GA232c2. Centros de Misterios

24 de Noviembre de 1923

 

English version

Si buscamos continuar el estudio de la naturaleza anímica, a la que dedicamos nuestra atención en la conferencia de ayer e investigar la actividad de la naturaleza anímica en el hombre físico en relación con aquellas cosas que también hablamos ayer, podemos seguir dos direcciones. La memoria indica al alma las experiencias pasadas; el pensamiento conduce al alma, como ayer expliqué, a la existencia etérica. Aquello que puede aferrarse al hombre, incluso con más fuerza que el recuerdo, tan fuerte que los impulsos interiores penetran hasta su sustancialidad corporal, lo denominé el gesto. Al observar el gesto y su naturaleza hemos avanzado hasta la revelación del alma y el espíritu en lo físico.

La entrada completa del hombre en la vida física terrenal es una toma de posesión de lo físico mediante el alma y el espíritu y si para empezar, limitamos nuestras consideraciones a la memoria, encontramos que esto consiste en que lo experimentado a una edad temprana es portado hasta años posteriores. Ahora, cuando la memoria señala a cosas del curso pasado de la vida terrenal, surge la pregunta, ¿hay algo en la vida humana que nos señale aún más hacia el pasado? ¿Podemos remontar la mirada hasta aquello que existe antes de la entrada del hombre en la vida terrenal?

Aquí llegamos a dos cosas, es decir, aquello que el hombre ha experimentado espiritual y psíquicamente en la existencia pre-terrenal (que dejaremos para una posterior consideración) y algo relacionado con la naturaleza física corporal que el hombre como ser individual porta en ella. Me refiero a todo aquello que estamos acostumbrados a designar como la herencia debido a nuestras ideas científico-naturales. El hombre porta consigo justo en las tendencias de su propio temperamento aquellos impulsos, aquellas características, que juegan un papel tan importante en el alma, y que están relacionadas con lo que era característico de sus antepasados físicos.

Por supuesto nuestra humanidad moderna trata tales asuntos con superficialidad, con insensatez. Por ejemplo, esta misma mañana leí un libro que trata de un regente de una conocida casa real, ahora extinta. Este libro se entrega a la cuestión de la herencia en esa familia. Se mencionan cualidades que se remontan hereditariamente hasta el siglo XVII. En ese libro que trata de la herencia encontramos una frase peculiar, que dice aproximadamente: “En esta casa real hay miembros que muestran claramente una tendencia hacia la extravagancia, hacia lo absurdo de la vida, hacia los excesos, etc. Aunque hay también miembros de esta casa que no tienen ninguna de estas tendencias”. Como ustedes ven, esta es una clase de pensamiento peculiar, pues uno podría realmente suponer que un escritor que hace una afirmación de esta índole tendría que admitir que no se pueden extraer conclusiones de tales circunstancias. Pero si examinan muchas de las cosas que en la actualidad conducen a lo que se llaman opiniones bien fundadas encontrarán muchas cosas de esta naturaleza.

Incluso aunque los puntos de vista imperantes sobre la herencia puedan parecer algo superficiales uno debe admitir que el hombre porta consigo características heredadas. Ese es un aspecto; el hombre a menudo tiene que luchar contra estas características heredadas. Debe, por así decirlo, desprenderse de ellas para alcanzar aquello para lo que estaba preparado mediante el proceso de la vida prenatal.

El otro aspecto que atrae nuestra atención es aquello que el hombre adquiere a través de la educación, a través del intercambio con sus prójimos, y también a través del intercambio con la naturaleza exterior. A los hábitos adquiridos a través de la observación de los reinos inferiores de la naturaleza, se les llama la adaptación del hombre a las condiciones que le rodean. Como ustedes saben, nuestra ciencia natural moderna considera estos dos impulsos de la herencia y adaptación como las influencias más importantes sobre los seres vivos.

Cuando penetramos en estos hechos sentimos, si los contemplamos sin prejuicios, que a menos que un hombre encuentre su camino hacia el mundo espiritual, no podrá llegar a conclusión alguna sobre tales cosas. Por tanto hoy consideraremos a la luz del conocimiento espiritual, las cosas que hallamos en cualquier momento de la vida.

Para ello debemos regresar a algo que hemos tratado repetidamente en estudios anteriores. A menudo hemos tenido que referirnos a la salida de la luna del planeta Tierra, y hemos mostrado que la luna estuvo anteriormente unida con la Tierra, y en un determinado punto del tiempo abandonó esta para influenciar sobre ella desde fuera. También he señalado que hay una causa espiritual para esta salida de la luna. Les he contado cómo hubo una vez sobre la Tierra seres sobrehumanos viviendo, que fueron los primeros grandes Maestros de la humanidad, y de los que procede lo que basándose en nuestro pensamiento humano terrenal podría designarse como Sabiduría Primigenia, que se encuentra por doquier como una trama, que es de profunda importancia y suscita reverencia incluso en la forma de restos fragmentarios en que existe hoy en día. Esta sabiduría fue una vez el contenido de las enseñanzas de estos grandes Maestros sobrehumanos en el punto de partida de la evolución terrenal humana.

Estos Seres encontraron su camino en la existencia lunar y allí están hoy, unidos a la luna. Pertenecen a la población de la luna, por así decirlo. Ahora lo importante es que cuando el hombre atraviesa el portal de la muerte, viaja a través de una serie de etapas por el reino del mundo planetario que pertenece a nuestra Tierra. Ya hemos considerado cómo, después de pasar a través de la existencia terrenal, el hombre entra primero en la esfera de actividad de la luna, después en la esfera de actuación de Venus, Mercurio, Sol, etc. Hoy puede interesarnos aprender cómo entra en la esfera de acción de la luna.

Ya he indicado cómo la vida del hombre puede seguirse con la visión Imaginativa más allá del portal de la muerte y que aquello que el hombre es como espíritu aparece después de haber desechado el cuerpo físico, que es entregado a los elementos terrenales, y después de haber visto su cuerpo etérico asumido por la esfera etérica que está unida con la Tierra; aún permanece allí la parte espiritual y anímica del hombre, el yo y el cuerpo astral.

Si, con la visión Imaginativa, seguimos lo que así atraviesa el portal de la muerte, siempre se presenta en una determinada forma. Esa es la forma espiritual que modela la sustancia física que el hombre porta en sí. Esta forma, comparada con el robusto cuerpo físico, no es sino una especie de imagen imprecisa, pero ejerce una profunda e intensa impresión en el sentimiento y percepción del alma. En esta forma la cabeza del hombre aparece débilmente a la mirada del alma. El resto de la forma es robusta, y gradualmente al pasar entre la muerte y un nuevo nacimiento esta forma se transforma en la cabeza de la siguiente encarnación.

Debemos aquí decir algo sobre esta forma que puede observarse con la visión Imaginativa después de que el hombre ha atravesado el portal de la muerte. Lleva una verdadera expresión fisionómica. En cierto sentido es una verdadera imagen de la forma en que el hombre aquí en su vida físico-terrenal fue bueno o malvado. Aquí en la vida terrenal un hombre puede ocultar el hecho de si el bien o el mal prevalecen en su alma, pero tras su muerte ya no puede ocultarlo. Cuando por tanto miramos la forma espiritual que queda tras la muerte vemos que lleva la expresión fisionómica moral de lo que el hombre fue sobre la Tierra.

Alguien que lleve a través del portal de la muerte aquello que es moralmente malo unido a su alma, tiene una expresión fisionómica mediante la cual se hace exteriormente similar, si se puede decir así, a las formas ahrimánicas. Es absolutamente un hecho que, durante el primer período tras la muerte, el sentimiento y percepción completa del hombre está condicionado por aquello que puede reproducir en sí mismo. Si él tiene la fisionomía de Ahriman, porque ha portado el mal moral en su alma, al atravesar el portal de la muerte, sólo puede reproducir, lo que significa percibir, lo que se asemeja a Ahriman. En cierto sentido esta psíquicamente ciego ante aquellas almas humanas que han atravesado el portal de la muerte teniendo una buena disposición moral. Ciertamente, es el más severo juicio que el hombre puede sufrir tras atravesar el portal de la muerte, que en la medida en que él mismo es malvado sólo es capaz de ver a aquellos seres que son como él mismo, porque sólo puede reproducir en sí aquello que forma la fisionomía de los seres humanos malvados.

Habiendo atravesado el portal de la muerte él entra ahora en la esfera lunar. Allí entra en la presencia de seres suprasensibles y suprafísicos, pero siempre en la medida en que son similares fisionómicamente a él mismo; así aquel que porta el mal a través del portal de la muerte entra en contacto con formas ahrimánicas. Este paso a través de un mundo ahrimánico, posee en el caso de ciertos seres humanos un significado bastante definido en la conexión completa de los sucesos cósmicos; y comprenderemos lo que sucede allí realmente si tenemos en cuenta el verdadero propósito del viaje de los sabios Guías humanos de la antigüedad a la colonia lunar del cosmos.

Además de los Seres de las Jerarquías superiores a los que habitualmente llamamos ángeles, arcángeles, etc., existen también, vinculados con la totalidad de la evolución cósmica aquellos Seres que pertenecen a los reinos de Lucifer y Ahriman. Estos Seres actúan en la conexión cósmica igual que lo hacen aquellos que se desarrollan normalmente. Los seres Luciféricos actúan de forma tal que buscan alejar de la materialidad física aquello que tiene la tendencia en sí de sumergirse en aquella. En la esfera de la humanidad los seres Luciféricos actúan de tal forma que utilizan cualquier oportunidad para alejar al hombre de su cuerpo físico. Los seres Luciféricos se afanan en hacer del hombre un ser etérico psíquico puramente espiritual. Las formas Ahrimánicas sin embargo se afanan en separar del hombre todo aquello que pueda desarrollarse hacia una naturaleza psíquica y espiritual, naturaleza que debería desarrollarse ahora en la humanidad. Les gustaría cambiar lo sub-humano –aquello que reside en los impulsos, instintos y demás, y que se expresa en el cuerpo– y transformarlo en lo espiritual. Transformar al hombre en un ser espiritual es la tendencia tanto de los seres Luciféricos como de los Ahrimánicos.

O Baron Arild Rosenkrantz10

 

Lucifer busca extraer del hombre el espíritu y el alma de tal forma que ya no se preocupe de las encarnaciones terrenales sino que desee vivir únicamente como un ser anímico-espiritual. Los seres Ahrimánicos por el contrario prefieren no preocuparse en absoluto por el alma y el espíritu del hombre; sino que buscan separar y llevarse a su propio mundo aquello que le es dado al hombre como una envoltura, como una vestidura, como un instrumento, es decir, el cuerpo físico y etérico.

El hombre encara por un lado a los Seres de las Jerarquías que se desarrollan normalmente, pero como está entretejido en la existencia completa, encara también las formas luciféricas y ahrimánicas.

El hecho es que cada vez que las formas luciféricas hacen esfuerzos para acercarse al hombre, su objetivo es alejarle de la Tierra. Por otra parte, cuando las formas ahrimánicas se esfuerzan por dominarle, buscan hacerlo más y más terrenal, aunque también desean espiritualizar la Tierra en una densa sustancia espiritual e impregnarla de condensadas fuerzas espirituales.

Cuando hablamos sobre asuntos espirituales hemos de utilizar expresiones que quizás puedan parecer grotescas, pero debemos utilizar el lenguaje humano. Por tanto permítanme utilizar palabras humanas habituales para algo que tiene lugar puramente en el espíritu; ustedes me comprenderán. Tendrán que elevar lo que debo expresar de esta manera a lo espiritual.

Los mismos seres que, como grandes Maestros trajeron al hombre aquella antigua sabiduría al comienzo de la existencia terrenal, se retiraron a la Luna para, en la medida de sus poderes, poner a los elementos Luciféricos y Ahrimánicos en la relación correcta con la vida humana. ¿Por qué fue esto necesario? ¿Por qué seres tan elevados como estos grandes Maestros Primigenios decidieron abandonar la esfera terrenal en la que habían actuado durante un tiempo, y marcharon a la esfera lunar fuera de la Tierra, para en la medida de lo posible situar a los elementos Luciféricos y Ahrimánicos en la correcta relación con el hombre?

Cuando el hombre, como ser anímico y espiritual, desciende a la esfera terrenal desde su existencia preterrenal, atraviesa aquel sendero que he descrito recientemente en el ciclo de conferencias sobre “Cosmología, Filosofía y Religión”. Él tiene una existencia psíquico-espiritual definida. El hombre une esto con lo que le es dado con la pura línea hereditaria a través de sus padres en la existencia física embrionaria. Estas dos, la existencia física embrionaria y la espiritual se interpenetran la una con la otra. Se unen entre sí; y de esta manera el hombre deviene a la existencia terrenal. Pero en aquello que vive en la línea hereditaria, en lo que desciende de los ancestros en forma de características heredadas, está contenido aquello que da a los seres ahrimánicos su punto de incisión sobre la naturaleza humana. Las fuerzas ahrimánicas moran en las fuerzas de la herencia, y cuando el hombre porta en sí muchos de estos impulsos heredados, tiene una naturaleza corporal en la que el yo no puede entrar plenamente. Ciertamente el secreto de muchos seres humanos es que tienen dentro de sí demasiados impulsos heredados. Esto se llama actualmente “estar cargado con la herencia”. La consecuencia de esto es que el yo no puede penetrar completamente en el cuerpo; no puede rellenar completamente todos los órganos individuales del cuerpo. Así el cuerpo en cierto sentido desarrolla una actividad propia paralela a los impulsos del yo al que realmente pertenece ese cuerpo. Así estos poderes ahrimánicos, al esforzarse por incidir lo máximo posible en la herencia, logran de este modo que el yo encaje con demasiada holgura en el ser humano; ese es el asunto.

El hombre está sin embargo sujeto también a la influencia de condiciones externas. Ustedes pueden darse cuenta de con cuánta fuerza el hombre está sujeto a estas condiciones  si consideran toda la influencia que las condiciones climáticas o geográficas tienen sobre él. Esta influencia del entorno puramente natural es ciertamente de extraordinaria importancia para el hombre. Hubo incluso momentos en que esta influencia del entorno natural se utilizó de una forma especial en la guía de los sabios líderes de la humanidad.

Por ejemplo, vamos a considerar algo muy extraordinario en la Antigua Grecia, la distinción entre espartanos y atenienses, debemos afirmar que esta diferencia, que se describe de una manera muy superficial en nuestros libros ordinarios de historia, reside sobre algo que se remonta a las regulaciones de los antiguos Misterios, que actuaron de tal forma que produjeron diferentes resultados para los espartanos y los atenienses.

En la antigua Grecia se prestaba mucha atención a la gimnasia como el principal factor en la educación del niño; pues de acuerdo con el método griego, al actuar sobre el cuerpo de una determinada forma también se actuaba indirectamente sobre el alma y el espíritu. Pero esto tuvo lugar de una forma para los espartanos y de otra diferente para los atenienses. Para los espartanos, se consideraba necesario por encima de todo permitir que los chicos se desarrollasen de tal forma que a través de sus ejercicios gimnásticos adquirieran en la medida de lo posible aquello que actuaba interiormente sobre el cuerpo, sólo por medio del cuerpo. Por tanto el muchacho espartano era impulsado a realizar sus ejercicios gimnásticos sin importar el clima.

Esto era diferente para los atenienses. Estos ponían gran énfasis en que sus ejercicios gimnásticos estuvieran adaptados a las condiciones climáticas. Ellos tuvieron mucho cuidado de que el chico que efectuaba sus ejercicios estuviera expuesto a la luz solar de la manera correcta. Para los espartanos era indiferente que los ejercicios se efectuasen bajo la lluvia o a la luz del sol, pero los atenienses exigían que las condiciones climáticas, especialmente los efectos solares, actuaran como un estímulo para ellos. El muchacho espartano era tratado de tal modo que su piel se hacía impermeable, de forma que todo lo que desarrollase en sí mismo proviniera de la corporalidad interior. La piel del muchacho ateniense no era masajeada con arena y aceite, sino que estaba expuesta a la acción del sol. Aquello que puede entrar en el hombre desde el exterior, a partir de los efectos del sol, pasaba así al interior de los muchachos atenienses. El muchacho ateniense era animado a ser elocuente, a expresarse con hermosas palabras. El muchacho espartano, por otra parte, era encerrado en sí mismo por medio de todo tipo de masajes con aceite; ciertamente al masajear la piel con arena y aceite se le entrenaba para desarrollar todo en sí mismo independientemente de la naturaleza exterior. Se le obligaba así a llevar a su naturaleza interna todas las fuerzas que la naturaleza humana puede desarrollar y no exteriorizarlas. Así, no llegó a ser elocuente como el muchacho ateniense, pero de esta manera se consiguió que fuera reticente, que hablara muy poco, que permaneciera silencioso. Si decía algo tenía que ser significativo. Tenía que tener contenido. Los discursos espartanos, que se escuchaban raras veces, se distinguían por el peso de su contenido. Los discursos atenienses se distinguían por la belleza de su lenguaje. Todo esto se hallaba relacionado con la adaptación del hombre a su entorno por medio del sistema de educación correspondiente.

Ustedes también pueden ver en otros lugares esta relación mantenida entre el hombre y su entorno. Los hombres de las regiones del sur, sobre los que actúan los efectos exteriores del sol, son más prolíficos en gestos; también son más habladores. Se desarrolla en ellos un lenguaje que tiene melodía porque en su desarrollo del calor interior están conectados con el calor exterior. Los hombres de las regiones del norte, por otro lado, se desarrollan de tal modo que no son habladores, porque tienen que retener en ellos su calor corporal como impulso. Consideren a los hombres del norte. Son conocidos por su silencio. Pueden sentarse juntos durante toda la noche sin sentirse obligados a pronunciar muchas palabras. Un hombre puede hacer una pregunta. El otro tal vez le responda con un “no” o “sí” después de dos horas, o tal vez la noche siguiente. Esto se haya relacionado con el hecho de que estos hombres del norte están obligados a tener en su interior un impulso más fuerte para la creación de calor interior, porque en ellos no penetra calor desde el exterior.

Aquí tenemos algo que podríamos llamar la adaptación del hombre a las condiciones naturales exteriores. Observen pues cómo todo esto se encuentra activo en la educación y en la vida anímico-espiritual general. Ahora bien, igual que los seres ahrimánicos poseen una influencia esencial sobre lo basado en la herencia, del mismo modo los seres luciféricos tienen una influencia esencial sobre la adaptación. Aquí pueden llegar al hombre cuando está desarrollando su relación con el mundo exterior. Enredan el yo humano en el mundo exterior; y al hacerlo a menudo confunden a este en el ámbito del karma.

Así mientras los seres ahrimánicos pueden poner al hombre en un estado de confusión en lo referente a su yo y sus impulsos físicos, los seres luciféricos le confunden en lo que respecta a su karma; pues aquello que proviene del mundo exterior no siempre se basa en el karma, sino que ha de ser tejido primero en el karma del hombre por medio de muchos hilos y conexiones de forma que su karma pueda residir en el futuro.

De esta forma las influencias Luciféricas y Ahrimánicas están íntimamente conectadas con la vida humana y han de ser reguladas. Deben ser reguladas a lo largo de la evolución del hombre. Por esa razón se hizo necesario que estos Maestros Primigenios de la Humanidad abandonasen la Tierra —en la que no podrían haber emprendido esta regulación porque no se puede emprender durante la vida terrena del hombre, y el hombre, cuando sale de su vida terrenal ya no está en la Tierra— por tanto estos antiguos Maestros de la humanidad tuvieron que retirarse de la Tierra, y proseguir su existencia en la Luna. Aquí estoy obligado a revestir con el discurso humano algo para lo que uno realmente requiere otras palabras-imagen. Después de que estos antiguos Maestros de la humanidad (Protomaestros) se hubieran retirado a la Luna tuvieron que buscar, durante su existencia lunar, un acuerdo con los poderes Ahrimánicos y Luciféricos. Ahora la aparición de los poderes Ahrimánicos sería especialmente perjudicial para el hombre en su existencia tras la muerte si, durante esa existencia, pudieran ejercer su influencia sobre él; pues si el hombre atraviesa el portal de la muerte llevando las secuelas de algo malvado en su alma, entonces, como ya les he explicado se encuentra completamente en un entorno Ahrimánico, ciertamente, incluso tiene una apariencia ahrimánica. Él mismo tiene un aspecto ahrimánico y sólo percibe a aquellos seres humanos que también poseen una fisonomía ahrimánica. Eso debe seguir siendo una experiencia puramente psíquica en su alma. Si Ahriman pudiera intervenir ahora, si pudiera ahora influir sobre el cuerpo astral, esto se convertiría en una fuerza que Ahriman enviaría al hombre y que no podría equilibrarse kármicamente, sino que pondría al hombre y a la Tierra en una relación muy cercana. Esto es lo que los poderes Ahrimánicos se afanan por lograr. Ellos desean, tras la muerte, mientras el hombre en su forma espiritual aún se parece a su forma terrenal, desean introducirse en aquellos seres humanos en los que les es posible introducirse, gracias a los impulsos malignos que portan al atravesar el portal de la muerte. Ellos desean impregnar gradualmente esta forma espiritual en tantos seres como sea posible con sus propias fuerzas, atraerlos hacia abajo a la existencia terrenal y establecer una humanidad Ahrimánica terrenal.

Por tanto los antiguos y sabios Maestros de la humanidad que ahora habitan la luna hicieron un pacto con los poderes Ahrimánicos, que tuvo que ser firmado por esos poderes por razones que explicaré más tarde, según las cuales permitían que los poderes Ahrimánicos influyeran en el más pleno sentido de la palabra sobre la vida del hombre antes de descender a la vida terrenal.

Así, cuando el hombre, en su descenso a la vida terrenal, atraviesa de nuevo la esfera lunar, entonces, según el acuerdo hecho entre los sabios y antiguos Maestros de la humanidad y los poderes Ahrimánicos, estos tienen una influencia definida sobre él. Esta influencia se manifiesta en el hecho de la herencia. Como contrapartida, ya que gracias a los esfuerzos de los antiguos sabios Maestros de la humanidad, esta esfera de la herencia había sido asignada a los seres Ahrimánicos, estos renunciaban a tomar parte en lo que vive en la evolución del hombre tras la muerte.

De manera inversa se concluyó un acuerdo con los seres Luciféricos mediante el cual estos seres sólo tendrían una influencia sobre el hombre después de que hubiera atravesado el portal de la muerte, y no antes de que descendiera a la existencia terrenal.

De ese modo, a través de los antiguos sabios Maestros de la humanidad, surgió una regulación de las influencias de los seres Ahrimánicos y Luciféricos ejercidas fuera de la Tierra. Ya hemos visto y sólo necesitamos considerar el asunto cuando se hace inmediatamente claro que el hombre es puesto bajo la influencia de la naturaleza gracias a que los seres ahrimánicos son capaces de actuar sobre él. Antes de su descenso a la Tierra el hombre se haya expuesto a las influencias de la herencia. A través de las influencias de los seres Luciféricos está expuesto a aquellos impulsos que subyacen en su entorno físico, en el clima y demás, también en los impulsos que subyacen en su entorno psíquico, espiritual y social a través de la educación, etc. El hombre entra así en relación con su entorno natural, y en este entorno pueden actuar tanto las influencias Ahrimánicas como las Luciféricas.

Ahora me gustaría hablar de otro aspecto relativo a la existencia de estos seres Luciféricos y Ahrimánicos en este ambiente natural. Ya he tocado estas cosas al discutir el enigma de Michael, pero ahora trataré de aclararlo más.

Imagínense el cambio que tiene lugar en nuestro entorno natural en el fenómeno de una niebla creciente. Las exhalaciones acuosas de la Tierra ascienden. Vivimos dentro de la atmósfera, que se satura con este ascenso de los vapores acuosos terrenales. Alguien que ha desarrollado la visión espiritual descubre que en este fenómeno natural puede vivir algo que transporta el elemento terrenal hacia arriba en una dirección centrífuga.

niebla

No sin razón los hombres que viven en zonas con niebla suelen ser melancólicos, pues hay algo en experimentar la niebla que aplasta nuestra voluntad. Experimentamos un aplastamiento de nuestra voluntad con la niebla.

Ahora mediante ciertos ejercicios puede uno desarrollar su imaginación de forma que pueda aplastar su propia voluntad. Se puede hacer por medio de ejercicios que consisten en que el hombre se concentre interiormente en ciertos órganos del cuerpo, y produciendo una especie de sentimiento interior de los músculos (cuando una persona camina y siente sus músculos es diferente que contraer un músculo mediante la concentración cuando está en reposo). Cuando este ejercicio se practica regularmente como los ejercicios descritos en “Cómo se Alcanza el Conocimiento de los Mundos Superiores” entonces sobrecarga su voluntad a través de su propia actividad. Entonces comienza a ver lo que está presente en la niebla, que puede volver a las personas taciturnas y melancólicas. Él entonces ve, espiritual y psíquicamente, que en la niebla, viven ciertos espíritus ahrimánicos. Debe decirse entonces con cognición espiritual: En la niebla surgen desde la Tierra hacia el espacio cósmico espíritus ahrimánicos que extienden así su existencia más allá de esta.

De nuevo, es distinto cuando, aquí en la región del Goetheanum donde el hermoso entorno ofrece tantas oportunidades, dirigimos nuestra mirada por la tarde y por la mañana al cielo, y vemos las nubes sobre las que se posa la luz del sol. Hace unos días pudieron ver por la tarde una especie de luz solar rojizo-dorada incorporada en las nubes, que producía las más hermosas formas de una manera maravillosa. En la noche de ese mismo día la luna brilló con especial intensidad. Pero pueden ver por doquier las nubes con esta iluminación desplegando sobre ellas un hermoso juego de colores. Esto puede verse en cualquier lugar; estoy hablando simplemente de algo que puede ser especialmente hermoso aquí.

En esa radiante luz que se despliega en la atmósfera sobre las nubes, viven los espíritus luciféricos, igual que los espíritus Ahrimánicos viven en la niebla. En realidad, para alguien que puede ver los eventos de la naturaleza de la manera correcta, conscientemente, con imaginación, permitiendo que sus pensamientos ordinarios salgan y acompañen a las formas y los colores de las cambiantes nubes, dando juego a sus pensamientos en vez de fijarlas en contornos afilados, y que es capaz de cambiarlos o transformarlos cuando los pensamientos mismos se expanden o contraen al salir con estos cúmulos y acompañarlos en su forma y color, entonces él realmente comienza a contemplar el juego del color en las nubes, especialmente por la tarde o por la mañana, como un océano de color en el que se mueven las formas Luciféricas. Y mientras que, a través de la niebla surgen sentimientos melancólicos en el hombre, es ahora cuando sus pensamientos y al mismo tiempo hasta cierto grado sus sentimientos aprenden a respirar como en una libertad sobrehumana al ver este fluyente océano luciférico de luz. Esa es una relación especial con su entorno que el hombre puede cultivar, pues él puede entonces realmente elevarse hasta el sentimiento de que su pensamiento es como una respiración de luz. El hombre siente entonces su pensamiento, lo siente como una respiración de luz.

luz del amanecer

Si emprenden voluntariamente estos ejercicios, entonces comprenderán mejor esa parte de mis Dramas Misterio donde hablo de los Seres que respiran luz. El hombre puede incluso ahora obtener una premonición de lo que son esos Seres que respiran luz, si emprende los ejercicios que acabo de describir.

Entonces descubrimos cómo los seres Luciféricos y Ahrimánicos están incorporados en los fenómenos de la naturaleza exterior. Cuando estudiamos los fenómenos de la herencia y la adaptación al entorno en el ser humano nos damos cuenta de que en estos el hombre lleva su alma y su espíritu a la naturaleza. Si observamos los fenómenos de la naturaleza como la niebla y las nubes bañadas en luz vemos cómo los seres Ahrimánicos y Luciféricos se unen a la naturaleza. Pero el acercamiento del alma y del espíritu humano a la naturaleza a través de la herencia y la adaptación al entorno es también, como he mostrado hoy, sólo un acercamiento a lo Luciférico y Ahrimánico.

Así, cuando contemplamos la naturaleza del hombre encontramos en ella las influencias Luciféricas y Ahrimánicas; y en esos fenómenos de la naturaleza que tienen lugar dentro de ella y de los que el físico no se preocupa, encontramos de nuevo los elementos luciféricos y ahrimánicos. Ese es el punto de partida desde el cual podemos observar una actividad de la naturaleza sobre el hombre que se extiende más allá de la existencia terrenal.

Fijemos esto firmemente hoy en nuestras mentes. Encontramos a Ahriman y a Lucifer en la herencia y en la adaptación al entorno. Encontramos a Ahriman y a Lucifer en la niebla y en la luz que se vierte sobre las nubes y es retenida por ellas; y encontramos en el hombre el esfuerzo por crear un ritmo y un equilibrio entre la herencia y la adaptación al entorno. Pero también encontramos fuera en la naturaleza el esfuerzo de crear el ritmo entre los dos poderes cuya existencia en la naturaleza he mostrado, el Luciférico y el Ahrimánico.

Si siguen el proceso completo fuera en la naturaleza, tienen un hermoso drama. Observen la niebla y vean cómo en ella los espíritus ahrimánicos se afanan por salir al espacio cósmico. En el momento en que la niebla forma nubes, estos seres han de cejar en su empeño y regresar de nuevo a la Tierra. En las nubes el presuntuoso esfuerzo de Ahriman encuentra sus límites. En las nubes la niebla cesa, y con ella la morada de Ahriman; en las nubes comienza la posibilidad de que la luz repose sobre ella, Lucifer reposa sobre las nubes.

Capten el significado completo de esto. Imaginen la niebla creciente con formas ahrimánicas amarillo-grisáceas transformándose en nubes; mientras en aquello que se forma en la luz que fluye sobre las nubes las formas luciféricas se afanan por descender, y tendrán la imagen de lo Ahrimánico y lo Luciférico en la naturaleza.

Entonces comprenderán los tiempos en que había un sentimiento por lo que reside al otro lado del Umbral, por aquello que teje y vive en las brillantes nubes, por aquello que teje y vive en la niebla que asciende; de forma que en aquellos días los pintores, por ejemplo, estaban en una posición bastante diferente de la que asumieron después. Entonces el color, que para ellos era de naturaleza espiritual, asumió su lugar correcto en el lienzo. El poeta, consciente entonces de que lo Divino, el Espíritu, hablaba en él, podía decir: “Canta, Musa, la cólera de Aquiles”, o “Cántame, Musa, la historia del hombre que recorre muchos senderos”. Así comienzan los poemas de Homero. Klopstock, que vivió en una época en que el sentido por lo divino-espiritual ya no estaba vivo, escribe en su lugar: “Canta, Alma Inmortal, acerca de la redención de los hombres pecadores”. A menudo he hablado de esto. Igual que los poetas de tiempos antiguos podían hablar así, del mismo modo los antiguos pintores, incluso en la época de Rafael o de Leonardo, podían decirlo, porque ellos también lo sentían a su modo: “Pinta para mí, oh Musa. Pinta para mí, oh Divino Poder. Dirige mis manos, lleva mi alma a mis manos, para que Tú puedas guiar el pincel en ellas”.

Realmente se trata de comprender esta unión del hombre con lo espiritual en todas las situaciones de la vida, y la mayoría de ellas en las más importantes.

Así que tengamos esto claro, que por un lado, en la herencia y en la adaptación al entorno, llevamos al ser humano hacia Lucifer y Ahriman; mientras que, por otra parte, en una verdadera comprensión de la naturaleza, llevamos los elementos luciférico y ahrimánico hacia la naturaleza exterior. Desde este punto de vista continuaremos nuestras observaciones en la próxima conferencia.

Traducido por Gracia Muñoz. Junio de 2017

 

Anuncios

GA130. Buda y Cristo – La Esfera de los Bodhisattvas

Rudolf Steiner – Milán, 21 de septiembre de 1911

English version

En esta conferencia quiero hablar sobre ciertos hechos que pertenecen esencialmente al dominio ético y moral y nos ayudarán a comprender la misión de la ciencia espiritual en nuestro tiempo.

Estamos profundamente convencidos de la gran verdad de la reencarnación, de las vidas terrenales consecutivas, y deberíamos saber que esta repetición tiene su propio propósito en la evolución de la Tierra. A la pregunta: “¿Por qué  reencarnamos?”. La investigación oculta da la respuesta de que nuestras experiencias son diferentes en cada una de las épocas en las que volvemos a nacer en la Tierra. En las encarnaciones inmediatas a la catástrofe atlante, las experiencias del alma humana eran completamente diferentes de las obtenidas en épocas pre-cristianas posteriores así como en nuestro propio tiempo.

Basta con mencionar brevemente que en los tiempos inmediatamente después de la catástrofe atlante, las almas estaban dotadas de una cierta clarividencia elemental proveniente de los cuerpos que entonces habitaban. Esta clarividencia, que una vez fue una facultad natural en el hombre, se fue perdiendo gradualmente, principalmente como resultado de las condiciones culturales imperantes en la época greco-romana. Desde entonces, el hombre se ha desarrollado de tal manera que ha logrado un gran progreso en el plano físico y durante el curso de la presente época post-atlante irá recuperando gradualmente la clarividencia.

Estamos viviendo en la quinta época cultural post-Atlante; la primera época cultural se denomina la Antigua India, la segunda la antigua Persia, la tercera la Babilonia-caldea y la cuarta la Greco-romana; a nuestra quinta época cultural le seguirán la sexta y la séptima. Después otra gran catástrofe caerá sobre la Tierra y la Humanidad, como ocurrió hacia el final de la época Atlante.

La investigación oculta es capaz de indicar la tendencia característica de la evolución humana en cada una de estas épocas de la civilización post-atlante –incluyendo la quinta, sexta y séptima–. La característica esencial de nuestra presente quinta época es el desarrollo de la inteligencia, de la razón. La característica principal de la sexta época será el desarrollo  de un sentimiento muy definido en las almas humanas,  con respecto a lo que es moral y lo que es inmoral. Delicados sentimientos de simpatía se despertarán por hechos amables y compasivos y sentimientos de antipatía por acciones maliciosas. Ningún ser humano que vive en la actualidad puede tener la menor idea de la intensidad de estos sentimientos.

La sexta época será seguida por la séptima, donde se profundizará aún más la vida moral. Mientras que en la sexta época el hombre sentirá placer ante las acciones buenas y nobles, en la séptima época el resultado natural de tal placer será el impulso moral , es decir, habrá una firme resolución de hacer lo que es moral. Hay una gran diferencia entre sentir placer ante una acción moral y el ejecutarla. Por lo tanto, podemos decir: nuestra época es la época del intelectualismo; la característica esencial de la época siguiente será el placer estético en el bien y el disgusto estético ante el mal; y la séptima se caracterizara por una vida moral activa.

En la actualidad sólo las simientes de lo que pasará a formar parte de la Humanidad en épocas futuras están contenidas en el alma humana, y se puede decir que todas estas aptitudes o predisposiciones en el hombre –aptitudes intelectuales, predisposiciones que conducen a los sentimientos de simpatía o antipatía que despiertan ciertas acciones, e impulsos morales– todo esto se relaciona con los mundos superiores. Cada acción moral tiene una relación clara con los mundos superiores. Nuestras aptitudes intelectuales tienen una conexión suprasensible con el plano astral. Nuestras simpatías y antipatías para el bien o el mal están conectadas con la esfera del Devacán inferior; y el dominio de los impulsos morales en el alma está conectado con el Devacán superior. Por lo tanto, también podemos decir: en nuestra época actual son principalmente  las fuerzas del mundo astral  las que penetran e ingresan  con vigor en el alma humana; en la sexta época serán las fuerzas de  Devacán inferior las que penetrarán más profundamente en el alma; y en la séptima, las fuerzas del Devacán superior actuarán con especial fuerza en la Humanidad.

A partir de esto, es comprensible que en la cuarta época post-atlante previa (greco-romana) fueran las fuerzas del plano físico las que ejercieron la influencia más fuerte en el alma del hombre. Es por ello que la cultura griega fue capaz de producir ese tipo de esculturas maravillosas, a través de las cuales se le otorgó a la forma humana tan magnífica expresión en el plano físico. Por lo tanto, las condiciones en aquella época eran especialmente adecuadas para que los hombres experimentaran al Cristo en el plano físico dentro de un cuerpo físico. En nuestra quinta época, que durará hasta el cuarto milenio, las almas se volverán gradualmente capaces –a partir del siglo XX en adelante– de experimentar al Ser de Cristo en una forma etérea en el plano astral, al igual que en la cuarta época el Cristo fue visible en el plano físico dentro de una forma física.

Con el fin de comprender la naturaleza del desarrollo de la sexta época cultural, es bueno considerar lo que serán las cualidades características del alma en futuras encarnaciones. Hoy en día, en nuestra época intelectual, la intelectualidad y la moralidad conforman esferas  prácticamente separadas en la vida del alma. Hoy en día es factible que un hombre sea muy inteligente y al mismo tiempo inmoral, o viceversa –ser profundamente moral y cualquier cosa menos inteligente–.

En la cuarta época, la futura yuxtaposición de la moralidad y la intelectualidad fue proféticamente prevista por un pueblo, a saber, el hebreo. Ellos se esforzaron por lograr la armonía artificial entre la moralidad y la intelectualidad, mientras que entre los griegos tal armonía era más una cuestión natural, por supuesto. Hoy en día podemos aprender de la Crónica Akáshica cómo los líderes del antiguo pueblo hebreo se esforzaron por establecer esta armonía entre la intelectualidad y la moral. Ellos portaban símbolos consigo, de los cuales el resto no tenía tan profundo entendimiento, en los que concentraban la mirada para volverse receptivos a sus influencias, así podían establecer una cierta armonía entre lo que era bueno en un sentido moral y lo que era conveniente. Los sacerdotes del antiguo pueblo hebreo usaban estos símbolos sobre su vestimenta. El símbolo de la moralidad fue llamado Urim, el símbolo de la sabiduría, Tumim.

[ De acuerdo con la nota al pie en el texto alemán de esta conferencia, Urim = Glanz (Resplandor o Lustre) y Tumim = Wahrheit (Verdad). La mayoría de los libros en inglés de referencia dan “luces” y “perfecciones”, como las interpretaciones, al tiempo que reconoce la incertidumbre. La Septuaginta los traduce como “manifestación” y “verdad”. No hay unanimidad en cuanto a si los objetos en cuestión se pueden identificar de forma fiable, pero las referencias bíblicas sugieren que eran piedras preciosas. Algunos estudiosos suponen que eran las doce piedras del pectoral del Sumo Sacerdote. Lo que parece ser cierto es que en estos objetos fueron grabados los nombres de las doce tribus, y que el sumo sacerdote las utilizaba como un oráculo con el fin de determinar la voluntad de Dios. (Véase entre otras referencias bíblicas: Éxodo 28, 9-30 ; Levítico 8, 8 .) Robertson Smith escribió en el Antiguo Testamento en la Iglesia judía: “En la antigüedad, el oráculo sacerdotal de Urim y Tumim era muy sagrado; en I Sam. XIV: 41 . el texto verdadero, ya que todavía se puede restaurar desde la LXX, Saul hace rezar, si la maldad sea en mí o Jonathan, dar Urim; pero si es en Israel, dar Tumim. Este lote sagrado estaba conectado con el efod, que en el tiempo de los jueces era algo muy parecido a un ídolo “. Véase en la traducción Moffatt de la Biblia I Sam. xiv. 18-43 . – Nota de DSO y MK ]

Si un sacerdote hebreo quería descubrir si una determinada acción era a la vez buena y sabia, se volvía receptivo a las fuerzas del Urim y Tumim; el resultado era la inducción de una cierta armonía entre la moralidad y la intelectualidad. Efectos mágicos se producían por medio de estos símbolos y de este modo se establecía un vínculo mágico con el mundo espiritual.

urim-y-tumim

Nuestra tarea consiste ahora en lograr en futuras encarnaciones, a través del desarrollo anímico interior, el sentido que en épocas anteriores se producía por medio de estos símbolos.

Pensemos una vez más acerca de  las fases de la evolución que van a través del quinto, sexto y séptimo periodo cultural post-atlante, con el fin de comprender cómo la intelectualidad, la estética y la moral se expresarán en la vida anímica de los hombres.

Mientras que en la presente quinta época, la intelectualidad puede permanecer intacta incluso si no se siente placer ante las acciones morales, en la sexta época será bastante diferente. En la sexta época, es decir, partiendo del el tercer milenio en adelante, la inmoralidad tendrá un efecto paralizante sobre la intelectualidad. Las facultades mentales de un hombre que es intelectual y, al mismo tiempo inmoral sin duda se deteriorarán y esta condición se hará más y más pronunciada en la evolución futura de la Humanidad. Un hombre que no tiene moral será despojado de su poder intelectual pues esto dependerá enteramente de sus acciones morales; y en la séptima época, la inteligencia sin moral será inexistente.

En este punto correspondería tener en cuenta la naturaleza de las fuerzas morales en las almas individuales en sus encarnaciones actuales. ¿Cómo es posible que en nuestra fase de la evolución un ser humano pueda llegar a ser inmoral?. Se debe a que en sus sucesivas encarnaciones, el hombre ha descendido más y más profundamente en el mundo físico y por lo tanto, se ha visto impulsado cada vez en más hacia el mundo de los sentidos.

Tanto más intensamente actúen las fuerzas correspondientes a la fase descendente de la evolución sobre un alma, tanto más fuerte será la tendencia a ser inmoral. Este hecho es confirmado por un hallazgo muy interesante de la investigación oculta. Es sabido que cuando un hombre pasa por el umbral de la muerte, deja a un lado sus cuerpos  físico y etérico y por un breve tiempo, tiene una visión retrospectiva de su vida pasada en la Tierra. Sigue una especie de sueño y después de unos meses, o quizás años, se despierta en el plano astral, en el Kamaloka. Luego continúa  la vida en el Kamaloka,  en donde se vivencia de manera inversa la vida terrenal, tres veces más velozmente.

Al comienzo de la vida en el Kamaloca, a cada individuo le sobreviene una experiencia muy significativa. En el caso de la mayoría de los europeos o, en general, de los hombres que pertenecen a la civilización moderna, esta experiencia se muestra de la siguiente forma. Al comienzo de la vida en el Kamaloka, una individualidad espiritual nos muestra todo lo que hemos hecho por motivos egoístas en la última vida; nos muestra un tipo de registro de todas nuestras transgresiones. Cuanto más concretamente se lleguen a imaginar esta experiencia, mejor. Al comienzo del período del Kamaloka, en realidad es como si una figura se nos  presentara con el registro de nuestra vida física. El hecho importante –para lo cual, naturalmente, no se puede ofrecer ninguna prueba, puesto que sólo puede ser confirmado por la experiencia oculta– es que la mayoría de los hombres que pertenecen a la civilización europea reconocen a Moisés en esta figura. Este hecho se ha conocido siempre en la investigación Rosacruz desde la Edad Media y en los últimos años ha sido confirmado por investigaciones de un carácter muy sutil.

Se puede deducir de esto que al principio de su vida en el Kamaloka, el hombre siente una gran responsabilidad hacia las potencias pre-cristianas por haberse permitido caer, y es un hecho real en la vida oculta que es la individualidad de Moisés la que exige el ajuste de cuentas por los errores cometidos en nuestro tiempo.

Los potencias y las fuerzas que elevan al hombre nuevamente hacia el mundo espiritual, se dividen en dos categorías: las que impulsan al hombre hacia el camino de la sabiduría, y aquellas que lo llevan por el camino de la moral. Las fuerzas a las que se debe principalmente el progreso intelectual proceden del impulso brindado por una gran individualidad de la cuarta época post-atlante, que es conocido por todos como el Gautama Buda. Es un notable descubrimiento de la investigación espiritual que los pensamientos más penetrantes, más significativos que fueron  concebidos en nuestra época actual, hayan procedido de Gautama Buda. Esto es tanto más notable por cuanto hasta los días de Schopenhauer –por lo tanto, no hace mucho tiempo– el nombre de Gautama Buda era casi desconocido en Occidente. Esto es muy comprensible, ya que cuando Gautama Buda nació como el hijo del rey Suddhodana, se elevó de Bodhisattva a Buda, y llegar a ser un Buda significa que la individualidad en mención no encarnará de nuevo en la Tierra en un cuerpo físico.

El Bodhisattva que se convirtió en Buda cinco o seis siglos antes del comienzo de la era cristiana, no ha encarnado más debido a que ya no puede encarnar en un cuerpo físico. Pero en su lugar, logra que sus fuerzas desciendan desde los mundos superiores, desde los mundos suprasensibles, e inspira a todos los portadores de la cultura que aún no están permeados por el Impulso de Cristo. La conciencia de esta verdad se demostró en una hermosa leyenda escrita por Juan de Damasco en el siglo VIII y fue bien conocida en toda Europa en la Edad Media. Es la leyenda de Barlaam y Josafat, que relata cómo el que se había convertido en el sucesor de Buda (Josafat es una variación fonética de ‘Bodhisattva’) recibió las enseñanzas de Barlaam sobre el Impulso de Cristo. La leyenda, que fue posteriormente olvidada, nos dice que el Bodhisattva que sucedió a Gautama Buda  fue instruido por Barlaam y que su alma fue encendida por el impulso cristiano. Este es el segundo impulso que, además del de Buda, continúa trabajando en la evolución de la Humanidad. Es el Impulso de Cristo y está conectado con el futuro ascenso hacia la Moralidad de la Humanidad. Aunque la enseñanza de Buda es en sentido particular  una  enseñanza moral, el Impulso de Cristo no es una enseñanza, sino un poder real que actúa como tal y que, en grado creciente, impregna a la Humanidad de fuerza moral. [ I Cor IV, 20 . ]

En la cuarta época post-atlante, el Ser de Cristo  que desciende desde las alturas cósmicas tenía primero que aparecer en un cuerpo físico. En nuestra quinta época, la intensa consolidación de las fuerzas intelectuales hará posible que el hombre contemple al Cristo como una figura etérea. Esto tiene su inicio  incluso en nuestro siglo. A partir de los años treinta a los años cuarenta del siglo XX en adelante, van a surgir personas que se habrán desarrollado de un modo tal que serán capaces de ver la forma etérica de Cristo, así como en la época de Jesús de Nazaret pudieron ver al Cristo físico. Y durante los próximos tres mil años, el número de personas capaces de contemplar al Cristo etérico aumentará constantemente, hasta que en unos tres mil años, contando desde el momento presente, habrá un número suficiente de seres humanos en la Tierra que no necesitarán evangelios u otros registros, porque tendrán la visión real del Cristo dentro de su propia alma.

luz_do_mundo.jpg

Por lo tanto, debemos entender claramente que en la cuarta época post-Atlante los hombres sólo fueron capaces de contemplar al Cristo físico; consecuentemente, hubo de habitar en un cuerpo físico. En nuestra propia época y en el tercer milenio, la humanidad se tornará gradualmente capaz de contemplar al Cristo etérico. Nunca más regresará en un cuerpo físico.

Si tenemos en cuenta el hecho de que cuando un hombre de la época actual logra unirse cada vez más profundamente con el Impulso de Cristo, pasa al Kamaloca y ve llamar su atención por una figura que personifica una fuerza moral –por Moisés– entenderemos cómo puede llevarse a cabo una transformación de la figura de Moisés. Porque ¿qué es lo que Moisés nos muestra cuando nos confronta con el registro de nuestros pecados y transgresiones?. Nos muestra lo que se interpone en el deber de nuestro karma. Para un alma de nuestra época es de gran importancia que, a través de la inspiración del Buda, sea comprendida  la doctrina del karma, puesto que la realidad del trabajo del karma después de la muerte se nos revela por la figura del Antiguo Testamento de Moisés.

A medida que las influencias del Cristo suprasensible impregnan las almas de los hombres en una medida cada vez mayor, la figura de Moisés se transforma después de la muerte en la de Cristo Jesús. Esto significa que nuestro karma está vinculado con Cristo, que Cristo se une con nuestro karma.

Es interesante cobrar la noción de que en las enseñanzas de Buda, el karma es una cuestión abstracta, que tiene un carácter impersonal. En las futuras encarnaciones de los hombres, como Cristo entra en conexión cada vez más estrecha con el karma, éste adquirirá la calidad de existencialidad, de vida potencial.

Nuestras primeras etapas de la evolución, la vida en el pasado, pueden estar relacionadas con las palabras: Ex Deo Nascimur. Si dirigimos nuestro desarrollo de tal manera que después de la muerte, en lugar de Moisés encontramos a quien se unificará con nuestro karma, a Cristo, esto queda expresado en el Cristianismo Rosacruz –que existe desde el siglo XIII– por medio de las palabras: In Christo Morimur .

Del mismo modo que el grado de Buda sólo se puede alcanzar en el plano físico, la calificación para el encuentro con Cristo en la muerte, puede ser adquirida por el alma humana sólo en el plano físico. Un Buda es primero un Bodhisattva, pero se eleva al rango de Buda durante una encarnación física y entonces ya no le es necesario volver a la Tierra. La comprensión de Cristo, en el sentido que acabamos de explicar, se puede adquirir sólo en el plano físico. Por lo tanto, durante los próximos tres mil años los hombres tendrán que adquirir en el mundo físico el poder de contemplar al Cristo suprasensible, y es la misión del Movimiento Antroposófico crear, en primer lugar, las condiciones para lograr que la comprensión de Cristo sea posible en el plano físico, para después adquirir la capacidad de contemplarle.

En la época en la que Cristo trabaja en el mundo de los hombres como el Cristo Etérico, no importa si estamos viviendo en un cuerpo físico o nos hallamos entre la muerte y un nuevo nacimiento, si en el plano físico hemos adquirido el poder para verle. Supongamos, por ejemplo, que a causa de su muerte un hombre no tuvo en principio la oportunidad de contemplar a Cristo en su forma etérica actual. No obstante, si durante su vida en el mundo físico tal hombre ha adquirido el conocimiento necesario, la visión del Cristo será posible para él entre la muerte y el nuevo nacimiento. Un hombre que se mantiene apartado de la vida espiritual y no adquiere la comprensión de Cristo, permanecerá sin tal conocimiento hasta que pueda adquirirlo en su próxima encarnación.

Lo que se acaba de decir pretende indicar que a medida que la Humanidad vaya pasando por  la Quinta, Sexta y Séptima Épocas de la Civilización, el Impulso de Cristo va a ganar cada vez más peso en la Tierra. Habéis oído que en la Sexta Época, la intelectualidad se verá perjudicada por la inmoralidad. El otro aspecto es que un hombre que ha paralizado su facultad intelectual como resultado de la inmoralidad debe volverse a Cristo con  la mayor de sus fuerzas, con el fin de que Cristo le pueda conducir a lo moral e impregnarlo con ella.

Lo que he dicho, ha sido investigado de cerca sobre todo por los Rosacruces desde el siglo XIII, pero es una verdad que es conocida por muchos ocultistas en todo momento.

Si se llegara a afirmar que podría haber una segunda aparición de Cristo en la Tierra en un cuerpo físico, de acuerdo con el ocultismo sería equivalente a decir que una balanza funcionaría  de manera más eficiente si se la apoya sobre dos puntos en lugar de en uno. En verdad, los tres años de duración de la vida de Cristo en la Tierra en el cuerpo de Jesús de Nazaret, constituyen el punto de apoyo de la evolución de la Tierra; y así como no puede haber más que sólo un punto en el que está fijado el fiel de una balanza, solamente  puede haber un único punto de apoyo de la evolución de la Tierra.

cristo-redentor

La enseñanza del desarrollo moral no es lo mismo que el impulso para su desarrollo. Antes del Evento del Gólgota, el Bodhisattva que sería el sucesor de Buda estaba presente en la Tierra con el fin de prepararse para ese evento y brindar sus enseñanzas a los que le rodeaban. Él encarnó en la personalidad de Yeshu ben Pandira [Ver Yeshu ben Pandira , dos conferencias dadas por Rudolf Steiner en Leipzig, el 4 y 5 de noviembre de 1911, y las referencias en su posterior ciclo sobre  El Evangelio de San Mateo], un siglo antes el nacimiento de Jesús de Nazaret. Por lo tanto hay que distinguir entre el Yeshu ben Pandira, encarnación del Bodhisattva que es el sucesor de Gautama Buda, y la encarnación de Jesús de Nazaret al comienzo de nuestra era, que durante tres años de su vida fue impregnado por el Ser Cósmico que llamamos el Cristo.

El Bodhisattva que encarnó en Yeshu ben Pandira y también en otras personalidades, volverá una y otra vez, hasta que en unos tres mil años a partir de ahora, alcanzará el grado de Buda y atravesará su encarnación final como el Maitreya Buda. La individualidad de Cristo que moró en la Tierra en el cuerpo de Jesús de Nazaret durante tres años ya no volverá a tomar un cuerpo físico; en la quinta época post-atlante reaparecerá en un cuerpo etérico, en la sexta época en un cuerpo astral, y en la séptima lo hará a modo de un poderoso Yo cósmico que representará el gran Alma–Grupo de la Humanidad.

Cuando un ser humano muere, sus cuerpos físico, etérico y astral se desprenden de él y su Yo pasa a la siguiente encarnación. Sucede exactamente lo mismo con el planeta Tierra. Lo que es físico en nuestra Tierra decaerá a finales del período  terrestre, y las almas humanas en su totalidad pasaran a reubicarse en la condición de Júpiter, la próxima manifestación  planetaria de la Tierra. Y al igual que en el caso de un ser humano individual, su Yo es el centro de su evolución posterior,  el conjunto de la humanidad futura conformará el Yo de Cristo en los cuerpos astrales y etéricos de los hombres, y pasará a ser parte de la vida existencial de Júpiter. Por lo tanto, podemos ver cómo a partir de hombre físico en la Tierra, el Cristo evoluciona gradualmente desde Cristo etérico, luego como Cristo astral hasta llegar a ser finalmente el Cristo-Yo, siendo éste el Espíritu de la Tierra que luego se irá elevando a etapas más altas, junto con toda la Humanidad.

¿Qué es lo que hacemos  cuando enseñamos la Ciencia Espiritual?. Estamos enseñando lo que la sabiduría oriental proclamaba tan claramente, cuando el Bodhisattva que entonces fuera  el hijo del rey Suddhodana, alcanzó el grado de  Buda. En esas enseñanzas orientales se expresó la idea de lo que sería la tarea del próximo Bodhisattva –que con el tiempo se convertirá en un Buda– el divulgar por la Tierra el conocimiento que revelaría a Cristo a los hombres en su verdadera luz. Así, el Bodhisattva que encarnó en Yeshu ben Pandira y demás, se convirtió en el Gran Maestro del Impulso de Cristo. Esto se indica muy claramente en la leyenda de Barlaam y Josafat, que cuenta cómo Josafat (es decir, el Bodhisattva) es instruido por Barlaam, el maestro cristiano. Las enseñanzas ocultas orientales llaman a este Bodhisattva el “Portador de lo Bueno” –Maitreya Buda–. Y sabemos gracias a  las investigaciones ocultas que en este Maitreya Buda está presente la concepción del poder de la Palabra en un grado que los hombres de la actualidad todavía no pueden imaginar. Hoy en día es posible gracias a una mayor percepción clarividente del proceso de evolución del mundo descubrir cómo el Maitreya Buda enseñará al cabo de tres mil años. Gran parte de su enseñanza también puede expresarse en formas simbólicas. Pero hoy –debido a que la Humanidad no está lo suficientemente madura– todavía no le es posible pronunciar palabras como las que surgirán de los labios del Maitreya Buda.

En la trayectoria del óctuple sendero, el  Gautama Buda brindó las grandes enseñanzas espirituales sobre el correcto hablar, el correcto pensar, el correcto actuar y así sucesivamente. Las palabras pronunciadas por el  Maitreya Buda contendrán un poder mágico que se convertirá en impulsos morales en los hombres que las escuchen. Y si debería haber un  Evangelio revelador  del Buda Maitreya, el escritor tendría que usar unas palabras que difieren de las utilizadas por Cristo en el Evangelio de San Juan: “Y la Palabra se hizo carne”. El evangelista del Maitreya Buda tendría que declarar: “Y la carne fue hecha Palabra”. Las declaraciones del Maitreya Buda se impregnarán de una manera milagrosa con el poder de Cristo. Investigaciones ocultas nos muestran hoy en día que en cierto modo, incluso la vida externa del  Maitreya Buda será un reflejo de la vida de Cristo.

En los tiempos antiguos, cuando una gran Individualidad aparecía y debía convertirse en un Maestro de la humanidad, los signos que indicaban esto se mostraban en la temprana juventud del niño en cuestión, en talentos y cualidades especiales del alma. Sin embargo, existe un tipo diferente de desarrollo en el curso del cual se hace evidente un cambio completo en la personalidad en un cierto punto de su vida. Sucede así que cuando este ser humano ha llegado a una cierta edad, su Yo se libera de sus envolturas corporales y un Yo diferente ingresa en su cuerpo. El mejor ejemplo de esto es el del mismo Jesús, quien en su trigésimo año de vida cedió su cuerpo a la individualidad de Cristo. Todas las encarnaciones del Bodhisattva que se convertirá en el Maitreya Buda indican  que su vida semejará a la de Cristo en este sentido.

En ninguna de las encarnaciones del Bodhisattva se sabrá, ya sea en su infancia o en su juventud, que se convertirá en un Bodhisattva. Cada vez que un Bodhisattva se convierte en Buda existe evidencia de que a la edad de 30 o 31, otra individualidad toma posesión de su cuerpo. El Bodhisattva nunca se revelará a sí mismo como tal en su primera juventud, pero en su trigésimo o trigésimo primer año de vida manifestará cualidades muy diferentes, porque otro Ser tomara posesión de su cuerpo. Individualidades que tomaron posesión de la personalidad de un ser humano de esta manera y no atravesaron por una niñez son, por ejemplo, las individualidades como Moisés, Abraham, Ezequiel.

Lo mismo sucederá en nuestro siglo presente en el caso del Bodhisattva que más adelante, al cabo de tres mil años, se convertirá en el Maitreya Buda. Sería diletantismo oculto afirmar que este Ser será reconocible en sus primeros años como Bodhisattva. Es entre los 30-31 años donde se revelará a sí mismo a través de su propio poder, sin tener que ser proclamado por otros. Él  convencerá  al mundo a través de su propio poder y éste será el modo de reconocer que, si el Bodhisattva fuese anunciado en algunos sectores o pretendiera revelarse a sí mismo por medio un ser humano de menos de treinta años de edad, ese mismo hecho sería una prueba de la falsedad de tales declaraciones. Con frecuencia se han hecho afirmaciones de este tipo. Por ejemplo, en el siglo XVII un determinado individuo se proclamó como la encarnación del Mesías, de Cristo. Su nombre era Sabbati Zewi y representantes de toda Europa, desde España, Italia y Francia, peregrinaron a Esmirna para conocerle.

Es cierto que en nuestro tiempo se ha arraigado una falta de inclinación por reconocer el genio en los seres humanos. Pero por otro lado, dado que la pereza mental es muy prevalente, se genera el resultado de que las personas están más que dispuestas a reconocer a un individuo como un gran alma por el mero peso de la autoridad. Es importante para la Antroposofía que se presente de una manera tal que se base en el menor grado posible sobre la creencia en la autoridad.

Mucho de lo que hoy he dicho solo puede ser justificado por medio de la investigación oculta. Sin embargo, yo ruego que no se otorgue crédito a estas cosas sólo porque yo las diga, sino para ponerlas a prueba por medio de todo lo conocido  a través de  la historia –sobre todo por lo que se puede aprender desde la propia experiencia– y estoy absolutamente seguro de que cuanto más cerca lo examinen, más fácilmente encontraran la confirmación. En esta era de intelectualismo, no apelo a la creencia en la autoridad, sino a la capacidad de examinar inteligentemente. El Bodhisattva del siglo XX no dependerá de ningún heraldo que le anuncie como el Maitreya Buda, sino será el poder de sus propias palabras; el permanecerá, por sus propios pies en el mundo.

Lo que se ha dicho en esta conferencia puede quizás resumirse de la siguiente manera.

En nuestro período de evolución, están trabajando dos corrientes de vida espiritual; una de ellas es la corriente de la Sabiduría, o la corriente de Buda, que contiene la enseñanza más sublime de la sabiduría, la bondad del corazón y de la paz en la Tierra. Para habilitar esta enseñanza del Buda e impregnar el corazón de todos los hombres, es indispensable el Impulso de Cristo. La segunda corriente es la corriente del propio Cristo que conducirá a la Humanidad desde la intelectualidad, por medio del sentir y el contemplar estético, hasta lo moral.

Y el más grande Maestro del Impulso de Cristo será en todas las épocas el sucesor de ese Bodhisattva que encarna una y otra vez y que, en tres mil años a partir de ahora, se convertirá en el Maitreya Buda. Pues la declaración contenida en las crónicas orientales es cierta: que exactamente cinco mil años después de que el Gautama Buda alcanzara la iluminación bajo el árbol Bodhi, el Maitreya Buda encarnará en la Tierra por última vez.

Como tal, la sucesión de los Bodhisattvas y Budas no tiene relación con el Ser Cósmico que llamamos Cristo; fue un Bodhisattva –no el Cristo– el que encarnó en el cuerpo de Yeshu ben Pandira. Cristo encarnó en un cuerpo físico una vez y sólo una vez por un período de tres años. El Bodhisattva aparece en cada siglo hasta alcanzar el grado de Maitreya Buda.

La misión de la Antroposofía es llegar a ser una síntesis de las religiones. Podemos concebir una forma de religión que esté  comprendida en el Budismo, otra forma dentro del Cristianismo, y en la medida en que la evolución avance, tanto más estrecha será la unión entre las diferentes religiones, de la misma forma en que el Buda y Cristo  están unidos en nuestros corazones.

Esta visión sobre la evolución espiritual de la Humanidad nos permite además tomar consciencia acerca de la necesidad del impulso de la Antroposofía, como una preparación para comprender el progreso de la cultura y de los sucesos en el gran proceso de la evolución.

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

Marte y el Óctuple Sendero

(Curso de Cosmología – Conferencia a los miembros de la Rudolf Steiner House, London, England)

de 1 de Octubre de 1954 al 1 de Abril de 1955)

Todos los dibujos son de Willi Sucher – Conferencia no revisada por el autor

25 de Febrero de 1955

English version

En el último encuentro hablamos de Marte y de sus gestos. Voy a repetir muy brevemente lo que dijimos. Hablamos de los movimientos de Marte en el transcurso de este año en el que formará una conjunción  con el Sol, lo que significa que Marte está situado en el espacio cósmico, más o menos detrás del sol. En el círculo exterior señalé las conjunciones, (dibujo del círculo pequeño con el trazo) es decir, cuando Marte se posiciona detrás del Sol; y dibuje el bucle para representar una oposición de Marte con el Sol, es decir, cuando la Tierra está entre ellos. Ahora lo interesante es ver lo que ha estado haciendo Marte en el transcurso de los años.

Empecemos con el año 1938 cuando se produjo una conjunción de Marte con el Sol en Cáncer. Al año siguiente, hizo una oposición o bucle que se llevó a cabo casi en oposición, en la transición de Sagitario a Capricornio. Y así podemos seguirlo a través de los años hasta el ciclo del pasado verano en 1954.

marte

En estas ocasiones, cuando Marte se acerca mucho a la Tierra, los astrónomos están especialmente ansiosos por observar sus canales y todos los enigmas de su superficie. Recordarán que también se dijo que en el transcurso de unos dieciséis años, se habían llevado a cabo ocho conjunciones y ocho bucles u oposiciones de Marte al Sol, con un total de dieciséis. Y en ellas reconocemos el patrón cósmico que se nos aparece como la flor de loto de dieciséis pétalos o chakra, como se le llama en la sabiduría oriental, y lo más interesante es que en realidad ya tenemos interiorizados ocho pétalos. Sabemos que la flor de loto es una flor, por así decirlo, con anillos concéntricos de pétalos. Contamos con ocho pétalos interiores y ocho pétalos exteriores, es decir exactamente como se describen en el ocultismo. El chakra de Marte, que está situado en la región de la laringe, tiene dieciséis pétalos: ocho ya se han desarrollado inconscientemente en el pasado y los otros ocho debemos desarrollarlos ahora. Y este desarrollo de los ocho pétalos de la flor de loto de dieciséis pétalos, fue enseñado por Gautama Buda en el óctuple sendero. El óctuple sendero es el método que se debe utilizar para desarrollar y preparar ese órgano en la región de la laringe, que debe servir en un determinado momento para la percepción suprasensible.

Me gustaría indicar cómo Rudolf Steiner ha transformado y modificado el óctuple sendero de acuerdo a las necesidades actuales de la Humanidad. El antiguo óctuple sendero de Buda consistió en desarrollar o alcanzar: la justa opinión, el pensamiento correcto, la palabra correcta, la conducta correcta en la vida, que significa el derecho a los medios de vida, el recto esfuerzo, el control mental y la recta meditación. La octava regla comprende a todas las demás, o dicho de otra manera, corona a las siete anteriores.

Ahora vamos a ver cómo describe Rudolf Steiner este sendero óctuple. El habla de ocho funciones que han de ser realizadas por el ser humano. Las he tomado del libro, “Como se adquiere el Conocimiento de los Mundos Superiores”.

  • El primero se refiere a la forma en que se adquieren las ideas y los conceptos.
  • La segunda de estas funciones se refieren al control de las Resoluciones.
  • La tercera a la función del habla. El estudiante no debe pronunciar ninguna palabra que carezca de sentido y significado, ya que todo hablar por hablar nos aleja del camino, y así sucesivamente.
  • La cuarta es la regulación de la acción exterior. Como discípulos, intentaremos ajustar nuestras acciones de tal manera que armonicen con las acciones de los demás y con los acontecimientos de nuestro entorno.
  • La quinta función incluye la gestión de la totalidad de la vida. En el modo oriental se expresa como los medios adecuados de subsistencia. (Podemos ver que los conceptos que figuran en Como se adquiere el Conocimiento de los Mundos Superiores son mucho más amplios y exhaustivos.) Los esfuerzos de los estudiantes para vivir en conformidad con la naturaleza y el espíritu, nunca se debe apresurar demasiado, pero tampoco ser indolente, uno debe esforzarse por no ser ni excesivamente activo, ni excesivamente perezoso, y así sucesivamente.
  • El sexto se refiere a la actividad humana. Ponemos a prueba nuestra capacidad y competencia y la llevaremos a cabo a la luz de tal auto-conocimiento; no intentaremos nada que esté más allá de nuestras posibilidades, y no trataremos de omitir nada de lo que esté a nuestro alcance, y así sucesivamente.
  • La séptima nos ofrece el esfuerzo de aprender todo lo posible de la vida. Que nada pase por delante nuestro sin que nos dé la oportunidad de acumular la experiencia de qué es lo que tiene valor para nosotros.
  • La octava es que de vez en cuando tomemos un tiempo para hacer una mirada introspectiva en nosotros mismos, hundiéndonos en nuestro ser, dedicándonos con cuidado a tal tarea, dando forma y probación a los principios fundamentales de nuestra vida, acogiendo en nuestros pensamientos la suma total de nuestro conocimiento, sopesar nuestros deberes, reflexionar sobre el contenido y el objetivo de nuestra vida, y así sucesivamente. (Esto se llama Meditación en la versión oriental, y es, por supuesto una meditación-contemplación).

Este es el óctuple sendero. Es el desarrollo, por así decirlo, de los ocho pétalos interiores del chakra de Marte. Nuestra tarea es encontrar una clara imagen Macrocósmica de este chakra que aparece en el ser humano. Por supuesto, debemos imaginar que no es sólo una cuestión de comparar lo que ocurre y lo que existe en el ser humano, con lo que tenemos aquí, que es una imagen de los movimientos de Marte. Una cosa es cierta: hemos descendido desde el mundo cósmico entre la muerte y el nuevo nacimiento, y cada vez que entramos a la vida en la Tierra traemos la herencia de nuestras experiencias en el cosmos. Sabemos que nuestro cuerpo se construye con lo que hemos aprendido y experimentado en las esferas planetarias e incluso más allá. Se puede decir que los planetas están en nosotros, en cierto sentido, están presentes en nosotros. En nosotros está Saturno, está Júpiter, y está Marte; están modificados, pero modificados de tal manera que tienen la posibilidad de ser espiritualizados. Después de todo, ¿que significado tiene el que los seres humanos se encarnen constantemente trayendo a la Tierra la herencia de sus experiencias en las esferas planetarias y, en el momento de la muerte, se las lleven de nuevo? El ser humano es el medio, por así decirlo, por el cual el mundo divino transforma lo que está en el mundo Macrocósmico, que es el Universo.

Todas las funciones de los seres humanos, incluso el comer y digerir, están realmente diseñadas para ser sacrificadas, son un tipo de servicio para todo el Universo, para todo el Cosmos. Esto, por supuesto, no lo reconocemos ahora. En su mayor parte, los seres humanos tienen que alimentarse, ya que deben existir. Para muchos no importa lo que tiene lugar dentro de la esfera de la digestión, y de todos modos, con los medios de cognición actuales no se puede comprender lo que se lleva a cabo, por ejemplo, en el estómago, en los intestinos, en el conjunto del sistema metabólico. No sabemos estas cosas, y tal vez sea mejor así, no lo sé, porque entonces no interferiremos con él, ya que es una región sagrada. Es allí donde se produce la gran transformación de lo que tiene lugar ahí fuera, en el cosmos. Se transforma, tiene la oportunidad de transformarse en algo espiritual. Tal vez en el futuro, la Humanidad reconocerá esto —lo que realmente sucede dentro del cuerpo.

Así también tenemos que pensar en las fuerzas de Marte como algo que nos ha sido donado en un momento determinado, y cada vez que encarnamos, traemos esas fuerzas con nosotros de nuevo a la Tierra. Cuando volvemos al mundo espiritual después de la muerte, llevamos también, por supuesto, los frutos de nuestra vida, por decirlo así, los frutos de lo que hemos transformado en nuestra propia individualidad marciana. Los llevamos de regreso al mundo espiritual, y podemos imaginar que luego llega el gran momento cuando este fruto, nuestro fruto personal marcial, será probado, digamos, en la esfera de Marte ante las expectativas del mundo cósmico, ante esos seres que viven en Marte. Entonces, quedara por ver si como individuos hemos cumplido con las expectativas del cosmos. Si no es así, por supuesto, seguiremos trabajándolo durante la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento, y surgirá del deseo de encarnar de nuevo con el fin de poder hacerlo mejor.  Así, se implanta Marte en el ser humano, y la manifestación más sublime de Marte, la huella más sutil procedente de la esfera de Marte, figura en ese órgano supra-sensible, que es el órgano espiritual del chakra de dieciséis pétalos o loto.

Ahora bien, si tomamos estas ocho funciones del óctuple sendero de Buda, que están expuestas en el libro “Como se adquiere el conocimiento de los Mundos Superiores“, entonces muy pronto entenderemos que es un camino hacia una sana confrontación con el mundo externo. Es un camino, es una función, sus reglas nos dan la oportunidad de enfrentarnos al mundo externo, físico, de una manera saludable y que puede sentar las bases para la existencia física en este planeta. Estas ocho reglas son realmente un consejo muy práctico, si leemos a través de ellas. Son consejos casi de sentido común, y sin embargo son de gran importancia. ¿Qué se incluye en estas ocho verdades?. Ustedes saben que aquí estamos hablando de las siete entidades celestes, el Sol, la Luna y los cinco planetas. Por supuesto, todos somos muy conscientes de los otros tres planetas que han sido descubiertos, y de los que podremos hablar un poco más tarde, pero desde el punto de vista de lo que está contenido dentro del marco físico del ser humano, tenemos que hablar de las siete entidades celestiales en cuanto a su función se refiere. También podemos ver ocho funciones en este sendero de ocho etapas, es decir, podemos ver algo que también está conectado con la vida orgánica del cuerpo humano.

Estos siete planetas por supuesto, no están aislados. Sabemos, si nos fijamos en el cuerpo humano, que no se puede tomar, por ejemplo, el hígado o el corazón, como algo que está, por así decirlo, en su propio terreno totalmente independiente de cualquier otro órgano. Sabemos perfectamente lo mucho que el hígado depende de la circulación, y el corazón depende de lo que hacen los pulmones, y así sucesivamente. Podemos ver que en el cuerpo humano existe una estrecha interrelación entre los órganos, y estos órganos son, como se sabe, nada más que lo que se ha individualizado en un sentido corporal y traído del ámbito de los planetas. El hígado no es otra cosa que la individualización —por supuesto corporalmente individualizada— de Júpiter, y así sucesivamente. Existe una interrelación íntima entre los planetas, entre los siete cuerpos celestes, y esta interrelación se refleja en el mismo planeta. Por ejemplo, estamos hablando de Marte. En Marte se reflejan los otros siete planetas, que están ahí, como siete reflexiones. Así, podemos hablar por ejemplo de Saturno en el lenguaje, en la modulación de Marte. Así también podemos hablar de la función de Júpiter en la esfera de Marte, etc.

Hay una cierta similitud con los siete grandes Arcángeles. Los siete grandes Arcángeles que en realidad pertenecen a los Arkai, a los Espíritus de la Personalidad, aunque se les llame Arcángeles. Pero sabemos que los siete en sí mismos, a pesar de que pertenecen a una jerarquía, reflejan en sí mismos también la totalidad de los coros de las jerarquías, los siete o nueve coros de las Jerarquías. Aquí tenemos ocho conjunciones y ocho bucles de Marte en el transcurso de 16 años, una especie de gigantesco loto cósmico o chakra de Marte, ahora podemos imaginar, y uno puede ponerse a resolverlo en todos los detalles, que siete de los ocho están conectados con los planetas.

Tomemos la primera de las funciones. La primera se refiere al modo en que se adquirieren las ideas y concepciones. Con un poco de imaginación, podemos ver que no es más que Saturno, el reflejo de Saturno en la esfera de Marte. Saturno por sí solo nunca podría ir más allá de una cierta clase de formaciones etéricas, nunca podría ir más allá de lo que tiene lugar a lo largo de la frontera entre la esfera astral y la esfera etérica. Con el fin de poder llevarlo hasta lo físico, incluso al mundo material, Saturno necesita a Marte, y Saturno aparece en esa esfera de Marte como una función, y esa es la función o la capacidad de adquirir las ideas y los conceptos de la manera correcta. Podemos ver con toda claridad, que es una regla muy práctica, pero al mismo tiempo se trata de una norma que se refiere a las ideas y concepciones, algo de naturaleza psicológica, sin embargo, nos acercamos a ellas desde el nivel físico, desde el nivel de viabilidad físico. Estos son los siete, y el octavo es, por así decirlo, el resumen. Resumiendo, tomando en conjunto, y también la función de poner un orden en el siete, un orden interior

No quiero entrar demasiado en detalles esta noche, por ejemplo, de cómo las conjunciones y los bucles están conectados con los siete planetas y la forma en que se resumen es la octava etapa. Como cuestión de hecho, podemos empezar en cualquier lugar, podemos empezar, por ejemplo, en el año 1955 y esperemos que este evento tenga lugar el 17 de agosto cuando Marte estará detrás del Sol en conjunción superior; si miramos hacia el Sol, entonces podemos imaginar que detrás del Sol esta Marte en conjunción. Empecemos con eso, y entonces podemos, por ejemplo, retroceder y preguntarnos si puede aparecer también un ritmo de siete en algún lugar. Si nos remontamos siete años al pasado, llegamos a un bucle en el año 1948 (véase el diagrama anterior) que en realidad tuvo lugar justo en la misma posición del Zodíaco. El circuito estaba en realidad casi exactamente en la misma posición en Leo donde, ahora se llevará a cabo esta conjunción en el transcurso del año.

Ya hemos aprendido a encontrar ciertos ritmos significativos en el cosmos, tales como el ritmo de 18 años y 7 meses, que es el movimiento del nodo lunar, el ritmo de los 12 años que se expresa en el movimiento de Júpiter, el ritmo de 30 años en el movimiento de Saturno, también tenemos el movimiento de 27 ó 28 días de la Luna en el curso del mes, y así sucesivamente. Pero el ritmo de siete años es una realidad que sabes de ti mismo, y puedes haber experimentado en tu propia vida que el ritmo de siete años es algo muy dramático y muy real en la vida humana. Sin embargo, hasta donde yo sé, el ritmo de siete años, sólo está indicada en estos movimientos de Marte.

Ahora bien, podemos ir más allá, y es muy interesante seguir con esto. Desde 1948, el siguiente sería el 49, se ve que vamos por aquí (Piscis), y así hasta el ’55. En cierto sentido, el círculo está cerrado, sólo la mitad del círculo consiste en bucles y la otra mitad en conjunciones, sin embargo, el círculo se cierra. Por cierto, no es exactamente siete años, ya que se apoya en la octava etapa. Esta tuvo lugar en el comienzo del año 48, y esto tiene lugar en la segunda mitad del año 1955, por lo que hay un espacio de aproximadamente la mitad de un año, siete y medio. El último año de los siete que ya nos lleva al período de los próximos siete años. Podemos ver este 8 en el 55 que ya se encuentra en el siguiente ciclo, pues comienza, por así decirlo, en el mismo lugar donde comenzó nuestro recorrido en el 48. Si investigamos este ritmo marcial de siete años, nos encontraremos con que los otros planetas se alternan en algún lugar en estos gestos.

La pregunta es, ¿qué significa? Para responder a esta la pregunta necesitamos dos cosas: primero, el planeta y sus gestos. Veamos ahora al planeta Marte con su chakra cósmico. Sabemos que tiene que ver con el habla porque es el órgano espiritual que de hecho, está situado en la laringe, Marte está conectado con el habla en un alto grado. Asimismo, encontramos que este planeta, obviamente, tiene que ver con las cosas prácticas, con los pies bien asentados en la Tierra que se incluye, por ejemplo, en el consejo del óctuple sendero. Ese es el planeta Marte, y ahora vamos a añadir el gesto de Marte.

Hemos hablado antes acerca de la posición de Marte cuando está en conjunción detrás del sol. Ahora el Sol, como se sabe, es un lugar en el cosmos que es justo lo contrario de la Tierra, lo opuesto en todo sentido. Es en ese punto donde el espacio realmente desaparece y donde entramos en el no-espacio, etc.  El Sol es también, como tal vez recordéis ya que hablamos de ello el año pasado, el portal al mundo espiritual, al mundo de los muertos. Si hay un mundo no-espacial, entonces es muy lógico pensar que en ese mundo no-espacial se introducen las almas que pasan el umbral. Ahora tenemos la imagen que es algo así como una enorme cortina (línea vertical en el diagrama), una frontera entre la Tierra y el Sol, aquí (Tierra) tenemos el espacio o el espacio tridimensional, y este otro (Sol) es negativo o no-espacio.

f2.png

Ahora, ¿qué pensaríamos si Marte se alejara más allá de Sol? ¿Qué clase de Marte seria ese? Se trata de un Marte que está muy cerca de algo?; ¿qué? Bueno, en cualquier caso, no está cerca de la Tierra, en la medida de lo posible esta lo más lejano de la Tierra. ¿Con qué clase de mundo podría conectar Marte?. Ya hemos dado una respuesta, que estaría conectado con el mundo de los muertos, por ejemplo. Los muertos viven en las esferas de los planetas. Ellos no apreciarían mucho esta posición (lazo-oposición) de Marte. Eso les recuerda demasiado al mundo terrenal. Lo que ellos prefieren, donde ellos pueden vivir y respirar, donde pueden experimentar a Marte en su propio ser es la posición en la que Marte se muestra y descansa es la esfera de los arquetipos espirituales de la existencia física. Lo contrario es cuando Marte se acerca a la Tierra, ayudando y promoviendo la incorporación de los arquetipos del mundo físico al mundo terrenal. Es un proceso de incorporación, pero aquí en este evento, que tendremos que enfrentar en el verano, tenemos todo lo contrario. Fundamentalmente se trata de un evento que nos remite a un reino donde viven los muertos, donde viven los seres del mundo espiritual, donde moran los arquetipos del mundo físico, y así sucesivamente. Tendríamos que ampliar esto mas, por supuesto, pero por ahora es el único punto que debemos tener en cuenta.

Me gustaría hablar de otra cosa que es notable con respecto a los eventos durante el verano. Marte no es el único que está detrás del Sol, en ese reino que se aleja de la Tierra —el mundo de los arquetipos espirituales, el mundo del alma y del espíritu, como se le denomina en el libro Teosofía— todos los planetas están ahora detrás del Sol, con la excepción quizás de Saturno, que está demasiado lejos y esta por aquí en alguna parte (Libra). Aquí, en la constelación de Cáncer y Leo contamos con todos los planetas que están situados detrás del Sol: Marte, Júpiter, también Venus y Mercurio. Por lo tanto, esto nos recuerda que no estamos solos en nuestro propio mundo físico, que tendremos que tomar en consideración el mundo celestial. Esta posición unitaria de los planetas contiene algo así como un toque de clarín desde el cosmos: “Ensancha tu conciencia, piensa en nosotros, piensa en el cosmos, mira las cosas que experimentas en la Tierra también desde el punto de vista del cosmos, de los que han atravesado el umbral”.

Sin embargo, hasta ahora todo esto es sólo la característica de Marte. Lo que tenemos que añadir a esto con el fin de dar un color o un estado de ánimo, por así decirlo, a este Marte, es la constelación en la que tiene lugar el evento, y que es Leo. La última vez hablamos de las doce constelaciones en relación con los símbolos, que se han utilizado desde tiempos muy antiguos. Hemos tenido que modificar algunos de los símbolos, pero siempre podemos reconocer el símbolo original. Quiero darles una idea de cómo esto puede encajar muy bien en un budismo cristianizado, espiritualizado, porque hemos estado hablando sobre el óctuple sendero, y aquí tenemos algo como una contraparte cósmica del óctuple sendero de Buda.

Podemos ver que el Zodíaco era conocido en el budismo, así como era conocido lo que aparece en los seres humanos como el microcósmico chakra de Marte también relacionado con el mundo de Marte que está en el cosmos. Así también era conocida la conexión entre el ser humano, el mundo, y las doce constelaciones, que están contenidas en los doce Nidanas del budismo. ¿Cuáles son los doce Nidanas?. El budismo habla de la Rueda de la Vida, que tiene doce rayos, y estos son los doce Nidanas. ¿Qué es eso? No es otra cosa sino la concepción microcósmica del Zodíaco. Si leemos acerca de estos doce Nidanas del budismo, por supuesto, es un poco difícil porque no siempre se puede confiar en las traducciones, pero siempre hay algo que lo atraviesa brillando, nos damos cuenta de inmediato que no es más que una descripción similar a la que hicimos en relación con los símbolos. Por cierto, quiero asegurarles que no tomé los doce Nidanas del budismo con el fin de elaborar los símbolos. Esto es algo de lo que me hice consciente a posteriori.

El primero, por ejemplo, es la Existencia, ciega y sin conocimiento en el principio. Lo llamamos el principio Aries, (filosóficamente conectado con el Idealismo). A continuación, Resolución, Formación, y Organización: lo llevamos un paso más en el descenso a la Realización, en realidad la Manifestación (Tauro, filosóficamente conectado con el Racionalismo). Después la Conciencia que engendra Organismos: esto es Géminis, que da un paso más allá, y tenemos entonces el mundo superior y el mundo inferior más los flujos comunicantes entre los dos (filosóficamente conectado con el Matematismo). A continuación, el cuarto de los Nidanas, que se llama en el budismo los Seis Campos (Cáncer). El quinto es los Cinco Sentidos (Leo), y el sexto es la Mente (Virgo). Los tomé de una sola vez, ya que están realmente relacionados entre sí. ¿Que son estos seis campos?.

f3

Estos seis campos son en realidad el mundo que percibimos a través de los sentidos, y los Cinco Sentido es el quinto. Ahora vamos a ver cómo funciona. Digamos que aquí está el ojo (diagrama) y por ahí en el espacio estamos viendo una vela. Los cinco sentidos son una cosa, pero en este caso es el sentido de la vista, pero el objeto que está ahí, pertenece al sexto campo. Voy a explicarlo un poco más. El ser humano tiene cinco sentidos y el budista suele combinar con ellos la mente, lo que llamamos la mente. Es muy difícil traducir estos conceptos del budismo al idioma moderno. Pero el budismo combina la mente con los cinco sentidos, y entonces tenemos seis. Seis campos, los sentidos de percepción. El organismo de los sentidos de la humanidad está incrustado en estos seis campos. Así que sería Cáncer, el mundo de los objetos de la percepción sensorial. Es realmente el mundo material, que es Cáncer. Por cierto, Cáncer está relacionado con el Materialismo en un sentido filosófico. Leo son los cinco sentidos, y está conectado con el Sensualismo en un sentido filosófico. Virgo, la Mente, está conectado con el Fenomenalismo filosófico.

Así, nos vamos encontrando con los doce. Es interesante que en el séptimo, que es Libra, entramos en contacto con las cosas —el tacto, filosóficamente conectado con el Realismo. En el octavo, que es Escorpión, es la Sensación, la que arrastra, por decirlo así, a los seres humanos y los introduce en el mundo físico  —es casi la tentación y está conectado filosóficamente con el Dinamismo. En el noveno, el principio de Individualización, que sería Sagitario (filosóficamente conectado con el Monadismo). No puede estar equivocado; las doce Nidanas son, por así decirlo, el reflejo microcósmico en el mundo humano de las doce grandes constelaciones del Zodíaco. Así que estamos en algún lugar en tierra firme cuando estamos hablando de lo que se refiere a Leo. Leo puede darnos el motivo fundamental y el estado de ánimo de ese evento que tendrá lugar en verano de este año 1955. La última vez que hablé de Leo dije que el símbolo es algo así como algo que viene de la periferia y establece aquí un tipo de centro, un ser un tanto emancipado e independiente. Eso es ciertamente lo que funciona en la Humanidad y que nos lleva a ese mundo donde nos encontramos y vivimos con nuestros cinco sentidos. Esta es la quinta parte de los Nidanas del budismo.

f4

No hemos recibido todo esto desde el cosmos para sentarnos y descansar tranquilamente en el. Lo hemos recibido con el fin de evolucionar y contribuir a la evolución. Es la parábola de los talentos en el Nuevo Testamento. No se nos dan los talentos con el fin de enterrarlos para que los ladrones y otros se los lleven, se supone que debemos usar esos talentos y aumentarlos, y ¡ay si no lo hacemos!. Entonces, incluso lo que se nos ha dado nos será arrebatado. Por lo tanto, no podemos quedarnos sentados y decir: “Sí, está bien, Leo es obviamente lo que viene de la periferia y se establece en el centro, en el corazón”. Es muy posible que se nos pida, y sobre todo si ahondamos en el camino del desarrollo oculto, que regresemos con todo lo que hemos desarrollado en el centro  de Leo y lo llevemos a la periferia como un mensaje. Quizás esa sea la tarea.

Como pueden ver, queridos amigos, lo que realmente estoy manejando es esto: No van a preguntar: “¿Qué significa eso?” No vamos a llegar a ninguna parte si nos preguntamos “¿Qué significa esta conjunción de Marte?” pues podríaos obtener, por supuesto, cientos de respuestas. Hay muchos almanaques en el mundo que nos dicen todas las cosas relacionadas con esta conjunción de Marte con el Sol. También hay pretensiones de dar el pronóstico del tiempo durante esos momentos y todo eso, pero simplemente no es suficiente. Por lo general, nos encontramos engañados. Nos deja vacíos. Le quitamos algo de nuestra dignidad cósmica, porque nuestra dignidad cósmica es “hacer” algo en un momento así,  aportar algo al mundo en un momento así, aunque sea de una manera muy pequeña. Tampoco tiene que ser justo en ese momento. Yo creo que estas influencias son más poderosas cuando trabajamos con ellas. El trabajo hasta tal conjunción seria el momento en que podemos desarrollar pensamientos e ideas que puedan ser fructíferas para el cosmos. ¿Cuáles serian estas? ¿Qué quiere decir, ir hasta tal conjunción? ¿Cómo podemos hacerlo? Sólo es palabrería si decimos: “De acuerdo, vamos a partir de lo que sentimos y con lo que desarrollemos en nosotros, salimos a la periferia de nuevo.” ¿Qué significado tiene esto?

Leo también está conectado con los cinco sentidos. Por decirlo en pocas palabras, diría que lo que necesitamos en un momento como este es que seamos conscientes y ejercitemos, meditemos, por así decirlo, en esta idea de tratar de establecer, controlar, y sobre todo utilizar los cinco sentidos –es decir, el sentido de la vista o del oído– con plena consciencia y tener la conciencia de que no vemos y escuchamos al mundo para nuestros propios fines.

Creo que es algo muy común la noción de que el mundo existe para el ser humano y no al revés. Sin embargo, llegara paulatinamente el momento –y creo que la sombra, o más bien, la luz del futuro ya está irradiando en el presente– que lo que vemos y oímos en el mundo no debemos quedárnoslo sólo para nosotros, sino que debemos practicarlo, mantenerlo e incluso ofrecerlo, por así decirlo, a aquellos que están más allá del umbral, viviendo entre los muertos así como a las Jerarquías del mundo espiritual. Debido a que no tienen ojos, ni tienen oídos, no pueden saber lo que pasa en este mundo que experimentamos con los órganos de los sentidos. Ellos no lo saben, y están esperando que los humanos les informemos de lo que es lo que está ocurriendo aquí, en este mundo. En estos momentos –y me refiero al momento en un sentido más amplio, en un sentido histórico– el ser humano entrara cada vez más en una especie de soledad angustiosa. Los seres humanos pueden estar uno al lado del otro, y sin embargo, sentirse terriblemente solos. Esto se debe a muchos factores relacionados con la vida humana, pero una de ellas es que tenemos que aprender de nuevo a vivir para los demás. Será necesario, que pongamos mucha atención en alimentar al mundo espiritual con lo que experimentamos en este mundo.

Queridos amigos, tenemos en estos días muchas razones para la queja, para la amargura, para la ansiedad, incluso para el miedo a las cosas por venir, y nos encontramos con muy pocos seres humanos con los que poder hablar, con los que podamos comunicar estas inquietudes, pero hay una posibilidad, que consiste en comunicarnos con los seres que están más allá del umbral. Entonces puede suceder algo maravilloso, porque perderemos todos esos temores y ansiedades y no solo eso, sino que nos daremos cuenta de que más allá del umbral, en el mundo espiritual, sin ninguna duda están ansiosos de escuchar, en un sentido espiritual, lo que el ser humano experimenta en el mundo físico. Sin embargo, ellos lo ven desde diferentes aspectos, desde aspectos más globales, más cósmicos que aquellos que tenemos aquí en la Tierra.

Así, con este tipo de cooperación creciente puede entrar en nuestra vida una especie de consuelo del cual, los seres humanos ni siquiera sueñan en la actualidad, –una especie de comunión directa con el mundo espiritual. Este tipo de eventos son, por supuesto, algo así como focos en la distancia. Esta conjunción se producirá en pocos meses, sin embargo es un foco. Podemos imaginar que el sendero para llegar al fin, tiene ciertas etapas, pero una vez que uno ha vislumbrado el foco, por así decirlo, aunque sea en la distancia, puede saber cuántas etapas contiene, que es lo que en realidad está demandando cada etapa y que es lo que se debe conservar, en cierto sentido, y que es lo que debe ser transformado con el fin de llegar hasta allí.

Me gustaría simplemente mencionar que Marte en la actualidad está en Aries, donde ingresó hace unos días. Unos pocos días antes,  estaba en oposición a otro planeta, que no pertenece a los siete que hemos mencionado antes. Es uno de los planetas recientemente descubiertos, el planeta Neptuno (ver diagrama I). Al mismo tiempo, Urano esta también aquí —otro de los planetas recién descubiertos. Si tuviéramos, por así decirlo, que utilizar una regla cósmica tan grande como el cosmos, podría haber dibujado una forma geométrica cósmica. En astrología se conoce como una cuadratura. No podemos entretenernos mucho tiempo en esto, traten de resolverlo por si mismos. Hemos experimentado lo que ha estado ocurriendo durante los últimos días, hemos leído y escuchado sobre las catástrofes que tienen lugar en todo el hemisferio norte y las inundaciones en el hemisferio sur. Estas catástrofes naturales en todo el globo están relacionadas con esto. Estas catástrofes son sólo posibles porque se ha creado un vacío en el mundo humano. Algo cede y se crea un vacío, y en ese vacío existen corrientes de fuerzas salvajes de la naturaleza que crean estragos. Estas catástrofes son un recordatorio de las exigencias sobre el desarrollo interior del que hemos estado hablando.

Por lo tanto, llegará justo ese tiempo, un poco antes, de que Marte se mueva aquí a esta posición y entrará en conjunción con Urano, luego tendremos de nuevo la cuadratura. La interacción de estos planetas que se ponen directos y luego retroceden está agravando una situación que para contrarrestarla debemos llenar con fuerzas positivas. Traten de hacer el ejercicio. Realmente verán esto como si tomamos un pedazo de arcilla, como algo que podemos moldear, algo que se espera de nosotros, que espera que fructifique desde un desarrollo interior por nuestra parte para llenar ese vacío. Creo que estas son las cosas que debemos afrontar en esta época. Yo no creo que sea de mucha utilidad perder el tiempo hablando o  buscando la respuesta a lo que las cosas significan, porque el significado está en nosotros. Incluso si no lo logramos, y con respecto a muchos de estos eventos en el cosmos vamos a fallar, porque ni siquiera hemos dado el primer paso en el camino hacia ellos, aún así, tenemos que aprender a hacerlo. Creo que esto es lo que la nueva cosmología realmente exige de nosotros.

En un par de semanas nos reuniremos de nuevo y continuaremos con nuestro trabajo.

Respuestas a las preguntas:

¿Podría hablar sobre el aspecto de cuadratura de Urano y Neptuno?

Podemos rastrear el deterioro del clima de hace dos años, cuando Urano y Neptuno entraron en una relación de cuadratura. Estos dos planetas forman una combinación de dos fuerzas espirituales. Representan, en un aspecto, a Lucifer y Ahriman. Neptuno ha estado muy conectado con los acontecimientos de los últimos tres años, y Urano está en la constelación de géminis, que también representa a estas dos fuerzas opuestas. Tenemos que transformar esto en una Trinidad, hay que llenar el “vacío” con el tercer elemento, como en la gran estatua de Rudolf Steiner, en la que Cristo mantiene el equilibrio  interponiéndose entre los dos. Si esto no se hace se producirá el vacío en el alma humana, donde los “otros” dos pueden hacer travesuras. Esto es lo que vive en esa cuadratura, pues todos los eventos celestiales expresan hechos espirituales.

¿Ayuda leer a los muertos?

¡Sí! Una manera sería leer a los muertos. Tenemos que trabajar no sólo para nosotros sino también para los difuntos. Cada uno puede encontrar su enfoque individual. Uno puede mejorar la talla de la humanidad a grados desconocidos hasta ahora, porque debemos recordar que los poderes de Marte entran tanto en nuestra vida cotidiana como en nuestra manera de hablar.

Traducido por Gracia Muñoz, revisado por Diego Milillo.

 

©Astrosophy Research Center 2012 – ISBN – 1888686-11-1
All rights reserved. These lectures are for private use, study, and research only and are not to be
reprinted for any other purpose without the written permission of the Astrosophy Research Center.

9ª Carta. La Naturaleza del Mundo Planetario – Saturno

Del libro Isis Sophia I, de Willi Sucher

 

Diciembre 1944

English version

En la 8ª Carta hemos desarrollado un método para poder comprender las actividades de los cuerpos celestes en nuestro sistema planetario, y mostramos cómo la imaginación del candelabro de siete brazos es una imagen de las influencias planetarias. En esta y en las siguientes Cartas nuestra tarea será entrar con más detalle en estas actividades.

Willi Sucher

Saturno

En la última Carta estudiamos la esencia del tiempo en el espacio, y llegamos a la conclusión de que Saturno está activo en todas partes; dondequiera que la mera existencia anímica se adentre en la existencia física. Con el fin de dar un paso más en nuestras investigaciones sobre la naturaleza de Saturno tendremos que considerar las indicaciones dadas por Rudolf Steiner en sus libros “la Ciencia Oculta, un esquema y  Teosofía”. Podemos utilizarlas, por así decirlo, como la llave que abre la puerta de entrada al reino del conocimiento.

En “La Ciencia Oculta, un Esquema”, especialmente en el capítulo IV, “La Evolución Humana y la Evolución Cósmica”, el Dr. Steiner nos da un resumen de las condiciones que precedieron a la creación del Universo en el que vivimos. Ahí, habla de las diversas etapas de la evolución pre-terrenal que se denominan, según la tradición oculta, Antiguo Saturno, Antiguo Sol y Antigua Luna. En las Cartas anteriores ya hemos mencionado la evolución del Antiguo Saturno, pero hasta ahora no hemos ido más lejos. Sin embargo ya tenemos una idea de cómo llegó a devenir nuestro universo a través de la poderosa obra de los Seres Espirituales que están activos detrás del velo de los eventos físicos.

Durante la evolución de Antiguo Saturno por primera vez en el curso de los acontecimientos, apareció la sustancia física, aunque no evolucionó más allá del estado de calidez o calor. Esto no fue provocado por una sola categoría o grupo de Seres espirituales, sino por la co-actividad de todos los seres del orden jerárquico.

Ahora vamos a recordar los nombres de los seres jerárquicos que se ocuparon de esta actividad con el fin de ayudar al lector a comprender esta y las siguientes Cartas. Los nombres difieren según las diferentes enseñanzas ocultas. Por  consiguiente daremos aquí los diferentes grupos mostrando su correspondencia. [En la siguiente tabla, la columna titulada Ciencia Oculta se refiere a los términos utilizados en Rudolf Steiner en el libro “La Ciencia Oculta, un esquema].

c8f2

Así el Antiguo Saturno no sólo es algo que ha sido, se puede encontrar en todas partes; por ejemplo, en la actividad del planeta Saturno y también en muchas otras conexiones, de algunas de las cuales hablaremos más tarde.Todas las jerarquías trabajaron juntas para llevar a cabo las etapas esenciales del Antiguo Saturno. Cada Jerarquía tenía, por así decirlo, una tarea determinada. Después de que una tarea fue cumplida, otra Jerarquía llevó la evolución hacia adelante, a otro nivel de perfección. Toda esta gran ronda de la evolución que llamamos Antiguo Saturno, junto con todo lo que fue creado en el mismo, se hereda en el cuerpo que observamos astronómicamente como el planeta Saturno de nuestro sistema solar. Nada se pierde en la evolución del mundo; nada que una vez ha devenido puede desaparecer. Todo sigue existiendo, a pesar de que pueda estar oculto tras la apariencia exterior del mundo de los sentidos.

El Saturno de nuestro sistema solar es el más exterior de los siete planetas, es decir, de aquellos planetas que el ser humano todavía puede percibir a simple vista. Por lo tanto su órbita es la más grande de los planetas “antiguos”, sabemos que Saturno necesita unos 30 años para completar su órbita. También sabemos que Saturno tiene una forma peculiar. Nosotros lo percibimos como un globo suspendido o descansando en un enorme círculo luminoso. Si miramos a través de un telescopio hacia Saturno, percibimos este círculo luminoso, y dentro, el mundo iluminado del planeta.

saturno

Realmente no se ha encontrado una explicación satisfactoria de este fenómeno, pero si nos fijamos en el Saturno actual como la “memoria” perceptible de Antiguo Saturno, podemos aceptar la siguiente sugerencia: en la descripción de la evolución de Antiguo Saturno en el libro “La Ciencia Oculta, un Esquema”, el Dr. Steiner menciona el hecho de que este “planeta” estaba rodeado de una “atmósfera” de carácter espiritual. A partir de esta atmósfera espiritual que le rodea, las Jerarquías vierten sus actividades en el cuerpo planetario. Este hecho es recordado en los anillos del Saturno actual.

Ahora, tenemos que tener en cuenta que el “cuerpo” real del Antiguo Saturno fue creado a partir de la sustancia de Voluntad sacrificada por los Espíritus de la Voluntad o Tronos. Por lo tanto podemos afirmar que los Tronos fueron los principales Espíritus del Antiguo Saturno, porque en el fondo, lo que en etapas posteriores se convirtió en calor, esa sustancia, estaba presente y fue heredada en todas las transformaciones posteriores que sufrió la sustancia original. Por lo tanto, también estará presente como patrimonio de su naturaleza esencial en la actividad del Saturno de nuestro sistema solar. O, en otras palabras, Saturno debe ser especialmente el reino donde los Espíritus de Voluntad han grabado su propia actividad como una especie de memoria cósmica, y de alguna manera esta actividad todavía debe emanar de ese planeta. Las indicaciones de Rudolf Steiner así lo confirman, él señaló que la esfera de Saturno tiene el tamaño que ocupaba el Antiguo Saturno. Si tomamos la gran órbita de Saturno como un gran círculo de forma esférica, entonces podemos llamar a esto la esfera de Saturno. Esta esfera actual, es tan grande como el Antiguo Saturno, y además, el Dr. Steiner nos indica que es el dominio de los Espíritus de Voluntad.

Ahora hemos llegado a dos términos de referencia con respecto a la actividad del actual Saturno: es el dominio de los Espíritus de Voluntad, y es un recuerdo del Antiguo Saturno. (Más adelante continuaremos con estas descripciones).

En las descripciones de “Teosofía”, Rudolf Steiner nos abre otro modo de enfoque. Allí describe la naturaleza del mundo del alma y el mundo del espíritu  y las experiencias del alma humana en estos reinos en la vida después de la muerte (capítulo III). Lo que más nos interesa en relación con nuestra tarea actual es la descripción de la tercera región del mundo del espíritu. Ahí el Dr. Steiner dice:

 “La tercera región del mundo espiritual es la de los arquetipos de todo lo anímico. Todo lo que vive en este mundo está presente como pensamiento vivo. Uno encuentra en ella los arquetipos de los deseos, sentimientos, etc.  Todo lo que una persona ha llevado a cabo en su vida en la Tierra como servicio a la comunidad, en la devoción desinteresada a sus semejantes, dará frutos aquí. Por medio de este servicio, a través de esta donación, que vive como un reflejo en la Tercera Región del mundo del espíritu. Los grandes benefactores de la raza humana, las naturalezas abnegadas, los que prestan grandes servicios a la comunidad, adquirieron su capacidad para hacerlo en esta Región, después de haber adquirido por sí mismos la preparación para tener una relación especial con él durante su anterior trabajo terrenal”.

Por lo tanto hemos llegado a otro aspecto de Saturno. Esta tercera región del Mundo del Espíritu es la esfera de Saturno, a través de la cual llega el alma humana en la vida después de la muerte. Esto se indica en el ciclo de conferencias de Rudolf Steiner “La vida entre la muerte y el nuevo nacimiento”, (Berlín, 1912-1913), donde habla de los aspectos cósmicos de lo que ha descrito en “Teosofía”.

Este tercer aspecto de Saturno se suma a los otros dos en la conexión con la Humanidad. Es la Voluntad que emanaba en el principio, de los Espíritus de la Voluntad y que vive como una fuente de servicio de “los grandes benefactores de la raza humana”. Ella trabaja a través de los miembros de la familia humana como el impulso de un nuevo comienzo, sirviendo a la “Voluntad de existencia y evolución”.

La cuestión es cómo este poder de la Voluntad, que es la esencia de la esfera de Saturno, fue capaz de crear la existencia física en el principio. En nuestra última Carta, donde elaboramos la secuencia séptuple de la actividad en el tiempo, hemos dicho que desde el reino de Saturno, poderosas Potencias emanaron lo que provocó la existencia física.

Imaginemos ahora a los Tronos sacrificando su Voluntad, que era entonces el principio más bajo del conjunto de su séptuple Ser. Dado que la separaron de su origen, ella se convirtió en un mundo por sí misma, a pesar de que aún estaba en un estado psíquico puro. Era “la formación del alma”, aunque llevaba la herencia de la Voluntad, en una forma caótica.

Esta Voluntad se esforzó hacia la evolución. La esencia de esta fuerza de voluntad evolutiva es el “yo”, porque mientras estuvo unida a los Tronos había alcanzado la cualidad del “Yo”. Podemos, por lo tanto, leer en “la Ciencia Oculta” que realmente salió de esta fuerza de voluntad, el fundamento del “yo” humano, el cuerpo, que fue creado con la ayuda de otros seres espirituales llamados los Espíritus de la Forma. Entonces, poco después, la sustancia de voluntad psíquica original, se transformó en calor. Así podemos entender una de las más grandes leyes de la evolución: por un lado, se dio un paso hacia la individualización; por otro lado, como consecuencia, la sustancia psíquica descendió al nivel de sustancia física.

Tal vez podamos explicar esto con un ejemplo. Imaginemos un ser humano espiritualmente activo, tal vez un artista, un poeta, un científico que vive en su mundo anímico lleno de impulsos creativos e imaginaciones morales. Ese mundo anímico pertenece a esa persona así como le pertenece el cuerpo, sin embargo, el impulso de su imaginación moral, el conocimiento, lo heredan los demás seres humanos para su beneficio y evolución interior. Lo que era el propio mundo del artista se separa, y en cierta manera,  avanza hacia la comunicación.

Mientras avanza hacia la comunicación, se encuentra con el círculo de lectores, el público, los admiradores del arte, etc., pero al mismo tiempo se convierte en la “obra” del autor, como la literatura o los productos de arte. Ahora tiene una apariencia exterior que ha abandonado su origen anímico y ha entrado en una “existencia física”.

Así, podemos percibir toda la creación primigenia y su posterior evolución, en la imagen del triángulo:

c8f1

Ahora podemos mirar a Saturno en esta forma: la enorme esfera de Saturno de nuestro sistema solar es el reino o región en la que habitan los Arquetipos de todas las formaciones del alma. Detrás de estos Arquetipos se oculta la Voluntad donada por los Espíritus de la Voluntad. También podemos llamar a esto la Voluntad del Padre. Esta Voluntad, es el núcleo espiritual de toda la vida del alma. Es la esencia de la vida del alma humana, cuando se esfuerza hacia la perfección. Esta sustancia volitiva fue separada de su origen, del Ser de los Tronos, e implantada en el individuo, que es el objeto de la gran ley cósmica, que se mencionó anteriormente. Luego, a medida que el individuo avanzaba a través de las diferentes etapas de su progreso, hacia la perfección, la sustancia de Voluntad psíquica original, cayó, o se despegó como una concha, convirtiéndose en sustancia física. Por lo tanto, si nos fijamos en esta Voluntad o actividad de Saturno, tenemos que distinguir entre su conexión con el mundo del alma, como el mundo del alma de la humanidad, y su influencia sobre la apariencia física.

Primero vamos a considerar cómo los arquetipos del alma del mundo, —o Saturno— trabajan como Voluntad en el mundo anímico de los seres humanos. Trabajan sobre todo en la esfera de la Voluntad humana, pero en ese ámbito todavía estamos profundamente dormidos. Estamos totalmente despiertos en nuestro pensamiento. En el sentimiento ya estamos más lejos de la luz brillante del nuestra conciencia de día, —ahí soñamos—. En cuanto a la Voluntad, no podemos captarla en absoluto con la conciencia del día, porque es un mar abisal de impulsos desconocidos, emociones, anhelos y deseos. Esta incapacidad de la mente humana para penetrar en estas profundidades de la vida anímica, ha llevado a muchos errores de juicio de la naturaleza del ser humano. Y si buscamos la contraparte cósmica del reino de la voluntad humana, llegaremos a Saturno.

La posición particular de Saturno, en el momento del descenso del alma humana a la vida terrenal, es siempre una imagen de esos reinos profundos de la Voluntad. Puede estar en la constelación de Leo o Piscis, puede estar en conjunción u oposición con otros planetas, pero donde quiera que esté, revela los secretos de la Voluntad de la persona a la que le concierne. Debemos ser capaces de leer el lenguaje de Saturno, ya que pasa a través de las doce constelaciones del Zodiaco, y estas Cartas se escriben con el fin de dar una comprensión de este lenguaje. Por ejemplo, si una persona ha descendido a la vida terrenal cuando Saturno estaba en Leo, podemos retomar lo que se ha dicho acerca de esta Constelación, y al mismo tiempo escuchar, por así decirlo, los profundos impulsos volitivos de la persona en cuestión.

Muchos destinos de la vida podrían corregirse si pudiéramos hacer esto sin egoísmo. Entonces podríamos percibir los más altos fines y el propósito espiritual individual de nuestra vida en la Tierra.

La más alta tarea y el impulso más profundo de la vida de esa persona puede ser experimentar y escuchar la armonía cósmica escondida en todos los seres que existen en el universo y llevar este “corazón-percepción” a un equilibrio con las fuerzas de la cabeza. Esto puede implicar una lucha gigantesca en la vida, pero seguramente será diferente en cada caso, de acuerdo con el lenguaje de los otros planetas. Un número de las posiciones de Saturno en diferentes constelaciones del Zodíaco se dan en la quinta y sexta Cartas.

Sin embargo Saturno en el nacimiento de un individuo puede revelar mucho más. Ya hemos mencionado que la más alta tarea del ser humano en la vida, aparece en la imagen de Saturno, aunque el cumplimiento de esta tarea casi nunca se lleva a cabo en un tiempo de vida corto. Van a ser necesarias muchas vidas terrenales o encarnaciones para que el “yo” humano pueda alcanzar lo que se le pide, y es Saturno el que hace girar la rueda de una encarnación a otra. Así, en la imagen de Saturno, en el momento del descenso de un alma a la encarnación, aparece no sólo la tarea o la llamada interior del alma, sino también el telón de las encarnaciones pasadas.

Saturno no sólo es, por así decirlo, la “estrella” que lleva al alma a la puerta de entrada al nacimiento, pues vuelve a estar presente en el momento de la muerte recogiendo los frutos de nuestras vidas terrenales individuales. En las puertas de nacimiento, distribuye las tareas más altas de la vida que está por venir; en el umbral de la muerte reúne o cosecha los frutos de la vida que ha pasado, ya sean buenas o malas, si se ha cumplido la tarea de la vida, o se ha fracasado.

Ahora, cuando el alma humana entra en el mundo espiritual, Saturno porta la imagen, el arquetipo del alma, como un continuo juicio de la caricatura que, más o menos, ha hecho de sí misma durante la vida pasada en la Tierra. Entonces, después de algún tiempo, el alma decide descender a una nueva vida en la Tierra, y ahora, al pasar por la puerta de entrada de nacimiento, Saturno está de nuevo allí soportando el arquetipo del alma con los nuevos aspectos y resoluciones que se le han agregado durante la vida entre la última muerte y este nuevo nacimiento. Seguramente mayoría de la gente, mientras vive en la Tierra no tiene conciencia de esta presencia de Saturno antes del momento del nacimiento, pero esta activo en la organización humana como las desconocidas fuerzas de la Voluntad, en la profundidad del alma.

Un ejemplo nos aclarara este aspecto de Saturno. Francis Bacon de Verulam nació el 22 de enero de 1561. Saturno estaba en la constelación de Tauro. Esta posición revela el contexto de su anterior encarnación. Recordemos lo que dijimos sobre Tauro en anteriores Cartas. Está conectado con la poderosa Palabra Creadora, el Verbo cósmico. Podemos ver en ello, el reino de los Espíritus de Movimiento cuya tarea era crear fuera, el movimiento interior del alma, un movimiento externo —multiplicidad de transformaciones en el mundo físico. Por lo tanto, Tauro es el ámbito del universo del que emanan intensas fuerzas de movimiento y de poder.

Esto se concentra en Saturno. Indicando que Francis Bacon, en su vida anterior, fue una personalidad poderosa que tenía el poder de penetrar en el mundo que le rodeaba con un movimiento interno, una personalidad que estaba especialmente preocupada con la palabra, es decir, la literatura, la ciencia, etc. Saturno esta en oposición a Marte, que esta situado en la constelación de Escorpio. Esto le da a Saturno otra cara. Ya hemos mencionado en anteriores Cartas que Escorpio, que una vez fue el Águila, está conectado con el declive de la evolución del planeta Marte en el universo. Por lo tanto, esta oposición de Saturno y Marte indican a un poderoso, incluso brillante líder de alguna nación, pero con una cierta oscuridad en este esplendor, ya que está conectado con las fuerzas decadentes de Marte.

Saturno puede incluso convertirse en una guía para encontrar el intervalo de tiempo durante el cual este alma estuvo en el mundo espiritual. En el caso de Francis Bacon nos puede llevar al siglo IX dC como el momento de su última vida en la Tierra. Esto está confirmado por las indicaciones de Rudolf Steiner que, según su conocimiento espiritual, reveló que esta alma se había encarnado a comienzos del siglo IX DC como un poderoso príncipe conectado con la culminación de la cultura árabe.

En estas Cartas aún no hemos llegado al punto en que podamos elaborar plenamente este aspecto de Saturno, que nos conduciría a vidas anteriores en la Tierra, desde el punto de vista cualitativo, así como en relación con el tiempo, pero como queremos hablar de la naturaleza de Saturno tenemos que mencionarlo.

Saturno es el gran historiador del universo, como lo llama el Dr. Steiner. Es la gran memoria del universo; por lo tanto, todo lo que pertenece a la esfera de la Historia es penetrado por la actividad de Saturno: la biografía espiritual del ser humano, la conexión entre las generaciones, la historia de las naciones, e incluso la historia del universo está viva en la memoria de Saturno. Realmente es la Voluntad de Dios lo que emana de este planeta.

Al recordar las etapas pasadas de la evolución en el Universo y en la Humanidad, nos trae de vuelta de lo descarriado al camino planeado por Dios sobre el gran plan de la evolución, a pesar de que nos puede conducir a través de tragedias y catástrofes.

Así, la actividad de Saturno, o la esfera de los arquetipos del mundo anímico, se manifiesta en la disposición del alma humana. Esta actividad también se puede encontrar en el mundo físico que nació como voluntad alejada de su origen: —los Espíritus de la Voluntad — y que se convirtió en la región de los arquetipos de toda formación anímica. Hemos tratado de explicar este desarrollo anteriormente, donde encontramos que la creación del individuo requiere la puesta en marcha de  las “obras”.

Ahora podemos encontrar la presencia de Saturno por doquier en el mundo físico. Saturno en su esencia más profunda, porque encontramos que la Voluntad original de los Tronos se condensó en calor físico que más tarde se convirtió en el fundamento de toda sustancia física.

Pero la Voluntad se oculta de alguna manera en la sustancia física; aunque no podamos percibirla con nuestros sentidos. Ahora, muchos de nuestros lectores pueden haber tenido la experiencia de rocas absolutamente estériles; por ejemplo, en las altas montañas o en la orilla del mar, donde no es capaz de vivir ninguna planta. Si escuchamos con atención el lenguaje de tal existencia, tenemos la experiencia de una Voluntad severa absolutamente inamovible de que es mucho más fuerte que cualquier cosa que aparece como fuerza de voluntad en los seres vivos. No podemos experimentar esta inflexible voluntad rígida mientras nos encontramos en medio de un paisaje, pero si recordamos esa experiencia en nuestra memoria, se revela especialmente su poderío y superioridad. Esto no es sólo un reflejo subjetivo del alma y, por lo tanto, sin ningún significado o realidad. Se trata de una “realidad anímica” que revela el origen de la existencia física de la Voluntad derivada de los Tronos. Esto se manifiesta especialmente en el mundo mineral, en los paisajes rocosos y estériles, de hecho está presente en todo lo que tiene una existencia física, corporal. En este fenómeno anímico, está el reino de la actividad de Saturno a la que nos enfrentamos.

Podemos percibir esta fuerza de voluntad heredada en la sustancia física con nuestras capacidades anímicas porque nos relacionamos con ella en nuestro cuerpo físico. La percibimos en la naturaleza sobre todo en el reino mineral, que es como el duro esqueleto de todo el organismo de la Tierra. A medida que las fuerzas de Saturno tienen su manifestación más pura en este reino ya que están activas en la fundación dinámica del esqueleto humano y el del animal.

El esqueleto describe fundamentalmente el cuerpo físico. No podemos imaginar cómo sería el cuerpo humano sin el esqueleto. Los principales contornos del cuerpo, —la cabeza, el tronco y las extremidades—  se indican en el esqueleto, siendo completadas con la materia blanda. Este poder de esbozar, que lleva en sí la idea arquetípica de la existencia humana en la Tierra, viene del planeta y de la esfera de Saturno. El forma de la cabeza, especialmente el cráneo, de modo que parece ser una imagen de la bóveda del universo por encima de nosotros. Es como una semilla que ha caída del universo y que todavía se asemeja a su origen. De esta cabeza, el organismo crece hacia abajo, hacia la Tierra. En la cabeza la materia blanda está encerrada en el cráneo, pero a medida que avanzamos hacia abajo nos encontramos con que los huesos inferiores están rodeados de materia blanda. La tendencia esférica del cráneo se transmuta en una tendencia radiante que apunta hacia el centro de la Tierra. En el animal la dirección del esqueleto es más o menos horizontal a la superficie de la Tierra. En el ser humano esta línea es vertical, en posición erguida.

En esta tendencia fisiológica que dirige a la existencia lo que parece ser una imagen del universo entero y de darle una posición erguida en los seres humanos, se halla escondida una enorme fuerza de voluntad. La existencia humana se une al universo espiritual. Es la expresión fisiológica de la Voluntad del Padre, que libera al ser humano como una semilla del cosmos para que pueda crecer en la existencia de la Tierra, por así decirlo,  a modo de planta invertida, en pos de cumplimentar una tarea de la Voluntad Divina. De este modo, nos encontramos con la actividad de Saturno en la naturaleza tal como la hemos conocido en nuestra vida anímica. Es el guardián del umbral, que conduce nuestro ser anímico a la existencia física. Protege el hilo que nos conecta con nuestro origen espiritual, con nuestro arquetipo, y también nos lleva desde el reino terrenal al mundo espiritual en el momento de la muerte.

(Traducido al español por Gracia Muñoz y Diego Milillo)

©Astrosophy Research Center 2012 – ISBN 1-888686-12-X

All rights reserved. These letters are for private use, study, and research only and are not to be reprinted for any other purpose without the written permission of the Astrosophy Research Center.

 

 

 

La Influencia de las Entidades Espirituales en el Hombre

 

GA102c8 – Rudolf Steiner – Berlín, 16-5-1908

English Version

Mucho más que entrar a detallar los conocimientos antroposóficos, lo que importa es la suma de sensaciones y sentimientos que ellos despiertan en nuestra alma, gracias a lo cual, poco a poco, nos vamos convirtiendo en otras personas. Es a esas personas que establecen por ello una relación especial con los mundos suprasensibles, a las que yo denomino antropósofos adelantados. Y lo que yo apelo de ellos no es a su conocimiento teórico, sino a su corazón y sentimientos cuando hablo de los temas que estamos tratando estos días.

Hasta ahora hemos hablado del hombre y para comprender su evolución hemos tenido que contemplar otras entidades superiores a él que, en la evolución de este planeta, han desempeñado un importante papel antes de la intervención humana. Sabemos que en el estado anterior de la Tierra, el de Antigua Luna, había entidades que pasaron por su etapa humana y actualmente se hallan al nivel de Angeles, nivel que el hombre actual alcanzará en el ciclo posterior al terrestre; que lo que hoy llamamos Arcángeles alcanzaron su nivel humano en el Antiguo Sol, y que los actuales Arkai pasaron por esa etapa en el Antiguo Saturno. Quien pueda contemplar a esas entidades con capacidad clarividente, verá que existe una importante diferencia entre ellas y el hombre.

205579_3286788548214_424064886_n

En el hombre podemos diferenciar el cuerpo físico, el etéreo y el astral, el alma sensible, racional y consciente. Y además el triple Espíritu que en el hombre se halla en sus inicios evolutivos.

Pero si miramos a aquellas entidades superiores al hombre, veremos que no han elaborado la corporalidad más densa, inferior. Si miramos a los Ángeles vemos que han desarrollado su alma y su espíritu, no así su corporalidad. El Espíritu que en el hombre esta latente, ellos ya lo tienen  desarrollado.

Pero existen también otras entidades en las que no se descubre el “espíritu” como el que hallamos en el hombre y en los seres por encima de él; descubrimos, pues, entidades que esencialmente están hechas de cuerpo y alma. Ya conocéis todo un grupo de ellas, son los animales. Sabéis que los animales se relacionan con sus “almas o yoes grupales” que sí son ya de naturaleza espiritual. Pero aquí los animales solo son cuerpo y alma.

No obstante existen también otras entidades dotadas solo de cuerpo y alma pero que son invisibles para el ojo físico. Normalmente se les llama “Espíritus Elementales”, lo cual, en estricto sentido, es incorrecto, porque son precisamente seres sin espíritu. Es mejor llamarlos “seres elementales”. Son seres que son negados e ignorados en nuestra época “ilustrada”, porque no se los puede percibir físicamente, lo cual no quiere decir que no sean entes activos en nuestro mundo. Lo que ellos hacen sí que es perceptible, pero ellos no, a menos que hayamos desarrollado ciertas facultades clarividentes. Para describirlos quiero apelar a vuestras sensaciones y sentimientos.

Existen diversas entidades que se distribuyen en los más distintos lugares de la Tierra. Si penetramos en las profundidades de la corteza terrestre, a los lugares donde no llega ninguna vida vegetal, por ejemplo en las minas, donde solo hay minerales y metales, nos encontraremos con entidades que en principio las sentimos como si algo se disgregara. Descubrimos que se hallaban comprimidos unos junto a otros, y que cuando se vacían esas zonas rocosas ellos se disgregan violentamente, se separan unos de otros, no sólo eso, sino también que se agrandan corporalmente. Si bien, aún alcanzando su máximo tamaño siguen siendo más pequeños que el hombre. El actual hombre ilustrado no los conoce, pero aquellos que de alguna forma han conservado un cierto sentido natural de clarividencia atávica nos pueden hablar bien de esos seres a quienes se les ha dado los más diversos hombres: Trasgos, Gnomos, etc… Se diferencian del hombre en que no son visibles corporalmente y que su razonamiento carece del sentido moral de responsabilidad. Lo que hacen, lo hacen automáticamente. No tienen la razón o inteligencia humanas, sino la máxima “ingeniosidad” y quien entre en contacto con ellos experimentará verdaderas pruebas de su ingenio, porque gastan al hombre toda suerte de jugarretas y malas pasadas. Eso lo saben bien los mineros que tienen ese sentido natural sano, si bien los mineros de metales, no los del carbón.

Cuando observamos al hombre lo vemos constituido por cuerpo físico, etéreo, astral y yo, y lo que poco a poco se desarrolla de los miembros inferiores por medio del trabajo que realiza el yo, creándose el Yo Espiritual, el Espíritu de Vida y el Hombre Espíritu. Si bien podemos decir que lo esencial de la actual evolución humana son el cuerpo físico, etéreo, astral y yo. El cuerpo físico tiene mucho que ver con el yo, es un instrumento de enorme complejidad. La sangre es el instrumento físico más directo del yo, el sistema nervioso lo es del astral, el sistema glandular lo es del etéreo, y los órganos que actúan más mecánicamente lo son del cuerpo físico.

Tomemos el cuerpo físico humano y vamos a observarlo como instrumento del hombre pensante, inteligente. El yo sigue siendo el mismo de encarnación en encarnación, pero su instrumento corporal es nuevo. La organización más superior de dicha corporalidad humana y que la sitúa sobre todo por encima del animal, es producto de la intervención lenta y prolongada del yo que ha ido aprendiendo a trabajar en el cuerpo astral. Como sabemos que el cuerpo astral de cada ser humano consta de dos partes, una que ha recibido del Cosmos y otra que ya ha sido transformada por el yo. En cada hombre estas dos partes del cuerpo astral están desarrolladas hasta un cierto punto.

En el cerebro y el sistema nervioso superior que se construye de nuevo con cada encarnación, tenemos la expresión material exterior de lo que el hombre ha elaborado de su cuerpo astral por parte de su yo, si bien en gran parte inconscientemente.

El que el hombre tenga un cerebro más elaborado y perfecto que el animal, se debe, pues, a su trabajo sobre el cuerpo astral y lo mismo sucede con su sistema nervioso. Lo exterior es siempre manifestación de lo interior; el hecho de que tengamos los brazos libres para servirnos de instrumentos, etc…, se debe a que nuestro yo ha sido capaz de trabajar en la progresiva transformación del cuerpo astral, durante el proceso evolutivo.

Cuando vemos entidades que no pueden transformar su propio cuerpo astral, porque les falta su propio espíritu, su yo, ese cuerpo astral ha de expresarse en una forma física, pero esa figura material no puede hacerse visible físicamente en la actual fase evolutiva. Y no es visible porque se halla en un grado inferior al de nuestra materia visible. ¿Qué quiere decir esto?.

Nuestro cuerpo físico tiene la característica de ser visible; el cuerpo etéreo no podemos verlo porque se halla a un grado por encima en su sustancialidad, y aún menos el cuerpo astral. Pero no solo hay grados de sustancialidad por encima del físico, sino también por debajo, y tampoco es visible. Porque de toda la materia, solo es visible una banda central y es la que corresponde a nuestro cuerpo físico. Si observamos la estructura de la organización humana, podremos ahora comprender la de esos seres elementales de los que estamos hablando.

Hemos visto que el hombre consta de cuerpo físico, etéreo, astral y yo. Los seres elementales carecen de yo, y por ello carecen también de responsabilidad. Sin embargo han desarrollado un principio que está por debajo del cuerpo físico, llamémosle “menos uno”. Tenemos en ellos, pues, los principios tres, dos, uno y menos uno. Pero también hay seres cuyo principio superior no es el tres, es decir, el astral; sino el dos,  el cuerpo etéreo, pero por debajo han desarrollado el principio menos dos. Y aún hay otros seres cuyo principio superior es el físico, y han desarrollado los principios menos uno, menos dos y menos tres. Pero entonces, ¿por qué no son visibles, puesto que tienen un cuerpo físico?

Si no existieran los miembros superiores en el hombre, su cuerpo físico tendría una apariencia distinta. Cuando muere, su cuerpo físico se disgrega ¿por qué? Porque durante la vida el cuerpo físico humano está impregnado e interpenetrado por el yo, el cuerpo astral y el etéreo. Pero los Gnomos y otros seres elementales, si bien también tienen cuerpo etéreo y astral, les falta el yo. Los Gnomos tienen como principio superior el físico y luego otros tres principios inferiores. Las fuerzas de esos principios infrafísicos hacen que el cuerpo físico no sea visible. Y si han de tener una materia física que se les agregue, solo pueden hacerla suya bajo una enorme presión, lo que sucede cuando la materia se comprime;  entonces ellos se aglomeran y apretujan unos con otros. Si la presión desaparece, como sucede en las excavaciones de minas, se produce un proceso veloz de disgregación; proceso semejante al que sucede con el cuerpo físico humano cuando lo abandonamos al morir. Por eso no son visibles. Quien pueda percibir a nivel suprasensible, a través de la tierra física, los descubrirá con un diminuto cuerpo físico. Ese principio físico que poseen en su aspecto dinámico, tiene en su organización y estructura algo que se asemeja al instrumento mental humano, al instrumento de la inteligencia. No es por casualidad que quienes han llegado a describir a los Gnomos lo hagan describiéndoles con una cabeza muy grande en relación con el resto del cuerpo. En esos Gnomos hallamos una especie de inteligencia que actúa automáticamente.

¿Y como surgieron esos seres?. Veremos que ello se relaciona con la evolución pasada y la futura. Ya sabemos cómo el hombre progresa de encarnación en encarnación y que en cada nueva encarnación lleva los frutos de las anteriores. De esa manera en cada nueva encarnación el hombre es co-creador tanto en su forma como en sus facultades y en su destino. Lo que en una vida se gana en experiencias, se convierte en talentos y facultades en otra. Por ello el hombre colabora en la creación de su organismo interno como en la de su destino externo, ello nos hace elevarnos a progresivos niveles de perfeccionamiento evolutivo. No vemos, ni oímos, ni actuamos porque sí ni para nada, sino que todo ello lo hacemos nuestro, y al morir nos lo llevamos como vivencias que en el estado post-mortem se convierten en fuerzas germinales que colaboran más tarde en la construcción y desarrollo ulterior de la siguiente encarnación.

Pero en todo este proceso pueden pasar muchas cosas, el fiel de la balanza puede inclinarse hacia un lado u otro. Lo ideal sería que cada ser humano en cada encarnación hiciera uso ordenado de su vida, de modo que todo lo que pueda experimentar, vivenciar y que es susceptible de llevar frutos para las siguientes encarnaciones, que todo ello no quede sin utilizar, sino que asuma todo lo que desde el pasado ha traído consigo. Pero no suele suceder así, porque utilizamos nuestra vida sin orden para acumular todo lo acumulable y entonces quedan ciertas fuerzas sin utilizar y llevamos menos a la nueva encarnación, pero también puede suceder que penetremos demasiado en el organismo y nos adherimos demasiado con nuestra corporalidad. Hay dos tipos de hombres, unos que quisieran vivir plenamente en espíritu, sin descender del todo en su corporalidad y se les suele llamar soñadores, fantaseadores, etc… otros que penetran demasiado en su corporalidad y se identifican mucho con su instrumento físico.

Hay un mito que nos habla de lo que sucede a quienes se adhieren demasiado a lo temporal y perecedero de su encarnación. Exagerando un poco podríamos imaginárnoslos diciendo ¿Y a mi que me importa lo que yo pueda llevarme con mi núcleo esencial a otra encarnación? “Quiero aferrarme a esta encarnación porque me gusta y no me interesa lo que haya luego”. ¿A qué nos llevaría el que esa postura fuera radical? A un carácter sentado en un recodo del camino, que no le interesa para nada el futuro y que al ver a uno de los grandes guías que indican el camino a la humanidad lo rechaza. Ese hombre volverá a aparecer con la misma figura actual y si insiste en esa postura, seguirá naciendo con la misma figura, naciendo siempre en la misma raza, porque solo es capaz de edificar ese tipo de cuerpo, Esa es la idea íntima que subyace en el mito de Ahasver que ha de volver a aparecer siempre con la misma figura, porque ha rechazado la mano del guía supremo, la guía de Cristo, evitándose la posibilidad de perfeccionar su corporalidad futura en razas cada vez superiores. Las razas no degenerarían si no existieran almas que no pueden o quieren avanzar hacia formas mejores. Si vemos las razas que se han conservado desde épocas remotas en estado decadente, ello se debe a que hay almas que no pudieron ascender y se mantienen “por su propia gravedad” en niveles más materiales. Hay dieciséis posibilidades de quedarse adherido a la raza, que se denominan los “dieciséis caminos de perdición”. Pero al avanzar, el hombre asciende a niveles cada vez más superiores.

Es, pues posible que el hombre se retrase evolutivamente y que sus semejantes hayan ascendido a un nivel superior. Naturalmente no hay nada irreversible y todo ello conduce a un proceso de aprendizaje.

Supongamos el caso extremo de alguien que se adhiere tan fuertemente a las condiciones terrestres de la encarnación durante dieciséis encarnaciones. ¿Qué sucedería entonces? La Tierra con sus almas no espera, sino que sigue adelante, y como lo material es siempre expresión de lo anímico, ese hombre llega un momento en que ya no encuentra posibilidad de hallar un cuerpo adecuado para su alma y no puede encarnar.

Piensen lo que eso representará en el futuro, si bien en casos excepcionales. Cuando la Tierra se transforme en el estado de Júpiter, tampoco encontrarán cuerpos adecuados, porque los cuerpos de los seres naturales inferiores serán demasiado buenos para esos hombres. Con ello habrán, pues, de pasar una existencia incorpórea, pues no utilizarán su entorno físico para enriquecer y mejorar progresivamente su núcleo íntimo. Esos seres aparecen en el estado futuro con condiciones del estado anterior, pero lo hacen como espíritus de la naturaleza subordinados. En la segunda mitad de la evolución de Júpiter el género humano hará que surjan esos nuevos espíritus de la naturaleza, porque habrá desarrollado el quinto miembro de su ser, Manas. Pero aquellos que no aprovecharon la oportunidad de formar el quinto miembro en la Tierra, apareceran en Júpiter como espíritus de la naturaleza con cuatro miembros básicos, con el cuarto como miembro superior. Si en Júpiter el hombre tendrá los miembros cinco, cuatro, tres y dos, esos hombres retrasados tendrán el cuatro, tres, dos y uno, siendo entonces espíritus naturales invisiblemente activos.

Con nuestros actuales espíritus de la naturaleza pasó lo mismo en épocas evolutivas anteriores. Los espíritus de la naturaleza de Júpiter, surgidos del hombre, tendrán un cierto tipo de moralidad, porque como hombres la tenían en la Tierra. Mientras que no la tienen los actuales seres elementales.

Hemos descrito la Tierra como el planeta del Amor, en comparación con la Luna como planeta de la Sabiduría. El amor surgió en la antigua Lemuria en su forma más inferior y se ha ido y va transformando a niveles cada vez superiores de amor. En la existencia de Júpiter sus habitantes mirarán al amor como hoy el hombre terrestre mira la sabiduría. Cuando hoy miramos la estructura física de nuestro cuerpo, tanto en conjunto como en sus más mínimos detalles, vemos una enorme sabiduría. En todas las formas naturales vemos por todo el planeta sabiduría cristalizada, una sabiduría que se desarrolló en la Antigua Luna. Igualmente va desarrollando la Tierra el amor, y así como en cada flor nos maravillamos ante su sabiduría y belleza, el hombre de Júpiter se encontrará con el amor que fluye y emana la sabiduría oculta en la Tierra desde la Antigua Luna.

Cada estado planetario tiene su misión y tarea. Y al igual que las fuerzas destructoras en la sabiduría derivan de los seres de Antigua Luna que han quedado retrasados, en nuevo Júpiter habrá fuerzas destructoras en el amor, insertas en el tejido general de la existencia como las figuras repulsivas de los seres terrestres atrasados, que tendrán exigencias de amor egoísta como seres elementales de la naturaleza y que formarán poderes devastadores y violentos en la existencia jupiterina. Así vemos como está tejido el mundo en sus partes positivas y negativas, con lo cual hemos descubierto un elemento moral en el proceso del mundo.

Todos los espíritus de la naturaleza, estructurados de modo que tengan un miembro del hombre y tres por debajo de él, lo llamamos “Gnomos”, las “Ondinas” tienen dos miembros del hombre y dos por debajo de él, los “Silfos” tienen tres miembros del hombre y uno por debajo. Todos ellos son seres que han quedado atrasados en épocas planetarias anteriores, no han llegado al nivel del “espíritu” que  el hombre está desarrollando hoy y han quedado a un nivel “infraespiritual”, constando solo de cuerpo y alma. ¿Que pasa con las Salamandras? ¿De donde proceden?.

Si los Gnomos, Ondinas y Silfos son entidades atrasadas de anteriores estados de la Tierra, las Salamandras han surgido porque desarrollaron parcialmente  el cuarto principio, pero no hasta el nivel de poder asumir forma humana. ¿Pero de donde vienen?

Si seguimos retrospectivamente al hombre en su evolución vemos que en el pasado nos hallamos con formas cada vez más espirituales. Sabemos que las especies animales se fueron desprendiendo como hermanos atrasados de la evolución humana progresiva. El hombre ha llegado a su alto nivel porque se manifestó el último en su ser físico.

Los otros seres no pudieron esperar y penetraron antes en la encarnación física. Los animales tienen almas grupales que solo existen en el mundo astral, si bien extienden su actividad hacia el mundo físico. La Sabiduría producto de la Antigua Luna, la vemos muy bien distribuida en las formas animales por medio de las almas grupales. El hombre no solo ha de adjudicarse la sabiduría si desarrolla su cultura, la sabiduría se muestra con más fuerza en toda la naturaleza.

El papel fue el gran invento que realizó el hombre, pero no habríamos de olvidar que desde tiempos remotos lo llevan haciendo las avispas. ¡El yo grupal de la especie de las avispas ya había inventado el papel mucho antes que el hombre!

Pero la relación del animal con su alma grupal es solo parcialmente la que debiera ser, desde el punto de vista cósmico.

Supongamos, el alma grupal de una especie de insectos. Cuando el insecto particular o espécimen muere, para el alma grupal ello representa como si se le cayera un pelo o una uña. Los animales que van formándose de nuevo no son más que miembros sustituidos del alma grupal. Mirando todas las especies iremos viendo que lo que aparece en el mundo físico es como una nube que se hace y deshace constantemente. La existencia física se metamorfosea y el alma grupo renueva lo que le falta abajo.

Pero eso llega hasta un cierto punto, cuando algo nuevo interviene, en particular cuando tratamos de animales superiores. Supongamos los monos, los simios. El simio recibe tantos elementos de su alma grupo, es tan complejo, que al morir, en lugar de restituirse sus elementos psíquicos completamente al alma grupo, hay una parte de ellos que se queda en la Tierra. En los demás animales, en el león incluso, la reabsorción por el alma grupo se produce por completo, sin dejar residuo. El residuo que queda con la muerte del animal superior no puede retornar al alma grupo, hay algo en el simio que está desvinculado de su alma grupo, pero ese elemento psíquico liberado no puede volver a reencarnar y evolucionar como lo hace, por ejemplo, el yo humano. Algo parecido sucede con los marsupiales. Aquello que queda retenido en la Tierra de esas almas animales, digamos, “individuales”, y que no puede tampoco volver a encarnar, eso es el origen de un cuarto tipo de espíritus elementales, que conocemos como Salamandras, es el tipo superior de seres elementales y que tienen algo de “yo”.

Pero esas Salamandras también se generan cuando ciertas naturalezas humanas, particularmente inferiores, que encarnan de nuevo, dejan un residuo de su naturaleza inferior, de un tipo particularmente maligno, que se convierte en una especie de espíritu de la naturaleza. Esas entidades tienen una parcial afinidad con el hombre e interviene obstructivamente en la evolución humana. Muchos dudosos fenómenos culturales que hoy se consideran naturales, se comprenderán cuando conozcamos que tienen que ver con esas fuerzas obstructoras, retardatorias, que se expresan en muchos fenómenos culturales decadentes.

Conocer este hecho puede ayudarnos. Podremos defendernos de su influencia y de ahí la necesidad de un movimiento como el antroposófico. Muchas manifestaciones culturales tomarán ese cariz decadente o degenerado y quienes no se encuentren bien en ellas serán considerados soñadores y fantasiosos por los que consideran estas manifestaciones de lo más natural. Más el verdadero progreso de nuestra cultura reside en que el hombre penetre con conocimiento los poderes enemigos.

“Conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres”.

Conoceréis la verdad y ella os hará libres.

Traducido por Gracia Muñoz

Relaciones kármicas – Volumen II, conferencia XI

Conferencia del Dr. Rudolf Steiner pronunciada en Dornach el 18 de mayo de 1924. GA236

English Versión

Si queremos comprender la verdadera naturaleza del karma, es de suma importancia centrar nuestra atención en lo que, desde el Cosmos, participa en la evolución de la humanidad. Con el fin de poder ser capaces de dirigir nuestra atención a los seres que desde el universo juegan un papel en la evolución humana, vamos a considerar, en primer lugar, la conexión del hombre con los seres que pertenecen a la Tierra. En ella vemos al hombre rodeado de seres del reino mineral, vegetal y animal. Como ya sabemos, estos tres reinos naturales existen en él en una forma superior.

A través del cuerpo físico, el hombre está relacionado con el reino mineral. El ser humano, eleva lo que se encuentra en el reino mineral exterior, a una forma superior. A través de su cuerpo etéreo está emparentado con el reino vegetal, elevando a una forma superior lo que de otra manera se encuentra en el reino vegetal. Y lo mismo puede decirse del cuerpo astral del hombre en relación con los seres del mundo animal. Por tanto, cuando pensamos en el entorno espacial del hombre, podemos darnos cuenta de que lleva dentro de él los reinos mineral, vegetal y animal. Y así como el hombre lleva en él los reinos de la Naturaleza, que encontramos en el espacio, también lleva en sí respecto al tiempo, no al espacio, los reinos de las Jerarquías Superiores. Y sólo podremos entender el karma humano en todos sus aspectos, cuando sepamos cómo trabajan los diversos reinos de las Jerarquías sobre el hombre en el transcurso de su vida terrenal.

Al considerar cómo trabaja el reino mineral sobre el hombre, podemos ver los procesos relacionados con la nutrición. Por cualquier medio de alimentación, el hombre mineraliza, en primer lugar lo que acoge de los reinos que se encuentran por encima de la condición mineral. Pasando al reino vegetal, sabemos que el hombre tiene dentro de sí las fuerzas vitales. Respecto al reino animal, vemos que a través de su cuerpo astral el hombre eleva lo que es mera vida a una esfera superior, al reino de las sensaciones. En resumen, en el organismo humano podemos seguir la secuencia de los procesos de los tres reinos de la Naturaleza. De la misma manera podemos sentir el trabajo de las Jerarquías Superiores en la vida anímica y espiritual del hombre.

La naturaleza mineral, vegetal y animal del hombre se puede entender a la luz de los procesos que operan en los tres reinos de la naturaleza, en el espacio. Paralelamente, podemos entender en el tiempo, las Fuerzas Anímicas Superiores, que operan en la vida del hombre.

Para empezar, vamos a considerar el destino humano y tratar de entender cómo los reinos de las Jerarquías trabajan en él. Pero aquí tendremos que mirar, no lo que está presente simultáneamente en el hombre, es decir, el cuerpo físico, el cuerpo etérico y el cuerpo astral. En relación al trabajo de las Jerarquías Superiores, debemos observar lo que sucede en la vida terrenal del hombre  desde el punto de vista anímico espiritual, considerando la sucesión del tiempo.

En nuestros estudios antroposóficos siempre hemos reconocido distintos períodos en el curso de la vida humana:

  • desde el nacimiento hasta el cambio de dientes alrededor de los 7 años. A partir del cambio de los dientes hasta la pubertad, a los 14 años;
  • desde la pubertad hasta los 21 años, donde la diferenciación es menos perceptible;
  • desde los 21 a los 28 años;
  • desde los 28 hasta los 35, desde los 35 a los 42, desde los 42 hasta los 49; desde los 49 hasta la 56, y así sucesivamente.

En cuanto a lo que está más allá de los 56 años hablaré en el próximo estudio. Hoy vamos a considerar el curso de la vida humana hasta los 56 años.

Tenemos por tanto tres septenios de la vida hasta los 21 años, luego otros tres septenios (21-42 años) y así sucesivamente. El hombre es el único ser capaz de decirse “yo” , a sí mismo, pero sobre este Yo, actúan muchas fuerzas. Desde el punto de vista exterior, en el “yo” trabajan fuerzas minerales, vegetales y los animales y observado interiormente, desde el aspecto anímico espiritual está influenciado por las Jerarquías Superiores: Tercera Jerarquía, (Ángeles, Arcángeles y Arkáis), Segunda Jerarquía (Exusiai, Kyriótetes, Dynamis) y Primera Jerarquía (Serafines, Querubines y Tronos).

Estos Seres sin embargo, no hacen todo el trabajo en el curso de la vida del hombre de la misma forma. Incluso exteriormente, hay una diferencia en las influencias, que tienen efecto en el ser humano de acuerdo con su edad, con el tiempo. Podemos decir que la parte exterior del hombre está expuesta a las diferentes etapas que recorren su biografía.

Los septenios en el hombre

Cuando observamos un bebé, al comienzo mismo de la vida terrenal, encontramos especialmente marcado en él un creciente y próspero proceso de edificación y desarrollo, algo característico del reino animal. Si tenemos en cuenta la última parte de la vida, los años que nos llevan a la vejez, encontramos evidentes procesos de mineralización. El organismo se vuelve esclerótico y quebradizo. Debido a que este proceso de mineralización es más sutil e íntimo en el hombre, funciona con más fuerza en él que en los animales, con la excepción de los animales superiores, debido a condiciones en las que no voy a entrar ahora, lo trataré en una ocasión posterior. Mientras que en los animales, comienza enseguida la detención del flujo de las fuerzas vitales, el hombre realiza importantes fases de su desarrollo dentro del periodo de disminución de estas fuerzas vitales, comenzando esta en la década de los treinta. Y muchas cosas de enorme importancia cultural, en la evolución de la humanidad, simplemente no existirían si los seres humanos se desarrollaran de la misma manera que los animales, que no aportan nada a la vejez.

Los seres humanos pueden llevar mucho a la ancianidad, y muchos logros trascendentales se deben a lo que ha sido así llevado hasta la ultima parte de su vida, en el período de su declive físico, cuando el proceso de mineralización es particularmente evidente. Es claramente perceptible que en el comienzo de la vida terrenal predomina la naturaleza animal, al final de la vida terrenal, la naturaleza mineral, y en el período intermedio de la vida, la naturaleza vegetal.

Sin embargo, el obrar de las Jerarquías Superiores en el ser humano hace la diferencia aún más clara y enfática. En la primera infancia es la Tercera Jerarquía: Ángeles  Arcángeles  y Arkais, la que trabaja con particular fuerza en la vida del alma y el espíritu. La actividad de esta Tercera Jerarquía alcanza, hablando con propiedad, los tres primeros septenios de la vida. Los Ángeles, Arcángeles y Arkais trabajan a lo largo de este período. En el niño, el organismo está siendo construido constantemente por el alma y el espíritu. Esta actividad lo abarca casi todo, y en ella trabajan fuerzas de la Tercera Jerarquía.

A los 14 años comienza a trabajar la Segunda Jerarquía (Exusiai, Dynamis, Kyriótetes o Potestades, Virtudes y Dominaciones). De tal forma que (ver dibujo) que entre los 14 y 35 años tenemos que escribir Potestades, Virtudes y Dominaciones. Como pueden ver, en el periodo entre los 14 y los 21 años actúan simultáneamente sobre el hombre la segunda y la tercera Jerarquía. Es en el septenio de los 21-28 años cuando sólo está presente el obrar de la Segunda Jerarquía.

En la pubertad, los grandes procesos cósmicos, que hasta ese momento no estaban actuando en el ser humano, comienzan en cierta medida, a participar activamente en él. Poca reflexión es necesaria para percibir que el hombre es capaz de procrear, está preparado para acoger aquellas fuerzas cósmicas que actúan en él en el instante en que ha de tener lugar una concepción o nueva creación física en el ser humano. Antes de esa edad estas fuerzas cósmicas no están presentes. Es en el organismo donde tiene lugar esta transformación y, a través de ella, se envían a éste fuerzas más poderosas de las que previamente contenía. Estas poderosas fuerzas no están presentes en el niño antes de esa edad. El niño carece de ellas, aunque las contiene de una forma aun débil, y obran sólo sobre el alma en la vida terrenal, no en el cuerpo.

A los 35 años comienza un período donde el ser humano se vuelve más débil con respecto a sus fuerzas anímicas, se hace menos capaz de soportar la aparición de las fuerzas destructivas en su organismo. Antes de esta edad,  el propio organismo constituye un apoyo fundamental, por su tendencia inherente a fomentar lo constructivo. Esta tendencia se prolonga a lo largo de la década de los treinta, pero entonces comienza a predominar una tendencia destructiva. Este proceso de destrucción no puede ser contrarrestado ni siquiera por las fuerzas que emanan de los Seres de la Segunda Jerarquía.

A partir de entonces el alma debe recibir suficiente apoyo desde el cosmos para impedir que el curso normal de la vida desemboque en la muerte a la edad de 35 años. Porque si hasta los 21 años sólo trabajaran los seres de la Tercera Jerarquía y, después, desde los 14 hasta los 35 años, sólo los Seres de la Segunda Jerarquía, estaríamos maduros para la muerte a la edad de 35 años, es decir en la mitad del curso de la vida terrenal, a no ser que el cuerpo se siguiera manteniendo por pura inercia. Pero esto no llega a suceder porque no ya desde los 35 años, sino desde los 28, y de nuevo durante tres periodos de siete años, hasta los 49, obran en el hombre las entidades de la Primera Jerarquía: Serafines, Querubines y Tronos.

Una vez más hay un septenio, entre los 28 y los 35 años, donde la Segunda y la Primera Jerarquía trabajan conjuntamente.  Así, en realidad, la Segunda Jerarquía funciona por sí misma durante el período comprendido entre los 21 y los 28  años de edad.

Como he dicho antes, vamos a considerar el último período de la vida en la próxima conferencia. Naturalmente, dirán: Pero ¿está el ser humano a partir de los 49 años abandonado por todas las Jerarquías?. Estudiaremos esta posibilidad en otra ocasión. Lo que estamos estudiando hoy no tiene por qué ser aplicado solo a los que están por debajo de la edad de 49 años. Para empezar, sin embargo, debemos aprender a conocer cómo vierten sus fuerzas las Jerarquías, en el curso de la biografía humana.

Naturalmente, no hay que pensar que estos asuntos pueden ser adecuadamente estudiados poniéndolos de una manera esquemática. Esto es imposible cuando tenemos que entrar en las regiones de una vida superior.

Durante muchos años he estado hablando del hombre como un ser tripartito: el hombre cefálico (neuro-sensorial), el hombre rítmico, y el hombre metabólico. Un profesor dedujo de ello ¡lo que deducen los profesores!  que yo había dividido al hombre en tres -la cabeza, el pecho y el sistema abdominal-; lo hizo así porque puso esquemáticamente una cosa al lado de la otra. Pero yo siempre he puesto el acento en que el sistema neuro-sensorio está realmente concentrado en la cabeza, pero por otro lado, se extiende por todo el hombre. Lo mismo sucede respecto al sistema rítmico. Las cosas vivas simplemente no se pueden poner una al lado de la otra,  espacialmente.  De la misma manera no se debe concebir la secuencia del funcionamiento de Ángeles, Arcángeles y Arkais limitado por lo general a los tres primeros períodos de la vida, pues las consecuencias de estos períodos continúan a través de la toda la vida, al igual que el sistema neuro-sensorial se concentra principalmente en la cabeza, pero está presente en todo el organismo. Podemos sentir con el dedo gordo del pie, ya que éste también contiene el sistema neuro-sensorial. La tripartición del organismo humano es una realidad, como también lo es la tripartición de la que voy a hablar ahora.

Al estudiar los septenios de la vida humana, se podría decir: por un lado el “yo” humano está sujeto a numerosas influencias procedentes del mundo espiritual, al igual que en el aspecto físico está sujeto a influencias procedente de los reinos naturales. Como seres humanos estamos con nuestro “yo” expuestos a lo que nos viene del cosmos, de una manera más complicada. Esta actividad espiritual que se extiende a partir de las Jerarquías desde el cosmos hacia el hombre, también se ocupa de la formación del karma durante la vida física en la tierra.

Los Ángeles, Arcángeles y Arkáis nos traen desde el mundo espiritual al mundo físico, y son ellos principalmente los que nos acompañan a través de los tres primeros septenios de la vida. Y  trabajan con más fuerza sobre todo en el sistema cefálico. Todo el complicado y maravilloso desarrollo que tiene lugar en nuestra vida sensorial e intelectual hasta la edad de 21 años está marcado por la Tercera Jerarquía. Innumerables acontecimientos tienen lugar tras las escenas de la conciencia ordinaria. Y es precisamente en estos acontecimientos donde participan estos Seres de las Jerarquías Superiores.

Por otra parte a partir de la pubertad, alrededor de los 14 años en adelante, Seres, cuyas fuerzas son más potentes que las de la Tercera Jerarquía, comienzan a actuar en el sistema rítmico. La verdadera tarea de los Seres de la Tercera Jerarquía (Ángeles, Arcángeles y Arkáis), es influir en nuestra vida anímica. Desde la pre-existencia terrenal traemos con nosotros para las tres primeras etapas de la vida fuerzas tales, que el alma es capaz de trabajar poderosamente sobre el cuerpo físico. Durante este período, sólo son necesarias comparativamente, las fuerzas mas débiles de la Tercera Jerarquía para venir en ayuda del hombre.

Las fuerzas que necesitan la Tercera Jerarquía, para guiar y dirigir la vida humana hasta los 21 años emanan de estas entidades desde las radiaciones espirituales de Saturno (♄), Júpiter (♃) y Marte (♂).

Cuando la ciencia física trata de describir el cosmos, es muy ingenuo. De Saturno, Júpiter y Marte irradian fuerzas de las cuales, los Ángeles  Arcángeles y Arkais obtienen el entendimiento más profundo.

Cuando el hombre pasa el umbral de la muerte, entra, en primer lugar, en la esfera de la Luna, donde toma contacto con Seres que una vez estuvieron en la Tierra y que son jueces severos del bien y el mal que éste trae consigo. Por el momento tendrá que dejar en esta esfera lunar el mal que forma parte de él. No lo puede  llevar a la Región Solar. Luego pasa a través de la esfera Sol, y aún más lejos en el cosmos. Las fuerzas de Marte, Júpiter y Saturno comienzan a trabajar sobre él.

Transcurre la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, y en el camino de regreso, cuando ha llegado de nuevo a la esfera Lunar, salen a su encuentro los Ángeles  Arcángeles y Arkáis donde, por así decirlo le susurran: “Saturno, Júpiter y Marte nos han dicho que te encuentras lisiado en determinados aspectos. Nos han dicho que tuviste que dejar el mal, pero esto significa que dejaste atrás algo de ti mismo y entraste como un lisiado en la esfera del Sol, así como en las regiones más allá del mismo. Y la mirada de Saturno, Júpiter y Marte caen sobre ti.”

En verdad, mis queridos amigos, la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento es complicada. Tan pronto como pasamos por el portal de la muerte, acontece lo que he descrito que se lleva a cabo en la esfera Lunar. El hombre debe dejar atrás todo lo que de su ser se ha identificado con el mal. Es como si el cuerpo físico se viera obligado a abandonar sus extremidades. Debido a que se ha identificado con el mal, el hombre entra en la esfera Sol y al resto del cosmos en un estado mutilado; mutilado, porque se ha visto obligado a dejar atrás ciertas partes de su ser. Y cuando, después de haber pasado por el esfera del Sol, entra en la esfera de Marte, Júpiter y Saturno, siente la mirada de los Seres que habitan en estas esferas. Siente que estos Seres le contemplan  con la mirada penetrante de la justicia, porque como tejedores de la justicia cósmica, observan cuanto de su ser como hombre puede llevar hacia allí  Se miran en él. Cada uno de nosotros percibe cuánto bien o mal se ha convertido en parte de nosotros, lo que hemos podido llevar hacia arriba, así como lo que nos falta, es decir, lo que nos vimos obligados a dejar atrás, cada uno de nosotros se da cuenta ¿hasta qué punto estamos identificados con el mal?, ¿cuánto nos falta?. La mirada que nos dirigen los Seres de Marte, Saturno y Júpiter hace que nos hagamos conscientes de nuestras imperfecciones y defectos.

Transcurrido el tiempo, cuando el hombre se prepara para su nueva encarnación, cuando vuelve de nuevo, Saturno, Júpiter y Marte comunican a los Ángeles, Arcángeles y Arkais, lo que vieron y experimentaron cuando el hombre pasó frente a ellos, con todas sus imperfecciones. Los Seres de la Tercera Jerarquía tejen esto en él, por lo que el hombre lleva inscrito en su ser, lo que tiene que hacer en la vida terrenal como compensación kármica.  Es en estos tres primeros septenios de la vida (0-21 años) cuando Ángeles, Arcángeles y Arkáis trabajan con especial fuerza sobre el ser humano, inscribiendo las demandas kármicas en el sistema neuro-sensorio, en el sistema cefálico.

Cuando traspasamos los 21 años (en las próximas conferencias presentare lo que ocurre con los seres humanos que mueren antes de esa edad) llevamos grabado en nosotros lo que son las exigencias kármicas de nuestra vida. Esto se puede leer en las personas de 21 años, se pueden percibir las demandas kármicas inscritas en ellas, porque es en este período, hasta los 21 años cuando se inscriben estas demandas. Las llevamos en el trasfondo oculto del sistema neuro-sensorio, en lo que constituye nuestro fundamento anímico-espiritual.

Cuando, por el contrario, dirigimos nuestra atención hacia el curso posterior de la vida, cuando observamos el ser humano entre las edades de 28 y 49 años, nos encontramos con que no es tanto una cuestión de la inscripción de demandas kármicas, sino más bien del cumplimiento del karma, la descarga del karma. En este periodo de la vida aparece el cumplimiento kármico, lo que tenemos que descargar en función de lo que se acuñó en los tres primeros septenios.

Así que aquí puedo escribir (ver diagrama): desde los 28 hasta los 49 años, cumplimiento del karma. Durante el período comprendido entre los 21 y los 28 años las exigencias kármicas y el cumplimiento kármico se mantienen en equilibrio.

Ahora, hay un notable fenómeno al que se debe prestar atención en nuestro tiempo. En la época actual de la evolución de la humanidad existen muchos seres humanos cuya última encarnación de importancia se produjo en los primeros siglos después de la fundación del cristianismo, hasta aproximadamente el siglo VIII y IX. (Esto no implica que no halla habido ninguna otra encarnación en el tiempo transcurrido, pero en caso afirmativo, fue poco importante). Si tuviéramos que hacer un estudio de los seres humanos que viven en nuestro tiempo y participan en su cultura, podríamos encontrar que, con mucho, la mayoría de ellos tuvieron su última encarnación importante en los primeros siete u ocho siglos después de la fundación del cristianismo.

Ahora bien, este período tuvo un efecto notable sobre los seres humanos que vivían entonces. Esto se puede percibir hoy en día cuando se observa a ciertas personas en relación con su karma. Una y otra vez, mis queridos amigos, me he impuesto la tarea de estudiar a una serie de personas, desde este punto de vista en particular, personas que han adquirido un cierto grado de cultura contemporánea, la cultura intelectual predominante en nuestra época que es la cultura de la cabeza, así pues se trata de hombres que, comparativamente aprendieron mucho. Piensen en el gran número de personas que se han convertido hoy en día en profesores, de secundaria, funcionarios, y similares.  Estos han aprendido mucho, han estado a las escuelas secundarias, incluso en las universidades, y se han convertido realmente en personas muy inteligentes. (No me refiero a esto, irónicamente, sólo pido que se lo tome en relación con lo que he dicho en otras ocasiones sobre estas cosas). Hay un número incalculable de personas muy listas hoy en día. La mayoría, de hecho, son tan inteligentes que difícilmente se les puede decir nada, porque ellos ya lo saben. Cada uno tiene su propio punto de vista, su criterio, cada uno pronuncia un juicio acerca de lo que se le dice.

Así son las cosas en nuestro tiempo, pero sólo en nuestro tiempo. En épocas anteriores era bastante diferente. Entonces eran pocas las personas que tenían conocimiento, las demás escuchaban. No era normal que existieran tantas personas inteligentes como las de hoy en día  incluso en la temprana juventud ya se es sagaz. Basta pensar en cuántas personas menores de 21 años escriben -no voy a decir poesía, pues eso se ha hecho siempre- sino que elaboran artículos de prensa, incluso críticas serias.

Así pues, hoy en día la intelectualidad está extraordinariamente desarrollada. En el caso de la mayoría de las personas, esta intelectualidad está influenciada, fundamentalmente, por su encarnación en los primeros siete u ocho siglos después de la fundación del cristianismo.

En estos siglos se fue debilitando paulatinamente en el alma humana el sentimiento de lo que de la vida pre-terrenal venía a la existencia terrenal. Los hombres comenzaron a interesarse cada vez más por lo que viene después de la muerte y menos por lo que precedió a la vida terrenal. En este sentido he señalado en reiteradas ocasiones que no tenemos una expresión adecuada para la eternidad, sino sólo para la mitad de la eternidad que tiene un principio y nunca termina. Para esta parte de la eternidad de la existencia del hombre tenemos la palabra “inmortalidad”, pero a diferencia de las lenguas antiguas, no tenemos una palabra para la otra mitad de la eternidad, que nunca tuvo un principio. La eternidad abarca tanto la ‘inmortalidad’ como la ‘anatividad‘. Hemos venido a este mundo como seres para quienes el nacimiento es solo una metamorfosis, al igual que nos alejamos del mundo terrenal a través de la muerte que a su vez significa sólo una metamorfosis, no un fin.

Esta consciencia estaba presente en el hombre hasta los primeros siglos cristianos, el hombre se decía  “He descendido del mundo espiritual a la existencia física”. Esta conciencia se hizo más y más débil hasta que el hombre comenzó a limitarse con este otro pensamiento: ¡Estoy aquí!. ¿Qué pasó antes? eso no me interesa. Lo que me interesa es lo que sigue después de la muerte. Esta fue la conciencia que se hizo más y más potente durante los primeros siglos cristianos. El sentimiento de existencia pre-terrenal se oscureció para los que en ese momento estaban pasando por su última encarnación importante, y es por esto que la inteligencia intelectual está actualmente totalmente dirigida a la tierra. Es por ello  que la inteligencia que ahora muestra el hombre es enorme, porque se dirige únicamente a lo terrenal. Cuando uno lleva a cabo investigaciones kármicas en este dominio, aparecen cosas muy sorprendentes y significativas. Voy a mencionar dos casos.

La primera es la de un hombre que enseñó historia en una escuela secundaria, un hombre extremadamente inteligente y muy impresionante como profesor. Hasta el momento en que las demandas kármicas aún estaban trabajando y luego a través de esta zona neutra aquí (véase el diagrama anterior) – es decir, hasta el comienzo de los treinta años, su inteligencia era muy evidente. Fue uno de los muchos hombres realmente inteligentes de nuestro tiempo. Pero  en el momento en que entró en esta fase aquí (de los 28 a los 49 años), su astucia ya no era un apoyo y sus impulsos morales estaban en peligro. No quedaba nada sino la intelectualidad, que entonces fue socavada. Cuando llegó el tiempo en el que las fuerzas ya no estaban unidas al sistema neuro-sensorio, sino hacia las del final de la vida, al sistema metabólico-motor, la naturaleza inferior reprimió lo que anteriormente había emergido, expresándose de forma tan evidente en el sistema neuro-sensorio. Esta personalidad que, en cuanto a la intelectualidad, había comenzado con tanta fuerza en su vida, termino en una degeneración moral. En una debacle moral. Este es un ejemplo.

Y ahora otro ejemplo –una personalidad que era aún más inteligente que la que acabo de mencionar- pero de nuevo sólo inteligente. Era extremadamente miope y estaba en posesión de una inteligencia realmente notable. Hasta la edad de 30 años, esta personalidad también, debido a su inteligencia, tuvo una fuerte influencia sobre sus semejantes. Sin embargo, cuando  cumplió los 30 años, e incluso los 35, cuando el sistema neuro-sensorio dejo de trabajar con tanta fuerza, dando paso a la actividad del sistema metabólico, este hombre, que había sido tan capaz e inteligente, se convirtió  en alguien absolutamente trivial y banal, absorto en pequeñas disputas. Lo conocí en su juventud y confieso que me sorprendió cuando lo encontré posteriormente entre las personas que quedan absortas en la vida trivial característica de un partido. La observación de la ruta de la exigencia kármica que conduce al cumplimiento kármico reveló que las fuerzas de la inteligencia en los hombres de nuestro tiempo, preparadas en la encarnación anterior durante los primeros siglos cristianos, no eran lo suficientemente fuertes como para que el alma pudiera elevarse al reino de la Primera Jerarquía, en el tiempo en que deviene más débil, cuando el cuerpo le ofrece la oposición más grande.

Y entonces, para mi se hizo evidente, que el gran número de hombres que son tan inteligentes, que pueden, sobre todo ser tan inteligentes a través de su educación, estos hombres que en la primera época de la vida desarrollan la capacidad de llegar con las fuerzas de su inteligencia a la Tercera Jerarquía, (Ángeles, Arcángeles y Arkáis). Esto lo obtienen. Y en esta época de la vida son personalidades que prometen.

Cuando entran en el ámbito de la Segunda Jerarquía, cuando están  por decirlo así, entregados a esta Jerarquía. Cuando la Segunda Jerarquía (Exusiai, Dynamis, Kyriótetes –Espíritus de la Forma, del Movimiento y de la Sabiduría) desciende a los seres humanos, casi todos los seres humanos son capaces de procrear, de reproducirse. Esta Jerarquía cósmica desciende. Aquí no hay un verdadero abismo entre el hombre y las Jerarquías. Sin embargo, cuando el hombre llega a sus 28 años y debe empezar a buscar una relación con la Jerarquía superior, la Primera Jerarquía, debe encontrar esta relación con toda su naturaleza, hasta en el sistema metabólico y las extremidades. Aquí se necesita una gran fuerza de apoyo interior en el ámbito espiritual, y a la semilla que fue plantada en él durante una vida anterior, en una época en que los hombres dejaron de pensar en la existencia pre-terrenal,  le resulta imposible suministrar tales fuerzas.

En relación con el karma, uno de buena gana querría impresionar a todos los verdaderos educadores y maestros, de la urgente necesidad de imbuir intelectualidad con tal fuerza espiritual que cuando el ser humano pase a través de los años posteriores de la vida, lo que se ha impregnado como fuerza moral en su intelecto pueda ser capaz de mantener el equilibrio contra las fuerzas que lo alejan de la Primera Jerarquía. (Vean la flecha en el diagrama.)

Es una cuestión de gran interés en nuestra época comparar la segunda parte de la vida humana con la primera, y los que tienen una aptitud para la observación de la vida deben comenzar a practicar la observación desde este punto de vista. Porque las cosas de las que he hablado se producen en la vida ordinaria; Los ejemplos que he dado son tomados de la vida cotidiana y pueden ser multiplicados no por cien, sino por mil, los encontramos por todas partes.

Pero también se puede encontrar algo distinto, en donde lo mismo solo se muestra en una región superior de la vida. Siempre he estado interesado en el camino del desarrollo espiritual de  la humanidad, y cuando dirijo mi atención a un numero de estos hombres, que entran en la vida de forma tan productiva, que incluso como jóvenes poetas o artistas causan una gran impresión sobre sus congéneres, y mas tarde dirijo la mirada a los mismos,  de quienes se dijo cuando tenían 24, 25, 26, 27 años: “¿Qué talento maravilloso!” veo que se hicieron mayores y todo se agoto, todo se quedo en la poesía o en lo artístico de la juventud. Mas tarde, todo se seco. No tenían ya la relevancia anterior, se agotaron en el terreno en que gozaron una vez de significación real.

Si ustedes recorren los nombres de los que  se han hecho una reputación como jóvenes poetas o artistas y luego perdieron todo derecho a ser incluidos en los anales de la literatura o el arte, encontrarán abundantes pruebas de lo que estoy diciendo.  Con ello quiero  mostrar cómo las diferentes épocas de la vida humana revelan de muchas maneras cómo entra en vigor el karma y los impulsos del karma.

Todo lo que es meramente intelectual y materialista realmente sólo puede influir interiormente en el ser humano en su juventud. Solo puede mantenerse a lo largo de toda la vida humana en concordancia con el karma a través de la vida terrenal, lo que como espíritu se añade a lo intelectual. Por lo tanto, cuando observamos el tipo de destinos que he descrito, debemos mirar hacia atrás, a las encarnaciones anteriores, donde al hombre no le fue dado el dirigir su atención a lo espiritual. Lo espiritual solo puede ser aprendido cuando la mirada se dirige a la vida antes del nacimiento, no sólo a la vida después de la muerte.

Estamos sumergidos en una autentica tragedia y hay múltiples cosas que no llegan a resistir la prueba de los años. En la juventud, los ideales son abundantes, y en la vejez pocos permanecen. Las personas mayores se basan más en el Estado y en sus pensiones que en el poder que sustenta la vida misma,  necesitan apoyo del exterior, porque no pueden encontrar en sí mismos lo que les lleva a vincularse con la Primera Jerarquía.

Vemos pues, que si queremos estudiar el karma por la senda correcta, debemos prestar atención a los diferentes miembros del hombre que se engranan unos con otros.  Cuando el hombre pasa a través de las tres primeras épocas de la vida, luego por las tres segundas y más tarde por las tres siguientes, vive de tal forma que primero tiene relación con la Tercera Jerarquía. Después añade la relación interior, inconsciente, con la Segunda Jerarquía y finalmente con la Primera Jerarquía. Sólo sobre la base de este conocimiento podemos juzgar hasta qué punto el hombre permite que sus impulsos kármicos, puedan llegar a su expresión. Pues es este saber respecto a la relación del hombre con las Jerarquías Superiores, el que otorga y muestra lo que es  la vida humana, en la realidad concreta.

Los Ángeles, Arcángeles y Arkáis nos dicen en nuestro inconsciente durante las tres primeras épocas de la vida: “todo esto lo has traído de épocas anteriores, a partir de vidas terrenales anteriores. Esto lo debes tomar sobre ti mismo”. Esto se nos dice en nuestra experiencia subconsciente de la vivencia del destino. Y en verdad, este mensaje de destino resuena constantemente en nosotros a lo largo de estos tres septenios, proveniente de la Tercera Jerarquía: “Esto es lo que Saturno, Júpiter y Marte han impuesto sobre ti. Sus fuerzas se nos han revelado”.

Luego pasamos a todo lo que viene de la Segunda Jerarquía, desde la región solar, y por último lo que viene de la Primera Jerarquía, desde la esfera de Venus, Mercurio y la Luna. Y así como los Ángeles evocan en las primeras épocas de la vida: “nos dijeron Saturno, Júpiter y Marte que esto te ha sido impuesto para llevarlo en la vida”, así desde los 28 años se encuentran en nuestra inconsciencia los Serafines, que también nos hablan: “Todo esto queda contigo, porque no puedes llevarlo a cumplimiento, porque eres incapaz de elevarte hasta nosotros, esto se queda contigo y has de soportarlo en la siguiente vida terrenal; tú no puedes equilibrarlo porque no tienes la fuerza para hacerlo”.

Por debajo de la consciencia del hombre hablan las fuerzas del karma, las fuerzas que forman el destino. Hablan desde  las tres Jerarquías Superiores. Y si tenemos la facultad sensitiva de percibir lo que entra en nuestra vida como destino, entonces también podemos presentir con reverencia y asombro cómo en el curso de nuestra vida los Seres de las Jerarquías Superiores están tejiendo en nuestro destino. Y en verdad, sólo entonces aprenderemos a ver la vida de la manera correcta.

Porque, ¿quién estaría satisfecho, si, cuando nos preguntan acerca de un hombre de cuya vida en la tierra se quiere saber algo, y se presupone que podemos contestar, nos limitamos a responder: “Oh, se llama Joseph Müller. Todo lo que puedo decirle es sólo el nombre?. Pues ante esa pregunta se esperaba que se iba a decir algo más que un nombre: los eventos de su vida, algo que arroje luz sobre las fuerzas e impulsos que influyeron en su vida terrenal. Nadie que realmente quiera saber algo acerca de un ser humano puede quedarse satisfecho con sólo saber su nombre. Pero en esta época materialista,  por desgracia, los hombres se conforman con el concepto “hombre” respecto a lo que se encuentra detrás de la conciencia ordinaria, en donde obran los Ángeles, Arcángeles, Arkáis, Exusiai, Dynamis, Kyriótetes, Querubines, Serafines y Tronos; pero no solo con la palabra “hombre”, sino con el concepto general “hombre”. No miran a las realidades concretas. Pero tienen que aprender a hacerlo, los hombres tienen que aprender a dirigir de nuevo la mirada a estas realidades concretas de la vida humana.

Traducido por Gracia Muñoz.