GA201c5. El Hombre: Enigma del Universo

Rudolf Steiner — Dornach, 17 de abril de 1920

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Nuestros estudios de los últimos días habrán dejado claro que es completamente imposible conocer la configuración del Universo espacial y sus movimientos de la forma que es adoptada por la ciencia moderna. Porque no solo se considera al Universo como completamente separado del Hombre, sino que incluso los diferentes cuerpos celestes, que a nuestra vista parecen desconectados, se tratan como algo aislado y desde su aislamiento, se observan sus efectos entre sí. Se trata de lo mismo que si, por ejemplo, estudiáramos el organismo humano examinando primero un brazo y luego una pierna, para luego entender el organismo completo por la manera en que los miembros individuales trabajan juntos.

Pero el hecho es que no es posible comprender el organismo humano estudiando sus miembros individuales; pues toda la investigación del cuerpo del hombre debe tener el punto de partida en el todo, desde el cual podemos pasar a las diferentes partes. Lo mismo se aplica al Sistema Solar y también al Sistema Solar en su relación con la totalidad del Universo Estelar visible. Porque el Sol, la Luna, la Tierra y los otros planetas son solo partes de todo el sistema. ¿Por qué debería el Sol, por ejemplo, ser considerado como un cuerpo aislado? No hay absolutamente ninguna razón para que imaginemos que el Sol está simplemente donde lo vemos, limitado por las fronteras desde las que nuestros ojos lo perciben. En relación con esto, el filósofo Schelling estaba en lo cierto cuando se negó a hacer la pregunta: “¿Dónde está el Sol?” con otro significado que no fuera “¿Dónde se siente su influencia?”. Si el Sol actúa sobre la Tierra, los efectos de dicha actividad deben pertenecer necesariamente a la esfera del Sol; y es muy incorrecto extraer una parte de un todo y estudiar esa parte en sí misma. Pero esto es precisamente lo que la concepción materialista moderna del Universo se propuso hacer, y su influencia se está fortaleciendo cada vez más desde mediados del siglo XV.

Esto es contra lo que Goethe siempre luchó cuando estaba trabajando en sus investigaciones en el ámbito de la ciencia natural, y contra lo que todos los verdaderos seguidores de su ciencia también deben luchar. Goethe se vio obligado a llamar la atención sobre el hecho de que no debemos estudiar la Naturaleza sin el Hombre, sin tener en cuenta la relación de la Naturaleza con el Hombre. El estudio de los fenómenos naturales fuera del hombre debe tener su base en la comprensión de la naturaleza del hombre. El siguiente ejemplo le mostrará el valor de algunas de las afirmaciones hechas por la Astronomía moderna.

La Astronomía moderna se esfuerza, con el uso de todo tipo de argumentos, por hablar de un camino elíptico de la Tierra alrededor del Sol; afirmando que este movimiento fue en primer lugar iniciado por esa propulsión tangencial de la que hablé ayer en relación con la atracción gravitacional del Sol. Pero la Astronomía no puede negar el hecho de que cuando se habla de atracción, el Sol no solo atrae a la Tierra, sino que la Tierra también debe atraer al Sol. Esto, sin embargo, nos obliga a concluir que no podemos hablar de una revolución en una trayectoria elíptica de la Tierra alrededor del Sol, ya que si la atracción es mutua no podemos tener un movimiento unilateral de la Tierra alrededor del Sol, pues ambos deberían girar alrededor de un punto neutral. En otras palabras, esta revolución no puede tener lugar de una manera que nos permita mirar el centro del Sol como el pivote, porque el pivote debe ser un punto neutral situado entre el centro del Sol y el centro de la Tierra. Al decir esto, no estoy planteando objeciones a la Astronomía, simplemente estoy diciendo lo que pueden encontrar por ustedes mismos en los libros astronómicos. Por lo tanto, estamos obligados a admitir la existencia —de una u otra manera— de un pivote (eje) entre las dos esferas.

Nuestra Astronomía, a modo de consuelo, mantiene que este pivote o punto se encuentra dentro del Sol mismo. Tanto la Tierra como el Sol giran entonces alrededor de este punto. Y así, una vez más, no obtenemos una revolución directa de la Tierra alrededor del Sol, pues el Sol también gira, sin embargo gira alrededor de un punto que está dentro de sí mismo. Así, la Astronomía exotérica ha llegado a suponer que pivota un punto que no es el centro del Sol, sino que se encuentra en la línea que conecta el Sol y la Tierra, y aún dentro del Sol. Pero ahora nos enfrentamos con otra dificultad. Primero debe calcularse el tamaño del Sol. (La verdad de la suposición anterior depende del tamaño calculado del Sol). Sobre el resultado de tal cálculo se construye una conclusión que, por supuesto, debe poseer una cierta validez limitada (los cálculos se hacen a partir de la evidencia de los sentidos), pero que no necesariamente tiene que ser el criterio por el cual podamos juzgar la realidad de lo que yace detrás de los fenómenos de la naturaleza.

Por lo tanto, es necesario tener un ojo estricto con la Astronomía moderna, así como con otras ciencias, con el fin de discernir los lugares —y son numerosos—  donde la ciencia se sobrepasa y se mete en dificultades.

Esta dificultad no puede resolverse estudiando el aspecto externo de los fenómenos; solo podemos llegar a un resultado verdadero al examinar el Universo en su relación con el Hombre. Debemos, en primer lugar, tomar nota de las conexiones previamente explicadas entre el Universo y el Hombre; y luego debemos agregar muchos otros hechos, antes de que podamos llegar a una verdadera imagen del mundo. Hemos dicho que debemos imaginar, antes que nada, la materia ordinaria y ponderable, como una cuestión que pueda ser sopesada. La Luz que no podemos pesar; no pertenece al ámbito de la materia ponderable, como tampoco lo hace el calor. Entonces debemos imaginar primero lo ponderable, y debemos oponer a esto el éter. Dijimos que es incorrecto considerar que el Sol consiste en materia ponderable como la materia de la Tierra. El Sol es algo que en realidad es menos que el espacio, por así decirlo, es un “vaciado” del espacio; es algo que absorbe, en contraposición a la presión de la materia ponderable.

Y tenemos que hacernos no solo con una agregación (por el Sol) de este éter absorbente en el Universo externo, sino también con el hecho de que este éter se distribuye por todas partes, en todas partes encontramos, coexistiendo con la fuerza de presión, la fuerza absorbente. Nosotros mismos llevamos esta fuerza de succión en nuestros propios cuerpos etéricos. Con esto, agotamos por completo todo lo que llamamos Espacio. Presión y succión —ambos dos, los encontramos en el espacio. Porque no solo poseemos nuestro cuerpo físico, compuesto de materia ponderable que asimila y expulsa de nuevo, no solo tenemos también un cuerpo etérico, compuesto de éter absorbente, sino que tenemos además un cuerpo astral —si podemos usar el término ‘cuerpo’ a este respecto. ¿Qué implica la posesión de este tercer cuerpo? Significa que tenemos dentro de nosotros algo que ya no es espacial, aunque tenga cierta relación con el espacio. Esta relación puede ser probada cuando nos damos cuenta de que durante las horas de vigilia el cuerpo astral interpenetra los cuerpos etérico y físico. Pero el cuerpo etérico actúa de forma muy diferente cuando estamos despiertos a cuando estamos dormidos. Se establece una relación diferente entre los cuerpos etérico y físico cuando nos despertamos, y esto es causado por el cuerpo astral. Está activo y trabaja sobre lo espacial, aunque no es en sí mismo espacial. Porta el orden y la organización a las correlaciones del espacio. Esta actividad organizadora del cuerpo astral dentro de nosotros tiene lugar también en el Universo externo, donde se manifiesta de la siguiente manera.

Intenten por un momento considerar solo el Espacio y fuera de todo el Cielo visible, consideremos solo las regiones indicadas por el Zodíaco. No pretendo aquí tratar en detalle los diversos signos zodiacales, pero consideremos las direcciones a las que miramos en el cielo cuando nos volvemos, por ejemplo, hacia Aries, en el zodíaco; luego a Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Todo lo que tenemos que anotar, en primer lugar, es que el espacio que se encuentra ante nosotros como nuestro Universo visible está dividido de esta manera. Los signos simplemente indican la división, en la medida en que cada uno de ellos denota el límite de una determinada sección del espacio. Ahora no debemos imaginar que estas direcciones del espacio puedan tratarse de tal manera que uno pueda decir: ‘Hay un espacio vacío, y simplemente trazo una línea en algún lugar dentro de él’. Simplemente no existe tal cosa que las matemáticas llaman ‘Espacio’; pues en todas partes hay líneas de fuerza, direcciones de fuerza, y estas no son iguales, varían, se diferencian. Podemos distinguir entre estas doce regiones al darnos cuenta de que si nos colocamos en la dirección del signo de Aries, la fuerza que experimentamos es diferente a la que tendríamos si enfrentáramos el signo de Libra o Cáncer. En cada dirección, la fuerza es diferente. El hombre no admitirá esto, mientras viva meramente en el mundo de los sentidos; pero tan pronto como ascienda a la vida Imaginativa del alma, ya no experimentara las direcciones en el espacio de la misma manera cuando se coloca frente a Aries o frente a Cáncer, sino que sentirá su influencia como muy diferenciada.

Para darles un paralelismo, puedo presentar lo siguiente. Imaginen que organizan a su alrededor un círculo de doce personas de tal manera que aquellos que con los que simpatizan más ocupan una parte del círculo, luego se van colocando los menos comprensivos, hasta que en el otro lado tienen a todos aquellos que les son antipáticos. (No estamos imaginando el grado de simpatía o antipatía que resulta de cualquier emoción personal; puede ser simplemente una cuestión de apariencia externa). Ahora si dan la vuelta dentro del círculo, doce imágenes pasan frente a la visión y al mismo tiempo experimentan una serie graduada de sensaciones diferenciadas. El hombre se da cuenta de tal serie de sensaciones si, después de alcanzar la percepción Imaginativa, se mueve dentro del Zodíaco. Una gradación similar de sensación, una gradación de visión similar se produce en él, y tiene lugar dentro de él en el momento en que escapa de la indiferencia de la existencia sensorial ordinaria. Por lo tanto, cuando tratamos con estas diversas secciones del espacio no hay uniformidad, ya que debemos ser conscientes de que cada una de estas direcciones ejerce una influencia diferente sobre nosotros.

Verán, aquí sale a la luz un hecho íntimamente conectado con la evolución del Hombre. Si hubiera permanecido en la etapa de la antigua conciencia, la conciencia pictórica atávica, todavía experimentaría con fuerza la realidad de esta diferenciación en las diversas secciones de los cielos; habría sido consciente de una sensación de simpatía hacia una dirección del espacio y antipatía hacia otra. Sin embargo, el hombre ha sido liberado de este juego de fuerzas en el cual estuvo conscientemente rodeado en un momento, y ha sido liberado de él simplemente por el hecho de que su organización actual lo ha colocado en el mundo de los sentidos. Pero el Hombre en realidad está organizado de acuerdo con las leyes cósmicas, incluso ahora puede ser probado mediante experimentos bastante externos, si se presta atención a ciertos fenómenos. Porque de ninguna manera es una tontería decir que ciertas enfermedades se pueden curar más rápidamente si la cama del paciente se coloca en la dirección de Este a Oeste. No es una superstición sino un hecho capaz de una prueba definitiva. ¡Pero esto no pretende ser una recomendación para que cada uno de ustedes coloque su cama en una determinada posición! ¡He tenido tantas experiencias en este sentido, que creo necesario interponer aquí unas palabras de advertencia! por ejemplo una vez me sucedió en Berlín, al final de un discurso antroposófico. Puse un cierto énfasis en el hecho de poder ponerme mis chanclos porque estaba lloviendo, sin sentarme, diciendo que esto se podía hacer al pararse sobre una pierna y luego sobre la otra, y agregué ‘Y uno debería ¡poder pararse sobre una pierna!”. Esto fue tomado por algunos antropósofos de tal manera que, al regresar de Londres a Berlín, descubrí que a los miembros de la Sociedad Antroposófica de allí se les recomendaba, como entrenamiento esotérico, pararse sobre una pierna por un corto tiempo en la medianoche!. Muchas aseveraciones sobre nosotros tienen una buena base. Una y otra vez se dicen cosas de este tipo y luego se abren camino en este o aquel artículo periodístico con la pluma de una persona bien o mal dispuesta, generalmente lo último. Entonces, repito, no tengo ningún deseo de recomendarles a cada uno que coloquen su cama en una posición particular. Sin embargo, este hecho y muchos otros muestran que aún hoy, en la parte interna o subconsciente de su ser, el Hombre todavía se encuentra en cierta relación con estas diferenciaciones espaciales externas, en las cuales ha sido colocado.

Ahora, ¿a través de qué medios posee el Hombre estas relaciones? Las posee a través de su cuerpo astral, que establece estas relaciones. Solo son posibles para él porque a través de su cuerpo astral, el Hombre es un habitante del mundo astral, un mundo que, aunque actúa sobre el Espacio, no es en sí mismo espacial. Solo concebimos el Zodíaco en todo su significado cuando lo tratamos como el representante más allá del mundo astral. Y ahora, sin tener en cuenta las teorías astronómicas actuales, examinemos estos fenómenos que aparecen ante nuestro sentido de la vista. Sabemos que, de hecho o aparentemente, el Sol pasa a través del Zodíaco de diferentes maneras; en su curso diario, en su curso anual, y de nuevo en su curso hasta el año platónico, a través de la precesión de los equinoccios. Esto apunta al hecho de que los efectos sobre nosotros de esa bola de éter absorbente llamada Sol varían enormemente, ya que provienen de las diferentes direcciones del espacio. En un momento, la energia del Sol nos afecta desde una parte que llamamos Aries, en otro momento desde una sección diferente y así sucesivamente. Tomando el caso de un habitante de nuestra propia parte del globo, podemos ver que en cualquier momento dado tiene frente a él la mitad de los signos zodiacales, mientras que la otra mitad está oscurecida por la Tierra. En otras palabras, estamos tan ubicados en relación con esta diferenciación del Espacio, que estamos dirigidos directamente hacia una parte del Zodíaco, mientras que entre la otra y nosotros mismos esta la Tierra. Obviamente esto no tiene nada que ver con un movimiento real o aparente; es un hecho simple que en cualquier momento dado enfrentamos una parte del Zodíaco, mientras que la otra parte es interceptada por la Tierra. Ahora, por favor, intenten imaginar estas secciones del espacio con nuestra Tierra oscureciendo algunas de ellas. ¿Qué significa para nosotros? Está claro que la mitad nos influenciará directamente, la otra no directamente, sino más bien, debo decir, a través de su ausencia. En un momento tenemos el trabajo directo de estas regiones diferenciadas del espacio, en otro momento el funcionamiento de su ausencia, el efecto, por así decirlo, de su falta de presencia. Este hecho es algo que está activo en nosotros y nos permite, en cierta medida, poner en una especie de relación lo que está trabajando directamente sobre nosotros y lo que está ausente, de cuya influencia directa somos eliminados. Porque abre otra posibilidad.

Digamos, desde la dirección de Cáncer, procede cierto tipo de influencia. Esto se opondría a la influencia de Capricornio, pues este último estaría ocultado, estaría interceptado. En consecuencia, tengo en mí la influencia de Cáncer y me opongo a la influencia capricorniana interceptada; la influencia de Cáncer, en cierto sentido, queda en mí, la tengo en mis manos, por así decirlo. Por supuesto, lo que está ausente no puede actuar sobre mí de la misma manera que lo que está presente; pero gano una cierta influencia con respecto al Signo que actúa sobre mí en razón de la oposición a su antítesis interceptada. A través del hecho de que estoy en la Tierra, las influencias celestiales se vuelven bastante diferentes de lo que serían, si estuviera flotando libremente en el espacio y directamente expuesto a todas ellas. Quiero que entiendan este punto especialmente, y luego se darán cuenta de que no puedes decir simplemente: sobre nosotros tenemos los signos Aries, Piscis, Acuario, etc., y debajo de Libra, Virgo, etc., pues tendrán que concebir el todo como una organización, con ustedes mismos insertados. Y a medida que avanzan, a causa de la rotación de la Tierra, de signo a signo, están siendo llevados a través de todas estas influencias directas a la vez. Aquí en un punto, la influencia de Escorpio fue obstaculizada y allí en otro punto has sido llevado a ella. Una analogía seria tomar comida; tenías hambre, la comida no estaba allí dentro de ti, pero después de la comida la comida está presente dentro de ti. La influencia de Escorpio estuvo ausente aquí, pero en este otro punto se activó. Y así formamos conexiones con el Cosmos circundante a medida que entramos en diferentes relaciones con él a través del movimiento de la Tierra.

Pero, ¿es el hombre consciente de estas influencias variables, mientras está todavía en el plano físico? No, no lo es; hemos visto que el mundo físico lo aleja de ellas. Pero en el momento en que se retira con su cuerpo astral y el yo de sus cuerpos físico y etérico, se encuentra dentro de estas fuerzas; ellas actúan directa y fuertemente sobre él. Estas influencias extraterrenas y celestiales comienzan entonces sobre esa parte del Hombre que ya no está conectada con lo físico y etérico; actúan sobre él tan poderosamente como el alimento sobre el cuerpo físico. Es solo este descenso a lo físico la causa de la retirada del hombre de estas influencias externas. Por lo tanto, podemos considerar que el cuerpo astral es, en cierto sentido, parte del universo celestial, y no del terrestre, porque cuando, junto con el yo, está fuera del cuerpo físico, tenemos que coordinarlo con la no-influencia terrestre.

Al considerar el asunto de esta manera, gradualmente llegamos a la conclusión de que el hombre se vuelve receptivo a estas fuerzas celestiales en la medida en que deja de actuar a través de los órganos de su cuerpo físico, es decir, cuando esta, a través de esta no actividad, más o menos en estado de sueño. El hombre cuando es niño está siempre más o menos dormido, por lo tanto, el niño es mucho más receptivo a las influencias celestiales que el hombre. A medida que crece, se va abriendo camino cada vez más a las condiciones terrenales. Durante la infancia, todo lo que está dentro de la piel sigue siendo plástico y en estado de formación. Los poderes formativos se vuelven cada vez menos activos con los años, hasta que, en un momento considerablemente posterior de la vida, se vuelven muy pequeños.

Esto muestra que el proceso de formación físico interno se encuentra en cierta relación con los movimientos y configuraciones del Universo celestial externo. Pero la parte de nuestro ser que, en lo que concierne a la conciencia, permanece en un estado continuo de sueño —como nuestra actividad cardíaca, nuestro proceso digestivo, etc.; de hecho, todos los procesos físicos internos— toda esa parte de nuestro ser permanece bajo la influencias de lo suprafísico durante toda nuestra vida. (Estos procesos son inducidos de la misma manera que el proceso que sigue cuando doy un paso adelante conscientemente, solo que todos están dirigidos hacia adentro en lugar de hacia afuera). Tomemos un ejemplo característico. Por medio de los movimientos internos de los intestinos, el quimo toma un impulso en su camino. Estos son movimientos internos dentro del límite de la piel humana, y por lo tanto, como dijimos, dependen de lo que está más allá de la Tierra. Fundamentalmente, el hombre como Hombre depende solo de lo terrestre, de la materia terrestre ponderable, de todo lo que le afecta desde fuera de su piel. Pero en el momento en que cualquier acto o circunstancia exterior se traduce en actividad dentro de la piel, entonces comienza en su organismo una actividad que está relacionada con lo suprasensible. Cuando tomas un trozo de azúcar en la palma de tu mano, sientes su peso físicamente, lo elevas a tus labios; el proceso sigue siendo físico, pero tan pronto como lo disuelves en la lengua y entra en la esfera del gusto, ya no queda dentro del alcance de los procesos terrestres, sino que queda sujeto a las fuerzas extraterrestres. Para encontrar el funcionamiento de lo extraterrestre, debemos penetrar en lo que está encerrado dentro de la piel humana. Esto nos llevará a darnos cuenta del hecho de que, mientras andas por el mundo, te rodeas, por así decirlo, de todo tu ser, estás en el reino de lo terrenal. Pero tan pronto como uno entra, incluso dentro de la organización física, ya no está en el ámbito de lo Terrenal, sino que ha entrado en una esfera que depende de fuerzas extraterrenales. Pueden demostrárselo fácilmente a ustedes mismos en el hecho de que dentro de nosotros reside algo que no se fusionó con la existencia terrenal, si recuerdan el hecho tantas veces repetido, de que el cerebro humano flota en el fluido meníngeo. Si este no fuera el caso, la presión del cerebro sobre los órganos colocados en el piso del cráneo aplastaría todos los vasos sanguíneos. Cualquier libro de texto que trate estos asuntos le dirá el peso del cerebro. Si su elección es un “Bischoff”, notará que afirma que el cerebro femenino es mucho más ligero que el del hombre, afirmación que se volvió absurda más adelante, para el deleite de las damas, cuando se descubrió al ser examinado, que el cerebro del propio Bischoff demostró tener mucho menos peso que el cerebro más ligero examinado por él. Esto es por cierto, solo un ejemplo del valor general de los juicios humanos. Sin embargo, el cerebro humano, que posee un peso considerable (al menos de 1.200 a 1.300 gramos), no ejerce presión de ninguna manera, de acuerdo con su peso real, sino solo, como podríamos decir, un peso de comparativamente pocos gramos, por la presión hacia arriba del líquido meníngeo. Recuerden la ley de Arquímedes, según la cual el peso de un objeto se reduce por el peso del agua que desaloja.

Por lo tanto, la presión del cerebro es igual a solo unos pocos gramos porque flota en el líquido. Si tuviera una tendencia a presionar hacia abajo con todo su peso, el hombre no podría usar su cerebro para pensar. Supera su peso porque esta flotando en el líquido. No pensamos en la cuestión del cerebro, sino en aquello que se retira de la materia, con las fuerzas ascendentes, con lo que crece más allá de la Tierra. Y debemos seguir con esto en todas las partes de la organización del hombre. Así como interiormente nos retiramos de las fuerzas de la gravedad terrestre en el caso del peso del cerebro (exteriormente, por supuesto, esto es imposible, el cerebro sobre la balanza muestra su peso real, incluso mientras está dentro de nosotros), del mismo modo nosotros también nos separamos de las fuerzas físicas y químicas terrenales de otro tipo.

 ¿Qué nos permite separarnos de estas fuerzas? Es el yo y el cuerpo astral. Tan pronto como estos actúan sobre el cuerpo etérico y físico retiran lo etérico de lo físico, la fuerza absorbente se ausenta y solo queda la materia ponderable. La materia ponderable no es parte de la Tierra, ya que la Tierra no la retiene en su forma original, sino que la destruye. Las fuerzas terrestres no contienen en ellas lo que le da al hombre su forma. Eso no es difícil de comprender, ya que hemos visto que nos separamos interiormente de las fuerzas terrestres. Con todo lo que entra en él a través del cuerpo astral y del yo, el hombre se relacionado con las fuerzas que están activas más allá de la Tierra.

Nuestra siguiente pregunta puede ser: ¿cuál es la naturaleza de esta relación? Para determinar esto, debemos de alguna manera estudiar la calidad y naturaleza del Hombre. Encontramos en primer lugar su forma o figura completa. No me refiero con esto a la forma que dibujaría si fuera a hacer un boceto de él, sino a toda la configuración, toda la formación del Hombre. Incluirá, por ejemplo el hecho de que los ojos se colocan en la cara y los talones en los pies; porque esto es parte de la configuración interna del Hombre de acuerdo con la ley. Los pintores expresionistas pueden afirmar que el Hombre puede ser dibujado de tal manera que su dedo del pie tome el lugar de su nariz, o que un ojo se coloque aquí y el otro en su mano. Sí, realmente existen tales personas, pero solo muestran la poca relación interior que tienen con el mundo. De hecho, en estos días hemos avanzado tanto en el pensamiento materialista como para poder representar cosas individuales por separado, cuando realmente pertenecen al todo y no deben representarse por sí mismas.

Tenemos, por lo tanto, primero la forma completa del hombre; y este, como saben muy bien, no se produce como cuando se modela una figura tallándola en madera, por ejemplo, sino que se forma desde dentro. Ni siquiera podríamos volver a tallar ninguna parte que no cuente con nuestra aprobación. La forma humana está modelada por fuerzas que residen en la periferia y son fuerzas que vienen de más allá de la Tierra. Por lo tanto, cuando contemplamos la forma humana, estamos viendo un producto de lo extraterrenal.

En segundo lugar, podemos distinguir en el Hombre, además de su forma, todo lo que esta dentro de la categoría del movimiento interno. Tomemos, por ejemplo, la sangre y los otros jugos corporales; estos poseen movimiento interno. Esto también se produce desde adentro; esta, por así decirlo, situado incluso más profundamente en el hombre que su forma. Esta última avanza hacia la periferia, mientras que el movimiento interno tiene lugar completamente dentro; y nuevamente es un proceso que se encuentra en relación con el mundo que está más allá de la Tierra.

En tercer lugar, la actividad de los órganos. Órganos como los pulmones, el hígado, el bazo, etc., son los responsables de las actividades dentro del Hombre, y son estas actividades las que nombraré como el tercer hecho que encontramos en el Hombre. No es necesario que esto les sorprenda, más bien debería llevarles a buscar la razón.

Consideren por ejemplo, un órgano importante, a saber, el corazón, del cual recientemente he hablado en repetidas ocasiones. Nos damos cuenta de que en cierto sentido, el corazón ha sido soldado.

Al seguir la Embriología, encontramos cómo el corazón se va soldando gradualmente o se acumula, por así decirlo, por la circulación sanguínea, y no es una forma primaria. Esto es verificado por la Embriología. Y lo mismo ocurre con otros órganos.   Son el resultado de estas circulaciones, más que las causas de ellas. Dentro de los órganos, la circulación se paraliza, sufre una especie de metamorfosis y avanza de otra manera.

Para ilustrar la idea, digamos que tenemos una corriente de agua que cae sobre una roca. Lanza una variedad de formaciones y luego fluye. Estas formaciones son causadas por las fuerzas del equilibrio y el movimiento en ese lugar. Ahora imaginen que de repente todo esto se petrificara; se formaría como una piel a modo de pared, luego el resto seguiría fluyendo de nuevo, y tendríamos una estructura orgánica formada. Deberíamos hacer que la corriente atraviese la estructura y que vuelva a salir y fluir más allá de forma alterada. Pueden imaginar algo como esto en el caso del flujo de la sangre, que circula por el corazón. Solo puedo indicar estas cosas aquí. Están bien fundamentadas, pero aquí solo se puede dar una indicación de ellas.

Aunque los órganos en la manera de su formación dependen del flujo de las fuerzas internas, sin embargo, son algo de la parte interna del Hombre que de nuevo entra en relación con lo que está afuera. Aquí tenemos algo que, como pueden ver en un ejemplo que daré, se encuentra en una relación más cercana con lo terrenal; a través de estos órganos, somos llevados desde el interior al contacto con el exterior.

Tomen el caso de los pulmones. Los pulmones son órganos, pero a la vez son la base de la respiración. Como instrumento para la transmutación del oxígeno inhalado en el ácido carbónico exhalado, los pulmones forman una relación con algo que tiene significado para el Hombre, pero que aún existe fuera de él en el ámbito de lo Terrenal. De esta forma regresamos, por así decirlo, al entorno terrestre a través de las actividades orgánicas. En el momento en que sobrepasamos, a través de la actividad orgánica, el límite de nuestra piel, estamos fuera, en la esfera terrestre. Verán, todos estos procesos que tienen lugar completamente dentro de nosotros, la formación y regulación de movimientos fluídicos, etc., se encuentran en una relación con lo extraterrenal; mientras que cuando llegamos a los órganos, nuevamente nos acercamos a lo terrestre. Aquí tenemos en el Hombre la unión del Cielo y la Tierra. Los pulmones están formados por seres extraterrestres, pero lo que hacen con el oxígeno los relaciona con lo terrenal. Y ahora, cuando el hombre toma sustancias aún más terrenales y las recibe en su organismo, entra en contacto inmediato, a través del proceso del metabolismo con lo verdaderamente terrenal.

Por lo tanto, podemos estudiar al hombre desde cuatro puntos de vista diferentes: La Forma completa, en la medida en que esta se construye desde adentro hacia afuera; Movimiento interno, actividad orgánica y metabolismo. Si estudiamos la forma completa, que está totalmente construida por fuerzas internas, encontramos que es de todas la que menor conexión tiene con la Tierra.

Este punto se explicará más mañana. Solo comenzaremos a comprender esta conexión cuando relacionemos, como haremos mañana, la forma completa del Hombre con  el Zodiaco. El movimiento interno, la circulación de la sangre, la linfa, etc., solo pueden concebirse en su realidad, cuando los relacionamos con nuestro sistema planetario. Y cuando llegamos a la actividad de los órganos, ya nos acercamos a lo terrestre.

adzodiaco

 

Les di el ejemplo de los pulmones, que, en lo que respecta a su construcción interna, están formados por fuerzas extraterrestres, pero en relación con el oxígeno están en relación con el aire. Otros órganos humanos entran en relación con el agua, otros de nuevo con calor, etc. Por lo tanto, al estudiar la actividad de los órganos, entramos en contacto con el mundo Elemental —con fuego, agua, aire. Solo cuando nuestras observaciones se centran en la asimilación real o el metabolismo, estamos en la esfera de la Tierra. El mundo Elemental es aquel que abarca la Tierra como la esfera del agua y del aire, y solo cuando nos encontramos con el proceso del metabolismo, nos acercamos a la relación del Hombre con la Tierra misma.

De esta forma podemos descubrir la relación del Hombre con el Universo que lo rodea:

Zodiaco (1) Forma completa
Mundo de los Planetas (2) Movimiento interno
Mundo de los Elementos (3) Actividad de los órganos
Tierra (4) Metabolismo

 

Y ahora consideren, si entendemos la forma del Hombre en toda su naturaleza y condiciones, y encontramos la posibilidad de rastrearlo hasta el Zodíaco —es decir, el mundo de estrellas fijas — solo en ese momento podemos formarnos, desde el Hombre, una idea de todo lo que nos es visible en el espacio circundante; porque no puede ser investigado por medios mecánicos o matemáticos, sino solo a través del conocimiento de la forma completa del Hombre. Tampoco los movimientos planetarios pueden ser examinados simplemente por medio de un telescopio. Con un telescopio uno encuentra sus posiciones, colocándolo primero frente a una estrella y luego frente a otra, encontrando el ángulo, y de esta manera ir descubriendo las posiciones. Lo que está realmente presente en los procesos del Mundo Planetario es algo que se forma desde adentro hacia afuera. Es por un estudio de las actividades de los jugos y la savia en el hombre que aprenderemos a comprender las actividades planetarias. Del mismo modo, si comprendemos nuestras propias actividades orgánicas, también comprenderemos lo que sucede en el mundo elemental; y cuando seamos capaces de comprender lo que sucede en el Hombre en el momento en que se introduce la sustancia terrenal en su sistema metabólico, poseeremos la clave de las actividades de la Tierra y podremos separarlas espacialmente de todas las actividades extraterrestres.

 

 

 

Traducido por Gracia Muñoz en Febrero de 2018.

GA102c10. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 16 de mayo de 1908

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Lo que hemos estado estudiando durante un tiempo en nuestro grupo de conferencias es una coronación o expansión de los temas que nos han ocupado durante el invierno. Puede ser que una observación aquí o allá parezca algo aforística, y queremos mediante estos estudios ampliar o redondear los pensamientos y conceptos que se han despertado en nosotros.

En la última conferencia, estuvimos particularmente ocupados con la presencia de todo tipo de seres espirituales que se encuentran, por así decirlo, entre los reinos perceptibles por los sentidos de la naturaleza que nos rodea. Vimos especialmente cómo en el lugar donde los seres de diferentes reinos de la naturaleza se unen, donde la planta empuja hacia la piedra en un manantial, donde la piedra ordinaria incide sobre un metal como ocurre constantemente debajo de la Tierra, donde hay una comunión entre las abejas y las flores; cómo en todas partes se desarrollan fuerzas que atraen a los seres a los que hemos llamado seres elementales a la existencia terrenal. Además, en relación con estos seres elementales, nos hemos ocupado del hecho de un cierto corte, una separación de los seres de su conexión total. Hemos visto que los seres elementales llamados por la Ciencia Espiritual “Salamandras” tienen en parte su origen en las partes separadas de las almas-grupo de los animales. Estos, por así decirlo, se aventuraron demasiado adelantándose en nuestro mundo físico y no han podido encontrar el camino de regreso para unirse nuevamente con el alma grupal, después de la muerte y disolución del animal. Sabemos que en el curso regular de nuestra vida, los seres de nuestra Tierra, los seres de los reinos animal, vegetal, mineral, tienen su “ser anímico espiritual” —si así se puede llamar, tienen almas egocéntricas, como el hombre, que difieren solo en el hecho de que este “ser anímico espiritual” de los otros seres se encuentran en otros mundos. Sabemos que el hombre es ese ser en nuestro ciclo de evolución que tiene un yo individual aquí en el plano físico, al menos durante su vida de vigilia. Sabemos además que los seres a los que llamamos animales están tan condicionados que —por así decirlo— los animales de forma similar tienen un alma grupo o yo  grupal que se encuentra en el llamado mundo astral. Además, los seres que llamamos vegetales tienen una conciencia como el dormir sin sueños aquí en el mundo físico pero tienen yoes grupales que habitan en las partes más bajas del mundo devacánico; y, finalmente, las piedras, los minerales, tienen sus yoes grupales en las partes más altas del Devacán. Quien se mueve clarividentemente en el mundo astral y devacánico tiene relaciones allí con las almas grupales de los animales, las plantas y los minerales, de la misma manera que aquí en el mundo físico tiene relaciones sociales durante el día con otras almas humanas o yoes.

Ahora tenemos que tener claro que en muchos aspectos el hombre es un ser muy complicado —hemos hablado a menudo de esta complejidad en diferentes conferencias. Pero parecerán más y más complicadas cuanto más lejos lleguemos a las conexiones con los grandes hechos cósmicos. Para darse cuenta de que el hombre no es el simple ser que tal vez le parezca a una observación ingenua, solo necesitamos recordar que por la noche, desde el irse a dormir hasta despertar, el hombre del presente ciclo evolutivo es un ser completamente diferente de lo qué es durante el día Sus cuerpos físico y etérico yacen en la cama, el yo con el cuerpo astral sale de ellos. Consideremos ambas condiciones y, en primer lugar, los cuerpos físico y etérico. Se quedan allí, y si hacemos caso omiso del estado de transición del sueño, tienen lo que podríamos llamar una conciencia de sueño carente de contenido, percepciones o sueños. Pero el yo y el cuerpo astral externo tienen, en este ciclo de evolución presente, la misma conciencia de sueño sin sueños. El hombre dormido, ya sea en los miembros que permanecen aquí en el mundo físico, o en aquellos que están en el mundo astral, tiene la misma conciencia que la cubierta vegetal de la Tierra. Debemos ocuparnos un poco de estas dos partes separadas del ser humano dormido.

De otras conferencias sabemos que el hombre del tiempo presente ha surgido lenta y gradualmente. Sabemos que recibió los primeros rudimentos del cuerpo físico en la encarnación de nuestra Tierra que yace en un pasado primitivo que llamamos la evolución del Antiguo Saturno. Sabemos que entonces, en una segunda encarnación de nuestra Tierra, durante la evolución del Antiguo Sol, recibió el cuerpo etéreo o de vida, que en la tercera encarnación, la evolución lunar, también recibió el cuerpo astral, y que en la presente encarnación de la Tierra, de nuestro planeta adquirió lo que llamamos el yo. Por lo tanto, el ser humano ha evolucionado de forma bastante lenta y gradual. Este cuerpo físico que el hombre lleva hoy es en realidad su parte más antigua, la parte que ha atravesado la mayoría de las metamorfosis. Ha sufrido cuatro cambios. El primer rudimento, recibido por el hombre en el Antiguo Saturno, ha pasado por tres modificaciones, en el Sol, en la Luna y finalmente en la Tierra, y se expresa en los órganos de los sentidos presentes del hombre. Eran órganos bastante diferentes en el antiguo Saturno, pero sus primeros rudimentos estaban allí, mientras que no existía ninguna otra parte del cuerpo físico. Podemos ver al antiguo Saturno como un ser único, compuesto enteramente de órganos de los sentidos. En el Sol se agregó el cuerpo etérico, el cuerpo físico experimentó un cambio y surgieron los órganos que llamamos hoy glándulas, aunque al principio solo existían en sus rudimentos. Luego, en la Luna, cuando el cuerpo físico había sufrido una tercera transformación a través de la impresión del cuerpo astral, se añadieron los órganos que conocemos como los órganos nerviosos. Y finalmente en la Tierra se agregó el sistema de sangre actual, la expresión del ego, ya que el sistema nervioso es la expresión del cuerpo astral, el sistema glandular del cuerpo etérico y el sistema de los sentidos la expresión física del cuerpo físico en sí mismo. Hemos visto en conferencias anteriores que el sistema sanguíneo apareció por primera vez en nuestra evolución de la Tierra y nos preguntamos: ¿Por qué fluye la sangre en la forma presente en los canales sanguíneos? ¿Qué expresa esta sangre? La sangre es la expresión del yo y con esto consideraremos un posible malentendido, a saber, que el hombre en realidad no entiende el cuerpo físico humano presente.

El cuerpo humano tal como lo vemos hoy es solo una forma de muchas. En la Antigua Luna, en el Antiguo Sol, en Antiguo Saturno, estaba allí pero siempre diferente. En la Antigua Luna, por ejemplo, todavía no había ningún reino mineral, en el Sol no había mundo vegetal ante nuestros sentidos, y en Saturno no había reino animal; solo había seres humanos en sus primeros rudimentos físicos. Ahora, cuando reflexionemos sobre esto, debemos tener claro que el cuerpo humano actual no es solo cuerpo físico, sino cuerpo físico-mineral, y que a las leyes del mundo físico —por lo tanto, es el “cuerpo físico”— ha asimilado las leyes y las sustancias del reino mineral, que lo impregnan hoy. En la Luna, el cuerpo físico humano aún no había asimilado esas leyes: si a uno lo hubieran quemado no habría cenizas, ya que no había minerales en el presente sentido terrenal. Recordemos que ser físico y ser mineral son dos cosas bastante diferentes. El cuerpo humano es físico porque está gobernado por las mismas leyes que la piedra; es al mismo tiempo mineral porque ha sido impregnado con sustancias minerales. El primer germen del cuerpo físico estaba presente en Saturno, pero no había cuerpos sólidos, ni agua, ni gases. En Saturno no había nada más que una condición de calidez. El físico moderno no conoce esta condición porque cree que el calor solo puede aparecer en relación con gases, agua u objetos sólidos. Pero eso es un error. El cuerpo físico que hoy ha asimilado el reino mineral fue en el antiguo Saturno un nexo de leyes físicas. Somos leyes físicas que trabajan en líneas, en formas, lo que aprendes a conocer como leyes en física. Externamente, el ser humano físico se manifestó en el Antiguo Saturno puramente como un ser que vivía en el calor. Por lo tanto, debemos distinguir claramente entre el elemento mineral y el principio físico real del cuerpo del hombre. Es la ley física la que gobierna el cuerpo físico. Pertenece, por ejemplo, al principio físico el que nuestro oído tenga tal forma, que recibe el sonido de una manera bastante definida; a la naturaleza mineral del oído pertenecen las sustancias que están impregnadas en este andamiaje de leyes físicas.

Ahora que hemos aclarado esto y nos damos cuenta en particular de cómo los órganos de los sentidos, las glándulas, los nervios y la sangre son las expresiones de nuestra naturaleza cuádruple, volvamos nuevamente a la observación del ser humano dormido. Cuando el hombre está dormido, el cuerpo físico y el cuerpo etérico están sobre la cama, el cuerpo astral y el yo están fuera. Pero ahora recordemos que el cuerpo astral es el principio del sistema nervioso y el yo el del sistema sanguíneo. Así, durante la noche, el cuerpo astral ha abandonado esa parte del cuerpo físico del cual, por así decirlo, es la causa, es decir, el sistema nervioso.  Porque solo cuando los miembros del cuerpo astral se introdujeron en el hombre en la Antigua Luna pudo surgir el sistema nervioso. Por lo tanto, el cuerpo astral deja insensiblemente lo que le pertenece, lo que realmente debe mantener, y de la misma manera el yo abandona lo que le ha llamado a la vida. Los principios de la sangre y del cuerpo astral están fuera y el cuerpo físico y etérico durmientes están absolutamente solos. Pero ahora nada de una naturaleza física material puede subsistir en la forma que ha sido invocada por un principio espiritual cuando este principio espiritual ya no está allí. Eso está completamente fuera de lugar. Nunca podría vivir un sistema nervioso a menos que los seres astrales estén activos en él, y nunca podría vivir un sistema sanguíneo a menos que los seres del yo estén activos en él. Por lo tanto, significa que todos ustedes desertarán en la noche su sistema nervioso y sanguíneo abandonándolos a otros seres de naturaleza astral. Seres que son de la misma naturaleza que el yo descienden ahora al organismo. Todas las noches el organismo humano está ocupado por seres equipados para mantenerlo. El cuerpo físico y el cuerpo etérico que yacen en la cama están al mismo tiempo interpenetrados por estos seres astrales y de yo; en realidad están dentro del cuerpo físico. Podríamos llamarlos intrusos, pero eso de ninguna manera es correcto. En muchos sentidos debemos llamarlos espíritus guardianes, ya que son los sostenedores de lo que el hombre abandona cruelmente en la noche.

Ahora no es tan malo para el hombre el dejar sus cuerpos todas las noches. Ya he dicho que el cuerpo astral y el yo están activos perpetuamente en la noche. Eliminan del cuerpo físico el desgaste que el día le ha dado, lo que en un sentido amplio llamamos fatiga. El hombre se refresca y se renueva por la mañana, porque durante la noche su cuerpo astral y su yo han eliminado la fatiga que le habían causado las impresiones de la vida cotidiana. Esta actividad nocturna del cuerpo astral para deshacerse de las sustancias de fatiga es un hecho definido para la percepción clarividente. El yo y el cuerpo astral trabajan desde fuera en los cuerpos físico y etérico. Pero en el ciclo actual de su evolución, el hombre aún no está lo suficientemente avanzado como para poder llevar a cabo tal actividad de manera completamente independiente. Él solo puede hacerlo bajo la guía de otros seres superiores. Entonces, el ser humano es llevado todas las noches al seno de los seres superiores, por así decirlo, y le otorgan el poder de trabajar de la manera correcta en sus cuerpos físico y etérico. Estos al mismo tiempo son los seres —es por eso que no podemos llamarlos intrusos— que cuidan el sistema nervioso y sanguíneo del hombre de la manera correcta durante el sueño.

Mientras no surjan anormalidades, la cooperación de los seres espirituales con el hombre está justificada. Pero tales irregularidades pueden muy bien entrar y aquí llegamos a un capítulo de la Ciencia Espiritual que es extraordinariamente importante para la vida práctica del alma humana. A uno le gustaría que se le conociera en los círculos más amplios y no solo teóricamente, sino también como base para ciertas actividades de la vida anímica humana. Generalmente no se imaginan que los hechos de la vida anímica tengan un efecto de gran alcance. En ciertas conexiones también he llamado su atención sobre el hecho de que es solo cuando se ve a la luz de la Ciencia Espiritual que los eventos en la vida del alma pueden encontrar su verdadera explicación. Todos conocemos el profundo significado de la declaración: “Considerado desde el aspecto científico espiritual, una mentira es una especie de asesinato”. He explicado que realmente ocurre una especie de explosión en el mundo astral cuando el hombre dice una mentira, incluso, de cierta manera, si solo lo piensa. Algo ocurre en el mundo espiritual cuando el hombre miente, lo que tiene un efecto mucho más devastador para ese mundo que cualquier desgracia en el mundo físico. Pero las cosas que se relacionan en una determinada etapa de observación científico-espiritual, caracterizándolas en la medida de lo posible, ganan cada vez más claridad y confirmación cuando uno avanza en el conocimiento de la Ciencia Espiritual. Hoy aprenderemos de otro efecto de mentir, difamar, aunque estas palabras no se usan aquí en el sentido crudamente ordinario. Cuando más sutilmente, fuera de convención, por ejemplo, o fuera de todo tipo de consideraciones sociales o de partidos, las personas colorean la verdad, tenemos que ver con una mentira en el sentido de la Ciencia Espiritual. En muchos aspectos, la vida entera del hombre está saturada,  si no con mentiras, sin embargo, con manifestaciones que tienen un matiz no verdadero. El materialista iluminado puede en cualquier caso ver que se produce una impresión en su cuerpo físico si recibe un golpe en el cráneo con un hacha, o si su cabeza es cortada por el ferrocarril, o si tiene una úlcera en algún lugar o es atacado por bacilos. Luego admitirá que los efectos se producen en el cuerpo físico. Lo que generalmente no se considera en absoluto es que el hombre es una unidad espiritual, que lo que sucede en sus miembros superiores, el cuerpo astral y el yo, tiene un efecto positivo hasta su naturaleza física. No se considera, por ejemplo, que el decir mentiras y falsedades, falsedades incluso en los asuntos de la vida, tenga un efecto definido en el cuerpo físico humano. La visión espiritual puede experimentar lo siguiente: si una persona, digamos, ha dicho una mentira durante el día, su efecto permanece en el cuerpo físico y es visto por la percepción clarividente mientras la persona duerme.  Supongamos que esta persona no es sincera, y va acumulando mentiras, entonces tendrá muchos de esos efectos en su cuerpo físico. Todo esto se endurece, por así decirlo, en la noche, y luego sucede algo muy importante. Estos endurecimientos, estos “recintos”, en el cuerpo físico no son del agrado de los seres que desde los mundos superiores deben tomar posesión del cuerpo físico en la noche y llevar a cabo las funciones ejercidas de otro modo por el cuerpo astral y el yo. El resultado es que en el curso de la vida y por la razón de un cuerpo enfermo, —se podría decir—, a través de mentiras, partes de esos seres que descienden al hombre por la noche se separan. Aquí tenemos nuevamente procesos de desapego que conducen al hecho de que cuando un hombre muere, su cuerpo físico no solo sigue los caminos que normalmente tomaría. Ciertos seres quedan atrás, seres que han sido creados en el cuerpo físico a través del efecto de la mentira y la calumnia, y han sido separados del mundo espiritual. Tales seres, desprendidos de este modo tortuoso, ahora revolotean y zumban en nuestro mundo y pertenecen a la clase que llamamos “fantasmas”. Forman un cierto grupo de seres elementales relacionados con nuestro cuerpo físico, e invisibles a la visión física. Se multiplican a través de mentiras y calumnias, y estos en realidad pueblan nuestro mundo terrenal con fantasmas. De esta forma aprendemos a conocer una nueva clase de seres elementales.

Pero ahora, no solo las mentiras y las calumnias sino también otras cosas que pertenecen a la vida del alma producen un efecto en el cuerpo humano. Son las mentiras y las calumnias que actúan sobre el cuerpo físico lo que provoca el despliegue de los fantasmas. Otras cosas vuelven a trabajar de manera similar en el cuerpo etérico. No deben sorprenderse de tales fenómenos anímicos: en la vida espiritual uno debe ser capaz de tomar las cosas con toda calma. Los asuntos, por ejemplo, que tienen un resultado dañino en el cuerpo etérico son las malas leyes o malas medidas sociales que prevalecen en una comunidad. Todo lo que conduce a la falta de armonía, todo lo que hace que se den los malos entendidos entre hombre y hombre, trabaja de tal manera a través del sentimiento que se crea en la vida común que el efecto continúa en el cuerpo etérico. La acumulación en el cuerpo etérico causado a través de estas experiencias del alma trae de nuevo el desprendimiento de los seres que trabajan desde los mundos espirituales y estos también se encuentran ahora en nuestro entorno —son “espectros” o “fantasmas”. Así estos seres que existen en el mundo etérico, en el mundo de la vida, los vemos crecer fuera de la vida de los hombres. Muchos hombres pueden andar entre nosotros y, para alguien que puede ver estas cosas espiritualmente, su cuerpo físico está abarrotado, se podría decir, con fantasmas, su cuerpo etérico atestado de espectros y, como regla, después de la muerte de ese hombre o en breve tiempo después todo esto se separa y dispersa poblando el mundo.

Entonces vemos cuán sutilmente se continúan los eventos espirituales de nuestra vida, cómo mentiras, calumnias, malos arreglos sociales, depositan sus creaciones espiritualmente entre nosotros en nuestra Tierra.

Pero ahora también pueden comprender que si en la vida diaria normal el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo están juntos, y el cuerpo físico y el cuerpo etérico tienen que permitir que otros seres los presionen y actúen sobre ellos, entonces el cuerpo astral y el yo tampoco están en condiciones normales. En cualquier caso, se encuentran en una posición algo diferente con respecto a los cuerpos físico y etérico. Estos dos tienen en el hombre dormido la conciencia de las plantas. Pero las plantas, por otro lado, tienen su yo arriba en el Devacán. De ahí que los cuerpos físicos y etéricos del hombre dormido también deban ser sostenidos por seres que despliegan su conciencia desde el Devacán. Ahora bien, es cierto que el cuerpo astral y el yo del hombre están en un mundo superior, pero él también duerme sin soñar como las plantas. El hecho de que las plantas solo tengan un cuerpo físico y etéreo y que el hombre en su estado de sueño posea además un cuerpo astral y un yo, no hace diferencia en cuanto a la naturaleza vegetal. Es cierto que el hombre ha sido arrastrado hacia arriba, al mundo astral espiritual, pero aún no lo suficientemente elevado hacia arriba con su yo, para justificar la condición de sueño. La consecuencia es que estos seres también deben entrar en su cuerpo astral cuando el ser humano se duerme. Y así es: las influencias del mundo devacánico presionan todo el tiempo en el cuerpo astral del hombre. No necesitan ser influencias anormales, pueden venir de lo que llamamos el yo superior del hombre. Porque sabemos que el hombre se está elevando gradualmente al mundo devacánico, en la medida en que se acerca cada vez más a un estado de espiritualización, y lo que se está preparando allí le envía sus influencias ahora cuando duerme. Pero no son simplemente estas influencias normales. Esto simple y llanamente sería el caso si los seres humanos entendieran completamente lo que es valorar y estimar la libertad del otro. La humanidad en este momento todavía está muy alejada de eso. Piensen solo en cómo el hombre moderno en su mayor parte quiere gobernar por encima de la mente del otro, cómo no puede soportar que otra persona pueda pensar y gustar de otra manera, cómo quiere trabajar sobre el alma del otro. En todo lo que funciona de alma a alma en nuestro mundo, desde dar un consejo injustificable a todos los métodos que los hombres emplean para abrumar a los demás, en cada acto que no permite que el alma libre se enfrente al alma libre, sino que emplea, incluso en el más mínimo grado, medios poderosos para convencer y persuadir, en todo esto, las fuerzas están trabajando de alma a alma, lo que de nuevo influye en estas almas de tal manera que se expresa en la noche en el cuerpo astral. El cuerpo astral obtiene esos “recintos” y, por lo tanto, los seres se separan de otros mundos y se vuelven a revolotear a través de nuestro mundo como seres elementales. Ellos pertenecen a la clase de los demonios. Su existencia se debe únicamente al hecho de que la intolerancia y la opresión del pensamiento se han utilizado de diversas maneras en nuestro mundo. Así es como estas huestes de demonios han surgido en nuestro mundo. Así hemos aprendido de nuevo hoy a conocer seres que son tan reales como las cosas que percibimos a través de nuestros sentidos físicos, y que definitivamente producen efectos en la vida humana. La humanidad habría avanzado de manera bastante diferente si la intolerancia no hubiera creado los demonios que impregnan nuestro mundo, influyendo continuamente en las personas. Son al mismo tiempo espíritus de prejuicios. Uno comprende las complejidades de la vida cuando aprende acerca de estos enredos entre el mundo espiritual en el sentido superior y nuestro mundo humano. Todos estos seres, como hemos dicho, están allí, y zumban y aletean en el mundo en el que vivimos.

Ahora recordemos algo más que también se ha dicho anteriormente. Hemos señalado que en el hombre del último tercio de la era atlante, antes del diluvio atlante, la relación del cuerpo etérico con el cuerpo físico era bastante diferente de la que había sido anteriormente. Hoy la parte física de la cabeza y la parte etérica prácticamente coinciden. Eso fue bastante diferente en la antigua Atlántida; allí tenemos la parte etérica de la cabeza proyectándose muy lejos —especialmente en la región de la frente. Ahora tenemos un punto central para la parte etérica y física aproximadamente entre las cejas. Estas dos partes se juntaron en el último tercio de la era Atlante y hoy coinciden. De este modo, el hombre pudo decirse “yo” a sí mismo y sentirse una personalidad independiente. Por lo tanto, el cuerpos etérico y físico de la cabeza se han unido. Esto ha sucedido para que el hombre pueda convertirse en el ser sensible que está dentro de nuestro mundo físico, de modo que pueda enriquecer su vida interior a través de lo que capta a través de impresiones sensoriales, a través del olfato, el gusto, la vista, etc. Todo esto se encarna en su ser interior, de modo que al obtenerlo pueda usarlo para el desarrollo posterior de todo el Cosmos. Lo que él adquiere así no se puede adquirir de ninguna otra manera, y por eso siempre hemos dicho que no debemos tomar la Ciencia Espiritual en un sentido ascético, como una huida del mundo físico. Todo lo que sucede aquí lo llevamos con nosotros fuera del mundo físico y se perderá en el mundo espiritual si no se recoge aquí primero. El camino de regreso está ocupado. Hay personas hoy que tienen un cuerpo etérico mucho más flexible que otros. Este aflojamiento del cuerpo etérico es justo para el hombre si durante sus diferentes encarnaciones en esas épocas culturales ha absorbido tanto en sí mismo que cuando su cuerpo etérico se apaga nuevamente tendrá los frutos correctos del mundo de los sentidos físicos de la Tierra, frutos adecuados para su incorporación a un cuerpo etérico cada vez más independiente. Cuanto más espirituales sean los conceptos que el hombre encuentra en el mundo físico, más se lleva consigo en su cuerpo etérico. Todas las ideas utilitarias, todos los conceptos ligados a la máquina y la industria que solo sirven a las necesidades externas y la vida externa, y que el hombre absorbe en nuestra presente existencia terrenal, no son adecuados para la incorporación en el cuerpo etérico. Pero todos los conceptos que él absorbe de lo artístico, lo bello, lo religioso —y todo puede sumergirse en la esfera de la sabiduría, el arte, la religión— todo esto dota al cuerpo etérico del hombre de la capacidad y posibilidad de organizarse de manera independiente. Como esto se puede ver de antemano, a menudo se ha enfatizado aquí que la concepción del mundo de la Ciencia Espiritual debe enviar sus impulsos y actividades a la vida práctica. La Ciencia Espiritual nunca debe seguir siendo un tema de conversación en las reuniones de té o cualquier otra actividad aparte de la vida ordinaria; debe abrirse paso en toda nuestra civilización. Si algún día se entienden los pensamientos científicos espirituales, entonces los hombres comprenderán que todo lo que nuestra época logra debe estar impregnado de principios espirituales. Muchos seres humanos, entre ellos Richard Wagner, previeron en ciertos campos tal penetración con principios espirituales. Algún día los hombres entenderán cómo construir una estación de ferrocarril para que fluya la verdad como en un templo y de hecho sea simplemente una expresión adecuada para lo que hay dentro de ella. Todavía hay mucho por hacer. Por lo tanto, estos impulsos deben ser efectivos y serán efectivos cuando se comprendan más plenamente los pensamientos científico-espirituales.

Todavía recuerdo vívidamente una dirección de rectoría dada hace unos veinticinco años por un conocido arquitecto. Habló sobre el estilo en la arquitectura y pronunció la notable frase: “¡Los estilos arquitectónicos no se inventan, crecen de la vida espiritual!”. Al mismo tiempo, mostró por qué nuestra era, si bien produce estilos arquitectónicos, solo revive los antiguos y es incapaz de encontrar un nuevo estilo porque todavía no tiene una vida espiritual interior. Cuando el mundo vuelva a crear vida espiritual, todo será posible. Entonces sentiremos que el alma humana brilla hacia nosotros desde todo lo que miramos, así como en la Edad Media cada cerradura de una puerta expresaba lo que el alma humana entendía de las formas externas. La Ciencia Espiritual no será entendida hasta que se encuentre en todas partes de esta manera como si estuviera cristalizada en formas. Para entonces la humanidad también vivirá como espíritu en el Espíritu. Entonces, sin embargo, el hombre estará preparando más y más algo que llevara consigo cuando vuelva a ascender al mundo espiritual, cuando su cuerpo etérico se vuelva independiente. Así los hombres deben sumergirse en el mundo espiritual si quiere llevar la evolución por el camino correcto.

 

ascension y pentecostes

Nada simboliza la penetración del mundo por el espíritu tan bellamente como la historia del milagro de Pentecostés. Cuando lo contemplan, es como si la interpenetración del mundo con la vida espiritual estuviera indicada proféticamente a través del descenso de las “lenguas ardientes”. Todo debe volver a vivificarse a través del espíritu, esa relación intelectual abstracta que el hombre tiene con las festividades también debe volverse concreta y vivir de nuevo. Ahora, en este momento de Pentecostés, intentemos ocupar nuestras almas con los pensamientos que pueden proceder de la conferencia de hoy. Entonces la Festividad, que como sabemos está establecida sobre una base espiritual, significará de nuevo algo que vive en el hombre cuando su cuerpo etérico está maduro para la creación espiritual. Pero si el hombre no absorbe el espíritu de Pentecostés, entonces el cuerpo etérico sale del cuerpo físico y es demasiado débil para vencer lo que ya ha sido creado, esos mundos de espectros, fantasmas, demonios, que el mundo crea como fenómenos existentes a su lado.

Traducido por Gracia Muñoz en febrero de 2018.

 

GA102c2. La influencia de los seres espirituales en el hombre

Rudolf Steiner — Berlín 27 de enero de 1908

English version

En la conferencia de hoy vamos a hacer un recorrido de largo alcance por el espacio cósmico. Esto nos revelara, a grandes rasgos, el curso interior de la evolución del mundo, y al mismo tiempo, su íntima relación con la evolución humana en la Tierra. Todo en el universo está interconectado. Para poder ser capaces de seguir estas complicadas conexiones, naturalmente, necesitamos un largo, largo tiempo, y sólo muy poco a poco el hombre podrá encontrar su camino, por así decirlo, en el complejo funcionamiento del cosmos.

En conferencias anteriores hemos hablado de como ciertos seres que tienen su residencia en otros cuerpos cósmicos ejercen una influencia sobre nuestra propia vida, cómo se relacionan con lo que llamamos la linfa, los líquidos digestivos y también a través de nuestras percepciones sensoriales. Esto nos ha dado una imagen de cómo se proyecta el espíritu a través del espacio cósmico. hoy lo vamos a estudiar desde un aspecto diferente, recordemos, para empezar, que nuestra Tierra, como el hombre mismo, ha pasado por diferentes etapas de evolución y pasará por otras en los tiempos por venir.

Miremos hacia atrás, a las tres etapas anteriores de la Tierra: a la etapa de la Antigua Luna (no debe confundirse con la Luna actual), y luego a la del “Antiguo Sol”, y  más atrás a la de “Antiguo Saturno”. Y mirando al porvenir vemos proféticamente que la Tierra se transformará en “Nuevo Júpiter”, una “Nueva Venus” y “Vulcano”.

Estas son las encarnaciones sucesivas de nuestro planeta Tierra. Si  meditamos en estas etapas de la evolución de nuestro planeta, veremos que lo que en La Ciencia Oculta  denominamos  un “Sol” —como nuestro Sol actual— es un cuerpo celeste alrededor del cual gira un número de planetas. Aparte de esto cuando, hablamos de un planeta llamado Antiguo Sol, diciendo que nuestra propia Tierra en un estado anterior de la evolución, fue “Sol”, implica en cierto sentido, que el Sol que está actualmente en el centro de nuestro sistema planetario, no siempre fue un Sol. Ha avanzado, por así decirlo, al rango y la dignidad de un Sol en el Cosmos. Se unió una vez con las sustancias y  fuerzas que forman nuestra Tierra y, a continuación, recogió, por así decirlo, lo mejor y fue capaz de alcanzar su más alto grado de desarrollo separándose de la Tierra, dejándonos con ciertas fuerzas que estaban destinadas a una evolución más lenta. El Sol se llevó consigo a algunos seres superiores y junto con estos seres superiores se estableció en el centro de nuestro sistema. Por lo tanto en las dos etapas anteriores, lo que está contenido en el Sol de hoy tuvo una existencia planetaria y posteriormente ha pasado por tal grado de evolución que su forma de existencia pertenece a las estrellas fijas. Esto nos muestra los grandes cambios en la evolución que tienen lugar en el universo. En primer lugar, el Sol no nace Sol. Una estrella fija no ha sido una estrella fija desde el principio, ha tenido que pasar a través de la escuela elemental de la existencia planetaria.

Ahora naturalmente pueden preguntarme: ¿Qué ocurre entonces cuando una estrella fija evoluciona a una etapa posterior? Tan cierto como la existencia del Sol —una existencia de estrella fija— ha surgido de una existencia planetaria, por lo que realmente su evolución procede de etapas posteriores de la vida en el cosmos. Por supuesto, comprenderemos esta evolución aún mejor si estudiamos la evolución posterior de nuestra Tierra.

Es cierto que por un determinado período de su evolución cósmica nuestra Tierra ha sido separada del Sol. El Sol y sus seres avanzaron por un camino evolutivo más rápido. Nuestra Tierra y los seres que a ella pertenecen tomaron un rumbo diferente. Pero estos seres, y la Tierra como un todo, un día progresaran hasta la etapa en que sea posible de nuevo la unión con el Sol, después de una existencia separada que les ha permitido completar y perfeccionar su fase actual de desarrollo. Nuestra Tierra volverá a unirse con el Sol. Durante la etapa de la existencia de la Tierra misma, la Tierra se reunirá con el sol, así como durante la misma fase de evolución se separó del sol. Y durante la etapa de Júpiter debe haber nuevamente una separación. Los seres de la Tierra deben ser nuevamente separados del sol durante la condición de Júpiter. Nuevamente habrá una reunión, y durante la condición de Venus, nuestra tierra se unirá permanentemente con el sol, habrá sido tomado asumida permanentemente por el sol. Y durante la condición de Vulcano, nuestra Tierra se convertirá en un Sol dentro del sol y habrá contribuido en algo a la evolución solar, habrá agregado algo que, a pesar de su rango superior, aquellos seres que siempre han permanecido en el sol, nunca hubieran podido lograr por ellos mismos. La existencia de la Tierra es necesaria para que los hombres puedan evolucionar de la manera que han evolucionado, con una conciencia que alterna entre la vigilia y el sueño. Esto está relacionado con la separación del Sol. Los Seres que viven siempre en el Sol no tienen días y noches. La conciencia de los sentidos que llamamos la conciencia clara del día y que en los tiempos venideros evolucionará hacia condiciones más elevadas, lleva consigo a la evolución solar los frutos de las experiencias conectadas con las cosas del espacio físico exterior. De esta manera, los seres de la Tierra le dan algo al sol, enriquecen al sol. Y de lo que se adquiere así en la tierra, aumentado por lo que se adquiere en el sol, nace la existencia de Vulcano. Esta existencia de Vulcano es en realidad una condición más alta que la de nuestra presente existencia solar. La tierra evoluciona, el sol evoluciona, hasta que pueden unirse para constituir la existencia de Vulcano.

Pueden preguntarme: cuando un planeta ha evolucionado de esta manera a una existencia solar, ¿en qué se convierte este sol en el curso de la evolución cósmica posterior? Cuando nuestra Tierra alcance la condición de Venus, se convertirá en sol y todos los seres de Venus serán seres del Sol, en realidad en una etapa más elevada que los seres del sol presente. ¿Cuál es, entonces, la etapa posterior de tal evolución planetaria?

Lo siguiente parecerá grotesco, incluso absurdo, para aquellos cuyos conceptos están enraizados en la astronomía moderna. Sin embargo, es una verdad de evolución cósmica que cuando un planeta como nuestra Tierra se eleva a la existencia del sol, cuando gradualmente se ha logrado la unión con el sol e incluso, la existencia el sol se trasciende, como una etapa todavía más elevada de la evolución algo que en cierto sentido pueden percibir en los cielos: surge lo que hoy llamamos un “Zodiaco”: es un nivel más elevado que el de una estrella fija. Así, cuando los seres ya no están restringidos a la forma de existencia que pertenece a una estrella fija sino que han expandido su evolución tan poderosamente que se extiende más allá de las estrellas fijas y las estrellas fijas yacen como cuerpos incrustados en ella, entonces se alcanza un nivel superior, el escenario de la existencia del zodiaco. Las fuerzas que trabajan desde un zodiaco hasta un sistema planetario evolucionaron, en épocas anteriores, en un sistema planetario y han avanzado al estado de un zodiaco.

Y ahora regresen sus mentes a la evolución del Antiguo Saturno, la primera encarnación de nuestra Tierra. Este Antiguo Saturno brilló una vez, por así decirlo, en el espacio cósmico, como el primer heraldo del amanecer de nuestra existencia planetaria. Saben, también, que en este Antiguo Saturno nació el primer inicio germinal de nuestro cuerpo físico. Incluso en su mayor densidad, este Saturno no era tan denso como nuestra Tierra física. Era una condición de rarefacción extrema. Lo que hoy está presente en todos los seres en forma de calor —conocido en ocultismo como “fuego”— era la materia de Saturno. Podemos imaginarnos a nosotros mismos que en torno a este alborear de Saturno,  la primera condición de nuestro sistema planetario, estaban las constelaciones del Zodiaco, pero no como están actualmente. Las estrellas individuales que componen las constelaciones zodiacales en torno al antiguo Saturno apenas se distinguían unas de otras. Brillaban sólo muy débilmente, como rayos de luz derramándose hacia Saturno. La mejor manera de representar esto es pensar en el antiguo Saturno rodeado de haces de luz, al igual que nuestra Tierra está rodeada por el Zodiaco. Y en el curso de la evolución misma de la Tierra estas masas de luz se convirtieron en los cúmulos de estrellas actuales comprendidas en el zodiaco. Así que el Zodiaco —por usar una expresión abstracta— se ha diferenciado de aquel océano primigenio de luz. ¿Y cómo se presenta este océano de  luz?

Surgió de un sistema planetario que precedió al nuestro. El propio Saturno fue precedido por evoluciones planetarias en una época que, hablando en el sentido de la astronomía oculta, de ninguna manera puede describirse como “tiempo”, como entendemos el tiempo, ya que su carácter era bastante diferente. Pero para la mente humana de hoy el concepto es tan fabuloso que no tenemos palabras para expresarlo. Hablando en analogía, sin embargo, podemos decir que las fuerzas que precedieron a nuestro sistema planetario en un ciclo anterior de existencia planetaria salieron de las corrientes de luz, y de una pequeña porción de materia que gradualmente se unió en el centro, de esta primera condición surgió el amanecer de la Tierra; esto fue el Antiguo Saturno y las fuerzas contenidas en el zodiaco irradiaban desde el Todo cósmico.

Algo bastante notable sale a la luz cuando se compara la existencia planetaria con la existencia del zodiaco. El ocultista hace uso de dos palabras para indicar la diferencia entre ellas. Él dice: Todo lo que está contenido en el Zodiaco se encuentra bajo el signo de la “Duración”, todo lo que está comprendido dentro de la existencia planetaria está bajo el signo del que se puede obtener una idea de lo que significa si no recordáramos siquiera el concepto “Tiempo”, ni los más lejanos confines de la mente pueden concebir los cambios que han tenido lugar en el zodiaco. Cada planeta puede haber sufrido un cambio considerable a través de largos períodos y difiere mucho en la evolución, las fuerzas que trabajan en el Zodiaco siguen siendo, en términos relativos, fijas y permanentes. Estos conceptos pueden, en cualquier caso, ser solo relativos. La única diferencia en estos cambios que podemos concebir es con respecto a la velocidad. Los cambios en el Zodiaco tienen lugar lentamente; los cambios en el mundo planetario e incluso en la existencia de una estrella fija tienen lugar rápidamente —es decir en comparación con lo que sucede en el Zodiaco—. La diferencia es siempre relativa, solo relativa. En lo que respecta al pensamiento humano, podemos decir que la existencia planetaria pertenece a la esfera de lo finito, mientras que la existencia zodiacal pertenece a la esfera de la Infinitud. Esto, como ya se dijo, debe tomarse en el sentido relativo, pero por el momento es lo suficientemente preciso.

Y ahora les pido que presten especial atención a lo siguiente: ¿Qué es lo que se ha logrado en una existencia planetaria para que se haya convertido en Sol, para que ascienda a la existencia “celestial”, transformándose en un zodiaco?. Y habiendo llegado a la existencia zodiacal, ¿qué hace? ¡se ofrece en sacrificio!. Por favor, tengan en cuenta esta palabra en particular. La primera condición del amanecer de la Tierra, el antiguo Saturno, surgió de una manera misteriosa, como resultado de un sacrificio por parte del Zodiaco. Las fuerzas que provocaron que las primeras enrarecidas masas de Saturno se juntaran eran las que fluían desde el zodiaco, produciendo en Saturno el primer inicio germinal del hombre físico. Esto continuó sin cesar.

. No hay que imaginar que sucede sólo una vez. Fundamentalmente hablando, lo que está sucediendo de forma continua es que dentro de lo que llamamos un sistema planetario  las fuerzas que se desarrollaron a una etapa superior después de haber pasado a través de un sistema planetario, se sacrifican. Podemos decir, en efecto: lo que está contenido primero en un sistema planetario evoluciona a la existencia de un “Sol”, y después a la existencia del zodiaco donde alcanza  el poder de ser él mismo creador y ofrecerse en sacrificio dentro de una existencia planetaria. Las fuerzas del zodiaco “llueven” de forma continua a la existencia planetaria y continuamente suben de nuevo, porque lo que en algún momento se convirtió en zodiaco gradualmente debe ascender de nuevo. La distribución de fuerzas en nuestra existencia de la Tierra puede ser concebida de la siguiente manera: las fuerzas laterales que descienden del Zodiaco y, por otro lado, las fuerzas que ascienden al Zodiaco. Tal es la interacción misteriosa entre el zodiaco y nuestra Tierra. Fuerzas que descienden y ascienden. Esta es la misteriosa “escalera celestial” en la que las fuerzas están descendiendo y ascendiendo. Estas fuerzas se indican de varias maneras en las diferentes escrituras,  también, en el Fausto de Goethe:

“Fuerzas celestiales que suben y bajan

intercambiando los recipientes de oro”.

En lo que respecta a nuestro entendimiento humano, estas fuerzas comenzaron a descender durante la existencia de Saturno de nuestra Tierra y cuando la propia existencia de la Tierra había alcanzado su punto medio, llego el momento donde gradualmente comenzaron nuevamente a ascender.  Ahora hemos pasado más allá del punto medio de nuestra evolución, que cayó en la mitad de la época atlante; y lo que los seres humanos han vivido desde entonces es una fase de existencia más allá del punto medio. En cierto sentido, por lo tanto, podemos decir que en este momento, están ascendiendo más fuerzas al Zodiaco que las que descienden de él.

Por tanto, cuando pensamos en el zodiaco en su totalidad, debemos imaginar que algunas de sus fuerzas están descendiendo y otras están ascendiendo. Pensamos en las fuerzas que están involucradas en la línea ascendente de la evolución, de manera colectiva, como Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, ya que en realidad pertenecen a estas constelaciones. Estas siete constelaciones comprenden las fuerzas ascendentes. Las fuerzas descendentes se componen, aproximadamente hablando, a las cinco constelaciones de Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Así, de las fuerzas que llueven desde el zodiaco y ascienden de nuevo: siete constelaciones son ascendentes y cinco constelaciones descendentes. Las fuerzas ascendentes corresponden también, en el hombre, a los miembros superiores de su ser, a sus atributos más nobles. Las fuerzas que están en la fase descendente de la evolución tienen primero que pasar por el hombre y alcanzar dentro de él la fase en la que también pueden convertirse en fuerzas ascendentes.

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De esta manera nos hacemos conscientes de que hay una interacción entre todo, en el espacio cósmico todo está interconectado, interrelacionado. Pero nunca hay que olvidar que estas operaciones y actividades, están funcionando constantemente, que están siempre presentes. En un momento dado de nuestra evolución por lo tanto, se puede hablar de fuerzas que van por delante del hombre y fuerzas que están llegando, son las fuerzas que están descendiendo y las fuerzas que ascienden. Para todas y cada una de estas fuerzas llega un momento, en que pasan de la condición descendente a fuerzas que se transforman en ascendentes. Todas las fuerzas que eventualmente se convierten en fuerzas ascendentes han sido en un primer momento fuerzas descendentes. Descienden, por así decir, en la medida del hombre. En el hombre, adquieren el poder de ascender.

En el punto medio de su evolución, cuando nuestra Tierra hubo pasado por las tres etapas planetarias de Saturno, el Sol, la Luna, y alcanzado la cuarta condición planetaria, teniendo delante de ella las etapas de Júpiter, Venus y Vulcano (así la Tierra, por lo tanto, está a mitad de camino en el lapso de su existencia) —ha pasado por tres “condiciones de vida” (también llamadas “rondas”). Ha pasado por tres de estas condiciones de vida y ahora está en la cuarta; ha pasado por tres “condiciones de forma”— el arupa, el rupa y el astral, que conducen a la existencia física. Por lo tanto, con respecto a las “condiciones de forma”, nuestra Tierra se encuentra en la fase intermedia de su evolución. Como Tierra física, en la cuarta forma-condición de la cuarta condición de vida de la cuarta existencia planetaria, ha tenido tres grandes razas: la primera, la raza polar; la segunda, la raza hiperbórea; la tercera, la raza lemuriana. La raza Atlante es la cuarta. En la raza Atlante, la humanidad estaba en el medio de esas fases de evolución de las que estamos hablando. Desde mediados de la época Atlante, la humanidad ha pasado más allá de este punto medio. Y desde mediados de la época de la Atlántida, han comenzado, para los hombres en general, las condiciones en que predominan las fuerzas ascendentes. Si estuviéramos hablando de la proporción de fuerzas que descienden y ascienden al Zodíaco antes de la mitad de la época Atlante, deberíamos decir: estaban en igual proporción. Deberíamos tener que hablar de manera diferente de las condiciones imperantes entonces, enumerando como las fuerzas ascendentes: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, contando a Libra con las otras fuerzas descendentes.

Pero algo más está conectado con todo esto. Debemos entender que al hablar de estos procesos cósmicos, no estamos hablando del cuerpo físico o etéreo, sino de los seres que habitan en los diferentes cuerpos celestes. Cuando hablamos de hombre en términos de Ciencia Espiritual, decimos que el hombre completo —y solo pensamos en el hombre en este sentido— es un ser de siete envolturas, que consiste en cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral, yo, yo espiritual, espíritu de vida y hombre espíritu. Su desarrollo aún no se ha completado, pero lo será cuando su ser séptuple se haya desarrollado completamente. Pero en el gran universo cósmico, existen seres distintos del hombre, seres de una naturaleza diferente. Hay, por ejemplo, seres en el cosmos de los que no podemos decir que, como el hombre, tienen el cuerpo físico como uno de sus miembros. Hay seres de quienes debemos hablar de manera diferente. Los miembros de los que se compone el hombre se pueden enumerar de la siguiente manera:

  1. Hombre-Espíritu
  2. Espíritu de Vida
  3. Yo espiritual
  4. Ego – Yo
  5. Cuerpo Astral
  6. Cuerpo Etéreo
  7. Cuerpo Físico

 

Ahora hay seres cuyo miembro más bajo es el cuerpo etérico, y que también son siete, con un octavo miembro, por encima de hombre-espíritu. Empezamos a enumerar así: cuerpo etérico, cuerpo astral, y así sucesivamente, terminando con un miembro por encima de nuestro hombre-espíritu (Atma). Hay otros seres cuyo miembro más bajo es el cuerpo astral, por encima del espíritu del hombre que tienen un octavo y un noveno miembro todavía. Una vez más hay seres cuyo miembro más bajo es el ‘yo’, que por lo tanto no tiene un cuerpo físico, ni etérico, ni astral, en nuestro sentido, pero cuyo Yo se muestra al exterior, sin las corrientes de estas tres envolturas. Por consiguiente, son seres que envían sucesivamente su yo en todas las direcciones. Estos seres tienen un octavo, un noveno y un décimo miembro, se describe en el Apocalipsis como seres que están “llenos de ojos”. A continuación, hay seres cuyo yo espiritual (Manas) es el miembro más bajo. Todavía tienen un undécimo miembro. Y finalmente están los seres cuyo miembro más bajo es el espíritu de vida y que aún no han alcanzado un duodécimo miembro. Por lo tanto, hay que pensar en los seres que, así como el miembro más bajo del hombre es un cuerpo físico, ellos tienen el espíritu de vida (Budhi) como su miembro más bajo y por encima, un miembro más, designado por el número 12. Estos son los seres más sublimes, que trascienden con mucho todo lo que el hombre es capaz de concebir. ¿Cómo es posible formar cualquier tipo de idea de estos maravillosos y sublimes seres?.

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Cuando se trata de caracterizar el hombre, en un aspecto, es evidente que, con respecto al universo, es un ser que recibe. Las cosas y los seres del mundo están extendidas a su alrededor,  las percibe y se forma conceptos de ellas. Imagínense que el mundo que les rodea estuviese vacío, y oscuro. No podrían tener percepciones, ni habría nada de lo que se pudiera formar conceptos. Tendríamos que confiar en recibir desde el exterior el contenido del mundo interior. Es característico del hombre que él es un ser que recibe, que recibe el contenido de la vida de su alma, de su vida interior, desde fuera, las cosas deben existir en el mundo si su alma quiere tener un contenido. La naturaleza del cuerpo etérico del hombre es tal que no podría experimentar nada en sí mismo si no estuviera comprometido con todo el universo circundante por todas las experiencias, por todo lo que entra en él. Estos seres de los cuales acabo de hablar, que tienen el Espíritu de Vida como su miembro más bajo, se encuentran en una posición completamente diferente. Con respecto a su vida, estos seres no dependen de recibir nada de fuera, sino que son “donantes”, que ellos mismos son creativos.

Por lo que les he dicho a menudo, saben que el ‘yo’, el ego, trabaja en el cuerpo etérico y que ‘Budhi’ no es más que un cuerpo etérico transformado. Con respecto a la sustancia, por lo tanto, el espíritu de vida también es un cuerpo de éter El duodécimo miembro de estos seres sublimes es también un “cuerpo de éter”, pero uno que derrama vida, que trabaja en el mundo de tal manera que no recibe vida sino que la da, ofrece vida en sacrificio perpetuo.

Y ahora preguntémonos: ¿Podemos concebir un ser que de alguna manera esté conectado con nosotros y que irradie vida a nuestro universo? ¿Es posible concebir la vida que fluye perpetuamente al mundo, impregnando al mundo de vida?

Pensemos por un momento de lo que se dijo al comienzo de la conferencia, a saber, que hay fuerzas que ascienden y descienden, fuerzas que están ascendiendo en el zodiaco y las fuerzas que están descendiendo desde el Zodiaco. ¿Cómo ha llegado el hombre a una posición que hace posible que pueda transmitir algo desde dentro de él? ¿Qué ha pasado con el hombre que permite que algo pueda fluir de él? Ha llegado a esta posición porque su yo, después de una larga preparación y tiempo, se ha ido desplegando y desarrollando. Este Yo, este ego, ha estado en preparación durante largas, largas eras. Para decir la verdad, el objeto de toda la existencia en la condición de Saturno, la condición del Sol y la condición de la Luna fue el producir las envolturas en las que se iba a recibir el Yo, era preparar al Yo. En esas condiciones anteriores, otros seres crearon la morada para el Yo. Ahora, en la tierra, el lugar de la morada estaba en la etapa donde el yo podía enraizarse en el hombre y de allí en adelante comenzar a trabajar sobre las envolturas corporales externas desde adentro. El hecho de que el yo pueda trabajar desde adentro también ha producido un excedente, un excedente de fuerzas ascendentes; ya no hay un estado de paridad. Antes de que el yo fuera capaz de trabajar dentro del hombre, las fuerzas ascendentes evolucionaron gradualmente hasta que se alcanzo el punto medio, y cuando el yo realmente entró en el hombre las fuerzas ascendentes y descendentes habían llegado a una etapa en la que se encontraban en “equilibrio”. Con la entrada del yo, las fuerzas ascendentes y descendentes se encontraban en equilibrio y le corresponde al hombre llevar las escalas en la dirección correcta. Es por eso que los ocultistas han llamado a la constelación que se ha introducido en el momento en que el yo mismo comenzó a trabajar, la “Balanza” (Libra). Hasta el final de Virgo, se estuvo preparando para el obrar del yo en nuestra evolución planetaria, pero el yo no había comenzado a funcionar. Cuando se llegó a Libra, el yo comenzó a participar y este fue el momento más importante de su evolución.

Basta pensar lo que significa que el yo haya llegado a esta etapa de la evolución:

A partir de entonces fue posible para el yo participar en la elaboración de las fuerzas pertenecientes al Zodiaco, para alcanzar el zodíaco. Cuanto más se esfuerza el yo por lograr el punto más alto de su evolución, más se trabaja en el zodíaco. No hay nada que ocurra en el núcleo más interno del yo que no tenga sus consecuencias hasta el mismísimo Zodíaco. Y en la medida en que el hombre con su yo sienta las bases para su desarrollo en Atma, u hombre espíritu, desarrolla, etapa por etapa, las fuerzas que le permiten trabajar hacia arriba en la esfera de Libra, el Equilibrio, en el Zodíaco. Él alcanzará pleno poder sobre Libra en el Zodíaco cuando su yo se haya desarrollado a Atma, o espíritu-hombre. Entonces será un ser de quien algo fluye, que ha pasado de la esfera del Tiempo a la esfera de la Duración, de la Eternidad.

Tal es el camino del hombre. Pero hay otros seres cuya esfera de operación más baja es la más alta del hombre. Intentemos concebir a estos seres cuya esfera de operación más baja es la más alta del hombre (Libra en el zodíaco). Cuando relacionamos al hombre con el Zodíaco, él alcanza a Libra. El Ser cuya naturaleza más interna pertenece enteramente al Zodíaco, cuyas fuerzas pertenecen por completo al Zodíaco, que solo se manifiesta en la vida planetaria a través de su miembro más bajo, que corresponde a Libra (como el miembro más bajo del hombre corresponde a Piscis) —este es el Ser que difunde la vida a través de todo nuestro Universo:

 

 

  12º.   Aries  

 

 

Cordero Místico

  11º.   Tauro
  10º.   Géminis
   9º.   Cáncer
   8º.   Leo
7º. Hombre Espíritu  7º.   Virgo
6º. Espíritu de Vida  6º.   Libra
5º. Yo espiritual Escorpio  
4º. Yo Sagitario  
3º. Cuerpo astral Capricornio  
2º. Cuerpo etérico Acuario  
1º. Cuerpo físico Piscis  

 

Así como el hombre recibe vida en sí mismo, también lo hace este Ser que irradia vida a través de todo nuestro universo. Este es el Ser que tiene el poder de hacer el gran sacrificio y que está inscrito en el Zodíaco como el Ser que por el bien de nuestro mundo se ofrece en sacrificio. Así como el hombre se esfuerza hacia arriba en el zodíaco, también este ser nos envía su regalo de sacrificio desde Aries —que está relacionado con Él, como Libra está relacionado con el hombre. Y así como el hombre eleva su yo hacia Libra, así también este Ser irradia su propio Ser en sacrificio sobre nuestra esfera. Este Ser se llama el “Cordero Místico”, porque el Cordero y Aries son lo mismo; por lo tanto, la descripción ‘Cordero sacrificial’ o ‘Aries’ se le da a Cristo. Cristo pertenece al Cosmos como un todo. Su Yo, su Ego, alcanza a Aries y así se convierte en el “Gran Sacrificio”, está relacionado con toda la Humanidad y, en cierto sentido, los seres y fuerzas presentes en la Tierra son Sus creaciones. La configuración de las fuerzas es tal que podría convertirse en el Creador de estos seres en la constelación de Aries, o el Cordero. La designación “Cordero sacrificial” o “Cordero místico” proviene de los mismos cielos.

Este es uno de los aspectos que se nos revelan cuando, desde nuestra existencia circunscrita, miramos hacia los cielos y percibimos el interfuncionamiento de las fuerzas y los seres celestiales en el espacio cósmico. Poco a poco comenzamos a darnos cuenta de que las fuerzas que fluyen del cuerpo celestial al cuerpo celestial son similares a las fuerzas que fluyen de un alma humana a otra como el amor y el odio. Percibimos las fuerzas del alma que fluyen de estrella a estrella y aprendemos a reconocer el guión celestial que registra para nosotros lo que se produce y efectúa por esas fuerzas en el espacio cósmico.

Traducido por Gracia Muñoz en Enero de 2018.

 

GA102c1. La influencia de los Seres Espirituales en el hombre.

Rudolf Steiner – Berlín 6 de enero de 1908

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Hoy vamos a hablar desde el punto de vista de la Ciencia Espiritual sobre los diversos aspectos de los seres de los mundos superiores y su relación con el hombre. Y aunque podría parecer innecesario debo señalar desde el principio, que la conferencia de hoy está destinada a aquellos estudiantes de la Ciencia Espiritual que han llegado a una etapa más avanzada. Esto ocurre de vez en cuando. Cuando alguien recién llega a estas conferencias quizás se sienta un poco sorprendido por lo que se dice en ellas, sin embargo, debemos ir avanzando en estas cuestiones que pertenecen a las altas esferas de la Ciencia Espiritual. Es posible que alguno que se ha agregado últimamente sólo conozca algunas verdades de la Ciencia Espiritual y está esperando ser convencido, y muchas de las cosas que hoy vamos a presentar le puedan parecer una especie de locura, pero esas cosas deben ser reveladas.

Para los que hace poco tiempo que se han unido a las conferencias que se imparten aquí, les recuerdo que cuando ascendemos a los mundos superiores que solo podemos observar por  la clarividencia, nos encontramos con  seres que, es cierto, no pertenecen a nuestro mundo físico, pero que son en sí mismos tan independientes que se les pueden describir como ‘personas’ de esos mundos, al igual que a los hombres aquí en el plano físico les llamamos “personas”. Hemos visto que los grupos de animales de la misma especie en conjunto pertenecen a un alma o yo-grupal así que en el plano astral nos topamos con el alma-león, el alma-tigre, y así sucesivamente, como personalidades independientes con las que podemos relacionarnos de la misma manera que nos relacionamos los seres humanos en el plano físico. Igualmente, en regiones aún más elevadas, en el plano devacánico, nos encontramos el yo de las almas-grupo de las plantas, y a niveles más altos del Devacán nos encontramos con los Yoes de los minerales, personalidades tan diferentes como los hombres que convivimos aquí, en este plano. De esta manera vemos que en estos mundos superiores nos encontramos con ciertos seres que, por así decirlo, extienden parte de su organismo, al plano físico.

 Si un hombre extendiera sus dedos a través de las aberturas de una cortina o una pared de manera que sólo se pudieran ver los diez dedos, el hombre mismo estaría detrás de la partición. Lo mismo sucede con los yoes-grupales de los animales. Aquí, en el plano físico vemos lo que se extiende hacia abajo como miembros, por la actividad de los seres del mundo astral, y de las almas-grupo que están detrás de la partición, detrás de esa cortina que separa nuestro mundo físico del mundo astral. Y de la manera correspondiente esto es igual para el otro grupo de Yoes, los  del reino vegetal o del reino mineral. Cuando nos elevamos desde el mundo físico a los mundos superiores nos encontramos no sólo a estos seres que acabo de describir que son los que amplían sus miembros hacia la Tierra, también nos encontramos con toda una serie de seres que pueden ser considerados personalidades de los mundos, pero cuyos miembros físicos no son tan directamente visibles y evidentes como los de los yoes grupales de animales, plantas y minerales.

Los planos astral y devacánicos en realidad son mundos densamente poblados. En él encontramos muchos tipos de seres cuyos efectos se manifiestan aquí en el plano físico, aunque obviamente no tienen mucho que ver con nuestra vida humana actual. No obstante, uno no puede entender esta vida si no sabe algo de estos seres que moran arriba, en los mundos superiores, y están activos en ella. En el cuerpo humano hay mucho de lo que él no es dueño, que todavía no es la expresión del Yo humano, sino que es la obra, el efecto, y la manifestación, de los seres de los mundos superiores. De esto vamos a hablar hoy.

Cuando observamos el plano astral, nos encontramos con ciertos seres  –un solo tipo, entre muchos– que parecen no tener ninguna expresión o manifestación entre los seres que se encuentran en el plano físico, pero que están conectados con él. Allí, en el plano astral nos encontramos con ellos como seres astrales, con una voluntad pronunciada, unos propósitos marcados, y así sucesivamente. Dentro de nuestro mundo inmediato tienen una existencia que se relaciona con el plano astral, pertenecen a la misma clase de seres que habitan en nuestra luna actual, y tienen incluso una cierta existencia física en la luna. Aquel que es capaz de acercarse a estas cosas de una manera clarividente sabe que en el campo de acción de la luna existen seres en cierto sentido similares al hombre, pequeños en comparación, suelen tener la estatura de un niño de seis o siete años. La Luna, sin embargo, les ofrece una especial oportunidad para su actividad. Las condiciones físicas son muy diferentes allí, la atmósfera, por ejemplo, es muy diferente y, en consecuencia, cuando estos seres se retiran, por así decirlo, a su hábitat adquieren la facultad de un rugido tremendo, de pronunciar inmensos, poderosos, sonidos espantosos. Estos seres enanos pueden mantener una existencia astral dentro de nuestro mundo. Debemos imaginar las  condiciones de los mundos superiores, como algo mucho más complicado de lo que se suele hacer.

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Cuando hablamos desde el punto de vista de los mundos superiores,  vemos que existe una conexión ininterrumpida entre los diferentes planetas y la Luna que está conectada con la Tierra como, por ejemplo, Berlín y Hamburgo están conectados por el teléfono. Los seres que viven en la Luna pueden llevar a cabo sus operaciones en la Tierra con la ayuda de las fuerzas astrales.

Voy a definir otra clase de seres a los que también encontramos en el mundo astral, seres benéficos, en comparación incluso con la más leve naturaleza humana, sin embargo, son mucho, mucho más suaves, también en su discurso, son muy suaves y gentiles. El discurso de estos seres no tiene la aridez del lenguaje humano, pues un hombre debe reflexionar durante un largo tiempo si es que quiere expresarse, y revestir sus pensamientos e ideas en palabras. Se podría decir de estos seres que sus pensamientos fluyen de sus labios, que no sólo expresan los pensamientos en palabras, sino que los propios pensamientos fluyen en un suave lenguaje de sus labios. Estos seres también se encuentran en nuestro mundo astral, y tienen su escenario de acción en otro planeta. Así como los seres mencionados en primer lugar tienen su hogar en la Luna, estos segundos tienen su hogar en Marte, habitan en Marte y, de hecho, son  su principal población, así como ciertas razas humanas son la principal población en nuestra Tierra.

Si seguimos subiendo al plano devacánico nos encontramos con ciertos seres que, a su manera también son de naturaleza leve, pacífica y en cierto sentido extraordinariamente inteligentes. Estos seres que se encuentran en el plano devacánico tienen su origen real en el planeta Venus, como los seres de la Luna y Marte, sin embargo en Venus también nos encontramos una segunda especie de seres que, en contraste con  los de tipo gentil y amable presentan una vitalidad salvaje y furiosa, y cuya ocupación principal consiste en la lucha mutua y el saqueo.

 En el plano devacánico superior nos encontramos con ciertos seres que son muy difíciles de describir. Sólo podemos hacerlo comparativamente diciendo que ellos son infinitamente inventivos: en cada momento de la vida inventan algo, aunque sería falso decir que lo que fuera. Su don de la invención es más bien como si uno mirara algo y en el mismo instante, incluso en la contemplación, se tuviera la impresión de cómo podría hacerse de manera diferente. La invención les surge espontáneamente. Estos seres, que tienen su sede en Saturno, se enfrentan nuevamente con otros que parecen ser su reverso, seres salvajes, horribles que poseen  en grado infinitamente elevado todo lo que vive en el hombre como codicia salvaje, sensual y desordenado deseo.

Todos estos seres que he mencionado no son de ningún modo ajenos a nuestra existencia. Sin duda sus obras, actividades y manifestaciones, se extienden a nuestra vida y su acción puede ser rastreada por la clarividencia cuando ciertas condiciones aparecen en la Tierra.

Así, los seres astrales que, tienen su morada natural en la Luna están presentes en la Tierra en las circunstancias más variadas, por ejemplo, cuando un hombre cae presa de ideas ilusorias, los podemos ver en los manicomios. Además, casi siempre se encuentran cerca de los médiums y sonámbulos, estas personas tienen todo un remolino de esos seres, y una gran proporción de las influencias que se ejercen sobre ellos, se deriva de la presencia de estas criaturas.

Cuando prevalece el amor y la bondad, donde el humanitarismo se desdobla, podemos encontrar a los suaves seres de Marte que se presentan como creaciones astrales, dándonos las fuerzas necesarias para trabajar. Eso les alimenta, es el ambiente en el que pueden vivir y donde ejercen su influencia sobre el hombre.

Siempre que se hacen descubrimientos humanos, donde los ingenieros están trabajando, en los talleres técnicos, se crea la atmósfera necesaria para los seres inventivos de Saturno. Por otro lado, donde se desarrolla algún tipo de actividad que tiene que ver con la presencia de la mente,  la inteligencia, los seres que están presentes tienen su sede en Venus.

Así que ya ven cómo el hombre en las circunstancias más variadas está continuamente acompañado por remolinos de seres elementales, ya que podemos llamarlos así. El hombre en realidad nunca está solo; en todo lo que hace y en todo lo que se compromete tiene a la vez la oportunidad para el desarrollo de un gran número de seres. Las obras del hombre, tanto las buenas como las malas, dan una oportunidad para la presencia de criaturas que invaden las fuerzas del hombre y se posesionan de ellas y uno debe saberlo, si trata de conseguir una visión verdadera de la vida. El que no se dé cuenta de estas cosas pasara a través de la vida con una ceguera completa. No se trata aquí de una mera teoría o un desafío teórico, todas estas cosas son directamente prácticas. Porque el hombre poco a poco en el futuro de la evolución terrestre tendrá que aprender a actuar y enmarcar su conducta en la dirección correcta, cuando comience a reconocer que convocó a estas criaturas en respuesta a ciertos hechos y circunstancias.

Todo lo que hace el hombre es como una llamada a estos seres desconocidos. No es sólo a través de los locos los medios de estos seres lunares entre los cuales los hay completamente malvados, pequeños granujas, a los que se aventuran a aproximarse; cuando, por ejemplo, los niños exceden de peso de una manera insensata, y comen con codicia, estos seres pueden introducirse en ellos y estropear su desarrollo. Veis, pues, lo necesario que es para el hombre conocer lo que se mueve en torno a él a través de su comportamiento y actitud en el mundo.

Ahora bien, estos seres en otro sentido no son de ningún modo ajenos a hombre. Tienen, por el contrario una relación profunda con nuestra estructura humana. De todo lo que existe en el cuerpo humano, en realidad sólo hay una cosa que pertenece o puede pertenecer a cada hombre y es su sangre. La sangre del hombre es la expresión directa de su Yo. Sin embargo, si no cuida a perpetuidad el fortalecimiento de su yo a través del desarrollo de un alma fuerte y vigorosa, a través de las poderosas fuerzas de su alma, y si por así decirlo, pierde el control de su yo, los demás seres pueden aferrarse a su sangre, y eso es grave y perjudicial para él. Por otro lado, muchos otros seres están anclados en otras partes del organismo humano.

Vamos a ver todo lo que en realidad extiende sus tentáculos en el cuerpo humano, todo lo que está anclado allí. Pero antes debemos primero examinar el cuerpo humano.

Sabemos que la sangre mientras circula por las arterias y se extiende en el cuerpo es la expresión del Yo del hombre y se convierte en una expresión más y más fuerte cuando el Yo se encuentra  en su centro, tiene en su centro una fuerza que aumenta gradualmente. El Yo del hombre sólo en un futuro muy lejano obtendrá el control de las otras partes del organismo. Muchos otros seres están contenidos en estos otros componentes del cuerpo humano.

Contemplemos, por ejemplo, los tres humores corporales, los tres jugos, el quilo, la linfa y la sangre, con el fin de estudiarlos más de cerca. Tal vez sepan ustedes la importancia que estos tres tipos de líquido tienen para el hombre. Se sabe que cuando tomamos alimentos, primero se transmiten a través de los órganos preparatorios en el estómago, mezclándolo y elaborándolo con los jugos adecuados secretados por las glándulas de modo que pueda ser elaborado a través de los intestinos. Allí, el alimento se transforma en una condición pulposa, el quimo, que es transportado hacia adelante a través de los intestinos. Todo lo que puede formar el material nutritivo del hombre, pasa por el cuerpo a través de los órganos vasculares llamados a servir como jugos nutritivos para la renovación del cuerpo. Esta es una de las sustancias que tenemos en el cuerpo y  que llamamos  “quilo”.

Sabemos que, además del quilo, que se produce a través de la asimilación de los alimentos en el cuerpo humano desde el exterior, en el interior existen otros procesos del cuerpo de la misma naturaleza que llevan a cabo una especie de líquido que se asemeja en cierto modo a la sustancia blanca de nuestra sangre. Este jugo fluye a través del organismo humano que en gran medida toma el mismo curso que los vasos sanguíneos que llamamos venas, debido a que contienen el azul-rojo de la sangre. Estas incluso toman también el quilo. El líquido que contiene es la linfa. Este es un jugo que se podría decir, se espiritualiza en comparación con el jugo de alimentación uniforme, el quilo. Los vasos que transportan la linfa siguen su curso por todo el cuerpo, en cierto sentido incluso pasan a través de la médula ósea que absorbe el quilo. Toda la linfa que se extiende hacia fuera y se extiende hasta la mitad izquierda del cuerpo y las extremidades inferiores –que es el lado izquierdo de la cabeza, lado izquierdo del tronco, la mano izquierda y ambas piernas– todo esto que se recoge,  desemboca en la vena clavicular izquierda y se vacía en la circulación sanguínea. Sólo la linfa contenida en los vasos del lado derecho de la cabeza y el lado derecho del tronco, se unen e introducen en la vena clavicular derecha para que de esta manera los vasos linfáticos los convierta en la expresión de un hecho importante.

Se ve cómo el hombre está dividido en dos partes; de hecho, simétricamente, pero de modo que una parte comprende todas las partes inferiores del cuerpo con la mitad izquierda del tronco y la cabeza, mientras que la otra parte está formada desde el lado derecho del tronco y la cabeza. La linfa es el segundo fluido que pulsa en el hombre, un fluido que se encuentra mucho más cerca del alma que el quilo, los jugos gástricos e intestinales del quilo. Es cierto que la digestión y la circulación de todo el quilo están también muy influenciadas por las condiciones del alma, pero éstos están mucho más profundamente conectados con la linfa. En un hombre que es muy activo y enérgico la linfa fluye con mucho más vigor que en un hombre que es pesado, perezoso e inactivo. Podríamos dar muchos ejemplos del alma que están conectados con el curso de la linfa en el cuerpo humano.

El tercer fluido es la sangre, de la que hemos hablado a menudo. Se compone de sangre roja, rica en oxígeno que fluye en las arterias y de sangre azul-roja rica en carbono que fluye por las venas. Y a medida que nuestra sangre es la expresión de nuestro Yo, la linfa, de alguna manera es la expresión del cuerpo astral del hombre. Esas cosas no se manifiestan solamente en una dirección. Desde otro aspecto, el sistema nervioso es la expresión del cuerpo astral. Hoy vamos a considerar el aspecto en el que la expresión del cuerpo astral es la linfa. Así como un hombre puede tener dos profesiones también el cuerpo astral, puede, por un lado, ser el constructor del sistema nervioso, y en el otro lado, el constructor, el creador, de la linfa.

En el cuerpo etérico, el hombre mismo es el constructor y creador del sistema glandular, así como en otro aspecto, es el organizador, creador, y el controlador de la circulación del quilo. Aquí tenéis la conexión de estos líquidos que toman su curso en el cuerpo humano, en los miembros de la naturaleza humana.

Ahora debemos tener claro que, en el cuerpo humano, el cuerpo astral, el cuerpo etérico y el Yo no son definitivamente los únicos maestros. Poco a poco, en el curso de la evolución el Yo del hombre alcanzara un mayor control sobre su cuerpo astral y su cuerpo etérico, para transformarlo en yo espiritual o Manas y el segundo en el espíritu de vida o Budhi. Pero mientras el hombre no tenga el control de estas partes de su ser, los demás seres estarán conectados con estos miembros humanos. Están integrados en el cuerpo astral de los seres humanos a modo de gusanos en el queso —perdonen la comparación poco apetecible— pero así es. Y, de hecho, los seres astrales que están implicados  y conectados con el cuerpo astral del hombre son los que he descrito como que tienen su hábitat real en la Luna o Marte, dependiendo de si son benévolos o malévolos. Y la linfa, el jugo blanquecino que recorre al hombre, pertenece al cuerpo de los seres que viven en nuestro mundo astral. Sin duda, estos seres del plano astral, cuyo verdadero hogar es la Luna o  Marte, no son tan evidentes como lo son el alma-grupo de los animales. Pero son de tal naturaleza astral que, en cierto sentido, podemos decir: al igual que en un grupo de animales, un grupo de leones, por ejemplo, tenemos una especie de manifestación de una personalidad distinta en el plano astral, el yo-león, en el paso de la linfa a través del cuerpo humano tenemos, aunque no tan obviamente, la manifestación, los miembros extendidos, de estos seres astrales.

Entonces ¿podemos pensar que estos seres astrales tienen una especie de existencia física, como las almas grupos de los animales, como el yo-grupo del león, de la misma especie con su manifestación en los leones solo aquí en el plano físico?.  Si se hace esta pregunta, habría que responder: sí, lo tienen.

Al igual que en el caso de los animales vimos que el cuerpo astral del alma-grupo extiende sus miembros por separado en cada uno de los leones, estos seres astrales extienden también sus condiciones físicas en la Tierra. No pueden, sin embargo, extenderse desde el exterior en el plano físico, para ello necesitan seres en el plano físico como parásitos que son, en quien fijarse y vivir. Ellos están aquí como los parásitos de los hombres. Si no existiera la raza humana aquí en la Tierra muy pronto saldrían, no podrían encontrar lugar de residencia, les conviene estar aquí. Pero hay seres, hombres y los animales superiores, que tienen ganglios linfáticos y no están invadidos por estos seres en su manifestación física. Por lo tanto no es simplemente un pulso de sustancias materiales a través de nuestro cuerpo, sino en la circulación donde se mueven los ejércitos enteros de estos seres. Ellos giran a través del hombre, se mueven a través de él y tienen sus cuerpos en la linfa  —mientras que el ser humano real, el yo del hombre tiene su cuerpo, para empezar, sólo en la sangre. Y la preponderancia de los seres lunares o de Marte o seres de este tipo circulando a través de un hombre da a la linfa su carácter especial. Si aumenta la presencia de mayor cantidad de seres lunares circulando a través de su cuerpo seria un hombre que se inclina más fácilmente a la maldad, la irritación y la ira, si hay más seres de Marte, entonces encontramos  un hombre que se inclina más a la dulzura, a la bondad. Podemos ver cómo el hombre no está atravesado solamente por los líquidos, sino también por los espíritus, y sólo se entiende como hombre cuando se sabe que los espíritus pasan a través de él, y no solamente los líquidos.

Ahora bien, si examinamos clarividentemente lo que se llama quilo, es decir, la expresión externa del cuerpo etérico humano, nos encontramos con que seres similares también se han incorporado a este. Los seres fundamentalmente anclados ahí son los que ya hemos caracterizado para bien o para mal, los seres de Venus, los que tienen su hogar en Venus y que existen en el mundo devacánico. Ahí están esas personalidades desde la visión clarividente y tienen su expresión, su manifestación, aquí en la vida física en el quilo humano[1] por extraño que parezca viven en este líquido que corre por el cuerpo humano, estos seres tienen su domicilio real en el plano devacánico, y en la medida en que toman un cuerpo físico, tienen su vida física en Venus[2]. Y ya que Venus está conectado de una manera determinada a través de sus fuerzas, con toda nuestra vegetación terrestre y todo lo que vive en la Tierra, se harán conscientes de la conexión que existe entre la alimentación del hombre y el efecto producido en él a través de lo que toma como alimento. Eso seguramente no es una cuestión indiferente. Las influencias de los seres de Venus viven en todas las plantas y, naturalmente, también en el reino animal. Las influencias pueden venir del lado bueno, de los seres suaves, leves de Venus, o por el contrario, de los seres salvajes que se han descrito como codiciosos de botín y participan en los conflictos de unos con otros. De acuerdo con uno u otro tipo trabajan en nuestros animales y plantas, por lo que sus virtudes o vicios se integran en el cuerpo del hombre cuando la carne de estos animales o los alimentos obtenidos de estas plantas se transforman en el quilo.

Ahora pueden ver esto desde un punto de vista más elevado al que he podido presentar en anteriores conferencias, lo importante que es saber acerca de la nutrición humana desde el aspecto de la Ciencia Espiritual, para conocer las influencias bajo las cuales actúan las diversas plantas y animales. Puede ocurrir, por ejemplo, que alguien que sabe de las plantas y animales que están floreciendo en un determinado país, bajo ciertas influencias celestes, también le resultará fácil comprender su carácter como nación. Porque en todo lo que el hombre consume de su entorno, lo que come, no sólo las sustancias analizadas químicamente, come al mismo tiempo, espíritus definidos, y estos espíritus que entran por la boca hasta el estómago se extienden a través de su ser. Se abre para nosotros la perspectiva de cómo el carácter de un pueblo puede ser conocido a partir de la constitución geográfica más profunda de un país.

No olviden una observación que se puede encontrar en la conferencia sobre la Oración del Señor[3] donde se presentó desde un aspecto bastante diferente. Se dijo que el hombre está en una cierta relación con todo su pueblo a través de su cuerpo etérico, y está conectado a través de su cuerpo astral con su entorno más cercano.

Una vez más se ilumina desde un aspecto aún más profundo el carácter que se forma a partir de los seres espirituales que son absorbidos por el hombre con la comida. Es uno de los medios por los cuales la gran orientación espiritual de la Tierra distribuye los diferentes caracteres nacionales sobre la Tierra; alimentos que producen uno u otro efecto se distribuyen de tal manera que el carácter de un pueblo determinado surge de la alimentación que obtiene. Eso nos conduce de una manera redonda al materialismo: la Ciencia Espiritual muestra cómo toda naturaleza material es una revelación del espíritu y de una manera desconocida para el hombre, son en sí mismas influencias espirituales difundidas dentro de él.

Es más difícil de entender la forma en que los espíritus de Saturno trabajan sobre el hombre. Hay, por un lado, espíritus de Saturno que directamente observan cualquier cosa e inmediatamente hacen algún invento, y por otro lado están quienes desarrollan pasiones terriblemente desordenadas de naturaleza sensual, en comparación con que todo lo que el hombre puede desarrollar en esta dirección es juego de niños. Estos espíritus de Saturno se insinúan en el cuerpo humano de una manera aún más oculta, es decir, a través de la percepción sensorial. Cuando volvemos nuestra mirada a una cosa hermosa, pura y noble, un concepto se despierta en nosotros; Cuando volvemos nuestra mirada a una cosa sórdida, innoble entonces se despierta un concepto diferente. Ahora bien, cuando un concepto es suscitado en el alma a través de las impresiones exteriores se introducen al mismo tiempo en el hombre, estos espíritus de Saturno tanto los benéficos como los maléficos. Y a través de todo lo que el hombre por sus meras simpatías y antipatías desarrolla a su alrededor como ambiente, como lo que oye, ve y huele, se expone a las insinuaciones de uno u otro orden de los espíritus de Saturno. Cuando el hombre está sintiendo, atraen hacia él a través de ojos y oídos y toda la piel. Es espantoso, por ejemplo, para la observación oculta qué espíritus disolutos se insinúan en la nariz de las personas fuera de su entorno, a través de muchos perfumes que son muy apreciados en la sociedad humana —aparte de lo que se introduce en la nariz de los que llevan estos perfumes en su propia persona.

Vemos de esto cómo finamente y estrechamente uno debe observar las cosas más cotidianas desde el punto de vista espiritual si uno quiere aclararse acerca de la vida. Mucho se podría decir de personas que más o menos conscientemente sabían ordenar espíritus que particularmente trabajan sobre el hombre a través de los olores y se deslizan en él con el perfume. Si tuvieran un conocimiento más profundo y más íntimo de varias cosas de la historia, en particular la historia de Francia en tiempos de Luis XIII, XIV y XV, con todas las artes desarrolladas allí, donde los aromas desempeñaron un importante papel en el drama de las intrigas, tendríais entonces una idea de lo que los hombres son capaces de hacer, —conscientemente o inconscientemente— si saben cómo ordenar a los espíritus que se deslizan en el sentido humano de la percepción en los perfumes.

Podría referirme a todo un atractivo libro[4] que se ha escrito recientemente por el Ministro de la Corte. Él lo escribió, naturalmente, sin ningún conocimiento de estos hechos, pero fue muy claro acerca de los efectos. Es un libro muy interesante sobre esta pequeña corte, donde destaca una catástrofe que tuvo lugar en los últimos años, y donde el Ministro y el dignatario en cuestión describe en sus Memorias las maquinaciones de una persona[5] que en cierto modo sabía cómo ordenar los aromas y sus espíritus. Y lo describe con cierta satisfacción, porque estaba protegido de ella y  no había sido víctima. Veamos, estas cosas no son algo sin significado ni efecto para la vida práctica. Cuando uno entiende la vida no como un ciego materialista, sino como un hombre que ve, entonces puede rastrear estas influencias espirituales por todas partes y si se conocen estas influencias,  entiende la vida por primera vez.

Así que debemos imaginar al hombre, a nosotros mismos como seres bastante complicados, ya que estamos asociados con muchos tipos de mundos, muchos tipos de seres. El que avanza en el camino del desarrollo oculto a etapas de conocimiento cada vez más altas, aprende a conocer a estos seres en su especial naturaleza y por lo tanto se  independiza de ellos, él es capaz de verlos desde un punto de vista independiente. Pues tener en uno mismo la verdad acerca de los mundos superiores significa llegar a ser realmente libre, realmente maduro, ya que somos conscientes entonces de las actividades y los impulsos, del pulso y el flujo a través de nuestra vida. Aprender a conocer su manera de ser y al mismo tiempo llegar a ser libre e independiente.

Y así como uno puede apuntar a ciertos fluidos que circulan por el hombre, por ciertos órganos humanos en los cuales los seres de los mundos superiores, del mismo modo encuentran su expresión y manifestación. Así, por ejemplo, los seres que acabo de describirles como seres de Saturno encuentran su expresión en un cierto aspecto en el hígado humano. Por supuesto debe quedar claro que si uno realmente quiere entender la Ciencia Espiritual uno descubre que es un dominio muy complicado.

Sabemos que en el desarrollo del Antiguo Saturno, a través de sus fuerzas aparecieron en la evolución humana los primeros rudimentos de los sentidos. De una manera similar Saturno todavía trabaja en el hombre y entre sus órganos corporales internos esta el hígado en el que las fuerzas de Saturno tienen una fuerte e intensiva influencia. El ser humano que está en la manera de evolucionar más allá de todo lo de naturaleza de Saturno, por lo tanto, debe crecer más allá de las fuerzas que están ancladas en el hígado. Y a pesar de que ciertas fuerzas están presentes en el hígado a partir de la cual el hombre debe liberarse, sin embargo, fueron necesarias para lograr su forma actual y la forma, que sin embargo debe ser superada. Esto se puede comprobar de una manera determinada por la evidencia externa. Puede descubrir, por ejemplo, que en el período antes del nacimiento y directamente después del nacimiento, cuando el cuerpo humano está siendo construido, el hígado ocupa el mayor espacio en relación con el resto del cuerpo y después se va reduciendo. De hecho, la proporción en el nacimiento podría darse como 1:18, mientras que la relación más adelante es 1:36. El hígado se reduce aproximadamente a la mitad, y así el hombre, en un desarrollo puramente natural supera las fuerzas arraigadas en él.

Puesto que el hombre terrenal tiene la intención de evolucionar hacia la más y más alta espiritualidad ha adquirido como una expresión física exterior el poder de vencer las fuerzas del hígado. Esta es en cierto modo los pulmones, ellos son el órgano que contrarresta el hígado. No todo lo encierran en sí mismos como hace egoístamente el hígado, se abren completamente hacia el exterior, que se encuentra en continua comunicación con el mundo a través del aire que inspira y expira. Una combustión que ocurre en los pulmones. El azul-rojizo de la sangre rica en carbono entra en los pulmones y se transforma a través de su combinación con el oxígeno en la roja sangre que da vida. Al igual que en una llama ardiente las sustancias se unen con el oxígeno, en los pulmones hay un proceso de combustión. La respiración puede ser llamada un proceso de combustión, y con ello la respiración y el proceso de combustión del hombre ha sido dotado con la perspectiva de lograr una evolución cada vez más alta. Las fuerzas de acumulación que han alcanzado su última etapa en el hígado. Las fuerzas que recibe como un fuego desde el aire lo rescatarán de la cadena que lo obliga a la Tierra. El fuego que el hombre recibe desde el aire y que se expresa en su respiración es el que lo eleva hacia arriba a esferas cada vez más altas.

Los mitos y leyendas son siempre más profundas y llenas de sabiduría que nuestra ciencia, aparentemente avanzada. En el mito de Prometeo tenemos una magnífica expresión de lo que acabo de ser relatar con los hechos de la vida humana. El mito dice que Prometeo trajo el fuego del cielo al hombre e indica de esta manera que Prometeo participa en el proceso que se expresa en el aliento humano y que conduce, al hombre hacia su evolución  ascendente. Sin embargo, tiene una maravillosa explicación: porque Prometeo se eleva por encima de las fuerzas que encadenan al hombre a la Tierra y se opone a ellas, al dar al hombre la fuerza del fuego, debe  pagar por ello. Este sufrimiento está maravillosamente representado con el hecho que subyace en el mito, es decir, un buitre devora el hígado del encadenado Prometeo. ¿Cómo podría demostrarse más fina y sabiamente que las fuerzas que fluyen hacia nosotros con el proceso de respiración roen el hígado y que aquel que logra de antemano lo que lograra la humanidad en un futuro lejano, se encuentra allí como un crucificado? —¡cómo lo que baja desde el aire, se come el hígado!

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Así, los iniciados han expresado las grandes verdades de la existencia en los mitos. Hay un mito muy elaborado de los Misterios que nos expresan la profunda sabiduría que después podemos meditar. Cuando, equipados con el conocimiento de la Ciencia Espiritual, nos acercamos a los mitos hay que situarse ante ellos con reverencia. Pues han sido revelados por los seres espirituales superiores al hombre para que por primera vez puedan aprender en imágenes lo que más tarde ha de alcanzar en conceptos claros. Los mitos contienen la sabiduría y si uno quiere encontrar la más profunda sabiduría representada en cualquier esfera de la vida, debe recurrir a los mitos. Esto lo saben aquellos que han creado a partir de las profundidades del arte. Una verdad profunda, está en la base de las relaciones de Richard Wagner con la mitología, y  la ha llevado a expresarse en su trabajo de una manera artística. Nuestro tiempo es el de reascender de una vulgaridad meramente física a una corriente completamente espiritual. Si nos fijamos en lo que late en nuestro tiempo, desde esta perspectiva se entenderá en el sentido cada vez más profundo la tarea de la Ciencia Espiritual.

Por lo tanto, a partir del estudio de los mundos superiores, hemos llegado a reconocer la misión real de la Ciencia Espiritual. Es la de permitirle al hombre aprender a conocer la vida, y cuando está trabajando y creando mostrarle lo que está trabajando secretamente con él cuando mueve su mano, cuando crea con espíritu, alma y cuerpo. A través del conocimiento espiritual, se volverá más y más consciente de los seres que son sus compañeros, y vivirá y creará en armonía con ellos. Así, la investigación espiritual le revelará la plenitud de la realidad y le permitirá llevar el conocimiento y la sabiduría a la vida.

Traducido por Gracia Muñoz en Julio de 2016.

Ver también:

https://lacocineradematrixvk.wordpress.com/2017/12/09/ga219c5-las-facultades-humanas-y-su-conexion-con-los-seres-elementales/

 

[1][1] El QUIMO se forma en el ESTÓMAGO por acción del jugo gástrico sobre el bolo alimenticio y el QUILO se forma en el DUODENO, por acción de la bilis, jugo pancreático y jugo intestinal transformando al Quimo en QUILO.

 

[2] NT. El mercurio astronómico.

 

[3] Rudolf Steiner, El Padrenuestro, Anthroposophic Press, Nueva York. 12.

http://wn.rsarchive.org/Lectures/LorPry_index.html

 

[4] El Dr. Vladan Georgevitch: El fin de Obrenovitch (Leipzig, 1905).

 

[5] Draga Maschin, quien fue asesinado junto con Alejandro I de Serbia en Belgrado el 11 de junio de 1903.

 

 

 

GA212. El mundo elemental y el futuro de la Humanidad

Rudolf Steiner — Dornach, 28 de mayo de 1922

English version

Hoy quiero presentar ciertos asuntos que conciernen a la evolución de la Humanidad en la medida en que esta evolución depende de la relación del hombre con ciertos poderes espirituales en el futuro de la Tierra.

Hemos visto cómo es posible, a través de la observación exacta, comprender el hecho de que dentro del ser físico-anímico-espiritual del hombre se produce algo que, en cierto sentido, pertenece al mundo exterior, en la medida en que éste mundo consiste en fuerzas y seres del mundo etérico. El hombre reúne estas fuerzas para formar su cuerpo etérico mientras desciende a la vida terrenal. Vimos también que esta entidad, que consiste en fuerzas del mundo etérico externo, se une al efecto de las acciones terrenales del hombre, de todo lo que hizo que sucediera, en resumen, con su karma.

He mencionado a menudo que un nuevo flujo de espiritualidad está ahora listo para verterse en la existencia terrenal humana. El presente forma un eslabón en la evolución de la humanidad entre una época de desarrollo principalmente intelectual que comenzó en el primer tercio del siglo XV y que ahora prácticamente ya ha seguido su curso —y un futuro dedicado a lo espiritual. La tarea más importante para la humanidad en la era de la intelectualidad fue el desarrollo de la razón a través de la investigación de la naturaleza externa y el desarrollo de la tecnología. En esta dirección se han logrado grandes e impresionantes resultados en los últimos siglos. Sin embargo, hay que decir que el intelecto ha comenzado a perder su creatividad, aunque todavía vivimos de su herencia. El período más creativo fue desde los tiempos de Copérnico, Galileo y Giordano Bruno hasta el siglo XIX. Especialmente en la civilización occidental se han conseguido los mayores logros intelectuales en los últimos siglos.

Es obvio, incluso para una observación externa imparcial, que el intelecto ha perdido parte de su poder creativo. En general, la humanidad ya no tiene el mismo entusiasmo por los logros intelectuales. Sin embargo, la práctica de los siglos continúa a través de una cierta inercia cultural. Los pensamientos corren a lo largo de los viejos surcos, pero el intelecto ya no trae nada nuevo de importancia real. Esto es particularmente notable en nuestros jóvenes. No hace mucho tiempo era un verdadero placer escuchar a un joven que había estudiado algún tema. Puede que no se pueda aplicar a todos, pero ciertamente en aquellos que habían logrado algo; uno estaba ansioso por escuchar lo que tenía que decir y era lo mismo en todos los círculos académicos occidentales. Pero se ha producido un cambio en las últimas décadas, cuando un joven recién llegado de la universidad habla, uno ya no tiene curiosidad por lo que este vaya a decir. Uno ya no tiene curiosidad porque ya lo sabe; sale automáticamente; es como si el propio cerebro hubiera perdido su vitalidad. Uno tiene la sensación de que la actividad del intelecto se ha deslizado de la cabeza a alguna región más profunda. Que la inteligencia humana se ha convertido en algo mecánico; que ya no brota de la región de la cabeza debe ser evidente incluso para la observación externa. Esta situación ha ocurrido porque la inteligencia era originalmente una dotación natural que la humanidad estaba predestinada a desarrollar predominantemente entre los siglos XV y XIX.

Sin embargo, para fructificar este desarrollado intelecto, una corriente de espiritualidad de las regiones superiores de la existencia mundial busca ahora penetrar en la vida terrenal de la Humanidad. Que esto suceda depende de que el hombre abra su corazón y su alma a lo que así busca entrar, por muchas puertas, por así decirlo, del mundo espiritual al mundo terrenal. Será necesario que el hombre no sólo vuelva a ser consciente de lo espiritual que hay en la naturaleza, sino que sea capaz de percibirlo.

Consideren cómo en las antiguas civilizaciones, la Humanidad en general percibió —en todos los reinos de la naturaleza, en cada estrella, en cada nube en movimiento, en el trueno y el relámpago— espíritu y alma. Y en el marco de esta conciencia general evolucionaron los ejercicios del yoga. Como expliqué ayer, el yogui trató de penetrar en sí mismo. A través de los ejercicios internos buscó alcanzar lo que hoy se da por sentado porque nacemos con ello: la conciencia del “yo”, el sentimiento de ser una individualidad. El yogui tuvo que desarrollarlo primero en sí mismo.

Pero, queridos amigos, sería un gran error comparar la conciencia ordinaria del yo que tenemos hoy con la del yogui. Si algo se logra a través del propio esfuerzo humano esto hace una diferencia de si uno simplemente lo tiene. Cuando, como en el caso del yogui, uno primero tuvo que luchar para alcanzar la conciencia de sí mismo, entonces, a través de ese esfuerzo interior, uno es transportado a las grandes Leyes Universales; uno se hace partícipe de los procesos mundiales. Este no es el caso cuando uno es simplemente colocado en la esfera de la autoconciencia. Pertenecer a un nivel determinado de la evolución humana no es lo mismo que alcanzar ese nivel a través de ejercicios interiores.

Se darán cuenta por lo que se dijo ayer que la Humanidad debe gradualmente adquirir el conocimiento de una manera diferente, —debe poner sus procesos de pensamiento libres del proceso de la respiración. Como he explicado ayer, esto tiene el efecto de que el pensamiento, al no estar ligado al sujeto, es capaz de unirse con el ritmo del cosmos exterior. Debemos sacar de nosotros nuestra reflexión hacia el mundo, mientras que el yogui se deslizaba en su ser interior uniendo, por así decirlo, los sistemas de pensamiento y de la respiración. Al hacerlo, se identificó con lo que su naturaleza anímico-espiritual pudo experimentar en las ondas del ritmo interior de la respiración. Por el contrario, ahora debemos entregarnos al mundo para participar en todos los ritmos que atraviesan los mundos mineral, vegetal, animal y humano hasta el reino de las Jerarquías. Debemos entrar y vivir en del ritmo de la existencia externa. De esta manera, la Humanidad volverá a tener una visión de ese fundamento espiritual de la naturaleza que el conocimiento externo no alcanza.

Las ciencias de la física, la química y la biología que se persiguen hoy en día proporcionan a la humanidad una gran cantidad de información. Lo que realmente hacen es explicar cómo la observación sensorial, interpretada por el intelecto, ve el mundo. Pero ha llegado el momento en que la humanidad debe redescubrir lo que está detrás del conocimiento proporcionado por la observación externa y la interpretación intelectual.

Si uno tiene en mente cuando habla de los cuatro elementos de la tierra, el agua, el aire y el fuego sólo su aspecto físico, entonces no importa si uno usa estos términos o prefiere los más recientes de cuerpos y condiciones sólidas, líquidas, aeriformes y de calor. Cuando se hace referencia a ellos, todo lo que uno tiene en mente es cómo las sustancias físicas se combinan o mezclan entre ellas, o bien se separan. Sin embargo, hay que subrayar que todo lo que es de  naturaleza sólida y terrena tiene como fundamento una espiritualidad elemental. La gente “iluminada” de hoy puede reírse cuando se les recuerda que las personas mayores solían ver gnomos en todo lo terrenal. Sin embargo, cuando el conocimiento ya no se obtiene mediante la combinación de pensamientos abstractos y lógicos, sino uniéndonos a través de nuestro pensamiento con el ritmo del mundo, entonces redescubriremos los seres elementales contenidos en todo lo que es la sólida naturaleza terrenal. La característica sobresaliente de estos elementales que comienzan a residir en la tierra sólida es inteligencia, sagacidad, astucia, —de hecho, un intelecto unilateralmente desarrollado.

Así, en el elemento sólido de la Tierra viven seres espirituales de tipo elemental que son mucho más inteligentes que los seres humanos. Incluso una persona de extremada astucia intelectual no sería rival para estos seres que, como entidades suprasensibles, viven en el reino de la Tierra sólida. Podría decirse que así como el hombre consiste en carne y sangre, así también estos seres consisten en inteligencia, en suprainteligencia. Otra de sus peculiaridades es que prefieren vivir en multitudes. Cuando uno está en posición de descubrir cuántos de estos seres astutos contiene un objeto terroso adecuado, entonces uno podría exprimirlos como si se tratara de una esponja —en un sentido espiritual, por supuesto— y fluyeran hacia fuera en un flujo sin fin.

Pero contar a estos seres-gnomos es una tarea difícil. Si uno trata de contarlos como si fueran cerezas u huevos —es decir, uno, dos, tres— uno pronto notaria que no pueden ser contados así. Cuando uno ha llegado a decir tres, entonces de repente hay muchos más. Así que contarlos como se haría en el plano físico no sirve para nada; ni hay otra forma de cálculo, porque inmediatamente te hacen trampas. Supongamos que uno pone dos en un lado y dos en el otro para decir que dos veces dos hacen cuatro. Uno se equivocaría, porque a través de su superastucia aparecerían como siete u ocho, diciendo que dos veces dos hace ocho, o algo así. Así, estos seres desafían ser contados. Debe reconocerse que el intelecto desarrollado por el hombre en los últimos tiempos es muy impresionante. Pero estos seres suprainteligentes muestran un dominio sobre el intelecto incluso cuando es meramente una cuestión de cálculo.

Los seres elementales que habitan en el elemento fluido —es decir, en el agua— han desarrollado particularmente lo que es, en el hombre, su vida de sentimiento o sensibilidad. En este sentido, los seres humanos estamos realmente atrasados comparados con estos seres. Podemos disfrutar de una rosa roja o sentirnos encantados cuando los árboles despliegan su follaje. Pero estos seres acompañan el fluido que como savia se levanta en el rosal y participan en el enrojecimiento de las flores. De una manera íntima comparten con sensibilidad los procesos del mundo. Nosotros con nuestra sensibilidad permanecemos fuera de las cosas, mientras que ellos están dentro del proceso y participan en él.

Los seres elementales del aire han desarrollado en alto grado lo que vive en la voluntad humana. Es espléndido que el químico analítico descubra el peso atómico del hidrógeno, el oxígeno y el nitrógeno, y descubra cómo el hidrógeno y el oxígeno se combinan en el agua para analizarse más o cómo se analiza el cloruro de cal, etc. Pero los seres espirituales elementales están activos detrás de todo esto, y es esencial que el hombre adquiera conocimiento de sus características. Durante el período en que el hombre desarrolló el intelecto –que, como ya se ha mencionado, fue desde el primer tercio del siglo XV hasta finales del siglo XIX— estos seres elementales fueron dejados de lado, por así decirlo. Mientras que el intelecto jugó un papel creativo en la vida cultural del hombre, no había mucho que pudieran hacer, y porque los seres elementales que vivían en lo sólido en cierto sentido, se mantuvieron a distancia y dejaron al hombre con su intelecto, también se retuvieron los seres del agua y del aire.

Pero ahora vivimos en un momento en que el intelecto ha comenzado a declinar dentro del mundo civilizado; está entrando en la decadencia. Si la humanidad no se vuelve receptiva a lo que fluye hacia ella desde el mundo espiritual, entonces el resultado de esta opacidad por parte del hombre será —y hay signos de que esto ya sucede— que estos seres elementales se reunirán para formar una especie de unión y colocarse bajo la dirección del supremo poder intelectual: Ahriman.

Si ocurriera que los seres elementales se pusieran bajo la guía de Ahriman con la clara intención de oponerse a la evolución humana, entonces la Humanidad sería incapaz de progresar más. Podría surgir la posibilidad de que los poderes ahrimánicos en unión con los seres elementales desviarían la Tierra de su rumbo deseado. La Tierra no seguiría lo que se describe en mi Ciencia Oculta: Un Esquema, como la evolución de Saturno-Sol-Luna-Tierra. La Tierra sólo puede convertirse en lo que originalmente se pretendía hacer si el hombre, en cada época, aborda correctamente su tarea.

Ya se puede ver cómo están las cosas. Aquellos que han alcanzado una cierta edad saben que anteriormente uno conseguía penetrar en pensamientos y sentimientos internos de otro ser humano simplemente a través de una conversación normal e intercambio de ideas. Uno daba por hecho que la razón e intelecto de la persona residía en su cabeza, y que lo que estaba en su cabeza sería transmitido a través de la palabra hablada. Hoy en día hay muchas personas que ya no dan por sentado que la razón se encuentre en la cabeza de muchos de sus contemporáneos; más bien se supone que se ha deslizado más abajo. Así que en lugar de escuchar ahora analizan. Este es sólo un ejemplo de un aspecto mal entendido de todo el problema. Pero yo diría que cuando uno comienza a psicoanalizar a las personas en lugar de simplemente dejarlas hablar, entonces es de hecho una admisión de que la razón ya no reside en la cabeza. Se supone que se ha deslizado hacia las regiones más profundas de la naturaleza humana y debe ser psicoanalizado para poder ser llevado de nuevo a la conciencia. En esta época de un intelecto en declive hay gente que ya no le gusta que uno apele a su inteligencia; prefieren ser analizados. Esto es porque no quieren participar con la cabeza en lo que su alma trae a la luz.

Nada se logra mirando estas cosas meramente desde un punto de vista externo. Para ver claramente lo que está implicado deben ser considerados —como acabamos de hacer— en el contexto más amplio de la evolución mundial. Ciertos aspectos del psicoanálisis pueden ser sanadores. Hay condiciones que antes eran simplemente aceptadas, pero ya no pueden ser toleradas y deben ser curadas. Sin embargo, como se necesita tanta terapia, las físicas ya no son suficientes, así que se recurre a las psicológicas. Por qué esto debe ser así debe ser visto en un contexto más amplio.

Superficialmente juzgado, no tiene sentido objetar todas las buenas razones y argumentos seductores presentados por los psicoanalistas, ni siquiera desde el punto de vista más amplio de la evolución mundial. La gente quiere evitar ver las cosas en su contexto más amplio, aunque les llevaría al reconocimiento de que una corriente espiritual está buscando entrar en nuestra civilización actual para reemplazar al intelecto en declive.

Lo que hemos considerado hasta ahora es un aspecto de lo que en el futuro amenaza a la humanidad. Hay otro aspecto —así como los elementos inferiores de la tierra, el agua y el aire están habitados por seres elementales, así lo están los elementos superiores del éter de la luz, el éter químico y el éter de la vida. Sin embargo, estos seres de los elementos superiores difieren considerablemente de los inferiores. Los seres de luz, y particularmente los de la vida, no pretenden convertirse en multitudes. Los que más se esfuerzan por convertirse en multitudes, son los seres del elemento tierra. Los seres del elemento etérico se esfuerzan más bien hacia la unidad. Es difícil diferenciar unos de otros; no expresan ninguna individualidad y más bien se esfuerzan por fusionarse. Ciertos iniciados en tiempos antiguos, a través de los cuales se originaron ciertas enseñanzas del Antiguo Testamento, volvieron su atención particularmente hacia los elementos etéricos. La fuerte tendencia de estos elementos hacia la unificación creó una influencia que resultó en el estricto monoteísmo del judaísmo.

La religión que se basa en la adoración de Jehová se originó principalmente de una visión espiritual del reino de los éteres. En este reino viven seres espirituales que no se esfuerzan por separarse unos de otros y llegar a ser muchos individuos. Más bien se esfuerzan por crecer juntos y desaparecer unos en otros; buscan convertirse en una unidad.

Si estos seres son ignorados por el hombre, es decir, si él no se dirige al conocimiento espiritual y la comprensión de que lo que existe en el cielo no es sólo el sol físico, sino que con el calor del sol y la luz los seres etéricos fluyen a la Tierra; si la comprensión del hombre se detiene en el aspecto material externo, entonces existe la posibilidad de que estos seres se unan con los poderes ahrimánicos. Para que la Tierra se convierta en lo que originalmente se pretendía hacer, el hombre debe despertar ante los peligros que amenazan de ambos lados, por un lado, el peligro de que aquellos seres que viven en los elementos inferiores se unan a los poderes ahrimánicos y el por otro, que los poderes ahrimánicos se unan con los de los elementos superiores en su lucha por la unidad.

 

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La importancia del conocimiento espiritual para el destino terrenal del hombre no puede enfatizarse demasiado. A menos que el hombre se acerque a la realidad espiritual algo completamente diferente de lo que debería suceder le ocurrirá a la Tierra. No importa cuán lejos o cuán profundamente nuestras sofisticadas ciencias de la física y la química investiguen el mundo material que nos rodea, el hecho es que lo que se investiga desaparecerá con la existencia de la Tierra misma. En última instancia, la química y la física no tienen valor alguno fuera de la Tierra.

Cuando la evolución de la Tierra llegue a su fin, todas las sustancias minerales se convertirán en polvo y se disolverán en el cosmos. Sólo lo que pertenece al mundo vegetal, animal y humano pasará a la existencia de Júpiter. Por lo tanto, todos los magníficos logros de estas ciencias están relacionados sólo con lo que es transitorio. Es esencial que se alcance el conocimiento de lo que perdurara más allá de la Tierra.

Como ya se ha mencionado, cualesquiera que sean las leyes físicas que se descubran, todo lo que se investiga con respecto al peso atómico de los elementos individuales o cualesquiera fórmulas químicas que se produzcan, todas estas cosas se refieren sólo a lo que tiene un significado meramente transitorio. El hombre debe crecer más allá de la existencia terrestre a través del conocimiento del tipo de cosas que he explicado. Estas son cuestiones de gran importancia y significado.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Septiembre de 2017.