntad. La voluntad es retenida en conformidad con su promesa, pero todos los otros maestros que tiene a su disposición en el plano físico – el juicio, la fantasía y la imaginación, la memoria, las emociones, – todas estas fuerzas y facultades del alma con las que antes estaba activo en el plano físico, todavía se pueden aplicar activamente en ese plano.

Tome el intelecto o la comprensión, la capacidad del alma, que nos permite discriminar y formar juicios sobre los hechos de la vida. No podríamos vivir sin ello en la vida ordinaria, hay que aplicarlo a cada paso. Ahora supongamos que nos convertimos en un miembro de una sociedad o escuela oculta. Alcanzamos ciertos resultados en la investigación oculta, adquirimos, digamos, el conocimiento de lo que hacemos en nuestra posición externa en la vida. No se nos permite aplicar este conocimiento a nuestra voluntad. Pero para empezar, no hay nada que nos impida pedir ayuda de todos los medios más altos que tenemos de la investigación oculta a fin de  disponer de una observación inteligente de las cosas y las personas que nos encontramos en el plano físico. Por lo tanto, no podemos permitir que los resultados de la investigación oculta fluyan en nuestra acción o en que se resuelva a nuestra voluntad, pero la investigación oculta puede permitir que su influencia sobre la forma en que construimos nuestros pensamientos y conclusiones sobre los reinos de la naturaleza, así como en nuestros semejantes, -en efecto, en todo el camino en el que nos encontramos en el mundo ordinario con nuestro intelecto.

Observará que será necesaria una rígida autodisciplina. ¿Qué es más fácil para un hombre que cumple con los demás hombres y tiene que tomar parte activa en sus vidas que aplicar lo que sabe?.  Supongamos, por ejemplo, que es capaz con la ayuda de su inteligencia percibir lo que tiene que ver con una persona moralmente inferior, nada es más fácil por lo que se debe actuar en consecuencia. Sería lo más natural y obvio hacerlo.

El ocultista, sin embargo, no puede tomar esta línea. Por medio de lo que la investigación oculta le da, puede, ciertamente, dar alas a su inteligencia y de tener una visión más clara de lo que antes podía en el carácter de un semejante, quizá podemos reconocer que es una persona moralmente inferior, pero también puede regular en consecuencia lo que hace a esta persona, porque él no ha aceptado ninguna obligación en relación con sus semejantes, sino sólo en lo que respecta a su propia posición en la vida. Él no tiene la necesidad de abstenerse de aplicar su voluntad en relación con lo que hace a la otra persona. Lo que hace, sin embargo, en su propio nombre, él tiene la obligación de reconciliarse con su karma y no hacer uso del conocimiento que se le acumula cuando aplica su inteligencia, reforzado con los medios de la investigación oculta.

Supongamos un caso real de un hombre que está en la etapa de la cual estamos hablando. ¿Acaso no se había convertido en un ocultista, que quizá habría conocido a la otra persona y no lo reconociera como moralmente inferior, – con el resultado que se habría permitido dejarse engañar por él. Es obvio que tales cosas pueden suceder y suceden en el mundo, como todos ustedes estarán dispuestos a admitir. Uno puede estar equivocado y tener a un hombre como mejor que él, y luego encontrarse a sí mismo engañado.

El ocultista tiene aquí la ventaja de que es capaz de reconocer la inferioridad moral de la persona en cuestión. Pero no tiene por el momento -por favor tengan en cuenta estas palabras- ponerse bajo la obligación de no aplicar este conocimiento oculto con su voluntad, es decir, no aplicarlo a su propia posición en la vida. Él tiene que saber que el otro es un hombre moralmente inferior, y al mismo tiempo, comportarse exactamente igual que antes, tiene que respetar todos los caminos del otro como si nunca hubiera adquirido conocimiento oculto acerca de él.

Aquí tenéis un ejemplo notable de la rígida abnegación que un principiante en el ocultismo tiene que practicar. Se debe trazar una línea clara de distinción entre lo que él puede saber si no se investiga lo oculto y lo que le viene a través de la investigación oculta, que podría darle una ventaja injusta en la vida. El que tiene la fortuna – o bien ser bendecido con talentos naturales o con condiciones especialmente favorables de la vida – como para reconocer, sin ser un ocultista, la inferioridad moral de la otra persona, se inclina a considerar al ocultista un tonto, porque renuncia a cualquier ventaja de que podría asignarse a sí mismo a partir del conocimiento. Y esto sucede con frecuencia. Otras personas a través de alguna buena fortuna o de otra índole son capaces de percibir lo que el ocultista también percibe, pero no actúan en consecuencia, al no estar bajo la obligación de abstenerse de hacerlo. Ustedes siempre encontrarán que esto ocurre, – como también encontrarán a uno u otro que han hecho la promesa de no mantenerlo. Esto es, sin embargo, su propio asunto! Podemos, si queremos, tomar al ocultista como un tonto, porque permite que alguien más tenga la misma ventaja que él, pero no debemos dejar que eso nos lleve a concluir que no tiene medios para percibir el carácter de los hombres.

Tenemos, pues, esta segunda etapa: la renuncia al uso de la voluntad para nuestros propios fines egoístas, al aplicar nuestro conocimiento en el mundo físico externo. Los maestros ocultos de los tiempos antiguos permitieron a sus alumnos permanecer más tiempo en esta etapa. Durante mucho tiempo los alumnos tenían que ir por el mundo aprendiendo a observar más profundamente y con la penetración cada vez mayor y la penetración no sólo de sus semejantes, sino también de los otros reinos de la naturaleza, y sin embargo todo el tiempo seguían caminando por la vida ordinaria exactamente de la misma manera que antes. Esto significaba que tenían que practicar una muy severa autodisciplina, ya que nunca debemos aprender a poner al servicio del egoísmo las ventajas que la mente y el espíritu les da. Esto no fue todo; toda la experiencia los llevó un paso más en otra dirección.

Cuando, después de que el intelecto se ha manifestado, la voluntad viene detrás y agrega la acción que es la secuencia natural de lo que el intelecto ha dicho, esta inteligencia no evoluciona tanto como cuando se utiliza por sí sola, completamente aislada de la esfera de la voluntad. Si un hombre se excluye como un ser de voluntad y egoísmo de un reino en el que se entra por la aplicación de su inteligencia y la comprensión de todo el mundo circundante, entonces se vuelve cada vez más capaz de detectar diferencias sutiles. Su comprensión crece sutil y delicadamente. Su facultad de juicio y discriminación va creciendo con más fuerza.

El alumno ha llegado a la segunda etapa del desarrollo oculto, la etapa que podríamos llamar el “cultivo de la comprensión de la voluntad emancipada”, y está listo para pasar a la siguiente.

Al tener mucho tiempo para aplicar el entendimiento con toda la agudeza y perspicacia, el alumno debe entonces empezar a renunciar incluso a la utilización de este conocimiento. Este paso es muy difícil. El alumno tiene que comprender y juzgar como lo hizo antes de que él se convirtiera en un ocultista. En cuanto a los objetos del plano físico externo debe utilizar sólo el poder de la comprensión y el juicio que tenía con anterioridad. Todo lo que él ha adquirido en el camino oculto, en el camino de una comprensión más profunda y que le ha traído incalculables bienes y ha supuesto un avance definitivo para su espíritu, todo esto tiene que dejarlo ahora fuera de su actividad espiritual, tiene que manejar los asuntos del conocimiento común. Lo que se ha esforzado después de tan profundamente y con energía durante mucho tiempo, a saber, el fortalecimiento de su entendimiento, debe dejarse a un lado, es absolutamente necesario que lo erradique de su alma, en la medida en que pueda aplicarlo de manera consciente y decirse a sí mismo: Como hago con mi vida para cumplir en el plano físico, tengo que pensar y juzgar y discriminar como lo hice antes de mi desarrollo oculto, utilizando sólo el grado de inteligencia que había alcanzado entonces. El alumno, por así decirlo, ha de obligarse a sí mismo a volver a ser tan estúpido como era antes de que se agudizara su entendimiento.

¿Qué pasa con el entendimiento al que se ha renunciado?. Ahora no tiene que aplicarlo. Lo ha hecho durante mucho tiempo, pero ahora no puede hacerlo más. ¿Qué pasa en cualquier caso, con los resultados de nuestra capacidad de juicio y comprensión cuando nos abstenemos de darles un uso directo?.  Pasan a la memoria . Este es el siguiente paso. Todo el conocimiento adquirido por la agudización de la potencia del intelecto viene a convertirse en memoria. El alumno no debe avanzar más en el cultivo de su intelecto, sino que también debe abstenerse de aplicar su intelecto fortalecido, no debe desear ganar con su intelecto ningún conocimiento acerca de las conexiones del mundo. Lo que él ya ha adquirido por medio de su comprensión reforzada, lo debe buscar en su memoria, una y otra vez tiene que elevarse a la memoria. Se esforzará por lograr que el conocimiento que ha obtenido se vuelva como los pensamientos que había tenido, digamos, diez o veinte años, -pensamientos que ya no crean,  pero recuerda.

En las Escuelas de Ocultismo como la de Pitágoras en los tiempos antiguos, y en las Escuelas de Misterios de Asia Menor, la selección de los alumnos era muy estricta. Sólo los que fueron considerados maduros, en los que se podía confiar que mantendrían la promesa de no dejar fluir en su egoísmo los resultados del cultivo del intelecto. Ellos fueron educados a continuación durante un tiempo muy largo en el cultivo del intelecto. En todas las formas posibles se mostraba en primer lugar la forma de distinguir las cosas y luego la forma de combinarlas y conectarlas de nuevo, desarrollando un sentido más agudo de la discriminación, de lo que es posible alcanzar en la vida ordinaria. En las escuelas de los tiempos antiguos y medievales daban la mayor importancia el llevar a caboeste cultivo de la facultad de juzgar a través de largos períodos de tiempo.

A continuación, en segundo lugar el alumno tenía que renunciar a algo más. Él tenia que prometerse a sí mismo y a su maestro que dejaria de juzgar las cosas que ve en el plano físico, dejaría de emplear en lo que se refiere a ellas el poder del juicio que ha adquirido con su comprensión. Tampoco puede caer en una actitud crítica a las enseñanzas que le sean impartidas. Todo lo que puede hacer es comparar lo que recibe de su maestro con lo que él mismo ha adquirido previamente a través de su propio poder de juicio. Él no debe hacer ninguna crítica, solo debe ser un oyente que compara lo que ahora escucha con lo que él mismo ha adquirido con su afilada inteligencia. Tal es la exigencia de la siguiente etapa de desarrollo oculto, se le permitirá seguir jugando  con lo que podría llamarse la fantasía y la imaginación pero tenían que “eliminar el poder de la inteligencia afilada y restringir la vida interior del alma a la memoria” la cual podría reproducirse en las ideas y opiniones al recordar en símbolos o en imágenes imaginativas.

Memoria y fantasía -estas dos potencias del alma vienen por así decirlo, a su propio ser, siendo capaces de manifestarse en toda su eficacia. Por el momento se queda solo, formando como una destilación pura el resto de su vida anímica, en lugar de estar perpetuamente influido y asesorado por el juicio del intelecto.

Con ello el alumno habrá dado un paso más en el desarrollo de lo oculto. El tiempo que tuvo que pasar en esta etapa se gastó por lo general en las comunicaciones que recibía, en forma de ideas, de las verdades reconocidas del ocultismo a medida en que se estaba convertido en una Teosofía. Los alumnos se quedaban con esas fuerzas, ya que las habían adquirido mediante el ejercicio de su facultad de juicio, recordando lo que habían aprendido y al mismo tiempo se abrieron a la influencia de lo que les fue impartido por sus profesores.

No hace falta decir que la duración del tiempo pasado en esta etapa de desarrollo variaba mucho en las diferentes escuelas de misterio, según se creía necesario para los requisitos generales de la evolución humana el impartir más o menos los secretos ocultos a los que fueron sometidos en el desarrollo con el fin de ajustarlos a convertirlos en líderes de la humanidad. En su mayor parte, sin embargo, esta etapa de desarrollo tomó un tiempo considerable.

La siguiente tarea a la que el alumno oculto tuvo que hacer frente fue hacer acopio de todas sus fuerzas para extinguir y eliminar de la conciencia, incluso los recuerdos y las pinturas simbólicas de la fantasía, así como también las ideas que había adquirido por sus propios esfuerzos. Esto era en verdad una tarea de  una dificultad bastante peculiar, y es que, generalmente hablando, es imposible concebir cómo un alumno puede asumir con éxito esa tarea. Va a ser el más capaz el que pueda imaginar que un alumno pueda dominar esta tarea – es decir, derramar el olvido total sobre todo lo que él había adquirido por sus propias fuerzas- si se toma en cuenta que estos alumnos ya habían aprendido a controlar y restringir su voluntad, ya habían practicado la severa auto-disciplina que hemos descrito. Para cuando, en lugar de permitir que jugara el libre albedrío, se vieron obligados a mantenerlo bajo estricta sujeción, adquirieron grandes fuerzas que reservaron en el testamento. Fue literalmente así. Para que un hombre se haga más y más fuerte en su alma, cuando de esta manera está obligado a frenar su voluntad hacia el exterior y permitir que ninguno de los resultados del desarrollo espiritual puediera fluir en ella. Lo hace tan fuerte que al final se convierte en un ser capaz de tomar la gran decisión de reprimir y borrar de la conciencia todo lo que ha adquirido en su formación oculta y hasta ahora ha estado llevando a cabo en el recuerdo. A medida que se borra una idea de la que no se puede hacer uso de la vida, así también debe ser borrada. Tal fue la demanda incondicional.

Ustedes podrán pensar que los alumnos ocultos en este sentido, se convirtieron en seguidores ciegos de sus maestros, recibiendo como autoridad todo lo que se les impartía. Este no era el caso en absoluto. Es fácil que los creyentes en la autoridad sean generalmente también los que en una especie de luz pasajera aplican a la vez una inteligencia perfectamente normal para pronunciar un juicio sobre lo que escuchan. Pero aquellos que han agudizado su primera facultad de juzgar y, a continuación, mantienen sólo en el recuerdo lo que han adquirido por ello, han dejado el trabajo de instrucción oculto en ellos por medio de la memoria y la fantasía, con toda seguridad no serán fáciles creyentes en la autoridad, y no van a recibir lo que imparte la enseñanza oculta de la misma manera como recibimos lo que nos dicta la Naturaleza. Esa será la actitud del alumno oculto ante la instrucción que se le dará ahora, después de haber pasado por las etapas anteriores.

Los propios maestros también se ocuparan de que sus palabras deban trabajar de la misma forma en que funciona la naturaleza, no había en consecuencia necesidad de dar a conocer a sus alumnos su opinión sobre tal o cual o el pensamiento. En realidad, era para que los alumnos, después de todo lo que habían experimentado en el desarrollo de sus facultades de comprensión y  discriminación, se reunieran con las palabras de sus maestros como cuando nos reunimos, diría yo, con un amanecer o con un mar azotado por el viento o algún otro fenómeno natural, que se observa con el deseo de aprender todo lo que se pueda sobre ello, no se acercan de manera crítica, porque entonces nunca desarrollaran la familiarización con ello. Lo conocerann por lo menos con toda la fuerza interior y la fuerza del fenómeno de la naturaleza al que se acercan con simpatía o antipatía. De la misma manera en que se observa la misma naturaleza el alumno oculto podrá ya observar lo que le fue dado en la instrucción de lo oculto.

Cuando los alumnos han vivido esta experiencia por un tiempo, permitiendo que sólo la memoria y la fantasía se activen dentro de ellos, aplicando sus conocimientos a su vocación en la vida externa por sí sola, llega un momento en que tienen que entrar en un período de tranquilidad y descanso interior. Tienen que olvidarse de sus propias fuerzas y destruir sus propios logros. Para que sólo puedan alcanzar el reposo absoluto en el interior del alma, que incluso los recuerdos y la imaginación que han adquirido durante su formación oculta sean borrados de la conciencia.

El alma tiene que quedarse vacía, y luego, cuando este vacía, cuando la voluntad egoísta y la comprensión egoísta, y también la memoria egoísta y la fantasía egoísta sean expulsadas, a continuación, se inaugura ante el alma un mundo absolutamente nuevo.  Primero tiene que vaciarse con el fin de que el nuevo mundo pueda encontrar la entrada en el alma.

Ustedes deben familiarizarse con el hecho de que real y verdaderamente se trata de un nuevo mundo, que penetra en el alma vacía, un mundo totalmente nuevo!. Por lo tanto, no se sorprendan si este mundo tiene cualidades y características extrañas. ¿Pero qué queremos decir con extrañas?. Decimos que una cosa es extraña cuando nos encontramos con que contradice nuestra experiencia previa. Miren a su alrededor en el mundo de hoy y con frecuencia se encontraran con que se hace alguna declaración y la gente lo rechaza de inmediato. ¿Qué razón dan?. Ellos dicen: “Esa declaración es contradictoria”. Lo que quieren decir es que de acuerdo a la capacidad de juicio que hasta ahora han sido capaces de alcanzar, encuentran que la declaración está en contradicción con todo lo que los demás saben y a continuación, llegan a la conclusión de que han superado un punto al hombre que ha presentado la declaración, sólo porque pueden encontrar una contradicción en ello.

Es un hecho que cuando uno empieza a hablar abiertamente de estas cosas, siempre tiene como resultado que los usuarios señalan las contradicciones y declaran que lo que se ha dicho debe ser necesariamente falso, porque contiene una contradicción. Tenemos que reconocer que en este camino de hecho se daran las contradicciones, ya que se acerca a algo que no puede tener alguna similitud con el mundo que nos ha tocado hasta ahora, tendremos que resignarnos a las contradicciones total y absolutas, cuando este nuevo mundo se acerca a nosotros, porque sólo se puede describir en ideas que por necesidad se nos aparecen como contradictorias. Es inevitable que esto sea así, el nuevo mundo no sería un mundo nuevo si estuviera en completa armonía con el viejo y nunca se contradijera de ninguna manera!

No debe sorprendernos por tanto, que cuando llegamos a describir el mundo en el que entra el hombre cuando alcanza la paz del alma que sigue a la etapa del olvido, la primera característica que se puede dar es decir que, desde el punto de vista del mundo a que estamos acostumbrados, son directamente contradictorias.

Hay tres cosas que el hombre encuentra cuando se ha llegado a la etapa que hemos descrito, – tres cosas que sólo pueden ser caracterizadas por la utilización de expresiones que son en sí mismas contradictorias cuando se consideran desde el punto de vista de lo que el hombre sabe del mundo exterior. Tres cosas que el  hombre aprende a conocer cuando entra realmente en lo que podríamos llamar el mundo suprasensible.

La primera es la luz de lo no manifiesto. Mira a tu alrededor en el mundo! ¿No puedes ver la luz en todas partes? Es de la misma naturaleza de la luz revelarse y manifestarse. Y, sin embargo el hombre lo primero que aprende a conocer en el mundo suprasensible es la luz que es inmanifiesta y no revelada,  la luz que es oscura y no brilla.

La segunda cosa que el hombre aprende a conocer en el mundo suprasensible es la palabra no dicha. En el mundo común una palabra que es inexpresada no es una palabra. Tenemos por lo tanto, una vez más una contradicción en términos, cuando decimos que el hombre lo segundo que aprende a conocer en el mundo suprasensible es la palabra no dicha.

La tercera es la conciencia sin ningún tipo de objeto conocido. Reflexionar cómo, cuando se desarrolla una conciencia, cuando se sabe, debe tener siempre un objeto de conocimiento. Pero la conciencia que se encuentra en la tercera cosa que se reunió al entrar en el mundo suprasensible, es una conciencia sin objeto.

Estas son entonces las tres cosas que el alumno encuentra cuando, después de haber sido objeto de la preparación que hemos descrito, entra de lleno en el reino del ocultismo. Estas son las tres primeras cosas ocultas reales que aprende a saber: La luz no manifiesta, la palabra no dicha y la conciencia sin el conocimiento de un objeto.

Es un momento de gran importancia para el alumno de lo oculto cuando puede aprender a unirse en un sentido con lo que parece estar en contradicción completa con todo lo que ha conocido hasta ahora.

Cuando sea capaz de unir algo de su propia experiencia interna, con las tres ideas de “la luz no manifiesta”, “la palabra no dicha” y “la conciencia sin el conocimiento de un objeto”, puede entonces convertirse en un ocultista, en alumno del ocultismo que realmente ha comenzado a recorrer el camino del conocimiento oculto.

Traducido por Gracia Muñoz