GA102c10. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 16 de mayo de 1908

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Lo que hemos estado estudiando durante un tiempo en nuestro grupo de conferencias es una coronación o expansión de los temas que nos han ocupado durante el invierno. Puede ser que una observación aquí o allá parezca algo aforística, y queremos mediante estos estudios ampliar o redondear los pensamientos y conceptos que se han despertado en nosotros.

En la última conferencia, estuvimos particularmente ocupados con la presencia de todo tipo de seres espirituales que se encuentran, por así decirlo, entre los reinos perceptibles por los sentidos de la naturaleza que nos rodea. Vimos especialmente cómo en el lugar donde los seres de diferentes reinos de la naturaleza se unen, donde la planta empuja hacia la piedra en un manantial, donde la piedra ordinaria incide sobre un metal como ocurre constantemente debajo de la Tierra, donde hay una comunión entre las abejas y las flores; cómo en todas partes se desarrollan fuerzas que atraen a los seres a los que hemos llamado seres elementales a la existencia terrenal. Además, en relación con estos seres elementales, nos hemos ocupado del hecho de un cierto corte, una separación de los seres de su conexión total. Hemos visto que los seres elementales llamados por la Ciencia Espiritual “Salamandras” tienen en parte su origen en las partes separadas de las almas-grupo de los animales. Estos, por así decirlo, se aventuraron demasiado adelantándose en nuestro mundo físico y no han podido encontrar el camino de regreso para unirse nuevamente con el alma grupal, después de la muerte y disolución del animal. Sabemos que en el curso regular de nuestra vida, los seres de nuestra Tierra, los seres de los reinos animal, vegetal, mineral, tienen su “ser anímico espiritual” —si así se puede llamar, tienen almas egocéntricas, como el hombre, que difieren solo en el hecho de que este “ser anímico espiritual” de los otros seres se encuentran en otros mundos. Sabemos que el hombre es ese ser en nuestro ciclo de evolución que tiene un yo individual aquí en el plano físico, al menos durante su vida de vigilia. Sabemos además que los seres a los que llamamos animales están tan condicionados que —por así decirlo— los animales de forma similar tienen un alma grupo o yo  grupal que se encuentra en el llamado mundo astral. Además, los seres que llamamos vegetales tienen una conciencia como el dormir sin sueños aquí en el mundo físico pero tienen yoes grupales que habitan en las partes más bajas del mundo devacánico; y, finalmente, las piedras, los minerales, tienen sus yoes grupales en las partes más altas del Devacán. Quien se mueve clarividentemente en el mundo astral y devacánico tiene relaciones allí con las almas grupales de los animales, las plantas y los minerales, de la misma manera que aquí en el mundo físico tiene relaciones sociales durante el día con otras almas humanas o yoes.

Ahora tenemos que tener claro que en muchos aspectos el hombre es un ser muy complicado —hemos hablado a menudo de esta complejidad en diferentes conferencias. Pero parecerán más y más complicadas cuanto más lejos lleguemos a las conexiones con los grandes hechos cósmicos. Para darse cuenta de que el hombre no es el simple ser que tal vez le parezca a una observación ingenua, solo necesitamos recordar que por la noche, desde el irse a dormir hasta despertar, el hombre del presente ciclo evolutivo es un ser completamente diferente de lo qué es durante el día Sus cuerpos físico y etérico yacen en la cama, el yo con el cuerpo astral sale de ellos. Consideremos ambas condiciones y, en primer lugar, los cuerpos físico y etérico. Se quedan allí, y si hacemos caso omiso del estado de transición del sueño, tienen lo que podríamos llamar una conciencia de sueño carente de contenido, percepciones o sueños. Pero el yo y el cuerpo astral externo tienen, en este ciclo de evolución presente, la misma conciencia de sueño sin sueños. El hombre dormido, ya sea en los miembros que permanecen aquí en el mundo físico, o en aquellos que están en el mundo astral, tiene la misma conciencia que la cubierta vegetal de la Tierra. Debemos ocuparnos un poco de estas dos partes separadas del ser humano dormido.

De otras conferencias sabemos que el hombre del tiempo presente ha surgido lenta y gradualmente. Sabemos que recibió los primeros rudimentos del cuerpo físico en la encarnación de nuestra Tierra que yace en un pasado primitivo que llamamos la evolución del Antiguo Saturno. Sabemos que entonces, en una segunda encarnación de nuestra Tierra, durante la evolución del Antiguo Sol, recibió el cuerpo etéreo o de vida, que en la tercera encarnación, la evolución lunar, también recibió el cuerpo astral, y que en la presente encarnación de la Tierra, de nuestro planeta adquirió lo que llamamos el yo. Por lo tanto, el ser humano ha evolucionado de forma bastante lenta y gradual. Este cuerpo físico que el hombre lleva hoy es en realidad su parte más antigua, la parte que ha atravesado la mayoría de las metamorfosis. Ha sufrido cuatro cambios. El primer rudimento, recibido por el hombre en el Antiguo Saturno, ha pasado por tres modificaciones, en el Sol, en la Luna y finalmente en la Tierra, y se expresa en los órganos de los sentidos presentes del hombre. Eran órganos bastante diferentes en el antiguo Saturno, pero sus primeros rudimentos estaban allí, mientras que no existía ninguna otra parte del cuerpo físico. Podemos ver al antiguo Saturno como un ser único, compuesto enteramente de órganos de los sentidos. En el Sol se agregó el cuerpo etérico, el cuerpo físico experimentó un cambio y surgieron los órganos que llamamos hoy glándulas, aunque al principio solo existían en sus rudimentos. Luego, en la Luna, cuando el cuerpo físico había sufrido una tercera transformación a través de la impresión del cuerpo astral, se añadieron los órganos que conocemos como los órganos nerviosos. Y finalmente en la Tierra se agregó el sistema de sangre actual, la expresión del ego, ya que el sistema nervioso es la expresión del cuerpo astral, el sistema glandular del cuerpo etérico y el sistema de los sentidos la expresión física del cuerpo físico en sí mismo. Hemos visto en conferencias anteriores que el sistema sanguíneo apareció por primera vez en nuestra evolución de la Tierra y nos preguntamos: ¿Por qué fluye la sangre en la forma presente en los canales sanguíneos? ¿Qué expresa esta sangre? La sangre es la expresión del yo y con esto consideraremos un posible malentendido, a saber, que el hombre en realidad no entiende el cuerpo físico humano presente.

El cuerpo humano tal como lo vemos hoy es solo una forma de muchas. En la Antigua Luna, en el Antiguo Sol, en Antiguo Saturno, estaba allí pero siempre diferente. En la Antigua Luna, por ejemplo, todavía no había ningún reino mineral, en el Sol no había mundo vegetal ante nuestros sentidos, y en Saturno no había reino animal; solo había seres humanos en sus primeros rudimentos físicos. Ahora, cuando reflexionemos sobre esto, debemos tener claro que el cuerpo humano actual no es solo cuerpo físico, sino cuerpo físico-mineral, y que a las leyes del mundo físico —por lo tanto, es el “cuerpo físico”— ha asimilado las leyes y las sustancias del reino mineral, que lo impregnan hoy. En la Luna, el cuerpo físico humano aún no había asimilado esas leyes: si a uno lo hubieran quemado no habría cenizas, ya que no había minerales en el presente sentido terrenal. Recordemos que ser físico y ser mineral son dos cosas bastante diferentes. El cuerpo humano es físico porque está gobernado por las mismas leyes que la piedra; es al mismo tiempo mineral porque ha sido impregnado con sustancias minerales. El primer germen del cuerpo físico estaba presente en Saturno, pero no había cuerpos sólidos, ni agua, ni gases. En Saturno no había nada más que una condición de calidez. El físico moderno no conoce esta condición porque cree que el calor solo puede aparecer en relación con gases, agua u objetos sólidos. Pero eso es un error. El cuerpo físico que hoy ha asimilado el reino mineral fue en el antiguo Saturno un nexo de leyes físicas. Somos leyes físicas que trabajan en líneas, en formas, lo que aprendes a conocer como leyes en física. Externamente, el ser humano físico se manifestó en el Antiguo Saturno puramente como un ser que vivía en el calor. Por lo tanto, debemos distinguir claramente entre el elemento mineral y el principio físico real del cuerpo del hombre. Es la ley física la que gobierna el cuerpo físico. Pertenece, por ejemplo, al principio físico el que nuestro oído tenga tal forma, que recibe el sonido de una manera bastante definida; a la naturaleza mineral del oído pertenecen las sustancias que están impregnadas en este andamiaje de leyes físicas.

Ahora que hemos aclarado esto y nos damos cuenta en particular de cómo los órganos de los sentidos, las glándulas, los nervios y la sangre son las expresiones de nuestra naturaleza cuádruple, volvamos nuevamente a la observación del ser humano dormido. Cuando el hombre está dormido, el cuerpo físico y el cuerpo etérico están sobre la cama, el cuerpo astral y el yo están fuera. Pero ahora recordemos que el cuerpo astral es el principio del sistema nervioso y el yo el del sistema sanguíneo. Así, durante la noche, el cuerpo astral ha abandonado esa parte del cuerpo físico del cual, por así decirlo, es la causa, es decir, el sistema nervioso.  Porque solo cuando los miembros del cuerpo astral se introdujeron en el hombre en la Antigua Luna pudo surgir el sistema nervioso. Por lo tanto, el cuerpo astral deja insensiblemente lo que le pertenece, lo que realmente debe mantener, y de la misma manera el yo abandona lo que le ha llamado a la vida. Los principios de la sangre y del cuerpo astral están fuera y el cuerpo físico y etérico durmientes están absolutamente solos. Pero ahora nada de una naturaleza física material puede subsistir en la forma que ha sido invocada por un principio espiritual cuando este principio espiritual ya no está allí. Eso está completamente fuera de lugar. Nunca podría vivir un sistema nervioso a menos que los seres astrales estén activos en él, y nunca podría vivir un sistema sanguíneo a menos que los seres del yo estén activos en él. Por lo tanto, significa que todos ustedes desertarán en la noche su sistema nervioso y sanguíneo abandonándolos a otros seres de naturaleza astral. Seres que son de la misma naturaleza que el yo descienden ahora al organismo. Todas las noches el organismo humano está ocupado por seres equipados para mantenerlo. El cuerpo físico y el cuerpo etérico que yacen en la cama están al mismo tiempo interpenetrados por estos seres astrales y de yo; en realidad están dentro del cuerpo físico. Podríamos llamarlos intrusos, pero eso de ninguna manera es correcto. En muchos sentidos debemos llamarlos espíritus guardianes, ya que son los sostenedores de lo que el hombre abandona cruelmente en la noche.

Ahora no es tan malo para el hombre el dejar sus cuerpos todas las noches. Ya he dicho que el cuerpo astral y el yo están activos perpetuamente en la noche. Eliminan del cuerpo físico el desgaste que el día le ha dado, lo que en un sentido amplio llamamos fatiga. El hombre se refresca y se renueva por la mañana, porque durante la noche su cuerpo astral y su yo han eliminado la fatiga que le habían causado las impresiones de la vida cotidiana. Esta actividad nocturna del cuerpo astral para deshacerse de las sustancias de fatiga es un hecho definido para la percepción clarividente. El yo y el cuerpo astral trabajan desde fuera en los cuerpos físico y etérico. Pero en el ciclo actual de su evolución, el hombre aún no está lo suficientemente avanzado como para poder llevar a cabo tal actividad de manera completamente independiente. Él solo puede hacerlo bajo la guía de otros seres superiores. Entonces, el ser humano es llevado todas las noches al seno de los seres superiores, por así decirlo, y le otorgan el poder de trabajar de la manera correcta en sus cuerpos físico y etérico. Estos al mismo tiempo son los seres —es por eso que no podemos llamarlos intrusos— que cuidan el sistema nervioso y sanguíneo del hombre de la manera correcta durante el sueño.

Mientras no surjan anormalidades, la cooperación de los seres espirituales con el hombre está justificada. Pero tales irregularidades pueden muy bien entrar y aquí llegamos a un capítulo de la Ciencia Espiritual que es extraordinariamente importante para la vida práctica del alma humana. A uno le gustaría que se le conociera en los círculos más amplios y no solo teóricamente, sino también como base para ciertas actividades de la vida anímica humana. Generalmente no se imaginan que los hechos de la vida anímica tengan un efecto de gran alcance. En ciertas conexiones también he llamado su atención sobre el hecho de que es solo cuando se ve a la luz de la Ciencia Espiritual que los eventos en la vida del alma pueden encontrar su verdadera explicación. Todos conocemos el profundo significado de la declaración: “Considerado desde el aspecto científico espiritual, una mentira es una especie de asesinato”. He explicado que realmente ocurre una especie de explosión en el mundo astral cuando el hombre dice una mentira, incluso, de cierta manera, si solo lo piensa. Algo ocurre en el mundo espiritual cuando el hombre miente, lo que tiene un efecto mucho más devastador para ese mundo que cualquier desgracia en el mundo físico. Pero las cosas que se relacionan en una determinada etapa de observación científico-espiritual, caracterizándolas en la medida de lo posible, ganan cada vez más claridad y confirmación cuando uno avanza en el conocimiento de la Ciencia Espiritual. Hoy aprenderemos de otro efecto de mentir, difamar, aunque estas palabras no se usan aquí en el sentido crudamente ordinario. Cuando más sutilmente, fuera de convención, por ejemplo, o fuera de todo tipo de consideraciones sociales o de partidos, las personas colorean la verdad, tenemos que ver con una mentira en el sentido de la Ciencia Espiritual. En muchos aspectos, la vida entera del hombre está saturada,  si no con mentiras, sin embargo, con manifestaciones que tienen un matiz no verdadero. El materialista iluminado puede en cualquier caso ver que se produce una impresión en su cuerpo físico si recibe un golpe en el cráneo con un hacha, o si su cabeza es cortada por el ferrocarril, o si tiene una úlcera en algún lugar o es atacado por bacilos. Luego admitirá que los efectos se producen en el cuerpo físico. Lo que generalmente no se considera en absoluto es que el hombre es una unidad espiritual, que lo que sucede en sus miembros superiores, el cuerpo astral y el yo, tiene un efecto positivo hasta su naturaleza física. No se considera, por ejemplo, que el decir mentiras y falsedades, falsedades incluso en los asuntos de la vida, tenga un efecto definido en el cuerpo físico humano. La visión espiritual puede experimentar lo siguiente: si una persona, digamos, ha dicho una mentira durante el día, su efecto permanece en el cuerpo físico y es visto por la percepción clarividente mientras la persona duerme.  Supongamos que esta persona no es sincera, y va acumulando mentiras, entonces tendrá muchos de esos efectos en su cuerpo físico. Todo esto se endurece, por así decirlo, en la noche, y luego sucede algo muy importante. Estos endurecimientos, estos “recintos”, en el cuerpo físico no son del agrado de los seres que desde los mundos superiores deben tomar posesión del cuerpo físico en la noche y llevar a cabo las funciones ejercidas de otro modo por el cuerpo astral y el yo. El resultado es que en el curso de la vida y por la razón de un cuerpo enfermo, —se podría decir—, a través de mentiras, partes de esos seres que descienden al hombre por la noche se separan. Aquí tenemos nuevamente procesos de desapego que conducen al hecho de que cuando un hombre muere, su cuerpo físico no solo sigue los caminos que normalmente tomaría. Ciertos seres quedan atrás, seres que han sido creados en el cuerpo físico a través del efecto de la mentira y la calumnia, y han sido separados del mundo espiritual. Tales seres, desprendidos de este modo tortuoso, ahora revolotean y zumban en nuestro mundo y pertenecen a la clase que llamamos “fantasmas”. Forman un cierto grupo de seres elementales relacionados con nuestro cuerpo físico, e invisibles a la visión física. Se multiplican a través de mentiras y calumnias, y estos en realidad pueblan nuestro mundo terrenal con fantasmas. De esta forma aprendemos a conocer una nueva clase de seres elementales.

Pero ahora, no solo las mentiras y las calumnias sino también otras cosas que pertenecen a la vida del alma producen un efecto en el cuerpo humano. Son las mentiras y las calumnias que actúan sobre el cuerpo físico lo que provoca el despliegue de los fantasmas. Otras cosas vuelven a trabajar de manera similar en el cuerpo etérico. No deben sorprenderse de tales fenómenos anímicos: en la vida espiritual uno debe ser capaz de tomar las cosas con toda calma. Los asuntos, por ejemplo, que tienen un resultado dañino en el cuerpo etérico son las malas leyes o malas medidas sociales que prevalecen en una comunidad. Todo lo que conduce a la falta de armonía, todo lo que hace que se den los malos entendidos entre hombre y hombre, trabaja de tal manera a través del sentimiento que se crea en la vida común que el efecto continúa en el cuerpo etérico. La acumulación en el cuerpo etérico causado a través de estas experiencias del alma trae de nuevo el desprendimiento de los seres que trabajan desde los mundos espirituales y estos también se encuentran ahora en nuestro entorno —son “espectros” o “fantasmas”. Así estos seres que existen en el mundo etérico, en el mundo de la vida, los vemos crecer fuera de la vida de los hombres. Muchos hombres pueden andar entre nosotros y, para alguien que puede ver estas cosas espiritualmente, su cuerpo físico está abarrotado, se podría decir, con fantasmas, su cuerpo etérico atestado de espectros y, como regla, después de la muerte de ese hombre o en breve tiempo después todo esto se separa y dispersa poblando el mundo.

Entonces vemos cuán sutilmente se continúan los eventos espirituales de nuestra vida, cómo mentiras, calumnias, malos arreglos sociales, depositan sus creaciones espiritualmente entre nosotros en nuestra Tierra.

Pero ahora también pueden comprender que si en la vida diaria normal el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo están juntos, y el cuerpo físico y el cuerpo etérico tienen que permitir que otros seres los presionen y actúen sobre ellos, entonces el cuerpo astral y el yo tampoco están en condiciones normales. En cualquier caso, se encuentran en una posición algo diferente con respecto a los cuerpos físico y etérico. Estos dos tienen en el hombre dormido la conciencia de las plantas. Pero las plantas, por otro lado, tienen su yo arriba en el Devacán. De ahí que los cuerpos físicos y etéricos del hombre dormido también deban ser sostenidos por seres que despliegan su conciencia desde el Devacán. Ahora bien, es cierto que el cuerpo astral y el yo del hombre están en un mundo superior, pero él también duerme sin soñar como las plantas. El hecho de que las plantas solo tengan un cuerpo físico y etéreo y que el hombre en su estado de sueño posea además un cuerpo astral y un yo, no hace diferencia en cuanto a la naturaleza vegetal. Es cierto que el hombre ha sido arrastrado hacia arriba, al mundo astral espiritual, pero aún no lo suficientemente elevado hacia arriba con su yo, para justificar la condición de sueño. La consecuencia es que estos seres también deben entrar en su cuerpo astral cuando el ser humano se duerme. Y así es: las influencias del mundo devacánico presionan todo el tiempo en el cuerpo astral del hombre. No necesitan ser influencias anormales, pueden venir de lo que llamamos el yo superior del hombre. Porque sabemos que el hombre se está elevando gradualmente al mundo devacánico, en la medida en que se acerca cada vez más a un estado de espiritualización, y lo que se está preparando allí le envía sus influencias ahora cuando duerme. Pero no son simplemente estas influencias normales. Esto simple y llanamente sería el caso si los seres humanos entendieran completamente lo que es valorar y estimar la libertad del otro. La humanidad en este momento todavía está muy alejada de eso. Piensen solo en cómo el hombre moderno en su mayor parte quiere gobernar por encima de la mente del otro, cómo no puede soportar que otra persona pueda pensar y gustar de otra manera, cómo quiere trabajar sobre el alma del otro. En todo lo que funciona de alma a alma en nuestro mundo, desde dar un consejo injustificable a todos los métodos que los hombres emplean para abrumar a los demás, en cada acto que no permite que el alma libre se enfrente al alma libre, sino que emplea, incluso en el más mínimo grado, medios poderosos para convencer y persuadir, en todo esto, las fuerzas están trabajando de alma a alma, lo que de nuevo influye en estas almas de tal manera que se expresa en la noche en el cuerpo astral. El cuerpo astral obtiene esos “recintos” y, por lo tanto, los seres se separan de otros mundos y se vuelven a revolotear a través de nuestro mundo como seres elementales. Ellos pertenecen a la clase de los demonios. Su existencia se debe únicamente al hecho de que la intolerancia y la opresión del pensamiento se han utilizado de diversas maneras en nuestro mundo. Así es como estas huestes de demonios han surgido en nuestro mundo. Así hemos aprendido de nuevo hoy a conocer seres que son tan reales como las cosas que percibimos a través de nuestros sentidos físicos, y que definitivamente producen efectos en la vida humana. La humanidad habría avanzado de manera bastante diferente si la intolerancia no hubiera creado los demonios que impregnan nuestro mundo, influyendo continuamente en las personas. Son al mismo tiempo espíritus de prejuicios. Uno comprende las complejidades de la vida cuando aprende acerca de estos enredos entre el mundo espiritual en el sentido superior y nuestro mundo humano. Todos estos seres, como hemos dicho, están allí, y zumban y aletean en el mundo en el que vivimos.

Ahora recordemos algo más que también se ha dicho anteriormente. Hemos señalado que en el hombre del último tercio de la era atlante, antes del diluvio atlante, la relación del cuerpo etérico con el cuerpo físico era bastante diferente de la que había sido anteriormente. Hoy la parte física de la cabeza y la parte etérica prácticamente coinciden. Eso fue bastante diferente en la antigua Atlántida; allí tenemos la parte etérica de la cabeza proyectándose muy lejos —especialmente en la región de la frente. Ahora tenemos un punto central para la parte etérica y física aproximadamente entre las cejas. Estas dos partes se juntaron en el último tercio de la era Atlante y hoy coinciden. De este modo, el hombre pudo decirse “yo” a sí mismo y sentirse una personalidad independiente. Por lo tanto, el cuerpos etérico y físico de la cabeza se han unido. Esto ha sucedido para que el hombre pueda convertirse en el ser sensible que está dentro de nuestro mundo físico, de modo que pueda enriquecer su vida interior a través de lo que capta a través de impresiones sensoriales, a través del olfato, el gusto, la vista, etc. Todo esto se encarna en su ser interior, de modo que al obtenerlo pueda usarlo para el desarrollo posterior de todo el Cosmos. Lo que él adquiere así no se puede adquirir de ninguna otra manera, y por eso siempre hemos dicho que no debemos tomar la Ciencia Espiritual en un sentido ascético, como una huida del mundo físico. Todo lo que sucede aquí lo llevamos con nosotros fuera del mundo físico y se perderá en el mundo espiritual si no se recoge aquí primero. El camino de regreso está ocupado. Hay personas hoy que tienen un cuerpo etérico mucho más flexible que otros. Este aflojamiento del cuerpo etérico es justo para el hombre si durante sus diferentes encarnaciones en esas épocas culturales ha absorbido tanto en sí mismo que cuando su cuerpo etérico se apaga nuevamente tendrá los frutos correctos del mundo de los sentidos físicos de la Tierra, frutos adecuados para su incorporación a un cuerpo etérico cada vez más independiente. Cuanto más espirituales sean los conceptos que el hombre encuentra en el mundo físico, más se lleva consigo en su cuerpo etérico. Todas las ideas utilitarias, todos los conceptos ligados a la máquina y la industria que solo sirven a las necesidades externas y la vida externa, y que el hombre absorbe en nuestra presente existencia terrenal, no son adecuados para la incorporación en el cuerpo etérico. Pero todos los conceptos que él absorbe de lo artístico, lo bello, lo religioso —y todo puede sumergirse en la esfera de la sabiduría, el arte, la religión— todo esto dota al cuerpo etérico del hombre de la capacidad y posibilidad de organizarse de manera independiente. Como esto se puede ver de antemano, a menudo se ha enfatizado aquí que la concepción del mundo de la Ciencia Espiritual debe enviar sus impulsos y actividades a la vida práctica. La Ciencia Espiritual nunca debe seguir siendo un tema de conversación en las reuniones de té o cualquier otra actividad aparte de la vida ordinaria; debe abrirse paso en toda nuestra civilización. Si algún día se entienden los pensamientos científicos espirituales, entonces los hombres comprenderán que todo lo que nuestra época logra debe estar impregnado de principios espirituales. Muchos seres humanos, entre ellos Richard Wagner, previeron en ciertos campos tal penetración con principios espirituales. Algún día los hombres entenderán cómo construir una estación de ferrocarril para que fluya la verdad como en un templo y de hecho sea simplemente una expresión adecuada para lo que hay dentro de ella. Todavía hay mucho por hacer. Por lo tanto, estos impulsos deben ser efectivos y serán efectivos cuando se comprendan más plenamente los pensamientos científico-espirituales.

Todavía recuerdo vívidamente una dirección de rectoría dada hace unos veinticinco años por un conocido arquitecto. Habló sobre el estilo en la arquitectura y pronunció la notable frase: “¡Los estilos arquitectónicos no se inventan, crecen de la vida espiritual!”. Al mismo tiempo, mostró por qué nuestra era, si bien produce estilos arquitectónicos, solo revive los antiguos y es incapaz de encontrar un nuevo estilo porque todavía no tiene una vida espiritual interior. Cuando el mundo vuelva a crear vida espiritual, todo será posible. Entonces sentiremos que el alma humana brilla hacia nosotros desde todo lo que miramos, así como en la Edad Media cada cerradura de una puerta expresaba lo que el alma humana entendía de las formas externas. La Ciencia Espiritual no será entendida hasta que se encuentre en todas partes de esta manera como si estuviera cristalizada en formas. Para entonces la humanidad también vivirá como espíritu en el Espíritu. Entonces, sin embargo, el hombre estará preparando más y más algo que llevara consigo cuando vuelva a ascender al mundo espiritual, cuando su cuerpo etérico se vuelva independiente. Así los hombres deben sumergirse en el mundo espiritual si quiere llevar la evolución por el camino correcto.

 

ascension y pentecostes

Nada simboliza la penetración del mundo por el espíritu tan bellamente como la historia del milagro de Pentecostés. Cuando lo contemplan, es como si la interpenetración del mundo con la vida espiritual estuviera indicada proféticamente a través del descenso de las “lenguas ardientes”. Todo debe volver a vivificarse a través del espíritu, esa relación intelectual abstracta que el hombre tiene con las festividades también debe volverse concreta y vivir de nuevo. Ahora, en este momento de Pentecostés, intentemos ocupar nuestras almas con los pensamientos que pueden proceder de la conferencia de hoy. Entonces la Festividad, que como sabemos está establecida sobre una base espiritual, significará de nuevo algo que vive en el hombre cuando su cuerpo etérico está maduro para la creación espiritual. Pero si el hombre no absorbe el espíritu de Pentecostés, entonces el cuerpo etérico sale del cuerpo físico y es demasiado débil para vencer lo que ya ha sido creado, esos mundos de espectros, fantasmas, demonios, que el mundo crea como fenómenos existentes a su lado.

Traducido por Gracia Muñoz en febrero de 2018.

 

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GA102c9. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 13 de mayo de 1908

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En nuestra última conferencia nos aventuramos en un terreno bastante inusual, cuando dirigimos nuestra atención a ciertos seres que existen entre nosotros. Son seres espirituales que en cierto modo están fuera del curso regular de la evolución, y es precisamente este hecho el que les da su significado. Estamos teniendo en cuenta los seres elementales, cuya existencia naturalmente, para las mentes iluminadas de hoy en día son una superstición; pero que van a jugar un significativo papel en nuestra evolución espiritual en un tiempo no muy lejano, precisamente por la posición que ocupan en el Cosmos.

Hemos visto cómo estos seres elementales vienen a la existencia como una especie de piezas cortadas de forma irregular de las almas grupo. Sólo tenemos que recordar lo que se dijo al final de la ultima conferencia donde hemos ubicado la naturaleza de tales criaturas elementales ante nuestros ojos espirituales. Estamos teniendo en cuenta una de las últimas especies formadas de estos seres elementales. Hemos señalado el hecho de que cada forma animal, o por decirlo de otra manera, la totalidad de los animales de la misma especie está representada por un alma-grupo. Hemos dicho que las almas-grupo juegan el mismo papel en el mundo astral que el alma humana, en la medida en que está dotada de un Yo en el mundo físico.

El Yo humano es en realidad un Yo grupal que ha descendido del plano astral al plano físico, y por lo tanto se ha convertido en un yo individual. Los Yoes de los animales todavía están en el plano astral, y lo que vemos en el plano físico como animal individual posee sólo el cuerpo físico, el cuerpo etérico, y el cuerpo astral. El Yo esta en el mundo astral, los animales formados de manera similar pertenecen al Alma-grupo. Se puede comprender a partir de este hecho cómo el nacimiento y la muerte en la vida humana no tienen el mismo significado en la vida del animal. Porque cuando un animal muere, el alma del grupo o el yo del grupo sigue viva. Es lo mismo que si —en el supuesto de que fuera posible— un hombre perdiera una mano y fuese capaz de reemplazarla. Su Yo no diría: “He muerto a causa de la pérdida de mi mano”, pues siente que se ha renovado la extremidad. Así que el Yo del grupo de los leones renueva un miembro cuando un león muere y es reemplazado por otro. Así podemos entender que el nacimiento y la muerte de los animales vinculados al alma grupo, no tienen en absoluto la importancia que tiene para el ser humano en el presente ciclo de evolución. El alma-grupo de los animales sabe de los cambios, las metamorfosis; sabe, por así decirlo, la ruptura de los miembros que luego se extienden en el mundo físico, la pérdida de estos miembros y su renovación.

Hemos dicho, sin embargo, que hay ciertas formas animales que van demasiado lejos en el proceso de ruptura, que ya no están en condiciones de devolver al plano astral, lo que traen hasta el plano físico. Cuando un animal muere lo que se desprende debe estar totalmente agotado en el mundo que le rodea, mientras que la naturaleza del alma y el espíritu del animal vuelve a asumirse de nuevo en el alma del grupo, extenderse y crecer en un ser físico nuevo. Hay  ciertos animales que no pueden enviar todo de nuevo al alma grupo, y estas partes que se quedan sueltas, desprendidas del alma grupal pasan a una vida aislada, como seres elementales. Nuestra evolución ha pasado por los escenarios más variados y en cada etapa estos seres elementales han sido separados, por lo que se pueden imaginar que tenemos un número bastante grande de esos elementales que nos rodean en lo que llamamos el mundo suprasensible.

Cuando, por ejemplo, la persona ilustrada dice que la gente habla de los seres elementales llamándolos silfos, o lemures, pero que tales seres no existen, hay que responder que no ve estas cosas, porque no se ha preocupado de desarrollar los órganos del conocimiento que le permite reconocerlos. Pero que pregunten a las abejas, o más bien, al alma de la colmena. Ellos no podrían negar la existencia de silfos o Lemures! Pues los seres elementales que se denominan por estos nombres se encuentran en lugares muy definidos, es decir, donde hay un cierto contacto del reino animal con el reino vegetal. Esto no tiene una aplicación general, sin embargo, se encuentra sólo en lugares donde el contacto se lleva a cabo bajo ciertas circunstancias. Cuando el buey come hierba hay un contacto entre el reino animal y el reino vegetal, que crea un lugar común, un procedimiento normal, que se encuentra en el curso normal de la evolución. El contacto que ocurre entre la abeja y la flor se encuentra en una página bastante diferente de la evolución cósmica. Las abejas y las flores están mucho más separadas en su organización y se unen de nuevo de una manera especial —además, se desarrolla una fuerza bastante notable en su contacto. La peculiar envoltura áurica que siempre surge cuando una abeja o un insecto similar liba una flor pertenece a las observaciones “interesantes” de los mundos suprasensibles espirituales, si se puede usar la expresión, pues tenemos muy pocas expresiones apropiadas para estas cosas sutiles. La experiencia peculiar y única que tiene la pequeña abeja cuando liba la flor está presente no solo en los masticadores o en el cuerpo de la abeja, sino que el intercambio de sabor entre la abeja y la flor extiende una especie de aura etérica diminuta. Cada vez que la abeja liba se crea este aura, y siempre que surge algo como esto en el mundo suprasensible, los seres que lo necesitan llegan al lugar. Ellos se sienten atraídos por ella, porque allí encuentran su alimento —por expresarlo crudamente otra vez. Ya dije en otra ocasión que no debemos estar preocupados con la pregunta: ¿De dónde vienen todos los seres de los que hemos hablado? Dondequiera que se dé la oportunidad a estos seres que hemos definido siempre estarán ahí. Si una persona envía injustos, malos sentimientos, estos viven a su alrededor y atraen a los seres que están allí, esperando, como un ser físico espera la comida. En una ocasión se comparó con el hecho de que no hay moscas en una habitación limpia, y si  todo tipo de alimentos se mantienen en la habitación, entonces habrá moscas. Lo mismo sucede con los seres suprasensibles: sólo hay que darles los medios de alimentación. La abeja que chupa la flor, extiende algo de aura etérica y entonces se acercan, especialmente cuando un enjambre entero de abejas se posa sobre un árbol y luego se aleja con la sensación del gusto en el cuerpo. Entonces todo el enjambre está envuelto en este aura etérea y también completamente compenetrado por los seres espirituales que uno llama Silfos o Lemures. En las regiones fronterizas donde los diferentes reinos entran en contacto unos con otros, estos seres están presentes y realmente juegan un papel. De hecho, no solo se encuentran donde surge esta fina aura etérea, no solo se acercan para satisfacerse, sino que tienen hambre y hacen que el hambre se exprese guiando a las criaturas particulares hacia los lugares particulares. De cierta manera, son pequeños guías.

Así que vemos que los seres que, podemos decir, han cortado su conexión con otros mundos a los que antes estaban unidos, han tomado a cambio un papel extraño. Son seres que bien pueden usarse en otros mundos. En cualquier caso, cuando se usan así, se establece un tipo de organización,  donde ellos quedan bajo seres superiores.

Se dijo al comienzo de la conferencia de hoy que en un momento no muy lejano será totalmente necesario que la humanidad sepa de estas cosas. En un futuro no muy lejano, la ciencia tomará un curso extraordinario. La ciencia se volverá cada vez más materialista, se limitará simplemente a una descripción de hechos externos perceptibles con los sentidos físicos. La ciencia se limitará a lo crudamente material, aunque todavía prevalece un extraño estado de transición. Un tiempo de puro materialismo no diluido en la ciencia no está muy lejos de nosotros. Este materialismo crudo es, en la mayoría de los casos, una posibilidad para las personas con una perspectiva puramente amateur, aunque pocos pensadores se molestan en poner esto en su lugar. Vemos aparecer un gran número de teorías abstractas en las que se hace una referencia tímida a lo suprasensible, lo superfluo. El curso de los acontecimientos, sin embargo, y el poder de los hechos físicos externos derrocarán por completo estas teorías extrañas y fantásticas que son creadas por aquellos que no están satisfechos hoy con la ciencia física. Y un día los sabios se encontrarán en una situación peculiar con respecto a estas teorías.

Todo lo que han esparcido sobre el Todo-Ser y Toda-Exaltación de este o aquel mundo, todas sus especulaciones serán derrocadas y los hombres no tendrán nada más en la mano que simples hechos perceptibles por los sentidos en los campos de la geología, la biología, la astronomía, etc. Las teorías establecidas hoy serán muy efímeras, y para aquel que es capaz de observar el curso especial de la ciencia, se le presenta la desolación absoluta del horizonte puramente físico.

Entonces, sin embargo, también habrá llegado el momento en que un número bastante grande de representantes de la humanidad estará listo para reconocer los mundos suprasensibles de los que habla la concepción del mundo de la Ciencia Espiritual en la actualidad. Un fenómeno como el de la vida de las abejas en relación con lo que se puede conocer de los mundos suprasensibles ofrece una respuesta maravillosa al gran enigma de la existencia. Estas cosas son de gran importancia desde el otro lado. Será cada vez más indispensable captar la naturaleza de las almas grupales, y tal conocimiento jugará un gran papel incluso en la evolución puramente externa de la humanidad. Si retrocedemos miles y miles de años, encontramos al hombre mismo como un ser que todavía pertenecía al alma grupal. La evolución humana en nuestra Tierra va desde la naturaleza del alma grupal hasta el alma individual. El hombre avanza a través del descenso gradual de su alma dotada por el yo a las condiciones físicas, y tiene la oportunidad de convertirse en individuo. Podemos observar las diferentes etapas en la evolución de la humanidad y ver cómo el alma grupal se va volviendo gradualmente individual.

Volvamos al tiempo del primer tercio de la época de la cultura atlante. Allí la vida del hombre era bastante diferente; en los cuerpos en los que estábamos incorporados en ese momento nuestras almas tenían experiencias bastante diferentes. Hay una experiencia que desempeña un papel en la vida del hombre de hoy, —ya sea como individuo o como miembro de un grupo social—, que ha experimentado un gran cambio desde ese momento, es decir, la alternancia de la vigilia y el sueño.

En los antiguos tiempos de la Atlántida no se experimentaba la misma alternancia de vigilia y el sueño como la que existe hoy en día. ¿Cuál es entonces la diferencia característica en comparación con la humanidad actual?

Cuando los cuerpos físico y etérico están durmiendo, el cuerpo astral con el yo se elevan a lo que la conciencia moderna llama el hundirse en una oscuridad indefinida. Por la mañana, cuando el cuerpo astral y el yo atraen nuevamente a los otros miembros, hacen uso de los órganos físicos y se ilumina la conciencia. Esta condición diaria del despertar en la conciencia, y dormir todas las noches en la inconsciencia, no existía anteriormente. Cuando era de día y el hombre se hundía en su cuerpo físico, como era el caso, entonces, de ninguna manera veía seres físicos y los objetos con sus límites definidos como lo vemos hoy. Él veía todo con contornos vagos como ocurre cuando se camina por la calle en una noche brumosa y se ven las luces rodeadas de un aura de bruma. Esa era la forma en que el ser humano de aquellos tiempos lo veía todo.

Si esa era la condición del día, ¿cuál era la condición de la noche? Cuando el ser humano salía del cuerpo físico y etérico durante la noche, no le sobrevenía ninguna inconsciencia absoluta, era solo un cambio a un tipo diferente de conciencia. En ese momento, el hombre todavía era consciente de los procesos espirituales y de los seres espirituales a su alrededor, no clara y exactamente como en la verdadera clarividencia, sino como una última reliquia de la antigua visión clarividente.  El hombre vivía de día en un mundo de nebulosos contornos, en la noche vivía entre los seres espirituales que estaban a su alrededor como hoy tenemos los diversos objetos que nos rodean. Por lo tanto, no había una división tajante entre el día y la noche, y lo que está contenido en las sagas y los mitos no es una fantasía popular, sino recuerdos de las experiencias que el hombre primitivo tenia del mundo suprasensible en su estado de conciencia. Wotan, Zeus u otras divinidades espirituales suprasensibles que eran conocidas por los diferentes pueblos no son elaboraciones fantásticas como se afirma en la junta del consejo de la erudición. Tales afirmaciones solo pueden ser hechas por alguien que no sabe nada de la naturaleza de la fantasía popular. A los pueblos primitivos no se les ocurría en lo más mínimo personificarse de esa manera. Estas fueron experiencias en la antigüedad. Wotan y Thor eran seres con los que el hombre anduvo, como hoy va con sus semejantes, y los mitos y las sagas son recuerdos clarividentes de la antigüedad.

Sin embargo, debemos tener claro que algo más estaba unido con este vivir en los mundos espirituales suprasensibles. En estos mundos, el hombre se sentía no como un ser individual sino como una especie de miembro de los seres espirituales. Pertenecía a los seres espirituales superiores así como nuestras manos nos pertenecen. El débil sentimiento de individualidad que el hombre poseía en ese momento lo adquiría cuando se sumergía en su cuerpo físico y se emancipaba de la “danza” con los seres espirituales divinos. Ese fue el comienzo de su sentimiento de individualidad. En ese tiempo el hombre estaba absolutamente certero acerca de su alma grupal, se sentía inmerso en el alma grupal cuando dejaba su cuerpo físico y entraba en la conciencia suprasensible. Ese fue un tiempo antiguo en el que el ser humano tenía una conciencia vívida de pertenecer a un alma grupal, a un yo grupal.

Veamos una segunda etapa de la evolución humana —omitiremos las etapas intermedias— el escenario al que se hace referencia en la historia de los Patriarcas del Antiguo Testamento. Lo que realmente subyace a esto ya lo hemos relacionado. Hemos dado la razón por la cual los Patriarcas Adán, Noé, y demás, tuvieron un tiempo de vida tan largo. Fue porque la memoria de la humanidad primitiva era bastante diferente de la del hombre contemporáneo.

La memoria del hombre moderno también se ha vuelto individual. Él recuerda lo que ha experimentado desde su nacimiento —muchos en realidad desde un punto del tiempo mucho más tardío. Este no era el caso en la antigüedad. En ese momento, lo que el padre había experimentado entre el nacimiento y la muerte, lo que había experimentado el abuelo, el bisabuelo, era tanto un objeto de la memoria como las propias experiencias del hombre. Por extraño que parezca para el hombre moderno, hubo un momento en que la memoria iba más allá del individuo y volvía a través de la relación de la sangre. El signo externo de la existencia de tal memoria es precisamente nombres como Noé, Adán, etc. Estos nombres no denotan seres individuales entre el nacimiento y la muerte. Hoy se le da un nombre al individuo cuya memoria está encerrada entre el nacimiento y la muerte. Antiguamente, la entrega de un nombre llegaba tan lejos como la memoria se remontaba a las generaciones, en la medida en que la sangre fluía a través de las generaciones.

“Adam” es simplemente un nombre que duró mientras duró el recuerdo. Quien no sabe que dar nombres en otros tiempos era bastante diferente de lo que es hoy, no podrá entender la naturaleza de estas cosas en absoluto. En los tiempos antiguos existía una conciencia fundamental que mediaba de forma bastante diferente. Imaginen que un antepasado tuvo dos hijos, cada uno de estos, dos nuevamente, la siguiente generación nuevamente dos, y así sucesivamente. En todos ellos el recuerdo llegaba hasta el antepasado y se sintieron uno en la memoria que se encuentra arriba, por así decirlo, en un punto en común. La gente del Antiguo Testamento expresaba esto diciendo, y esto se aplica a cada adherente del Antiguo Testamento: “el Padre Abraham y Yo somos uno”. Cada individuo se sentía oculto en la conciencia del alma grupal, en el “Padre Abrahám”.

La conciencia con la que el Cristo ha dotado a la Humanidad sobrepasa eso. El yo a través de su conciencia está conectado directamente con el mundo espiritual, y esto se expresa en: “Antes que Abraham fuera, estaba el yo —o el yo soy”. Aquí, el impulso de estimular el “Yo soy” entra completamente en el individuo separado.

Entonces vemos una segunda etapa de la evolución de la humanidad: la época del alma grupal que encuentra su expresión externa en la relación de la sangre de las generaciones. Un pueblo que ha desarrollado particularmente esto tiene un valor muy especial en enfatizar continuamente: como pueblo, tenemos un alma grupal en común.   —Ese fue particularmente el caso para los hombres del Antiguo Testamento, y entre ellos los conservadores se opusieron fuertemente por lo tanto al énfasis del “Yo soy” del yo individual. Quien lea el Evangelio de San Juan puede captar con el tacto espiritual, por así decirlo, que eso es verdad. Basta leer la historia de la conversación de Jesús con la mujer de Samaria en el pozo. Aquí se señala expresamente que Cristo Jesús va también a aquellos que no están relacionados por la sangre. Lean lo notablemente indicado: “Porque los judíos no tenían trato con los samaritanos”. Quien pueda experimentar esto gradualmente, meditativamente, verá cómo la humanidad ha avanzado desde el alma grupal hacia el alma individual.

La historia se ha convertido en un asunto totalmente externo, en gran medida en una “fábula convenida”, ya que está escrita a partir de documentos. ¡Supongamos que algo tiene que escribirse hoy a partir de documentos y se pierden los documentos más importantes! Entonces, cualesquiera documentos que estén accidentalmente disponibles se juntan y se hacen informes. Para asuntos de realidad espiritual uno no necesita documentos; están inscritos en el Registro Akáshico, que es un registro fiel y no borra nada. Sin embargo, es difícil leer en el Registro Akáshico porque los documentos externos son incluso un obstáculo para el lector de “guiones” espirituales. Pero podemos ver cómo el avance del alma grupal al alma individual ha tenido lugar en tiempos muy cercanos al nuestro.

Quien observa la historia desde un aspecto espiritual tendrá que reconocer un período de tiempo muy importante a principios de la Edad Media. Anteriormente, el hombre todavía estaba encerrado en varios grupos, aunque desde fuera. En una medida mucho mayor de lo que sueña el hombre moderno, las personas al comienzo de la Edad Media todavía recibieron su significado y valor incluso en lo que respecta a su trabajo, a partir de las relaciones y otras conexiones. Era una consecuencia natural para el hijo hacer lo que hacia el padre. Luego llegó el momento de los grandes inventos y descubrimientos. El mundo comenzó a exigir más desde el dominio puramente personal, y el hombre fue cada vez más desgarrado de las antiguas conexiones. Podemos ver la expresión de esto a lo largo de la Edad Media cuando se fundaron ciudades del mismo tipo en toda Europa. Todavía podemos distinguir hoy las ciudades construidas en este tipo de aquellas construidas sobre otras fundaciones.

En la mitad de la Edad Media hubo nuevamente un avance del alma grupal al alma individual. Si miramos hacia el futuro debemos decir: cada vez más el hombre se emancipa del antiguo elemento  del alma grupal y se va individualizando. Si pudieran mirar atrás a las fases anteriores de la evolución del hombre, verían cómo esas culturas se fundieron en el mismo molde, como, por ejemplo, Egipto y Roma. Esto es solo cierto grado de verdad. La humanidad ahora ha descendido al punto donde no solo los modales y las costumbres son individuales sino también las opiniones y las creencias. Ya hay personas entre nosotros quienes consideran un ideal elevado el que cada uno tenga su propia religión. La idea flota ante un número bastante grande de que debe llegar un momento en el que haya tantas religiones y verdades como personas.

Este no será el curso de la evolución humana. Tomaría este curso si los hombres siguieran cultivando el impulso que viene hoy del materialismo. Eso llevaría a la falta de armonía, a la división de la humanidad en individuos separados. La humanidad, sin embargo, no tomará solo este curso si se acepta un movimiento espiritual como la Ciencia Espiritual. ¿Qué entrará entonces? La gran verdad, la gran ley, se comprenderá que las verdades más individuales, aquellas que se encuentran de la manera más interior, son al mismo tiempo las que se sostienen por todos.

Ya he comentado sobre el hecho de que hoy en día existe un acuerdo general sobre las verdades de las matemáticas solamente, ya que estas son las más triviales de todas. Nadie puede decir que encuentra verdades matemáticas a través de la experiencia externa; las encontramos a través de interiorizarlas. Si uno quiere mostrar que los tres ángulos de un triángulo forman 180°, entonces uno dibuja una línea a través del vértice que es paralelo a la base y establece los tres ángulos juntos en forma de abanico; luego, hace un ángulo a = d, b = e, c = sí mismo, y entonces los tres ángulos son iguales a una línea recta, es decir, 180°. Cualquiera que una vez haya captado esto sabe que es así, de una vez por todas, tal como uno sabe que 3 x 3 = 9 después de haber sido captado. No creo que uno esperara descubrir eso por inducción.

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Se trata de la más trivial de las verdades, la aritmética, la geometría, se encuentran en el interior, y sin embargo la gente no disputa acerca de ello. Están totalmente de acuerdo sobre ello, porque el hombre esta lo bastante avanzado como para comprenderlo. El acuerdo en la opinión prevalece sólo en la medida en que la pura verdad no está nublada por las pasiones, la simpatía o la antipatía. Un tiempo vendrá, aunque todavía está muy lejano, cuando la humanidad se unirá cada vez más por el verdadero conocimiento del mundo interior.

Entonces, a pesar de todo individualismo, a pesar de la verdad que se encuentra esparcida por todo el mundo hacia el interior, la armonía prevalecerá. Si las verdades matemáticas no fueran tan sencillas y obvias, entonces, las pasiones desatadas en el reconocimiento, darían lugar a muchas dificultades. Porque si entrara la codicia ahí entonces, tal vez muchas amas de casa determinarían que 2 x 2 = 5 y no 4. Estas cosas son tan obvias y simples que ya no pueden nublarse por la simpatía o la antipatía. Continuamente regiones más amplias serán captadas por esta forma de verdad y más paz podrá llegar a la humanidad si la verdad es captada de esta manera. El ser humano ha crecido fuera de la condición del alma grupal emancipándose de ella cada vez más. Si miramos a los grupos en lugar de las almas, tenemos conexiones familiares, conexiones de tribu y nación, y finalmente razas conectadas. La raza corresponde a un alma grupal. Todas estas conexiones grupales de la humanidad primitiva son lo que el hombre deja atrás y cuanto más avanzamos, más pierde su significado la concepción racial.

Nos encontramos hoy en un punto de transición; la raza desaparecerá gradualmente y algo más tomará su lugar. Aquellos que volverán a captar la verdad espiritual como se ha descrito serán guiados juntos por su propia voluntad. Esas serán las conexiones de una era posterior. Los seres humanos de épocas anteriores nacieron con conexiones, nacieron en la tribu, en la raza. Más adelante viviremos en las conexiones y asociaciones que los hombres crearan por sí mismos, uniéndose en grupos con aquellos de ideas similares mientras conservan su total libertad e individualidad. Comprender esto es necesario para una correcta comprensión de algo como la Sociedad Antroposófica. La Sociedad Antroposófica pretende ser el primer ejemplo de asociación voluntaria de este tipo, aunque podemos ser conscientes de que aún no ha llegado demasiado lejos.

Hubo el intento de crear un grupo en el que los hombres se encuentren sin la diferenciación de la naturaleza del antiguo alma grupal, y habrá muchas asociaciones similares en el futuro. Entonces ya no tendremos que hablar de conexiones raciales sino de aspectos intelectuales-éticos-morales con respecto a las asociaciones que se forman. Los individuos que voluntariamente permiten que sus sentimientos fluyan juntos causan nuevamente la formación de algo que va más allá del hombre meramente emancipado. Un ser humano emancipado posee su alma individual que nunca pierde cuando se ha alcanzado una vez. Pero cuando los hombres se encuentran en asociaciones voluntarias se agrupan alrededor de un centro. Los sentimientos transmitidos de esta manera a un centro una vez más le dan a los seres la oportunidad de trabajar como una especie de alma grupal, aunque en un sentido completamente diferente de las almas grupales anteriores. Todas las almas grupales anteriores fueron seres que liberaron al hombre. Estos nuevos seres, sin embargo, son compatibles con la completa libertad e individualidad del hombre. De hecho, en cierto sentido podemos decir que mantienen su existencia en la armonía humana; residirán en las almas de los hombres, ya sea que den o no la mayor cantidad posible a tales almas superiores la oportunidad de descender al hombre. Cuanto más divididos estén los hombres, menos almas nobles descenderán a la esfera humana. Cuanto más asociaciones se formen donde los sentimientos de compañerismo se desarrollen con total libertad, los seres más elevados descenderán y más rápidamente se espiritualizará el planeta terrenal.

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Entonces, vemos que si el hombre tiene que adquirir alguna idea de la evolución futura, debe tener una comprensión profunda del carácter del elemento del alma grupal. De lo contrario, si su alma individual se mantiene distante demasiado tiempo en la Tierra, y no encuentra el vínculo de la compañía, podría suceder que deje pasar la oportunidad de la unión. Entonces se convertiría en una especie de ser elemental, y los seres elementales que se originan en el hombre serán de una naturaleza bastante malvada. Mientras que aquellos que han surgido de los reinos anteriores son muy útiles para nuestro curso ordenado de la naturaleza, los seres elementales humanos de ninguna manera poseerán esta cualidad.

Hemos visto que tales seres separados surgen en ciertas regiones fronterizas, y surgen también en el límite hecho por la transición de la naturaleza del alma grupal a las asociaciones grupales independientes donde las conexiones son de carácter estético, moral e intelectual. Dondequiera que surjan tales conexiones, los seres grupales están allí.

Si pudieran observar ciertos puntos, como, por ejemplo, los manantiales donde debajo hay una piedra cubierta de musgo, formando una especie de división entre la planta y la piedra, y luego el agua goteando sobre ella —eso también es esencial— entonces verían que lo que se llaman Ninfas y Ondinas son muy reales, son una realidad. De nuevo, donde los metales entran en contacto con el resto del reino terrenal, allí se encuentran haces completos de los seres que llamamos Gnomos. Una cuarta especie son las Salamandras que forman, por así decirlo, la generación más joven en las categorías de seres elementales. Sin embargo, existen en grandes cantidades. En gran medida, deben su existencia a un proceso de separación de las almas grupos de los animales. Estos seres también buscan oportunidades para encontrar alimento, y lo encuentran en particular donde a veces existen relaciones no del todo normales entre los reinos humano y animal. Aquellos que saben algo sobre estas cosas son conscientes de que los seres elementales —y definitivamente buenos seres— se desarrollan a través de la relación íntima del jinete y su corcel.

A través de la cálida conexión de ciertos hombres con grupos de animales, surgen sentimientos, pensamientos e impulsos que proporcionan una buena nutrición para estos seres elementales de naturaleza salamandra. Esto se puede observar particularmente en la vida unida del pastor y su rebaño, en el caso de los pastores en general que viven en estrecha relación con sus animales. Ciertos seres elementales tipo salamandra pueden encontrar su alimento en los sentimientos que se desarrollan a través de esta intimidad entre el hombre y el animal y permanecen donde se encuentra este alimento. También son bastante astutas, llenas de una sabiduría natural. Las facultades que se desarrollan en el pastor a través del cual estos seres elementales pueden susurrarle lo que saben, y muchas de las recetas o prescripciones provenientes de tales fuentes se han originado de esta manera. Un hombre entre tales condiciones puede estar rodeado por hermosos seres espirituales que le proporcionan un conocimiento del que nuestros intelectuales modernos no tienen la menor idea. Todas estas cosas se basan en buenas razones y definitivamente se pueden observar a través de los métodos que la sabiduría oculta puede perfeccionar.

Quisiera concluir señalando otro fenómeno más que puede mostrar cómo ciertas cosas que se explican de forma bastante abstracta hoy en día a menudo han surgido de una profunda sabiduría. Ya he hablado de los tiempos de la Atlántida y de cómo cuando los hombres dejaban sus cuerpos en la noche, vivían entre los seres espirituales a quienes llamaban los Dioses. Estos hombres estaban descendiendo más profundamente en una corporeidad física; pero los seres a quienes veneraron como dioses, es decir, Zeus, Wotan, están en otro camino de evolución. No descienden tan lejos como el cuerpo físico, no tocan el mundo físico. Pero incluso allí encontramos ciertos estados de transición. El hombre ha llegado a la existencia a través de la totalidad de su alma y espíritu habiendo sido curtido en su cuerpo físico. En el caso del hombre, las almas grupales en su totalidad han bajado al plano físico, y el cuerpo físico del hombre se ha convertido en una huella del alma grupal. Supongamos que un ser como Zeus —quien es una realidad positiva— ha contactado un poco con el plano físico, solo proyectado muy poco en él. Eso es más bien como si sumerges una pelota en el agua y  se moja por debajo. De la misma manera, ciertos seres en tiempos de la Atlántida solo han sido apacentados por el mundo físico. Los ojos físicos no ven lo que queda en el mundo espiritual como etérico-astral. Solo la parte que se proyecta en el mundo físico es visible. De tales proyecciones surgió el simbolismo en la mitología. Si Zeus tiene el águila como símbolo es porque su naturaleza de águila es la pequeña proyección donde un ser de los mundos superiores toca el mundo físico. Una gran parte del mundo de las aves está dividida en partes de tales seres evolutivos del mundo suprasensible. Al igual que con los cuervos de Wotan y el águila de Zeus, es en todas partes donde el simbolismo se remonta a hechos ocultos. Todo se hará mucho será más claro si toman en cuenta así la naturaleza, la actividad y la evolución de las almas grupales en los más variados campos.

 

Traducido por Gracia Muñoz en febrero de 2018.

GA98c5. Pentecostés – La Festividad del esfuerzo del alma

Los festivales y su significado – III. Ascensión y Pentecostés

Rudolf Steiner – Colonia, 7 de Junio de 1908

 

English version

 

En diferentes ocasiones ya fue expuesto que el desarrollo espiritual, tal como lo aspira el movimiento de la Ciencia Espiritual, precisa poner al hombre en una viva relación con todo el medio ambiente. Muchas cosas, del medio ambiente, que todavía llenaba a nuestros antepasados de veneración, se volvieron muertas y apagadas para el hombre. Un gran número de personas adopta una postura ajena y fría, por ejemplo, ante nuestras fiestas religiosas anuales. La población urbana, en particular, sólo tiene un escaso recuerdo de lo que significan en realidad las fiestas de Navidad, Pascua y Pentecostés. Aquel poderoso contenido sentimental que ligaba a nuestros antepasados en las épocas festivas, dado que ellos conocían la relación con los grandes hechos del Mundo Espiritual, la Humanidad de hoy no lo posee más.

Los hombres, hoy, se comportan de manera fría e indiferente ante de las fiestas de Navidad, Pascua y, particularmente, Pentecostés. El descenso del Espíritu se volvió, para muchas personas, una abstracción.

Las cosas solo cambiarán, solo habrá vida y realidad, cuando los hombres lleguen a un verdadero conocimiento espiritual del mundo. Mucho se habla, hoy en día, de fuerzas naturales; pero de las “entidades” situadas detrás de esas fuerzas naturales se habla bien poco. Cuando se habla de entidades naturales, el hombre de hoy considera el asunto como el reavivamiento de una antigua superstición, el hecho de que las palabras que nuestros antepasados usaban se basaban en la realidad– cuando alguien afirma que gnomos, ondinas, silfos y salamandras significan algo real solo valen como antigua superstición. Lo que los hombres poseen en teorías y en ideas es, de inmediato y en cierto sentido, indiferente; por ende, si a través de esas teorías los hombres son tentados a dejar de ver ciertas cosas y a emplear sus teorías en la vida práctica, entonces el asunto comienza a ganar pleno significado. Tomemos un ejemplo grotesco: ¿quién cree en entidades cuya existencia está relacionada con el aire, o corporizadas en el agua?. Cuando, por ejemplo, alguien dice: “Nuestros antepasados creían en ciertas entidades -en gnomos, ondinas, silfos, salamandras- todo esto es una cosa ¡fantástica!”, tenemos ganas de responder: “pregunte, entonces, a las abejas”. Y si las abejas pudieran hablar, responderían :”Para nosotros los silfos no son supersticiones, pues sabemos muy bien lo que recibimos de ellos”. Ahora, la persona cuyos ojos espirituales están abiertos consigue observar la fuerza que atrae a la abejita hasta la flor. “Instinto, tendencia natural”, como el hombre responde, son palabras vacías. Son estas entidades las que conducen a las abejas al cáliz floral, para allí buscar alimento; y en el enjambre de abejas que revolotea en busca de alimento, hay entidades activas que nuestros antepasados denominaban Silfos.

En todo lugar donde los diferentes reinos naturales se tocan, se ofrece una oportunidad para que ciertas entidades se manifiesten. Por ejemplo, en el interior de la Tierra, en el punto donde la piedra toca la veta metálica, se sitúan entidades especiales. Donde el musgo recubre a la piedra y, en consecuencia el reino vegetal toca al reino mineral, se establecen tales entidades. Donde el reino animal y vegetal se tocan –en el cáliz floral, en el contacto de la abeja con la flor– se corporizan determinadas entidades, del mismo modo donde el hombre entra en contacto con el reino animal. No en el transcurso de la vida ordinaria. No, por ejemplo cuando el carnicero descuartiza una res o cuando el individuo come carne animal; tampoco en el transcurso común de la vida (ahí no es el caso). Pero sí en los procesos extraordinarios, cuando los reinos se tocan como a través de un exceso de vida, como en el caso de las abejas y de la flor, se corporizan entidades. En especial donde la índole (cualidad) del hombre, su intelecto, está particularmente empeñado en relacionarse con los animales, en una relación como la que tiene, por ejemplo, el pastor con las ovejas –una relación cualitativa–-, ahí se corporizan tales entidades. Estas relaciones más íntimas del hombre con los animales, las encontramos más frecuentemente remontándonos a tiempos antiguos. En épocas culturales anteriores se tenía, a menudo, una relación como la que el árabe tiene con su caballo, y no como la del propietario de un hipódromo con sus caballos de carreras. Ahí encontramos aquella índole fuerzas que actúan entre reino y reino, como entre el pastor y las ovejas, o donde se desarrollan y se irradian, las fuerzas del olor o del sabor como entre la abeja y la flor. Ahí se crea la oportunidad para que entidades bien determinadas puedan corporizarse.

Cuando la abeja liba la flor, el clarividente puede observar que se forma un pequeño aura en su borde. He aquí el efecto del sabor: la libación de la abeja en el cáliz floral se torna un cierto agente de sabor —la abeja siente el sabor— e irradia como una especie aura floral, que alimenta a las entidades sílficas.

De igual modo, el elemento del sentir que actúa entre el pastor y las ovejas es alimento para las Salamandras. La pregunta siguiente no es válida para quien comprende el mundo espiritual: ¿Por qué, entonces, las entidades están ahí y no en otros lugares?. Al respecto de su origen no podemos preguntar, pues su origen se sitúa en el Universo. Por ende dándoles la oportunidad para que se alimenten, las entidades surgen. Por ejemplo, los malos pensamientos que el hombre derrama atraen entidades nocivas para su aura, porque ahí ellas encuentran alimento. Entonces ciertas entidades se corporizan en su aura. En todas partes donde los diferentes reinos naturales se tocan, se ofrece la oportunidad para que determinadas entidades espirituales se corporicen.

En el lugar donde el metal abraza a la piedra, en el interior de la Tierra, cuando el minero corta el suelo, el vidente ve, en diferentes lugares, seres singulares encogidos, juntos, acurrucados en un espacio muy pequeño. Ellos se dispersan, se diseminan cuando la tierra es removida. Ellos son entidades singulares, que por ejemplo, en cierto sentido no son, de modo alguno diferentes al hombre. No tienen, en efecto, un cuerpo físico, mas tienen inteligencia. Lo que les diferencia del hombre, es que tienen inteligencia pero sin responsabilidad. De ahí que tampoco tengan el sentimiento de algo errado. Estas entidades que llamamos Gnomos y numerosas especies de ellos son cobijados por la tierra, encontrándose en el hogar, en los lugares donde se junta la piedra con el metal. Antiguamente servían muy bien al hombre en las antiguas minas, no en las de carbón, pero sí en las minas de metales. La manera de construir las minas en los tiempos antiguos, el conocimiento de cómo estaban depositadas las camadas, fue aprendida a través de estas entidades. Y las vetas mejor dispuestas eran conocidas por esas entidades que sabían cómo estaban depositadas las camadas en el interior de la tierra y por consiguiente, podían dar la mejor instrucción sobre cómo deberían ser trabajadas. En el caso que no se quiera trabajar con las entidades espirituales, confiando sólo en lo sensorial, se llega a un callejón sin salida. Precisamos aprender, con estas entidades espirituales, una cierta manera de proceder para explorar la Tierra.

 De la misma forma, en una fuente tiene lugar una corporización de entidades. En el lugar donde la piedra toca a la fuente, se corporizan los seres ligados al elemento del agua: las Ondinas. Donde el animal y el vegetal se tocan, actúan los Silfos, ligados al elemento aire. Ellos conducen a las abejas a las flores. Así, debemos casi todos los conocimientos útiles de la apicultura a las antiguas tradiciones, y justamente en el caso de la apicultura podemos aprender mucho de ellas. Lo que hoy existe como ciencia acerca de las abejas, está lleno de errores, y la antigua sabiduría, que se propagó por la tradición, se confunde por causa de esto. La ciencia prueba que es inaprovechable. Los antiguos manejos, cuyo origen es desconocido apenas son útiles, pues en aquella época el hombre usaba el mundo espiritual como hilo conductor.

Los hombres de hoy en día conocen también a las Salamandras, pues cuando alguien dice: “algo viene a mi encuentro, mas no sé de donde viene”, esto constituye, la mayoría de las veces, el efecto de las Salamandras. Cuando el hombre entra en íntima relación con los animales, como el pastor con sus ovejas, recibe conocimientos emanados de las entidades espirituales que viven en su medio ambiente. El pastor posee, a través de lo emanado por las Salamandras, el conocimiento acerca de su rebaño. Hoy en día esos antiguos conocimientos han desaparecido, y deben ser nuevamente recuperados por medio de conocimientos ocultos bien probados. Si continuamos pensando acerca de estas ideas tendremos que decirnos: ¡estamos totalmente rodeados por entidades espirituales!. Andamos a través del aire, que no es sólo sustancia química: cada soplo de viento, cada corriente de aire es manifestación de entidades espirituales. Estamos rodeados y totalmente permeados por estas entidades espirituales. Si el hombre no quiere experimentar, en el futuro, un destino triste y devastador en su vida, precisa tener conocimiento de aquello que vive a su alrededor. Sin ese conocimiento, no podrá proseguir. Habrá que preguntarse: ¿de dónde provienen esas entidades?, ¿de dónde vienen? Estas preguntas nos conducen a un conocimiento importante y, para formarnos una opinión al respecto, necesitamos tener en mente cómo, en los mundos superiores, se desarrollan ciertos hechos por cuyo intermedio lo que es nocivo y malo es metamorfoseado en bueno por una sabia dirección.

Tomemos como ejemplo las deyecciones, el estiércol: es descartado y actúa en la economía, a través de una utilización sabia, como base para la posterior germinación de vegetales. Cosas aparentemente desechadas por el desenvolvimiento superior, son recogidas por fuerzas superiores y metamorfoseadas. Esto se observa de modo muy particular en las entidades de las cuales hablamos, y lo reconocemos especialmente al ocuparnos del origen de estas entidades. ¿Cómo se originan entonces las entidades salamandrinas? Expliquemos esto. Las Salamandras son entidades que necesitan de una cierta relación del hombre con los animales. Los animales no poseen un Yo, tal como el hombre lo posee. Tal entidad, Yo, sólo existe en el hombre de hoy, en la Tierra. Esos “Yo” humanos son de tal naturaleza que cada hombre tiene un Yo dentro de sí. En el caso de los animales es diferente: los animales tienen un Yo grupal, un alma grupal. ¿Qué significa esto? Un grupo de animales de la misma especie y de configuración idéntica tienen un Yo en común; por ejemplo, todos los leones individuales tienen un Yo en conjunto, también todos los tigres, todos los peces, etc. Los animales tienen su Yo en el mundo astral. Es como si un hombre estuviese detrás de una pared con diez orificios, y a través de estos, introduce sus diez dedos. No sería posible ver al hombre, pero cualquier cabeza sensata concluiría: ahí atrás hay un poder central que pertenece a los diez dedos. Así ocurre con el Yo grupal. Los animales individuales son apenas los miembros. Aquello a lo que pertenecen está en el mundo astral. Estos Yo animales no son semejantes a los humanos, aunque considerados espiritualmente se puedan comparar, pues un Yo grupal animal es una entidad muy sabia. El hombre, como alma individual, está lejos de ser tan sabio. Consideremos, por ejemplo, determinadas especies de pájaros: ¡que sabiduría debe haber ahí contenida, para que migren hacia altitudes y dimensiones bien determinadas a fin de escapar del invierno y, en la primavera, retornen por otros caminos! En ese vuelo de los pájaros reconocemos las fuerzas sabias de actuación de los Yoes grupales. Podemos encontrarlas en todas partes en el reino animal. Los hombres son muy mezquinos cuando tienen que registrar los progresos humanos. Recordemos nuestras clases en la escuela, cuando aprendemos cómo, en la Edad Media, poco a poco surgió la corriente de la época Moderna. La Edad Media, seguramente, tiene cosas significativas para ser registradas, como el descubrimiento de América, la invención de la pólvora, el arte de imprimir libros y finalmente, también el papel de lino. Fue, sin duda, un progreso significativo usar ese producto en lugar de pergamino; entretanto, el alma grupal de las avispas ya habían hecho lo mismo hace millares de años, pues el avispero está hecho del mismo material que el papel producido por el hombre: se compone de papel. El hombre descubrirá gradualmente cómo ciertas combinaciones de su espíritu se relacionan con aquello que las almas grupales elaboran dentro del mundo. Las almas grupales están en movimiento constante.

El vidente ve, a lo largo de la espina dorsal de los animales, un centellear continuo. La espina dorsal queda como encerrada en un centellear luminoso. Los animales son traspasados por corrientes que, en número infinito, fluyen en todas las direcciones alrededor de la tierra y actúan sobre ellos fluyendo en torno a la médula espinal. Esas almas grupales de animales están continuamente en movimiento circular, en todas las alturas y direcciones, en torno a la Tierra. Son muy sabias, pero les falta algo que todavía no tienen: ellas no conocen el amor, tal como es en la Tierra. El amor ligado a la sabiduría sólo existe en el hombre, en la individualidad. El alma grupal es sabia, pero el animal individual posee amor en la cualidad de amor sexual y amor paterno. El amor, en el animal, es individual, pero la organización es sabia y la sabiduría del Yo grupal todavía está vacía de amor. El hombre tiene la sabiduría y amor unificado; el animal tiene el amor en la vida física y en el plano astral, tiene la sabiduría. Con tales conocimientos, se encienden, para el individuo, un número colosal de luces. El hombre sólo llegó a su Yo actual gradualmente. Anteriormente él también tuvo un alma grupal, y sólo gradualmente se desenvolvió el alma individual. Hagamos una inspección retrospectiva del desarrollo de la Humanidad hasta la Antigua Atlántida, un continente que ahora está cubierto por el océano Atlántico. En aquella época, las amplias superficies siberianas estaban cubiertas por grandes mares. El mar Mediterráneo estaba dividido de manera bien diferente. También en nuestras regiones europeas había amplias superficies marítimas. Cuanto más lejos retrocedemos, en la antigua época atlántica, tanto más se modifican todas las condiciones de la vida, y tanto más se modifican el estado de vigilia y de sueño en el hombre. Hoy, cuando el hombre duerme, permanecen en el lecho el cuerpo físico y el cuerpo etérico. El cuerpo astral y él Yo se retiran. La conciencia se apaga, todo se torna oscuro, negro y mudo. En la época atlántica, la diferencia entre sueño y vigilia todavía no era tan grande. En estado de vigilia el hombre no veía contornos firmes, perfiles nítidos, colores intensos, unidos a las cosas. Cuando despertaba, por la mañana, buceaba en una masa nebulosa. No había nitidez mayor que cuando, por ejemplo, vemos luces pasando a través de la neblina, como un aura. En compensación, su consciencia no cesaba completamente durante el sueño, y entonces él veía las cosas espirituales.

A medida que el hombre avanzaba, el mundo físico ganaba cada vez más sus contornos, pero, en compensación, perdió su clarividencia. Entonces la diferencia pasó a ser cada vez mayor: por encima, el mundo espiritual se volvió cada vez más oscuro; abajo, el mundo físico se fue aclarando cada vez más. Es del tiempo en que el hombre todavía percibía las cosas de allá arriba, del mundo astral, de donde derivan todos los mitos y leyendas. Ascendiendo al mundo espiritual él conocerá a Wotan, Baldur, Thor, Loki (personajes de la mitología germana) y entidades que todavía no habían descendido al plano físico. Esto se vivenciaba en el pasado; y todos los mitos son recuerdos de realidades vivas. Todas las mitologías son recuerdos de este tipo. Estas realidades espirituales simplemente desaparecieron para el hombre. En aquellos tiempos, cuando por la mañana buceaba en el cuerpo físico, él tenía la siguiente sensación: “tú eres una unidad, algo único”. A la noche, por ende cuando buceaba de vuelta en el mundo espiritual, le venía el siguiente pensamiento: “tú no eres único, eres apenas un miembro de una gran totalidad; formas parte de una gran comunidad”. Tácito cuenta que los antiguos pueblos (los hérulos, los queruscos) se sentían más como tribus que como individuos separados. A partir del sentimiento de que el individuo era parte del grupo tribal, de que él se atribuía a la comunidad tribal, se originaron ciertas costumbres como la venganza de muerte basada en la sangre. Todo era un cuerpo que pertenecía al todo del alma grupal de la tribu. En la evolución, todo acontece gradualmente. Sólo a partir de esa conciencia grupal-tribal absoluta se desarrolló, poco apoco, la conciencia individual. También, en las descripciones de la época de los patriarcas, tenemos vestigios del pasaje del alma grupal al alma individual. En el tiempo de Noé, la memoria era bien diferente: ésta alcanzaba más allá de aquello que el padre, el abuelo, o el bisabuelo habían vivenciado. La frontera del nacimiento no era frontera. En la misma sangre fluían los mismos recuerdos, provenientes de generaciones alejadas en el tiempo. Hoy en día, a las autoridades les interesa saber el nombre del individuo. En aquella época, en que el ser humano recordaba lo que su padre y su abuelo habían hecho, esto era caracterizado por un nombre colectivo. Aquello que en esa época estaba relacionado por la misma sangre y por el mismo recuerdo, era designado colectivamente. Se llamaba “Adán” o “Noé”. Nombres como Adán y Noé no designaban la vida entre el nacimiento y la muerte de un individuo, sino el flujo de los recuerdos. Los nombres antiguos abarcan comunidades completas de personas que vivieron en la época. ¿Qué es lo que ocurre entonces, cuando comparamos ciertas especies (los monos) con el propio hombre? La prodigiosa diferencia está en el hecho de que los monos tienen un alma grupal y el hombre un alma individual, o por lo menos, una disposición para desarrollar tal alma.

El alma grupal de los monos se encuentra en una situación muy especial. Imaginemos la Tierra (se hace un dibujo). Aquí arriba, en el mundo astral, flotando como en una nube, están las almas grupales de los animales, esparciéndose sobre nuestro mundo físico. Tomemos ahora el Yo grupal de los leones y él Yo grupal de los monos. Cada león es un miembro individual en el que el alma grupal instila una parte de su sustancia. Cuando muere un león, se desprende del alma grupal lo físico exterior, tal como en el hombre la uña de un dedo. Entonces el alma grupal toma nuevamente lo que había instilado en aquel cuerpo y lo entrega a otro león que nace. El alma grupal permanece allá arriba. Ella extiende, por así decirlo, tentáculos que se endurecen en lo físico, después se desprenden y vuelven a ser substituidos. Por esto el alma grupal animal no conoce nacimiento ni muerte. Lo individual animal es algo que se desprende y se vuelve a adherir. El alma grupal permanece inmodificable por la vida y por la muerte. En el caso de los leones, cada vez que uno de ellos muere, todo lo que había sido transmitido por el alma grupal retorna a ella.

No sucede así en el caso de los monos, pues existen animales individuales que arrancan del alma grupal algo que después no consigue retornar. Cuando el mono muere, la parte esencial retorna, desligándose un pedazo del alma grupal. Es como si el mono agarrara firmemente lo que le es dado, y con su muerte se desligara un pedazo del alma grupal, en cierta manera un pedazo de ella se separa, es arrancada y no puede retornar. Así ocurren desligamientos del alma grupal. En todos los tipos de monos ocurren desligamientos del alma grupal. Algo semejante ocurre con ciertos anfibios, con determinados tipos de aves y, de manera particularmente nítida, con los canguros. Por medio de estos desligamientos, algo del alma grupal queda atrás y, aquello que así queda como remanente de los animales de sangre caliente, se vuelve un ser elemental, un espíritu de la Naturaleza: la Salamandra.

Estos seres elementales, estos espíritus de la Naturaleza, son como restos, productos residuales de los mundos superiores puestos al servicio de entidades superiores. Si estuviesen dedicados a sí mismos, perturbarían el Cosmos. Así la sabiduría superior emplea, por ejemplo a los Silfos para conducir a las abejas a las flores. Así, la gran multitud de seres elementales es puesta bajo la sabia dirección superior, desarticulando lo que ellos pudieran hacer de perjudicial y transformándolo en algo provechoso. Sucede así en los reinos ubicados debajo del hombre. Puede ocurrir también que el propio ser humano se desligue de su alma grupal y no encuentre, como alma individual, posibilidad alguna de continuar desarrollándose. En cuanto a su condición de miembro de su alma grupal era dirigido y conducido por entidades superiores, ahora quedó entregado a su propia dirección. Si no asimila los conocimientos espirituales adecuados, correrá el riesgo de desligarse. Es esto lo que se presenta como cuestión. ¿Qué es entonces, lo que preserva al individuo del desligamiento, de errar sin sentido u objetivo, mientras que, en el pasado, el alma grupal le había dado un sentido?. Precisamos tener en mente que el hombre se individualiza cada vez más, y que, en el futuro, tendrá que encontrar cada vez más, “voluntariamente”, la unión con otros hombres. En el pasado la unión existía por medio de la consanguinidad, por medio de tribus y razas. Pero esta unión llega a su fin. Todo se dirige cada vez más a que el hombre se vuelva un ser individual. He aquí que solo es posible un camino inverso. Imaginemos un número de individuos en la Tierra, diciéndose a sí mismos: “seguimos nuestro propio camino, queremos encontrar en nuestro propio interior el sentido y el objetivo del camino. Estamos todos en vías de volvernos hombres cada vez más individuales”. Aquí existe el peligro de la dispersión. Los hombres hoy tampoco sustentan ya uniones espirituales. Actualmente llegamos al punto en que cada uno tiene su propia religión y pone su propia opinión como el ideal más elevado.

Pero si los hombres interiorizaran ideales, esto llevaría a la unión, a opiniones en común. Reconocemos interiormente, por ejemplo, que tres veces tres es igual a nueve, o que los tres ángulos de un triángulo suman 180°. Este es un reconocimiento interior. No podemos someter a votación conocimientos interiores. No existen diferencias de opinión sobre conocimientos interiores, ellos llevan a la unión. Todas las verdades espirituales son de ese orden. Lo que la Ciencia Espiritual enseña, el hombre lo encuentra por medio de sus fuerzas interiores. Estas lo conducen a una unidad absoluta, a la paz y armonía. No existen dos opiniones sobre una verdad sin que una de ellas sea errada. El ideal es la mayor interiorización posible, ella lleva a la unidad, a la paz. En principio, había un alma grupal humana. Después, en tiempos pasados, la Humanidad fue liberada del alma grupal. Pero en el futuro del desarrollo, los hombres precisan establecer un objetivo más seguro para sí, al cual aspiren.

Cuando los hombres se unen en una sabiduría superior, desciende a su vez, de los mundos superiores, un alma grupal (cuando surgen de las sociedades naturalmente unidas, sociedades libres). El deseo de los dirigentes del movimiento de la Ciencia Espiritual es que en ella encontremos una sociedad en la cual los corazones ansíen sabiduría, tal como las plantas ansían la luz solar. En donde la verdad común une a diferentes Yoes, se da al alma grupal superior, la oportunidad de descender. Al volcarse nuestros corazones conjuntamente hacia una sabiduría superior, acomodamos al alma grupal. En cierta manera, formamos el ambiente en el cual el alma grupal puede corporizarse. Los hombres enriquecerán la vida terrena al desarrollar algo que haga descender entidades espirituales de los mundos superiores. Este es el objetivo del movimiento de la Ciencia Espiritual. Esto fue puesto cierta vez delante de la Humanidad de forma grandiosa, poderosa, para mostrar que, sin este ideal espiritual, el hombre pasaría a una condición diferente. Hay un símbolo que puede mostrar al hombre, con fuerza imponente, cómo la Humanidad puede hallar el camino para, en unión espiritual ofrecer al espíritu colectivo un lugar para su corporización. Este símbolo nos es presentado por la Comunidad Pentecostal, cuando el fervoroso sentimiento colectivo de amor y devoción encendió la llama en un número de hombres que se habían reunido para una acción colectiva. Allí estaban estos hombres, cuyas almas todavía se estremecían por el conmovedor acontecimiento que vivía en ellos. Este sentimiento, al confluir de igual forma en ellos, hizo posible aquello que era necesario para que el alma colectiva pudiera corporizarse. Esto se expresa por las palabras que dicen que el “Espíritu Santo”, el alma grupal, descendió y se dividió como lenguas de fuego. Este es el gran símbolo para la Humanidad del futuro. Si no hubiese encontrado esta unión, el hombre se hubiera vuelto un ser elemental.

Tiziano

Ahora, la Humanidad precisa buscar un lugar para las entidades de los mundos superiores que se inclinan hacia abajo. En los eventos de Pascua le fue dado al hombre la fuerza para acoger en sí tales representaciones poderosas y aspirar a un espíritu. La fiesta de Pentecostés es fruto del desdoblamiento de esta fuerza. Incesantemente, por el confluir de las almas hacia la sabiduría colectiva, se debe efectuar aquello que establece una relación viva con las fuerzas y entidades de los mundos superiores y con algo que hoy todavía tiene tan poco significado para la Humanidad, como la fiesta de Pentecostés. A través de la Ciencia Espiritual, ella volverá a ser algo para el hombre. Cuando las personas sepan lo que significa el descenso del Espíritu Santo en el futuro de los hombres, la fiesta de Pentecostés volverá a cobrar vida. Entonces no será solamente un recuerdo de aquel evento de Jerusalén. Surgirá para los hombres aquella permanente “fiesta de Pentecostés de la aspiración anímica conjunta”. Ella se transformará en un símbolo para aquella futura gran comunidad pentecostal, cuando la Humanidad se encuentre conjuntamente en una verdad común, para dar a entidades superiores la posibilidad de que se corporicen.

De los hombres dependerá cuán valiosa será la Tierra en el futuro, y cuán eficaces pueden ser esos ideales para la Humanidad. Si la Humanidad se esfuerza, de esta manera correcta, en el sentido de la sabiduría, los espíritus superiores se unirán a los hombres.