GA191c5. Las influencias de Lucifer y Ahriman

Rudolf Steiner — Dornach, 9 de  noviembre de 1919

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Quiero hablar hoy de algo que ayude a profundizar nuestra comprensión de las verdades que ahora deben ser dadas a la humanidad por la Antroposofía. A menudo hemos hablado de los dos polos de fuerzas en el hombre: el polo de la voluntad y el polo de la inteligencia. Para comprender la naturaleza del hombre debemos estar constantemente atentos a estos dos polos.

El hombre es un ser de voluntad y un ser de inteligencia. Entre ellos —en todo caso desde el nacimiento hasta la muerte— está el elemento del sentimiento, constituyendo el puente entre la inteligencia y la voluntad. Ustedes saben que estas fuerzas se separan unas de otras en cierto sentido cuando el hombre alcanza lo que se llama el Umbral del Mundo Espiritual.

Nuestro estudio de hoy se ocupará más particularmente de la relación en la que el hombre se posiciona en el mundo circundante, por un lado como un ser de inteligencia y por el otro como un ser de voluntad. Trataremos primero de este último.

En su vida entre el nacimiento y la muerte, el hombre despliega la fuerza de la voluntad como impulso de sus acciones y actividades. A medida que se expresa a través del organismo humano, esta fuerza de voluntad es una cuestión muy compleja y complicada. Sin embargo, en un aspecto, toda la naturaleza de la voluntad en el hombre tiene una gran semejanza, casi como una identidad, con ciertas fuerzas de la naturaleza. Por lo tanto, es muy correcto hablar de una relación interior entre las fuerzas de la voluntad en el ser humano y las fuerzas de la naturaleza.

Ustedes saben por estudios anteriores que incluso mientras el hombre está despierto, está en una condición semejante al sueño dondequiera que su voluntad esté implicada. Es cierto que tiene en su conciencia las ideas que se encuentran detrás de lo que quiere, pero cómo una idea particular surte efecto en forma de voluntad, de eso no sabe nada.  No se sabe cómo la idea, “muevo mi brazo”, está conectada con el proceso que conduce al movimiento real del brazo. Este proceso está enteramente en la subconsciencia y se puede decir realmente que el hombre no está más consciente del verdadero proceso de la voluntad que de lo que ocurre durante el sueño. Pero cuando surge la cuestión de la conexión de la voluntad del hombre con el mundo circundante, llegamos a algo que sorprenderá al tipo de conciencia que se ha desarrollado en el curso de los últimos tres a cinco siglos como altamente paradójico. Se piensa generalmente que la evolución de la Tierra sería igual aunque los seres humanos no tuvieran parte en ella en absoluto. El científico natural típico describe la evolución de la Tierra como una serie, digamos, de procesos geológicos, puramente físicos. Y aunque no lo diga expresamente, tiene en mente que desde el principio de la Tierra hasta su hipotético final, todo seguiría igual aunque estuviera deshabitada por los seres humanos. ¿Por qué esta visión es sostenida hoy por la ciencia natural?. La razón es que cuando algo ocurre, por ejemplo en el reino mineral, o el reino vegetal, digamos que el 9 de noviembre de 1919, la gente cree que su causa está en lo que ha sucedido en el reino mineral antes de la hora de ese punto particular. Los hombres piensan: el reino mineral toma su curso y lo que sucede en cualquier punto es el efecto de lo que fue antes; El efecto mineral se debe a una causa mineral.

Esta es la forma en que los hombres piensan y ustedes encontrarán evidencia de ello en cualquier libro de texto de geología. Se dice que las condiciones que se obtienen en la actualidad son los efectos de la Edad de Hielo o de alguna época anterior, pero las causas se atribuyen enteramente a lo que una vez tuvo lugar en el reino mineral como tal; El hecho de que el hombre habite la Tierra es ignorado. La creencia es que incluso si el hombre no estuviera presente, todo tendría un curso similar, que la realidad externa sería la misma, aunque, de hecho, el hombre siempre ha sido parte de esta realidad externa. La verdad es que la Tierra es un todo, siendo el hombre uno de los factores activos en la evolución de la Tierra. —Les daré un ejemplo.

Ustedes saben que nuestra época actual —pensándola por el momento en un sentido más amplio, como comprendiendo el período transcurrido desde la gran catástrofe atlante— fue precedida por la época Atlante, cuando los continentes de Europa, África y América no existían en su forma actual. En ese tiempo había un continente principal en la Tierra —llamado Atlántida— que se extendía sobre lo que ahora es el Océano Atlántico. También saben que en un cierto período de esta evolución atlante, se desarrollo un tipo particular de inmoralidad desenfrenada en todo el entonces mundo civilizado. Los seres humanos tenían un poder mucho mayor sobre las fuerzas de la naturaleza que poseyeron y emplearon más adelante para los propósitos mas malvados. Así podemos mirar hacia atrás a una época de inmoralidad generalizada. Y entonces vino la gran catástrofe atlante. Naturalmente, el geólogo ortodoxo atribuye esta catástrofe a procesos del reino mineral; Es un hecho que una parte de la Tierra cedió y otra surgió. Pero no se les ocurrirá a aquellos que basan su pensamiento en los principios de la ciencia natural moderna decirse a sí mismos que las acciones y las actividades de los hombres estaban entre las causas contribuyentes. —Pero así es—. En verdad la catástrofe atlante fue el resultado de las acciones de los hombres en la Tierra.

Las causas externas y minerales no son las únicas responsables de estos grandes acontecimientos catastróficos que penetran en la existencia de la Tierra. Debemos situar las causas dentro de la esfera de las acciones e impulsos humanos. El hombre mismo pertenece a la cadena de fuerzas causales en la existencia terrenal. Tampoco se aplica esto sólo a los acontecimientos de tal magnitud, sino a lo que está sucediendo todo el tiempo. Sólo la conexión entre lo que sucede dentro del hombre y los sucesos cósmicos que surten efecto en los acontecimientos telúricos, permanece oculta. En este sentido, toda nuestra ciencia natural equivale a una gran y abarcadora ilusión. Porque si quieren llegar a las verdaderas causas no las descubrirán estudiando solo los reinos mineral, vegetal y animal.

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Permítanme darles la siguiente ilustración de lo que aquí se considera. Lo abordaremos, por así decirlo, desde el lado opuesto. —Aquí (X) esta el centro de la Tierra—.  Cuando algo ocurre en el reino mineral, en el reino vegetal o en el reino animal, se trata de buscar las causas. Las causas se encuentran en ciertos puntos que se encuentran en todas partes. Pueden imaginar lo que quiero decir pensando en lo siguiente. —En una región alrededor de Nápoles, en Italia, se encontrarán con que sobre una amplia zona la Tierra emitirá vapor si usted toma un pedazo de papel y lo enciende. Los vapores comienzan a levantarse del suelo. Dirán: la fuerza que impulsa los vapores radica en el proceso físico generado por la combustión del papel. En este caso, el proceso físico es que al encender el papel se rarifica el aire y debido a esta rarefacción del aire los vapores que están dentro de la Tierra presionan hacia arriba. Se mantienen abajo por la presión del aire normal pero esta presión disminuye al encender el papel. En este caso, el proceso físico se debe a que al encender el papel se enrarece el aire y debido a la rarefacción del aire los vapores de la Tierra presionan hacia arriba. Si me limito a dar un ejemplo de los efectos de naturaleza puramente mineral —como estos vapores que surgen de la Tierra— podría decir, a título ilustrativo, que aquí y aquí (puntos en el diagrama) se enciende un trozo de papel. Esto muestra que las causas de la salida del vapor no están debajo de la Tierra, sino encima de ella. Ahora bien, estos puntos en el diagrama —a, b, c, d, e, f, no representan trozos de papel que se han encendido; en este caso representan algo diferente. Imagínense, en primer lugar, que cada punto por sí solo no tiene significado, sino que el significado reside en el sistema de puntos como un todo—. No piensen ahora en las piezas de papel iluminado, sino en algo que por el momento no voy a especificar. Algo más está allí como una causa activa, sobre la superficie de la Tierra; Y estas diferentes causas no funcionan individualmente, sino en conjunto.

Y ahora imagínense que no hay sólo seis puntos, sino, digamos 1.500 millones de puntos[i] trabajando todos juntos, produciendo un efecto combinado. Estos 1.500 millones de puntos están realmente allí. Lo tiene cada uno de ustedes en su interior en lo que puede llamarse el centro de gravedad de su propia estructura física. Cuando el hombre está despierto, este centro de gravedad se encuentra justo debajo del diafragma; cuando duerme se encuentra un poco más abajo. Hay, pues, unos 1.500 millones de estos centros de gravedad que se distribuyen en la Tierra, produciendo un efecto combinado. Y las cuestiones relacionadas con este efecto combinado son la causa real de una gran cantidad de lo que ocurre en los reinos de minerales, vegetaales y animales en la Tierra. Es una falacia científica remontarse a las causas materiales, a las fuerzas que se manifiestan en el aire y el agua y en el reino mineral; La realidad es que las causas se encuentran en el hombre.

Esta es una verdad de la que apenas se sabe hoy. Se sabe muy, muy poco de que las causas de los procesos activos en los reinos mineral, vegetal y animal se encuentran dentro del organismo del hombre. (Esto no debe aplicarse a todas las fuerzas que trabajan en estos reinos de la naturaleza, sino a una gran proporción de ellos). Dentro de la humanidad están las causas de lo que ocurre en la Tierra. Por lo tanto la mineralogía, la botánica, la zoología, no pueden cultivarse verdaderamente sin la antropología —sin el estudio del hombre. La ciencia nos habla de las fuerzas físicas, químicas y mecánicas. Estas fuerzas están íntimamente conectadas con la voluntad humana, con la fuerza de la voluntad humana que se concentra en el centro de gravedad del hombre. Si hablamos de la Tierra desde un punto de vista verdadero en estos asuntos, no debemos seguir a los geólogos al hablar de una Tierra en abstracto, pues la humanidad debe ser considerada una parte integral de la Tierra. Estas son las verdades que se revelan en el otro lado del umbral. Todo lo que se puede conocer de este lado del Umbral pertenece al reino de las ilusiones del conocimiento, no al reino de la verdad.

En este punto surge la pregunta: ¿Qué relación existe entre las fuerzas de la voluntad que se concentran en el centro de gravedad del hombre y las fuerzas externas, físicas y químicas? —Estamos hablando, recuerden, de la humanidad actual—. En la vida normal, esta relación tiene efecto en los procesos metabólicos. Cuando el hombre toma en sí las sustancias del mundo exterior, es su voluntad la que realmente digiere y trabaja sobre estas sustancias. Y si nada más estuviera en operación, entonces lo que se toma en el organismo desde fuera simplemente sería destruido. La voluntad humana tiene el poder de disolver y destruir todas las sustancias y fuerzas extrañas; Y la relación entre el hombre y los reinos mineral, vegetal y animal de la naturaleza hoy en día es tal que su voluntad está conectada con las fuerzas de disolución y destrucción inherentes a nuestro planeta.

No podríamos vivir si esta destrucción no tuviera lugar —Pues es por ello que se destruye. Esto nunca debe ser olvidado.  Y lo que a menudo se describe como prácticas mágicas ilegales se basan esencialmente en el hecho de que ciertos seres humanos aprenden a emplear su voluntad injustamente, de tal manera que no limitan las fuerzas destructivas a sus operaciones normales dentro del organismo, sino que las extienden sobre otros seres humanos, aplicando deliberada y conscientemente las fuerzas de destrucción que están ancladas en su voluntad. Esto, obviamente, es una práctica que nunca es, en ninguna circunstancia, permisible.

A través de nuestra voluntad estamos conectados con las fuerzas decadentes de la Tierra. Y si como seres humanos tuviéramos sólo nuestras fuerzas de voluntad, la Tierra estaría condenada a través de nosotros, a través de la humanidad, a su destrucción. La perspectiva del futuro estaría entonces lejos de ser inspiradora; Sería una visión de la disolución gradual de la Tierra y su última dispersión en el espacio cósmico. —Tanto más para uno de los polos de la constitución del hombre.

Pero el hombre es un ser doble. Un polo esta, como hemos visto, conectado con las fuerzas destructivas de nuestro planeta; el otro polo —el de la inteligencia— se conecta con la voluntad por el puente de los sentimientos.

Pero en su vida de vigilia, la inteligencia del hombre es de poca importancia en lo que al planeta Tierra se refiere. Durante la vigilia en realidad no podemos establecer una verdadera relación con la existencia terrestre a través de nuestra inteligencia. Lo que he dicho en lo que se refiere a la voluntad sucede mientras el hombre está despierto, aunque él no sea consciente de ello. Si usted ve una roca que se desmorona y pregunta dónde están las causas reales de esa destrucción, entonces debería mirar en la naturaleza interna, orgánica del hombre mismo. Por extraño que parezca esto a la mente moderna, es de hecho así. Pues como dije, la Tierra tendría un futuro lamentable si el otro polo de la naturaleza del hombre no estuviera allí: el polo de las fuerzas edificantes. Así como las causas de toda destrucción residen en la voluntad que se concentra en el centro de gravedad del hombre, las fuerzas edificantes se encuentran en la esfera a la que los hombres pasan durante su sueño. Desde el momento de quedarse dormido hasta el de despertar, el hombre está en una condición que podemos describir figurativamente diciendo que con su “yo” y su cuerpo astral está fuera del cuerpo físico. Pero entonces él es completamente un ser anímico espiritual, desplegando las fuerzas que trabajan en el tiempo de quedarse dormido y despertar. Durante este tiempo él está conectado, a través de estas fuerzas, con todo lo que construye el planeta Tierra, todo lo que agrega a las fuerzas de destrucción las fuerzas constructivas y edificantes.  Si no recorrieran la Tierra, las fuerzas destructivas procedentes de la voluntad no estarían trabajando en los reinos de minerales, plantas y animales.  Si no se durmiera, las fuerzas por las cuales la Tierra está continuamente edificándose no saldrían de la inteligencia. Las fuerzas constructivas y edificantes del planeta Tierra también están en la misma humanidad: no digo: en el ser humano individual, porque ya he aclarado expresamente que todas estas causas únicas forman un todo colectivo. Las fuerzas edificantes se encuentran en la humanidad como un todo, concretamente en el polo de la inteligencia en el ser del hombre, pero no en su inteligencia despierta. La inteligencia despierta es realmente como una entidad sin vida que se impulsa en la evolución de la Tierra. La inteligencia que trabaja, inconscientemente en el hombre, durante su sueño es la que construye el planeta Tierra. Con esto sólo estoy tratando de explicar que es una falacia mirar fuera del ser humano para buscar las fuerzas destructivas y constructivas de nuestra Tierra; Ustedes deben buscarlas dentro del ser humano. Y una vez que comprendan esto, lo que voy a decir ya no será ininteligible.

Todos miran hacia las estrellas, diciendo que algo fluye de ellas y que puede ser percibido por los órganos de los sentidos del hombre aquí en la Tierra. Pero lo que contemplan cuando miran las estrellas no es de la misma naturaleza que lo que perciben en la Tierra en los reinos mineral, vegetal y animal. En realidad procede de seres de inteligencia y voluntad cuya vida está ligada a esas estrellas. Los efectos parecen ser físicos porque las estrellas están a larga distancia. En realidad, no son físicos. Lo que realmente se ve son las interactividades de los seres de la voluntad y la inteligencia en las estrellas. Ya he hablado de la descripción ingeniosa del sol dada por los astrofísicos. Pero si fuera posible viajar al sol por alguno de los medios de transporte inventado por Julio Verne, se encontrarían con asombro de que no existe nada de lo que se podría esperar de sus descripciones físicas. Las descripciones son simplemente una imagen compuesta de los fenómenos solares. Lo que vemos es en realidad el trabajo de la voluntad y la inteligencia que a una distancia aparece como luz. Si un habitante de la Luna -—suponiendo en este sentido que existiera tal ser— mirara la Tierra, no detectaría sus superficies herbáceas o minerales sino como un efecto de luz o algo similar detectaría lo que ocurre alrededor de los centros de gravedad de los cuerpos humanos y también los efectos de las condiciones en las que el hombre vive entre el dormir y el despertar. Eso es lo que realmente se vería desde el Universo. Incluso el instrumento más perfecto no permitiría que se vieran las sillas, en las que estáis ahora sentados, por ejemplo; Lo que se vería es todo lo que está ocurriendo en la región de sus centros de gravedad y lo que pasaría si de repente todos ustedes se durmieran —es de esperar que esto no suceda en todo caso!. Pero donde quiera que sucediera, se percibiría en el Universo.

De modo que para el Universo exterior, lo que ocurre a través de los seres humanos es la realidad perceptible —no lo que rodea al hombre en la existencia terrenal. Un dicho muy común es que todo lo que se percibe con los sentidos es maya —la gran ilusión— no hay realidad sino simplemente apariencia. Tal abstracción es de poca importancia. Tiene sentido sólo cuando uno entra en lo concreto, como lo estamos haciendo ahora. Decir que los mundos animal, vegetal y mineral son maya no significa nada. Lo que es de valor es la comprensión de que lo que ustedes perciben externamente depende fundamentalmente de ustedes mismos y que —no, por supuesto, en cada momento sino en el curso de la evolución de la humanidad— se hacen una parte integral de la cadena de causas y efectos. Incluso cuando se pronuncia una verdad tan desgarradora —y creo que puede ser demoledora— no siempre se ve el aspecto en el que adquiere importancia en la vida. Tal verdad sólo adquiere importancia cuando percibimos sus consecuencias. No somos seres físicos solamente; Somos seres morales —o tal vez inmorales— en la existencia terrenal. Lo que hacemos está determinado por impulsos de naturaleza moral.

Ahora sólo piensen con qué amarga duda es asaltado el pensamiento moderno en este dominio. La ciencia natural proporciona un conocimiento de lo terrenal que se limita a la conexión entre causas y efectos puramente externos; Y en este ciclo de causas y efectos naturales, el hombre físico también está involucrado. Así, la ciencia externa, abstracta, tiene en cuenta sólo un aspecto de la existencia terrenal.

El hecho de que los impulsos morales también se iluminen en el hombre es admitido, pero no se sabe nada sobre la conexión entre estos impulsos morales y lo que sucede en la ronda de la naturaleza externa. De hecho, el dilema de la filosofía moderna es que los filósofos oyen, por un lado, de los científicos que todo está involucrado en una cadena de causas y efectos naturales, y por otro lado tienen que admitir que los impulsos morales se iluminan en el hombre. Esta es la razón por la que Kant escribió dos Críticas: la Crítica de la Razón Pura, relacionada con la relación del hombre con un curso puramente natural de las cosas, y la Crítica de la Razón Práctica en la que presenta sus postulados morales —que en verdad—, si puedo hablar figuradamente, flotan en el aire, salen del cielo y no tienen ninguna relación a priori con causas naturales.

Mientras el hombre crea que lo que ocurre en las manifestaciones externas de la naturaleza puede ser rastreado sólo en manifestaciones similares, mientras se aferre a esta ilusión, la intervención de los impulsos morales es algo que permanecerá separado y apartado del curso de la naturaleza. Casi todo lo que se discute hoy está bajo la sombra de esta brecha. En su pensamiento, los hombres no pueden fundir la ronda terrestre como tal con la vida moral de la humanidad. Pero tan pronto como comprendan algo de lo que he tratado brevemente de esbozar, ustedes podrán decir: Sí, como hombre soy una unidad, y los impulsos morales están vivos dentro de mí. Viven en lo que soy como un ser físico. Pero como un ser humano físico soy fundamentalmente la causa —junto con toda la humanidad— de cada acontecimiento físico. La conducta moral y los logros de los seres humanos en la Tierra son las verdaderas causas de lo que sucede en el transcurso de la existencia terrena.

La historia natural y la ciencia natural describen la Tierra de la manera que encontramos en los libros de texto de la geología, la botánica y así sucesivamente. Lo que se dice allí parece enteramente satisfactorio de acuerdo con las premisas formadas a través de la educación moderna. Pero supongamos que un habitante de Marte descendiera a la Tierra y lo observara a la luz de sus premisas. —No estoy diciendo que tal cosa podría suceder, sino simplemente tratando de ilustrar lo que quiero decir—.  Supongamos que un ser de Marte, después de haber vagado en silencio sobre la Tierra, aprendió un poco del lenguaje humano, leyó algo de geología y así descubrió qué tipo de ideas prevalecen sobre los procesos y acontecimientos en la Tierra. Él diría: Pero eso no es todo. Con mucho, el factor más importante es ignorado. Por ejemplo, he visto a multitud de estudiantes merodeando en sus cervecerías, bebiendo y complaciendo sus pasiones. Algo está sucediendo allí: la voluntad humana está trabajando en el metabolismo. Estos son procesos que no se mencionan en sus libros de física y geología; No contienen ninguna referencia al hecho de que el curso de la existencia de la Tierra también se ve afectado por si los estudiantes beben o no beben… Eso es lo que un ser que no está enteramente inmerso en las ideas terrenales y los prejuicios encontraría a faltar en las descripciones dadas por el hombre mismo de los acontecimientos en la Tierra. Para un ser de Marte no habría ninguna duda de que los impulsos morales, que impregnan las acciones humanas y la totalidad de la vida humana, son parte integrante del curso de la naturaleza. De acuerdo con los prejuicios modernos hay algo inexorable en el juego de la naturaleza, ciertamente agradablemente inexorable para los pensadores materialistas. Imaginan que el curso de la Tierra sería exactamente igual si no existieran seres humanos; Que si se comportan decentemente o no, no supone ninguna diferencia fundamental o realmente no altera nada. ¡Pero ese no es el caso!.  Las causas de todo lo esencial de lo que ocurre en la Tierra no se encuentran fuera del hombre; Se encuentran dentro de la Humanidad. Y si la conciencia terrenal se expande a la conciencia cósmica, la humanidad debe darse cuenta de que la Tierra —no a corto plazo, pero en largos períodos de tiempo— se hace a su propia semejanza, a semejanza de la Humanidad misma. No hay mejores medios de acallar al hombre durmiéndole que imprimirle que no tiene ninguna parte en el curso tomado por la existencia de la Tierra. Esto reduce la responsabilidad humana al individuo, a la personalidad única.

La verdad es que la responsabilidad por el curso de la existencia terrenal a través de las épocas del tiempo cósmico está en la Humanidad. Todo el mundo debe sentirse miembro de la Humanidad, siendo la Tierra misma el cuerpo de esa Humanidad.

Un individuo puede decirse a sí mismo: Durante diez años he dado paso a mis pasiones, he complacido mis fantasías y por lo tanto he arruinado mi cuerpo.  Con la misma convicción debería poder decir: Si la humanidad terrestre sigue impulsos morales impuros, entonces el cuerpo de la Tierra será diferente de lo que sería si los impulsos morales fueran puros—. La mosca de día, dado que vive sólo veinticuatro horas, tiene una visión del mundo que difiere completamente de la del hombre. El alcance de la visión del hombre no es lo suficientemente amplia como para percibir que lo que ocurre externamente en el curso de la naturaleza no depende de causas puramente naturales.

Respecto a la configuración actual de Europa, es mucho más importante preguntarse qué clase de vida prevaleció entre los seres humanos en el mundo civilizado hace dos mil años que investigar la estructura mineral y vegetal externa de la Tierra. El destino de nuestro planeta físico en dos mil años no dependerá de la constitución actual de nuestro mundo mineral, sino de lo que hacemos y permitimos que se haga. Con la consciencia del mundo, la responsabilidad humana se ensancha en responsabilidad mundial. Con tal consciencia sentimos al mirar hacia arriba a los cielos estrellados que somos responsables ante esta extensión cósmica, impregnada y penetrada como lo está por el espíritu —que somos responsables ante ese mundo por cómo conducimos la Tierra. Crecemos junto con el Cosmos en la realidad concreta cuando detrás de los fenómenos buscamos la verdad.

Muchas veces os digo que debemos aprender a percibir las realidades concretas de las cosas enseñadas en su mayor parte como abstracciones hoy. Nada se logra con la adopción de tradiciones orientales como: el mundo externo de los sentidos es maya. Debemos ir mucho más lejos si vamos a llegar a la verdad. Tales abstracciones no nos llevan lejos, porque en la forma en que se han transmitido no son nada más que el sedimento de una sabiduría primitiva que ya no flota en las abstracciones y que está repleta de realidades concretas que deben ser traídas de nuevo a través de la intuición y la investigación espiritual. Cuando ustedes leen en la literatura oriental sobre la maya y la verdad como su antítesis, no imaginen que lo que ustedes leen allí hoy no puede ser realmente inteligible para ustedes. Es sólo una recopilación mucho más tardía de asuntos que eran realidades concretas de la sabiduría antigua. Debemos volver a estas realidades concretas. Los hombres piensan hoy que tienen cierta comprensión de los procesos cósmicos cuando afirman que el mundo externo de los sentidos es maya. Pero nada se puede entender a menos que se presione en las realidades subyacentes. En el momento en que se comprende: “no tenemos que preguntarnos cómo se ha desarrollado el mundo mineral actual a partir de los procesos minerales de otra época; Tenemos más bien que preguntarnos sobre lo que ha ocurrido en la humanidad —en ese momento se hace claro el significado real del dicho, “el mundo exterior es maya”. Entonces comenzamos a percibir en el hombre una realidad mucho mayor de lo que generalmente se percibe. Y entonces comienza el sentimiento de responsabilidad por la existencia terrenal.

Si tratan de llegar al núcleo interno de estas cosas —y debe ser por contemplación interior, no por medio del tipo de inteligencia empleada en las ciencias naturales— gradualmente encontrarán el camino hacia la comprensión de que la humanidad está compuesta de seres humanos libres. La naturaleza, en verdad, no contrarresta nuestra libertad, pues como seres humanos nosotros mismos modificamos la naturaleza que nos rodea inmediatamente. Sólo en sus manifestaciones parciales la naturaleza contrarresta nuestra libertad. La naturaleza contrarresta nuestra libertad en una medida no mayor que si —para dar un ejemplo— usted estira su mano y alguien se apodera de ella y comprueba el movimiento. No negarán la libertad de voluntad simplemente porque alguien compruebe el movimiento. Como hombres de hoy en día estamos controlados en muchos aspectos debido a alguna acción de nuestros predecesores que ahora está entrando en vigor.   Pero en todo caso fue una acción de los hombres. ¿Qué hombres? Nadie contra quien podamos volvernos con reproche, porque nosotros mismos éramos los hombres que, en las primeras vidas terrenales, produjeron las condiciones que hoy se dan.

No debemos limitarnos a la mera mención de vidas terrenales repetidas, sino pensar en la conexión entre ellas de tal manera que incluso en la naturaleza externa percibimos los efectos de causas que nosotros mismos establecimos en vidas anteriores. Naturalmente, en referencia al ser humano individual, debemos hablar sólo de causas contributivas, porque en todas estas cosas, como he dicho, se trata de la intercomunicación colectiva de los hombres sobre la Tierra. Nadie debe, por eso, excluirse como individuo, pues cada uno de nosotros tiene su parte en lo que se produce por la humanidad en su conjunto y luego se expresa en lo que constituye el cuerpo para toda la humanidad terrestre en su transcurso de vida.

He estado tratando de darles una idea de cómo un científico espiritual debe considerar las declaraciones hechas en los libros de texto científicos ordinarios. – Supongamos que dibujara una serie de figuras:

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Y ahora supongamos que alguna criatura que nunca ha vivido en el mundo de los hombres gateara fuera de la Tierra y teniendo algunos rudimentos de conocimientos aritméticos, mira las figuras y dijera: “Primera figura, segunda figura, tercera figura. La tercera es el efecto de la segunda y la segunda el efecto de la primera. El efecto de la primera figura – un triángulo; El efecto de la segunda – un círculo”. Esta criatura estaría combinando causa y efecto. Pero sería una falacia, porque yo he dibujado cada figura por separado.  En realidad, la una es independiente de la otra. Sólo parece ser dependiente a esta criatura que asocia lo que ve lo primero con lo que sigue, como si el uno fuera el resultado del otro. Esto, aproximadamente, es como el geólogo describe el proceso de la Tierra: la época diluviana, la época terciaria, la época cuaternaria, y así sucesivamente. Pero esto no es más cierto que la afirmación de que el círculo es el resultado, el efecto del triángulo, o el triángulo el efecto de la figura rectangular. Las configuraciones de la Tierra son provocadas de forma autónoma a través de las obras de la humanidad terrestre, incluyendo el misterioso funcionamiento de la inteligencia durante los períodos de sueño cuando el hombre se encuentra fuera de su cuerpo físico.

Esto demuestra que las descripciones dadas por la ciencia externa son en gran parte ilusión – maya. Pero hablar meramente de maya es de poca importancia. A la afirmación de que el mundo externo es maya debemos ser capaces de responder diciendo dónde están las causas reales. Estas causas están ocultas en gran medida en los poderes de cognición del hombre. El papel desempeñado por la Humanidad en la conformación de la existencia terrenal no puede ser comprendido por medio de la ciencia externa sino sólo por una ciencia interna. Mi libro “Como se adquiere el conocimiento de los Mundos Superiores” habla de la actividad interna del hombre entre el momento de ir a dormir y despertar. Esto puede ser revelado por el conocimiento que llega hasta la esfera de la voluntad. El hombre no sabe nada de la conexión entre la voluntad y el mundo exterior porque los procesos de la voluntad están ocultos y reservados. No sabe lo que realmente sucede cuando al levantar la mano pone en funcionamiento un proceso volitivo; Ni sabe que este proceso continúa y tiene un efecto en todo el curso de la existencia terrenal.

Esto se indica en la escena de mis Dramas Misterio, El Portal de la Iniciación , donde las acciones de Capesius y Strader tienen su resultado en las manifestaciones cósmicas del trueno y el relámpago. Es, por supuesto, una representación pictórica, pero la imagen contiene una verdad más profunda; no es fantasía, sino la verdad real. Durante un período bastante largo de la evolución, las verdades de este tipo se han expresado sólo por verdaderos poetas cuya fantasía se debe siempre a la percepción de los procesos suprasensibles.

Esto es muy poco entendido por el hombre moderno que le gusta relegar la poesía, y de hecho todo el arte, a un lugar separado y aparte de la realidad externa. Se siente aliviado de que no se le pida que vea en la poesía nada más que fantasía. La verdadera poesía, el verdadero arte, no es más que un reflejo de la verdad suprasensible, una reflexión. Incluso si el poeta no es consciente de los acontecimientos suprasensibles, si su alma está ligada al cosmos, si no ha sido arrancada del cosmos por la educación materialista, da declaraciones a verdades suprasensibles, a pesar de tener que expresarlas en imágenes tomadas del mundo de los sentidos.

Hay muchos ejemplos de esto que se encuentran en la segunda parte del Fausto de Goethe, donde como he demostrado en el caso de los pasajes particulares, la imagen tiene una relación directa con los procesos de suprasensibles.[i] El desarrollo del arte en los últimos siglos proporciona evidencia de lo que he estado diciendo. Tomen cualquier cuadro pintado no hace mucho tiempo, y encontrarán que por regla general, el paisaje tiene una importancia muy secundaria. La pintura del paisaje ha entrado en la prominencia solamente desde los últimos tres a cinco siglos. Anterior a ese tiempo, encontrarán que el paisaje ocupa un lugar secundario; Es el mundo del hombre el que se pone a la vanguardia porque todavía sobrevivía la conciencia en lo que respecta a los procesos objetivos de la existencia terrenal, el mundo del hombre es mucho más importante que el paisaje, que no es sino el efecto de ese mundo humano. En el mismo nacimiento de la preferencia por el paisaje se encuentra, en la esfera del arte, el fenómeno paralelo al nacimiento de la tendencia materialista de la mente, consistente en la creencia de que el paisaje y lo que representa tiene una existencia propia, totalmente aparte del hombre. Pero la verdad es todo lo contrario. Si algún habitante de Marte descendiera a la Tierra, ciertamente sería capaz de ver el significado de la “Última Cena” de Leonardo da Vinci, pero no en las pinturas de paisajes. Vería los paisajes —incluyendo los paisajes pintados— y toda la configuración de la Tierra de manera muy diferente y con sus órganos particulares de los sentidos no podría comprender su significado. —Por favor recuerden que estoy diciendo estas cosas simplemente para ilustrar hipotéticamente lo que quiero transmitir.

Así que ya ven, el dicho: “el mundo externo es maya” no puede ser plenamente comprendido sin entrar en las realidades concretas. Pero para hacer esto debemos relacionarnos íntimamente con la existencia de la Tierra como un todo, conociéndonos a nosotros como parte integrante de la misma. Y entonces debemos comprender el pensamiento de que puede haber realidades externas y aparentes que no son la verdad, no las verdaderas realidades. Si usted tiene una rosa en su habitación, es una realidad sólo aparente, pues la rosa, ya que está ahí delante, no puede ser una realidad. Puede ser verdadera realidad sólo mientras está creciendo en el rosal, unida con las raíces que a su vez se unen con la Tierra. La Tierra descrita por los geólogos es tan poca realidad como una rosa cortada.

La ciencia espiritual se esfuerza por no detenerse jamás en la realidad falsa, sino en buscar siempre lo que hay que añadir, para tener toda la verdadera realidad. El escaso sentido de la realidad que prevalece en nuestra civilización actual se expresa en el hecho mismo de que toda manifestación externa se toma como realidad. Pero sólo hay realidad en lo que se encuentra ante uno como un todo integrado. La Tierra por sí misma, sin el hombre, no es más verdadera realidad que la rosa arrancada del rosal. Estas cosas deben ponderarse y trabajarse; No deben permanecer en teorías, sino pasar a nuestros sentimientos. Debemos sentirnos miembros de toda la Tierra. Es importante una y otra vez llamar el pensamiento: este dedo en mi mano tiene verdadera realidad sólo mientras sea parte de mi organismo; Si se corta, ya no tiene la verdadera realidad. Del mismo modo, el hombre no tiene una verdadera realidad apartado de la Tierra, ni la Tierra sin la Humanidad. Es un concepto irreal cuando el investigador científico moderno piensa, según sus premisas, que la evolución de la Tierra correría el mismo curso si la humanidad no estuviera allí. Hace poco les mostré que no es así, diciéndoles que los cuerpos dejados a un lado por los seres humanos con la muerte se convierten en una levadura en la evolución de la Tierra y que si ningún cuerpo humano —ya sea por entierro o cremación— se convirtiera en parte de la Tierra, todo el curso de los acontecimientos físicos sería diferente de lo que existe como en consecuencia de estos cuerpos que han sido recibidos por la Tierra.

En la conferencia de hoy quería hablar con mayor detalle de la conexión entre los dos polos de la voluntad y la inteligencia en el hombre y su entorno cósmico.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Febrero de 2018.

[1] Representando, aproximadamente, la población total de la Tierra.

[1] Veintiocho conferencias dadas en el año 1915. Geisteswissenschaftliche Erläuterungen zu El Fausto de Goethe. [Esta es una referencia a las GA272 y 273 – Nota Científico Espiritual sobre el Fausto de Goethe, Volúmenes I (15 conferencias) y II (13 conferencias), la mayoría de los cuales aún no se han traducido. – e.Ed.]

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GA140c2. La transformación de las fuerzas terrenales en facultades clarividentes

Del ciclo: Visiones del mundo espiritual

Rudolf Steiner – Bergen (Noruega), 11 de Octubre de 1913

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Cuando la gente se interesa por las diferentes ramas del conocimiento antroposófico, se justifica que deseen mayor información acerca de muchos puntos. Ocupemos, entonces, parte de nuestro tiempo del día en hacernos la clase de preguntas que podrían surgir de este modo. Al responder a tales preguntas, uno se ve, a menudo, obligado a calar más profundo en la conexión de los hechos cósmicos en cuanto el mundo espiritual afecta a estos hechos, y en especial, en la conexión entre estos hechos y la naturaleza del hombre.

Cuando una persona nota gradualmente la importancia y el gran significado delo que llamamos reencarnación, surge una pregunta en su espíritu: “¿Cómo es que hoy día, en su vida ordinaria, el hombre no tiene recuerdos de sus anteriores vidas terrenales?”. La conciencia clarividente puede, en realidad, extender la memoria a un grado tal, que los recuerdos de antiguas vidas terrenales suben a la superficie; pero, en la vida ordinaria de la humanidad de hoy, esto no ocurre. Si la pregunta se hace desde el punto de vista de la investigación clarividente, toma la forma siguiente. Uno se da cuenta entonces que la fuerza necesaria para la investigación clarividente, surge de lo más recóndito del hombre, del fondo mismo de su alma. Se debe evolucionar desde el punto de vista ordinario, hasta el punto de vista de la clarividencia.

Las fuerzas que nos permiten mirar atrás, hacía nuestras antiguas vidas terrenales, deben existir naturalmente en todo ser humano. La pregunta, entonces, es: “¿Qué ocurre con estas fuerzas?. ¿Qué hace la naturaleza humana con estas fuerzas que están presentes en el hombre, que han nacido con él, pero que él no puede llevar a una condición tal que lo puedan ayudaren el recuerdo retrospectivo de su anterior vida terrenal?”. Si investigamos este asunto en forma clarividente, nos vemos obligados a buscar estas fuerzas en la más temprana infancia. Solamente allí encontraremos en acción esas fuerzas que puedan ser usadas en la clarividencia para la visión retrospectiva de vidas anteriores. En el hombre actual, estas fuerzas se usan para construir la laringe humana y todo lo que pertenece a ella, y especialmente, todo lo que permite que ese órgano sea usado luego para hablar. Estas fuerzas, que le permiten mirar atrás, hacia sus anteriores vidas terrenales, existen en todos los hombres. Pero, actualmente, se las usa en gran escala para construir el órgano humano de la palabra, de modo que, en circunstancias normales, el hombre no puede tener en su vida posterior recuerdos del pasado. Hubo antiguos tiempos en los que el hombre tuvo estar memoria retrospectiva, y esto ocurría en casi todo el mundo. Y esto era así, porque esas fuerzas no se usaban totalmente para construir la laringe; algunas quedaban en reserva. El desarrollo de la humanidad fue tal, sin embargo, que la palabra asumió gradualmente una forma que, en nuestro ciclo presente, depende más que antes de las fuerzas del cuerpo etérico. Por eso ahora, el hombre no puede darse cuenta de estas fuerzas que quedan detrás porque la mayor parte se usó para construir la laringe. Si pudiera hacerlo, como debe hacerlo el clarividente, sería capaz de mirar atrás, hacia sus antiguas vidas terrenales. Esta es la razón del hecho que indiqué en la conferencia pública: si un hombre llega tan lejos como para desarrollar esa actividad del cuerpo etérico que, de otra manera, sólo se desarrolla en favor del órgano de la palabra, y la libera de la laringe; si es gradualmente capaz de escucharse interiormente sin hablar y de desarrollar esta sensación cada vez más, entonces, el ejercicio de esa fuerza puede reproducir realmente el recuerdo de vidas pasadas. El hombre moderno no presta atención a las fuerzas suplementarias de su órgano vocal que pueden ser usadas para la retrospección de las anteriores vidas terrenales. Este es uno de aquellos casos en los cuales, por medio de la investigación clarividente, uno puede indicar el lugar ocupado en la vida normal por aquellas fuerzas que, usadas de otro modo, permiten que el hombre tenga acceso a la vida espiritual.

Esto se aplica también a las fuerzas que el hombre usa hoy para crear la llamada substancia gris del cerebro, que constituye en gran parte el órgano del pensamiento. Naturalmente, el pensar no se cumple realmente con el cerebro, pero necesitamos el cerebro como instrumento del pensamiento. Y esas fuerzas del pensamiento que, si estuvieran totalmente a su disposición, capacitarían al hombre para asir con facilidad lo que puede hallarse en mi Ciencia Oculta, el hombre normal las usa para la fabricación de la substancia gris de su cerebro. En el hombre de la antigua Grecia de los siglos quinto o sexto, está substancia gris no estaba tan bien organizada como en el hombre medio de la actualidad. En lo que respecta a esto, la naturaleza del hombre se altera mucho más rápidamente que lo que se supone. Así, para los griegos de los tiempos prehistóricos, los griegos de los siglos X, XI y XII a. c., era muy natural que, en cierta época de la vida, todo aquello que ahora se revela por medio de la Ciencia Espiritual, se les presentara en forma clarividente. Debemos, por eso, usar esas fuerzas que todavía nos quedan después de fabricar la substancia gris, para intentar adquirir, del modo indicado, una idea clara de lo que se describe en la Ciencia Oculta. ¿Cuál es la razón de que estas cosas se describan de tal manera en ese libro?. Las descripciones que allí se dan, no son demasiado difíciles de entender para el hombre actual; casi se podría decir que es sorprendente que mucha gente no haya aprendido esas cosas por propia voluntad. Uno dudaría de que estas descripciones encuentren mucha oposición, porque realmente, no es difícil, relativamente hablando, llegar al grado de clarividencia necesario para observarlas. Todo lo que hay que hacer es lo siguiente. Aunque las palabras del Fausto bien se pueden aplicar aquí: “Es fácil, en verdad; ¡pero, lo que parece fácil es difícil, sin embargo!”. El desarrollo del cerebro se lleva a cabo en forma más activa durante los primeros años de la vida humana. En forma clarividente, se puede ver a los cuerpos etérico y astral trabajando activamente para construir y formar el cerebro. Este trabajo dura un tiempo relativamente largo. No es excesivo afirmar que, aunque este trabajo se haga en forma más lenta en los años posteriores, el hombre, sin embargo, se hace cada vez más inteligente a través de la experiencia de la vida, y el trabajo continúa siempre en la substancia de su cerebro. Lo que sigue, sin embargo, no ha sido observado, ni puede serlo.

Si a cierta edad, el hombre decide suspender por un tiempo una ocupación mental que le es querida (esto se aplica a las cosas externas, porque por medio de ellas se plasma la substancia gris del cerebro; pero, naturalmente, la Antroposofía se puede estudiar siempre, mientras no se la estudie como cualquier otra ciencia) — si un hombre decide dejar de estudiar algo que ha sido su preocupación favorita para muchos años y se obliga a abandonarla en forma estricta, y si entonces, en una meditación tranquila, trata de hacer surgir las fuerzas que ha economizado de este modo — fuerzas que podrían usarse en la actividad continua pero que pueden usarse ahora de otra manera — entonces, le será relativamente fácil obtener, pr lo menos, el alto grado de autoconocimiento de las cosas que se describen en mi Ciencia Oculta. La razón de que tan poca gente obre de esta manera, estriba en el hecho de que la posibilidad insinuada más arriba se lleva a cabo raras veces.

El hombre que realmente tenga una ocupación a la cual se haya dedicado fervientemente, tendrá difícilmente el poder de negarse a sí mismo en forma deliberada para abandonarla durante siete años enteros. Se ve entonces que, parte de las cosas que ahora se divulgan, se pueden obtener con relativa facilidad.

Si se observa nuestra civilización moderna, y toda su sorprendente actividad exterior, no hace falta preguntarse si una gran cantidad de las fuerzas que pertenecen al cuerpo etérico tuvo que ser usada para el trabajo del cerebro del hombre. En realidad, casi toda la cultura exterior es el resultado del trabajo del cerebro humano. Todas las fuerzas se usan para hacer trabajar al cerebro. Muchos pueden decir: “Bien, pero yo no he tomado parte en este trabajo; no tengo nada que ver con él”. Un hombre puede engañarse realmente respecto a esto, ya que ése no es el caso. Apenas sería posible encontrar un lugar de la tierra, por muy aislado que esté, donde la civilización exterior no haya penetrado tanto como para no obligar al hombre a tomar parte en ella con sus propios pensamientos. Y esto será suficiente para distraer nuestras fuerzas delo que podemos llamar la adquisición de una conciencia clarividente.

Naturalmente, alguien podría objetar: “Bien, pero los salvajes no participan de este trabajo de la mente, y sin embargo, no se puede decir que los salvajes hayan desarrollado en esta dirección, fuerzas clarividentes especiales”. Esto resulta de la vigencia de una ley espiritual muy especial que prescribe que lo que se obtenga en forma clarividente, debió haber sido preparado de un modo particular. El salvaje quizá pueda desarrollar fuerzas clarividentes completamente diferentes, pero las fuerzas que hacen falta para observar lo que se describe en mi Ciencia Oculta, no pueden ser desarrolladas por él porque no está preparado para ello, ya que estas fuerzas deben ser la transmutación de otras fuerzas.

Alguien podría observar: “Bien, pero mucha gente nunca tuvo lo que usted llama una ocupación favorita. ¿Por qué, entonces, no han llegado a ser clarividentes?”. La razón estriba en que el desarrollo de las fuerzas clarividentes no surge de la nada, sino de la transmutación de lo que ya existe.

Uno debe haber ya desarrollado sus propias fuerzas en cierta dirección, y haber adquirido una tendencia hacia la inteligencia especial que pertenece a nuestra civilización moderna. Si entonces, uno renuncia al uso de éstas fuerzas por un tiempo, ellas resultan, en cierto sentido, transmutadas; y de ese modo, uno está capacitado para seguir en forma clarividente, los hechos descritos en la Ciencia Oculta. Al obrar así, se usan las mismas fuerzas que en el desarrollo normal del hombre lo capacitan para usar las fuerzas más elevadas del cerebro. Por otra parte, la transmutación de otras fuerzas y facultades humanas conduce, no a los grandes puntos de vista universales descritos en la Ciencia Oculta, sino más bien, a diferentes circunstancias peculiares. Por ejemplo, se puede adquirir el poder de mirar atrás, hacia antiguas vidas terrenales, reteniendo en esa dirección ciertas fuerzas que, de otro modo, se usarían para formar los órganos de la palabra. Ciertas fuerzas, que, por lo general, no se observan, tienden a impedir, con más fuerza que las demás, que el hombre progrese en la penetración de los mundos espirituales.

He mencionado dos clases de fuerzas que permiten al hombre, la visión de los mundos espirituales: una, aquéllas que hoy se usan para formar la substancia gris del cerebro y que permiten al hombre la visión de los mundos espirituales; la otra, aquéllas que están conectadas con la formación de la palabra y que permiten que el hombre mire atrás, hacia sus anteriores vidas terrenales. Pero, además de éstas, existen otras más apropiadas para capacitar al hombre en la visión de lo que el alma humana individual hace allí; esto se describe, en general, en la Ciencia Oculta, pero, es bastante diferente de la visión real del mundo espiritual. Esta visión necesita otras fuerzas, fuerzas que se observan difícilmente durante la vida. Existe una cosa en la vida para la cual el hombre hace uso de muchas fuerzas; es para adquirir, en la temprana infancia, el poder de estar de pie, en lugar de andar toda su vida sobre pies y manos. Las fuerzas que permiten que el hombre tome la posición vertical sonde tal naturaleza que, el que haya penetrado en el mundo espiritual, siente hacia ellas un respeto especial. Contemplar cómo el niño aprende a caminar, es un misterio maravilloso, visto por el que se ocupa de la investigación espiritual. De las fuerzas que se usan en la infancia para aprender a estar de pie, quedan aquéllas que nos permiten mirar en el mundo que media entre la muerte y un nuevo nacimiento, pero estas fuerzas son muy poco observadas.

Si podemos avanzar tan lejos como para recordar la manera y los esfuerzos que hicimos para aprender a caminar, podremos descubrir en nosotros mismos las fuerzas que guardamos en nuestro cuerpo etérico, ya que ese cuerpo tuvo que esforzarse especialmente por sí mismo. (Existen otros métodos para descubrir estas fuerzas, éste es sólo un camino). Si podemos descubrir en nosotros mismos las fuerzas que ahorramos entonces — que todavía existen en todos nosotros — podemos traer a la superficie gran parte de lo que nos permite volver hacia la vida transcurrida entre nuestra última muerte y nuestro último nacimiento. Alguien puede preguntar: ¿Cómo se hace esto?. Si tenemos la suerte de poder llevar adelante nuestro Movimiento Antroposófico, habremos establecido el punto de partida para poner de manifiesto estas fuerzas. Si todo va bien, estas fuerzas, por lo común, comienzan a actuar después de un período de siete años. Ahora ha tenido lugar un comienzo, y esto hará su trabajo en la naturaleza del hombre; pero, por regla general, estas fuerzas pasan inadvertidas.

En general, podemos suscitar el descubrimiento de estas fuerzas en nosotros mismos, practicando cierta clase de danza natural. Hace menos de un año, en ciertos círculos, se comenzó a estudiar los movimientos del cuerpo etérico de acuerdo con ciertas reglas básicas; a este arte, lo llamamos Euritmia. Esto no lleva simplemente a nada en particular, como el baile común, sino que los movimientos que se practican están completamente de acuerdo con los movimientos del cuerpo etérico. Al practicar estos movimientos, nos damos cuenta paulatinamente de las fuerzas que todavía quedan en ese cuerpo y que salen a la luz con los movimientos de la danza libre. Por este camino, se crean poco a poco los medios que nos permiten percibir las fuerzas ocultas en el hombre, fuerzas que despiertan en éste una visión interior de los mundos espirituales en los que vivió entre su última muerte y su nacimiento. De esa manera, la Antroposofía puede realmente trabajar en forma práctica sobre la cultura humana. Podéis estar seguros de que no se reducirá simplemente a enseñar unas pocas verdades abstractas; la Antroposofía tendrá una influencia tal sobre la humanidad, que ella aprenderá que las fuerzas hoy adormecidas pueden despertarse, y que el hombre puede realmente elevarse hasta la realización de la vida espiritual. Estas son cosas curiosas, pero deben decirse, porque son verdaderas.

Cuando el hombre descubra las fuerzas que quedaron de su aprendizaje del caminar, estas fuerzas le permitirán llegar a ser clarividente y a mirar en los mundos que habitamos entre la muerte y un nuevo nacimiento. Esto puede hacerse también con la meditación; pero, como quiera que sea, la meditación debe ir tan lejos como para llegar a resumirse en emoción; y la emoción es lo más difícil de adquirir por medio de la meditación.

Hay que hallar esas fuerzas, fuerzas que permitan al hombre mirar en el mundo que está entre la muerte y un nuevo nacimiento, fuerzas por medio delas cuales pueda contemplar lo que ocurría mucho tiempo antes de nacer. En este campo, hay una gran cantidad de cosas que capacitan al hombre para comprender la vida como no lo hizo antes.

Por ejemplo, supongamos que nos enfrentamos con la desgracia; al principio, tendremos sólo la sensación de que es, realmente, una desgracia, una desgracia, que hayamos difícil de soportar. Pero si conocemos el por qué, pues arreglamos las cosas de ese modo hace unas décadas o aún varios siglos antes de nuestro nacimiento, entonces, la hallaremos más fácil de soportar.

Sabemos que era una prueba, un medio de hacernos más perfectos. Se experimentan también otras cosas, cuando podemos volver la vista hacia esa parte de los mundos espirituales en la cual soportamos la preparación de nuestro presente. No voy a describir ahora las condiciones generales que existen allí; las encontraréis en mis libros. Pero me gustaría mostrar, con pocos ejemplos, cómo la vida anterior al nacimiento tiene influencia sobre la vida subsiguiente.

Aunque parezca extraño, cuando hemos pasado la mitad de nuestra vida prenatal — que dura generalmente algunos cientos de años — la experiencia interior del alma está centrada principalmente sobre la tierra; y cuando volvemos a esa época, la impresión que obtenemos está llena de las cosas que ocurrían abajo, en la tierra, y de aquello que los seres humanos de la tierra pensaban y sentían. Cada alma recibe impresiones propias de sí misma. Por ejemplo, al prepararse para una vida futura, un alma puede estar viviendo de nuevo en la segunda mitad de su vida espiritual, cuando el nuevo nacimiento está cercano, y verse a sí mismo, al ser espiritualmente activo, mirando cada vez más hacia aquellos que están abajo. Algunos de éstos pueden parecer admirables para el alma que está arriba; y en realidad, puede ocurrir que el alma que está arriba fije su atención particularmente sobre una o dos figuras activas de la tierra que está abajo.

Supongamos que un hombre ha nacido en la segunda mitad del siglo diecinueve y, por consiguiente, estuvo en los mundos espirituales durante el comienzo de ese siglo y el final del precedente. Desde allí miró hacia las personas importantes que tuvieron influencia en nuestra civilización durante esa época. Entre ellos, hubo varios que admiró especialmente y le fueron queridos; una de nuestras experiencias es ésta: mirar hacia las personas que se desenvuelven aquí. Al obrar así, tenemos influencia real sobre ellos, pero no de un modo, que interfiera realmente en su libertad, sino más bien, de manera tal que la sensación de ser observados por alguien del mundo espiritual surge en sus almas. De este modo, los seres humanos de la tierra son estimulados a ser activos y creadores por las almas que van a nacer después de ellos y que ahora los están observando. Esto puede ocurrir en cosas íntimas, y también en asuntos más amplios.

Conozco el caso de un alma que vivió en el mundo espiritual durante el final del siglo dieciocho y el comienzo del diecinueve, y que tomó como propio ideal a un personaje prominente de la tierra, resolviendo imitarlo después de nacer. En forma clarividente, podemos ver los libros que escribía la persona que él deseaba imitar, mientras él miraba hacia abajo, desde el cielo a la Tierra, con cierto anhelo, con cierta ansiedad interior; y, aunque naturalmente con una sensación un poco diferente, nosotros, como seres vivientes, volvemos la vista hacia el otro lado, hacia el Cielo. Existe, sin embargo, esta diferencia considerable entre las dos experiencias. La visión del habitante de la tierra que mira hacia el Cielo sin tener conocimiento alguno de la Ciencia Espiritual, está propensa a permanecer más o menos indistinta; mientras qué el alma que vive en el mundo espiritual, puede ver las condiciones terrestres en forma muy clara. Ve el alma humana que admira tanto, y los libros que tanto desea leer, con gran claridad. En pocas palabras, en la segunda mitad de la existencia espiritual que media entre la muerte y un nuevo nacimiento, uno puede llegar al conocimiento de un alma humana aún hasta en pequeños detalles, porque uno puede mirar dentro de esa alma.

Nosotros mismos, en nuestra vida presente, podemos darnos cuenta de que existen almas que viven en el mundo espiritual y que esperan nacer en la próxima década o más o menos. Esas almas están mirando dentro de las nuestras con ojos ansiosos porque ven allí lo que les hace falta para su preparación para la vida terrestre. En este período de su vida espiritual ven nuestras almas con gran claridad, tanto como el hombre de la tierra, por su parte, ve su Cielo con gran vaguedad. Esto es simplemente una imagen, pero servirá para mostrar cómo, aún teniendo solamente un ligero conocimiento del mundo espiritual, podemos darnos cuenta de que somos observados, como en verdad lo somos, de múltiples maneras. La mirada de los seres espirituales, y en especial de aquéllos que se encarnarán pronto, está vuelta hacia nuestras almas. Vemos, por esto, que la Ciencia Espiritual no puede sino hacer el bien, ya que tiende a lograr que la gente sea más digna de aquellos que están en los mundos espirituales y que todavía no han nacido. Cuando la investigación clarividente examina todas estas cosas, experimenta el efecto de cosas notables, y a menudo, impresionantes. Y entre las más sorprendentes, está la visión de las almas, en su camino hacia el nacimiento, que miran hacia la tierra y buscan a aquellos que serán sus padres. En otros tiempos, esto era aún más notable que ahora, pero la observación de esas almas es todavía una de las experiencias más tocantes, y uno sale con gran abundancia de impresiones. Describiré una que tengo muy a mano.

Un alma que se prepara para la encarnación, sabe que necesitará para ella una clase particular de conocimiento, que debe ser adquirido en la temprana juventud; al mirar hacia abajo, observa, aquí y allá, posibilidades de obtenerlo. Puede ocurrir, sin embargo, que para obrar así, deba renunciar a los padres que le corresponden. Estos, en otros aspectos, le hubieran brindado la mejor de las vidas; pero, se ve obligado a tomar su vuelo natal hacia otros padres, que no pueden brindarle una vida feliz. Si fuera a elegir los otros padres, no estaría en condiciones de aprovechar las experiencias más importantes. No debemos pensar que todas las condiciones de la vida espiritual difieren absolutamente de la nuestra. Por ejemplo, un alma que, antes de nacer, tuviera su espíritu terriblemente lacerado y estuviera indecisa, podría decirse: “Quizá seré terriblemente maltratado en la infancia por padres rudos y groseros”. Si esta duda existiera, estalla un terrible conflicto dentro de sí mismo. En el mundo espiritual, uno ve muchas almas que tienen que pasar por esto cuando se preparan para el nacimiento. Debemos darnos cuenta deque, en estas luchas, las almas se enfrentan consigo mismas en el mundo espiritual, y que esas dificultades son para ellas, en cierto sentido, una especie de mundo exterior.

Lo que estoy explicando, no es solamente un conflicto interior del alma, ni tampoco sólo una batalla de las pasiones interiores, sino que está proyectado al exterior, y está, por así decirlo, completamente alrededor de uno. Se puede ver, en estampas visibles, las imágenes que pintan cómo estas almas, interiormente divididas, descienden hacia sus nuevas encarnaciones.

Cuando tenemos desplegadas ante nuestra vista todas estas circunstancias, podemos comprender muy bien por qué a muchas personas no les gusta la Ciencia Espiritual. La mayor parte de la gente prefiere creer que, tan pronto como han muerto, penetran en la felicidad eterna. Sin embargo, éste no es el caso, y está bien que las cosas sean como son, ya que, con las circunstancias existentes, el mundo alcanzará finalmente la etapa de perfección que le está destinada.

El poder de investigar nuestra vida, o la de otro, en el mundo espiritual, puede ser adquirido — lo que no deja de ser curioso — por medio de las fuerzas que, al aprender a caminar, dejamos en el cuerpo etérico. La práctica de la clarividencia nos muestra que estas fuerzas, cuando han sido realmente desarrolladas, tienen ciertas ventajas sobre las fuerzas clarividentes que se desarrollan con el objeto de volver la vista hacia vidas más antiguas. Deseo que prestéis una atención especial a esta diferencia que existe entre ellas, ya que este hecho puede, en muchos aspectos, arrojar luz sobre varias cosas. No existe mejor medio para desarrollar fácilmente una clarividencia peligrosa, que el de usar las fuerzas que existen en el hombre actual para desarrollar los órganos de la palabra, las cuales, si se reservan, lo capacitan para mirar dentro de sus antiguas vidas terrenales; ya que estas fuerzas están muy relacionadas con los instintos y las pasiones más bajas que existen en el hombre. No hay camino mejor para llegar cerca de Lucifer y de Ahriman que el desarrollo de estas fuerzas; pues, aunque nos conducen realmente hasta la alta posición de ser capaces de volver la vista hacia las vidas pasadas de otra gente y de uno mismo, conducen también hacia el reino de la ilusión. Y si no están correctamente desarrolladas, el clarividente puede, bajo su influencia, caer a un nivel moral muy bajo, en lugar de elevarse hasta las alturas. A causa de esto, estas fuerzas son de las más peligrosas, y solamente deberían desarrollarse si, al mismo tiempo, el maestro está decidido a desarrollar la moralidad más pura en sus discípulos. Por esto, un maestro experimentado no se dejará persuadir fácilmente, y en forma sistemática, para desarrollar las fuerzas que capacitan al hombre para observar antiguas encarnaciones. Es tan raro encontrar las fuerzas objetivamente desarrolladas, es decir, desarrolladas correctamente, o sea, usando solamente las fuerzas de la palabra, como es común hallar cierta clarividencia de bajo nivel que puede mirar dentro de los mundos espirituales y dar descripciones de algunas regiones espirituales. Es por ello que se usan generalmente otros medios cuando se quiere conducir a las personas a observar sus antiguas encarnaciones, y tocamos aquí un punto interesante que muestra que necesario es prestar atención a cosas que, en general, no se tienen en cuenta. Es muy raro que alguien, por medio de su instrucción espiritual, sea capaz de volver la vista hacia sus antiguas vidas terrenales desarrollando solamente las fuerzas de la palabra; es un caso muy raro, pero existen muchas personas en la actualidad que pueden hacerlo.

Generalmente, se obtiene este fin con otros medios, uno de los cuales puede impresionar como muy extraño, y sin embargo, descansa sobre una profunda verdad. Supongamos un hombre bien entrado en años; requeriría demasiado esfuerzo, y quizá, la prueba sería excesiva, si él tratara de volver la vista kármicamente hacia sus antiguas vidas desarrollando las fuerzas de la palabra.

En consecuencia, las fuerzas espirituales tienen el auxilio de otros medios que muchos suponen que son meramente accidentales. El puede encontrarse con alguien que lo llame por un nombre especial, o haga referencia a cierta época, o a cierta gente. Esto obra exteriormente sobre su alma de tal modo que, como resultado, él podrá desarrollar las fuerzas necesarias que sirvan de apoyo a la clarividencia. Se dará cuenta entonces de que el nombre por el cual era llamado, o las palabras pronunciadas lo conducirán, sin que el que habla tenga conocimiento de ello, a la visión retrospectiva de sus vidas pasadas. Este es un caso en que se recurre a medios externos. La persona en cuestión oye la referencia a un nombre, a una época o a un país, y con eso se la estimula desde afuera, por así decirlo, a observar sus anteriores encarnaciones terrenales.

Estos estímulos externos son a veces de gran importancia para una observación clarividente del mundo. Uno tiene lo que parece ser una experiencia completamente accidental, pero de aquí irradia un estímulo para las fuerzas clarividentes que uno posee, de otra manera, sólo en forma rudimentaria.

 Estas son unas pocas indicaciones aforísticas que quería brindaros como el medió de hacer que el mundo espiritual penetre dentro del mundo terrenal; éste es un asunto realmente muy complicado. Vemos, por lo tanto, que el volver la vista hacia las anteriores vidas terrenales es un procedimiento más o menos peligroso, ya que las fuerzas de la tentación tienen algo que ver con esta práctica. Pero, en cambio, hay muy pocos hombres que, al desarrollar sus fuerzas clarividentes con el objeto de observar la vida que transcurre en el mundo espiritual antes del nacimiento, serían propensos a la tentación de hacer mal uso de ellas. Por lo general, sólo almas con cierta pureza, con cierta moralidad natural, pueden volver la vista con cierto grado de certeza hacia la vida transcurrida en el espíritu antes de su actual vida terrenal. Esto ocurre porque las fuerzas que se usan como fuerzas clarividentes para mirar en la época prenatal, son fuerzas de la infancia, fuerzas economizadas al aprender a caminar. Son las fuerzas más inmaculadas que existen en el hombre. Estas fuerzas inocentes —pido a algunos que tomen nota de esto— son también aquéllas por medio de las cuales el hombre, cuando las desarrolla, es capaz de mirar dentro de la vida que precedió a su nacimiento. Esta es también la razón del porqué una criatura produce tanto encanto y satisfacción. Los niños pequeños están rodeados en su aura por esas fuerzas que, en su mayor parte, se usan para aprender a caminar —fuerzas que son también capaces de iluminarlas cosas que ocurren antes del nacimiento. En lo que concierne a la experiencia clarividente, un niño, en cuyo semblante sean patentes la inocencia y la inexperiencia del mundo, manifiesta en su aura algo mucho más interesante que lo que pudiera observarse en el aura de una persona mayor.

Las luchas y conflictos que se suceden en el país del espíritu antes del nacimiento, y que determinan su destino, hacen de lo que rodea al niño como su aura, una cosa infinitamente grande y llena de sabiduría. Esa sabiduría es a menudo mucho más grande que la que un ser humano, en el resto de su vida,pueda encerrar en palabras. El semblante del niño puede ser una cosa indefinida, pero el clarividente que lo observa puede aprender muchísimo si su visión es capaz de percibir lo que rodea al niño como un aura. Y si las fuerzas que pertenecen a la infancia se desarrollan más tarde en forma clarividente, uno puede percibir las circunstancias concretas que preceden al nacimiento del hombre. Quizá sea una satisfacción personal el poder mirar dentro de ese mundo, pero reviste particular interés para el que está ansioso de comprender la conexión total. Una búsqueda en los anales Akáshicos relacionada conciertas personalidades de la historia del mundo, no consiste solamente en leerlo que está allí inscrito acerca de sus vidas en el plano físico, sino que debe mostrarnos también cómo preparan ellos sus próximas vidas en ese plano, mientras viven como almas en el mundo espiritual entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Ahora bien, las fuerzas que pueden arrojar luz sobre las anteriores encarnaciones, si las conservamos en estado de pureza, no se han guardado tanto deja infancia como de esa edad del ser humano en que se desarrollan las pasiones (a menudo las más bajas y las peores). Estas fuerzas, que se ocupan

de tareas diferentes en la naturaleza del hombre, se desarrollan mucho después que aquéllas que están relacionadas con la formación de la palabra. Estas fuerzas están unidas a todo aquello que se desarrolla en el hombre bajo la forma de sentimientos de amor sensual, y a todas las cosas que están relacionadas con estos sentimientos. Existe una relación especial entre todo lo que conduce hacia el amor sensual y todo lo que conduce a la palabra. Y esto se manifiesta en el ser humano en las alteraciones sonoras que conducen al cambio de la voz. A partir de esta edad se almacenan muchas de estas fuerzas, y si las conservamos en estado de pureza, pueden conducirnos a una visión retrospectiva de nuestras antiguas vidas terrenales; pero, si no las conservamos en estado de pureza, estas fuerzas pueden revelarse como los instintos sensuales del hombre, y conducirnos entonces a una depravación oculta muy grande. Estas fuerzas clarividentes, economizadas en aquella época especial de la vida, son las más propensas a la tentación.

Comprendéis así, mis queridos amigos, la relación total. El clarividente que está pronto a hablar acerca de la época transcurrida entre la muerte y un nuevo nacimiento (y alguno de vosotros debe de haberse dado cuenta de lo poco que se habla acerca de éste), ha desarrollado en sí mismo las fuerzas que economizó en su temprana infancia. Pero se debe desconfiar del clarividente que habla mucho —por lo general, tonterías— acerca de las antiguas encarnaciones de la gente, y esto, ocurre muy a menudo. Ciertas personas manejan esa información como si estuviera servida en una bandeja, por así decirlo. Debernos desconfiar de tales personas, porque las fuerzas que se suscitan en este dominio son las que están más abiertas a la tentación. Las fuerzas que pueden economizarse con este objeto, se guardan desde la época en que se desarrolla el amor sensual, cuando el hombre todavía no se manifiesta en la vida social. Estas fuerzas conducen algunas veces a una gran tontería, y especialmente a tonterías ocultas, porque éstas, más que ninguna, están sujetas a errores sucesivos en los dominios del mundo espiritual.

¿Por qué, entonces, la información de los clarividentes que están sujetos a estas fuerzas particulares es, tan a menudo, poco digna de fe?. Esto ocurre porque, entre ellas, se despiertan en el hombre al mismo tiempo, como un vaho, los instintos y los impulsos más bajos; y entonces, cuando Ahriman y sus espíritus ahrimánicos se aproximan, de esa especie de vaho que se levanta, ellos forman fantasmas que pueden observarse y que se consideran entonces como pertenecientes a antiguas encarnaciones.

El tipo correcto de clarividencia, que permite describir circunstancias como las que se mencionan en la Ciencia Oculta, puede ser fácilmente desarrollado con la economía de las fuerzas que sólo podrían reservarse en una etapa posterior de la vida — después de los veinte a los veinticinco años. Las fuerzas que se desarrollan entonces, están comúnmente relacionadas con la vida del intelecto y, durante esta época, la vida puede tomarse con cierto tranquilo sentido común. De este modo, las investigaciones en este dominio están menos sujetas a errores y a engaño.

Vemos, entonces, que las grandes relaciones del mundo, las grandes relaciones espirituales, se pueden determinar por medio de esas fuerzas que, en la naturaleza humana, trabajan para el desarrollo del cerebro. La visión de antiguas vidas terrenales se puede adquirir con el cultivo de aquellas fuerzas que se economizan en la juventud, cuando ya no hacen falta para el desarrollo de la palabra y rigen el dominio y los órganos de los deseos sensuales. El país del espíritu propiamente dicho, que es de especial interés porque allí se prepara la nueva vida, se puede investigar por medio de aquellas fuerzas que se economizan en la temprana infancia, cuando el niño aprende a caminar.

Los hechos enunciados son, en verdad, notables, pero si deseamos penetrar en el mundo espiritual, debemos acostumbrarnos a aceptar muchas nuevas concepciones que, al principio, deben de parecernos paradójicas. El mundo espiritual no existe simplemente para proporcionar una continuación del mundo físico de los sentidos —y realmente, en muchos aspectos, es exactamente lo opuesto de éste último. El hombre aparece como un ser muy importante en el universo cuando miramos la única cara de su transcurrir en la vida terrenal, su destino, su capacidad, y sus actividades. Por el otro lado, si se aprende a entender lo espiritual, vemos la vida muy diferente que tuvo entre la muerte y un nuevo nacimiento. Recién entonces contemplamos al hombre en su entera significación y destino.

En estas dos conferencias traté de brindaros una idea, una descripción de varias cosas que existen en el mundo espiritual. Quise hacerlo así de un modo muy aforístico, porque nos hemos encontrado aquí por primera vez, y porque podréis conocer más de las exposiciones sistemáticas de mis libros y publicaciones. Por eso, quise agregar un poco aquí y allá a lo que ya había expuesto en otra parte. Me pareció que esto sería más útil, para los amigos de esta ciudad, que haber elegido un capítulo más orgánico de la Ciencia Espiritual. Si me permitís expresarme así, al final de una unión, para mí, tan feliz, quisiera que la Ciencia Espiritual penetrara en los corazones y en las almas de los hombres de la época actual, tanto como sea posible. Esto es importante por dos razones.

Primero, porque si consideramos la vida que nos rodea, y observamos los hechos de esa vida, y cómo el hombre se vuelve cada vez más materialista en su espíritu a pesar de los grandes adelantos de la cultura, nos damos cuenta de que es cada vez más necesario que el hombre posea la Ciencia Espiritual, tanto como le haga falta, y ello ocurre solamente porque esta vida exterior lo hace tan materialista. Sólo por esto, porque los grandes hechos de la vida exterior pueden convertir al hombre en un ser materialista, éste necesita el contrapeso de la Ciencia Espiritual. La Ciencia Espiritual es una necesidad para la vida terrenal de la humanidad, y debe llegar a serlo cada vez más en un futuro cercano. Cualquiera que reflexione sobre el grado en que la vida externa, no obstante los grandes adelantos de la civilización, puede gradualmente descender cada vez más hondo en el materialismo, y paulatinamente decaer, y extinguirse, sentirá dentro de sí mismo el anhelo de ver que la Ciencia Espiritual penetra en los corazones y en las almas de los hombres. Nuestra civilización puede progresar más, y llegar a ser cada vez más grande; pero aunque necesitemos nuestros ferrocarriles y vapores, los teléfonos, los aviones, y todo lo que la civilización pueda proporcionarnos, sin embargo, así como las aves, canoras son rechazadas por el humo de nuestras chimeneas, también la alegría, la frescura y la armonía de nuestra vida anímica desaparecerá bajo, la influencia de esta cultura materialista, a menos que la Ciencia Espiritual conduzca al hombre hacia la espiritualidad. En consecuencia, el que sea capaz de conservar claramente las circunstancias, debe experimentar la necesidad de hacer que la Ciencia Espiritual se conozca más ampliamente; esto es una necesidad.

Por otra parte, está el hecho de que, a causa de esta cultura materialista, el hombre nunca ha rechazado tan poderosamente la Ciencia Espiritual, ni la ha odiado tanto como en la actualidad.

Hoy nos enfrentamos con estos dos hechos inevitables, la Necesidad y la Incomprensión. Están frente a nosotros como dos pilares entre, los cuales debemos pasar, si queremos difundir la Ciencia Espiritual por el mundo. Para nosotros, que deseamos madurar nuestras almas para la Ciencia Espiritual, habrá en cada pilar un desafío, un severo llamado a realizar todo lo que esté en nuestro poder para que la Ciencia Espiritual llegue a nosotros y a todos aquellos que claman por ella.

Quise dirigirme a vosotros desde este punto de vista la primera vez que hablé en esta ciudad, y desde este mismo punto de vista quiero decir mis palabras de despedida: de este modo, algo de aquello que se me ha permitido expresar podrá llegar a vuestros corazones y a vuestras almas, y no sólo a vuestras mentes. Debéis sentiros, entonces, más estrechamente unidos a nosotros y a todos aquellos que desean difundir este movimiento por el mundo en una forma más activa que como lo han hecho hasta ahora.

Como no podemos permanecer reunidos en el espacio como lo hemos estado hasta ahora —por la primera vez— me gustaría tener la sensación de que esta visita acercará nuestras almas más estrechamente que antes. Con este deseo, mis queridos amigos, me despido de vosotros y de vuestra numerosa ciudad. Tengo plena conciencia de que, cuando una reunión como ésta ha tenido lugar, nuestra unión en el espacio ha sido un estímulo para una unión que no depende del tiempo ni del espacio. Con estas palabras os saludo y me despido de vosotros. Que el hecho de haber estado juntos en el espacio pueda proporcionar el estímulo para una unión permanente y constante en el espíritu.

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Traductor desconocido

GA140c1. Visiones del mundo espiritual

Rudolf Steiner – Bergen (Noruega) 10 de Octubre de 1913

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Audio en español de esta conferencia

Mis queridos amigos:

Con todo mi corazón contesto al saludo tan amable  recién dirigido por vuestro representante, y estoy seguro de que aquellos amigos que han venido a esta ciudad para tomar parte en un vivir antroposófico en compañía de nuestros amigos de Bergen, se unirán a mí para esto. Hemos hecho un hermoso viaje a través de las grandes montañas que nos dan una bienvenida tan agradable y amistosa, y creo que nuestros amigos gozarán con seguridad de su permanencia en esta vieja ciudad hanseática durante todo el tiempo que podamos estar aquí. Ese maravilloso logro del hombre, el ferrocarril por el cual viajamos, nos dio a conocer, más estrechamente que en otras partes de Europa, la impresión de la energía de la fuerza creadora humana en una combinación real con la Naturaleza misma. Cuando uno ve las rocas que han tenido que ser desmenuzadas para que la mano del hombre pudiera construir ese trabajo, a la par de aquel otro construido y acumulado por la Naturaleza misma, las muchas impresiones que uno recibe hacen verdaderamente de una visita a una región así, una de las más hermosas experiencias posibles. En esta antigua ciudad, nuestros amigos pasarán el tiempo de su permanencia entre hermosas impresiones que serán conservadas en su memoria como el telón de fondo de su visita. Estos serán días de almacenar recuerdos, muy especialmente porque podemos satisfacer en nosotros mismos con la visión física de que aún aquí, en esta parte del mundo, podemos encontrarnos con corazones antroposóficos que laten al unísono con el nuestro en la búsqueda de los tesoros espirituales de la humanidad. Con seguridad, nuestra visita a esta ciudad nos unirá más estrecha y afectuosamente con aquellos que aquí nos han recibido de un modo tan cariñoso.

Bergen

Estamos reunidos aquí por primera vez y lo que deseo deciros tendrá que ser de carácter aforístico. Me gustaría hablar un poco de lo que pertenece al dominio del mundo espiritual, y esto se dice más fácilmente y mejor por la palabra hablada que por la escrita, no sólo porque, teniendo en cuenta los prejuicios existentes en el mundo actual, es difícil confiar a la palabra escrita lo que tengo el gusto de depositar en los corazones de los antropósofos, sino porque es también difícil hacerlo así, ya que las verdades espirituales pueden ser realmente mejor divulgadas con palabras que con la letra escrita o impresa.

Esto se aplica en forma más particular a las verdades espirituales más íntimas. Aunque ha sido necesario que yo permitiera que verdades, espirituales íntimas fueran escritas e impresas, ello siempre me resultó amargo. Por el hecho mismo de que los seres espirituales, de los cuales se habla en tales escritos, no pueden leerlos, es un asunto muy difícil, ya que los libros no pueden ser leídos en los mundos espirituales. Durante un corto tiempo después de nuestra muerte, los libros pueden ser leídos en nuestra memoria, pero los seres de las Jerarquías más altas no pueden leer nuestros libros. Cuando se me pregunta si ellos no desean adquirir el arte de la lectura, me veo obligado a decir que, de acuerdo a mi experiencia, no muestran deseos de hacerlo por ahora, porque no consideran que la lectura de lo que se produce sobre la Tierra les sea útil o necesario. La lectura de los seres espirituales comienza cuando el hombre sobre la Tierra lee lo que está escrito en los libros, y este contenido se convierte en sus pensamientos, los pensamientos vivos de los hombres. Los espíritus pueden entonces leer ese contenido en el pensamiento del hombre. Pero lo  que se escribe o imprime es, digamos, oscuridad para los seres del mundo espiritual. Por eso, al confiar algo a la escritura o a la imprenta, uno siente que está comunicando algo a espaldas de los seres espirituales, algo que sin embargo está dirigido precisamente a ellos. Esto es un sentimiento genuino, mis queridos amigos, un sentimiento que, podría arriesgarme a decir, ni siquiera un ciudadano culto de la época actual podría compartir por completo, aunque cualquier ocultista verdadero debe tener esta sensación de disgusto al escribir o mandar algo a la imprenta.

Cuando penetramos en los mundos espirituales con visión clarividente, parece ser de especial importancia que, en el momento presente y en el futuro cercano, el conocimiento del mundo espiritual deba ser conocido cada vez más ampliamente, porque el cambio de la vida anímica del hombre, que es tan necesario ahora y llegará a serlo mucho más, depende en gran parte de la difusión de la Ciencia Espiritual. Si volvemos la mirada con visión espiritual sólo unos pocos siglos atrás, se puede ver que llegaremos a algo que debe sorprender mucho a cualquiera que ignore estas cosas. Hallamos que el intercambio entre los vivos y los muertos se hace cada vez más difícil, y que había un intercambio mucho más activo entre ellos, hasta hace un tiempo relativamente corto. Cuando un cristiano de la Edad Media, o en realidad, un cristiano de hace pocos siglos, al rezar, dirigía sus pensamientos a los muertos que le eran queridos y cercanos, sus emociones y sentimientos eran entonces más capaces, que lo que podrían serlo ahora, de influir en el ánimo de los muertos.

Era mucho más fácil entonces que las almas de los muertos se sintieran penetradas por el cálido aliento del amor de aquellos que pensaban en ellos y los buscaban en sus plegarias, que lo que lo es ahora, si nos guiamos solamente por la cultura exterior de la época. En la actualidad, los muertos están mucho más aislados de los vivos que hasta hace poco tiempo. Es, en cierto sentido, mucho más difícil para ellos darse cuenta de lo que habita en las almas de los que han dejado atrás. Esto radica en la evolución de la humanidad, pero en esta evolución nuestra debe radicar también la recuperación de esta conexión, este intercambio vital entre los vivos y los muertos. En otros tiempos, era todavía normal que el alma humana estuviera en contacto con los muertos, aunque ya no con entera conciencia porque el hombre había dejado de ser clarividente por un largo tiempo. En épocas todavía más tempranas, el hombre podía buscar a sus muertos con visión clarividente y seguir su vida posterior, y así como entonces era normal tener intercambio vital con los muertos, así también ahora el alma, si obtiene pensamientos e ideas acerca de los mundos espirituales más elevados, podrá obtener el poder de establecer un intercambio vital, con los muertos. Y entre las tareas prácticas de la Antroposofía estará la de construir gradualmente el puente entre los vivos y los muertos por medio de la Ciencia Espiritual. Para que podamos entendernos claramente, quiero, ante todo, atraer vuestra atención hacia algunos puntos relacionados con este intercambio entre los vivos y los muertos.

Comenzaré por un fenómeno muy simple que establece un vínculo para una investigación espiritual más amplia. Aquellos espíritus que acostumbran a examinar un poco las cosas, habrán observado el siguiente fenómeno en ellos mismos —y confío en que muchos también lo hayan hecho. Tomemos el caso de un hombre que haya odiado a alguien o que quizás sólo tenía conciencia de que le era antipático. Ahora bien, cuando la persona que ha sido odiada o no ha gozado de aprecio muere, ocurre a menudo que el hombre que lo odiaba en vida no puede seguir odiándolo con la misma intensidad; no puede mantener su antipatía: Si el odio continúa más allá de la tumba, él experimenta una especie de vergüenza de que así sea. Esta sensación, experimentada por muchos, puede rastrearse en forma clarividente, y durante esta investigación uno se puede hacer la siguiente pregunta: “¿Por qué sentir vergüenza por el odio o la antipatía hacia el muerto, teniendo en cuenta que absolutamente nadie sabe que se abrigan esos sentimientos?”.

Cuando el investigador clarividente sigue, a través de las puertas de la muerte hasta los mundos espirituales, al que ha partido, y allí vuelve la vista hacia el hombre que quedó atrás, encuentra que, en general, aquél tenía una percepción muy clara del odio del que vive; en realidad, si se me permite la expresión, él ve el odio, por así decirlo. El clarividente es capaz de establecer en forma muy precisa que el muerto percibe el odio, y podemos también averiguar qué significado tiene ese odio hacia el muerto. Ese odio crea un obstáculo para sus buenas intenciones en su medio ambiente espiritual, comparable a los obstáculos que, en la Tierra, podemos encontrar atravesando el logro de nuestros propósitos. Es un hecho que, en el mundo espiritual, los muertos encuentran que el odio o la antipatía sentida hacia ellos es un obstáculo en el camino para llevar a cabo sus buenas intenciones. Podemos entender entonces por qué, en un espíritu que bucea un poco en sí mismo, el odio, aun ampliamente justificable, se extinguirá a causa de la vergüenza que produce, después de la muerte del ser odiado. Si un hombre no es clarividente, no conoce con certeza la razón, pero una sensación natural en su espíritu le dirá que está siendo observado. El siente: “El muerto se da cuenta de mi odio. Esta antipatía mía es un obstáculo en el camino de sus buenas intenciones”. Existen en el alma humana muchos sentimientos profundos que se aclaran cuando ascendemos a los mundos espirituales y enfrentamos los hechos espirituales que son la causa de estos sentimientos. Así como en la Tierra no deseamos que nos observen desde afuera, físicamente, cuando hacemos ciertas cosas — y en realidad nos abstenemos de hacerlas si sabemos que nos observan — así también, no seguimos odiando a un hombre después de su muerte si tenemos la sensación de que se nos observa. Pero el cariño, o aun la simpatía, que experimentamos por el muerto, hacen realmente más fácil su viaje; elimina los obstáculos a su paso. Lo que ahora estoy afirmando, es decir, que el odio crea obstáculos y que el amor los elimina, no supone interferencia alguna con el Karma, mayor que la de algunas cosas que ocurren en la Tierra y que no debemos considerar que pertenecen directamente al Karma. Por ejemplo, si tropezamos con una piedra, no debemos atribuir eso siempre al Karma — de todos modos, a un Karma moral. En el mismo sentido, no está en contradicción con el Karma, el hecho de que los muertos experimenten alivio a causa del amor que fluye desde la Tierra o que encuentren obstáculos que obstruyen el camino de sus buenas intenciones.

Otra cosa que interesará aun más poderosamente, en lo que se refiere al intercambio entre los vivos y los muertos, es el hecho de que los muertos necesitan, en cierto sentido, alimento, aunque no, naturalmente, el mismo alimento de los seres humanos en la Tierra, sino un alimento psíquicamente espiritual. Así como en la Tierra nosotros tenemos campos de cosecha, en los cuales maduran los frutos que sostienen nuestra vida física (puedo usar la comparación porque corresponde a los hechos), así también los muertos deben tener sus campos de cosecha en los cuales puedan recoger los frutos que necesiten para el tiempo que media entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Cuando la visión clarividente acompaña a los muertos, se puede ver que las almas humanas dormidas son los campos de cosecha de los muertos. Es, en verdad, no sólo sorprendente, sino perturbador en extremo para el hombre que por primera vez es capaz de ver en el mundo espiritual, darse cuenta de cómo las almas que viven en el período intermedio entre la muerte y un nuevo nacimiento, se precipitan hacia las almas dormidas en busca de los pensamientos e ideas que allí se puedan encontrar. De ellas obtienen la provisión de alimentos que necesitan. Cuando vamos a dormir por la noche, los pensamientos e ideas que han frecuentado nuestra mente en las horas de vigilia, vuelven a la vida — se convierten en seres vivientes, por así decirlo. Luego las almas de los muertos se acercan y participan de estas ideas, y al obrar así, se sienten alimentadas. ¡Oh! es una experiencia conmovedora en extremo el volver nuestra visión clarividente hacia los muertos que visitan de noche a sus amigos dormidos. (Esto se adapta en particular a la consanguinidad). Ellos desean bañarse allí y, por así decirlo, nutrirse de los pensamientos e ideas que los seres vivientes llevan consigo al sueño, pero no pueden hallar nada nutritivo. Es que hay una gran diferencia entre una idea y otra, en lo que se refiere a nuestra condición en el sueño. Si estamos ocupados todo el día con la parte materialista de la vida, dedicando nuestra mente sólo a lo que ocurre en el mundo físico y a lo que allí se puede hacer, y antes de irnos a dormir no dedicamos un solo pensamiento a los mundos espirituales —en realidad hacemos exactamente lo contrario en ciertos aspectos— no podemos ofrecer alimento alguno para los muertos.

Conozco ciertos lugares de Europa donde los jóvenes están educados de tal manera, que van a dormir después de haber tratado de beber toda la cerveza que les es posible soportar. Eso significa que los pensamientos e ideas que se apoderan de ellos no pueden vivir en el mundo espiritual, y cuando los muertos se les aproximan, encuentran un campo árido; esto resulta tan duro para ellos, como lo es para nosotros cuando nuestras cosechas fracasan y llega el hambre. Especialmente en la actualidad, se puede observar que el hambre es muy grande en el mundo espiritual, ya que los sentimientos materialistas son los que prevalecen y hay una gran cantidad de personas que consideran infantil ocuparse del mundo espiritual. Ellos niegan así el alimento anímico necesario a aquellas almas que, después de la muerte, están obligadas a obtener de ellos su nutrición.

Para comprender correctamente este hecho, es necesario aclarar que, después de la muerte, podemos alimentarnos de los pensamientos e ideas de aquellas almas que de algún modo estuvieron en contacto con nosotros durante nuestra vida. No podemos obtener alimentos de aquellos que no estuvieron en contacto con nosotros. Si hoy difundimos la Ciencia Espiritual de modo que podamos tener nuevamente un vivo contenido espiritual en el alma, entonces mis queridos amigos, no solo trabajamos para que los seres vivientes queden satisfechos, sino que tratamos de llenar nuestros corazones y nuestras almas con pensamientos acerca del mundo espiritual sabiendo que los muertos que estuvieron en relación con nosotros en la Tierra, deben alimentarse con ellos. Hoy tenemos la sensación de que no sólo trabajamos para los que llamamos seres vivos, sino también de que servimos al mundo espiritual al difundir la Ciencia Espiritual. Cuando nos dirigimos a los vivos explicando cómo debe ser este diario vivir, entonces, a causa de la satisfacción que estas salmas experimentan, estamos creando ideas para su vida nocturna que pueden ser un alimento provechoso para aquellos cuyo Karma los condujo a la muerte antes que a nosotros. Por eso se siente la necesidad de hacer que la Antroposofía se conozca no sólo por los métodos externos ordinarios, sino que existe también un impulso interior para cultivarla en grupos, ya que es de gran importancia que las personas que estudian Antroposofía puedan asociarse.

Como ya lo he dicho, los muertos pueden obtener alimento sólo de aquéllos con quienes tuvieron contacto en vida, y tratan de unir a las almas entre sí para hacer aun más extensos los campos de cosecha de los muertos. Muchos hombres que no puedan encontrar campos de cosecha después de la muerte, porque toda su familia era materialista, podrán encontrar alguno entre las almas de los antropósofos con los que hubieran estado asociados. Este es el motivo más profundo por el cual debemos trabajar juntos y desear de que cualquier miembro que muera pueda, antes de su muerte, relacionarse con antropósofos que, mientras estuvieron en la Tierra, se ocuparon de cosas espirituales, para que puedan después, cuando estén dormidos, puedan obtener alimento de ellos.

En los primeros tiempos de la evolución del hombre, cuando las almas humanas estaban todavía llenas de cierta vida religiosa y espiritual, las comunidades religiosas, y especialmente las personas consanguíneas, buscaban el intercambio con los muertos. Pero ahora, la consanguinidad ha perdido su poder y debe ser reemplazada cada vez más por el cultivo de una vida espiritual como la de nuestro movimiento. Por eso, vemos que la Antroposofía puede promover la creación de un nuevo vínculo entre los vivos y los muertos, y así podamos ser de utilidad para éstos. Y cuando en la actualidad, con visión clarividente, hallamos personas que viven entre la muerte y un nuevo nacimiento y que experimentan la desdichada suerte de descubrir que todos aquéllos que conocieron en la Tierra, aún sus propios parientes, sólo tienen pensamientos materialistas, reconocemos la necesidad de infundir pensamientos espirituales en la cultura actual. Por ejemplo, hallamos en el mundo espiritual un hombre que conocimos en la Tierra y que recién ha muerto dejando deudos que también conocemos, su esposa e hijos, todos los cuales son buenas personas en su fuero externo. Con visión clarividente vemos que este hombre no es capaz de encontrar a su mujer, que era el sol mismo de su existencia cuando volvía al hogar después de una ruda jornada laboral; y debido a que ella no tenía pensamientos espirituales en el corazón ni en la mente, él no puede ver dentro de su alma, y si está en estado de hacerlo, se pregunta: “Dónde está mi esposa?. ¿Qué se ha hecho de ella?”. Sólo puede volver la mirada a la época en que estaba con ella en la Tierra; pero ahora, cuando ella es su mayor necesidad, no puede hallarla. Y esto puede ocurrir. Hay mucha gente en la actualidad que más o menos cree que los muertos, en lo que a nosotros concierne han llegado a un cierto estado de inanidad, y esta gente sólo puede pensar en ellos con pensamientos completamente materialistas, pensamientos sin provecho alguno. Cuando en la vida después de la muerte miramos hacia alguien en la Tierra que nos apreciaba, pero que no cree en la supervivencia del alma después de la muerte, en ese momento, cuando toda nuestra atención está enfocada en el intento de lograr contacto con el ser querido, nuestra visión resulta como extinguida porque no podemos hallar al amigo que vive, ni entrar en contacto con él. Sin embargo, sabemos que podría hacerse muy fácilmente si tuviera pensamientos espirituales en su mente. Esa es una experiencia de los muertos que es muy frecuente y muy penosa. Con visión clarividente, muchos pueden darse cuenta de que hay almas que, después de la muerte, encuentran muchos obstáculos en el camino de sus intenciones a causa de los pensamientos de odio que los acompañan; y el alma no puede hallar alivio en los pensamientos cariñosos de los que dejó atrás porque no puede entrar en contacto con ellos a causa de su materialismo. Estas leyes del mundo espiritual, que pueden ser apreciadas con visión clarividente, tienen validez real y verdadera, como se puede ver en los casos que ha sido posible observar. Es interesante observar cómo trabajan los pensamientos de odio, y aún de mera antipatía, aunque no estén formados con plena conciencia. Hay maestros de escuela que, en general, fueron tenidos por severos y fueron incapaces de atraerse el cariño de sus jóvenes alumnos, pero cuyos pensamientos de odio y antipatía son inocentes, por así decirlo. Cuando un maestro así muere, uno ve también aquí  cómo los pensamientos que lo acompañan son para él, por así decirlo, obstáculos en el mundo espiritual. El niño o el joven no piensa que, cuando el maestro muere, no debe seguir odiándolo, pero, naturalmente, sigue haciéndolo así al recordar cómo fue atormentado por él. Con estas ojeadas podemos aprender mucho de lo que se refiere a la relación entre los vivos y los muertos, y lo que he estado tratando de exponer hoy ante vosotros tiene el propósito de sugerir algo factible de desarrollo y de buen resultado para nuestros esfuerzos antroposóficos. Me refiero a lo que se conoce como “leer para los muertos”. Se ha probado en nuestro movimiento que rendimos un servicio inmenso a aquellas almas que han muerto antes que nosotros al leerles acerca de cosas espirituales. El modo de hacer esto es dirigir los pensamientos hacia ellos, imaginarlos parados o sentados delante de uno, para que resulte más simple. De esta manera se puede leer a varios al mismo tiempo. No hace falta leer en voz alta sino seguir atentamente los pensamientos escritos, teniendo siempre presente al muerto en la mente, y pensando: “Está parado delante de mí, le estoy leyendo”. Ni siquiera es necesario leerles de un libro, pero no se deben pensar cosas abstractas sino pensar cada cosa en forma clara; ése es el modo de leerles a los muertos. Esto puede ser llevado tan lejos, aunque sea más difícil de hacer, que uno puede leer aún a alguien con quien sólo se hubiera estado en relaciones lejanas. Ello es posible, si se han tenido pensamientos comunes, por ejemplo, una creencia en la misma concepción del cosmos, o si se han tenido relaciones personales a causa de ideas semejantes acerca de ciertos dominios de la vida.

Puede serle de gran ayuda la lectura después de la muerte. Se ha hecho esto en todas épocas. Se me ha preguntado: “¿Cuál es el mejor momento para hacer esto?”. Eso no depende del momento. Lo que importa es que se piense en forma profunda y no superficialmente. El tema debe salir palabra por palabra, como si se hablara desde adentro de uno mismo. Si se obra de esta manera, el muerto lee junto con nosotros. Este tipo de lectura es útil no sólo a los antropósofos ¡muy lejos de eso!. Hace poco tiempo uno de nuestros amigos, y también su mujer, se sentían inquietos todas las noches. Experimentaban un desasosiego; y como hacía poco tiempo que el padre del hombre había muerto, él llegó a la conclusión de que el alma de su padre estaba presente necesitando algo de su hijo. Nuestro amigo vino a consultarme y resultó que su padre, que en vida nunca quiso oír una sola palabra de Ciencia Espiritual, experimentaba ahora una gran necesidad de saber algo de ella. El hijo y su mujer le leyeron entonces el Curso sobre el Evangelio de San Juan que di una vez en Cassel.  Este alma se sintió muy ayudada y elevada por encima de muchas desarmonías que había estado experimentando después de su muerte. Este caso es muy notable porque el muerto había sido un predicador que constantemente se dirigía al público desde su propio punto de vista religioso; sin embargo, después de su muerte, sólo quedó satisfecho al tener una lectura del Evangelio de San Juan dilucidada antroposóficamente. Vemos, entonces, que no es absolutamente necesario que el muerto a quien deseamos ayudar haya sido antropósofo en vida; sin embargo, es natural, ayudamos más especialmente a estos últimos al leerles.

Cuando vemos hechos como éste, mis queridos amigos, adquirimos ideas distintas acerca del alma del hombre. El alma humana es, en verdad, mucho más complicada de lo que generalmente se supone. En realidad, sólo tenemos conciencia de una pequeña parte de nuestra vida anímica. Ocurren muchas cosas en las profundidades subconscientes del alma que el hombre conoce poco. A menudo, es justamente lo opuesto a lo que cree y piensa en su conciencia normal. Puede ocurrir a menudo que un miembro de una familia sea atraído por la Antroposofía, mientras que su hermano, su mujer, o alguien en relación estrecha con él, no están de acuerdo con esa actitud y se enfurezcan con él por haberlo hecho. Existe a menudo una creciente antipatía hacia la Antroposofía en una familia de esa clase, de modo que la vida se hace realmente difícil a causa de la actitud de estos buenos amigos y de sus queridos parientes. Ahora bien, si se investigan esas almas en forma clarividente, ocurre a menudo que en las profundidades de su subconsciente se desarrolla un profundo anhelo por la Antroposofía. A menudo, el pariente que interpone las objeciones más violentas tiene, en realidad, un anhelo subconsciente por la Antroposofía más intenso que el del el miembro que acude a todas las reuniones. Pero la muerte levanta el velo del subconsciente y pone todas estas cosas en su justo nivel. Ocurre a menudo que una persona pueda no advertir claramente las cosas que yacen en su subconsciente, donde quizá exista un fuerte anhelo por la Ciencia Espiritual. Y al enfurecerse contra ella, amortiguará el anhelo del cual no tenía conciencia, pero después de la muerte, el anhelo resurgirá mucho más vigoroso. Por ello, no debemos dejar de leer para aquellas almas que en vida lucharon contra la Antroposofía, porque, en verdad, ocurre a menudo que podemos ayudarlas más que a cualquier otra.

La pregunta que se hace frecuentemente en relación a esto es: “¿Cómo podemos saber que los muertos nos escuchan realmente?”. Bien, es difícil saber esto a menos que se tenga visión clarividente, pero si pensamos regularmente en los muertos y trabajamos para ellos, llegaremos a sentir súbitamente: “Ellos están escuchando”. Esta sensación falta solamente cuando somos desatentos y no nos damos cuenta de la peculiar sensación de tibieza que a menudo se presenta cuando leemos de esta manera. Podemos conseguir realmente esta sensación, pero si fracasamos en ello, mis queridos amigos, existe una ley que hay que aplicar a menudo en nuestra relación con el mundo espiritual. Es la siguiente: Si leemos para los muertos, y nos escuchan, los ayudamos con toda seguridad. Pero, aunque no nos escuchen, estamos cumpliendo nuestro deber, y quizá, con el tiempo, logremos hacernos escuchar. De cualquier manera, verdaderamente obramos bien, porque nos estamos colmando de pensamientos e ideas que servirán seguramente como alimento para los muertos en la forma que mencionamos en primer lugar. De modo que nada se pierde, y la práctica de esta costumbre ha probado que el anhelo de los muertos por aquello que se les lee, está realmente difundido, y que podemos rendir un inmenso servicio a aquéllos a quienes leemos la sabiduría espiritual que ahora ha sido traída a la luz.

Por eso, podemos esperar que la división que separa a los muertos de los vivos se haga cada ver más delgada a medida que la Ciencia Espiritual sea más ampliamente conocida por el mundo. Será en verdad un hermoso resultado del trabajo de la Antroposofía, aunque parezca paradójico, si los hombres aprenden con el tiempo, por la experiencia práctica y no solo teóricamente, que sólo adquirimos una experiencia diferente cuando pasamos por la así llamada muerte y nos encontramos en compañía de los muertos.

Podemos también ayudarlos a compartir aquello que forma parte de nuestra vida física. Al preguntar: “¿Para qué sirve el leer a los muertos?. ¿Acaso no pueden ver ellos mismos todo lo que les leemos y conocerlo mucho mejor que nosotros?”, nos hacemos una idea completamente equivocada de la vida que media entre la muerte y un nuevo nacimiento. Esta pregunta sólo puede ser hecha por alguien que no esté en condiciones de juzgar aquello que pueda experimentarse en el mundo espiritual. Como es sabido, un hombre puede estar en el mundo físico sin tomar conocimiento del mismo, pues si no es capaz de juzgar esto o aquello, no puede tomar conocimiento del mundo físico. Los animales viven con nosotros en el mundo físico, sin embargo, no lo conocen tan bien como nosotros. El hecho de que los muertos vivan en el mundo espiritual no les da necesariamente el conocimiento del mismo, aunque puedan verlo. El conocimiento que se obtiene por medio de la Ciencia Espiritual, sólo puede ser adquirido en la Tierra; no se lo puede obtener en el mundo espiritual. Por eso, si los seres del mundo espiritual están también destinados a poseerlo, sólo lo podrán obtener de los seres que todavía están en la Tierra. Este es un importante secreto de los mundos espirituales. Podemos vivir en ellos y ser capaces de darnos cuenta de su existencia, pero, el conocimiento necesario de las cosas de estos mundos se puede obtener solamente en la Tierra. Debo hacer aquí mención de algo que tiene que ver con los mundos espirituales y que ampliaré en mi conferencia de mañana — y de lo cual, la mayor parte de la gente no tiene una idea correcta.

Mientras el hombre vive en el mundo espiritual entre la muerte y un nuevo nacimiento, tiene el mismo anhelo por el mundo espiritual que el que tenemos nosotros aquí. Espera de nosotros, que estamos en la Tierra, que le mostremos cosas relacionadas con ella y hagamos que se destaquen, para que él pueda verlas y darle así el conocimiento que sólo se puede obtener en la Tierra. No sin motivo, la Tierra está fundamentada en la existencia cósmica espiritual; se le ha traído a la vida, de modo que sólo aquello que se lleva a cabo en la Tierra puede entrar en existencia. El conocimiento de los mundos espirituales que trasciende la visión y la percepción de estos mismos mundos, sólo puede obtenerse en la Tierra. He aclarado ya que los seres espirituales de los mundos espirituales no son capaces de leer nuestros libros, y debo ahora agregar que lo que habita en nosotros como Antroposofía, es para los seres espirituales, y también para nuestras almas después de la muerte, lo que los libros son para los seres físicos en la Tierra —el medio de adquirir el conocimiento del mundo. Pero estos libros que nosotros mismos somos para los muertos, son libros vivientes.

Hay que entender, mis queridos amigos, este hecho significativo: ¡nosotros proporcionamos literatura para los muertos!. En ciertos aspectos nuestros libros son más perseverantes; por ejemplo, no permiten que sus letras se desvanezcan en el papel mientras las leemos. Nosotros, los seres humanos, quitamos a menudo a los muertos la oportunidad de leer al llenar nuestro espíritu de pensamientos materialistas que son realmente invisibles en el mundo espiritual. Como se me pregunta a menudo si los muertos pueden conocer lo que somos capaces de brindarles, debo decir que no son capaces de hacerlo; la Antroposofía puede existir solamente en la Tierra, y desde aquí debe ser elevada hasta los mundos espirituales.

Cuando observamos estos mundos y tenemos de ellos una pequeña experiencia personal, nos enfrentamos con condiciones bastante diferentes de las que prevalecen aquí, en la tierra. Es muy difícil por eso expresarlas con palabras y pensamientos humanos. A menudo, cuando uno trata de hablar concretamente acerca de los mundos espirituales, todo ello suena paradójico.

 Quizás pueda aquí hablaros incidentalmente de un ser, el alma de un muerto, con el cual, como sabía mucho, he podido realizar investigaciones en el mundo espiritual. Estas investigaciones se refieren al gran pintor Leonardo da Vinci y, en especial, a su conocida obra, “La ultima cena”, que está en Milán. Cuando uno investiga un hecho espiritual con la cooperación de un alma como ésta, ella puede indicar más de un hecho que uno no podría discernir simplemente en los Anales Akáshicos con visión clarividente. El alma humana en  el mundo espiritual puede indicar estos hechos, pero sólo puede hacerlo a un investigador que sea capaz de comprender las cosas que ella pretende señalar. Supongamos que, junto con un alma tal, uno investiga de qué manera Leonardo pintó la mundialmente famosa “Ultima cena”. Lo que hoy queda de esta pintura es apenas algo más que unas pocas manchas de color, pero, en los Anales Akáshicos, uno puede observar a Leonardo en su trabajo y darse cuenta, aunque no es nada fácil, de cómo era la pintura entonces. Si uno puede hacer una investigación de este tipo, acompañado de un alma no encarnada pero que está en contacto con Leonardo da Vinci, y estudia sus pinturas, se puede ver que este alma señala esto y aquello. Por ejemplo, uno puede darse cuenta de las verdaderas caras de Cristo y Judas en el cuadro. Sin embargo, uno toma conciencia de que el alma no puede hacer esto a menos que, en el momento de la experiencia, exista la necesaria compresión de parte del investigador que está vivo. Esta es una condición sine qua non. El alma descarnada, durante el tiempo en que el alma viviente aprende voluntariamente, aprende sólo a comprender lo que hasta ahora pudo ver. Así, el alma con la cual uno ha tenido esa experiencia —que se puede realizar solamente de la manera que indicamos antes— se dirige a uno y le dice, hablando en forma simbólica, naturalmente: “Me has traído este cuadro porque tú mismo sentías la necesidad de estudiarlo; yo, por mi parte, sentía el impulso de mirarlo contigo”. Después de esto siguen varias experiencias, pero llega un momento en que el alma, o bien se desvanece, o dice: “Ahora debo irme”. En el caso al cual me estoy refiriendo, el alma del muerto dijo: “Hasta ahora, el alma de Leonardo da Vinci permitía gustosa que se observara la pintura, pero no desea, que ahora la investigación siga más adelante”.

Al exponer esto, os estoy dando un detalle muy importante de la vida del Espíritu. Así como en la vida física siempre sabemos lo que vemos y siempre sabemos que estamos viendo esto o aquello — como vemos, aquí estas rosas sobre la mesa — así también en la vida espiritual sabemos siempre cuándo un ser espiritual nos está mirando. Cuando pasamos a través del mundo espiritual, sentimos siempre que éste o aquel ser nos están mirando. En el mundo físico, tenemos conciencia de observar las cosas alrededor de nosotros cuando lo atravesamos, pero, en el mundo espiritual, sentimos que éste o aquel ser nos están mirando. Constantemente, nos damos cuenta de que somos observados, tasados, y esto nos conduce a tomar la decisión de hacer una cosa u otra sabiendo que seremos aprobados, o que sucederá lo contrario; y si hay algo que debamos o no hacer, de acuerdo con esto, lo haremos o no.

Así como cortamos una flor porque nos atrae al verla, así, en el mundo espiritual, realizamos una acción porque le agrada a algún ser, y nos cuidamos de hacerla porque no podemos soportar la mirada que recibiría. Debemos acostumbrarnos a este estado de cosas. Allí tenemos la sensación de ser vistos, como aquí tenemos la sensación de que vemos. En cierto sentido, lo que aquí es activo, allí es pasivo; y lo que es pasivo aquí, es activo allí. Por esto, podéis ver, mis queridos amigos, que debemos adquirir conceptos absolutamente diferentes si queremos comprender correctamente las descripciones referentes al mundo espiritual. Veréis qué difícil es acuñar, con el lenguaje humano ordinario, las descripciones del mundo espiritual que a uno le gustaría brindar.

Comprenderéis que, por muchas razones, hay que crear primero la necesaria comprensión. Existe algo más que quisiera que fuese motivo de vuestra atención. Se puede preguntar por qué la literatura antroposófica, en su totalidad, describe en forma bastante libre lo que ocurre en el mundo espiritual inmediatamente después de la muerte, lo que ocurre en el kamaloca, y luego, en el país del Espíritu, pero dice muy poco de las observaciones clarividentes de los detalles particulares. Se podría suponer con mucha probabilidad que es bastante más fácil observar un alma en particular, después de la muerte, que analizar las experiencias descritas en forma general; pero éste no es el caso. Usaré un ejemplo para probarlo. Con la visión clarividente correctamente desarrollada, es más fácil percibir los acontecimientos mayores, tales como el pasaje del alma humana a través de la muerte, hacia el Kamaloca, y su ascensión posterior, que ver las experiencias particulares de un alma dada. Así también, en el mundo físico, es más fácil reconocer lo que está sujeto regularmente a las influencias de los movimientos celestes más grandes, que reconocer lo que, en cierto sentido, sufre la influencia espasmódica de estos movimientos.

Todos podemos contar con el hecho de que el sol saldrá mañana por la mañana, y se pondrá por la noche. Pero no es fácil hacer el pronóstico del tiempo. Lo mismo ocurre con la clarividencia. Los informes que damos generalmente en nuestras descripciones de los mundos espirituales pueden ser comparados con el conocimiento que tenemos del curso general de los cuerpos celestes. Podemos contar siempre con que estas cosas se cumplirán tal como se las ha descrito. Pero, los hechos particulares de la vida que media entre la muerte y un nuevo nacimiento, son como las condiciones del tiempo en la tierra. Están, naturalmente, sujetas a leyes, pero son más difíciles de reconocer; aún en la tierra, difícilmente se puede decir, estando en un lugar, cómo será el tiempo en otro lugar. No es fácil conocer aquí en Bergen, cómo será el tiempo en Berlín, aunque estemos enterados de las posiciones relativas que tienen allí el sol y la luna. Seguir el curso de una vida individual después de la muerte, es más difícil y requiere un cultivo especial del don de la clarividencia, que seguir el curso general del alma humana. Si se practica correctamente, se obtiene primero el conocimiento de las condiciones generales, y el resto, que parece ser más fácil, llega mucho más tarde —después de estudiar mucho. Un hombre pudo haber sido capaz, durante mucho tiempo, de ver bastante claramente todo, lo que se refiere al Kamaloca y el Devachan, y resultarle, sin embargo, extremadamente difícil ver la hora que marca un reloj escondido en nuestro bolsillo. Las cosas del mundo físico son las más difíciles de todas para la práctica clarividente. Ocurre exactamente lo contrario en la adquisición del conocimiento de los mundos más altos. El hombre se equivoca en eso, porque existe todavía una clarividencia natural que es vaga, y está sujeta a muchos errores. Esto puede durar mucho tiempo, y no dar a la visión clarividente la perspectiva de las condiciones generales descritas por la Antroposofía, condiciones a las cuales, el clarividente práctico, llega más fácilmente. Estos son los temas del mundo espiritual acerca de los cuales fue mi deseo hablaros hoy. Mañana continuaremos estas observaciones y ahondaremos un poco más en ellas.

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Traductor desconocido.

GA56c6. Los llamados peligros de la iniciación

Del ciclo:  El conocimiento del alma y el espíritu (GA56)

Rudolf Steiner — Berlín, 12 de  diciembre de 1907

English version

No es el único reproche contra la Ciencia Oculta que es soñadora y fantástica,  sino que también muchas personas creen que es peligroso estar conectados con ella. Existen unos puntos de vista absolutamente extravagantes en ciertos círculos sobre los llamados peligros de la Ciencia Espiritual.  En un principio apuntan en general a esos supuestos peligros incluso sin tratar de calificarlos o explicar en qué consisten. Porque a veces cuando uno habla tanto de estos peligros, prevalece una profunda falta de conocimiento de lo que implica la Ciencia Oculta.  Solo tiene una idea incierta de que implica algo peligroso. Pero tampoco se detiene en lo que uno debe absolutamente detenerse: si la Ciencia Oculta en sí es peligrosa o es solo esa penetración más profunda mientras uno se familiariza con los métodos, los ejercicios que llevan al ser humano al mundo espiritual invisible e indiscernible que le rodea. Y así, quien quiera hablar de peligros generales en este campo debe diferenciar esto.

A menudo no se trata solo de un consejo sobre ciertos peligros en absoluto, sino que dicen: oh, esta Ciencia Oculta o esta Teosofía hace que los seres humanos no sean mundanos, les quita de eso con lo que tendrían que lidiar, con las realidades de la vida en la que deberían estar interesados.

Algunos círculos consideran tremendamente deplorable que tal o cual miembro haya sido arrancado de ellos aparentemente porque comienza a interesarse en la Teosofía o en la Ciencia Oculta que le subyace. Por esa razón, el juicio suficientemente pronunciado probablemente se originó porque la Teosofía hace que el ser humano sea poco práctico, le alivia de los deberes inmediatos de la vida, y lo engaña con el ascetismo y la falta de mundo.

Aunque ya se ha mencionado aquí, por uno y otro lado, me gustaría llamar nuevamente su atención sobre el hecho de que es el reproche más injusto y al mismo tiempo más imposible contra la Ciencia Oculta y su vocación, la de que hace al ser humano no mundano o lo atrae hacia el ascetismo. He enfatizado repetidamente que el mundo espiritual subyace a nuestro mundo de los sentidos, nuestro mundo de la vida física. Por lo tanto, debería ser llamado no mundano aquel a quien no le importan las verdaderas y reales fuerzas de la existencia y se limita solo al mundo exterior, y a lo que le dicen los sentidos de los que puede disfrutar. No se puede decir que la Teosofía inste a sus seguidores a una vida ascética, a las privaciones o a la falta de mundanalidad. Sin embargo, es cierto que alguien que se interesa por la Ciencia Oculta tiene otras simpatías y antipatías diferentes a las de muchas personas.

Aun asi, en muchos casos no es de tal manera que aquellos que se acercan a la Ciencia Oculta alcancen este interés solo dentro de un círculo científico espiritual o teosófico. La gente trae estas emociones con ellos como una norma; los intereses los llevan a los círculos teosóficos, y la Teosofía solo quiere ofrecer nada más que lo que se le exige. No es que sean expulsados ​​de los círculos que dicen: se han vuelto extraños para nosotros, porque la Teosofía se los ha llevado, pues estos círculos los alienan cada vez más porque los ven vivos y tienen otros intereses. Si dichos círculos se quejan de que se les quita este o ese miembro, deberían preguntarse: ¿nos ha quitado este miembro la Teosofía o lo hemos expulsado por aburrimiento? Si uno compara la vida, como debería ser en el círculo teosófico con la vida de un círculo mundano, que dice que uno no debe dedicarse al ascetismo, entonces respondo que el teósofo no se retira porque quiera escapar de la vida, sino porque quiere llegar a la verdadera vida real.

Aquellos que están interesados en la Ciencia Espiritual no experimentan un ascetismo más grande, no hay mayor privación que dedicarse a las actividades que uno llama “vida” en muchos círculos. Si uno llama a esta “vida”: levantarse por la mañana, leer el periódico, hacer esto o aquello que tiene un uso práctico, participar en esta o aquella actividad banal por la noche, si uno llama a esto “vida”, de hecho, es “ascetismo” para el teósofo, una terrible privación, por así decirlo, si a uno lo hacen participar de esta vida. Si después, y a pesar de todas las fuerzas de resistencia, el interés en la Teosofía se hace más y más grande, es solo una evidencia de que cada vez más personas quieren escapar de la vida “ascética” de los placeres habituales y entregarse a la vida real. Los seres humanos tendrían que darse cuenta de esto si comulgan con sus corazones de una vez, ya que la vida en la Ciencia Espiritual no significa lamentos y lloriqueos debido a los sufrimientos y las privaciones. La praxis de la vida es un capítulo que ya hemos discutido en las diferentes conferencias.

Aquellos que tan a menudo son vanidosos de su praxis de vida dicen: la Teosofía con sus ideas quijotescas lleva el error a los oídos de la gente, y las personas que se dedican a tal cosa nunca logran hacer un trabajo real en la vida. Sin embargo, si miraran solo al mundo y a la práctica por un lado, y al idealismo impráctico por otro lado, quizás hablarían diferente.

El filósofo alemán Johann Gottlieb Fichte dijo: los idealistas saben tan bien como las llamadas personas prácticas, tal vez mejor, que los ideales no deben aplicarse inmediatamente a la vida. Sin embargo, el hecho de que ciertas personas no puedan darse cuenta de que toda vida brota de un ideal, de aquello que todavía no está allí, que debería llegar a hacerse primero, muestra solo que uno no cuenta con ellos en el plan de mejora de la humanidad. Por lo tanto, ¡Dios pueda darles lluvia y luz solar, comida y pensamientos inteligentes en el momento correcto! El teósofo puede consolarse a sí mismo desde una consideración objetiva de la vida si uno apunta al peligro de lo que se denomina impráctico.

Aquí se puede citar un ejemplo de una junta inteligente de facultativos en un país del sur de Alemania. Cuando se quería construir el primer ferrocarril en Alemania, uno preguntó si era bueno que se construyera ese ferrocarril. La Junta dijo —todos pueden convencerse ya que el documento existe— que no se debería construir ningún ferrocarril, porque los seres humanos sufrirían graves daños en su sistema nervioso. Sin embargo, si la gente quiere viajar en ferrocarril, y este se construye, se tendrían que levantar altos muros de madera en ambos lados, de modo que ahí por donde pase, no se sufran conmociones cerebrales.  Esto no hace mucho tiempo! No hace mucho tiempo que un hombre que no era una persona práctica, sino un “maestro impráctico” aconsejó introducir las postales más baratas (?) en lugar de los costosos gastos de envío. La persona poco práctica fue Rowland Hill (1795-1879). Hubo un administrador de correos que dijo: “No puedo entender que se tenga una ventaja al introducir esta forma de pagar el franqueo (pago por adelantado del remitente con sellos en lugar de pago directo por parte del destinatario). Si se desarrolla el tráfico de esa manera, los edificios de las oficinas de correos ya no serán suficientes para recoger y enviar todas las cartas y envíos postales.  Los juicios de este tipo aparecen en los círculos de las personas que son hostiles a la Teosofía. Los peligros que allí se describen se asemejan a los que la gente experimenta hacia el ferrocarril, después de ser conducidos por él desde hace décadas. El futuro producirá la evidencia. Tan poco como la Junta Facultativa de Baviera pudo evitar la construcción del ferrocarril, ni el jefe de correos en Londres pudo evitar el aumento del tráfico de correos, así la necesaria expansión de la Teosofía tampoco puede ser detenida por objeciones similares en nuestro tiempo.

Sin embargo, no se oponen muchas objeciones a lo general; uno siente algo particular. Por lo tanto, también se puede hablar públicamente, de eso que da motivos, tal vez, para tales preocupaciones y hablar de esos peligros. Lo primero, no debemos olvidar: que algo debe trabajar, que debe tener un significado y poder en el mundo operando de manera diferente en los diferentes seres humanos. Trabajando de la manera en que puedan influir e impresionar a los seres humanos. Ahora la Teosofía es algo así como una especie de tormenta purificadora de nuestra atmósfera espiritual y lo será cada vez más.

¿Cómo se realiza esta atmósfera espiritual? Se cumple con toda la posible confianza y seguridad de juicios de victoria, que al parecer estar más seguros de la victoria menos profundamente se introducen en el ser de las cosas. En particular, es el pensamiento y el sentimiento materialista, la disposición materialista que se considera con inmensa arrogancia infalible como la única verdadera doctrina y lo empapa todo con tal desprecio que quiere apuntar al mundo espiritual, como si solo se tratara de fantasías.

Cierto, alguien que entrena su pensamiento en esa lógica necesaria para controlar las áreas que están más allá del mundo sensible siempre está en peligro de que la lógica de los materialistas lo pueda enfermar. Sin embargo, los juicios superficiales que son bastante comunes hoy en día y aparecen con una certeza sin igual y una arrogancia de infalibilidad, a veces son muy cortos. Su fragilidad se vuelve obvia muy pronto si a esa lógica se enfrenta la perseverancia del pensador que va de concepto a concepto, ya que esta es necesaria si uno no puede avanzar por el puente de las experiencias sensoriales externas sino que quiere tener un apoyo y seguridad en sí mismo y una certeza interior. Y en este aspecto, el pensamiento que fluye de la Ciencia Oculta en el presente, a menudo debe aparecernos como una tormenta purificadora. Aparece para las masas humanas y para el ser humano individual. Ahí no podemos dejar de insistir en que, sin embargo, esto no es ningún riesgo. Existe el riesgo para la gran mayoría a lo sumo de generar incertidumbre en los juicios que merece la pena presentar por este camino.

Con el ser humano, el asunto es peor. Uno viene a cuestionarse que es lo que está trabajando en las profundidades del alma, como una falta de armonía entre el sentimiento y el juicio. Esta desarmonía es más grande en aquellas personas que se creen que están más certeras con cualquier credo materialista. Un credo materialista tiene la peculiaridad de que puede satisfacer, después de todo, solo la razón, solamente el juicio abstracto. Los intereses más profundos del alma, todos los deseos, todos los sentimientos y todas las sensaciones son mucho más verdaderos y profundos en el ser humano de lo que a menudo son sus juicios. Mientras todos se apegan a su juicio, con sus conceptos materialistas y su disposición materialista a lo superficial, en la profundidad de su alma —a menudo inconscientemente para él— vive la urgencia y el anhelo de algo espiritual. Para alguien que observa esto de la manera más precisa, a veces le aparece bastante claro cuando ve cuantas desarmonías hay en los discursos y observaciones de los seres humanos. Allí uno puede darse cuenta de que, en realidad, no sienten la concordia con lo que están diciendo. En un grado menor se puede aplicar a un gran porcentaje de seres humanos, lo que el poeta expresó absurdamente con las palabras, que permiten que uno de sus personajes diga: “Juro por el Dios que está en el cielo, que soy un ateo”. Esta es la adherencia emocional —sólo radicalmente, absurdamente pronunciada— a algo tradicional-convencional y la adherencia del juicio superficial a una negación radical. Eso aparece en pocas personas en esta forma radical. Sin embargo, para alguien que puede observar más precisamente casi cada conversación, ofrece ejemplos de que los seres humanos viven en sus almas de esa manera.

¿En qué condiciones puede uno vivir de esta manera? Uno puede vivir en esta condición si permanece superficial en su vida anímica. Porque nadie que descienda a las profundidades de su alma puede tolerar una desarmonía tal como a menudo existe hoy en día. Eso se vuelve evidente para alguien que está acostumbrado a la lógica del materialismo o, como se dice de manera más sofisticada, a la literatura monista. Imagínense a una persona que está inmersa en la atmósfera de nuestro tiempo y quiere salir de ella pero no con libertad interior, no con un fuerte impulso interior: permanece ahí incrustado; vive aburrido pero contento en general. Sin embargo, ya no depende de las cosas en las que muchas personas quieren detenerse, ya sea que el ser humano pueda vivir de forma tan aburrida. Hay numerosas personas que ya no pueden vivir de esta manera. Lo que la literatura popular —revistas, libros, incluso periódicos— ofrecen no es en absoluto algo para cabezas sofisticadas y mentes profundas que responda a las grandes preguntas de la existencia, pues solo causa nuevas preguntas.

Sí, y también la ciencia moderna en sí misma, tal como aparece con la adhesión a los hechos da respuestas solo a la mente superficial. Para el ser humano de mente profunda, para el sofisticado, esta ciencia es algo bastante diferente. Es una suma de signos de interrogación. Donde muchas personas creen que pueden estar preparadas si enmarcan una cosmovisión desde los hechos científicos, para muchas personas solo comienzan las preguntas. Sin embargo, las personas que creen estar listas no lo notan. Por lo tanto, ves a numerosos seres humanos buscando un libro como los Enigmas Mundiales de Haeckel para resolver los enigmas del mundo. Cuando han leído ese libro, solo comienzan a plantear grandes preguntas. Porque no hay soluciones, sino preguntas, lo que se coloca allí. Entonces tales mentes y tales cabezas pueden ser atraídas a la Teosofía, de esta o aquella manera.

Se enfrentan a la Teosofía con su pensamiento estricto, lógico en sí mismo, que tiene el origen de la certeza, como las matemáticas, en sí mismas y una inmensa desarmonía entre lo que hasta ahora se relacionaba con el mundo exterior y los requisitos que se les oponen. Se mantuvieron en la superficie de las cosas hasta ahora; y ahora miran hacia los abismos. A menudo han perdido media vida y más. Están ansiosos de que el resto de la vida sea suficiente para derramar todo lo que les enfrenta a los agujeros de sus almas, que el mundo había cortado.

Por otro lado, sin embargo, provienen de estos o esos círculos y no pueden separarse de ellos; entonces se originan los obstáculos más terribles. La forma más práctica y más segura sería si se involucraran en la investigación científico espiritual, sin embargo, miles de hilos los retraen. Pues allí se enfrentan a las desarmonías que deben aparecer si el alma anhela la profundidad en comparación con lo superficial, con lo exterior. Pues aparece un fenómeno peculiar en algunas personas que se nos aclarara mejor mediante una comparación. Imagínense, cualquier rincón de una habitación que no hubieran limpiado durante semanas, y hay mucha suciedad, perdonen la comparación. Ahora si en esa sala no existe una iluminación adecuada, quienes la miran pueden creer que todo está limpio. Sin embargo, si se ilumina adecuadamente, descubrimos el desorden. Depende solo del hecho de que uno la ilumine correctamente.

Algo similar se aplica al alma. Está acostumbrada a la casualidad. Tal vez se le haya forzado a ser superficial entre los superficiales. Ahora, sin embargo, llega la luz que ilumina esta superficialidad, que permite que esta aparezca en toda su inferioridad. Si este alma está sintiendo, ¿qué pasa entonces? si está acostumbrada a juicios superficiales, la luz que lo ilumina debe perturbarle ante todo. Por lo tanto, vemos que numerosas almas están tal vez algo confundidas por el contacto con la verdad científico espiritual. ¿La Ciencia Oculta tiene la culpa de eso? De hecho, el que piensa aquí lógicamente no echara la culpa a la Ciencia Oculta que es la luz, sino al hecho de que el alma se haya vuelto tan adicta a la superficialidad del juicio.

El asunto aún va más allá. Vemos que los seres humanos que no están a la altura de nuestra compleja civilización sufren de nuestra compleja civilización. ¿Por qué? ¡Ya no encuentran el camino con su juicio! La Teosofía o la Ciencia Oculta es el medio para encontrar el camino en nuestra civilización, y puede trabajar recuperando a alguien a quien nuestra civilización ha enfermado. Sin embargo, ¿no puede pasar algo más? También podemos entenderlo usando una comparación. Un plato puede ser externamente saludable; sin embargo, puede causar malestar estomacal. Incluso si el plato es bastante saludable para la gente sana, el malestar estomacal no puede soportar ahora este plato saludable. Esto se aplica a muchos casos, si los seres humanos con almas enfermas, salen de nuestra civilización hacia el aire alegre y beatífico de la Ciencia Oculta. Entonces puede suceder que no puedan soportar el plato saludable con sus almas enfermas. Estos son casos excepcionales sin embargo, en el mundo se describe principalmente sobre ellos. Unos dicen que la Teosofía es algo que vuelve loca a la gente. No niego que también puede dañar a esta o aquella alma, como el plato saludable al malestar estomacal. Sin embargo, ¿el plato saludable causó el malestar estomacal?  Muchas supuestas almas abandonadas se acercan a la Teosofía; es virtualmente notable cuantas almas abandonadas se le acercan. Alguien que está obligado a trabajar en este movimiento podría contar algún capítulo triste, podría decir de los gritos de ayuda que vienen de aquí y allá: “ya no encuentro el camino correcto en el mundo; Ya no sé cómo satisfacer el anhelo de mi corazón”. Los gritos más ansiosos de ayuda vienen en números todos los días. Nuestra civilización materialista ha causado este paso de piedras en lugar de pan a los seres humanos; perdonen el giro trivial de la expresión. La superficialidad del juicio a veces puede ser satisfecha. Pero los deseos e intereses que descansan en el alma no pueden ser satisfechos. Por un tiempo, pueden ser forzados a retroceder y quedar anulados, sin embargo después siguen adelante, y el ser humano viene con sus gritos de ayuda. Y no se puede negar que algunas personas llegan demasiado tarde.

Sin embargo, la Ciencia Espiritual no puede ser perseguida de tal manera que solo gire hacia los más selectos. Uno tiene que llevar estas cosas al público. Los conceptos básicos elementales no se pueden negar a nadie, y ahora el ABC de la iniciación, como se indicó en la última charla, no se puede negar a nadie. Si hoy los seres humanos solitarios, arruinados por la civilización contemporánea, se acercan a la Teosofía y cuando al principio estas almas abandonadas se desorganizan aun mas por la tormenta purificadora, por lo tanto ¿el remedio debería detenerse para todas las almas, solo porque unas almas individuales estaban mentalmente arruinadas por su forma incorrecta de pensar?  Cualquier fanatismo no habla de esta manera, la experiencia en el campo de la vida espiritual de nuestro tiempo, es la que habla de esta manera.

Es cierto que, por otro lado, existe un grave peligro para la relación entre nuestros contemporáneos y la cosmovisión científico-espiritual. Este peligro es causado por el hecho de que nuestros contemporáneos se acercan a la cosmovisión científico espiritual con su cosmovisión como personajes tales que nuestro tiempo ha engendrado. ¿Qué prejuicios, qué juicios superficiales introducen en esta cosmovisión científico-espiritual? ¡Cuánto peligro existe de que la cosmovisión teosófica se eche a perder por la tendencia de nuestro tiempo aquí y allá! Aquí existe un peligro. Uno tiene que señalar algunos puntos, de modo que podamos mirar más y más profundamente los peligros reales o supuestos en el esfuerzo científico-espiritual.

El mundo espiritual rodea al ser humano; lo hemos demostrado en las charlas precedentes, y cada vez vamos penetrando más y más en estas profundidades. Estos mundos se relacionan con el mundo sensorial habitual, como el mundo de los colores y la luz, con el mundo del contacto en el ser humano ciego; y hay un mundo que es mucho más amplio que lo que la persona ciega experimenta si se le opera y la luz y los colores le brillan desde la oscuridad. Estos mundos están a nuestro alrededor. Sin embargo, estos mundos no son solo mundos paradisiacos y de felicidad, aunque el paraíso y la felicidad estén en ellos, sino que también son mundos que pueden ser terribles para el ser humano, peligrosos a causa de sus hechos y seres.   Si el ser humano quiere obtener conocimiento de estos grandes y beatíficos mundos, no puede evitar el conocimiento de lo peligroso, de lo terrible que contienen.

Lo uno no es posible sin lo otro. Ahora debemos darnos cuenta de una vez de hasta qué punto existe el peligro. Imaginen a un ser humano que está cerca de un almacén de pólvora sin saberlo. Él no sabe nada al respecto. Sin embargo, de repente se entera y le viene un miedo inmenso al pensar que podría haber volado por los aires si el almacén de pólvora explota.  En el aire libre, nada ha cambiado; sin embargo, su vida ha cambiado. Lo único que es diferente es que ahora sabe del peligro. Este conocimiento le distingue de aquel que no sabe nada.

Esto se aplica también a los mundos superiores. El peligro, lo terrible que está incluido en ellos siempre está alrededor del ser humano. Sí, inmensos peligros acechan al alma humana en los mundos de los que los seres humanos no tienen idea. La única diferencia con respecto a estos peligros y cosas y seres terribles es para aquellos que nunca se han acercado a la Ciencia Espiritual, y quienes se han acercado es que la última sabe sobre este peligro y la primera no. Sin embargo, no es completamente así por las siguientes razones: entramos en el mundo espiritual en el que lo espiritual es efectivo.  El cargador de pólvora no se vuelve peligroso porque tengas miedo de que la pólvora explote; pero tu miedo significa algo en el mundo espiritual!

Es una diferencia si lo tienes o no. Tus pensamientos se insertan como algo real en el mundo espiritual. El sentimiento de odio al encontrarte con una persona es más real en el mundo espiritual y mucho más eficiente que si le das un golpe con una estaca a la persona afectada. Incluso si lo terrible no ocurre inmediatamente ante tus ojos, es de esta manera. De hecho, el miedo y la ansiedad, como sentimientos negativos son algo que pone al ser humano en una relación fatal con el mundo espiritual. Porque en el mundo espiritual hay seres para quienes el temor y la ansiedad emitidos por los seres humanos son bienvenidos. Si el ser humano no tiene miedo y no teme, estos seres se mueren de hambre. Quien aún no ha entrado más profundamente puede tomar esto como una comparación. Sin embargo, quien conoce este tema sabe que se trata de algo real. Si el ser humano emite miedo, ansiedad y pánico, estos seres encuentran un alimento bienvenido y se vuelven más fuertes y poderosos. Estos seres son hostiles a la Humanidad.

Todo lo que se alimenta de los sentimientos negativos, de miedo, de ansiedad, de superstición, de desesperanza, de duda, son poderes en el mundo espiritual que son hostiles al ser humano y que le atacaran cruelmente si son alimentados por él. Por lo tanto, es necesario ante todo que el ser humano que ingresa al mundo espiritual se fortalezca desde el principio frente al miedo, la ansiedad, la desesperanza y la duda.

Sin embargo, estos son simplemente sentimientos culturales bastante modernos, y el materialismo los alimenta porque aleja a los seres humanos del mundo espiritual llamando a estos poderes hostiles contra él con la desesperanza y el miedo a lo desconocido. Si me expreso con bastante claridad, tengo que decir que cuando el ser humano ve esa puerta de la muerte, también ve numerosas fuerzas perniciosas que lo obstaculizan. La mayoría de los seres humanos atraen fuerzas por miedo a la muerte. Cuanto mayor es el miedo a la muerte, más fuerte es su poder. El miedo a la muerte generalmente es parte de los sentimientos de miedo. Estos poderes aparecen como bolsas secas si el ser humano se fortalece y sabe que no puede cambiar el evento de la muerte por temor a la muerte.

Aun así, muchos seres humanos llegan a la Teosofía con los sentimientos habituales de nuestro tiempo. Lo que escuchan aquí les resulta a veces profundamente deprimente, como algo que ataca a sus almas terriblemente porque tienen miedo a la vida debido a su pensamiento materialista. Muchas personas traen esta inmadurez a la Teosofía y la superan solo gradualmente. De nuevo, la Teosofía o la Ciencia Oculta no tiene la culpa de ello. Hace su parte para no conmocionar demasiado al ser humano.  Si revelara la verdad completa de algo obvio para el ser humano, diría cómo los cobardes se separan de los intrépidos, y algunos de ustedes se sorprenderían de lo grande que es el número en uno y otro lado.

Sin embargo, los seres humanos inmaduros traen algunos asuntos inmaduros al movimiento teosófico, mientras traducen ciertos conceptos que da la Teosofía o la Ciencia Oculta simplemente a un lenguaje de uso trivial. Por extraño que parezca, a veces existe un gran peligro en las relaciones entre la Teosofía y nuestros contemporáneos. Por lo tanto, los teósofos inmaduros y las personas que se acercan a la Teosofía externamente dicen repetidamente que la primera exigencia es ser desinteresado, vencer cualquier egoísmo. Algunas personas nunca pueden afirmar con la suficiente frecuencia si quieren decir algo teosófico a alguien: “todo lo que hago y quiero es bastante desinteresado. Quiero trabajar solo para los otros seres humanos”. En general, no perciben cuán egoísta es esta creencia. Es cierto que por el conocimiento de la verdad de la ciencia oculta, el ser humano llega gradualmente a lo que se indica tan bien en las palabras de Goethe:

De la fuerza que une a todas las criaturas

El hombre se libera si se domina a sí mismo.

Es cierto, pero sobre todo es necesario lo que la Ciencia Oculta puede ofrecer, pues es lo más alto y lo más profundo para alcanzar este ideal. Uno lo alcanza mejor cuando habla de él lo menos posible y se esfuerza por lograrlo de manera directa.

Esos son al menos mas desinteresados que quienes se jactan principalmente de su generosidad, ya que ellos son normalmente los más falsos usando la palabra “verdaderamente” después de cada tercera oración.   Una ley profunda subyace a eso en el ocultismo. Primero, se trata de penetrar cada vez más profundamente en la verdad y el conocimiento de la Ciencia Oculta, y no tomar ideales como, por ejemplo: superarás tu ego. Con una frase así no se hace nada en absoluto. No se hace nada si, por ejemplo, hay una estufa aquí y le digo: usted debe ser una buena estufa; debe calentar la habitación. Puedes acariciarla y tratarla cariñosamente, pero con ello no se consigue nada. La estufa no va a calentar antes de que le eches leña. Por lo tanto, también es absolutamente inútil predicar la virtud, el desinterés y la libertad para el mundo. Lo correcto es calentar, dar al ser humano material de calentamiento; y el material de calentamiento es la verdad de la Ciencia Espiritual. A medida que la leña y el carbón calientan la estufa, la verdad científico espiritual hace que el ser humano sea desinteresado gradualmente. ¿Por qué? Porque desvirtúa el interés en muchos aspectos desde ese punto pequeño, que uno llama el ego.   La verdad teosófica o científico espiritual es tan grande, tan poderosa y significativa, y nos reclama con tanta fuerza que nos sentimos muy poco interesantes como personalidad única. Uno aprende lo poco interesante que es la personalidad individual. Este aprendizaje, de cuán poco interesante es la personalidad humana individual, si es causado por el material de calentamiento de la verdad científico espiritual, libera al ser humano del egoísmo.

Si miras las cosas básicamente, entonces el egoísmo no es algo que no esté incluido en el orden mundial divino desde un punto de vista más elevado. Es algo muy saludable desde un punto de vista más elevado. Imagínense si muchos seres humanos de nuestro tiempo no se refrenaran de esto o de eso, y no lo hicieran por egoísmo, porque saben por razones egoístas lo que puede resultar. ¡Imagínese qué plagas serían para el desarrollo humano! Realmente, la sabiduría del mundo plantó el egoísmo en el ser humano para llevarlo a una etapa de desarrollo donde pudiera apoderarse de sí mismo, de modo que se haga tan importante y valioso como él solo puede hacerlo.

Es una gran verdad, por un lado, y una frase sorprendente por el otro lado, si uno le dice al ser humano que tiene que sacrificar su personalidad. En un ejemplo, quiero dejarles en claro cómo puede ser que algo sea eufórico una vez y retórico en otro momento. Imaginen, le preguntas a una persona que tiene una moneda de diez peniques en su bolsillo si puede donarlos para algo. Él hace este sacrificio fácilmente. Sin embargo, si le preguntas a una persona, que tiene 20,000 marcos por casualidad —tal vez toda su propiedad— si los dona, esta es otra cosa. La imposición a alguien que aún no ha trabajado sobre sí mismo, que aún no ha elevado su personalidad como para renunciar a ella es algo diferente de aquel que ha trabajado en ella durante mucho tiempo hasta hacerlo tan competente como sea posible. Uno sacrifica su genio en el altar del desarrollo humano, el otro es un tonto.

No depende del hecho de que uno se sacrifique, sino de lo que uno sacrifica. Para poder entregar tu personalidad a la humanidad, primero tienes que desarrollarla. Por un lado, es solo una fraseología el hablar del sacrificio de la personalidad; por el otro lado, es una gran verdad significativa. Por lo tanto, es inútil en absoluto; si en los libros teosóficos, la demanda del sacrificio de la personalidad es pronunciada y no se exige al mismo tiempo: haga que su personalidad sea tan fuerte como sea posible.

Aprendemos esto mediante un pensamiento real que tiene sus raíces en el mundo espiritual. La verdadera teosofía es esa lógica que no pone principios unilaterales, pero sabe que cada frase como cada moneda tiene dos lados, tal vez incluso más lados, que enseña a mirar desde la apariencia hacia el interior. A menudo no enseña lo que hoy se llama superficialidad teosófica. Uno solo llama peligro a aquello que no es superficial, sino un peligro real.

Todavía era muy joven, cuando me senté con alguien que había celebrado su quincuagésimo cumpleaños recientemente en otro país, que tenía intereses en común conmigo sobre mis estudios de Goethe. El hombre me dijo en esos días, que no quería ir entre los autores. Él era en aquellos días, aunque todavía relativamente joven, ya mayor que muchos de los que escriben hoy. Él pensó, no escribiré reseñas. Quiero escribir algo más, porque solo debe escribir reseñas alguien que tenga una gran experiencia de la vida; en realidad, solo las personas mayores deberían escribir reseñas. Esto fue, en cualquier caso, una muy buena idea del hombre. La mayoría de la gente no cree que la madurez sea necesaria para trabajar en el campo cultural. Cuanto más avanzamos en el tiempo, los más jóvenes se vuelven en particular las personas que escriben debajo de la línea, y porque el lector generalmente no piensa o no tiene, en realidad, medios para investigar qué joven es el escritor, él no tiene idea de por quién es atrapado.

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Todo el mundo sabe que hoy no es difícil escribir con ingenio. De hecho, todavía algunas personas se sorprenden de que uno u otro escriba ingeniosamente. Una persona que quizás haya tratado desde su decimoquinto, decimosexto año con nada más que la lectura de cierto tema y que haya aprendido el oficio, necesita publicar algo sobre ello, y puede impresionar con sus juicios radicales o enormemente confusos. Es posible que esa persona sufra demencia seria. Tan extraño como suena: alguien puede hoy estar loco y puede escribir ingeniosamente para el mundo, por lo que es admirado como un autor ingenioso. Este caso es posible. Hace décadas, ya era un juicio correcto si alguien decía, no es difícil en nuestro tiempo hacer un buen poema; cultura y lenguaje se versifican. Hoy, esto se aplica aún más, por lo que algunos alumnos pueden escribir artículos en los periódicos.  Muy diferentes poderes arbitran allí, usando a los seres humanos para sus propósitos. Cada vez más la humanidad debe exigir madurez a quienes deberían tener juicios verdaderos. La madurez real también pertenece al trabajo del campo científico espiritual. Por lo tanto, también es necesario que aquellos que son líderes de las escuelas ocultas trabajen solo en sus círculos y no aparezcan antes de una edad de 35 años ante el mundo proclamando la verdad científica espiritual. Antes, pueden aportar juicios sobre la filosofía en el mundo. Sin embargo, uno solo se vuelve maduro para extraer del espíritu cuando ya no tiene que usar el poder espiritual para la construcción del cuerpo. Mientras el cuerpo esté creciendo, las fuerzas por las que se construye un juicio lógico deben entrar en el cuerpo. Por lo tanto, es posible que un poeta tenga poemas reales antes de los años intermedios.

Sin embargo, el ser humano se equivoca tan fácilmente que es necesaria la mayor madurez de la vida para penetrar realmente en las profundidades, para que uno no solo comprenda para su satisfacción y avance, sino que se acerque a la humanidad y represente a la Ciencia Espiritual trabajando con plena responsabilidad. Esta mayor madurez solo se puede alcanzar a una edad avanzada. Sin embargo, no necesitas madurez para hablar de tópicos teosóficos.

Esto es algo peculiar que pertenece a la madurez que uno debe trabajar a fondo los asuntos más importantes. Sin embargo, también pueden tratarse también como frases porque muchas personas son incapaces de captar toda la profundidad, y se adhieren a la frase. Todo lo que se puede difundir de la teosofía puede ser serio y profundo en el más alto grado, puede ser una fuerza de la vida. Pero si uno lo invierte en su opuesto, puede ser la frase más terrible. Por lo tanto, experimentamos tan a menudo en este campo que florece frase por frase, y que la inmadurez solo funciona permanentemente. Además, quien representa a los inmaduros se daña a sí mismo más que al mundo. El mundo rechaza lo que viene de este lado. Si estás involucrado en esta dirección, no progresas. Pues alguien que trabaja en el campo científico-espiritual tiene que hacer sacrificios. Hay una gran diferencia si la Ciencia Espiritual está protegida como un secreto en un alma pura o si es expulsada al mundo. allí se aplica la palabra que uno dice sobre el buscador del tesoro: debe ser taciturno. Si él dice una palabra, el tesoro no puede ser alcanzado. Por lo tanto, las profundidades del mundo superior también se obtienen mejor cuanto más se puede callar. Pues quien ha entendido estos asuntos, no habla en general si no se le obliga si el mundo no se lo exige. Nadie debe hablar si no se le pide. La demanda no tiene que venir de aquí ni de allá, la demanda puede provenir de poderes invisibles, de poderes suprasensibles.

 Con esto, uno puede decir, porque nuestro tiempo es tan poco capaz de pensar correctamente acerca de la madurez y la inmadurez, se forma una especie de teosofía. Puede ser más alta; pero en su reversión, es una caricatura y un riesgo. No tiene la culpa. Gradualmente reemplazará el juicio absurdo por el correcto acerca de la madurez y la inmadurez. Nadie se sorprenderá de que sea de esa manera. Si estuviera sorprendido, también debería sorprenderse por el hecho de que donde la luz es más fuerte también las sombras son más negras. Donde luz es menos fuerte, incluso las sombras son más tenues. La Teosofía posiblemente arroje oscuras sombras; esto es solo una evidencia del hecho de que la luz es mas fuerte. Cuando uno habla de los llamados peligros, uno debe hacer un balance del hecho de que contra el gran peligro simplemente hay un baluarte que ningún maestro real en este campo expone a los seres humanos a este grave peligro, y que todo lo que aparece como un peligro no proviene de la teosofía, sino de lo que se opone a ella. Si uno sabe esto, estará tranquilo, incluso si aparecen efectos aparentemente malos. Estos también pueden aparecer. Uno puede experimentar que las personas, siempre que no tengan conexión con la teosofía, son personas razonablemente decentes. Y si llegan a la teosofía, se vuelven vanidosas, ambiciosos y arrogantes. ¿Por qué? Por razones muy simples Mientras una persona se eleve solo un poco por encima de los juicios de su entorno, no puede ser particularmente malo, pero tampoco particularmente bueno. Sin embargo, si llega a algo original, aumenta la posibilidad del bien pero también la posibilidad del mal.

Lo que aparece aquí ya con el teósofo habitual puede aparecer con el alumno aún más. Con él, los errores que existen en el fondo de su ser si debe conseguir un juicio libre aparecen con gran claridad. Sin embargo, esto es necesario. Si alguien quiere desarrollarse más rápido, una suma de malas cualidades puede salir con él de la noche a la mañana. Estas cualidades tal vez se hayan extendido por más de sesenta años. Si uno disuelve una gota de color en una gran cantidad de agua, uno no ve nada del color. Eso también se aplica al alumno. Lo que debería salir en algunos días se vuelve notable. Sin embargo, si uno actúa durante sesenta años, uno no nota nada de eso. Sí, en la ciencia oculta aparecen algunos demonios de arrogancia. Relativamente pronto, uno tuvo que experimentar que las personas que no son altivas en sí mismas se acercan a uno con deseos. Luego vienen y dicen: quiero comenzar a ser un alumno y convertirme en un adepto lo más rápido posible. Uno a menudo escucha eso. Es una experiencia de que el demonio de la arrogancia se ha apoderado de alguien. Hacia lo grande, a menudo se vuelven más arrogantes y después entienden que este sentimiento es el mayor obstáculo para su posterior desarrollo, y que es lo mejor para su futuro desarrollo renunciar a la arrogancia. – Sin embargo, esto está relacionado también con el hecho de que somos grandes sarcásticos y grandes chismosos.

Con esto, he hablado sobre los peligros de la Ciencia Oculta. No oculto que existen tales casos, también he intentado en el curso de estas conversaciones señalar dónde, de hecho, están los casos más peligrosos. Hoy, quería señalar solo en general lo que se encuentra en todas partes en la Teosofía y la Ciencia Oculta. Quien busca la Ciencia Oculta no se detiene por los peligros que conlleva, sino que encuentra el bienestar, la recuperación del alma en ella. Él sabe que no causa daño, que no trae peligros, pero descubre daños y señala peligros donde también existen, de alguna manera y donde seguirían trabajando si no se los llevara a la recuperación. Por lo tanto, este llamado peligro impedirá que nadie penetre en los campos espirituales. Como somos guiados por todas las demás consideraciones y puntos de vista, también nos llevan a darnos cuenta de que el ser humano no debe abstenerse de desarrollar las fuerzas y habilidades que duermen en él para penetrar en la naturaleza. Porque lo que es materia es revelación del espíritu. Como a nuestro alrededor hay seres terribles si los miramos, están en la naturaleza. Solo porque el ser humano cierra los ojos, evita este hecho. Aquellos que sabían algo de la Ciencia Oculta también sabían esto. Ya en su juventud, Goethe escuchó algunas objeciones contra la penetración en el interior de las cosas. Escuchó las palabras del naturalista suizo Haller (Albrecht von H., 1708-1777) que dijo:

Ninguna mente creada penetra en el ser de la naturaleza.

Dichoso es aquel a quien ella solo muestra su apariencia.

Goethe, que se atrevió a mirarla, sabía que el ser humano puede penetrar en la naturaleza en todas partes. Por lo tanto, se sintió constantemente urgido a decir:

Considerando la naturaleza, debes tener en cuenta

El todo siempre como lo mismo.

Nada está adentro, nada está afuera,

Porque lo que está adentro está afuera …

En su peculiar estilo, Goethe todavía se oponía a la cita que limita las facultades cognitivas humanas. Protestó contra eso con las palabras, que solo son adecuadas para apuntar a un alma a la práctica activa de la cosmovisión teosófica, mientras recordaba las palabras de Haller en la vejez:

En efecto –  Para el Físico

“Ninguna mente creada penetra en el ser de la naturaleza “.

¡Oh tú, filisteo!

No me recuerdes a mis hermanos y hermanas

con tales palabras.

Pensamos: en todos lados estamos dentro.

“Dichoso es aquel a quien ella muestra ¡Solo su apariencia! “

Lo escuché repetidamente durante sesenta años,

Me quejo, pero encubiertamente

Me digo a mí mismo miles y miles de veces:

Ella da todo con abundancia y placer;

La naturaleza no tiene núcleo ni concha,

Ella es todo al mismo tiempo.

Examínese por encima de todo,

Si usted es núcleo o concha.

Traducido por Ana Guadalupe Ferrero y Gracia Muñoz

 

 

 

GA191c4. Las influencias de Lucifer y Ahriman

Rudolf Steiner — Dornach, 15 de  noviembre de 1919

English version

Hemos escuchado que el alma humana estuvo dotada de una especie de sabiduría primigenia, sabiduría que se desvaneció poco a poco y que hoy ya no nos es accesible. En consecuencia, con respecto al conocimiento, la gente se siente inclinada cada vez más a lo que se les presenta por la existencia física. Por “conocimientos” no me refiero sólo a la ciencia en el sentido comúnmente aceptado, sino al conocimiento que se aplica conscientemente a los asuntos ordinarios de la vida.

La pregunta surge de forma natural: ¿en qué ha derivado esta antigua sabiduría? Aquí debo referirme a un nuevo aspecto de un asunto que a menudo hemos considerado desde otros ángulos.

Miremos de nuevo a la época en que los seres humanos comenzaron en el verdadero sentido a ser ciudadanos de la Tierra, cuando como seres de alma y espíritu bajaron a la Tierra, se rodearon de sus fuerzas y se convirtieron en los seres terrenales. Si los seres humanos simplemente hubieran descendido a la Tierra con las cualidades inherentes a su propia naturaleza, la evolución habría tomado un curso diferente a través de las distintas épocas culturales. Pero después de haber hecho el descenso, los seres humanos se vieron obligados a establecer una relación con el mundo que nos rodea, para adquirir conocimiento terrenal —no voy a decir a través de la clarividencia en el sentido propio— sino a través de los instintos imbuidos por un cierto grado de clarividencia. La adquisición de este conocimiento terrenal fue un proceso muy lento y gradual y durante siglos los seres humanos se  mantuvieron en un estadio infantil. Es verdad que habían logrado desarrollar una constitución del alma y del cuerpo compatibles con la humanidad, pero nunca habrían alcanzado las alturas espirituales que realmente han alcanzado. El que fueran capaces de lograr esta evolución de una forma que no fuera mediante el paso a través de todas las etapas de la infancia se debe a la intervención en la evolución terrenal de los seres luciféricos. Sabemos de conferencias recientes que la individualidad de Lucifer encarno en Asia en una cierta época de los tiempos pre-cristianos, y que la sabiduría pagana original de la que muchos datos históricos dan testimonio procedió de este ser. Pues los seres luciféricos desde el principio se asociaron de alguna manera con la evolución de la humanidad.

Les ruego encarecidamente que, —aunque sé que tales peticiones son de poca utilidad— no adopten una actitud filistea cuando se menciona a los seres luciféricos. Incluso entre los antropósofos todavía existe la tendencia a decir: “Eso es ciertamente luciférico. A toda costa lo evitamos, lo rechazamos!”. Pero estas cosas tienen que ser consideradas en muchos aspectos diferentes y siempre hay que recordar que toda la antigua sabiduría pagana emanó de una fuente luciférica. Es un tema que requiere un serio y profundo estudio.

Cuando más nos remontamos en la evolución de la humanidad, más nos encontramos ciertas individualidades que a través de las cualidades adquiridas en encarnaciones anteriores adquirieron la suficiente madurez como para aprehender los tesoros de la sabiduría que poseen los seres luciféricos. Pensemos, por ejemplo, de los siete santos Rishis de la antigua India. Cuando los hindúes interpretaron la sabiduría de los Santos Rishis, sabrían, si hubieran sido iniciados en estas cosas, que los maestros de los Rishis eran seres luciféricos. Por lo que los seres luciféricos trajeron a la evolución de la Tierra, sobre todo, el mundo del pensamiento, del pensamiento que impregna la cultura intelectualista, el mundo de la razón en el más alto sentido de la palabra —el mundo de la sabiduría. Y volviendo a los orígenes primitivos de la existencia humana, encontramos que las fuentes de la sabiduría pagana siempre se encuentran con los seres luciféricos.

Se podría preguntar: ¿Cómo es esto posible? Debemos saber que los seres humanos se habrían mantenido como niños si no hubieran recibido de los Centros de Misterios la constante instrucción que emanaba de los seres luciféricos. Aquellos que poseían el conocimiento y la sabiduría heredada y primitiva para fomentar el progreso y la educación de la humanidad no estaban —como el filisteo moderno— temerosos de recibir esta sabiduría de fuentes luciféricas. Ellos tomaron sobre sí la obligación que incumbe a todos aquellos a quienes los seres luciféricos imparten conocimiento de los reinos espirituales. La obligación —si así puede ser llamada, aunque tales palabras no siempre transmiten el significado exacto— era utilizar esta sabiduría cósmica luciférica, con razón, por el bien de la evolución terrestre. La diferencia entre la sabiduría “buena” y la sabiduría puramente luciférica —que en lo que se refiere al contenido es exactamente la misma— es que la sabiduría “buena” está en manos distintas de las de los seres luciféricos. Ese es el punto esencial. ¡No se trata de que haya una sola sabiduría que pueda ser cuidadosamente empacada en alguna cámara del alma y hacer a una persona virtuosa!

La sabiduría de los mundos es uniforme, la única diferencia es si está en manos de personas sabias que lo utilizan para el bien, ya sea en manos de los Ángeles o Arcángeles, o si está en manos de Lucifer y sus anfitriones. En los tiempos antiguos la sabiduría necesaria para el progreso de la humanidad sólo podía obtenerse de una fuente luciférica; De ahí que los iniciados estuvieran obligados a recibirla de esa fuente y, al mismo tiempo, a asumir la obligación de no ceder a las aspiraciones de los seres luciféricos.

La intención de Lucifer era transmitir la sabiduría a la humanidad de una manera tal que podría inducir a la gente a abandonar el camino de la evolución de la Tierra y tomar un camino que conduce a una esfera supraterrenal, una esfera distante de la Tierra. Los seres luciféricos inculcan su sabiduría en los seres humanos, pero su deseo es que se alejen de la Tierra, sin atravesar la evolución terrestre. Lucifer quiere abandonar la Tierra a su destino, llevar la humanidad a un reino ajeno al reino de Cristo.

Los sabios de antaño que recibieron la sabiduría primitiva de manos de Lucifer tenían, como dije, que comprometerse a no ceder a sus deseos sino a usar la sabiduría para el bien de la evolución de la tierra. Y eso, en esencia, fue lo que se logró a través de los Misterios pre-Cristianos. Si se pregunta qué fue lo que la humanidad recibió a través de estos Misterios, a través de la influencia de los seres luciféricos que, en los tiempos post Atlantes, todavía inspiraron a ciertas personalidades como los Rishis de la India y enviaron a sus mensajeros a la Tierra  —Recibieron los rudimentos de lo que se ha desarrollado en el curso de la evolución en las facultades de la palabra y del pensamiento. Hablar y pensar son, en sus orígenes, luciféricos, pero fueron alejados del dominio de Lucifer por los sabios de antaño. Si realmente estás decidido a huir, de Lucifer, entonces debes preparar tu mente para no pensar y ser mudo en el futuro!

Estas cosas son parte de la ciencia iniciática que gradualmente debe introducirse en la comprensión de la humanidad, aunque debido a la clase de educación que ahora está en curso desde hace siglos en el mundo civilizado, la gente se encoge ante tales verdades. La figura caricaturizada de Lucifer y Ahriman —el diablo medieval— está siempre delante de sus mentes y se les ha permitido crecer en este ambiente filisteo durante tanto tiempo que incluso hoy en día se estremecen ante la idea de acercarse a los tesoros de la sabiduría que están íntima y profundamente conectados con la evolución. Es mucho más agradable decir: “Si me protejo del diablo, si yo me entrego a Cristo con el sencillo corazón de un niño, seré bendito, y mi alma encontrará la salvación”. Pero en sus cimentaciones profundas, la vida humana no es de ninguna manera un asunto tan sencillo. Y es esencial para el futuro de la evolución humana que estas cosas que estamos discutiendo no se produzcan. Hay que saber que el arte de hablar y el arte del pensamiento se han convertido en parte de la evolución sólo porque se recibieron a través de la mediación de Lucifer. El elemento luciférico todavía se puede observar en el pensamiento. El habla, que desde tiempos se ha diferenciado y adaptado a las necesidades terrenales, ya ha sido asaltada por Ahriman. Él es quien ha provocado las diferentes lenguas de la Tierra. Mientras que la tendencia luciférica es siempre hacia la unificación, la tendencia fundamental del principio ahrimánico es la diferenciación. ¿Qué sería el pensar si no fuera luciférico?

Si el pensamiento no fuera luciférico, los seres humanos en la Tierra serían como aquel cuyo pensamiento era completamente no luciférico, a saber Goethe. Goethe fue uno de los que, en cierto sentido, deliberadamente se dispuso a enfrentar y desafiar a los poderes luciféricos. Eso, sin embargo, hace que sea esencial mantener el asimiento constante de la realidad concreta y particular. En el momento de generalizar o unificar —en ese momento estás acercándote al pensamiento luciférico. Si contemplasen cada individuo humano, cada planta, cada animal, cada piedra en sí sola, teniendo en cuenta el único objeto, no clasificándolo en géneros y especies, no generalizando en el pensamiento— entonces serían poco propensos al pensar luciférico. Pero cualquier persona que intentara tal cosa, incluso como un niño, nunca pasaría más allá de la clase primaria en cualquier escuela moderna.

El hecho es que el pensamiento universal implícito en la sabiduría pagana se ha agotado gradualmente. La constitución humana es tal que este principio luciférico de unificación ya no puede ser de mucho servicio real para la humanidad en la Tierra. Esto ha sido contrarrestado por el hecho de que la naturaleza del ser humano creada por Dios ha arraigado en la evolución de la Tierra, se ha relacionado con, aliado con la Tierra. Y porque esto es así, por su propia naturaleza inherente, la humanidad está menos aliada con el elemento luciférico que siempre tiende a alejarlos de la Tierra.

Pero ¡ay si la humanidad se dejara simplemente arrastrar desde el elemento luciferino sin poner algo diferente en su lugar. Eso nos traería el desastre. Pues entonces los seres humanos crecerían junto con la Tierra, es decir, con el territorio en particular de la Tierra en la que nacen; y la vida cultural se convertiría en algo completamente especializado y diferenciado. Ya podemos ver cómo se va desarrollando esta tendencia. Se han echado raíces más marcadamente desde principios del siglo XIX; pero la tendencia a dividirse en grupos más pequeños ha sido demasiado evidente como consecuencia de la catastrófica guerra mundial. El chovinismo está ganando cada vez más terreno hasta que finalmente llevará a la gente a dividirse hasta el punto de que por fin un grupo abarcará a un solo ser humano!. Las cosas podrían llegan al punto en que los seres humanos individuales estarían nuevamente divididos en derecha e izquierda, y estarían en guerra dentro de sí mismos; la izquierda estaría en desacuerdo con la derecha. Tales tendencias son aún hoy evidentes en la evolución de la humanidad. Para combatir esto, se debe crear un contrapeso; Y este contrapeso sólo puede ser creado si, como la antigua sabiduría inherente al paganismo, una nueva sabiduría, adquirida por la libre determinación y voluntad de los seres humanos, se infunde en la cultura terrena. Esta nueva sabiduría debe ser de nuevo la sabiduría de la Iniciación.

Y aquí llegamos a un capítulo del conocimiento moderno que no debe ser retenido. Si en el futuro las personas no hicieran nada por sí mismas para adquirir una nueva sabiduría, entonces, sin esa conciencia, toda la cultura se haría ahrimánica y sería fácil para las influencias que emanan de la encarnación de Ahriman el impregnar toda la civilización en la Tierra. Por lo tanto, deben tomarse precauciones con respecto a las corrientes por las que se fomenta la cultura ahrimánica. ¿Cuál sería el resultado si la gente siguiera la fuerte inclinación que tienen hoy de dejar que las cosas floten como están, sin entender y orientar por los canales correctos aquellas corrientes que conducen a una cultura ahrimánica? Tan pronto como Ahriman encarne en el tiempo destinado en Occidente, toda la cultura quedaría impregnada de sus fuerzas. ¿Qué más vendría en su séquito?. A través de ciertos actos estupendos traería a la humanidad todo el conocimiento clarividente que hasta entonces sólo podía ser adquirido a fuerza de intenso trabajo y esfuerzo. La humanidade podría vivir como materialistas, podrían comer y beber —¡tanto como pueda hacerse después de la guerra!— y no habría necesidad de ningún esfuerzo espiritual. Las corrientes ahrimánicas continuarán su curso sin obstáculos. Cuando Ahriman encarnase en Occidente en el tiempo señalado, establecería una gran escuela de ocultismo para la práctica de artes mágicas de la mayor grandeza, y lo que de otro modo sólo puede adquirirse con un esfuerzo extenuante sería derramado sobre la humanidad.

Que nunca se imaginen que Ahriman aparecerá como una especie de bufón, jugando maliciosos trucos sobre los seres humanos. ¡De hecho, no! Los amantes de lo fácil que se niegan a tener algo que ver con la ciencia espiritual caerían presos de su magia, pues mediante estas estupendas artes mágicas sería capaz de hacer de un gran número de seres humanos videntes —pero de tal manera que la clarividencia de cada individuo estaría estrictamente diferenciada. Lo que una persona vería, un segundo y un tercero no lo verían. Prevalecería la confusión y, a pesar de ser receptivos a la sabiduría clarividente, la gente inevitablemente caería en la lucha debido a la gran diversidad de sus visiones. En última instancia, sin embargo, todos estarían satisfechos con su propia visión particular, porque cada uno de ellos sería capaz de ver en el mundo espiritual. De esta manera toda la cultura en la Tierra caería presa de Ahriman.

Los seres humanos sucumbirían a Ahriman simplemente por no haber adquirido por sus propios esfuerzos lo que Ahriman está listo y dispuesto a darles. No se podía dar peor consejo que decir: “¡Quédate tal como eres!. Ahriman hará que todos ustedes sean clarividentes si así lo desean. Y lo desearán porque el poder de Ahriman será enorme”. Pero el resultado sería el establecimiento del reino de Ahriman en la Tierra y el derrocamiento de todo lo que hasta entonces ha alcanzado la cultura humana; todas las desastrosas tendencias inconscientemente apreciadas por la humanidad hoy en día surtirían efecto.

Nuestra preocupación es que la sabiduría del futuro —una sabiduría clarividente— se rescate de las garras de Ahriman. Una vez más déjenme repetir que sólo hay un libro de la sabiduría, no dos tipos de sabiduría. La cuestión es si esta sabiduría está en manos de Ahriman o de Cristo. No se puede entrar en las manos de Cristo a menos que la gente luche por ello. Y sólo pueden luchar por ello diciéndose que por sus propios esfuerzos deben asimilar el contenido de la ciencia espiritual antes del tiempo de la aparición Ahriman en la Tierra.

Esa es la tarea cósmica de la ciencia espiritual. Consiste en evitar que el conocimiento se convierta en —o permanezca ahrimánico. Una buena manera de jugar con las manos de Ahriman es excluir toda la naturaleza del conocimiento de la religión denominacional e insistir en que la fe simple es suficiente. Si la gente se aferra a esta fe simple, condenan su alma al estancamiento y entonces la sabiduría que debe ser rescatada de Ahriman no podrá encontrar la entrada. El punto no es si la gente tiene o no que recibir simplemente la sabiduría del futuro sino si trabajan en ella; y los que lo hacen tienen que asumir el solemne deber de salvar la cultura terrenal para Cristo, así como los antiguos Rishis e iniciados se comprometieron a no ceder a la condición de Lucifer de que la humanidad fuera llevada lejos de la Tierra.

La raíz de la cuestión es que para la sabiduría del futuro también es necesaria una lucha similar a la que libraron los antiguos iniciados a través de cuyos intermediarios fueron transmitidas a la humanidad las facultades de expresión y de pensamiento. De la misma manera que se transfirió a los iniciados de la sabiduría primitiva arrancar a Lucifer lo que se ha convertido en la razón humana, el intelecto humano, de modo que la intuición que se desarrollará en el futuro de la realidad interior de las cosas debe ser arrebatada de las potencias ahrimánicas. Tales son las cuestiones —y estos temas juegan fuertemente en la vida misma.

Hace poco leí algunas notas escritas poco antes de su muerte por alguien que era amigo del movimiento antroposófico. Había sido herido en la guerra y permaneció largo tiempo en el hospital, donde, en el transcurso de las operaciones que se le realizaban, tenía muchos vislumbres del mundo espiritual. Las últimas líneas que él escribió contienen un pasaje notable, describiendo una visión que le vino no mucho antes de su muerte. En esta última experiencia, el ambiente que lo rodeaba se convirtió, tal como él lo expresa, en denso granito, pesando sobre su alma. Tal impresión se puede entender a la luz del conocimiento que tenemos que luchar por la sabiduría del futuro; pues los poderes ahrimánicos no permiten que se les quite esta sabiduría sin lucha. Que no se crean que la sabiduría pueda ser alcanzada a través de visiones dichosas. La verdadera sabiduría tiene que ser adquirida “en el trabajo y en el sufrimiento”. Lo que acabo de decir sobre el moribundo es una muy buena imagen de ese sufrimiento, pues en esta lucha por la sabiduría del futuro, una de las experiencias más frecuentes es que el mundo está presionando sobre nosotros, como si el aire se hubiera congelado de repente en granito. Es posible saber por qué esto es así. Sólo tenemos que recordar que es el esfuerzo de los poderes ahrimánicos el reducir la Tierra a un estado de completa rigidización. Su victoria estaría ganada si consiguieran llevar la tierra, el agua y el aire a este estado rígido. Si esto sucediera, la Tierra no podría volver a adquirir el calor que procedió de Saturno y que debe ser recuperado en la época de Vulcano; evitando que este sea el objetivo de los poderes ahrimánicos.

Una tendencia que tiene una gran importancia en esto es la falta de entusiasmo en las almas humanas en la actualidad por el contenido de la ciencia espiritual. Si esta falta de entusiasmo persistiera, el primer impulso hacia la rigidización de la Tierra emanaría de las almas humanas mismas, de su apatía, de su indolencia y amor a la facilidad. Si piensan que esta rigidización es el objetivo de los poderes ahrimánicos no se sorprenderán que la compresión, la sensación de que la vida se está convirtiendo en granito, es una de las experiencias que se deben experimentar en la lucha por la sabiduría del futuro. Pero recuerden que la gente de hoy puede prepararse para mirar al mundo espiritual al aprehender con su sana razón humana lo que la ciencia espiritual tiene que ofrecer.  El esfuerzo aplicado en el estudio que se deja guiar por la razón humana sana puede ser parte de la lucha que conduce eventualmente a la visión del mundo espiritual. Muchas tendencias tendrán que ser superadas, pero para la gente de hoy la dificultad fundamental es que cuando quieren entender la ciencia espiritual tienen que luchar contra sus propios cráneos de granito.  Si el cráneo humano fuera menos duro, menos parecido al granito, la ciencia espiritual sería mucho más ampliamente aceptada en la actualidad.

Infinitamente más eficaz que cualquier evitación filistea de los poderes ahrimánicos sería luchar contra Ahriman a través de un estudio sincero y genuino del contenido de la ciencia espiritual. Pues entonces los seres humanos llegarían poco a poco a percibir espiritualmente el peligro que de otro modo debería caer sobre la tierra físicamente, de ser rigidizado en una densidad parecida al granito.

Por lo tanto, hay que subrayar que la sabiduría del futuro sólo puede alcanzarse mediante las privaciones, el trabajo y el dolor; debe lograrse soportando los sufrimientos del cuerpo y del alma por causa de la salvación de la evolución humana. Por lo tanto, el principio inquebrantable debe ser nunca dejarse disuadir por el sufrimiento en la búsqueda de esta sabiduría. En lo que respecta a la vida externa de la humanidad, lo que se necesita es que en el futuro se elimine de la Tierra el peligro de la rigidización congelada que, en principio, se manifestaría en la esfera moral. Pero esto sólo puede ocurrir si la gente piensa espiritualmente, siente interiormente y contraria a su voluntad, lo que de otro modo se convertiría en realidad física.

Y es por lo que debe hacerse hincapié en que la sabiduría del futuro sólo puede alcanzarse a través de privaciones, trabajo y dolor; que debe alcanzarse soportando los sufrimientos concomitantes de cuerpo y alma por el bien de la salvación de la evolución humana. Por lo tanto el principio inquebrantable debe ser nunca dejarse disuadidos por el sufrimiento en la búsqueda de esta sabiduría. Por lo que se refiere a la vida externa de la humanidad, lo que se necesita es que en el futuro, el peligro de la rigidización congelada deberá ser retirado de la Tierra —que, para empezar, se manifestaría en la esfera moral— será removido de la Tierra. Pero esto sólo puede ocurrir si la gente piensa espiritualmente, siente interiormente y contraataca con su voluntad, lo que de otro modo se convertiría en realidad física.

En el fondo, es simplemente debido a la debilidad de corazón que la gente hoy no está dispuesta a acercarse a la ciencia espiritual. No son conscientes de esto, pero lo es, sin embargo; Están temerosos de las dificultades que tendrán que encontrarse en todas partes. Cuando la gente llega a la ciencia espiritual, tan a menudo hablan de la necesidad de “elevación”. Con esto suelen significar una sensación de confort y bienestar interior. Pero eso no puede ofrecerse, porque simplemente los calmaría en el estupor y los alejaría de la luz que necesitan. Lo esencial es que, a partir de ahora, el conocimiento de las fuerzas motrices de la evolución no debe ser retenido de la humanidad. Debe entenderse que, en verdad, el ser humano está equilibrado entre las potencias luciférica y ahrimánica, y que el Cristo se ha convertido en un compañero de los seres humanos, conduciéndolos, primero lejos de la batalla con Lucifer, y luego en la batalla con Ahriman.

La evolución de la humanidad debe entenderse a la luz de estos hechos. Cuando uno presenta los secretos de la existencia cósmica de la manera que debe hacerse en la ciencia espiritual a menudo sufre la risa y el desprecio, por ejemplo sobre el uso del principio del número siete —como se encontrará en mi libro Teosofía. Pero se darán cuenta de que la gente no se ríe cuando el arco iris se describe como siete colores, o la escala —tónica, segunda, tercera, etc, hasta la octava que es una repetición de la tónica. En el mundo físico estas cosas son aceptadas, pero no cuando se trata de lo espiritual. Lo que hay que recuperar aquí es algo que estaba implícito en la antigua sabiduría pagana. Un último vistazo de esta sabiduría pagana con respecto a una cuestión como el principio del número siete se encuentra en la escuela pitagórica, —que en realidad era un Centro de Misterios. Ustedes pueden leer sobre Pitágoras hoy en cualquier libro de texto; pero nunca encontrarán ninguna comprensión de la razón por la que él basó el orden del mundo en números. La razón era porque en la sabiduría antigua todo estaba basado en el número. Y una última luz de penetración en la sabiduría contenida en los números todavía sobrevivió cuando Pitágoras fundó su escuela.

Otras ramas de la sabiduría antigua sobrevivieron mucho más tiempo, algunas hasta los siglos VI y VII de la era cristiana. Hasta ese momento se dicen muchas cosas verdaderas sobre los mundos superiores en la esfera de lo que se llama filosofía natural. Y luego, poco a poco, esta inteligencia primitiva de la humanidad se secó —si puedo usar esta expresión.

Imaginemos a un representante ortodoxo del aprendizaje moderno sentado en un rincón y diciendo: “¡Qué absurdo lo que estos antropósofos hablan! ¿Qué quieren decir con afirmar que la sabiduría primitiva se ha quedado seca? Se han logrado resultados maravillosos y de gran calidad, sobre todo durante los últimos siglos, y aún se están logrando. Puede haber habido un alto temporal en 1914, pero en todo caso hasta entonces se lograron maravillas!”

Pero si ustedes miran con franqueza y sin prejuicios a lo que se ha logrado más recientemente, llegarán a la siguiente conclusión. Es cierto que se han recogido masas de notas —masas de datos científicos e históricos. Este tipo de recogida se ha convertido en la moda. Se han hecho y descrito innumerables experimentos. Pero ahora pregúntense: ¿Hay ideas fundamentalmente nuevas en todo lo que esta era moderna ha producido?. Nuevas ideas, nuevas concepciones fueron dadas por espíritus individuales como Goethe pero a Goethe no se le ha entendido. Si ustedes estudian los descubrimientos recientes de la ciencia natural o la investigación histórica, estará claro para ustedes que, con respecto a las ideas, no hay nada nuevo. Ciertamente, Darwin hizo viajes, describió muchas cosas que vio en estos viajes y reunió todo en una idea. Pero si captan la idea de la evolución en sus detalles, como idea, la encontrarán en el filósofo griego Anaxágoras. Así también encontraréis los principios fundamentales de la ciencia natural moderna en Aristóteles, es decir, en la era pre-cristiana. Estas ideas son tesoros de la sabiduría primitiva —que surgen de una fuente luciférica. Pero la sabiduría primitiva se ha secado, y algo nuevo en la forma de discernimiento en el mundo espiritual debe ser alcanzado. Una cierta voluntad de parte de la humanidad es necesaria para emprender el trabajo que implican las ideas realmente nuevas. Y la humanidad de hoy necesita con urgencia nuevas ideas, especialmente en lo que concierne al reino y a la vida del alma. Fundamentalmente, todo lo que la ciencia nos dice respecto al alma equivale a nada más que una colección de palabras. Lo que se enseña en las aulas sobre el pensamiento, el sentimiento y el deseo es simplemente una cuestión de palabras lanzadas espasmódicamente. No es más que el sonido de las palabras. Casi no es el comienzo de un intento de tomar en serio cualquier cosa que sea realmente nueva.

¡A este respecto uno puede tener experiencias curiosas! Hace algún tiempo fui invitado a hablar a una “Sociedad Schopenhauer” en Dresde. Pensé para mí mismo: Sí —una sociedad Schopenhauer— que seguramente debe ser algo fuera de lo común!. Así que traté de mostrar cómo el contraste entre dormir y despertar, entre despertarse e irse a dormir, debe entenderse en el sentido psicológico, cómo el alma está involucrada. Hablé de algo que ya he mencionado recientemente, es decir, que existe un punto cero en los momentos de dormirse y despertar, que el sueño no es meramente una cesación del estado de vigilia, sino que guarda la misma relación con el estado de vigilia que las deudas con los bienes.

Si tuvieran que buscar a través de la psicología moderna no encontrarían el menor rastro de cualquier intento de llegar a la raíz de estos asuntos de gran alcance. Después de la conferencia, en un “debate” como se le llamaba, ciertos miembros eruditos de la audiencia se levantaron para hablar. Uno de estos filósofos hizo una declaración realmente espléndida, con el siguiente efecto. Él dijo: “Lo que hemos estado oyendo no podría ser una preocupación de la ciencia seria. La ciencia seria tiene otros asuntos muy diferentes con los cuales ocuparse. No podemos saber nada de lo que se nos ha presentado tan plausiblemente; Nada de eso es una preocupación de la cognición humana. Por otra parte, todo esto lo sabemos desde hace mucho tiempo”. En otras palabras, por lo tanto: ¡lo que no podemos saber es algo con lo que hace tiempo que ya estamos familiarizados!.

Ahora existen contradicciones, ¡pero contradicciones de este tipo sólo existen en las cabezas de los estudiosos actuales! Si alguien dice que ciertas cosas no pueden ser conocidas, que no son objeto de la cognición humana —vale, bien, esa es su opinión. Pero si dice al mismo tiempo que ya sabe todo sobre ello desde hace mucho tiempo, entonces hay una contradicción obvia. Los eruditos becarios de hoy a menudo tienen el hábito de colocar dos opiniones diametralmente opuestas de lado a lado de esta manera.

Este tipo de pensamiento tiene mucho que ver con la situación actual. Un individuo —gracias a los Poderes Divinos y también, recordemos, a Lucifer y Ahriman— es a menudo capaz de formar un juicio bastante sólido de estas cosas; Pero cuando se trata de presentarlos al mundo, eso es otra cosa. Muchas personas están dispuestas a embarcarse en el estudio de la ciencia espiritual, siempre que encuentren una sociedad de tendencias sectarias en las que puedan refugiarse. Pero cuando tienen que enfrentarse el mundo y presentar algo de lo que el mundo mismo posee evidencia, todo tiende a esfumarse y se convierten en verdaderos filisteos. Y así se fomenta  y acelera el progreso de Ahriman.

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Traducido por Gracia Muñoz en Julio de 2017.

 

6. La muerte de Moisés

Del libro “Los Grandes Iniciados” de Edouard Schuré

LIBRO IV.   Moisés (la misión de Israel)

Cuando Moisés hubo conducido a su pueblo hasta la entrada de Canaán, sintió que su obra se había cumplido. ¿Qué era Iavé-Aelohim para el Vidente del Sinaí?. El orden divino visto desde la altura, a través de todas las esferas del universo y realizado sobre la tierra visible a imagen de las jerarquías celestes y de la eterna verdad. No, no había contemplado en vano la faz del Eterno, que se refleja en todos los mundos. El Libro estaba en el Arca, y el Arca guardada por un pueblo fuerte, templo viviente del Señor. El culto del Dios único estaba fundado sobre la Tierra; el nombre de Iahvé brillaba en letras resplandecientes en la conciencia de Israel; los siglos podían lanzar sus ondas sobre el alma cambiante de la humanidad, que ya no borrarían el nombre del Eterno.

Habiendo comprendido Moisés todas estas cosas, invocó al Ángel de la Muerte. Impuso las manos a su sucesor, Josué, ante el Tabernáculo, a fin de que el Espíritu de Dios pasase a él; luego bendijo a toda la humanidad a través de las doce tribus de Israel y subió al monte Nebo, seguido solamente de Josué y de los levitas. Ya Aarón había sido “recogido hacia sus padres”; la profetisa María había seguido el mismo camino. Había llegado la vez a Moisés.

¿Cuáles fueron los pensamientos del profeta centenario, cuando vio desaparecer el campo de Israel y subió a la gran soledad de Aelohim?. ¿Qué es lo que experimentó paseando su mirada sobre la tierra prometida, del Galaad a Jericó, la ciudad de las palmeras?. Un verdadero poeta (Alfredo deVigny), pintando de mano maestra aquella situación de alma, le hace lanzar este grito:

¡Oh, Señor, he vivido poderoso y solitario!

¡Dejadme ahora dormir el sueño de la tierra!.

Estos versos dicen más sobre el alma de Moisés que los comentarios de un centenar de teólogos. Aquella alma semeja a la gran pirámide de Giseh, maciza, desnuda y cerrada al exterior; pero que encierra en su interior los grandes misterios y lleva en su centro un sarcófago, llamado por los iniciados el sarcófago de la resurrección. Desde allí, por un pasadizo oblicuo, se veía la estrella polar. De este modo aquel espíritu impenetrable veía desde su centro la finalidad de las cosas.

Sí, todos los poderosos han conocido la soledad que crea la grandeza; pero Moisés se encontró más sólo que los otros, porque su principio fue más absoluto, más trascendente. Su Dios fue el principio viril por excelencia, el Espíritu puro. Para inculcarlo a los hombres tuvo que declarar la guerra al principio femenino, a la diosa Natura, a Hevé, a la Mujer eterna que vive en el alma de la Tierra y en el corazón del Hombre. Tuvo que combatirla sin tregua y sin merced, no para destruirla, sino para someterla y dominarla.

¿Qué hay de asombro en que la Naturaleza y la Mujer, entre quienes reina un pacto misterioso, temblasen ante él?. ¿Por qué admirarse de que se regocijasen de su partida y esperasen para levantar la cabeza a que la sombra de Moisés hubiera cesado de lanzar sobre ellas el presentimiento de la muerte?. Tales fueron sin duda los pensamientos del Vidente, mientras subía al estéril monte Nebo. Los hombres no podían amarle, porque él sólo había amado a Dios. ¿Viviría al menos su obra?. ¿Sería su pueblo siempre fiel a sumisión?. ¡Oh, fatal clarividencia de los moribundos, don trágico de los profetas, que levanta todos los velos en la última hora!. A medida que el espíritu de Moisés se desligaba de la tierra, veía la terrible realidad del porvenir; él vio las traiciones de Israel; la anarquía levantando la cabeza; los Reyes sucediendo a los Jueces; los crímenes de los Reyes manchando el templo del Señor, su libro mutilado, incomprendido, su pensamiento escondido, disfrazado, rebajado por sacerdotes ignorantes o hipócritas; las apostasías de los Reyes; el adulterio de Judá con las naciones idólatras; la pura tradición, la doctrina sagrada ahogadas y los profetas, poseedores del verbo viviente, perseguidos hasta el fondo del desierto.

Sentado en una caverna del monte Nebo; Moisés vio todo esto en sí mismo. Pero ya la muerte extendía sus alas sobre su frente y posaba su mano fría sobre su corazón. Entonces aquel corazón de león trató de surgir una vez más. Irritado contra su pueblo, Moisés evocó la venganza de Aelohim sobre la raza de Judá, y elevó su pesado brazo. Josué y los levitas que le asistían oyeron con espanto estas palabras salir de la boca del moribundo profeta: “Israel ha traicionado a su Dios, ¡sea él dispersado a los cuatro vientos del cielo!”.

Entre tanto, Josué y los levitas miraban con terror a su maestro que no daba ya signo de vida. Su última palabra había sido una maldición.

¿Había lanzado con ella el último suspiro?. Pero Moisés abrió los ojos por última vez y dijo: “Volved a Israel. Cuando el tiempo llegue, el Eterno os enviará un profeta como yo entre vuestros hermanos y pondrá su verbo en su boca y ese profeta os dirá lo que el Eterno le haya ordenado. Y a quien no escuche las palabras que os diga, el Eterno le pedirá cuentas”. (Deuteronomio XVIII, 18, 19).

Después de estas palabras proféticas, Moisés entregó el espíritu. El Ángel solar de la espada de fuego, que antes le había aparecido en el Sinaí, le esperaba. Él le arrastró al seno profundo de la Isis celeste, a las ondas de esa luz que es la Esposa de Dios. Lejos de las regiones terrestres, atravesaron círculos de almas de creciente esplendor. Por fin, el Ángel del Señor le mostró un espíritu de maravillosa belleza y de una dulzura celeste, pero de tal radiación y de claridad tan fulgurante, que la suya propia no era más que una sombra al lado de ella. No llevaba él la espada del castigo, sino la palma del sacrificio y de la Victoria. Moisés comprendió que aquél terminaría su obra y conduciría a los hombres hacia el Padre, por el poder del Eterno-Femenino, por la Gracia divina y por el Amor perfecto. Entonces el Legislador se prosternó ante el Redentor, y Moisés adoró a Jesucristo.

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Editado por Gracia Muñoz en Enero de 2018.