GA202. El Progreso del Alma a través de Vidas Repetidas en la Tierra

El aspecto histórico de la vida social en su realidad

Rudolf Steiner — Berna, 14 de diciembre de 1920

English version

Es nuestra intención hoy comenzar por considerar el progreso del alma a través de las sucesivas vidas terrenales. Ustedes ya están familiarizados con los fenómenos externos relacionados con esto como resultado de sus estudios antroposóficos; pero hoy es nuestra intención hablar de ciertas cosas que requieren un estudio aún más detallado.

Como ustedes saben, cuando el ser humano atraviesa el portal de la muerte, primero deja a un lado su cuerpo físico; entonces él está en posesión de lo que llamamos el yo. Además de esto él tiene su cuerpo astral, y al principio, aunque sólo por un corto tiempo, también el cuerpo etérico. Este breve período durante el cual el ser humano todavía tiene un cuerpo etérico está dedicado a una visión retrospectiva de su última vida terrenal, que aparece como una panorámica ante su alma. Este período termina cuando el cuerpo etérico es, se podría decir, empujado hacia el espacio cósmico, así como el cuerpo físico es empujado hacia abajo hacia la Tierra.

Entonces el ser humano se queda con su cuerpo astral. En este cuerpo astral todavía encontramos los efectos secundarios del cuerpo etérico, es decir, todo lo que este cuerpo astral ha experimentado al estar ligado en la última vida terrena con el cuerpo etérico y también con el cuerpo físico. Como ustedes saben, transcurre un tiempo considerable antes de que el cuerpo astral también sea despojado.

Ya he señalado en nuestra literatura que no se puede hablar simplemente de disolución de los cuerpos etérico y astral, sino que esta disolución es en realidad una liberación en el cosmos de las fuerzas que el ser humano tiene en sí mismo. El cuerpo etérico lleva en sí, por así decirlo, las huellas de todo lo que el ser humano ha pasado en la vida. Este es un agregado de lo que yo llamaría estructuras de forma. Este agregado de estructuras de forma, cada vez más difundido, se sella en el cosmos; lo que ha sucedido así en nuestra vida y lo que se ha impregnado en el cuerpo etérico continúa trabajando en el cosmos como fuerzas. Nos comprometemos con el cosmos con la naturaleza y modo de nuestro comportamiento hacia el cuerpo etérico. Nuestra vida no está en ningún momento fuera del Universo. Es precisamente a través del conocimiento de la ciencia espiritual antroposófica que el ser humano adquiere un fuerte sentimiento de responsabilidad, porque se ve obligado a saber que lo que incorpora en su cuerpo etérico por medio de su vida intelectual, su vida sentimental, es decir, por medio de su moral, se imparte a todo el cosmos. En el cosmos está contenida, si me permite decirlo así, la conducta de aquellos seres humanos que han vivido en tiempos pasados. Lo que a través de nuestra conducta en la vida contribuye a la configuración del cuerpo etérico, se desprende de cierta manera sólo para ser recogido en todo el gran Universo. ¡En realidad participamos en la fabricación del mundo! Y debemos desarrollar este sentido de responsabilidad que nos haga sentir como participantes en la creación del mundo.

Lo que continuamos soportando como nuestro cuerpo astral no debe considerarse como algo que meramente se dispersará más adelante, simplemente para ser disuelto en el cosmos. Este no es el caso. El cuerpo astral también se imparte al Universo, aunque es cierto, a la parte espiritual del alma del Universo.

Y cuando el Yo se ha liberado de este cuerpo astral, después de que se ha logrado la transición al mundo del alma, entonces lo que hemos incorporado en nuestro cuerpo astral se encuentra fuera en el universo, sólo ahora el Yo y el cuerpo astral toman caminos separados. El cuerpo astral, dividido del Yo, toma ahora su propio camino, y de manera similar el yo toma su propio rumbo. No podemos, sin embargo, hablar de la destrucción del cuerpo astral; por el contrario, este cuerpo astral continúa evolucionando. A través de su interrelación con el Universo, sigue evolucionando simplemente como resultado de haber implantado en él los efectos de ciertos impulsos morales; y con la forma que ha adquirido como resultado de estos impulsos morales, se imparte al Cosmos, se inserta, por decirlo así, en la parte anímico espiritual del universo con el cual entra en actividad recíproca. De hecho, incluso se puede decir así (aunque mitad figurativo, sin embargo, corresponde a los hechos): el cuerpo astral se expande cada vez más, pero alcanza un cierto límite en esta expansión; y cuando no puede expandirse más, comienza a contraerse. Y la velocidad o lentitud con la que se expande o contrae depende esencialmente de lo que se ha incorporado en el en el transcurso de la vida. Se puede decir así que el cuerpo astral se imparte al universo; si puedo usar la expresión, golpea contra los límites exteriores de nuestro cosmos anímico espiritual y es rebotado de nuevo.

El yo sigue su camino en un mundo muy diferente al del cuerpo astral. Como expresé en la conferencia de ayer (Berna, 13 de diciembre de 1920, Los resultados de la ciencia espiritual y sus relaciones con el arte y la religión), el yo desarrolla cierta clase de anhelo interior. Y es principalmente este anhelo el que hace que el yo se sienta atraído por este cuerpo astral que ha sido rebotado, y que sin embargo se ha convertido en algo diferente. De hecho, se produce una especie de unión entre el cuerpo astral metamorfoseado y transformado, y el yo. De este modo, cuando el ser humano se acerca al tiempo de su regreso a la Tierra, adquiere ciertas inclinaciones, diría yo, en diversas direcciones.

He indicado cómo el cuerpo astral se expande en el Universo, luego vuelve, y cómo el yo de cierta manera lo encuentra de nuevo. Podemos seguir esto en la forma externa humana, si miramos el ser del hombre en su totalidad.

Pues debemos imaginar que el ser humano, tal como aparece cuando nace en la Tierra, está realmente formado por dos direcciones. Les he descrito ahora cómo el cuerpo astral se expande en el Universo y cómo vuelve de nuevo; este cuerpo astral, por así decirlo, ahora se encuentra con el yo. Figurativamente hablando, se aproxima en forma de una esfera hueca, una especie de esfera hueca que se va haciendo cada vez más pequeña. Así se acerca al yo. Tiene parentesco con el sistema planetario. El yo en su camino entre la muerte y un nuevo nacimiento desarrolla otra clase de anhelo. Aunque tiene un anhelo por el cuerpo astral, desarrolla un anhelo aún mayor por un cierto lugar en la Tierra, por un cierto pueblo, una cierta familia. Por otro lado, hay un trazo de lo que viene del exterior como el cuerpo astral transformado y el yo después de haber completado el período entre la muerte y un nuevo nacimiento con su fuerte inclinación hacia el reino terrenal hacia un pueblo, una familia, etcétera. Si miramos al ser humano después del nacimiento, con especial referencia a la superficie externa de su cuerpo, podemos ver lo que está sujeto a las fuerzas del cuerpo astral metamorfoseado. Lo que está organizado desde fuera, desde la piel hacia adentro, incluyendo los órganos de los sentidos, se construye para nosotros desde el Cosmos. Pero lo que se produce orgánicamente a través del sentimiento del yo, ligado a la Tierra, se siente atraído hacia la Tierra, crea la organización desde dentro hacia fuera, lo que es contrario a la otra organización; crea más bien la organización del músculo óseo, y así sucesivamente, la parte que irradia desde dentro, por así decir, contra lo que irradia hacia dentro desde la piel y los sentidos. En lo que se refiere a la periferia externa de nuestro cuerpo, estamos organizados por el macrocosmos, pero lo que fluye a través de nuestro Yo, lo que crece desde dentro hacia afuera contra la formación del sentido de la piel, está organizado por la Tierra. Así, el ser humano realmente nace del Universo. Y su estancia en el cuerpo materno sólo proporciona la oportunidad para que estas dos fuerzas, una Macrocósmica y la otra una fuerza terrenal, se unan. Pero el hombre es definitivamente un ser que no brota de un solo punto, del germen. Es más bien la fusión de las fuerzas extraterrenales, que se mantienen unidas por su cuerpo astral metamorfoseado, y es esa fuerza que, soportando la influencia de la Tierra, se contrapone a estas fuerzas extraterrenas. Lo que llamamos nuestra facultad mental, nuestro intelecto, nuestro poder de formar imágenes mentales, es profundamente afín e íntimamente conectado con lo que nos viene del cosmos. Nuestro poder de formar imágenes mentales apunta de hecho a nuestra vida terrena anterior. Adquirimos este poder de formar cuadros mentales en virtud de que lo que hemos tejido en nuestro cuerpo astral en nuestra vida terrena anterior que se ha expandido al cosmos, ha vuelto de nuevo, y ahora elige nuestra cabeza, por así decir, como su órgano principal, nuestra cabeza que se ha formado desde fuera como un órgano sensitivo de la piel. El resto de la organización del sentido de la piel es, por decirlo así, sólo un apéndice de la cabeza. Nuestra organización de la voluntad, sin embargo, se expresa en lo que se relaciona con las fuerzas terrestres, porque el yo humano al acercarse al nacimiento se siente atraído por un lugar particular de la Tierra. Así podemos decir que cuando renacemos, recibimos nuestra mente de los Cielos y nuestra voluntad de la Tierra. Entre los dos está el sentimiento, que no nos es dado ni por el cielo ni por la tierra, sino que se basa en una especie de continuo balanceo entre la tierra y el cielo y que tiene su órgano exterior principalmente en el sistema rítmico del hombre, el sistema respiratorio, la circulación sanguínea, etc. Se sitúa en el medio entre la organización propia de la cabeza, que es esencialmente el producto del macrocosmos que actúa sobre el gran circuito del cuerpo astral anterior, y nuestra organización de la voluntad, que viene a nosotros desde la Tierra. Entre estos dos soportes nuestro sistema rítmico, está nuestra vida sentimental, que puede desarrollarse sobre la base de este sistema rítmico y que, diría yo, también traemos a la expresión exterior visible entre el cielo y la tierra. Nuestra cabeza apunta más a nuestro origen extraterrenal; nuestra voluntad está íntimamente relacionada con lo que es nuestro de la Tierra. Entre los dos soportes se siente nuestra vida y, desde un punto de vista físico, nuestra circulación, nuestra vida de respiración.

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Ninguna visión completa y exhaustiva del hombre puede ser tomada unilateralmente, ya sea desde el aspecto del alma o desde el aspecto físico, pues estos dos, el alma y la naturaleza física en una visión total, deben interpenetrarse unos a otros.

Además, porque estamos conectados con el macrocosmos entero, llevando dentro de nosotros sólo en nuestra organización principal algo formado por el macrocosmos, podemos ver que somos dirigidos de nuevo a nuestro pasado a través de nuestro intelecto; solo que con nuestra conciencia ordinaria no descubrimos cómo nos referimos así a nuestras vidas anteriores de la Tierra.

En la antigua lucha oriental por la sabiduría, los alumnos de los iniciados trataron de establecer una conexión entre su vida rítmica y su vida principal. Para la época en que floreció la antigua sabiduría oriental, era natural buscar una etapa superior del desarrollo humano haciendo que la respiración fuera un proceso consciente y, por tanto, también el proceso de circulación; la respiración de acuerdo con las reglas definidas planteó el proceso de respiración, así como la circulación a la conciencia. El antiguo oriental podía hacerlo porque su alma y su espíritu no estaban todavía tan intensamente ligados al cuerpo como lo está en el hombre actual. Si, aplicando una especie de anacronismo, cualquiera fuese simplemente a practicar hoy este antiguo método oriental, sin llegar al conocimiento superior, arruinaría más o menos su cuerpo humano; ya que estaría interfiriendo demasiado con la salud del cuerpo físico, ahora que el ser humano está mucho más íntimamente conectado con su cuerpo de lo que alguna vez fue el caso, por ejemplo, en el momento en que el antiguo hindu buscaba la sabiduría.

Pero, ¿qué obtuvo un estudiante al pasar por estos ejercicios en la antigua India? Hizo que el proceso de respiración fuera algo consciente, es decir, inhaló conscientemente. A través de estos ejercicios adquirió gradualmente la posibilidad de seguir el proceso que tiene lugar cuando la presión de la inhalación hace que el líquido cerebral oscile hacia el cerebro a través del canal espinal y golpee, por así decirlo, contra el cerebro. Es este impacto del líquido cerebral contra las partes sólidas del cerebro (este fluido cerebral, que se precipita hacia arriba durante la inhalación, cayendo de nuevo durante la exhalación), es este impacto lo que hace que surjan imágenes mentales. La producción de imágenes mentales es algo mucho más complicada de lo que se imaginan hoy, cuando todo es pensado de manera materialista. Hoy en día se piensa —o al menos fue hasta hace poco, porque hoy la gente ya no está interesada en pensar en conceptos claros— se cree que algún tipo de evolución, algunos nervios subyacen a la formación de imágenes mentales. Esto no tiene sentido. El hecho real es que en realidad hay un golpe constante del líquido cerebral contra el sistema nervioso que da lugar, que comienza los procesos subyacentes a las fuerzas del sistema nervioso. El antiguo estudiante de sabiduría hindú elevaba esta actividad a la conciencia. ¿Qué aprendió siguiendo este proceso conscientemente? Aprendió de él cómo los procesos subyacentes que habían formado su cerebro realmente apuntan de nuevo a antiguas vidas de la Tierra. A través de su sistema rítmico actual experimentaba, por decirlo así, su antigua vida terrenal; esa vida pasada en la Tierra se convirtió en una certeza para él. Para tal estudiante de la sabiduría era simplemente evidente que había tenido una vida anterior en la Tierra. Podía percibirlo, ustedes entiendan, elevando su proceso de respiración a la conciencia. Hoy esto debe ser logrado de otra manera. No puede ser provocado hoy por la meditación que surge de una manera especial de dar forma al proceso de la respiración; porque este método no debe ser utilizado por el ser humano moderno. Muy por el contrario, la meditación de hoy debe proceder de una quietud de las imágenes mentales: así comienza desde el lado opuesto, y por lo tanto toma en consideración el hecho de que el hombre moderno está mucho más estrechamente unido a su cuerpo físico. Pero al morar tranquilamente en un cuadro mental, aprendemos a conocer este matiz del sistema rítmico desde el otro lado, desde el lado anímico espiritual. Llegamos a conocer el proceso desde el otro lado; de tal manera, que no penetremos más profundamente en nuestro cuerpo, como lo hizo el antiguo indio, de hecho no debemos hacerlo, porque ya hemos penetrado profundamente en él; pero al liberarnos de la naturaleza corporal, trazamos todo el cosmos en el reino anímico espiritual y el cosmos nos enseña cómo la vida terrestre anterior está conectada con esta vida.

Pueden ver, queridos amigos, que las declaraciones de la antroposofía no son abstractas y fanáticas, sino que se basan en un penetrante conocimiento de la organización humana visto desde dentro; no se basan en un examen externo del organismo como un cadáver, o incluso si no como un cadáver exterior, sino del conocimiento que procede del interior, del contacto íntimo con ambos aspectos, la acción recíproca entre los sistemas rítmico y nervioso por un lado y por el otro entre los sistemas rítmico y metabólico (pues el sistema rítmico también tiene un impacto sobre el metabolismo). Y al conocer del otro lado este entrelazamiento de los procesos rítmicos y metabólicos, nos aseguramos de que el germen de la próxima vida terrenal está enterrado dentro de nosotros, pues el metabolismo en su aspecto espiritual contiene el germen de la próxima vida terrena. A pesar de que es la parte más baja del organismo humano para esta vida terrenal, desde el aspecto espiritual contiene el germen de la próxima vida en la Tierra. Así nos elevamos a una consideración del ser humano como un todo.

A este respecto, las personas que viven en el ámbito de la civilización occidental a menudo son como un hombre ciego que se enfrenta al color. Tal vez lo que voy a decir está lejos de los pensamientos de muchos de ustedes, pero quisiera llamar su atención sobre lo siguiente: Todo lo que concebimos como matemáticas, todo lo que entra en juego en formas lineales o angulares, en la vertical o la horizontal, así como todo lo que medimos, todo lo que concebimos matemáticamente, lo desarrollamos realmente en nuestro ser interior; es el fundamento de nuestra vida interior. En el momento en que aprendemos a percibir lo que subyace a nuestro ser interior, ya no hablamos a la manera kantiana, derramando simplemente aquello que nace dentro del ser interior del hombre en una especie de expresión ininteligible. Se dice que la matemática es “conocimiento a priori”. ¡A priori! Ahora, esa es una palabra, ¿no? Significa “allí desde el principio”, a priori. Pero si uno aprende a ver internamente, entonces uno sabe de dónde surge este curioso conocimiento matemático. El cuerpo astral ha pasado por las matemáticas de todo el universo, y todo esto se ha condensado de nuevo. Simplemente dejamos que salga del alma que hemos experimentado en una encarnación anterior, que ha pasado por todo el cosmos, para emerger una vez más en la pureza de las líneas matemáticas y geométricas.

Vemos así que en esta concepción a priori del mundo se expresa análoga a la concepción del color del hombre ciego. De otro modo, habría que decir que lo que se llama en el sentido kantiano “a priori” surge de nuestras encarnaciones anteriores y aparece en esta encarnación en una forma metamorfoseada, después de haber pasado por todo el macrocosmos.

He estado hablando aquí, queridos amigos, acerca de las leyes que subyacen a todo el ser humano que se revelan cuando consideramos la vida a medida que pasa por encarnaciones repetidas. Nuestra época moderna es muy renuente a prestar atención a tales cosas. Es por eso que nuestra actual concepción del mundo permanece externa. Quisiera dejar esto claro por medio de una ilustración.

Supongamos que ahora estamos examinando —de acuerdo con el método predominante— un pueblo perteneciente a una determinada localidad en la Tierra. Ahora, ¿qué hacemos hoy como historiadores? Decimos: vive la generación presente; otra le precedió; esta generación fue, a su vez, precedida por una aún más atrás. Volvemos así a los siglos anteriores, de vuelta a la Edad Media y, diría yo, seguimos las corrientes de sangre a través de las generaciones, seguimos todo lo que se transmite a través de la herencia externa y llegamos a la conclusión de que lo que vive en la gente presente puede remontarse a las primeras fases de desarrollo de ese pueblo.

Así es considerada hoy la historia. Si un historiador típico desea seguir la historia alemana, francesa o inglesa lo más atrás posible, lo hace volviendo a través de la cadena de ancestros según sus características físicamente heredables. Se supone que lo que una generación actual de una determinada gente manifiesta en la vida se entiende de lo que las generaciones anteriores de este pueblo han experimentado, es decir, de lo que puede ser heredado físicamente; esta es la forma en que la gente habla. Sin embargo, esto no es otra cosa que el pensamiento materialista aplicado a la historia. Porque si consideráis lo que la ciencia espiritual antroposófica os ofrece, no como una mera teoría, sino como algo a trasladar a vuestra visión de la vida, entonces no debéis contentaros con especular sobre la repetición de la vida terrena, considerando como algo aislado el hecho de que tu alma ha pasado por vidas pasadas de la Tierra, y pasará por otras en el futuro, pero también debes considerar con esto en mente lo que ocurre en toda la Tierra. Porque si miramos a una u otra generación que vive hoy, ciertamente podemos remontarla a las generaciones anteriores a través de la sangre —a través de características externas, físicamente heredables; estas antiguas generaciones pudieron haber vivido en la misma parte de la Tierra o, si consideramos las corrientes de las migraciones, pueden remontarse a antepasados que en una época anterior vivieron en otra parte de la Tierra; pero al hacer todo esto permanecemos enteramente en el reino material físico.

Hay, sin embargo, algo más. En esta época tenemos ante nosotros una generación de personas que, en lo que respecta a su naturaleza física corporal, desciende de sus antepasados; pero las almas que habitan en los seres humanos individuales no necesitan estar relacionadas con estos antepasados. De hecho, el alma no ha experimentado con ellos en la Tierra lo que ha sucedido en el transcurso de muchas generaciones y lo que exteriormente representa el destino de estos antepasados; esto el alma lo ha experimentado en el mundo anímico espiritual durante la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Miramos atrás a nuestro abuelo, bisabuelo, tatarabuelo. Bueno, entonces no habíamos nacido todavía; nuestra alma estaba todavía en el mundo espiritual. Nuestro cuerpo ha heredado de todos ellos, pero nuestra alma —nada! Ha vivido en un mundo completamente diferente durante todo este tiempo; en sus propias experiencias no tiene nada que ver con lo que nuestro cuerpo ha heredado de nuestros antepasados. Y si la investigación de estas cosas se hace en el reino del espíritu, los resultados a menudo parecen paradójicos para la observacion exterior. En general uno debe darse cuenta claramente que la especulación o filosofar sobre los hechos verdaderos de la vida suele dar lugar al absurdo. Sólo la percepción espiritual revela la verdad. Y un investigador espiritual a menudo se asombra de sus propios resultados. De hecho, encuentra en la misma sorpresa despertada por sus resultados una especie de verificación de ellos; pues, si sólo encontraba lo que ya había anticipado en sus pensamientos, podría no sentir una confirmación tan fuerte. Simplemente el hecho de que las cosas son, en su mayor parte, diferentes de lo que uno se imagina, generalmente hace posible ver que, al dedicarse a la verdadera investigación espiritual, uno está trabajando no en un ámbito subjetivo, sino en un objetivo.

De esta fuente, verá, que algo sale a la luz relacionado con lo histórico en la humanidad. Ya lo he señalado antes, y lo que he dicho no se corregirá en ningún sentido aquí, sino que sólo se amplificará, porque nos estamos moviendo en un ámbito muy complicado. Hemos dicho en una ocasión anterior, y esto es en cierto sentido perfectamente cierto, que tenemos por ejemplo entre los pueblos de Europa numerosas personalidades que como almas vivieron anteriormente en el sur durante los primeros siglos cristianos y ahora viven en el norte —están, sin duda, encarnados en Europa, pero más en el norte— esto es totalmente cierto, pero no se aplica a la mayoría de la población. En relación con esto, debemos buscar otro lugar para aprender los hechos reales. En el caso de la mayoría, principalmente de los occidentales actuales, pero también de los pueblos centroeuropeos, e incluso parte de la población rusa, la investigación científica espiritual nos remite a aquellos tiempos en que los conquistadores sometieron a los aborígenes de América. Estos americanos originales, estos indios americanos tenían extrañas cualidades anímicas interiores. Por regla general, no hacemos justicia a tales cosas, si nosotros, alardeando egoístamente de nuestra “cultura superior”, consideramos todo esto como mera barbarie; no hacemos justicia si no tomamos en cuenta las características enteramente diferentes de aquellas personas que fueron conquistadas y exterminadas después del descubrimiento de América; si no consideramos que tienen cualidades especiales propias, sino simplemente miramos hacia abajo desde la perspectiva de una cultura superior. Estos primeros habitantes de América, los indios americanos tenían, por ejemplo, notables sensaciones panteístas. Adoraban al “Gran Espíritu” que impregnaba todo ser. Sus almas estaban impregnadas por la creencia en este Gran Espíritu que todo lo impregna. A través de todo lo que estaba ligado a esta creencia en la vida sentimental de estas personas, estas almas estaban predestinadas a pasar por una existencia relativamente corta entre la muerte y un nuevo nacimiento. Pero la relación que se había desarrollado, por un lado, entre ellos y todo su entorno, su tierra natal, y por el otro entre ellos y el destino que habían sufrido al ser exterminados, fue decisiva para su vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Y de esto ha ocurrido que la mayoría, por paradójico que parezca, es simplemente un hecho, que la mayoría de los occidentales, los medios y hasta una parte de los europeos orientales (no todos, sino una gran parte de ellos) tienen almas que antes habitaban en los cuerpos de los antiguos indios americanos, aunque ciertamente descienden de los antepasados físicos de la Edad Media en lo que respecta a su sangre. Aunque esto puede sonar paradójico, es, sin embargo, cierto con respecto a la mayoría de la población europea. Este sentimiento, una vez experimentado por el Gran Espíritu, reaccionó con lo que ciertamente reside en el desarrollo histórico externo de la descendencia lineal, y que acogemos con los primeros sentimientos de amor en la infancia, especialmente cuando lo practicamos desde nuestro ser interior a través de imitación. Lo que asumimos así es en gran medida algo absorbido desde fuera. Entra en actividad recíproca con lo que surge en el alma de las encarnaciones anteriores. Y la vida europea no se entiende correctamente si se la considera sólo unilateralmente desde un punto de vista carente de realidad, es decir, según características heredadas. Sólo puede comprenderse cuando sabemos de dónde vienen las almas que se han unido con estas características heredadas para llevar a cabo una actividad recíproca. Y lo que ahora se ha convertido en realidad en la historia europea se formó sólo como resultado de esta cooperación entre lo que las almas fueron a través de sus vidas anteriores en la Tierra y lo que han recibido en esta vida a través de la herencia; también a través de la educación, de la educación en su sentido más amplio.

Estos pueblos se mezclaron extensamente con las almas que vivieron en el sur durante los primeros siglos del cristianismo y que también reencarnaron en la Europa occidental y del este; pero todo lo que ha ocurrido en la vida social, y especialmente lo que está sucediendo cada vez más en estos días catastróficos, insinúa que la realidad de esta vida europea es complicada. Y el investigador espiritual encuentra que se hace especialmente complicada porque las almas amerindias reencarnadas se unen con lo que aparece como características heredadas en las distintas nacionalidades.

Debemos contrastar esto con otra población europea, que encontramos en los primeros siglos cristianos, en el momento de las migraciones de los pueblos —hablando en términos de historia exterior. Me refiero a esa población europea del pasado que, como bárbaros, absorbieron el cristianismo a medida que avanzaban desde el sur, transformándolo en algo completamente diferente de lo que en los primeros siglos se había desarrollado como el cristianismo en el mundo griego y romano. Estas almas que pertenecían a la época de las migraciones de los pueblos y también de los siglos siguientes, se constituyeron de tal forma que, además de sus tendencias originales, se mostraron profundamente impresionadas por el cristianismo mientras se dirigían hacia el norte desde el sur. Debemos darnos cuenta claramente de que esta población de Europa que absorbió el cristianismo en el momento de las migraciones populares trajo a la superficie cualidades muy especiales. Hubo en este pueblo una notable tendencia a formar el organismo físico de una manera que hizo que la conciencia del yo apareciera con un vigor especial. Y la conciencia del yo que así se manifestaba estaba unida a la abnegación del cristianismo. Como resultado, el alma fue moldeada de una manera especial. Estas eran entonces almas que, por así decirlo, absorbieron el cristianismo unos siglos después de su nacimiento. Aunque las almas que han encarnado en la mayoría de la población europea de hoy han aprendido sobre el cristianismo de una manera externa a través de la educación, así como a través de lo que se puede heredar como sentimientos, no habían absorbido nada del cristianismo en sus vidas anteriores en América. Podemos comprender fácilmente la relación de la población europea actual con el cristianismo una vez que hemos descubierto que estas almas en su mayor parte no han experimentado nada del cristianismo en sus encarnaciones anteriores; que el cristianismo en ellos es meramente una cuestión de educación, de una tradición transmitida a través de generaciones, una tradición perpetuada por la educación.

Pero hay otro aspecto: aquellas almas que llegaron a conocer el cristianismo en Europa, es decir, en su desarrollo temprano, encarnaron, a medida que los tiempos presentes se acercaban, más hacia el este, más hacia Asia. De modo que, de hecho, aquellas almas que alguna vez estuvieron un poco impregnadas del cristianismo ahora oscilan en la otra dirección y absorben lo que ha permanecido en el Oriente de las viejas tradiciones orientales y que allí han caído en decadencia. Los japoneses, si son estudiados de una manera científico espiritual, a menudo son reencarnaciones típicas de almas que una vez vivieron en Europa en el momento de las migraciones.

Es más, podemos desarrollar un entendimiento para personalidades prominentes si conocemos tales hechos. Traten de comprender la extraña personalidad de Rabindranath Tagore desde este punto de vista: “Lo que le fue educado del orientalismo, especialmente de la tradición india, le llega a través de la herencia. Así, lo que se le da a través de la herencia, a través de la educación, le viene de afuera. Esto es en su mayor parte decadente, y por esta razón tiene un carácter “ingenioso”. Pues de cierta manera, lo que se oye de Rabindranath Tagore se formula de una manera extremadamente “ingeniosa”. Pero al mismo tiempo el europeo siente algo en Tagore que brilla intensamente a través de todo lo que se presenta de una manera tan ingeniosa. Y eso viene del hecho de que esta alma vivió en una encarnación anterior entre un pueblo que había aceptado el cristianismo.

Se puede ver que no es menos abstracto observar el mundo externo desde un punto de vista meramente materialista que desarrollar otra concepción de vida irreal. ¿Qué sabemos de la humanidad actual si sólo sabemos de su relación de sangre, de su descendencia de sangre, si no somos capaces de tomar en consideración lo que las almas han traído con ellos de una encarnación anterior? Este elemento, se puede ver, se funde con los elementos externos de la herencia y la educación en una sola totalidad.

Aquellas almas que habitaban en la Europa media en el momento de las migraciones populares estaban predestinadas por toda la configuración de sus almas y sobre todo por su permeación interior con el cristianismo a permanecer más tiempo de lo habitual en el mundo del espíritu entre la muerte y un renacimiento, para experimentar este reino más intensamente.

Cuando el científico espiritual investiga el presente, es conducido de vuelta al tiempo del Misterio del Gólgota, o poco antes o poco después del evento. En Asia, la población no había absorbido nada de este Misterio del Gólgota. La sabiduría oriental, sin embargo, esa sabiduría que floreció en el carácter oriental como resultado de la devoción, sentó las bases para cualquier entendimiento que se trajo al cristianismo en sus primeros tiempos. El Misterio del Gólgota está allí para nosotros como un hecho único. Visto desde las diferentes épocas, se puede entender de las más variadas formas. El pueblo de los primeros siglos del desarrollo griego y romano se acercó a este Misterio aplicándole la sabiduría que venía de Oriente. De la sabiduría oriental recibieron los conceptos a través de los cuales entendieron la encarnación de Cristo en el hombre, Jesús de Nazaret.

Sin embargo, el pueblo que vivió en Asia antes, en el momento y después del Misterio del Gólgota, todavía estaba dotado de una fuerza creadora mucho más activa que la que se encuentra en el Oriente actual, aunque en ese momento ya se había vuelto algo tenue. Estas personas, que entonces habitaban en Asia, al menos una gran parte de ellas, se encarnan hoy en la mayor parte de la población americana. Como resultado de su cultura oriental especialmente desarrollada,  esta parte de la humanidad tuvo que pasar mucho tiempo en la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento;  así son en realidad almas viejas. Están naciendo en América en cuerpos en los que, si puedo decirlo, no se sienten muy cómodos, y que por lo tanto, prefieren considerar más desde el exterior que desde el interior. Es por eso que hoy encontramos en América una predilección especial por una visión externa de la vida. Así se revela la curiosa paradoja: aquellas almas que vivían en el Oriente, que aún no habían aceptado el cristianismo, pero que tenían una buena cultura espiritual, viven ahora en los cuerpos americanos. Una parte de estas, diría yo, muestra en un fenómeno aislado cómo funcionan estas cosas. El oriental tenía una inclinación hacia lo espiritual en el mundo. Como estas almas aparecen de nuevo hoy en América, desarrollan una especial predilección por el mundo espiritual, pero esto ahora se ha vuelto abstracto, no tiene más la calidad interna, viva. En épocas pasadas, en encarnaciones anteriores, todas las experiencias relacionadas con el mundo espiritual estaban conectadas con un descuido del mundo físico, con un desprecio por las cosas físicas. Entre los partidarios de la Ciencia Cristiana esto aparece en una forma decadente; la existencia de la materia se niega, no desean mirar la materia. Uno siente que estas personas, de cierta manera, continúan rindiendo homenaje a la antigua, pero una vez viva espiritualidad, que ahora se ha vuelto más amortiguada, más cadavérica, que ha adquirido ahora una forma cadavérica espiritualmente. Pero esto sólo se aplica a unos pocos distinguibles entre la población. En general, se puede ver en el punto de vista americano cómo las almas no se sienten sólidamente dentro de sus cuerpos, cómo tratan, por consiguiente, de aprehender el cuerpo desde fuera, cómo incluso la ciencia de la psicología en América adquiere un carácter en el que no se tiene un concepto verdadero del yo. Debido a que el alma estuvo una vez acostumbrada a sentirse en lo supraterrenal, esta encarnación del yo, como ocurre ahora en el oeste, no se lleva a cabo como debe ser. De esto se deriva que un pensamiento no está debidamente ligado a otro. Esto entonces se llama la “psicología de la asociación”. En ella el ser humano se convierte en una especie de juguete, arrojado por los pensamientos al asociarse unos con otros. Y aquí, curiosamente, surge algo que podría ser expresado por una frase a menudo usada despectivamente por ciertas personas al referirse a nuestra doctrina de vidas terrestres repetidas; hablan de la “transmigración del alma”. Pero no debemos usar la frase: “transmigración del alma” cuando nos referimos a vidas terrestres repetidas, a menos que tengamos, de hecho, la intención de hablar despectivamente. Porque hablando de las repetidas vidas terrenales, se trata de una evolución, de un desarrollo del alma, no de lo que se nos acusa de enseñar. Pero en otro sentido podemos hablar de transmigraciones del alma, pues de hecho las almas que habitan una parte de la Tierra durante un cierto período, no permanecen en el mismo lugar en la Tierra en la próxima época, sino que van a un lugar diferente. Por lo tanto, encontramos las almas que se encarnaron en el sur durante los primeros siglos cristianos encarnados ahora en la Europa occidental, central y oriental, más hacia el norte; pero esta población ahora está intercalada con otras almas que se encarnaron en los cuerpos indios americanos. En Asia encontramos las almas que vivieron en Europa en el momento de las migraciones populares, o incluso antes y después; y en América se encuentran las almas que vivieron en Asia en el mismo momento en que tuvo lugar el Misterio del Gólgota.

Estamos ahora sin duda frente a una época en la que la gente va a desarrollar un anhelo de penetrar la plena realidad. Hoy existe todavía una fuerte oposición a esta penetración de la realidad plena, no sólo en el ámbito teórico, sino también en el ámbito de la vida exterior. Consideremos solamente cómo he tenido que caracterizar una y otra vez, desde los más diversos ángulos, esta enfermedad del intelectualismo, que ha aparecido en los últimos años. A menudo, incluso en las conferencias públicas he tenido que señalar en términos agudos a este engaño de una gran parte de la humanidad por el intelectualismo. En esto también encontramos algo aludido, pero en una forma ya bastante abstracta, que por supuesto ha aparecido gradualmente en el pensamiento social como el resultado del materialismo. Lentamente en el curso del siglo XIX surgió el principio de la nacionalidad, este acentuar de la nacionalidad, este deseo de vivir sólo en la nacionalidad. Esto representa la antítesis de la naturaleza del alma-espíritu; porque esta naturaleza anímico espiritual no se preocupa por la nacionalidad. Muchas de las almas que hoy viven en Europa estuvieron antes encarnadas en América. Las almas que hoy viven principalmente en cuerpos japoneses no deben señalar a sus ancestros, en lo que respecta a sus almas, sino a la época de las migraciones populares en Europa. Sí, de hecho, los estadounidenses no deben enorgullecerse de sus antepasados, su ascendencia europea de sangre. Más bien debería señalar el hecho de que una vez vivieron en Asia en el momento del Misterio del Gólgota, y pasó por una cultura que aún no estaba permeada por el cristianismo; así también son aquellos que aceptan el cristianismo a través de la tradición externa y la educación externa. Todavía hay una fuerte oposición de esta parte a una concepción anímico-espiritual del mundo.

No sólo en la ciencia encontramos el materialismo, sino a través de toda la civilización externa. Y lo que los políticos quieren hacer de Europa hoy, este nuevo mapa de Europa, está totalmente creado a partir de sentimientos materialistas, a partir de impulsos materialistas. La humanidad sólo despertará cuando añada a estos impulsos nacionalistas —que son materialistas, basados únicamente en una observación de la continuidad externa de las generaciones— la consideración histórico-social de la vida en su verdadera realidad. Entonces veremos también las almas que viven en los cuerpos actuales. Estas almas sólo tienen como envoltura exterior lo que se transmite a través de sucesivas generaciones por medio de la herencia física o lo que se les transmite a través de la tradición como cultura espiritual y meramente aceptada como tal a través de la educación.

En las profundidades de las almas humanas, ya prevalece el anhelo de ir más allá de lo que una concepción puramente materialista puede proporcionar. Por supuesto, los resultados de la verdadera investigación espiritual, comparados con el pensamiento acostumbrado de hoy, a menudo parecen paradójicos. Pero cualquiera que desee profundizar en la vida, especialmente en la vida actual (que de hecho está llena de dificultades) verá, por ejemplo, que muchas cosas se hacen comprensibles cuando se está dispuesto a escuchar lo que dice el investigador espiritual de su investigación exacta y concienzuda. Las personas están acostumbradas a atribuir algún valor a lo que les comunican los observatorios astronómicos o similares. Si en algún lugar se ha hecho un descubrimiento astronómico, la gente no dice que lo acepta por la fe en la autoridad. No son conscientes de que de hecho lo aceptan por la autoridad, aunque en conexión con un razonamiento humano sano que considera que lo que un observatorio da al resto del mundo no es insensato; que las cosas se organizan de manera sensible, de modo que no hay razón para que la gente ponga en duda la verdad de lo que se les comunica. El tejido de la vida es tal que no necesitamos decir que aceptamos algo meramente por fe en la autoridad. Pero también debemos pensar de la misma manera cuando aparecen ocasionalmente investigadores espirituales, al igual que los astrónomos ocasionales, y anuncian los resultados de su investigación espiritual; porque encontraremos estos resultados verificados en todas partes en la vida si estamos dispuestos a aplicar el sentido común.

La ciencia espiritual antroposófica ciertamente seguiría siendo teórica y abstracta en referencia a la vida, si no permeara cada rama separada de la vida humana. No deben imaginar que la historia, por ejemplo, debiera estar influenciada por la ciencia espiritual de tal manera que ahora desarrollemos solamente, aunque algo más profundamente, la historia de las épocas, de las generaciones o similares; esa no es la intención. Pero la investigación espiritual debe combinarse con los hechos externos de la visión pragmática u otra de la historia, y de esto debe surgir una visión de la realidad completa.

Por muy grande que sea el anhelo en las profundidades inconscientes de la vida humana para tal visión de la vida, que corresponde a la realidad, existe sin embargo, con tanta fuerza y en la parte más consciente de la vida humana, la oposición a nuestros puntos de vista. Y para dar la apariencia de justificación, nuestros adversarios buscan todos los medios. No se reducen a ningún tipo de difamación. Ya les mostré ayer, en un ejemplo, cuán erróneos son estos opositores, cómo simplemente mienten, declarando la falsedad objetiva. [* Berna, 13 de diciembre de 1920, conferencia pública: “Los resultados de la ciencia espiritual y sus relaciones con el arte y la religión”. (En esta conferencia se hace referencia a la falsedad de ciertas declaraciones hechas por teólogos en Basilea en relación con el grupo plástico en el Goetheanum.) Aparte del hecho de que estos son ataques a la ciencia espiritual antroposófica —que no nos preocupa mucho— son las cualidades humanas las que se nos revelan así!.

Más aún, queridos amigos, debemos sacar fuerzas de las fuentes que, a pesar de todo esto, nos dan la imagen del mundo que necesita la Humanidad en la actualidad, y que la necesitará aún más en un futuro próximo, especialmente aquella parte que todavía está en su apogeo hoy. ¡Ya no se podrá vivir con la antigua imagen del mundo! Debemos sacar fuerzas de una visión del mundo tal como lo amplía la perspectiva histórica y hablar del origen de las almas, no meramente del origen de los cuerpos. Y además, debemos adquirir la fuerza para defender la Antroposofía, donde sea que podamos. La Antroposofía, mis queridos amigos, necesitará de personas que le apoyen. Lo que aparece hoy como oposición a nuestro trabajo no disminuirá y no asumirá formas más agradables en el futuro. Por el contrario, esta oposición adoptará formas peores. Quien sea consciente de lo que significa la Antroposofía podrá, a través de esta conciencia misma, encontrar la base a partir de la cual él, en su posición en la vida, puede trabajar de la manera adecuada. Porque lo que se hace a través de la Antroposofía no es realmente para fines personales; se hace por el bien de la Humanidad. Y no debemos dejarnos desanimar por el hecho de que nuestros oponentes van a ser cada vez más fuertes y cada vez más virulentos —por el hecho de que hoy en día se emplean muchos métodos desagradables. La mezquindad de nuestros opositores seguirá aumentando. Si, por esta razón, perdemos el valor, no habremos entendido realmente lo que la Antroposofía significa para el futuro desarrollo de la Humanidad.

Con estas últimas palabras ha sido mi deseo llamar la atención sobre algo que debería ser considerado dentro de nuestro Movimiento. He conectado intencionalmente estas últimas palabras con el importante estudio que hemos emprendido hoy acerca del progreso de las almas a través de repetidas vidas terrestres, y la forma en que nuestra organización humana se está construyendo desde dos direcciones, desde el gran Universo y desde la Tierra. Lo que la ciencia externa sabe de estas cosas es muy poco. Esta ciencia externa se ha limitado a la consideración de lo que es, después de todo, sólo el cuadro final de las fuerzas verdaderamente activas —ectodermo, endodermo, etc.,— sin saber qué significado macrocósmico tiene el ectodermo, qué significado telúrico tiene el endodermo, cómo estos, de nuevo, están conectados con la imagen mental y la voluntad.

Al no tener en cuenta estas profundas interrelaciones, el método de percepción materialista sólo considera las externalidades, sólo los hechos externos al último grado. Y lo mismo ocurre en el campo histórico, donde el ojo se fija en lo que podría decir, fluye a través de la sangre de las generaciones, y debe ser observado a través de la tradición en el curso de la continuidad lineal del desarrollo histórico en cualquier territorio que ustedes puedan nombrar mientras que el hecho es que la realidad plena se puede comprender, si nos preguntamos no sólo qué sangre fluye en las venas de una persona, sino de dónde viene el alma que usa esta sangre. Debemos esforzarnos por una consideración total de la humanidad, después de una verdadera visión de la realidad; pues esto es lo que demanda el mundo y se exigirá cada vez más. La antroposofía está dispuesta a dar esto.

Esto es lo que quería decirles hoy. Esperemos que pronto nos veamos de nuevo para que podamos continuar tales estudios, que pueden conducir a una comprensión del presente y del futuro, a una comprensión de la naturaleza humana y del universo en la medida en que el hombre es nacido de ella.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Septiembre de 1917.

 

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GA266. De los Contenidos de las Clases Esotéricas

Rudolf Steiner – Múnich, 17 de marzo de 1908

versión inglesa

Es la tarea de la 5 ª Época Post-atlante desarrollar el Yo Espiritual o Manas. Esto se inicia en la Época hindú donde el Yo Espiritual se hunde el cuerpo sensible.

En la siguiente subraza, la protopersa, el Manas penetra en el alma sensible y por lo tanto entra en un nuevo elemento, el elemento del alma. El resultado de esto es que ciertos demonios que antes no tenían poder sobre los hombres fueron liberados y se hicieron hostiles. La demonología surge en esta raza; Ningún demonio había sido mencionado en sagas y mitos anteriores.

En la tercera sub-raza el Manas se hunde en el alma intelectual o racional de los egipcios, babilonios, asirios y semitas. Nada cambia mucho, porque Manas permanece en el mismo elemento del alma.

En la cuarta, penetra en el espíritu de la sub-raza greco-romana  donde se desarrolla en el alma consciente que también permanece en el elemento anímico. Y Cristo Jesús baja a la Tierra. Él tiene el poder de superar a los demonios hostiles, la Biblia dice que él ató a Satanás por mil años. Continua nuestra quinta sub-raza y ahora el Manas pasa a un nuevo elemento. Comienza a vivir en su propio elemento: el Yo Espiritual en el yo espiritual. Así se liberan nuevos poderes hostiles que la Humanidad no conocía antes. Y es que estos enemigos salen del propio corazón del hombre. Los hombres se obstaculizan mutuamente influenciándose más de lo que nunca lo habían hecho anteriormente. Puede servir como ejemplo un caso que fue investigado ocultamente.

Cuatro personas vivían juntas. El primero era un poco débil de mente y loco. El segundo era considerado un hombre muy talentoso, era productivo y trabajaba exteriormente. El tercero era un hombre llamado promedio y el cuarto era un hombre muy desarrollado, aunque no podía expresarse. ¿Cómo se ve esto desde una perspectiva oculta?. El primero tiene una voluntad muy débil, pero normalmente está dispuesto. El número res aparentemente promedio está desquiciado interiormente y se lo arroja al primero. ¿Qué pasa con el segundo hombre talentoso y productivo? Él realmente sólo tiene el talento de ser capaz de expresar algo. El contenido valioso de todo lo que produjo fue una transferencia del conocimiento y fuerzas de sabiduría del cuarto, que sin embargo no tenía la capacidad de expresarse. Pero cuando tartamudeaba una oración, allí había mucha más fuerza real que en las palabras brillantes que salían del número dos, que impresionaba tanto a los hombres.

Es tarea de un hombre hoy liberarse cada vez más de las influencias restrictivas de su ambiente y no dejar que tales influencias salgan de él. Se supone que el hombre se vuelve cada vez más libre. Se supone que un hombre reconoce y realiza las leyes eternas del bien por su propia voluntad. El mundo espiritual sólo se revela a un ser humano interiormente libre. Cuando algunos alumnos esotéricos dicen que escuchan voces que les dicen qué hacer en sus asuntos cotidianos, se están engañando a sí mismos. Los maestros son silenciosos sobre los asuntos cotidianos. Sólo hablan si un hombre se eleva por encima de su existencia a las grandes leyes mundiales relativas a la evolución humana y del mundo. El hombre debe aprender a ser libre e independiente en su pequeño círculo, para que pueda entrar en el mundo espiritual como un ser libre y consciente de sí mismo, pues sólo así podrá convertirse en un miembro útil en la evolución humana.

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Traducido por Gracia Muñoz en Julio de 2007

 

GA211. Las Esferas Planetarias y su Influencia en la Vida del Hombre en la Tierra y en los Mundos Espirituales

Rudolf Steiner — Londres, 24 de Abril, 1922

 

12 conferencias sueltas del 21 de mar a 11 de junio de 1922  en diversas ciudades. del ciclo  “El misterio del Sol y el misterio de la muerte y la Resurrección. Cristianismo exotérico y esotérico”.

 

English version

 

Mis queridos amigos,

Es de la mayor importancia que exista en este tiempo un cierto número de personas que sepan en qué punto de su evolución espiritual se encuentra el hombre y que también conozcan cuál debería ser el próximo paso para que la civilización no se vaya completamente abajo. ¿Porque qué es lo que está sucediendo hoy? Al hablarles, queridos amigos, puedo usar la terminología antroposófica y decir de inmediato que las fuerzas ahrimánicas, que están actuando dondequiera que el hombre piense o actúe sobre una base materialista, están en nuestros días tratando de encadenar al hombre hacia la Tierra ganando la posesión de su intelecto. Estas fuerzas ahrimánicas son muy poderosas en este momento y buscan todo tipo de formas para acceder a las almas de los hombres, con el objeto de llevarlas a la adopción de una perspectiva puramente materialista, una comprensión puramente intelectual del mundo. Es por esto muy importante que existan, como he dicho, cierto número de personas que sepan cómo debe continuar la evolución del hombre para que pueda alcanzar su meta.

Echemos un vistazo al pasado. Podríamos ir mucho más lejos, pero por el momento no necesitamos ir más allá de tres o cuatro mil años antes del Misterio del Gólgota. Y luego seguiremos, desde un punto de vista, el curso de la evolución del hombre desde esa época.

De la época que quiero hablar primero, es una civilización que floreció en el Oriente y que en mi libro “La Ciencia Oculta” he llamado la antigua civilización persa. El maestro de la humanidad durante el auge de esta civilización fue Zaratustra, Zoroastro. No es el Zaratustra de quien habla la historia; ese vivió más tarde. Zaratustra es un maestro de la humanidad mucho más antiguo. En aquellos tiempos era, como ustedes saben, una costumbre bastante común que los alumnos de un maestro grande y elevado continuaran durante mucho tiempo llevando su nombre; y el Zaratustra del que habla la historia es en realidad el último de una sucesión de alumnos del gran Zaratustra. Ahora bien, este gran maestro de la humanidad fue iniciado de una forma muy maravillosa y notable en los secretos de la existencia, y pudo presentarse ante los hombres de su tiempo y enseñarles como un eminente y sublime iniciado. Zaratustra sabía —y fue su iniciación lo que le permitió tener el conocimiento— que en ese lugar del cielo donde se dirigen nuestros ojos cuando miramos al Sol, vive un gran y omnipresente Espíritu. Al principio no vio el Sol físico en absoluto; en el lugar en los cielos donde hoy, con nuestra conciencia ordinaria, vemos el Sol físico, Zaratustra vio un gran y omnipresente Espíritu Cósmico. Y este Espíritu cósmico lo influyó de una manera espiritual, con lo cual pudo saber que con la luz del sol, con los rayos que caen del Sol sobre la Tierra, vienen también rayos espirituales, rayos de gracia y bondad divino-espiritual que encienden en el alma y en el espíritu del hombre, ese “hombre superior” al cual el hombre ordinario en nosotros debe aspirar continuamente.

En aquellos tiempos antiguos, los iniciados no recibían nombres por ningún motivo externo, sus nombres les llegaban a causa de lo que sabían. Y así este sublime iniciado de quien hablamos fue llamado por sus discípulos —y también se llamó a sí mismo— Zaratustra, Zoroastro, la Estrella Radiante; fue nombrado como la divinidad radiante que envía a la Tierra los rayos de la sabiduría. La iniciación de Zaratustra fue, en relación con todas las iniciaciones que vinieron después de él, la más elevada y sublime. Cuando miraba el Sol cósmico espiritual, estaba buscando la fuente de todas las fuerzas que hacen que las piedras de la Tierra sean duras y sólidas, que hacen que de las plantas salgan las semillas y crezcan, que vivan los animales que se extiendan sobre la faz de la Tierra en sus diferentes especies y hace que el hombre florezca y evolucione en la Tierra. El más antiguo de los Zaratustra, la Estrella Radiante, tenía conocimiento de todo lo que ocurría en la Tierra; y tuvo este conocimiento porque pudo experimentar el Ser Espiritual del Sol.

Entonces llegó un tiempo en que el hombre ya no fueron capaces de penetrar tan profundamente en los Misterios de los Mundos, —el tiempo que he nombrado, en mi “Ciencia Oculta”, como la civilización Egipcio-Caldea. El hombre seguía mirando hacia el Sol, pero ya no lo veía tan radiante como el que envía sus rayos; el sólo lo vio brillando, como iluminando la Tierra con su luz. Los hombres hablaban en aquellos tiempos de Ra, cuyo representante en la Tierra era Osiris; Ra significaba para ellos el Sol que se movía alrededor de la Tierra, dando luz. Algunos de los secretos se habían perdido; El iniciado ya no era capaz de ver con plena claridad interior al radiante Dios cósmico, como lo habían hecho los iniciados de la época antigua. Sólo podían ver que las fuerzas astrales primitivas provienen del Sol. Zaratustra veía en el Sol un Ser, el todavía era capaz de ver en el Sol un Ser. Los iniciados de Egipto y de Caldea vieron en el Sol las fuerzas que llegan a la Tierra, —fuerzas de luz, fuerzas de movimiento. Lo que vieron fueron hechos— algo inferior del Ser; es verdad, pero no es un ser espiritual.  Y los iniciados egipcios hablaron de Aquel que representa en la Tierra las fuerzas del Sol que el hombre lleva dentro de sí; y lo llamaron Osiris.

Cuando llegamos a la época Griega, encontramos que en el siglo octavo, séptimo y quinto antes del Misterio del Gólgota, el hombre había perdido todo el poder de mirar los Misterios del Sol, sólo podía ver el efecto de la influencia del Sol en el medio ambiente de la Tierra. El hombre vio el funcionamiento del Sol en el éter que llena todo el espacio alrededor de la Tierra. Y a este éter, que se extiende alrededor de la Tierra e impregna también al hombre mismo, los iniciados griegos —no el pueblo en general, sino los iniciados— lo llamaron Zeus.

Tenemos entonces estas tres etapas en la evolución cultural de la Humanidad. Primero estaba la etapa en que los iniciados contemplaban en el Sol un Ser Divino-Espiritual; después vino una segunda etapa, cuando los iniciados vieron actuando las fuerzas del Sol y finalmente una tercera etapa, cuando los iniciados contemplaron sólo la influencia del Ser del Sol en el éter de la Tierra.

Ahora bien, en un tiempo posterior hubo un hombre que se acercó tanto a las enseñanzas de la iniciación como fue posible acercarse en ese tiempo y que estaba familiarizado con la enseñanza de estos tres aspectos del Sol —el aspecto del Sol de acuerdo con Zaratustra, el aspecto del Sol asociado con Osiris y el aspecto del Sol visto y comprendido por Pitágoras y Anaxágoras. Me refiero a Julián el Apóstata. Juliano el Apóstata no fue capaz de contemplar al Sol en los tres aspectos, pero conocía la enseñanza; lo sabía como una tradición que había descendido de los Centros de Misterio. Y tan impresionado estaba Juliano el Apóstata por esta enseñanza de los tres aspectos del Sol que para él lo que trajo el cristianismo le parecía pequeño en comparación. Porque todavía sabía de la inexpresable gloria y esplendor que Zaratustra había contemplado; había aprendido también a conocer las actividades del fuego y de la luz, de las fuerzas químicas cósmicas y de las fuerzas vitales cósmicas, que el hombre había podido contemplar en los antiguos Misterios. Todo esto lo pudo aprender Juliano aunque sólo por la tradición. Y toda esa enseñanza le pareció tan sublime, tan poderosa, que se encontró incapaz de aceptar el cristianismo. De hecho, los pensamientos y propósitos de su mente tomaron otra dirección. Se apoderó del deseo de impartir a la humanidad los Antiguos Misterios en los que él mismo se había iniciado hasta cierto punto. Y esto, queridos amigos, fue lo que finalmente llevó al desembarazo de la daga que llevó su vida a un final violento. La mano que levantó la daga pertenecía a uno de los que consideraron un pecado comunicar las elevadas enseñanzas de la iniciación a la humanidad en general y que quería que la gente oyera hablar del Sol solo en su manifestación externa, es decir, en los términos externos que eran la costumbre de esa época.

Julián el Apóstata declaró que el Sol tiene tres aspectos: primero, el aspecto del éter terrestre; en segundo lugar, el aspecto de la luz del cielo que está detrás del éter terrestre, que es el aspecto químico, del calor del fuego y de las fuerzas vitales; Y por último, el aspecto del puro Ser espiritual. Y por esto fue puesto fuera del camino. Si bien hay que admitir que todavía no había llegado el momento en que la humanidad en general estuviera madura para recibir tales verdades graves y solemnes.

Un estudio de la historia puede, sin embargo, sacar a la luz algo más en este sentido, y que es de gran importancia. Buena parte de esta triple enseñanza de Zaratustra, Osiris y Anaxágoras —la enseñanza del Sol espiritual; del Sol elemental; y de Zeus, en el ambiente etérico inundado con el Sol a la Tierra—  que encontró su camino en la cultura exotérica externa de Grecia. Y el mundo nunca habría tenido un arte griego tan sublime, ni una filosofía griega tan maravillosa, nunca habría tenido un Platón y un Aristóteles, si no fuera porque en el arte y la filosofía de Grecia, pudieron fluir las corrientes de esta antigua sabiduría.

Sin embargo, llegó el momento en que las verdades iniciáticas transmitidas desde épocas pasadas ya no estaban suficientemente protegidas de la profanación. Muchas enseñanzas que tuvieron su fuente en la sabiduría de la iniciación pasaron a manos de distinguidos romanos, especialmente los emperadores romanos. Entre todos ellos, tal vez sólo de Augusto, se puede decir que todavía supo valorar la sabiduría iniciática que se le impartió. En el mundo romano, en general, no se entendía el factor esotérico del arte y de la sabiduría griega, no se reconoció que estos elementos contenidos pudieran remontarse a la enseñanza de una antigua sabiduría. Por consiguiente, la desesperadamente prosaica civilización bárbara de Roma se apoderó de lo que podríamos llamar el brillo superficial, el brillo de la cultura griega, pero fue incapaz de transmitir, en su verdadera forma, a las generaciones posteriores lo que vivía en el corazón de esta cultura. Y así, cuando las influencias romanas comenzaron a penetrar en el cristianismo que desde el misterio del Gólgota había entrado en el mundo, no había posibilidad de que el cristianismo recibiera, junto con todo lo que venía de Roma, la verdadera esencia de la antigua cultura.

Cuando describo acontecimientos históricos de la manera que acabo de hacer, no deben tomarlo como una expresión de culpa o de crítica. Era necesario para la evolución de la humanidad que las cosas sucedieran como lo hicieron. Sin embargo, también es necesario que no estemos ciegos al hecho de que, debido a que Roma no supo valorar y guardar la iniciación, se impidió a las verdaderas iniciaciones el encontrar su camino hacia Occidente. Debemos hacernos conscientes de que nosotros, como seres humanos que poseemos la conciencia ordinaria de los tiempos modernos, hemos sido excluidos de las verdades sagradas de los tiempos antiguos porque Roma fue incapaz de entender estas verdades. Como sabemos, fue un hombre que salió de Roma el que expulsó de Europa a los últimos filósofos griegos y los obligó a buscar refugio en el Oriente.

Tengo que llamar a estas cosas a la mente; la consideración del tema que tenemos entre manos hace necesario que comencemos refiriéndonos a ellos —recuperando nuestros pensamientos, aunque sea por un breve tiempo, hasta el lejano momento en que los maestros espirituales del hombre todavía podían volver su mirada a los cielos estrellados y contemplar allí el triple sol. El único remanente de este conocimiento que ha quedado para las generaciones posteriores es el símbolo de la triple corona usada por los Papas de Roma. El símbolo externo permanece; La realidad interna se ha perdido. Pero a través de la nueva iniciación de los tiempos modernos, se ha abierto otra  vez para el hombre el poder mirar hacia atrás a las épocas anteriores de su evolución. Esta nueva iniciación de la que cuenta nuestra enseñanza antroposófica nos permite mirar hacia atrás y ver cómo fue para el hombre cuando elevaba su mirada desde la Tierra hacia el Sol y escuchaba lo que el Sol le enseñaba sobre los misterios de la evolución humana .

Queridos amigos, cuando los discípulos de los antiguos iniciados miraban hacia el ancho universo y hablaban de lo que veían allá fuera de la Tierra en el funcionamiento del Sol, sí, en el Sol mismo, cuando hablaban del sublime Ser Espiritual del Sol proclamado por Zaratustra, estaban hablando del mismo Ser a quien, en estos últimos tiempos, designamos como Cristo. De modo que nos adherimos estrictamente a la verdad cuando decimos que los iniciados de los tiempos antiguos vieron al Cristo fuera de la Tierra en el Cosmos, en el Cosmos que tiene su centro y representante en el Sol. La verdadera esencia del Misterio del Gólgota no radica en el hecho de lo que enseña Cristo. Los iniciados de los tiempos antiguos también lo sabían y enseñaban. Sólo que hablaban de Él no como viviendo en la Tierra, en las fuerzas de la Tierra, sino como viviendo dentro de las fuerzas del Sol. Es un error pensar que los antiguos iniciados no hablaban del Ser Crístico. Se habló de Cristo continuamente antes el Misterio del Gólgota, —como un Ser que está fuera y más allá de la Tierra. Los hombres han perdido de vista esta verdad y son capaces de considerar que la declaración es anticristiana. Pero, ¿por qué una declaración semejante debe considerarse como anticristiana, ya que los Padres de la Iglesia primitiva sin duda sostuvieron esta opinión?. Ellos dijeron: “Los sabios de la antigüedad que a menudo son descritos como paganos son, en un sentido más profundo, cristianos. Los primeros Padres de la Iglesia no dudaron en hablar de los paganos como cristianos antes del Misterio del Gólgota “.

Lo que ocurrió en el Misterio del Gólgota no fue nada menos que el Ser que antes no se encontraba en la Tierra, a quien sólo se podía encontrar fuera de la Tierra cuando se iniciaba en los Misterios Estelares. Estando encarnado en Jesús de Nazaret, vivió en la Tierra, fue crucificado y sepultado y apareció ante sus discípulos iniciados como Resucitado —Como Aquel que ha resucitado en el cuerpo espiritual. El gran y sublime Sol descendiente de las alturas cósmicas, descendió a la Tierra, ese es el acontecimiento que sucedió en el Misterio del Gólgota. Y cuando descendió de los mundos espirituales y pasó por la muerte, y su cuerpo fue colocado en la Tierra, entonces este mismo Cristo —después de Su muerte, después de Su resurrección—- tuvo discípulos iniciados. Y es importante que muchos conozcan hoy lo que Cristo enseñó en ese tiempo a Sus discípulos iniciados; Es importante que muchos conozcan esta enseñanza del Cristo Resucitado, para que puedan participar de las fuerzas que ahora están trabajando para la evolución ulterior de la humanidad.

Volvamos una vez más al iniciado de la antigüedad. ¿Cómo recibió su enseñanza? Todos los iniciados de tiempos antiguos fueron instruidos por Seres que estaban fuera y más allá de la Tierra. Y la instrucción se llevaba a cabo de la siguiente manera. Los alumnos de los Misterios fueron entrenados y preparados para poder ver cuando estaban fuera de su cuerpo, y luego a través de este tipo de visión, llegaron a conocer a los Seres. Hemos hablado de cómo Zaratustra llegó al conocimiento de Cristo como el sublime Ser Solar. Los iniciados de la antigüedad llegaron a conocer también otros Seres de las Jerarquías. Y el lenguaje, el lenguaje espiritual que fue utilizado por un Ser que descendió de esta manera para enseñar a los iniciados, era un lenguaje por medio del cual, era en aquellos tiempos aún posible impartir enseñanzas a los hombres.

Había así en tiempos antiguos maestros divinos. Y el Cristo,  —Él era también un maestro divino. Para aquellos a quienes Él dio instrucción después de Su Resurrección Él fue el maestro divino. Y lo que Él podía enseñarles era nuevo; era más de lo que enseñaban los primeros maestros divinos.

Los maestros divinos de épocas anteriores hablaron a los hombres de los secretos del nacimiento, pero no hablaron de los secretos de la muerte; Porque en el mundo divino de donde los primeros maestros divinos descendían para enseñar a los iniciados de la antigüedad, no había seres que hubiesen sufrido la muerte. La muerte era algo que sólo podía ser experimentada en la Tierra por el hombre. Los Dioses miraron hacia abajo y vieron que el hombre muere; Su conocimiento de la muerte era un conocimiento meramente externo. Pero Cristo aprendió a conocer la muerte en la Tierra. Porque no sólo se incorporaba, brillando en algún ser humano en ciertos momentos, como era el caso de los Divino Maestros de la antigüedad. Cristo aprendió a conocer la muerte en tanto que Él, un Dios, vivió en la Tierra como un alma humana en un cuerpo humano físico. Así, Él aprendió a conocer la muerte en su realidad. Pasó por la muerte. Y aprendió algo más.

Mis queridos amigos, si el Cristo hubiera sufrido solamente lo que ocurrió desde el bautismo en el Jordán hasta la época de la Crucifixión y la muerte en la cruz, después de haber sufrido todo esto, todavía no habría podido hablar de los Misterios de los cuales habló a Sus discípulos iniciados después de Su Resurrección. Debo explicarles que, a los Maestros divinos que pudieron descender a la Tierra y a los Maestros iniciados en tiempos antiguos, todos los Misterios estaban abiertos en todo el mundo, salvo los Misterios del interior de la Tierra.

 Los iniciados sabían que allá abajo, dentro de la Tierra, había Seres espirituales de otra clase distinta que los Dioses, que mantienen el mando, y que antes del Misterio del Gólgota usaban una y otra vez para hacer descender a los seres humanos. Los griegos, por ejemplo, no desconocían los Seres Espirituales en el interior de la Tierra; en su mitología los llamaron los Titanes. Pero Cristo fue el primero de los dioses superiores en aprender a conocer el interior de la Tierra. Eso es un hecho importante. El Cristo, porque fue sepultado en la Tierra, llevo el conocimiento a los dioses superiores de una región de la cual no se tenía conocimiento. Y este secreto, de que los dioses también sufren una evolución —este secreto Cristo lo comunicó a sus discípulos iniciados después de su resurrección. Este secreto también lo aprendió Pablo a través de la iniciación natural que experimentó en las puertas de Damasco. Lo que aturdió y sacudió a Pablo hasta las profundidades de su ser fue el conocimiento de que el Poder que antes se había buscado en el Sol se había unido ahora con los poderes de la Tierra.

¿Por qué Pablo, siendo aún Saulo, persiguió a los seguidores de Cristo? La razón era que había aprendido en la vieja iniciación caldea que el Cristo vive fuera de la Tierra en el Cosmos y que aquellos que declaran que Cristo vive en la Tierra están en error. Pero cuando Pablo recibió la iluminación en su camino a Damasco, en ese momento supo que era él mismo quien estaba equivocado, ya que estaba dispuesto a creer sólo lo que hasta entonces había sido verdad. Pero ahora veía que lo que había sido verdad, había cambiado; El Ser que antes habitaba sólo en el Sol había descendido a la Tierra y continuaba viviendo en las fuerzas de la Tierra.

Así el Misterio del Gólgota, fue para el entendimiento de aquellos que primero lo hicieron conocer a los hombres, no un acontecimiento solo para la Tierra, sino un evento cósmico, un acontecimiento para todos los mundos. Así fue como se entendió en los primeros tiempos cristianos. Y los verdaderos iniciados describieron el evento de la siguiente manera.

los primeros cristianos fueron profundamente iniciados, y sabían que el Cristo, a quien pensamos hoy como el Ser que pasó por el Misterio del Gólgota al principio de nuestra era, — sabían que el Cristo, que vino aquí desde el Sol, también había descendido al Sol desde alturas aún más distantes. Fue en el Sol cuando Zarathustra lo vio. Entonces su poder pasó a los rayos del Sol. Los iniciados de Egipto lo vieron en los rayos del Sol. Y entonces Su poder vivió en el ambiente de la Tierra. Fue allí donde los iniciados de Grecia lo contemplaron. Y ahora en este tiempo –decían los primeros cristianos iniciados— Se le da al hombre que contemple a Cristo como Aquel que caminó sobre la Tierra en un cuerpo terrenal, y que es visto por nosotros en Su verdadera forma cuando lo vemos como el Resucitado el Cristo que está en la Tierra y ha visto el Misterio de la Tierra y ahora puede hacer que este Misterio fluya gradualmente en la evolución de la humanidad.

Hubo un maravilloso calor y resplandor sobre el modo en que esta enseñanza esotérica fue comunicada en escuelas dispersas y solitarias de iniciación, durante los primeros siglos después de Cristo, —viniendo desde el Este y extendiéndose continuamente hacia el oeste por canales secretos. Sí, no hay duda de ello, hubo en verdad una enseñanza esotérica del cristianismo. Los primeros Padres de la Iglesia sabían más de lo que se conoce hoy. Pero también vieron al mismo tiempo el ataque que amenazaba desde el lado de Roma. Los historiadores modernos tienen muy poca idea de la magnitud de esa colisión entre el temprano impulso cristiano y el mundo anti-espiritual de Roma. Lo que hizo el mundo romano fue arrojar un manto de superficialidad sobre los misterios cristianos más profundos.

Los hombres de antaño tenían una relación viva con los poderes del Universo, tal como es casi imposible imaginar hoy con nuestra conciencia ordinaria. Los hombres que vivieron tres, cuatro, cinco mil años antes de Cristo sabían muy bien que cuando comían esta o aquella sustancia, continuaban trabajando en su cuerpo y llevaban los poderes del Cosmos dentro de ellos. Miren por ejemplo, el tipo de instrucción que Zaratustra les daba a sus discípulos. Solía enseñarles de la siguiente manera. “Ustedes comen los frutos del campo. Estos frutos han sido iluminados por el Sol, y en el Sol vive el elevado y sublime Ser Espiritual. El poder del alto Ser Espiritual, procedente del lejano Cosmos, entra con los rayos del Sol en los frutos del campo. Ustedes comen los frutos del campo; lo que la sustancia te trae te llena con las fuerzas espirituales del Sol, cuando digieres los frutos del campo, el Sol “se levanta” en ti, te diré lo que debes hacer en los momentos solemnes del festival. Toma algo que se ha preparado de los frutos del campo. Medita sobre ello. Recuerda que el Sol está dentro de él. Medita sobre ello hasta que el pedazo de pan se vuelva radiante para ti. Cómetelo y ten conciencia de cómo el Espíritu del Sol que ha descendido del vasto Universo, ha entrado en ti y vive dentro de ti”.

¿Qué queda de todo esto? Simplemente su expresión exterior —la eucaristía en la misa. Y aquellos que continúan celebrando este rito en el espíritu y la comprensión que Roma ha introducido en el cristianismo son los mismos que se oponen con mayor ferocidad a cualquier sugerencia de que el hombre necesita sabiduría cósmica para comprender las enseñanzas de Pablo; Porque Pablo vio el resplandor que irradiaba de las nubes la fuerza que es el Poder del Sol, el Ser supracorpóreo, el Cristo, que en el Misterio del Gólgota descendió a la Tierra, la Deidad Cósmica unida a las fuerzas del sol. En los primeros tres o cuatro siglos de la evolución cristiana, todavía se conocía mucho de este Misterio. Más tarde, el conocimiento externo del mundo adquirió tal dominio sobre el hombre que apenas nos es posible hoy, cuando leemos los relatos que han llegado hasta nosotros de los primeros siglos cristianos, reconocer de éstos cuán profundamente espiritual era el cristiano primitivo la concepción del acontecimiento del Gólgota. Pero ahora ha llegado el momento en que es de la más alta importancia para el hombre mirar hacia atrás y llamar de nuevo a la memoria el entendimiento espiritual del cristianismo que tuvo en los primeros siglos después de Cristo. Desde entonces el hombre ha pasado por un desarrollo que le ha permitido alcanzar una sabiduría terrenal maravillosa. A través de esto se ha convertido en un ser libre. En tiempos antiguos incluso los iniciados no eran libres. Cuando querían trabajar con impulsos profundos, se dejaban guiar por los Dioses. Por el logro de la sabiduría terrenal, y sólo por eso, el hombre puede llegar a ser libre. Sin embargo, en un futuro próximo esto tendrá como resultado que las fuerzas anti-cristianas, puedan apoderarse de las almas de los hombres. A estas fuerzas anticristianas, las llamo las fuerzas ahrimánicas.

Tenemos en nuestros días una ciencia altamente desarrollada, pero aún no está cristianizada. Hablamos mucho de nuestra civilización y cultura, pero nadie ve ninguna ocasión para cristianizar la ciencia natural sobre la cual se funda. Sin embargo, debe ser cristianizada; De lo contrario nos privaremos de todo lo que necesitamos del Cosmos. Lo perderemos por completo. Hace mucho tiempo, cuando los hombres eran más sensibles, fueron capaces de recibir comprensión junto con el alimento que disfrutaban. Pero a medida que pasaba el tiempo, se separaban cada vez más de la vida cósmica. En la parte posterior de la época de la cultura egipcio-caldea, los iniciados eran todavía capaces de hablar de las fuerzas de los dioses, las fuerzas que entran en la planta y la piedra. Y así podría surgir en este tiempo una ciencia de la curación y la medicina. Y como cuestión de hecho, nuestros remedios más efectivos hoy provienen de esa época antigua, como la gente poco sospecha. Sí, en el ámbito de la curación también tendremos que volver a las verdaderas fuentes del conocimiento y desarrollar un arte de la medicina que se base en una comprensión más profunda de las fuerzas de las cosas que nos rodean. Reside en la ciencia de la iniciación moderna el encontrar el camino. El movimiento antroposófico no está ahí para nada más que para impartir al hombre lo que le es posible alcanzar hoy. Porque desde 1879, la Edad Oscura —como la llamaron los profetas de antaño— ha finalizado. Todo lo que nos rodea es el mundo espiritual, un mundo espiritual viviente que puede ser revelado; podemos percibirlo y tener conocimiento de ello. Y es para nosotros el oír y escuchar lo que el mundo espiritual nos está revelando. Ese es el objetivo y propósito que tenemos en nuestro movimiento antroposófico; Queremos hacer que los hombres estén atentos a las revelaciones del mundo espiritual. Verdaderamente, esta es una tarea y misión que no es asunto solo de la Humanidad, sino de los mundos cósmicos.

Mis queridos amigos, cuando empezamos a comunicar hechos singulares y concretos a partir del conocimiento de la ciencia espiritual, no debemos sorprendernos si una u otra verdad se encuentra con el ridículo y el desprecio. Recuerden lo que dije al comienzo de mi conferencia, —que hoy hay necesidad de que las personas tengan un conocimiento claro y detallado sobre la evolución de la humanidad, hay necesidad en el mundo actual de las personas que han adquirido tal conocimiento de la ciencia de la iniciación. Y creo que, según las descripciones que se han dado, que es importante no contentarnos con el reconocimiento de las verdades amplias y generales, sino traer estas verdades al mundo cotidiano de la humanidad y que vivan allí. Esto lo podremos hacer, pues las verdades de la ciencia de la iniciación tienen en ellas el vigor de la vida y pueden hablar con fuerza y precisión de la vida del hombre sobre la Tierra. Déjenme darles un ejemplo.

Durante la época de una de las últimas Cruzadas, vivía en un monasterio de Italia un joven monje, notablemente dotado, que se dedicaba a un estudio especial del conocimiento que venía, no en escritos, sino transmitido de boca a boca desde los primeros tiempos cristianos. Tal conocimiento continuó viviendo durante mucho tiempo como tradición, notablemente en algunos de los monasterios. Un monje mayor, por ejemplo, se lo impartía a uno joven cuando estaban solos; y el joven monje del que estoy hablando aprendió mucho de los primeros conocimientos cristianos de esta manera. Luego dejó Italia y se unió a la Cruzada. Cayó enfermo en Asia Menor, y mientras le cuidaban se encontró con un monje aún más mayor que había sido iniciado en los Misterios del Cristianismo. Como resultado de este encuentro, se despertó un intenso anhelo en el joven de llegar a un verdadero conocimiento y comprensión de los Misterios Cristianos más profundos. Luego murió allí en el Este. Y nació de nuevo en nuestra época, nació de nuevo como una persona en quien las fuerzas que vinieron de su encarnación anterior trabajaron fuertemente y se mostraron de una manera notable. Como dije justo ahora, cuando uno comienza a hablar sobre el terreno del conocimiento de la iniciación sobre asuntos prácticos de la vida, realmente no es más de lo que se puede esperar si la gente lo convierte en ridículo. Sin embargo, es absolutamente necesario que esto se haga en nuestros días; Y vendrá el tiempo en que tendremos la percepción de ver que las cosas que se disciernen espiritualmente se pueden hablar de hechos históricos con la misma franqueza y seguridad con que hablamos de los hechos de la ciencia externa. La personalidad de quien hablo no es otra cosa que el cardenal Newman. Sigan el curso de su vida desde la juventud en adelante; Miren el conocimiento que poseía, lean sus propias palabras. Creo que se puede ver que en el Cardenal Newman tenemos una fuerte personalidad imbuida de un cristianismo que es diferente del cristianismo de su entorno. Comprenderán por qué quería alejarse del tipo de cristianismo intelectual que encontraba a su alrededor y soñaba con otro tipo de conciencia tal como la poseían los primeros discípulos de Cristo Resucitado. Sigan su vida más adelante y anoten las significativas palabras que pronunció en el momento de su investidura, cuando declaró que no puede haber salvación para la religión, a menos que el hombre reciba una nueva revelación. Piénsenlo todo, y verán claramente que esta búsqueda nació del anhelo profundo y poderoso que venía de su vida anterior en la Tierra. El hombre percibió la presencia y el impulso de aquellas fuerzas espirituales de las que hable en la segunda parte de mi conferencia. Sintió —aunque débilmente— que podría ser posible en nuestros días, al experimentar un desarrollo especial, alcanzar un nuevo conocimiento de iniciación para recibir una nueva revelación. Y sin embargo él mismo finalmente aceptó su comprensión del cristianismo — ¡una tradición! No necesito decirles a dónde le llevó su búsqueda; Ustedes pueden leer la historia. Se esfuerza por alcanzar a través de la “oscuridad” una “luz” que está más allá, pero permanece todo el tiempo dentro de la nube. Un conocimiento más profundo de su ser nos revela que Newman no era realmente culpable de esto, sino que era a este respecto un sacrificio, una víctima de su época, una víctima de las fuerzas ahrimánicas, como les llamé ahora. Estas fuerzas Ahrimánicas tuvieron una influencia extraordinariamente fuerte en el cardenal Newman; cayeron sobre él y cautivaron su poder de pensamiento, y por consiguiente fue incapaz de desarrollarse libremente y encontrar su camino hacia la espiritualidad. Pues el que desplegara hoy su vida en libertad, primero debe ser libre en su pensamiento, debe liberar su poder de pensamiento de la esclavitud del cerebro.

Ahriman logra sus mayores éxitos al acortar la segunda mitad de la vida del hombre después de la muerte. Saben que transcurre un cierto tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento. He descrito en mis Dramas de Misteriosos cómo este tiempo consiste en dos mitades, la segunda mitad toma su curso después de lo que he llamado la Medianoche Cósmica. Es esta última mitad —el período desde la Medianoche Cósmica hasta el momento del nuevo nacimiento— que Ahriman intenta acortar. Y al hacerlo, se apodera del cerebro humano y de su pensamiento. Con energía impetuosa y salvaje, se ata al cerebro, e intenta mantener a los hombres fascinados por la Tierra. Así es como las fuerzas Ahrimánicas están trabajando hoy, —y en cada vez mayor medida; tratan de acercar cada vez más el poder del hombre al mundo terrenal, alejándolo del mundo espiritual. Así, los seres humanos se encarnan uno o dos siglos antes. Este método de ataque por parte de las fuerzas ahrimánicas debe ser superado con energía espiritual y determinación. En el momento en que el cardenal Newman seguía sosteniendo el timón de su vida, era incluso entonces incapaz, con toda su energía espiritual, de liberar su pensamiento lo suficiente, o no habría hablado como lo hizo de la necesidad de una nueva revelación, el mismo habría encontrado el camino hacia la misma”. No podemos omitir de nuestras consideraciones a una persona como el Cardenal Newman cuando estamos llamando la atención sobre la espiritualidad que puede traer al hombre en nuestra época a una nueva vida. Pues esta espiritualidad ayudará a los hombres, como ya he indicado, a comprender el Misterio del Gólgota. Esto les permitirá reunir sus más amplios poderes humanos para su comprensión; Y el Misterio del Gólgota vivirá dentro de ellos, dentro de su ser más íntimo. Hablando aquí en Inglaterra, he citado a propósito al cardenal Newman como un ejemplo. El estudio de figuras trágicas como la suya nos puede traer muy a la fuerza la necesidad de nuestro tiempo; Y ustedes encontrarán muchos casos similares aquí en Inglaterra. Por eso es tan urgente que haya entendimiento en este país de la necesidad de ese conocimiento espiritual y vida espiritual, de la cual el Cardenal Newman fue arrebatado por las fuerzas Ahrimánicas. El conocimiento espiritual y la vida espiritual deben volver a ser hechos accesibles a la humanidad, si la civilización debe ser salvada de la ruina.

La penetración en las conexiones que hemos estado considerando puede estimular en nosotros la determinación de hacer todo lo que esté en nuestro poder para el avance de la vida espiritual de la humanidad. Realmente no hay otro camino posible. Pero no estemos ciegos al hecho de que los poderes ahrimánicos son muy fuertes. La verdad de la que damos testimonio tiene enemigos feroces y obstinados, que se inspiran en estos poderes ahrimánicos. Estos poderes crecen fuertes y cada vez más fuertes! Quiero decirles esto hoy, para que no se sorprendan cuando descubran que tan pronto como el movimiento antroposófico empiece a aparecer en el mundo, tendrá que luchar continuamente y cada vez con fuerzas enemigas más magníficas. Que mis palabras les despierten, por un lado, para tener una idea de la voluntad y la intención que está detrás de todos nuestros esfuerzos antroposóficos y, por otro lado, estar atentos a los ataques —que a menudo son groseramente calumniosos— de los enemigos que quieren sofocar este movimiento desde el momento de su nacimiento. Tan fuertes como pueden ser estos enemigos, no menos fuertes debemos ser, cada uno de nosotros en el poder positivo de la propia energía e iniciativa. La concepción antroposófica del mundo debe ser puesta ante el mundo con claridad y sinceridad, aunque en la forma en que se plantea, debe encontrarse a menudo con malentendidos y con una inclinación a desconfiar de los fines y propósitos de nuestro movimiento.

Por lo tanto, mi deseo sincero es que haya muchos entre ustedes que se moverán y se animarán a trabajar incesantemente por el tiempo en que esta espiritualidad, a pesar de todo lo que se está haciendo para desfigurarla y oscurecerla, prevalecerá en el mundo. Que sientan un impulso de hacerlo significará que están despiertos al hecho de lo urgentemente necesaria que es esta espiritualidad para la futura evolución de la humanidad.

Si, queridos amigos, nos hemos acercado un poco más entre nosotros en un entendimiento común de la naturaleza íntima del Ser Antroposofía, y de su importancia para nuestra época, entonces será esta reunión para la que hemos tenido que esperar algunos años han dado fruto, soportado ciertamente lo que por mi parte estaré dispuesto a reconocer como buenos y bellos frutos. Llevando esta esperanza en nuestros corazones, entonces resolvamos permanecer juntos en el alma, aun cuando en términos de espacio estamos separados.

Traducido por Gracia Muñoz en Mayo de 2017.

 

GA151c4. El pensamiento humano y el pensamiento cósmico

Rudolf Steiner – Berlín,  23 de Enero de 1914

Versión en inglés

Hemos estudiado los distintos matices y temples de las concepciones del mundo que pueden cundir en el alma humana, y como que, realmente, no puedo sino entresacar algunos puntos de vista del vasto dominio de este tema, voy a destacar uno de ellos con base en un ejemplo especial.

Pongamos el caso de una persona cuya vida transcurre predispuesta para el idealismo: se satura del matiz de la concepción del mundo propia del idealismo, y lo convierte en factor dominante de su vida interna, gracias a que apunta hacia él y se alimenta de él, el temple anímico que ayer designé como misticismo o temple venusiano. Por lo tanto, recurriendo a los símbolos de la astrología podamos decir que la constelación espiritual de esa persona en cuanto a sus dotes espirituales, es la de Venus en Aries.

Para que no haya malentendido, insisto expresamente en que esas constelaciones son mucho más significativas para la vida del hombre que las del horóscopo ordinario, pero que en manera alguna coinciden con su “natividad”. En efecto, la influencia acrecentada que el misticismo en el signo del idealismo puede ejercer sobre el alma humana, aguarda el momento propicio para lograr los óptimos frutos de un misticismo que se encuentra en el signo del idealismo. En manera alguna, esto significa que la preponderancia de dichas influencias coincida con la hora del nacimiento; pueden situarse antes o después.  Según la interna configuración orgánica, se aguarda el momento de que estas disposiciones puedan mejor integrarse en el organismo humano.

No entra en consideración pues la natividad astrológica, a pesar de lo cual sea acertado decir que cierta alma tiene una disposición que, espiritualmente hablando, corresponda a Venus en Aries, el misticismo en el signo del idealismo. Ahora bien, las fuerzas que nacen de esta manera, no subsisten por toda la vida; se modifican, es decir, el hombre  se halla expuesto a otras influencias, a otros signos zodiacales espirituales y también a otros temples anímicos. Supongamos que nuestro idealista místico se modifica de modo que, en el curso de su vida, el misticismo avanza al empirismo, y que éste se halla en el signo del racionalismo.

De acuerdo con el esquema que les tracé ayer, yendo de dentro hacia afuera, el paso al temple del empirismo, en imagen simbólica, constituye un avance en relación con el misticismo, tal como el Sol sigue a Venus. Al mismo tiempo, el alma se ha colocado en el signo del racionalismo que ha cambiado de concepción del mundo, y sus creaciones, sobre todo, si fue una personalidad vigorosa en el intervalo en que su misticismo se hallaba bajo el signo del idealismo, las cambiará y traspasará a otro matiz de concepción del mundo; hará otras aseveraciones cuando, de la manera descrita, su temple místico haya avanzado hacia el empírico, y cuando éste se haya ajustado al signo del racionalismo. De lo que antecede puede deducirse asimismo que las almas humanas tienden a cambiar de signo y temple de su concepción del mundo; pues, para ellas, ya se haya prefigurada la tendencia al cambio. Supongamos ahora que aquella misma alma quiere continuar dentro de la misma tendencia,  es decir, avanzar del empirismo al voluntarismo. Y si hiciera lo mismo en el zodiaco espiritual, entraría en el matematismo; pasaría a una concepción del mundo que, en esta imagen simbólica, se desvía de la primera línea, en que el misticismo se encontraba en el signo del idealismo, en un ángulo de 60º. Y esa alma expresaría entonces, en el curso de la misma encarnación, un edificio matemático del mundo, penetrado y sustentado por la voluntad.

Pero entonces resulta algo y les suplico se fijen bien en cómo voy a explicar el asunto: dos de esas constelaciones que están presentes en el alma en tiempos sucesivos, se estorban e influyen desfavorablemente, si se encuentran bajo un ángulo de 60º. En la astrología física,  ésta es una constelación “favorable”; en la espiritual, esta posición llamada sextil, es aciaga, lo que se expresa por el hecho de que esta última posición: voluntarismo en el signo del matematismo, tropieza con un grave obstáculo en el alma. En consecuencia, esa posición no puede llegar a concretarse, ya que no encuentra ninguna predisposición a admitir lo que el matematismo ofrece. Así se expresa lo desfavorable del sextil: no puede formarse la posición del voluntarismo en el signo de matematismo. En consecuencia, ni siquiera se hace el intento de que el temple anímico avance en ese sentido. Lo que sucede entonces es que el alma que se halla ante ese dilema, cambia de rumbo y, desde su posición actual, esto es, empirismo bajo el racionalismo, busca la salida, y se coloca en oposición a la dirección anterior, que aun le es posible mantener. El avance al voluntarismo, no se realiza, pues, como se esperaría según la línea punteada, sino que el alma, con su recién adquirido voluntarismo se pone en oposición a su anterior empirismo: el voluntarismo entrará en oposición al racionalismo en el signo del dinamismo. Y en el curso de su vida, semejante alma tendría como posible constelación la de representar una concepción del mundo que se apoya en una peculiar penetración de fuerzas o de dinamismo en el mundo, impregnado de voluntad: voluntad que quiere imponerse por medio de fuerzas. Una vez más, hay aquí una diferencia entre la astrología espiritualista y la física: en ésta, la oposición tiene muy distinto significado que en aquélla. Aquí, la oposición se produce en virtud de que el alma no puede proseguir por un camino adverso, y vira a la posición opuesta.

diagrama13

Lo que aquí les tracé corresponde a la biografía psíquica de Nietzsche. Traten de comprender el camino de sus primeras obras: se explica por la posición del misticismo en el  signo del idealismo. En esa época de su vida, Nietzsche escribió: “El nacimiento de la tragedia”, “David Strauss, confesor y escritor”, “Utilidad y desventaja de la historia para la vida”, “Schopenhauer como educador”, “Ricardo Wagner en Bayreuth”; el alma avanza; viene una segunda época a que pertenecen “Cosas humanas y demasiado humanas”, “Aurora”, “La ciencia alegre”. De la posición en oposición, surgieron las obras que se apoyan en la voluntad del poder, en la voluntad penetrada de fuerza y poder.

Existe, pues, una estricta correlación entre el cosmos espiritual y la manera de como el hombre se articula en él. Valiéndonos de los símbolos de la astrología, si bien con significado distinto, podemos decir: en determinada época de la vida de Nietzsche, Venus estuvo en Aries, pero cuando esta constelación anímica pasó a Sol en el signo de Tauro, no podía seguir adelante, no podía avanzar con Marte al símbolo de Géminis,  sino que pasó a la oposición, esto es, con Marte al signo de Escorpión: he ahí lo que singulariza su última fase. Pero el hombre solo soporta esta constelación, si penetra en la posición debajo de la horizontal idealismo-realismo en alguna concepción espiritualista del mundo: ocultismo o algo similar; de lo contrario estas constelaciones reaccionan desfavorablemente sobre el hombre mismo. De ahí el destino trágico de Nietzsche. Las constelaciones superiores se soportan si uno sabe acomodarse adecuadamente a las condiciones del mundo externo, lo que está debajo de la línea idealismo-realismo solo se resiste si uno se sumerge en el mundo espiritual, lo que Nietzsche no pudo hacer. Con decir “acomodarse a las condiciones del mundo externo”, me refiero, por ejemplo a integrarse por medio de la educación, o de las condiciones externas de la vida, condiciones que entran en consideración para todo lo que existe arriba de la mencionada horizontal. En cambio, la vida meditativa, la dedicada al estudio y comprensión de la ciencia espiritual, entra en juego para todo lo que se encuentra debajo de dicha línea.

Para apreciar el alcance de lo que se ha bosquejado en este ciclo de conferencias, hay que poner en claro cuál, es el papel del pensamiento y como se introduce en la experiencia humana.

El materialista burdo de nuestra época considera adecuado a sus intenciones el hablar de que el cerebro, o el sistema nervioso central respectivamente, genera el pensamiento. Para quien cala la realidad esto es tan cierto como el creer que, al reflejarse en el espejo, el espejo ha creado el rostro que se contempla. El espejo no produce la cara que une ve, sino que ésta se encuentra fuera de él: el espejo no hace sino reflejar la cara; esto lo expuse incluso en varias de mis conferencias públicas. Algo muy similar sucede con los pensamientos que el hombre vive, haciendo caso omiso, por ahora, de otros contenidos del alma: la vivencia mental quese agiliza y se realiza en presencia del pensamiento, no la produce el cerebro, ni más ni menos que la imagen del rostro no es producida por el espejo. En verdad, el cerebro es simple instrumento que refleja la actividad anímica a fin de que esta se torne visible para sí misma. El cerebro nada tiene que ver con los pensamientos que el hombre registra, como el espejo nada tiene que ver con la cara si la ven en el espejo.

Pero existe otra cosa: en el acto de pensar, el hombre propiamente no percibe sino las postreras fases de su actividad o experiencia pensante, y para explicarlo, recurriré nuevamente a la comparación con el espejo. Imagínense parados sin poder verse la cara; por mucho que claven su mirada, no la ven. Si la quieren ver tienen que elaborar algún material que refleje su rostro, es decir, preparar el material primero para que produzca la imagen refleja. Y al igual de lo que el hombre haría con el espejo, tiene que hacer el alma con el cerebro: en el caso de que, por ejemplo, ustedes quieran percibir el pensamiento “león”, a la actividad pensante que lleve a percibir el pensamiento, le precede un trabajo pensante que empieza por movilizar las partes profundas del cerebro, de modo que se vuelvan espejo para la percepción del pensamiento “león”, y ¿quién convierte al cerebro en espejo? ¡Ustedes mismos! Lo que finalmente perciben como pensamientos, son las imágenes reflejas; lo que tienen que preparar primero para que aparezca la imagen refleja respectiva en alguna sección del cerebro. Ustedes mismos con su actividad anímica, son los que imparten a su cerebro la estructura y capacidad necesaria para reflejar como pensamientos, lo pensado.  Si quieren retrotraerse a la actividad que subyace en el pensar,  encontraran la actividad anímica que interviene y se agiliza en el cerebro. Y si su alma ejecuta cierta actividad en el cerebro, se logra en este un reflejo que permite percibir el pensamiento “león”. Ya ven ustedes, lo primero que ha de estar ahí, es lo anímico-espiritual que ha de trabajar sobre el cerebro. Entonces, gracias a la actividad anímico-espiritual, el cerebro se convierte en aparato que refleja el pensamiento. He ahí lo que en verdad sucede, eso que a mucha gente del presente confunde tanto que no pueden captar.

El que hace algún progreso en la percepción oculta, puede mantener separadas las dos fases de la actividad anímica; seguir de cerca cómo, al querer pensar algo, tiene la necesidad, no solo de captar el pensamiento sino prepararlo;  en otras palabras, preparar su cerebro. Cuando en la investigación oculta, uno desea formarse una imagen mental de las cosas,  se impone al principio la tarea, no de representar de una vez,  sino de ejercer primero la actividad preparatoria de la representación: he ahí lo que importa tener en cuenta, pues sólo enfocándolo, tenemos delante de nosotros el pensamiento humano en su efectividad real. Por fin, ya sabemos cómo funciona la humana actividad pensante: primero, ella afecta el cerebro o alguna parte del sistema nervioso central; ejerce alguna función, mueve, digamos,  las partes atomistas de alguna manera, las pone en algún movimiento, y así se convierten en aparato reflector: el  pensamiento es reflejado y el alma adquiere conciencia de él. Hemos de distinguir, pues, dos fases: desde lo anímico-espiritual, el trabajo cerebral para la externa vivencia física; luego, la percepción, después de que el alma ha terminado el trabajo cerebral necesario para hacerla posible. En el hombre ordinario, ese trabajo cerebral permanece del todo en el subconsciente, y él tan sólo percibe el reflejo; en cambio, para el hombre dedicado a la investigación oculta, es una realidad la vivencia de la preparación. Hay que experimentar cómo verter la actividad anímica y acondicionar el cerebro, para que se preste a representarnos los pensamientos.

Lo que acabo de decir es algo que ocurre continuamente durante la vigilia: la actividad pensante trabaja constantemente sobre el cerebro y lo convierte en aparato reflector de los pensamientos. Pero no basta con que sea objeto de trabajo mental sólo aquello que nosotros mismos a él supeditemos, pues la función ahí ejercida por lo anímico espiritual es actividad estrechamente delimitada. Si despertamos por la mañana, si estamos despiertos durante el día, si nos dormimos de noche, la actividad anímico-espiritual asociada al pensar consiste en trabajar durante todo el día sobre el cerebro, de modo que se convierta en aparato reflector. Pero el cerebro ha de existir primero, y la actividad anímico-espiritual puede apuntar en él sus pequeñas grabaciones: existe, pues en sus rasgos esenciales, pero esto no basta para nuestra vida humana.

El cerebro no podría beneficiarse de nuestro trabajo cotidiano, si todo nuestro organismo no se hallara estructurado para servirle de base, estructuración o preparación que se realiza desde el cosmos. Así como, diariamente, trabajamos durante la vigilia en la perfilación del cerebro, convirtiéndolo en aparato reflector para los pensamientos cotidianos, del mismo modo es necesario que nos modele el cosmos, ahí donde nosotros mismos no seamos capaces de tallarnos y perfilarnos. Así como nuestros menudos pensamientos trabajan y llevan a cabo sus pequeñas grabaciones, del mismo modo, todo nuestro organismo ha de quedar configurado según el mismo patrón de actividad pensante, gracias a la influencia cósmica que actúa sobre él desde fuera. Y esto sí es posible, porque lo que actúa en nosotros sobre nuestras pequeñas grabaciones, existe también en el cosmos, impregnándolo con el vaivén y la urdimbre de su actividad pensante. Por ejemplo, lo que, en última instancia, se presenta bajo el signo del idealismo, preexiste ya como su actividad causante en el cosmos espiritual, y puede actuar sobre el hombre inclinándole hacia el idealismo. Del mismo modo, los otros matices, temples y signos se labran en el hombre desde el cosmos espiritual.

La figura del hombre es resultado de los pensamientos del cosmos; es el cosmos el gran pensador que, hasta la última uña del dedo, graba nuestra forma en nosotros, en analogía a como, nuestro menudo trabajo mental ejecute las pequeñas grabaciones en el cerebro durante el día. Así como nuestro encéfalo, mejor dicho, sus pequeñas secciones donde pueden tener lugar las grabaciones, se halla bajo la influencia del trabajo pensante, asimismo nuestro hombre entero se halla bajo la influencia del cósmico trabajo pensante. ¿Qué nos significa el ejemplo que les di de Nietzsche?. Que por el karma de sus encarnaciones anteriores, el estaba preparado para que, en determinado momento, las fuerzas del idealismo y del misticismo, mancomunadas debido a que este se hallaba en el signo de aquel; actuaran sobre su constitución física de modo que inicialmente pudiera convertirse en idealista místico; pero luego cambió la constelación, conforme indiqué.

Estamos siendo pensados desde el cosmos; el cosmos es quien nos piensa. Y así como en nuestra pequeña faena mental cotidiana, nos corresponden las minigrabaciones en nuestro cerebro, y luego, como reflejos de lo que primero preparamos en el cerebro, es decir, de lo que gracias a la preparación del cerebro, terminamos por percibir, nos llegan a la conciencia las representaciones arriba, abajo, izquierda y derecha, asimismo las entidades de las jerarquías cósmicas actúan llevando a cabo la gran actividad pensante que graba en el mundo aquello que es superior en categoría a lo nuestro en faena mental cotidiana. Tenemos, pues, que no sólo nacen nuestras diminutas grabaciones que luego se reflejan individualmente en forma de pensamientos, sino que nosotros mismos, con la integridad de nuestro ser, les aparecemos a las entidades de las jerarquías superiores como sus pensamientos. Así como nuestros pequeños procesos cerebrales reflejan nuestros pequeños pensamientos, nosotros, a nuestra vez, grabados en el cosmos reflejamos sus pensamientos: cuando las jerarquías cósmicas piensan, piensan, por ejemplo, al hombre. Y así como de nuestras menudas partículas cerebrales, proceden nuestros pensamientos fugaces, del mismo modo provienen, de lo que las jerarquías crean y de cuya creación formamos parte, sus pensamientos. Y así como las secciones de nuestro cerebro son nuestros aparatos de reflejo que primero adaptamos a nuestros pensamientos, del mismo modo nosotros, seres humildes, somos aquello que las  jerarquías cósmicas adaptan a sus pensamientos. En cierto modo, cabe, pues, decir: podemos sentirnos frente al cosmos, como se sentiría una pequeña parte de nuestro cerebro frente a nosotros mismos. Y del mismo modo que, en lo anímico-espiritual, no somos idénticos a lo que es nuestro cerebro, así tampoco las entidades espirituales son idénticas a nosotros. De ahí que seamos autónomos frente a las jerarquías superiores. Digamos, pues, que, en cierto modo nos hallamos a su servicio para que ellas puedan pensar gracias a nosotros; pero al mismo tiempo, somos entidades autónomas que conservan su identidad, a semejanza de como incluso las partículas de nuestro cerebro tienen cierta vida propia.

Encontramos, pues, la conexión entre el pensamiento humano y el cósmico. Aquél es el regente del cerebro; éste es un regente en cuya ejecutoria nosotros nos hallamos insertados con todo nuestro ser. Mas, en virtud de nuestro Karma, él no puede, en cualquier momento, dirigir hacia nosotros la totalidad de sus pensamientos de una sola manera; por lo que hemos de ser configurados conforme a su lógica, nosotros,  los hombres, poseemos, pues, una lógica según la cual pensamos; las jerarquías espirituales cósmicas tienen la suya propia, expresada en lo que hemos trazado en el pizarrón, en forma esquemática. Así como nosotros, por ejemplo, al pensar que el león es un mamífero asociamos dos conceptos en un juicio, así las jerarquías espirituales cósmicas aglutinan en un solo pensamiento, por ejemplo, misticismo o idealismo, en tanto que nosotros les separamos diciendo: el misticismo  aparece en el idealismo. Imagínense esto, por de pronto, como actividad preparatoria del cosmos. Luego resuena el “Fiat” creador, el verbo creador. El acto preparatorio de las entidades espirituales, consiste en que, en un individuo de antecedentes kármicos correspondientes, se deposita la disposición a convertirse en idealista místico. Lo que nosotros, en lenguaje terrenal, llamaríamos un pensamiento, se refleja hacia esas jerarquías cósmicas y viene siendo, para ellos, expresión de un hombre que es idealista místico, pensado por ellas, después de haber preparado el juicio cósmico: ¡aparezca el misticismo en el signo del idealismo!.

Así hemos trazado, pudiéramos decir, el interior del verbo o pensamiento cósmico. El esquema de lógica cósmica que hemos trazado, visualiza el modo de pensar de las jerarquías cósmicas, por ejemplo ¡aparezca el empirismo en el signo del racionalismo!; etc. Tratemos de imaginarnos lo que, de esta manera, puede ser pensado en el cosmos: Puede nacer el pensamiento cósmico: ¡aparezca el misticismo en el signo del idealismo! ¡Transfórmese!  ¡nazca el empirismo en el signo del racionalismo! ¡Resistencia!. Lo que seguiría, sería un juicio cósmico falso: el pensamiento se desvía, a manera de como nosotros rectificamos los nuestros. Ha de aparecer el  tercer punto de vista: ¡voluntarismo en el signo del dinamismo!. Todo esto, tres juicios pronunciados sucesivamente en los mundos cósmicos da por resultado el hombre “Nietsche” y es reflejado hacia el cosmos en forma de pensamiento.

Así es cómo habla el conjunto de las jerarquías espirituales en el cosmos. Y nuestra humana actividad mental constituye unpequeño trasunto de ello. Los mundos guardan con el espíritu, o con los espíritus, del cosmos, la misma relación que nuestro cerebro con nuestra alma. Así se nos permite un atisbo de algo que, por cierto, sólo deberíamos contemplar con temor reverencial, pues nos encontramos aquí ante los misterios de las individualidades humanas. Aprendemos a comprender que, hablando en metáfora, los ojos de los seres de las jerarquías superiores se deslizan sobre los individuos humanos, y que éstos son para ellas, lo que para nosotros las letras individuales del libro que leemos. Y esto es lo que sólo hemos de contemplar con temor reverencial: somos testigos mudos de la actividad pensante del cosmos.

En nuestra época, es necesario levantar hasta cierto grado el velo de semejante misterio, porque las leyes que aquí hemos señalado como las que rigen los pensamientos del cosmos, se hallan activos en el hombre. Y su estudio nos ayuda a comprender la vida, así como a que comprendiéndola, nos comprendamos a nosotros mismos. Nos comprendemos, aún cuando las condiciones de la vida nos obliguen a cierta postura unilateral, de modo que sepamos que pertenecemos a un gran todo, que somos integrantes de la lógica pensante del cosmos: la ciencia espiritual nos capacita para calar estas relaciones, y nos da una instrucción que nos permite, por una parte, comprender la unilateralidad de nuestras dotes y, por la otra, hacernos más universales gracias a los conocimientos que nos proporciona. De este modo, alcánzanos el temple anímico que nuestra época necesita.

En virtud de que ni rastro de intuición de estas relaciones existe, en nuestra época, en muchas de las mentes prominentes, asistimos al fenómeno de que, no obstante, se hallan sujetas a esas relaciones, pero sin saber qué tipo de vida mejor se adapta con ellas. Y así, ellos dan origen a algo que clama por una compensación. Recuerden el ejemplo de Wundt presentado ayer: su unilateralidad es resultado de una bien determinada constelación. Supongamos que Wundt pudiera, algún día, abrirse paso hacia la comprensión de la ciencia espiritual; adoptaría entonces, frente a su propia unilateralidad la actitud de decirse: a consecuencia de que yo me hallo aquí con mi empirismo, etc., soy capaz de realizar un buen trabajo en ciertas áreas; a ellas me limito, y lo demás lo complemento con la ciencia espiritual.

Este sería el juicio a que Wundt llegaría pero él vuelve la espalda a esa ciencia espiritual. Y, en tanto que podría llevar a cabo un trabajo benéfico, productivo dentro de la constelación que es la suya propia, erige en filosofía global aquello para lo cual esa constelación le hace particularmente apto. Wundt podría rendir muchísimo más, verdaderamente útil, sí dejara de filosofar y experimentara sobre las almas, como muy bien sabe hacerlo, y si investigara la naturaleza de los juicios matemáticos, en lo que también está acertado, en vez de alambicar una mescolanza filosófica, pues entonces estaría en su carril correcto.

Esto vale para muchos otros. De ahí que la ciencia espiritual tiene una doble misión: por una parte, generar una actitud conciliatoria entre las diversas concepciones del mundo, por la otra, llamar enérgicamente la atención a quienes transgreden los límites impuestos por la constelación, y que causan gran daño influyendo en el mundo sugestivamente con juicios que se emiten sin tener en cuenta su peculiar, constelación. Hemos de rechazar categóricamente los puntos de vista parciales que se quieren hacer valer por el todo. No es posible que un especialista pretenda explicar la universalidad del mundo. Y si hace ese intento y quiere fundar una filosofía, esta filosofía tendrá efectos nefastos; a la ciencia espiritual le incumbe la misión de rechazar la arrogancia de su pretensión que presume ser una totalidad. Mientras menos exista en nuestra época, sentido y actitud comprensiva hacia la ciencia espiritual, tanto más descollará la unilateralidad caracterizada.

Vemos, pues, que precisamente la intuición de la naturaleza del pensamiento humano y cósmico, puede llevarnos a comprender el significado y la misión de la ciencia espiritual en nuestra época, y a comprender asimismo cómo puede ella entrar en la correcta relación con otras de las llamadas corrientes espirituales, particularmente las filosóficas. Sería deseable que, precisamente, las intuiciones como las que hemos tratado de asimilar en estas conferencias, se inscribieran profundamente en el corazón y alma de nuestros amigos, para que la corriente espiritual antroposófica encuentre su debido y genuino cauce. Teniendo esto en cuenta, el hombre se hará consciente, más y más de que él está siendo formado por los pensamientos cósmicos que en él viven.

A raíz de estas explicaciones, captamos toda la hondura del siguiente pensamiento de Fichte: Depende de la clase de hombre que se es, la clase de filosofía que se tenga. Rubrico calurosamente este aforismo. Y el que Fichte, en la primera fase de su última encarnación, pudiera formular como médula de su concepción del mundo: “Nuestro mundo es el material sensorializado de nuestro deber”, muestra, al igual que el mencionado pensamiento que pertenece a una fase posterior, como su alma cambió su constelación en el cosmos espiritual, es decir, cuan rica era su configuración, de modo que  las jerarquías espirituales pudieron transformarla, y así enriquecerse con nuevas modalidades, de su propio pensamiento. Algo similar podría decirse de Nietzsche, por ejemplo.

Si se tienen presentes las verdades a que se ha hecho referencia en estas  cuatro conferencias, surge una variedad de enfoques del mundo. El mejor fruto es, sin duda, que por medio de esas verdades, ahondemos la trama del mundo, no sólo con nuestro intelecto, sino también con nuestro sentimiento. Mi esperanza es que, con este ciclo de conferencias, se haya logrado el que muchos de ustedes se digan: “si uno quiere sumergirse en el mundo espiritual, es decir, en el mundo de la verdad y no en el del error, hay que resolverse a emprender el camino. Muchísimo es lo que hay que tener en cuenta con esta actitud, para avanzar a las fuentes de la verdad. Y aunque, en un principio, me parezca que, aquí o ahí, surge alguna contradicción o incomprensión, he de decirme que el mundo no tiene por objeto principal el que pueda captarlo cualquier nivel de entendimiento humano, y que es mejor quedar en buscador que convertirme en persona cuya actitud se limite a preguntar: ¿qué puedo comprender?, ¿qué no puedo comprender?” Si uno emprende seriamente el camino de la búsqueda, se descubre que es necesario concentrar los impulsos de todos lados, para adquirir una comprensión del mundo. Y así, se aleja de adoptar frente al mundo la actitud de: ¿lo comprendo?, ¿no lo comprendo?; simplemente continua buscando y buscando. Los peores enemigos de la verdad son las concepciones del mundo conclusas y concluyentes, que lanzan un par de pensamientos y creen que sobre ellos puede erigirse un edificio universal.

El mundo es infinito, en lo cualitativo y en lo cuantitativo. Y será una bendición que algunas mentes estén dispuestas a ver claro con respecto a las arrogantes parcialidades que pretenden ser el todo y que tantos estragos causan en nuestra época. Con el corazón sangrando, digo lo siguiente: el mayor impedimento para la certera intuición del hecho de que en el cerebro se efectúa un trabajo previo a la actividad pensante y que, así, el cerebro se convierte en espejo que refleja la vida anímica, hecho cuya  intuición podría. verter infinita luz sobre muchas otras intuiciones fisiológicas, el mayor impedimento, digo, es la enloquecida fisiología actual que habla de dos clases de nervios: los motores y los sensorios. He insistido sobre ello en varias conferencias. Para engendrar esa teoría que, por doquiera, trasguea en la fisiología, fue necesario que primero perdiera todo sentido común; y, no obstante, esa teoría se halla hoy reconocida en el mundo entero, y obstruye toda verdadera comprensión de la índole del pensamiento y de la índole del alma. Jamás podrá conocerse el pensamiento humano, con el obstáculo que constituye la fisiología. Incluso hoy se ha llegado al extremo de que una fisiología infundada usurpa el principio de todo libro de texto de psicología y la hace dependiente de sí. Con esto, se cierra el camino hacia la comprensión, no sólo del pensamiento humano, sino asimismo del cósmico.

Sólo se llega a saber lo que es el pensamiento en el cosmos, si uno, al ocuparse del pensamiento humano siente la verdad de este pensamiento del que ya hemos dicho que, en cuanto a pensamiento no tiene que ver con el cerebro más que el ser su soberano. Pero si uno ha reconocido el pensamiento en su esencia; si se ha reconocido a sí mismo como pensamiento humano, ya se siente ubicado en el cosmos, y el conocimiento de la verdadera naturaleza del pensamiento humano, se ensancha al conocimiento de la verdadera naturaleza del pensamiento cósmico. Si aprendemos a reconocer correctamente lo que pensamos, aprendemos también a reconocer cómo estamos pensados por las potencias cósmicas. Es más, adquirimos la posibilidad de lograr un atisbo de la lógica de las jerarquías. Ya destaqué en el pizarrón los singulares ingredientes de los juicios y conceptos de las jerarquías: en los doce signos del zodíaco espiritual, en los siete temples de las concepciones del mundo, etc., háyanse contenidos los conceptos de las jerarquías. Y los hombres somos juicios del cosmos, surgidos de esos conceptos. Así nos sentimos dentro de la lógica del cosmos, esto es, en realidad, dentro de la lógica de las jerarquías cósmicas, nos sentimos, como almas, cobijadas en el pensamiento cósmico, del mismo modo como sentimos cobijado en nuestra vida anímica, el pequeño pensamiento que pensamos.

Mediten ustedes sobre la idea: “pienso mi pensamiento” y “soy un pensamiento pensado por las jerarquías del cosmos”. Lo eterno en mí consiste en que el pensar de las jerarquías es eterno. Y una vez que una categoría de jerarquías haya terminado de pensarme, una vez que me haya excogitado, seré transmitido de una categoría a la siguiente, a semejanza de como el pensamiento humano es transmitido del maestro al alumno, para que ella me piense en mi verdadera naturaleza eterna. Así me siento insertado, en el mundo de los pensamientos cósmicos.

Versión Castellana JUAN BERLÍN

 

Religión y Cosmología en el siglo XX

                                           Willi Sucher —  Hawkwood, 19 de Julio de 1966

English version

La noche anterior pudimos cobrar noción de que nos acercamos a un super-Otoño en un sentido histórico, lo que significa un madurar de la espiga o su fracaso. Hoy nos dedicaremos a pensar sobre las buenas espigas de nuestro mundo cosmológico y a trabajar sobre las bases de la Astronomía y lo que ella ofrece.

Existió una vez una estrecha unión entre la religión, el arte y la ciencia –una triada cultivada en los antiguos misterios, y que hoy presenta un carácter completamente diferente. Para la civilización griega, la Cosmología era aún considerada como algo relacionado a los seres espirituales que obraban por detrás de las esferas planetarias en el mundo espiritual. Esto no incluía solamente a los astros visibles que hoy estudiamos de forma tan materialista, sino a aquello que también obraba por detrás sobre nuestro mundo. Antiguamente, ya existía este concepto sobre las esferas y para el cual los planetas físicos no eran más que un elemento secundario de la esfera que los contenía, significando que lo importante era lo contenido dentro de la misma. Puede que sea incluso posible que se conociese el punto de vista heliocéntrico en los antiguos templos egipcios.

Un planeta no ha de ser considerado otra cosa que una marca de su propia esfera invisible, moviéndose alrededor de dicha esfera. En la antigüedad, la esfera era considerada como la morada de los seres espirituales, desde la cual maniobraban esta ‘marca’. Para entonces, Astronomía y religión eran una, pero esto eventualmente fue cambiando.

Ptolomeo de Egipto fue un exponente del sistema geocéntrico, y en él todavía resonaba una especie de Imaginación de las esferas. Finalmente es Copérnico quien coloca al Sol en el centro y a los planetas orbitando a su alrededor, y las esferas fueron entonces descartadas. De todos modos, el mismo Copérnico -quien fuera una especie de esquizofrénico astronómico- continuó utilizando el sistema geocéntrico ptolemaico tras proponer el heliocéntrico en sus libros. Luego vinieron Kepler y Newton, pero la idea de las esferas continuó resonando. Todavía Kepler habló acerca de la armonía de las esferas, quien descubriera las elipses y hablase de los planetas como si fueran instrumentos musicales; pero finalmente, Newton acaba con todo ello y ya no quedaron esferas de las qué hablar.

En última instancia, la humanidad creó perspectivas que describen a un universo manejado por reglas mecánicas gravitacionales. Las esferas ya no eran necesarias, como tampoco visión alguna dentro de la naturaleza divina del trasfondo de este estudio de los movimientos planetarios. La religión se alejó cada vez más del arte y de la ciencia, manteniendo solamente la fe. Como dijera San Agustín: ‘tan sólo nos quedan documentos, pero debemos guiarnos por ellos’. Tanto como hasta la Inglaterra del siglo XVIII, se continuaron realizando intentos del tipo astroteológicos —tal era el título de un libro de esa época— y que consistía en un intento de trabajar a partir de los conceptos científicos de la Astronomía (cuantitativa) copernicana, reteniendo un elemento de lo divino. La Astronomía se había convertido ahora en algo cuantitativo, un asunto sobre la gravedad, la electricidad y el magnetismo en el Universo.

Ya he hablado acerca del extraño surgimiento de una especie de Astrología denominada solarismo o lunarismo, puesto que su antiguo nombre había pasado de moda. Hemos vuelto a considerar los disturbios radiales, meteorológicos y demás que han podido ser relacionados con fenómenos fisiológicos asociados a las manchas solares y ciclos cósmicos, inclusive los planetarios. También hemos llegado a la conclusión de que no pueden ser considerados exclusivamente como soluciones satisfactorias. La nueva ciencia y el cálculo de estadísticas astrológicas no nos proveen de ningún tipo de explicación acerca de la interacción de los ciclos cósmicos y los fenómenos terrestres. Nos conduce inexorablemente hacia un universo fantasmagórico.

En la medida en que avanzamos hacia el futuro, se genera la necesidad de crear una nueva posición para la Cosmología dentro de todo el conglomerado de la Religión, la Ciencia y el Arte. La Humanidad no podrá subsistir a esa división por mucho más tiempo. A través de la Ciencia nos vemos confrontados a una disolución de nuestra imagen, volviéndonos semejantes a robots, carentes de dignidad dentro del universo, una simple coincidencia. La Religión hoy en día se presenta débil e impotente, sin poder de convicción.

Con la inauguración de primer Goetheanum hacia 1920, Rudolf Steiner mencionó cuán necesario es que Ciencia, Religión y Arte se reunifiquen en un nivel más elevado. Apuntó sobre esto así como brindó sugerencias prácticas para alcanzar este logro. Como él mismo mencionase, no es posible decir ‘esto ha de ser así’ a menos que se viva con ello, pues de otra manera carecería de substancia. Debemos convivir con el ‘Curso de Astronomía’ brindado en 1921, y sostenerlo de frente a los adversarios basándonos en estos hechos astronómicos. En pocas palabras, debemos desarrollar nuestras facultades imaginativas, inspirativas e intuitivas.

Luego de que el Dr. Steiner hablase sobre esto, un estudiante se expresó: ‘pero Herr Doctor, de requerir todo esto de nosotros, entonces deberemos desarrollar una perspectiva espiritual’. La respuesta de Rudolf Steiner fue simple: ‘¿y qué si fuera así?’. Como siempre, se trata de una cuestión de coraje y persistencia. Un libro tal como Cosmología, Religión y Filosofía es conveniente experimentarlo para relacionar todo esto. En él, Rudolf Steiner describe desde tales perspectivas a un desarrollo de las facultades superiores, con el propósito de alcanzar una verdadera Cosmología, enlazando tanto a la Filosofía como a la Religión. El dijera: ‘es por medio de la Cosmología que debemos desarrollar la Inspiración.’

Rudolf Steiner nos brindó consejo muchas veces sobre la Imaginación. Si nos vemos confrontados con un problema, primero debemos cuestionarnos los hechos para luego transformarlos en una imagen. Ya he hablado acerca de la Imaginación Rosacruz, la cual no posee ni una afiliación ni una relación con lo terrestre. No incluye nada personal. El ser humano se ve ligado a la oscura cruz como parte de la experiencia de la muerte. Pero la cadena de rosas nos recuerda sobre la regeneración espiritual que ingresó en la evolución con el Cristo. Estas siete rosas también pueden convivir con nosotros interiormente. Por el momento, estamos parados frente a una imagen muerta y debemos lograr atravesarla para llegar a una experiencia interior de ella. Esto quiere decir que debemos superar la Imaginación y generar un vacío basado en la plena consciencia. Es algo similar a dormirse sin perder la vigilia. Es entonces cuando el conocimiento se convierte en Inspiración e ingresamos en un mundo espiritual pleno de seres divinos. Es el mismo mundo en el que nos hallamos tras la muerte, entre encarnación y encarnación.

¿Cómo podemos relacionar a este cosmos espiritual con aquel visible?. Es una relación de los orígenes espirituales con su reflejo en el cosmos exterior. Habiendo alcanzado la condición de Inspiración al experimentar la vida interior del cosmos, se produce un encuentro con la Inspiración en la Tierra. En ‘Cosmología, Filosofía y Religión’ puede leerse: ‘yo sé que la vida cósmica está presente en mí y que yo soy parte del cosmos’. Se trata de la misma experiencia al atravesar la muerte.

Debemos mantener la capacidad de intercambiar la experiencia de un cosmos interior por medio de las condiciones de nuestra consciencia cotidiana, o de otro modo nos perderemos a nosotros mismos y también la habilidad de retornar salvos a nuestro cuerpo físico. Así es como es posible relacionar la experiencia cósmica con la consciencia cotidiana. Al percibir al cosmos exterior, con sus posiciones planetarias y su relación con el Zodiaco, podemos experimentar un reflejo de una realidad espiritual interior en nosotros, en donde puede escucharse el eco de las almas de los muertos y de las jerarquías.

Al volver al estado de consciencia cotidiana y rodeados de configuraciones celestiales, portamos esta imagen de la realidad espiritual como una memoria de lo experimentado. Podemos lograr esta nueva relación con el cosmos si armonizamos y redimimos a la división existente entre la naturaleza exterior y el mundo espiritual.

Por lo general, el Gran Universo es considerado como el resultado de una gran explosión —la teoría del Big Bang— gracias a la cual las galaxias fueron despedidas al espacio infinito, carentes de una realidad espiritual. Debemos construir un puente sobre este hueco por medio de nuestra experiencia personal. La labor que estamos realizando aquí es la de demostrar que el cosmos exterior es un reflejo del espiritual. Es la memoria imaginativa, contenida en lo externo la que puede fortalecer lo espiritual en nosotros. Este es el significado de nuestra nueva Cosmología.

¿Qué vendría a ser el reflejo del cosmos exterior?. Hemos de comprender lo que los antiguos querían indicar con ‘esferas planetarias’. Si retrocedemos lo suficiente, hallaremos que la humanidad experimentaba al mundo espiritual cotidianamente, el cual es vivenciado por nosotros tras la muerte. Durante la vigilia no nos es posible percibirle. Se nos educa ya desde la base de la perspectiva científica, lo que dificulta mucho el creer sobre una consciencia espiritual. Pretendemos una ciencia, una Astronomía, etc., tangibles al medio externo. ¿Quiere esto significar que debamos retomar la visión ptolemaica y descartar a Copérnico? No!, debemos convivir con este mundo moderno con el propósito de ser considerados seriamente.

De hecho, la visión copernicana puede servir de medio para una nueva comprensión de las esferas planetarias. Evidencia concreta puede ser investigada gracias al computador, como en el caso de los nodos y las líneas de los ápsides (afelio y perihelio) de los planetas. El plano terrestre orbitando alrededor del Sol puede ser extendido en todas direcciones. Este se denomina el plano eclíptico, en donde ocurren los eclipses. Imaginemos a otro planeta orbitando al Sol. También recordemos que se producen mínimos desvíos de las órbitas planetarias. Por ejemplo, la órbita de Marte corta el plano de la eclíptica, yendo de arriba hacia abajo a causa de su inclinación. Esto convierte a los nodos en ascendentes y descendentes según la órbita se dirija hacia abajo o hacia arriba del plano eclíptico. Es también este plano el que da como resultado a un perihelio (mayor cercanía al Sol) y a un afelio (mayor lejanía) como posiciones.

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El planeta establece contacto con el plano de la Tierra cuando se posiciona sobre su propio nodo, e igualmente cuando lo hace sobre su perihelio o afelio. De este modo podemos utilizar también al universo copernicano, sin intención de traicionar nada sino más bien acompañando a la visión moderna; esto nos proporciona los medios para crear las nuevas bases del esplendor de la antigua Cosmología.

Rudolf Steiner relacionó todo esto por medios propios, al descubrir que uno de los maestros de Chartres declarase: ‘hasta ahora, hemos convivido con la antigua Cosmología, que nos proveía de grandes Imaginaciones, pero esto ha de llegar a su fin y el universo quedará reducido a una línea entre la Tierra y el Sol. En esto consiste la mecánica. Ella también es necesaria,  ya que Micael puede construir un nuevo concepto espiritualizado del cosmos desde aquí. Nos es posible experimentar la realidad por medio de reflejos. Los espíritus jerárquicos obran sobre la Tierra, incluso a través de catástrofes. Ahora tenemos a una ciencia externa que puede servir de columna vertebral a la ciencia espiritual.

Por medio de la Imaginación, la Inspiración y la Intuición podemos también experimentar los estadios pasados de la evolución de la Tierra. Sobre esto podemos leer en la Ciencia Oculta, donde se refiere a los seres espirituales generando al universo del Antiguo Saturno, etc. Dicho universo espiritual está memorizado dentro de todo el resto universal.

Las constelaciones de las estrellas fijas son poderosas crónicas que nos relatan acerca de esos estados evolutivos, algo que ya he demostrado en Isis Sophia I, II y III. Es incluso posible dar con el origen de la forma humana tal como se nos presenta materialmente, tal como fuera concebida por la idea y pensamiento del mundo divino. En el Génesis leemos: ‘el hombre fue creado a la imagen de Dios’. Podemos experimentar el origen de nuestra forma interiormente. En las constelaciones también podemos encontrar una poderosa imagen cósmica a partir de la cual fue creada la forma humana.

¿Cuál es el significado de esta correlación entre el cosmos divino interior y el externo físico? ¿por qué esta dualidad?. El cosmos representa a la memoria de la evolución humana, de nuestra forma trimembrada compuesta por la cabeza, los nervios y los miembros. Grandes leyes de la creación se hallan expresadas en este cosmos a través de los cambios anuales estacionales, como también por medio de los grandes ciclos y estaciones relacionados con los planetas, en el crecimiento y la decadencia. Numerosos ciclos tienen lugar dentro de nuestras vidas y la de la Tierra; por ejemplo, el ritmo lunar dentro de desarrollo embrionario. La Luna es el cáliz que siempre está recibiendo a las fuerzas cósmicas y vertiéndolas en la Tierra con el propósito de formar al embrión. Este es el mundo del principio del Padre, la totalidad de los seres divinos espiritualmente creativos.

El mundo manifestado presenta un espejo del cosmos exterior. Alternativamente, podríamos llamarle el cáliz que ha de ser llenado con substancia por medio de la Imaginación, la Inspiración y la Intuición. Esto le aportará un nuevo significado. Es importante que el artista descubra nuevos terrenos dentro de este reflejo externo, puesto que existen enormes posibilidades de modular, dar forma y manifestar mediante expresiones creativas a las Imaginaciones allí contenidas. Ya Rudolf Steiner lo indicase así. Las constelaciones del zodiaco pueden hallar representación gracias a los tesoros de la Euritmia. Lo mismo es válido para la pintura. Hay quienes intentan pintar las constelaciones y los planetas, y es esencial que dirijamos nuestra experiencia interior en esta dirección. También en la música pueden emerger nuevos armónicos que manifiesten ese reflejo del cosmos.

El principio del Padre se manifiesta como una memoria que todavía actúa, generando a la forma humana continuamente. Debemos considerar esto como una imagen de nuestro verdadero ser anímico. Nuestros rasgos son una expresión de lo que vive en nosotros anímica y espiritualmente. En semejanza, los astros son también una especie de cuerpo en cuyos gestos, ritmos y belleza se está expresando el mundo divino. Debemos preservar el poder de distinción al encontrarnos con un ser humano antes de sacar cualquier conclusión. Del mismo modo, tampoco hemos aceptar al universo indiscriminadamente, dado que ha ido evolucionando desde extensas eras. Decimos que los planetas giran alrededor del Sol, pero esto no fue siempre así. También nosotros contamos con un desarrollo embrionario, una madurez y una senectud, y el cosmos responde a lo mismo. Aquello que vemos no siempre se corresponde con la verdad espiritual. Pese a esto, puede que nos conduzca hacia investiduras pasadas de este cosmos creado por una divinidad y hallar directamente su expresión. Esto puede servir de puente tanto entre religión y Cosmología a partir de la ciencia moderna.

Podremos experimentar que el cosmos exterior sensorio puede convertirse tanto en la base como en el reflejo de nuestro peregrinaje por el mundo espiritual entre las encarnaciones. Deberíamos basar nuestra vida en un libro como Teosofía, de Rudolf Steiner, y estudiar los estados del alma en el Kamaloca y el mundo espiritual, etc. El cosmos exterior refleja toda esta memoria en las esferas.

Rudolf Steiner describe esta vida del alma en el mundo espiritual en ‘La vida del alma en el Mundo Cósmico’, en donde menciona que es congenial con la experiencia de las esferas de los planetas. El Kamaloca coincide con la Luna, Venus y Mercurio, y el mundo espiritual con Marte, Júpiter y Saturno. Es de este modo como el mundo exterior corrobora al espiritual. Resulta obvio que esto esté ligado a la Religión. Aquí tenemos una base para la Religión desde la cual pueda participar y proveer un suelo que sostenga a la ciencia en su desarrollo, ayudando a la Religión en el pase de la fe a la vivencia.

También nos es posible experimentar al cosmos exterior en su conjunto —el Cuerpo de la Deidad— dado que se ajusta perfectamente a la experiencia del ser humano. Nos vemos confrontando con esto ni bien alcanzamos la experiencia interior frente a lo externo del cosmos, particularmente a través del Arte, la Ciencia Espiritual y una verdadera Religión. Aquí es donde vemos al principio del Hijo actuando. El se introdujo en la evolución terrestre gracias al Gólgota, otorgándonos la capacidad de manifestar esa ‘voluntad del Padre’ y de llevar su creación hacia el futuro. Esa creación alcanzó su culmen en la belleza del mundo que nos rodea. Sin embargo, en pos de avanzar hacia una nueva manifestación, hemos de establecer decididamente un lugar dentro de tal labor por medio de todo lo aquí dicho sobre construir un puente entre el cosmos externo y el espiritual, realizando nuestra ‘tarea’ sosteniéndonos firmemente en el mundo exterior, pero en un intercambio constante con el espiritual (aquí podemos referirnos una vez más al contenido de la ‘Leyenda’ de Goethe). Esto no es posible más que a través de las ideas de Rudolf Steiner, que nos guían hacia una manifestación de esta relación armoniosa entre la Cosmología, el arte y la religión.

Traducido por Diego Milillo en Septiembre de 2017

 

GA158c2. El equilibrio en el mundo y el hombre, Lucifer y Ahriman

Rudolf Steiner — Dornach, 21 de  noviembre de 1914

English version

En la conferencia sobre el Kalevala[1] hice una declaración que probablemente no haya sido fácil de entender. Ustedes recordarán que hablé de un “ser” que se extiende por Europa de Oeste a Este; y hablé de ello como de tres miembros que se extienden en dirección Este. Dije que para los antiguos pueblos finlandeses estos tres miembros eran conocidos como Wainamoinen, Ilmarinen y Lemminkainen, y que eran lo que hoy, en nuestro lenguaje más materialista, llamamos los golfos de Riga, Finlandia y Bothnia. Probablemente se habrán preguntado cómo podría decir que estos golfos tengan algo que ver con un ser, cuando obviamente no son nada más que extensiones de la superficie del mar. No hay nadie; ¿cómo entonces puede ser posible hablar de un Ser?.

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Puedo imaginar que esta dificultad podría surgir en sus mentes y es típico. Porque una y otra vez descubrirán que las verdades que vienen del mundo espiritual se abren a la acusación de ser contradictorias. El hecho de que lo hagan es significativo y es como debe ser; y la única manera de llegar a una solución satisfactoria de la contradicción es en todos los casos hacer un estudio aún más profundo del tema en cuestión. Y esto quiero hacer hoy en relación con ciertos problemas del conocimiento espiritual. Pero primero déjenme hacer un preámbulo de lo que tengo que decir, con algunas palabras introductorias.

Examinaremos, en primer lugar, algunos de los prejuicios relativos a la naturaleza del hombre que prevalecen en el pensamiento materialista de nuestro tiempo. Tomemos un ejemplo. En el hombre se encuentran diferentes procesos físicos, entre otros los procesos del cerebro y del sistema nervioso; y es de conocimiento común que cuando estos procesos tienen lugar, los mismos también ocurren en el alma. Y se concluye que estos procesos anímicos no son más que la expresión de los procesos físicos. El materialista estudia lo que ocurre en el cuerpo del ser humano y encuentra allí, —o más bien lo supone hipotéticamente— delicados procesos nerviosos, y dice: “En realidad, los procesos de pensamiento, de sentimiento y de voluntad sólo acompañan a los fenómenos de lo que sucede en todo momento como procesos físicos”. Este punto de vista es bastante común hoy en día y sin duda será una raíz más y más profunda en el pensamiento materialista del futuro cercano. Desde el punto de vista de la lógica, es tan inteligente como lo siguiente. Supongamos que alguien que camina por un camino y descubre huellas en él, —aquí, surcos paralelos, y aquí de nuevo, marcas como las plantas de los pies humanos. Piensa sobre ello y se dice: “El material del que se hace el camino ha sufrido ciertos cambios e influencias, con el resultado de que en algunos lugares se han empacado para formar surcos, mientras que en otros lugares ha sido succionado hacia abajo y vemos en la superficie lo que parece la huella de un pie humano”.

Tal conclusión es, por supuesto, una equivocación grosera, la verdad es que ha pasado un carro y ha hecho las dos canaladuras con las ruedas, y un hombre también ha estado caminando e imprimió las otras huellas con sus pies. No la naturaleza de la Tierra, sino el hombre y el carro son los responsables de las pistas.

El caso no es diferente con los procesos que continúan en nuestro sistema nervioso! Siempre que pensamos o sentimos o deseamos, estamos estableciendo procesos que son de naturaleza anímico espiritual. Y mientras vivamos en el mundo físico, estos procesos se unen con el cuerpo físico, dejan sus huellas en él, justo como el carro y el hombre dejan sus huellas en el camino. Pero estas huellas en el cuerpo no tienen más que ver con el material del que está hecho el cuerpo que las huellas del camino con los materiales de que se construye la carretera. En realidad, los procesos que tienen lugar en la materia del cerebro y en la materia de los nervios no tienen nada que ver con los procesos reales del pensamiento. La relación entre ellos no es más cercana que la relación entre lo que el hombre y el carro están haciendo y lo que está sucediendo en la superficie de la tierra sobre la cual se están moviendo. Es realmente muy importante hacer el esfuerzo de considerar el asunto en esta luz. Pues le revela a uno que el anatomista o fisiólogo que investiga solamente los procesos físicos en el organismo es como un ser espiritual que se mueve bajo la tierra sin llegar nunca a la superficie y que nunca ha visto hombres o vagones. Todo lo que puede hacer es observar desde abajo las irregularidades que ocurren en la superficie de la tierra; nunca se acerca a ellos, y los ve siempre desde el otro lado. Investigándolos de esta manera limitada, imagina que la propia tierra les ha dado origen por su propia actividad. En el momento en que ese espíritu saliera a la superficie, conocería el verdadero estado de las cosas. Esto es exactamente lo que ocurre con el anatomista y el fisiólogo que trabajan desde el punto de vista materialista. Están siempre debajo de la tierra, porque  no saber nada de la ciencia espiritual es estar “bajo la tierra”. Lo que investigan son los procesos materiales, y éstos no tienen nada que ver con lo que está ocurriendo arriba en el reino del alma y del espíritu. Será tarea del hombre en un futuro próximo liberarse de este pensamiento anatómico y fisiológico y trabajar a través de un pensamiento científico espiritual. Entonces se sentirá como un diablillo subterráneo se podría sentir si de repente se levanta por encima de la tierra y ve por primera vez cómo las huellas que había observado desde abajo ocurrieron realmente. Diablillos excavando debajo de la tierra —que es lo que son los científicos, que tienen en cuenta sólo lo espiritual que está bajo la tierra— ¡incluso lo material es espiritual! Y la humanidad tendrá que experimentar la gran conmoción que debe inevitablemente ocurrir cuando estos demonios subterráneos salgan hacia la luz, hacia el reino del alma y el espíritu.

Estas palabras introductorias fueron necesarias para prepararles para el tema de la conferencia de hoy, donde creo que encontrarán ayuda para resolver la contradicción de la que estábamos hablando —que los golfos de Bothnia, Finlandia y Riga son obviamente superficies, y sin embargo hablé de ellos como si fueran un ser, o más bien miembros de un poderoso ser que se extiende de Oeste a Este.

Estamos acostumbrados a hablar de nosotros mismos como seres del espacio y tenemos razón; como seres humanos somos seres espaciales. Cuando, sin embargo, llegamos a considerar lo que somos en realidad, eso es otra cosa. El hecho es que el hombre es en realidad algo completamente diferente de lo que imaginamos que es cuando lo miramos sólo en el maya exteriores, en la fantasmagoría de la apariencia externa. Allí aparece, por supuesto, como un ser del espacio, espacialmente encerrado dentro de su piel. Pero si tratamos de profundizar un poco más el pensamiento, nos enfrentamos a tres grandes problemas o enigmas con respecto a la forma humana.

El primero de estos enigmas se esconde bajo toda clase de ilusiones desconcertantes y mistificadoras. Porque el maya externo de la apariencia nos engaña una y otra vez con respecto a nuestra propia existencia; y se pueden encontrar huellas de este engaño en la ciencia de nuestros días, particularmente en ciertos puntos en los que la ciencia está muy perdida y se ha visto obligada a construir todo tipo de hipótesis. Por ejemplo, estas hipótesis han sido constantemente presentadas para explicar el hecho de que el hombre tiene dos ojos y dos oídos y no ve ni oye doble. ¿Cómo es que estos órganos están dispuestos simétricamente?. ¿Cómo es que están presentes no solos, sino en parejas? Este simple hecho ofrece a la ciencia una dura tuerca por girar y sólo tienen que echar un vistazo a la literatura sobre el tema para encontrar qué gran cosa se ha escrito sobre esta cuestión de por qué vemos con dos ojos y oímos con dos oídos.

El hombre está muy organizado; a veces podemos encontrar pruebas de esto en la misma forma en que hablamos. ¡Porque en realidad tenemos también dos narices! Sólo que crecen juntas y no son tan obvias como los dos ojos y las dos orejas. Por lo tanto no hablamos de dos narices, sino de una nariz; tal como estamos organizados nunca descubrimos que tenemos dos! Sin embargo, es cierto que en toda percepción humana llega a la expresión una simetría, una simetría derecha e izquierda. Si no tuviera dos oídos, dos ojos y dos narices, el hombre no alcanzaría la percepción de su yo.

Correspondientemente, el hombre necesita también para la experiencia del yo dos manos. Cuando juntamos las manos y sentimos la una con la otra, inmediatamente obtenemos algo de una experiencia del yo. Y es realmente un proceso similar, cuando unimos en un todo las percepciones de dos ojos o dos oídos. Cada vez que hacemos una percepción sensorial, percibimos el mundo desde dos lados, desde la izquierda y desde la derecha. Y al hecho de que tengamos estas dos direcciones de la percepción izquierda y derecha, y juntarlas, a este hecho debemos nuestra naturaleza del yo como seres humanos. De lo contrario, no seríamos un yo. Si, por ejemplo, nuestros ojos estuvieran situados cerca de nuestros oídos y no tuviéramos la posibilidad de combinar las líneas de visión, seríamos siempre seres que están involucrados en un Alma Grupo. Para ser un yo debemos hacer que la derecha y la izquierda se encuentren. A lo largo de todo el reino de la percepción humana siempre está este cruce de derecha e izquierda en el medio. Miren esta línea vertical en la pizarra. Imaginen que un avión se proyecta aquí desde la pizarra a lo largo de esta línea. Todo viene, de izquierda y derecha, hasta esta línea de incisión. Nosotros, mis queridos amigos, estamos realmente en este plano. No estamos en el espacio, estamos sólo en esta superficie, en este plano. No somos seres extendidos en el espacio, somos seres de superficie, que surgen por el cruce del impulso de la izquierda con el impulso de la derecha. Y si a la pregunta: ¿Dónde estás? usted quiere encontrar una respuesta, no de acuerdo con Maya, sino de acuerdo con la realidad, entonces usted no debe señalar el espacio donde está su cuerpo y decir: “Estoy aquí”, pues usted tendría que decir: “Yo estoy en el lugar donde se encuentran mi hombre izquierdo y mi hombre derecho”. En realidad, usted está allí, y sólo allí. Así como teníamos superficies en el caso del ser de quien hablé antes, las superficies donde el aire y el agua se encuentran, así en el hombre tenemos la mitad izquierda y la mitad derecha. En ese ser las dos mitades eran diferentes, en el hombre son iguales; pero el hombre es también un ser superficial, el hombre es un plano. Es Maya que lo vemos como teniendo forma y figura.

¿De dónde tiene entonces el hombre esta forma y figura? Lo tiene porque está en medio de una batalla. Un ser de la izquierda está luchando en el hombre con un ser de la derecha. Si pudiéramos estar enteramente dentro de nuestra mitad izquierda, tendríamos una poderosa percepción del ser uno, y si estuviéramos en nuestra mitad derecha tendríamos la percepción correspondiente del otro ser. Nuestra existencia como ser doble surge del hecho de que el ser luciférico está luchando en nosotros desde la izquierda y el ahrimánico desde la derecha.

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Tratemos de hacer una imagen de ello en nuestras mentes. Desde la izquierda, el ser luciférico se abre paso y rebota, por así decir, sus defensas, y desde la derecha Ahriman se abre paso y levanta sus fortificaciones. Y todo lo que puedes hacer es estar en medio entre los dos. La parte izquierda de ustedes, su hombre izquierdo, por así decirlo, es la fortificación establecida por Lucifer, y su hombre derecho es la fortificación establecida por Ahriman. Y todo el arte de la vida consiste en encontrar el verdadero equilibrio entre ellos. Lo hacemos inconscientemente cada vez que percibimos con los sentidos. Cuando oímos con el oído izquierdo y con el oído derecho, y luego unimos en una sola percepción los impulsos que nos llegan de esta manera, o cuando nos sentimos con la mano izquierda y con la mano derecha y unimos las dos percepciones, estamos poniéndonos en la superficie que se encuentra en el límite del conflicto entre Lucifer y Ahriman. Tan estrecha como —no, más estrecha que— la hoja de un cuchillo es el espacio que nos queda en el medio, donde tenemos que desempeñar nuestra parte. Nuestro organismo no nos pertenece; somos un campo de batalla para los poderes luciféricos y ahrimánicos, y para otros poderes también, de naturaleza semejante a ellos, pero en ese tema no podemos entrar ahora.

¡Los hombres somos, pues, en realidad seres colocados entre dos entidades que no nos conciernen! Nuestro hombre izquierdo no nos concierne, tampoco nuestro hombre derecho: lo que nos concierne es el proceso que se desarrolla entre los dos.

Y ahora podemos desarrollar un poco más la comparación de la que hice uso antes. Porque, como todos reconocemos, hay procesos bajo la tierra que están perpetuamente sucediendo; pero no son éstos los que hacen las huellas en el camino. De manera similar, lo que sucede en la mitad derecha e izquierda de tu organismo, en todos los procesos que tienen lugar entre Lucifer y Ahriman, no tiene nada que ver con la experiencia que tienes en tu alma. Lo que sucede por debajo de la superficie de la Tierra —los gusanos que se arrastran, los cambios de temperatura de acuerdo con las estaciones del año y demás—, todo esto no tiene relación con las vías que han llegado al camino, estas huellas que son comparables con lo que ocurre en el organismo del hombre. Nuestras investigaciones en fisiología y anatomía nos revelan la lucha que se libra dentro de nosotros entre Lucifer y Ahriman, pero no nos obligan a darnos a la superstición de que la vida del alma debe su origen a estos procesos que se desarrollan entre Lucifer y Ahriman. Eso es un error completo; la vida del alma toma su curso dentro del alma misma, es decir, en la superficie, en el plano, no en el organismo espacial en absoluto.

Ahora bien, el trabajo de Lucifer y Ahriman no es el mismo en todas las partes del organismo humano, y es interesante observar su gradación. Comenzando desde la cabeza, encontramos que allí Lucifer y Ahriman han lanzado fortificaciones bastante iguales; las mitades izquierda y derecha de la cabeza son muy similares. Esto significa que las fuerzas de izquierda y derecha que se tienen en la cabeza no dan mucha posibilidad de interacción y la superficie entre ellas se queda relativamente inalterada. Allí en el centro está la superficie, con Lucifer a la izquierda y Ahriman a la derecha; y debido a que las mitades izquierda y derecha de la cabeza son tan similares en forma, Lucifer y Ahriman se van hacia atrás unos de otros, y entre ellos el hombre es capaz de desarrollar una actividad de superficie tranquila. El pensar, el puro pensamiento como tal, es muy poco perturbado por Lucifer y Ahriman; porque en la cabeza ambos retroceden.

Cuando, sin embargo, seguimos la forma del hombre más abajo, encontramos un cambio. Por un lado Lucifer trabaja poderosamente y construye el estómago, en el otro lado Ahriman hace lo mismo y edifica el hígado. El estómago es el medio con el que Lucifer lucha de izquierda a derecha; y no se puede comprender verdaderamente la relación entre el estómago y el hígado, hasta que vemos cómo Lucifer ha construido el estómago como una especie de arma de defensa, y Ahriman el hígado. Estos dos —el estómago y el hígado— están perpetuamente guerreando uno contra el otro, y la fisiología haría bien en estudiar el conflicto. Y si el corazón del hombre tiende a inclinarse un poco hacia la izquierda, entonces eso es una expresión del hecho de que Lucifer de un lado y Ahriman desde el otro están tratando de captar algo para sí mismos. Toda la relación de izquierda y derecha es una expresión de la lucha que se libra en el hombre entre Lucifer y Ahriman. Dijimos que en el caso del hombre, lo que está a cada lado de la superficie media es, en términos generales, igual. Sin embargo, ya hemos visto que esto es cierto sólo para la parte superior del hombre; cuando seguimos la forma del hombre hacia abajo, la similitud desaparece gradualmente. En el caso del ser de quien hablé antes, con los tres miembros extendidos —Lemminkäinen, Ilmarinen y Wainämöinen— la mitad es aire y la otra agua; las dos mitades son totalmente diferentes en especie. E incluso en el hombre, cuando alcanzamos el conocimiento clarividente, nos queda claro que hay dos mitades distintas. Pues apenas hemos sugerido alejar el cuerpo físico y dirigir nuestra atención al cuerpo etérico, nos encontramos con que la mitad izquierda crece más brillante y más clara que la mitad derecha. La mitad izquierda es toda brillante y reluciente con luz radiante, y la mitad derecha está envuelta en penumbra y oscuridad. Sí, eso es realmente como es el ser humano de izquierda-derecha.

Hay, sin embargo, otras direcciones según las cuales el hombre toma su posición en el mundo del espacio. Expresado en el lenguaje del ocultismo, esto no significa nada más que se coloca de otras maneras en medio de la lucha entre Lucifer y Ahriman. Continuemos, entonces considerando cómo se encuentra el hombre en el espacio con una orientación hacia adelante y hacia atrás, mirando hacia adelante o hacia atrás. En lugar de observarlo como un ser de izquierda y derecha, ahora dirigiremos nuestros pensamientos al frente y atrás de la forma humana. De este aspecto también encontramos que el hombre no es el ser del espacio que parece ser. Porque desde la izquierda y desde la derecha, Lucifer y Ahriman luchan entre sí a través del hombre, y lo que se muestra en el espacio realmente son sólo las barricadas que ponen uno contra el otro, así también por detrás Ahriman está luchando y de frente Lucifer. Por detrás Ahriman empuja hacia adelante su actividad, y por delante Lucifer en oposición empuja hacia adelante su actividad. El hombre está en medio de ellos. En conexión, sin embargo, con la dirección hacia adelante y hacia atrás en el hombre descubrimos que Lucifer y Ahriman no consiguen acercarse tanto uno al otro que no dejan más que una superficie entre ellos. Encontramos aquí un estado de cosas algo diferente. Ahriman llega tan lejos en el plano que se puede traer a través de la columna vertebral, y Lucifer hasta el plano que puede ser atraído a través del hueso del pecho, donde las costillas terminan y se encuentran. Entre estos dos planos se encuentra un espacio que separa a Lucifer de Ahriman, donde los efectos de su trabajo se confunden. Allí se enfrentan y luchan —no de cerca, sino como si se dispararan entre sí a través del espacio intermedio. Y allí estamos nosotros en medio de la lucha. Así, con respecto a la dirección anterior y posterior, el hombre es un ser que tiene espacio.

En la dirección izquierda-derecha la lucha entre Lucifer y Ahriman se libra principalmente en la esfera del pensamiento. Los pensamientos giran a través de la izquierda y la derecha y se encuentran en la superficie en el medio. Los pensamientos cósmicos y las formas cósmicas del pensamiento se topan entre sí aquí en la superficie humana en el medio. En la dirección anterior y posterior, Lucifer y Ahriman luchan más en el reino de los sentimientos. Y puesto que aquí las fuerzas opuestas no se acercan tanto, en el espacio que queda entre ellas, nosotros mismos tenemos un espacio para estar junto con nuestros propios sentimientos. Cuando tenemos pensamientos que se oponen unos a otros desde la izquierda y desde la derecha, entonces tenemos la sensación de que estos pensamientos pertenecen al mundo. Con nuestros pensamientos pensamos los objetos que están en el mundo exterior. Cuando hacemos nuestros propios pensamientos, entonces estos pensamientos son una mera fantasmagoría; ya no pertenecen al mundo. En nuestros sentimientos, por otra parte, nos pertenecemos a nosotros mismos; porque allí Lucifer y Ahriman no se encuentran completamente, allí tenemos espacio para estar activos entre ellos. Esta es la razón por la cual en nuestros sentimientos estamos tan esencialmente dentro de nosotros mismos.

Nosotros los seres humanos somos criaturas de los seres de las jerarquías superiores y nos han creado de acuerdo con su manera de trabajo. Somos seres de superficie entre la izquierda y la derecha porque los seres superiores nos han hecho así y nos han colocado así en el espacio. Son ellos, los Dioses, los que no sufren a Lucifer y Ahriman al unirse en el hombre. Somos en este sentido criaturas de los Dioses buenos. Los buenos dioses, trabajando en sus pensamientos y propósitos creativos, tomaron esta resolución. “Se está produciendo un conflicto —dijeron— entre Ahriman y Lucifer. Debemos establecer un muro y levantar una región en la que no puedan entrar, donde no puedan acercar más sus luchas”. Nosotros, los seres humanos, hemos sido así colocados en la lucha entre Lucifer y Ahriman como criaturas de los buenos Dioses y cuanto mejor nos situemos ante esa lucha, más verdaderamente seremos las criaturas de los Dioses buenos.

Con respecto al anterior y a lo posterior, allí los Dioses buenos no permiten que Lucifer entre en nosotros; crearon una barricada en el lugar donde las costillas se encuentran en el esternón. Y la torre maravillosamente construida que encierra la columna vertebral y el cerebro es una fortificación que los Dioses buenos han erigido contra Ahriman. Ahriman no puede pasar esa línea; todo lo que puede hacer es enviar sus flechas de sentimiento hacia Lucifer. Allí, en el espacio entre nosotros, se separan los unos de los otros.

Todavía hay una tercera dirección en el hombre, la dirección de arriba y abajo. Aquí también tenemos que hacer el descubrimiento de que el verdadero estado de cosas no es lo que parece en la apariencia exterior. Porque de abajo hacia arriba obra Ahriman, y de arriba hacia abajo Lucifer. Nuevamente encontramos que los Dioses buenos han levantado una barrera contra Lucifer; en cierto plano su influencia en el hombre se mantiene en jaque. Ustedes encontrarán el nivel tomando el esqueleto y quitando de él el cráneo. Allí donde el cráneo descansa sobre las vértebras cervicales, imaginen una superficie horizontal. Esta superficie horizontal invisible es la barrera, donde el hombre puede tomar su posición y mantener la influencia luciférica que viene de arriba. Lucifer no puede ir más allá, sólo puede disparar sus flechas desde ahí hacia abajo en el hombre. Y sus flechas son ahora flechas de la voluntad. De izquierda a derecha flechas de pensamiento, de delante a atrás flechas de sentimiento y de arriba abajo, así como de abajo hacia arriba, flechas de voluntad.

Aquí también nos hemos dejado un campo de acción intermedio. Pues alrededor de la línea del diafragma, tienen la superficie que actúa como una barricada contra la presión ascendente de Ahriman. Ahriman sólo puede llegar hasta el diafragma con sus misiles de voluntad, no puede ir más lejos con su voluntad, con su ser esencial; y entre los dos planos está nuestro propio campo de acción.

¡Vean lo complicado que es el ser humano! Tomen cualquier porción de la figura humana —por ejemplo, el lado izquierdo de la cara. Como un ser de pensamiento, Lucifer puede llenar completamente este lado izquierdo del rostro humano; como un ser de sentimiento, también puede penetrarlo hasta un punto; y como un ser de voluntad puede entrar directamente a través de él desde arriba. Y pueden seguir descubriendo para cada parte del cuerpo cómo Lucifer y Ahriman trabajan en el espacio del ser humano por medio de impulsos cósmicos de pensamiento, sentimiento y voluntad, recordando siempre que como seres de pensamiento en realidad sólo somos seres superficiales, mientras que como hombres de sentimiento tenemos un espacio entre delante y detrás donde podemos desplegar una actividad propia, y de nuevo como hombres de voluntad tenemos un campo de actividad entre arriba y lo inferior, entre la superficie que imaginamos dibujada a través de la parte superior de las vértebras cervicales y la superficie del diafragma. Vean, primero tienen que abstraer todas esas partes que no pertenecen al hombre en absoluto, antes de que puedan construir una idea verdadera de la forma humana. Entonces, y sólo entonces, estarán en una posición para hacerlo.

La verdad es que toda la forma del hombre ha sido unida por fuerzas que trabajan desde afuera. Recibe su carácter distintivo desde fuera de sí mismo y no entendemos la forma del hombre mientras lo consideremos meramente como parece a primera vista; sólo lo entendemos cuando sabemos cómo está conectado con todo el cosmos del espacio, cuando podemos ver cómo desde la derecha y la izquierda, desde arriba y abajo, desde delante y detrás, las fuerzas de Lucifer y Ahriman están soportando sobre el hombre, dándole el carácter de un ser del espacio.

Y ahora, queridos amigos, esta es también la forma en que debéis acercaros a otra cosa que ha sido moldeada y formada de acuerdo con el verdadero funcionamiento cósmico en el mundo. Quiero decir nuestro edificio aquí en Dornach. Si ustedes mira el Goetheanum [El primer edificio, destruido por el fuego en Nochevieja, 1922/23. ] sólo en su apariencia exterior, podrían estar dispuestos a pensar que el edificio real en sí, el espacio ocupado por la madera, es la parte más importante. Sin embargo, esto no es cierto. La parte más importante es lo que, a juzgar por las apariencias, no existe! Tomen cualquiera de las formas; la parte esencial de esa forma no es la madera tallada y esculpida, sino que es donde no hay nada —donde el aire limita la madera. La forma de obtener el verdadero y real Goetheanum sería tomar un inmenso montículo de cera y hacer un modelo del interior del edificio, y luego estudiar este modelo o impresión. Lo que ustedes cuando entran en el edificio, lo que está dentro y no se puede ver, pero se puede sentir —eso es lo que importa. Dije una vez en una ocasión anterior que nuestro edificio se basa en el principio de un “Gugelhopf” [Un pastel que se hace en Viena. Nota del traductor] un molde de la torta. Imaginen que tienen un molde de hojalata y hornean su pastel en ella ¿Qué es el más importante, el molde o el pastel? Obviamente el pastel. Lo que importa es que la torta debe recibir la forma adecuada “Gugelhopf”. En cuanto al molde, todo lo que importa es que la mezcla, cuando se vierte en el molde y se hornee, se convierta en una torta de la forma deseada. Del mismo modo, en nuestro edificio no son las paredes circundantes lo que tiene de importancia, es lo que está encerrado dentro de los muros circundantes. Y dentro de las paredes estarán los sentimientos y pensamientos de las personas que están en el edificio. Estos se desarrollarán correctamente si los que están en el edificio giran sus ojos a sus límites, sienten las formas y luego llenan estas formas con formas de pensamiento. Lo que está dentro del edificio sería como el pastel, y lo que construimos es el molde que sostiene y da forma al pastel. Y el molde tiene que ser de tal tipo que conduzca al desarrollo de pensamientos y sentimientos correctos. Este es el principio que subyace al arte nuevo en contradicción con el arte de los tiempos antiguos. En el arte de los tiempos antiguos lo esencial era lo que está fuera en el espacio; pero en el nuevo arte cuenta algo más. Lo que está fuera no es más que el molde, y lo esencial no puede ser realmente creado por el artista en absoluto, pues es lo que está dentro.

Tampoco es cierto sólo para las formas plásticas. Lo mismo sucede con la pintura. Lo importante es, no lo que está pintado. ¡La pintura no es más que el molde de la torta!

La verdad es que, queridos amigos, hemos tocado aquí el corazón y el núcleo del momento evolutivo en el que estamos. Este es el paso en la evolución que ahora tiene que ser dado, el paso de, y perdonen la comparación trivial, – desde el molde hasta el pastel.

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El pastel es en este caso el mundo Espiritual; entrar en el mundo del Espíritu —esa es la dirección en la cual ahora todo nuestro esfuerzo debe establecerse. Si no reconocemos este hecho, nunca podremos evaluar correctamente lo que estamos tratando de hacer aquí en el arte. Pues si miramos este arte desde el punto de vista antiguo, podemos exclamar muy fácilmente: “¡Pero no veo nada hermoso en él!” Queremos decir, no veo un hermoso molde de pastel —sin sospechar que el molde no es lo que importa, sino el pastel que debe estar dentro de él. Cuando una vez comprendamos este principio en el arte, queridos amigos, estaremos muy cerca de comprender todo el sentido y significado del paso adelante en la evolución espiritual que debe hacerse a través de la Ciencia Espiritual. A través de la Ciencia Espiritual el hombre debe aprender a trabajar su salida del molde “Gugelhopf” al “Gugelhopf” en sí. Debe, por ejemplo, liberarse de la superstición de que el origen del pensamiento está en los procesos cerebrales, cuando de hecho en los procesos que se desarrollan en el cerebro son los procesos cósmicos lo que están en funcionamiento y se están librando conflictos entre Lucifer y Ahriman. El hombre debe aprender a ver que los pensamientos y los sentimientos del alma humana son huellas grabadas en las distorsiones y giros de estos conflictos y no tienen nada que ver con los procesos materiales , pero que aprenderemos a conocer de una manera mucho más completa y más amplia a través de la Ciencia Espiritual. Un tiempo vendrá en el futuro cuando los hombres dirán: “En la Biblia se nos dice el aliento de Jehová que fue inhalado en el hombre. Pero, ¿en qué parte del hombre respiraba el aliento?en otras palabras, con los procesos Luciférico y Ahrimánico.

Permítanme hacer otra comparación. Supongamos que tuviéramos que entrar en un hermoso jardín —muy bonito en particular, en todo el arreglo y disposición de los macizos— y quisiéramos pronunciar una opinión sobre este hermoso jardín. Y supongamos que pudiéramos mirar por un agujero en la tierra y espiar allí a un pequeño diablillo subterráneo que nos dice: “Te diré cómo es que aquí hay rosas y encima hay violetas, y por qué encuentras un arbusto en un lugar y flores en otro. Pues me arrastran todo el tiempo bajo la superficie, y puedo ver la tierra y el suelo que ha causado que todas estas flores —violetas, rosas y el resto— broten”. Podríamos responder: “Sí, usted describe estos procesos muy amablemente; todo lo que me dices es muy cierto y necesariamente debe suceder. Pero para que el jardín entre en existencia como yo lo veo, se requiere algo más —los jardineros deben haber estado trabajando allí. Trabajan, sin embargo, en una región que nunca habéis visto, y sobre la cual jamás os habéis preocupado en absoluto”.

De la misma manera, debemos aprender a decir al anatomista y fisiólogo: “Yo encuentro tu actividad cuando miro hacia abajo a través de un agujero en la tierra. Allí se están arrastrando y descubriendo procesos que sin duda tienen que ocurrir, pero que no tienen nada que ver con lo que tiene lugar en el alma y el espíritu sobre la tierra. Y sólo será capaz de interpretar correctamente lo que ocurre abajo, al estudiar las relaciones que mantienen el equilibrio entre los mundos luciférico y ahrimánico y las otras jerarquías que traen a Lucifer y Ahriman en equilibrio.

Aquí hay que referirse a otro hecho de la evolución humana, que hasta ahora sólo ha tenido influencia en la concepción del Yo por el hombre, pero que aprenderemos a conocer de una manera mucho más completa y más amplia a través de la Ciencia Espiritual. Un tiempo vendrá en el futuro cuando los hombres dirán: “En la Biblia se nos dice que el aliento de Jehová fue inhalado en el hombre. Pero, ¿en qué parte del hombre inhalo su el aliento?

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Si recuerdan todo lo que he dicho en esta conferencia, podrán ver que la región en la que se inhalo la respiración es la región intermedia que se encuentra entre los inicios de delante y detrás y de arriba y abajo —allí, en el medio, donde Jehová creó al hombre, como si fuera un cubo. Allí estaba él tan llenó al hombre de Su propio ser, con Su propio aliento mágico, que la influencia de este aliento mágico fue capaz de extenderse en las regiones del resto del hombre que pertenecen a Lucifer y Ahriman. Aquí en medio, delimitado por encima y por debajo, por delante y por detrás, hay un espacio intermedio donde el aliento de Jehová entra directamente en el ser humano espacial.

Lo que les he estado diciendo en esta conferencia lo he dicho con respecto al ser humano en el espacio físico. Como ustedes ven, incluso aquí podemos ampliar nuestra perspectiva y aprender a ver al hombre como está dentro del cosmos. Pero también hay aspectos morales y espirituales de lo que es aparentemente externo y espacial. Y en estos aspectos también, en lo que al trabajo del alma humana se refiere —si no de manera tan llamativa como en el caso del hombre espacial—,  pero aquí también, lo que nos encontramos al principio se encuentra que no es una realidad,  sino sólo una fantasmagoría. En lo moral, en la lógica y en toda la actividad del alma, Lucifer y Ahriman están trabajando uno sobre el otro, y el hombre está en la frontera entre ellos. De este capítulo más importante y significativo en la comprensión del ser humano hablaremos mañana.

Traducido por Gracia Muñoz en Septiembre de 2017.

[1] 14 de noviembre de 1914. Todavía no se ha publicado en inglés.

GA212. El mundo elemental y el futuro de la Humanidad

Rudolf Steiner — Dornach, 28 de mayo de 1922

English version

Hoy quiero presentar ciertos asuntos que conciernen a la evolución de la Humanidad en la medida en que esta evolución depende de la relación del hombre con ciertos poderes espirituales en el futuro de la Tierra.

Hemos visto cómo es posible, a través de la observación exacta, comprender el hecho de que dentro del ser físico-anímico-espiritual del hombre se produce algo que, en cierto sentido, pertenece al mundo exterior, en la medida en que éste mundo consiste en fuerzas y seres del mundo etérico. El hombre reúne estas fuerzas para formar su cuerpo etérico mientras desciende a la vida terrenal. Vimos también que esta entidad, que consiste en fuerzas del mundo etérico externo, se une al efecto de las acciones terrenales del hombre, de todo lo que hizo que sucediera, en resumen, con su karma.

He mencionado a menudo que un nuevo flujo de espiritualidad está ahora listo para verterse en la existencia terrenal humana. El presente forma un eslabón en la evolución de la humanidad entre una época de desarrollo principalmente intelectual que comenzó en el primer tercio del siglo XV y que ahora prácticamente ya ha seguido su curso —y un futuro dedicado a lo espiritual. La tarea más importante para la humanidad en la era de la intelectualidad fue el desarrollo de la razón a través de la investigación de la naturaleza externa y el desarrollo de la tecnología.

En esta dirección se han logrado grandes e impresionantes resultados en los últimos siglos. Sin embargo, hay que decir que el intelecto ha comenzado a perder su creatividad, aunque todavía vivimos de su herencia. El período más creativo fue desde los tiempos de Copérnico, Galileo y Giordano Bruno hasta el siglo XIX. Especialmente en la civilización occidental se han conseguido los mayores logros intelectuales en los últimos siglos.

Es obvio, incluso para una observación externa imparcial, que el intelecto ha perdido parte de su poder creativo. En general, la humanidad ya no tiene el mismo entusiasmo por los logros intelectuales. Sin embargo, la práctica de los siglos continúa a través de una cierta inercia cultural. Los pensamientos corren a lo largo de los viejos surcos, pero el intelecto ya no trae nada nuevo de importancia real. Esto es particularmente notable en nuestros jóvenes. No hace mucho tiempo era un verdadero placer escuchar a un joven que había estudiado algún tema. Puede que no se hubiera aplicado a todos, pero ciertamente en aquellos que había logrado algo; uno estaba ansioso por escuchar lo que tenía que decir y era lo mismo en todos los círculos académicos occidentales. Pero se ha producido un cambio en las últimas décadas, cuando un joven recién llegado de la universidad habla, uno ya no tiene curiosidad por lo que este vaya a decir. Uno ya no tiene curiosidad porque ya lo sabe; sale automáticamente; es como si el propio cerebro hubiera perdido su vitalidad. Uno tiene la sensación de que la actividad del intelecto se ha deslizado de la cabeza a alguna región más profunda. Que la inteligencia humana se ha convertido en algo mecánico que ya no brota de la región de la cabeza debe ser evidente incluso para la observación externa. Esta situación ha ocurrido porque la inteligencia era originalmente una dotación natural que la humanidad estaba predestinada a desarrollar predominantemente entre los siglos XV y XIX.

Sin embargo, para fructificar este desarrollado intelecto, una corriente de espiritualidad de las regiones superiores de la existencia mundial busca ahora penetrar en la vida terrenal de la Humanidad. Que esto suceda depende de que el hombre abra su corazón y su alma a lo que así busca entrar, por muchas puertas, por así decirlo, del mundo espiritual al mundo terrenal. Será necesario que el hombre no sólo vuelva a ser consciente de lo espiritual que hay en la naturaleza, sino que sea capaz de percibirlo.

Consideren cómo en las antiguas civilizaciones la Humanidad en general percibió —en todos los reinos de la naturaleza, en cada estrella, en cada nube en movimiento, en el trueno y el relámpago— espíritu y alma. Y en el marco de esta conciencia general evolucionaron los ejercicios del yoga. Como expliqué ayer, el yogui trató de penetrar en sí mismo. A través de los ejercicios internos buscó alcanzar lo que hoy se da por sentado porque nacemos con ello: la conciencia del “yo”, el sentimiento de ser una individualidad. El yogui tuvo que desarrollarlo primero en sí mismo.

Pero, queridos amigos, sería un gran error comparar la conciencia ordinaria del yo que tenemos hoy con la del yogui. Si algo se logra a través del propio esfuerzo humano esto hace una diferencia de si uno simplemente lo tiene. Cuando, como en el caso del yogui, uno primero tuvo que luchar para alcanzar la conciencia de sí mismo, entonces, a través de ese esfuerzo interior, uno es transportado a las grandes Leyes Universales; uno se hace partícipe de los procesos mundiales. Este no es el caso cuando uno es simplemente colocado en la esfera de la auto-conciencia. Pertenecer a un nivel determinado de la evolución humana no es lo mismo que alcanzar ese nivel a través de ejercicios interiores.

Se darán cuenta por lo que se dijo ayer que la Humanidad debe gradualmente adquirir conocimientos de una manera diferente, —debe poner sus procesos de pensamiento libres del proceso de la respiración. Como he explicado ayer, esto tiene el efecto de que el pensamiento, al no estar ligado al sujeto, es capaz de unirse con el ritmo del cosmos exterior. Debemos nuestra reflexión salir fuera de nosotros mismos hacia el mundo, mientras que el yogui se deslizaba en su ser interior uniendo, por así decirlo, los sistemas de pensamiento y de la respiración. Al hacerlo, se identificó con lo que su naturaleza anímico-espiritual pudo experimentar en las ondas del ritmo interior de la respiración. Por el contrario, ahora debemos entregarnos al mundo para participar en todos los ritmos que atraviesan los mundos mineral, vegetal, animal y humano hasta el reino de las Jerarquías. Debemos entrar y vivir en del ritmo de la existencia externa. De esta manera, la Humanidad volverá a tener una visión de ese fundamento espiritual de la naturaleza que el conocimiento externo no alcanza.

Las ciencias de la física, la química y la biología que se persiguen hoy en día proporcionan a la humanidad una gran cantidad de información. Lo que realmente hacen es explicar cómo la observación sensorial, interpretada por el intelecto, ve el mundo. Pero ha llegado el momento en que la humanidad debe redescubrir lo que está detrás del conocimiento proporcionado por la observación externa y la interpretación intelectual.

Si uno tiene en mente cuando habla de los cuatro elementos de la tierra, el agua, el aire y el fuego sólo su aspecto físico, entonces no importa si uno usa estos términos o prefiere los más recientes de cuerpos y condiciones sólidas, líquidas y aeriformes de calor. Cuando se hace referencia a ellos, todo lo que uno tiene en mente es cómo las sustancias físicas se combinan o mezclan entre ellas, o bien se separan. Sin embargo, hay que subrayar que todo lo que es de  naturaleza sólida y terrena tiene como fundamento una espiritualidad elemental. La gente “iluminada” de hoy puede reírse cuando se les recuerda que las personas mayores solían ver gnomos en todo lo terrenal. Sin embargo, cuando el conocimiento ya no se obtiene mediante la combinación de pensamientos abstractos y lógicos, sino uniéndonos a través de nuestro pensamiento con el ritmo del mundo, entonces redescubriremos los seres elementales contenidos en todo lo que es la sólida naturaleza terrenal. La característica sobresaliente de estos elementales que comienzan a residir en la tierra sólida es inteligencia, astucia, astucia, —de hecho, un intelecto unilateralmente desarrollado.

Así, en el elemento sólido de la Tierra viven seres espirituales de tipo elemental que son mucho más inteligentes que los seres humanos. Incluso una persona de extremada astucia intelectual no sería rival para estos seres que, como entidades suprasensibles, viven en el reino de la Tierra sólida. Podría decirse que así como el hombre consiste en carne y sangre, así también estos seres consisten en inteligencia, en suprainteligencia. Otra de sus peculiaridades es que prefieren vivir en multitudes. Cuando uno está en posición de descubrir cuántos de estos seres astutos contiene un objeto terroso adecuado, entonces uno podría exprimirlos como si se tratara de una esponja —en un sentido espiritual, por supuesto— y fluyeran hacia fuera en un flujo sin fin.

Pero contar a estos seres-gnomos es una tarea difícil. Si uno trata de contarlos como si fueran cerezas u huevos —es decir, uno, dos, tres— uno pronto notaria que no pueden ser contados así. Cuando uno ha llegado a decir tres, entonces de repente hay muchos más. Así que contarlos como se haría en el plano físico no sirve para nada; ni hay otra forma de cálculo, porque inmediatamente te hacen trampas. Supongamos que uno pone dos en un lado y dos en el otro para decir que dos veces dos hacen cuatro. Uno se equivocaría, porque a través de su superastucia aparecerían como siete u ocho, diciendo que dos veces dos hace ocho, o algo así. Así, estos seres desafían ser contados. Debe reconocerse que el intelecto desarrollado por el hombre en los últimos tiempos es muy impresionante. Pero estos seres suprainteligentes muestran un dominio sobre el intelecto incluso cuando es meramente una cuestión de cálculo.

Los seres elementales que habitan en el elemento fluido —es decir, en el agua— han desarrollado particularmente lo que es, en el hombre, su vida de sentimiento o sensibilidad. En este sentido, los seres humanos estamos realmente atrasados comparados con estos seres. Podemos disfrutar de una rosa roja o sentirnos encantados cuando los árboles despliegan su follaje. Pero estos seres acompañan el fluido que como savia se levanta en el rosal y participan en el enrojecimiento de las flores. De una manera íntima comparten con sensibilidad los procesos del mundo. Nosotros con nuestra sensibilidad permanecemos fuera de las cosas, mientras que ellos están dentro del proceso y participan en él.

Los seres elementales del aire han desarrollado en alto grado lo que vive en la voluntad humana. Es espléndido que el químico analítico descubra el peso atómico del hidrógeno, el oxígeno y el nitrógeno, y descubra cómo el hidrógeno y el oxígeno se combinan en el agua para analizarse más o cómo se analiza el cloruro de cal, etc. Pero los seres espirituales elementales están activos detrás de todo esto, y es esencial que el hombre adquiera conocimiento de sus características. Durante el período en que el hombre desarrolló el intelecto –que, como ya se ha mencionado, fue desde el primer tercio del siglo XV hasta finales del siglo XIX— estos seres elementales fueron dejados de lado, por así decirlo. Mientras que el intelecto jugó un papel creativo en la vida cultural del hombre, no había mucho que pudieran hacer, y porque los seres elementales que vivían en lo sólido en cierto sentido, se mantuvieron a distancia y dejaron al hombre con su intelecto, también se retuvieron los seres del agua y del aire.

Pero ahora vivimos en un momento en que el intelecto ha comenzado a declinar dentro del mundo civilizado; está entrando en la decadencia. Si la humanidad no se vuelve receptiva a lo que fluye hacia ella desde el mundo espiritual, entonces el resultado de esta opacidad por parte del hombre será —y hay signos de que esto ya sucede— que estos seres elementales se reunirán para formar una especie de unión y colocarse bajo la dirección del supremo poder intelectual: Ahriman.

Si ocurriera que los seres elementales se pusieran bajo la guía de Ahriman con la clara intención de oponerse a la evolución humana, entonces la Humanidad sería incapaz de progresar más. Podría surgir la posibilidad de que los poderes ahrimánicos en unión con los seres elementales desviarían la Tierra de su rumbo deseado. La Tierra no seguiría lo que se describe en mi Ciencia Oculta: Un Esquema como la evolución de Saturno-Sol-Luna-Tierra. La Tierra sólo puede convertirse en lo que originalmente se pretendía hacer si el hombre, en cada época, aborda correctamente su tarea.

Ya se puede ver cómo están las cosas. Aquellos que han alcanzado una cierta edad saben que anteriormente uno conseguía penetrar en pensamientos y sentimientos internos de otro ser humano simplemente a través de una conversación normal e intercambio de ideas. Uno daba por hecho que la razón e intelecto de la persona residía en su cabeza, y que lo que estaba en su cabeza sería transmitido a través de la palabra hablada. Hoy en día hay muchas personas que ya no dan por sentado que la razón se encuentre en la cabeza de muchos de sus contemporáneos; más bien se supone que se ha deslizado más abajo. Así que en lugar de escuchar ahora analizan. Este es sólo un ejemplo de un aspecto mal entendido de todo el problema. Pero yo diría que cuando uno comienza a psicoanalizar a las personas en lugar de simplemente dejarlas hablar, entonces es de hecho una admisión de que la razón ya no reside en la cabeza. Se supone que se ha deslizado hacia las regiones más profundas de la naturaleza humana y debe ser psicoanalizado para poder ser llevado de nuevo a la conciencia. En esta época de un intelecto en declive hay gente que ya no le gusta que uno apele a su inteligencia; prefieren ser analizados. Esto es porque no quieren participar con la cabeza en lo que su alma trae a la luz.

Nada se logra mirando estas cosas meramente desde un punto de vista externo. Para ver claramente lo que está implicado deben ser considerados —como acabamos de hacer— en el contexto más amplio de la evolución mundial. Ciertos aspectos del psicoanálisis pueden ser sanadores. Hay condiciones que antes eran simplemente aceptadas, pero ya no pueden ser toleradas y deben ser curadas. Sin embargo, como se necesita tanta terapia, las físicas ya no son suficientes, así que se recurre a las psicológicas. Por qué esto debe ser así debe ser visto en un contexto más amplio.

Superficialmente juzgado, no tiene sentido objetar todas las buenas razones y argumentos seductores presentados por los psicoanalistas, ni siquiera desde el punto de vista más amplio de la evolución mundial. La gente quiere evitar ver las cosas en su contexto más amplio, aunque les llevaría al reconocimiento de que una corriente espiritual está buscando entrar en nuestra civilización actual para reemplazar al intelecto en declive.

Lo que hemos considerado hasta ahora es un aspecto de lo que en el futuro amenaza a la humanidad. Hay otro aspecto —así como los elementos inferiores de la tierra, el agua y el aire están habitados por seres elementales, así lo están los elementos superiores del éter de la luz, el éter químico y el éter de la vida. Sin embargo, estos seres de los elementos superiores difieren considerablemente de los inferiores. Los seres de luz, y particularmente los de la vida, no pretenden convertirse en multitudes. Los que más se esfuerzan por convertirse en multitudes son los seres del elemento tierra. Los seres del elemento etérico se esfuerzan más bien hacia la unidad. Es difícil diferenciarlos unos de otros; no expresan ninguna individualidad y más bien se esfuerzan por fusionarse. Ciertos iniciados en tiempos antiguos, a través de los cuales se originaron ciertas enseñanzas del Antiguo Testamento, volvieron su atención particularmente hacia los elementos etéricos. La fuerte tendencia de estos elementos hacia la unificación creó una influencia que resultó en el estricto monoteísmo del judaísmo.

La religión que se basa en la adoración de Jehová se originó principalmente de una visión espiritual del reino de los éteres. En este reino viven seres espirituales que no se esfuerzan por separarse unos de otros y llegar a ser muchos individuos. Más bien se esfuerzan por crecer juntos y desaparecer unos en otros; buscan convertirse en una unidad.

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Si estos seres son ignorados por el hombre, es decir, si él no se dirige al conocimiento espiritual y la comprensión de que lo que existe en el cielo no es sólo el sol físico, sino que con el calor del sol y la luz los seres etéricos fluyen a la Tierra; si la comprensión del hombre se detiene en el aspecto material externo, entonces existe la posibilidad de que estos seres se unan con los poderes ahrimánicos. Para que la Tierra se convierta en lo que originalmente se pretendía hacer, el hombre debe despertar ante los peligros que amenazan de ambos lados, por un lado, el peligro de que aquellos seres que viven en los elementos inferiores se unan a los poderes ahrimánicos y el por otro, que los poderes ahrimánicos se unan con los de los elementos superiores en su lucha por la unidad.

La importancia del conocimiento espiritual para el destino terrenal del hombre no puede enfatizarse demasiado. A menos que el hombre se acerque a la realidad espiritual algo completamente diferente de lo que debería suceder le ocurrirá a la Tierra. No importa cuán lejos o cuán profundamente nuestras sofisticadas ciencias de la física y la química investiguen el mundo material que nos rodea, el hecho es que lo que se investiga desaparecerá con la existencia de la Tierra misma. En última instancia, la química y la física no tienen valor alguno fuera de la Tierra.

Cuando la evolución de la Tierra llegue a su fin, todas las sustancias minerales se convertirán en polvo y se disolverán en el cosmos. Sólo lo que pertenece al mundo vegetal, animal y humano pasará a la existencia de Júpiter. Por lo tanto, todos los magníficos logros de estas ciencias están relacionados sólo con lo que es transitorio. Es esencial que se alcance el conocimiento de lo que perdurara más allá de la Tierra.

Como ya se ha mencionado, cualesquiera que sean las leyes físicas que se descubran, todo lo que se investiga con respecto al peso atómico de los elementos individuales o cualesquiera fórmulas químicas que se produzcan, todas estas cosas se refieren sólo a lo que tiene un significado meramente transitorio. El hombre debe crecer más allá de la existencia terrestre a través del conocimiento del tipo de cosas que he explicado. Estas son cuestiones de gran importancia y significado.

Traducido por Gracia Muñoz en Septiembre de 2017.