GA236c6. – La Festividad de Pentecostés – Su lugar en el estudio del Karma

Dornach, 4 de Junio de 1924

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[Desde febrero hasta septiembre de 1924, con intervalos de visitas a otras ciudades y países, Rudolf Steiner estuvo dando en Dornach la gran serie de 49 conferencias sobre Karma, producida posteriormente en cuatro volúmenes ahora disponible en traducción al inglés. La presente conferencia se dio muy poco antes del Festival de Pentecostés y se ocupa de su significado específico para el problema del destino humano con el que tratan las conferencias de las relaciones Kármicas.

El Dr. Steiner, que se presentó como antropósofo, comienza de inmediato con el hecho fundamental de los tres «cuerpos» que actúan en el organismo humano. Una exposición completa de esto se encuentra en el libro Teosofía, capítulo I.]

Cuando consideramos cómo funciona el Karma, siempre debemos tener en cuenta que el yo humano, que es el ser esencial, el ser íntimo del hombre, tiene tres instrumentos a través de los cuales puede vivir y expresarse en el mundo. Estos son el cuerpo físico, el cuerpo etérico y el cuerpo astral. El hombre lleva realmente los cuerpos físico, etérico y astral con él a través del mundo, pero él mismo no está en ninguno de estos cuerpos. En el sentido más verdadero, es el Yo; Y es el Yo el que sufre y crea el Karma.

Ahora bien, la cuestión es comprender la relación entre el hombre como yoidad y estas tres formas instrumentales —si me permiten llamarlas así— los cuerpos físico, etérico y astral. Esto nos dará la base para una comprensión de la esencia del Karma. Y obtendremos un punto de vista fructífero para el estudio del cuerpo físico, el etérico y el astral en el hombre en relación con el Karma, si consideramos lo siguiente.

Lo físico tal como lo vemos en el reino mineral, el etérico como lo encontramos trabajando en el reino vegetal, y el astral como lo encontramos trabajando en el reino animal —todo lo que se encuentra en el ambiente del hombre aquí en la Tierra. En el Cosmos que rodea a la Tierra tenemos ese Universo en el cual, si puedo describirlo, la Tierra se extiende por todos lados. El hombre puede sentir una cierta relación entre lo que ocurre en la Tierra y lo que ocurre en el ambiente cósmico. Pero cuando llegamos a la Ciencia Espiritual debemos preguntarnos: ¿Esta relación es realmente tan común como la concepción científica actual del mundo imagina?. Esta moderna concepción científica del mundo examina las cualidades físicas de todo lo que existe en la Tierra, vivo o sin vida. También investiga las estrellas, el sol, la luna, etc.; Y descubre —en realidad está particularmente orgulloso del descubrimiento— que estos cuerpos celestes son fundamentalmente de la misma naturaleza que la Tierra.

Tal concepción sólo puede resultar de una forma de conocimiento que en ningún momento llega a una comprensión real del hombre mismo —un conocimiento que toma sólo lo que es externo al hombre. Sin embargo, en el momento en que tomamos al hombre en el Universo, podemos descubrir las relaciones entre los diversos miembros instrumentales de la naturaleza del hombre, el cuerpo físico, el cuerpo etérico y el cuerpo astral y las entidades correspondientes, las realidades correspondientes del Ser, en el Cosmos.

Con respecto al cuerpo etérico del hombre, encontramos extendido en el Cosmos el Éter universal. El cuerpo etérico del hombre tiene una forma humana definida, formas definidas de movimiento dentro de ella, y así sucesivamente. Esto, en realidad, es diferente en el éter cósmico. Sin embargo, el éter cósmico es fundamentalmente de naturaleza similar a la que encontramos en el cuerpo etérico humano. De la misma manera podemos hablar de una semejanza entre lo que se encuentra en el cuerpo astral humano y un cierto principio astral que funciona a través de todas las cosas y todos los seres en el distante Universo.

Aquí llegamos a algo de extraordinaria importancia, algo que en su verdadera naturaleza es ajeno al ser humano de hoy. Empecemos por aquí. (Se hace un dibujo en la pizarra). Tenemos, primero, la Tierra; Y en la Tierra tenemos al Hombre, con su cuerpo etérico. Entonces en el mismo ambiente de la Tierra tenemos el Éter cósmico, —el éter cósmico que es de la misma naturaleza que el cuerpo etérico en el hombre—. En el hombre también tenemos el cuerpo astral. En el ambiente cósmico también hay Astralidad. ¿Dónde encontraremos esta Astralidad cósmica? ¿Dónde está? De hecho, hay que encontrarla, pero primero debemos descubrir lo que en el Cosmos delata la presencia de Astralidad cósmica; Qué es lo que lo revela. En algún lugar u otro está la Astralidad. ¿Es esta Astralidad en el Cosmos bastante invisible e imperceptible, o es, después de todo, de algún modo perceptible para nosotros?

En sí mismo, por supuesto, el éter también es imperceptible para nuestros sentidos físicos. Si puedo decirlo así, cuando estás viendo un pequeño fragmento de Éter, no ves nada con tus sentidos físicos, simplemente lo ves a través de él. El Éter es como una nada vacía para nosotros. Pero cuando consideramos el ambiente etérico como una totalidad, ustedes contemplan el cielo azul, del que también decimos que no está realmente ahí sino que están mirando el espacio vacío. Ahora la razón por la que ven el azul del cielo es porque realmente están percibiendo el fin del Éter. Así ven el Éter como el azul de los cielos. La percepción del cielo azul es real y verdaderamente una percepción del Éter. Por lo tanto, podemos decir: Al percibir el azul del cielo estamos percibiendo el Éter universal que nos rodea.

En el primer contacto, vemos a través del Éter. Nos permite hacerlo; Y sin embargo, se hace perceptible en los cielos azules. De ahí que la existencia de la percepción humana del azul del cielo se exprese en que decimos: El éter mismo, aunque imperceptible, se eleva al nivel de perceptibilidad por la gran majestad con la que se encuentra allí en el Universo, revelando su presencia, haciéndose conocer en el azul de la vasta extensión.

La ciencia física teoriza de manera materialista sobre el azul del cielo; y para la ciencia física es muy difícil llegar a una conclusión inteligente sobre este punto, por la sencilla razón de que está obligado a admitir que donde vemos el azul del cielo no hay nada físico. Sin embargo, los hombres hacen girar las teorías más elaboradas para explicar cómo los rayos de luz se reflejan y refractan de una manera peculiar para obtener a este azul del cielo. La realidad, es que es aquí donde el mundo suprasensible comienza a dominar. En el Cosmos, de hecho, lo Suprasensible se nos hace visible. Sólo tenemos que descubrir dónde y cómo se hace visible. El Éter se nos hace perceptible a través del azul del cielo.

Pero ahora, en algún lugar también está presente el elemento astral del Cosmos. En el cielo azul, el éter atraviesa, por así decirlo, los reinos de los sentidos. ¿Dónde entonces la Astralidad en el Cosmos atraviesa los reinos de la perceptibilidad? La respuesta, queridos amigos, es ésta. Cada estrella que vemos brillando en los cielos es en realidad una puerta de entrada para lo Astral. Dondequiera que las estrellas están parpadeando y brillando hacia nosotros, brilla y brilla el Astral. Miren los cielos estrellados en su variedad múltiple; En una parte las estrellas se juntan en montones y racimos, y en otra se dispersan a lo lejos. En toda esta maravillosa configuración de luz radiante, el cuerpo astral invisible y suprasensible del Cosmos se hace visible para nosotros.

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Por esta razón no debemos considerar el mundo de las estrellas de forma no espiritual. Mirar hacia el mundo de las estrellas y hablar de mundos de gases ardientes es como si —perdonen el aparente absurdo de la comparación, pero es precisamente cierto— es como si alguien que te ama te acaricia suavemente, sosteniendo los dedos un poco separados, y entonces dices que sientes como pequeñas cintas atraídas por tu mejilla. No es más falso que se pongan pequeñas cintas en la mejilla cuando alguien te acaricia, que ahí arriba existen en el cielo aquellas entidades materiales de las que la física moderna cuenta. Es el cuerpo astral del Universo el que perpetuamente ejerce su influencia —como los dedos suavemente acariciadores— en el organismo etérico del Cosmos. El Cosmos etérico está organizado para una duración muy larga; es por esta razón que una estrella tiene su cualidad de fija, representando una perpetua influencia en el éter cósmico por el Universo astral. Dura mucho más que el acariciamiento de la mejilla. Pero en el Cosmos las cosas duran más, porque allí estamos tratando con medidas gigantescas. Así, en los cielos estrellados que percibimos, en realidad contemplamos una expresión de la vida del alma del mundo astral cósmico.

De esta manera, una vida inmensa, insondable, y sin embargo, al mismo tiempo, una vida del alma, una vida real y actual del alma, se introduce en el Cosmos. Piensen que nos parece el Cosmos cuando miramos hacia los lejanos espacios y no vemos nada más que cuerpos gaseosos quemándose. Piensen cómo se vive todo cuando sabemos que las estrellas son una expresión del amor con el que el Cosmos astral trabaja sobre el Cosmos etérico, pues esto es expresarlo con la verdad perfecta. Piensen entonces en aquellos procesos misteriosos cuando ciertas estrellas se iluminan repentinamente en ciertos momentos, —procesos que sólo se nos han explicado por medio de hipótesis físicas que no conducen a una comprensión real. Estrellas que no estaban allí antes, se encienden por un tiempo, y desaparecen de nuevo. Así, en el Cosmos también hay un “acariciamiento” de duración más corta. Porque en realidad es cierto que en épocas en que los Seres divinos desean trabajar de una manera especial desde el mundo astral al etérico, vemos nuevas estrellas que se iluminan y se desvanecen otra vez.

Nosotros mismos en nuestro propio cuerpo astral tenemos sentimientos de deleite y bienestar de las más variadas formas. De la misma manera en el Cosmos, a través del cuerpo astral cósmico, tenemos la variada configuración de los cielos estrellados. No es de extrañar que la antigua ciencia instintiva clarividente, describa este tercer miembro de nuestro organismo humano como el cuerpo “astral” o “estrellado”, viendo que es de naturaleza semejante a lo que se nos revela en las estrellas.

Sólo al Yo no lo encontramos revelado en el ambiente cósmico. ¿Por qué es esto? Encontraremos la razón si consideramos cómo este Yo humano se manifiesta aquí en la Tierra, en un mundo que es en realidad triple: físico, etérico y astral. El Yo del hombre, tal como aparece dentro del Universo, es una y otra vez una repetición de vidas anteriores en la Tierra; Y una y otra vez se encuentra en la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Pero cuando observamos el Yo en su vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, percibimos que el cuerpo Etérico que tenemos aquí en el ambiente cósmico de la Tierra no tiene significado para el Yo humano. El cuerpo etérico se deja a un lado poco después de la muerte. Sólo el mundo astral, que brilla hacia nosotros a través de las estrellas tiene significado para el Yo en la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Y en ese mundo que resplandece hacia nosotros a través de las estrellas, en ese mundo viven los Seres de las Jerarquías Superiores con quienes el hombre forma su Karma entre la muerte y un nuevo nacimiento.

De hecho, cuando seguimos este Yo en sus sucesivas evoluciones a través de las vidas entre el nacimiento y la muerte y entre la muerte y un nuevo nacimiento, no podemos permanecer en el mundo del espacio en absoluto. Porque dos vidas terrenales sucesivas no pueden estar dentro del mismo espacio. No pueden estar dentro de ese Universo que es dependiente de la coexistencia espacial. Aquí, pues, salimos del Espacio y entramos en el Tiempo. Esto es realmente así. Salimos del Espacio y entramos en el flujo puro del Tiempo cuando contemplamos el Yo en sus sucesivas vidas en la Tierra.

Ahora consideren esto, mis queridos amigos. En el espacio, el tiempo todavía está presente, por supuesto, pero dentro de este mundo del espacio no tenemos medios de experimentar el tiempo en sí mismo. Siempre tenemos que experimentar el Tiempo a través del Espacio y de los procesos espaciales. Por ejemplo, si desean experimentar el Tiempo, miran el reloj, o, si lo desean, el curso del sol. ¿Que ven? Ustedes ven las diferentes posiciones de las manecillas del reloj o del sol. Ustedes ven algo que es espacial. A través del hecho de que las posiciones de las manillas o del sol cambian, a través del hecho de que las cosas espaciales se les presentan como cambiantes, se obtiene alguna idea del Tiempo. Pero del Tiempo mismo no hay realmente nada en esta percepción espacial. Sólo hay variadas configuraciones espaciales, diferentes posiciones de las manecillas del reloj, posiciones variadas del sol. Sólo se experimenta el Tiempo como tal cuando entran en la esfera de la experiencia anímica. Allí se experimenta realmente el Tiempo, pero allí también sale del Espacio. Allí, el Tiempo es una realidad, pero dentro del mundo terrenal del Espacio, el Tiempo no es una realidad. Entonces, ¿qué nos sucedería si salimos del espacio en que vivimos entre el nacimiento y la muerte y entramos en la falta de espacio en que vivimos entre la muerte y un nuevo nacimiento? ¿Qué debemos hacer? La respuesta es la siguiente: ¡Debemos morir!.

Debemos tomar estas palabras en su significado exacto y profundo. En la Tierra experimentamos el Tiempo sólo a través del Espacio —a través de puntos en el Espacio, a través de las posiciones de las cosas espaciales—. En la Tierra no experimentamos el Tiempo en su realidad en absoluto. Una vez que comprendan esto, dirán: “Realmente para entrar en el Tiempo debemos salir del Espacio, debemos guardar todas las cosas espaciales”. También se puede expresar en otras palabras, porque en realidad no es otra cosa que morir. Significa, de hecho y de verdad: morir.

Volvamos ahora nuestra mirada a este mundo cósmico que rodea a la Tierra —este mundo cósmico al que somos afines tanto a través de nuestro cuerpo etérico como a través de nuestro cuerpo astral— y veamos lo espiritual en este mundo cósmico. De hecho, ha habido naciones y sociedades humanas que sólo han tenido en cuenta lo espiritual que se encuentra dentro de nuestro mundo terrenal del Espacio. Tales pueblos eran incapaces de tener pensamientos sobre vidas repetidas en la Tierra. Los pensamientos acerca de vidas repetidas en la Tierra los poseían solamente aquellos seres y grupos humanos que fueron capaces de concebir el Tiempo en su pura esencia, el Tiempo en su carácter espacial. Pero si consideramos este mundo terrenal junto con su ambiente cósmico, o, brevemente, todo lo que hablamos del Cosmos, del Universo; y contemplamos su manifestación espiritual, entonces estamos percibiendo algo de lo que se puede decir que tenía que estar presente para que pudiéramos entrar en nuestra existencia como seres humanos terrenales; tenía que estar allí.

Las profundidades insondables están realmente contenidas en esta simple concepción, que acabo de referir, todo tenía que existir para que nosotros como seres humanos terrenales pudiéramos entrar en esta vida terrenal. Profundidades infinitas se revelan cuando realmente comprendemos el aspecto espiritual de todo lo que se nos presenta. Si concebimos este mundo Espiritual en su integridad como un todo autocontenido, si lo consideramos en su propia pureza y esencia, entonces tenemos una concepción de lo que fue llamado “Dios” por aquellos pueblos que limitaban su visión solo al mundo del espacio.

Estos pueblos —en todo caso en sus enseñanzas de Sabiduría— habían llegado a sentir: El Cosmos está tejido a través y por medio de un elemento Divino que está trabajando en él, y podemos distinguir de este elemento Divino en el Cosmos lo que está presente en la Tierra, en nuestro entorno inmediato, como mundo físico. También podemos distinguir lo que en este mundo cósmico, divino-espiritual se revela como el cuerpo Etérico, es decir, lo que nos mira desde el azul del cielo. Podemos distinguir el cuerpo Astral en este mundo divino, en lo que nos mira hacia abajo desde la configuración de los cielos estrellados.

Si entramos lo más posible en la situación tal como estamos aquí, dentro del Universo, como seres humanos en esta Tierra, nos diremos a nosotros mismos: “Nosotros, como seres humanos, tenemos un cuerpo físico: ¿dónde está entonces lo Físico en el universo?” Aquí estoy volviendo a algo que ya he señalado. La ciencia física de hoy espera encontrar todo lo que existe en la Tierra existe también en el Universo. Pero la organización física en sí no se encuentra en el Universo. El hombre tiene en primer lugar su organización física: además tiene la organización etérica y la astral. El Universo, por el contrario, comienza con el Cuerpo Etérico. Allí en el Cosmos lo Físico no se encuentra en ninguna parte. Lo Físico existe sólo en la Tierra, y no es más que fantasía e imaginación vacía hablar de algo físico en el lejano Universo. En el Universo esta el mundo Etérico y el mundo Astral. Hay también un tercer elemento dentro del Universo del que aún no hemos hablado, pues el Cosmos también es triple. Pero la triplicidad del Cosmos, aparte de la Tierra, es diferente de la trinidad del Cosmos en el que incluimos la Tierra.

Que estos sentimientos entren en nuestra conciencia terrenal, la percepción de lo Físico en nuestra inmediata morada terrena; el sentimiento de lo Etérico, que está tanto en la Tierra como en el Universo; la contemplación de lo Astral, que resplandece en la Tierra desde las estrellas, y más intensamente que todas las estrellas el resplandor del Sol. Entonces, cuando consideramos todas estas cosas y colocamos ante nuestras almas la majestad de esta concepción del mundo, podemos comprender bien cómo en la antigüedad, cuando con la clarividencia instintiva los hombres no pensaban tan abstractamente, sino que todavía podían sentir la Majestad de una gran concepción, fueron llevados a entender que: “Un pensamiento tan majestuoso como éste no puede concebirse perpetuamente en toda su plenitud. Debemos tomarlo en un momento especial, permitiéndole trabajar en el alma en su gloria plena e insondable. Entonces trabajará en las profundidades interiores de nuestro ser, sin ser mimado y corrompido por nuestra conciencia superficial”. Si consideramos por qué medios la antigua clarividencia instintiva dio expresión a tal sentimiento, de todo lo que se combinó entonces para dar certidumbre a este pensamiento de la antigüedad, nos queda hoy la institución del Festival de Navidad.

En la Noche de Navidad, el hombre, al estar aquí en la Tierra con sus cuerpos físico, etérico y astral, se siente relacionado con la Trinidad Cósmica que le aparece en su naturaleza Etérica, brillando majestuosamente, maravilla mágica de la noche en el azul de los cielos; Mientras que frente a él esta lo Astral del Universo, en las estrellas que brillan hacia la Tierra. Al saber de la santidad de este ambiente cósmico que está relacionado con lo que está en la misma Tierra, siente que él mismo con su propio Yo ha sido trasplantado del Cosmos a este mundo del Espacio. Y ahora puede contemplar el Misterio de la Navidad —el Niño recién nacido, el Representante de la Humanidad en la Tierra, que, en tanto que está entrando en la infancia, nace en este mundo del Espacio. En la plenitud y majestad de este pensamiento de Navidad, mientras se contempla el nacimiento del Niño en la Noche de Navidad, exclama: “Ex Deo Nascimur  —nací de lo Divino, de lo Divino que teje y surge a través del mundo del Espacio”.

Cuando un hombre ha sentido esto, cuando se ha impregnado completamente con ello, entonces también puede recordar lo que la Antroposofía nos ha revelado sobre el significado de la Tierra. El Niño al que estamos contemplando es la envoltura exterior de lo que ahora nace en el Espacio. ¿Pero de dónde nace, para que nazca en el mundo del espacio? De acuerdo con lo que hemos explicado hoy, sólo puede ser desde el Tiempo. De vez en cuando el Niño nace.

Si seguimos la vida de este Niño y su permeación por el Espíritu del Ser de Cristo, nos damos cuenta de que este Ser, este Ser-Cristo, viene del Sol. Entonces miraremos hacia el Sol y nos diremos: “Al mirar hacia el Sol, debo ver en el sol ese Tiempo, que está oculto en el mundo del Espacio. Dentro del Sol está el Tiempo, y fuera del Tiempo que teje y trabaja dentro del Sol, Cristo salió, salió al Espacio, a la Tierra”.

¿Qué tenemos entonces en Cristo en la Tierra? En Cristo en la Tierra tenemos eso, que viene de más allá del Espacio, desde fuera del Espacio, que se une con la Tierra. Quiero que sean conscientes de cómo nuestra concepción del Universo cambia, en comparación con la concepción ordinaria actual, cuando realmente entramos en todo lo que se ha expuesto ante nuestras almas esta tarde. Allí en el Universo tenemos el Sol, con todo lo que nos parece que esta inmediatamente conectado con él —todo lo que está contenido en el azul de los cielos, en el mundo de las estrellas. En otro punto del Universo tenemos a la Tierra con su humanidad. Cuando miramos hacia arriba desde la Tierra hasta el Sol, estamos mirando al mismo tiempo el flujo del Tiempo.

De esto sigue algo de gran importancia. El hombre sólo mira hacia el Sol de la manera correcta (aunque sea en su mente) cuando, al mirar hacia arriba, olvida el Espacio y considera solo el Tiempo. Porque, en realidad, el Sol no sólo irradia luz, irradia el Espacio mismo, y cuando miramos al Sol estamos mirando desde el Espacio hacia el mundo del Tiempo. El Sol es la única estrella que cuando la miramos, estamos mirando independientemente del Espacio. Y de ese mundo, fuera del Espacio, vino Cristo a los hombres. En el momento en que el cristianismo fue fundado por Cristo en la Tierra, el hombre había estado demasiado tiempo restringido al mero Ex Deo Nascimur, se había unido completamente a él, se había convertido en un puro y simple Ser Espacial. La razón por la que nos resulta tan difícil comprender las tradiciones de las épocas primitivas, cuando volvemos a ellas con la conciencia de la civilización actual, es que ellos siempre tenían en mente el Tiempo y no el mundo del Espacio. Consideraban el mundo del espacio sólo como un apéndice del mundo del Tiempo.

[Este es un pasaje fascinante, pero el traductor (o editor) mezcló las palabras ‘Espacio’ y ‘Tiempo’ al final de este párrafo, para hacer el pasaje completamente contradictorio! Las dos últimas oraciones del primer párrafo deben ser como sigue (las palabras en negrita se han cambiado):

La razón por la que es tan difícil para nosotros comprender las tradiciones de las épocas primitivas, cuando volvemos a ellas con la conciencia de la civilización actual, es que siempre tenían en mente el espacio y no el mundo del tiempo. Consideraban el mundo del Tiempo sólo como un apéndice del mundo del Espacio.

Aquí está el original alemán:

“Wir verstehen so schwer mit dem heutigen zivilisatorischen Bewußtsein die alten Überlieferungen, weil diese eigentlich überall mit dem Raum rechnen und nicht mit dem Zeitlichen, mit dem Zeitlichen nur wie mit einem Anhängsel des Räumlichen.”

Thanks to Lucas Dreier — e.Ed.]

Cristo vino para traer de nuevo el elemento del Tiempo a los hombres, y cuando el corazón humano, el alma humana y el espíritu humano se unen a Cristo, entonces el hombre recibe el flujo del Tiempo que fluye de Eternidad a Eternidad. ¿Qué más podemos hacer los seres humanos cuando morimos, es decir, cuando salimos del mundo del Espacio, que aferrarnos a Aquel que nos devuelve al Tiempo? En el Misterio del Gólgota el hombre se había convertido en un Ser del Espacio tan enorme que el Tiempo se le había perdido. Cristo devolvió el Tiempo a los hombres.

Si, por lo tanto, al salir del mundo del Espacio, los hombres no morirían tanto en sus almas como en sus cuerpos, debían morir en Cristo, Podríamos ser seres humanos del Espacio y decir: “Ex Deo Nascimur”, y podemos mirar al Niño que sale del Tiempo al Espacio para unir a Cristo con la humanidad. Pero desde el Misterio del Gólgota no podemos concebir la muerte, el límite de nuestra vida terrena, sin este pensamiento: “Debemos morir en Cristo”. De lo contrario, pagaremos nuestra pérdida de tiempo con la pérdida de Cristo mismo y, desterrados de Él, permaneceremos engañados. Debemos llenarnos del Misterio del Gólgota. Además del “Ex Deo Nascimur”, debemos encontrar el “En Christo Morimur”. Debemos hacer surgir el pensamiento de Pascua además del pensamiento navideño. Así, el “Ex Deo Nascimur” deja que el pensamiento navideño aparezca ante nuestras almas, y en el pensamiento de Pascua “en Christo Morimur”.

Ahora podemos decir: En la Tierra el hombre tiene sus tres cuerpos, el físico, el etérico y el astral. El Etérico y Astral también están ahí fuera en el Cosmos, pero el Físico sólo se encuentra en la Tierra. En el Cosmos no hay Físico. Así debemos decir: Sobre la Tierra —físico, etérico, astral. En el Cosmos —no físico, sino sólo el etérico y el astral.

Sin embargo, el Cosmos también es triple, porque lo que el Cosmos carece del nivel más bajo, lo añade más arriba. En el Cosmos el Etérico es el mundo más bajo: en la Tierra el Físico es lo más bajo. En la Tierra el mundo Astral es el más alto; En el Cosmos, lo más elevado es aquello que el hombre actualmente sólo tiene los comienzos, de los cuales su Yo Espiritual estará un día tejido. Por lo tanto, podemos decir: En el Cosmos esta, como, el elemento más elevado, el  Yo Espiritual.

Ahora vemos las estrellas como expresiones de algo real. Comparé su acción con una suave caricia. El Yo Espiritual  que está detrás de ellas es ciertamente el Ser que amorosamente acaricia, sólo que en este caso no es un solo Ser sino el mundo entero de las Jerarquías. Miro a un hombre y veo su forma; Miro sus ojos y los veo brillar hacia mí; oigo su voz; Es la expresión del ser humano. Del mismo modo que miro hacia los Espacios lejanos del mundo, miro a las estrellas. Son el enunciado de las Jerarquías, el enunciado vivo de las Jerarquías, encendiendo el sentimiento astral. Miro las profundidades azules del firmamento y veo en él la revelación exterior del cuerpo etérico que es el miembro más bajo del mundo de las Jerarquías.

Ahora podemos comprender aún más. Miramos hacia el Cosmos lejano que va más allá de la realidad terrenal, incluso cuando la Tierra con su sustancia física y sus fuerzas esta bajo la realidad cósmica. Al igual que en lo Físico, la Tierra tiene un elemento subcósmico, en el Yo Espiritual el Cosmos tiene un elemento supraterrenal.

La ciencia física habla del movimiento del Sol; y puede hacerlo, porque dentro del cuadro espacial del Cosmos que nos rodea, percibimos por ciertos fenómenos que el Sol está en movimiento. Pero eso es sólo una imagen del verdadero movimiento del Sol —una imagen lanzada al Espacio. Si estamos hablando del verdadero Sol es absurdo decir que el Sol se mueve en el Espacio; pues el espacio mismo está siendo irradiado por el sol. El Sol no sólo irradia la luz; El Sol crea el Espacio mismo. Y el movimiento del Sol es sólo un movimiento espacial dentro de este Espacio creado. Fuera del Espacio está el movimiento en el Tiempo. —lo que nos parece evidente, a saber, que el Sol se está acelerando hacia la constelación de Hércules— es sólo una imagen espacial de la evolución temporal del Ser-Solar.

A sus discípulos íntimos, Cristo dijo estas palabras: “He aquí la vida de la Tierra; está relacionada con la vida del Cosmos. Cuando miras la Tierra y el Cosmos que la circunda, es el Padre cuya vida penetra este Universo. [Ver Nota 1] El Dios Padre es el Dios del Espacio. Pero Yo os digo que he venido a vosotros desde el Sol, desde el Tiempo, el que recibe al hombre cuando muere. Yo mismo os he traído del Tiempo. [Véase la Nota 2] Si me reciben, reciben el Tiempo, y no quedarán atrapados en el Espacio. Así vosotros encontráis la transición de una trinidad —Física, Etérica y Astral— a la otra trinidad, que conduce desde el Etérico y Astral al Yo Espiritual. El Yo Espiritual no se encuentra en el mundo terrenal, así como lo Físico-Terrenal no se encuentra en el Cosmos. Pero yo os traigo el mensaje, porque yo soy del Sol.

El Sol tiene de hecho un triple aspecto. Si uno vive dentro del Sol y mira hacia abajo desde el Sol a la Tierra, uno contempla lo Físico, Etérico y Astral. También se puede contemplar lo que está dentro del Sol mismo. Entonces uno ve lo Físico siempre y cuando recuerde la Tierra y mire hacia abajo, hacia la Tierra. Pero si uno mira lejos de la Tierra, uno ve al otro lado el Yo Espiritual. Así, uno se balancea hacia atrás y hacia adelante entre el Físico y la naturaleza del Yo Espiritual. Sólo el cuerpo Etérico y Astral están permanentemente en el medio. Al mirar hacia el gran Universo, lo terrenal desaparece, y se tiene el mundo Etérico, el mundo Astral y el Yo Espiritual. Esto es lo que ustedes ven cuando entran en el Tiempo del Sol entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Imaginemos, en primer lugar, que el estado de ánimo interior del alma de un hombre es tal que se encierra enteramente dentro de esta existencia terrestre. Todavía puede sentir lo Divino, porque nació de lo Divino: “Ex Deo Nascimur”. Entonces imaginémoslo ya no encerrándose en el mero mundo del Espacio, sino recibiendo al Cristo que viene del mundo del Tiempo al mundo del Espacio, que trae el Tiempo mismo al espacio terrenal. Si un hombre consigue eso, entonces en la Muerte vencerá a la Muerte. “Ex Deo Nascimur. En Christo Morimur”. Pero Cristo mismo trae el mensaje de que cuando el Espacio es superado y uno ha aprendido a reconocer al Sol como el creador del Espacio, cuando uno se siente trasplantado por Cristo al Sol, al Sol viviente, lo Físico terrestre desaparece y sólo el mundo Etérico y el mundo Astral están allí. Ahora el mundo Etérico vuelve a la vida, no como el azul del cielo, sino como el resplandor rojo lila del Cosmos, y hacia adelante de la luz rojiza, las estrellas ya no brillan sobre nosotros, sino que nos acarician suavemente con su amorosa efluencia.

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Si un hombre entra realmente en todo esto, puede tener la experiencia de sí mismo, posicionado aquí en la Tierra, dejando a un lado lo Físico, pero con el Etérico fluyendo a través de él y fuera de él en la luz lila-rojiza. Ya no son las estrellas brillantes puntos de luz; Son radiaciones de amor como la mano acariciadora de un ser humano. Cuando sentimos todo esto —lo divino dentro de nosotros mismos, el divino fuego cósmico que arde desde nuestro interior como el mismo ser del hombre; Nosotros mismos dentro del mundo Etérico y experimentando la expresión viva del Espíritu en el resplandor cósmico astral, allí estalla dentro de nosotros el despertar interior del resplandor creativo del Espíritu, que es la alta vocación del hombre en el Universo.

Cuando aquellos a quienes Cristo reveló estas cosas dejaron que la revelación penetrara profundamente en su ser, llegó entonces el momento en que experimentaron la función de este poderoso concepto, en las ardientes lenguas de Pentecostés. Al principio sentían la caída, el descarte de lo Físico terrenal como la muerte. Pero entonces llegó el sentimiento; esto no es la muerte, sino que en lugar de lo físico de la Tierra, ahora amanece sobre nosotros la Espiritualidad del Universo. “Per Spiritum Sanctum Reviviscimus”.

Así podemos considerar la triple naturaleza de la mitad del año. Tenemos el pensamiento navideño—”Ex Deo Nascimur”; El pensamiento de Pascua—”En Christo Morimur”; y el pensamiento de Pentecostés—”Per Spiritum Sanctum Reviviscimus”.

Queda la otra mitad del año. Si lo comprendemos también, nos descubre el otro aspecto de nuestra vida humana. Si comprendemos la relación de lo físico con el alma humana y con lo suprafísico —que contiene la verdadera libertad de la que el hombre debe ser participe en la Tierra— entonces de la interconexión de las fiestas de Navidad, Pascua y Pentecostés entenderemos la libertad humana en la Tierra. A medida que comprendemos al hombre desde estos tres pensamientos, el pensamiento de Navidad, el pensamiento de Pascua y el pensamiento de Pentecostés, y dejamos que enciendan en nosotros el deseo de comprender las partes restantes del año, surge la otra mitad de la vida humana que les indiqué cuando les dije: “Contemplen el destino humano; las Jerarquías aparecen detrás de él: el trabajo y el tejer de las Jerarquías”. Es verdaderamente maravilloso contemplar el destino del ser humano, porque detrás de él está la totalidad de las Jerarquías.

De hecho, es el lenguaje de las estrellas lo que nos resuena desde los pensamientos de Navidad, Pascua y Pentecostés; desde el pensamiento de Navidad, en la medida en que la Tierra es una estrella dentro del Universo; desde el pensamiento de Pascua, puesto que la más radiante de las estrellas, el Sol, nos dona su gracia; y del pensamiento de Pentecostés en la medida en que lo que está escondido más allá de la luces de las estrellas en el alma, se ilumina de nuevo en las ardientes lenguas de Pentecostés.

¡Entren en todo esto, mis queridos amigos! Les he dicho que el Padre, portador del pensamiento navideño, envía al Hijo para que por él se cumpla el pensamiento pascual; Después pase a relatarles cómo el Hijo trae el mensaje del Espíritu, para que en el pensamiento de Pentecostés la vida del hombre en la Tierra pueda ser completada en su triple ser.  Mediten esto ponderándolo bien; entonces todas las bases descriptivas que les he dado para la comprensión del Karma, obtendrán un correcto fundamento de sentimiento interior.

Traten de dejar que los pensamientos de Navidad, Pascua y Pentecostés, de la manera en que los he expresado hoy, trabajen profundamente en su sentir y cuando nos encontremos de nuevo después del viaje que debo emprender este Pentecostés para el Curso de Agricultura—Cuando nos reunamos de nuevo, traigan este sentimiento con ustedes, mis queridos amigos. Porque este sentimiento debe vivir en nosotros como el cálido y ardiente pensamiento de Pentecostés. Entonces podremos ir más lejos en nuestro estudio del Karma; pues su poder de entendimiento será fertilizado con lo que contiene el pensamiento de Pentecostés.

Así como en la primera Fiesta de Pentecostés algo resplandeció de cada uno de los discípulos, el pensamiento de Pentecostés debe vivificarse con nuestro entendimiento antroposófico. Algo debe iluminarse y brillar de nuestras almas. Por lo tanto, es como un sentimiento de Pentecostés el prepararse para continuar con nuestros pensamientos sobre el Karma, que están relacionados con la otra mitad del año, que ya les he dado con lo que he dicho hoy sobre las conexiones internas de la Navidad, Pascua y Pentecostés.

Nota 1: Cp. Pablo: “ El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas,  ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.”. Hechos XVII, 24-28.

Nota 2: “Tiempo”, como aquí se usa, es lo que usualmente designamos como “Eternidad”, es decir, una experiencia de tiempo continua e ininterrumpida. Lo que solemos llamar “Tiempo” es nuestro concepto espacializado de Tiempo Real, eventos sucesionales separados, medidos por cambios espaciales.

Traducido por Gracia Muñoz en Junio de 2017

 

GA202c3. El camino hacia la Libertad y el Amor y su importancia en los acontecimientos mundiales

Rudolf Steiner – Dornach – 19 de Diciembre de 1920

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El hombre está en el mundo por un lado como un ser pensante, contemplativo y como hacedor, como un ser de acción, por el otro; Con sus sentimientos vive dentro de estas dos esferas. Con su sentimiento responde, por un lado, a lo que se le presenta a su observación; y por el otro lado, introduce el sentimiento en sus hechos, en sus acciones. Sólo necesitamos considerar cómo un hombre puede estar satisfecho o insatisfecho con el éxito o la falta de éxito de sus actos, cómo en verdad toda acción va acompañada de impulsos de sentimiento, y veremos que el sentimiento une los dos polos de nuestro ser: el polo del pensamiento y el polo de la voluntad, de la acción. Sólo a través del hecho de que somos seres pensantes somos Hombres en el sentido más verdadero. Consideren también, cómo todo lo que nos da conciencia de nuestra humanidad esencial está conectado con el hecho de que podemos crear interiormente una imagen del mundo que nos rodea, Vivimos en este mundo y podemos contemplarlo. Imaginar que no podemos contemplar el mundo implicaría perder nuestro ser esencial. Como hacedores, como hombres de acción, tenemos nuestro lugar en la vida social y fundamentalmente hablando, todo lo que realizamos entre el nacimiento y la muerte tiene un cierto significado en esta vida social.

En cuanto que somos seres contemplativos, el pensamiento opera en nosotros; En la medida en que somos hacedores, es decir, seres sociales, la voluntad operará en nosotros. No es el caso en la naturaleza humana, ni lo es nunca, que las cosas puedan simplemente ser pensadas intelectualmente una al lado de la otra; la verdad es que lo que es un factor activo en la vida se puede caracterizar como de un aspecto u otro; Las fuerzas del mundo se interpenetran, fluyen unas a otras. Mentalmente, podemos imaginarnos a nosotros mismos como seres de pensamiento y también como seres de voluntad. Pero incluso cuando estamos completamente absortos en la contemplación, cuando el mundo exterior está completamente saciado, la voluntad está continuamente activa. Y de nuevo, cuando estamos haciendo algo, el pensamiento también está activo en nosotros. Es inconcebible que algo proceda de nosotros en el camino de las acciones o andanzas —que también pueden tener efecto en el ámbito de la vida social— sin que nos identifiquemos en el pensamiento con lo que estamos haciendo. En todo lo que es de la naturaleza de la voluntad, está contenido el elemento del pensamiento; y en todo lo que es de la naturaleza del pensamiento, la voluntad está presente. Es esencial ser muy claro acerca de lo que está involucrado aquí si queremos seriamente construir el puente entre el orden mundial moral-espiritual y el orden natural-físico del mundo.

Imaginen que están viviendo por un tiempo puramente en la reflexión como generalmente se entiende, que no están involucrados en ningún tipo de actividad exterior, sino que están completamente absortos en el pensamiento. Sin embargo deben comprender, que en esta vida de pensamiento, también esta activa la voluntad; la voluntad está entonces trabajando en su ser interior, irradiando sus fuerzas al reino del pensamiento. Cuando imaginamos al ser humano pensante de esta manera, cuando nos hacemos conscientes de que la voluntad está irradiando todo el tiempo en los pensamientos, algo ciertamente nos afectará con respecto a la vida y a sus realidades. Si revisamos todos los pensamientos que hemos formulado, encontraremos en cada caso que están vinculados con algo de nuestro entorno, algo que nosotros mismos hemos experimentado. Entre el nacimiento y la muerte no tenemos, en cierto sentido, pensamientos distintos a los que nos trae la vida. Si nuestra vida ha sido rica en experiencias tendremos un rico contenido de pensamientos; si nuestra experiencia de la vida ha sido escasa, tendremos un pobre contenido de pensamientos. El contenido del pensamiento representa nuestro destino interno —hasta cierto punto. Pero dentro de esta vida de pensamiento hay algo que es inherentemente nuestro; Lo que es intrínsecamente nuestro es cómo conectamos un pensamiento con otro y de nuevo lo disociamos, cómo los elaboramos interiormente, cómo llegamos a los juicios y sacamos conclusiones, cómo nos orientamos en la vida del pensamiento —todo esto es inherentemente nuestro. La voluntad en nuestra vida de pensamiento es nuestra.

Si estudiamos esta vida de pensamiento en un cuidadoso autoexamen, ciertamente nos daremos cuenta de que los pensamientos, en lo que respecta a su contenido real, nos vienen desde fuera, pero que somos nosotros mismos los que elaboramos estos pensamientos. —Fundamentalmente hablando, por lo tanto, con respecto a nuestro mundo de pensamientos dependemos totalmente de las experiencias que traemos por nuestro nacimiento, por nuestro destino. Pero a través de la voluntad, que brota de las profundidades del alma, llevamos a lo que viene a nosotros desde el mundo exterior, algo que es inherentemente nuestra propiedad.

Para el cumplimiento de lo que nos exige el autoconocimiento, es muy importante mantener separados en nuestras mentes por un lado, el contenido del pensamiento que nos viene del mundo circundante y por otro lado, la fuerza de la voluntad, que viene de dentro de nuestro ser, irradiando en el mundo del pensamiento. ¿Cómo nos volvemos en realidad interiormente más y más espirituales?  —No tomando el mayor número posible de pensamientos del mundo circundante, pues estos pensamientos simplemente reproducen en imágenes este mundo exterior, que es el mundo físico y material. Correr constantemente en busca de sensaciones no nos hace más espirituales. Nos volvemos más espirituales a través del trabajo interior, permeable, que llevamos a cabo en nuestros pensamientos.

Por eso la meditación también consiste en no caer en pensamientos fortuitos, sino en mantener ciertos pensamientos fácilmente contemplados en el centro de nuestra conciencia, atrayéndolos allí con un fuerte esfuerzo de voluntad. Y cuanto mayor sea la fuerza e intensidad de esta irradiación interna de la voluntad en la esfera del pensamiento, en más espirituales nos convertiremos. Cuando tomamos los pensamientos del mundo material exterior —y entre el nacimiento y la muerte sólo podemos tomar tales pensamientos— nos convertimos, como ustedes pueden fácilmente comprobar, en libres; porque estamos entregados a las concatenaciones de cosas y acontecimientos en el mundo exterior; en lo que se refiere al contenido real de los pensamientos, estamos obligados a pensar como prescribe el mundo exterior; sólo cuando elaboramos los pensamientos nos volvemos libres en el sentido real.

Ahora es posible alcanzar la libertad completa en nuestra vida interior si cada vez borramos y excluimos más el contenido real del pensamiento, en la medida en que este viene de fuera, y acentuamos en mayor actividad el elemento de voluntad que fluye a través de nuestros pensamientos cuando formamos juicios, sacando conclusiones y cosas por el estilo. De este modo, nuestro pensamiento se convierte en lo que he llamado en mi “Filosofía de la Libertad”: en pensamiento puro. Pensamos, pero en nuestro pensamiento no hay nada sino voluntad. He puesto especial énfasis en esto en la nueva edición del libro (1918). Lo que está dentro de nosotros está en la esfera del pensamiento. Pero el pensamiento puro también puede llamarse voluntad pura. Así, desde el reino del Pensamiento llegamos al reino de la Voluntad, cuando nos volvemos interiormente libres; Nuestro pensamiento alcanza tal madurez que está enteramente irradiado por la voluntad; ya no toma nada de fuera, sino que su propia vida es de naturaleza volitiva. Al fortalecer progresivamente el impulso de la voluntad en nuestro pensamiento, nos preparamos para lo que he llamado en la “Filosofía de la Libertad”, “Imaginación Moral”.

La Imaginación Moral se eleva a las Intuiciones Morales que entonces impregnan e iluminan nuestra voluntad que ahora se ha convertido en pensamiento, o nuestro pensamiento que ahora se ha convertido en voluntad. De esta manera nos elevamos por encima del dominio de la «necesidad» que impera en el mundo material, nos impregnamos de una fuerza que es inherentemente nuestra y nos preparamos para la Intuición Moral. Y todo lo que puede fluir en el hombre desde el mundo espiritual tiene su fundamento, principalmente, en estas Intuiciones Morales. Por lo tanto, la libertad nace cuando permitimos que la voluntad se convierta en una fuerza cada vez más y más poderosa en nuestro pensamiento.

Ahora consideremos al ser humano desde el polo opuesto, el de la voluntad. ¿Cuándo se presenta la voluntad con particular claridad a través de lo que hacemos? —Cuando estornudamos, digamos que también estamos haciendo algo, pero ¡no podemos atribuirnos a nosotros mismos ningún impulso definitivo de voluntad cuando estornudamos! Cuando hablamos, estamos haciendo algo en lo que la voluntad está indudablemente contenida. Pero piensen cómo, al hablar, la intención deliberada y la ausencia de intención, volición y ausencia de volición, se entremezclan. Tenemos que aprender a hablar, de tal manera que ya no estemos obligados a formular cada palabra a golpe de un esfuerzo de voluntad; pues también un elemento instintivo entra en el habla. Al menos, es así en la vida cotidiana, y lo es enfáticamente en el caso de aquellos que no se esfuerzan por la espiritualidad. Los marrulleros, que siempre abren la boca para decir alguna cosa u otra en la que se encuentra muy poco pensamiento, dan a los demás la oportunidad de notar —ellos mismos, por supuesto, no lo notan— cuánto hay en el discurso que es instintivo e involuntario.

Pero cuanto más salimos de nuestra vida orgánica y pasamos a actividades liberadas, por así decirlo, de procesos orgánicos, más llevamos los pensamientos a nuestras acciones y hechos. Los estornudos son todavía enteramente una cuestión de vida orgánica; El hablar se relaciona en gran parte con la vida orgánica; caminando realmente hay muy poco; lo que hacemos con las manos, también muy poco. Y así vamos gradualmente a acciones cada vez más emancipadas de nuestra vida orgánica. Acompañamos estas acciones con nuestros pensamientos, aunque no sabemos cómo fluye la voluntad en estos pensamientos. Si no somos sonámbulos y no vamos en esta condición, nuestras acciones siempre van acompañadas de nuestros pensamientos. Llevamos nuestros pensamientos a nuestras acciones y cuando nuestras acciones evolucionan más hacia la perfección, mas se están llevando nuestros pensamientos hacia ellas.

Nuestra vida interior se profundiza constantemente cuando enviamos la voluntad —nuestra propia fuerza inherente— a nuestro pensamiento, cuando impregnamos nuestro pensamiento con voluntad. Traemos la voluntad al pensamiento y, por lo tanto, alcanzamos la libertad. A medida que gradualmente perfeccionamos nuestras acciones finalmente conseguimos enviar pensamientos a estas acciones; Irradiamos nuestras acciones —que proceden de nuestra voluntad— con pensamientos. Por un lado (hacia adentro) vivimos una vida de pensamiento; Lo impregnamos con la voluntad y así encontramos la libertad. Del otro lado (hacia fuera) nuestras acciones fluyen de nuestra voluntad, y las impregnamos con nuestros pensamientos. (Diagrama IX).

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Pero, ¿por qué medios evolucionan nuestras acciones hacia una mayor perfección? Para utilizar una expresión invariablemente polémica —¿Cómo lograr una mayor perfección en nuestras acciones?. Logramos esto desarrollando en nosotros la fuerza que sólo puede designarse con las palabras: devoción al mundo exterior. —Cuanto más crece y se intensifica nuestra devoción al mundo exterior, más este mundo exterior nos mueve a la acción. Pero es sólo a través del despliegue de la devoción al mundo exterior que logramos impregnar nuestras acciones con pensamientos. ¿Qué es, en realidad, la devoción al mundo exterior? La devoción al mundo exterior, que impregna nuestras acciones con pensamientos, no es otra cosa que el Amor.

Así como alcanzamos la libertad irradiando la vida del pensamiento con la voluntad, también alcanzamos el amor impregnando la vida de la voluntad con pensamientos. Desarrollamos el amor en nuestras acciones dejando que los pensamientos irradien en el reino de la voluntad; desarrollamos la libertad en nuestro pensamiento dejando que lo que es de naturaleza volitiva irradie en nuestros pensamientos. Y porque, como hombres, somos un todo unificado, cuando llegamos al punto donde encontramos la libertad en la vida del pensamiento y del amor en la vida de la voluntad, habrá libertad en nuestras acciones y amor en nuestro pensamiento. Cada uno irradia al otro: la acción llena de pensamiento es forjada en el amor; el pensamiento que está impregnado de voluntad da lugar a acciones y hechos verdaderamente libres.

Así podemos ver cómo en el ser humano los dos grandes ideales, la Libertad y el Amor, crecen juntos. La libertad y el amor son también lo que el hombre, de pie en el mundo, puede llevar a la realización en sí mismo de tal manera que, a través de él, se une uno con el otro para el bien del mundo.

Podemos preguntarnos: ¿Cómo se alcanza el ideal, el ideal más elevado, en la vida permeada por la voluntad en el pensamiento? Ahora bien, si la vida del pensamiento fuera algo que representara procesos materiales, la voluntad nunca podría penetrar plenamente en el reino de los pensamientos y arraigar cada vez más allí. La voluntad a lo sumo sería capaz de rayar en estos procesos materiales como una fuerza organizadora. La voluntad sólo puede tener un efecto real si la vida del pensamiento es algo que no tiene una realidad física exterior. ¿Qué debe ser entonces?.

Podrán imaginar lo que debe ser si toman una imagen como punto de partida. Si tienen aquí un espejo y aquí un objeto, el objeto se refleja en el espejo; sfgi luego se colocan detrás del espejo, no encontraran nada. En otras palabras, ustedes tienen una imagen —nada más. Nuestros pensamientos son imágenes en este mismo sentido. (Diagrama X) ¿Cómo se explica esto? —

 

En una conferencia anterior dije que la vida del pensamiento como tal no es una realidad del momento inmediato. La vida del pensamiento irradia desde nuestra existencia antes del nacimiento, o más bien, antes de la concepción. La vida del pensamiento tiene su realidad entre la muerte y un nuevo nacimiento. Y así como aquí el objeto se coloca ante el espejo y lo que presenta es una imagen —sólo eso y nada más— así lo que desplegamos como la vida del pensamiento se vive en el sentido real entre la muerte y un nuevo nacimiento, y sólo irradian en nuestra vida desde el nacimiento. Como seres pensantes, tenemos dentro de nosotros una realidad espejo solamente. Porque esto es así, la otra realidad que, como ustedes saben, surge del proceso metabólico, puede penetrar en el espejo de la vida del pensamiento. Si, como muy raramente es el caso hoy en día, hacemos esfuerzos sinceros por desarrollar un pensamiento imparcial, veremos que la vida del pensamiento consiste en una imagen-espejo, si miramos el pensamiento en su forma más pura —las matemáticas. El pensamiento matemático fluye completamente de nuestro ser interior, pero sólo tiene una existencia espejo. A través de las matemáticas, la composición de objetos externos puede ser analizada y determinada; pero los pensamientos matemáticos en sí mismos son sólo pensamientos, existen simplemente como imágenes. No se han adquirido de ninguna realidad exterior.

Pensadores abstractos como Kant también emplean una expresión abstracta. Dicen: los conceptos matemáticos son a priori. – A priori, (apriority) significa “de lo que es antes”. [E.Ed: Ver Diccionario de Oxford.] ¿Pero por qué los conceptos matemáticos son a priori? Porque fluyen de la existencia anterior al nacimiento, o más bien de la concepción precedente. Esto es lo que constituye su “aprioridad”. Y la razón por la que parecen reales a nuestra conciencia es porque son irradiados por la voluntad. Esto es lo que los hace reales. ¡Piensen cómo se ha convertido el pensamiento moderno abstracto cuando utiliza palabras abstractas para algo que, en su realidad, no se entiende! Los hombres como Kant tenían una idea débil de que traemos las matemáticas con nosotros desde nuestra existencia antes del nacimiento, y por lo tanto llamaron a priori las conclusiones de las matemáticas. Pero el término “a priori” realmente no nos dice nada, en realidad, señala algo meramente formal. En cuanto a la vida del pensamiento, que con su existencia-espejo debe ser irradiada por la voluntad para convertirse en realidad, las tradiciones antiguas hablan de Semblanza. (Diagrama XI, Schein.)

Consideremos ahora el otro polo de la naturaleza del hombre, donde los pensamientos fluyen hacia la esfera de la voluntad, donde los actos se realizan con el Amor. Aquí nuestra conciencia está, por decirlo así, rayando, rebotando en la realidad. No podemos mirar a ese reino de oscuridad, un reino de tinieblas para nuestra conciencia, donde se despliega la voluntad cuando levantamos un brazo o giramos la cabeza, a menos que tomemos conceptos suprasensibles en nuestra ayuda. Movemos un brazo; pero su complicado proceso de funcionamiento permanece tan escondido de la conciencia ordinaria como lo que ocurre en el sueño profundo, en el sueño sin sueños. Percibimos nuestro brazo; percibimos cómo nuestra mano agarra un objeto. Esto es porque permeamos la acción con pensamientos. Pero los pensamientos mismos que están en nuestra conciencia todavía son sólo apariencia. Vivimos en lo que es real, pero no irradia en nuestra conciencia ordinaria. Las tradiciones antiguas hablan aquí del Poder (Gewalt), porque la realidad en la que vivimos está, de hecho, permeada por el pensamiento, pero sin embargo el pensamiento en cierto sentido, esta rebotando de ella durante la vida entre el nacimiento y la muerte. (Diagrama XI).

Entre estos dos polos yace el factor de equilibrio que une a los dos: une la voluntad que irradia hacia la cabeza con los pensamientos que, como fluyen en hechos forjados con amor, se sienten, por decirlo así, con el corazón. Este medio de unión es la vida del sentimiento, que es capaz de dirigirse hacia la voluntad así como hacia los pensamientos. En nuestra conciencia ordinaria vivimos en un elemento mediante el cual comprendemos, por un lado, lo que viene a expresarse en nuestro pensamiento permeado por la voluntad con su predisposición a la libertad, mientras que por otro lado tratamos de asegurar que lo que pasa más en nuestras acciones se llene cada vez más con pensamientos. Y lo que forma el puente que conecta ambos ha sido llamado desde tiempos antiguos Sabiduría. (Diagrama XI).

En su cuento de hadas, La serpiente verde y el hermoso lirio, Goethe ha dado indicaciones de estas antiguas tradiciones en las figuras del rey de oro, el rey de plata y el rey de bronce. Ya hemos demostrado desde otros puntos de vista cómo estos tres elementos deben volver a la vida, pero en una forma completamente diferente —los tres elementos a los que apuntaban los conocimientos instintivos antiguos y que sólo pueden revivir si el hombre adquiere el conocimiento dado por la Imaginación, Inspiración, e Intuición.

Pero, ¿qué es lo que realmente ocurre cuando el hombre despliega su vida de pensamiento? —¡Que la realidad se convierte en apariencia! Es muy importante tener claro esto. Llevamos con nosotros la cabeza, que con su cráneo duro y su tendencia a la osificación, presenta, incluso exteriormente, una imagen de lo que está muerto, en contraste con el resto del organismo vivo. Entre el nacimiento y la muerte llevamos en la cabeza aquello que, desde un tiempo anterior, cuando era realidad, entra en nosotros como apariencia, y del resto de nuestro organismo impregnamos esa apariencia con el elemento que emana de nuestros procesos metabólicos, lo impregnamos con el elemento real de la voluntad. Allí tenemos dentro de nosotros una semilla, una entidad germinativa que, ante todo, es parte de nuestra humanidad, pero también significa algo en el cosmos. Piénsenlo: un hombre nace en un año determinado; antes  estaba en el mundo espiritual. Cuando sale del mundo espiritual, el pensamiento que es la realidad, se convierte en apariencia, y lleva a esa apariencia las fuerzas de su voluntad que proceden de una dirección completamente distinta, surgiendo de partes de su organismo distintas de la cabeza. Así es como el pasado, muriendo en apariencia, se enciende de nuevo para convertirse en realidad del futuro.

Vamos a entender esto correctamente. ¿Qué sucede cuando el hombre se eleva al pensamiento puro, al pensamiento irradiado por la voluntad? —Sobre el fundamento del pasado que se ha disuelto en la apariencia, a través de la fructificación por la voluntad que surge de su yoidad, se despliega dentro de él una nueva realidad que conduce al futuro. Él es el portador de la semilla del futuro. Los pensamientos del pasado, como realidades, son como el suelo-madre; en este suelo-madre se coloca lo que viene del yo individual y la semilla es enviada al futuro para la vida futura.

En el otro lado, el hombre evoluciona impregnando sus hechos y acciones, su naturaleza de voluntad, con pensamientos; con actos que se realizan con amor. Tales hechos se separan de él. Nuestras acciones no permanecen confinadas a nosotros mismos. Se convierten en acontecimientos del mundo; y si están permeadas por el amor, entonces el amor va con ellas. En lo que respecta al cosmos, una acción egoísta es diferente de una acción permeada por el amor. Cuando, a través de la apariencia, a través de la fructificación por la voluntad, desplegamos lo que procede de nuestro ser íntimo, entonces lo que fluye hacia el mundo desde nuestra cabeza encuentra nuestras acciones impregnadas de pensamiento. Y así como cuando se despliega una planta ya contiene en su flor la semilla a la que debe venir la luz del sol, el aire exterior, y así sucesivamente, a lo que algo debe ser traído desde el cosmos para que pueda crecer, en lo que se despliega a través de la libertad debe encontrarse un elemento en el que crecer a través del amor que vive en nuestros actos.

Así, el hombre permanece dentro del gran proceso de la evolución del mundo, y lo que ocurre dentro del límite de su piel y fluye más allá de su piel en forma de hechos, tiene significado no sólo para él, sino para el mundo, para el Universo. Él pone su granito en la arena de los acontecimientos cósmicos, en los acontecimientos del mundo. Lo que era la realidad en épocas anteriores se convierte en apariencia en el hombre, la realidad se disuelve continuamente, y su apariencia es acelerada de nuevo por la voluntad, surgiendo una nueva realidad. Aquí tenemos —como si espiritualmente pudiéramos poner nuestro dedo sobre ello— lo que también se ha hablado desde otros puntos de vista. ¡No hay conservación eterna de la materia! La materia se transforma en apariencia y la apariencia se transforma en realidad por la voluntad. La ley de la conservación de la materia y la energía afirmada por la física es una ilusión, porque sólo se tiene en cuenta el mundo natural. La verdad es que la materia está continuamente transformándose en apariencia; y una nueva creación tiene lugar en lo que a través del Hombre, que se presenta ante nosotros como el logro supremo del cosmos, la apariencia se transforma nuevamente en Ser (Sein).

También podemos ver esto si nos fijamos en el otro polo  —sólo que este no es tan fácil de percibir. Los procesos que finalmente llevan a la libertad ciertamente pueden ser capturados por el pensamiento imparcial. Pero ver correctamente el caso de este otro polo se necesita un cierto grado de desarrollo científico-espiritual. Porque aquí, para empezar, la conciencia ordinaria rebota cuando se enfrenta a lo que las antiguas tradiciones llaman Poder. Lo que se vive como Poder, como Fuerza, está verdaderamente permeado por pensamientos; pero la conciencia ordinaria no percibe que así como la voluntad entra más y más en el mundo del pensamiento con una facultad cada vez mayor de juicio, así cuando llevamos los pensamientos a la naturaleza de la voluntad, cuando superamos el elemento del Poder más y más completamente, también impregnamos lo que es meramente Poder con la luz del pensamiento. En un polo del ser humano vemos la superación de la materia; en el otro polo, vemos el nuevo nacimiento de la materia.

Como he señalado brevemente en mi libro Enigmas del alma, el hombre es un ser triple: como hombre de sistema nervioso y perceptivo es portador de la vida del pensamiento, de la percepción; como ser rítmico (respiración, sangre circulante), es portador de la vida del sentimiento; como ser metabólico, es portador de la vida de la voluntad. Pero ¿cómo, entonces, opera el proceso metabólico en el hombre cuando la voluntad se despliega cada vez más en el amor? Opera en que, como el hombre realiza tales actos, la materia es continuamente superada. Y qué es lo que se despliega en el hombre cuando, como ser libre, encuentra su camino en el pensamiento puro, que es, sin embargo, realmente de la naturaleza de la voluntad? —¡Nace la materia!— ¡Contemplamos el devenir-en-ser de la materia! Llevamos en nosotros lo que hace nacer la materia: nuestra cabeza; Y llevamos en nosotros lo que destruye la materia, donde podemos ver cómo se destruye la materia: nuestro organismo de las extremidades y del metabolismo.

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Esta es la manera en que debemos estudiar al hombre completo. Vemos cómo lo que la conciencia concibe en las abstracciones es un factor real en el proceso del devenir del mundo; Y vemos cómo aquello que está contenido en este proceso de devenir del mundo y al que la conciencia ordinaria se aferra tan firmemente que no puede hacer otra cosa que concebirla como realidad, vemos cómo esto se disuelve hasta la nulidad. Es realidad para la conciencia ordinaria, y cuando obviamente no coincide con las realidades externas, entonces el recurso de los átomos tiene que ser tomado, considerándolo una realidad firmemente fijada. Y porque el hombre no puede liberarse en sus pensamientos de estas realidades firmemente fijas, uno las deja mezclarse unas con otras, ahora de esta manera, ahora de esta otra. En un momento se mezclan para formar hidrógeno, en otro, oxígeno; Simplemente se agrupan de forma diferente. Esto es simplemente porque la gente es incapaz de cualquier otra creencia de que lo que una vez ha estado firmemente fijado en el pensamiento también debe estar firmemente fijado en la realidad.

No es otra cosa que la debilidad del pensamiento en la que se pierde cuando acepta la existencia de átomos fijos y duraderos. Lo que se revela a nosotros a través del pensamiento que está de acuerdo con la realidad es que la materia es continuamente disuelta hasta la nulidad y continuamente reconstruida a partir de la nulidad. Es sólo porque cuando la materia muere, surge la nueva materia, que la gente habla de la conservación de la materia. Caen en el mismo error en el que caerían, digamos, si un número de documentos fueran llevados a una casa, y copiados allí, pero los originales se queman y las copias se sacaran de nuevo, y entonces creyeran que lo que fue cargado había sido  llevado a cabo—que es la misma cosa. La realidad es que los documentos antiguos han sido quemados y los nuevos reescritos. Es lo mismo con lo que viene a ser en el mundo, y es importante para nuestro conocimiento avanzar a este punto. Porque en ese reino del ser del hombre, donde la materia muere y de la apariencia surge la nueva materia, está la posibilidad de la libertad, y también está la posibilidad del amor. Y la libertad y el amor siempre están van unidos, como ya he indicado en mi Filosofía de la Libertad. Aquellos que, partiendo de alguna concepción particular del mundo, hablan de lo imperecedero de la materia, anulan la libertad por un lado y el desarrollo pleno del amor por el otro.

Pues sólo por el hecho de que en el hombre el pasado muere, se convierte en apariencia, y el futuro como nueva creación en la condición de una semilla, surge en nosotros el sentimiento del amor —devoción a algo a lo que no estamos coaccionados por el pasado— y la libertad —acción que no está predeterminada.

La libertad y el amor son, en realidad, comprensibles sólo para una concepción científico-espiritual del mundo, no de cualquier otra. Aquellos que están familiarizados con la imagen del mundo que ha aparecido en el transcurso de los últimos siglos podrán evaluar las dificultades que habrá que superar antes de que los hábitos de pensamiento prevalecientes en la humanidad moderna puedan ser inducidos a dar paso a este pensamiento imparcial y científico-espiritual. Pues en la imagen del mundo existente en las ciencias naturales no hay realmente puntos a partir de los cuales podamos avanzar hacia una verdadera comprensión de la libertad y el amor.

Cómo la imagen natural-científica del mundo, por un lado y por el otro, la imagen tradicional y antigua del mundo, se relacionan con un desarrollo verdaderamente progresivo, espiritual y científico de la humanidad —de esto hablaremos en alguna otra ocasión.

Traducido por Gracia Muñoz, en Mayo de 2017

GA159. Las cuatro grandes virtudes

Rudolf Steiner – Zürich 31 de enero de 1915

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Nuestra ciencia espiritual tiene la tarea de eliminar de nuestra conciencia —de hecho, de toda nuestra vida interior— la brecha que existe entre nuestra conciencia humana exterior dirigida al mundo físico, donde el hombre vive entre el nacimiento y la muerte y el mundo espiritual donde el hombre vive la otra parte de la totalidad de su existencia, el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Para alguien que vive la ciencia espiritual con cada fibra de su alma, esto es bien conocido, e incluso obvio. Podemos  decir además que en momentos como éste se torna en algo particularmente sagrado. A través de los graves hechos de la guerra hemos perdido en muy poco tiempo unos cuantos queridos amigos y miembros, y otros están a punto de acompañarles en sus últimos pasos por la Tierra. Mañana por la mañana a las once tendremos aquí en Zürich la cremación de un querido miembro, la señora Dr. Colazza, y acabamos de escuchar que nuestro querido amigo Fritz Mitscher murió esta tarde alrededor de las cinco, cerca de Davos. Con estos dos miembros, almas queridas que han dejado el plano físico;  la ciencia espiritual nos ha mostrado el camino para entender en un sentido mucho más elevado que dichas almas no se pierden, sino que permanecemos unidos con ellas.

Contamos con un número considerable de almas que pertenecen a nuestro movimiento y que han pasado a través del portal de la muerte. Y a partir de las fuentes de las que fluye hacia nosotros el conocimiento del espíritu, se puede decir que estas almas se han convertido en fieles compañeros que trabajan con nosotros desde el mundo espiritual, cada uno según le compete. Con la plena responsabilidad con la que esto se puede decir, teniendo una base firme en el conocimiento espiritual, puedo afirmar que con ellos hemos cimentamos los pilares que sostienen nuestro movimiento espiritual. Muchos de los que han pasado por el portal de la muerte trabajaron dentro de nuestro movimiento espiritual,  y ahora lo contemplan y sobre el dirigen su amor. Durante el periodo entre el nacimiento y la muerte permanecieron unidos a la aspiración que se representa en nuestro círculo. Ellos han dejado algo tras de sí en nuestra sociedad, y lo llevan en sí mismos en su camino entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Así como podemos mirar hacia atrás en el mundo de la naturaleza que nos rodea, podemos hacerlo con nuestra vida física a partir de ese momento, que podemos comparar con el nacimiento del hombre. Inmediatamente después de la muerte, el hombre entra en una condición que puede ser comparada con la vida embrionaria, con la vida dentro del cuerpo materno, excepto que este periodo en la vida después de la muerte se puede contar en días, y es mucho más corto que la vida embrionaria en relación a la vida física. Luego sigue lo que puede ser comparado con el nacimiento en el mundo físico, con la primera respiración. A esto lo podemos llamar el despertar en el mundo espiritual; se tiene la percepción de que la voluntad del alma que ha pasado por el portal de la muerte es recibida por los seres de las jerarquías más elevadas. Al igual que el ser humano que entra en el mundo físico a través de su madre se encuentra preparado para recibir el aire exterior despertando gradualmente sus sentidos, de la misma manera llega un momento después de la muerte, donde el alma siente que el poder de su voluntad —que durante la vida física estaba confinada en los límites del cuerpo físico—  ahora fluye hacia el universo. Y siente cómo es recibida por los seres de la jerarquía más próxima, la jerarquía de los Ángeles. Esto es semejante a una primera respiración en el mundo espiritual y al crecimiento gradual en el ambiente espiritual; la experiencia espiritual nos lo muestra.

Me gustaría hablar del destino de aquellos que en el transcurso de los años, han dejado el plano físico. Quisiera mirar a los que se han unido a nuestro movimiento espiritual aquí, y que informan a las almas humanas que aún están encarnadas sobre las condiciones en que ellos viven. Ser capaz de relacionarse así en la memoria de la vida terrenal es algo que incluso aquí, en el mundo físico pertenece ya al mundo espiritual. Para aquellos que han pasado por el portal de la muerte esto es algo infinitamente precioso y significativo cuando, como un afluente de río, pueden fluir por la corriente que va hacia ellos desde el mundo físico y que tiene su origen en lo que experimentaron en nuestro movimiento —la corriente de los pensamientos de quienes están  vinculados a ellos por amor o por lazos familiares— entonces la comunidad une mucho más  de lo que  podría llegar a estarlo  en nuestros tiempos materialistas pues esta basada en relaciones espirituales.

Podemos decir: más de uno de los que han atravesado temprano el portal de la muerte hacia el mundo espiritual, da la impresión de que lo hubieran hecho desde un íntimo amor por nuestro movimiento espiritual, con el fin de poder ayudar teniendo mayores fuerzas desde mundo espiritual. Entre un número considerable de los que han cruzado el umbral, vive en sus almas una sensación maravillosamente clara sobre las necesidades de nuestro movimiento espiritual. Para el que puede mirar en el mundo espiritual a todos los que han pasado por la puerta de la muerte, y ahora miran hacia abajo al movimiento con el que estaban conectados, son como mensajeros espirituales de nuestro movimiento. Llevan sus normas ante nosotros, y nos dicen constantemente: estábamos convencidos de la necesidad de este movimiento mientras convivimos con vosotros. Pero ahora que hemos ingresado en el mundo espiritual, sabemos que podemos ayudar y cómo hacerlo en un momento en el que este movimiento es necesario.

Esto es algo que para quienes permanecen aquí en el plano físico se hará cada vez más perceptible al perder a las personas queridas. Para ellos, lo que se ha dicho puede darles el consuelo más profundo, porque encuentran aquí todo lo que puede generar una conexión aún más profunda entre las almas con las que ya no podemos conectarnos en el ámbito de la manifestación externa, a través de los ojos y palabras físicas.

Este movimiento espiritual, del cual somos parte, ha de generar algo de magnitud. Hoy me gustaría tocar un capítulo en particular. En un tiempo como el nuestro, en el que la civilización —a pesar de los últimos ecos de las antiguas religiones— se basa completamente en una conciencia materialista, sólo puede desarrollar los impulsos de la vida moral de una manera tal que únicamente reconoce la vida entre el nacimiento y la muerte. Entre las muchas cosas que deberían tener lugar en nuestro movimiento espiritual, una de ellas sería el desarrollo de un nueva vida moral de la humanidad. Puesto que  los hombres tendrán que aprender a considerar la vida moral desde un punto de vista que se extiende más allá del nacimiento y la muerte y que reconoce el hecho de que el alma humana pasa a través de vidas consecutivas a la Tierra  y que el alma que portamos en nosotros entre el nacimiento y la muerte ha pasado ya por muchas otras vidas, y puede esperar otras vidas futuras. Cuando extendemos nuestra visión de una sola vida a una serie de vidas sucesivas, obtenemos una comprensión más amplia de nuestra existencia y una comprensión más sólida de lo que es la virtud y la moral.

Cuando hablamos de las virtudes humanas podemos distinguir cuatro de ellas que se pueden describir en el lenguaje de uso común. Hay otra virtud, que como indicare más adelante vive en las profundidades del alma humana y de la cual debemos hablar lo menos posible —como veremos—  por razones sagradas. Todas las otras virtudes que existen en la vida y que en su conjunto constituyen la moral, pueden considerarse como ejemplos particulares de las cuatro virtudes que vamos a considerar, cuatro virtudes de las cuales la antigüedad  especialmente tenía mucho que decir.

Platón, el gran filósofo de la antigua Grecia, distingue estas cuatro virtudes en particular, porque fue capaz de tomar su sabiduría de los ecos de los antiguos Misterios. Bajo la influencia de los Misterios, Platón pudo distinguir las virtudes mucho mejor que los filósofos posteriores y los de nuestra época, donde la sabiduría de los Misterios se ha vuelto tan remota y caótica.

La primera virtud que vamos a considerar, si hablamos de moralidad a partir de un conocimiento integral de la naturaleza humana, es la virtud de la Sabiduría. Pero esta Sabiduría debe entenderse en un sentido más profundo de lo que se suele hacer, más en relación con la ética.

La Sabiduría no es algo que llega al hombre por sí misma; menos aún se puede aprender en el sentido corriente. No es fácil describir cuál debería ser su significado. Si pasamos por la vida de tal manera que los acontecimientos actúan en nosotros y aprendemos de ellos, considerando cómo podríamos haber hecho esto o aquello más adecuadamente, cómo podríamos haber usado nuestras capacidades con más fuerza y eficacia  —si estamos atentos a todo en la vida, de manera que cuando nos encontramos por segunda vez con una experiencia similar podemos tratarla con mas tiento al habernos beneficiado con la primera experiencia— entonces nuestra Sabiduría se acrecentará. Si preservamos a lo largo de la vida un estado de ánimo capaz de aprender de ella, de poder considerar todo lo que nos trae la naturaleza y la experiencia de tal manera que aprendemos de ella, no simplemente acumulando conocimiento sino haciéndonos interiormente mejores y más enriquecidos, entonces hemos recogido la Sabiduría y lo que hemos experimentado no ha sido inútil para nuestra vida anímica.

La vida será inútil para nosotros si pasan décadas y todavía seguimos juzgando  algo que hemos experimentado de la misma manera que lo hicimos anteriormente. Si atravesamos la vida de esa manera, nos estamos alejando de la Sabiduría. El karma nos puede haber confrontado  en la juventud con algo que nos enfureció y condenamos tal o cual acción humana. Si mantenemos esta actitud, estamos haciendo un mal uso de nuestras vidas. La usamos bien si, suponiendo que en nuestra juventud formamos juicios severos, en una etapa posterior de la vida ya no lo juzgamos con dureza sino con la comprensión y el perdón, si hacemos el esfuerzo de querer comprender. De mantener el carácter que desde el nacimiento se irrita por alguna cosa y nos despierta una ira furiosa y  a medida que envejecemos ya se va desvaneciendo el enojo de nuestra juventud, ya no sentimos ira y nos hemos vuelto más tolerantes —entonces hemos usado la vida de acuerdo con la Sabiduría. Si éramos materialistas en nuestra juventud pero despues nos permitimos experimentar lo que nuestro tiempo nos puede traer como revelaciones del mundo espiritual, entonces hemos usado nuestra vida de acuerdo con la Sabiduría. Si nos cerramos a las revelaciones del mundo espiritual, no estamos usando nuestra vida de acuerdo con la Sabiduría.

Para enriquecernos de esta manera y alcanzar un horizonte más amplio, podemos hacer uso de la vida de acuerdo con la Sabiduría. Lo que la ciencia espiritual nos propone es capaz de ayudarnos a abrirnos hacia la vida  a fin de ser más sabios. La Sabiduría es algo que se opone fuertemente al egoísmo humano. La Sabiduría es algo que siempre cuenta con el curso de los acontecimientos universales. Nos dejamos instruir por el curso de los acontecimientos universales porque esto nos libera del juicio estrecho establecido por nuestro ego. Fundamentalmente, un hombre sabio no puede juzgar de manera egoista; porque si uno aprende del mundo y crece en entendimiento sobre el mundo, entonces permite que el juicio sea corregido por el mundo.  Así la Sabiduría nos aleja de la visión estrecha y limitada y nos pone en armonía con nosotros mismos. Se podría describir mucho más para formar gradualmente una imagen de la Sabiduría. No debemos intentar una definición de tales ideas, sino mantener nuestros corazones abiertos con el fin de crecer más sabios, incluso en Sabiduría.

Aquí en el mundo físico, para todo lo que el hombre debe experimentar en la vida de vigilia debe usar los instrumentos de la naturaleza externa física y etérica. Entre el nacimiento y la muerte estamos fuera de nuestro cuerpo físico y etérico con nuestro ser anímico, es decir el Yo y el cuerpo astral, durante nuestros períodos de sueño. En nuestra condición consciente y despierta usamos como instrumentos nuestros cuerpos físico y etéreo. Cuando nos imbuimos de Sabiduría, cuando intentamos vivir acorde a la Sabiduría en la acción y  el pensamiento, en los sentimientos y las percepciones, utilizamos los órganos de nuestros cuerpos físicos y etérico que son, por así decirlo, los más perfectos en nuestra vida terrenal. Órganos que se han desarrollado durante un período más largo, que fueron preparados en A. Saturno, A. Sol y A. Luna y que forman parte de nuestras vidas como una herencia, habiendo alcanzado una cierta culminación.

Me gustaría darles desde otro punto de vista, una idea de lo que puede ser entendido por los órganos más o menos perfectos. Tomemos por un lado nuestro cerebro. El cerebro no es el órgano más perfecto, pero aún podemos decir que es más perfecto que otros órganos, por ello ha necesitado más tiempo para su evolución. Podemos comparar el cerebro con nuestro torso, al cual pertenecen nuestras manos. Cuando tenemos la intención de hacer algo con nuestras manos, generamos el pensamiento: yo extiendo mi mano, tomo el vaso, y retiro la mano. ¿Qué he hecho? Extendí la mano no sólo física, sino también la etérica, la mano astral y una parte de mi Yo; la parte física fue con ellos.

Si sólo pienso, la conciencia clarividente puede ver cómo algo a modo de brazos espirituales se extiende  desde la cabeza, pero el cerebro físico permanece dentro del cráneo. Así como mi mano etérica y astral pertenecen a mi mano física, algo etéreo y astral pertenece al cerebro. El cerebro no puede seguirles, pero las manos pueden seguir. En un tiempo futuro las manos se fijarán  y sólo podremos mover su parte astral. Las manos están en camino de convertirse en lo que hoy ya es el cerebro. En épocas anteriores, durante los antiguos períodos del Sol y de la Luna, lo que hoy se extiende desde el cerebro como algo que es sólo espiritual, todavía estaba acompañado por el órgano físico. El cráneo lo ha cubierto ahora, de modo que el cerebro físico se mantiene firme dentro de él durante la evolución de la Tierra. El cerebro es un órgano que ha pasado por más etapas de evolución. Las manos están en el camino de llegar a ser similares al cerebro, ya que el hombre en su totalidad está en camino de convertirse en un cerebro. Así, hay órganos que son más perfectos, y que han evolucionado hacia algo más contenido  en sí mismo, y otros que son menos perfectos. Los órganos más perfectos se usan para aquello que obtenemos por medio de la Sabiduría. Nuestro cerebro común y corriente es realmente usado sólo como instrumento para la forma más inferior de la Sabiduría, la inteligencia terrenal. Cuanto más adquirimos Sabiduría, menos dependemos de nuestro cerebro, más actividad se retira (algo desconocido para la anatomía externa) a nuestro cerebelo, a ese cerebro más pequeño encerrado en nuestro cráneo que semeja a un árbol. Cuando nos hemos vuelto sabios, cuando nos hemos convertido en Sabiduría, nos encontramos de hecho bajo un “árbol”, que es nuestro cerebelo y que luego comienza a desplegar su actividad.

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Imaginad cómo un hombre que ha llegado a ser especialmente prudente extiende los órganos de su Sabiduría poderosamente, como las ramas de un árbol. Se originan en el cerebelo, que se mantiene dentro de la cubierta dura del cráneo; pero los órganos espirituales se extienden lejos, y el hombre entonces está bajo el árbol, el árbol de Bodhi, en la realidad espiritual.

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Y así vemos también que lo que hacemos con Sabiduría es lo más espiritual de nosotros, o al menos pertenece a lo más espiritual, porque los órganos ya están en reposo. Si hacemos algo con nuestras manos, debemos usar parte de nuestra fuerza en el movimiento de la mano. Si formamos un juicio sabio o decidimos algo sabiamente, los órganos permanecen en reposo, la fuerza ya no se usa sobre el órgano físico. Allí somos más espirituales; esos órganos que utilizamos en el plano físico para el desarrollo de la Sabiduría, son aquellos en los que necesitamos usar la menor cantidad de energía —en ese sentido son los más perfectos.

De este modo la Sabiduría es algo en la vida moral que permite a los hombres experimentarse a sí mismos de una manera espiritual. Está conectado con lo que el hombre alcanza en el camino de la Sabiduría y que le permite obtener el mayor producto de sus encarnaciones anteriores. Debido a que podemos vivir en la Sabiduría dentro del espíritu y sin ningún esfuerzo por parte de los órganos físicos, estamos más capacitados a través de la vida para hacer fructífero lo que hemos adquirido para esta vida, lo que ganamos en Sabiduría de encarnaciones anteriores.

Tenemos en alemán una buena expresión de un hombre que se niega a ser sabio. Lo llamamos un filisteo. [ en alemán e inglés los significados de la palabra son bastante diferentes. (Tr.) ] Un filisteo es un hombre que se resiste al desarrollo de la Sabiduría, que quiere permanecer y recorrer su vida sin alterar sus opiniones. Un hombre que trata de llegar a ser sabio hace el esfuerzo de trabajar por conseguirlo, y su trabajo se va almacenando en el curso de las encarnaciones anteriores. Cuanto más sabios nos volvemos, más traemos de encarnaciones anteriores al presente, y si no deseamos llegar a ser sabios, de modo que dejamos estéril la Sabiduría desarrollada en encarnaciones anteriores, entonces hay alguien que viene a buscarla: Ahriman.

A nadie le gusta más que a Ahriman el que no seamos capaces de lograr una mayor Sabiduría. Tenemos el poder para hacerlo. Hemos ganado mucho, mucho más en encarnaciones anteriores de lo que creemos; ganamos mucho más durante los tiempos en los que hemos pasado a través de las antiguas condiciones de clarividencia. Todo el mundo podría llegar a ser mucho más inteligente de lo que consigue ser. Nadie tiene la excusa de que no podría traer mucho más del pasado. Pues ser sabio significa que uno desarrolla lo que se ha ganado en encarnaciones anteriores de tal manera que nos llena en esta encarnación.

Otra virtud puede ser llamada —aunque es difícil de describir con exactitud—  la virtud del Coraje. El Coraje es un estado de ánimo que no permanece pasivo ante la vida, que está listo para usar su fuerza y actividad. Se puede decir que esta virtud viene del corazón. De quien tiene esta virtud en la vida ordinaria, se puede decir: él tiene su corazón en el lugar correcto. Esta es una buena expresión de nuestra condición cuando no nos acobardamos ante lo que la vida nos pide, cuando estamos dispuestos a actuar y sabemos cómo intervenir cuando sea necesario. Tenemos esta virtud cuando nos ponemos en movimiento, con confianza y valentía. Está conectada con una vida de sentimiento saludable, desarrollar la valentía en el momento oportuno, mientras que su ausencia provoca la cobardía. Esta virtud naturalmente se puede utilizar en el curso de la vida física sólo a través de órganos específicos. Estos órganos, a los que pertenece el corazón físico y etérico, no son tan perfectos como los que sirven a la Sabiduría. Estos órganos están en vías de transformación y de hecho, serán diferentes en el futuro

Hay una gran diferencia entre el cerebro y el corazón en su relación con la evolución cósmica. Supongamos que un hombre pasa por el umbral de la muerte, y atraviesa la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Su cerebro es por sobre todo una obra de los dioses. El cerebro está permeado por fuerzas que lo abandonan por completo cuando pasa por la muerte de manera que en su próxima vida el cerebro será completamente nuevo, no sólo físicamente, sino también lo serán sus fuerzas interiores. Este no es el caso del corazón. Con el corazón, no propiamente el corazón físico sino las fuerzas que actúan en él, continúan existiendo. Estas fuerzas acompañan al cuerpo astral y al Yo, continuando su existencia entre la muerte y un nuevo nacimiento. Las mismas fuerzas  que llenaron nuestros corazones, latirán de nuevo en nuestra la próxima encarnación. Lo que funciona en el cerebro ha desaparecido;  no aparece en la siguiente encarnación. Pero las fuerzas activas del corazón vuelven a aparecer en la próxima encarnación. Si contemplamos el interior de la cabeza podemos decir: las fuerzas invisibles que componen el cerebro están trabajando allí. Pero cuando el hombre pasa por el portal de la muerte,  estas fuerzas retornan al universo. Pero si percibimos el latido del corazón humano, percibiremos fuerzas espirituales que no sólo están presentes en esta encarnación sino que van a continuar viviendo en la próxima encarnación, atravesando la muerte y pasando a un nuevo nacimiento.

El sentimiento popular tiene unas ideas maravillosas sobre tales cosas. Es por esto que se preocupan tanto por el sentimiento del latido del corazón, no porque se valore tanto el latido físico en sí mismo, sino porque estamos mirando algo mucho más eterno cuando consideramos el latido del corazón humano. Si tenemos la virtud del valor, de la valentía, para ello sólo podemos utilizar una parte de ciertas fuerzas. Debemos usar la otra parte que corresponde a  los órganos que son el instrumento para esta virtud. Son órganos para los que todavía tenemos que utilizar parte de las fuerzas en cuestión. Si no somos valientes, si nos dejamos ir y nos amilanamos, abandonándonos a nuestra propia gravedad, entonces no podemos dar vida a aquellas fuerzas que tienen que acompañar el uso de la cualidad del Coraje en la vida.

Cuando recorremos la vida de una manera cobarde, las fuerzas que deben activar nuestros corazones permanecen sin utilizar. Entonces son semillas para Lucifer. Él se hace cargo de ellas y careceremos de las mismas en la próxima vida. Pues ser cobarde ante la vida significa abandonar una serie de fuerzas a Lucifer; y éstas nos faltarán cuando tratemos de construir nuestro corazón para nuestra próxima encarnación. Y este corazón debe ser el órgano, el instrumento para el valor. Entonces volvemos al mundo con órganos defectuosos, subdesarrollados.

La tercera virtud cuenta con los órganos menos perfectos, los que lograrán una forma en el futuro, los que en la actualidad contienen sólo la semilla. Esta virtud puede llamarse Templanza. [La palabra alemana “Besonnenheit” parece imposible de traducir adecuadamente al inglés. “Templanza” es ampliamente utilizado para la palabra de Platón σωφροσύνη) (Tr.)] Una sombra de ella se puede llamar “moderación”. Tenemos, pues, tres virtudes: Sabiduría, Coraje y Templanza. [Otra traducción para la σωφροσύνη de Platón es ‘Prudence.’ – e.Ed].

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Alegoría de la Templanza

Ahora es posible ser destemplado en las formas más variadas. Uno puede ser destemplado en el exceso de comer y beber; esta es su forma más inferior. Aquí el alma queda absorbida por el deseo corporal  y vivimos a través de nuestro cuerpo en su totalidad. Pero si controlamos nuestro deseo, si ordenamos al cuerpo lo que no debe hacer, entonces somos templados o moderados. Con tal moderación mantenemos en el orden correcto a las fuerzas que deben ayudarnos, para que no abandonemos en Lucifer los órganos concernientes para la siguiente encarnación. Pues entregamos a Lucifer aquellas fuerzas que malgastamos en una vida de pasión. Lo hacemos de la peor manera cuando nuestras pasiones nos embriagan, y nos contentamos con vivir en un estado ilusorio y somnoliento.

Cuando perdemos nuestra clara conciencia a través de la intemperancia estamos siempre abandonando poderes a Lucifer. Él toma estos poderes y así nos priva de las fuerzas que necesitamos para los órganos de la respiración y la digestión. Volvemos con órganos de respiración y digestión defectuosos si no practicamos la virtud de la moderación. Aquellos que se dejan devorar por sus deseos, que se entregan a la vida de sus pasiones, son candidatos a ser seres humanos decadentes en el futuro, aquellos seres humanos futuros que sufrirán todo tipo de faltas en su cuerpo físico.

Se puede decir que esta virtud de la Templanza depende de los órganos humanos menos perfectos, esos órganos que están en el comienzo de su desarrollo y que tienen que ser fundamentalmente transformados. Cuando consideramos nuestros órganos de digestión y todo lo que está conectado con ellos, se ponen en movimiento por el uso de Yo,  del cuerpo astral,  del cuerpo etérico y del cuerpo físico.

Es diferente con aquellos órganos que son los instrumentos para el Coraje. Aquí nuestro Yo se mantiene más o menos por fuera y nos movemos libremente; sólo lo que es astral y etérico en nosotros queda absorbido por lo físico.

Si vamos más allá, a las virtudes abarcadas por la Sabiduría, conservamos el Yo y el cuerpo astral en un libre desapego. Porque a medida que nos volvemos más sabios, desarrollamos la organización del cuerpo astral y conseguimos el control sobre ella. Eso es lo esencial, que al hacernos sabios transformamos el cuerpo astral en el Yo-Espiritual y entonces sólo el cuerpo etérico acompaña al físico.

En el cerebro sólo lo etérico acompaña al físico. Mientras que durante la vigilia —en relación con el resto del cuerpo—  estamos estrechamente conectados, al menos con nuestra naturaleza astral, con el órgano físico, retenemos para el cerebro la condición que tenemos en el sueño en el más alto grado. Por lo tanto, necesitamos dormir físicamente especialmente por el cerebro. Porque cuando estamos despiertos también estamos fuera del cerebro con nuestro Yo y nuestro cuerpo astral, y éstos tienen que hacer los mayores esfuerzos dentro de sí mismos sin  apoyarse por el órgano externo.

Así, encontramos una conexión entre nuestro ser humano y las virtudes. Podemos decir que la Sabiduría es una virtud que pertenece al hombre como ser espiritual, donde está libremente activo con su Yo y su cuerpo astral, utilizando sólo los órganos físicos y etéricos como una especie de base. Podemos nombrar al Coraje como la virtud activa, donde el hombre sólo es libre con su Yo, y que se apoya en su cuerpo astral, etéreo y físico. Y por último, podemos hablar de la Templanza, en donde la semilla contenida en nuestro Yo se está liberando; donde nuestro Yo está todavía ligado a los cuerpos astral, etéreo y físico,  sin embargo con nuestro Yo estamos empezando a trabajar nosotros mismos en liberarnos de estos lazos.

Hay, pues, otra virtud que es quizás la más espiritual de todas. Está relacionada con todo el ser humano. Hay un ejercicio del ser humano que perdemos temprano, que sólo lo poseemos en los primeros años de la infancia. He mencionado esto a menudo. Cuando entramos en el plano físico aún no tenemos la actitud que forma parte de nuestra dignidad humana: nos arrastramos, gateamos. He señalado que sólo alcanzamos la actitud correcta, la posición vertical, a través de nuestras propias fuerzas. Desarrollamos también las fuerzas que intervienen en el habla. En los primeros años de nuestra vida desarrollamos las fuerzas que en su mayor parte nos guían a la posición que tenemos en el mundo como verdaderos hombres. No entramos en el mundo de tal manera que ya logramos hallar la dirección correcta. Rastreamos. Pero nos ubicamos en ella razonablemente cuando dirigimos la cabeza hacia afuera, hacia las estrellas. Esto corresponde a las fuerzas interiores.

En la vida posterior perdemos estas fuerzas. Ya no aparecen. No hay nada que ingrese de nuevo en la vida humana tan radicalmente como el aprender a caminar y permanecer erguido. En relación con la posición vertical nos vamos cansando más y más. Si empezamos por la mañana a vivir con nuestro cerebro, entonces cuando concluye el día estamos cansados y necesitamos dormir. Lo que nos hace permanecer erectos en la infancia, cuando estamos cansados, seguimos cansados  a lo largo de la vida y nos debilita, y nada es comparable a los logros que como niños conseguimos para la vida posterior.

¿Y cómo nos dirigimos a la vida cuando aprendemos a hablar? Las fuerzas de dirección también funcionan cuando aprendemos a hablar. Pero las fuerzas que usamos en la primera infancia no se pierden para nosotros en la vida posterior. Permanecen en nosotros, pues están conectadas con una virtud; con una virtud que se relaciona con la rectitud y el derecho, con la virtud de la Justicia que todo lo abarca, la cuarta virtud. El mismo impulso  que ponemos en práctica cuando somos niños para levantarnos, vive en nosotros si tenemos la virtud de la Justicia, la cuarta mencionada por Platón.

Quien realmente ejerce la virtud de la Justicia pone cada cosa y cada ser en su lugar correcto, y sale de sí mismo para entrar en los otros. Eso es lo que comprende la Justicia. Vivir en Sabiduría significa sacar los mejores frutos de las fuerzas que hemos almacenado durante las encarnaciones anteriores. Aquí tenemos que señalar hacia lo que nos fue impartido durante las encarnaciones anteriores, donde todavía estábamos permeados por las fuerzas divinas;  con la Justicia debemos señalar hacia algo más: hemos surgido del universo. Ejercemos la Justicia desarrollando aquellas fuerzas que nos relacionan espiritualmente con todo el universo. La Justicia es la medida de la conexión del hombre con lo divino. En la práctica, la injusticia es equivalente a la impiedad; equivalente a aquel que ha perdido su origen divino; Nosotros blasfemamos contra Dios, al Dios de quien surgimos, si cometemos una injusticia a cualquier hombre.

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Por lo tanto tenemos dos virtudes, la Justicia y la Sabiduría, que nos llevan a épocas anteriores, a encarnaciones anteriores,  a los momentos en los que estábamos todavía en el seno de la divinidad. Y tenemos otras dos virtudes, el Coraje y la Templanza, que nos guían hacia encarnaciones posteriores. Cuanto más usemos estas virtudes, menos fuerzas damos a Lucifer. Hemos visto cómo lo que corresponde a  la naturaleza del Coraje y de la Templanza ingresa en los órganos, y cómo de ese modo se preparan los órganos para la próxima encarnación. De la misma manera la vida moral se extiende hacia el futuro, cuando nos llenamos de espiritualidad. Dos virtudes brillan desde la última encarnación: La Sabiduría y la Justicia. El Coraje y la Templanza brillan a lo largo de las encarnaciones venideras.

Un tiempo vendrá cuando los hombres verán claramente que están cayendo por sí mismos en las fauces de Ahriman, cuando se encierran fuera de la Justicia y la Sabiduría. Lo que era suyo de encarnaciones anteriores, lo que pertenecía al mundo divino, sería arrojado a Lucifer a través de acciones destempladas o cobardes. Todo lo que puede ser aprovechado por Lucifer arrebata los poderes a nuestra disposición para la construcción de nuestro cuerpo en la próxima vida.

No podemos practicar la Sabiduría y la Justicia sin volvernos desinteresados, como ya he indicado. Sólo un hombre egoísta puede ser injusto. Sólo un hombre que busca el ego puede estar dispuesto a permanecer imprudente. La Sabiduría y la justicia nos llevan más allá de nuestro propio Ser y nos hacen miembros de todo el organismo de la humanidad. El valor y la templanza nos hacen, en cierto sentido, miembros de todo el organismo de la humanidad; Sólo experimentando el Coraje y la Templanza y expresándolos en nuestras vidas, nos proveemos para el futuro de un organismo más fuerte que tomará su lugar dentro de la humanidad. Entonces no perdemos lo que de otro modo lanzaríamos a Lucifer.

El egoísmo se transforma por sí mismo en abnegación cuando la Justicia se extiende correctamente sobre todo el horizonte de la vida y el hombre encuentra su lugar a la luz de la cuarta virtud. Eso es lo que traerá la Sabiduría espiritual para el futuro del hombre, y se extenderá sobre la ética y la vida moral.

Esto se verterá en el método educativo también. A través de la comprensión de la Sabiduría y la justicia en el sentido que he indicado, surgirá el deseo de aprender todo a través de la vida. Se verá que uno tiene que comenzar a aprender de la manera correcta cuando uno ya ha dejado atrás la juventud  —mientras que la gente piensa ahora que no necesitan aprender nada más, una vez que su juventud ha pasado. De esta manera, incluso las obras de arte más grandes y más nobles de los grandes poetas se perderían. Los entenderíamos mejor si los retomamos de nuevo en la vejez. Si la gente lee la Ifigenia de Goethe o el Tell de Schiller, generalmente piensan:  ya leímos eso en la escuela. Eso no está bien; uno no debe olvidar que estos escritos tienen su mejor efecto si son leídos en la vida posterior, pues entonces desarrollan la Justicia y la Sabiduría.

Y de nuevo la educación de los niños traerá fruto especial si la virtud del Coraje y la virtud de la Templanza se ven en la luz adecuada. Donde los niños deben ser educados, estas virtudes deben ser consideradas de manera individual, al mostrar a los niños una y otra vez que las necesitan para apoyarse en la vida con valor y no tener miedo o sustraerse a todo tipo de cosas; y que capten la vida con moderación y moderadamente, con el fin gradual de liberarse de sus pasiones. Una cantidad inmensa se puede hacer por la educación de los niños de esta manera. En el curso posterior de nuestro estudio de la ciencia del espíritu estas cosas tendrán que ser desarrolladas con mayor detalle.

Así vemos que, si bien la vida ética sólo provee leyes relacionadas con la vida entre el nacimiento y la muerte, en el plano físico externo  las consideraciones de la ciencia espiritual se extienden a un horizonte ilimitado. Lo mismo ocurre con otras cosas en la ciencia espiritual. La humanidad ha tenido que experimentar en relación con la ciencia de la naturaleza la extensión de sus horizontes. Giordano Bruno mostró a los hombres que no sólo está la Tierra, sino muchos otros mundos en el espacio cósmico. La ciencia espiritual muestra a los hombres que no hay una sola vida terrenal  sino muchas vidas terrenales. Antes de Giordano Bruno los hombres creían que había un límite fijo en el cielo. Giordano Bruno demostró que no hay límite, que el azul del cielo no es un límite. La ciencia espiritual muestra que el nacimiento y la muerte no están allí, sino que los introducimos en la vida a través de la limitación de nuestra comprensión.

Así, el abismo entre lo físico y lo espiritual puede ser superado. Las cosas que descansan sobre un fundamento científico-espiritual son así para los que buscan fundar un Monismo genuino y veraz. Aquellos que a menudo se llaman monistas hoy manejan su Monismo muy simplemente. Ellos toman una parte del mundo y hacen de ella una unidad arrojando la otra mitad. El verdadero Monismo se produce al permitir que ambas mitades tengan su influencia significativa sobre las demás. Esto llega a través de la ciencia espiritual. Esto no sólo debe surgir de manera significativa para nuestra conciencia  sino para toda nuestra vida. Tenemos que acercarnos cada vez más al conocimiento real, mirando al mundo: en todo lo que vive y trabaja a nuestro alrededor algo suprasensible está presente, no sólo en lo que ven nuestros ojos, sino también en lo que percibimos por el entendimiento que está ligado al cerebro. En todas partes existen fuerzas espirituales, detrás de cada fenómeno, detrás del fenómeno del arco iris, detrás del movimiento de la mano, etc.

Si ustedes leen el ciclo de conferencias que di en Leipzig a finales del año pasado año, [Cristo y el mundo espiritual . La búsqueda del Santo Grial (seis conferencias, Leipzig, 28 diciembre 1913 a 2 enero 1914), publicado por el Rudolf Steiner Press. ] encontrarán cómo el Impulso de Cristo obró  a través del Misterio del Gólgota y la forma en que Cristo vive dentro de los asuntos más importantes de la humanidad, no sólo en el conocimiento consciente humano. Por ejemplo, hubo disputas sobre los dogmas. Pero mientras que los hombres estaban discutiendo, el Impulso de Cristo vivía y generaba los eventos necesarios.

Tomen la figura de la doncella de Orleans. En la historia europea aparece la sencilla chica pastora. Ella surgió de una manera notable; vivían en su alma no sólo aquellas fuerzas  que  por lo demás se encuentran en los seres humanos, sino el Impulso de Cristo obrando en esta personalidad, dándole vida y manteniéndola a través de su poderosa influencia. Ella se convirtió en una especie de representante del mismo Impulso de Cristo en su tiempo. Ella pudo ser capaz de hacerlo, porque el Impulso de Cristo podía ingresar y vivir en ella.

Ustedes saben que celebramos la Fiesta de Navidad en el momento en que el Sol tiene menos poder, en la más profunda oscuridad del invierno, porque podemos estar convencidos de que en este momento la luz interior, la luz espiritual, tiene su mayor potencia.

Las leyendas nos dicen que en Navidad, hasta el 6 de enero, la gente tiene experiencias especiales, porque en este momento la vida de la Tierra y las fuerzas interiores de la Tierra, están más concentradas. Los que tienen la disposición adecuada para ello, experimentan entonces a las fuerzas espirituales dentro de las fuerzas terrestres. Innumerables leyendas describen esto. El mejor momento para esto abarca trece días antes del 6 de enero.

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La doncella de Orleans pasa a través de estos trece días en un estado particular, en una condición en la que la vida del sentir  aún no se había visto  afectada por el mundo exterior. Es notable que el tiempo durante el cual la doncella de Orleans estaba en el cuerpo de su madre concluyó durante la época de Navidad del año 1411. Ella nació, después de haber sido llevada esos trece días en el cuerpo de su madre, el 6 de enero. Antes de que ella tomara el primer aliento, antes de ver la vida física con los ojos físicos, experimentó lo que es terrenal durante estos trece días en el sueño, a través del cual el hombre pasa antes de entrar en el mundo físico.

Aquí estoy indicando algo inmensamente significativo, que muestra cómo el mundo es guiado desde lo espiritual; cómo lo que sucede en el mundo físico tiene su dirección desde el mundo espiritual; cómo, a través de lo físico, está fluyendo el mundo espiritual.

Así, en nuestro tiempo debemos trabajar cada vez más conscientemente para eliminar a través de la ciencia espiritual el abismo entre lo físico y lo espiritual. Hacemos esto  cuando nos volvemos conscientes de que dentro de nuestro movimiento, están operando los poderes de aquellos que se unieron en alma y cuerpo durante su vida terrenal con nuestro movimiento y han pasado por el portal de la muerte. Si miramos hacia el otro lado de la corriente, donde están activos, sintiéndonos unidos con ellos, dirigiendo nuestros pensamientos hacia ellos, lo hacemos pues en plenitud de conciencia, una conciencia adquirida a través de la ciencia espiritual. Sabemos que estamos en una conexión más viva con aquellos que han pasado por el portal de la muerte, y sabemos que ellos nos proporcionan las mejores fuerzas. Cuando hacemos esto, o podemos pensarlo, consideramos la vida como un campo que debe ser sembrado. Y de entre lo sembrado por nosotros, veremos surgir plantas por todas partes que no podríamos haber hecho crecer nosotros mismos. Entonces podremos saber: estas plantas han sido colocadas por aquellos a quienes se concede estar en el mundo del espíritu, aquellos con los que nos sentimos conectados, aquellos con los que nos unimos.

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Llevaremos todo esto en nuestras almas, y guardaremos como sentido permanente esta cualidad característica, uniéndonos con este movimiento espiritual que nos ha sido muy querido. La hermandad humana con aquellos que ya no están en un cuerpo físico será el signo característico de este movimiento y de aquellos que se sienten como miembros de este movimiento, o se considerarán como pertenecientes a él en el futuro. Otras sociedades, fundadas sólo en las cosas terrenales, serán capaces de eliminar muchas barreras entre los seres humanos. Las barreras entre los vivos y los muertos serán cada vez más llevadas por el movimiento que une a aquellos hombres que desean estar unidos en el signo de la ciencia espiritual. Llevaremos todo esto en nuestras almas, y guardaremos como sentido permanente esta cualidad característica, uniéndonos con este movimiento espiritual, que nos es tan querido.

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.