GA102c11. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 11 de junio de 1908

English version

En nuestras últimas noches de estudio se presentaron varios aspectos que apuntaban a la cooperación oculta entre el hombre y los mundos espirituales. Los seres espirituales están en realidad continuamente a nuestro alrededor y no solo a nuestro alrededor sino, en cierto sentido, continuamente pasando a través de nosotros; vivimos con ellos todo el tiempo.

No debemos suponer, sin embargo, que se establece una relación entre el hombre y los seres espirituales del entorno, simplemente de la forma que hemos estado considerando en nuestros últimos estudios. También se forma una relación entre el hombre y el mundo espiritual a través de sus muchos y variados intereses de pensamiento y hechos. En nuestros dos últimos estudios, hemos indicado a seres espirituales de un carácter algo subordinado. Pero por conferencias anteriores sabemos que también tenemos que ver con seres espirituales que están por encima del hombre y que también existen conexiones y relaciones entre el hombre y los seres espirituales más sublimes. Hemos dicho que hay elevados seres espirituales viviendo a nuestro alrededor que no consisten en cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral, y así sucesivamente, como el hombre, sino que tienen un cuerpo etérico como su miembro más bajo.  Son invisibles para la vista ordinaria ya que su naturaleza corporal es finamente etérica y atraviesa la mirada del hombre. Y luego llegamos a seres espirituales aún más elevados, cuyo miembro más bajo es el cuerpo astral, que presentan una naturaleza corporal aún menos densa.

Todos estos seres se encuentran en cierta relación con el hombre, y el punto principal para nosotros hoy es este: el hombre puede actuar positivamente para entrar en relaciones bastante definidas con tales seres aquí en su vida en la Tierra. De acuerdo a como los hombres aquí en la Tierra hagan esto o aquello en cada situación de la vida, también establecen una relación todo el tiempo con los mundos superiores, por improbable que pueda parecerle al hombre de la presente era iluminada —como se dice— que no está en absoluto iluminado con respecto a muchas verdades profundas de la vida.

Tomemos en primer lugar a los seres que tienen como cuerpo más bajo un cuerpo etéreo, que viven a nuestro alrededor en este fino cuerpo etéreo, y nos envían sus fuerzas y manifestaciones. Pongamos a estos seres mentalmente ante nosotros y preguntémonos: ¿Puede el hombre hacer algo en este planeta terrenal? —o mejor— ¿Han hecho algo los hombres desde tiempos inmemoriales para dar a estos seres un vínculo, un puente, a través del cual puedan ejercer una influencia más intensa sobre la totalidad el ser humano? Sí, ¡desde tiempos inmemoriales, los hombres han hecho algo al respecto! Podemos profundizar en muchos sentimientos e ideas que abordamos en las últimas conferencias si nos formamos una idea clara sobre este puente.

Nos imaginamos entonces que estos seres viven, por así decirlo, en los mundos espirituales y extienden su cuerpo etérico desde allí; no necesitan cuerpo físico como el hombre. Pero hay un elemento corporal físico a través del cual pueden poner en contacto su cuerpo etérico con nuestra esfera terrenal: un elemento corporal terrenal que podemos establecer y que forma un vínculo de atracción para que estos seres desciendan con sus cuerpos etéricos y encuentren una oportunidad de habitar entre los hombres.

Tales oportunidades para que los seres espirituales moren entre los hombres se dan, por ejemplo, en el templo de la arquitectura griega, o la catedral gótica. Cuando establecemos en nuestra esfera terrenal esas formas de realidad física con una relación de líneas y fuerzas como las que se ven en un templo o una obra plástica de escultura, entonces esto da una oportunidad para que los cuerpos etéricos de estos seres presionen por todos lados en estas obras de arte que hemos creado. El arte es un vínculo de unión verdadero y real entre el hombre y los mundos espirituales. En esas formas de arte expresadas en el espacio, tenemos en la Tierra las condiciones corporales físicas en las que se sumergen los seres con sus cuerpos etéricos.

Los seres que tienen el cuerpo astral como su miembro más bajo necesitan, sin embargo, algo diferente como vínculo entre el mundo espiritual y nuestra Tierra, y ese es el arte de la música, el arte fonético. Un espacio a través del cual fluyen tonos musicales es una oportunidad para que el cuerpo astral libremente determinado y autodeterminado de los seres superiores se manifieste en él. Las Artes y lo que ellas significan para el hombre adquieren así un significado muy real. Forman las fuerzas magnéticas de atracción para los seres espirituales cuya misión es tener una conexión con el hombre que desea tenerla. Nuestros sentimientos se profundizan hacia la creación artística humana y cuando vemos las cosas de esta manera se adquiere una apreciación del arte.

Sin embargo, podemos profundizar aún más si nos hacemos conscientes de que la Ciencia Espiritual es la verdadera fuente de la creación artística y la apreciación artística del hombre. Para llegar a esta comprensión, debemos considerar con más detalle las diferentes formas de conciencia del hombre.

En varias ocasiones, como saben, hemos señalado que en el hombre despierto, el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo están ante nosotros, mientras que en el hombre dormido el cuerpo físico y etérico yacen en la cama, y el yo y el cuerpo astral está fuera de ellos. Para nuestro presente propósito, será bueno observar con más detalle estos dos estados de conciencia que se alternan en todos nosotros en el curso de las veinticuatro horas. En primer lugar, el hombre tiene el cuerpo físico, luego el cuerpo etérico o de vida, a continuación lo que llamamos el cuerpo astral, el cuerpo anímico, que pertenece al cuerpo astral pero que está unido al cuerpo etérico. Ese es el miembro que también posee el animal aquí, en el plano físico. Pero luego sabemos —y pueden leerlo en mi Teosofía— que unido con estos tres miembros esta lo que generalmente se comprende como el “yo”. El “yo” es en realidad un ser triple: alma sensible, alma racional o mental y alma consciente, y sabemos que el alma consciente está nuevamente conectada con lo que llamamos yo espiritual o Manas. Si colocamos este miembro más particularizado del ser humano ante nosotros, entonces podemos decir:

Lo que llamamos el alma sensible —que además pertenece al cuerpo astral y es de naturaleza astral—  se separa cuando el hombre se va a dormir, pero una parte del cuerpo anímico permanece en conexión con el cuerpo etérico que yace sobre la cama. Lo que esencialmente se retira es el alma sensible, el alma racional o mental y el alma consciente; con el hombre despierto todo esto está unido y activo en él en todo momento. Por lo tanto, todo lo que sucede en el cuerpo físico trabaja en toda la naturaleza interior, en el alma sensible, en el alma racional, y también en el alma consciente.

Todo lo que trabaja en el hombre en la vida ordinaria con su desorden y caos, las impresiones desordenadas que recibe de la mañana a la noche —solo piensen en las impresiones de caos y ruido de una gran ciudad— todo esto continúa en los miembros que con la conciencia despierta están unidos con los cuerpos físico y etérico. En la noche, el ser interior del hombre —alma sensible, alma racional y alma consciente— entran en el mundo astral y desde allí atrae las fuerzas y armonías que se han perdido a través de las impresiones caóticas del día. Lo que en un sentido integral llamamos el yo anímico del hombre está, por lo tanto, en un mundo más ordenado y más espiritual que durante el día. Por la mañana, la naturaleza intima del alma emerge de esta espiritualidad y entra en la naturaleza corporal triple del cuerpo físico, cuerpo etérico y esa parte del cuerpo astral que está unida con el cuerpo etérico, incluso durante la noche.

Ahora bien, si el hombre nunca durmiera, es decir, si nunca sacara nuevas fuerzas de fortalecimiento del mundo espiritual, entonces todo lo que vive en su cuerpo físico y lo permea con fuerzas se vería cada vez más socavado. Sin embargo, dado que una fuerte naturaleza interna se sumerge todas las mañanas en las fuerzas del cuerpo físico, entra un nuevo orden, uno podría decir que se da un renacimiento de las fuerzas. Así, el elemento del alma humana trae consigo del mundo espiritual algo para cada uno de los miembros del cuerpo, algo que trabaja cuando la naturaleza interna del alma y el instrumento físico externo están juntos. Lo que ocurre en la interacción de la interioridad del alma y el cuerpo físico realmente es capaz —si el hombre es sensible en la noche para la recepción de las armonías del mundo espiritual— de impregnar de fuerzas —no las sustancias— del cuerpo físico, con lo que podríamos llamar las “fuerzas del Espacio”.

Como en nuestra civilización actual el hombre está tan alejado del mundo espiritual, estas “fuerzas Espaciales” tienen poco efecto sobre él. Donde el ser interior anímico se permea con el miembro más denso del cuerpo humano, las energías tienen que ser muy fuertes para que se manifiesten en un cuerpo físico robusto.  En las épocas culturales más antiguas, el alma traía impulsos que penetraban el cuerpo físico y los hombres percibían que las fuerzas siempre atravesaban el espacio físico, que de ningún modo era un espacio vacío e indiferente, sino entretejido por fuerzas en todas direcciones. Había un sentimiento por esta distribución de fuerzas del espacio que era causada a través de las relaciones que se han descrito. Pueden entenderlo a través de un ejemplo.

Piensen en uno de los pintores que pertenecen a los grandes momentos del arte cuando aún había un fuerte sentimiento de las fuerzas que trabajan en el espacio. Se podía ver en la obra de un pintor como pinta un grupo de tres ángeles en el espacio. Te colocas ante la imagen y sientes una clara sensación: Estos ángeles no pueden caer, es obvio que están flotando, se apoyan mutuamente a través de las fuerzas vivas del espacio. Las personas que hacen esta propia dinámica interna a través de esa interacción entre el interior del alma y el cuerpo físico tienen la sensación de: “Eso debe ser así, los tres ángeles se mantienen en el espacio”. Van a encontrar esto en el caso de muchos de los antiguos pintores, menos en los más recientes. Por mucho que uno pueda apreciar a Bocklin, la figura que se cierne sobre su “Pieta” produce en todos la sensación de que en cualquier momento se van a caer, ya no se sostienen en el espacio.

f1c11

Todas estas fuerzas yendo y viniendo en el espacio que se deben sentir con tanta fuerza son realidades, realidades —y toda arquitectura procede de este sentimiento del espacio. El origen de la arquitectura genuina es únicamente la colocación de piedra o ladrillo en las líneas que ya existen en el espacio; no se hace nada en absoluto más que hacer visible lo que ya está presente idealmente en el espacio, distribuido espiritualmente; uno lo llena con material. En el grado más puro, este sentimiento de espacio fue poseído por el arquitecto griego que llego a manifestarse en todas las formas de su templo lo que vive en el espacio, lo que uno puede sentir allí. La relación simple, donde la columna admite las masas horizontales o inclinadas —líneas encarnadas, por así decirlo— es puramente una reproducción de las fuerzas espirituales que se encuentran en el espacio, y todo el templo griego no es más que un relleno con material de lo que está viviendo en el espacio. El templo griego es por lo tanto, el más puro pensamiento arquitectónico, el espacio cristalizado. Y por extraño que pueda parecer al hombre moderno, ya que el templo griego es una corporeidad física compuesta a partir de pensamientos, es la oportunidad para que esas figuras que los griegos han conocido como las figuras de sus dioses que ponen sus cuerpos etéreos en contacto real con las líneas espaciales que les resultan familiares y son capaces de morar en ellas.

Es más que una simple frase decir que el templo griego es una morada del Dios. Para alguien que tiene un sentimiento real en tales asuntos, el templo griego tiene una cualidad que hace que en la imagen a lo largo y ancho, no exista ningún ser humano, ni haya nadie dentro de él. El templo griego no necesita a nadie para observarlo, nadie para entrar en él. Piensen en el mismo templo griego permanentemente solo, donde a lo largo y ancho no hay nadie. Es entonces como debería estar en su forma más intensa. Entonces es el refugio del Dios que debe morar en él, porque el Dios puede habitar en las formas. Solo así se comprende realmente la arquitectura griega, la arquitectura más pura del mundo.

f2c11

En la arquitectura egipcia —digamos, en las pirámides— es algo bastante diferente. Solo podemos pincelar estas cosas ahora. Allí las relaciones espaciales, las líneas espaciales, están dispuestas de tal manera que en sus formas señalan los caminos del alma para elevarse hacia los mundos espirituales. Se nos da en las formas que se expresan en las Pirámides de Egipto el camino que toma el alma desde el mundo físico al mundo espiritual. Y en todo tipo de arquitectura tenemos pensamientos que solo deben ser entendidos por cognición espiritual.

En la arquitectura románica con sus arcos redondeados, que ha formado iglesias con naves centrales y laterales, con crucero y ábside, de modo que el todo es una cruz cerrada por la cúpula, tenemos los pensamientos espaciales derivados de la tumba. No puedes pensar en una construcción románica cuando piensas en el templo. El templo griego es la morada de Dios. La construcción románica solo puede considerarse como un lugar de sepultura. La cripta requiere hombres en medio de la vida para permanecer dentro de ella, sin embargo, es un lugar que reúne todos los sentimientos relacionados con la preservación y el refugio de los muertos. En el edificio gótico, nuevamente vemos una diferencia. Del mismo modo que es cierto que se puede pensar que el templo griego no tiene ningún alma humana cerca, y aunque este habitada, es la morada de Dios, también es cierto que la catedral gótica cerrada por encima por sus arcos ojivales no puede ser imaginada sin la congregación de los fieles dentro. No está completa en sí mismo. Si esta solitario, no es el todo. Las personas que están dentro le pertenecen con sus manos dobladas, dobladas al igual que los arcos apuntados. El todo está allí solo cuando el espacio está lleno de los sentimientos de los fieles piadosos.

Estas son las fuerzas que se activan en nosotros y se sienten en el cuerpo físico como una sensación de uno mismo en el espacio. El verdadero artista siente el espacio y lo moldea arquitectónicamente.

Si pasamos ahora al cuerpo etéreo, nuevamente tenemos lo que íntimamente el alma asimila por la noche en el mundo espiritual y trae consigo cuando se desliza de nuevo en el cuerpo etérico. Lo que se expresa así en el cuerpo etérico es percibido por el verdadero escultor y lo imprime en la figura viviente. Esto ya no es el pensamiento espacial, sino la tendencia a mostrar por la forma viviente lo que la naturaleza le ha ofrecido. La mayor comprensión que posee el artista griego, en su Zeus, por ejemplo, ha sido traída con él del mundo espiritual y lo vivifica cuando entra en contacto con el cuerpo etérico.

Además, tiene lugar una interacción similar con lo que llamamos el cuerpo anímico. Cuando la naturaleza interior del alma se encuentra con el cuerpo anímico surge de la misma manera el sentimiento por los primeros elementos de la pintura,  como el sentimiento de la guía de la línea. Y a través del hecho de que al despertar el alma sensible se une con el cuerpo anímico y lo impregna, surge la sensación de la armonía del color.

Así, para empezar, tenemos las tres formas de arte que trabajan con medios externos, tomando su material del mundo exterior.

Ahora cuando el alma racional o mental vuela al mundo astral todas las noches, surge otra cosa. Cuando utilizamos la expresión “alma intelectual” en el sentido de ciencia espiritual, no debemos pensar en el seco intelecto común del que hablamos en la vida ordinaria. Para la ciencia espiritual, el “intelecto” es el sentido de la armonía que no puede encarnarse en la materia externa, el sentido de la armonía que se experimenta interiormente.

Es por eso que decimos “alma intelectual o mental”. Ahora cuando el alma intelectual o mental se sumerge cada noche en las armonías del mundo astral y se vuelve consciente de ellas en el cuerpo astral —aunque este mismo cuerpo astral en el hombre moderno no tiene conciencia de su naturaleza interna—  entonces ocurre lo siguiente. En la noche, el alma ha vivido en lo que siempre se ha llamado la “Armonía de las esferas”, las leyes internas del mundo espiritual, esas Armonías de la Esferas a las cuales señaló la Antigua Escuela de Pitágoras y que alguien que puede percibir en el mundo espiritual entiende como las relaciones del gran universo espiritual. Goethe también lo señaló cuando dejó que Fausto al principio del poema fuera transportado al cielo, y dice:

“El sol resuena según la antigua usanza

En el armonioso conjunto de las esferas hermanadas

Y culmina su viaje determinado

Con la rapidez del rayo”

Y permanece en esas imágenes cuando, en la Parte II, donde Fausto vuelve a elevarse al mundo espiritual, usa las palabras:

 

“Y, para los oídos del espíritu, un fuerte sonido,

Ahora nace el día del recién nacido.

Los portales rocosos resuenan en pedazos,

Las ruedas de Phoebus brotan en trueno.

¡Qué tumulto trae la luz!

En voz alta ha sonado el triunfo del alba,

El ojo está deslumbrado, el oído asombrado,

El oído inaudito no puede herir”.

 

Es decir, el alma vive durante la noche en estos sonidos de las esferas y se enciende cuando el cuerpo astral se hace consciente de sí mismo. En la música creativa, las percepciones de la conciencia nocturna luchan durante la conciencia del día y se convierten en recuerdos: recuerdos de experiencias astrales, o en particular, del alma racional o mental. Todo lo que los hombres conocen como el arte de la música son las expresiones, las huellas, de lo que se experimenta inconscientemente en las armonías de las esferas, y ser dotado musicalmente no significa nada más que tiene un cuerpo astral que es sensible durante el día a lo que resuena durante la noche. Ser no musical significa que la condición del cuerpo astral no permite el surgimiento de tal memoria. Es la incorporación de los tonos del mundo espiritual lo que el hombre experimenta en el arte musical.  Y como la música crea en nuestro mundo físico lo que solo se puede encender en el astral, por lo tanto dije que conecta al hombre con aquellos seres que tienen el cuerpo astral como su miembro más inferior. Con estos seres el hombre vive en la noche; experimenta su obrar en la armonía de las esferas y en la vida diurna lo expresa a través de su música terrenal, de modo que en la música terrenal la armonía de las esferas aparece como una imagen en la sombra. Y en la medida en que el elemento de estos seres espirituales irrumpe en esta esfera terrenal, tejen y viven a través de nuestra esfera terrenal, tienen la oportunidad de sumergir sus cuerpos astrales de nuevo en las olas oceánicas de la música, y así se construye un puente entre estos seres y el hombre a través del arte. Aquí vemos cómo en tal etapa surge lo que llamamos el arte de la música.

Ahora bien, ¿qué percibe el alma consciente cuando está inmersa en el mundo espiritual por la noche, aunque en el presente ciclo humano el hombre está inconsciente de ello?. Percibe las palabras del mundo espiritual. Recibe noticias susurradas que solo se pueden recibir del mundo espiritual. Las palabras se susurran en ella y cuando se traen a la conciencia del día aparecen como las fuerzas fundamentales del arte poético. Así, la poesía es la imagen en la sombra de lo que el alma consciente experimenta por la noche en el mundo espiritual.

Y aquí podemos entender en nuestro pensamiento cómo a través de la conexión del hombre con los mundos superiores —y solo así— en las cinco artes, la arquitectura, la escultura, la pintura, la música, la poesía, él crea existencia en nuestro mundo terrenal, representaciones de la realidad espiritual. Sin embargo, este es solo el caso cuando el arte realmente se eleva por encima de la mera percepción sensorial exterior. En lo que hoy en día se llama ampliamente el naturalismo, donde el hombre simplemente imita lo que ve en el mundo exterior, no hay nada de lo que él trae consigo. El hecho de que tengamos un arte tan puramente externo en muchos campos hoy en día, copiando solo lo que está fuera, es una prueba de que los hombres en nuestro tiempo han perdido la conexión con el mundo espiritual divino. El hombre cuyo interés total se funde en el mundo físico externo, en lo que sus sentidos externos consideran lo único valioso, trabaja tan fuertemente en su naturaleza corporal astral a través de este interés exclusivo en el mundo físico, que esto le vuelve ciego y sordo cuando está en los mundos espirituales por la noche. Los sonidos de las esferas más sublime pueden resonar, los tonos espirituales más elevados pueden susurrarle algo al alma, pero no trae nada a la vida del día. Y luego los hombres se burlan de los idealistas, del arte espiritual, y sostienen que el único propósito del arte es fotografiar la realidad exterior, porque solo allí tiene un suelo sólido bajo sus pies.

Esa es la forma en que habla el materialista ya que no sabe nada de las realidades del mundo espiritual. El verdadero artista habla de manera diferente. Quizás diga: cuando los tonos de la orquesta suenan, es como si escuchara el discurso de la música arquetípica cuyos tonos sonaban antes de que aún hubiera oídos humanos para escucharlos. Él también puede decir: en los tonos de una sinfonía subyace un conocimiento de los mundos superiores que es más elevado y más significativo que cualquier cosa que pueda ser probada por la lógica, analizada en conclusiones.

Richard Wagner ha expresado estas dos declaraciones. Quería llevar a la humanidad a una sensación intensa de que donde hay un verdadero arte, al mismo tiempo debe haber una elevación por encima del elemento sensorial externo. Si la ciencia espiritual dice que algo vive en el hombre que va más allá de el mismo, algo sobrehumano que va a aparecer en perfección cada vez mayores en encarnaciones futuras, Richard Wagner también lo siente cuando dice: “No quiero que aparezcan figuras sobre el escenario como hombres comunes en la esfera terrestre”. Él quiere a los hombres exaltados por encima de la vida ordinaria, que lo lleva a figuras mitológicas que se forman en una escala mayor que la del hombre normal. Él busca lo sobrehumano en el ser humano. Él quiere representar en el arte al ser humano con todos los mundos espirituales, brillando sobre el hombre de la Tierra física. En una época relativamente temprana de su vida, dos imágenes estaban ante él —Shakespeare y Beethoven—. En sus brillantes visiones artísticas vio Shakespeare de tal manera que dijo: “Si reúno todo lo que Shakespeare ha dado a la humanidad, veo que las figuras de Shakespeare se mueven sobre el escenario y realizan actos”. Actos —y las palabras también son actos en este sentido— suceden cuando el alma siente lo que ya no se puede mostrar externamente en el espacio, lo que ya está detrás de él.

El alma ha sentido toda la escala de dolor y sufrimiento, toda la alegría y la felicidad, y ha experimentado cómo a partir de este o aquel matiz se realiza esta o aquella acción. En el drama de Shakespeare, —piensa Richard Wagner—, todo aparece meramente en sus consecuencias, donde adquiere forma espacial, donde se convierte en escritura. Ese es un arte dramático que solo puede exhibir la naturaleza interna exteriorizada; y el hombre puede a lo sumo adivinar lo que vive en el alma, lo que sucede, mientras realiza la escritura.

Además de esto, le apareció la imagen del sinfonista, y vio en la sinfonía la reproducción de lo que vive en el alma en toda la escala emocional de pena y dolor, alegría y felicidad en todas sus sombras.  “En la sinfonía cobra vida —se dijo a sí mismo—pero no se convierte en acción, no sale al espacio”. Y trajo ante su alma una imagen que lo condujo al sentimiento de que una vez esta naturaleza interior se había quebrado, por así decirlo, en la creación artística para pasar a la novena sinfonía.

De estas dos visiones de los artistas surgió la idea en su alma de unir a Beethoven y Shakespeare. Tendríamos que recorrer un largo camino si queremos mostrar cómo a través del manejo exclusivo de la orquesta, Richard Wagner trató de crear esa gran armonía entre Shakespeare y Beethoven para que el interior se expresara en el tono y al mismo tiempo, desembocara en la acción. El discurso secular no era suficiente para él, ya que es el medio de expresión de los acontecimientos del plano físico. El lenguaje que solo se puede dar en los tonos de la canción se convirtió en su expresión de lo que supera a lo físicamente humano como suprahumano.

La Ciencia Espiritual no necesita simplemente ser expresada con palabras, para sentirse con los pensamientos, la Ciencia Espiritual es la vida. Vive en el proceso mundial, y cuando uno dice que quiere conducir las diversas corrientes divididas del alma humana a una gran corriente, vemos este sentimiento vivo en el artista que buscó combinar los diferentes medios de expresión para que lo que vive en el todo pueda expresarse en uno. Richard Wagner no tiene ningún deseo de ser meramente un músico, un dramaturgo, o un poeta. Todo lo que hemos visto fluir desde los mundos espirituales se convierte para él en un medio para unirse en el mundo físico con algo aún más elevado. Tiene el presentimiento de lo que experimentarán los hombres cuando se familiaricen cada vez más con esa época evolutiva en la que la humanidad debe entrar, cuando el Yo espiritual o Manas se una con lo que el hombre ha traído consigo de las épocas pasadas. Y una adivinación de ese gran impulso humano de unir lo que ha aparecido durante siglos se encuentra en Richard Wagner en la transmisión en conjunto de los modos individuales de expresión artística. Tenía una premonición de lo que será la vida cultural humana cuando todo lo que el alma experimente esté inmerso en el principio del yo espiritual o Manas, cuando la naturaleza completa del alma esté inmersa en los mundos espirituales. Es de profunda importancia cuando se ve como historia espiritual que en el arte ha aparecido el primer amanecer para la humanidad para el enfoque hacia el futuro —un futuro que llama a la humanidad, cuando todo lo que el hombre ha ganado en diferentes reinos se unirá en una cultura completa, en una cultura integral. Las artes de cierta manera son los verdaderos precursores de una espiritualidad que se revela en el mundo de los sentidos. Mucho más importante que las declaraciones separadas de Richard Wagner en sus escritos en prosa es la característica principal que vive en ellos, la sabiduría religiosa, el fuego sagrado que fluye a través de todo y que llega a la mejor expresión en su brillante ensayo sobre Beethoven, donde se debe leer entre líneas, pero donde se puede sentir el aliento del aire del amanecer que se acerca.

.Así vemos cómo la ciencia espiritual puede dar una visión más profunda de lo que los hombres producen en sus obras. Hemos visto hoy en el campo de las artes que allí el hombre logra algo por lo que, si podemos decirlo así, los Dioses pueden morar con él, con lo cual él asegura a los Dioses una morada en la esfera terrenal. Si la ciencia espiritual pone en conocimiento del hombre que la espiritualidad se encuentra en relación mutua con la vida física —esto se lleva a cabo por el arte. Y el arte espiritual siempre impregnará nuestra cultura si los hombres vuelven sus mentes a la verdadera espiritualidad. A través de tales reflexiones, la mera enseñanza, la mera concepción del mundo de la ciencia espiritual se expande a impulsos que pueden penetrar en nuestra vida y decirnos lo que debería ser  y en lo que debe convertirse. Para el arte musical-poético fue en Richard Wagner que surgió la nueva estrella que envía a la tierra la luz de la vida espiritual. Tal impulso de vida debe expandirse cada vez más hasta que toda la vida externa se convierta nuevamente en un espejo del alma.

Todo lo que nos sale al encuentro desde afuera puede convertirse en un espejo del alma. No lo tomen como una mera superficialidad, sino como algo que uno puede adquirir desde la ciencia espiritual. Será como lo fue hace siglos, donde en cada cerradura, en cada llave, nos encontramos con algo que reflejaba lo que el artesano había sentido y experimentado. De la misma manera, cuando haya nuevamente verdadera vida espiritual en la humanidad, toda la vida, todo lo que salga al encuentro, se nos aparecerá nuevamente como una imagen del alma. Los edificios seculares serán solo seculares mientras el hombre sea incapaz de imprimir el espíritu en ellos. El espíritu puede ser impreso en todas partes. La imagen de la estación de tren puede parpadear, artísticamente concebida. Hoy no lo tenemos. Pero cuando se vuelva a comprender qué formas deberían estar, uno sentirá que la locomotora puede hacerse arquitectónicamente y que la estación puede relacionarse con ella como la envoltura exterior de lo que la locomotora expresa en sus formas arquitectónicas. Solo cuando se conciban arquitectónicamente se relacionarán mutuamente como dos cosas que se pertenecen entre sí. Pero tampoco es indiferente cómo se usa la izquierda y la derecha en las formas. Cuando el hombre aprenda cómo lo interior se expresa en lo exterior, entonces habrá una cultura otra vez. En efecto, ha habido épocas en las que aún no existía el románico, ni la arquitectura gótica, cuando los que llevaban en sus almas el comienzo de una nueva cultura se reunían en las catacumbas situadas debajo de la antigua ciudad romana. Pero eso que vivía dentro de ellos y solo podía ser grabado en formas pobres en las antiguas cuevas de la tierra, eso que se encuentra en las catacumbas, eso se iluminó débilmente allí y es lo que entonces nos aparece en los arcos románicos, los pilares románicos, el ábside. El pensamiento ha sido llevado al mundo. Si los primeros cristianos no hubieran tenido el pensamiento en el alma  no nos encontraríamos en lo que se ha convertido en cultura mundial. El teósofo solo se siente a sí mismo como tal cuando es consciente de que en su alma tiene una cultura futura. Otros pueden preguntar qué es lo que ya se ha logrado. Entonces se dirá a sí mismo: ¿Qué lograron los cristianos de las catacumbas, y qué ha crecido de eso?.

El débil impulso emocional que vive en nuestras almas cuando nos sentamos juntos, busquemos expandirlo en el espíritu, de alguna manera como los pensamientos de los cristianos pudieron expandirse a las maravillas abovedadas de la catedral posterior. Lo que tenemos en las horas en que estamos juntos, imaginemos expandido exteriormente, llevado al mundo. Entonces tenemos los impulsos que deberíamos tener cuando somos conscientes de que la ciencia espiritual no es un pasatiempo para que las personas se sientan juntas, sino algo que debería llevarse a cabo en el mundo. Las almas que se sientan aquí con sus cuerpos encontrarán, cuando aparezcan en una nueva encarnación, realizadas muchas cosas que ya viven en ellas hoy. Permitámosnos traer tales pensamientos con nosotros cuando volvamos a encontrarnos y revisemos los pensamientos científico espirituales del invierno. Transformémoslos de modo que trabajen como impulsos culturales. Busquemos de esta manera elevar nuestras almas en sentimientos y sensaciones y dejemos que eso viva en el sol veraniego que nos muestra exteriormente en el mundo físico las fuerzas cósmicas activas. Entonces nuestra alma podrá mantener el estado de ánimo y llevar al mundo exterior lo que ha experimentado en los mundos del espíritu. Eso es parte del desarrollo del teósofo. Así, de nuevo, daremos un paso adelante si tomamos esos sentimientos con nosotros y absorbemos con ellos las fuerzas fortalecedoras del verano.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Febrero de 2018.

 

 

Anuncios

GA102c10. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 16 de mayo de 1908

English version

Lo que hemos estado estudiando durante un tiempo en nuestro grupo de conferencias es una coronación o expansión de los temas que nos han ocupado durante el invierno. Puede ser que una observación aquí o allá parezca algo aforística, y queremos mediante estos estudios ampliar o redondear los pensamientos y conceptos que se han despertado en nosotros.

En la última conferencia, estuvimos particularmente ocupados con la presencia de todo tipo de seres espirituales que se encuentran, por así decirlo, entre los reinos perceptibles por los sentidos de la naturaleza que nos rodea. Vimos especialmente cómo en el lugar donde los seres de diferentes reinos de la naturaleza se unen, donde la planta empuja hacia la piedra en un manantial, donde la piedra ordinaria incide sobre un metal como ocurre constantemente debajo de la Tierra, donde hay una comunión entre las abejas y las flores; cómo en todas partes se desarrollan fuerzas que atraen a los seres a los que hemos llamado seres elementales a la existencia terrenal. Además, en relación con estos seres elementales, nos hemos ocupado del hecho de un cierto corte, una separación de los seres de su conexión total. Hemos visto que los seres elementales llamados por la Ciencia Espiritual “Salamandras” tienen en parte su origen en las partes separadas de las almas-grupo de los animales. Estos, por así decirlo, se aventuraron demasiado adelantándose en nuestro mundo físico y no han podido encontrar el camino de regreso para unirse nuevamente con el alma grupal, después de la muerte y disolución del animal. Sabemos que en el curso regular de nuestra vida, los seres de nuestra Tierra, los seres de los reinos animal, vegetal, mineral, tienen su “ser anímico espiritual” —si así se puede llamar, tienen almas egocéntricas, como el hombre, que difieren solo en el hecho de que este “ser anímico espiritual” de los otros seres se encuentran en otros mundos. Sabemos que el hombre es ese ser en nuestro ciclo de evolución que tiene un yo individual aquí en el plano físico, al menos durante su vida de vigilia. Sabemos además que los seres a los que llamamos animales están tan condicionados que —por así decirlo— los animales de forma similar tienen un alma grupo o yo  grupal que se encuentra en el llamado mundo astral. Además, los seres que llamamos vegetales tienen una conciencia como el dormir sin sueños aquí en el mundo físico pero tienen yoes grupales que habitan en las partes más bajas del mundo devacánico; y, finalmente, las piedras, los minerales, tienen sus yoes grupales en las partes más altas del Devacán. Quien se mueve clarividentemente en el mundo astral y devacánico tiene relaciones allí con las almas grupales de los animales, las plantas y los minerales, de la misma manera que aquí en el mundo físico tiene relaciones sociales durante el día con otras almas humanas o yoes.

Ahora tenemos que tener claro que en muchos aspectos el hombre es un ser muy complicado —hemos hablado a menudo de esta complejidad en diferentes conferencias. Pero parecerán más y más complicadas cuanto más lejos lleguemos a las conexiones con los grandes hechos cósmicos. Para darse cuenta de que el hombre no es el simple ser que tal vez le parezca a una observación ingenua, solo necesitamos recordar que por la noche, desde el irse a dormir hasta despertar, el hombre del presente ciclo evolutivo es un ser completamente diferente de lo qué es durante el día Sus cuerpos físico y etérico yacen en la cama, el yo con el cuerpo astral sale de ellos. Consideremos ambas condiciones y, en primer lugar, los cuerpos físico y etérico. Se quedan allí, y si hacemos caso omiso del estado de transición del sueño, tienen lo que podríamos llamar una conciencia de sueño carente de contenido, percepciones o sueños. Pero el yo y el cuerpo astral externo tienen, en este ciclo de evolución presente, la misma conciencia de sueño sin sueños. El hombre dormido, ya sea en los miembros que permanecen aquí en el mundo físico, o en aquellos que están en el mundo astral, tiene la misma conciencia que la cubierta vegetal de la Tierra. Debemos ocuparnos un poco de estas dos partes separadas del ser humano dormido.

De otras conferencias sabemos que el hombre del tiempo presente ha surgido lenta y gradualmente. Sabemos que recibió los primeros rudimentos del cuerpo físico en la encarnación de nuestra Tierra que yace en un pasado primitivo que llamamos la evolución del Antiguo Saturno. Sabemos que entonces, en una segunda encarnación de nuestra Tierra, durante la evolución del Antiguo Sol, recibió el cuerpo etéreo o de vida, que en la tercera encarnación, la evolución lunar, también recibió el cuerpo astral, y que en la presente encarnación de la Tierra, de nuestro planeta adquirió lo que llamamos el yo. Por lo tanto, el ser humano ha evolucionado de forma bastante lenta y gradual. Este cuerpo físico que el hombre lleva hoy es en realidad su parte más antigua, la parte que ha atravesado la mayoría de las metamorfosis. Ha sufrido cuatro cambios. El primer rudimento, recibido por el hombre en el Antiguo Saturno, ha pasado por tres modificaciones, en el Sol, en la Luna y finalmente en la Tierra, y se expresa en los órganos de los sentidos presentes del hombre. Eran órganos bastante diferentes en el antiguo Saturno, pero sus primeros rudimentos estaban allí, mientras que no existía ninguna otra parte del cuerpo físico. Podemos ver al antiguo Saturno como un ser único, compuesto enteramente de órganos de los sentidos. En el Sol se agregó el cuerpo etérico, el cuerpo físico experimentó un cambio y surgieron los órganos que llamamos hoy glándulas, aunque al principio solo existían en sus rudimentos. Luego, en la Luna, cuando el cuerpo físico había sufrido una tercera transformación a través de la impresión del cuerpo astral, se añadieron los órganos que conocemos como los órganos nerviosos. Y finalmente en la Tierra se agregó el sistema de sangre actual, la expresión del ego, ya que el sistema nervioso es la expresión del cuerpo astral, el sistema glandular del cuerpo etérico y el sistema de los sentidos la expresión física del cuerpo físico en sí mismo. Hemos visto en conferencias anteriores que el sistema sanguíneo apareció por primera vez en nuestra evolución de la Tierra y nos preguntamos: ¿Por qué fluye la sangre en la forma presente en los canales sanguíneos? ¿Qué expresa esta sangre? La sangre es la expresión del yo y con esto consideraremos un posible malentendido, a saber, que el hombre en realidad no entiende el cuerpo físico humano presente.

El cuerpo humano tal como lo vemos hoy es solo una forma de muchas. En la Antigua Luna, en el Antiguo Sol, en Antiguo Saturno, estaba allí pero siempre diferente. En la Antigua Luna, por ejemplo, todavía no había ningún reino mineral, en el Sol no había mundo vegetal ante nuestros sentidos, y en Saturno no había reino animal; solo había seres humanos en sus primeros rudimentos físicos. Ahora, cuando reflexionemos sobre esto, debemos tener claro que el cuerpo humano actual no es solo cuerpo físico, sino cuerpo físico-mineral, y que a las leyes del mundo físico —por lo tanto, es el “cuerpo físico”— ha asimilado las leyes y las sustancias del reino mineral, que lo impregnan hoy. En la Luna, el cuerpo físico humano aún no había asimilado esas leyes: si a uno lo hubieran quemado no habría cenizas, ya que no había minerales en el presente sentido terrenal. Recordemos que ser físico y ser mineral son dos cosas bastante diferentes. El cuerpo humano es físico porque está gobernado por las mismas leyes que la piedra; es al mismo tiempo mineral porque ha sido impregnado con sustancias minerales. El primer germen del cuerpo físico estaba presente en Saturno, pero no había cuerpos sólidos, ni agua, ni gases. En Saturno no había nada más que una condición de calidez. El físico moderno no conoce esta condición porque cree que el calor solo puede aparecer en relación con gases, agua u objetos sólidos. Pero eso es un error. El cuerpo físico que hoy ha asimilado el reino mineral fue en el antiguo Saturno un nexo de leyes físicas. Somos leyes físicas que trabajan en líneas, en formas, lo que aprendes a conocer como leyes en física. Externamente, el ser humano físico se manifestó en el Antiguo Saturno puramente como un ser que vivía en el calor. Por lo tanto, debemos distinguir claramente entre el elemento mineral y el principio físico real del cuerpo del hombre. Es la ley física la que gobierna el cuerpo físico. Pertenece, por ejemplo, al principio físico el que nuestro oído tenga tal forma, que recibe el sonido de una manera bastante definida; a la naturaleza mineral del oído pertenecen las sustancias que están impregnadas en este andamiaje de leyes físicas.

Ahora que hemos aclarado esto y nos damos cuenta en particular de cómo los órganos de los sentidos, las glándulas, los nervios y la sangre son las expresiones de nuestra naturaleza cuádruple, volvamos nuevamente a la observación del ser humano dormido. Cuando el hombre está dormido, el cuerpo físico y el cuerpo etérico están sobre la cama, el cuerpo astral y el yo están fuera. Pero ahora recordemos que el cuerpo astral es el principio del sistema nervioso y el yo el del sistema sanguíneo. Así, durante la noche, el cuerpo astral ha abandonado esa parte del cuerpo físico del cual, por así decirlo, es la causa, es decir, el sistema nervioso.  Porque solo cuando los miembros del cuerpo astral se introdujeron en el hombre en la Antigua Luna pudo surgir el sistema nervioso. Por lo tanto, el cuerpo astral deja insensiblemente lo que le pertenece, lo que realmente debe mantener, y de la misma manera el yo abandona lo que le ha llamado a la vida. Los principios de la sangre y del cuerpo astral están fuera y el cuerpo físico y etérico durmientes están absolutamente solos. Pero ahora nada de una naturaleza física material puede subsistir en la forma que ha sido invocada por un principio espiritual cuando este principio espiritual ya no está allí. Eso está completamente fuera de lugar. Nunca podría vivir un sistema nervioso a menos que los seres astrales estén activos en él, y nunca podría vivir un sistema sanguíneo a menos que los seres del yo estén activos en él. Por lo tanto, significa que todos ustedes desertarán en la noche su sistema nervioso y sanguíneo abandonándolos a otros seres de naturaleza astral. Seres que son de la misma naturaleza que el yo descienden ahora al organismo. Todas las noches el organismo humano está ocupado por seres equipados para mantenerlo. El cuerpo físico y el cuerpo etérico que yacen en la cama están al mismo tiempo interpenetrados por estos seres astrales y de yo; en realidad están dentro del cuerpo físico. Podríamos llamarlos intrusos, pero eso de ninguna manera es correcto. En muchos sentidos debemos llamarlos espíritus guardianes, ya que son los sostenedores de lo que el hombre abandona cruelmente en la noche.

Ahora no es tan malo para el hombre el dejar sus cuerpos todas las noches. Ya he dicho que el cuerpo astral y el yo están activos perpetuamente en la noche. Eliminan del cuerpo físico el desgaste que el día le ha dado, lo que en un sentido amplio llamamos fatiga. El hombre se refresca y se renueva por la mañana, porque durante la noche su cuerpo astral y su yo han eliminado la fatiga que le habían causado las impresiones de la vida cotidiana. Esta actividad nocturna del cuerpo astral para deshacerse de las sustancias de fatiga es un hecho definido para la percepción clarividente. El yo y el cuerpo astral trabajan desde fuera en los cuerpos físico y etérico. Pero en el ciclo actual de su evolución, el hombre aún no está lo suficientemente avanzado como para poder llevar a cabo tal actividad de manera completamente independiente. Él solo puede hacerlo bajo la guía de otros seres superiores. Entonces, el ser humano es llevado todas las noches al seno de los seres superiores, por así decirlo, y le otorgan el poder de trabajar de la manera correcta en sus cuerpos físico y etérico. Estos al mismo tiempo son los seres —es por eso que no podemos llamarlos intrusos— que cuidan el sistema nervioso y sanguíneo del hombre de la manera correcta durante el sueño.

Mientras no surjan anormalidades, la cooperación de los seres espirituales con el hombre está justificada. Pero tales irregularidades pueden muy bien entrar y aquí llegamos a un capítulo de la Ciencia Espiritual que es extraordinariamente importante para la vida práctica del alma humana. A uno le gustaría que se le conociera en los círculos más amplios y no solo teóricamente, sino también como base para ciertas actividades de la vida anímica humana. Generalmente no se imaginan que los hechos de la vida anímica tengan un efecto de gran alcance. En ciertas conexiones también he llamado su atención sobre el hecho de que es solo cuando se ve a la luz de la Ciencia Espiritual que los eventos en la vida del alma pueden encontrar su verdadera explicación. Todos conocemos el profundo significado de la declaración: “Considerado desde el aspecto científico espiritual, una mentira es una especie de asesinato”. He explicado que realmente ocurre una especie de explosión en el mundo astral cuando el hombre dice una mentira, incluso, de cierta manera, si solo lo piensa. Algo ocurre en el mundo espiritual cuando el hombre miente, lo que tiene un efecto mucho más devastador para ese mundo que cualquier desgracia en el mundo físico. Pero las cosas que se relacionan en una determinada etapa de observación científico-espiritual, caracterizándolas en la medida de lo posible, ganan cada vez más claridad y confirmación cuando uno avanza en el conocimiento de la Ciencia Espiritual. Hoy aprenderemos de otro efecto de mentir, difamar, aunque estas palabras no se usan aquí en el sentido crudamente ordinario. Cuando más sutilmente, fuera de convención, por ejemplo, o fuera de todo tipo de consideraciones sociales o de partidos, las personas colorean la verdad, tenemos que ver con una mentira en el sentido de la Ciencia Espiritual. En muchos aspectos, la vida entera del hombre está saturada,  si no con mentiras, sin embargo, con manifestaciones que tienen un matiz no verdadero. El materialista iluminado puede en cualquier caso ver que se produce una impresión en su cuerpo físico si recibe un golpe en el cráneo con un hacha, o si su cabeza es cortada por el ferrocarril, o si tiene una úlcera en algún lugar o es atacado por bacilos. Luego admitirá que los efectos se producen en el cuerpo físico. Lo que generalmente no se considera en absoluto es que el hombre es una unidad espiritual, que lo que sucede en sus miembros superiores, el cuerpo astral y el yo, tiene un efecto positivo hasta su naturaleza física. No se considera, por ejemplo, que el decir mentiras y falsedades, falsedades incluso en los asuntos de la vida, tenga un efecto definido en el cuerpo físico humano. La visión espiritual puede experimentar lo siguiente: si una persona, digamos, ha dicho una mentira durante el día, su efecto permanece en el cuerpo físico y es visto por la percepción clarividente mientras la persona duerme.  Supongamos que esta persona no es sincera, y va acumulando mentiras, entonces tendrá muchos de esos efectos en su cuerpo físico. Todo esto se endurece, por así decirlo, en la noche, y luego sucede algo muy importante. Estos endurecimientos, estos “recintos”, en el cuerpo físico no son del agrado de los seres que desde los mundos superiores deben tomar posesión del cuerpo físico en la noche y llevar a cabo las funciones ejercidas de otro modo por el cuerpo astral y el yo. El resultado es que en el curso de la vida y por la razón de un cuerpo enfermo, —se podría decir—, a través de mentiras, partes de esos seres que descienden al hombre por la noche se separan. Aquí tenemos nuevamente procesos de desapego que conducen al hecho de que cuando un hombre muere, su cuerpo físico no solo sigue los caminos que normalmente tomaría. Ciertos seres quedan atrás, seres que han sido creados en el cuerpo físico a través del efecto de la mentira y la calumnia, y han sido separados del mundo espiritual. Tales seres, desprendidos de este modo tortuoso, ahora revolotean y zumban en nuestro mundo y pertenecen a la clase que llamamos “fantasmas”. Forman un cierto grupo de seres elementales relacionados con nuestro cuerpo físico, e invisibles a la visión física. Se multiplican a través de mentiras y calumnias, y estos en realidad pueblan nuestro mundo terrenal con fantasmas. De esta forma aprendemos a conocer una nueva clase de seres elementales.

Pero ahora, no solo las mentiras y las calumnias sino también otras cosas que pertenecen a la vida del alma producen un efecto en el cuerpo humano. Son las mentiras y las calumnias que actúan sobre el cuerpo físico lo que provoca el despliegue de los fantasmas. Otras cosas vuelven a trabajar de manera similar en el cuerpo etérico. No deben sorprenderse de tales fenómenos anímicos: en la vida espiritual uno debe ser capaz de tomar las cosas con toda calma. Los asuntos, por ejemplo, que tienen un resultado dañino en el cuerpo etérico son las malas leyes o malas medidas sociales que prevalecen en una comunidad. Todo lo que conduce a la falta de armonía, todo lo que hace que se den los malos entendidos entre hombre y hombre, trabaja de tal manera a través del sentimiento que se crea en la vida común que el efecto continúa en el cuerpo etérico. La acumulación en el cuerpo etérico causado a través de estas experiencias del alma trae de nuevo el desprendimiento de los seres que trabajan desde los mundos espirituales y estos también se encuentran ahora en nuestro entorno —son “espectros” o “fantasmas”. Así estos seres que existen en el mundo etérico, en el mundo de la vida, los vemos crecer fuera de la vida de los hombres. Muchos hombres pueden andar entre nosotros y, para alguien que puede ver estas cosas espiritualmente, su cuerpo físico está abarrotado, se podría decir, con fantasmas, su cuerpo etérico atestado de espectros y, como regla, después de la muerte de ese hombre o en breve tiempo después todo esto se separa y dispersa poblando el mundo.

Entonces vemos cuán sutilmente se continúan los eventos espirituales de nuestra vida, cómo mentiras, calumnias, malos arreglos sociales, depositan sus creaciones espiritualmente entre nosotros en nuestra Tierra.

Pero ahora también pueden comprender que si en la vida diaria normal el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo están juntos, y el cuerpo físico y el cuerpo etérico tienen que permitir que otros seres los presionen y actúen sobre ellos, entonces el cuerpo astral y el yo tampoco están en condiciones normales. En cualquier caso, se encuentran en una posición algo diferente con respecto a los cuerpos físico y etérico. Estos dos tienen en el hombre dormido la conciencia de las plantas. Pero las plantas, por otro lado, tienen su yo arriba en el Devacán. De ahí que los cuerpos físicos y etéricos del hombre dormido también deban ser sostenidos por seres que despliegan su conciencia desde el Devacán. Ahora bien, es cierto que el cuerpo astral y el yo del hombre están en un mundo superior, pero él también duerme sin soñar como las plantas. El hecho de que las plantas solo tengan un cuerpo físico y etéreo y que el hombre en su estado de sueño posea además un cuerpo astral y un yo, no hace diferencia en cuanto a la naturaleza vegetal. Es cierto que el hombre ha sido arrastrado hacia arriba, al mundo astral espiritual, pero aún no lo suficientemente elevado hacia arriba con su yo, para justificar la condición de sueño. La consecuencia es que estos seres también deben entrar en su cuerpo astral cuando el ser humano se duerme. Y así es: las influencias del mundo devacánico presionan todo el tiempo en el cuerpo astral del hombre. No necesitan ser influencias anormales, pueden venir de lo que llamamos el yo superior del hombre. Porque sabemos que el hombre se está elevando gradualmente al mundo devacánico, en la medida en que se acerca cada vez más a un estado de espiritualización, y lo que se está preparando allí le envía sus influencias ahora cuando duerme. Pero no son simplemente estas influencias normales. Esto simple y llanamente sería el caso si los seres humanos entendieran completamente lo que es valorar y estimar la libertad del otro. La humanidad en este momento todavía está muy alejada de eso. Piensen solo en cómo el hombre moderno en su mayor parte quiere gobernar por encima de la mente del otro, cómo no puede soportar que otra persona pueda pensar y gustar de otra manera, cómo quiere trabajar sobre el alma del otro. En todo lo que funciona de alma a alma en nuestro mundo, desde dar un consejo injustificable a todos los métodos que los hombres emplean para abrumar a los demás, en cada acto que no permite que el alma libre se enfrente al alma libre, sino que emplea, incluso en el más mínimo grado, medios poderosos para convencer y persuadir, en todo esto, las fuerzas están trabajando de alma a alma, lo que de nuevo influye en estas almas de tal manera que se expresa en la noche en el cuerpo astral. El cuerpo astral obtiene esos “recintos” y, por lo tanto, los seres se separan de otros mundos y se vuelven a revolotear a través de nuestro mundo como seres elementales. Ellos pertenecen a la clase de los demonios. Su existencia se debe únicamente al hecho de que la intolerancia y la opresión del pensamiento se han utilizado de diversas maneras en nuestro mundo. Así es como estas huestes de demonios han surgido en nuestro mundo. Así hemos aprendido de nuevo hoy a conocer seres que son tan reales como las cosas que percibimos a través de nuestros sentidos físicos, y que definitivamente producen efectos en la vida humana. La humanidad habría avanzado de manera bastante diferente si la intolerancia no hubiera creado los demonios que impregnan nuestro mundo, influyendo continuamente en las personas. Son al mismo tiempo espíritus de prejuicios. Uno comprende las complejidades de la vida cuando aprende acerca de estos enredos entre el mundo espiritual en el sentido superior y nuestro mundo humano. Todos estos seres, como hemos dicho, están allí, y zumban y aletean en el mundo en el que vivimos.

Ahora recordemos algo más que también se ha dicho anteriormente. Hemos señalado que en el hombre del último tercio de la era atlante, antes del diluvio atlante, la relación del cuerpo etérico con el cuerpo físico era bastante diferente de la que había sido anteriormente. Hoy la parte física de la cabeza y la parte etérica prácticamente coinciden. Eso fue bastante diferente en la antigua Atlántida; allí tenemos la parte etérica de la cabeza proyectándose muy lejos —especialmente en la región de la frente. Ahora tenemos un punto central para la parte etérica y física aproximadamente entre las cejas. Estas dos partes se juntaron en el último tercio de la era Atlante y hoy coinciden. De este modo, el hombre pudo decirse “yo” a sí mismo y sentirse una personalidad independiente. Por lo tanto, el cuerpos etérico y físico de la cabeza se han unido. Esto ha sucedido para que el hombre pueda convertirse en el ser sensible que está dentro de nuestro mundo físico, de modo que pueda enriquecer su vida interior a través de lo que capta a través de impresiones sensoriales, a través del olfato, el gusto, la vista, etc. Todo esto se encarna en su ser interior, de modo que al obtenerlo pueda usarlo para el desarrollo posterior de todo el Cosmos. Lo que él adquiere así no se puede adquirir de ninguna otra manera, y por eso siempre hemos dicho que no debemos tomar la Ciencia Espiritual en un sentido ascético, como una huida del mundo físico. Todo lo que sucede aquí lo llevamos con nosotros fuera del mundo físico y se perderá en el mundo espiritual si no se recoge aquí primero. El camino de regreso está ocupado. Hay personas hoy que tienen un cuerpo etérico mucho más flexible que otros. Este aflojamiento del cuerpo etérico es justo para el hombre si durante sus diferentes encarnaciones en esas épocas culturales ha absorbido tanto en sí mismo que cuando su cuerpo etérico se apaga nuevamente tendrá los frutos correctos del mundo de los sentidos físicos de la Tierra, frutos adecuados para su incorporación a un cuerpo etérico cada vez más independiente. Cuanto más espirituales sean los conceptos que el hombre encuentra en el mundo físico, más se lleva consigo en su cuerpo etérico. Todas las ideas utilitarias, todos los conceptos ligados a la máquina y la industria que solo sirven a las necesidades externas y la vida externa, y que el hombre absorbe en nuestra presente existencia terrenal, no son adecuados para la incorporación en el cuerpo etérico. Pero todos los conceptos que él absorbe de lo artístico, lo bello, lo religioso —y todo puede sumergirse en la esfera de la sabiduría, el arte, la religión— todo esto dota al cuerpo etérico del hombre de la capacidad y posibilidad de organizarse de manera independiente. Como esto se puede ver de antemano, a menudo se ha enfatizado aquí que la concepción del mundo de la Ciencia Espiritual debe enviar sus impulsos y actividades a la vida práctica. La Ciencia Espiritual nunca debe seguir siendo un tema de conversación en las reuniones de té o cualquier otra actividad aparte de la vida ordinaria; debe abrirse paso en toda nuestra civilización. Si algún día se entienden los pensamientos científicos espirituales, entonces los hombres comprenderán que todo lo que nuestra época logra debe estar impregnado de principios espirituales. Muchos seres humanos, entre ellos Richard Wagner, previeron en ciertos campos tal penetración con principios espirituales. Algún día los hombres entenderán cómo construir una estación de ferrocarril para que fluya la verdad como en un templo y de hecho sea simplemente una expresión adecuada para lo que hay dentro de ella. Todavía hay mucho por hacer. Por lo tanto, estos impulsos deben ser efectivos y serán efectivos cuando se comprendan más plenamente los pensamientos científico-espirituales.

Todavía recuerdo vívidamente una dirección de rectoría dada hace unos veinticinco años por un conocido arquitecto. Habló sobre el estilo en la arquitectura y pronunció la notable frase: “¡Los estilos arquitectónicos no se inventan, crecen de la vida espiritual!”. Al mismo tiempo, mostró por qué nuestra era, si bien produce estilos arquitectónicos, solo revive los antiguos y es incapaz de encontrar un nuevo estilo porque todavía no tiene una vida espiritual interior. Cuando el mundo vuelva a crear vida espiritual, todo será posible. Entonces sentiremos que el alma humana brilla hacia nosotros desde todo lo que miramos, así como en la Edad Media cada cerradura de una puerta expresaba lo que el alma humana entendía de las formas externas. La Ciencia Espiritual no será entendida hasta que se encuentre en todas partes de esta manera como si estuviera cristalizada en formas. Para entonces la humanidad también vivirá como espíritu en el Espíritu. Entonces, sin embargo, el hombre estará preparando más y más algo que llevara consigo cuando vuelva a ascender al mundo espiritual, cuando su cuerpo etérico se vuelva independiente. Así los hombres deben sumergirse en el mundo espiritual si quiere llevar la evolución por el camino correcto.

 

ascension y pentecostes

Nada simboliza la penetración del mundo por el espíritu tan bellamente como la historia del milagro de Pentecostés. Cuando lo contemplan, es como si la interpenetración del mundo con la vida espiritual estuviera indicada proféticamente a través del descenso de las “lenguas ardientes”. Todo debe volver a vivificarse a través del espíritu, esa relación intelectual abstracta que el hombre tiene con las festividades también debe volverse concreta y vivir de nuevo. Ahora, en este momento de Pentecostés, intentemos ocupar nuestras almas con los pensamientos que pueden proceder de la conferencia de hoy. Entonces la Festividad, que como sabemos está establecida sobre una base espiritual, significará de nuevo algo que vive en el hombre cuando su cuerpo etérico está maduro para la creación espiritual. Pero si el hombre no absorbe el espíritu de Pentecostés, entonces el cuerpo etérico sale del cuerpo físico y es demasiado débil para vencer lo que ya ha sido creado, esos mundos de espectros, fantasmas, demonios, que el mundo crea como fenómenos existentes a su lado.

Traducido por Gracia Muñoz en febrero de 2018.

 

GA102c9. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 13 de mayo de 1908

English version

En nuestra última conferencia nos aventuramos en un terreno bastante inusual, cuando dirigimos nuestra atención a ciertos seres que existen entre nosotros. Son seres espirituales que en cierto modo están fuera del curso regular de la evolución, y es precisamente este hecho el que les da su significado. Estamos teniendo en cuenta los seres elementales, cuya existencia naturalmente, para las mentes iluminadas de hoy en día son una superstición; pero que van a jugar un significativo papel en nuestra evolución espiritual en un tiempo no muy lejano, precisamente por la posición que ocupan en el Cosmos.

Hemos visto cómo estos seres elementales vienen a la existencia como una especie de piezas cortadas de forma irregular de las almas grupo. Sólo tenemos que recordar lo que se dijo al final de la ultima conferencia donde hemos ubicado la naturaleza de tales criaturas elementales ante nuestros ojos espirituales. Estamos teniendo en cuenta una de las últimas especies formadas de estos seres elementales. Hemos señalado el hecho de que cada forma animal, o por decirlo de otra manera, la totalidad de los animales de la misma especie está representada por un alma-grupo. Hemos dicho que las almas-grupo juegan el mismo papel en el mundo astral que el alma humana, en la medida en que está dotada de un Yo en el mundo físico.

El Yo humano es en realidad un Yo grupal que ha descendido del plano astral al plano físico, y por lo tanto se ha convertido en un yo individual. Los Yoes de los animales todavía están en el plano astral, y lo que vemos en el plano físico como animal individual posee sólo el cuerpo físico, el cuerpo etérico, y el cuerpo astral. El Yo esta en el mundo astral, los animales formados de manera similar pertenecen al Alma-grupo. Se puede comprender a partir de este hecho cómo el nacimiento y la muerte en la vida humana no tienen el mismo significado en la vida del animal. Porque cuando un animal muere, el alma del grupo o el yo del grupo sigue viva. Es lo mismo que si —en el supuesto de que fuera posible— un hombre perdiera una mano y fuese capaz de reemplazarla. Su Yo no diría: “He muerto a causa de la pérdida de mi mano”, pues siente que se ha renovado la extremidad. Así que el Yo del grupo de los leones renueva un miembro cuando un león muere y es reemplazado por otro. Así podemos entender que el nacimiento y la muerte de los animales vinculados al alma grupo, no tienen en absoluto la importancia que tiene para el ser humano en el presente ciclo de evolución. El alma-grupo de los animales sabe de los cambios, las metamorfosis; sabe, por así decirlo, la ruptura de los miembros que luego se extienden en el mundo físico, la pérdida de estos miembros y su renovación.

Hemos dicho, sin embargo, que hay ciertas formas animales que van demasiado lejos en el proceso de ruptura, que ya no están en condiciones de devolver al plano astral, lo que traen hasta el plano físico. Cuando un animal muere lo que se desprende debe estar totalmente agotado en el mundo que le rodea, mientras que la naturaleza del alma y el espíritu del animal vuelve a asumirse de nuevo en el alma del grupo, extenderse y crecer en un ser físico nuevo. Hay  ciertos animales que no pueden enviar todo de nuevo al alma grupo, y estas partes que se quedan sueltas, desprendidas del alma grupal pasan a una vida aislada, como seres elementales. Nuestra evolución ha pasado por los escenarios más variados y en cada etapa estos seres elementales han sido separados, por lo que se pueden imaginar que tenemos un número bastante grande de esos elementales que nos rodean en lo que llamamos el mundo suprasensible.

Cuando, por ejemplo, la persona ilustrada dice que la gente habla de los seres elementales llamándolos silfos, o lemures, pero que tales seres no existen, hay que responder que no ve estas cosas, porque no se ha preocupado de desarrollar los órganos del conocimiento que le permite reconocerlos. Pero que pregunten a las abejas, o más bien, al alma de la colmena. Ellos no podrían negar la existencia de silfos o Lemures! Pues los seres elementales que se denominan por estos nombres se encuentran en lugares muy definidos, es decir, donde hay un cierto contacto del reino animal con el reino vegetal. Esto no tiene una aplicación general, sin embargo, se encuentra sólo en lugares donde el contacto se lleva a cabo bajo ciertas circunstancias. Cuando el buey come hierba hay un contacto entre el reino animal y el reino vegetal, que crea un lugar común, un procedimiento normal, que se encuentra en el curso normal de la evolución. El contacto que ocurre entre la abeja y la flor se encuentra en una página bastante diferente de la evolución cósmica. Las abejas y las flores están mucho más separadas en su organización y se unen de nuevo de una manera especial —además, se desarrolla una fuerza bastante notable en su contacto. La peculiar envoltura áurica que siempre surge cuando una abeja o un insecto similar liba una flor pertenece a las observaciones “interesantes” de los mundos suprasensibles espirituales, si se puede usar la expresión, pues tenemos muy pocas expresiones apropiadas para estas cosas sutiles. La experiencia peculiar y única que tiene la pequeña abeja cuando liba la flor está presente no solo en los masticadores o en el cuerpo de la abeja, sino que el intercambio de sabor entre la abeja y la flor extiende una especie de aura etérica diminuta. Cada vez que la abeja liba se crea este aura, y siempre que surge algo como esto en el mundo suprasensible, los seres que lo necesitan llegan al lugar. Ellos se sienten atraídos por ella, porque allí encuentran su alimento —por expresarlo crudamente otra vez. Ya dije en otra ocasión que no debemos estar preocupados con la pregunta: ¿De dónde vienen todos los seres de los que hemos hablado? Dondequiera que se dé la oportunidad a estos seres que hemos definido siempre estarán ahí. Si una persona envía injustos, malos sentimientos, estos viven a su alrededor y atraen a los seres que están allí, esperando, como un ser físico espera la comida. En una ocasión se comparó con el hecho de que no hay moscas en una habitación limpia, y si  todo tipo de alimentos se mantienen en la habitación, entonces habrá moscas. Lo mismo sucede con los seres suprasensibles: sólo hay que darles los medios de alimentación. La abeja que chupa la flor, extiende algo de aura etérica y entonces se acercan, especialmente cuando un enjambre entero de abejas se posa sobre un árbol y luego se aleja con la sensación del gusto en el cuerpo. Entonces todo el enjambre está envuelto en este aura etérea y también completamente compenetrado por los seres espirituales que uno llama Silfos o Lemures. En las regiones fronterizas donde los diferentes reinos entran en contacto unos con otros, estos seres están presentes y realmente juegan un papel. De hecho, no solo se encuentran donde surge esta fina aura etérea, no solo se acercan para satisfacerse, sino que tienen hambre y hacen que el hambre se exprese guiando a las criaturas particulares hacia los lugares particulares. De cierta manera, son pequeños guías.

Así que vemos que los seres que, podemos decir, han cortado su conexión con otros mundos a los que antes estaban unidos, han tomado a cambio un papel extraño. Son seres que bien pueden usarse en otros mundos. En cualquier caso, cuando se usan así, se establece un tipo de organización,  donde ellos quedan bajo seres superiores.

Se dijo al comienzo de la conferencia de hoy que en un momento no muy lejano será totalmente necesario que la humanidad sepa de estas cosas. En un futuro no muy lejano, la ciencia tomará un curso extraordinario. La ciencia se volverá cada vez más materialista, se limitará simplemente a una descripción de hechos externos perceptibles con los sentidos físicos. La ciencia se limitará a lo crudamente material, aunque todavía prevalece un extraño estado de transición. Un tiempo de puro materialismo no diluido en la ciencia no está muy lejos de nosotros. Este materialismo crudo es, en la mayoría de los casos, una posibilidad para las personas con una perspectiva puramente amateur, aunque pocos pensadores se molestan en poner esto en su lugar. Vemos aparecer un gran número de teorías abstractas en las que se hace una referencia tímida a lo suprasensible, lo superfluo. El curso de los acontecimientos, sin embargo, y el poder de los hechos físicos externos derrocarán por completo estas teorías extrañas y fantásticas que son creadas por aquellos que no están satisfechos hoy con la ciencia física. Y un día los sabios se encontrarán en una situación peculiar con respecto a estas teorías.

Todo lo que han esparcido sobre el Todo-Ser y Toda-Exaltación de este o aquel mundo, todas sus especulaciones serán derrocadas y los hombres no tendrán nada más en la mano que simples hechos perceptibles por los sentidos en los campos de la geología, la biología, la astronomía, etc. Las teorías establecidas hoy serán muy efímeras, y para aquel que es capaz de observar el curso especial de la ciencia, se le presenta la desolación absoluta del horizonte puramente físico.

Entonces, sin embargo, también habrá llegado el momento en que un número bastante grande de representantes de la humanidad estará listo para reconocer los mundos suprasensibles de los que habla la concepción del mundo de la Ciencia Espiritual en la actualidad. Un fenómeno como el de la vida de las abejas en relación con lo que se puede conocer de los mundos suprasensibles ofrece una respuesta maravillosa al gran enigma de la existencia. Estas cosas son de gran importancia desde el otro lado. Será cada vez más indispensable captar la naturaleza de las almas grupales, y tal conocimiento jugará un gran papel incluso en la evolución puramente externa de la humanidad. Si retrocedemos miles y miles de años, encontramos al hombre mismo como un ser que todavía pertenecía al alma grupal. La evolución humana en nuestra Tierra va desde la naturaleza del alma grupal hasta el alma individual. El hombre avanza a través del descenso gradual de su alma dotada por el yo a las condiciones físicas, y tiene la oportunidad de convertirse en individuo. Podemos observar las diferentes etapas en la evolución de la humanidad y ver cómo el alma grupal se va volviendo gradualmente individual.

Volvamos al tiempo del primer tercio de la época de la cultura atlante. Allí la vida del hombre era bastante diferente; en los cuerpos en los que estábamos incorporados en ese momento nuestras almas tenían experiencias bastante diferentes. Hay una experiencia que desempeña un papel en la vida del hombre de hoy, —ya sea como individuo o como miembro de un grupo social—, que ha experimentado un gran cambio desde ese momento, es decir, la alternancia de la vigilia y el sueño.

En los antiguos tiempos de la Atlántida no se experimentaba la misma alternancia de vigilia y el sueño como la que existe hoy en día. ¿Cuál es entonces la diferencia característica en comparación con la humanidad actual?

Cuando los cuerpos físico y etérico están durmiendo, el cuerpo astral con el yo se elevan a lo que la conciencia moderna llama el hundirse en una oscuridad indefinida. Por la mañana, cuando el cuerpo astral y el yo atraen nuevamente a los otros miembros, hacen uso de los órganos físicos y se ilumina la conciencia. Esta condición diaria del despertar en la conciencia, y dormir todas las noches en la inconsciencia, no existía anteriormente. Cuando era de día y el hombre se hundía en su cuerpo físico, como era el caso, entonces, de ninguna manera veía seres físicos y los objetos con sus límites definidos como lo vemos hoy. Él veía todo con contornos vagos como ocurre cuando se camina por la calle en una noche brumosa y se ven las luces rodeadas de un aura de bruma. Esa era la forma en que el ser humano de aquellos tiempos lo veía todo.

Si esa era la condición del día, ¿cuál era la condición de la noche? Cuando el ser humano salía del cuerpo físico y etérico durante la noche, no le sobrevenía ninguna inconsciencia absoluta, era solo un cambio a un tipo diferente de conciencia. En ese momento, el hombre todavía era consciente de los procesos espirituales y de los seres espirituales a su alrededor, no clara y exactamente como en la verdadera clarividencia, sino como una última reliquia de la antigua visión clarividente.  El hombre vivía de día en un mundo de nebulosos contornos, en la noche vivía entre los seres espirituales que estaban a su alrededor como hoy tenemos los diversos objetos que nos rodean. Por lo tanto, no había una división tajante entre el día y la noche, y lo que está contenido en las sagas y los mitos no es una fantasía popular, sino recuerdos de las experiencias que el hombre primitivo tenia del mundo suprasensible en su estado de conciencia. Wotan, Zeus u otras divinidades espirituales suprasensibles que eran conocidas por los diferentes pueblos no son elaboraciones fantásticas como se afirma en la junta del consejo de la erudición. Tales afirmaciones solo pueden ser hechas por alguien que no sabe nada de la naturaleza de la fantasía popular. A los pueblos primitivos no se les ocurría en lo más mínimo personificarse de esa manera. Estas fueron experiencias en la antigüedad. Wotan y Thor eran seres con los que el hombre anduvo, como hoy va con sus semejantes, y los mitos y las sagas son recuerdos clarividentes de la antigüedad.

Sin embargo, debemos tener claro que algo más estaba unido con este vivir en los mundos espirituales suprasensibles. En estos mundos, el hombre se sentía no como un ser individual sino como una especie de miembro de los seres espirituales. Pertenecía a los seres espirituales superiores así como nuestras manos nos pertenecen. El débil sentimiento de individualidad que el hombre poseía en ese momento lo adquiría cuando se sumergía en su cuerpo físico y se emancipaba de la “danza” con los seres espirituales divinos. Ese fue el comienzo de su sentimiento de individualidad. En ese tiempo el hombre estaba absolutamente certero acerca de su alma grupal, se sentía inmerso en el alma grupal cuando dejaba su cuerpo físico y entraba en la conciencia suprasensible. Ese fue un tiempo antiguo en el que el ser humano tenía una conciencia vívida de pertenecer a un alma grupal, a un yo grupal.

Veamos una segunda etapa de la evolución humana —omitiremos las etapas intermedias— el escenario al que se hace referencia en la historia de los Patriarcas del Antiguo Testamento. Lo que realmente subyace a esto ya lo hemos relacionado. Hemos dado la razón por la cual los Patriarcas Adán, Noé, y demás, tuvieron un tiempo de vida tan largo. Fue porque la memoria de la humanidad primitiva era bastante diferente de la del hombre contemporáneo.

La memoria del hombre moderno también se ha vuelto individual. Él recuerda lo que ha experimentado desde su nacimiento —muchos en realidad desde un punto del tiempo mucho más tardío. Este no era el caso en la antigüedad. En ese momento, lo que el padre había experimentado entre el nacimiento y la muerte, lo que había experimentado el abuelo, el bisabuelo, era tanto un objeto de la memoria como las propias experiencias del hombre. Por extraño que parezca para el hombre moderno, hubo un momento en que la memoria iba más allá del individuo y volvía a través de la relación de la sangre. El signo externo de la existencia de tal memoria es precisamente nombres como Noé, Adán, etc. Estos nombres no denotan seres individuales entre el nacimiento y la muerte. Hoy se le da un nombre al individuo cuya memoria está encerrada entre el nacimiento y la muerte. Antiguamente, la entrega de un nombre llegaba tan lejos como la memoria se remontaba a las generaciones, en la medida en que la sangre fluía a través de las generaciones.

“Adam” es simplemente un nombre que duró mientras duró el recuerdo. Quien no sabe que dar nombres en otros tiempos era bastante diferente de lo que es hoy, no podrá entender la naturaleza de estas cosas en absoluto. En los tiempos antiguos existía una conciencia fundamental que mediaba de forma bastante diferente. Imaginen que un antepasado tuvo dos hijos, cada uno de estos, dos nuevamente, la siguiente generación nuevamente dos, y así sucesivamente. En todos ellos el recuerdo llegaba hasta el antepasado y se sintieron uno en la memoria que se encuentra arriba, por así decirlo, en un punto en común. La gente del Antiguo Testamento expresaba esto diciendo, y esto se aplica a cada adherente del Antiguo Testamento: “el Padre Abraham y Yo somos uno”. Cada individuo se sentía oculto en la conciencia del alma grupal, en el “Padre Abrahám”.

La conciencia con la que el Cristo ha dotado a la Humanidad sobrepasa eso. El yo a través de su conciencia está conectado directamente con el mundo espiritual, y esto se expresa en: “Antes que Abraham fuera, estaba el yo —o el yo soy”. Aquí, el impulso de estimular el “Yo soy” entra completamente en el individuo separado.

Entonces vemos una segunda etapa de la evolución de la humanidad: la época del alma grupal que encuentra su expresión externa en la relación de la sangre de las generaciones. Un pueblo que ha desarrollado particularmente esto tiene un valor muy especial en enfatizar continuamente: como pueblo, tenemos un alma grupal en común.   —Ese fue particularmente el caso para los hombres del Antiguo Testamento, y entre ellos los conservadores se opusieron fuertemente por lo tanto al énfasis del “Yo soy” del yo individual. Quien lea el Evangelio de San Juan puede captar con el tacto espiritual, por así decirlo, que eso es verdad. Basta leer la historia de la conversación de Jesús con la mujer de Samaria en el pozo. Aquí se señala expresamente que Cristo Jesús va también a aquellos que no están relacionados por la sangre. Lean lo notablemente indicado: “Porque los judíos no tenían trato con los samaritanos”. Quien pueda experimentar esto gradualmente, meditativamente, verá cómo la humanidad ha avanzado desde el alma grupal hacia el alma individual.

La historia se ha convertido en un asunto totalmente externo, en gran medida en una “fábula convenida”, ya que está escrita a partir de documentos. ¡Supongamos que algo tiene que escribirse hoy a partir de documentos y se pierden los documentos más importantes! Entonces, cualesquiera documentos que estén accidentalmente disponibles se juntan y se hacen informes. Para asuntos de realidad espiritual uno no necesita documentos; están inscritos en el Registro Akáshico, que es un registro fiel y no borra nada. Sin embargo, es difícil leer en el Registro Akáshico porque los documentos externos son incluso un obstáculo para el lector de “guiones” espirituales. Pero podemos ver cómo el avance del alma grupal al alma individual ha tenido lugar en tiempos muy cercanos al nuestro.

Quien observa la historia desde un aspecto espiritual tendrá que reconocer un período de tiempo muy importante a principios de la Edad Media. Anteriormente, el hombre todavía estaba encerrado en varios grupos, aunque desde fuera. En una medida mucho mayor de lo que sueña el hombre moderno, las personas al comienzo de la Edad Media todavía recibieron su significado y valor incluso en lo que respecta a su trabajo, a partir de las relaciones y otras conexiones. Era una consecuencia natural para el hijo hacer lo que hacia el padre. Luego llegó el momento de los grandes inventos y descubrimientos. El mundo comenzó a exigir más desde el dominio puramente personal, y el hombre fue cada vez más desgarrado de las antiguas conexiones. Podemos ver la expresión de esto a lo largo de la Edad Media cuando se fundaron ciudades del mismo tipo en toda Europa. Todavía podemos distinguir hoy las ciudades construidas en este tipo de aquellas construidas sobre otras fundaciones.

En la mitad de la Edad Media hubo nuevamente un avance del alma grupal al alma individual. Si miramos hacia el futuro debemos decir: cada vez más el hombre se emancipa del antiguo elemento  del alma grupal y se va individualizando. Si pudieran mirar atrás a las fases anteriores de la evolución del hombre, verían cómo esas culturas se fundieron en el mismo molde, como, por ejemplo, Egipto y Roma. Esto es solo cierto grado de verdad. La humanidad ahora ha descendido al punto donde no solo los modales y las costumbres son individuales sino también las opiniones y las creencias. Ya hay personas entre nosotros quienes consideran un ideal elevado el que cada uno tenga su propia religión. La idea flota ante un número bastante grande de que debe llegar un momento en el que haya tantas religiones y verdades como personas.

Este no será el curso de la evolución humana. Tomaría este curso si los hombres siguieran cultivando el impulso que viene hoy del materialismo. Eso llevaría a la falta de armonía, a la división de la humanidad en individuos separados. La humanidad, sin embargo, no tomará solo este curso si se acepta un movimiento espiritual como la Ciencia Espiritual. ¿Qué entrará entonces? La gran verdad, la gran ley, se comprenderá que las verdades más individuales, aquellas que se encuentran de la manera más interior, son al mismo tiempo las que se sostienen por todos.

Ya he comentado sobre el hecho de que hoy en día existe un acuerdo general sobre las verdades de las matemáticas solamente, ya que estas son las más triviales de todas. Nadie puede decir que encuentra verdades matemáticas a través de la experiencia externa; las encontramos a través de interiorizarlas. Si uno quiere mostrar que los tres ángulos de un triángulo forman 180°, entonces uno dibuja una línea a través del vértice que es paralelo a la base y establece los tres ángulos juntos en forma de abanico; luego, hace un ángulo a = d, b = e, c = sí mismo, y entonces los tres ángulos son iguales a una línea recta, es decir, 180°. Cualquiera que una vez haya captado esto sabe que es así, de una vez por todas, tal como uno sabe que 3 x 3 = 9 después de haber sido captado. No creo que uno esperara descubrir eso por inducción.

f2ga102c9

Se trata de la más trivial de las verdades, la aritmética, la geometría, se encuentran en el interior, y sin embargo la gente no disputa acerca de ello. Están totalmente de acuerdo sobre ello, porque el hombre esta lo bastante avanzado como para comprenderlo. El acuerdo en la opinión prevalece sólo en la medida en que la pura verdad no está nublada por las pasiones, la simpatía o la antipatía. Un tiempo vendrá, aunque todavía está muy lejano, cuando la humanidad se unirá cada vez más por el verdadero conocimiento del mundo interior.

Entonces, a pesar de todo individualismo, a pesar de la verdad que se encuentra esparcida por todo el mundo hacia el interior, la armonía prevalecerá. Si las verdades matemáticas no fueran tan sencillas y obvias, entonces, las pasiones desatadas en el reconocimiento, darían lugar a muchas dificultades. Porque si entrara la codicia ahí entonces, tal vez muchas amas de casa determinarían que 2 x 2 = 5 y no 4. Estas cosas son tan obvias y simples que ya no pueden nublarse por la simpatía o la antipatía. Continuamente regiones más amplias serán captadas por esta forma de verdad y más paz podrá llegar a la humanidad si la verdad es captada de esta manera. El ser humano ha crecido fuera de la condición del alma grupal emancipándose de ella cada vez más. Si miramos a los grupos en lugar de las almas, tenemos conexiones familiares, conexiones de tribu y nación, y finalmente razas conectadas. La raza corresponde a un alma grupal. Todas estas conexiones grupales de la humanidad primitiva son lo que el hombre deja atrás y cuanto más avanzamos, más pierde su significado la concepción racial.

Nos encontramos hoy en un punto de transición; la raza desaparecerá gradualmente y algo más tomará su lugar. Aquellos que volverán a captar la verdad espiritual como se ha descrito serán guiados juntos por su propia voluntad. Esas serán las conexiones de una era posterior. Los seres humanos de épocas anteriores nacieron con conexiones, nacieron en la tribu, en la raza. Más adelante viviremos en las conexiones y asociaciones que los hombres crearan por sí mismos, uniéndose en grupos con aquellos de ideas similares mientras conservan su total libertad e individualidad. Comprender esto es necesario para una correcta comprensión de algo como la Sociedad Antroposófica. La Sociedad Antroposófica pretende ser el primer ejemplo de asociación voluntaria de este tipo, aunque podemos ser conscientes de que aún no ha llegado demasiado lejos.

Hubo el intento de crear un grupo en el que los hombres se encuentren sin la diferenciación de la naturaleza del antiguo alma grupal, y habrá muchas asociaciones similares en el futuro. Entonces ya no tendremos que hablar de conexiones raciales sino de aspectos intelectuales-éticos-morales con respecto a las asociaciones que se forman. Los individuos que voluntariamente permiten que sus sentimientos fluyan juntos causan nuevamente la formación de algo que va más allá del hombre meramente emancipado. Un ser humano emancipado posee su alma individual que nunca pierde cuando se ha alcanzado una vez. Pero cuando los hombres se encuentran en asociaciones voluntarias se agrupan alrededor de un centro. Los sentimientos transmitidos de esta manera a un centro una vez más le dan a los seres la oportunidad de trabajar como una especie de alma grupal, aunque en un sentido completamente diferente de las almas grupales anteriores. Todas las almas grupales anteriores fueron seres que liberaron al hombre. Estos nuevos seres, sin embargo, son compatibles con la completa libertad e individualidad del hombre. De hecho, en cierto sentido podemos decir que mantienen su existencia en la armonía humana; residirán en las almas de los hombres, ya sea que den o no la mayor cantidad posible a tales almas superiores la oportunidad de descender al hombre. Cuanto más divididos estén los hombres, menos almas nobles descenderán a la esfera humana. Cuanto más asociaciones se formen donde los sentimientos de compañerismo se desarrollen con total libertad, los seres más elevados descenderán y más rápidamente se espiritualizará el planeta terrenal.

f1ga102c9

Entonces, vemos que si el hombre tiene que adquirir alguna idea de la evolución futura, debe tener una comprensión profunda del carácter del elemento del alma grupal. De lo contrario, si su alma individual se mantiene distante demasiado tiempo en la Tierra, y no encuentra el vínculo de la compañía, podría suceder que deje pasar la oportunidad de la unión. Entonces se convertiría en una especie de ser elemental, y los seres elementales que se originan en el hombre serán de una naturaleza bastante malvada. Mientras que aquellos que han surgido de los reinos anteriores son muy útiles para nuestro curso ordenado de la naturaleza, los seres elementales humanos de ninguna manera poseerán esta cualidad.

Hemos visto que tales seres separados surgen en ciertas regiones fronterizas, y surgen también en el límite hecho por la transición de la naturaleza del alma grupal a las asociaciones grupales independientes donde las conexiones son de carácter estético, moral e intelectual. Dondequiera que surjan tales conexiones, los seres grupales están allí.

Si pudieran observar ciertos puntos, como, por ejemplo, los manantiales donde debajo hay una piedra cubierta de musgo, formando una especie de división entre la planta y la piedra, y luego el agua goteando sobre ella —eso también es esencial— entonces verían que lo que se llaman Ninfas y Ondinas son muy reales, son una realidad. De nuevo, donde los metales entran en contacto con el resto del reino terrenal, allí se encuentran haces completos de los seres que llamamos Gnomos. Una cuarta especie son las Salamandras que forman, por así decirlo, la generación más joven en las categorías de seres elementales. Sin embargo, existen en grandes cantidades. En gran medida, deben su existencia a un proceso de separación de las almas grupos de los animales. Estos seres también buscan oportunidades para encontrar alimento, y lo encuentran en particular donde a veces existen relaciones no del todo normales entre los reinos humano y animal. Aquellos que saben algo sobre estas cosas son conscientes de que los seres elementales —y definitivamente buenos seres— se desarrollan a través de la relación íntima del jinete y su corcel.

A través de la cálida conexión de ciertos hombres con grupos de animales, surgen sentimientos, pensamientos e impulsos que proporcionan una buena nutrición para estos seres elementales de naturaleza salamandra. Esto se puede observar particularmente en la vida unida del pastor y su rebaño, en el caso de los pastores en general que viven en estrecha relación con sus animales. Ciertos seres elementales tipo salamandra pueden encontrar su alimento en los sentimientos que se desarrollan a través de esta intimidad entre el hombre y el animal y permanecen donde se encuentra este alimento. También son bastante astutas, llenas de una sabiduría natural. Las facultades que se desarrollan en el pastor a través del cual estos seres elementales pueden susurrarle lo que saben, y muchas de las recetas o prescripciones provenientes de tales fuentes se han originado de esta manera. Un hombre entre tales condiciones puede estar rodeado por hermosos seres espirituales que le proporcionan un conocimiento del que nuestros intelectuales modernos no tienen la menor idea. Todas estas cosas se basan en buenas razones y definitivamente se pueden observar a través de los métodos que la sabiduría oculta puede perfeccionar.

Quisiera concluir señalando otro fenómeno más que puede mostrar cómo ciertas cosas que se explican de forma bastante abstracta hoy en día a menudo han surgido de una profunda sabiduría. Ya he hablado de los tiempos de la Atlántida y de cómo cuando los hombres dejaban sus cuerpos en la noche, vivían entre los seres espirituales a quienes llamaban los Dioses. Estos hombres estaban descendiendo más profundamente en una corporeidad física; pero los seres a quienes veneraron como dioses, es decir, Zeus, Wotan, están en otro camino de evolución. No descienden tan lejos como el cuerpo físico, no tocan el mundo físico. Pero incluso allí encontramos ciertos estados de transición. El hombre ha llegado a la existencia a través de la totalidad de su alma y espíritu habiendo sido curtido en su cuerpo físico. En el caso del hombre, las almas grupales en su totalidad han bajado al plano físico, y el cuerpo físico del hombre se ha convertido en una huella del alma grupal. Supongamos que un ser como Zeus —quien es una realidad positiva— ha contactado un poco con el plano físico, solo proyectado muy poco en él. Eso es más bien como si sumerges una pelota en el agua y  se moja por debajo. De la misma manera, ciertos seres en tiempos de la Atlántida solo han sido apacentados por el mundo físico. Los ojos físicos no ven lo que queda en el mundo espiritual como etérico-astral. Solo la parte que se proyecta en el mundo físico es visible. De tales proyecciones surgió el simbolismo en la mitología. Si Zeus tiene el águila como símbolo es porque su naturaleza de águila es la pequeña proyección donde un ser de los mundos superiores toca el mundo físico. Una gran parte del mundo de las aves está dividida en partes de tales seres evolutivos del mundo suprasensible. Al igual que con los cuervos de Wotan y el águila de Zeus, es en todas partes donde el simbolismo se remonta a hechos ocultos. Todo se hará mucho será más claro si toman en cuenta así la naturaleza, la actividad y la evolución de las almas grupales en los más variados campos.

 

Traducido por Gracia Muñoz en febrero de 2018.

GA102c7. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 20 de abril de 1908

English version –

Me gustaría hablarles hoy sobre algo que, en cierta medida, queda fuera de la serie de nuestro curso actual de conferencias. Sin embargo, en otro aspecto, forma un suplemento para ellas, recapitulando mucho de lo que se ha dicho y arrojando más luz sobre ello.

De hecho, sabemos que el hombre ha alcanzado su condición presente en el curso de una larga evolución; que ha alcanzado su altura actual a través de diferentes etapas planetarias. También sabemos que se elevará a niveles superiores de evolución en el futuro. Ahora también somos conscientes de que cuando el ser humano todavía estaba en un estado de conciencia bastante apagado en el antiguo Saturno, ya existían seres que se estaban tan elevados como el hombre en la actualidad.

También había seres que en ese momento estaban mucho más elevados de lo que el hombre se encuentra hoy en día. Sabemos que hay seres actualmente que ya han alcanzado una etapa de la evolución que el hombre sólo alcanzará en el futuro. De modo que podemos mirar hacia arriba a las jerarquías —como se les llama en el ocultismo— de los seres por encima del hombre cuyos diferentes rangos están alineados uno encima del otro. Los seres que están inmediatamente por encima del hombre son llamados en la terminología cristiana esotérica “Ángeles”, Angeloi. Los Ángeles son por lo tanto seres que en la evolución de la Antigua Luna, el precursor planetario de nuestra Tierra, ya habían alcanzado la conciencia humana y que actualmente se encuentran en un grado superior al de la Humanidad. En la evolución de Júpiter, el hombre mismo tendrá la conciencia que poseen los seres a quienes llamamos Ángeles, Angeloi. Este es el primer rango de los seres que están por encima del hombre, y por otras conexiones sabemos de sus etapas posteriores.

Por encima de los ángeles tenemos a los Arcángeles, o  Arcangeloi, a continuación, tenemos el rango de las “Fuerzas Originales”, a quien también llamamos Arcai, y luego las “Revelaciones” o Poderes, Exusiai; los llamados Espíritus del Movimiento, o Dynamis; los Dominios o Kyriótetes; los Tronos, Querubines y Serafines. Y, más allá de los Serafines, debemos hablar de lo que en el sentido cristiano, se llama el verdadero “Dios.” El ocultismo genuino, la verdadera ciencia espiritual, no puede compartir la trivial noción usual de que el hombre puede mirar directamente a la Divinidad más elevada; tenemos toda una escalera de Seres a quienes llamamos Ángeles, Arcángeles, etc., en medio.  En cierto sentido es un signo de indolencia decir —como a menudo se oye hoy en día— “Bueno, ¿para qué necesitamos toda esta sucesión de seres? El hombre puede muy bien llegar a una relación directa con la divinidad”. El estudiante de la ciencia espiritual no puede compartir esta indolencia, pues estos seres son absolutamente reales. Y hoy vamos a hablar algo de sus cualidades y sus tareas.

En primer lugar, vamos a tratar de formarnos una idea de la naturaleza de los ángeles. Tendremos más fácil hacernos una idea de su conciencia, si pensamos en la conciencia física del hombre y de la forma en que incluye los cuatro reinos de la naturaleza. Se puede percibir a los seres minerales, los seres vegetales, los seres de origen animal y el reino humano. Por tanto, podemos describir la conciencia humana como algo que tiene su contenido de estos cuatro reinos perceptibles a los sentidos exteriores. Todo lo que el hombre percibe por los sentidos, no importa lo que sea, se refiere a uno de estos cuatro reinos. Si nos preguntamos ahora: ¿Cómo es la conciencia de los Ángeles? recibimos como respuesta: En cierto sentido se trata de una conciencia superior, ya que no llegan hasta el reino mineral, la conciencia del ángel no llega a las piedras, las rocas, los minerales. Por otro lado, incluye plantas, animales y seres humanos, junto con su propio reino angelical, que no desempeña el mismo papel que el reino humano desempeña con nosotros. Podemos decir entonces que los ángeles son también conscientes de la conciencia de los cuatro reinos, los reinos de las plantas, los animales, el hombre y el propio reino de los ángeles.

Esa es la peculiaridad del ser del ángel: no tienen cuerpo físico y por lo tanto, ningún órgano del cuerpo físico, tales como ojos, oídos, y así sucesivamente. Así, no perciben el mundo físico. Como su miembro más bajo tienen el cuerpo etérico y por lo tanto tienen una cierta relación con las plantas. Su conciencia puede descender al nivel de las plantas y pueden percibirlas. Por otro lado, donde existe el mineral perciben un espacio hueco – —tal como durante la condición devacánica, el hombre, como hemos descrito, también percibe como un hueco el espacio que aquí en la Tierra está ocupado por un mineral. Así que donde quiera que exista reino físico, los ángeles perciben un espacio hueco. Por otro lado, proyectan la conciencia hasta donde la conciencia del hombre todavía no puede alcanzar.

Pero también sabemos que los hombres tienen una cierta relación entre sí, están aquellos que dirigen y los que son guiados. Quisiera aludir sólo a los niños y los maestros ya adultos: los niños deben ser guiados hasta que son tan maduros como los profesores. Los hombres están cada vez más en su desarrollo presente en la conciencia de Júpiter, que será similar a lo que los ángeles poseen hoy en día. Los Ángeles hoy en día son por lo tanto, en realidad, los líderes de los hombres, sus guías, su preparación, y existe una íntima conexión entre lo que se desarrolla gradualmente en el hombre y la tarea de estos seres Angelicales. Entonces, ¿qué se está formando en el hombre durante el resto de su existencia de la Tierra? Es algo de lo que hemos hablado a menudo. Hemos dicho que el hombre tiene un cuerpo físico, un cuerpo etérico, un cuerpo astral y un yo  y que está ocupado en la transformación de su cuerpo astral, para que poco a poco se convierta en Yo Espiritual. Él está trabajando en sus otros miembros, pero la tarea esencial de la existencia terrenal consiste en el pleno desarrollo del yo espiritual. Los Ángeles ya lo han desarrollado, ya lo habían desarrollado cuando la Tierra comenzó su existencia, y por lo tanto los ángeles en las jerarquías de la evolución son los espíritus que guían esta tarea del hombre: —la transformación del cuerpo astral en el yo espiritual.

f1c7

Ahora preguntamos cómo lo hacen. —Recordemos aquí lo que sucede después de la muerte del hombre y cómo al principio le envuelve, lo que hemos llamado el panorama de la memoria de la vida recién completada. Esto dura dos o tres días, difiere algo para las personas individuales. Por lo general, dura aproximadamente el tiempo que la persona podría aguantar sin dormir. Diferentes personas varían mucho en esto: uno está acostumbrado a dormir después de cada doce horas y  otro, por el contrario, podría mantenerse despierto durante cuatro o cinco días. El cuadro de la memoria dura tanto como la persona puede evitar dormir. Entonces el cuerpo etérico se disuelve y solo queda un extracto de él —los frutos de la vida pasada. Esto lo lleva con él todo el tiempo que sigue, incorporándose a su ser y constituyendo la base para la edificación del cuerpo físico en la próxima encarnación. Él está capacitado para construir su cuerpo con mayor perfección, porque puede hacer uso de los frutos de su vida pasada. Así, el hombre tiene esa vida en esencia y forma su cuerpo para la siguiente vida.

Sabemos también que el hombre no sólo forma este cuerpo, sino que en el Devacán él no está en modo inactivo. Sería una falsa idea el pensar que el hombre sólo tiene que ocuparse de sí mismo. El mundo no está construido sobre tal egoísmo. En cada situación de la vida, el mundo requiere que el hombre participe en el trabajo en la Tierra y durante su estancia en el Devacán comparte el trabajo sobre la superficie de la Tierra. Somos conscientes del hecho de que el terreno en el que nos encontramos hoy parecía bastante diferente hace unos siglos; la Tierra se transforma continuamente En el momento en que Cristo Jesús caminó sobre la Tierra, allí había poderosos bosques, había diferentes tipos de plantas y animales. Por lo tanto, la faz de la Tierra cambia continuamente. Así como los hombres trabajan con sus fuerzas físicas en la construcción de ciudades y demás, también desde el Devacán trabajan con esas fuerzas que transforman la fisonomía de la Tierra junto con los reinos vegetal y animal. En una nueva encarnación, por lo tanto, el hombre se encuentra con un terreno que presenta una imagen bastante diferente; él siempre experimenta algo nuevo. No es por nada que el hombre nace en una nueva encarnación; él va a experimentar algo nuevo. El hombre contribuye a la transformación de la Tierra, pero no puede hacerlo sin guía. No puede determinar las encarnaciones sucesivas, porque entonces no necesitaría experimentar lo que sucederá en el futuro. Y los seres que guían la obra del hombre de transformar la tierra con las fuerzas del Devacán, que crean la armonía entre los diferentes individuos humanos y la evolución de la Tierra, según le corresponde, estos Seres espirituales son los Ángeles. En las piedras, sobre la sólida corteza terrestre no pueden trabajar, ya que su conciencia no se extiende al mineral, sino que llega hasta el reino vegetal que posee la Tierra. Allí pueden trabajar, no de manera creativa, sino de manera transformadora. Tal ser del Ángel trabaja de hecho con cada individuo humano, guiándolo en su tarea de desarrollar el yo espiritual en el cuerpo astral. En una parte de la doctrina cristiana, se habla del ángel de la guarda del hombre y esa es una concepción que corresponde totalmente a la realidad. Son los seres que crean la armonía entre el individuo humano y el curso de la evolución terrenal hasta que el hombre haya avanzado tanto al final de la evolución de la Tierra que pueda liberar a su Ángel. Él mismo tendrá la conciencia de un ángel.

Ahora entenderán fácilmente que los Arcángeles tienen una conciencia que ya no llega al reino vegetal, sino al reino animal. Las plantas, por así decirlo, no existen para ellos, el reino vegetal es demasiado subordinado, demasiado insignificante. Todavía tienen puntos de contacto con el reino animal y pueden percibirlo. No tienen cuerpo etérico, el cuerpo astral es el miembro más bajo de su ser. El animal tiene un cuerpo astral y, por lo tanto, los Arcángeles trabajan en los cuerpos astrales de los animales. Además, perciben el reino humano, el reino de los Ángeles y su propio reino. El reino del Arcángel es eso a lo que se dice “yo”, como es para el hombre el “yo” humano. Estos seres tienen también una misión importante, y ya que poseen una conciencia dos eslabones por encima del hombre, se puede entender que su misión debe ser más elevada. La conciencia de los Arcángeles es tan alta que han perfeccionado plenamente el Espíritu de Vida, o Budhi, y por lo tanto pueden guiar y liderar en la evolución terrestre a partir de una idea que corresponde al Espíritu de Vida. Esto se muestra en el hecho de que los Arcángeles son los líderes de pueblos enteros, lo que se llama el espíritu del pueblo, el espíritu común de las personas o pueblo, es en realidad uno de los Arcángeles. Ahora se hará más comprensible que los pueblos que todavía estaban conscientes de la conexión espiritual, no levantaban la vista directamente al ser más alto, sino que elevaban su mirada hacia los seres más cercanos a ellos, que los dirigían.

Tomemos los antiguos hebreos. Ellos veneraban como la más alta divinidad, a Iahvé o Jehová. Pero para ellos Iahvé pertenecía a la categoría de las Revelaciones. Él era un ser sublime a quien reconocieron como su Dios. Dijeron, sin embargo: Aquel que nos dirige y nos guía como el verdadero mensajero de Jehová es “Mikael”, uno de los Arcángeles; su nombre significa “el que está delante de Dios”. En hebreo antiguo fue llamado también el “Rostro de Dios”, porque cuando un miembro de la Antigua Alianza levantaba la vista hacia Dios sentía que Mikael se ponía delante de él, era la expresión de su ser como el rostro humano es la expresión del ser del hombre. Fue llamado por lo tanto, literalmente, el “Rostro de Dios”.

Cuando uno habla en ocultismo del Espíritu del Pueblo, no está hablando de un ser incomprensible y difícil de entender. Cuando en nuestra época materialista la gente habla del Espíritu del Pueblo, en realidad no significan nada, se refieren a ello como una combinación externa y abstracta de las características de un pueblo. En realidad, hay un representante espiritual, un Arcángel, que encabeza y dirige al pueblo como un todo. Este Ser llega hasta el mundo animal, y esto lo sintieron los pueblos, lo sintieron por instinto. Un pueblo vivía aquí, otro allí, y de acuerdo con las diferentes regiones que ocupaban tenían que hacer uso de diferentes animales. Sentían instintivamente que esto les estaba asignado por su espíritu del pueblo. Este espíritu trabajaba en el mundo animal, por lo que los antiguos egipcios, que experimentaron esto muy claramente, dijeron: Cuando consideramos el desarrollo de la planta, entonces el Ángel está trabajando en ello; cuando consideramos los animales, estos se nos asignan por el Espíritu Guía de todo el pueblo. Por lo tanto, vieron el poder que les proporcionaban los animales como un poder sagrado y la forma en que trataban a los animales era una expresión de esa conciencia. No hablaban de los Arcángeles, pero tenían el mismo sentimiento al respecto, y era este sentimiento el que hacía que los egipcios se unieran con el culto al animal. Además, donde había una conciencia de esta conexión espiritual, estos espíritus no estaban representados por imágenes de animales terrenales, sino con imágenes de animales, como por ejemplo la Esfinge, bestias aladas, etc., que se encuentran en las diversas imágenes de los pueblos. Era como si los Arcángeles que les guiaba brillaran, y pudieran ver retratados en los diferentes grupos de animales la expresión esotérica de los Arcángeles gobernantes. Muchos de los ídolos egipcios se basaban en la concepción de que el Arcángel, el espíritu guía del pueblo, se extendía hasta los animales. Esta es la tarea especial de los Arcángeles; tienen, sin embargo, otra tarea más.

Los nombres “Uriel”, “Gabriel”, “Michael” aún son conocidos por la conciencia moderna, pero como una leyenda del pasado lejano, y solo necesitas mirar en el Libro de Enoch para encontrar los nombres de otros Arcángeles. Entonces, por ejemplo, está “Phanuel”, un Arcángel importante que no solo tiene la tarea de guiar a algunas personas o naciones, sino también otra tarea. Somos conscientes de que la iniciación consiste en el hecho de que el hombre se esfuerza hacia una conciencia cada vez más elevada, y que incluso ahora, en el curso de la evolución terrenal, asciende a una conciencia cada vez más elevada. Ahora bien, las personas en los Centros de Misterio sabían bien que aquí también se necesitaban fuerzas dirigentes y líderes. Por lo tanto, llevaron a aquellos que debían ser iniciados bajo la protección del Arcángel Phanuel. Él era el protector que fue llamado por el candidato para la iniciación.

Otros seres espirituales de este rango tienen otras tareas. Entonces, por ejemplo, todo el curso de la evolución mundial se basa en una suma de fuerzas que son guiadas por ciertos seres. Por lo tanto, hay un Arcángel, anteriormente llamado “Surakiel”, cuya tarea es erradicar los vicios particularmente difundidos en una ciudad o un distrito entero y transformarlos en virtudes. Para alguien que conoce esta conexión es claro que lo que se llama en general por la palabra abstracta “Providencia” está realmente guiado. Si uno ha emprendido el estudio de los mundos espirituales, uno no debe quedarse satisfecho con las abstracciones generales, sino que debe entrar en estos detalles. Porque los seres más elevados de los que el hombre puede formar cualquier idea guían el curso de la evolución del mundo a través de los seres intermedios que acabamos de considerar. Esto se puede denotar como las diversas tareas de los Arcángeles.

Ahora llegamos al rango de las “Fuerzas Originales”. Todavía son seres más elevados cuya conciencia ya no desciende a los animales. Cuando el iniciado se eleva para tener contacto con las Fuerzas Originales, no les imparte de su conciencia humana información sobre las formas animales en la Tierra. Porque su conciencia se reduce solo al hombre; entonces ellos conocen el reino de los Ángeles, el reino de los Arcángeles y su propio reino. Para ellos mismos dicen “yo”, y los seres humanos son la jerarquía más baja que perciben. Para las Fuerzas Originarias, el hombre es el reino más bajo, así como la piedra, el mineral, es el reino más bajo para el hombre. Vemos a partir de esto que guían el progreso de la Humanidad desde una altura muy elevada. La gente de aquí y de allá tiene la sensación de que algo existe como una especie de “Espíritu de la Época”, que difiere según las diferentes épocas. A menudo hemos hablado aquí del Espíritu de la Época. Hemos dicho, por ejemplo, que en la primera época cultural de la era Post-Atlante, la del antiguo pueblo hindu, el Espíritu de la Época consistía en el hecho de que los hombres miraban hacia atrás a los tiempos de la Atlántida cuando percibían vagamente los reinos superiores alrededor de ellos. Entonces surgió el sistema Yoga, mediante el cual intentaron ascender a los mundos superiores. El plano físico de la realidad externa tenía poco valor para ellos; era maya, ilusión. Les parecerá extraño, pero en realidad es cierto, que si la civilización hindú antigua, con su falta de interés en el plano físico, hubiera continuado, nunca hubiéramos tenido ferrocarriles, teléfonos y cosas como las que existen en el mundo físico, el mundo actual. Porque no hubiera parecido nada importante ocuparse seriamente de las leyes físicas con el fin de poblar el mundo con todo lo que hoy representan los logros de la civilización.

Luego vino el Espíritu de la época persa, y el hombre aprendió a través de él a conocer la materia como un elemento opuesto sobre el cual debe trabajar. Se unió con el buen Espíritu, Ormuzd, contra el Espíritu de la materia, Ahriman. Pero el persa tenía un interés en el plano físico.

Luego viene el Espíritu de esa época que encontró expresión, por una parte, en las civilizaciones de Babilonia, Asiria, Caldea y, por otra parte, en Egipto. La ciencia humana fue fundada; se buscó a través de la geometría cómo hacer para que la Tierra se adaptara al hombre. Se buscó conocer el significado del movimiento de las estrellas en la astrología, la astronomía y un orden en los asuntos terrenales en conformidad con este movimiento. La vida social de Egipto fue dirigida especialmente según el curso de las estrellas. Lo que se leía allí, como los secretos de las estrellas, era la base de la conducta humana. El antiguo hindú buscó el camino hacia los dioses desviando su atención completamente de la realidad exterior; el egipcio estudió las leyes que rigen para encontrar cómo la voluntad y el espíritu de los Dioses se expresan en las leyes de la naturaleza externa. Esa fue nuevamente una época diferente. Entonces, para cada época, se tiene un espíritu definido, y la evolución de la Tierra se produce a través de un Espíritu de la Época relevando a otro —ese es el caso en detalle.

  La gente se eleva a la concepción de las Épocas, pero no saben que detrás de todo este progreso de las Épocas, están los Espíritus de la Época, ni saben que para poner en evidencia el Espíritu de la Época, aquí en la Tierra son solo los instrumentos del Espíritus que está detrás de ellos. Piensen en Giordano Bruno. Si Giordano Bruno hubiera nacido en el siglo VIII, no se habría convertido en lo que llegó a ser en el período gobernado por el Espíritu de Época cuya expresión se convirtió entonces. Él fue el instrumento del Espíritu del Tiempo, y lo mismo se aplica a otros seres humanos excepcionales. Y a la inversa, el Espíritu de Época no habría podido encontrar la expresión que encontró en Giordano Bruno, si Giordano Bruno hubiera nacido en el siglo VIII. Por tales cosas vemos cómo los hombres son los instrumentos de los Espíritus de Época que son los seres que guían las grandes épocas y también los Espíritus de los “significados y concepciones” de las épocas más pequeñas. Son las Fuerzas Originales, que extienden su conciencia al hombre. No tienen influencia directriz sobre lo que une al hombre con los otros reinos de la naturaleza, ya que su conciencia no alcanza el reino animal. Cómo los hombres conducen sus vidas de acuerdo con el espíritu de la época, cómo encuentran estados, encuentran ciencias, cultivan sus campos: todo lo que tiene origen humano, el progreso de la civilización de principio a fin permanece bajo la guía de las Fuerzas Originales. Conducen al hombre en lo que tiene que ver con los demás.

He llamado su atención en varias ocasiones sobre el hecho de que ciertos seres de cada jerarquía espiritual se mantienen al margen, no se han elevado tanto como los demás, pues se han detenido, por así decirlo, en la evolución del mundo. Podrán darse cuenta de que hay seres que deberían haberse elevado durante la evolución de la Luna al rango de Revelaciones o Poderes, pero que solo han alcanzado las Fuerzas Originales. Son diferentes de aquellos que han ascendido a esa etapa en el curso normal de la evolución. Por lo tanto, hay en la Tierra Fuerzas Originales que son en realidad Potencias inmaduras. Ahora estamos aprendiendo a conocer desde otro aspecto muchas cosas que ya hemos escuchado. Ocultos detrás de las Fuerzas Originales, por lo tanto, hay algunos que podrían ser realmente Potencias, y entre las Fuerzas Originarias que realmente no tienen derecho a estar allí está ese ser a quien se tiene razón al llamar “Satanás”: Satanás, el “Príncipe Ilegal de este Mundo”. Sin embargo, esta es una verdad solo para aquellos que miran las cosas desde el aspecto de la ciencia espiritual. El Príncipe Legal es uno de los “Poderes”, Iahvé o Jehová;   el ilegal pertenece a las filas de las Fuerzas Originales. Se expresa continuamente al traer confusión a la relación del hombre con el Espíritu del Tiempo, al hacer que los hombres contradigan al Espíritu de Época. Esa es la verdadera naturaleza del Espíritu que también se llama el “Espíritu de la Oscuridad”, o el Príncipe Ilegal de nuestra Tierra, el que dice ser el verdadero guía y líder de los hombres. Ahora captarán qué significado profundo se encuentra en el hecho de que Cristo apareció a través de su misión en orden de arrojar una luz sobre toda la evolución subsiguiente, y que debe hacer la guerra contra este Príncipe Ilegal de este mundo. La sabiduría más profunda yace detrás de lo que se expresa en este notable pasaje del Evangelio.

Es lógico que una determinada visión se sostenga no solo entre los materialistas sino también entre las personas que están atormentadas por viejas concepciones que malinterpretan —¡por mucho tiempo se ha hablado de Satanás con desprecio! E incluso las personas que están listas para reconocer a los otros seres espirituales no están dispuestas a conceder la realidad a Satanás; ellos lo niegan. Esto se remonta a la Edad Media cuando los hombres tenían puntos de vista muy curiosos sobre Satanás. Admitieron que en realidad era un Espíritu atrasado del rango de los Poderes. Pero, ¿dónde están los espíritus de los poderes? Se expresan en lo que se revela en el mundo como Espíritu. Satanás fue llamado un Espíritu de la Oscuridad; la gente pensó: la oscuridad es una negación de la luz, la luz es real, pero la oscuridad no es real —y lo hicieron aplicar espiritualmente. Asignaron realidad a los espíritus que se manifiestan en la luz, pero a Satanás que se manifiesta en la oscuridad le negaron realidad. Eso es casi tan inteligente como si alguien escuchara a un físico que dijera: el frío es solo una falta de calidez, no es real en sí mismo; si reducimos el calor cada vez más, se vuelve más y más frío, sin importar cuánto calor podamos quitar; el frío no es una realidad —¡así que dejemos de pensar en el invierno!. Pero a pesar de que el frío es solo una negación del calor, sin embargo, puede sentirse muy bien cuando no hay calefacción —así Satanás es una buena realidad, incluso si él es solo la negación de la luz.

Ahora nos hemos elevado a Espíritus muy elevados, y llegamos a la jerarquía que se llama “Revelaciones”, Exusiai. A ellos, por ejemplo, pertenece el ser a quien hemos llegado a conocer en otras conexiones como Iahvé o Jehová, junto con sus compañeros, los Elohim. Los Espíritus de Luz pertenecen al orden de los Poderes o Revelaciones. Sabemos que Iahvé tuvo seis compañeros que se separaron con el sol. Iahvé mismo se quedo con la luna que reflejaba la luz del sol a la Tierra, pero él es un compañero de los otros Elohim. Si ahora intentan determinar la conciencia de las Revelaciones sobre la analogía de lo que ha sucedido anteriormente, se darán cuenta de que no se preocupan por lo individual. Los seres humanos individuales son guiados por los Ángeles, Arcángeles, Fuerzas Originales, hasta aquellos que hemos llamado Espíritus de Época. Toda la estructura en la que el hombre está incrustado, la guía del planeta y lo que ocurre en él es asunto de las Revelaciones o los Poderes. Porque toda la evolución presente de la humanidad no podría haber continuado sin, por un lado, las fuerzas del sol que aceleran y, por el otro, las fuerzas de la Luna que obstaculizan. Las Revelaciones o Poderes no tienen nada que ver con hombres separados sino con grupos de hombres. Ellos guían a los poderes y seres externos que le dan al planeta su configuración y lo que el hombre necesita para que pueda pasar por su evolución.

Y así, finalmente, admiramos a un elevado Ser que supera todo lo que acabamos de describir, la misma entidad del Cristo. Cristo trae algo a la Tierra que no se ocupa del hombre individual, sino de la Guía de toda la Humanidad. Y para el Cristo, el hombre debe encontrar el camino por sí mismo; porque son las Fuerzas Originales quienes obligan al hombre a encontrarlas; pero a Cristo se debe ir por propia voluntad.

Así, hemos formado alguna concepción de los rangos más bajos de las jerarquías establecidas por encima del hombre, los Ángeles, los Arcángeles, y una ligera idea también de las Fuerzas y Poderes Originales. Solo como una débil intuición podríamos mirar hacia un Ser aún más elevado, el Cristo. En otra oportunidad, podemos considerar lo que se debe decir sobre los Tronos y demás. Hoy deseo relatar algo de la estructura espiritual en la que el hombre se entrelaza, en la medida en que los Ángeles, los Arcángeles, las Fuerzas Originales y los Poderes participan en ella.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Febrero de 2018.

 

GA102c6. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 24 de marzo de 1908

English version

Si de los que estuvisteis presentes en la última conferencia dada aquí han pensado cuidadosamente y recordado cómo ciertas etapas ya pasadas se recapitulan en una etapa posterior, como, por ejemplo, en nuestra Tierra las etapas del Antiguo Saturno, del Antiguo Sol y la Antigua Luna, surgen y se desarrollan poco a poco hasta completar nuestra condición terrena, se podría sentir instado a hacer las siguientes observaciones.

Podría decir: en varias conferencias anteriores se ha afirmado que en Saturno los primeros rudimentos físicos del hombre pasaron por algo así como una especie de sistema sensorial, como si los primeros rudimentos de Saturno hubieran consistido en primitivos órganos de los sentidos; luego en el Sol se desarrolló un sistema glandular: en la Luna un sistema nervioso y en nuestra Tierra todo esto fue recapitulado. Pero, ¿cómo concuerda eso con lo que se dijo en la última conferencia, es decir, que los primeros en aparecer en la Tierra fueron los primeros rudimentos del sistema sanguíneo, una especie de hombre calórico? Luego se dijo que hubo una condensación hacia un estado de aire y que surgió la luz, por un lado se agregó una especie de sistema de aire que luego se convirtió en nuestro sistema de respiración actual, mientras que el sistema de calor se transformó en el posterior sistema sanguíneo, y bajo la influencia de la luz se formó una especie de sistema nervioso percibido interiormente. Se describió además cómo todo eso estaba aún en una condición etérea enrarecida, luego se rellenó con una especie de albúmina que, bajo la influencia del sonido y el tono cósmicos, se organizó en las diferentes sustancias.

Si admito —podría decir el objetor— que el sistema glandular sólo comenzó con el depósito de esta sustancia orgánica, entonces la primera cosa en la Tierra sería una especie de sistema del calor que formó los rudimentos del sistema de la sangre y una especie de sistema nervioso presente en las finas líneas etéricas de fuerza, a continuación se plantearía, el sistema glandular que, en cierto sentido ya estaba sustanciado orgánicamente, y por último se deposito el elemento mineral como se ha descrito en la última conferencia. Si las condiciones sucesivas de Saturno, el Sol, la Luna han reaparecido y en estas condiciones se recapitula en la Tierra, es extraño que el sistema de los sentidos no sea el primero en volver a aparecer, después el sistema glandular, el sistema nervioso y finalmente un sistema de la sangre. Sin embargo, la última vez se describió todo lo contrario: primero, la sangre, a continuación, los nervios, las glándulas y, finalmente, los depósitos sólidos que, como se puso de relieve, en primer lugar abrieron los sentidos hacia el mundo exterior. El objetor podría decir: Este principio de recapitulación funciona muy mal ya que el orden que se ha dado es exactamente el inverso de lo que uno esperaría si tuviera lugar una repetición literal.

Debe admitirse que si alguien deseaba describir las condiciones siguientes como una simple repetición de lo anterior, probablemente daría una descripción que fuera exactamente lo contrario de lo que realmente ha existido. Pues el intelecto concluiría que, de manera automática, la Tierra primero recapitularía lo que sucedió en Saturno, luego lo que sucedió en el Sol, después en la Luna, y que solo entonces surgiría el sistema sanguíneo.

A menudo he enfatizado que como regla en el ocultismo, uno siempre sale mal y puede cometer terribles errores a menos que describa los hechos ocultos y no confíe en el mero intelecto o cualquier conclusión puramente lógica. Porque si uno sigue la evolución de Saturno, Sol, Luna en el Registro Akáshico, es un hecho que uno debe decir que se planeó una especie de sistema de sentidos en Saturno, un sistema glandular en el Sol, un sistema nervioso en la Luna, y con la Tierra, se agregó la sangre. Si uno profundiza en los hechos ocultos aún más, entonces uno encuentra que en realidad en la Tierra aparece primero un tipo de sistema sanguíneo, luego un sistema glandular, un sistema nervioso, y solo entonces surge lo que aparece como el sistema de sentidos en la forma adecuada a las condiciones de la Tierra. Por lo tanto, si uno habla de recapitulaciones, de acuerdo con los hechos reales, debe hablarse de una recapitulación invertida. Lo que se ha demostrado en conferencias anteriores y lo que se demostró en las últimas fuentes no es ninguna especulación, sino los hechos reales y estos muestran tal inversión, lo que hace que la recapitulación sea aún más complicada.

Sin embargo, no debemos contentarnos con la idea de que tenemos que ver con una mera reversión. Así el sistema sanguíneo en sus primeros rudimentos apareció en la Tierra como una especie de hombre de calor, como lo describí la vez pasada, pero al mismo tiempo era realmente una especie de sistema sensorial. De hecho, era un sistema de calidez y percepción. El ser humano era, por así decirlo, totalmente un hombre de sangre o calor. No estaba impregnado de la sustancia de la sangre, pero las líneas etéreas de calor penetraron en él, y estas líneas etéreas de fuerza calórica de las que surgió posteriormente el sistema sanguíneo fueron, en sus primeros rudimentos, claramente una especie de sistema sensorial. Fueron los primeros rudimentos de un sistema sensorial, y el sistema de nervios y luz fue al principio una especie de sistema glandular, y el último sistema glandular que se organizó realmente solo pudo surgir debido a que los otros sistemas, el de la sangre y el sistema nervioso, ahora incorporados, avanzaron en su desarrollo. Este avance se produjo de la siguiente manera: mientras que el sistema nervioso se desarrolló como una especie de sistema glandular, algo de la sangre quedó atrás como sus últimos rudimentos. Pero también durante la segunda etapa el sistema sanguíneo en sí cambió a una especie de sistema nervioso; y cuando eso se logró y, en la tercera etapa, se incorporó el sistema glandular, los dos sistemas anteriores cambiaron nuevamente, de modo que, de hecho, el sistema sanguíneo avanzó un grado y el sistema nervioso también un grado. Cambios y transformaciones están teniendo lugar continuamente. La evolución es muy complicada y uno no puede estar satisfecho con la idea de la recapitulación invertida. Porque la “inversión” es solo parcial: el sistema sanguíneo es un sistema sensorial que se transforma más tarde, y es lo mismo con el sistema nervioso, y así sucesivamente.

Así que podemos hacer un recorrido que nos permita observar como hemos llegado a nuestra altura actual, ciertamente no es un asunto fácil si nos empeñamos en elaborarlo con el intelecto. La cuestión está en que con paciencia y perseverancia nos familiaricemos con este complicado curso de la evolución. Sin embargo, esto no es más que una especie de introducción que he querido dar a aquellos que han estado estudiando y vivenciando lo que se dijo en la última conferencia.

Una tarea muy diferente nos preocupa hoy —la de considerar al hombre y su evolución en la Tierra desde un punto de vista totalmente diferente, por lo que el ser humano debe aparecer ante nosotros con una claridad cada vez mayor. Si, con esto en mente, miramos hacia atrás una vez más a la encarnación anterior de nuestra Tierra, a la antigua Luna, recordamos que el ser humano tiene un cuerpo físico, un cuerpo etérico y un cuerpo astral, pero todavía no tiene un yo personal como el que actualmente posee en la Tierra. Si examinamos ahora la conciencia de este hombre lunar nos encontramos con que era radicalmente diferente al ser humano de hoy. La conciencia del hombre de hoy se expresa realmente en lo que se podría llamar “personalidad”. Con esta palabra se dice mucho en la caracterización del hombre de la Tierra, ya que no había “personalidad” en la antigua Luna. Hemos visto cómo esta personalidad se ha ido formando gradualmente en la Tierra y cómo en la antigüedad el hombre aún se sentía mucho más como miembro de un gran número de otros que se pertenecían mutuamemte. Incluso si no retrocedemos demasiado en las regiones donde vivimos nosotros mismos, sí, incluso si regresamos a los primeros siglos cristianos, todavía encontraremos allí los últimos ecos de una conciencia antigua. El antiguo miembro de los Cherusci, los Sugambri, Heruli, Bructeri, no se sentía en la misma medida una personalidad como lo es el hombre de hoy, se sentía uno de su tribu. Y cuando decía “yo”, eso significaba algo completamente diferente de lo que significa hoy. Si un hombre moderno dice “yo”, se refiere a la entidad de su personalidad, la que, por así decirlo, está encerrada dentro de su piel. En ese momento los hombres se sentían con respecto a su tribu como una extremidad se siente en nuestro organismo. Se sentía en primer lugar como miembro de los Sugambri, Heruli, Bructeri, Cherusci y, en segundo lugar, un “yo” personal. Tendrán una mejor comprensión de muchas condiciones antiguas si tienen en cuenta esta alteración radical en la personalidad, si se dan cuenta, por ejemplo, de que ciertas formas de venganza familiar, venganza tribal, deben ser explicadas completamente por la conciencia común de la tribu, una especie de conciencia de alma grupal.

Y si nos remontamos aún más atrás al tiempo clásico del Antiguo Testamento, el tiempo del pueblo judío, sabemos que el judío individual se sentía absolutamente un miembro de todo el pueblo judío. Sabemos que cuando decía “yo” no lo sentía como representante de su ser, sino que sentía la sangre de todo el pueblo tal como había fluido en las generaciones desde el Padre Abraham: “el Padre Abraham y yo somos uno”. Cada miembro de la raza sentía que esto era lo que le daba su valor y posición. Sentía en el alma grupal, por la sangre, directamente al Padre Abraham. Y si retrocedemos aún más, a las épocas más tempranas de la Tierra, encontramos que el elemento de alma grupal aún se expresaba más claramente. El individuo tenía un recuerdo de lo que sus antepasados habían hecho, volvían al primer antepasado. El recuerdo de los descendientes se remonta a cientos de años. En nuestros días, en circunstancias normales, un hombre ya no recuerda lo que su padre hizo, a menos que lo haya visto. Ya no recuerda lo que sus antepasados han experimentado. En la antigüedad, el hombre tenía un recuerdo no solo de lo que él mismo había experimentado, sino también de las experiencias de los antepasados con los que tenia la sangre en común, no porque él lo supiera, sino porque la memoria continuaba más allá del nacimiento. Y sabemos que la gran edad atribuida a los Patriarcas, a Adán y los antecesores posteriores del pueblo judío, originalmente significaba nada más que la longitud de la memoria, cuán lejos se recordaba en el árbol ancestral.  ¿Por qué vivió Adán tanto tiempo? ¿Por qué los otros Patriarcas vivieron tanto tiempo? Porque uno no designaba a la personalidad individual, sino que recordaba las generaciones pasadas como uno recuerda la juventud actual. Eso fue denotado por una expresión común, la personalidad no se puso en duda en absoluto. El hombre recordaba no solo lo que había pasado en la infancia, sino lo que su padre, su abuelo habían experimentado en la infancia, y demás a través de los siglos, y comprimió los contenidos de esta memoria en una unidad a la que llamó —déjenme decir— “Adán” o “Noé”, y así sucesivamente. En las epocas primitivas, la personalidad separada no tenía nada del valor que tiene ahora; la memoria llegaba más allá del padre, la madre, el abuelo, etc., y en la medida en que le llegaba a uno, usaba un nombre común. Eso parece torpe y fantástico para la concepción materialista del mundo actual, pero debe ser afirmado desde el fondo de los hechos con una psicología fundamental que sabe cómo contar los hechos.

En nuestra Tierra, por lo tanto, el hombre tenía una especie de conciencia grupal conectada con su alma grupal. Si tuviéramos que regresar a la antigua Luna donde el ser humano no tenía un yo restringido de este tipo incrustado en la conciencia grupal, pues no tenía yo en absoluto, donde todavía consistía de cuerpo físico, cuerpo etérico y cuerpo astral, deberíamos encontrar que esta antigua conciencia Lunar no era más pequeña, sino que abarcaba grupos inmensamente grandes; que, de hecho, las almas grupales integradas fueron la base de la raza humana en la Luna. Estas almas grupales que, por así decirlo, establecían los hombres lunares individuales en la Luna simplemente como sus miembros, eran almas sabias. Como saben, también hemos descrito las almas grupo de los animales en la Tierra y también hemos encontrado la sabiduría como su característica sobresaliente. Estas almas grupales de la Luna implantaron en la encarnación previa de nuestro planeta la sabiduría que conocemos hoy y de la que tanto nos maravillamos y admiramos. Y cuando hoy nos sorprende cómo cada hueso, corazón y cerebro, cómo cada hoja de la planta está impregnada e imbuida de sabiduría, entonces sabemos que la sabiduría de las almas grupales cayó de la atmósfera de la antigua Luna —como hoy las nubes dejan que la lluvia gotee— y se hizo miembro de todos los seres. Estos lo recibieron como una propensión y lo sacaron de nuevo cuando aparecieron en la Tierra después de la Pralaya. Por lo tanto, en la Antigua Luna estaban las almas grupales omnipresentes llenas de sabiduría.

Ahora bien, si buscáramos en la Antigua Luna una cualidad que encontramos hoy en la Tierra en una medida cada vez mayor a medida que avanza la evolución, no la encontraríamos en los seres de la Luna. Esta cualidad es el amor, el impulso que nos conduce a unirnos a otros seres por la propia voluntad. El amor es la misión de nuestro planeta terrenal. Por eso en el ocultismo llamamos a la Luna el “Cosmos de la Sabiduría” y a la Tierra el “Cosmos del Amor”. Así como hoy, en la Tierra, nos maravillamos de la sabiduría incrustada en ella, así un día los seres de Júpiter serán seres en los que el amor fluirá hacia ellos como una fragancia. Así como la sabiduría brilla hacia nosotros en la Tierra, así en Júpiter vendrá como fragancia hacia los seres de Júpiter lo que está evolucionando aquí en la Tierra como amor, desde el amor puramente sexual hasta el “Amor Divino” de Spinoza. Enviará su perfume como las plantas envían sus diversos aromas. Por lo tanto, los grados de amor fluirán como el perfume ascendiendo del cosmos al que, como sucesor de nuestra Tierra, hemos llamado Júpiter. Así, en el curso de la evolución, las condiciones se alteran, y cada vez que ocurre un avance en la evolución, los seres también avanzan; aquellos que están unidos con las etapas de la evolución planetaria están siempre avanzando hacia etapas más altas. Los seres humanos que viven en la Tierra hoy son los instrumentos de la evolución del amor. Porque el reino animal ha desarrollado formas de amor que se han quedado atrás como formas rezagadas; y en la medida en que el amor aparece entre los animales, una simple reflexión mostrará que todo es pre-etapa del amor humano, del amor que continuamente se espiritualiza. Como el hombre es el instrumento para la evolución del amor en la Tierra, cuando haya evolucionado a Júpiter será capaz de recibir una calidad aún mayor. Así también los seres que “derramaron” sabiduría desde la periferia de la Luna se volvieron capaces de una mayor evolución cuando la Luna se convirtió en Tierra; ellos ascendieron más alto. Los seres que en ese momento fueron capaces de dejar que la sabiduría se infiltrara en los seres lunares fueron en realidad aquellos que estaban tan avanzados en el momento en que el Sol se retiró de la Tierra que salieron con el Sol y lo convirtieron en su escenario de acción. Los seres que en la Luna fueron espíritus de la sabiduría —la sabiduría que se derramó— no fueron los Espíritus de la Sabiduría que han sido llamados así en relación con Saturno, estos espíritus, o al menos un gran número de ellos, eligieron el sol como su escenario. Solo el Ser que designamos como Iahvé o Jehová, que había alcanzado la plena madurez en la Antigua Luna, se convirtió en el Espíritu de la Forma de la Tierra, el Regente de las fuerzas de la Luna. Pero ya hemos hablado de otros seres que no completaron su desarrollo en la Luna, que permanecieron, por así decirlo, a medio camino entre la existencia humana y la divina. Los hemos caracterizado de muchas maneras. Hemos indicado que el Sol en una determinada etapa de su evolución expulso a Venus y a Mercurio de sí mismo para dar a estos seres un escenario que se adaptara a ellos. También hemos hablado de seres que han participado en el desarrollo progresivo del hombre y que, como seres de Venus y Mercurio, han sido los grandes maestros de la humanidad en los Misterios.

Hoy ampliaremos esta imagen desde otro punto de vista.

Ya hemos señalado que si las fuerzas y los seres que dejaron la Tierra cuando el Sol se retiró se hubieran mantenido unidos a la Tierra como estaban originalmente, entonces el hombre se habría visto obligado a desarrollarse a un ritmo demasiado rápido como para soportarlo. Él nunca habría alcanzado su evolución si los Espíritus de la Sabiduría hubieran estado ligados a la Tierra como lo estuvieron en la Luna. Tuvieron que alejarse a cierta distancia y trabajar desde fuera para que el hombre tuviera la velocidad adecuada en su desarrollo. De lo contrario, tan pronto como naciera, habría envejecido,  pasaría por su desarrollo a un ritmo demasiado rápido. Puedo aclararlo de otra manera.

Los espíritus que han evolucionado hasta la existencia del Sol no están interesados en absoluto en el desarrollo gradual y lento del hombre de su naturaleza espiritual durante su existencia corporal, durante la infancia, la juventud, la madurez y la vejez. Solo tienen interés en el desarrollo perfeccionado de la espiritualidad. Si hubieran permanecido en conexión con la Tierra, los cuerpos humanos en cierta manera habrían quedado atrofiados, quemados. Sin madurar los frutos obtenidos de una existencia terrenal, el espíritu habría ido hacia una evolución rápida y el ser humano habría perdido todo lo que podía aprender sobre la Tierra. Sobre todo, la impronta del Amor en la evolución cósmica habría permanecido oculta. Para que el amor pueda desarrollarse en la Tierra, el cuerpo primero debe desarrollarse en una etapa primitiva. El amor tuvo que ser inaugurado en la forma más baja como el amor sexual, para elevarse a través de las diversas etapas y, finalmente, cuando la Tierra perfeccionada alcance sus últimas etapas, pueda imprimirse en el hombre como amor puro y espiritual. Todo amor inferior es la educación para el amor superior. El hombre terrestre debe desarrollar el amor en sí mismo, para que al final de su evolución pueda devolverlo a la Tierra, ya que todo lo que se desarrolla en el microcosmos se vierte al final en el macrocosmos. La sabiduría que fluyó en el hombre de la Luna brilla hacia el hombre de la Tierra como la sabiduría que impregna su estructura. El amor que, por grados, se va implantado en el hombre durante el período de la Tierra fluirá como fragancia hacia los seres de Júpiter, en todo el reino de Júpiter. Este es el camino que deben tomar las diversas fuerzas cósmicas.

Por lo tanto, el punto de partida de la misión de nuestra Tierra, la impresión del Amor, estaba de alguna manera enfrentando las dos tendencias siguientes. Los Espíritus de la Sabiduría, los creadores de la sabiduría, quienes en la Luna habían vertido la sabiduría en los reinos de la Tierra, estaban en la Tierra, como tal, desinteresados en la naturaleza física corporal del hombre. Como Espíritus de la Sabiduría no estaban interesados en ello, y al estar interesados solo en la sabiduría, delegaron la misión especial de la Tierra a los “Espíritus del Amor”. Estos son de otro rango y, como Espíritus de Amor, ellos también pudieron atravesar su propia evolución durante un tiempo en el Antiguo Sol. De esta manera, tenemos una doble tendencia en la evolución de la Tierra: una corriente de amor que, por así decirlo, aparece por primera vez, y una transmisión de sabiduría que trabaja desde fuera, ya que los espíritus que se interesan de manera preeminente por la sabiduría se han retirado al Sol. Es muy importante comprender correctamente esta cooperación de los Espíritus de la Sabiduría y los Espíritus del Amor, ya que expresa un contraste infinitamente importante. Si ahora trato de poner en lenguaje humano lo que expresa este contraste, es que los Espíritus de la Sabiduría delegaron por completo el hombre a los Espíritus del Amor entre el nacimiento y la muerte y la forma en que se desarrolla, y tomaron para sí el control de la “individualidad” que atraviesa las diversas “personalidades” en el curso de las reencarnaciones. Si imaginan al hombre en su totalidad, tienen aquí el análisis que muestra bajo qué dos poderes se encuentra en la regencia cósmica. Lo que el hombre es entre el nacimiento y la muerte, lo que desarrolla en sí mismo mientras vive en el cuerpo, lo que realmente le hace a él, por así decirlo, una entidad que está con sus dos pies sobre la Tierra, está bajo la autoridad de los Espíritus del Amor. Lo que se entrelaza a través de las personalidades como la individualidad duradera, nace con el hombre, muere, nace de nuevo, muere otra vez, etc., se encuentra en cierto sentido bajo la regencia de los Espíritus de la Sabiduría. Pero no deben tratar esto mecánicamente y decir: Entonces afirma que la individualidad humana está bajo la influencia de los Espíritus de la Sabiduría y la personalidad humana bajo la influencia de los Espíritus del Amor. Si tuviéramos que estereotipar estas cosas, eso solo nos llevaría a tonterías. Los conceptos solo son válidos si los entendemos en su relatividad y sabemos que cada concepto tiene dos lados. Solo si tuvieran la opinión de que esta vida entre el nacimiento y la muerte carece de significado para todas las vidas siguientes, entonces podrían estereotiparlo de esa manera. Pero deben tener en mente lo que siempre he enfatizado, es decir, que los frutos de cada vida terrenal separada, los frutos de todo lo que se ha ganado bajo la influencia de los Espíritus del Amor fluyen en toda la evolución e igualmente en lo que es guiado por los Espíritus de la Sabiduría.

Por otro lado, deben tener claro que todo en el cuerpo humano, hasta el cuerpo astral (ya hemos descrito cómo las experiencias hechas en la Tierra deben ser transformadas) procede bajo el poder de los Espíritus de la Sabiduría, así que de nuevo los espíritus de la sabiduría trabajan en el ser del hombre ya que tiene un cuerpo físico, un cuerpo etérico y astral. Y porque todo lo que el hombre como personalidad desarrolla bajo el elemento del amor perdura para su individualidad, los Espíritus del Amor trabajan nuevamente en lo que se desarrolla en una vida humana a través de los Espíritus de la Sabiduría. Por lo tanto, trabajan juntos. Entonces la regencia de estos Espíritus está nuevamente dividida en tanto que todo lo que es personalidad está directamente bajo el control del amor, y todo lo que sucede entre el nacimiento y la muerte está indirectamente bajo el elemento de la sabiduría.

Así vemos cómo la personalidad del hombre y su individualidad está dentro de dos tendencias y corrientes diferentes. Eso es importante por la siguiente razón. Si los Espíritus de la Sabiduría que se significan ahora, por así decirlo, se arrogaran la autoridad a ellos mismos, entonces habría surgido ese desarrollo vigoroso y exuberante que también se podría describir al decir que el hombre en una encarnación única habría pasado, todos los posibles perfeccionamientos de todas las encarnaciones. Lo que los Espíritus de la Sabiduría debían dar, sin embargo, fue distribuido entre las sucesivas encarnaciones terrenales del hombre. Esto se expresa en el ocultismo de manera muy definitiva al decir: Si los Espíritus de la Sabiduría permanecieran en la evolución, el hombre rápidamente se habría desarrollado a la espiritualidad, abrasándose a sí mismo a lo largo de la evolución corporal. Pero los Espíritus de la Sabiduría se abstuvieron de llevar al hombre a un desarrollo tan violento. Se alejaron de la Tierra para rodearla, con el fin de regular y modificar los períodos de tiempo que de otro modo habrían pasado tan vehementemente. Por lo tanto, uno dice en ocultismo que estos Espíritus de la Sabiduría se convirtieron en los “Espíritus de la Rotación del Tiempo”. Las sucesivas encarnaciones del hombre fueron reguladas en las sucesivas revoluciones del tiempo, que fueron nuevamente reguladas a través del curso de las estrellas. Los Espíritus de la Sabiduría se convirtieron en Espíritus de la Rotación del Tiempo. Habrían podido alejar al hombre de la Tierra con su poder lleno de sabiduría, pero luego habrían tenido que renunciar a la maduración de los frutos que solo puede tener lugar en el transcurso del tiempo. Los frutos del amor, de la experiencia terrenal, no habrían sido ganados. Esos secretos que los seres deben poseer y guardar en sus corazones para madurar los frutos del amor, de la experiencia de la Tierra, fueron ocultados desde estos Espíritus de la Rotación del Tiempo. Por lo tanto, se ha registrado: “Ellos velaron sus rostros ante el Cordero Místico”. Porque el “Cordero Místico” es el Espíritu Solar que tiene el secreto no solo de levantar a los espíritus de la Tierra, sino de redimirlos, espiritualizándolos, después de atravesar muchas encarnaciones. El poseedor del Misterio del Amor es el Espíritu Solar al que llamamos el Cristo, y como tiene un interés no solo en la individualidad, sino directamente en cada personalidad de la Tierra, lo llamamos el “Gran Sacrificio de la Tierra” o el “Cordero Místico”.

Así, ciertos Espíritus se convirtieron en los Espíritus de la Rotación del Tiempo y regularon las sucesivas encarnaciones. El Cristo se convirtió en el centro, el foco, en la medida en que las personalidades individuales debían ser santificadas y purificadas.  Todo lo que el hombre puede traer como fruto de la personalidad individual en la individualidad lo logra a través de tener una conexión con el Ser Crístico. Mirar hacia adelante, sintiéndose unido con Cristo, purifica y ennoblece la personalidad. Si la evolución de la Tierra hubiera seguido su curso sin la aparición del Cristo, entonces el cuerpo humano —si hablamos en un sentido integral— habría permanecido malvado; habría tenido que unirse con la Tierra y caer presa de la materialidad para siempre.

Sin embargo, si los Espíritus de la Sabiduría no hubieran renunciado a la espiritualización inmediata del hombre al comienzo de la evolución de la Tierra, podría haber tomado uno de los siguientes dos cursos: o los Espíritus de la Sabiduría, al comienzo de la evolución terrenal —en la edad lemuriana—habrían arrancado al hombre del cuerpo, lo habrían llevado a una rápida evolución espiritual y consumido rápidamente su cuerpo, en cuyo caso la Tierra nunca podría cumplir su misión; o, por otro lado, podrían haber dicho: no deseamos eso, queremos que el cuerpo humano se desarrolle completamente, pero nosotros mismos no tenemos ningún interés en ello. Por lo tanto, renunciaremos al Nacido-Tardío, a Jehová; él es el Señor de la Forma —y el hombre se habría secado, momificado. El cuerpo del hombre habría permanecido unido a la Tierra, nunca habría sido espiritualizado.

Ninguno de estos caminos fue elegido, pero a fin de formar un equilibrio entre los Espíritus de la Sabiduría y el Último Nacido de la antigua Luna, el Señor de la Forma, que fue el punto de partida para la creación de la luna presente, fue creada una situación central. Esta solución intermedia fue preparada para la aparición de Cristo quien es exaltado por encima de la Sabiduría, ante quien los Espíritus de la Sabiduría cubren su rostro con humildad, y quien redimirá a los hombres si se impregnan cada vez más con Su Espíritu. Y cuando la Tierra misma alcance el punto en que el hombre se habrá espiritualizado completamente, entonces no caerá de la evolución una bola seca, pues a través de lo que ha podido extraer de la evolución, el hombre llevará su forma humana cada vez más ennoblecida a la completa espiritualización. Y vemos cómo los seres humanos son espiritualizados. Si tuviéramos que ver los cuerpos humanos originales de la Edad Lemuriana, que nunca describiría en una conferencia pública, encontraríamos que representaban el límite extremo de la fealdad, y los hombres se volvían más ennoblecidos a medida que el amor los purificaba cada vez más. Pero el hombre evolucionará incluso más allá del rostro humano actual. Hoy estamos en la quinta raza. En la sexta raza, la fisonomía externa del semblante del hombre mostrará su bondad interior, el estado interior de su alma. El hombre tendrá entonces una fisonomía bastante diferente; por la forma externa uno reconocerá cuán bueno, cuán noble es, uno verá por su semblante qué cualidades se encuentran dentro de su alma. La fisonomía recibirá cada vez más la impronta de la nobleza y la bondad contenidas en el alma, hasta que al final de la condición de la Tierra la naturaleza corporal del hombre estará totalmente impregnada de espíritu y se destacará totalmente aliviada de aquellos que han permanecido apegados a la materialidad y que llevarán la imagen del mal en sus semblantes. Esto es lo que vendrá. Se llama la “última crisis” y debe describirse como “espiritualización” o, como se le llama popularmente, “la resurrección de la carne”. Uno debe entender estas cosas solo en el verdadero sentido dado por el ocultismo, entonces no podrá ser atacado.  Los círculos ilustrados no podrán en ningún caso comprender que la materia algún día podría llegar a ser muy diferente de lo material. Lo que podría llamarse en el mejor sentido de la palabra “locura de la materialidad” nunca será capaz de imaginar que la materia podrá algún día ser espiritualizada, es decir, que algún día surgirá algo que uno llama espiritualización, la Resurrección del Cuerpo, de la carne.

f1ga102c6

Pero así son las cosas, y este es el curso de la evolución terrenal, y así surge el significado de la evolución terrenal y el lugar de Cristo dentro de esa evolución. Si fuéramos simplemente a mirar todo lo que hemos estado considerando hoy, entonces deberíamos tener una imagen peculiar de la evolución de nuestra Tierra. Tal imagen mostrará que se sostuvo el equilibrio entre los Espíritus de la Forma y los Espíritus que se convirtieron en los Espíritus de la Rotación del Tiempo, los actuales Espíritus de Luz. Por el hecho de que el Cristo desde el momento del Misterio del Gólgota, guía la evolución terrenal, los mantiene en la posición de equilibrio y cuyo resultado será un ascenso continuo. Pero el asunto nuevamente no es tan simple. Sabemos que hay seres espirituales se han quedado atrás: espíritus que no alcanzaron la plena madurez del desarrollo de la sabiduría y que, por lo tanto, no tenían interés en renunciar a su autoridad por la transmisión del amor. Estos espíritus querían trabajar dejando que la sabiduría continuara fluyendo. Lo hicieron y, por lo tanto, su trabajo en la Tierra no ha sido del todo infructuoso. Han llevado a los hombres a la liberación. Si el Principio de Cristo ha traído el amor, también lo han hecho estos Espíritus, a quienes llamamos Espíritus Luciféricos, trajeron a los hombres la libertad, la libertad de la personalidad. Incluso el quedarse atrás de ciertos Espíritus tiene su lado bueno, y todo, ya sea por adelantarse o por permanecer atrás, es de naturaleza divina. Así que había Espíritus de la Rotación del Tiempo que guiaban las encarnaciones progresivas, aquello que pasa como individualidad a través de todas las diferentes encarnaciones; y había Espíritus de Amor bajo la guía del Principio de Cristo que preparaban así a esta individualidad para que la personalidad pudiera acercarse poco a poco a un Reino de Amor. Si caracterizáramos el gran ideal que se cierne ante nosotros como un Reino de Amor, podemos hacerlo de la siguiente manera.

Hoy, en los círculos más amplios, circula el error radical de que el bienestar de una sola personalidad es posible sin el bienestar de todos los demás en la Tierra. Aunque los hombres pueden no admitirlo directamente, en la práctica nuestra vida moderna se basa en el hecho de que el individuo vive a costa de otros y existe una creencia generalizada de que el bienestar de uno es independiente del bienestar de los demás. La evolución futura traerá la comunidad completa del espíritu, es decir, en Júpiter comenzará a prevalecer la creencia de que no habrá salud y felicidad individual sin la salud y la felicidad de todos los demás, y de hecho en igual medida. El cristianismo prepara esta concepción y está ahí para prepararla. Al principio surgió a través del amor en las comunidades que estaban ligadas por la sangre, y de esta manera se superó el puro egoísmo. La misión del cristianismo ahora es encender en el hombre el amor que ya no está ligado a la sangre, es decir, que los hombres aprendan a encontrar el amor puro, donde el bienestar de uno no pueda ser concebido sin el bienestar del otro. Cualquier otra cosa no es un verdadero cristianismo. De esta manera, podemos caracterizar la evolución del hombre a una etapa superior. Pero el avance de la evolución hacia tal etapa ocurre en ciclos, no es una continuidad. Pueden ver estos ciclos ustedes mismos a través de una simple reflexión.

Ustedes saben cómo surge en la primera época de la Era Post-Atlante, una civilización que alcanza su culminación y debe volver a declinar, cómo alcanza su punto más alto en la evasión de la materialidad, pero cómo debe retroceder porque ha buscado su cultura sobre la base del no reconocimiento de la materia. Entonces ven cómo entra un nuevo ciclo con la antigua civilización persa, cómo conquista la Tierra a través del reconocimiento de la materia, en todo caso como un poder luchando contra el hombre, y que el hombre somete a través de su trabajo; nuevamente, esta cultura alcanza su culminación y se hunde en la decadencia. Pero una nueva civilización asciende, la egipcio-caldeo-asirio-babilónico, que ya no solo reconoce la materia, sino que la penetra con inteligencia humana, donde se investigan las órbitas de las estrellas, donde se edifican edificios de acuerdo con la sabiduría de las estrellas, de acuerdo con las leyes de la geometría. La materia ya no es un poder opuesto, sino que se refunde y se transforma, espiritualizándose. Y después de que la cultura egipcia-caldea-asiria-babilónica entra en decadencia, vamos más allá de la cultura greco-latina, donde en el arte griego el hombre ha transformado la materia de tal manera que ha formado su propia imagen en ella. Nunca antes había sido el caso, como en la escultura griega, la arquitectura griega y el drama, el ser humano imprimió su propia imagen en la materia. Y con la civilización romana vemos que se agrega la idea legal de la personalidad. Es solo una erudición bastante pervertida el decir que el concepto legal ya había existido antes; un hombre racional puede verlo a simple vista. El Libro de La Ley de Hammurabi es completamente diferente de lo que se creó en Roma como jurisprudencia. Esta es un producto romano genuino, porque la jurisprudencia surgió donde la personalidad creó también su imagen en la ley; en la ley, el hombre se coloca completamente en su propia personalidad. Uno debe estudiar y comparar el testamento de la Ley Romana con lo que se encuentra en el Libro de La Ley de Hammurabi, donde la personalidad del hombre tiene definitivamente su lugar en una teocracia. El “ciudadano romano” fue un nuevo elemento en el ciclo evolutivo de la humanidad. Y habrá un nuevo ciclo cuando los hombres hayan captado por completo lo que se presenta hoy como Teosofía. Vemos cómo cada ciclo en la civilización alcanza su máximo y vuelve a declinar y cómo cada nuevo ciclo tiene la tarea de llevar a la civilización más allá.

La firme posición de equilibrio le da al hombre la certeza de que puede ser redimido de la Tierra, en el esfuerzo por elevarse y luchar por la libertad real, que los Espíritus Luciféricos han impreso en la Humanidad. Así, el Principio de Cristo y los Espíritus Luciféricos trabajan juntos en la evolución del mundo y determinan las condiciones de la civilización. No tiene importancia que en los primeros siglos cristianos el principio luciférico fuera excluido y los hombres fueran referidos solo al Principio de Cristo. La humanidad seguramente conseguirá su logro de la libertad mediante la devoción completa al Principio de Cristo; porque el Principio de Cristo es tan omnipresente que solo puede captarlo el que busca abarcarlo en el nivel de la sabiduría más elevada. Echemos una mirada a los tiempos precristianos. Encontramos que las religiones existen allí como preparación para el cristianismo. Vemos religiones, es cierto, entre los hindúes y los persas, pero religiones adecuadas para las personas particulares del lugar donde han nacido. Son religiones nacionales, tribales, raciales, que aparecen con la coloración de la que han surgido, limitadas interiormente, porque de alguna manera todavía proceden de las almas grupales y están ligadas a ellas. Con la religión cristiana, entró un elemento en la evolución de la humanidad, que es el verdadero elemento de la evolución de la Tierra. Desde el principio, el cristianismo rompió todos los principios de las religiones anteriores. Se opuso abruptamente a la frase “el Padre Abraham y Yo somos uno”. Se opuso en primer lugar a la idea de que uno puede sentirse una unidad con algo que es solo un grupo humano. Por otro lado, el alma que mora en cada personalidad debe ser capaz de sentirse una con el eterno Fundamento del Mundo a quien llamamos el “Padre” y quien habita en cada alma, y esto se expresa en la oración: ” el Padre y Yo somos uno”. Y en contraste con el Antiguo Testamento que comienza con las palabras: “En el principio era la Luz”, el cristianismo establece las palabras del Nuevo Testamento: “En el principio primordial era la Palabra”. Con esto se dio uno de los mayores avances en la evolución a la Humanidad. Porque al referirse a la luz que surgió, uno habla, en la medida en que uno puede hablar de luz, de algo externamente visible. Los registros antiguos contienen un Génesis que establece lo físico como una manifestación de la luz. La “Palabra”, sin embargo, es lo que surge de la naturaleza interna del ser, y antes de que apareciera alguna manifestación de luz existía en el hombre “lo que era, lo que es y lo que está por venir”, es decir, el ser más íntimo del hombre. En el Principio Primordial no era la Luz, sino la Palabra. El Evangelio de San Juan no es un documento que pueda colocarse junto a los demás; expande a los otros de lo temporal a lo eterno.

Así que el cristianismo se encuentra allí, no como una religión que podría ser una religión nacional, sino, si se entiende correctamente, como una religión de la Humanidad. En eso el cristiano se siente uno con el “Padre” y el alma se confronta al alma, sin importar a qué pueblo o nación pertenece. Todas las divisiones deben desaparecer bajo las influencias del cristianismo, y la condición de Júpiter debe prepararse bajo la influencia de este principio.  El cristianismo, por lo tanto, ha comenzado como una religión, porque la humanidad se fundó en la religión. Sin embargo, la religión debe ser reemplazada por la sabiduría, por el conocimiento.

En la medida en que la religión descansa sobre la fe y no se inflama con el fuego del conocimiento pleno, es algo que debe ser reemplazado en el curso del progreso de la humanidad. Y mientras que anteriormente el hombre tenía que creer antes de poder llegar al conocimiento, en el futuro el pleno conocimiento brillará con luz y el hombre lo sabrá y desde allí ascenderá al reconocimiento de los mundos espirituales más elevados. Desde la religión, la humanidad evoluciona hacia la sabiduría, resplandeciente por el amor. Primero la sabiduría, luego el amor, después la sabiduría resplandeciendo a través del amor.

Ahora podemos preguntar: si la religión se fusiona con el conocimiento, si el hombre ya no recibe la religión según la forma antigua, es decir, si de acuerdo con su fe, se dirige a la sabiduría que guía la evolución ¿entonces el cristianismo tampoco existirá?. No habrá religión fundada en la mera fe. El cristianismo permanecerá; en sus orígenes era religión ¡pero el cristianismo es más grande que toda religión!. Esa es la sabiduría rosacruz. El principio religioso del cristianismo, tal como se originó, es más abarcador que el principio religioso de cualquier otra religión. Pero el cristianismo es aún más grande que el principio religioso en sí mismo. Cuando las capas exteriores de la fe caigan, brotarán en forma de sabiduría. Pueden despojarse por completo las envolturas de la fe y convertirse en sabiduría religiosa y la ciencia espiritual ayudará a preparar a los hombres para esto. Los hombres podrán vivir sin las antiguas formas de religión y fe, pero no podrán vivir sin el cristianismo, porque el cristianismo es más grande que toda religión. El cristianismo existe con el propósito de romper todas las formas de religión, y lo que llena a los hombres como cristianismo todavía existirá cuando las almas humanas hayan crecido más allá de toda mera vida religiosa.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Enero de 2018.

GA102c5. La influencia de los Seres Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 16 de marzo de 1908

English version

En la conferencia anterior hablamos en líneas generales del desarrollo del ser humano en relación con la evolución del cosmos. Podemos observar estas cuestiones desde variados puntos de vista. Cuando dirigimos nuestra mirada espiritual hacia el pasado primigenio, se nos presenta una multiplicidad no menos rica en acontecimientos, y no debemos pensar que cuando caracterizamos las fases de evolución con algunos conceptos e ideas ya está todo sabido o completo. Es necesario caracterizar estos tiempos pasados así como nuestro presente desde los más variados aspectos. Poco a poco se nos irá haciendo cada vez más claro, pero no debemos dejarnos engañar por lo que aparece aquí y allá como contradicciones.

Tales contradicciones aparentes surgen del hecho de que incluso a la visión espiritual una materia puede ser vista desde aspectos muy variados. Uno puede caminar alrededor de un árbol, por ejemplo, y hacer una foto desde muchos lados. Cada imagen es verdadera y puede haber un centenar de ellas. Esto es sólo una comparación, pero en cierto sentido, es perfectamente adecuada para las épocas de la evolución terrestre que deben ser consideradas también desde muchos aspectos diferentes. Hoy vamos a considerar la evolución de la Tierra  en relación con la evolución de la humanidad desde un punto de vista diferente, y prestaremos especial atención al ser humano en sí mismo. Vamos a describir los procesos que se presentan en lo que llamamos los Anales Akáshicos, cuando dirigimos la visión espiritual al pasado.

A menudo he relatado que la Tierra  antes de convertirse en “Tierra ” pasó por una serie de encarnaciones. Primero fue el período de Antiguo Saturno, el período de Antiguo Sol, el período de la Antigua Luna, y nuestro período de la Tierra .

En una breve mirada a la época del antiguo Saturno debemos tener en cuenta que de los elementos y las condiciones físicas que nos encontramos hoy en la Tierra, en nuestra tierra  sólida, el líquido, el aire, el fuego o calor, sólo el fuego estuvo presente en el antiguo Saturno. Tendremos la verdadera imagen de la primera encarnación de la Tierra  si atendemos a lo siguiente: Saturno no tenía gas,  ni agua, ni los componentes terrenales. Si pudieran visitar el antiguo Saturno, como hombres de hoy a ese momento, a medida que se acercaran no encontrarían nada más que una esfera que consistía únicamente en calor, habrían entrado en una especie de horno. Sentirían que entraban en una región de diferentes grados de calor. Así, el Antiguo Saturno consistía exclusivamente de fuego o calor.

En el Antiguo Sol, la segunda incorporación de la Tierra , el calor había llegado a una densificación tal que se puede hablar de un estado gaseoso o aireado.

La condición de la Antigua Luna mostró una fase acuosa de las sustancias del período anterior, y ya he comentado cómo la sustancia del Antiguo Sol se separo de la Antigua Luna produciéndose una poderosa densificación en todos los seres Lunares.

Es importante ser claramente conscientes de que en cada etapa posterior se recapitula de cierta manera la evolución anterior. Por eso, cuando miramos hacia atrás en la evolución de nuestra propia Tierra, tenemos al principio una recapitulación del Antiguo Saturno, una especie de repetición. Después se recapitula la etapa del Antiguo Sol, a continuación, una repetición de la fase Lunar, y sólo entonces comienza realmente la encarnación actual de nuestra evolución de la Tierra. A medida que nuestra Tierra  salió de la Pralaya, de la condición crepuscular en la que entro después de su existencia como Antigua Luna,  emergió de nuevo como una esfera de calor. Ya he descrito cómo se fueron desprendiendo los otros planetas. Primero vamos a aferrarnos al hecho de que la Tierra  era simplemente una bola ígnea, que solo contenía el calor como sustancia. Dentro de esta bola de calor o fuego el ser humano existía potencialmente. El primer rudimento del hombre estuvo presente en Saturno, por lo que ahora en la recapitulación de la condición de Saturno en la Tierra, solo el hombre estaba presente. No había ningún otro reino. El hombre es el primogénito de la condición de la Tierra. Al principio de nuestra evolución terrestre no había reino vegetal, ni reino animal, ningún reino mineral. Nuestra Tierra  en el comienzo de su evolución estaba de hecho compuesta sólo de cuerpos calóricos humanos.

¿Cuál es entonces la diferencia entre la antigua condición de Saturno y su recapitulación en la Tierra?. Hay una diferencia considerable, ya que los cuerpos humanos que emergieron, como las plantas que se desarrollan a partir de semillas, habían pasado por las tres primeras etapas de su evolución. Su formación fue esencialmente más diversa, más compleja, pues todas las fuerzas que se encontraban trabajando en Saturno estuvieron presentes en primer lugar en esta condición de la Tierra. Pero dentro de ella también estaban las condiciones del Antiguo Sol y la Antigua Luna ya que se agregaron al principio evolutivo de la Tierra  formando un solo cuerpo una vez más; las fuerzas de Saturno, el Sol y la Luna trabajaron juntas en esta primera fase de la Tierra. Y así esta primera humanidad en el comienzo de la evolución de la Tierra era mucho más compleja que el ser humano del Antiguo Saturno. En el Antiguo Saturno, todo estaba indiferenciado —todo lo que entonces era el hombre de Saturno. Ahora bien, en la recién surgida Tierra, Saturno, el Sol y la Luna trabajaron juntos. El hombre se presentó en sus primeros rudimentos, a pesar de que estos rudimentos eran muy complejos.

Cuando la Tierra  emergió de la oscuridad del espacio cósmico, era un espacio rebosante de calor interno, y dentro de él vivían las primeras formas de la humanidad como seres de calidez. Cuando, con la visión clarividente se mira hacia atrás a lo que realmente existía del hombre en ese momento se encuentran esos rudimentos humanos originales, como si la esfera tuviese muchas clases de corrientes de calidez. Estas corrientes van hacia la superficie de la recién surgida Tierra , se hunden en la superficie, y forman allí masas más calientes que los alrededores. El ser humano se distingue del medio ambiente, simplemente por el hecho de que uno sentía que ciertos espacios eran más cálidos. Puede aclararse este punto si observamos cuales fueron los primeros rudimentos de los órganos humanos.

Piensen en un niño recién nacido que todavía tiene una parte muy delicada en la cabeza, la fontanela. Imaginen que por este lugar abierto entra una corriente de calor. Piensen en esta corriente de calor, no densificada que fluye hacia la sangre  en corrientes que bajan y forman un centro en el propio corazón  y sigue su curso en las arterias, no a las arterias de la sangre, sino a la fuerza de las arterias. Ahí tenemos los primeros rudimentos del hombre-calórico. Más tarde, en el progreso de la evolución, el corazón humano con sus vasos sanguíneos surgió de este hombre de calor rudimentario. La circulación de la sangre ha surgido de él, y el órgano que existió durante mucho tiempo en la evolución del hombre y que más tarde desapareció fue un brillante órgano de calor, aunque en sus primeros rudimentos.  Mucho más tarde en la evolución terrenal el ser humano todavía tenía ese órgano. La fontanela que existe en la cabeza del bebé es una especie de órgano calórico que proyectaba el hombre cuando aún era incapaz de ver su entorno. Cuando todavía estaba en un elemento acuoso y no podía percibir a nuestra manera actual, cuando aún nadaba en el agua, sabía las condiciones de temperatura, ya que podía trasladarse a lugares en una determinada dirección o no. Usaba este órgano-linterna con el que se podía desplazar. Fue en la tercera época, la época de Lemuria que el hombre poseía este órgano. Ya les conté que la leyenda de los Cíclopes —el ser humano con un solo ojo— viene de esta etapa. No era un ojo real, lo describen como un ojo, lo que no es correcto. Era una especie de órgano de calor que indicaba las direcciones que podrían adoptarse. Así que deberíamos tener algo así como un órgano en forma de copa que se extiende hacia abajo a los primeros rudimentos del corazón, y rodeado por algo así como brazos prensiles, mientras que arriba uno tendría una especie de órgano sanguíneo. Esta era la apariencia del órgano en los primeros períodos.

Ahora, en el curso de la evolución de la Tierra , entró algo muy importante. La materia, la sustancia, se diferencio. La materia homogénea de calor se diferencio de tal manera que de la materia surgió el aire, mientras que una parte de la materia cálida anterior permanecía.  Y aquí deben tener en cuenta una ley: deben ser muy claros al respecto si desean considerar estos comienzos humanos en el curso de la evolución: dondequiera que la materia cálida se densifica en aire, entonces, al mismo tiempo, surge la luz.  La materia de calor todavía está oscura, no impregnada de luz. Pero cuando una parte del calor en una esfera cósmica se condensa en gas o aire, una parte de esta materia puede dejar que la luz le atraviese. Y así fue.

Ahora tenemos la Tierra  en la segunda etapa de su evolución. (Todos los demás aspectos van en paralelo con ella). Una Tierra que consiste en parte, de calor, parte de aire y brillante por dentro. Y todo lo que ocurre fuera se expresa asimismo en el desarrollo del hombre. Lo que antes era simplemente una rudimentaria calidez de órganos empezó realmente a brillar. El ser humano era como una especie de linterna. Uno no necesita encontrar esta maravillosa particularidad, ya que no es nada extraordinario. Hace algunos siglos se habrían quedado sorprendidos al oír hablar de seres luminosos, pero no hay motivo de asombro en la actualidad. La ciencia natural sabe que en las profundidades del océano, donde es imposible que pueda penetrar un rayo de luz, hay seres que brillan, derramando su propia luz. Y así, en ese momento el ser humano comenzó a irradiar luz.

Ahora se produjo en esta formación humana algo extremadamente peculiar, se añadieron los rudimentos para hacer uso del aire circundante. Esto se desarrolló paulatinamente y se formo el comienzo del proceso respiratorio. Vemos, pues, añadido al proceso de calor anterior una especie de proceso de respiración. Es importante tener claro que con el depósito de aire en la Tierra  apareció el proceso respiratorio, y que este hecho fue la adición de aire en la materia calórica, impregnando el calor con pequeñas burbujas de aire. Esto, está conectado con otra cosa, el efecto de la luz está ahí también y se manifiesta en los inicios del sistema nervioso. No es de hecho un sistema nervioso físico, son más unas líneas de fuerza que se desarrollan con la densificación. Debemos pensarlo como finas corrientes de aire,  como líneas de fuerza. Así pues, tenemos ahora un ser humano que en toda la finura rudimentaria es todavía un ser etéreo de calor y aire, en el que se muestran los primeros signos de un sistema nervioso. Esa fue la etapa de nuestra evolución terrestre, cuando el Sol se encontraba todavía en la Tierra. Imagínense cómo apareció este cuerpo cósmico en el espacio universal.

Si alguien mirara este cuerpo cósmico desde el exterior vería que todos los seres que acabamos de describir como seres humanos irradiaban una luz individual, y esta luz se convirtió en una esfera de luz que brillaba en el universo. Si se pudiera examinar la condición de Saturno se encontrarían que se puede abordar sin verlo, sólo lo podrían percibir a través del calor. Pero ahora que tiene incorporado el Antiguo Sol, desde el calor interior envía su luz al espacio.

Ahora poco a poco llegó el momento que ya he descrito como la salida del Sol. Todos los seres superiores que estaban conectados con el Sol y que dieron a los seres humanos la capacidad de la que acabamos de hablar, se separaron, junto con las sustancias más finas. El Sol salió. Y ya no brillaba, la luz salió de la Tierra.

Así que tenemos un cuerpo cósmico, que consiste en la Tierra y la Luna, la Luna en ese momento estaba presente todavía en la Tierra. Y se produjo algo muy notable. Puesto que todas las fuerzas más sutiles habían salido con el Sol,  dio como resultado una muy rápida —relativamente rápida— densificación. Las corrientes anteriores se fueron densificando. Y a medida que las sustancias más finas fueron desapareciendo, vemos cómo se condensa el estado gaseoso del agua. El cuerpo entero se organizó en forma no sólo de fuego y aire, sino también de agua. La fuerza lumínica había salido con el Sol y se hizo de nuevo la oscuridad en la Tierra, los seres habían mantenido en ellos mismos sólo una parte de la fuerza lumínica. Esta fue una etapa interesante de la evolución de la humanidad. Ya he demostrado que la luz sentó las bases del sistema nervioso. El sistema nervioso es una creación de la luz. El origen del sistema nervioso se debe a la transmisión de la luz. Ahora la luz, el Sol, salió al espacio cósmico y la sustancia se densifico muy rápidamente. Todavía no era la misma sustancia nerviosa actual, pero era más densa que antes, ya no era solo una sustancia etérea. Y lo importante era esto: que antes brillaba hacia fuera y ahora se volvió luminosa hacia el interior. Eso significa que en el hombre primitivo el sistema nervioso tenía el poder de crear luz interior, imágenes, visiones y surgió la conciencia clarividente.

Así, el Sol salió de la Tierra, dejó la Tierra  sin luz, pero los seres crearon la luz interior. Anteriormente habían reflejado la luz que brillaba hacia ellos, y ahora habían perdido el poder de brillar. La Tierra  ya no era Sol, pero su conciencia interior estaba iluminada como hoy en el sueño se ilumina la conciencia en el mundo de los sueños. Esta brillante conciencia interior, sin embargo, era en ese momento infinitamente más significativa, más viva. Y ahora llegamos de nuevo a un asunto importante.

Así como había surgido la luz cuando el calor se densifico en aire, ahora también con la densificación del aire hacia el agua apareció una contraparte. Así como el aire está relacionado con la luz, el agua está relacionada con el sonido y el tono. El sonido puede, por supuesto, pasar a través del aire, hacer que el aire vibre y de esa forma se vuelve audible. En la Tierra, sin embargo, surgió el sonido —el sonido como tal— junto a la formación del agua. Y exactamente como la acción de la luz fluía a través del aire, así ahora la totalidad del agua en la que el aire se había condensado vibraba con las corrientes del tono. La Tierra consistía entonces en calor, aire y agua. Las partes de la Tierra que se habían vuelto fluidas estaban particularmente impregnadas por la armonía de las esferas, por tonos que fluían a la Tierra desde el Universo con toda la armonía posible.

El resultado de esta acción de sonido en el elemento agua fue muy, muy importante. Deben imaginar que en este agua original, en este agua fluida terrenal, estaban contenidas todas las sustancias que existen hoy por separado como metales, minerales, etc. Es extremadamente interesante mirar atrás con visión espiritual a este tiempo antiguo y ver cómo se formaron las figuras más variadas. El tono creaba formas en el agua. Fue un período bastante sorprendente de la evolución de nuestra Tierra.

Algo sucedió entonces en la escala más grandiosa, similar a lo que sucede cuando se esparce arena fina sobre una placa de metal y se acaricia la placa con un arco de violín. Se forman las figuras del sonido de Chladni y ustedes saben por supuesto qué figuras y formaciones regulares aparecen. Así, la música que fluye desde el espacio cósmico da lugar a la mayoría de las formas y figuras múltiples, y las sustancias que están disueltas en el agua, que son ellas mismas acuosas, escuchan la música cósmica y se acomodan en conformidad con ella. La formación más importante de la danza de las sustancias ante la música cósmica es la albúmina, el protoplasma, la base de todo crecimiento vivo. Los materialistas pueden pensar lo que quieran de la construcción mecánica de la albúmina a partir del oxígeno, el nitrógeno, el carbono, etc. el protoplasma original estaba formado de sustancia cósmica que se había formado a partir de las armonías de la música cósmica.

f2ga102c5

 

Y así las sustancias de la vida se organizaron de acuerdo con el mundo de la música. La sustancia albuminosa, ahora rodeada del protoplasma, entró en las estructuras finas, que todo lo penetran. El agua, con la albúmina coagulada de acuerdo con el tono cósmico, siguió su curso a lo largo de las líneas que he descrito como líneas de calor y poco a poco pasó a la formación de la sangre. El agua congelada se estableció como albúmina en las líneas de los nervios. Y en primer lugar, la albúmina formo una especie de envoltura, sin gluten cartilaginoso, se podría decir, como una protección desde el exterior. Todo esto realmente tomó forma a partir de la danza de las sustancias con la armonía de las esferas.

Todo esto existió antes de que hubiera una sola célula. La célula no es el origen del organismo, sino lo que he descrito. El origen del organismo es en primer lugar el espíritu, que existe en forma de calor, a continuación se manifiesta más en las líneas de fuerza, entonces surgió de las armonías de las esferas a través de la disposición de sustancias, del depósito de sí mismo en estas líneas de fuerza, y sólo relativamente tarde, al final, surgió la formación de la célula. La célula como la última excreción, tuvo que nacer de una criatura viviente. Los organismos nunca se han formado a partir de las células, sino que la célula se formó de la vida. La anatomía es siempre una consecuencia de la combinación.

Tenemos todo esto al principio de la condición de la Tierra  cuando todavía contenía a la Luna después de la salida del Sol. Pero mientras la Luna se mantuvo en la Tierra  hubo un aumento del endurecimiento de la formación albuminosa, y hubiera resultado el estado que he descrito como momificación si los seres y las sustancias más groseras no hubieran salido de la Tierra. La última parte desarrollada de la criatura humana en ese momento eran los nervios dirigidos a los órganos de los sentidos. Sin embargo, los órganos de los sentidos no se habían abierto todavía. Se habían formado desde dentro hacia afuera, pero aún no estaban activos. Y ahora la Luna salió, junto con las sustancias más pesadas. Como consecuencia el ser humano pudo pasar gradualmente a una condición superior. Sus sentidos se abrieron, los dos cuerpos celestes estaban ahora fuera y podían mantener un equilibrio mutuo. Sus sentidos se abrieron, los dos cuerpos celestiales estaban ahora afuera y podían mantener un equilibrio mutuo.  Mientras estuvieron unidos con la Tierra edificaron al hombre y ahora trabajaron desde fuera; abrieron sus sentidos y lo hicieron ver y oír, tal como se nos aparece hoy. La salida de la Luna ocurrió prácticamente en la mitad de la antigua época de Lemuria. Tenemos, pues, un ser humano que aún no había abierto sus órganos de los sentidos, pero que tenía un poderoso don de clarividencia. Ya he descrito cómo él podría llenar su conciencia con los colores más variados y los fenómenos de calor desde el interior, todos los cuales tenían verdadero valor e importancia, sin embargo, aun no podía percibir los objetos en el espacio. Eso sólo fue posible después de la salida de la Luna de la Tierra.

Si consideran este breve bosquejo que os he dado de la antigua evolución de la Tierra verán que el hombre actual en realidad tomó su punto de partida, como ser terrenal desde el exterior hacia el corazón. El corazón no era, por supuesto, un órgano como el actual, que se desarrolló mucho más tarde, pero los rudimentos del corazón proceden del elemento calor. Luego se añadió el sistema respiratorio nacido del aire, y el sistema nervioso nacido de la luz. Luego vino el material protoplásmico en el que se insertaron los órganos y se formó el conjunto de la materia viva, congelando los fluidos a través de los tonos de las sustancias cósmicas. En el período final, cuando la sustancia lunar todavía estaba presente en la Tierra, se produjo la densificación de la condición de solidez de la Tierra. En realidad, fue poco antes de la salida de la Luna cuando emergió lo que hoy llamamos el reino mineral, es decir, el elemento solido del líquido elemento. La albúmina es de hecho un estado intermedio entre lo sólido y lo fluido. Sin embargo, la Tierra  sólida en realidad surgió en el último período. ¿Por qué? Surgió porque bajo la influencia de la densificación —de todo lo que estuvo involucrado en el proceso continuo de condensación— los elementos se habían vuelto más y más materiales. Piensen por un momento en el inicio la evolución de la Tierra. ¿Qué importancia tiene el calor que hace allí? Dio a la naturaleza corporal lo que ahora late en su sangre. No hay que pensar que cuando hablamos de la condición de primer calor de la Tierra, estamos hablando de una calidez que surge cuando se enciende un fósforo. Eso es un mineral del fuego y del calor mineral. Estamos hablando del fuego y el calor que late en la sangre, ahí vive el calor. De hecho, no sólo existe el calor mineral que surge en el espacio exterior, que no es muy diferente al calor vivo que tenemos en nosotros mismos. Eso estuvo presente en el comienzo de la Tierra  y de él se formaron los primeros rudimentos del hombre. Pero incluso este calor viviente se desvaneció gradualmente con la densificación continua. Esto estaba relacionado con el proceso de densificación que se produjo cuando el Sol salió y la Luna se unió con la Tierra. La calidez de los minerales apareció por primera vez como un proceso de combustión.

Aquí llegamos a algo importante que os pido tengáis en cuenta. Es cierto que al principio se puede hablar de una condición de fuego, de calor, pero no podemos hablar realmente de una combustión. Eso no sería correcto. Debemos hablar sólo de lo que sentimos latiendo en nuestra propia sangre. El calor que proviene de un motor de combustión externa mineral apareció sólo cuando el Sol había salido y la Tierra  estaba unida con la Luna.

Y a través del proceso de combustión, que antes no existía en absoluto, se separó una sustancia en la masa de la Tierra, que se describe en el ocultismo como “ceniza.” Cuando se quema algo se da lugar a la ceniza. La ceniza se incrustó en la estructura de la Tierra cuando la Tierra  y la Luna estaban unidas. La evolución ahora había llegado tan lejos que a través de la presión del tono cósmico las sustancias se pusieron danzar, insertándose las masas de protoplasma. Había seres donde las finas sustancias protoplásmicas se habían organizado anteriormente a lo largo de las líneas de fuerza, este protoplasma es similar en la formación externa a la actual formación de la albúmina. Había también unas sustancias más densas que actuaron como una protección, que rodeaba a los seres como una especie de funda gelatinosa.

¿Que faltaba en estos seres? La sustancia ósea Si se me permite expresarme popularmente, todo era aún una masa pegajosa y la naturaleza mineral estaba totalmente ausente hasta el momento ya descrito. Ahora hay que pensar en lo diferentes que eran estos seres. Ustedes no tienen nada en su actual cuerpo físico que no esté impregnado de sustancia mineral. El cuerpo humano tal como se nos presenta hoy ha surgido sólo relativamente tarde. Se trata no sólo de los huesos, músculos y sangre, la sustancia mineral se ha incrustado en todas las cosas. Piensen en la sustancia mineral, piensen en toda la Tierra  y sus seres aún sin sustancia mineral y luego por un proceso de combustión del depósito de ceniza, la ceniza de las sustancias minerales más variadas. Por lo tanto, en los seres humanos, que hasta entonces de hecho, sólo llegaban a una densidad gelatinosa, los componentes de la ceniza se insertaron en todas las direcciones. Y los seres absorbieron la ceniza como antes habían absorbido la albúmina organizándose a su manera —tomando el elemento mineral de los densos huesos a la sangre fluida.

Pueden formarse una idea de lo que se estaba incrustando —todo lo que queda atrás como ceniza cuando el cuerpo se quema o se descompone. Lo que en realidad queda como ceniza es lo último que se originó. Todo lo que no se quedo atrás como ceniza estaba allí con anterioridad, pero almacenaban la ceniza en sí mismos. Alguien que observa las cenizas derivadas de un cadáver en estado de descomposición debe decirse a sí mismo: esta es la sustancia mineral en mí, que finalmente ha sido absorbida por lo que existía previamente. Así, surgió el último mineral en el curso del desarrollo de la Tierra y los otros reinos lo almacenaron en sí mismos, habiendo consistido previamente en otras sustancias.

Podemos preguntar cuál fue el motivo de esta incorporación de la ceniza. Llevamos cenizas dentro de nosotros todo el tiempo, solo que se distribuye y se queda atrás cuando nuestro cadáver se quema o se descompone. ¿Cómo presionó la ceniza en las líneas que se llenaron con sustancia albuminosa?

Hemos visto que en un principio hubo calor y los rudimentos del corazón se formaron a partir de él. A continuación fue produjo por el aire, el estado rudimentario de la respiración, entró la luz y formó los rudimentos de los nervios. Luego vino el sonido y produjo la sustancia viva haciendo que los materiales danzaran. Pero, ¿qué causó que el elemento ceniza, el mineral, fluyera hacia esta sustancia?

Lo que presionó la ceniza en los cuerpos humanos fue de ahora en adelante el pensamiento, que hizo del sonido, del tono, la palabra. Incluso en los tiempos de la Atlántida, cuando todo estaba inmerso en la niebla, lo que el ser humano hablaba no era solo un lenguaje único articulado, pues el hombre entendía el hablar susurrante de los árboles, el ondular de los manantiales y las fuentes. Todo lo que hoy es lenguaje articulado y todo lo que se expresa en él, formaron una danza; el tono, el elemento musical en él, formó los materiales en la sustancia viva. El sentido, el significado de la palabra presionó en esta sustancia viva formándose la ceniza en ese proceso de combustión.

Y en la medida en que el sistema óseo del hombre fue condensándose gradualmente hacia el final de la Época Atlante fue penetrado por los pensamientos, por la autoconciencia. Su intelecto amaneció y se hizo cada vez más consciente de sí mismo. Las cosas que existen en nosotros se crean desde el exterior: en primer lugar, los rudimentos que se desarrollan en el corazón humano, en segundo lugar, nuestro sistema nervioso con los rudimentos de la respiración, el tercero de los órganos glandulares, que surgen de la vida; en cuarto lugar, la estructura ósea, impregnada por la ceniza y, por último, el hombre se convierte en un ser consciente de sí mismo. Tal fue el curso de la evolución dentro de nuestra propia encarnación en la Tierra y ahora hemos llegado en nuestra descripción casi al final de la época Atlante.

Si comparan esto con nuestros estudios anteriores, verán que lo último en activarse siempre estuvo allí;  y que lo que presionó en la materia como “Palabra” estuvo en el principio de todo. Lo que le dio al hombre su yo, estaba allí desde el principio. Si tratan de entender claramente lo que se ha dicho hoy, también podrán encontrar fácilmente los hechos en los primeros párrafos del Evangelio de San Juan.  En una de nuestras próximas conferencias debemos mostrar cómo nuestros estudios que se han extendido hacia el espacio cósmico están bellamente presentados en el Evangelio de San Juan y también en los primeros versículos del Génesis. Todas estas cosas las recuperamos cuando consideramos el curso de la evolución. Una cosa, sin embargo, emergerá claramente: cuando miramos los hechos, nuestra evolución humana se ve muy diferente de lo que imagina la fantasía materialista. Los materialistas piensan que el hombre ha sido producido a partir de la materia grosera y que sus facultades espirituales se han desarrollado a partir de ahí.

Ahora ven que la misión real de la evolución terrenal, aquello en lo que se expresa el Amor en el hombre, fue colocado primero en lo que poseía como órgano de calor, que fue el primero en emerger. Antes que cualquier cosa orgánica, el Espíritu estaba allí en forma de líneas de fuerza, luego vino la incorporación de lo orgánico bajo el maravilloso concierto de la música mundial. Solo entonces se impregno todo de sustancia mineral, materia sólida, a través de la Palabra o el pensamiento. Lo más denso surgió lo último. El hombre se desarrolla a partir del Espíritu, y esto también se ve si estudiamos el curso de la evolución terrenal. El hombre tiene su origen y estado primario —como siempre ha demostrado todo estudio genuino del Universo— no en la materia, sino en el Espíritu. La materia se incrustó en el ser humano posteriormente a las fuerzas espirituales, y esto se vuelve cada vez más claro con lo que hemos estado estudiando.

Traducido por Gracia Muñoz en Enero de 2018.

 

GA191c5. Las influencias de Lucifer y Ahriman

Rudolf Steiner — Dornach, 9 de  noviembre de 1919

English version

Quiero hablar hoy de algo que ayude a profundizar nuestra comprensión de las verdades que ahora deben ser dadas a la humanidad por la Antroposofía. A menudo hemos hablado de los dos polos de fuerzas en el hombre: el polo de la voluntad y el polo de la inteligencia. Para comprender la naturaleza del hombre debemos estar constantemente atentos a estos dos polos.

El hombre es un ser de voluntad y un ser de inteligencia. Entre ellos —en todo caso desde el nacimiento hasta la muerte— está el elemento del sentimiento, constituyendo el puente entre la inteligencia y la voluntad. Ustedes saben que estas fuerzas se separan unas de otras en cierto sentido cuando el hombre alcanza lo que se llama el Umbral del Mundo Espiritual.

Nuestro estudio de hoy se ocupará más particularmente de la relación en la que el hombre se posiciona en el mundo circundante, por un lado como un ser de inteligencia y por el otro como un ser de voluntad. Trataremos primero de este último.

En su vida entre el nacimiento y la muerte, el hombre despliega la fuerza de la voluntad como impulso de sus acciones y actividades. A medida que se expresa a través del organismo humano, esta fuerza de voluntad es una cuestión muy compleja y complicada. Sin embargo, en un aspecto, toda la naturaleza de la voluntad en el hombre tiene una gran semejanza, casi como una identidad, con ciertas fuerzas de la naturaleza. Por lo tanto, es muy correcto hablar de una relación interior entre las fuerzas de la voluntad en el ser humano y las fuerzas de la naturaleza.

Ustedes saben por estudios anteriores que incluso mientras el hombre está despierto, está en una condición semejante al sueño dondequiera que su voluntad esté implicada. Es cierto que tiene en su conciencia las ideas que se encuentran detrás de lo que quiere, pero cómo una idea particular surte efecto en forma de voluntad, de eso no sabe nada.  No se sabe cómo la idea, “muevo mi brazo”, está conectada con el proceso que conduce al movimiento real del brazo. Este proceso está enteramente en la subconsciencia y se puede decir realmente que el hombre no está más consciente del verdadero proceso de la voluntad que de lo que ocurre durante el sueño. Pero cuando surge la cuestión de la conexión de la voluntad del hombre con el mundo circundante, llegamos a algo que sorprenderá al tipo de conciencia que se ha desarrollado en el curso de los últimos tres a cinco siglos como altamente paradójico. Se piensa generalmente que la evolución de la Tierra sería igual aunque los seres humanos no tuvieran parte en ella en absoluto. El científico natural típico describe la evolución de la Tierra como una serie, digamos, de procesos geológicos, puramente físicos. Y aunque no lo diga expresamente, tiene en mente que desde el principio de la Tierra hasta su hipotético final, todo seguiría igual aunque estuviera deshabitada por los seres humanos. ¿Por qué esta visión es sostenida hoy por la ciencia natural?. La razón es que cuando algo ocurre, por ejemplo en el reino mineral, o el reino vegetal, digamos que el 9 de noviembre de 1919, la gente cree que su causa está en lo que ha sucedido en el reino mineral antes de la hora de ese punto particular. Los hombres piensan: el reino mineral toma su curso y lo que sucede en cualquier punto es el efecto de lo que fue antes; El efecto mineral se debe a una causa mineral.

Esta es la forma en que los hombres piensan y ustedes encontrarán evidencia de ello en cualquier libro de texto de geología. Se dice que las condiciones que se obtienen en la actualidad son los efectos de la Edad de Hielo o de alguna época anterior, pero las causas se atribuyen enteramente a lo que una vez tuvo lugar en el reino mineral como tal; El hecho de que el hombre habite la Tierra es ignorado. La creencia es que incluso si el hombre no estuviera presente, todo tendría un curso similar, que la realidad externa sería la misma, aunque, de hecho, el hombre siempre ha sido parte de esta realidad externa. La verdad es que la Tierra es un todo, siendo el hombre uno de los factores activos en la evolución de la Tierra. —Les daré un ejemplo.

Ustedes saben que nuestra época actual —pensándola por el momento en un sentido más amplio, como comprendiendo el período transcurrido desde la gran catástrofe atlante— fue precedida por la época Atlante, cuando los continentes de Europa, África y América no existían en su forma actual. En ese tiempo había un continente principal en la Tierra —llamado Atlántida— que se extendía sobre lo que ahora es el Océano Atlántico. También saben que en un cierto período de esta evolución atlante, se desarrollo un tipo particular de inmoralidad desenfrenada en todo el entonces mundo civilizado. Los seres humanos tenían un poder mucho mayor sobre las fuerzas de la naturaleza que poseyeron y emplearon más adelante para los propósitos mas malvados. Así podemos mirar hacia atrás a una época de inmoralidad generalizada. Y entonces vino la gran catástrofe atlante. Naturalmente, el geólogo ortodoxo atribuye esta catástrofe a procesos del reino mineral; Es un hecho que una parte de la Tierra cedió y otra surgió. Pero no se les ocurrirá a aquellos que basan su pensamiento en los principios de la ciencia natural moderna decirse a sí mismos que las acciones y las actividades de los hombres estaban entre las causas contribuyentes. —Pero así es—. En verdad la catástrofe atlante fue el resultado de las acciones de los hombres en la Tierra.

Las causas externas y minerales no son las únicas responsables de estos grandes acontecimientos catastróficos que penetran en la existencia de la Tierra. Debemos situar las causas dentro de la esfera de las acciones e impulsos humanos. El hombre mismo pertenece a la cadena de fuerzas causales en la existencia terrenal. Tampoco se aplica esto sólo a los acontecimientos de tal magnitud, sino a lo que está sucediendo todo el tiempo. Sólo la conexión entre lo que sucede dentro del hombre y los sucesos cósmicos que surten efecto en los acontecimientos telúricos, permanece oculta. En este sentido, toda nuestra ciencia natural equivale a una gran y abarcadora ilusión. Porque si quieren llegar a las verdaderas causas no las descubrirán estudiando solo los reinos mineral, vegetal y animal.

f2c5

Permítanme darles la siguiente ilustración de lo que aquí se considera. Lo abordaremos, por así decirlo, desde el lado opuesto. —Aquí (X) esta el centro de la Tierra—.  Cuando algo ocurre en el reino mineral, en el reino vegetal o en el reino animal, se trata de buscar las causas. Las causas se encuentran en ciertos puntos que se encuentran en todas partes. Pueden imaginar lo que quiero decir pensando en lo siguiente. —En una región alrededor de Nápoles, en Italia, se encontrarán con que sobre una amplia zona la Tierra emitirá vapor si usted toma un pedazo de papel y lo enciende. Los vapores comienzan a levantarse del suelo. Dirán: la fuerza que impulsa los vapores radica en el proceso físico generado por la combustión del papel. En este caso, el proceso físico es que al encender el papel se rarifica el aire y debido a esta rarefacción del aire los vapores que están dentro de la Tierra presionan hacia arriba. Se mantienen abajo por la presión del aire normal pero esta presión disminuye al encender el papel. En este caso, el proceso físico se debe a que al encender el papel se enrarece el aire y debido a la rarefacción del aire los vapores de la Tierra presionan hacia arriba. Si me limito a dar un ejemplo de los efectos de naturaleza puramente mineral —como estos vapores que surgen de la Tierra— podría decir, a título ilustrativo, que aquí y aquí (puntos en el diagrama) se enciende un trozo de papel. Esto muestra que las causas de la salida del vapor no están debajo de la Tierra, sino encima de ella. Ahora bien, estos puntos en el diagrama —a, b, c, d, e, f, no representan trozos de papel que se han encendido; en este caso representan algo diferente. Imagínense, en primer lugar, que cada punto por sí solo no tiene significado, sino que el significado reside en el sistema de puntos como un todo—. No piensen ahora en las piezas de papel iluminado, sino en algo que por el momento no voy a especificar. Algo más está allí como una causa activa, sobre la superficie de la Tierra; Y estas diferentes causas no funcionan individualmente, sino en conjunto.

Y ahora imagínense que no hay sólo seis puntos, sino, digamos 1.500 millones de puntos[i] trabajando todos juntos, produciendo un efecto combinado. Estos 1.500 millones de puntos están realmente allí. Lo tiene cada uno de ustedes en su interior en lo que puede llamarse el centro de gravedad de su propia estructura física. Cuando el hombre está despierto, este centro de gravedad se encuentra justo debajo del diafragma; cuando duerme se encuentra un poco más abajo. Hay, pues, unos 1.500 millones de estos centros de gravedad que se distribuyen en la Tierra, produciendo un efecto combinado. Y las cuestiones relacionadas con este efecto combinado son la causa real de una gran cantidad de lo que ocurre en los reinos de minerales, vegetaales y animales en la Tierra. Es una falacia científica remontarse a las causas materiales, a las fuerzas que se manifiestan en el aire y el agua y en el reino mineral; La realidad es que las causas se encuentran en el hombre.

Esta es una verdad de la que apenas se sabe hoy. Se sabe muy, muy poco de que las causas de los procesos activos en los reinos mineral, vegetal y animal se encuentran dentro del organismo del hombre. (Esto no debe aplicarse a todas las fuerzas que trabajan en estos reinos de la naturaleza, sino a una gran proporción de ellos). Dentro de la humanidad están las causas de lo que ocurre en la Tierra. Por lo tanto la mineralogía, la botánica, la zoología, no pueden cultivarse verdaderamente sin la antropología —sin el estudio del hombre. La ciencia nos habla de las fuerzas físicas, químicas y mecánicas. Estas fuerzas están íntimamente conectadas con la voluntad humana, con la fuerza de la voluntad humana que se concentra en el centro de gravedad del hombre. Si hablamos de la Tierra desde un punto de vista verdadero en estos asuntos, no debemos seguir a los geólogos al hablar de una Tierra en abstracto, pues la humanidad debe ser considerada una parte integral de la Tierra. Estas son las verdades que se revelan en el otro lado del umbral. Todo lo que se puede conocer de este lado del Umbral pertenece al reino de las ilusiones del conocimiento, no al reino de la verdad.

En este punto surge la pregunta: ¿Qué relación existe entre las fuerzas de la voluntad que se concentran en el centro de gravedad del hombre y las fuerzas externas, físicas y químicas? —Estamos hablando, recuerden, de la humanidad actual—. En la vida normal, esta relación tiene efecto en los procesos metabólicos. Cuando el hombre toma en sí las sustancias del mundo exterior, es su voluntad la que realmente digiere y trabaja sobre estas sustancias. Y si nada más estuviera en operación, entonces lo que se toma en el organismo desde fuera simplemente sería destruido. La voluntad humana tiene el poder de disolver y destruir todas las sustancias y fuerzas extrañas; Y la relación entre el hombre y los reinos mineral, vegetal y animal de la naturaleza hoy en día es tal que su voluntad está conectada con las fuerzas de disolución y destrucción inherentes a nuestro planeta.

No podríamos vivir si esta destrucción no tuviera lugar —Pues es por ello que se destruye. Esto nunca debe ser olvidado.  Y lo que a menudo se describe como prácticas mágicas ilegales se basan esencialmente en el hecho de que ciertos seres humanos aprenden a emplear su voluntad injustamente, de tal manera que no limitan las fuerzas destructivas a sus operaciones normales dentro del organismo, sino que las extienden sobre otros seres humanos, aplicando deliberada y conscientemente las fuerzas de destrucción que están ancladas en su voluntad. Esto, obviamente, es una práctica que nunca es, en ninguna circunstancia, permisible.

A través de nuestra voluntad estamos conectados con las fuerzas decadentes de la Tierra. Y si como seres humanos tuviéramos sólo nuestras fuerzas de voluntad, la Tierra estaría condenada a través de nosotros, a través de la humanidad, a su destrucción. La perspectiva del futuro estaría entonces lejos de ser inspiradora; Sería una visión de la disolución gradual de la Tierra y su última dispersión en el espacio cósmico. —Tanto más para uno de los polos de la constitución del hombre.

Pero el hombre es un ser doble. Un polo esta, como hemos visto, conectado con las fuerzas destructivas de nuestro planeta; el otro polo —el de la inteligencia— se conecta con la voluntad por el puente de los sentimientos.

Pero en su vida de vigilia, la inteligencia del hombre es de poca importancia en lo que al planeta Tierra se refiere. Durante la vigilia en realidad no podemos establecer una verdadera relación con la existencia terrestre a través de nuestra inteligencia. Lo que he dicho en lo que se refiere a la voluntad sucede mientras el hombre está despierto, aunque él no sea consciente de ello. Si usted ve una roca que se desmorona y pregunta dónde están las causas reales de esa destrucción, entonces debería mirar en la naturaleza interna, orgánica del hombre mismo. Por extraño que parezca esto a la mente moderna, es de hecho así. Pues como dije, la Tierra tendría un futuro lamentable si el otro polo de la naturaleza del hombre no estuviera allí: el polo de las fuerzas edificantes. Así como las causas de toda destrucción residen en la voluntad que se concentra en el centro de gravedad del hombre, las fuerzas edificantes se encuentran en la esfera a la que los hombres pasan durante su sueño. Desde el momento de quedarse dormido hasta el de despertar, el hombre está en una condición que podemos describir figurativamente diciendo que con su “yo” y su cuerpo astral está fuera del cuerpo físico. Pero entonces él es completamente un ser anímico espiritual, desplegando las fuerzas que trabajan en el tiempo de quedarse dormido y despertar. Durante este tiempo él está conectado, a través de estas fuerzas, con todo lo que construye el planeta Tierra, todo lo que agrega a las fuerzas de destrucción las fuerzas constructivas y edificantes.  Si no recorrieran la Tierra, las fuerzas destructivas procedentes de la voluntad no estarían trabajando en los reinos de minerales, plantas y animales.  Si no se durmiera, las fuerzas por las cuales la Tierra está continuamente edificándose no saldrían de la inteligencia. Las fuerzas constructivas y edificantes del planeta Tierra también están en la misma humanidad: no digo: en el ser humano individual, porque ya he aclarado expresamente que todas estas causas únicas forman un todo colectivo. Las fuerzas edificantes se encuentran en la humanidad como un todo, concretamente en el polo de la inteligencia en el ser del hombre, pero no en su inteligencia despierta. La inteligencia despierta es realmente como una entidad sin vida que se impulsa en la evolución de la Tierra. La inteligencia que trabaja, inconscientemente en el hombre, durante su sueño es la que construye el planeta Tierra. Con esto sólo estoy tratando de explicar que es una falacia mirar fuera del ser humano para buscar las fuerzas destructivas y constructivas de nuestra Tierra; Ustedes deben buscarlas dentro del ser humano. Y una vez que comprendan esto, lo que voy a decir ya no será ininteligible.

Todos miran hacia las estrellas, diciendo que algo fluye de ellas y que puede ser percibido por los órganos de los sentidos del hombre aquí en la Tierra. Pero lo que contemplan cuando miran las estrellas no es de la misma naturaleza que lo que perciben en la Tierra en los reinos mineral, vegetal y animal. En realidad procede de seres de inteligencia y voluntad cuya vida está ligada a esas estrellas. Los efectos parecen ser físicos porque las estrellas están a larga distancia. En realidad, no son físicos. Lo que realmente se ve son las interactividades de los seres de la voluntad y la inteligencia en las estrellas. Ya he hablado de la descripción ingeniosa del sol dada por los astrofísicos. Pero si fuera posible viajar al sol por alguno de los medios de transporte inventado por Julio Verne, se encontrarían con asombro de que no existe nada de lo que se podría esperar de sus descripciones físicas. Las descripciones son simplemente una imagen compuesta de los fenómenos solares. Lo que vemos es en realidad el trabajo de la voluntad y la inteligencia que a una distancia aparece como luz. Si un habitante de la Luna -—suponiendo en este sentido que existiera tal ser— mirara la Tierra, no detectaría sus superficies herbáceas o minerales sino como un efecto de luz o algo similar detectaría lo que ocurre alrededor de los centros de gravedad de los cuerpos humanos y también los efectos de las condiciones en las que el hombre vive entre el dormir y el despertar. Eso es lo que realmente se vería desde el Universo. Incluso el instrumento más perfecto no permitiría que se vieran las sillas, en las que estáis ahora sentados, por ejemplo; Lo que se vería es todo lo que está ocurriendo en la región de sus centros de gravedad y lo que pasaría si de repente todos ustedes se durmieran —es de esperar que esto no suceda en todo caso!. Pero donde quiera que sucediera, se percibiría en el Universo.

De modo que para el Universo exterior, lo que ocurre a través de los seres humanos es la realidad perceptible —no lo que rodea al hombre en la existencia terrenal. Un dicho muy común es que todo lo que se percibe con los sentidos es maya —la gran ilusión— no hay realidad sino simplemente apariencia. Tal abstracción es de poca importancia. Tiene sentido sólo cuando uno entra en lo concreto, como lo estamos haciendo ahora. Decir que los mundos animal, vegetal y mineral son maya no significa nada. Lo que es de valor es la comprensión de que lo que ustedes perciben externamente depende fundamentalmente de ustedes mismos y que —no, por supuesto, en cada momento sino en el curso de la evolución de la humanidad— se hacen una parte integral de la cadena de causas y efectos. Incluso cuando se pronuncia una verdad tan desgarradora —y creo que puede ser demoledora— no siempre se ve el aspecto en el que adquiere importancia en la vida. Tal verdad sólo adquiere importancia cuando percibimos sus consecuencias. No somos seres físicos solamente; Somos seres morales —o tal vez inmorales— en la existencia terrenal. Lo que hacemos está determinado por impulsos de naturaleza moral.

Ahora sólo piensen con qué amarga duda es asaltado el pensamiento moderno en este dominio. La ciencia natural proporciona un conocimiento de lo terrenal que se limita a la conexión entre causas y efectos puramente externos; Y en este ciclo de causas y efectos naturales, el hombre físico también está involucrado. Así, la ciencia externa, abstracta, tiene en cuenta sólo un aspecto de la existencia terrenal.

El hecho de que los impulsos morales también se iluminen en el hombre es admitido, pero no se sabe nada sobre la conexión entre estos impulsos morales y lo que sucede en la ronda de la naturaleza externa. De hecho, el dilema de la filosofía moderna es que los filósofos oyen, por un lado, de los científicos que todo está involucrado en una cadena de causas y efectos naturales, y por otro lado tienen que admitir que los impulsos morales se iluminan en el hombre. Esta es la razón por la que Kant escribió dos Críticas: la Crítica de la Razón Pura, relacionada con la relación del hombre con un curso puramente natural de las cosas, y la Crítica de la Razón Práctica en la que presenta sus postulados morales —que en verdad—, si puedo hablar figuradamente, flotan en el aire, salen del cielo y no tienen ninguna relación a priori con causas naturales.

Mientras el hombre crea que lo que ocurre en las manifestaciones externas de la naturaleza puede ser rastreado sólo en manifestaciones similares, mientras se aferre a esta ilusión, la intervención de los impulsos morales es algo que permanecerá separado y apartado del curso de la naturaleza. Casi todo lo que se discute hoy está bajo la sombra de esta brecha. En su pensamiento, los hombres no pueden fundir la ronda terrestre como tal con la vida moral de la humanidad. Pero tan pronto como comprendan algo de lo que he tratado brevemente de esbozar, ustedes podrán decir: Sí, como hombre soy una unidad, y los impulsos morales están vivos dentro de mí. Viven en lo que soy como un ser físico. Pero como un ser humano físico soy fundamentalmente la causa —junto con toda la humanidad— de cada acontecimiento físico. La conducta moral y los logros de los seres humanos en la Tierra son las verdaderas causas de lo que sucede en el transcurso de la existencia terrena.

La historia natural y la ciencia natural describen la Tierra de la manera que encontramos en los libros de texto de la geología, la botánica y así sucesivamente. Lo que se dice allí parece enteramente satisfactorio de acuerdo con las premisas formadas a través de la educación moderna. Pero supongamos que un habitante de Marte descendiera a la Tierra y lo observara a la luz de sus premisas. —No estoy diciendo que tal cosa podría suceder, sino simplemente tratando de ilustrar lo que quiero decir—.  Supongamos que un ser de Marte, después de haber vagado en silencio sobre la Tierra, aprendió un poco del lenguaje humano, leyó algo de geología y así descubrió qué tipo de ideas prevalecen sobre los procesos y acontecimientos en la Tierra. Él diría: Pero eso no es todo. Con mucho, el factor más importante es ignorado. Por ejemplo, he visto a multitud de estudiantes merodeando en sus cervecerías, bebiendo y complaciendo sus pasiones. Algo está sucediendo allí: la voluntad humana está trabajando en el metabolismo. Estos son procesos que no se mencionan en sus libros de física y geología; No contienen ninguna referencia al hecho de que el curso de la existencia de la Tierra también se ve afectado por si los estudiantes beben o no beben… Eso es lo que un ser que no está enteramente inmerso en las ideas terrenales y los prejuicios encontraría a faltar en las descripciones dadas por el hombre mismo de los acontecimientos en la Tierra. Para un ser de Marte no habría ninguna duda de que los impulsos morales, que impregnan las acciones humanas y la totalidad de la vida humana, son parte integrante del curso de la naturaleza. De acuerdo con los prejuicios modernos hay algo inexorable en el juego de la naturaleza, ciertamente agradablemente inexorable para los pensadores materialistas. Imaginan que el curso de la Tierra sería exactamente igual si no existieran seres humanos; Que si se comportan decentemente o no, no supone ninguna diferencia fundamental o realmente no altera nada. ¡Pero ese no es el caso!.  Las causas de todo lo esencial de lo que ocurre en la Tierra no se encuentran fuera del hombre; Se encuentran dentro de la Humanidad. Y si la conciencia terrenal se expande a la conciencia cósmica, la humanidad debe darse cuenta de que la Tierra —no a corto plazo, pero en largos períodos de tiempo— se hace a su propia semejanza, a semejanza de la Humanidad misma. No hay mejores medios de acallar al hombre durmiéndole que imprimirle que no tiene ninguna parte en el curso tomado por la existencia de la Tierra. Esto reduce la responsabilidad humana al individuo, a la personalidad única.

La verdad es que la responsabilidad por el curso de la existencia terrenal a través de las épocas del tiempo cósmico está en la Humanidad. Todo el mundo debe sentirse miembro de la Humanidad, siendo la Tierra misma el cuerpo de esa Humanidad.

Un individuo puede decirse a sí mismo: Durante diez años he dado paso a mis pasiones, he complacido mis fantasías y por lo tanto he arruinado mi cuerpo.  Con la misma convicción debería poder decir: Si la humanidad terrestre sigue impulsos morales impuros, entonces el cuerpo de la Tierra será diferente de lo que sería si los impulsos morales fueran puros—. La mosca de día, dado que vive sólo veinticuatro horas, tiene una visión del mundo que difiere completamente de la del hombre. El alcance de la visión del hombre no es lo suficientemente amplia como para percibir que lo que ocurre externamente en el curso de la naturaleza no depende de causas puramente naturales.

Respecto a la configuración actual de Europa, es mucho más importante preguntarse qué clase de vida prevaleció entre los seres humanos en el mundo civilizado hace dos mil años que investigar la estructura mineral y vegetal externa de la Tierra. El destino de nuestro planeta físico en dos mil años no dependerá de la constitución actual de nuestro mundo mineral, sino de lo que hacemos y permitimos que se haga. Con la consciencia del mundo, la responsabilidad humana se ensancha en responsabilidad mundial. Con tal consciencia sentimos al mirar hacia arriba a los cielos estrellados que somos responsables ante esta extensión cósmica, impregnada y penetrada como lo está por el espíritu —que somos responsables ante ese mundo por cómo conducimos la Tierra. Crecemos junto con el Cosmos en la realidad concreta cuando detrás de los fenómenos buscamos la verdad.

Muchas veces os digo que debemos aprender a percibir las realidades concretas de las cosas enseñadas en su mayor parte como abstracciones hoy. Nada se logra con la adopción de tradiciones orientales como: el mundo externo de los sentidos es maya. Debemos ir mucho más lejos si vamos a llegar a la verdad. Tales abstracciones no nos llevan lejos, porque en la forma en que se han transmitido no son nada más que el sedimento de una sabiduría primitiva que ya no flota en las abstracciones y que está repleta de realidades concretas que deben ser traídas de nuevo a través de la intuición y la investigación espiritual. Cuando ustedes leen en la literatura oriental sobre la maya y la verdad como su antítesis, no imaginen que lo que ustedes leen allí hoy no puede ser realmente inteligible para ustedes. Es sólo una recopilación mucho más tardía de asuntos que eran realidades concretas de la sabiduría antigua. Debemos volver a estas realidades concretas. Los hombres piensan hoy que tienen cierta comprensión de los procesos cósmicos cuando afirman que el mundo externo de los sentidos es maya. Pero nada se puede entender a menos que se presione en las realidades subyacentes. En el momento en que se comprende: “no tenemos que preguntarnos cómo se ha desarrollado el mundo mineral actual a partir de los procesos minerales de otra época; Tenemos más bien que preguntarnos sobre lo que ha ocurrido en la humanidad —en ese momento se hace claro el significado real del dicho, “el mundo exterior es maya”. Entonces comenzamos a percibir en el hombre una realidad mucho mayor de lo que generalmente se percibe. Y entonces comienza el sentimiento de responsabilidad por la existencia terrenal.

Si tratan de llegar al núcleo interno de estas cosas —y debe ser por contemplación interior, no por medio del tipo de inteligencia empleada en las ciencias naturales— gradualmente encontrarán el camino hacia la comprensión de que la humanidad está compuesta de seres humanos libres. La naturaleza, en verdad, no contrarresta nuestra libertad, pues como seres humanos nosotros mismos modificamos la naturaleza que nos rodea inmediatamente. Sólo en sus manifestaciones parciales la naturaleza contrarresta nuestra libertad. La naturaleza contrarresta nuestra libertad en una medida no mayor que si —para dar un ejemplo— usted estira su mano y alguien se apodera de ella y comprueba el movimiento. No negarán la libertad de voluntad simplemente porque alguien compruebe el movimiento. Como hombres de hoy en día estamos controlados en muchos aspectos debido a alguna acción de nuestros predecesores que ahora está entrando en vigor.   Pero en todo caso fue una acción de los hombres. ¿Qué hombres? Nadie contra quien podamos volvernos con reproche, porque nosotros mismos éramos los hombres que, en las primeras vidas terrenales, produjeron las condiciones que hoy se dan.

No debemos limitarnos a la mera mención de vidas terrenales repetidas, sino pensar en la conexión entre ellas de tal manera que incluso en la naturaleza externa percibimos los efectos de causas que nosotros mismos establecimos en vidas anteriores. Naturalmente, en referencia al ser humano individual, debemos hablar sólo de causas contributivas, porque en todas estas cosas, como he dicho, se trata de la intercomunicación colectiva de los hombres sobre la Tierra. Nadie debe, por eso, excluirse como individuo, pues cada uno de nosotros tiene su parte en lo que se produce por la humanidad en su conjunto y luego se expresa en lo que constituye el cuerpo para toda la humanidad terrestre en su transcurso de vida.

He estado tratando de darles una idea de cómo un científico espiritual debe considerar las declaraciones hechas en los libros de texto científicos ordinarios. – Supongamos que dibujara una serie de figuras:

f3c5

Y ahora supongamos que alguna criatura que nunca ha vivido en el mundo de los hombres gateara fuera de la Tierra y teniendo algunos rudimentos de conocimientos aritméticos, mira las figuras y dijera: “Primera figura, segunda figura, tercera figura. La tercera es el efecto de la segunda y la segunda el efecto de la primera. El efecto de la primera figura – un triángulo; El efecto de la segunda – un círculo”. Esta criatura estaría combinando causa y efecto. Pero sería una falacia, porque yo he dibujado cada figura por separado.  En realidad, la una es independiente de la otra. Sólo parece ser dependiente a esta criatura que asocia lo que ve lo primero con lo que sigue, como si el uno fuera el resultado del otro. Esto, aproximadamente, es como el geólogo describe el proceso de la Tierra: la época diluviana, la época terciaria, la época cuaternaria, y así sucesivamente. Pero esto no es más cierto que la afirmación de que el círculo es el resultado, el efecto del triángulo, o el triángulo el efecto de la figura rectangular. Las configuraciones de la Tierra son provocadas de forma autónoma a través de las obras de la humanidad terrestre, incluyendo el misterioso funcionamiento de la inteligencia durante los períodos de sueño cuando el hombre se encuentra fuera de su cuerpo físico.

Esto demuestra que las descripciones dadas por la ciencia externa son en gran parte ilusión – maya. Pero hablar meramente de maya es de poca importancia. A la afirmación de que el mundo externo es maya debemos ser capaces de responder diciendo dónde están las causas reales. Estas causas están ocultas en gran medida en los poderes de cognición del hombre. El papel desempeñado por la Humanidad en la conformación de la existencia terrenal no puede ser comprendido por medio de la ciencia externa sino sólo por una ciencia interna. Mi libro “Como se adquiere el conocimiento de los Mundos Superiores” habla de la actividad interna del hombre entre el momento de ir a dormir y despertar. Esto puede ser revelado por el conocimiento que llega hasta la esfera de la voluntad. El hombre no sabe nada de la conexión entre la voluntad y el mundo exterior porque los procesos de la voluntad están ocultos y reservados. No sabe lo que realmente sucede cuando al levantar la mano pone en funcionamiento un proceso volitivo; Ni sabe que este proceso continúa y tiene un efecto en todo el curso de la existencia terrenal.

Esto se indica en la escena de mis Dramas Misterio, El Portal de la Iniciación , donde las acciones de Capesius y Strader tienen su resultado en las manifestaciones cósmicas del trueno y el relámpago. Es, por supuesto, una representación pictórica, pero la imagen contiene una verdad más profunda; no es fantasía, sino la verdad real. Durante un período bastante largo de la evolución, las verdades de este tipo se han expresado sólo por verdaderos poetas cuya fantasía se debe siempre a la percepción de los procesos suprasensibles.

Esto es muy poco entendido por el hombre moderno que le gusta relegar la poesía, y de hecho todo el arte, a un lugar separado y aparte de la realidad externa. Se siente aliviado de que no se le pida que vea en la poesía nada más que fantasía. La verdadera poesía, el verdadero arte, no es más que un reflejo de la verdad suprasensible, una reflexión. Incluso si el poeta no es consciente de los acontecimientos suprasensibles, si su alma está ligada al cosmos, si no ha sido arrancada del cosmos por la educación materialista, da declaraciones a verdades suprasensibles, a pesar de tener que expresarlas en imágenes tomadas del mundo de los sentidos.

Hay muchos ejemplos de esto que se encuentran en la segunda parte del Fausto de Goethe, donde como he demostrado en el caso de los pasajes particulares, la imagen tiene una relación directa con los procesos de suprasensibles.[i] El desarrollo del arte en los últimos siglos proporciona evidencia de lo que he estado diciendo. Tomen cualquier cuadro pintado no hace mucho tiempo, y encontrarán que por regla general, el paisaje tiene una importancia muy secundaria. La pintura del paisaje ha entrado en la prominencia solamente desde los últimos tres a cinco siglos. Anterior a ese tiempo, encontrarán que el paisaje ocupa un lugar secundario; Es el mundo del hombre el que se pone a la vanguardia porque todavía sobrevivía la conciencia en lo que respecta a los procesos objetivos de la existencia terrenal, el mundo del hombre es mucho más importante que el paisaje, que no es sino el efecto de ese mundo humano. En el mismo nacimiento de la preferencia por el paisaje se encuentra, en la esfera del arte, el fenómeno paralelo al nacimiento de la tendencia materialista de la mente, consistente en la creencia de que el paisaje y lo que representa tiene una existencia propia, totalmente aparte del hombre. Pero la verdad es todo lo contrario. Si algún habitante de Marte descendiera a la Tierra, ciertamente sería capaz de ver el significado de la “Última Cena” de Leonardo da Vinci, pero no en las pinturas de paisajes. Vería los paisajes —incluyendo los paisajes pintados— y toda la configuración de la Tierra de manera muy diferente y con sus órganos particulares de los sentidos no podría comprender su significado. —Por favor recuerden que estoy diciendo estas cosas simplemente para ilustrar hipotéticamente lo que quiero transmitir.

Así que ya ven, el dicho: “el mundo externo es maya” no puede ser plenamente comprendido sin entrar en las realidades concretas. Pero para hacer esto debemos relacionarnos íntimamente con la existencia de la Tierra como un todo, conociéndonos a nosotros como parte integrante de la misma. Y entonces debemos comprender el pensamiento de que puede haber realidades externas y aparentes que no son la verdad, no las verdaderas realidades. Si usted tiene una rosa en su habitación, es una realidad sólo aparente, pues la rosa, ya que está ahí delante, no puede ser una realidad. Puede ser verdadera realidad sólo mientras está creciendo en el rosal, unida con las raíces que a su vez se unen con la Tierra. La Tierra descrita por los geólogos es tan poca realidad como una rosa cortada.

La ciencia espiritual se esfuerza por no detenerse jamás en la realidad falsa, sino en buscar siempre lo que hay que añadir, para tener toda la verdadera realidad. El escaso sentido de la realidad que prevalece en nuestra civilización actual se expresa en el hecho mismo de que toda manifestación externa se toma como realidad. Pero sólo hay realidad en lo que se encuentra ante uno como un todo integrado. La Tierra por sí misma, sin el hombre, no es más verdadera realidad que la rosa arrancada del rosal. Estas cosas deben ponderarse y trabajarse; No deben permanecer en teorías, sino pasar a nuestros sentimientos. Debemos sentirnos miembros de toda la Tierra. Es importante una y otra vez llamar el pensamiento: este dedo en mi mano tiene verdadera realidad sólo mientras sea parte de mi organismo; Si se corta, ya no tiene la verdadera realidad. Del mismo modo, el hombre no tiene una verdadera realidad apartado de la Tierra, ni la Tierra sin la Humanidad. Es un concepto irreal cuando el investigador científico moderno piensa, según sus premisas, que la evolución de la Tierra correría el mismo curso si la humanidad no estuviera allí. Hace poco les mostré que no es así, diciéndoles que los cuerpos dejados a un lado por los seres humanos con la muerte se convierten en una levadura en la evolución de la Tierra y que si ningún cuerpo humano —ya sea por entierro o cremación— se convirtiera en parte de la Tierra, todo el curso de los acontecimientos físicos sería diferente de lo que existe como en consecuencia de estos cuerpos que han sido recibidos por la Tierra.

En la conferencia de hoy quería hablar con mayor detalle de la conexión entre los dos polos de la voluntad y la inteligencia en el hombre y su entorno cósmico.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Febrero de 2018.

[1] Representando, aproximadamente, la población total de la Tierra.

[1] Veintiocho conferencias dadas en el año 1915. Geisteswissenschaftliche Erläuterungen zu El Fausto de Goethe. [Esta es una referencia a las GA272 y 273 – Nota Científico Espiritual sobre el Fausto de Goethe, Volúmenes I (15 conferencias) y II (13 conferencias), la mayoría de los cuales aún no se han traducido. – e.Ed.]