GA232c3. Centros de Misterios

Dornach, 25 de Noviembre de 1923

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En la última conferencia os hablé de la manera en que el hombre está sujeto durante su vida a lo que, desde el punto de vista científico natural, estamos acostumbrados a llamar herencia. Hablé además de cómo el hombre está sujeto a las influencias del mundo exterior, a la adaptación al medio ambiente; cómo todo lo que está ligado a la herencia está conectado con la esfera ahrimánica, mientras que lo que, en el sentido más amplio, está comprendido en la adaptación al mundo externo, está conectado con el reino luciférico. Dije también cómo en el cosmos, es decir, dentro de la sustancia espiritual que se encuentra en la base del cosmos, se ha tomado cuidado de que la influencia luciférica y ahrimánica deben desempeñar su papel de la manera correcta en la vida humana. Añadiremos algunas cosas hoy a lo que se ha dicho, teniendo en cuenta, al mismo tiempo, lo que se explicó en la primera de estas conferencias.

Hemos visto cómo la memoria, todo en la naturaleza de la memoria, modela al hombre dentro del alma. En realidad, estamos formados como seres anímicos por nuestros recuerdos mucho más de lo que creemos. La forma en que nuestras experiencias se han convertido en recuerdos realmente ha formado nuestras almas; Somos un resultado de nuestra vida más de lo que pensamos, y el que puede ejercer incluso una pequeña auto-observación, hasta el punto de entrar en la vida de la memoria verá qué gran parte de las impresiones de la infancia influyen a través de toda la vida terrenal. La manera en que se pasó nuestra infancia, que en realidad no juega gran parte en la vida consciente, por ejemplo el tiempo, durante el cual aprendimos a hablar y caminar, durante el cual recibimos los primeros dientes heredados, las impresiones recibidas durante todo este período de desarrollo, desempeñan un papel importante en la vida del alma humana durante toda la vida en la Tierra. Muchas cosas que se elevan interiormente como pensamientos y que están conectadas con los recuerdos —y todo lo que captamos en el pensamiento que no es causado por impresiones externas está conectado con los recuerdos— todo lo que surge de esta manera nos llena de gozo o nos causa dolor interior (estos son generalmente delicados matices de placer y dolor que acompañan nuestros pensamientos cuando surgen libremente) toda nuestra vida de la memoria es llevada a cabo por nuestro cuerpo astral cuando pasamos a la condición de sueño. Si ahora con visión imaginativa podemos ver al hombre en el sueño como un ser espiritual psíquico, la materia se presenta de la siguiente manera. Imagínense durante el sueño los cuerpos etéricos y físicos que quedan dentro de la piel humana mientras el cuerpo astral está fuera (el yo lo consideraremos más adelante). Podemos entonces observar que el cuerpo astral, consiste realmente en recuerdos. También podemos ver cómo estos recuerdos que viven en el cuerpo astral  del hombre giran alrededor dentro y fuera de uno al otro. Experiencias que están muy lejanas en el tiempo y en el espacio también se unen, mientras que algunas cosas se dejan fuera de ciertas experiencias conjuntas. De esta manera toda la vida de la memoria se transforma durante el sueño. Si el hombre sueña, es precisamente porque esta vida transformada de la memoria aparece ante la conciencia y en la constitución del sueño pudiéndose percibir interiormente girando dentro y fuera, lo que, observado desde fuera, puede ser visto por la clarividencia imaginativa.

Pero otra cosa se presenta; aquello que al dormirse hasta despertarse figuran así como recuerdos, lo que forma el contenido principal de la vida del alma astral humana se une durante el sueño con las fuerzas que están detrás de los fenómenos de la naturaleza. Por lo tanto, podemos decir: Todo lo que vive como cuerpo astral en estos recuerdos forma una unión con las fuerzas que se encuentran detrás de los minerales, en realidad en el interior de los minerales, en el interior de las fuerzas de la planta, en las fuerzas que se encuentran detrás las nubes, y así sucesivamente.

A quien pueda percibir esta verdad le suena realmente terrible, debo decir, cuando la gente dice que detrás de los fenómenos de la naturaleza sólo hay átomos materiales. Nuestros recuerdos durante el sueño no se unen con los átomos materiales, sino con lo que realmente está detrás de los fenómenos de la naturaleza, son fuerzas espiritualmente activas. Es con estas fuerzas con las que nuestros recuerdos se unen durante el sueño. Nuestros recuerdos descansan en ellas durante el sueño.

Así podemos decir realmente: Durante el sueño nuestra alma con sus recuerdos se sumerge en el ser interior de la naturaleza, y no se dice nada falso, nada irreal si dice lo siguiente: “Cuando duermo, consigno mis recuerdos a los poderes que gobiernan espiritualmente en el cristal, en las plantas, en todos los fenómenos de la naturaleza”. Puedes ir a dar un paseo y ver por el camino flores amarillas, flores azules, hierba verde y brillantes y prometedoras espigas de maíz y puedes decirles: “Cuando paseo por el día te veo desde afuera, pero cuando me duermo hundo mis recuerdos en tu ser espiritual. Tomas lo que he transformado durante la vida empírica en recuerdos. Tú tomas esta memoria mía cuando me voy a dormir”.

Es quizás el más bello de todos los sentimientos por la naturaleza tener con el rosal no sólo una relación externa, sino también poder decir: “Me encanta el rosal, especialmente porque el rosal tiene esta peculiaridad (tengan en cuenta que el espacio no juega ninguna parte en estas cosas, no importa hasta qué punto la rosa se pueda quitar del espacio pues encontraremos nuestro camino a ella en el sueño) —el rosal tiene esta peculiaridad, que recibe los primeros recuerdos de nuestra infancia”. Esa es la razón por la que la gente ama tanto a las rosas sólo que no son conscientes de ello; pero aman las rosas porque son las receptoras de los primeros recuerdos de la infancia. Cuando éramos niños otras personas nos querían y nos hacían sonreír. Lo hemos olvidado pero forma parte de nuestra vida de sentimientos; y el rosal absorbe en su propio ser mientras dormimos por la noche los recuerdos que hemos olvidado.

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El hombre está mucho más unido de lo que se cree con el mundo exterior de la naturaleza, es decir, con el espíritu que rige en el mundo exterior. Estos recuerdos de los primeros años de la infancia son especialmente notables con respecto al sueño humano, porque en realidad, durante esos años y durante los años que se extienden hasta el cambio de dientes —es decir, hasta el séptimo año de vida—solo se toma el elemento anímico durante el sueño. En cuanto a los seres humanos, es el caso de que la parte espiritual interior de la naturaleza toma en sí misma de nuestra infancia sólo la parte del alma. Por supuesto, otras cosas también son buenas. El elemento anímico que desarrollamos durante nuestra primera infancia (por ejemplo, si fuimos niños crueles) permanece también en nosotros, pero esto es tomado por el cardo. Esto se dice a modo de comparación, pero sin embargo, apunta a una realidad significativa. Lo que no es tomado del niño por la parte interior de la naturaleza se hará inmediatamente evidente a partir de lo que sigue.

En los primeros siete años de vida se ha heredado todo lo que es de naturaleza corporal. Los primeros dientes son enteramente heredados; todo lo que tenemos de naturaleza material dentro de nosotros en los primeros siete años de vida es esencialmente heredado. Pero después de aproximadamente siete años toda la sustancia material se desprende; se desvanece formándose de nuevo. El hombre permanece como una forma,  como una forma espiritual, su parte material poco a poco se aleja. Después de siete u ocho años todo lo que estaba en su cuerpo siete u ocho años antes ha desaparecido. Es un hecho que cuando hemos alcanzado la edad de nueve años, todo nuestro ser ha sido renovado. Luego lo construimos de acuerdo con nuestras impresiones externas.

De hecho, es extremadamente importante, especialmente para el niño en los primeros períodos de la vida, que debe estar en condiciones de construir su nuevo cuerpo  —ya no es el cuerpo heredado sino un cuerpo desarrollado desde su ser interior— según las buenas impresiones de su entorno, y en una sana adaptación a su entorno. Mientras que el cuerpo que un niño tiene al llegar al mundo depende de si los impulsos heredados que ha recibido son buenos o malos, el cuerpo posterior que lleva del séptimo al decimocuarto año depende mucho de las impresiones que recibe de su ambiente.

Cada siete años construimos nuestro cuerpo de nuevo, pero es nuestro yo el que lo reconstruye. Aunque el yo no ha nacido aún en el mundo exterior en un niño de siete años (como saben, sólo nace más tarde), sin embargo, ya está trabajando, porque naturalmente está ligado al cuerpo, y es el yo el que está construyendo en él. Desarrolla las cosas de las que ya hemos hablado; construye lo que aparece como la fisonomía, los gestos, la revelación material externa del alma y el espíritu en el hombre. Es un hecho que un ser humano que tiene un interés activo en el mundo, que está interesado en muchas cosas, y debido a su interés activo por ellas reflexiona sobre ellas y las digiere interiormente, revela de manera material en la expresión externa de su semblante y en sus gestos lo que le ha interesado y absorbido. Sobre el rostro del ser humano que tiene un interés intensamente activo en el mundo exterior, que trabaja internamente sobre los frutos de este interés por las cosas externas, uno verá en cada arruga más tarde en la vida cómo se formó a sí mismo, y uno será capaz de leer mucho en su rostro, porque el yo se expresa en los gestos y en la fisonomía. Un hombre que pasa por el mundo apático o sin interés en el mundo exterior permanece a lo largo de toda su vida con un semblante sin cambios; las experiencias más finas no se imprimen en la fisonomía y los gestos. En muchos aspectos podemos leer toda una biografía; En muchos otros no podemos leer mucho más que el hecho de que él fue niño una vez —que no es algo muy especial.

De esta manera el hecho de que el hombre a través del cambio de su sustancia cada siete u ocho años moldea su propia apariencia externa significa mucho. Esta obra del hombre en su propia apariencia externa, en su fisonomía y gesto, es también algo que lleva en el sueño el ser interior de la naturaleza. Si uno mira al hombre con clarividencia imaginativa y observa al yo fuera de él como lo está durante el sueño, uno ve que realmente consiste en fisonomía y gesto. En aquellos seres humanos que expresan gran parte de su ser interior en su rostro, encontramos un yo radiante y brillante. Ahora bien, este gesto y fisonomía resultante se une también con las fuerzas del ser interior de la naturaleza. Si hemos sido amistosos y amables, la naturaleza está inclinada, tan pronto como esta bondad se ha convertido en una expresión facial, mostrada en el rostro, para tomar esto durante nuestro sueño en su propio ser. La naturaleza recoge nuestros recuerdos en sus fuerzas y en nuestra formación de gestos en su misma esencia, en los seres de la naturaleza.

El hombre está tan íntimamente conectado con la naturaleza exterior que lo que experimenta en su ser interior como recuerdos es de enorme importancia para ella, así como la forma en que expresa su vida interior en su fisonomía y sus gestos porque eso vive más allá en el ser interior de la naturaleza.

He mencionado a menudo un dicho de Goethe, que era realmente una crítica de una observación de Haller. Haller dijo: “En el ser interior de la naturaleza ningún espíritu creado puede entrar. Afortunado es el hombre al que revela incluso su cáscara externa”. A esto, Goethe contestó: “¡Pedante! Estamos en todas partes en el ser interior de la naturaleza. Nada está dentro de ella, nada está fuera de ella; Lo que está dentro está fuera, y lo que está fuera está dentro. Sólo pregúntate quién eres, ya sea el grano o la cáscara”. Goethe dice que oyó esta observación en los años sesenta y la maldijo en secreto; porque sintió (naturalmente no sabía entonces de la Ciencia Espiritual) que cuando alguien a quien sólo podía considerar como pedante decía: “En el ser interior de la naturaleza no puede entrar ningún espíritu creado”, no sabe nada del hecho de que el hombre, simplemente porque es un ser de recuerdos y un ser de fisonomía y de gesto, está entrando continuamente en el ser interior de la Naturaleza. No somos seres que están llamando a la puerta de la naturaleza y golpean en vano. Sólo a través de lo que es nuestro ser íntimo, estamos en la comunión más íntima con el ser interior de la naturaleza.

Debido a que el niño pequeño, hasta el séptimo año, tiene un cuerpo que es enteramente heredado, nada de su yo, de su fisonomía y gesto pasan al interior de la naturaleza. Sólo con el cambio de dientes comenzamos a desarrollar nuestro ser real. Por lo tanto, sólo después del cambio de los dientes nos hacemos gradualmente maduros para pensar en la naturaleza. Antes de ese tiempo surgen pensamientos en el niño más importantes, pensamientos que no tienen mucho que ver con la naturaleza, y por esa razón están tan llenos de encanto.

La mejor manera de acercarse a un niño es hacer poesía en su presencia, representar por ejemplo las estrellas como los ojos del cielo, que las cosas de las que hablamos con el niño estén lo más lejos posible de la realidad física externa.

Sólo a partir del cambio de los dientes en adelante el niño crece de tal manera que sus pensamientos pueden coincidir con los pensamientos de la naturaleza; fundamentalmente toda la vida, desde los siete hasta los catorce años, es tal que el niño crece en dirección hacia el interior, y luego lleva los recuerdos de su alma a la naturaleza, así como sus gestos y fisonomía, y esto continuara a lo largo de toda su vida. En cuanto a cualquier relación con el seres interiores de la naturaleza, nosotros, como seres individuales, sólo nacemos con el cambio de dientes. Por esta razón, los seres que he designado como espíritus elementales, los gnomos y las ondinas, escuchan tan ansiosamente cuando el hombre les relata algo de su vida infantil hasta el séptimo año, porque, en lo que se refiere a estos espíritus de la naturaleza, el hombre sólo nace con el cambio de dientes. El cambio de dientes es para ellos un fenómeno extremadamente interesante. Anterior a esta edad el hombre es para los gnomos y ondinas un ser  “del otro lado” y para ellos es un enigma que el hombre aparezca a esta edad que ya ha alcanzado una cierta perfección!

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Sería extraordinariamente inspirador para la fantasía pedagógica o educativa si un hombre, habiéndose embebido del conocimiento espiritual, pudiera realmente transponerse en estos diálogos con los espíritus de la naturaleza y entrar en el alma de los espíritus de la naturaleza para obtener sus opiniones sobre lo que él es capaz de contarles sobre los niños; Porque de esta manera surgen los más bellos cuentos de hadas. Cuando, en la antigüedad, los cuentos de hadas eran tan maravillosamente aptos y ricos en contenido, era porque los poetas que los componían podían conversar con los gnomos y ondinas, podían decirles algo y no simplemente escuchar algo de ellos.

Estos espíritus de la naturaleza suelen ser muy egoístas, se callan también si no se les dice algo de aquello de lo que están curiosos. Sus historias favoritas son sobre los hechos de los bebés. A cambio, uno puede oír muchas cosas de ellos que pueden entonces ser tejidas en la forma de cuentos de hadas.

Por lo tanto, para la vida espiritual práctica lo que hoy nos parece mucha fantasía puede llegar a ser extremadamente importante. En el caso que estos diálogos con los espíritus de la naturaleza, a causa de las condiciones que he mencionado, pueden ser extremadamente instructivas para ambos lados.

Por otro lado, lo que he dicho puede en cierto sentido causar ansiedad, porque mientras está dormido, el hombre crea continuamente imágenes de su ser más íntimo. Detrás de los fenómenos de la naturaleza, detrás de las flores del campo, y extendiéndose hasta el mundo etérico existen reproducciones de nuestros recuerdos, recuerdos buenos e inútiles; porque la Tierra está llena de lo que vive en las almas humanas, y en realidad la vida humana está muy íntimamente conectada con tales cosas.

Encontramos, pues, ante todo los espíritus de la naturaleza, esos seres en los que penetramos con nuestro mundo de gestos; Pero también encontramos el mundo de los Ángeles, Arcángeles y Arcai,  creciendo también en estos Seres. Entramos en ellos. Nos sumimos en los hechos de los ángeles a través de nuestros recuerdos. Entramos en los seres del mundo angélico a través de lo que hemos impreso en nosotros mismos como fisonomía y gesto. Esta penetración que tiene lugar durante el sueño es tal que podemos decir: “Cuando pasamos por encima de la vida en la naturaleza, el proceso es tal que cuanto más lejos salimos en línea directa, más entramos en las regiones de los Ángeles y Arcángeles y Arcai. Llegamos a la esfera de la tercera Jerarquía. Y cuando en el sueño nos zambullimos con nuestros recuerdos y nuestros gestos en un mar lleno de seres tejedores de Ángeles, Arcángeles y Arcai, entonces del otro lado viene otro flujo de seres espirituales, la segunda Jerarquía, Exusiai, Kyriótetes y Dynamis”.

Si queremos expresar en el mundo exterior lo que acabamos de describir, debemos decir: “Esta corriente fluye de tal manera que el curso del sol durante el día de este a oeste, marca el camino en que la segunda Jerarquía cruza la tercera Jerarquía. La tercera Jerarquía, los Ángeles, los Arcángeles y Arcai, están como flotando hacia arriba y hacia abajo “ofreciéndose unos a otros los cuencos de oro”. En esta entrega tenemos la segunda Jerarquía que va con el sol, por así decirlo, de este a oeste. Esto no es evidente, porque aquí la concepción copernicana del mundo no es válida, pero esta corriente realmente va de este a oeste, siguiendo el curso del sol durante el día.

Así vemos —es decir, si tenemos la capacidad de ver— cómo el hombre durante el sueño crece en la tercera Jerarquía; Pero esta tercera Jerarquía está continuamente siendo permeada graciosamente por otro lado por la segunda Jerarquía. Así, esta segunda Jerarquía también se hace sentir en nuestra vida anímica.

Señalé en la última conferencia, la importancia de transponerse vívidamente de nuevo a las experiencias de la juventud. A este respecto, se puede obtener una sensación muy impresionante si se ocupan de mis Dramas Misterio y leen, tal vez ahora con mayor comprensión de la que se tenía antes, lo que se representa allí con respecto a la aparición de la juventud de Johannes.

De hecho, el hombre puede vivificar su propia naturaleza interior y hacerla intensamente perceptible para sí mismo si regresa activamente a su juventud. Ya dije que podrían volver a mirar los viejos libros de la escuela y de los que tal vez habrán aprendido algo (¡o tal vez no!). Se sumergen en lo que aprendieron o no aprendieron. No importa si uno aprendió algo o no; El punto es que uno debe sumergirse intensamente en lo que vivió anteriormente en él. Porque así puede experimentarlo personalmente. Por ejemplo, para mí personalmente, hace unos años, era de inmenso significado transponerme a una situación así, perteneciente a mi propia juventud. Entonces necesitaba intensificar las fuerzas de la comprensión espiritual. Los siguientes acontecimientos me ocurrieron accidentalmente cuando tenía sólo once años de edad. Me dieron un libro en la escuela. Lo primero que  sucedió fue que, descuidadamente, alteré el tintero y dañé dos páginas, de modo que ya no podía leerlas. Ese fue un acontecimiento de hace muchos años, pero a menudo lo he revivido, ese libro de la escuela con las páginas manchadas y todo lo que experimenté con ello; porque ese libro tuvo que ser reemplazado por una familia pobre. Era algo terrible, todo lo que se podía experimentar a través de este libro de la escuela, con sus gigantescas manchas de tinta.

 Como he dicho, no se trata de haberse comportado bien en relación con la circunstancia que uno recuerda; es más bien una cuestión de haberlo experimentado con intensidad. Si ustedes intentan esto con toda la intensidad interior también experimentarán algo más. Pueden experimentar una verdadera visión de una escena que han vivido interiormente y es evocada en el alma. Cuando llegue la noche y todo este oscuro a su alrededor y están solos, experimentarán la situación como si estuviera extendida en el espacio, lo que antes habían experimentado en el tiempo. Supongamos, por ejemplo, que ustedes evocan ante su alma una escena que experimentaron una vez, digamos, a las 11 en punto. Después fueron a un lugar donde se sentaban entre otros seres humanos. Se sentaban y otras personas le rodeaban. Aquí han recordado algo que se experimenta interiormente. Lo que entonces estaba a su alrededor externamente ahora lo encuentran como una visión espacial. Sólo se necesita buscar tales conexiones y entonces se pueden hacer descubrimientos bastante importantes. Digamos, por ejemplo, que cuando tenían diecisiete años iban a comer a mediodía en una pensión donde los huéspedes estaban cambiando continuamente. Evoquen interiormente en su alma una de esas escenas que experimentaron. Recuérdenlo vívidamente. Más tarde, por la noche se encuentran sentados en la mesa. Alrededor de ustedes están sentadas, personas a quienes no ven a menudo, porque en esa pensión continuamente van y vienen. En un rostro reconoces: “Eso es algo que experimenté en ese momento”. El espacio exterior se agrega a la experiencia del alma, cuando ustedes activan la memoria de esta manera.

Esto significa en realidad que ustedes están viviendo en esa corriente que fluye de este a oeste; porque poco a poco se van sintiendo cada vez más fuertes: allí, en el mundo espiritual en el que entran en el sueño, la vida no consiste simplemente en fundirse con lo espiritual, sino que en lo espiritual transpira algo que se refleja externamente en el momento en que se sentaban alrededor de la mesa de la pensión con esos seres humanos. Lo han olvidado hace mucho tiempo pero todavía está allí. Tú lo contemplas como puedes ver aquellas cosas que a menudo se pueden ver inscritas en el Registro Akáshico. En el momento en que tengas esto ante ti, te has identificado con esta corriente que fluye de este a oeste, la corriente de la segunda Jerarquía. En esta corriente de la segunda Jerarquía vive algo que se refleja exteriormente durante el día.

Ahora los días varían en el curso del el año. En primavera el día es más largo, en otoño más corto; En verano es más largo, en invierno más corto. El día está sujeto a cambios durante el año. Esto es causado por la corriente que fluye de oeste a este, en contra de la corriente de este a oeste; Y esa es la corriente de la primera Jerarquía, de los Serafines, Querubines y Tronos. Observen por lo tanto cómo cambia el día en el transcurso del año. Si ustedes pasan del día al año entonces entran en contacto con lo que se encuentra durante  el sueño como la corriente opuesta. De hecho, es el caso de que vayamos adormilados en el mundo espiritual en línea recta, no en la dirección que va de oeste a este, ni en la dirección que va de este a oeste.

Si nos hacemos conscientes de esto, cuando recordamos algo vívidamente debemos colocar el invierno espacial ante nuestras almas.

Este es también el caso cuando tomamos conciencia de nuestra voluntad. Cuando somos conscientes de que nuestra voluntad es lo entra en nuestros gestos y nuestra fisonomía.

Lo que estoy diciendo debería tener cierta significación especialmente para los euritmistas, aunque, naturalmente, no hay ninguna intención en Euritmia de expresar lo que voy a decir. Es un hecho que el hombre modela su apariencia exterior desde su ser interior, que su yo se expresa cada vez más en su fisonomía y gestos, no sólo recibe la impresión del recordar vívidamente las experiencias interiores de la memoria a la visión espacial de las cosas exteriores. Experimenta una vez más lo que aprendió, digamos a la edad de diecisiete años y ve a las personas con las que se sentó en esa pensión. Las ve en forma de imagen, como en el Registro Akáshico. Esa es la experiencia del Día. Pero también puede experimentarse el año. Esto se hace poniendo atención a la forma en que la voluntad trabaja en nosotros y observando que es relativamente fácil traer la voluntad a la expresión cuando estamos realmente calientes, mientras que es difícil dejar que la voluntad fluya a través del cuerpo si tenemos mucho frío. Cualquiera que pueda experimentar de esta manera la relación entre la voluntad y el hecho de estar cálido o frío podrá gradualmente hablar de una voluntad de invierno y una voluntad de verano.

Encontramos que la mejor expresión de esta voluntad viene de las estaciones. Observemos, por ejemplo, la voluntad que lleva nuestros pensamientos hacia el cosmos. Ellos escapan, por así decirlo, de las puntas de los dedos, y sentimos que es fácil desarrollar la voluntad.

Si estamos ante un árbol, algo en la parte superior del árbol puede darnos un placer particular; Y si la voluntad se calienta en nosotros nuestros pensamientos son llevados a la cima del árbol. De hecho, a menudo van incluso a las estrellas, si en las noches de verano nos sentimos dotados de esta cálida voluntad.

Por otro lado, si la voluntad se ha enfriado dentro de nosotros, es como si todos nuestros pensamientos fueran llevados a nuestra cabeza, como si no pudieran penetrar en los brazos o las piernas; todo entra en la cabeza. La cabeza lleva esta frialdad de la voluntad, y si la frialdad no llega a ser tan severa como para producir una sensación helada la cabeza se calienta por su propia reacción interna y después desarrolla pensamientos.

Así podemos decir: la voluntad del verano nos lleva a las extensiones del universo. La voluntad del Verano, la voluntad caliente lleva nuestros pensamientos a todas las direcciones. El invierno los lleva a la cabeza. Podemos así aprender a diferenciar nuestra voluntad, y entonces sentiremos que la voluntad que nos lleva a todas partes, al cosmos está relacionada con el curso del verano; Mientras que la voluntad que lleva a los pensamientos en nuestra cabeza los sentimos relacionados con el invierno. A través de la voluntad venimos a experimentar el año de la misma manera como lo hicimos anteriormente en el Día.

Existe la posibilidad de sentir como realidad las palabras que voy a escribir en la pizarra. Si un hombre experimenta el invierno en su voluntad humana puede percibirlo de tal manera que se dice:

inviernovoluntad

Estas palabras no son mera abstracción; Pues si un hombre siente su propia voluntad unida a la naturaleza, puede, al acercarse el invierno, sentir como si fuera de su espacio se le llevaran sus propias experiencias, experiencias que él mismo había dado a la naturaleza por primera vez. Puede percibir en las ondas de estas palabras sus propias experiencias que ya han pasado a la naturaleza.

Ese es el sentimiento de la voluntad de invierno; pero el hombre también puede sentir la voluntad de verano que expande nuestros pensamientos hacia el universo:

veranovoluntad

Esto significa que los pensamientos que se experimentan por primera vez en la cabeza pasan a todo el cuerpo. En primer lugar llenan el cuerpo y luego lo presionan hacia fuera del cuerpo. Estas palabras expresan la naturaleza de la voluntad de verano, la voluntad en nosotros que está relacionada con el verano. Podemos también decir: “He llamado desde mi ser interior a la memoria activa de algo experimentado hace mucho tiempo; el día con su noche me enfrenta con él completándolo en la percepción externa del espacio; y que corresponde a la corriente de este a oeste.

Podemos también decir: “En nosotros la voluntad del invierno cambia en voluntad de verano y la voluntad del verano en la voluntad de invierno”. Ya no estamos solo relacionados con el día con su intercambio de luz y oscuridad. Estamos relacionados con el año a través de nuestra voluntad, y por lo tanto identificados con la corriente que fluye de oeste a este, la corriente de la primera Jerarquía, los Serafines, los Querubines y los Tronos.

A medida que avanzamos veremos cómo el hombre se ve obstaculizado o ayudado a través de la herencia o adaptación al medio ambiente con referencia a esta relación con el ser interior de la naturaleza; Porque lo que he explicado hoy se refiere a la manera en que el hombre, si es obstaculizado lo menos posible por las fuerzas luciféricas y ahrimánicas, puede crecer de esta manera con su pensamiento y voluntad en el ser interior de la naturaleza y es recibido por las fuerzas del tiempo, las fuerzas del día y las fuerzas del año – la Tercera Jerarquía, la Segunda Jerarquía y la Primera Jerarquía. Pero las fuerzas Ahrimánicas que aparecen en la herencia y las fuerzas Luciféricas que aparecen en la adaptación al ambiente tienen una influencia esencial en todo esto. Este gran enigma nos ocupará la siguiente conferencia.

Traducido por Gracia Muñoz, Junio de 2017

GA232c2. Centros de Misterios

24 de Noviembre de 1923

 

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Si buscamos continuar el estudio de la naturaleza anímica, a la que dedicamos nuestra atención en la conferencia de ayer e investigar la actividad de la naturaleza anímica en el hombre físico en relación con aquellas cosas que también hablamos ayer, podemos seguir dos direcciones. La memoria indica al alma las experiencias pasadas; el pensamiento conduce al alma, como ayer expliqué, a la existencia etérica. Aquello que puede aferrarse al hombre, incluso con más fuerza que el recuerdo, tan fuerte que los impulsos interiores penetran hasta su sustancialidad corporal, lo denominé el gesto. Al observar el gesto y su naturaleza hemos avanzado hasta la revelación del alma y el espíritu en lo físico.

La entrada completa del hombre en la vida física terrenal es una toma de posesión de lo físico mediante el alma y el espíritu y si para empezar, limitamos nuestras consideraciones a la memoria, encontramos que esto consiste en que lo experimentado a una edad temprana es portado hasta años posteriores. Ahora, cuando la memoria señala a cosas del curso pasado de la vida terrenal, surge la pregunta, ¿hay algo en la vida humana que nos señale aún más hacia el pasado? ¿Podemos remontar la mirada hasta aquello que existe antes de la entrada del hombre en la vida terrenal?

Aquí llegamos a dos cosas, es decir, aquello que el hombre ha experimentado espiritual y psíquicamente en la existencia pre-terrenal (que dejaremos para una posterior consideración) y algo relacionado con la naturaleza física corporal que el hombre como ser individual porta en ella. Me refiero a todo aquello que estamos acostumbrados a designar como la herencia debido a nuestras ideas científico-naturales. El hombre porta consigo justo en las tendencias de su propio temperamento aquellos impulsos, aquellas características, que juegan un papel tan importante en el alma, y que están relacionadas con lo que era característico de sus antepasados físicos.

Por supuesto nuestra humanidad moderna trata tales asuntos con superficialidad, con insensatez. Por ejemplo, esta misma mañana leí un libro que trata de un regente de una conocida casa real, ahora extinta. Este libro se entrega a la cuestión de la herencia en esa familia. Se mencionan cualidades que se remontan hereditariamente hasta el siglo XVII. En ese libro que trata de la herencia encontramos una frase peculiar, que dice aproximadamente: “En esta casa real hay miembros que muestran claramente una tendencia hacia la extravagancia, hacia lo absurdo de la vida, hacia los excesos, etc. Aunque hay también miembros de esta casa que no tienen ninguna de estas tendencias”. Como ustedes ven, esta es una clase de pensamiento peculiar, pues uno podría realmente suponer que un escritor que hace una afirmación de esta índole tendría que admitir que no se pueden extraer conclusiones de tales circunstancias. Pero si examinan muchas de las cosas que en la actualidad conducen a lo que se llaman opiniones bien fundadas encontrarán muchas cosas de esta naturaleza.

Incluso aunque los puntos de vista imperantes sobre la herencia puedan parecer algo superficiales uno debe admitir que el hombre porta consigo características heredadas. Ese es un aspecto; el hombre a menudo tiene que luchar contra estas características heredadas. Debe, por así decirlo, desprenderse de ellas para alcanzar aquello para lo que estaba preparado mediante el proceso de la vida prenatal.

El otro aspecto que atrae nuestra atención es aquello que el hombre adquiere a través de la educación, a través del intercambio con sus prójimos, y también a través del intercambio con la naturaleza exterior. A los hábitos adquiridos a través de la observación de los reinos inferiores de la naturaleza, se les llama la adaptación del hombre a las condiciones que le rodean. Como ustedes saben, nuestra ciencia natural moderna considera estos dos impulsos de la herencia y adaptación como las influencias más importantes sobre los seres vivos.

Cuando penetramos en estos hechos sentimos, si los contemplamos sin prejuicios, que a menos que un hombre encuentre su camino hacia el mundo espiritual, no podrá llegar a conclusión alguna sobre tales cosas. Por tanto hoy consideraremos a la luz del conocimiento espiritual, las cosas que hallamos en cualquier momento de la vida.

Para ello debemos regresar a algo que hemos tratado repetidamente en estudios anteriores. A menudo hemos tenido que referirnos a la salida de la luna del planeta Tierra, y hemos mostrado que la luna estuvo anteriormente unida con la Tierra, y en un determinado punto del tiempo abandonó esta para influenciar sobre ella desde fuera. También he señalado que hay una causa espiritual para esta salida de la luna. Les he contado cómo hubo una vez sobre la Tierra seres sobrehumanos viviendo, que fueron los primeros grandes Maestros de la humanidad, y de los que procede lo que basándose en nuestro pensamiento humano terrenal podría designarse como Sabiduría Primigenia, que se encuentra por doquier como una trama, que es de profunda importancia y suscita reverencia incluso en la forma de restos fragmentarios en que existe hoy en día. Esta sabiduría fue una vez el contenido de las enseñanzas de estos grandes Maestros sobrehumanos en el punto de partida de la evolución terrenal humana.

Estos Seres encontraron su camino en la existencia lunar y allí están hoy, unidos a la luna. Pertenecen a la población de la luna, por así decirlo. Ahora lo importante es que cuando el hombre atraviesa el portal de la muerte, viaja a través de una serie de etapas por el reino del mundo planetario que pertenece a nuestra Tierra. Ya hemos considerado cómo, después de pasar a través de la existencia terrenal, el hombre entra primero en la esfera de actividad de la luna, después en la esfera de actuación de Venus, Mercurio, Sol, etc. Hoy puede interesarnos aprender cómo entra en la esfera de acción de la luna.

Ya he indicado cómo la vida del hombre puede seguirse con la visión Imaginativa más allá del portal de la muerte y que aquello que el hombre es como espíritu aparece después de haber desechado el cuerpo físico, que es entregado a los elementos terrenales, y después de haber visto su cuerpo etérico asumido por la esfera etérica que está unida con la Tierra; aún permanece allí la parte espiritual y anímica del hombre, el yo y el cuerpo astral.

Si, con la visión Imaginativa, seguimos lo que así atraviesa el portal de la muerte, siempre se presenta en una determinada forma. Esa es la forma espiritual que modela la sustancia física que el hombre porta en sí. Esta forma, comparada con el robusto cuerpo físico, no es sino una especie de imagen imprecisa, pero ejerce una profunda e intensa impresión en el sentimiento y percepción del alma. En esta forma la cabeza del hombre aparece débilmente a la mirada del alma. El resto de la forma es robusta, y gradualmente al pasar entre la muerte y un nuevo nacimiento esta forma se transforma en la cabeza de la siguiente encarnación.

Debemos aquí decir algo sobre esta forma que puede observarse con la visión Imaginativa después de que el hombre ha atravesado el portal de la muerte. Lleva una verdadera expresión fisionómica. En cierto sentido es una verdadera imagen de la forma en que el hombre aquí en su vida físico-terrenal fue bueno o malvado. Aquí en la vida terrenal un hombre puede ocultar el hecho de si el bien o el mal prevalecen en su alma, pero tras su muerte ya no puede ocultarlo. Cuando por tanto miramos la forma espiritual que queda tras la muerte vemos que lleva la expresión fisionómica moral de lo que el hombre fue sobre la Tierra.

Alguien que lleve a través del portal de la muerte aquello que es moralmente malo unido a su alma, tiene una expresión fisionómica mediante la cual se hace exteriormente similar, si se puede decir así, a las formas ahrimánicas. Es absolutamente un hecho que, durante el primer período tras la muerte, el sentimiento y percepción completa del hombre está condicionado por aquello que puede reproducir en sí mismo. Si él tiene la fisionomía de Ahriman, porque ha portado el mal moral en su alma, al atravesar el portal de la muerte, sólo puede reproducir, lo que significa percibir, lo que se asemeja a Ahriman. En cierto sentido esta psíquicamente ciego ante aquellas almas humanas que han atravesado el portal de la muerte teniendo una buena disposición moral. Ciertamente, es el más severo juicio que el hombre puede sufrir tras atravesar el portal de la muerte, que en la medida en que él mismo es malvado sólo es capaz de ver a aquellos seres que son como él mismo, porque sólo puede reproducir en sí aquello que forma la fisionomía de los seres humanos malvados.

Habiendo atravesado el portal de la muerte él entra ahora en la esfera lunar. Allí entra en la presencia de seres suprasensibles y suprafísicos, pero siempre en la medida en que son similares fisionómicamente a él mismo; así aquel que porta el mal a través del portal de la muerte entra en contacto con formas ahrimánicas. Este paso a través de un mundo ahrimánico, posee en el caso de ciertos seres humanos un significado bastante definido en la conexión completa de los sucesos cósmicos; y comprenderemos lo que sucede allí realmente si tenemos en cuenta el verdadero propósito del viaje de los sabios Guías humanos de la antigüedad a la colonia lunar del cosmos.

Además de los Seres de las Jerarquías superiores a los que habitualmente llamamos ángeles, arcángeles, etc., existen también, vinculados con la totalidad de la evolución cósmica aquellos Seres que pertenecen a los reinos de Lucifer y Ahriman. Estos Seres actúan en la conexión cósmica igual que lo hacen aquellos que se desarrollan normalmente. Los seres Luciféricos actúan de forma tal que buscan alejar de la materialidad física aquello que tiene la tendencia en sí de sumergirse en aquella. En la esfera de la humanidad los seres Luciféricos actúan de tal forma que utilizan cualquier oportunidad para alejar al hombre de su cuerpo físico. Los seres Luciféricos se afanan en hacer del hombre un ser etérico psíquico puramente espiritual. Las formas Ahrimánicas sin embargo se afanan en separar del hombre todo aquello que pueda desarrollarse hacia una naturaleza psíquica y espiritual, naturaleza que debería desarrollarse ahora en la humanidad. Les gustaría cambiar lo sub-humano –aquello que reside en los impulsos, instintos y demás, y que se expresa en el cuerpo– y transformarlo en lo espiritual. Transformar al hombre en un ser espiritual es la tendencia tanto de los seres Luciféricos como de los Ahrimánicos.

O Baron Arild Rosenkrantz10

 

Lucifer busca extraer del hombre el espíritu y el alma de tal forma que ya no se preocupe de las encarnaciones terrenales sino que desee vivir únicamente como un ser anímico-espiritual. Los seres Ahrimánicos por el contrario prefieren no preocuparse en absoluto por el alma y el espíritu del hombre; sino que buscan separar y llevarse a su propio mundo aquello que le es dado al hombre como una envoltura, como una vestidura, como un instrumento, es decir, el cuerpo físico y etérico.

El hombre encara por un lado a los Seres de las Jerarquías que se desarrollan normalmente, pero como está entretejido en la existencia completa, encara también las formas luciféricas y ahrimánicas.

El hecho es que cada vez que las formas luciféricas hacen esfuerzos para acercarse al hombre, su objetivo es alejarle de la Tierra. Por otra parte, cuando las formas ahrimánicas se esfuerzan por dominarle, buscan hacerlo más y más terrenal, aunque también desean espiritualizar la Tierra en una densa sustancia espiritual e impregnarla de condensadas fuerzas espirituales.

Cuando hablamos sobre asuntos espirituales hemos de utilizar expresiones que quizás puedan parecer grotescas, pero debemos utilizar el lenguaje humano. Por tanto permítanme utilizar palabras humanas habituales para algo que tiene lugar puramente en el espíritu; ustedes me comprenderán. Tendrán que elevar lo que debo expresar de esta manera a lo espiritual.

Los mismos seres que, como grandes Maestros trajeron al hombre aquella antigua sabiduría al comienzo de la existencia terrenal, se retiraron a la Luna para, en la medida de sus poderes, poner a los elementos Luciféricos y Ahrimánicos en la relación correcta con la vida humana. ¿Por qué fue esto necesario? ¿Por qué seres tan elevados como estos grandes Maestros Primigenios decidieron abandonar la esfera terrenal en la que habían actuado durante un tiempo, y marcharon a la esfera lunar fuera de la Tierra, para en la medida de lo posible situar a los elementos Luciféricos y Ahrimánicos en la correcta relación con el hombre?

Cuando el hombre, como ser anímico y espiritual, desciende a la esfera terrenal desde su existencia preterrenal, atraviesa aquel sendero que he descrito recientemente en el ciclo de conferencias sobre “Cosmología, Filosofía y Religión”. Él tiene una existencia psíquico-espiritual definida. El hombre une esto con lo que le es dado con la pura línea hereditaria a través de sus padres en la existencia física embrionaria. Estas dos, la existencia física embrionaria y la espiritual se interpenetran la una con la otra. Se unen entre sí; y de esta manera el hombre deviene a la existencia terrenal. Pero en aquello que vive en la línea hereditaria, en lo que desciende de los ancestros en forma de características heredadas, está contenido aquello que da a los seres ahrimánicos su punto de incisión sobre la naturaleza humana. Las fuerzas ahrimánicas moran en las fuerzas de la herencia, y cuando el hombre porta en sí muchos de estos impulsos heredados, tiene una naturaleza corporal en la que el yo no puede entrar plenamente. Ciertamente el secreto de muchos seres humanos es que tienen dentro de sí demasiados impulsos heredados. Esto se llama actualmente “estar cargado con la herencia”. La consecuencia de esto es que el yo no puede penetrar completamente en el cuerpo; no puede rellenar completamente todos los órganos individuales del cuerpo. Así el cuerpo en cierto sentido desarrolla una actividad propia paralela a los impulsos del yo al que realmente pertenece ese cuerpo. Así estos poderes ahrimánicos, al esforzarse por incidir lo máximo posible en la herencia, logran de este modo que el yo encaje con demasiada holgura en el ser humano; ese es el asunto.

El hombre está sin embargo sujeto también a la influencia de condiciones externas. Ustedes pueden darse cuenta de con cuánta fuerza el hombre está sujeto a estas condiciones  si consideran toda la influencia que las condiciones climáticas o geográficas tienen sobre él. Esta influencia del entorno puramente natural es ciertamente de extraordinaria importancia para el hombre. Hubo incluso momentos en que esta influencia del entorno natural se utilizó de una forma especial en la guía de los sabios líderes de la humanidad.

Por ejemplo, vamos a considerar algo muy extraordinario en la Antigua Grecia, la distinción entre espartanos y atenienses, debemos afirmar que esta diferencia, que se describe de una manera muy superficial en nuestros libros ordinarios de historia, reside sobre algo que se remonta a las regulaciones de los antiguos Misterios, que actuaron de tal forma que produjeron diferentes resultados para los espartanos y los atenienses.

En la antigua Grecia se prestaba mucha atención a la gimnasia como el principal factor en la educación del niño; pues de acuerdo con el método griego, al actuar sobre el cuerpo de una determinada forma también se actuaba indirectamente sobre el alma y el espíritu. Pero esto tuvo lugar de una forma para los espartanos y de otra diferente para los atenienses. Para los espartanos, se consideraba necesario por encima de todo permitir que los chicos se desarrollasen de tal forma que a través de sus ejercicios gimnásticos adquirieran en la medida de lo posible aquello que actuaba interiormente sobre el cuerpo, sólo por medio del cuerpo. Por tanto el muchacho espartano era impulsado a realizar sus ejercicios gimnásticos sin importar el clima.

Esto era diferente para los atenienses. Estos ponían gran énfasis en que sus ejercicios gimnásticos estuvieran adaptados a las condiciones climáticas. Ellos tuvieron mucho cuidado de que el chico que efectuaba sus ejercicios estuviera expuesto a la luz solar de la manera correcta. Para los espartanos era indiferente que los ejercicios se efectuasen bajo la lluvia o a la luz del sol, pero los atenienses exigían que las condiciones climáticas, especialmente los efectos solares, actuaran como un estímulo para ellos. El muchacho espartano era tratado de tal modo que su piel se hacía impermeable, de forma que todo lo que desarrollase en sí mismo proviniera de la corporalidad interior. La piel del muchacho ateniense no era masajeada con arena y aceite, sino que estaba expuesta a la acción del sol. Aquello que puede entrar en el hombre desde el exterior, a partir de los efectos del sol, pasaba así al interior de los muchachos atenienses. El muchacho ateniense era animado a ser elocuente, a expresarse con hermosas palabras. El muchacho espartano, por otra parte, era encerrado en sí mismo por medio de todo tipo de masajes con aceite; ciertamente al masajear la piel con arena y aceite se le entrenaba para desarrollar todo en sí mismo independientemente de la naturaleza exterior. Se le obligaba así a llevar a su naturaleza interna todas las fuerzas que la naturaleza humana puede desarrollar y no exteriorizarlas. Así, no llegó a ser elocuente como el muchacho ateniense, pero de esta manera se consiguió que fuera reticente, que hablara muy poco, que permaneciera silencioso. Si decía algo tenía que ser significativo. Tenía que tener contenido. Los discursos espartanos, que se escuchaban raras veces, se distinguían por el peso de su contenido. Los discursos atenienses se distinguían por la belleza de su lenguaje. Todo esto se hallaba relacionado con la adaptación del hombre a su entorno por medio del sistema de educación correspondiente.

Ustedes también pueden ver en otros lugares esta relación mantenida entre el hombre y su entorno. Los hombres de las regiones del sur, sobre los que actúan los efectos exteriores del sol, son más prolíficos en gestos; también son más habladores. Se desarrolla en ellos un lenguaje que tiene melodía porque en su desarrollo del calor interior están conectados con el calor exterior. Los hombres de las regiones del norte, por otro lado, se desarrollan de tal modo que no son habladores, porque tienen que retener en ellos su calor corporal como impulso. Consideren a los hombres del norte. Son conocidos por su silencio. Pueden sentarse juntos durante toda la noche sin sentirse obligados a pronunciar muchas palabras. Un hombre puede hacer una pregunta. El otro tal vez le responda con un “no” o “sí” después de dos horas, o tal vez la noche siguiente. Esto se haya relacionado con el hecho de que estos hombres del norte están obligados a tener en su interior un impulso más fuerte para la creación de calor interior, porque en ellos no penetra calor desde el exterior.

Aquí tenemos algo que podríamos llamar la adaptación del hombre a las condiciones naturales exteriores. Observen pues cómo todo esto se encuentra activo en la educación y en la vida anímico-espiritual general. Ahora bien, igual que los seres ahrimánicos poseen una influencia esencial sobre lo basado en la herencia, del mismo modo los seres luciféricos tienen una influencia esencial sobre la adaptación. Aquí pueden llegar al hombre cuando está desarrollando su relación con el mundo exterior. Enredan el yo humano en el mundo exterior; y al hacerlo a menudo confunden a este en el ámbito del karma.

Así mientras los seres ahrimánicos pueden poner al hombre en un estado de confusión en lo referente a su yo y sus impulsos físicos, los seres luciféricos le confunden en lo que respecta a su karma; pues aquello que proviene del mundo exterior no siempre se basa en el karma, sino que ha de ser tejido primero en el karma del hombre por medio de muchos hilos y conexiones de forma que su karma pueda residir en el futuro.

De esta forma las influencias Luciféricas y Ahrimánicas están íntimamente conectadas con la vida humana y han de ser reguladas. Deben ser reguladas a lo largo de la evolución del hombre. Por esa razón se hizo necesario que estos Maestros Primigenios de la Humanidad abandonasen la Tierra —en la que no podrían haber emprendido esta regulación porque no se puede emprender durante la vida terrena del hombre, y el hombre, cuando sale de su vida terrenal ya no está en la Tierra— por tanto estos antiguos Maestros de la humanidad tuvieron que retirarse de la Tierra, y proseguir su existencia en la Luna. Aquí estoy obligado a revestir con el discurso humano algo para lo que uno realmente requiere otras palabras-imagen. Después de que estos antiguos Maestros de la humanidad (Protomaestros) se hubieran retirado a la Luna tuvieron que buscar, durante su existencia lunar, un acuerdo con los poderes Ahrimánicos y Luciféricos. Ahora la aparición de los poderes Ahrimánicos sería especialmente perjudicial para el hombre en su existencia tras la muerte si, durante esa existencia, pudieran ejercer su influencia sobre él; pues si el hombre atraviesa el portal de la muerte llevando las secuelas de algo malvado en su alma, entonces, como ya les he explicado se encuentra completamente en un entorno Ahrimánico, ciertamente, incluso tiene una apariencia ahrimánica. Él mismo tiene un aspecto ahrimánico y sólo percibe a aquellos seres humanos que también poseen una fisonomía ahrimánica. Eso debe seguir siendo una experiencia puramente psíquica en su alma. Si Ahriman pudiera intervenir ahora, si pudiera ahora influir sobre el cuerpo astral, esto se convertiría en una fuerza que Ahriman enviaría al hombre y que no podría equilibrarse kármicamente, sino que pondría al hombre y a la Tierra en una relación muy cercana. Esto es lo que los poderes Ahrimánicos se afanan por lograr. Ellos desean, tras la muerte, mientras el hombre en su forma espiritual aún se parece a su forma terrenal, desean introducirse en aquellos seres humanos en los que les es posible introducirse, gracias a los impulsos malignos que portan al atravesar el portal de la muerte. Ellos desean impregnar gradualmente esta forma espiritual en tantos seres como sea posible con sus propias fuerzas, atraerlos hacia abajo a la existencia terrenal y establecer una humanidad Ahrimánica terrenal.

Por tanto los antiguos y sabios Maestros de la humanidad que ahora habitan la luna hicieron un pacto con los poderes Ahrimánicos, que tuvo que ser firmado por esos poderes por razones que explicaré más tarde, según las cuales permitían que los poderes Ahrimánicos influyeran en el más pleno sentido de la palabra sobre la vida del hombre antes de descender a la vida terrenal.

Así, cuando el hombre, en su descenso a la vida terrenal, atraviesa de nuevo la esfera lunar, entonces, según el acuerdo hecho entre los sabios y antiguos Maestros de la humanidad y los poderes Ahrimánicos, estos tienen una influencia definida sobre él. Esta influencia se manifiesta en el hecho de la herencia. Como contrapartida, ya que gracias a los esfuerzos de los antiguos sabios Maestros de la humanidad, esta esfera de la herencia había sido asignada a los seres Ahrimánicos, estos renunciaban a tomar parte en lo que vive en la evolución del hombre tras la muerte.

De manera inversa se concluyó un acuerdo con los seres Luciféricos mediante el cual estos seres sólo tendrían una influencia sobre el hombre después de que hubiera atravesado el portal de la muerte, y no antes de que descendiera a la existencia terrenal.

De ese modo, a través de los antiguos sabios Maestros de la humanidad, surgió una regulación de las influencias de los seres Ahrimánicos y Luciféricos ejercidas fuera de la Tierra. Ya hemos visto y sólo necesitamos considerar el asunto cuando se hace inmediatamente claro que el hombre es puesto bajo la influencia de la naturaleza gracias a que los seres ahrimánicos son capaces de actuar sobre él. Antes de su descenso a la Tierra el hombre se haya expuesto a las influencias de la herencia. A través de las influencias de los seres Luciféricos está expuesto a aquellos impulsos que subyacen en su entorno físico, en el clima y demás, también en los impulsos que subyacen en su entorno psíquico, espiritual y social a través de la educación, etc. El hombre entra así en relación con su entorno natural, y en este entorno pueden actuar tanto las influencias Ahrimánicas como las Luciféricas.

Ahora me gustaría hablar de otro aspecto relativo a la existencia de estos seres Luciféricos y Ahrimánicos en este ambiente natural. Ya he tocado estas cosas al discutir el enigma de Michael, pero ahora trataré de aclararlo más.

Imagínense el cambio que tiene lugar en nuestro entorno natural en el fenómeno de una niebla creciente. Las exhalaciones acuosas de la Tierra ascienden. Vivimos dentro de la atmósfera, que se satura con este ascenso de los vapores acuosos terrenales. Alguien que ha desarrollado la visión espiritual descubre que en este fenómeno natural puede vivir algo que transporta el elemento terrenal hacia arriba en una dirección centrífuga.

niebla

No sin razón los hombres que viven en zonas con niebla suelen ser melancólicos, pues hay algo en experimentar la niebla que aplasta nuestra voluntad. Experimentamos un aplastamiento de nuestra voluntad con la niebla.

Ahora mediante ciertos ejercicios puede uno desarrollar su imaginación de forma que pueda aplastar su propia voluntad. Se puede hacer por medio de ejercicios que consisten en que el hombre se concentre interiormente en ciertos órganos del cuerpo, y produciendo una especie de sentimiento interior de los músculos (cuando una persona camina y siente sus músculos es diferente que contraer un músculo mediante la concentración cuando está en reposo). Cuando este ejercicio se practica regularmente como los ejercicios descritos en “Cómo se Alcanza el Conocimiento de los Mundos Superiores” entonces sobrecarga su voluntad a través de su propia actividad. Entonces comienza a ver lo que está presente en la niebla, que puede volver a las personas taciturnas y melancólicas. Él entonces ve, espiritual y psíquicamente, que en la niebla, viven ciertos espíritus ahrimánicos. Debe decirse entonces con cognición espiritual: En la niebla surgen desde la Tierra hacia el espacio cósmico espíritus ahrimánicos que extienden así su existencia más allá de esta.

De nuevo, es distinto cuando, aquí en la región del Goetheanum donde el hermoso entorno ofrece tantas oportunidades, dirigimos nuestra mirada por la tarde y por la mañana al cielo, y vemos las nubes sobre las que se posa la luz del sol. Hace unos días pudieron ver por la tarde una especie de luz solar rojizo-dorada incorporada en las nubes, que producía las más hermosas formas de una manera maravillosa. En la noche de ese mismo día la luna brilló con especial intensidad. Pero pueden ver por doquier las nubes con esta iluminación desplegando sobre ellas un hermoso juego de colores. Esto puede verse en cualquier lugar; estoy hablando simplemente de algo que puede ser especialmente hermoso aquí.

En esa radiante luz que se despliega en la atmósfera sobre las nubes, viven los espíritus luciféricos, igual que los espíritus Ahrimánicos viven en la niebla. En realidad, para alguien que puede ver los eventos de la naturaleza de la manera correcta, conscientemente, con imaginación, permitiendo que sus pensamientos ordinarios salgan y acompañen a las formas y los colores de las cambiantes nubes, dando juego a sus pensamientos en vez de fijarlas en contornos afilados, y que es capaz de cambiarlos o transformarlos cuando los pensamientos mismos se expanden o contraen al salir con estos cúmulos y acompañarlos en su forma y color, entonces él realmente comienza a contemplar el juego del color en las nubes, especialmente por la tarde o por la mañana, como un océano de color en el que se mueven las formas Luciféricas. Y mientras que, a través de la niebla surgen sentimientos melancólicos en el hombre, es ahora cuando sus pensamientos y al mismo tiempo hasta cierto grado sus sentimientos aprenden a respirar como en una libertad sobrehumana al ver este fluyente océano luciférico de luz. Esa es una relación especial con su entorno que el hombre puede cultivar, pues él puede entonces realmente elevarse hasta el sentimiento de que su pensamiento es como una respiración de luz. El hombre siente entonces su pensamiento, lo siente como una respiración de luz.

luz del amanecer

Si emprenden voluntariamente estos ejercicios, entonces comprenderán mejor esa parte de mis Dramas Misterio donde hablo de los Seres que respiran luz. El hombre puede incluso ahora obtener una premonición de lo que son esos Seres que respiran luz, si emprende los ejercicios que acabo de describir.

Entonces descubrimos cómo los seres Luciféricos y Ahrimánicos están incorporados en los fenómenos de la naturaleza exterior. Cuando estudiamos los fenómenos de la herencia y la adaptación al entorno en el ser humano nos damos cuenta de que en estos el hombre lleva su alma y su espíritu a la naturaleza. Si observamos los fenómenos de la naturaleza como la niebla y las nubes bañadas en luz vemos cómo los seres Ahrimánicos y Luciféricos se unen a la naturaleza. Pero el acercamiento del alma y del espíritu humano a la naturaleza a través de la herencia y la adaptación al entorno es también, como he mostrado hoy, sólo un acercamiento a lo Luciférico y Ahrimánico.

Así, cuando contemplamos la naturaleza del hombre encontramos en ella las influencias Luciféricas y Ahrimánicas; y en esos fenómenos de la naturaleza que tienen lugar dentro de ella y de los que el físico no se preocupa, encontramos de nuevo los elementos luciféricos y ahrimánicos. Ese es el punto de partida desde el cual podemos observar una actividad de la naturaleza sobre el hombre que se extiende más allá de la existencia terrenal.

Fijemos esto firmemente hoy en nuestras mentes. Encontramos a Ahriman y a Lucifer en la herencia y en la adaptación al entorno. Encontramos a Ahriman y a Lucifer en la niebla y en la luz que se vierte sobre las nubes y es retenida por ellas; y encontramos en el hombre el esfuerzo por crear un ritmo y un equilibrio entre la herencia y la adaptación al entorno. Pero también encontramos fuera en la naturaleza el esfuerzo de crear el ritmo entre los dos poderes cuya existencia en la naturaleza he mostrado, el Luciférico y el Ahrimánico.

Si siguen el proceso completo fuera en la naturaleza, tienen un hermoso drama. Observen la niebla y vean cómo en ella los espíritus ahrimánicos se afanan por salir al espacio cósmico. En el momento en que la niebla forma nubes, estos seres han de cejar en su empeño y regresar de nuevo a la Tierra. En las nubes el presuntuoso esfuerzo de Ahriman encuentra sus límites. En las nubes la niebla cesa, y con ella la morada de Ahriman; en las nubes comienza la posibilidad de que la luz repose sobre ella, Lucifer reposa sobre las nubes.

Capten el significado completo de esto. Imaginen la niebla creciente con formas ahrimánicas amarillo-grisáceas transformándose en nubes; mientras en aquello que se forma en la luz que fluye sobre las nubes las formas luciféricas se afanan por descender, y tendrán la imagen de lo Ahrimánico y lo Luciférico en la naturaleza.

Entonces comprenderán los tiempos en que había un sentimiento por lo que reside al otro lado del Umbral, por aquello que teje y vive en las brillantes nubes, por aquello que teje y vive en la niebla que asciende; de forma que en aquellos días los pintores, por ejemplo, estaban en una posición bastante diferente de la que asumieron después. Entonces el color, que para ellos era de naturaleza espiritual, asumió su lugar correcto en el lienzo. El poeta, consciente entonces de que lo Divino, el Espíritu, hablaba en él, podía decir: “Canta, Musa, la cólera de Aquiles”, o “Cántame, Musa, la historia del hombre que recorre muchos senderos”. Así comienzan los poemas de Homero. Klopstock, que vivió en una época en que el sentido por lo divino-espiritual ya no estaba vivo, escribe en su lugar: “Canta, Alma Inmortal, acerca de la redención de los hombres pecadores”. A menudo he hablado de esto. Igual que los poetas de tiempos antiguos podían hablar así, del mismo modo los antiguos pintores, incluso en la época de Rafael o de Leonardo, podían decirlo, porque ellos también lo sentían a su modo: “Pinta para mí, oh Musa. Pinta para mí, oh Divino Poder. Dirige mis manos, lleva mi alma a mis manos, para que Tú puedas guiar el pincel en ellas”.

Realmente se trata de comprender esta unión del hombre con lo espiritual en todas las situaciones de la vida, y la mayoría de ellas en las más importantes.

Así que tengamos esto claro, que por un lado, en la herencia y en la adaptación al entorno, llevamos al ser humano hacia Lucifer y Ahriman; mientras que, por otra parte, en una verdadera comprensión de la naturaleza, llevamos los elementos luciférico y ahrimánico hacia la naturaleza exterior. Desde este punto de vista continuaremos nuestras observaciones en la próxima conferencia.

Traducido por Gracia Muñoz. Junio de 2017