GA102c6. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 24 de marzo de 1908

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Si de los que estuvisteis presentes en la última conferencia dada aquí han pensado cuidadosamente y recordado cómo ciertas etapas ya pasadas se recapitulan en una etapa posterior, como, por ejemplo, en nuestra Tierra las etapas del Antiguo Saturno, del Antiguo Sol y la Antigua Luna, surgen y se desarrollan poco a poco hasta completar nuestra condición terrena, se podría sentir instado a hacer las siguientes observaciones.

Podría decir: en varias conferencias anteriores se ha afirmado que en Saturno los primeros rudimentos físicos del hombre pasaron por algo así como una especie de sistema sensorial, como si los primeros rudimentos de Saturno hubieran consistido en primitivos órganos de los sentidos; luego en el Sol se desarrolló un sistema glandular: en la Luna un sistema nervioso y en nuestra Tierra todo esto fue recapitulado. Pero, ¿cómo concuerda eso con lo que se dijo en la última conferencia, es decir, que los primeros en aparecer en la Tierra fueron los primeros rudimentos del sistema sanguíneo, una especie de hombre calórico? Luego se dijo que hubo una condensación hacia un estado de aire y que surgió la luz, por un lado se agregó una especie de sistema de aire que luego se convirtió en nuestro sistema de respiración actual, mientras que el sistema de calor se transformó en el posterior sistema sanguíneo, y bajo la influencia de la luz se formó una especie de sistema nervioso percibido interiormente. Se describió además cómo todo eso estaba aún en una condición etérea enrarecida, luego se rellenó con una especie de albúmina que, bajo la influencia del sonido y el tono cósmicos, se organizó en las diferentes sustancias.

Si admito —podría decir el objetor— que el sistema glandular sólo comenzó con el depósito de esta sustancia orgánica, entonces la primera cosa en la Tierra sería una especie de sistema del calor que formó los rudimentos del sistema de la sangre y una especie de sistema nervioso presente en las finas líneas etéricas de fuerza, a continuación se plantearía, el sistema glandular que, en cierto sentido ya estaba sustanciado orgánicamente, y por último se deposito el elemento mineral como se ha descrito en la última conferencia. Si las condiciones sucesivas de Saturno, el Sol, la Luna han reaparecido y en estas condiciones se recapitula en la Tierra, es extraño que el sistema de los sentidos no sea el primero en volver a aparecer, después el sistema glandular, el sistema nervioso y finalmente un sistema de la sangre. Sin embargo, la última vez se describió todo lo contrario: primero, la sangre, a continuación, los nervios, las glándulas y, finalmente, los depósitos sólidos que, como se puso de relieve, en primer lugar abrieron los sentidos hacia el mundo exterior. El objetor podría decir: Este principio de recapitulación funciona muy mal ya que el orden que se ha dado es exactamente el inverso de lo que uno esperaría si tuviera lugar una repetición literal.

Debe admitirse que si alguien deseaba describir las condiciones siguientes como una simple repetición de lo anterior, probablemente daría una descripción que fuera exactamente lo contrario de lo que realmente ha existido. Pues el intelecto concluiría que, de manera automática, la Tierra primero recapitularía lo que sucedió en Saturno, luego lo que sucedió en el Sol, después en la Luna, y que solo entonces surgiría el sistema sanguíneo.

A menudo he enfatizado que como regla en el ocultismo, uno siempre sale mal y puede cometer terribles errores a menos que describa los hechos ocultos y no confíe en el mero intelecto o cualquier conclusión puramente lógica. Porque si uno sigue la evolución de Saturno, Sol, Luna en el Registro Akáshico, es un hecho que uno debe decir que se planeó una especie de sistema de sentidos en Saturno, un sistema glandular en el Sol, un sistema nervioso en la Luna, y con la Tierra, se agregó la sangre. Si uno profundiza en los hechos ocultos aún más, entonces uno encuentra que en realidad en la Tierra aparece primero un tipo de sistema sanguíneo, luego un sistema glandular, un sistema nervioso, y solo entonces surge lo que aparece como el sistema de sentidos en la forma adecuada a las condiciones de la Tierra. Por lo tanto, si uno habla de recapitulaciones, de acuerdo con los hechos reales, debe hablarse de una recapitulación invertida. Lo que se ha demostrado en conferencias anteriores y lo que se demostró en las últimas fuentes no es ninguna especulación, sino los hechos reales y estos muestran tal inversión, lo que hace que la recapitulación sea aún más complicada.

Sin embargo, no debemos contentarnos con la idea de que tenemos que ver con una mera reversión. Así el sistema sanguíneo en sus primeros rudimentos apareció en la Tierra como una especie de hombre de calor, como lo describí la vez pasada, pero al mismo tiempo era realmente una especie de sistema sensorial. De hecho, era un sistema de calidez y percepción. El ser humano era, por así decirlo, totalmente un hombre de sangre o calor. No estaba impregnado de la sustancia de la sangre, pero las líneas etéreas de calor penetraron en él, y estas líneas etéreas de fuerza calórica de las que surgió posteriormente el sistema sanguíneo fueron, en sus primeros rudimentos, claramente una especie de sistema sensorial. Fueron los primeros rudimentos de un sistema sensorial, y el sistema de nervios y luz fue al principio una especie de sistema glandular, y el último sistema glandular que se organizó realmente solo pudo surgir debido a que los otros sistemas, el de la sangre y el sistema nervioso, ahora incorporados, avanzaron en su desarrollo. Este avance se produjo de la siguiente manera: mientras que el sistema nervioso se desarrolló como una especie de sistema glandular, algo de la sangre quedó atrás como sus últimos rudimentos. Pero también durante la segunda etapa el sistema sanguíneo en sí cambió a una especie de sistema nervioso; y cuando eso se logró y, en la tercera etapa, se incorporó el sistema glandular, los dos sistemas anteriores cambiaron nuevamente, de modo que, de hecho, el sistema sanguíneo avanzó un grado y el sistema nervioso también un grado. Cambios y transformaciones están teniendo lugar continuamente. La evolución es muy complicada y uno no puede estar satisfecho con la idea de la recapitulación invertida. Porque la “inversión” es solo parcial: el sistema sanguíneo es un sistema sensorial que se transforma más tarde, y es lo mismo con el sistema nervioso, y así sucesivamente.

Así que podemos hacer un recorrido que nos permita observar como hemos llegado a nuestra altura actual, ciertamente no es un asunto fácil si nos empeñamos en elaborarlo con el intelecto. La cuestión está en que con paciencia y perseverancia nos familiaricemos con este complicado curso de la evolución. Sin embargo, esto no es más que una especie de introducción que he querido dar a aquellos que han estado estudiando y vivenciando lo que se dijo en la última conferencia.

Una tarea muy diferente nos preocupa hoy —la de considerar al hombre y su evolución en la Tierra desde un punto de vista totalmente diferente, por lo que el ser humano debe aparecer ante nosotros con una claridad cada vez mayor. Si, con esto en mente, miramos hacia atrás una vez más a la encarnación anterior de nuestra Tierra, a la antigua Luna, recordamos que el ser humano tiene un cuerpo físico, un cuerpo etérico y un cuerpo astral, pero todavía no tiene un yo personal como el que actualmente posee en la Tierra. Si examinamos ahora la conciencia de este hombre lunar nos encontramos con que era radicalmente diferente al ser humano de hoy. La conciencia del hombre de hoy se expresa realmente en lo que se podría llamar “personalidad”. Con esta palabra se dice mucho en la caracterización del hombre de la Tierra, ya que no había “personalidad” en la antigua Luna. Hemos visto cómo esta personalidad se ha ido formando gradualmente en la Tierra y cómo en la antigüedad el hombre aún se sentía mucho más como miembro de un gran número de otros que se pertenecían mutuamemte. Incluso si no retrocedemos demasiado en las regiones donde vivimos nosotros mismos, sí, incluso si regresamos a los primeros siglos cristianos, todavía encontraremos allí los últimos ecos de una conciencia antigua. El antiguo miembro de los Cherusci, los Sugambri, Heruli, Bructeri, no se sentía en la misma medida una personalidad como lo es el hombre de hoy, se sentía uno de su tribu. Y cuando decía “yo”, eso significaba algo completamente diferente de lo que significa hoy. Si un hombre moderno dice “yo”, se refiere a la entidad de su personalidad, la que, por así decirlo, está encerrada dentro de su piel. En ese momento los hombres se sentían con respecto a su tribu como una extremidad se siente en nuestro organismo. Se sentía en primer lugar como miembro de los Sugambri, Heruli, Bructeri, Cherusci y, en segundo lugar, un “yo” personal. Tendrán una mejor comprensión de muchas condiciones antiguas si tienen en cuenta esta alteración radical en la personalidad, si se dan cuenta, por ejemplo, de que ciertas formas de venganza familiar, venganza tribal, deben ser explicadas completamente por la conciencia común de la tribu, una especie de conciencia de alma grupal.

Y si nos remontamos aún más atrás al tiempo clásico del Antiguo Testamento, el tiempo del pueblo judío, sabemos que el judío individual se sentía absolutamente un miembro de todo el pueblo judío. Sabemos que cuando decía “yo” no lo sentía como representante de su ser, sino que sentía la sangre de todo el pueblo tal como había fluido en las generaciones desde el Padre Abraham: “el Padre Abraham y yo somos uno”. Cada miembro de la raza sentía que esto era lo que le daba su valor y posición. Sentía en el alma grupal, por la sangre, directamente al Padre Abraham. Y si retrocedemos aún más, a las épocas más tempranas de la Tierra, encontramos que el elemento de alma grupal aún se expresaba más claramente. El individuo tenía un recuerdo de lo que sus antepasados habían hecho, volvían al primer antepasado. El recuerdo de los descendientes se remonta a cientos de años. En nuestros días, en circunstancias normales, un hombre ya no recuerda lo que su padre hizo, a menos que lo haya visto. Ya no recuerda lo que sus antepasados han experimentado. En la antigüedad, el hombre tenía un recuerdo no solo de lo que él mismo había experimentado, sino también de las experiencias de los antepasados con los que tenia la sangre en común, no porque él lo supiera, sino porque la memoria continuaba más allá del nacimiento. Y sabemos que la gran edad atribuida a los Patriarcas, a Adán y los antecesores posteriores del pueblo judío, originalmente significaba nada más que la longitud de la memoria, cuán lejos se recordaba en el árbol ancestral.  ¿Por qué vivió Adán tanto tiempo? ¿Por qué los otros Patriarcas vivieron tanto tiempo? Porque uno no designaba a la personalidad individual, sino que recordaba las generaciones pasadas como uno recuerda la juventud actual. Eso fue denotado por una expresión común, la personalidad no se puso en duda en absoluto. El hombre recordaba no solo lo que había pasado en la infancia, sino lo que su padre, su abuelo habían experimentado en la infancia, y demás a través de los siglos, y comprimió los contenidos de esta memoria en una unidad a la que llamó —déjenme decir— “Adán” o “Noé”, y así sucesivamente. En las epocas primitivas, la personalidad separada no tenía nada del valor que tiene ahora; la memoria llegaba más allá del padre, la madre, el abuelo, etc., y en la medida en que le llegaba a uno, usaba un nombre común. Eso parece torpe y fantástico para la concepción materialista del mundo actual, pero debe ser afirmado desde el fondo de los hechos con una psicología fundamental que sabe cómo contar los hechos.

En nuestra Tierra, por lo tanto, el hombre tenía una especie de conciencia grupal conectada con su alma grupal. Si tuviéramos que regresar a la antigua Luna donde el ser humano no tenía un yo restringido de este tipo incrustado en la conciencia grupal, pues no tenía yo en absoluto, donde todavía consistía de cuerpo físico, cuerpo etérico y cuerpo astral, deberíamos encontrar que esta antigua conciencia Lunar no era más pequeña, sino que abarcaba grupos inmensamente grandes; que, de hecho, las almas grupales integradas fueron la base de la raza humana en la Luna. Estas almas grupales que, por así decirlo, establecían los hombres lunares individuales en la Luna simplemente como sus miembros, eran almas sabias. Como saben, también hemos descrito las almas grupo de los animales en la Tierra y también hemos encontrado la sabiduría como su característica sobresaliente. Estas almas grupales de la Luna implantaron en la encarnación previa de nuestro planeta la sabiduría que conocemos hoy y de la que tanto nos maravillamos y admiramos. Y cuando hoy nos sorprende cómo cada hueso, corazón y cerebro, cómo cada hoja de la planta está impregnada e imbuida de sabiduría, entonces sabemos que la sabiduría de las almas grupales cayó de la atmósfera de la antigua Luna —como hoy las nubes dejan que la lluvia gotee— y se hizo miembro de todos los seres. Estos lo recibieron como una propensión y lo sacaron de nuevo cuando aparecieron en la Tierra después de la Pralaya. Por lo tanto, en la Antigua Luna estaban las almas grupales omnipresentes llenas de sabiduría.

Ahora bien, si buscáramos en la Antigua Luna una cualidad que encontramos hoy en la Tierra en una medida cada vez mayor a medida que avanza la evolución, no la encontraríamos en los seres de la Luna. Esta cualidad es el amor, el impulso que nos conduce a unirnos a otros seres por la propia voluntad. El amor es la misión de nuestro planeta terrenal. Por eso en el ocultismo llamamos a la Luna el “Cosmos de la Sabiduría” y a la Tierra el “Cosmos del Amor”. Así como hoy, en la Tierra, nos maravillamos de la sabiduría incrustada en ella, así un día los seres de Júpiter serán seres en los que el amor fluirá hacia ellos como una fragancia. Así como la sabiduría brilla hacia nosotros en la Tierra, así en Júpiter vendrá como fragancia hacia los seres de Júpiter lo que está evolucionando aquí en la Tierra como amor, desde el amor puramente sexual hasta el “Amor Divino” de Spinoza. Enviará su perfume como las plantas envían sus diversos aromas. Por lo tanto, los grados de amor fluirán como el perfume ascendiendo del cosmos al que, como sucesor de nuestra Tierra, hemos llamado Júpiter. Así, en el curso de la evolución, las condiciones se alteran, y cada vez que ocurre un avance en la evolución, los seres también avanzan; aquellos que están unidos con las etapas de la evolución planetaria están siempre avanzando hacia etapas más altas. Los seres humanos que viven en la Tierra hoy son los instrumentos de la evolución del amor. Porque el reino animal ha desarrollado formas de amor que se han quedado atrás como formas rezagadas; y en la medida en que el amor aparece entre los animales, una simple reflexión mostrará que todo es pre-etapa del amor humano, del amor que continuamente se espiritualiza. Como el hombre es el instrumento para la evolución del amor en la Tierra, cuando haya evolucionado a Júpiter será capaz de recibir una calidad aún mayor. Así también los seres que “derramaron” sabiduría desde la periferia de la Luna se volvieron capaces de una mayor evolución cuando la Luna se convirtió en Tierra; ellos ascendieron más alto. Los seres que en ese momento fueron capaces de dejar que la sabiduría se infiltrara en los seres lunares fueron en realidad aquellos que estaban tan avanzados en el momento en que el Sol se retiró de la Tierra que salieron con el Sol y lo convirtieron en su escenario de acción. Los seres que en la Luna fueron espíritus de la sabiduría —la sabiduría que se derramó— no fueron los Espíritus de la Sabiduría que han sido llamados así en relación con Saturno, estos espíritus, o al menos un gran número de ellos, eligieron el sol como su escenario. Solo el Ser que designamos como Iahvé o Jehová, que había alcanzado la plena madurez en la Antigua Luna, se convirtió en el Espíritu de la Forma de la Tierra, el Regente de las fuerzas de la Luna. Pero ya hemos hablado de otros seres que no completaron su desarrollo en la Luna, que permanecieron, por así decirlo, a medio camino entre la existencia humana y la divina. Los hemos caracterizado de muchas maneras. Hemos indicado que el Sol en una determinada etapa de su evolución expulso a Venus y a Mercurio de sí mismo para dar a estos seres un escenario que se adaptara a ellos. También hemos hablado de seres que han participado en el desarrollo progresivo del hombre y que, como seres de Venus y Mercurio, han sido los grandes maestros de la humanidad en los Misterios.

Hoy ampliaremos esta imagen desde otro punto de vista.

Ya hemos señalado que si las fuerzas y los seres que dejaron la Tierra cuando el Sol se retiró se hubieran mantenido unidos a la Tierra como estaban originalmente, entonces el hombre se habría visto obligado a desarrollarse a un ritmo demasiado rápido como para soportarlo. Él nunca habría alcanzado su evolución si los Espíritus de la Sabiduría hubieran estado ligados a la Tierra como lo estuvieron en la Luna. Tuvieron que alejarse a cierta distancia y trabajar desde fuera para que el hombre tuviera la velocidad adecuada en su desarrollo. De lo contrario, tan pronto como naciera, habría envejecido,  pasaría por su desarrollo a un ritmo demasiado rápido. Puedo aclararlo de otra manera.

Los espíritus que han evolucionado hasta la existencia del Sol no están interesados en absoluto en el desarrollo gradual y lento del hombre de su naturaleza espiritual durante su existencia corporal, durante la infancia, la juventud, la madurez y la vejez. Solo tienen interés en el desarrollo perfeccionado de la espiritualidad. Si hubieran permanecido en conexión con la Tierra, los cuerpos humanos en cierta manera habrían quedado atrofiados, quemados. Sin madurar los frutos obtenidos de una existencia terrenal, el espíritu habría ido hacia una evolución rápida y el ser humano habría perdido todo lo que podía aprender sobre la Tierra. Sobre todo, la impronta del Amor en la evolución cósmica habría permanecido oculta. Para que el amor pueda desarrollarse en la Tierra, el cuerpo primero debe desarrollarse en una etapa primitiva. El amor tuvo que ser inaugurado en la forma más baja como el amor sexual, para elevarse a través de las diversas etapas y, finalmente, cuando la Tierra perfeccionada alcance sus últimas etapas, pueda imprimirse en el hombre como amor puro y espiritual. Todo amor inferior es la educación para el amor superior. El hombre terrestre debe desarrollar el amor en sí mismo, para que al final de su evolución pueda devolverlo a la Tierra, ya que todo lo que se desarrolla en el microcosmos se vierte al final en el macrocosmos. La sabiduría que fluyó en el hombre de la Luna brilla hacia el hombre de la Tierra como la sabiduría que impregna su estructura. El amor que, por grados, se va implantado en el hombre durante el período de la Tierra fluirá como fragancia hacia los seres de Júpiter, en todo el reino de Júpiter. Este es el camino que deben tomar las diversas fuerzas cósmicas.

Por lo tanto, el punto de partida de la misión de nuestra Tierra, la impresión del Amor, estaba de alguna manera enfrentando las dos tendencias siguientes. Los Espíritus de la Sabiduría, los creadores de la sabiduría, quienes en la Luna habían vertido la sabiduría en los reinos de la Tierra, estaban en la Tierra, como tal, desinteresados en la naturaleza física corporal del hombre. Como Espíritus de la Sabiduría no estaban interesados en ello, y al estar interesados solo en la sabiduría, delegaron la misión especial de la Tierra a los “Espíritus del Amor”. Estos son de otro rango y, como Espíritus de Amor, ellos también pudieron atravesar su propia evolución durante un tiempo en el Antiguo Sol. De esta manera, tenemos una doble tendencia en la evolución de la Tierra: una corriente de amor que, por así decirlo, aparece por primera vez, y una transmisión de sabiduría que trabaja desde fuera, ya que los espíritus que se interesan de manera preeminente por la sabiduría se han retirado al Sol. Es muy importante comprender correctamente esta cooperación de los Espíritus de la Sabiduría y los Espíritus del Amor, ya que expresa un contraste infinitamente importante. Si ahora trato de poner en lenguaje humano lo que expresa este contraste, es que los Espíritus de la Sabiduría delegaron por completo el hombre a los Espíritus del Amor entre el nacimiento y la muerte y la forma en que se desarrolla, y tomaron para sí el control de la “individualidad” que atraviesa las diversas “personalidades” en el curso de las reencarnaciones. Si imaginan al hombre en su totalidad, tienen aquí el análisis que muestra bajo qué dos poderes se encuentra en la regencia cósmica. Lo que el hombre es entre el nacimiento y la muerte, lo que desarrolla en sí mismo mientras vive en el cuerpo, lo que realmente le hace a él, por así decirlo, una entidad que está con sus dos pies sobre la Tierra, está bajo la autoridad de los Espíritus del Amor. Lo que se entrelaza a través de las personalidades como la individualidad duradera, nace con el hombre, muere, nace de nuevo, muere otra vez, etc., se encuentra en cierto sentido bajo la regencia de los Espíritus de la Sabiduría. Pero no deben tratar esto mecánicamente y decir: Entonces afirma que la individualidad humana está bajo la influencia de los Espíritus de la Sabiduría y la personalidad humana bajo la influencia de los Espíritus del Amor. Si tuviéramos que estereotipar estas cosas, eso solo nos llevaría a tonterías. Los conceptos solo son válidos si los entendemos en su relatividad y sabemos que cada concepto tiene dos lados. Solo si tuvieran la opinión de que esta vida entre el nacimiento y la muerte carece de significado para todas las vidas siguientes, entonces podrían estereotiparlo de esa manera. Pero deben tener en mente lo que siempre he enfatizado, es decir, que los frutos de cada vida terrenal separada, los frutos de todo lo que se ha ganado bajo la influencia de los Espíritus del Amor fluyen en toda la evolución e igualmente en lo que es guiado por los Espíritus de la Sabiduría.

Por otro lado, deben tener claro que todo en el cuerpo humano, hasta el cuerpo astral (ya hemos descrito cómo las experiencias hechas en la Tierra deben ser transformadas) procede bajo el poder de los Espíritus de la Sabiduría, así que de nuevo los espíritus de la sabiduría trabajan en el ser del hombre ya que tiene un cuerpo físico, un cuerpo etérico y astral. Y porque todo lo que el hombre como personalidad desarrolla bajo el elemento del amor perdura para su individualidad, los Espíritus del Amor trabajan nuevamente en lo que se desarrolla en una vida humana a través de los Espíritus de la Sabiduría. Por lo tanto, trabajan juntos. Entonces la regencia de estos Espíritus está nuevamente dividida en tanto que todo lo que es personalidad está directamente bajo el control del amor, y todo lo que sucede entre el nacimiento y la muerte está indirectamente bajo el elemento de la sabiduría.

Así vemos cómo la personalidad del hombre y su individualidad está dentro de dos tendencias y corrientes diferentes. Eso es importante por la siguiente razón. Si los Espíritus de la Sabiduría que se significan ahora, por así decirlo, se arrogaran la autoridad a ellos mismos, entonces habría surgido ese desarrollo vigoroso y exuberante que también se podría describir al decir que el hombre en una encarnación única habría pasado, todos los posibles perfeccionamientos de todas las encarnaciones. Lo que los Espíritus de la Sabiduría debían dar, sin embargo, fue distribuido entre las sucesivas encarnaciones terrenales del hombre. Esto se expresa en el ocultismo de manera muy definitiva al decir: Si los Espíritus de la Sabiduría permanecieran en la evolución, el hombre rápidamente se habría desarrollado a la espiritualidad, abrasándose a sí mismo a lo largo de la evolución corporal. Pero los Espíritus de la Sabiduría se abstuvieron de llevar al hombre a un desarrollo tan violento. Se alejaron de la Tierra para rodearla, con el fin de regular y modificar los períodos de tiempo que de otro modo habrían pasado tan vehementemente. Por lo tanto, uno dice en ocultismo que estos Espíritus de la Sabiduría se convirtieron en los “Espíritus de la Rotación del Tiempo”. Las sucesivas encarnaciones del hombre fueron reguladas en las sucesivas revoluciones del tiempo, que fueron nuevamente reguladas a través del curso de las estrellas. Los Espíritus de la Sabiduría se convirtieron en Espíritus de la Rotación del Tiempo. Habrían podido alejar al hombre de la Tierra con su poder lleno de sabiduría, pero luego habrían tenido que renunciar a la maduración de los frutos que solo puede tener lugar en el transcurso del tiempo. Los frutos del amor, de la experiencia terrenal, no habrían sido ganados. Esos secretos que los seres deben poseer y guardar en sus corazones para madurar los frutos del amor, de la experiencia de la Tierra, fueron ocultados desde estos Espíritus de la Rotación del Tiempo. Por lo tanto, se ha registrado: “Ellos velaron sus rostros ante el Cordero Místico”. Porque el “Cordero Místico” es el Espíritu Solar que tiene el secreto no solo de levantar a los espíritus de la Tierra, sino de redimirlos, espiritualizándolos, después de atravesar muchas encarnaciones. El poseedor del Misterio del Amor es el Espíritu Solar al que llamamos el Cristo, y como tiene un interés no solo en la individualidad, sino directamente en cada personalidad de la Tierra, lo llamamos el “Gran Sacrificio de la Tierra” o el “Cordero Místico”.

Así, ciertos Espíritus se convirtieron en los Espíritus de la Rotación del Tiempo y regularon las sucesivas encarnaciones. El Cristo se convirtió en el centro, el foco, en la medida en que las personalidades individuales debían ser santificadas y purificadas.  Todo lo que el hombre puede traer como fruto de la personalidad individual en la individualidad lo logra a través de tener una conexión con el Ser Crístico. Mirar hacia adelante, sintiéndose unido con Cristo, purifica y ennoblece la personalidad. Si la evolución de la Tierra hubiera seguido su curso sin la aparición del Cristo, entonces el cuerpo humano —si hablamos en un sentido integral— habría permanecido malvado; habría tenido que unirse con la Tierra y caer presa de la materialidad para siempre.

Sin embargo, si los Espíritus de la Sabiduría no hubieran renunciado a la espiritualización inmediata del hombre al comienzo de la evolución de la Tierra, podría haber tomado uno de los siguientes dos cursos: o los Espíritus de la Sabiduría, al comienzo de la evolución terrenal —en la edad lemuriana—habrían arrancado al hombre del cuerpo, lo habrían llevado a una rápida evolución espiritual y consumido rápidamente su cuerpo, en cuyo caso la Tierra nunca podría cumplir su misión; o, por otro lado, podrían haber dicho: no deseamos eso, queremos que el cuerpo humano se desarrolle completamente, pero nosotros mismos no tenemos ningún interés en ello. Por lo tanto, renunciaremos al Nacido-Tardío, a Jehová; él es el Señor de la Forma —y el hombre se habría secado, momificado. El cuerpo del hombre habría permanecido unido a la Tierra, nunca habría sido espiritualizado.

Ninguno de estos caminos fue elegido, pero a fin de formar un equilibrio entre los Espíritus de la Sabiduría y el Último Nacido de la antigua Luna, el Señor de la Forma, que fue el punto de partida para la creación de la luna presente, fue creada una situación central. Esta solución intermedia fue preparada para la aparición de Cristo quien es exaltado por encima de la Sabiduría, ante quien los Espíritus de la Sabiduría cubren su rostro con humildad, y quien redimirá a los hombres si se impregnan cada vez más con Su Espíritu. Y cuando la Tierra misma alcance el punto en que el hombre se habrá espiritualizado completamente, entonces no caerá de la evolución una bola seca, pues a través de lo que ha podido extraer de la evolución, el hombre llevará su forma humana cada vez más ennoblecida a la completa espiritualización. Y vemos cómo los seres humanos son espiritualizados. Si tuviéramos que ver los cuerpos humanos originales de la Edad Lemuriana, que nunca describiría en una conferencia pública, encontraríamos que representaban el límite extremo de la fealdad, y los hombres se volvían más ennoblecidos a medida que el amor los purificaba cada vez más. Pero el hombre evolucionará incluso más allá del rostro humano actual. Hoy estamos en la quinta raza. En la sexta raza, la fisonomía externa del semblante del hombre mostrará su bondad interior, el estado interior de su alma. El hombre tendrá entonces una fisonomía bastante diferente; por la forma externa uno reconocerá cuán bueno, cuán noble es, uno verá por su semblante qué cualidades se encuentran dentro de su alma. La fisonomía recibirá cada vez más la impronta de la nobleza y la bondad contenidas en el alma, hasta que al final de la condición de la Tierra la naturaleza corporal del hombre estará totalmente impregnada de espíritu y se destacará totalmente aliviada de aquellos que han permanecido apegados a la materialidad y que llevarán la imagen del mal en sus semblantes. Esto es lo que vendrá. Se llama la “última crisis” y debe describirse como “espiritualización” o, como se le llama popularmente, “la resurrección de la carne”. Uno debe entender estas cosas solo en el verdadero sentido dado por el ocultismo, entonces no podrá ser atacado.  Los círculos ilustrados no podrán en ningún caso comprender que la materia algún día podría llegar a ser muy diferente de lo material. Lo que podría llamarse en el mejor sentido de la palabra “locura de la materialidad” nunca será capaz de imaginar que la materia podrá algún día ser espiritualizada, es decir, que algún día surgirá algo que uno llama espiritualización, la Resurrección del Cuerpo, de la carne.

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Pero así son las cosas, y este es el curso de la evolución terrenal, y así surge el significado de la evolución terrenal y el lugar de Cristo dentro de esa evolución. Si fuéramos simplemente a mirar todo lo que hemos estado considerando hoy, entonces deberíamos tener una imagen peculiar de la evolución de nuestra Tierra. Tal imagen mostrará que se sostuvo el equilibrio entre los Espíritus de la Forma y los Espíritus que se convirtieron en los Espíritus de la Rotación del Tiempo, los actuales Espíritus de Luz. Por el hecho de que el Cristo desde el momento del Misterio del Gólgota, guía la evolución terrenal, los mantiene en la posición de equilibrio y cuyo resultado será un ascenso continuo. Pero el asunto nuevamente no es tan simple. Sabemos que hay seres espirituales se han quedado atrás: espíritus que no alcanzaron la plena madurez del desarrollo de la sabiduría y que, por lo tanto, no tenían interés en renunciar a su autoridad por la transmisión del amor. Estos espíritus querían trabajar dejando que la sabiduría continuara fluyendo. Lo hicieron y, por lo tanto, su trabajo en la Tierra no ha sido del todo infructuoso. Han llevado a los hombres a la liberación. Si el Principio de Cristo ha traído el amor, también lo han hecho estos Espíritus, a quienes llamamos Espíritus Luciféricos, trajeron a los hombres la libertad, la libertad de la personalidad. Incluso el quedarse atrás de ciertos Espíritus tiene su lado bueno, y todo, ya sea por adelantarse o por permanecer atrás, es de naturaleza divina. Así que había Espíritus de la Rotación del Tiempo que guiaban las encarnaciones progresivas, aquello que pasa como individualidad a través de todas las diferentes encarnaciones; y había Espíritus de Amor bajo la guía del Principio de Cristo que preparaban así a esta individualidad para que la personalidad pudiera acercarse poco a poco a un Reino de Amor. Si caracterizáramos el gran ideal que se cierne ante nosotros como un Reino de Amor, podemos hacerlo de la siguiente manera.

Hoy, en los círculos más amplios, circula el error radical de que el bienestar de una sola personalidad es posible sin el bienestar de todos los demás en la Tierra. Aunque los hombres pueden no admitirlo directamente, en la práctica nuestra vida moderna se basa en el hecho de que el individuo vive a costa de otros y existe una creencia generalizada de que el bienestar de uno es independiente del bienestar de los demás. La evolución futura traerá la comunidad completa del espíritu, es decir, en Júpiter comenzará a prevalecer la creencia de que no habrá salud y felicidad individual sin la salud y la felicidad de todos los demás, y de hecho en igual medida. El cristianismo prepara esta concepción y está ahí para prepararla. Al principio surgió a través del amor en las comunidades que estaban ligadas por la sangre, y de esta manera se superó el puro egoísmo. La misión del cristianismo ahora es encender en el hombre el amor que ya no está ligado a la sangre, es decir, que los hombres aprendan a encontrar el amor puro, donde el bienestar de uno no pueda ser concebido sin el bienestar del otro. Cualquier otra cosa no es un verdadero cristianismo. De esta manera, podemos caracterizar la evolución del hombre a una etapa superior. Pero el avance de la evolución hacia tal etapa ocurre en ciclos, no es una continuidad. Pueden ver estos ciclos ustedes mismos a través de una simple reflexión.

Ustedes saben cómo surge en la primera época de la Era Post-Atlante, una civilización que alcanza su culminación y debe volver a declinar, cómo alcanza su punto más alto en la evasión de la materialidad, pero cómo debe retroceder porque ha buscado su cultura sobre la base del no reconocimiento de la materia. Entonces ven cómo entra un nuevo ciclo con la antigua civilización persa, cómo conquista la Tierra a través del reconocimiento de la materia, en todo caso como un poder luchando contra el hombre, y que el hombre somete a través de su trabajo; nuevamente, esta cultura alcanza su culminación y se hunde en la decadencia. Pero una nueva civilización asciende, la egipcio-caldeo-asirio-babilónico, que ya no solo reconoce la materia, sino que la penetra con inteligencia humana, donde se investigan las órbitas de las estrellas, donde se edifican edificios de acuerdo con la sabiduría de las estrellas, de acuerdo con las leyes de la geometría. La materia ya no es un poder opuesto, sino que se refunde y se transforma, espiritualizándose. Y después de que la cultura egipcia-caldea-asiria-babilónica entra en decadencia, vamos más allá de la cultura greco-latina, donde en el arte griego el hombre ha transformado la materia de tal manera que ha formado su propia imagen en ella. Nunca antes había sido el caso, como en la escultura griega, la arquitectura griega y el drama, el ser humano imprimió su propia imagen en la materia. Y con la civilización romana vemos que se agrega la idea legal de la personalidad. Es solo una erudición bastante pervertida el decir que el concepto legal ya había existido antes; un hombre racional puede verlo a simple vista. El Libro de La Ley de Hammurabi es completamente diferente de lo que se creó en Roma como jurisprudencia. Esta es un producto romano genuino, porque la jurisprudencia surgió donde la personalidad creó también su imagen en la ley; en la ley, el hombre se coloca completamente en su propia personalidad. Uno debe estudiar y comparar el testamento de la Ley Romana con lo que se encuentra en el Libro de La Ley de Hammurabi, donde la personalidad del hombre tiene definitivamente su lugar en una teocracia. El “ciudadano romano” fue un nuevo elemento en el ciclo evolutivo de la humanidad. Y habrá un nuevo ciclo cuando los hombres hayan captado por completo lo que se presenta hoy como Teosofía. Vemos cómo cada ciclo en la civilización alcanza su máximo y vuelve a declinar y cómo cada nuevo ciclo tiene la tarea de llevar a la civilización más allá.

La firme posición de equilibrio le da al hombre la certeza de que puede ser redimido de la Tierra, en el esfuerzo por elevarse y luchar por la libertad real, que los Espíritus Luciféricos han impreso en la Humanidad. Así, el Principio de Cristo y los Espíritus Luciféricos trabajan juntos en la evolución del mundo y determinan las condiciones de la civilización. No tiene importancia que en los primeros siglos cristianos el principio luciférico fuera excluido y los hombres fueran referidos solo al Principio de Cristo. La humanidad seguramente conseguirá su logro de la libertad mediante la devoción completa al Principio de Cristo; porque el Principio de Cristo es tan omnipresente que solo puede captarlo el que busca abarcarlo en el nivel de la sabiduría más elevada. Echemos una mirada a los tiempos precristianos. Encontramos que las religiones existen allí como preparación para el cristianismo. Vemos religiones, es cierto, entre los hindúes y los persas, pero religiones adecuadas para las personas particulares del lugar donde han nacido. Son religiones nacionales, tribales, raciales, que aparecen con la coloración de la que han surgido, limitadas interiormente, porque de alguna manera todavía proceden de las almas grupales y están ligadas a ellas. Con la religión cristiana, entró un elemento en la evolución de la humanidad, que es el verdadero elemento de la evolución de la Tierra. Desde el principio, el cristianismo rompió todos los principios de las religiones anteriores. Se opuso abruptamente a la frase “el Padre Abraham y Yo somos uno”. Se opuso en primer lugar a la idea de que uno puede sentirse una unidad con algo que es solo un grupo humano. Por otro lado, el alma que mora en cada personalidad debe ser capaz de sentirse una con el eterno Fundamento del Mundo a quien llamamos el “Padre” y quien habita en cada alma, y esto se expresa en la oración: ” el Padre y Yo somos uno”. Y en contraste con el Antiguo Testamento que comienza con las palabras: “En el principio era la Luz”, el cristianismo establece las palabras del Nuevo Testamento: “En el principio primordial era la Palabra”. Con esto se dio uno de los mayores avances en la evolución a la Humanidad. Porque al referirse a la luz que surgió, uno habla, en la medida en que uno puede hablar de luz, de algo externamente visible. Los registros antiguos contienen un Génesis que establece lo físico como una manifestación de la luz. La “Palabra”, sin embargo, es lo que surge de la naturaleza interna del ser, y antes de que apareciera alguna manifestación de luz existía en el hombre “lo que era, lo que es y lo que está por venir”, es decir, el ser más íntimo del hombre. En el Principio Primordial no era la Luz, sino la Palabra. El Evangelio de San Juan no es un documento que pueda colocarse junto a los demás; expande a los otros de lo temporal a lo eterno.

Así que el cristianismo se encuentra allí, no como una religión que podría ser una religión nacional, sino, si se entiende correctamente, como una religión de la Humanidad. En eso el cristiano se siente uno con el “Padre” y el alma se confronta al alma, sin importar a qué pueblo o nación pertenece. Todas las divisiones deben desaparecer bajo las influencias del cristianismo, y la condición de Júpiter debe prepararse bajo la influencia de este principio.  El cristianismo, por lo tanto, ha comenzado como una religión, porque la humanidad se fundó en la religión. Sin embargo, la religión debe ser reemplazada por la sabiduría, por el conocimiento.

En la medida en que la religión descansa sobre la fe y no se inflama con el fuego del conocimiento pleno, es algo que debe ser reemplazado en el curso del progreso de la humanidad. Y mientras que anteriormente el hombre tenía que creer antes de poder llegar al conocimiento, en el futuro el pleno conocimiento brillará con luz y el hombre lo sabrá y desde allí ascenderá al reconocimiento de los mundos espirituales más elevados. Desde la religión, la humanidad evoluciona hacia la sabiduría, resplandeciente por el amor. Primero la sabiduría, luego el amor, después la sabiduría resplandeciendo a través del amor.

Ahora podemos preguntar: si la religión se fusiona con el conocimiento, si el hombre ya no recibe la religión según la forma antigua, es decir, si de acuerdo con su fe, se dirige a la sabiduría que guía la evolución ¿entonces el cristianismo tampoco existirá?. No habrá religión fundada en la mera fe. El cristianismo permanecerá; en sus orígenes era religión ¡pero el cristianismo es más grande que toda religión!. Esa es la sabiduría rosacruz. El principio religioso del cristianismo, tal como se originó, es más abarcador que el principio religioso de cualquier otra religión. Pero el cristianismo es aún más grande que el principio religioso en sí mismo. Cuando las capas exteriores de la fe caigan, brotarán en forma de sabiduría. Pueden despojarse por completo las envolturas de la fe y convertirse en sabiduría religiosa y la ciencia espiritual ayudará a preparar a los hombres para esto. Los hombres podrán vivir sin las antiguas formas de religión y fe, pero no podrán vivir sin el cristianismo, porque el cristianismo es más grande que toda religión. El cristianismo existe con el propósito de romper todas las formas de religión, y lo que llena a los hombres como cristianismo todavía existirá cuando las almas humanas hayan crecido más allá de toda mera vida religiosa.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Enero de 2018.

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GA233ac4. Los Misterios de Éfeso – Las categorías aristotélicas

Del ciclo: La Festividad de Pascua en relación con los Misterios (GA233)

Rudolf Steiner – Dornach 22 de Abril de 1924

English version

Hemos oído cómo surgió de los Misterios lo que une la conciencia de los hombres con el mundo de tal manera que esta unión se expresa en las Fiestas del año. Hemos comprendido sobre todo cómo la Festividad de Pascua surgió del principio de la iniciación. De todo esto se habrán dado cuenta de la gran influencia que los Misterios han desempeñado en toda la evolución de la humanidad. Toda la vida espiritual que pasó por el mundo y evolucionó a través de la humanidad procedió en los tiempos antiguos de los Centros de Misterios. Los Centros de Misterios eran muy poderosos con respecto a toda la guía de la vida espiritual.

Ahora, la humanidad desde el principio, estaba predestinada para evolucionar hacia la libertad espiritual. El desarrollo de la libertad implicaba necesariamente un declive de los antiguos Misterios. Durante un período de tiempo los seres humanos tuvieron que permanecer menos en relación con la guía tan poderosa que procedía de los Misterios; Tenían que quedarse más a sus propios recursos. Ciertamente no podemos decir que el tiempo ya ha llegado hoy cuando los hombres han ganado la verdadera libertad interior y están maduros para pasar a lo que debe seguir la edad de la libertad. Decididamente no podemos decirlo. Sin embargo, un número suficiente de seres humanos han pasado por encarnaciones en las que el poder de los Misterios se sentía menos que en épocas anteriores. Y aunque los frutos de estas encarnaciones aún no han madurado, aunque todavía no es tiempo de cosecha, sin embargo están dentro del ser humano, está latente en sus almas.

Si, como hemos dicho a menudo, una edad más espiritual se acerca ahora una vez más, los seres humanos evolucionarán en el tiempo lo que en su débil conciencia aún no han evolucionado hoy. Pero esto será sobre todo necesario, para que el conocimiento, la visión, la experiencia consciente de lo Espiritual que pueda surgir de la Iniciación actual se satisfagan con la misma libertad que los hombres han adquirido con reverencia y verdadero respeto. Porque si no veneramos, si no lo atesoramos, el verdadero conocimiento o, de hecho, cualquier vida espiritual de la humanidad es en realidad imposible. Y en este sentido, utilizaremos correctamente los tiempos de las fiestas sagradas, los usaremos tratando de plantar, aunque sea poco, en nuestras almas toda esta reverencia por la vida espiritual que ha evolucionado en el curso de la historia humana. Aprenderemos a mirar lo más íntimamente que podamos y veremos cómo los acontecimientos históricos externos significan hechos y llevan la vida espiritual de una época a otra.

Sabemos en primer lugar que la individualidad humana vuelve a la Tierra una y otra vez en repetidas vidas terrenales. Así lleva consigo experiencias de épocas anteriores a épocas posteriores. Los mismos seres humanos son el factor más importante en la evolución progresiva de todo lo que ha ocurrido en la historia humana. Pero los seres humanos de todas las épocas viven en un ambiente particular. Y el ambiente creado por los Centros de Misterio era uno de los más importantes. Por lo tanto, es un factor muy importante en el progreso de la humanidad llevar de una época a otra lo que los seres humanos experimentaron en los Centros de Misterios y lo que experimentaron de nuevo, ya sea en los Misterios sagrados que se desarrollan en la humanidad o en algunas otras formas de conocimiento. Hoy tiene que estar en otras formas de conocimiento. Pues la vida real de los Misterios ha retrocedido más o menos en lo que concierne al mundo exterior y aún no ha surgido de nuevo.

Es cierto que cuando ese impulso espiritual que ha surgido desde aquí, desde el Goetheanum en la Asamblea de la Fundación de Navidad, realmente encontró su camino en la vida de la Sociedad Antroposófica —(La Sociedad que conduce a las Clases parcialmente iniciadas)— esta Sociedad Antroposófica proporcionará la base para los Misterios del futuro. La vida futura de los Misterios debe ser plantada conscientemente y deliberadamente por esta Sociedad Antroposófica. Porque esta Sociedad Antroposófica tiene ante sí un evento que puede ser aprovechado en la evolución futura, incluso cuando un evento similar se convirtió en buena cuenta una vez, es decir, la quema del Templo de Éfeso. Entonces y ahora, se cometió un gran y profundo agravio. Sin embargo, en los diferentes planos de la vida estas cosas aparecen de diferentes maneras y reside en la libertad de la humanidad darse cuenta de lo que en un plano es una terrible injusticia, es sólo a través de estos terribles acontecimientos que puede lograrse un verdadero progreso de la humanidad.

Ahora, para entrar en estas cosas con comprensión compasiva debemos entenderlas, como ya he dicho, tan íntimamente como sea posible. ¿Cómo vivió la vida espiritual del mundo en los Centros de Misterios? Mostré ayer cómo la fijación del Festival anual de Pascua procede de las constelaciones del Sol y de la Luna consideradas en un sentido espiritual. Mostré cómo se ven los otros planetas desde el punto de vista de la Luna. De acuerdo con lo que se experimenta en la contemplación de los otros planetas, el hombre, al descender de su vida prenatal a su vida terrenal, es guiado e instruido en la formación de su cuerpo de luz-etérico. Queremos obtener una concepción verdadera y vívida de cómo este cuerpo de éter de luz se crea a través de las fuerzas de la Luna, a través de la observación si puedo decirlo así, en el observatorio lunar espiritual. Queremos entender cómo estas fuerzas etéreas se transmiten al ser humano. Con este fin podemos observarlo, como hemos tratado de hacer, directamente desde el Cosmos, donde estas cosas están inscritas, donde existen como un hecho real; Pero también es importante dejar que nuestros corazones y mentes queden impresionados por la parte que los seres humanos tomaron en una verdad como esta en diferentes épocas.

Nunca los corazones y las mentes humanas participaron tan íntimamente en este descenso de la vida preterrenal a la terrenal con respecto a la etapa final, la inmersión del hombre con su cuerpo etérico, nunca participaron en este hecho tan íntima y profundamente como en Los misterios de Éfeso.

En los Misterios de Éfeso, todo el servicio dedicado a ella que es conocida exotéricamente como Diana o Artemisa, la diosa de Éfeso, fue calculado para permitir al hombre experimentar y entrar en la vida espiritual y el movimiento dentro del éter del Cosmos. De hecho, podemos decir que cuando los seguidores de los Misterios de Éfeso se acercaron a la imagen de la Diosa tuvieron un sentimiento, una sensación que se convirtió en una escucha espiritual y puede expresarse así. Era como si la diosa hablara: “Me deleito en todas las cosas fructíferas y creativas en el lejano éter cósmico”.

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Se hizo una profunda impresión en los presentes cuando la Diosa del Templo expresó así su alegría en todas las cosas que crecían, se elevaban y brotaban en el extenso éter del mundo. Y había un sentimiento profundamente similar al brotar de la vida, un sentimiento que flotaba a través de la atmósfera espiritual del Santuario de Éfeso como un aliento mágico. Porque el Misterio fue organizado e instituido de tal manera que realmente podemos decir que los hombres no han vivido en ninguna parte con el crecimiento de la vida vegetal, con el germinar y la brotar de la Tierra en las plantas, como lo hicieron en Éfeso.

Y como consecuencia podía ser dada una cierta instrucción con gran claridad en estos Misterios de Éfeso, una instrucción, si se me permite llamarla así, cuyo objetivo era acercar especialmente al corazón y la mente de los que pertenecían a Éfeso al secreto de la Luna del que hable ayer.

Esto era algo que cada uno de ellos tenía como su propia experiencia. Sabían lo que era sentirse a sí mismos como una forma de luz, ya que este proceso de recibir una forma de luz a través de la Luna se activo y vivifico en los alumnos e Iniciados de Éfeso. Y había una cierta institución en los Misterios de Efeso tal que el que podía dejar que trabajara sobre él en el santuario era totalmente trasplantado a esta creación de estar en la Luz del Sol que se tejía alrededor de la Luna. Y entonces sonaba hacia él como si sonara desde el Sol: J O A. (I O A).

Él sabía que este J O A llamaba a la vida a su “Yo” y a su cuerpo astral. J O – “Yo”, cuerpo astral; y luego el acercamiento del cuerpo de luz-éter en el A — J O A. Ahora, cuando el J O A vibraba dentro de él se sentía como Yo, como cuerpo astral, como cuerpo etérico.

Y entonces fue como si resonara hacia adelante y hacia arriba desde la Tierra —porque el hombre mismo fue transportado a regiones cósmicas— era como si le sonara hacia arriba desde la Tierra aquello que debe impregnar el J O A: eh-v. Estas eran las fuerzas de la Tierra elevándose hacia arriba en el eh-v. – J eh O v A.

Y ahora en el JehOvA sintió al ser humano completo. Sintió una premonición del cuerpo físico que sólo tendría en la Tierra en las consonantes pertenecientes a las vocales; mientras que las últimas indican, en el J O A, el “yo”, el cuerpo astral, el cuerpo etérico. Fue a través de esta penetración viviente en el JehOvA que el discípulo de Éfeso podía experimentar los últimos pasos del hombre en su descenso del mundo espiritual.

Y en este sentimiento del J O A se sentía a si mismo como el sonido mismo J O A dentro de la luz. Entonces uno era verdaderamente HOMBRE – “Yo” retumbante, cuerpo astral retumbante, vestido con el cuerpo etérico radiante de luz. Uno era el sonido dentro de la luz. Y de hecho, así es uno como hombre cósmico, y como tal es capaz de percibir lo que se ve en el Cosmos circundante, así como aquí en la Tierra se puede percibir a través de los ojos lo que ocurre dentro del horizonte físico de la Tierra.

Y cuando el discípulo de Éfeso llevaba dentro de sí este J O A, cuando lo portaba dentro de él, realmente se sentía como transportado a la esfera de la Luna; participaba en todo lo que se podía observar desde el punto de vista de la Luna.

En esta etapa el ser humano todavía era el ser humano en el sentido más amplio. Sólo en su descenso a la Tierra se convirtió en hombre y mujer. Pero el discípulo se sintió transportado a esta región de la vida preterrenal por la que pasamos a medida que nos acercamos una vez más a la Tierra. Fue en Éfeso que se hizo lo más íntimamente posible, para así surgir en la esfera de la Luna, y entonces los discípulos llevaron en sus corazones y almas lo que habían presenciado y experimentado, resonando en ellos de alguna manera como sigue: [el original alemán se imprime al final de esta conferencia).

Ser nacido del cosmos
Tú estás de luz formado
Fortalecido por el Sol
En el vigor de la Luna
A ti el resonar de la fuerza creadora de Marte te es donado
Y el cimbrear de los miembros en movimiento de Mercurio
A ti te ilumina la luz brillante del pensar de Júpiter
Y la belleza portadora de amor de Venus
Que la sabiduría cósmica de Saturno te sumerja
desde la quietud de los tiempos. En el devenir del espacio[1].

[1] Traducción de Blanca Sánchez de Muniaín

 

Cada efesio estaba impregnado de esta experiencia que él sentía entre las cosas más grandes que palpitaban a través de su ser humano.

En efecto, fue una experiencia en la que el alumno de los Misterios de Éfeso se sintió plena e intensamente como hombre, cuando resonó en sus oídos lo que está escondido en estos versos. Pues sentía: Ahora me doy cuenta de cómo estoy conectado con el sistema planetario en las fuerzas de mi cuerpo etérico. De manera grávida, expresó esto, porque estas palabras están dirigidas al cuerpo etérico por el gran universo:

Ser nacido del cosmos
Tú estás de luz formado
Fortalecido por el Sol
En el vigor de la Luna

Aquí el hombre se siente dentro del poder de la luz de la luna.

A ti el resonar de la fuerza creadora de Marte te es donado

El sonido que tiene una cualidad activa, creativa, le sonó desde Marte. Y luego vino lo que llena los miembros del hombre de fuerza para que se convierta en un ser móvil:

 Y el cimbrear de los miembros en movimiento de Mercurio,

Y desde Júpiter, la luz se derrama:

A ti te ilumina la luz brillante del pensar de Júpiter

Y de Venus:

y la belleza portadora de amor de Venus

De modo que Saturno puede reunirlo todo, redondear al hombre tanto hacia dentro como hacia fuera, preparándolo para descender a la Tierra y vestirse en un cuerpo físico para poder vivir en ella, ya que este ser que lleva una vestimenta física es El Dios dentro de él:

Que la sabiduría cósmica de Saturno te sumerja
desde la quietud de los tiempos.   En el devenir del espacio

De todo lo que he descrito aquí, verán que la vida espiritual en Éfeso estaba llena de luz y color radiante. En esta vida de luz y color interior estaba contenido todo lo que sabían de la verdadera dignidad del hombre a lo largo del Cosmos reunidos en el pensamiento de Pascua.

Muchos de los viajeros de los cuales hable ayer, que pasaron de Centro de Misterios a Centro de Misterios para experimentar la vida de los Misterios en su totalidad, muchos de ellos declararon una y otra vez con luz interior y alegría íntima como la armonía de las esferas había resonado en ellos en Éfeso cuando habían mirado al Cosmos desde el punto de vista de la Luna, cómo la radiante luz astral del mundo había brillado en ellos, cómo lo habían sentido en la Luz del Sol parpadeando alrededor de la Luna, la Luz del Sol llena del espíritu de la luz astral, así como el hombre mismo está lleno de alma viviente. En otros lugares no lo habían experimentado así, no en absoluto con tanto jubilo y alegría y con un entendimiento artístico interior.

Ahora todas estas cosas estaban ligadas con el Santuario del Templo que luego sucumbió en las llamas encendidas por la mano de un criminal o de un loco; Pero como ya les conté en la Asamblea de la Fundación de Navidad[1], dos Iniciados de los Misterios de Éfeso volvieron a encarnar en Aristóteles y en Alejandro. Y estas individualidades se acercaron entonces a lo que todavía debía sentirse de estas cosas en su tiempo en los Misterios de Samotracia.

En este punto, un evento aparentemente fortuito tiene una gran importancia espiritual en la evolución del mundo. Ya lo hemos mencionado en nuestro círculo, de hecho lo mencionamos hace muchos años.  Cuando el Templo de Éfeso estaba ardiendo, fue la hora del nacimiento de Alejandro. Pero mientras el Templo ardía, algo estaba realmente sucediendo.

¡Cuán infinito había sucedido en el transcurso de los siglos para los que habían pertenecido a este Templo! ¡Cuánto de la luz espiritual y la sabiduría habían pasado por estos espacios del Templo! Ahora que las llamas estallaron en el Templo, todo lo que había sucedido en estos espacios del Templo fue comunicado al éter cósmico. Por lo tanto, podemos decir verdaderamente: La continuo Festividad de Pascua en Éfeso, que se había contenido dentro de estos espacios del Templo, ha sido escrita desde entonces —aunque en letras menos claramente visibles— escritas en la gran esfera de los cielos en la medida en que los cielos son etéreos.

Y es así con muchas cosas. Mucho de lo que ahora es sabiduría humana estaba en la antigüedad encerrado en las paredes del templo. Se escapó de las paredes del templo, está escrito en el éter cósmico y es visible allí tan pronto como un hombre se eleva a la imaginación espiritual. La imaginación espiritual es, por así decirlo, el intérprete del secreto de las estrellas. Así podemos decir, en el éter cósmico están escritos lo que alguna vez fueron los secretos de los Templos y podemos leerlos imaginativamente. Pero también podemos ponerlo de manera diferente y sigue siendo lo mismo. También podemos decir: me levanto en la noche estrellada y miro hacia el cielo y me entrego a la impresión de todo. Y si tengo la facultad necesaria, todo lo que está contenido en las formas de las constelaciones y en los movimientos de los planetas se transforma como si se tratara de un gran guión cósmico. Y cuando leemos el guión cósmico surge un contenido real del tipo que describí ayer para el secreto de la Luna. Estas cosas deben leerse realmente en la escritura cósmica, cuando las estrellas significan para nosotros algo más que lo que meramente se calcula mecánicamente, matemáticamente, es decir, cuando se convierten para nosotros en las letras del guión cósmico.

Para desarrollar esta idea aún más, debo ahora referirme a lo siguiente. En el tiempo en que los antiguos Misterios ya estaban retrocediendo, los Misterios de los Kabiri en Samotracia todavía existían. En tiempos de Alejandro, Samotracia seguía allí como un lugar de recuerdo, y más aún, como un lugar para el cultivo activo de los Misterios, mientras que, en general, la vida de los Misterios estaba en su declive. Y llegó el momento en que, por la influencia de los Misterios de los Kabiri, surgió en Alejandro y Aristóteles algo así como un recuerdo del antiguo tiempo efesio que ambos habían vivido durante cierto siglo. Y una vez más el J O A resonó y una vez más resonaron las palabras:

Ser nacido del cosmos
Tú estás de luz formado
Fortalecido por el Sol
En el vigor de la Luna
A ti el resonar de la fuerza creadora de Marte te es donado
Y el cimbrear de los miembros en movimiento de Mercurio
A ti te ilumina la luz brillante del pensar de Júpiter
Y la belleza portadora de amor de Venus
Que la sabiduría cósmica de Saturno te sumerja
desde la quietud de los tiempos
En el devenir del espacio.

 

Pero en este recuerdo, en este recuerdo histórico de tiempos antiguos, había un cierto poder para crear algo nuevo. Y desde ese momento brotó el poder de crear una cosa nueva, pero una cosa nueva extraña, que ha sido poco notada por la humanidad. Deben llegar a comprender cuál era el verdadero carácter de la nueva creación que salió del trabajo conjunto de Alejandro y Aristóteles.

Tomen cualquier gran obra de poesía o cualquier otro trabajo. Tomen las obras más bellas escritas en alemán si lo desean, tomen una traducción al alemán del Bhagavad Gita, tomen el Fausto de Goethe, o Ifigenia, o cualquier cosa que ustedes valoren altamente. Piensen en el rico e imponente contenido, digamos, del Fausto de Goethe, y ahora piensen, mis queridos amigos, ¿por qué se transmite este gran contenido? Supongamos que se le transmite a usted como lo es para la mayoría de la gente. En algún momento de tu vida leíste el Fausto de Goethe. ¿Qué es lo que se encuentra en el plano físico? ¿Qué hay en el papel? Nada más que combinaciones de abcdef, y así sucesivamente. Todo el poderoso contenido de Fausto comienza en ti simplemente usando combinaciones de las letras del alfabeto. No hay nada en el papel que no coincida con una u otra de sus veinte o más letras. De estas veinte letras se conjura en el papel lo que despierta en ti, si puedes leer, el abundante contenido del Fausto de Goethe. Más aún, eres libre de decir que esta perpetua repetición de abcdef es un agujero horrible, es la cosa más abstracta imaginable. Y sin embargo, estas cosas más abstractas combinadas correctamente nos dan todo el Fausto.

Ahora que el sonido cósmico en la Luna estaba allí de nuevo y Aristóteles y Alejandro reconocieron lo que había significado el fuego en Éfeso, cuando vieron cómo este fuego había llevado al otro extremo del mundo el contenido de los Misterios de Éfeso, fue que surgió en estos dos la inspiración para fundar la Escritura Cósmica. Sólo que el Guion Cósmico no se basa en abcdef. Asi como nuestra escritura de libros se basa en las letras, también la Escritura Cósmica está fundamentada en pensamientos. Ahora surgieron las letras de la Escritura Cósmica.

Si ahora las escribo ante ustedes son tan abstractas como abcd:

  • Cantidad
  • Calidad
  • Relación
  • Espacio
  • Tiempo
  • Posición
  • Actividad (o Acción)
  • Pasividad (o Sufrimiento)

Ahí tienen los conceptos. Tomen estos conceptos que Aristóteles expuso por primera vez a Alejandro y aprendan a hacer con ellos lo mismo que han aprendido a hacer con abcd. Luego, con Cantidad, Calidad, Relación, Espacio, Tiempo, Posición, Actividad, Pasividad, aprenderán a leer en el Cosmos.

Pero en la era de lo abstracto sucedió algo extraño en la lógica de las escuelas. Imagínense una escuela en la que sea costumbre no enseñar a las personas a leer, pero si lo desean, pueden fabricar libros en los que tengan que aprender abcd, etc., una y otra vez, en todo tipo de combinaciones, ac, ab, be, y así. Y supongamos que nunca llegaran al punto de usar estas letras para reconocer el rico y abundante contenido del alma. Eso es lo mismo que el mundo ha hecho con la Lógica de Aristóteles.

En los libros de texto de Lógica, se presentan estas categorías, como las llaman. Las aprendemos de memoria, pero no sabemos qué hacer con ellas. Es como si las aprendiésemos de memoria y no supiéramos qué hacer con las letras. Así como el contenido de Fausto se puede resolver con algo tan simple como las letras abcd y demás, así la lectura en el Guión Cósmico se resuelve en estos simples conceptos que solo debemos aprender a manejar. Y fundamentalmente hablando, todo lo que la Antroposofía ha producido, y todo lo que puede traer, se experimenta a partir de estos conceptos, tal como lo que leen en Fausto se experimenta a partir de las letras. Porque en estos conceptos simples como el Alfabeto Cósmico, están contenidos todos los secretos de los mundos físico y espiritual.

Esto es lo que sucederá en la evolución futura del mundo. Antiguamente se tuvo una experiencia espiritual inmediata en las que las realidades de Éfeso fueron las más características. Pero ahora otra cosa ha venido a tomar su lugar. Comienza en la época de Alejandro, pero fue solo en tiempos posteriores, a lo largo de la Edad Media, cuando evolucionó en su forma peculiar. Es una cosa doblemente oculta, doble esotérica. Doblemente esotérico es el significado que mora dentro de estos ocho o nueve conceptos (porque también podemos extender el número a nueve). De hecho, aprendemos cada vez más a vivir en estos conceptos simples, y experimentarlos en nuestras almas tan vívidamente como experimentamos el abcd cuando tenemos ante nosotros el rico y múltiple contenido espiritual de un libro.

Como ven, lo que fue una poderosa revelación de la sabiduría instintiva a lo largo de miles y miles de años, fluyó largamente en conceptos cuya fuerza interior de vida y fortaleza debe revelarse una vez más en el futuro. En verdad, llegará el momento en que el hombre encontrará nuevamente lo que realmente está descansando como en una tumba, es decir, la sabiduría cósmica y la luz cósmica. El hombre aprenderá a leer una vez más en el gran Universo. Experimentará la resurrección de lo que yace escondido en el tiempo intermedio de la evolución humana entre las dos épocas espirituales.

Y nosotros, mis queridos amigos, estamos aquí para manifestar una vez más las cosas que están ocultas. Estamos aquí para crear una Festividad de Pascua como una experiencia de toda la Humanidad. Y como en otras ocasiones hemos podido decir: “La antroposofía es una experiencia navideña”, así podemos decir hoy: “La Antroposofía misma, en todo su funcionamiento, es una experiencia de Pascua, una experiencia de resurrección ligada a la experiencia de la tumba”. Es importante justo en este presente Encuentro de Pascua que pensemos, si así lo puedo describir, en una festividad llena del esfuerzo antroposófico. Porque debemos sentir que hoy podemos ir a algún Ser espiritual que tal vez esté cerca de nosotros inmediatamente detrás del umbral, y ante él decimos: “¡Ah! Erase una vez que la humanidad fue bendecida con una revelación divino-espiritual cuya luz brillaba aún más radiante en Éfeso. Pero ahora todo esto yace sepultado. ¿Cómo voy a sacar de la tumba lo que yace enterrado?  Porque seguramente uno podría imaginar que lo que ha sido todavía se puede encontrar de alguna manera histórica, se puede encontrar tendido en la tumba”.   Y entonces el Ser nos responderá como en un caso similar una vez el Ser correspondiente respondió: “Eso que buscas ya no está aquí; está en tu corazon, si sabes abrir tu corazón de la manera verdadera”.

La antroposofía está allí de hecho; descansa en los corazones humanos, solo que estos corazones humanos deben poder abrirse de la manera verdadera. Esto es lo que debemos sentir. Entonces, en plena conciencia, no instintivamente como en el tiempo antiguo, seremos conducidos nuevamente a la sabiduría que vivió y derramó su luz en los antiguos Misterios.

Esto es lo que me gustaría traer a sus corazones en el presente tiempo de Pascua. Para impregnarnos de este sentimiento sagrado y solemne que puede surgir de la antroposofía, esto también desempeñará su papel y nos elevará hacia el mundo espiritual. Esto también debe unirse con el impulso navideño que nos fue dado en Dornach. Porque el impulso navideño no debe seguir siendo meramente intelectual, teórico y abstracto. Debe ser un impulso del corazón, no debe ser seco y práctico. Debe ser sagrado, solemne, alegre, no en sentimentalismo sino fuera de la realidad de la cosa misma. Luego, incluso cuando Aristóteles y Alejandro usaron el fuego de Éfeso cuando estalló de nuevo en sus corazones, cuando estalló en el éter cósmico y les reveló nuevamente los secretos que luego fueron reunidos en conceptos muy simples, incluso entonces podían usar el fuego de Éfeso, por lo que será nuestra parte usar lo que también se ha llevado a cabo en el éter –porque podemos decirlo con toda humildad– en el nombre del Goetheanum; a saber, todo lo que se ha previsto y que se destinará a la Antroposofía.

Pero, ¿qué implica esto? en la festividaa anual de duelo, en el momento de Navidad y Año Nuevo, el mismo momento en que nuestra desgracia nos sobrevino, se nos concedió enviar un nuevo impulso del Goetheanum. ¿Por qué fue así? Debido a que podemos sentir correctamente que lo que hasta ahora era más o menos una cosa terrenal, lo que se logró y ganó y se fundó como algo terrenal, se llevó con los nombres a los espacios cósmicos. Solo porque esta desgracia nos sobrevino, cuando reconocemos y conocemos sus consecuencias, podemos decir con justicia: de ahora en adelante entendemos que ya no podemos representar meramente una preocupación terrenal, sino que representamos una preocupación del amplio universo etéreo en el que vive el Espíritu. Porque la preocupación del Goetheanum es de hecho una preocupación del éter amplio y extenso en el que habita la sabiduría llena de espíritu del mundo. Ya se ha llevado a cabo y ahora podemos llenarnos con los impulsos del Goetheanum como los impulsos que vienen hacia nosotros desde el Cosmos.

Tomen esto como una imagen. La imagen significa la verdad más profunda y esta profunda verdad se expresa en palabras simples cuando decimos: Dado el impulso ancestral de la Fundación de Navidad, el trabajo antroposófico estará impregnado de un carácter esotérico. Este carácter esotérico está aquí porque lo que una vez fue irradiado de la Tierra hacia los espacios cósmicos a través de la luz astral que tomo su parte en el fuego físico, y porque esto regresa nuevamente como un poder viviente a los impulsos del Movimiento Antroposófico si nos hacemos capaces de recibirlos.

Entonces, cuando podamos hacer esto, nos sentiremos como una parte de todo lo que vive en la antroposofía el estado anímico antroposófico de la Pascua que nunca puede pensar que el espíritu muere, sino que se eleva una y otra vez. Y la Antroposofía debe aferrarse a este Espíritu que surge siempre de los cimientos eternos.

Permítanse recibir esto como un pensamiento de Pascua y como un sentimiento de Pascua en nuestros corazones. Entonces, mis queridos amigos, nos llevaremos de este encuentro sentimientos que nos darán coraje y fuerza para trabajar cuando estemos una vez más en nuestros diferentes lugares cuando esta visita termine.

Verso original de esta conferencia:

Weltentsprossenes Wesen, du in Lichtgestalt,

Von der Sonne erkraftet in der Mondgewalt,

Dich beschenket des Mars erschaffendes Klingen

Und Merkurs gliedbewegendes Schwingen,

Dich erleuchtet Jupiters erstrahlende Weisheit

Und der Venus liebetragende Schönheit —

Dass Saturn’s weltenalte Geist-Innigkeit

Dich dem Raumessein und Zeitenwerden weihe!

Traducido por Gracia Muñoz en Enero de 2018.

[1] [e.Ed: Ver: Historia Mundial a la Luz de la Antroposofía. Ocho conferencias dadas en Dornach, del 24 al 31 de diciembre de 1923]

 

GA232.c6. Los Misterios Efesios de Artemisa (3)

templo de diana en efeso

Rudolf Steiner. Dornach, 2 de diciembre de 1923.

English version

Cuando hoy el hombre habla de la “palabra” para él significa, por regla general, sólo la débil palabra humana, la cual, en presencia de la majestad del Universo, tiene poco significado. Pero sabemos que el Evangelio de Juan comienza con las palabras profundamente significativas: “En el Principio Primordial estaba la Palabra, el Logos. Y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”.

Cualquiera que medite en este significativo comienzo del Evangelio de Juan debe preguntarse: ¿Qué se indica en realidad cuando la Palabra se coloca al principio de todas las cosas? ¿Qué significa realmente este Logos, esta Palabra? ¿Y cómo se relaciona este significado con nuestra palabra humana, tan insignificante en presencia de la majestad del Universo?

El nombre de Juan está relacionado con la ciudad de Éfeso, y el que, equipado con una visión imaginativa de la historia del mundo, enfrenta estas significativas palabras: “En el Principio era el Logos. Y el Logos estaba con Dios. Y el Logos era Dios”, se remite continuamente a lo largo del sendero interior al antiguo Templo de Diana en Éfeso. Para aquel que es iniciado hasta cierto punto en los misterios cósmicos, lo que suena como un enigma en los primeros versos del Evangelio de Juan señala los Misterios del Templo de Artemisa o Diana en Éfeso; por lo que puede parecerle que a través de la investigación de los Misterios de Éfeso se podría obtener algo que le condujera a la comprensión del comienzo del evangelio de Juan.

Por lo tanto, equipados hoy con lo que se ha traído ante nuestras almas en las dos últimas conferencias, busquemos durante un momento los Misterios del Templo de Diana (Artemisa) en Éfeso. Miremos hacia atrás en un tiempo de seis o siete siglos o incluso antes de la era cristiana, para ver lo que se hizo en este santuario tan sagrado para los antiguos. Encontramos que la instrucción dada en los Misterios de Éfeso se centraba en primer lugar en lo que emana del habla humana. Aprendemos lo que ocurrió en esos Misterios Efesios no de ninguna presentación histórica (porque la barbarie humana ha tomado suficiente cuidado para la destrucción de los registros históricos), pero lo aprendemos del Registro Akáshico, esa Crónica del pensamiento etérico accesible a la cognición espiritual, donde están inscritos los acontecimientos de la historia del mundo.

En este Registro viene una y otra vez a nuestra percepción la manera en que el alumno fue dirigido por el maestro para concentrarse en el habla humana. Una y otra vez el alumno fue instado de la siguiente manera: “Aprende a sentir en tu propio instrumento de expresión lo que realmente ocurre cuando hablas”.

Los procesos que tienen lugar cuando un hombre habla no pueden ser aprehendidos por percepciones toscas, porque estos procesos son delicados e íntimos. Consideremos primero el lado exterior del habla, pues fue con este lado externo de la palabra que comenzó la instrucción dada en los Misterios de Éfeso.

La atención del pupilo se dirigió primero a la manera en que la palabra suena de la boca. Se le dijo una y otra vez: “Nota lo que sientes cuando la palabra suena en tu boca”. El alumno debía primero notar cómo, en cierta medida, algo de la palabra ascendía para tomar en sí el pensamiento de la cabeza; y después, cómo algo de la misma palabra descendía para experimentar interiormente el contenido del sentimiento.

Una y otra vez se instaba al discípulo a dirigir el mayor rango posible de hablar por su garganta, y al mismo tiempo observar el ascenso y el descenso, que se percibe en la palabra que empuja de la garganta. Tuvo que hacer una afirmación positiva y negativa: “Yo soy, yo no soy.” Esto tuvo que forzarlo de la manera más articulada posible a través de su garganta y luego tenía que observar cómo, en las palabras “Yo soy” es predominante el sentimiento de lo que sube mientras que en las palabras “yo no soy” prevalece el sentimiento de lo que desciende.

La atención del alumno fue entonces dirigida a acercarse aún más al íntimo sentimiento interior y a las experiencias personales de la palabra. Tuvo que experimentar lo siguiente: De la palabra se eleva hacia la cabeza algo como el calor y ese calor, ese fuego, se apodera del pensamiento. Y hacia abajo fluye algo como un elemento acuoso, éste se derrama, como se derrama la secreción glandular en el hombre. A los discípulos de los Misterios de Éfeso se les hizo ver que el hombre hace uso del aire para hacer resonar la palabra. Pero al hablar, el aire se transforma en el siguiente elemento, en el fuego, en el calor, arrastrando y envolviendo el pensamiento a las alturas de la cabeza.

Una vez más, debido a que surge una condición alterna  —este envío de fuego hacia arriba y el envío hacia abajo de lo que está encarnado en la palabra— el aire, que gotea hacia abajo como agua, como un elemento fluido como una secreción glandular. Y mediante este último proceso la palabra se vuelve interiormente perceptible, el hombre puede sentirla interiormente. La palabra fluye hacia abajo como un elemento fluido.

El discípulo fue entonces llevado al misterio real del habla; y este misterio está conectado con el misterio del hombre. Este misterio del hombre está hoy barrado para los científicos, pues la ciencia coloca como coronación de todo pensamiento la caricatura más increíble de una verdad, a saber, la llamada ley de la conservación de la energía y de la materia. En el hombre la materia se transforma continuamente. No permanece. El aire que es expulsado de la garganta se transforma a medida que pasa, alternativamente en el siguiente elemento superior, en el elemento de calor o fuego, y de nuevo al elemento del agua, Fuego-Agua-Fuego-Agua.

El discípulo de Éfeso se hizo consciente de que cuando hablaba, una serie de ondas brotaban de su boca; Fuego-agua-fuego-agua; pero esto no era ni más ni menos que el esfuerzo de la palabra hacia arriba hacia el pensamiento, y el hundimiento de la palabra hacia el sentimiento. Así, en el discurso del hombre, el pensamiento y el sentimiento se están entretejiendo, y por este vivo movimiento ondulante del habla el aire se enrarece en el fuego por una parte y por otra se condensa en agua, y así sucesivamente.

Cuando en los Misterios de Éfeso esta gran verdad fue llevada ante el alma del discípulo por medio de su propio discurso, se pensó que su sentimiento debía decir lo siguiente:

“Habla, oh hombre! Y revelaras por ti mismo la evolución del mundo”.

En Éfeso, cuando el alumno entraba en el umbral del Templo, siempre se le exhortaba con estas palabras:

“Habla hombre! Y revela por ti mismo la evolución del mundo”.

Y cuando salía del  umbral del Templo le fue hecha esta declaración en otra forma:

“La evolución del mundo se revela a través de ti, oh hombre! cuando hablas”.

El discípulo se sentía como si su propio cuerpo fuera un velo sobre los misterios cósmicos que resonaban en su pecho viviendo en su discurso, como si con su propio cuerpo estuviera encerrando estos misterios del cosmos.

Esto fue realizado como preparación para un misterio realmente más profundo, pues a través de esta preparación el alumno se hizo consciente de que el ser humano individual estaba íntimamente conectado con los misterios del cosmos. El dicho “Conócete a ti mismo” ganó un significado sagrado porque fue proferido no sólo teóricamente, sino porque interiormente fue solemnemente sentido y experimentado.

Cuando el discípulo en cierta medida había ennoblecido y elevado su propia naturaleza humana, en cuanto la consideraba como un velo que cubría el misterio del cosmos, podía ser llevado aún más lejos hacia aquello que extiende el misterio sobre las vastedades cósmicas. Recordemos aquí lo que se dijo en la última conferencia.

Os he representado una condición en la evolución de la Tierra en la que ocurrió lo siguiente. Sabemos que en la antigua condición de la Tierra existía como sustancia esencial para su evolución en esa etapa toda esa arcilla sin pretensiones que tenemos también en las montañas del Jura. En los depósitos calcáreos, en las rocas calizas de la Tierra tenemos lo que queremos considerar ahora. Debemos pensar en la Tierra rodeada de aquello que en la última conferencia llamé albúmina fluida. Sabemos que las fuerzas cósmicas trabajaron en este fluido albuminico de tal manera que se coagularon en formas definidas. Y también escucharon que mientras existió esta condición de la Tierra todo ocurrió en una sustancia más densa, en un grado realzado de lo que tenemos hoy con el levantamiento de la niebla y la caída de la lluvia. El elemento calcáreo se eleva hacia arriba, impregnando lo que se había condensado en el fluido albuminico, llenándolo de arcilla para que pudiera adquirir formaciones óseas, y de esta manera en el curso de la evolución de la Tierra se desarrollaron los animales. Los animales fueron arrancados de la atmósfera todavía albuminosa por aquello que vive espiritualmente en el elemento de la arcilla.

arcilla

 

También dije que cuando el hombre se une a los metales de la Tierra, siente todo lo que sucedió entonces como parte de su propio ser; es como si un recuerdo se levantara en él. En cuanto a esta etapa de la evolución, no se siente como un hombre diminuto encerrado en una piel; se siente como abrazando a todo el planeta Tierra. Para expresar esto de una manera algo grotesca, debo decir: El hombre siente esencialmente que su cabeza abarca todo el planeta Tierra.

En los procesos que explique en la última conferencia, el hombre siente que todo esto tiene lugar dentro de sí mismo. Pero, ¿cómo siente esto dentro de él? Todo lo que os he representado como el surgimiento de la arcilla, la unión de esta arcilla con la albúmina coagulada, su descenso y la extracción de los animales a la Tierra, es experimentado por el hombre que lo escucha. Lo experimenta internamente. Sólo deben concebirlo como experiencia interior. Él lo oye. Esta creación que surge cuando la arcilla llena la albúmina coagulada y la hace gruesa y huesuda, lo que se forma es algo que se oye y se siente como a través del oído. Se oye el Misterio del Mundo.

De hecho, el hombre experimenta en la memoria, a través del recuerdo producido por los metales, el pasado de la Tierra, como si uno oyera resonar lo que he descrito y que en esta resonancia se sintiera el vivir y tejer de los acontecimientos del mundo.

¿Qué es lo que el hombre oye? Estos sucesos del mundo, ¿en qué forma se revelan? Se revelan como la Palabra Cósmica, como el Logos. En este ascenso y caída de la arcilla resuena el Logos, la Palabra Macrocósmica. Y cuando el hombre es capaz de oír este discurso dentro de sí, percibe algo más. Lo siguiente es realmente posible.

Pongamonos ante un esqueleto humano o animal. Lo que la ciencia de la anatomía tiene que decir acerca de estas formas es muy superficial, en realidad es vergonzosamente superficial. ¿Qué podemos decir cuando, conectando interiormente con su ser natural y espiritual, miramos un esqueleto? Nosotros decimos: No se limiten a mirarlo. Es espantoso mirar simplemente las formas: la columna vertebral con sus vértebras maravillosamente moldeadas apiladas una sobre otra, con las costillas procedentes de ella que se doblan y se curvan al frente y se articulan tan maravillosamente; la forma en que las vértebras se cambian en los huesos del cráneo, cuya articulación es todavía más difícil de percibir; cómo las costillas arqueadas encierran la cavidad del pecho; cómo se forman las articulaciones en forma de bola para los huesos del brazo y los huesos de la pierna. Frente a este misterio del esqueleto no podemos hacer otra cosa que decir algo claramente definido. Debemos decirnos a nosotros mismos: “No mires simplemente todo esto sino escúchalo; Escucha cómo un hueso cambia en otro. Aquí hay un discurso real”.

Si en este punto puedo hacer una observación personal es ésta: Algo muy maravilloso nos precede si con un sentimiento para estas cosas, entramos en un museo de historia natural, porque allí tenemos una maravillosa colección de instrumentos musicales, formando una poderosa orquesta, que resuena en la más  maravillosa sinfonía. He experimentado esto muy fuertemente cuando visité el museo en Trieste. Allí, debido a un arreglo muy especial de los esqueletos animales (que se hizo instintivamente) el efecto fue que de un extremo del animal resonaban los misterios de la luna y del otro los misterios del Sol. El conjunto estaba como impregnado por soles y planetas resonando. Allí se podía sentir la conexión entre este sistema óseo compuesto de arcilla, el esqueleto, y lo que una vez llamó al hombre del universo en el que tejía, cuando él mismo era uno con el Universo, cuando resonando como el misterio del Mundo, resonó en el hombre al mismo tiempo que su propio misterio.

Las criaturas que surgieron entonces, en primer lugar, las criaturas animales, revelaron así su ser esencial, para el Ser del reino animal vivido en el Logos, en el resonante misterio cósmico. Lo que uno percibía no eran dos cosas separadas. No se perciben los animales, y luego de alguna otra manera el Ser de los animales; lo que hablaba era el surgimiento y desarrollo de los animales mismos en su propio Ser.

El discípulo de los Misterios de Éfeso podía tomar en su corazón y en su alma de la manera correcta para esa época lo que entonces podría hacerse claro en él acerca del Principio Primordial, cuando la Palabra, el Logos estaba activo como la esencia y el ser de todas las cosas. El alumno fue capaz de recibir este misterio porque se había preparado para ello ennobleciendo y elevando su naturaleza humana, ya que había sido capaz de sentirse a sí mismo como una capa o un velo del diminuto reflejo de este misterio cósmico que vivía en la resonancia de su propia palabra.

Intentemos ahora sentir cómo este desarrollo de la Tierra pasó de un nivel a otro. Consideremos esto. En el elemento de la arcilla tenemos algo que en ese momento era todavía fluido; la arcilla ascendía como vapor y caía de nuevo en gotas como lluvia. La arcilla era de naturaleza fluida. Al ascender, se transformaba en aire; y cuando descendía se transformaba en sustancia sólida. Fue en una etapa más temprana que la imagen del hombre, donde tenemos el aire que se transforma en calor y en agua. En esa condición primitiva el elemento del agua estaba activo, es decir, la arcilla, el fluido se enrarecía en el aire y se condensaba en sustancia sólida; así como en nuestras gargantas hoy el aire rarificado se calienta o se condensa en agua. Lo que vivía en el mundo se elevaba del agua al aire. En tiempos primitivos se vivía en lo fluido, se enrarecía en el aire y se condensaba en sustancia sólida.

Por lo tanto, es posible para nosotros seres humanos comprender este misterio del mundo en miniatura. Cuando este misterio era el maya grande y poderoso del mundo fue una etapa más anterior. La Tierra condensaba todo. La arcilla se volvió más densa, etc. Los seres humanos no habríamos podido admitir esta tendencia densificante en nuestro propio ser interior, aunque hubiera llegado a nosotros en miniatura. Sólo podíamos admitirlo cuando subiera un nivel más alto, desde el agua hasta el aire, y con ello en su elevación hacia arriba en el elemento del calor o hacia abajo en el agua, que ahora era el elemento más denso.

 Así, el Gran Mundo, el Misterio Macrocósmico se convirtió en el Misterio microcósmico del habla humana, y es a este Misterio Cósmico, la traducción en maya, del Gran Mundo, a lo que señala el comienzo del Evangelio de Juan:

“En el Principio estaba el Logos; Y el Logos estaba con Dios, y el Logos era Dios”.

Esto fue lo que aún vivía y estaba activo en la tradición de Éfeso, también lo que el evangelista, el escritor del Evangelio de Juan podía leer en el Registro Akáshico acerca de Éfeso, del cual tenía sed su corazón, la forma correcta de expresar lo que quería comunicar a la humanidad del misterio del comienzo del mundo. Ahora podemos dar un paso más allá.

Podemos recordar lo que se dijo la última vez, que, antes de la arcilla, estaba la sílice, que ahora aparece en el cuarzo. En esta sílice aparecieron las formas vegetales, aquellas formaciones parecidas a nubes que verdecían  y se desvanecían. Y si, como dije, un hombre en ese momento hubiera podido mirar hacia las extensiones del cosmos, habría visto el surgimiento de la creación animal y aquellas plantas primitivas que verdecían y después desaparecían. Todo esto fue percibido por el hombre como una experiencia interior. Lo percibió como parte de su propio ser. Además de oír lo que resonaba en la creación animal como algo que vivía dentro de sí mismo, el hombre podía en cierto sentido acompañar interiormente lo que oía sonar, como en su propia cabeza, en el pecho y la cabeza humanos puede ascender con palabras a través del calor para captar el pensamiento. Podía así acompañar lo que oía resonar en la creación de los animales después de lo que había experimentado en el surgimiento de las plantas.

tiza,silice, cuarzo

 

 Esto fue lo notable: el hombre experimentó el proceso del desarrollo de los animales en la arcilla vaporizante y descendente. Y cuando trazó más allá de lo que estaba en la sílice, mientras los seres vegetales se volvían verdes y se desvanecían, la Palabra Cósmica se hizo Pensamiento Cósmico y las plantas que vivían en el elemento silíceo agregaron el Pensamiento a la Palabra Resonante.

Uno daba como un paso hacia arriba, y al Logos retumbante se agregaba el Pensamiento Cósmico; Al igual que hoy, en la palabra sonora en el habla, en las olas del habla (fuego-agua-fuego-agua) el pensamiento es aferrado en el fuego.

Si estudian ciertas enfermedades de los órganos sensoriales de la cabeza o de los órganos de los sentidos en general, podrán observar los efectos curativos del ácido silícico. El ácido silícico aparece entonces entre los secretos del cosmos como el elemento del pensamiento en la creación primitiva original de la planta, y podría incluso decirse que ésta es la percepción sensorial de la Tierra con respecto a la estructura del cosmos. De una manera maravillosa se expresa realmente microcósmicamente en el hombre de hoy lo que una vez fue macrocósmico, lo que fue el surgimiento y la evolución, el trabajo y el tejido del mundo.

Sólo piensen por un momento cómo el hombre vivió entonces, todavía uno con el cosmos, en unidad con el cosmos. Hoy, cuando el hombre piensa, tiene que pensar aislándose en su cabeza. Dentro están sus pensamientos y salen sus palabras. El Universo está fuera. Las palabras sólo pueden indicar el Universo. Los pensamientos sólo pueden reflejar el Universo. Cuando el hombre seguía siendo uno con el macrocosmos, no era así, pues entonces experimentaba el universo como si estuviera en sí mismo. La Palabra era al mismo tiempo su entorno. El pensamiento era lo que permeaba y fluía a través de su ambiente. El hombre escuchaba y lo que oía era Mundo. El hombre alzó la mirada hacia lo que oía, pero levantaba la visión desde su interior. La Palabra fue en primer lugar sonido. La Palabra era algo que luchaba como para ser resuelto como un enigma; en el surgimiento de la creación animal se reveló algo que pugnaba por una solución. Como una pregunta, el reino animal surgió dentro de la arcilla. El hombre miró el ácido silícico, y la creación vegetal respondió con lo que había sido tomado como la naturaleza sensible de la Tierra, y resolvió los enigmas que la creación animal presentaba. Estos mismos seres respondieron mutuamente las preguntas del otro. Un ser, en este caso el animal, plantea una pregunta: los otros seres, en este caso las plantas, proporcionan la respuesta. El mundo entero se convierte en lenguaje.

Y ahora podemos decir: esta es la realidad del comienzo del Evangelio de Juan. Nos remiten al principio primordial de todo lo que ahora existe. En este Principio Primordial, en este Principio, estaba la Palabra. Y el Verbo estaba con Dios. Y el Verbo era Dios, porque era el Ser creador de todo.

Es realmente el caso que lo que se enseñó a los alumnos en los Misterios de Éfeso con respecto a la Palabra es la que llevó a las oraciones iniciales del Evangelio de Juan. En efecto, es muy apropiado que los antropósofos vuelvan hoy su atención a estos secretos que descansan en el tiempo; pues en cierto sentido, en un sentido muy particular, lo que estaba aquí en la colina de Dornach, ya que el Goetheanum se había convertido en el centro de la actividad antroposófica. El dolor que sentimos hoy debe seguir siendo dolor, y lo será en todos los que fueron capaces de sentir lo que el Goetheanum estaba destinado a ser. Pero para aquel que se esfuerza en elevarse en su conocimiento hacia lo espiritual todo lo que tiene lugar en el mundo físico debe ser al mismo tiempo para él una manifestación exterior, una imagen de lo espiritual que está detrás de ella. Y si, por un lado, tenemos que aceptar este dolor, por otro lado, nosotros como seres humanos que luchamos por el conocimiento espiritual debemos ser capaces de convertir lo que ha causado este dolor en una oportunidad para mirar espiritualmente una revelación que nos lleva a profundidades cada vez mayores. Este Goetheanum habría sido un lugar en el que uno esperaba haber hablado y en el que hemos hablado una y otra vez de las cosas que están relacionadas con las primeras palabras del Evangelio de Juan:

“En el Principio estaba la Palabra —el Logos— y la Palabra estaba con Dios, y Dios era la Palabra”.

Entonces el Goetheanum fue destruido por el fuego. Esta imagen terrible del Goetheanum ardiente surge ante nosotros. El dolor puede dar origen a la convocatoria para mirar cada vez más profundamente lo que vive en el poder de nuestro pensamiento, en este ardiente Goetheanum de Nochevieja. Es una experiencia, aunque dolorosa, que nos lleva a profundidades cada vez mayores. Lo que quisiéramos haber fundado en este Goetheanum, que como he dicho está relacionado con el Evangelio de Juan, éstas ya forman un recinto dentro de estas llamas ardientes que consumen. Y es un impulso importante que podemos captar: Que estas llamas sean para nosotros la ocasión de mirar a través de ellas a otras llamas, esas llamas que una vez hace mucho consumieron el Templo de Éfeso. Considerémoslo como una invocación para intentar comprender lo que está al principio del Evangelio de Juan. Impulsados por este hecho dolorosamente sagrado, llevemos la mirada desde el Evangelio de Juan al Templo de Éfeso —que una vez fue quemado— y luego a las llamas del Goetheanum, que nos hablan tan dolorosamente, y recibiremos una monición de lo que fluye en el Akasha con las llamas ardientes del templo de Éfeso.

Aún hoy, si miramos hacia atrás a esa desgraciad noche, a esas fieras llamas de la conflagración de Goetheanum, ¿no encontramos en ellas todavía los metales fundidos los instrumentos musicales que hablan una lengua tan pura y santa? ¿No encontramos en estos metales fundidos aquellos instrumentos musicales que conjuran en las llamas esos maravillosos colores —diversos colores— que están estrechamente relacionados con los metales? A través de la conexión con los metales surge algo como la memoria en la sustancia de la Tierra. Este recuerdo que tenemos de lo que fue consumido con el Templo de Éfeso. Y así como estas dos conflagraciones pueden estar conectadas, también el anhelo de investigar el significado de “En el Principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y Dios era la Palabra” Puede estar ligada un poco a las palabras que una y otra vez quedaron claras para el discípulo de Éfeso: “Estudia el misterio del hombre en la pequeña palabra, en el micrologos; Así maduraras para experimentar en ti el Misterio del Macrologos”.

El hombre es el microcosmos en contraste con el macrocosmos, pero también lleva dentro de él los misterios del cosmos, y podemos descifrar el misterio cósmico contenido en los tres primeros versículos del Evangelio de Juan si tenemos en cuenta en el correcto sentido en el que, como en muchas otras cosas también, las llamas del Goetheanum se condensaron, como si se tratara de caracteres escritos:

“He aquí el Logos

En el fuego ardiente

Procura la solución

En el Templo de Diana”.

El Registro Akáshico del fuego de la víspera del Año Nuevo habla estas palabras muy claramente, junto con muchas otras; y nos dan la exigencia de establecer en el microcosmos el micrologos, para que el hombre pueda adquirir la comprensión de aquello de lo cual se ha formado todo su ser —el macrocosmos— a través del macrologos.

ruinas de efeso

Traducido por Gracia Muñoz en junio de 2017.