GA201c5. El Hombre: Enigma del Universo

Rudolf Steiner — Dornach, 17 de abril de 1920

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Nuestros estudios de los últimos días habrán dejado claro que es completamente imposible conocer la configuración del Universo espacial y sus movimientos de la forma que es adoptada por la ciencia moderna. Porque no solo se considera al Universo como completamente separado del Hombre, sino que incluso los diferentes cuerpos celestes, que a nuestra vista parecen desconectados, se tratan como algo aislado y desde su aislamiento, se observan sus efectos entre sí. Se trata de lo mismo que si, por ejemplo, estudiáramos el organismo humano examinando primero un brazo y luego una pierna, para luego entender el organismo completo por la manera en que los miembros individuales trabajan juntos.

Pero el hecho es que no es posible comprender el organismo humano estudiando sus miembros individuales; pues toda la investigación del cuerpo del hombre debe tener el punto de partida en el todo, desde el cual podemos pasar a las diferentes partes. Lo mismo se aplica al Sistema Solar y también al Sistema Solar en su relación con la totalidad del Universo Estelar visible. Porque el Sol, la Luna, la Tierra y los otros planetas son solo partes de todo el sistema. ¿Por qué debería el Sol, por ejemplo, ser considerado como un cuerpo aislado? No hay absolutamente ninguna razón para que imaginemos que el Sol está simplemente donde lo vemos, limitado por las fronteras desde las que nuestros ojos lo perciben. En relación con esto, el filósofo Schelling estaba en lo cierto cuando se negó a hacer la pregunta: “¿Dónde está el Sol?” con otro significado que no fuera “¿Dónde se siente su influencia?”. Si el Sol actúa sobre la Tierra, los efectos de dicha actividad deben pertenecer necesariamente a la esfera del Sol; y es muy incorrecto extraer una parte de un todo y estudiar esa parte en sí misma. Pero esto es precisamente lo que la concepción materialista moderna del Universo se propuso hacer, y su influencia se está fortaleciendo cada vez más desde mediados del siglo XV.

Esto es contra lo que Goethe siempre luchó cuando estaba trabajando en sus investigaciones en el ámbito de la ciencia natural, y contra lo que todos los verdaderos seguidores de su ciencia también deben luchar. Goethe se vio obligado a llamar la atención sobre el hecho de que no debemos estudiar la Naturaleza sin el Hombre, sin tener en cuenta la relación de la Naturaleza con el Hombre. El estudio de los fenómenos naturales fuera del hombre debe tener su base en la comprensión de la naturaleza del hombre. El siguiente ejemplo le mostrará el valor de algunas de las afirmaciones hechas por la Astronomía moderna.

La Astronomía moderna se esfuerza, con el uso de todo tipo de argumentos, por hablar de un camino elíptico de la Tierra alrededor del Sol; afirmando que este movimiento fue en primer lugar iniciado por esa propulsión tangencial de la que hablé ayer en relación con la atracción gravitacional del Sol. Pero la Astronomía no puede negar el hecho de que cuando se habla de atracción, el Sol no solo atrae a la Tierra, sino que la Tierra también debe atraer al Sol. Esto, sin embargo, nos obliga a concluir que no podemos hablar de una revolución en una trayectoria elíptica de la Tierra alrededor del Sol, ya que si la atracción es mutua no podemos tener un movimiento unilateral de la Tierra alrededor del Sol, pues ambos deberían girar alrededor de un punto neutral. En otras palabras, esta revolución no puede tener lugar de una manera que nos permita mirar el centro del Sol como el pivote, porque el pivote debe ser un punto neutral situado entre el centro del Sol y el centro de la Tierra. Al decir esto, no estoy planteando objeciones a la Astronomía, simplemente estoy diciendo lo que pueden encontrar por ustedes mismos en los libros astronómicos. Por lo tanto, estamos obligados a admitir la existencia —de una u otra manera— de un pivote (eje) entre las dos esferas.

Nuestra Astronomía, a modo de consuelo, mantiene que este pivote o punto se encuentra dentro del Sol mismo. Tanto la Tierra como el Sol giran entonces alrededor de este punto. Y así, una vez más, no obtenemos una revolución directa de la Tierra alrededor del Sol, pues el Sol también gira, sin embargo gira alrededor de un punto que está dentro de sí mismo. Así, la Astronomía exotérica ha llegado a suponer que pivota un punto que no es el centro del Sol, sino que se encuentra en la línea que conecta el Sol y la Tierra, y aún dentro del Sol. Pero ahora nos enfrentamos con otra dificultad. Primero debe calcularse el tamaño del Sol. (La verdad de la suposición anterior depende del tamaño calculado del Sol). Sobre el resultado de tal cálculo se construye una conclusión que, por supuesto, debe poseer una cierta validez limitada (los cálculos se hacen a partir de la evidencia de los sentidos), pero que no necesariamente tiene que ser el criterio por el cual podamos juzgar la realidad de lo que yace detrás de los fenómenos de la naturaleza.

Por lo tanto, es necesario tener un ojo estricto con la Astronomía moderna, así como con otras ciencias, con el fin de discernir los lugares —y son numerosos—  donde la ciencia se sobrepasa y se mete en dificultades.

Esta dificultad no puede resolverse estudiando el aspecto externo de los fenómenos; solo podemos llegar a un resultado verdadero al examinar el Universo en su relación con el Hombre. Debemos, en primer lugar, tomar nota de las conexiones previamente explicadas entre el Universo y el Hombre; y luego debemos agregar muchos otros hechos, antes de que podamos llegar a una verdadera imagen del mundo. Hemos dicho que debemos imaginar, antes que nada, la materia ordinaria y ponderable, como una cuestión que pueda ser sopesada. La Luz que no podemos pesar; no pertenece al ámbito de la materia ponderable, como tampoco lo hace el calor. Entonces debemos imaginar primero lo ponderable, y debemos oponer a esto el éter. Dijimos que es incorrecto considerar que el Sol consiste en materia ponderable como la materia de la Tierra. El Sol es algo que en realidad es menos que el espacio, por así decirlo, es un “vaciado” del espacio; es algo que absorbe, en contraposición a la presión de la materia ponderable.

Y tenemos que hacernos no solo con una agregación (por el Sol) de este éter absorbente en el Universo externo, sino también con el hecho de que este éter se distribuye por todas partes, en todas partes encontramos, coexistiendo con la fuerza de presión, la fuerza absorbente. Nosotros mismos llevamos esta fuerza de succión en nuestros propios cuerpos etéricos. Con esto, agotamos por completo todo lo que llamamos Espacio. Presión y succión —ambos dos, los encontramos en el espacio. Porque no solo poseemos nuestro cuerpo físico, compuesto de materia ponderable que asimila y expulsa de nuevo, no solo tenemos también un cuerpo etérico, compuesto de éter absorbente, sino que tenemos además un cuerpo astral —si podemos usar el término ‘cuerpo’ a este respecto. ¿Qué implica la posesión de este tercer cuerpo? Significa que tenemos dentro de nosotros algo que ya no es espacial, aunque tenga cierta relación con el espacio. Esta relación puede ser probada cuando nos damos cuenta de que durante las horas de vigilia el cuerpo astral interpenetra los cuerpos etérico y físico. Pero el cuerpo etérico actúa de forma muy diferente cuando estamos despiertos a cuando estamos dormidos. Se establece una relación diferente entre los cuerpos etérico y físico cuando nos despertamos, y esto es causado por el cuerpo astral. Está activo y trabaja sobre lo espacial, aunque no es en sí mismo espacial. Porta el orden y la organización a las correlaciones del espacio. Esta actividad organizadora del cuerpo astral dentro de nosotros tiene lugar también en el Universo externo, donde se manifiesta de la siguiente manera.

Intenten por un momento considerar solo el Espacio y fuera de todo el Cielo visible, consideremos solo las regiones indicadas por el Zodíaco. No pretendo aquí tratar en detalle los diversos signos zodiacales, pero consideremos las direcciones a las que miramos en el cielo cuando nos volvemos, por ejemplo, hacia Aries, en el zodíaco; luego a Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Todo lo que tenemos que anotar, en primer lugar, es que el espacio que se encuentra ante nosotros como nuestro Universo visible está dividido de esta manera. Los signos simplemente indican la división, en la medida en que cada uno de ellos denota el límite de una determinada sección del espacio. Ahora no debemos imaginar que estas direcciones del espacio puedan tratarse de tal manera que uno pueda decir: ‘Hay un espacio vacío, y simplemente trazo una línea en algún lugar dentro de él’. Simplemente no existe tal cosa que las matemáticas llaman ‘Espacio’; pues en todas partes hay líneas de fuerza, direcciones de fuerza, y estas no son iguales, varían, se diferencian. Podemos distinguir entre estas doce regiones al darnos cuenta de que si nos colocamos en la dirección del signo de Aries, la fuerza que experimentamos es diferente a la que tendríamos si enfrentáramos el signo de Libra o Cáncer. En cada dirección, la fuerza es diferente. El hombre no admitirá esto, mientras viva meramente en el mundo de los sentidos; pero tan pronto como ascienda a la vida Imaginativa del alma, ya no experimentara las direcciones en el espacio de la misma manera cuando se coloca frente a Aries o frente a Cáncer, sino que sentirá su influencia como muy diferenciada.

Para darles un paralelismo, puedo presentar lo siguiente. Imaginen que organizan a su alrededor un círculo de doce personas de tal manera que aquellos que con los que simpatizan más ocupan una parte del círculo, luego se van colocando los menos comprensivos, hasta que en el otro lado tienen a todos aquellos que les son antipáticos. (No estamos imaginando el grado de simpatía o antipatía que resulta de cualquier emoción personal; puede ser simplemente una cuestión de apariencia externa). Ahora si dan la vuelta dentro del círculo, doce imágenes pasan frente a la visión y al mismo tiempo experimentan una serie graduada de sensaciones diferenciadas. El hombre se da cuenta de tal serie de sensaciones si, después de alcanzar la percepción Imaginativa, se mueve dentro del Zodíaco. Una gradación similar de sensación, una gradación de visión similar se produce en él, y tiene lugar dentro de él en el momento en que escapa de la indiferencia de la existencia sensorial ordinaria. Por lo tanto, cuando tratamos con estas diversas secciones del espacio no hay uniformidad, ya que debemos ser conscientes de que cada una de estas direcciones ejerce una influencia diferente sobre nosotros.

Verán, aquí sale a la luz un hecho íntimamente conectado con la evolución del Hombre. Si hubiera permanecido en la etapa de la antigua conciencia, la conciencia pictórica atávica, todavía experimentaría con fuerza la realidad de esta diferenciación en las diversas secciones de los cielos; habría sido consciente de una sensación de simpatía hacia una dirección del espacio y antipatía hacia otra. Sin embargo, el hombre ha sido liberado de este juego de fuerzas en el cual estuvo conscientemente rodeado en un momento, y ha sido liberado de él simplemente por el hecho de que su organización actual lo ha colocado en el mundo de los sentidos. Pero el Hombre en realidad está organizado de acuerdo con las leyes cósmicas, incluso ahora puede ser probado mediante experimentos bastante externos, si se presta atención a ciertos fenómenos. Porque de ninguna manera es una tontería decir que ciertas enfermedades se pueden curar más rápidamente si la cama del paciente se coloca en la dirección de Este a Oeste. No es una superstición sino un hecho capaz de una prueba definitiva. ¡Pero esto no pretende ser una recomendación para que cada uno de ustedes coloque su cama en una determinada posición! ¡He tenido tantas experiencias en este sentido, que creo necesario interponer aquí unas palabras de advertencia! por ejemplo una vez me sucedió en Berlín, al final de un discurso antroposófico. Puse un cierto énfasis en el hecho de poder ponerme mis chanclos porque estaba lloviendo, sin sentarme, diciendo que esto se podía hacer al pararse sobre una pierna y luego sobre la otra, y agregué ‘Y uno debería ¡poder pararse sobre una pierna!”. Esto fue tomado por algunos antropósofos de tal manera que, al regresar de Londres a Berlín, descubrí que a los miembros de la Sociedad Antroposófica de allí se les recomendaba, como entrenamiento esotérico, pararse sobre una pierna por un corto tiempo en la medianoche!. Muchas aseveraciones sobre nosotros tienen una buena base. Una y otra vez se dicen cosas de este tipo y luego se abren camino en este o aquel artículo periodístico con la pluma de una persona bien o mal dispuesta, generalmente lo último. Entonces, repito, no tengo ningún deseo de recomendarles a cada uno que coloquen su cama en una posición particular. Sin embargo, este hecho y muchos otros muestran que aún hoy, en la parte interna o subconsciente de su ser, el Hombre todavía se encuentra en cierta relación con estas diferenciaciones espaciales externas, en las cuales ha sido colocado.

Ahora, ¿a través de qué medios posee el Hombre estas relaciones? Las posee a través de su cuerpo astral, que establece estas relaciones. Solo son posibles para él porque a través de su cuerpo astral, el Hombre es un habitante del mundo astral, un mundo que, aunque actúa sobre el Espacio, no es en sí mismo espacial. Solo concebimos el Zodíaco en todo su significado cuando lo tratamos como el representante más allá del mundo astral. Y ahora, sin tener en cuenta las teorías astronómicas actuales, examinemos estos fenómenos que aparecen ante nuestro sentido de la vista. Sabemos que, de hecho o aparentemente, el Sol pasa a través del Zodíaco de diferentes maneras; en su curso diario, en su curso anual, y de nuevo en su curso hasta el año platónico, a través de la precesión de los equinoccios. Esto apunta al hecho de que los efectos sobre nosotros de esa bola de éter absorbente llamada Sol varían enormemente, ya que provienen de las diferentes direcciones del espacio. En un momento, la energia del Sol nos afecta desde una parte que llamamos Aries, en otro momento desde una sección diferente y así sucesivamente. Tomando el caso de un habitante de nuestra propia parte del globo, podemos ver que en cualquier momento dado tiene frente a él la mitad de los signos zodiacales, mientras que la otra mitad está oscurecida por la Tierra. En otras palabras, estamos tan ubicados en relación con esta diferenciación del Espacio, que estamos dirigidos directamente hacia una parte del Zodíaco, mientras que entre la otra y nosotros mismos esta la Tierra. Obviamente esto no tiene nada que ver con un movimiento real o aparente; es un hecho simple que en cualquier momento dado enfrentamos una parte del Zodíaco, mientras que la otra parte es interceptada por la Tierra. Ahora, por favor, intenten imaginar estas secciones del espacio con nuestra Tierra oscureciendo algunas de ellas. ¿Qué significa para nosotros? Está claro que la mitad nos influenciará directamente, la otra no directamente, sino más bien, debo decir, a través de su ausencia. En un momento tenemos el trabajo directo de estas regiones diferenciadas del espacio, en otro momento el funcionamiento de su ausencia, el efecto, por así decirlo, de su falta de presencia. Este hecho es algo que está activo en nosotros y nos permite, en cierta medida, poner en una especie de relación lo que está trabajando directamente sobre nosotros y lo que está ausente, de cuya influencia directa somos eliminados. Porque abre otra posibilidad.

Digamos, desde la dirección de Cáncer, procede cierto tipo de influencia. Esto se opondría a la influencia de Capricornio, pues este último estaría ocultado, estaría interceptado. En consecuencia, tengo en mí la influencia de Cáncer y me opongo a la influencia capricorniana interceptada; la influencia de Cáncer, en cierto sentido, queda en mí, la tengo en mis manos, por así decirlo. Por supuesto, lo que está ausente no puede actuar sobre mí de la misma manera que lo que está presente; pero gano una cierta influencia con respecto al Signo que actúa sobre mí en razón de la oposición a su antítesis interceptada. A través del hecho de que estoy en la Tierra, las influencias celestiales se vuelven bastante diferentes de lo que serían, si estuviera flotando libremente en el espacio y directamente expuesto a todas ellas. Quiero que entiendan este punto especialmente, y luego se darán cuenta de que no puedes decir simplemente: sobre nosotros tenemos los signos Aries, Piscis, Acuario, etc., y debajo de Libra, Virgo, etc., pues tendrán que concebir el todo como una organización, con ustedes mismos insertados. Y a medida que avanzan, a causa de la rotación de la Tierra, de signo a signo, están siendo llevados a través de todas estas influencias directas a la vez. Aquí en un punto, la influencia de Escorpio fue obstaculizada y allí en otro punto has sido llevado a ella. Una analogía seria tomar comida; tenías hambre, la comida no estaba allí dentro de ti, pero después de la comida la comida está presente dentro de ti. La influencia de Escorpio estuvo ausente aquí, pero en este otro punto se activó. Y así formamos conexiones con el Cosmos circundante a medida que entramos en diferentes relaciones con él a través del movimiento de la Tierra.

Pero, ¿es el hombre consciente de estas influencias variables, mientras está todavía en el plano físico? No, no lo es; hemos visto que el mundo físico lo aleja de ellas. Pero en el momento en que se retira con su cuerpo astral y el yo de sus cuerpos físico y etérico, se encuentra dentro de estas fuerzas; ellas actúan directa y fuertemente sobre él. Estas influencias extraterrenas y celestiales comienzan entonces sobre esa parte del Hombre que ya no está conectada con lo físico y etérico; actúan sobre él tan poderosamente como el alimento sobre el cuerpo físico. Es solo este descenso a lo físico la causa de la retirada del hombre de estas influencias externas. Por lo tanto, podemos considerar que el cuerpo astral es, en cierto sentido, parte del universo celestial, y no del terrestre, porque cuando, junto con el yo, está fuera del cuerpo físico, tenemos que coordinarlo con la no-influencia terrestre.

Al considerar el asunto de esta manera, gradualmente llegamos a la conclusión de que el hombre se vuelve receptivo a estas fuerzas celestiales en la medida en que deja de actuar a través de los órganos de su cuerpo físico, es decir, cuando esta, a través de esta no actividad, más o menos en estado de sueño. El hombre cuando es niño está siempre más o menos dormido, por lo tanto, el niño es mucho más receptivo a las influencias celestiales que el hombre. A medida que crece, se va abriendo camino cada vez más a las condiciones terrenales. Durante la infancia, todo lo que está dentro de la piel sigue siendo plástico y en estado de formación. Los poderes formativos se vuelven cada vez menos activos con los años, hasta que, en un momento considerablemente posterior de la vida, se vuelven muy pequeños.

Esto muestra que el proceso de formación físico interno se encuentra en cierta relación con los movimientos y configuraciones del Universo celestial externo. Pero la parte de nuestro ser que, en lo que concierne a la conciencia, permanece en un estado continuo de sueño —como nuestra actividad cardíaca, nuestro proceso digestivo, etc.; de hecho, todos los procesos físicos internos— toda esa parte de nuestro ser permanece bajo la influencias de lo suprafísico durante toda nuestra vida. (Estos procesos son inducidos de la misma manera que el proceso que sigue cuando doy un paso adelante conscientemente, solo que todos están dirigidos hacia adentro en lugar de hacia afuera). Tomemos un ejemplo característico. Por medio de los movimientos internos de los intestinos, el quimo toma un impulso en su camino. Estos son movimientos internos dentro del límite de la piel humana, y por lo tanto, como dijimos, dependen de lo que está más allá de la Tierra. Fundamentalmente, el hombre como Hombre depende solo de lo terrestre, de la materia terrestre ponderable, de todo lo que le afecta desde fuera de su piel. Pero en el momento en que cualquier acto o circunstancia exterior se traduce en actividad dentro de la piel, entonces comienza en su organismo una actividad que está relacionada con lo suprasensible. Cuando tomas un trozo de azúcar en la palma de tu mano, sientes su peso físicamente, lo elevas a tus labios; el proceso sigue siendo físico, pero tan pronto como lo disuelves en la lengua y entra en la esfera del gusto, ya no queda dentro del alcance de los procesos terrestres, sino que queda sujeto a las fuerzas extraterrestres. Para encontrar el funcionamiento de lo extraterrestre, debemos penetrar en lo que está encerrado dentro de la piel humana. Esto nos llevará a darnos cuenta del hecho de que, mientras andas por el mundo, te rodeas, por así decirlo, de todo tu ser, estás en el reino de lo terrenal. Pero tan pronto como uno entra, incluso dentro de la organización física, ya no está en el ámbito de lo Terrenal, sino que ha entrado en una esfera que depende de fuerzas extraterrenales. Pueden demostrárselo fácilmente a ustedes mismos en el hecho de que dentro de nosotros reside algo que no se fusionó con la existencia terrenal, si recuerdan el hecho tantas veces repetido, de que el cerebro humano flota en el fluido meníngeo. Si este no fuera el caso, la presión del cerebro sobre los órganos colocados en el piso del cráneo aplastaría todos los vasos sanguíneos. Cualquier libro de texto que trate estos asuntos le dirá el peso del cerebro. Si su elección es un “Bischoff”, notará que afirma que el cerebro femenino es mucho más ligero que el del hombre, afirmación que se volvió absurda más adelante, para el deleite de las damas, cuando se descubrió al ser examinado, que el cerebro del propio Bischoff demostró tener mucho menos peso que el cerebro más ligero examinado por él. Esto es por cierto, solo un ejemplo del valor general de los juicios humanos. Sin embargo, el cerebro humano, que posee un peso considerable (al menos de 1.200 a 1.300 gramos), no ejerce presión de ninguna manera, de acuerdo con su peso real, sino solo, como podríamos decir, un peso de comparativamente pocos gramos, por la presión hacia arriba del líquido meníngeo. Recuerden la ley de Arquímedes, según la cual el peso de un objeto se reduce por el peso del agua que desaloja.

Por lo tanto, la presión del cerebro es igual a solo unos pocos gramos porque flota en el líquido. Si tuviera una tendencia a presionar hacia abajo con todo su peso, el hombre no podría usar su cerebro para pensar. Supera su peso porque esta flotando en el líquido. No pensamos en la cuestión del cerebro, sino en aquello que se retira de la materia, con las fuerzas ascendentes, con lo que crece más allá de la Tierra. Y debemos seguir con esto en todas las partes de la organización del hombre. Así como interiormente nos retiramos de las fuerzas de la gravedad terrestre en el caso del peso del cerebro (exteriormente, por supuesto, esto es imposible, el cerebro sobre la balanza muestra su peso real, incluso mientras está dentro de nosotros), del mismo modo nosotros también nos separamos de las fuerzas físicas y químicas terrenales de otro tipo.

 ¿Qué nos permite separarnos de estas fuerzas? Es el yo y el cuerpo astral. Tan pronto como estos actúan sobre el cuerpo etérico y físico retiran lo etérico de lo físico, la fuerza absorbente se ausenta y solo queda la materia ponderable. La materia ponderable no es parte de la Tierra, ya que la Tierra no la retiene en su forma original, sino que la destruye. Las fuerzas terrestres no contienen en ellas lo que le da al hombre su forma. Eso no es difícil de comprender, ya que hemos visto que nos separamos interiormente de las fuerzas terrestres. Con todo lo que entra en él a través del cuerpo astral y del yo, el hombre se relacionado con las fuerzas que están activas más allá de la Tierra.

Nuestra siguiente pregunta puede ser: ¿cuál es la naturaleza de esta relación? Para determinar esto, debemos de alguna manera estudiar la calidad y naturaleza del Hombre. Encontramos en primer lugar su forma o figura completa. No me refiero con esto a la forma que dibujaría si fuera a hacer un boceto de él, sino a toda la configuración, toda la formación del Hombre. Incluirá, por ejemplo el hecho de que los ojos se colocan en la cara y los talones en los pies; porque esto es parte de la configuración interna del Hombre de acuerdo con la ley. Los pintores expresionistas pueden afirmar que el Hombre puede ser dibujado de tal manera que su dedo del pie tome el lugar de su nariz, o que un ojo se coloque aquí y el otro en su mano. Sí, realmente existen tales personas, pero solo muestran la poca relación interior que tienen con el mundo. De hecho, en estos días hemos avanzado tanto en el pensamiento materialista como para poder representar cosas individuales por separado, cuando realmente pertenecen al todo y no deben representarse por sí mismas.

Tenemos, por lo tanto, primero la forma completa del hombre; y este, como saben muy bien, no se produce como cuando se modela una figura tallándola en madera, por ejemplo, sino que se forma desde dentro. Ni siquiera podríamos volver a tallar ninguna parte que no cuente con nuestra aprobación. La forma humana está modelada por fuerzas que residen en la periferia y son fuerzas que vienen de más allá de la Tierra. Por lo tanto, cuando contemplamos la forma humana, estamos viendo un producto de lo extraterrenal.

En segundo lugar, podemos distinguir en el Hombre, además de su forma, todo lo que esta dentro de la categoría del movimiento interno. Tomemos, por ejemplo, la sangre y los otros jugos corporales; estos poseen movimiento interno. Esto también se produce desde adentro; esta, por así decirlo, situado incluso más profundamente en el hombre que su forma. Esta última avanza hacia la periferia, mientras que el movimiento interno tiene lugar completamente dentro; y nuevamente es un proceso que se encuentra en relación con el mundo que está más allá de la Tierra.

En tercer lugar, la actividad de los órganos. Órganos como los pulmones, el hígado, el bazo, etc., son los responsables de las actividades dentro del Hombre, y son estas actividades las que nombraré como el tercer hecho que encontramos en el Hombre. No es necesario que esto les sorprenda, más bien debería llevarles a buscar la razón.

Consideren por ejemplo, un órgano importante, a saber, el corazón, del cual recientemente he hablado en repetidas ocasiones. Nos damos cuenta de que en cierto sentido, el corazón ha sido soldado.

Al seguir la Embriología, encontramos cómo el corazón se va soldando gradualmente o se acumula, por así decirlo, por la circulación sanguínea, y no es una forma primaria. Esto es verificado por la Embriología. Y lo mismo ocurre con otros órganos.   Son el resultado de estas circulaciones, más que las causas de ellas. Dentro de los órganos, la circulación se paraliza, sufre una especie de metamorfosis y avanza de otra manera.

Para ilustrar la idea, digamos que tenemos una corriente de agua que cae sobre una roca. Lanza una variedad de formaciones y luego fluye. Estas formaciones son causadas por las fuerzas del equilibrio y el movimiento en ese lugar. Ahora imaginen que de repente todo esto se petrificara; se formaría como una piel a modo de pared, luego el resto seguiría fluyendo de nuevo, y tendríamos una estructura orgánica formada. Deberíamos hacer que la corriente atraviese la estructura y que vuelva a salir y fluir más allá de forma alterada. Pueden imaginar algo como esto en el caso del flujo de la sangre, que circula por el corazón. Solo puedo indicar estas cosas aquí. Están bien fundamentadas, pero aquí solo se puede dar una indicación de ellas.

Aunque los órganos en la manera de su formación dependen del flujo de las fuerzas internas, sin embargo, son algo de la parte interna del Hombre que de nuevo entra en relación con lo que está afuera. Aquí tenemos algo que, como pueden ver en un ejemplo que daré, se encuentra en una relación más cercana con lo terrenal; a través de estos órganos, somos llevados desde el interior al contacto con el exterior.

Tomen el caso de los pulmones. Los pulmones son órganos, pero a la vez son la base de la respiración. Como instrumento para la transmutación del oxígeno inhalado en el ácido carbónico exhalado, los pulmones forman una relación con algo que tiene significado para el Hombre, pero que aún existe fuera de él en el ámbito de lo Terrenal. De esta forma regresamos, por así decirlo, al entorno terrestre a través de las actividades orgánicas. En el momento en que sobrepasamos, a través de la actividad orgánica, el límite de nuestra piel, estamos fuera, en la esfera terrestre. Verán, todos estos procesos que tienen lugar completamente dentro de nosotros, la formación y regulación de movimientos fluídicos, etc., se encuentran en una relación con lo extraterrenal; mientras que cuando llegamos a los órganos, nuevamente nos acercamos a lo terrestre. Aquí tenemos en el Hombre la unión del Cielo y la Tierra. Los pulmones están formados por seres extraterrestres, pero lo que hacen con el oxígeno los relaciona con lo terrenal. Y ahora, cuando el hombre toma sustancias aún más terrenales y las recibe en su organismo, entra en contacto inmediato, a través del proceso del metabolismo con lo verdaderamente terrenal.

Por lo tanto, podemos estudiar al hombre desde cuatro puntos de vista diferentes: La Forma completa, en la medida en que esta se construye desde adentro hacia afuera; Movimiento interno, actividad orgánica y metabolismo. Si estudiamos la forma completa, que está totalmente construida por fuerzas internas, encontramos que es de todas la que menor conexión tiene con la Tierra.

Este punto se explicará más mañana. Solo comenzaremos a comprender esta conexión cuando relacionemos, como haremos mañana, la forma completa del Hombre con  el Zodiaco. El movimiento interno, la circulación de la sangre, la linfa, etc., solo pueden concebirse en su realidad, cuando los relacionamos con nuestro sistema planetario. Y cuando llegamos a la actividad de los órganos, ya nos acercamos a lo terrestre.

adzodiaco

 

Les di el ejemplo de los pulmones, que, en lo que respecta a su construcción interna, están formados por fuerzas extraterrestres, pero en relación con el oxígeno están en relación con el aire. Otros órganos humanos entran en relación con el agua, otros de nuevo con calor, etc. Por lo tanto, al estudiar la actividad de los órganos, entramos en contacto con el mundo Elemental —con fuego, agua, aire. Solo cuando nuestras observaciones se centran en la asimilación real o el metabolismo, estamos en la esfera de la Tierra. El mundo Elemental es aquel que abarca la Tierra como la esfera del agua y del aire, y solo cuando nos encontramos con el proceso del metabolismo, nos acercamos a la relación del Hombre con la Tierra misma.

De esta forma podemos descubrir la relación del Hombre con el Universo que lo rodea:

Zodiaco (1) Forma completa
Mundo de los Planetas (2) Movimiento interno
Mundo de los Elementos (3) Actividad de los órganos
Tierra (4) Metabolismo

 

Y ahora consideren, si entendemos la forma del Hombre en toda su naturaleza y condiciones, y encontramos la posibilidad de rastrearlo hasta el Zodíaco —es decir, el mundo de estrellas fijas — solo en ese momento podemos formarnos, desde el Hombre, una idea de todo lo que nos es visible en el espacio circundante; porque no puede ser investigado por medios mecánicos o matemáticos, sino solo a través del conocimiento de la forma completa del Hombre. Tampoco los movimientos planetarios pueden ser examinados simplemente por medio de un telescopio. Con un telescopio uno encuentra sus posiciones, colocándolo primero frente a una estrella y luego frente a otra, encontrando el ángulo, y de esta manera ir descubriendo las posiciones. Lo que está realmente presente en los procesos del Mundo Planetario es algo que se forma desde adentro hacia afuera. Es por un estudio de las actividades de los jugos y la savia en el hombre que aprenderemos a comprender las actividades planetarias. Del mismo modo, si comprendemos nuestras propias actividades orgánicas, también comprenderemos lo que sucede en el mundo elemental; y cuando seamos capaces de comprender lo que sucede en el Hombre en el momento en que se introduce la sustancia terrenal en su sistema metabólico, poseeremos la clave de las actividades de la Tierra y podremos separarlas espacialmente de todas las actividades extraterrestres.

 

 

 

Traducido por Gracia Muñoz en Febrero de 2018.

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El Ser de la Navidad

Conferencia no Revisada de Willi Sucher – Rudolf Steiner Hall, 30 de Diciembre de 1955

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Señoras y señores, creo que se puede decir que la conciencia de la imagen de la Navidad ha crecido enormemente durante las últimas décadas. Incluso las tarjetas de Navidad tradicionales han cambiado de alguna manera, y ahora se puede ver en las felicitaciones copias de las antiguas pinturas de los pintores medievales sobre la Virgen y el Niño. Creo, por lo tanto, que está justificado contemplar esta imagen universal de la Virgen y el Niño, que queremos hacer esta noche.

Hay, por supuesto, algunos obstáculos en el cristianismo moderno que no permiten que la realidad del evento de Navidad, de la gran visión de la Navidad, llegue a una realidad completa. Creo que eso se debe principalmente a la incertidumbre sobre la historicidad del nacimiento de Jesús, que en cierto sentido ha sido creada por la investigación histórica moderna y también por la teología. La fecha tradicional del 25 de diciembre se introdujo durante los primeros siglos del cristianismo, y hoy en día no se sabe con certeza si esa fecha tradicional del 25 de diciembre fue realmente la fecha del nacimiento de Jesús,  de quien leemos en el Evangelio de San Lucas.

Hay opiniones que dicen más o menos que esos días, que ahora llamamos las 12 noches santas, coincidieron en la antigüedad con ciertas fiestas paganas que se referían a la salida del sol. Los Misterios del Sol estaban de alguna manera relacionados con esas festividades antiguas, y a veces se escucha la opinión de que el cristianismo primitivo tomó el control, o trató de hacerse cargo de esas fiestas y las revisó mediante el Misterio, la imagen o la visión del nacimiento de Jesús.

Ahora, esos Misterios del Sol, la salida del sol, que es algo tremendo a lo largo del año, jugaron un gran papel en la vida de aquellos que vivieron en la antigüedad.  En el transcurso del año vemos que el sol se levanta; comenzando desde el 21 de diciembre en adelante, vemos que el arco del Sol se eleva y se hace más y más grande hasta que llegamos al tiempo del pleno verano, cuando vemos el Sol en su punto más alto en el cielo. Luego, después del 23 de junio, el Sol desciende nuevamente; la “marca” diaria del Sol se hace cada vez más pequeña, y hacia el 21 de diciembre el Sol ha alcanzado nuevamente su punto más bajo. Así, en el transcurso del año, este momento en que el Sol volvía a subir e indicaba que la vida, el calor y la luz estaban renaciendo —que era la esperanza de que la oscuridad reinante de los días invernales se superaría algún día—era de enorme importancia y significado para la gente de la antigüedad. Por lo tanto, aquellos días en los que se veían los primeros signos de que el Sol estaba en realidad subiendo, comenzando el 25 de diciembre, esos 12 días se consideraban como el momento más significativo en el transcurso del año.

Estamos hablando aquí desde el punto de vista de la investigación antroposófica con respecto a ciertos hechos espirituales concernientes a la humanidad y la evolución del mundo. Desde este punto de vista, no podemos dejar de ver en los eventos de Cristo, que tuvieron lugar hace unos 2.000 años, eventos que conciernen a la evolución completa de este planeta en el sentido más profundo. También podemos imaginar, no debería ser demasiado difícil de aceptar, el hecho de que todos esos Acontecimientos, que están en el centro de la evolución total de nuestro planeta, se coordinaron con respecto a los eventos cósmicos.

Este es un hecho que ha sido elaborado por la ciencia del espíritu, que de hecho ha confirmado que esos eventos, que tuvieron lugar hace 2.000 años, estaban en total conformidad con los eventos en el cosmos. Espero más tarde tener la oportunidad de explicar de por qué fue así. Por lo tanto, podemos imaginarnos que el nacimiento de Jesús efectivamente tuvo lugar, al menos ese nacimiento del que escuchamos en el Evangelio de San Lucas, durante ese tiempo. Esto significa que el nacimiento de esa nueva Esperanza de la Humanidad, de esa Esperanza concentrada con respecto al futuro de nuestro planeta, en realidad tuvo lugar en conformidad con ese gran símbolo en el cielo, el del Sol naciente: el Sol que en el curso del año se aleja de la oscuridad llegando a las alturas del verano. Sin embargo, hay otro aspecto del que también debemos hablar.

Lo primero de todo es que celebramos la Navidad todos los años en recuerdo del día del nacimiento de Jesús. Por supuesto, esto se ha convertido más o menos en una tradición. Si uno solo toma el nacimiento de Jesús en el día tradicional del 25 de diciembre, como una especie de fecha adoptada y no como la fecha verdadera, la cual no podemos saber, entonces este evento anual tiene una base débil. Sin embargo, si podemos aceptar que los Eventos que tuvieron lugar hace 2.000 años estuvieron en conformidad con los eventos cósmicos, entonces nuestra celebración de Navidad tiene un significado mucho más profundo. Además, cada año volvería a coincidir con el gran símbolo cósmico del sol naciente.

Ahora, hay más en eso. ¿Por qué celebramos la Navidad como un evento que se refiere a algo más que esa misma noche del 24 al 25 de diciembre? ¿Por qué incluimos un intervalo de tiempo de 12 días, o más bien, como estamos acostumbrados a decir, 12 noches en la celebración de este festival?

El concepto de 12 noches es bastante lógico si piensan que a menudo hablamos, cuando se trata de intervalos de tiempo, no de días sino de noches. Hablamos, por ejemplo, de una quincena; o, en algunas Obras de Navidad, escuchamos “sennight”, que son siete noches —no siete días o 12 días o catorce días, sino que hablamos de una semana o quince días. Por lo tanto, lo que cuenta es el elemento de la noche. ¿Por qué entonces celebramos 12 días? ¿Son esos 12 días tan importantes? Aquí nuevamente, a este respecto, podemos revivir nuevamente la experiencia y la importancia de esos 12 días en nuestro tiempo fuera del conocimiento espiritual. Volvemos otra vez al misterio del Sol. Tal como lo tenemos en el momento del Sol naciente, después de su punto más bajo en el transcurso del año, también tenemos un misterio del sol escondido detrás del concepto de esos 12 días, detrás de la imagen de esos 12 días.

Imaginemos que el Sol está en el cosmos brillando en el espacio cósmico. Aquí tenemos la Tierra en la que vivimos. También sabemos que lo más cercano a la Tierra es nuestra compañera la Luna, que viaja alrededor de la Tierra. La Luna, al igual que la Tierra, tiene cierta relación con el Sol. Como cuestión de hecho, si uno investiga la naturaleza del Sol sobre la base de una ciencia espiritual, uno llega a concepciones bastante diferentes con respecto al Sol. Uno llega a la imagen real del Sol como la entidad central en nuestro universo solar, el que mantiene nuestro universo e incluso el creador de todo el universo solar. En nuestro tiempo, mucho después de la existencia del universo solar, este mismo Sol todavía mantiene ese universo solar, lo anima y lo hace trabajar y funcionar, en cierto sentido.

La Luna está viajando alrededor de la Tierra, y sabemos que en ciertos momentos esta Luna entra en una relación bastante definida, bastante específica al Sol, y ese es el tiempo de la Luna Llena. En tiempos de Luna llena tenemos el reflejo completo, como decimos, de la luz del Sol, que la Luna recibe en su superficie. Ahora es un hecho que esto sucede dentro de un cierto ritmo, y ese ritmo es de aproximadamente 29.5 días —es entre 29 y 30 días, que es, por supuesto, un mes. El concepto del mes en nuestro calendario se deriva de la Luna. Mes realmente significa el intervalo de una Luna— es decir, de luna llena a luna llena.

Si nos tomamos el tiempo de manera muy exacta, al observar las Lunas llenas en el transcurso del año, llegaremos a la conclusión de que hay 12 Lunas llenas en un año. A veces, bajo circunstancias muy específicas, es posible que haya trece Lunas llenas, pero eso es excepcional. Si tomamos el ritmo de la Luna —29.5 días— y lo multiplicamos por 12, llegamos a un tiempo de 354 días. Así tenemos en el curso de un año 12 Lunas llenas, que se agrupan alrededor de la Tierra de tal manera que tenemos una especie de progresión. Por lo tanto, llegamos a 12 Lunas llenas en el transcurso de un año. Sin embargo, como podemos ver, queda algo. El intervalo de tiempo de 354 días no cubre todo el año, porque sabemos muy bien que el año contiene 365 días, en realidad 365 y ¼ de un día. Esta cuarta parte de un día después se suma cada 4 años para producir un día bisiesto completo. Tenemos, pues, un año bisiesto cada cuatro años en nuestro calendario, dejando un tiempo sobrante de 11 a 12 días.

Ahora, durante el transcurso de un año, como sabemos, todo está en movimiento. Para demostrar este movimiento exactamente, tendría que mover la Tierra y también tendría que mover el Sol, y sólo entonces podríamos ver que hay un movimiento constante de ese ciclo de la Luna Llena en el transcurso del año. El Sol se mueve demasiado, pues bien, como decimos, está aparentemente en movimiento alrededor de la Tierra. Hemos aprendido en la escuela que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol, pero esto no debe preocuparnos tanto ahora. El Sol está aparentemente en movimiento alrededor de la Tierra, al igual que las lunas llenas se mueven alrededor de la Tierra, sólo que el Sol sería mucho más lejos. Por lo tanto, en 365,25 días el Sol se volverá exactamente a la estrella fija mismo donde estaba un año antes. Si pudiéramos ver el Sol después de 365 días, veríamos el Sol cerca de esa estrella fija mismo donde lo vimos el año anterior. Así tenemos este excedente de 11 a 12 días más allá de los 354 días de los 12 meses lunares.

Ahora, en el transcurso de un año, como sabemos, todo está en movimiento. Para mostrar este movimiento exactamente, tendría que mover la Tierra y también tendría que mover el Sol; y solo entonces podríamos ver que hay un movimiento constante de ese ciclo de Luna Llena durante el transcurso del año. El Sol también se está moviendo; bueno, como decimos, aparentemente se está moviendo alrededor de la Tierra. Hemos aprendido en la escuela que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol, pero esto no tiene por qué preocuparnos mucho ahora.   El Sol aparentemente se está moviendo alrededor de la Tierra, justo cuando esas Lunas llenas se mueven alrededor de la Tierra; solo que el Sol está mucho más lejos. Por lo tanto, en 365.25 días el Sol volvería exactamente a la misma estrella fija donde estaba un año antes. Si pudiéramos ver el Sol después de 365 días, veríamos al Sol cerca de la misma estrella fija donde lo vimos el año anterior. Por lo tanto, tenemos este excedente de 11 a 12 días más allá de los 354 días de los 12 meses de la Luna.

Este excedente está contenido en el hecho de las 12 noches santas. Las 12 noches santas son, por así decirlo, el excedente del sol en el año lunar, que claramente no se hace al azar. Como cuestión de hecho, en la antigüedad se encuentra que las personas organizaron su calendario de acuerdo con el ciclo de la Luna. ¿Por qué? Bueno, antes que nada, podían observar la Luna Llena y podían ver cuándo se desarrollaba la Luna Llena. Era un evento en el cosmos que podían observar y según el cual podían organizar su calendario. Eso fue algo que tuvo lugar visiblemente. Hubiera sido mucho más difícil para ellos descubrir el momento en que el Sol regresa a la misma estrella fija. Por lo tanto, el año lunar era mucho más ameno; pero, ya ven, estaba el problema de que ese año lunar de las 12 Lunas llenas hacia un año de solo 354 días, y esto no encajaba con el año de las estaciones.

En aquellas culturas cuyos años fueron calculados por el año lunar, que encontramos, por ejemplo, en el antiguo calendario hebreo y también en muchos otros calendarios de origen oriental, siempre había una diferencia de 11 a 12 días. Por lo tanto, tuvieron que insertar un mes bisiesto completo cada dos o tres años, como se hace incluso hoy en el calendario judío y también en otros calendarios. Ahora, ¿por qué es esto tan importante? ¿Qué podemos ver en este evento de las 12 noches santas que tiene lugar cada año y que también nos concierne? ¿Por qué deberíamos pensar que este evento anual es de tanta importancia con respecto a la celebración de la Navidad? Si tomamos la Navidad no solo como un evento de conmemoración (que por supuesto lo es) sino como un evento que tiene lugar, sobre todo, en el alma humana, entonces debemos de alguna manera crear un concepto apropiado de esta diferencia entre  el año lunar y el año solar.

La Luna —y esto se puede verificar de varias maneras— es un cuerpo, una entidad en el cosmos que trabaja en la Tierra;  No hay duda sobre eso. Eso puede ser investigado y confirmado. La Luna, en la Tierra, trabaja principalmente en la dirección de todo lo que concierne a la necesidad en nuestro planeta; por ejemplo, el crecimiento, como el crecimiento de las plantas, y muchas otras cosas también están conectadas con este influjo de la Luna en la esfera de la Tierra. En la Luna podemos ver un vehículo de fuerzas cósmicas que trabajan en la dirección de la “necesidad” y también funcionan, en cierto sentido, en la dirección de lo que incluso llamamos destino. La “necesidad” es aquello que simplemente no podemos circunnavegar mientras tengamos que vivir en un cuerpo en la Tierra.

El Sol es un vehículo de fuerzas bastante diferentes. Una vez más, debo decir que se puede demostrar muy bien por los medios, que han sido dados por la ciencia espiritual, que las fuerzas que usan el Sol como su vehículo de operación trabajan mucho más en la dirección de la libertad espiritual. El Sol: Bien, pueden imaginar un día de verano muy caluroso, no en nuestra latitud, sino ir más al sur, es decir al ecuador, e imaginar que el Sol estuviera brillando todo el día, todos los días. ¿Qué pasaría?.  La vida física se destruiría. Realmente eso sucede en las partes de la Tierra cercanas al ecuador. ¿Qué está trabajando ahí? Está operando un elemento que, en el extremo, demuestra lo que haría el Sol si estuviera solo en el cosmos. Disolvería externamente todo lo que está ligado a la existencia física y material. Desde un punto externo, las plantas morirían, los seres humanos no podrían vivir, y los animales se extinguirían. Estamos siendo testigos de un elemento que, por sí mismo, eliminaría la incorporación terrenal; es decir, el acto mismo de ser bajado a la tumba de la existencia física y material y de todo lo terrenal que generaría un valor espiritual, que solo se produce por el equilibrio entre el Sol y la Luna. Este es solo un ejemplo extremo. El Sol trabaja sobre la Tierra, y las fuerzas que usa el Sol como vehículo de su operación están funcionando todo el tiempo, incluso si el Sol no está brillando, o si está debajo del horizonte. Incluso entonces, el Sol está funcionando, porque la Tierra como un organismo integrado recibe el impacto del Sol desde el otro lado. Todo el tiempo el Sol está trabajando sobre la Tierra en la dirección de la creación de la libertad, del surgimiento de la libertad espiritual.  Es solo esa actividad de las fuerzas del Sol, que es contrarrestada por el elemento que proviene de la Luna que siempre tiende a guardar la vida en la existencia material. Por lo tanto, se establece en el cosmos un equilibrio perfecto que varía según las fases de la Luna y también según la posición del Sol. La posición relativa del Sol varía, pero sin embargo hay una especie de equilibrio establecido entre los dos: la Luna y el Sol. Pero durante la época navideña, cuando el año lunar ha finalizado y la siguiente Luna Llena debe ser contada en el año próximo, la Luna “se retira”, por así decirlo, de ese año.

Entonces las fuerzas del Sol, a través de la superposición natural y cósmica, predominan durante 11 a 12 días. Tenemos pues un funcionamiento puro del Sol en el elemento de la Tierra. Es durante este tiempo, durante esas 12 noches santas, que realmente podemos experimentar un momento en el año durante el cual podemos despertar en nosotros mismos si nos preparamos adecuadamente, por ejemplo, tomando el tiempo de Adviento como preparación  para  una realidad.

Entonces podemos experimentar realmente un elemento en la Tierra que puede ayudarnos a experimentar, a realizar, un Sol espiritual. Es posible que experimentemos algo que nos pueda guiar, algo que nos brinde una plataforma sobre la cual apoyarnos, o que pueda indicar una puerta, un camino hacia la realización de la libertad espiritual. Por lo tanto, la Navidad no es solo un evento que quiere referirnos al pasado, a lo que ha sido, a lo que tal vez tuvo lugar hace unos 2.000 años. Es también un evento que puede renovarse y convertirse en una experiencia real en nuestra alma. Si nos preparamos y tomamos precauciones, nuestra vida anímica no estará demasiado comprimida por los impactos de la civilización, que nos rodea en la época actual, de una manera casi aterradora. En un sentido cósmico, podemos ver todo esto, como imagen renovada de esa gran visión la Virgen y el Niño: la imagen que alcanzó su punto culminante, en cuanto a la representación pictórica, es la Madonna Sixtina de Rafael Santi. En todo esto que hemos estado diciendo hasta ahora, está escondido el secreto de la Virgen y el Niño, aunque puede no haber sido aparente.

¿Qué es lo que tenemos aquí en las fuerzas lunares? En todo lo que se necesita en la existencia de la Tierra?  No podríamos vivir en este planeta sin la Luna. Sin la Luna no habría vida; ni siquiera habría agua en este planeta, en cuyo caso no podría haber vida en la Tierra. Muy a menudo hablamos de la Luna como una ceniza cósmica, algo que está completamente seco, un desierto completo, y que el crecimiento de la vegetación no es posible en ese planeta. Seguramente eso es así, pero solo en este mismo hecho —que la Luna aparece allí en el cosmos como una tremenda ceniza, como un tremendo desierto— ahí yace el tremendo sacrificio que han realizado las fuerzas que están conectadas con la Luna, que usan la Luna como su vehículo. Han sacrificado todo lo que está conectado con el agua, con el elemento líquido, con el elemento fluido en la Tierra; y por lo tanto, la Luna puede trabajar aún más en lo que ha regalado, en lo que ha dejado atrás, incluso, en la Tierra. Por lo tanto, la Luna es un elemento de fructificación, en lo que respecta a nuestra Tierra, un elemento de éter constantemente vivificante. Si tomamos el camino de la órbita de la Luna alrededor de la Tierra como una realidad, entonces encontraríamos en ese espacio que rodea a la Tierra, el cielo azul. Y en ese cielo azul se encuentra algo así como el gentil manto de fuerzas que son similares, en un sentido cósmico, a lo que se ve en la imagen como la del manto azul en la Virgen Sixtina. Necesitamos esto, porque no podría haber vida en la Tierra si no tuviéramos ese elemento lunar. Por lo tanto, es un elemento Maternal, en cierto sentido, que le da a la existencia de la Tierra la posibilidad de vivir, de existir y de crecer en el transcurso del año. En todo lo que tenemos a través de la Luna, también hay un elemento Maternal, en el más verdadero sentido, contenido en las fuerzas de la Luna.

madona sixtina

¿Y qué hay del Sol? Como dije antes, en el Sol tenemos un elemento que nos lleva a otro principio en el cosmos, que se opone, o parece oponerse a lo que es el elemento contenido en la Luna. El Sol quiere llevarnos a la libertad espiritual, y conectado con ese Ser del Sol (hay, por supuesto, grandes misterios conectados con el Sol, pero no creo que podamos enumerarlos todos esta noche) son fuerzas que quieren guiar al universo hacia la libertad espiritual, hacia lo que en realidad es la superación de la muerte mediante la disolución de la materia. En un sentido externo, habría decadencia; por ejemplo, si las fuerzas del Sol funcionaran solas, habría algo así como un proceso de contracción. Por otro lado sin embargo, tenemos la posibilidad de un nacimiento espiritual, de salir de la prisión de la existencia material, y eso es lo que hace el Sol y las fuerzas que usan el Sol como vehículo. Así podemos ver que así como en la Luna está contenido ese elemento Maternal de preservar la vida, de crear vida, de traer esa fuerza de brote alrededor del tiempo de la Luna Llena de Primavera (porque siempre la Luna Llena está conectada con el brote de vida en la Tierra), así hay un elemento disolviéndose en el elemento espiritual del Sol.  No es tanto lo que llamamos el Sol en el cielo sino lo que se destaca como fuerzas espirituales detrás de esa entidad cósmica. Ahí tenemos un elemento que nos llevará a la libertad espiritual, a un nacimiento en el espíritu. Así, podemos encontrar de nuevo, desde una dirección diferente, lo que es el Niño, a saber, el Niño de la Esperanza, la Esperanza de la evolución, del futuro progresivo de lo que finalmente encontramos en el impulso Crístico.

 

Por lo tanto, todos los años, debido a que existe una justificación de los hechos cósmicos, es necesario celebrar ese momento cuando las fuerzas de la Luna entran en un segundo plano y donde las fuerzas del Sol pueden trabajar sin obstáculos en el cosmos. Es un momento en el año en el que realmente podemos celebrar el nacimiento de ese nuevo impulso de libertad espiritual, el impulso de Cristo, donde podemos celebrar el nacimiento de ese impulso y hacerlo realidad incluso en la vida diaria, llegando directamente a los hechos prácticos. Creo que el futuro de la civilización humana, mucho dependerá de la comprensión de estos hechos que están relacionados con las estaciones del año, como por ejemplo la Navidad. Mucho dependerá de la realización de esos hechos, porque necesitamos esa orientación, necesitamos esa experiencia interior, esa toma de conciencia de lo que ocurre con respecto a todo el organismo de la Tierra y con respecto al cosmos que nos rodea.

Sin embargo, también hay un tercer aspecto, un gran aspecto cósmico que nos puede acercar a la realidad de la conexión entre la Madre y el Niño, acerca de esa gran visión presentada a la humanidad por los pintores medievales.   Este tercer aspecto es la relación entre lo que uno podría llamar, en un sentido cósmico, la relación entre Sophia y el Cristo. Esto es algo de lo que tenemos una gran necesidad en nuestro tiempo. El cristianismo, en la medida en que descansa en los pilares de la tradición y principalmente en los pilares de esa tradición contenida en los Evangelios, ha entrado en una crisis tremenda. Los mismos soportes del cristianismo parecen desmoronarse. Podemos visitar muchos lugares y naciones en toda la Tierra, y encontraremos en todas partes el mismo cuadro: la humanidad cristiana ha perdido gradualmente la comprensión del contenido de los Evangelios. El desarrollo de las ciencias naturales modernas ha tenido un gran impacto en la comprensión de la humanidad moderna, incluso en nuestro enfoque de lo que contienen los Evangelios. Piensen en el Evangelio de San Juan donde habla de las siete grandes obras, las Siete Señales. ¿Quién puede aceptar, sobre una base científica, tal cosa como una de las Siete Señales, por ejemplo, la alimentación de los cinco mil o la resurrección de Lázaro o cualquiera de los otros siete signos? ¿Quién puede aceptar esto? La humanidad cristiana está en una posición deplorable. Solo puede aceptar con fe ciega lo que se presenta en los Evangelios, y solo si ignora por completo todo lo que viene desde el ángulo del materialismo en la conciencia moderna, como los hechos que la ciencia natural moderna ha descubierto. Las preguntas son: “¿Cómo va a continuar esto? ¿Podemos encontrar alguna solución, o el cristianismo está condenado a desaparecer de este mundo? Creo que debemos encontrar nuevas bases para comprender lo que está contenido en los Evangelios; y aquí nuevamente debo decir que la ciencia del espíritu, o antroposofía, puede dar una base sólida para la comprensión de los eventos que se describen en los Evangelios. Además, me gustaría hablar hoy de algo más que está realmente relacionado con esto, y esa es la relación de Sophia, o Isis, como la llamaban en la antigüedad, con el Cristo.

 

Encontramos en Egipto —en el Egipto actual— la visión, la imagen de la Virgen con el Niño. Existen estatuas que muestran a la Diosa Isis con el Niño, el bebé Horus, en su regazo. Podemos preguntar: “¿Cómo es posible? ¿Qué significa que estas cosas existan mucho antes de que ocurrieran los eventos en Palestina?”. Sobre la base de la ciencia espiritual, quizás pueda decir, en el momento, que esas imágenes en tiempos precristianos son en realidad una especie de previsión de lo que vendrá. ¿Por qué es así? Isis, la antigua diosa de la mitología egipcia, también fue llamada la Reina del Cielo; y, por supuesto, en varias naciones ella tenía diferentes nombres. Ustedes ven en representaciones antiguas, por ejemplo, la diosa que se extiende por el cielo. Ella está parada en un extremo del mundo; el mundo se imagina, por supuesto, algo así como un disco plano. Ella se para en un extremo del mundo y llega al otro extremo. Se inclina sobre la Tierra y su cuerpo lleva las estrellas. Ella es en realidad el Ser, el Ser del Alma de las estrellas, lo que vive detrás de las estrellas.

Luego llegó el momento en que los misterios antiguos, toda esa gran y maravillosa sabiduría de la antigüedad, de la que ahora tenemos poco conocimiento, llegaron a su fin. Se acercó el tiempo donde la humanidad gradualmente perdió toda esa conexión instintiva y contacto con el mundo espiritual divino. Así también se perdió el conocimiento de la Divina Isis del mundo divino. Esta pérdida fue en realidad una pérdida para la humanidad, ya que los dioses nunca pueden morir; por lo tanto, debemos darnos cuenta de que Isis nunca murió. Lo que murió fue algo en el corazón de la humanidad, haciéndole incapaz de alcanzar a Isis, de tener una verdadera experiencia interna del ser de Isis. Esto fue comprimido, por así decirlo, en la leyenda de Osiris, que tal vez conozcan.

 

También hay una leyenda de la muerte de Isis. Ella fue asesinada por un oponente de la evolución normal, a quien hoy llamamos Lucifer. Lucifer mató a Isis. Su esposo, Osiris, fue asesinado antes, y Osiris fue bajado a la tumba de la Tierra; en realidad, su cuerpo fue cortado y las piezas fueron enterradas en toda la Tierra. Isis también fue asesinada, pero por Lucifer, y colocada en la Tumba de los Cielos. Ahora debemos aprender a entender esta maravillosa leyenda. ¿Qué quiere decirnos? Quiere decirnos que hay un Ser, hay un poder trabajando en la Tierra —en el alma de la humanidad— que quiere permitirnos usar nuestros sentidos para ver solo lo que es visible. Por ejemplo, el Sol visible, las estrellas visibles, todo lo que se nos aparece y que podemos percibir a través de nuestros sentidos. Ese poder de Lucifer quiere hacer o formar nuestra constitución en una constitución que está dirigida solo hacia lo que nos aparece como el mundo visible. Así, esta leyenda habla de una tendencia en nosotros que está dirigida solo y exclusivamente hacia el mundo de los sentidos. Esa fuerza, por supuesto, mataría algo en nosotros, eliminaría algo de lo que la antigua humanidad era instintivamente consciente, y ese es el hecho de que detrás de lo visible hay fuerzas espirituales invisibles. Hay fuerzas espirituales y seres espirituales trabajando, quienes en primer lugar crearon el mundo cósmico, ese mundo de las estrellas y aquello que lo dirige. Por lo tanto, Lucifer intentó e incluso logró, hasta cierto punto, matar algo en nosotros que originalmente era capaz de percibir el Ser de Isis detrás del mundo de las estrellas visibles. Miren a su alrededor: tenemos una astronomía moderna, hemos acumulado un tremendo conocimiento sobre el mundo cósmico, hemos llegado a conclusiones fantásticas con respecto al tamaño del Universo, hemos calculado sus distancias, las hemos medido, e incluso hemos intentado pesarlas. Hemos tratado todo el cosmos en la astronomía moderna como una máquina y nada más que una máquina. Ya no hay vida en este cosmos. Ha habido una tendencia en el trabajo en la humanidad, que ha creado paso a paso y muy lentamente, una capacidad unilateral que es una certeza altamente cultivada pero dirigida solo hacia lo que se puede ver.

 

Imaginen por un momento, todo lo que se ha hecho y todo lo que se ha logrado en la astronomía moderna se ha construido exclusivamente con el sentido de la vista. Saben que uno habla generalmente de cinco sentidos —la ciencia espiritual incluso habla de 12 sentidos— y de todo ese cosmos de sentidos, hemos escogido para la base de nuestra información en astronomía ese único sentido: el sentido de la vista. Ciertamente, el astrónomo moderno preguntaría: “¿Qué otra cosa podríamos hacer?” Pero hemos distinguido el sentido de la vista y lo hemos convertido en el único espectador en el mundo de las estrellas. Por lo tanto, Isis fue asesinada; pero los Dioses nunca pueden morir, solo pueden morir en la conciencia humana, y eso es lo que ha sucedido. Lo que necesitamos es un nuevo despertar de esas fuerzas.

 

Como dije antes, Isis fue experimentada en la antigüedad como una fuerza maternal en el cosmos. La gente en la antigüedad se dio cuenta de que habían nacido de la totalidad del cosmos, y la ciencia espiritual moderna, trabajando realmente con medios que pueden probar estos hechos, ha encontrado de nuevo esta verdad: que nacemos de la totalidad del Cosmos. En realidad, todo lo que existe en este planeta: mineral, vegetal, animal, seres humanos, con respecto a las fuerzas espirituales, y los elementos espirituales que trabajan en la materia, provienen del cosmos, provienen del mundo de las estrellas. Como ven, Isis no ha muerto, todavía está dando a luz a todo lo que existe en este planeta; solo nosotros debemos aprender a reconocerla y a experimentarla de nuevo. Si hacemos esto, entonces podemos encontrar una imagen mucho más amplia: podemos encontrar la glorificación del cuadro que fue pintado por Rafael. Entonces podemos encontrar que el gran cosmos en el que vivimos, el mundo de las estrellas, realmente nos está dando la existencia que necesitamos en nuestro planeta. Es desde el elemento de la Luna, pero de una manera cósmica expandida y magnificada. Recibimos esta existencia en nuestro planeta Tierra para desarrollar nuestras facultades espirituales: todo lo contenido en la vida de nuestra alma y en las capacidades que podemos desarrollar en el curso de nuestra estadía en este planeta. Piensen en todos los logros culturales de la humanidad, incluidos los logros tecnológicos.

 

Tomando todo en conjunto, habla un lenguaje majestuoso de las capacidades que están ocultas en el ser humano, y lo que se ha logrado es solo una partícula de lo que está escondido en nosotros como capacidades, como facultades que podemos desarrollar, que podemos elevar la existencia a alturas de las cuales, en su mayoría, ni siquiera podemos imaginar hoy. Así que allí tenemos de nuevo la gran imagen de haber nacido como humanidad, como miembros del planeta Tierra que nace de la gran Madre cósmica que es el mundo de las estrellas. Eso es solo un lado. También debemos reconocer el hecho de que recibimos esta existencia para manifestar lo que está escondido en nuestro ser como nuestras capacidades y facultades. Esto se puede realizar en todos los sentidos. Dije que el cristianismo moderno se encuentra en una posición muy difícil, que los documentos antiguos están en su mayoría destruidos.

 

Deberíamos tomar la imagen de la Madre y el Niño muy en serio en un verdadero sentido cósmico. Podemos hacerlo; se puede hacer. Por supuesto, no hay tiempo hoy para entrar en grandes detalles, pero hay una posibilidad, incluso hay muchas posibilidades. Durante esos tres años del ministerio de Cristo, los últimos y decisivos tres años después del Bautismo en el río Jordán, el Cristo caminó por este planeta y ejecutó las obras que escuchamos en los Evangelios. Él habló las palabras de las cuales escuchamos; Mientras tanto, en el cosmos, las entidades cósmicas —los planetas, el sol— se movían en sus cursos.

 

Existe una intima relación entre lo que sucedió en la Tierra hace 2.000 años y lo que sucedió al mismo tiempo en el cosmos. Si estudiáramos los cursos de las entidades celestiales durante esos tres años, encontraríamos algo así como un reflejo, como un espejo, y veríamos lo que sucedió en la Tierra. ¿Por qué es así? ¿Por qué podemos hablar de esto? Bueno, ¿quién era el Cristo? Esa es una de las cosas que un cristianismo moderno no puede entender fácilmente. ¿Quién era el Cristo? La teología, principalmente del siglo pasado y el comienzo de este siglo, llegó a la conclusión de que Cristo era un simple ser humano, el hombre simple de Nazaret, nada especial. Luego, otras religiones de Oriente preguntaron: “¿Por qué deberíamos aceptar a esta persona sencilla? Hay otros: profetas, Buda y otros, ¿por qué no deberían ser ellos también los elegidos y por qué no deberían ser también luces de guía en la humanidad? “. En esto se reveló el hecho de que la cristiandad moderna no podía entender la naturaleza de Cristo. En la ciencia espiritual, la antroposofía habla de que el Ser Crístico vino del cosmos, en realidad descendió del Sol. Cristo fue la guía en los tiempos precristianos, , en cierto sentido el Creador de ese Sol que vemos en el cosmos. Por lo tanto, Él fue el Creador de todo el Universo Solar en el que vivimos.

 

Todo esto se puede resolver en un sentido filosófico estricto e incluso en un sentido matemático, si se investigan las propiedades del sol. El Cristo descendió de ese Sol a la Tierra. Si Cristo fue el Espíritu Guía de ese Sol, que fue y que todavía es el vehículo de la creación, el vehículo que mantiene e ilumina todo el sistema solar, entonces debe haber en el Cristo, un Ser que es el Espíritu del universo entero en el que vivimos; y como tal, descendió a la Tierra. Por lo tanto, durante esos tres años mientras Cristo caminó sobre la Tierra, Su Corte, si me permiten esta expresión (en realidad hay una oración celta que habla de la Corte de Cristo como las Estrellas, que es Su manto y que era Su vestidura en tiempos precristianos, cuando aún no había nacido en la Tierra, cuando todavía moraba en el vientre de la gran Madre cósmica, la Virgen), esta Corte de Cristo se adapto alrededor de todo lo que el Cristo hizo en la Tierra. Ciertamente no fue que ninguna de las obras de Cristo estuviera determinada por lo que sucedió en el cosmos. No, era más bien que el cosmos seguía como la corte de un Rey siguiendo los movimientos, los deseos y las peticiones de un Rey. Así tenemos allá afuera en el cosmos en ese manto azul de la Divina Sophia-Divina Isis en un sentido antiguo el elemento de la gran Madre, y en la Tierra tenemos esas acciones que toman lugar inauguradas por el Cristo.

 

Si podemos leer y volver a despertar al conocimiento o la sabiduría que está detrás o se revela en los movimientos de las estrellas, entonces tendremos una luz de sabiduría. En realidad, a Sophia también se la llama Sabiduría divina en las Iglesias orientales. Siempre se supo que Isis era la Sabiduría Divina de las estrellas. Si volvemos a despertar nuestra capacidad de leer, experimentar y tomar conciencia de lo que funcionó como sabiduría divina detrás de los movimientos de las estrellas durante los tres años del ministerio de Cristo, entonces tendremos algo dentro de nosotros como una Luz de Sabiduría que puede brillar en todo lo que ocurrió hace 2.000 años.

 

Aquí en la Tierra tenemos algo que nos ha llegado a través de la tradición en lo que está contenido en los Evangelios. La humanidad cristiana, como un todo, ha perdido ese enfoque o lo está perdiendo rápidamente hoy. Lo que necesitamos es una Luz de la Sabiduría que nuevamente arroje luz, pero desde una dirección completamente diferente a lo que ocurrió hace 2.000 años. Necesitamos, en cierto sentido, no tanto el Cristo, porque Él se ha unido a la Tierra, pero lo que necesitamos ahora es la Sabiduría que finalmente se encuentra en la comprensión de los movimientos, los ritmos y los gestos del estrellas como una expresión externa de la divina Sophia. Si tenemos eso, entonces la luz puede caer sobre el Ser de Cristo. Por ejemplo, si tuviéramos tiempo para estudiar el Ser del Sol —todo lo que podemos reconciliar, en cierto sentido, con lo que la astronomía moderna ha encontrado con respecto al Sol— y descubrir qué es el Ser del Sol, encontraríamos la luz que arrojaríamos sobre la gran pregunta: ¿Quién es el Cristo y cómo se ha unido el Cristo con la Tierra desde el Misterio del Gólgota? Si tomáramos los eventos en el cosmos estrellado durante esos tres años del ministerio de Cristo, si siguiéramos los gestos de Saturno, Júpiter, Marte, y leyéramos en ellos la vida o la expresión del cosmos (tal como podemos leer en la expresión de un semblante humano la vida interior de ese ser), si pudiéramos leer en los movimientos y gestos externos de los planetas la vida interior de la Divina Sofía, que fue asesinada en tiempos precristianos por Lucifer (a través de ese elemento que quería llevar todo a un nivel materialista), si pudiéramos leer esos movimientos y esos gestos de los planetas durante esos tres años, aprenderíamos de nuevo a comprender lo que ocurrió hace 2000 años. Así habríamos magnificado a dimensiones cósmicas la imagen de la Virgen y el Niño de una manera que, quizás, no solo tendría un atractivo para una especie de conciencia sentimental y experimental del hecho de la Navidad, sino que podría reconciliarse por completo con todo lo que vive en nosotros como el esfuerzo, como el anhelo de un conocimiento de estas cosas. No solo es necesario que la imagen de la Virgen y el Niño sea algo que apele al sentimiento del ser humano, a lo que sin duda y de manera justificada puede traer calor y luz interior al alma humana en el momento de Navidad, pues esta gran imagen, esta gran visión de la Virgen y el Niño podría elevarse al nivel en que lo que puede ser representado por medios artísticos puede reconciliarse por completo, y no solo reconciliarse sino verificarse con lo que podemos encontrar a nivel científico.

 

Este es el mensaje que creo debería sonar en una humanidad moderna, especialmente en la humanidad cristiana moderna. Tal imagen aparentemente simple, como la de la visión navideña, no tiene por qué ser algo meramente empujado a un rincón de la existencia humana por el impacto de la civilización moderna, solo para ser sacado de esa esquina y utilizado como una especie de refrescante y calentamiento de los sentimientos de los seres humanos durante unos días. Más bien, esta gran visión puede mantenerse en medio de la existencia humana, incluso de una existencia humana moderna que está tan interesada en la tecnología, en la ciencia natural y demás. Se puede hacer; y de esto, creo, tenemos que hablar en esta ocasión sobre la base de la ciencia espiritual antroposófica.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Diciembre de 2017

 

 

GA208. El Misterio del Sol en el curso de la Historia Humana

GA208c1. El Paladio

Rudolf Steiner — Dornach, 6 de Noviembre de 1921

English version

Hemos estado estudiando cómo la forma viva del hombre, su alma y su espíritu, están relacionados con el cosmos. Los diversos aspectos de este tema presentados en conferencias recientes pueden resumirse de la siguiente manera:

En los fundamentos profundos del ser del hombre está la voluntad. En muchos aspectos, la voluntad es el elemento más misterioso y secreto de la naturaleza humana. Es obvio que las aberraciones, las inclinaciones que a menudo van en contra del bienestar del mundo emergen de las profundidades insondables de la vida moral; Todo lo experimentado por el alma en forma de aguijonazos de conciencia o auto-reproche fluye desde el fondo de la voluntad.

La razón por la cual la voluntad es tan misteriosa y secreta es que en muchos aspectos es una fuerza altamente indeterminada; hay en ella un elemento instintivo sobre el cual tenemos poco control y que nos empuja aquí y allá en las turbulentas olas de la vida a menudo sin que podamos afirmar que cualquier impulso consciente es el efecto de la carrera. En el otro aspecto también, es decir, con respecto a nuestro conocimiento de las operaciones de la voluntad, se ha reiterado una y otra vez que estas operaciones volitivas están tan alejadas de la conciencia humana como las experiencias de un sueño profundo y sin sueños; de modo que también en este aspecto la voluntad es un elemento indeterminado y misterioso.

Pero cuando pensamos en la naturaleza espiritual del hombre, no podemos concebir que esta espiritualidad esté activa en él sólo durante sus horas de vigilia o en su vida mental consciente; El hecho es que esta espiritualidad actúa en él también durante el sueño, dentro de la parte de su ser donde reside su voluntad y que, como las experiencias del sueño profundo, está envuelta en la inconsciencia.

Por lo tanto, el Espíritu también está presente y actuando en el ser humano durmiente. Se pueden distinguir dos aspectos de la voluntad. En primer lugar está la voluntad que —a menos que estemos fuera de nosotros— nos impulsa a la actividad desde el momento de despertar hasta el de dormir. Es cierto que no podemos percibir la voluntad en su funcionamiento real, pero los efectos surgen en nuestra conciencia en la medida en que podemos formar conceptos mentales e imágenes de ellos. No sabemos cómo funciona el impulso de la voluntad cuando caminamos; pero podemos vernos avanzando. Formamos imágenes mentales del funcionamiento de nuestra voluntad y en este sentido somos conscientes de sus efectos. Ese es un aspecto de la voluntad.

El otro aspecto es que la voluntad también esta activa en nosotros mientras dormimos; Pero entonces se están produciendo procesos internos, procesos que también son operaciones de la voluntad, sólo que no somos conscientes de ellos —precisamente porque estamos dormidos. Pero así como el Sol también brilla durante la noche en el otro lado de la Tierra donde no estamos viviendo, así fluirá a través de nuestro ser mientras estamos dormidos, aunque no tengamos conciencia de ello.

Así se pueden distinguir dos tipos de voluntad: una voluntad interior y una voluntad exterior. El funcionamiento de la voluntad exterior se nos manifiesta mientras estamos despiertos; las del interior entrarán en vigor mientras estamos dormidos. Hablando estrictamente, la voluntad interior no se nos revela; Sin embargo, cuando miramos hacia atrás, sus efectos pueden ser aprehendidos después, como si hubieran sido parte de la condición del sueño.

La voluntad está presente como tal en las profundidades oceánicas del alma. Surge hacia arriba en oleajes. Pero sólo porque debemos admitir que la voluntad está en acción durante el sueño, cuando la parte corporal de nuestro ser se dedica a la actividad puramente orgánica, ni impregnada de alma ni iluminada por el espíritu, se deduce que la voluntad como tal tiene que ver con esta actividad orgánica. La voluntad que está trabajando mientras estamos dormidos tiene que ver con la actividad orgánica, en la medida en que los procesos orgánicos, los procesos de la vida tienen lugar en nosotros. Estos procesos están esencialmente conectados con la voluntad.

Pero durante la actividad de vigilia también, es decir, cuando nuestra voluntad está en flujo, los procesos vitales están teniendo lugar. La voluntad tiene efecto en los procesos del metabolismo interno. De modo que aquí nuevamente podemos señalar a la actividad orgánica.

Fuera de las oceánicas profundidades de la voluntad en el ser humano, llegan a expresarse las ondas que en forma de sentimiento, suben hacia arriba. Sabemos que el sentimiento es una experiencia vagamente aprehendida, que en lo que se refiere a la conciencia real, sólo tiene la intensidad del sueño. Pero en todo caso es más claro que el funcionamiento de la voluntad. Se plantea una mayor claridad de lo que se encuentra en las profundidades oceánicas del ser humano. El sentimiento trae cierta luz, intensifica la conciencia; los dos polos de la voluntad se elevan a esta conciencia intensificada y en ella se manifiestan tanto la voluntad interior como la voluntad exterior.

Así distinguimos dos tipos de sentimientos, como lo hicimos en el caso de la voluntad: una voluntad interior en el estado de sueño, una voluntad exterior en el estado de vigilia. Un tipo de sentimiento surge hacia arriba desde la voluntad que está relacionado con la condición del dormir del hombre. Este tipo de sentimiento se vive en las antipatías —tomando la palabra en el sentido más amplio— desplegadas por el ser humano. Este es un sentimiento que tiende a la antipatía. Mientras que la voluntad que interviene en la actividad exterior y, por lo tanto, lleva al hombre al mundo exterior, se manifiesta en todas aquellas experiencias de sentimientos que tienen en ellas la cualidad de simpatía. La experiencia onírica del sentimiento que llega a expresarse en simpatías y antipatías suscitadas por diferentes formas de vida, por formas de arte o de naturaleza, o en simpatías y antipatías más conectadas con los órganos y que surgen en nosotros a través del olfato o el gusto o a través de un sentido de bienestar o de alivio, toda este tejido de actividad pertenece al alma. Por lo tanto, se revela en la actividad orgánica, como sentimiento en la actividad del alma.

Si la vida del alma es estudiada desde este punto de vista, gran iluminación se verterá sobre ella. Despertar a la vida despierta en nosotros la simpatía por el mundo circundante. Nuestras antipatías realmente vienen de reinos más inconscientes. Presionan hacia arriba desde la voluntad del dormir. Es como si nuestras simpatías estuvieran más en la superficie, mientras que las antipatías se elevan a través de ellas desde profundidades sin plomar. Las antipatías repelen; Las antipatías nos alejan del mundo circundante; Nos aislamos, nos encerramos dentro de nuestro propio ser. Las antipatías que fluyen hacia dentro son los antecedentes del egoísmo humano. Cuanto mayor es el egoísmo de un hombre, más fuerte es el elemento de antipatía que trabaja en él. Quiere aislarse, sentirse encerrado dentro de su propio ser.

En la vida normal no notamos la interacción constante de simpatías y antipatías de la vida del alma. Pero nos damos cuenta de ello cuando nuestra conexión con el mundo exterior se vuelve anormal, y cuando el elemento antipático que deriva del sueño también funciona de una manera anormal. Esto sucede cuando nuestra respiración, por ejemplo, funciona irregularmente durante el sueño y tenemos pesadillas. En una pesadilla, el alma está poniendo una defensa antipática contra algo que está tratando de penetrar en nosotros, impidiéndonos la plena experiencia de nuestra yoidad.

Estamos contemplando aquí profundos secretos de la experiencia humana. Si un hombre despliega el elemento de antipatía en su vida de sentimiento tan fuerte que actua en su vida de vigilia, todo su ser estará impregnado de antipatía que luego se apodera de su cuerpo astral; Su cuerpo astral está empapado en el elemento de antipatía; La antipatía brota de él como un aura anormal. Entonces puede suceder que empiece a sentir antipatía hacia las personas ante quienes su actitud era neutral, o incluso a aquellos a quienes amaba o conocía íntimamente. Estas condiciones pueden dar lugar a la manía persecutoria en todas sus formas. Cuando se experimentan sentimientos de antipatía que no se explican por circunstancias externas, esto se debe a las antipatías desbordantes en el alma, es decir, a una intensificación anormal del polo en la vida del alma que pugna su camino hacia arriba a partir del estado durmiente. Si esta antipatía obtiene la ventaja en el ser humano, se convierte en un enemigo del mundo, y tal odio puede asumir proporciones increíbles. El objetivo de toda educación y todo esfuerzo social debe ser evitar que los seres humanos se conviertan en enemigos del mundo.

Pero piensen en ello. Si lo que surge de las profundidades oceánicas del ser del hombre puede promover un egoísmo desmedido cuando llega a la cima —y la manía persecutoria en todas sus formas no es más que egoísmo superabundante y excesivo— si todo esto es posible, ¿qué hay que decir de la propia voluntad interior, como una creación benéfica oculta por medio del sueño? No tenemos en absoluto ningún conocimiento de cómo esta voluntad interior impregna nuestros miembros, nuestro organismo entero. Lo máximo que se puede decir es que de vez en cuando, a través de extraños sueños, algo surge en la conciencia de lo que está en la voluntad que funciona en nuestro organismo durante el sueño. Lo que vive en esta voluntad durmiente —y razonablemente para la conciencia ordinaria— en el otro lado del umbral. El que llega a conocerla, aprende a conocer la fuerza por la cual el ser humano puede ser llevado al mal más profundo. El secreto más profundo de la vida humana es que tenemos el contrapeso de nuestra actividad orgánica en las mismas fuerzas que, si fueran a ganar control en la vida consciente del hombre, lo convertirían en un criminal.

Que se recuerde que nada en el mundo es en sí malo o bueno. Lo que es radicalmente malo cuando irrumpe en nuestra vida consciente, es el contrapeso de nuestras fuerzas de vida gastadas cuando surte efecto en su lugar correcto, a saber, como regulador de la actividad orgánica durante el estado de sueño.

Si ustedes preguntan: ¿Cuál es la naturaleza de las fuerzas que compensan las fuerzas de vida gastadas?  —la respuesta es: Son las fuerzas del mal. El mal tiene su misión— y es aquí. Si esto se conoce por medio del entrenamiento espiritual, es para él como lo fue para los videntes anteriores, algo de lo cual ellos dijeron: De su naturaleza esencial no es lícito hablar, porque pecaminosa es la boca que habla de ella y pecador el oído que la escucha—.  Sin embargo, el hombre saber que la vida es un proceso lleno de peligros y que el mal está en sus fundamentos profundos como fuerza necesaria.

Ahora estas ondas de la voluntad aumentan aún más en la vida conceptual, la vida mental. El sueño se ilumina en el sentimiento, y cuando se eleva hacia arriba a la vida mental, se vuelve más claro, pero al mismo tiempo se desnuda cualitativamente, se vuelve abstracto. En un sentimiento lleno de antipatía todavía hay una cierta intensidad viva. Cuando este elemento de sentimiento antipático surge en la vida conceptual, llega a expresarse en forma de juicios negativos, juicios de rechazo o negación. Todo lo que negamos en la vida, todo lo que el lógico denomina “negación”, juicio negativo, es el repentino aumento del flujo del sentimiento antipático o de la voluntad interior, en la vida conceptual.

Y cuando el sentimiento simpático —que tiene su origen en la voluntad de despertar a la vida, en la voluntad exterior— se eleva en la vida conceptual, nuestros juicios son afirmativos. Hemos llegado a algo que, como ven, vive en nosotros sólo como abstracción. En el sentimiento, en la medida en que desplegamos simpatías y antipatías, todavía hay intensidad de vida. Mientras que en los actos de juicio —que son una actividad mental, conceptual— somos como observadores inmóviles, contemplativos del mundo. Afirmamos y negamos. No llegamos al punto de antipatía real; Simplemente negamos. Es un proceso abstracto. No nos despertamos a la antipatía: simplemente decimos, no. De la misma manera no nos despertamos a la simpatía: simplemente decimos, sí. Nos elevamos por encima de nuestra relación con el mundo exterior, hasta el nivel del juicio abstracto.

Esto, entonces, es una actividad meramente mental, formadora de conceptos, que puede llamarse actividad espiritual. Pero la voluntad, el sentimiento y la actividad conceptual pueden aumentar aún más en el dominio de los sentidos. Cuando el juicio negativo surge en el dominio de los sentidos, ¿cuál es el resultado? una condición en la que no percibimos nada. Si pensamos en ello en relación con el proceso más obvio de la percepción, podemos decir: Es la experiencia de la oscuridad —donde no vemos nada. Por otro lado, el juicio afirmativo se convierte en experiencia de la luz. Lo mismo puede decirse de la experiencia del silencio, del tono y del sonido. A todos los doce sentidos sería correcto aplicar lo que aquí se ha dicho en relación con las experiencias de la luz y de las tinieblas.

Y ahora preguntémonos: ¿Qué es, en realidad, esta actividad en el dominio de los sentidos? Hemos hablado de la actividad orgánica, de la actividad de la vida del alma, de la actividad espiritual. La actividad espiritual es meramente una actividad formadora de conceptos, pero sigue siendo propia, nuestra. Lo que sucede entre los sentidos y el mundo exterior ya no es ya nuestra actividad, porque allí el mundo está actuando en nosotros. Sería muy correcto describir el ojo como una entidad independiente; Lo que ocurre en el ojo es que el mundo exterior penetra en el organismo como si fuera a través de un abismo. Ya no estamos en el mundo con nuestra propia actividad, pues esto es actividad divina. Esta actividad divina teje a través del mundo que nos rodea. La oscuridad se inclina en la dirección de la negación, la luz en la dirección de la afirmación.

La influencia de esta actividad divina sobre el hombre en su relación con el mundo fue una experiencia especialmente vívida en la sabiduría de la segunda época postatlante. —Dios en la Luz—  es decir, lo Divino con una cualidad luciférica; Dios en la Oscuridad  —lo Divino con una calidad Ahrimánica—. Así, los antiguos persas experimentaron el mundo. Y para ellos el Sol era el representante del mundo exterior. El Sol como la fuente divina de la Luz  —esto fue experimentado en la segunda época Postatlante.

Por otro lado, en la tercera época post-atlante (egipcio-caldea), los hombres experimentaron con más fuerza la esfera que se encuentra entre el juicio y el sentimiento. En ese momento no sentían tan intensamente que lo Divino en el mundo exterior se experimentara en luz u oscuridad, sino más bien en el impacto entre la actividad conceptual y el sentimiento. La experiencia de la actividad divina entre los egipcios y los caldeos hizo que los hombres trajeran un elemento de antipatía en juicios negativos y simpatía en juicios afirmativos. Y sólo cuando podamos descifrar y comprender los registros pictóricos u otros registros de la época egipcio-caldea, nos daremos cuenta de que todos fueron creados y formados a partir de la afirmación simpática o la negación antipática. Cuando miras las estatuas egipcias, las figuras en las tumbas, etc., puedes sentir que sus formas dan expresión a la afirmación simpática o a la negación antipática. Simplemente no es posible crear una esfinge sin introducir en ella simpatías y antipatías inherentes a la vida conceptual. Los hombres no experimentaron sólo la luz y la oscuridad, sino algo del elemento de vida que está presente en las simpatías y las antipatías. En esa época el Sol fue experimentado como la fuente divina de la vida.

Y ahora llegamos a la época grecolatina cuando la experiencia del hombre de la comunión directa con el mundo exterior se perdió en gran medida. En mi libro Los Enigmas de la Filosofía[1] he mostrado que aunque en esa época el hombre todavía sentía sus pensamientos mientras hoy sentimos impresiones sensoriales, ya se estaba acercando a la condición en la que vivimos en la actualidad, cuando debido al desarrollo del yo ya no sentimos ninguna conexión realmente viva con el mundo externo, cuando con nuestro yo estamos prácticamente dormidos dentro del cuerpo, estamos en un estado de sueño. Esta condición no era tan pronunciada en los griegos, pero hasta cierto punto estaba ciertamente presente. Para comprender la naturaleza griega debemos darnos cuenta de que el griego ya había comenzado a vivir muy intensamente en su cuerpo —no tan intensamente como nosotros, pero sin embargo intensamente—.  No así los antiguos persas. Los sabios de entre ellos no creían que vivían encerrados dentro de sus pieles, sino más bien que fueron llevados sobre las olas de la luz a través de todo el universo. En el griego, esta experiencia de vida cósmica ya estaba perdiendo intensidad, cayendo en la inconsciencia del sueño en el cuerpo. Cuando estamos dormidos, el yo y el cuerpo astral están fuera del cuerpo físico; Pero nuestra vigilia, en comparación con la de los antiguos persas, realmente equivale a dormir. Cuando los persas despertaban del sueño —estoy hablando, por supuesto, de los antiguos persas, tal como se describe en mi libro La Ciencia Oculta, un esquema[2]— era como si la luz penetrara realmente en ellos, en sus sentidos.

Ya no sentimos que en el momento de despertar del sueño convocamos la luz en nuestros ojos. Para nosotros la luz está fuera, como un fantasma. Tampoco los griegos podían ver en el Sol la verdadera fuente de la vida; sentían que el Sol era algo que los penetraba interiormente. Sentían el elemento en el que el Sol vive dentro del ser humano como el elemento de Eros —el elemento del Amor. Así: el Sol como la fuente divina del amor. Eros —la naturaleza del Sol dentro del ser humano— esto era lo que experimentó el griego. Luego, a partir del siglo IV DC, llegó el momento en que, fundamentalmente, el Sol ya no se consideraba nada más que un orbe físico en el espacio, cuando el Sol se oscureció para el hombre. Para los antiguos persas el Sol era el verdadero reflector de la Luz tejiendo a través del Espacio. Para los egipcios y los caldeos, el Sol era la vida floreciente y palpitante a través del Universo. Los griegos sintieron el Sol como el que infundió el Amor en el organismo vivo, guiando a Eros a través de las ondas de la existencia sensible.

Esta experiencia del Sol se hundió cada vez más en el ser del hombre y poco a poco se desvaneció en las profundidades oceánicas del alma. Y es en estas profundidades oceánicas donde hoy el hombre lleva la naturaleza del Sol. Está más allá de su alcance, porque el Guardián del Umbral está delante de él; Se encuentra en las profundidades del ser como un Misterio del cual las antiguas enseñanzas decían: No se pronuncie, porque pecaminosa es la boca que habla de ello y pecador el oído que escucha sobre ello.

En el siglo IV D.C. había escuelas que enseñaban que el Misterio del Sol debía permanecer incierto, que ahora debía surgir una civilización que no supiera nada del Misterio del Sol. Detrás de todo lo que ocurre en el mundo exterior yacen fuerzas y poderes que dan la dirección del Universo. Uno de los instrumentos de estas potencias directrices fue el emperador romano Constantino. Fue bajo su mandato donde el cristianismo asumió la forma que niega al Sol.

En ese mismo siglo vivió alguien cuyo ardor por lo que había aprendido en los Misterios como los últimos restos de la antigua sabiduría instintiva le dio poca importancia al desarrollo de esa civilización contemporánea. Este fue Julián el Apóstata. Cayó de la mano de un asesino porque estaba decidido a transmitir esta antigua tradición del triple Misterio del Sol. Y el mundo no tendría nada de eso.

Hoy en día, por supuesto, hay que saber que la antigua sabiduría instintiva debe convertirse en sabiduría consciente, que lo que se ha hundido en el subconsciente, en una actividad puramente orgánica e incluso en actividad suborgánica, debe elevarse de nuevo a la luz de la conciencia. Debemos volver a descubrir el Misterio del Sol.

Pero así como el Misterio del Sol se estaba perdiendo, amargos enemigos se alzaron contra aquel que deseaba que este Misterio fuera proclamado al mundo y provocaron su muerte, así, de nuevo, los enemigos están trabajando contra los renovados Misterios del Sol que deben ser traídos al mundo por la Ciencia Espiritual. Estamos viviendo ahora en el otro polo de la evolución histórica. En el siglo IV A.D. hubo ocaso de Sol; ahora debe haber salida del Sol.

En este sentido Constantino y Juliano el Apóstata son dos símbolos de la evolución histórica. Julián el Apóstata se erige sobre las ruinas de los tiempos antiguos, con la intención de reconstruir de estas ruinas las formas de la antigua sabiduría, preservando para la humanidad aquellos antiguos monumentos que el cristianismo, asumiendo por primera vez una forma material en los días de Constantino, había destruido. Innumerables tesoros fueron destruidos, innumerables obras de arte, innumerables guiones y registros de la antigua sabiduría. Todo lo que podía de alguna manera dar a los hombres una idea de los Antiguos Misterios del Sol, fue destruido.

Es cierto que para llegar a la libertad interior era necesario que los hombres pasaran por la etapa de creer que un globo de gas se está moviendo a través del espacio universal, pero el hecho es que los físicos quedarían muy asombrados si pudieran emprender un viaje en el espacio; descubrirían que el Sol no es un globo de gas que emite luz —eso es un disparate— sino que es un mero reflector que no puede irradiar luz, sino que, a lo sumo, la devuelve. La verdad es que en el sentido espiritual, la luz fluye de Saturno, Júpiter, Mercurio, Venus y la Luna.

Físicamente parece que el Sol da luz a los planetas, pero en realidad son los planetas los que irradian luz al Sol y el Sol es el reflector. Como tal, fue reconocido por los sabios de la antigua Persia con su sabiduría instintiva, y en este sentido el Sol fue considerado como la fuente de la Luz terrenal, no como la fuente misma, sino como el reflector de la Luz. Entonces, entre los egipcios y los caldeos, el Sol se convirtió en el reflector de la vida y entre los griegos, el reflector del amor.

Esta era la concepción que Julián el Apóstata quería conservar, y por ello fue eliminado. Para llegar a la libertad era necesario que los hombres tuvieran por un tiempo la superstición del Sol como un globo de gas en el espacio, dando luz, una superstición enunciada como una verdad categórica en todos los libros de la física actual. Pero nuestra tarea debe ser penetrar en la realidad.

En verdad, Julián el Apóstata y Constantino se colocan ante nosotros como dos símbolos. Julián el Apóstata se empeñó en preservar aquellos antiguos monumentos del mundo que podrían, de cierta manera, haber hecho posible que el verdadero Misterio del Sol encontrara su camino a los hombres. De hecho, durante los primeros siglos de la cristiandad, Cristo era todavía una figura del Sol, un Apolo.

Este Misterio del Sol se consideraba el mayor tesoro espiritual poseído por la Humanidad. Y fue simbolizado por lo que se conocía como el Paladio. Se decía que el Paladio había estado una vez en Troya y que los sacerdotes de los Misterios veían en él el medio por el cual a través de un ritual sagrado y culto, se revelaba al pueblo la verdadera naturaleza del Sol. Entonces el Paladio fue llevado a Roma, y su presencia allí era un secreto solo conocido por los iniciados de Roma. Los sacerdotes iniciados de los romanos, e incluso los primeros emperadores —Augusto, por ejemplo— trabajaron en el mundo con una conciencia directa de que el mayor de todos los tesoros estaba representado en Roma, en todo caso en un símbolo exterior, puesto que bajo los cimientos del templo romano más venerado, estaba el Paladio, su existencia sólo era conocida por aquellos que fueron iniciados en los más profundos secretos de la existencia y destino romanos. Pero en un sentido espiritual se había dado a conocer a aquellos cuya tarea era llevar el cristianismo al mundo. Y por el conocimiento de que el Paladio estaba custodiado en Roma, los primeros cristianos se dirigieron allí. Una realidad espiritual se encuentra detrás de estos viajes.

Pero cuando, bajo Constantino, el cristianismo fue secularizado, el Paladio fue quitado de Roma. Constantino fundó Constantinopla e hizo que el Paladio fuera enterrado en la tierra bajo un pilar erigido allí bajo sus órdenes. Por lo tanto, se supo que en su desarrollo ulterior el cristianismo romano fue privado del conocimiento del Misterio del Sol por el emperador mismo que estableció el cristianismo en Roma en sus formas rígidas y mecánicas. En la secularización del cristianismo llevada a cabo por Constantino, se perdió la sabiduría—y esto se expresó en el traslado del Paladio de Roma a Constantinopla.

En ciertas regiones eslavas —la gente siempre interpreta las cosas según sus propias condiciones—reinó durante siglos una creencia hasta el principio del siglo XX, que en un futuro no muy lejano el Paladio será trasladado de Constantinopla a otro lugar, una ciudad eslava, según la gente creía. En cualquier caso, el Paladio está esperando, esperando ser removido de la oscura influencia derramada sobre él por Constantinopla a esa localidad que, por su misma naturaleza, le llevará a la completa oscuridad. Sí, el Paladio va hacia el Este, donde todavía sobrevive la decadencia de la antigua sabiduría pero está pasando a la oscuridad. Y en la evolución futura del mundo, todo depende de si —como el Sol es el reflector de la luz que se le otorga desde el universo— el tesoro del Paladio está iluminado por una sabiduría nacida de las riquezas del conocimiento que vive en el mundo Oeste. El Paladio, la herencia antigua traída de Troya a Roma, de Roma a Constantinopla, y que, como se dice, será llevada aún más lejos en la oscuridad del Este. Este tesoro del Sol debe esperar hasta que sea redimido espiritualmente en Occidente, liberado de las oscuras sombras de un conocimiento puramente externo de la naturaleza. Así, la tarea del futuro está ligada a las tradiciones más sagradas del desarrollo europeo.

Todavía existen leyendas, incluso hoy, entre otras; aquellos que son iniciados en estas cosas  —a menudo son personas muy sencillas pasando aquí y allá en el mundo. Estas leyendas hablan de la remoción del paladio, el tesoro de la sabiduría, de Troya a Roma, de Roma a Constantinopla cuando el cristianismo romano fue secularizado; hablan de su futura mudanza al Oriente cuando el Oriente, despojado de la antigua sabiduría, haya caído en absoluta decadencia; y hablan de la necesidad de que este tesoro del Sol reciba nueva luz de Occidente.

El Misterio del Sol se ha sumergido en las regiones profundas de la existencia humana. A través del desarrollo de la Ciencia Espiritual debemos volver a encontrarlo. El Misterio del Sol debe ser encontrado de nuevo, de lo contrario el Paladio desaparecerá en la oscuridad del Este. Es injusto hoy pronunciar un dicho tan falso como Ex Oriente Lux. La luz ya no puede venir del Oriente, porque el Oriente está en decadencia. Sin embargo, el Oriente espera, pues poseerá el tesoro del Sol, aunque esté en tinieblas y espera la luz del Occidente. Pero hoy los hombres están tanteando en la oscuridad, organizando conferencias en la oscuridad, están mirando expectantes hacia Washington! Sólo aquellos “Washingtons” que hablan con los tonos del mundo espiritual  —no congresos en busca de la oscuridad que rodea el Paladio, para abrir una puerta para el comercio en China— sólo esos congresos traerán la salvación que se llevara a cabo en Occidente de tal manera que el Paladio pueda llevarse una vez más a la luz. Como un cuerpo fluorescente, el Paladio, en sí mismo, es oscuro; si se cubre de luz, entonces se vuelve radiante. Y así será con la sabiduría del Oriente: oscura en sí misma, iluminará, se volverá fluorescente cuando esté permeada por la sabiduría de Occidente, por la luz espiritual de Occidente.

Pero esto Occidente no lo entiende. Sólo cuando la leyenda del Paladio es llevada a la luz clara de la conciencia, sólo cuando los hombres pueden sentir de nuevo la verdadera compasión como Julián el Apóstata  que se sintió obligado a ignorar la época en que la luz de la libertad podía germinar en la oscuridad, que anhelaba preservar la antigua sabiduría instintiva y por lo tanto se encontró con su muerte —sólo cuando los hombres comprendan que Constantino, al dar una forma exteriorizada del cristianismo a los romanos, les quitó la luz, la sabiduría y envió el cristianismo a la oscuridad— sólo cuando los hombres se den cuenta de que la luz por la cual el Paladio puede volver a brillar debe nacer del moderno conocimiento de la naturaleza, en el mejor sentido, sólo entonces se llevará a cabo un capítulo importante de la historia del mundo. Pues sólo entonces lo que se convirtió en Occidental cuando los griegos vieron a Troya en llamas, convirtiéndose en occidentales orientales. La luz que ardía de Troya está presente incluso hoy; está presente pero está envuelto en la oscuridad. Debe salir de las tinieblas; el Paladio debe ser nuevamente iluminado.

Si nuestros corazones están en el lugar correcto, el conocimiento del curso de la historia puede despedirnos con entusiasmo; Y este mismo entusiasmo nos dará la sensación correcta de los impulsos que la ciencia espiritual desearía impartir.

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[1] Aún no publicado en inglés [a partir de esta fecha de publicación – e.Ed]

[2] La Ciencia Oculta, un Esquema, Rudolf Steiner Publishing Co.

Traducido por Gracia Muñoz en Agosto de 2017

 

 

GA100c9. El paso de la Tierra a través de sus antiguas condiciones planetarias

Del Ciclo de Conferencias Teosofía y Rosacrucianismo

Rudolf Steiner  – Kassel, 24 de Junio de 1909

English version

Siguiendo el bosquejo de ayer sobre la evolución planetaria, vamos a añadir algunas explicaciones más. Ya hemos explicado que nuestra Tierra pasó una vez por una condición de Antiguo Saturno, un Antiguo Sol y una Antigua Luna. Permítanme ahora describirles estos sucesivos estados de existencia, como suelen describirse en el ocultismo. Al hablar del desarrollo del alma a lo largo del camino del conocimiento, seremos capaces de entender muchas cosas que ahora sólo se pueden avanzar hipotéticamente.

Si consideramos el estado de existencia del Antiguo Saturno, esa condición de nuestra Tierra situada millones y millones de años antes, encontramos que presentaba un aspecto muy diferente del que se da por sentado a través de nuestras condiciones físicas presentes. Sobre todo, debemos tener en cuenta que el hombre, el ser más perfecto que conocemos, ha pasado por el curso más largo de desarrollo. Por lo tanto, ustedes oirá la descripción de un curso de desarrollo que se desvía en gran medida de la teoría de Haeckel-Darwin de la evolución, pero las ventajas de esta teoría puramente materialista pueden ser recogidas de mi libro, “Haeckel, los enigmas del mundo y la teosofía”.

Lo primero que se debe comprender es que los seres más perfectos son aquellos que pasan por un curso más largo de desarrollo, y el ser más perfecto de todos es el hombre, especialmente el cuerpo físico del hombre. Todos los demás seres en nuestro medio no han alcanzado la perfección del cuerpo físico del hombre, que ha necesitado mucho más tiempo que todos los demás para su desarrollo. Si miramos hacia atrás a través de la visión espiritual, encontramos que el primer fundamento del cuerpo físico del hombre fue colocado en el Antiguo Saturno. El universo entero, con todos los seres y objetos que contenía, influyó en el primer estado existencial de la Tierra. Los seres humanos presentes en nuestro planeta todavía poseen todos los órganos que se formaron en el  Antiguo Saturno y que son las partes más perfectas del cuerpo físico del hombre, a saber, los órganos de los sentidos. Estos órganos pueden ser capturados desde un aspecto puramente físico y su primer fundamento fue puesto entonces. Por supuesto, no deben pensar que el ojo existió en Antiguo Saturno en la misma forma en que existe hoy. Pero el primer fundamento del ojo, el oído, todo órgano sensorial y todos los otros órganos puramente físicos del ser humano aparecieron en el Antiguo Saturno. Las únicas actividades existentes en Saturno que todavía pueden encontrarse hoy, son las que pertenecen al reino mineral. (Cristalizaciones, etc.)

En el Antiguo Saturno, el ser humano existía en la forma que fue el primer fundamento de su cuerpo físico; Todo lo demás, la sangre, los tejidos, etc., no existían entonces. Los órganos físicos constituían la primera base del cuerpo físico del hombre. Así como la esmeralda, la mica, etc. surgen a través de leyes físicas y se desarrollan en forma de cubos, hexaedros, etc. en ese momento las formas que se estaban desarrollando se asemejaban a estos aparatos y existían en el Antiguo Saturno de la misma manera que los cristales existen ahora en la Tierra. La actividad de la superficie de Antiguo Saturno consistió esencialmente en una especie de reflexión que salió al espacio universal. Los Seres del ambiente de Saturno que fueron esparcidos en los espacios universales desecharon sus influencias. Algo que podríamos llamar un “aroma cósmico” también fue entonces fuertemente desarrollado. Sólo unos pocos fenómenos de la actualidad pueden dar una idea de lo que ocurrió en Antiguo Saturno: por ejemplo, cuando escuchas un eco en la Naturaleza, el sonido de este eco puede transmitirte algo que salió de Saturno como resultado de las impresiones que recibió. Estos conglomerados de fuerzas semejantes a aparatos que arrojaban imágenes al espacio universal formaban el primer fundamento de lo que se desarrolló más tarde como el ojo. De manera similar podríamos seguir el desarrollo todo lo demás. Lo que ahora está dentro del cuerpo, fue una vez en el Antiguo Saturno un reino físico, que enviaba a los espacios del Mundo el reflejo del Cosmos de una manera múltiple.

Los mitos y las leyendas conservaron este conocimiento mucho más claramente de lo que generalmente se supone. El mito griego de Chronos y Rhea, procedente de los Misterios de Eleusis conservaba, por ejemplo, tal verdad; Contiene, sin embargo, un gran desplazamiento de los hechos debido a la forma en que los griegos veían las grandes conexiones cósmicas. Este mito nos dice que Chronos envió sus rayos y que estos rayos volvieron a él de muchas formas: esto explica la imagen de Chronos devorando a sus hijos.

Ahora no debemos pensar que la masa de Saturno era tan firme y sólida como los cuerpos físicos de hoy; Incluso el agua y el aire no dan una idea de la sustancia fundamental de Saturno. Cuando hablamos de cuerpos en ocultismo, hablamos de cuerpos sólidos, líquidos y gaseosos. Y si hablamos de los elementos de la antigua manera, correspondería a lo que la química moderna designa como las “condiciones agregadas” de la materia, pues no debemos pensar que los hombres de antaño, al hablaban de los “elementos” en el mismo sentido que nosotros. Luego hay un “estado agregado” superior, designado en el antiguo ocultismo como “fuego”; Sin embargo, se transmite un mejor significado llamándolo “calor”. Incluso la física estará obligada a reconocer que lo que se designa como calor, puede compararse con una especie de cuarto estado agregado, con otra clase de sustancia que difiere del aire y del agua. La masa del Antiguo Saturno ni siquiera se condensó al estado de aire que consistía en calor purificado, y su actividad se parecía a la del calor de la sangre, ya que estaba conectado con los procesos de la vida interior. Los procesos físicos Antiguo Saturno eran procesos de la vida real. Antiguo Saturno consistió en sustancia térmica, de un volumen inmensamente fino que puede ser designado como neutro, si se compara con nuestras sustancias actuales.

Si deseamos estudiar a los Seres que habitaron Antiguo Saturno, debemos darnos cuenta de que de los Seres que ahora vemos moviéndose sobre la Tierra, entonces sólo poseían el primer principio del cuerpo físico; estaban encarnados en sustancia térmica y su actividad consistía en una corriente de calor que se movía. Estas corrientes constituían las obras de los Seres que llenaban al Antiguo Saturno de vida. Así como hoy se puede hacer una mesa,  estos seres de Antiguo Saturno hicieron su trabajo produciendo corrientes de calor. Nada más podía observarse de estos Seres. Un intercambio de saludos en el Antiguo Saturno era como si dos corrientes de calor se movieran de un lado a otro, intercambiando sus fuerzas.

Los Seres que pasaron por la etapa humana en el Antiguo Saturno no poseían el cuerpo físico como su miembro más bajo, pues no descendieron tan profundamente en la materia como para requerir un cuerpo físico. Su miembro más inferior era el Yo, así como hoy nuestro miembro más bajo es el cuerpo físico; entonces tenían el propio Yo Espiritual o Manas, el Espíritu de Vida o Buddhi, y el Hombre Espíritu o Atma. Desarrollaron además un octavo, noveno y décimo miembros, que deben ser incluidos.

La literatura teosófica denomina a estos miembros que el ser humano aún no ha desarrollado, los “Tres Logos”; En el cristianismo se llaman el Espíritu Santo, el Hijo o la Palabra, y el Padre. Por lo tanto, podemos decir: Así como los seres humanos ahora se componen de cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y Yo, Yo Espiritual, Espíritu de Vida y Hombre Espíritu, estos Seres que vivían en el Antiguo Saturno, que en relación con su conexión con la Tierra pueden ser comparados con los seres humanos presentes, consistieron en Yo, Yo Espiritual, Espíritu de Vida, Hombre Espíritu; el Espíritu Santo, el Hijo o el Logos, y el Padre. La terminología teosófica los designa como “asuras”. Son estos Seres quienes desde el principio implantaron en el fundamento físico del cuerpo del hombre el sentimiento de independencia, de conciencia de Yo y de sentimiento de Yo. No podrían usar sus ojos en el servicio al Yo si el fundamento del ojo no hubiera sido preparado en ese momento, con la consecuencia de que ahora podemos poner los ojos al servicio del Yo. Estos miembros fueron preparados por los Espíritus del Yo, también llamados los Espíritus del Egoísmo. Nos dieron lo más sabio de todo, cuando se desarrolla de la manera correcta. Pero todo lo que es de naturaleza más elevada se pervierte en su opuesto si no se desarrolla de la manera adecuada, porque entonces ejercerá la influencia más dañina y destructiva. El hombre nunca podría alcanzar ese alto nivel que designamos como dignidad humana, si estos Espíritus del Egoísmo no hubieran implantado en él el sentimiento del Ego. Siempre han existido Seres que siguieron un Curso Maligno y, por consiguiente, debemos decir: Los Seres que implantaron el Yo en el hombre y que están ahora en una etapa de desarrollo que supera grandemente a la humana, aquellos Seres a los que podemos mirar como los más elevados de todos, donaron su Yo como ofrenda de renuncia y sacrificio; pero los opuestos siguieron el desarrollo de su Yo de una manera egoísta.

En el esfuerzo por la libertad y la dignidad humana llevamos dentro de nosotros las influencias de los Espíritus del Yo que siguieron el buen camino, y llevamos dentro de nosotros la semilla del mal, porque la influencia de los Seres que cayeron continuó estando activa. Este contraste siempre ha sido sentido. El cristianismo mismo hace una distinción entre Dios el Padre, a quien considera como el Espíritu más desarrollado del Antiguo Saturno, y su oponente, el Espíritu de todos los Yoes malvados y de todo lo que es radicalmente inmoral, el Espíritu que cayó sobre el Antiguo Saturno. Estos son los dos representantes de Saturno.

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Así como después de la muerte encontramos otras formas de existencia, así un cuerpo cósmico, como Antiguo Saturno, paso a través de una especie de estado intermedio, una especie de condición de sueño, antes de entrar en una nueva condición; Paso a través de una “pralaya” en contraste con un “manvantara”, de modo que tenemos una especie de condición de reposo y pasiva del planeta, entre el estado de existencia de Antiguo Saturno y el del Antiguo Sol. El planeta entero emergió entonces en una nueva forma de su estado de sueño, que es, sin embargo, espiritual.

Antiguo Saturno emergió así como el Antiguo Sol, y una transformación considerable había tenido lugar. Sobre el Antiguo Sol un gran número de los gérmenes que ya se habían desarrollado sobre Antiguo Saturno y que todavía se desarrollan en nosotros hoy, fueron permeados por un cuerpo etérico. Durante esta transición planetaria ocurrió algo que puede compararse con el fruto de una planta que sembramos en la Tierra; Así, todo lo que se desarrolló sobre el Antiguo Saturno creció de nuevo sobre el Antiguo Sol con un nuevo fundamento impregnándose con un cuerpo etérico.

Había también otros seres que habían permanecido en la etapa física-mineral, y pueden ser comparados con el reino mineral presente. El Sol los absorbió como una especie de reino subordinado de la Naturaleza, pero al mismo tiempo otro reino fue elevado a la etapa del hombre-vegetal.

Se obtiene una concepción correcta de la atmósfera del Antiguo Sol si se imaginan un grueso gas químico que ya no representa un cuerpo meramente reflectante, sino uno que absorbe todo lo que se acerca a él y después de transformarlo lo reverbera en la misma forma en que las plantas reverberan ahora los colores. La planta forma su color verde y otras sustancias y las devuelve a los espacios cósmicos. Lo que vivió en el antiguo Sol no puede compararse con un eco, ni con una imagen reflejada, como en el caso de Antiguo Saturno, con respecto a los seres encarnados en el Sol, nos encontramos con un fenómeno que sólo puede compararse con un tipo de Fata Morgana, con fenómenos atmosféricos parecidos a imágenes de colores. Tales fenómenos que sólo se pueden percibir hoy en día en ciertas regiones de nuestro globo, pueden dar una idea de cómo estos cuerpos vegetales podían ser percibidos. Ustedes deben imaginar que sus cuerpos revelaron ciertos procesos tipo Fata Morgana, a través de los cuales sus presentes cuerpos podrían pasar como si fueran a través del aire. Eran tan transparentes como una Fata Morgana, —pero este fenómeno no sólo consistía en luz, sino también en tonos y olores que zumbaban a través de la esfera gaseosa del Sol.

Mientras que los seres que vivían sobre el Antiguo Sol podían brillar como las estrellas fijas de hoy, el reino de antiguo Saturno de los seres que habían quedado suspendidos, pudieron ser observados como una masa oscura, como formas oscuras contra la luz, como obtusos. Cavernas en el cuerpo del Antiguo Sol, que perturbaban su armonía. Particularmente en lo que respecta al “aroma cósmico”, estos seres retardados mezclaban sensaciones que provocaban todo tipo de malos olores. Los mitos han conservado un recuerdo de esto, porque relatan que el diablo deja un mal olor. A medida que avanzaba, el Antiguo Sol realmente dejaba atrás una parte oscura, y las manchas solares que son ahora visibles son los restos del antiguo reino de Saturno que una vez existió sobre el Antiguo Sol. Hipotéticamente estos puntos deben explicarse exactamente como los explicamos ahora; pues todas estas explicaciones son válidas.

En un breve esbozo, tienen así descrita la existencia como Antiguo Sol de la Tierra, por decirlo así, de su aspecto material. Veamos ahora quiénes fueron los Seres que alcanzaron el estadio humano sobre el Sol. El cuerpo más bajo era el cuerpo astral, luego viene el Yo, el Yo Espiritual, el Espíritu de Vida, el Espíritu-Hombre o Atma, luego el Espíritu Santo en el significado cristiano, y finalmente El Hijo o el Logos. Ellos no tenían al Padre, porque este miembro sólo se desarrolló durante la era de Saturno. Estos Espíritus de Saturno, mientras tanto, se elevaron a un nivel aún más alto, y ahora están muy por encima del ser humano.

El Líder de los Espíritus del Sol, en la medida en que ejerció la más alta influencia sobre la Tierra, el representante de los Espíritus cuyo miembro más alto era el Hijo o la Palabra, es el Cristo, en el significado esotérico del cristianismo. Él es el verdadero regente de la Tierra, en la medida en que la Tierra se basa en el estado de existencia del Antiguo Sol. Sobre el Sol, Cristo aún no habría sido llamado con ese nombre. La antigua forma de cristianismo siempre enseñó esta verdad, y la diferencia entre el cristianismo genuino y la forma exotérica del cristianismo, que en muchos casos se basa en malentendidos, es que la forma antigua del cristianismo ejerció todo su poder pensante y aplicó cada concepto con el fin de comprender ese ser altísimo que tomó forma humana en Jesús de Nazaret. La antigua forma del cristianismo deseaba obtener una concepción de lo que estaba en el fundamento de este misterio, y ninguna sabiduría era demasiado alta para él, o demasiado complicada: explicó el Ser de Cristo dentro de Jesús de Nazaret de acuerdo con esta verdad. Muchos pasajes del Evangelio de San Juan sólo pueden entenderse si lo comprenden desde este aspecto. Basta llamar la atención sobre un punto: Si tomas literalmente las palabras “Yo soy la Luz del Mundo”, esto implica que el Cristo es el gran Héroe del Sol y que la Luz que pertenece al Sol constituye Su Ser. Designamos a todas las huestes de los Espíritus cuyo Líder es el Cristo como los “Espíritus del Fuego” y decimos: Los Asuras o los Espíritus del Yo alcanzaron la etapa humana durante la era de Antiguo Saturno. Durante la existencia del Antiguo Sol, los Espíritus del Fuego o los Logos, cuyo máximo representante es llamado el Logos o Palabra, alcanzaron esta etapa. Por esta misma razón, Cristo es llamado el “Verbo” que existía en “el principio”, y el “principio” se designa en la Biblia como un punto de partida definitivo en la evolución cósmica.

De nuevo tenemos una condición intermedia, una especie de condición de sueño para todo el cuerpo cósmico, y entonces comienza a brillar de nuevo como la Antigua Luna.

Deben imaginar que en el principio la Tierra y la Luna actual formaron un solo cuerpo con el Sol. Sólo cuando el Sol empezó a resplandecer de nuevo, una parte de los Seres se separaron de él con su propio ambiente, de modo que surgieron dos cuerpos celestes. Uno de estos cuerpos, el Sol, comienza a desarrollarse como una estrella fija, y el cuerpo que se separa de ella empieza a circular alrededor. El Antiguo Sol se dividió así en dos partes; La sustancia más altamente desarrollada permanecía en el Sol, y la sustancia menos perfecta fue desechada. En consecuencia, lo que una vez persiguió el mismo curso, porque sólo había un cuerpo, ahora seguía dos caminos separados: el camino del Sol y el camino de la Luna. El camino del Sol era el que se desarrollaba sobre el cuerpo del Sol, mientras que la Luna desarrollaba su propio mundo. Podrían reconstruir la antigua Luna mezclando la Tierra presente y la Luna actual; Esto les permitiría formar una concepción de la forma en que se constituyó la antigua Luna. Tanto física como espiritualmente, la Luna actual está muy por debajo de la Tierra en cuanto a su calidad, y la Tierra se separo de la Luna porque necesitaba mejores condiciones de vida para los Seres que vivían sobre ella. La Tierra se desarrolló más allá de la etapa que había alcanzado durante la existencia de la Antigua Luna; Pero su mejor parte quedó atrás sobre el Sol.

¿Cuál era el aspecto de las cosas en la Antigua Luna? Los Seres que habían pasado por una etapa preparatoria sobre el Antiguo Saturno al desarrollar el fundamento físico de los órganos sensoriales, transformaron estos órganos en el Antiguo Sol impregnándolos con un cuerpo etérico; Los órganos de los sentidos se centralizaron así y la primera base de los órganos de crecimiento alcanzó hasta las glándulas que pudieron desplegarse en el antiguo Sol bajo la influencia del cuerpo etérico; Este fue un producto final de la existencia  Solar.

En la Antigua Luna, fue añadido el cuerpo astral de una manera similar. Todo lo astral devino por primera vez en los alrededores; los Espíritus del Fuego tenían el cuerpo astral como su miembro más bajo. Los Seres del Antiguo Sol parecían plantas; Por ejemplo, no podían moverse de sus lugares fijos. Aunque todo el cuerpo del Antiguo Sol era gaseoso, deben imaginar los estratos aéreos de mayor densidad que eran los cuerpos de estas plantas humanas. Pero ahora se les añadió el cuerpo astral; Esto dio lugar a la primera base del sistema nervioso. El reino que había alcanzado la etapa de desarrollo de los vegetales en el Antiguo Sol, pasó a la etapa animal, a un estadio semejante al de los animales. Los ancestros físicos del hombre en la Antigua Luna poseían así tres cuerpos: el cuerpo físico, el cuerpo etérico y el cuerpo astral, pero sobrepasaban en gran medida a los simios más desarrollados de nuestro planeta; Eran animales humanos que ninguna biología puede describir, un reino intermedio entre el hombre y el animal. Nuestros actuales reinos vegetales, animales y minerales se desarrollaron más tarde, Pero así como había animales humanos; Así que debemos admitir la existencia de un reino intermedio entre la planta y el animal; plantas con una especie de capacidad sensitiva, plantas que chillaban literalmente si uno las tocaba. Estos animales vegetales nunca podrían haber crecido sobre un suelo mineral, como el suelo actual de la Tierra; De hecho, este suelo mineral no existía en la Antigua Luna. Su masa no consistía en las sustancias rocosas presentes, ni siquiera de suelo suelto. Comparativamente hablando, el fundamento de la Antigua Luna consistía en una masa que se asemejaba a un puré de espinacas cocidas o ensalada, y en él una especie de planta mineral. Todo el fundamento de la Luna era por lo tanto de naturaleza vegetal. Un lecho de turba de hoy se asemejaría al reino que existió en ese momento como un reino intermedio entre nuestras plantas y minerales. No había piedras, y cualquiera que caminara por el suelo habría caminado sobre una tierra de turba o fundación vegetal, y análogamente puede pensar en rocas en forma de porciones de bosques dentro de esta masa.

Los animales vegetales surgieron de todo este fundamento y, sobre ellos, en el ambiente de la Antigua Luna, que puede ser designado como “aire de fuego”, movió a aquellos seres que eran animal-hombre. Imaginen toda la atmósfera llena de salitre, gases de carbono y azufre; Los hombres de la antigua Luna vivieron en este aire de fuego que ustedes obtendrían. Los ocultistas siempre supieron de la existencia de este aire de fuego, y bajo condiciones más antiguas de la Tierra era incluso posible producir artificialmente este aire de fuego. Esto sólo es posible hoy en día en un círculo muy restringido, pero este conocimiento se ha conservado en la auténtica alquimia. En consecuencia, si leen en el Fausto de Goethe: “Déjame producir un poco de fuego-aire”, esto toca las profundidades del ocultismo. Fuego-Aire cargado; la Antigua Luna; Esta era su atmosfera.

Podemos entender esta existencia lunar incluso mejor si añadimos otro hecho. Sobre la Luna había un reino de minerales vegetales, de plantas animales que crecían fuera de este suelo vegetal-mineral, y luego estaban los animales-hombres que se movían sobre él. Pero en cada etapa hay seres que se quedan atrás  —si se quiere, pueden decir que no “aprueban”. Este es el caso no sólo en la escuela, sino también en el gran curso de desarrollo, donde un alumno puede tener que repetir un curso. Estos seres que no “pasaron”, aparecen en etapas futuras de desarrollo en condiciones muy peculiares. Los rezagados de los minerales-vegetales que no “aprobaron” todavía existen en los parásitos, por ejemplo en el muérdago. No puede crecer sobre el suelo mineral, porque esta acostumbrado a crecer sobre un suelo vegetal-mineral. Prueba un hecho parecido al de un alumno que no pasó a una forma superior; Excepto que el caso de los seres que permanecen en el desarrollo cósmico es mucho peor. Particularmente en el Norte nos encontramos con un mito que describe esto; Todos ustedes están familiarizados con el mito del norte de Baldur y su muerte a través de Loki.

Los dioses estaban retozando en la casa de los Aesir y allí se lanzaban sobre todo tipo de objetos. Baldur acababa de tener un sueño presagiando su muerte temprana, y los dioses por lo tanto tenían miedo de perderlo. La Madre de los Dioses había hecho juramentar a todos los seres vivos e inanimados y todos ellos habían prometido que nunca harían daño a Baldur, y así los Dioses disfrutaron el juego lanzando todo tipo de armas contra Baldur. Loki, el oponente de los dioses, descubrió que un ser, que era considerado inofensivo, no había hecho ninguna promesa, y este era el muérdago, que se escondía en algún lugar en la distancia. Loki obtuvo el muérdago, se lo entregó al dios ciego Hodur, que se lo lanzó a Baldur: el muérdago hirió a Baldur, porque no había hecho el juramento y Baldur murió.

Este mito indica que lo que es invulnerable sobre la Tierra sólo puede sufrir daños a través de lo que ha permanecido detrás de otra existencia como algo malo. En el muérdago la gente veía algo que había entrado en el presente estado de existencia desde uno anterior. Todos los seres que ahora viven sobre la Tierra sólo pueden sufrir daño a través de lo que ha quedado suspendido en una etapa anterior. Todos los seres que ahora viven sobre la Tierra están conectados con Baldur. Pero en la Luna era lo contrario; Por consiguiente, aquel ser que había permanecido rezagado en la Antigua Luna fue capaz de matar a Baldur. Todas las diversas costumbres relacionadas con el muérdago surgen de este fundamento.

También debemos considerar la existencia lunar desde otro aspecto, desde el aspecto Espiritual. Los Seres Lunares que habían llegado a la etapa humana deben ser descritos como seres cuyo miembro más bajo era el cuerpo etérico, el segundo el cuerpo astral, entonces seguían el Yo, el Yo Espiritual, el Espíritu de Vida, el Hombre Espíritu o Atma, y también tenían el Espíritu Santo. Ya no tenían el noveno miembro perteneciente a los Espíritus del Fuego sobre el Sol. El más alto de los Espíritus Lunares que habían llegado a la etapa humana es llamado el “Espíritu Santo” en el esoterismo cristiano. En la forma primitiva original del cristianismo, la Trinidad triple estuvo por lo tanto íntimamente conectada con la evolución de la Tierra. El Espíritu Santo es un Espíritu que está por encima del hombre y que es capaz de inspirarlo de manera directa.

Así puede ver que los Espíritus lunares ahora están por encima del ser humano. También se les llama “Pitris Lunaris”, “Los Padres de la Luna” y “Espíritus del Crepúsculo”. Toda la multitud que pertenece al Espíritu Santo es llamada en el esoterismo cristiano, la Hueste de los Ángeles. Los Ángeles son los Espíritus inmediatamente por encima del hombre, que pasaron por su etapa humana en la antigua Luna.

La vida de los animales-hombres y de los animales-vegetales sobre la Antigua Luna difiere de la de los seres que se desarrollaron fuera de ellos sobre la Tierra. El movimiento de la Luna, que ya se había separado del Sol, era muy diferente del movimiento de la Tierra alrededor del Sol. La Luna antigua giraba alrededor del Sol de tal manera que siempre giraba la misma cara hacia el, así como la Luna siempre muestra siempre el mismo lado a la Tierra. La Antigua Luna se volvió tan sólo una vez alrededor de su propio eje, mientras circundaba alrededor del sol. Por lo tanto, los Seres de la Luna dependieron del Sol de una manera muy diferente a como ocurre con los actuales habitantes de la Tierra. Durante la época de la Antigua Luna su revolución alrededor del Sol, siempre estaba el día en uno de sus lados, y una especie de noche en el otro. Los Seres Lunares, que ya podían moverse, vagaban en una especie de círculo alrededor de la Luna, de modo que pasaban por una etapa en la que estaban bajo la influencia de la Luna. El tiempo en el que estaban bajo la influencia del Sol era su tiempo de procreación. Porque ya había una especie de procreación. Los hombres lunares no podían todavía expresar alegría y placer a través de los sonidos; Sus expresiones tenían un significado más cósmico. La época del sol era el tiempo del ardor y la pasión, y estaba conectado con un gran grito por parte de los Seres Lunares, Esto ocurre hoy en el reino animal.

Muchas otras cosas han permanecido a partir de ese tiempo. Ustedes saben cómo uno trata de investigar la verdadera razón de la migración de aves, por qué giran alrededor del globo de una cierta manera. Muchas cosas misteriosamente disimuladas hoy en día se pueden entender si se tiene en cuenta todo el curso de la evolución terrenal. Hubo un tiempo en que los seres lunares sólo podían procrear cuando vagaban hacia el Sol; Esto puede llamarse su época de vida sexual. Los procesos generales de la vida lunar se expresaban en los sonidos en ciertas temporadas y en otros momentos, los seres de la Antigua Luna permanecían mudos.

Así hemos aprendido a conocer el paso del tiempo a través de las tres condiciones precedentes de la existencia: la del Antiguo Saturno, la de la Antigua Luna y la del Antiguo Sol.

Traducido por Gracia Muñoz en Agosto de 2017.

 

 

GA296. El nombre inexpresable. Espíritus del Espacio y del Tiempo – Venciendo el egoísmo.

Rudolf Steiner – Dornach, 17 de Agosto de 1919

English version

Las explicaciones que les di ayer sobre el camino que el intelecto humano tomará en el futuro, se basan en hechos bastante definidos, que salen a la luz a través del conocimiento científico-espiritual. Permítanme indicar algunos de estos hechos hoy. Deben entender que prácticamente cuando el ser humano está delante de uno, él es el que está siendo descrito en la Antroposofía. Es decir, primero tenemos ante nosotros (ustedes saben esto de mi “TEOSOFÍA”) un ser cuádruple. Tenemos ante nosotros el Yo, el llamado cuerpo astral, el cuerpo etérico y el cuerpo físico. El hecho de que cada vez que nos enfrentamos a un ser humano siempre tenemos ante nosotros estos cuatro miembros, implica que la manera ordinaria de mirar el mundo de hoy en realidad no nos permite conocer la verdadera esencia de la persona que se encuentra ante nosotros. Realmente no lo sabemos. Pensamos que la persona que vemos ante nosotros llena el espacio con su cuerpo físico y que vemos su cuerpo físico. Sin embargo, no podemos ver esta parte física como generalmente la vemos con nuestro ordinario poder de visión, si sólo se presentara ante nosotros como un cuerpo físico. Vemos el cuerpo físico con nuestros ojos ordinarios, como generalmente nos aparece, sólo porque está permeado por el cuerpo etérico, por el cuerpo astral y por el Yo. Puede sonar extraño si les digo que nuestro cuerpo físico es un cadáver, incluso durante la existencia entre el nacimiento y la muerte. Cuando vemos un cadáver humano, realmente tenemos ante nosotros el cuerpo físico del hombre. El cadáver es el cuerpo físico que no está permeado por el cuerpo etérico, por el cuerpo astral y por el Yo. Esta abandonado por estos cuerpos y entonces revela, por así decirlo, su verdadero ser. No tienes una concepción verdadera de ti mismo si piensas que estás llevando a través del espacio lo que te imaginas que es tu cuerpo físico. Tendrías una concepción mucho mejor de ti mismo si piensas en ti mismo como un cadáver, llevado a través del espacio por tu Yo, tu cuerpo astral y tu cuerpo etérico.

En la actualidad es cada vez más importante adquirir conciencia de la verdadera naturaleza del hombre. Las cosas no siempre fueron como son ahora, en la etapa actual del desarrollo humano, y como lo han sido desde hace algún tiempo. Por supuesto, lo que les digo ahora no puede ser averiguado con la ayuda de la ciencia ordinaria que trata del mundo físico externo, porque son hechos revelados por la Ciencia Espiritual.

Si volvemos al siglo VIII, AC., que es como ustedes saben, el comienzo de la 4ª época post-atlante, llegamos a la época egipcio-caldea del desarrollo de la Tierra. Allí, los cuerpos humanos tenían una constitución diferente a la actual. Los cuerpos humanos de antaño, las momias que ahora se pueden ver en los museos, no estaban constituidas en su esencia más fina, como los actuales cuerpos humanos. Estaban mucho más llenos de la vida vegetal, no estaban tan muertos, no estaban tan cadáveres como los cuerpos humanos de hoy. Estos cuerpos físicos eran, por decirlo así, mucho más similares a la naturaleza vegetal, mientras que el cuerpo físico del hombre moderno —y esto es ya el caso desde la época greco-latina— tiene un mayor parecido con el mundo mineral. Si por algún milagro cósmico fuéramos ahora dotados de los cuerpos de los pueblos caldeo-egipcios, todos estaríamos enfermos. Nos traerían enfermedades. Llevaríamos dentro de nuestros tejidos del cuerpo la tendencia hacia un crecimiento exuberante excesivo. Muchas enfermedades simplemente consisten en el hecho de que el cuerpo humano en parte se remonta a las condiciones que eran normales en la época egipcio-caldea. En la actualidad encontramos crecimientos ulcerosos en el cuerpo humano, que se deben simplemente al hecho de que en una o en otra persona una parte de su cuerpo tiende a convertirse en algo parecido a los cuerpos de la población egipcio-caldea.

Lo que le he dicho ahora, depende esencialmente del desarrollo de la humanidad. Nosotros los hombres modernos llevamos con nosotros un cadáver. Este no era el caso del egipcio: su conocimiento era diferente al nuestro, su inteligencia funcionaba de manera diferente a nuestra inteligencia.

Ahora consideremos cuidadosamente la siguiente pregunta: ¿Qué reconoce el ser humano con la ayuda de ese conocimiento que designa como ciencia moderna y del que se enorgullece tanto? ¡Sólo cosas sin vida! La ciencia enfatiza constantemente que la inteligencia ordinaria no puede captar la vida. Es cierto que algunos investigadores creen que si continúan experimentando, algún día podrán entender el juego alternante de la vida a través de complicadas combinaciones de átomos, moléculas y sus fuerzas alternas. Esto nunca ocurrirá. A lo largo del camino químico-físico, sólo podrán entender la sustancia mineral, sin vida; Es decir, sólo podrán captar la parte de la materia viva que ahora es un cadáver.

Pero esa parte en el hombre que es inteligente y ejercita las fuerzas conscientes, es sin embargo el cuerpo físico; Es decir, el cadáver. ¿Qué es lo que realmente hace el cadáver que llevamos con nosotros? Va más lejos de todo el largo del camino del conocimiento matemático-geométrico. Allí todo es transparente; pero cuando más nos alejamos de la esfera matemático-geométrica, las cosas devienen menos transparentes. Esto se debe a que el cadáver humano es hoy el verdadero instrumento de la cognición, y porque un instrumento sin vida sólo puede usarse para reconocer cosas sin vida. El cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo en el hombre no son instrumentos de cognición, pues permanecen, por decirlo así, en la oscuridad. Si el cuerpo etérico fuera capaz de reconocer, de la misma manera en que el cuerpo físico reconoce las cosas sin vida, reconocería lo primero la esencia viva del mundo vegetal.

Con su cuerpo físico vivo y semejante a una planta, los egipcios percibieron el mundo de las plantas de manera muy diferente de la forma en que ahora la percibimos. Muchos conocimientos instintivos sobre el mundo de las plantas pueden remontarse a la percepción egipcia, a lo que se encarnó con la cultura egipcia a través de una forma instintiva de cognición. Incluso ciertos hechos botánicos en la esfera médica están, en muchos aspectos, basados en las tradiciones de la antigua sabiduría egipcia. En efecto, para el juicio laico puede parecer de aficionados extraer de fuentes egipcias, lo que transmiten ciertas verdades que no parecen ser de gran valor. Ustedes saben que muchas de las llamadas logias, que no tienen un fundamento adecuado, se llaman “Logias Egipcias”. Esto es sólo porque en estos círculos todavía existen tradiciones de la sabiduría que se podría obtener a través de un cuerpo egipcio.

Podemos decir que con la transición gradual de la época egipcia a la época greco-latina, murió el cuerpo vegetal del hombre; Ya en la antigua Grecia, este cuerpo vivo parecido a una planta estaba más o menos muerto, o al menos estaba agonizando lentamente. Ahora ya tenemos un cuerpo físico que está muerto a un alto grado, y esta condición sin vida se aplica particularmente a la cabeza humana. Ya les expliqué que un iniciado científico espiritual puede percibir la cabeza humana como algo sin vida, como algo que está constantemente muriendo. La humanidad crecerá cada vez más consciente del hecho de que es un cadáver lo que usamos como instrumento de la cognición, y que este cadáver sólo puede captar cosas sin vida.

Cuanto más avanzamos hacia el futuro, más intenso será el anhelo de reconocer sólo lo que está vivo. Pero la inteligencia ordinaria, que está ligada al cuerpo sin vida, no puede percibir lo que está vivo. Muchas cosas serán necesarias para que el hombre, que ha perdido la posibilidad de penetrar en el mundo de una manera viva, pueda una vez más alcanzar esto. Debemos tener en cuenta todo lo que hemos perdido.

Cuando el ser humano pasó de la época Atlante a la post-atlante, era incapaz de hacer muchas de las cosas que se hacen ahora. Cada uno de ustedes, desde un cierto momento de su infancia hacia adelante, pudieron decir “yo” al referirse a uno mismo. Ahora se pronuncia esta palabra “yo” muy descuidadamente. Pero en el curso del desarrollo humano esta palabra no siempre fue pronunciada tan descuidadamente. Hubo épocas más antiguas en la evolución de la humanidad —aunque incluso en el antiguo Egipto, estos tiempos antiguos en gran medida ya había menguado— hubo épocas más antiguas en que el Yo estaba designado por un nombre, y si se pronunciaba ese nombre, aturdía a la gente. Por lo tanto, se evitó pronunciarlo. Si el nombre aplicable al Yo, que sólo era conocido por los iniciados, hubiera sido pronunciado en presencia de personas en los tiempos inmediatamente posteriores a la catástrofe atlante, el sonido de este nombre habría aturdido a toda la congregación; Toda la gente habría caído al suelo, tan fuerte habría sido el efecto del nombre aplicable al Yo.

Un eco de esto todavía puede encontrarse entre los antiguos hebreos, donde se habla del nombre indecible de Dios en el alma, un nombre que sólo podría ser pronunciado por los iniciados o mostrado a la congregación en gestos eurítmicos. Por lo tanto, el origen del nombre indecible de Dios puede verse en los hechos que se explican en este momento.

Pero poco a poco este nombre se perdió. Y con él se perdió el efecto profundo que irradia de tales cosas.

Durante la primera época post-atlante teníamos una profunda influencia procedente del Yo; Durante la segunda época posterior a la Atlántida, una profunda influencia procedente del cuerpo astral; Durante la tercera época post-atlante, una profunda influencia que salía del cuerpo etérico, pero que la gente podía soportar, porque, como les expliqué ayer, los puso en conexión con el universo, les hizo sentir su relación con el universo. En el tiempo presente, podemos pronunciar la palabra “yo”, podemos pronunciar todo tipo de cosas, pero no hacen ningún efecto sobre nosotros, porque ahora captamos el mundo a través de nuestro cuerpo sin vida. Es decir, sólo nos aferramos a la esencia mineral del mundo sin vida. Pero debemos nuevamente ascender y regresar a las regiones que nos permitan captar la vida. Mientras que desde la época grecolatina, desde el siglo VIII AC, hasta mediados del siglo XV DC, se atribuía el mayor valor a una adquisición cada vez mayor de conocimientos a través del cuerpo sin vida, nuestra inteligencia sigue ahora el camino que les describí ayer Pero debemos resistir la mera inteligencia. Debemos añadir algo a nuestra inteligencia.

Una característica que debemos tener en cuenta es que ahora debemos retraer el camino de una manera correcta; En el tiempo presente, en la quinta época post-atlante, debemos aprender de cierto modo a conocer el mundo vegetal; Durante la 6ª época deberemos aprender a conocer el reino animal, y sólo durante la 7ª época el reino real del hombre. Así, una de las tareas de la humanidad es trascender el mero conocimiento del mundo mineral y ascender al conocimiento del mundo vegetal.

Ahora que son capaces de entender esto sobre una base más profunda, consideren quién es la persona cuya principal característica es esta búsqueda del conocimiento del mundo vegetal. Este hombre es Goethe. Al acercarse a la vida desde la base de las cosas sin vida y al alcanzar, en oposición a la ciencia de sus días, la ley de la metamorfosis, el proceso vivo de las plantas, Goethe nos aparece como el representante de la 5ª epoca post-atlante, en sus primeros comienzos. Lean el pequeño folleto de Goethe, escrito en 1790, titulado “Una tentativa para explicar la metamorfosis de las plantas”, y allí encontrarán que Goethe trató incesantemente de captar la planta en su proceso de crecimiento, no como algo muerto y acabado, sino como algo en un proceso constante de crecimiento, pasando de hoja a hoja. Aquí pueden encontrar el comienzo del conocimiento que se debe buscar en la 5ª época post-Atlante.

El Goetheanismo por lo tanto nos da la nota fundamental para lo que debemos buscar durante esta 5ª época post-Atlante. La ciencia, por decirlo así, debería despertar al significado de Goethe y proceder del estudio de las cosas sin vida a la de los seres vivos. Esto es lo que quiero decir cuando continuamente enfatizo que debemos adquirir la capacidad de abandonar conceptos muertos y abstractos y penetrar en conceptos vivos y concretos. Las explicaciones que les di ayer y anteayer constituyen realmente el camino que conduce a estas regiones vivas y concretas del pensamiento.

Pero no será posible penetrar en tales pensamientos y conceptos a menos que nos tomemos la molestia de unir los elementos que forman nuestra concepción del mundo y nuestros puntos de vista sobre la vida. A través de la configuración especial de la civilización moderna, las diferentes corrientes de nuestra concepción del mundo están permitidas, por así decirlo, para correr inorgánicamente de lado a lado. ¡Consideren cuan inorgánicos y desunidos están en muchos casos los puntos de vista religiosos y científico-naturales de una persona! Muchas personas tienen conceptos religiosos y científicos, pero no lanzan un puente de uno a otro. De hecho, tienen cierta renuencia, un cierto temor a hacer esto. Sin embargo, debemos ser claramente conscientes de que las cosas no pueden permanecer como están.

Durante mi visita actual, le señalé cuan egoístamente desarrollan las personas modernas su concepción del mundo. Llamé la atención sobre el hecho de que hoy en día la gente está principalmente interesada en la vida del alma después de la muerte. Por puro egoísmo se interesan por la vida del alma después de la muerte. También les dije que ahora es necesario interesarse por la vida del alma desde el nacimiento, en la medida en que esta vida es una continuación de la vida antes del nacimiento o la concepción. Nuestra concepción del mundo sería mucho menos egoísta de lo que es hoy, si observáramos el desarrollo de un niño, la forma en que crece como continuación de su existencia anímico-espiritual prenatal,  con el mismo anhelo y el mismo interés con el que pensamos en la vida después de la muerte.

Este carácter egoísta de nuestra concepción del mundo moderno depende de muchas otras cosas además. Ahora llegamos a un punto que demuestra claramente que la gente moderna debe ser cada vez más consciente de los hechos reales que yacen en el fundamento de estas cosas. Durante la época que conduce hasta el presente, el elemento egoísta se ha desarrollado principalmente en el hombre; El yo ha permeado nuestra concepción del mundo y el yo también ha permeado la voluntad humana. No estamos presos de ninguna ilusión con respecto a esto.

Los más egoístas de todos se han convertido en religiones, credos religiosos, etc.. Incluso los hechos superficiales pueden mostrar que las creencias religiosas se han hecho egoístas. Consideren cuántos sacerdotes modernos deben contar con el egoísmo de la gente. Cuanto más se toma en cuenta el egoísmo humano, cuantas más promesas se hacen para la vida del alma después de la muerte, más fácilmente alcanza sus objetivos. A la gente moderna no les interesa mucho otra cosa, porque no les importa mucho la vida espiritual animica que se manifiesta tan maravillosamente después del nacimiento; Es decir, después de la concepción.

Un resultado de este interés egoísta en la vida después de la muerte es la manera en que la gente moderna piensa acerca de Dios en las diferentes religiones. Pensar en Dios como el Ser más elevado, no implica nada especial. En este sentido es necesario eliminar toda ilusión. ¿Qué implican la mayoría de las personas cuando hablan de “Dios”? Ya lo he mencionado antes. ¿Qué clase de Ser quieren decir cuando hablan de Dios? Es un Ángel, un Angelos –a su propio Ángel a quien llaman Dios! ¡No es nada más, queridos amigos! La gente todavía tiene alguna idea del hecho de que un espíritu guía los acompaña en la vida; A este espíritu guía levantan la vista, y es a este ser angélico a quien llaman Dios. Aunque no hablan de él como de un Ángel, aunque lo llamen “Dios”, sin embargo, sólo significan a su Ángel. La nota egoísta de las creencias religiosas es que su idea de Dios no va más allá del Ángel. Como consecuencia, los intereses humanos se han vuelto más estrechos, rasgo que puede verse claramente hoy en día en la vida pública.

¿Cuáles son las preguntas que la gente hace hoy? ¿Investigan los destinos generales de la humanidad? ¡Oh, en cierto sentido es muy doloroso hoy hablar con gente de destinos humanos generales! La gente tampoco tiene idea de cuántos cambios han tenido lugar en este sentido, incluso en un espacio de tiempo comparativamente corto. Ya ven, hoy podemos decirle a la gente que la guerra que se ha librado en la Tierra durante los últimos cuatro o cinco años será seguida por la más poderosa batalla espiritual jamás emprendida, una batalla que se extenderá por todo el mundo, que nunca existió antes en esta forma, batalla que es consecuencia del hecho de que el Occidente designa como maya o como ideología lo que el Oriente designa como realidad y que el Oriente designa como realidad la ideología del Occidente. Hoy podemos llamar la atención sobre este importante y pesado hecho, sin embargo, la gente ni siquiera se da cuenta de que si se hubiera dicho esto hace tan sólo cien años, habría agitado tanto a las almas que no habrían tenido paz.

El hecho más llamativo de todo es este cambio en la humanidad, esta indiferencia respecto a los grandes destinos de la existencia humana. Hoy en día nada penetra en las almas humanas, pues les rebota, por así decirlo. Los hechos más abarcadores, los más importantes e intensivos se toman ahora como hechos sensacionalistas. No sacuden suficientemente a las almas humanas. Esto sólo depende del hecho de que el egoísmo inteligente, en constante aumento, restringe los intereses humanos.

La gente puede ahora tener democracias o parlamentos —pueden reunirse en los parlamentos, pero los destinos de la humanidad no respiran a través de estos parlamentos, porque los hombres que son elegidos en el parlamento no están llenos del aliento de los destinos de la humanidad. Están llenos del aliento de los intereses egoístas. Cada persona tiene su propio interés egoísta. Semejanzas esquemáticas externas en estos intereses, a menudo debido a una profesión común, inducen a la gente a formar grupos. Y si estos grupos son suficientemente grandes, se convierten en mayorías. En ese caso, no son los destinos humanos los que pasan por el parlamento o a través de estos grupos representativos de personas, sino sólo el egoísmo humano, multiplicado por tantas personas.

Incluso las creencias religiosas han sido transferidas a la esfera del egoísmo, porque las almas humanas están llenas de intereses que sólo apelan a su egoísmo. Las creencias religiosas pasarán por la renovación que necesitan, cuando los intereses humanos se hayan ampliado, cuando hayan adquirido una forma que trascienda el destino puramente personal y ascienda al destino de la humanidad como tal, cuando la gente se agitará nuevamente al oír que en Occidente hay una civilización que difiere de la del Este, y que en el Centro hay una civilización que difiere de la de los dos polos de Oriente y Occidente; Una renovación religiosa vendrá cuando las almas humanas se despierten al oír que en Occidente se buscan los grandes objetivos de la humanidad (¡si, son absolutamente buscados!) recurriendo a las personas mediúmnicas, que en estado de trance son, por así decirlo, conscientemente llevadas a una conexión sub-terrenal con los mundos espirituales para que revelen, medianamente, algo sobre los grandes objetivos históricos.

En Europa, se podría explicar con tanta frecuencia, aunque la gente no lo crea, que realmente existen sociedades en los países angloamericanos donde las personas con facultades mediúmnicas son llevadas a una especie de trance, para descubrir a partir de ellas, mediante preguntas inteligentemente formuladas, algo sobre el gran destino objetivo de la humanidad.

La gente tampoco cree que los Orientales, también, obtienen información sobre los grandes fines de destino de la humanidad, no de forma mediúmnica sino mística. Esto es casi palpablemente evidente hoy en día, pues uno puede comprar en todas partes los hermosos discursos de Rabindranath Tagore, revelando a gran escala cómo piensa un oriental sobre los objetivos de la humanidad. La gente lee sus poemas, como si fueran los folletos de algún escritor barato, porque hoy ya no distinguen a los escritores baratos de hombres dotados de gran espiritualidad como Rabindranath Tagore. No se dan cuenta de que hoy en día las más diversas sustancias raciales viven, por así decirlo, de lado a lado. Ya les he explicado, en muchas conferencias, los puntos de vista que deben aplicarse a Europa Central, pero estas explicaciones no se tomaron como deberían haber sido tomadas.

Con estas palabras, queridos amigos, sólo deseo demostrar que es posible hacerse consciente de algo que trasciende los destinos humanos egoístas, algo que está conectado con el destino de grupos enteros de hombres, de modo que las diferenciaciones pueden hacerse en todo el mundo. Si elevamos los ojos del alma con comprensión a estos destinos de la humanidad en el mundo entero, si tomamos un interés profundo en este elemento que trasciende los destinos personales, sintonizamos nuestra alma para la comprensión de algo más alto y más real que el Ángel; a saber, el Arcángel. Los pensamientos que revelan la verdadera naturaleza del Arcángel no pueden llegar a nosotros si sólo nos movemos en esferas pertenecientes a intereses humanos personales puramente egoístas. Si los predicadores sólo se mueven en las regiones del egoísmo humano, sus sermones pueden estar llenos de palabras que tratan de lo Divino, pero sólo predicarán del Ángel. El hecho de que le den otro nombre constituye una falsedad, y no cambia nada. Sólo si empezamos a interesarnos por el destino humano que se extiende sobre amplios espacios, sintonizamos nuestra alma con la comprensión del Arcángel.

Pasemos ahora a otra cosa. Tratemos de desarrollar un sentimiento de los impulsos sucesivos en la evolución de la humanidad, indicados en recientes conferencias. Consideremos el hecho de que un gran número de nuestros hombres principales reciben una educación clásica durante los años en que el alma humana todavía puede ser conformada y moldeada; Se enseña en escuelas que no son el producto de la civilización moderna, sino de una cultura pasada, de la época greco-latina. Si los griegos y los romanos hubieran hecho lo mismo que estamos haciendo ahora, habrían establecido escuelas egipcio-caldeas. Pero ellos evitaron esto. Tomaron su tema de instrucción de la vida misma. Lo tomaron de la época precedente y entrenaron a los seres humanos en consecuencia. Esto tiene una gran importancia en la vida humana, pero no lo hemos reconocido. Si hubiéramos reconocido la importancia de este hecho, el movimiento feminista habría dado una nota diferente, expresando la siguiente verdad: “Los hombres que están aprendiendo a usar sus poderes intelectuales ahora, están siendo entrenados en escuelas anticuadas. Esto endurece su cerebro. Las mujeres afortunadamente no fuimos admitidas en esas escuelas (los “gimnasios” del continente). Desarrollemos nuestros poderes intelectuales más originalmente; demostrémonos cómo pueden desplegarse en el tiempo presente, si no están embotados en los años de juventud por una educación grecolatina”.

Pero el movimiento feminista no alcanzó esa nota. Por el contrario, a menudo avanzan con la siguiente afirmación: “Los hombres se han educado bajo la educación greco-latina, vamos ahora las mujeres también a educarnos en ella. Vamos a permitirnos tener un entrenamiento de gimnasio nosotras también”.

Por lo tanto, pueden ver, mis queridos amigos, cómo no existe la comprensión de las cosas que realmente son necesarias. Debemos saber que en la actualidad no estamos siendo educados de acuerdo con las exigencias modernas, sino de acuerdo con las normas relativas a la cultura greco-latina. En consecuencia, esta cultura greco-latina llena la vida moderna. Debemos ser conscientes de ello. Deberíamos sentir los ingredientes greco-latinos de la cultura en las principales personalidades de nuestros días, en la llamada “intelligensia”, entre los intelectuales; Este es un estrato que existe en el tiempo presente. Toda nuestra cultura espiritual está permeada por ella. No leemos ningún periódico que no contenga rastros de la cultura greco-latina, pues escribimos en un estilo greco-latino, aunque escribamos en nuestro propio idioma.

Como ya se ha explicado, nuestros puntos de vista jurídicos están inmersos en el pensamiento romano —que es a la vez algo obsoleto y anticuado. La vida romana llena la ley moderna. A veces la antigua ley nativa entra en conflicto con el derecho romano, pero no puede afirmarse. Esto también debe ser sentido: que lo que llamamos justicia o injusticia en la vida pública está empapado de los impulsos de una época pasada.

Sólo en la esfera económica vivimos realmente en el presente. Es un hecho significativo que sólo vivimos el presente en la esfera económica. Por lo tanto, algunas cosas tendrán que ser modificadas. Permítanme decir entre paréntesis que muchas mujeres recogen conceptos modernos sólo con respecto a la cocina; Es decir, en la economía doméstica, pues allí son verdaderamente modernas; Pero para todo lo demás esta anticuada; Es algo que injertamos en el presente. No digo que esto sea una cosa especialmente deseable —en cualquier caso, lo otro tampoco es del todo deseable; a saber, que en el tiempo presente incluso las almas de las mujeres vuelven a las culturas anticuadas.

Cuando examinamos nuestro entorno cultural, no encontramos en él sólo lo que está activo en el espacio, sino también los impulsos que vienen de tiempos muy remotos. Y si adquirimos un sentimiento por tales cosas, descubriremos no sólo la influencia del pasado, sino también la del futuro. De hecho, es nuestra tarea introducir en el presente estos impulsos del futuro. Pues, queridos amigos, si no viviera en cada uno de nosotros una especie de rebeldía contra el pasado, oponiéndose al carácter griego de nuestra cultura y al carácter romano de la legislación moderna, si el futuro no viera su luz en estas esferas, nuestro destino sería una pena.

En cuanto a la cultura moderna, debemos considerar, además del espacio, también el tiempo; Lo que penetra en el presente, en la historia de nuestro tiempo, desde un pasado remoto y desde el futuro. Como personas modernas, debemos saber que, de la misma manera en que América, Inglaterra, Asia, China e India existen en el tiempo presente, así el pasado y el presente existen en el alma humana y envían sus influencias hacia ella, en cuanto que somos europeos, pues el pasado y el presente representan los dos polos de Oriente y Occidente. Así tenemos dentro de nosotros a la antigua Grecia, a la antigua Roma y el futuro. Y si nos tomamos la molestia de contemplar este hecho, si nos hacemos conscientes de que el pasado y el futuro, o las cosas por venir, viven en nuestra alma, estaremos llenándonos de un nuevo sentimiento, que puede trascender el egoísmo en el destino humano; Es un sentimiento que difiere del de una mera contemplación espacial de la vida.

Sólo si desarrollamos este estado de ánimo en nuestra alma, adquiriremos la posibilidad de desarrollar pensamientos sobre la esfera de los Espíritus del Tiempo, o los Arcai. Es decir, llegamos al tercer Elemento Divino en el orden jerárquico. Es bueno concebir estas tres Jerarquías en pensamientos y conceptos, con la ayuda de los medios que acabamos de explicar. Pues los Espíritus de la Forma, que vienen después de los Arcai, son mucho más difíciles de entender. Pero para las personas modernas bastaría con intentar trascender el egoísmo y penetrar en la esfera no egoísta; Deben repetir este intento una y otra vez y ocupar sus mentes con las cosas que se acaban de caracterizar!.

Esto debería ser particularmente el caso de los profesores (permítanme enfatizar esto). Lo que le he explicado ahora debe ser tenido en cuenta especialmente en la formación de los profesores. Los maestros no deben tener el derecho de educar y entrenar a los niños a menos que adquieran un concepto de ese egoísmo que sólo alcanza hasta la Divinidad más cercana; es decir, el Ángel, y a menos que adquieran un concepto de los poderes no egoístas que determinan el destino y que existen espacialmente lado a lado aquí en la Tierra; Es decir, los Arcángeles. Y también deben adquirir un concepto de las influencias del pasado y del futuro en la cultura moderna —el carácter romano del derecho, la sustancia espiritual griega— y de la indefinida rebelión futura del hombre, que podría rescatarlo.

En la actualidad, sin embargo, la gente no está muy inclinada a penetrar en tales cosas. Hace poco tiempo, enfatizo una y otra vez en mis conferencias que una de las tareas sociales de la actualidad es extraer nuestra sustancia educativa para los años que los jóvenes pasan ahora en las escuelas, desde el presente, para hacer lo mismo que los antiguos griegos también hicieron: extraer nuestra sustancia educativa del presente.

En el mismo lugar en que repetidamente hablé de este asunto como uno de los problemas sociales más importantes, apareció poco tiempo después de mis conferencias: no deseo construir una conexión casual; esto es indiferente, pero es sintomático! —un gran número de anuncios en todos los periódicos locales haciendo propaganda para un local “gimnasio”. Di charlas en las que caracterizaba, como lo he hecho ahora, el clásico gimnasio en la educación y al mismo tiempo aparecieron anuncios de alabanza a un gimnasio en la educación, exponiendo todo lo que la juventud de Alemania debe a sus gimnasios para el “fortalecimiento de la conciencia nacional”, de la “fuerza nacional”, etc., etc. ¡Y esto, unas pocas semanas antes de la Paz de Versalles! Estos anuncios fueron firmados por las celebridades locales de la escuela, etc. Lo que uno tiene que decir hoy para una base verdaderamente objetiva de la evolución humana siempre rebota, vuelve de nuevo. La gente lo rechaza —no toca a las profundidades de sus almas.

Esto explica la dificultad de actuar con respecto a la cuestión social. Pues la actitud superficial con la que la gente se aproxima a la cuestión social nunca será de ninguna utilidad. La cuestión social es profundamente significativa; Es un problema que no puede ser resuelto a menos que uno esté dispuesto a mirar las profundidades del ser humano y del universo. Este mismo hecho debe ser capaz de mostrarnos lo necesario que es establecer ciertas verdades contenidas en la triple estructura del organismo social.

Pero debemos adquirir un órgano capaz de captar lo que nuestro tiempo actual realmente necesita. Será difícil adquirir este órgano en la esfera espiritual, pues la sustancia espiritual en la educación, gradualmente asimilada por el cuerpo gobernante, el Estado, sacó del ser humano toda fuerza activa, todo verdadero esfuerzo, transformándolo así en un miembro “resignado” dentro de la estructura del estado. Ya les he hablado aquí, creo, de la pregunta: ¿Cómo vive realmente la gran mayoría de la gente? (Por supuesto, siempre se tienen en cuenta las excepciones). Hasta el sexto año de su vida se permite al ser humano vivir libremente, porque es todavía demasiado mugriento para el estado! El Estado no quiere asumir las tareas que implica el cuidado de los niños pequeños; El Estado deja, pues, al ser humano al cuidado de los poderes fuera de su propia esfera. Pero después lo reclama y entonces lo entrena para que pueda encajar en la economía del estado, en el modelo estereotipado; Dejando de ser un ser humano real y se convirtiendose en algo que lleva la huella del Estado. En ese caso puede ser “de uso” para el estado. Él se esfuerza por esto, porque es inculcado a ello; en ese caso, el Estado no sólo cuida de él mientras trabaja, sino también cuando deja de trabajar, al concederle una pensión hasta que se muere. Para muchas personas una posición que implica el derecho a una pensión es un gran “ideal”!. ¡Y las religiones hablan de una especie de pensión para el tiempo después de la muerte!. El alma obtiene una pensión; sin ningún esfuerzo por su parte obtiene la vida eterna a través de la misma iglesia. ¡La iglesia se encarga de esto!. Es incómodo oír que la salvación sólo puede ser alcanzada por un esfuerzo espiritual libre, independientemente del Estado, y que el Estado debe limitarse a la esfera jurídica. ¡Y el derecho a tener una pensión NO existiría en un estado jurídico! Esta es para muchas personas una razón… para rechazarlo! Uno puede ver esto una y otra vez.

Y en cuanto a la vida más íntima del espíritu, debemos decir que la vida religiosa requerirá, ciertamente, una concepción del mundo válida para el futuro; Debe exigir al hombre que trabaje por su inmortalidad, para que actúe en su alma, de modo que pueda tomar el impulso divino, el Impulso de Cristo, a través de su propia actividad.

Durante mi vida recibí innumerables cartas de la gente de la iglesia declarando que la Antroposofía es una cosa buena, pero que contradice la  “simple fe cristiana” de la salvación del alma a través de Cristo, de la vida eterna alcanzada a través de Cristo, sin tener que hacer nada por ello “La fe en la salvación por medio de Cristo” es algo que ellos no pueden abandonar. Cuando las personas escriben o dicen tales cosas, piensan que son especialmente piadosas. Pero son simplemente egoístas, completamente interesadas y egoístas, porque no desean hacer ningún esfuerzo en su alma, desean dejarlo todo a Dios, que llevará su alma a salvo a través del portal de la muerte y lo acogerá.

Estos asuntos no estarán tan cómodos en la concepción del mundo que creará la sustancia religiosa en el futuro. Tendremos que comprender que la esencia divina dentro de nosotros debe desarrollarse dentro del alma. Entonces ya no será posible someterse pasivamente a las iglesias que prometen llevar las almas humanas con seguridad a través de la muerte… una costumbre censurable por lo menos ha cesado ahora; A saber, hacer esto a cambio de dinero, pero en secreto esto todavía desempeña un cierto papel, incluso en lo que respecta a la consecución de la vida eterna. Esta transición a una etapa de la actividad interior, de modo que miremos hacia un mundo al que pertenecemos, es un requisito urgente, sin embargo, no atrae a la humanidad en gran medida.

Para adquirir un sentimiento hacia las exigencias en este ámbito, debemos contemplar los hechos expuestos hoy: la metamorfosis de la humanidad desde los tiempos del antiguo Egipto, donde incluso el cuerpo tenía un carácter más vegetal. Pero si volviera a caer en esta condición parecida a una planta, tomaría crecimientos ulcerosos, etc., así como el hecho de que llevamos realmente un cadáver con nosotros, que es el verdadero instrumento de la cognición. Estas verdades nos permiten tener un sentimiento para las exigencias de la humanidad, mostrándonos cómo avanzar en la dirección correcta, cómo poder avanzar ahora en la cuestión social. Ya no deberíamos contentarnos con considerar una cuestión tan importante como la cuestión social de la manera más sencilla posible.

Esta es la extraordinaria dificultad del tiempo presente, y deben tener en cuenta que a la gente moderna le gusta escuchar explicaciones sobre los hechos más importantes de la vida en unas pocas frases abstractas. Cuando un libro como los “Puntos Fundamentales de la Cuestión Social” contiene más que unas pocas frases abstractas, cuando tal libro contiene los resultados de una observación de la vida misma, entonces la gente dice que no puede entenderlo y parece confundida con ellos. Pero es la desgracia de la actualidad que a la gente no le gusta penetrar en las cosas que deberían penetrar. Pues las frases abstractas que son muy transparentes, sólo tratan de cosas sin vida; pero la esfera social es una esfera viviente. Aquí debemos aplicar concepciones elásticas, oraciones elásticas, formas elásticas. Por lo tanto, es necesario, como he explicado con frecuencia, considerar no sólo la transformación de las cosas, sino también aprender a pensar de manera diferente con respecto a la estructura más íntima de nuestros pensamientos y reflexiones.

Al despedirme de nuevo por un par de semanas, queridos amigos, quería hablar de todo esto, porque ahora debemos sentir que estamos bajo el signo de la cooperación en nuestro movimiento antroposófico o social. Quisiera que ustedes se llenaran cada vez más con el entendimiento de que si algo se quiere lograr en el ámbito social, la ciencia espiritual de la Antroposofía debe fluir hacia las almas humanas. Permítanme recomendarles una cosa, aunque la repita una y otra vez. Es esencial que las verdades antroposóficas que podemos obtener para nosotros mismos sean reconocidas como la verdadera regla de conducta para nuestras actividades y para nuestro esfuerzo en el tiempo presente; debemos tener el coraje y la voluntad de impulsarnos con verdades antroposóficas. Lo peor de todo es que la gente moderna no tiene el coraje de empujar con algo que realmente se necesita. Permiten quebrar las mejores fuerzas de su voluntad; no están dispuestos a llevarlas a cabo, aunque esto sea tan necesario.

Ya ven, queridos amigos, aprendan a soportar valientemente el hecho de que las personas que se interesan por el edificio representativo de nuestros esfuerzos espirituales, el Goetheanum, sean bien aceptadas por ustedes; Alegraos por cada persona que no muestra más que un grado de entendimiento, y vayan hacia ella, pero no pongan atención al hecho de que la gente trae mala voluntad, o lo que es más frecuente hoy en día, una falta de comprensión hacia la antroposofía —limítense a rechazar esto de una manera correspondiente. Lo esencial es el coraje para avanzar con estas cosas. Considerémonos como ese pequeño grupo de hombres cuyo destino es conocer y comunicar al mundo las cosas que más necesita. Que la gente se burle de nosotros, que digan que es vanidad pensar esto; Sin embargo, es cierto. Decirnos a nosotros mismos que «sin embargo es cierto», decir esto sinceramente, para que toda nuestra alma se llene de ello, exige un coraje interior que debemos tener. Que este valor llene nuestra alma de sustancia antroposófica. Esto nos permitirá hacer lo que cada uno debe hacer en el lugar donde está. Esto es lo que quiero decirles hoy.

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Realmente podemos decir que estamos dando la bienvenida a cada día que nos acerca a la meta (que ahora encuentra los mayores obstáculos) de trabajar en el mundo a través de nuestro Edificio. Pues este edificio es, después de todo, el único que tiene en cuenta, incluso en sus formas arquitectónicas, los grandes destinos de la Humanidad. Y es bueno que la gente comience ya a tomar nota del Goetheanum. Pero se necesita otra cosa para una actividad progresiva respecto a la cuestión social; A saber, que por un medio como el Goetheanum, con sus formas más potentes que cualquier otra forma arquitectónica del presente, debe ejercerse una influencia sobre el mejoramiento espiritual de las fuerzas humanas; La gente debe volver a hacerse accesible a las verdades que deben ser conocidas, para que puedan elevarse no sólo a la esfera del mundo Angélico, sino también a la esfera del mundo Arcangélico y a la del Espíritu del Tiempo.

Traducido por Gracia Muñoz en Julio de 2017.

GA107c1. El Mundo Astral

Rudolf Steiner — Berlín 19 de Octubre de 1908

 

English versión

Nos hemos estado reuniendo para el estudio de las verdades antroposóficas durante muchos inviernos, y el pequeño grupo que forman ustedes, lleva ahora un buen número de estaciones de invierno donde nos hemos encontrado para unirnos a tales estudios. Por razones que tal vez discutiremos en nuestra próxima Reunión General, podemos mirar hacia atrás a ese momento de nuestra vida antroposófica común del pasado. Todavía están entre vosotros los pocos que, en cierto aspecto, formaron una especie de núcleo para posibilitar esta reunión aquí. Han traído de sus tiempos anteriores su convicción espiritual fundamental, uniéndose con nosotros hace seis o siete años, y han formado el núcleo alrededor del cual los que estaban buscando se han ido cristalizando paulatinamente, por así decirlo. Podemos decir que en el curso de estos años, no sólo el número creciente de estas reuniones puede decirnos algo, sino que en otra dirección, y con la ayuda de las Potencias espirituales, que están siempre presentes cuando la obra de la ciencia espiritual es conducida en el sentido correcto, hemos logrado seguir una cierta dinámica interior en nuestro trabajo.

Recuerden cómo hace seis o siete años, empezamos como un pequeño círculo y muy lenta y gradualmente, así como en el contenido interno, hemos creado el terreno sobre el que nos encontramos hoy. Comenzamos, con la ayuda de los conceptos básicos más simples de la ciencia espiritual, buscando primero crear un sentimiento fundamental, y hemos ido llegando gradualmente al punto en que el invierno pasado —al menos en nuestras reuniones de grupo— pudimos hablar de las diferentes regiones de los mundos superiores como se habla de eventos y experiencias del mundo físico ordinario. Hemos sido capaces de aprender acerca de los diversos seres espirituales y esos mundos, que son, de hecho, suprasensibles con respecto a nuestro mundo de los sentidos. Y no sólo pudimos introducir un sistema interior en nuestro trabajo grupal, sino que también realizamos dos cursos el invierno pasado permitiendo a aquellos que se habían unido gradualmente al núcleo, encontrar el vínculo definitivo con nuestros estudios.

Ya se ha dicho aquí, y a menudo se ha enfatizado, que ahora hemos llegado al punto de hablar de los mundos superiores como de algo —podría decir— evidente, y aquellos que se unieron a nuestras reuniones de grupo ya han  alcanzado una cierta madurez antroposófica. Esta madurez no radica en teorías o en alguna comprensión conceptual, sino en una actitud mental interior que se adquiere con el transcurso del tiempo. Quien ha absorbido internamente durante un largo tiempo lo que la ciencia espiritual tiene que dar, puede escuchar las cosas como hechos reales, como hechos evidentes que antes lo habrían afectado de manera muy diferente.

Y así, en esta conferencia introductoria de hoy, comenzaremos de inmediato y sin vacilación a hablar sobre un cierto capítulo de los mundos superiores que nos llevará a una comprensión más profunda del carácter y la personalidad del hombre. Pues, después de todo, ¿para qué sirven todos nuestros estudios de los mundos superiores? Hablamos del mundo astral, del mundo devacánico. ¿En qué sentido los miembros del mundo físico hablan de ellos en primer lugar? Hablamos de estos mundos superiores no en absoluto con la conciencia de que son muy ajenos a nosotros y no tienen ninguna clase de conexión con el mundo físico. Más bien somos conscientes de que los mundos superiores, como los llamamos, están a nuestro alrededor, que vivimos en ellos, que se proyectan en nuestro mundo físico y que en estos mundos superiores se encuentran las causas y los fundamentos de los hechos que tienen lugar ante nuestros ojos y sentidos físicos.

Y así, aprendemos a conocer esta vida que nos rodea con los seres humanos y con los acontecimientos naturales sólo cuando miramos lo que es invisible pero se revela en lo visible; es decir, cuando miramos lo que pertenece a otros mundos para poder formar un juicio en cuanto a su actuación en nuestro mundo físico. Los fenómenos normales y anormales de la vida física ordinaria se nos aclaran cuando aprendemos a conocer la vida espiritual que está detrás de ella: una vida espiritual que es mucho más rica y extensa que la vida física, que sólo forma una pequeña parte de la misma. El ser humano se erige como el punto central, y debe soportar todos nuestros estudios. Comprender la naturaleza humana significa, realmente, entender una gran parte del mundo. Pero la naturaleza humana es difícil de entender, y obtendremos un pequeño fragmento de esta comprensión del ser humano, si hablamos hoy de algunos hechos, sólo unos cuantos hechos, del mundo astral. El contenido del alma humana es múltiple. Y hoy aprenderemos acerca de una parte de ese contenido anímico. Para empezar, pondremos ante nosotros ciertas características del alma.

Vivimos en nuestra anímica los más diversos sentimientos, percepciones, ideas, conceptos e impulsos de la voluntad. Todos ellos toman su curso en nuestro ser desde la mañana hasta la noche. Si observamos al hombre superficialmente, esta vida nos aparece como algo autónomo, algo encerrado en sí mismo y esta visión es justificable. Observen cómo fluye la vida junto con los primeros pensamientos que forman por la mañana, los primeros sentimientos que se mueven a través de ustedes, los primeros impulsos de voluntad que surgen. Observen cómo el sentimiento está ligado al sentir, el hacer al impulso de la voluntad, hasta la noche en que la conciencia se hunde en el sueño. Que todo parece un flujo progresivo. Observado en un sentido más profundo, sin embargo, no es de ninguna manera un flujo progresivo, ya que a través de nuestros pensamientos, sentimientos y percepciones, estamos en una relación continua —para la mayoría de las personas de manera inconsciente— con los mundos superiores. Consideremos ahora esta relación con respecto al mundo astral.

Cuando tenemos algún tipo de sentimiento, cuando la alegría o el terror destellan a través de nuestra alma, eso, para empezar, es un acontecimiento que ocurre en nuestra vida anímica, pero no es sólo eso. Si alguien puede probar la clarividencia, verá que algo sale del alma como una corriente, como una corriente brillante, que entra en el mundo astral. Sin embargo no va por casualidad y sin dirección, pues toma su camino hacia un ser del mundo astral. Supongamos que surge un pensamiento en nuestra alma; digamos que reflexionamos sobre la naturaleza de una mesa. En la medida en que el pensamiento resplandece a través de nuestra alma, el clarividente puede observar cómo una corriente procede de este pensamiento hacia un ser del mundo astral. Y así es para cada pensamiento, cada concepto, cada sentimiento. Las corrientes que fluyen del alma, van continuamente hacia los seres más diversos del mundo astral. Sería una idea errónea si pensaran que todas estas corrientes se dirigen a un solo ser del mundo astral. Este no es el caso. De todos estos diferentes pensamientos, sentimientos y sensaciones proceden las más diversas corrientes, y van a los más diversos seres del mundo astral. Esa es la peculiaridad de este hecho: como individuos, estamos en conexión, no con un tal ser, pues hacemos girar los diferentes hilos hacia los seres más diversos del mundo astral. El mundo astral está poblado por un gran número de seres tal como el mundo físico, y están en conexión con nosotros. Si, sin embargo, queremos comprender toda esa complejidad, debemos tomar en consideración algo más.

Supongamos que dos individuos ven un relámpago y tienen una sensación bastante similar. Entonces una corriente sale de cada uno, y ahora ambas corrientes van a un mismo ser del mundo astral. Podemos decir, por lo tanto, que hay un ser, un habitante del mundo astral, con el cual ambos seres del mundo físico se ponen en conexión. Y puede suceder que no sólo una persona, sino 50, 100, 1000 seres humanos, que tengan una sensación similar, envíen sus corrientes a un solo ser del mundo astral. En la medida en que estos 1000 seres están de acuerdo en un punto, están en conexión con el mismo ser del mundo astral. ¡Pero piensen qué otras sensaciones, sentimientos, pensamientos y otras son poseídos por los individuos que, en un caso, tienen la misma sensación! A través de ellos, están en conexión con otros seres del mundo astral, y de esta manera los hilos de conexión más diversos pasan del mundo astral al mundo físico.

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Ahora bien, es posible distinguir ciertas clases de seres en el mundo astral, y será más fácil formarnos una idea de estas clases si tomamos un ejemplo. Imagínense un gran número de personas del mundo europeo, y tomemos del contenido anímico de estas personas el concepto de justicia. Estas personas pueden tener las experiencias más variadas y por lo tanto estar en conexión de la manera más compleja con los seres más diferentes del mundo astral. Pero como estas personas piensan de manera similar acerca de la idea de justicia, han adquirido esta idea de la misma manera, por lo tanto, todas están relacionadas con el mismo ser del mundo astral. Podemos mirar a este ser exactamente como un centro, un punto medio, del que salen los rayos hacia todas las personas involucradas. Con tanta frecuencia como traen a la mente el concepto de justicia, están en conexión con este ser. Así como los seres humanos tienen carne y sangre y se componen de ellos, así también este ser consiste en el concepto de justicia: vive en él. De la misma manera existe un ser astral para el concepto de valor, de buena voluntad, de valentía, de venganza, etc. Así existen en el mundo astral las cualidades humanas, el contenido de nuestras almas. Y de esta manera se extiende una especie de red astral sobre un número considerable de personas. Todos los que tenemos la misma idea de justicia, por ejemplo, estamos incrustados en el cuerpo de un ser astral, a quien podemos llamar realmente “Ser de Justicia”. Si tenemos un concepto de valor, estamos en conexión con otro “Ser del Valor”. Así, en todos, hay una especie de conglomeración, porque todos podemos considerarnos como corrientes recibidas de seres astrales por todas partes. Todos somos una confluencia de corrientes que salen del mundo astral.

Ahora podre mostrar más particularmente cómo los seres humanos, que de este modo son individualmente una confluencia de estas corrientes, se concentran en sí mismos alrededor de su centro del yo. Porque eso es lo más importante para nuestra vida anímica; debemos recoger todas estas corrientes alrededor del centro que reside en nuestra autoconciencia. Esta autoconsciencia es tan importante, porque el yo debe tomar el control en nuestro ser interior individual, recogiendo las diferentes corrientes que fluyen hacia nosotros desde todos los lados y uniéndolos en sí mismo. Por el momento, la autoconciencia se debilitaría y se daría por vencida, si pudiera ocurrir que una persona dejara de sentirse como una unidad y todos los diferentes conceptos de coraje, valor, etc., se desmoronaran. La gente entonces ya no sería consciente del yo como una unidad; Sentirían como si estuvieran distribuidos por todas las diferentes corrientes. Existe una posibilidad —y allí se nos muestra cómo podemos penetrar en la comprensión del mundo espiritual a través del conocimiento de lo verdadero, de lo correcto— existe la posibilidad de que podamos perder el control directivo sobre lo que fluye hacia nosotros. Como personas individuales, ustedes tienen una cierta vida detrás, han experimentado muchas cosas, han tenido una serie de ideales de juventud desde el que han ido evolucionando gradualmente. Cada ideal puede diferir de los demás, han tenido el ideal del coraje, del valor, etc. De esta manera han entrado en las corrientes de los más diversos seres astrales.

 También se puede llegar de otra manera a una sucesión tan variada de seres astrales. Supongamos que en el curso de su vida una individualidad ha tenido una serie de amistades. Bajo la influencia de estas amistades, se han desarrollado sentimientos y sensaciones muy definidas, especialmente en la juventud. De esta manera, esas corrientes pasaron a un ser definido del mundo astral. Entonces el hombre formó una nueva amistad, y luego se unió con otro ser del mundo astral, y así sucesivamente durante toda la vida. Supongamos ahora que a través de una enfermedad del alma, se produce que el yo pierde el control sobre las diferentes corrientes; ya no puede agruparlas. Entonces el hombre llegaría a un estado donde no se siente más a sí mismo como un yo, como una entidad cerrada, como una unidad autoconsciente. Si perdió su yo a través de un proceso de enfermedad del alma, entonces percibiría estas corrientes como si no se relacionaran consigo mismo, sino como corrientes separadas, como si fluyera hacia ellas. Podrán comprender un caso especialmente trágico si lo consideramos desde este punto de vista, desde el aspecto del mundo astral —Friedrich Nietsche.

Muchos de ustedes seguramente sabrán cómo Friedrich Nietsche se volvió loco en el invierno de 1888/89. Es interesante leer en sus últimas cartas cómo se dividió en diferentes corrientes en el momento en que perdió su yo. Escribe a tal o cual amigo o a sí mismo: «Vive en Turín una persona que en una época fue profesora de filosofía en Basilea, pero no es lo suficientemente egoísta como para haber permanecido en ella». (Así había perdido su yo y había revestido el hecho con tales palabras).   “Y el dios Dionisio avanza hacia el río Po y mira hacia abajo todos sus ideales y amistades, que están vagando por debajo de él”. Se presenta ahora como el rey Humbert, ahora como otro, ahora como uno de los criminales de los que había leído en aquel tiempo, durante los últimos días de su vida. Hubo dos casos notorios de asesinato en ese momento, y en los momentos de su enfermedad se identificó con estas mujeres asesinas. Porque no experimentaba su yo, sino más bien las corrientes que penetraban en el mundo astral. Así, en los casos anormales, lo que de otro modo se mantiene unido a través del centro de la autoconciencia, sube a la superficie. Será cada vez más necesario que la gente sepa lo que vive en el núcleo de su alma. Pues seríamos seres infinitamente pobres si no fuéramos capaces de formar muchas de tales corrientes en el mundo astral y también seríamos seres muy limitados si no fuéramos capaces de llegar gradualmente a dominar todas estas corrientes a través de la profundización de nuestra vida espiritual.

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Debemos darnos cuenta de que no estamos confinados dentro de nuestra piel, sino que proyectamos por todas partes en otros mundos y que otros seres se proyectan en nuestro mundo. Toda una red de seres se desvía sobre el mundo astral. Ahora observaremos un poco más de cerca a los seres que están en conexión con nosotros de esta manera. Son seres que, a modo de comparación, nos presentan algo así:

El mundo astral nos rodea. Pensemos que aquí hay tal ser —uno, si se quiere, que tiene que ver con el concepto y el sentimiento de coraje. Extiende sus tentáculos hacia todos lados y entra en las almas humanas; y en la medida en que los hombres desarrollan el coraje, se establece la conexión. Otros hombres son diferentes. Todos aquellos, por ejemplo, que desarrollan una forma definida de ansiedad o un sentimiento de amor están conectados con otro ser del mundo astral. Si hacemos un estudio de estos seres, llegamos a lo que podemos llamar la constitución, la vida social en el mundo astral. Las personas, tal como viven aquí en el plano físico, no son sólo individuos. Aquí, también, todos estamos conectados en un centenar, de mil maneras diferentes. Estamos conectados por la ley, por las amistades, y así sucesivamente. Nuestras conexiones en el plano físico están reguladas por nuestras ideas, conceptos, representaciones, etc. De cierta manera, las conexiones sociales de esos seres del plano astral, de los que estamos hablando, también deben ser reguladas.

Ahora bien, ¿estos seres conviven unos con otros? No tienen tales cuerpos físicos densos de carne y sangre como tenemos nosotros los seres humanos; Tienen cuerpos astrales, y tienen a lo sumo substancia etérica. Extienden sus sensores hacia nuestro mundo; Pero ¿cómo conviven? Si estos seres no trabajaran juntos, nuestra vida humana también sería muy diferente. De hecho, nuestro mundo físico es sólo la expresión externa de lo que ocurre en el plano astral. ¿Ahora, estos seres como arreglan las cosas entre sí?. Uno podría fácilmente ser tentado a pensar que la vida social en el plano astral es similar a la vida en el plano físico. Pero la vida conjunta en el plano astral difiere esencialmente de un trabajo conjunto en el plano físico. Las personas que agrupan los diferentes planos unos sobre otros y caracterizan a los mundos superiores como si las cosas fueran iguales que en el mundo físico, no dan una descripción correcta de los mundos superiores. Hay una inmensa diferencia entre el mundo físico y los mundos superiores, y esta diferencia aumenta cuanto más arriba llegamos. Sobre todo existe una peculiaridad definida en el mundo astral, que no se encuentra en absoluto en el plano físico. Esa es la penetrabilidad de la sustancia del plano astral. Es imposible aquí ponerse en el lugar donde otra persona ya está situada; La impenetrabilidad es una ley del mundo físico. En el mundo astral no lo es; Allí, la ley es penetrabilidad. Y es absolutamente posible —y hasta la regla— que los seres se penetren mutuamente y donde ya existe un ser, el otro presiona. Dos, cuatro, cientos de seres pueden estar en un mismo lugar en el mundo astral. Pero eso da lugar a algo más, a saber, que la lógica de la vida común en el plano astral es muy diferente. Ustedes comprenderá mejor cómo la lógica del plano astral es muy diferente de la lógica del plano físico  —aunque no, tal vez, la lógica del quehacer, de la vida común— si tomamos el siguiente ejemplo.

Supongamos que una ciudad ha decidido construir una iglesia en un sitio definido. Entonces, por supuesto, el consejo sabio de la ciudad debe primero considerar cómo se va a construir la iglesia, qué arreglos deben hacerse, y así sucesivamente. Supongamos ahora que en la ciudad surgen dos partidos. Un partido quiere construir una iglesia en este sitio en un estilo definido y con cierto arquitecto, etc. La otra parte desea construir una iglesia diferente con un arquitecto diferente. En el plano físico, las dos partes no podrán llevar a cabo su intención. Antes de que se comience cualquier cosa, será necesario que una de las partes salga victoriosa y gane la ventaja, y que el estilo de la iglesia sea decidido. Saben, por supuesto, que en realidad la mayor parte de la vida social de la humanidad se pasa en tales consultas y argumentos mutuos antes de que algo se lleve a cabo, antes de que las personas lleguen a un acuerdo sobre lo que se debe hacer. Nada se haría realmente, salvo que en la mayoría de los casos uno u otro partido gane la votación y permanezca en la mayoría. Pero el partido en minoría no dirá inmediatamente: “estábamos equivocados”, pues seguirán creyendo que tienen razón. En el mundo físico se trata de discutir las propuestas, que deben ser decididas puramente dentro del mundo físico, porque es imposible que dos planes se lleven a cabo en un mismo lugar.

En el mundo astral, es muy diferente. Es perfectamente posible construir allí, digamos, dos iglesias en un mismo lugar. De hecho esto sucede continuamente en el mundo astral, y allí es lo correcto. Uno no se pone a debatir como en el mundo físico. Uno no se reúne e intenta obtener una mayoría para esto o aquello. De hecho, allí no es necesario. Cuando un ayuntamiento celebra una reunión aquí y 40 de cada 45 personas son de una opinión y las otras de otra, entonces las dos partes pueden interiormente querer matarse mutuamente debido a sus diferentes opiniones. Eso no es tan malo, sin embargo, porque exteriormente las cosas son tratadas a la vez. Ninguna de las partes intenta hacer nada sin considerar a la otra parte para construir su iglesia inmediatamente, porque en el plano físico el pensamiento puede seguir siendo una posesión del alma, puede permanecer en el alma.

En el plano astral, eso no es así; es así: Cuando el pensamiento se ha formado, también está en un cierto aspecto ya allí. De modo que si tal ser astral como el que acabo de hablar tiene un pensamiento, inmediatamente extiende los correspondientes “tentáculos” que tienen la forma de este pensamiento, y otro que extiende de sí mismo la sustancia. Ambos se interpenetran mutuamente y se encuentran en el mismo espacio que el ser recién formado. De esta manera, hay una interpenetración continua de las más variadas opiniones, pensamientos y sentimientos. En el mundo astral, las ideas más completamente opuestas pueden interpenetrarse entre sí. Debe decirse que cuando las cosas se discuten en el mundo físico, prevalece la contradicción, pero en el mundo astral lo que prevalece a la vez es conflicto. Porque, como ser del mundo astral, uno no puede retener sus pensamientos en sí mismo, ellos se convierten en hechos inmediatamente; Los objetos están allí a la vez. Ahora bien, es cierto que iglesias como las que tenemos en el plano físico no se construyen allí, pero supongamos que un ser del plano astral quiso realizar algo y otro ser quería cruzarlo. La discusión no es posible allí,  pero es válido el principio de que cada cosa debe ser preservada!.

Así que cuando los dos “sensores” están realmente en el mismo espacio, comienzan a pelearse entre sí; Y la idea que es más fructífera, que por lo tanto es correcta (es decir, la que puede soportar), aniquilará a la otra y se vindicará a sí misma. De modo que allí tenemos un conflicto continuo de opiniones, de pensamientos, de los sentimientos más diversos. En el plano astral cada opinión debe convertirse en hecho. Allí, uno no lucha; Uno deja de luchar por opiniones, y el que es el más fructífero desvía al otro del campo. El mundo astral es, por decirlo así, mucho más peligroso, y mucho de lo que se dice sobre su peligro está relacionado con lo que acabamos de decir. Así, todo lo que allí se convierte en hecho, y todas las opiniones deben luchar entre sí, no discutir y argumentar.

Ahora me referiré a un asunto que indudablemente es chocante para la época materialista moderna, pero que, sin embargo, es un hecho. A menudo he enfatizado que nuestra época actual se acostumbra cada vez más a la mera conciencia del mundo físico, a las características y peculiaridades del mundo físico. Para que cuando surjan discusiones, todo el mundo quiera aniquilar a quien no es de su opinión, o lo tome por tonto. No es así en el mundo astral. Allí un ser dirá, “yo no me preocupo de otras opiniones”. Se obtiene la tolerancia más completa. Si una opinión es más fructífera que las otras, las expulsará del campo. Uno deja que otras opiniones se unan con las propias, porque las cosas tienen que corregirse a sí mismas a través del conflicto. El que poco a poco se familiariza con el mundo espiritual debe aprender a adaptarse a las costumbres del mundo espiritual. La primera parte del mundo espiritual es el mundo astral, donde prevalecen los usos que acabo de describir, de modo que una persona que se familiarice con el mundo espiritual, con los seres de ese mundo en cierto sentido arraiga alli. Y eso también es correcto. Nuestro mundo físico debe ser cada vez más imagen del mundo espiritual, y traeremos más armonía a nuestro mundo si hacemos nuestro propósito de que la vida en el mundo físico sea similar a la vida en el mundo astral. No podemos, por supuesto, construir dos iglesias en el mismo lugar, pero donde las opiniones difieren, uno les debe permitir prevalecer mutuamente en cuanto a su fecundidad en el mundo. Las opiniones que sean las más fructíferas seguramente conseguirán la victoria, como ocurre en el mundo astral.

Por lo tanto, las cualidades características del mundo astral pueden extenderse al mundo físico precisamente dentro del movimiento espiritual. Ese será el gran campo educativo, que el movimiento científico-espiritual tendrá que cultivar —para crear en el plano físico una imagen del mundo astral. Por mucho que choque a la persona que sólo conoce el plano físico y, en consecuencia, cree que sólo se puede abogar por una sola opinión y que todos los que sostienen otras opiniones deben ser burlados, pero se les hará cada vez más evidente a los que se adhieren a la concepción del mundo espiritual que debe prevalecer una absoluta tolerancia ante las opiniones, no una tolerancia consecuente de un sermón, sino algo que se arraiga en nuestra alma.

Esta penetrabilidad que se ha descrito es una cualidad muy importante y esencial del mundo astral. Y ningún ser del mundo astral desarrollará tal concepto de la verdad como lo conocemos en el mundo físico. Los seres del mundo astral miran las discusiones, etc., en el mundo físico como completamente infructuosas. Las palabras de Goethe, “¡Solo lo verdadero es fecundo!” También es para ellos. Debemos aprender a conocer la verdad no a través de las teorías, sino a través de su fecundidad, a través de la forma en que se reivindica. Así, un ser del mundo astral nunca discutirá con otro como lo hacen los seres humanos. Dirá al otro: “Bien; ¡Haz lo que piensas, yo haré lo que pienso!”. Pronto se demostrará cuál es la idea más fructífera, y esa idea expulsará a la otra del campo.

Si nos trasladamos a tal modo de pensar, también habremos adquirido algo de conocimiento práctico. Uno no debe imaginar que el crecimiento de los seres humanos en el mundo espiritual ocurre de alguna manera tumultuosa; Sucede interiormente, íntimamente. Si podemos prestar atención y hacer nuestro lo que acabamos de describir como la peculiaridad del mundo astral, entonces llegaremos cada vez más a considerar los sentimientos que los seres astrales poseen como sentimientos modelo para nosotros mismos. Y si tomamos como guía el carácter del mundo astral, tendremos la esperanza de vivir poco a poco en el mundo espiritual. Los mundos espirituales poco a poco amanecerán en nosotros de esta manera. Esto es lo que resulta ser lo más fructífero para la humanidad en la materia.

Lo que se ha dicho hoy, en muchos aspectos, debe considerarse una especie de preparación para lo que trataremos en las próximas conferencias. Si ahora hemos hablado de los seres del mundo astral y de su carácter particular, sin embargo debemos señalar ya que el mundo astral difiere mucho más fuertemente de los mundos superiores —digamos del mundo devacánico— de lo que se inclinarían a creer. Es cierto que el mundo astral está allí donde también está nuestro mundo físico; interpenetra nuestro mundo físico, y todo lo que hemos hablado a menudo está siempre alrededor de nosotros en el mismo espacio que los hechos físicos y los seres físicos. Pero también está el mundo devacánico. Difiere por el hecho de que lo experimentamos en un estado de conciencia diferente de aquél en el que experimentamos el astral.

Ahora ustedes podrían fácilmente pensar: Aquí está el mundo físico y es penetrado por el mundo astral, el devacánico, etc., pero no es tan simple. Para describir los mundos superiores con más exactitud de lo que hemos hecho antes, debemos entender que hay otra diferencia entre el mundo astral y el mundo devacánico. Nuestro mundo astral, de hecho, tal como vivimos en él y que penetra en nuestro espacio físico, es en cierto sentido un mundo doble, mientras que en cierto modo el devacánico es uno solo. Eso es algo que mencionaremos hoy como una preparación.

Hay, por así decirlo, dos mundos astrales y su diferencia reside en el hecho de que uno es, por así decirlo, el mundo astral del bien y el otro el mundo astral del mal. Sería incorrecto hacer una diferencia tan abrupta en el mundo devacánico. Si consideramos los mundos desde arriba hacia abajo, debemos decir: mundo devacánico, mundo astral, mundo físico. Aun así, no consideraríamos la totalidad de nuestros mundos; Debemos considerar mundos todavía más profundos que el físico. Hay un mundo astral inferior que está por debajo de nuestro mundo físico. En la práctica, estos dos se interpenetran, el buen astral arriba, el mal astral de abajo. Ahora las corrientes más diversas pasan a los seres del mundo astral, y entre ellos están las corrientes de las cualidades buenas y malas de la humanidad. Los corrientes buenas pasan al ser bueno y las corrientes malignas al ser maligno correspondiente del mundo astral. Si tomamos la totalidad de todos los seres buenos y malos del mundo astral, tenemos, de cierta manera, dos mundos astrales. Cuando consideremos el mundo devacánico, veremos que allí, no es el caso en el mismo grado. Así, hay dos mundos en el mundo astral, mutuamente interpenetrándose y que tienen de la misma manera una relación con la humanidad. Por encima de todo, estos dos mundos deben distinguirse entre sí en cuanto a su origen.

Si miramos hacia atrás en la evolución de la Tierra, llegamos a un momento en el que la Tierra todavía estaba conectada con el Sol y la luna. En un tiempo aún más temprano, la Tierra era en sí misma Luna y era un cuerpo que se separo del sol durante la evolución lunar. En ese momento, antes de que la Tierra se convirtiera en nuestra Tierra presente, ya existía un mundo astral. Este mundo astral se habría convertido en el buen mundo astral si hubiera podido desarrollarse sin obstáculos. Por el hecho, sin embargo, de que la Luna se separo de la Tierra, el malvado mundo astral se incorporo al mundo astral general, y hoy todavía estamos en esta etapa. En el futuro, la parte malvada será incorporada en el mundo devacánico, también.

Provisionalmente, debemos tener en cuenta que no hay un mundo astral sino dos, uno en el cual pasan todas las corrientes fructíferas para el progreso humano y la evolución ulterior, y otro en el que pasan todas las corrientes que impiden la evolución del hombre —Al que, al mismo tiempo, pertenece el Kamaloca. En ambos mundos hay seres que hemos aprendido a conocer hoy de una manera más abstracta, cómo ejercen su influencia sobre nosotros, cómo viven unos con otros. En nuestra próxima conferencia, obtendremos un conocimiento más exacto de los habitantes de los mundos superiores, de su condición y constitución.

Traducido por Gracia Muñoz en Julio de 2017