Las doce noches santas

Conferencia no revisada por Willi Sucher, Albrighton Hall, 6 de enero de 1953

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Ya han pasado las 12 Noches Santas y los símbolos del árbol de Navidad han desaparecido. En la 13va noche nos alejamos del recuerdo de las estrellas, y traemos del cosmos la Imaginación de los Tres Reyes y Epifanía, cuando Cristo ingresó en la Tierra.

Existe una costumbre durante la Epifanía, en la cual los Tres Reyes vienen a limpiar el árbol de Navidad, y se lo llevan. Ellos, que eran los maestros de la antigua sabiduría de las estrellas, tenían que quitar los símbolos de las estrellas para que regresáramos a la Tierra.

Ahora hablaremos de Venus Oculto, la estrella de los Hechos. Este Venus Oculto es la verdadera estrella de seis puntas, que se dibuja por medio de los movimientos del planeta que llamamos Mercurio. Y así como la estrella de cinco puntas nos recuerda la compasión y sanación de los pastores, la estrella de seis puntas de Venus Oculto nos recuerda a la verdadera estrella de los Reyes Magos. Es la estrella de las Escrituras.

Y aquí tenemos una dificultad, ya que en la astronomía moderna este planeta se llama Mercurio. Si tomamos la posición de Venus Oculto visto desde la Tierra, encontraremos que a veces se encuentra por detrás del Sol y a veces delante de él, ya que siempre permanece alrededor del Sol. Los lazos y las conjunciones describen una estrella de seis puntas, que no podemos ver, pero que en el transcurso de 40 años, estas conjunciones van  girando alrededor del zodiaco, llegando a un grado o así de su punto de partida anterior. Las conjunciones inferiores son compresiones o contracciones y las conjunciones superiores son más ligeras o expansiones.

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Cuando  Mercurio Oculto cruzó el Sol, frente a la Tierra, surgió la raza negra —luz y oscuridad. Los guardianes, responsables de ayudar a crear las diferentes razas, ocultaron este significado. La Sabiduría de los Magos tiene de hecho poderes mágicos. Uno de los Reyes Magos vino de Persia, donde cultivaban el suelo. Los siete signos de Cristo son como una especie de arquetipo sanador. Los Tres Años no están realmente completos, son 2¼ años. Tenemos siete signos durante los cuales ocurren las conjunciones inferiores de Venus Oculto con el Sol. Cristo había tomado las fuerzas de la luz procedentes de las anteriores conjunciones superiores de Venus Oculto con el Sol y las manifestó a través de Signos durante las conjunciones inferiores que le siguieron.

Los siete ciclos de Venus Oculto en estos 2 años y medio corresponden a los siete Signos dados por Cristo y que se encuentran en el Evangelio de San Juan. A esto también le hemos unido la siete división heptagesimal de los planetas, y también podemos ver cómo se asocian con los días de la semana.

Podemos ver a Saturno en la Primera Señal, las bodas de Canaán. Aquí es donde Cristo dio un paso adelante a través de Jesús, por así decirlo; era el principio del Servicio, por el cual el “Yo” ahora hizo vino del agua, ahora tomó el lugar el vino.

El Segundo Signo, la curación del hijo del Noble de Cafarnaúm, reveló el Misterio del Sol. La curación tuvo lugar en la 7ª hora, al mediodía a mediados de verano.

El tercer signo fue la curación del hombre que estuvo enfermo durante 38 años en el estanque de Bethesda, revelando el misterio de la Luna. Las aguas de la fuente eran movidas a veces por un ángel, y el que entraba primero era sanado, pero no había nadie para ayudar al enfermo a  entrar en la fuente a tiempo. El Cristo le pregunta al enfermo si quiere ser sanado, luego le ordenó que tomara su cama y se fuera a casa. La curación ocurrió  en el día de reposo en el 31DC. El nodo de la Luna tiene un ritmo de unos 38 años, y el hombre había estado enfermo durante 38 años.

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Los planetas no se mueven exactamente en el mismo plano. El plano de la Luna está ligeramente inclinado al de la Tierra, y por lo tanto el plano orbital de la Luna cruza el de la Tierra en un punto o nodo descendente, y un punto o nodo ascendente. Estos nodos giran alrededor del plano de la Tierra. Una vuelta completa del nodo de la Luna toma cerca de 18 años y 7 meses. Dos vueltas de nodo lunar son 37 años y 3 meses, y 31 años a partir de 38 llega al año 7 AC, cuando hubo tremendos eventos en el cielo. Sucesos majestuosos, como el primero en el año 7 aC., anunciando la inminente encarnación de Cristo, cuando hubo un tremendo eclipse. Ese hombre cayó enfermo en ese momento, como un reflejo de la Gran Caída en el cosmos (ver Antigua Luna III). Este hombre no pudo recibir el mensaje del Sol y tuvo que esperar 38 años. Entonces vino el Ser Solar y sanó el misterio de la Luna, con el Sol descendiendo hacia la ella; Es decir, el Sol volviendo y entrando nuevamente en la Luna.

Mirando hacia atrás de estos acontecimientos podemos traer a la luz el significado de Cristo. Las estrellas están avanzando; El Cristo se ha unido con la Tierra. Júpiter en Aries-Kyriótetes; El Cordero de Dios. Tales eventos ocurren sólo una vez. Una vez, las fuerzas de Júpiter en Aries fueron llevadas a la Tierra; Ahora podemos mirar hacia la Tierra y visualizar en imágenes vívidas el gran cosmos y el líder espiritual de los Kyriótetes. Esto se refiere al universo entero.

(1) Saturno / Sábado: La boda en Cana.

(2) Domingo / Domingo: La curación del hijo del Noble de Cafarnaúm.

(3) Luna / Lunes: La curación del hombre que estaba enfermo 38 años.

(4) Marte / Martes (uniendo el Sol y la Luna) -La Alimentación de los 5000. Marte, que estuvo activo durante la primera mitad de la evolución de la Tierra, ahora se convierte en el servidor, el Pan. En este Cuarto Signo, la estrella de Venus Oculto señala efectivamente el futuro lejano. Júpiter también señala el futuro. Nuestros pensamientos se convertirán en la sustancia del futuro Júpiter. Contemplaremos el espíritu. Venus Oculto será capaz de crear el Espíritu. Mercurio (Venus oculto) llega al lugar donde tuvo lugar la alimentación de los 5.000. Y aquí podemos  experimentar vívidamente la alimentación de los 5.000. En un futuro lejano, la humanidad podrá hacer mayores obras.

(5) Mercurio Oculto / Miércoles: Cristo camina sobre el Mar: Mercurio es el planeta de la paz. Tal y como se ve desde la Tierra, Venus conjunta al Sol y luego esta Mercurio justo antes de hacer conjunción con el Sol, y Júpiter está en Tauro. Las cuatro de la madrugada en el reloj. Antes del amanecer, los discípulos estaban atrapados en los elementos, luego el Sol se elevó. Cristo calmó el mar con las fuerzas de Mercurio.

(6) Júpiter / Jueves: La curación del hombre que era ciego desde el nacimiento: se trataba de un  despertar de las fuerzas de Júpiter. Preparación para el futuro mientras duren los días. “Yo Soy la Luz del mundo y del Cosmos”. Cristo da su propia sustancia -símbolo del choque entre la oscuridad del pasado y la luz del futuro.

(7) Venus Oculto / Viernes: La Resurrección de Lázaro  —Hubo una conjunción superior en Capricornio / Cabra: “Yo Soy la Puerta” (San Juan, Capítulo 10) y una conjunción inferior, un lazo, en Piscis. En Venus Oculto tenemos a los Misterios, y en el séptimo ciclo, los Misterios se manifiestan en la Resurrección de Lázaro (San Juan, Capítulo 11).

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Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

La Renovación de los Antiguos Misterios Persas

Willi Sucher – 17 de julio de 1966

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Rudolf Steiner habló acerca de de la importancia de la cronología persa, y debemos hacer un gran esfuerzo para conseguir ver por detrás de sus palabras. La antigua relación persa era que 12 meses era igual a un mes de 28/29, 30, 31 días. Ésta era la base de la astrología persa en la era de Géminis.

¿Qué se obtiene de esto?, Cronos (Saturno) se ve referido al tiempo, siendo un tipo de medida. Sabemos que cada día consiste en 24 horas, o una rotación de la Tierra alrededor de su eje. Un mes es la rotación del calendario lunar. Estas lunaciones (órbita sinódica) progresan de Luna Nueva a Luna Nueva, lo que toma 29,5 días. Un año es cronometrado por la trayectoria aparente del Sol alrededor de la Tierra, volviendo a la misma posición en 365 días.

Estos son todos los estándares cósmicos, y son la base de todas nuestras mediciones de tiempo (dibujo). Una órbita es el camino de la rotación de la Tierra alrededor de su eje. El Sol, la Luna y los planetas transitan a través de sus propias órbitas.

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También sabemos que en la prospección de la Tierra se utiliza un punto fijo para evaluar el tamaño de un espacio de tierra particular. Se  proyecta un estándar minimizado del espacio en un espacio más grande, o un tiempo minimizado en un tiempo más grande, con respecto a la medida del espacio y del tiempo. Esto se llama progresión; Por ejemplo, un día es esencialmente lo mismo que un año, aunque toma menos tiempo. Representa simbólicamente una rotación más grande. Esto puede usarse como un medio para descubrir el tiempo. Un día -o grado-  solar  después del nacimiento puede representar un año de vida. Si el Sol se mueve diez grados después del nacimiento, esto se refleja en el décimo año de la vida. Hay todo tipo de progresiones que demuestran que la parte refleja el todo, y el todo refleja la parte. Hoy tomaremos tales proyecciones, por ejemplo, el estándar de la lunación.

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Cuando un lado de la Luna está iluminado por el Sol, tenemos una Luna Nueva en la Tierra, y esta Luna regresa al mismo lugar después de 27,3 días, pero el Sol se habrá movido a otra posición que la Luna debe seguir. Así que añadimos dos días, y este es el mes sinódico. Durante un año, hay doce lunaciones, con una brecha de unos días excedentes, o 12,37 días. Experimenten donde vuelve el mes sinódico, recordando que tenemos que esperar que 29,5 días sean similares a los 365 días.

Los persas usaron esto en los Misterios con una plena conciencia de sus implicaciones, por lo que debemos tratar de penetrar  en la obra de los persas. Digamos que estamos viviendo en el año 2907 AC, al comienzo de la Era de Tauro y en el tiempo de Zaratustra, y que decidimos tener una “vista previa” del año 747 AC, que representa el comienzo de la Era de Aries.

Restando 747 de 2907, llegamos a 2160, que es la longitud de tiempo de cada Era de la civilización. Las fuerzas cósmicas fluían hacia abajo desde Aries, lo que nos lleva a la civilización del tiempo de Cristo. Pero primero investigaremos esa época egipcio-caldea del año 2907, la cual estaba impregnada por las fuerzas de Tauro.

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En el 2907 AC, al final de la Era de Géminis y de la Época Persa, el gran iniciado Zaratustra había pronosticado la futura salvación. Esto lo hizo en un momento en que la humanidad se deslizaba por el abismo más profundo. Sabía entonces que debía venir el momento de la Resurrección, y que el punto más profundo en el que podría tener lugar sería en el Misterio del Gólgota. Tales Iniciados debían guiar a su pueblo, y por lo tanto fueron llamados Reyes. Por ejemplo, el rey Arturo, en la tradición celta, es realmente un grado de iniciación. Aconsejaron a su gente en la economía, en la agricultura y espiritualmente. Todos los reyes eran iniciados, al igual que los faraones; Por lo tanto, se veían obligados a mirar hacia el futuro para sus visiones y cálculos. Los Reyes Magos tenían un don especial para leer las profecías de la estrellas. Las estrellas pueden dar un recuerdo de la realidad espiritual, que se puede experimentar en el propio ser.

Tomemos el año 2687 AC, que es 220 años después del comienzo de la Era de Tauro. En ese tiempo, Júpiter y Saturno estaban en una Gran Conjunción en Piscis, y los persas sabían calcular tales cosas de antemano. Ahora debemos transmutar estos 220 años en lunaciones. Para ello, tenemos que multiplicar 220 años por el número de lunaciones en un año —12,37—para llegar al número de lunaciones de 29,5 días cada uno, lo que ocurre en un año de 365 días. Estamos mirando a partir del 2907 hacia el 2687-Equivalentes a un año solar (un año lunar equivalente a un año solar). Esto nos deja un balance de 33 años, a través de la transformación de estas lunaciones en años solares.

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¿Qué vieron entonces estos sabios? Ellos vieron esta Gran Conjunción de Saturno y Júpiter en Piscis, que se refiere a la Gran Conjunción del año 6 AC. que siguieron los Tres Reyes, y que fue el tiempo de su Encarnación Espiritual. Este era su faro guía en los cielos, llevándolos al lugar donde había tenido lugar el Nacimiento. De hecho, esperaban con ansia el momento en que el gran cumplimiento se llevase  a cabo, algo que Zaratustra había predicho a través de sus cálculos como la Gran Redención. Piscis, como sabemos, es un símbolo de cumplimiento. La obra retrata este hecho espiritual, por su símbolo: ♓ o (“lado a lado” o “dos mundos”), sugiriendo que después de una larga lucha, dos mundos entrarían en un estado de comunión que exige sufrimiento y curación para su cumplimiento. De esta manera, los Iniciados, en virtud de la cronología, fueron capaces de calcular el tiempo del acontecimiento en el año 33 DC. La gente moderna podría llamarlo coincidencia. Los antiguos, sin embargo, no eran tan primitivos como para ser incapaces de corroborar esto por otro método de progresión—por la transmutación del tiempo.

Sabemos que Saturno tarda 29,458 años en recorrer su órbita y volver a la misma estrella fija. Esta es una revolución sideral. De acuerdo con la citada ley de Progresión, esto equivale a un año del Sol que atraviesa su órbita, de modo que un año Solar equivale a un año de Saturno. Por lo tanto, si tomamos un año de Sol como equivalente a un año de Saturno de 29,458 años, encontraremos que los persas usaron este cálculo y llegaron al año 2806 AC. Esto fue aproximadamente 100 años después del comienzo de la Era de Tauro, y 120 años (dos Grandes Conjunciones) antes de 2687 AC, cuando se produjo  otra Gran Conjunción entre Saturno y Júpiter en Piscis:

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Los cronistas persas vieron a través de las perspectivas del tiempo. Tales comparaciones calculadas, aunque sin la rigidez de una computadora, nos dan una base segura y correcta sobre la cual establecer una astrología espiritualizada, y también otorgan la espina dorsal a nuestra visión en el mundo espiritual.

Si retrocedemos  ahora al año 747 AC, hasta el comienzo de la Era de Aries, un cosmólogo entrenado en los misterios podría llegar  nuevamente  a un resultado similar de ese predecesor de la Gran Conjunción en Piscis de 6 AC. Trabajando con esta ecuación del tiempo, uno se encontraría de nuevo en el tiempo de Cristo, y volvería a encontrar la profecía. Para probar esto, sólo tenemos que escoger algunos ejemplos como un punto de vista general. Se podría incluso verificar tales cálculos con respecto a las posiciones geográficas.

¿Qué vamos a hacer con este aspecto pre-cristiano? Para hacer frente a la edad moderna, se exige una recreación de la astrología a través de un rejuvenecimiento de la cronología persa por el Impulso de Cristo.

Pero hoy me gustaría hablar de la proyección del tiempo desde el propio Gólgota. En el año 1910, Rudolf Steiner habló en Estocolmo sobre la Segunda Venida. La ciudad entonces sostuvo una rama de la Sociedad Teosófica, cuyo líder imploró a Steiner que no diera clases debido a unas configuraciones planetarias adversas. Se producía lo que se llama una “cruz” en los cielos formada por cuatro planetas en cuadratura y las cuadraturas son mortales para el astrólogo. Sin embargo, el Dr. Steiner insistió en hablar de la Segunda Venida tal como se muestra en Hechos I. Este es un ejemplo de lo que debemos hacer cuando nos enfrentamos a las estrellas, no sucumbir al miedo, sino desarrollar acciones espirituales positivas.

Tomemos ahora la ecuación de un año Solar a un año de Saturno. Rudolf Steiner señaló que a partir de los años 1933-5-7 hasta un futuro lejano —durante los próximos 3000 años— se nos daría la oportunidad de experimentar la Presencia de Cristo en el Cuerpo Etérico. Tomaremos un año lunar, que equivale a 12,37 lunaciones, iguales a un año Solar. Por lo tanto, un año solar representa 12,37 años en la Historia. En una lunación (un mes), Saturno mueve un grado de su órbita, llegando a 12° al año.

A partir de 1933 DC (la Segunda Venida), restamos 33 (el ritmo de Cristo Jesús), dándonos 1900 años, o 1900 grados de Saturno. Esto es cinco ciclos de Saturno, más 100 grados (5 x 360 grados = 1800 + 100 grados) = 1900.

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¿Qué podemos ver con esto? En el año 188 DC Saturno había pasado por 1900 grados de su órbita desde el 33 DC. En ese año 33 DC, Júpiter estaba en su nodo ascendente en géminis, recordándonos el Gólgota; mientras que Saturno, entrando en el nodo de Júpiter en el año 30 DC, nos recuerda el bautismo.

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Saturno está conectado con el Padre y Júpiter con el Hijo. Urano entró en el nodo ascendente de Júpiter en el año 188 dC, lo que indica que tuvo lugar una especie de acontecimiento equivalente del bautismo en un nivel superior. De esta manera, podemos progresar con Saturno a través de la historia

Cuando se crearon las pinturas de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, Saturno estaba en este nodo ascendente de Júpiter. Aquí se hace eco otra vez de la voz del Padre, como diciendo: “Será”, así como San Juan Bautista oyó las palabras: “Este es mi Hijo Amado, en quien yo me doy como Yo” -como el Yo Cósmico. En el tiempo del Gólgota, Júpiter entró en su propio nodo, pues Júpiter está conectado con las fuerzas del Hijo, que preparan el futuro. Dentro de la esfera de Júpiter, se realizan hechos que se preparan para el futuro de este cosmos solar. El Hijo se ha hecho cargo de la jurisdicción, y ésta es la semilla de toda evolución futura. Seguramente es una cuestión de llevar el pasado hacia el futuro.

En el año 188 DC, Urano se ubicó sobre este nodo planetario de Júpiter. Urano representa una octava superior, porque proviene de un sistema extra- solar, y está conectado con Manas, un principio superior de nuestro ser. Esto demuestra que algo tal como la Segunda Venida, puede llegar a trascender la existencia meramente física. Con respecto al 188 DC, hemos estado tratando con ritmos puramente temporales que apuntan a un tiempo de crisis invisible, de la cual no hay evidencia documental.

Esta es una indicación de una cronología de los Misterios Persas que pueden ser revividos. Sin embargo, nuestras investigaciones deben estar impregnadas de la esencia del Cristianismo y de ese impulso de Cristo que conduce a perspectivas tan grandiosas del futuro -como el Apocalipsis.

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Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

 

 

El Zodiaco (continuación)

Artículo de Willi Sucher, Mayo de 1938

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En el artículo del mes pasado, intentamos mostrar un momento de profundo significado en la evolución espiritual de la humanidad –el giro de los siglos XIII y XIV– que fue incorporado en la escritura de los astros. Esta época está grabada en los cielos estelares por medio de una gran cruz cósmica. Por un lado se produjo la retirada de la antigua sabiduría hacia el oscuro y oculto trasfondo de la historia exterior, mostrado en el trágico drama de la destrucción de los Caballeros Templarios y grabado en la constelación de Sagitario, y por el otro lado tenemos el florecimiento de la Escolástica medieval, relacionada a las constelaciones de Virgo y de Piscis. Finalmente, tenemos el surgimiento de la Mística en la figura del Maestro Eckhardt, cuyo destino está inscrito en Géminis.

La cruz cósmica –Sagitario/Géminis y Virgo/Piscis– representa en su aspecto histórico-mundial un momento decisivo en la evolución de la humanidad  como un todo. Las fuerzas de la consciencia que restan de antaño se extinguen y un nuevo inicio alborea en el horizonte. Ciertamente, es significativo ver cómo la evolución del mundo occidental, a partir de aquel entonces hasta el día presente, queda revelada a la luz del actuar del cosmos. Con una continuidad remarcable, esta evolución de la humanidad que va desde la Edad Media en adelante, está representada en el cosmos.

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Esta vez, partamos desde Aries. Podremos ver cómo las principales figuras de la evolución espiritual se relacionaron con el Zodiaco a través del horóscopo de sus muertes. Para comenzar, tenemos a San Bernardo de Clairvaux, quien falleció el 20 de Agosto de 1153. Marte se hallaba en la constelación de Aries. ¿Qué significa esta ubicación de Marte?. Los tránsitos pasados de Saturno, explicados en una entrega anterior, nos capacitarán para encontrar la respuesta. Es en la fundación y el desempeño del monasterio de Clairvaux en donde San Bernardo jugó un rol decisivo y es lo que se encuentra inscrito aquí por el planeta Marte. En Aries se halla inscrito un suceso que proviene de un impulso importantísimo, surgido de la ardiente experiencia mística de un hombre que sería el inspirador de la Segunda Cruzada. En estos eventos alborea el paso al cual estaría destinada la humanidad medieval, desde las últimas reliquias de la antigua sabiduría de los Misterios hasta el tipo de experiencia mística que alcanza su mayor expresión en el Maestro Eckhardt.

Esta nueva incisión en los esfuerzos espirituales de la humanidad tocó de cerca a los seres humanos de la edad Media una y otra vez, y desde diversos aspectos. Pasando ahora a la esfera de Tauro, encontramos a Raimundo Lullio, y Marte se ubicó en esta constelación al fallecer éste. El fue el conocido originador del ‘arte lulliano’, como se le llamaba algunas veces, que intenta desarrollar nuevos tipos de cuestionamientos y respuestas, a partir de combinaciones sutiles sobre conceptos filosóficos ya conocidos por la humanidad. Su modo de pensar influyó a muchos otros, inclusive en épocas posteriores –a Giordano Bruno, por ejemplo.

Raimundo Lullio nació en Mallorca. Paso su juventud dedicado exclusivamente a las impresiones de los sentidos. Repentinamente tiene una vivencia visionaria que cambia el curso de su vida. A partir de allí  se dedicó con toda su alma al estudio espiritual y a las grandes cuestiones religiosas de su época. Este fue un suceso decisivo en su vida, y fue inscrito en Tauro por Marte.

En Aries vimos reflejado un suceso humano surgiendo desde un impulso profundamente interior, una misión completamente absorbente. En Tauro tenemos a la imagen de una conversión, una transformación debido a una experiencia profunda en el espíritu. Una incisión poderosa proporciona con suficiencia un nuevo giro a la tendencia que preexiste en la vida. Esta cualidad de Tauro podrá encontrarse también en otros horóscopos de muerte.

Ahora llevemos al aspecto cósmico de la historia humana hasta la esfera de Géminis, en donde aparece una profunda hendidura entre el mundo interno y el externo. Ya nos hemos confrontado a este tipo de vivencias del alma en el Maestro Eckhardt. La Mística, con su profunda orientación hacia el interior se coloca en un conflicto con la Iglesia. Géminis, los hermanos gemelos que luchan entre sí en cada alma humana, se revela aquí; estereotipada en el empeño dentro del individuo mismo por la luz interior y, en la poderosa institución eclesiástica, deseando adherirse a la tradición del pasado.

Ahora, la evolución emprendió su curso de un modo tal que las antiguas facultades cognitivas fueron muriendo gradualmente hasta la característica experiencia mística del Medioevo. A través de sus mejores exponentes, la Escolástica mantuvo aún un balance por medio de una aguda disciplina del pensar. En el pensamiento, la vida interior consciente del ser humano buscó retener la conexión con el alto mundo de la Revelación Divina. Esta facultad se fue extinguiendo más y más.

Significativamente, vemos cómo sucede esto en alguien como Nicolás de Cusa, quien muere el 11 de Agosto de 1464. Nacido entre los siglos XIV y XV, fue educado en la disciplina del pensamiento escolástico; pero su experiencia interior lo llevó por otro camino. Mientras viajaba por mar, tuvo una experiencia mística que lo hizo sentirse como bañado por el océano eterno del Espíritu, de un modo tal que la experiencia no llegó ya a alcanzar el reino del pensamiento. ‘Docta ignorancia’ fue como él llamó a esta experiencia de lo divino; así lo describe pues en su libro ‘De Docta Ignorantia’. Al momento de fallecer, ocurre una conjunción entre Saturno y Júpiter en la constelación de Acuario. Aquí vemos su conexión con el Escolasticismo. Por el otro lado, Marte y Venus se encuentran en la región de Cáncer y Leo. Esta es la imagen cósmica de su paso más interior hacia la esfera de la docta ignorancia. Entre las dos constelaciones, su experiencia marítima quedó inscrita en Aries.

Por lo tanto, en la constelación de Cáncer vemos indicada la tendencia en el desarrollo espiritual del ser humano a retraerse dentro de la vida interior del alma. Esto se expresa aún más fuertemente en los horóscopos en Leo. Consiguientemente, en los horóscopos del deceso de un significativo número de místicos de la Edad Media tardía y en los albores de la época moderna, vemos ingresar a los planetas en la región de Leo. Uno de los que se destaca entre ellos es Johannes Tauler, discípulo del Maestro Eckhardt. Al fallecer en Junio de 1361, Saturno, Marte y Venus se hallaban en Leo. Una experiencia de carácter único quedó grabada en esta constelación. Nos referimos a la así llamada conversión del Amigo de Dios de Oberland, un hombre cuya influencia se extendía a lo largo y ancho de los alrededores de Basilea por aquel entonces. El Amigo de Dios es ciertamente una figura misteriosa en la Historia. No existe evidencia histórica concreta acerca de quién era o de dónde venía, solamente quedan las historias contadas por aquellos que le rodeaban que se refieren a él como un ser maravilloso que poseía una influencia espiritual profunda y extensa. Lo mismo sucede con la historia de la ‘conversión’ de Tauler. A través de su encuentro con el Amigo de Dios, atraviesa por profundas experiencias internas, y a partir de allí su influencia y su elocuencia se vieron realzadas de un modo maravilloso.

Mientras que la constelación de Leo está conectada con la búsqueda de la verdad espiritual en lo más hondo del alma humana, Virgo corresponde a la paz interior, el calmo equilibrio del alma dentro del ser espiritual de la naturaleza y de la vida humana. Esto ya fue indicado en relación al Escolasticismo en el artículo previo. Pasando desapercibidas por el mundo exterior, en silencio interno y la serenidad del alma, las experiencias cobran forma en la esfera de Virgo preparándose para manifestar cambios esenciales en el desarrollo de la consciencia. En la constelación de Virgo tenemos consecuentemente a alguien que muestra vigorosamente este rasgo: Paracelso, el famoso alquimista y médico, quien murió el 23 de Septiembre de 1541. Al fallecer, Júpiter se hallaba en Leo mientras que Marte y Saturno, junto con el Sol y los dos planetas interiores Mercurio y Venus, se ubicaban en Virgo. Saturno se hallaba más bien al límite entre Virgo y Libra. Todo esto corresponde al lugar peculiar que ocupa esta gran individualidad en la vida espiritual de su época. Ya que por un lado, Paracelso como alquimista vivía dentro de la corriente espiritual que buscaba penetrar hasta la comprensión de lo divino y lo espiritual atravesando un sendero místico más interior; pero por el otro lado ya era alguien que se había volcado conscientemente hacia el mundo exterior, buscando encontrar las verdaderas raíces de ser de la naturaleza. Esto lo vemos por el modo en que aporta una concepción nueva sobre la naturaleza humana y hasta cierto punto, una nueva ciencia médica. Paracelso es un representante muy vital de la transición que va desde la humanidad medieval –cuya experiencia sobre lo espiritual se iba desvaneciendo dentro del Misticismo– hasta la nueva tendencia del alma que dio nacimiento a la ciencia moderna. Dentro de esta corriente científica, la consciencia sobre la realidad del mundo espiritual se hallaba y está verdaderamente en peligro de ser sofocada por completo; como fuere, este desarrollo también estaba destinado a ser llevado a cabo y era por tanto inevitable; es una fase necesaria de nuestra evolución, puesto que nos situó sobre el camino que conduce a la libertad espiritual. Este giro en la evolución de la humanidad se ve expresado potencialmente en la constelación de Libra.

Hallamos a Saturno en Libra dentro de los horóscopos de la muerte de tres grandes hombres –inauguradores de la era científica: Copérnico, el fundador de una nueva Astronomía (fallece el 24 de Mayo de 1543); Tycho Brahe, el famoso astrónomo danés (fallece el 24 de Octubre de 1601); y Johannes Kepler, el gran astrónomo y matemático alemán (fallece el 15 de Noviembre de 1630).  La transición de la humanidad hacia la nueva visión sobre la naturaleza, se retrata de un modo impresionante a través de la relación de estos tres.

Copérnico estableció las bases de una nueva sistematización del mundo, exclusivamente por medio de la observación exterior y la experimentación matemática. Tycho Brahe incursionó una línea muy distinta. Como astrónomo, también él se dedicó encarecidamente a la observación del cielo estelar, pero en lo profundo de su alma prevalecía la memoria de una vida pasada en la Tierra, durante la cual había estado unido a la sabiduría de los antiguos Misterios de manera aún más íntima. De aquí que se rebelara contra la idea central del sistema copernicano, que consistía en situar al Sol en el centro de nuestro sistema solar. El desarrolló un sistema propio, por el cual intentó otorgarle el rol central a la Tierra una vez más.

Luego surge Kepler, quien trabaja junto a él como su asistente. Cuando Tycho presintió su final, rogó a Kepler que basase su trabajo futuro en su sistema, el tychoniano, y no en el copernicano. Pero Kepler no siguió tal consejo y basó su labor subsiguiente en la idea copernicana.

Vemos conectado a la constelación de Libra uno de los más grandes giros en la evolución espiritual. La cosmovisión de los antiguos, como por ejemplo el sistema ptolemaico, es sustituida por el punto de vista moderno de la investigación científica y el experimento. Ahora, los hombres se hallan dedicados al exámen de la naturaleza visible externa.

Arribamos ahora a la constelación de Escorpio. Allí tenemos a Marte, tanto en el horóscopo de muerte de Kepler como en el de Galileo (8 de Enero de 1642). En el Marte de Kepler se ve inscrito el giro hacia el sistema copernicano tras la muerte de Tycho Brahe; en el de Galileo señala el período de su vida en donde lo vemos llevar a cabo importantes investigaciones en Padua. Además, en la vida posterior de Galileo representa el momento en el que defendía valerosamente al sistema copernicano frente a la Inquisición. Consecuentemente, a Escorpio le corresponde la transformación profunda de la cosmovisión dentro de la humanidad. Kepler, Galileo y muchos otros confrontan a las viejas ideas con las bases de un método de investigación completamente nuevo. Escorpio está ligado a la destrucción de las tradiciones vetustas y a su vez, con la transmutación y el progreso.

El ciclo evolutivo nos conduce ahora hacia la esfera de Sagitario. Esta esfera  está conectada al surgimiento y la caída de las corrientes espirituales dentro de la evolución, como ya hemos visto a través de la destrucción de la Orden de los Caballeros Templarios. Existe una batalla por la continuidad espiritual en el progreso humano. El horóscopo de la muerte de Martín Lutero, por ejemplo (18 de febrero de 1546) se ve penetrado de manera decisiva por esta constelación. Saturno y Marte se hallan en Sagitario mientras que Júpiter ingresa a Capricornio desde allí. Saturno en Sagitario representa a la época en que Lutero clavó sus tesis en las puertas del palacio de Wittenberg, marcó la incisión en el camino que conduciría a la separación de la Iglesia romana. También en el horóscopo de la muerte de Leonardo da Vinci (2 de Mayo de 1519), Saturno estaba en Sagitario. Esta es una imagen de las dificultades que debieron atravesar los grandes maestros en pos de alcanzar nuevos puntos de vista sobre todo el terreno de las artes y la ciencia. Cierto es que sus fuerzas, al verse confrontados con lo viejo, no son aún lo suficientemente fuertes y muchos de sus intentos ven esquivar el éxito inmediato. Pero tanto en Leonardo como en Lutero, el empeño sincero por el progreso de la humanidad, por la realización de nuevas formas de vida, se manifiesta vigorosamente. Este es el temple de Sagitario.

La constelación siguiente, Capricornio, se ve plena de destinos humanos en donde lo esencial consiste en alcanzar una rápida realización de una tarea o misión. Podrían darse muchos ejemplos. Uno que expresó esto del más bello modo fue el gran pintor Rafael. A su muerte, un Viernes Santo de 1520, Saturno se hallaba en Capricornio. Esta posición de Saturno corresponde a los sucesos ocurridos en la juventud temprana de Rafael, al morir su madre para luego ser tomado como aprendiz en el taller de su padre. Fue un momento importante del destino cuando este ser amable y delicado se vio privado de la protección materna y se lo situó en una corriente que lo condujo con gran rapidez hacia las más grandes alturas de su creación. En los 30 años que siguieron, con un toque de increíble facilidad y liviandad, dio a luz a las verdades espirituales más profundas mediante su arte y las ofreció a la humanidad. Esta manera de llevar un impulso espiritual a  la concreción, casi sin resistencia, es el verdadero temple de Capricornio.

A través de la constelación de Acuario, las corrientes espirituales cósmicas se manifiestan a sí mismas en el fluir de la historia humana en la Tierra. Como representante de esta tipología podemos mencionar una vez más al cardenal Nicolás de Cusa, quien en el horóscopo de su muerte mostraba a Júpiter conjunto a Saturno en Acuario. Por sobre todo, esto estaba conectado con el curso que había tomado el Concilio de Basilea durante la década de 1430. Nicolás de Cusa tuvo mucho que ver con este Concilio. Quienes se habían reunido allí intentaban realmente de entablar términos sobre un evento el cual –en el terreno de lo espiritual– se mostraba ya como un hecho. Esto fue la creciente rebelión de la humanidad en contra de los viejos principios jerárquicos representados por la Iglesia romana. La tendencia y el propósito de la nueva era que alboreaba, consistía en congregar a toda la humanidad  por medio de un espíritu unificado, pese a la inmensidad de sus diferencias. El mismo Nicolás había atravesado por experiencias espirituales de las cuales había aprendido que las más diversas –inclusive las creencias religiosas no cristianas– podían llegar a entablar una comprensión pacífica entre sí. Que un sentimiento tal pudiera surgir en el alma humana, así como en el seno de la Reforma, provocó que se creasen poderosos movimientos opositores al principio autoritario de la Iglesia Católica. Todo esto se debió a que la transformación en una nueva era ya había tenido lugar en el mundo espiritual. Los seres humanos sobre la Tierra –como por ejemplo aquellos que tomaron parte del Concilio de Basilea– vivenciaron este hecho que se reflejaba en lo profundo de sus almas, e intentaron por todos los medios comprenderlo y asimilarlo. Esta vivencia humana fue inscrita en Acuario gracias a horóscopos del deceso como lo fue el caso de Nicolás de Cusa.

De allí nos vemos dirigidos hasta la constelación de Piscis, en donde se ven configuradas las grandes batallas libradas a causa de la cosmovisión y las formas de vida en la humanidad, tal como explicamos al tratar la Escolástica. Tales batallas pueden extenderse a lo largo de los siglos, pero aún así se focalizan sobre individualidades particulares y lograron inscribirse en esta constelación a través de sus horóscopos.

De este modo es como podemos reconocer el trayecto continuo de la humanidad occidental a través de la totalidad del Zodiaco. Alrededor de los siglos XII y XIII se produce una especie de nudo, un punto nodal en la evolución. Por un lado se iban extinguiendo las reliquias de las antiguas facultades cognitivas, todavía en conexión más directa con el mundo espiritual real, pero el Escolasticismo fue aún capaz de mantener un sutil lazo entre ambos gracias a heroicos esfuerzos del pensar. Esto se perdió en última instancia al concluir el Misticismo medieval, con su ansiar profundo por una experiencia de lo divino, ya no le era posible lograr que tal experiencia se vivenciara con la plena consciencia. Como consecuencia, la humanidad se volcó más y más a la observación y experimentación sobre la naturaleza externa. A su modo, esto fue el comienzo de una evolución que se extiende lejos hacia el futuro, una evolución que busca por un lado el liberarse de reglas y tradiciones antiguas, mientras que por el otro lado, la gente se esforzó desde lo profundo de su alma por alcanzar un nuevo conocimiento sobre las relaciones espirituales entre la Tierra y el cosmos, conocimiento que nacía desde la libertad. Puede admitirse que en nuestra época, este rasgo marcante de la evolución moderna se malentiende a menudo o incluso se lo niega. Pese a todo, a través de la oscura noche del vacío espiritual reinante, una nueva especie de ser humano está a la búsqueda de la luz. Los delineamientos de este ser humano futuro se hallan escritos en el cosmos del modo en que hemos intentado indicar, si bien resumidamente.

No debemos contemplar solamente las secciones parciales o las perspectivas azarosas de la historia exterior, su unilateralidad e imperfecciones, debemos intentar ver el todo. Esto se ve representado en la imagen cósmica, y lo maravilloso aquí es ver cómo las tendencias más opuestas se ubican –a pesar de todo- armoniosamente dentro del cosmos, en los lugares cósmicos que les corresponde según sus numerosas virtudes e inspiraciones. De este modo, ellas hallan su lugar en este empeño hacia el ser humano perfecto; un empeño escrito en el universo por medio de los horóscopos del deceso, trascendiendo al ser humano individual y convocándonos una y otra vez a elevarnos por encima de nuestra unilateralidad hacia el todo.

Este ser espiritual compuesto por doce partes puede vivenciarse en el Zodíaco, puesto que en el Zodíaco se halla la verdadera imagen arquetípica de la forma humana. Comenzamos por Aries que representa a la esfera directriz y que equivale a la cabeza del cuerpo terrestre; de allí irradia a través del cuerpo espiritual viviente, pasando por la introspección profunda y emergiendo nuevamente desde la esfera del movimiento y la actividad comparable a los miembros en el cuerpo terrestre. Así es como se ven conectadas las numerosas constelaciones del Zodíaco a  los esfuerzos espirituales de los seres humanos:

Aries: los impulsos espirituales son vertidos en la evolución.

Tauro: los impulsos intentan encarnar en realidades terrestres; se confrontan con resistencias pero son capaces de lograr transmutaciones.

Géminis: el hermano luminoso y el oscuro; el impulso espiritual lucha contra las dos aberraciones del alma humana: la liviandad del ser y el materialismo.

Cáncer: la introspección hacia el silencio interior.

Leo: la búsqueda por la fuente del Espíritu en las profundidades del propio ser.

Virgo: el Portal hacia el interior de todos los seres.

Libra: desde la vida interior, se genera nuevamente el giro hacia el exterior; de aquí la cuestión del balance –los momentos decisivos del Espíritu.

Escorpio: viejas conexiones son destruidas y han de ser creadas nuevas por medio de propósitos y buena voluntad.

Sagitario: la alternancia de grandes corrientes espirituales en la historia humana.

Capricornio: el lograr con éxito tareas del destino dentro de la esfera terrestre.

Acuario:  las corrientes de la vida espiritual en la Tierra, a modo de imágenes de corrientes cósmicas.

Piscis: la lucha de las corrientes espirituales en la humanidad  por el futuro del mundo.

Como podrá revelarse en el curso de trabajos futuros, el ser humano espiritual macrocósmico es una realidad en cada uno de sus detalles.

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Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

La Cosmología a la luz del Santo Grial

Hawkwood College, Stroud, 15-21 July 1966

WILLI SUCHER

English version

 

La penetración de la Antigua Sabiduría Estelar por el Impulso de Cristo

Es esencial que la Humanidad logre una nueva conexión con el mundo de las estrellas. Estamos trabajando las conferencias de  Rudolf Steiner “Cristo y el mundo espiritual, la búsqueda del Santo Grial” (curso de seis conferencias impartidas en Leipzig, del 28 diciembre de 1913 al 2 de enero de 1914-GA 149) como base para este curso. En la cuarta conferencia, sugiere claramente un punto de vista definido que nos lleva a una nueva Astrología Cristianizada. Este concepto está lleno de  dificultades, pero trabajando con la contribución única de Rudolf Steiner, puede ser muy positivo y constructivo.

Rudolf Steiner habla de los grandes Hechos de Cristo en los tiempos antes de su venida a la Tierra, que ayudaron a la Humanidad a desarrollar sus facultades a través de la evolución. El tiempo transcurrido entre la Atlántida y el Gólgota se dedicó a la preparación de este Gran Evento. Rudolf Steiner habla de tres grandes etapas de la vida espiritual de la Humanidad en el tiempo antes de Cristo. Hoy vamos a trabajar con el concepto del candelabro de siete brazos, que utilizaremos para mostrar cómo la evolución anterior se refleja en la siguiente, pero vamos a visualizarlo desde un aspecto diferente (más adelante lo veremos).

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En el pasado lejano, la Civilización Persa no tenía una Astrología. Era más bien, un Ser Espiritual “Cronológico”, que inauguró la civilización con Zaratustra. En aquel tiempo no se contemplaban los planetas individuales como punto de referencia, se estudiaban los ritmos y los movimientos planetarios  como un medio para indicar algo más profundo. Por ejemplo, el ritmo de Saturno tarda un poco más de 29 años en recorrer el zodiaco. Esto está relacionado con el Tiempo, con la Cronología. El ritmo de Saturno era, por lo tanto, de gran importancia para ellos.

La Civilización que siguió a los antiguos persas, la Egipcio-Caldea, se ocupó de la capacidad de la astrología para ver el elemento espiritual, la expresión de la divinidad detrás de los movimientos planetarios. Uno de sus reyes, dijo: “Fui al templo de Ishtar (Venus) y se me instruyó.” El Templo era entonces un zigurat, construido con muchas plataformas y el templo, como tal estaba situado en la cumbre, allí, el sacerdote, leía la Voluntad de la Divinidad estudiando las estrellas. El rey, por lo tanto, obtenía información de los planetas a través de los sacerdotes y recibía sus instrucciones. Sabían que el planeta Venus “describía”, en sus conjunciones con el Sol, un pentágono de cinco puntas en el Universo Celeste. De acuerdo con el rítmico sonido de las cinco puntas del Pentágono, la Humanidad sabía qué tenía que hacer.

Con el despertar de la conciencia del Yo, en el camino hacia una Conciencia Universal del Yo (no egoísta), la Humanidad tendrá la posibilidad de leer la voluntad de la Divinidad. Por desgracia, la astrología moderna, se ha convertido en una cuestión de satisfacer la curiosidad y preocupación personal.

En la Civilización Griega, se desarrolló el interés por la meteorología. En el Santuario de Delfos, Apolo se manifestaba en los vapores de las profundidades de  la Tierra como una imaginación del Dragón. Las estrellas se concebían como algo más del entorno meteorológico de la Tierra. Fue el tiempo de la inauguración de las fiestas de las Estaciones. La introducción de estos Grandes Festivales está profundamente asociada con los eventos atmosféricos de la Tierra.

Con la Civilización Judía llegó la Geología y el tiempo del descenso del Logos. Este comenzó antes del Éxodo, en la época de Abraham en Ur, Caldea, donde los sacerdotes gobernaban la comunidad a través de la Sabiduría de las Estrellas. También es el caso de los pueblos celtas. De la misma manera que Abraham dejo Ur para dirigirse hacia Canaán y encontrar su equilibrio geográfico. Jacob se trasladó a Egipto, donde la suerte de los Hebreos se hizo tan insoportable, que Moisés inauguró el Éxodo de Egipto, preparándose para la encarnación de Cristo. Caminaron durante 40 años por el desierto, incluso los nombres de los lugares revelan secretos geográficos de la mitología. Finalmente se establecieron en Palestina. La revelación fundamental del pueblo hebreo fue el rechazo de todo lo anterior, incluyendo la astrología, para concentrarse en la tierra de Palestina donde iba a tener lugar la Encarnación. La manera en que  se asentaron geográficamente las Doce Tribus, expresan el Nombre hebreo de Jehová. De este modo, escribieron el poder de la aproximación de Cristo en el suelo.

Penosamente, los hebreos llevaron adelante la corriente hereditaria para producir el cuerpo selecto, o la envoltura, del Cristo. Pero a pesar de milenios de trabajo, sólo unos pocos del pueblo hebreo supieron de ello. Probablemente sólo unos 500 participaron conscientemente. Es fácil olvidar que estos grandes acontecimientos pasaron desapercibidos. En el Evento de Cristo, tenemos el Gran Arquetipo de la futura evolución de la Humanidad. Esta es una gran lección, ya que nos  aflige ver como la Antroposofía es rechazada. El progreso será lento. Pues no va a venir por un movimiento de masas, sino por el esfuerzo individual.

Encontramos un reflejo de las manifestaciones anteriores de la civilización en el lado opuesto del candelabro (a la derecha). El cultivo de las fiestas cristianas puede ser considerado como un contrapeso a la meteorología. Por ejemplo, las fiestas de Pascua y Navidad, se introdujeron en el primer milenio.

En el siglo noveno, hubo casi una repetición cósmica del Evento del Cristo. Se introdujo en la historia un acto de memoria cósmica que puede llevar a la astrología tradicional hacia adelante por un nuevo camino. Rudolf Steiner habló sobre el Grial en un ciclo de conferencias que es la base de este curso. Él describe cómo, a través de sus propias investigaciones  fue capaz de experimentar en la Piedad de Miguel Ángel, algo que le condujo a un reconocimiento de la imagen del Santo Grial. También se dio cuenta de que el nombre de Parsifal está escrito en el cáliz de la Luna. Así, podremos y debemos lograr un renacimiento de la Astrología sobre una base Cristiana.

El  futuro —o incluso ahora, ya que se está iniciando en nuestro tiempo presente— se enmarca en la cronología, sobre todo en el ámbito de los ritmos cósmicos. Nosotros sabemos vagamente de la sabiduría de los Reyes Magos siguiendo a la Estrella, una historia aparentemente ingenua, pero se puede demostrar científicamente que tenían un gran conocimiento de los ritmos cósmicos. Existen documentos que indican que esto era conocido en Persia. Los sabios sabían que debían observar ciertos eventos rectores del cielo. Los Reyes de Oriente fueron los últimos de una larga secuencia de Iniciados, cuyas raíces se fundamentaron en la sabiduría persa, que podían calcular de acuerdo con los ritmos cósmicos, —en particular las conjunciones de Saturno y Júpiter.

Júpiter alcanza periódicamente a Saturno, ya que su ritmo orbital es de aproximadamente 12 años y el ritmo de Saturno de 30 años aproximadamente. En esos momentos de conjunción entre Júpiter y Saturno, tiene lugar una especie de Asamblea Cósmica sobre las medidas ante los acontecimientos que devienen. No se pueden repetir épocas anteriores, pues ello solo nos podría llevar a la decadencia, y ahí encontraríamos claramente la mano de los adversarios que quieren encubrir y obstruir el avance de la Humanidad hacia una Cronología Cristianizada.

La transformación de la sabiduría es posible a través de los ritmos cósmicos. Por ejemplo, el Dr. Hauschka dio un primer paso importante en esta dirección. En breve, los ritmos de la Luna y los otros planetas seguirán al descubrimiento de los ritmos de sol, y nacerá una nueva ciencia de la ritmología o ritmosofía que superará a la cronología. Sabemos que el ritmo Lunar puede afectar al agua envasada bajo ciertas condiciones, llevándola a la subida y el desbordamiento (dinamización). El ritmo de la Luna está conectado con los ritmos fluidos de los humanos, animales y plantas, las mareas de la Tierra y la savia. Los campesinos medievales sembraban y cosechaban según las fases lunares. La Luna creciente promueve el crecimiento de la savia, mientras que la Luna menguante retira los niveles de agua.

La Humanidad tendrá que aprender a distinguir entre los ritmos este-oeste y los ritmos norte-sur; —entre el punto ascendente y su culminación a lo largo del Meridiano (el círculo que desde el sur, atraviesa el cenit, hacia el norte, etc.).  Ambos puntos de salida y puesta (amanecer y ocaso), tienen perspectivas de sanación. Las fuerzas conectadas con el ocaso son más mecánicas y se emplearán en relación con las fuerzas rítmicas, para la construcción de máquinas. El combustible se agotara algún día y la Humanidad necesitará este conocimiento cristiano para tender una mano a una nueva fuente de energía cósmica y para ello tendrá que entender primero el funcionamiento de los planetas y los ritmos planetarios.

Todo esto ha sido impreso en la Tierra a través del Impulso de Cristo. En San Marcos I, leemos: “Por la noche, después del atardecer, le trajeron muchos enfermos, y los sanó, y por la mañana, antes del amanecer, se fue a un lugar desierto y oró.” Cristo escribió en la Tierra algo que la nueva Humanidad tiene que descubrir. Esta fue la Escritura más práctica para toda la Tierra. Al amanecer Cristo reúne las fuerzas cósmicas en Su Ser y al anochecer vierte estas fuerzas en la sanación. Incluso seleccionaba a sus discípulos a mediodía, pues tales fuerzas también se pueden usar para fines distintos de la sanación. Debe venir una nueva ritmología, y estamos en un punto de avance que traerá a la Humanidad un renacimiento consciente de las antiguas capacidades a través del Impulso de Cristo.

En los siglos IX y X, hubo una repetición cósmica del Evento de Cristo en el Gólgota en el año 33 DC. Justo después del Gólgota, Urano estaba cercano del Sol —en su perihelio— y Júpiter se encontraba en su propio nodo ascendente. Estos puntos son muy importantes en el recorrido de un planeta. Pero con Urano cercano del Sol, en su perihelio, se cristalizó una revelación apocalíptica. A medida que la Humanidad se va elevando a la plena consciencia, Urano exige inspiración, mientras que Júpiter en fase creciente también alcanza su máximo nivel; Júpiter está asociado con la transición del gobierno del Mundo Espiritual del Padre al Hijo. Los cielos acompañan este evento, un evento muy raro, de modo que Júpiter y Urano están sincronizados. Esto es bastante inusual, pues suele ocurrir cada 1.000 años. Se repitió en el tiempo de Parsifal, en el siglo noveno. Aunque Júpiter gira alrededor del zodiaco cada 12 años, Urano se mueve mucho más lentamente.

En 1882 ocurrió esto otra vez, fue el momento en que el Dr. Steiner se reunió con Schröer. Wagner estaba también trabajando en Parsifal, a través de la lucha por su propia cristianización, que podemos ver claramente en sus óperas. Después en Pentecostés de 1966, se repitió el mismo evento y se abrió la puerta a una especie de recapitulación de la cronología sobre una base rítmica. Ahora podemos seguir adelante con confianza y de forma individual. Esta Cosmología Cristianizada será necesaria para la humanidad futura, que no será capaz de vivir sin ella.

Todo esto se puede resumir en el impulso del Grial, como se puede ver en las conferencias de Rudolf Steiner “Cristo y el Mundo Espiritual”. El Grial es una Imaginación tan vasta y esotérica que puede ser aceptada por toda la Humanidad. El Cristianismo ha sido, lamentablemente, maniobrado a la posición de una religión mas entre las religiones. Se deben comprender todas las religiones. La Ciencia del Santo Grial une a la Humanidad espiritualmente. Es consciente de los acontecimientos que tuvieron lugar en el Gólgota, —de Cristo Jesús y del misterio del Santo Grial. Jesús era el cuerpo, el Cáliz. Rudolf Steiner habla de los tremendos treinta años que llevaron a la preparación de la corporeidad presentada al Ser de Cristo como un Cáliz para la Encarnación. La corriente de la herencia de los evangelios representa el elemento Lunar. El elemento altamente cultivado de la Evolución de la Luna que es Jehová. En el Bautismo, el Espíritu del Sol entra en esta vasija de la Luna. (Ver La Piedad—la Virgen con el Hijo en el regazo).

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Esta es la Gran Imagen y el principal Arquetipo que debemos y podemos llevar a toda la Humanidad futura. La naturaleza es el recipiente, también, donde debemos encarnar el espíritu a través de nuestro propio trabajo interior. Sólo entonces podremos permear la Tierra y la humanidad con el Cristo y el Impulso de Cristo será conducido al futuro.

¿Cómo podemos relacionar esto con la astrología?. Los ritmos cósmicos son el recipiente, pero la humanidad no está lo suficiente abierta para recibirlos. Nosotros, a través del trabajo interior,  debemos introducir la ritmología en nuestras vidas a través del estudio y la evolución de las capacidades espirituales. De esta manera podemos llenar este recipiente y  embarcarnos en una Astrología Cristianizada, o Astrosofía. Recibimos los dones celestiales de la encarnación y la excarnación, y en ellos hay que verter todo lo que hemos evolucionado y manifestarlo a través de la Imaginación, Inspiración y la Intuición.

Traducido por Gracia Muñoz.

 

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La navidad y los ritmos cosmicos – Grandes Conjunciones

 

Willi Sucher

(Notas de conferencia, no revisadas por el autor – Inclusión en Cosmología Curso I, publicado por astrosofía Research Center) – Rudolf Steiner House Londres, Inglaterra

~ 28 de diciembre 1954

English version

 

Empezamos otra serie en la que vamos a hablar acerca de los eventos cósmicos que tuvieron lugar hace 2.000 años. Hay un ritmo que se repite, que se inauguró en el tiempo de Cristo.  Rudolf Steiner en “La guía espiritual de la Humanidad” nos describe que en el caso de un ser humano normal, éste siempre tendrá un conflicto entre las fuerzas cósmicas y las terrestres. Sin embargo, en el caso de Cristo, las fuerzas espirituales estaban continuamente aceptadas. No hubo lucha en contra de ellas, como Rudolf Steiner indicó cuando dijo: “El Cristo es el representante de todo el cosmos”. Sobre la base de esta indicación, he hecho investigaciones cósmicas durante unos 35 años. Son investigaciones con respecto a los acontecimientos cósmicos que tuvieron lugar en el cielo en la época de Cristo. Estas investigaciones cósmicas revelan lo que Rudolf Steiner, dijo. Lo que se presenta aquí es sólo una parte de la investigación. Con el fin de poder investigar esto, también hay que saber un poco de astronomía.

Esta noche voy a hablar de Saturno y Júpiter. Estos dos planetas se mueven a una cierta distancia uno de otro. Júpiter está más cerca del Sol y se mueve alrededor del zodíaco completándolo en unos 12 años, mientras que Saturno que está más alejado tarda unos 30 años. En un determinado momento, se encuentran (entran en conjunción), y de nuevo se separan  pues Júpiter se mueve más rápido que Saturno. Estos dos planetas hacen un hermoso patrón en el cielo, un gran triángulo. En la época de Cristo hubo tres encuentros entre Saturno y Júpiter. El primero se produjo en Piscis, el segundo en Sagitario, y el tercero en la constelación de Leo. Vamos a hablar de estas tres conjunciones.

Estas conjunciones forman un triángulo en el cielo, sin embargo hay una ligera diferencia, después de 60 años, cuando Saturno y Júpiter se reúnen de nuevo en este punto de Piscis, ya que la conjunto se ha movido un poco más hacia Aries. Lo mismo sucede con las conjunciones de Leo y Sagitario, por lo tanto el triángulo siempre se está moviendo o girando. Durante estas noches queremos hablar de estos puntos del triángulo tal como estaban en la época de Cristo.

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La conjunción en el año 7 aC, que tuvo lugar en Piscis, está relacionada con el nacimiento de Jesús, en un sentido espiritual, según el Evangelio de San Lucas. Espero poder mostrar la conexión de esta conjunción con el nacimiento de Jesús. Es el nacimiento espiritual, y el nacimiento espiritual es mucho más importante que el nacimiento físico en sí, como fue sugerido por el Dr. Steiner (véase: La constelación del Pensamiento Cósmico).

En el año 14 DC, la conjunción se llevó a cabo en Sagitario, y  cerca de ese momento tuvo lugar otro evento. Fue cuando el niño de 12 años de edad, Jesús estaba en el templo. Oímos cómo el Jesús de 12 años de edad, fue perdido y luego hallado en el templo entre los sabios hablando con ellos y enseñándoles.

Finalmente, llegamos a la conjunción del 34 DC, que tuvo lugar en Leo. Esto está relacionado con el Misterio del Gólgota, en un sentido amplio, ya que el evento tuvo lugar el 3 de abril del año 33 DC, según referencias del Dr. Steiner. Esta conjunción también tiene que ver con la conversión de San Pablo a las puertas de Damasco.

Estas conjunciones son como piedras angulares. Todo eso, que podemos poner en una escena encantadora de los pastores, la corriente de los pastores y su renacimiento en el cristianismo- se conecta con la conjunción en el año 7 AC, que en ese momento estaba en Piscis. Fue el nacimiento de las almas sencillas que están estrechamente relacionadas con el planeta Tierra con su vida de sufrimientos y alegrías, y todo lo que pasa a través de la historia. En el movimiento de la estrella de tres puntas, podemos seguir la corriente de los pastores en la Humanidad. Lo mismo se puede hacer con los otros puntos.

La conjunción en el 14 AD está estrechamente relacionada con la corriente de los Reyes. Podemos ver cómo se desarrolla la corriente de los Reyes, incluso el movimiento interior, si seguimos el movimiento de este rincón de la estrella. Esta corriente de los Reyes acababa de entrar en Sagitario, procedente de Escorpio. La corriente real estuvo representada por los Reyes Magos de Oriente. Esta corriente ha pasado por tremendas crisis. Se manifiesta en la figura de Herodes que provocó la matanza de los niños inocentes.

La conjunción en el año 34 se conecta con la conversión de San Pablo. Se trata de un aspecto diferente del cristianismo, conectado con la entrada del Cristo Cósmico en el cuerpo de Jesús en el bautismo de Jesús en el río Jordán. El Cristo que San Pablo experimento en Damasco fue el Cristo Cósmico. Así Cristo había dado paso a un tremendo desarrollo mediante su unión con la Tierra. La Experiencia de San Pablo con Cristo Resucitado está escrita en esta conjunción del año 34 AD. Podemos seguir esta corriente en la historia de la Humanidad, que también ha pasado por tremendas crisis. Es la interacción entre las fuerzas cósmicas y las fuerzas terrestres de la Historia.

Una Gran Conjunción de esta serie se llevó a cabo entre 1940 y 41, y hubo otra anterior en 1603-4, que está conectada en la historia con la guerra de los 30 años. Aquí hay que distinguir dos aspectos. Los hechos reales y la conjunción no siempre tienen lugar al mismo tiempo. Los eventos pueden ocurrir durante el tiempo que se acerca una Gran Conjunción y también durante el tiempo de la separación cuando Júpiter se aleja de Saturno. El carácter entonces es diferente.

En la conjunción en el año 7 AC no hubo un acontecimiento real,  era un enfoque para el evento. [Ed. Nota: Más adelante Willi asocia esta conjunción con el nacimiento espiritual tanto de los niños Jesús en el 6 y 7 AC]. Es similar con respecto al 14 DC. El Jesús de 12 años de edad, habría estado en Jerusalén en el año 13, no en el 14. En el 34 DC el evento se llevó a cabo en la Tierra y trabajó para esa conjunción, que fue tomada por el cielo reflejando el futuro. Es algo similar a la indicación de un reloj: es una indicación de tiempo. Cuando un evento tiene lugar en el mundo espiritual, y después se convierte en un evento terrenal. Algo ocurrió en el mundo espiritual en el año 7 AC, y 6 años más tarde sucedió en la Tierra, por lo que, lo que se había decidido en el mundo espiritual se cumplió en un momento posterior.

¿Por qué son tan importantes estos dos planetas Saturno y Júpiter?. Esto sólo puede explicarse si se tiene en cuenta el cosmos como un organismo integrado, el cuerpo de la Deidad, pues constelaciones similares habran tenido lugar antes de la época de Cristo. ¿Cómo es posible hablar de esto como un organismo integrado?. La forma humana nos da una indicación determinada. Se ha trabajado en todos los detalles. Los planetas exteriores indican las funciones de la cabeza, y los planetas inferiores (incluyendo la Tierra) están conectados en el cosmos con las funciones que tienen lugar dentro del cuerpo del ser humano. Saturno, el planeta de la memoria cósmica, lo anota todo. Es como el cráneo que se ha cerrado con el fin de confinar al ser humano lejos del mundo exterior. Al nacer, las fontanelas del bebé aún están abiertas. La función de Saturno es que el ser humano este perfecta y completamente integrado en su interior. Saturno es también el guardián del umbral del mundo extra solar, del mundo superior. También está conectado con otra actividad: la que mantiene al ser humano en posición vertical, y esta verticalidad proviene de un lugar o punto del cráneo que contiene también las fuerzas que elevan. El peso del cuerpo humano nos aplastaría, no sería capaz de mantenerse en pie si no fuera por estas fuerzas edificantes. Saturno es tal fuerza de voluntad, fuerza edificante. Estas grandes fuerzas de la Deidad en el cosmos solar están trabajando en Saturno como las fuerzas que recuerdan todo el pasado.

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A continuación  viene en la escala microscópica del cuerpo humano que se encuentra entre los ojos. Es aquí donde tenemos la capacidad de pensar. Esto sucede en el microcosmos. En el cosmos es la esfera donde tiene lugar el Pensamiento Divino. Júpiter es el gran pensador del universo. Pensar es una actividad creativa que trabaja para el futuro. En Júpiter los seres espirituales-divinos están trabajando directamente en el pensamiento de todo el cosmos. Están preparando el pensamiento cósmico para la encarnación futura de la Tierra.

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Si estos dos Seres de las dos Esferas se encuentran, cuando hay una conjunción de Saturno y Júpiter, es una indicación de que ciertos eventos tienen lugar en el mundo espiritual, y se reflejan en la Tierra. Las conjunciones indican las decisiones que se llevan a cabo, el pasado y el futuro. La memoria, el pasado, es el mundo del Padre (Saturno), que se reúne lo que viene del futuro (Júpiter). La conversación entre Júpiter y Saturno preparan una nueva creación. Estos dos mundos tienen lo que podríamos llamar una Asamblea. En ese momento se toman algunas decisiones,  decisiones que se hacen notar en todo lo que ocurre en la Historia. Uno puede imaginar los intervalos rítmicos que se encuentran en el mundo espiritual. Siempre podremos integrar con los acontecimientos terrenales cómo estos tres pilares del triángulo se reflejan en la historia.

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