GA201c5. El Hombre: Enigma del Universo

Rudolf Steiner — Dornach, 17 de abril de 1920

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Nuestros estudios de los últimos días habrán dejado claro que es completamente imposible conocer la configuración del Universo espacial y sus movimientos de la forma que es adoptada por la ciencia moderna. Porque no solo se considera al Universo como completamente separado del Hombre, sino que incluso los diferentes cuerpos celestes, que a nuestra vista parecen desconectados, se tratan como algo aislado y desde su aislamiento, se observan sus efectos entre sí. Se trata de lo mismo que si, por ejemplo, estudiáramos el organismo humano examinando primero un brazo y luego una pierna, para luego entender el organismo completo por la manera en que los miembros individuales trabajan juntos.

Pero el hecho es que no es posible comprender el organismo humano estudiando sus miembros individuales; pues toda la investigación del cuerpo del hombre debe tener el punto de partida en el todo, desde el cual podemos pasar a las diferentes partes. Lo mismo se aplica al Sistema Solar y también al Sistema Solar en su relación con la totalidad del Universo Estelar visible. Porque el Sol, la Luna, la Tierra y los otros planetas son solo partes de todo el sistema. ¿Por qué debería el Sol, por ejemplo, ser considerado como un cuerpo aislado? No hay absolutamente ninguna razón para que imaginemos que el Sol está simplemente donde lo vemos, limitado por las fronteras desde las que nuestros ojos lo perciben. En relación con esto, el filósofo Schelling estaba en lo cierto cuando se negó a hacer la pregunta: “¿Dónde está el Sol?” con otro significado que no fuera “¿Dónde se siente su influencia?”. Si el Sol actúa sobre la Tierra, los efectos de dicha actividad deben pertenecer necesariamente a la esfera del Sol; y es muy incorrecto extraer una parte de un todo y estudiar esa parte en sí misma. Pero esto es precisamente lo que la concepción materialista moderna del Universo se propuso hacer, y su influencia se está fortaleciendo cada vez más desde mediados del siglo XV.

Esto es contra lo que Goethe siempre luchó cuando estaba trabajando en sus investigaciones en el ámbito de la ciencia natural, y contra lo que todos los verdaderos seguidores de su ciencia también deben luchar. Goethe se vio obligado a llamar la atención sobre el hecho de que no debemos estudiar la Naturaleza sin el Hombre, sin tener en cuenta la relación de la Naturaleza con el Hombre. El estudio de los fenómenos naturales fuera del hombre debe tener su base en la comprensión de la naturaleza del hombre. El siguiente ejemplo le mostrará el valor de algunas de las afirmaciones hechas por la Astronomía moderna.

La Astronomía moderna se esfuerza, con el uso de todo tipo de argumentos, por hablar de un camino elíptico de la Tierra alrededor del Sol; afirmando que este movimiento fue en primer lugar iniciado por esa propulsión tangencial de la que hablé ayer en relación con la atracción gravitacional del Sol. Pero la Astronomía no puede negar el hecho de que cuando se habla de atracción, el Sol no solo atrae a la Tierra, sino que la Tierra también debe atraer al Sol. Esto, sin embargo, nos obliga a concluir que no podemos hablar de una revolución en una trayectoria elíptica de la Tierra alrededor del Sol, ya que si la atracción es mutua no podemos tener un movimiento unilateral de la Tierra alrededor del Sol, pues ambos deberían girar alrededor de un punto neutral. En otras palabras, esta revolución no puede tener lugar de una manera que nos permita mirar el centro del Sol como el pivote, porque el pivote debe ser un punto neutral situado entre el centro del Sol y el centro de la Tierra. Al decir esto, no estoy planteando objeciones a la Astronomía, simplemente estoy diciendo lo que pueden encontrar por ustedes mismos en los libros astronómicos. Por lo tanto, estamos obligados a admitir la existencia —de una u otra manera— de un pivote (eje) entre las dos esferas.

Nuestra Astronomía, a modo de consuelo, mantiene que este pivote o punto se encuentra dentro del Sol mismo. Tanto la Tierra como el Sol giran entonces alrededor de este punto. Y así, una vez más, no obtenemos una revolución directa de la Tierra alrededor del Sol, pues el Sol también gira, sin embargo gira alrededor de un punto que está dentro de sí mismo. Así, la Astronomía exotérica ha llegado a suponer que pivota un punto que no es el centro del Sol, sino que se encuentra en la línea que conecta el Sol y la Tierra, y aún dentro del Sol. Pero ahora nos enfrentamos con otra dificultad. Primero debe calcularse el tamaño del Sol. (La verdad de la suposición anterior depende del tamaño calculado del Sol). Sobre el resultado de tal cálculo se construye una conclusión que, por supuesto, debe poseer una cierta validez limitada (los cálculos se hacen a partir de la evidencia de los sentidos), pero que no necesariamente tiene que ser el criterio por el cual podamos juzgar la realidad de lo que yace detrás de los fenómenos de la naturaleza.

Por lo tanto, es necesario tener un ojo estricto con la Astronomía moderna, así como con otras ciencias, con el fin de discernir los lugares —y son numerosos—  donde la ciencia se sobrepasa y se mete en dificultades.

Esta dificultad no puede resolverse estudiando el aspecto externo de los fenómenos; solo podemos llegar a un resultado verdadero al examinar el Universo en su relación con el Hombre. Debemos, en primer lugar, tomar nota de las conexiones previamente explicadas entre el Universo y el Hombre; y luego debemos agregar muchos otros hechos, antes de que podamos llegar a una verdadera imagen del mundo. Hemos dicho que debemos imaginar, antes que nada, la materia ordinaria y ponderable, como una cuestión que pueda ser sopesada. La Luz que no podemos pesar; no pertenece al ámbito de la materia ponderable, como tampoco lo hace el calor. Entonces debemos imaginar primero lo ponderable, y debemos oponer a esto el éter. Dijimos que es incorrecto considerar que el Sol consiste en materia ponderable como la materia de la Tierra. El Sol es algo que en realidad es menos que el espacio, por así decirlo, es un “vaciado” del espacio; es algo que absorbe, en contraposición a la presión de la materia ponderable.

Y tenemos que hacernos no solo con una agregación (por el Sol) de este éter absorbente en el Universo externo, sino también con el hecho de que este éter se distribuye por todas partes, en todas partes encontramos, coexistiendo con la fuerza de presión, la fuerza absorbente. Nosotros mismos llevamos esta fuerza de succión en nuestros propios cuerpos etéricos. Con esto, agotamos por completo todo lo que llamamos Espacio. Presión y succión —ambos dos, los encontramos en el espacio. Porque no solo poseemos nuestro cuerpo físico, compuesto de materia ponderable que asimila y expulsa de nuevo, no solo tenemos también un cuerpo etérico, compuesto de éter absorbente, sino que tenemos además un cuerpo astral —si podemos usar el término ‘cuerpo’ a este respecto. ¿Qué implica la posesión de este tercer cuerpo? Significa que tenemos dentro de nosotros algo que ya no es espacial, aunque tenga cierta relación con el espacio. Esta relación puede ser probada cuando nos damos cuenta de que durante las horas de vigilia el cuerpo astral interpenetra los cuerpos etérico y físico. Pero el cuerpo etérico actúa de forma muy diferente cuando estamos despiertos a cuando estamos dormidos. Se establece una relación diferente entre los cuerpos etérico y físico cuando nos despertamos, y esto es causado por el cuerpo astral. Está activo y trabaja sobre lo espacial, aunque no es en sí mismo espacial. Porta el orden y la organización a las correlaciones del espacio. Esta actividad organizadora del cuerpo astral dentro de nosotros tiene lugar también en el Universo externo, donde se manifiesta de la siguiente manera.

Intenten por un momento considerar solo el Espacio y fuera de todo el Cielo visible, consideremos solo las regiones indicadas por el Zodíaco. No pretendo aquí tratar en detalle los diversos signos zodiacales, pero consideremos las direcciones a las que miramos en el cielo cuando nos volvemos, por ejemplo, hacia Aries, en el zodíaco; luego a Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Todo lo que tenemos que anotar, en primer lugar, es que el espacio que se encuentra ante nosotros como nuestro Universo visible está dividido de esta manera. Los signos simplemente indican la división, en la medida en que cada uno de ellos denota el límite de una determinada sección del espacio. Ahora no debemos imaginar que estas direcciones del espacio puedan tratarse de tal manera que uno pueda decir: ‘Hay un espacio vacío, y simplemente trazo una línea en algún lugar dentro de él’. Simplemente no existe tal cosa que las matemáticas llaman ‘Espacio’; pues en todas partes hay líneas de fuerza, direcciones de fuerza, y estas no son iguales, varían, se diferencian. Podemos distinguir entre estas doce regiones al darnos cuenta de que si nos colocamos en la dirección del signo de Aries, la fuerza que experimentamos es diferente a la que tendríamos si enfrentáramos el signo de Libra o Cáncer. En cada dirección, la fuerza es diferente. El hombre no admitirá esto, mientras viva meramente en el mundo de los sentidos; pero tan pronto como ascienda a la vida Imaginativa del alma, ya no experimentara las direcciones en el espacio de la misma manera cuando se coloca frente a Aries o frente a Cáncer, sino que sentirá su influencia como muy diferenciada.

Para darles un paralelismo, puedo presentar lo siguiente. Imaginen que organizan a su alrededor un círculo de doce personas de tal manera que aquellos que con los que simpatizan más ocupan una parte del círculo, luego se van colocando los menos comprensivos, hasta que en el otro lado tienen a todos aquellos que les son antipáticos. (No estamos imaginando el grado de simpatía o antipatía que resulta de cualquier emoción personal; puede ser simplemente una cuestión de apariencia externa). Ahora si dan la vuelta dentro del círculo, doce imágenes pasan frente a la visión y al mismo tiempo experimentan una serie graduada de sensaciones diferenciadas. El hombre se da cuenta de tal serie de sensaciones si, después de alcanzar la percepción Imaginativa, se mueve dentro del Zodíaco. Una gradación similar de sensación, una gradación de visión similar se produce en él, y tiene lugar dentro de él en el momento en que escapa de la indiferencia de la existencia sensorial ordinaria. Por lo tanto, cuando tratamos con estas diversas secciones del espacio no hay uniformidad, ya que debemos ser conscientes de que cada una de estas direcciones ejerce una influencia diferente sobre nosotros.

Verán, aquí sale a la luz un hecho íntimamente conectado con la evolución del Hombre. Si hubiera permanecido en la etapa de la antigua conciencia, la conciencia pictórica atávica, todavía experimentaría con fuerza la realidad de esta diferenciación en las diversas secciones de los cielos; habría sido consciente de una sensación de simpatía hacia una dirección del espacio y antipatía hacia otra. Sin embargo, el hombre ha sido liberado de este juego de fuerzas en el cual estuvo conscientemente rodeado en un momento, y ha sido liberado de él simplemente por el hecho de que su organización actual lo ha colocado en el mundo de los sentidos. Pero el Hombre en realidad está organizado de acuerdo con las leyes cósmicas, incluso ahora puede ser probado mediante experimentos bastante externos, si se presta atención a ciertos fenómenos. Porque de ninguna manera es una tontería decir que ciertas enfermedades se pueden curar más rápidamente si la cama del paciente se coloca en la dirección de Este a Oeste. No es una superstición sino un hecho capaz de una prueba definitiva. ¡Pero esto no pretende ser una recomendación para que cada uno de ustedes coloque su cama en una determinada posición! ¡He tenido tantas experiencias en este sentido, que creo necesario interponer aquí unas palabras de advertencia! por ejemplo una vez me sucedió en Berlín, al final de un discurso antroposófico. Puse un cierto énfasis en el hecho de poder ponerme mis chanclos porque estaba lloviendo, sin sentarme, diciendo que esto se podía hacer al pararse sobre una pierna y luego sobre la otra, y agregué ‘Y uno debería ¡poder pararse sobre una pierna!”. Esto fue tomado por algunos antropósofos de tal manera que, al regresar de Londres a Berlín, descubrí que a los miembros de la Sociedad Antroposófica de allí se les recomendaba, como entrenamiento esotérico, pararse sobre una pierna por un corto tiempo en la medianoche!. Muchas aseveraciones sobre nosotros tienen una buena base. Una y otra vez se dicen cosas de este tipo y luego se abren camino en este o aquel artículo periodístico con la pluma de una persona bien o mal dispuesta, generalmente lo último. Entonces, repito, no tengo ningún deseo de recomendarles a cada uno que coloquen su cama en una posición particular. Sin embargo, este hecho y muchos otros muestran que aún hoy, en la parte interna o subconsciente de su ser, el Hombre todavía se encuentra en cierta relación con estas diferenciaciones espaciales externas, en las cuales ha sido colocado.

Ahora, ¿a través de qué medios posee el Hombre estas relaciones? Las posee a través de su cuerpo astral, que establece estas relaciones. Solo son posibles para él porque a través de su cuerpo astral, el Hombre es un habitante del mundo astral, un mundo que, aunque actúa sobre el Espacio, no es en sí mismo espacial. Solo concebimos el Zodíaco en todo su significado cuando lo tratamos como el representante más allá del mundo astral. Y ahora, sin tener en cuenta las teorías astronómicas actuales, examinemos estos fenómenos que aparecen ante nuestro sentido de la vista. Sabemos que, de hecho o aparentemente, el Sol pasa a través del Zodíaco de diferentes maneras; en su curso diario, en su curso anual, y de nuevo en su curso hasta el año platónico, a través de la precesión de los equinoccios. Esto apunta al hecho de que los efectos sobre nosotros de esa bola de éter absorbente llamada Sol varían enormemente, ya que provienen de las diferentes direcciones del espacio. En un momento, la energia del Sol nos afecta desde una parte que llamamos Aries, en otro momento desde una sección diferente y así sucesivamente. Tomando el caso de un habitante de nuestra propia parte del globo, podemos ver que en cualquier momento dado tiene frente a él la mitad de los signos zodiacales, mientras que la otra mitad está oscurecida por la Tierra. En otras palabras, estamos tan ubicados en relación con esta diferenciación del Espacio, que estamos dirigidos directamente hacia una parte del Zodíaco, mientras que entre la otra y nosotros mismos esta la Tierra. Obviamente esto no tiene nada que ver con un movimiento real o aparente; es un hecho simple que en cualquier momento dado enfrentamos una parte del Zodíaco, mientras que la otra parte es interceptada por la Tierra. Ahora, por favor, intenten imaginar estas secciones del espacio con nuestra Tierra oscureciendo algunas de ellas. ¿Qué significa para nosotros? Está claro que la mitad nos influenciará directamente, la otra no directamente, sino más bien, debo decir, a través de su ausencia. En un momento tenemos el trabajo directo de estas regiones diferenciadas del espacio, en otro momento el funcionamiento de su ausencia, el efecto, por así decirlo, de su falta de presencia. Este hecho es algo que está activo en nosotros y nos permite, en cierta medida, poner en una especie de relación lo que está trabajando directamente sobre nosotros y lo que está ausente, de cuya influencia directa somos eliminados. Porque abre otra posibilidad.

Digamos, desde la dirección de Cáncer, procede cierto tipo de influencia. Esto se opondría a la influencia de Capricornio, pues este último estaría ocultado, estaría interceptado. En consecuencia, tengo en mí la influencia de Cáncer y me opongo a la influencia capricorniana interceptada; la influencia de Cáncer, en cierto sentido, queda en mí, la tengo en mis manos, por así decirlo. Por supuesto, lo que está ausente no puede actuar sobre mí de la misma manera que lo que está presente; pero gano una cierta influencia con respecto al Signo que actúa sobre mí en razón de la oposición a su antítesis interceptada. A través del hecho de que estoy en la Tierra, las influencias celestiales se vuelven bastante diferentes de lo que serían, si estuviera flotando libremente en el espacio y directamente expuesto a todas ellas. Quiero que entiendan este punto especialmente, y luego se darán cuenta de que no puedes decir simplemente: sobre nosotros tenemos los signos Aries, Piscis, Acuario, etc., y debajo de Libra, Virgo, etc., pues tendrán que concebir el todo como una organización, con ustedes mismos insertados. Y a medida que avanzan, a causa de la rotación de la Tierra, de signo a signo, están siendo llevados a través de todas estas influencias directas a la vez. Aquí en un punto, la influencia de Escorpio fue obstaculizada y allí en otro punto has sido llevado a ella. Una analogía seria tomar comida; tenías hambre, la comida no estaba allí dentro de ti, pero después de la comida la comida está presente dentro de ti. La influencia de Escorpio estuvo ausente aquí, pero en este otro punto se activó. Y así formamos conexiones con el Cosmos circundante a medida que entramos en diferentes relaciones con él a través del movimiento de la Tierra.

Pero, ¿es el hombre consciente de estas influencias variables, mientras está todavía en el plano físico? No, no lo es; hemos visto que el mundo físico lo aleja de ellas. Pero en el momento en que se retira con su cuerpo astral y el yo de sus cuerpos físico y etérico, se encuentra dentro de estas fuerzas; ellas actúan directa y fuertemente sobre él. Estas influencias extraterrenas y celestiales comienzan entonces sobre esa parte del Hombre que ya no está conectada con lo físico y etérico; actúan sobre él tan poderosamente como el alimento sobre el cuerpo físico. Es solo este descenso a lo físico la causa de la retirada del hombre de estas influencias externas. Por lo tanto, podemos considerar que el cuerpo astral es, en cierto sentido, parte del universo celestial, y no del terrestre, porque cuando, junto con el yo, está fuera del cuerpo físico, tenemos que coordinarlo con la no-influencia terrestre.

Al considerar el asunto de esta manera, gradualmente llegamos a la conclusión de que el hombre se vuelve receptivo a estas fuerzas celestiales en la medida en que deja de actuar a través de los órganos de su cuerpo físico, es decir, cuando esta, a través de esta no actividad, más o menos en estado de sueño. El hombre cuando es niño está siempre más o menos dormido, por lo tanto, el niño es mucho más receptivo a las influencias celestiales que el hombre. A medida que crece, se va abriendo camino cada vez más a las condiciones terrenales. Durante la infancia, todo lo que está dentro de la piel sigue siendo plástico y en estado de formación. Los poderes formativos se vuelven cada vez menos activos con los años, hasta que, en un momento considerablemente posterior de la vida, se vuelven muy pequeños.

Esto muestra que el proceso de formación físico interno se encuentra en cierta relación con los movimientos y configuraciones del Universo celestial externo. Pero la parte de nuestro ser que, en lo que concierne a la conciencia, permanece en un estado continuo de sueño —como nuestra actividad cardíaca, nuestro proceso digestivo, etc.; de hecho, todos los procesos físicos internos— toda esa parte de nuestro ser permanece bajo la influencias de lo suprafísico durante toda nuestra vida. (Estos procesos son inducidos de la misma manera que el proceso que sigue cuando doy un paso adelante conscientemente, solo que todos están dirigidos hacia adentro en lugar de hacia afuera). Tomemos un ejemplo característico. Por medio de los movimientos internos de los intestinos, el quimo toma un impulso en su camino. Estos son movimientos internos dentro del límite de la piel humana, y por lo tanto, como dijimos, dependen de lo que está más allá de la Tierra. Fundamentalmente, el hombre como Hombre depende solo de lo terrestre, de la materia terrestre ponderable, de todo lo que le afecta desde fuera de su piel. Pero en el momento en que cualquier acto o circunstancia exterior se traduce en actividad dentro de la piel, entonces comienza en su organismo una actividad que está relacionada con lo suprasensible. Cuando tomas un trozo de azúcar en la palma de tu mano, sientes su peso físicamente, lo elevas a tus labios; el proceso sigue siendo físico, pero tan pronto como lo disuelves en la lengua y entra en la esfera del gusto, ya no queda dentro del alcance de los procesos terrestres, sino que queda sujeto a las fuerzas extraterrestres. Para encontrar el funcionamiento de lo extraterrestre, debemos penetrar en lo que está encerrado dentro de la piel humana. Esto nos llevará a darnos cuenta del hecho de que, mientras andas por el mundo, te rodeas, por así decirlo, de todo tu ser, estás en el reino de lo terrenal. Pero tan pronto como uno entra, incluso dentro de la organización física, ya no está en el ámbito de lo Terrenal, sino que ha entrado en una esfera que depende de fuerzas extraterrenales. Pueden demostrárselo fácilmente a ustedes mismos en el hecho de que dentro de nosotros reside algo que no se fusionó con la existencia terrenal, si recuerdan el hecho tantas veces repetido, de que el cerebro humano flota en el fluido meníngeo. Si este no fuera el caso, la presión del cerebro sobre los órganos colocados en el piso del cráneo aplastaría todos los vasos sanguíneos. Cualquier libro de texto que trate estos asuntos le dirá el peso del cerebro. Si su elección es un “Bischoff”, notará que afirma que el cerebro femenino es mucho más ligero que el del hombre, afirmación que se volvió absurda más adelante, para el deleite de las damas, cuando se descubrió al ser examinado, que el cerebro del propio Bischoff demostró tener mucho menos peso que el cerebro más ligero examinado por él. Esto es por cierto, solo un ejemplo del valor general de los juicios humanos. Sin embargo, el cerebro humano, que posee un peso considerable (al menos de 1.200 a 1.300 gramos), no ejerce presión de ninguna manera, de acuerdo con su peso real, sino solo, como podríamos decir, un peso de comparativamente pocos gramos, por la presión hacia arriba del líquido meníngeo. Recuerden la ley de Arquímedes, según la cual el peso de un objeto se reduce por el peso del agua que desaloja.

Por lo tanto, la presión del cerebro es igual a solo unos pocos gramos porque flota en el líquido. Si tuviera una tendencia a presionar hacia abajo con todo su peso, el hombre no podría usar su cerebro para pensar. Supera su peso porque esta flotando en el líquido. No pensamos en la cuestión del cerebro, sino en aquello que se retira de la materia, con las fuerzas ascendentes, con lo que crece más allá de la Tierra. Y debemos seguir con esto en todas las partes de la organización del hombre. Así como interiormente nos retiramos de las fuerzas de la gravedad terrestre en el caso del peso del cerebro (exteriormente, por supuesto, esto es imposible, el cerebro sobre la balanza muestra su peso real, incluso mientras está dentro de nosotros), del mismo modo nosotros también nos separamos de las fuerzas físicas y químicas terrenales de otro tipo.

 ¿Qué nos permite separarnos de estas fuerzas? Es el yo y el cuerpo astral. Tan pronto como estos actúan sobre el cuerpo etérico y físico retiran lo etérico de lo físico, la fuerza absorbente se ausenta y solo queda la materia ponderable. La materia ponderable no es parte de la Tierra, ya que la Tierra no la retiene en su forma original, sino que la destruye. Las fuerzas terrestres no contienen en ellas lo que le da al hombre su forma. Eso no es difícil de comprender, ya que hemos visto que nos separamos interiormente de las fuerzas terrestres. Con todo lo que entra en él a través del cuerpo astral y del yo, el hombre se relacionado con las fuerzas que están activas más allá de la Tierra.

Nuestra siguiente pregunta puede ser: ¿cuál es la naturaleza de esta relación? Para determinar esto, debemos de alguna manera estudiar la calidad y naturaleza del Hombre. Encontramos en primer lugar su forma o figura completa. No me refiero con esto a la forma que dibujaría si fuera a hacer un boceto de él, sino a toda la configuración, toda la formación del Hombre. Incluirá, por ejemplo el hecho de que los ojos se colocan en la cara y los talones en los pies; porque esto es parte de la configuración interna del Hombre de acuerdo con la ley. Los pintores expresionistas pueden afirmar que el Hombre puede ser dibujado de tal manera que su dedo del pie tome el lugar de su nariz, o que un ojo se coloque aquí y el otro en su mano. Sí, realmente existen tales personas, pero solo muestran la poca relación interior que tienen con el mundo. De hecho, en estos días hemos avanzado tanto en el pensamiento materialista como para poder representar cosas individuales por separado, cuando realmente pertenecen al todo y no deben representarse por sí mismas.

Tenemos, por lo tanto, primero la forma completa del hombre; y este, como saben muy bien, no se produce como cuando se modela una figura tallándola en madera, por ejemplo, sino que se forma desde dentro. Ni siquiera podríamos volver a tallar ninguna parte que no cuente con nuestra aprobación. La forma humana está modelada por fuerzas que residen en la periferia y son fuerzas que vienen de más allá de la Tierra. Por lo tanto, cuando contemplamos la forma humana, estamos viendo un producto de lo extraterrenal.

En segundo lugar, podemos distinguir en el Hombre, además de su forma, todo lo que esta dentro de la categoría del movimiento interno. Tomemos, por ejemplo, la sangre y los otros jugos corporales; estos poseen movimiento interno. Esto también se produce desde adentro; esta, por así decirlo, situado incluso más profundamente en el hombre que su forma. Esta última avanza hacia la periferia, mientras que el movimiento interno tiene lugar completamente dentro; y nuevamente es un proceso que se encuentra en relación con el mundo que está más allá de la Tierra.

En tercer lugar, la actividad de los órganos. Órganos como los pulmones, el hígado, el bazo, etc., son los responsables de las actividades dentro del Hombre, y son estas actividades las que nombraré como el tercer hecho que encontramos en el Hombre. No es necesario que esto les sorprenda, más bien debería llevarles a buscar la razón.

Consideren por ejemplo, un órgano importante, a saber, el corazón, del cual recientemente he hablado en repetidas ocasiones. Nos damos cuenta de que en cierto sentido, el corazón ha sido soldado.

Al seguir la Embriología, encontramos cómo el corazón se va soldando gradualmente o se acumula, por así decirlo, por la circulación sanguínea, y no es una forma primaria. Esto es verificado por la Embriología. Y lo mismo ocurre con otros órganos.   Son el resultado de estas circulaciones, más que las causas de ellas. Dentro de los órganos, la circulación se paraliza, sufre una especie de metamorfosis y avanza de otra manera.

Para ilustrar la idea, digamos que tenemos una corriente de agua que cae sobre una roca. Lanza una variedad de formaciones y luego fluye. Estas formaciones son causadas por las fuerzas del equilibrio y el movimiento en ese lugar. Ahora imaginen que de repente todo esto se petrificara; se formaría como una piel a modo de pared, luego el resto seguiría fluyendo de nuevo, y tendríamos una estructura orgánica formada. Deberíamos hacer que la corriente atraviese la estructura y que vuelva a salir y fluir más allá de forma alterada. Pueden imaginar algo como esto en el caso del flujo de la sangre, que circula por el corazón. Solo puedo indicar estas cosas aquí. Están bien fundamentadas, pero aquí solo se puede dar una indicación de ellas.

Aunque los órganos en la manera de su formación dependen del flujo de las fuerzas internas, sin embargo, son algo de la parte interna del Hombre que de nuevo entra en relación con lo que está afuera. Aquí tenemos algo que, como pueden ver en un ejemplo que daré, se encuentra en una relación más cercana con lo terrenal; a través de estos órganos, somos llevados desde el interior al contacto con el exterior.

Tomen el caso de los pulmones. Los pulmones son órganos, pero a la vez son la base de la respiración. Como instrumento para la transmutación del oxígeno inhalado en el ácido carbónico exhalado, los pulmones forman una relación con algo que tiene significado para el Hombre, pero que aún existe fuera de él en el ámbito de lo Terrenal. De esta forma regresamos, por así decirlo, al entorno terrestre a través de las actividades orgánicas. En el momento en que sobrepasamos, a través de la actividad orgánica, el límite de nuestra piel, estamos fuera, en la esfera terrestre. Verán, todos estos procesos que tienen lugar completamente dentro de nosotros, la formación y regulación de movimientos fluídicos, etc., se encuentran en una relación con lo extraterrenal; mientras que cuando llegamos a los órganos, nuevamente nos acercamos a lo terrestre. Aquí tenemos en el Hombre la unión del Cielo y la Tierra. Los pulmones están formados por seres extraterrestres, pero lo que hacen con el oxígeno los relaciona con lo terrenal. Y ahora, cuando el hombre toma sustancias aún más terrenales y las recibe en su organismo, entra en contacto inmediato, a través del proceso del metabolismo con lo verdaderamente terrenal.

Por lo tanto, podemos estudiar al hombre desde cuatro puntos de vista diferentes: La Forma completa, en la medida en que esta se construye desde adentro hacia afuera; Movimiento interno, actividad orgánica y metabolismo. Si estudiamos la forma completa, que está totalmente construida por fuerzas internas, encontramos que es de todas la que menor conexión tiene con la Tierra.

Este punto se explicará más mañana. Solo comenzaremos a comprender esta conexión cuando relacionemos, como haremos mañana, la forma completa del Hombre con  el Zodiaco. El movimiento interno, la circulación de la sangre, la linfa, etc., solo pueden concebirse en su realidad, cuando los relacionamos con nuestro sistema planetario. Y cuando llegamos a la actividad de los órganos, ya nos acercamos a lo terrestre.

adzodiaco

 

Les di el ejemplo de los pulmones, que, en lo que respecta a su construcción interna, están formados por fuerzas extraterrestres, pero en relación con el oxígeno están en relación con el aire. Otros órganos humanos entran en relación con el agua, otros de nuevo con calor, etc. Por lo tanto, al estudiar la actividad de los órganos, entramos en contacto con el mundo Elemental —con fuego, agua, aire. Solo cuando nuestras observaciones se centran en la asimilación real o el metabolismo, estamos en la esfera de la Tierra. El mundo Elemental es aquel que abarca la Tierra como la esfera del agua y del aire, y solo cuando nos encontramos con el proceso del metabolismo, nos acercamos a la relación del Hombre con la Tierra misma.

De esta forma podemos descubrir la relación del Hombre con el Universo que lo rodea:

Zodiaco (1) Forma completa
Mundo de los Planetas (2) Movimiento interno
Mundo de los Elementos (3) Actividad de los órganos
Tierra (4) Metabolismo

 

Y ahora consideren, si entendemos la forma del Hombre en toda su naturaleza y condiciones, y encontramos la posibilidad de rastrearlo hasta el Zodíaco —es decir, el mundo de estrellas fijas — solo en ese momento podemos formarnos, desde el Hombre, una idea de todo lo que nos es visible en el espacio circundante; porque no puede ser investigado por medios mecánicos o matemáticos, sino solo a través del conocimiento de la forma completa del Hombre. Tampoco los movimientos planetarios pueden ser examinados simplemente por medio de un telescopio. Con un telescopio uno encuentra sus posiciones, colocándolo primero frente a una estrella y luego frente a otra, encontrando el ángulo, y de esta manera ir descubriendo las posiciones. Lo que está realmente presente en los procesos del Mundo Planetario es algo que se forma desde adentro hacia afuera. Es por un estudio de las actividades de los jugos y la savia en el hombre que aprenderemos a comprender las actividades planetarias. Del mismo modo, si comprendemos nuestras propias actividades orgánicas, también comprenderemos lo que sucede en el mundo elemental; y cuando seamos capaces de comprender lo que sucede en el Hombre en el momento en que se introduce la sustancia terrenal en su sistema metabólico, poseeremos la clave de las actividades de la Tierra y podremos separarlas espacialmente de todas las actividades extraterrestres.

 

 

 

Traducido por Gracia Muñoz en Febrero de 2018.

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GA127. El Nacimiento del Espíritu del Sol como el Espíritu de la Tierra. Las trece noches santas.

Rudolf  Steiner — Hannover, 26 de diciembre de 1911

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Cuando se encienden las velas en el Árbol de Navidad, el alma humana siente como si el símbolo de una realidad eterna estuviese allí, y que este siempre debe haber sido el símbolo de la Fiesta de Navidad, incluso en un pasado muy lejano. Porque en el otoño, cuando la naturaleza exterior se desvanece, cuando las creaciones del sol caen como en un sueño y los órganos de la percepción externa se alejan de los fenómenos del mundo físico, el alma tiene la oportunidad —no solo la oportunidad sino el impulso— de retirarse a sus honduras anímicas más profundas, para sentir y experimentar: ahora, cuando la luz del sol exterior es más tenue y su calor más débil, es el momento en que el alma se retira a la oscuridad pero puede encontrar dentro de sí misma la luz interior, Luz espiritual. Las luces en el Árbol de Navidad se presentan ante nosotros como un símbolo de la Luz espiritual interior que se enciende ante la oscuridad exterior. Y porque lo que sentimos que es la luz espiritual del alma la que brilla en la oscuridad de la Naturaleza parece ser una realidad eterna, imaginamos que el abeto iluminado que brilla en nosotros en la Nochebuena debe haber estado brillando desde que comenzaron nuestras encarnaciones terrenales.

Y sin embargo, no es así. Hace solo uno o dos siglos, el Árbol de Navidad se convirtió en un símbolo de los pensamientos y sentimientos que surgen en el hombre en la época navideña. El Árbol de Navidad es un símbolo reciente, pero cada año, de nuevo, revela al hombre una gran verdad eterna. Es por eso que imaginamos que siempre debe haber existido, incluso en el pasado remoto. Es como si desde el propio Árbol de Navidad resonara la proclamación de lo Divino en la extensión cósmica, en las alturas celestiales. El ser humano puede sentir que esta es la fuente infalible de las fuerzas de paz en su alma que brotan de la buena voluntad. Y así, de acuerdo con la Leyenda de Navidad, la proclamación también resonó cuando los pastores acudieron al lugar del nacimiento del Niño cuya festividad celebramos en Navidad. Para los pastores, resonó desde las nubes: “Desde la expansión cósmica, desde las alturas celestiales, los Poderes Divinos se revelan a sí mismos, trayendo paz al alma humana que está llena de buena voluntad”.

Durante siglos y siglos, los hombres no pudieron convencerse de que el símbolo presentado al mundo en la Fiesta de Navidad haya tenido un comienzo. Sintieron en él el sello distintivo de la eternidad. Por esta razón, el ritual cristiano ha revestido la insinuación de la eternidad en lo que tiene lugar simbólicamente en la Nochebuena, en las palabras: ‘¡Cristo ha nacido de nuevo!’ Es como si todos los años el alma estuviera llamada a sentir una realidad nueva de lo que se cree que podría suceder una sola vez. La eternidad de este acontecimiento simbólico se nos presenta con un poder infinito si tenemos la verdadera concepción del símbolo mismo. Sin embargo, tan tarde como en el año 353 DC. de que Cristo Jesús hubiera aparecido en la Tierra, el nacimiento de Jesús no se celebró, ni siquiera en Roma. El Festival del nacimiento de Jesús se celebró por primera vez en Roma en el año 354 DC.

Antes, esta Festividad no se celebraba entre el 24 y el 25 de diciembre; el día de la conmemoración suprema para aquellos que entendieron algo de la profunda sabiduría relacionada con el Misterio del Gólgota, la Festividad era el 6 de enero. La Epifanía se celebrada como una especie de Fiesta de Nacimiento de Cristo durante los primeros tres siglos de nuestra era. Era la Fiesta que estaba destinada a hacer revivir en las almas humanas el recuerdo del descenso del Espíritu de Cristo en el cuerpo de Jesús de Nazaret en el Bautismo de Juan en el Jordán. Hasta el año 353 DC, el acontecimiento que los hombres concibieron que tuvo lugar en el Bautismo se conmemoraba el 6 de enero como el Festival del nacimiento de Cristo. Porque durante los primeros siglos de la cristiandad, aún se conservaba una idea del misterio que es de todos los misterios el más difícil de entender para la humanidad, a saber, el descenso del Ser de Cristo en el cuerpo de Jesús de Nazaret.

¿Cuáles fueron los sentimientos de los hombres que tuvieron alguna idea de los secretos del cristianismo durante esos primeros siglos? Se dijeron a sí mismos: “el Espíritu de Cristo se entreteje a través del mundo que se revela a través de los sentidos y mediante el espíritu humano. En el pasado lejano, este Espíritu de Cristo se reveló a Moisés. El secreto del “yo” humano resonó en Moisés como nos resuena desde el símbolo del Árbol de Navidad de los sonidos IAO — el Alfa y la Omega, precedidos por el Yo. Esto fue lo que resonó en el alma de Moisés cuando el  Espíritu de Cristo se le apareció en la zarza ardiente. Y este mismo Espíritu de Cristo condujo a Moisés al lugar donde debía reconocerlo en su verdadero Ser. Esto se describe en el Antiguo Testamento donde se dice que el Señor llevó a Moisés al Monte Nebo ‘frente a Jericó’ y le mostró lo que aún debía suceder antes de que el Espíritu de Cristo pudiera encarnar en el cuerpo de un hombre. A Moisés en el Monte Nebo, este Espíritu le dijo: “Pero a ti, a quien me revelé con anticipación, no puedes llevar lo que tienes en tu alma a la evolución de tu pueblo”; porque antes tienes que preparar lo que sucederá cuando se cumpla el tiempo.

Y cuando, a través de muchos siglos, la preparación evolutiva se hubo completado, el mismo Espíritu por el cual Moisés había sido retenido,  se reveló de hecho a Sí mismo —al hacerse Carne, al tomar un cuerpo humano, el cuerpo de Jesús de Nazaret. Con esto, la Humanidad como un todo fue conducida desde la etapa de Iniciación significada por la palabra ‘Jericó’ a la indicada por el cruce del Jordán.

Los corazones y las mentes de aquellos que en los primeros siglos de nuestra era entendieron la verdadera importancia del cristianismo se volcaron en el Bautismo en el Jordán de Jesús de Nazaret, en quien Cristo descendió, Cristo el Espíritu del Sol y de la Tierra.

 

bautismo

Fue esto —el nacimiento de Cristo— lo que fue celebrado como un misterio en los primeros siglos cristianos. La visión para la cual nos preparamos hoy a través de la Antroposofía, a través de la sabiduría perteneciente a la quinta época de la civilización post-Atlante, brilló en la forma de visión de los vestigios de la antigua clarividencia que aún sobrevivían cuando tuvo lugar el Misterio del Gólgota; brilló en los gnósticos, esos notables e iluminados hombres que vivieron  el punto de inflexión de la antigua a la nueva época, cuya concepción del misterio de Cristo difería en relación con la forma pero no con respecto al contenido, de la nuestra. Lo que los gnósticos pudieron enseñar se escurrió por el mundo y aunque lo que realmente sucedió en el evento indicado simbólicamente por el Bautismo en el Jordán no fue ampliamente entendido, sin embargo, dio una idea de que el Espíritu del Sol había nacido en ese momento como el Espíritu de la Tierra. Que un Poder cósmico había tomado morada en el cuerpo de un hombre en la Tierra. Y así, en los primeros siglos de la cristiandad, el festival del nacimiento de Cristo en el cuerpo de Jesús de Nazaret, la fiesta de la Epifanía de Cristo, se celebró el 6 de enero.

Pero la perspicacia, incluso la visión tenue e incierta de este profundo Misterio se fue desvaneciendo paulatinamente a medida que pasaba el tiempo. Y llegó el momento cuando los hombres ya no pudieron comprender que el Ser llamado Cristo había estado presente en un cuerpo físico humano durante tres años. Cada vez se comprenderá más que lo que se logró para toda la evolución de la Tierra durante esos tres años en el cuerpo físico de un hombre es uno de los Misterios más profundos y difíciles de entender. Desde el siglo IV en adelante, con el acercamiento de la era materialista, los poderes del alma humana —aún en la etapa de preparación— no estaban lo suficientemente fuertes como para captar el profundo Misterio que en nuestro tiempo se entenderá en una medida cada vez mayor. Y así sucedió que en la misma medida en que el poder externo del cristianismo aumentó, la comprensión interna del misterio de Cristo disminuyó y la fiesta del 6 de enero dejó de tener su significado esencial. El nacimiento de Cristo fue colocado trece días antes y se concibió como coincidente con el nacimiento de Jesús de Nazaret. Pero en este mismo hecho nos enfrentamos a algo que siempre debe ser una fuente de inspiración y acción de gracias. En realidad, el 24/25 de diciembre fue fijado como el día de la Natividad de Cristo porque se había perdido una gran verdad, como hemos escuchado. Y sin embargo, aunque el error parece apuntar a la pérdida de una gran verdad, detrás de eso hay un significado tan profundo que —aunque los hombres responsables no sabían nada de eso— no podemos sino maravillarnos con la sabiduría subconsciente con la que se instituyó la fiesta del día de Navidad.

En verdad, en la fijación de esta festividad se puede ver el funcionamiento de la sabiduría Divina. Así como la sabiduría Divina puede ser percibida en la naturaleza externa si sabemos cómo descifrar lo que allí se revela, también podemos percibir que la Sabiduría Divina obra en el alma inconsciente del hombre si se tiene presente lo siguiente. En el Calendario, el 24 de diciembre es el día dedicado a Adán y Eva, y el día siguiente es la Fiesta de la Natividad de Cristo. Así, la pérdida de una verdad antigua hizo que la fecha del nacimiento de Cristo se colocara trece días antes y se identificara con el nacimiento de Jesús de Nazaret, pero de una manera maravillosa el nacimiento de Jesús de Nazaret está relacionado con el concepto del hombre original en la evolución de la Tierra, su origen en Adán y Eva. Todos los tenues sentimientos y experiencias relacionados con esta fiesta del nacimiento de Jesús que estaban vivos en el alma humana —aunque en su conciencia diurna, los hombres no tenían conocimiento de lo que había detrás— todos estos sentimientos que se agitaban en las profundidades del alma hablaron un lenguaje maravilloso.

Cuando se perdió la comprensión de lo que había fluido de los mundos cósmicos en el evento que con razón se había celebrado el 6 de enero, las fuerzas que trabajaban en las profundidades ocultas del alma hicieron que se presentara la imagen del hombre como un ser anímico espiritual antes de la encarnación física, en el punto de partida de la evolución como ser humano físico. La imagen del niño recién nacido cuya alma aún no ha sido tocada por los efectos del contacto con el cuerpo físico, del niño al comienzo de la evolución física en la Tierra. Pero este no es un niño humano en el sentido ordinario; es el niño que estaba allí antes de que los seres humanos alcanzaran el punto de la primera encarnación física en la evolución de la Tierra. Este es el ser conocido en la Kabbala como el Adam Kadmon Hombre, que descendió de las alturas divinas y espirituales, con todo lo que había adquirido durante los períodos del Antiguo Saturno, Sol y Luna.

El ser humano en su estado espiritual en el comienzo de la evolución de la Tierra, nacido en el Niño Jesús, fue presentado a la Humanidad por una sabiduría Divina en la fiesta del nacimiento de Jesús en un momento en que ya no era posible comprender lo que había descendido de los mundos cósmicos, de las esferas celestiales a la Tierra, el recuerdo de su origen, de su estado antes del advenimiento de las fuerzas luciféricas en la Tierra, la evolución fue grabándose en las almas de hombres. Y cuando ya no se dio cuenta de que en el sentido más elevado y verdadero podría decirse del Bautismo de Juan en el Jordán: de los mundos cósmicos ha venido a las almas humanas el poder de la Deidad revelada para que la paz pueda reinar entre los hombres de buena voluntad; cuando se perdió la comprensión de cómo se podía presentar esta imagen como una fiesta sagrada, se presentó otra afirmación en su lugar, la afirmación de que al comienzo de la evolución terrestre, antes de que las fuerzas luciféricas comenzaran su trabajo, el hombre tenía una naturaleza, una entelequia que puede inspirarlo con una esperanza eterna.

El Jesús del Evangelio de San Lucas —no el Jesús descrito en el Evangelio de San Mateo— es el niño a quien adoran los pastores. Para ellos, sonó la proclamación: “Ahora, lo Divino es revelado desde las alturas celestiales, trayendo paz a las almas de los hombres de buena voluntad”. Y así durante los siglos en que la realidad superior estaba fuera del alcance del hombre, se instituyó la fiesta que cada año le recuerda: “Aunque no puedas contemplar las alturas celestiales y reconocer el gran Espíritu Solar, lo tienes dentro de ti, desde el tiempo de tu comienzo terrenal, el Alma-Niño en su estado de pureza, inmaculado de los efectos de la encarnación física; y las fuerzas de este Niño-Alma pueden darte la firme confianza de que puedes vencer a la naturaleza inferior que se aferra a ti como resultado de la tentación de Lucifer”. La vinculación de la fiesta del nacimiento de Jesús con el recuerdo de Adán y Eva dio énfasis al pensamiento de que en el lugar visitado por los pastores, había nacido un alma humana en el estado de inocencia en el que existía el alma antes de la primera encarnación en la Tierra.

En esa época de la festividad, por lo tanto, dado que el nacimiento del Dios ya no se entendía, se conmemoraba el nacimiento de un ser humano. Sin embargo, por mucho que las fuerzas del hombre amenacen con declinar y que sus sufrimientos lo dominen, hay dos fuentes infalibles de paz, armonía y fortaleza. Somos guiados a la primera fuente cuando miramos hacia el espacio cósmico, sabiendo que está impregnado por la elevación, el movimiento y la calidez del Espíritu Divino. Y si nos aferramos a la convicción de que este Poder Divino-Espiritual que atraviesa el Universo puede impregnar nuestro ser para que nuestras fuerzas no desfallezcan, ahí tenemos el pensamiento de la Pascua, igualmente una fuente de esperanza y confianza fluyendo de las esferas cósmicas. Y la segunda fuente puede surgir del débil indicio de que, como ser anímico espiritual, antes de convertirse en la presa de las fuerzas luciféricas al comienzo de su evolución terrenal, el hombre todavía era parte del mismo Espíritu ahora esperado desde los mundos cósmicos como en el pensamiento de Pascua. Volviendo a la fuente que se encuentra en el ser original del hombre, antes del inicio de la influencia luciférica, podemos decirnos: “Todo lo que pueda acontecerle, lo que sea que pueda atormentarle y alejarle de las esferas brillantes del espíritu, de su origen divino es una realidad eterna, oculta aunque sea en las profundidades del alma”. El reconocimiento de este poder interior del alma dará lugar a la firme garantía de que las alturas están a su alcance. Y si conjura ante su alma todo lo que es inocente, infantil, libre de las tentaciones de la vida, libre de todo lo que ya ha sucedido a las almas humanas a través de las muchas encarnaciones desde el comienzo de la evolución terrenal, entonces tendrán una imagen del alma humana como era antes de que comenzaran estas encarnaciones terrenales.

Pero un alma —solo un alma— permaneció en esta condición, es decir, el alma del Niño Jesús descrito en el Evangelio de San Lucas. Este alma se mantuvo en la vida espiritual cuando las otras almas humanas comenzaron a pasar por sus encarnaciones en la Tierra. Este alma permaneció en la tutela de los Misterios más sagrados a través de las épocas Atlante y Post-Atlante hasta el tiempo de los eventos en Palestina. Luego fue enviado al cuerpo predestinado para recibirlo y se convirtió en uno de los dos niños Jesús: el Niño descrito en el Evangelio de San Lucas.

Así la fiesta de la Natividad de Cristo se convirtió en la fiesta del Nacimiento de Jesús.

Si comprendemos correctamente este festival, debemos decir: Lo que creemos que renace simbólicamente cada Nochebuena, es el alma humana en su naturaleza original, el espíritu de la infancia del hombre tal como era al comienzo de la evolución de la Tierra; luego descendió como una revelación desde las alturas celestiales. Y cuando el corazón humano puede hacerse consciente de esta realidad, el alma se llena de una paz inquebrantable que nos puede llevar a nuestros elevados objetivos, si somos de buena voluntad. De hecho, es poderosa la palabra que puede resonar en la noche de Navidad, pero no entendemos su importancia.

¿Por qué la fiesta del nacimiento de Cristo se retrasó trece días y se convirtió en la fiesta del nacimiento de Jesús? Para comprender esto debemos penetrar en los misterios profundos de la existencia humana. De la naturaleza exterior, el hombre cree, porque lo ve con sus ojos, lo que los rayos del sol emiten desde las profundidades de la Tierra, desplegándose en belleza a través de la primavera y el verano, retirándose a esas mismas profundidades en el momento en que la esfera solar exterior se va oscureciendo, y dentro de las profundidades de la Tierra se prepara en las semillas lo que brotará de nuevo el año siguiente. Debido a que sus ojos lo atestiguan, el hombre cree que la semilla de la planta pasa por un ciclo anual, que debe descender a las profundidades de la Tierra para volver a desplegarse bajo el calor y la luz del sol en primavera.

Pero para empezar, el hombre no tiene la noción de que el alma humana también pasa por ese ciclo. Y tampoco se le revela hasta que se inicia en los grandes misterios de la existencia. Así como la fuerza contenida en la semilla de cada planta está ligada a las fuerzas físicas de la Tierra, así el ser más íntimo del alma humana está unido a las fuerzas espirituales de la Tierra. Y así como la semilla de la planta se hunde en las profundidades de la Tierra en el momento que conocemos como Navidad, así el alma del hombre desciende en ese momento a los profundos reinos espirituales, sacando fuerza de estas profundidades al igual que la semilla de la planta para poder florecer en primavera. Lo que el alma experimenta en estas profundidades espirituales de la Tierra está completamente oculto para la conciencia ordinaria. Pero para aquellos cuyos ojos espirituales están abiertos, los Trece Días y las Trece noches entre el 24 de diciembre y el 6 de enero son un tiempo de profunda experiencia espiritual.

Paralelamente a la experiencia de la semilla de la planta en las profundidades de la naturaleza de la Tierra, hay una experiencia espiritual en las profundidades espirituales de la Tierra, verdaderamente una experiencia paralela. Y el vidente para quien esta experiencia es posible ya sea como resultado del entrenamiento o por medio de facultades clarividentes heredadas, puede sentirse penetrando en estas profundidades espirituales. Durante este período de los Trece Días y Noches, el vidente puede ver lo que debe sucederle al hombre por haber pasado por encarnaciones que han estado bajo la influencia de las fuerzas de Lucifer desde el comienzo de la evolución terrenal. Los sufrimientos en el Kamaloca que el hombre debe soportar en el mundo espiritual porque Lucifer ha estado a su lado desde que comenzó a encarnar en la Tierra, la visión más clara de todo esto se presenta en las poderosas Imaginaciones que pueden presentarse ante el alma durante los Trece Días y Noches entre la Fiesta de Navidad y la Fiesta del 6 de enero, la Epifanía.

En el momento en que la semilla de la planta está pasando por su período más crucial en las profundidades interiores, el alma humana está pasando por sus experiencias más profundas. El alma contempla una panorámica de todo lo que el hombre debe experimentar en los mundos espirituales porque, bajo la influencia de Lucifer, se distanció de los Poderes por los cuales fue creado el mundo. Esta visión es más clara para el alma durante estos Trece Días y Noches. Por lo tanto, no hay mejor preparación para la revelación de esa Imaginación que puede llamarse la Imaginación Crística y que nos hace conscientes de que al obtener la victoria sobre Lucifer, Cristo mismo se convierte en el Juez de las obras de los hombres durante las encarnaciones afectadas por la influencia de Lucifer. El alma del vidente vive desde la fiesta del nacimiento de Jesús hasta la de la Epifanía, de tal manera que se le revela el misterio de Cristo. Es durante estos Trece Días y Noches Santas que el alma puede captar más profundamente, la importancia y el significado del Bautismo de Juan en el Jordán.

Es notable que durante los siglos de la cristiandad, donde los poderes de la visión espiritual se desarrollaron de la manera correcta, era sabido por los videntes que la visión penetraba más profundamente durante el período de las Trece noches santas en el momento del solsticio de invierno.  Muchos videntes —educados en los misterios de la era moderna o que poseen poderes de clarividencia heredados— nos hacen evidente que en el punto más oscuro del solsticio de invierno el alma puede tener una visión de todo lo que el hombre debe experimentar debido a su alienación del Espíritu de Cristo, cómo el ajuste y la catarsis fueron posibles a través del Misterio representado en el Bautismo de Juan en el Jordán y luego a través del Misterio del Gólgota, y cómo las visiones durante las Trece noches son coronadas el 6 de enero por la Imaginación Crística. Por lo tanto, es correcto nombrar el 6 de enero como el día del nacimiento de Cristo y estas Trece noches como el tiempo durante el cual los poderes de videncia en el alma humana disciernen y perciben lo que el hombre debe experimentar a través de su vida en las encarnaciones desde Adán y Eva hasta el Misterio del Gólgota.

Durante mi visita a Christiania el año pasado[1] fue interesante para mí encontrar el pensamiento que en palabras bastante diferentes se ha expresado en tantas conferencias sobre el misterio de Cristo, encarnado en una bella saga conocida como “La leyenda del sueño”. Es extraño decir que ha pasado a primer plano en Noruega durante los últimos diez o quince años y se ha vuelto familiar para la gente, aunque su origen es, por supuesto, muy anterior. Es la leyenda que de una forma maravillosamente hermosa relata cómo Olaf Åsteson se inicia, como si fuera por fuerzas naturales, cuando se queda dormido en Nochebuena, duerme durante los Trece Días y Noches hasta el 6 de enero, y vive atravesando todos los terrores que el ser humano debe experimentar a través de las encarnaciones desde el comienzo de la Tierra hasta el Misterio del Gólgota. Y relata cómo cuando llegó el 6 de enero, Olaf Åsteson tiene la visión de la intervención del Espíritu de Cristo en la Humanidad, siendo el Espíritu de Micael su precursor. Espero que en alguna otra ocasión podamos presentar este poema en su totalidad, porque entonces se darán cuenta de que la conciencia de la visión durante los Trece Días y Noches sobrevive incluso hoy y, de hecho, está siendo revivificada. Ahora se citarán algunas líneas características. El poema comienza:

 

Ven a escucharme y escuchar mi canción

La canción de una juventud maravillosa,

Te canto de Olaf Åsteson

Quién durmió muchos días. Es la verdad.

Era la víspera de Navidad cuando yacía

Y durmió tanto sin saberlo,

Él no se despertó hasta el decimotercer día

Cuando a la iglesia la gente iba.

Sí, fue Olaf Åsteson

Quién estuvo tanto tiempo durmiendo

Y así continúa el poema, relatando cómo en su sueño durante los Trece Días y Noches, Olaf Åsteson es guiado a través de todo lo que el hombre debe experimentar a causa de la tentación de Lucifer. Se da una imagen vívida del viaje de Olaf Åsteson a través de las esferas donde los seres humanos tienen las experiencias tan a menudo descritas en relación con el Kamaloca, y de cómo el Espíritu de Cristo, precedido por Micael, fluye en esta visión.

Así, con la venida de Cristo en el Espíritu, se hará cada vez más posible que los hombres sepan cómo las fuerzas espirituales tejen y dominan y que las fiestas no han sido instituidas por opiniones arbitrarias, sino por una sabiduría cósmica que a menudo se encuentra más allá del alcance de la conciencia de los hombres, aún funciona y reina a lo largo de la historia. Esta sabiduría cósmica ha colocado la fiesta del nacimiento de Jesús al comienzo de los Trece Días. Mientras que la Fiesta de Pascua siempre puede ser un recordatorio de que la contemplación de los mundos cósmicos nos ayudará a encontrar dentro de nosotros la fuerza para conquistar todo lo que es más bajo, el pensamiento navideño —si entendemos la fiesta que conmemora el origen divino del hombre y el símbolo que tenemos delante el día de Navidad en la forma del Niño Jesús— nos dice una y otra vez que los poderes que traen la paz al alma se pueden encontrar dentro de nosotros mismos.

La verdadera paz del alma está presente solo cuando esa paz tiene bases seguras, es decir, cuando es una fuerza que le permite al hombre saber:  “en ti vive algo que, si realmente nació, puede, no debe, guiarte a las Alturas divinas, a los Poderes divinos”.—Las luces de este árbol son símbolos de la luz que brilla en nuestras propias almas cuando captamos la realidad de lo que  nos proclama simbólicamente en la noche de Navidad el Niño Jesús en su estado de inocencia: el ser más íntimo del alma humana misma, fuerte, inocente, tranquilo, guiándonos a lo largo del camino de nuestra vida hacia los objetivos más elevados de la existencia. Que estas luces en el Árbol de Navidad nos digan: “si alguna vez tu alma es débil, si alguna vez crees que los objetivos de la existencia de la Tierra están más allá de tu alcance, piensa en el origen divino del hombre y toma conciencia de esas fuerzas dentro de ti que también son las fuerzas del amor supremo. Se interiormente consciente de las fuerzas que le dan confianza y certeza a todo tu obrar, a toda su vida, ahora y en todas los tiempos que están por venir.

 

arbol

 

[1] Del 7 al 17 de junio de 1910, cuando se impartió el curso de conferencias sobre La misión de las almas de los Pueblos

 

Traducido por Gracia Muñoz en Diciembre de 2017.

 

El Ser de la Navidad

Conferencia no Revisada de Willi Sucher – Rudolf Steiner Hall, 30 de Diciembre de 1955

English version

Señoras y señores, creo que se puede decir que la conciencia de la imagen de la Navidad ha crecido enormemente durante las últimas décadas. Incluso las tarjetas de Navidad tradicionales han cambiado de alguna manera, y ahora se puede ver en las felicitaciones copias de las antiguas pinturas de los pintores medievales sobre la Virgen y el Niño. Creo, por lo tanto, que está justificado contemplar esta imagen universal de la Virgen y el Niño, que queremos hacer esta noche.

Hay, por supuesto, algunos obstáculos en el cristianismo moderno que no permiten que la realidad del evento de Navidad, de la gran visión de la Navidad, llegue a una realidad completa. Creo que eso se debe principalmente a la incertidumbre sobre la historicidad del nacimiento de Jesús, que en cierto sentido ha sido creada por la investigación histórica moderna y también por la teología. La fecha tradicional del 25 de diciembre se introdujo durante los primeros siglos del cristianismo, y hoy en día no se sabe con certeza si esa fecha tradicional del 25 de diciembre fue realmente la fecha del nacimiento de Jesús,  de quien leemos en el Evangelio de San Lucas.

Hay opiniones que dicen más o menos que esos días, que ahora llamamos las 12 noches santas, coincidieron en la antigüedad con ciertas fiestas paganas que se referían a la salida del sol. Los Misterios del Sol estaban de alguna manera relacionados con esas festividades antiguas, y a veces se escucha la opinión de que el cristianismo primitivo tomó el control, o trató de hacerse cargo de esas fiestas y las revisó mediante el Misterio, la imagen o la visión del nacimiento de Jesús.

Ahora, esos Misterios del Sol, la salida del sol, que es algo tremendo a lo largo del año, jugaron un gran papel en la vida de aquellos que vivieron en la antigüedad.  En el transcurso del año vemos que el sol se levanta; comenzando desde el 21 de diciembre en adelante, vemos que el arco del Sol se eleva y se hace más y más grande hasta que llegamos al tiempo del pleno verano, cuando vemos el Sol en su punto más alto en el cielo. Luego, después del 23 de junio, el Sol desciende nuevamente; la “marca” diaria del Sol se hace cada vez más pequeña, y hacia el 21 de diciembre el Sol ha alcanzado nuevamente su punto más bajo. Así, en el transcurso del año, este momento en que el Sol volvía a subir e indicaba que la vida, el calor y la luz estaban renaciendo —que era la esperanza de que la oscuridad reinante de los días invernales se superaría algún día—era de enorme importancia y significado para la gente de la antigüedad. Por lo tanto, aquellos días en los que se veían los primeros signos de que el Sol estaba en realidad subiendo, comenzando el 25 de diciembre, esos 12 días se consideraban como el momento más significativo en el transcurso del año.

Estamos hablando aquí desde el punto de vista de la investigación antroposófica con respecto a ciertos hechos espirituales concernientes a la humanidad y la evolución del mundo. Desde este punto de vista, no podemos dejar de ver en los eventos de Cristo, que tuvieron lugar hace unos 2.000 años, eventos que conciernen a la evolución completa de este planeta en el sentido más profundo. También podemos imaginar, no debería ser demasiado difícil de aceptar, el hecho de que todos esos Acontecimientos, que están en el centro de la evolución total de nuestro planeta, se coordinaron con respecto a los eventos cósmicos.

Este es un hecho que ha sido elaborado por la ciencia del espíritu, que de hecho ha confirmado que esos eventos, que tuvieron lugar hace 2.000 años, estaban en total conformidad con los eventos en el cosmos. Espero más tarde tener la oportunidad de explicar de por qué fue así. Por lo tanto, podemos imaginarnos que el nacimiento de Jesús efectivamente tuvo lugar, al menos ese nacimiento del que escuchamos en el Evangelio de San Lucas, durante ese tiempo. Esto significa que el nacimiento de esa nueva Esperanza de la Humanidad, de esa Esperanza concentrada con respecto al futuro de nuestro planeta, en realidad tuvo lugar en conformidad con ese gran símbolo en el cielo, el del Sol naciente: el Sol que en el curso del año se aleja de la oscuridad llegando a las alturas del verano. Sin embargo, hay otro aspecto del que también debemos hablar.

Lo primero de todo es que celebramos la Navidad todos los años en recuerdo del día del nacimiento de Jesús. Por supuesto, esto se ha convertido más o menos en una tradición. Si uno solo toma el nacimiento de Jesús en el día tradicional del 25 de diciembre, como una especie de fecha adoptada y no como la fecha verdadera, la cual no podemos saber, entonces este evento anual tiene una base débil. Sin embargo, si podemos aceptar que los Eventos que tuvieron lugar hace 2.000 años estuvieron en conformidad con los eventos cósmicos, entonces nuestra celebración de Navidad tiene un significado mucho más profundo. Además, cada año volvería a coincidir con el gran símbolo cósmico del sol naciente.

Ahora, hay más en eso. ¿Por qué celebramos la Navidad como un evento que se refiere a algo más que esa misma noche del 24 al 25 de diciembre? ¿Por qué incluimos un intervalo de tiempo de 12 días, o más bien, como estamos acostumbrados a decir, 12 noches en la celebración de este festival?

El concepto de 12 noches es bastante lógico si piensan que a menudo hablamos, cuando se trata de intervalos de tiempo, no de días sino de noches. Hablamos, por ejemplo, de una quincena; o, en algunas Obras de Navidad, escuchamos “sennight”, que son siete noches —no siete días o 12 días o catorce días, sino que hablamos de una semana o quince días. Por lo tanto, lo que cuenta es el elemento de la noche. ¿Por qué entonces celebramos 12 días? ¿Son esos 12 días tan importantes? Aquí nuevamente, a este respecto, podemos revivir nuevamente la experiencia y la importancia de esos 12 días en nuestro tiempo fuera del conocimiento espiritual. Volvemos otra vez al misterio del Sol. Tal como lo tenemos en el momento del Sol naciente, después de su punto más bajo en el transcurso del año, también tenemos un misterio del sol escondido detrás del concepto de esos 12 días, detrás de la imagen de esos 12 días.

Imaginemos que el Sol está en el cosmos brillando en el espacio cósmico. Aquí tenemos la Tierra en la que vivimos. También sabemos que lo más cercano a la Tierra es nuestra compañera la Luna, que viaja alrededor de la Tierra. La Luna, al igual que la Tierra, tiene cierta relación con el Sol. Como cuestión de hecho, si uno investiga la naturaleza del Sol sobre la base de una ciencia espiritual, uno llega a concepciones bastante diferentes con respecto al Sol. Uno llega a la imagen real del Sol como la entidad central en nuestro universo solar, el que mantiene nuestro universo e incluso el creador de todo el universo solar. En nuestro tiempo, mucho después de la existencia del universo solar, este mismo Sol todavía mantiene ese universo solar, lo anima y lo hace trabajar y funcionar, en cierto sentido.

La Luna está viajando alrededor de la Tierra, y sabemos que en ciertos momentos esta Luna entra en una relación bastante definida, bastante específica al Sol, y ese es el tiempo de la Luna Llena. En tiempos de Luna llena tenemos el reflejo completo, como decimos, de la luz del Sol, que la Luna recibe en su superficie. Ahora es un hecho que esto sucede dentro de un cierto ritmo, y ese ritmo es de aproximadamente 29.5 días —es entre 29 y 30 días, que es, por supuesto, un mes. El concepto del mes en nuestro calendario se deriva de la Luna. Mes realmente significa el intervalo de una Luna— es decir, de luna llena a luna llena.

Si nos tomamos el tiempo de manera muy exacta, al observar las Lunas llenas en el transcurso del año, llegaremos a la conclusión de que hay 12 Lunas llenas en un año. A veces, bajo circunstancias muy específicas, es posible que haya trece Lunas llenas, pero eso es excepcional. Si tomamos el ritmo de la Luna —29.5 días— y lo multiplicamos por 12, llegamos a un tiempo de 354 días. Así tenemos en el curso de un año 12 Lunas llenas, que se agrupan alrededor de la Tierra de tal manera que tenemos una especie de progresión. Por lo tanto, llegamos a 12 Lunas llenas en el transcurso de un año. Sin embargo, como podemos ver, queda algo. El intervalo de tiempo de 354 días no cubre todo el año, porque sabemos muy bien que el año contiene 365 días, en realidad 365 y ¼ de un día. Esta cuarta parte de un día después se suma cada 4 años para producir un día bisiesto completo. Tenemos, pues, un año bisiesto cada cuatro años en nuestro calendario, dejando un tiempo sobrante de 11 a 12 días.

Ahora, durante el transcurso de un año, como sabemos, todo está en movimiento. Para demostrar este movimiento exactamente, tendría que mover la Tierra y también tendría que mover el Sol, y sólo entonces podríamos ver que hay un movimiento constante de ese ciclo de la Luna Llena en el transcurso del año. El Sol se mueve demasiado, pues bien, como decimos, está aparentemente en movimiento alrededor de la Tierra. Hemos aprendido en la escuela que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol, pero esto no debe preocuparnos tanto ahora. El Sol está aparentemente en movimiento alrededor de la Tierra, al igual que las lunas llenas se mueven alrededor de la Tierra, sólo que el Sol sería mucho más lejos. Por lo tanto, en 365,25 días el Sol se volverá exactamente a la estrella fija mismo donde estaba un año antes. Si pudiéramos ver el Sol después de 365 días, veríamos el Sol cerca de esa estrella fija mismo donde lo vimos el año anterior. Así tenemos este excedente de 11 a 12 días más allá de los 354 días de los 12 meses lunares.

Ahora, en el transcurso de un año, como sabemos, todo está en movimiento. Para mostrar este movimiento exactamente, tendría que mover la Tierra y también tendría que mover el Sol; y solo entonces podríamos ver que hay un movimiento constante de ese ciclo de Luna Llena durante el transcurso del año. El Sol también se está moviendo; bueno, como decimos, aparentemente se está moviendo alrededor de la Tierra. Hemos aprendido en la escuela que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol, pero esto no tiene por qué preocuparnos mucho ahora.   El Sol aparentemente se está moviendo alrededor de la Tierra, justo cuando esas Lunas llenas se mueven alrededor de la Tierra; solo que el Sol está mucho más lejos. Por lo tanto, en 365.25 días el Sol volvería exactamente a la misma estrella fija donde estaba un año antes. Si pudiéramos ver el Sol después de 365 días, veríamos al Sol cerca de la misma estrella fija donde lo vimos el año anterior. Por lo tanto, tenemos este excedente de 11 a 12 días más allá de los 354 días de los 12 meses de la Luna.

Este excedente está contenido en el hecho de las 12 noches santas. Las 12 noches santas son, por así decirlo, el excedente del sol en el año lunar, que claramente no se hace al azar. Como cuestión de hecho, en la antigüedad se encuentra que las personas organizaron su calendario de acuerdo con el ciclo de la Luna. ¿Por qué? Bueno, antes que nada, podían observar la Luna Llena y podían ver cuándo se desarrollaba la Luna Llena. Era un evento en el cosmos que podían observar y según el cual podían organizar su calendario. Eso fue algo que tuvo lugar visiblemente. Hubiera sido mucho más difícil para ellos descubrir el momento en que el Sol regresa a la misma estrella fija. Por lo tanto, el año lunar era mucho más ameno; pero, ya ven, estaba el problema de que ese año lunar de las 12 Lunas llenas hacia un año de solo 354 días, y esto no encajaba con el año de las estaciones.

En aquellas culturas cuyos años fueron calculados por el año lunar, que encontramos, por ejemplo, en el antiguo calendario hebreo y también en muchos otros calendarios de origen oriental, siempre había una diferencia de 11 a 12 días. Por lo tanto, tuvieron que insertar un mes bisiesto completo cada dos o tres años, como se hace incluso hoy en el calendario judío y también en otros calendarios. Ahora, ¿por qué es esto tan importante? ¿Qué podemos ver en este evento de las 12 noches santas que tiene lugar cada año y que también nos concierne? ¿Por qué deberíamos pensar que este evento anual es de tanta importancia con respecto a la celebración de la Navidad? Si tomamos la Navidad no solo como un evento de conmemoración (que por supuesto lo es) sino como un evento que tiene lugar, sobre todo, en el alma humana, entonces debemos de alguna manera crear un concepto apropiado de esta diferencia entre  el año lunar y el año solar.

La Luna —y esto se puede verificar de varias maneras— es un cuerpo, una entidad en el cosmos que trabaja en la Tierra;  No hay duda sobre eso. Eso puede ser investigado y confirmado. La Luna, en la Tierra, trabaja principalmente en la dirección de todo lo que concierne a la necesidad en nuestro planeta; por ejemplo, el crecimiento, como el crecimiento de las plantas, y muchas otras cosas también están conectadas con este influjo de la Luna en la esfera de la Tierra. En la Luna podemos ver un vehículo de fuerzas cósmicas que trabajan en la dirección de la “necesidad” y también funcionan, en cierto sentido, en la dirección de lo que incluso llamamos destino. La “necesidad” es aquello que simplemente no podemos circunnavegar mientras tengamos que vivir en un cuerpo en la Tierra.

El Sol es un vehículo de fuerzas bastante diferentes. Una vez más, debo decir que se puede demostrar muy bien por los medios, que han sido dados por la ciencia espiritual, que las fuerzas que usan el Sol como su vehículo de operación trabajan mucho más en la dirección de la libertad espiritual. El Sol: Bien, pueden imaginar un día de verano muy caluroso, no en nuestra latitud, sino ir más al sur, es decir al ecuador, e imaginar que el Sol estuviera brillando todo el día, todos los días. ¿Qué pasaría?.  La vida física se destruiría. Realmente eso sucede en las partes de la Tierra cercanas al ecuador. ¿Qué está trabajando ahí? Está operando un elemento que, en el extremo, demuestra lo que haría el Sol si estuviera solo en el cosmos. Disolvería externamente todo lo que está ligado a la existencia física y material. Desde un punto externo, las plantas morirían, los seres humanos no podrían vivir, y los animales se extinguirían. Estamos siendo testigos de un elemento que, por sí mismo, eliminaría la incorporación terrenal; es decir, el acto mismo de ser bajado a la tumba de la existencia física y material y de todo lo terrenal que generaría un valor espiritual, que solo se produce por el equilibrio entre el Sol y la Luna. Este es solo un ejemplo extremo. El Sol trabaja sobre la Tierra, y las fuerzas que usa el Sol como vehículo de su operación están funcionando todo el tiempo, incluso si el Sol no está brillando, o si está debajo del horizonte. Incluso entonces, el Sol está funcionando, porque la Tierra como un organismo integrado recibe el impacto del Sol desde el otro lado. Todo el tiempo el Sol está trabajando sobre la Tierra en la dirección de la creación de la libertad, del surgimiento de la libertad espiritual.  Es solo esa actividad de las fuerzas del Sol, que es contrarrestada por el elemento que proviene de la Luna que siempre tiende a guardar la vida en la existencia material. Por lo tanto, se establece en el cosmos un equilibrio perfecto que varía según las fases de la Luna y también según la posición del Sol. La posición relativa del Sol varía, pero sin embargo hay una especie de equilibrio establecido entre los dos: la Luna y el Sol. Pero durante la época navideña, cuando el año lunar ha finalizado y la siguiente Luna Llena debe ser contada en el año próximo, la Luna “se retira”, por así decirlo, de ese año.

Entonces las fuerzas del Sol, a través de la superposición natural y cósmica, predominan durante 11 a 12 días. Tenemos pues un funcionamiento puro del Sol en el elemento de la Tierra. Es durante este tiempo, durante esas 12 noches santas, que realmente podemos experimentar un momento en el año durante el cual podemos despertar en nosotros mismos si nos preparamos adecuadamente, por ejemplo, tomando el tiempo de Adviento como preparación  para  una realidad.

Entonces podemos experimentar realmente un elemento en la Tierra que puede ayudarnos a experimentar, a realizar, un Sol espiritual. Es posible que experimentemos algo que nos pueda guiar, algo que nos brinde una plataforma sobre la cual apoyarnos, o que pueda indicar una puerta, un camino hacia la realización de la libertad espiritual. Por lo tanto, la Navidad no es solo un evento que quiere referirnos al pasado, a lo que ha sido, a lo que tal vez tuvo lugar hace unos 2.000 años. Es también un evento que puede renovarse y convertirse en una experiencia real en nuestra alma. Si nos preparamos y tomamos precauciones, nuestra vida anímica no estará demasiado comprimida por los impactos de la civilización, que nos rodea en la época actual, de una manera casi aterradora. En un sentido cósmico, podemos ver todo esto, como imagen renovada de esa gran visión la Virgen y el Niño: la imagen que alcanzó su punto culminante, en cuanto a la representación pictórica, es la Madonna Sixtina de Rafael Santi. En todo esto que hemos estado diciendo hasta ahora, está escondido el secreto de la Virgen y el Niño, aunque puede no haber sido aparente.

¿Qué es lo que tenemos aquí en las fuerzas lunares? En todo lo que se necesita en la existencia de la Tierra?  No podríamos vivir en este planeta sin la Luna. Sin la Luna no habría vida; ni siquiera habría agua en este planeta, en cuyo caso no podría haber vida en la Tierra. Muy a menudo hablamos de la Luna como una ceniza cósmica, algo que está completamente seco, un desierto completo, y que el crecimiento de la vegetación no es posible en ese planeta. Seguramente eso es así, pero solo en este mismo hecho —que la Luna aparece allí en el cosmos como una tremenda ceniza, como un tremendo desierto— ahí yace el tremendo sacrificio que han realizado las fuerzas que están conectadas con la Luna, que usan la Luna como su vehículo. Han sacrificado todo lo que está conectado con el agua, con el elemento líquido, con el elemento fluido en la Tierra; y por lo tanto, la Luna puede trabajar aún más en lo que ha regalado, en lo que ha dejado atrás, incluso, en la Tierra. Por lo tanto, la Luna es un elemento de fructificación, en lo que respecta a nuestra Tierra, un elemento de éter constantemente vivificante. Si tomamos el camino de la órbita de la Luna alrededor de la Tierra como una realidad, entonces encontraríamos en ese espacio que rodea a la Tierra, el cielo azul. Y en ese cielo azul se encuentra algo así como el gentil manto de fuerzas que son similares, en un sentido cósmico, a lo que se ve en la imagen como la del manto azul en la Virgen Sixtina. Necesitamos esto, porque no podría haber vida en la Tierra si no tuviéramos ese elemento lunar. Por lo tanto, es un elemento Maternal, en cierto sentido, que le da a la existencia de la Tierra la posibilidad de vivir, de existir y de crecer en el transcurso del año. En todo lo que tenemos a través de la Luna, también hay un elemento Maternal, en el más verdadero sentido, contenido en las fuerzas de la Luna.

madona sixtina

¿Y qué hay del Sol? Como dije antes, en el Sol tenemos un elemento que nos lleva a otro principio en el cosmos, que se opone, o parece oponerse a lo que es el elemento contenido en la Luna. El Sol quiere llevarnos a la libertad espiritual, y conectado con ese Ser del Sol (hay, por supuesto, grandes misterios conectados con el Sol, pero no creo que podamos enumerarlos todos esta noche) son fuerzas que quieren guiar al universo hacia la libertad espiritual, hacia lo que en realidad es la superación de la muerte mediante la disolución de la materia. En un sentido externo, habría decadencia; por ejemplo, si las fuerzas del Sol funcionaran solas, habría algo así como un proceso de contracción. Por otro lado sin embargo, tenemos la posibilidad de un nacimiento espiritual, de salir de la prisión de la existencia material, y eso es lo que hace el Sol y las fuerzas que usan el Sol como vehículo. Así podemos ver que así como en la Luna está contenido ese elemento Maternal de preservar la vida, de crear vida, de traer esa fuerza de brote alrededor del tiempo de la Luna Llena de Primavera (porque siempre la Luna Llena está conectada con el brote de vida en la Tierra), así hay un elemento disolviéndose en el elemento espiritual del Sol.  No es tanto lo que llamamos el Sol en el cielo sino lo que se destaca como fuerzas espirituales detrás de esa entidad cósmica. Ahí tenemos un elemento que nos llevará a la libertad espiritual, a un nacimiento en el espíritu. Así, podemos encontrar de nuevo, desde una dirección diferente, lo que es el Niño, a saber, el Niño de la Esperanza, la Esperanza de la evolución, del futuro progresivo de lo que finalmente encontramos en el impulso Crístico.

 

Por lo tanto, todos los años, debido a que existe una justificación de los hechos cósmicos, es necesario celebrar ese momento cuando las fuerzas de la Luna entran en un segundo plano y donde las fuerzas del Sol pueden trabajar sin obstáculos en el cosmos. Es un momento en el año en el que realmente podemos celebrar el nacimiento de ese nuevo impulso de libertad espiritual, el impulso de Cristo, donde podemos celebrar el nacimiento de ese impulso y hacerlo realidad incluso en la vida diaria, llegando directamente a los hechos prácticos. Creo que el futuro de la civilización humana, mucho dependerá de la comprensión de estos hechos que están relacionados con las estaciones del año, como por ejemplo la Navidad. Mucho dependerá de la realización de esos hechos, porque necesitamos esa orientación, necesitamos esa experiencia interior, esa toma de conciencia de lo que ocurre con respecto a todo el organismo de la Tierra y con respecto al cosmos que nos rodea.

Sin embargo, también hay un tercer aspecto, un gran aspecto cósmico que nos puede acercar a la realidad de la conexión entre la Madre y el Niño, acerca de esa gran visión presentada a la humanidad por los pintores medievales.   Este tercer aspecto es la relación entre lo que uno podría llamar, en un sentido cósmico, la relación entre Sophia y el Cristo. Esto es algo de lo que tenemos una gran necesidad en nuestro tiempo. El cristianismo, en la medida en que descansa en los pilares de la tradición y principalmente en los pilares de esa tradición contenida en los Evangelios, ha entrado en una crisis tremenda. Los mismos soportes del cristianismo parecen desmoronarse. Podemos visitar muchos lugares y naciones en toda la Tierra, y encontraremos en todas partes el mismo cuadro: la humanidad cristiana ha perdido gradualmente la comprensión del contenido de los Evangelios. El desarrollo de las ciencias naturales modernas ha tenido un gran impacto en la comprensión de la humanidad moderna, incluso en nuestro enfoque de lo que contienen los Evangelios. Piensen en el Evangelio de San Juan donde habla de las siete grandes obras, las Siete Señales. ¿Quién puede aceptar, sobre una base científica, tal cosa como una de las Siete Señales, por ejemplo, la alimentación de los cinco mil o la resurrección de Lázaro o cualquiera de los otros siete signos? ¿Quién puede aceptar esto? La humanidad cristiana está en una posición deplorable. Solo puede aceptar con fe ciega lo que se presenta en los Evangelios, y solo si ignora por completo todo lo que viene desde el ángulo del materialismo en la conciencia moderna, como los hechos que la ciencia natural moderna ha descubierto. Las preguntas son: “¿Cómo va a continuar esto? ¿Podemos encontrar alguna solución, o el cristianismo está condenado a desaparecer de este mundo? Creo que debemos encontrar nuevas bases para comprender lo que está contenido en los Evangelios; y aquí nuevamente debo decir que la ciencia del espíritu, o antroposofía, puede dar una base sólida para la comprensión de los eventos que se describen en los Evangelios. Además, me gustaría hablar hoy de algo más que está realmente relacionado con esto, y esa es la relación de Sophia, o Isis, como la llamaban en la antigüedad, con el Cristo.

 

Encontramos en Egipto —en el Egipto actual— la visión, la imagen de la Virgen con el Niño. Existen estatuas que muestran a la Diosa Isis con el Niño, el bebé Horus, en su regazo. Podemos preguntar: “¿Cómo es posible? ¿Qué significa que estas cosas existan mucho antes de que ocurrieran los eventos en Palestina?”. Sobre la base de la ciencia espiritual, quizás pueda decir, en el momento, que esas imágenes en tiempos precristianos son en realidad una especie de previsión de lo que vendrá. ¿Por qué es así? Isis, la antigua diosa de la mitología egipcia, también fue llamada la Reina del Cielo; y, por supuesto, en varias naciones ella tenía diferentes nombres. Ustedes ven en representaciones antiguas, por ejemplo, la diosa que se extiende por el cielo. Ella está parada en un extremo del mundo; el mundo se imagina, por supuesto, algo así como un disco plano. Ella se para en un extremo del mundo y llega al otro extremo. Se inclina sobre la Tierra y su cuerpo lleva las estrellas. Ella es en realidad el Ser, el Ser del Alma de las estrellas, lo que vive detrás de las estrellas.

Luego llegó el momento en que los misterios antiguos, toda esa gran y maravillosa sabiduría de la antigüedad, de la que ahora tenemos poco conocimiento, llegaron a su fin. Se acercó el tiempo donde la humanidad gradualmente perdió toda esa conexión instintiva y contacto con el mundo espiritual divino. Así también se perdió el conocimiento de la Divina Isis del mundo divino. Esta pérdida fue en realidad una pérdida para la humanidad, ya que los dioses nunca pueden morir; por lo tanto, debemos darnos cuenta de que Isis nunca murió. Lo que murió fue algo en el corazón de la humanidad, haciéndole incapaz de alcanzar a Isis, de tener una verdadera experiencia interna del ser de Isis. Esto fue comprimido, por así decirlo, en la leyenda de Osiris, que tal vez conozcan.

 

También hay una leyenda de la muerte de Isis. Ella fue asesinada por un oponente de la evolución normal, a quien hoy llamamos Lucifer. Lucifer mató a Isis. Su esposo, Osiris, fue asesinado antes, y Osiris fue bajado a la tumba de la Tierra; en realidad, su cuerpo fue cortado y las piezas fueron enterradas en toda la Tierra. Isis también fue asesinada, pero por Lucifer, y colocada en la Tumba de los Cielos. Ahora debemos aprender a entender esta maravillosa leyenda. ¿Qué quiere decirnos? Quiere decirnos que hay un Ser, hay un poder trabajando en la Tierra —en el alma de la humanidad— que quiere permitirnos usar nuestros sentidos para ver solo lo que es visible. Por ejemplo, el Sol visible, las estrellas visibles, todo lo que se nos aparece y que podemos percibir a través de nuestros sentidos. Ese poder de Lucifer quiere hacer o formar nuestra constitución en una constitución que está dirigida solo hacia lo que nos aparece como el mundo visible. Así, esta leyenda habla de una tendencia en nosotros que está dirigida solo y exclusivamente hacia el mundo de los sentidos. Esa fuerza, por supuesto, mataría algo en nosotros, eliminaría algo de lo que la antigua humanidad era instintivamente consciente, y ese es el hecho de que detrás de lo visible hay fuerzas espirituales invisibles. Hay fuerzas espirituales y seres espirituales trabajando, quienes en primer lugar crearon el mundo cósmico, ese mundo de las estrellas y aquello que lo dirige. Por lo tanto, Lucifer intentó e incluso logró, hasta cierto punto, matar algo en nosotros que originalmente era capaz de percibir el Ser de Isis detrás del mundo de las estrellas visibles. Miren a su alrededor: tenemos una astronomía moderna, hemos acumulado un tremendo conocimiento sobre el mundo cósmico, hemos llegado a conclusiones fantásticas con respecto al tamaño del Universo, hemos calculado sus distancias, las hemos medido, e incluso hemos intentado pesarlas. Hemos tratado todo el cosmos en la astronomía moderna como una máquina y nada más que una máquina. Ya no hay vida en este cosmos. Ha habido una tendencia en el trabajo en la humanidad, que ha creado paso a paso y muy lentamente, una capacidad unilateral que es una certeza altamente cultivada pero dirigida solo hacia lo que se puede ver.

 

Imaginen por un momento, todo lo que se ha hecho y todo lo que se ha logrado en la astronomía moderna se ha construido exclusivamente con el sentido de la vista. Saben que uno habla generalmente de cinco sentidos —la ciencia espiritual incluso habla de 12 sentidos— y de todo ese cosmos de sentidos, hemos escogido para la base de nuestra información en astronomía ese único sentido: el sentido de la vista. Ciertamente, el astrónomo moderno preguntaría: “¿Qué otra cosa podríamos hacer?” Pero hemos distinguido el sentido de la vista y lo hemos convertido en el único espectador en el mundo de las estrellas. Por lo tanto, Isis fue asesinada; pero los Dioses nunca pueden morir, solo pueden morir en la conciencia humana, y eso es lo que ha sucedido. Lo que necesitamos es un nuevo despertar de esas fuerzas.

 

Como dije antes, Isis fue experimentada en la antigüedad como una fuerza maternal en el cosmos. La gente en la antigüedad se dio cuenta de que habían nacido de la totalidad del cosmos, y la ciencia espiritual moderna, trabajando realmente con medios que pueden probar estos hechos, ha encontrado de nuevo esta verdad: que nacemos de la totalidad del Cosmos. En realidad, todo lo que existe en este planeta: mineral, vegetal, animal, seres humanos, con respecto a las fuerzas espirituales, y los elementos espirituales que trabajan en la materia, provienen del cosmos, provienen del mundo de las estrellas. Como ven, Isis no ha muerto, todavía está dando a luz a todo lo que existe en este planeta; solo nosotros debemos aprender a reconocerla y a experimentarla de nuevo. Si hacemos esto, entonces podemos encontrar una imagen mucho más amplia: podemos encontrar la glorificación del cuadro que fue pintado por Rafael. Entonces podemos encontrar que el gran cosmos en el que vivimos, el mundo de las estrellas, realmente nos está dando la existencia que necesitamos en nuestro planeta. Es desde el elemento de la Luna, pero de una manera cósmica expandida y magnificada. Recibimos esta existencia en nuestro planeta Tierra para desarrollar nuestras facultades espirituales: todo lo contenido en la vida de nuestra alma y en las capacidades que podemos desarrollar en el curso de nuestra estadía en este planeta. Piensen en todos los logros culturales de la humanidad, incluidos los logros tecnológicos.

 

Tomando todo en conjunto, habla un lenguaje majestuoso de las capacidades que están ocultas en el ser humano, y lo que se ha logrado es solo una partícula de lo que está escondido en nosotros como capacidades, como facultades que podemos desarrollar, que podemos elevar la existencia a alturas de las cuales, en su mayoría, ni siquiera podemos imaginar hoy. Así que allí tenemos de nuevo la gran imagen de haber nacido como humanidad, como miembros del planeta Tierra que nace de la gran Madre cósmica que es el mundo de las estrellas. Eso es solo un lado. También debemos reconocer el hecho de que recibimos esta existencia para manifestar lo que está escondido en nuestro ser como nuestras capacidades y facultades. Esto se puede realizar en todos los sentidos. Dije que el cristianismo moderno se encuentra en una posición muy difícil, que los documentos antiguos están en su mayoría destruidos.

 

Deberíamos tomar la imagen de la Madre y el Niño muy en serio en un verdadero sentido cósmico. Podemos hacerlo; se puede hacer. Por supuesto, no hay tiempo hoy para entrar en grandes detalles, pero hay una posibilidad, incluso hay muchas posibilidades. Durante esos tres años del ministerio de Cristo, los últimos y decisivos tres años después del Bautismo en el río Jordán, el Cristo caminó por este planeta y ejecutó las obras que escuchamos en los Evangelios. Él habló las palabras de las cuales escuchamos; Mientras tanto, en el cosmos, las entidades cósmicas —los planetas, el sol— se movían en sus cursos.

 

Existe una intima relación entre lo que sucedió en la Tierra hace 2.000 años y lo que sucedió al mismo tiempo en el cosmos. Si estudiáramos los cursos de las entidades celestiales durante esos tres años, encontraríamos algo así como un reflejo, como un espejo, y veríamos lo que sucedió en la Tierra. ¿Por qué es así? ¿Por qué podemos hablar de esto? Bueno, ¿quién era el Cristo? Esa es una de las cosas que un cristianismo moderno no puede entender fácilmente. ¿Quién era el Cristo? La teología, principalmente del siglo pasado y el comienzo de este siglo, llegó a la conclusión de que Cristo era un simple ser humano, el hombre simple de Nazaret, nada especial. Luego, otras religiones de Oriente preguntaron: “¿Por qué deberíamos aceptar a esta persona sencilla? Hay otros: profetas, Buda y otros, ¿por qué no deberían ser ellos también los elegidos y por qué no deberían ser también luces de guía en la humanidad? “. En esto se reveló el hecho de que la cristiandad moderna no podía entender la naturaleza de Cristo. En la ciencia espiritual, la antroposofía habla de que el Ser Crístico vino del cosmos, en realidad descendió del Sol. Cristo fue la guía en los tiempos precristianos, , en cierto sentido el Creador de ese Sol que vemos en el cosmos. Por lo tanto, Él fue el Creador de todo el Universo Solar en el que vivimos.

 

Todo esto se puede resolver en un sentido filosófico estricto e incluso en un sentido matemático, si se investigan las propiedades del sol. El Cristo descendió de ese Sol a la Tierra. Si Cristo fue el Espíritu Guía de ese Sol, que fue y que todavía es el vehículo de la creación, el vehículo que mantiene e ilumina todo el sistema solar, entonces debe haber en el Cristo, un Ser que es el Espíritu del universo entero en el que vivimos; y como tal, descendió a la Tierra. Por lo tanto, durante esos tres años mientras Cristo caminó sobre la Tierra, Su Corte, si me permiten esta expresión (en realidad hay una oración celta que habla de la Corte de Cristo como las Estrellas, que es Su manto y que era Su vestidura en tiempos precristianos, cuando aún no había nacido en la Tierra, cuando todavía moraba en el vientre de la gran Madre cósmica, la Virgen), esta Corte de Cristo se adapto alrededor de todo lo que el Cristo hizo en la Tierra. Ciertamente no fue que ninguna de las obras de Cristo estuviera determinada por lo que sucedió en el cosmos. No, era más bien que el cosmos seguía como la corte de un Rey siguiendo los movimientos, los deseos y las peticiones de un Rey. Así tenemos allá afuera en el cosmos en ese manto azul de la Divina Sophia-Divina Isis en un sentido antiguo el elemento de la gran Madre, y en la Tierra tenemos esas acciones que toman lugar inauguradas por el Cristo.

 

Si podemos leer y volver a despertar al conocimiento o la sabiduría que está detrás o se revela en los movimientos de las estrellas, entonces tendremos una luz de sabiduría. En realidad, a Sophia también se la llama Sabiduría divina en las Iglesias orientales. Siempre se supo que Isis era la Sabiduría Divina de las estrellas. Si volvemos a despertar nuestra capacidad de leer, experimentar y tomar conciencia de lo que funcionó como sabiduría divina detrás de los movimientos de las estrellas durante los tres años del ministerio de Cristo, entonces tendremos algo dentro de nosotros como una Luz de Sabiduría que puede brillar en todo lo que ocurrió hace 2.000 años.

 

Aquí en la Tierra tenemos algo que nos ha llegado a través de la tradición en lo que está contenido en los Evangelios. La humanidad cristiana, como un todo, ha perdido ese enfoque o lo está perdiendo rápidamente hoy. Lo que necesitamos es una Luz de la Sabiduría que nuevamente arroje luz, pero desde una dirección completamente diferente a lo que ocurrió hace 2.000 años. Necesitamos, en cierto sentido, no tanto el Cristo, porque Él se ha unido a la Tierra, pero lo que necesitamos ahora es la Sabiduría que finalmente se encuentra en la comprensión de los movimientos, los ritmos y los gestos del estrellas como una expresión externa de la divina Sophia. Si tenemos eso, entonces la luz puede caer sobre el Ser de Cristo. Por ejemplo, si tuviéramos tiempo para estudiar el Ser del Sol —todo lo que podemos reconciliar, en cierto sentido, con lo que la astronomía moderna ha encontrado con respecto al Sol— y descubrir qué es el Ser del Sol, encontraríamos la luz que arrojaríamos sobre la gran pregunta: ¿Quién es el Cristo y cómo se ha unido el Cristo con la Tierra desde el Misterio del Gólgota? Si tomáramos los eventos en el cosmos estrellado durante esos tres años del ministerio de Cristo, si siguiéramos los gestos de Saturno, Júpiter, Marte, y leyéramos en ellos la vida o la expresión del cosmos (tal como podemos leer en la expresión de un semblante humano la vida interior de ese ser), si pudiéramos leer en los movimientos y gestos externos de los planetas la vida interior de la Divina Sofía, que fue asesinada en tiempos precristianos por Lucifer (a través de ese elemento que quería llevar todo a un nivel materialista), si pudiéramos leer esos movimientos y esos gestos de los planetas durante esos tres años, aprenderíamos de nuevo a comprender lo que ocurrió hace 2000 años. Así habríamos magnificado a dimensiones cósmicas la imagen de la Virgen y el Niño de una manera que, quizás, no solo tendría un atractivo para una especie de conciencia sentimental y experimental del hecho de la Navidad, sino que podría reconciliarse por completo con todo lo que vive en nosotros como el esfuerzo, como el anhelo de un conocimiento de estas cosas. No solo es necesario que la imagen de la Virgen y el Niño sea algo que apele al sentimiento del ser humano, a lo que sin duda y de manera justificada puede traer calor y luz interior al alma humana en el momento de Navidad, pues esta gran imagen, esta gran visión de la Virgen y el Niño podría elevarse al nivel en que lo que puede ser representado por medios artísticos puede reconciliarse por completo, y no solo reconciliarse sino verificarse con lo que podemos encontrar a nivel científico.

 

Este es el mensaje que creo debería sonar en una humanidad moderna, especialmente en la humanidad cristiana moderna. Tal imagen aparentemente simple, como la de la visión navideña, no tiene por qué ser algo meramente empujado a un rincón de la existencia humana por el impacto de la civilización moderna, solo para ser sacado de esa esquina y utilizado como una especie de refrescante y calentamiento de los sentimientos de los seres humanos durante unos días. Más bien, esta gran visión puede mantenerse en medio de la existencia humana, incluso de una existencia humana moderna que está tan interesada en la tecnología, en la ciencia natural y demás. Se puede hacer; y de esto, creo, tenemos que hablar en esta ocasión sobre la base de la ciencia espiritual antroposófica.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Diciembre de 2017

 

 

GA219c6. La espiritualización del conocimiento del espacio. La misión de Micael.

Rudolf Steiner — Dornach, 17 de diciembre de 1922

English version

A menudo me he referido al hecho de que desde aproximadamente el primer tercio del siglo XV, la evolución humana ha entrado en una época especial. Se puede decir que la era que comenzó aproximadamente en el siglo VIII a. C. y continuó hasta el primer tercio del siglo XV fue la era de la cultura greco-latina y que la fase más reciente de tiempo en la que aún vivimos hoy, comenzó en el punto que he indicado. Hoy consideraremos las tareas de la humanidad actual en conexión con este hecho.

Sabemos —particularmente por las conferencias dadas aquí últimamente— que entre el nacimiento y la muerte el hombre lleva a su desarrollo físico, psíquico y espiritual en la Tierra la herencia de lo que ha experimentado en la existencia preterrenal. Y recientemente escuchamos en qué sentido la vida social y moral es la herencia de esa condición entre la muerte y el renacimiento cuando el hombre vive en íntima comunión con los Seres de las Jerarquías Superiores. Esta comunión  se experimenta, como ya he descrito, en alternancia rítmica con otra condición —el hombre trae consigo el poder del amor, y este poder del amor es el fundamento de la moralidad en la Tierra. La otra condición es aquella en la que el hombre se retrae a sí mismo, cuando, por así decirlo, sale de esa comunión con los Seres de las Jerarquías. Y como herencia de esta condición, trae consigo a la Tierra el poder de la memoria, el poder del recuerdo, que por un lado se expresa en su egoísmo, pero por otro lado lo predispone a la libertad, a todo lo que le da fuerza interior e independencia.

Hasta la época greco-latina, las facultades que permitieron al hombre moldear su civilización desde dentro eran, en cierto sentido, aún una herencia de existencia preterrenal.

Si nos remontamos a tiempos aún más remotos en la evolución de la humanidad, a la época de la antigua Persia y egipcio-caldea, encontramos evidencia en todas partes del conocimiento, de las ideas, que fluían como si estuvieran fuera de la interioridad del hombre, pero que estaban conectadas con la vida entre la muerte y el renacimiento. En la época de la antigua India, el hombre tenía una clara conciencia de que pertenecía a la misma “raza” a la que pertenecen los Seres divino-espirituales de las Jerarquías.  El hombre de conocimiento en la antigua civilización india se sentía menos ciudadano de la Tierra que del mundo al que pertenecen los Seres divino-espirituales. Sentía que había sido enviado a la Tierra desde las filas de estos Seres Divino-espirituales. Y consideraba que la civilización que se disemina sobre la Tierra estaba allí para que los actos terrenales del hombre e incluso los objetos y los seres de la Tierra se ajustaran a la naturaleza de los Seres divinos y espirituales con los que se sentía relacionado.

En el hombre de la antigua Persia, este sentimiento de parentesco ya había perdido parte de su intensidad anterior, pero también sentía que su verdadero hogar era lo que llamó el Reino de la Luz, el Reino al que pertenece entre la muerte y el nuevo nacimiento, y deseaba ser un guerrero del lado de los espíritus de ese Reino de Luz. Deseaba luchar contra aquellos seres que vienen de la oscuridad de la Tierra para que los espíritus del Reino de la Luz no fueran obstaculizados por estos seres oscuros; él dedicaba toda su actividad al servicio de los espíritus del Reino de la Luz. Y si luego pasamos a los pueblos egipcio-caldeo, vemos cómo su ciencia está llena del conocimiento relacionado con los movimientos de las estrellas. Los destinos de los hombres se leían en lo que revelan las estrellas. Antes de que se hiciera algo en la Tierra, se preguntaba a las estrellas si estaba justificado o no. Esta ciencia, según la cual toda la vida terrenal está regulada, también se sentía como una herencia de la existencia del hombre entre la muerte y el renacimiento, cuando sus experiencias eran de una clase que lo hacían uno con los movimientos y las leyes de las estrellas, tal como aquí en la Tierra, entre el nacimiento y la muerte, él es uno con los seres de los reinos mineral, vegetal y animal.

En la cuarta época post-atlante, la época greco-latina, comenzando en el siglo VIII AC. hasta el siglo XV DC., los hombres ya se empiezan a sentir verdaderos ciudadanos de la Tierra. Sienten que en su mundo de ideas entre el nacimiento y la muerte ya no hay ecos muy distintos de las experiencias en la existencia preterrenal. Se esfuerzan por estar en casa en la Tierra. Y, sin embargo, si penetramos profundamente en el espíritu de la civilización griega e incluso de la primitiva romana podemos decir algo como lo siguiente. Los hombres que estaban fundando la ciencia en esa época estaban decididos a aprender y saber todo lo que sucede en los tres reinos de la Naturaleza en la Tierra, pero a conocerlo de tal manera que este conocimiento también tuviera alguna relación con la existencia extraterrestre.  Entre los griegos hay un fuerte sentimiento de que a través del conocimiento aplicado por el hombre sobre la Tierra y a la luz de la cual él regula sus acciones terrenales, al mismo tiempo debe tener un tenue recuerdo del mundo divino-espiritual. El griego sabia que solo odia obtener su conocimiento de la observación del mundo terrenal; pero tenía la clara sensación de que lo que percibía en los minerales, las plantas, los animales, las estrellas, las montañas, los ríos, etc., debía ser un reflejo de lo Divino-Espiritual que se puede experimentar en un mundo que no es el mundo de los sentidos.

Este es el caso porque en esa época el hombre todavía siente que con la mejor parte de su ser él pertenece a un mundo suprasensible. Este mundo suprasensible, sin duda, se oscureció para la observación humana —así es como el hombre se lo dice a sí mismo: pero durante la existencia terrenal también debe esforzarse por iluminarlo. Es cierto que en la época greco-latina los hombres ya no pudieron regular las acciones ordinarias de la humanidad de acuerdo con los cursos de las estrellas, ya que su dominio de la ciencia de las estrellas no estaba a la par con la de los caldeos y los egipcios; pero, en todo caso, todavía se esforzaron, más bien a tientas, mediante el estudio de las expresiones de la voluntad de los Seres divinos-espirituales, por traer algo del  mundo Divino-Espiritual al mundo terrenal.

En los lugares de los Oráculos y en los Templos, los hombres buscaban determinar la voluntad de los Dioses a través de las sacerdotisas y profetisas, como saben por la historia. Y vemos cómo estos esfuerzos para determinar la voluntad de lo divino-espiritual, de los seres con quienes el hombre mismo es uno durante la existencia preterrenal, también eran habituales en otras regiones de Europa en el momento en que la cultura grecorromana estaba en su mejor momento en el sur.

 En las regiones germánicas de Europa Central, por ejemplo, las sacerdotisas y profetisas eran muy veneradas; se hicieron peregrinaciones hasta ellas y en estados de conciencia extáticos, se daba a conocer la voluntad de los Dioses a los hombres para que sus obras en la Tierra pudieran estar en conformidad con esta voluntad. Podemos ver claramente cómo hasta los siglos XII y XIII —aunque el impulso es por entonces menos intenso— el hombre se esfuerza por formular el conocimiento que busca de tal manera que contiene en sí la voluntad del mundo divino-espiritual. A lo largo de estos siglos de la Edad Media, hasta el siglo XII y XIII, podemos encontrar lugares que en aquel momento todavía se consideraban sagrados y que después se transformaron en nuestros laboratorios. Podemos encontrar lugares donde los llamados alquimistas investigaban las fuerzas de las sustancias y de los procesos de la Naturaleza; podemos leer escritos que todavía dan una imagen tenue del tipo de pensamiento que se aplicaba en esos antiguos centros de investigación y en todas partes descubriremos evidencia de la lucha para llevar a las sustancias mismas a tales combinaciones o interacción mutua que lo Divino-Espiritual pudiera trabajar en el frasco, en la retorta.

En el Fausto de Goethe hay un eco de esta actitud del alma, en la escena en la que Wagner trabaja en su laboratorio para producir el Homúnculo. No fue sino hasta el cambio de los siglos XIV y XV en la civilización occidental que surgió el deseo en el hombre de poner los cimientos de una ciencia en completa independencia, sin poner sus ideas en relación directa con una voluntad divino-espiritual por la cual el mundo está gobernado. Una forma de conocimiento puramente humana surge por primera vez durante este período; es el conocimiento que se emancipa de la voluntad divina-espiritual. Y es este conocimiento puramente humano, emancipado de la voluntad divina del que está compuesta la ciencia de Galileo y Copérnico.

Es la ciencia a través de la cual el universo se presenta al hombre en la imagen abstracta actual de hoy, la imagen de una bóveda —como Giordano Bruno fue el primero en prever—  con las estrellas dando vueltas en ella como cuerpos puramente materiales, o incluso en una condición de descanso tomando su parte en los acontecimientos cósmicos. Esta imagen del universo nos hace pensar que un vasto mecanismo funciona en la Tierra desde el espacio cósmico. E incluso en la investigación de las cosas terrenas, las personas se limitan fundamentalmente a lo que se puede calcular y medir, y así formar parte de un mecanismo abstracto. Sin embargo, este es un mundo de concepciones e ideas que el hombre puede sacar de sí mismo con la ayuda de la observación y el experimento externos, donde se cree que las sustancias físicas por sí mismas se afectan unas a otras, los procesos de la Naturaleza se manifiestan y donde lo divino-espiritual ya no se busca en el mundo de la naturaleza.

Hay una gran diferencia entre este mundo conceptual y el tipo de pensamiento que le precedió en la evolución humana. Es solo desde el primer tercio del siglo XV que los conceptos e ideas del hombre se han vuelto puramente humanos. Y es del Espacio en lo que el hombre se ha interesado principalmente desde que comenzó este período. Si se retrocede aún más a los tiempos de la Antigua India,  Persia, la cultura Egipcio-Caldea, en todas partes encontrarán que las concepciones del mundo se refieren a la Edad del Mundo. Señalan a una época antigua cuando la humanidad todavía guardaba una íntima relación con los Dioses, a una Edad de Oro.

Señalan otra época cuando el hombre todavía experimentaba en la Tierra al menos el reflejo solar de lo Divino: una Edad de Plata, y así sucesivamente. El tiempo y el curso del tiempo desempeñan un papel destacado en las imágenes del mundo de las primeras fases evolutivas. Del mismo modo, cuando se considera la época griega, y de hecho la imagen del mundo que estaba presente al mismo tiempo en las regiones más del norte y centro de Europa, encontrarán que en todas partes la idea del Tiempo juega un papel esencial.  El griego se remonta a la Edad primigenia cuando los sucesos cósmicos son el resultado de la interacción entre Urano y Gaia. La siguiente Era señala, a Cronos y Rea, luego la Era en que Zeus y los otros dioses conocidos en la mitología griega gobiernan el Cosmos y la Tierra. Y es lo mismo en la mitología germánica. El Tiempo juega el papel más esencial en todas estas imágenes mundiales.

Una parte mucho menos importante es el Espacio. El elemento espacial todavía es oscuro en las imágenes del mundo nórdico y germánico con el Mundo del Fresno, el Gigante Ymir y demás. Que algo está sucediendo en el Tiempo es bastante claro, pero la idea del Espacio está apenas amaneciendo; es un factor sin gran significado. No es sino hasta la era de Galileo, de Copérnico, de Giordano Bruno, que el espacio realmente comienza a desempeñar su gran papel en la imagen del Universo. Incluso en el sistema ptolemaico, que sin duda se preocupa por el espacio, el tiempo es un factor más esencial de lo que es en la imagen del mundo que nos resulta familiar desde el siglo XV, en el que el Tiempo juega realmente un papel secundario. La distribución actual de las estrellas en el espacio cósmico se toma como el punto de partida y, a través del cálculo, se llega a conclusiones sobre cómo era la imagen del mundo en épocas anteriores. Pero la concepción del espacio, la imagen del mundo espacial, adquiere una importancia capital. Y el resultado es que todos los juicios humanos se basan en el principio del Espacio. El hombre moderno ha elaborado este elemento del Espacio en su imagen externa del mundo, lo ha elaborado también en todo su pensamiento. Y hoy este pensamiento en términos de Espacio ha alcanzado su cenit.

Piensen en lo difícil que es para el hombre de hoy en día seguir una exposición puramente del Tiempo. Él está contento si el espacio es llevado al menos hasta el punto de dibujar algo en la pizarra. Pero si el sentimiento del Espacio se transmite por medio de imágenes, ¡entonces el hombre moderno está realmente en su elemento! “Ilustración” —y con esto él quiere decir expresión en términos de Espacio—  es lo que el hombre de hoy se esfuerza por lograr en cada exposición. El tiempo, en la medida en que está en flujo perpetuo, se ha convertido en algo que le causa incomodidad. Todavía le agrega valor en la música; pero incluso allí la tendencia hacia lo espacial es bastante evidente.

Solo tenemos que considerar algo que se ha convertido en una característica definida de la vida moderna y esta manía del hombre moderno para adherirse a lo espacial es aparente a la vez. En el cine, es completamente indiferente el elemento de Tiempo en la imagen. Está contento con la fracción más pequeña del elemento de Tiempo y está completamente entregado al elemento de Espacio.

Esta orientación del alma a lo espacial es muy característica del tiempo presente y quien observa la cultura y la civilización modernas con los ojos abiertos la encontrará en todas partes.

Por otro lado, en la Ciencia Espiritual antroposófica nos esforzamos, como saben, por alejarnos de lo espacial. Sin duda, nos encontramos con el deseo de que también tratemos de dar forma tangible a lo espiritual, y eso es justificable para fortalecer la facultad de ideación. Solo que siempre debemos ser conscientes de que esto es puramente un medio de ilustración y que lo esencial es esforzarse, al menos esforzarse, para trascender lo espacial.

Los “devotos” espaciales entre nosotros a menudo causan dificultades haciendo diagramas de las épocas consecutivas del Tiempo, escribiendo “Primera Época con Sub-Épocas”, y así sucesivamente. A continuación, sigue una gran cantidad de títulos y lo que es secuencial en el Tiempo se arrastra a una imagen espacial.

Nuestro objetivo, sin embargo, es trascender lo espacial. Nos esforzamos por penetrar en lo temporal y también en lo supratemporal, en el elemento que conduce más allá de lo que es físicamente perceptible. Lo físicamente perceptible existe en su forma más cruda en el mundo del espacio y allí el pensamiento se dirige en cierta dirección. A menudo he hablado de las intenciones reales de la Ciencia Espiritual antroposófica. Ciertamente, no menosprecia, y mucho menos rechaza, el modo de pensar engendrado en la época de Galileo, Copérnico, Giordano Bruno. La validez de este modo de pensar en el que, como saben, el espacio es el elemento esencial, es plenamente reconocido por la ciencia espiritual antroposófica. Por lo tanto, debe ser capaz de arrojar luz en todos los dominios del pensamiento científico. No debe adoptar una actitud de aficionado a estos dominios del pensamiento científico, sino que debe arrojar luz sobre ellos por su forma de ver las cosas.

Pero una y otra vez se debe enfatizar que la Ciencia Espiritual antroposófica está tratando de guiar de regreso a lo Divino-Espiritual este conocimiento puramente humano que se basa casi por completo en el elemento del Espacio y se emancipa de lo Divino-Espiritual. No nos remontamos a las condiciones antiguas, sino que deseamos guiar la actitud moderna del alma hacia lo espiritual, lejos de su preocupación por lo puramente espacial y material.  En otras palabras, queremos aprender a hablar sobre cosas espirituales, ya que las personas de la epoca Galileo-Copernicana se acostumbraron a hablar sobre sustancias, sobre fuerzas. Con sus métodos de estudio y observación, esta Ciencia Espiritual debe ser compatible con el tipo de conocimiento que se ha estado desarrollando en relación con las cosas y los procesos del mundo material desde el primer tercio del siglo XV.  Su objetivo es el logro del conocimiento espiritual que se relaciona con este conocimiento de la naturaleza, aunque como el primero se refiere a lo suprasensible, el contraste es muy evidente.

Considerado internamente, ¿qué es lo que estamos buscando lograr?.  Si nos trasladamos en el pensamiento a la posición de los Seres divino-espirituales en cuyas filas vivimos entre la muerte y el renacimiento, y discernimos cómo dirigen su mirada hacia abajo, y a través de los diversos medios que he descrito observamos el curso de los acontecimientos en la Tierra, entonces encontramos que estos seres miraron hacia la Tierra en las edades más tempranas de la evolución humana —en las épocas de la Antigua India, Persa, Caldeo-Egipcia— y vieron lo que los hombres estaban haciendo, qué puntos de vista tenían sobre la Naturaleza y su propia vida social. Y entonces, si puedo decirlo así, los Dioses pudieron decirse a sí mismos acerca de las obras y los pensamientos de los hombres: Sus acciones y sus pensamientos son el resultado de su recuerdo, o son un eco de, lo que experimentaron entre nosotros en nuestro mundo. En el caso de los caldeos o los egipcios, era bastante evidente que el deseo principal de los hombres de abajo en la Tierra era llevar a cabo lo que los dioses de arriba habían pensado o estaban pensando. Cuando los Dioses miraron hacia la Tierra, vieron sucesos que estaban de acuerdo con sus intenciones; y era lo mismo cuando miraban los pensamientos de los hombres, como los dioses pueden hacer. Desde el primer tercio del siglo XV esto ha cambiado. Desde entonces, los Seres divinos-espirituales han mirado hacia abajo a la Tierra, y especialmente cuando miran hacia abajo en el tiempo presente, encuentran que las cosas en todas partes son fundamentalmente ajenas a ellos, que los hombres están haciendo cosas en la Tierra que ellos mismos han planeado de acuerdo con los fenómenos y procesos de la existencia terrenal. Y para los Dioses con quienes los hombres viven entre la muerte y el renacimiento, esta es una actitud completamente ajena.

Cuando un alquimista en su laboratorio se esforzaba por determinar la voluntad divina-espiritual a través de la combinación y separación de los Elementos, un Dios habría contemplado algo similar a su propia naturaleza en lo que el alquimista estaba haciendo. Si un Dios fuera a buscar en un laboratorio moderno, los métodos y procedimientos adoptados allí sería intensamente ajeno a él. Se puede decir con absoluta certeza que desde el primer tercio del siglo XV, los Dioses han sentido como si toda la raza humana se hubiera alejado de ellos en cierto sentido, como si los hombres de la Tierra se dedicaran a trivialidades, a cosas que los Dioses son incapaces de entender, ciertamente no los Dioses que aún guiaban las manos y las mentes de los hombres en sus búsquedas científicas en tiempos greco-latinos. Estos Seres divino-espirituales no tienen un interés activo en lo que se hace en los laboratorios modernos, y mucho menos en los hospitales modernos. En una ocasión anterior me vi obligado a decir que cuando los dioses miran hacia abajo a través de las ventanas, como las llamé, lo que menos les interesa en la Tierra es el tipo de trabajo llevado a cabo por los doctos. Lo que va al corazón de alguien que tiene un conocimiento genuino de la moderna Ciencia de la Iniciación es lo que está obligado a decirse a sí mismo: En los últimos tiempos, los hombres nos hemos distanciado de los dioses; debemos buscar nuevamente los puentes para conectarnos con el mundo divino-espiritual. Y es esto lo que acelera el impulso de la Ciencia Espiritual antroposófica. Su deseo es transformar las ideas y los conceptos científicos que son ininteligibles para los Dioses de tal manera que se espiritualicen y así puedan brindar un puente a lo Divino-Espiritual.

Se debe comprender que la luz, por ejemplo, es algo en lo que la divinidad está presente. Esto se sintió fuertemente en la cultura persa antigua, pero hoy, cuando, por ejemplo, se intentan indicar mediante todo tipo de líneas cómo se rompen los rayos de una lente, este es un lenguaje que los dioses no entienden; no significa nada para ellos. Todas estas cosas deben ser abordadas con una actitud anímica que permita que el puente a lo Divino se encuentre una vez más. Comprender esto significa una gran profundización de la comprensión del tipo de tarea que incumbe en la epoca actual en materia de transformar y metamorfosear nuestras ideas no espirituales.

Una verdad cósmica de profunda significación subyace a estas cosas. La concepción del espacio es una concepción enteramente humana. Los dioses con los que el hombre vive en el período más importante de su vida entre la muerte y un nuevo nacimiento tienen una vívida concepción del tiempo pero ninguna concepción del espacio tal como el hombre la adquiere en la Tierra. Esta concepción del espacio es completamente humana. El hombre realmente entra al Espacio por primera vez cuando desciende del mundo divino-espiritual al mundo físico de la Tierra. Es cierto, como se ve desde aquí, todo aparece en perspectiva espacial. Pero pensar en dimensiones, si puedo decirlo así, es algo que pertenece completamente a la Tierra.

En la civilización occidental, esta concepción del espacio se ha arraigado en el hombre desde el siglo XV. Pero cuando a través de la espiritualización del conocimiento puramente espacial, se han encontrado nuevamente puentes hacia el mundo divino, entonces, ¿qué ha obtenido el hombre de la ciencia del espacio? —en el mismo período en que ha emancipado su pensamiento de manera más drástica del mundo divino, es decir, desde el siglo XV— todo el conocimiento espacial que ha adquirido será importante para el mundo divino-espiritual también. Y el hombre puede conquistar una nueva porción del universo para los Dioses tan solo si trae el espíritu nuevamente a la concepción del Espacio.

Ya ven, lo que he descrito en el libro La Ciencia Oculta —los períodos del Antiguo Saturno, el Antiguo Sol, la Antigua Luna, la Tierra y los periodos futuros de Júpiter, Venus y Vulcano— solo está presente a los Dioses en la secuencia del Tiempo. Aquí en la Tierra, sin embargo, todo se vive en términos de Espacio. Estamos viviendo hoy en el período de la Tierra propiamente dicho, pero en los sucesos de la Tierra aún persisten los ecos de los períodos de la Antigua Luna, el Antiguo Sol y el Antiguo Saturno.

Si se sumergen en la descripción del período del Antiguo Saturno en La Ciencia Oculta, dirán: El período de Saturno es pasado, pero los efectos de su calor todavía están presentes en nuestra existencia terrenal. Saturno, Sol, Luna, Tierra están uno dentro del otro; ellos existen simultáneamente. Los dioses los ven en la secuencia del tiempo. Aunque en épocas anteriores, incluso durante la época caldea, se los veía en su sucesión, ahora los vemos uno dentro del otro, espacialmente uno dentro del otro. De hecho, esto lleva mucho más lejos y si estudiamos estas cosas en detalle, descubriremos qué hay detrás de ellas.

Imaginen que extienden la mano izquierda. Lo Divino vive en todo lo terrestre. En los músculos, en los nervios, vive lo Divino. Ahora con los dedos de la mano izquierda toquen los dedos de la mano derecha —esto solo se puede hacer en el espacio. El hecho de que sientan su mano derecha con la izquierda, su mano izquierda con la derecha, esto es algo que los Seres divino-espirituales no siguen— Siguen la mano izquierda y la mano derecha hasta el punto de contacto, pero el sentimiento que surge entre los dos es una experiencia que las facultades que poseen los dioses no hacen posible; es algo que surge solo en el espacio. Tan poco como los Dioses contemplan a Saturno, Sol, Luna y Tierra simultáneamente sino solo en sucesión, en el Tiempo, entonces no tienen ninguna de las experiencias puramente espaciales conocidas por el hombre. Cuando miran con los ojos izquierdo y derecho y tienen la línea de visión desde la derecha y desde la izquierda, la actividad de los Dioses está presente en la visión desde el ojo derecho y nuevamente en la visión desde el ojo izquierdo, pero en la unión de las dos líneas de visión se encuentran en un elemento puramente humano. Así experimentamos como hombres, porque hemos sido colocados en el mundo del espacio, algo que se experimenta en un estado de emancipación de la actividad de los dioses.

Solo necesitan extender esta imagen de las manos derecha e izquierda a otros dominios en la vida del hombre terrenal, y encontrarán una gran cantidad de experiencias humanas que caen inmediatamente fuera del campo de visión de los Dioses. En realidad, solo desde el primer tercio del siglo XV el hombre ha traído ideas de un tipo puramente humano a estos dominios. Por lo tanto, el pensamiento humano se ha vuelto cada vez menos inteligible para los dioses cuando miran hacia la Tierra. Y con esto en mente, debemos dirigir nuestra atención a ese evento más importante en el último tercio del siglo XIX, que puede caracterizarse por decir que el reinado del Ser espiritual conocido como Gabriel fue sucedido por la regencia de ese otro Ser espiritual conocido como Michael.

En el último tercio del siglo XIX, el Ser espiritual que llamamos Mikael se convirtió en el Regente, por así decirlo, de todo lo que tiene un carácter espiritual en los eventos humanos en la Tierra. Mientras que Gabriel es un Ser más orientado a las cualidades pasivas del hombre, Mikael es el Ser activo, el Ser que, por así decirlo, pulsa nuestro aliento, nuestras venas, nuestros nervios, para que podamos desarrollar activamente todo lo que pertenece a nuestro humanidad completa en relación con el Cosmos. Lo que se nos presenta como un desafío de Mikael es que nos volvamos activos en nuestros propios pensamientos, elaborando nuestra visión del mundo a través de nuestra propia actividad interna. Solo pertenecemos a Época de Michael cuando no nos sentamos inactivos y deseamos que venga a nosotros la iluminación desde dentro y desde fuera, sino cuando cooperamos activamente en lo que el mundo nos ofrece en forma de experiencias y oportunidades de observación. Si un hombre lleva a cabo algún experimento, no implica fundamentalmente actividad; no hay necesariamente ninguna actividad de su parte; es solo un evento como cualquier otro evento en la Naturaleza, excepto que está dirigido por la inteligencia humana. ¡Pero todos los acontecimientos en la Naturaleza también han sido dirigidos por la inteligencia!. ¿Cómo es la vida mental del hombre hoy en día afectada por los experimentos? No hay participación activa, ya que simplemente mira e intenta eliminar la actividad tanto como sea posible; él quiere que el experimento le cuente todo y considera que todo es fruto de su propia actividad interior.  Es precisamente en sus ideas científicas que los hombres son menos importantes en la era de Micael.

Pero la humanidad debe entrar en la edad de Michael. Si nos hacemos la pregunta: ¿qué significa realmente en todo el entorno cósmico que Gabriel le haya pasado el cetro a Micael? Entonces debemos responder: Significa que de todos los Seres que guían espiritualmente a la humanidad, Micael es el Espíritu que es el primero en acercarse a lo que los hombres aquí en la Tierra están haciendo como resultado de esta emancipación del conocimiento desde el primer tercio del siglo XV. Gabriel se encuentra en completa perplejidad ante las ideas y nociones de un hombre culto de la edad moderna. Micael, que está estrechamente relacionado con las fuerzas del Sol, al menos puede inculcar su actividad en los pensamientos del hombre que pueden darle impulsos para sus obras libres. Micael puede trabajar, por ejemplo, en lo que he llamado en la Ciencia Oculta, el pensamiento puro y libre, que debe ser el verdadero impulso para la voluntad individual del hombre que actúa en libertad en la nueva era. Y con las obras del hombre que surgen del impulso del amor, Michael tiene su propia relación particular.

Por lo tanto, él es el mensajero a quien los Dioses han enviado para que pueda recibir lo que ahora se está llevando del conocimiento emancipado del espíritu al conocimiento espiritualizado. La ciencia que como Ciencia Espiritual antroposófica espiritualiza nuevamente el pensamiento espacial, lo eleva nuevamente a lo suprasensible: esta Ciencia Espiritual trabaja desde abajo hacia arriba, extiende sus manos desde abajo para tomar las manos de Micael que se extiende desde arriba. Es entonces cuando se puede crear el puente entre el hombre y los Dioses. Michael se ha convertido en el Regente de esta Era porque debe recibir lo que los Dioses desean recibir de lo que el hombre puede agregar al Concepto-Tiempo a través del Concepto-Espacio, ya que esto aumenta el conocimiento que poseen los Dioses.

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Los dioses representan a Saturno, Sol, Luna, Tierra, en la sucesión del Tiempo. Si el hombre desarrolla correctamente la última fase de su vida de pensamiento, ve esto en términos de espacio. Los dioses pueden imaginar el estiramiento de la izquierda y de la mano derecha, pero el contacto real es una cuestión puramente humana. Los dioses pueden vivir en la línea de visión del ojo izquierdo, en la línea de visión del ojo derecho. El hombre visualiza en términos de espacio cómo la visión del ojo izquierdo se encuentra con la del ojo derecho. Micael dirige su mirada hacia la Tierra. Él puede, al entrar en conexión con lo que los hombres desarrollan en pensamiento puro y objetivo en pura voluntad, tomar el conocimiento de los ciudadanos de la Tierra, de los hombres, como fruto del pensamiento en términos de Espacio, y elevarlo a los mundos divinos.

Si los hombres se limitaran a desarrollar el conocimiento del espacio y no a espiritualizarlo, si se detuvieran en la antropología y no estuvieran dispuestos a avanzar hacia la antroposofía, entonces pasaría la edad de Micael. Micael se retiraría de su regencia y traería este mensaje a los dioses: la humanidad desea separarse de los dioses.  Si Michael debe devolver el mensaje correcto al mundo de los Dioses, debe hablar con este fin: Durante mi Época, los hombres han elevado a lo Suprasensible lo que ya han desarrollado en la forma de pensar puramente en términos de Espacio; y, por lo tanto, podemos aceptar a los hombres de nuevo, porque han unido sus pensamientos con los nuestros. Si la evolución humana procede de la manera correcta, Micael no tendrá que decir a los dioses: los hombres se han acostumbrado a mirar todo espacialmente; Han aprendido a despreciar lo que vive solo en el Tiempo. Si los seres humanos se resuelven para lograr su objetivo terrenal, Micael dirá: Los hombres han hecho esfuerzos para traer nuevamente el Tiempo y lo Suprasensible al Espacio; por lo tanto, aquellos que no están contentos de mirar fijamente el espacio, que no están contentos de aceptar todo en una forma tan material como era costumbre a principios del siglo XX, se puede considerar que han vinculado sus vidas directamente a la vida de los Dioses.

Si realmente perseguimos la Antroposofía a la luz de la Ciencia de la Iniciación, significa que nos ocupamos de los asuntos cósmicos, con asuntos que la humanidad tiene que resolver en armonía con el mundo de los Dioses. Y en la edad presente, mucho está en juego; es cuestión de si debemos o no sembrar la semilla para la verdadera comunión en el futuro con el mundo divino-espiritual.

Cuando se hagan conscientes de la tremenda importancia de este tema, podrán medir la seriedad y la constancia interna que necesita el alma para que la Antroposofía sea el contenido de su vida de pensamiento.

Traducido por Gracia Muñoz en diciembre de 2017.

 

 

 

GA219c1. La semilla espiritual del organismo físico del hombre. Caminar, hablar y pensar, y sus correspondencias en el mundo espiritual.

Rudolf Steiner — Dornach, 26 de noviembre de 1922

English version

Estas conferencias tratarán sobre los dos estados de vida por los que pasa el hombre: en el mundo espiritual entre la muerte y un nuevo nacimiento, y en el mundo físico entre el nacimiento y la muerte.

Quiero recordarles hoy ciertos asuntos a los que se dirigió su atención aquí, en conferencias recientes. Dije que durante el período muy importante que se extiende entre la muerte y un nuevo nacimiento, el hombre se encuentra en el mundo espiritual con un tipo de conciencia esencialmente superior a la que tuvo durante su vida física en la Tierra.

Cuando vivimos aquí en la Tierra en nuestro cuerpo físico, la conciencia terrenal que está conectada con los sentidos y el sistema nervioso, depende de todo el organismo. Nos sentimos como seres humanos en la medida en que dentro del límite de nuestra piel tenemos cerebro, pulmones, corazón y los sistemas conectados con estos órganos. De todo esto decimos que está dentro de nuestro ser. Por otro lado, nos sentimos conectados con lo que nos rodea a través de nuestros sentidos, mediante nuestra respiración, o mediante la ingesta de alimentos. Sin embargo, cuando vivimos entre la muerte y el renacimiento, no podemos hablar en el mismo sentido de lo que está “dentro” de nosotros. Porque cuando pasamos por la puerta de la muerte, incluso cuando directamente nos vamos a dormir, las condiciones de nuestra existencia son tales que todo el Universo puede ser designado como nuestro ser interior.

Así, mientras que aquí en la Tierra nuestra constitución como seres humanos es revelada por nuestros órganos y su interacción dentro de nuestra piel, durante el sueño inconscientemente, pero entre la muerte y un nuevo nacimiento en plena conciencia, nuestra naturaleza interna se nos revela como si fuera un mundo de estrellas. Nos sentimos relacionados con el mundo de las estrellas de tal manera que, de los Seres de las estrellas, decimos que son nuestra naturaleza interna, así como aquí en la Tierra decimos que el pulmón o el corazón pertenecen a nuestra naturaleza física interior.  Desde el momento de ir a dormir hasta el de la vigilia, tenemos una vida cósmica; desde la muerte hasta un nuevo nacimiento, tenemos una conciencia cósmica. Lo que aquí en la Tierra es nuestro mundo exterior, particularmente cuando miramos hacia la expansión cósmica, se convierte en nuestro ser interior después de la muerte.

¿Cuál es, entonces, nuestro mundo exterior en esa existencia espiritual?. Es lo que es ahora nuestra naturaleza interna. Modelamos lo que entonces es nuestro mundo externo en una especie de semilla espiritual de la que brotará a la existencia nuestro futuro cuerpo físico en la Tierra. Junto con los Seres de las Jerarquías Superiores elaboramos esta semilla espiritual, y en cierto punto del tiempo de nuestra vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, está allí como una entidad espiritual, llevando dentro de ella las fuerzas que luego se acumularan en el cuerpo físico, así como la semilla de la planta lleva dentro de si las fuerzas que eventualmente producirán la planta.  Pero mientras que imaginamos que la semilla de la planta es diminuta y la planta misma grande en comparación, la semilla espiritual del cuerpo físico humano es, por así decirlo, un universo de gran magnitud, aunque en sentido estricto no es del todo preciso hablar de ‘magnitud’ a este respecto.

También he dicho que en cierto punto esta semilla espiritual se aleja de nosotros. Desde un cierto punto de tiempo en adelante sentimos: en asociación con otros Seres del Universo, con Seres de las Jerarquías Superiores, hemos llevado la semilla del espíritu de nuestro organismo físico a una etapa definida de desarrollo; ahora se nos cae y desciende a las fuerzas físicas de la Tierra con las que se relaciona y que provienen del padre y la madre. Se une con el elemento humano en la corriente de la herencia y desciende a la Tierra antes de que nosotros, como seres de espíritu y alma, descendamos. Por lo tanto, todavía pasamos un cierto período —aunque corto— en el mundo espiritual cuando el nexo de fuerzas de nuestro organismo físico ya ha bajado a la Tierra y está formando el embrión en el cuerpo de la madre.

Es durante este período que reunimos desde el éter cósmico sus propias fuerzas y sustancias y así construimos nuestro cuerpo etérico para  agregarlo a nuestro cuerpo astral y yo. Entonces, como ser de yo, cuerpo astral y cuerpo etérico, nosotros mismos bajamos a la Tierra y nos unimos con el cuerpo físico —la semilla del cual fue enviada antes— que ahora ha devenido.

Para cualquiera que observe este proceso de cerca, la relación del hombre con el Universo se vuelve muy clara, sobre todo si la atención se dirige a tres manifestaciones de la naturaleza humana a las cuales se ha hecho referencia aquí y en otros lugares —me refiero a las tres manifestaciones de naturaleza humana en virtud de la cual el hombre se convierte en el ser que es en la Tierra.

Cuando nacemos, somos bastante diferentes del ser en el que luego nos convertimos. Es en la Tierra donde lo primero que aprendemos es a caminar, a hablar y a pensar.  La voluntad que permanece tenue entre el nacimiento y la muerte y el sentimiento que permanece medio apagado, ya están presentes en una forma primitiva en el niño desde muy pequeño.  La vida del sentimiento, aunque se ocupa completamente de las funciones internas, está presente en los primeros años de la infancia. La vida de la voluntad también está presente, como lo prueban sus movimientos, por caóticos que sean. La razón por la cual la vida del sentimiento y la vida de la voluntad se volverán diferentes en una etapa posterior de la existencia es que el pensamiento gradualmente comienza a impregnar el sentimiento y la voluntad, haciéndoles madurar. Sin embargo, ya están presentes en el niño pequeño. El pensamiento, por otro lado, se desarrolla solo en la Tierra, en asociación con otros seres humanos y en cierto sentido bajo su instrucción. Y es lo mismo con las facultades de caminar y hablar, que en realidad se adquieren ante la facultad de pensar.

Cualquiera que tenga un sentimiento suficientemente profundo de lo que es verdaderamente humano se dará cuenta, simplemente observando cómo se desarrolla el niño al caminar, hablar y pensar, qué parte tan tremendamente importante desempeñan estas tres facultades en la evolución terrenal del hombre. Pero el hombre no es solo un ser terrenal; él es un ser que pertenece no solo a la Tierra con sus fuerzas y sustancias, sino también al mundo espiritual; él está involucrado en las actividades que se desarrollan entre los diversos Seres de las Jerarquías Superiores. Es, por así decirlo, solo con una parte de su ser que el hombre pertenece a la existencia terrenal; con la otra parte pertenece a un mundo que no es el mundo material perceptible a los sentidos. Es ese otro mundo donde él prepara su semilla espiritual. Que nunca se imagine que los logros del hombre en la cultura y la civilización en la Tierra, por complejas y espléndidas que sean, son comparables con la grandeza de lo que él logró junto con los Seres de las Jerarquías Superiores para construir esta maravillosa estructura del organismo físico humano. Sin embargo, lo que está formado —primero que nada en el mundo espiritual y, como expliqué, enviado a la Tierra antes de que el hombre mismo descendiera— está constituido de manera diferente del ser que se encuentra presente aquí en la Tierra entre el nacimiento y la muerte.

La semilla espiritual del cuerpo físico edificada por el hombre en el mundo espiritual está imbuida de fuerzas. Toda su estructura que luego se une con la semilla física, o más bien, que se convierte en la semilla física del ser humano al tomar sustancias de los padres, está dotada de todo tipo de cualidades y facultades. Pero hay tres facultades para las cuales la semilla espiritual no recibe ninguna fuerza del mundo espiritual. Estas tres facultades son: pensar, hablar y caminar, que son esencialmente actividades del hombre en la Tierra.

Tomemos el caminar y todo lo que está relacionado con él. Podría describirlo como el proceso mediante el cual el hombre se orienta dentro de la esfera de su existencia física en la Tierra. Cuando muevo mi brazo o mi mano, eso también está relacionado con el mecanismo de caminar, y cuando un niño pequeño comienza a levantarse, eso es un acto de orientación. Todo esto está conectado con lo que llamamos la fuerza de gravedad de la Tierra, con el hecho de que todo lo físico en la Tierra tiene peso. Pero no podemos decir de la semilla espiritual que se forma entre la muerte y un nuevo nacimiento tiene peso o pesadez. Caminar, entonces, está conectado con la fuerza de la gravedad. Es, de hecho, una superación de la gravedad, un acto a través del cual nos colocamos en el campo de la gravedad. Eso es lo que sucede cada vez que levantamos una pierna para dar un paso adelante. Pero no adquirimos esta facultad hasta que ya estamos aquí en la Tierra; no está presente entre la muerte y un nuevo nacimiento, aunque hay algo que le corresponde en ese mundo. También allí tenemos orientación, pero no es orientación dentro del campo de la gravedad, ya que en el mundo espiritual no hay fuerza de gravedad ni peso. La orientación en ese mundo es de carácter puramente espiritual. Aquí en la Tierra al levantar nuestras piernas para caminar, nos colocamos en el campo de la gravedad.  El proceso correspondiente en el mundo espiritual es el de la relación con algún Ser de las Jerarquías Superiores, perteneciente, digamos, al rango del Ángel o del Arcángel. El hombre se siente íntimamente cercano a la influencia de un Ser, por ejemplo, de la Jerarquía de los Ángeles, o de los Exusiai, con quien está trabajando en ese momento. Así es como encuentra su orientación en la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Así como aquí en la Tierra tenemos que lidiar con nuestro peso, en ese mundo tenemos que tratar con lo que procede de los diversos Seres de las Jerarquías superiores por medio de las fuerzas de simpatía con nuestra propia individualidad humana.

La fuerza de la gravedad tiene una sola dirección: hacia la Tierra; pero lo que corresponde a la fuerza de la gravedad en el mundo espiritual tiene todas las direcciones, porque los Seres espirituales de las Jerarquías no están centralizados, están en todas partes. La orientación no es geométrica, como la orientación de la gravedad, hacia el centro de la Tierra, pero va en todas las direcciones. Según si el hombre tiene que construir su pulmón o realizar algún otro trabajo junto con los Seres de las Jerarquías, puede decirse a sí mismo: La Tercera Jerarquía me está atrayendo, o la Primera Jerarquía me está atrayendo. Se siente ubicado en el mundo entero de las Jerarquías. Se siente, por así decirlo, atraído por todos lados, no físicamente, como a través de la atracción de la gravedad, sino espiritualmente, o también, en algunos casos, repelido. Esto es lo que corresponde en el mundo espiritual a la orientación física dentro de la esfera de la gravedad en la Tierra.

Aquí, en la Tierra, aprendemos a hablar. Esto pertenece nuevamente a nuestra naturaleza inherente, pero en el mundo espiritual entre la muerte y un nuevo nacimiento no podemos hablar; los órganos físicos necesarios para el habla no están allí. En el mundo espiritual entre la muerte y un nuevo nacimiento, tenemos, sin embargo, la siguiente experiencia. Nos sentimos en condiciones rítmicamente alternas; en un momento nos hemos contraído, por así decirlo, en nuestro propio ser; nuestra conciencia superior también se contrae. Entre la muerte y el nuevo nacimiento hay momentos en que nos encerramos dentro de nosotros mismos, tal como lo hacemos mientras dormimos en la Tierra. Pero luego nos abrimos de nuevo. Así como en la Tierra física dirigimos nuestros ojos y otros sentidos hacia el Universo, entonces en ese otro mundo dirigimos nuestros órganos espirituales de percepción hacia los Seres de las Jerarquías. Dejamos que nuestro ser fluya, por así decirlo, por los espacios lejanos, y luego lo reunimos de nuevo.

Es un proceso de respiración espiritual, pero su curso es tal que si describiéramos en palabras terrenales, en imágenes derivadas de la vida terrenal, lo que el hombre se dice a sí mismo allí en el mundo espiritual, deberíamos hablar algo de la siguiente manera:  como ser humano en el mundo espiritual, tengo esto o aquello que hacer. Lo sé a través de los poderes de percepción que tengo en el mundo espiritual entre la muerte y un nuevo nacimiento. Me siento ser este ser humano, esta individualidad. Mientras exhalo en la Tierra, también me vuelvo anímicamente al Universo y me convierto en uno con el Cosmos. Mientras respiro en la Tierra, también recibo en mí lo que experimenté mientras mi ser era derramado en el Cosmos. Esto ocurre constantemente entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Pensemos en un hombre que se siente encerrado en su propio ser y luego como expandido al cosmos. En un momento, se concentra en sí mismo y luego se expande al Universo. Cuando vuelve a entrar en sí mismo es como cuando respiramos el aire desde los espacios físicos del Universo.

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Ahora que hemos derramado nuestro ser sobre el Cosmos y lo hemos vuelto a contraer, comienza (no puedo expresarlo de otra manera) comienza a decirnos qué fue lo que abrazamos cuando nuestro ser estaba extendido, por así decirlo, en la extensión cósmica. Cuando juntamos nuestro ser nuevamente, comienza a decirnos qué es en realidad, y luego decimos, entre la muerte y un nuevo nacimiento: El Logos en el que nos sumergimos por primera vez, el Logos está hablando dentro de nosotros.

Aquí en la Tierra tenemos la sensación de que en nuestro discurso físico damos forma a las palabras cuando exhalamos. Entre la muerte y un nuevo nacimiento nos damos cuenta de que las palabras que se extienden en el Universo y revelan su naturaleza esencial, entran en nosotros cuando nuestro ser se infunde y se manifiesta en nosotros como la Palabra Cósmica. Aquí en la Tierra, hablamos mientras exhalamos; en el mundo espiritual, hablamos mientras respiramos. Y al unirnos con nuestro ser, a lo que el Logos —La Palabra Cósmica— nos dice, los Pensamientos Cósmicos se iluminan dentro de nuestro ser. Aquí en la Tierra hacemos esfuerzos a través de nuestro sistema nervioso para albergar pensamientos terrenales. En el mundo espiritual, extraemos los Pensamientos Cósmicos de la Palabra Cósmica del Logos cuando nuestro ser se ha extendido por el Universo.

Ahora traten de formarse una vívida concepción de lo siguiente. Supongamos que te dices a ti mismo entre la muerte y un nuevo nacimiento: tengo esto o aquello que hacer… todo lo que has experimentado hasta ahora te hace consciente de que tienes esta o aquella tarea para realizar. Luego, con la intención de realizarlo, extiendes tu ser en el Universo; pero el proceso de expansión es en realidad un proceso de orientación.

Cuando te dices a ti mismo aquí en la Tierra que debes comprar algo de mantequilla … eso también significa una intención. Partes hacia Basilea para comprar la mantequilla allí, y después te la llevas. Entre la muerte y un nuevo nacimiento también tienes intenciones  —en conexión, por supuesto, con lo que se tiene que lograr en ese otro mundo.  Luego expandes tu ser; esto se hace con la intención de adquirir orientación, puede ser que te sientas atraído hacia un Ángel o quizás hacia un Ser de Voluntad, o hacia algún otro Ser. Tal Ser se une a tu propio ser expandido. Tu respiras; y este Ser te comunica su participación en el Logos y los Pensamientos Cósmicos conectados con este Ser se encienden dentro de ti.

Cuando la semilla del espíritu del hombre desciende a la Tierra (como ya he dicho, él mismo permanece un poco más en el mundo espiritual), no está organizado para pensar o hablar en el sentido terrenal, ni para caminar en el sentido terrenal, cuando la gravedad está involucrada; pero él está organizado para el movimiento y la orientación entre los Seres de las Jerarquías Superiores. Él no está organizado para hablar sino para permitir que el Logos resuene dentro de él. Él no está organizado para los vagos pensamientos de la vida terrenal, sino para los pensamientos que se vuelven radiantes en él, dentro del Cosmos.

Caminar, hablar y pensar aquí en la Tierra tienen sus correspondencias en el mundo espiritual: en la orientación entre las Jerarquías, en el resonar de la Palabra Cósmica y en el encendido interior de los Pensamientos Cósmicos.

Imagínense vívidamente cómo el hombre sale después de la muerte al amplio espacio cósmico. Él pasa a través de las esferas planetarias alrededor de la Tierra. He hablado de estas cosas en conferencias recientes aquí. Pasa por la esfera de la Luna, la esfera de Venus, la esfera de Mercurio, la esfera de Júpiter, la esfera de Saturno. Habiendo pasado directamente al Cosmos, verá las estrellas siempre desde el otro lado. Debes imaginarte la Tierra y las estrellas a su alrededor. Desde la Tierra miramos hacia las estrellas; pero cuando estamos en el Cosmos miramos desde afuera hacia adentro.

Las fuerzas que nos permiten aquí en la Tierra ver las estrellas, nos dan la imagen física de las estrellas. Las fuerzas que nos permiten ver las estrellas desde el otro lado, no aparecen como lo hacen aquí, pero desde ese otro mundo las estrellas se nos aparecen como Seres espirituales. Y luego, cuando dejamos las esferas planetarias —estoy obligado a usar expresiones terrenales— entonces, como las condiciones ahora están en la evolución del mundo (el “ahora” es, por supuesto, un “ahora” cósmico de larga duración), nos damos cuenta con la comprensión adquirida a través de la conciencia superior que pertenece a nuestra vida entre la muerte y un nuevo nacimiento  qué infinita bendición es para nosotros que las fuerzas de Saturno no solo brillen hacia adentro en el mundo planetario de la Tierra, sino también hacia el exterior en la extensión cósmica. Allí, por supuesto, es algo completamente diferente de los diminutos, insignificantes y azulados rayos de Saturno que pueden ser visibles para nosotros aquí en la Tierra. Allí están los rayos espirituales, irradiando hacia el Universo — incluso dejan de ser espaciales; irradian a una esfera más allá del espacio. Se nos aparecen de tal manera que entre la muerte y el renacimiento miramos hacia atrás en gratitud al planeta más externo de nuestro sistema planetario terrenal (porque Urano y Neptuno no son planetas reales de la Tierra, sino que se agregaron en una etapa posterior). Somos conscientes de que este planeta exterior no solo brilla sobre la Tierra sino también hacia los espacios lejanos del Cosmos. Y a los rayos espirituales que irradia hacia el Cosmos, debemos el hecho de que ahora estamos desprovistos de la gravedad terrenal, despojados de las fuerzas físicas del habla, despojados de las fuerzas físicas del pensamiento. Saturno, tal como se irradia hacia el espacio cósmico, es en verdad nuestro mayor benefactor entre la muerte y un nuevo nacimiento. Considerado desde un punto de vista espiritual, constituye, a este respecto, la antítesis misma de las fuerzas de la Luna.

Las fuerzas lunares espirituales nos mantienen en la Tierra. Las fuerzas espirituales de Saturno nos permiten vivir en la gran extensión del Universo. Aquí, en la Tierra, las fuerzas de la Luna tienen un significado muy especial para nosotros como seres humanos. Les he explicado que juegan su parte incluso en el hecho cotidiano de despertarse del sueño. Lo que las fuerzas de la Luna son para nosotros aquí en la Tierra, las fuerzas de Saturno que irradian hacia el Universo desde la esfera más externa de nuestro sistema planetario son para nosotros entre la muerte y un nuevo nacimiento. No deben imaginar que, por un lado, Saturno irradia hacia la Tierra y de otro hacia el Universo. No es tal. El Saturno físico aparece como un hueco en esta esfera del Saturno cósmico que irradia, espiritualmente, al espacio cósmico. Y desde un cierto punto de tiempo en adelante después de la muerte, lo que así se irradia hacia el exterior oculta todo lo terrenal de nosotros, lo oculta todo con luz.

Aquí en la Tierra, el hombre está bajo la influencia de las fuerzas espirituales de la Luna; entre la muerte y un nuevo nacimiento, él está bajo la influencia de las fuerzas de Saturno. Y cuando desciende de nuevo a la Tierra, se aleja de las fuerzas de Saturno y entra gradualmente en la esfera de las fuerzas de la Luna. ¿Qué pasa entonces?

Mientras el hombre esté relacionado con la esfera de las fuerzas de Saturno —y Saturno está apoyado por Júpiter y Marte, que tienen funciones especiales para llevar a cabo, de las que hablaré en alguna ocasión futura— por lo tanto, mientras el hombre esté bajo la influencia de Saturno, Júpiter y Marte, él es un ser que no lucha por caminar, hablar o pensar en el sentido terrenal, sino por encontrar su orientación entre los Seres espirituales, experimentar el Logos resonando en él, y para que los Pensamientos Cósmicos se iluminen en él. Y con estos objetivos e intenciones interiores, la semilla espiritual del organismo físico es enviada a la Tierra.

En efecto, el ser humano que desciende de los mundos espirituales a la Tierra no tiene la menor inclinación a exponerse a la gravedad terrestre, a caminar o a poner en movimiento los órganos del habla  para que el habla física pueda resonar, tampoco tiene ninguna inclinación a pensar con un cerebro físico sobre cosas físicas. Él no tiene ninguna de estas facultades. Él solo las adquiere cuando, como una semilla espiritual del espíritu, es enviado desde la esfera de las fuerzas de Saturno a la Tierra, pasando a través de la esfera solar y entrando en las otras esferas planetarias: las esferas de Mercurio, Venus y la Luna. Las esferas de Mercurio, Venus y la Luna transforman la predisposición cósmica para la orientación espiritual, la experiencia del Logos y la iluminación interior de los Pensamientos Cósmicos, en las facultades rudimentarias de caminar, hablar y pensar. Y el cambio real es efectuado por el Sol, es decir, el Sol espiritual.

A través del hecho de que el hombre entra en la esfera de la Luna —y las fuerzas de la Luna son apoyadas por las fuerzas de Venus y Mercurio— a través de esto, las predisposiciones celestiales para la orientación, la experiencia del Logos y el Pensamiento Cósmico se transforman en facultades terrenales. Así, para un niño aquí en la Tierra, cuando comienza a levantarse desde la posición de gatear, deberíamos decir: Antes de que le recibieran en las esferas de Mercurio, Venus y Luna, allá en las esferas celestiales, se organizaba para la orientación espiritual entre las Jerarquías, para la experiencia interna del Logos resonante, y para la iluminación interior con Pensamientos Cósmicos. Ha logrado la metamorfosis desde esas facultades celestiales hacia las facultades terrenales en el sentido de que atraviesa toda la esfera planetaria, y la transformación de lo Celestial en lo Terrenal es forjada por el Sol.

Pero mientras esto sucede, tiene lugar otra cosa de tremenda importancia. Al pasar de lo celestial al reino terrenal, el ser humano experimenta solamente un lado del mundo etérico. El mundo etérico se extiende a través de todas las esferas de los planetas y las estrellas. Pero en el momento en que las facultades celestiales se transforman en lo terrenal, el ser humano pierde la experiencia de la Moral Cósmica. La orientación entre los Seres de las Jerarquías Superiores se experimenta no solo como una manifestación de las leyes naturales, sino como una orientación moral. Del mismo modo, el Logos habla en el ser humano no de una manera moral como lo hacen los fenómenos de la Naturaleza, porque aunque no hablan de una manera antimoral, hablan ‘a-moralmente’. El Logos habla moralidad; así también los Pensamientos Cósmicos se iluminan como portadores de la moralidad.

Saturno, Júpiter y Marte —esto debe decirse a pesar del horror que causará a los físicos— Saturno, Júpiter y Marte contienen, al igual que sus otras fuerzas, fuerzas de orientación moral. Solo cuando el hombre transforma las facultades celestiales que se han caracterizado como caminar, hablar y pensar, pierde el elemento moral. Esto es de inmensa importancia. Cuando aquí en la Tierra hablamos del éter —en el que vivimos cuando nos acercamos a la Tierra para nacer— le atribuimos al éter todo tipo de cualidades. Pero eso es solo un lado, un aspecto, del éter. El otro aspecto es que es una sustancia que trabaja con un efecto moral. Está impregnado a través de impulsos morales. Así como está impregnado de luz, también está impregnado de impulsos morales. En el éter terrenal, estos impulsos no están presentes.

Sin embargo, el hombre como ser terrenal no está completamente desprovisto de las fuerzas dentro de las cuales vive entre la muerte y un nuevo nacimiento. Incluso si por algún decreto en el Orden Mundial Divino, el hombre en la Tierra no tuviera ni idea de eso, además de tener una naturaleza física, debería ser también un ser moral, podría ser que sus facultades terrenales de caminar, hablar, y el pensamiento se sentirían muy débiles para corresponder a una Orientación celestial, un Logos celestial, una iluminación celestial con Pensamientos Cósmicos. Es verdad, sin algún estímulo interior, el hombre sabe muy poco en la Tierra de estas correspondencias celestiales de sus facultades terrenales; pero a pesar de todo, tiene leves recuerdos de ellos. Si no hubiera secuelas de lo celestial aquí en la Tierra, todo vínculo que una al hombre con el mundo espiritual habría sido olvidado, sin dejar rastro alguno. Incluso la conciencia no se movería. Comenzaré por algo bastante concreto, y aunque lo que voy a decir ahora parecerá extraño, está de acuerdo con los hechos establecidos por la investigación espiritual.

Piensen en la Tierra con el aire a su alrededor; más hacia afuera está el éter cósmico, pasando gradualmente a la esfera espiritual. Aquí en la Tierra inhalamos y exhalamos el aire. Este es el ritmo de la respiración. Pero allá afuera vertimos nuestro ser en el Cosmos, recibiendo en nosotros mismos el Logos y los Pensamientos Cósmicos. Allí dejamos que el Mundo, el Universo, hable en nosotros. Esto también ocurre rítmicamente, en un ritmo determinado por el mundo de las estrellas. En el Cosmos también hay ritmo. Como seres humanos en la Tierra, tenemos el ritmo de la respiración, que se relaciona de manera definida con el ritmo de la circulación de la sangre: cuatro latidos de pulso por una respiración. En ese mundo, exhalamos y respiramos de nuevo espiritualmente; este es el ritmo cósmico. Como hombres en la Tierra, nuestra vida depende del hecho de que tomemos un número determinado de respiraciones y de pulsaciones por minuto. En el Universo vivimos en un ritmo cósmico, en el que cuando respiramos, por así decirlo, en el mundo moral-etéreo estamos entonces dentro de nosotros mismos. Y cuando lo exhalamos de nuevo nos unimos con los Seres de las Jerarquías Superiores.

Así como aquí en nuestro cuerpo físico dentro de nuestra piel, se establecen rítmicamente los movimientos regulares, así en el universo el curso y las posiciones de las estrellas establecen el ritmo cósmico en el que vivimos entre la muerte y un nuevo nacimiento. Vivimos en el aire, y en el aire desarrollamos nuestro ritmo respiratorio con su regularidad verdaderamente extraordinaria. Si el ritmo es irregular, esto significa enfermedad para el hombre. En el Universo —aunque primero tenemos que pasar por el espacio cósmico intermedio— experimentamos el ritmo cósmico en la medida en que vivimos en el éter cósmico, impregnado como está con el elemento moral. Por lo tanto, hay dos ritmos diferentes: humano y cósmico. En verdad, ambos son ritmos humanos, ya que el ritmo cósmico es el ritmo humano entre la muerte y un nuevo nacimiento.

En la Tierra, el Universo tiene, por así decirlo, el ritmo propio de la humanidad; en ese mundo tiene el ritmo en el cual nosotros mismos participamos entre la muerte y el renacimiento. ¿Qué se encuentra, entonces, entre los dos? El ritmo propio de la humanidad nos da la facultad entre el nacimiento y la muerte para hablar palabras humanas, para dominar el lenguaje humano. El ritmo cósmico nos permite entre la muerte y un nuevo nacimiento dejar que la Palabra Cósmica resuene en nosotros. La Tierra nos dota del don del habla. El Universo, el Universo espiritual, nos da el Logos. Se darán cuenta de que las condiciones son totalmente diferentes en la esfera donde el ritmo cósmico nos da el Logos, a las condiciones aquí en la Tierra, donde articulamos la palabra humana en el aire.

¿Qué, constituye entonces, el límite entre un reino y el otro? Mirando hacia el mundo físico, no tenemos percepción del ritmo cósmico. Hay una ley interna y orden en cada reino, entonces, ¿qué es lo que se encuentra entre ellos? Entre ellos —si puedo decirlo así — está el límite en el que se rompe el ritmo cósmico porque se acerca demasiado a la Tierra; entre ellos está lo que, en ciertas circunstancias, también puede llevar al ritmo respiratorio humano al desorden. Entre ellos, en efecto, están todos los fenómenos pertenecientes a la meteorología. Si en la Tierra no hubiera ventiscas, tormentas, viento, formaciones nubosas, si el aire no contuviera, además de oxígeno y nitrógeno para nuestra respiración, estos fenómenos meteorológicos que siempre están ahí, por despejado que parezca el aire —entonces debemos mirar hacia el Universo y estar al tanto de un ritmo diferente— en realidad, la contraparte de nuestro ritmo respiratorio, solo se transforma en infinita grandeza. Entre las dos esferas del orden mundial se encuentran los fenómenos caóticos del viento y el clima, que separan el ritmo cósmico y el ritmo respiratorio humano.

El hombre en la Tierra está sujeto a la gravedad. Él coordina su modo de andar, cada movimiento de sus manos con esta fuerza de gravedad. En el Universo, las fuerzas son completamente diferentes. La orientación allí esta en todas las direcciones; las líneas de fuerza corren del Ser al Ser de las Jerarquías. ¿Qué hay entre los dos? Como los fenómenos meteorológicos están entre el ritmo celestial y el ritmo humano en la Tierra, ¿qué hay entre la fuerza cósmica que es lo opuesto a la gravedad y la gravedad terrestre?.

Ahora, así como los fenómenos meteorológicos se encuentran entre los dos ritmos, así entre la fuerza de la gravedad y la fuerza de orientación celeste opuesta se encuentran las fuerzas volcánicas, las fuerzas que se manifiestan en los terremotos. Estas son fuerzas irregulares[1].

Visto desde el punto de vista del Cosmos en la forma que he descrito, las fuerzas que trabajan en los fenómenos meteorológicos están íntimamente conectadas con nuestros procesos respiratorios. Lo que ocurre en las operaciones de las fuerzas volcánicas está conectado con las fuerzas de la gravedad de tal manera que realmente parece como si de vez en cuando los poderes suprasensibles retomaran fragmentos de la Tierra al interferir con las leyes de la gravedad y la fundición en el caos, lo que las fuerzas de la gravedad han acumulado gradualmente, para llevarlo de vuelta.

Todas las formaciones terrenales construidas por la fuerza de la gravedad están sujetas a estos fenómenos terrestres. Pero mientras que en las manifestaciones del clima los elementos de aire, calor y agua están en movimiento, en este caso son los elementos sólidos y acuosos los que están involucrados. Aquí tenemos que ver con fuerzas que van más allá de la esfera de las leyes regulares del peso y la gravedad y que con el tiempo eliminarán a la Tierra.

Ahora, además de las manifestaciones meteorológicas y volcánicas, hay una tercera clase de la que hablaré en otra ocasión. La ciencia ordinaria en realidad no sabe qué hacer con los fenómenos volcánicos y a menudo da una explicación similar a la que leí hace un momento en relación con el espantoso terremoto que afectó a la Isla de Pascua. El autor de un artículo sobre lo que se dice que sucedió fue un geólogo, por lo tanto, poseía conocimiento experto en ese dominio en particular. Tras referirse a lo sucedido, agregó: Cuando reflexionemos sobre la causa de estos fenómenos que se repiten de vez en cuando y causan tal destrucción, debemos incluir este terremoto reciente en la categoría de temblores tectónicos de la Tierra.  ¿Qué nos dice esto? Los “temblores tectónicos de la Tierra” son temblores que causan una agitación en partes de la Tierra. Entonces, si vamos a hablar de la causa de tal agitación, ¡debemos hablar de la agitación! La pobreza viene de pauvreté!

Verdaderamente, es un hecho que para ver las conexiones entre estas cosas, debemos acercarnos a lo espiritual. En el momento en que pasamos del dominio de la ley natural ordinaria en alguna esfera —la de la gravedad, por ejemplo, o de los fenómenos rítmicos en el éter— el momento en que pasamos de esto a lo que es un caos aparente (aunque a través de este caos somos guiados en reinos superiores del Cosmos) … en otras palabras, si queremos comprender los fenómenos volcánicos y meteorológicos, debemos volvernos hacia lo espiritual. De hecho, es una realidad que al tratar con estas cosas, debemos acercarnos a lo espiritual.

Sucesos en la existencia del mundo que parecen ser puramente fortuitos —así los llamamos— se revelan en el ámbito espiritual en su entorno legal. Es a través del funcionamiento del dominio meteorológico que nosotros, como seres humanos, entre el nacimiento y la muerte, somos sacados de la esfera en la que vivimos entre la muerte y un nuevo nacimiento. Si en vez de las muchas abstracciones actuales en este momento debemos hablar concretamente, podemos decir: En los Cielos el hombre vive en un Orden Mundial que está escondido de él aquí en la Tierra a través del hecho de que está involucrado en los fenómenos meteorológicos de la atmósfera circundante. El dominio meteorológico es el muro divisorio entre lo que el hombre experimenta en la Tierra y lo que experimenta entre la muerte y un nuevo nacimiento.

De esta forma, quiero, si puedo, mostrarles las realidades de estas cosas, no solo hablar en torno a ellas.

Traducido por Gracia Muñoz en diciembre de 2017.

[1] (Nota del traductor. En este punto de la conferencia, el Dr. Steiner se refirió al informe que alegaba que la Isla de Pascua, muy lejos en el Océano Pacífico con sus maravillosas reliquias de antiguas civilizaciones había sido destruida por un terrible terremoto. Se recordará que después se descubrió que el informe era incorrecto).

GA178bc2. Uso incorrecto y correcto del conocimiento esotérico

Rudolf Steiner — Dornach, 19 de noviembre de 1917

English version

Hemos estado considerando la aparición de una búsqueda de conocimiento con medios inadecuados, y esto ha abierto amplias perspectivas históricas. Ahora con respecto a estos asuntos, y también a lo que dije con la misma intención la última vez que hablé aquí, debo pedirles que sean conscientes de que no nos preocupamos por una teoría o un sistema de ideas, sino por la comunicación de los hechos. Ese es el punto a tener en cuenta; de lo contrario, estos temas no se entenderán claramente. No expongo leyes o ideas históricas, sino que establezco hechos —hechos que están relacionados con los planes y propósitos de ciertas personalidades que se mantienen unidas en hermandades así como a otras que actúan sobre ellas y cuya influencia precisamente ellas buscan, pero que, en su forma de ser, no pertenecen a la especie humana que encarna, sino a la de los seres que se “corporizan” en el mundo espiritual.  En lo que concierne a estas hermandades, tenemos que ver con diferentes partidos (como de hecho habrán aprendido de las explicaciones dadas en conferencias anteriores, por ejemplo, El movimiento oculto en el siglo XIX). Por lo tanto, hay una parte que defiende que ciertas verdades superiores absolutamente secretas; y de nuevo, teniendo en cuenta diversos matices de opinión, hay hermanos, particularmente desde mediados del siglo XV, que sostienen que ciertas verdades, solo las requeridas por las necesidades del momento, deben ser reveladas cuidadosa y pertinentemente. Además de estos dos partidos principales, hay otras variaciones; por lo tanto, verán que cualquier influencia que finalmente se ejerza sobre la evolución humana desde el lado de estas hermandades muy a menudo reflejará algún tipo de compromiso.

A principios de la década de 1840, aquellas hermandades que tenían conocimiento de los impulsos espirituales que actúan en la historia vieron venir la batalla de ciertos seres espirituales con los Espíritus superiores que termino en 1879, cuando ciertos seres angélicos, Espíritus de la Oscuridad, fueron derribados, evento simbolizado por la victoria de Michael sobre el dragón. Cuando, por lo tanto, a mediados del siglo XIX, estas hermandades sintieron que este evento se acercaba, tuvieron que decidir qué actitud adoptar y considerar qué se debía hacer.

Aquellos hermanos que deseaban sobre todo tener en cuenta las exigencias del momento fueron empujados hasta cierto punto con las mejores intenciones, pero se equivocaron en su enfoque del materialismo de la época; pensaban que a los hombres que estaban dispuestos a aceptar solo lo que podía conocerse en términos físicos se les debería ofrecer algo del mundo espiritual en una forma materialista. Así que fue con buenas intenciones que el espiritismo se lanzara al mundo en la década de 1840.

Dado que en ese momento iba a prevalecer en la Tierra una mentalidad crítica, interesada únicamente en el mundo externo, era necesario dar a la gente algún indicio, algún sentimiento, de que existía un mundo espiritual a su alrededor. Y ahora este compromiso, se puso en práctica. Aquellos hermanos que estaban totalmente en contra de comunicar las verdades espirituales a la humanidad se encontraron votando por la fuerza, se podría decir; tuvieron que ceder y estar de acuerdo. Aun así, no era su intención original introducir los fenómenos relacionados con el espiritismo en el mundo. Cuando se trata de grupos colectivos de personas, uno siempre obtiene compromisos, y naturalmente, cuando se ha llegado a una decisión colectiva, no solo aquellos que la favorecen buscarán resultados, sino que aquellos que al principio se opusieron esperarán algo de ello.

Así, los bien intencionados miembros de estas cofradías adoptaron la errónea opinión de que mediante el uso de médiums las personas estarían convencidas de la presencia a su alrededor de un mundo espiritual; entonces, sobre la base de esta convicción, sería posible impartir verdades más elevadas. Esto de hecho podría haber sucedido si los fenómenos que vinieron a través de los médiums hubieran sido de hecho interpretados de la manera prevista, como evidencia de la presencia de un mundo espiritual interpenetrante. Pero —como expliqué ayer— resultó algo bastante diferente. Los fenómenos mediúmnicos fueron interpretados por aquellos que tomaron parte en las sesiones espiritistas como provenientes de los muertos. Por lo tanto, el experimento fue una desilusión para todos los interesados. Aquellos hermanos que se dejaron convencer se sintieron muy afligidos de que las manifestaciones de la sesión pudieran ser interpretadas —a veces correctamente— como viniendo de los espíritus de los muertos. Los hermanos progresistas bien intencionados no esperaban ninguna mención de los muertos, sino más bien de un mundo elemental general, por lo que también se sintieron decepcionados.

Sin embargo, estas actividades las llevaron a cabo personas que habían sido iniciadas de alguna manera. Y además de las hermandades ya mencionadas, tenemos que contar con otras, o con secciones de las mismas hermandades, en donde una minoría de miembros, o incluso una mayoría, consiste en iniciados que dentro de sus hermandades son conocidos como “hermanos de la izquierda”; son aquellos que tratan cada impulso que entra en la evolución humana como una cuestión de poder. Naturalmente, estos hermanos esperaban todo tipo de cosas del espiritismo.

Como dije ayer, fueron estos hermanos de la izquierda los que fueron especialmente responsables de tratar de la manera que describí con las almas de los muertos. Su interés se centraba en observar lo que salía de las sesiones de espiritismo, y gradualmente lograron controlar todo el campo. Los iniciados bien intencionados perdieron gradualmente todo interés en el espiritismo; en cierto sentido, se sentían avergonzados, porque aquellos que desde el principio se habían opuesto al espiritismo dijeron que desde un principio sabían que nada saldría de ello. Pero el resultado fue que el espiritismo cayó bajo el poder de los hermanos de la izquierda. Ayer dije que estos hermanos habían quedado decepcionados de la siguiente manera. Vieron que el espiritismo podría sacar a la luz lo que se habían propuesto y ante todo estaban ansiosos de que esto no sucediera.  Como las personas que asistían a las sesiones de espiritismo creían que estaban en contacto con los muertos, las comunicaciones de los muertos podían revelar lo que los hermanos de la izquierda estaban haciendo con las almas de los muertos.  Las mismas almas de las que estaban abusando podrían manifestarse en el curso de una sesión.

Deben por favor, una vez más, tener en cuenta que no estoy exponiendo teorías sino relatando hechos —hechos que se remontan a individuos particulares. Y cuando las personas se unen en hermandades, difieren en lo que esperan del mismo evento.  Cuando uno habla de hechos que pertenecen al mundo espiritual, siempre se trata de buscar el resultado de los impulsos individuales. En la vida ordinaria, una acción a menudo contradice a otra. Si se discuten las teorías, se debe observar la regla de la contradicción. Pero cuando uno habla de hechos, entonces —solo porque son hechos— muy a menudo encontraremos que los hechos en el mundo espiritual concuerdan tan poco como lo hacen las acciones humanas en el plano físico. Por lo tanto, les pido que tengan esto en cuenta. Uno no puede hablar de realidades en estos asuntos a menos que uno hable de hechos individuales. Ese es el punto. Por lo tanto, debemos mantener separadas las diferentes corrientes y distinguirlas.

Esto está conectado con algo muy importante, que debe ser mantenido claramente a la vista por cualquiera que desee llegar a una perspectiva más o menos satisfactoria del mundo. Es un punto fundamental, y debemos presentarlo ante nosotros, aunque sea algo abstracto.

Una persona que intenta construir una imagen razonable del mundo se esfuerza por armonizar sus elementos por separado. Lo hace por costumbre —un hábito completamente justificado, conectado durante muchos siglos con la posesión más querida de nuestras almas: con el monoteísmo. Por lo tanto, trata de llevar toda la gama de sus experiencias del mundo a un principio unitario. Esto es lo suficientemente válido a su manera —no, sin embargo, en el sentido en que se aplica habitualmente, sino en un sentido bastante distinto del que hablaremos la próxima vez. Hoy trataré solo con el principio esencial.

Si nos acercamos al mundo con la idea preconcebida de que todo debe ser explicable sin contradicciones, como si proviniera de una sola fuente, nos decepcionaremos una y otra vez cuando miramos sin prejuicios al mundo y las experiencias que nos brinda. Hemos adquirido el hábito de tratar todo lo que percibimos a la luz del concepto didáctico que dice que todo conduce a un origen divino unitario —todo se deriva de Dios y, por lo tanto, debe admitir un único modo de explicación.

Pero esto no es así. Las experiencias que encontramos en el mundo no surgen de una base única, sino de diversas individualidades espirituales, que juegan un papel en su producción. Ese es el punto esencial. Hablaremos mañana del sentido en que se justifica el monoteísmo. Hasta cierto punto, y de hecho hasta un nivel alto, debemos pensar en individualidades independientes tan pronto como crucemos el umbral del mundo espiritual. Y luego no podemos esperar explicar todo lo que experimentamos en términos unitarios. Tomen cualquier serie de eventos —digamos las experiencias encontradas desde 1913 hasta 1918. Un diagrama les mostrará naturalmente como se toma el curso desde dos direcciones a la vez …

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Un historiador siempre intentará reducir todo el proceso al funcionamiento de un único principio, pero no es así como suceden las cosas. Directamente cruzamos el umbral del mundo espiritual, ya sea hacia abajo o hacia arriba —es uno y lo mismo— encontramos que diferentes individualidades, relativamente independientes entre sí, están trabajando en estos eventos. Nunca comprenderemos el curso de los eventos si asumimos una única fuente para ellos; los veremos correctamente solo si en la turbulencia de los acontecimientos consideramos las actividades de las individualidades que trabajan con o uno contra el otro.

Esto es algo que pertenece a los secretos más profundos de la evolución humana. Durante siglos, incluso durante milenios, ha sido oscurecido por el sentimiento monoteísta, pero deben tenerlo en cuenta. Si hoy vamos a acercarnos a las preguntas fundamentales, sobre todo no debemos confundir la lógica con la libertad abstracta de las contradicciones. En un mundo en el que las individualidades independientes actúan simultáneamente, es inevitable que surjan contradicciones y esperar que no ocurran conduce a un empobrecimiento de las ideas; a ideas que no pueden abarcar toda la realidad. Las únicas ideas adecuadas serán aquellas que puedan captar un mundo lleno de contradicciones, porque ese es el mundo real.

Los reinos de la naturaleza que nos rodean nacen de una manera muy notable. En todo lo que llamamos naturaleza, en la naturaleza que abordamos a través de la ciencia por un lado y a través de la percepción estética por el otro, están trabajando varias individualidades. Pero en la fase presente de la evolución humana, una sabia Providencia ha ordenado un arreglo que es una gran bendición para la humanidad. Podemos asirnos de la naturaleza con ideas que asumen una dispensación monista, porque la percepción sensorial nos permite normalmente experimentar solo la mayor parte de la naturaleza de acuerdo con ese principio. Detrás del tapiz de la naturaleza hay algo diferente que se sostiene desde una dirección completamente diferente; pero la percepción sensorial lo cierra, admitiendo solo la mayor parte de la naturaleza que puede atravesar el tamiz.

Todo lo contradictorio se ve forzado, y la naturaleza nos es comunicada bajo la apariencia de un sistema monista. Pero directamente cruzamos el umbral y traemos los hechos verdaderos que influyen en la interpretación de la naturaleza —los hechos concernientes a los espíritus elementales o la influencia de las almas humanas, que también pueden actuar sobre la naturaleza— entonces ya no podemos hablar de un sistema monista aplicable a la naturaleza. Una vez más, vemos claramente que tenemos que ver con el funcionamiento de las individualidades que pueden oponerse o reforzarse mutuamente. En el mundo elemental encontramos espíritus de la tierra, gnomos; espíritus del agua, ondinas; espíritus del aire, sílfides; espíritus de fuego, salamandras. Están todos allí, pero no forman una sola banda unificada. Cada uno de los cuatro reinos es en cierto sentido independiente; no trabajan solo en base a un único sistema, sino que se oponen entre sí. Sus propósitos son, para empezar, completamente distintos; el resultado refleja las interacciones de sus propósitos en las formas más variadas. Si sabemos cuáles son estos propósitos, podemos discernir en un fenómeno dado el trabajo conjunto, digamos, de los espíritus de fuego y las ondinas. Pero nunca debemos suponer que detrás de ellos hay una sola autoridad que les dé órdenes definidas. Esta forma de pensar está muy extendida hoy; y filósofos como, por ejemplo, Wilhelm Wundt (a quien Fritz Mauthner describió con cierta justicia como “una autoridad por la gracia de su editor”) —sin embargo, antes de la guerra se clasificó como una autoridad en casi todas partes)— estos filósofos quieren forzar a una unidad toda la multiplicidad del alma, sus conceptos, sus sentimientos, su voluntad, porque dicen que el alma es una unidad y, por lo tanto, todo esto debe pertenecer a un sistema unitario. Pero eso no es así, y las tendencias fuertemente conflictivas en la vida humana, que el psicoanálisis pone en evidencia, no ocurrirían si nuestra vida conceptual no retrocediera más allá del umbral hacia regiones donde está influenciada por individualidades completamente diferentes de las que influencian nuestro sentimiento y nuestra voluntad.

Realmente es extraño! Aquí (dibujando en la pizarra) tenemos en el ser humano una vida conceptual, una vida de sentimientos y una vida volitiva. Sin embargo, un sistematizador como Wundt no puede evitar la idea de que todo esto debe formar un solo sistema. De hecho, la vida de los conceptos conduce a un mundo, la vida del sentimiento a otro mundo, y la vida de la voluntad a otro. La función del alma humana es precisamente unificar las actividades que en el mundo prehumano —y, por lo tanto, en el aun existente mundo prehumano— es triple.

Todas estas cosas deben tenerse en cuenta tan pronto como estudiemos los impulsos que han actuado en la evolución humana. Ya he dicho que cada época post-Atlante tiene una tarea especial, y he descrito la tarea para la humanidad en la quinta época post-Atlante como la de aceptar el mal como un impulso en la evolución del mundo. Hemos hablado de lo que esto significa desde varios puntos de vista. La necesidad indispensable es que las fuerzas que se manifiestan como mal cuando aparecen en el lugar equivocado sean superadas por el esfuerzo humano durante esa época, de modo que los hombres puedan comenzar a hacer de estas fuerzas algo favorable para el futuro de la evolución cósmica. Por lo tanto, la tarea de esta quinta época post-Atlante es especialmente ardua, y muchas tentaciones están por venir. Y a medida que los poderes del mal hacen su aparición en etapas graduales, los hombres naturalmente están mucho más inclinados a cederles el lugar en todos los ámbitos en lugar de luchar para colocar lo que parece ser el mal al servicio del curso correcto del desarrollo mundial. Esto, sin embargo, es lo que tiene que suceder —hasta cierto punto, el mal debe convertirse en un buen fin. De lo contrario, no podremos avanzar hacia la sexta época post-Atlante, que tendrá una tarea bastante diferente. Su tarea será permitir que los hombres, mientras están todavía conectados con la Tierra, tengan el mundo espiritual continuamente a la vista y vivan de acuerdo con los impulsos espirituales. Es precisamente en relación con la tarea de oponerse al mal durante nuestra época que puede ocurrir un cierto oscurecimiento de la personalidad humana.

Sabemos que desde 1879 los Espíritus de la Oscuridad que están más cerca del hombre, y que pertenecen al reino de los Ángeles, están vagando por el mundo humano, porque fueron arrojados desde el mundo espiritual. Por lo tanto, están presentes en los impulsos humanos y trabajan a través de ellos. Solo porque estos seres puedan trabajar invisiblemente, tan cerca del hombre, y por su influencia impedir que reconozca lo espiritual con la razón —que también es una tarea para nuestra época— entonces en esta época hay muchas oportunidades para rendirse a todo tipo de errores y observaciones que pertenecen a la oscuridad del mal. Durante esta época, el hombre tiene que aprender gradualmente a captar lo espiritual con su razón; porque se le ha ofrecido esta posibilidad al vencer a los Espíritus de la Oscuridad en 1879, como resultado de lo cual ha podido fluir desde los mundos espirituales cada vez más sabiduría espiritual. Solo si los Espíritus de la Oscuridad hubieran permanecido allí en los reinos espirituales hubieran podido obstruir este flujo. De ahora en adelante no pueden hacer nada para obstaculizarlo; pero pueden continuar creando confusión y oscurecer a las almas humanas. Ya hemos descrito en parte las oportunidades que tienen para hacer esto, y las precauciones que han tomado para evitar que los hombres reciban sabiduría espiritual. Todo esto, por supuesto, no da ocasión para lamentarnos, sino para fortalecer la energía humana y aspirar a lo espiritual. Porque si los hombres logran lo que se puede lograr en esta época al tomar las fuerzas del mal y convertirlas en buenos fines, entonces al mismo tiempo lograrán algo tremendo: esta quinta época post-Atlante ganará para la evolución humana concepciones más grandiosas que las de cualquier otra época post-Atlante, o de hecho de cualquier época anterior. Por ejemplo, el Cristo apareció y pasó por el Misterio del Gólgota durante la cuarta época post-Atlante, pero solo en nuestra quinta época será posible que la razón humana abarque el significado de este evento. En la cuarta época, los hombres podían comprender que en el Impulso de Cristo tenían algo que llevaría sus almas más allá de la muerte: esto quedó suficientemente claro a través del cristianismo paulino.

La quinta época traerá un desarrollo aún más importante: los hombres llegarán a reconocer al Cristo como su ayudante en la tarea de transformar las fuerzas del mal en bien. Pero conectado con esta característica de la quinta época hay un hecho que debemos inscribir diariamente en nuestras almas y nunca olvidar, aunque estamos prontos a olvidarlo. En esta época tenemos que ser luchadores del espíritu: debemos darnos cuenta de que nuestras fuerzas disminuyen a menos que se las mantenga constantemente en entrenamiento para la conquista del mundo espiritual. En esta quinta época, el hombre depende, en el más alto grado, de su libertad, y debe experimentarla plenamente. Y la idea de la libertad humana debería ser el criterio de todo lo que encuentre en esta época. Porque si las energías humanas se debilitaran, todo podría volverse malvado. El hombre ya no está en condiciones de ser guiado como un niño. Si el objetivo de ciertas hermandades es tratarlo de esta manera, como lo fue en la tercera y cuarta época, están lejos de hacer lo correcto y no están avanzando en la evolución humana. Cualquiera que en esta época hable del mundo espiritual debe recordarse a sí mismo constantemente que debe hacerlo de tal manera que la aceptación o el rechazo se deje en manos de la libertad del individuo. Por lo tanto, solo ciertas cosas pueden ser dichas; pero el dicho es tan importante como cualquier otra forma de presentarlos en otras épocas. Les daré un ejemplo.

En nuestro tiempo la comunicación de verdades —o, si puedo usar una frase trivial, dar una conferencia sobre ellas—  es lo más importante. La gente debería entonces ser dejada a actitud de libre elección.  Uno no debe ir más allá de la conferencia, de la comunicación de verdades; el resto debe seguir la decisión libre, al igual que cuando alguien toma una decisión en el plano físico. Esto se aplica también a las cosas que, en cierto sentido, solo pueden ser dirigidas y guiadas desde el mundo espiritual.

Lo comprenderemos mejor si entramos en detalles. Durante la cuarta época post-Atlante todavía era necesario considerar otras cosas, no solo la palabra hablada. ¿Cuáles fueron estas otras cosas? Tomemos una instancia definida. La isla de Irlanda, para usar su nombre moderno, tiene características bastante especiales que la distinguen del resto del mundo. Cada parte de la Tierra tiene algunas características distintivas —no hay nada inusual en eso— pero el punto aquí es que Irlanda los tiene en un grado excepcional. Saben por mi Ciencia Oculta que es posible mirar hacia atrás y discernir varias influencias que han fluido desde el mundo espiritual hacia la evolución de la Tierra. También han escuchado cómo eran las cosas en la Era Lemuriana y de los diversos desarrollos evolutivos desde entonces. Ayer llamé la atención sobre el hecho de que toda la tierra debe ser considerada como un organismo vivo, y que las diversas influencias que irradian a los habitantes de territorios particulares tienen un efecto especial sobre el “doble”, también mencionado ayer. En la antigüedad, las personas que conocían Irlanda daban expresión a sus peculiares características en forma de mitos y leyendas. Podría hablar de una leyenda esotérica que indica la naturaleza de Irlanda dentro de todo el organismo terrestre. Se decía que Lucifer había tentado una vez a la humanidad en el Paraíso, por lo que la humanidad fue expulsada y esparcida por la Tierra, que ya existía en ese momento. Por lo tanto, se hizo una distinción —por lo que la leyenda nos dice— entre el Paraíso, con Lucifer en él, y el resto de la Tierra. Pero con Irlanda fue diferente. Irlanda no pertenecía en el mismo sentido al resto de la Tierra, porque del Paraíso, antes de que Lucifer ingresara en él, se había creado una imagen de sí mismo en la Tierra, y esa imagen se convirtió en Irlanda.

Vamos a entender esto claramente. Irlanda es esa parte de la tierra en la que Lucifer no tiene participación, no tiene conexión con Lucifer. La parte del Paraíso que tuvo que separarse, para que una imagen terrenal del mismo pudiera existir, se habría interpuesto en el camino de la entrada de Lucifer al Paraíso. De acuerdo con esta leyenda, por lo tanto, se concibió que Irlanda había sido, antes que nada, esa parte del Paraíso que habría mantenido a Lucifer fuera. Solo cuando Irlanda se separara, podría entrar Lucifer.

Esta leyenda, de la que he dado un relato muy incompleto, es muy hermosa. Para muchas personas, explica la tarea bastante individual de Irlanda a través de los siglos. En el primero de mis Dramas Misterio encontrarán lo que se ha descrito a menudo: cómo Europa fue cristianizada por los monjes irlandeses. Después de que Patrick introdujera el cristianismo en Irlanda, se produjo que el cristianismo condujo a la más alta devoción espiritual. En una interpretación adicional de la leyenda que acabo de describir, Irlanda —Ierne para los griegos e Hibernia para los romanos— incluso se la llamó la isla de los santos, debido a la piedad que allí prevalecía en los monasterios cristianos. Esto está relacionado con el hecho de que las fuerzas que irradian de la Tierra y se apoderan del “doble” están en su mejor momento en la isla de Irlanda.

Dirán: entonces los irlandeses deberían ser los mejores hombres. ¡Pero no es así cómo funcionan las cosas en el mundo! La gente inmigra a todas las regiones de la Tierra y tiene descendientes, y así sucesivamente. Por lo tanto, los seres humanos no son simplemente un producto del pedazo de tierra donde viven; su personaje bien puede contradecir las influencias que provienen de la tierra. No debemos atribuir su desarrollo a las cualidades encontradas en una parte particular del organismo terrestre; eso sería meramente sucumbir a las ilusiones.

Pero podemos decir, más o menos como he dicho hoy, que Irlanda es una tierra muy especial y este es uno de los factores entre los que debería obtenerse una fructífera elaboración de las ideas político-sociales. Irlanda es uno de esos factores, y todos estos factores deben tenerse en cuenta conjuntamente. De esta manera, debemos desarrollar una ciencia de las relaciones humanas en la Tierra. Hasta que eso se haga, no habrá salud real en la organización de los asuntos públicos. Lo que puede ser comunicado desde el mundo espiritual debe fluir en cualquier medida que se tome. Por esta razón, he dicho en conferencias públicas que los estadistas y otros interesados en asuntos públicos deberían familiarizarse con estas comunicaciones, ya que solo entonces podrán controlar la realidad. Pero ellos no hacen esto, o al menos no lo han hecho hasta ahora; sin embargo, la necesidad de hacerlo permanece.

Esta conversación, esta comunicación, es lo importante hoy, de acuerdo con las tareas de la quinta época post-Atlante, porque entonces, antes de hablar se pasa a acciones, las decisiones deben tomarse tal como se toman en relación con los impulsos en el plano físico En tiempos anteriores era diferente; otros métodos podrían ser empleados.

En un momento particular en la tercera época post-Atlante, cierta hermandad tuvo la oportunidad de enviar un gran número de colonos de Asia Menor a Irlanda. Estos colonos vinieron de la región donde mucho más tarde, en la cuarta época, nació el filósofo Tales. Fue de este mismo entorno espiritual que los iniciados enviaron colonos a Irlanda, ¿por qué?.  Porque eran conscientes de las características especiales de una tierra como Irlanda, como lo indica la leyenda esotérica que les mencioné.

Sabían que las fuerzas que surgen de la tierra a través del suelo de Irlanda actúan de tal manera que las personas allí están poco influenciadas hacia el desarrollo de la intelectualidad, o el yo, o hacia una capacidad para tomar decisiones. Los iniciados que enviaron estos colonos a Irlanda lo sabían muy bien, y eligieron personas que parecían ser kármicamente adecuadas para exponerse a tales influencias. En Irlanda todavía existen descendientes de los antiguos inmigrantes de Asia Menor que no tenían la intención de desarrollar ningún rastro de intelectualidad o de poder de razonamiento o de decisión, sino que, manifestaban ciertas cualidades especiales del temperamento en un grado sobresaliente.

Así que, como pueden ver, se hicieron los preparativos con mucho tiempo de anticipación para la interpretación pacífica del cristianismo que finalmente encontró alcance en Irlanda, y para los gloriosos desarrollos que condujeron a la cristianización de Europa. Los últimos compatriotas de Tales enviaron a Irlanda personas que demostraron ser muy adecuadas para convertirse en esos monjes que podrían trabajar de la manera que he descrito. Esos planes a menudo se llevaban a cabo en tiempos anteriores, y cuando en la historia externa escrita por historiadores que carecen de comprensión —aunque, por supuesto, pueden ser lo suficientemente inteligentes, porque la inteligencia de hoy puede ser recogida en la calle — si encuentran relatos de las antiguas colonizaciones, deben tener en claro que detrás de ellas yace una sabiduría de gran alcance. Fueron guiados y guiados a la luz de lo que iba a suceder en el futuro, y siempre se tuvieron en cuenta las características locales de la evolución de la Tierra.

Esa fue otra forma de introducir la sabiduría espiritual en el mundo. No debería ser adoptado hoy por nadie que esté siguiendo el camino correcto. Prescribir el movimiento de personas contra su voluntad, para dividir partes de la Tierra, estaría mal. La forma correcta es impartir hechos verdaderos y dejar que las personas decidan por sí mismas sus acciones.

Por lo tanto, pueden ver que ha habido un avance real desde la tercera y cuarta época post-Atlante hasta el presente; y esto es algo que debemos comprender con bastante claridad. Debemos reconocer cómo este impulso de libertad debe penetrar en todas las tendencias dominantes de la quinta época post-Atlante. Porque es precisamente esta libertad de la mente humana a la que se opone ese adversario del que he hablado —el “doble” que acompaña al hombre desde poco antes del nacimiento hasta la muerte, aunque justo antes de la muerte tiene que partir. Si alguien está bajo la influencia que procede directamente del “doble”, puede provocar toda clase de cosas que pueden aparecer en esta época pero que no están en armonía con ella. Entonces no le será posible cumplir su tarea de luchar contra el mal de tal manera que, en cierta medida, el mal se convierta en bien.

¡Solo piensen en todo lo que realmente se esconde detrás de la situación de la humanidad en la quinta época post-Atlante! Los hechos detallados deben ser vistos y entendidos en sus verdaderos colores. Porque donde sea que el “doble” esté fuertemente activo, estará trabajando contra la humanidad. En esta quinta época post-Atlante, la gente no ha alcanzado la etapa de poder juzgar los hechos correctamente; particularmente durante estos últimos tres tristes años, no se han inclinado a formar verdaderos juicios.

Tomemos un hecho que parece estar muy alejado de nuestro tema inmediato. En una ferretería grande, debían cargarse 10.000 toneladas de hierro fundido en camiones ferroviarios. Un número definido de trabajadores —75— fueron asignados al trabajo, y parecía que cada hombre podía cargar 12½ toneladas por día.

Hubo un hombre llamado Taylor en quien la influencia del “doble” prevaleció sobre las necesidades del alma humana en nuestra época. Primero preguntó a los gerentes si no pensaban que un hombre podía cargar mucho más de 12½ toneladas por día. Dijeron que, en su opinión, un obrero podría cargar 18 toneladas al día como máximo. Taylor luego pidió algunos experimentos.

Entonces, ya ven, ¡Taylor procedió a experimentar con los seres humanos! Los estándares de la máquina debían trasladarse a la vida social. Taylor deseaba saber si era cierto, como creían los gerentes, que 18 toneladas diarias era lo máximo que un hombre podía cargar. Ordenó períodos de descanso, calculados en términos fisiológicos para que fueran lo suficientemente largos como para que un hombre recuperara la energía que había gastado previamente. Naturalmente, los resultados variaban según las personas. Esto no importa con las máquinas —simplemente toman la media aritmética— pero no se puede hacer apropiadamente con los seres humanos, porque cada individuo tiene su propia capacidad justificada. De todos modos, Taylor lo hizo, es decir, eligió a aquellos obreros cuya necesidad de descanso correspondía al período que él había calculado; los demás simplemente fueron expulsados. El resultado fue que los trabajadores seleccionados, a fuerza de restaurar completamente sus energías durante los períodos de descanso, fueron capaces de cargar 47 ½ toneladas por día.

Aquí tenemos la mecánica de la teoría darwiniana aplicada a la vida laboral: el ajuste se mantuvo y el no apto se descartó. El ajuste en este caso fueron aquellos que, con la ayuda de los períodos de descanso dados, podían cargar 47½ toneladas, en lugar de las 18 toneladas consideradas anteriormente como el máximo. De esta manera, los obreros también podrían estar satisfechos, ya que se efectuaron economías tan enormes que los salarios podrían aumentarse en un 60 por ciento. Así, los obreros elegidos, que habían demostrado estar en forma en la lucha por la existencia, estaban muy complacidos. Pero, ¡los no aptos podrían pasar hambre!.

Este es solo el comienzo de un principio de largo alcance. Tales cosas se notan poco, porque no se ven —como deben ser vistas— a la luz de los grandes problemas involucrados. Hasta ahora no hemos ido más allá de la aplicación de ideas científicas defectuosas a la vida humana; pero el impulso subyacente permanece. El siguiente paso será hacer un uso similar de las verdades ocultas que se revelarán en el curso de la quinta época post-Atlante. El darwinismo no contiene verdades ocultas, pero su aplicación con experimentos directos en seres humanos tendría resultados horribles. Pero si se introducen verdades ocultas, a medida que estén disponibles, será posible usarlas para obtener un enorme poder sobre los hombres, aunque solo sea mediante una selección continua de los “más aptos”.Pero las cosas no se detendrán allí. Habría un esfuerzo por usar un cierto descubrimiento oculto para hacer que los aptos sean cada vez más aptos… y eso significa que se lograría un tremendo poder para lograr la utilización de los seres humanos —un poder directamente opuesto a las buenas tendencias de la quinta época post-Atlante.

Quería darles estos ejemplos interrelacionados para mostrarles cómo comienzan esas intenciones de gran alcance, y cómo estas cuestiones deben ser iluminadas desde puntos de vista más elevados.

La próxima vez volveremos nuestra atención a las tres o cuatro grandes verdades a las que debe llegar la quinta época post-Atlante, y cómo podrían ser mal utilizadas si, en lugar de alinearse con las tendencias legítimas de la época, fueran colocadas al servicio del “doble”, representado por aquellas hermandades que desean establecer otro ser en lugar del Cristo.

Traducido por Gracia Muñoz en noviembre de 2017.

 

GA178bc1. Uso incorrecto y correcto del conocimiento esotérico

Rudolf Steiner — Dornach, 18 de noviembre de 1917

English version

Recordarán que hemos estado considerando desde varios puntos de vista, las afirmaciones asociadas actualmente por los psicoanalistas. El punto esencial era poner de manifiesto el hecho de que la idea del inconsciente que prevalece en el psicoanálisis carece de fundamento. Mientras persista esta idea, una idea puramente negativa, diremos que el psicoanálisis se aproxima con medios de conocimiento inadecuados, a un fenómeno de especial importancia para nuestro tiempo. Y debido a que los psicoanalistas están tratando de explorar la mente y el alma e investigar sus implicaciones en la vida social, debemos decir que su forma de abordar es mucho más significativa que cualquier otra cosa que los estudios académicos que ofrecen en este mismo campo. Por otro lado, debido a que el psicoanálisis está intentando, a través de la pedagogía y la terapéutica, y pronto, probablemente, a través de ideas sociales y políticas, influenciar profundamente a la vida humana, siempre deben valorarse muy seriamente los riesgos ligados a tal enfoque.

Ahora surge la pregunta: ¿qué es realmente lo que estos investigadores modernos no pueden alcanzar o no quieren alcanzar? Ellos reconocen que existe un elemento del alma al margen de la conciencia; lo buscan fuera de la conciencia; pero no pueden llegar al punto de reconocer el espíritu mismo.  El espíritu nunca puede ser atrapado por la idea del inconsciente, porque un espíritu inconsciente es como un hombre sin cabeza.  Ya he llamado la atención sobre el hecho de que hay personas, víctimas de ciertas condiciones histéricas, que cuando caminan por las calles ven a los demás solo como cuerpos, sin cabeza. Esa es una enfermedad definida. Así que entre los investigadores actuales hay algunos que creen que pueden discernir todo el espíritu, pero como suponen que es inconsciente, muestran que están bajo el engaño de que un espíritu inconsciente, un espíritu sin conciencia, sería encontrado por cualquiera que cruzara el umbral, ya sea en el sentido correcto, como se describe en el terreno de la investigación científico espiritual, o por el tipo de enfermedad anormal que atrae la atención de los psicoanalistas.

Cuando cruzamos el umbral de la conciencia, siempre entramos en un reino espiritual; si es un reino subconsciente o supraconsciente no hace ninguna diferencia. Siempre entramos en un ámbito donde el espíritu es en cierto sentido consciente, donde muestra una conciencia de algún tipo. Tenemos que descubrir las condiciones bajo las cuales prevalece una forma dada de consciencia; incluso debemos aprender a través de la Ciencia Espiritual la posibilidad de reconocer qué clase de conciencia tiene una espiritualidad particular.

Ya les he contado el caso de la señora que se va de una fiesta, corre delante de un carruaje de caballos y se ve obligada a tirarse al río y regresar a la casa que acaba de dejar, para volver a estar bajo el mismo techo del anfitrión, de quien ella está inconscientemente enamorada. En tal caso, no debería decirse que el espíritu que está fuera de la conciencia de la dama, el espíritu que la impulsa y dirige, es una parte inconsciente del alma: es altamente consciente. La conciencia de este espíritu demoníaco (que llevó a la dama de vuelta a su amante ilegal) es mucho más inteligente que la dama en su piso superior, debería decir, en su conciencia.

Y estos espíritus, que se encuentran siempre que el umbral de la conciencia se cruzan de una forma u otra, y allí son activos y potentes, no están inconscientes; ellos son muy efectivamente conscientes del propósito de sus propias actividades. La frase “espíritu inconsciente”, tal como la usan los psicoanalistas, no tiene sentido: podría simplemente decir, si quisiera hablar meramente desde mi propio punto de vista, que toda la distinguida compañía sentada aquí es mi inconsciente, suponiendo que no supiera nada de ellos. Igual de poco se puede describir como “espíritus inconscientes” aquellos seres espirituales que están a nuestro alrededor, y que pueden echar mano de una personalidad, como en el caso del que les hablé hace una semana. Ellos no están inconscientes; están fuera del alcance de nuestra conciencia normal, pero son totalmente conscientes por su propia cuenta.

Es extraordinariamente importante —precisamente en conexión con la tarea de la Ciencia Espiritual en nuestro tiempo— estar al tanto de esto, porque el conocimiento del ámbito espiritual que se encuentra más allá del umbral, lo que significa un conocimiento de individualidades reales y conscientes, no es simplemente un descubrimiento de la Ciencia Espiritual actual; de hecho es un conocimiento primordial. En tiempos anteriores, llegó a través de la antigua y atávica clarividencia. Hoy debe alcanzarse gradualmente, por otros métodos. Pero el conocimiento de estos seres espirituales, que viven fuera de nuestra conciencia bajo condiciones diferentes a las nuestras, pero que tienen una relación duradera con los seres humanos y pueden apropiarse del pensamiento, sentimiento y voluntad de una persona, este conocimiento siempre ha existido.

Y dentro de ciertas hermandades, que siempre consideraron este conocimiento como una propiedad secreta, fue tratado como altamente esotérico. ¿Por qué fue esto así? Discutir esta pregunta completamente nos llevaría demasiado lejos en este momento, pero debe decirse que ciertas hermandades particulares estaban honestamente convencidas de que la gran mayoría de la gente no estaba preparada para este conocimiento. Y de hecho esto era verdad hasta cierto punto. Pero muchas otras hermandades, llamadas las de la izquierda, intentaron mantener este conocimiento para sí mismas, porque cuando es poseído por un pequeño grupo, les da poder sobre los otros que no lo tienen.  Y así se crean ciertos grupos que se esfuerzan siempre en asegurarse el poder sobre los demás. Por lo tanto, podría ocurrir que cierto tipo de conocimiento se considerara como una posesión esotérica, pero de hecho se utilizaba para obtener poder sobre una cosa u otra.

En este tiempo presente, es particularmente necesario tener mucha claridad acerca de estas cosas. Porque ustedes saben que desde 1879 la humanidad está viviendo en una situación espiritual muy especial. Los espíritus de las tinieblas, particularmente poderosos fueron arrojados del mundo espiritual al reino humano, y aquellas personas que de manera ilícita mantienen en secreto este evento como posesión de sus pequeños grupos son capaces de provocar todo lo posible por este medio. Ahora, ante todo, les mostraré cómo ciertos secretos que conciernen al desarrollo actual pueden aprovecharse indebidamente. Entonces deberán tener cuidado de llevar lo que voy a decir hoy, más bien en líneas históricas, a una estrecha conexión con lo que agregaré mañana.

Como todos ustedes saben, a menudo he llamado la atención dentro de nuestro movimiento al hecho de que este siglo debe llevar la evolución humana a una relación especial con Cristo, en el sentido de que durante este siglo —e incluso durante la primera mitad— se producirá el evento indicado en mi primer Drama Misterio: el Cristo aparecerá ante un número cada vez mayor de personas como un Ser verdadero e inmediatamente presente en el reino etérico. Ahora sabemos que estamos viviendo en la era del materialismo, y que desde mediados del siglo XIX este materialismo ha alcanzado su punto máximo. Pero en realidad los opuestos siempre caminan juntos. Precisamente, el punto álgido del materialismo está necesariamente acompañado de ese desarrollo interior que hace posible que el Cristo sea realmente visto en el ámbito etérico. Ustedes pueden entender que la revelación de este secreto, concerniente a la manifestación etérica de Cristo y a la nueva relación resultante de Cristo con la evolución humana, da lugar a resentimiento y mala voluntad entre los miembros de ciertas hermandades que deseaban hacer uso de este evento, de la aparición del Cristo etérico, para sus propios fines y no querían que se convirtiera en una propiedad común de la Humanidad.

Hay hermandades —y estas agrupaciones siempre influyen en la opinión pública diseminando esto o aquello de tal manera que moleste a la gente lo menos posible— que expresaron la idea de que el tiempo del materialismo pronto terminaría, o de que ya había llegado a su fin. Las pobres y lamentables “personas inteligentes” que hoy se promueven a través de tantas reuniones, libros y sociedades, la idea de que el materialismo ha terminado y que algo del espíritu está ahora al alcance, pero sin poder ofrecer a la gente más que la palabra “espíritu” y pequeñas frases de un tipo similar —estas personas están más o menos al servicio de aquellos que tienen interés en declarar lo que no es cierto: que el materialismo está en ruinas. Eso está lejos de ser cierto: por el contrario, la perspectiva materialista progresa y prosperara mejor cuando a las personas se les enseña que ya no son materialistas.  La perspectiva materialista está avanzando rápidamente y continuará avanzando durante unos cuatrocientos o quinientos años.

Lo esencial, como a menudo se ha enfatizado aquí, es ser claramente consciente de los hechos. La humanidad comenzará a recuperarse cuando, a través del trabajo en la vida del espíritu, las personas lleguen a conocer y ver en su verdadera luz el hecho de que la quinta época post-Atlante está destinada a crear un estado materialista del ser en la corriente general de la evolución humana. Pero tanto más, entonces, debe establecerse un estado espiritual del ser en oposición a este materialismo. Lo que la gente de nuestra época debe aprender es la necesidad de librar una lucha totalmente consciente contra el mal que se está abriendo paso en la evolución. Al igual que en la cuarta época, la lucha fue llegar a un acuerdo con el nacimiento y la muerte, ahora tenemos que aceptar el mal. Por lo tanto, el punto es captar la enseñanza espiritual con plena consciencia, no arrojar arena a los ojos de nuestros contemporáneos, como si el demonio del materialismo no estuviera allí. Aquellos que manejan estos asuntos de una manera honesta saben tan bien como yo sobre el evento de la aparición de Cristo, pero lo tratan de manera diferente. Y para entender esto, debemos prestar atención a lo siguiente.

Ahora que estamos viviendo en la quinta época post-Atlante, es un error decir, como a muchas personas les gusta decir cómodamente: “Durante esta vida entre el nacimiento y la muerte, lo mejor es entregarse a la vida; si después de la muerte entramos en un mundo espiritual se revelará lo suficientemente pronto  —o eso podemos esperar. Aquí y ahora disfrutaremos de nuestra vida, como si solo existiera un mundo material; si más allá de la muerte pasamos a un mundo espiritual, entonces sabremos si hay un mundo espiritual allí”. Eso es tan inteligente como si alguien hiciera un juramento diciendo: “¡Tan cierto como que hay un Dios en el cielo, soy un ateo!”. Sin embargo, hay muchas personas que lo toman literalmente: “Después de la muerte, sabremos cómo son las cosas allí. Hasta entonces, no hay necesidad de ocuparse de ningún tipo de conocimiento espiritual”. Esta forma de pensar ha sido muy tentadora siempre, en todas las épocas, pero en nuestra época es particularmente desastrosa, porque la tentación de disfrutar de ella se acerca mucho a las personas debido al poder y la prevalencia del mal. Cuando en las condiciones actuales de la evolución un hombre atraviesa el portal de la muerte, lleva consigo la forma de conciencia que ha desarrollado entre el nacimiento y la muerte. Si se ha ocupado por completo de conceptos, ideas y experiencias del mundo material, del mundo de los sentidos, se condena a vivir después de la muerte en un entorno relacionado con esas ideas. Mientras que el hombre que ha absorbido conceptos espirituales entra al mundo espiritual de la manera correcta, el hombre que se ha negado a aceptarlos tendrá que permanecer atado a las relaciones terrenales en cierto sentido, hasta —y eso lleva mucho tiempo— que aprenda allí a absorber suficientes ideas espirituales para llevaras al mundo espiritual. En consecuencia, si hemos absorbido o no las ideas espirituales en esta vida se determina nuestro ambiente allí. Muchos de los —uno solo puede decirlo con simpatía— que se resistieron a las ideas espirituales durante esta vida, o se les impidió absorberlas, se encuentran vagando por la Tierra, todavía atados al reino terrenal. Y un alma en esta situación, ya no está separada de su entorno por el cuerpo, y el cuerpo ya no le impide trabajar de manera destructiva: tal alma, si continúa habitando en la esfera terrestre, se convierte en un foco destructivo.

Así vemos que en estos casos —podríamos llamarlos normales hoy en día— cuando las almas que no han querido tener nada que ver con las ideas y sentimientos espirituales, cruzan el umbral de la muerte, se convierten en focos destructivos, porque quedan retenidas en la esfera terrestre. Solo aquellas almas que en esta vida están impregnadas por una cierta conexión con el mundo espiritual pasan por la puerta de la muerte de tal manera que son aceptadas en el mundo espiritual, liberadas de la esfera de la Tierra, y son capaces de tejer los hilos que pueden enlazarse continuamente con los que han dejado atrás. Porque debemos ser claros al respecto: los hilos espirituales entre los muertos y aquellos que estaban cerca de ellos no se cortan con la muerte; permanecen y son mucho más íntimos de lo que fueron durante la vida.

Esto que he estado diciendo debe tomarse como una verdad muy seria e importante. Una vez más, no es algo que conozca yo solo; otros saben que así son las cosas en este momento. Pero hay muchos que hacen uso de esta verdad en un muy mal sentido. Porque si bien hay materialistas equivocados que creen que esta vida es la única vida, también hay iniciados que son materialistas y que diseminan enseñanzas materialistas a través de sus hermandades. No deben suponer que estos materialistas adoptan la débil opinión de que no existe el espíritu, o que los hombres no tienen almas que puedan vivir independientemente del cuerpo. Pueden estar seguros de que cualquiera que realmente haya sido iniciado en el mundo espiritual nunca sucumbirá a la necedad de creer solo en la materia. Pero hay muchos que tienen cierto interés en difundir el materialismo y tratan por todos los medios de asegurarse de que la mayoría de los hombres solo crean en el materialismo y vivan bajo su influencia. Y hay hermandades dirigidas por iniciados que tienen este interés. Se adaptan muy bien a estos materialistas cuando se dice constantemente que el materialismo ya se ha superado. Porque cualquier cosa puede promoverse hablando de ella en un sentido opuesto; a menudo son necesarias maniobras muy complicadas.

¿Cuáles son entonces los objetivos de estos iniciados, que en realidad saben muy bien que el alma humana es una entidad puramente espiritual, independiente del cuerpo, y sin embargo aprecian y cultivan la visión materialista en otras personas? Lo que quieren es que la mayor cantidad posible de almas absorba solo ideas materialistas entre el nacimiento y la muerte. Por lo tanto, estas almas están preparadas para permanecer en la esfera terrenal, y ser retenidas allí. Y ahora observen que hay hermandades que están equipadas para saber todo sobre esto. Estas hermandades preparan a ciertas almas humanas para permanecer después de la muerte en el reino material; luego organizan las cosas, y esto es posible por su infame poder, para que estas almas estén bajo la protección de su hermandad, y de ahí la hermandad adquiere una enorme fuerza. Así que estos materialistas no son materialistas, porque no creen en el espíritu; estos materialistas iniciados no son tan tontos como para hacer eso, y de hecho conocen lo suficiente la verdad sobre el espíritu, pero obligan a las almas humanas a permanecer atadas al reino material después de la muerte, para poder usar estas almas para sus propios fines. Así, estas hermandades construyen una especie de clientela de almas de entre los muertos que permanecen en la esfera de la Tierra. Estas almas tienen en ellas ciertas fuerzas que pueden ser guiadas de la manera más variada, y por este medio es posible alcanzar oportunidades bastante especiales para ejercer poder sobre aquellos que no están iniciados en estas cosas.

Como ven nada menos que ese es el plan de ciertas hermandades. Y nadie entenderá estos asuntos con claridad a menos que mantenga limpios los ojos y se nieguen a dejarse llevar por las sugerencias de que esas cofradías no existen o que sus actividades son inofensivas. De hecho, son extremadamente dañinas; la intención de estos iniciados es que los hombres sean llevados más y más al materialismo y deben llegar a creer que en realidad existen fuerzas espirituales, pero que éstas no son más que ciertas fuerzas de la naturaleza.

Ahora me gustaría describirles el ideal que estos iniciados persiguen. Es necesario un cierto esfuerzo para comprender estas cosas. Imagínense un mundo de personas inofensivas: están un poco engañadas por las ideas materialistas imperantes, un poco alejadas de las antiguas ideas religiosas bien fundadas. Imaginen esto: tal vez un diagrama sea útil.

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Aquí (círculo más grande) está el reino de seres humanos inofensivos. No tienen mucha claridad sobre el mundo espiritual; engañados por el materialismo, no están seguros de qué actitud adoptar hacia el mundo espiritual, y especialmente hacia aquellos que han pasado por la puerta de la muerte. Ahora consideren esto: aquí (círculo más pequeño) tenemos el reino de la hermandad que he descrito. Sus miembros se dedican a difundir la doctrina del materialismo; se están ocupando de que estas personas piensen en términos puramente materialistas. De esta forma, están entrenando a las almas para que permanezcan en la esfera terrestre después de la muerte. Estas almas se convertirán en una clientela de la logia; se pueden tomar las medidas apropiadas para mantenerlos dentro de la logia. Así, la hermandad ha creado una logia que abarca tanto a los vivos como a los muertos; pero son aquellos muertos que aun están relacionados con las fuerzas de la Tierra.

Luego se dispuso que debieran celebrarse las sesiones de espiritismo, tal como se celebraron durante la segunda mitad del siglo diecinueve. Entonces puede suceder —tengan en cuenta esto cuidadosamente— que lo que ocurre en las sesiones se dirige por la logia, con la ayuda de los muertos. Pero la verdadera intención de los maestros que pertenecen a las logias de ese tipo era que las personas no deberían saber que estaban tratando con los muertos, sino que deberían creer que estaban en contacto simplemente con las fuerzas superiores de la naturaleza. Debían quedar convencidos de que estas fuerzas superiores, las fuerzas psíquicas y similares, existen, pero que son fuerzas superiores de la naturaleza y nada más. Debían tener la idea de que, al igual que la electricidad y el magnetismo, también existen fuerzas superiores de un tipo similar. El hecho de que estas fuerzas provienen de las almas era precisamente lo que los líderes de la logia querían mantener oculto. De esta manera, las personas “inofensivas” gradualmente se volverían completamente dependientes en la vida anímica de la logia, sin saber que son dependientes o desde qué corriente son guiadas.

El único arma contra estos procedimientos es saber sobre ellos. Si sabemos sobre ellos, estamos protegidos; si los tomamos en serio y creemos en la verdad de nuestro conocimiento, estamos seguros. Pero no debemos tomar demasiado cómodamente la tarea de hacer que este conocimiento sea nuestro. Todavía no es demasiado tarde. A menudo he insistido en que estos asuntos se pueden aclarar solo por grados, y que solo por grados se pueden reunir los hechos esenciales para completar la imagen.

Como he dicho a menudo, en el transcurso del siglo XIX muchas hermandades introdujeron el espiritismo de forma experimental, para ver si habían llegado tan lejos con la humanidad como lo deseaban. Su expectativa era que en las sesiones espiritistas la gente considerara que estaban trabajando las fuerzas superiores de la naturaleza. Los hermanos de la izquierda quedaron muy decepcionados cuando la mayoría de la gente asumió, en cambio, que se estaban manifestando los espíritus de los muertos. Esta fue una amarga desilusión para estos iniciados; era justo lo que no querían. Querían privar a la humanidad de la creencia en la supervivencia después de la muerte. La eficacia de los muertos y de sus fuerzas debía permanecer, pero la idea correcta e importante de que las manifestaciones provenían de los muertos, eso debía suprimirse. Esta es una forma superior de materialismo; un materialismo que no solo desmiente al espíritu, sino que intenta arrastrarlo al reino material. El materialismo puede tener fuerzas que conducen a una negación de sí mismo. La gente puede decir: “El materialismo se ha terminado, ya estamos hablando del espíritu”. Pero una persona puede seguir siendo un materialista completo si trata la naturaleza entera como un espíritu, de modo que de este proceso resulte el psiquismo. La única forma correcta es aprender a ver en el mundo espiritual real, el mundo de la espiritualidad real. Aquí tenemos el comienzo de una tendencia que cobrará fuerza a lo largo de los próximos cuatrocientos o quinientos años. Por el momento las hermandades malvadas han frenado, pero continuarán sus actividades a menos que se las detenga —y solo pueden detenerse si se supera la complacencia con respecto al mundo científico espiritual.

Por lo tanto, estos hermanos se excedieron en sus sesiones espiritistas: y en lugar de ocultarse, aparecieron. Esto les hizo darse cuenta de que su empresa no había ido bien. Por lo tanto, estas mismas hermandades se esforzaron, desde los años noventa en adelante, en desacreditar el espiritismo durante un tiempo. En este camino, como ven, por medios espirituales se logran resultados muy incisivos. Y el objetivo de todo esto era obtener un mayor poder y así aprovechar las condiciones que deben darse en el curso de la evolución humana.

Hay algo que funciona en contra de esta materialización de las almas humanas, este exilio de las almas en la esfera terrenal. Las logias existen en la Tierra, y si las almas deben manifestarse y ser usadas en las logias, deben mantenerse en este exilio terrenal.  El poder que actúa en contra de estos esfuerzos para operar a través de las almas en el ámbito terrenal es el impulso del Misterio del Gólgota. Y este también es el impulso sanador que actúa en contra de la materialización de las almas. Ahora el camino tomado por Cristo está completamente fuera de las voluntades e intenciones de los hombres. Por lo tanto, no hay ningún hombre en ninguna parte, ni ningún iniciado, cualquiera que sea su conocimiento, que pueda influir en las acciones de Cristo que en el transcurso del siglo XX llevará esa apariencia de la cual he hablado a menudo y que pueden encontrar indicado en mis Dramas Misterio, eso descansa completamente solo en Cristo. El Cristo estará presente como un Ser etérico dentro de la esfera de la Tierra. La pregunta para los hombres es cómo deben relacionarse con él. Nadie, ni el más poderoso iniciado, tiene ningún tipo de influencia sobre esta apariencia. ¡Vendrá! Les ruego que lo mantengan firme. Pero se pueden tomar medidas con el objetivo de velar para que este evento de Cristo sea recibido de una manera u otra y tenga tal o cual efecto.

De hecho, el objetivo de esas hermandades de las que he hablado, que desean confinar a las almas humanas en el ámbito material, es que el Cristo debe pasar desapercibido en el siglo XX; que su venida como una individualidad etérica no debe ser experimentada por los hombres. Y este esfuerzo toma forma bajo la influencia de una idea bastante definida y un propósito bastante definido. Estas hermandades quieren apoderarse de la esfera de influencia de Cristo, que debería extenderse cada vez más ampliamente durante el siglo XX, hacia otro ser —del que hablaremos luego con mayor precisión—. Hay hermandades occidentales que quieren cuestionar el impulso de Cristo y establecer en su lugar otra individualidad que nunca ha encarnado, una individualidad etérica, pero fuertemente ahrimánica.

Todos estos métodos que les he contado, esto de trabajar con los muertos, etc., tienen finalmente un solo propósito —alejar a las personas del Cristo que ha pasado por el Misterio del Gólgota, y asignarle a otro ser el dominio sobre la Tierra. Esta es una batalla muy real, no un asunto de conceptos abstractos; una verdadera batalla que tiene que ver con el establecimiento de otro ser en lugar del Ser de Cristo por el resto de la quinta época post-Atlante, la sexta época y la séptima. Una de las tareas de un desarrollo espiritual sano y honesto será destruir y eliminar tales esfuerzos, que son anticristianos en el más alto grado.  A este otro ser, a quien estas cofradías quieren establecer como gobernante, se le llamará “Cristo”; sí, realmente lo llamarán “¡Cristo!”. Y será esencial que las personas aprendan a distinguir entre el verdadero Cristo, que esta vez no aparecerá en la carne, y este otro ser que está marcado por el hecho de que nunca ha encarnado en la Tierra. Es este ser etérico que estas cofradías quieren establecer en el lugar de Cristo, para que el Cristo pase desapercibido.

Aquí tenemos un lado de la batalla, que se ocupa de falsificar la apariencia de Cristo durante el siglo XX. Cualquiera que mire la superficie de la vida y preste atención a todas las discusiones externas acerca de Cristo y la pregunta de Jesús, etc., no sabe nada de los hechos más profundos. Todas estas discusiones solo sirven para ocultar los problemas reales y alejar a las personas de ellos. Cuando los teólogos discuten acerca de “Cristo” de esta manera, siempre está funcionando una influencia espiritual de algún lugar, y estos hombres doctos de hecho están promoviendo objetivos y propósitos bastante diferentes de aquellos de los que están conscientes.

Este es el peligro de la idea del inconsciente: conduce a un pensamiento poco claro sobre todas esas conexiones. Mientras que las fraternidades malvadas persiguen sus objetivos muy conscientemente, estos objetivos nunca entran en la conciencia de las personas que se involucran en todo tipo de discusiones superficiales. Perdemos la verdad de estas cosas hablando del “inconsciente”, ya que este llamado inconsciente está simplemente más allá del umbral de la conciencia ordinaria, y es la misma esfera en la que alguien que conoce estas cosas puede manipularlas. Aquí tenemos un lado de la situación: varias hermandades realmente desean sustituir el trabajo de Cristo por el trabajo de otro ser y están listas para utilizar cualquier medio para lograrlo.

Por otro lado, hay ciertas cofradías orientales, especialmente las hindúes, que quieren intervenir no menos significativamente en la evolución de la humanidad. Pero tienen un propósito diferente: nunca han desarrollado un método esotérico para lograr algo atrayendo las almas de los muertos al ámbito de sus logias: eso está muy lejos de sus objetivos. Pero a su manera tampoco quieren que los impulsos del Misterio del Gólgota trabajen en el curso de la evolución humana. Como los muertos no están a su disposición, como lo han hecho algunas de las hermandades occidentales que he mencionado, no desean suplantar al Cristo, que debe aparecer como una individualidad etérica durante el siglo XX, por alguna otra individualidad; para eso necesitarían a los muertos. Pero ellos quieren distraer la atención de Cristo; para evitar que el cristianismo se eleve a la supremacía; oscurecer la verdad sobre Cristo, que pasó por el Misterio del Gólgota después de su única encarnación de tres años en la Tierra, y que no puede encarnarse nuevamente en la Tierra. Estas hermandades no quieren controlar a los muertos en sus logias: en lugar de los muertos, emplean seres de otro tipo.

Cuando el hombre muere, abandona su cuerpo etérico, que como ustedes saben se separa del cuerpo físico, poco después de la muerte, y luego normalmente se entrega al cosmos. Este es un proceso algo complicado; lo he descrito de varias maneras. Pero antes del Misterio del Gólgota, algo más era posible, e incluso después aún fue posible, especialmente en Oriente. Cuando un hombre entrega su cuerpo etérico después de la muerte, ciertos seres pueden vestirse en él y convertirse en seres etéricos con la ayuda de estos cuerpos etéricos de los hombres muertos. Esto es lo que sucede en Oriente: los seres demoníacos son tentados a vestirse en los cuerpos etéricos que los hombres han desechado; y son estos espíritus quienes son atraídos a las logias orientales.  Las logias occidentales, por lo tanto, tienen a los muertos que son desterrados a la materia; las logias orientales de la izquierda tienen espíritus demoníacos, espíritus que no pertenecen a la evolución de la Tierra, pero que se insinúan a sí mismos incorporándose en los cuerpos etéricos descartados de los hombres muertos. , pero que se infiltran en ella revesti­dos de los cuerpos etéreos desechados por los hombres.

Exotéricamente, se llega a ello transformando ese hecho en veneración. Una de las artes  de ciertas hermandades, ustedes ya lo saben, es  la creación de fantasías, ya que cuando los hombres desconocen el  alcance de la ilusión que existe en la realidad, es fácil engañarles provocándosela artificialmente: lo que se quiere  lograr se disfraza, pues, de veneración.

Imaginen un grupo de personas, un grupo afín, a quienes digo que han de venerar a un antepasado suyo, después de que yo, por medio de mis poderes de hermano “maligno”, ya he conseguido que una entidad demoníaca se revista con el cuerpo etéreo de ese antepasado.  El antepasado es simplemente su cuerpo etéreo del que se apoderó el demonio gracias a las maquinaciones de la logia.  Así, se implanta la veneración a los antepasados, puras entidades demoníacas en el cuerpo etéreo de uno de ellos.

Los pueblos orientales pueden desviarse del Misterio del Gólgota mediante métodos como estos. El resultado será que para los pueblos orientales —o tal vez para la gente en general, ya que ese es el objetivo final— la manifestación de Cristo en nuestro mundo terrenal pasará desapercibida. Estas logias orientales no quieren sustituir a Cristo; solo quieren que la aparición de Cristo Jesús no sea notada. Por lo tanto, hay un ataque a dos bandas contra el Impulso de Cristo que se manifestará en forma etérica durante el siglo XX; y esta es la situación en la que nos encontramos hoy. Las tendencias particulares son siempre el resultado de lo que están generando los grandes impulsos en la evolución humana. Por eso es tan triste escuchar continuamente decir que las influencias del inconsciente, del llamado inconsciente, son un efecto del amor reprimido o algo similar, cuando de hecho las influencias de una espiritualidad altamente consciente están operando en la humanidad de todos lados, mientras permanecen relativamente inconscientes si no se les presta atención consciente.

Ahora debemos traer algunas consideraciones adicionales. Los hombres con buenas intenciones para el desarrollo de la humanidad siempre han tenido en cuenta las actividades que acabo de describir y han hecho todo lo posible —y ningún hombre puede o debería esperar que se haga más— para arreglar las cosas.

Un hogar particularmente bueno para la vida espiritual, protegido contra todas las ilusiones posibles, fue Irlanda, la isla de Irlanda, en los primeros siglos cristianos. Más que cualquier otro lugar en la Tierra estaba protegida de ilusiones; y es por eso que tantos misioneros del cristianismo salieron de Irlanda en esos primeros tiempos. Pero estos misioneros debían tener en cuenta a la gente sencilla entre quienes trabajaban, porque los pueblos de Europa eran muy simples en aquellos días —y también para comprender los grandes impulsos detrás de la evolución humana. Durante los siglos IV y V, los iniciados irlandeses trabajaron en Europa central y la prepararon para las demandas del futuro. De alguna manera, estaban bajo la influencia del conocimiento iniciado que en el siglo XV —en 1413, como saben— iba a comenzar la quinta era post-Atlante.

Por lo tanto, sabían que tenían que prepararse para una época completamente nueva y, al mismo tiempo, proteger a las personas inocentes e ingenuas. ¿Qué hicieron para mantener a las personas simples de Europa protegidas y encerradas, de modo que ciertas influencias dañinas no pudieran alcanzarlas?. El curso de los acontecimientos fueron guiados, desde fuentes bien instruidas y honorables, de tal manera que, gradualmente, todos los viajes que antes se habían hecho desde tierras del norte hasta América, llegaron a su fin. Mientras que en tiempos anteriores los barcos habían navegado a América desde Noruega para ciertos propósitos —diré más de esto mañana—, gradualmente se arregló que América debería ser olvidada y perder la conexión. En el siglo XV, en efecto, los pueblos de Europa no sabían nada de América. Desde Roma fue de donde se orientó la evolución a fin de proteger la población europea de las influencias que  emanaban del continente americano.  Y los monjes procedentes de Irlan­da, los iniciados irlandeses dedicados a la cristianización del continente europeo, jugaron un papel decisivo en la salvaguarda de sus habitantes contra las influencias americanas.

Solo cuando comenzó la quinta época post-Atlante, América fue nuevamente “descubierta”, como dice la historia. Pero, como ustedes saben muy bien, gran parte de la historia que se enseña en las escuelas es  “fábula convenida”, y una de estas fábulas es que América fue descubierta por primera vez en 1492. De hecho, solo fue redescubierta. La conexión había sido borrada por un período, como el destino requería.   Pero debemos conocer la verdad de estas circunstancias históricas y cómo fue que Europa estuvo cubierta y cuidadosamente protegida de ciertas influencias que no debían entrar.

Estos son medios por los cuales la conciencia se va despertando gradualmente. Los hechos y eventos confirman lo que digo; solo ellos no deben ser pasados por alto. La gente se abre camino ciegamente a través de los acontecimientos, a través de catástrofes trágicas como la actual. Me gustaría primero impresionarles el aspecto histórico de estos asuntos y mañana hablaremos de ellos con mayor detalle.

Quiero agregar un punto más. Habrán visto por mis explicaciones cuán grande es la diferencia entre Occidente y Oriente en relación con la evolución de la humanidad. Algo más a destacar: los psicoanalistas hablan del subconscien­te, de la vida anímica subconsciente, que no es lo importante, porque no se trata de divagar sobre estos asuntos; ya que lo esencial es: ¿Qué pasa más allá del umbral de la conciencia? ¿Qué hay en ese umbral? Muchas cosas existen, desde luego, en ese umbral; mas para sí mismas, son plenamente conscientes.  Lo que hay que enfocar es qué clase de espiritualidad consciente existe más allá del umbral de la conciencia; espiritualidad consciente, no espiritualidad inconsciente,  ¡Hemos de darnos cuenta que el hombre sabe mucho más de lo que registra su con­ciencia ordinaria!  —de hecho, mal nos iría si tuviéramos que ser conscientes de todo. ¡Imagínense cómo debemos hacer frente a la comida y la bebida si tenemos que familiarizarnos con todos los procesos fisiológicos y biológicos que ocurren desde el momento en que tragamos un trozo de comida!. En todo lo que procede inconscientemente, las fuerzas espirituales están trabajando allí, incluso en el ámbito puramente fisiológico. Pero estarán de acuerdo en que no podemos esperar para comer y beber hasta que hayamos aprendido todos los detalles. Es lo mismo con muchas otras cosas: por mucho, la mayor parte de nuestro ser está inconsciente o, mejor dicho, subconsciente.

Ahora lo peculiar es que este subconsciente dentro de nosotros es invariablemente tomado por otro ser. Por lo tanto, no somos solo una unión de cuerpo, alma y espíritu, llevando un alma independiente en nuestro cuerpo a través del mundo, sino que poco antes del nacimiento otro ser toma posesión de nuestras partes subconscientes. Este ser subconsciente nos acompaña desde el nacimiento hasta la muerte. En cierta medida, podemos describir este ser diciendo que es muy inteligente y está dotado de una voluntad que está estrechamente relacionada con las fuerzas de la naturaleza. Debo enfatizar otra particularidad de este ser —incurriría en el peligro más grave si, bajo las condiciones actuales, acompañara al hombre hasta la muerte. En este momento no puede hacerlo; por lo tanto, desaparece poco antes de la muerte para salvarse; sin embargo, retiene el impulso de ordenar la vida humana de tal manera que es capaz de conquistar la muerte para sus propios fines. Sería terrible para la evolución humana si este ser que se ha apoderado del hombre fuera capaz de vencer a la muerte y, al morir con el hombre, pasar a los mundos en los que el hombre entra después de la muerte. Este ser siempre debe despedirse del hombre antes de morir, pero en muchos casos esto es muy difícil de hacer, y resultan todo tipo de complicaciones. Por el momento, lo importante es saber que este ser, que tiene su dominio enteramente dentro del subconsciente, está extremadamente dependiente de la Tierra como un organismo completo.

La Tierra es muy diferente de lo que dicen los geólogos, mineralogistas o paleontólogos al respecto; la tierra es un ser vivo de principio a fin. Estos científicos solo se ocupan de su parte mineral, su esqueleto; y su esqueleto es todo lo que percibimos normalmente. Esto es casi lo mismo que si entraran a este salón y, a través de un cambio especial en la visión, solo pudieran ver los huesos de las personas reunidas aquí. Imagínense que entran por la puerta y solo ven los esqueletos que están sentados en las sillas: no es que fueran nada más que huesos —eso iría demasiado lejos— pero que solo pudieran ver los huesos, como un aparato de rayos X. Eso es lo que la geología ve de la Tierra —solo su esqueleto. Pero la Tierra es más que un esqueleto: es un organismo vivo, y desde su centro envía fuerzas particulares a cada punto y región en su superficie.  Las energías que ascien­den procedentes de la Tierra son como irradiaciones de un orga­nismo vivo; y según que el hombre viva en este o aquel lugar. Su alma no está directamente influenciada por estas fuerzas, ya que su alma inmortal es en gran medida independiente de las condiciones de la Tierra, y solo puede depender de ellas mediante artes especiales como las que he descrito hoy. Pero a través del otro ser, que se apodera del hombre antes del nacimiento y tiene que dejarlo antes de la muerte, estas diversas fuerzas terrestres trabajan con especial fuerza en las variedades raciales y geográficas de la humanidad. Así es en este “doble” (Doppelgänger), que el hombre lleva dentro de sí mismo, donde las diversidades geográficas y de otro tipo ejercen una influencia especial.

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Esto es extraordinariamente importante. Mañana veremos cómo se influye en el “doble” desde varios puntos de la Tierra y cuáles son sus consecuencias. Ya he indicado que tendrán que poner en conexión lo que he dicho hoy con lo que voy a decir mañana, ya que una conferencia apenas puede entenderse sin la otra.

Tenemos que tratar de asimilar las ideas que están más seriamente relacionadas con la realidad total en la que vive el alma humana, de acuerdo con su propia naturaleza. Esta realidad atraviesa varias metamorfosis, pero la forma en que ocurren estos cambios depende en gran medida de los seres humanos. Y se produce un cambio significativo si la gente se da cuenta de cómo las almas humanas, según absorban conceptos materialistas o espirituales entre el nacimiento y la muerte, son exiliadas a la Tierra o pasan a sus esferas legítimas. Tenemos que conseguir cada vez más claridad con estos conceptos pues sólo así encontraremos la correcta relación con el mundo en su conjunto; y nos aproximaremos más y más a esa correcta relación.  Esta actitud no sólo es inherente a un movimiento espi­ritual abstracto, sino que, en nuestro caso, se integra en un movimiento espiritual muy concreto, que toma en cuenta la existencia espiritual de una suma de individualidades.

Es una gran satisfacción para mí que estos debates, que son especialmente importantes para aquellos de nuestros amigos que han cruzado ya el umbral de la muerte pero que todavía son miembros fieles de nuestro movimiento, puedan llevar a cabo como una realidad que nos une más y más profundamente con ellos. Digo esto hoy porque nos corresponde pensar con amoroso recuerdo a la Sra. Stinde. Ayer fue el aniversario de su muerte, y con un recuerdo especialmente amoroso, pensamos en alguien que esta tan íntimamente ligada a nuestro Edificio, [El primer Goetheanum, luego destruido por el fuego y reemplazado por el presente Goetheanum actual] y cuyos impulsos están tan íntimamente conectados con los suyos .

Traducido por Gracia Muñoz en Noviembre de 2017.