GA232c1. Centros de Misterios

Conferencia I

Dornach, 23 de Noviembre de 1923

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Comenzaré hoy con la vida anímica del hombre, y seguiré desde ahí hasta penetrar en los secretos cósmicos.

Comencemos con algo de lo más simple. Consideremos la vida anímica de un ser humano tal y como se ve cuando lleva su meditación más allá del punto que tuve especialmente en cuenta cuando escribí los artículos en el semanario del Goetheanum sobre la Vida del Alma (GA 36 N.T.) Consideraremos la vida del alma más íntimamente de lo que se hizo en los artículos del semanario. Aquellos cuatro artículos sobre la vida del alma forman una especie de introducción, una preparación para aquello que vamos a considerar ahora.

Cuando meditamos de una manera amplia y exhaustiva, vemos cómo esta vida anímica puede elevarse hasta un nivel superior. Comenzamos por dejar que el mundo exterior actúe sobre nosotros –hacemos esto desde la niñez– y después nos vamos formando pensamientos sobre aquello que encontramos en ese mundo exterior. Somos realmente seres humanos cuando permitimos que las impresiones del mundo exterior continúen viviendo en nuestros pensamientos, elaborándolas interiormente, creando un mundo de imágenes mentales, que en cierto modo reflejen las impresiones realizadas sobre nosotros desde el exterior. No estamos haciendo nada especialmente útil para la vida anímica si simplemente nos formamos una serie de pensamientos sobre cómo el mundo exterior se refleja en nuestra alma, pues al actuar así sólo logramos lo que yo llamaría una imagen sombría del mundo de las ideas en nuestra alma. Realmente practicamos una mejor meditación si enfocamos nuestra atención más bien en la energía interior, en el intento de entrar vívidamente en el elemento del pensamiento, sin mirar al mundo exterior, y ahondamos en lo que nos ha llegado como impresiones procedentes del mundo exterior. Por tanto un hombre puede ser conducido, según su disposición, al mero pensamiento abstracto. Puede crear sistemas planetarios, o puede realizar esquemas sobre cualquier cosa imaginable en el mundo, etc. mientras otro puede reflexionar sobre las cosas que le han causado una impresión, mediante la prolongación de sus pensamientos más allá del período de la percepción, podría quizás desarrollar algún concepto incluso más imaginativo.

No entraremos más en la manera en que, según el temperamento o el carácter u otras influencias sobre un hombre, este pensamiento interno, esta meditación desprovista de impresiones externas, puede desarrollarse, pero reconoceremos el hecho de que es un asunto de especial importancia cuando nos retiramos respecto a nuestros sentidos del mundo exterior y vivimos en nuestros pensamientos e ideas, haciéndolos girar aún más lejos, a menudo tal vez en una dirección de solo meras posibilidades.

Mucha gente considera innecesario desarrollar esta vida del pensar, en la dirección de las meras posibilidades. Incluso en estos tiempos difíciles uno puede ver a la gente ocupada todo el día con sus asuntos (que por supuesto supone una actitud necesaria para la afrontar la vida exterior); posteriormente se reúnen en pequeños grupos, jugando a las cartas o al dominó o cosas similares, para, como se dice frecuentemente, pasar el tiempo. No sucede a menudo, sin embargo, que la gente se reúna en tales grupos para intercambiar pensamientos, por ejemplo, sobre las cosas en las que estuvieron ocupados durante el día, y considerar qué habría sucedido si esto o aquello hubiera sido diferente. No están tan interesados en esto como en jugar a las cartas, pero sería una prolongación de los pensamientos, y si conserváramos un sentido suficientemente sólido de la realidad, tal continuación de nuestros pensamientos no necesitarían convertirse en algo fantasioso.

Esta vida de pensamientos conduce finalmente a lo que ustedes encuentran si leen La Filosofía de la Libertad de la manera correcta. Si ustedes leen La Filosofía de la Libertad de la manera correcta deben familiarizarse con ese sentimiento de vivir en los pensamientos. La Filosofía de la Libertad se halla completamente extraída de la realidad, y al mismo tiempo procede enteramente del pensamiento real. Encontrarán por tanto una tonalidad fundamental en esta obra. La concebí en los años 80 y la escribí a comienzos de 1890, y ciertamente puedo decir que de todos aquellos que en aquel momento estuvieron en posición de conocer el núcleo de esta Filosofía de la Libertad, encontré por doquier incomprensión. Esta falta de entendimiento surge por una razón definida. Los seres humanos, incluso los llamados pensadores actuales, en realidad sólo llegan tan lejos en su pensamiento como para experimentar en este una imagen del mundo de los sentidos exterior; y luego dicen: quizás podría llegar al pensamiento del hombre algo del mundo suprasensible, pero tendría que entrar de la misma manera que lo hacen una silla o una mesa que está fuera de nosotros, y que nuestro pensamiento reconoce como algo que está fuera de nosotros. Así este pensamiento que vive en nuestro interior tendría que ser capaz de experimentar de una u otra manera algo suprasensible, exterior al hombre, de la misma forma que la mesa o la silla están fuera de nosotros y se pueden experimentar. De alguna forma parecida, Edward von Hartmann concibió esta actividad del pensamiento.

Este libro, La Filosofía de la Libertad llegó entonces a ser conocido. En este libro el pensamiento es tan experimentado que en la experiencia del pensamiento se llega a esta realidad, a saber que si un hombre realmente experimenta el pensamiento, vive, aunque al principio algo indefinidamente, en el cosmos, esta unión del hombre en su experiencia pensante más íntima con los secretos cósmicos es el nervio raíz de la Filosofía de la Libertad. Así, en este libro se encuentra la frase: “Al pensar, el hombre descubre un borde del velo del secreto cósmico”. Esto se expresa quizás simplemente, pero se supone que cuando un hombre realmente experimenta el pensamiento, ya no se siente fuera del secreto cósmico, sino dentro de él, ya no está fuera de la Esencia divina sino dentro de Ella. Cuando un hombre alcanza la realidad del pensar en sí mismo, alcanza lo Divino dentro de sí mismo.

Era este hecho el que no podía entenderse. Pues si un hombre realmente lo entiende, si realmente se ha tomado la molestia de adquirir esta experiencia de pensar, ya no descansa en el mundo en el que estaba antes, sino que vive en el mundo etérico. Está viviendo en un mundo que conoce: no está condicionado desde ninguna parte del espacio físico terrenal, sino por toda la esfera cósmica.

Ya no puede dudar del orden y de la realidad de la esfera cósmica etérica si han captado el pensamiento tal como está reflejado en la Filosofía de la Libertad. Así se llega a lo que puede llamarse experiencia etérica. Cuando un hombre entra en esta experiencia, realmente hace un notable paso adelante en la totalidad de su vida.

Puedo caracterizar este paso así: Si pensamos con la conciencia ordinaria, nos decimos: en esta habitación hay mesas, sillas, seres humanos, y así sucesivamente. Podemos pensar quizás en muchas más cosas también; pero pensamos en estas cosas como algo fuera de nosotros. Así comprendemos estas cosas en nuestro pensamiento –y hay diversas cosas fuera– desde el punto central de nuestro ser. Todo hombre es consciente de esto; quiere comprender las cosas del mundo con su pensamiento.

Si, sin embargo, hemos adquirido la experiencia del pensar que se acaba de caracterizar, ya no es el mundo lo que debemos comprender. El hombre no está tan atrapado, como yo diría, en su propio yo; sucede algo totalmente diferente. Tiene la sensación de que, con su pensamiento, ya no se limita a un solo lugar, puede captarlo todo interiormente. Siente que está contrayendo al hombre interior. Así como en su pensamiento ordinario extiende los sentidos espirituales hacia fuera, cuando experimenta el pensamiento dentro de él se extiende continuamente a su propio ser. El hombre mismo se convierte en el objeto.

Esta es una experiencia muy importante que cualquiera puede tener cuando se hace consciente de que: anteriormente tú siempre comprendías el mundo; ahora que tienes esta experiencia del pensamiento, debes comprenderte a ti mismo. El resultado de este proceso de intensa auto-comprensión es que él pasa más allá de su piel.

Y así como él interiormente se aferra a sí mismo, también se aferra desde dentro a todo el éter cósmico, no en sus detalles, naturalmente, pero gana la convicción de que este éter se extiende sobre la esfera cósmica dentro de la cual él existe junto con las estrellas, Sol y luna, etc.

Una segunda cosa que el hombre puede desarrollar en la vida interna de su alma es el poder de no ser estimulado inmediatamente en sus pensamientos desde el exterior, de no prolongar estos pensamientos y seguir entretejiéndolos, sino de entregarse a sus recuerdos. Si hace esto, y realmente hace de sus recuerdos una experiencia interior, entonces e resultado es una experiencia bastante definida. La experimentación ya descrita del pensamiento conduce al hombre hacia sí mismo, se comprende a sí mismo; y obtiene una cierta satisfacción en esta comprensión de su propio ser interior.

Cuando, sin embargo, pasa a la experiencia de la memoria, entonces, si se sobrelleva internamente de la manera correcta, acercarse a uno mismo finalmente no parece ser ya lo más importante. Esto es lo que sucede en la experiencia del pensamiento. Por eso uno encuentra en el pensamiento esa libertad que depende enteramente del elemento personal humano. Por tanto, una filosofía de la libertad debe comenzar por la experiencia del pensar, porque el hombre llega de ese modo a su propio ser; se encuentra a sí mismo como una personalidad libre. Esto no sucede con la experiencia de la memoria. En la experiencia de la memoria, si un hombre la sigue seriamente y se sumerge completamente en su memoria, adquirirá finalmente el sentimiento de hacerse libre de sí mismo, de alejarse de sí. Por tanto esos recuerdos que le permiten a uno olvidar el presente son de lo más satisfactorio. (No diré que es siempre lo mejor, pero es, en muchos casos, lo más satisfactorio).

Podemos obtener una idea del valor de la memoria si podemos concebir recuerdos que nos “saquen” al mundo, a pesar del hecho de que podamos estar completamente disconformes con el presente y nos gustaría alejarnos de él. Si podemos desarrollar recuerdos de tal naturaleza que nuestra vida de sentimiento se intensifique mientras nos entregamos a ellos, esto aporta lo que podría llamar una especie de preparación para lo que los recuerdos pueden llegar a ser cuando se hacen mucho más reales.

Ustedes pueden convertir en recuerdo en una experiencia real si recuerdan con el máximo realismo posible algo que realmente experimentaron digamos hace 10, 20 o 30 años. Solamente indicaré cómo puede hacerse. Supongan que repasan antiguos y queridos documentos y buscan, digamos, cartas antiguas que ustedes escribieron o que recibieron en alguna ocasión. Sitúen estas cartas ante ustedes, y por medio de ellas vivirán intensamente en el pasado. O quizás una manera mejor puede ser no tomar las cartas que ustedes han escrito, o que otras personas les han escrito, porque en esto entra demasiada subjetividad; sería mucho mejor, si son capaces de hacerlo, tomando sus antiguos libros de texto de la escuela y mirarlos como lo hicieron mucho tiempo atrás cuando realmente se sentaban frente a ellos cuando eran niños en la escuela, y de esta forma traen de vuelta a sus vidas algo que existió anteriormente. Esa es una experiencia realmente extraordinaria. Si llevan a cabo algo de esta naturaleza ustedes modifican completamente la actitud anímica  que poseen en el presente. Es muy extraordinario. Pero deben ser un poco ingeniosos en relación a esto, y hay toda una serie de cosas que pueden ayudarles. Una dama, por ejemplo, quizás pueda encontrar en algún rincón un vestido o alguna prenda que llevó hace 20 años; se lo pone y se transporta de ese modo a la posición en que estaba en aquel momento; o algo de naturaleza similar que pueda traer el pasado con la máxima realidad posible al presente. De esta manera ustedes serán capaces de separarse profundamente de su experiencia presente.

Cuando tenemos experiencias con nuestra consciencia actual en realidad permanecemos demasiado íntimamente en las experiencias, demasiado cerca para que de las experiencias resulte algo, por así decirlo. Debemos ser capaces de permanecer alejados. El hombre está más alejado de sí mismo cuando duerme que cuando está despierto; pues él se sitúa entonces fuera de sus cuerpos físico y etérico con su cuerpo astral y su yo. Cuando ustedes invocan realmente experiencias anteriores al presente, como acabo de describir, se acercan entonces al cuerpo astral que se sitúa fuera del cuerpo físico durante el sueño. Puede que al principio no crean que tal vivificación de las experiencias pasadas por medio de una antigua prenda pueda tener el poderoso efecto que he indicado, pero en realidad sólo se trata de que ustedes mismos experimenten con estos temas. Si ustedes realizan el experimento y realmente evocan en el presente lo que se experimentó en años pasados de tal forma que puedan vivir en ello y olvidar completamente el presente, verán que se acercan mucho a su cuerpo astral, a su cuerpo astral del sueño.

Ahora bien, si ustedes esperan que sólo sea necesario mirar a la derecha o a la izquierda para ver su cuerpo astral como una forma de nube, quedarán defraudados, pues esto no sucede de esa manera; deben prestar atención a lo que sucede realmente. Lo que sucede realmente es que, por ejemplo, después de un cierto tiempo, a través de tales experiencias, pueden gradualmente ver el amanecer de una nueva forma; pueden tener un nuevo sentimiento al ver un amanecer. Gradualmente, a lo largo de este camino llegarán a experimentar el calor del amanecer como algo de naturaleza profética, como si estuviera anunciando algo, como si el amanecer tuviera una fuerza profética natural en sí. Comenzarán a sentir el amanecer como algo espiritualmente poderoso, y serán capaces de relacionar el significado interior de esta fuerza profética, de forma que obtendrán un sentimiento, que al principio podrán confundir con una ilusión, de que el amanecer está relacionado con su propio ser.

amanecer

A través de experiencias como las que he descrito, se puede gradualmente llegar a una condición en la que se siente al ver el amanecer: “El amanecer no me deja solo. No está simplemente allí mientras yo estoy aquí; estoy interiormente unido a este amanecer; es una cualidad de mi propio sentimiento interior. Yo mismo soy el amanecer en este momento” Cuando se sientan así unidos con el amanecer de tal modo que se experimenten a ustedes mismos como el color, radiación y resplandor, la aparición del sol a partir de los colores y de la luz, de tal forma que en su propio corazón surja un sol, por así decirlo, a partir del fulgor de la mañana como un sentimiento viviente, entonces también sentirán como si estuvieran viajando con el sol sobre la cúpula del cielo; sentirán que el sol no les deja solos, el sol no está allí mientras ustedes están aquí, sino que sentirán que su existencia se extiende en cierto sentido hasta la existencia solar y que viajan con la luz a lo largo del día.

Si desarrollan este sentimiento que, como hemos dicho, no proviene del pensamiento –pues de esa manera sólo se puede llegar al hombre mismo– sino que pueden desarrollar a partir del recuerdo de la forma indicada, cuando desarrollan esta experiencia a partir de sus recuerdos, o mejor dicho a partir de las fuerzas del recuerdo, entonces las cosas que percibían anteriormente con sus sentidos físicos comienzan a tener un aspecto diferente; comenzarán a ser espiritual y psíquicamente transparentes. Cuando un hombre ha alcanzado este sentimiento de viajar con el sol, de obtener fuerzas del amanecer al acompañar al sol, observa todas las flores de la pradera con un aspecto diferente. Las flores no permanecen pasivas, mostrando los colores rojos o amarillos que tienen en su superficie sino que comienzan a hablar. Hablan a nuestros corazones de una manera espiritual. Las flores se vuelven transparentes. La parte espiritual de la planta se agita interiormente, y la floración se convierte en una especie de lenguaje. De esta manera el hombre une realmente su alma con la vida exterior de la naturaleza, y obtiene así la impresión de que existe algo detrás de la existencia de la naturaleza, de que la luz con la que se ha unido es portada por Seres espirituales, y en estos Seres espirituales él llega a reconocer gradualmente las características de aquello que ha sido presentado por la Antroposofía.

Consideremos ahora las dos etapas del sentimiento que he descrito. Tomemos el primer sentimiento que puede producirse a través del pensamiento como una experiencia interior; esta experiencia interior del pensamiento le lleva a uno lejos, y el sentimiento de estar en un espacio limitado desaparece completamente. La experiencia del hombre se amplía; siente con bastante claridad que en su ser interior hay un aspecto que se expande abarcando el cosmos completo, y que es de su misma sustancia. Se siente uno con el mundo entero, con la sustancialidad etérica del mundo; pero también siente que al estar sobre la Tierra, sus pies y piernas son atraídos por la gravedad. Siente que, con toda su naturaleza humana, se halla vinculado con este planeta. Pero en el momento en que el hombre tiene esta experiencia de pensamiento ya no se siente vinculado con la Tierra, sino que se siente dependiente de las vastedades de la esfera cósmica. Todo proviene del universo, ya no desde abajo, desde el centro terrestre, sino que todo proviene de las vastedades del espacio (de la periferia espacial). Uno siente que si ha de comprender al hombre, este sentimiento de fluir desde el espacio debe estar allí presente.

Esto se extiende incluso a la comprensión de la forma humana. Si quiero captar la forma humana, ya sea en la escultura o en la pintura, sólo puedo hacerlo en lo que respecta a la parte inferior de la forma pensando en algo procedente de la naturaleza corporal interna del hombre. No voy a traer el espíritu correcto a esto, a menos que pueda dibujar la parte superior de tal manera que piense en ella como traída desde afuera. Nuestra frente, la parte superior de nuestra cabeza, proviene del exterior, y realmente está colocada sobre el resto del cuerpo. Cualquiera que haya mirado con comprensión artística las pinturas de la cúpula pequeña del primer Goetheanum (actualmente destruido) habrá visto que la parte inferior del rostro siempre se representaba como habiendo crecido desde el interior del hombre, y la parte superior de la cabeza como algo dado desde el cosmos. Esto se sentía especialmente en las épocas en que los hombres tenían sensibilidad para estas cosas. Ustedes nunca comprenderán la forma de la cabeza de una verdadera escultura griega a menos que tengan esta sensibilidad, pues los griegos creaban bajo la inspiración de estos sentimientos.

Así el hombre se siente unido con el entorno por medio de su experiencia del pensar.

Ahora uno podría imaginarse que este proceso simplemente se llevara más lejos, y que uno llegara incluso más lejos cuando se pasa de la experiencia del pensamiento a la experiencia de la memoria; pero este no es el caso. Si desarrollan realmente esta experiencia del pensamiento en ustedes, obtendrán en último término una impresión de la Tercera Jerarquía, la de los Ángeles, Arcángeles y Arcai.

De la misma forma que ustedes pueden representarse la experiencia corporal del hombre aquí en la Tierra con las fuerzas de la gravedad y la transformación del alimento por medio de la digestión, también pueden formarse una idea de las condiciones en las que viven estos seres de la Tercera Jerarquía si, a través de esta experiencia del pensar, en vez de deambular por la Tierra, se sienten llevados por fuerzas que fluyen hacia ustedes desde las más alejadas regiones del Cosmos.

Ahora bien, cuando el hombre pasa de las experiencias del pensamiento a las del recuerdo, no es como si fuese el final de la esfera cósmica, el límite al que el hombre puede llegar. Podemos llegar a este límite cósmico si entramos realmente en la autenticidad de esta experiencia-pensamiento; pero entonces no vamos más allá; el asunto se presenta de manera diferente. Aquí, por ejemplo, podemos tener un objeto de alguna clase, un cristal, una flor o un animal; y si avanzamos desde la experiencia del pensar hasta todo lo que la experiencia del recuerdo nos puede aportar, entonces observamos justamente en el interior de ese objeto. La mirada que se ha extendido al universo puede, si es llevada más lejos a través de la experiencia del recuerdo, ver en las cosas. No es que ustedes se adentren en distancias abstractas indefinidas; la mirada que es fortalecida por el experiencia del recuerdo observa dentro  de las cosas y puede ver lo espiritual en todo. Ve, por ejemplo, en la luz, los seres espirituales activos en ella, etcétera. Ve en la oscuridad los seres espirituales activos en la oscuridad. Así que podemos decir: la experiencia del recuerdo nos conduce hasta la segunda Jerarquía.

Existe algo todavía en la vida anímica humana que va más allá de la memoria. Aclaremos lo que es. La memoria aporta a nuestra alma su colorido. Podemos saber con bastante exactitud, cuando nos acercamos a un hombre que lo juzga todo con desaprobación, que emana su agria atmósfera sobre todo, un hombre que, si se le dice algo hermoso inmediatamente responde con algo desagradable, etcétera, podemos saber con certeza que todo esto se haya relacionado con su memoria. La memoria da su colorido al alma. Podemos conocer a un hombre que siempre muestra una mueca irónica en la boca, especialmente si le decimos algo; o puede fruncir el ceño o poner una cara trágica. Otro hombre puede mirarnos de una manera amistosa, de tal forma que nos sentimos animados no sólo por lo que dice sino por la forma en que nos mira. Ciertamente es interesante, al pronunciar algunas afirmaciones especiales en una conferencia, contemplar los rostros del público, ver la expresión de la boca, o mirar las frentes o las expresiones en blanco en muchos rostros, o la nobleza de muchos otros, etc. En lo que ven se expresa no sólo lo que ha quedado como recuerdo en el alma y le ha aportado un cierto colorido, sino que se expresa algo que ha pasado de la memoria hasta la fisionomía, hasta el gesto, hasta la completa actitud humana.

También es característico si un hombre no ha acogido nada, si en su rostro se muestra que no ha aprendido nada de lo que ha experimentado como pena, dolor o gozo. Si su rostro se ha quedado demasiado suave, eso es tan característico como si expresara con profundas arrugas la tragedia o la seriedad de su vida, o incluso quizás sus múltiples satisfacciones. Aquello que queda en el alma como resultado del poder del recuerdo, pasa al cuerpo físico y lo moldea; y esto tiene lugar tan marcadamente que posteriormente el hombre realmente extrae de ello su fisionomía exterior y sus gestos, e interiormente su temperamento, pues no siempre tenemos el mismo temperamento en la vejez que en la niñez. El temperamento en la vejez a menudo es resultado de lo que hemos experimentado en la vida, y que se ha convertido interiormente en recuerdo, en el seno del alma.

Aquello que penetra interiormente al hombre de esta manera puede ser llevado a la realidad, aunque esto es más difícil. Es aún mucho más fácil traer ante la visión de nuestra alma las cosas que experimentamos en la niñez o, hace muchos años, para desarrollar la memoria hasta un cierto grado, pero es más difícil transponerse uno mismo al temperamento que se tuvo en la niñez, al temperamento anterior que uno experimentó. Pero la práctica de tal ejercicio puede ser de gran importancia para nosotros, y se logra más realmente cuando podemos hacer esto interiormente en las profundidades del alma que si lo hacemos exteriormente.

Un hombre ya logra realmente algo si, a los cuarenta o cincuenta años de edad, juega a un juego de niños, o salta como lo hacía cuando era niño o trata de poner la cara que ponía cuando una tía le daba un bombón cuando tenía ocho años de edad, y cosas por el estilo.

Transponerse uno nuevamente hasta el mismo gesto, hasta la misma actitud, trae algo a nuestra vida que conduce convincentemente al sentimiento de que el mundo exterior es el mundo interior, y el mundo interior es el mundo exterior.

Entonces entramos con todo nuestro ser, por ejemplo, en la flor, y tenemos además de la experiencia-pensamiento y la experiencia-recuerdo lo que podría llamarse la experiencia del gesto, en el sentido más verdadero de la palabra. A partir de esto se obtiene una idea de cómo lo espiritual obra por doquiera, sin impedimentos en el mundo físico.

Ustedes no podrán aprehender interiormentecon plena conciencia su comportamiento de hace, digamos, veinte años, en lo que concierne a sus gestos ante cualquier ocasión, si no toman conciencia de la unión de lo espiritual y lo físico en todas las cosas; es decir, si ustedes no penetran hasta las profundidades de este asunto con toda seriedad y energía. Entonces habrán llegado a la experiencia de la primera Jerarquía.

  • Experiencia-pensamiento: Tercera Jerarquía.
  • Experiencia-recuerdo: Segunda Jerarquía.
  • Experiencia-gesto: Primera Jerarquía.

La experiencia-recuerdo nos conduce a identificarnos con el amanecer cuando nos hallamos ante el fulgor del alba. Nos permite sentir interiormente, experimentar interiormente todo el calor del amanecer; pero cuando nos elevamos a la experiencia del gesto, entonces aquello que se nos aproxima en el amanecer se une con todo lo que puede experimentarse objetivamente como color o tono.

Cuando contemplamos los objetos a nuestro alrededor, iluminados por el sol y simplemente los vemos tal como aparecen ante nosotros, los vemos en la luz. Pero no vemos el amanecer de esta forma, especialmente cuando pasamos gradualmente de la experiencia-memoria a la experiencia del gesto; entonces todo lo que se experimenta como color se separa gradualmente de toda la existencia material. La experiencia del color se hace viva, se hace psíquica, espiritual. Renuncia al espacio en que el amanecer externo se manifiesta. El amanecer comienza a hablarnos entonces del secreto de la relación del Sol con la Tierra; y aprendemos cómo actúan los Seres de la Primera Jerarquía. Cuando dirigimos de nuevo nuestra mirada al amanecer y aparece ante nosotros casi como se hacía anteriormente en la mera experiencia del recuerdo, comenzamos a reconocer a los Tronos. Entonces el amanecer se disuelve. El color se hace vivo, se hace psíquico, espiritual, se convierte en un Ser, y nos habla de la relación del Sol con la Tierra tal como existió durante el período del Antiguo Sol; nos habla de tal manera que aprendemos lo que son los Querubines. Y entonces, cuando llenos de entusiasmo y veneración somos trasportados por esta doble revelación del amanecer, la Revelación de los Tronos y la de los Querubines, y seguimos viviendo dentro del alma, entonces se abre el camino hacia nuestro propio ser interior, desde el Ser viviente en que se ha convertido el amanecer ahora, a aquello que constituye la naturaleza de los Serafines.

Todo lo que les he descrito hoy, lo he hecho simplemente para señalarles cómo, con el simple seguimiento del alma desde el pensamiento hasta el gesto que está pleno de pensamiento y se haya impregnado por el alma, el hombre puede adquirir para sí un sentimiento (pues, para empezar, sólo tiene sentimientos) sobre los fundamentos espirituales del Cosmos, justo hasta la esfera de los Serafines.

Quería aportarles esto como una especie de introducción a los estudios que nos van a conducir desde la vida anímica hasta las vastedades del cosmos espiritual.

Traducido por Gracia Muñoz en Junio de 2017

 

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GA137.c10. El Hombre a la luz del Ocultismo, la Teosofía y la Filosofía

Christiania, 12 de junio de 1912

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Mis queridos amigos,

No es casual que después de haberles dado una descripción del encuentro con la muerte y con Lucifer que tiene lugar en el hombre cuando cruza el umbral a los mundos suprasensibles, pasara a tratar otra cuestión que  tal vez puede que la hayan encontrado difícil de entender. Comencé por intentar explicarles el verdadero significado del Ser de Cristo; y en el curso de la explicación —cuyo camino encontré de manera muy natural en el tema que estábamos considerando— tuve que hablar de cómo Cristo venció a Lucifer, tal como se puede encontrar relatado en los Evangelios en el capítulo de la Tentación en el desierto. Y luego, después de haber llevado nuestro estudio un poco más lejos, pasamos a una comunicación sobre el Buda.

Recordemos brevemente este encuentro con la muerte y Lucifer. Lucifer aparece de hecho ante el discípulo como el arquetipo de la grandeza humana —sí, e incluso de la grandeza suprahumana y divina— cuando, en este punto, separado de sus andanzas y acciones, se acerca al hombre. Aparece como un Ser que tienta al hombre. Y sólo cuando el alumno vuelve a mirar lo que él mismo ha llegado a ser a través de la influencia de Lucifer, sólo cuando contempla el espantoso cuadro animal en el que el hombre se ha convertido en el curso de sus encarnaciones a través de las seducciones y tentaciones de Lucifer, se cura un poco del poder seductor de la figura que tiene delante. Entonces les conté la ayuda que puede llegar al discípulo de Cristo. Cristo trae una especie de profundo consuelo y esperanza, para contrarrestar la terrible impresión que se produce en el alumno tras el encuentro con la muerte y Lucifer, y además del encuentro con la imagen de sí mismo, —que es en cierto sentido el Guardián del umbral. En el lugar de la muerte, en el lugar del cuerpo humano destruido, aparece algo más.

muerte

Lo que estoy hablando ahora puede ser experimentado, y cuando se experimenta, es exactamente como lo describo. En el lugar de la muerte aparece Cristo mismo, dándonos a entender que ese yo nuestro puede, después de todo, ser retenido. En otras palabras, tenemos en nuestra conciencia una imagen interior que es totalmente independiente de la memoria que nos queda de nuestra vida en los sentidos. Sugerir que tenemos que ver aquí con una ilusión o alucinación sería un disparate; Porque uno puede ser ciego, sordo, sin sentido del olfato o cualquier otro sentido, y sin embargo tiene la experiencia cuando uno llega a este punto en el camino de la iniciación, —la experiencia de Cristo apareciendo en el lugar de la muerte. ¿Qué es lo que el hombre tiene ante sí? Traten de imaginarlo! Tienes delante de ti a Cristo, que aparece en el lugar de la muerte y de Lucifer. Es decir, tenemos la misma imagen descrita por los Evangelistas en la escena de la Tentación en el desierto. No habrá necesidad de recordar los relatos de la Tentación dada en los Evangelios; Lo tendrías allí delante de ti, recibiendo en tu alma el Impulso de todo el acontecimiento de Cristo, que caminó sobre la Tierra, fue crucificado y venció a la muerte. Basta con que tuvieran el cristianismo de San Pablo; no tendrías que haber estado bajo la influencia del cristianismo de los Evangelios. Es muy posible experimentar, independientemente de los Evangelios, independientemente de cualquier impresión externa, algo que se describe en los Evangelios. Tal cosa es perfectamente posible. Piensen en lo que sucede en la vida ordinaria. En la vida ordinaria tienes una experiencia consciente cuando desde fuera se hacen impresiones en tu conciencia y por ello entran en tu conciencia los conceptos e ideas. Ahora, sin embargo, tienes ante ti una imagen que no la puede evocar ninguna impresión exterior. Porque no puedes encontrar a Lucifer en ninguna parte del mundo de los sentidos; Es completamente imposible que Lucifer sea una impresión externa en el mundo físico de los sentidos. Tampoco la imagen de la muerte se encuentra en el mundo de los sentidos. Y cuando finalmente la muerte se convierte en Cristo, tienes ante ti una imagen que ciertamente podrías descubrir en última instancia como el recuerdo de un hecho en el mundo exterior, pero que sin embargo se muestra ante ti ahora, en tu entrada en el Mundo Suprasensible, como una imagen que es alcanzable sin ningún apoyo del mundo externo. Pues no es necesaria ninguna impresión exterior para hacer surgir la imagen de la Tentación de Cristo, la conquista de la muerte y la superación de todo lo que Lucifer hizo del hombre. ¿A qué clase de conciencia llegamos entonces?. A una conciencia sin objeto externo. Me he esforzado por conducirles a la Luz no manifiesta y a la Palabra no expresada. Y ahora ya tienen el concepto de la Conciencia sin objeto externo, una conciencia que recibe el contenido de su propio ser.

Nuestras consideraciones nos llevaron entonces a una asombrosa, pero no menos verdadera, comunicación concerniente al Buda. Esto no fue una mera casualidad. Tuve que comenzar la conferencia de ayer, hablando sobre el hombre del movimiento interior, con el fin de explicar cómo el hombre puede dar un paso más aún en la iniciación en los mundos superiores; Y en ese sentido expresé una verdad que tal vez a primera vista es difícil de comprender (volveremos a ella de nuevo) —la verdad, es decir, que Lucifer se muestra en una forma completamente cambiada cuando avanzamos a esta segunda etapa de la iniciación, apareciendo ante nosotros como el gobernante del reino de Venus. Dije también cómo el Sol, que hasta ahora hemos considerado supremo en poder, ahora aparece como un planeta mas entre los siete planetas, y Cristo como el Espíritu del planeta del Sol. Cristo mismo se manifiesta en esta conexión como un Espíritu planetario, hermano del Espíritu de Venus. En otras palabras, Cristo aparece como un hermano de Lucifer. Esto abrió el camino para una consideración del destino post-terrenal del Buda. Pues el destino posterior del Buda no puede ser experimentado vivamente en su verdad pura y original, sin alcanzar esta segunda etapa de iniciación; Es imposible llegar a la verdad que expusimos ayer sobre el Buda, a menos que uno vaya más allá del primer encuentro con la muerte y con Lucifer donde uno contempla la escena de la Tentación y pasa a la siguiente etapa de iniciación donde se manifiestan los siete Espíritus Planetarios. Por lo tanto esto debía ser descrito, primero. Todavía se podría preguntar si la verdad sobre la vida del Buda después de dejar la Tierra no es de alguna manera alcanzable para la conciencia externa —es decir la conciencia, que está dirigida a las impresiones exteriores— entonces la respuesta debe ser que no es posible que con la conciencia terrestre se pueda hacer tal investigación sobre las condiciones de vida y cultura en Marte, como para revelar lo que el Buda realiza allí. Sin embargo, en el momento en que la iniciación penetra hasta el estadio que describimos ayer, es posible que la conciencia sin objeto externo tenga esa experiencia en virtud de su propia naturaleza. Por lo tanto, en relación con esta verdad acerca de Buda, se trata también de adquirir la conciencia sin objeto externo. Las condiciones y circunstancias de los hechos aquí revelados son por supuesto externos —porque el Buda vive realmente en Marte—. Sin embargo, la conciencia no sale de sí misma; en el reconocimiento de tal verdad no se cede a la influencia de una impresión externa, es todavía una conciencia sin objeto externo. De esta manera, os he llevado a la tercera de las tres cosas que presentamos al comienzo de estas conferencias: la conciencia sin objeto externo.

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Mirando hacia atrás sobre este estudio, vemos que hemos encontrado tres etapas o condiciones de la conciencia humana. Primero tenemos la conciencia física ordinaria. Después tenemos la conciencia que se alcanza en la primera etapa de la iniciación, y os he dado como ejemplo de lo que se experimenta en este estado de conciencia la imagen de la “Muerte y Lucifer” o “Cristo y Lucifer, en la Historia de la Tentación”. Finalmente, la tercera etapa de la conciencia es aquella en la que los siete Espíritus planetarios se manifiestan al hombre. E ilustramos esta tercera etapa por referencia a Buda. En la tercera etapa se experimenta el destino de Buda después de que su conversión a Buda no volviendo más a la existencia física en la Tierra. Hemos considerado así tres condiciones de la conciencia humana: la conciencia física; la conciencia de los mundos superiores en la primera etapa tal como la describimos ayer, ilustrándola con la historia de la Tentación; y finalmente una conciencia aún más elevada, la segunda conciencia de una naturaleza suprasensible. A muchos de ustedes tal vez les gustaría mucho si pudiéramos ir más lejos y describir estados todavía más altos de conciencia, pero el tiempo no lo permite. Voy sin embargo a sólo sugerir otra etapa.

¿Qué es lo que podemos experimentar por medio de la conciencia física? Todo nuestro entorno, todo lo que está presente a nuestros sentidos, todos los objetos existentes de la Tierra. ¿Qué podemos experimentar por medio de la segunda conciencia? Dejando por un lado, por el momento, el ejemplo que presentamos de la historia de la Tentación, descubrimos que por medio de la primera etapa de una clase superior de conciencia, se puede descubrir algo más allá de los objetos de los sentidos. Lo encontrarán descrito en líneas generales en mi libro “La Ciencia Oculta” en la parte donde se habla de la Antigua Luna, esa condición planetaria que precedió a nuestra actual Tierra. Esta Antigua Luna ya no existe, y tiene que ser descrita por medio de una conciencia que trabaja sin objeto exterior. La condición lunar de nuestra Tierra está en los mundos superiores. Está presente en los mundos superiores, conservados, como a menudo me han oído decir, en los Registros Akáshicos. De modo que para la primera conciencia de una clase superior tenemos, además de la Historia de la Tentación, todos los procesos que se puede decir que tienen relación con la antigua Luna. Todo lo relacionado con la Antigua Luna es posible describirlo por esta conciencia.

 Y ahora quiero llamar su atención hacia algo más. Hay un profundo significado en el hecho de que, de entre los muchos tipos de experiencia que el hombre adquiere a través de la primera conciencia superior, escogí la historia de la Tentación. Porque cuando nos dirigimos en el mismo estado de conciencia a la Antigua Luna, encontramos allí una repetición de la historia de la Tentación. (Digo una repetición, ¡pero naturalmente tuvo lugar mucho antes!) Es realmente así. Aprendemos cómo Cristo ya en la Antigua Luna superó a Lucifer, y en la escena que se nos da en los Evangelios tenemos que ver, por así decirlo, una repetición del hecho de que Cristo alcanzó la victoria sobre Lucifer. En la Tierra, Cristo rechaza a Lucifer desde el principio. Y esto se debe a que en la Antigua Luna, cuando Él mismo estaba menos evolucionado —porque Cristo también experimenta la evolución— había rechazado, a través de la devoción extrema de Su Ser a los Poderes Supremos, todos los ataques de Lucifer que en aquella época todavía significaban algo para Él. Ya en la Antigua Luna, Lucifer se acercó a Cristo. En la Tierra ya no era peligroso para Él: en la Tierra Cristo rechaza a Lucifer desde el principio. En la Luna, sin embargo, Cristo tuvo que ejercer todas las fuerzas a su disposición para repeler a Lucifer. Esta es entonces la experiencia añadida que viene a nosotros cuando dirigimos la mirada hacia atrás con la conciencia superior al remoto tiempo de la Antigua Luna.

LA TENTACION

Si vamos aún más lejos y alcanzamos la segunda conciencia de una clase superior, entonces, además de aprender acerca de hechos que tienen un significado para la Tierra, como la historia de Buda, también aprendemos nuevamente lo que ya ha sido descrito en mi Ciencia Oculta, nos vamos a la aún más temprana encarnación de nuestra Tierra, —el Antiguo Sol. En ese tiempo lejano las condiciones eran esencialmente diferentes, y la dificultad que se tiene para entender esta sección particular en la Ciencia Oculta puede ser una indicación de lo difícil que es describir el estado del Antiguo Sol. Allí me tomé el trabajo de describir especialmente las imágenes que están menos alejadas del hombre e incluso pueden recordarnos el paisaje de la Naturaleza. En el tiempo en que se escribió “La Ciencia Oculta” se habría encontrado poca comprensión hacia las cosas de una naturaleza más moral que se experimenta en el estudio de la encarnación del Antiguo Sol.

Cuando volvemos a la época del Antiguo Sol, ¡no encontramos ninguna historia de la Tentación! Encontramos el Sol todavía como un planeta entre los siete planetas, encontramos a Venus con Lucifer como su regente; Y ambos, el Espíritu del Sol y el Espíritu de Venus —en otras palabras, Cristo y Lucifer— aparecen a primera vista como hermanos. Solamente al esforzarnos al máximo en nuestros poderes de percepción podemos observar la diferencia entre ellos. Pues la diferencia entre Lucifer y Cristo, en el tiempo del Antiguo Sol no se aprecia desde una observación de su ser externo, requiere una observación y estudio más interior. En efecto, es extraordinariamente difícil encontrar medios exteriores para demostrar en qué consiste la diferencia. Por lo tanto, por favor, tomen lo que voy a decir como si no fuera más que un intento de caracterizar, si puede ser, la diferencia que la conciencia clarividente puede percibir entre Cristo y Lucifer en la época del Antiguo Sol.

Cuando dirigimos nuestra mirada ahora a Cristo, ahora a Lucifer, una nueva percepción comienza a amanecer en nosotros. Lucifer, el soberano de Venus, aparece en una forma extraordinariamente llena de luz, por supuesto quiero decir de luz espiritual. Tenemos la sensación de que todo el resplandor y la brillantez que podemos experimentar en la Tierra al contemplar una manifestación de luz es débil y tenue en comparación con la majestuosidad de Lucifer en el Antiguo Sol. Pero entonces nos damos cuenta, cuando empezamos a percibir sus intenciones —y somos capaces de ver a través de éstas— que Lucifer es un Espíritu dotado en su misma naturaleza de un orgullo infinito, un orgullo tan grande que puede ser una tentación para el hombre. Porque, como es bien sabido, hay cosas que hasta cierto punto no son tentaciones para el hombre, pero que se patentizan cuando crecen en proporciones majestuosas y el orgullo es una de ellas. Cuando el orgullo es majestuosamente grande, tienta al hombre. La grandeza de Lucifer, el orgullo de Lucifer en su majestuosa figura de luz, contiene un elemento seductor. “Luz no manifiesta”, luz que no brilla exteriormente, pero que tiene en sí misma un poder inmenso y fuerte  —que Lucifer tiene en su totalidad.

 ¿Y cómo se ve la figura de Cristo junto a Lucifer? La figura de Cristo en la época del Antiguo Sol —el Señor y Gobernante del planeta Sol— es una imagen de devoción extrema, devoción entera a todo lo que le rodea. Mientras que Lucifer aparece como alguien que sólo piensa en sí mismo —estamos obligados a vestirlo todo en palabras humanas, a pesar de que son bastante inadecuadas— Cristo aparece como completamente entregado, en devoción, a todo lo que está a su alrededor en la totalidad del mundo.

El Gran Mundo no era entonces como es ahora. Si nos transportáramos ahora al presente Sol, colocándonos en el centro circular y mirando alrededor en todas las direcciones, deberíamos percibir en primer lugar las doce Constelaciones del Zodíaco. Éstas no eran entonces externamente visibles; sino que se presentaban doce grandes Formas, doce Seres que dejaban que sus palabras resonaran desde las profundidades de la oscuridad, pues el espacio exterior todavía no estaba lleno de luz. ¿Qué clase de palabras eran éstas? Eran palabras: —la palabra «palabra» no es más que una improvisación, para indicar lo que aquí se quiere decir— eran palabras que hablaban desde los tiempos primitivos, tiempos que aún entonces venían de un pasado remoto y antiguo. Los doce eran Doce Iniciadores de los Mundos. Hoy vemos en las direcciones de estos Doce Iniciadores de los Mundos los doce Signos del Zodíaco, pero en ellos resuena, para el alma que está abierta a la totalidad, el ser original de la Palabra No Hablada de los Mundos, que podía tomar la forma de las doce Voces. Y—ahora debo comenzar a hablar más en imágenes; las palabras humanas no son suficientes— mientras que Lucifer tuvo el impulso de iluminar todas las cosas con la luz que vivía en él llegando por lo tanto a conocerlo todo, el Cristo, por otro lado se entregó a la Impresión de esta Palabra de los Mundos, la recibió en Sí mismo en su totalidad de modo que el Alma de Cristo devino en el Ser que reunió en Sí Mismo todos los grandes Secretos del Mundo que resonaban en Él a través de la Palabra no Expresada. Tal es el contraste que se presenta; el Cristo que recibe la Palabra de los Mundos y el orgulloso Lucifer, el Espíritu de Venus, que rechaza la Palabra de los Mundos, queriendo fundar y establecerlo todo con su propia luz.

Toda la evolución posterior es el resultado directo de lo que Lucifer y Cristo eran en ese tiempo. El Ser de Cristo, como vimos, recibió en Él los grandes y abarcadores secretos de los Mundos. El Ser de Lucifer, teniendo lo que sólo puedo describir como una “figura orgullosa de Luz”, perdió por lo tanto su reino, perdió su soberanía en Venus.

Por otros motivos, pues entrar detalles nos llevaría demasiado lejos, los otros Espíritus Planetarios perdieron también sus reinos, o más bien cambiaron su naturaleza. Pero no necesitamos pararnos ahora aquí. Lo que es importante para nosotros es el contraste entre Cristo y Lucifer. Llegó el momento en que Lucifer perdió más y más su gobierno; El reino de Venus poco a poco se fue apartando de él.   Lucifer con su luz se convirtió en un gobernante destronado, y el planeta Venus a partir de entonces tuvo que prescindir de un gobernante apropiado y por lo tanto estuvo obligado a sufrir un rezago evolutivo. El Cristo, sin embargo, retuvo durante el tiempo del Antiguo Sol la Palabra de los Mundos, y esta Palabra de los Mundos tiene la cualidad de encenderse a una nueva luz en el alma del que la recibe; de modo que desde entonces la Palabra de los Mundos se convirtió en la Luz de Cristo, y el planeta del cual el Cristo fue gobernante, el Sol, se convirtió en el centro de todo el sistema planetario y los otros planetas se sometieron a Él. Lo mismo ocurrió también con sus Gobernantes espirituales.

Deberíamos dejar que estas escenas vivan ante nosotros, debemos aprender a ver la divergencia que surgió en el tiempo del Antiguo Sol entre el camino de Lucifer y el camino de Cristo. Lucifer se rezagó, tuvo que quedarse atrás en su evolución, y volvió a rezagarse durante el tiempo de la Antigua Luna. Cristo siguió adelante. El Espíritu de Cristo, el Espíritu del Sol, se convirtió en un Espíritu que evolucionó hacia adelante hasta que finalmente pudo aparecer en la Tierra en la Forma que frecuentemente he descrito. A través de su devoción al Mundo, a través de su recibir e identificarse con la Divina Palabra Creadora No Expresada, por haber rechazado todo tipo de orgullo y haber puesto siempre la devoción en el altar de la Palabra de los Mundos, paso de gobernante planetario en el Antiguo Sol, a convertirse en el Gobernante Solar de todos los planetas, que fueron conquistados como parte del reino del Sol. Cuando se conoce esto —estoy hablando aquí más particularmente a aquellos que escucharon mis conferencias en Helsingfors (Los Seres Espirituales en los Cuerpos Celestiales y en los Reinos de la Naturaleza. GA 136)—  sabiendo esto, no lo sentirán como una contradicción con lo que expuse en aquellas conferencias sobre Cristo como un Espíritu del Sol de una clase superior a los Espíritus de los planetas. Porque por supuesto estábamos hablando de nuestro tiempo, del día de hoy. Cristo está muy por encima de los otros Espíritus Planetarios. Él es el Espíritu del Sol.

Aquí, sin embargo, no estamos simplemente describiendo cómo los cuerpos planetarios individuales son acelerados a la vida por sus Espíritus, pues nuestra tarea es sobre todo describir los diversos estados de conciencia, debemos mostrar cómo Cristo a través de Su propio carácter especial y durante el curso de la evolución que tuvo lugar entre el antiguo Sol y el tiempo presente, Su Naturaleza ha pasado por una evolución ascendente y de ser un Espíritu de la misma naturaleza que los Espíritus Planetarios se ha convertido en el Gobernante o Regente de todo el Sistema Solar.

Como he dicho, el tiempo no nos permite entrar en una descripción de la tercera conciencia de grado superior. Sólo mencionaré que la condición del Antiguo Saturno, la primera que ordinariamente se puede describir de las sucesivas encarnaciones de nuestra Tierra, puede ser experimentada con esta tercera conciencia superior. Como pueden ver, es posible hablar de una tercera conciencia superior de un carácter suprasensible. Si realmente queremos seguir la iniciación en su integridad, tendríamos que conducirnos a alturas vertiginosas de la conciencia. Hacerlo parecería desde el principio una especie de presunción y de hecho debemos ser llevados a regiones donde es casi imposible emplear palabras humanas. Por lo tanto, en mi Ciencia Oculta me he abstenido de describir cualquier cosa que pertenezca a estados aún más elevados de conciencia, ya que realmente está fuera de toda cuestión describir las cosas superiores en palabras humanas. En los Misterios se hacía formando signos simbólicos especiales y luego hablando en un lenguaje de símbolos. Por este medio era posible llevar al hombre a estados superiores de conciencia. Tales estados superiores sí existen; podemos hablar de una cuarta y una quinta consciencia de naturaleza suprasensible. Continúa, de hecho, sin límite. Todo lo que podemos hacer es decir que para la conciencia suprasensible la evolución toma su curso en una dirección determinada.

Estados planetariosc10

Teniendo en cuenta todo esto, en cualquier caso serán capaces de concebir la posibilidad de que por medio de los diferentes grados de conciencia suprasensible el hombre vea otros mundos aparte del físico; Y cuando recuerden que los primeros rudimentos del hombre físico comenzaron, como se muestra en “la Ciencia Oculta”, durante la condición del Antiguo Saturno, también verán que hay en el hombre una cierta conexión con el mundo de la tercera conciencia suprasensible. Pero aparte de esto, el hombre es, como ustedes saben, guiado y dirigido por Seres superiores a él. Él puede llegar al conocimiento de estos Seres superiores, pues ellos tienen influencia sobre él. Por lo tanto, no será difícil ver que no sólo el hombre, tal como está ante nosotros, ha sido creado a partir de mundos que van hasta la tercera conciencia suprasensible, sino que también tiene conexión con mundos más elevados.

El conocimiento y la experiencia que hemos descrito como alcanzables por medio de los diversos estados de conciencia pueden ser descritos al ser humano ordinario. Él puede comprender que tales estados de conciencia existen. No tiene experiencia directa como hombre en la Tierra de estos estados de conciencia adicionales, pero experimenta sus manifestaciones externas. La conciencia física, que, por supuesto, experimenta directamente. La primera conciencia suprasensible, de la cual experimenta una indicación en la conciencia onírica que no sólo proporciona imágenes arbitrarias de sueños, sino que conduce a una percepción de realidades pertenecientes a un mundo superior. Un desarrollo sistemático más alto de la conciencia del sueño es todo lo que se requiere para que el hombre llegue a la primera conciencia de una naturaleza suprasensible. Esta primera conciencia suprasensible puede dar información sobre las condiciones que prevalecían en la antigua Luna, la anterior encarnación de nuestra Tierra. Por lo tanto, encontrarán que en las comunicaciones ocultas la mayoría de las descripciones, aparte de las relacionadas con la propia Tierra, se refieren a la Antigua Luna; muy a menudo se detienen allí y no avanzan al Antiguo Sol. Este es el caso, siempre que tales comunicaciones estén basadas en la primera conciencia suprasensible, que es la que se da con mayor frecuencia y es la más fácil de alcanzar. Es en esta conciencia que tiene su origen la mayor parte de lo que dio H. P. Blavatsky en la “Doctrina Secreta”. Los ocultistas que tienen un conocimiento real son muy conscientes de este hecho. Por lo tanto, si leen “la Doctrina Secreta”, entonces en todas las grandes y comprensivas comunicaciones que se dan allí en referencia a los tiempos primitivos, encontrarán una referencia escasa a un pasado más lejano que la Antigua Luna.

 La condición de la conciencia onírica puede considerarse así como un primer comienzo —tiene por así decirlo, un hombre sustituto en la Tierra— para la primera conciencia suprasensible. Cuando el hombre entra en un sueño profundo, su conciencia se oscurece; pero no podemos decir que no existe conciencia. Si la consciencia profunda del sueño despertara, es decir, si se despertara fuera del cuerpo, entonces es la segunda conciencia suprasensible. Va más allá que la primera, y conduce a lo que uno puede experimentar en la condición del Antiguo Sol.

Un poco de reflexión nos aclarara lo siguiente. En la conciencia cotidiana vas haciendo movimientos externos. Tales movimientos están conectados con la conciencia diurna, la conciencia de la Tierra. Por otro lado, los movimientos que tienen lugar dentro del hombre —los movimientos del hombre medio que continúan incluso cuando estás dormido— están regulados por la conciencia que podríamos llamar la conciencia del sueño profundo. Los movimientos del corazón y de la respiración son movimientos conectados con esta segunda conciencia y sólo pueden ser comprendidos en toda su conexión con los mundos superiores cuando el hombre despierta fuera de su cuerpo, es decir, en la condición de sueño profundo del cuerpo.

Como pueden ver es muy posible percibir con la inteligencia ordinaria que están estos tres tipos de conciencia. Nos llevaría demasiado lejos ahora investigar las indicaciones que indudablemente existen para llegar a un tipo de conciencia aún más elevada. Sin embargo, hemos demostrado que cada vez que el hombre comienza a reflexionar sobre su vida como hombre de la Tierra, descubre manifestaciones de las conciencias superiores. Por lo tanto, es posible hablar con el hombre de la Tierra de estos estados superiores de conciencia. Se puede señalar primero cómo el hombre experimenta los procesos ordinarios de la vida en la Tierra por medio de su conciencia ordinaria. Uno puede entonces mostrar cómo, si la conciencia onírica fuera sometida a un realce tremendo, experimentaría todo lo que pertenece a las leyes que han sido traídas a la Tierra, por así decirlo, como un legado de la Antigua Luna; y finalmente como si se despertara en un sueño profundo, independientemente del cuerpo, experimentaría las condiciones del Antiguo Sol en esa forma en la que también se extienden hacia las condiciones de la Tierra. Por lo tanto, es posible comunicar estas cosas al hombre en la actualidad, y describirle cómo se manifiestan; Estamos justificados al hacerlo, ya que el entendimiento puede ser despertado por lo que el ocultista investiga. El ocultista habla de diferentes estados de conciencia. En realidad, son mundos diferentes: y se ha convertido en costumbre, como ustedes saben, llamar a estos diferentes estados de conciencia diferentes planos. Lo que se puede estudiar con la conciencia física se llama el plano físico; Lo que es perceptible a la primera conciencia de naturaleza suprasensible, el plano astral; al segundo, el Devacán inferior o plano mental; Y al tercero, el plano mental superior, o Devacán superior. Todavía más lejos, tenemos el plano Budhi y el plano Nirvana. Todo lo que estamos haciendo aquí es simplemente dar otros nombres a los resultados alcanzados en el camino oculto. Ambos caminos conducen a una imagen del hombre. Pues es siempre el hombre quien en sus diversas condiciones o estados esta activo como miembro de los diferentes planos o mundos. Lo que hemos hecho es conducir el conocimiento del hombre desde el punto de vista del Ocultismo, donde hablamos de diferentes condiciones de conciencia y diferentes condiciones de evolución, al conocimiento del hombre desde el punto de vista de la Teosofía. Pues donde el ocultista habla de condiciones de conciencia, el teósofo habla de planos sucesivos. El Ocultismo puede de esta manera ser comunicado abiertamente como Teosofía.

Ahora debemos retroceder un poco. En el curso de nuestras consideraciones han surgido algunos nuevos puntos de vista, y nos conviene abordarlos un poco más a fondo. Tomemos por ejemplo la percepción a la que llegamos de que el hombre es, en su forma externa, un ser humano de tres veces siete miembros. No tenemos tiempo en estas conferencias para explicar el asunto en detalle, pero les pido que recuerden lo que está escrito en “la Ciencia Oculta”, a saber, que antes de esta condición de la existencia de la Tierra, el hombre pasó por otras tres condiciones: Antigua Luna, Antiguo Sol y Antiguo Saturno, y que el primer fundamento para la forma humana física externa ya estaba presente durante el Antiguo Saturno y posteriormente fue sufriendo un continuo cambio y desarrollo. De modo que el maravilloso cuerpo humano que tenemos ante nosotros es el resultado de una larga evolución. Su evolución ha continuado a lo largo de tres grandes fases de la existencia, —Antiguo Saturno, Antiguo Sol y Antigua Luna. Cada una de ellas puede dividirse en siete, y cada subdivisión de estas grandes fases de la existencia ha dejado su marca en la forma humana. Tres veces siete fuerzas formativas han trabajado sobre la forma y la figura del hombre.

HOMBRE TRIPARTITO

Lo que el hombre ha añadido durante el tiempo de la Tierra, — que por sí solo no se encuentra es, como hemos visto, sólo la parte del hombre que está sujeta a la destrucción. Es la terminación de la forma humana, la acumulación de todas las partes en un todo completo; y esto ha sido destruido por Lucifer. De modo que cuando dividimos al ser humano en tres veces siete miembros, tenemos la expresión del hombre físico en la Tierra tal como viene ante nosotros con todos los cambios que se han ido produciendo en cada condición de las anteriores existencias sucesivas. Es el ser humano físico con el que estamos ocupados aquí. El ocultista debe considerarlo de la manera que hemos hecho en esta conferencia, en la medida que el tiempo lo ha permitido. El teósofo, por otra parte, sólo puede tener su atención dirigida a lo que está presente allí ante él. Podemos decirle: En el hombre, está el cuerpo físico. Cuando nos dispusimos a estudiar al ser humano, llegamos primero a su cuerpo físico, a esa forma sumamente complicada que ha pasado por tantas condiciones de existencia y que hoy se despliega manifestando perpetuamente las huellas dejadas atrás de las condiciones anteriores. Entonces, como recordarán, pasamos a considerar otra cosa. Hicimos un estudio del hombre en sus movimientos interiores; Y permítanme recordarles la conclusión a la que se nos condujo ayer. La forma del hombre la podemos ver, pero los movimientos como tales no lo vemos, y señalé ayer cuán difícil es discriminar entre los movimientos y llegar a una conclusión sobre cuáles son los movimientos esenciales en el hombre. Sin embargo, un hecho surgió naturalmente de nuestro estudio, a saber, que esta facultad de movimiento nos lleva al Antiguo Sol. Por lo tanto, no se sorprenderán cuando continúe diciendo que todos los movimientos interiores en el hombre están conectados con las experiencias que vivio durante la época del Antiguo Sol. Mientras que el hombre como hombre físico lleva en él la impresión de Antiguo Saturno, Antiguo Sol y Antigua Luna, el hombre como hombre de movimiento interior lleva en él las fuerzas para este movimiento desde la época del Antiguo Sol. El hombre de movimiento interior ha pasado a través del Sol y la Luna, y también la Tierra hasta donde ha llegado. Así distinguimos en el ser humano algo que no es forma, sino que es el fundamento interior del movimiento, y a esto debemos designarlo como el primer hombre invisible. No vemos a este hombre, podemos, sin embargo, ver los resultados externos de su actividad —los movimientos; y lo llamamos el cuerpo etérico, el cuerpo de éter. El cuerpo etérico sólo puede ser percibido por medio de una conciencia superior. El funcionamiento del cuerpo etérico en el mundo físico son los movimientos interiores que el ser humano realiza. Por lo tanto, en la medida en que el hombre ha tenido que someterse a las tres condiciones de existencia que precedieron a la nuestra, se ha convertido en hombre físico; En la medida en que ha tenido que someterse sólo al Sol en el tiempo de la Luna, se ha convertido en un hombre etérico. Y podemos ascender más allá y decir que en la medida en que el hombre ha sufrido el tiempo lunar, se ha convertido en hombre astral, es decir, ha fluido en sus movimientos todo lo que lleva al pensar, sentir y querer. Cuando pasamos más allá de lo externo y corporal, más allá también de lo que está dentro del hombre (en el movimiento interior), llegamos entonces al hombre astral, que tampoco puede ser visto como tal, pero que se manifiesta y llega a expresarse en pensamiento, sentimiento y voluntad. Finalmente, llegamos a ese elemento en el hombre que la Tierra ha comenzado a preparar en él y que será su tarea completar en el futuro. Porque la Tierra está llamada a llevar al desarrollo a la perfección y a formar el Yo del hombre, que ya se ha manifestado en el curso de la evolución de la Tierra y que en el futuro se desarrollará hacia etapas superiores. (Manas, Budhi, Atman). Y ahora tenemos ante nosotros al hombre en sus diferentes miembros.

Por lo tanto, resulta que al tratar de comprender al hombre en su relación con el mundo, no sólo nos encontramos con diferentes condiciones de conciencia que luego identificamos con mundos diferentes, sino que también estamos conducidos a una división del ser humano en varios miembros, —cuerpo físico, cuerpo etérico y así sucesivamente. Por otra parte, por medio de una inteligente observación externa del hombre, podemos llegar a percibir que, si bien el cuerpo etérico no es visible para nosotros, todavía podemos discernir sus manifestaciones aquí en el mundo físico. Las manifestaciones del cuerpo etérico son los movimientos dentro del hombre. Las manifestaciones del cuerpo astral son el pensar, sentir y querer. El Yo se manifiesta a sí mismo, es su propia manifestación. Cuando una vez el hombre es lo suficientemente inteligente como para comprender que los movimientos que hace dentro de él no proceden de su forma, no pueden proceder de nada físico, cuando una vez que puede llegar a la única forma inteligente de considerarlos, a saber, como teniendo su fuente en lo suprasensible, entonces se abre para él la posibilidad —no simplemente de creer, sino de comprender con su entendimiento, la existencia de un cuerpo etérico. Pues vestir el conocimiento oculto en formas que apelan a la conciencia ordinaria, es llevar el ocultismo a la teosofía, vestirla, por así decirlo, con la vestimenta de la teosofía. Así como hallamos que en la teosofía hablamos de planos, volvemos a vestir la verdad con la vestimenta de la teosofía cuando hablamos de los diversos miembros de la naturaleza del hombre. Todo lo que puede decirse del hombre tiene que ser encontrado primero en el camino oculto. Debemos atravesar el mundo entero, debemos alcanzar, como estudiantes de ocultismo, las diversas condiciones de la conciencia; y descubriremos que estas diversas condiciones de la conciencia pueden darnos una explicación del hombre, pueden de hecho mostrarnos lo que realmente es. Sólo a través del ocultismo se puede entender al hombre en su verdadera naturaleza y en su verdadero ser. La teosofía no es más que un intento de vestir el conocimiento oculto en verdades inteligentemente declaradas, para que los hombres puedan tener una visión del conocimiento oculto. Los hechos de los que he estado hablando, si los prueban inteligentemente, los encontrarán armonizando uno con otro de innumerables maneras, armonizados también con el mundo entero. La prueba inteligente es la única manera de encontrar la confirmación de los resultados obtenidos en el Ocultismo.

Aparece un segundo punto que también requiere ser explicado un poco más, puesto que debemos dejar claro que aunque la teosofía y el ocultismo parecen al principio conducir a contradicciones (hemos aclarado en la primera conferencia de este curso cuál es nuestra actitud hacia tales contradicciones), el estudio posterior siempre conducirá a la solución de las mismas. Esto ya lo habrán visto en muchos casos en estas conferencias. Tal vez, sin embargo, ahora se presentarán nuevas contradicciones cuando lo que acabamos de decir se tome en relación con lo que se dijo en anteriores conferencias del curso. Es imposible tratar hoy con todas las posibles contradicciones, pero hay una que me gustaría tratar de resolver con la ayuda del conocimiento oculto alcanzable en la segunda conciencia de tipo suprasensible. Muchos de ustedes recordarán que yo —y otros también— hemos señalado repetidamente el carácter cósmico del Cristo, y he mostrado cómo Él supera en su misma naturaleza a todos los demás fundadores de las religiones. Sólo es de esperar que este carácter único del Ser Crístico se encuentre más fácilmente con el reconocimiento en Occidente, ya que en Occidente se desarrolla especialmente el sentido histórico. Para que la evolución de la Tierra tenga lugar de tal manera que permita a los hombres pasar por muchas encarnaciones diferentes, Occidente buscará naturalmente un “centro de gravedad” para esta evolución. Por lo tanto, sólo puede sorprender que se encuentren todavía occidentales que no estén preparados para admitir este centro de gravedad de la evolución, que es, en efecto, el Impulso de Cristo. Hablar de reencarnación del Cristo sería cometer el mismo error que imaginar que un par de balanzas pudieran mantenerse en equilibrio en más de un punto. Visto desde este aspecto, el asunto es sumamente simple.

Hay, sin embargo, otro fundamento moral que debemos tener en cuenta en su efecto sobre la relación del ser humano con el Cristo, que debe considerarse como el Impulso de la Evolución de la Tierra. Es como sigue. Cristo entró en la evolución de la Tierra en un momento particular. Los hombres que viven en la actualidad se encarnaron antes de la venida de Cristo y ahora están encarnados de nuevo. Así han vivido no sólo durante el tiempo de la evolución de la Tierra cuando Cristo todavía no estaba presente, sino que también viven ahora cuando Cristo  está presente; y la objeción frecuentemente hecha desde el punto de vista materialista, que si Cristo fuera tan importante, entonces una única aparición en la Tierra significaría una injusticia para la Humanidad, se derrumba. Sin embargo todavía se oye a la gente preguntar; “¿Cómo se puede permitir tal injusticia que todos los hombres que vivieron antes de Cristo no han tenido el beneficio de su obra, mientras que los que viven después de Él tienen este beneficio?” ¡Pero son los mismos seres humanos! Tal objeción no debería ser planteada en los aposentos teófilos. Y sin embargo, esta objeción abre un tema de gran importancia. Pues hay algunos casos en los que la objeción esta en cierto sentido justificada; y uno de estos casos, como verán si se detienen a reflexionar, es el caso del Buda.

Mientras que los seres humanos en la Tierra nacen una y otra vez y pueden así siempre llegar a una experiencia del Impulso de Cristo en sus encarnaciones después del tiempo de Cristo, el Buda alcanzó en tiempos pre-cristianos la etapa de evolución que le quitó la necesidad de volver a un cuerpo terrenal. Esto significa que el Buda pertenece por lo tanto a un número muy pequeño de seres humanos que vivieron en la Tierra y luego la dejaron, antes de que Cristo viniera. Y es posible que desee saber, ¿cuál es la relación del Cristo con Buda? Aparte de lo que mencioné ayer, de ese Buda que brilló desde los mundos superiores hacia el cuerpo astral del niño Jesús de Lucas, ¿cómo se unen el Cristo y el Buda? ¿Es realmente así, que Buda dejó la Tierra antes de que Cristo encarnara? Que se dirigió a Marte, de modo que el Buda y Cristo por así decirlo se cruzaron uno con otro? Sólo con la ayuda de un profundo conocimiento oculto podemos esperar resolver este dilema. Recuerden todo lo que he dicho. Les expliqué cómo el Cristo estaba unido con el Sol. De hecho, sólo a través del bautismo de Juan, o mejor dicho, a través del Misterio del Gólgota mismo, el Cristo entró en unión con la Tierra. El Cristo es por lo tanto un Espíritu del Sol y tenemos que buscarlo, antes de que el Misterio del Gólgota tuviera lugar en la Tierra, en estrecha conexión con Su Reino, el Sol. Zaratustra lo buscó allí. Y es durante el tiempo en que Cristo estaba trabajando como Regente en el reino del Sol, cuando todavía no había extendido Su gobierno a la Tierra —en todo caso, aún no por medio de Su Impulso— que la vida de Buda toma su curso en la Tierra. Y ahora debemos volver a las encarnaciones anteriores de Buda, si queremos llegar a la verdad en esta materia. Sabemos que Buda era un Bodhisattva; trabajó en la Tierra durante largos períodos de tiempo como Bodhisattva. Estos Bodhisattvas no tienen en ellos un alma humana ordinaria. Su caso es muy especial. Deben recordar aquí la descripción en La Ciencia Oculta del comienzo de la evolución de la Tierra, —cómo, después del intervalo entre la Antigua Luna y la Tierra, el Sol se reunió con la Tierra y los otros planetas, y cómo todos se volvieron a separar como si fueran una cáscara tras otra. (Ver también mi ciclo de conferencias sobre las Jerarquías Espirituales.) Hubo, por lo tanto, un tiempo donde la Tierra estuvo unida con el Sol. Entonces se separaron, y ustedes saben que después de eso vino también la separación de la Luna, y el fortalecimiento de la Tierra a través de almas procedentes de otros planetas.

Ahora fijemos nuestra atención en el momento en que el Sol se separa de la Tierra. Cuando tuvo lugar esta separación, los dos planetas Venus y Mercurio —les estoy dando sus nombres astronómicos— estaban todavía unidos al Sol. Sólo se separó la Tierra, Venus y Mercurio permanecieron dentro del Sol. Por lo tanto, tenemos ahora el Sol y la Tierra. En la Tierra, la evolución continúa. Sólo queda un pequeño número de seres humanos; otros emigran a los diferentes planetas, para volver más tarde. Con el Sol también se fueron Seres; porque el mundo no consiste sólo en materia externa, sino de Seres. Los Seres que se fueron con el Sol cuando este se separó de la Tierra. Y su Líder es el Cristo. Porque en aquel tiempo en la evolución de la Tierra cuando el Sol se separó de la Tierra, lo que uno puede llamar la prioridad de Cristo sobre Lucifer y los otros Espíritus planetarios ya se había cumplido. Luego, más tarde, Venus y Mercurio se separaron.

Consideremos por un momento la salida de Venus del Sol. Junto con Venus hay Seres que al principio se habían ido con el Sol, pero no pudieron permanecer allí. Entonces se separan y habitan en Venus. Entre ellos estaba el Ser que está detrás del posterior Buda. Era como un mensajero del Cristo para los habitantes de Venus. El Cristo lo envió a Venus, y aquí en Venus Buda pasó por toda clase de etapas evolutivas. Más tarde, las almas volvieron de Venus a la Tierra. Las almas humanas ordinarias estaban, por supuesto, poco desarrolladas. Buda, sin embargo, quien también descendió a la Tierra con las almas de Venus, era un Ser altamente evolucionado, tan evolucionado que pudo convertirse de inmediato en un Bodhisattva y más tarde en un Buda. Así tenemos en Buda a quien mucho tiempo atrás había sido enviado por Cristo y tenía la tarea de preparar la obra de Cristo en la Tierra. Para su misión a los hombres de Venus tenía este significado, —que él debía ir previamente a la Tierra, como precursor del sol. Y ahora podrán comprender que habiendo estado Buda con Cristo por un tiempo más largo que los otros hombres de la Tierra —la Tierra antes de ser separada— sólo necesitaba esa parte del Impulso de Cristo que tenía en él desde el Sol, para permitirle seguir el acontecimiento de Cristo desde mundo espiritual. Eso bastaba a Buda. Los otros seres humanos tuvieron que esperar el evento de Cristo en la Tierra. Pero debido a que Buda tenía esta relación especial con Cristo, porque había sido enviado por el Cristo como un precursor, no necesitaba esperar en la Tierra el acontecimiento de Cristo. Él se llevo de la Tierra la capacidad de recordar —incluso sin la ayuda del Cristo que otros hombres necesitan— lo que el yo significa en la Tierra. Por lo tanto, él también pudo mirar hacia abajo y contemplar el acontecimiento de Cristo desde los mundos superiores. Así fue preparada con antelación en el mundo la notable misión que Buda había emprendido a instancias de Cristo. Porque primero fue enviado a los hombres de Venus, —y comparen lo que ahora estoy diciendo con las conferencias que di en Helsingfors— y después en la Tierra; Luego fue a los hombres de Marte y allí sigue trabajando, llevando a cabo en Marte la misión para la que se había estado preparando desde hacía tanto tiempo. En Marte es así, que los hombres que han permanecido allí están en gran peligro, así como los hombres de la Tierra estaban en peligro, de los cuales Cristo los liberó. El peligro para los hombres de Marte es que su cuerpo astral, —ellos tienen como ustedes saben, no un Yo que se desarrolla como en nosotros— su cuerpo astral y por lo tanto indirectamente su cuerpo etérico, puede sufrir una muy seria disminución de fuerza y llegar a secarse. La naturaleza de los hombres de Marte ha demostrado ser de una especie que lleva a guerras terribles. Los hombres de Marte tienden a establecerse permanentemente en un cierto lugar. Los hombres de la Tierra tienen una inclinación cosmopolita; Los hombres de Marte están casados con el suelo, hay muy pocos cosmopolitas entre ellos. Y hay, o más bien hubo en Marte guerras y luchas constantes, debido a que los cuerpos astrales son muy fuertes y no están templados ni suavizados por un Yo. Si lo piensan, entenderán que entre los hombres que se desarrollan así debe haber inevitablemente una cantidad terrible de luchas y conflictos. Marte no es otra cosa que una especie de Antigua Luna reencarnada; lo que el cuerpo astral sostiene no está templado con la influencia suavizante del yo, con el resultado de que los hombres de Marte tienen una lujuria excepcional para la guerra. Los griegos actuaron sobre un verdadero conocimiento cuando hicieron de Marte el Dios de la Guerra. Uno realmente se llena de asombro y maravilla cuando encuentra en el mundo de la leyenda estos ecos de la verdad. Inolvidable es la impresión que se recibe cuando, habiendo descubierto que allí hubo guerras terribles, se encuentra que este conocimiento oculto está presente en los nombres que fueron dados del conocimiento contenido en los antiguos Misterios.

Piensen en la continuación de la vida de Buda, este Maestro de la Compasión y el Amor, este Maestro en la superación de las distinciones de casta, y comprenderán la misión que Buda tuvo en Marte, —introducir algo a lo que los hombres de Marte nunca podrían acceder sin ayuda, algo que les parecería una piedad exagerada, una especie de actitud monástica hacia la vida. Porque era la misión de Buda por medio de un sobresaliente ejemplo de superación de humildad y de pobreza acelerar la vida de los hombres de Marte en esta dirección. Sólo puedo hacer un esbozo imaginativo de la influencia de Buda sobre Marte. El significado de su trabajo allí para los hombres de Marte que viven sin el Yo, es en realidad enteramente similar a la influencia de un Redentor y un Salvador, que libera a los hombres a una concepción superior del mundo. Y mientras en la Tierra la hermandad universal y el amor al prójimo están conectados en su impulso más profundo con el Cristo, el cosmopolitismo en su carácter esencial está conectado con el Acto de Salvación que Buda tiene que cumplir en Marte.

Hay otro punto en nuestro estudio que podría presentar una dificultad, y me gustaría disponer de él antes de separarnos. Es el hecho de que las diversas religiones en la Tierra, que como cada teósofo sabe tienen una fuente única común, están diferentemente relacionadas con las comunicaciones ocultas. Toda religión tiene que ser remitida a su fundador que a través de esta religión dio a conocer a un grupo de personas, de una manera adecuada a su capacidad, alguna experiencia perteneciente a una etapa particular de iniciación. Tienen, por ejemplo, la religión que no es capaz de elevarse al Cristo, el Espíritu del Sol, sino que está especialmente adaptada para elevarse al alma grande y de largo alcance que vivió en el ser que estuvo muchas veces encarnado como Bodhisattva —Una religión que mira hacia arriba en adoración al que es el gran Iniciador, el gran Inspirador, el Buda. Esta religión no puede ascender a la visión de que el Cristo es el Espíritu del Sol que ha descendido a la Tierra. Sólo ven hasta el que es enviado como mensajero; lo juntan, por así decir, con el contenido que sale del Sol y lo convierten en un Espíritu Planetario. Y podemos entender bien que Buda es considerado como un espíritu planetario.

Tal religión, que eleva los pensamientos de los hombres hacia el Espíritu que guía la evolución del Buda, sólo pudo comprender una figura como la de Vishnu en el Trimurti indio. Además, puesto que una religión de este tipo todavía no ha llegado al conocimiento de la victoria universal de Cristo sobre Lucifer, tampoco es capaz de colocar la figura de Lucifer en tal relación con el Cristo como lo podemos hacer hoy en día. Para los seguidores de tal religión, Lucifer parece estar junto al Cristo como una figura independiente, —Su igual, insubordinado. Hemos visto cómo a Lucifer se le da el lugar de una especie de hermano. Esto es lo que tienen cuando Shiva se enfrenta a Vishnu. Miren en la religión de Shiva, estúdienla cuidadosamente; y me seguirán cuando digo que la religión de Shiva de la India se puede entender cuando se tiene conocimiento del Ser de Lucifer. Porque Shiva es en realidad Lucifer en la forma en que todavía no había sido vencido. Todo su culto y ritual, toda la religión de Shiva con sus 60 millones de adherentes—Visto desde este punto de vista, se muestra como una religión eminentemente luciférica. A partir de estos ejemplos, comprenderán fácilmente cómo todas las formas de conocimiento oculto han sido capaces de imprimir su influencia en las diferentes religiones de las distintas etapas, de acuerdo con el carácter y la disposición de los pueblos interesados.

Y ahora quiero pedirles que me sigan en una consideración más. Hemos hablado de la Luz Inmanifiesta y de la Palabra Inexpresada; Y hemos logrado también llegar por muchos desvíos a la Conciencia sin Objeto. Detengámonos ahora un momento en esta trinidad y preguntémonos: ¿Se manifiestan estas tres cosas en nuestro mundo?

La respuesta es que, reuniendo todo lo que se ha dado en el curso de estas conferencias, podemos sin dificultad llegar a un conocimiento de cómo estas tres cosas se expresan en nuestro mundo. ¡Tomen la luz! Cuando dimos una descripción del orgulloso Lucifer, ¡era todo Luz! La luz es esencialmente un atributo de lo espiritual; Y cuando está en el plano físico, el hombre sólo tiene la luz —y desde luego en su expresión más débil— en sus pensamientos. ¿Y dónde tiene el hombre la Palabra Inexpresable, cuando está aquí en el plano físico? Lo que en el Gran Mundo es palabra inexpresable es palabra expresable aquí en el plano físico, y no tardarán mucho en descubrir cuál es el origen y la fuente de la palabra. Es lo que llamamos el alma en el hombre. Mientras la Luz gradualmente se convierte en lo espiritual en el hombre, la Palabra se revela gradualmente en la naturaleza anímica el hombre. Y la Conciencia ¿cómo se manifiesta en el hombre físico? Por el hecho de que la materia externa le toca. Pues la conciencia física necesita un objeto externo, ¡debe, por así decirlo, tener algo que morder! Arriba encontramos: Conciencia sin objeto, Palabra inexpresable, Luz no manifestada. Abajo, encontramos como su última manifestación en el plano físico: la conciencia humana que trabaja en la materia; El alma que revela, aunque en forma oscura, la palabra; Y finalmente la luz que está presente en forma sumamente débil en el pensamiento del hombre. Sólo en el aura humana puede el vidente ver el pensamiento como luz. Todo lo que proviene de la luz sólo puede verlo como aura. Sin embargo, en el pensamiento —en lo que ya es espiritual en el plano físico— podemos reconocer el último reflejo de la Luz Inmanifiesta. Así que, ya ven, el hombre puede, después de todo, expresar estas tres cosas más elevadas que encontramos. Los descubrimos cuando consideramos al hombre como espíritu, alma y materia. Y en la unificación del espíritu y el alma el hombre encuentra la imagen de su yo como una unidad. Sí, incluso esta tríada que encontramos en el plano físico —materia, alma, espíritu— es una revelación de la más alta Trinidad. Los hombres perdieron estas revelaciones primitivas del ocultismo de los tiempos antiguos, y el ocultismo adquirió gradualmente una nueva forma que se encontró con poca comprensión externa. En nuestro tiempo el ocultismo debe volver a encontrar comprensión, en nuestro tiempo debe convertirse en Teosofía. Ha habido un tiempo intermedio cuando los hombres no se elevaron a las verdades ocultas que se les habían comunicado anteriormente, cuando no entendían lo que hoy vemos en las palabras de la Teosofía. Y en este tiempo intermedio se sostuvieron por la última manifestación, el último producto como si fuera de la obra de la Trinidad Superior,  —se sostuvieron a la materia, el alma y el espíritu. Esta etapa dio nacimiento a lo que podríamos llamar Filosofía, que en realidad apareció por primera vez unos seis siglos antes de Cristo y ha continuado hasta nuestros días. Siempre encontrarán que la filosofía comienza desde la última manifestación externa de la gran trinidad que permanece siempre profundamente oculta. La Filosofía ve esparcir ante ella la vida material, y la vida material sola, como si fuera la comida para la conciencia humana. La Filosofía no comprende la Palabra Inexpresable, pero puede sin embargo tener un sentimiento para el elemento del alma en el mundo cuando se revela en el alma del hombre como la palabra expresada. La Filosofía no encuentra la Luz Inmanifestada, sino que la percibe desde lejos, en la medida en que aparece, en su última actividad, en el pensamiento humano, es decir, en aquella parte del espíritu humano que se manifiesta en el mundo exterior. Cuerpo, alma y espíritu  —la mente de los griegos los ve como un hombre triple, y desempeñan su papel justo a través de la era de la filosofía. La humanidad ha estado pasando por una época en su evolución cuando lo Oculto estaba oculto. Oculta también estaba la Teosofía. Todo lo que quedaba para que el hombre se aferrara era lo más externo de todas las revelaciones, era lo que llamamos cuerpo, alma y espíritu. Y esta época ha durado hasta ahora. Pero el tiempo de la Filosofía se cumple. Los filósofos han tenido su día. Lo único que le queda a la Filosofía es salvar para el hombre aquello que el clarividente debe recordar en la primera etapa de su evolución, el Yo, la autoconciencia. Y es importante que la filosofía no falle en esta tarea. Traten de entender mi “Filosofía de la Libertad” desde este punto de vista. El libro está escrito de tal manera que conduce la conciencia filosófica a la nueva era que viene, cuando aquello que puede dar una imagen más exacta y precisa de la Trinidad Superior debe entrar una vez más en la evolución de la humanidad, La Teosofía debe encontrar su camino en la evolución humana.

La era de la filosofía ha llegado a su fin. Más antigua que la Filosofía es la Teosofía, y la Teosofía tomará el lugar de la Filosofía, a pesar de toda oposición. Tiene, por así decirlo, la vida más larga, excede en duración la edad de la Filosofía. Sólo durante un tiempo limitado se puede estudiar al ser humano desde el punto de vista filosófico. Más allá en el pasado, y también en el futuro, se extiende la edad en que el hombre puede ser considerado desde el punto de vista de la Teosofía. Transcender ambos, y sondear el ser del hombre al extremo, es el Ocultismo. Porque detrás de todo conocimiento humano se encuentra el Ocultismo. El Ocultismo es el más antiguo de todos; Tiene la edad más larga del tiempo. Antes de la teosofía estaba el ocultismo; Después de la teosofía, el ocultismo seguirá siendo. Antes de la filosofía, era la teosofía; Después de la filosofía, la teosofía seguirá siendo.

Y ahora, queridos amigos, intentad, entre otros ideales, aprehender éste, que seáis llamados a comprender cómo en nuestro tiempo el ideal filosófico (que ha sido necesariamente sostenido por unos pocos) tiene que fluir hacia un nuevo ideal, El ideal teosófico, que será comprensible para muchos, porque la teosofía es capaz de hablar al hombre desde profundidades mucho más profundas que la filosofía, que no puede ser más que abstracta, ya que es sólo una última copia débil del ser original del hombre en su triplicidad. Si estudiamos el asunto de la manera que hemos hecho, entonces lo estamos viendo todo en el fondo de la historia del mundo como necesidad histórica; Sentimos lo que la teosofía debe ser para el hombre moderno y reconocemos cómo los tres puntos de vista —filosofía, teosofía, ocultismo— son en verdad maneras de entender al hombre que deben desplegarse una tras otra. Que este pensamiento no permanezca sólo como un pensamiento en la cabeza, sino que se hunda profundamente en sus corazones, y aprenderán a apreciar cuán importante, así como la santa teosofía debe ser para nosotros.

Traducido por Gracia Muñoz en Mayo de 2017

 

GA202c3. El camino hacia la Libertad y el Amor y su importancia en los acontecimientos mundiales

Rudolf Steiner – Dornach – 19 de Diciembre de 1920

English version

El hombre está en el mundo por un lado como un ser pensante, contemplativo y como hacedor, como un ser de acción, por el otro; Con sus sentimientos vive dentro de estas dos esferas. Con su sentimiento responde, por un lado, a lo que se le presenta a su observación; y por el otro lado, introduce el sentimiento en sus hechos, en sus acciones. Sólo necesitamos considerar cómo un hombre puede estar satisfecho o insatisfecho con el éxito o la falta de éxito de sus actos, cómo en verdad toda acción va acompañada de impulsos de sentimiento, y veremos que el sentimiento une los dos polos de nuestro ser: el polo del pensamiento y el polo de la voluntad, de la acción. Sólo a través del hecho de que somos seres pensantes somos Hombres en el sentido más verdadero. Consideren también, cómo todo lo que nos da conciencia de nuestra humanidad esencial está conectado con el hecho de que podemos crear interiormente una imagen del mundo que nos rodea, Vivimos en este mundo y podemos contemplarlo. Imaginar que no podemos contemplar el mundo implicaría perder nuestro ser esencial. Como hacedores, como hombres de acción, tenemos nuestro lugar en la vida social y fundamentalmente hablando, todo lo que realizamos entre el nacimiento y la muerte tiene un cierto significado en esta vida social.

En cuanto que somos seres contemplativos, el pensamiento opera en nosotros; En la medida en que somos hacedores, es decir, seres sociales, la voluntad operará en nosotros. No es el caso en la naturaleza humana, ni lo es nunca, que las cosas puedan simplemente ser pensadas intelectualmente una al lado de la otra; la verdad es que lo que es un factor activo en la vida se puede caracterizar como de un aspecto u otro; Las fuerzas del mundo se interpenetran, fluyen unas a otras. Mentalmente, podemos imaginarnos a nosotros mismos como seres de pensamiento y también como seres de voluntad. Pero incluso cuando estamos completamente absortos en la contemplación, cuando el mundo exterior está completamente saciado, la voluntad está continuamente activa. Y de nuevo, cuando estamos haciendo algo, el pensamiento también está activo en nosotros. Es inconcebible que algo proceda de nosotros en el camino de las acciones o andanzas —que también pueden tener efecto en el ámbito de la vida social— sin que nos identifiquemos en el pensamiento con lo que estamos haciendo. En todo lo que es de la naturaleza de la voluntad, está contenido el elemento del pensamiento; y en todo lo que es de la naturaleza del pensamiento, la voluntad está presente. Es esencial ser muy claro acerca de lo que está involucrado aquí si queremos seriamente construir el puente entre el orden mundial moral-espiritual y el orden natural-físico del mundo.

Imaginen que están viviendo por un tiempo puramente en la reflexión como generalmente se entiende, que no están involucrados en ningún tipo de actividad exterior, sino que están completamente absortos en el pensamiento. Sin embargo deben comprender, que en esta vida de pensamiento, también esta activa la voluntad; la voluntad está entonces trabajando en su ser interior, irradiando sus fuerzas al reino del pensamiento. Cuando imaginamos al ser humano pensante de esta manera, cuando nos hacemos conscientes de que la voluntad está irradiando todo el tiempo en los pensamientos, algo ciertamente nos afectará con respecto a la vida y a sus realidades. Si revisamos todos los pensamientos que hemos formulado, encontraremos en cada caso que están vinculados con algo de nuestro entorno, algo que nosotros mismos hemos experimentado. Entre el nacimiento y la muerte no tenemos, en cierto sentido, pensamientos distintos a los que nos trae la vida. Si nuestra vida ha sido rica en experiencias tendremos un rico contenido de pensamientos; si nuestra experiencia de la vida ha sido escasa, tendremos un pobre contenido de pensamientos. El contenido del pensamiento representa nuestro destino interno —hasta cierto punto. Pero dentro de esta vida de pensamiento hay algo que es inherentemente nuestro; Lo que es intrínsecamente nuestro es cómo conectamos un pensamiento con otro y de nuevo lo disociamos, cómo los elaboramos interiormente, cómo llegamos a los juicios y sacamos conclusiones, cómo nos orientamos en la vida del pensamiento —todo esto es inherentemente nuestro. La voluntad en nuestra vida de pensamiento es nuestra.

Si estudiamos esta vida de pensamiento en un cuidadoso autoexamen, ciertamente nos daremos cuenta de que los pensamientos, en lo que respecta a su contenido real, nos vienen desde fuera, pero que somos nosotros mismos los que elaboramos estos pensamientos. —Fundamentalmente hablando, por lo tanto, con respecto a nuestro mundo de pensamientos dependemos totalmente de las experiencias que traemos por nuestro nacimiento, por nuestro destino. Pero a través de la voluntad, que brota de las profundidades del alma, llevamos a lo que viene a nosotros desde el mundo exterior, algo que es inherentemente nuestra propiedad.

Para el cumplimiento de lo que nos exige el autoconocimiento, es muy importante mantener separados en nuestras mentes por un lado, el contenido del pensamiento que nos viene del mundo circundante y por otro lado, la fuerza de la voluntad, que viene de dentro de nuestro ser, irradiando en el mundo del pensamiento. ¿Cómo nos volvemos en realidad interiormente más y más espirituales?  —No tomando el mayor número posible de pensamientos del mundo circundante, pues estos pensamientos simplemente reproducen en imágenes este mundo exterior, que es el mundo físico y material. Correr constantemente en busca de sensaciones no nos hace más espirituales. Nos volvemos más espirituales a través del trabajo interior, permeable, que llevamos a cabo en nuestros pensamientos.

Por eso la meditación también consiste en no caer en pensamientos fortuitos, sino en mantener ciertos pensamientos fácilmente contemplados en el centro de nuestra conciencia, atrayéndolos allí con un fuerte esfuerzo de voluntad. Y cuanto mayor sea la fuerza e intensidad de esta irradiación interna de la voluntad en la esfera del pensamiento, en más espirituales nos convertiremos. Cuando tomamos los pensamientos del mundo material exterior —y entre el nacimiento y la muerte sólo podemos tomar tales pensamientos— nos convertimos, como ustedes pueden fácilmente comprobar, en libres; porque estamos entregados a las concatenaciones de cosas y acontecimientos en el mundo exterior; en lo que se refiere al contenido real de los pensamientos, estamos obligados a pensar como prescribe el mundo exterior; sólo cuando elaboramos los pensamientos nos volvemos libres en el sentido real.

Ahora es posible alcanzar la libertad completa en nuestra vida interior si cada vez borramos y excluimos más el contenido real del pensamiento, en la medida en que este viene de fuera, y acentuamos en mayor actividad el elemento de voluntad que fluye a través de nuestros pensamientos cuando formamos juicios, sacando conclusiones y cosas por el estilo. De este modo, nuestro pensamiento se convierte en lo que he llamado en mi “Filosofía de la Libertad”: en pensamiento puro. Pensamos, pero en nuestro pensamiento no hay nada sino voluntad. He puesto especial énfasis en esto en la nueva edición del libro (1918). Lo que está dentro de nosotros está en la esfera del pensamiento. Pero el pensamiento puro también puede llamarse voluntad pura. Así, desde el reino del Pensamiento llegamos al reino de la Voluntad, cuando nos volvemos interiormente libres; Nuestro pensamiento alcanza tal madurez que está enteramente irradiado por la voluntad; ya no toma nada de fuera, sino que su propia vida es de naturaleza volitiva. Al fortalecer progresivamente el impulso de la voluntad en nuestro pensamiento, nos preparamos para lo que he llamado en la “Filosofía de la Libertad”, “Imaginación Moral”.

La Imaginación Moral se eleva a las Intuiciones Morales que entonces impregnan e iluminan nuestra voluntad que ahora se ha convertido en pensamiento, o nuestro pensamiento que ahora se ha convertido en voluntad. De esta manera nos elevamos por encima del dominio de la «necesidad» que impera en el mundo material, nos impregnamos de una fuerza que es inherentemente nuestra y nos preparamos para la Intuición Moral. Y todo lo que puede fluir en el hombre desde el mundo espiritual tiene su fundamento, principalmente, en estas Intuiciones Morales. Por lo tanto, la libertad nace cuando permitimos que la voluntad se convierta en una fuerza cada vez más y más poderosa en nuestro pensamiento.

Ahora consideremos al ser humano desde el polo opuesto, el de la voluntad. ¿Cuándo se presenta la voluntad con particular claridad a través de lo que hacemos? —Cuando estornudamos, digamos que también estamos haciendo algo, pero ¡no podemos atribuirnos a nosotros mismos ningún impulso definitivo de voluntad cuando estornudamos! Cuando hablamos, estamos haciendo algo en lo que la voluntad está indudablemente contenida. Pero piensen cómo, al hablar, la intención deliberada y la ausencia de intención, volición y ausencia de volición, se entremezclan. Tenemos que aprender a hablar, de tal manera que ya no estemos obligados a formular cada palabra a golpe de un esfuerzo de voluntad; pues también un elemento instintivo entra en el habla. Al menos, es así en la vida cotidiana, y lo es enfáticamente en el caso de aquellos que no se esfuerzan por la espiritualidad. Los marrulleros, que siempre abren la boca para decir alguna cosa u otra en la que se encuentra muy poco pensamiento, dan a los demás la oportunidad de notar —ellos mismos, por supuesto, no lo notan— cuánto hay en el discurso que es instintivo e involuntario.

Pero cuanto más salimos de nuestra vida orgánica y pasamos a actividades liberadas, por así decirlo, de procesos orgánicos, más llevamos los pensamientos a nuestras acciones y hechos. Los estornudos son todavía enteramente una cuestión de vida orgánica; El hablar se relaciona en gran parte con la vida orgánica; caminando realmente hay muy poco; lo que hacemos con las manos, también muy poco. Y así vamos gradualmente a acciones cada vez más emancipadas de nuestra vida orgánica. Acompañamos estas acciones con nuestros pensamientos, aunque no sabemos cómo fluye la voluntad en estos pensamientos. Si no somos sonámbulos y no vamos en esta condición, nuestras acciones siempre van acompañadas de nuestros pensamientos. Llevamos nuestros pensamientos a nuestras acciones y cuando nuestras acciones evolucionan más hacia la perfección, mas se están llevando nuestros pensamientos hacia ellas.

Nuestra vida interior se profundiza constantemente cuando enviamos la voluntad —nuestra propia fuerza inherente— a nuestro pensamiento, cuando impregnamos nuestro pensamiento con voluntad. Traemos la voluntad al pensamiento y, por lo tanto, alcanzamos la libertad. A medida que gradualmente perfeccionamos nuestras acciones finalmente conseguimos enviar pensamientos a estas acciones; Irradiamos nuestras acciones —que proceden de nuestra voluntad— con pensamientos. Por un lado (hacia adentro) vivimos una vida de pensamiento; Lo impregnamos con la voluntad y así encontramos la libertad. Del otro lado (hacia fuera) nuestras acciones fluyen de nuestra voluntad, y las impregnamos con nuestros pensamientos. (Diagrama IX).

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Pero, ¿por qué medios evolucionan nuestras acciones hacia una mayor perfección? Para utilizar una expresión invariablemente polémica —¿Cómo lograr una mayor perfección en nuestras acciones?. Logramos esto desarrollando en nosotros la fuerza que sólo puede designarse con las palabras: devoción al mundo exterior. —Cuanto más crece y se intensifica nuestra devoción al mundo exterior, más este mundo exterior nos mueve a la acción. Pero es sólo a través del despliegue de la devoción al mundo exterior que logramos impregnar nuestras acciones con pensamientos. ¿Qué es, en realidad, la devoción al mundo exterior? La devoción al mundo exterior, que impregna nuestras acciones con pensamientos, no es otra cosa que el Amor.

Así como alcanzamos la libertad irradiando la vida del pensamiento con la voluntad, también alcanzamos el amor impregnando la vida de la voluntad con pensamientos. Desarrollamos el amor en nuestras acciones dejando que los pensamientos irradien en el reino de la voluntad; desarrollamos la libertad en nuestro pensamiento dejando que lo que es de naturaleza volitiva irradie en nuestros pensamientos. Y porque, como hombres, somos un todo unificado, cuando llegamos al punto donde encontramos la libertad en la vida del pensamiento y del amor en la vida de la voluntad, habrá libertad en nuestras acciones y amor en nuestro pensamiento. Cada uno irradia al otro: la acción llena de pensamiento es forjada en el amor; el pensamiento que está impregnado de voluntad da lugar a acciones y hechos verdaderamente libres.

Así podemos ver cómo en el ser humano los dos grandes ideales, la Libertad y el Amor, crecen juntos. La libertad y el amor son también lo que el hombre, de pie en el mundo, puede llevar a la realización en sí mismo de tal manera que, a través de él, se une uno con el otro para el bien del mundo.

Podemos preguntarnos: ¿Cómo se alcanza el ideal, el ideal más elevado, en la vida permeada por la voluntad en el pensamiento? Ahora bien, si la vida del pensamiento fuera algo que representara procesos materiales, la voluntad nunca podría penetrar plenamente en el reino de los pensamientos y arraigar cada vez más allí. La voluntad a lo sumo sería capaz de rayar en estos procesos materiales como una fuerza organizadora. La voluntad sólo puede tener un efecto real si la vida del pensamiento es algo que no tiene una realidad física exterior. ¿Qué debe ser entonces?.

Podrán imaginar lo que debe ser si toman una imagen como punto de partida. Si tienen aquí un espejo y aquí un objeto, el objeto se refleja en el espejo; sfgi luego se colocan detrás del espejo, no encontraran nada. En otras palabras, ustedes tienen una imagen —nada más. Nuestros pensamientos son imágenes en este mismo sentido. (Diagrama X) ¿Cómo se explica esto? —

 

En una conferencia anterior dije que la vida del pensamiento como tal no es una realidad del momento inmediato. La vida del pensamiento irradia desde nuestra existencia antes del nacimiento, o más bien, antes de la concepción. La vida del pensamiento tiene su realidad entre la muerte y un nuevo nacimiento. Y así como aquí el objeto se coloca ante el espejo y lo que presenta es una imagen —sólo eso y nada más— así lo que desplegamos como la vida del pensamiento se vive en el sentido real entre la muerte y un nuevo nacimiento, y sólo irradian en nuestra vida desde el nacimiento. Como seres pensantes, tenemos dentro de nosotros una realidad espejo solamente. Porque esto es así, la otra realidad que, como ustedes saben, surge del proceso metabólico, puede penetrar en el espejo de la vida del pensamiento. Si, como muy raramente es el caso hoy en día, hacemos esfuerzos sinceros por desarrollar un pensamiento imparcial, veremos que la vida del pensamiento consiste en una imagen-espejo, si miramos el pensamiento en su forma más pura —las matemáticas. El pensamiento matemático fluye completamente de nuestro ser interior, pero sólo tiene una existencia espejo. A través de las matemáticas, la composición de objetos externos puede ser analizada y determinada; pero los pensamientos matemáticos en sí mismos son sólo pensamientos, existen simplemente como imágenes. No se han adquirido de ninguna realidad exterior.

Pensadores abstractos como Kant también emplean una expresión abstracta. Dicen: los conceptos matemáticos son a priori. – A priori, (apriority) significa “de lo que es antes”. [E.Ed: Ver Diccionario de Oxford.] ¿Pero por qué los conceptos matemáticos son a priori? Porque fluyen de la existencia anterior al nacimiento, o más bien de la concepción precedente. Esto es lo que constituye su “aprioridad”. Y la razón por la que parecen reales a nuestra conciencia es porque son irradiados por la voluntad. Esto es lo que los hace reales. ¡Piensen cómo se ha convertido el pensamiento moderno abstracto cuando utiliza palabras abstractas para algo que, en su realidad, no se entiende! Los hombres como Kant tenían una idea débil de que traemos las matemáticas con nosotros desde nuestra existencia antes del nacimiento, y por lo tanto llamaron a priori las conclusiones de las matemáticas. Pero el término “a priori” realmente no nos dice nada, en realidad, señala algo meramente formal. En cuanto a la vida del pensamiento, que con su existencia-espejo debe ser irradiada por la voluntad para convertirse en realidad, las tradiciones antiguas hablan de Semblanza. (Diagrama XI, Schein.)

Consideremos ahora el otro polo de la naturaleza del hombre, donde los pensamientos fluyen hacia la esfera de la voluntad, donde los actos se realizan con el Amor. Aquí nuestra conciencia está, por decirlo así, rayando, rebotando en la realidad. No podemos mirar a ese reino de oscuridad, un reino de tinieblas para nuestra conciencia, donde se despliega la voluntad cuando levantamos un brazo o giramos la cabeza, a menos que tomemos conceptos suprasensibles en nuestra ayuda. Movemos un brazo; pero su complicado proceso de funcionamiento permanece tan escondido de la conciencia ordinaria como lo que ocurre en el sueño profundo, en el sueño sin sueños. Percibimos nuestro brazo; percibimos cómo nuestra mano agarra un objeto. Esto es porque permeamos la acción con pensamientos. Pero los pensamientos mismos que están en nuestra conciencia todavía son sólo apariencia. Vivimos en lo que es real, pero no irradia en nuestra conciencia ordinaria. Las tradiciones antiguas hablan aquí del Poder (Gewalt), porque la realidad en la que vivimos está, de hecho, permeada por el pensamiento, pero sin embargo el pensamiento en cierto sentido, esta rebotando de ella durante la vida entre el nacimiento y la muerte. (Diagrama XI).

Entre estos dos polos yace el factor de equilibrio que une a los dos: une la voluntad que irradia hacia la cabeza con los pensamientos que, como fluyen en hechos forjados con amor, se sienten, por decirlo así, con el corazón. Este medio de unión es la vida del sentimiento, que es capaz de dirigirse hacia la voluntad así como hacia los pensamientos. En nuestra conciencia ordinaria vivimos en un elemento mediante el cual comprendemos, por un lado, lo que viene a expresarse en nuestro pensamiento permeado por la voluntad con su predisposición a la libertad, mientras que por otro lado tratamos de asegurar que lo que pasa más en nuestras acciones se llene cada vez más con pensamientos. Y lo que forma el puente que conecta ambos ha sido llamado desde tiempos antiguos Sabiduría. (Diagrama XI).

En su cuento de hadas, La serpiente verde y el hermoso lirio, Goethe ha dado indicaciones de estas antiguas tradiciones en las figuras del rey de oro, el rey de plata y el rey de bronce. Ya hemos demostrado desde otros puntos de vista cómo estos tres elementos deben volver a la vida, pero en una forma completamente diferente —los tres elementos a los que apuntaban los conocimientos instintivos antiguos y que sólo pueden revivir si el hombre adquiere el conocimiento dado por la Imaginación, Inspiración, e Intuición.

Pero, ¿qué es lo que realmente ocurre cuando el hombre despliega su vida de pensamiento? —¡Que la realidad se convierte en apariencia! Es muy importante tener claro esto. Llevamos con nosotros la cabeza, que con su cráneo duro y su tendencia a la osificación, presenta, incluso exteriormente, una imagen de lo que está muerto, en contraste con el resto del organismo vivo. Entre el nacimiento y la muerte llevamos en la cabeza aquello que, desde un tiempo anterior, cuando era realidad, entra en nosotros como apariencia, y del resto de nuestro organismo impregnamos esa apariencia con el elemento que emana de nuestros procesos metabólicos, lo impregnamos con el elemento real de la voluntad. Allí tenemos dentro de nosotros una semilla, una entidad germinativa que, ante todo, es parte de nuestra humanidad, pero también significa algo en el cosmos. Piénsenlo: un hombre nace en un año determinado; antes  estaba en el mundo espiritual. Cuando sale del mundo espiritual, el pensamiento que es la realidad, se convierte en apariencia, y lleva a esa apariencia las fuerzas de su voluntad que proceden de una dirección completamente distinta, surgiendo de partes de su organismo distintas de la cabeza. Así es como el pasado, muriendo en apariencia, se enciende de nuevo para convertirse en realidad del futuro.

Vamos a entender esto correctamente. ¿Qué sucede cuando el hombre se eleva al pensamiento puro, al pensamiento irradiado por la voluntad? —Sobre el fundamento del pasado que se ha disuelto en la apariencia, a través de la fructificación por la voluntad que surge de su yoidad, se despliega dentro de él una nueva realidad que conduce al futuro. Él es el portador de la semilla del futuro. Los pensamientos del pasado, como realidades, son como el suelo-madre; en este suelo-madre se coloca lo que viene del yo individual y la semilla es enviada al futuro para la vida futura.

En el otro lado, el hombre evoluciona impregnando sus hechos y acciones, su naturaleza de voluntad, con pensamientos; con actos que se realizan con amor. Tales hechos se separan de él. Nuestras acciones no permanecen confinadas a nosotros mismos. Se convierten en acontecimientos del mundo; y si están permeadas por el amor, entonces el amor va con ellas. En lo que respecta al cosmos, una acción egoísta es diferente de una acción permeada por el amor. Cuando, a través de la apariencia, a través de la fructificación por la voluntad, desplegamos lo que procede de nuestro ser íntimo, entonces lo que fluye hacia el mundo desde nuestra cabeza encuentra nuestras acciones impregnadas de pensamiento. Y así como cuando se despliega una planta ya contiene en su flor la semilla a la que debe venir la luz del sol, el aire exterior, y así sucesivamente, a lo que algo debe ser traído desde el cosmos para que pueda crecer, en lo que se despliega a través de la libertad debe encontrarse un elemento en el que crecer a través del amor que vive en nuestros actos.

Así, el hombre permanece dentro del gran proceso de la evolución del mundo, y lo que ocurre dentro del límite de su piel y fluye más allá de su piel en forma de hechos, tiene significado no sólo para él, sino para el mundo, para el Universo. Él pone su granito en la arena de los acontecimientos cósmicos, en los acontecimientos del mundo. Lo que era la realidad en épocas anteriores se convierte en apariencia en el hombre, la realidad se disuelve continuamente, y su apariencia es acelerada de nuevo por la voluntad, surgiendo una nueva realidad. Aquí tenemos —como si espiritualmente pudiéramos poner nuestro dedo sobre ello— lo que también se ha hablado desde otros puntos de vista. ¡No hay conservación eterna de la materia! La materia se transforma en apariencia y la apariencia se transforma en realidad por la voluntad. La ley de la conservación de la materia y la energía afirmada por la física es una ilusión, porque sólo se tiene en cuenta el mundo natural. La verdad es que la materia está continuamente transformándose en apariencia; y una nueva creación tiene lugar en lo que a través del Hombre, que se presenta ante nosotros como el logro supremo del cosmos, la apariencia se transforma nuevamente en Ser (Sein).

También podemos ver esto si nos fijamos en el otro polo  —sólo que este no es tan fácil de percibir. Los procesos que finalmente llevan a la libertad ciertamente pueden ser capturados por el pensamiento imparcial. Pero ver correctamente el caso de este otro polo se necesita un cierto grado de desarrollo científico-espiritual. Porque aquí, para empezar, la conciencia ordinaria rebota cuando se enfrenta a lo que las antiguas tradiciones llaman Poder. Lo que se vive como Poder, como Fuerza, está verdaderamente permeado por pensamientos; pero la conciencia ordinaria no percibe que así como la voluntad entra más y más en el mundo del pensamiento con una facultad cada vez mayor de juicio, así cuando llevamos los pensamientos a la naturaleza de la voluntad, cuando superamos el elemento del Poder más y más completamente, también impregnamos lo que es meramente Poder con la luz del pensamiento. En un polo del ser humano vemos la superación de la materia; en el otro polo, vemos el nuevo nacimiento de la materia.

Como he señalado brevemente en mi libro Enigmas del alma, el hombre es un ser triple: como hombre de sistema nervioso y perceptivo es portador de la vida del pensamiento, de la percepción; como ser rítmico (respiración, sangre circulante), es portador de la vida del sentimiento; como ser metabólico, es portador de la vida de la voluntad. Pero ¿cómo, entonces, opera el proceso metabólico en el hombre cuando la voluntad se despliega cada vez más en el amor? Opera en que, como el hombre realiza tales actos, la materia es continuamente superada. Y qué es lo que se despliega en el hombre cuando, como ser libre, encuentra su camino en el pensamiento puro, que es, sin embargo, realmente de la naturaleza de la voluntad? —¡Nace la materia!— ¡Contemplamos el devenir-en-ser de la materia! Llevamos en nosotros lo que hace nacer la materia: nuestra cabeza; Y llevamos en nosotros lo que destruye la materia, donde podemos ver cómo se destruye la materia: nuestro organismo de las extremidades y del metabolismo.

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Esta es la manera en que debemos estudiar al hombre completo. Vemos cómo lo que la conciencia concibe en las abstracciones es un factor real en el proceso del devenir del mundo; Y vemos cómo aquello que está contenido en este proceso de devenir del mundo y al que la conciencia ordinaria se aferra tan firmemente que no puede hacer otra cosa que concebirla como realidad, vemos cómo esto se disuelve hasta la nulidad. Es realidad para la conciencia ordinaria, y cuando obviamente no coincide con las realidades externas, entonces el recurso de los átomos tiene que ser tomado, considerándolo una realidad firmemente fijada. Y porque el hombre no puede liberarse en sus pensamientos de estas realidades firmemente fijas, uno las deja mezclarse unas con otras, ahora de esta manera, ahora de esta otra. En un momento se mezclan para formar hidrógeno, en otro, oxígeno; Simplemente se agrupan de forma diferente. Esto es simplemente porque la gente es incapaz de cualquier otra creencia de que lo que una vez ha estado firmemente fijado en el pensamiento también debe estar firmemente fijado en la realidad.

No es otra cosa que la debilidad del pensamiento en la que se pierde cuando acepta la existencia de átomos fijos y duraderos. Lo que se revela a nosotros a través del pensamiento que está de acuerdo con la realidad es que la materia es continuamente disuelta hasta la nulidad y continuamente reconstruida a partir de la nulidad. Es sólo porque cuando la materia muere, surge la nueva materia, que la gente habla de la conservación de la materia. Caen en el mismo error en el que caerían, digamos, si un número de documentos fueran llevados a una casa, y copiados allí, pero los originales se queman y las copias se sacaran de nuevo, y entonces creyeran que lo que fue cargado había sido  llevado a cabo—que es la misma cosa. La realidad es que los documentos antiguos han sido quemados y los nuevos reescritos. Es lo mismo con lo que viene a ser en el mundo, y es importante para nuestro conocimiento avanzar a este punto. Porque en ese reino del ser del hombre, donde la materia muere y de la apariencia surge la nueva materia, está la posibilidad de la libertad, y también está la posibilidad del amor. Y la libertad y el amor siempre están van unidos, como ya he indicado en mi Filosofía de la Libertad. Aquellos que, partiendo de alguna concepción particular del mundo, hablan de lo imperecedero de la materia, anulan la libertad por un lado y el desarrollo pleno del amor por el otro.

Pues sólo por el hecho de que en el hombre el pasado muere, se convierte en apariencia, y el futuro como nueva creación en la condición de una semilla, surge en nosotros el sentimiento del amor —devoción a algo a lo que no estamos coaccionados por el pasado— y la libertad —acción que no está predeterminada.

La libertad y el amor son, en realidad, comprensibles sólo para una concepción científico-espiritual del mundo, no de cualquier otra. Aquellos que están familiarizados con la imagen del mundo que ha aparecido en el transcurso de los últimos siglos podrán evaluar las dificultades que habrá que superar antes de que los hábitos de pensamiento prevalecientes en la humanidad moderna puedan ser inducidos a dar paso a este pensamiento imparcial y científico-espiritual. Pues en la imagen del mundo existente en las ciencias naturales no hay realmente puntos a partir de los cuales podamos avanzar hacia una verdadera comprensión de la libertad y el amor.

Cómo la imagen natural-científica del mundo, por un lado y por el otro, la imagen tradicional y antigua del mundo, se relacionan con un desarrollo verdaderamente progresivo, espiritual y científico de la humanidad —de esto hablaremos en alguna otra ocasión.

Traducido por Gracia Muñoz, en Mayo de 2017