GA137c6. El Hombre a la luz del Ocultismo, la Filosofía y la Religión

Christiania, 8 de junio de 1912

English version

Mis queridos amigos,

Tal vez os sorprenda que en el curso de estas conferencias vayamos a dedicar tanto tiempo a considerar la naturaleza de lo que después de todo es la parte externa del hombre, su forma y su figura. Sin embargo, si se quiere profundizar en el conocimiento que el verdadero ocultismo puede dar, no se puede omitir de su estudio del hombre los aspectos con los que ahora estamos tratando. Recuerden cuán a menudo en el curso de sus estudios se han encontrado con el pensamiento de que en su forma exterior la figura el hombre es un templo de la Deidad.

Así es, y esto es lo que debemos tener en la mente todo el tiempo que lo estudiemos, como si colocáramos las piedras de construcción del templo, tal y como comenzamos a hacer ayer y como continuaremos haciendo por un tiempo. Veremos que cuando nos tomamos la molestia de buscar en la figura humana los secretos ocultos del mundo espiritual, llegamos a un conocimiento que es de suma importancia para el corazón y el alma humana.

Ayer estudiamos al hombre en sus doce miembros. Ahora estos doce miembros aparecen a primera vista como formando una unidad. Sin embargo, en realidad no es una unidad, y es importante reconocer esto. Pues, en el momento en que estamos despiertos al hecho de que la unidad externa de la forma humana es sólo aparente, en el momento en que nos hacemos conscientes de que toda la forma y figura del cuerpo, tal como lo vemos y podemos tener conocimiento de ello aquí en la vida terrenal  es sólo una apariencia  —en ese momento también podemos comenzar a entender cómo es el Yo, el punto central de la conciencia del hombre.

Vimos ayer cómo este Yo nuestro desaparece de nuestra conciencia cada noche, y es por ello que nuestro Yo solo puede ser para el hombre una imagen; pues de otra manera no se le podría quitar la realidad de la noche. Cada noche algo del yo del hombre (que siempre va con él a través de toda la vida terrena) se retira; Y los Poderes Divinos han ordenado las cosas de tal manera que lo que el hombre pierde en el sueño se le dona en el cuerpo externo; se adhiere en su lugar del cuerpo. Es por ello que el hombre puede mirar su cuerpo como una unidad. Pero en realidad no es unidad. En realidad se compone de miembros que se amalgaman de la manera más complicada.

Aquí estamos acercándonos a uno de los misterios más importantes del ser humano, que nos llevará a profundizar en los secretos fundamentales de la existencia. Uno de los misterios lo tocamos en el mundo exterior; y es importante tomar este camino de fuera hacia dentro para recibir en nuestra conciencia esta idea que no tiene objeto.

  El hombre tal como lo vemos en el mundo consiste en tres partes, y estamos tratando todo el tiempo con una apariencia si simplemente tratamos estas tres partes del hombre como una unidad. La forma del hombre, que ayer vimos compuesta de doce miembros, está realmente dividida en tres, y debemos aprender a comprender cómo el hombre tiene en él, por así decirlo, tres hombres. Pongamos ante nosotros a estos tres hombres en sucesión.

Ayer, cuando pusimos un orden a los miembros de la forma humana, comenzamos con lo que llamamos la postura erguida  y continuamos con que el hombre está orientado en una dirección de avanzar —para expresarlo mejor, para el acto de hablar—Tenemos, por lo tanto, como segundo miembro la dirección de avance, la dirección para el habla. La tercera, como recordarán, era la simetría. Teniendo por el momento sólo estos tres miembros de la naturaleza del hombre, vemos una parte de la forma humana tal y como la contemplamos en el espacio exterior.

Veamos ahora ver si podemos, siguiendo una percepción puramente exterior, buscar otra cosa a la que podemos aplicar la palabra simetría, —y que en su aspecto externo ofrece a una observación cuidadosa muchos problemas interesantes. Por simetría nos referimos, por supuesto, la forma en que el hombre muestra un desarrollo de dos caras. Esta calidad de simetría está presente en todos los órganos de la cabeza, pero a medida que avanzamos hacia abajo desde la cabeza llegamos a una parte de la figura humana donde es aún más patente la evidencia.

Recordarán que hemos dado a  la  “postura erguida”, el nombre de Aries y el signo ♈ , y a la “orientación a la formación de sonido” el Toro nombre (Tauro) y el signo ♉ y a la “simetría” el nombre de Mellizos (Géminis) y el signo ♊. Estos son los nombres dados a los tres primeros miembros del organismo del hombre.

 Llegamos entonces a algo que parece seguir como una especie de continuación de la cabeza y que manifiesta de una manera muy especial la propiedad de la simetría. Me refiero a los brazos y las manos. Es a estos que les voy a pedir ahora tengan en consideración.

Los brazos y las manos del hombre se unen a la parte de la cabeza de tal manera que prefiguran de una manera sorprendente lo que tenemos en el hombre inferior como el muslo, la pierna y el pie. Si consideráis el reino animal, seréis inmediatamente golpeados con la semejanza de estos últimos órganos con aquellos que en el hombre, como brazos y manos, son diferentes. Podréis hacer observaciones muy importantes dedicando un cuidadoso estudio y pensamiento a la diferencia que hay en el hombre entre los brazos y las piernas, y entre las manos y los pies, en contraposición a los animales que están más cerca de él.

Tomemos ahora los nombres que empleamos ayer para las piernas y los pies y los aplicamos de manera correspondiente a los brazos y manos que se unen a la cabeza y que —como una observación bastante superficial nos permitirá ver— tienen conexión espiritual con todo el mundo del pensamiento de la cabeza. No lo encontraremos irrazonable o inapropiado si aplicamos ahora a estos brazos y manos que están conectados con la cabeza, los mismos términos que usamos ayer para las piernas y los pies, y nombrar esta continuación simétricamente extendida de la cabeza de la siguiente manera.

Primero tenemos, como cuarto miembro, el brazo superior, y a esto le damos la misma designación que le dimos al muslo, el Arquero (Sagitario) ♐.

Observamos una diferencia entre el codo y la rodilla, no habiendo desarrollo el codo una correspondencia con la rotula, pero a pesar de ello la similitud es suficientemente obvia. Y así le damos al codo el signo y el nombre que dimos a la rodilla, – Cabra (Capricornio) y ♑.

Asignamos al brazo inferior el mismo signo que tomamos para la pierna, el Signo de Acuario ♒, y las manos se indican con el mismo signo que dimos a los pies,  el signo de los Peces (Piscis) ♓.

Y si ahora juntamos estos miembros de la naturaleza del hombre, por sí mismos, comprendiendo la cabeza y los brazos, obtenemos un hombre de siete miembros. Esta es una percepción importante. Al reflexionar sobre cómo este hombre séptuple completo recibe alimento —la nutrición es naturalmente traída a él del resto del hombre— entonces la idea no será totalmente grotesca si imaginamos por un momento que este hombre séptuple podría recibir su alimento de fuera, como una planta que encuentra alimento preparado para ella en el mundo exterior, y simplemente la recibe y trabaja sobre ella. Podríamos muy bien imaginar que sucedió lo mismo con este hombre séptuple, y que no obtuvo lo que necesitaba para el mantenimiento del cerebro y demás de las otras partes de la naturaleza del hombre, sino directamente del mundo exterior. Este séptimo hombre estaría entonces directamente e inmediatamente ligado al mundo exterior.

Es esencial que el ocultista llegue a una comprensión de este hombre séptuple si quiere elevarse de manera correcta al nivel de una conciencia superior. Lo que acabamos de describir debe encontrar en algún momento un lugar en su mente, esta posibilidad de un hombre séptuple, de la cual uno piensa todas las partes restantes y miembros del ser humano actual.

HOMBRE SUPERIOR

Pasemos ahora a considerar al segundo hombre. Entenderemos mejor al segundo hombre si perseguimos el siguiente tren de pensamiento. El órgano esencial de la cabeza es, como veréis fácilmente, el cerebro. Ahora el hombre tiene algo más en su forma que es similar al cerebro. Difiere del cerebro de la cabeza en lo que aparentemente es un detalle, pero realmente es un punto de gran importancia. El hombre tiene en realidad algo así como un segundo cerebro; Es el cerebro de la médula espinal, que está encerrado en la columna vertebral.

Voy a pedirles que nos detengamos un poco en este pensamiento. Traten de imaginar que la médula espinal no es otra cosa que un cerebro extraño y peculiar. Es muy posible sentirlo como un cerebro que ha sido alargado y se ha convertido como en un bastón —al igual que también podemos ver el cerebro como una médula espinal inflada.

Nos ayudará aquí si imaginamos al hombre asumiendo por el momento la misma postura en el mundo que los animales todavía tienen hoy, es decir, con su columna vertebral no vertical sino paralela a la superficie de la Tierra. Entonces tendría un cerebro que simplemente ha sido sacado en la forma de un bastón. Y ahora observen al ser humano como lo tendría antes, paralelo a la superficie de la tierra, con la espalda recostada horizontalmente en el espacio. En esta posición la médula espinal puede muy bien pasar por una especie de cerebro.

Y ahora notamos algo muy extraño y notable, a saber, que tenemos nuevamente apéndices a la derecha y a la izquierda, aunque naturalmente muy diferentes de los apéndices de los brazos que teníamos antes. Pero imagínense una condición en la que el hombre no hubiera desarrollado la simetría tanto como hoy (que los dos brazos son casi iguales), pero aquí un brazo habría experimentado un peculiar desarrollo propio que lo diferenciara muy claramente del otro. En el día de hoy hay incluso una tendencia —y es una tontería— descartar la derecha y cultivar una igualdad de izquierda y derecha. Pero imagínense ahora que el brazo izquierdo, por el contrario, se convirtiera en un órgano completamente diferente; entonces no os parecerá imposible o absurdo referirnos en la forma en que lo haremos ahora de otros dos apéndices.

Consideremos al ser humano en esta posición, con su columna vertebral arriba, tendido horizontalmente, y unido a él por un lado la cabeza y por el otro lado los pies. Tenemos entonces dos apéndices, como lo habíamos hecho antes con los brazos. Podemos considerar la cabeza como un brazo y los dos pies como el otro brazo. A primera vista, suena muy extraño: pero cuando reflexionan en el reino animal se dan formas que no son muy diferentes a la que he descrito, la idea después de todo tal vez no  parezca tan grotesca.

De hecho, esta idea debe encontrar lugar en nuestra mente, si queremos tener la comprensión de todo el ser que es en verdad un ser de tres miembros. Entonces podemos decir que tenemos aquí apéndices,  —sólo formados asimétricamente; melllizos, digamos, que no son iguales. En efecto, llegamos a percibir que tenemos ante nosotros algo así como una repetición del primer hombre séptuple.

Comencemos entonces asignando a este hombre horizontal de dos formas disimilares Gemelos. Pues podemos llamar de nuevo a los dos apéndices laterales Gemelos (Géminis). En el hombre horizontal, la cabeza por un lado y los pies por el otro se pertenecen; están dispuestos en una relación mutua, y los denotamos en relación con el nombre Geminis.

Y ahora debemos regresar a lo que hemos visto ser un cerebro. Recuerden lo que dijimos antes. Ahora tenemos la imagen del hombre al que ahora miramos tumbándolo. Tenemos ante nosotros la parte media del hombre, el cuerpo como tal. Esto debe considerarse como un mundo encerrado en sí mismo y, además, como un mundo del que pensamos que contiene en él el segundo hombre. Así tenemos la cobertura o el encerramiento de este segundo hombre, y dentro, por encima, una especie de cerebro. Al recinto –el sudario o envoltura por así decirlo– lo designamos como Cangrejo (Cáncer). Todo el recinto del pecho adquiere un carácter completamente nuevo por el hecho de que hemos tumbado al hombre para obtener una imagen correcta de él.

HOMBRE medio

Ahora veamos qué miembros podemos encontrar dentro de este recinto del pecho. Sólo tenemos que seguir a los miembros como los tomamos en su secuencia ayer, en cuanto al lugar donde es posible todavía contarlos como la parte del tronco o del hombre medio. No hay duda del interior al que le dimos el nombre de León (Leo) ♌ y que se concentra en el corazón. Este es el tercer miembro. Entonces recordarán que vimos cómo el hombre está realmente dividido en dos miembros, un contenido interior que está encerrado por el Cangrejo (Cáncer) y un contenido interno que está encerrado por las paredes abdominales. Anatómicamente, el cuerpo del hombre está dividido exactamente por el diafragma en una cavidad superior y una cavidad inferior; lo que está debajo del diafragma también tiene que ser contado con el hombre medio. Lo designamos por el nombre de Virgen (Virgo) con el Signo ♍.

Llegamos entonces al lugar del equilibrio, donde el hombre comienza a no estar encerrado en su propia forma, sino a abrirse al mundo exterior. Cuando usa sus piernas está tomando contacto con lo que está fuera de él. El lugar del equilibrio es el límite en el que el estar totalmente “dentro” llega a su fin. Este quinto miembro se llama Escalas (Libra) y se le da el Signo ♎.

Del modo en que se colocan los órganos de la reproducción en el hombre, se verá que obviamente deben contarse con el hombre medio; Y así tenemos, como sexto miembro, los órganos reproductores, Escorpión (Escorpio) con el Signo ♏.

Y ahora nada queda por hacer sino definir el apéndice que forma el segundo de los Gemelos. Si consideran lo que es el muslo para el hombre y observan cómo su movimiento está condicionado por la naturaleza del hombre medio (porque el muslo está estrechamente relacionado con todo el sistema muscular del hombre medio), verán que debemos contarlo también como miembro. En cuanto a la rodilla, el hombre es hombre medio; las fuerzas del hombre medio entran en el muslo y se extienden hasta la rodilla. Por otra parte, ya hemos incluido el muslo como uno de los gemelos. La cabeza en un lado y el muslo en el otro constituyen el par de gemelos. Al muslo, entonces, lo denotamos con el Signo ♐ y lo llamamos Sagitario.

Cuando vamos más allá y consideramos los pies, encontramos que mientras que el muslo aún conserva una conexión íntima con el hombre medio, la rodilla, la pierna y el pie requieren el apoyo de la tierra. El muslo, es cierto, usa este apoyo, pero la pierna y el pie están allí sólo porque el hombre tiene que estar firme y recto en la tierra. En el muslo todavía tenemos que ver con la continuación del hombre medio. Si no estuviera adaptado a los otros miembros de la pierna y el pie, el muslo, de hecho, podría asumir una forma diferente y permitir al hombre ser una criatura aérea. Órganos muy diferentes podrían ser desarrollados más allá de él, adecuados para nadar o volar. Estos se pondrían en movimiento por medio del muslo, pero entonces todo lo que esta sobre ellos tendría que adaptarse a su propósito.

Vemos por lo tanto, que las partes restantes de la forma del hombre no requieren ser contadas con el hombre medio, de modo que ahora tenemos nuevamente un hombre séptuple. Es el segundo. Si miramos la diferencia entre los dos, encontraremos que es absolutamente asombrosa. En el primer hombre de siete miembros tenemos, al principio, todos los órganos sensoriales importantes, situados en la cabeza. Y cuando contamos en este primer hombre séptuple, como debemos hacerlo, los brazos y las manos, entonces hemos incluido en él órganos que tienen una cualidad distintiva que ninguna otra observación puramente externa y materialista podría dejar de reconocer. Porque los órganos que llamamos brazos y manos, si los estudiáramos seriamente, revelan en alto grado el significado sublime de la naturaleza del hombre.

Si quisiéramos hablar del arte en la Naturaleza  —y todo lo que el hombre considera con razón como el Templo de Dios está maravillosamente imbuido del arte de la Naturaleza— no podremos encontrar mejor expresión que en la maravillosa construcción de las manos y los brazos del hombre. Tomen los órganos correspondientes en otras criaturas que están relacionadas con el hombre. Miren, por ejemplo,  las alas de un pájaro,  —un animal alejado del hombre. Las alas son los miembros delanteros del pájaro, son comparables con lo que tenemos en el hombre como manos. El pájaro no podría volar sin alas. Las alas son órganos que son útiles y necesarios para su existencia— en el sentido más completo, órganos de utilidad. La mano humana no es en el mismo sentido un órgano de utilidad en absoluto. Es cierto que podemos desarrollarla para que lo sea, pero requiere desarrollo. No podemos volar con ellas, ni nadar con ellas, y es incluso torpe en la escalada, en la que los miembros delanteros del mono —el animal que está más relacionado con el hombre— son muy inteligentes. Podríamos casi decir que, mirado puramente desde el punto de vista de la utilidad, hay muy poco significado o propósito en la forma de las manos. Si, sin embargo, observamos todo lo que el hombre tiene que hacer en el curso de la evolución con sus manos, encontramos que son sus posesiones más preciadas. Cuando se trata de llevar a la expresión exterior lo que la mente y el espíritu son capaces de lograr, entonces las manos muestran su valor.

Piensen en los movimientos más sencillos y elementales de la mano. ¿Acaso la mano, cuando acompaña a la palabra con un gesto, no se convierte en el órgano más expresivo? En todos los diferentes movimientos y posiciones de la mano ¿no vemos a menudo algo revelado del carácter interior del ser humano? Supongamos por un momento que las manos fueran adaptadas para escalar o nadar; o suponer que el hombre necesitara sus manos para ayudarse a moverse por la tierra. El mundo podría estar tan ordenado que no tendríamos que aprender a caminar, sino que haríamos uso de nuestras manos para ayudarnos. Para tener en cuenta, que tenemos que aprender a caminar haciendo movimientos que son bastante inadecuados para el propósito —movimientos pendulares con ambas piernas—. Por lo general, no se observa lo poco adaptados para el fin en vista de lo que son los movimientos de la pierna; no hay un solo animal que no tenga sus piernas mucho más útilmente colocadas y ajustadas que el hombre. Y en cuanto a nuestras manos, no tienen nada que ver con este reino de nuestra existencia. Pero supongamos ahora que no fuera así, supongamos que el hombre encontrase más fácil, más natural, moverse con la ayuda de sus manos. ¡En ese caso tendríamos que olvidarnos de toda la cultura humana! ¿Qué no hace un artista con su mano? Todo arte sería simplemente inexistente, si las manos hubieran sido órganos de utilidad.

Este es un hecho que debe tener muy presente el aspirante del ocultismo, que en los brazos y las manos tenemos órganos maravillosos, profunda y fuertemente conectados con la vida espiritual que vive el hombre en la Tierra. Cuando consideramos cómo el hombre en su cabeza tiene un sentido de contacto con el mundo exterior, donde los órganos de los sentidos están principalmente localizados, y luego trabaja en ese mundo externo por medio de sus manos, cuando consideramos cómo puede preparar en su cabeza lo que despues muestra al mundo exterior con sus manos y lo lega como arte y cultura, entonces comenzamos a ver el verdadero carácter de este primer hombre séptuple. Es el hombre esencialmente espiritual, es el hombre en su conexión con el mundo externo. Si miramos a estos siete miembros y vemos cómo forman un todo autocontenido entonces vemos cómo en este hombre séptuple el proceso de la tierra se vuelve consciente para el hombre. Este primer hombre de siete miembros debe considerarse como la naturaleza espiritual del ser humano; es el ser espiritual del hombre, en la medida en que es hombre de la Tierra.

Veamos ahora al segundo hombre. El hecho de que el hombre medio tiene gemelos (Géminis) que muestran desarrollos totalmente diferentes en ambos lados, le da una relación doble con el mundo exterior. Está conectado con el mundo exterior por un lado a través de la cabeza, —porque tiene el conocimiento en la cabeza; y por otro lado, a través del hecho de que el hombre es una criatura que se mueve sobre la Tierra y puede dirigir su movimiento desde dentro. Finalmente, también está conectado con el mundo exterior por medio de los órganos reproductivos que hacen posible la continuidad física del hombre. Si no fuera por estos tres miembros, Géminis por los dos lados, y por los órganos reproductores, no habría conexión con el mundo exterior. Estos tres miembros en el organismo medio permiten al hombre tener conexión por un lado con el proceso de la Tierra y por otro lado con la evolución continua del hombre en la tierra, con la secuencia de las generaciones y la reciprocidad del sexo.

Sin embargo, cuando nos volvemos a los miembros medios que denotamos con las palabras Cáncer, Leo, Virgo y Libra, descubrimos que sólo están allí para el hombre interior —quiero decir, por supuesto, “interior” en el sentido corporal—. Esta naturaleza interna corporal del hombre tiene, es cierto, continuación en dos direcciones exteriores en lo que para él es Géminis; pero el resto está enteramente ocupado con el organismo interior. Para el organismo interior del hombre es de la mayor importancia que tenga un corazón, pero es de muy poco interés para la naturaleza externa, y de poco interés que tenga un abdomen.

Tenemos, pues, tres miembros que son importantes para la naturaleza terrestre externa y otros cuatro que sirven especialmente al propio organismo interno del hombre. Mientras que el hombre superior vive esencialmente en el mundo exterior, en virtud de los sentidos, así como en virtud del mecanismo del brazo y la mano, aquí tenemos fundamentalmente una vida dentro del organismo. Por lo tanto, existen grandes diferencias entre estos dos hombres, el hombre medio y el hombre cefálico.

Ahora debemos pasar a considerar al tercer hombre. Para hacernos más fácil de formar un cuadro mental de este tercer hombre, lo tomaremos en el orden inverso, comenzando desde el otro extremo. Encontraremos que este tercer hombre se separa de los otros dos de una manera perfectamente natural y obvia.

Comencemos con el séptimo miembro, los pies. Sabemos por la conferencia de ayer que conferimos a los pies el nombre de Piscis y el Signo ♓. La forma humana está aquí totalmente adaptada al mundo exterior. Si se piensa un poco sobre ello encontrarán que no hay ninguna pregunta al respecto. Porque es esencialmente la forma del pie lo que hace posible que el hombre sea una criatura que se mueve sobre la Tierra.

Todo lo que se requiere para caminar el hombre tiene que aprenderlo. Es conforme con la naturaleza que el hombre tiene que colocar sobre la Tierra la planta del pie, de modo que la superficie extendida del pie no esté dirigida hacia dentro sino hacia la Tierra. Y ahora, como lo que llamamos la pierna pertenece y corresponde a esta naturaleza del pie, debemos considerar como sexto miembro la pierna, a la que le damos el nombre de Acuario y el Signo ♒.

Llegamos entonces al quinto miembro, la rodilla, que aquí no se debe considerar de otra manera que formando un necesario mecanismo de descanso para el muslo. Debido a que el hombre tiene que poner a su hombre medio en conexión con el hombre inferior —el pie y la pierna— por lo tanto debe haber esta partición en la rodilla. Piensen en lo difícil que sería caminar si la pierna y el pie no se separaran de esta manera. Caminar sería una cuestión aún más difícil de lo que es, si la pierna y el muslo estuvieran hechos de una sola pieza! Si no tuviéramos que caminar, el hombre medio no nos preocuparía. Como sin embargo es así,  necesitamos al hombre medio y, en consecuencia, también se requiere de la rodilla como miembro de conexión. Lo llamamos Capricornio, con el Signo ♑. Este es el quinto miembro.

El cuarto, el muslo, ya lo hemos considerado y hemos visto que pertenece al hombre medio. El muslo tendría que estar allí incluso si el hombre tuviera otro tipo de movimiento. Si, por ejemplo, volara o nadara, seguiría necesitando el muslo, aunque podría tener que asumir otra forma. Si el hombre es capaz de caminar sobre la tierra, no sólo debe adaptarse el pie, la pierna y la rodilla a la tierra, sino también el muslo debe estar en la relación y proporción correcta con la de estos miembros. Debe ser formado de modo que corresponda de la manera correcta a los tres miembros inferiores. Lo reconocerán cuando observen que, en la medida en que el muslo está en correspondencia con los órganos medios, es del mismo tipo en aves, y en los animales de cuatro patas; solo en el hombre se desarrolla de manera diferente. Así, el muslo pertenece al hombre en cuanto tiene de naturaleza animal. Le damos el nombre de Arquero (Sagitario) y el signo ♐.

Se puede ver fácilmente que los órganos de reproducción están formados, por un lado, desde dentro, y por otro en sus funciones se adaptan al trabajo exterior. Permítanme decir de paso que debemos hablar de estas cosas con bastante objetividad, y considerar aspectos de ellas que sólo se pueden considerar cuando se trata el tema con seriedad científica. Los órganos reproductivos se adaptan a la naturaleza externa en el sentido de que relacionan un sexo con el otro. El órgano del macho no sólo se forma fuera del hombre medio, sino que también se le da una dirección externa y un forma adaptada al órgano reproductor de la hembra. Tenemos, por lo tanto, que hablar de los órganos reproductivos como el tercer miembro, que llamamos Escorpión y denotamos con el Signo ♏.

Ahora vamos a lo que se llama la balanza (Libra), el lugar del equilibrio en el hombre. La forma externa de la región del equilibrio es prueba suficiente de que tenemos aquí un miembro de la naturaleza media del hombre. Tengan en cuenta que es porque el hombre se ha vuelto vertical que tuvo que tener aquí este órgano de equilibrio. Debe desarrollarse de tal manera que le permita convertirse en un ser recto. Comparen la región de equilibrio en un animal de cuatro patas con el del hombre y reconocerán que este miembro del equilibrio es diferente pues la parte superior del cuerpo tiene una dirección ascendente o descansa horizontalmente en las piernas y los pies. Así, el lugar donde se encuentra el equilibrio y que designamos como Libra tiene que ser contado como el segundo miembro del hombre inferior.

Y ahora llegamos a algo que no puede sino encontrarse con malentendidos por parte de la ciencia actual. Hemos considerado hasta ahora un hombre de seis envolturas; hemos estudiado al tercer hombre empezando desde abajo hacia arriba y encontramos en él a estos seis miembros. Cuando consideramos a los otros dos, al primer y el segundo hombre séptuple, tomamos como punto de partida en cada caso un cerebro. Al considerar la cabeza, comenzamos con el cerebro y eso nos condujo a los brazos y manos. Entonces aprendimos a ver un segundo cerebro, un cerebro que es como un cuerpo alargado, pero aún así es verdaderamente cerebro,—la médula espinal. Como usted sabrá, la diferencia entre la médula espinal y el cerebro, aunque aparentemente  parece pequeña, es realmente muy grande. La médula espinal es el instrumento para todos los movimientos que el hombre está obligado a realizar; los movimientos que llamamos movimientos involuntarios son controlados por la médula espinal. Cuando, por otra parte, empleamos el instrumento del cerebro, el pensamiento se inserta entre la percepción y el movimiento. En la médula espinal no existe conexión con el pensamiento. Allí el movimiento sigue directamente a la percepción. En el caso del animal la médula espinal desempeña una mayor parte que en el caso del hombre, y el cerebro una parte menor. La mayoría de los animales realizan sus acciones de manera involuntaria. El hombre, sin embargo, en virtud de su cerebro superior, se inclina al pensamiento entre la percepción y el movimiento; por consiguiente, sus hechos muestran un carácter voluntario.

Tratemos ahora de imaginar al tercer hombre de tal manera que en él también descubrimos una clase de cerebro. Como ustedes saben, hay en el hombre un tercer sistema nervioso distinto del cerebro y de la médula espinal. Es el sistema nervioso simpático, el denominado plexo solar, situado en la parte inferior del hombre y que envía sus fibras hacia arriba, paralelas a la médula espinal. Es un sistema nervioso que está separado de los otros dos y en relación con el propio cerebro, puede considerarse como un cerebro peculiar, no desarrollado. Cuando seguimos la forma humana más allá de Libra, encontramos este notable sistema nervioso simpático, el sistema del plexo solar extendido como el cerebro del tercer hombre. Con los órganos especiales que ya hemos enumerado, también está conectado lo que tenemos que considerar como una especie de tercer cerebro, el plexo solar.

Ahora bien, existe una conexión vital —y esto es lo que la ciencia externa no puede sino encontrar difícil de aceptar— entre el plexo solar y los riñones. Como la sustancia del cerebro en la cabeza y las fibras de las vías nerviosas permanecen unidas, también lo hacen los riñones que pertenecen al cerebro del abdomen, al plexo solar. De hecho, el plexo solar y los riñones forman, en conjunto, un tipo peculiar de cerebro subordinado. Reconociendo este cerebro como parte del hombre inferior, podemos designarlo con el término Virgen (Virgo) ♍. Tenemos, pues, ahora nuestro séptimo, o más bien nuestro primer miembro, compuesto por la conexión del plexo solar con los riñones; y en este punto llegamos a completar el tercer hombre séptuple.

HOMBRE INFERIOR

Así, el hombre se encuentra triformado en su composición. Estos tres hombres colaboran entre sí, y no es posible comprender la naturaleza del ser humano hasta que se sepa que en él están activos en realidad tres seres humanos. Tres hombres séptuples trabajan unidos en el hombre.

El último cerebro nombrado toma extraordinariamente poco interés en el mundo externo. Su único propósito es mantener las partes interiores del hombre en posición vertical. Todo el resto de los órganos en el hombre inferior se adaptan al mundo exterior, aunque de una manera muy diferente a la del hombre cefálico. La relación del hombre cefálico con el mundo externo se expresa en el hecho de que él re-forma el mundo de la tierra al mundo de la cultura humana. Por otro lado, en los órganos externos e internos del hombre inferior tenemos que ver con algo que pertenece y sirve al ser humano mismo. Es sólo porque no nos tomamos la molestia de pensar con precisión en estos asuntos que no podemos observar la enorme diferencia que hay entre esta Triformación que engloba la totalidad del ser humano

El ocultismo siempre ha dado el nombre de Mysterium Magnum, el Gran Misterio, al maravilloso secreto de la naturaleza del hombre, cuyo aspecto exterior hemos estado considerando aquí. Este aspecto del Mysterium Magnum es visible en el mundo exterior; sólo que, en general, no estamos en condiciones de entenderlo, porque no distinguimos desde un principio, en lo que parece ser una unidad, un ser tres veces séptuple.

Ahora podemos pasar a considerar el otro aspecto de este misterio. Hablamos antes de la naturaleza del Yo del hombre, y dijimos cómo tiene la apariencia de ser una unidad. Vimos también cómo esta unidad se rompe continuamente, siendo continuamente interrumpida por el sueño. Si leen “Como se alcanza el conocimiento de los Mundos Superiores” encontrarán que se describe un hecho notable, cuando el discípulo de ocultismo da el paso que lo lleva fuera de su conciencia ordinaria algo extraño sucede con su Yo, con su conciencia. El está dividido en tres miembros, y tan eficazmente que es dominado por estos miembros auto-dependientes dentro de él —el alma pensante, el alma sensible y el alma dispuesta—. En la vida ordinaria estas tres cosas —pensamiento, sentimiento y voluntad— están unidas en la naturaleza del Yo, en la conciencia del Yo. En nuestra conciencia cotidiana común juegan entre sí. Sin embargo, tan pronto como damos un paso hacia una conciencia superior, el pensamiento, el sentimiento y la voluntad se desmoronan. Este es un hecho al cual el aspirante del ocultismo debe prestar atención. Cuando sale de su conciencia cotidiana, se encuentra dividido en tres, encuentra la unidad del Yo dividida en un hombre pensante, un hombre sensible y un hombre dispuesto.

Ahí tienen el otro aspecto del Mysterium Magnum. Cuando el hombre se precipita, por así decirlo, cuando realmente pasa por encima de los límites de su conciencia, entonces su unidad del Yo se divide en tres al igual que la aparente unidad de la figura humana externa, tan pronto como llegamos a estudiar el cuerpo más de cerca, se divide en tres, —en tres hombres de siete miembros.

Así, nuestra naturaleza interna del Yo, al igual que nuestra forma externa, es una unidad formada de una trinidad. El hombre exterior se divide en el hombre cefálico de siete miembros, el hombre medio o rítmico se divide en siete miembros  y el hombre inferior o metabólico consta de siete miembros. En consecuencia, el yo interior del ser humano se divide, en cuanto alcanza el primer paso en el reino oculto, en un ser trimembrado, el hombre pensante, el hombre sensible y el hombre dispuesto, que colaboran entre sí en completa independencia. Ese es el segundo aspecto del misterio.

Ambos hechos deben ser reconocidos por el discípulo del ocultismo, cuando da el primer paso hacia una conciencia superior. (Hablaremos mañana del encuentro con el Guardián del umbral.) Así como la conciencia se divide en tres partes, así si avanzamos de la manera correcta, aprenderemos a percibir en la forma externa manifiesta del hombre un ser trino y séptuple. Tenemos aquí dos aspectos de un aspecto múltiple, —el Mysterium Magnum. De los otros aspectos hablaremos más adelante. De momento estamos indicando los primeros y más elementales pasos para el comienzo de este gran y maravilloso misterio. Por eso, cuando se llega a una etapa particular del desarrollo oculto, se encuentra por todos los lados con la fórmula (expresada de muchas maneras diferentes): El gran secreto es —”Tres son uno y uno son tres”. Para el ocultista esta fórmula significa lo que he descrito hoy; aquí tiene su pleno y verdadero significado. Sólo cuando la gente lo malinterpreta y lo convierte en un dogma materialista pierde su verdadero significado. Sin embargo, si lo toman en el sentido que he explicado, puede ser un símbolo correcto para las verdades con las que hemos estado tratando hoy. La fórmula se convierte entonces en una expresión del Mysterium Magnum. Si queremos encontrar el camino correcto en el reino del ocultismo —y esto es lo que intentamos aquí, en muchas conexiones—, entonces debemos aprender a comprender esta misteriosa y aparentemente contradictoria fórmula: Tres son uno y uno son tres. Para el discípulo medieval del ocultismo una y otra vez le fueron pronunciadas las palabras: “Presta atención a lo que se te dice; así podrás entender el misterio de cómo los Tres pueden ser al mismo tiempo Uno, y el Uno al mismo tiempo Tres. “

HOMBRETRIMEMBRADO

Traducido por Gracia Muñoz

Anuncios

GA137c4. El hombre a la luz del ocultismo, la teosofía y la filosofía

Christiania, 6  de junio de 1912

English version

Mis queridos amigos,

Ahora vamos a considerar la tercera experiencia en el mundo suprasensible, la conciencia que se vive allí. Pero antes de poder hacerlo, primero debemos tomar conciencia de algo que todo el mundo posee, pero que no todo el mundo se toma la molestia de observar, a saber, la conciencia ordinaria de este mundo, la conciencia, que se centra en el hecho de que el hombre toma conciencia de su yo, se hace consciente de sí mismo como un ser auto-existente que tiene conocimiento de los objetos y los seres que le rodean.

Esta conciencia es un elemento en nuestra vida que tenemos que examinar con especial cuidado y precisión, cuando se está pensando en el ocultismo. Porque es cierto que esta conciencia, que podemos llamarla “conciencia del yo”, es para el ocultista ese elemento en su vida que  está en el mayor peligro de perder cuando pasa por los mundos suprasensibles. Un hombre que quiere penetrar en los mundos suprasensibles tiene que tener mucho cuidado con este dato, ya que la pérdida de esta conciencia del yo, el cese y la supresión de la misma, es tan peligrosa como necesaria!. Aquí, como podemos ver, hemos llegado de nuevo a una contradicción, pero ya he dicho que en este campo son inevitables las contradicciones.

Si reflexionamos un poco sobre la conciencia del yo, vemos que en realidad es el fundamento de la existencia en sí misma, por el hecho de que tienes una conciencia del yo, estás en tu alma autocontenida. Cuando no estás usando tus sentidos, entonces, excepto cuando duermes, siempre debes estar como tú en tu conciencia. La conciencia sólo se hunde en la oscuridad cuando caemos dormidos.

Ahora bien, no requiere mucho pensamiento percibir que lo que estamos acostumbrados a llamar la Divinidad, o el Fundamento Unitario e Indivisible de los Mundos, no puede considerarse como parte de esta conciencia, ya que el hombre pierde esa conciencia todas las noches cuando se va a dormir y encuentra el contenido de nuevo cada mañana. Todo lo que tiene en él por la noche cuando se duerme se mantiene, y es capaz de despertar y retomar los hilos de su vida interior, donde los dejó cuando se quedó dormido. Todo ha quedado como estaba, sólo que el hombre no ha tenido conocimiento de sí mismo mientras dormía. El Fundamento Uno e Indivisible de los mundos que mantiene todo, debe por tanto, mantener también la conciencia del hombre mientras duerme. Debe vigilar la naturaleza del hombre, tanto cuando despierta como cuando duerme.

A partir de esto será evidente que el hombre debe necesariamente pensar en el Fundamento Divino de los Mundos como algo fuera de la conciencia de la Tierra dentro de la cual él mismo se encuentra. En consecuencia, el hombre no puede, por medio de su propia conciencia, tener conocimiento alguno del  Fundamento Divino de los Mundos. Esto significa que desde la conciencia ordinaria de la Tierra el hombre es incapaz de acercarse por sus propios esfuerzos a las cosas que pertenecen al Fundamento de los Mundos, estas cosas han tenido que venirle por medio de lo que se llama “revelación”. Las revelaciones, y particularmente las revelaciones de la religión, siempre se han dado al hombre, por la sencilla razón de que el no puede encontrarlas dentro de su propia conciencia, en la medida en que es la conciencia de la Tierra. Si se quiere establecer una relación con el Fundamento de los Mundos, si quiere informarse de la naturaleza y el ser del Fundamento y origen de la existencia, debe recibirlo por revelación. Y la revelación nos ha llegado, como sabemos, una y otra vez, a lo largo de la evolución de la humanidad. Cuando retrocedemos a los antiguos tiempos precristianos, nos encontramos con muchos grandes maestros religiosos, —como por ejemplo se denomina en el lenguaje de Buda a los Bodhisattvas; otros pueblos los conocen por otros nombres. Estos grandes maestros estuvieron entre los hombres y les comunicaron lo que los hombres eran incapaces de descubrir por medio de su conciencia  terrestre.

La pregunta es: ¿cómo estos maestros religiosos pueden obtener el conocimiento de las cosas que están detrás de la conciencia humana?. Sabemos que siempre ha habido en el mundo lo que llamamos “Iniciación”, y todos los grandes maestros religiosos han tenido que someterse en última instancia a cualquier forma de iniciación, para ascender por sí mismos el camino oculto, o para recibir la enseñanza de los iniciados que han ascendido  al sendero oculto y han llegado a una comprensión de lo Divino, no con su conciencia terrenal, sino con una conciencia que va más allá de la conciencia de la Tierra.

Este fue el origen de las religiones de la antigüedad. Todas las comunicaciones y revelaciones que los hombres recibieron en tiempos pre-cristianos de los grandes maestros de la humanidad nos llevan en última instancia a los fundadores de la religión, iniciados que habían experimentado en condiciones suprafísicas lo que comunicaban a la humanidad. Y en consecuencia, la relación de un hombre religioso con su Dios es siempre tal que concibe a su Dios como un Ser fuera de su mundo, un Ser que está más allá y de quien puede por medios especiales recibir una revelación.

A menos que el hombre se eleve a la iniciación, debe mantener necesariamente esta actitud. Debe sentirse a sí mismo de pie aquí en la Tierra, examinando con su conciencia las cosas de la Tierra y recibiendo de los fundadores de la religión el conocimiento de las cosas que están fuera del mundo de los sentidos y fuera del mundo del entendimiento, en una palabra, fuera del mundo de la conciencia humana. Así es como ha sido con todas las religiones, y en cierto sentido podemos decir que todavía.  Sabemos, por ejemplo, que el budismo se remonta a su gran fundador Buda. Y cada vez que se habla de la fundación del budismo siempre se declara expresamente que el Buda alcanzó la iniciación y la visión superior, mientras meditaba bajo el árbol Bodhi, que es sólo una forma particular de expresar el hecho de que en el año 29º de su vida se hizo capaz de mirar el mundo espiritual y revelar lo que ahí vio y aprendió.

Lo que se revela exactamente no es para nosotros de gran importancia. Varía según la necesidad y la capacidad de recibir del hombre. Tomemos, por ejemplo, la antigua Grecia. En la medida en que la antigua Grecia recibió sus ideas religiosas a través de la enseñanza de Pitágoras, volvemos a encontrar aquí que la conciencia de Pitágoras ha sufrido una iniciación y, por consiguiente, ha podido sacar de los mundos espirituales e incorporar a la conciencia humana lo que veía correcto y necesario para los hombres que estaban en la Tierra en ese momento.

Tal es entonces la relación del hombre religioso con el mundo espiritual; no podemos imaginarlo de otra manera. El hombre y el mundo divino se enfrentan uno a otro. Si en ese mundo se contempla una pluralidad de Seres o una unidad, si es enseñado el politeísmo o el monoteísmo, no tiene que preocuparnos aquí. Lo importante es que el hombre se encuentra de pie frente a un mundo divino, que le debe ser revelado.

Esta es también la razón por la cual la teología ha llegado al punto de no dar lugar a las ideas religiosas para el conocimiento que el hombre adquiere por sí mismo. Tal conocimiento sólo puede alcanzarse por el desarrollo interior y el ascenso a los mundos espirituales. Implicaría así una penetración en regiones que la teología —no la religión como tal, sino la teología—- está más atenta de excluir cualquier influencia sobre las concepciones religiosas de la humanidad. De ahí el cuidado que se toma en Teología para advertir al hombre de dos caminos equivocados que deben ser evitados. Uno de ellos está en el camino que conduce a la Teosofía, donde el hombre busca desarrollarse para elevarse a su Dios,  estar frente  a su Dios como un hombre, y el otro, según dicen los teólogos, es el camino de la mística , —a pesar de que no es raro que los teólogos mismos hagan pequeños desvíos a las regiones tanto de la teosofía como del misticismo—. Pero las personas religiosas, las personas que son pura y simplemente religiosas, han de distinguirse no sólo de los teósofos, sino también de los místicos, porque la mística es también muy diferente del hombre religioso. El hombre religioso es esencialmente alguien que está aquí en la Tierra y establece una relación con un Dios que está más allá de su conciencia.

Ahora bien, como ustedes saben, hay otras cosas en el alma del hombre, además de lo que ya hemos hablado. En el alma del hombre está la vida del pensamiento, que hace uso del instrumento del cerebro. En la medida en que el hombre está en su conciencia ordinaria, tiene por supuesto, su cerebro y su mundo de pensamientos. La conciencia no puede estar ahí sin ellos. Interactuando con lo que podemos llamar conciencia humana, tenemos los pensamientos, las experiencias que el hombre tiene cuando hace uso del instrumento del cerebro. Por consiguiente, las religiones han contenido siempre pensamientos que emplean el instrumento del cerebro, ya que quien es un revelador, un fundador de una religión, puede vestir las revelaciones divinas en formas que los hombres entenderán haciendo uso del instrumento del cerebro. La religión sin embargo, puede estar también revestida de las ideas que hacen uso del instrumento del corazón. Ninguna religión en particular, por lo tanto, puede hablar, ya más en el cerebro o más al corazón del hombre. Si hacemos la comparación entre las distintas religiones del mundo, nos encontramos con que algunas hablan más a la comprensión, a las experiencias de los hombres que están conectadas con el cerebro, mientras que otras hablan más bien a las ideas y los sentimientos del corazón, apelando a la vida de la percepción interna y al sentimiento. Esta diferencia puede ser fácilmente observada en las diversas religiones. Todas las religiones tienen, sin embargo, la característica común de que el hombre mantiene intacta la conciencia del yo, que permanece consciente en cuanto hombre. Aquí en la Tierra funciona la conciencia del yo, y sobre ella desde fuera funciona lo que pertenece a la naturaleza del mundo divino suprasensible.

Todo esto cambia cuando el hombre se convierte en un místico. Porque cuando el hombre se convierte en místico, entonces todo lo relacionado con la conciencia de la Tierra ordinaria se evapora. Lo que está muy bien resguardado en la religión, siempre y cuando se mantenga la religión pura y simple,  a saber, que un hombre se sienta sobre sus propios pies y se enfrenta el mundo divino con plena conciencia— se descompone en el misticismo. Los místicos, precristianos así como los cristianos, siempre han hecho todo lo posible para romper la conciencia humana. Su preocupación ha sido siempre tomar el camino hacia arriba a los mundos suprasensibles, es decir, trascender la conciencia ordinaria humana en la Tierra. Esa es la característica del misticismo. Se establecen en él para superar la conciencia ordinaria y vivir su camino en un estado donde sobreviene el olvido de sí. Y luego, si el místico puede llegar tan lejos, como para olvidarse de sí mismo pasa a la autoaniquilación, a la autoextinción. Los estados esencialmente místicos del éxtasis, tienen todos ellos este fin, acabar con las limitaciones de la conciencia de la Tierra, para crecer más allá de ellas hacia una conciencia superior.

Es difícil formarse una concepción de la naturaleza del misticismo, ya que se manifiesta en muchas formas diferentes. Será bueno si en este momento tenemos en cuenta algunos ejemplos individuales.

Imaginemos que un místico, de acuerdo con lo que acabo de explicar, se siente llamado a suprimir su conciencia ordinaria del yo, a romperla y a superarla. Por supuesto habrá abandonado las otras experiencias del alma, las experiencias que el hombre tiene por el uso del cerebro y el corazón. El místico intenta extinguirlas de su conciencia, pero no necesariamente extingue también las experiencias del cerebro y del corazón al mismo tiempo. Como ven aquí se abre el camino para muchos matices diferentes de misticismo. Consideremos qué variedades son posibles.

Un místico puede tener experiencias del cerebro y del corazón, mientras que la conciencia se extingue. Entonces podemos decir que él sale de sí mismo en el éxtasis, pero que reconoce los pensamientos y sentimientos que aún tiene, que no ha borrado lo que pensaba y sentía por el uso de cerebro y del corazón. Para descubrir a los místicos que en verdad se pueden contar en esta categoría tenemos que ir más lejos en la historia. Podemos encontrarlos entre aquellos que, después de la fundación del cristianismo, se esforzaron por ascender al Yo divino con la ayuda de la filosofía de Platón,  —neoplatónicos, es decir, como Iamblico y Plotino. A esta clase también pertenece Escoto Erigena, y si uno no se aferra estrictamente a la definición, pero admite a un místico en quien el cerebro se experimenta más que las experiencias del corazón, entonces podemos incluir también al Maestro Eckhart, estos pasan a formar la clase A; místicos que todavía admiten experiencias del cerebro y del corazón.

Un segundo tipo de místico es aquel que no sólo apaga su conciencia, sino que además experimenta su cerebro, reteniendo sólo las ideas y concepciones que se adquieren mediante el uso del instrumento del corazón. Generalmente encontramos que los místicos de este orden no tienen amor por nada de lo que se piensa. Quieren excluir tanto el pensamiento como la conciencia. Todo lo que se permitirá utilizar para su desarrollo es lo que el corazón pueda lograr. Esos místicos, aunque su empeño es superar la conciencia humana, ir más allá de ella en éxtasis, conservan una conexión con sus semejantes a través del hecho de que basan su relación con el mundo circundante en las experiencias del corazón.

Imagínense a ustedes mismos un místico de este tipo, —un extático cuyo deseo y objetivo es salir de sí mismo—, que ama estar en un estado en el que esta totalmente libre de sí mismo! Tal místico rechazará de inmediato cualquier cosa que se propongan comunicarle, y que le obligue a usar su cerebro. No querrá saber nada de eso. Si lo que usted tiene que decir se refiere a los mundos superiores o al mundo de la naturaleza externa, no hace ninguna diferencia; en cualquier caso responderá que no hay necesidad de saber todo eso.

Un místico que está conectado de esta manera con su entorno a través del corazón solo es capaz de hacer un buen servicio para la humanidad. Pero puesto que de todas las experiencias del alma humana solo deja hablar a las experiencias del corazón, él no encontrará fácilmente accesibles las complicadas ideas que se adquieren en el camino del ocultismo; pues para recibir estas uno tiene que hacer en todo caso un proceso de pensamiento!

Fue un místico de esta clase quien, cuando le preguntaron si no le gustaría tener un Libro de Salmos —porque nunca leyó las Sagradas Escrituras— respondió: “Si un hombre usa un Libro de Salmos pronto, querrá un libro más grande, y no se puede decir qué más querrá él cuando empiece a desear después el conocimiento en forma de pensamientos”. El mismo místico no deseaba tener pensamientos ni siquiera sobre la Naturaleza. Solía decir: “El hombre no puede saber nada de lo que no sabe”. Con este gesto expuso todo su conocimiento. Aquí tenemos entonces un místico con solo experiencias del corazón, perteneciendo a nuestra segunda categoría, clase B.

Ahora, en el caso de tal místico, encontrarán que hay una especie de economía de sus fuerzas anímicas. En la medida en que no hace uso de su entendimiento y su poder de pensamiento, en tal medida sus fuerzas anímicas están, por así decirlo, maniatadas. La conciencia también la deja fuera de uso. Todo esto tiene un resultado interesante. Porque cuando él está en sus estados de éxtasis, con la conciencia humana de la Tierra cerrada, pero todavía percibe a su alrededor todo lo que puede ver con sus ojos y oír con sus oídos y así sucesivamente, y sin embargo no quiere comprender su entorno, pensando que no hay alguna necesidad de hacerlo, tal místico tendrá grandes fuerzas que le permitirán sentirse aún más en la naturaleza circundante.

Como místico, uno puede protegerse por completo de la Teología, pero la Naturaleza rodea a todos los místicos. Sin embargo un místico de este tipo, no tendrá nada que ver con el conocimiento, incluso sobre la naturaleza. De esta manera se ahorra hasta las fuerzas que de otra manera usarían para reflexionar sobre la naturaleza con el pensamiento. Rechaza todos los estudios de la Ciencia de la Naturaleza. Pero las fuerzas del corazón, —estas las usa, y es capaz de desarrollarlas con más fuerza. Él sentirá a través del instrumento del corazón todo lo que el Ser de la Naturaleza puede decirle, y lo sentirá más poderosamente que el hombre que usa sus fuerzas anímicas con su intelecto y su autoconciencia. Por lo tanto vamos a esperar encontrar en un místico de este tipo una idea de la naturaleza que es muy positiva y muy concreta. Esa persona, en el pasado, vistió su sentimiento por la Naturaleza en los siguientes versos, que les leeré aquí, para que vean cómo, para un místico de este tipo, la vida misma se convierte en un sentimiento para la Naturaleza.

Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.

A ti solo, Altísimo, corresponden,
y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.

Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
el cual es día, y por el cual nos alumbras.

Y él es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.

Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las has formado luminosas y preciosas y bellas.

Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustento.

Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta.

Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche,
y él es bello y alegre y robusto y fuerte.

Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,
la cual nos sustenta y gobierna,
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.

Tenemos aquí, como veis, un éxodo total del alma consciente de sí misma, una especie de embriaguez del corazón. Todo se siente. El poema está saturado de algo que el ojo no puede percibir (pues el escritor es un místico), pero el alma puede sentirlo. Tengan en cuenta sin embargo, que es lo que el alma siente cuando todavía no ha ido tan lejos como para entrar en la experiencia de lo divino en la naturaleza. Cuando esto se convierte también en una parte de la experiencia del alma, entonces no puede surgir esa sensación de la naturaleza que está tan hermosamente expresada por Goethe en su Fausto:

“Spirit sublime, thou gav’st me, gav’st me all

  For which I prayed. Not unto me in vain

  Hast thou thy countenance revealed in fire.

  Thou gav’st me Nature as a kingdom grand,

  With power to feel and to enjoy it.

  Thou Not only cold, amazed acquaintance yield’st,

  But grantest, that in her profoundest breast

  I gaze, as in the bosom of a friend.

  The ranks of living creatures thou dost lead

  Before me, teaching me to know my brothers

  In air and water and the silent wood.”*

  • From Bayard Taylor’s Translation.

Aquí tenemos un eco del mismo sentimiento, y su misterio ha sido resuelto. Cuando miramos la figura de Fausto, podemos ver cómo esta experiencia se convierte en una parte de su vida anímica.

Para volver al himno citado. Es el himno de un místico en el que este aspecto de la experiencia humana eclipsa a todo lo demás. Él está en una relación tan íntima con la naturaleza que el Sol es su hermano y su hermana la Luna, al agua también, la llama hermana, al fuego, el hermano, y la Tierra misma su madre. Así es como se siente la naturaleza espiritual. Aquí tienen un místico que va más allá de la conciencia humana ordinaria, pero al mismo tiempo que conserva todas las experiencias anímicas que se adquieren a través del instrumento del corazón. Es un místico a quien todos ustedes conocen bien, —Francisco de Asís.

San Francisco

En San Francisco de Asís tenemos un ejemplo notable de un místico del que en realidad podemos afirmar que en esa encarnación él rechazó toda la teología y todo el conocimiento, incluso de las cosas suprasensibles. Por otro lado nos encontramos con que en este relato fue capaz de vivir en una intimidad extraordinaria con el espíritu de la Naturaleza. Esta fue realmente una característica destacada de su vida.

En San Francisco no tenemos el mero panteísmo vago del espíritu, —que tiene siempre un rastro de afectación al respecto. Él no sólo canta con entusiasmo al Espíritu universal de la Naturaleza, sino que canta definidos sentimientos positivos que llenan su alma cuando se encuentra con los seres de la naturaleza, —filial, fraternal, sentimientos fraternales.

Ahora debemos pasar a una tercera clase de los místicos, la clase C. Estos son los místicos que se dedicaron a experimentar el éxtasis —es decir, la pérdida o el oscurecimiento de la autoconciencia— y bajo ciertas condiciones a excluir también las experiencias anímicas que hacen uso del corazón, mientras que por otro lado retienen los pensamientos, o experiencias del cerebro. Estos hombres a menudo no se describen en el lenguaje ordinario como místicos en absoluto, ya que generalmente se espera de un místico que sus experiencias se impregnen de sentimiento. Y es fácil ver por qué. Piensen en un hombre que ha expulsado de su alma, toda su experiencia personal, la autoconciencia. Esto significa que no está ausente en él la misma cosa que la mayoría de la gente encuentra interesante en sus semejantes, —a saber, la personalidad. La gente está interesada en los demás a causa de su personalidad. Ahora las experiencias del corazón tienen todavía mucho de personal impregnado en ellas —por ejemplo, en San Francisco de Asís— que ejercen todavía una influencia tan convincente en lo que hay de humano en nosotros, que nos mantiene despiertos en nuestra conciencia y nos volvemos a esa persona con interés, —aunque en verdad no tan fácilmente con la voluntad. Y eso también es muy adecuado para la vida ordinaria, especialmente en la actualidad; ¡No podemos ser todos como San Francisco de Asís! La universalidad del corazón, cuando se manifiesta como lo hizo en San Francisco, tiene una poderosa influencia sobre las personas, incluso cuando el elemento esencialmente personal es entorpecido y oscurecido. Esta supresión y extinción de la conciencia conduce, por un lado, en un místico como San Francisco, como ustedes saben, a una especie de radicalismo en la vida, que incluso cuando se despierta el interés la gente se abstiene de imitarlo. Porque como regla general, las personas no están en absoluto deseosas de salir de su conciencia,  tienen miedo a perder el suelo bajo sus pies.

Pero ahora consideren cómo podría ser un místico que excluye toda conciencia personal y además todas las experiencias del corazón. Tal místico no daría a los hombres nada más que pensamientos puros, —pensamientos e ideas que hacen solo uso del cerebro. Nadie podrá fácilmente llevar su vida en tal condición. Un hombre puede ser tan San Francisco como quiera, porque las experiencias del corazón pueden ser útiles para la humanidad en general. Pero un místico que suprime no sólo su conciencia del yo personal, sino también su corazón y experimenta y vive sólo en pensamientos —pensamientos que están vinculados al cerebro— tendrá que limitar su devoción a este camino a determinados momentos solemnes de su vida. Pues la vida siempre nos llama y devuelve, una y otra vez, al elemento personal en la Tierra, y cualquiera que viviera solo de pensamientos y sólo usara su cerebro no sería capaz de realizar ninguna actividad ordinaria de la Tierra. Por consiguiente, sólo puede ocuparse de esta manera durante periodos muy cortos; nadie puede utilizar el cerebro exclusivamente por más momentos a la vez. Y en cuanto a sus semejantes, y su relación con ellos, simplemente no se preocuparan por él,  sino que todos le evitaran. Porque lo que más interesa a la gente es la experiencia personal; y esto se suprime. Y las experiencias del corazón, que trabajan tan poderosamente sobre la gente, a estas también renuncia. La consecuencia es que la gente se alejará de él por completo, no tendrán el menor deseo de acercarse a él.

El filósofo Hegel es un místico de este tipo en el verdadero sentido de la palabra. Lo que da en su filosofía expresa la intención de excluir cualquier punto de vista personal y también todas las experiencias del corazón. Se propone ser la pura contemplación en el pensamiento, y podemos por consiguiente tomar a Hegel como un ejemplo eminente de un místico sólo con experiencias cerebrales. Tal hombre nos lleva a las alturas más puras del pensamiento. Mientras que en la vida ordinaria el hombre está acostumbrado a tener pensamientos que están arraigados y basados en el interés personal y en la autoconciencia, estos son los mismos pensamientos que en un místico filosófico de este tipo están prohibidos. Y se excluye también lo que hace de lo espiritual atractivo y deseable, es decir, su interacción con las experiencias del corazón. Él se dedica a la renuncia de lo majestuoso siguiendo el curso de las experiencias del cerebro y solamente éstas. De todo lo que el alma humana puede experimentar, sólo le quedan pensamientos.

Es por ello que tantas personas se quejan de Hegel, no hay nada que recuerde las experiencias del corazón, todo lo que presenta es única y exclusivamente imágenes mentales. La mayoría de las personas sienten que se quedan desoladas y se enfrían, cuando encuentran lo que ellos mismos aman con su corazón, cristalizado en el frío pensamiento. Y la conciencia del yo, en la cual la personalidad está arraigada y por la cual el hombre se mantiene firme en la vida terrenal, —Hegel lo tiene sólo como un pensamiento. Por supuesto que toma en consideración al yo, porque para él es la idea de una experiencia particularmente importante. Esto lo hace. Pero sigue siendo no más que una imagen del pensamiento, para él, la personalidad humana no se dispara con esa cualidad viva y directa que brota de la autoconciencia.

Todavía tenemos otro tipo posible de místico. Sería el místico que excluye a los tres, —la conciencia de la Tierra, las experiencias del corazón y las experiencias cerebrales. Entonces tendríamos la clase D, místicos que aniquilan del alma todas las experiencias de la Tierra. Como pueden imaginar, tal cosa es extraordinariamente difícil de lograr. Para un ocultista, es algo muy natural; en las próximas conferencias profundizaremos en ello. Un ocultista se eleva a los estados donde silencia todo lo que está conectado con el cerebro, así como con el corazón, en la medida en que éstos se componen de fuerzas de la Tierra y en la medida en que hacen uso de la consciencia. Un ocultista práctico que ascienda a los mundos superiores considerará este paso como obvio. Pero en este punto el ocultista comienza a vivir y experimentar en el mundo suprasensible, y durante el tiempo que está aislado de todo lo relacionado con el mundo que rodea al hombre en la Tierra, tiene a su alrededor el mundo superior. El salta de una cosa a la otra. El místico, por el contrario, cierra estas tres experiencias que hacen uso de los instrumentos de la Tierra, no dejando entrar nada que pudiera llenar su conciencia. Él, por supuesto, no entra en la nada, porque mas allá de nuestra conciencia esta como sabemos, el mundo divino espiritual suprasensible. Pero él no entra en este mundo como el ocultista, a quien se revela entonces la palabra tácita y la luz suprasensible; no, el suprime su conciencia, suprime todos los poderes que están en ella y sólo siente al fin, después de suprimir todas estas experiencias humanas, un sentido de estar unido con algo, de estar dentro de algo. Allí comienza para él una experiencia que tiene la impresión, después de la extinción de la conciencia y de todas las experiencias de la Tierra, de un matrimonio con algo que se siente y se percibe en una especie de intoxicación. El místico se une a él en arrebato y éxtasis, pero no puede hacer ninguna comunicación al respecto, porque no se experimenta de manera definida, no tiene impresiones concretas de las que pueda hablar.

Veremos, cuando sigamos hablando más del ocultismo, en qué situación desesperada devendría un hombre que erradicó los tres tipos de experiencia: —experiencias de corazón, cerebro y conciencia. Se convertiría en un místico sometido a la llamada unión mística, pero fue, en el éxtasis, como un hombre dormido, unido a lo Divino en el sueño y sin saber nada de él, sin siquiera tener el sentimiento de que se ha unido con lo divino. Si el místico debe conservar cualquier grado de sentimiento vivo de su unión con lo Divino, debe, de cualquier modo, borrar estas variadas experiencias personales sucesivamente.

Ahora, tenemos un ejemplo de tal místico, una persona que realmente anduvo por este camino y en sus escritos llegó incluso a recomendárselo a otros. En primer lugar, se esforzó enérgicamente en superar la autoconciencia personal, suprimirla y extinguirla por completo. Allí quedaban todavía activos dentro de ella los poderes del corazón y del intelecto. El siguiente paso fue la conquista del poder del entendimiento. Por último, ella superó los poderes del corazón. El hecho de que los poderes del corazón permanecieran en sus largos relatos de la extraordinaria fuerza e intensidad con que experimentó la entrada en el mundo que está más allá de la conciencia. Las tres cosas fueron superadas en este orden; Primero la consciencia, luego las experiencias del cerebro y por último todas las experiencias del corazón.

Es característico que la persona que realizó esta hazaña con notable orden y regularidad fue una mujer. Como ustedes saben, estas cosas deben ser consideradas con bastante objetividad; Y al hablar con teósofos no necesito temer ser mal interpretado cuando digo que este camino es más fácil para una mujer. Pues, como llegaremos a entender también por otras conexiones, es una peculiaridad de la naturaleza de la mujer que le es menos difícil conquistar todas sus experiencias anímicas. La mujer cuya experiencia del misticismo siguió el camino que hemos descrito —extinguiendo y eliminando una tras otra las experiencias relacionadas con el cerebro y el corazón y luego experimentando una unión con el Espíritu Divino como si fuera un matrimonio, como un abrazo— fue Santa Teresa.

Santa Teresa

Si estudiáis la vida de Santa Teresa a la luz de nuestras consideraciones de hoy, estaréis dispuestos a admitir que sólo en casos muy excepcionales puede llegar un místico por este camino. Mucho más usualmente sucederá que las diferentes experiencias del alma no sean vencidas con tanta pureza y poder como en el caso de Santa Teresa, pues sólo se conquistan parcialmente, de modo que una parte de ellas permanece.

Esto nos da, de hecho, tres tipos más de místicos. Tenemos a aquellos que quieren superar todas las experiencias del alma, pero en quienes permanecen sin extinguir las experiencias ligadas al cerebro. Tales místicos son, por regla general, personas que pueden ser descritas como sabias y prácticas en el mejor sentido de la palabra, que conocen su camino en la vida, porque hacen buen uso de su cerebro y que, habiendo suprimido en gran medida lo personal, son en su carácter impersonal recibidos con simpatía por sus semejantes.

Luego hay místicos que también tratan de superar todas sus experiencias del alma, pero sólo tienen un éxito parcial con las del corazón. Marca bien la diferencia entre un místico de este tipo y un místico como San Francisco de Asís. San Francisco de Asís no intentó superar las experiencias del corazón; por el contrario, las conservó en su totalidad, y la consecuencia fue que los conservó en perfecta salud. Eso es lo más grandioso y majestuoso de Francisco de Asís; alargó su corazón hasta cubrir toda su alma. No estoy hablando de místicos de este tipo, que no se esfuerzan por superar las experiencias del corazón. Estoy hablando de místicos que hacen grandes esfuerzos, que luchan con todas sus fuerzas en esta dirección, pero no tienen éxito.

En el caso de estos místicos, no encontramos ese maravilloso tipo de matrimonio con lo suprasensible y lo espiritual que encontramos en Santa Teresa. Cuando un místico se esfuerza por liberarse de todo lo que es personal, humano y terrenal, sin embargo, todavía conserva en forma visible las experiencias relacionadas con el corazón, entonces algo de la naturaleza de las limitaciones humanas interfiere en su esfuerzo. Y en realidad puede ocurrir que este matrimonio, este abrazo de lo Divino espiritual, se vuelva muy parecido a los sentimientos e instintos del amor humano en la vida ordinaria.

Los místicos de este tipo abundan pues por así decirlo, aman a su Dios y su mundo divino de la misma manera que ama el hombre en la vida humana. Miren a través de las historias de los santos y los relatos de monjes y monjas, y encontrarán un gran número de este tipo de místico. Están “enamorados” de la Virgen con una pasión completamente humana. Ella es para ellos un sustituto de una mujer humana. O  se encuentran monjas que están enamoradas de Cristo como su Novio, que tienen para Él todos los sentimientos del amor humano terrenal. Hemos llegado aquí a un capítulo muy interesante desde el punto de vista psicológico, —quizás más interesante que atractivo—, místicos religiosos que se esforzaron por lo que hemos descrito, pero que no pudieron alcanzarlo porque la naturaleza humana los retuvo.

Encontramos místicos —como, por ejemplo, Santa Hildegarda— que tienen impulsos buenos y hermosos pero que también tienen una considerable medida de instinto y deseo terrenales ordinarios, lo que perjudica sus sentimientos y percepciones místicas. Llegan a una experiencia que es muy parecida a una experiencia erótica, entran en una especie de erotismo místico, que encontrarán si estudian la historia de los místicos. Las efusiones de su corazón hablan de la “Novia de su alma”, o de su amor apasionado por el “Esposo Jesús”, y así sucesivamente.

Estamos más dispuestos a soportar a los místicos de este tipo, si han conservado bastante buena parte de la conciencia humana ordinaria, y son capaces, por así decirlo, de apartarse de su personalidad humana y mirar su propia experiencia mística. Pues, al hacer esto y ver que realmente no han ganado la victoria, que todavía tienen algo muy humano en ellos, un rastro de humor e ironía a menudo entrará en su conciencia. Esto da un toque personal a todo el asunto, y no nos desagradan tanto; Incluso comenzamos a sentir un interés simpático por su conquista de las experiencias del corazón. De lo contrario repelen; todo sabe a fingimiento e hipocresía. Pues el místico se propone compensar el fracaso de superar lo que vive en los impulsos e instintos humanos ordinarios de una manera indirecta con el ascetismo.

Si, sin embargo, este rasgo de humor e ironía está presente, si la persona en cuestión tiene momentos en que utiliza su conciencia humana ordinaria, se autoanaliza y se dice la verdad desde el punto de vista humano ordinario, intercalando así sus momentos místicos con momentos en que se dice a sí mismo la pura verdad, entonces podemos sentir cierta simpatía por ellos —como lo hacemos, por ejemplo, cuando estudiamos a una mística como Matilde de Magdeburgo.

Pues esta diferencia entre Matilde de Magdeburgo y los místicos que son como ella en otros aspectos, que mientras ella también manifiesta pasión erótica por lo Divino y Espiritual, y habla de su Amante Divino en los mismos términos que los hombres hablan de amor humano, ella se expresa siempre con cierto toque de humor. Ella no utiliza un lenguaje de altos vuelos, pero habla de tal manera que siempre podemos detectar un rastro de ironía en sus palabras.

La diferencia es muy marcada entre una mística tal como Hildegarda, que tampoco ha logrado superar la conciencia personal humana, y Matilde de Magdeburgo, que se siente apasionadamente movida a llegar al límite de lo Divino, pero que se expresa con honesta veracidad y no llama a aquello que todavía contiene la pasión erótica del corazón por el nombre engañoso de “arrebato religioso”, sino que lo llama claramente “amor religioso”, y habla constantemente de su Amado, su Esposo Divino.

Como pueden ver, hay todo tipo de matices de misticismo! E incluso ahora, no hemos tocado tanto el misticismo griego antiguo que encontraráb descrito en mi libro El cristianismo como hecho místico. Tendremos que hablar de eso más tarde. Una cosa que habrán podido aprender de los tipos de misticismo que hemos estudiado hoy; Es el esfuerzo de todos los místicos de salir de la consciencia personal ordinaria, de eliminar esta conciencia, pero que en realidad, si el hombre no pierde el suelo bajo sus pies, debe surgir otra conciencia. Es de la naturaleza del misticismo llegar a la frontera de lo espiritual, experimentar lo Divino y lo Espiritual como una especie de matrimonio, pero no entrar en el mundo de lo Divino y Espiritual. El místico se despoja de la conciencia que requiere un objeto externo. Su intento es deshacerse por completo de esta conciencia. Lo que el místico quiere es ir más allá de sí mismo. Sin embargo, si un hombre quiere experimentar conscientemente la palabra tácita y la luz no manifestada, debe obviamente experimentarlas en una conciencia nueva y diferente. En otras palabras, si el místico quiere convertirse en ocultista, no debe limitarse a emprender un esfuerzo negativo, sino centrar también su atención en el desarrollo de una conciencia nueva y superior, a saber, la conciencia sin un objeto de conocimiento. Hablaremos mañana sobre esta conciencia superior en la cual el ocultista tiene que entrar.

Traducido por Gracia Muñoz

 

GA137c2. El hombre a la luz del ocultismo, la teosofía y la filosofía.

Christiania, 4 de Junio de 1912.

English version

Mis queridos amigos,

Vamos a considerar al hombre desde los tres puntos de vista: el ocultismo, la teosofía y la filosofía, y será necesario hablar primero del punto de vista oculto. Y podemos hacerlo mejor si empezamos por dar una descripción de cómo en la historia de la evolución de la humanidad uno u otro ser humano ha logrado incrementar por sí mismo la visión oculta del mundo.

Como hemos dicho en la conferencia introductoria, solo unos pocos  se encuentran maduros para tomar parte en todo lo que sucedía en los Misterios y lugares de enseñanza y la educación oculta. Por lo tanto, tendremos que hablar del desarrollo de estos pocos.

Sin embargo, también hemos aclarado en muchas otras conferencias que nos encontramos ahora en un momento en el que a través de la popularización del conocimiento teosófico más y más gente tendrá que participar en la vida oculta, en lugar de los muy pocos que lo hicieron en el pasado. Así que lo que tenemos que considerar hoy en día concierne a todos los que se interesan por la teosofía y saben que el conocimiento oculto —el conocimiento, es decir, los aspectos ocultos de la existencia —ya no deben permanecer en secreto, sino que deben extenderse más y más, de acuerdo con las exigencias de una humanidad en continuo desarrollo.

El hombre que se propone alcanzar el conocimiento oculto tendrá en primer lugar que apartar su mirada del mundo exterior y dirigirla a las fuerzas de su propia alma. Sin embargo, al mismo tiempo, debe seguir siendo un hombre de acción en el mundo, su desarrollo oculto será, por así decirlo, su propio asunto, una cuestión que solo le atañe a él, en el mundo seguirá siendo un hombre entre los hombres, con todos los deberes que la vida le ha traído. Este hecho encuentra su notable expresión en el primer paso que tiene que tomar para el desarrollo de las fuerzas de su alma. Lo primero que el alumno tiene que hacer puede ser descrito con las siguientes palabras: tiene que resignarse con su karma en relación a todo lo concerniente a su voluntad. Reconciliación con el karma (o destino) es lo primero que se le pide a un hombre que está en la fase del desarrollo oculto.

Por favor, no imaginen que tal reconciliación con el karma exija la formación de una teoría completa sobre el karma, lo que se entiende es mucho más un tipo particular de cultura y educación de la vida del sentimiento. Piensen en lo que ocurre con el hombre que está empezando un camino de desarrollo oculto. Antes de este momento en que se hace con este principio, ha vivido en el mundo como un hombre entre los hombres. Si ha adquirido una cierta posición en la vida, él mismo se ha hecho dueño de ciertos pensamientos que le permiten llevar a cabo satisfactoriamente las acciones exteriores que se le demandan. También ha llegado a reconocer ciertos deberes u obligaciones que la costumbre y la sociedad han puesto sobre él. Se puede suponer desde el principio que cualquier hombre que no ha respondido a lo que el mundo exige de él, cualquier hombre, que no quiere desempeñar lealmente sus obligaciones para con el mundo a su alrededor, nunca tendrá la necesidad de someterse al desarrollo oculto De hecho, como regla general, los que podrían ser llamados al desarrollo oculto son hombres que muestran gran habilidad en las posiciones en las que la vida los ha colocado y que también están deseosos de estar en todos los aspectos, igual que con las obligaciones establecidas en ellos por la costumbre y la sociedad. Las capacidades y facultades que un hombre muestra en su posición en la vida, la ronda de los derechos que él reconoce que le corresponden, – éstas son las mismas cosas que constituyen el karma en el sentido positivo. Aquí el karma de un hombre llega a la máxima expresión. Y la primera exigencia formulada en el momento en que un hombre se dispone a salir de los límites de su posición en la vida como tal y entrar en una investigación sobre el mundo espiritual, es que él no debe de ninguna manera apartarse de su karma de vida, tiene que mantenerse intacto. Esto significa que él se hizo una promesa, a sí mismo y a los que le estaban ayudando para penetrar en el mundo de lo oculto, no hacer uso de su posición externa en la vida en todo lo que debe ser adquirido en el campo de la investigación oculta. Su voluntad y la acción tiene que ser tan ordenada que las personas que lo están observando no deben estar al tanto de cualquier diferencia marcada en el comportamiento cotidiano vida desde que ha comenzado a dar pasos en el camino de  la investigación oculta. El poder que se le ha dado en la investigación oculta no debe permitirse que interfiera en la vida externa del plano físico. Esto es lo que se entiende por “la reconciliación con el karma”. El alumno renuncia a todas las ventajas que podrían obtenerse por medios ocultos de su posición en la vida.

Veremos que un correcto y regular seguimiento de la ruta de acceso tiende, como cuestión de hecho a conducir a menudo a una cierta mejora en la posición externa del alumno en la vida. Esto, sin embargo, no tiene nada que ver con la obligación que tiene que ser deliberadamente realizada, y que se establece en el camino oculto. “No trata de hacer cualquier uso de su desarrollo oculto para adquirir una ventaja sobre aquellos que le acompañan en la vida, sino que debe dirigir su vida de acuerdo con las mismas reglas que ha seguido hasta ahora.” Tal fue la orden constantemente dada a los que se sometieron al desarrollo oculto. Es la primera renuncia que se ven obligados a hacer,  a renunciar a todas las aplicaciones para un fin egoísta de los medios adquiridos por la vida oculta. Lo que se acaba de decir está diseñado para ser tomado muy exacta y literalmente, por favor reciban estas palabras tal como son, ni más ni menos. Observarán que tiene que ver con lo que el alumno está en condiciones de hacer, o tiene la obligación de hacer, en el mundo exterior a causa del karma que se coloca sobre él.

Desde el principio la voluntad egoísta del hombre está, pues, consciente y deliberadamente excluida de todo esfuerzo oculto. Este factor por sí solo produce un cambio en el estado total de ánimo y el carácter del alumno. Si reflexionamos por un momento, veremos que esto debe ser así. Hasta ahora la ronda de los deberes que le incumben en su posición externa en la vida ha sido el único mundo en el que vivía y al que se dedicó. Ahora él toma sobre sí la obligación de seguir viviendo en este mundo de acuerdo con las mismas reglas que ha seguido hasta ahora, y, sin embargo, al mismo tiempo tiene fuerzas de sobra para hacer otra cosa muy diferente. Esto significa que se establece en él un límite entre las dos regiones en las cuales está activo. Un mundo se abre ante él del que nunca antes se hizo idea. Eso es un hecho de extraordinaria importancia. Para el hombre verdaderamente comienza un nuevo capítulo en su vida, cuando nuevos intereses entran de repente y se hacen valer con fuerza y persistentemente.

Esto es lo que sucede en el comienzo mismo del desarrollo oculto, la sensación entera de un hombre y el interés son reclamados por un mundo nuevo, un mundo del que no había tenido antes ni parte ni lugar. El alumno tiene que tener estricta vigilancia, especialmente en los misterios más antiguos y las escuelas de desarrollo oculto, para no caer en cualquier falta de armonía con sus círculos de intereses externos. Se requiere  firmeza para cumplir con sus deberes en el sentido más amplio en relación con las demandas hechas por su vocación o por su relación con la forma de estado o de otro tipo de comunidad. Los que hicieron cualquier muestra de no estar dispuestos a hacer esto o de rebelarse contra los deberes de la vida exterior no fueron admitidos en los centros de instrucción de lo oculto. Estoy aquí simplemente sobre los hechos. Estudien la historia del desarrollo de lo oculto, y encontrarán que los que en la vida externa se mostraron rebeldes en una dirección u otra en contra del orden de toda la vida en que vivían no eran miembros de ninguna escuela oculta o lugar de instrucción de misterios.

La segunda cosa que se requiere del pupilo es mucho más difícil de lograr. Consideremos el caso de un hombre que se ha hecho a sí mismo y a sus maestros la promesa de la que hemos hablado. Ha tenido que declarar: “No voy a sufrir para entrar en mi voluntad, ya que se hace sentir en el plano físico, todo lo que ha venido a mí como resultado de la investigación oculta” Él lleva con él la investigacion en el reino de lo oculto con todas las fuerzas de su alma, con la excepción de la voluntad. La voluntad es retenida en conformidad con su promesa, pero todos los otros maestros que tiene a su disposición en el plano físico – el juicio, la fantasía y la imaginación, la memoria, las emociones, – todas estas fuerzas y facultades del alma con las que antes estaba activo en el plano físico, todavía se pueden aplicar activamente en ese plano.

Tome el intelecto o la comprensión, la capacidad del alma, que nos permite discriminar y formar juicios sobre los hechos de la vida. No podríamos vivir sin ello en la vida ordinaria, hay que aplicarlo a cada paso. Ahora supongamos que nos convertimos en un miembro de una sociedad o escuela oculta. Alcanzamos ciertos resultados en la investigación oculta, adquirimos, digamos, el conocimiento de lo que hacemos en nuestra posición externa en la vida. No se nos permite aplicar este conocimiento a nuestra voluntad. Pero para empezar, no hay nada que nos impida pedir ayuda de todos los medios más altos que tenemos de la investigación oculta a fin de  disponer de una observación inteligente de las cosas y las personas que nos encontramos en el plano físico. Por lo tanto, no podemos permitir que los resultados de la investigación oculta fluyan en nuestra acción o en que se resuelva a nuestra voluntad, pero la investigación oculta puede permitir que su influencia sobre la forma en que construimos nuestros pensamientos y conclusiones sobre los reinos de la naturaleza, así como en nuestros semejantes, -en efecto, en todo el camino en el que nos encontramos en el mundo ordinario con nuestro intelecto.

Observará que será necesaria una rígida autodisciplina. ¿Qué es más fácil para un hombre que cumple con los demás hombres y tiene que tomar parte activa en sus vidas que aplicar lo que sabe?.  Supongamos, por ejemplo, que es capaz con la ayuda de su inteligencia percibir lo que tiene que ver con una persona moralmente inferior, nada es más fácil por lo que se debe actuar en consecuencia. Sería lo más natural y obvio hacerlo.

El ocultista, sin embargo, no puede tomar esta línea. Por medio de lo que la investigación oculta le da, puede, ciertamente, dar alas a su inteligencia y de tener una visión más clara de lo que antes podía en el carácter de un semejante, quizá podemos reconocer que es una persona moralmente inferior, pero también puede regular en consecuencia lo que hace a esta persona, porque él no ha aceptado ninguna obligación en relación con sus semejantes, sino sólo en lo que respecta a su propia posición en la vida. Él no tiene la necesidad de abstenerse de aplicar su voluntad en relación con lo que hace a la otra persona. Lo que hace, sin embargo, en su propio nombre, él tiene la obligación de reconciliarse con su karma y no hacer uso del conocimiento que se le acumula cuando aplica su inteligencia, reforzado con los medios de la investigación oculta.

Supongamos un caso real de un hombre que está en la etapa de la cual estamos hablando. ¿Acaso no se había convertido en un ocultista, que quizá habría conocido a la otra persona y no lo reconociera como moralmente inferior, – con el resultado que se habría permitido dejarse engañar por él. Es obvio que tales cosas pueden suceder y suceden en el mundo, como todos ustedes estarán dispuestos a admitir. Uno puede estar equivocado y tener a un hombre como mejor que él, y luego encontrarse a sí mismo engañado.

El ocultista tiene aquí la ventaja de que es capaz de reconocer la inferioridad moral de la persona en cuestión. Pero no tiene por el momento -por favor tengan en cuenta estas palabras- ponerse bajo la obligación de no aplicar este conocimiento oculto con su voluntad, es decir, no aplicarlo a su propia posición en la vida. Él tiene que saber que el otro es un hombre moralmente inferior, y al mismo tiempo, comportarse exactamente igual que antes, tiene que respetar todos los caminos del otro como si nunca hubiera adquirido conocimiento oculto acerca de él.

Aquí tenéis un ejemplo notable de la rígida abnegación que un principiante en el ocultismo tiene que practicar. Se debe trazar una línea clara de distinción entre lo que él puede saber si no se investiga lo oculto y lo que le viene a través de la investigación oculta, que podría darle una ventaja injusta en la vida. El que tiene la fortuna – o bien ser bendecido con talentos naturales o con condiciones especialmente favorables de la vida – como para reconocer, sin ser un ocultista, la inferioridad moral de la otra persona, se inclina a considerar al ocultista un tonto, porque renuncia a cualquier ventaja de que podría asignarse a sí mismo a partir del conocimiento. Y esto sucede con frecuencia. Otras personas a través de alguna buena fortuna o de otra índole son capaces de percibir lo que el ocultista también percibe, pero no actúan en consecuencia, al no estar bajo la obligación de abstenerse de hacerlo. Ustedes siempre encontrarán que esto ocurre, – como también encontrarán a uno u otro que han hecho la promesa de no mantenerlo. Esto es, sin embargo, su propio asunto! Podemos, si queremos, tomar al ocultista como un tonto, porque permite que alguien más tenga la misma ventaja que él, pero no debemos dejar que eso nos lleve a concluir que no tiene medios para percibir el carácter de los hombres.

Tenemos, pues, esta segunda etapa: la renuncia al uso de la voluntad para nuestros propios fines egoístas, al aplicar nuestro conocimiento en el mundo físico externo. Los maestros ocultos de los tiempos antiguos permitieron a sus alumnos permanecer más tiempo en esta etapa. Durante mucho tiempo los alumnos tenían que ir por el mundo aprendiendo a observar más profundamente y con la penetración cada vez mayor y la penetración no sólo de sus semejantes, sino también de los otros reinos de la naturaleza, y sin embargo todo el tiempo seguían caminando por la vida ordinaria exactamente de la misma manera que antes. Esto significaba que tenían que practicar una muy severa autodisciplina, ya que nunca debemos aprender a poner al servicio del egoísmo las ventajas que la mente y el espíritu les da. Esto no fue todo; toda la experiencia los llevó un paso más en otra dirección.

Cuando, después de que el intelecto se ha manifestado, la voluntad viene detrás y agrega la acción que es la secuencia natural de lo que el intelecto ha dicho, esta inteligencia no evoluciona tanto como cuando se utiliza por sí sola, completamente aislada de la esfera de la voluntad. Si un hombre se excluye como un ser de voluntad y egoísmo de un reino en el que se entra por la aplicación de su inteligencia y la comprensión de todo el mundo circundante, entonces se vuelve cada vez más capaz de detectar diferencias sutiles. Su comprensión crece sutil y delicadamente. Su facultad de juicio y discriminación va creciendo con más fuerza.

El alumno ha llegado a la segunda etapa del desarrollo oculto, la etapa que podríamos llamar el “cultivo de la comprensión de la voluntad emancipada”, y está listo para pasar a la siguiente.

Al tener mucho tiempo para aplicar el entendimiento con toda la agudeza y perspicacia, el alumno debe entonces empezar a renunciar incluso a la utilización de este conocimiento. Este paso es muy difícil. El alumno tiene que comprender y juzgar como lo hizo antes de que él se convirtiera en un ocultista. En cuanto a los objetos del plano físico externo debe utilizar sólo el poder de la comprensión y el juicio que tenía con anterioridad. Todo lo que él ha adquirido en el camino oculto, en el camino de una comprensión más profunda y que le ha traído incalculables bienes y ha supuesto un avance definitivo para su espíritu, todo esto tiene que dejarlo ahora fuera de su actividad espiritual, tiene que manejar los asuntos del conocimiento común. Lo que se ha esforzado después de tan profundamente y con energía durante mucho tiempo, a saber, el fortalecimiento de su entendimiento, debe dejarse a un lado, es absolutamente necesario que lo erradique de su alma, en la medida en que pueda aplicarlo de manera consciente y decirse a sí mismo: Como hago con mi vida para cumplir en el plano físico, tengo que pensar y juzgar y discriminar como lo hice antes de mi desarrollo oculto, utilizando sólo el grado de inteligencia que había alcanzado entonces. El alumno, por así decirlo, ha de obligarse a sí mismo a volver a ser tan estúpido como era antes de que se agudizara su entendimiento.

¿Qué pasa con el entendimiento al que se ha renunciado?. Ahora no tiene que aplicarlo. Lo ha hecho durante mucho tiempo, pero ahora no puede hacerlo más. ¿Qué pasa en cualquier caso, con los resultados de nuestra capacidad de juicio y comprensión cuando nos abstenemos de darles un uso directo?.  Pasan a la memoria . Este es el siguiente paso. Todo el conocimiento adquirido por la agudización de la potencia del intelecto viene a convertirse en memoria. El alumno no debe avanzar más en el cultivo de su intelecto, sino que también debe abstenerse de aplicar su intelecto fortalecido, no debe desear ganar con su intelecto ningún conocimiento acerca de las conexiones del mundo. Lo que él ya ha adquirido por medio de su comprensión reforzada, lo debe buscar en su memoria, una y otra vez tiene que elevarse a la memoria. Se esforzará por lograr que el conocimiento que ha obtenido se vuelva como los pensamientos que había tenido, digamos, diez o veinte años, -pensamientos que ya no crean,  pero recuerda.

En las Escuelas de Ocultismo como la de Pitágoras en los tiempos antiguos, y en las Escuelas de Misterios de Asia Menor, la selección de los alumnos era muy estricta. Sólo los que fueron considerados maduros, en los que se podía confiar que mantendrían la promesa de no dejar fluir en su egoísmo los resultados del cultivo del intelecto. Ellos fueron educados a continuación durante un tiempo muy largo en el cultivo del intelecto. En todas las formas posibles se mostraba en primer lugar la forma de distinguir las cosas y luego la forma de combinarlas y conectarlas de nuevo, desarrollando un sentido más agudo de la discriminación, de lo que es posible alcanzar en la vida ordinaria. En las escuelas de los tiempos antiguos y medievales daban la mayor importancia el llevar a caboeste cultivo de la facultad de juzgar a través de largos períodos de tiempo.

A continuación, en segundo lugar el alumno tenía que renunciar a algo más. Él tenia que prometerse a sí mismo y a su maestro que dejaria de juzgar las cosas que ve en el plano físico, dejaría de emplear en lo que se refiere a ellas el poder del juicio que ha adquirido con su comprensión. Tampoco puede caer en una actitud crítica a las enseñanzas que le sean impartidas. Todo lo que puede hacer es comparar lo que recibe de su maestro con lo que él mismo ha adquirido previamente a través de su propio poder de juicio. Él no debe hacer ninguna crítica, solo debe ser un oyente que compara lo que ahora escucha con lo que él mismo ha adquirido con su afilada inteligencia. Tal es la exigencia de la siguiente etapa de desarrollo oculto, se le permitirá seguir jugando  con lo que podría llamarse la fantasía y la imaginación pero tenían que “eliminar el poder de la inteligencia afilada y restringir la vida interior del alma a la memoria” la cual podría reproducirse en las ideas y opiniones al recordar en símbolos o en imágenes imaginativas.

Memoria y fantasía -estas dos potencias del alma vienen por así decirlo, a su propio ser, siendo capaces de manifestarse en toda su eficacia. Por el momento se queda solo, formando como una destilación pura el resto de su vida anímica, en lugar de estar perpetuamente influido y asesorado por el juicio del intelecto.

Con ello el alumno habrá dado un paso más en el desarrollo de lo oculto. El tiempo que tuvo que pasar en esta etapa se gastó por lo general en las comunicaciones que recibía, en forma de ideas, de las verdades reconocidas del ocultismo a medida en que se estaba convertido en una Teosofía. Los alumnos se quedaban con esas fuerzas, ya que las habían adquirido mediante el ejercicio de su facultad de juicio, recordando lo que habían aprendido y al mismo tiempo se abrieron a la influencia de lo que les fue impartido por sus profesores.

No hace falta decir que la duración del tiempo pasado en esta etapa de desarrollo variaba mucho en las diferentes escuelas de misterio, según se creía necesario para los requisitos generales de la evolución humana el impartir más o menos los secretos ocultos a los que fueron sometidos en el desarrollo con el fin de ajustarlos a convertirlos en líderes de la humanidad. En su mayor parte, sin embargo, esta etapa de desarrollo tomó un tiempo considerable.

La siguiente tarea a la que el alumno oculto tuvo que hacer frente fue hacer acopio de todas sus fuerzas para extinguir y eliminar de la conciencia, incluso los recuerdos y las pinturas simbólicas de la fantasía, así como también las ideas que había adquirido por sus propios esfuerzos. Esto era en verdad una tarea de  una dificultad bastante peculiar, y es que, generalmente hablando, es imposible concebir cómo un alumno puede asumir con éxito esa tarea. Va a ser el más capaz el que pueda imaginar que un alumno pueda dominar esta tarea – es decir, derramar el olvido total sobre todo lo que él había adquirido por sus propias fuerzas- si se toma en cuenta que estos alumnos ya habían aprendido a controlar y restringir su voluntad, ya habían practicado la severa auto-disciplina que hemos descrito. Para cuando, en lugar de permitir que jugara el libre albedrío, se vieron obligados a mantenerlo bajo estricta sujeción, adquirieron grandes fuerzas que reservaron en el testamento. Fue literalmente así. Para que un hombre se haga más y más fuerte en su alma, cuando de esta manera está obligado a frenar su voluntad hacia el exterior y permitir que ninguno de los resultados del desarrollo espiritual puediera fluir en ella. Lo hace tan fuerte que al final se convierte en un ser capaz de tomar la gran decisión de reprimir y borrar de la conciencia todo lo que ha adquirido en su formación oculta y hasta ahora ha estado llevando a cabo en el recuerdo. A medida que se borra una idea de la que no se puede hacer uso de la vida, así también debe ser borrada. Tal fue la demanda incondicional.

Ustedes podrán pensar que los alumnos ocultos en este sentido, se convirtieron en seguidores ciegos de sus maestros, recibiendo como autoridad todo lo que se les impartía. Este no era el caso en absoluto. Es fácil que los creyentes en la autoridad sean generalmente también los que en una especie de luz pasajera aplican a la vez una inteligencia perfectamente normal para pronunciar un juicio sobre lo que escuchan. Pero aquellos que han agudizado su primera facultad de juzgar y, a continuación, mantienen sólo en el recuerdo lo que han adquirido por ello, han dejado el trabajo de instrucción oculto en ellos por medio de la memoria y la fantasía, con toda seguridad no serán fáciles creyentes en la autoridad, y no van a recibir lo que imparte la enseñanza oculta de la misma manera como recibimos lo que nos dicta la Naturaleza. Esa será la actitud del alumno oculto ante la instrucción que se le dará ahora, después de haber pasado por las etapas anteriores.

Los propios maestros también se ocuparan de que sus palabras deban trabajar de la misma forma en que funciona la naturaleza, no había en consecuencia necesidad de dar a conocer a sus alumnos su opinión sobre tal o cual o el pensamiento. En realidad, era para que los alumnos, después de todo lo que habían experimentado en el desarrollo de sus facultades de comprensión y  discriminación, se reunieran con las palabras de sus maestros como cuando nos reunimos, diría yo, con un amanecer o con un mar azotado por el viento o algún otro fenómeno natural, que se observa con el deseo de aprender todo lo que se pueda sobre ello, no se acercan de manera crítica, porque entonces nunca desarrollaran la familiarización con ello. Lo conocerann por lo menos con toda la fuerza interior y la fuerza del fenómeno de la naturaleza al que se acercan con simpatía o antipatía. De la misma manera en que se observa la misma naturaleza el alumno oculto podrá ya observar lo que le fue dado en la instrucción de lo oculto.

Cuando los alumnos han vivido esta experiencia por un tiempo, permitiendo que sólo la memoria y la fantasía se activen dentro de ellos, aplicando sus conocimientos a su vocación en la vida externa por sí sola, llega un momento en que tienen que entrar en un período de tranquilidad y descanso interior. Tienen que olvidarse de sus propias fuerzas y destruir sus propios logros. Para que sólo puedan alcanzar el reposo absoluto en el interior del alma, que incluso los recuerdos y la imaginación que han adquirido durante su formación oculta sean borrados de la conciencia.

El alma tiene que quedarse vacía, y luego, cuando este vacía, cuando la voluntad egoísta y la comprensión egoísta, y también la memoria egoísta y la fantasía egoísta sean expulsadas, a continuación, se inaugura ante el alma un mundo absolutamente nuevo.  Primero tiene que vaciarse con el fin de que el nuevo mundo pueda encontrar la entrada en el alma.

Ustedes deben familiarizarse con el hecho de que real y verdaderamente se trata de un nuevo mundo, que penetra en el alma vacía, un mundo totalmente nuevo!. Por lo tanto, no se sorprendan si este mundo tiene cualidades y características extrañas. ¿Pero qué queremos decir con extrañas?. Decimos que una cosa es extraña cuando nos encontramos con que contradice nuestra experiencia previa. Miren a su alrededor en el mundo de hoy y con frecuencia se encontraran con que se hace alguna declaración y la gente lo rechaza de inmediato. ¿Qué razón dan?. Ellos dicen: “Esa declaración es contradictoria”. Lo que quieren decir es que de acuerdo a la capacidad de juicio que hasta ahora han sido capaces de alcanzar, encuentran que la declaración está en contradicción con todo lo que los demás saben y a continuación, llegan a la conclusión de que han superado un punto al hombre que ha presentado la declaración, sólo porque pueden encontrar una contradicción en ello.

Es un hecho que cuando uno empieza a hablar abiertamente de estas cosas, siempre tiene como resultado que los usuarios señalan las contradicciones y declaran que lo que se ha dicho debe ser necesariamente falso, porque contiene una contradicción. Tenemos que reconocer que en este camino de hecho se daran las contradicciones, ya que se acerca a algo que no puede tener alguna similitud con el mundo que nos ha tocado hasta ahora, tendremos que resignarnos a las contradicciones total y absolutas, cuando este nuevo mundo se acerca a nosotros, porque sólo se puede describir en ideas que por necesidad se nos aparecen como contradictorias. Es inevitable que esto sea así, el nuevo mundo no sería un mundo nuevo si estuviera en completa armonía con el viejo y nunca se contradijera de ninguna manera!

No debe sorprendernos por tanto, que cuando llegamos a describir el mundo en el que entra el hombre cuando alcanza la paz del alma que sigue a la etapa del olvido, la primera característica que se puede dar es decir que, desde el punto de vista del mundo a que estamos acostumbrados, son directamente contradictorias.

Hay tres cosas que el hombre encuentra cuando se ha llegado a la etapa que hemos descrito, – tres cosas que sólo pueden ser caracterizadas por la utilización de expresiones que son en sí mismas contradictorias cuando se consideran desde el punto de vista de lo que el hombre sabe del mundo exterior. Tres cosas que el  hombre aprende a conocer cuando entra realmente en lo que podríamos llamar el mundo suprasensible.

La primera es la luz de lo no manifiesto. Mira a tu alrededor en el mundo! ¿No puedes ver la luz en todas partes? Es de la misma naturaleza de la luz revelarse y manifestarse. Y, sin embargo el hombre lo primero que aprende a conocer en el mundo suprasensible es la luz que es inmanifiesta y no revelada,  la luz que es oscura y no brilla.

La segunda cosa que el hombre aprende a conocer en el mundo suprasensible es la palabra no dicha. En el mundo común una palabra que es inexpresada no es una palabra. Tenemos por lo tanto, una vez más una contradicción en términos, cuando decimos que el hombre lo segundo que aprende a conocer en el mundo suprasensible es la palabra no dicha.

La tercera es la conciencia sin ningún tipo de objeto conocido. Reflexionar cómo, cuando se desarrolla una conciencia, cuando se sabe, debe tener siempre un objeto de conocimiento. Pero la conciencia que se encuentra en la tercera cosa que se reunió al entrar en el mundo suprasensible, es una conciencia sin objeto.

Estas son entonces las tres cosas que el alumno encuentra cuando, después de haber sido objeto de la preparación que hemos descrito, entra de lleno en el reino del ocultismo. Estas son las tres primeras cosas ocultas reales que aprende a saber: La luz no manifiesta, la palabra no dicha y la conciencia sin el conocimiento de un objeto.

Es un momento de gran importancia para el alumno de lo oculto cuando puede aprender a unirse en un sentido con lo que parece estar en contradicción completa con todo lo que ha conocido hasta ahora.

Cuando sea capaz de unir algo de su propia experiencia interna, con las tres ideas de “la luz no manifiesta”, “la palabra no dicha” y “la conciencia sin el conocimiento de un objeto”, puede entonces convertirse en un ocultista, en alumno del ocultismo que realmente ha comenzado a recorrer el camino del conocimiento oculto.

Traducido por Gracia Muñoz