GA218c4. Las esferas planetarias y su influencia en la Vida del hombre en la Tierra y en los Mundos Espirituales

Rudolf Steiner — Londres, 12 de noviembre de 1922

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Mis queridos amigos,

Ustedes recordarán que en la última ocasión que tuve la oportunidad de dirigirme a ustedes aquí, di una descripción de las experiencias del alma durante el sueño. Hoy me gustaría llevar el asunto un poco más lejos.  Estoy seguro de que será claro para ustedes que uno cuyo conocimiento de la vida humana se limita a la existencia durante el día, sólo conoce la mitad de la vida del hombre, pues cosas de la mayor importancia tienen lugar durante el sueño. Aquí no veo necesario explicar los métodos mediante los cuales se llega a conocer estas cosas; doy por supuesto que reciben lo que les estoy comunicando como algo procedente de la clarividencia exacta que recordarán que describí en mis conferencias aquí en Londres, hace unos meses. [Conocimiento e Iniciación y Conocimiento de Cristo a través de la Antroposofía. Dos conferencias, Londres, 14 y 15 de abril de 1922].

Cuando el hombre pasa de la conciencia del día a la conciencia del sueño —que para el hombre actual es totalmente inconsciente—  él ya no está en su cuerpo físico, ni en su cuerpo etérico.   Durante el sueño, él es un ser puramente espiritual. En mi última visita, les di una descripción, desde un aspecto, de la experiencia que el hombre vive como ser anímico espiritual en el tiempo de quedarse dormido y despertarse. Hoy quiero describir esta experiencia vista desde otro lado.

Recordarán cómo, en el sueño, el hombre sale al éter cósmico y sintiéndose a sí mismo en medio de un vasto y vago desconocido al principio se ve abrumado por la ansiedad y la aprensión; y entonces también recordarán cómo en ese momento algo despierta en el alma al que uno puede llamar —tomando prestada la expresión de la vida consciente— un anhelo por lo Divino. Y pasamos a hablar de cómo en la segunda etapa del sueño el hombre experimenta un reflejo de los movimientos de los planetas, y cómo, para alguien que ya tiene una relación con el Misterio del Gólgota, aparece Cristo, para ser su Guía a través de las experiencias, por lo demás caóticas, que le llegan mientras recorre su camino a través de una especie de reproducción o copia de la vida de las estrellas y los planetas. Y ahora viene la experiencia de las estrellas fijas. El hombre sale, de las esferas planetarias —nos referimos, por supuesto, a la copia de las esferas planetarias— y entra en una experiencia de las constelaciones de las estrellas fijas. De modo que, entre el quedarse dormido y despertar, el hombre en realidad cubre toda la existencia cósmica más allá de la Tierra. Dije, además, que son las fuerzas de la Luna (la contraparte espiritual de lo que se nos revela en los diversos fenómenos lunares) las que hacen que el hombre regrese por la mañana —o cada vez que se despierta— llevándolo de vuelta a sus cuerpos físico y etérico.

Y ahora me gustaría, describir estas experiencias desde otro ángulo. A menos que hayamos permitido involucrarnos y encarcelarnos completamente en las ideas materialistas de los tiempos modernos, la vida consciente que llevamos durante el día tiene para nosotros una moral y un fundamento religioso. Tenemos nuestro conocimiento de la naturaleza; pero no podemos evitar sentir que tenemos en nosotros algo más que conocimiento y ciencia, que también tenemos deberes morales, responsabilidades morales, y sentimos además que todo nuestro ser está basado en un mundo espiritual. Esta última realización puede describirse como una conciencia religiosa. Sin embargo, solo porque el hombre habita en un cuerpo físico, es capaz de tener esta conciencia religiosa en la vida de vigilia. Porque deben entender que en su cuerpo físico el hombre no está solo, sino que con él están los espíritus de rango cósmico superior; en su cuerpo físico, el hombre vive junto con espíritus superiores. Y el hombre vive, en su cuerpo etérico, con los propósitos morales de estos espíritus superiores. Por lo tanto, la conciencia religiosa del hombre depende de su vida en el cuerpo físico y su conciencia moral de su vida en el cuerpo etérico. Y esto nos lleva a distinguir dos partes en el éter cósmico, del cual, como saben, deriva nuestro propio cuerpo etérico. Una parte es calor, luz, éter químico, éter de vida. Pero detrás de todo esto, detrás de la calidez, la luz, los procesos químicos y la vida, hay un elemento moral: la esencia moral del éter cósmico.

Ahora bien, esta esencia moral del éter cósmico está presente solo en las cercanías de las estrellas y los planetas. Si estás viviendo en la Tierra, entonces no solo estás dentro del éter cósmico, sino también dentro de su esencia moral, aunque durante el día no eres consciente. Y cuando deambulas por el cosmos, cuando estás en el entorno de una estrella, estás en la esencia moral del éter cósmico. Pero cuando entras en las estrellas, el elemento moral es expulsado del éter por la acción de la luz solar. Tengan en cuenta que he dicho la luz solar, no la luz del Sol, que es un cuerpo cósmico dentro del cual está contenida la misma fuente y origen del éter moral; pero cuando el Sol brilla, entonces por medio de su luz aleja la esencia moral del éter. Y así sucede cuando miramos el mundo, vemos flores, vemos manantiales y arroyos, vemos toda la cara de la Naturaleza, pero sin ningún elemento moral discernible dentro de ella; la luz del sol ha eliminado el elemento moral. Y cuando nos dormimos y dejamos nuestro cuerpo físico y etérico, llevamos entonces con nosotros lo que hemos adquirido de esta manera durante las horas de vigilia en la Tierra al contemplar la Naturaleza; pero por extraño que parezca, dejamos atrás nuestro sentimiento religioso y nuestro sentimiento moral, los dejamos atrás con el cuerpo físico y con el cuerpo etérico, y nuestra alma y espíritu viven como un ser a-moral en el momento del sueño.

Esto tiene una importante consecuencia para nosotros. Estamos viviendo durante ese tiempo en un mundo que es irradiado por la luz del sol. Esto significa que el orden moral del mundo ha salido del éter. En consecuencia, los Seres Ahrimánicos tienen acceso al éter en el que nos encontramos tan pronto como nos dormimos. Y estos Seres Ahrimánicos hablan al hombre mientras está dormido. Y lo que dicen es muy malicioso, pues con razón Ahriman es llamado el padre de la mentira; haciendo que para el ser humano dormido el bien parezca malo y lo bueno malo. Hace poco se hizo referencia en los periódicos a las preguntas que están investigando los científicos, sobre por qué los delincuentes duermen bien, mientras que las personas con buena conciencia a menudo duermen mal. El asunto se explica cuando consideran lo que les estoy diciendo. En el caso de un hombre muy concienzudo y devoto, que tiene un excelente sentimiento moral, su sensibilidad moral entra tan profundamente en su alma que la lleva consigo al dormir; con el resultado de que duerme mal, creyendo como lo hace que ha sido culpable de muchas fechorías. Un hombre malo, por otro lado, cuya sensibilidad moral está muy poco desarrollada, no llevará consigo tales remordimientos de conciencia, y esto significará, por supuesto, al mismo tiempo que tendrá, espiritualmente hablando, una actitud abierta al escuchar los susurros de Ahriman que hace que el mal parezca bueno. ¡De ahí el sueño tranquilo y satisfecho del criminal! La gente dice que no es justo que los delincuentes duerman bien, mientras que las buenas personas a menudo tienen un sueño pobre y perturbado. Este hecho debe ser explicado por lo que acabo de demostrar.

La tentación al mal a la que el hombre está expuesto durante el sueño es, en verdad, extremadamente grande, y puede suceder fácilmente que por la mañana traiga con él las terribles fuerzas demoníacas de la tentación. Solo cuando baja de nuevo a sus cuerpos físico y etérico, un hombre que no sea muy bueno y recto comenzará a sentir pinchazos de conciencia, no antes. Por lo tanto, hay una gran posibilidad de que el hombre sea víctima de Ahriman durante el tiempo de sueño.

El peligro de ninguna manera ha sido tan grande como lo es actualmente. En el transcurso de los siglos, gradualmente se ha llegado a la conclusión de que los hombres están tan gravemente expuestos durante el sueño a las seducciones de los poderes demoníacos, que hacen que el mal parezca bueno. En los primeros tiempos de la evolución de la humanidad, las cosas eran diferentes. El hombre no tenía entonces, como he explicado a menudo, una conciencia del yo tan fuerte como la que tiene ahora. Durante el día, cuando estaba despierto, su conciencia del yo era más débil; y eso significaba también que durante el sueño no navegaba tan fácilmente hacia el mal como lo hace hoy. Él estaba protegido. El hecho es que estamos viviendo hoy en un momento que nos está llevando a una cierta crisis en la evolución. Les corresponde a los hombres armarse contra los poderes del mal que se les acercan cuando se duermen. En tiempos antiguos, los hombres estaban protegidos por el hecho de que cuando se iban a dormir, entraban más en el alma del grupo. Durante el sueño, el hombre vivía en el alma grupal. Hoy todavía vivimos hasta cierto punto en el alma grupal durante nuestras horas de vigilia; sentimos que pertenecemos a una nación en particular, a menudo incluso a un clan en particular; o tal vez nos inclinemos por aires aristocráticos, y nos guste sentirnos como miembros de cierta familia. Pero el sueño nos saca de la sensación de alma grupal. Es casi imposible para el hombre de hoy ser un aristócrata en el sueño. Sí, dormir es un gran educador, más de lo que piensan; por un lado, educa al hombre, es verdad, en el mal, como hemos visto; pero, por otro lado, lo educa en democracia.  El hombre del tiempo antiguo pasaba al alma grupal cuando se dormía; y cuando despertaba y regresaba a su cuerpo físico y etérico, traía consigo un fuerte sentimiento de pertenencia a su grupo.

Ahí tienen un lado de la vida del hombre, la que lleva durante el sueño. El hombre, en la actualidad por supuesto, lleva en él todo el tiempo la parte de su naturaleza que está expuesta en el sueño a las tentaciones de las fuerzas demoníacas, las tiene en él continuamente. Solo cuando está despierto, tiene que unirse con la conciencia moral y religiosa. El lado religioso del hombre le es dado, como vimos, por los poderes que viven con él en su cuerpo físico, y el lado moral por los poderes que viven con él en su cuerpo etérico.

El hombre de un tiempo anterior, durante el sueño vivió con fuerza, como hemos visto, en la conciencia de grupo —fue con el Misterio del Gólgota que todo esto cambió para la evolución posterior de la humanidad—  el hombre de una época anterior, cuando entraba de nuevo, al despertarse, en su cuerpo físico y etérico, comenzaba a vivir más en sí mismo, pero aquí descubrimos otra diferencia entre él y nosotros. Porque cuando se estaba despertando y bajando nuevamente a sus cuerpos físico y etérico, antes de estar completamente despierto, tenía una clara conciencia de lo que había vivido antes de descender a la Tierra. Y tenía la misma clara conciencia nuevamente antes de quedarse dormido. Mientras que por un lado desarrolló una fuerte conciencia de grupo, al mismo tiempo también tuvo un fuerte sentimiento de pertenecer a la vida que está más allá de la Tierra. Sabía muy bien que había bajado del mundo espiritual, que había pasado por el mundo de las estrellas y había elegido para sí mismo un cuerpo físico aquí en la Tierra. Con el paso del tiempo, esta conciencia se oscureció. En compensación, los hombres se volvieron “inteligentes”, tal como entendemos la palabra hoy. Desarrollaron poderes de juicio y discriminación. Este tipo de facultad ha ido evolucionando en el transcurso del tiempo. Es nuestro cuerpo físico el que nos da el poder de juicio, y esta es la razón por la que podemos ejercitar mejor su poder durante las horas de la mañana. En esta época entramos más profundamente en nuestros cuerpos físico y etérico que los hombres de los tiempos antiguos. En consecuencia, mientras ellos tenían una conciencia de su vida antes del nacimiento, nosotros tenemos una conciencia más bien de la existencia terrenal. Nos establecemos firmemente en nuestro cuerpo físico y etérico. Ellos no lo hicieron. Se podría decir que “llevaban” su cuerpo físico y etérico, sintiéndolo como algo externo a ellos, como sentimos la ropa que usamos. Hoy hemos perdido completamente este sentimiento. Ya no nos expresamos como lo hicieron, cuando estaban cruzando una puerta: llevo mi ser físico a través de la puerta. Eso era para ellos una forma completamente natural de hablar. Hoy nunca diríamos eso; decimos: entro por la puerta. Presionamos nuestro yo directamente en el cuerpo físico; por lo tanto, es perfectamente natural que nos expresemos de esta manera. Y como consecuencia de este desarrollo, también hemos perdido la conciencia de nuestra conexión con el mundo espiritual y con el mundo de las estrellas. El hombre de un tiempo anterior sabía que estaba conectado con el mundo de las estrellas. Sabía muy bien que estaba conectado con el mundo de las estrellas y también con el mundo espiritual que está detrás del mundo de las estrellas: sabía que había descendido de esos mundos a la existencia terrenal.

El hombre moderno dirá: Para vivir, necesito carne, verduras, huevos, etc. es decir, necesita productos del mundo físico y de ello debe preocuparse desde el nacimiento hasta la muerte. Por favor, no se imaginen por un momento, queridos amigos, que quiero hablar desdeñosamente o con desprecio de la comida que comemos. Es buena en sí mismo y pertenece a la vida; eso está completamente reconocido. Solo quiero señalar que los hombres de antaño sabían que para tener fuerza para vivir, el hombre necesitaba aparte de las fuerzas de la Tierra que residen en la carne de res, el repollo y los huevos, también necesitaba a Júpiter a Venus y a Saturno. Sabían de hecho que así como el hombre, cuando está aquí en la Tierra, necesita comer huevos, también necesita recibir, antes de descender a la Tierra, la fuerza de Júpiter y de Venus; de lo contrario, no podría ser un hombre terrenal en absoluto. El hombre moderno se siente unido a la Tierra y está muy preocupado por lo que debe comer para mantener su cuerpo sano. El hombre de otros tiempos sentía la necesidad de tener una relación correcta con las estrellas. Se decía a sí mismo: si sufro, aquí en la Tierra, por alguna incapacidad o falta de habilidad, debe ser que no me desenvolví bien mientras descendía del mundo de las estrellas; Debo hacerlo bien la próxima vez que haga el viaje de la muerte a un nuevo nacimiento.

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De hecho, es así que en aquellos tiempos el hombre desarrollaba lo que podría llamarse una dieta espiritual. En los Misterios había líderes y guías que no eran diferentes a nuestros modernos doctores en medicina. El médico moderno da su consejo sobre el cuerpo del hombre. Eso es bastante comprensible, y no se pretende ningún reproche. Pero los líderes en los Misterios, que también eran médicos, por ejemplo, si un hombre sufría de alguna debilidad física, daba instrucciones sobre cómo podría mejorar su relación con Venus, o con Saturno. Fue, por lo tanto, un consejo para el alma el que dieron estos líderes en los Misterios. Supongamos que un médico de este tipo descubriera que la persona que había acudido a él para sanar estaba demasiado atraída por su cuerpo físico. En lugar de sentir su cuerpo simplemente como una prenda para su alma, estaba firmemente unido a ella, como un hombre de hoy en día que persiste en dormir con su ropa. El médico le diría a esa persona: Cuando la Luna esté llena, intente salir a caminar en su luz, cuando aparezca por la noche; y mientras caminas, repite un cierto mantra.

¿Por qué el médico de los Misterios antiguos daba este consejo? Porque sabía que cuando una persona sale a caminar a la luz de la Luna, repitiendo al mismo tiempo ciertos mantras, eso contrarrestaría la fuerza de Saturno, y de ese modo Saturno tendría menos poder sobre él. Pues, como ven, este médico de antaño sabía que el apego al cuerpo físico, el estar tan unido a él, se debía al hecho de que la persona en cuestión se había aferrado demasiado a Saturno cuando él estaba pasando por el mundo de las estrellas, en su camino del mundo espiritual a la vida terrenal. Esta atracción excesiva a la vida de Saturno le había dado la enfermedad de la que estaba sufriendo. Pero ahora los dos cuerpos celestes, Luna y Saturno, tienden a contrarrestarse mutuamente. Para poder, por lo tanto, curar una aflicción debida a las fuerzas de Saturno, el médico recurriría a las fuerzas de la Luna. Él, en efecto, prescribiría una dieta espiritual. Hoy tenemos una dieta física y eso es correcto y adecuado para nosotros. En los tiempos antiguos, el hombre sentía la necesidad de una dieta de un tipo más espiritual, y ahora debemos aprender a agregar a nuestra dieta física también una dieta espiritual. Esa es la misión de la edad presente; tenemos nuestra dieta física, y también debemos recuperar la sensación de la importancia de una dieta espiritual. Si podemos hacer esto, nos permitirá alcanzar las tareas que requieren la realización en este momento presente en la evolución de la Tierra.

Esto es lo que quería presentarles en la primera parte de mi conferencia.

 

 

Es una satisfacción para mí, queridos amigos, el poder darles dos conferencias más después de hoy, así que no necesito darme prisa —como de lo contrario estaría obligado a hacer— pues puedo profundizar más en lo que está en mi corazón comunicarles con motivo de esta visita.

La visión de la vida preterrenal, del hombre, de la vida que vivió en el mundo espiritual antes de que se uniera aquí en la Tierra con un cuerpo físico y etérico, era posible para los hombres de la antigüedad, ya que poseían una clarividencia elemental. Para alcanzar tal visión hoy, necesitamos la ayuda de la ciencia antroposófica. Cuando con esta ayuda aprendemos a mirar con la conciencia de la Inspiración al tiempo que pasamos antes de descender a la Tierra, contemplamos cómo vivimos durante un largo tiempo en un mundo totalmente espiritual, un mundo donde no hay reino mineral, ni reino vegetal, ni reino animal, un mundo donde ni siquiera vemos brillando las estrellas a lo lejos en los cielos circundantes, un mundo donde tenemos a nuestro alrededor seres espirituales, seres de las jerarquías superiores. A lo largo de este período del tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento, vivimos entre seres espirituales. Y luego comenzamos a viajar a través de los cielos estrellados en nuestro camino de regreso a la Tierra, pasando —ahora con más, ahora de nuevo con menos, simpatía— a través de las diversas esferas estrelladas. Y este es el momento en que preparamos nuestra futura vida terrenal. Porque según nos relacionemos con las esferas estrelladas por las que pasamos, así será nuestra vida en la Tierra. Déjenme darles un ejemplo de cómo se lleva a cabo esta preparación.

Saliendo de un mundo que es puramente espiritual, pasamos primero a través de la esfera de las estrellas fijas. De estas no hablaré ahora; eso vendrá en la próxima conferencia. Luego pasamos a través de las esferas de Saturno, Júpiter y Marte, a través de la esfera del Sol, y a través de las esferas de Mercurio, Venus y la Luna, y así sucesivamente, por etapas graduales vamos descendiendo a la Tierra. Se darán cuenta por la descripción que nos acercamos a las esferas de las estrellas desde el otro lado. Cuando desde la Tierra miras hacia Júpiter, estás viendo a Júpiter desde un lado. Y cuando un ser —en este caso, un ser humano— desciende del mundo espiritual y pasa, en su camino a la Tierra, a través de las esferas de las estrellas, entonces en el momento en que nosotros, mirando desde la Tierra, vemos a Saturno, este ser, al acercarse a Saturno, lo verá desde el otro lado. Será lo mismo con todas las estrellas. Viniendo del mundo espiritual, se acerca a las estrellas desde atrás, por así decirlo, y ve el reverso de lo que los hombres ven desde la Tierra con la vista física. Por supuesto, no imaginarán que el ser humano que hace su viaje a la Tierra “ve” de la manera en que lo hacemos nosotros. Aún no tiene ojos, solo tendrá ojos cuando tenga un cuerpo físico. Lo que él ve es espiritual. Él ve a Saturno, Júpiter, Marte, Sol, en su aspecto espiritual; Venus también, luego Mercurio y la Luna. Y de acuerdo con la medida de la simpatía o antipatía con la que pasa a través de una u otra esfera, así serán las fuerzas que reciba en el curso de su descenso a su vez de cada esfera, —fuerzas de Saturno, fuerzas de Júpiter, etc. Imaginemos un caso particular. Como consecuencia de la forma en que vivió su vida anterior en la Tierra, un alma humana puede tener la sensación, cuando llegue el momento de descender a una nueva vida: será bueno si esta vez llego a la Tierra como mujer; si esta vez me encarno en un cuerpo femenino. Es una pregunta importante para el alma humana descendente el decidir si se convertirá en hombre o mujer. Todo su destino en la Tierra depende de la decisión; porque de ninguna manera es una cuestión indiferente si en una encarnación particular pasamos nuestra vida como hombre o como mujer. Pero no es suficiente que el alma simplemente llegue a la conclusión: seré un hombre o seré una mujer. Tiene que hacerse la debida preparación. Si el alma desea ser una mujer, se acercará a la Tierra en el momento de la Luna Llena. Cuando nosotros, mirando desde la Tierra, veamos la Luna llena, el alma que se acerca desde el mundo espiritual la verá oscura. Ahora lo que el alma ve es, por supuesto, el aspecto espiritual de la Luna. Al verla oscura, el alma la ve “poblada”, por así decirlo, con ciertos seres. Y estos seres son quienes prepararán el alma, para que, cuando llegue a la Tierra, sea atraída por un cuerpo femenino. Por otro lado, cuando mirando desde la Tierra, vemos la Luna Nueva —lo que significa que no podemos verla en absoluto— entonces el alma que desciende y ve la Luna desde el otro lado, la verá iluminada, verá la luz que irradia desde allí hacia el espacio cósmico, eso es, por supuesto, lo espiritual en la luz. En este caso, el alma puede convertirse en un hombre. Ya sea que reciba las fuerzas que lo llevan a una encarnación masculina o femenina depende, como ven, de la manera en que el alma viaje a través de las esferas de las estrellas. Y ahora, además de atravesar la esfera de la Luna, el alma también debe ir, por ejemplo, a través de las esferas de Mercurio y Venus. Si bien la forma de su viaje a través de la esfera de la Luna determina si el alma se va a convertir en hombre o mujer, al pasar por la esfera de Venus, el alma está más o menos simpatizada con una familia en particular. Porque el alma podría, por supuesto, ser hombre o mujer en esta, aquella o cualquier otra familia. Esta atracción hacia una familia se determina de la siguiente manera.

Un alma humana puede estar descendiendo, por ejemplo, en un momento en que Venus está justo al otro lado de la Tierra, y así el alma puede ignorar la esfera de Venus. Tal alma entonces no tendrá una gran conexión con su familia. O el alma puede, por otro lado, ir más allá de Venus, y puede hacerlo de varias maneras. Luego elegirá tomar el camino a través de la esfera de Venus que lo guiara hacia alguna familia en particular. Porque el alma tiene esta posibilidad; puede prepararse para pertenecer a una familia en particular al elegir, por así decirlo, el “rayo” que va desde Venus a esta familia. Bajando desde el otro lado, el lado oscuro, de Venus, el alma se acerca a la Tierra y encuentra su camino hacia esa familia.

El mismo tipo de cosas puede suceder con respecto a la esfera de Mercurio. La esfera de Mercurio lleva al alma a encontrar su camino en una gente o pueblo en particular. Cuando la región habitada por este pueblo reciba rayos de Mercurio, entonces el alma, que viene del otro lado y se acerca al lado oscuro de Mercurio, será ayudado a encontrar su camino hacia este pueblo.

Así se preparan las almas humanas para la vida en la Tierra. A través de la influencia de la Luna, y cuando hablamos de estos cuerpos celestiales, siempre es lo espiritual en ellos lo que tenemos en mente, a través de la influencia de la Luna, nos preparamos para que el alma se convierta en hombre o mujer; a través de la influencia de Venus, para que el alma pertenezca a determinada familia; a través de la influencia de Mercurio, para su pertenencia a algún pueblo o nación. La vida entera del hombre en la Tierra depende, como pueden ver, de la relación que establece con las esferas en el curso de su descenso del mundo espiritual. El conocimiento de esto se ha perdido. Debemos recuperarlo. Estamos acostumbrados a pensar en nosotros mismos como compuestos de hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, carbono, azufre, etc. Pero debemos llegar también al sentimiento —simplemente y naturalmente— de que estamos compuestos y somos creados del mundo de las estrellas. Porque no somos solo seres humanos hechos de proteínas y algunas otras sustancias. Todas las fuerzas del universo se han combinado para formarnos. Estas fuerzas del universo trabajan sobre nosotros mientras estamos descendiendo. Cuando venimos a la Tierra, las llevamos en de nosotros, y algo, como un recuerdo de esto nos queda dormido. Sin embargo, la memoria siempre es, como ustedes saben muy bien, más débil que la experiencia real.

Cuando alguien que es querido para ti ha muerto, piensa cómo el recuerdo del evento se vuelve menos vívido y poderoso a medida que pasa el tiempo. Y es lo mismo con la memoria que todavía tenemos en el sueño, de cómo era con nosotros cuando teníamos experiencias vivientes y presentes del mundo espiritual y del mundo de las estrellas. El recuerdo se vuelve oscuro; y es por eso que el hombre está ahora expuesto a las tentaciones que describí antes. Por lo tanto, una imagen difusa y débil en el sueño -una memoria cósmica débil- es todo lo que queda de la experiencia que tuvimos con el mundo espiritual y con las estrellas durante el tiempo transcurrido entre la muerte y nuestro último nacimiento.

Esto, queridos amigos, es lo que quería decirles hoy como presentación. Continuaremos con esto en el próximo encuentro

Traducido por Gracia Muñoz en Abril de 2018.

 

 

 

 

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GA214c3. Las esferas planetarias y su influencia en la Vida del hombre en la Tierra y en los Mundos Espirituales

Rudolf Steiner — Londres, 30 de agosto de 1922

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Mis queridos amigos, cuando nuestras posibilidades de reunirnos son tan pocas, a uno le invade el deseo natural de dar más de lo posible en una conferencia, y en ocasiones puede suceder que tal vez se da demasiado. Sin embargo hoy tengo la audaz intención de darles una descripción desde un punto de vista de lo que puede llamarse el otro lado de la existencia terrenal del hombre, y quiero dejar bien claro al mismo tiempo la importancia y significado para nuestra época de este tipo de conocimiento, de este conocimiento espiritual.

Después de todo ¿cuánto puede el hombre conocer ordinariamente de su existencia aquí en la Tierra?. ¿Qué pueden decirle sus sentidos y su intelecto?.  Con la conciencia ordinaria, solo está consciente de su vida despierta. Sin embargo, seguramente no es sin sentido que los Poderes Espirituales del Mundo que lo guían han insertado en la vida del hombre en la Tierra la condición del sueño.

Entre el momento de conciliar el sueño y el momento de despertar se lleva muchísimo a cabo. De hecho, todo lo que el Espíritu tiene que cumplir en la Tierra a través del hombre, la mayor parte se lleva a cabo durante el sueño. Mientras estamos despiertos, lo que sucede en la Tierra a través nuestro se limita a lo que hacemos,  —ya sea para nosotros mismos o para los que están a nuestro alrededor. Cuando vamos a dormir, sin embargo, comienza otra actividad. Mientras dormimos, elevados Seres Espirituales trabajan sobre el alma humana, con el objeto de llevar al hombre a su evolución plena y completa en su existencia de la Tierra.

Es posible que alguien que tenga conocimiento de la Ciencia Espiritual moderna pueda tener una visión clara y detallada de los importantes acontecimientos que ocurren durante el sueño. No debemos, por supuesto, cometer el error de imaginar que estos eventos tienen lugar solo para el iniciado, sino que es experimentado por todos los seres humanos por igual. De hecho, la evolución humana depende por completo de estos eventos que suceden con nosotros entre el momento de conciliar el sueño y el momento de despertar. La diferencia con el iniciado es sólo que él es capaz de llamar nuestra atención sobre estos hechos. Y cada vez es más importante que los que no se hacen ninguna pregunta en absoluto sobre el significado de su existencia en la Tierra deberían prestar importancia a lo que sucede en el sueño.

Permítanme esbozar a grandes rasgos las influencias que juegan en el sueño del hombre. Supongamos que alguien va a dormir. Como saben, el proceso se describe de la manera siguiente: el cuerpo astral y el yo abandonan el cuerpo físico y el cuerpo etérico, y van al mundo espiritual, de manera que ya no penetran los cuerpos físico y etérico como lo hacen en el estado de vigilia. Pero cuando tratamos de ir un poco más allá y formarnos una imagen de lo que realmente ocurre con el hombre durante el estado de sueño, nos encontramos con que es necesario en primer lugar llegar a una percepción más clara de la naturaleza de la relación del hombre con la Tierra durante las horas de vigilia. ¿Cómo se conecta el hombre con la Tierra mientras está despierto?.  En primer lugar, a través de sus sentidos. Con la ayuda de sus sentidos, percibe y llega a conocer los fenómenos de los diversos reinos de la naturaleza. Pero esto no es todo. El hombre también está conectado con la Tierra a través de las actividades que realiza inconscientemente, incluso cuando no está despierto. Por ejemplo el hombre respira, y así se conecta con toda la Tierra. El hombre lleva con su aliento a la Tierra entera en lo aereo. En el aire que respira, un sinnúmero de sustancias están presentes en una condición muy enrarecida. Y el hecho de que se encuentren en este estado enrarecido les permite ejercer una influencia que no es de poca importancia cuando a través de la respiración se recibe en el organismo del hombre. Lo que el hombre percibe con sus sentidos entra en él inconscientemente, incluso durante la vida despierta entra en el hombre una gran cantidad que es más importante de lo que le entra por los caminos más tenues como la percepción y el pensamiento. En el entorno de la respiración del hombre todo entra en él como materia, tomando forma sustancial. Tampoco es necesario que les recuerde cuán completamente dependiente del organismo humano es lo que recibe en la forma de alimento. Así que en total tenemos que reconocer muchas influencias que trabajan desde la Tierra sobre el ser humano despierto.

Sin embargo hoy vamos a investigar la influencia del trabajo sobre el hombre en el sueño. Y aquí nos encontramos con que el hombre, mientras que durante las horas de vigilia se encuentra en relación con las sustancias externas terrenales, cuando se duerme, entra en una cierta conexión con el Cosmos. No quiero dar a entender que el cuerpo astral del hombre asume todas las noches la inmensidad del Cosmos. Eso sería una exageración. Sin embargo, es un hecho que cada noche el hombre se expande hacia el Cosmos. Así como aquí en la Tierra estamos conectados por el aire con las plantas y los minerales, al dormir nos conectamos con los movimientos de los planetas y las constelaciones de las estrellas fijas. Desde el momento en que nos quedamos dormidos, los cielos estrellados se convierten en nuestro mundo, así como la Tierra es nuestro mundo cuando estamos despiertos.

Ahora voy a describir un poco más en detalle la manera en que tomamos el camino cuando nos dormimos, donde nos encontramos con que podemos distinguir que atravesamos diferentes ámbitos.

Primero entramos en una esfera donde el yo y el cuerpo astral, es decir, el alma humana, durante el sueño se siente unida con los movimientos del mundo planetario. Cuando nos despertamos por la mañana y entramos en nuestro cuerpo físico, sabemos que tenemos en nosotros, nuestros pulmones, nuestro corazón, nuestro hígado, nuestro cerebro. En la primera esfera con la que entramos en contacto después de quedarnos dormidos y que también volverá a ser la última esfera por la que entramos al despertar, llevamos en nosotros las fuerzas de los movimientos de los planetas. Esto no significa, por supuesto, que recibimos en nosotros todas las noches todos los movimientos planetarios; llevamos dentro de nosotros una pequeña imagen, por así decirlo, donde se reproducen los movimientos de los planetas. Y esta imagen es diferente para cada ser humano. Esta es entonces, la primera experiencia que cada uno de nosotros encuentra al dormirse. Seguimos con nuestro cuerpo astral por así decirlo, todo lo que sucede con los movimientos de los planetas, por los amplios espacios del Universo, lo experimentamos todo en nuestro cuerpo astral como una especie de globo planetario.

Tal vez dirán: Pero, ¿cómo puede esto preocuparme, si no puedo percibirlo?.  Es cierto que no lo ven con sus ojos, ni lo oyen con sus oídos. Pero apenas han pasado a la condición del sueño, la parte del cuerpo astral, que en la vigilia pertenece al corazón, se convierte en un ojo, se convierte, en realidad, en lo que podríamos llamar un “ojo-corazón”; y con este ojo del corazón, “ves” lo que ahora está ocurriendo. Para la humanidad actual, la percepción es muy tenue. Sin embargo, tengan por seguro que existe; El “corazón-ojo” percibe las experiencias de la primera esfera del sueño.  El yo y el cuerpo astral miran con el “corazón-ojo” hacia sus cuerpos físico y etérico. Y contemplan la imagen de los movimientos planetarios que se están experimentando en su cuerpo astral,  irradiando desde su cuerpo etérico; ve el reflejo de esos movimientos en el cuerpo etérico.

Hoy en día el hombre está constituido de tal manera que tan pronto como se despierta, inmediatamente se olvida de la vaga conciencia que tenía en la noche por medio de su “corazón-ojo”. Hay sin embargo, sueños en los que se puede captar, por así decirlo, un eco de ello. Estos sueños están en movimiento, en un movimiento interior que recuerda a los movimientos planetarios. Entonces en estos sueños se forman imágenes de la vida real, pero eso solo ocurre cuando el cuerpo astral ya ha comenzado a sumergirse en el cuerpo etérico, que lleva y conserva para nosotros nuestra vida de recuerdos.

Déjenme describirles algo que puede suceder fácilmente. Te despiertas por la mañana, habiendo pasado de nuevo en tu regreso a través de la esfera de los movimientos planetarios.  Supongamos que has experimentado una relación particular entre Júpiter y Venus. Tal experiencia debe estar íntimamente relacionada con tu destino; de lo contrario, no la tendrías; y si pudieras llevar esta experiencia a la vida —a tu vida diaria ordinaria— arrojarías una luz maravillosa sobre tus facultades y capacidades. Pues el hecho es que estas facultades nuestras no son de la Tierra, las hemos traído desde el Cosmos. De acuerdo con lo que es nuestra conexión con el Cosmos, así son nuestros dones y talentos, así como la bondad, —o al menos la inclinación hacia el bien o hacia el mal. Si pudieran traer a la vida cotidiana la experiencia de la que estamos hablando, podrían ver lo que Júpiter y Venus se dicen el uno al otro, porque llevarían lo que habían visto en el sueño con su “corazón-ojo” —también podría decir, oído con su corazón-oído, porque estas distinciones más sutiles no existen para las experiencias del sueño, sin embargo dado que todo esto se percibe muy débilmente, se olvida. Pero el resultado de la experiencia permanece en el cuerpo astral, la relación mutua entre Júpiter y Venus produce el movimiento correspondiente en el cuerpo astral. Y ahora se mezcla con un poco de la experiencia que tuvieron hace mucho tiempo, tal vez cuando tenían 17 ó 25 años de edad, digamos al medio día, un día, en Oxford, por ejemplo, o en Manchester. Las imágenes de esta experiencia del pasado se entrometen en la experiencia cósmica y ambas se mezclan. Como podemos ver, por lo tanto, las imágenes que se nos ofrecen en los sueños tienen un significado determinado, sin embargo, no son la parte esencial del sueño, son como una prenda de vestir que tejemos en torno a las experiencias cósmicas.

Ahora, a través de toda esta experiencia que nos viene de la manera descrita, sentimos ansiedad. En casi todos los casos se acompaña de una sensación más o menos intensa de ansiedad —ansiedad, es decir, de naturaleza espiritual, y especialmente en el momento en que la experiencia cósmica suena de nuevo, brilla de nuevo, ante el alma del cuerpo etérico. Supongamos que la influencia debida a una cierta relación entre Júpiter y Venus vuelve a ti desde tu cuerpo de éter, y un rayo —lo llamo simplemente un rayo, ¡pero ello le dice mucho a tu ojo-corazón! — un rayo regresa de tu frente, mientras que un segundo rayo, que proviene de la región debajo del corazón, mezcla su música y su luz con el primero. En cada alma humana que no esté completamente endurecida, esto dará lugar a la sensación de ansiedad y aprehensión de la que he hablado. El alma se verá obligada a decirse en el sueño: La niebla cósmica me envuelve, me recibe.  Nos sentimos realmente como si  estuviéramos envueltos en una oscura y nebulosa niebla cósmica, como si  fuéramos una nube de niebla flotando en la niebla de los mundos. Tal es el carácter de la primera experiencia que encuentra el alma después de dormirse.

Y luego, otro sentimiento comienza a surgir en el alma. De esta primera experiencia, en la que el alma está ansiosa y preocupada, sintiéndose no más que una pequeña ola de niebla en la niebla de los mundos, otro estado de ánimo se va desarrollando dentro de ella, un estado de ánimo de devoción y entrega a lo Divino que llena e impregna el Universo.

Esto es, lo que pasa con nosotros, mis queridos amigos, en la primera esfera a la que llegamos después de dormirnos. Dos sentimientos fundamentales viven en nuestra alma, estoy en la niebla de los mundos, -yo de buena gana descansaría en el seno de la Trinidad, donde estoy seguro y protegido y no me disuelvo en la niebla de los mundos. Esta es, además, una experiencia que la percepción del corazón debe necesariamente llevar a la vigilia de la mañana, cuando la inmersión del alma ha vuelto a despertarse en los cuerpos físico y etérico. Porque si esta experiencia no se trajera, entonces las sustancias que se toman como alimento durante el día asumirían dentro de nosotros su propio carácter totalmente terrenal y lanzarían nuestro organismo al desorden. Y esto se aplica no sólo a lo que comemos, sino a todas las sustancias que experimentamos en nosotros como procesos del metabolismo. Porque incluso si pasamos hambre, se están tomando continuamente sustancias, —en este caso, de nuestro propio cuerpo— y se elaboran a través del metabolismo.

El sueño tiene, como ven, mis queridos amigos, un significado inmenso para la condición de vigilia. Y solo podemos registrar nuestro reconocimiento del hecho de que en esta época de evolución no le corresponde al hombre ver que las fuerzas divinas son llevadas a la vida despierta. Porque sería difícil para los seres humanos tal como son en la era actual, apoyarse en ellos para traer estas influencias en plena conciencia y llevarlas a la vida despierta del día.

Y ahora el hombre entra en la siguiente esfera. Esto no quiere decir, que deja la primera, no, pues el corazón-perceptivo esta todavía allí. Esta siguiente esfera, que es mucho más complicada, es percibida por otra parte del cuerpo astral —la parte que pertenece en la vida de vigilia al plexo solar, y a la organización de los miembros. La parte del cuerpo astral que impregna el plexo solar, los brazos y las piernas es ahora el órgano de percepción, y con la ayuda de este órgano el hombre comienza a sentir las fuerzas en su cuerpo astral que provienen de los Signos del Zodíaco.  Estos son de dos tipos: las fuerzas que lo alcanzan desde el Zodíaco directo, y las fuerzas que primero tienen que pasar a través de la Tierra. Porque hay una gran diferencia si un signo en particular está arriba o debajo de la Tierra.

Por lo tanto, el hombre tiene en esta segunda Esfera lo que podríamos llamar una percepción solar o del Sol. Él percibe con la parte de su cuerpo astral que está asociada con el plexo solar y las extremidades,  —un órgano de percepción que con razón se puede llamar ojo solar. Y por medio de su ojo solar el hombre se hace consciente de su relación, no sólo de los movimientos planetarios, sino de todo el zodiaco.  La imagen que contemplas se va haciendo cada vez mayor, o mejor dicho, el hombre se crece hacia fuera en la imagen del Cosmos. Y aquí de nuevo, el hombre es capaz de contemplar el reflejo de la experiencia cuando mira hacia atrás a su propio cuerpo físico y etérico.

Cada noche, le es dado al hombre, —es decir, a la parte de él que sale del cuerpo—entrar en relación con todo el Cosmos; primero, con los movimientos planetarios, y luego con las constelaciones de las estrellas fijas. En esta última experiencia, que puede llegar media hora después de quedarse dormido, o más tarde, pero a mucha gente le llega muy pronto, el hombre se siente dentro de las doce constelaciones del Zodíaco. Y las experiencias que encuentra en las constelaciones son extremadamente complicadas.

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Yo verdaderamente creo, que es posible que alguien haya viajado por el mundo entero y visitado las regiones más interesantes e importantes de la Tierra no tendrían la cantidad y variedad de experiencias como las que el ojo solar ofrece todas las noches en conexión con una sola constelación del Zodíaco. Para los hombres de los tiempos antiguos, que aún poseían los poderes de clarividencia en toda su fuerza y podían percibir con la conciencia onírica mucho de lo que he estado describiendo, las experiencias del sueño eran menos desconcertantes. En nuestro tiempo es extremadamente difícil para el hombre alcanzar con su ojo Solar cualquier grado de claridad con respecto a esta complicada doceava experiencia de la noche. Él tiene que hacerlo, incluso si durante el día lo ha olvidado por completo; pero difícilmente puede, a menos que haya recibido, con la comprensión del corazón, el conocimiento de Cristo y de todo lo que el Cristo llego a dar a la Tierra a través del Misterio del Gólgota. Si en nuestra vida de vigilia ordinaria podemos comprender y sentir lo que significa para la vida de la Tierra lo que Cristo ha traído a través del Misterio del Gólgota, si meditamos en el Ser Cristo, entonces nuestro cuerpo astral puede recibir a través del cuerpo físico y etéreo, un cierto matiz o cualidad que provoca que Cristo se convierta en nuestro guía y líder a través del Zodíaco durante el sueño. Porque en el ámbito de los movimientos planetarios, de nuevo un sentimiento de ansiedad viene sobre el hombre. Siente algo como: ¿Y si me pierdo en la multitud de las estrellas, y en todos los acontecimientos múltiples que se producen entre ellas?. Pero si él es capaz de portar los pensamientos y sentimientos e impulsos de la voluntad que ha dirigido en su vida de vigilia al Cristo, entonces Cristo se convierte para él en un guía, poniendo orden en los acontecimientos desconcertantes de esta esfera. Y así nos llega la realidad, el hecho de que solo cuando ponemos nuestra atención en el otro lado de la vida, podemos apreciar el significado pleno de Cristo para la vida de la Tierra,  como ha sido hasta ahora; y en cuanto a lo que Cristo todavía tiene que convertirse para la vida de la Tierra, —nadie dentro de la civilización ordinaria de nuestros días realmente puede entenderlo.

 Por supuesto, hay algunos entre nosotros que pueden decir que pasan por la experiencia de dormir correctamente, y estas experiencias dan a menudo una falsa interpretación. Los seres humanos que no hayan estado en contacto con el acontecimiento de Cristo traen estas experiencias de la noche a la conciencia de vigilia del día de una manera desordenada y confusa. Podemos entender cómo ocurre esto cuando sabemos qué es lo que realmente ocurre con nosotros durante el sueño. Como hemos visto, cuando pasamos a través de la esfera de la existencia en que estamos envueltos en la niebla o las nubes, vemos acercarse un mundo que nos confunde y sorprende. Aquí es donde el Cristo se nos presenta como un Sol espiritual y se convierte en nuestro guía, y entonces toda la confusión se resuelve en una especie de armonía que nos escucha y entiende. Que esto sea así, se lo debemos a que en el momento de dormir llevamos a Cristo como nuestro guía, este es un asunto de la mayor importancia para nosotros. Pues en el momento en que entramos en esta esfera y comenzamos a tener a nuestro alrededor la vida interactiva de las constelaciones del zodíaco y los movimientos de los planetas, nos encontramos también con nuestro Karma. Con el ojo solar contemplamos nuestro Karma. Sí, de hecho es así, todo ser humano tiene la visión de su Karma durante el sueño. Todo lo que queda de la percepción en la vida de vigilia, es una especie de débil eco que vibra en los sentimientos.

Supongamos que un hombre ha comenzado a caminar por el sendero del autoconocimiento. Se va a encontrar tal vez que su alma está impregnada a veces con un estado de ánimo y actitud ante la vida que es como un eco lejano de la experiencia que ha tenido en el sueño, donde el Cristo se presentó como su guía y lo llevó en la noche de Aries a través de Tauro y Géminis, etc.  clareándole el mundo de las estrellas, por lo que vuelve con fuerza renovada a la vida del día. Porque esa es la maravillosa experiencia que le espera al hombre en esta esfera, nada menos que el mismo Cristo se convierte en su guía a través de los desconcertantes acontecimientos del Zodíaco, El va delante y le señala el camino de constelación en constelación, para que pueda ser capaz de recibir en su alma, en el orden correcto la armonía de las fuerzas que necesita para la vida de vigilia.

Tal es, pues, la experiencia a la que el hombre se somete cada noche entre dormir y despertar, una experiencia que se debe al hecho de que el alma y el espíritu tienen parentesco con el Cosmos. Porque, así como él se relaciona con la Tierra con su cuerpo físico y etérico, con su ser anímico espiritual con su cuerpo astral y Yo, el hombre está en relación con el Cosmos. Y cuando sale de sus cuerpos físico y etérico, y se sumerge en el mundo cósmico las experiencias que sufre allí brillan de nuevo en él, como una especie de imagen interior, en la parte de él que se queda en la cama. Se siente muy profundamente conectado con el cosmos y de hecho, es fuertemente atraído a ir aún más lejos, más allá del zodíaco,  si no fuera por la presencia de otra fuerza que lo trae de vuelta. A causa de este otro elemento que entra en todas las experiencias que acontecen al hombre durante el sueño,  no es posible para él, entre el nacimiento y la muerte, para ir más allá del Zodiaco, nos encontramos aquí con una influencia totalmente diferente de tipo y calidad; la influencia de la Luna.

El efecto de la influencia de la Luna tiñe con una cierta sustancialidad el Cosmos durante la noche, y esto sucede incluso en el momento de la Luna Nueva. El hombre experimenta esta sustancialidad, con todo lo demás. Siente cómo las fuerzas de la Luna le retienen dentro del mundo del zodiaco y lo traen de nuevo a la hora de despertar. Incluso en la primera esfera en la que entra después de quedarse dormido, el hombre ya adivina vagamente dentro de él la presencia de esta influencia; comenzando a ser muy sensible en la segunda esfera, donde tiene una experiencia poderosa y vívida de los misterios del nacimiento y de la muerte. El órgano para esta experiencia se encuentra mucho más profundo dentro del hombre que el ojo del corazón o incluso el ojo del sol; se puede decir que se extiende e involucra al hombre completo. Con este órgano, el hombre experimenta todas las noches cómo descendió como ser anímico espiritual del mundo del alma y el espíritu, cómo entró por nacimiento en una existencia física y cómo su cuerpo va pasando gradualmente hacia la muerte, porque el hecho es que superamos la muerte, incluso hasta el momento en que la muerte ocurre realmente como un final. Algo más también está asociado con esta experiencia. Las mismas fuerzas que nos permiten experimentar cómo el alma en su viaje a través de lo terrenal y corporal nos revelan también en el mismo momento nuestras conexiones con el resto de la humanidad.

Quisiera que tuvieran presente el hecho, mis queridos amigos, de que incluso un insignificante contacto con otro ser humano no deja de tener su lugar y su conexión en nuestro destino conjunto. Y si las almas, con las que hemos estado en alguna vida pasada o con las que hemos estado conectadas en la vida presente y que ahora están en el mundo espiritual o siguen con nosotros aquí en la Tierra, todo lo que hemos tenido que ver con una relación de hombre a hombre, todos los lazos humanos están íntimamente relacionados, ya que estos son los secretos del nacimiento y la muerte que se muestran ahora ante el “ojo espiritual”, si se me permite llamarlo así, de todo hombre. Y todo esto viene ante nuestra visión y como todo esto viene antes de nuestro punto de vista, sentimos que estamos realmente dentro de la corriente de nuestro destino.

Esto tiene que ver con el hecho de que, mientras que todas las otras fuerzas —las fuerzas de los planetas y de las estrellas fijas— tienden a llevarnos hacia el lejano Cosmos, la Luna nos retiene una vez más en el mundo de los hombres. La Luna nos aleja del Cosmos. La Luna tiene fuerzas que se oponen directamente tanto a las fuerzas del Sol como a las de las estrellas, asegurando nuestro parentesco con la Tierra. Por consiguiente, es la Luna la que nos lleva de nuevo cada noche, nos aleja de la experiencia del zodiaco y de las experiencias de los planetas, llevándonos una vez más a nuestro cuerpo físico.

Aquí tienen la diferencia, desde un punto de vista, entre el sueño y la muerte. Cuando el hombre se va a dormir, permanece todavía en estrecha relación con las fuerzas de la Luna. Las fuerzas de la Luna le señalan  cada noche el significado de su vida en la Tierra. Esto se hace posible por el hecho de que puede ver en su cuerpo etérico la reflexión de todas sus experiencias de la noche. Con la muerte, sin embargo, el hombre retira su cuerpo etérico del cuerpo físico. Luego comienza, como saben, la panorámica que recuerda la última vida en la Tierra. El cuerpo etérico se expande, llenando durante algunos días la nube cósmica de la que he hablado. Ya dije cómo todas las noches vivimos nuestro camino como nubes, como niebla, en la Niebla de los Mundos. En la noche esta nube de niebla que somos, está allí sin el cuerpo etérico; pero cuando morimos, nuestro cuerpo etérico está presente durante los primeros días. Entonces el cuerpo etérico se va disolviendo gradualmente en el Cosmos, la memoria se va desvaneciendo hasta desaparecer, y tenemos —en lugar de un reflejo de las experiencias de las estrellas proyectado por la parte de nosotros que dejamos en la cama— ahora, después de la muerte, tenemos una experiencia interna inmediata de los movimientos de los planetas y de las constelaciones de las estrellas fijas.

Pueden leer en mi libro “Teosofía” una descripción de estas experiencias desde otro punto de vista. Allí hice una descripción de lo que el hombre encuentra, por así decirlo, a su alrededor entre la muerte y el nuevo nacimiento. Pero al igual que en la Tierra no tendría alrededor los colores y sonidos, por ejemplo, a menos que tenga los ojos y los oídos, y  no podría respirar sin tener pulmones y un corazón, tampoco se podía percibir después de la muerte a su alrededor lo que se encuentra descrito en mi libro como “el mundo anímico” y “la tierra de los espíritus”, a menos que tenga en su interior a Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Aries, Tauro, Géminis, etc. Estos están dentro de nosotros, son nuestro organismo, nuestro organismo cósmico por medio del cual podemos experimentar después de la muerte. Y la Luna ahora, no nos puede traer de vuelta, ya que sólo podría hacerlo a través del cuerpo etérico que se ha disuelto en el Cosmos.

El hombre sin embargo conserva, incluso después de la muerte algo que le quedaba de la fuerza que se hereda de la Luna, lo suficiente para que pueda permanecer por algún tiempo en el mundo anímico, con la mirada todavía fija en la Tierra. Luego  pasa a la tierra de los espíritus, y he aquí que siente y sabe que él está pasando por una experiencia que está más allá del Zodíaco, más allá del cielo y las estrellas fijas. Tal es el curso de la vida del hombre en el tiempo entre la muerte y el nuevo nacimiento.

También podría dar otra descripción del viaje nocturno del hombre por el mundo espiritual, y lo voy a describir para vosotros en una imagen. Sólo tienen que tener cuidado de no tomar la imagen al pie de la letra, porque, como sabéis, es casi imposible expresar estas cosas en conceptos terrenales. Sin embargo, esta imagen es real, y les ayudará a seguir este camino con todos sus detalles.

Imagínense ante un prado. De cada flor del prado  —de las flores que florecen también en los árboles—, sale una espiral y va hacia fuera,  hacia el espacio cósmico. Estas espirales circulares por las cuales las fuerzas del cosmos fomentan y regulan el crecimiento de las plantas en la Tierra. Pero las plantas no crecen solo de su descendencia, sino que necesitan también para su crecimiento las fuerzas cósmicas que rodean a la Tierra con sus influencias dirigidas en espiral. Estas fuerzas cósmicas están allí en invierno también, están ahí, incluso en el desierto, donde no crecen las plantas. Cuando llega la noche para el hombre, tiene que usar estas fuerzas en espiral como una especie de escalera sobre la cual puede ascender al reino de los movimientos planetarios. El hombre asciende a los movimientos de los planetas en la escala de los rayos espirales que circundan hacia arriba desde las plantas. Y luego hay otra fuerza, la fuerza que hace que la planta se dispare desde su raíz —porque debe haber una fuerza trabajando para permitir que la planta crezca hacia arriba. Con la ayuda de esta fuerza, el hombre es llevado a la segunda esfera que describí.

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Recordemos por un momento esas experiencias relacionadas con nosotros, donde entramos en un estado de ansiedad y  sentimos: “Yo no soy más que una pequeña nube de niebla en la niebla del cosmos, —tengo que descansar en el seno de la Dios”. Si queremos relacionar esta experiencia del alma con las condiciones en las que vivimos en la Tierra, tendría que expresarla de la siguiente manera. Es como si el alma dijese: “Yo descanso en la bendición del Cosmos como paso por encima de un campo de maíz que se acaba de abrirse en flor, descanso en la bendición del Cosmos como paso por encima de un prado de flores que se desarrollan en la luz”. Pero qué es lo que llena las plantas en líneas de fuerza espirales?.  Es el seno de la Deidad, rápido e instintivo con la vida, el mismo dentro del cual el hombre se encuentra protegido y encerrado cada vez que se duerme.

La Luna, por otro lado, lleva al hombre al aspecto animal de su naturaleza. Las fuerzas de las plantas tienden perpetuamente a llevarlo más y más lejos en el ancho universo. Pero el hombre tiene también en su ser algo que comparte con el reino animal, y debido a esto la Luna es capaz de hacerle volver cada mañana,  de nuevo a su propia naturaleza animal.

Tenemos aquí, una imagen de la relación del hombre con el cosmos, y de su influencia sobre él durante el sueño. Podemos llevar la imagen un poco más lejos. Con el ‘ojo-corazón´, el ojo-solar y el ojo espiritual, podemos experimentar en el sueño el tipo de sensación al que estamos acostumbrados en la vida de vigilia, cuando estamos unidos en una relación íntima y cercana con otra persona. No se nos dice con palabras, ni tampoco se nos razona. Son las plantas quien nos lo dice; lo escuchamos de las plantas que nos levantan, como en una escalera de caracol, hacia el mundo de los planetas, desde donde somos enviados de nuevo al mundo del Zodíaco.

Si quisiéramos poner en palabras lo que experimentamos en este sentido, podríamos decir: tengo una relación con esta persona, y los lirios me lo dicen, las rosas me dicen, el poder de la rosa, el poder del lirio, el poder del tulipán me ha llevado a experimentar esta relación. Así toda la Tierra es convertida en un libro de la vida que interpreta para nosotros el mundo del alma humana, ese mundo en el que tenemos que encontrar nuestro camino a medida que avanzamos a través de nuestra vida.

Ahora, estas experiencias que vienen a hombre durante el sueño no siempre han sido las mismas, varían en las diferentes épocas. Si nos remontamos a la antigua India, nos encontramos con que en aquellos tiempos los hombres que querían aprender lo que el sueño podía enseñarles poniéndolos en relación con el mundo de las estrellas, limitaban su búsqueda a aquellas constelaciones de las estrellas fijas que estaban sobre la Tierra anteriormente, es decir, en el momento concreto de tiempo, pues las constelaciones están, por supuesto, cambiando continuamente su lugar en los cielos. En la antigua India no se tenía ningún deseo de hacer la conexión con las constelaciones que estaban por debajo de la Tierra, cuyas fuerzas pueden llegar al hombre sólo a través de la Tierra.

Miren la postura característica de Buda, – o de cualquier sabio de Oriente que se dispone a realizar los ejercicios que le permiten alcanzar la sabiduría espiritual, Él se sienta con las piernas cruzadas. La parte superior de su cuerpo está en relación con las constelaciones superiores, que están activas, sólo eso. A través de los ojos del sol, también se trabaja en él lo que funciona a través de las extremidades, pero esto no lo quiere activar. Él quiere, por así decirlo, eliminar las fuerzas de las extremidades durante sus ejercicios espirituales. En su postura se puede ver con toda claridad que el solicitante de la sabiduría oriental  desea entrar en relación con lo que está por encima de la Tierra, y solamente con eso. Todo su interés se dirige al conocimiento que se refiere al alma.

El mundo, sin embargo no estaría completo si la búsqueda del hombre por el conocimiento continuara limitándose de esta manera, si los hombres hubieran seguido asumiendo siempre y exclusivamente la postura de Buda, cuando se pusieron en el camino del conocimiento. No fue así. En la era de Grecia, los hombres comenzaron a sentirse impelidos a hacer la conexión también con las fuerzas de las constelaciones que estaban  en ese preciso momento, por debajo de la Tierra. La Mitología griega contiene bellas historias sobre ello. Una y otra vez se nos habla de una especie de Espíritu donde el candidato desciende a los infiernos. Cada vez que leemos de un héroe griego que desciende a los infiernos, podemos estar seguros de que el significado es que él está pasando por una Espiritualidad que le daba el conocimiento de las fuerzas del Cosmos que trabajan en la Tierra y que eran conocidas por el griegos como las fuerzas ctónicas.

Cada época del tiempo tiene su propia tarea y misión. El iniciado oriental tenía que aprender, a fin de poder comunicar el conocimiento a sus semejantes, sobre la región del alma y del espíritu, donde el hombre moraba antes de nacer —o debería decir, antes de la concepción— y sobre las experiencias del hombre antes que él descienda al mundo terrenal. Todo lo que se siente de grande y majestuoso en la poesía de Oriente y en sus concepciones del universo, se deben al hecho de que los hombres de aquellos lejanos días fueron capaces de mirar a la vida que habían experimentado antes de bajar a la Tierra. En Grecia, los hombres comenzaron a tomar conocimiento de la Tierra y de todo lo que pertenece a la Tierra. El griego tiene Urano y Gaia —la Tierra— como  punto de partida de su cosmología. Aspira a conocer también los Misterios de la Tierra misma, que incluyen a la vez los misterios cósmicos que trabajan a través de la Tierra. Los griegos querían descubrir también los misterios del inframundo, y de esta manera desarrollaron su verdadera cosmología.

Piensen en lo poco que hay entre los griegos —nada entre los orientales— pero lo poco que hay entre los griegos del estudio de la historia en el sentido de la palabra. El griego estaba mucho más interesado ​​en los inicios lejanos cuando la Tierra se estaba formando en el Cosmos, cuando las fuerzas del interior de la Tierra, las fuerzas titánicas, declararon la guerra a las otras fuerzas, esas poderosas fuerzas espirituales que los griegos concibieron como subyacentes en la red de las condiciones terrenales dentro de la cual el hombre se encuentra envuelto. Pero los hombres de los tiempos modernos están llamados a entender la historia, tenemos que ser capaces de mostrar cómo el hombre comenzó a partir de una antigua clarividencia onírica y ahora ha llegado a una conciencia de carácter intelectual y teñida ligeramente con el recuerdo de los mitos. Ahora pasare a mostrar la necesidad de que el hombre trabaje ahora la manera de salir de esta conciencia intelectual y aprenda a mirar en el mundo del Espíritu. En la época actual el tiempo marca la transición hacia el logro de la experiencia consciente del mundo espiritual. Es por eso que es tan importante para nosotros dirigir nuestra atención a la historia. Encontrareis que en nuestro trabajo antroposófico nos referimos una y otra vez al estudio de las diferentes épocas de la historia, que se remonta en primer lugar al tiempo en que los hombres recibían sus conocimientos de seres superiores, y luego se siguieron desarrollando hasta nuestra época.

El estudio de la historia, por supuesto, se convierte irremediablemente en algo abstracto en nuestras escuelas y universidades de hoy en día. ¿Podría haber algo más abstracto que las líneas de demarcación que la gente saca al desarrollar algún tema histórico?. Para los hombres de tiempos antiguos, la historia estaba vestida aún con el traje del mito y lo pusieron en relación con la naturaleza y con todo lo que sucede en el mundo. La gente ya no puede hacer esto. Tampoco muestra ninguna disposición hasta ahora a investigar más profundamente en los tiempos de antaño. No sienten la necesidad de preguntar cómo fue el hombre en los días en que recibió la sabiduría de seres más elevados, cómo fue más tarde cuando cada vez le llegaba menos la sabiduría, o cómo fue con él cuando un Dios mismo descendió para encarnar a través del Misterio del Gólgota en un cuerpo humano llevando a cabo una misión cósmica sublime con la Tierra, por la que finalmente se le dio su verdadero significado.

Toda la teología de los siglos XIX y XX ha fracasado, porque no se puede entender al Cristo en su significado espiritual. Eso, mis queridos amigos, es lo que la Ciencia Espiritual quiere traer, la comprensión del Cristo. Necesitamos una Ciencia Espiritual que pueda penetrar de nuevo en el mundo espiritual, que pueda hablar otra vez sobre el nacimiento y la muerte, sobre la vida entre el nacimiento y la muerte y también sobre la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, y acerca de la vida del alma durante el sueño —se puede hablar de estas cosas en la forma en que estamos hablando ahora. La posibilidad debe estar ahí para que el hombre vuelva a conocer el otro lado —el lado espiritual— de la existencia De lo contrario, simplemente no podrá avanzar en el futuro.

Una vez, hace mucho tiempo, los hombres dirigieron su búsqueda del conocimiento de los mundos superiores —lo vemos demostrado en la postura del Buda. Luego, en tiempos posteriores, el hombre tomó la evolución de la Tierra como su punto de partida y leyó su cosmología de la evolución de la Tierra; se inició en Grecia en los Misterios Chtócnicos, como lo encontramos relacionado en muchos mitos griegos, donde el relato de tal iniciación es a menudo una característica prominente de la historia. Nuestra búsqueda tiene que dar un nuevo giro. Habiendo estudiado en el pasado los Misterios de la Tierra y los misterios de los Cielos, necesitamos en nuestros días una Ciencia Espiritual que sea capaz de moverse rítmicamente entre el Cielo y la Tierra, una Ciencia Espiritual que pregunte a los Cielos cuando quiere entender la Tierra, y pregunte a la Tierra cuándo quiere saber de los Cielos.

Y así es como si quieren, encontrarán las preguntas y sus respuestas —en la medida en que puedan ser contestadas hoy,  en mi libro “La Ciencia Oculta, un bosquejo“. Permítanme decir aquí con toda humildad que en este libro se ha hecho el intento de describir el conocimiento del que el hombre moderno tiene necesidad, que lo necesita tan ciertamente como el Oriental necesitaba los misterios de los Cielos o los griegos los misterios de la Tierra. Porque se requiere que tomemos nota y observemos cómo se encuentra con la iniciación en los tiempos modernos y cuál es la relación del hombre con ella en esta época actual. Permítanme esforzarme por describirles brevemente en la tercera parte de mi conferencia las tareas que tenemos por delante con la Ciencia Espiritual moderna.

Para darles una idea de las tareas de la iniciación moderna, tendré que repetir aquí lo que algunos de ustedes me habrán escuchado decir en Oxford hace unos días.

Estaba señalando justo ahora que mientras que los iniciados de tiempos muy antiguos pusieron énfasis particular en mirar hacia arriba, a los mundos espirituales de donde el hombre desciende para vestirse en un cuerpo terrenal, mientras que, por otro lado para los iniciados de un tiempo algo posterior, nos lo encontramos descrito por los griegos como el descenso al inframundo, que fue de capital importancia, el iniciado de nuestro tiempo tiene otra tarea más. Tiene que buscar el conocimiento, en la relación rítmica de los Cielos y la Tierra. Para este fin, él tiene que conocer los Cielos y la Tierra, pero debe, en su búsqueda, mantener siempre ante él el pensamiento de Hombre,  en quien solo, entre todos los seres que están a nuestro alrededor, el Cielo y la Tierra trabajan juntos para formar un todo completo. Sí, el hombre mismo debe ser el objetivo de nuestro estudio. El ojo del corazón, el ojo solar, el ojo espiritual (que está formado de todo el ser humano) deben despertarse en el hombre. Porque el Hombre lleva dentro de él, mis queridos amigos, infinitamente más secretos y misterios que los mundos que podemos percibir con nuestros sentidos externos y explicar con el intelecto ligado a los sentidos. Porque alcanzar el conocimiento del Hombre como espíritu, alcanzar un conocimiento espiritual del Hombre, es la tarea de la iniciación moderna. En este camino de conocimiento de la iniciación tenemos que partir en la búsqueda de un conocimiento universal, pero siempre con este objetivo a la vista, que, al aprender a entender el mundo, a través de la comprensión del Cosmos, podamos llegar finalmente a entender al Hombre.

Y ahora comparen la situación de un iniciado de nuestro tiempo con la situación de un iniciado de la antigüedad. Los hombres de aquellos primeros tiempos tenían unas facultades anímicas que le permitieron despertar en su interior el recuerdo del tiempo que pasamos antes de descender a un cuerpo terrenal. Por lo tanto, para el iniciado de esos días era una cuestión de despertar los recuerdos cósmicos. Y para los griegos era una cuestión de buscar en la Naturaleza, de contemplar la naturaleza. Pero el iniciado de los tiempos modernos tiene que tener como su objetivo el conocimiento de hombre, está llamado a aprender a conocer al hombre, directamente, como un ser espiritual. Para esto, debe aprender a liberarse de su actual comprensión limitada y terrenal de su conexión con el Universo. Repito un ejemplo que di recientemente en Oxford de cómo esta liberación tiene que llevarse a cabo.

Una de las tareas del conocimiento Espiritual, que presenta dificultades inusuales, es la de realizar la conexión con las almas que han dejado la Tierra, que han cruzado el umbral por la muerte. No es nada fácil establecer esas conexiones, pero se puede hacer despertando las fuerzas más profundas del alma. Es necesario darse cuenta desde el principio que uno tiene que acostumbrarse, por el cumplimiento cuidadoso de ciertos ejercicios, al único tipo de lenguaje que se puede hablar con los muertos. Este lenguaje es, en cierto modo, un hijo de nuestro lenguaje humano ordinario. Sin embargo, fallarían por completo si tuvieran la idea de que el habla humana ordinaria, tal como es, sería de ayuda para establecer relaciones con los muertos. Una de las primeras cosas que descubrimos es que los muertos pueden entender sólo por un tiempo muy corto lo que llamamos sustantivos. En su lenguaje no hay forma de expresar una ‘cosa’, una cosa aislada, que denotamos con una palabra que llamamos sustantivo. Las palabras en su idioma transmiten la sensación de movimiento, están todas llenas de actividad interna. Por lo tanto nos encontramos con que cuando ha pasado un poco de tiempo desde que el alma pasa a través de la puerta de la muerte, él es sensible sólo a las palabras que denotan actividad, es decir, a los verbos. En nuestras relaciones con los muertos, de vez en cuando, queremos hacerles preguntas; entonces debemos saber hacer la pregunta; debemos poner nuestras preguntas en una forma que la puedan entender. Si somos capaces de hacer esto, después de un tiempo llegará la respuesta; solo, debemos saber cómo estar atentos, cómo prestarle atención.

 Como regla general, tendrán que transcurrir un par de noches antes de que la persona que ha muerto puede responder a la pregunta que se le hace. Se trata, como pueden ver, de una cuestión de encontrar nuestro camino poco a poco en el lenguaje de los muertos, y se tarda mucho tiempo antes de que este lenguaje se manifieste en nosotros. Los mismos muertos han tenido que recorrer su camino en ello, porque, como saben, han retirado por completo la vida anímica de la Tierra. El lenguaje propio de los muertos no tiene relación con las condiciones terrenales, surge del corazón, —sí, es realmente un lenguaje del corazón. Se forma más bien de la misma manera que las exclamaciones o interjecciones se forman en los idiomas terrestres. Ya saben, por ejemplo, cómo decimos ‘¡Ah!’ Cuando nos sentimos maravillados o admirados. El lenguaje de los muertos tiene su origen en esa misma manera. Los sonidos y las combinaciones de los sonidos disfrutan en este idioma como en ningún otro su significado pleno y real.  Desde el momento de la muerte, el lenguaje comienza a cambiar para nosotros por completo.  Ya no es algo que se pronuncia desde los órganos del habla.  Se convierte en el tipo de lenguaje del que hablé hace un rato, cuando dije cómo saliendo de las flores, se nos da noticias acerca de algún ser humano. Comenzamos a hablar, en lugar de con los órganos del habla, con lo que proviene de las flores. Nosotros mismos nos convertimos en flores, florecemos con las flores. Entramos, por ejemplo, con las fuerzas de nuestra alma en la flor del tulipán, y expresamos, en la imaginación del tulipán, lo mismo que viene a la expresión aquí en la Tierra en la formación de la palabra. Volvemos a crecer en el espíritu, el espíritu omnipresente.

Verán fácilmente, a partir de este ejemplo de lenguaje, que el hombre tiene que abrirse camino en condiciones completamente diferentes, cuando ha atravesado la puerta de la muerte. En realidad, nuestro conocimiento del hombre es realmente pequeño, si conocemos de él solo lo que vemos con nuestros ojos. El conocimiento de la ciencia espiritual tiene que aprender sobre el otro lado del hombre. Lo que te he mostrado en el caso del lenguaje es un comienzo. Encontraremos que el cuerpo del hombre es algo completamente diferente de las descripciones que se nos dan en los libros científicos. A medida que avanzamos en el conocimiento de la iniciación, el cuerpo humano se convierte para nosotros en un mundo en sí mismo. La tarea del iniciado de los tiempos antiguos era volver a despertar en el hombre una facultad perdida, recordarle cómo era su vida antes de descender a la Tierra. El iniciado de hoy tiene una misión completamente diferente. Él tiene que lograr algo nuevo, algo que signifique un nuevo paso adelante. Lo que haga seguirá teniendo importancia incluso cuando el hombre haya abandonado la Tierra, sí, incluso cuando la Tierra ya no esté en el Cosmos. Esa es la naturaleza de la tarea que el conocimiento moderno de la iniciación debe cumplir; y en la fuerza y el poder de esa tarea, debe destacarse y hablar.

Es bien sabido por ustedes, mis queridos amigos, que la ciencia de la iniciación ha tomado parte de vez en cuando en la evolución espiritual de la Tierra. Una y otra vez ha aparecido entre los hombres. El conocimiento de iniciación que tiene que venir al mundo hoy y que no puede sino considerar todo el conocimiento de nuestro tiempo como un mero comienzo de todo el conocimiento que el hombre realmente debería poseer, seguramente se encontrará con una creciente oposición y resistencia. Tan grandes son las fuerzas dispuestas contra él, que necesitará toda su fuerza para vencer. Incluso antes de la iniciación moderna —que abre el camino para que el hombre vuelva a relacionarse con los poderes suprasensibles— incluso antes de que esta iniciación moderna comenzara a tomar su verdadero lugar en el mundo en el último tercio del siglo XIX, los poderes opuestos ya estaban trabajando, se esforzaron por imbuir a la civilización —inconscientemente, en su mayor parte, en lo que respecta a los seres humanos en sí mismos— con tendencias que finalmente destruirían la iniciación moderna, la limpiarían de la faz de la Tierra.

Alguna vez habrán observado cómo constantemente se oye la gente decir, cuando se les presenta algún hecho nuevo de conocimiento: “Así es como yo lo veo! Este es mi punto de vista!”. Y dicen esto con tanta facilidad, sin haber sufrido ningún desarrollo especial de la mente o del alma. De hecho, es bastante general aceptar que todo el mundo tiene derecho a pronunciar su veredicto, hablando desde el punto de vista de donde se encuentra en ese momento. Y la gente incluso se ofende profundamente y se enfada bastante si uno se atreve a sugerir que hay un tipo de conocimiento para el cual es necesario experimentar un desarrollo interno. Justo a acabo de decir que cuando en el último tercio del siglo XIX comenzó a surgir la posibilidad de que los hombres buscaran la iniciación en la forma moderna, los poderes enemigos ya estaban en acción. Como ven, querían llevar el principio de igualdad incluso al reino de la mente y el espíritu, para que allí también todos los seres humanos sean considerados en el mismo nivel. Podría señalar a muchas personas en quienes este método de resistencia a la iniciación moderna ha estado trabajando.

Mis queridos amigos, ¿creen que cuando tengo que hablar del espíritu, de la ciencia espiritual, las palabras tendrán el mismo timbre que cuando se habla desde el punto de vista terrenal ordinario?. Acabo de tratar de explicarles cómo tiene que cambiar el lenguaje y convertirse en algo completamente diferente cuando se trata de relacionarse con seres del mundo espiritual, y creo que ahora no me malinterpretarán si les cuento cómo la ciencia espiritual ve, por ejemplo, a un hombre como Rousseau. Hablando desde el punto de vista terrenal, nunca dejaré de reconocer la grandeza y el significado de Rousseau, y estoy totalmente preparado para asociarme con la alta alabanza y la crítica favorable que otros han expresado. Sin embargo, si me atreviera a revestirme con palabras terrenales de cómo aparece Rousseau cuando se le ve desde el punto de vista del conocimiento iniciático, debería decir: Rousseau, con su nivel espiritual de los seres humanos, ¿qué es él, después de todo, sino uno de los muchos charlatanes eternos de nuestra civilización moderna! ¡Un príncipe y un líder, digamos, entre todos! La gente no comprende fácilmente cómo es posible, desde un punto de vista terrenal, llamar grande a un hombre, y al mismo tiempo, desde el punto de vista de la iniciación, ¡llamarlo un arisco interlocutor!. Pero si honestamente deseamos alcanzar un conocimiento del hombre, y si reconocemos que para este fin tenemos, como dije, para tomar los Cielos y la Tierra para nuestra competencia y luego discernir el ritmo que late entre ellos, encontraremos que incluso esa expresión aparentemente paradójica es verdadera y requiere ser dicha. Porque es, de hecho, mientras aprendemos a escuchar ambos, —a lo que suena desde un lado y desde el otro lado de la existencia, es cuando aprendemos a escuchar esto juntos, esa guía puede venir en nuestra búsqueda de un verdadero conocimiento del Hombre.

Un verdadero conocimiento del Hombre tiene que construir sobre la misma base sobre la cual construyeron los iniciados de los tiempos antiguos, en el EX DEO NASCIMUR; en la memoria debe basarse en lo que nos encuentra cuando miramos hacia el universo donde —todo inconscientemente para nosotros— el Cristo se convierte en nuestro Guía, como he descrito. Sin embargo, es nuestra tarea traer cada vez más a Cristo a nuestra conciencia, para que podamos obtener bajo Su guía el conocimiento del contenido de este mundo, al cual pertenece la muerte. Entonces tendremos la certeza que vivimos con Cristo el camino por este mundo muerto y moribundo; EN CHRISTO MORIMUR.

Y en la medida en que bajemos con Cristo a la tumba de la vida en la Tierra, así también seguiremos con Él, la Resurrección y el Otorgamiento del Espíritu: PER SPIRITUM SANCTUM REVIVISCIMUS.

Este PER SPIRITUM SANCTUM REVIVISCIMUS el iniciado moderno tiene que ponerlo delante de él como el objetivo de todos sus esfuerzos. Meditarlo bien, y compararlo con la manera y el estado de ánimo que pertenece a la ciencia del presente; y verá por sí mismo que la oposición a la iniciación moderna es inevitable. Una terrible resistencia será, sin duda, soportada por la nueva iniciación, tal vez una resistencia de la cual no podamos tener hoy ninguna concepción, una resistencia que tomará la forma de acción en lugar de palabra y se expresará en drásticos intentos de hacer el conocimiento de la iniciación completamente imposible e inaccesible.

Por consiguiente, mi mayor deseo era hablar, tal como lo hago ahora en un círculo más pequeño y más íntimo, de las descripciones de lo que la ciencia espiritual puede llegar a conocer, con la esperanza de que estas descripciones lleguen a sus corazones y almas y despierten con fuerza dentro de ellos;   de modo que puede haber algunos, al menos en esta generación, que sepan relacionarse correctamente, por un lado, con aquello que busca la entrada a nuestro mundo desde los mundos del Espíritu, y por otro lado, a lo que está haciendo todo lo posible para prevenir y hacer imposible la penetración de la vida de la Tierra con la espiritualidad.

Esto es lo que quería depositar en sus corazones, mis queridos amigos; Reunidos como estamos aquí en un círculo más pequeño, después de haber tenido, para mi gran satisfacción, la oportunidad en Oxford para conferencias de un carácter más público. Pude en esas conferencias tratar los aspectos más externos, y era importante que aquí, en este círculo más pequeño, pudiéramos tocar el lado más esotérico del conocimiento de la iniciación.

Y es seguro que ya es hora de que nos sintamos perplejos y avergonzados porque las afirmaciones sobre los mundos espirituales parecen paradójicas. Ellos están obligados a hacerlo. El lenguaje de los mundos espirituales es un idioma bastante diferente de los idiomas que pertenecen a la Tierra; uno realmente tiene que hacer grandes esfuerzos y poner toda su fuerza antes de que uno pueda expresar, en palabras del lenguaje terrenal, verdades que realmente deberían expresarse de una manera completamente diferente. Por lo tanto, debe estar bastante preparado para encontrar que a menudo sorprenderá a la gente cuando les diga, de manera simple y directa, de algo que tiene lugar en los mundos espirituales.

Yo quería de esta manera para llamar su atención sobre el sentimiento y el impulso que había detrás de la conferencia de hoy, y me gustaría ahora a unir lo que he dicho con una expresión de profunda satisfacción por haber podido una vez más para hablar con vosotros aquí en Londres. Siempre es un motivo de satisfacción para mí poder hacer esto. Como he dicho antes, esto ocurre muy rara vez. Pero en las raras ocasiones en que nos encontramos por un corto tiempo, quisiera aprovechar la oportunidad para estimular de nuevo en nuestros corazones y almas ese tipo más fuerte de “unión” que debería subsistir, en todo el mundo, sin interrupción, entre aquellos que abrazan la causa de la Antroposofía. Este ha sido mi empeño hoy, y es en este sentido que expresaría en conclusión el ferviente deseo, mis queridos amigos, de que en el futuro podamos permanecer juntos, por más lejos que estemos en el espacio unos de otros.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Abril de 2018.

 

 

GA214c2. Las esferas planetarias y su influencia en la Vida del hombre en la Tierra y en los Mundos Espirituales

Rudolf Steiner — Oxford, 22 de agosto de 1922.

English version

Mis queridos amigos:

Nuestro tema de hoy se relaciona de una manera más amplia con muchas de las verdades espirituales que son conocidas por ustedes como antropósofos. Sin duda ustedes están familiarizados con el tipo de descripción, de mi libro “Teosofía”, de los mundos espirituales a través de los cuales pasa el hombre entre la muerte y un nuevo nacimiento. Hoy voy a hablar de esos mundos espirituales desde un punto de vista diferente. Porque en “Teosofía” , utilizo principalmente la imaginación para describir el mundo del alma y el mundo del Espíritu a través del cual pasa el hombre por la puerta de la muerte y  avanza hacia una nueva vida en la Tierra. En la conferencia de hoy voy a relatar estas cosas, no tanto desde el punto de vista de la imaginación, sino del aspecto que se pone de manifiesto por la Inspiración.

Para ganar un poco de acceso a la misma por el entendimiento, podemos empezar por las experiencias que nos corresponden durante la vida terrenal. En cualquier momento entre el nacimiento y la muerte, estamos aquí en nuestro cuerpo físico, cara a cara con el mundo exterior. Debemos describirnos como a nosotros mismos, a nuestro ser humano, lo que está contenido dentro de nuestra piel, dentro de los confines del cuerpo físico. Sin duda, tomamos este “ser humano” incluidos no sólo a los datos anatómicos y fisiológicos, damos por sentado que los procesos del alma y la mente están también de alguna manera ahí dentro. Sin embargo, al hablar de “nosotros mismos”, por lo general tenemos en cuenta lo que está contenido dentro de nuestra piel, y ahora, desde ella nos asomamos al mundo. Hay a nuestro alrededor un mundo al que llamamos “mundo exterior”. Y como ustedes saben, hacemos imágenes mentales de este mundo exterior. Contamos pues con el mundo exterior que nos rodea, y  con su imagen espejo  —o algo parecido— en nuestra vida anímica.

Ahora, en la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento estamos en este mismo mundo que, aquí en la Tierra, es exterior a nosotros. Todo lo que ahora es “mundo exterior”, incluyendo lo que se ve en el enfoque completo, claro y lo que es divino pero distante, es entonces su mundo interior, algo que decimos “mío”. Del mismo modo que ahora consideramos que el pulmón nos pertenece, así entre la muerte y el nuevo nacimiento, consideramos el Sol y la Luna como nuestros órganos. El único mundo exterior  que  tenemos es el tenemos en la Tierra como órganos terrenales.

Mientras que en la Tierra se dice: “En nosotros, un pulmón, un corazón, fuera de nosotros, un sol, una luna, un Zodiaco”, durante la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento diremos: “En nosotros – un Zodiaco,  el Sol, la Luna; fuera de nosotros, los pulmones y el corazón”. Entre la muerte y el nuevo nacimiento todo lo que ahora llevamos dentro de nuestra piel se vuelve una vez más nuestro mundo exterior, nuestro Universo, nuestro Cosmos. Nuestra visión de la relación entre el mundo y el hombre se vuelve completamente opuesta cuando vivimos entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Cuando vivimos a través de la muerte —cuando pasamos por la puerta de la muerte— tenemos una imagen distinta, para empezar, de lo que había antes, cuando estábamos en la Tierra. Es cierto, es sólo una imagen, pero es como el mundo exterior. Este cuadro empieza a brillar en nosotros. Así, en el primer período después de la muerte todavía se tiene la conciencia que se tenía en la Tierra, una conciencia en forma de recuerdos e imágenes terrenales. Pero estas no duran mucho tiempo; siempre que cada vez se tiene este otro punto de vista sobre el hombre: “Yo soy el mundo, el universo es el hombre.” Esto se vuelve cada vez más reforzado. Por supuesto, ustedes no se imaginan que el pulmón humano, por ejemplo, tenga el mismo aspecto que tiene ahora, eso no sería un espectáculo que compensara toda la grandeza y la belleza del Sol y la Luna. Sin embargo, en realidad, lo que los pulmones y el corazón se convierten es incluso mucho mayor y más sublime que lo que el Sol y la Luna se muestran aquí y ahora, a la visión humana.

Sólo de esta manera pueden hacerse una idea adecuada de lo que es maya. La gente habla de Maya  —la gran ilusión de este mundo terrenal presente— y sin embargo, no acaban de creer en lo que dicen. En el fondo, aprecian la creencia de que las cosas son como parecen ser a los ojos terrenales. Pero no es así. El pulmón humano como lo vemos ahora es una mera apariencia, al igual que el corazón. En realidad, nuestros pulmones son sólo una parte —una parte poderosa— de nuestro Cosmos, y más aún es nuestro corazón. El corazón en su verdadera esencia es mucho mayor y más majestuoso que cualquier sol.

Así que empezamos a ver surgir un mundo cósmico inmenso y sublime, un mundo del que se habla de esta manera: Debajo de nosotros están los Cielos. Al decir esto, queremos decir: Debajo de nosotros esta todo lo que está preparando la cabeza humana para la próxima encarnación. Está por encima, pero diremos que están abajo. Porque todo está invertido. Por encima están todas las fuerzas que preparan al hombre para su caminar terrenal, para capacitarle, para mantenerle firme en sus dos piernas en la futura vida terrenal.

Todo esto se puede resumir en el dicho: Cuanto más nos acercamos a una nueva vida terrenal, más se contrae este Universo, que es el hombre para nosotros. Majestuoso es en verdad, notablemente en el período medio entre la muerte y un nuevo nacimiento. Pero ahora estamos siendo cada vez más conscientes de cómo este universo, con toda su majestad y grandeza, se está reduciendo y contrayendo. Los planetas que llevamos dentro de nosotros, los planetas tejiendo con su movimiento hasta convertirse en lo que luego pulsa y surge a través del cuerpo etérico humano. Las estrellas fijas del zodiaco se transforman en lo que constituye nuestro sistema nervioso y perceptivo. Todo esto se va reduciendo, para convertirse en un cuerpo espiritual, y luego etéreo, hasta que se ha reducido lo suficiente como para ser recibido en el vientre de la madre, para ser revestido con la materia terrestre.

Entonces llega el momento en que nos acercamos a la vida terrenal. Ahora sentimos que el universo que hasta hace poco era nuestro se encoge y se desvanece, y esto engendra en nosotros la experiencia del deseo de volver a la Tierra una vez más, unirnos a un cuerpo físico en la Tierra. Pues el gran Universo que teníamos antes, se retira, escapa a nuestra mirada espiritual, por lo tanto, ahora debemos esperar a convertirnos de nuevo en hombre físico.

Todo esto implica, sin embargo, otra escala de tiempo. La vida entre la muerte y el renacimiento pasa por muchos siglos, y si un hombre nace, por ejemplo, en el siglo XX, su descenso se va preparando poco a poco, incluso ya en el siglo XV. Durante todo este tiempo, además, él mismo, en cierto sentido trabaja hacia abajo en las condiciones y eventos terrenales.

El… tatara-tatara abuelo suyo, allá por el siglo XV, se enamoró de su tatara-tatara … abuela. Sintió la necesidad de unirlos, y en este afán ya estaba trabajando desde los mundos espirituales. Y en el siglo XVII, cuando el un poco menos lejano tatarabuelo … abuelo y tatara-tatara … abuela se amaban, una vez más estaba en cierto sentido, de mediador. Así que, se convoca a todas las generaciones a fin de que, por fin, pueda emerger la pareja que podría convertirse en su madre y su padre. En esa cualidad misteriosa e intangible que impregna las relaciones de amor terrenal, están de hecho las fuerzas que trabajan, partiendo de las almas humanas que buscan encarnaciones futuras. Por lo tanto, la plena conciencia y libertad nunca está en las condiciones externas que llevan a hombres y mujeres a unirse en la Tierra. Estas cosas todavía están fuera del alcance de la comprensión humana,

Lo que llamamos hoy en día la historia es en última instancia demasiado exterior. Poco se sabe en la vida exterior hoy de la historia del alma de los seres humanos. Incluso en fecha tan tardía como el siglo XII o XIII, las almas de los hombres se sentían muy diferentes de cómo se sienten ahora. Sin embargo, esto es bastante desconocido. No veían la realidad tan claramente como la acabo de describir sino de una forma más onírica, los hombres y mujeres del siglo X, XI, o XII estaban al tanto de estas misteriosas fuerzas que trabajan en la Tierra desde los mundos espirituales, trabajando hacia abajo. Poco se dijo en los países occidentales de repetidas vidas terrenales —Reencarnación— pero había seres humanos en todas partes, que lo sabían. Sólo las Iglesias siempre evitaron, por no decir anatematizado todos los pensamientos sobre las vidas repetidas. Sin embargo, podemos darnos cuenta de que, incluso en los siglos XII y XIII no eran pocos en Europa los que eran conscientes de que el hombre pasa por vidas repetidas en la Tierra.

Luego llegó el tiempo en que la humanidad, en el mundo occidental tuvo que pasar por la etapa de la intelectualidad, para que el hombre poco a poco pudiera adquirir la libertad espiritual. Cuando prevalecía, la clarividencia crepuscular de los tiempos antiguos, no había libertad espiritual. Tampoco había libertad en los asuntos de la vida humana, que rigen, por así decirlo, el amor terrenal, del que hemos estado hablando. En este caso siempre se mezclan los intereses de otras almas, en su camino a la Tierra.

Sin embargo, el curso evolutivo de la humanidad terrestre debe crecer cada vez más libre. Pues sólo porque el hombre está conquistando su libertad, la Tierra podrá ser capaz de alcanzar su objetivo en la evolución. Ahora bien, para este fin es necesaria, durante un cierto período la intelectualidad, este período es, por supuesto, el nuestro. Si miramos hacia atrás a los primeros tiempos y condiciones de la Tierra, cuando los seres humanos aún tenían clarividencia, vivíamos en esta clarividencia de ensueño donde siempre teníamos contacto con los seres espirituales. El hombre en ese momento no podía decir: “Yo tengo mis propios pensamientos” habría sido bastante falso. En tiempos muy antiguos, más bien tenía que decir “tengo la vida de los ángeles en mi cabeza”, y luego en los últimos tiempos: “Tengo la vida de los seres elementales en mi cabeza” Luego vino el siglo XV, y, por fin, el XIX y XX. Ahora el hombre ya no tiene seres espirituales en la cabeza, sino simples pensamientos y al no tener una vida espiritual elevada, sino sólo pensamientos en su cabeza, puede hacer por sí mismo las imágenes del mundo exterior.

¿Puede el hombre ser libre, siempre y cuando sienta al Espíritu que mora en nosotros?. No, no podría, porque él lo dirigiría todo. El hombre sólo puede ser libre cuando los seres espirituales ya no lo dirigen, cuando él tenga meras imágenes en sus pensamientos. Los pensamientos-imágenes no pueden obligar a hacer nada. Digamos que al enfrentarse a un espejo, las imágenes especulares de otros hombres que pueden estar mal dispuestos, no pueden golpear, porque no son reales, son meras imágenes. Y si tengo que resolver algún tipo de acción, puedo hacer que la imagen reflejada en mi pensamiento represente mi voluntad, pues la imagen no puede hacer nada por sí misma.

Así, en la época en que la intelectualidad solo pone pensamientos en nuestras cabezas, nace la libertad, en la medida en que los pensamientos no tienen el poder de obligar, en que tenemos nuestros impulsos morales simplemente en la forma de pensamientos puros, como se describe en mi “Filosofía de la Libertad” “[Philosophie der Freiheit, 1894. Las posteriores ediciones en inglés se han titulado Filosofía de la actividad espiritual.] – podemos lograr la verdadera libertad en la época presente. La edad intelectual, por lo tanto, tenía que ocurrir.

Sin embargo, por extraño que pueda parecer, esencialmente esta epoca ya ha pasado. La edad en la que era un derecho del hombre  desarrollar la mera intelectualidad, el mero pensamiento-especulativo ya ha seguido su curso. El siglo XIX se ha convertido en pasado. Y si los hombres actualmente continúan desarrollando meros pensamientos-especulativos, caerán bajo el control de los poderes Ahrimánicos. Luego los poderes Ahrimánicos tendrán acceso al hombre, y habiendo llegado a su libertad, el hombre se perdería bajo los poderes Ahrimánicos. La humanidad  actualmente está en el umbral de este peligro. Hoy en día la humanidad se enfrenta a la alternativa: o bien para comprender la vida espiritual para comprender la realidad de las cosas, como las que estoy explicando hoy, o para negarlas. Y si ahora el hombre persiste en negar lo que es espiritual, ya no será capaz de pensar libremente. Por el contrario, Ahriman —los poderes Ahrimánicos— entonces estarán pensando en la humanidad, y la humanidad se someterá a una evolución cuesta abajo.

Por lo tanto, es altamente necesario que un número cada vez mayor de seres humanos de nuestro tiempo puedan apreciar la necesidad de un retorno a la vida espiritual. Una sensación de la necesidad de volver a una forma de vida espiritual, es lo que los hombres de hoy deben tratar de despertar en ellos mismos. Porque si no la buscan, la humanidad caerá presa de Ahriman. Visto desde un punto de vista superior, la situación de la humanidad en la Tierra hoy en día no es menos grave que eso, y debemos poner este pensamiento ante todo lo demás, poniendo a prueba todos los demás pensamientos a la luz de éste.

Descripciones como éstas pueden ayudar a ilustrar el hecho de que la vida que llevamos en el mundo espiritual entre la muerte y el nuevo nacimiento es muy diferente de la que experimentamos aquí entre el nacimiento y la muerte. Las imágenes, por lo tanto, tomadas de la vida terrenal, por bien concebidas que estén, siempre serán insuficientes. Poco a poco tenemos que  llegar a un entendimiento de la clase de realidad que se vive en los mundos espirituales. Permítanme dar algunos ejemplos.

Supongamos que un ser humano deja su cuerpo terrenal, y, con el alma y el espíritu, entra en el mundo del espíritu. Supongamos, además, que alguien aquí en la Tierra, que ha alcanzado la ciencia espiritual en el sentido más profundo, es capaz de observar las almas humanas en la vida que continua después de la muerte. Es necesaria mucha preparación para este fin; también es esencial un cierto Karma, que conecte al ser humano en la Tierra con el mundo de mas allá. Ahora tiene que encontrar alguna forma de entendimiento mutuo con la otra alma. Las experiencias espirituales que aquí se relacionan no son fáciles de conseguir. En general, es mucho más fácil describir el universo en su aspecto espiritual que como acercarse al alma del difunto. La gente puede convencerse con facilidad de que no es tan difícil, pero en realidad es mucho más difícil acceder a los muertos que conseguir un conocimiento espiritual de otro tipo.

Ahora voy a relatar algunas características de la relación real con los muertos. Para empezar, sólo podemos comunicarnos con ellos mediante la evocación de recuerdos del mundo físico, ya que todavía son capaces de evocar. Por ejemplo, todavía conservan el eco de la voz humana, incluso del lenguaje particular que ellos usaban principalmente mientras estaban en la Tierra. Sin embargo, su relación con el lenguaje experimenta un cambio. Por ejemplo, en la conversación con un alma que ha muerto, se observa que no tienen ningún conocimiento de los sustantivos. Los vivos pueden abordar estas palabras a los muertos, los muertos, si se me permite usar esta expresión, simplemente no los escuchan. En cambio los verbos, las palabras que expresan acción, se entenderán por un tiempo relativamente largo después de la muerte.

Como regla general, usted sólo será capaz de conversar con un alma que ha pasado por la muerte, si sabe cómo formular las preguntas dirigidas a él. Puede que tenga que proceder de la siguiente manera. Un día usted se concentra en él tan silenciosamente como le sea posible. Intenta vivir con él en algo concreto y real, porque tiene imágenes en su alma más que nociones abstractas. Por lo tanto, concentrarse en una experiencia real, que se haya vivido durante la vida terrenal, por lo que poco a poco podamos acercarnos a él.

Por regla general no podremos obtener una respuesta inmediata a la pregunta. Es muy probable que tengamos que dormir con ella, consultar con la almohada, puede ser, que después de algunos días se reciba la respuesta. Pero nunca se tendrá una respuesta si se pregunta con sustantivos. Se deben hacer esfuerzos para trasladar los sustantivos a la forma verbal. Esta preparación es indispensable. Les es más fácil comprender los verbos, especialmente si usted los hace de una manera pictórica y vívida. Los muertos nunca van a entender, por ejemplo, la palabra “mesa”, pero si imaginas vívidamente lo que se mueve mientras  se está haciendo una mesa, el proceso por el que la mesa llega a ser,  en lugar de una cosa terminada, entonces poco a poco se le vuelve inteligible la pregunta y podemos obtener una respuesta. Pero las respuestas siempre se darán en forma verbal, o ni siquiera eso, sino que sólo puede consistir en lo que en la Tierra llamamos interjecciones,  exclamaciones.

Por encima de todo, los muertos hablan en los sonidos reales del alfabeto, sonidos y combinaciones de sonido. Cuanto más tiempo pasa un alma en el mundo espiritual después de la muerte, tanto más se hablará en una especie de lenguaje que sólo puede hacerse propio mediante el cultivo de un verdadero sentimiento de discriminación, incluso en el ámbito de la expresión terrenal, insistiendo ya no sobre el significado abstracto de las palabras sino entrando en su contenido sentimental. Es como decía en las clases de educación aquí. Con el sonido A [A , que se pronuncia como en  pAdre] experimentamos algo así como asombro y maravilla. Por otra parte tenemos la capacidad de asombro profundamente en nuestra alma cuando no sólo decimos A, sino ach (pronunciación alemana o escocesa de ch como en Loch ). Ach es el equivalente alemán de la exclamación Ah. Ach significa: ” Ah  Siento admiración. La capacidad de asombro entra en mí: ch “Y si yo ahora pongo m antes y digo mach [(Mach : en Alemán  “hacer”], sigo lo que despierta asombro en mí como si se acercara a mi, paso a paso – mmm – hasta que, por fin, estoy totalmente en su interior. Es con este tipo de significado —el significado de las preguntas de los propios sonidos— como a menudo vendrán las respuestas de los muertos. Los muertos no hablan Inglés, ni  alemán, ni ruso, su discurso es tal que sólo el corazón y el alma pueden entenderlo, si en los oídos que escuchan está el corazón y alma. Dije hace un momento que el corazón humano es más grande y más majestuoso que el sol. Visto desde el aspecto terrenal es verdad, el corazón está en algún lugar dentro de nosotros, y no será agradable de ver si lo miramos anatómicamente. Sin embargo, el verdadero corazón está allí  en todo el ser humano, que impregna todos los órganos, así como también está en el oído.

Hay que acostumbrarse al lenguaje del corazón de los muertos, si así puedo describirlo. Nos acostumbraremos poco a poco a aprender a deshacernos de todos los nombres y formas como sustantivos y vivir en los verbos. Son las palabras de acción lo que los muertos todavía entienden durante un tiempo relativamente largo después de la muerte. Luego, en una etapa posterior, entienden un lenguaje que ya no es lenguaje en el sentido común, y lo que luego se recibe de ellos tiene primero que ser re-traducido a un lenguaje terrenal.

A medida que el hombre crece fuera de su cuerpo y se introduce  cada vez más en el mundo espiritual, la vida del alma se vuelve completamente diferente. Luego, cuando se aproxima el tiempo de bajar de nuevo a la Tierra, una vez más, tiene que cambiar su vida anímica. Pues ahora, el momento se va acercando cada vez más, ante lo cual se enfrenta a una gran tarea. Ahora tiene que unificarse primero en una forma astral y luego a una forma etérica —el futuro ser humano que un día estará físicamente aquí en la Tierra. Las tareas que cumplimos en la Tierra son externas. Porque mientras nuestras manos trabajan, algo externo a nosotros siempre está siendo fabricado o alterado. En la vida entre la muerte y el renacimiento es nuestro ser anímico interior el que está trabajando, construyendo su cuerpo. La verdad es que parece como si el hombre llega a su existencia a partir de las fuerzas hereditarias. En realidad, este es sólo el aspecto exterior del cuerpo físico que lleva el sello de la herencia. Él tiene que hacer por sí mismo, incluso las formas de sus órganos. Voy a dar un ejemplo, si uno de ustedes tiene la amabilidad de prestarme un guante.

En su camino hacia abajo, hacia una nueva vida terrenal, el hombre, para empezar, todavía tiene el Sol y la Luna en su interior. Pero empieza a contraerse. Es como si pudiéramos sentir los lóbulos de los pulmones contraerse dentro de uno mismo. Entonces, siente que su vida cósmica y su ser, sus órganos Sol y Luna se contraen. Y acto seguido, algo se desprende del Sol y de la Luna. Hasta ahora, estaban sol y la luna dentro de él, pero ahora tiene ante él una especie de imagen del Sol y la Luna. Toda brillante y luminosa, aparecen ante el dos esferas inmensas —para empezar son inmensas. Una de ellas es la forma espiritual del Sol, y la otra es la de la Luna. El uno es todo encendido, brillante, resplandeciente, la otra en su propio calor, más ardiente,  sosteniendo la luz, como si fuera suya.

Ahora las dos esferas que de este modo se desprenden del hombre cósmicamente transmutado —incluso del ‘Adam Kadmon” que es una realidad hoy en día— se establecen cada vez más cerca la una de la otra. Nosotros, en nuestro camino hacia la Tierra, nos decimos a nosotros mismos: el Sol y la Luna se están unificando. Por otra parte esto es lo que nos guía –desde muy lejos, de nuevo hay que imaginar que fuera, incluso de nuestra tatara-tatara-tatara-abuela, bisabuela, abuela y así sucesivamente– nos guían por fin a la madre que nos da a luz. El Sol y la Luna son nuestros guías, el Sol y la Luna, colaborando cada vez más cerca el uno del otro.

Y acto seguido vemos la tarea que tenemos ante nosotros. Lejos en la distancia como un único punto vemos al embrión humano que llega a la existencia. Vemos la entidad unificada en que se han convertido el Sol y la Luna, acercándose a nuestra madre. Y ahora vemos la tarea que tenemos ante nosotros, que puedo describir como sigue. Tomen esto (el guante) para representar lo que va por delante de nosotros allí, el sol y la luna unidos. Nos hacemos conscientes de que cuando nuestra conciencia cósmica haya desaparecido, vamos a pasar por una fase de oscuridad (pues así ocurre cuando nos zambullimos en el embrión después de la concepción), entonces tendremos que girar de dentro a fuera esta entidad que va delante de nosotros. Y mientras lo hacemos surge una pequeña abertura, a través de la cual, entramos como Yo.

Esta imagen, que se quedara allí en nuestro cuerpo humano sobre la Tierra, no es otra, mis queridos amigos, que la pupila del ojo humano. La entidad se divide otra vez en dos, como si surgieran dos imágenes especulares. Estos son los ojos humanos, que estuvieron unidos como el sol y la luna, y acto seguido se volvieron del revés.

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Tal es la tarea que luego confrontamos. Se hace todo inconscientemente, a la vez que rodeamos todo y como al revés entramos por la pequeña abertura que queda. Y luego, rompiéndose en pedazos, se convierten en dos imágenes físicas de lo mismo en el embrión en crecimiento. Porque los ojos embrionarios físicos no son más que imágenes, que nos presentan en lo que se ha convertido el Sol y la Luna.

De esta manera se elaboran las distintas partes del cuerpo humano. Experimentamos todo el Universo, lo reunimos y damos a cada parte su forma correspondiente. Lo que se forma desde el Espíritu, sólo entonces se reviste e impregna plásticamente. Se reviste en la materia, sin embargo en cuanto a las fuerzas, que la han formado, las tuvimos que desarrollar a partir de todo el Universo.

Por ejemplo, hay un tiempo entre la muerte y el nuevo nacimiento cuando pasamos por el Sol, mientras que el Sol está en el signo de Leo, (no tiene que ser en el nacimiento, puede ocurrir un poco antes). Lo hacemos de manera que el ojo del Sol y de la Luna que he descrito anteriormente —lo hacemos en un momento diferente— pero nos unimos con el interior del sol. ¿Cómo imaginamos que puede ser el interior del Sol?. Si se pudiera entrar allí, les resultaría del todo diferente a lo que nuestros físicos ingenuamente e inconscientemente suponen. El interior del Sol no es una mera bola de gas, sino que es, de hecho, algo menos que espacio, un reino en que el propio espacio ha desaparecido. Podemos imaginar un espacio ampliado en el que la presión es predominante, se debe concebir el interior del sol más bien como un reino de succión. Se trata de un espacio negativo, un espacio que está más vacío que el vacío. Pocas personas tienen una idea adecuada de lo que esto significa. Ahora, al pasar por allí, de nuevo se tiene una experiencia espiritual definida que somos capaces de elaborar y trabajar y mientras lo hacemos se convierte en la forma del corazón humano. No sólo la forma del ojo esta hecha del sol y la luna, la forma del corazón también se forma a partir del sol. Pero esto sólo es posible cuando el Sol absorbe las fuerzas que salen desde de la constelación de Leo.

Entonces, el hombre construye su cuerpo tanto de los movimientos de los planetas como de las constelaciones de las estrellas del universo. El cuerpo humano es de hecho una imagen del mundo de las estrellas. Gran parte del trabajo que tenemos que hacer entre la muerte y el nuevo nacimiento consiste en la construcción de nuestro propio cuerpo del Universo. El hombre que está de pie en la Tierra es de hecho un universo en miniatura. La ciencia es tan ingenua como para suponer que la forma humana se produce únicamente a partir de células físicas germinales. Supongamos que un hombre está mirando a un imán con aguja, un extremo del cual siempre apunta al norte y el otro al sur. Tal vez otro hombre a quien se le explica esto no lo cree, pero empieza a buscar la causa del imán en la aguja solamente, no ve que toda la Tierra actúa como un imán. No es menos ingenuo cuando alguien piensa que el hombre proviene de las células germinales, cuando en realidad él surge de todo el Universo. Por otra parte su vida anímica y espiritual entre la muerte y el renacimiento consiste en trabajar con los seres espirituales, que trabajan en forma suprasensible con el hombre, que se crea por primera vez en el reino etéreo y astral, y sólo entonces se va encogiendo y contrayendo hasta que es capaz de revestirse de materia física. El hombre en realidad no es más que el escenario de la acción de lo que el Universo, y él mismo con sus poderes transmutados logran cuando el cuerpo físico en su verdadera naturaleza se está formando.

Tal es, pues como el hombre experimenta el desarrollo. Se comienza con el lenguaje en el que ya no usa los sustantivos sino que encuentra su camino a otra forma más verbal de la palabra. De allí pasa a una contemplación interior del mundo de las estrellas, hasta que por fin se siente integrado en ese mundo estelar. Entonces comienza a desprenderse del mundo de las estrellas para convertirse en lo que él mismo será en su próxima encarnación. Tal es la vía del hombre: de lo físico, a través de la transmutación del lenguaje a lo espiritual, a continuación, en el viaje de regreso transmutar el Universo una vez más en el hombre. Sólo si somos capaces de entender cómo el alma-y-Espíritu, habiéndose perdido en el lenguaje, se vuelve uno con el mundo de las estrellas y luego se recupera a si mismo desde el mundo de las estrellas, sólo entonces podemos entender el ciclo completo de la vida humana entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Estas cosas, queridos amigos, estaban todavía claras para mucha gente en el momento en que tuvo lugar en la Tierra el Misterio de Gólgota. En ese momento, no prevaleció la idea de que Cristo Jesús era, antes que nada, el Ser a quien vieron desarrollarse en la Tierra. Pensaron en Él como aquel que hasta entonces había pertenecido al mismo mundo al que el hombre pertenece durante la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento. Por lo tanto, reflexionaron sobre la pregunta: ¿Cómo descendió de allí y entró en la vida de la Tierra?.   Fue el mundo romano el que después exterminó la Ciencia de la Iniciación. Solo deberían permanecer los dogmas, tal era su intención. Hubo en Italia en el siglo IV de nuestra era una verdadera organización, un cuerpo específico de personas que no dejaron piedra sin remover para que los antiguos métodos de Iniciación no pudieran transmutarse en otros nuevos. Dejaron a los hombres de la Tierra sólo el conocimiento del mundo físico exterior, mientras que de lo suprasensible no dejaron más que dogmas, dogmas que los hombres recibieron como meros conceptos intelectuales, hasta que pasaron a ser algo que ya no tiene el poder de concebirse y entenderse, los hombre se limitaban a creer en ellos. Así era el conocimiento, que de hecho había existido al mismo tiempo, dividir en pedazos solo el conocimiento del mundo terrenal y, por otro lado, una mera fe, una mera creencia en otro mundo, hasta incluso esto fue tan atenuado que para un grupo de creyentes es un conjunto de dogmas que no entienden, mientras que para otro no es más que un punto de apoyo; debe haber algo para empezar, para tener fe en absoluto. Porque en efecto, ¿cuál es la sustancia de la creencia de un hombre moderno, cuando ya no se apega a los antiguos dogmas acerca de la Trinidad? Él cree en algo vagamente espiritual; el contenido de su creencia es totalmente nebuloso.

Ahora tenemos que volver a una percepción real de lo espiritual, en la que podemos entrar viva y plenamente. Necesitamos una vez más una ciencia espiritual, capaz de relacionar las cosas tales como hoy habéis oído de que el ojo humano, que debemos mirar con asombro, ya que es en verdad un universo reducido, Esta no es una mera figura del habla; es real y verdadero, y como he estado explicando. Porque en la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento, este ojo nuestro era único, y de la unidad que era —fusionando las imágenes de Sol y Luna— luego se volvió al revés.

La verdad es que tenemos dos ojos porque si fuera nuestra naturaleza ver con un ojo único como el Cíclope no podríamos alcanzar la yoidad en un mundo exterior y visible; debemos lograrlo solo en el mundo interior del sentimiento. Helen Keller, por ejemplo, tiene un mundo de sentimientos e ideas bastante diferente al de otras personas; ella solo puede hacerse entender porque se le ha enseñado el lenguaje. Nunca podríamos llegar a la idea del “yo”, si no fuéramos capaces de poner la mano derecha sobre la izquierda, o, más en general, poner dos de los miembros simétricos en coincidencia. Así, de una manera sutil llegamos a la idea de “yo” en cuanto cruzamos los ejes de la visión de los dos ojos al enfocarlos sobre el mundo exterior. Del mismo modo que cruzamos las manos, también cruzamos los dos ejes de visión de nuestros ojos: cada vez que miramos algo, lo hacemos.

Materialmente nuestros dos ojos son uno en espíritu. Este ojo espiritual se encuentra detrás del puente de la nariz. Luego se reproducen en una doble imagen: en los dos ojos exteriores que ves. Al ser un hombre de izquierda y derecha, el hombre puede sentir y estar consciente de sí mismo. Si él solo tuviera la derecha o solo tuviera la izquierda —si no estuviera formado simétricamente— todo su pensamiento e ideación se fusionaría en el mundo; no se volvería dueño de sí mismo en su propio “yo”.

En ese soldar las imágenes gemelas del Sol y la Luna en una sola, nos preparamos para nuestra próxima encarnación. Es como si estuviéramos diciéndonos a nosotros mismos: no debo desintegrarme en el ancho mundo. No sirve de nada convertirse en un hombre-sol y tener el hombre Lunar allí al lado. Tengo que ser uno, pero también debo ser capaz de sentir mi propia unidad, debo ser consciente de ello. Entonces se forma el único ojo del hombre Sol-Luna, que en su metamorfosis se convierte en los ojos como ahora llevamos. Porque nuestros dos ojos son las imágenes gemelas del único ojo arquetípico Sol-Luna del hombre.

Estas son las cosas que quería decirles hoy, mis queridos amigos, acerca de la experiencia que vivimos cuando estamos en el mundo espiritual, tan diferente de nuestras experiencias físicas, no obstante están relacionadas entre sí, pero la relación es tal que se convierten completamente de interior a exterior. Supongamos que pudiéramos tomar al ser humano como lo vemos aquí, y darle la vuelta para que su interior —el corazón, por ejemplo— se convierta en la superficie exterior, fácilmente podríamos ver que el hombre, no podría mantenerse vivo en esas condiciones. Pero si pudiera hacer esto, apoderándose de él en lo más íntimo del corazón y volverlo al revés como un guante, entonces el hombre no permanecería como hombre tal como lo vemos aquí, sino que se ampliaría en un Universo, en un hombre cósmico. Porque si tuviéramos la facultad de concentrarnos en un único punto en el corazón y de ahí volvernos del revés en espíritu, simplemente nos convertiríamos en el Universo que experimentamos entre la muerte y un nuevo nacimiento. Tal es el secreto del hombre interior. Es solamente en el mundo físico que no puede ser vuelto del revés. El corazón del hombre, sin embargo, es en efecto un universo al revés, y así es como el mundo físico y terrenal está realmente unido al espiritual. Hay que acostumbrarse a la “vuelta del revés”.  Si no lo hacemos no podremos hacernos una idea real de cómo el mundo físico que nos rodea se relaciona con el mundo espiritual. Este es el tema que hoy quería transmitir.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Abril de 2018.

Cap.III. La interpretación del asterograma de la muerte.

Willi Sucher – Del libro Isis Sophia III

English version

En el capítulo anterior, hablamos más sobre el asterograma de la muerte desde el punto de vista técnico. Lo vimos como un panorama, la suma total de una vida humana en la Tierra. Este aspecto nos lleva de regreso al pasado, y algunas veces hemos llamado a las posiciones anteriores de Saturno, relativas a los lugares de los planetas en la muerte, como los tránsitos “anteriores” (zurükliegende) de Saturno. Sin embargo, también hay otro aspecto del asterograma de la muerte que conduce al futuro, a las diversas etapas de la vida después de la muerte, a través de las cuales el alma debe pasar. Para este propósito, llevaremos a cabo una interpretación cualitativa de las posiciones de los planetas en el momento de la muerte de Tycho Brahe.

Encontramos a Marte en la constelación de Leo. Para elaborar una interpretación de Leo, buscamos el diagrama llamado Etapas de Evolución en la tercera parte de Isis Sophia II. Ahí encontramos una indicación que nos lleva de vuelta al sexto gran ciclo del Antiguo Saturno. (Véase también la constelación en oposición de Acuario). Este fue el gran escenario en el primer comienzo, cuando los Espíritus de las Armonías, o Querubines, impulsaron las armonías (o “la Música de las Esferas”) en el Antiguo Saturno. Podemos Imaginar que un mundo estelar físicamente visible aún no existía, y en lugar de las estrellas fijas que vemos ahora, había una “galaxia” más profunda y armoniosa, un sonido de esencia divina. Éste era el mundo en donde los Espíritus de la Armonía estaban activos. Aquí tenemos, en una imaginación cósmica, la imagen del gran cosmólogo Tycho Brahe, quien de niño podía ver en la astronomía una manifestación de lo divino.

Además, nuestro diagrama indica una conexión de Leo con el segundo gran ciclo de la evolución del Antiguo Sol. Entonces los Espíritus del Movimiento estaban activos. Vivieron en el reflejo de esas “Armonías de las Esferas”, que se manifestaron mucho más tarde en los movimientos de los planetas de nuestro sistema solar. Este poder de movimiento y dirección en el Antiguo Sol todavía estaba en un estado de alma o formación astral que reflejaba la armonía de la gran galaxia más allá del universo del Antiguo Sol. En esta astralidad cósmica o fuerza del alma, vivieron y trabajaron los Espíritus del Movimiento. También lo irradiaron a la humanidad en el antiguo Sol. Sin embargo, la humanidad todavía no podía realizar la actividad del alma, y sólo permaneció en nuestros primeros ancestros un reflejo del funcionamiento de los Dynamis. Así, se estableció la primera base de nuestro sistema rítmico, que aún hoy refleja los ritmos cósmicos. Nuestra respiración y latidos cardíacos están relacionados con el ritmo del año platónico (ver Isis Sophia II, Tercera parte). Somos, con respecto a nuestra organización Leo, un cosmólogo perfecto, pero inconsciente.

Ahora con Marte en Leo, podemos ver aún más claramente la imagen del gran astrónomo. También podemos corroborar nuestro punto de vista anterior sobre Marte cuando lo conectamos con los años 1563/65. Fue entonces cuando Tycho Brahe finalmente decidió convertirse en astrónomo. Él obedeció a su propia vocación; el cosmos estaba vivo en su ser más íntimo.

Otra indicación concerniente a Leo se refiere al segundo gran ciclo de la Antigua Luna. (Isis Sophia II, Tercera parte). En el transcurso de esa etapa de la evolución, el planeta de la antigua Luna se condensó a tal grado que los rangos superiores de las jerarquías espirituales ya no pudieron habitar en él. Separaron una parte de las sustancias más refinadas y fundaron otro cuerpo celeste, una especie de antiguo Sol renacido, como su foco de actividad. Estos gigantescos sucesos cósmicos se reflejan en Libra, pero vemos al separado Sol yendo por un tiempo a su manera en Leo.

Aquí ahora miramos más profundamente en el destino de Tycho Brahe. No se convirtió en astrónomo por mero deseo de conocimiento. Un profundo propósito espiritual estaba trabajando en él. Anteriormente hemos indicado que se opuso a las opiniones de Copérnico sobre los movimientos de los planetas y la posición del Sol. ¿Por qué hizo esto?

Copérnico simplificó la concepción de nuestro sistema solar al considerar que el Sol se encuentra en el centro del universo planetario. Los puntos de vista más antiguos, que en parte eran extremadamente complicados, consideraban a la Tierra como el foco central. Nuestra época está tan acostumbrada al esquema copernicano que a veces encontramos los aspectos más antiguos, por ejemplo, los sistemas ptolemaicos, extraños y propios de la naturaleza primitiva de la humanidad en esos tiempos. Sin embargo, los sistemas antiguos se fundaban en ideas y estados de conciencia completamente distintos, que la mentalidad de nuestro tiempo, difícilmente puede comprender.

Originalmente, los antiguos esquemas del cosmos se basaban en la concepción de las esferas de los planetas. Estas esferas, indicadas por las órbitas de los cuerpos celestes, fueron concebidas como las más importantes. Se consideraba que los dioses, o jerarquías espirituales, vivían en ellos, y movían las esferas. Por lo tanto, los planetas, que se fijaron a las esferas, también se movieron, pero eran de importancia secundaria. Solo una época que se movía hacia interpretaciones mecánicas de todo lo que existe en el universo, podría descartar tan fácilmente esos puntos de vista antiguos. Por lo tanto, era posible que un hombre como Copérnico pudiera sentar las bases de una concepción del sistema solar que se pudiera explicar de manera similar al funcionamiento de una máquina. Tycho Brahe era muy consciente de esto. Él tenía una conexión profunda con los Misterios antiguos de encarnaciones previas en los cuales, las esferas planetarias eran experimentadas como las moradas de los dioses. Por lo tanto, debe de haberse horrorizado ante los puntos de vista de Copérnico, que tienden a convertir al universo en un puro mecanismo. Luchó mucho por poner en su lugar algo mejor,  pero no lo logró muy bien; su tiempo estaba en su contra.

Por lo tanto, él se encontraba entre la Edad de Oro de los Misterios, cuando la humanidad todavía vivía con los dioses, y un futuro que aún retiene el renacimiento de los Misterios en su seno. La dirección hacia este futuro, y la profunda conexión interna de Tycho Brahe con ella, la encontramos indicada en la asociación de Leo con el sexto gran ciclo de la evolución de la Tierra (Isis Sophia II, Tercera parte). La humanidad de esa sexta etapa de la Tierra serán los verdaderos cosmólogos. Entonces  comprenderán por completo la interacción entre las fuerzas astrales cósmicas y su propio ser y los seres de la naturaleza.

Estas implicaciones de Leo están indicadas por la posición de Marte en esa constelación. El alma experimenta en la esfera de Marte después de la muerte, el trasfondo espiritual del mundo físico-material, que había conocido previamente en la Tierra. (Véase Isis Sophia II, Tercera parte.) Así podemos imaginar que Marte en Leo señala el tipo de experiencias que Tycho Brahe tuvo después de la muerte en esa esfera cósmica. Él pudo ver la verdad espiritual completa sobre la interconexión física entre el cosmos y la Tierra. Se convirtió en un gran “astrólogo” en un sentido espiritual y pudo inspirar a quienes vivían en la Tierra. Podía leer la profecía de los futuros eventos terrestres y así ayudar a las almas a cumplir su destino.

Estos aspectos pueden ser ampliados por un estudio de las vidas de otras almas cuyo Marte también estaba en Leo en el momento de la muerte. De los muchos ejemplos que tenemos ante nosotros, tomamos el del famoso poeta de la Divina Comedia, Dante. Murió el 14 de septiembre de 1321 cuando Marte estaba en Leo. El tránsito anterior o previo de Saturno sobre esta posición, apunta al año 1301. Dante estaba involucrado en ese momento en agitaciones políticas en su ciudad natal de Florencia, en el curso de las cuales tuvo que ir al exilio. Nunca se le permitió regresar a Florencia, y deambuló de un lugar a otro durante los últimos veinte años de su vida. Externamente, se vio obligado a llevar una vida inestable, pero durante todos esos dolorosos años, el poeta de la insuperable Divina Comedia, nació espiritualmente. En 1300, el año anterior a la catástrofe, tuvo una profunda experiencia interna en la que había concebido ese gran poema, y Saturno estaba en Leo. Todos los que conocen la Divina Comedia estarán de acuerdo en que se basa en una gran concepción de la naturaleza espiritual del interior de la Tierra y del cosmos de las estrellas. Por lo tanto, Dante también era un cosmólogo que se inició en la interrelación entre el ser humano y las estrellas. Vemos en eso una confirmación de lo que dijimos sobre Marte en Leo.

Ahora pasamos a la posición de Júpiter en Virgo, en el momento de la muerte de Tycho Brahe. Una experiencia en la esfera de Júpiter después de la muerte, los arquetipos espirituales de todas las fuerzas de la vida. (Véase Isis Sophia II, Tercera parte.) Se da cuenta de los orígenes de la enorme sabiduría-de vida que fluye a través de todas las criaturas vivientes y une su existencia en la gran corriente de la evolución divina. Así podemos imaginar que Júpiter en Virgo señala la estancia de Tycho en esa esfera donde vio la verdad de los impulsos eternos que hay detrás de toda la vida y la evolución, el origen común y el objetivo final de todas las criaturas vivientes. También debe haber comprendido su propia posición en esta corriente gigantesca de vida y desarrollo cósmicos. En la existencia terrenal de la humanidad, esta participación individual en la corriente tan sabia y múltiple de la evolución cósmica que está oculta detrás de su actitud interna hacia la vida, generalmente expresada en los temperamentos humanos y en la concepción de su vida entera.

Júpiter estaba en la constelación de Virgo. Además de la evolución del Antiguo Saturno, encontramos esta constelación asociada con el primer gran ciclo del universo del Antiguo Sol. (Véase Isis Sophia II, Tercera parte). Esa primera etapa del cosmos solar vio la recapitulación del Antiguo Saturno. La base misma de toda sustancia física se recreó, pero ahora estaba parcialmente impregnada de vida. Algo similar sucedió durante el ciclo inicial de la Antigua Luna que también asociamos con Virgo. Más aún, en relación con la evolución de la Tierra, encontramos allí la indicación de la etapa final de la Tierra. Hasta entonces nos habremos desarrollado, con respecto a nuestro yo, que seremos capaces de darnos cuenta de nuestra unidad espiritual, nuestra conexión interna con el universo, y con todo lo que existirá en ese universo futuro como los descendientes de los reinos actuales de la naturaleza, de las estrellas, etc.

En este escenario, encontramos al Júpiter de Tycho Brahe. Indica que después de la muerte, debe haber obtenido una visión profunda del funcionamiento, orígenes y propósitos últimos de la vida. Debe haber sido transmitido a esta alma, la Sabiduría divina, que opera en toda vida y que es la expresión de la poderosa corriente de evolución cósmica, tal como fue contemplada por las jerarquías espirituales más elevadas. También debe haber alcanzado una visión exaltada del funcionamiento de estas fuerzas vitales en el simple objeto, en la química de la materia, en la alquimia del destino humano, etc.

No podría haber aspirado a tales realizaciones si no hubiera puesto los cimientos para ellos en la Tierra. Las posiciones de los planetas en el asterograma de la muerte implican dos aspectos, como hemos visto: uno se refiere al pasado terrenal, el otro al futuro, a la vida después de la muerte. El pasado está indicado por los tránsitos previos o anteriores de Saturno. En relación con este último, encontramos información interesante, como se describió anteriormente. En 1569, Saturno estaba en el lugar posterior de Júpiter, y Tycho Brahe estaba entonces en Augsburgo, dedicado a estudios astronómicos y alquimistas.

Nuestra era actual tiende a menospreciar los esfuerzos de la alquimia medieval como una especie de superstición debido a la ignorancia de esas personas. Esto es cierto con respecto a las prácticas de un gran número de charlatanes que intentaron, o pretendieron, hacer oro. El verdadero alquimista, sin embargo, no dedicó energías a la satisfacción de la codicia humana básica. Trató de encontrar los secretos ocultos del funcionamiento de la naturaleza, las manifestaciones del espíritu en las propiedades y las sustancias de la Tierra. Mediante una profunda actitud devocional, se preparó para vislumbrar el funcionamiento de los seres elementales en la materia -la sabiduría cósmica- y las fuerzas de la vida, etc. Éste era el oro que deseaba encontrar, el metal de oro sólo era la manifestación externa de la Luz Divina de Sabiduría. Sin saber que expresiones como oro, mercurio o azufre, etc., significaban fuerzas invisibles y creativas en la naturaleza, para el genuino alquimista, no podemos entender el extraño lenguaje de los libros medievales sobre Alquimia.

Debemos imaginar que Tycho Brahe hizo experimentos de este tipo. Por supuesto, no sabemos lo que logró, pero continuó con sus experimentos en la isla de Ven. Él preparó medicinas e hizo uso de ellas en ciertas ocasiones. Por muy imperfectos que hayan sido estos intentos, fueron el fundamento de sus experiencias después de la muerte en la esfera de Júpiter, cuando se encontró cara a cara con la verdad espiritual del funcionamiento del mundo jerárquico cósmico en lo físico en las alas de las fuerzas de vida.

Encontramos a Júpiter asociado con Virgo en los asterogramas de la muerte de las siguientes personalidades: Pico della Mirandola, fallecido el 17 de noviembre de 1474. Estaba profundamente preocupado por el deterioro de la astrología convertida en un medio de adivinación y, por lo tanto, se oponía a ella. Sin embargo, tenía una opinión muy alta sobre la verdadera cosmología y sabiduría de las estrellas y deploraba su profanación.

Cuando William Blake murió el 12 de agosto de 1827, Júpiter también estaba en Virgo. Los tránsitos previos o anteriores de Saturno sobre esta posición de Júpiter coincidieron con el comienzo de la gran obra de Blake, Jerusalén. Por difícil que sea emitir una opinión sobre las obras de Blake, podemos decir con seguridad que su Jerusalén es una concepción apocalíptica de la gran transformación alquímica de la Tierra en un futuro estado de existencia. Sin duda es una interpretación artística de la Revelación de Juan el Divino. Podríamos agregar muchos más ejemplos, pero estos dos pueden ser suficientes para desarrollar lo que dijimos sobre el Júpiter de Tycho Brahe en Virgo.

Saturno estaba en la constelación de Libra en el momento de la muerte de Tycho. De la descripción de Saturno en Isis Sophia II, Tercera Parte, nos damos cuenta de que es el gran conservador de la “entelequia”, el flujo de evolución no transitado a través de toda la existencia. El alma experimenta en esa esfera después de la muerte, los arquetipos espirituales de toda la existencia del alma, los motivos divinos de todas las emociones, impulsos, nociones, etc., que se encontraron en la Tierra sin saber de dónde venían. Podemos imaginarnos que Tycho Brahe conoció el trasfondo real de su composición psicológica. Por ejemplo, estaba en él el profundo deseo de servir a la sabiduría de las estrellas que moldeó toda su vida. ¿De dónde vino? Solo en la esfera de Saturno podemos obtener respuestas a tales preguntas. Allí, el conocimiento y la realización de encarnaciones pasadas proporciona las claves para la comprensión de las formaciones individuales del alma.

En la constelación de Libra encontramos la huella del último gran ciclo de la evolución del Antiguo Sol y la segunda etapa de la Antigua. Luna (Véase Isis Sophia II, tercera parte). Durante la séptima etapa del Antiguo Sol, los antepasados de la humanidad alcanzaron la perfección más elevada de la que entonces eran capaces. En una actitud similar a una planta, eran un espejo perfecto del universo del Sol y seguían infaliblemente sus direcciones. Esto nos da una idea del carácter de la individualidad de Tycho Brahe en encarnaciones anteriores. Estaba profundamente conectado con los antiguos misterios del Sol y se inició en vidas anteriores en los secretos de la naturaleza espiritual del Sol.

En la tercera parte de Isis Sophia II, hemos indicado brevemente el triple carácter del Sol, del presente que es, en cierto sentido, una réplica del Antiguo Sol. Esta individualidad se inició en vidas anteriores en secretos como éstos del triple Sol. Esta fue la razón por la que se convirtió en cosmólogo en su encarnación como Tycho Brahe. Era el arquetipo espiritual de su composición psicológica y puede explicar muchas de sus características y su destino.

Existe el otro aspecto de Libra, el segundo ciclo de la Antigua Luna. Ocurrió entonces la dramática salida del renacido Antiguo Sol con las jerarquías espirituales superiores. Por primera vez en la historia del universo, surgió una profunda brecha entre las fuerzas divinas superiores y las regiones inferiores de la existencia. Se hizo en aras del desarrollo de la independencia y de la libertad, pero también ofreció la posibilidad de que el mal, la muerte y la enfermedad se introdujesen en el universo.

Este aspecto de Libra apunta a otro aspecto del mundo del alma de Tycho Brahe. Anteriormente hemos mencionado su aversión por las visiones del mundo copernicano. En parte le influenció la herencia de los Antiguos Misterios del Sol, sin embargo, no fue capaz de retroceder en la rueda de la evolución. Después de su muerte, incluso su más estrecho colaborador del último año, Kepler, se pasó al copernicanismo y cada vez tenía más éxito. Por el bien del pensamiento y la libertad independientes, la humanidad tuvo que olvidar por un tiempo las antiguas concepciones espirituales del universo y experimentarlo solamente como un sistema material y mecánico. Ver a la humanidad moviéndose en esta dirección debe haber sido una experiencia trágica para Tycho Brahe.

Sin embargo, sobre la base del asterograma de la muerte, también podemos encontrar que esta experiencia de Saturno en Libra fue para esta alma el amanecer de una nueva luz. Mucho después de la muerte, debe haberse dado cuenta del gran cambio que había tenido lugar a través de la unión de Cristo con la Tierra. Percibió los nuevos Misterios del Sol que también había conocido en una encarnación anterior. (Tratamos de describir algunos de estos hechos en la tercera parte de Isis Sophia II.) Encontró y retomó el hilo de los Misterios que, para él, en su vida como Tycho Brahe, parecían haberse roto.

Saturno en Libra presagia, de hecho, las grandes decisiones en el curso de la evolución, también los grandes impulsos que hicieron posible el progreso de la humanidad en tiempos de crisis. Encontramos a Saturno en Libra en los asterogramas de la muerte de Copérnico y Kepler. Hemos mencionado ambos ya en relación con Tycho Brahe. El drama de la batalla a favor y en contra del sistema copernicano se hizo visible aquí. También en el asterograma de la muerte de Rudolf Steiner, Saturno estaba en Libra.

Ahora vamos a considerar brevemente la Luna y a los planetas interiores. En su caso, nos gustaría emplear las divisiones de la eclíptica en lugar de las constelaciones de las estrellas fijas del zodíaco. La astrología ortodoxa los llama signos, y desafortunadamente se les dan los mismos nombres y símbolos que a las constelaciones. (Las figuras 6a y 6b pueden ayudarnos a entender la diferencia. Los signos y las constelaciones se están separando lentamente. Esta creciente divergencia es causada por la precesión del punto vernal).

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f6b

 

Los planetas interiores están más conectados con el camino (aparente) del Sol o la eclíptica; por lo tanto, los consideramos desde el punto de vista de los signos. Además, la Luna tiene una afinidad más fuerte con la eclíptica. De la descripción de la Luna en la tercera parte de Isis Sophia II, concluimos que esta esfera cósmica es el gran almacén, por así decirlo, del cual todos los objetos físicos obtienen las sustancias que necesitan para su existencia corporal. Además, nuestro cuerpo se crea bajo la influencia de las fuerzas lunares, durante el tiempo de gestación. Después de la muerte se nos pide que abandonemos nuestra afinidad con el mundo corporal en la esfera de la Luna.

En el asterograma de la muerte de Tycho Brahe, encontramos a la Luna en la fase menguante y en el signo de Libra (♎). Los signos están más asociados con los ritmos estacionales y con el funcionamiento de las fuerzas formativas o de la vida en la naturaleza. En (♎) es el signo en el que se encuentra el Sol al comienzo del otoño, cuando en la naturaleza, la “caída” de la hoja comienza. Podemos ver en esta Luna de Tycho Brahe una indicación de su condición corporal hacia el final. Debe haber estado muy agotado, no solo desde el punto de vista fisiológico, sino también con respecto a su fondo interno de resistencia y naturaleza positiva hacia la vida. Bien podría ser que su vana lucha contra su tiempo hubiera sido extremadamente exigente, más aún porque su naturaleza no era en modo alguno plácida, sino más bien colérica.

Se puede decir, con cierta justificación, que sus últimos años ya fueron un proceso de purificación interna, que el ser humano normalmente experimenta sólo después de la muerte. La Luna menguante en el signo de Libra (♎) es una cierta amplificación de esto. Los lazos de Tycho Brahe con la existencia material ya no eran muy fuertes cuando murió; por lo tanto, su ascenso a las alturas espirituales fue probablemente bastante rápido y sin oposición.

El planeta Venus aparece aquí en la constelación de Leo (figura 7a), que corresponde al signo eclíptico de Virgo ♍ (véase la figura 6a y 6 b). Asociamos la esfera de este planeta en nuestras investigaciones con el “Mercurio de los Antiguos Misterios”. En la tercera parte de Isis Sophia II, hemos delineado nuestros puntos de vista sobre este asunto de “M-Mercurio”. También recogemos de esas descripciones que esta esfera está especialmente conectada con todo lo que podemos llamar “relaciones”.

Sin embargo, para llegar al punto de vista de la esfera de Venus (M-Mercurio), no es suficiente tener en cuenta únicamente la posición momentánea del planeta. Toda la órbita es una indicación de la “esfera”. Por lo tanto, debemos extender nuestras observaciones a los gestos del planeta en el transcurso del tiempo. Los gestos más reveladores de los planetas interiores son sus conjunciones con el Sol, cuando están más o menos en la misma posición que el Sol, tal como los percibimos desde la Tierra. Hay dos posibilidades: el planeta puede colocarse frente al sol, o detrás de él. A la primera posición se le llama “conjunción inferior”, a la segunda conjunción superior. Ambas se alternan en el tiempo. En la figura 7a y 7b (abajo), presentamos un diagrama de estos ritmos de Venus (M-Mercurio), primero sobre la base de la vista ptolemaica (con la Tierra en el centro) y en segundo lugar desde la visión copernicana. Hemos elegido los gestos sobre el momento de la muerte de Tycho Brahe.

Vemos en el diagrama que el “M-Mercurio” (o Venus) de Tycho Brahe tenía una conjunción inferior, antes de su muerte, con el Sol en el signo de la eclíptica Leo (♌). Visto desde la Tierra, parecía estar en un bucle causado por el movimiento retrógrado del planeta. Después de la muerte de Tycho Brahe, se movió a una conjunción superior en el signo de la eclíptica Tauro ♉. Estos gestos nos dan una idea de la condición de la esfera en ese momento. Podemos leer en él el carácter de la relación que este alma tuvo con su mundo circundante tanto durante la vida como también después de la muerte.

La posición en el signo de la eclíptica de Virgo (♍) nos da una indicación de la dirección que debemos buscar. Es un signo que está muy relacionado con la madurez. Cuando el Sol está allí en el curso de las estaciones, está madurando en la naturaleza (en el hemisferio norte). Este signo también tiene un carácter muy sutil y sensible, que ciertamente fue el caso con respecto a la vida de Tycho Brahe. Era como un ser con su piel sin protección, y su temperamento colérico podía estallar a la menor provocación. Tenía un fuerte sentido de la dignidad y era muy consciente de su propio peso e importancia espiritual. Esto también se indica por el tránsito previo de Saturno sobre esta posición en 1597, cuando dejó la isla de Ven. Estaba profundamente herido por la actitud de la corte del joven rey Christian y estaba dispuesto a renunciar al trabajo que había creado durante 21 años, en lugar de continuar bajo las difíciles circunstancias que habían surgido.

f7a

 

f7b

 

La conjunción superior en el signo de  Tauro (♉), que tuvo lugar después de su muerte, está conectada con las experiencias de esta alma más allá del umbral de la muerte. El alma toma conciencia en la esfera del “M-Mercurio” de las implicaciones morales y los valores de sus relaciones y conexiones con grupos y comunidades. Los gestos del planeta en el asterograma de la muerte de Tycho Brahe sugieren que experimentó un cambio tremendo en esa esfera después de la muerte. Su sensación de “sensibilidad” se volvió muy refinada en cierto sentido, incluso resignada. Debió haberse dado cuenta de que, a través de su vida de sufrimiento en la Tierra, había preparado el camino para algo mucho más grande. Poco a poco, se convirtió en un guía espiritual e inspirador de las almas que moraban en la Tierra. Sabemos de inspiraciones definidas que procedían de él a personas de importancia histórica, y también somos conscientes de que en esta era presente puede ser consejero de almas que luchan por encontrar y cumplir la llamada interna de su destino. También puede ser experimentado como un espíritu líder de grupos, de aquellos que luchan por una unión espiritual y armonía entre los cielos estrellados y el destino terrestre. Desafortunadamente, no podemos explicar las bases de las afirmaciones anteriores. Para ello habría que realizarlo en una publicación posterior, ya que ésta necesitaría al menos un volumen.

Mercurio estaba en el signo de la eclíptica de Libra (♎), como la Luna. Consideramos los movimientos y gestos de este planeta como indicaciones de la esfera (invisible) de “Misterioso-Venus” (M-Venus). En la figura 8a y 8 b, presentamos un diagrama de estos gestos en el momento de la muerte de Tycho Brahe. Lo que dijimos antes sobre “M-Mercurio” se refiere también a “M-Venus”; solo, los ritmos son diferentes. Mercurio (M-Venus) está conectado con el desarrollo de la personalidad humana integrada, con la auto-manifestación de una persona como un ser inteligente en la familia de la humanidad. Después de la muerte experimentamos en esa esfera los aspectos morales de nuestras afiliaciones con instituciones y comunidades religiosas, filosóficas, etc.

 

f8a

 

 

f8b

 

El planeta Mercurio, que indica esta región, se situó en el signo de Libra (♎), donde también tenía una conjunción inferior con el Sol (un lazo, véase la Fig. 8a) antes de la muerte de Tycho Brahe. Con referencia al asterograma de la muerte, vemos en esto una indicación de una actitud más bien desapegada, una especie de restricción que resulta de la seguridad de su propia dignidad personal, especialmente en años posteriores. Aunque el contacto social no fue difícil, existía el deseo de mantenerse al margen de cualquier asociación con grupos, etc. Por ejemplo, no se sabe nada sobre una conexión más profunda con ninguna institución religiosa. Debe haber sido una personalidad con un fuerte sentido de independencia y autosuficiencia espiritual.

Esta tendencia al desprendimiento después de la muerte hizo posible un ascenso bastante pronunciado hacia las regiones más altas de la vida, más allá del umbral. Las indicaciones adicionales de “M-Venus”, una conjunción superior en el signo de Escorpio (♏) y un lazo o conjunción inferior en Capricornio (♑) (véase la figura 8a), sugieren que atravesó por una transformación fuerte y profunda. Su conocimiento íntimo de las estrellas y sus puntos de vista espirituales en el cosmos, lo ayudaron a preservar la conciencia en un alto grado después de la muerte. No todas las almas humanas pueden permanecer despiertas después de la muerte cuando se enfrentan a la deslumbrante luz del mundo espiritual. El cultivo de una sabiduría espiritual estelar ciertamente puede ayudar a un alma a atravesar las regiones más allá de la muerte en plena conciencia.

Finalmente, llegamos al Sol en el asterograma de la muerte de Tycho Brahe, que estaba en Virgo, o más bien a los pies de esa constelación. Las experiencias del alma después de la muerte en la esfera del Sol son bastante peculiares. El alma, en cierto sentido, se remite a la Tierra. En la Tercera Parte de Isis Sophia II, hemos descrito el gran cambio que ha tenido lugar con respecto al Sol y la Tierra. En un momento determinado, el gran líder espiritual de las jerarquías del Sol vivió en la esfera del Sol y al comienzo de nuestra era se unió a la Tierra. La humanidad cristiana llama a este espíritu el Cristo. Desde ese momento las cualidades espirituales del Sol han comenzado a funcionar dentro de la Tierra. Si las almas humanas entran a la esfera del Sol ahora, después de la muerte, la encuentran, en cierto sentido, desprovista de su gran líder espiritual, el Cristo. Solo podrán avanzar si pueden mirar hacia atrás en las experiencias del Espíritu del Sol, el Cristo, en la Tierra. No necesitan haber pertenecido a ninguna de las instituciones religiosas cristianas, pero solo pueden soportar la prueba de pasar por encima del umbral de la esfera del Sol, cuando han experimentado conscientemente en la Tierra el gran impulso de amor y hermandad de todos los seres en las que el Cristo se manifiesta. Sólo entonces el alma puede ascender a las regiones más elevadas del mundo espiritual, donde se enfrentará con su propio y verdadero “Yo” superior. Por lo tanto, la posición del Sol en el momento de la muerte indica, más bien, el camino del alma desde la Tierra a través de las regiones cósmicas y a través de la puerta del Sol al reino donde mora su propio y eterno arquetipo espiritual. En nuestras investigaciones encontramos que el alma generalmente regresa a la siguiente encarnación de la misma región donde ascendió después de la muerte precedente. Esta zona está indicada por la posición del Sol en el zodíaco en el momento de la muerte.

El Sol a los pies de Virgo en el asterograma de la muerte de Tycho Brahe nos recuerda el último gran ciclo de la evolución de la Tierra (Tercera parte de Isis Sophia II). Lo encontramos también en las visiones de Juan (San Juan). Es la imaginación en el Capítulo XII del Libro de Apocalipsis: La Mujer en el Cielo, vestida con el Sol, de pie sobre la Luna y coronada con doce estrellas, es perseguida por un poderoso dragón. Él está esperando que nazca su hijo, el “Hijo del Hombre”, porque quiere destruirlo. Entonces el Arcángel Miguel con sus huestes viene al rescate de la mujer. Se desata una poderosa batalla en el cielo, y el dragón es derrotado y destruido.

Vemos en esta imaginación la imagen del comienzo de las etapas finales de la evolución de la Tierra. La mujer en el cielo es el Alma del Mundo, de quien vive una reflexión en cada alma humana. El niño, el “Hijo del Hombre”, es el fruto espiritual de la evolución de toda la humanidad, en la medida en que apunta a la realización de las fuerzas de Cristo en cada corazón humano. Contra este nacimiento espiritual en un ser humano, resisten otras fuerzas que quieren evitar el ascenso de la humanidad a las alturas espirituales de la existencia. Quieren aferrarse a la etapa actual de un universo material, preservarlo para sus propios fines como un mecanismo gigantesco, sin vida y sin alma. Estas son las fuerzas del dragón.

La posición del Sol en el asterograma de la muerte de Tycho Brahe delata su asociación con las “huestes de Micael”, que se preparan para luchar contra el adversario de la mujer en el Cielo. Él no puede ser llamado cristiano en el sentido ordinario y convencional. El cristianismo con el que entró en la esfera del Sol 25 es mucho mayor. Su lucha por una concepción del cosmos de las estrellas como manifestación de la divinidad es, para alguien que puede ver más profundamente en el alma humana, un testigo seguro del cristianismo cósmico de Tycho Brahe. En duras batallas que se remontan a encarnaciones anteriores a esta, en la Edad Media, se abrió paso a la realización de Cristo como el gran Espíritu del Sol que descendió a la Tierra, sufrió la muerte en la Cruz y pasó por la resurrección por el bien de la salvación. Así, esta alma ha ingresado al mundo espiritual y está trabajando para un cristianismo cósmico-espiritual, que no es solo una cuestión de palabras elocuentes, sino de obras de gran alcance y penetrantes. Algún día entrará en otra existencia terrenal y se mantendrá en las filas de aquellos que luchan por preservar la vida espiritual contra las fuerzas que proclaman el agotamiento del universo y la insignificancia de la Tierra y de la humanidad, y así sucesivamente. Estos parecen ser los únicos aspectos de los que una determinada sección de la ciencia actual es capaz.

 

Traducido por Carmen Ibañez Berbel en enero de 2018.

 

 

 

 

GA60. Zaratustra

Rudolf Steiner— Berlín, 19 de enero de 1911

English version

La reencarnación ocupa un lugar principal de entre las ideas defendidas por la ciencia espiritual. La idea de que la individualidad humana tiene que manifestarse una y otra vez en una personalidad en el curso del desarrollo de la humanidad en la Tierra es en la actualidad muy poco comprendida y, además, suele ser impopular. Como hemos visto y veremos aún, surgen muchas preguntas en la ciencia espiritual, entre ellas la del significado de las repetidas vidas terrestres.

Cuando se estudia la evolución de la vida humana en la Tierra a la luz de la ciencia espiritual, nos encontramos con que hay un significado muy profundo detrás del hecho de que la individualidad humana pasa, no sólo una vez, sino muchas veces por vidas terrenales. Cada época y cada era tiene su contenido especial, sus características especiales, y todas las variadas posibilidades que ofrece tienen que ser asimiladas una y otra vez por el germen vital del hombre. Esto es posible porque el hombre, con todo lo que compone su ser, está conectado, y no una sola vez, sino una y otra vez, con la corriente viva de la evolución. Mirando esta evolución como un progreso racional en el que se van vertiendo nuevos contenidos y nuevas cualidades, empezamos a comprender el verdadero significado de esos Grandes Seres que han sido los principales espíritus y Guías de las diferentes épocas. De cada uno de estos Grandes Seres, han ido emanando cualidades nuevas y nuevos impulsos para la evolución progresiva de la humanidad, y en el curso de estas conferencias contemplaremos datos significativos que se consideran importantes relacionadas con estos líderes de la humanidad.

Hoy nuestra atención se dirige a una individualidad que, en lo que respecta a la investigación histórica, es un misterio, una individualidad perdida en oscuras épocas prehistóricas, de las cuales no existen registros documentales. Me refiero a la personalidad de Zoroastro.

Una personalidad como la de Zaratustra, cuyos dones a la humanidad en la medida en que se conservan para nosotros, parece tan extraña para la época actual, hace que nos demos cuenta de las grandes diferencias que surgen en la suma total de la naturaleza humana en las distintas épocas. Una opinión superficial podría afirmar que desde que el hombre ha sido hombre, ha pensado, sentido y concebido las ideas de la moral tal y como lo hace hoy en día. Pero la Ciencia Espiritual nos muestra que la vida del alma humana y la naturaleza del pensamiento, el sentimiento y la voluntad del hombre, han sufrido grandes cambios en el curso de la evolución humana. La conciencia humana en los tiempos antiguos era de naturaleza muy diferente, y tenemos razones para creer que, en el futuro, pueden alcanzarse otras etapas de la conciencia, también muy diferentes de la conciencia normal de hoy en día.

Cuando dirigimos nuestra atención a Zaratustra, debemos mirar hacia atrás durante un periodo de tiempo infinitamente largo. Es cierto que algunos investigadores modernos han fijado el tiempo de Zaratustra como contemporáneo al Buda, lo que significaría que habría vivido hace unos cinco o seis siglos antes de la era cristiana. Sin embargo, es significativo que los historiadores modernos, después de una cuidadosa investigación de las tradiciones referentes a Zaratustra, se han visto obligados a indicar que la personalidad oculta bajo el nombre de “Zaratustra”, el fundador original de la religión persa, se debe colocar un gran número de siglos antes de Buda.

Historiadores griegos han señalado reiteradamente que Zaratustra debería de haber vivido unos cinco o seis mil años antes de la guerra de Troya. Estamos preparados para afirmar que la investigación histórica, aunque involuntariamente, con el tiempo se verá obligada a admitir que la tradición griega es correcta en lo que respecta a la época en que Zaratustra vivió. La Ciencia Espiritual, que se basa en el conocimiento interior, está de acuerdo con la tradición griega, y por ello es razonable indicar que Zaratustra, viviendo como lo hizo miles de años antes del nacimiento del cristianismo, se enfrentaba a una conciencia completamente diferente de la del presente.

Muchas veces he señalado, y voy a insistir en ello, que la conciencia humana en la antigüedad estaba ligada a ciertos estados de ensueño, o estados de antigua clarividencia, en su vida humana normal. El hombre primitivo no contemplaba el mundo con las definidas fuertes y claramente percepciones sensoriales de hoy en día. La mejor manera de entender lo que el hombre de aquellos tiempos primigenios llevaba a su conciencia sobre su medio ambiente, sería si pensamos de la conciencia antigua como en un último remanente todavía en sueños. Todo el mundo sabe cómo las imágenes del sueño aparecen y desaparecen, cómo surgen y se desvanecen. Para la conciencia actual serían imágenes oníricas en su mayor parte, reminiscencias sin sentido del mundo exterior. Aunque mezcladas con estados superiores de conciencia, serían incomprensibles para los hombres de nuestro tiempo. Imágenes, siempre cambiantes, cuadros, símbolos equivalentes a nuestra conciencia de sueño. Todo el mundo ha experimentado cómo un incendio, por ejemplo, se simboliza en un sueño. Piense en la diferencia entre un sueño y la conciencia de vigilia ordinaria. Así de esa manera ese estado de sueño representaría el remanente de la conciencia primitiva del hombre. Entonces el hombre vivía en un mundo de imágenes, imágenes no vagas ni vacías, pero partiendo de un mundo real externo. En este sentido antiguo había estados intermedios entre la vigilia y el sueño y en estos estados el hombre estaba cara a cara con el mundo espiritual. El mundo espiritual en realidad entraba en su conciencia. Hoy en día la puerta hacia el mundo espiritual está bloqueada en contra de la conciencia normal del hombre, pero ese no fue el caso en los tiempos antiguos, porque entonces entraba en los estados intermedios entre la vigilia y el sueño cuando el mundo espiritual se le aparecía en imágenes oníricas. En estas imágenes oníricas veía el trabajo y el tejido del espíritu que estaba detrás del mundo físico de los sentidos. Tenía la experiencia directa del mundo espiritual, aunque ya para el tiempo de Zaratustra esto ya era confuso y oscuro. Un hombre de la antigüedad podría decirse a sí mismo: “Yo veo el  mundo físico exterior y la vida sensible, pero también tengo experiencias y percepciones en un estado diferente de conciencia, y sé que hay otro mundo detrás del mundo de los sentidos, un mundo espiritual”.

La evolución consiste en que para ser adquirida una facultad tiene que ser a expensas de otra, y así fue como las épocas fueron tomando su curso, la facultad de que el hombre tomase posesión de la comprensión del mundo espiritual se fue apagando paulatinamente. Nuestras facultades de claro razonamiento cognoscitivo, nuestro actual pensamiento lógico que consideramos como la característica más importante de la cultura moderna, no existían en aquellos tiempos. Tenían que ser desarrollados por el hombre en la época a la que entonces pertenecían, a expensas de la antigua conciencia clarividente. La conciencia clarividente tendrá que ser cultivada de nuevo en la futura evolución de la humanidad, pero de una manera diferente. Tiene que ser añadida a la conciencia puramente física que está ligada a la facultad de la lógica intelectual. Puede rastrearse un aumento y una caída en la evolución de la conciencia humana y vemos en ella un profundo propósito en el desarrollo del hombre.

La antigua conciencia descrita anteriormente se remonta a una época prehistórica de la que no hay pruebas documentales. Zaratustra pertenece a esta época de la que, hasta ahora, no hay tradiciones históricas que hayan llegado hasta nosotros. Fue una de las principales personalidades que dieron un estímulo para dar grandes pasos adelante en la civilización de la humanidad. Sea cual sea el nivel de la conciencia humana en cada momento, es necesario recurrir a estas personalidades como fuente de lo que podemos llamar la iluminación, la iniciación en los misterios superiores del universo. Entre estas personalidades estuvieron Hermes, Buda y Moisés, así como también Zaratustra, a quien vamos a estudiar en el curso de estas conferencias.

Zaratustra vivió por lo menos ocho mil años antes de nuestra era actual, y los dones a la civilización que fluyeron de su espíritu ilustrado brillan claramente a través de los siglos. Los que penetran en las corrientes internas de la evolución humana pueden detectarlo incluso después de este lapso de tiempo. Zaratustra fue uno de aquellos cuya alma había experimentado la Verdad, la Sabiduría y la Intuición en una medida que trasciende con mucho la conciencia normal de la época. En aquella parte de la Tierra que más tarde fue conocida como el Imperio Persa, Zaratustra proclamó poderosas verdades procedentes de los mundos suprasensibles, de regiones que se encuentran muy por encima de la conciencia normal de los hombres de aquel tiempo.

 

Si queremos entender el significado de las enseñanzas de Zaratustra, debernos darnos cuenta de que su misión fue comunicar una determinada concepción del universo a un segmento particular de la humanidad, mientras que otras corrientes tuvieron, por así decirlo, una misión diferente en la cultura humana. La personalidad de Zaratustra es aún más interesante para nosotros, en cuanto que él vivió en una parte del mundo directamente colindante por su lado sur con otra tierra cuyo pueblo transmitió a la humanidad un sistema de espiritualidad completamente diferente. Me refiero a los pueblos de la India, de la cual surgieron los poetas védicos. La región impregnada con el poderoso impulso de Zaratustra se encuentra al norte de la tierra de la que salió la gran enseñanza de Brahma. El mensaje de Zaratustra al mundo fue fundamentalmente diferente de las enseñanzas Brahmánicas de los grandes líderes de pensamiento de la antigua India. Estas enseñanzas de la India han llegado hasta nosotros en los Vedas, y en la profunda filosofía del Vedanta, de las cuales las revelaciones de Buda representan, por así decirlo, el esplendor final.

Vamos a establecer la diferencia entre estas dos corrientes de pensamiento: la que procede de Zaratustra y por el otro lado las enseñanzas antiguas de la India, teniendo en cuenta que el hombre puede alcanzar el mundo espiritual aproximándose a lo largo de los dos caminos. Hay dos maneras en las que podemos elevar los poderes internos del alma por encima de su nivel normal, para que podamos pasar del mundo de los sentidos al mundo suprasensible. Una de ellas es penetrando profundamente en nuestras almas, sumergiéndonos, por así decirlo, en nuestro ser interior. El otro camino está detrás de los velos que se extienden alrededor de nosotros por el mundo físico. Ambos caminos llevan al mundo suprasensible. Si en las experiencias íntimas de la vida del alma profundizamos en nuestros sentimientos, ideas e impulsos de manera que las potencias del alma se hacen más y más fuertes, podremos descender místicamente hasta el “Yo” (el Ser). Al pasar por esa parte de nuestro ser que pertenece al mundo físico, podemos encontrar nuestra verdadera esencia espiritual, la esencia imperecedera que pasa de una encarnación a otra. Al atravesar el velo del ser interno con todos los deseos, las pasiones y las experiencias interiores del alma (que son sólo una parte de nosotros en la medida en que vivimos en un cuerpo físico) podemos entonces llegar a nuestra esencia eterna y entrar en el mundo del espíritu. Por otro lado, si desarrollamos poderes que no sólo perciben el mundo físico con sus sentidos, colores, sensaciones de calor y frío —si fortalecemos nuestros poderes espirituales de tal forma que puedan penetrar el velo que rodea al color, sonido, calor, frío y otros fenómenos físicos— entonces el fortalecimiento de nuestras fuerzas espirituales llegará hasta los mundos suprasensibles, extendiéndose ante nosotros en distancias ilimitadas hasta el infinito. La primera forma es la de la mística y la segunda el camino de la Ciencia Espiritual. Fue en una u otra de estas dos formas en las que los grandes maestros alcanzaron las revelaciones de la verdad que tenían que inculcar a la humanidad como base de la cultura.

En los tiempos primitivos de la evolución de la humanidad sucedió que sólo una de las dos formas estuvo abierta a un pueblo en particular. Sólo más tarde, en la época griega (coincidiendo con el inicio de la era cristiana) se hizo que estas dos corrientes se mezclaran  y poco a poco se convirtieran en una sola corriente de la cultura. Cuando se habla de la ascensión a los mundos superiores, es correcto afirmar que el hombre que iba a realizar ese ascenso debía, en cierta medida, desarrollar los dos tipos de poderes espirituales dentro de su alma, los poderes místicos de la vía interior del yo y los poderes desarrollados por la ciencia espiritual, ya que ésta penetra en el mundo exterior. Hoy en día estos dos caminos ya no están estrictamente separados el  uno del otro, ya que es parte del propósito de la evolución humana que las dos corrientes se deben cumplir. Antes de las épocas griega y cristiana estos dos métodos de desarrollo fueron practicados por los diferentes pueblos que viven en regiones no muy distantes en el espacio. Encontramos rastros de ellos en la cultura de la antigua India, en las canciones védicas y en la civilización Zaratustriana hacia el Norte. Todo lo que tanto admiramos en la cultura de la India antigua —que más tarde encontró su expresión en el budismo— todo esto se logra a través de la contemplación interior, apartándose del mundo exterior. El ojo tenía que ser insensible al color físico, el oído al sonido físico, los sentidos tenían que alejarse de las impresiones exteriores, y, finalmente, tras fortalecer sus poderes anímicos interiores, el hombre alcanzaba a Brahma. En Brahma, el hombre se sintió unido con el ser interior del Cosmos, el movimiento y creatividad. Y así fue como surgió la doctrina de los santos Rishis, que desembocó en los Vedas y vivió en la filosofía Vedanta y en el budismo.

En cuanto a las vías y resortes de las enseñanzas de Zaratustra, él dictó a sus discípulos el secreto de cómo reforzar las fuerzas de comprensión con el fin de penetrar el velo del mundo exterior de los sentidos. Zaratustra no enseñaba al igual que los místicos de la India que decían: “Aléjate de colores y sonidos y de todas las impresiones exteriores de los sentidos, y busca el camino hacia los mundos espirituales en su totalidad por medio de la contemplación interior, en la vida de tu propia alma”.

Por el contrario, Zaratustra enseñaba así: “Fortalece las facultades de conocimiento y la comprensión de todo lo que vive, ya sea vegetal o animal; entiende todas las cosas que viven en el aire y el agua, en las alturas de las montañas o en los valles. ¡Hazte con el mundo!”. Sabemos que para el místico hindú, este mundo era Maya, ilusión; y se apartó de él con el fin de encontrar al Brahmán, pero Zaratustra enseñó a sus discípulos a penetrar en el mundo a través de la comprensión y a sentir, por detrás del reino exterior de los fenómenos físicos, la realidad de un poder espiritual, activo y creativo. Este es el otro camino.

Es notable cómo estos dos caminos convergen en la época griega, donde la comprensión de las cosas espirituales era mucho más profunda de lo que es en nuestro tiempo. Esta comprensión se expresa en imágenes simbólicas, en la mitología. Las dos corrientes de pensamiento, el camino místico al ser interior y el otro que lleva al cosmos exterior, se mezclaron en la cultura griega. Una corriente derivaba su nombre del Dios místico Dionisio, el ser misterioso que se encontraba cuando el hombre descendía más y más profundamente en su ser interior y allí descubría al elemento sub-humano que antes no conocía, y del cual evolucionó a la plena humanidad. A este elemento, todavía sin purificar, aún animal en parte, se le conoce con el nombre de Dionisio. El otro elemento, en el que los ojos del espíritu vieron los fenómenos del mundo físico, fue conocido por el nombre de Apolo[1]. Así nos encontramos con las enseñanzas de Zaratustra expresadas en el culto de Apolo, así como con la doctrina mística de la contemplación en el culto a Dionisos en Grecia. En la antigüedad, estas dos corrientes surgieron por separado, pero en los cultos apolíneos y dionisíacos ambos estaban unidos y mezclados. Si nosotros, en nuestra cultura moderna, nos sometiésemos a un verdadero entrenamiento espiritual, podríamos volver a experimentar a los dos en uno.

Nietzsche tenía una idea de la diferencia significativa entre los cultos de Apolo y Dionisos. Es cierto que no entró muy profundamente en el asunto, pero en su primer ensayo “El nacimiento de la tragedia desde el espíritu de la música”, muestra que los cultos apolíneos y dionisíacos de la antigua Grecia se representan por un lado, en la mística actual, y por el otro en la corriente que ahora se expresa a través de la Ciencia Espiritual.

Zaratustra enseñó a sus discípulos a ver el Espíritu detrás de cada fenómeno físico. Toda la civilización inspirada en él se basó en este principio. Ahora bien, no basta con decir que detrás del mundo de los sentidos está lo divino-espiritual. El hombre puede pensar que ha descubierto una gran verdad  ahí, pero ello no conduce a nada, sino a un vago panteísmo[2]. Podemos pensar que expresarnos una verdad cuando decimos: “Dios está actuando detrás de cada fenómeno físico”, pero eso no es más que la concepción de un poder espiritual nebuloso detrás de todas las cosas físicas. Un maestro, como Zaratustra, que en realidad había ascendido al mundo espiritual, no hablaba con esta terminología abstracta y vaga a sus discípulos y a su pueblo. Él demostró que, cuanto más diferentes son los fenómenos físicos individuales, la esencia espiritual detrás de ellos es a la vez más evidente, a otro nivel. Él enseñó cómo detrás del Sol físico -origen de toda vida y actividad- está el centro de la vida espiritual.

Vamos a tratar de condensar en un lenguaje sencillo las doctrinas que Zaratustra trató de inculcar a sus discípulos. El habló así: “El hombre, tal como lo percibimos, no sólo está formado por un cuerpo físico, pues ese cuerpo físico no es sino la manifestación exterior del Espíritu. Así como el cuerpo físico no es sino la cristalización manifiesta de lo espiritual en el hombre, el Sol, en la medida en que es un cuerpo de materia luminosa, no es más que el cuerpo exterior de un Sol espiritual”. A la parte espiritual del hombre se le llama el “Aura” —o “Ahura”, para usar la antigua expresión— a diferencia de su cuerpo físico, y en el mismo sentido la parte espiritual del Sol físico puede ser llamada el “Gran Aura” ya que lo abarca todo. Zaratustra llama a lo que está detrás del Sol físico, Aura Mazdao Ahura Mazdao, el gran Aura. Todas las experiencias espirituales y las condiciones están vinculadas con esta esencia espiritual detrás del Sol, así como la existencia y el bienestar de las plantas, los animales y todo lo que vive en la Tierra están vinculados con el Sol físico. Detrás del Sol físico vive el espíritu del Señor y Creador, Ahura Mazdao. Esta es la derivación del nombre “Ormuz”, el Espíritu de la Luz. Mientras que los hindúes buscaron místicamente en el interior para encontrar a Brahma, el Eterno, que brilla como un centro luminoso en el hombre, Zaratustra señaló a sus discípulos a la gran periferia, mostrándoles que el poderoso Espíritu del Sol, Ahura Mazdao, el Espíritu de la Luz, habitaba en el cuerpo físico del sol. Ahura Mazdao tenía que enfrentarse a su enemigo —Ahriman, el Espíritu de las Tinieblas— al igual que el hombre, que lleva dentro de sí a los enemigos de sus buenos impulsos, se esfuerza por elevar a su verdadero ser espiritual a la perfección, y tiene que luchar contra sus bajas pasiones, deseos, y las imágenes engañosas de la mentira y la falsedad.

Zaratustra fue capaz de transmutar su concepción del universo desde la mera doctrina hasta el sentido real, la visón real. Y así fue capaz de enseñar a sus discípulos que dentro de ellos había un principio activo de perfección. Cualquiera que fuera su desarrollo les enseñó a darse cuenta de que este principio de perfección podría hacerles ascender a estados cada vez más altos de la existencia. Les enseñó que las pasiones y deseos, la mentira y el engaño dentro del alma dan lugar a la imperfección. Zaratustra muestra los ataques que se le hacen a Ahura Mazdao en el mundo exterior por el principio de la imperfección, por el mal que ensombrece a la luz, por Angra Mainyu-Ahriman.

Los discípulos de Zaratustra pudieron así darse cuenta de que el gran universo se refleja en cada individuo. El verdadero significado de esta doctrina no radica en sus conceptos teóricos e ideas, sino en la sensación que provocó en el hombre, un sentimiento que le enseñó su relación con el universo y le hizo capaz de decir: “Aquí estoy yo, un pequeño mundo, pero un mundo que siendo pequeño es una réplica del gran mundo. En los seres humanos, el principio de la perfección se opone al mal; en el gran universo, Ormuz y Ahriman se enfrentan uno al otro. Todo el universo es, por así decirlo, un hombre grande que ha crecido inconmensurablemente y las más altas fuerzas humanas son Ahura Mazdao. Su enemigo es Ahriman”.

Si el hombre dirige su atención verdaderamente al mundo físico finalmente tiene que descubrir que todos los fenómenos son parte del gran proceso cósmico, y se llena de temor cuando la observación celestial le pone de manifiesto el hecho de que las mismas sustancias que existen en la Tierra existen también en las más lejanas estrellas. A la luz de las enseñanzas de Zaratustra, el hombre siente en su ser espiritual que forma parte del espíritu de todo el Universo, y siente que emana de ese Espíritu. En esto radica la gran importancia de su doctrina.

Tal enseñanza no es abstracta sino muy concreta. Incluso cuando la gente de nuestro tiempo tiene un cierto sentimiento de lo espiritual detrás del mundo físico, es muy difícil hacer que se den cuenta de que necesariamente debe de haber más que un poder espiritual central. Pero así como hay diferentes fenómenos naturales: temperatura, luz, fuerzas químicas y otras similares, de la misma forma hay diferentes órdenes de poderes espirituales inferiores, fuerzas subordinadas cuyo ámbito de actividad es más limitado que el de aquel poder omnímodo que todo lo abarca. Zaratustra hizo una distinción entre Ormuz y otros seres espirituales inferiores, que eran sus servidores. Antes de pasar a considerar a estos seres espirituales inferiores, démonos cuenta de que la doctrina de Zaratustra no es el dualismo simple, una enseñanza de los dos mundos, de Ormuz y de Ahriman. Él enseñó que detrás de estas dos corrientes en el universo hay un poder de donde proceden ambos, el reino de la luz (Ormuz) y el reino de las tinieblas (Ahriman). Antiguos escritores griegos nos dicen que la unidad detrás de Ormuz y Ahriman era adorada por los antiguos persas, como la Unidad Viviente, pero es difícil recrear esa idea hoy en día. Zaratustra llama a esto Akarene Zervane, lo que está detrás de La Luz. Para poder llegar a una concepción del significado de esto, pensemos en el curso de la evolución. Debemos concebir toda la creación como un viaje hacia la perfección cada vez mayor, de modo que si miramos hacia el futuro, el Ahura de Ormuz crece más y más en claridad. Mirando hacia el pasado, vemos a los poderes ahrimánicos en oposición a Ormuz, y en el transcurso del tiempo, sin embargo, su existencia habrá de cesar. En todas estas cosas, debemos entender que una observación del futuro y del pasado conduce al mismo punto. Es muy difícil para el hombre de hoy darse cuenta de esto. A modo de ilustración pensemos en un círculo. Si empezamos por el punto más bajo y pasamos a lo largo de un lado llegamos al contrario, al punto más alto. Si se pasa a lo largo del otro lado, también se llega al mismo punto. Si ampliamos el círculo, tenemos que seguir avanzando, y la curva del arco se hace más plana y más plana. Dibuja el círculo más grande y más grande, y el arco finalmente se convierte en una línea recta, a partir de entonces las dos líneas llevan hasta el infinito. Pero antes de esto, con un círculo más pequeño, llegamos al mismo punto a lo largo de ambos lados. ¿Por qué no suponer que el mismo resultado se obtiene cuando los lados del círculo son planos y sus líneas rectas? En el infinito, el punto entonces debe seguir siendo el mismo en un lado como en el otro. Por lo tanto para concebir el infinito, podemos imaginar una línea continua indefinidamente en ambos lados, lo cual constituye, en efecto, un círculo.

Esto es una concepción abstracta de lo que subyace en la doctrina Zaratustriana de la Zervane Akarene, esto es, la Zaruana Akarana. Tomando el concepto del tiempo, mira hacia el futuro por un lado, y al pasado por el otro. El tiempo, sin embargo, está soldado en un círculo; la terminación se lleva  a cabo en el infinito. Esto se representa simbólicamente como la serpiente que se muerde su propia cola, en la serpiente del Poder de la Luz que crece más y más brillante, que se teje por un lado, y por el otro el Poder de las Tinieblas, que parece crecer más y más profundamente. Mientras nosotros permanecemos en el centro, Ormuz y Ahriman, la luz y la sombra, se entremezclan, y en todo esto se teje el autónomo y misterioso “Zaruana Akarana”, el Tiempo.

Esta antigua concepción del universo no se limita a indicar vagamente: “Fuera y por detrás del mundo de los sentidos, que actúa sobre los ojos y los oídos, está el Espíritu”. Sino que una especie de alfabeto, lo que son los registros del mundo espiritual, fue revelado. Supongamos que hoy en día tenemos una página de un libro. Vemos en ella las letras y construimos palabras de estas letras, pero primero tenemos que haber aprendido a leer. Los que no han aprendido a leer en sentido espiritual, no pueden entender a Zaratustra, no pueden leer el sentido de su enseñanza, sino que simplemente ven signos y símbolos. Sólo aquellos que saben cómo construir estas señales en una doctrina a la que sus almas responden, pueden entender a Zaratustra.

Ahora bien, detrás del mundo de los sentidos, en la agrupación ordenada de las estrellas, Zaratustra percibió una escritura simbólica en el espacio cósmico. Así como tenemos un alfabeto escrito, Zaratustra vio en los mundos estelares del espacio, una especie de alfabeto de los mundos espirituales, un lenguaje mediante el cual se convirtió en articulado. Así surgió la ciencia de penetrar en el mundo espiritual y la lectura e interpretación de las constelaciones. Sabía también la forma de descifrar los signos en que los espíritus cósmicos inscriben sus actividades en el espacio. Su lenguaje era la agrupación y el movimiento de las estrellas. Zaratustra y sus discípulos vieron que Ahura Mazdao crea y se manifiesta mediante la descripción de un círculo aparente en los cielos, en el mismo sentido que nuestra Astronomía, y este círculo era para ellos el signo externo de la forma en que Ormuz manifestaba su actividad al hombre. Zaratustra mostró -y esto es un punto muy importante- que el zodiaco es una línea que vuelve sobre sí misma, formando un círculo como expresión de la rotación del Tiempo. En el sentido más elevado, enseñó que, mientras una rama del Tiempo se adelanta hacia el futuro, la otra se vuelve hacia atrás hacia el pasado. Zaruana Akarana, la línea auto-contenida del Tiempo, el círculo descrito por Ormuz, el Espíritu de Luz, es lo que más tarde fue llamado el Zodiaco. Esto es expresión de la actividad espiritual de Ormuz. El curso del Sol a través del Zodiaco es la expresión de la actividad de Ormuz. El Zodiaco es la expresión de Zaruana Akarana. Y Zaruana Akarana y el Zodiaco son una y la misma palabra, como Ormuz y Ahura Mazdao. Y hay dos cosas que aquí deben ser recordadas.

Cuando el Sol pasa en verano a través de la luz, sus plenos poderes caen sobre la Tierra, son las fuerzas de la luz espiritual enviadas por Ormuz desde su reino de luz. Los signos del zodíaco a través de los cuales pasa Ormuz en verano o durante el día revelan su actividad sin verse obstaculizados por Ahriman. Los signos del Zodíaco en el horizonte son símbolo del reino de la sombra a través del cual pasa Ahriman. ¿Cuáles, entonces, son las expresiones de Ormuz (que representa a la parte clara del Zodíaco) y de Ahriman (la parte oscura), en su actividad en la Tierra?

zodiacohumano

 Hay una diferencia entre la influencia del Sol en la mañana y al mediodía. Cuando Ormuz asciende desde Aries a Tauro, el efecto de sus rayos no es lo mismo que cuando está descendiendo. Sus rayos difieren tanto en verano como en invierno y se diferencian con cada signo a través del cual pasa el Sol. El curso del Sol a través de los signos del zodíaco reveló a Zaratustra las múltiples facetas de la actividad de Ormuz, y vio aquí las expresiones de los seres espirituales que son, por así decirlo, los servidores, los “hijos” de Ormuz, quienes ejecutan sus órdenes. Estos poderes subordinados, cada uno con su propia actividad especial, son los “Amschaspands” o “Pentas Ameschas”. Mientras que Ormuz representa la actividad colectiva del Zodiaco, los Amschaspands tienen que realizar las actividades especializadas que se expresan en la radiación del Sol desde Aries, Tauro, Cáncer, y así sucesivamente. La actividad de Ormuz se expresa en la irradiación del Sol a través de todos los signos de la luz del zodiaco de Aries a Libra o Escorpio. Según Zaratustra, Ahriman trabaja desde el centro de la Tierra, desde la oscuridad donde habitan,sus siervos, los Amschaspands, y son los adversarios de los genios buenos que rodean a Ormuz. Zaratustra distinguió doce tipos de seres espirituales, seis o más bien siete, en el lado de Ormuz, y seis, o más bien cinco, en el lado de Ahriman. Se les simboliza como genios buenos y genios malos, o espíritus serviles, en función de si el curso del Sol pasa  por los signos del zodiaco de luz o por los signos oscuros. Goethe estaba pensando en estos ayudantes de Ormuz, cuando escribió al principio del Fausto, en el Prólogo del Cielo:

 

 

“Pero vosotros, puros hijos de Dios,

Disfrutad de la belleza eterna:

Dejad que lo que siempre opera y vive

Os encierre dentro de los límites de su amor,

Y se apodere de pensamientos dulces y melancólicos

Fantasmas al frente de su hermosura”.

 

Los Amschaspands de Zaratustra son los mismos seres a los que Goethe se refiere como los “hijos puros de Dios”, que sirven al más alto Poder Divino.

Hay doce Amschaspands o genios, y a continuación hay otros poderes espirituales de los cuales la enseñanza de Zaratustra distingue veintiocho grados. El número es aproximado, ya que varía entre los veinticuatro, veintiocho, y treinta y uno. Estos poderes subordinados se llaman Izerads o Izods. ¿Qué clase de seres son? Si pensamos en los Amschaspands como las doce grandes potencias en el espacio, a continuación los Izods son las fuerzas subordinadas que están detrás de las actividades más bajas de la Naturaleza, y de éstos  hay entre veinticuatro y treinta y uno. Hay todavía un tercer grupo de poderes espirituales, poderes que, en nuestro sentido, no son muy activos en el mundo físico como tal. Zaratustra les llama Ferruhars o Frawashars. Las doce fuerzas detrás de las cuales viven los Amschaspands están activas en todas las actividades físicas de la luz sobre la Tierra: detrás de los Izods debemos imaginar a las fuerzas que afectan al reino animal. Los Frawashars deben ser considerados como los seres espirituales que guían las almas de grupo de los animales.

Así, Zaratustra vio un mundo real suprasensible detrás del mundo de los sentidos: primero Ormuz y Ahriman, detrás de ellos Zaruana Akarana, y por debajo de ellos los Amschaspands, buenos y malos. Ahora, ¿cuáles son los Izods y Frawashars? Según Zaratustra son la esencia espiritual que impregna el macrocosmos, la esencia de la vida de los fenómenos físicos externos que percibimos con nuestros sentidos. El hombre, tal y como él está en el mundo, es una réplica de este mundo superior, y por tanto contiene dentro de sí todos los poderes que dan alma al mundo superior. Así como hemos reconocido a Ormuz en la lucha del hombre hacia la perfección, y a Ahriman en los instintos impuros del hombre y de sus impulsos, así también podemos encontrar en el hombre la huella de otros seres espirituales, los genios menores.

Y ahora tengo que hablar de algo que hoy en día puede parecer extraordinario a las concepciones habituales mantenidas por el hombre sobre el Cosmos. No está muy lejos, sin embargo, el tiempo en que la ciencia externa descubrirá que hay elementos suprasensibles detrás de todos los fenómenos físicos, un mundo espiritual que está detrás del mundo de los sentidos. Entonces se dará cuenta de que el cuerpo físico del hombre en todas sus partes, es una imagen de todo el Cosmos. El Cosmos se derrama y se densifica en el cuerpo físico del hombre. Por lo tanto, de acuerdo con la concepción de Zaratustra -que se parece mucho a la de la Ciencia Espiritual- podemos decir que tanto Ormuz como Ahriman trabajan sobre el hombre: Ormuz como el impulso hacia su  perfección, y Ahriman como el impulso en oposición al mismo. Pero las actividades espirituales de los Amschaspands también actúan sobre el hombre. Tenemos que pensar de estos seres, hasta ahora densificados en el hombre, que son físicamente manifiestos.

En el tiempo de Zaratustra no había, por supuesto, ciencia de la anatomía en nuestro sentido de tal expresión, pero él y sus discípulos, dentro de su concepción espiritual del mundo, vieron a las doce corrientes de Amschaspands como una realidad. Vieron estas corrientes que fluyen hacia el hombre y su acción sobre él. La cabeza humana era para ellos la expresión visible de las actividades de las siete corrientes buenas de Amschaspands, así como de las cinco malas. ¿Cómo se expresa esta verdad en el momento actual? Hoy en día, el anatomista ha descubierto la existencia de doce pares de nervios craneales que se repiten en el cuerpo. Estas son las contrapartes físicas, las corrientes congeladas, por así decirlo, de los Amschaspands. Hay doce pares de nervios y por medio de ellos el hombre puede alcanzar la máxima perfección, o hundirse en el mayor de los males. Así, la enseñanza espiritual dada por Zaratustra a sus discípulos aparece de nuevo, materializada, en nuestra época. La gente puede considerar una fantasía por parte de la Ciencia Espiritual decir que Zaratustra se refería a los doce pares de nervios craneales cuando enseñó acerca de los Amschaspands, pero el mundo tendrá mucho que aprender de esto, pues un día constatará que todo el tejido del Cosmos en movimiento actúa continuamente sobre el hombre. Las antiguas enseñanzas de Zaratustra están siendo revividas de hecho en la fisiología moderna.

Los veintiocho a treinta y uno Izods ocupan la misma posición subordinada a los Amschaspands al igual que los veintiocho nervios de la espina dorsal actúan con relación a los nervios del cerebro. Los nervios espinales que estimulan la vida del alma del hombre son creados desde afuera por las corrientes espirituales de los Izods, ellos actúan en nosotros y se cristalizan, por así decirlo, en los nervios espinales. Y en cuanto a aquello que no pertenece a la naturaleza de los nervios, pero que nos hace individuos, que no es introducido desde fuera, sino que vive dentro, ahí viven los Frawashars o Ferruhars. Ellos viven en esos pensamientos que trascienden la actividad meramente física del cerebro y los nervios.

Hay una notable conexión entre las tendencias de nuestro tiempo y las doctrinas que Zaratustra dio en imágenes espirituales que fluyen tras el velo del mundo de los sentidos. Sin embargo hay una cosa importante a tener en cuenta. Las enseñanzas de Zaratustra influyeron en el pensamiento de la gente por mucho tiempo y posteriormente pasaron a segundo plano. A veces fue el camino místico de pensamiento el que predominó, a veces lo oculto tras el pensamiento griego mantuvo unidas en cierta medida a las dos corrientes. Hoy en día parece que hay una tendencia a la vía mística. Muchos se sienten atraídos hacia el ocultismo de la India con su tendencia a la introspección, y esto explica el hecho de que en la vida espiritual de hoy en día se preste poca atención a las características esenciales de las doctrinas de Zaratustra. Aunque todavía hay mucho del pensamiento antiguo persa en nuestra propia vida espiritual, sin embargo, en cierto sentido, sus características más esenciales, la esencia misma de la doctrina de Zaratustra, se ha perdido en nuestra época. Cuando nos damos cuenta una vez más que las enseñanzas de Zaratustra son los prototipos espirituales de innumerables ejemplos de la investigación física, la nota clave de nuestra cultura de hoy será reemplazada por otra.

Ahora bien, una característica importante en casi todas las otras corrientes místicas de la cultura no se encuentra en la religión de Zaratustra, y la razón de esto es que su preocupación total se dirige a los fenómenos macrocósmicos. Otros sistemas religiosos han acentuado los contrastes presentados por la división de los sexos. Y mientras en los sistemas religiosos más antiguos las diosas y los dioses son símbolos contrastados de las dos corrientes que actúan en el mundo, la religión de Zaratustra eleva por encima de esta concepción los símbolos del Bien como luz y del Mal como oscuridad. Y la razón, de ello es la pureza sublime de esta religión y su nobleza, que se eleva por encima de las ideas que desempeñan un papel desagradable en cualquier esfuerzo que profundice en la vida del pensamiento de nuestro tiempo. Incluso los escritores griegos declararon que la más alta divinidad tuvo que crear forzosamente a Ahriman, así como a Ormuz con el fin de que pudiera existir el contraste necesario. Esto implica que un poder primordial fue creado en perjuicio del otro. En la religión hebrea, la mujer, Eva, fue el símbolo del mal que vino a este mundo, mientras que en la religión de Zaratustra no existe ningún elemento de antagonismo sexual. Las cosas desagradables que hoy en día entran en tan gran medida en nuestra literatura actual, se introducen en nuestros pensamientos y sentimientos y así acentúan desagradablemente las principales causas de enfermedad y salud, sin afectar a los elementos esenciales de la vida, y todo esto desaparecerá cuando la “heroica” concepción de Ormuz y Ahriman sea entendida, cuando la verdadera influencia Zaratustriana se propague en la cultura actual, vestida con las palabras de su gran fundador.

Estas cosas siguen su propio camino en el mundo y nada puede detener el progreso de la verdad inherente a la cultura de Zaratustra. Si seguimos el progreso de la cultura en Asia Menor, hasta los últimos tiempos entre los asirios, babilonios, egipcios, e incluso hasta la era cristiana, encontramos las huellas de conceptos derivados de la iluminación del gran Zaratustra. Y no nos vamos a extrañar del punto de vista expresado por un escritor griego, de que los grandes líderes espirituales de las razas impartieron a la gente parte de una futura cultura de la que se encontraban necesitados. Este escritor griego señalaba a Pitágoras mostrando lo que había aprendido de sus grandes predecesores —Geometría de los egipcios, aritmética de los fenicios, astronomía de los caldeos— y cómo él se había vuelto a las doctrinas de Zaratustra para aprender de ellas la enseñanza sagrada de las relaciones del hombre con el mundo espiritual y del desarrollo verdadero de la vida. El mismo autor afirma que la conducta de vida establecida por Zaratustra conducía al hombre por encima de todos los conflictos menores, ya que todos ellos culminaban en el gran conflicto entre el Bien y el Mal, donde la victoria sólo puede ser adquirida por medio de la purificación del mal, de la mentira y de la falsedad. El peor enemigo de Ormuz llevaba el nombre de “calumnia”, una de las cualidades principales de Ahriman. El escritor griego nos dice que Pitágoras no pudo encontrar la más alta idea moral (la purificación moral del hombre) entre los egipcios, de quienes aprendió geometría, ni entre los fenicios de quienes aprendió aritmética, ni entre los caldeos de quienes aprendió la Astronomía; pero que tuvo que recurrir a los seguidores de Zaratustra para entender la concepción heroica del universo, ya que la purificación por sí sola puede vencer al mal. Esto demuestra el alto valor dado a las nobles enseñanzas de Zaratustra en los tiempos de la antiguedad.

Lo que he dicho puede ser ilustrado con citas de documentos históricos. Plutarco, por ejemplo, dice que Zaratustra enseña el culto de la luz porque la luz es el factor más importante para el bienestar de la Tierra y el más alto factor espiritual es la Verdad. Ello está completamente de acuerdo con lo que se ha dicho.

Pero volvamos de nuevo a las concepciones védicas antiguas. Ellas fueron el resultado de un descenso místico hasta el ser interior. Antes de que el hombre pueda penetrar en la luz interior de Brahma, se encuentra con sus propias pasiones, con sus impulsos salvajes y semi-humanos, pues éstos se oponen a su entrada en la verdadera vida del espíritu y el alma. Los místicos de la India se dieron cuenta de que la unión mística con Brahma sólo podría ser alcanzada mediante la eliminación de todas las impresiones del mundo físico, y de que las llamadas sensuales de colores y sonidos tenían que cesar. En tanto que estos elementos entrasen en la meditación, los opositores a la consecución de la perfección estarían ahí presentes. El místico indio habría dicho: “Echad todo lo que de las potencias exteriores pueda entrar en el alma; profundizad en vosotros mismos en el núcleo más íntimo de vuestra propia alma; descended al reino de los Devas, y cuando hayáis vencido a los Devas inferiores encontraréis el reino de Brahma. Pero huid del mundo de los Asuras, esos seres que de tan buena gana intentan penetrar en vosotros desde el mundo de Maya, el mundo exterior. A éstos en ningún caso deberá de permitírseles la entrada”.

Y ahora escuchen lo que Zaratustra enseñó a sus discípulos: “Los pueblos del Sur están constituidos de diferente manera y por ello buscan el mundo espiritual de otra forma. Su manera no ayudaría a una nación que tiene como misión no sólo la de soñar y meditar sobre este maravilloso mundo, sino la de enseñar a la humanidad el arte de la Agricultura y la conquista de la barbarie. No miréis las cosas externas solo como Maya, sino que debéis penetrar detrás de este velo de color y sonido que hay a vuestro alrededor. Rehuid todo lo que amenace con mantener vuestra alma dentro de los lazos del egoísmo, y huid de todo lo que lleve el sello de las cualidades dévicas. Abríos camino a través del reino de los Asuras inferiores y ascended a los superiores. Vuestra naturaleza es tal que podéis hacer esto si lo queréis”. En la India los Rishis habían enseñado que el hombre no estaba estructurado como para poder buscar lo que se encontraba en el reino de los Asuras, y que por lo tanto el hombre debería de huir de su mundo y entrar en el de los Devas.

Esta es la diferencia entre las culturas india y persa. A los pueblos hindúes se les enseñaba que los Asuras eran los malos espíritus y que debían de ser evitados, pues la estructura de los indios era tal que sólo podían conocer los Asuras inferiores. Los pueblos persas, por el contrario, sólo conocían los Devas inferiores y por lo tanto se les enseñó: “Penetrad en el reino de los Asuras y seréis capaces de ascender desde allí al reino de los Asuras superiores”.

El impulso que Zaratustra dio a los hombres de su época residía en el hecho de que él tenía un don para la humanidad que podría actuar a través de todas las edades, un regalo que haría despejar el camino de ascenso y conquistar todas las falsas doctrinas que engañan al hombre en su camino hacia la perfección. Zaratustra por lo tanto, se veía a sí mismo como siervo de Ahura Mazdao, y como tal, él conocía personalmente la labor de oposición de Ahriman. Su enseñanza fue pensada para ayudar a la humanidad a una conquista heroica del principio ahrimánico. Encontramos sus palabras registradas en los documentos de una época posterior. Inspirado por el impulso interior de su misión y, encendido por la pasión con la que se sintió como antagonista de Ahriman, dijo: “¡Voy a hablar! Vosotros que viajáis desde lejos, y vosotros que con ganas de escuchar venís de cerca. ¡Fijaos bien en mis palabras! Ya nunca más el Maligno, el falso líder, conquistará al Espíritu del Bien. Demasiado tiempo ha impregnado al habla humana con su mal aliento. Voy a refutarle con el discurso que el Altísimo, el Uno Primordial, ha puesto en mi boca. Voy a trasmitir lo que Ahura Mazdao me dice. Y el que no oiga mis palabras, ni entienda su significado tal y como yo las digo, experimentará mucha maldad al final de los ciclos del mundo”.

 Así habló Zaratustra.

Caigamos en la cuenta a través de estas palabras de que el mensaje de Zaratustra a la humanidad puede ser sentido y experimentado a través de todas las épocas culturales futuras. Aquellos de nosotros que tengan oídos para escuchar los ecos oscuros que aún viven en nuestro tiempo, y si escuchan con oídos espirituales, que escuchen los sutiles tonos de las palabras de Zaratustra a la humanidad de hace miles de años. Para aquellos que tienen oídos para oír, el mensaje de Zaratustra y el de otros grandes líderes de los cuales hablaremos en estas conferencias, pueden resumirse en las siguientes palabras: “Estos Espíritus enviados de Dios brillan como estrellas en los cielos de la Vida Eterna. Que se conceda a cada alma el poder contemplar su esplendor en los ámbitos de la vida terrenal”.

Traductor desconocido.

 

[1] (véase el capítulo VI de “El Oriente a la Luz de Occidente” por Rudolf Steiner)

[2] Panteísmo. Doctrina y creencia según la cual todo cuanto existe participa de la naturaleza divina porque dios es inmanente al mundo. El panteísmo es el sistema de creencia de quienes sostienen que la totalidad del universo  es el único Dios. Esta cosmovisión y doctrina filosófica afirma que el universo entero, la naturaleza y Dios son lo mismo. En otras palabras, la existencia (todo lo que fue, es y será) puede ser representada a través de la noción teológica de Dios.

GA201c6. El Hombre: Enigma del Universo

Rudolf Steiner — Dornach, 18 de abril de 1920

English version

 

Hemos visto que debemos buscar una armonía entre los procesos que tienen lugar en y con el Hombre, y los procesos que tienen lugar en el Universo exterior. Recordemos una vez más brevemente el punto al que nos condujo nuestro estudio de ayer. Dijimos que, para empezar, el hombre debía ser considerado desde cuatro puntos de vista. Primero, desde el punto de vista de las fuerzas que son responsables de su forma; en segundo lugar, de aquello que comprende todas las fuerzas que se expresan en la circulación de la sangre, la linfa, etc., en resumen las fuerzas del movimiento interno. (Ya saben que las fuerzas formativas están en gran medida en estado de reposo en el hombre adulto, mientras que el movimiento interior está en un flujo continuo). En tercer lugar, tenemos las fuerzas orgánicas y en el cuarto, el metabolismo actual.

Para empezar, debemos considerar todo lo que tiene conexión con las fuerzas formativas. Estas son las fuerzas que trabajan hacia afuera desde adentro hasta que alcanzan la periferia más externa, los límites de la circunferencia del hombre. Si formamos una silueta del hombre, vista por así decirlo por todos lados, debemos comprender y encerrar los extremos más externos de las actividades resultantes de estas fuerzas internas, que se construyen desde adentro hacia afuera.

Ahora bien, no debería ser difícil entender que estas fuerzas formativas deben estar conectadas con otras fuerzas, que, como ellas, pertenecen a la periferia del hombre y allí deben descubrirse. Estas últimas son las fuerzas que tienen su actividad en los sentidos. Los sentidos del hombre yacen, como saben, en la periferia. Por supuesto, están distribuidos y diferenciados, pero para entrar en contacto con las fuerzas que actúan en los sentidos deben buscarlas en la periferia, y esto nos justifica al decir que las fuerzas formativas deben tener una conexión con la actividad de los sentidos.

Tal vez comprendamos mejor este punto si recordamos las palabras que Goethe cita como pronunciadas por uno de los antiguos místicos.

"Si el ojo no fuera como el Sol en sí mismo,

¿Cómo podríamos ver el Sol? "

Ahora bien, no puede ser la actividad lumínica que nos rodea todo el tiempo lo que se entiende cuando se dice que el ojo es similar al sol o similar a la luz, ya que el ojo solo puede percibir esta actividad lumínica cuando está completamente formado. Por lo tanto, no puede ser esto lo que se quiere decir cuando hablamos de la construcción del ojo. Debemos imaginar esta actividad de luz como algo intrínsecamente diferente. Y es un hecho que llegamos a una cierta concepción de lo que subyace en este verso, si seguimos al hombre durante el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento. Porque durante este período sus experiencias consisten en parte —pero, por supuesto, solo en parte— en una percepción de la transformación gradual de las fuerzas de la vida física precedente en él a la nueva; y percibe cómo el hombre metabólico se transforma en el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento en la forma de la cabeza. Estas experiencias no son menos ricas en contenido que aquellas experiencias que vivimos en esta vida, cuando vemos la aceleración gradual de las plantas en primavera y su decadencia en otoño, etc.

Todo este desarrollo que ocurre en el hombre en el tiempo entre la muerte y el renacimiento es una gran riqueza de eventos, una riqueza de acontecimientos reales que de ninguna manera son tan fáciles de entender como la mera idea abstracta de ellos. Todo lo que tiene lugar durante este tiempo para efectuar la transformación de las fuerzas de los miembros en las fuerzas de la cabeza para la nueva encarnación, es extraordinariamente múltiple. El hombre mismo participa en el proceso. Experimenta, por ejemplo, algo parecido con la construcción del ojo. Pero él no lo experimenta de la misma manera que lo hizo durante el largo período evolutivo, cuando pasó por las diversas etapas que precedieron a nuestra Tierra, a saber, las de la Antigua Luna, el Antiguo Sol y Antiguo Saturno. Las fuerzas del Universo Estelar actuaron sobre él de una manera diferente. Este Universo Estelar también tenía una forma diferente de la que tiene ahora.

Es de una gran importancia formarse ideas claras sobre estos asuntos. Si consideramos nuestras percepciones actuales de lo que nos rodea, ¿cuáles son?. Ellas son en realidad imágenes. Detrás de estas imágenes, por supuesto, se encuentra el mundo real; pero es el mundo que está detrás de estas imágenes, el que en realidad construyó al hombre antes de que hubiera evolucionado lo suficiente como para poder percibir estas imágenes. Hoy percibimos con nuestros ojos las imágenes del mundo circundante. Detrás de este maya está lo que ha edificado nuestros ojos. Esto nos lleva a la verdad: si las fuerzas que residían detrás de la imagen del Sol no hubieran construido el ojo, el ojo no podría percibir la imagen del Sol.

El dicho, como ven, tiene que ser modificado, porque si bien la percepción de la luz hoy nos da imágenes, sin embargo, lo que primero construyó los órganos en la periferia del hombre no fueron las imágenes, sino las realidades. De modo que cuando miramos a nuestro alrededor en este mundo, lo que percibimos son realmente las fuerzas que nos han fortalecido: nuestras propias fuerzas formativas. Ahora han sido atraídas hacia nosotros; lo que actuaba desde fuera hasta el período de la Tierra, ahora actúa desde dentro. Retendremos este pensamiento para nuestros estudios posteriores y ahora reuniremos la primera y la cuarta de estas fuerzas.

  1. Fuerzas Formativas.
  2. Fuerzas del movimiento interno.
  3. Fuerzas orgánicas.
  4. Fuerzas asimilativas o metabólicas.

 

Permítanme, por el momento, considerar estas últimas. El proceso del metabolismo ya se ha vuelto en algún grado irregular; pero hay causas naturales que aún llevan al Hombre a una cierta regularidad en este respecto; y todos ustedes saben del inconveniente si, por una razón u otra, algo falla en el proceso rítmico de asimilación. Pueden desviarse de él dentro de los límites, pero siempre se esfuerzan por regresar a un cierto ritmo; y ustedes saben que este ritmo es uno de los primeros elementos esenciales de la salud física. Es un ritmo que abarca el día y la noche. Dentro de las 24 horas, se completa el proceso rítmico del metabolismo. Veinticuatro horas después del desayuno, nuevamente tienen apetito para el desayuno. Todo lo que está conectado con la asimilación está conectado también con el curso del día. Ahora les pediría que comparen la solidez, la firmeza de la periferia corporal con la movilidad de las fuerzas de asimilación. Se puede decir que no ocurren alteraciones en la primera, mientras que se repita la asimilación cada 24 horas. Mucho se lleva a cabo dentro del organismo, pero su periferia permanece sin cambios. Ahora traten de descubrir, en el mundo exterior, algo que se corresponda con esta movilidad interna en relación con la firmeza, que encuentran en el Hombre. Miren el universo de las estrellas. Observen cómo las constelaciones se mueven tan poco como las partículas en la superficie de la periferia humana. Encontrarán que la constelación de Aries está siempre a una distancia fija de la constelación de Tauro, así como los ojos permanecen a la misma distancia el uno del otro. Pero aparentemente todo este cielo estelar se mueve; aparentemente gira alrededor de la Tierra. Bueno, con respecto a esto, los hombres hoy en día ya no son ignorantes, saben que el movimiento es meramente aparente, y atribuyen su apariencia a la rotación de la Tierra sobre su propio eje.

Muchos han sido los intentos de encontrar pruebas de esta rotación de la Tierra sobre su eje. En realidad, fue solo durante los años cincuenta del siglo pasado que el hombre comenzó a tener derecho a hablar de tal revolución, ya que fue solo entonces que los experimentos con el péndulo de Foucault mostraron este giro de la Tierra. No entraré más en esto hoy. Sin embargo, tenemos, de esta manera, una prueba válida de este proceso terrestre, que se repite cada 24 horas. Representa, en relación con las constelaciones fijas, una analogía del curso rítmico del metabolismo en el hombre en comparación con la naturaleza fija de su forma periférica; y aquí puede encontrar, si examinan a fondo todas las condiciones y relaciones, pruebas exactas del movimiento de la Tierra en los procesos del metabolismo en el hombre.

En estos tiempos nos encontramos con varias de las llamadas teorías de la relatividad que afirman que no podemos hablar realmente de movimiento absoluto. Si miro por la ventanilla de un vagón de tren y pienso que los objetos exteriores se mueven, cuando la realidad es que el tren y yo somos los que nos movemos. ¡Sin embargo, tampoco se puede probar estrictamente que el mundo exterior no se está moviendo en la dirección opuesta! Todo este tipo de charla, de hecho, no tiene mucho valor. Porque si un hombre camina hacia adelante y otro hombre permanece quieto en la distancia mientras se acerca a él, es relativamente irrelevante si dice: “Me acerco a él” o “él se acerca a mí”. Visto de esta manera, parece que no hay diferencia. Tales consideraciones como esta forman, como saben, los fundamentos de las teorías de la relatividad de Einstein.

Todo está muy bien, pero hay una manera en que uno puede probar estrictamente el movimiento, ya que la persona que permanece en reposo no experimentará fatiga, mientras que el que camina lo hará. Por medio de procesos internos, la realidad absoluta del movimiento puede ser probada; de hecho, no hay más pruebas que los procesos internos. Aplicando esto a la Tierra, también podemos hablar verdaderamente de movimiento absoluto, ya que a través de la Ciencia Espiritual aprendemos a darnos cuenta de que este movimiento es el equivalente del movimiento interno del metabolismo en comparación con la forma fija del hombre. No deberíamos hacer tanto hincapié en el hecho de que la Tierra al girar sobre su eje provoca un movimiento solar aparente en el espacio, sino que deberíamos relacionar este movimiento terrestre con todo el Universo Estrellado; no deberíamos hablar de días de sol, sino de días de estrellas, que no son sinónimos, ya que el día estelar es más corto que el día solar. Siempre es necesaria una corrección en las fórmulas que se relacionan con el día solar. Por lo tanto, podemos hablar realmente de este movimiento de la Tierra sobre su eje como algo que se deriva de la naturaleza del Hombre; porque como ya se señaló, la rotación considerada en su relación con el cielo de las estrellas fijas está conectada con el movimiento interno del metabolismo en el Hombre. En resumen, la relación del metabolismo en el Hombre con las fuerzas responsables de la forma del Hombre es la relación de la rotación de la Tierra con el Cielo de las Estrellas Fijas, que representa para nosotros el Zodiaco.

Cuando miramos el Zodíaco, vemos que es para nosotros el representante cósmico externo de nuestra propia forma externa. Cuando consideramos la Tierra, tenemos ante nosotros la representación de nuestra propias fuerzas asimilativas; y la relación del movimiento correspondiente en cada caso.

Ahora será un poco más difícil encontrar la relación entre (2) y (3), entre el Movimiento interno y las Fuerzas orgánicas. Sin embargo, podemos hacer que el asunto sea comprensible de la siguiente manera. Si consideran los movimientos dentro del organismo humano, concluirán fácilmente que son algo en el hombre que de ninguna manera está tan fijo como su periferia externa. Ellos están en movimiento. Pero algo más está conectado con este movimiento. Los movimientos incluyen el de la sangre así como el líquido nervioso, la linfa, etc. No necesitamos dar una lista detallada de ellos aquí, pero hay siete de estos movimientos internos. Conectados con estos movimientos están los órganos individuales. Las fuerzas del movimiento han producido, dentro de su curso, estos órganos; en estos últimos debemos reconocer los resultados de estos movimientos. A menudo he llamado la atención sobre la verdadera realidad del corazón humano. La visión materialista como he señalado, es de la opinión de que el corazón es una especie de bomba que obliga a la sangre a pasar por todo el cuerpo. Pero este no es el caso; por el contrario, la pulsación del corazón no es la causa sino el efecto de la circulación. En los movimientos o movimientos interiores vivientes se inserta el funcionamiento de los órganos.

Si tratamos de descubrir un equivalente cósmico para esto, lo encontraremos observando, por un lado, los movimientos de los planetas, especialmente si consideramos sus movimientos en relación con los movimientos de la Luna. Sabrán —habiendo tenido esta explicación en conferencias anteriores— la conexión entre los movimientos de la luna y los fenómenos de las mareas; y mucho más está conectado con este movimiento lunar. Si estudiáramos más profundamente los fenómenos de la naturaleza, deberíamos encontrar que no solo aparece la luz como resultado del amanecer, sino que también —y de hecho más material— los efectos en nuestro medio ambiente de la Tierra deben estar conectados con el movimiento planetario. Una vez que esto se base en un estudio real y genuino, nos daremos cuenta de la armonía existente entre muchos fenómenos en la Tierra y los movimientos de los planetas. Estudiaremos los efectos de la influencia planetaria sobre el aire, el agua y la tierra, de la misma manera que tenemos que estudiar —en el cuerpo humano— las influencias sobre sus respectivos órganos de las fuerzas del movimiento interno que existen en la circulación de la sangre y en otras circulaciones. De esta forma descubriremos una cierta acción recíproca entre las actividades orgánicas y las fuerzas del movimiento interno. Del mismo modo que ya hemos observado una correspondencia entre la Tierra y las estrellas fijas, ahora tendremos ante nosotros una correspondencia similar entre la tierra, el agua, el aire, el fuego (calor) y los planetas, entre los que contamos, por supuesto, al Sol.

Así llegamos a una cierta relación entre lo que ocurre en el organismo humano y lo que ocurre en el Macrocosmos. Por el momento, sin embargo, solo necesitamos preocuparnos de las fuerzas orgánicas. ¿Cómo se forman en el cuerpo humano? Están formadas de tal manera que a medida que seguimos la vida humana durante los períodos de este proceso de construcción de los órganos, podemos reconocer con bastante precisión que este proceso está relacionado con el transcurso del año así como el metabolismo está relacionado con el curso del día. Pues este curso se encuentra en una relación similar a las fuerzas del movimiento interior en el hombre como las variadas condiciones de la actividad del año —primavera, verano, otoño e invierno— hacen afectan a los planetas. Aquí nuevamente descubrimos algo en el Hombre que tiene su correspondencia en el Macrocosmos. No podemos estudiar estos asuntos de otra manera que comparando detalles entre sí. Todo lo que puedo hacer hoy es llamar su atención sobre ciertos hechos que tienen que ver con este tema, ya que si examinamos las conexiones en detalle nos tomaría demasiado tiempo; pero al estudiar ciertas relaciones en el Hombre durante el proceso real de construcción de los órganos, y ponerlos en conexión con las fuerzas del movimiento interior, pueden encontrar en todas partes analogías de lo que ocurre en los cambios trimestrales de las Estaciones, como se ve en sus relación con las fuerzas del movimiento planetario. Pero debemos evitar comenzar nuestro examen sobre la base de que el corazón es una bomba; por el contrario, el corazón debe ser visto como una creación de la circulación de la sangre. Debemos, por así decirlo, insertar el corazón en una circulación sanguínea viva. También se debe pensar que el movimiento del Sol está insertado de manera similar en los movimientos de los Planetas. Un examen imparcial de las condiciones intrahumanas nos lleva a hablar de una rotación de la Tierra sobre su eje que causa un movimiento aparente de los cielos estrellados, y que esto constituye el equivalente de los movimientos relacionados con el metabolismo en su relación con la forma externa humana. Pero no podemos hablar de un movimiento de la Tierra alrededor del Sol durante el año. No podemos hacer esto, si entendemos al hombre interior viviendo en estrecha relación con el Macrocosmos; porque no debemos concebir lo que se mueve hacia el corazón, de ninguna otra manera que como lo haríamos con los otros flujos del movimiento dentro del hombre. Por lo tanto, debemos reconocer que no nos estamos ocupando del movimiento eclíptico de la Tierra en el transcurso del año, sino más bien de un movimiento que corresponde al movimiento solar. Es decir, la Tierra y el Sol se mueven juntos en el transcurso del año; el uno no da vueltas alrededor del otro.

Esta última opinión es el resultado de juzgar por las apariencias; en realidad tenemos aquí el movimiento de ambos cuerpos en el espacio con una cierta conexión entre los dos. Esto es algo de la teoría de Copérnico que deberá corregirse sustancialmente. Pero aún hay otra manera en la que debemos concebir la relación del hombre con la naturaleza macrocósmica. ¿Cuál es realmente la naturaleza del proceso que observamos en el movimiento diario del metabolismo? Sólo parte de este proceso se lleva a cabo de tal manera que va acompañado de los fenómenos de nuestra consciencia, mientras que se logra otra parte cuando se cierra la consciencia, al separarse el yo y el cuerpo astral del cuerpo físico y etérico. Ahora debemos tener en cuenta especialmente lo siguiente. El hombre no experimenta de la misma manera lo que ocurre entre el despertar y el dormir, y lo que ocurre entre el dormir y el despertarse. Solo consideren la relación entre los dos momentos del tiempo: ir a dormir y despertar. Si hacen esto con una mente libre de prejuicios, llegarán a una visión inequívoca de este asunto. Cuando te vas a dormir, estás, por así decirlo, en el cero de tu ser; la condición del sueño no es meramente de descanso, es la condición antitética del estado de vigilia. Cuando estás despierto, estás, desde el punto de vista de tu vida, realmente en la misma relación contigo mismo y tu entorno que en el momento de irte a dormir. El uno es el equivalente del otro, la única diferencia es la de dirección. Despertar significa pasar del sueño al estado de vigilia; quedarse dormido es al revés. Además de la dirección, son absolutamente iguales. Por lo tanto, si pudiéramos indicar los movimientos del metabolismo con una línea, entonces no podria ser una línea recta o un círculo, ya que no contendría los puntos de despertar y de quedarse dormido. Debemos encontrar una línea que represente los movimientos del metabolismo, de modo de contenga estos puntos, y la única —busquen todo el tiempo que quieran— es la lemniscata. Aquí tienen el punto de despertarse en una dirección y el punto de quedarse dormidos en la otra dirección. Solo las direcciones están opuestas, siendo los dos movimientos iguales en cuanto a las condiciones de vida. Ahora podemos distinguir de una manera real el ciclo del día y el ciclo de la noche.

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¿A dónde conduce todo esto? Si hemos captado el hecho de que el movimiento del metabolismo diario corresponde al movimiento de la Tierra, ya no podemos, con la Tierra aquí (diagrama) atribuir a cualquier punto un movimiento circular. Por el contrario, debemos formarnos el concepto de que la Tierra, en realidad, avanza a lo largo de su camino de tal manera que produce una línea como la de la lemniscata. El movimiento no es una simple revolución, sino un movimiento más complicado; cada punto de la superficie terrestre describe una lemniscata, que también es la línea descrita por el proceso metabólico.

Por lo tanto, no podemos imaginar que el movimiento de la Tierra consista simplemente en que da la vuelta sobre su eje, porque en realidad es un movimiento complicado en el que cada punto sobre el que se encuentra describe en realidad lo que forma la base del movimiento de sus procesos metabólicos —una lemniscata. Es absolutamente necesario buscar en los movimientos del Universo externo el equivalente de los movimientos que tienen lugar dentro del Hombre. Porque solo mediante un estudio de los cambios dentro del Hombre físico podemos llegar a una comprensión de los movimientos planetarios exteriores al Hombre.

Cuando el hombre pone en movimiento sus extremidades y se cansa, ¡no podemos seguir discutiendo sobre si está en movimiento relativo o real! Está fuera de cuestión decir: tal vez el movimiento sea solo relativo, ¡tal vez el otro hombre al que se está acercando esta después de todo realmente acercándose a él! Las teorías de la relatividad ya no contienen agua, cuando el movimiento interno comprueba que el hombre se está moviendo. Y es imposible también probar los movimientos del interior de la Tierra, excepto por medio de los cambios internos que ocurren en el Hombre. Los movimientos del metabolismo, por ejemplo, son el verdadero reflejo de lo que la Tierra ejecuta como movimiento en el espacio. Y nuevamente, eso que hemos llamado las fuerzas de construcción de los órganos, activas en el transcurso del año, son el equivalente del movimiento anual de la Tierra y el Sol. Tendremos ocasión de hablar más específicamente de estas cosas más adelante; en este momento me gustaría llamar su atención una vez más al dibujo, donde he señalado que la Tierra se mueve detrás del Sol en una línea similar a una hélice, moviéndose la Tierra siempre con el Sol. Y luego, si miramos la línea desde arriba, obtenemos una proyección de la línea y la proyección muestra una lemniscata.

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Ahora todo esto dejará claro que ciertamente podemos hablar de un movimiento diario de la Tierra alrededor de su eje, pero de ningún modo de un movimiento anual de la Tierra alrededor del Sol. Porque la Tierra sigue al Sol, describiendo el mismo camino. Otros hechos muestran que no tenemos derecho a hablar de tal revolución. Para dar una instancia, el hecho de que se consideró necesario —he hablado de esto antes—  simplemente para suprimir una declaración de Copérnico. Si la Tierra girara alrededor del Sol, deberíamos esperar que su eje, que debido a su inercia permanece paralelo, apunte en la dirección de diferentes estrellas fijas durante esta revolución. ¡Pero no es así! Si la Tierra girara alrededor del Sol, el eje no podría indicar la dirección de la Estrella Polar, ya que el punto indicado tendría que girar alrededor de la Estrella Polar; sin embargo, no hace esto, el eje indica continuamente la Estrella Polar. Esa línea que debería ser evidente para nosotros y que correspondería al movimiento progresivo de la Tierra en su relación con el Sol, no se puede encontrar.

La Tierra sigue al Sol en un camino en espiral y en forma de hélice, taladrando su camino, como si dijéramos, al espacio cósmico. Ya he indicado, sin embargo, que hay otro movimiento que se manifiesta en los fenómenos de la precesión de los equinoccios: el movimiento del punto de salida del sol en el equinoccio de primavera a través del zodíaco, volviendo al mismo punto cada 25.920 años. Esto también es el equivalente de un cierto movimiento en el Hombre. ¿Qué podemos encontrar dentro del Hombre que le corresponda?

Pueden ser capaces de llegar a una conclusión sobre este punto a partir de lo que he dicho anteriormente. Tenemos que encontrar un movimiento equivalente a la relación del Sol con las Estrellas Fijas, porque el punto del amanecer progresa a través del Zodíaco completo —o estrellas fijas—en 25.920 años. El equivalente en el Hombre es la relación entre las fuerzas del movimiento interno y las fuerzas de la forma; esto también debe ser de larga duración. Las fuerzas del movimiento interno en el Hombre deben cambiar de alguna manera, para alterar su posición en relación con la periferia del Hombre.

Recordarán lo que dije sobre algo que ha sido observable desde el período de la antigua Grecia. Dije que los griegos usaban la misma palabra para “amarillo” y “verde”, pues realmente no veían el azul de la misma manera que nosotros, y como informaron los escritores romanos, solo realizaron y usaron cuatro colores en su arte, es decir, amarillo, rojo, blanco y negro. Vieron estos cuatro colores vivos. Para ellos el cielo no era azul como lo vemos; les parecía una especie de oscuridad. Ahora bien, esta es una afirmación que puede hacerse con toda certeza, y la Ciencia Espiritual lo confirma. Este cambio en el hombre ha tenido lugar desde la época de la antigua Grecia. Cuando reflexionan sobre el hecho de que la constitución del ojo humano ha experimentado tal grado de modificación desde el período de la Grecia antigua, entonces también pueden concebir otras alteraciones en el organismo humano, teniendo lugar en la periferia y ocupando períodos aún más largos de tiempo para su realización. Tales alteraciones en la periferia deben necesariamente tener una relación con las fuerzas del movimiento interno, ya que, por supuesto, no pueden ser producidas por la digestión o las funciones orgánicas. Estas modificaciones periféricas corresponden, de hecho, al curso del equinoccio de primavera en el Zodíaco, es decir a un período de 25.920 años. Durante este período, la raza humana sufre un cambio completo. No debemos cometer el error de pensar que, antes de ese tiempo, la humanidad apareció tal como ahora la vemos. La consideración de las circunstancias relacionadas con la existencia física hace que sea absurdo utilizar las cifras que nos da la geología moderna con el propósito de seguir la evolución humana en el tiempo, ya que podemos comprender esto solo en el período de 25.920 años, y parte de eso todavía está en el futuro.

Cuando el equinoccio de primavera haya vuelto al mismo lugar, las alteraciones que habrán tenido lugar en toda la raza humana serán tales que la forma humana será bastante diferente de lo que es ahora. Ya les he contado algo derivado de otras fuentes de conocimiento sobre el futuro de la raza humana y sobre su época. Y aquí vemos cómo la consideración de las condiciones físicas obliga al reconocimiento del mismo conocimiento.

Como resultado de lo anterior, llegamos a la conclusión de que lo que llamamos los “movimientos de los cuerpos celestes” no son tan simples como la astronomía actual nos haría creer, pero entramos aquí en condiciones extremadamente complicadas, condiciones que pueden ser estudiadas desde el punto de vista de la conexión del Hombre con el Macrocosmos. Ya he podido señalarles ciertos detalles de los movimientos de los cuerpos celestes, y en el transcurso del tiempo aprenderemos más y más sobre ellos de otras fuentes.

Ya podrán ver una cosa: que el hombre no depende por completo del Macrocosmos. Con lo que yace en lo profundo del subconsciente, con los procesos de asimilación, todavía está en cierto modo —pero solo en cierto modo— obligado a la rotación diaria de la Tierra. Sin embargo, él puede salir de esta conexión. ¿Cómo es esto? Es posible porque el hombre tal como está ahora, constituido de acuerdo con las fuerzas de la periferia y del movimiento interior, con las fuerzas de los órganos y del sistema metabólico, está completo y terminado en su dependencia de las fuerzas de afuera; y ahora él puede, con su organización completa y terminada, separarse de esta conexión. En el mismo sentido que tenemos al despertar y dormir una copia del día y de la noche, teniendo así en nosotros el ritmo interno del día y de la noche, pero sin necesidad de hacer que este ritmo interno se corresponda con el ritmo externo del día y la noche (es decir, no es necesario dormir por la noche, ni despertarse durante el día), así que de una manera similar el Hombre corta su conexión con el Macrocosmos en otros departamentos de su existencia. Sobre esto se funda la posibilidad del libre albedrío humano.

No es la formación presente del Hombre la que depende del Macrocosmos, sino su formación pasada. Las experiencias actuales del hombre son fundamentalmente una imagen o copia de su adaptación pasada al Macrocosmos, y en este sentido vivimos en las imágenes de nuestro pasado. Dentro de este estamos capacitados para desarrollar nuestra libertad, y de ello recibimos nuestras leyes morales, que son independientes de la necesidad que rige en nuestra naturaleza. Cuando comprendemos claramente cómo el Hombre y el Macrocosmos se relacionan entre sí, reconocemos la posibilidad del libre albedrío en el Hombre.

Finalmente, debemos pensar en lo siguiente. Está claro que en el hombre las fuerzas metabólicas todavía están, en cierto sentido, conectadas con el ritmo de su vida diaria. Las fuerzas de la forma se han solidificado. Ahora consideren al animal en lugar del hombre. Aquí encontraremos una dependencia mucho más completa del Macrocosmos. El hombre ha crecido fuera o más allá de esta dependencia. Por lo tanto, la sabiduría antigua hablaba del Zodíaco o Círculo de Animales, no del Círculo del Hombre, como correspondiente a las fuerzas de la formación. Las fuerzas de la forma se manifiestan en el reino animal en una gran variedad de formas, mientras que en el hombre se manifiestan esencialmente en una forma que cubre a toda la raza humana; pero son las fuerzas del reino animal, y a medida que evolucionamos más allá de ellas y nos convertimos en Hombres, debemos ir más allá del Zodíaco. Más allá del zodíaco se encuentra aquello sobre lo que nosotros, como seres humanos, dependemos en un sentido más elevado de lo que estamos en todo lo que existe dentro del zodíaco, es decir, dentro del círculo de las estrellas fijas. Más allá del zodíaco esta lo que corresponde a nuestro Yo.

Con el cuerpo astral —que el animal también posee— estamos encadenados a una dependencia del Macrocosmos, y la construcción del vehículo astral se lleva a cabo de acuerdo con la voluntad de las Estrellas. Pero con nuestro ‘Yo’ o Ego trascendemos este Zodíaco. Aquí tenemos el principio sobre el cual hemos ganado nuestra libertad. Dentro del Zodíaco no podemos pecar, como tampoco los animales; comenzamos a pecar tan pronto como llevamos a cabo nuestra acción más allá del Zodíaco. Esto sucede cuando hacemos aquello que nos libera de nuestra conexión con las fuerzas de formación universales, cuando entramos en relación con regiones exteriores al Zodíaco o región de estrellas fijas. Y este es el contenido esencial del yo humano.

Como ven, podemos medir el Universo en tanto que nos aparece como una cosa visible y temporal, podemos medir su extensión completa a través del espacio de las estrellas fijas más externas, y todo lo que tiene lugar a través del movimiento en el tiempo en este cielo estrellado, y podemos considerar todo esto en su relación con el Hombre; pero en el Hombre se está cumpliendo algo que sucede fuera de este espacio y fuera de este tiempo, fuera de todo lo que tiene lugar en lo astral. Más allá, no hay “necesidad de la Naturaleza”, sino algo que tiene un lugar que está íntimamente conectado con nuestra naturaleza moral y nuestras acciones morales. Dentro del Zodiaco no podemos evolucionar nuestra naturaleza moral; pero en la medida en que evolucionamos, lo registramos en el Macrocosmos más allá del Zodíaco. Todo lo que hacemos permanece y funciona en el mundo. Los procesos que tienen lugar dentro de nosotros, desde las fuerzas de la formación hasta las fuerzas del metabolismo, son el resultado del pasado. Pero el pasado no prejuzga todo el futuro, no tiene poder sobre ese futuro que deriva del propio Hombre en sus acciones morales.

Solo puedo guiarles en este estudio paso a paso. Tengan en cuenta lo que he dicho hoy y en mi próxima conferencia vamos a examinar el asunto desde otro punto de vista.

 

 

Traducido por Gracia Muñoz en Febrero de 2018.

2. La Entidad Anímica del Hombre

TEOSOFÍA  – Rudolf Steiner

English version

La entidad anímica del hombre difiere del cuerpo, dado que tiene un mundo interior que le es propio, y esta “propiedad” nos resulta evidente apenas dirigimos la atención aun sobre la más simple sensación de los sentidos. Antes que nada, nadie puede saber si el otro percibe la más simple sensación de idéntica manera como uno la percibe. Sabemos que hay personas que no perciben los colores (daltonismo completo), por lo cual ven los objetos de un tinte gris de diversa intensidad; otros, afectados sólo de daltonismo parcial, no son capaces de distinguir determinados colores; para éstos, las imágenes del mundo, como se las dan sus ojos, son diferentes de las de los hombres normales. Lo mismo, poco más o menos, puede decirse de los demás sentidos y no se requiere más para tener la evidencia de que, hasta la más simple sensación pertenece al “mundo interior”. Con los sentidos físicos uno puede percibir un objeto rojo que también otro puede ver, pero a uno no le será posible percibir la sensación del rojo que tiene otra persona.

Por esto debemos considerar la sensación de los sentidos como fenómeno anímico; y si nos damos bien cuenta de este hecho, cesaremos de considerar las experiencias interiores como simples procesos cerebrales o algo similar. Inmediatamente a la sensación sigue el sentimiento, agradable o desagradable, según el caso. Se trata de impulsos de la vida interior anímica. Con sus sentimientos el hombre agrega un segundo mundo al que desde afuera obra sobre él. Y a esto le agrega una tercera cosa: la voluntad.

Mediante ésta, el hombre reacciona hacia el mundo externo e imprime a éste su propio ser interno. En las acciones volitivas el alma se expande, por así decirlo, hacia lo externo. Los actos del hombre se distinguen de los hechos que ocurren en la naturaleza externa, justamente porque llevan la impronta de su vida interior. Así el alma se contrapone, como cosa propia del hombre, al mundo externo: él recibe los estímulos del mundo externo, pero de conformidad con éstos, se forma un mundo propio suyo. La corporeidad sirve de base al ser anímico del hombre.

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