GA194c3. El pensamiento de Micael. El conocimiento del hombre como un ser suprasensible. El sendero de Micael y los más profundos impulsos de la cuestión social

Rudolf Steiner —Dornach, 23 de noviembre de 1919

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Antes de ayer les hablé sobre el hecho de que nosotros, como miembros de la raza humana, vivimos en una esfera que podemos designar como la cuarta esfera de la evolución. Sabemos que la evolución terrestre se ha desarrollado gradualmente de la evolución de Saturno; que la evolución de Saturno fue seguida por la evolución Solar, y ésta a su vez por la evolución Lunar, de la cual, finalmente llegamos a la evolución de la Tierra.

  Si mantenemos en la mente estas cuatro formaciones secuenciales del planeta Tierra a las cuales por supuesto, pertenece la humanidad como tal, debemos considerar únicamente al hombre en la medida en que es un ser cefálico. Haciendo esto debemos saber que la denominación “la cabeza del hombre” es la expresión simbólica de todo lo que pertenece a la percepción sensorial humana, a la inteligencia humana, de todo lo que a su vez fluye en la vida social a través de la percepción sensorial humana, como ser inteligente, debe ser incluida en esta expresión simbólica. Así, si digo: “el hombre es un ser con cabeza”, esto es dicho simbólicamente y se refiere a todo lo que acabo de mencionar.

 Hablamos ligeramente del hecho de que nosotros, como seres humanos físicos, vivimos en la atmósfera que nos rodea. Debemos darnos cuenta de que esta atmósfera nos pertenece. Ya que, ¿no es cierto que el aire que está ahora dentro de nosotros estaba hace un momento fuera de nosotros? No somos concebibles como seres humanos fuera de esta atmósfera. Pues nos hemos habituado a creer que los hombres de períodos anteriores hablaban sobre materias como el aire de la misma manera que la humanidad actual habla sobre ellas. Esto, sin embargo, no fue así. Encontramos extraño decir que igual que caminamos en el aire, también caminamos en una esfera que contiene las condiciones para nuestra existencia como seres sensibles, seres inteligentes, resumiendo, que poseemos todo aquello que puede ser expresado simbólicamente, como se ha afirmado, por virtud de nuestra existencia como seres de cabeza. Ahora, les he dicho que esta es sólo una de las esferas en las que existimos, ya que vivimos en varias esferas. Avancemos en nuestras consideraciones a una esfera de significado práctico para la humanidad y enfoquemos nuestra atención sobre la cuarta esfera en la que ahora vivimos a causa de los tres estados de evolución que han precedido a nuestra Tierra.

 Representemos esto con este plano circular (el Doctor Steiner hace un dibujo en la pizarra) en el que vivimos como nuestra cuarta esfera de evolución. Además de esto, vivimos aún en otra esfera en evolución a través del hecho de que esta otra esfera pertenece a los seres espirituales que son nuestros creadores, igual que esta cuarta esfera nos pertenece. Si hacemos caso omiso del ser humano por un momento y consideramos aquellos seres que siempre hemos llamado, en el orden de las jerarquías por encima de nosotros, los Espíritus de la Forma, los Seres Creativos de la Forma, entonces tendremos que decir que nosotros, como seres humanos, sólo alcanzaremos la esfera que atribuimos a nuestros Seres Creadores Divinos cuando la Tierra haya pasado a través de tres etapas más de evolución, que encontrarán designadas en mi “Ciencia Oculta” como las fases de Júpiter, la de Venus y la de Vulcano, y hayamos alcanzado la octava fase. Así estos Espíritus Creadores están en la etapa que los seres humanos habrán alcanzado después de la evolución de Vulcano. Esta es la esfera que les pertenece así como la cuarta esfera nos pertenece. Pero debemos pensar en estas esferas como estando insertadas una dentro de otra, como interpenetrándose una a otra. Así, si yo designo la esfera de la cual acabo de hablar como la octava esfera, nosotros no sólo vivimos en la cuarta sino también en esta octava esfera por el hecho de que nuestros Creadores Divinos viven en esta esfera junto con nosotros.

 Si ahora mantenemos esta octava esfera a la vista, encontramos viviendo allí no solo a nuestros Divinos Creadores, sino también a los seres Ahrimánicos. Así al vivir en el entorno de la octava esfera vivimos junto con los seres Ahrimánicos. En la cuarta esfera, los seres Luciféricos viven junto con nosotros. Esta es la situación en lo que concierne a la distribución de estos seres espirituales. Somos capaces de entrar en detalles considerando estas cosas solo si sabemos como estamos relacionados nosotros mismos con el entorno correspondiente de esta esfera.

 Así, se revela a la percepción de la ciencia espiritual que somos seres inteligentes y perceptivos a causa de nuestra vida en la cuarta esfera de nuestra evolución. Pero nunca debemos olvidar que el poder Luciférico influyó esta inteligencia en la que debemos siempre incluir las percepciones sensoriales. Este poder Luciférico está íntimamente conectado con la clase especial de inteligencia que el ser humano hoy considera suya propia y la cual prefiere emplear. Aún así, el hombre fue dotado con esta inteligencia sólo a través del hecho de que aquel ser superior del que ya les he hablado como el ser de Micael ha arrojado a los seres Luciféricos abajo a la esfera de los hombres, a la cuarta esfera, la de los hombres. A través de esto  surgió en los seres humanos el impulso de la inteligencia.

Ustedes pueden sentir lo que este impulso de inteligencia significa en la humanidad si dirigen su atención al elemento impersonal de la inteligencia humana de hoy en día. Ustedes saben que nosotros los seres humanos tenemos muchos intereses personales, y que estamos individualizados respecto a ellos. Pero esta individualización se para ante la inteligencia. Hasta donde concierne a la inteligencia y la lógica, todos los seres humanos poseen lo mismo; contamos con esta posesión común. No tendríamos esta posesión común si la influencia luciférica, obtenida por mediación de Micael, no hubiera sido ejercida sobre la humanidad.

 Nos comprendemos unos a otros de esta sencilla manera sólo a causa de tener esta inteligencia en común que se origina en la espiritualidad luciférica. Esta espiritualidad luciférica surgió a través de Micael que impregnó e influyó a los seres humanos con el ser de Lucifer. Estas influencias se desarrollaron posteriormente en la evolución histórica humana. Al lado de ellas, mucho más ha sido desarrollado en el ser humano. Pero hoy esta espiritualidad luciférica que nosotros llamamos nuestra inteligencia es aún considerada por mucha gente la facultad más distinguida del hombre.

 Ustedes deben, para llegar a una mayor claridad en esta materia, dirigir la mirada anímica sobre algo más que puede unir a los seres humanos sobre toda la Tierra una vez que se haya extendido. Este es el impulso de Cristo. Pero el impulso Crístico es algo diferente del impulso de la inteligencia. El impulso de la inteligencia es de naturaleza coercitiva. Ustedes no pueden hacer de la inteligencia de la humanidad su asunto personal. Ustedes no pueden de repente resolver decidir de una manera personal lo que tiene que ser decidido por la inteligencia sin parecer demente dentro de las relaciones de la vida social. Aún así, por otro lado, no pueden adquirir ninguna relación con el impulso Crístico que no sea personal. Nadie puede interferir con la manera de relacionarse con el Cristo de otra persona. Esto es un asunto completamente personal. Pero a través del hecho de que el Cristo ha pasado por el Misterio del Gólgota y se ha unido con la evolución de la Tierra la situación se ha vuelto tal que, a pesar de cuántos seres humanos, independientemente unos de otros, hacen del impulso Crístico su asunto personal: el impulso Crístico, a través de su propia naturaleza, se volverá el mismo para todos. Eso significa, que los seres humanos se unen a través de algo que todos ellos hacen su propio asunto, no coercitivamente como en el caso de la inteligencia, sino a través del hecho de que precisamente a través del impulso Crístico mismo la relación de todo ser humano con el Cristo se forma ella misma de tal manera que es la misma en cada ser humano. Esto, ustedes ven, es la diferencia entre el impulso de la inteligencia y el impulso Crístico. El impulso Crístico puede ser el mismo para toda la humanidad y aún así un asunto personal para cada ser humano individual. La inteligencia no es un asunto personal.

 Ahora, ¿cual era la situación en la cual entró el impulso Crístico? Podemos responder a esta pregunta con las indicaciones que ya he dado. Sabemos que la evolución de la cabeza es regresiva. Con respecto a su cabeza el ser humano se encuentra en un proceso moribundo. Podemos así señalar el siguiente hecho cósmico: Micael ha empujado a las huestes de Lucifer hacia abajo al reino de la humanidad; ellos asumieron su morada en la cabeza humana, pero en la cabeza humana en su estado de muerte gradual.

 Estos seres Luciféricos comenzaron a luchar contra esta muerte de la cabeza humana. Y aquí tocamos un conocido secreto de la naturaleza humana, un secreto conocido en las más diversas formas, pero que está casi completamente oculto para el hombre moderno. Con respecto a esta evolución divina, el hombre lleva en su cabeza un proceso continuo de muerte ; pero en paralelo con este continuo proceso de muerte hay un prendimiento de vida por parte de Lucifer. Es el constante esfuerzo de Lucifer de hacer nuestra cabeza tan viva como el resto de nuestro organismo. Visto desde el punto de vista orgánico, Lucifer apartaría a la humanidad de su dirección divina, si él tuviera éxito en hacer la cabeza humana tan viva como el resto del organismo.

 Esto es precisamente a lo que la dirección divina de la evolución humana se tiene que oponer. El hombre debe permanecer unido con la evolución de la Tierra de tal forma que pueda continuar a través de las evoluciones de Júpiter, Venus y Vulcano. Si Lucifer alcanzara su meta, el hombre no continuaría por su sendero destinado; por el contrario, se haría parte de un cosmos que es inteligente por completo.

Fisiológicamente hablando, es el esfuerzo constante de Lucifer de emitir las fuerzas vitales del resto del organismo a nuestra cabeza. Psíquicamente hablando, Lucifer está constantemente esforzándose en dar al contenido de nuestra inteligencia que meramente comprende pensamientos e imágenes el carácter de sustancia.

Lo que he afirmado antes desde el punto de vista psíquico ahora lo afirmo desde el punto de vista del alma cuando digo que Lucifer tiene la tendencia constante a dar un contenido sustancial real a aquello que nosotros formamos como una imagen en nuestro espíritu –algo de una forma artística, por ejemplo; es decir, tiene la tendencia a impregnar los contenidos de nuestro pensamiento con la realidad terrestre ordinaria. Si él tuviera éxito ocasionaría que nosotros como seres humanos abandonaríamos la realidad y sobrevolaríamos una realidad del pensamiento que sería realidad y no simples pensamientos.

Esta tendencia de permitir que nuestras fantasías se conviertan en realidad está conectada con nuestra naturaleza humana, y los mayores esfuerzos imaginables son hechos para convertir nuestras fantasías humanas en realidades.

Ahora, todo lo que existe en la humanidad como causas de enfermedades internas está conectado con esta tendencia luciférica. Llevar a cabo el trabajo de Lucifer en relación con la conducción de las fuerzas vitales a las fuerzas moribundas de la cabeza humana significa, en realidad, ser capaz de diagnosticar todas las enfermedades internas. El desarrollo científico-mental debe esforzarse por construir su conocimiento sobre este elemento luciférico. Dar este impulso pertenece a las tendencias de la influencia de Micael entrando en nuestra evolución humana.

 La influencia Ahrimánica es el reverso de la tendencia Luciférica. Se hace sentir desde la octava esfera fuera de la cual es creado el resto de nuestro organismo, exceptuando la cabeza,; este organismo está lleno de vitalidad a través de su misma naturaleza. Dentro de estas fuerzas de vitalidad los poderes Ahrimánicos se esfuerzan en enviar las fuerzas de la muerte que debidamente, en el divino proceso de evolución, pertenecen a la cabeza. Así, desde la octava esfera las fuerzas de la muerte vienen a nosotros a través de Ahriman como intermediario. Esto, de nuevo, hablando desde el aspecto físico.

 Hablando desde el aspecto del alma, tendría que decir: todo lo que siente su influencia dentro de nosotros desde la octava esfera actúa sobre la voluntad humana, no sobre la inteligencia. El deseo subyace en la voluntad humana; toda voluntad contiene una cierta cantidad de deseo. Es el esfuerzo constante de Ahriman introducir el elemento personal dentro de la naturaleza desiderativa que subyace en la voluntad; y a través del hecho de que el elemento personal está oculto en nuestra naturaleza desiderativa, nuestra voluntad humana lleva la impronta de nuestra aproximación gradual al momento de la muerte. En lugar de permitirnos ser impregnados por los ideales divinos y dejarlos entrar en nuestros deseos y, por tanto, en nuestra voluntad, el elemento personal se introduce en nuestro deseo, en nuestra voluntad.

 Así estamos realmente en una situación de equilibrio entre el elemento Luciférico y el Ahrimánico. El elemento Luciférico-Ahrimánico nos entrega a la enfermedad y a la muerte en lo físico; en la esfera del alma desarrolla el engaño en la medida en que consideramos una realidad algo que pertenece simplemente al mundo del pensamiento, de la fantasía. En cuanto a la esfera espiritual, el deseo egoísta penetra en nuestra naturaleza humana por este camino.

 Así nosotros vemos esta dualidad –Lucifer-Ahriman– conectada con la naturaleza humana, y ya les he mostrado mediante “el Paraíso Perdido” de Milton, “el Mesías” de Klopstock, y el “Fausto” de Goethe cómo la humanidad civilizada moderna se engaña a sí misma, puede engañarse a sí misma, respecto a esta dualidad. Ahora tenemos que tener en mente que la humanidad en su desarrollo ha pasado más allá del punto medio de la evolución de la Tierra.

La evolución de la humanidad fue, en primer lugar, una ascendente; entonces alcanzó su clímax y ahora está en el camino descendente. Por determinadas razones que no necesitamos discutir hoy hubo un estado de equilibrio en el período Greco-Latino hasta el siglo XV. Desde entonces, sin embargo, la evolución de la humanidad en la tierra está en el camino descendente. La evolución física de la tierra ha entrado en el camino descendente en un período mucho más temprano; ya en el tiempo que precedió a nuestra última edad del hielo; es decir, anterior a la catástrofe de la Atlántida, la evolución de la Tierra comenzó a descender en un aspecto físico.

 Este es un hecho que los antropósofos no necesitan anunciar al mundo; ya que ya es conocido por la geología, como he mencionado frecuentemente, que cuando caminamos sobre la tierra en numerosas regiones caminamos ya sobre la corteza terrestre en estado de deterioro. Sólo necesitan leer las descripciones de la evolución de la Tierra en buenos libros de geología de nuestro tiempo y encontrarán que la ciencia física ha llegado a la conclusión de que la tierra está en la etapa descendente de su evolución. Pero nosotros los seres humanos, también, estamos en la etapa descendente de la evolución. No debemos esperar que ninguna tendencia ascendente surja en nuestro desarrollo corporal. Debemos asumir el control de la tendencia ascendente considerando aquello que conduce al ser humano más allá de la evolución de la Tierra hacia sus formas evolucionarias subsiguientes. Debemos aprender a considerar al ser humano del futuro. Esto significa pensar en el sentido de Micael, tener los pensamientos de Micael.

 Caracterizaré con más precisión lo que significa pensar en el sentido de Micael, pensar Micaélicamente.

 Ya ven, queridos amigos, si afrontan a su prójimo hoy, realmente le afrontan con una conciencia completamente materialista. Ustedes se dicen a sí mismos, incluso aunque no lo digan en voz alta ni incluso lo piensen, pero se lo dicen a ustedes mismos en lo más recóndito e íntimo de su consciencia: Este es un hombre de carne y hueso; este es un hombre de sustancia terrestre. Ustedes dicen lo mismo en el caso del animal, lo mismo en el caso de la planta. Pero lo que ustedes así se dicen a ustedes mismos cuando afrontan a un hombre, un animal o una planta, ustedes están justificados al decirlo sólo en lo que respecta a la naturaleza mineral.

 Tratemos inmediatamente con el caso más extremo, con el hombre. Consideremos al hombre en relación con su forma externa. Aquello que constituye su forma externa ustedes no la ven realmente, no lo afrontan en absoluto con su capacidad física de observación, ya que está formada en más de un noventa por ciento de fluido, de agua. Aquello que constituye la forma como sustancia mineral es lo que ven con sus ojos físicos. Aquello que el hombre une consigo mismo de este mundo mineral exterior es lo que ustedes ven; el ser humano que hace la unión no lo ven. Hablan correctamente sólo si se dicen a sí mismos: lo que afronto aquí son las partículas de materia que la forma espiritual humana acumula en sí misma; esto hace que el ser invisible que está aquí ante mí sea visible. Todos ustedes aquí sentados son invisibles a los sentidos físicos. Un cierto número de formas están sentadas aquí; tienen, a través de un cierto poder interno de atracción partículas acumuladas de materia. Estas partículas de materia son lo que nosotros vemos; nosotros simplemente vemos el mineral. Los seres humanos reales que están sentados aquí son invisibles, son suprasensibles. Decirse esto a uno mismo con plena consciencia en todo momento de la vida de vigilia constituye el modo Micaélico de pensar; dejar de concebir al ser humano como un conglomerado de partículas minerales que él tan solo organiza de una cierta manera, como es también asumido de los animales y las plantas y de los que sólo los minerales están exentos, y llegar a ser consciente del hecho de que caminamos entre seres humanos invisibles –esto significa pensar Micaélicamente.

 Nosotros hablamos de seres Luciféricos y Ahrimánicos, hablamos de los seres de la jerarquía de los Ángeles, Arcángeles Arcai y así sucesivamente. Estos son seres invisibles. Aprendemos a conocerlos por sus efectos. Hemos discutido muchos de estos efectos, incluso durante los últimos días. Aprendemos a conocer a estos seres por sus actos. Bien, ¿es el asunto diferente con el ser humano? Aprendemos a conocer al ser humano –que es invisible– aquí en el mundo físico a través del hecho de que organiza partículas minerales en una forma humanoide. Pero esto es sólo una actividad del ser humano, un efecto de su naturaleza. El hecho de que tenemos que aclararnos sobre los efectos de Ahriman y Lucifer, de los Ángeles, Arcángeles, Arcai, y así sucesivamente, de otra forma significa simplemente que tenemos que aprender a conocerlos de una manera diferente. Pero en relación con el carácter suprasensible de estos seres no hay diferencia entre ellos y los seres humanos si empleamos la razón en nuestro pensamiento sobre el ser del hombre.

 Comprender que no somos diferentes en nuestro ser esencial de los seres suprasensibles significa pensar en el espíritu de Micael. La humanidad fue capaz de progresar sin este entendimiento siempre que aún recibiera algo del mundo mineral. Pero como el mundo mineral está en una evolución declinante, el ser humano debe gradualmente adquirir una concepción espiritual de sí mismo y del mundo.

  Desde los años setenta del siglo XIX él es capaz, en cada vez mayor medida, de encontrar la fortaleza interna para desarrollar la consciencia de que el hombre no es una ordenada conglomeración de partículas de materia sino que es un ser suprasensible, y que estas partículas de materia son sólo un gesto del mundo externo mineral, indicando: aquí hay un ser humano. Sólo a causa de las influencias Ahrimánicas que he caracterizado en una reciente conferencia [Conferencia del 15 de noviembre de 1919, Dornach] el ser humano elude esta consciencia interior, trata de evitarla. Una cosa está conectada con la otra en la vida humana. Y así como trabajamos bajo el engaño de que el hombre es un ser sensual y no suprasensible, así trabajamos también bajo otros engaños. Hablamos de evolución e imaginamos que una cosa procede de otra en un desarrollo continuo progresivo. Ustedes saben que no fue posible seguir tal pensamiento al representar la evolución artísticamente en nuestro Edificio. [Ver Rudolf Steiner, Der Baugedanke des Goetheanum, con 104 fotografías del primer Goetheanum]. Cuando desarrollé las formas para las mayúsculas, tuve que mostrar la primera, segunda y tercera mayúscula en una evolución ascendente, la cuarta permanecía en el medio, la quinta comenzando la evolución descendente, la sexta era aún más simple, la séptima la más simple. Tuve que añadir a la evolución ascendente la evolución descendente.

 Nuestra cabeza está en esta evolución descendente, mientras que el resto de nuestro organismo está en la evolución ascendente. Si creemos que evolución significa una subida continua abandonamos la verdadera realidad. Nosotros entonces mantenemos el punto de vista de Haeckel, quien, bajo la influencia de un cierto engaño, mantenía que hay, primero, seres simples, al avanzar la evolución, hay seres más y más complejos, seres más y más perfectos, y así sucesivamente, ad infinitum. Esto es una tontería.

 Toda evolución que progresa también retrocede y degenera. Todo ascenso es seguido por un descenso; todo ascenso conlleva en sí mismo el germen del descenso. está entre los más insidiosos engaños de la humanidad moderna que es inconsciente de la conexión entre evolución e involución, entre desarrollo progresivo y desarrollo regresivo. Pues de toda evolución ascendente debe resultar la disposición para la evolución regresiva.

 En el momento en que la evolución progresiva comienza a convertirse en regresiva, lo físico pasa por alto en la evolución espiritual. Pues tan pronto como lo físico comienza a convertirse en regresivo, hay lugar para el desarrollo espiritual. En nuestra cabeza hay lugar para el desarrollo espiritual porque el desarrollo físico está en el sendero regresivo. Sólo cuando estamos en posición de ver las cosas a la luz adecuada, es decir, sólo cuando vemos la conexión de nuestra inteligencia con el desarrollo Luciférico comprenderemos realmente el ser del hombre y de ese modo el mundo. Pues entonces evaluaremos estas cosas correctamente y sabremos que nuestra inteligencia necesita un nuevo impulso si es para conducir al hombre a su meta. A través del principio Crístico se debe impedir a Lucifer que haga que el ser humano abandone su rumbo divino predestinado.

 Antes dije: Una cosa está conectada con otra. Los seres humanos están hoy bajo la influencia del mismo engaño que atribuía a los poderes divinos ciertas cualidades Luciféricas. El mismo engaño crea hoy la inclinación en los seres humanos a ver un ideal en su representación parcial, de lo hermoso, por ejemplo. Para asegurarnos, es posible representar lo hermoso como tal. Pero debemos ser conscientes del hecho de que si nosotros como seres humanos nos rindiéramos a lo hermoso, cultivaríamos aquellas fuerzas en nosotros que conducen a canales Luciféricos. Así como no hay una evaluación progresiva parcial en el mundo real, sino que la evolución es seguida por la involución, así también no existe una belleza parcial en el mundo real.

 Lo meramente hermoso utilizado por Lucifer para fascinar y cegar a los seres humanos liberaría a los seres humanos de la evolución de la Tierra; cortaría su conexión con ella. Así como hay una interacción de la evolución y la involución, así tenemos en realidad que hacer con una interacción de la belleza y la fealdad; en realidad, hay una dura batalla entre la belleza y la fealdad. Y si realmente deseamos comprender el arte nunca debemos olvidar que lo máximo en arte en el mundo es la interacción de lo hermoso y lo feo, la presentación de la batalla de lo hermoso con lo feo. Ya que sólo considerando el estado de equilibrio entre lo hermoso y lo feo permanecemos en la realidad; entonces nosotros no existimos en una realidad parcial Luciférica o Ahrimánica que no nos pertenece, en la cual, sin embargo, Lucifer y Ahriman luchan por ponernos. Es muy necesario que tales ideas como las que acabo de exponer entren en la evolución cultural humana.

 Ustedes saben que les he hablado a menudo con gran entusiasmo sobre la cultura Griega, aún así, en la antigua Grecia aún era posible dedicarse uno mismo parcialmente a cultivar la belleza, pues la humanidad de aquella época aún no había tomado el control por la regresión de la evolución de la Tierra, al menos no los Griegos. Desde aquel tiempo, sin embargo, el hombre no debe volver a darse el gusto en el cultivo de lo meramente bello. Esto sería un vuelo desde la realidad. Él debe, audazmente y con coraje, enfrentar la batalla real entre la belleza y la fealdad. Él debe ser capaz de sentir, y experimentar las disonancias en su batalla con las consonancias del mundo.

 Esto dará fuerza a la evolución de la humanidad, y de esta fuerza brotará la posibilidad de lograr aquella condición interna de consciencia que nos eleva por encima del engaño de que el ser humano consiste en su verdadera esencia de materia amontonada, de partículas minerales de sustancia que ha juntado en sí mismo. Incluso desde el aspecto físico puede ser dicho hoy que el hombre no lleva en su ser la firma de la naturaleza mineral, de la naturaleza física externa.

  El mineral exterior es pesado. Pero aquello que nos da, por ejemplo, la posibilidad de desarrollar el elemento alma –no me refiero aquí a la inteligencia– aquello que nos hace capaces de desarrollar cualidades del alma no está vinculado a la gravedad sino a su opuesto, a lo que es llamado la ligereza de los fluidos. Les he descrito en otras ocasiones cómo nuestro cerebro nada en el fluido cerebral. Si no fuera así, los corpúsculos de la sangre contenidos en él serían aplastados. Ustedes saben por sus lecciones de física que Arquímedes, sentado en su bañera, descubrió que se volvía más ligero, y estaba tan contento sobre esto que gritó su famoso “¡Eureka!”.

 En lo que respecta a nuestra alma, no vivimos por ser atraídos hacia abajo, sino por ser elevados hacia arriba. No es por ser nuestro cerebro pesado, sino por ser nuestro cerebro más ligero por estar flotando en el fluido cerebral que vivimos físicamente. Vivimos por medio de lo que nos aleja de la tierra. Esto puede ser afirmado hoy incluso desde el aspecto físico.

 Sin embargo, lo que quería indicarles en las presentes conferencias era y es que, al enfrentarnos a la vida moderna, necesitamos una condición del alma que, en todo momento de la vida vigílica, sea consciente de lo suprasensible en el entorno inmediato, y que no se rinda al engaño de que el ser humano es real porque puede ser visto, y los espíritus no son reales porque no pueden ser vistos. Pues lo cierto es que tampoco vemos a los seres humanos. Este es precisamente el engaño, que creemos que vemos a los seres humanos. No diferimos en absoluto de los seres de las jerarquías superiores. Aprender a comprender la similitud entre los seres de las jerarquías superiores y nosotros mismos, e incluso los animales y las plantas, es la tarea planteada a la humanidad moderna.

 Decimos que a través del Misterio del Gólgota el impulso Crístico ha entrado en la evolución de la Tierra, ha entrado en la evolución de la humanidad, en primer lugar, y está de ahora en adelante unida con ella. La gente dice: No lo vemos. Efectivamente, no lo verán mientras se engañen a sí mismo sobre el hombre mismo, mientras consideren al hombre como algo bastante diferente de lo que realmente es. El momento en que esto deje de ser una teoría sino una realidad del alma sentida vívidamente que nos permite ver en el hombre un ser suprasensible, cultivamos dentro de nosotros la facultad de percibir el impulso Crístico entre nosotros, en todas partes, y de ser capaces de decir con plena convicción: no le buscamos a Él en manifestación externa; Él está entre vosotros por todas partes. Pero la humanidad tendría que desarrollar la fe, la modestia y la humildad, cuesta un gran esfuerzo cultivar la consciencia que, justo desde el comienzo, ve en el hombre un ser suprasensible. Pues si hacemos esto sólo en teoría no sirve de nada. Sólo si no creemos realmente que lo que se nos enfrenta físicamente sea el ser humano real, sólo si sentimos que esto es un absurdo, habremos adquirido el estado del alma al que me estoy refiriendo.

 Mis queridos amigos, si ustedes salieran al terreno de nuestro edificio y recogieran toda clase de basura que hay por allí y a través de una inteligente manipulación de esta chatarra fueran capaces de sujetarla delante de ustedes de tal forma que una persona que les encontrara no pudiera verles sino sólo los pedazos de madera o ladrillos – ustedes no mantendrían que estos pedazos de ladrillos y madera son el ser humano. Pero el asunto no es diferente en ningún aspecto en lo que concierne a las sustancias minerales con las que se enfrentan a sus prójimos, dispuestas en una determinada forma. ¡Aún así ustedes dicen: estas sustancias minerales – ya que sus ojos físicos las ven – son el ser humano!. En realidad son sólo el gesto que apunta al ser humano real.

 Si echamos la vista atrás a los tiempos pre-Cristianos encontraremos que el Mensajero de Dios bajó a la Tierra, visiblemente, por así decirlo, revelándose y haciéndose entender por el ser humano. El mayor Mensajero de Dios Que bajó a la tierra, el Cristo, era a la vez El Que era capaz de revelarse a Si mismo en el mayor suceso de la tierra así como el último de aquellos que podían revelarse a sí mismos sin la ayuda del ser humano. Ahora vivimos en la era de la Revelación de Micael. Existe como las otras revelaciones. Pero no se revela por la fuerza al ser humano porque el hombre ha entrado en su evolución de libertad. Debemos salir para encontrar la revelación de Micael, debemos prepararnos de tal modo que él nos envíe las más poderosas fuerzas y nos hagamos conscientes de lo suprasensible en el entorno inmediato de la tierra. No fracasemos en reconocer lo que esta revelación de Micael significaría para los hombres del presente y del futuro si los hombres se aproximaran a ella en libertad. No fracasemos en reconocer que los hombres de hoy se esfuerzan por obtener una solución de la cuestión social a partir de los vestigios de los antiguos estados de consciencia.

 Todos los problemas que podían ser resueltos con los antiguos estados de consciencia humana han sido resueltos. La tierra está en la fase descendente de su evolución. Las demandas que surgen hoy no pueden ser resueltas con el pensamiento del pasado. Sólo pueden ser resueltas por una humanidad con una nueva constitución del alma. Es nuestra tarea pues dirigir nuestra actividad para que pueda ayudar al surgimiento de esta nueva constitución del alma en la humanidad. El hecho de que los seres humanos no puedan liberarse de los conceptos que han sido fomentados durante milenios oprime nuestras almas como una terrible pesadilla. Vemos hoy cómo los resultados de estos conceptos anticuados que están despojados de todo contenido y no son más que meros cascarones que siguen su curso casi automáticamente. En todas partes se habla sobre los ideales humanos. Pero estos ideales no tienen contenido real, son meramente palabras sonantes, pues la humanidad necesita una nueva constitución del alma.

 Érase una vez la llamada resonó a la humanidad que, traducido a nuestro idioma, dice: “¡Cambia tu forma de pensar, porque el tiempo ha llegado!” En aquel tiempo, sin embargo, los seres humanos eran aún capaces de cambiar su forma de pensar de su antigua constitución del alma. Ahora esto posiblemente ha cesado; si lo que en aquel tiempo fue empezado tuviera que ser cumplido hoy, sería cumplido con una nueva constitución del alma. Micael trasmitió a los seres humanos la tradición de Yahvé, la influencia de Yahvé.

Desde el final de los años setenta del siglo XIX él está ocupado – sólo si vamos a su encuentro – en transmitir la comprensión del impulso Crístico en el verdadero sentido de la palabra. Pero debemos ir a su encuentro. Y salimos a su encuentro si cumplimos dos condiciones.

 En lo que respecta a la constitución de nuestra alma podemos decirnos a nosotros mismos: Tenemos que superar un cierto error. No deseo cargarles excesivamente con limitadas abstracciones y concepciones filosóficas del mundo, pero debo atraer su atención a un síntoma tal de la evolución moderna humana como el filósofo Cartesius (Descartes) que vivió en el amanecer de la era moderna. Él aún sabía algo de lo espiritual que juega a través del moribundo sistema nervioso del hombre. Pero hizo al mismo tiempo la afirmación: “Pienso, luego existo”. Eso es lo opuesto de la verdad. Cuando pensamos no somos; pues al pensar tenemos meramente la imagen de la realidad. Pensar no tendría ninguna consecuencia para nosotros si existiéramos dentro de la realidad con nuestro pensamiento, si pensar no fuera meramente una imagen.

 Debemos ser conscientes del espejo de la personalidad de nuestro mundo de imágenes mentales, de nuestro mundo de pensamientos. El momento que seamos conscientes de este espejo de la personalidad apelaremos a un origen diferente de la realidad dentro de nosotros. De esto, Micael desea hablarnos. Eso significa, que debemos tratar de reconocer nuestro mundo de pensamientos en el espejo de la personalidad; entonces trabajaremos contra la evolución Luciférica. Pues esta última está enormemente interesada en verter sustancia en  nuestro pensamiento, en tratar de engañarnos con la errónea creencia de que el pensamiento está impregnado de sustancia. El pensamiento no contiene sustancia, sino simplemente imagen.

 Nosotros obtendremos sustancia de otros niveles más profundos de nuestra consciencia. Esa es la condición. Sólo necesitamos ser conscientes de que nuestros pensamientos nos debilitan, entonces apelaremos a la fuerza de Micael; pues él va a ser el espíritu que nos señale aquello que es más fuerte en nosotros que el pensamiento, en tanto que hemos aprendido a través de la moderna civilización principalmente a considerar el pensamiento, y al hacer eso nos hemos vuelto seres humanos débiles porque hemos considerado al pensamiento mismo como algo real. Podemos imaginar que estamos dando vueltas siempre tan alejados de la mera inteligencia abstracta, pero esto es una ilusión; ya que los seres humanos modernos estamos en la esclavitud de la inteligencia y no emitimos de los más profundos niveles de nuestro ser a los pensamientos mismos aquello que debería haber en ellos.

 La segunda condición es que introducimos en nuestros deseos, y por tanto en nuestra voluntad, aquello que resulta de una realidad que debemos reconocer como suprasensible. El hecho de que el Misterio del Gólgota en su carácter suprasensible no ha sido tomado absolutamente en serio ha tenido graves consecuencias. Lo he mencionado a menudo aquí. He atraído, por ejemplo, su atención a las opiniones del teólogo liberal, Adolf Harnack. Hay muchos teólogos liberales que confiesan abiertamente: a través de los documentos históricos no puede encontrarse ninguna prueba de la existencia de Cesar o de Napoleón. ¿Por qué? Porque en el Misterio del Gólgota un suceso iba a ser puesto delante de la humanidad para el cual sólo se tendría acceso suprasensible. No se iba a tener acceso a él a través de los sentidos. Para que la humanidad pueda aprender, precisamente a través del Misterio del Gólgota, a alzarse hacia lo suprasensible, no debía haber ninguna prueba externa, sensible, histórica.

 Hemos así indicado dos cosas hacia las que nos debemos esforzar. Primero, reconocer lo suprasensible en el mundo sensorio inmediato, esto es, en el mundo del hombre, del animal y de la planta: este es el camino de Micael. Y su continuación es encontrar en el mundo que nosotros mismos reconocemos como suprasensible, el impulso Crístico.

 Al describirles esto, estoy describiéndoles al mismo tiempo los más profundos impulsos de la cuestión social. Ya que  la abstracta Liga de Naciones no resolverá el problema internacional. Tales abstracciones no unen a la gente por toda la tierra. Pero los espíritus que guían a los seres humanos a lo suprasensible, y de los cuales hemos hablado durante estos días, unirán a la gente.

 Externamente, la humanidad se acerca hoy a graves batallas. En lo que respecta a estas serias batallas que sólo están en su comienzo – lo he mencionado a menudo aquí – y que conducirán los antiguos impulsos de la evolución de la Tierra ad absurdum, no hay remedios políticos, económicos o espirituales que puedan ser tomados de la farmacia de la evolución histórica pasada. Ya que desde estos tiempos pasados vienen los elementos de fermentación que primero, han llevado a Europa al borde del abismo, que enfrentarán a Asia y a América la una contra la otra, y que están preparando una batalla por todo el mundo. Esta dirección ad absurdum de la evolución humana puede ser contrarrestada sólo por aquello que conduce a los hombres por el camino hacia lo espiritual: el camino de Micael que encuentra su continuación en el camino del Cristo.

 

Traductor desconocido.

 

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GA219c6. La espiritualización del conocimiento del espacio. La misión de Micael.

Rudolf Steiner — Dornach, 17 de diciembre de 1922

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A menudo me he referido al hecho de que desde aproximadamente el primer tercio del siglo XV, la evolución humana ha entrado en una época especial. Se puede decir que la era que comenzó aproximadamente en el siglo VIII a. C. y continuó hasta el primer tercio del siglo XV fue la era de la cultura greco-latina y que la fase más reciente de tiempo en la que aún vivimos hoy, comenzó en el punto que he indicado. Hoy consideraremos las tareas de la humanidad actual en conexión con este hecho.

Sabemos —particularmente por las conferencias dadas aquí últimamente— que entre el nacimiento y la muerte el hombre lleva a su desarrollo físico, psíquico y espiritual en la Tierra la herencia de lo que ha experimentado en la existencia preterrenal. Y recientemente escuchamos en qué sentido la vida social y moral es la herencia de esa condición entre la muerte y el renacimiento cuando el hombre vive en íntima comunión con los Seres de las Jerarquías Superiores. Esta comunión  se experimenta, como ya he descrito, en alternancia rítmica con otra condición —el hombre trae consigo el poder del amor, y este poder del amor es el fundamento de la moralidad en la Tierra. La otra condición es aquella en la que el hombre se retrae a sí mismo, cuando, por así decirlo, sale de esa comunión con los Seres de las Jerarquías. Y como herencia de esta condición, trae consigo a la Tierra el poder de la memoria, el poder del recuerdo, que por un lado se expresa en su egoísmo, pero por otro lado lo predispone a la libertad, a todo lo que le da fuerza interior e independencia.

Hasta la época greco-latina, las facultades que permitieron al hombre moldear su civilización desde dentro eran, en cierto sentido, aún una herencia de existencia preterrenal.

Si nos remontamos a tiempos aún más remotos en la evolución de la humanidad, a la época de la antigua Persia y egipcio-caldea, encontramos evidencia en todas partes del conocimiento, de las ideas, que fluían como si estuvieran fuera de la interioridad del hombre, pero que estaban conectadas con la vida entre la muerte y el renacimiento. En la época de la antigua India, el hombre tenía una clara conciencia de que pertenecía a la misma “raza” a la que pertenecen los Seres divino-espirituales de las Jerarquías.  El hombre de conocimiento en la antigua civilización india se sentía menos ciudadano de la Tierra que del mundo al que pertenecen los Seres divino-espirituales. Sentía que había sido enviado a la Tierra desde las filas de estos Seres Divino-espirituales. Y consideraba que la civilización que se disemina sobre la Tierra estaba allí para que los actos terrenales del hombre e incluso los objetos y los seres de la Tierra se ajustaran a la naturaleza de los Seres divinos y espirituales con los que se sentía relacionado.

En el hombre de la antigua Persia, este sentimiento de parentesco ya había perdido parte de su intensidad anterior, pero también sentía que su verdadero hogar era lo que llamó el Reino de la Luz, el Reino al que pertenece entre la muerte y el nuevo nacimiento, y deseaba ser un guerrero del lado de los espíritus de ese Reino de Luz. Deseaba luchar contra aquellos seres que vienen de la oscuridad de la Tierra para que los espíritus del Reino de la Luz no fueran obstaculizados por estos seres oscuros; él dedicaba toda su actividad al servicio de los espíritus del Reino de la Luz. Y si luego pasamos a los pueblos egipcio-caldeo, vemos cómo su ciencia está llena del conocimiento relacionado con los movimientos de las estrellas. Los destinos de los hombres se leían en lo que revelan las estrellas. Antes de que se hiciera algo en la Tierra, se preguntaba a las estrellas si estaba justificado o no. Esta ciencia, según la cual toda la vida terrenal está regulada, también se sentía como una herencia de la existencia del hombre entre la muerte y el renacimiento, cuando sus experiencias eran de una clase que lo hacían uno con los movimientos y las leyes de las estrellas, tal como aquí en la Tierra, entre el nacimiento y la muerte, él es uno con los seres de los reinos mineral, vegetal y animal.

En la cuarta época post-atlante, la época greco-latina, comenzando en el siglo VIII AC. hasta el siglo XV DC., los hombres ya se empiezan a sentir verdaderos ciudadanos de la Tierra. Sienten que en su mundo de ideas entre el nacimiento y la muerte ya no hay ecos muy distintos de las experiencias en la existencia preterrenal. Se esfuerzan por estar en casa en la Tierra. Y, sin embargo, si penetramos profundamente en el espíritu de la civilización griega e incluso de la primitiva romana podemos decir algo como lo siguiente. Los hombres que estaban fundando la ciencia en esa época estaban decididos a aprender y saber todo lo que sucede en los tres reinos de la Naturaleza en la Tierra, pero a conocerlo de tal manera que este conocimiento también tuviera alguna relación con la existencia extraterrestre.  Entre los griegos hay un fuerte sentimiento de que a través del conocimiento aplicado por el hombre sobre la Tierra y a la luz de la cual él regula sus acciones terrenales, al mismo tiempo debe tener un tenue recuerdo del mundo divino-espiritual. El griego sabia que solo odia obtener su conocimiento de la observación del mundo terrenal; pero tenía la clara sensación de que lo que percibía en los minerales, las plantas, los animales, las estrellas, las montañas, los ríos, etc., debía ser un reflejo de lo Divino-Espiritual que se puede experimentar en un mundo que no es el mundo de los sentidos.

Este es el caso porque en esa época el hombre todavía siente que con la mejor parte de su ser él pertenece a un mundo suprasensible. Este mundo suprasensible, sin duda, se oscureció para la observación humana —así es como el hombre se lo dice a sí mismo: pero durante la existencia terrenal también debe esforzarse por iluminarlo. Es cierto que en la época greco-latina los hombres ya no pudieron regular las acciones ordinarias de la humanidad de acuerdo con los cursos de las estrellas, ya que su dominio de la ciencia de las estrellas no estaba a la par con la de los caldeos y los egipcios; pero, en todo caso, todavía se esforzaron, más bien a tientas, mediante el estudio de las expresiones de la voluntad de los Seres divinos-espirituales, por traer algo del  mundo Divino-Espiritual al mundo terrenal.

En los lugares de los Oráculos y en los Templos, los hombres buscaban determinar la voluntad de los Dioses a través de las sacerdotisas y profetisas, como saben por la historia. Y vemos cómo estos esfuerzos para determinar la voluntad de lo divino-espiritual, de los seres con quienes el hombre mismo es uno durante la existencia preterrenal, también eran habituales en otras regiones de Europa en el momento en que la cultura grecorromana estaba en su mejor momento en el sur.

 En las regiones germánicas de Europa Central, por ejemplo, las sacerdotisas y profetisas eran muy veneradas; se hicieron peregrinaciones hasta ellas y en estados de conciencia extáticos, se daba a conocer la voluntad de los Dioses a los hombres para que sus obras en la Tierra pudieran estar en conformidad con esta voluntad. Podemos ver claramente cómo hasta los siglos XII y XIII —aunque el impulso es por entonces menos intenso— el hombre se esfuerza por formular el conocimiento que busca de tal manera que contiene en sí la voluntad del mundo divino-espiritual. A lo largo de estos siglos de la Edad Media, hasta el siglo XII y XIII, podemos encontrar lugares que en aquel momento todavía se consideraban sagrados y que después se transformaron en nuestros laboratorios. Podemos encontrar lugares donde los llamados alquimistas investigaban las fuerzas de las sustancias y de los procesos de la Naturaleza; podemos leer escritos que todavía dan una imagen tenue del tipo de pensamiento que se aplicaba en esos antiguos centros de investigación y en todas partes descubriremos evidencia de la lucha para llevar a las sustancias mismas a tales combinaciones o interacción mutua que lo Divino-Espiritual pudiera trabajar en el frasco, en la retorta.

En el Fausto de Goethe hay un eco de esta actitud del alma, en la escena en la que Wagner trabaja en su laboratorio para producir el Homúnculo. No fue sino hasta el cambio de los siglos XIV y XV en la civilización occidental que surgió el deseo en el hombre de poner los cimientos de una ciencia en completa independencia, sin poner sus ideas en relación directa con una voluntad divino-espiritual por la cual el mundo está gobernado. Una forma de conocimiento puramente humana surge por primera vez durante este período; es el conocimiento que se emancipa de la voluntad divina-espiritual. Y es este conocimiento puramente humano, emancipado de la voluntad divina del que está compuesta la ciencia de Galileo y Copérnico.

Es la ciencia a través de la cual el universo se presenta al hombre en la imagen abstracta actual de hoy, la imagen de una bóveda —como Giordano Bruno fue el primero en prever—  con las estrellas dando vueltas en ella como cuerpos puramente materiales, o incluso en una condición de descanso tomando su parte en los acontecimientos cósmicos. Esta imagen del universo nos hace pensar que un vasto mecanismo funciona en la Tierra desde el espacio cósmico. E incluso en la investigación de las cosas terrenas, las personas se limitan fundamentalmente a lo que se puede calcular y medir, y así formar parte de un mecanismo abstracto. Sin embargo, este es un mundo de concepciones e ideas que el hombre puede sacar de sí mismo con la ayuda de la observación y el experimento externos, donde se cree que las sustancias físicas por sí mismas se afectan unas a otras, los procesos de la Naturaleza se manifiestan y donde lo divino-espiritual ya no se busca en el mundo de la naturaleza.

Hay una gran diferencia entre este mundo conceptual y el tipo de pensamiento que le precedió en la evolución humana. Es solo desde el primer tercio del siglo XV que los conceptos e ideas del hombre se han vuelto puramente humanos. Y es del Espacio en lo que el hombre se ha interesado principalmente desde que comenzó este período. Si se retrocede aún más a los tiempos de la Antigua India,  Persia, la cultura Egipcio-Caldea, en todas partes encontrarán que las concepciones del mundo se refieren a la Edad del Mundo. Señalan a una época antigua cuando la humanidad todavía guardaba una íntima relación con los Dioses, a una Edad de Oro.

Señalan otra época cuando el hombre todavía experimentaba en la Tierra al menos el reflejo solar de lo Divino: una Edad de Plata, y así sucesivamente. El tiempo y el curso del tiempo desempeñan un papel destacado en las imágenes del mundo de las primeras fases evolutivas. Del mismo modo, cuando se considera la época griega, y de hecho la imagen del mundo que estaba presente al mismo tiempo en las regiones más del norte y centro de Europa, encontrarán que en todas partes la idea del Tiempo juega un papel esencial.  El griego se remonta a la Edad primigenia cuando los sucesos cósmicos son el resultado de la interacción entre Urano y Gaia. La siguiente Era señala, a Cronos y Rea, luego la Era en que Zeus y los otros dioses conocidos en la mitología griega gobiernan el Cosmos y la Tierra. Y es lo mismo en la mitología germánica. El Tiempo juega el papel más esencial en todas estas imágenes mundiales.

Una parte mucho menos importante es el Espacio. El elemento espacial todavía es oscuro en las imágenes del mundo nórdico y germánico con el Mundo del Fresno, el Gigante Ymir y demás. Que algo está sucediendo en el Tiempo es bastante claro, pero la idea del Espacio está apenas amaneciendo; es un factor sin gran significado. No es sino hasta la era de Galileo, de Copérnico, de Giordano Bruno, que el espacio realmente comienza a desempeñar su gran papel en la imagen del Universo. Incluso en el sistema ptolemaico, que sin duda se preocupa por el espacio, el tiempo es un factor más esencial de lo que es en la imagen del mundo que nos resulta familiar desde el siglo XV, en el que el Tiempo juega realmente un papel secundario. La distribución actual de las estrellas en el espacio cósmico se toma como el punto de partida y, a través del cálculo, se llega a conclusiones sobre cómo era la imagen del mundo en épocas anteriores. Pero la concepción del espacio, la imagen del mundo espacial, adquiere una importancia capital. Y el resultado es que todos los juicios humanos se basan en el principio del Espacio. El hombre moderno ha elaborado este elemento del Espacio en su imagen externa del mundo, lo ha elaborado también en todo su pensamiento. Y hoy este pensamiento en términos de Espacio ha alcanzado su cenit.

Piensen en lo difícil que es para el hombre de hoy en día seguir una exposición puramente del Tiempo. Él está contento si el espacio es llevado al menos hasta el punto de dibujar algo en la pizarra. Pero si el sentimiento del Espacio se transmite por medio de imágenes, ¡entonces el hombre moderno está realmente en su elemento! “Ilustración” —y con esto él quiere decir expresión en términos de Espacio—  es lo que el hombre de hoy se esfuerza por lograr en cada exposición. El tiempo, en la medida en que está en flujo perpetuo, se ha convertido en algo que le causa incomodidad. Todavía le agrega valor en la música; pero incluso allí la tendencia hacia lo espacial es bastante evidente.

Solo tenemos que considerar algo que se ha convertido en una característica definida de la vida moderna y esta manía del hombre moderno para adherirse a lo espacial es aparente a la vez. En el cine, es completamente indiferente el elemento de Tiempo en la imagen. Está contento con la fracción más pequeña del elemento de Tiempo y está completamente entregado al elemento de Espacio.

Esta orientación del alma a lo espacial es muy característica del tiempo presente y quien observa la cultura y la civilización modernas con los ojos abiertos la encontrará en todas partes.

Por otro lado, en la Ciencia Espiritual antroposófica nos esforzamos, como saben, por alejarnos de lo espacial. Sin duda, nos encontramos con el deseo de que también tratemos de dar forma tangible a lo espiritual, y eso es justificable para fortalecer la facultad de ideación. Solo que siempre debemos ser conscientes de que esto es puramente un medio de ilustración y que lo esencial es esforzarse, al menos esforzarse, para trascender lo espacial.

Los “devotos” espaciales entre nosotros a menudo causan dificultades haciendo diagramas de las épocas consecutivas del Tiempo, escribiendo “Primera Época con Sub-Épocas”, y así sucesivamente. A continuación, sigue una gran cantidad de títulos y lo que es secuencial en el Tiempo se arrastra a una imagen espacial.

Nuestro objetivo, sin embargo, es trascender lo espacial. Nos esforzamos por penetrar en lo temporal y también en lo supratemporal, en el elemento que conduce más allá de lo que es físicamente perceptible. Lo físicamente perceptible existe en su forma más cruda en el mundo del espacio y allí el pensamiento se dirige en cierta dirección. A menudo he hablado de las intenciones reales de la Ciencia Espiritual antroposófica. Ciertamente, no menosprecia, y mucho menos rechaza, el modo de pensar engendrado en la época de Galileo, Copérnico, Giordano Bruno. La validez de este modo de pensar en el que, como saben, el espacio es el elemento esencial, es plenamente reconocido por la ciencia espiritual antroposófica. Por lo tanto, debe ser capaz de arrojar luz en todos los dominios del pensamiento científico. No debe adoptar una actitud de aficionado a estos dominios del pensamiento científico, sino que debe arrojar luz sobre ellos por su forma de ver las cosas.

Pero una y otra vez se debe enfatizar que la Ciencia Espiritual antroposófica está tratando de guiar de regreso a lo Divino-Espiritual este conocimiento puramente humano que se basa casi por completo en el elemento del Espacio y se emancipa de lo Divino-Espiritual. No nos remontamos a las condiciones antiguas, sino que deseamos guiar la actitud moderna del alma hacia lo espiritual, lejos de su preocupación por lo puramente espacial y material.  En otras palabras, queremos aprender a hablar sobre cosas espirituales, ya que las personas de la epoca Galileo-Copernicana se acostumbraron a hablar sobre sustancias, sobre fuerzas. Con sus métodos de estudio y observación, esta Ciencia Espiritual debe ser compatible con el tipo de conocimiento que se ha estado desarrollando en relación con las cosas y los procesos del mundo material desde el primer tercio del siglo XV.  Su objetivo es el logro del conocimiento espiritual que se relaciona con este conocimiento de la naturaleza, aunque como el primero se refiere a lo suprasensible, el contraste es muy evidente.

Considerado internamente, ¿qué es lo que estamos buscando lograr?.  Si nos trasladamos en el pensamiento a la posición de los Seres divino-espirituales en cuyas filas vivimos entre la muerte y el renacimiento, y discernimos cómo dirigen su mirada hacia abajo, y a través de los diversos medios que he descrito observamos el curso de los acontecimientos en la Tierra, entonces encontramos que estos seres miraron hacia la Tierra en las edades más tempranas de la evolución humana —en las épocas de la Antigua India, Persa, Caldeo-Egipcia— y vieron lo que los hombres estaban haciendo, qué puntos de vista tenían sobre la Naturaleza y su propia vida social. Y entonces, si puedo decirlo así, los Dioses pudieron decirse a sí mismos acerca de las obras y los pensamientos de los hombres: Sus acciones y sus pensamientos son el resultado de su recuerdo, o son un eco de, lo que experimentaron entre nosotros en nuestro mundo. En el caso de los caldeos o los egipcios, era bastante evidente que el deseo principal de los hombres de abajo en la Tierra era llevar a cabo lo que los dioses de arriba habían pensado o estaban pensando. Cuando los Dioses miraron hacia la Tierra, vieron sucesos que estaban de acuerdo con sus intenciones; y era lo mismo cuando miraban los pensamientos de los hombres, como los dioses pueden hacer. Desde el primer tercio del siglo XV esto ha cambiado. Desde entonces, los Seres divinos-espirituales han mirado hacia abajo a la Tierra, y especialmente cuando miran hacia abajo en el tiempo presente, encuentran que las cosas en todas partes son fundamentalmente ajenas a ellos, que los hombres están haciendo cosas en la Tierra que ellos mismos han planeado de acuerdo con los fenómenos y procesos de la existencia terrenal. Y para los Dioses con quienes los hombres viven entre la muerte y el renacimiento, esta es una actitud completamente ajena.

Cuando un alquimista en su laboratorio se esforzaba por determinar la voluntad divina-espiritual a través de la combinación y separación de los Elementos, un Dios habría contemplado algo similar a su propia naturaleza en lo que el alquimista estaba haciendo. Si un Dios fuera a buscar en un laboratorio moderno, los métodos y procedimientos adoptados allí sería intensamente ajeno a él. Se puede decir con absoluta certeza que desde el primer tercio del siglo XV, los Dioses han sentido como si toda la raza humana se hubiera alejado de ellos en cierto sentido, como si los hombres de la Tierra se dedicaran a trivialidades, a cosas que los Dioses son incapaces de entender, ciertamente no los Dioses que aún guiaban las manos y las mentes de los hombres en sus búsquedas científicas en tiempos greco-latinos. Estos Seres divino-espirituales no tienen un interés activo en lo que se hace en los laboratorios modernos, y mucho menos en los hospitales modernos. En una ocasión anterior me vi obligado a decir que cuando los dioses miran hacia abajo a través de las ventanas, como las llamé, lo que menos les interesa en la Tierra es el tipo de trabajo llevado a cabo por los doctos. Lo que va al corazón de alguien que tiene un conocimiento genuino de la moderna Ciencia de la Iniciación es lo que está obligado a decirse a sí mismo: En los últimos tiempos, los hombres nos hemos distanciado de los dioses; debemos buscar nuevamente los puentes para conectarnos con el mundo divino-espiritual. Y es esto lo que acelera el impulso de la Ciencia Espiritual antroposófica. Su deseo es transformar las ideas y los conceptos científicos que son ininteligibles para los Dioses de tal manera que se espiritualicen y así puedan brindar un puente a lo Divino-Espiritual.

Se debe comprender que la luz, por ejemplo, es algo en lo que la divinidad está presente. Esto se sintió fuertemente en la cultura persa antigua, pero hoy, cuando, por ejemplo, se intentan indicar mediante todo tipo de líneas cómo se rompen los rayos de una lente, este es un lenguaje que los dioses no entienden; no significa nada para ellos. Todas estas cosas deben ser abordadas con una actitud anímica que permita que el puente a lo Divino se encuentre una vez más. Comprender esto significa una gran profundización de la comprensión del tipo de tarea que incumbe en la epoca actual en materia de transformar y metamorfosear nuestras ideas no espirituales.

Una verdad cósmica de profunda significación subyace a estas cosas. La concepción del espacio es una concepción enteramente humana. Los dioses con los que el hombre vive en el período más importante de su vida entre la muerte y un nuevo nacimiento tienen una vívida concepción del tiempo pero ninguna concepción del espacio tal como el hombre la adquiere en la Tierra. Esta concepción del espacio es completamente humana. El hombre realmente entra al Espacio por primera vez cuando desciende del mundo divino-espiritual al mundo físico de la Tierra. Es cierto, como se ve desde aquí, todo aparece en perspectiva espacial. Pero pensar en dimensiones, si puedo decirlo así, es algo que pertenece completamente a la Tierra.

En la civilización occidental, esta concepción del espacio se ha arraigado en el hombre desde el siglo XV. Pero cuando a través de la espiritualización del conocimiento puramente espacial, se han encontrado nuevamente puentes hacia el mundo divino, entonces, ¿qué ha obtenido el hombre de la ciencia del espacio? —en el mismo período en que ha emancipado su pensamiento de manera más drástica del mundo divino, es decir, desde el siglo XV— todo el conocimiento espacial que ha adquirido será importante para el mundo divino-espiritual también. Y el hombre puede conquistar una nueva porción del universo para los Dioses tan solo si trae el espíritu nuevamente a la concepción del Espacio.

Ya ven, lo que he descrito en el libro La Ciencia Oculta —los períodos del Antiguo Saturno, el Antiguo Sol, la Antigua Luna, la Tierra y los periodos futuros de Júpiter, Venus y Vulcano— solo está presente a los Dioses en la secuencia del Tiempo. Aquí en la Tierra, sin embargo, todo se vive en términos de Espacio. Estamos viviendo hoy en el período de la Tierra propiamente dicho, pero en los sucesos de la Tierra aún persisten los ecos de los períodos de la Antigua Luna, el Antiguo Sol y el Antiguo Saturno.

Si se sumergen en la descripción del período del Antiguo Saturno en La Ciencia Oculta, dirán: El período de Saturno es pasado, pero los efectos de su calor todavía están presentes en nuestra existencia terrenal. Saturno, Sol, Luna, Tierra están uno dentro del otro; ellos existen simultáneamente. Los dioses los ven en la secuencia del tiempo. Aunque en épocas anteriores, incluso durante la época caldea, se los veía en su sucesión, ahora los vemos uno dentro del otro, espacialmente uno dentro del otro. De hecho, esto lleva mucho más lejos y si estudiamos estas cosas en detalle, descubriremos qué hay detrás de ellas.

Imaginen que extienden la mano izquierda. Lo Divino vive en todo lo terrestre. En los músculos, en los nervios, vive lo Divino. Ahora con los dedos de la mano izquierda toquen los dedos de la mano derecha —esto solo se puede hacer en el espacio. El hecho de que sientan su mano derecha con la izquierda, su mano izquierda con la derecha, esto es algo que los Seres divino-espirituales no siguen— Siguen la mano izquierda y la mano derecha hasta el punto de contacto, pero el sentimiento que surge entre los dos es una experiencia que las facultades que poseen los dioses no hacen posible; es algo que surge solo en el espacio. Tan poco como los Dioses contemplan a Saturno, Sol, Luna y Tierra simultáneamente sino solo en sucesión, en el Tiempo, entonces no tienen ninguna de las experiencias puramente espaciales conocidas por el hombre. Cuando miran con los ojos izquierdo y derecho y tienen la línea de visión desde la derecha y desde la izquierda, la actividad de los Dioses está presente en la visión desde el ojo derecho y nuevamente en la visión desde el ojo izquierdo, pero en la unión de las dos líneas de visión se encuentran en un elemento puramente humano. Así experimentamos como hombres, porque hemos sido colocados en el mundo del espacio, algo que se experimenta en un estado de emancipación de la actividad de los dioses.

Solo necesitan extender esta imagen de las manos derecha e izquierda a otros dominios en la vida del hombre terrenal, y encontrarán una gran cantidad de experiencias humanas que caen inmediatamente fuera del campo de visión de los Dioses. En realidad, solo desde el primer tercio del siglo XV el hombre ha traído ideas de un tipo puramente humano a estos dominios. Por lo tanto, el pensamiento humano se ha vuelto cada vez menos inteligible para los dioses cuando miran hacia la Tierra. Y con esto en mente, debemos dirigir nuestra atención a ese evento más importante en el último tercio del siglo XIX, que puede caracterizarse por decir que el reinado del Ser espiritual conocido como Gabriel fue sucedido por la regencia de ese otro Ser espiritual conocido como Michael.

En el último tercio del siglo XIX, el Ser espiritual que llamamos Mikael se convirtió en el Regente, por así decirlo, de todo lo que tiene un carácter espiritual en los eventos humanos en la Tierra. Mientras que Gabriel es un Ser más orientado a las cualidades pasivas del hombre, Mikael es el Ser activo, el Ser que, por así decirlo, pulsa nuestro aliento, nuestras venas, nuestros nervios, para que podamos desarrollar activamente todo lo que pertenece a nuestro humanidad completa en relación con el Cosmos. Lo que se nos presenta como un desafío de Mikael es que nos volvamos activos en nuestros propios pensamientos, elaborando nuestra visión del mundo a través de nuestra propia actividad interna. Solo pertenecemos a Época de Michael cuando no nos sentamos inactivos y deseamos que venga a nosotros la iluminación desde dentro y desde fuera, sino cuando cooperamos activamente en lo que el mundo nos ofrece en forma de experiencias y oportunidades de observación. Si un hombre lleva a cabo algún experimento, no implica fundamentalmente actividad; no hay necesariamente ninguna actividad de su parte; es solo un evento como cualquier otro evento en la Naturaleza, excepto que está dirigido por la inteligencia humana. ¡Pero todos los acontecimientos en la Naturaleza también han sido dirigidos por la inteligencia!. ¿Cómo es la vida mental del hombre hoy en día afectada por los experimentos? No hay participación activa, ya que simplemente mira e intenta eliminar la actividad tanto como sea posible; él quiere que el experimento le cuente todo y considera que todo es fruto de su propia actividad interior.  Es precisamente en sus ideas científicas que los hombres son menos importantes en la era de Micael.

Pero la humanidad debe entrar en la edad de Michael. Si nos hacemos la pregunta: ¿qué significa realmente en todo el entorno cósmico que Gabriel le haya pasado el cetro a Micael? Entonces debemos responder: Significa que de todos los Seres que guían espiritualmente a la humanidad, Micael es el Espíritu que es el primero en acercarse a lo que los hombres aquí en la Tierra están haciendo como resultado de esta emancipación del conocimiento desde el primer tercio del siglo XV. Gabriel se encuentra en completa perplejidad ante las ideas y nociones de un hombre culto de la edad moderna. Micael, que está estrechamente relacionado con las fuerzas del Sol, al menos puede inculcar su actividad en los pensamientos del hombre que pueden darle impulsos para sus obras libres. Micael puede trabajar, por ejemplo, en lo que he llamado en la Ciencia Oculta, el pensamiento puro y libre, que debe ser el verdadero impulso para la voluntad individual del hombre que actúa en libertad en la nueva era. Y con las obras del hombre que surgen del impulso del amor, Michael tiene su propia relación particular.

Por lo tanto, él es el mensajero a quien los Dioses han enviado para que pueda recibir lo que ahora se está llevando del conocimiento emancipado del espíritu al conocimiento espiritualizado. La ciencia que como Ciencia Espiritual antroposófica espiritualiza nuevamente el pensamiento espacial, lo eleva nuevamente a lo suprasensible: esta Ciencia Espiritual trabaja desde abajo hacia arriba, extiende sus manos desde abajo para tomar las manos de Micael que se extiende desde arriba. Es entonces cuando se puede crear el puente entre el hombre y los Dioses. Michael se ha convertido en el Regente de esta Era porque debe recibir lo que los Dioses desean recibir de lo que el hombre puede agregar al Concepto-Tiempo a través del Concepto-Espacio, ya que esto aumenta el conocimiento que poseen los Dioses.

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Los dioses representan a Saturno, Sol, Luna, Tierra, en la sucesión del Tiempo. Si el hombre desarrolla correctamente la última fase de su vida de pensamiento, ve esto en términos de espacio. Los dioses pueden imaginar el estiramiento de la izquierda y de la mano derecha, pero el contacto real es una cuestión puramente humana. Los dioses pueden vivir en la línea de visión del ojo izquierdo, en la línea de visión del ojo derecho. El hombre visualiza en términos de espacio cómo la visión del ojo izquierdo se encuentra con la del ojo derecho. Micael dirige su mirada hacia la Tierra. Él puede, al entrar en conexión con lo que los hombres desarrollan en pensamiento puro y objetivo en pura voluntad, tomar el conocimiento de los ciudadanos de la Tierra, de los hombres, como fruto del pensamiento en términos de Espacio, y elevarlo a los mundos divinos.

Si los hombres se limitaran a desarrollar el conocimiento del espacio y no a espiritualizarlo, si se detuvieran en la antropología y no estuvieran dispuestos a avanzar hacia la antroposofía, entonces pasaría la edad de Micael. Micael se retiraría de su regencia y traería este mensaje a los dioses: la humanidad desea separarse de los dioses.  Si Michael debe devolver el mensaje correcto al mundo de los Dioses, debe hablar con este fin: Durante mi Época, los hombres han elevado a lo Suprasensible lo que ya han desarrollado en la forma de pensar puramente en términos de Espacio; y, por lo tanto, podemos aceptar a los hombres de nuevo, porque han unido sus pensamientos con los nuestros. Si la evolución humana procede de la manera correcta, Micael no tendrá que decir a los dioses: los hombres se han acostumbrado a mirar todo espacialmente; Han aprendido a despreciar lo que vive solo en el Tiempo. Si los seres humanos se resuelven para lograr su objetivo terrenal, Micael dirá: Los hombres han hecho esfuerzos para traer nuevamente el Tiempo y lo Suprasensible al Espacio; por lo tanto, aquellos que no están contentos de mirar fijamente el espacio, que no están contentos de aceptar todo en una forma tan material como era costumbre a principios del siglo XX, se puede considerar que han vinculado sus vidas directamente a la vida de los Dioses.

Si realmente perseguimos la Antroposofía a la luz de la Ciencia de la Iniciación, significa que nos ocupamos de los asuntos cósmicos, con asuntos que la humanidad tiene que resolver en armonía con el mundo de los Dioses. Y en la edad presente, mucho está en juego; es cuestión de si debemos o no sembrar la semilla para la verdadera comunión en el futuro con el mundo divino-espiritual.

Cuando se hagan conscientes de la tremenda importancia de este tema, podrán medir la seriedad y la constancia interna que necesita el alma para que la Antroposofía sea el contenido de su vida de pensamiento.

Traducido por Gracia Muñoz en diciembre de 2017.

 

 

 

GA238. La individualidad de Elías, Juan, Rafael, Novalis

La última dirección dada por Rudolf Steiner

 – Dornach 28 de Septiembre de 1924

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Mis queridos amigos,

No me ha sido posible dirigirme a ustedes en los últimos dos días. Pero hoy, el día en que el ánimo dedicado a Micael derrama su luz en nuestros corazones, no quería dejarlo pasar sin deciros por lo menos unas pocas palabras. El que yo pueda ser capaz de hacerlo se lo debo por completo al cuidado amoroso y dedicado de nuestra amiga la Dra. Ita Wegman. Por lo que todavía espero poder expresar lo que hoy deseo decirles particularmente con motivo de esta festividad.

En los últimos meses hemos hablado con frecuencia, de la corriente de Micael en los eventos espirituales de la vida del hombre sobre la Tierra. Y será uno de los resultados más bellos que pueden derivarse de nuestra comprensión antroposófica sobre el tiempo y las estaciones, si realmente somos capaces de añadir a las otras festividades del año una Festividad de Micael correctamente regulada. Esto sin embargo, sólo será posible cuando la fuerza y ​​el poder de los pensamientos de Micael, de los cuales los hombres actuales no tienen más que un tenue sentimiento, se haya apoderado de una serie de almas humanas que serán capaces de crear el punto de partida humano adecuado para tal festividad.

Lo que podemos hacer en este momento es despertar el estado de ánimo micaélico, entregándonos a pensamientos que nos prepararán el camino para una futura Festividad de Micael. Y esos pensamientos agitaran especialmente la actividad en nosotros cuando volvemos la mirada a todo lo que ha tenido lugar —en parte en la Tierra, en parte, en los mundos suprasensibles— durante largos períodos de tiempo, como preparación para todo lo que ahora en el curso del presente siglo se puede lograr para la evolución humana por las almas que, llenas de un sincero sentimiento se sienten atraídas por la corriente de Micael.

Ustedes mismos, mis queridos amigos, en la medida en que real y honestamente se sienten inclinados por el Movimiento Antroposófico, pertenecen a estas almas —he tratado de dejarlo claro en las conferencias de las últimas semanas y especialmente en las conferencias donde les hablé directamente del karma de la Sociedad Antroposófica. Sin embargo, podemos llevar estas consideraciones un poco más lejos y esto es lo que quiero hacer hoy.

Traigamos ahora ante nuestras almas a los seres que están íntimamente conectados, y que siempre estarán íntimamente conectados, con la corriente de Micael en el sentido que ya hemos descrito. Dirijamos nuestra mirada a estos seres que en al menos dos encarnaciones sucesivas dejaron una profunda huella en gran número de sus semejantes, seres que, sin embargo, sólo se manifiestan en su verdadera unidad cuando los reconocemos como sucesivas encarnaciones de uno y el mismo ser.

Cuando miramos hacia atrás, a la antigüedad, dentro de las tradiciones del judaísmo vemos alzarse ante nosotros la figura del profeta Elías. Sabemos qué significado tenía el profeta Elías para el pueblo del Antiguo Testamento, y para toda la Humanidad, sabemos cómo puso ante de ellos el destino y la meta de su existencia. Y hemos demostrado que en el curso del tiempo el ser que estaba presente en Elías apareció de nuevo en el momento más importante de la evolución humana, apareció de nuevo para que el mismo Cristo Jesús pudiera darle la Iniciación que le permitiera llevar adelante la evolución de la Humanidad. Pues el ser de Elías volvió a aparecer en Lázaro-Juan —que son en realidad una y la misma figura, como ya habrán entendido por las indicaciones de mi libro “el Cristianismo como Hecho Místico”.

cuatro individualidades

Y más adelante vimos que este ser aparece una vez más en ese pintor mundial que dejó que su poder artístico se desarrollara en maravillosas profundidades de ternura, a medida que avanzaba flotando sobre el Misterio del Gólgota. Y vimos cómo el impulso profundamente cristiano que vive en Rafael, como si estuviera impulsando el color y la forma misma de la naturaleza y el ser del cristianismo mismo — y vimos cómo este impulso volvió a elevarse en el poeta Novalis. En el poeta Novalis se revela en palabras maravillosamente bellas lo que Rafael había dado la humanidad en los colores y formas de hermosura poco común. Vemos, así siguiendo uno a otro en el tiempo, seres que se unifican cuando se entiende la reencarnación.

Sabemos [porque lo he contado en varias ocasiones] cómo, cuando el hombre ha pasado por el portal de la muerte, entra en el mundo de las estrellas. Lo que estamos acostumbrados a llamar “estrellas” en el sentido físico externo no es más que el signo exterior y símbolo de los mundos espirituales que miran hacia la Tierra y participan en todas las obras de la evolución de la Humanidad.

Sabemos que el hombre pasa a través de la esfera de la Luna, pasa por las esferas de Mercurio y Venus, llega a las esferas del Sol, de Marte, de Júpiter y de Saturno. Y sabemos que cuando, junto con los seres de estas esferas y junto con las almas humanas que también pasaron por el umbral de la muerte, apartándose de la vida en la Tierra, elaboran su karma, para una próxima vuelta a la existencia terrenal.

Teniendo esto en mente, vamos a mirar por un momento a Rafael y veamos cómo atraviesa el portal de la muerte, entrando en el reino cósmico, el reino de la evolución espiritual, llevando consigo el poder de su arte, que ya en la Tierra brilló como la luz de las estrellas. Contemplamos, mis queridos amigos, cómo Raphael entra en la esfera lunar, y vemos cómo se relaciona ahí con los Seres Espirituales que viven en la esfera de la Luna y que son las Individualidades espirituales de los Grandes Líderes de la Humanidad original, de cuya sabiduría Raphael, como Elías, se había inspirado profundamente. Él conoce a estos Seres Lunares, y conoce también a todas las almas con las que ha vivido en las etapas tempranas de la evolución de la Tierra. Vemos cómo se une espiritualmente con el origen espiritual de la Tierra, con ese Mundo de los Seres primordiales que hicieron posible la existencia del hombre haciendo que lo terrenal fuera impregnado con lo Divino. Contemplamos a Rafael como si estuviera completamente “en casa” unido con aquellos a quienes más amaba en su existencia como Elías, en tanto que fueron ellos quienes al principio de la existencia de la Tierra regularon los objetivos de la vida en esta Tierra.

madona sixtina

 

Entonces lo vemos atravesando la esfera de Mercurio donde, en asociación con los grandes Sanadores Cósmicos, transforma en espíritu ese poder creador del color y de la línea infinitamente completo y saludable; todo lo que había creado con la pintura, tanto en tela como en fresco, llena de ayuda, consuelo y una interminable inspiración a los que pueden conectar con su obra, tan radiante de luz. Y ahora cuando pasa a través de la esfera de los Seres de Mercurio se le muestra la gran conexión cósmica en la fue capaz de mantenerse.

Y así él, que en la Tierra había desplegado un amor tan grande por el arte, cuya alma se había encendido con amor hacia el color y la línea, se eleva ahora a la esfera de Venus, que a su vez amorosamente le acompaña hasta el Sol, a la existencia del Sol, donde vivió en todas sus encarnaciones hasta donde nos son conocidas. Porque fue desde el Sol que él, como el profeta Elías, llevo a la Humanidad por medio de su pueblo las verdades que pertenecen a los objetivos de la existencia.

Vemos cómo en la esfera del Sol vive, en un sentido profundo e íntimo —de manera diferente a la que vivió en la Tierra como compañero de Cristo Jesús— recapacitando de nuevo lo que sufrió cuando, a través de la Iniciación de Cristo Jesús, él, Lázaro, se convirtió en Juan. Y todo lo que ha pintado con luz brillante para los seguidores de Cristo Jesús, —ahora contempla todo esto derramando sus rayos en la transformación cósmica del corazón humano.

Y vemos con más detalle cómo lo que él tenía como el fundamento de su vida penetra, lleno de sabiduría en la esfera de Júpiter. En esta esfera de sabiduría entra en una relación de entendimiento con espíritus tales como Goethe —es decir, el espíritu, que después se convirtió en Goethe—Así como también con espíritus que se habían extraviado por otros caminos, pero que sin embargo lideraron sobre el Ser y el Pensamiento del Mundo adentrándolo en el reino de lo mágico. Y establece el fundamento de su idealismo mágico en la experiencia que tuvo en la evolución del posterior Eliphas Levi. Y también vemos cómo participa en todo lo que estaba viviendo allí en Swedenborg.

 Y ahora tengo que llamar su atención a algo en la vida de Rafael, que tiene una importancia muy grande. Una personalidad que estaba profundamente dedicada a Raphael —Hermann Grimm— se puso a trabajar en cuatro ocasiones para escribir la vida de Rafael. Su “Vida de Miguel Ángel” la llevo a una hermosa plenitud, pero nunca tuvo éxito en la elaboración de cualquier imagen de la vida de Rafael que le dejara satisfecho. Desde su propio punto de vista todo lo que escribía era inacabado e incompleto. El primer libro que llevó a cabo tuvo la intención de ser una biografía. ¿Y qué es?.  Nada más que una reproducción de viejas anécdotas contadas por Vasari.  Nada de la biografía de Raphael en absoluto, sino algo totalmente diferente —una descripción de lo que Raphael se convirtió en la Tierra después de su muerte, en el respeto y reconocimiento de sus semejantes. Hermann Grimm relata lo que la gente piensa de Raphael— lo que los italianos, los franceses, los alemanes piensan de Raphael en el curso de la historia a través de los siglos. Lo que nos da es una biografía del Pensamiento Rafael que ha vivido aquí en la Tierra desde su muerte. Él encuentra la manera de decir lo que queda de Rafael en los corazones y las mentes de los hombres, lo que vive de él todavía en su reverencia y entendimiento. Pero no encuentra la posibilidad de dar una imagen de la vida terrenal de Rafael.

Hermann Grimm que hizo el intento cuatro veces, dice: Todo lo que uno puede realmente hacer por Rafael como personalidad es escribir sobre cómo una imagen pasa a la siguiente, como si hubiera sido pintada por un ser suprasensible que simplemente no ha tocado la Tierra en absoluto con su vida terrenal. Los cuadros están ahí, pero uno puede mirar desde Raphael, quien pinta las imágenes y reproduce la secuencia de lo que se expresa en su contenido interior.

Y así, poco antes de su muerte, Hermann Grimm empezó a hablar una vez más sobre Raphael, y una vez más hizo el intento de poner la pluma y el papel y escribir sobre él. Esta vez, sin embargo, sólo habló de sus cuadros y no de la personalidad terrenal de Raphael en absoluto.

platon y aristoteles

La verdad es, mis queridos amigos, que esta personalidad terrenal de Rafael estuvo entregada por completo y sólo estaba presente en lo que Lázaro-Juan le inspiraba para poder derramarlo en color y línea para toda la Humanidad.

Tal era la vida de este ser. Y era así, que esta vida de Rafael sólo podía ser, por así decirlo, absuelta en otra vida de treinta años —en Novalis. Y así vemos a Raphael morir joven, Novalis muere joven también— un ser que salió de Elías-Juan, apareciendo ante la humanidad en dos formas diferentes, preparando a través del arte y a través de la poesía el verdadero talante anímico de Micael, enviado por su corriente como mensajero a los hombres en la Tierra.

Y ahora, he aquí el maravilloso poder artístico de Rafael vuelto a renacer en la poesía de Novalis que agita y arrebata los corazones de los hombres. Todo lo que a través de Raphael fue dado a lo que los ojos que los hombre pudieron ver — de esto pudieron los corazones humanos beber profundamente, cuando vino otra vez como Novalis.

Cuando consideramos la vida de Novalis, ¡qué eco hallamos allí de la vida de Rafael para la que Hermann Grimm tuvo un entendimiento tan fino!. Su amada muere en su juventud. El todavía es joven. ¿Qué va a hacer con su vida ahora que ella ha muerto?. Nos lo dice él mismo. Dice que su vida en la Tierra será a partir de ahora un “morir después de ella”, para seguirla por el camino de la muerte.  Él quiere pasar ya ahora a lo suprasensible, sin tocar la Tierra para llevar nuevamente la vida de Rafael, viviendo en la poesía su idealismo mágico. No quería dejarse tocar por la vida de la Tierra.

Cuando leemos los “fragmentos” de Novalis, y nos entregamos a la abundante vida que fluye de ellos, podemos descubrir el secreto de la profunda impresión que causan en nosotros. Lo que tenemos ante nosotros en el sentido de realidad inmediata, lo que el ojo puede ver y reconocer como hermoso —todo esto, a través del idealismo mágico que vive en el alma de Novalis, aparece en su poesía con un esplendor casi celestial. La cosa material más humilde y simple— con el idealismo mágico de su poesía puede hacer que vuelva a vivir en toda su luz y gloria espiritual.

Y así vemos en Novalis un radiante y espléndido precursor de esa corriente de Micael que ahora nos guiará a todos, mis queridos amigos, mientras vivan; y luego, después de haber atravesado la puerta de la muerte, encontrarán en los mundos suprasensibles todos esos otros —entre ellos también el ser del que he estado hablando con ustedes hoy— todos aquellos con quienes debéis preparar la obra que se llevará a cabo a finales del siglo, y que llevará a la humanidad más allá de la gran crisis en la que está involucrada.

Este trabajo es: dejar que el Poder y la Voluntad de Micael penetren toda nuestra vida. El Poder y la Voluntad de Micael no es otra cosa que el Poder y la Voluntad  de Cristo, yendo antes a fin de implantar en el camino correcto en la Tierra el Poder de Cristo. Si este Poder de Miguel es capaz de vencer verdaderamente todo lo que es del demonio y el dragón [y sabrán lo que es], si todos ustedes, que de esta manera han recibido la luz del Pensamiento de Micael, y lo han recibido con la sinceridad y fidelidad de un corazón amoroso se esforzarán por seguir adelante desde la disposición del ánimo de Micael de este año, hasta que no sólo el pensamiento de Micael se revele en su alma, sino que también sean capaces de hacer que el pensamiento de Micael viva en sus acciones con toda su fuerza y todo su poder —Si es así, entonces seréis verdaderos siervos del Pensamiento de Micael, dignos ayudantes de lo que ahora tiene que entrar en la evolución de la Tierra a través de la Antroposofía y tomar su lugar allí en la corriente de Micael.

Si en un futuro próximo, en cuatro veces doce seres humanos, el Pensamiento de Michael se vuelve plenamente vivo —cuatro veces doce seres humanos, es decir, quienes sean reconocidos no por ellos mismos sino por el Liderazgo del Goetheanum, en Dornach— si en cuatro veces esos doce seres humanos surgen como líderes con un estado anímico perteneciente a la festividad de Micael, entonces podremos mirar hacia arriba a la luz que a través de la corriente y la actividad de Micael será derramada en el futuro de la Humanidad.

Porque esto es así, mis queridos amigos, he hecho hoy el esfuerzo de levantarme y hablar con vosotros, aunque sólo sean unas pocas palabras. Ya no tengo la fuerza suficiente para continuar. Que mis palabras hablen a vuestra alma recibiendo el Pensamiento de Micael en el sentido de lo que un fiel seguidor puede sentir cuando, vestido con los rayos de luz del Sol, Micael aparece y nos señala lo que ahora debe tener lugar. Porque debe ser precisamente que esta envoltura de Micael, esta vestidura de Luz, se convierta en la Palabra de los Mundos, que puede transformar el Logos de los Mundos en el Logos de la Humanidad. Por lo tanto, dejen que mis palabras a ustedes hoy sean estas:

Brotando desde los Poderes del Sol,

Poderes del Espíritu Radiante —-,

Bendiciendo todos los Mundos!

Por la irradiación de la vestidura de Micael

Estáis predestinados por el Pensamiento Divino.

Él, el mensajero de Cristo, se revela en vosotros –

Llevando a la Humanidad que crece –

 La sagrada Voluntad de los Mundos.

 Vosotros, los radicales Seres del Mundo Etérico,

 Llevad la Palabra de Cristo al Hombre.

Así aparecerán los Heraldos de Cristo

A las almas sedientas que esperan,

Resplandeciendo progresivamente su Palabra de Luz

En la era cósmica del Hombre Espíritu.

Vosotros, discípulos de la Ciencia Espiritual,

Tomad la señal de la sabiduría de Micael,

Tomad la Palabra  Amorosa de la Voluntad de los Mundos

Activamente en la aspiración del alma!

rembrandt-hombre con armadura

Traducido por Gracia Muñoz en Junio de 2017