GA177c14. La caída de los espíritus en la Oscuridad: En el futuro

Rudolf Steiner — Dornach, 28 de octubre de 1917

 

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Hemos reflexionado sobre los importantes acontecimientos que tuvieron lugar —entre las bambalinas de la historia, por así decirlo— durante el siglo XIX. La naturaleza del tema es tal que si uno no quiere llegar a ser totalmente abstracto, necesitara caracterizar muchas de las cosas que se tienen que decir en relación con el mundo espiritual, considerando que su reflejo o imagen-espejo es el mundo físico, pues los eventos que ocurren en el mundo físico en realidad están reflejando los eventos espirituales.

Antes de continuar, quiero llamar su atención sobre algo de gran importancia que está actuando detrás de todas estas cosas. Como saben, la transición entre el cuarto y el quinto período de la civilización post-atlante llegó aproximadamente en 1413, que ya está en el siglo XV. Esto ya lo he caracterizado desde muchos aspectos, pero hoy quiero añadir que en la dirección espiritual de la Tierra intervienen principalmente miembros de la jerarquía de los Arcángeles —encontrarán algunos de los detalles en el pequeño volumen titulado La guía espiritual del hombre y de la humanidad .[1]  que como ya he dicho, están principalmente involucrados.

Traten con toda la intensidad obtener una imagen de esto: los espíritus angelicales persiguieron sus tareas en los mundos espirituales. Mucho sucedió en la Tierra como resultado. La historia, la vida humana de la cuarta época post-atlante, dio sus resultados en la Tierra. Los Espíritus angélicos que pertenecen a la jerarquía de los Ángeles sirvieron a la más alta jerarquía de los Arcángeles; lo hicieron de tal manera, sin embargo, que la relación entre los miembros de las dos jerarquías estaba tan por encima de lo terrenal, en el reino espiritual, que apenas afectaba a la vida humana.

Pero esto cambió con la llegada de la quinta época post-atlante, pues los miembros de la jerarquía de los Ángeles se hicieron más independientes en su tarea de guiar a la humanidad. De este modo la humanidad que durante la cuarta época post-Atlante estaba bajo la guía directa de los Arcángeles pasó a estar durante la quinta época —que abarca nuestra época actual, hasta el cuarto milenio— bajo la guía directa de los Ángeles. Por lo tanto, ya no se puede decir que sus relaciones carecen de conexión con el mundo físico. Y es así como se presentan los hechos a nivel espiritual.

También se puede presentar a un nivel más físico, pues todas las cosas físicas son la imagen del espíritu. Buscando la ruta indirecta mediante la cual los Arcángeles guiaron a la humanidad mediante el trabajo con los Ángeles durante la cuarta época post-Atlante, podemos decir: Esto se hizo a través de la sangre humana. Y la estructura social también se había creado a través de la sangre, pues se basaba en la relación sanguínea, en los lazos de la sangre. Tanto los Arcángeles como los Ángeles tenían su morada en la sangre, por así decirlo. En verdad, la sangre no es simplemente algo para que lo analicen los químicos; también es la morada de entidades de los mundos superiores.

Así, durante la cuarta época post-atlante, la sangre fue la morada de los Ángeles y los Arcángeles. Y con la quinta época post-atlante esto está cambiando, pues los Ángeles  —me refiero a los Ángeles de luz, los Ángeles de evolución normal— tomarán más posesión de la sangre y los Arcángeles estarán más involucrados en el sistema nervioso, por decirlo en los términos de la fisiología de la ciencia moderna. Y usando una terminología antigua también podría decir: durante la quinta época post-atlante los Arcángeles esencialmente están trabajando en el cerebro y los Ángeles en el corazón. Como pueden ver se ha producido un cambio importante que puede remontar finalmente hasta en la estructura física de los seres humanos.

Las cosas que la gente logra aquí en la Tierra están conectadas con los espíritus que trabajan en ellas. La gente tiende a imaginar —no siempre correctamente— que los Ángeles y los Arcángeles están en algún lugar de la “nube del cuco”. Si tomamos la totalidad de la vida neurológica humana por un lado y el conjunto de la vida sanguínea por otro y añadimos lo que es de ellos cuando vivimos en el mundo entre la muerte y el nuevo nacimiento, tendríamos los reinos de los Arcángeles y de los Ángeles.

El siglo XV marcó un período específico en la evolución de la Tierra y en la evolución correspondiente en el mundo espiritual. Podemos caracterizar más o menos los acontecimientos de esa época de la siguiente manera: en el siglo XV la Tierra llevó a cabo la mayor atracción de los Arcángeles regulares que estaban buscando hacer la transición desde la sangre al sistema nervioso. Retrocediendo del siglo XIV hasta el siglo XIII, XII y XI nos encontramos con que el poder de atracción de la Tierra es cada vez menor y menor; más allá de ese tiempo iría todavía a menos.

Podríamos decir que los Arcángeles fueron llevados por espíritus superiores al amor por la existencia terrenal, sobre todo durante el siglo XV. Por extraño que pueda parecerles a muchas personas hoy en día que sólo piensan en términos groseramente materialistas, no es menos cierto que los acontecimientos terrenales están conectados con tales cosas. ¿Cómo llegó a ser redescubierta América de una manera tan extraña, y cómo la gente comenzó a hacer que un mundo nuevo fuera suyo —exactamente en ese momento?. Ello fue debido a que en ese momento los Arcángeles estuvieron más atraídos por la Tierra. Por lo tanto guiaron parcialmente la sangre y en parte el sistema nervioso de tal manera que los seres humanos comenzaron a salir de sus centros de civilización para hacer suya toda la Tierra. Eventos como estos deben considerarse en relación con las actividades espirituales, de lo contrario no se pueden entender. Por supuesto, les sonara muy peculiar a las personas que piensan en toscos términos materialistas si se dice: “América fue descubierta y todo lo que leemos en la llamada historia ocurrió porque, dentro de ciertos límites, ese fue el momento en que la Tierra tuvo el mayor poder de atracción para los Arcángeles”.

 Los Arcángeles entonces comenzaron a formar a los Ángeles para que tomaran posesión de la sangre humana, en tanto que ellos hacían la transición hacia el sistema nervioso. Llego el momento a principios de la década de 1840 en que ciertos Ángeles rezagados intentaron ocupar el lugar que pertenecía a los Arcángeles en el sistema nervioso en lugar de residir y reinar en la sangre. Por lo tanto, podemos decir que en la década de 1840 tuvo lugar una batalla significativa de la manera que he descrito y, si consideramos su reflexión física más material, tuvo lugar entre la sangre y el sistema nervioso humano.

 Los Ángeles de la Oscuridad fueron arrojados del sistema nervioso y entraron en la sangre humana, y ahora como ya he descrito están causando estragos en la misma. Todas las cosas que están sucediendo aquí en la Tierra son debidas a la influencia de los Ángeles rezagados que están trabajando en la sangre. Y es debido a que están trabajando en la sangre humana el que las personas, se hayan vuelto tan inteligentes. Todo esto se ha ido desarrollando lentamente y poco a poco, por supuesto, y podemos decir que, si bien la ruptura profunda se produjo en 1841, la totalidad del siglo XIX estaba infectada con ello.

Se ha iniciado así una evolución de profundo significado. Un hecho importante del que ya he llamado la atención en estas conferencias[2] y es que, a más tardar en el séptimo milenio de la evolución de la Tierra las mujeres ya no serán fértiles y la reproducción ya no será posible.  Si las cosas estuvieran totalmente de acuerdo con los espíritus angélicos evolutivos en la sangre, la reproducción humana ni siquiera podría continuar durante ese tiempo; pues sólo continuaría hasta el sexto milenio, o el sexto período de la civilización post-Atlante; según la sabiduría de la luz el impulso para la reproducción no continuaría más allá de este tiempo en el séptimo período de la civilización de esta época postatlante. Sin embargo, se irá más allá del séptimo milenio y, posiblemente, un poco más. La razón será que estos Ángeles caídos se harán cargo de ello y darán los impulsos para la reproducción.

Esto es muy significativo. En el sexto período de la civilización post-Atlante, la fertilidad humana que por sus impulsos depende de los poderes de la luz ira finalizando paulatinamente. Los poderes de la oscuridad tendrán que intervenir para que la misma pueda prolongarse durante un tiempo. Sabemos que las semillas para el sexto período de la civilización postatlante se encuentra en el este de Europa. El Este de Europa elaborará poderosas tendencias que no permitirán que la reproducción física humana continúe más allá del sexto período de la civilización, favoreciendo en cambio que la Tierra entre en una forma de existencia anímico-espiritual. En el séptimo período de la civilización post-atlante, los  impulsos para la procreación que será guiada por los Ángeles rezagados, vendrá de América.

Tengan en cuenta la compleja naturaleza de estas cosas, que sólo pueden ser descubiertas —tengo que insistir una y otra vez— por la observación directa de los mundos espirituales.  Teorizar meramente nos llevará generalmente al error, ya que con esto se tiende a seguir un camino lineal de pensamiento que finalmente conducirá a la afirmación de que la procreación humana se extinguirá en el sexto período de la civilización postatlante. Se necesita una observación espiritual real que nos permita observar las diferentes corrientes que interactúan para producir el conjunto. Ustedes tendrán que esforzarse  mucho si quieren llegar a una mejor aproximación y sus interacciones, tales como las que he descrito.

La enorme complejidad de los seres humanos se hace evidente cuando se tiene en cuenta que ahora, en la quinta época postatlante, los Arcángeles y Ángeles están activos en ella a través de los sistemas nervioso y sanguíneo, pero que también lo están los espíritus rezagados que se les oponen. Aquí es donde se anclan las fuerzas que actúan entre sí, unas contra otras y así sucesivamente; ahí vemos lo que sucede en la realidad. En cuanto en los acontecimientos de la vida exterior, sólo se ve la onda superficial y no las fuerzas que los llevan a la superficie.

Podemos dar otro ejemplo de la forma en que los espíritus de la oscuridad, que han sido derribados en 1879, tratan de ejercer una influencia —antes de 1879 desde el mundo espiritual y desde entonces desde el reino humano—. Recordaran algo de lo que hablé en una conferencia anterior:[3]  que la humanidad en su conjunto es cada vez más joven. Si volvemos a la antigua India, nos encontramos con que la gente se mantuvo joven y capaz de un desarrollo físico hasta una edad muy avanzada; durante la época persa fue a menos, en tiempos egipcio-caldeos aún menos, hasta que en los tiempos grecolatinos las personas sólo fueron capaces de desarrollarse hasta el tramo que se extiende desde su vigésimo octavo a su trigésimo quinto año. Hoy en día es aún más joven y sólo se es susceptible de desarrollo hasta los 27 años.  Vendrá un tiempo en que esto sólo llegara hasta los 26, y así sucesivamente. Recordarán que hice referencia de alguien que está en el centro de las cosas en el momento presente y que sólo puede ser entendido realmente si nos damos cuenta de que la edad de 27 desempeña un papel especial, en la vida actual hoy  —y este es Lloyd George. Para el que siempre es muy significativo cuando la vida del alma coincide con la vida exterior del cuerpo.

El hecho de que en nuestra quinta época post-Atlante las personas sean naturalmente capaces de seguir desarrollándose sólo hasta la edad de 20 años, es importante como base para la acción concertada de los Arcángeles y los Ángeles. Los espíritus normales, los espíritus de la luz, quieren dirigir la evolución humana de una manera determinada. Esta es la siguiente: los seres humanos serán naturalmente capaces de seguir desarrollándose hasta los 20 años; los espíritus de luz quieren mantener este asunto íntimo, dejando que proceda sin más en los seres humanos; y después, de los 28 a los 35 años, el desarrollo que se ha desenvuelto silenciosamente, volverá a emerger. Por lo tanto observen bien. Algo evoluciona en la sangre humana hasta que las personas alcanzan sus 28 años en que ese algo se introduce en la auto-conciencia, algo de la sangre es entregado a la auto-conciencia. Por lo tanto, la intención de los espíritus normales, los espíritus de la luz, es que la vida interior se desarrolle en silencio, sin ambición y desinteresadamente y sólo entre en acción cuando los individuos alcancen la edad de 28 años, cuando dejen tras ellos los años de aprendizaje. Así se van haciendo jornaleros, y finalmente empresarios.

Los espíritus de la oscuridad que habían sido arrojados del mundo espiritual se rebelaron contra esto. Querían que la gente tomara un papel activo en la vida y fueran maestros en el uso de la inteligencia externa a sus veinte años, sin tener que pasar por un paulatino desarrollo interior.

Aquí tenemos un fenómeno social que se remonta a sus fundamentos espirituales. Una importante batalla tendrá lugar entre nosotros. Los espíritus de luz sólo quieren que alcancemos la madurez y estemos listos para asumir un papel activo en la vida pública después de los 28 años. Los espíritus de la oscuridad quieren adelantar el tiempo; quieren empujar a la gente hacia la vida pública en un momento anterior. Todos los impulsos de nuestra vida social que reflejan estos elementos tienen su origen en esto —podemos encontrar en cualquier lugar, la reivindicación para rebajar la mayoría de edad, hasta los 20 años o incluso antes. Eso tiene sus orígenes en estos elementos.

A la gente, hoy en día por supuesto, le resulta incómodo el saber estas cosas. Por lo que se hace evidente en qué medida los espíritus de la oscuridad están causando estragos en los asuntos públicos. Mucho de lo que se ha estado diciendo hasta ahora es conocido por instinto y por atavismo. Esto ha llegado a su fin, y sin embargo, la gente tendrá que estar preparada para obtener un conocimiento consciente de las cosas que solían ser conocidas por instinto y también inculcadas en las mentes humanas por los antiguos misterios. Los principios espirituales deben ser incluidos en la conformación de la estructura social;  tienen que ser considerados, en lugar de a las personas que quieren dar forma al mundo a ciegas sobre la base de meras emociones.  A los espíritus de la oscuridad les resulta más fácil alcanzar sus objetivos si la gente está dormida ante lo que sucede en el espíritu. Entonces pueden fácilmente obtener poder sobre lo que no podrían conseguir si la gente entrara conscientemente en los impulsos espirituales que están activos en la evolución. Gran parte de la falsedad que existe en el mundo hoy en día sirve al propósito del acunar hasta dormir a la gente, para que no vean la realidad, son desviados de la realidad para que los espíritus de la oscuridad manejen a su manera a la raza humana. Todo tipo de cosas se presentan falsamente a la gente para desviarlas de las verdades que podrían experimentar si estuvieran despiertos y que de hecho, deberían experimentar, si la evolución humana quiere proceder de una manera fructífera. Estamos en el tiempo en que los seres humanos deben tomar estos asuntos con sus propias manos.

Es de gran importancia ver ciertas cosas en su verdadera luz,  sin embargo, sólo será posible verlo si se conocen los poderes espirituales involucrados. Podemos decir que el siglo XIX trajo todo lo que puede hacer posible que las personas sean desviadas de la verdad. Basta con pensar lo que significo el darwinismo que intervino tan profundamente en la evolución humana, incluso en el nivel más popular del pensamiento, exactamente durante la fase más importante de la evolución del siglo XIX. Es extraño ver a lo que la gente llega a veces a este respecto. Por ejemplo, el famoso Fritz Mauthner en su Diccionario de Filosofía[4]  Incluye la interesante declaración de que no fue la forma en que Darwin superó a la teleología, la teoría del diseño y el propósito, lo que importaba, sino el hecho de que sí la había superado. En otras palabras, en opinión de Mauthner, fue muy fructífero que alguien presentara la evolución orgánica siguiendo su curso sin involucrar a las entidades espirituales y sus diseños y propósitos.

Ahora, para alguien que puede ver estas cosas en su propia luz, el asunto aparece de la siguiente manera. Si ve un vehículo tirado por caballos, un carruaje con un caballo al frente, el caballo está tirando de la cabina. Por supuesto, dirá que el conductor que está sentado, guía al caballo con las riendas. Pero si se ignora al conductor, le resultará interesante estudiar lo que sucede en el caballo para que conduzca el carruaje; puedes ver cada detalle de cómo el caballo se pone a conducir si se deja de lado el hecho de que es el conductor el que le da su intención.

Esta es la base real de las teorías darwinianas; uno simplemente deja de lado al conductor, diciendo que es una vieja superstición, un prejuicio, decir que el conductor está guiando al caballo. El caballo está llevando el carruaje, cualquiera puede ver que el caballo está al frente. La teoría de Darwin se basa totalmente en este tipo de lógica. Siendo por tanto sesgada, por supuesto ha sacado a la luz algunas excelentes verdades que son de primera magnitud. Pero bloquea toda posibilidad de una visión real. Innumerables hechos científicos sufren a nivel empírico el hecho de que pasan por alto al conductor. Ellos no hablan de causa y efecto; sino que consideran la causa del movimiento del carruaje en el caballo, considerando que se trata de un gran avance. Las personas no se dan cuenta de que este tipo de confusión entre el caballo y el conductor  —tales “teorías del caballo”, si me perdonan el decirlo sin rodeos— existen en la derecha, en la izquierda y en el centro de la ciencia moderna. Estas teorías no pueden resultar erróneas, al igual que no es erróneo decir que el caballo tira del carruaje. Esto es del todo correcto, pero la cuestión no es lo verdadero o falso en el sentido externo. Los pensadores materialistas siempre serán capaces de refutar a un pensador espiritualista que sabe que el conductor también está allí. Aquí se ve donde nos puede conducir el intelecto penetrante, astuto y crítico, que los espíritus de la oscuridad quieren que tengan los seres humanos. No importa el hacer las cosas bien, y mucho menos completas; lo que cuenta es que uno siga el modelo donde el caballo tira del carro. La lógica puede separarse fácilmente de la realidad y seguir su propio camino. Es posible ser completamente lógico y, al mismo tiempo, estar lejos de la realidad.

Hay otra cosa que tiene que tenerse en cuenta cuando se habla de la evolución humana. Y es que los espíritus de la oscuridad tienen poder sobre todo en la mente racional y el intelecto. No pueden controlar las emociones, ni la voluntad y, sobre todo, los impulsos de la voluntad. Esto afecta a una ley profunda y muy significativa de la realidad.  Todos ustedes, aunque en un grado diferente, han alcanzado una edad suficientemente respetable para que sea justo decir que han vivido varias décadas, o dos o tres décadas, por lo menos. En las últimas décadas hemos visto una amplia variedad de esfuerzos sociales, muchos apoyados por el periodismo de la prensa, algunos también por el periodismo de libro, pero muy pocos se basaron en el conocimiento real de los hechos. Hemos visto extrañas formas de vida política y social evolucionando en Europa y América. Sin embargo, de una extraña manera, encontramos en todo esto las ideas que pertenecen a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, pero no las emociones, ni los impulsos de la voluntad.  Solo se puede descubrir si llevamos a cabo investigaciones genuinamente honestas y concienzudas en el mundo espiritual. Las personas que descendieron del mundo esparitual en la década de 1840 para encarnar en cuerpos humanos y ahora están en ese mundo otra vez saben sobre estas cosas; tienen el punto de vista del mundo espiritual y saben que en las últimas décadas los intelectos estuvieron activos, que estaban maduros para la época, mientras que los impulsos de voluntad seguían siendo los de la década de 1840. La voluntad se mueve mucho más lentamente en la evolución humana que las ideas. Por favor, tomen esto como una verdad muy importante: la voluntad se mueve mucho más lentamente que los pensamientos. Por ejemplo, los hábitos patriarcales y sólidos de las personas que no eran rebeldes o revolucionarias en la década de 1830 y 1840, sino que estaban más inclinadas a seguir la tendencia general, continuaron viviendo en las décadas de las que ahora estoy hablando. Sin embargo, sus pensamientos avanzaron y hay continuas discrepancias entre la vida del pensamiento y la vida de la voluntad, discrepancias que no se manifiestan en todas, sino en algunas esferas de la vida.

 Es totalmente debido a esto que se hizo posible en el siglo XIX algo que no habría sido posible en ningún siglo anterior. Los historiadores superficiales pueden estar en desacuerdo, pero es inútil ir en contra. Lo que quiero decir es esto: nunca antes en las épocas históricas de la evolución humana el intelecto, o perspicacia, intervinieron positivamente en la vida. Volvamos a las rebeliones de esclavos en la antigua Roma; Los esclavos fueron esencialmente despertados por el rencor, por los impulsos de la voluntad. En el siglo XIX y en el siglo XX esto es diferente. La socialdemocracia moderna no se compara históricamente con las viejas rebeliones de esclavos; Es algo completamente diferente, nacido de teorías producidas por Lassalle[5], pero principalmente por Karl Marx[6], incluyendo su teoría de la lucha de clases. Un elemento puramente crítico, puramente teórico, basado en ideas, puso a la gente en marcha y los convirtió en agitadores. Esto se debió a que las personas que tomaron el marxismo y se convirtieron en agitadores todavía tenían los impulsos de voluntad de la década de 1840. No fueron capaces de ponerse al día en cuanto a la voluntad se refiere. Esta discrepancia en la voluntad tuvo el efecto de que, bajo la guía de ciertos poderes, un movimiento puramente intelectual generó agitación entre las masas.

Esto es algo que no existía antes; muestra, incluso más de lo que dije ayer, que en el siglo diecinueve, en parte durante el tiempo cuando los Espíritus de la oscuridad todavía estaban arriba, y luego, después de haber descendido, buscaron sobre todo alentar el intelecto físico trabajando a través de una corriente particular. Allí los vemos trabajando, apoderándose de las emociones, incluso, en las décadas de 1830 y 1840, y por una vez actuando no como intelecto puro, sino para convencer a la gente. Ustedes pueden ver el efecto directo del intelecto en agitación, en la revolución, en los anhelos revolucionarios. Nunca antes el intelecto había llevado el timón hasta ese punto. Es importante considerar esto. Debemos penetrar el tiempo con la comprensión descubriendo lo que sucede tras las bambalinas en la “historia del mundo”.

Pregúntenle a cualquiera que no tenga mucho interés en estos asuntos, cuan antigua es la historia, y por cuánto tiempo la humanidad ha estado involucrada en la disciplina conocida como “historia” hoy en día. Dirán que tiene un largo camino. Pero la “historia”, tal como la conocemos hoy, no tiene más de cien años.  Antes de eso, los eventos memorables y las “historias” se registraron como “historia mundial”, como se le llamaba, donde se sigue un hilo a través de la evolución humana,  es solo hace poco más de cien años. Miren los relatos o las historias que precedieron a esto. ¿Por qué surgió la historia moderna? Porque es un producto de la transición. ¿Hay alguna razón especial por la que la historia, en la forma en que se maneja hoy, debe considerarse como una ciencia? Bueno, podemos dar una serie de razones, la principal es que varios cientos de profesores están empleados como profesores de historia en todas las universidades de la Tierra. Esto me recuerda a una persona que enseñaba derecho penal y que siempre me viene a la mente cada vez que hablamos de los motivos de los acontecimientos.  Este individuo que enseñaba derecho penal en una universidad siempre comenzaba sus conferencias con lo que él consideraba una prueba de libertad humana. Bien, él no produjo mucho por razones reales: “Caballeros, la libertad tiene que existir, porque si no hubiera libertad no habría ley penal. El hecho es que soy profesor de derecho penal; por lo tanto, si el derecho penal existe; se deduce que la libertad humana también existe”.

Siempre que escuchen opiniones expresadas sobre lo que se dice que son desarrollos en el curso de la evolución humana, escucharán las bellas palabras: “La historia ha demostrado”. Miren las cosas que están siendo escritas sobre los acontecimientos actuales. Una y otra vez se verá la frase “la historia ha demostrado esto”, cuando alguien quiere presentar sus tonterías sobre lo que sucederá una vez que se firme la paz. Ellos dirán: ‘Fue así después de la Guerra de los Treinta Años’, y así sucesivamente.

Estas verdades son del tipo de las que he hablado antes cuando dije que, según los cálculos de la gente, una guerra no puede tomar más de cuatro meses en la actualidad. En realidad, la historia no nos enseña nada. En el pensamiento científico materialista sólo pueden usarse por ejemplo si se han repetido instancias que le permitan a uno sacar conclusiones acerca de la evolución futura. Cuando un químico hace un experimento, él sabe que si combina ciertas sustancias se producen ciertos procesos; la combinación de las mismas sustancias dará lugar otra vez a los mismos procesos, y la tercera vez ocurrirá de nuevo lo mismo. Si uno consigue una cierta combinación de nubes que generan un rayo; una combinación similar volverá a generar un rayo. El pensamiento moderno se basa en premisas según las cuales una ciencia no puede ser una ciencia si se apoya en este tipo de repetición. No piensan en esto. La historia no puede ser una ciencia para las personas que toman el punto de vista materialista, puesto que la historia no se repite, las combinaciones son siempre nuevas. Por lo tanto, no es posible sacar conclusiones mediante el método empleado en otras ciencias. La historia no es más que un producto de transición. Sólo se convirtió en una ciencia en el siglo XIX. Antes de eso, solo hacía referencia a acontecimientos memorables. Como pueden ver, la escritura de la historia familiar no se considera tampoco “historia”. Incluso la palabra alemana para la historia, Geschichte, está lejos de ser antigua. Otros idiomas ni siquiera tienen esta palabra, porque la palabra “historia” tiene un origen muy diferente. En el pasado, el singular era das Geschicht (la historia), como en el das Geschicht der Apostel, y así sucesivamente, “lo que ha llegado a pasar[7].  Entonces el plural de matriz Geschichten llegó a ser usado, que es el plural directo de das Geschicht. Hoy tenemos que decir die Geschichte. Sin embargo, en Suiza die Geschichten seguía siendo el plural de das Geschicht hace 150 años. A continuación, el artículo fue modificado y uno proclamo die Geschichte —singular— lo que había sido el plural cuando la palabra tenía el artículo das. Este es el origen de la palabra; se puede leer en los trabajos sobre la etimología.

El término “historia” solamente tendrá un significado real cuando se tengan en cuenta los impulsos espirituales. No podemos hablar de lo que realmente ha llegado a pasar y, dentro de ciertos límites, de lo que sucede detrás de las bambalinas. Los límites se establecen en la medida en que lo comparamos con lo que se puede predecir para aplicar en el mundo físico, en el futuro —por ejemplo la posición del sol, en el verano que viene, y así sucesivamente—, pero no todos los detalles de las condiciones meteorológicas. El mundo del espíritu también tiene elementos que son como el clima del futuro en relación con la futura posición del sol. En términos generales, sin embargo, el curso de la evolución humana sólo puede ser conocido sobre la base de sus impulsos espirituales. La historia es, por lo tanto embrionaria y no lo que se supone que es; finalmente solo será algo cuando haga la transición de sus 100 años de existencia en la consideración de la vida espiritual que está detrás del escenario de lo que ocurre a nivel superficial en la Humanidad.

Significa que la gente realmente debe despertarse en muchos aspectos. Simplemente necesitamos retomar un tema que no carece de significado para la actualidad, como el tema que acabo de exponer: ¿Qué edad tiene la historia? Mucha gente, —y esto no es para culpar a las personas sino simplemente al sistema educativo utilizado en las escuelas—, nunca tuvo la menor idea de que la historia todavía es muy joven y aún no puede estar de acuerdo con la realidad. ¡Imagina cómo sería si las ciencias naturales tuvieran solo 100 años y quisieras compararlo con etapas anteriores de la ciencia natural! Estas cosas solo se mueven gradualmente de ser algo simplemente aprendido, para convertirse en la vida real. Solo cuando se considera esto seriamente y estos problemas se conviertan en problemas en la educación las personas llegarán a comprender la realidad de la vida.

Por un lado las personas deben ser introducidas en la vida de la naturaleza cuando aún son jóvenes, como se puede ver en algunos –digo algunos– de los relatos en la obra de Brehm,[8]  donde es realmente posible conquistar una percepción viviente de las cosas que suceden a través de las criaturas en el reino animal. Debe hacerse una distinción sobre todo entre algo basado en la realidad y los cuentos alegóricos,  simbólicos,  contados  por  personas  cuyo  enfoque  de  la  naturaleza  es  enteramente superficial. Estos simplemente se interpondrían entre los niños y su comprensión de la realidad. El punto es que no debemos decirles nada simbólico y alegórico, sino presentarles la vida real de la historia natural. Podríamos considerar la vida de las abejas, no de la manera en que lo hacen los zoólogos, sino más bien en el camino de alguien que entra en las cosas con corazón y alma, sin ser sentimental al respecto. El libro de Maeterlinck sobre las abejas[9], por supuesto, es muy bueno, pero no es adecuado para los niños; pero podría inducir a alguien a escribir un libro infantil sobre abejas, o quizá sobre hormigas. Ustedes tendrían que evitar todo tipo de alegorías, ni hablar de entidades espirituales abstractas; tendrían simplemente que referirse hacia la realidad concreta. Por otro lado, la “historia”, que es absurda y dañina para los niños tal como se escribe ahora, debería manejarse de tal manera que uno siempre pueda sentir lo espiritual que actúa en ella. Por supuesto, no se puede decir a los niños, ni siquiera a los niños y niñas de la escuela primaria, qué ocurrió en el siglo XIX; pueden expresar la situación real a través de la forma en que se cuenta la historia, en la forma en que los eventos se agrupan y por el valor otorgado a un elemento u otro.

Las historias inventadas para el siglo XIX  ciertamente no son lo que se necesita para darles a las personas de años más maduros una idea de lo que realmente sucedió. Deberíamos mostrar cómo se estaba preparando algo durante la primera, segunda, tercera y cuarta década de ese siglo, que realmente cobró vida en los años cuarenta. Todo lo que tenemos que hacer es describir las cosas de tal manera que el individuo en cuestión tenga un sentimiento de los acontecimientos en Europa y América durante la década de 1840: este algo especial es “revolcarse y agitarse” allí, si me pueden perdonar la expresión[10]. Luego nuevamente, cuando uno llega a los 1870 ́s, no deberíamos decir que fue el tiempo en que los Ángeles fueron arrojados desde los cielos, sino que podemos hablar en una forma en que las  personas  vean,  y  sientan,  que  un  cambio  mayor  sucedió  en  ese  punto  en  el  siglo  XIX.  La Antroposofía puede también enriquecer la historia temprana. La tontería presentada como historia Griega  y Romana en  las  escuelas  hoy  podría  realmente  revivir  si  los  impulsos  antroposóficos  que hemos llegado a conocer son llevados hasta ella. Sin necesidad de usar exactamente estos términos e ideas, sino contar la historia en tal forma que emerge en el relato. Las personas han recorrido un largo camino alejándose de esto, y deben volver a estar cerca una vez más.

Este es el único camino en el que las personas pueden obtener un sentido de la realidad. Carecen de este sentido hoy incluso en relación a los aspectos más primitivos de la vida que les rodea y los eventos  en  los  que participan. La gente piensa que son realistas y materialistas hoy en día cuando, de hecho, son los teóricos más abstractos que se puedan imaginar, llenos de teorías, dormidos en nada más que teorías y ni siquiera son conscientes de ello. Si uno de ellos se despertara –no es una cuestión de azar, pero si usamos la forma popular de decirlo, podríamos decir:  si  uno  de  ellos  por  azar  despertara  y  dijera  algo,  sería simplemente ignorado. Es la forma en que las cosas funcionan hoy.

Sin  duda  habrán  oído  a  ciertas  personas  una  y  otra  vez  proclamar  al  mundo  que  la democracia  debe esparcirse  por  toda  la  civilización  mundial.  La  salvación  yace  en  hacer  a  toda  la humanidad democrática; todo tendrá que ser destrozado en pedazos para que la democracia pueda esparcirse en el mundo. Bien, si las personas continúan aceptando estas ideas que se les presentan, con una aceptación masiva del término “democracia”, por ejemplo, su idea de la democracia será como la definición del ser humano que les he dado: un ser humano es una criatura con  dos  piernas  y  sin  plumas:  un  gallo  desplumado.  Las  personas  que  están  glorificando  la democracia  hoy  saben  tanto  acerca  de  ella  como  alguien  a  quien  se  le  muestra  un  joven  gallo desplumado puede saber acerca del ser humano. Los conceptos se toman como realidad y, como resultado, la ilusión puede tomar el lugar de la realidad en lo que concierne a la vida humana arrullando a las personas para que duerman con conceptos. Creen que los frutos de sus esfuerzos serán que cada individuo podrá expresar su voluntad en las diferentes instituciones democráticas, y no se dan cuenta de que estas instituciones son tales que siempre son solo unas pocas las personas que tiran de los cables, mientras que el resto es arrastrado. Sin embargo, están persuadidos de que son parte de la democracia y, por lo tanto, no se dan cuenta de que están siendo arrastrados y de que algunos individuos están presionando. A esas personas les resultará mucho más fácil tirar si el resto cree que lo están haciendo por ellos mismos, en lugar de arrastrarlos. Es bastante fácil arrullar a las personas para que duerman con conceptos abstractos y hacerles creer lo contrario de lo que es realmente cierto. Esto le da a los poderes de la oscuridad la mejor oportunidad de hacer lo que quieren.

Y si alguien puede despertar simplemente se le ignora.

Es interesante observar que en 1910 alguien escribió que el capitalismo a gran escala había logrado convertir a la democracia en la herramienta más maravillosa, flexible y efectiva para explotar a toda la población. Los financieros solían ser los enemigos de la democracia, escribió el individuo en cuestión, pero este fue un error fundamental. Por el contrario, dirigen la democracia y la fomentan, ya que proporciona una pantalla detrás de la cual pueden ocultar su método de explotación, y consideran que es su mejor defensa contra cualquier objeción que la población pueda plantear.

Por una vez, por lo tanto, un hombre se despertó y vio que lo que importaba no era proclamar la democracia, sino ver la realidad completa, no seguir lemas, sino ver las cosas como son. Esto sería particularmente importante hoy, porque la gente se daría cuenta de que los eventos que gobiernan con tanta sangre y terror sobre toda la humanidad son guiados y dirigidos desde unos pocos centros. La gente nunca se dará cuenta de esto si persisten en el engaño de que una nación está luchando contra la nación, y permite a la prensa europea y estadounidense sosegarles para que duerman sobre el tipo de relaciones que se dice que existen entre las naciones. Todo lo dicho sobre el antagonismo y la oposición entre las naciones solo existe para arrojar un velo sobre las verdaderas razones. Porque nunca llegaremos a la verdad real si nos alimentamos de palabras para explicar estos eventos, sino si señalamos personas reales. El problema es que esto tiende a ser desagradable hoy. Y el hombre que se despertó y escribió estas declaraciones en 1910 también presentó algunos asuntos muy desagradables en su libro. Él produjo una lista de cincuenta y cinco individuos que consideraba los verdaderos gobernantes y explotadores de Francia. La lista se puede encontrar en “La democratie et les financiers” de Francis Delaisi[11], escrito en 1910; el mismo hombre también escribió “La Guerre qui vient”, un libro que se ha hecho famoso. En su “La Democratie et les Financiers” encontrarán declaraciones de importancia fundamental. Ahí tienen a alguien que se ha despertado a la realidad. El libro contiene impulsos que le permiten a uno ver a través de mucho de lo que deberíamos ver hoy, y también atravesar gran parte de la niebla hecha para lavar los cerebros humanos en la actualidad.Aquí nuevamente, debemos resolver mirar a la realidad.

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El libro, por supuesto, ha sido ignorado. Sin embargo, plantea cuestiones que deberían plantearse hoy en todo el mundo, ya que enseñarían a la gente mucho sobre la realidad que otros intentan enterrar bajo todas sus declaraciones sobre democracia y autocracia y cualquiera que sean los lemas. El libro también da una exposición excelente sobre la extremadamente difícil posición en la que se encuentran los miembros del parlamento. Las personas creen que ellos pueden votar de acuerdo a sus convicciones. Pero ustedes tendrían que  conocer todos los diferentes hilos que los atan a la realidad si quisiera saber por qué ellos votan por una cosa y luego por otra. Ciertos problemas realmente deben plantearse. Delaisi lo hace. Así, por ejemplo, él toma a un miembro del parlamento y hace la pregunta: ¿De qué lado debería apoyar al pobre? ¡La gente le paga tres mil francos al año y los accionistas le pagan treinta mil francos!. Plantear la pregunta es responderla. Entonces el estimado hombre pobre recibe su asignación de tres mil francos del pueblo, ¡y treinta mil francos de los accionistas!. Creo que estarán de acuerdo en que es una buena prueba, un signo de perspicacia real, decir: Qué bueno que un socialista, un hombre del pueblo como Millerand[12] ha ganado un asiento en el parlamento! La pregunta de Delaisi va en otra dirección. Pregunta: ¿Hasta qué punto alguien como Millerand, que ganaba treinta mil francos al año por representar a las compañías de seguros, es independiente?. Entonces, por una vez, alguien se ha despertado.  Él es muy consciente de los hilos que van desde las acciones de un individuo así hasta las diferentes compañías de seguros. Pero tales cosas, informadas por alguien que está despierto y ve la verdad, son ignoradas. Por supuesto, es demasiado fácil hablar de democracia en el mundo occidental. Sin embargo, si quisieran decirle a la gente la verdad, deberían decir: ‘El hombre llamado así y así está haciendo esto,  y el llamado así y así está haciendo esto otro’. Delaisi ha encontrado cincuenta y cinco hombres –no es una democracia sino cincuenta y cinco individuos específicos–  quien, dice, gobiernan y explotan Francia. Allí, alguien ha descubierto los hechos reales, ya que en la vida ordinaria también debe despertarse un sentimiento por los hechos reales.

Aquí hay algo más de Delaisi: Hubo una vez un abogado que tenía todo tipo de conexiones, no solo compañías de seguros, sino centros de finanzas, mundos financieros. Pero este abogado quería apuntar aún más alto; quería el patrocinio no solo del mundo de las finanzas, la industria y el comercio, sino también del mundo académico de la Academia Francesa. Este es un lugar donde el mundo académico puede elevarle a uno a la esfera de la inmortalidad. Sin embargo, había dos “Inmortales” dentro de la Academia que estaban involucrados en negocios de comisiones ilegales. Encontraron que era perfectamente posible combinar su trabajo para la inmortalidad con relaciones de confianza que la ley del país no permitía. Entonces, nuestro agudo abogado defendió a los dos Inmortales en la corte y logró limpiarlos para que no pasaran por ninguna condena. Entonces lo admitieron en las filas de los “Inmortales”. La ciencia, responsable no de las cosas temporales del mundo, sino de las cosas eternas e inmortales, se convirtió en defensora de este desinteresado abogado. Su nombre es Raymond Poincar[13]. Delaisi  cuenta  esta  historia  en  su “La Democratie et les Financiers”.

No es malo saber estas cosas, que son ingredientes de la realidad. Deben ser consideradas seriamente. Y uno se guía a desarrollar una especie de olfato para la realidad cuando toma la antroposofía, mientras que la educación materialista que la gente tiene hoy, con innumerables canales que se abren desde la Prensa, está diseñada para apuntar no a las realidades sino a algo que está oculto en todo tipo de lemas. Y si alguien se despierta, como lo hizo Delaisi, y escribe sobre cómo son realmente las cosas, ¿cuántas personas se enteran? ¿Cuántas personas escucharán? No pueden escuchar, ya que está enterrado por –bueno, por una vida que nuevamente está gobernada por la prensa. Delaisi se muestra a sí mismo como una persona brillante, alguien que se ha tomado muchas molestias para obtener una visión real. No es un seguidor ciego del parlamentarismo ni de la democracia. Él predice que las cosas que la gente piensa hoy que son tan inteligentes llegarán a su fin. Lo dice expresamente, también con referencia a la ‘máquina de votar’ — que  es  aproximadamente  como  él  lo  expone. Es completamente científico y serio en su discurso sobre esta máquina de votación parlamentaria, porque comprende todo el sistema que conduce a estas “máquinas de votación”, donde se hace creer a las personas que una mayoría convencida está votando en contra de una minoría mentalmente trastornada. Él sabe que algo más tendrá que tomar el lugar de esto si tiene que haber un desarrollo saludable.

Esto aún no es posible, porque la gente se sentiría profundamente conmocionada si les pidieras que ocuparan su lugar. Solo las personas iniciadas en la ciencia espiritual realmente pueden saber esto hoy. Las formas que pertenecen al pasado definitivamente ya no tomarán su lugar. No debe temer que alguien que hable por antroposofía promueva algún tipo de ideas reaccionarias o conservadoras; no, estas no serán cosas del pasado, pero serán tan diferentes de la ‘máquina de votar’ que existe hoy que la gente se sorprenderá y la considerará una locura. Sin embargo, entrará en los impulsos de la evolución en el tiempo. Delaisi también dice: en el desarrollo orgánico, ciertas partes pierden su función original y se vuelven inútiles, pero aún persisten durante un tiempo; de la misma manera, estos parlamentos continuarán votando por bastante tiempo, pero toda la vida real se habrá apartado de ellos. Ya saben que los seres humanos tienen partes del cuerpo que son así. Algunas personas pueden mover sus orejas porque los músculos para hacerlo existieron en el pasado. Todavía tenemos esos músculos, pero se han vuelto atávicos y han perdido su función.   Así es como Delaisi ve el parlamento del futuro; los parlamentos serán remanentes atávicos que han muerto y caerán, y algo completamente diferente entrará en la evolución humana.

He citado a Delaisi y su libro que apareció no hace mucho tiempo, en 1910, para mostrarles que realmente hay suficientes personas, ya que uno de estos individuos será suficiente para muchos miles. Sin embargo, es importante no ignorar a estas personas. Además de mis esfuerzos por presentarles las leyes de la vida espiritual y los impulsos de la vida espiritual, también considero que es mi función llamar la atención sobre elementos significativos en la vida actual.  Significa, por supuesto, que inicialmente escuchará aspectos importantes en estas conferencias que no se consideran significativos en la vida exterior, si los encuentra mencionados. Las cosas que hacemos deben ser radical y completamente diferentes de las que se hacen afuera.  Y solo podemos seguir verdaderamente la ciencia del Espíritu de la manera que debería seguirse si aceptamos esto en toda su profundidad y seriedad.

Traducido por Gracia Muñoz en noviembre de 2017.

[1] Rudolf Steiner. La guía espiritual del hombre y de la Humanidad. (GA15).

[2] Ver conferencia 5. http://wn.rsarchive.org/GA/GA0177/19171007p01.html

[3] Ver conferencia 2

[4] Fritz Mauthner (1849-1923), Woerterbuch der Philosophie, neue Beitraege zu einer Kritik der Sprache (traducido como ‘Diccionario de Filosofía, Nuevas contribuciones a una crítica del lenguaje’), 2 vols, 1910/11. La declaración relacionada con Darwin se encuentra en una sección sobre historia. Dice lo siguiente: “No es la forma en que Darwin aniquiló la teleología lo que permanecerá para siempre; lo que no se olvidará es el hecho de que buscó comprender el mundo de la naturaleza sin recurrir a ella”.

[5] Ferdinand Lassalle (1825-1864), socialdemócrata alemán.

[6] Karl Marx (1818-1883), fundador del comunismo internacional moderno.

[7] Das Geschicht, o die Geschichte, deriva del participio pasado del verbo geschehen, que ha sucedido; die Geschichte hoy en día se traduce al inglés como ‘historia’, o ‘historia’, ‘cuenta’, según el contexto. (Traductor)

[8] Ver la Nota 2 de la conferencia 11.

[9] Conde Maurice Maeterlinck (1862-1949), dramaturgo y escritor belga. Premio Nobel de Literatura de 1911. Su libro La vie des abeilles (1901) ha sido traducido al inglés. Maeterlinck también escribió La vie des termites (1926) y La vie des fourmis (1930).

[10] Véase la conferencia del 24 de septiembre de 1916 Los Impulsos interiores de la evolución (GA 171c5)

[11] Francis Delaisi (nacido en 1873), científico social y escritor francés.

[12] Alexandre Millerand (1859-1943), el primer socialista en ocupar la posición ministerial en un gobierno francés. Ministro de Comercio 1899-1902, de Obras 1909-1910, de la Guerra 1912-1913.

[13] Raymond Nicholas Poincar (1860-1934), presidente de la República Francesa 1913-1920; sus políticas fueron extremadamente anti-alemanas.

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GA207c6. Cosmosofía – Volumen I

Rudolf Steiner — Dornach, 7 de octubre de 1921

English version

Hemos visto cómo el estudio de las condiciones del alma humana nos lleva a “los espacios del entre”, por así decirlo, entre el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y yo; el estudio de las condiciones espirituales en el ser humano, sin embargo, nos lleva más allá del fenómeno del ser humano tal como está aquí en su vida entre el nacimiento y la muerte en el vasto universo espiritual. Se podría decir que, en la medida en que el ser humano es espíritu, se encuentra absolutamente en relación con todo el universo espiritual. Por lo tanto, es solo en esta conexión con todo el universo que podemos estudiar lo que ocurre en el ser humano como eventos espirituales. El elemento del alma es, por así decirlo, la vida interior íntima del hombre, tomando su curso en una forma triple de tal manera que el aspecto pensante se sitúa entre el cuerpo físico y el cuerpo etérico, el aspecto de sentimiento entre el cuerpo etérico y el cuerpo astral, y el aspecto de querer entre el cuerpo astral y el yo. Por lo tanto, permanecemos en nuestro estudio del elemento del alma completamente dentro del ser humano. Tan pronto como nos acercamos a los eventos espirituales reales, sin embargo, debemos dejar al ser humano como generalmente nos confronta como un ser autónomo en el mundo entre el nacimiento y la muerte.

Ahora sabemos, y hace ocho días estuvimos hablando de esto desde otro punto de vista, que cuando ascendemos por primera vez a lo espiritual, llegamos a seres que están dispuestos por encima del ser humano de la misma manera que el ser humano tiene su lugar sobre el animal, las plantas y los minerales. A medida que ascendemos, por lo tanto, tenemos —los nombres no agregan nada al asunto— los seres angeloi o angelicales, los archangeloi o los seres arcangelicales, y los seres Arcai o principios, los espíritus del tiempo. Ya hemos caracterizado desde varios puntos de vista a estos seres que constituyen el ámbito que encontramos cuando percibimos la posición de los seres humanos con respecto a lo espiritual. Los seres que designamos como angeloi o ángeles son aquellos que tienen la relación más estrecha con el individuo, con el ser humano individual. El ser humano en particular tiene una relación con la jerarquía inmediatamente superior a él, de modo que él, en cierto modo, esto no se expresa exactamente, —pero puede decirse de la manera en que se lo expresa comúnmente—, desarrolla una cierta relación con un ser angelical.

Aquellos que luego componen la segunda jerarquía sobre él son los Arcángeles. Podemos decir de ellos que entre sus funciones está la que trabaja como Espíritu del Pueblo, la que, por lo tanto, abarca grupos de personas que se unen como pueblo, aunque aquí existen todas las gradaciones posibles.

Cuando finalmente ascendemos más alto, hacia los Arcai, tenemos los seres que guían a través de ciertas épocas del tiempo, más allá de las diferenciaciones entre los pueblos. Estas no son ciertamente las únicas funciones, digamos, de estos Seres, pero para empezar, recibimos ciertas concepciones si nos atenemos a estas funciones particulares que desempeñan.

Del mismo modo que podemos hacer que la vida física del hombre en la Tierra sea comprensible al preguntarnos qué tipo de relación tiene el ser humano con la organización animal, con la organización vegetal y con la organización mineral, también debemos preguntarnos, para aprender qué es el hombre como ser espiritual, qué tipo de relación tiene con estos seres espirituales de los mundos ascendentes.

Para esto debemos proceder de la siguiente manera. Imaginemos desde cierto punto de vista la forma en que el ser humano atraviesa el portal de la muerte. Sabemos que en este periodo de evolución terrenal que abarca muchos años vivimos como seres humanos de tal manera que están presentes en la conciencia ordinaria las leyes subyacentes al reino mineral. Desde el nacimiento hasta la muerte, el hombre se llena, podríamos decir, con todo lo que hace que el reino mineral en cierto sentido sea comprensible, y tiene la sensación de que con los conceptos e ideas a su disposición puede comprender el reino mineral.

No es lo mismo cuando se trata del reino vegetal. Ustedes saben que la ciencia no llega al ámbito de las plantas; en el mejor de los casos, mantiene el ideal de que la complicada combinación de las células vegetales, de las células vivas en general, algún día será explicable en su estructura. Como ya les he explicado, esto está comenzando completamente en el extremo equivocado, porque la estructura de la planta, o de las células vivas en general, no se distingue por ser una estructura particularmente complicada, sino por una estructura química que pasa al caos. El hombre, sin embargo, no va más allá de los conceptos del reino mineral. Con sus conceptos minerales, llega aún menos —si me atrevo a decirlo— a lo que concierne al reino animal o incluso al autoconocimiento. Todo esto debe ser dado por investigaciones científico-espirituales. El ser humano adopta así una conciencia llamémosla, mineral, es decir, una conciencia adaptada al reino mineral. El ser humano lleva el resultado de esta conciencia, el entrelazamiento que tiene lugar entre el nacimiento y la muerte, con él a través de la muerte. Cuando, por lo tanto, atraviesa el portal de la muerte y vive en el reino espiritual mismo puede viajar a través de su existencia posterior, con lo que le vivió en esta conciencia.

Sin embargo, hay esencialmente algo más que empuja a esta conciencia. Lo que penetra en esta conciencia mineral, a pesar de no pertenecerle, lo que la colorea, es la conciencia moral. Esto es lo que surge de todos los procesos de conciencia conectados a nuestros impulsos de voluntad, a nuestra conducta. Lo que sentimos como satisfacción sobre esto o aquello, lo que sentimos como remordimiento, como reproche y similares, todo esto da color, por así decirlo, a nuestra conciencia mineral y es algo que el ser humano lleva consigo a través del portal de la muerte. Por lo tanto, se puede decir que el ser humano atraviesa el portal de la muerte con una conciencia mineral coloreada por la experiencia moral; con lo que sucedió con esta conciencia, él vive más allá en el ámbito espiritual.

También podemos decir que en la vida entre el nacimiento y la muerte, el hombre está más cerca del Ángel cuando vive en la condición de la cual surgen los sueños, que ciertamente también tienen algo que ver con su ser individual, y que, por un lado, rechaza y, por el otro, se aferra a este ser de pensamiento mineral. El hombre sería incapaz de encontrar incluso la relación subconsciente con la jerarquía de los ángeles, sin esta conciencia mineral coloreada por las condiciones que en cierto sentido duermen, pero que alcanzan la condición de sueño y viven su vida en el mundo de los sueños. El sueño en sí, aunque en sus líneas generales no se adhiere a la realidad sensorial exterior y con frecuencia niega estar en contacto con ella, sin embargo está tejido de la misma sustancia que el mundo de pensamientos entre el nacimiento y la muerte. Al atravesar el portal de la muerte, por lo tanto, para mantener la relación con su ser angelical, el ser humano lleva consigo lo que ha desarrollado en sí mismo dentro de su conciencia mineral.

Ahora, el hombre, en la forma en que vive hoy en la época presente de la humanidad —especialmente entre los que se consideran los más iluminados— penetra poco con su experiencia moral en lo que posee como conciencia mineral. Por el contrario, hace todos los esfuerzos posibles para mantener esta conciencia mineral completamente separada de la esfera moral. Le gustaría al menos establecer estos dos mundos; por un lado, le gustaría estudiar lo que finalmente puede ser comprendido en el reino de la naturaleza mineral, y la naturaleza mineral en los reinos vegetal, animal y humano, y luego le gustaría estudiar el elemento moral como algo que surge de su ser interior. No está en armonía con el Espíritu de la Época pensar que lo que vive en la naturaleza no está al mismo tiempo impregnado de impulsos morales. Allí se abre un abismo entre lo moral y lo mineral. El ser humano no encuentra fácilmente el puente para incorporar lo moral en la naturaleza mineral. A menudo he llamado la atención sobre cómo el hombre imagina la evolución de la Tierra como un asunto puramente mineral, desde el contenido de la teoría Kant-Laplace hasta la naturaleza mineral del pensamiento moderno, y cómo el hombre elimina todo el recorrido del sentimiento moral. De este modo, se llega a la conclusión de que el ser humano solo es capaz de desarrollar una relación extremadamente pequeña con su Ángel; en nuestra época actual, no puede unirse íntimamente con su ser angelical, (por usar una expresión ordinaria).

Si la conciencia mineral estuviera completamente separada de la coloración moral, entonces, en lo que yo llamo la Hora de la Medianoche de la Existencia, el hombre correría el peligro de perder por completo la conexión necesaria con su ser angelical. Digo que enfrentaría el peligro. Hoy en día, solo un pequeño número de personas se enfrenta a este peligro, pero si no se produce una profundización espiritual de toda la evolución de la humanidad en la Tierra, una profundización del pensamiento humano, del sentimiento humano y de la voluntad humana, entonces lo que vive como peligro puede hacerse realidad.  Entonces habría innumerables seres humanos que, al acercarse a la Hora de la Medianoche de la Existencia entre la muerte y un nuevo nacimiento, tendrían que romper la relación con su  ángeles. Es cierto que el ser del ángel siempre mantendría la relación por su parte, pero permanecería unilateral, desde su lado hasta el ser humano. El ser humano entre la muerte y un nuevo nacimiento no podría corresponder adecuadamente. Debemos tener perfectamente claro que en nuestra civilización moderna, apresurándose como lo está hacia el materialismo, el ser humano daña su relación con su Ángel, de modo que esta relación se vuelve cada vez más imprecisa.

Sin embargo, justo cuando el ser humano se acerca a la Hora de la Medianoche de la Existencia, debe entrar en relación con los Arcángeles a través de su Ángel. Esta relación debería ser de tal naturaleza —como bien puede ser cuando el hombre está viviendo en el mundo espiritual— que no solo proviene del lado del ángel que es para la humanidad sino que puede ser correspondido por el ser humano, entonces el hombre debe absorber un contenido espiritual, lo que significa que debe colorear sus impulsos morales religiosamente.

Si la tendencia actual de la evolución persiste, el ser humano de hoy enfrenta el peligro de que su conexión con el Ángel se vuelva tan leve que no pueda formar ninguna relación interna con el Arcángel. El Arcángel, sin embargo, participa en devolver al hombre a la vida física. Este ser arcangélico está particularmente involucrado en la construcción de las fuerzas que devuelven al hombre a la comunidad de cierto pueblo.

Cuando los seres humanos viven interiormente sin espíritu —como ha sido el caso durante siglos— la relación del Arcángel con los seres humanos se desarrolla unilateralmente, y entonces el hombre no crece anímicamente con su pueblo, sino que se inscribe desde el exterior, por así decirlo, por medio del orden estatal, en el pueblo que el Arcángel está asignado a guiar. No se llega a una comprensión de nuestra época actual, que puede caracterizarse por la forma unilateral en que se desarrollan los pueblos, hasta que uno se da cuenta de que esto puede ser atribuido a las almas que han llegado recientemente a la existencia terrenal teniendo una floja relación con su angel y por el hecho de que no tiene una relación interior con el ser arcangélico   —creciendo en su pueblo solo desde fuera (NT. documentación).

La gente permanece así en ellos como un impulso desde el exterior, y es solo a través de estos impulsos externos que los seres humanos toman su lugar dentro de un pueblo, a través de todo tipo de impulsos que se inclinan hacia el chovinismo. El que está anímicamente dentro de su pueblo —y este es el caso con muy pocas personas hoy en día— será incapaz de desarrollarse en la dirección del chovinismo, del nacionalismo unilateral; él toma las fuerzas fructíferas de su pueblo y las desarrolla, las individualiza. Él no va a jactarse de su pueblo de una manera unilateral. Dejará que su pueblo fluya en su ser como el color, por así decirlo, que fluya en sus manifestaciones humanas, pero no lo exhibirá exteriormente y particularmente no con una actitud exteriormente hostil hacia los demás.

El hecho de que hoy es exactamente esto lo que proporciona la nota clave para la política mundial —que todas las relaciones construidas sobre los pueblos crean hoy tales dificultades para la evolución humana— todo esto depende completamente de lo que he estado indicando. Si el vínculo que comienza en la Hora de la Medianoche de la Existencia —antes y después de esto, durante largos períodos— no puede ser animado por la toma de la interioridad religiosa apropiada a través del portal de la muerte —un sentimiento religioso que es espiritual y no meramente una cuestión de servicio verbal— entonces el Arcángel es capaz de trabajar solo en lo que es similar a una planta en el cosmos y que, como naturaleza vegetal, se imparte al ser humano. A través de fuerzas muy subconscientes conectadas con su naturaleza vegetal, lo que significa con lo que se coloca en él por su condición de respiración y se modifica por todo lo que tiene que ver con las condiciones del lenguaje, por todo, por lo tanto, que en el lenguaje empuja de una manera similar a una planta en el organismo humano,  a través de todo esto, el hombre puede ser guiado solo por su arcángel. Entonces sucede que cuando el ser humano nace, cuando crece como niño, él crece en su lenguaje de una manera más o menos externa. Si hubiera podido encontrar la relación, la relación anímica interior con su arcángel a través de su ángel, habría crecido anímicamente con todo lo que tiene que ver con su lenguaje, habría entendido al genio del lenguaje, no meramente lo que constituye el aspecto mecánico externo del mismo.

Hoy, sin embargo, podemos ver cuán fuerte es el hecho de que en muchos aspectos el ser humano es una huella de lo mecánico en su lenguaje, porque en realidad no tiene el elemento del lenguaje como una nota clave en todo su ser, pero recibe una huella exacta de eso. Uno puede ver con bastante claridad cómo la expresión facial en sí misma es una expresión del elemento del lenguaje. Lo que nos confronta con el pueblo, lo que nos confronta como una fisonomía nacional única, llega al hombre desde los arcángeles de una manera completamente externa.

Lo que sucede externamente en la Humanidad, en la medida en que trabaja en lo espiritual del ser humano, en realidad solo puede explicarse a través del tipo de estudio que perseguimos en la ciencia espiritual antroposófica. Toda la antropología moderna y cosas de ese tipo son en realidad lo que podría llamarse un simple juego de terminología. En lo que escriben hoy los antropólogos o sus semejantes sobre la configuración de la humanidad en la Tierra, sobre la diferenciación de la humanidad, realmente en muchos aspectos no tenemos nada que orientarnos, ningún punto de vista guía, porque lo que se entiende como concepto es meramente una clasificación de las características externas. Uno podría igualmente redistribuir la imagen completa. Un contenido real fluye al asunto solo si se estudia espiritualmente. Entonces, sin embargo, uno no debe retroceder si en este estudio real surgen seres espirituales concretos.

Uno ve de esto que solo la profundización espiritual puede sanar los daños de nuestra era moderna. Los daños de hoy, en la medida en que nos confrontan en la vida pública, se basan en la floja relación del ser humano con su ángel y el consiguiente vínculo flojo con el arcángel, que de este modo puede influenciarle solo desde el exterior.

Cuando el ser humano entre la muerte y un nuevo nacimiento sufre su evolución posterior, que después de la Hora de la Medianoche de la Existencia, lo conduce una vez más a la vida física y terrenal, entra especialmente en el reino del Arcai, de los Principados. Estos Arcai, estos espíritus primordiales, en la evolución cósmica actual tienen que ver con conducir al ser humano de regreso a los límites terrenales de su ser.

Cuando el ser humano atraviesa el portal de la muerte, su vida posterior sigue su curso de tal manera que comienza a experimentar las consecuencias de su conciencia mineral con su coloración moral — expandiéndose así, por así decirlo, sobre el mundo. Luego, después de la Hora de la Medianoche de la Existencia, él se traza nuevamente. Primero lo llevan al elemento vegetal, que se incorpora en él. Cuanto más se aproxima a la vida terrenal, más se recompone, de modo que puede nacer una vez más como un ser encerrado en su piel.

Lo que le debe suceder a un ser humano cuando entra al reino del Arcai es una incorporación, una densificación, del elemento vegetal en el elemento animal. Al pasar por la Hora de la Medianoche de la Existencia, el hombre adquiere primero las fuerzas —naturalmente no los órganos sino primero las fuerzas— que determinan su respiración y también la respiración diferenciada. La concentración de estas fuerzas en las fuerzas reales de los órganos se produce solo después de la Hora de la Medianoche de la Existencia, se produce solo en el reino de los Arcai. El hombre se vuelve, por así decirlo, cada vez más humano.

El hecho es, sin embargo, que esta actividad cósmica ejercida sobre el ser humano como fuerzas provenientes del Arcai en realidad lo organiza de tal manera que los órganos tienden hacia la estructura del animal. Si percibimos al ser humano en su relación con el cosmos, encontramos que mientras el ser humano se está alejando de la Hora de la Medianoche de la Existencia hacia una nueva vida en la Tierra, está sujeto a las leyes cósmicas, así como aquí en la Tierra está sujeto a las leyes terrenales. Podemos decir lo siguiente: el ser humano se define a partir de las inconmensurables extensiones del universo, en el sentido de que se unifica cada vez más. Hasta la Hora de la Medianoche de la Existencia hay, por así decirlo, una expansión del hombre, por medio de su conciencia mineral, en las profundidades del Universo (ver dibujo, flechas), en su amplitud inconmensurable. Cuando llega la Hora de la Medianoche de la Existencia (ver dibujo, azul) esas fuerzas se incorporan al ser humano trabajando en él como fuerzas vegetales. El hombre regresa de esta Hora de la Medianoche de la Existencia para confinarse dentro de los límites apropiados para la vida terrenal (flechas entrando). Esta Hora de la Medianoche de la Existencia es en conjunto un momento tremendamente significativo en la evolución humana.

Mientras que después de su muerte, el ser humano vive en el cosmos, se vuelve cada vez más uno con el mundo. Apenas se distingue del mundo. Expresándome figurativamente —naturalmente en el cosmos no podemos hablar de órganos físicos, pero me entenderán si les presento esto en imágenes tomadas de la existencia física— podría decir: el hombre aprende, por así decirlo, cómo el ojo crece junto con la luz y luego ya no distingue el ojo de la luz, o el sonido del oído. Al expandirse hacia las profundidades cósmicas, crece junto con el Universo.

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Habiendo superado la Hora de la Medianoche de la Existencia, donde comienza a recomponerse para volver a ser un ser con límites, se le ocurre una especie de concepción objetiva: este no es el mundo, es el ser humano. La conciencia crece más y más intensamente en el ser humano —una conciencia que se intensifica cuando regresa a la vida terrenal. Sin embargo, como aquí en la Tierra, el contenido de nuestra conciencia son los minerales, las plantas, los animales, las montañas, los ríos, las nubes, las estrellas, el sol y la luna, así que en nuestro camino de regreso a Ta tierra, el ser humano es la concepción principal.

Realmente es así que si tomamos el mundo aparentemente bastante complicado que está fuera de nuestra piel, con todo lo que está dentro de ella, si tomamos el mundo con su alma y elementos espirituales, de hecho es lo más complicado; Lo que se encuentra dentro de nuestra piel, sin embargo, es tan complicado y diferente del mundo exterior solo en tamaño, pero el tamaño no es importante. Entre el nacimiento y la muerte, nuestro mundo es lo que se encuentra fuera de nuestra piel; lo que está dentro de nosotros no podemos observarlo realmente excepto en lo que durante la vida el hombre ciertamente no es, es decir, el cadáver. Sin embargo, desde la Hora de la Medianoche de la Existencia, hasta la siguiente vida en la Tierra, el mundo humano, el ser interno del hombre, es su cuerpo, alma y espíritu (ver dibujo, derecha, azul). Allí el hombre es, por así decirlo, el mundo. Hasta la Hora de la Medianoche de la Existencia, gradualmente perdemos el mundo tal como lo conocemos a través de la conciencia mineral; lo perdemos al vivir en el mundo como si fuéramos nuestro yo, nuestro yo completo y omnímodo, de modo que ya no distinguimos entre nuestro yo y el mundo. Al regresar, nuestro mundo se convierte en el ser humano. No contemplamos las estrellas, vemos la pertenencia a los miembros humanos; no contemplamos todo lo que está contenido en el universo, digamos, entre las estrellas y la Tierra, contemplamos lo que hay dentro de la organización humana, en la medida en que se forma a partir del alma y el espíritu. Contemplamos al ser humano, y lo que contemplamos de esta manera es lo que nos lleva a nuestra renovada existencia en la Tierra. Contemplamos al ser humano recibiendo su forma.

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En el tiempo de la Hora de la Medianoche de la Existencia vivimos en el ser humano que se está formando a sí mismo de acuerdo con lo vegetal. Cuando entramos en la región del Arcai vivimos en lo que forma los órganos del ser humano, en el sentido de las fuerzas animales. He dicho que así como entre el nacimiento y la muerte dependemos de lo que trabaja desde la Tierra, entonces somos dependientes, de lo que está afuera en el Universo, en lo que está más allá de lo terrenal —ya no es una cuestión de espacio, pero, naturalmente, solo podemos presentar esto en términos espaciales.  En el momento en que pasamos por el Arcai, podemos expresar las leyes que funcionan en nosotros en el sentido del Universo  —de la misma manera, como durante nuestra vida aquí en una comunidad terrenal tomamos las leyes de la Tierra por las leyes de la física moderna— podemos expresar estas leyes relacionándolas con Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, etc.

 Al relacionar las posiciones del sol con estas estrellas, con el cielo de las estrellas fijas en general, en las constelaciones del sol con este cielo de estrellas fijas, tenemos las leyes que prevalecen en el reino de la voluntad del Arcai. La voluntad que prevalece allí, que impregna estas leyes, es la voluntad del Arcai.

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Si tuviéramos que buscar leyes naturales que correspondan a nuestras leyes naturales, ya que las leyes naturales nos corresponden aquí en la Tierra durante la existencia terrenal, tendríamos que mirar a estas constelaciones de las estrellas. Permanecemos mucho tiempo en el reino donde dependemos de las constelaciones de las estrellas, —aunque no somos más dependientes de lo que dependemos aquí en la Tierra de las leyes naturales donde nuestra voluntad también trabaja, que es algo más elevado que las leyes de la naturaleza. También allí no podemos hablar del cosmos en el sentido de una ley cósmica que funciona con la necesidad mecánica. Lo que encontramos en las constelaciones de las estrellas, sin embargo, es la expresión, por así decirlo, la imagen, de estas leyes que trabajan allí sobre nosotros. Como antiguamente, cuando estábamos en el reino de los Arcángeles, las leyes de las plantas parecían trabajar sobre nosotros, de modo que ahora trabajan sobre nosotros las leyes vigentes en los reinos animales.

Cuando estas cosas se vuelven a encontrar a través de la Ciencia Espiritual, uno se encuentra con el hecho tremendamente significativo de que las personas en la antigüedad que adquirieron conocimiento de ciertas visiones oníricas del universo, que luego se perdieron, mostraron que estas personas realmente tenían un toque atávico Se podría decir que al nombrar este círculo ilustrado, que representaba para ellos el cielo de las estrellas fijas, el Zodíaco (Tierkreis (Zodiaco), “círculo de animales”). Solo puedo pensar que nuestra nueva Ciencia Espiritual, que nos muestra estas cosas de nuevo, se conduce desde una base completamente diferente a la comprensión de lo que una vez fue captado como un conocimiento débilmente percibido. Es tremendamente conmovedor cuando uno encuentra la enseñanza sobre el Zodíaco y su influencia en el ser humano preservada desde la antigüedad y cuando uno entonces —bastante aparte de lo que se ha conservado— con los medios a disposición de la Ciencia Espiritual actual, viene una vez más a conectar con el conocimiento de las constelaciones del sol, con los signos zodiacales, en otras palabras, con el cielo de las estrellas fijas.

Esto es lo que vincula la Ciencia del Espíritu más reciente con la antigua sabiduría. En nuestro tiempo, cuando deseamos hacer de la Ciencia Espiritual nuestra búsqueda, y el período en que prevalecía la antigua sabiduría, tenemos una época que ha sido realmente necesaria para luchar por la libertad humana; sin embargo esa época  básicamente, fue una era de oscuridad.

Así entramos en el reino de los Arcai y recibimos e incorporamos en nosotros aquello que es nuestra naturaleza animal. ¿Cuál es nuestra naturaleza animal?. Nuestra naturaleza animal es sobre todo la que nos da nuestros órganos, que incluso en número son muy similares a los órganos de los animales superiores. Antes de acercarnos al nacimiento, sin embargo, estamos despojados —si puedo expresarlo así— del reino del Zodíaco y entramos en el reino de los planetas: Saturno, Júpiter, etc.   Al entrar en el reino de los planetas y acercarnos más a la Tierra, en el momento en que tomamos los límites de nuestra forma humana, lo que se incorpora en nosotros a partir de la ley cósmica toma su dirección de la naturaleza animal, si puedo expresarlo de esta manera. Antes de hundirnos en el sistema planetario y, por lo tanto, en las fuerzas del sistema planetario, nuestra columna vertebral, por ejemplo, no ha tomado una dirección alejada de la Tierra, lo que elevaría la cabeza en alto. Estamos más sujetos a las fuerzas direccionales que gobiernan la postura del animal. Todo, por ejemplo, lo que diseña las manos como el órgano de nuestro elemento anímico, no solo como un órgano para asir o caminar —lo que hace de ellos órganos que pueden actuar libremente a partir de los impulsos del elemento anímico, todo esto lo debemos a esta influencia planetaria. Todo lo que nos ayuda a ser verdaderamente humanos, en las etapas más bajas de nuestra organización animal, lo tenemos en virtud de las constelaciones de la luna con el resto de los planetas.

Por lo tanto, somos humanos cuando regresamos a través del sistema planetario. Dije que el hombre mismo, el hombre tal como se forma a sí mismo, es el mundo que está viviendo en nuestra conciencia durante nuestro viaje de regreso desde la Hora de la Medianoche de la Existencia. También vimos cómo al principio todo está presente en él y que finalmente late al ritmo de las fuerzas animales. Vivimos a través de esto de tal manera que realmente experimentamos una especie de declive, una especie de proceso gélido. Todo esto, sin embargo, se libera al entrar en el reino planetario, y este forma primero el mundo cósmico, que vemos como el mundo humano, el mundo representado por el ser humano terrenal que se aparta del elemento animal, que crece del elemento animal. Todo esto ahora nos llena; se convierte en el contenido de nuestra conciencia. Lo llevamos en nosotros como un sistema de fuerzas que el cosmos nos ha dado.

Así, descendemos anímica y espiritualmente de los mundos espirituales. Hemos vivido a través de los mundos en los que estábamos en contacto directo, en conexión con, ángeles, arcángeles, y Arcai. Descendemos como hombres. Es cierto, sin embargo, que si, en la forma caracterizada, no hemos logrado establecer una relación íntima con nuestro angel, tendremos dificultades al penetrar en la región planetaria, porque no hemos podido hacer ninguna conexión divino-espiritual con el mundo de los Arcai. Exteriormente, nos incorporamos a un pueblo. Los Arcai están obligados a trabajar en nosotros, por así decirlo, solo desde afuera. A través de esto se nos da un lugar definido en la Tierra, ya que todas las fuerzas de los Arcai tienden hacia ese fin. Los Arcángeles nos dan nuestro lugar entre un pueblo y nuestro lugar particular dentro de este pueblo está determinado por el Arcai. No imbuidos de alma y espíritu, sin embargo, crecemos de una manera externa y mecánica en este entorno.

Esta es una caracterización de nuestra época moderna: que el ser humano ya no tiene esa relación interna, esa relación interior íntima, que tuvo con su entorno en tiempos más antiguos, cuando creció en este entorno inmediato también con su alma. Esto todavía se mantiene en el mejor caso de una manera caricaturesca —como una caricatura, repito — cuando hoy, que incluso ya está llegando a su fin, los niños tal vez crezcan en algún castillo en particular después de haber sido atraídos previamente por sus antepasados. Aquí tendríamos una relación que en épocas anteriores tenía que ver con el elemento del alma. Hoy, un ser humano es presionado en su entorno de tal manera que básicamente tiene poca relación interna con el lugar en el que se encuentra, a lo que su karma lo lleva de una manera totalmente externa, de modo que siente su ubicación completa en la existencia física como algo externo a él.

Cuando el ser humano se forma a través de la educación y la vida de tal manera que se llena de alma, se llena de espíritu y llega a una concepción espiritual del mundo, entonces llevará esto a través de la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento para no perder la conexión interna con su ángel, por lo que a través de su arcángel su alma sea llevada a un pueblo particular, y para que el mundo del Arcai no lo coloque de manera meramente externa en su existencia inmediata. Más bien debería ser capaz de absorber una vez más en su organización animal algo que experimentara de tal manera que diría: hay un profundo significado en el hecho de que solo desde este lugar donde mi conciencia primero se despierta gradualmente, donde se lleva mi educación en —que solo desde este lugar voy a desarrollar mi actividad en el mundo. Esto es ciertamente algo que debería llevarnos a acometer una reforma en la educación, de modo que el ser humano una vez más sienta que desde el lugar donde se educó se lleva algo con él que le da su misión en el mundo. Cuando esto es así, el ser humano crece más allá del reino meramente exterior del Arcai. Experimentará las fuerzas que dirigen a los seres humanos de una manera impregnada de alma y espíritu, y crecerá en su nueva vida de una manera diferente de lo que es frecuentemente el caso hoy en día.

¿Qué sucede, entonces, cuando el ser humano entra en una nueva vida terrenal? Su conciencia está llena de la forma en que se está construyendo a sí mismo desde dentro como un ser humano. Él está lleno de un mundo que él contempla, un mundo de actividad, no un mero mundo de pensamiento. Como ya mencioné, después de la Hora de la Medianoche de la Existencia este mundo gradualmente toma la tendencia de ser humano, y el ser humano se sumerge en lo que se le ofrece a través de la herencia en las generaciones, a través de la sustancia que recibe de su antepasados. En esto se sumerge a sí mismo. Él se envuelve con la envoltura física; él entra al mundo físico. Al observar al ser humano espiritualmente, podemos descubrir el contenido del elemento del alma cuando se sumerge en una nueva vida en la existencia física.

De todos los reinos vividos por el ser humano entre la muerte y un nuevo nacimiento, es natural que un ser humano tenga una relación más cercana con los Ángeles, Arcángeles y Arcai, pero estas cosas se relacionan más con las Jerarquías Superiores. Entre la muerte y un nuevo nacimiento, el ser humano sigue su curso a través de un ámbito en el que su relación con ese reino depende de lo que lleva a cabo a través del portal de la muerte.   El grado en que ha logrado impregnar su conciencia mineral de lo que el espíritu desea elevarse desde lo más profundo de su ser determina hasta qué punto puede intimar con su Ángel. Sin embargo, al ser capaz de intimar de esta manera con su ser Ángel, crece en el mundo de los Arcángeles, para que, por así decirlo, experimentando sus fuerzas fuera de sí mismo, pueda corresponder conscientemente y seguir adelante, a fin de convertirse en el ser individualizado en el que debe convertirse gradualmente si el mundo debe avanzar hacia su ascenso y no a su declive.

Es perfectamente posible dar desde los más variados puntos de vista una descripción profundamente significativa de esta vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Un punto de vista se encuentra en el curso de conferencias que di en 1914 en Viena[1]; hoy he estado desarrollando otro punto de vista para ustedes. Todos estos puntos de vista están destinados a conducir a un mayor conocimiento del ser humano desde su aspecto espiritual. Aquellos que no están dispuestos a explorar todo un mundo espiritual de esta manera, nunca serán capaces de captar lo espiritual en el hombre mismo. Así como debemos entrar en los espacios entre el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y yo para penetrar en el elemento del alma en su naturaleza objetiva, debemos entonces salir del ser humano hacia el mundo espiritual para estudiar su relación con este mundo espiritual. Así descubrimos lo que realmente teje y vive en él como espíritu. Es solo el amor a la comodidad lo que hace que el hombre de hoy hable del espíritu en términos generales. Debemos ser capaces de hablar sobre el espíritu en todos sus detalles, tal como lo hacemos con la naturaleza. Entonces surgirá un verdadero conocimiento humano; tal como el hombre lo necesita, se cumplirá el dicho primigenio de la verdad, el dicho que arroja su luz desde la antigua Grecia, cuyo cumplimiento debe continuar siendo perseguido por el ser humano —el dicho veraz, “conócete a ti mismo”.

El autoconocimiento es conocimiento del mundo, y el conocimiento del mundo es conocimiento del yo, porque si vivimos entre el nacimiento y la muerte, las estrellas, el sol, la luna, las montañas, los valles, los ríos y las plantas, los animales y los minerales son nuestro mundo, y lo que vive dentro de nuestras fronteras humanas es lo que somos. Si vivimos entre la muerte y un nuevo nacimiento, entonces somos lo que se oculta como lo espiritual detrás del sol, la luna y las estrellas, detrás de montañas y ríos, y nuestro mundo exterior es entonces el ser interior del hombre. El mundo y el hombre se alternan rítmicamente, el ser humano vive tanto física como espiritualmente. Para el ser humano aquí en la Tierra, el mundo es lo que está afuera. Para el ser humano entre la muerte y un nuevo nacimiento, el mundo es lo que está dentro. Por lo tanto, se trata solamente de alternar a través de los tiempos para que el hombre pueda decir que, en el sentido más real, el conocimiento del hombre es conocimiento del mundo; y el conocimiento del mundo es conocimiento del hombre.

Traducido por Gracia Muñoz en Noviembre de 2017.

[1]  GA153. La naturaleza interior del hombre y vida entre la muerte y el nuevo nacimiento, Viena 1914.

GA207c3. Cosmosofía

Rudolf Steiner — Dornach, 30 de septiembre de 1921

English version

Continuando lo expuesto en la semana anterior, deseo dirigir vuestra atención sobre una contemplación de la vida anímica desde el punto de vista del conocimiento imaginativo descrito en mi libro “¿Cómo se adquiere el conocimiento de los mundos superiores?”.

Ascendiendo de nuestra conciencia común hemos de distinguir cuatro grados del conocimiento: en primer lugar el conocimiento que nos es propio en la vida común y de la ciencia común del presente, esto es, el grado de conocimiento que se expresa en lo que se puede llamar la conciencia temporal, la que en el sentido de dicho libro se llama el conocimiento objetivo; después se entra en la región de lo suprasensible, por medio de los grados cognoscitivos de la Imaginación, la Inspiración y la Intuición.

En el estado del conocimiento común, objetivo, no es posible considerar lo anímico. Lo anímico se experimenta, y experimentándolo se desarrolla el conocimiento objetivo, pero el verdadero conocimiento sólo se alcanza si se logra tener objetivamente presente el contenido de lo que se desea conocer. Esto no es posible en la vida anímica de la conciencia común. En cierto sentido es preciso retirarse un grado detrás de la vida anímica, a fin de que la misma llegue a estar fuera de nosotros; así se la podrá observar. Pero esto precisamente se logra por el conocimiento imaginativo.

En el ser humano distinguimos, como ustedes saben, el cuerpo físico, el cuerpo etéreo o cuerpo de fuerzas formativas, en realidad una suma de actividades, después el cuerpo astral y el yo, si por ahora nos limitamos a lo que se manifiesta en el hombre del presente. Si elevamos la observación de la vida anímica, no en cuanto al conocimiento, sino a la conciencia, captándola como vida fluctuante, la diferenciamos, como es sabido, en el pensar, sentir, querer.

Hay que tener presente que en la vida anímica común se entrelazan el pensar, sentir y querer. No es posible imaginarse el desarrollo de un pensamiento sin imaginarse a la vez el entretejerse de la voluntad en el desarrollo del pensar.

El modo de cómo agregamos un pensamiento a otro o cómo los separamos, es absolutamente una actividad volitiva dentro de la vida pensante. Por otra parte, si  bien el proceso queda poco claro (como siempre lo he explicado) no obstante sabemos que cuando actuamos por voluntad, en ésta se entretejen como impulsos nuestros pensamientos; quiere decir que en la vida anímica común no existe un querer aislado, sino un querer impregnado de pensamientos. Tanto más se entretejen pensamientos, impulsos volitivos y los sentimientos mismos en el sentir. Por lo tanto tenemos que distinguir en la vida anímica, entrelazándose, el pensar, sentir y querer. En mi libro “La Filosofía de la Libertad” se podrá ver que es preciso separar exactamente el pensar del sentir y querer, por la razón de que formarse la idea de la libertad humana sólo es posible a través de la  consideración del pensar separado.

Por consiguiente, por decirlo así, si realmente captamos el pensar, sentir, y querer, captamos al mismo tiempo el tejer de la fluctuante vida anímica. Y si luego a lo captado vivaz y espontáneamente lo consideramos al lado de lo que aprendemos a conocer por la ciencia espiritual antroposófica sobre el conjunto de los distintos principios del ser humano —cuerpo físico, cuerpo etéreo, cuerpo astral y el yo— el conocimiento imaginativo llega a la siguiente consideración:

Sabemos que durante la vida consciente desde el despertar hasta el dormirse tenemos en un cierto íntimo conjunto el cuerpo físico, cuerpo etéreo, cuerpo astral y el yo. Igualmente sabemos que durante el sueño tenemos, separados, por un lado el cuerpo físico y el etéreo, y por el otro lado el cuerpo astral y el yo. Si bien la expresión: el yo y el cuerpo astral se separan del cuerpo físico con el etéreo, sólo es correcta en sentido aproximado, es cierto que por el  uso de la misma se llega realmente a una idea valedera. Desde el dormirse hasta el despertar el yo, con el cuerpo astral, está fuera del cuerpo físico y el etéreo.

Tan pronto como el hombre ascienda al conocimiento imaginativo, alcanzará cada vez más la capacidad de observar exactamente por la visión interior mediante el ojo anímico, lo que se puede experimentar, por decirlo así, como de un modo pasajero, en el status nascendi. Se lo obtiene y es preciso captarlo rápidamente, lo que realmente es posible. Se percibe entonces lo que en  el instante del despertar como asimismo en el dormirse se puede observar con suma nitidez. Por el conocimiento imaginativo es posible observar esos instantes del dormirse y del despertar. Ustedes saben que según el referido libro una de las preparaciones necesarias para alcanzar conocimientos superiores consiste en el educarse a una determinada presencia de ánimo. Es que en la vida común apenas se habla de las observaciones que es posible hacer desde el mundo espiritual, porque a los hombres les falta dicha presencia de ánimo. Si la misma se pudiera utilizar de un modo más intenso, todos los hombres podrían hablar en el presente de impresiones espirituales suprasensibles, porque en realidad éstas tienden a aparecer en el más intenso grado en los instantes del dormirse y del despertar, principalmente al despertar. Los hombres no se dan cuenta de ello sólo porque se utiliza muy poco la presencia de ánimo. Ciertamente, en el instante del despertar aparece ante el alma un mundo entero, pero al formarse ya se desvanece antes de que el hombre se preste a captarlo. Esta es la razón por la cual los hombres casi no hablan de ese mundo que aparece ante el alma y que en verdad es de suma importancia para la comprensión de la interioridad humana.

Lo que se sitúa ante el alma, si realmente se logra aprehender con presencia de ánimo el instante del despertar, es un mundo de pensamientos fluctuantes. No hay que esperar nada fantástico, pues así como se observa en el laboratorio químico también es posible observar aquel mundo con toda serenidad. Ese mundo de pensamientos fluctuantes existe y se lo puede distinguir fácilmente del mero ensueño. El mero soñar se desarrolla lleno de reminiscencias de la vida.

En cambio, lo que tiene lugar en el instante del despertar no son reminiscencias de la vida, pues de ellas se pueden distinguir fácilmente los pensamientos fluctuantes. Estos se pueden traducir en el lenguaje de la conciencia; pero en el fondo son pensamientos extraños, son pensamientos que no podemos tener de otro modo si no los captamos por el discipulado de la ciencia espiritual, o bien, precisamente, en el instante del despertar.

¿Qué es lo que entonces captamos?. Con nuestro yo y el cuerpo astral hemos penetrado en el cuerpo etéreo y en el físico. Lo que se experimenta en el cuerpo etéreo se vive ciertamente en forma de ensueño. Y si, como lo he indicado, se aprende a observar sutilmente, por la presencia de ánimo, también se aprende a distinguir entre este atravesar el cuerpo etéreo en que aparecen las reminiscencias de la vida en forma de ensueño, y lo que sucede antes del pleno despertar, antes de tener después del despertar las impresiones sensorias.

Pues entonces se experimenta el estar situado en un mundo de pensamientos que se tejen, un mundo en que no se vive como se viven los pensamientos de ensueño, de los cuales se sabe exactamente que se los tiene en sí mismo subjetivamente.

Aquellos pensamientos se presentan objetivamente ante el yo y el cuerpo astral en el instante de penetrar y se nota exactamente que es preciso atravesar el cuerpo etéreo, pues durante este pasar por el cuerpo etéreo, se experimenta todo en forma de ensueño. Pero además se debe pasar por el abismo, el espacio intermedio —por decirlo así, empleando una expresión impropia, pero en cierto modo más clara— entre el cuerpo etéreo y el físico y, al despertar, se penetra plenamente en lo etéreo-físico, percibiendo las impresiones exteriores físicas de los sentidos, pues en el instante de penetrar en el cuerpo físico se tienen las impresiones sensorias físicas exteriores.

Lo que se experimenta como un tejer de pensamientos de índole objetiva, absolutamente tiene lugar durante el tránsito entre el cuerpo etéreo y el físico, quiere decir que se trata de un efecto recíproco de los cuerpos etéreo y físico. Por lo tanto podemos decir, si lo dibujamos esquemáticamente (véase dibujo): esto (naranja) representando el cuerpo físico, esto (verde) el cuerpo etéreo, se nos da el viviente tejer de los pensamientos que captamos; y la observación nos conduce a la cognición de que entre nuestro cuerpo físico y el etéreo, estando despierto o durmiendo, continuamente se producen sucesos que en realidad consisten en el tejer de pensamientos entre el cuerpo físico y el etéreo (amarillo). Así se objetiva el primer elemento de la vida anímica: un tejer entre el cuerpo etéreo y el físico.

f1c3

Esta vida entretejida de pensamiento en realidad no entra en nuestra conciencia como lo está en el estado de vigilia.  Debe ser captada de la manera que he descrito. Cuando nos despertamos nos deslizamos con nuestro yo y cuerpo astral en nuestro cuerpo físico. Con el Yo y el cuerpo astral dentro de nuestro cuerpo físico, impregnado por el cuerpo etérico, tomamos parte en la vida de la percepción sensorial. Al tener dentro de ti la vida de la percepción sensorial, te impregnas de los pensamientos del mundo exterior, que pueden formarse en ti desde las percepciones sensoriales y tener la fuerza para ahogar este tejido de pensamiento objetivo. En el lugar donde, de otra manera, los pensamientos objetivos se entrelazan, nos formamos a partir de la sustancia de este pensamiento, tejiendo, por así decirlo, nuestros pensamientos cotidianos, que desarrollamos en nuestra asociación con el mundo de los sentidos. Puedo decir que en este tejido objetivo del pensamiento se juega el tejido de pensamiento subjetivo (brillante) que ahoga al otro y que también tiene lugar entre el cuerpo etérico y el cuerpo físico. De hecho, cuando tejemos pensamientos con el alma en sí, vivimos en lo que he llamado el espacio entre los cuerpos etérico y físico; —como dije, esta expresión es figurativa, pero para que esto sea comprensible debo designarlo como el espacio entre el cuerpo etérico y físico— ahogamos los pensamientos objetivos, que siempre están presentes en los estados de sueño y vigilia, con nuestro tejido de pensamiento subjetivo. Sin embargo, ambos están presentes en la misma región, por así decirlo, de nuestra naturaleza humana: el tejido objetivo del pensamiento y el tejido del pensamiento subjetivo.

¿Que significación tiene el tejer de pensamientos objetivos?. Si se lo percibe, aprehendiendo por presencia de ánimo el instante del despertar, se capta esa vida de pensamientos objetivos, no solamente como mero elemento pensante sino como aquello que en nosotros vive como las fuerzas del crecimiento, las fuerzas vitales en general. Estas fuerzas vitales están aunadas con el tejer de pensamientos. Hacia adentro impregnan el cuerpo etéreo o vital, hacia afuera configuran el cuerpo físico. Es absolutamente así que aquello que captamos por la presencia de ánimo en el instante del despertar, lo percibimos hacia un lado como el tejer de pensamientos y hacia el otro como actividad de crecimiento y alimentación, lo percibimos como un tejer interior, el que realmente es algo viviente. En este caso el pensar en cierto modo pierde su plasticidad y su carácter abstracto; igualmente pierde los perfiles agudos. Se presenta como pensar fluctuante pero claramente reconocible como pensar. El pensar cósmico teje en nosotros, lo que experimentamos conjuntamente con el pensar subjetivo con el cual nos sumergimos en aquel. De este modo se nos ha presentado lo anímico en un determinado dominio.

Dando un paso más en cuanto al captar del instante del despertar por la presencia de ánimo encontramos lo que sigue. Si en el instante de pasar por el cuerpo etéreo con el yo y el cuerpo astral, somos capaces de captar el contenido del ensueño, lo percibimos plásticamente. En el instante del despertar las imágenes del ensueño tienen que desaparecer, pues de otro modo haríamos pasar el ensueño a la conciencia de vigilia, convirtiéndonos en soñadores despiertos, y perdiendo el juicio. Pero quien experimenta los sueños conscientemente, mediante la presencia de ánimo hacia atrás, es decir hasta el instante del soñar —téngase presente que el soñar común es experimentar reminiscencia, es en realidad un posterior recuerdo de los ensueños—; repito: si se capta el ensueño en el instante de producirse, justamente al pasar por el cuerpo etéreo, el ensueño mismo se evidencia como algo móvil, como algo que se experimenta como esencialidad, la que realmente se vive con el sentimiento. La imagen deja de ser meramente imagen, y se tiene la experiencia de estar dentro de la imagen. Este sentirse dentro de la imagen del ensueño, quiere decir que se siente un estar activo en lo anímico tal como comúnmente durante la vida despierta se está activo en lo corpóreo, en los movimientos de la pierna o la mano —el ensueño se experimenta entonces efectivamente así como se experimentan los movimientos corporales—, este captar del ensueño como esencialidad conduce a que a la experiencia del despertar se añada algo más: ocurre que el estar activo que se experimenta en el ensueño, se sumerge en nuestra corporeidad. Al igual que en el pensar sentimos que llegamos hasta el límite del cuerpo físico donde se encuentran los órganos sensorios, acogiendo las impresiones sensorias con el pensar, así también sentimos que con lo experimentado en el ensueño como actividad interior nos sumergimos en nosotros. Lo que se experimenta en el instante del despertar, o más bien antes de tal instante, durante el soñar, cuando aún se está fuera del cuerpo físico, pero ya en el cuerpo etéreo, más exactamente en el instante de penetrar en el cuerpo etéreo, esto es lo que se sumerge en nuestra organización. Cuando se experimenta esta sumersión también se sabe lo que con ello sucede: lo sumergido se refleja en nuestra conciencia de vigilia, se refleja como sentimiento, como un sentir. Los sentimientos son ensueños sumergidos en nuestra organización.

Cuando lo que teje en el mundo exterior lo percibimos en aquel estado del tejer onírico, se trata de ensueños. Cuando los sueños se sumergen en nuestra organización y desde adentro llegan a ser conscientes, los experimentamos como sentimientos. Quiere decir que tenemos sentimientos por el hecho de que algo que está en nuestro cuerpo astral se sumerge en nuestro cuerpo etéreo y luego en nuestra organización física, pero no hasta los sentidos, es decir, no hasta la periferia de la organización, sino solamente penetrando en la organización interna. Al haberlo captado, en primer lugar claramente por medio del conocimiento imaginativo, en el instante del despertar, entonces se obtiene también la fuerza interior para percibirlo constantemente. Es que durante la vigilia soñamos constantemente, sólo que este soñar lo tapamos con la luz de nuestra conciencia pensante, nuestra vida de representaciones. Pero quien es capaz de dirigir la vista hacia debajo de la superficie de las representaciones — se alcanza tal capacidad a través de captar el instante del soñar por la presencia de ánimo —, también podrá experimentar el soñar de todo el día, debajo de la superficie de las lúcidas representaciones, sólo que este soñar no se experimenta como tal sino como constantemente sumergiéndose en nuestra organización y reflejándose como mundo de sentimientos. Y así sabe que el sentir se desarrolla entre el cuerpo astral (ver dibujo, brillante) y el cuerpo etéreo, expresándose naturalmente, en el cuerpo físico. El origen del sentir se halla realmente entre el cuerpo astral y el etéreo (rojo). Al igual que para la vida mental, los cuerpos físico y etérico deben cooperar en una interacción viva, así también el cuerpo etérico y el cuerpo astral deben estar en interacción viva para la vida del sentimiento. Cuando estamos despiertos, experimentamos esta interacción viva de nuestros cuerpos etérico y astral mezclados como nuestro sentimiento. Cuando estamos dormidos, experimentamos lo que ocurre en el cuerpo astral, que ahora vive fuera del cuerpo etérico, como las imágenes del sueño. Estas imágenes de sueños ahora están presentes durante todo el período de sueño, pero no son perceptibles para la conciencia ordinaria; son recordados en esos fragmentos que forman la vida ordinaria del sueño.

De esto se ve que si deseamos comprender la vida del alma debemos mirar entre los miembros de la organización humana. Pensamos en la vida del alma como un pensamiento, sentimiento y voluntad fluidos. Sin embargo, lo captamos objetivamente, mirando en los espacios entre estos cuatro miembros, entre el cuerpo físico y el cuerpo etérico y entre el cuerpo etérico y el cuerpo astral.

A menudo he explicado aquí desde otros puntos de vista cómo lo que se expresa en la voluntad se retira por completo de la conciencia ordinaria de vigilia. Esta conciencia ordinaria conoce las imágenes mentales por las cuales dirigimos nuestro deseo. También es consciente de los sentimientos que desarrollamos en referencia a las imágenes mentales como motivos para nuestro deseo y de cómo lo que queda claro en nuestra conciencia como el contenido conceptual de nuestra voluntad juega hacia abajo cuando muevo un brazo en obediencia a mi voluntad. Lo que realmente sucede para producir el movimiento no entra en la conciencia ordinaria. Tan pronto como el investigador espiritual hace uso de la Imaginación y descubre la naturaleza del pensamiento y el sentimiento, también puede tomar conciencia de las experiencias del hombre entre quedarse dormido y despertarse. Mediante los ejercicios que conducen a la Imaginación, el yo y el cuerpo astral se fortalecen; se vuelven más fuertes en sí mismos y aprenden a experimentarse a sí mismos. En la conciencia ordinaria, uno no tiene el yo verdadero. ¿Qué tenemos nosotros como yo en nuestra conciencia ordinaria? Esto debe ser explicado por una comparación que he hecho repetidamente. Usted ve, cuando uno mira hacia atrás en la vida en la memoria, aparece como una corriente continua, pero definitivamente no es eso. Revisamos el día hasta el momento del despertar, luego tenemos un espacio vacío, luego se vincula el recuerdo de los eventos del día anterior, y así sucesivamente. Lo que observamos en esta reminiscencia lleva en sí mismo también aquellos estados que no hemos vivido conscientemente, y que por lo tanto no están dentro del contenido presente de nuestra conciencia. Están allí, sin embargo, en otra forma. El recuerdo de una persona que nunca durmió en absoluto —si puedo citar un caso hipotético— sería completamente destruido. La reminiscencia de alguna manera lo cegaría. Todo lo que traería a su conciencia en reminiscencia le parecería completamente ajeno a él, deslumbrándolo y cegándolo. Él sería dominado por él y tendría que eliminarse por completo. Él no sería capaz de sentirse dentro de sí mismo en absoluto. Solo a causa de los intervalos de sueño se atenúa la reminiscencia para que podamos soportarlo. Entonces es posible afirmar nuestro propio yo en nuestro recuerdo. Le debemos únicamente a los intervalos de sueño que tengamos nuestra autoafirmación en la memoria. Lo que estoy diciendo ahora podría ser, confirmado a través de una observación comparativa del curso de diferentes vidas humanas.

De la misma manera que sentimos la actividad interna en la reminiscencia, realmente sentimos nuestro yo de todo nuestro organismo. Lo sentimos en la forma en que percibimos las condiciones de sueño como los espacios más oscuros en el progreso de la memoria. No percibimos el Yo directamente en la conciencia ordinaria; lo percibimos solo cuando percibimos la condición de sueño. Sin embargo, cuando alcanzamos la cognición Imaginativa, esto realmente aparece, y es de la naturaleza de la voluntad. Observamos que lo que crea un sentimiento que nos incita a sentir simpatía o antipatía por el mundo, o lo que sea que active nuestra voluntad en nosotros, se produce en un proceso similar al que tiene lugar entre estar despierto y quedarse dormido. De nuevo, esto se puede observar con la presencia de la mente si uno desarrolla las mismas capacidades para observar el proceso de irse a dormir que aquellos que he descrito para despertar. Entonces uno se da cuenta de que al irse a dormir, uno lleva a la condición de dormir lo que fluye como actividad fuera de nuestra vida de sentimiento, fluyendo hacia el mundo exterior. Entonces uno aprende a reconocer cómo cada vez que uno realmente pone en acción su voluntad, uno se sumerge en un estado similar al del sueño. Uno se sumerge en un sueño interno. Lo que ocurre una vez cuando uno se duerme, cuando el yo y el cuerpo astral salen del cuerpo físico y del cuerpo etérico, continúa internamente cada vez que usamos nuestra voluntad.

Debe quedar claro, por supuesto, que lo que estoy describiendo ahora es mucho más difícil de entender que lo que describí antes, porque el momento de irse a dormir generalmente es aún más difícil de comprender con la presencia de ánimo que la de despertar. Después del despertar, estamos en el estado de vigilia, lo que nos permite apoyarnos en las reminiscencias. Si deseamos observar el momento de conciliar el sueño, debemos continuar el estado de vigilia hasta el sueño. Pero por lo común el hombre cae en el sueño, no continúa manteniendo la actividad del sentir hasta en el dormirse. Si lo logra, a través del discipulado del conocimiento imaginativo, verá que en el querer efectivamente se realiza un sumergirse en el mismo elemento en el que uno se sumerge al dormirse. En el querer efectivamente quedamos libres de nuestra organización, nos unimos con la objetividad real. Al despertar, entramos en nuestros cuerpos etérico y físico y pasamos directamente a la región de los sentidos, llegando así a la periferia del cuerpo, tomando posesión de él, saturándolo por completo. Del mismo modo, al sentir, enviamos nuestros sueños al cuerpo, en la medida en que nos sumergimos interiormente; los sueños, de hecho, se convierten en sentimientos. Si ahora no permanecemos en el cuerpo, sino que, sin ir a la periferia del cuerpo, dejamos el cuerpo hacia adentro, espiritualmente, entonces llegamos a la voluntad. Disposición, por lo tanto, en realidad se realiza independientemente del cuerpo. Sé que esto está implícito al decir esto, pero debo presentarlo, porque es una realidad. Al comprenderlo, llegamos a ver que, —si tenemos el Yo aquí (ver último dibujo, azul) —, el deseo tiene lugar entre el cuerpo astral y el Yo (lila).

Por lo tanto, podemos decir que dividimos al ser humano en cuerpo físico, cuerpo etérico o cuerpo de fuerzas formativas, cuerpo astral, y yo. Entre el cuerpo físico y el cuerpo etérico, el pensamiento tiene lugar en el elemento del alma. Entre el cuerpo etérico y el sentimiento del cuerpo astral tiene lugar en el elemento del alma, y entre el cuerpo astral y el yo, el deseo tiene lugar en el elemento del alma. Cuando llegamos a la periferia del cuerpo físico tenemos percepción sensorial. En la medida en que nuestro yo emerge de nosotros mismos, colocando a toda nuestra organización en el mundo exterior, el deseo se convierte en acción, el otro polo de la percepción sensorial (véase el último dibujo).

De esta forma se llega a una comprensión objetiva de lo que se experimenta subjetivamente al fluir en el pensamiento, el sentimiento y la voluntad. La experiencia se metamorfosea en la cognición. Cualquier psicología que trate de captar el pensamiento fluido, el sentimiento y la voluntad de otra manera permanece formal, porque no penetra en la realidad. Solo la cognición imaginativa puede penetrar en la realidad en la experiencia del alma.

Pasemos ahora nuestra mirada a un fenómeno que nos ha acompañado, por así decirlo, en todo nuestro estudio. Dijimos que a través de la observación con presencia de animo en el momento del despertar, cuando uno se ha deslizado a través del cuerpo etérico, uno puede ver un tejido de pensamientos que es objetivo. Uno al principio percibe este pensamiento-tejido objetivo. Dije que se puede distinguir claramente de los sueños y también de la vida cotidiana del pensamiento, de la vida subjetiva del pensamiento, ya que está conectado con el crecimiento, con el devenir. En realidad es una organización real. Sin embargo, si uno capta lo que está tejiendo allí, lo que, si uno lo penetra, uno percibe como tejido de pensamiento; si uno lo siente interiormente, lo toca, me gustaría decirlo, entonces uno es consciente de ello como fuerza de crecimiento, como fuerza de nutrición, como el ser humano en el proceso de desarrollo. Se trata de algo que primero se presenta como extraño, pero que es mundo de pensamientos. Estudiándolo más exactamente se evidencia como un tejer interior de pensamientos, un tejer de nosotros mismos. Lo captamos en la periferia del cuerpo físico, antes de llegar a la percepción sensoria. Cuando aprendemos a conocerlo mejor en cuanto a su carácter extraño para nuestro pensar subjetivo, lo reconocemos como traído de experiencias prenatales, o bien de experiencias de antes de la concepción. Llegamos a comprenderlo como algo objetivo, como lo espiritual que va formando todo nuestro organismo. La idea de la existencia prenatal adquiere objetividad, llega a la observación objetiva. Con captación interior podemos decir: nuestra existencia ha sido tejida, proveniente del mundo del espíritu, por pensamientos. Los pensamientos subjetivos que le agregamos, se hallan en el dominio de nuestra libertad. Aquellos pensamientos que percibimos, nos forman, construyen nuestro cuerpo a base del tejer de pensamientos. Ellos son nuestro karma del pasado. Por lo tanto: antes de llegar a las percepciones sensorias, percibimos nuestro karma del pasado.

Cuando nos vamos a dormir, alguien que vive en la cognición objetiva ve algo en este proceso de quedarse dormido que es similar a la voluntad. Cuando se llega a la voluntad para completar la conciencia uno nota con bastante claridad que uno duerme en su propio organismo. Así como los sueños se hunden, también lo hacen los motivos de la voluntad que pasan a nuestra organización. Uno duerme en el organismo. Uno aprende a distinguir este sueño en el organismo, que primero cobra vida en nuestras acciones ordinarias. Estos, de hecho, se llevan a cabo externamente; los cumplimos entre despertar e irnos a dormir, pero no todo lo que vive dentro de nuestra vida de sentir vidas en estas acciones. Pasamos por la vida también entre quedarse dormidos y despertar. Lo que de otro modo presionaríamos en las acciones, nos liberamos de nosotros mismos a través del mismo proceso al irnos a dormir. Presionamos toda una suma de impulsos de voluntad en el mundo puramente espiritual en el que nos encontramos entre dormir y despertar. Si a través de la cognición Imaginativa aprendemos a observar los impulsos de voluntad que pasan a nuestro ser espiritual, que protegemos solo entre dormir y despertar, percibimos en ellos la tendencia a la acción que existe más allá de la muerte, que pasa con nosotros más allá de la muerte.

La voluntad se desarrolla entre el cuerpo astral y el yo. La voluntad se convierte en acción cuando va lo suficientemente lejos hacia el mundo exterior como para llegar al lugar al que de otro modo llegan las impresiones sensoriales. Sin embargo, al ir a dormir, sale afuera muchísimo que no se transforma en acción, sino que permanece unido con el yo, cuando con la muerte el mismo pasa al mundo espiritual.

Vemos que, experimentamos, aquí en el otro lado (ver diagrama a continuación) nuestro karma futuro. Nuestro karma futuro se experimenta entre la voluntad y la acción. En la conciencia Imaginativa, los dos están unidos, el karma pasado y futuro, lo que teje y vive dentro de nosotros, tejiendo bajo el umbral por encima del cual se encuentran los actos libres que podemos lograr entre el nacimiento y la muerte. Entre el nacimiento y la muerte vivimos en libertad. Debajo de esta región de libre disposición, sin embargo, que en realidad tiene una existencia solo entre el nacimiento y la muerte, allí se teje y vive el karma cuyos efectos que vienen del pasado percibimos si con nuestro yo y el cuerpo astral somos capaces de permanecer en el cuerpo etéreo, justamente en el instante de transitar hasta el cuerpo físico. Por el otro lado percibimos nuestro karma que se genera si somos capaces de permanecer en la región que se halla entre el querer y el actuar, y si nos es posible desarrollar, a través del ejercitarnos, el autodominio a tal grado que interiormente podamos activarnos en un sentimiento lo mismo que —por decirlo así—, con el apoyo del cuerpo, nos activamos en la acción; repito: si en espíritu podemos activarnos en el sentimiento, esto es, cuando retenemos una acción en el yo.

Imaginen esto vívidamente; uno puede ser tan entusiasta, enamorado interiormente de algo que surge del sentimiento como aquello que de otro modo pasaría a la acción; pero uno debe retenerlo: entonces se enciende en Imaginación como karma de futuro.

Naturalmente, lo que acabo de describirles existe siempre en el hombre, pues con cada despertar a la mañana, él pasa por la región del karma pasado; y todas las noches al dormirse, por la región del karma que se genera. A través de cierta atención, sin discipulado, pero por la presencia de ánimo, el hombre puede captar lo objetivo del pasado, ciertamente sin reconocerlo claramente, tal como ahora lo he descrito. Lo puede percibir realmente, y entonces está presente todo aquello que él lleva en sí como sus impulsos morales, del bien y del mal. A través de ello en realidad el hombre aprende a conocerse mejor que si en el instante del despertar él percibe el tejer de pensamientos que a él mismo le forma.

Más difícil de entender, sin embargo, es la percepción de lo que se encuentra entre la voluntad y la acción, de lo que uno puede retener. Allí uno aprende a conocerse a sí mismo en la medida en que uno se ha hecho a sí mismo durante su vida. Uno aprende a conocer la formación interna que uno lleva a través de la muerte como karma futuro.

Quería mostrarles hoy cómo se puede hablar de estas cosas a partir de una comprensión viva, cómo la antroposofía no está en absoluto agotada en sus imágenes. Las cosas se pueden describir de una manera viviente, y mañana iré más allá en este estudio, yendo a un conocimiento aún más profundo del ser humano sobre la base de lo que hemos estudiado hoy.

 

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Traducido por Gracia Muñoz en Noviembre de 2017

 

El nacimiento de la imagen humana

Conferencia no revisada de Willi Sucher, 5 de enero de 1974

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La semana pasada hablamos del Hijo de Dios en el Hijo del Hombre. Recordé las palabras de Tauler, el místico alemán, que hablaba del triple Hijo de Dios como nacido primero en el reino cósmico del Padre, luego en una encarnación humana en la Tierra y, en tercer lugar, en el alma humana. Este tercer nacimiento es más importante para la Humanidad y el Cristianismo. ¿Qué es este nacimiento de la gran imagen arquetípica en el alma humana? ¿Cuál es la imagen del hombre? En el verdadero sentido espiritual, esto siempre fue conocido en los misterios, y han llegado a nosotros fragmentos que pueden adivinar la grandeza de esta antigua percepción de la gran Imagen del Hombre. Lo encontramos a la imagen del Árbol Sephirod en la Cábala, que se remonta incluso a los tiempos prehistóricos. Es un aspecto fundamental de nuestro ser nueve veces, y que estamos en la Tierra es el décimo principio. Esta imagen es realmente doce veces mayor, pero los sabios antiguos que formaban la Cábala guardaban silencio sobre los otros dos principios. La suya era la era del monoteísmo, donde en lugar de la Trinidad estaba el Uno. Los Tres seguían siendo Uno, lo que dio el ser de los nueve y no los doce. El Árbol Sephirod puede considerarse como el ideal arquetípico de la Imagen del Hombre con respecto a los tiempos precristianos. Sin embargo, hay otra imagen que se usa hoy en día, y ese es el pentagrama, que es también la imagen estrellada del ser humano: —el humano Mercurio del futuro. Esto también está relacionado con los cinco planetas antiguos, más el Sol y la Luna. Fue visto de la siguiente manera:

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Saturno se encuentra en la parte superior de la estrella de cinco puntas, el Sol en el medio y la Luna abajo. Este era el árbol humano Sephirod, en el sentido antiguo, como conectado con el Zodíaco, y la estrella de cinco puntas con los planetas. Los seres humanos nacieron de la gran Madre Cósmica, del gran mundo cósmico, durante los ciclos de creación divina a través del Padre. Los humanos que ingresan al mundo físico llevan el cosmos sobre sus hombros, en lo que se refiere a lo físico y etérico. El Árbol Sephirod se refiere a la naturaleza cósmica del cuerpo físico a medida que desciende de las doce constelaciones del Zodíaco. El cuerpo etérico proviene de los planetas, y esta estrella es un producto del mundo planetario.

Todo esto ha cambiado desde los tiempos de Cristo, y realmente debemos revertir el todo y eliminar los planetas de esta estrella, porque el “nuevo” ser humano no solo toma de los planetas sino que llena lo que ha recibido con contenido terrenal, que puede ser producido y evolucionado en el curso de una vida en la Tierra. Esto ha sido delineado y preestablecido en la construcción del destino por ciertas obras de Cristo, especialmente donde la venida de Cristo estuvo conectada con el reino humano, y donde los humanos permitieron su venida. Los planetas solo describen el recipiente, pero el contenido de este recipiente viene a través de nuestros propios esfuerzos, como el fondo de la seriedad del cristianismo.

 

Esta parte superior o la cabeza de la estrella del pentagrama, representando al ser humano, debe hablar al cosmos de los Nuevos Misterios, como lo indican las corrientes de los Reyes y de los Pastores dentro del ser humano, y por la experiencia verdadera y espontánea del corazón humano. Reyes y Pastores deben encontrarse dentro de cada persona, unidos por Cristo y en Cristo, la Sabiduría y el Amor. En esto podemos ver el portal de la auto preparación, y estas dos corrientes deben unirse en nosotros para crear los nuevos misterios. Así que hay cinco puntas para esta nueva estrella, que representa a los seres humanos, en la que tenemos que experimentar el camino hacia el cristianismo.

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Colocando la Estrella dentro del Zodíaco, vemos que a la derecha y a la izquierda están los grandes sacrificios. Estos misterios están ocultos en los Evangelios. En Marcos: VII, Cristo va a Tiro y Sidón y sana a la hija de la mujer siro-fenicia, que estaba poseída por un espíritu maligno. Tanto la madre como la hija representan los antiguos misterios decadentes; pero el poder de curación es aún más profundo, concerniendo a toda la Humanidad. Entonces a la cabeza colocaremos los Nuevos Misterios. Por un lado se encuentra el sacrificio de Juan el Bautista, que representa a toda la Humanidad como el Adán caído. Él sacrificó el pasado con toda su inmensa sabiduría, incluso de vuelta a Elijah y más allá de esto al más grande de los sabios antiguos. Con el pie derecho, entra en persecución, que culminó en la persecución de Saúl, quien se convirtió en Pablo. Saúl nunca se hubiera convertido en Pablo si no hubiera perseguido a Cristo.

Este es un gran misterio para ser contemplado. A la izquierda se encuentra otro obstáculo difícil, la tentación que como Cristo-Jesús experimentó después del Bautismo. También antes del Bautismo, cuando Jesús trató con los Esenios, cuando vio que a pesar de que su vida pura los protegía de Lucifer y Ahriman, también condujo sus fuerzas a la vida de la humanidad (véase El Quinto Evangelio de Rudolf Steiner).

Por lo tanto, hay cinco “planetas” dentro del ser humano que están en camino hacia Cristo. Experimentaremos dentro de nosotros mismos, y estos “sonidos” volverán al mundo cósmico como un nuevo lenguaje, que traerá nuevo contenido y nueva sustancia y significado al mundo de las estrellas cuando nos acerquemos a él después de la muerte. Sin embargo, hay otras cosas que me gustaría mencionar esta noche más allá de esta imagen humana cristiana. Nacemos del mundo cósmico y entramos en el mundo físico; morimos y entramos en el mundo espiritual. Tomamos el cosmos en nosotros mismos, y lo que recibimos, los transformamos y llenamos con nuestra propia experiencia, saturados con la capacidad de nuestro yo; y después devolvemos al cosmos al morir la esencia transformada de todo lo que recibimos.

En cierto sentido, este es el gran aspecto cósmico de la imagen humana, e incluso es un medio para cambiar el mundo cósmico. Veamos el proceso de encarnación, el proceso de la vida y el proceso de la excarnación. Descendemos a través de las esferas de los planetas en el mundo físico. Estos planetas son establecidos y mantenidos en el cosmos por anfitriones de seres espirituales, el más alto de los cuales son las jerarquías espirituales. Hay una serie de otros rangos adjuntos, pero los líderes y las grandes guías del cosmos son las jerarquías. Primero, descendemos del mundo del Zodiaco, luego a través de los planetas, incluido el Sol y la Luna, en el siguiente orden:

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Podríamos omitir los nombres de los planetas y escribir los nombres de las jerarquías. Saturno es un gesto de esas jerarquías que lo guían. En el Zodiaco encontramos una expresión de los Serafines y Querubines, mientras que en Saturno encontramos las obras de los Tronos, en Júpiter la de los Espíritus de la Sabiduría, en Marte de los Espíritus del Movimiento, en el Sol son los gestos de los Espíritus de la Forma, en Venus están los Arcai, en Mercurio los Arcángeles, y en la esfera de la Luna están los Ángeles. De cada esfera, las almas toman ciertas sustancias para llevarlas a la Tierra en su viaje de encarnación; cada uno toma lo que necesita de estos “paquetes de regalos” del cosmos. Las esferas más elevadas son las más espirituales, mientras que las inferiores son menos espirituales. El ser humano desciende a la Tierra al nacer con todo lo que ha adquirido. Las almas descienden a la tumba de la Tierra, donde se convierten en cabezas y los cuerpos y extremidades se disuelven en los planetas.

Las fuerzas del cosmos mueren en la Tierra con cada ser humano. Nacemos, crecemos y recorremos nuestro destino. Usamos estas fuerzas, que han muerto en la existencia de la Tierra, y las volvemos a levantar mientras estamos sobre la Tierra. Por ejemplo, transformamos el don de Saturno en rectitud, los dones de Júpiter en el pensamiento, el de Marte en el habla, los dones del Sol en el corazón y la circulación, los dones de Venus en la respiración, el de Mercurio en nuestros procesos glandulares y los dones de la Luna en los procesos reproductivos. Así vivimos en la Tierra con estas fuerzas vivientes.

 

Los Tronos, o Espíritus de la Voluntad, crearon los primeros comienzos de la existencia cósmica en el universo solar. A través de su sacrificio, fue posible sentar las bases para la evolución del Antiguo Saturno. Señalaron la dirección de la existencia cósmica. Quien muere profundamente en la existencia de la Tierra trae consigo las fuerzas cósmicas de los Tronos y las transforma en la rectitud de la forma humana. Este es el carácter supremo de los seres humanos, de pie vertical y libre entre el cielo y la Tierra.

En la esfera de Júpiter, los Espíritus de la Sabiduría crearon la sabiduría en la evolución del Antiguo Sol e impregnaron su sustancia inerte con su luz y vida. Ahora tomamos estas acciones de los Espíritus de la Sabiduría como un recuerdo y transformamos toda nuestra existencia terrenal en nuestra capacidad de pensamiento, que puede llegar a la periferia del universo y, sin embargo, entrar en la entidad más pequeña. Esta es una maravillosa contemplación.

Los Espíritus del Movimiento, cuyas acciones resuenan en una especie de Yo cósmico en la esfera de Marte, crearon durante la evolución de la Antigua Luna nuestro cuerpo astral. Esto nos permite distinguir entre nuestro mundo interno y el externo, y en este choque, por así decirlo, viene el reconocimiento del objeto; y resuena el “nombre”. Esto se transforma en lenguaje cósmico.

El Sol que vemos en el cielo es en realidad solo una caricatura del verdadero Sol, que se extiende hasta la periferia más externa del universo y aporta sustancia creativa a nuestro Universo Solar. Ahí encontramos el poder de la circulación. El metabolismo cósmico crea todo lo que existe en nuestro Universo Solar, y vemos las grandes hazañas de los Arquetipos, los Espíritus de la Forma, y los establecemos en la Tierra en la circulación. De esta manera podemos continuar con los planetas inferiores, pero no hay tiempo para entrar en detalles.

La Tierra es ahora el planeta de la muerte, y una gran inversión tiene lugar en la muerte a través de la Tierra, que es un reino de muerte y eliminación. Se ha convertido así en un reino de libertad, pero una libertad adquirida al precio de la muerte. Morimos aquí y regresamos al mundo cósmico.

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¿Qué hemos hecho en la Tierra con lo que recibimos del plan o propósito cuando volvemos al cosmos? Lo hemos transformado con nuestro yo, y “la rectitud es una actividad conectada con el yo. Si nuestro yo no funciona correctamente o estamos cansados, podemos no caminar erguidos. Pero ahora hemos llevado los planetas a la Tierra en nuestro propio ser y los hemos transformado en las funciones de nuestro cuerpo; por lo tanto, a través de la muerte adquirimos nuestra libertad. La Eternidad se nos dio en la Tierra, y ahora debemos devolver todo lo que hemos transformado al Cosmos. Primero, viene la imagen de los tres días, y entramos a la esfera del Mundo Anímico (ver Teosofía de Rudolf Steiner). Aquí pasamos por las cuatro regiones más bajas de Kamaloka, para desconectar el alma de todo lo que se aferra a ella desde la Tierra. Luego pasamos por las esferas 5ª, 6ª y 7ª, donde nos separamos de las afiliaciones más sutiles de la Tierra. Y solo entonces podemos entrar en el mundo espiritual.

Mientras estamos en la Tierra, nuestras funciones orgánicas nos hacen posible la vida, pero estamos demasiado conectados [a la materia] y debemos alejarnos del sufrimiento para obtener y acostumbrarnos a la verdadera imagen de los planetas, que han estado ocultos en la materia. los procesos glandulares y respiratorios se nos ocultan mientras estamos en la Tierra. Después de la muerte, tenemos que liberar esta imagen de los planetas en nosotros mismos y devolver nuestra imagen individualizada al cosmos.

Primero hemos visto las Jerarquías y sus esferas como las acciones de aquellos que obedecen a la Voluntad divina. Este es el gran secreto: creación por obediencia. Sin embargo, Lucifer y Ahriman intervinieron, ya que los seres humanos estaban destinados a desarrollar la libertad a través del amor. Somos libres de ser desobedientes, como en Génesis, y de esta libertad también hemos adquirido la posibilidad de actuar por amor, no por autoridad. Podemos negarnos; podemos decir que las metas y los objetivos de la deidad no nos conciernen, pero también podemos continuar y cumplir con el poder del amor. Esto debe desarrollarse. Este es el gran aspecto de la humanidad. Por otro lado, también amenaza el grave peligro al que estamos expuestos en virtud de esta libertad.

Al descender a la encarnación, recibimos nuestros dones, y luego los transformamos en nuestro vehículo existencial a través de las funciones orgánicas; transformamos el yo en conciencia adquirida al precio de la muerte y la enfermedad; y finalmente está lo que puede ser permeado e individualizado, que regresa al Kamaloka [la esfera de la Luna] para  purificarse, antes de regresar al cosmos. Primero debemos deshacernos de todo lo que nos aferra al mundo de la materia, de modo que los planetas puedan brillar en nuestro interior como piedras preciosas, y así podamos entrar en el mundo espiritual. Primero nuestra encarnación de la muerte [del mundo espiritual], y finalmente regresamos al mundo espiritual.

Veamos la primera encarnación del ser humano y el retorno final al Cosmos. Si pudiéramos verlo, lo primero que veríamos sería una experiencia gloriosa, ver el nacimiento de la totalidad del cosmos en el ser humano.

Solo el ser humano puede abarcar todo el cosmos, ya que el animal y la planta solo pueden asimilar parte de las doce constelaciones y los siete planetas que absorbemos en nuestro ser. Por ejemplo, cada especie de animal solo ocupa una duodécima parte. Esto nos da una gran visión de cómo las jerarquías se sacrificaron para la entrada de la humanidad en la Tierra. La última encarnación del ser humano demandará la transformación especialmente de las esferas inferiores incluida la esfera lunar.

Tenemos un tiempo comparativamente corto para esta transformación y purificación, lo que no puede hacerse más adelante. En la Luna, después de la muerte, tenemos que purificar nuestros deseos y limpiar nuestro ser de los deseos ardientes de la Tierra. Sin embargo, no debemos ver esto como un castigo sino como un gran beneficio,  por lo cual debemos estar agradecidos cuando vemos que esta piedra preciosa de la Luna está más purificada e intachable, y así es con Venus, Mercurio y el Sol. Las almas entran luego en el mundo del Espíritu. Recibimos el regalo de los espíritus del movimiento de Marte y lo transformamos en lenguaje terrenal. Después de la muerte, experimentamos los arquetipos físicos en Marte de todos los seres de la Tierra y aprendemos su verdadero “nombre”.

Cuando pasamos por nuestra vida en la Tierra, podemos experimentar mucha pena y decepción, pero nuestras experiencias son purificadoras y nos ayudan a preparar nuestros dones en la Tierra para las esferas después de la muerte. Primero morimos pero solo para resucitar, y luego somos el Cosmos recreado; recibimos un nuevo comienzo para el futuro, después de pasar por interminables experiencias de muerte en Cristo.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Noviembre de 2017.

GA181c1. Las almas de los pueblos y el Misterio del Gólgota

Regalos de la vida antroposófica

 Rudolf Steiner – Berlín, 30 de Marzo de 1918

English version

En las últimas conferencias hemos hablado de la manera cómo el alma humana puede fijar su posición frente a los mundos suprasensibles, y cómo puede trabajar para fortalecer esta relación. Por consiguiente, también se comprenderá que, por el otro lado, ciertamente es verdad que el ser humano, como tal, depende, en cierto modo, de todo el universo, de todo su mundo circundante. En realidad, la vida humana se desarrolla entre estas dos cosas: la libre determinación de su relación con el mundo suprasensible y la dependencia del mundo circundante, de todo el universo. Esto se debe principalmente al hecho de que entre el nacimiento y la muerte, el hombre vive dentro de un determinado cuerpo físico. Examinaremos ahora (y en las próximas conferencias) una parte de esta dependencia del universo desde un punto de vista que en el presente  –durante la primera guerra mundial– puede decir mucho al alma humana.

Por el estudio de la ciencia espiritual se llega a ver claramente que toda nuestra Tierra es, en cierto modo, un gran ser viviente, y que nosotros mismos somos los miembros constitutivos de este gran ser viviente.

 En diversas conferencias anteriores ya hemos hablado de los distintos fenómenos de la vida de este ser viviente, nuestra Tierra. Esta vida se manifiesta de la manera más variada; una de ellas consiste en determinadas relaciones entre los distintos territorios y el hombre que los habita. Así como, por un lado, el género humano forma una unidad, así también es verdad que las distintas poblaciones que habitan las distintas partes de la Tierra, difieren entre sí, según territorios, y que dependen de éstos, no solamente según todas las fuerzas de que se ocupan la ciencia natural exterior y la geografía, sino también de muchas fuerzas enigmáticas, las que actúan en los distintos territorios. Ciertamente, existen íntimas relaciones –ajenas a la superficialidad de la ciencia natural– entre el hombre y el suelo en que vive, la parte de la Tierra en que él ha nacido. Esto se evidencia por el hecho de que tales relaciones se van formando, aunque no en el curso de breves períodos, pero sí dentro de cierto tiempo histórico. Por ejemplo, es posible notarlo por el cambio que se produce en los europeos que emigran y se establecen en América; si bien el tiempo de colonización europea en América es todavía demasiado breve como para verificar dicho cambio, éste, no obstante, se nota claramente. La configuración de los europeos en América cambia, aunque no inmediatamente, pero, visiblemente, en la sucesión de las generaciones. Por la forma de sus brazos y manos e incluso del rostro, los europeos en cierto modo se tornan parecidos a los indios antiguos, adquieren, con el tiempo, las peculiaridades de los antiguos indios.

Estos fenómenos nos indican, exteriormente, que existen ciertas relaciones entre el gran organismo de la Tierra y sus partes o miembros, o sea, las distintas poblaciones. Sabemos que el hombre, como habitante de la Tierra, se vincula con entidades suprasensibles, las entidades de las jerarquías superiores. Sabemos que el alma del pueblo no es aquella cosa abstracta de la cual suelen hablar los materialistas, sino que el “Alma del Pueblo” pertenece a la jerarquía de los Arcángeles. El Alma del Pueblo es una entidad real que en cierto modo configura la vida del hombre terrenal. En general, el ser humano constantemente se halla vinculado con las más diversas entidades de las jerarquías superiores; y esos vínculos vamos a tratarlos desde determinados puntos de vista, ya que no es posible hablar de semejantes cosas sino desde ciertos puntos de vista.

Para enfocar correctamente esta contemplación, hay que tener presente que para la observación científico-espiritual realmente no existe en el mundo lo que el pensar materialista llama “materia”; pues se trata de algo que ante la exacta observación es, en realidad, espíritu. A menudo lo he explicado mediante una comparación: Cuando el agua se congela, se transforma en “hielo” y tiene un aspecto bien distinto. Hielo es hielo; agua es agua; no obstante, es cierto que el hielo también es “agua”, aunque de otro aspecto. Lo mismo, aproximadamente, ocurre con lo que se llama “materia”: es “espíritu” en otras condiciones; es espíritu transformado, tal como el agua se transforma en hielo. Es por ello que en la ciencia espiritual nos referimos a lo espiritual, incluso en los casos en que hablamos de procesos materiales. En todas partes se halla el espíritu que está actuando, y el hecho de que el espíritu activo también se manifiesta en los procesos materiales, significa que se trata de una apariencia especial del espíritu. Pero siempre es espíritu que actúa, de modo que, incluso cuando hablamos de fenómenos típicamente materiales, nos referimos, en realidad, al espíritu activo que se manifiesta en ciertos campos como procesos más o menos “materiales”.

En el organismo humano constantemente se producen procesos materiales los que, en realidad, son procesos espirituales. El hombre come: introduce en su propio organismo substancias del mundo externo; substancias sólidas que se licuan son introducidas en el organismo humano, en el cual se transforman. El organismo humano se compone de las más diversas substancias que él acoge del mundo circundante; pero no sólo las recibe, sino que en él pasan por un determinado proceso. El calor propio está condicionado por el calor acogido y por los procesos a que esas substancias son expuestas en nuestro organismo. Respiramos. Con el aliento inhalamos el oxígeno. Pero esto no es lo único, sino que, por el hecho de que nuestro proceso respiratorio nos une con lo que sucede en la atmósfera exterior, participamos de los ritmos del mundo circundante: nuestro propio ritmo forma parte del ritmo de todo el universo. Esto se evidencia hasta en una relación numérica. Resulta pues que existe una determinada relación entre los procesos rítmicos de nuestro propio organismo y las condiciones reinantes en torno nuestro. Por medio de estos procesos y fenómenos que tienen lugar porque los procesos de la naturaleza exterior se propagan y siguen actuando en nuestro organismo, ocurre, efectivamente, que se producen los efectos que el Alma del Pueblo ejerce sobre cada ser humano. En el inhalar del oxígeno vive lo espiritual, y en este inhalar del oxígeno puede vivir el Espíritu del Pueblo. El comer no es simplemente comer, sino que en nuestro organismo las substancias son transformadas; y este proceso material es, a la vez, un proceso espiritual en que el Espíritu del Pueblo puede vivir. Esta vida del Espíritu del Pueblo no es nada abstracto, sino que en nuestro diario quehacer y en lo que se produce en nuestro organismo, se manifiesta dicha vida. Los procesos materiales son, a la vez, expresión de un obrar espiritual. El Espíritu del Pueblo tiene que tomar este “camino más largo”, quiere decir penetrar en nosotros a través del aliento y la nutrición.

En este sentido, los distintos Espíritus de los Pueblos obran sobre el hombre de distinta manera, y de ello depende la distinta característica de cada pueblo. El carácter de cada pueblo depende del respectivo Espíritu del Pueblo. Si lo examinamos por medio de la ciencia espiritual, llegamos al siguiente resultado:

El hombre respira, y así se halla en relación permanente con la atmósfera en torno suyo: la aspira y la expira. Cuando, en un caso dado, el Espíritu del Pueblo, según la configuración del territorio y otras condiciones de distinta índole, elige el rodeo a través de la respiración, produciendo así la configuración característica del respectivo pueblo, podemos decir que “el Espíritu del Pueblo obra sobre ese pueblo por medio del aire”. Esto ocurre efectivamente y de un modo específico, en aquellos pueblos que en el curso de la historia habitaron o habitan la península itálica. En este territorio es el aire que forma la base para el obrar del Espíritu del Pueblo sobre el hombre.

 Dicho de otro modo: el aire de Italia es el medio por el cual el Espíritu del Pueblo obra sobre la población de la península itálica, configurando, precisamente, el “pueblo italiano” o, en su tiempo, el pueblo “romano”, etc. Por los caminos de la ciencia espiritual encontramos, así, los fundamentos espirituales de los efectos aparentemente materiales.

Preguntemos ahora: ¿Cuál es el medio que cada Espíritu de Pueblo elige en otros territorios con el fin de dar expresión a las respectivas configuraciones étnicas?. En los pueblos que habitaron o que habitan el territorio que hoy es Francia, el Espíritu del Pueblo obra por medio del elemento líquido, por todo aquello que, como líquido, no sólo penetra sino también actúa en nuestro cuerpo. Por la característica de lo que como líquido influye y actúa en el organismo, vibra y obra el Espíritu del Pueblo; de tal manera, determinó y determina el carácter de los pueblos que habitaron o habitan ahora el territorio de Francia. Empero, todo esto no se comprenderá en todo su alcance si esta relación del hombre con su mundo circundante se considera desde un sólo punto de vista, pues esto conduciría a un criterio unilateral de la cuestión. Hay que tomar en cuenta lo que he dicho en otras oportunidades: el hombre es un ser de dos procesos distintos entre sí: uno que pertenece a la cabeza y el otro que es de las demás partes del organismo. En realidad, la influencia de la cual acabo de hablar con respecto a los pueblos italiano y francés, produce su efecto sobre el organismo con excepción de la cabeza, y de la cabeza emana otra influencia distinta. Sólo por la conjunción de los dos efectos, el que proviene de la cabeza y el otro de las demás partes del organismo, se produce la influencia completa que luego se manifiesta en el carácter del pueblo. Por la influencia de las demás partes del organismo, se neutraliza, en cierto modo, el efecto que proviene de la cabeza. De modo que se podría decir: Con lo que el habitante de Italia respira con el aliento, o sea, con lo que por la respiración influye sobre el organismo con excepción de la cabeza, se une la influencia que proviene de la cabeza, la configuración del sistema nervioso de la cabeza en su diferenciación espiritual, esto es, en cuanto el hombre es “organismo nervioso humano de la cabeza”.

En Francia ocurre algo distinto. Lo que en el organismo obra como ritmo, son dos ritmos distintos, uno para todo el organismo y otro distinto para la cabeza. La cabeza tiene su ritmo propio. Si en Italia es la actividad de los nervios de la cabeza que se une con el efecto del aire, en Francia, en cambio, es el movimiento rítmico de la cabeza, el vibrar del ritmo de la cabeza que une con el efecto de lo líquido del organismo. De estas dos maneras se configura el carácter de uno y otro pueblo por la conjunción de las propiedades en la cabeza con lo que el Espíritu del Pueblo contribuye desde el mundo circundante.

De lo que antecede se ve claramente: si estas cosas se observan mediante la ciencia espiritual, se puede estudiar lo que el organismo de la Tierra nos presenta como sus miembros en los distintos territorios. Efectivamente, si todo esto no se tomara en consideración, la humanidad no llegaría a comprender la específica configuración de las distintas partes de nuestra Tierra.

Preguntemos ahora cómo se configura el carácter del pueblo británico.

Así como el Espíritu del Pueblo italiano obra a través del aire y el del pueblo francés a través de lo acuoso, el Espíritu del Pueblo británico, a su vez, obra a través de todo lo térreo, principalmente de la sal y sus composiciones dentro del organismo. Lo principal reside en lo sólido. El elemento líquido actúa en el carácter del pueblo francés; en la naturaleza británica, en cambio, actúa el elemento densificante y el salino, en todo lo que por el aliento y la nutrición entra en el organismo. Esto produce la configuración peculiar del carácter del pueblo británico. Pero también en este caso hay algo que desde la cabeza neutraliza lo que proviene del mundo circundante. Así como hay “ritmo” tanto en una parte del organismo como asimismo en la cabeza, hay, por otra parte, digestión, metabolismo en aquellas partes del organismo e igualmente en la cabeza. La manera de cómo la cabeza lleva a cabo su metabolismo se une en el organismo con el elemento salino; y esto da el carácter del pueblo británico: lo terreo en combinación con el metabolismo de la cabeza. Dicho de otro modo: al obrar el Alma del Pueblo a través del elemento salino, recibe, desde la cabeza, el efecto del específico metabolismo de ésta. Las metamorfosis en sus aspectos peculiares en el actuar de las Almas de los Pueblos, nos permiten estudiar la característica de los distintos pueblos.

Preguntemos, además, qué se nos presenta más hacia el Oeste. Condiciones distintas encontramos en el americanismo: allí actúa un elemento subterráneo. Así como en la naturaleza del pueblo británico lo tenemos que ver con lo terreo y lo salino, actúa, por otra parte, un elemento sub-térreo, algo que vibra bajo la superficie de la tierra, y que influye particularmente sobre el organismo. En el carácter del pueblo americano, el Espíritu del Pueblo actúa principalmente a través de las corrientes magnéticas y eléctricas subterráneas, y hacia ello fluye, desde la cabeza, algo que neutraliza la influencia de las corrientes magnéticas y eléctricas subterráneas: a ello se enfrenta lo que irradia desde la voluntad humana. He aquí la particularidad del carácter del pueblo americano. El carácter del pueblo británico, principalmente depende del elemento terreo, en cuanto el hombre lo acoge en su organismo, donde entra en correlación con el metabolismo de la cabeza. En el hombre americano, por otra parte, es la voluntad que se manifiesta en este pueblo y se une con algo que sube desde lo subterráneo, para acuñar el carácter del pueblo americano. Esto se relaciona con otro hecho muy importante: Con respecto a toda su personalidad libre, el hombre sólo puede relacionarse con el elemento sobreterrenal y hasta la superficie de la Tierra. En cambio, si lo subterráneo influye en lo que tiene que ver con el Alma del Pueblo, resulta que esta alma no se desenvuelve libremente en él, sino que el hombre, en cierto modo, se halla “poseído” por el Alma del Pueblo.

Ya en otra oportunidad me he referido a que el americano, aunque diga lo mismo que un hombre de la Europa Central, esto no es, de modo alguno, lo mismo. Por ejemplo: en Hermán Grimm (1828-1901) se ve que él, como hombre, ha “conquistado” todo lo que dice; Woodrow Wilson (1856-1924) en cambio, como hombre, se halla “poseído”. Cuando en nuestros tiempos dos o tres personas dicen lo mismo, los demás lo juzgan por su “contenido”, abstractamente. Pero puede suceder que dos personas digan exactamente lo mismo, empleando las mismas palabras; sólo que uno lo dice como algo conquistado por su alma; el otro, en cambio, puede haberlo recibido por obsesión. Muchas veces, el contenido no es lo esencial, sino el grado en que lo dicho ha sido conquistado por la propia alma en vez de haberlo recibido por obsesión. Esto es lo importante, ya que hoy en día sólo se tiene afición a lo abstracto. Sobre algo escrito por Hermán Grimm se puede poner el nombre de Woodrow Wilson y viceversa; pero esto no es lo que importa. Lo de Hermán Grimm ha sido conquistado por su trabajo; en Woodrow Wilson hay algo de obsesión, penetrado en él a través de entidades subterráneas. Todo esto puede conocerse objetivamente, sin emociones y sin pasiones.

Cercando, por ahora, Alemania, dirigimos la mirada hacia el Este. Contemplando el ser característico de la población del Este que sólo paso a paso, surgiendo desde el caos, relucirá en su verdadero ser, se nos presenta allí un cuadro singular. Así como el Espíritu del Pueblo italiano obra a través del aire, el del pueblo francés por el agua, en el caso del inglés por lo terreo, y del americano por el elemento subterráneo, vemos que el Espíritu del Pueblo ruso o eslavo obra a través de la luz; obra, efectivamente, en la luz vibrante. Y cuando, a su debido tiempo, la futura población del Este se haya desprendido de sus envolturas embrionales, se verá que en el Este de Europa la manera de obrar del Espíritu del Pueblo es algo totalmente distinto de la que se observa en el Oeste. Pues, si bien debo decir que el Espíritu del Pueblo obra a través de la luz, lo curioso es que obra no directamente a través de la luz vibrante, sino de tal modo que la luz primero penetra en el suelo, y desde el suelo es reflejada. Resulta, pues, que en el hombre ruso, el Espíritu del Pueblo se sirve para su obrar de la luz reflejada que desde el suelo se eleva. Sin embargo, no ejerce su efecto sobre el organismo sino sobre la cabeza, sobre el modo de pensar y sentir, esto es sobre la manera de desarrollar las ideas, los sentimientos, etc. Esta manera de obrar del Espíritu del Pueblo es, precisamente, opuesta a la del Oeste donde ejerce su efecto sobre las demás partes del organismo, uniéndose con lo que proviene de la cabeza. En el Este, el Espíritu del Pueblo se sirve de la luz reflejada desde el suelo; y esto principalmente ejerce su efecto sobre la cabeza. La retroacción, en este caso, proviene de las demás partes del organismo, principalmente del corazón; y esto ejerce su efecto sobre la cabeza, modificando lo que de ella proviene.

Actualmente, todo esto se halla todavía en estado caótico, en sus envolturas embrionales. Es el ritmo respiratorio el que de la manera descrita ejerce su efecto sobre la cabeza, neutralizando lo que por medio de la luz proviene del Espíritu del Pueblo. Estas condiciones del Este europeo las encontramos, aún en mayor medida, en el Este asiático, con la particularidad de que, en parte, el Espíritu del Pueblo obra por medio de la luz penetrada y reflejada del suelo, y produciendo su efecto sobre la cabeza; o bien, obra a través de lo que ya no es luz y no es visible : la armonía de las esferas, la que vibra por todo el universo y que, para la humanidad espiritual del Este asiático, equivale a un obrar del Espíritu del Pueblo. Este obra directamente por la armonía de las esferas, pero reflejada por la Tierra y ejerciendo su efecto sobre la cabeza. Esto, a su vez, se encuentra con el ritmo respiratorio, y en ello reside el secreto de que en el Oriente los buscadores del espíritu siempre se han dedicado al desarrollo de la respiración con el fin de vincularse con el espíritu. Si estudiamos lo que es yoga, vemos que se dedica a un desarrollo especial de la respiración; y esto se basa en que el hombre como miembro de toda la humanidad -no como individuo- trata de encontrar la espiritualidad a través del Espíritu del Pueblo; es decir por la manera realmente fundamentada dentro del carácter de su pueblo. Cuanto más hacia el Este vamos, tanto más lo encontramos. Naturalmente, esto podría verificarse por un cierto perfeccionamiento de los efectos respectivos, pero también por fenómenos de degeneración en cuanto al carácter del pueblo. Hay pueblos y hasta razas enteras en que se evidencian estas aberraciones. Se producen, por ejemplo, irregularidades, falta de armonía, al encontrarse los efectos sobre la cabeza con los efectos sobre las demás partes del organismo.

Finalmente preguntemos; ¿Qué condiciones existen para los pueblos de la Europa Central?. Estamos hablando de condiciones geográficas, por lo cual no nos referimos a “Europa Central” en sentido político-social. Tampoco he tratado el problema desde el punto de vista de razas, sino que se trata, como se puede ver, de condiciones geográfico-espirituales. Hablamos, pues, de “Europa Central” a la que Francia e Italia no pertenecen. Así como en otros territorios el carácter del pueblo se forma a través del aire, del agua, de lo salino, etc. es, por otra parte, la peculiaridad que en Europa Central el Alma del Pueblo obra, en forma directa, a través del calor. En Europa Central el Espíritu del Pueblo obra a través del calor. Pero esto no ocurre por una norma absolutamente fija, sino que puede realizarse en forma individual.

Puede haber personas en las cuales el obrar del Espíritu del Pueblo se manifiesta de distinta manera, una vez a través de las demás partes del organismo, en otro caso sobre la cabeza; también puede ser que la diferencia se produzca, o porque el calor proviene de la atmósfera exterior, o por los alimentos, o también por la respiración. Todo esto es el medio por el cual obra el Espíritu del Pueblo. Aquí, la retroacción también se produce a través del calor; resulta pues que en Europa Central tenemos el calor en sus efectos externos como medio para el Espíritu del Pueblo, y este calor se une con el calor propio que proviene de lo interno del organismo. Lo que en el organismo, por el obrar del Espíritu del Pueblo actúa como calor, se une con el calor propio de la cabeza; en cambio, si ese obrar tiene lugar por el calor de la cabeza, se le une el calor de las demás partes del organismo. El calor obra conjuntamente con el calor; y este obrar depende principalmente del grado de vivacidad de la actividad de los sentidos, o más bien directamente de la facultad perceptiva. El hombre de espíritu activo, el que observa con amor las cosas en torno suyo, desarrolla calor propio. El sentir y vivir con todo lo demás, con el corazón y el ojo abiertos para el mundo circundante, esto es lo que va al encuentro del calor que obra por el Espíritu del Pueblo, de modo que calor se une con calor. Esto es lo peculiar de la manera de obrar del Espíritu del Pueblo en Europa Central; y mucho del carácter del pueblo proviene de ello, por la íntima afinidad de calor y calor. En las demás maneras de obrar no hay semejante afinidad: ni de la voluntad con lo eléctrico, ni de lo salino con el metabolismo de la cabeza, ni tampoco entre los demás elementos anteriormente citados. Pero el carácter centro-europeo, producido por el obrar del calor, se manifiesta también en que se es capaz de adaptarse más o menos a todo. (No queremos dar ningún juicio apreciativo, sino simplemente caracterizar; de modo que cada uno puede tomarlo como quiera: como virtud o como defecto.) Calor con calor: da flexibilidad, plasticidad, facultad para adaptarse a todo, incluso a los caracteres de otros pueblos. Ciertamente, si estudiamos la historia veremos que los distintos pueblos germanos se asimilaron a otros, adaptándose a los elementos ajenos. Esto justifica lo que acabo de relatar.

Además, todo lo expuesto también explica con toda claridad el enorme contraste del oriente asiático con el occidente americano. Pues podemos decir: la luz e incluso lo que se halla en un nivel más alto que la luz, lo etéreo, son los elementos de los cuales el Alma del Pueblo se sirve en el Este, con el fin de obrar sobre el hombre, si bien se trata de luz reflejada por la tierra; en el Oeste, en cambio, es el elemento subterráneo, lo que se halla bajo la tierra. Esto nos conduce profundamente a la vida orgánico-anímica de todo el organismo de nuestra Tierra, conjuntamente con la humanidad. No lo digo con la intención de lesionar a ninguna parte de la población terrestre, ni de halagar a otra. No obstante, es verdad: en el Oriente hay olas que se dirigen hacia lo espiritual; en el Oeste, más bien pesadez que ata al hombre a la Tierra. (Cada uno puede preguntarse si esto concuerda con el carácter del pueblo americano). El hombre se asemeja, se adapta a las condiciones terrestres, no de golpe, por supuesto, sino en el curso de la vida y de las generaciones. Así como en nuestro organismo físico, nunca podrá formarse un órgano en el sitio de otro, así tampoco se formarán buenos yoguis en América. Puede haber trasplantes de caracteres al igual que toda clase de plantas pueden cultivarse en invernaderos. Pero lo que importa son las condiciones naturales de la evolución. La biología según la ciencia natural de ningún modo podrá explicar las condiciones que prevalecen en los distintos territorios; esto sólo es posible si consultamos el obrar de las Almas de los Pueblos, tal como acabo de exponerlo. Así veremos cómo lo invisible se manifiesta en lo visible.

Ahora bien, si contemplamos que el hombre se halla sometido a lo que obra en las distintas partes de la Tierra, podemos sentirnos oprimidos por la idea de cuánto el hombre depende de potencias vinculadas con el territorio en que su karma le ha colocado en una determinada encarnación. Naturalmente, depende de su karma el que haya sido colocado en tal lugar. De todos modos, las condiciones que acabo de caracterizar pueden sentirse opresivas, y lo opresivo aumentará si nuestro entendimiento no abarca todos los aspectos. Principalmente, si nos remontamos a los tiempos antiguos veremos que la referida dependencia ha sido aún mayor y tanto más la humanidad se ha diversificado en los distintos territorios. No obstante, la evolución de la Tierra ya lleva en sí misma la posibilidad de que el hombre llegue a superar esa dependencia, no en su configuración exterior, pero sí en su vida interior.

¿Qué es lo que debería suceder, o bien, qué podríamos imaginarnos como una posibilidad para que de alguna manera esa dependencia del territorio quedase atenuada, y para que el hombre desde la necesidad caracterizada pudiese elevarse a cierta libertad?.

Para este fin, durante la evolución de la humanidad tendría que haber sucedido algo directamente contrario a dicha dependencia del hombre de su territorio. Hemos hablado de todos los impulsos por los que el hombre aparece dependiente de su territorio, y digo: también tendría que haber sucedido algo contrario a esa dependencia, algo totalmente contrario a esas condiciones. Se comprenderá que de existir eso sobre la Tierra, lo totalmente contrario a todo cuanto produce esa dependencia, conduciría a neutralizar las condiciones a que nos hemos referido. ¿Qué ha de ser eso?.

Al principio de nuestra era aconteció el Misterio de Gólgota. En el curso de los años hemos destacado muchas peculiaridades de este Misterio. Empero, si nos representamos tan sólo una circunstancia generalmente conocida, veremos que ya a través de una cosa tan común, este Misterio de Gólgota se nos presenta como un hecho único dentro de la evolución terrestre.

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El Cristo Jesús vivió en un pueblo de un bien determinado carácter como tal, un pueblo que todo lo que hace, lo realiza debido a un bien definido carácter étnico. Empero, lo que acontece con el Cristo Jesús, lo que se realiza a través del carácter del pueblo, el Misterio de Gólgota, la muerte en la cruz del Gólgota, es algo en total contraste con el carácter de este pueblo. Este pueblo, en el cual tiene lugar el Misterio de Gólgota, ni lo acoge en su confesión ni tampoco se declara en favor del Cristo Jesús, personalmente, individualmente, sino que le mata, exclamando: ¡crucifícale, crucifícale!. Acontece algo que no puede estar destinado a un solo pueblo, algo que sólo tiene sentido si lo consideramos contrario a lo que podría suceder a través del carácter del pueblo, un acontecimiento que el pueblo mismo rechaza, anula, aniquila. En este hecho reside el secreto del Misterio de Gólgota, y por ello no tiene un carácter étnico, no surge del carácter del pueblo, sino que contradice todo cuanto hemos caracterizado como dependencia del hombre del carácter del pueblo. Es un acontecimiento y una entidad que vive sobre la Tierra, entidad que nada tiene que ver con el carácter del pueblo, puesto que sólo el hecho de que algo se destruye, el hecho de la muerte, tiene que ver con el carácter de este pueblo. No tiene que ver con el carácter del pueblo judío, ni con el pueblo romano que allí también está actuando. Los judíos exclaman:¡crucifícale! y el romano no puede hallar culpa alguna en este hombre, quiere decir que no sabe qué hacer con lo que sucede. Todo se eleva por encima de cuanto podría realizarse a través del carácter del pueblo. Debido a ello, el Misterio de Gólgota se convierte en un acontecimiento, el cual, si lo examinamos correctamente, resulta incomparable con cualquier otro.

Ciertamente, en el curso de la historia siempre hubo mártires; pero no los hubo por las causas del Misterio de Gólgota. Cuanto más profundamente se estudie el Misterio de Gólgota, tanto más se verificará que sobrevino, justamente porque no tiene nada que ver con el carácter individual de un pueblo, sino porque se vincula con toda la Humanidad. Podemos pues resumir: tenemos, por un lado, aquel principio de la evolución de la humanidad que actúa de tal manera que crea las diferencias; pero una vez surge de lo diversificado algo que no pertenece a lo diferenciado, sino que posee su peculiaridad en el hecho de ser independiente del carácter del pueblo. En esto reside el otro aspecto. Con el tiempo, se reconocerá, cada vez más, que lo esencial del Misterio de Gólgota consiste en que, para comprenderlo, requiere una comprensión individual. Cada vez más claramente se verá que la evolución terrestre, la evolución de la humanidad pueden comprenderse de una u otra manera; el Misterio de Gólgota, en cambio, se presenta por sí solo: hay que comprenderlo como acontecimiento único, y no es posible comprenderlo por medio de otros hechos. Búsquese en cualquier campo de la evolución de la humanidad, como en esta conferencia hemos estudiado la esfera de las Almas de los Pueblos. Desde el principio de la humanidad sobre la Tierra, todo podrá explicarse en base al obrar de las Almas de los Pueblos, menos el Misterio de Gólgota y lo que con él se vincula. Muchas veces lo he dicho: los teólogos eruditos deben admitir que no es posible encontrar una “prueba histórica” para el Misterio de Gólgota que permitiría insertarlo en los hechos históricos, pues esto no es posible sin tener las pruebas correspondientes.

El Misterio de Gólgota ha de ser un acontecimiento singular suprasensible, sin “prueba histórica”. No lo reconocerá nadie que sólo exija pruebas históricas materiales. Únicamente ejercerá su justo efecto sobre quien se eleva a aceptar algo como hecho histórico, sin que para ello existan pruebas. La evolución proseguirá de tal manera que las pruebas exteriores para el Misterio de Gólgota serán arrastradas por las corrientes. La crítica, las hará desaparecer. Pero la comprensión espiritual de la evolución de la humanidad lo hará aparecer como el centro por el cual giran todos los acontecimientos sobre la Tierra.

Hay que concebirlo espiritualmente, incorporarlo al proceso histórico espiritual de la humanidad. En ello reside su secreto. El hombre comprenderá cada vez más claramente que no hay que buscar pruebas históricas, sino la posibilidad de comprender que aquí se requiere una comprensión suprasensible de un acontecimiento que tuvo lugar sobre la Tierra física. Así el hombre será capaz de comprender, en pleno sentido de la palabra, su propia relación con la evolución histórica terrestre de la humanidad.

 

De esto hablaremos más en la próxima conferencia.

 

Traductor desconocido.

 

 

 

GA94c16. Temblores de Tierra, volcanes y voluntad humana

Del ciclo: “Una Cosmología Esotérica”

Rudolf Steiner — París, 12 de Junio de 1906

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En una conferencia anterior volvimos en la evolución humana al momento en que se produjo la división de los sexos. Este momento es en sí mismo el clímax de una larga preparación cósmica. Después de la noche cósmica que separó la fase de la Antigua Luna de la fase terrestre, la Tierra comenzó a aparecer combinada con las fuerzas del Sol y la Luna actuales. Formaron un solo cuerpo que, poco a poco, se diferenció, dando nacimiento a los tres cuerpos tal como los conocemos ahora. La división actual de los sexos es el resultado de la separación entre las fuerzas de la Luna y las fuerzas terrenales. Las fuerzas femeninas de reproducción han permanecido bajo la influencia de la Luna. La Luna aún gobierna sobre las fuerzas de propagación tanto en el hombre como en el animal. Así el conocimiento oculto revela las fuerzas que están en juego en el sistema planetario.

En el momento en que el Sol todavía estaba unido tanto con la Tierra como con la Luna, ni las plantas ni los animales ni los seres humanos existían tal como los conocemos hoy en día. De hecho, solo existía un reino vegetal pero en condiciones totalmente diferentes a las nuestras. Este reino conserva una conexión particular con las fuerzas del Sol similar a la del animal con la Luna y del hombre con la Tierra. Mientras el Sol estaba unido con la Tierra-Luna, las plantas dirigieron sus flores hacia el centro del globo; cuando el Sol se separo, se orientaron de acuerdo con él y dirigieron sus flores hacia el cielo. Hemos visto en una conferencia anterior (XI) que las plantas han adoptado así una posición invertida en relación con el hombre; ambos se manifiestan en la vertical, mientras que el animal se encuentra a mitad de camino entre la orientación humana y la del mundo vegetal. La columna vertebral del animal está en la horizontal. Es a través de la separación gradual de los tres cuerpos celestes que los diferentes reinos de la Tierra se han convertido en lo que ahora conocemos: el reino vegetal en el momento de la separación del Sol, el animal cuando ocurrió la separación de la Luna. La composición prístina de estas fuerzas contenía en germen lo que luego tomaría la manifestación física. Imaginemos una sustancia que se calienta a una temperatura alta y luego se enfría; uno vería entonces tomar forma los diversos elementos que contiene.

En el momento de la Antigua Luna también encontramos las fuerzas Solares que durante un cierto período se concentran en un cuerpo celeste fuera de la Luna. La Luna giraba alrededor del Antiguo Sol pero de tal manera que siempre giraba del mismo lado al Sol; la órbita de la Luna alrededor de la Tierra es una continuación del movimiento anteriormente descrito alrededor del  antiguo Sol. Estos cuerpos, tanto al principio como al final de este período cósmico, se volvieron uno, así como la Tierra, la Luna y el Sol se unieron al comienzo de la evolución de la Tierra y se unirán nuevamente al final. Estos dos antiguos cuerpos cósmicos nunca habrían podido estar activos en la evolución si no hubieran refundido sus fuerzas después de su separación. La Luna, durante el tiempo en que se separó del Sol, se desarrolló de tal manera que se engendraron fuerzas que luego hicieron posible la aparición de un tercer cuerpo. De hecho, fue durante esta separación que el hombre fue capaz de desarrollar dentro de sí mismo lo que más tarde tomó la encarnación física y le dio la posibilidad de desarrollar la conciencia objetiva y despierta en la Tierra.

El período que precedió al Lunar se conoce como el Solar. En este momento de la evolución, todo era pura vida Solar. El ocultismo ve el Sol como una estrella fija que previamente había sido un planeta y, de manera similar, reconoce a la Tierra como un planeta destinado a convertirse en el Sol de un futuro sistema cósmico. Durante el período Solar, el hombre solo estaba dotado de una conciencia similar a la del sueño sin sueños.

Otro estado más precedió al período Solar; en ese momento el Sol ni siquiera era un planeta. El ser humano solo estaba dotado de una profunda conciencia de trance o un sueño profundo. Todavía no era el ser de luz en el que se convertiría en el antiguo Sol; simplemente vibró como un tono en la armonía pura de este período de Saturno, pero debe anotarse que nuestro presente Saturno no tiene nada que ver con esta condición.

Después de nuestro período terrenal de clara conciencia física, una quinta condición surgirá de la imaginación astral consciente durante un período conocido como Júpiter. Esto será seguido por un período de Venus en el que tomaremos conciencia de lo que hoy es la inconsciencia del sueño. Finalmente, aparecerá un período de Vulcano que corresponde al estado de conciencia más elevado que puede alcanzar un iniciado.

Pero esto no agota las relaciones de la Tierra y los planetas. De hecho, podemos dividir nuestra actual etapa terrestre en dos partes. Durante la primera se produjo que nuestra sangre es roja. ¿Qué nos ha dado nuestra sangre roja? Durante la separación de la Tierra y el Sol, este globo compuesto de sustancia fluida fue atravesado por otras fuerzas fluidas que emanaban del planeta Marte. Antes de este pasaje de Marte, no existía la más mínima huella de hierro en esta Tierra. De hecho, ese es el resultado de este pasaje; todas las sustancias que contienen hierro, como nuestra sangre, han estado sujetas a la influencia de Marte. Marte ha coloreado la sustancia de la Tierra. Y la apariencia de sangre roja es el resultado de su influencia. Es por eso que la primera mitad de la evolución de la Tierra se conoce como el período de Marte.

En ese momento, el hierro era una sustancia fluida y los metales solo se endurecieron más adelante. El mercurio es el único metal que aun no se ha solidificado. Cuando esto suceda, el alma del hombre se habrá vuelto totalmente independiente del cuerpo físico y la visión imaginativa astral se habrá vuelto consciente. Este hecho está conectado con las fuerzas de Mercurio que influyen en la segunda parte de la evolución de la Tierra durante la cual se densificarán y finalmente se volverán sólidas. La Tierra es a la vez Marte y Mercurio. Y es esto lo que los Iniciados han entretejido en nuestro lenguaje al indicar que los días de la semana pertenecen a los planetas de nuestra evolución: Marte y Mercurio están ubicados entre la Luna y Júpiter.

 El interior de la Tierra.

La ciencia física solo conoce la corteza terrestre, una capa mineral que, de hecho, es una delgada capa en la superficie de la Tierra. En realidad, la Tierra consiste en una sucesión de capas concéntricas que describiremos ahora:

1) La capa mineral contiene todos los metales que se encuentran en los cuerpos físicos de todo lo que vive en la superficie. Esta corteza se forma como una piel alrededor del ser vivo de la Tierra. Solo tiene unos pocos kilómetros de profundidad.

 2) La segunda capa Solo puede entenderse si tenemos en cuenta una sustancia que es exactamente lo contrario de lo que conocemos. Es vida negativa, lo opuesto a la vida. Toda la vida se extingue allí. Si una planta o un animal se hundiera en ella, sería destruida inmediatamente. Quedaría totalmente disuelto. Este segundo caparazón, mitad líquido, que envuelve a la Tierra es verdaderamente una esfera de muerte.

 3) La tercera capa es un círculo de conciencia invertida. Toda tristeza aparece allí como alegría. Y toda la alegría se experimenta como tristeza. Su sustancia, compuesta de vapores, está relacionada con nuestros sentimientos de la misma manera negativa que la segunda capa con respecto a la vida. Si ahora abstraemos estas tres capas por medio de nuestro pensamiento, entonces encontraríamos la Tierra en la condición en que estaba antes de la separación de la Luna. Si uno es capaz por medio de la concentración de alcanzar una visión astral consciente, uno podría ver las actividades en estas dos capas: la destrucción de la vida en la segunda y la transformación de los sentimientos en la tercera.

4) La cuarta capa se conoce como agua-Tierra, alma-Tierra o forma-Tierra, está dotada de una propiedad notable. Imaginemos un cubo y ahora imaginémoslo invertido en lo que se refiere a su sustancia. Donde había sustancia ahora no hay nada: el espacio ocupado por el cubo ahora estaría vacío mientras que su sustancia, su forma sustancial, ahora se extendería a su alrededor; de ahí el término ‘Tierra de la forma’. Aquí, este torbellino de formas, en vez de ser un vacío negativo, se convierte en una sustancia positiva.

5) Esta capa se conoce como la Tierra de crecimiento. Contiene la fuente arquetípica de toda la vida terrestre. Su sustancia consiste en florecientes y abundantes energías.

6) Esta Tierra de fuego está compuesta de voluntad pura, de fuerzas vitales elementales —de movimiento constante— atravesada por impulsos y pasiones, verdaderamente un depósito de fuerzas de voluntad. Si uno ejerciera presión sobre esta sustancia, resistiría. Si ahora, de nuevo, en el pensamiento, uno fuera a abstraer estas últimas tres capas que acabamos de describir, se llegaría a la condición en que estaba nuestro globo terráqueo cuando el Sol, la Luna y la Tierra todavía estaban entrelazados.

Las siguientes capas solo son accesibles a una observación consciente que no es solo la del sueño sin sueños sino una condición consciente en el sueño profundo.

7) Esta capa es el espejo de la Tierra. Es similar a un prisma que descompone todo lo que se refleja en él y pone de manifiesto su aspecto complementario; visto a través de una esmeralda parecería rojo.

8) En esta capa todo aparece fragmentado y reproducido hasta el infinito. Si uno toma una planta o un cristal y uno se concentra en esta capa, la planta o el cristal aparecerían multiplicados indefinidamente.

9) Esta última capa está compuesta de una sustancia dotada de acción moral. Pero esta moralidad es opuesta a la que se elaborará en la Tierra. Su esencia, su fuerza inherente, es una de separación, de discordia y de odio. Es aquí en el infierno de Dante que encontramos a Caín el fratricida. Esta sustancia es lo opuesto a todo lo que entre los seres humanos es bueno y digno. La actividad de la humanidad para establecer la fraternidad en la Tierra disminuye el poder de esta esfera. Es el poder del Amor el que lo transformará en la medida en que espiritualizará el cuerpo mismo de la Tierra. Esta novena capa representa el origen sustancial de lo que aparece en la Tierra como magia negra, es decir, una magia fundada en el egoísmo. (Ver diagrama)

Estas diversas capas están conectadas por medio de rayos que unen el centro de la Tierra con su superficie. Debajo de la Tierra sólida hay una gran cantidad de espacios subterráneos que se comunican con la sexta capa, la del fuego. Este elemento de fuego-Tierra está íntimamente conectado con la voluntad humana. Es este elemento el que ha producido las tremendas erupciones que llevaron a la época lemuriana a su fin. En ese momento las fuerzas que alimentan la voluntad humana pasaron por una prueba que desencadenó la catástrofe de fuego que destruyó el continente lemuriano. En el curso de la evolución, esta sexta capa retrocedió más y más hacia el centro y como resultado las erupciones volcánicas se volvieron menos frecuentes. Y sin embargo, todavía se producen como resultado de la voluntad humana que, cuando es malvada y caótica, actúa magnéticamente sobre esta capa y la interrumpe. Sin embargo, cuando la voluntad humana está desprovista de egoísmo, es capaz de apaciguar este fuego. Los períodos materialistas estan en su mayoría acompañados y seguidos por cataclismos naturales, terremotos, etc. Los crecientes poderes de la evolución son la única alquimia capaz de transformar, poco a poco, el organismo y el alma de la Tierra.

El siguiente es un ejemplo de la relación que existe entre la voluntad humana y los cataclismos telúricos: en los seres humanos que perecen como resultado de terremotos o erupciones volcánicas se advierte, durante su próxima encarnación, cualidades internas que son bastante diferentes. Traen desde el nacimiento grandes predisposiciones espirituales porque, a través de su muerte, fueron puestas en contacto con fuerzas que les mostraron la verdadera naturaleza de la realidad y la ilusión de la vida material.

También se ha notado una relación entre ciertos nacimientos y catástrofes sísmicas y volcánicas.

Durante tales catástrofes, las almas materialistas encarnan, atraídas con simpatía por los fenómenos volcánicos, por las convulsiones del alma malvada de la Tierra. Y estos nacimientos pueden a su vez provocar nuevos cataclismos porque recíprocamente las almas malvadas ejercen una influencia excitante sobre el fuego terrestre. La evolución de nuestro planeta está íntimamente relacionada con la evolución de las fuerzas de la humanidad y las civilizaciones.

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Traducido por Gracia Muñoz en Noviembre de 2017

 

GA353. La Sabiduría de las Estrellas, la Religión de la Luna, la Religión de Sol

Rudolf Steiner — Dornach, 13 de Marzo de 1924

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Continuaremos nuestro estudio del Misterio del Gólgota. Desde el principio, debe tenerse en cuenta que los sucesos en la Tierra no están determinados por las condiciones terrenas, sino por todo el Universo. Es difícil para la mente moderna captar lo que esto significa, pero sin el conocimiento de que las influencias caen incesantemente sobre la Tierra desde el espacio cósmico, ningún evento de la vida humana, por simple que sea, puede ser entendido. He hablado de esto en muchas ocasiones y hablaré de esto hoy en relación con el Misterio del Gólgota.

Les dije que los judíos  —los mencioné como el cuarto pueblo en el proceso evolutivo [Ver las conferencias en el primer volumen de esta serie: El nacimiento del cristianismo, y el cristianismo y los misterios de la antigüedad.] — experimentaron la realidad del cuarto miembro del ser del hombre, a saber, el “yo”, el ego. A este cuarto miembro, que los judíos concibieron como el núcleo divino, más íntimo del ser humano, lo llamaron Iahvé. Y vieron una conexión entre Iahvé y el universo de las estrellas.

Saben, por supuesto, que Palestina fue el lugar de nacimiento del cristianismo. Jesús de Nazaret vivió en Palestina, en un ambiente judío. La religión judía prevaleció en Palestina y aunque los romanos fueron los gobernantes políticos, en esas tierras lejanas no estaban en condiciones de abolir la religión establecida. Jesús de Nazaret, por lo tanto, creció en el ambiente de la religión judía.

Será más fácil para ustedes comprender el carácter de la religión judía si digo algo acerca de los pueblos que vivían en Mesopotamia, es decir, más al este, a saber, los babilonios, los asirios. Estos pueblos eran vecinos de los judíos y su religión estaba esencialmente conectada con las estrellas, era una religión de las estrellas. A menudo se dice que los asirios “adoraban” a las estrellas. No adoraban a las estrellas, pero la sabiduría instintiva de aquellos tiempos les permitió saber mucho más acerca de las estrellas de lo que se conoce hoy en día, a pesar de las afirmaciones de la erudición moderna.

Puede que hayan leído recientemente en los periódicos que este conocimiento hasta ahora indiscutible de las estrellas amenaza con colapsar como resultado del descubrimiento de que la Tierra no está rodeada por un espacio vacío y celestial, sino que a una altura de 400 kilómetros hay cristales sólidos de nitrógeno ¡! Parece, por lo tanto, que la ciencia está encontrando la confirmación de los “cielos de cristal” de los que se hablaba en la antigüedad griega. Menciono esto simplemente entre paréntesis. Tales cosas pueden llevar a los eruditos a lo poco que se sabe realmente sobre el mundo de las estrellas.

Y ahora imaginen un ser que habitara en el planeta Marte. Si un ser así mirara hacia abajo sin un telescopio poderoso, no vería ningún ser humano en la Tierra: simplemente vería que la Tierra irradiaba una luz verdosa en el espacio cósmico. Sin embargo, la Tierra enjambra con seres humanos que están a su vez conectados con seres espirituales. Y así como las fuerzas físicas de las estrellas tienen influencia sobre la Tierra, también las fuerzas espirituales de las estrellas influyen sobre la Tierra, sobre todo en el hombre. La antigua sabiduría instintiva del Este reveló la existencia de los Seres Espirituales en las estrellas y fue a estos Seres Espirituales, no a las estrellas físicas, lo que los hombres miraron con veneración. En este sentido, la religión en Asia occidental en aquellos primeros tiempos era una religión de las estrellas. Se aceptaba como algo natural que los Seres Espirituales pertenecientes a Saturno, Júpiter y los otros cuerpos celestes tienen cierta influencia sobre los hombres y sobre su vida terrenal.

Ahora lo que los judíos habían adoptado de las religiones antiguas era la enseñanza sobre la influencia de la Luna; prestaron poca atención a los otros cuerpos celestes. Iahvé o Jehová estaba conectado con la espiritualidad de la Luna. La religión judía en su forma original enseñó que Iahvé, o Jehová, como una realidad viviente dentro del “yo” humano, estaba conectado con las fuerzas espirituales de la Luna. Esta no es una mera leyenda, tampoco es una idea nacida de la superstición religiosa; se relaciona con algo de lo que hay evidencia científica. Durante el embarazo de la madre, —un período de gran importancia para la existencia terrenal—, cuando el ser humano todavía es un embrión, depende esencialmente de la Luna. Esta dependencia del embrión humano en la Luna se conoce desde hace tiempo y el período de embarazo se calcula en diez meses lunares. Es solo relativamente reciente que los diez meses lunares se han cambiado a nueve meses solares. Pero estos diez meses lunares, que se han relacionado correctamente con el período de embarazo, son en sí mismos una indicación de que el ser humano embrionario en el cuerpo de la madre depende de la Luna. ¿Qué significa esto? En su condición más temprana después de la fecundación, el óvulo contiene realmente una sustancia terrestre que se ha desintegrado, pulverizado, y nada de eso surgiría si estuviera expuesto solo a la influencia de las fuerzas terrenales. El desarrollo en un embrión humano solo puede llevarse a cabo porque las influencias de la Luna actúan sobre la Tierra. Realmente se puede decir que las fuerzas de la Luna llevan al ser humano a la vida terrenal. Y así en su veneración a Iahvé como un Dios de la Luna, la religión judía estaba realmente apuntando a esta dependencia del ser humano sobre las fuerzas de la Luna cuando él está entrando en la existencia terrenal.

Ahora los pueblos que viven más al este, en Asia, —los babilonios, los asirios— reconocieron otras influencias planetarias, así como las de la Luna. Dijeron, por ejemplo: si un ser humano se vuelve sabio o permanece como un tonto, depende en cierta medida de la influencia de Júpiter. Pero los judíos no se preocuparon con estas otras influencias. Veneraban al único Dios: un Dios de la Luna. El hecho de que los judíos se convirtieran de muchos dioses a un solo Dios generalmente se considera un gran paso adelante en la vida religiosa.

Jesús de Nazaret escuchó mucho del único Dios, el Dios Iahvé, porque la religión judía estaba a su alrededor y fue instruido en sus enseñanzas.

Pueden entender por qué un pueblo que veneró solo al Dios de la Luna, el Dios cuya influencia sobre el ser humano trabaja sobre todo durante el período mientras está en el cuerpo de la madre, creyó que un hombre trae todo su ser con él cuando llega a la Tierra Y esto encontró expresión en la antigua religión de Iahvé. Si se preguntaba a un antiguo judío que había caído enfermo: ¿Por qué te ha sucedido esto? –el respondía: es la voluntad de Iahvé. Si su casa había sido incendiada, y le preguntaban: ¿Por qué se quemó tu casa? – nuevamente su respuesta habría sido: es la voluntad de Iahvé… Él atribuyó todo al único Dios, Iahvé, a través del cual el hombre es llevado al mundo terrenal, y vio la voluntad de Iahvé en todo lo que le sucedía. Por lo tanto, hubo una especie de rigidez congelada sobre la religión judía. Durante toda su vida, un hombre sintió que su existencia estaba determinada por lo que había traído consigo a la Tierra.

Otras enseñanzas religiosas, así como las de los judíos, llegaron al conocimiento de Jesús de Nazaret. Estas otras religiones enseñaron que muchos cuerpos celestes, no solo la Luna, tienen influencia sobre el ser humano. Hay una indicación en los Evangelios de una conexión entre las Religiones Estelares del Este y el país habitado por los judíos donde nació Jesús de Nazaret. Porque los Evangelios cuentan de los Sabios de Oriente que habían visto una estrella y que fueron guiados por esta estrella al lugar del nacimiento de Jesús.

La historia tal como está en las versiones modernas de los Evangelios da lugar a malentendidos. La verdad del asunto es que con su conocimiento de las constelaciones celestiales los Sabios reconocieron desde la posición de las estrellas que iba a tener lugar un evento trascendental. Y así en el mismo nacimiento de Jesús de Nazaret tenemos la indicación de un vínculo con la Sabiduría Estelar de Asia, del Este. Y este enlace se mantuvo.

El objetivo de Jesús de Nazaret era habilitar al hombre, —mientras está realmente viviendo en la Tierra—, para que tome conciencia de una realidad interior del ser, una identidad interior. Los judíos dijeron: Todo viene de Iahvé. Pero la realidad es que la influencia de Iahvé domina solo hasta el nacimiento, y una vez que el ser humano nace, su vida en la Tierra no es simplemente una continuación del impulso de Iahvé. La gran verdad traída por Cristo Jesús fue que durante la vida terrenal el hombre no es como una bola rodante, impulsada solamente por el ímpetu dado por Iahvé antes de su nacimiento, sino que posee un poder interior de voluntad por medio del cual puede ennoblecer o degradar su propia naturaleza, su propia personalidad. Esta fue una verdadera enseñanza que hizo época. Porque la sabiduría de las estrellas se había mantenido muy secreta; No se sabía nada de eso en Palestina, y mucho menos en Roma. La Sabiduría Estelar había sido mantenida estrictamente en secreto y, por lo tanto, era profundamente significativo que Jesús de Nazareth debiera haber enseñado: no solo de la Luna vienen las influencias sobre el hombre; Las influencias también caen sobre él desde el Sol.

Esta era una enseñanza trascendental. Pero tales cosas no deben considerarse simplemente como teorías, sino que deben ser estudiadas a la luz de la realidad. Lo que es que la influencia de la luna realmente se produce mientras el embrión humano todavía descansa dentro del cuerpo de la madre. El ser anímico espiritual viene de la esfera Lunar y se infiltra a través del cuerpo físico. El hombre desciende como un alma celestial por medio de la Luna. Cuando los judíos decían: Iahvé tiene una influencia sobre el ser humano en el vientre de la madre, ¿qué indicaba esto realmente? Indicaba el punto de vista: El alma y espíritu del hombre vienen de la Luna, allí, en la Luna, está el Creador del alma. La constitución física, material del hombre viene de la Tierra, pero el alma y el espíritu provienen del gran universo, entrando en el hombre por medio de la Luna. Los Judíos, por lo tanto, sostuvieron que el alma entraba en el hombre por medio de la Luna y ha recibido sus dones y regalos del dios de la Luna.

Jesús de Nazaret enseñó que en verdad el hombre tiene el alma dentro de él, pero que el alma puede cambiar, puede ser transformada en el curso de su vida porque él tiene la libre voluntad.

¿Qué es lo que subyace en esta enseñanza de Jesús de Nazaret? Esta pregunta es profundamente significativa y con el fin de encontrar la respuesta debemos tener en cuenta lo siguiente:

Los judíos se distinguen en cierto modo de los otros pueblos de la Tierra. La diferencia se debe al hecho de que a lo largo de los siglos, han sido educados en la religión de la Luna y se han negado a reconocer cualquier otra influencia. La comprensión real de estas cosas requiere un conocimiento de ciertas características del judaísmo. Hay abundante evidencia de que los judíos tienen un gran talento para la música, pero por otro lado no tienen un don excepcional para la escultura, la pintura y las artes de esta naturaleza. Los judíos tienen un instinto para el materialismo, pero poca aptitud para reconocer la realidad del mundo espiritual. Y esto se debe a que su veneración siempre ha estado ligada a la Luna y solamente a la Luna; y el resto del universo apenas ha entrado a su alcance. El carácter judío y el carácter griego están en completo contraste. El talento y la inclinación de los griegos estaban por encima de todo en la dirección de la escultura, el arte pictórico, la arquitectura —arquitectura que encarna el arte de la escultura. Los judíos siempre han sido y son, por naturaleza, un pueblo musical, un pueblo sacerdotal, que desarrolla más en particular la actividad interna que tiene su origen en los talentos otorgados durante la vida embrionaria. En el momento en que vivió Jesús de Nazaret, esta tendencia estaba muy marcada. Los judíos que uno se encuentra en Europa, por supuesto, han estado viviendo en otros pueblos durante mucho tiempo, y han asimilado muchos rasgos de ellos. Sin embargo, se puede distinguir fácilmente el carácter fundamental de los judíos del de otros pueblos. Como ya he dicho, los corazones y las mentes de los antiguos judíos  se dirigían completamente al Dios Lunar. Por lo tanto desarrollaron los rasgos que están relacionados con la Luna, no los que están conectados con el Sol. El Sol se había olvidado por completo. Si Jesús de Nazaret hubiera seguido siendo un judío, sólo podría haber enseñado una religión Lunar. Pero un impulso diferente, una influencia espiritual que procedía directamente del Sol entró en él en el curso de su vida.

Como resultado de esto, Él “nació por segunda vez”. Todas las religiones orientales sabían lo que significaba haber nacido por segunda vez, pero hoy no es nada más que una tradición y ya no se entiende. En un determinado momento de su vida, Jesús de Nazaret sabía que había nacido de nuevo, que el alma con la que había sido dotado por las fuerzas de la Luna al mismo tiempo dentro del cuerpo de la madre se había acelerado y llenado de vida nueva por el Sol… Y desde ese momento, el que había sido Jesús de Nazaret era conocido entre los iniciados como Cristo Jesús. Se dijo: Al igual que todos los judíos una parte de Jesús de Nazaret se hizo hombre a través de las fuerzas de la Luna, pero en un momento determinado de su vida la influencia del Sol se vierte en él, Él ha nacido por segunda vez —como Cristo.

Obviamente, un hombre promedio de hoy que no puede tomar estas cosas en su sentido espiritual, nunca podrá hacer nada de ellas. Al no tener idea de que el ser humano está unido con su alma en el cuerpo de la madre antes del nacimiento, él piensa que el alma debe venir de alguna manera del mundo externo. Y ciertamente no puede hacer nada de la enseñanza de que un Ser del Sol, una segunda “personalidad” por así decirlo, entró en Jesús de Nazaret. Así como la primera personalidad entra en el cuerpo de la madre, también lo hizo el Ser del Sol entrando en Jesús de Nazaret como una segunda personalidad.

sol

Las palabras usadas en los rituales de la Iglesia Católica Romana no hacen referencia a lo que acabo de decir. Pero en cualquier celebración de la Gran Misa verá en el altar el Sanctissimum, la Custodia que contiene la Hostia Sagrada, y aquí (esbozo en la pizarra) se representan los rayos. Es una representación del Sol y la Luna. La misma forma de la Custodia nos dice que el cristianismo se origina en una concepción religiosa que, a diferencia de lo que sostienen los judíos, reconoce no solo la influencia de la Luna sino también la del Sol. Así como la influencia que actúa en el proceso del nacimiento de un ser humano es la de la Luna, entonces la influencia que actúa en Cristo Jesús es la del Sol.

Habiendo escuchado esto, pueden imaginar que es posible que cada ser humano nazca por segunda vez y reciba la influencia del Sol a lo largo de su vida. Pero la verdad es bastante diferente. Lo que sucedió en el caso de Cristo Jesús fue que la influencia fluyó directamente al “yo”, al Ego. ¿En qué miembro del ser humano influye la Luna durante la vida embrionaria? Como saben, el hombre está compuesto de cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y el “yo”. La influencia de la Luna actúa sobre el cuerpo astral: el cuerpo astral, del cual un hombre normalmente no es consciente, está influenciado por la Luna. Pero en Cristo, la influencia del Sol se vertió en el “yo” —¡al “yo” libre e independiente!

Si la influencia del Sol alguna vez hubiera funcionado en el hombre exactamente de la misma manera que la influencia de la Luna, ¿cuál hubiera sido el resultado? Piensen en lo siguiente: —Como individuos, no tenemos una influencia muy decisiva en nuestro propio nacimiento; nuestro nacimiento nos despacha como si fuera el mundo. Si la influencia del Sol fuera exactamente del mismo carácter que la influencia de la Luna, simplemente deberíamos recibir la influencia del Sol a, digamos, la edad de 30 años, y no deberíamos tener más opinión sobre esto que la que tenemos en nuestro nacimiento. A la edad de 30 años, de repente deberíamos convertirnos en personas diferentes, realmente deberíamos olvidar lo que habíamos estado haciendo antes de ese momento. ¡Imagínense cómo sería si estuvieran dando vueltas hasta los 29 años y luego, a los 30, nacieran de nuevo! Después de este segundo “nacimiento”, es posible que se encontraran con alguien que aún no haya cumplido los 30 y que les haya saludado como un conocido. Dirían: no sé quién eres… acabo de llegar hoy y no te conozco. Eso es lo que sucedería si cada ser humano a la edad, de por ejemplo, 30 años, recibiera de verdad la influencia del Sol. Todo esto puede parecer muy cuestionable, pero sin embargo es cierto. Simplemente ha sido olvidado porque la historia ha sido falseada. Un proceso exactamente similar estaba en funcionamiento en tiempos muy antiguos, aunque no en una forma tan drástica como la que acabo de describir… En un pasado muy remoto, hace unos siete u ocho mil años atrás en la India, los hombres eran como nuevos seres cuando llegaban a la edad de 30 años, y no sabían nada de su vida anterior. Después, los vecinos se hacían cargo de ellos y les llevaban a algún “funcionario” (estoy usando un término moderno) que les decían sus nombres y quiénes eran. Esta transformación fue cada vez menos marcada a medida que pasaba el tiempo, pero tuvo lugar en los  tiempos antiguos. Incluso los antiguos egipcios que habían alcanzado, por ejemplo, la edad de 50, no recordaban su infancia sino solo hasta su trigésimo año; las personas que los rodeaban les contaron sobre sus vidas anteriores, tal como se nos dice hoy en día cuando éramos bebés de uno o dos años. La historia no dice nada acerca de este cambio que ha ocurrido en la vida del hombre, pero es un hecho.

El último ser humano destinado a recibir la influencia directa del Sol fue Jesús de Nazaret; para otros esto ya no era posible. Hay una pista sobre esta influencia del Sol en los Evangelios, pero siempre se malinterpreta. Los Evangelios nos dicen que cuando Jesús de Nazaret fue al Jordán para ser bautizado por Juan, una Paloma descendió sobre él desde el cielo. La Paloma es el símbolo de la influencia del Sol, del Ser del Sol que entró en Jesús. Pero él fue el último, el último. La constitución corporal de otros hombres en Su día fue tal que no pudieron recibir la influencia del Sol. Jesús fue el último.

En el antiguo Oriente, los hombres podían decir con verdad: la influencia del Sol llega a todos a lo largo de su vida, y cuando esto sucede, se convierte en un ser nuevo. Esto ya no se podía decir en la época en que Cristo Jesús vivió, y los sacerdotes lo conocían simplemente a través de la tradición, no a través de su propia visión.

En el pasado antiguo, antes de los días de los judíos, se veneraba al Sol, porque se sabía que el Sol era la fuente de esta influencia omnipotente durante la vida. Cuando ya no se recibió tal influencia, los hombres dejaron de venerar al Sol. ¿Por quién, entonces, se reemplazó el Sol? ¡Por Cristo Jesús mismo! Antes de la fundación del cristianismo hubo una religión solar en la que el Sol mismo era objeto de veneración. Cristo Jesús fue el último en recibir esta influencia del Sol, y después de eso los hombres no pudieron hacer otra cosa que señalar a Cristo, diciendo: ¡Allí, dentro de Él, está el Espíritu del Sol!

Aquí radica el gran y fundamental cambio. Denotaba una pura revolución en el pensamiento para poder decir: Cristo Jesús hizo descender sobre la Tierra lo que antes estaba en el Sol. En los primeros siglos cristianos, Cristo siempre fue llamado el Sol y en los Evangelios aún encontramos las palabras: “el Sol, el Cristo”. Más tarde, el significado fue olvidado por completo. En cada Alta Misa, la verdad se retrata visiblemente en la Custodia; pero si alguien dice con tantas palabras que lo que se representa es un hecho, se lo denuncia como un hereje. Porque la Iglesia Cristiana siempre ha considerado peligroso proclamar verdades que tienen que ver con las Estrellas, y por lo tanto también con el Sol.

¿Por qué esto es tan? Aquí nuevamente debemos regresar a los Misterios antiguos y compararlos con el cristianismo. Sabemos que los Misterios no estaban abiertos para todos. Ya he hablado acerca de las diferentes etapas. Los Iniciados eran conocidos como Cuervos, Ocultistas, Defensores, Esfinges, Espíritus del Pueblo, Hombres del Sol, Padres. [Véase “El cristianismo y los misterios de la antigüedad”.] Estos hombres sabían que las influencias provienen de las estrellas y los sacerdotes iniciados tenían cuidado de asegurarse de que el conocimiento estuviera en posesión solo de aquellos que realmente habían sido recibidos en los Misterios. ¡Porque el conocimiento es poder! Es verdad, a menudo se suprime … pero cuando la autoridad del sacerdocio es fuerte, el conocimiento es ciertamente un poder.

La Sabiduría Estelar, sin embargo, se había perdido. Y ahora viene Cristo Jesús que la resucita, pero en una forma nueva, enseñando que el Dios Sol debe ahora tener su lugar en la Tierra. Si las enseñanzas de Cristo hubieran obtenido la victoria, el conocimiento de la influencia del Sol y, de hecho, la antigua Religión Estelar en su totalidad volvería a estar presente en el mundo. Además en los primeros siglos cristianos esto fue en muchos sentidos el caso. Hubo un cierto resurgimiento de las antiguas enseñanzas del Misterio. Pero Cristo Jesús había provocado el gran y fundamental cambio en que colocó como realidad ante todo el mundo lo que previamente había sido guardado como un secreto cercano en los Misterios. A partir de entonces, habría estado al alcance de todos los seres humanos, pero ningún esfuerzo logró difundir el conocimiento.

El emperador romano Juliano, llamado el “apóstata”, trató de introducir la antigua religión solar una vez más, pero fue asesinado en un viaje a Persia

Lo que sucedió en Roma fue esto. La Sabiduría Estelar que en verdad había sido traída de nuevo al mundo por Cristo Jesús fue denunciada como superstición, y no solo como superstición sino como un credo del diablo. El mismo medio, por lo tanto, de guiar a los hombres hacia un conocimiento real de lo espiritual fue denunciado y prácticamente exterminado. Se esperaba que las personas solo creyeran en el evento externo e histórico de la presencia de Cristo Jesús en Palestina, en la forma en que la Iglesia lo proclamó.

En consecuencia, la Iglesia se convirtió en la autoridad suprema para todos los creyentes en cuanto a cómo y qué deberían pensar. No fue por medio de Roma que el verdadero cristianismo llegó a Europa; Lo que Roma trajo a Europa fue un cristianismo cambiado: —un cristianismo que solo aceptaba el evento exterior en Palestina e ignoraba todo el escenario cósmico de ese evento.

¿Por qué sucedió así? Como ya dije, Roma se originó a partir de una banda de bandidos que se unieron, [ver “El cristianismo y los misterios de la antigüedad”; también las Conferencias de Hegel sobre la Filosofía de la Historia.] y los ecos de su modo de vida persistieron durante mucho tiempo. Roma siempre ha luchado por el poder en los asuntos mundanos y en la vida religiosa al mismo tiempo. Y en el curso de la Edad Media, el Papa tomó el lugar… bueno, no del antiguo Sumo Sacerdote, el “Pontifex Maximus”, porque era solo el nombre el que continuaba… el Papa asumió la posición que una vez estuvo en manos de los emperadores romanos.

En un período —fue a comienzos del siglo XI— un cierto emperador alemán intentó hacer algo en la misma dirección que Juliano, el que había sido llamado el Apóstata. Es una historia muy interesante. Enrique II fue un buen y fiel defensor del cristianismo y era considerado como una especie de santo. Reinó como Emperador en los años 1002-24. En la historia, también, es conocido como Henry “el Santo” y todavía figura entre los santos nombrados en el breviario de los sacerdotes católicos. Enrique II quiso señalar a la antigua sabiduría, preservando para el cristianismo la concepción de que en Cristo Jesús había vivido el Espíritu del Sol. Quería establecer una Ecclesia catholica non Romana, es decir, una Iglesia católica que no fuera romana. Este intento se realizó a principios del Siglo XI. El luteranismo llegó considerablemente más tarde. Si el intento de Enrique II de establecer una “Iglesia Católica no romana” hubiera tenido éxito en ese momento, todo el escenario cósmico del cristianismo habría llegado al conocimiento de Europa y, a través de la vida religiosa, los hombres habrían sido conducidos a una ciencia verdaderamente espiritual. Pero Roma conquistó, es decir, la Roma semireligiosa, semiimperial. No nació la Ecclesia catholica non Romana y la Ecclesia catholica Romana continuo viviendo. El objetivo del emperador Enrique II había sido separar por completo a la Iglesia Católica de la esfera del dominio mundano.

Habría sido una hazaña trascendental, porque si hubiera tenido éxito, la subsiguiente y muy extendida persecución de herejes y herejías nunca habría tenido lugar. Tales persecuciones son simplemente el resultado de la autoridad ejercida sobre los pensamientos de los hombres. Pero en realidad, nadie puede tener autoridad permanente sobre los pensamientos. La autoridad sobre los pensamientos solo puede ejercerse cuando un ser humano está sujeto a la influencia del poder mundano, cuando se le obliga a asistir a escuelas particulares donde le inculcan ciertas doctrinas, cuando se lo coloca en una determinada clase que influye en su punto de vista , y similares. Los pensamientos, en realidad, no se pueden hacer que se sometan a la autoridad. Ninguna Iglesia podría haber trabajado de manera perjudicial sin la ayuda del dominio mundano al que el hombre está sujeto como ser físico. Porque la Iglesia solo puede enseñar; la respuesta debe venir de los mismos seres humanos. Ese es el principio que Henry II intentó establecer. Pero como dije, la victoria fue ganada por Roma, por el antiguo poder imperial que trabaja en la persona del Papa. El poder del dominio mundano fue muy grande en los días de Enrique II. Y si el intento de establecer una “Iglesia Católica que no fuera romana” hubiera tenido éxito en ese momento, las enseñanzas de la Iglesia se habrían mantenido al margen de la esfera del dominio mundano.

Fundamentalmente, las Cruzadas perseguían el mismo objetivo. Comúnmente se dice que las Cruzadas se emprendieron al servicio de Roma, que debido a que los malvados turcos habían conquistado Jerusalén, los peregrinos ya no podían realizar sus devociones con seguridad. Entonces Roma intervino y envió a Pedro de Amiens a Europa para predicar. Se instó a muchos hombres a unirse en una cruzada al este, a Jerusalén, y una gran banda de cruzados se reunieron como resultado de esta predicación bajo el liderazgo de Pedro de Amiens y Walter el “Sin un centavo”. (Quizás se pueda adivinar por qué se lo llamó “sin dinero”. Era como todos nosotros aquí, ya que no podríamos reunir suficiente dinero entre nosotros para pagar el costo de una cruzada a Asia!) Pero toda esta banda de cruzados pereció en el camino y nada fue logrado.

Luego vinieron otros, bajo el liderazgo de Godofredo de Bouillon. Estos hombres no estaban al servicio de Roma, pero su objetivo tenía ciertos puntos en común con el de Enrique II. Querían eliminar el elemento del dominio mundano. (El Dr. Steiner hace un boceto en la pizarra.) Aquí está Italia, aquí Grecia, aquí el Mar Negro, aquí Asia, aquí Palestina, aquí Jerusalén. El objetivo de la primera Cruzada real era que Jerusalén, no Roma, debería ser el centro y la ciudadela de la religión cristiana. Este fue de nuevo un intento de hacer que la Ecclesia, la Iglesia, fuera independiente del dominio mundano.

Ninguno de estos intentos tuvo éxito. Los príncipes y nobles romanos encontraron su camino en las Cruzadas posteriores. La historia se puede leer en cualquier libro de historia.

Y así este principio básico del cristianismo, que consagra el gran pensamiento de que en Cristo Jesús la Fuerza del Sol en sí misma fue llevada a la Tierra y que la realización de esto libera a cada ser humano… “Conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres” —toda esta concepción ha permanecido en el olvido a través de los siglos y el verdadero cristianismo debe ser descubierto nuevamente a través de la Ciencia Espiritual. No es sorprendente que los representantes del cristianismo en la forma que ahora ha asumido, se opongan al cristianismo que se adhiere genuinamente a Cristo Jesús y enseña las mismas realidades que él mismo enseñó. Esto es lo que hace la Antroposofía. Una vez más, no es sorprendente que aquellos que solo conocen el cristianismo en su forma presente a menudo tengan aversión a ello. Esta aversión, sin embargo, no debe colocarse a las puertas del cristianismo mismo. El cristianismo ha traído un tremendo progreso en la vida social. La esclavitud fue gradualmente abolida, por un lado. Y sin cristianismo no habría habido ciencia tal como la conocemos hoy. La mayoría de los descubrimientos que realmente hicieron época fueron hechos por monjes (la bomba de aire producida por el digno Burgomaster Guericke von Magdeburg es una de las excepciones). Copérnico era un dignatario de la Iglesia Católica; y las escuelas y academias de aprendizaje dependían todas de los monjes.

Pero algo más también debe ser recordado. —Los monasterios no fueron, al principio, bienvenidos en la Iglesia, porque los monjes habían conservado buena parte del conocimiento antiguo. Entre los monjes (solo que no se les permitía hablar) existía conocimiento de la antigua Sabiduría Estelar. Una amplia evidencia de esto puede ser encontrada por cualquiera que lo busque. Fue a través del monasticismo, no a través de ningún régimen externo, que el conocimiento del tipo del cual les di un ejemplo en la última conferencia, fue preservado y no fue hasta los siglos XVII y XVIII que fue completamente barrido. La Edad Media no fue una época “oscura” como la gente en general cree. Es solo lo que está dentro del alcance de la observación ordinaria que es “oscura”. En secreto había una gran cantidad de sabiduría, pero no se comprende hoy en día.

Realmente podemos decir: El pensamiento más grande consagrado en el cristianismo es que la Fuerza del Sol en toda su realidad cayó sobre la Tierra.

No fue hasta entonces que realmente nació la historia, tal como la conocemos hoy. Porque mientras antiguamente los hombres en el Este poseían una gloriosa Sabiduría Estelar, no le daban ningún valor a la “historia”. Los que eran iniciados y sabios en el Este siempre decían: Es allí, en los Cielos, que toma lugar el acto de Creación. No se preocuparon en gran medida por la vida y los actos de los seres humanos en la Tierra. Cierto, algo en la naturaleza de la historia aparece cuando los judíos aparecen en la escena, pero es la historia la que comienza con la Sabiduría Estelar, porque la historia de los “siete días de la Creación” es pura Sabiduría Estelar. Más tarde, los eventos se vuelven caóticos, un popurrí. La verdadera historia, —y la verdadera historia divide todo el proceso de la evolución en la Tierra en lo pre cristiano y lo post cristiano—, realmente comienza cuando nace el cristianismo.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Noviembre de 2017.