GA140c1. Visiones del mundo espiritual

Rudolf Steiner – Bergen (Noruega) 10 de Octubre de 1913

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Audio en español de esta conferencia

Mis queridos amigos:

Con todo mi corazón contesto al saludo tan amable  recién dirigido por vuestro representante, y estoy seguro de que aquellos amigos que han venido a esta ciudad para tomar parte en un vivir antroposófico en compañía de nuestros amigos de Bergen, se unirán a mí para esto. Hemos hecho un hermoso viaje a través de las grandes montañas que nos dan una bienvenida tan agradable y amistosa, y creo que nuestros amigos gozarán con seguridad de su permanencia en esta vieja ciudad hanseática durante todo el tiempo que podamos estar aquí. Ese maravilloso logro del hombre, el ferrocarril por el cual viajamos, nos dio a conocer, más estrechamente que en otras partes de Europa, la impresión de la energía de la fuerza creadora humana en una combinación real con la Naturaleza misma. Cuando uno ve las rocas que han tenido que ser desmenuzadas para que la mano del hombre pudiera construir ese trabajo, a la par de aquel otro construido y acumulado por la Naturaleza misma, las muchas impresiones que uno recibe hacen verdaderamente de una visita a una región así, una de las más hermosas experiencias posibles. En esta antigua ciudad, nuestros amigos pasarán el tiempo de su permanencia entre hermosas impresiones que serán conservadas en su memoria como el telón de fondo de su visita. Estos serán días de almacenar recuerdos, muy especialmente porque podemos satisfacer en nosotros mismos con la visión física de que aún aquí, en esta parte del mundo, podemos encontrarnos con corazones antroposóficos que laten al unísono con el nuestro en la búsqueda de los tesoros espirituales de la humanidad. Con seguridad, nuestra visita a esta ciudad nos unirá más estrecha y afectuosamente con aquellos que aquí nos han recibido de un modo tan cariñoso.

Bergen

Estamos reunidos aquí por primera vez y lo que deseo deciros tendrá que ser de carácter aforístico. Me gustaría hablar un poco de lo que pertenece al dominio del mundo espiritual, y esto se dice más fácilmente y mejor por la palabra hablada que por la escrita, no sólo porque, teniendo en cuenta los prejuicios existentes en el mundo actual, es difícil confiar a la palabra escrita lo que tengo el gusto de depositar en los corazones de los antropósofos, sino porque es también difícil hacerlo así, ya que las verdades espirituales pueden ser realmente mejor divulgadas con palabras que con la letra escrita o impresa.

Esto se aplica en forma más particular a las verdades espirituales más íntimas. Aunque ha sido necesario que yo permitiera que verdades, espirituales íntimas fueran escritas e impresas, ello siempre me resultó amargo. Por el hecho mismo de que los seres espirituales, de los cuales se habla en tales escritos, no pueden leerlos, es un asunto muy difícil, ya que los libros no pueden ser leídos en los mundos espirituales. Durante un corto tiempo después de nuestra muerte, los libros pueden ser leídos en nuestra memoria, pero los seres de las Jerarquías más altas no pueden leer nuestros libros. Cuando se me pregunta si ellos no desean adquirir el arte de la lectura, me veo obligado a decir que, de acuerdo a mi experiencia, no muestran deseos de hacerlo por ahora, porque no consideran que la lectura de lo que se produce sobre la Tierra les sea útil o necesario. La lectura de los seres espirituales comienza cuando el hombre sobre la Tierra lee lo que está escrito en los libros, y este contenido se convierte en sus pensamientos, los pensamientos vivos de los hombres. Los espíritus pueden entonces leer ese contenido en el pensamiento del hombre. Pero lo  que se escribe o imprime es, digamos, oscuridad para los seres del mundo espiritual. Por eso, al confiar algo a la escritura o a la imprenta, uno siente que está comunicando algo a espaldas de los seres espirituales, algo que sin embargo está dirigido precisamente a ellos. Esto es un sentimiento genuino, mis queridos amigos, un sentimiento que, podría arriesgarme a decir, ni siquiera un ciudadano culto de la época actual podría compartir por completo, aunque cualquier ocultista verdadero debe tener esta sensación de disgusto al escribir o mandar algo a la imprenta.

Cuando penetramos en los mundos espirituales con visión clarividente, parece ser de especial importancia que, en el momento presente y en el futuro cercano, el conocimiento del mundo espiritual deba ser conocido cada vez más ampliamente, porque el cambio de la vida anímica del hombre, que es tan necesario ahora y llegará a serlo mucho más, depende en gran parte de la difusión de la Ciencia Espiritual. Si volvemos la mirada con visión espiritual sólo unos pocos siglos atrás, se puede ver que llegaremos a algo que debe sorprender mucho a cualquiera que ignore estas cosas. Hallamos que el intercambio entre los vivos y los muertos se hace cada vez más difícil, y que había un intercambio mucho más activo entre ellos, hasta hace un tiempo relativamente corto. Cuando un cristiano de la Edad Media, o en realidad, un cristiano de hace pocos siglos, al rezar, dirigía sus pensamientos a los muertos que le eran queridos y cercanos, sus emociones y sentimientos eran entonces más capaces, que lo que podrían serlo ahora, de influir en el ánimo de los muertos.

Era mucho más fácil entonces que las almas de los muertos se sintieran penetradas por el cálido aliento del amor de aquellos que pensaban en ellos y los buscaban en sus plegarias, que lo que lo es ahora, si nos guiamos solamente por la cultura exterior de la época. En la actualidad, los muertos están mucho más aislados de los vivos que hasta hace poco tiempo. Es, en cierto sentido, mucho más difícil para ellos darse cuenta de lo que habita en las almas de los que han dejado atrás. Esto radica en la evolución de la humanidad, pero en esta evolución nuestra debe radicar también la recuperación de esta conexión, este intercambio vital entre los vivos y los muertos. En otros tiempos, era todavía normal que el alma humana estuviera en contacto con los muertos, aunque ya no con entera conciencia porque el hombre había dejado de ser clarividente por un largo tiempo. En épocas todavía más tempranas, el hombre podía buscar a sus muertos con visión clarividente y seguir su vida posterior, y así como entonces era normal tener intercambio vital con los muertos, así también ahora el alma, si obtiene pensamientos e ideas acerca de los mundos espirituales más elevados, podrá obtener el poder de establecer un intercambio vital, con los muertos. Y entre las tareas prácticas de la Antroposofía estará la de construir gradualmente el puente entre los vivos y los muertos por medio de la Ciencia Espiritual. Para que podamos entendernos claramente, quiero, ante todo, atraer vuestra atención hacia algunos puntos relacionados con este intercambio entre los vivos y los muertos.

Comenzaré por un fenómeno muy simple que establece un vínculo para una investigación espiritual más amplia. Aquellos espíritus que acostumbran a examinar un poco las cosas, habrán observado el siguiente fenómeno en ellos mismos —y confío en que muchos también lo hayan hecho. Tomemos el caso de un hombre que haya odiado a alguien o que quizás sólo tenía conciencia de que le era antipático. Ahora bien, cuando la persona que ha sido odiada o no ha gozado de aprecio muere, ocurre a menudo que el hombre que lo odiaba en vida no puede seguir odiándolo con la misma intensidad; no puede mantener su antipatía: Si el odio continúa más allá de la tumba, él experimenta una especie de vergüenza de que así sea. Esta sensación, experimentada por muchos, puede rastrearse en forma clarividente, y durante esta investigación uno se puede hacer la siguiente pregunta: “¿Por qué sentir vergüenza por el odio o la antipatía hacia el muerto, teniendo en cuenta que absolutamente nadie sabe que se abrigan esos sentimientos?”.

Cuando el investigador clarividente sigue, a través de las puertas de la muerte hasta los mundos espirituales, al que ha partido, y allí vuelve la vista hacia el hombre que quedó atrás, encuentra que, en general, aquél tenía una percepción muy clara del odio del que vive; en realidad, si se me permite la expresión, él ve el odio, por así decirlo. El clarividente es capaz de establecer en forma muy precisa que el muerto percibe el odio, y podemos también averiguar qué significado tiene ese odio hacia el muerto. Ese odio crea un obstáculo para sus buenas intenciones en su medio ambiente espiritual, comparable a los obstáculos que, en la Tierra, podemos encontrar atravesando el logro de nuestros propósitos. Es un hecho que, en el mundo espiritual, los muertos encuentran que el odio o la antipatía sentida hacia ellos es un obstáculo en el camino para llevar a cabo sus buenas intenciones. Podemos entender entonces por qué, en un espíritu que bucea un poco en sí mismo, el odio, aun ampliamente justificable, se extinguirá a causa de la vergüenza que produce, después de la muerte del ser odiado. Si un hombre no es clarividente, no conoce con certeza la razón, pero una sensación natural en su espíritu le dirá que está siendo observado. El siente: “El muerto se da cuenta de mi odio. Esta antipatía mía es un obstáculo en el camino de sus buenas intenciones”. Existen en el alma humana muchos sentimientos profundos que se aclaran cuando ascendemos a los mundos espirituales y enfrentamos los hechos espirituales que son la causa de estos sentimientos. Así como en la Tierra no deseamos que nos observen desde afuera, físicamente, cuando hacemos ciertas cosas — y en realidad nos abstenemos de hacerlas si sabemos que nos observan — así también, no seguimos odiando a un hombre después de su muerte si tenemos la sensación de que se nos observa. Pero el cariño, o aun la simpatía, que experimentamos por el muerto, hacen realmente más fácil su viaje; elimina los obstáculos a su paso. Lo que ahora estoy afirmando, es decir, que el odio crea obstáculos y que el amor los elimina, no supone interferencia alguna con el Karma, mayor que la de algunas cosas que ocurren en la Tierra y que no debemos considerar que pertenecen directamente al Karma. Por ejemplo, si tropezamos con una piedra, no debemos atribuir eso siempre al Karma — de todos modos, a un Karma moral. En el mismo sentido, no está en contradicción con el Karma, el hecho de que los muertos experimenten alivio a causa del amor que fluye desde la Tierra o que encuentren obstáculos que obstruyen el camino de sus buenas intenciones.

Otra cosa que interesará aun más poderosamente, en lo que se refiere al intercambio entre los vivos y los muertos, es el hecho de que los muertos necesitan, en cierto sentido, alimento, aunque no, naturalmente, el mismo alimento de los seres humanos en la Tierra, sino un alimento psíquicamente espiritual. Así como en la Tierra nosotros tenemos campos de cosecha, en los cuales maduran los frutos que sostienen nuestra vida física (puedo usar la comparación porque corresponde a los hechos), así también los muertos deben tener sus campos de cosecha en los cuales puedan recoger los frutos que necesiten para el tiempo que media entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Cuando la visión clarividente acompaña a los muertos, se puede ver que las almas humanas dormidas son los campos de cosecha de los muertos. Es, en verdad, no sólo sorprendente, sino perturbador en extremo para el hombre que por primera vez es capaz de ver en el mundo espiritual, darse cuenta de cómo las almas que viven en el período intermedio entre la muerte y un nuevo nacimiento, se precipitan hacia las almas dormidas en busca de los pensamientos e ideas que allí se puedan encontrar. De ellas obtienen la provisión de alimentos que necesitan. Cuando vamos a dormir por la noche, los pensamientos e ideas que han frecuentado nuestra mente en las horas de vigilia, vuelven a la vida — se convierten en seres vivientes, por así decirlo. Luego las almas de los muertos se acercan y participan de estas ideas, y al obrar así, se sienten alimentadas. ¡Oh! es una experiencia conmovedora en extremo el volver nuestra visión clarividente hacia los muertos que visitan de noche a sus amigos dormidos. (Esto se adapta en particular a la consanguinidad). Ellos desean bañarse allí y, por así decirlo, nutrirse de los pensamientos e ideas que los seres vivientes llevan consigo al sueño, pero no pueden hallar nada nutritivo. Es que hay una gran diferencia entre una idea y otra, en lo que se refiere a nuestra condición en el sueño. Si estamos ocupados todo el día con la parte materialista de la vida, dedicando nuestra mente sólo a lo que ocurre en el mundo físico y a lo que allí se puede hacer, y antes de irnos a dormir no dedicamos un solo pensamiento a los mundos espirituales —en realidad hacemos exactamente lo contrario en ciertos aspectos— no podemos ofrecer alimento alguno para los muertos.

Conozco ciertos lugares de Europa donde los jóvenes están educados de tal manera, que van a dormir después de haber tratado de beber toda la cerveza que les es posible soportar. Eso significa que los pensamientos e ideas que se apoderan de ellos no pueden vivir en el mundo espiritual, y cuando los muertos se les aproximan, encuentran un campo árido; esto resulta tan duro para ellos, como lo es para nosotros cuando nuestras cosechas fracasan y llega el hambre. Especialmente en la actualidad, se puede observar que el hambre es muy grande en el mundo espiritual, ya que los sentimientos materialistas son los que prevalecen y hay una gran cantidad de personas que consideran infantil ocuparse del mundo espiritual. Ellos niegan así el alimento anímico necesario a aquellas almas que, después de la muerte, están obligadas a obtener de ellos su nutrición.

Para comprender correctamente este hecho, es necesario aclarar que, después de la muerte, podemos alimentarnos de los pensamientos e ideas de aquellas almas que de algún modo estuvieron en contacto con nosotros durante nuestra vida. No podemos obtener alimentos de aquellos que no estuvieron en contacto con nosotros. Si hoy difundimos la Ciencia Espiritual de modo que podamos tener nuevamente un vivo contenido espiritual en el alma, entonces mis queridos amigos, no solo trabajamos para que los seres vivientes queden satisfechos, sino que tratamos de llenar nuestros corazones y nuestras almas con pensamientos acerca del mundo espiritual sabiendo que los muertos que estuvieron en relación con nosotros en la Tierra, deben alimentarse con ellos. Hoy tenemos la sensación de que no sólo trabajamos para los que llamamos seres vivos, sino también de que servimos al mundo espiritual al difundir la Ciencia Espiritual. Cuando nos dirigimos a los vivos explicando cómo debe ser este diario vivir, entonces, a causa de la satisfacción que estas salmas experimentan, estamos creando ideas para su vida nocturna que pueden ser un alimento provechoso para aquellos cuyo Karma los condujo a la muerte antes que a nosotros. Por eso se siente la necesidad de hacer que la Antroposofía se conozca no sólo por los métodos externos ordinarios, sino que existe también un impulso interior para cultivarla en grupos, ya que es de gran importancia que las personas que estudian Antroposofía puedan asociarse.

Como ya lo he dicho, los muertos pueden obtener alimento sólo de aquéllos con quienes tuvieron contacto en vida, y tratan de unir a las almas entre sí para hacer aun más extensos los campos de cosecha de los muertos. Muchos hombres que no puedan encontrar campos de cosecha después de la muerte, porque toda su familia era materialista, podrán encontrar alguno entre las almas de los antropósofos con los que hubieran estado asociados. Este es el motivo más profundo por el cual debemos trabajar juntos y desear de que cualquier miembro que muera pueda, antes de su muerte, relacionarse con antropósofos que, mientras estuvieron en la Tierra, se ocuparon de cosas espirituales, para que puedan después, cuando estén dormidos, puedan obtener alimento de ellos.

En los primeros tiempos de la evolución del hombre, cuando las almas humanas estaban todavía llenas de cierta vida religiosa y espiritual, las comunidades religiosas, y especialmente las personas consanguíneas, buscaban el intercambio con los muertos. Pero ahora, la consanguinidad ha perdido su poder y debe ser reemplazada cada vez más por el cultivo de una vida espiritual como la de nuestro movimiento. Por eso, vemos que la Antroposofía puede promover la creación de un nuevo vínculo entre los vivos y los muertos, y así podamos ser de utilidad para éstos. Y cuando en la actualidad, con visión clarividente, hallamos personas que viven entre la muerte y un nuevo nacimiento y que experimentan la desdichada suerte de descubrir que todos aquéllos que conocieron en la Tierra, aún sus propios parientes, sólo tienen pensamientos materialistas, reconocemos la necesidad de infundir pensamientos espirituales en la cultura actual. Por ejemplo, hallamos en el mundo espiritual un hombre que conocimos en la Tierra y que recién ha muerto dejando deudos que también conocemos, su esposa e hijos, todos los cuales son buenas personas en su fuero externo. Con visión clarividente vemos que este hombre no es capaz de encontrar a su mujer, que era el sol mismo de su existencia cuando volvía al hogar después de una ruda jornada laboral; y debido a que ella no tenía pensamientos espirituales en el corazón ni en la mente, él no puede ver dentro de su alma, y si está en estado de hacerlo, se pregunta: “Dónde está mi esposa?. ¿Qué se ha hecho de ella?”. Sólo puede volver la mirada a la época en que estaba con ella en la Tierra; pero ahora, cuando ella es su mayor necesidad, no puede hallarla. Y esto puede ocurrir. Hay mucha gente en la actualidad que más o menos cree que los muertos, en lo que a nosotros concierne han llegado a un cierto estado de inanidad, y esta gente sólo puede pensar en ellos con pensamientos completamente materialistas, pensamientos sin provecho alguno. Cuando en la vida después de la muerte miramos hacia alguien en la Tierra que nos apreciaba, pero que no cree en la supervivencia del alma después de la muerte, en ese momento, cuando toda nuestra atención está enfocada en el intento de lograr contacto con el ser querido, nuestra visión resulta como extinguida porque no podemos hallar al amigo que vive, ni entrar en contacto con él. Sin embargo, sabemos que podría hacerse muy fácilmente si tuviera pensamientos espirituales en su mente. Esa es una experiencia de los muertos que es muy frecuente y muy penosa. Con visión clarividente, muchos pueden darse cuenta de que hay almas que, después de la muerte, encuentran muchos obstáculos en el camino de sus intenciones a causa de los pensamientos de odio que los acompañan; y el alma no puede hallar alivio en los pensamientos cariñosos de los que dejó atrás porque no puede entrar en contacto con ellos a causa de su materialismo. Estas leyes del mundo espiritual, que pueden ser apreciadas con visión clarividente, tienen validez real y verdadera, como se puede ver en los casos que ha sido posible observar. Es interesante observar cómo trabajan los pensamientos de odio, y aún de mera antipatía, aunque no estén formados con plena conciencia. Hay maestros de escuela que, en general, fueron tenidos por severos y fueron incapaces de atraerse el cariño de sus jóvenes alumnos, pero cuyos pensamientos de odio y antipatía son inocentes, por así decirlo. Cuando un maestro así muere, uno ve también aquí  cómo los pensamientos que lo acompañan son para él, por así decirlo, obstáculos en el mundo espiritual. El niño o el joven no piensa que, cuando el maestro muere, no debe seguir odiándolo, pero, naturalmente, sigue haciéndolo así al recordar cómo fue atormentado por él. Con estas ojeadas podemos aprender mucho de lo que se refiere a la relación entre los vivos y los muertos, y lo que he estado tratando de exponer hoy ante vosotros tiene el propósito de sugerir algo factible de desarrollo y de buen resultado para nuestros esfuerzos antroposóficos. Me refiero a lo que se conoce como “leer para los muertos”. Se ha probado en nuestro movimiento que rendimos un servicio inmenso a aquellas almas que han muerto antes que nosotros al leerles acerca de cosas espirituales. El modo de hacer esto es dirigir los pensamientos hacia ellos, imaginarlos parados o sentados delante de uno, para que resulte más simple. De esta manera se puede leer a varios al mismo tiempo. No hace falta leer en voz alta sino seguir atentamente los pensamientos escritos, teniendo siempre presente al muerto en la mente, y pensando: “Está parado delante de mí, le estoy leyendo”. Ni siquiera es necesario leerles de un libro, pero no se deben pensar cosas abstractas sino pensar cada cosa en forma clara; ése es el modo de leerles a los muertos. Esto puede ser llevado tan lejos, aunque sea más difícil de hacer, que uno puede leer aún a alguien con quien sólo se hubiera estado en relaciones lejanas. Ello es posible, si se han tenido pensamientos comunes, por ejemplo, una creencia en la misma concepción del cosmos, o si se han tenido relaciones personales a causa de ideas semejantes acerca de ciertos dominios de la vida.

Puede serle de gran ayuda la lectura después de la muerte. Se ha hecho esto en todas épocas. Se me ha preguntado: “¿Cuál es el mejor momento para hacer esto?”. Eso no depende del momento. Lo que importa es que se piense en forma profunda y no superficialmente. El tema debe salir palabra por palabra, como si se hablara desde adentro de uno mismo. Si se obra de esta manera, el muerto lee junto con nosotros. Este tipo de lectura es útil no sólo a los antropósofos ¡muy lejos de eso!. Hace poco tiempo uno de nuestros amigos, y también su mujer, se sentían inquietos todas las noches. Experimentaban un desasosiego; y como hacía poco tiempo que el padre del hombre había muerto, él llegó a la conclusión de que el alma de su padre estaba presente necesitando algo de su hijo. Nuestro amigo vino a consultarme y resultó que su padre, que en vida nunca quiso oír una sola palabra de Ciencia Espiritual, experimentaba ahora una gran necesidad de saber algo de ella. El hijo y su mujer le leyeron entonces el Curso sobre el Evangelio de San Juan que di una vez en Cassel.  Este alma se sintió muy ayudada y elevada por encima de muchas desarmonías que había estado experimentando después de su muerte. Este caso es muy notable porque el muerto había sido un predicador que constantemente se dirigía al público desde su propio punto de vista religioso; sin embargo, después de su muerte, sólo quedó satisfecho al tener una lectura del Evangelio de San Juan dilucidada antroposóficamente. Vemos, entonces, que no es absolutamente necesario que el muerto a quien deseamos ayudar haya sido antropósofo en vida; sin embargo, es natural, ayudamos más especialmente a estos últimos al leerles.

Cuando vemos hechos como éste, mis queridos amigos, adquirimos ideas distintas acerca del alma del hombre. El alma humana es, en verdad, mucho más complicada de lo que generalmente se supone. En realidad, sólo tenemos conciencia de una pequeña parte de nuestra vida anímica. Ocurren muchas cosas en las profundidades subconscientes del alma que el hombre conoce poco. A menudo, es justamente lo opuesto a lo que cree y piensa en su conciencia normal. Puede ocurrir a menudo que un miembro de una familia sea atraído por la Antroposofía, mientras que su hermano, su mujer, o alguien en relación estrecha con él, no están de acuerdo con esa actitud y se enfurezcan con él por haberlo hecho. Existe a menudo una creciente antipatía hacia la Antroposofía en una familia de esa clase, de modo que la vida se hace realmente difícil a causa de la actitud de estos buenos amigos y de sus queridos parientes. Ahora bien, si se investigan esas almas en forma clarividente, ocurre a menudo que en las profundidades de su subconsciente se desarrolla un profundo anhelo por la Antroposofía. A menudo, el pariente que interpone las objeciones más violentas tiene, en realidad, un anhelo subconsciente por la Antroposofía más intenso que el del el miembro que acude a todas las reuniones. Pero la muerte levanta el velo del subconsciente y pone todas estas cosas en su justo nivel. Ocurre a menudo que una persona pueda no advertir claramente las cosas que yacen en su subconsciente, donde quizá exista un fuerte anhelo por la Ciencia Espiritual. Y al enfurecerse contra ella, amortiguará el anhelo del cual no tenía conciencia, pero después de la muerte, el anhelo resurgirá mucho más vigoroso. Por ello, no debemos dejar de leer para aquellas almas que en vida lucharon contra la Antroposofía, porque, en verdad, ocurre a menudo que podemos ayudarlas más que a cualquier otra.

La pregunta que se hace frecuentemente en relación a esto es: “¿Cómo podemos saber que los muertos nos escuchan realmente?”. Bien, es difícil saber esto a menos que se tenga visión clarividente, pero si pensamos regularmente en los muertos y trabajamos para ellos, llegaremos a sentir súbitamente: “Ellos están escuchando”. Esta sensación falta solamente cuando somos desatentos y no nos damos cuenta de la peculiar sensación de tibieza que a menudo se presenta cuando leemos de esta manera. Podemos conseguir realmente esta sensación, pero si fracasamos en ello, mis queridos amigos, existe una ley que hay que aplicar a menudo en nuestra relación con el mundo espiritual. Es la siguiente: Si leemos para los muertos, y nos escuchan, los ayudamos con toda seguridad. Pero, aunque no nos escuchen, estamos cumpliendo nuestro deber, y quizá, con el tiempo, logremos hacernos escuchar. De cualquier manera, verdaderamente obramos bien, porque nos estamos colmando de pensamientos e ideas que servirán seguramente como alimento para los muertos en la forma que mencionamos en primer lugar. De modo que nada se pierde, y la práctica de esta costumbre ha probado que el anhelo de los muertos por aquello que se les lee, está realmente difundido, y que podemos rendir un inmenso servicio a aquéllos a quienes leemos la sabiduría espiritual que ahora ha sido traída a la luz.

Por eso, podemos esperar que la división que separa a los muertos de los vivos se haga cada ver más delgada a medida que la Ciencia Espiritual sea más ampliamente conocida por el mundo. Será en verdad un hermoso resultado del trabajo de la Antroposofía, aunque parezca paradójico, si los hombres aprenden con el tiempo, por la experiencia práctica y no solo teóricamente, que sólo adquirimos una experiencia diferente cuando pasamos por la así llamada muerte y nos encontramos en compañía de los muertos.

Podemos también ayudarlos a compartir aquello que forma parte de nuestra vida física. Al preguntar: “¿Para qué sirve el leer a los muertos?. ¿Acaso no pueden ver ellos mismos todo lo que les leemos y conocerlo mucho mejor que nosotros?”, nos hacemos una idea completamente equivocada de la vida que media entre la muerte y un nuevo nacimiento. Esta pregunta sólo puede ser hecha por alguien que no esté en condiciones de juzgar aquello que pueda experimentarse en el mundo espiritual. Como es sabido, un hombre puede estar en el mundo físico sin tomar conocimiento del mismo, pues si no es capaz de juzgar esto o aquello, no puede tomar conocimiento del mundo físico. Los animales viven con nosotros en el mundo físico, sin embargo, no lo conocen tan bien como nosotros. El hecho de que los muertos vivan en el mundo espiritual no les da necesariamente el conocimiento del mismo, aunque puedan verlo. El conocimiento que se obtiene por medio de la Ciencia Espiritual, sólo puede ser adquirido en la Tierra; no se lo puede obtener en el mundo espiritual. Por eso, si los seres del mundo espiritual están también destinados a poseerlo, sólo lo podrán obtener de los seres que todavía están en la Tierra. Este es un importante secreto de los mundos espirituales. Podemos vivir en ellos y ser capaces de darnos cuenta de su existencia, pero, el conocimiento necesario de las cosas de estos mundos se puede obtener solamente en la Tierra. Debo hacer aquí mención de algo que tiene que ver con los mundos espirituales y que ampliaré en mi conferencia de mañana — y de lo cual, la mayor parte de la gente no tiene una idea correcta.

Mientras el hombre vive en el mundo espiritual entre la muerte y un nuevo nacimiento, tiene el mismo anhelo por el mundo espiritual que el que tenemos nosotros aquí. Espera de nosotros, que estamos en la Tierra, que le mostremos cosas relacionadas con ella y hagamos que se destaquen, para que él pueda verlas y darle así el conocimiento que sólo se puede obtener en la Tierra. No sin motivo, la Tierra está fundamentada en la existencia cósmica espiritual; se le ha traído a la vida, de modo que sólo aquello que se lleva a cabo en la Tierra puede entrar en existencia. El conocimiento de los mundos espirituales que trasciende la visión y la percepción de estos mismos mundos, sólo puede obtenerse en la Tierra. He aclarado ya que los seres espirituales de los mundos espirituales no son capaces de leer nuestros libros, y debo ahora agregar que lo que habita en nosotros como Antroposofía, es para los seres espirituales, y también para nuestras almas después de la muerte, lo que los libros son para los seres físicos en la Tierra —el medio de adquirir el conocimiento del mundo. Pero estos libros que nosotros mismos somos para los muertos, son libros vivientes.

Hay que entender, mis queridos amigos, este hecho significativo: ¡nosotros proporcionamos literatura para los muertos!. En ciertos aspectos nuestros libros son más perseverantes; por ejemplo, no permiten que sus letras se desvanezcan en el papel mientras las leemos. Nosotros, los seres humanos, quitamos a menudo a los muertos la oportunidad de leer al llenar nuestro espíritu de pensamientos materialistas que son realmente invisibles en el mundo espiritual. Como se me pregunta a menudo si los muertos pueden conocer lo que somos capaces de brindarles, debo decir que no son capaces de hacerlo; la Antroposofía puede existir solamente en la Tierra, y desde aquí debe ser elevada hasta los mundos espirituales.

Cuando observamos estos mundos y tenemos de ellos una pequeña experiencia personal, nos enfrentamos con condiciones bastante diferentes de las que prevalecen aquí, en la tierra. Es muy difícil por eso expresarlas con palabras y pensamientos humanos. A menudo, cuando uno trata de hablar concretamente acerca de los mundos espirituales, todo ello suena paradójico.

 Quizás pueda aquí hablaros incidentalmente de un ser, el alma de un muerto, con el cual, como sabía mucho, he podido realizar investigaciones en el mundo espiritual. Estas investigaciones se refieren al gran pintor Leonardo da Vinci y, en especial, a su conocida obra, “La ultima cena”, que está en Milán. Cuando uno investiga un hecho espiritual con la cooperación de un alma como ésta, ella puede indicar más de un hecho que uno no podría discernir simplemente en los Anales Akáshicos con visión clarividente. El alma humana en  el mundo espiritual puede indicar estos hechos, pero sólo puede hacerlo a un investigador que sea capaz de comprender las cosas que ella pretende señalar. Supongamos que, junto con un alma tal, uno investiga de qué manera Leonardo pintó la mundialmente famosa “Ultima cena”. Lo que hoy queda de esta pintura es apenas algo más que unas pocas manchas de color, pero, en los Anales Akáshicos, uno puede observar a Leonardo en su trabajo y darse cuenta, aunque no es nada fácil, de cómo era la pintura entonces. Si uno puede hacer una investigación de este tipo, acompañado de un alma no encarnada pero que está en contacto con Leonardo da Vinci, y estudia sus pinturas, se puede ver que este alma señala esto y aquello. Por ejemplo, uno puede darse cuenta de las verdaderas caras de Cristo y Judas en el cuadro. Sin embargo, uno toma conciencia de que el alma no puede hacer esto a menos que, en el momento de la experiencia, exista la necesaria compresión de parte del investigador que está vivo. Esta es una condición sine qua non. El alma descarnada, durante el tiempo en que el alma viviente aprende voluntariamente, aprende sólo a comprender lo que hasta ahora pudo ver. Así, el alma con la cual uno ha tenido esa experiencia —que se puede realizar solamente de la manera que indicamos antes— se dirige a uno y le dice, hablando en forma simbólica, naturalmente: “Me has traído este cuadro porque tú mismo sentías la necesidad de estudiarlo; yo, por mi parte, sentía el impulso de mirarlo contigo”. Después de esto siguen varias experiencias, pero llega un momento en que el alma, o bien se desvanece, o dice: “Ahora debo irme”. En el caso al cual me estoy refiriendo, el alma del muerto dijo: “Hasta ahora, el alma de Leonardo da Vinci permitía gustosa que se observara la pintura, pero no desea, que ahora la investigación siga más adelante”.

Al exponer esto, os estoy dando un detalle muy importante de la vida del Espíritu. Así como en la vida física siempre sabemos lo que vemos y siempre sabemos que estamos viendo esto o aquello — como vemos, aquí estas rosas sobre la mesa — así también en la vida espiritual sabemos siempre cuándo un ser espiritual nos está mirando. Cuando pasamos a través del mundo espiritual, sentimos siempre que éste o aquel ser nos están mirando. En el mundo físico, tenemos conciencia de observar las cosas alrededor de nosotros cuando lo atravesamos, pero, en el mundo espiritual, sentimos que éste o aquel ser nos están mirando. Constantemente, nos damos cuenta de que somos observados, tasados, y esto nos conduce a tomar la decisión de hacer una cosa u otra sabiendo que seremos aprobados, o que sucederá lo contrario; y si hay algo que debamos o no hacer, de acuerdo con esto, lo haremos o no.

Así como cortamos una flor porque nos atrae al verla, así, en el mundo espiritual, realizamos una acción porque le agrada a algún ser, y nos cuidamos de hacerla porque no podemos soportar la mirada que recibiría. Debemos acostumbrarnos a este estado de cosas. Allí tenemos la sensación de ser vistos, como aquí tenemos la sensación de que vemos. En cierto sentido, lo que aquí es activo, allí es pasivo; y lo que es pasivo aquí, es activo allí. Por esto, podéis ver, mis queridos amigos, que debemos adquirir conceptos absolutamente diferentes si queremos comprender correctamente las descripciones referentes al mundo espiritual. Veréis qué difícil es acuñar, con el lenguaje humano ordinario, las descripciones del mundo espiritual que a uno le gustaría brindar.

Comprenderéis que, por muchas razones, hay que crear primero la necesaria comprensión. Existe algo más que quisiera que fuese motivo de vuestra atención. Se puede preguntar por qué la literatura antroposófica, en su totalidad, describe en forma bastante libre lo que ocurre en el mundo espiritual inmediatamente después de la muerte, lo que ocurre en el kamaloca, y luego, en el país del Espíritu, pero dice muy poco de las observaciones clarividentes de los detalles particulares. Se podría suponer con mucha probabilidad que es bastante más fácil observar un alma en particular, después de la muerte, que analizar las experiencias descritas en forma general; pero éste no es el caso. Usaré un ejemplo para probarlo. Con la visión clarividente correctamente desarrollada, es más fácil percibir los acontecimientos mayores, tales como el pasaje del alma humana a través de la muerte, hacia el Kamaloca, y su ascensión posterior, que ver las experiencias particulares de un alma dada. Así también, en el mundo físico, es más fácil reconocer lo que está sujeto regularmente a las influencias de los movimientos celestes más grandes, que reconocer lo que, en cierto sentido, sufre la influencia espasmódica de estos movimientos.

Todos podemos contar con el hecho de que el sol saldrá mañana por la mañana, y se pondrá por la noche. Pero no es fácil hacer el pronóstico del tiempo. Lo mismo ocurre con la clarividencia. Los informes que damos generalmente en nuestras descripciones de los mundos espirituales pueden ser comparados con el conocimiento que tenemos del curso general de los cuerpos celestes. Podemos contar siempre con que estas cosas se cumplirán tal como se las ha descrito. Pero, los hechos particulares de la vida que media entre la muerte y un nuevo nacimiento, son como las condiciones del tiempo en la tierra. Están, naturalmente, sujetas a leyes, pero son más difíciles de reconocer; aún en la tierra, difícilmente se puede decir, estando en un lugar, cómo será el tiempo en otro lugar. No es fácil conocer aquí en Bergen, cómo será el tiempo en Berlín, aunque estemos enterados de las posiciones relativas que tienen allí el sol y la luna. Seguir el curso de una vida individual después de la muerte, es más difícil y requiere un cultivo especial del don de la clarividencia, que seguir el curso general del alma humana. Si se practica correctamente, se obtiene primero el conocimiento de las condiciones generales, y el resto, que parece ser más fácil, llega mucho más tarde —después de estudiar mucho. Un hombre pudo haber sido capaz, durante mucho tiempo, de ver bastante claramente todo, lo que se refiere al Kamaloca y el Devachan, y resultarle, sin embargo, extremadamente difícil ver la hora que marca un reloj escondido en nuestro bolsillo. Las cosas del mundo físico son las más difíciles de todas para la práctica clarividente. Ocurre exactamente lo contrario en la adquisición del conocimiento de los mundos más altos. El hombre se equivoca en eso, porque existe todavía una clarividencia natural que es vaga, y está sujeta a muchos errores. Esto puede durar mucho tiempo, y no dar a la visión clarividente la perspectiva de las condiciones generales descritas por la Antroposofía, condiciones a las cuales, el clarividente práctico, llega más fácilmente. Estos son los temas del mundo espiritual acerca de los cuales fue mi deseo hablaros hoy. Mañana continuaremos estas observaciones y ahondaremos un poco más en ellas.

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Traductor desconocido.

GA219c6. La espiritualización del conocimiento del espacio. La misión de Micael.

Rudolf Steiner — Dornach, 17 de diciembre de 1922

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A menudo me he referido al hecho de que desde aproximadamente el primer tercio del siglo XV, la evolución humana ha entrado en una época especial. Se puede decir que la era que comenzó aproximadamente en el siglo VIII a. C. y continuó hasta el primer tercio del siglo XV fue la era de la cultura greco-latina y que la fase más reciente de tiempo en la que aún vivimos hoy, comenzó en el punto que he indicado. Hoy consideraremos las tareas de la humanidad actual en conexión con este hecho.

Sabemos —particularmente por las conferencias dadas aquí últimamente— que entre el nacimiento y la muerte el hombre lleva a su desarrollo físico, psíquico y espiritual en la Tierra la herencia de lo que ha experimentado en la existencia preterrenal. Y recientemente escuchamos en qué sentido la vida social y moral es la herencia de esa condición entre la muerte y el renacimiento cuando el hombre vive en íntima comunión con los Seres de las Jerarquías Superiores. Esta comunión  se experimenta, como ya he descrito, en alternancia rítmica con otra condición —el hombre trae consigo el poder del amor, y este poder del amor es el fundamento de la moralidad en la Tierra. La otra condición es aquella en la que el hombre se retrae a sí mismo, cuando, por así decirlo, sale de esa comunión con los Seres de las Jerarquías. Y como herencia de esta condición, trae consigo a la Tierra el poder de la memoria, el poder del recuerdo, que por un lado se expresa en su egoísmo, pero por otro lado lo predispone a la libertad, a todo lo que le da fuerza interior e independencia.

Hasta la época greco-latina, las facultades que permitieron al hombre moldear su civilización desde dentro eran, en cierto sentido, aún una herencia de existencia preterrenal.

Si nos remontamos a tiempos aún más remotos en la evolución de la humanidad, a la época de la antigua Persia y egipcio-caldea, encontramos evidencia en todas partes del conocimiento, de las ideas, que fluían como si estuvieran fuera de la interioridad del hombre, pero que estaban conectadas con la vida entre la muerte y el renacimiento. En la época de la antigua India, el hombre tenía una clara conciencia de que pertenecía a la misma “raza” a la que pertenecen los Seres divino-espirituales de las Jerarquías.  El hombre de conocimiento en la antigua civilización india se sentía menos ciudadano de la Tierra que del mundo al que pertenecen los Seres divino-espirituales. Sentía que había sido enviado a la Tierra desde las filas de estos Seres Divino-espirituales. Y consideraba que la civilización que se disemina sobre la Tierra estaba allí para que los actos terrenales del hombre e incluso los objetos y los seres de la Tierra se ajustaran a la naturaleza de los Seres divinos y espirituales con los que se sentía relacionado.

En el hombre de la antigua Persia, este sentimiento de parentesco ya había perdido parte de su intensidad anterior, pero también sentía que su verdadero hogar era lo que llamó el Reino de la Luz, el Reino al que pertenece entre la muerte y el nuevo nacimiento, y deseaba ser un guerrero del lado de los espíritus de ese Reino de Luz. Deseaba luchar contra aquellos seres que vienen de la oscuridad de la Tierra para que los espíritus del Reino de la Luz no fueran obstaculizados por estos seres oscuros; él dedicaba toda su actividad al servicio de los espíritus del Reino de la Luz. Y si luego pasamos a los pueblos egipcio-caldeo, vemos cómo su ciencia está llena del conocimiento relacionado con los movimientos de las estrellas. Los destinos de los hombres se leían en lo que revelan las estrellas. Antes de que se hiciera algo en la Tierra, se preguntaba a las estrellas si estaba justificado o no. Esta ciencia, según la cual toda la vida terrenal está regulada, también se sentía como una herencia de la existencia del hombre entre la muerte y el renacimiento, cuando sus experiencias eran de una clase que lo hacían uno con los movimientos y las leyes de las estrellas, tal como aquí en la Tierra, entre el nacimiento y la muerte, él es uno con los seres de los reinos mineral, vegetal y animal.

En la cuarta época post-atlante, la época greco-latina, comenzando en el siglo VIII AC. hasta el siglo XV DC., los hombres ya se empiezan a sentir verdaderos ciudadanos de la Tierra. Sienten que en su mundo de ideas entre el nacimiento y la muerte ya no hay ecos muy distintos de las experiencias en la existencia preterrenal. Se esfuerzan por estar en casa en la Tierra. Y, sin embargo, si penetramos profundamente en el espíritu de la civilización griega e incluso de la primitiva romana podemos decir algo como lo siguiente. Los hombres que estaban fundando la ciencia en esa época estaban decididos a aprender y saber todo lo que sucede en los tres reinos de la Naturaleza en la Tierra, pero a conocerlo de tal manera que este conocimiento también tuviera alguna relación con la existencia extraterrestre.  Entre los griegos hay un fuerte sentimiento de que a través del conocimiento aplicado por el hombre sobre la Tierra y a la luz de la cual él regula sus acciones terrenales, al mismo tiempo debe tener un tenue recuerdo del mundo divino-espiritual. El griego sabia que solo odia obtener su conocimiento de la observación del mundo terrenal; pero tenía la clara sensación de que lo que percibía en los minerales, las plantas, los animales, las estrellas, las montañas, los ríos, etc., debía ser un reflejo de lo Divino-Espiritual que se puede experimentar en un mundo que no es el mundo de los sentidos.

Este es el caso porque en esa época el hombre todavía siente que con la mejor parte de su ser él pertenece a un mundo suprasensible. Este mundo suprasensible, sin duda, se oscureció para la observación humana —así es como el hombre se lo dice a sí mismo: pero durante la existencia terrenal también debe esforzarse por iluminarlo. Es cierto que en la época greco-latina los hombres ya no pudieron regular las acciones ordinarias de la humanidad de acuerdo con los cursos de las estrellas, ya que su dominio de la ciencia de las estrellas no estaba a la par con la de los caldeos y los egipcios; pero, en todo caso, todavía se esforzaron, más bien a tientas, mediante el estudio de las expresiones de la voluntad de los Seres divinos-espirituales, por traer algo del  mundo Divino-Espiritual al mundo terrenal.

En los lugares de los Oráculos y en los Templos, los hombres buscaban determinar la voluntad de los Dioses a través de las sacerdotisas y profetisas, como saben por la historia. Y vemos cómo estos esfuerzos para determinar la voluntad de lo divino-espiritual, de los seres con quienes el hombre mismo es uno durante la existencia preterrenal, también eran habituales en otras regiones de Europa en el momento en que la cultura grecorromana estaba en su mejor momento en el sur.

 En las regiones germánicas de Europa Central, por ejemplo, las sacerdotisas y profetisas eran muy veneradas; se hicieron peregrinaciones hasta ellas y en estados de conciencia extáticos, se daba a conocer la voluntad de los Dioses a los hombres para que sus obras en la Tierra pudieran estar en conformidad con esta voluntad. Podemos ver claramente cómo hasta los siglos XII y XIII —aunque el impulso es por entonces menos intenso— el hombre se esfuerza por formular el conocimiento que busca de tal manera que contiene en sí la voluntad del mundo divino-espiritual. A lo largo de estos siglos de la Edad Media, hasta el siglo XII y XIII, podemos encontrar lugares que en aquel momento todavía se consideraban sagrados y que después se transformaron en nuestros laboratorios. Podemos encontrar lugares donde los llamados alquimistas investigaban las fuerzas de las sustancias y de los procesos de la Naturaleza; podemos leer escritos que todavía dan una imagen tenue del tipo de pensamiento que se aplicaba en esos antiguos centros de investigación y en todas partes descubriremos evidencia de la lucha para llevar a las sustancias mismas a tales combinaciones o interacción mutua que lo Divino-Espiritual pudiera trabajar en el frasco, en la retorta.

En el Fausto de Goethe hay un eco de esta actitud del alma, en la escena en la que Wagner trabaja en su laboratorio para producir el Homúnculo. No fue sino hasta el cambio de los siglos XIV y XV en la civilización occidental que surgió el deseo en el hombre de poner los cimientos de una ciencia en completa independencia, sin poner sus ideas en relación directa con una voluntad divino-espiritual por la cual el mundo está gobernado. Una forma de conocimiento puramente humana surge por primera vez durante este período; es el conocimiento que se emancipa de la voluntad divina-espiritual. Y es este conocimiento puramente humano, emancipado de la voluntad divina del que está compuesta la ciencia de Galileo y Copérnico.

Es la ciencia a través de la cual el universo se presenta al hombre en la imagen abstracta actual de hoy, la imagen de una bóveda —como Giordano Bruno fue el primero en prever—  con las estrellas dando vueltas en ella como cuerpos puramente materiales, o incluso en una condición de descanso tomando su parte en los acontecimientos cósmicos. Esta imagen del universo nos hace pensar que un vasto mecanismo funciona en la Tierra desde el espacio cósmico. E incluso en la investigación de las cosas terrenas, las personas se limitan fundamentalmente a lo que se puede calcular y medir, y así formar parte de un mecanismo abstracto. Sin embargo, este es un mundo de concepciones e ideas que el hombre puede sacar de sí mismo con la ayuda de la observación y el experimento externos, donde se cree que las sustancias físicas por sí mismas se afectan unas a otras, los procesos de la Naturaleza se manifiestan y donde lo divino-espiritual ya no se busca en el mundo de la naturaleza.

Hay una gran diferencia entre este mundo conceptual y el tipo de pensamiento que le precedió en la evolución humana. Es solo desde el primer tercio del siglo XV que los conceptos e ideas del hombre se han vuelto puramente humanos. Y es del Espacio en lo que el hombre se ha interesado principalmente desde que comenzó este período. Si se retrocede aún más a los tiempos de la Antigua India,  Persia, la cultura Egipcio-Caldea, en todas partes encontrarán que las concepciones del mundo se refieren a la Edad del Mundo. Señalan a una época antigua cuando la humanidad todavía guardaba una íntima relación con los Dioses, a una Edad de Oro.

Señalan otra época cuando el hombre todavía experimentaba en la Tierra al menos el reflejo solar de lo Divino: una Edad de Plata, y así sucesivamente. El tiempo y el curso del tiempo desempeñan un papel destacado en las imágenes del mundo de las primeras fases evolutivas. Del mismo modo, cuando se considera la época griega, y de hecho la imagen del mundo que estaba presente al mismo tiempo en las regiones más del norte y centro de Europa, encontrarán que en todas partes la idea del Tiempo juega un papel esencial.  El griego se remonta a la Edad primigenia cuando los sucesos cósmicos son el resultado de la interacción entre Urano y Gaia. La siguiente Era señala, a Cronos y Rea, luego la Era en que Zeus y los otros dioses conocidos en la mitología griega gobiernan el Cosmos y la Tierra. Y es lo mismo en la mitología germánica. El Tiempo juega el papel más esencial en todas estas imágenes mundiales.

Una parte mucho menos importante es el Espacio. El elemento espacial todavía es oscuro en las imágenes del mundo nórdico y germánico con el Mundo del Fresno, el Gigante Ymir y demás. Que algo está sucediendo en el Tiempo es bastante claro, pero la idea del Espacio está apenas amaneciendo; es un factor sin gran significado. No es sino hasta la era de Galileo, de Copérnico, de Giordano Bruno, que el espacio realmente comienza a desempeñar su gran papel en la imagen del Universo. Incluso en el sistema ptolemaico, que sin duda se preocupa por el espacio, el tiempo es un factor más esencial de lo que es en la imagen del mundo que nos resulta familiar desde el siglo XV, en el que el Tiempo juega realmente un papel secundario. La distribución actual de las estrellas en el espacio cósmico se toma como el punto de partida y, a través del cálculo, se llega a conclusiones sobre cómo era la imagen del mundo en épocas anteriores. Pero la concepción del espacio, la imagen del mundo espacial, adquiere una importancia capital. Y el resultado es que todos los juicios humanos se basan en el principio del Espacio. El hombre moderno ha elaborado este elemento del Espacio en su imagen externa del mundo, lo ha elaborado también en todo su pensamiento. Y hoy este pensamiento en términos de Espacio ha alcanzado su cenit.

Piensen en lo difícil que es para el hombre de hoy en día seguir una exposición puramente del Tiempo. Él está contento si el espacio es llevado al menos hasta el punto de dibujar algo en la pizarra. Pero si el sentimiento del Espacio se transmite por medio de imágenes, ¡entonces el hombre moderno está realmente en su elemento! “Ilustración” —y con esto él quiere decir expresión en términos de Espacio—  es lo que el hombre de hoy se esfuerza por lograr en cada exposición. El tiempo, en la medida en que está en flujo perpetuo, se ha convertido en algo que le causa incomodidad. Todavía le agrega valor en la música; pero incluso allí la tendencia hacia lo espacial es bastante evidente.

Solo tenemos que considerar algo que se ha convertido en una característica definida de la vida moderna y esta manía del hombre moderno para adherirse a lo espacial es aparente a la vez. En el cine, es completamente indiferente el elemento de Tiempo en la imagen. Está contento con la fracción más pequeña del elemento de Tiempo y está completamente entregado al elemento de Espacio.

Esta orientación del alma a lo espacial es muy característica del tiempo presente y quien observa la cultura y la civilización modernas con los ojos abiertos la encontrará en todas partes.

Por otro lado, en la Ciencia Espiritual antroposófica nos esforzamos, como saben, por alejarnos de lo espacial. Sin duda, nos encontramos con el deseo de que también tratemos de dar forma tangible a lo espiritual, y eso es justificable para fortalecer la facultad de ideación. Solo que siempre debemos ser conscientes de que esto es puramente un medio de ilustración y que lo esencial es esforzarse, al menos esforzarse, para trascender lo espacial.

Los “devotos” espaciales entre nosotros a menudo causan dificultades haciendo diagramas de las épocas consecutivas del Tiempo, escribiendo “Primera Época con Sub-Épocas”, y así sucesivamente. A continuación, sigue una gran cantidad de títulos y lo que es secuencial en el Tiempo se arrastra a una imagen espacial.

Nuestro objetivo, sin embargo, es trascender lo espacial. Nos esforzamos por penetrar en lo temporal y también en lo supratemporal, en el elemento que conduce más allá de lo que es físicamente perceptible. Lo físicamente perceptible existe en su forma más cruda en el mundo del espacio y allí el pensamiento se dirige en cierta dirección. A menudo he hablado de las intenciones reales de la Ciencia Espiritual antroposófica. Ciertamente, no menosprecia, y mucho menos rechaza, el modo de pensar engendrado en la época de Galileo, Copérnico, Giordano Bruno. La validez de este modo de pensar en el que, como saben, el espacio es el elemento esencial, es plenamente reconocido por la ciencia espiritual antroposófica. Por lo tanto, debe ser capaz de arrojar luz en todos los dominios del pensamiento científico. No debe adoptar una actitud de aficionado a estos dominios del pensamiento científico, sino que debe arrojar luz sobre ellos por su forma de ver las cosas.

Pero una y otra vez se debe enfatizar que la Ciencia Espiritual antroposófica está tratando de guiar de regreso a lo Divino-Espiritual este conocimiento puramente humano que se basa casi por completo en el elemento del Espacio y se emancipa de lo Divino-Espiritual. No nos remontamos a las condiciones antiguas, sino que deseamos guiar la actitud moderna del alma hacia lo espiritual, lejos de su preocupación por lo puramente espacial y material.  En otras palabras, queremos aprender a hablar sobre cosas espirituales, ya que las personas de la epoca Galileo-Copernicana se acostumbraron a hablar sobre sustancias, sobre fuerzas. Con sus métodos de estudio y observación, esta Ciencia Espiritual debe ser compatible con el tipo de conocimiento que se ha estado desarrollando en relación con las cosas y los procesos del mundo material desde el primer tercio del siglo XV.  Su objetivo es el logro del conocimiento espiritual que se relaciona con este conocimiento de la naturaleza, aunque como el primero se refiere a lo suprasensible, el contraste es muy evidente.

Considerado internamente, ¿qué es lo que estamos buscando lograr?.  Si nos trasladamos en el pensamiento a la posición de los Seres divino-espirituales en cuyas filas vivimos entre la muerte y el renacimiento, y discernimos cómo dirigen su mirada hacia abajo, y a través de los diversos medios que he descrito observamos el curso de los acontecimientos en la Tierra, entonces encontramos que estos seres miraron hacia la Tierra en las edades más tempranas de la evolución humana —en las épocas de la Antigua India, Persa, Caldeo-Egipcia— y vieron lo que los hombres estaban haciendo, qué puntos de vista tenían sobre la Naturaleza y su propia vida social. Y entonces, si puedo decirlo así, los Dioses pudieron decirse a sí mismos acerca de las obras y los pensamientos de los hombres: Sus acciones y sus pensamientos son el resultado de su recuerdo, o son un eco de, lo que experimentaron entre nosotros en nuestro mundo. En el caso de los caldeos o los egipcios, era bastante evidente que el deseo principal de los hombres de abajo en la Tierra era llevar a cabo lo que los dioses de arriba habían pensado o estaban pensando. Cuando los Dioses miraron hacia la Tierra, vieron sucesos que estaban de acuerdo con sus intenciones; y era lo mismo cuando miraban los pensamientos de los hombres, como los dioses pueden hacer. Desde el primer tercio del siglo XV esto ha cambiado. Desde entonces, los Seres divinos-espirituales han mirado hacia abajo a la Tierra, y especialmente cuando miran hacia abajo en el tiempo presente, encuentran que las cosas en todas partes son fundamentalmente ajenas a ellos, que los hombres están haciendo cosas en la Tierra que ellos mismos han planeado de acuerdo con los fenómenos y procesos de la existencia terrenal. Y para los Dioses con quienes los hombres viven entre la muerte y el renacimiento, esta es una actitud completamente ajena.

Cuando un alquimista en su laboratorio se esforzaba por determinar la voluntad divina-espiritual a través de la combinación y separación de los Elementos, un Dios habría contemplado algo similar a su propia naturaleza en lo que el alquimista estaba haciendo. Si un Dios fuera a buscar en un laboratorio moderno, los métodos y procedimientos adoptados allí sería intensamente ajeno a él. Se puede decir con absoluta certeza que desde el primer tercio del siglo XV, los Dioses han sentido como si toda la raza humana se hubiera alejado de ellos en cierto sentido, como si los hombres de la Tierra se dedicaran a trivialidades, a cosas que los Dioses son incapaces de entender, ciertamente no los Dioses que aún guiaban las manos y las mentes de los hombres en sus búsquedas científicas en tiempos greco-latinos. Estos Seres divino-espirituales no tienen un interés activo en lo que se hace en los laboratorios modernos, y mucho menos en los hospitales modernos. En una ocasión anterior me vi obligado a decir que cuando los dioses miran hacia abajo a través de las ventanas, como las llamé, lo que menos les interesa en la Tierra es el tipo de trabajo llevado a cabo por los doctos. Lo que va al corazón de alguien que tiene un conocimiento genuino de la moderna Ciencia de la Iniciación es lo que está obligado a decirse a sí mismo: En los últimos tiempos, los hombres nos hemos distanciado de los dioses; debemos buscar nuevamente los puentes para conectarnos con el mundo divino-espiritual. Y es esto lo que acelera el impulso de la Ciencia Espiritual antroposófica. Su deseo es transformar las ideas y los conceptos científicos que son ininteligibles para los Dioses de tal manera que se espiritualicen y así puedan brindar un puente a lo Divino-Espiritual.

Se debe comprender que la luz, por ejemplo, es algo en lo que la divinidad está presente. Esto se sintió fuertemente en la cultura persa antigua, pero hoy, cuando, por ejemplo, se intentan indicar mediante todo tipo de líneas cómo se rompen los rayos de una lente, este es un lenguaje que los dioses no entienden; no significa nada para ellos. Todas estas cosas deben ser abordadas con una actitud anímica que permita que el puente a lo Divino se encuentre una vez más. Comprender esto significa una gran profundización de la comprensión del tipo de tarea que incumbe en la epoca actual en materia de transformar y metamorfosear nuestras ideas no espirituales.

Una verdad cósmica de profunda significación subyace a estas cosas. La concepción del espacio es una concepción enteramente humana. Los dioses con los que el hombre vive en el período más importante de su vida entre la muerte y un nuevo nacimiento tienen una vívida concepción del tiempo pero ninguna concepción del espacio tal como el hombre la adquiere en la Tierra. Esta concepción del espacio es completamente humana. El hombre realmente entra al Espacio por primera vez cuando desciende del mundo divino-espiritual al mundo físico de la Tierra. Es cierto, como se ve desde aquí, todo aparece en perspectiva espacial. Pero pensar en dimensiones, si puedo decirlo así, es algo que pertenece completamente a la Tierra.

En la civilización occidental, esta concepción del espacio se ha arraigado en el hombre desde el siglo XV. Pero cuando a través de la espiritualización del conocimiento puramente espacial, se han encontrado nuevamente puentes hacia el mundo divino, entonces, ¿qué ha obtenido el hombre de la ciencia del espacio? —en el mismo período en que ha emancipado su pensamiento de manera más drástica del mundo divino, es decir, desde el siglo XV— todo el conocimiento espacial que ha adquirido será importante para el mundo divino-espiritual también. Y el hombre puede conquistar una nueva porción del universo para los Dioses tan solo si trae el espíritu nuevamente a la concepción del Espacio.

Ya ven, lo que he descrito en el libro La Ciencia Oculta —los períodos del Antiguo Saturno, el Antiguo Sol, la Antigua Luna, la Tierra y los periodos futuros de Júpiter, Venus y Vulcano— solo está presente a los Dioses en la secuencia del Tiempo. Aquí en la Tierra, sin embargo, todo se vive en términos de Espacio. Estamos viviendo hoy en el período de la Tierra propiamente dicho, pero en los sucesos de la Tierra aún persisten los ecos de los períodos de la Antigua Luna, el Antiguo Sol y el Antiguo Saturno.

Si se sumergen en la descripción del período del Antiguo Saturno en La Ciencia Oculta, dirán: El período de Saturno es pasado, pero los efectos de su calor todavía están presentes en nuestra existencia terrenal. Saturno, Sol, Luna, Tierra están uno dentro del otro; ellos existen simultáneamente. Los dioses los ven en la secuencia del tiempo. Aunque en épocas anteriores, incluso durante la época caldea, se los veía en su sucesión, ahora los vemos uno dentro del otro, espacialmente uno dentro del otro. De hecho, esto lleva mucho más lejos y si estudiamos estas cosas en detalle, descubriremos qué hay detrás de ellas.

Imaginen que extienden la mano izquierda. Lo Divino vive en todo lo terrestre. En los músculos, en los nervios, vive lo Divino. Ahora con los dedos de la mano izquierda toquen los dedos de la mano derecha —esto solo se puede hacer en el espacio. El hecho de que sientan su mano derecha con la izquierda, su mano izquierda con la derecha, esto es algo que los Seres divino-espirituales no siguen— Siguen la mano izquierda y la mano derecha hasta el punto de contacto, pero el sentimiento que surge entre los dos es una experiencia que las facultades que poseen los dioses no hacen posible; es algo que surge solo en el espacio. Tan poco como los Dioses contemplan a Saturno, Sol, Luna y Tierra simultáneamente sino solo en sucesión, en el Tiempo, entonces no tienen ninguna de las experiencias puramente espaciales conocidas por el hombre. Cuando miran con los ojos izquierdo y derecho y tienen la línea de visión desde la derecha y desde la izquierda, la actividad de los Dioses está presente en la visión desde el ojo derecho y nuevamente en la visión desde el ojo izquierdo, pero en la unión de las dos líneas de visión se encuentran en un elemento puramente humano. Así experimentamos como hombres, porque hemos sido colocados en el mundo del espacio, algo que se experimenta en un estado de emancipación de la actividad de los dioses.

Solo necesitan extender esta imagen de las manos derecha e izquierda a otros dominios en la vida del hombre terrenal, y encontrarán una gran cantidad de experiencias humanas que caen inmediatamente fuera del campo de visión de los Dioses. En realidad, solo desde el primer tercio del siglo XV el hombre ha traído ideas de un tipo puramente humano a estos dominios. Por lo tanto, el pensamiento humano se ha vuelto cada vez menos inteligible para los dioses cuando miran hacia la Tierra. Y con esto en mente, debemos dirigir nuestra atención a ese evento más importante en el último tercio del siglo XIX, que puede caracterizarse por decir que el reinado del Ser espiritual conocido como Gabriel fue sucedido por la regencia de ese otro Ser espiritual conocido como Michael.

En el último tercio del siglo XIX, el Ser espiritual que llamamos Mikael se convirtió en el Regente, por así decirlo, de todo lo que tiene un carácter espiritual en los eventos humanos en la Tierra. Mientras que Gabriel es un Ser más orientado a las cualidades pasivas del hombre, Mikael es el Ser activo, el Ser que, por así decirlo, pulsa nuestro aliento, nuestras venas, nuestros nervios, para que podamos desarrollar activamente todo lo que pertenece a nuestro humanidad completa en relación con el Cosmos. Lo que se nos presenta como un desafío de Mikael es que nos volvamos activos en nuestros propios pensamientos, elaborando nuestra visión del mundo a través de nuestra propia actividad interna. Solo pertenecemos a Época de Michael cuando no nos sentamos inactivos y deseamos que venga a nosotros la iluminación desde dentro y desde fuera, sino cuando cooperamos activamente en lo que el mundo nos ofrece en forma de experiencias y oportunidades de observación. Si un hombre lleva a cabo algún experimento, no implica fundamentalmente actividad; no hay necesariamente ninguna actividad de su parte; es solo un evento como cualquier otro evento en la Naturaleza, excepto que está dirigido por la inteligencia humana. ¡Pero todos los acontecimientos en la Naturaleza también han sido dirigidos por la inteligencia!. ¿Cómo es la vida mental del hombre hoy en día afectada por los experimentos? No hay participación activa, ya que simplemente mira e intenta eliminar la actividad tanto como sea posible; él quiere que el experimento le cuente todo y considera que todo es fruto de su propia actividad interior.  Es precisamente en sus ideas científicas que los hombres son menos importantes en la era de Micael.

Pero la humanidad debe entrar en la edad de Michael. Si nos hacemos la pregunta: ¿qué significa realmente en todo el entorno cósmico que Gabriel le haya pasado el cetro a Micael? Entonces debemos responder: Significa que de todos los Seres que guían espiritualmente a la humanidad, Micael es el Espíritu que es el primero en acercarse a lo que los hombres aquí en la Tierra están haciendo como resultado de esta emancipación del conocimiento desde el primer tercio del siglo XV. Gabriel se encuentra en completa perplejidad ante las ideas y nociones de un hombre culto de la edad moderna. Micael, que está estrechamente relacionado con las fuerzas del Sol, al menos puede inculcar su actividad en los pensamientos del hombre que pueden darle impulsos para sus obras libres. Micael puede trabajar, por ejemplo, en lo que he llamado en la Ciencia Oculta, el pensamiento puro y libre, que debe ser el verdadero impulso para la voluntad individual del hombre que actúa en libertad en la nueva era. Y con las obras del hombre que surgen del impulso del amor, Michael tiene su propia relación particular.

Por lo tanto, él es el mensajero a quien los Dioses han enviado para que pueda recibir lo que ahora se está llevando del conocimiento emancipado del espíritu al conocimiento espiritualizado. La ciencia que como Ciencia Espiritual antroposófica espiritualiza nuevamente el pensamiento espacial, lo eleva nuevamente a lo suprasensible: esta Ciencia Espiritual trabaja desde abajo hacia arriba, extiende sus manos desde abajo para tomar las manos de Micael que se extiende desde arriba. Es entonces cuando se puede crear el puente entre el hombre y los Dioses. Michael se ha convertido en el Regente de esta Era porque debe recibir lo que los Dioses desean recibir de lo que el hombre puede agregar al Concepto-Tiempo a través del Concepto-Espacio, ya que esto aumenta el conocimiento que poseen los Dioses.

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Los dioses representan a Saturno, Sol, Luna, Tierra, en la sucesión del Tiempo. Si el hombre desarrolla correctamente la última fase de su vida de pensamiento, ve esto en términos de espacio. Los dioses pueden imaginar el estiramiento de la izquierda y de la mano derecha, pero el contacto real es una cuestión puramente humana. Los dioses pueden vivir en la línea de visión del ojo izquierdo, en la línea de visión del ojo derecho. El hombre visualiza en términos de espacio cómo la visión del ojo izquierdo se encuentra con la del ojo derecho. Micael dirige su mirada hacia la Tierra. Él puede, al entrar en conexión con lo que los hombres desarrollan en pensamiento puro y objetivo en pura voluntad, tomar el conocimiento de los ciudadanos de la Tierra, de los hombres, como fruto del pensamiento en términos de Espacio, y elevarlo a los mundos divinos.

Si los hombres se limitaran a desarrollar el conocimiento del espacio y no a espiritualizarlo, si se detuvieran en la antropología y no estuvieran dispuestos a avanzar hacia la antroposofía, entonces pasaría la edad de Micael. Micael se retiraría de su regencia y traería este mensaje a los dioses: la humanidad desea separarse de los dioses.  Si Michael debe devolver el mensaje correcto al mundo de los Dioses, debe hablar con este fin: Durante mi Época, los hombres han elevado a lo Suprasensible lo que ya han desarrollado en la forma de pensar puramente en términos de Espacio; y, por lo tanto, podemos aceptar a los hombres de nuevo, porque han unido sus pensamientos con los nuestros. Si la evolución humana procede de la manera correcta, Micael no tendrá que decir a los dioses: los hombres se han acostumbrado a mirar todo espacialmente; Han aprendido a despreciar lo que vive solo en el Tiempo. Si los seres humanos se resuelven para lograr su objetivo terrenal, Micael dirá: Los hombres han hecho esfuerzos para traer nuevamente el Tiempo y lo Suprasensible al Espacio; por lo tanto, aquellos que no están contentos de mirar fijamente el espacio, que no están contentos de aceptar todo en una forma tan material como era costumbre a principios del siglo XX, se puede considerar que han vinculado sus vidas directamente a la vida de los Dioses.

Si realmente perseguimos la Antroposofía a la luz de la Ciencia de la Iniciación, significa que nos ocupamos de los asuntos cósmicos, con asuntos que la humanidad tiene que resolver en armonía con el mundo de los Dioses. Y en la edad presente, mucho está en juego; es cuestión de si debemos o no sembrar la semilla para la verdadera comunión en el futuro con el mundo divino-espiritual.

Cuando se hagan conscientes de la tremenda importancia de este tema, podrán medir la seriedad y la constancia interna que necesita el alma para que la Antroposofía sea el contenido de su vida de pensamiento.

Traducido por Gracia Muñoz en diciembre de 2017.

 

 

 

GA219c2. Cualidades morales y la vida después de la muerte. Ventanas de la Tierra

Rudolf Steiner — Dornach, 1 de diciembre de 1922

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El propósito esencial de las conferencias que he estado dando aquí durante algunas semanas fue mostrar cómo a través de su vida espiritual el hombre participa en lo que podemos llamar el mundo de las Estrellas, así como a través de su vida física en la Tierra participa de la existencia terrenal, de los acontecimientos terrenales. A la luz de las perspectivas adquiridas a través de la Antroposofía, distinguimos en el hombre las fuerzas que yacen en su cuerpo físico y en su cuerpo etérico o de fuerzas formativas, y las que yacen en su yo y su cuerpo astral. Ya saben, por supuesto, que estos dos lados de su ser se separan cada vez que duerme. Y ahora pensaremos por un corto tiempo en el hombre mientras está dormido. Por un lado, el cuerpo físico y el cuerpo etérico se encuentran allí en estado de inconsciencia; pero el yo y el cuerpo astral también carecen de conciencia.

Ahora podemos preguntarnos: ¿estos dos lados inconscientes de la naturaleza humana también están relacionados durante el sueño?. Sabemos que en el estado de vigilia, donde funciona la conciencia ordinaria del hombre moderno, los dos lados se relacionan a través del pensamiento, a través del sentimiento y la voluntad. Por lo tanto, debemos imaginarnos a nosotros mismos que cuando el Yo y el cuerpo astral se hunden, por así decirlo, en el cuerpo etérico y el cuerpo físico, surgen de esta unión el pensar, el sentir y el querer.

Ahora cuando el hombre está dormido, el pensamiento, el sentimiento y la voluntad cesan. Pero cuando consideramos el cuerpo físico tendremos que decir: todas las fuerzas que, de acuerdo con nuestra observación humana pertenecen a la existencia de la Tierra, están activas en este cuerpo físico. Este cuerpo físico puede ser pesado; pónganlo en la balanza y demostrará tener un cierto peso. Podemos investigar cómo los procesos materiales siguen su curso dentro de él, o al menos podemos imaginar hipotéticamente que esto es posible. Deberíamos encontrar en él procesos materiales que son una continuación de esos procesos que se encuentran fuera de la existencia de la Tierra; estos continúan dentro del cuerpo físico del hombre en el proceso de nutrición. En su cuerpo físico también deberíamos encontrar lo que se logra a través del proceso de respiración. Es solo lo que procede de la organización principal del hombre, todo lo que pertenece al sistema de los sentidos y los nervios, lo que se atenúa o se sumerge en completa oscuridad durante el sueño.

Si luego pasamos a considerar el cuerpo etérico que impregna lo físico, de ningún modo es tan fácil entender cómo funciona este cuerpo etérico durante el sueño. Cualquiera, sin embargo, que ya esté versado hasta cierto punto en lo que dice la Ciencia Espiritual acerca del hombre, comprenderá sin dificultad cómo, a través de su cuerpo etérico, el ser humano vive, incluso mientras duerme, en medio de todas las condiciones del mundo etérico y todas las fuerzas etéricas que rodean la existencia en la Tierra. Para que podamos decir: dentro del cuerpo físico del hombre mientras está dormido, todo lo que pertenece a la existencia de la Tierra está activo. Así también en el cuerpo etérico todo lo que pertenece al mundo del éter que envuelve y permea a la Tierra está activo.

Pero las cosas se vuelven más difíciles cuando volvemos nuestra atención, naturalmente la atención de nuestra alma, a lo que está ahora (durante el sueño) fuera de los cuerpos físico y etérico, es decir, al yo y cuerpo astral del hombre. No podemos aceptar la idea de que esto tenga algo que ver con la Tierra física o con lo que rodea e impregna la Tierra como éter. En cuanto a lo que ocurre durante el sueño, ya lo indiqué de manera más descriptiva en las conferencias que se dieron aquí hace poco tiempo, y lo resumiré hoy desde un punto de vista diferente. En realidad, solo podemos entender lo que sucede en el yo y el cuerpo astral del hombre cuando con la ayuda de la Ciencia Espiritual penetramos en lo que ocurre en y alrededor de la Tierra más allá de las fuerzas y actividades físicas y etéricas.

Para empezar, volvamos nuestra mirada al mundo vegetal. Hablando en el sentido general y dejando de lado los árboles de hoja perenne y plantas de ese estilo, vemos que el mundo vegetal brota de la Tierra en primavera. Vemos que las plantas se vuelven más vivas y ricas en color, más exuberantes, y después, en otoño se desvanecen de nuevo. En cierto sentido, las vemos desaparecer de la Tierra cuando ésta se cubre de nieve.

Pero ese es solo un aspecto del desarrollo del mundo vegetal. El conocimiento físico nos dice que este despliegue del mundo vegetal en primavera y su desvanecimiento hacia el otoño está conectado con el Sol, también que, por ejemplo, la coloración verde de las plantas puede producirse solo bajo la influencia de la luz solar. El conocimiento físico, por lo tanto, nos muestra lo que sucede en el ámbito de los efectos físicos; pero no nos muestra que mientras están en marcha todos los brotes, el florecimiento y el marchitamiento de las plantas, también ocurren eventos espirituales. En realidad, al igual que en el organismo humano físico existe, por ejemplo, la circulación de la sangre, así como los procesos etéricos se expresan en el organismo físico como acción vascular y demás, y así como este organismo físico está impregnado por el alma y el espíritu, así también los procesos de germinación, reverdecimiento, florecimiento y desvanecimiento de las plantas que consideramos procesos físicos están impregnados en todas partes por el funcionamiento del mundo cósmico del alma y el espíritu.

Ahora cuando miramos el semblante de un hombre y su mirada cae sobre nosotros, cuando vemos su expresión, tal vez el enrojecimiento de la cara, entonces, de hecho, los ojos de nuestra alma están mirando a través de lo físico hacia el alma y el espíritu. De hecho, no puede ser de otra manera en nuestra vida entre nuestros semejantes. De la misma manera, debemos acostumbrarnos también a ver el espíritu y el alma en la fisonomía, si puedo llamarlo así, y cambios de la coloración del mundo vegetal en nuestra Tierra.

Si solo estamos dispuestos a reconocer lo físico, decimos que el calor y la luz del Sol actúan sobre las plantas, formando en ellas los jugos, la clorofila y demás. Pero si contemplamos todo esto con una visión espiritual, si tomamos la misma actitud hacia esta fisonomía de la planta de la Tierra como estamos acostumbrados a llevarla a la fisonomía humana, entonces se nos revela algo que me gustaría expresar con un palabra particular, porque esta palabra realmente transmite la realidad.

El Sol, del que decimos, aparentemente hablando, que envía su luz a la Tierra, no es simplemente un globo radiante de gas sino infinitamente más que eso. Envía sus rayos a la Tierra, pero cada vez que miramos al Sol, vemos el lado externo de los rayos. Los rayos tienen, sin embargo, un lado interno. Si alguien fuera capaz de mirar a través de la luz del Sol, considerar la luz solo como una cáscara externa y mirar hacia su alma, contemplaría el Poder del Alma, el Ser del Alma del Sol. Con la conciencia humana común vemos el Sol como deberíamos ver a un hombre que estuviera hecho de papel maché. Una efigie en la que no hay nada más que la forma, una forma sin vida, es por supuesto algo diferente del ser humano que realmente vemos ante nosotros. En el caso del ser humano viviente, miramos a través de esta forma externa y percibimos el alma y el espíritu. Para la conciencia ordinaria, el Sol en cambio es como si fuera un molde de papel maché. No vemos a través de su cáscara externa que está tejida de Luz.

Pero si pudiéramos ver a través de esto, deberíamos ver la esencia del alma y espíritu del Sol. Podemos ser conscientes de su actividad así como somos conscientes de la cáscara de papel maché del Sol. Desde el punto de vista del conocimiento físico, decimos: ‘El Sol brilla sobre la Tierra; brilla sobre las piedras, sobre el suelo. La luz se arroja y, por lo tanto, vemos todo lo que es mineral. Los rayos del sol penetran en las plantas, haciéndolas verdear, haciéndolas brotar   —todo eso es externo. Si vemos la esencia del alma y el espíritu del Sol, no podemos simplemente decir: ‘La luz del sol brilla sobre los minerales, se refleja, lo que nos permite ver los minerales’ o ‘La luz y el calor del Sol penetran en las plantas, haciéndolas verdes’ —pues tendremos que decir, los innumerables Seres espirituales que son seres del Sol y que constituyen su alma y espíritu: “El Sol sueña y sus sueños envuelven a la Tierra y modelan las plantas”.

Si imaginan la superficie de la Tierra con las plantas físicas que crecen a partir de ella, llegando a florecer, tienen allí el funcionamiento de los rayos físicos del Sol. Pero arriba está la vida tejida del mundo de los sueños del Sol —un mundo de Imaginaciones puras. Y uno puede decir: Cuando el manto de nieve se derrite en la primavera, el Sol recupera su poder, entonces las Imaginaciones del Sol se tejen nuevamente alrededor de la Tierra. Estas Imaginaciones del Sol son fuerzas imaginativas que trabajan en el mundo de las plantas. Ahora bien, aunque es cierto que este mundo Imaginativo —esta atmósfera imaginativa que rodea la Tierra— está muy activa desde la primavera hasta el otoño en cualquier región de la Tierra, sin embargo, este carácter onírico de la actividad del Sol también está presente de cierta manera durante el invierno. Solo que durante el invierno los sueños son, por así decirlo, aburridos y meditabundos, mientras que en verano son móviles, creativos, formativos. Ahora, es en este elemento en el que se despliegan las Imaginaciones del Sol que el Yo y el cuerpo astral del hombre viven y tejen cuando están fuera de los cuerpos físicos y etéricos.

Se darán cuenta por lo que he dicho que dormir en verano es en realidad un asunto bastante diferente de dormir en invierno, aunque en el estado actual de la evolución, la vida y la conciencia del hombre son tan aburridas y carentes de vitalidad que estas cosas no se perciben. En tiempos pasados, los hombres se distinguían definitivamente por sus sentimientos entre el sueño invernal y el sueño estival, y también sabían qué significado tenían para ellos el sueño invernal y el sueño estival. En aquellos tiempos antiguos los hombres sabían que del sueño de verano podían decir: Durante el verano, la Tierra está envuelta por pensamientos de imágenes. Y expresaron esto diciendo: Los Dioses Superiores descienden durante el verano y planean alrededor de la Tierra; durante el invierno, los Dioses Inferiores ascienden de la Tierra y se ciernen sobre ella. —Este mundo imaginativo, constituido de manera diferente en invierno y en verano, fue concebido como el tejido de los Dioses Superiores e Inferiores. Pero en aquellos tiempos antiguos también se sabía que el hombre mismo, con su Yo y su cuerpo astral, vive en este mundo tejido de imaginaciones.

Ahora, las mismas verdades de las que he hablado aquí, nos muestran, si las meditamos a la luz de la Ciencia Espiritual, en qué relación se encuentra el hombre, incluso durante su existencia terrenal, con el Universo extraterrenal. Ya ven, en verano —cuando es verano en cualquier región de la Tierra— el ser humano durante su sueño está siempre entrelazado por un mundo de contornos agudos de Imaginaciones Cósmicas. El resultado es que durante el verano está, por así decirlo, cerca de la Tierra con su alma y espíritu.  Durante el invierno es diferente. Durante el invierno, los contornos, las mallas, de las Imaginaciones Cósmicas se ensanchan, por así decirlo. Durante el verano vivimos con nuestro Yo y cuerpo astral mientras dormimos dentro de imaginaciones muy claramente definidas, dentro de múltiples figuras y formas. Durante el invierno, las figuras alrededor de la Tierra tienen un ancho entramado y la consecuencia de esto es que siempre que comienza el otoño, lo que vive en nuestro yo y cuerpo astral es llevado lejos en el Universo por la noche. Durante el verano y su calor, lo que vive en nuestro yo y cuerpo astral permanece más, por así decirlo, en la atmósfera psicoespiritual del mundo humano. Durante el invierno, este mismo contenido se confirma en las lejanas distancias del Universo. De hecho, sin hablar figurativamente, ya que uno está diciendo algo que es bastante real, uno puede decir: lo que el hombre cultiva en sí mismo, en su alma, y que a través de su yo y cuerpo astral puede extraer de sus cuerpos físico y etérico entre el momento de irse a dormir y despertarse, se almacena durante el verano y fluye durante el invierno hacia las grandes extensiones cósmicas.

Ahora, no podemos concebir que los hombres nos encerramos, por así decirlo, en la existencia terrenal y que el amplio Universo no sabe nada de nosotros. Está lejos de ser así. Es cierto que, en el solsticio de verano, el hombre puede ocultarse a los espíritus del universo, y también puede tener éxito en albergar sentimientos reprensibles del mal. La densa red de Imaginaciones no deja pasar estos sentimientos; todavía permanecen. Y en la Navidad, los Dioses miran hacia la Tierra y todo lo que vive en la naturaleza del hombre se revela y sale con su yo y su ser astral. Usando una imagen que realmente representa los hechos, podemos decir: En invierno se abren las ventanas de la Tierra y los Ángeles y Arcángeles contemplan lo que los hombres realmente son en la Tierra.

Nosotros en la Tierra nos hemos acostumbrado gradualmente en la civilización moderna a expresar todo lo que permitimos pasar como conocimiento en frases triviales, secas y no poéticas. Los Seres superiores son siempre poetas, por lo tanto, nunca damos una verdadera impresión de su naturaleza si los describimos con palabras físicas estériles; debemos recurrir a palabras como las que acabo de utilizar: en Navidad se abren las ventanas de la Tierra y, a través de estas ventanas, los Ángeles y Arcángeles contemplan las hazañas de los hombres durante todo el año. Los Seres de las Jerarquías superiores son poetas y artistas, incluso en su pensamiento. La lógica que generalmente nos esforzamos por aplicar es solo resultado de la gravedad de la Tierra, pero no insinúo, en absoluto, que no es muy útil en la Tierra.

Es lo que vive en las mentes y los corazones de los hombres como lo acabo de describir, lo que es de interés esencial para estos Seres Superiores; los Ángeles que miran a través de las ventanas de Navidad no están interesados en las especulaciones de los profesores; los pasan por alto. Ni, para empezar, están muy interesados en los pensamientos del hombre. Es lo que sucede en sus sentimientos, en su corazón, que en su aspecto cósmico está conectado con el curso anual del Sol. Por lo tanto, no es tanto si somos tontos o listos en la Tierra como lo es ante la mirada de los Seres Espirituales Divinos en el momento de la Navidad, sino simplemente si somos hombres buenos o malvados, si sentimos a los demás o somos egoístas. Eso es lo que se comunica a los mundos cósmicos a lo largo de las estaciones anuales.

Pueden creer que nuestros pensamientos permanecen cerca de la Tierra, porque he dicho que los Ángeles y los Arcángeles no se preocupan por ellos cuando miran por las ventanas navideñas. No se preocupan por nuestros pensamientos porque, si utilizo una forma de hablar bastante prosaica, reciben la moneda más rica, la moneda más valiosa que acuña el alma y el espíritu del hombre. Y esta moneda más valiosa es la acuñada por el corazón, los sentimientos, por lo que un hombre vale por lo que contienen su corazón y su sentimiento. Para el Cosmos, nuestros pensamientos son solo el pequeño cambio, la moneda menor, y esta moneda menor es espiada por seres espirituales subordinados todas las noches. Si somos tontos o astutos es espiado por el Cosmos cada noche —no de hecho para las regiones muy lejanas del Cosmos sino solo para las regiones alrededor de la Tierra— espiado por seres que están más cerca de la Tierra y de su entorno y, por lo tanto, los más subordinados en rango. La revolución diaria del Sol tiene lugar para impartir al Cosmos el valor de nuestros pensamientos. Hasta ahora nuestros pensamientos se extienden; pertenecen meramente en el entorno de la Tierra. La revolución anual del Sol tiene lugar para llevar nuestra naturaleza del corazón, nuestra naturaleza sentimental, más allá en los mundos cósmicos.

Nuestra naturaleza desiderativa no puede llevarse de esta manera al Cosmos, ya que el ciclo del día está estrictamente regulado. Sigue su curso en veinticuatro horas. El curso anual del Sol también está estrictamente regulado. Percibimos la regularidad del ciclo diario en las secuencias estrictamente lógicas de nuestros pensamientos. La regularidad del ciclo anual —percibimos el efecto posterior de esto en nuestro corazón y alma, en que hay ciertos sentimientos que dicen a unas cosas que hace el hombre: esto es bueno, y a otras: esto es malo.

Pero hay una tercera facultad en el hombre, a saber, la voluntad. Es cierto que la voluntad está ligada a los sentimientos y el sentimiento no puede dejar de decir que ciertas acciones son moralmente buenas y otras moralmente no buenas. Pero la voluntad puede hacer lo que es moralmente bueno y también lo que no es moralmente bueno. Aquí, entonces, no hay una estricta regularidad. La relación de nuestra voluntad con nuestra naturaleza como seres humanos no está estrictamente regulada en el sentido en que están regulados el pensamiento y el sentimiento. No podemos decir que una mala acción es buena o una buena acción mala, ni podemos llamar ilógico a un pensamiento lógico, o a un pensamiento ilógico, lógico. Esto se debe al hecho de que nuestros pensamientos se encuentran bajo la influencia de la revolución diaria del Sol y nuestros sentimientos bajo la influencia de su revolución anual. La voluntad, sin embargo, queda en manos de la humanidad misma en la Tierra. Y ahora un hombre podría decir: ‘Lo único que me sucede es que, si pienso de manera ilógica, mis pensamientos ilógicos se llevan a cabo cada noche en el Cosmos y hacen travesuras allí —pero ¿qué me importa eso? No estoy aquí para poner orden en el Cosmos “—. Aquí en la Tierra, donde la vida se vive en la ilusión, un hombre podría en ciertas circunstancias hablar así, pero entre la muerte y un nuevo nacimiento nunca lo haría. Porque entre la muerte y un nuevo nacimiento él mismo está en los mundos en los que puede haber causado daño a través de sus pensamientos necios; y debe vivir a través de todo el daño lo que ha hecho. Así también, entre la muerte y un nuevo nacimiento, él está en esos mundos en los que han fluido sus sentimientos. Pues aquí nuevamente podría decir en la Tierra: ‘Lo que vive en mis sentimientos se evapora en el Cosmos; pero les dejo a los Dioses que hagan frente a cualquier daño que pueda haber causado allí a través de mí. Mi voluntad, sin embargo, no está limitada a la Tierra por ningún reglamento. ‘-

El hombre pasa por la puerta de la muerte cargado con lo que ha salido de sus actos de voluntad. Así como aquí en la Tierra él tiene a su alrededor todo lo que vive en minerales, plantas, animales y en la humanidad física, todo lo que vive en nubes, arroyos, montañas, estrellas, en la medida en que son visibles externamente a través de la luz. —Así como él tiene todo esto a su alrededor durante su existencia entre el nacimiento y la muerte, entonces él tiene un mundo a su alrededor cuando ha dejado de lado los cuerpos físico y etérico y ha pasado por la puerta de la muerte. En verdad, tiene a su alrededor el mundo en el que sus pensamientos han entrado todas las noches, en el que han entrado sus sentimientos con el cumplimiento de cada ciclo anual … “Lo que has pensado; lo que has sentido “…   Ahora le parece que los Seres de las Jerarquías le transmiten sus propios pensamientos y sentimientos. Lo han percibido todo, como he indicado. Su vida mental y su vida de sentimiento ahora fluye hacia él. El materialista que considera que la vida del hombre se limita al tiempo entre el nacimiento y la muerte, nunca puede concebir que su voluntad tenga un significado cósmico; tampoco puede concebir que los pensamientos o sentimientos humanos tengan algún significado para el Cosmos. Pero incluso uno que sabe muy bien que los pensamientos tienen un significado cósmico como resultado de la revolución diaria del Sol y los sentimientos a través de la revolución anual, incluso él,  cuando ve lo que se logra en la Tierra por el bien o el mal, los impulsos del hombre, debe alejarse del Cosmos y de la naturaleza humana para ver cómo lo que trabaja en la voluntad del hombre se va al Cosmos. Porque lo que trabaja en la voluntad del hombre debe ser corroborado en el Cosmos por el hombre mismo, y él lo confirma cuando pasa por la puerta de la muerte. Por lo tanto, no es a través de los ciclos diarios o anuales sino a través del portal de la muerte que el hombre lleva a cabo el bien o el mal que ha causado aquí en la Tierra a través de su voluntad.

Es una relación extraña la que el hombre tiene con el Cosmos en su vida anímica. Decimos de nuestros pensamientos: ‘Tenemos pensamientos pero no están sujetos a nuestra voluntad arbitraria; debemos conformarnos a las leyes del Universo cuando pensamos, de lo contrario entraremos en conflicto con todo lo que sucede en el mundo. ‘Si un niño pequeño está de pie frente a mí, y pienso: Es un anciano; puedo halagarme a mí mismo al haber determinado el pensamiento, pero estoy ciertamente desconectado del mundo. Por lo tanto, con respecto a nuestros pensamientos, de ninguna manera somos independientes, tan poco independientes que nuestros pensamientos se llevan a cabo en el Cosmos por el ciclo diario del Sol. Tampoco somos independientes en nuestra vida de sentimientos, ya que se llevan a cabo a través del ciclo anual del sol. Así, incluso durante la vida terrenal, lo que vive en nuestra cabeza a través de nuestros pensamientos y, a través de nuestros sentimientos en nuestro pecho, no vive solo dentro de nosotros sino que también participa en una existencia cósmica. Solo eso que vive en nuestra voluntad lo mantenemos con nosotros hasta la muerte. Entonces, cuando hemos dejado de lado el cuerpo, cuando ya no tenemos nada que ver con las fuerzas terrenales, lo llevamos adelante a través de la puerta de la muerte.

En la existencia terrenal, el sol ilumina desde la mañana hasta la tarde; se oculta y se hace la noche. Cuando hemos pasado por la puerta de la muerte, nuestra sabiduría se extiende hacia nosotros como el día; a través de nuestros actos acumulados de insensatez, las luces espirituales se oscurecen y oscurecen a nuestro alrededor y se convierte en noche. Aquí en la Tierra tenemos día y noche; cuando hemos pasado por la puerta de la muerte, tenemos como el día y la noche los resultados de nuestra sabiduría y nuestra necedad. Y lo que el hombre experimenta aquí en la Tierra como primavera, verano, otoño e invierno en el ciclo anual, como las temperaturas cambiantes y otras experiencias sentientes, de todo esto se da cuenta —cuando ha pasado por la puerta de la muerte— también como un tipo de ciclo, aunque de una duración mucho más larga. Experimenta la cualidad que da calidez, da vida (que da vida, es decir, a su Ser espiritual) de sus buenos sentimientos, de su simpatía con la bondad; experimenta con la misma frialdad su simpatía con el mal, con lo inmoral. Así como aquí en la Tierra vivimos el calor del verano y el frío del invierno, también vivimos después de la muerte, calentados por nuestros buenos sentimientos, enfriados por nuestros malos sentimientos; y soportamos los efectos de nuestra voluntad a través de estos años y días espirituales. Después de la muerte, somos el producto de nuestra naturaleza moral en la Tierra. Y tenemos un ambiente que está impregnado por nuestras locuras y nuestra sabiduría, por nuestras simpatías y antipatías por el bien.

Para que podamos decir: así como aquí en la Tierra tenemos el aire veraniego a nuestro alrededor dándonos calidez y vida, y como tenemos el frío y helado aire invernal a nuestro alrededor, así, después de la muerte, estamos rodeados por una atmósfera de alma y espíritu que es cálido y dador de vida en la medida en que se produce a través de nuestros buenos sentimientos, y se enfría en la medida en que se produce a través de nuestros malos sentimientos. Aquí en la Tierra, en ciertas regiones al menos, las temperaturas de verano e invierno son las mismas para todos nosotros. En el tiempo después de la muerte, cada ser humano tiene su propia atmósfera, engendrada por él mismo. Y las experiencias más conmovedoras después de la muerte están conectadas con el hecho de que un hombre vive en un frío helado y el otro, cerca de él, en una calidez vivificante.

Tales son las experiencias que pueden ser experimentadas después de la muerte. Y como describí en mi libro Teosofía, una de las experiencias principales que se transmiten en el mundo del alma, es que aquellos seres humanos que han albergado sentimientos malvados aquí en la Tierra, deben experimentar unas experiencias difíciles a la vista de aquellos que desarrollaron y albergaron buenos sentimientos.

De hecho, se puede decir: Todo lo que permanece oculto para comenzar en el ser interior del hombre, se revela cuando ha pasado por la puerta de la muerte. Dormir también adquiere un significado cósmico, al igual que nuestra vida durante el invierno. Dormimos todas las noches para que podamos prepararnos la luz en la que debemos vivir después de la muerte. Pasamos por nuestras experiencias de invierno para preparar el calor espiritual del alma en el que entramos después de la muerte. Y en esta atmósfera del mundo espiritual que nosotros mismos hemos preparado, soportamos los efectos de nuestros actos.

Aquí en la Tierra vivimos, a través de nuestro cuerpo físico, como seres sujetos a la gravedad terrestre. A través de nuestra respiración, vivimos en el aire circundante, y muy a lo lejos vemos las estrellas. Cuando hemos pasado por la puerta de la muerte, entramos en el mundo anímico espiritual, muy lejos de la Tierra; estamos más allá de las estrellas, vemos las estrellas desde el otro lado, miramos hacia atrás al mundo de las estrellas. Nuestro propio ser vive en los pensamientos cósmicos y las fuerzas cósmicas. Miramos hacia atrás a las estrellas, ya no las vemos brillar, sino que vemos a las Jerarquías, a los Seres Espirituales que tienen simplemente su reflejo en las estrellas.

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Así, el hombre en la Tierra puede obtener más y más conocimiento de lo que será la naturaleza de su vida cuando atraviese la puerta de la muerte. Hay personas que dicen: ‘¿Por qué necesito saber todo esto? ¡Seguramente lo veré todo después de la muerte!”. Esa actitud es como si un hombre dudara del valor de la vista. Porque a medida que la evolución de la Tierra sigue su curso, el hombre entra cada vez más en una vida en la que debe adquirir el poder de participar en estas experiencias después de la muerte mediante su aprehensión, comenzando con el pensamiento, aquí en la Tierra. Cerrar el conocimiento de los mundos espirituales mientras estamos en la Tierra es cegarnos en alma y el espíritu después de la muerte. Un hombre entrará en el mundo espiritual como un lisiado cuando atraviese la puerta de la muerte, si aquí, en este mundo, desdeña aprender el mundo del espíritu, porque la humanidad está evolucionando hacia la libertad, hacia la actividad espiritual libre. Este hecho debería ser cada vez más claro para la humanidad y debería hacer que los hombres se den cuenta de la necesidad urgente de adquirir conocimiento sobre el mundo espiritual.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Diciembre de 2017