GA102c11. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 11 de junio de 1908

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En nuestras últimas tardes de estudio se han presentado varios aspectos que apuntan a la cooperación oculta entre el hombre y los mundos espirituales. Los seres espirituales en realidad están continuamente a nuestro alrededor y no solo a nuestro alrededor sino, en cierto sentido,  pasando a través de nosotros continuamente; vivimos con ellos todo el tiempo.

No debemos suponer, sin embargo, que se establece una relación entre el hombre y los seres espirituales del entorno, simplemente de la forma que hemos estado considerando en nuestros últimos estudios. También se forma una relación entre el hombre y el mundo espiritual a través de sus muchos y variados intereses de pensamiento y hechos. En nuestros dos últimos estudios, hemos indicado a seres espirituales de un carácter algo subordinado. Pero por conferencias anteriores sabemos que también tenemos que ver con seres espirituales que están por encima del hombre y que también existen conexiones y relaciones entre el hombre y los seres espirituales más sublimes. Hemos dicho que hay elevados seres espirituales viviendo a nuestro alrededor que no consisten en cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral, y así sucesivamente, como el hombre, sino que tienen un cuerpo etérico como su miembro más bajo.  Son invisibles para la vista ordinaria ya que su naturaleza corporal es finamente etérica y atraviesa la mirada del hombre. Y luego llegamos a seres espirituales aún más elevados, cuyo miembro más bajo es el cuerpo astral, que presentan una naturaleza corporal aún menos densa.

Todos estos seres se encuentran en cierta relación con el hombre, y el punto principal para nosotros hoy es este: el hombre puede actuar positivamente para entrar en relaciones bastante definidas con tales seres aquí en su vida en la Tierra. De acuerdo a como los hombres aquí en la Tierra hagan esto o aquello en cada situación de la vida, también establecen una relación todo el tiempo con los mundos superiores, por improbable que pueda parecerle al hombre de la presente era iluminada —como se dice— que no está en absoluto iluminado con respecto a muchas verdades profundas de la vida.

Tomemos en primer lugar a los seres que tienen como cuerpo más bajo un cuerpo etéreo, que viven a nuestro alrededor en este fino cuerpo etéreo, y nos envían sus fuerzas y manifestaciones. Pongamos a estos seres mentalmente ante nosotros y preguntémonos: ¿Puede el hombre hacer algo en este planeta terrenal? —o mejor— ¿Han hecho algo los hombres desde tiempos inmemoriales para dar a estos seres un vínculo, un puente, a través del cual puedan ejercer una influencia más intensa sobre la totalidad el ser humano? Sí, ¡desde tiempos inmemoriales, los hombres han hecho algo al respecto! Podemos profundizar en muchos sentimientos e ideas que abordamos en las últimas conferencias si nos formamos una idea clara sobre este puente.

Nos imaginamos entonces que estos seres viven, por así decirlo, en los mundos espirituales y extienden su cuerpo etérico desde allí; no necesitan cuerpo físico como el hombre. Pero hay un elemento corporal físico a través del cual pueden poner en contacto su cuerpo etérico con nuestra esfera terrenal: un elemento corporal terrenal que podemos establecer y que forma un vínculo de atracción para que estos seres desciendan con sus cuerpos etéricos y encuentren una oportunidad de habitar entre los hombres.

Tales oportunidades para que los seres espirituales moren entre los hombres se dan, por ejemplo, en el templo de la arquitectura griega, o la catedral gótica. Cuando establecemos en nuestra esfera terrenal esas formas de realidad física con una relación de líneas y fuerzas como las que se ven en un templo o una obra plástica de escultura, entonces esto da una oportunidad para que los cuerpos etéricos de estos seres presionen por todos lados en estas obras de arte que hemos creado. El arte es un vínculo de unión verdadero y real entre el hombre y los mundos espirituales. En esas formas de arte expresadas en el espacio, tenemos en la Tierra las condiciones corporales físicas en las que se sumergen los seres con sus cuerpos etéricos.

Los seres que tienen el cuerpo astral como su miembro más bajo necesitan, sin embargo, algo diferente como vínculo entre el mundo espiritual y nuestra Tierra, y ese es el arte de la música, el arte fonético. Un espacio a través del cual fluyen tonos musicales es una oportunidad para que el cuerpo astral libremente determinado y autodeterminado de los seres superiores se manifieste en él. Las Artes y lo que ellas significan para el hombre adquieren así un significado muy real. Forman las fuerzas magnéticas de atracción para los seres espirituales cuya misión es tener una conexión con el hombre que desea tenerla. Nuestros sentimientos se profundizan hacia la creación artística humana y cuando vemos las cosas de esta manera se adquiere una apreciación del arte.

Sin embargo, podemos profundizar aún más si nos hacemos conscientes de que la Ciencia Espiritual es la verdadera fuente de la creación artística y la apreciación artística del hombre. Para llegar a esta comprensión, debemos considerar con más detalle las diferentes formas de conciencia del hombre.

En varias ocasiones, como saben, hemos señalado que en el hombre despierto, el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo están ante nosotros, mientras que en el hombre dormido el cuerpo físico y etérico yacen en la cama, mientras que el yo y el cuerpo astral está fuera de ambos. Para nuestro presente propósito, será bueno observar con más detalle estos dos estados de conciencia que se alternan en todos nosotros en el curso de las veinticuatro horas. En primer lugar, el hombre tiene el cuerpo físico, luego el cuerpo etérico o de vida, a continuación lo que llamamos el cuerpo astral, el cuerpo anímico, que pertenece al cuerpo astral pero que está unido al cuerpo etérico. Ese es el miembro que también posee el animal aquí, en el plano físico. Pero luego sabemos —y pueden leerlo en mi Teosofía— que unido con estos tres miembros esta lo que generalmente se comprende como el “yo”. El “yo” es en realidad un ser triple: alma sensible, alma racional o mental y alma consciente, y sabemos que el alma consciente está nuevamente conectada con lo que llamamos yo espiritual o Manas. Si colocamos este miembro más particularizado del ser humano ante nosotros, entonces podemos decir:

Lo que llamamos el alma sensible —que además pertenece al cuerpo astral y es de naturaleza astral—  se separa cuando el hombre se va a dormir, pero una parte del cuerpo anímico permanece en conexión con el cuerpo etérico que yace sobre la cama. Lo que esencialmente se retira es el alma sensible, el alma racional o mental y el alma consciente; con el hombre despierto todo esto está unido y activo en él en todo momento. Por lo tanto, todo lo que sucede en el cuerpo físico trabaja en toda la naturaleza interior, en el alma sensible, en el alma racional, y también en el alma consciente.

Todo lo que trabaja en el hombre en la vida ordinaria con su desorden y caos, las impresiones desordenadas que recibe de la mañana a la noche —solo piensen en las impresiones de caos y ruido de una gran ciudad— todo esto continúa en los miembros que con la conciencia despierta están unidos con los cuerpos físico y etérico. En la noche, el ser interior del hombre —alma sensible, alma racional y alma consciente— entran en el mundo astral y desde allí atrae las fuerzas y armonías que se han perdido a través de las impresiones caóticas del día. Lo que en un sentido integral llamamos el yo anímico del hombre está, por lo tanto, en un mundo más ordenado y más espiritual que durante el día. Por la mañana, la naturaleza intima del alma emerge de esta espiritualidad y entra en la naturaleza corporal triple del cuerpo físico, cuerpo etérico y esa parte del cuerpo astral que está unida con el cuerpo etérico, incluso durante la noche.

Ahora bien, si el hombre nunca durmiera, es decir, si nunca sacara nuevas fuerzas de fortalecimiento del mundo espiritual, entonces todo lo que vive en su cuerpo físico y lo permea con fuerzas se vería cada vez más socavado. Sin embargo, dado que una fuerte naturaleza interna se sumerge todas las mañanas en las fuerzas del cuerpo físico, entra un nuevo orden, uno podría decir que se da un renacimiento de las fuerzas. Así, el elemento del alma humana trae consigo del mundo espiritual algo para cada uno de los miembros del cuerpo, algo que trabaja cuando la naturaleza interna del alma y el instrumento físico externo están juntos. Lo que ocurre en la interacción de la interioridad del alma y el cuerpo físico realmente es capaz —si el hombre es sensible en la noche para la recepción de las armonías del mundo espiritual— de impregnar de fuerzas —no de sustancias— el cuerpo físico, con lo que podríamos llamar las “fuerzas del Espacio”.

Como en nuestra civilización actual el hombre está tan alejado del mundo espiritual, estas “fuerzas Espaciales” tienen poco efecto sobre él. Donde el ser interior anímico se permea con el miembro más denso del cuerpo humano, las energías tienen que ser muy fuertes para que se manifiesten en un cuerpo físico robusto.  En las épocas culturales más antiguas, el alma traía impulsos que penetraban el cuerpo físico y los hombres percibían que las fuerzas siempre atravesaban el espacio físico, que de ningún modo era un espacio vacío e indiferente, sino entretejido por fuerzas en todas direcciones. Había un sentimiento de esta distribución de fuerzas del espacio que era causada a través de las relaciones que se han descrito. Pueden entenderlo a través de un ejemplo.

Piensen en uno de los pintores que pertenecen a los grandes momentos del arte cuando aún había un fuerte sentimiento de las fuerzas que trabajan en el espacio. Se podía ver en la obra de un pintor como pinta un grupo de tres ángeles en el espacio. Te colocas ante la imagen y sientes una clara sensación: Estos ángeles no pueden caer, es obvio que están flotando, se apoyan mutuamente a través de las fuerzas vivas del espacio. Las personas que hacen esta propia dinámica interna a través de esa interacción entre el interior del alma y el cuerpo físico tienen la sensación de: “Eso debe ser así, los tres ángeles se mantienen en el espacio”. Van a encontrar esto en el caso de muchos de los antiguos pintores, menos en los más recientes. Por mucho que uno pueda apreciar a Bocklin, la figura que se cierne sobre su “Pieta” produce en todos la sensación de que en cualquier momento se van a caer, ya no se sostienen en el espacio.

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Todas estas fuerzas yendo y viniendo en el espacio que se deben sentir con tanta fuerza son realidades, realidades —y toda arquitectura procede de este sentimiento del espacio. El origen de la arquitectura genuina es únicamente la colocación de piedra o ladrillo en las líneas que ya existen en el espacio; no se hace nada en absoluto más que hacer visible lo que ya está presente idealmente en el espacio, distribuido espiritualmente; uno lo llena con material. En el grado más puro, este sentimiento de espacio fue poseído por el arquitecto griego que llego a manifestar en todas las formas de su templo lo que vive en el espacio, lo que uno puede sentir allí. La relación simple, donde la columna admite las masas horizontales o inclinadas —líneas encarnadas, por así decirlo— es puramente una reproducción de las fuerzas espirituales que se encuentran en el espacio, y todo el templo griego no es más que un relleno con material de lo que está viviendo en el espacio. El templo griego es por lo tanto, el más puro pensamiento arquitectónico, el espacio cristalizado. Y por extraño que pueda parecer al hombre moderno, el templo griego es una corporeidad física compuesta a partir de pensamientos, es la oportunidad para que esas figuras que los griegos han conocido como las figuras de sus dioses que ponen sus cuerpos etéreos en contacto real con las líneas espaciales que les resultan familiares y son capaces de morar en ellas.

Es más que una simple frase decir que el templo griego es una morada del Dios. Para alguien que tiene un sentimiento real en tales asuntos, el templo griego tiene una cualidad que hace que en la imagen a lo largo y ancho, no exista ningún ser humano, ni haya nadie dentro de él. El templo griego no necesita a nadie para observarlo, nadie para entrar en él. Piensen en el mismo templo griego permanentemente solo, donde a lo largo y ancho no hay nadie. Es entonces como debería estar en su forma más intensa. Entonces es el refugio del Dios que debe morar en él, porque el Dios puede habitar en las formas. Solo así se comprende realmente la arquitectura griega, la arquitectura más pura del mundo.

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En la arquitectura egipcia —digamos, en las pirámides— es algo bastante diferente. Solo podemos pincelar estas cosas ahora. Allí las relaciones espaciales, las líneas espaciales, están dispuestas de tal manera que en sus formas señalan los caminos del alma para elevarse hacia los mundos espirituales. Se nos da en las formas que se expresan en las Pirámides de Egipto el camino que toma el alma desde el mundo físico al mundo espiritual. Y en todo tipo de arquitectura tenemos pensamientos que solo deben ser entendidos por cognición espiritual.

En la arquitectura románica con sus arcos redondeados, que ha formado iglesias con naves centrales y laterales, con crucero y ábside, de modo que el todo es una cruz cerrada por la cúpula, tenemos los pensamientos espaciales derivados de la tumba. No puedes pensar en una construcción románica cuando piensas en el templo. El templo griego es la morada de Dios. La construcción románica solo puede considerarse como un lugar de sepultura. La cripta requiere hombres en medio de la vida para permanecer dentro de ella, sin embargo, es un lugar que reúne todos los sentimientos relacionados con la preservación y el refugio de los muertos. En el edificio gótico, nuevamente vemos una diferencia. Del mismo modo que es cierto que se puede pensar que el templo griego no tiene ningún alma humana cerca, y aunque este habitada, es la morada de Dios, también es cierto que la catedral gótica cerrada por encima por sus arcos ojivales no puede ser imaginada sin la congregación de los fieles dentro. No está completa en sí mismo. Si esta solitaria, no es el todo. Las personas que están dentro le pertenecen con sus manos dobladas, dobladas al igual que los arcos apuntados. El todo está allí solo cuando el espacio está lleno de los sentimientos de los fieles piadosos.

Estas son las fuerzas que se activan en nosotros y se sienten en el cuerpo físico como una sensación de uno mismo en el espacio. El verdadero artista siente el espacio y lo moldea arquitectónicamente.

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Si pasamos ahora al cuerpo etéreo, nuevamente tenemos lo que el alma asimila íntimamente por la noche en el mundo espiritual y trae consigo cuando se desliza de nuevo en el cuerpo etérico. Lo que se expresa así en el cuerpo etérico es percibido por el verdadero escultor y lo imprime en la figura viviente. Esto ya no es el pensamiento espacial, sino la tendencia a mostrar por la forma viviente lo que la naturaleza le ha ofrecido. La mayor comprensión que posee el artista griego, en su Zeus, por ejemplo, ha sido traída con él del mundo espiritual y lo vivifica cuando entra en contacto con el cuerpo etérico.

Además, tiene lugar una interacción similar con lo que llamamos el cuerpo anímico. Cuando la naturaleza interior del alma se encuentra con el cuerpo anímico surge de la misma manera el sentimiento por los primeros elementos de la pintura,  como el sentimiento de la guía de la línea. Y a través del hecho de que al despertar el alma sensible se une con el cuerpo anímico y lo impregna, surge la sensación de la armonía del color.

Así, para empezar, tenemos las tres formas de arte que trabajan con medios externos, tomando su material del mundo exterior.

Ahora cuando el alma racional o mental vuela al mundo astral todas las noches, surge otra cosa. Cuando utilizamos la expresión “alma intelectual” en el sentido de ciencia espiritual, no debemos pensar en el seco intelecto común del que hablamos en la vida ordinaria. Para la ciencia espiritual, el “intelecto” es el sentido de la armonía que no puede encarnarse en la materia externa, el sentido de la armonía que se experimenta interiormente.

Es por eso que decimos “alma intelectual o mental”. Ahora cuando el alma intelectual o mental se sumerge cada noche en las armonías del mundo astral y se vuelve consciente de ellas en el cuerpo astral —aunque este mismo cuerpo astral en el hombre moderno no tiene conciencia de su naturaleza interna—  entonces ocurre lo siguiente. En la noche, el alma ha vivido en lo que siempre se ha llamado la “Armonía de las esferas”, las leyes internas del mundo espiritual, esas Armonías de la Esferas a las cuales señaló la Antigua Escuela de Pitágoras y que alguien que puede percibir en el mundo espiritual entiende como las relaciones del gran universo espiritual. Goethe también lo señaló cuando dejó que Fausto al principio del poema fuera transportado al cielo, y dice:

“El sol resuena según la antigua usanza

En el armonioso conjunto de las esferas hermanadas

Y culmina su viaje determinado

Con la rapidez del rayo”

Y permanece en esas imágenes cuando, en la Parte II, donde Fausto vuelve a elevarse al mundo espiritual, usa las palabras:

 

“Y, para los oídos del espíritu, un fuerte sonido,

Ahora nace el día del recién nacido.

Los portales rocosos resuenan en pedazos,

Las ruedas de Phoebus brotan en trueno.

¡Qué tumulto trae la luz!

En voz alta ha sonado el triunfo del alba,

El ojo está deslumbrado, el oído asombrado,

El oído inaudito no puede herir”.

 

Es decir, el alma vive durante la noche en estos sonidos de las esferas y se enciende cuando el cuerpo astral se hace consciente de sí mismo. En la música creativa, las percepciones de la conciencia nocturna luchan durante la conciencia del día y se convierten en recuerdos: recuerdos de experiencias astrales, o en particular, del alma racional o mental. Todo lo que los hombres conocen como el arte de la música son las expresiones, las huellas, de lo que se experimenta inconscientemente en las armonías de las esferas, y ser dotado musicalmente no significa nada más que tener un cuerpo astral que es sensible durante el día a lo que resuena durante la noche. Ser no musical significa que la condición del cuerpo astral no permite el surgimiento de tal memoria. Es la incorporación de los tonos del mundo espiritual lo que el hombre experimenta en el arte musical.  Y como la música crea en nuestro mundo físico lo que solo se puede encender en el astral, por lo tanto dije que conecta al hombre con aquellos seres que tienen el cuerpo astral como su miembro más inferior. Con estos seres el hombre vive en la noche; experimenta su obrar en la armonía de las esferas y en la vida diurna lo expresa a través de su música terrenal, de modo que en la música terrenal la armonía de las esferas aparece como una imagen en la sombra. Y en la medida en que el elemento de estos seres espirituales irrumpe en esta esfera terrenal, tejen y viven a través de nuestra esfera terrenal, tienen la oportunidad de sumergir sus cuerpos astrales de nuevo en las olas oceánicas de la música, y así se construye un puente entre estos seres y el hombre a través del arte. Aquí vemos cómo en tal etapa surge lo que llamamos el arte de la música.

Ahora bien, ¿qué percibe el alma consciente cuando está inmersa en el mundo espiritual por la noche, aunque en el presente ciclo humano el hombre está inconsciente de ello?. Percibe las palabras del mundo espiritual. Recibe noticias susurradas que solo se pueden recibir del mundo espiritual. Las palabras se susurran en ella y cuando se traen a la conciencia del día aparecen como las fuerzas fundamentales del arte poético. Así, la poesía es la imagen en la sombra de lo que el alma consciente experimenta por la noche en el mundo espiritual.

Y aquí podemos entender en nuestro pensamiento cómo a través de la conexión del hombre con los mundos superiores —y solo así— en las cinco artes, la arquitectura, la escultura, la pintura, la música, la poesía, él crea existencia en nuestro mundo terrenal, representaciones de la realidad espiritual. Sin embargo, este es solo el caso cuando el arte realmente se eleva por encima de la mera percepción sensorial exterior. En lo que hoy en día se llama ampliamente el naturalismo, donde el hombre simplemente imita lo que ve en el mundo exterior, no hay nada de lo que él trae consigo. El hecho de que tengamos un arte tan puramente externo en muchos campos hoy en día, copiando solo lo que está fuera, es una prueba de que los hombres en nuestro tiempo han perdido la conexión con el mundo espiritual divino. El hombre cuyo interés total se funde en el mundo físico externo, en lo que sus sentidos externos consideran lo único valioso, trabaja tan fuertemente en su naturaleza corporal astral a través de este interés exclusivo en el mundo físico, que esto le vuelve ciego y sordo cuando está en los mundos espirituales por la noche. Los sonidos de las esferas más sublime pueden resonar, los tonos espirituales más elevados pueden susurrarle algo al alma, pero no trae nada a la vida del día. Y luego los hombres se burlan de los idealistas, del arte espiritual, y sostienen que el único propósito del arte es fotografiar la realidad exterior, porque solo allí tiene un suelo sólido bajo sus pies.

Esa es la forma en que habla el materialista ya que no sabe nada de las realidades del mundo espiritual. El verdadero artista habla de manera diferente. Quizás diga: cuando los tonos de la orquesta suenan, es como si escuchara el discurso de la música arquetípica cuyos tonos sonaban antes de que aún hubiera oídos humanos para escucharlos. Él también puede decir: en los tonos de una sinfonía subyace un conocimiento de los mundos superiores que es más elevado y más significativo que cualquier cosa que pueda ser probada por la lógica, analizada en conclusiones.

Richard Wagner ha expresado estas dos declaraciones. Quería llevar a la humanidad a una sensación intensa de que donde hay un verdadero arte, al mismo tiempo debe haber una elevación por encima del elemento sensorial externo. Si la ciencia espiritual dice que algo vive en el hombre que va más allá de el mismo, algo sobrehumano que va a aparecer en perfección cada vez mayores en encarnaciones futuras, Richard Wagner también lo siente cuando dice: “No quiero que aparezcan figuras sobre el escenario como hombres comunes en la esfera terrestre”. Él quiere a los hombres exaltados por encima de la vida ordinaria, que lo lleva a figuras mitológicas que se forman en una escala mayor que la del hombre normal. Él busca lo sobrehumano en el ser humano. Él quiere representar en el arte al ser humano con todos los mundos espirituales, brillando sobre el hombre de la Tierra física. En una época relativamente temprana de su vida, dos imágenes estaban ante él —Shakespeare y Beethoven—. En sus brillantes visiones artísticas vio Shakespeare de tal manera que dijo: “Si reúno todo lo que Shakespeare ha dado a la humanidad, veo que las figuras de Shakespeare se mueven sobre el escenario y realizan actos”. Actos —y las palabras también son actos en este sentido— suceden cuando el alma siente lo que ya no se puede mostrar externamente en el espacio, lo que ya está detrás de él.

El alma ha sentido toda la escala de dolor y sufrimiento, toda la alegría y la felicidad, y ha experimentado cómo a partir de este o aquel matiz se realiza esta o aquella acción. En el drama de Shakespeare, —piensa Richard Wagner—, todo aparece meramente en sus consecuencias, donde adquiere forma espacial, donde se convierte en escritura. Ese es un arte dramático que solo puede exhibir la naturaleza interna exteriorizada; y el hombre puede a lo sumo adivinar lo que vive en el alma, lo que sucede, mientras realiza la escritura.

Además de esto, le apareció la imagen del sinfonista, y vio en la sinfonía la reproducción de lo que vive en el alma en toda la escala emocional de pena y dolor, alegría y felicidad en todas sus sombras.  “En la sinfonía cobra vida —se dijo a sí mismo—pero no se convierte en acción, no sale al espacio”. Y trajo ante su alma una imagen que lo condujo al sentimiento de que una vez esta naturaleza interior se había quebrado, por así decirlo, en la creación artística para pasar a la novena sinfonía.

De estas dos visiones de los artistas surgió la idea en su alma de unir a Beethoven y Shakespeare. Tendríamos que recorrer un largo camino si queremos mostrar cómo a través del manejo exclusivo de la orquesta, Richard Wagner trató de crear esa gran armonía entre Shakespeare y Beethoven para que el interior se expresara en el tono y al mismo tiempo, desembocara en la acción. El discurso secular no era suficiente para él, ya que es el medio de expresión de los acontecimientos del plano físico. El lenguaje que solo se puede dar en los tonos de la canción se convirtió en su expresión de lo que supera a lo físicamente humano como suprahumano.

La Ciencia Espiritual no necesita simplemente ser expresada con palabras, para sentirse con los pensamientos, la Ciencia Espiritual es la vida. Vive en el proceso mundial, y cuando uno dice que quiere conducir las diversas corrientes divididas del alma humana a una gran corriente, vemos este sentimiento vivo en el artista que buscó combinar los diferentes medios de expresión para que lo que vive en el todo pueda expresarse en uno. Richard Wagner no tiene ningún deseo de ser meramente un músico, un dramaturgo, o un poeta. Todo lo que hemos visto fluir desde los mundos espirituales se convierte para él en un medio para unirse en el mundo físico con algo aún más elevado. Tiene el presentimiento de lo que experimentarán los hombres cuando se familiaricen cada vez más con esa época evolutiva en la que la humanidad debe entrar, cuando el Yo espiritual o Manas se una con lo que el hombre ha traído consigo de las épocas pasadas. Y una adivinación de ese gran impulso humano de unir lo que ha aparecido durante siglos se encuentra en Richard Wagner en la transmisión en conjunto de los modos individuales de expresión artística. Tenía una premonición de lo que será la vida cultural humana cuando todo lo que el alma experimente esté inmerso en el principio del yo espiritual o Manas, cuando la naturaleza completa del alma esté inmersa en los mundos espirituales. Es de profunda importancia cuando se ve como historia espiritual que en el arte ha aparecido el primer amanecer para la humanidad para el enfoque hacia el futuro —un futuro que llama a la humanidad, cuando todo lo que el hombre ha ganado en diferentes reinos se unirá en una cultura completa, en una cultura integral. Las artes de cierta manera son los verdaderos precursores de una espiritualidad que se revela en el mundo de los sentidos. Mucho más importante que las declaraciones separadas de Richard Wagner en sus escritos en prosa es la característica principal que vive en ellos, la sabiduría religiosa, el fuego sagrado que fluye a través de todo y que llega a la mejor expresión en su brillante ensayo sobre Beethoven, donde se debe leer entre líneas, pero donde se puede sentir el aliento del aire del amanecer que se acerca.

.Así vemos cómo la ciencia espiritual puede dar una visión más profunda de lo que los hombres producen en sus obras. Hemos visto hoy en el campo de las artes que allí el hombre logra algo por lo que, si podemos decirlo así, los Dioses pueden morar con él, con lo cual él asegura a los Dioses una morada en la esfera terrenal. Si la ciencia espiritual pone en conocimiento del hombre que la espiritualidad se encuentra en relación mutua con la vida física —esto se lleva a cabo por el arte. Y el arte espiritual siempre impregnará nuestra cultura si los hombres vuelven sus mentes a la verdadera espiritualidad. A través de tales reflexiones, la mera enseñanza, la mera concepción del mundo de la ciencia espiritual se expande a impulsos que pueden penetrar en nuestra vida y decirnos lo que debería ser  y en lo que debe convertirse. Para el arte musical-poético fue en Richard Wagner que surgió la nueva estrella que envía a la tierra la luz de la vida espiritual. Tal impulso de vida debe expandirse cada vez más hasta que toda la vida externa se convierta nuevamente en un espejo del alma.

Todo lo que nos sale al encuentro desde afuera puede convertirse en un espejo del alma. No lo tomen como una mera superficialidad, sino como algo que uno puede adquirir desde la ciencia espiritual. Será como lo fue hace siglos, donde en cada cerradura, en cada llave, nos encontramos con algo que reflejaba lo que el artesano había sentido y experimentado. De la misma manera, cuando haya nuevamente verdadera vida espiritual en la humanidad, toda la vida, todo lo que salga al encuentro, se nos aparecerá nuevamente como una imagen del alma. Los edificios seculares serán solo seculares mientras el hombre sea incapaz de imprimir el espíritu en ellos. El espíritu puede ser impreso en todas partes. La imagen de la estación de tren puede parpadear, artísticamente concebida. Hoy no lo tenemos. Pero cuando se vuelva a comprender qué formas deberían estar, uno sentirá que la locomotora puede hacerse arquitectónicamente y que la estación puede relacionarse con ella como la envoltura exterior de lo que la locomotora expresa en sus formas arquitectónicas. Solo cuando se conciban arquitectónicamente se relacionarán mutuamente como dos cosas que se pertenecen entre sí. Pero tampoco es indiferente cómo se usa la izquierda y la derecha en las formas. Cuando el hombre aprenda cómo lo interior se expresa en lo exterior, entonces habrá una cultura otra vez. En efecto, ha habido épocas en las que aún no existía el románico, ni la arquitectura gótica, cuando los que llevaban en sus almas el comienzo de una nueva cultura se reunían en las catacumbas situadas debajo de la antigua ciudad romana. Pero eso que vivía dentro de ellos y solo podía ser grabado en formas pobres en las antiguas cuevas de la tierra, eso que se encuentra en las catacumbas, eso se iluminó débilmente allí y es lo que entonces nos aparece en los arcos románicos, los pilares románicos, el ábside. El pensamiento ha sido llevado al mundo. Si los primeros cristianos no hubieran tenido el pensamiento en el alma  no nos encontraríamos en lo que se ha convertido en cultura mundial. El teósofo solo se siente a sí mismo como tal cuando es consciente de que en su alma tiene una cultura futura. Otros pueden preguntar qué es lo que ya se ha logrado. Entonces se dirá a sí mismo: ¿Qué lograron los cristianos de las catacumbas, y qué ha crecido de eso?.

El débil impulso emocional que vive en nuestras almas cuando nos sentamos juntos, busquemos expandirlo en el espíritu, de alguna manera como los pensamientos de los cristianos pudieron expandirse a las maravillas abovedadas de la catedral posterior. Lo que tenemos en las horas en que estamos juntos, imaginemos expandido exteriormente, llevado al mundo. Entonces tenemos los impulsos que deberíamos tener cuando somos conscientes de que la ciencia espiritual no es un pasatiempo para que las personas se sientan juntas, sino algo que debería llevarse a cabo en el mundo. Las almas que se sientan aquí con sus cuerpos encontrarán, cuando aparezcan en una nueva encarnación, realizadas muchas cosas que ya viven en ellas hoy. Permitámosnos traer tales pensamientos con nosotros cuando volvamos a encontrarnos y revisemos los pensamientos científico espirituales del invierno. Transformémoslos de modo que trabajen como impulsos culturales. Busquemos de esta manera elevar nuestras almas en sentimientos y sensaciones y dejemos que eso viva en el sol veraniego que nos muestra exteriormente en el mundo físico las fuerzas cósmicas activas. Entonces nuestra alma podrá mantener el estado de ánimo y llevar al mundo exterior lo que ha experimentado en los mundos del espíritu. Eso es parte del desarrollo del teósofo. Así, de nuevo, daremos un paso adelante si tomamos esos sentimientos con nosotros y absorbemos con ellos las fuerzas fortalecedoras del verano.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Febrero de 2018.

 

 

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GA102c9. La influencia de las Jerarquías Espirituales en el Ser Humano

Rudolf Steiner — Berlín 13 de mayo de 1908

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En nuestra última conferencia nos aventuramos en un terreno bastante inusual, cuando dirigimos nuestra atención a ciertos seres que existen entre nosotros. Son seres espirituales que en cierto modo están fuera del curso regular de la evolución, y es precisamente este hecho el que les da su significado. Estamos teniendo en cuenta los seres elementales, cuya existencia naturalmente, para las mentes iluminadas de hoy en día son una superstición; pero que van a jugar un significativo papel en nuestra evolución espiritual en un tiempo no muy lejano, precisamente por la posición que ocupan en el Cosmos.

Hemos visto cómo estos seres elementales vienen a la existencia como una especie de piezas cortadas de forma irregular de las almas grupo. Sólo tenemos que recordar lo que se dijo al final de la ultima conferencia donde hemos ubicado la naturaleza de tales criaturas elementales ante nuestros ojos espirituales. Estamos teniendo en cuenta una de las últimas especies formadas de estos seres elementales. Hemos señalado el hecho de que cada forma animal, o por decirlo de otra manera, la totalidad de los animales de la misma especie está representada por un alma-grupo. Hemos dicho que las almas-grupo juegan el mismo papel en el mundo astral que el alma humana, en la medida en que está dotada de un Yo en el mundo físico.

El Yo humano es en realidad un Yo grupal que ha descendido del plano astral al plano físico, y por lo tanto se ha convertido en un yo individual. Los Yoes de los animales todavía están en el plano astral, y lo que vemos en el plano físico como animal individual posee sólo el cuerpo físico, el cuerpo etérico, y el cuerpo astral. El Yo esta en el mundo astral, los animales formados de manera similar pertenecen al Alma-grupo. Se puede comprender a partir de este hecho cómo el nacimiento y la muerte en la vida humana no tienen el mismo significado en la vida del animal. Porque cuando un animal muere, el alma del grupo o el yo del grupo sigue viva. Es lo mismo que si —en el supuesto de que fuera posible— un hombre perdiera una mano y fuese capaz de reemplazarla. Su Yo no diría: “He muerto a causa de la pérdida de mi mano”, pues siente que se ha renovado la extremidad. Así que el Yo del grupo de los leones renueva un miembro cuando un león muere y es reemplazado por otro. Así podemos entender que el nacimiento y la muerte de los animales vinculados al alma grupo, no tienen en absoluto la importancia que tiene para el ser humano en el presente ciclo de evolución. El alma-grupo de los animales sabe de los cambios, las metamorfosis; sabe, por así decirlo, la ruptura de los miembros que luego se extienden en el mundo físico, la pérdida de estos miembros y su renovación.

Hemos dicho, sin embargo, que hay ciertas formas animales que van demasiado lejos en el proceso de ruptura, que ya no están en condiciones de devolver al plano astral, lo que traen hasta el plano físico. Cuando un animal muere lo que se desprende debe estar totalmente agotado en el mundo que le rodea, mientras que la naturaleza del alma y el espíritu del animal vuelve a asumirse de nuevo en el alma del grupo, extenderse y crecer en un ser físico nuevo. Hay  ciertos animales que no pueden enviar todo de nuevo al alma grupo, y estas partes que se quedan sueltas, desprendidas del alma grupal pasan a una vida aislada, como seres elementales. Nuestra evolución ha pasado por los escenarios más variados y en cada etapa estos seres elementales han sido separados, por lo que se pueden imaginar que tenemos un número bastante grande de esos elementales que nos rodean en lo que llamamos el mundo suprasensible.

Cuando, por ejemplo, la persona ilustrada dice que la gente habla de los seres elementales llamándolos silfos, o lemures, pero que tales seres no existen, hay que responder que no ve estas cosas, porque no se ha preocupado de desarrollar los órganos del conocimiento que le permite reconocerlos. Pero que pregunten a las abejas, o más bien, al alma de la colmena. Ellos no podrían negar la existencia de silfos o Lemures! Pues los seres elementales que se denominan por estos nombres se encuentran en lugares muy definidos, es decir, donde hay un cierto contacto del reino animal con el reino vegetal. Esto no tiene una aplicación general, sin embargo, se encuentra sólo en lugares donde el contacto se lleva a cabo bajo ciertas circunstancias. Cuando el buey come hierba hay un contacto entre el reino animal y el reino vegetal, que crea un lugar común, un procedimiento normal, que se encuentra en el curso normal de la evolución. El contacto que ocurre entre la abeja y la flor se encuentra en una página bastante diferente de la evolución cósmica. Las abejas y las flores están mucho más separadas en su organización y se unen de nuevo de una manera especial —además, se desarrolla una fuerza bastante notable en su contacto. La peculiar envoltura áurica que siempre surge cuando una abeja o un insecto similar liba una flor pertenece a las observaciones “interesantes” de los mundos suprasensibles espirituales, si se puede usar la expresión, pues tenemos muy pocas expresiones apropiadas para estas cosas sutiles. La experiencia peculiar y única que tiene la pequeña abeja cuando liba la flor está presente no solo en los masticadores o en el cuerpo de la abeja, sino que el intercambio de sabor entre la abeja y la flor extiende una especie de aura etérica diminuta. Cada vez que la abeja liba se crea este aura, y siempre que surge algo como esto en el mundo suprasensible, los seres que lo necesitan llegan al lugar. Ellos se sienten atraídos por ella, porque allí encuentran su alimento —por expresarlo crudamente otra vez. Ya dije en otra ocasión que no debemos estar preocupados con la pregunta: ¿De dónde vienen todos los seres de los que hemos hablado? Dondequiera que se dé la oportunidad a estos seres que hemos definido siempre estarán ahí. Si una persona envía injustos, malos sentimientos, estos viven a su alrededor y atraen a los seres que están allí, esperando, como un ser físico espera la comida. En una ocasión se comparó con el hecho de que no hay moscas en una habitación limpia, y si  todo tipo de alimentos se mantienen en la habitación, entonces habrá moscas. Lo mismo sucede con los seres suprasensibles: sólo hay que darles los medios de alimentación. La abeja que chupa la flor, extiende algo de aura etérica y entonces se acercan, especialmente cuando un enjambre entero de abejas se posa sobre un árbol y luego se aleja con la sensación del gusto en el cuerpo. Entonces todo el enjambre está envuelto en este aura etérea y también completamente compenetrado por los seres espirituales que uno llama Silfos o Lemures. En las regiones fronterizas donde los diferentes reinos entran en contacto unos con otros, estos seres están presentes y realmente juegan un papel. De hecho, no solo se encuentran donde surge esta fina aura etérea, no solo se acercan para satisfacerse, sino que tienen hambre y hacen que el hambre se exprese guiando a las criaturas particulares hacia los lugares particulares. De cierta manera, son pequeños guías.

Así que vemos que los seres que, podemos decir, han cortado su conexión con otros mundos a los que antes estaban unidos, han tomado a cambio un papel extraño. Son seres que bien pueden usarse en otros mundos. En cualquier caso, cuando se usan así, se establece un tipo de organización,  donde ellos quedan bajo seres superiores.

Se dijo al comienzo de la conferencia de hoy que en un momento no muy lejano será totalmente necesario que la humanidad sepa de estas cosas. En un futuro no muy lejano, la ciencia tomará un curso extraordinario. La ciencia se volverá cada vez más materialista, se limitará simplemente a una descripción de hechos externos perceptibles con los sentidos físicos. La ciencia se limitará a lo crudamente material, aunque todavía prevalece un extraño estado de transición. Un tiempo de puro materialismo no diluido en la ciencia no está muy lejos de nosotros. Este materialismo crudo es, en la mayoría de los casos, una posibilidad para las personas con una perspectiva puramente amateur, aunque pocos pensadores se molestan en poner esto en su lugar. Vemos aparecer un gran número de teorías abstractas en las que se hace una referencia tímida a lo suprasensible, lo superfluo. El curso de los acontecimientos, sin embargo, y el poder de los hechos físicos externos derrocarán por completo estas teorías extrañas y fantásticas que son creadas por aquellos que no están satisfechos hoy con la ciencia física. Y un día los sabios se encontrarán en una situación peculiar con respecto a estas teorías.

Todo lo que han esparcido sobre el Todo-Ser y Toda-Exaltación de este o aquel mundo, todas sus especulaciones serán derrocadas y los hombres no tendrán nada más en la mano que simples hechos perceptibles por los sentidos en los campos de la geología, la biología, la astronomía, etc. Las teorías establecidas hoy serán muy efímeras, y para aquel que es capaz de observar el curso especial de la ciencia, se le presenta la desolación absoluta del horizonte puramente físico.

Entonces, sin embargo, también habrá llegado el momento en que un número bastante grande de representantes de la humanidad estará listo para reconocer los mundos suprasensibles de los que habla la concepción del mundo de la Ciencia Espiritual en la actualidad. Un fenómeno como el de la vida de las abejas en relación con lo que se puede conocer de los mundos suprasensibles ofrece una respuesta maravillosa al gran enigma de la existencia. Estas cosas son de gran importancia desde el otro lado. Será cada vez más indispensable captar la naturaleza de las almas grupales, y tal conocimiento jugará un gran papel incluso en la evolución puramente externa de la humanidad. Si retrocedemos miles y miles de años, encontramos al hombre mismo como un ser que todavía pertenecía al alma grupal. La evolución humana en nuestra Tierra va desde la naturaleza del alma grupal hasta el alma individual. El hombre avanza a través del descenso gradual de su alma dotada por el yo a las condiciones físicas, y tiene la oportunidad de convertirse en individuo. Podemos observar las diferentes etapas en la evolución de la humanidad y ver cómo el alma grupal se va volviendo gradualmente individual.

Volvamos al tiempo del primer tercio de la época de la cultura atlante. Allí la vida del hombre era bastante diferente; en los cuerpos en los que estábamos incorporados en ese momento nuestras almas tenían experiencias bastante diferentes. Hay una experiencia que desempeña un papel en la vida del hombre de hoy, —ya sea como individuo o como miembro de un grupo social—, que ha experimentado un gran cambio desde ese momento, es decir, la alternancia de la vigilia y el sueño.

En los antiguos tiempos de la Atlántida no se experimentaba la misma alternancia de vigilia y el sueño como la que existe hoy en día. ¿Cuál es entonces la diferencia característica en comparación con la humanidad actual?

Cuando los cuerpos físico y etérico están durmiendo, el cuerpo astral con el yo se elevan a lo que la conciencia moderna llama el hundirse en una oscuridad indefinida. Por la mañana, cuando el cuerpo astral y el yo atraen nuevamente a los otros miembros, hacen uso de los órganos físicos y se ilumina la conciencia. Esta condición diaria del despertar en la conciencia, y dormir todas las noches en la inconsciencia, no existía anteriormente. Cuando era de día y el hombre se hundía en su cuerpo físico, como era el caso, entonces, de ninguna manera veía seres físicos y los objetos con sus límites definidos como lo vemos hoy. Él veía todo con contornos vagos como ocurre cuando se camina por la calle en una noche brumosa y se ven las luces rodeadas de un aura de bruma. Esa era la forma en que el ser humano de aquellos tiempos lo veía todo.

Si esa era la condición del día, ¿cuál era la condición de la noche? Cuando el ser humano salía del cuerpo físico y etérico durante la noche, no le sobrevenía ninguna inconsciencia absoluta, era solo un cambio a un tipo diferente de conciencia. En ese momento, el hombre todavía era consciente de los procesos espirituales y de los seres espirituales a su alrededor, no clara y exactamente como en la verdadera clarividencia, sino como una última reliquia de la antigua visión clarividente.  El hombre vivía de día en un mundo de nebulosos contornos, en la noche vivía entre los seres espirituales que estaban a su alrededor como hoy tenemos los diversos objetos que nos rodean. Por lo tanto, no había una división tajante entre el día y la noche, y lo que está contenido en las sagas y los mitos no es una fantasía popular, sino recuerdos de las experiencias que el hombre primitivo tenia del mundo suprasensible en su estado de conciencia. Wotan, Zeus u otras divinidades espirituales suprasensibles que eran conocidas por los diferentes pueblos no son elaboraciones fantásticas como se afirma en la junta del consejo de la erudición. Tales afirmaciones solo pueden ser hechas por alguien que no sabe nada de la naturaleza de la fantasía popular. A los pueblos primitivos no se les ocurría en lo más mínimo personificarse de esa manera. Estas fueron experiencias en la antigüedad. Wotan y Thor eran seres con los que el hombre anduvo, como hoy va con sus semejantes, y los mitos y las sagas son recuerdos clarividentes de la antigüedad.

Sin embargo, debemos tener claro que algo más estaba unido con este vivir en los mundos espirituales suprasensibles. En estos mundos, el hombre se sentía no como un ser individual sino como una especie de miembro de los seres espirituales. Pertenecía a los seres espirituales superiores así como nuestras manos nos pertenecen. El débil sentimiento de individualidad que el hombre poseía en ese momento lo adquiría cuando se sumergía en su cuerpo físico y se emancipaba de la “danza” con los seres espirituales divinos. Ese fue el comienzo de su sentimiento de individualidad. En ese tiempo el hombre estaba absolutamente certero acerca de su alma grupal, se sentía inmerso en el alma grupal cuando dejaba su cuerpo físico y entraba en la conciencia suprasensible. Ese fue un tiempo antiguo en el que el ser humano tenía una conciencia vívida de pertenecer a un alma grupal, a un yo grupal.

Veamos una segunda etapa de la evolución humana —omitiremos las etapas intermedias— el escenario al que se hace referencia en la historia de los Patriarcas del Antiguo Testamento. Lo que realmente subyace a esto ya lo hemos relacionado. Hemos dado la razón por la cual los Patriarcas Adán, Noé, y demás, tuvieron un tiempo de vida tan largo. Fue porque la memoria de la humanidad primitiva era bastante diferente de la del hombre contemporáneo.

La memoria del hombre moderno también se ha vuelto individual. Él recuerda lo que ha experimentado desde su nacimiento —muchos en realidad desde un punto del tiempo mucho más tardío. Este no era el caso en la antigüedad. En ese momento, lo que el padre había experimentado entre el nacimiento y la muerte, lo que había experimentado el abuelo, el bisabuelo, era tanto un objeto de la memoria como las propias experiencias del hombre. Por extraño que parezca para el hombre moderno, hubo un momento en que la memoria iba más allá del individuo y volvía a través de la relación de la sangre. El signo externo de la existencia de tal memoria es precisamente nombres como Noé, Adán, etc. Estos nombres no denotan seres individuales entre el nacimiento y la muerte. Hoy se le da un nombre al individuo cuya memoria está encerrada entre el nacimiento y la muerte. Antiguamente, la entrega de un nombre llegaba tan lejos como la memoria se remontaba a las generaciones, en la medida en que la sangre fluía a través de las generaciones.

“Adam” es simplemente un nombre que duró mientras duró el recuerdo. Quien no sabe que dar nombres en otros tiempos era bastante diferente de lo que es hoy, no podrá entender la naturaleza de estas cosas en absoluto. En los tiempos antiguos existía una conciencia fundamental que mediaba de forma bastante diferente. Imaginen que un antepasado tuvo dos hijos, cada uno de estos, dos nuevamente, la siguiente generación nuevamente dos, y así sucesivamente. En todos ellos el recuerdo llegaba hasta el antepasado y se sintieron uno en la memoria que se encuentra arriba, por así decirlo, en un punto en común. La gente del Antiguo Testamento expresaba esto diciendo, y esto se aplica a cada adherente del Antiguo Testamento: “el Padre Abraham y Yo somos uno”. Cada individuo se sentía oculto en la conciencia del alma grupal, en el “Padre Abrahám”.

La conciencia con la que el Cristo ha dotado a la Humanidad sobrepasa eso. El yo a través de su conciencia está conectado directamente con el mundo espiritual, y esto se expresa en: “Antes que Abraham fuera, estaba el yo —o el yo soy”. Aquí, el impulso de estimular el “Yo soy” entra completamente en el individuo separado.

Entonces vemos una segunda etapa de la evolución de la humanidad: la época del alma grupal que encuentra su expresión externa en la relación de la sangre de las generaciones. Un pueblo que ha desarrollado particularmente esto tiene un valor muy especial en enfatizar continuamente: como pueblo, tenemos un alma grupal en común.   —Ese fue particularmente el caso para los hombres del Antiguo Testamento, y entre ellos los conservadores se opusieron fuertemente por lo tanto al énfasis del “Yo soy” del yo individual. Quien lea el Evangelio de San Juan puede captar con el tacto espiritual, por así decirlo, que eso es verdad. Basta leer la historia de la conversación de Jesús con la mujer de Samaria en el pozo. Aquí se señala expresamente que Cristo Jesús va también a aquellos que no están relacionados por la sangre. Lean lo notablemente indicado: “Porque los judíos no tenían trato con los samaritanos”. Quien pueda experimentar esto gradualmente, meditativamente, verá cómo la humanidad ha avanzado desde el alma grupal hacia el alma individual.

La historia se ha convertido en un asunto totalmente externo, en gran medida en una “fábula convenida”, ya que está escrita a partir de documentos. ¡Supongamos que algo tiene que escribirse hoy a partir de documentos y se pierden los documentos más importantes! Entonces, cualesquiera documentos que estén accidentalmente disponibles se juntan y se hacen informes. Para asuntos de realidad espiritual uno no necesita documentos; están inscritos en el Registro Akáshico, que es un registro fiel y no borra nada. Sin embargo, es difícil leer en el Registro Akáshico porque los documentos externos son incluso un obstáculo para el lector de “guiones” espirituales. Pero podemos ver cómo el avance del alma grupal al alma individual ha tenido lugar en tiempos muy cercanos al nuestro.

Quien observa la historia desde un aspecto espiritual tendrá que reconocer un período de tiempo muy importante a principios de la Edad Media. Anteriormente, el hombre todavía estaba encerrado en varios grupos, aunque desde fuera. En una medida mucho mayor de lo que sueña el hombre moderno, las personas al comienzo de la Edad Media todavía recibieron su significado y valor incluso en lo que respecta a su trabajo, a partir de las relaciones y otras conexiones. Era una consecuencia natural para el hijo hacer lo que hacia el padre. Luego llegó el momento de los grandes inventos y descubrimientos. El mundo comenzó a exigir más desde el dominio puramente personal, y el hombre fue cada vez más desgarrado de las antiguas conexiones. Podemos ver la expresión de esto a lo largo de la Edad Media cuando se fundaron ciudades del mismo tipo en toda Europa. Todavía podemos distinguir hoy las ciudades construidas en este tipo de aquellas construidas sobre otras fundaciones.

En la mitad de la Edad Media hubo nuevamente un avance del alma grupal al alma individual. Si miramos hacia el futuro debemos decir: cada vez más el hombre se emancipa del antiguo elemento  del alma grupal y se va individualizando. Si pudieran mirar atrás a las fases anteriores de la evolución del hombre, verían cómo esas culturas se fundieron en el mismo molde, como, por ejemplo, Egipto y Roma. Esto es solo cierto grado de verdad. La humanidad ahora ha descendido al punto donde no solo los modales y las costumbres son individuales sino también las opiniones y las creencias. Ya hay personas entre nosotros quienes consideran un ideal elevado el que cada uno tenga su propia religión. La idea flota ante un número bastante grande de que debe llegar un momento en el que haya tantas religiones y verdades como personas.

Este no será el curso de la evolución humana. Tomaría este curso si los hombres siguieran cultivando el impulso que viene hoy del materialismo. Eso llevaría a la falta de armonía, a la división de la humanidad en individuos separados. La humanidad, sin embargo, no tomará solo este curso si se acepta un movimiento espiritual como la Ciencia Espiritual. ¿Qué entrará entonces? La gran verdad, la gran ley, se comprenderá que las verdades más individuales, aquellas que se encuentran de la manera más interior, son al mismo tiempo las que se sostienen por todos.

Ya he comentado sobre el hecho de que hoy en día existe un acuerdo general sobre las verdades de las matemáticas solamente, ya que estas son las más triviales de todas. Nadie puede decir que encuentra verdades matemáticas a través de la experiencia externa; las encontramos a través de interiorizarlas. Si uno quiere mostrar que los tres ángulos de un triángulo forman 180°, entonces uno dibuja una línea a través del vértice que es paralelo a la base y establece los tres ángulos juntos en forma de abanico; luego, hace un ángulo a = d, b = e, c = sí mismo, y entonces los tres ángulos son iguales a una línea recta, es decir, 180°. Cualquiera que una vez haya captado esto sabe que es así, de una vez por todas, tal como uno sabe que 3 x 3 = 9 después de haber sido captado. No creo que uno esperara descubrir eso por inducción.

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Se trata de la más trivial de las verdades, la aritmética, la geometría, se encuentran en el interior, y sin embargo la gente no disputa acerca de ello. Están totalmente de acuerdo sobre ello, porque el hombre esta lo bastante avanzado como para comprenderlo. El acuerdo en la opinión prevalece sólo en la medida en que la pura verdad no está nublada por las pasiones, la simpatía o la antipatía. Un tiempo vendrá, aunque todavía está muy lejano, cuando la humanidad se unirá cada vez más por el verdadero conocimiento del mundo interior.

Entonces, a pesar de todo individualismo, a pesar de la verdad que se encuentra esparcida por todo el mundo hacia el interior, la armonía prevalecerá. Si las verdades matemáticas no fueran tan sencillas y obvias, entonces, las pasiones desatadas en el reconocimiento, darían lugar a muchas dificultades. Porque si entrara la codicia ahí entonces, tal vez muchas amas de casa determinarían que 2 x 2 = 5 y no 4. Estas cosas son tan obvias y simples que ya no pueden nublarse por la simpatía o la antipatía. Continuamente regiones más amplias serán captadas por esta forma de verdad y más paz podrá llegar a la humanidad si la verdad es captada de esta manera. El ser humano ha crecido fuera de la condición del alma grupal emancipándose de ella cada vez más. Si miramos a los grupos en lugar de las almas, tenemos conexiones familiares, conexiones de tribu y nación, y finalmente razas conectadas. La raza corresponde a un alma grupal. Todas estas conexiones grupales de la humanidad primitiva son lo que el hombre deja atrás y cuanto más avanzamos, más pierde su significado la concepción racial.

Nos encontramos hoy en un punto de transición; la raza desaparecerá gradualmente y algo más tomará su lugar. Aquellos que volverán a captar la verdad espiritual como se ha descrito serán guiados juntos por su propia voluntad. Esas serán las conexiones de una era posterior. Los seres humanos de épocas anteriores nacieron con conexiones, nacieron en la tribu, en la raza. Más adelante viviremos en las conexiones y asociaciones que los hombres crearan por sí mismos, uniéndose en grupos con aquellos de ideas similares mientras conservan su total libertad e individualidad. Comprender esto es necesario para una correcta comprensión de algo como la Sociedad Antroposófica. La Sociedad Antroposófica pretende ser el primer ejemplo de asociación voluntaria de este tipo, aunque podemos ser conscientes de que aún no ha llegado demasiado lejos.

Hubo el intento de crear un grupo en el que los hombres se encuentren sin la diferenciación de la naturaleza del antiguo alma grupal, y habrá muchas asociaciones similares en el futuro. Entonces ya no tendremos que hablar de conexiones raciales sino de aspectos intelectuales-éticos-morales con respecto a las asociaciones que se forman. Los individuos que voluntariamente permiten que sus sentimientos fluyan juntos causan nuevamente la formación de algo que va más allá del hombre meramente emancipado. Un ser humano emancipado posee su alma individual que nunca pierde cuando se ha alcanzado una vez. Pero cuando los hombres se encuentran en asociaciones voluntarias se agrupan alrededor de un centro. Los sentimientos transmitidos de esta manera a un centro una vez más le dan a los seres la oportunidad de trabajar como una especie de alma grupal, aunque en un sentido completamente diferente de las almas grupales anteriores. Todas las almas grupales anteriores fueron seres que liberaron al hombre. Estos nuevos seres, sin embargo, son compatibles con la completa libertad e individualidad del hombre. De hecho, en cierto sentido podemos decir que mantienen su existencia en la armonía humana; residirán en las almas de los hombres, ya sea que den o no la mayor cantidad posible a tales almas superiores la oportunidad de descender al hombre. Cuanto más divididos estén los hombres, menos almas nobles descenderán a la esfera humana. Cuanto más asociaciones se formen donde los sentimientos de compañerismo se desarrollen con total libertad, los seres más elevados descenderán y más rápidamente se espiritualizará el planeta terrenal.

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Entonces, vemos que si el hombre tiene que adquirir alguna idea de la evolución futura, debe tener una comprensión profunda del carácter del elemento del alma grupal. De lo contrario, si su alma individual se mantiene distante demasiado tiempo en la Tierra, y no encuentra el vínculo de la compañía, podría suceder que deje pasar la oportunidad de la unión. Entonces se convertiría en una especie de ser elemental, y los seres elementales que se originan en el hombre serán de una naturaleza bastante malvada. Mientras que aquellos que han surgido de los reinos anteriores son muy útiles para nuestro curso ordenado de la naturaleza, los seres elementales humanos de ninguna manera poseerán esta cualidad.

Hemos visto que tales seres separados surgen en ciertas regiones fronterizas, y surgen también en el límite hecho por la transición de la naturaleza del alma grupal a las asociaciones grupales independientes donde las conexiones son de carácter estético, moral e intelectual. Dondequiera que surjan tales conexiones, los seres grupales están allí.

Si pudieran observar ciertos puntos, como, por ejemplo, los manantiales donde debajo hay una piedra cubierta de musgo, formando una especie de división entre la planta y la piedra, y luego el agua goteando sobre ella —eso también es esencial— entonces verían que lo que se llaman Ninfas y Ondinas son muy reales, son una realidad. De nuevo, donde los metales entran en contacto con el resto del reino terrenal, allí se encuentran haces completos de los seres que llamamos Gnomos. Una cuarta especie son las Salamandras que forman, por así decirlo, la generación más joven en las categorías de seres elementales. Sin embargo, existen en grandes cantidades. En gran medida, deben su existencia a un proceso de separación de las almas grupos de los animales. Estos seres también buscan oportunidades para encontrar alimento, y lo encuentran en particular donde a veces existen relaciones no del todo normales entre los reinos humano y animal. Aquellos que saben algo sobre estas cosas son conscientes de que los seres elementales —y definitivamente buenos seres— se desarrollan a través de la relación íntima del jinete y su corcel.

A través de la cálida conexión de ciertos hombres con grupos de animales, surgen sentimientos, pensamientos e impulsos que proporcionan una buena nutrición para estos seres elementales de naturaleza salamandra. Esto se puede observar particularmente en la vida unida del pastor y su rebaño, en el caso de los pastores en general que viven en estrecha relación con sus animales. Ciertos seres elementales tipo salamandra pueden encontrar su alimento en los sentimientos que se desarrollan a través de esta intimidad entre el hombre y el animal y permanecen donde se encuentra este alimento. También son bastante astutas, llenas de una sabiduría natural. Las facultades que se desarrollan en el pastor a través del cual estos seres elementales pueden susurrarle lo que saben, y muchas de las recetas o prescripciones provenientes de tales fuentes se han originado de esta manera. Un hombre entre tales condiciones puede estar rodeado por hermosos seres espirituales que le proporcionan un conocimiento del que nuestros intelectuales modernos no tienen la menor idea. Todas estas cosas se basan en buenas razones y definitivamente se pueden observar a través de los métodos que la sabiduría oculta puede perfeccionar.

Quisiera concluir señalando otro fenómeno más que puede mostrar cómo ciertas cosas que se explican de forma bastante abstracta hoy en día a menudo han surgido de una profunda sabiduría. Ya he hablado de los tiempos de la Atlántida y de cómo cuando los hombres dejaban sus cuerpos en la noche, vivían entre los seres espirituales a quienes llamaban los Dioses. Estos hombres estaban descendiendo más profundamente en una corporeidad física; pero los seres a quienes veneraron como dioses, es decir, Zeus, Wotan, están en otro camino de evolución. No descienden tan lejos como el cuerpo físico, no tocan el mundo físico. Pero incluso allí encontramos ciertos estados de transición. El hombre ha llegado a la existencia a través de la totalidad de su alma y espíritu habiendo sido curtido en su cuerpo físico. En el caso del hombre, las almas grupales en su totalidad han bajado al plano físico, y el cuerpo físico del hombre se ha convertido en una huella del alma grupal. Supongamos que un ser como Zeus —quien es una realidad positiva— ha contactado un poco con el plano físico, solo proyectado muy poco en él. Eso es más bien como si sumerges una pelota en el agua y  se moja por debajo. De la misma manera, ciertos seres en tiempos de la Atlántida solo han sido apacentados por el mundo físico. Los ojos físicos no ven lo que queda en el mundo espiritual como etérico-astral. Solo la parte que se proyecta en el mundo físico es visible. De tales proyecciones surgió el simbolismo en la mitología. Si Zeus tiene el águila como símbolo es porque su naturaleza de águila es la pequeña proyección donde un ser de los mundos superiores toca el mundo físico. Una gran parte del mundo de las aves está dividida en partes de tales seres evolutivos del mundo suprasensible. Al igual que con los cuervos de Wotan y el águila de Zeus, es en todas partes donde el simbolismo se remonta a hechos ocultos. Todo se hará mucho será más claro si toman en cuenta así la naturaleza, la actividad y la evolución de las almas grupales en los más variados campos.

 

Traducido por Gracia Muñoz en febrero de 2018.

GA219c3. La relación del hombre con el mundo de las estrellas.

Rudolf Steiner — Dornach, 3 de diciembre de 1922

English version

En el curso de nuestros estudios actuales, me gustaría que cada vez tengan más claro que el hombre no pertenece solo a la Tierra, a la existencia de la Tierra, sino también al Cosmos, al mundo de las Estrellas. Mucho de lo que hay que decir en relación con esto, como ya saben, ya lo expuse. Ahora quiero comenzar con una breve observación para evitar malentendidos.

Cualquiera que hable de la conexión del hombre con el mundo de las Estrellas probablemente siempre sea acusado de inclinarse hacia la forma superficial de la Astrología, tan ampliamente seguida hoy en día. Pero si se comprende correctamente lo que se dice sobre este tema, será patente la inmensa diferencia entre lo que se entiende aquí y las interpretaciones de los aficionados a las antiguas tradiciones astrológicas que son tan comunes en la actualidad.

Cuando decimos que el hombre, entre el nacimiento y la muerte, es un ser conectado con la Tierra y los acontecimientos terrenales, ¿qué queremos decir con esto? Queremos decir que el hombre debe su existencia entre el nacimiento y la muerte al hecho de que, en primer lugar, toma como alimento las sustancias de la Tierra y las digiere en su sistema metabólico; además, a través de su respiración y de los procesos internos relacionados con la respiración, se relaciona de otra manera con la Tierra, es decir, con la atmósfera que rodea a la Tierra. También decimos que el hombre percibe las cosas externas de la Tierra por medio de sus sentidos, y percibe reflejos de lo que es extraterrestre, reflejos que, sin embargo, son de un carácter mucho más terrenal de lo que generalmente se supone. De modo que, en general, uno puede decir: el hombre participa de la existencia terrenal a través de sus sentidos, a través de su sistema rítmico y a través de su sistema metabólico, y tiene dentro de sí la continuación de los procesos que trabajan a través de esta existencia terrestre misma.

Pero igualmente tiene lugar en el hombre una continuación de procesos cósmicos extraterrestres. Solo que no se debe suponer, cuando se dice que se ejerce sobre el hombre una influencia de la Luna, de Venus, o Marte, que esto debe entenderse simplemente como si rayos de luz fueran enviados desde Marte, o Venus o la Luna  impregnándole. Cuando, por ejemplo, se dice que el hombre está sujeto a la influencia de la Luna, esto debe tomarse como una analogía a lo que se quiere decir cuando se afirma que el hombre está sujeto a las influencias de las sustancias de la Tierra. Cuando alguien pasa por un manzano, y digamos, toma una manzana y se la come, se puede decir que el manzano tiene una influencia sobre él; pero no deberíamos interpretar esto tan literalmente como para decir que el manzano le ha enviado sus rayos. O, si lo desean, cuando un hombre pasa por un prado donde hay un buey, y una semana después se come su carne, de inmediato no formaremos la idea de que el buey ha ejercido una influencia sobre él. Tampoco debemos imaginarnos tan literalmente lo que se dice de la influencia sobre el hombre del mundo de las Estrellas. La relación del mundo de las Estrellas con el hombre y del hombre con el mundo de las Estrellas es, para todos, tan real como la relación del hombre con el buey que pasa por el prado y la carne de la que luego se alimenta.

Hoy voy a hablar de ciertas conexiones que existen entre el hombre y los mundos tanto de la existencia de la Tierra como de la existencia extraterrenal.

Si volvemos a centrar nuestra atención en cómo el hombre vive en las condiciones alternas de vigilia y sueño, primero debemos tener claro que cuando está en estado de vigilia, la relación recíproca con las sustancias y las fuerzas terrenales está realmente establecida. Durante la vida de vigilia, él percibe a través de sus sentidos; durante el sueño no lo hace. Además, sólo come y bebe  cuando está despierto, ¡aunque posiblemente a algunas personas les gustaría hacerlo también mientras duermen! El proceso de respiración y los procesos que están conectados con la respiración, es decir, la circulación de la sangre, así como los otros procesos rítmicos, continúan en el hombre tanto en los estados de vigilia como durante el sueño. Pero difieren en los dos estados. Más adelante hablaré de la diferencia que existe entre la respiración durante la vigilia y la respiración durante el sueño. Para empezar, nos limitaremos al hecho de que el hombre está relacionado con el mundo exterior durante el estado de vigilia a través de sus sentidos y a través de su metabolismo. En principio consideraremos esto solo en relación con cosas que son de conocimiento común.

Comencemos por el hecho de que durante el estado de vigilia el hombre toma alimentos del mundo exterior y promueve la actividad interna del proceso de digestión. Pero no debe olvidarse que mientras que, en el estado de vigilia, después de que hemos ingerido la comida, la actividad física y etérica interna procede bajo la influencia de los alimentos ingeridos, y este organismo físico y etérico del hombre está impregnado por la organización del yo y del cuerpo astral.

También ocurre que durante el estado de vigilia, el Yo del hombre y el “ser” astral toman el control de lo que sucede en el cuerpo físico y etérico en relación con el proceso de nutrición. Pero lo que ocurre bajo la influencia del Yo y del ser astral no continúa durante el sueño. Durante el sueño, el cuerpo físico y etérico del hombre es mantenido por fuerzas que surgen, no de la Tierra, sino del ambiente cósmico de la Tierra, del mundo de las Estrellas.

Podría decirse, y no en sentido figurado, porque tiene un significado real, que de día el hombre toma las sustancias de la Tierra y de noche toma en sí mismo lo que las Estrellas y sus actividades le otorgan. En cierto sentido, por lo tanto, el hombre está ligado a la Tierra mientras está despierto y alejado de la Tierra mientras está dormido; los procesos celestiales toman su curso en su cuerpo físico y etérico durante el sueño.

La ciencia materialista piensa que cuando un hombre está dormido, las sustancias que ha consumido simplemente activan sus propias fuerzas en él, mientras que en realidad, son las fuerzas cósmicas del entorno de la Tierra, las que durante el sueño, trabajan sobre cualquier sustancia que el hombre haya tomado. Supongamos, por ejemplo, que consumimos clara de huevo —albúmina. Esta albúmina solo está encadenada a la Tierra por el hecho de que durante el estado de vigilia estamos impregnados por nuestro alma y espíritu —nuestro cuerpo astral y Yo—. Durante el sueño, esta albúmina es elaborada por todo el sistema planetario desde la Luna hasta Saturno, y por el mundo de las estrellas fijas. Y un químico que deseara estudiar los procesos internos que tienen lugar en el hombre durante el sueño no solo tendría que estar versado en la química terrenal sino también en la química espiritual, porque son procesos diferentes de los que toman su curso durante la vigilia.

El Yo y el ser astral del hombre están, como saben, separados de los cuerpos físico y etérico durante el sueño y no están directamente relacionados con el mundo de las Estrellas; pero están directamente relacionados con los Seres de quienes el Sol, la Luna y las Estrellas son las imágenes especulares físicas, es decir, con los Seres de las Jerarquías. El hombre dormido es una dualidad; su yo y su cuerpo astral —podría decir también, su espíritu y su alma— se vuelven hacia los Seres espirituales de los reinos superiores del Universo. Sus cuerpos, el cuerpo físico y etérico, están sujetos a los reflejos físicos, las imágenes especulares cósmico-físicas de estos Seres superiores.

Consciente de sí mismo como un ser terrenal, el hombre se ha convertido cada vez más en un filisteo materialista bajo la influencia del intelectualismo. Casi tan acertadamente como la era moderna se llama la época del progreso intelectual y científico, podría llamarse la época del filisteísmo materialista. Porque el hombre no es consciente de que depende de otra cosa que no sean las impresiones de los sentidos que provienen de la Tierra, los procesos rítmicos establecidos en él por los procesos terrenales, los procesos metabólicos también ocasionados en él por las condiciones terrenales. Por lo tanto, él no conoce su lugar real en el Universo. Los factores que operan aquí son tremendamente complejos. Tan pronto como el velo que se extiende ante el hombre para que este solo pueda ver el mundo de los sentidos y no el mundo espiritual que subyace en él, se desliza a un lado, la vida se vuelve extraordinariamente compleja.

Se encuentra que comienza con que el hombre está influenciado no solo por esos Seres y sus reflejos físicos, las Estrellas, que pueden ser observadas directamente, sino que dentro de la existencia terrenal, Seres suprasensibles semejantes a los del mundo de las Estrellas tienen, por así decirlo establecida su morada en el reino terrenal.

Ustedes saben que las personas del Antiguo Testamento adoraron a Jehová, que es un Ser real, conectado con lo que se manifiesta en el mundo físico como la Luna. Por supuesto, es más o menos una forma de hablar decir que el Ser-Jehová tiene su morada en la Luna, pero al mismo tiempo hay una realidad en la expresión. Todo lo relacionado con el Ser-Jehová está conectado con la Luna.

Ahora hay Seres que ‘despreciaron’ —si puedo expresarlo así— trasladarse a la Luna con los seres de Jehová cuando la Luna se separó de la Tierra y permanecieron en el reino terrenal. Para que de alguna manera podamos adivinar la existencia de los verdaderos seres de Jehová cuando miramos a la Luna, podemos decir: esa es la imagen física externa de todo lo que participa de manera regular en el Orden Mundial en relación con el Ser conocido como Jehová. Pero cuando aprendemos a saber qué ocurre dentro de la superficie de la Tierra, ya sea en los estados sólido o acuoso, encontramos seres que han desdeñado su hogar en la Luna y han hecho de la Tierra su morada de forma irregular.

Ahora estos seres lunares, como los llamaré, tienen ayudantes. Estos ayudantes pertenecen a Mercurio y Venus, así como estos seres lunares pertenecen a la Luna. Los seres de Venus, los seres de Mercurio y los seres de la Luna forman una especie de trinidad. Los llamados seres regulares de este tipo en el Universo pertenecen a estas estrellas. Pero tanto en los constituyentes sólidos como acuosos de la Tierra, encontramos seres pertenecientes, es cierto, a la misma categoría, pero, podría decirse, a una época diferente del tiempo. Son seres que no participaron en la evolución cósmica de la Tierra.

Estos seres tienen una influencia sobre el hombre dormido tal como la tienen los seres cósmicos regulares; pero su influencia es perniciosa. Debo caracterizarlo diciendo: cuando un hombre se va a dormir, en la condición entre quedarse dormido y despertarse, estos seres irregulares de la Luna, Venus y Mercurio se le acercan y tratan de persuadirle de que el mal es bueno y el bien es malo. Todo esto tiene lugar en la condición inconsciente del hombre, entre irse a dormir y despertarse.

Es una experiencia desgarradora relacionada con la iniciación, que más allá del umbral de la conciencia ordinaria se encuentran cosas de ninguna manera sin peligro para la humanidad. Las personas que tienen una visión materialista de la vida no tienen idea de a lo que el hombre está expuesto entre el irse a dormir y despertarse. Él está realmente expuesto a estos seres que le convencen en su estado de sueño de que el bien es malo y el mal es bueno. El orden moral en la Tierra está vinculado con el cuerpo etérico humano, y cuando el hombre duerme, deja sus logros morales detrás de él en la cama. Él no pasa al estado de sueño armado con sus cualidades morales.

Las Ciencias Naturales de hoy en día están tocando el limite de las cosas que necesitan ser explicadas por la Ciencia Espiritual. Es posible que recientemente hayan visto en los periódicos algunas estadísticas interesantes y bien fundamentadas. Se afirma que se ha descubierto que los delincuentes en las cárceles tienen el sueño más absoluto de todos. Los criminales realmente endurecidos nunca son atormentados durante su sueño por pesadillas o cosas por el estilo. Esto solo ocurre cuando vuelven a sumergirse en su cuerpo etérico, porque es ahí donde se encuentran las cualidades morales. Le puede pasar mucho más fácilmente a alguien que se esfuerza por ser moral, que mediante la constitución de su cuerpo etérico, lleve algo a su cuerpo astral y luego sea atormentado por los sueños como resultado de lapsos morales comparativamente insignificantes. Pero, hablando en general, es un hecho que el hombre no lleva en absoluto, o solo en muy pequeña medida, la constitución moral que adquiere durante la existencia terrenal, sino que se expone durante el sueño a los seres a los que estoy referenciando.

Estos seres son idénticos a aquellos que siempre designé como ahrimánicos. Y se han propuesto la tarea de mantener al hombre en la Tierra por todos los medios posibles. Ustedes saben por el libro “La Ciencia Oculta” que la Tierra algún día pasará a la condición de Júpiter. Eso es lo que estos seres quieren prevenir. Quieren evitar que el hombre se desarrolle de forma regular junto con la Tierra y luego pase a la condición de Júpiter de manera normal. Quieren preservar la Tierra como tal y la humanidad para la Tierra. Por lo tanto, estos seres trabajan incesantemente y con gran intensidad para lograr lo siguiente. —Deben recordar que estas son cosas que tienen lugar detrás del escenario de la existencia: procesos reales que están sucediendo desde que existe la raza humana en la Tierra.  Cuando el hombre pasa al estado de sueño en su yo y cuerpo astral estos seres de la Luna, Venus y Mercurio que viven ilegalmente en la Tierra, se esfuerzan por darle al hombre un cuerpo etérico compuesto del éter de la Tierra. Casi nunca tienen éxito. En casos excepcionales de los que hablaré en algún momento posterior, si han tenido éxito; pero esto casi nunca sucede. Aún así, no abandonan el intento una y otra vez, les parece que sus esfuerzos pueden tener éxito, que pueden rodear, impregnar al hombre mientras duerme y cambiar su cuerpo etéreo, por otro creado a partir del éter de la Tierra. Eso es lo que desean estos seres.

Si un ser ahrimánico de esta categoría lograse realmente impregnar el cuerpo etéreo completamente, etapa por etapa, a un hombre cada vez que duerme, tal hombre podría, después de la muerte, vivir en su cuerpo etérico, mantenerse en ese cuerpo. De lo contrario, como saben, el cuerpo etérico se disuelve en unos pocos días. Pero un hombre al que le hubiera sucedido lo anterior podría continuar existiendo en su cuerpo etérico y después de un tiempo surgiría una raza de humanidad etérica. Eso es lo que se desea de este lado del mundo espiritual, y entonces sería posible por esos medios preservar la Tierra.

Dentro de los componentes sólidos y fluidos de la Tierra, en verdad hay una gran cantidad de tales seres. Su deseo es convertir a la humanidad en fantasmas puros, fantasmas etéricos, hasta el final de la evolución de la Tierra, de modo que no se pueda alcanzar el objetivo normal de la evolución terrestre. Y por la noche estos seres de ninguna manera pierden coraje; una y otra vez creen que sus esfuerzos pueden tener éxito.

Ahora el hombre de hoy tiene un intelecto bastante bueno que se ha desarrollado considerablemente en la actualidad donde el filisteísmo está en aumento. El hombre ciertamente puede enorgullecerse de poseer intelecto. Pero este intelecto no está remotamente a la par del intelecto de aquellos seres superiores que desean lograr lo que ahora les estoy describiendo. Que nadie diga: ‘Estos seres deben ser terriblemente estúpidos’. Ciertamente no son estúpidos. Al ver que trabajan en seres humanos mientras duermen, no hay nada que los desanime de creer que podrían tener éxito antes del fin de la evolución de la Tierra para evitar que una gran parte de la raza humana llegue a sus destinos futuros: destinos vinculados con la encarnación de Júpiter de la Tierra.

Pero alguien que puede ver detrás de las escenas de la existencia física puede percibir que estos seres a veces pierden coraje, están decepcionados. Y las decepciones que experimentan no se experimentan en la noche, sino durante el día. Uno ve, por ejemplo, cómo estos seres ahrimánicos sufren decepciones si uno se encuentra con ellos en los hospitales. Ahora, por supuesto, las enfermedades que les suceden a los hombres tienen un aspecto que nos llama en todas las circunstancias a hacer todo lo posible por sanarlas. Pero, por otro lado, debemos preguntarnos: ¿cómo surgen las enfermedades que sufren los hombres a partir de las fuentes oscuras de la existencia natural?.

Aquellas enfermedades que no son el resultado de influencias externas sino que surgen de la constitución interna del hombre, están conectadas con el hecho de que cuando los seres Ahrimánicos casi logran hacer que un hombre asuma un cuerpo etérico que no es el normal, entonces, en lugar de llevar el funcionamiento lícito de las fuerzas etéricas a su cuerpo físico y a su cuerpo etérico acostumbrado al despertar, ese hombre carga consigo mismo las causas de la enfermedad. A través de estas causas de enfermedad, los verdaderos seres de Venus, Mercurio y Luna se protegen contra las influencias dañinas de los seres irregulares. De hecho, si un hombre no tuviera en algún momento una enfermedad, estaría expuesto al peligro del que acabo de hablar. En cualquier enfermedad, su cuerpo se descompone, colapsa, para que pueda ‘sudar’, si puedo usar la expresión, cualesquiera que sean los procesos etéricos irregulares que ha tomado en sí mismo a través de las influencias ahrimánicas.

Una nueva reacción provocada para evitar que el hombre sea víctima de esta influencia Ahrimánica es la posibilidad de error. Y una tercera reacción es el egoísmo. El hombre no está fundamentalmente destinado a estar enfermo, a caer presa del error, ni a ser egoísta en un grado exagerado. El egoísmo como tal es nuevamente un medio para mantener al hombre en la evolución propia de la Tierra en vez de ser arrancado de ella por los seres ahrimánicos. Este, entonces, es el orden de seres que puede descubrirse detrás de las escenas de la existencia sensorial ordinaria.

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Uno puede formarse una idea de otro orden de seres sabiendo que no solo la Luna, Mercurio y Venus tienen una influencia sobre el hombre, sino que también se ejerce una influencia desde más allá del Sol: desde Marte, Júpiter y Saturno.

Por las conferencias que pronuncié en el llamado “Curso Francés”[1], saben que la Luna es el reflejo físico de aquellos seres que introducen al hombre en el mundo físico. Saturno es el reflejo físico de aquellos seres que lo vuelven a sacar del mundo físico. La Luna atrae al hombre hacia la Tierra; Saturno lo atrae de nuevo al Universo y luego al mundo espiritual.

Así como Jehová, Dios Lunar tiene a los seres de Venus y Mercurio como ayudantes, así Saturno tiene como ayudantes a los seres de Júpiter y Marte para llevar al hombre al Cosmos y a los mundos espirituales. Estas influencias y las influencias conectadas con los seres de la Luna actúan sobre el hombre exactamente de la manera opuesta.

Las influencias de la Luna, Venus y Mercurio predominan sobre nosotros hasta nuestros 17 o 18 años. Luego, más adelante, cuando hemos pasado nuestro vigésimo o vigésimo primer año, una influencia de Marte, Júpiter y Saturno se vuelve particularmente activa; solo en años posteriores, esto llega al punto de sacarnos de la existencia terrenal hacia el mundo espiritual. La constitución interna del hombre depende, de hecho, de esta transición, como se podría decir, de los planetas interiores a los planetas exteriores. Hasta nuestros 17 o 18 años, dependemos, por ejemplo, de la circulación sanguínea principal que afecta a todo el cuerpo. Más adelante en la vida dependemos de la circulación sanguínea menor —pero estos son asuntos que deben dejarse para futuras conferencias. Por el momento debemos prestar atención al hecho de que así como los seres irregulares de la Luna, Venus y Mercurio tienen sus aposentos en los componentes sólidos y fluidos de la Tierra, los seres irregulares de Marte, Júpiter y Saturno tienen las condiciones para su existencia —o, por hablar pictóricamente, sus aposentos— en el calor y en el aire que rodea la Tierra.

Estos seres tienen una gran influencia sobre el hombre durante su estado de sueño. Pero su influencia funciona exactamente en la dirección opuesta. El objetivo de estos seres es convertir al hombre en un autómata moral —si puedo expresarlo así— en un autómata moral de tal naturaleza que en su estado de vigilia no escucharía sus propios instintos, sus deseos o la voz de su sangre, sino que rechazaría todo esto y solo escucharía la inspiración de estos seres irregulares de Marte, Júpiter y Saturno. Luego se convertiría en un autómata moral, sin ninguna perspectiva de un futuro estado de libertad. Eso, entonces, es lo que estos seres desean; y su influencia también es fuerte, extremadamente fuerte. Son ellos quienes todas las noches quieren inducir al hombre a tomar la influencia del mundo de las Estrellas en sí mismo y abandonar definitivamente la influencia de la Tierra. Ellos preferirían sacar directamente al hombre de la existencia terrenal. Ellos desean, y lo han deseado desde que la raza humana surgió por primera vez en la Tierra, —que el hombre desprecie la Tierra, que no despierte a la libertad en la Tierra—, donde esto solo es posible. Desean que siga siendo un autómata moral como lo fue en la metamorfosis precedente de la Tierra, en la Antigua Luna.

Y en el medio, entre estos dos huéspedes, de los cuales uno establece su campamento en el elemento de calor y el del aire, y el otro en los elementos de la tierra y del agua, entre estos dos huéspedes cósmicos opuestos se encuentra el Hombre. La vida en su cuerpo físico le oculta el hecho de que se libra una batalla feroz en el Cosmos por la posesión de su ser.

Hoy el hombre debe encontrar conscientemente su camino hacia tal conocimiento, ya que esto le concierne profunda y esencialmente. Su propia existencia como ser humano está constituida por el hecho de que las fuerzas están en todas partes activas a su alrededor, fuerzas del mundo espiritual. Es importante para el hombre de hoy tener conocimiento de su posición real en el Universo.

Llegará un momento en que las personas estarán mucho más justificadas al tener una mala opinión de nuestro conocimiento sombrío y materialista en comparación con lo que se sabrá en el futuro sobre la realidad espiritual detrás de lo físico, que de lo que estamos justificados al decir que el conocimiento científico poseído por los griegos era pueril, que eran meros niños, ¡mientras que hemos hecho un progreso espléndido! En el filisteísmo ciertamente hemos hecho un progreso espléndido y tendremos mucho más derecho a criticar cuando podamos hablar con pleno conocimiento de esta batalla que  se está librando en la Tierra por la posesión del ser humano.

Hay indicios de que el conocimiento de estas cosas debe comenzar a extenderse en nuestro tiempo. Es cierto que lo que les he contado hoy sobre la batalla de los seres Ahrimánicos y Luciféricos en el Cosmos por el ser del hombre todavía está oculto para la mayoría de la gente en los oscuros recovecos de su naturaleza interna. Pero estas batallas ahora están comenzando a enviar sus oleajes al reino de la existencia de la cual los hombres están claramente conscientes. Y hoy, si no queremos llevar una existencia somnolienta a nuestra civilización, debemos saber cómo reconocer las primeras olas que nos golpean desde aquellas regiones del mundo espiritual que acabo de caracterizar.

Estos dos anfitriones —el Luciférico en el elemento cálido y aéreo de la Tierra, el Ahrimánico en lo sólido y acuoso— estos dos anfitriones envían sus olas a nuestra vida cultural hoy. Los anfitriones Luciféricos están haciendo sentir su influencia sobre todo en la teología desgastada. En nuestra vida cultural, como una salida de este poder luciferico, encontramos declaraciones que intentan hacer de Cristo un mito.  El Cristo descendió a la Tierra a través del Misterio del Gólgota como un Ser real, y esa es naturalmente una verdad que atraviesa las intenciones de los seres que quisieran hacer del hombre un autómata moral, sin libertad. Por lo tanto: eliminan la realidad de Cristo. Cristo es un mito! Ustedes pueden descubrir en la literatura del siglo XIX, cuán inteligentes e ingeniosas fueron las hipótesis de teólogos como David Frederic Strauss, Kalthoff y aquellos que simplemente se hicieron eco de ellos, o mejor dicho, murmuradores como Arthur Drews. En todas partes se ve que Cristo es una figura mitológica, una mera imagen que se ha impreso en la imaginación del hombre —habrá muchos más ataques de estos anfitriones— pero este fue el primero.

Las primeras olas provenientes del anfitrión Ahrimánico en los elementos sólidos y acuosos de la Tierra presionan en la visión opuesta. En este caso, Cristo es negado y la validez permitida solo al ‘hombre simple de Nazaret’, a Jesús como la personalidad física. ¡Aquí otra vez hay una golosina presentada por la teología!.

Hacer de Cristo un mito  —una actividad puramente Luciférica— haciendo que el que pasó por el misterio del Gólgota se convierta en un simple hombre incluso si está dotado de todas las cualidades posibles, es una actividad puramente ahrimánica. Esto, sin embargo, no tiene éxito en absoluto, ya que muchos testimonios y tradiciones deben ser eliminados antes de producir este ‘hombre sencillo de Nazaret’. Sin embargo, este otro tit-bit de la teología es evidencia de la avalancha de los quebrantadores ahrimánicos en la cultura humana.

Si estas cosas se evalúan correctamente, podremos entonces ser capaces de detectarlas detrás del escenario de nuestra existencia ordinaria en la Tierra. De lo contrario, si los hombres no están dispuestos a dirigir su atención a lo que se puede decir hoy del mundo espiritual, serán cada vez menos capaces de juzgar correctamente tales fenómenos, y estos fenómenos tendrán efecto en la subconsciencia. Será cada vez más peligroso para los hombres rendirse al subconsciente. Una observación clara y reflexiva de lo que realmente existe —un sentido de la realidad— esa es la creciente necesidad de la humanidad.

Quizás podamos rastrear definitivamente dónde se debe aplicar esta clara consideración, este sentido de la realidad, cuando percibimos el aumento de fenómenos tan extraordinarios como la teología que, por un lado, niega a Cristo y, por otro, hace de Cristo un mito. Tales fenómenos prevalecerán cada vez más, y para que no conduzcan a la corrupción, la Humanidad debe adquirir una percepción clara e inquebrantable de las influencias espirituales que se ejercen sobre el mundo físico, y particularmente sobre el hombre mismo.

Ya les conté una vez que dos hombres encontraron un pedazo de hierro doblado en cierta forma. Uno dijo: “¡Una buena herradura! Voy a calzar mi caballo con eso”. El otro dijo: “No, en absoluto. ¡Es un imán y se puede usar para fines muy diferentes a los de herrar al caballo! “. “No veo nada como un imán al respecto”, dijo el otro hombre. “Estás loco al decir que hay fuerzas magnéticas invisibles en él. Es una herradura: ¡ese es su uso!. Esto es más o menos con las personas de hoy que no están dispuestas a recibir el conocimiento que proviene del mundo espiritual.  Quieren “calzar al caballo” con todo en el mundo —si puedo expresarme así— porque no reconocerán la realidad de las fuerzas suprasensibles.  Quieren calzar caballos, no hacer nada en el que se pongan en uso las fuerzas magnéticas. Hubo una vez un tiempo —no se queda muy atrás de nosotros— cuando un pedazo de hierro así formado se hubiera utilizado para herrar a los caballos. Pero hoy esto ya no es posible.

Llegará un momento en que, en la vida social ordinaria también, los hombres necesitarán lo que se puede comunicar desde el mundo espiritual. De esto debemos ser conscientes, y entonces la antroposofía penetrará no solo en el intelecto, que es de menor importancia, sino sobre todo en la voluntad, y eso es de gran importancia. Sobre esto reflexionaremos más y más profundamente.

 

Traducido por Gracia Muñoz en diciembre de 2017.

[1] Impreso bajo el título: Filosofía, Cosmología y Religión. Una versión abreviada de diez conferencias impartidas por el Dr. Steiner en Dornach, del 6 al 15 de septiembre de 1922.(GA215)

GA219c2. Cualidades morales y la vida después de la muerte. Ventanas de la Tierra

Rudolf Steiner — Dornach, 1 de diciembre de 1922

English version

El propósito esencial de las conferencias que he estado dando aquí durante algunas semanas fue mostrar cómo a través de su vida espiritual el hombre participa en lo que podemos llamar el mundo de las Estrellas, así como a través de su vida física en la Tierra participa de la existencia terrenal, de los acontecimientos terrenales. A la luz de las perspectivas adquiridas a través de la Antroposofía, distinguimos en el hombre las fuerzas que yacen en su cuerpo físico y en su cuerpo etérico o de fuerzas formativas, y las que yacen en su yo y su cuerpo astral. Ya saben, por supuesto, que estos dos lados de su ser se separan cada vez que duerme. Y ahora pensaremos por un corto tiempo en el hombre mientras está dormido. Por un lado, el cuerpo físico y el cuerpo etérico se encuentran allí en estado de inconsciencia; pero el yo y el cuerpo astral también carecen de conciencia.

Ahora podemos preguntarnos: ¿estos dos lados inconscientes de la naturaleza humana también están relacionados durante el sueño?. Sabemos que en el estado de vigilia, donde funciona la conciencia ordinaria del hombre moderno, los dos lados se relacionan a través del pensamiento, a través del sentimiento y la voluntad. Por lo tanto, debemos imaginarnos a nosotros mismos que cuando el Yo y el cuerpo astral se hunden, por así decirlo, en el cuerpo etérico y el cuerpo físico, surgen de esta unión el pensar, el sentir y el querer.

Ahora cuando el hombre está dormido, el pensamiento, el sentimiento y la voluntad cesan. Pero cuando consideramos el cuerpo físico tendremos que decir: todas las fuerzas que, de acuerdo con nuestra observación humana pertenecen a la existencia de la Tierra, están activas en este cuerpo físico. Este cuerpo físico puede ser pesado; pónganlo en la balanza y demostrará tener un cierto peso. Podemos investigar cómo los procesos materiales siguen su curso dentro de él, o al menos podemos imaginar hipotéticamente que esto es posible. Deberíamos encontrar en él procesos materiales que son una continuación de esos procesos que se encuentran fuera de la existencia de la Tierra; estos continúan dentro del cuerpo físico del hombre en el proceso de nutrición. En su cuerpo físico también deberíamos encontrar lo que se logra a través del proceso de respiración. Es solo lo que procede de la organización principal del hombre, todo lo que pertenece al sistema de los sentidos y los nervios, lo que se atenúa o se sumerge en completa oscuridad durante el sueño.

Si luego pasamos a considerar el cuerpo etérico que impregna lo físico, de ningún modo es tan fácil entender cómo funciona este cuerpo etérico durante el sueño. Cualquiera, sin embargo, que ya esté versado hasta cierto punto en lo que dice la Ciencia Espiritual acerca del hombre, comprenderá sin dificultad cómo, a través de su cuerpo etérico, el ser humano vive, incluso mientras duerme, en medio de todas las condiciones del mundo etérico y todas las fuerzas etéricas que rodean la existencia en la Tierra. Para que podamos decir: dentro del cuerpo físico del hombre mientras está dormido, todo lo que pertenece a la existencia de la Tierra está activo. Así también en el cuerpo etérico todo lo que pertenece al mundo del éter que envuelve y permea a la Tierra está activo.

Pero las cosas se vuelven más difíciles cuando volvemos nuestra atención, naturalmente la atención de nuestra alma, a lo que está ahora (durante el sueño) fuera de los cuerpos físico y etérico, es decir, al yo y cuerpo astral del hombre. No podemos aceptar la idea de que esto tenga algo que ver con la Tierra física o con lo que rodea e impregna la Tierra como éter. En cuanto a lo que ocurre durante el sueño, ya lo indiqué de manera más descriptiva en las conferencias que se dieron aquí hace poco tiempo, y lo resumiré hoy desde un punto de vista diferente. En realidad, solo podemos entender lo que sucede en el yo y el cuerpo astral del hombre cuando con la ayuda de la Ciencia Espiritual penetramos en lo que ocurre en y alrededor de la Tierra más allá de las fuerzas y actividades físicas y etéricas.

Para empezar, volvamos nuestra mirada al mundo vegetal. Hablando en el sentido general y dejando de lado los árboles de hoja perenne y plantas de ese estilo, vemos que el mundo vegetal brota de la Tierra en primavera. Vemos que las plantas se vuelven más vivas y ricas en color, más exuberantes, y después, en otoño se desvanecen de nuevo. En cierto sentido, las vemos desaparecer de la Tierra cuando ésta se cubre de nieve.

Pero ese es solo un aspecto del desarrollo del mundo vegetal. El conocimiento físico nos dice que este despliegue del mundo vegetal en primavera y su desvanecimiento hacia el otoño está conectado con el Sol, también que, por ejemplo, la coloración verde de las plantas puede producirse solo bajo la influencia de la luz solar. El conocimiento físico, por lo tanto, nos muestra lo que sucede en el ámbito de los efectos físicos; pero no nos muestra que mientras están en marcha todos los brotes, el florecimiento y el marchitamiento de las plantas, también ocurren eventos espirituales. En realidad, al igual que en el organismo humano físico existe, por ejemplo, la circulación de la sangre, así como los procesos etéricos se expresan en el organismo físico como acción vascular y demás, y así como este organismo físico está impregnado por el alma y el espíritu, así también los procesos de germinación, reverdecimiento, florecimiento y desvanecimiento de las plantas que consideramos procesos físicos están impregnados en todas partes por el funcionamiento del mundo cósmico del alma y el espíritu.

Ahora cuando miramos el semblante de un hombre y su mirada cae sobre nosotros, cuando vemos su expresión, tal vez el enrojecimiento de la cara, entonces, de hecho, los ojos de nuestra alma están mirando a través de lo físico hacia el alma y el espíritu. De hecho, no puede ser de otra manera en nuestra vida entre nuestros semejantes. De la misma manera, debemos acostumbrarnos también a ver el espíritu y el alma en la fisonomía, si puedo llamarlo así, y cambios de la coloración del mundo vegetal en nuestra Tierra.

Si solo estamos dispuestos a reconocer lo físico, decimos que el calor y la luz del Sol actúan sobre las plantas, formando en ellas los jugos, la clorofila y demás. Pero si contemplamos todo esto con una visión espiritual, si tomamos la misma actitud hacia esta fisonomía de la planta de la Tierra como estamos acostumbrados a llevarla a la fisonomía humana, entonces se nos revela algo que me gustaría expresar con un palabra particular, porque esta palabra realmente transmite la realidad.

El Sol, del que decimos, aparentemente hablando, que envía su luz a la Tierra, no es simplemente un globo radiante de gas sino infinitamente más que eso. Envía sus rayos a la Tierra, pero cada vez que miramos al Sol, vemos el lado externo de los rayos. Los rayos tienen, sin embargo, un lado interno. Si alguien fuera capaz de mirar a través de la luz del Sol, considerar la luz solo como una cáscara externa y mirar hacia su alma, contemplaría el Poder del Alma, el Ser del Alma del Sol. Con la conciencia humana común vemos el Sol como deberíamos ver a un hombre que estuviera hecho de papel maché. Una efigie en la que no hay nada más que la forma, una forma sin vida, es por supuesto algo diferente del ser humano que realmente vemos ante nosotros. En el caso del ser humano viviente, miramos a través de esta forma externa y percibimos el alma y el espíritu. Para la conciencia ordinaria, el Sol en cambio es como si fuera un molde de papel maché. No vemos a través de su cáscara externa que está tejida de Luz.

Pero si pudiéramos ver a través de esto, deberíamos ver la esencia del alma y espíritu del Sol. Podemos ser conscientes de su actividad así como somos conscientes de la cáscara de papel maché del Sol. Desde el punto de vista del conocimiento físico, decimos: ‘El Sol brilla sobre la Tierra; brilla sobre las piedras, sobre el suelo. La luz se arroja y, por lo tanto, vemos todo lo que es mineral. Los rayos del sol penetran en las plantas, haciéndolas verdear, haciéndolas brotar   —todo eso es externo. Si vemos la esencia del alma y el espíritu del Sol, no podemos simplemente decir: ‘La luz del sol brilla sobre los minerales, se refleja, lo que nos permite ver los minerales’ o ‘La luz y el calor del Sol penetran en las plantas, haciéndolas verdes’ —pues tendremos que decir, los innumerables Seres espirituales que son seres del Sol y que constituyen su alma y espíritu: “El Sol sueña y sus sueños envuelven a la Tierra y modelan las plantas”.

Si imaginan la superficie de la Tierra con las plantas físicas que crecen a partir de ella, llegando a florecer, tienen allí el funcionamiento de los rayos físicos del Sol. Pero arriba está la vida tejida del mundo de los sueños del Sol —un mundo de Imaginaciones puras. Y uno puede decir: Cuando el manto de nieve se derrite en la primavera, el Sol recupera su poder, entonces las Imaginaciones del Sol se tejen nuevamente alrededor de la Tierra. Estas Imaginaciones del Sol son fuerzas imaginativas que trabajan en el mundo de las plantas. Ahora bien, aunque es cierto que este mundo Imaginativo —esta atmósfera imaginativa que rodea la Tierra— está muy activa desde la primavera hasta el otoño en cualquier región de la Tierra, sin embargo, este carácter onírico de la actividad del Sol también está presente de cierta manera durante el invierno. Solo que durante el invierno los sueños son, por así decirlo, aburridos y meditabundos, mientras que en verano son móviles, creativos, formativos. Ahora, es en este elemento en el que se despliegan las Imaginaciones del Sol que el Yo y el cuerpo astral del hombre viven y tejen cuando están fuera de los cuerpos físicos y etéricos.

Se darán cuenta por lo que he dicho que dormir en verano es en realidad un asunto bastante diferente de dormir en invierno, aunque en el estado actual de la evolución, la vida y la conciencia del hombre son tan aburridas y carentes de vitalidad que estas cosas no se perciben. En tiempos pasados, los hombres se distinguían definitivamente por sus sentimientos entre el sueño invernal y el sueño estival, y también sabían qué significado tenían para ellos el sueño invernal y el sueño estival. En aquellos tiempos antiguos los hombres sabían que del sueño de verano podían decir: Durante el verano, la Tierra está envuelta por pensamientos de imágenes. Y expresaron esto diciendo: Los Dioses Superiores descienden durante el verano y planean alrededor de la Tierra; durante el invierno, los Dioses Inferiores ascienden de la Tierra y se ciernen sobre ella. —Este mundo imaginativo, constituido de manera diferente en invierno y en verano, fue concebido como el tejido de los Dioses Superiores e Inferiores. Pero en aquellos tiempos antiguos también se sabía que el hombre mismo, con su Yo y su cuerpo astral, vive en este mundo tejido de imaginaciones.

Ahora, las mismas verdades de las que he hablado aquí, nos muestran, si las meditamos a la luz de la Ciencia Espiritual, en qué relación se encuentra el hombre, incluso durante su existencia terrenal, con el Universo extraterrenal. Ya ven, en verano —cuando es verano en cualquier región de la Tierra— el ser humano durante su sueño está siempre entrelazado por un mundo de contornos agudos de Imaginaciones Cósmicas. El resultado es que durante el verano está, por así decirlo, cerca de la Tierra con su alma y espíritu.  Durante el invierno es diferente. Durante el invierno, los contornos, las mallas, de las Imaginaciones Cósmicas se ensanchan, por así decirlo. Durante el verano vivimos con nuestro Yo y cuerpo astral mientras dormimos dentro de imaginaciones muy claramente definidas, dentro de múltiples figuras y formas. Durante el invierno, las figuras alrededor de la Tierra tienen un ancho entramado y la consecuencia de esto es que siempre que comienza el otoño, lo que vive en nuestro yo y cuerpo astral es llevado lejos en el Universo por la noche. Durante el verano y su calor, lo que vive en nuestro yo y cuerpo astral permanece más, por así decirlo, en la atmósfera psicoespiritual del mundo humano. Durante el invierno, este mismo contenido se confirma en las lejanas distancias del Universo. De hecho, sin hablar figurativamente, ya que uno está diciendo algo que es bastante real, uno puede decir: lo que el hombre cultiva en sí mismo, en su alma, y que a través de su yo y cuerpo astral puede extraer de sus cuerpos físico y etérico entre el momento de irse a dormir y despertarse, se almacena durante el verano y fluye durante el invierno hacia las grandes extensiones cósmicas.

Ahora, no podemos concebir que los hombres nos encerramos, por así decirlo, en la existencia terrenal y que el amplio Universo no sabe nada de nosotros. Está lejos de ser así. Es cierto que, en el solsticio de verano, el hombre puede ocultarse a los espíritus del universo, y también puede tener éxito en albergar sentimientos reprensibles del mal. La densa red de Imaginaciones no deja pasar estos sentimientos; todavía permanecen. Y en la Navidad, los Dioses miran hacia la Tierra y todo lo que vive en la naturaleza del hombre se revela y sale con su yo y su ser astral. Usando una imagen que realmente representa los hechos, podemos decir: En invierno se abren las ventanas de la Tierra y los Ángeles y Arcángeles contemplan lo que los hombres realmente son en la Tierra.

Nosotros en la Tierra nos hemos acostumbrado gradualmente en la civilización moderna a expresar todo lo que permitimos pasar como conocimiento en frases triviales, secas y no poéticas. Los Seres superiores son siempre poetas, por lo tanto, nunca damos una verdadera impresión de su naturaleza si los describimos con palabras físicas estériles; debemos recurrir a palabras como las que acabo de utilizar: en Navidad se abren las ventanas de la Tierra y, a través de estas ventanas, los Ángeles y Arcángeles contemplan las hazañas de los hombres durante todo el año. Los Seres de las Jerarquías superiores son poetas y artistas, incluso en su pensamiento. La lógica que generalmente nos esforzamos por aplicar es solo resultado de la gravedad de la Tierra, pero no insinúo, en absoluto, que no es muy útil en la Tierra.

Es lo que vive en las mentes y los corazones de los hombres como lo acabo de describir, lo que es de interés esencial para estos Seres Superiores; los Ángeles que miran a través de las ventanas de Navidad no están interesados en las especulaciones de los profesores; los pasan por alto. Ni, para empezar, están muy interesados en los pensamientos del hombre. Es lo que sucede en sus sentimientos, en su corazón, que en su aspecto cósmico está conectado con el curso anual del Sol. Por lo tanto, no es tanto si somos tontos o listos en la Tierra como lo es ante la mirada de los Seres Espirituales Divinos en el momento de la Navidad, sino simplemente si somos hombres buenos o malvados, si sentimos a los demás o somos egoístas. Eso es lo que se comunica a los mundos cósmicos a lo largo de las estaciones anuales.

Pueden creer que nuestros pensamientos permanecen cerca de la Tierra, porque he dicho que los Ángeles y los Arcángeles no se preocupan por ellos cuando miran por las ventanas navideñas. No se preocupan por nuestros pensamientos porque, si utilizo una forma de hablar bastante prosaica, reciben la moneda más rica, la moneda más valiosa que acuña el alma y el espíritu del hombre. Y esta moneda más valiosa es la acuñada por el corazón, los sentimientos, por lo que un hombre vale por lo que contienen su corazón y su sentimiento. Para el Cosmos, nuestros pensamientos son solo el pequeño cambio, la moneda menor, y esta moneda menor es espiada por seres espirituales subordinados todas las noches. Si somos tontos o astutos es espiado por el Cosmos cada noche —no de hecho para las regiones muy lejanas del Cosmos sino solo para las regiones alrededor de la Tierra— espiado por seres que están más cerca de la Tierra y de su entorno y, por lo tanto, los más subordinados en rango. La revolución diaria del Sol tiene lugar para impartir al Cosmos el valor de nuestros pensamientos. Hasta ahora nuestros pensamientos se extienden; pertenecen meramente en el entorno de la Tierra. La revolución anual del Sol tiene lugar para llevar nuestra naturaleza del corazón, nuestra naturaleza sentimental, más allá en los mundos cósmicos.

Nuestra naturaleza desiderativa no puede llevarse de esta manera al Cosmos, ya que el ciclo del día está estrictamente regulado. Sigue su curso en veinticuatro horas. El curso anual del Sol también está estrictamente regulado. Percibimos la regularidad del ciclo diario en las secuencias estrictamente lógicas de nuestros pensamientos. La regularidad del ciclo anual —percibimos el efecto posterior de esto en nuestro corazón y alma, en que hay ciertos sentimientos que dicen a unas cosas que hace el hombre: esto es bueno, y a otras: esto es malo.

Pero hay una tercera facultad en el hombre, a saber, la voluntad. Es cierto que la voluntad está ligada a los sentimientos y el sentimiento no puede dejar de decir que ciertas acciones son moralmente buenas y otras moralmente no buenas. Pero la voluntad puede hacer lo que es moralmente bueno y también lo que no es moralmente bueno. Aquí, entonces, no hay una estricta regularidad. La relación de nuestra voluntad con nuestra naturaleza como seres humanos no está estrictamente regulada en el sentido en que están regulados el pensamiento y el sentimiento. No podemos decir que una mala acción es buena o una buena acción mala, ni podemos llamar ilógico a un pensamiento lógico, o a un pensamiento ilógico, lógico. Esto se debe al hecho de que nuestros pensamientos se encuentran bajo la influencia de la revolución diaria del Sol y nuestros sentimientos bajo la influencia de su revolución anual. La voluntad, sin embargo, queda en manos de la humanidad misma en la Tierra. Y ahora un hombre podría decir: ‘Lo único que me sucede es que, si pienso de manera ilógica, mis pensamientos ilógicos se llevan a cabo cada noche en el Cosmos y hacen travesuras allí —pero ¿qué me importa eso? No estoy aquí para poner orden en el Cosmos “—. Aquí en la Tierra, donde la vida se vive en la ilusión, un hombre podría en ciertas circunstancias hablar así, pero entre la muerte y un nuevo nacimiento nunca lo haría. Porque entre la muerte y un nuevo nacimiento él mismo está en los mundos en los que puede haber causado daño a través de sus pensamientos necios; y debe vivir a través de todo el daño lo que ha hecho. Así también, entre la muerte y un nuevo nacimiento, él está en esos mundos en los que han fluido sus sentimientos. Pues aquí nuevamente podría decir en la Tierra: ‘Lo que vive en mis sentimientos se evapora en el Cosmos; pero les dejo a los Dioses que hagan frente a cualquier daño que pueda haber causado allí a través de mí. Mi voluntad, sin embargo, no está limitada a la Tierra por ningún reglamento. ‘-

El hombre pasa por la puerta de la muerte cargado con lo que ha salido de sus actos de voluntad. Así como aquí en la Tierra él tiene a su alrededor todo lo que vive en minerales, plantas, animales y en la humanidad física, todo lo que vive en nubes, arroyos, montañas, estrellas, en la medida en que son visibles externamente a través de la luz. —Así como él tiene todo esto a su alrededor durante su existencia entre el nacimiento y la muerte, entonces él tiene un mundo a su alrededor cuando ha dejado de lado los cuerpos físico y etérico y ha pasado por la puerta de la muerte. En verdad, tiene a su alrededor el mundo en el que sus pensamientos han entrado todas las noches, en el que han entrado sus sentimientos con el cumplimiento de cada ciclo anual … “Lo que has pensado; lo que has sentido “…   Ahora le parece que los Seres de las Jerarquías le transmiten sus propios pensamientos y sentimientos. Lo han percibido todo, como he indicado. Su vida mental y su vida de sentimiento ahora fluye hacia él. El materialista que considera que la vida del hombre se limita al tiempo entre el nacimiento y la muerte, nunca puede concebir que su voluntad tenga un significado cósmico; tampoco puede concebir que los pensamientos o sentimientos humanos tengan algún significado para el Cosmos. Pero incluso uno que sabe muy bien que los pensamientos tienen un significado cósmico como resultado de la revolución diaria del Sol y los sentimientos a través de la revolución anual, incluso él,  cuando ve lo que se logra en la Tierra por el bien o el mal, los impulsos del hombre, debe alejarse del Cosmos y de la naturaleza humana para ver cómo lo que trabaja en la voluntad del hombre se va al Cosmos. Porque lo que trabaja en la voluntad del hombre debe ser corroborado en el Cosmos por el hombre mismo, y él lo confirma cuando pasa por la puerta de la muerte. Por lo tanto, no es a través de los ciclos diarios o anuales sino a través del portal de la muerte que el hombre lleva a cabo el bien o el mal que ha causado aquí en la Tierra a través de su voluntad.

Es una relación extraña la que el hombre tiene con el Cosmos en su vida anímica. Decimos de nuestros pensamientos: ‘Tenemos pensamientos pero no están sujetos a nuestra voluntad arbitraria; debemos conformarnos a las leyes del Universo cuando pensamos, de lo contrario entraremos en conflicto con todo lo que sucede en el mundo. ‘Si un niño pequeño está de pie frente a mí, y pienso: Es un anciano; puedo halagarme a mí mismo al haber determinado el pensamiento, pero estoy ciertamente desconectado del mundo. Por lo tanto, con respecto a nuestros pensamientos, de ninguna manera somos independientes, tan poco independientes que nuestros pensamientos se llevan a cabo en el Cosmos por el ciclo diario del Sol. Tampoco somos independientes en nuestra vida de sentimientos, ya que se llevan a cabo a través del ciclo anual del sol. Así, incluso durante la vida terrenal, lo que vive en nuestra cabeza a través de nuestros pensamientos y, a través de nuestros sentimientos en nuestro pecho, no vive solo dentro de nosotros sino que también participa en una existencia cósmica. Solo eso que vive en nuestra voluntad lo mantenemos con nosotros hasta la muerte. Entonces, cuando hemos dejado de lado el cuerpo, cuando ya no tenemos nada que ver con las fuerzas terrenales, lo llevamos adelante a través de la puerta de la muerte.

En la existencia terrenal, el sol ilumina desde la mañana hasta la tarde; se oculta y se hace la noche. Cuando hemos pasado por la puerta de la muerte, nuestra sabiduría se extiende hacia nosotros como el día; a través de nuestros actos acumulados de insensatez, las luces espirituales se oscurecen y oscurecen a nuestro alrededor y se convierte en noche. Aquí en la Tierra tenemos día y noche; cuando hemos pasado por la puerta de la muerte, tenemos como el día y la noche los resultados de nuestra sabiduría y nuestra necedad. Y lo que el hombre experimenta aquí en la Tierra como primavera, verano, otoño e invierno en el ciclo anual, como las temperaturas cambiantes y otras experiencias sentientes, de todo esto se da cuenta —cuando ha pasado por la puerta de la muerte— también como un tipo de ciclo, aunque de una duración mucho más larga. Experimenta la cualidad que da calidez, da vida (que da vida, es decir, a su Ser espiritual) de sus buenos sentimientos, de su simpatía con la bondad; experimenta con la misma frialdad su simpatía con el mal, con lo inmoral. Así como aquí en la Tierra vivimos el calor del verano y el frío del invierno, también vivimos después de la muerte, calentados por nuestros buenos sentimientos, enfriados por nuestros malos sentimientos; y soportamos los efectos de nuestra voluntad a través de estos años y días espirituales. Después de la muerte, somos el producto de nuestra naturaleza moral en la Tierra. Y tenemos un ambiente que está impregnado por nuestras locuras y nuestra sabiduría, por nuestras simpatías y antipatías por el bien.

Para que podamos decir: así como aquí en la Tierra tenemos el aire veraniego a nuestro alrededor dándonos calidez y vida, y como tenemos el frío y helado aire invernal a nuestro alrededor, así, después de la muerte, estamos rodeados por una atmósfera de alma y espíritu que es cálido y dador de vida en la medida en que se produce a través de nuestros buenos sentimientos, y se enfría en la medida en que se produce a través de nuestros malos sentimientos. Aquí en la Tierra, en ciertas regiones al menos, las temperaturas de verano e invierno son las mismas para todos nosotros. En el tiempo después de la muerte, cada ser humano tiene su propia atmósfera, engendrada por él mismo. Y las experiencias más conmovedoras después de la muerte están conectadas con el hecho de que un hombre vive en un frío helado y el otro, cerca de él, en una calidez vivificante.

Tales son las experiencias que pueden ser experimentadas después de la muerte. Y como describí en mi libro Teosofía, una de las experiencias principales que se transmiten en el mundo del alma, es que aquellos seres humanos que han albergado sentimientos malvados aquí en la Tierra, deben experimentar unas experiencias difíciles a la vista de aquellos que desarrollaron y albergaron buenos sentimientos.

De hecho, se puede decir: Todo lo que permanece oculto para comenzar en el ser interior del hombre, se revela cuando ha pasado por la puerta de la muerte. Dormir también adquiere un significado cósmico, al igual que nuestra vida durante el invierno. Dormimos todas las noches para que podamos prepararnos la luz en la que debemos vivir después de la muerte. Pasamos por nuestras experiencias de invierno para preparar el calor espiritual del alma en el que entramos después de la muerte. Y en esta atmósfera del mundo espiritual que nosotros mismos hemos preparado, soportamos los efectos de nuestros actos.

Aquí en la Tierra vivimos, a través de nuestro cuerpo físico, como seres sujetos a la gravedad terrestre. A través de nuestra respiración, vivimos en el aire circundante, y muy a lo lejos vemos las estrellas. Cuando hemos pasado por la puerta de la muerte, entramos en el mundo anímico espiritual, muy lejos de la Tierra; estamos más allá de las estrellas, vemos las estrellas desde el otro lado, miramos hacia atrás al mundo de las estrellas. Nuestro propio ser vive en los pensamientos cósmicos y las fuerzas cósmicas. Miramos hacia atrás a las estrellas, ya no las vemos brillar, sino que vemos a las Jerarquías, a los Seres Espirituales que tienen simplemente su reflejo en las estrellas.

sol

Así, el hombre en la Tierra puede obtener más y más conocimiento de lo que será la naturaleza de su vida cuando atraviese la puerta de la muerte. Hay personas que dicen: ‘¿Por qué necesito saber todo esto? ¡Seguramente lo veré todo después de la muerte!”. Esa actitud es como si un hombre dudara del valor de la vista. Porque a medida que la evolución de la Tierra sigue su curso, el hombre entra cada vez más en una vida en la que debe adquirir el poder de participar en estas experiencias después de la muerte mediante su aprehensión, comenzando con el pensamiento, aquí en la Tierra. Cerrar el conocimiento de los mundos espirituales mientras estamos en la Tierra es cegarnos en alma y el espíritu después de la muerte. Un hombre entrará en el mundo espiritual como un lisiado cuando atraviese la puerta de la muerte, si aquí, en este mundo, desdeña aprender el mundo del espíritu, porque la humanidad está evolucionando hacia la libertad, hacia la actividad espiritual libre. Este hecho debería ser cada vez más claro para la humanidad y debería hacer que los hombres se den cuenta de la necesidad urgente de adquirir conocimiento sobre el mundo espiritual.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Diciembre de 2017

GA232C5. Los Misterios Efesios de Artemisa.2

Dornach, 1 de diciembre de 1923

English version

A través de lo que les he dado en la última conferencia, ahora ya es posible hablar más exactamente de muchos de los acontecimientos que ocurrieron en el curso de la evolución de la Tierra y que le han producido su forma actual. Recordaréis que aquél que ha alcanzado el conocimiento a través de la visión interior, entra en una cierta relación con los metales de la Tierra, por el hecho de que la Tierra está impregnada de venas de metal, lleva dentro de sí varios tipos de metales. Y esta relación que el hombre puede establecer con los metales le permite mirar hacia atrás en lo que le ha sucedido a la Tierra.

Es particularmente interesante mirar hacia el pasado de la Tierra en el tiempo que precedió a la evolución atlante, ese período que he descrito de una manera algo externa, como la época lemuriana; como recapitulación del período de tiempo que precedió a este, cuando la Tierra pasó por la etapa del Antiguo Sol.

Durante la época Lemuriana la Tierra recapitulo la etapa de la Antigua Luna. Es interesante mirar hacia atrás en todos estos acontecimientos, para que podamos recibir una impresión de lo maravilloso que es todo en la esfera de la existencia terrenal.

Hoy en día estamos acostumbrados a considerar que la Tierra tal como está, en la forma que se nos presenta hoy ya está completa. Vivimos en los continentes como seres humanos, y estamos rodeados por lo que la Tierra lleva con ella en el camino de las plantas, los animales, las aves del aire, y así sucesivamente. Sabemos que nosotros mismos vivimos, en cierto sentido, en una especie de aire-oceánico, la atmósfera que rodea a la Tierra, y que de esta atmósfera tomamos el oxígeno y que nuestra relación con el nitrógeno también juega un cierto papel. Nos imaginamos en general que esta atmósfera, que nos rodea consiste en oxígeno y nitrógeno. Después miramos los océanos, los mares —no necesito entrar en cada detalle— y nos formamos una imagen del planeta que habitamos en el Universo.

La Tierra no siempre fue como la vemos hoy; ha sufrido enormes cambios. Si volvemos a los tiempos que acabo de indicar, a la época de Lemuria y un poco más atrás encontraremos una condición muy diferente de la Tierra que tenemos en la actualidad.

Comencemos con la atmósfera en la que vivimos, y que consideramos inerte, sin vida; Incluso esta atmósfera se muestra en esas épocas tempranas como algo muy diferente. Si vamos aún más atrás tenemos que observar algo más. Hoy en día, tenemos esta Tierra sólida y alrededor de ella la atmósfera. Un cuadro mental similar también podría hacerse incluso en aquellos tiempos muy antiguos, pero no podría haber ninguna cuestión de que haya alrededor de la Tierra algo como el aire que ahora respiramos. En el aire que respiramos hoy en día el oxígeno y el nitrógeno juegan la parte principal, el carbono y el hidrógeno desempeñan un papel menos importante, y el azufre y el fósforo son aún menos significativos. En lo que se refiere a esos tiempos muy antiguos, no es posible hablar de oxígeno, nitrógeno, carbono, azufre, etc., simplemente porque lo que el químico denomina con estos nombres, no existía en ese período antiguo. Si un químico de hoy conociera a un ser espiritual de ese tiempo y hablara de carbono, oxígeno, nitrógeno, etc., ese ser respondería que “tales cosas no existen”. Es posible hablar hoy de oxígeno, nitrógeno, carbono, etc., pero en aquellos tiempos antiguos no había absolutamente ninguna posibilidad de hablar de estas cosas porque sólo podían estar presentes como tales después de que la Tierra hubiera alcanzado cierta densidad y hubiera adquirido las fuerzas que hoy en día tiene en su interior. El oxígeno, el nitrógeno, el potasio, el sodio y así sucesivamente, todos los llamados metales ligeros simplemente no existían en aquella época de la antigüedad. En aquella época, en el lugar donde hoy tenemos la atmósfera existía algo que era de una naturaleza fluida, extremadamente fina, de una consistencia a medio camino entre nuestro aire presente y el agua. Era de naturaleza fluida, pero en su fluidez era similar a la albumina; de manera que en realidad la Tierra en aquel tiempo estaba totalmente rodeada por una atmósfera albuminosa. La albúmina en los huevos de hoy es mucho más densa, pero puede ser comparada con lo que estamos hablando ahora.

De este ambiente de la Tierra, cuando poco a poco se va densificando, fueron diferenciándose gradualmente lo que ahora llamamos carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y así sucesivamente. No estaban allí de tal manera que pudiéramos decir que esta antigua atmósfera albuminosa estaba compuesta de estos elementos, pues no tenía estos elementos como ingredientes. Hoy generalmente pensamos que las cosas están formadas por la combinación, pero eso no tiene sentido. Lo que conocemos como ciertas sustancias superiores no siempre se componen de lo que aparece cuando se analizan, pues estas cosas dejan de estar presentes en la sustancia superior. El carbono no está presente allí como carbono, ni el oxígeno como oxígeno, pues son parte de una sustancia de una naturaleza superior. Como he dicho, esta sustancia de acuerdo a sus cualidades puede realmente ser descrita como albúmina en una condición excesivamente fluida. La totalidad de esta sustancia que rodeaba a la Tierra en ese momento estaba impregnada con el éter cósmico del Universo, que le dio la vida. De modo que tenemos que representarnos el éter cósmico como proyectándose en esta sustancia y dándole vida.

nubesverdes

 

Esta sustancia vivía porque el éter cósmico se proyectaba en ella. No sólo estaba viva, sino que también se diferenció de una manera notable, p.e. en una parte aparece como una gran estructura  en la que el hombre siente que se asfixia, en otra parte aparece otra gran estructura en la que el hombre siente haber recuperado especialmente una nueva vida y actividad si pudiera haber estado allí en ese momento como un ser humano, y así sucesivamente. Surgieron formaciones que producían unos efectos que recuerdan a los elementos químicos de hoy, pero los elementos químicos en nuestro sentido moderno no existían. Entonces todo estaba impregnado de reflejos de luz, destellos de luz, rayos de luz, destellos de luz. Y todo el conjunto estaba vivificado por el éter cósmico.

Tales eran las características en ese período temprano de la atmósfera de la Tierra. Lo primero que se formo desde el Cosmos es lo que describí en la última conferencia como las primeras montañas primitivas. Éstas fueron formadas desde el Cosmos. Así, el cuarzo que se encuentra allí en las montañas en su hermosa forma, en su relativa transparencia, se formó en cierta medida en la Tierra desde el Universo. Por eso, si nos trasladamos hoy, a través de la visión imaginativa a estas rocas de las montañas a lo que ahora son las formaciones más duras de la Tierra, ellas serian para nosotros como los ojos de la Tierra a través de los cuales mira hacia el Universo. Pero también fue el Universo el que implantó estos ojos en la Tierra. Ahora están allí. El Universo los ha colocado en la Tierra. El cuarzo, la sílice y similares que luego impregnaron toda la atmósfera y fueron gradualmente depositados como montañas no eran tan compactos como hoy. Este estado endurecido  vino después, a través de las circunstancias que se desarrollaron más tarde. Todo lo que así se formó del cosmos en ese tiempo lejano era apenas más duro que la cera.

Si ustedes van ahora a esas regiones montañosas y allí ven un cristal de cuarzo, es tan duro que, como he dicho antes, si usted golpeara su cabeza contra él su cráneo se rompería pero no el cuarzo. En aquel tiempo lejano, sin embargo, debido a la vida que todo lo impregnaba, el cuarzo era realmente tan suave como la cera. Podemos, por lo tanto, decir que estas rocas de las montañas salieron del cosmos como una especie de cera goteando.

Todo lo que así se deslizó en la Tierra desde el cosmos fue transparente, y su relativa dureza, su dureza como cera se puede describir solamente empleando mentalmente el sentido del tacto. Si hubiéramos podido tocarlo lo habríamos sentido como cera.

Fue de esta manera que estas antiguas montañas fueron depositadas desde fuera del cosmos como una especie de sustancia de cera goteando y luego gradualmente se fue endureciendo. La sílice tenía una consistencia parecida a la cera en el momento en que fue depositada del cosmos a la Tierra.

Lo que hoy está presente más espiritualmente y que describí en la última conferencia, que al transponerse en esta roca dura se tiene imágenes del cosmos, este fenómeno era entonces perceptible espiritualmente, y de tal manera que cuando tales silicatos en la condición de la cera empezaron a condensarse se podía distinguir en ellos algo así como una especie de planta. Cualquiera que haya estudiado un poco sobre la naturaleza sabe muy bien que se encuentra algo como las marcas distintivas de tiempos antiguos. En el mundo mineral hoy. Encontramos piedras, las tomamos en nuestras manos, las miramos atentamente, y encontramos que tienen dentro de ellas algo así como el contorno de una planta. En ese momento era un fenómeno bastante habitual el que entrara en esta atmósfera albuminosa, empujada como si fuera contornos que no sólo se podían ver, sino que eran fotografiados sustancialmente en este cuerpo parecido a la cera.

Entonces se produjo la peculiar configuración de que la albúmina fluida que existía en la atmósfera llenaba estos contornos y por lo tanto se volvía algo más dura, algo más densa. Y ya no eran simplemente formas esbozadas. La parte silicosa se desprendió de ellos y se dispersó en el resto de la atmósfera. En la primera parte de la época lemuriana tenemos esas gigantescas plantas flotantes que nos recuerdan algo de las formas de las algas de hoy, que no están arraigadas en el suelo, pues aún no había suelo allí. Flotaban en este fluido albuminico con el que estaban permeadas y del que formaron su propia sustancia. No sólo flotaban en ese fluido albuminico, sino que también brillaban, podría decir, que se iluminaban y luego se desvanecían. Fueron capaces de transformarse en la medida en que pudieron surgir y desaparecer. Coloquen esta imagen claramente ante sus mentes. Es una imagen muy diferente de cualquier cosa que nos rodea hoy. Si nosotros, como hombres modernos, pudiéramos transponernos a esa época antigua, si, digamos, pudiéramos establecer una pequeña guarida en algún lugar y observar lo que sucedía alrededor, si desde ella pudiéramos mirar hacia ese mundo antiguo desde todas direcciones veríamos como se dispara una forma de planta, una formidable forma de planta, como nuestras algas presentes (algas marinas) o incluso como una palmera. Pero salen vertiginosamente. No brotan de la Tierra en primavera y mueren en otoño; Se disparan, apareciendo en la primavera (el tiempo de primavera era mucho más corto entonces) y alcanzan un tremendo tamaño. Luego desaparecen de nuevo en el elemento albuminico fluido. Ese observador vería que el verde siempre aparecía y luego se desvanecía. No hablaría de plantas que cubrían la Tierra, sino de plantas que, como las nubes en el aire, aparecen desde el cosmos, se densifican  y después se disuelven, algo verde que crece en este elemento de albúmina. Después, en el tiempo que correspondería algo a nuestro verano diría: Este es el tiempo cuando el ambiente de nuestra Tierra crece verde. Pero tendría que mirar hacia el verde arriba en vez de mirar hacia abajo.

fuegoartificio

 

Por este camino nos podemos hacer una idea de cómo la parte de la atmósfera se inclina hacia la Tierra, y cómo la fuerza de la planta que está realmente ahí fuera en el cosmos la atrae hacia sí misma, cómo el mundo de las plantas se acerca a la Tierra desde el Cosmos. En el período que ahora estoy hablando, tenemos que decir: Este mundo vegetal es algo que surge y desaparece en la atmósfera.

Voy a decir algo más. Si hoy en día como seres humanos nos trasladamos a través de esta relación con los elementos metálicos de la Tierra en esos tiempos antiguos, sentiríamos como si todo esto nos perteneciera a nosotros mismos, como si tuviéramos algo que ver con lo que entonces crecía verde en la atmósfera y luego desaparecía. Cuando hoy recordamos nuestra propia infancia, nuestra memoria se extiende a un lapso de tiempo relativamente corto. Sin embargo, así como podemos recordar un dolor que experimentamos en la infancia —y eso es algo que nos pertenece— de la misma manera en este recuerdo cósmico despertado por el elemento metálico de la Tierra experimentamos este proceso de convertirse en verde y desvanecerse como algo que nos pertenece. El hombre ya estaba entonces conectado con la Tierra, esa Tierra que vivía en esta atmósfera albuminosa acuosa. Estaba unido a ella como un ser humano, pero de tal manera que, como hombre, era todavía totalmente espiritual. Expresamos una realidad cuando decimos: El hombre debe adquirir el concepto de que estas plantas que vemos allí en la atmósfera en ese momento es algo separado, algo arrojado de lo que es humano. El hombre que está unido a la Tierra saca esto de su propio ser. Y tiene el concepto, o debería tenerlo, de algo más que él coloca fuera de él, algo muy diferente. También ocurrió lo siguiente.

Todo lo que he descrito hasta ahora se produjo a través de la sustancia de sílice en la atmósfera que ya se ha depositado en la sustancia como de cera de la que he hablado. Pero aparte de eso, esta atmósfera albuminosa se extiende por todas partes. En esta atmósfera trabaja el Cosmos. Sobre esta atmósfera trabajan las innumerables fuerzas múltiples que fluyen a la Tierra desde el Cosmos por todas partes, aquellas fuerzas de las cuales nuestra ciencia moderna no tiene ningún interés de saber nada. De ahí que nuestra ciencia no tenga realmente un conocimiento verdadero, porque los fenómenos más diversos que ocurren en la Tierra no ocurrirían si no fueran producidos por impulsos y fuerzas cósmicas.

Pero los sabios de hoy no hablan de estas fuerzas cósmicas, no hablan de lo que es la realidad sobre todas las cosas. No toman en cuenta en ninguna parte lo que realmente está vivo. Incluso en la partícula más pequeña que miramos bajo el microscopio, viven no sólo fuerzas terrestres sino cósmicas, y si esto no se tiene en cuenta no hay realidad.

Así estaban las fuerzas cósmicas activas en ese momento sobre este fluido albuminico en el ambiente de la Tierra. Estas fuerzas cósmicas trabajaron en muchas partes de esta albumina de tal manera que la congelaron, de modo que uno podía ver por todas partes la albumina congelada por las fuerzas del cosmos; esta albumina congelada cósmicamente nadaba en el ambiente terrestre. Estas formas de albúmina congelada cósmicamente no eran meras masas imaginarias de nubes, eran seres vivos que tenían formas definidas. Éstas eran en realidad animales que consistían en esta albumina congelada engrosada a la densidad de la gelatina o incluso a la de nuestro cartílago actual. Tales animales gelatinosos existieron en esta atmósfera albuminosa fluida. Tenían una forma que encontramos hoy en menor escala en nuestros reptiles, en lagartos y criaturas de ese tipo; no eran tan densos como estos, pero tenían cuerpos gelatinosos y el poder del movimiento. En un momento tenían los miembros alargados, en otro estos miembros se adentraban en el cuerpo. En resumen, todo acerca de estas extremidades eran como un caracol que puede extender y retirar sus sensores.

Mientras que todo esto se estaba formando algo más se estaba depositando en la Tierra desde el cosmos, otra sustancia además de la sílice, y eso es lo que se encuentra hoy en día como la tiza o piedra caliza de la Tierra. Si ustedes van a las montañas primitivas, o simplemente a las montañas del Jura, se encuentran esta piedra caliza. Esta piedra caliza vino ciertamente a la Tierra más adelante pero vino al igual que la sílice del Cosmos. Así encontramos la tiza como la segunda sustancia en la Tierra.

montañas del jura

 

Esta tiza está continuamente rezumando y lo esencial es que trabaja de tal manera que el granito de la Tierra se vuelve gradualmente más y más denso. En ciertas localidades la sílice se incorpora a la tiza. Porque la tiza conserva las fuerzas cósmicas. De hecho, la tiza es algo muy diferente del material grosero que presentan los químicos de hoy. Contiene fuerzas formativas, relativamente activas aunque no sean reconocidas.

Ahora llegamos a una cosa peculiar. Si consideramos un tiempo algo posterior al que he descrito en relación con el fenómeno del surgimiento y desaparición del verde, encontramos que en esta atmósfera albuminosa hay un continuo aumento y caída de la sustancia calcárea. Se forma una niebla de tiza que luego cae como lluvia. Hubo un período en la Tierra cuando el agua que hoy se levanta en niebla y cae como lluvia era de una naturaleza de tiza que subía y bajaba, ascendiendo y descendiendo. Ahora lo curioso es que esta tiza es especialmente atraída por las formas gelatinosas y gruesas; Las impregna, los impregna de sí misma. Y a través de las fuerzas terrestres que están en ella (les dije que las fuerzas terrestres viven en la tiza), a través de estas fuerzas toda la masa gelatinosa se disuelve gradualmente, la masa que, como hemos visto, se formó allí como albúmina coagulada. La tiza abstrae la albúmina y la acerca más a la Tierra y de ella surgen gradualmente los animales que tienen huesos que contienen cal. Eso es lo que se desarrolla en el tiempo posterior a  la época lemuriana.

Por lo tanto, primero debemos considerar las plantas en su forma más antigua como regalos puros del cielo. En los animales, en todo lo que posee una forma animal, tenemos que ver algo de la Tierra, después de que los cielos le hubieran dado la tiza, la tomó y la convirtió en una forma terrenal. Estas son las cosas maravillosas que descubrimos en aquellos tiempos antiguos. Nos sentimos tan unidos a estas cosas que sentimos todo este proceso como una expansión del ser humano en el Cosmos.

Tales cosas suenan naturalmente paradójicas porque tocan una realidad de la que el hombre de hoy no suele tener idea; sin embargo, son absolutamente ciertas. ¿No se corresponde con la realidad de hoy cuando alguien dice de lo que recuerda: “Cuando yo era un niño de nueve años, tenía un amigo con quien me pegue o herí” Ese recuerdo es algo que surge del interior. El orador puede sentir placer en ello o no. Puede causarle dolor, pero surge dentro de él. Del mismo modo surge en el hombre a través de la relación con los metales una conciencia humana aumentada que se convierte en una conciencia de la Tierra: “mientras tú has formado en la Tierra todo tu ser desde los cielos, en el descenso has separado las plantas de ti. Ellas son desechadas de ti. Tú también desechaste la naturaleza animal. En forma de gelatina coagulada o de cartílago, primero hiciste que la naturaleza animal se convirtiera en un producto segregado de ti mismo. Pero en este caso tuviste que ver cómo las fuerzas terrestres anteriores han sacado esta obra de ti y le han dado las formas animales de manera que es un resultado de la creación de la Tierra”. Y así, a modo de  recuerdo cósmico, uno puede ver esto como su propia experiencia, tal como se puede ver en el caso que acabo de darles como una experiencia de una corta vida terrenal. Uno se siente, como se ha dicho, unido como ser humano a todas estas cosas.

Pero todo esto está conectado con muchos otros procesos. Sólo puedo bosquejar los principales acontecimientos. Muchas otras cosas sucedieron. Por ejemplo, mientras todo lo que he descrito estaba ocurriendo, toda la atmósfera estaba llena de azufre en un estado finamente dividido. Este azufre finamente dividido se unió a otras sustancias y de la unión surgieron lo que yo llamo los padres de todo lo que hoy se encuentra en los minerales como piritas, galena, sulfuro nativo de cinc, etc. En una forma más antigua, suave, gruesa y como de cera. El cuerpo de la Tierra estaba impregnado de estas cosas.

Cuando estos minerales, estas sustancias metálicas se desarrollaron a partir de la sustancia albuminosa general y formaron la corteza sólida de la Tierra, los metales realmente no tenían mucho más que hacer, a menos que el hombre hiciera algún uso de ellos que reflexionar sobre lo que había sucedido en el pasado. Los encontramos todavía haciendo esto, trayendo gráficamente a la mente de quien tiene visión interior todo lo que ha sucedido a la Tierra. Ahora, porque tiene como suya esta experiencia cósmica o por lo menos telúrica, dice: “A través de haber desechado de ti mismo todo esto, por haber desechado la forma vegetal primitiva, se han desarrollado después las formas vegetales posteriores, por haber rechazado lo que todavía existe de una manera más complicada como la creación animal que he descrito, tú has separado de ti mismo lo que antes te impedía tener tu voluntad como hombre”.

Todo lo que he descrito era necesario. El hombre tenía que desechar estas cosas de sí mismo, al igual que hoy tiene que deshacerse de la transpiración y otras materias. El hombre tenía que desechar estas cosas para dejar de ser sólo lo que los dioses quisieran, y para poder tener una voluntad propia, no un libre albedrío ciertamente, sino una propia voluntad. Todo esto era necesario como preparación para la naturaleza terrenal del hombre.

A través de lo mucho que sucedió todo se fue transformando gradualmente. Como los metales estaban ahora dentro de la Tierra, toda la atmósfera se transformo. Se convirtió en un ambiente diferente, mucho menos sulfuroso. El oxígeno gradualmente ganó la ventaja sobre el azufre, mientras que en los tiempos antiguos el azufre era de gran importancia para la atmósfera de la Tierra. Toda la atmósfera de la Tierra se transformó.

Y en esta atmósfera transformada, el hombre pudo desprender de sí mismo algo más. Lo que el hombre separaba ahora apareció como los sucesores de las plantas y los animales anteriores.

Gradualmente se desarrollaron las formas vegetales posteriores. Éstas tenían una especie de raíz por la cual se aferraron a una sustancia terrosa todavía extremadamente suave. Y allí surgieron reptiles, animales tipo lagartija, criaturas más complicadas, impresiones que la geología actual todavía puede descubrir. De las criaturas más antiguas de las que he hablado nada se puede encontrar. Sólo en ese período posterior, cuando por segunda vez el hombre separó de sí formas más complicadas, sólo entonces hubo criaturas como las que he estado describiendo. En primer lugar, estructuras nubosas, continuamente surgiendo y desapareciendo, creciendo en verde y luego desapareciendo; formas suaves que eran en realidad animales, formas que poco a poco se consolidaron, tuvieron una vida propia y luego desaparecieron en la vida terrena común. Este fue el caso de todos estos seres. Y de todo esto surgió algo que se condensó todavía más.

Entre estos animales estaba uno que se puede describir como sigue: tenía un órgano muy grande como un ojo rodeado por una clase de aura. Cerca de él tenía una especie de hocico, que además se alargaba hacia delante, algo parecido al cuerpo del lagarto, pero con poderosas aletas. Surgió una forma como esta, que ahora desarrolló más firmeza en sí misma. Los animales se levantaron poseídos de lo que podría llamar alas como aletas, porque estos animales no eran criaturas marinas, ya que no había mar todavía, había una masa terrosa suave y alrededor un elemento aún más suave de los cuales sólo el azufre había sido parcialmente eliminado. En estos alrededores el animal volaba o nadaba, era una actividad entre volar y nadar.

Además de éstos había otros animales que no tenían este tipo de miembros. Tenían miembros que ya estaban formados más por las fuerzas de la Tierra misma, y que también nos recuerdan los miembros de los mamíferos inferiores de hoy.

Así, si partiendo de la actualidad pudiéramos recorrer el tiempo en vez de pasar por el espacio hasta ese período que une la época lemuriana con la de la Atlántida, nos enfrentaríamos a una perspectiva peculiar. Deberíamos ver estos gigantescos lagartos voladores, con una especie de linterna en sus cabezas que brillaba y daba calidez. Abajo está la suave Tierra que tiene algo extremadamente familiar, porque ofrece a los visitantes de hoy una especie de olor, algo entre un olor a humedad y el olor proveniente de plantas verdes, algo entre los dos. Algo seductor por un lado y extremadamente simpático por el otro sería ofrecido por el barro de la blanda Tierra. En este pantano también nos encontramos moviéndose como criaturas de animales de pantano que ya tienen extremidades más parecidas a las de nuestros actuales animales inferiores, pero se extienden por debajo de ellos, algo así como las patas palmeadas de un pato pero, por supuesto, mucho más grandes. Con estas “palas” se propulsan en el pantano, y también se balancean de un lado a otro.

El hombre tuvo que pasar por todo este proceso de desechar para poder prepararse una independencia de sentimiento durante su existencia en la Tierra.

Así tenemos primero una creación vegetal-animal que consistía en productos segregados del hombre, preparando así la posibilidad de que el ser humano en la Tierra se convierta en un ser de voluntad. Si todo esto hubiera permanecido en el hombre, no habría tomado posesión de su voluntad. Su voluntad se habría convertido entonces en una función física. Al separar estas cosas de sí mismo, lo físico se coloca fuera de él y la voluntad asume un carácter psíquico.

De la misma manera, a través del esta segunda creación el sentimiento asume un carácter psíquico. Hasta mediados de la época atlante no se desarrollan estos animales y plantas que son similares a los actuales. La Tierra en ese momento había alcanzado una etapa similar en apariencia a lo que es ahora. Las mismas sustancias químicas que son reconocidas por los químicos también estaban en existencia. Poco a poco se desarrolló lo que conocemos como carbono, oxígeno, metales pesados, alcalinos y similares. Todo esto fue desarrollándose en ese tiempo.

Así el hombre fue capaz de hacer la tercera separación de sí mismo, es decir, lo que hoy forma su entorno como el mundo vegetal-animal. Y a medida que separó esto de sí mismo surgió alrededor de él la creación actual, preparándose para vivir en la Tierra como un ser pensante.

Por lo tanto, debemos decir que la Humanidad no estaba entonces dividida como lo está hoy en individualidades. Había una Humanidad común, todavía de naturaleza psíquica y espiritual, hundiéndose en el éter. Porque esta Humanidad común descendió del cosmos con el éter que fluyó a la Tierra desde el Cosmos.

La humanidad pasó entonces por esos acontecimientos que ustedes encontraran descritos en mi libro “La Ciencia Oculta, un esquema”. Llegó a la Tierra, se fue a los otros planetas, y volvió de nuevo en la época Atlante. Esto siguió continuando junto con los otros acontecimientos, pues cuando algo se separaba, la Humanidad no podía permanecer en la Tierra. Tenía que desaparecer para fortalecer las fuerzas interiores, que ahora eran de una naturaleza mucho más sutil y más psíquica. Entonces la Humanidad bajó de nuevo. Ustedes pueden leer acerca de estos eventos con más detalle en mi “Ciencia Oculta un Esquema”. El hombre, la Humanidad, pertenece realmente al Cosmos, y preparó para sí su propio ambiente terrenal enviando al dominio de la Tierra las cosas que fue apartando de él y que luego se metamorfosearon en los otros reinos de la Naturaleza. Ahora están en el dominio de la Tierra, donde el hombre está rodeado por ellos. Y ahora podemos decir: “Enviando estos productos de desecho al dominio de la Tierra, el hombre gradualmente desarrolló dentro de si lo que le proporcionó como ser humano terrenal voluntad, sentimiento y pensamiento”.

Pues lo que el hombre es hoy como ser pensante, sensiente y volitivo, que durante el período entre el nacimiento y la muerte descansa sobre un fundamento orgánico físico, sólo se ha desarrollado gradualmente y está conectado con aquellos seres que, por el bien de la evolución de los seres humanos, se han separado en el curso del tiempo del reino humano. Debido a esta separación se han metamorfoseado en sus formas actuales.

Como pueden ver no hablamos simplemente de una manera abstracta general sobre esta relación con lo que es de naturaleza metálica en la Tierra. Pues cuando uno se une a estos metales, que ocultan en ellos el recuerdo de los acontecimientos terrenales, pueden entonces hablar realmente de lo que uno recuerda, y encuentra realmente lo que les he relatado hoy.

Cuando volvemos a esos tiempos anteriores, encontramos que todo es más fugaz, va desapareciendo más rápidamente. Contemplen sólo la grandiosa y majestuosa perspectiva que les he descrito. Esas formas silíceas móviles parecidas a la cera en las que surgen las formas esbozadas del mundo vegetal que se sumergen de lleno en la blanda sustancia albuminosa y, por lo tanto, presentan en el ambiente terrenal al que miramos algo que crece verde y se desvanece de nuevo. Piensen en estas cosas y ustedes mismos dirán: “En contraste con las plantas que crecen en la Tierra hoy con raíces firmes y hojas sólidas; O, en comparación con los árboles de hoy en día con su duro tronco, todo esto fue una imagen fugaz”. ¡Piense en lo fugaces que fueron esas formas anteriores comparadas con el roble de hoy!. (El roble mismo no se enorgullece de su firmeza, pero los que viven en torno a él lo son generalmente, porque confunden su propia debilidad frecuente con la firmeza del roble.) Si comparan la dureza del roble de hoy con la sustancia de las antiguas formas de las plantas, cuán débil es su elevación, cuán débil es su desaparición, como sombras que se elevan en la atmósfera, condensándose y luego desapareciendo!. O si comparas esto con un caso más grosero, digamos, un hipopótamo o un elefante de hoy, o cualquier mamífero vivo en su piel robusta – comparen esto con las criaturas de ese tiempo temprano, cuando como albúmina coagulada salieron de la masa albuminica común y fueron aprovechados por la tiza, y con ese proceso en una manera algo más densa desarrolló las indicaciones de los huesos en la naturaleza animal de la Tierra; cómo de esta manera se vuelven algo más densos y desarrollan los primeros indicios de un sistema óseo. Si consideran toda esta solidez de hoy en comparación con lo que la Tierra fue una vez ya no serán capaces de dudar de que cuanto más allá retrocedamos, más fugaces e inestables son las condiciones.

Luego nos remontamos a donde sólo hay formaciones de colores que surgen, tejen y viven, que surgen y pasan. Si ustedes toman la descripción del Antiguo Sol, del Antiguo Saturno, los predecesores de la Tierra como los encontrarán en mi “Ciencias Oculta un Esquema”, ustedes dirán que todo esto es comprensible cuando sabemos que tenemos que volver del tiempo presente a una condición anterior. Allí, esta evanescente formación vegetal absorbe la albúmina convirtiéndose en algo así como una formación de nubes. En un período aún más antiguo encontramos formas que se manifiestan sólo en color, como las que he descrito al hablar de la existencia del Antiguo Sol o de la existencia del Antiguo Saturno.

Así, gradualmente, si seguimos lo que es físico a lo largo del tiempo, nos alejamos de lo grosero y elefantino, a través del refinamiento de lo físico a lo espiritual, y de esta manera, prestando atención al hecho real, volvemos al origen espiritual de todo lo que pertenece a la Tierra. La Tierra tiene su origen en lo espiritual. Ese es el resultado de una visión verdadera, y creo que es una hermosa idea poder decir: Si penetras en el interior de la Tierra y dejas que los duros metales te digan lo que recuerdan, te contaran lo siguiente: “Una vez estuvimos extendidos en el espacio cósmico de tal manera que no fuimos sustancia física en absoluto, pero en el espíritu fuimos la esencia del color, tejiendo en el cosmos, surgiendo y desapareciendo”.

La memoria de los metales de la Tierra nos devuelve a esa condición donde los metales eran colores cósmicos, permeándose unos a otros, donde el cosmos era una especie esencial de arco iris, una especie de espectro que luego se diferenció gradualmente volviéndose físico.

Este es el punto en que lo que yo llamo la impresión meramente teórica comunicada por el elemento metálico de la Tierra pasa a ser una impresión moral. Pues cada metal nos dice al mismo tiempo: “Yo procedo de las extensiones del espacio y de las formas de la Tierra. Yo me levanto del reino celestial. Estoy aquí atraído hacia abajo y encantado en la Tierra. Pero espero mi redención, porque una vez más llenaré el Universo de mi ser”. Cuando de esta manera aprendemos a entender el lenguaje de los metales, entonces el oro nos habla del Sol, el plomo nos habla de Saturno, el cobre nos habla de Venus. Y entonces estos metales nos dicen: “Erase una vez que nos extendimos lejos, el cobre a Venus, nos conducimos a Saturno. Hoy estamos encantados aquí. Pero cuando la Tierra haya cumplido su tarea de tal manera que el hombre haya alcanzado lo que sólo sobre la Tierra puede alcanzar, nos extenderemos allá afuera. Hemos sido encantados de esta manera para que el hombre en la Tierra pueda llegar a ser libre. Cuando el hombre se haya adquirido la libertad, entonces nuestro desencantamiento también puede comenzar”.

Este desencantamiento ya ha comenzado. Sólo tenemos que entenderlo. Debemos entender cómo la Tierra, junto con el hombre, se desarrollarán más en el futuro.

Traducido por Gracia Muñoz en Junio de 2017.

GA232c2. Centros de Misterios

24 de Noviembre de 1923

 

English version

Si buscamos continuar el estudio de la naturaleza anímica, a la que dedicamos nuestra atención en la conferencia de ayer e investigar la actividad de la naturaleza anímica en el hombre físico en relación con aquellas cosas que también hablamos ayer, podemos seguir dos direcciones. La memoria indica al alma las experiencias pasadas; el pensamiento conduce al alma, como ayer expliqué, a la existencia etérica. Aquello que puede aferrarse al hombre, incluso con más fuerza que el recuerdo, tan fuerte que los impulsos interiores penetran hasta su sustancialidad corporal, lo denominé el gesto. Al observar el gesto y su naturaleza hemos avanzado hasta la revelación del alma y el espíritu en lo físico.

La entrada completa del hombre en la vida física terrenal es una toma de posesión de lo físico mediante el alma y el espíritu y si para empezar, limitamos nuestras consideraciones a la memoria, encontramos que esto consiste en que lo experimentado a una edad temprana es portado hasta años posteriores. Ahora, cuando la memoria señala a cosas del curso pasado de la vida terrenal, surge la pregunta, ¿hay algo en la vida humana que nos señale aún más hacia el pasado? ¿Podemos remontar la mirada hasta aquello que existe antes de la entrada del hombre en la vida terrenal?

Aquí llegamos a dos cosas, es decir, aquello que el hombre ha experimentado espiritual y psíquicamente en la existencia pre-terrenal (que dejaremos para una posterior consideración) y algo relacionado con la naturaleza física corporal que el hombre como ser individual porta en ella. Me refiero a todo aquello que estamos acostumbrados a designar como la herencia debido a nuestras ideas científico-naturales. El hombre porta consigo justo en las tendencias de su propio temperamento aquellos impulsos, aquellas características, que juegan un papel tan importante en el alma, y que están relacionadas con lo que era característico de sus antepasados físicos.

Por supuesto nuestra humanidad moderna trata tales asuntos con superficialidad, con insensatez. Por ejemplo, esta misma mañana leí un libro que trata de un regente de una conocida casa real, ahora extinta. Este libro se entrega a la cuestión de la herencia en esa familia. Se mencionan cualidades que se remontan hereditariamente hasta el siglo XVII. En ese libro que trata de la herencia encontramos una frase peculiar, que dice aproximadamente: “En esta casa real hay miembros que muestran claramente una tendencia hacia la extravagancia, hacia lo absurdo de la vida, hacia los excesos, etc. Aunque hay también miembros de esta casa que no tienen ninguna de estas tendencias”. Como ustedes ven, esta es una clase de pensamiento peculiar, pues uno podría realmente suponer que un escritor que hace una afirmación de esta índole tendría que admitir que no se pueden extraer conclusiones de tales circunstancias. Pero si examinan muchas de las cosas que en la actualidad conducen a lo que se llaman opiniones bien fundadas encontrarán muchas cosas de esta naturaleza.

Incluso aunque los puntos de vista imperantes sobre la herencia puedan parecer algo superficiales uno debe admitir que el hombre porta consigo características heredadas. Ese es un aspecto; el hombre a menudo tiene que luchar contra estas características heredadas. Debe, por así decirlo, desprenderse de ellas para alcanzar aquello para lo que estaba preparado mediante el proceso de la vida prenatal.

El otro aspecto que atrae nuestra atención es aquello que el hombre adquiere a través de la educación, a través del intercambio con sus prójimos, y también a través del intercambio con la naturaleza exterior. A los hábitos adquiridos a través de la observación de los reinos inferiores de la naturaleza, se les llama la adaptación del hombre a las condiciones que le rodean. Como ustedes saben, nuestra ciencia natural moderna considera estos dos impulsos de la herencia y adaptación como las influencias más importantes sobre los seres vivos.

Cuando penetramos en estos hechos sentimos, si los contemplamos sin prejuicios, que a menos que un hombre encuentre su camino hacia el mundo espiritual, no podrá llegar a conclusión alguna sobre tales cosas. Por tanto hoy consideraremos a la luz del conocimiento espiritual, las cosas que hallamos en cualquier momento de la vida.

Para ello debemos regresar a algo que hemos tratado repetidamente en estudios anteriores. A menudo hemos tenido que referirnos a la salida de la luna del planeta Tierra, y hemos mostrado que la luna estuvo anteriormente unida con la Tierra, y en un determinado punto del tiempo abandonó esta para influenciar sobre ella desde fuera. También he señalado que hay una causa espiritual para esta salida de la luna. Les he contado cómo hubo una vez sobre la Tierra seres sobrehumanos viviendo, que fueron los primeros grandes Maestros de la humanidad, y de los que procede lo que basándose en nuestro pensamiento humano terrenal podría designarse como Sabiduría Primigenia, que se encuentra por doquier como una trama, que es de profunda importancia y suscita reverencia incluso en la forma de restos fragmentarios en que existe hoy en día. Esta sabiduría fue una vez el contenido de las enseñanzas de estos grandes Maestros sobrehumanos en el punto de partida de la evolución terrenal humana.

Estos Seres encontraron su camino en la existencia lunar y allí están hoy, unidos a la luna. Pertenecen a la población de la luna, por así decirlo. Ahora lo importante es que cuando el hombre atraviesa el portal de la muerte, viaja a través de una serie de etapas por el reino del mundo planetario que pertenece a nuestra Tierra. Ya hemos considerado cómo, después de pasar a través de la existencia terrenal, el hombre entra primero en la esfera de actividad de la luna, después en la esfera de actuación de Venus, Mercurio, Sol, etc. Hoy puede interesarnos aprender cómo entra en la esfera de acción de la luna.

Ya he indicado cómo la vida del hombre puede seguirse con la visión Imaginativa más allá del portal de la muerte y que aquello que el hombre es como espíritu aparece después de haber desechado el cuerpo físico, que es entregado a los elementos terrenales, y después de haber visto su cuerpo etérico asumido por la esfera etérica que está unida con la Tierra; aún permanece allí la parte espiritual y anímica del hombre, el yo y el cuerpo astral.

Si, con la visión Imaginativa, seguimos lo que así atraviesa el portal de la muerte, siempre se presenta en una determinada forma. Esa es la forma espiritual que modela la sustancia física que el hombre porta en sí. Esta forma, comparada con el robusto cuerpo físico, no es sino una especie de imagen imprecisa, pero ejerce una profunda e intensa impresión en el sentimiento y percepción del alma. En esta forma la cabeza del hombre aparece débilmente a la mirada del alma. El resto de la forma es robusta, y gradualmente al pasar entre la muerte y un nuevo nacimiento esta forma se transforma en la cabeza de la siguiente encarnación.

Debemos aquí decir algo sobre esta forma que puede observarse con la visión Imaginativa después de que el hombre ha atravesado el portal de la muerte. Lleva una verdadera expresión fisionómica. En cierto sentido es una verdadera imagen de la forma en que el hombre aquí en su vida físico-terrenal fue bueno o malvado. Aquí en la vida terrenal un hombre puede ocultar el hecho de si el bien o el mal prevalecen en su alma, pero tras su muerte ya no puede ocultarlo. Cuando por tanto miramos la forma espiritual que queda tras la muerte vemos que lleva la expresión fisionómica moral de lo que el hombre fue sobre la Tierra.

Alguien que lleve a través del portal de la muerte aquello que es moralmente malo unido a su alma, tiene una expresión fisionómica mediante la cual se hace exteriormente similar, si se puede decir así, a las formas ahrimánicas. Es absolutamente un hecho que, durante el primer período tras la muerte, el sentimiento y percepción completa del hombre está condicionado por aquello que puede reproducir en sí mismo. Si él tiene la fisionomía de Ahriman, porque ha portado el mal moral en su alma, al atravesar el portal de la muerte, sólo puede reproducir, lo que significa percibir, lo que se asemeja a Ahriman. En cierto sentido esta psíquicamente ciego ante aquellas almas humanas que han atravesado el portal de la muerte teniendo una buena disposición moral. Ciertamente, es el más severo juicio que el hombre puede sufrir tras atravesar el portal de la muerte, que en la medida en que él mismo es malvado sólo es capaz de ver a aquellos seres que son como él mismo, porque sólo puede reproducir en sí aquello que forma la fisionomía de los seres humanos malvados.

Habiendo atravesado el portal de la muerte él entra ahora en la esfera lunar. Allí entra en la presencia de seres suprasensibles y suprafísicos, pero siempre en la medida en que son similares fisionómicamente a él mismo; así aquel que porta el mal a través del portal de la muerte entra en contacto con formas ahrimánicas. Este paso a través de un mundo ahrimánico, posee en el caso de ciertos seres humanos un significado bastante definido en la conexión completa de los sucesos cósmicos; y comprenderemos lo que sucede allí realmente si tenemos en cuenta el verdadero propósito del viaje de los sabios Guías humanos de la antigüedad a la colonia lunar del cosmos.

Además de los Seres de las Jerarquías superiores a los que habitualmente llamamos ángeles, arcángeles, etc., existen también, vinculados con la totalidad de la evolución cósmica aquellos Seres que pertenecen a los reinos de Lucifer y Ahriman. Estos Seres actúan en la conexión cósmica igual que lo hacen aquellos que se desarrollan normalmente. Los seres Luciféricos actúan de forma tal que buscan alejar de la materialidad física aquello que tiene la tendencia en sí de sumergirse en aquella. En la esfera de la humanidad los seres Luciféricos actúan de tal forma que utilizan cualquier oportunidad para alejar al hombre de su cuerpo físico. Los seres Luciféricos se afanan en hacer del hombre un ser etérico psíquico puramente espiritual. Las formas Ahrimánicas sin embargo se afanan en separar del hombre todo aquello que pueda desarrollarse hacia una naturaleza psíquica y espiritual, naturaleza que debería desarrollarse ahora en la humanidad. Les gustaría cambiar lo sub-humano –aquello que reside en los impulsos, instintos y demás, y que se expresa en el cuerpo– y transformarlo en lo espiritual. Transformar al hombre en un ser espiritual es la tendencia tanto de los seres Luciféricos como de los Ahrimánicos.

O Baron Arild Rosenkrantz10

 

Lucifer busca extraer del hombre el espíritu y el alma de tal forma que ya no se preocupe de las encarnaciones terrenales sino que desee vivir únicamente como un ser anímico-espiritual. Los seres Ahrimánicos por el contrario prefieren no preocuparse en absoluto por el alma y el espíritu del hombre; sino que buscan separar y llevarse a su propio mundo aquello que le es dado al hombre como una envoltura, como una vestidura, como un instrumento, es decir, el cuerpo físico y etérico.

El hombre encara por un lado a los Seres de las Jerarquías que se desarrollan normalmente, pero como está entretejido en la existencia completa, encara también las formas luciféricas y ahrimánicas.

El hecho es que cada vez que las formas luciféricas hacen esfuerzos para acercarse al hombre, su objetivo es alejarle de la Tierra. Por otra parte, cuando las formas ahrimánicas se esfuerzan por dominarle, buscan hacerlo más y más terrenal, aunque también desean espiritualizar la Tierra en una densa sustancia espiritual e impregnarla de condensadas fuerzas espirituales.

Cuando hablamos sobre asuntos espirituales hemos de utilizar expresiones que quizás puedan parecer grotescas, pero debemos utilizar el lenguaje humano. Por tanto permítanme utilizar palabras humanas habituales para algo que tiene lugar puramente en el espíritu; ustedes me comprenderán. Tendrán que elevar lo que debo expresar de esta manera a lo espiritual.

Los mismos seres que, como grandes Maestros trajeron al hombre aquella antigua sabiduría al comienzo de la existencia terrenal, se retiraron a la Luna para, en la medida de sus poderes, poner a los elementos Luciféricos y Ahrimánicos en la relación correcta con la vida humana. ¿Por qué fue esto necesario? ¿Por qué seres tan elevados como estos grandes Maestros Primigenios decidieron abandonar la esfera terrenal en la que habían actuado durante un tiempo, y marcharon a la esfera lunar fuera de la Tierra, para en la medida de lo posible situar a los elementos Luciféricos y Ahrimánicos en la correcta relación con el hombre?

Cuando el hombre, como ser anímico y espiritual, desciende a la esfera terrenal desde su existencia preterrenal, atraviesa aquel sendero que he descrito recientemente en el ciclo de conferencias sobre “Cosmología, Filosofía y Religión”. Él tiene una existencia psíquico-espiritual definida. El hombre une esto con lo que le es dado con la pura línea hereditaria a través de sus padres en la existencia física embrionaria. Estas dos, la existencia física embrionaria y la espiritual se interpenetran la una con la otra. Se unen entre sí; y de esta manera el hombre deviene a la existencia terrenal. Pero en aquello que vive en la línea hereditaria, en lo que desciende de los ancestros en forma de características heredadas, está contenido aquello que da a los seres ahrimánicos su punto de incisión sobre la naturaleza humana. Las fuerzas ahrimánicas moran en las fuerzas de la herencia, y cuando el hombre porta en sí muchos de estos impulsos heredados, tiene una naturaleza corporal en la que el yo no puede entrar plenamente. Ciertamente el secreto de muchos seres humanos es que tienen dentro de sí demasiados impulsos heredados. Esto se llama actualmente “estar cargado con la herencia”. La consecuencia de esto es que el yo no puede penetrar completamente en el cuerpo; no puede rellenar completamente todos los órganos individuales del cuerpo. Así el cuerpo en cierto sentido desarrolla una actividad propia paralela a los impulsos del yo al que realmente pertenece ese cuerpo. Así estos poderes ahrimánicos, al esforzarse por incidir lo máximo posible en la herencia, logran de este modo que el yo encaje con demasiada holgura en el ser humano; ese es el asunto.

El hombre está sin embargo sujeto también a la influencia de condiciones externas. Ustedes pueden darse cuenta de con cuánta fuerza el hombre está sujeto a estas condiciones  si consideran toda la influencia que las condiciones climáticas o geográficas tienen sobre él. Esta influencia del entorno puramente natural es ciertamente de extraordinaria importancia para el hombre. Hubo incluso momentos en que esta influencia del entorno natural se utilizó de una forma especial en la guía de los sabios líderes de la humanidad.

Por ejemplo, vamos a considerar algo muy extraordinario en la Antigua Grecia, la distinción entre espartanos y atenienses, debemos afirmar que esta diferencia, que se describe de una manera muy superficial en nuestros libros ordinarios de historia, reside sobre algo que se remonta a las regulaciones de los antiguos Misterios, que actuaron de tal forma que produjeron diferentes resultados para los espartanos y los atenienses.

En la antigua Grecia se prestaba mucha atención a la gimnasia como el principal factor en la educación del niño; pues de acuerdo con el método griego, al actuar sobre el cuerpo de una determinada forma también se actuaba indirectamente sobre el alma y el espíritu. Pero esto tuvo lugar de una forma para los espartanos y de otra diferente para los atenienses. Para los espartanos, se consideraba necesario por encima de todo permitir que los chicos se desarrollasen de tal forma que a través de sus ejercicios gimnásticos adquirieran en la medida de lo posible aquello que actuaba interiormente sobre el cuerpo, sólo por medio del cuerpo. Por tanto el muchacho espartano era impulsado a realizar sus ejercicios gimnásticos sin importar el clima.

Esto era diferente para los atenienses. Estos ponían gran énfasis en que sus ejercicios gimnásticos estuvieran adaptados a las condiciones climáticas. Ellos tuvieron mucho cuidado de que el chico que efectuaba sus ejercicios estuviera expuesto a la luz solar de la manera correcta. Para los espartanos era indiferente que los ejercicios se efectuasen bajo la lluvia o a la luz del sol, pero los atenienses exigían que las condiciones climáticas, especialmente los efectos solares, actuaran como un estímulo para ellos. El muchacho espartano era tratado de tal modo que su piel se hacía impermeable, de forma que todo lo que desarrollase en sí mismo proviniera de la corporalidad interior. La piel del muchacho ateniense no era masajeada con arena y aceite, sino que estaba expuesta a la acción del sol. Aquello que puede entrar en el hombre desde el exterior, a partir de los efectos del sol, pasaba así al interior de los muchachos atenienses. El muchacho ateniense era animado a ser elocuente, a expresarse con hermosas palabras. El muchacho espartano, por otra parte, era encerrado en sí mismo por medio de todo tipo de masajes con aceite; ciertamente al masajear la piel con arena y aceite se le entrenaba para desarrollar todo en sí mismo independientemente de la naturaleza exterior. Se le obligaba así a llevar a su naturaleza interna todas las fuerzas que la naturaleza humana puede desarrollar y no exteriorizarlas. Así, no llegó a ser elocuente como el muchacho ateniense, pero de esta manera se consiguió que fuera reticente, que hablara muy poco, que permaneciera silencioso. Si decía algo tenía que ser significativo. Tenía que tener contenido. Los discursos espartanos, que se escuchaban raras veces, se distinguían por el peso de su contenido. Los discursos atenienses se distinguían por la belleza de su lenguaje. Todo esto se hallaba relacionado con la adaptación del hombre a su entorno por medio del sistema de educación correspondiente.

Ustedes también pueden ver en otros lugares esta relación mantenida entre el hombre y su entorno. Los hombres de las regiones del sur, sobre los que actúan los efectos exteriores del sol, son más prolíficos en gestos; también son más habladores. Se desarrolla en ellos un lenguaje que tiene melodía porque en su desarrollo del calor interior están conectados con el calor exterior. Los hombres de las regiones del norte, por otro lado, se desarrollan de tal modo que no son habladores, porque tienen que retener en ellos su calor corporal como impulso. Consideren a los hombres del norte. Son conocidos por su silencio. Pueden sentarse juntos durante toda la noche sin sentirse obligados a pronunciar muchas palabras. Un hombre puede hacer una pregunta. El otro tal vez le responda con un “no” o “sí” después de dos horas, o tal vez la noche siguiente. Esto se haya relacionado con el hecho de que estos hombres del norte están obligados a tener en su interior un impulso más fuerte para la creación de calor interior, porque en ellos no penetra calor desde el exterior.

Aquí tenemos algo que podríamos llamar la adaptación del hombre a las condiciones naturales exteriores. Observen pues cómo todo esto se encuentra activo en la educación y en la vida anímico-espiritual general. Ahora bien, igual que los seres ahrimánicos poseen una influencia esencial sobre lo basado en la herencia, del mismo modo los seres luciféricos tienen una influencia esencial sobre la adaptación. Aquí pueden llegar al hombre cuando está desarrollando su relación con el mundo exterior. Enredan el yo humano en el mundo exterior; y al hacerlo a menudo confunden a este en el ámbito del karma.

Así mientras los seres ahrimánicos pueden poner al hombre en un estado de confusión en lo referente a su yo y sus impulsos físicos, los seres luciféricos le confunden en lo que respecta a su karma; pues aquello que proviene del mundo exterior no siempre se basa en el karma, sino que ha de ser tejido primero en el karma del hombre por medio de muchos hilos y conexiones de forma que su karma pueda residir en el futuro.

De esta forma las influencias Luciféricas y Ahrimánicas están íntimamente conectadas con la vida humana y han de ser reguladas. Deben ser reguladas a lo largo de la evolución del hombre. Por esa razón se hizo necesario que estos Maestros Primigenios de la Humanidad abandonasen la Tierra —en la que no podrían haber emprendido esta regulación porque no se puede emprender durante la vida terrena del hombre, y el hombre, cuando sale de su vida terrenal ya no está en la Tierra— por tanto estos antiguos Maestros de la humanidad tuvieron que retirarse de la Tierra, y proseguir su existencia en la Luna. Aquí estoy obligado a revestir con el discurso humano algo para lo que uno realmente requiere otras palabras-imagen. Después de que estos antiguos Maestros de la humanidad (Protomaestros) se hubieran retirado a la Luna tuvieron que buscar, durante su existencia lunar, un acuerdo con los poderes Ahrimánicos y Luciféricos. Ahora la aparición de los poderes Ahrimánicos sería especialmente perjudicial para el hombre en su existencia tras la muerte si, durante esa existencia, pudieran ejercer su influencia sobre él; pues si el hombre atraviesa el portal de la muerte llevando las secuelas de algo malvado en su alma, entonces, como ya les he explicado se encuentra completamente en un entorno Ahrimánico, ciertamente, incluso tiene una apariencia ahrimánica. Él mismo tiene un aspecto ahrimánico y sólo percibe a aquellos seres humanos que también poseen una fisonomía ahrimánica. Eso debe seguir siendo una experiencia puramente psíquica en su alma. Si Ahriman pudiera intervenir ahora, si pudiera ahora influir sobre el cuerpo astral, esto se convertiría en una fuerza que Ahriman enviaría al hombre y que no podría equilibrarse kármicamente, sino que pondría al hombre y a la Tierra en una relación muy cercana. Esto es lo que los poderes Ahrimánicos se afanan por lograr. Ellos desean, tras la muerte, mientras el hombre en su forma espiritual aún se parece a su forma terrenal, desean introducirse en aquellos seres humanos en los que les es posible introducirse, gracias a los impulsos malignos que portan al atravesar el portal de la muerte. Ellos desean impregnar gradualmente esta forma espiritual en tantos seres como sea posible con sus propias fuerzas, atraerlos hacia abajo a la existencia terrenal y establecer una humanidad Ahrimánica terrenal.

Por tanto los antiguos y sabios Maestros de la humanidad que ahora habitan la luna hicieron un pacto con los poderes Ahrimánicos, que tuvo que ser firmado por esos poderes por razones que explicaré más tarde, según las cuales permitían que los poderes Ahrimánicos influyeran en el más pleno sentido de la palabra sobre la vida del hombre antes de descender a la vida terrenal.

Así, cuando el hombre, en su descenso a la vida terrenal, atraviesa de nuevo la esfera lunar, entonces, según el acuerdo hecho entre los sabios y antiguos Maestros de la humanidad y los poderes Ahrimánicos, estos tienen una influencia definida sobre él. Esta influencia se manifiesta en el hecho de la herencia. Como contrapartida, ya que gracias a los esfuerzos de los antiguos sabios Maestros de la humanidad, esta esfera de la herencia había sido asignada a los seres Ahrimánicos, estos renunciaban a tomar parte en lo que vive en la evolución del hombre tras la muerte.

De manera inversa se concluyó un acuerdo con los seres Luciféricos mediante el cual estos seres sólo tendrían una influencia sobre el hombre después de que hubiera atravesado el portal de la muerte, y no antes de que descendiera a la existencia terrenal.

De ese modo, a través de los antiguos sabios Maestros de la humanidad, surgió una regulación de las influencias de los seres Ahrimánicos y Luciféricos ejercidas fuera de la Tierra. Ya hemos visto y sólo necesitamos considerar el asunto cuando se hace inmediatamente claro que el hombre es puesto bajo la influencia de la naturaleza gracias a que los seres ahrimánicos son capaces de actuar sobre él. Antes de su descenso a la Tierra el hombre se haya expuesto a las influencias de la herencia. A través de las influencias de los seres Luciféricos está expuesto a aquellos impulsos que subyacen en su entorno físico, en el clima y demás, también en los impulsos que subyacen en su entorno psíquico, espiritual y social a través de la educación, etc. El hombre entra así en relación con su entorno natural, y en este entorno pueden actuar tanto las influencias Ahrimánicas como las Luciféricas.

Ahora me gustaría hablar de otro aspecto relativo a la existencia de estos seres Luciféricos y Ahrimánicos en este ambiente natural. Ya he tocado estas cosas al discutir el enigma de Michael, pero ahora trataré de aclararlo más.

Imagínense el cambio que tiene lugar en nuestro entorno natural en el fenómeno de una niebla creciente. Las exhalaciones acuosas de la Tierra ascienden. Vivimos dentro de la atmósfera, que se satura con este ascenso de los vapores acuosos terrenales. Alguien que ha desarrollado la visión espiritual descubre que en este fenómeno natural puede vivir algo que transporta el elemento terrenal hacia arriba en una dirección centrífuga.

niebla

No sin razón los hombres que viven en zonas con niebla suelen ser melancólicos, pues hay algo en experimentar la niebla que aplasta nuestra voluntad. Experimentamos un aplastamiento de nuestra voluntad con la niebla.

Ahora mediante ciertos ejercicios puede uno desarrollar su imaginación de forma que pueda aplastar su propia voluntad. Se puede hacer por medio de ejercicios que consisten en que el hombre se concentre interiormente en ciertos órganos del cuerpo, y produciendo una especie de sentimiento interior de los músculos (cuando una persona camina y siente sus músculos es diferente que contraer un músculo mediante la concentración cuando está en reposo). Cuando este ejercicio se practica regularmente como los ejercicios descritos en “Cómo se Alcanza el Conocimiento de los Mundos Superiores” entonces sobrecarga su voluntad a través de su propia actividad. Entonces comienza a ver lo que está presente en la niebla, que puede volver a las personas taciturnas y melancólicas. Él entonces ve, espiritual y psíquicamente, que en la niebla, viven ciertos espíritus ahrimánicos. Debe decirse entonces con cognición espiritual: En la niebla surgen desde la Tierra hacia el espacio cósmico espíritus ahrimánicos que extienden así su existencia más allá de esta.

De nuevo, es distinto cuando, aquí en la región del Goetheanum donde el hermoso entorno ofrece tantas oportunidades, dirigimos nuestra mirada por la tarde y por la mañana al cielo, y vemos las nubes sobre las que se posa la luz del sol. Hace unos días pudieron ver por la tarde una especie de luz solar rojizo-dorada incorporada en las nubes, que producía las más hermosas formas de una manera maravillosa. En la noche de ese mismo día la luna brilló con especial intensidad. Pero pueden ver por doquier las nubes con esta iluminación desplegando sobre ellas un hermoso juego de colores. Esto puede verse en cualquier lugar; estoy hablando simplemente de algo que puede ser especialmente hermoso aquí.

En esa radiante luz que se despliega en la atmósfera sobre las nubes, viven los espíritus luciféricos, igual que los espíritus Ahrimánicos viven en la niebla. En realidad, para alguien que puede ver los eventos de la naturaleza de la manera correcta, conscientemente, con imaginación, permitiendo que sus pensamientos ordinarios salgan y acompañen a las formas y los colores de las cambiantes nubes, dando juego a sus pensamientos en vez de fijarlas en contornos afilados, y que es capaz de cambiarlos o transformarlos cuando los pensamientos mismos se expanden o contraen al salir con estos cúmulos y acompañarlos en su forma y color, entonces él realmente comienza a contemplar el juego del color en las nubes, especialmente por la tarde o por la mañana, como un océano de color en el que se mueven las formas Luciféricas. Y mientras que, a través de la niebla surgen sentimientos melancólicos en el hombre, es ahora cuando sus pensamientos y al mismo tiempo hasta cierto grado sus sentimientos aprenden a respirar como en una libertad sobrehumana al ver este fluyente océano luciférico de luz. Esa es una relación especial con su entorno que el hombre puede cultivar, pues él puede entonces realmente elevarse hasta el sentimiento de que su pensamiento es como una respiración de luz. El hombre siente entonces su pensamiento, lo siente como una respiración de luz.

luz del amanecer

Si emprenden voluntariamente estos ejercicios, entonces comprenderán mejor esa parte de mis Dramas Misterio donde hablo de los Seres que respiran luz. El hombre puede incluso ahora obtener una premonición de lo que son esos Seres que respiran luz, si emprende los ejercicios que acabo de describir.

Entonces descubrimos cómo los seres Luciféricos y Ahrimánicos están incorporados en los fenómenos de la naturaleza exterior. Cuando estudiamos los fenómenos de la herencia y la adaptación al entorno en el ser humano nos damos cuenta de que en estos el hombre lleva su alma y su espíritu a la naturaleza. Si observamos los fenómenos de la naturaleza como la niebla y las nubes bañadas en luz vemos cómo los seres Ahrimánicos y Luciféricos se unen a la naturaleza. Pero el acercamiento del alma y del espíritu humano a la naturaleza a través de la herencia y la adaptación al entorno es también, como he mostrado hoy, sólo un acercamiento a lo Luciférico y Ahrimánico.

Así, cuando contemplamos la naturaleza del hombre encontramos en ella las influencias Luciféricas y Ahrimánicas; y en esos fenómenos de la naturaleza que tienen lugar dentro de ella y de los que el físico no se preocupa, encontramos de nuevo los elementos luciféricos y ahrimánicos. Ese es el punto de partida desde el cual podemos observar una actividad de la naturaleza sobre el hombre que se extiende más allá de la existencia terrenal.

Fijemos esto firmemente hoy en nuestras mentes. Encontramos a Ahriman y a Lucifer en la herencia y en la adaptación al entorno. Encontramos a Ahriman y a Lucifer en la niebla y en la luz que se vierte sobre las nubes y es retenida por ellas; y encontramos en el hombre el esfuerzo por crear un ritmo y un equilibrio entre la herencia y la adaptación al entorno. Pero también encontramos fuera en la naturaleza el esfuerzo de crear el ritmo entre los dos poderes cuya existencia en la naturaleza he mostrado, el Luciférico y el Ahrimánico.

Si siguen el proceso completo fuera en la naturaleza, tienen un hermoso drama. Observen la niebla y vean cómo en ella los espíritus ahrimánicos se afanan por salir al espacio cósmico. En el momento en que la niebla forma nubes, estos seres han de cejar en su empeño y regresar de nuevo a la Tierra. En las nubes el presuntuoso esfuerzo de Ahriman encuentra sus límites. En las nubes la niebla cesa, y con ella la morada de Ahriman; en las nubes comienza la posibilidad de que la luz repose sobre ella, Lucifer reposa sobre las nubes.

Capten el significado completo de esto. Imaginen la niebla creciente con formas ahrimánicas amarillo-grisáceas transformándose en nubes; mientras en aquello que se forma en la luz que fluye sobre las nubes las formas luciféricas se afanan por descender, y tendrán la imagen de lo Ahrimánico y lo Luciférico en la naturaleza.

Entonces comprenderán los tiempos en que había un sentimiento por lo que reside al otro lado del Umbral, por aquello que teje y vive en las brillantes nubes, por aquello que teje y vive en la niebla que asciende; de forma que en aquellos días los pintores, por ejemplo, estaban en una posición bastante diferente de la que asumieron después. Entonces el color, que para ellos era de naturaleza espiritual, asumió su lugar correcto en el lienzo. El poeta, consciente entonces de que lo Divino, el Espíritu, hablaba en él, podía decir: “Canta, Musa, la cólera de Aquiles”, o “Cántame, Musa, la historia del hombre que recorre muchos senderos”. Así comienzan los poemas de Homero. Klopstock, que vivió en una época en que el sentido por lo divino-espiritual ya no estaba vivo, escribe en su lugar: “Canta, Alma Inmortal, acerca de la redención de los hombres pecadores”. A menudo he hablado de esto. Igual que los poetas de tiempos antiguos podían hablar así, del mismo modo los antiguos pintores, incluso en la época de Rafael o de Leonardo, podían decirlo, porque ellos también lo sentían a su modo: “Pinta para mí, oh Musa. Pinta para mí, oh Divino Poder. Dirige mis manos, lleva mi alma a mis manos, para que Tú puedas guiar el pincel en ellas”.

Realmente se trata de comprender esta unión del hombre con lo espiritual en todas las situaciones de la vida, y la mayoría de ellas en las más importantes.

Así que tengamos esto claro, que por un lado, en la herencia y en la adaptación al entorno, llevamos al ser humano hacia Lucifer y Ahriman; mientras que, por otra parte, en una verdadera comprensión de la naturaleza, llevamos los elementos luciférico y ahrimánico hacia la naturaleza exterior. Desde este punto de vista continuaremos nuestras observaciones en la próxima conferencia.

Traducido por Gracia Muñoz. Junio de 2017

 

GA236c6. – La Festividad de Pentecostés – Su lugar en el estudio del Karma

Dornach, 4 de Junio de 1924

English version

[Desde febrero hasta septiembre de 1924, con intervalos de visitas a otras ciudades y países, Rudolf Steiner estuvo dando en Dornach la gran serie de 49 conferencias sobre Karma, producida posteriormente en cuatro volúmenes ahora disponible en traducción al inglés. La presente conferencia se dio muy poco antes del Festival de Pentecostés y se ocupa de su significado específico para el problema del destino humano con el que tratan las conferencias de las relaciones Kármicas.

El Dr. Steiner, que se presentó como antropósofo, comienza de inmediato con el hecho fundamental de los tres «cuerpos» que actúan en el organismo humano. Una exposición completa de esto se encuentra en el libro Teosofía, capítulo I.]

Cuando consideramos cómo funciona el Karma, siempre debemos tener en cuenta que el yo humano, que es el ser esencial, el ser íntimo del hombre, tiene tres instrumentos a través de los cuales puede vivir y expresarse en el mundo. Estos son el cuerpo físico, el cuerpo etérico y el cuerpo astral. El hombre lleva realmente los cuerpos físico, etérico y astral con él a través del mundo, pero él mismo no está en ninguno de estos cuerpos. En el sentido más verdadero, es el Yo; Y es el Yo el que sufre y crea el Karma.

Ahora bien, la cuestión es comprender la relación entre el hombre como yoidad y estas tres formas instrumentales —si me permiten llamarlas así— los cuerpos físico, etérico y astral. Esto nos dará la base para una comprensión de la esencia del Karma. Y obtendremos un punto de vista fructífero para el estudio del cuerpo físico, el etérico y el astral en el hombre en relación con el Karma, si consideramos lo siguiente.

Lo físico tal como lo vemos en el reino mineral, el etérico como lo encontramos trabajando en el reino vegetal, y el astral como lo encontramos trabajando en el reino animal —todo lo que se encuentra en el ambiente del hombre aquí en la Tierra. En el Cosmos que rodea a la Tierra tenemos ese Universo en el cual, si puedo describirlo, la Tierra se extiende por todos lados. El hombre puede sentir una cierta relación entre lo que ocurre en la Tierra y lo que ocurre en el ambiente cósmico. Pero cuando llegamos a la Ciencia Espiritual debemos preguntarnos: ¿Esta relación es realmente tan común como la concepción científica actual del mundo imagina?. Esta moderna concepción científica del mundo examina las cualidades físicas de todo lo que existe en la Tierra, vivo o sin vida. También investiga las estrellas, el sol, la luna, etc.; Y descubre —en realidad está particularmente orgulloso del descubrimiento— que estos cuerpos celestes son fundamentalmente de la misma naturaleza que la Tierra.

Tal concepción sólo puede resultar de una forma de conocimiento que en ningún momento llega a una comprensión real del hombre mismo —un conocimiento que toma sólo lo que es externo al hombre. Sin embargo, en el momento en que tomamos al hombre en el Universo, podemos descubrir las relaciones entre los diversos miembros instrumentales de la naturaleza del hombre, el cuerpo físico, el cuerpo etérico y el cuerpo astral y las entidades correspondientes, las realidades correspondientes del Ser, en el Cosmos.

Con respecto al cuerpo etérico del hombre, encontramos extendido en el Cosmos el Éter universal. El cuerpo etérico del hombre tiene una forma humana definida, formas definidas de movimiento dentro de ella, y así sucesivamente. Esto, en realidad, es diferente en el éter cósmico. Sin embargo, el éter cósmico es fundamentalmente de naturaleza similar a la que encontramos en el cuerpo etérico humano. De la misma manera podemos hablar de una semejanza entre lo que se encuentra en el cuerpo astral humano y un cierto principio astral que funciona a través de todas las cosas y todos los seres en el distante Universo.

Aquí llegamos a algo de extraordinaria importancia, algo que en su verdadera naturaleza es ajeno al ser humano de hoy. Empecemos por aquí. (Se hace un dibujo en la pizarra). Tenemos, primero, la Tierra; Y en la Tierra tenemos al Hombre, con su cuerpo etérico. Entonces en el mismo ambiente de la Tierra tenemos el Éter cósmico, —el éter cósmico que es de la misma naturaleza que el cuerpo etérico en el hombre—. En el hombre también tenemos el cuerpo astral. En el ambiente cósmico también hay Astralidad. ¿Dónde encontraremos esta Astralidad cósmica? ¿Dónde está? De hecho, hay que encontrarla, pero primero debemos descubrir lo que en el Cosmos delata la presencia de Astralidad cósmica; Qué es lo que lo revela. En algún lugar u otro está la Astralidad. ¿Es esta Astralidad en el Cosmos bastante invisible e imperceptible, o es, después de todo, de algún modo perceptible para nosotros?

En sí mismo, por supuesto, el éter también es imperceptible para nuestros sentidos físicos. Si puedo decirlo así, cuando estás viendo un pequeño fragmento de Éter, no ves nada con tus sentidos físicos, simplemente lo ves a través de él. El Éter es como una nada vacía para nosotros. Pero cuando consideramos el ambiente etérico como una totalidad, ustedes contemplan el cielo azul, del que también decimos que no está realmente ahí sino que están mirando el espacio vacío. Ahora la razón por la que ven el azul del cielo es porque realmente están percibiendo el fin del Éter. Así ven el Éter como el azul de los cielos. La percepción del cielo azul es real y verdaderamente una percepción del Éter. Por lo tanto, podemos decir: Al percibir el azul del cielo estamos percibiendo el Éter universal que nos rodea.

En el primer contacto, vemos a través del Éter. Nos permite hacerlo; Y sin embargo, se hace perceptible en los cielos azules. De ahí que la existencia de la percepción humana del azul del cielo se exprese en que decimos: El éter mismo, aunque imperceptible, se eleva al nivel de perceptibilidad por la gran majestad con la que se encuentra allí en el Universo, revelando su presencia, haciéndose conocer en el azul de la vasta extensión.

La ciencia física teoriza de manera materialista sobre el azul del cielo; y para la ciencia física es muy difícil llegar a una conclusión inteligente sobre este punto, por la sencilla razón de que está obligado a admitir que donde vemos el azul del cielo no hay nada físico. Sin embargo, los hombres hacen girar las teorías más elaboradas para explicar cómo los rayos de luz se reflejan y refractan de una manera peculiar para obtener a este azul del cielo. La realidad, es que es aquí donde el mundo suprasensible comienza a dominar. En el Cosmos, de hecho, lo Suprasensible se nos hace visible. Sólo tenemos que descubrir dónde y cómo se hace visible. El Éter se nos hace perceptible a través del azul del cielo.

Pero ahora, en algún lugar también está presente el elemento astral del Cosmos. En el cielo azul, el éter atraviesa, por así decirlo, los reinos de los sentidos. ¿Dónde entonces la Astralidad en el Cosmos atraviesa los reinos de la perceptibilidad? La respuesta, queridos amigos, es ésta. Cada estrella que vemos brillando en los cielos es en realidad una puerta de entrada para lo Astral. Dondequiera que las estrellas están parpadeando y brillando hacia nosotros, brilla y brilla el Astral. Miren los cielos estrellados en su variedad múltiple; En una parte las estrellas se juntan en montones y racimos, y en otra se dispersan a lo lejos. En toda esta maravillosa configuración de luz radiante, el cuerpo astral invisible y suprasensible del Cosmos se hace visible para nosotros.

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Por esta razón no debemos considerar el mundo de las estrellas de forma no espiritual. Mirar hacia el mundo de las estrellas y hablar de mundos de gases ardientes es como si —perdonen el aparente absurdo de la comparación, pero es precisamente cierto— es como si alguien que te ama te acaricia suavemente, sosteniendo los dedos un poco separados, y entonces dices que sientes como pequeñas cintas atraídas por tu mejilla. No es más falso que se pongan pequeñas cintas en la mejilla cuando alguien te acaricia, que ahí arriba existen en el cielo aquellas entidades materiales de las que la física moderna cuenta. Es el cuerpo astral del Universo el que perpetuamente ejerce su influencia —como los dedos suavemente acariciadores— en el organismo etérico del Cosmos. El Cosmos etérico está organizado para una duración muy larga; es por esta razón que una estrella tiene su cualidad de fija, representando una perpetua influencia en el éter cósmico por el Universo astral. Dura mucho más que el acariciamiento de la mejilla. Pero en el Cosmos las cosas duran más, porque allí estamos tratando con medidas gigantescas. Así, en los cielos estrellados que percibimos, en realidad contemplamos una expresión de la vida del alma del mundo astral cósmico.

De esta manera, una vida inmensa, insondable, y sin embargo, al mismo tiempo, una vida del alma, una vida real y actual del alma, se introduce en el Cosmos. Piensen que nos parece el Cosmos cuando miramos hacia los lejanos espacios y no vemos nada más que cuerpos gaseosos quemándose. Piensen cómo se vive todo cuando sabemos que las estrellas son una expresión del amor con el que el Cosmos astral trabaja sobre el Cosmos etérico, pues esto es expresarlo con la verdad perfecta. Piensen entonces en aquellos procesos misteriosos cuando ciertas estrellas se iluminan repentinamente en ciertos momentos, —procesos que sólo se nos han explicado por medio de hipótesis físicas que no conducen a una comprensión real. Estrellas que no estaban allí antes, se encienden por un tiempo, y desaparecen de nuevo. Así, en el Cosmos también hay un “acariciamiento” de duración más corta. Porque en realidad es cierto que en épocas en que los Seres divinos desean trabajar de una manera especial desde el mundo astral al etérico, vemos nuevas estrellas que se iluminan y se desvanecen otra vez.

Nosotros mismos en nuestro propio cuerpo astral tenemos sentimientos de deleite y bienestar de las más variadas formas. De la misma manera en el Cosmos, a través del cuerpo astral cósmico, tenemos la variada configuración de los cielos estrellados. No es de extrañar que la antigua ciencia instintiva clarividente, describa este tercer miembro de nuestro organismo humano como el cuerpo “astral” o “estrellado”, viendo que es de naturaleza semejante a lo que se nos revela en las estrellas.

Sólo al Yo no lo encontramos revelado en el ambiente cósmico. ¿Por qué es esto? Encontraremos la razón si consideramos cómo este Yo humano se manifiesta aquí en la Tierra, en un mundo que es en realidad triple: físico, etérico y astral. El Yo del hombre, tal como aparece dentro del Universo, es una y otra vez una repetición de vidas anteriores en la Tierra; Y una y otra vez se encuentra en la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Pero cuando observamos el Yo en su vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, percibimos que el cuerpo Etérico que tenemos aquí en el ambiente cósmico de la Tierra no tiene significado para el Yo humano. El cuerpo etérico se deja a un lado poco después de la muerte. Sólo el mundo astral, que brilla hacia nosotros a través de las estrellas tiene significado para el Yo en la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Y en ese mundo que resplandece hacia nosotros a través de las estrellas, en ese mundo viven los Seres de las Jerarquías Superiores con quienes el hombre forma su Karma entre la muerte y un nuevo nacimiento.

De hecho, cuando seguimos este Yo en sus sucesivas evoluciones a través de las vidas entre el nacimiento y la muerte y entre la muerte y un nuevo nacimiento, no podemos permanecer en el mundo del espacio en absoluto. Porque dos vidas terrenales sucesivas no pueden estar dentro del mismo espacio. No pueden estar dentro de ese Universo que es dependiente de la coexistencia espacial. Aquí, pues, salimos del Espacio y entramos en el Tiempo. Esto es realmente así. Salimos del Espacio y entramos en el flujo puro del Tiempo cuando contemplamos el Yo en sus sucesivas vidas en la Tierra.

Ahora consideren esto, mis queridos amigos. En el espacio, el tiempo todavía está presente, por supuesto, pero dentro de este mundo del espacio no tenemos medios de experimentar el tiempo en sí mismo. Siempre tenemos que experimentar el Tiempo a través del Espacio y de los procesos espaciales. Por ejemplo, si desean experimentar el Tiempo, miran el reloj, o, si lo desean, el curso del sol. ¿Que ven? Ustedes ven las diferentes posiciones de las manecillas del reloj o del sol. Ustedes ven algo que es espacial. A través del hecho de que las posiciones de las manillas o del sol cambian, a través del hecho de que las cosas espaciales se les presentan como cambiantes, se obtiene alguna idea del Tiempo. Pero del Tiempo mismo no hay realmente nada en esta percepción espacial. Sólo hay variadas configuraciones espaciales, diferentes posiciones de las manecillas del reloj, posiciones variadas del sol. Sólo se experimenta el Tiempo como tal cuando entran en la esfera de la experiencia anímica. Allí se experimenta realmente el Tiempo, pero allí también sale del Espacio. Allí, el Tiempo es una realidad, pero dentro del mundo terrenal del Espacio, el Tiempo no es una realidad. Entonces, ¿qué nos sucedería si salimos del espacio en que vivimos entre el nacimiento y la muerte y entramos en la falta de espacio en que vivimos entre la muerte y un nuevo nacimiento? ¿Qué debemos hacer? La respuesta es la siguiente: ¡Debemos morir!.

Debemos tomar estas palabras en su significado exacto y profundo. En la Tierra experimentamos el Tiempo sólo a través del Espacio —a través de puntos en el Espacio, a través de las posiciones de las cosas espaciales—. En la Tierra no experimentamos el Tiempo en su realidad en absoluto. Una vez que comprendan esto, dirán: “Realmente para entrar en el Tiempo debemos salir del Espacio, debemos guardar todas las cosas espaciales”. También se puede expresar en otras palabras, porque en realidad no es otra cosa que morir. Significa, de hecho y de verdad: morir.

Volvamos ahora nuestra mirada a este mundo cósmico que rodea a la Tierra —este mundo cósmico al que somos afines tanto a través de nuestro cuerpo etérico como a través de nuestro cuerpo astral— y veamos lo espiritual en este mundo cósmico. De hecho, ha habido naciones y sociedades humanas que sólo han tenido en cuenta lo espiritual que se encuentra dentro de nuestro mundo terrenal del Espacio. Tales pueblos eran incapaces de tener pensamientos sobre vidas repetidas en la Tierra. Los pensamientos acerca de vidas repetidas en la Tierra los poseían solamente aquellos seres y grupos humanos que fueron capaces de concebir el Tiempo en su pura esencia, el Tiempo en su carácter espacial. Pero si consideramos este mundo terrenal junto con su ambiente cósmico, o, brevemente, todo lo que hablamos del Cosmos, del Universo; y contemplamos su manifestación espiritual, entonces estamos percibiendo algo de lo que se puede decir que tenía que estar presente para que pudiéramos entrar en nuestra existencia como seres humanos terrenales; tenía que estar allí.

Las profundidades insondables están realmente contenidas en esta simple concepción, que acabo de referir, todo tenía que existir para que nosotros como seres humanos terrenales pudiéramos entrar en esta vida terrenal. Profundidades infinitas se revelan cuando realmente comprendemos el aspecto espiritual de todo lo que se nos presenta. Si concebimos este mundo Espiritual en su integridad como un todo autocontenido, si lo consideramos en su propia pureza y esencia, entonces tenemos una concepción de lo que fue llamado “Dios” por aquellos pueblos que limitaban su visión solo al mundo del espacio.

Estos pueblos —en todo caso en sus enseñanzas de Sabiduría— habían llegado a sentir: El Cosmos está tejido a través y por medio de un elemento Divino que está trabajando en él, y podemos distinguir de este elemento Divino en el Cosmos lo que está presente en la Tierra, en nuestro entorno inmediato, como mundo físico. También podemos distinguir lo que en este mundo cósmico, divino-espiritual se revela como el cuerpo Etérico, es decir, lo que nos mira desde el azul del cielo. Podemos distinguir el cuerpo Astral en este mundo divino, en lo que nos mira hacia abajo desde la configuración de los cielos estrellados.

Si entramos lo más posible en la situación tal como estamos aquí, dentro del Universo, como seres humanos en esta Tierra, nos diremos a nosotros mismos: “Nosotros, como seres humanos, tenemos un cuerpo físico: ¿dónde está entonces lo Físico en el universo?” Aquí estoy volviendo a algo que ya he señalado. La ciencia física de hoy espera encontrar todo lo que existe en la Tierra existe también en el Universo. Pero la organización física en sí no se encuentra en el Universo. El hombre tiene en primer lugar su organización física: además tiene la organización etérica y la astral. El Universo, por el contrario, comienza con el Cuerpo Etérico. Allí en el Cosmos lo Físico no se encuentra en ninguna parte. Lo Físico existe sólo en la Tierra, y no es más que fantasía e imaginación vacía hablar de algo físico en el lejano Universo. En el Universo esta el mundo Etérico y el mundo Astral. Hay también un tercer elemento dentro del Universo del que aún no hemos hablado, pues el Cosmos también es triple. Pero la triplicidad del Cosmos, aparte de la Tierra, es diferente de la trinidad del Cosmos en el que incluimos la Tierra.

Que estos sentimientos entren en nuestra conciencia terrenal, la percepción de lo Físico en nuestra inmediata morada terrena; el sentimiento de lo Etérico, que está tanto en la Tierra como en el Universo; la contemplación de lo Astral, que resplandece en la Tierra desde las estrellas, y más intensamente que todas las estrellas el resplandor del Sol. Entonces, cuando consideramos todas estas cosas y colocamos ante nuestras almas la majestad de esta concepción del mundo, podemos comprender bien cómo en la antigüedad, cuando con la clarividencia instintiva los hombres no pensaban tan abstractamente, sino que todavía podían sentir la Majestad de una gran concepción, fueron llevados a entender que: “Un pensamiento tan majestuoso como éste no puede concebirse perpetuamente en toda su plenitud. Debemos tomarlo en un momento especial, permitiéndole trabajar en el alma en su gloria plena e insondable. Entonces trabajará en las profundidades interiores de nuestro ser, sin ser mimado y corrompido por nuestra conciencia superficial”. Si consideramos por qué medios la antigua clarividencia instintiva dio expresión a tal sentimiento, de todo lo que se combinó entonces para dar certidumbre a este pensamiento de la antigüedad, nos queda hoy la institución del Festival de Navidad.

En la Noche de Navidad, el hombre, al estar aquí en la Tierra con sus cuerpos físico, etérico y astral, se siente relacionado con la Trinidad Cósmica que le aparece en su naturaleza Etérica, brillando majestuosamente, maravilla mágica de la noche en el azul de los cielos; Mientras que frente a él esta lo Astral del Universo, en las estrellas que brillan hacia la Tierra. Al saber de la santidad de este ambiente cósmico que está relacionado con lo que está en la misma Tierra, siente que él mismo con su propio Yo ha sido trasplantado del Cosmos a este mundo del Espacio. Y ahora puede contemplar el Misterio de la Navidad —el Niño recién nacido, el Representante de la Humanidad en la Tierra, que, en tanto que está entrando en la infancia, nace en este mundo del Espacio. En la plenitud y majestad de este pensamiento de Navidad, mientras se contempla el nacimiento del Niño en la Noche de Navidad, exclama: “Ex Deo Nascimur  —nací de lo Divino, de lo Divino que teje y surge a través del mundo del Espacio”.

Cuando un hombre ha sentido esto, cuando se ha impregnado completamente con ello, entonces también puede recordar lo que la Antroposofía nos ha revelado sobre el significado de la Tierra. El Niño al que estamos contemplando es la envoltura exterior de lo que ahora nace en el Espacio. ¿Pero de dónde nace, para que nazca en el mundo del espacio? De acuerdo con lo que hemos explicado hoy, sólo puede ser desde el Tiempo. De vez en cuando el Niño nace.

Si seguimos la vida de este Niño y su permeación por el Espíritu del Ser de Cristo, nos damos cuenta de que este Ser, este Ser-Cristo, viene del Sol. Entonces miraremos hacia el Sol y nos diremos: “Al mirar hacia el Sol, debo ver en el sol ese Tiempo, que está oculto en el mundo del Espacio. Dentro del Sol está el Tiempo, y fuera del Tiempo que teje y trabaja dentro del Sol, Cristo salió, salió al Espacio, a la Tierra”.

¿Qué tenemos entonces en Cristo en la Tierra? En Cristo en la Tierra tenemos eso, que viene de más allá del Espacio, desde fuera del Espacio, que se une con la Tierra. Quiero que sean conscientes de cómo nuestra concepción del Universo cambia, en comparación con la concepción ordinaria actual, cuando realmente entramos en todo lo que se ha expuesto ante nuestras almas esta tarde. Allí en el Universo tenemos el Sol, con todo lo que nos parece que esta inmediatamente conectado con él —todo lo que está contenido en el azul de los cielos, en el mundo de las estrellas. En otro punto del Universo tenemos a la Tierra con su humanidad. Cuando miramos hacia arriba desde la Tierra hasta el Sol, estamos mirando al mismo tiempo el flujo del Tiempo.

De esto sigue algo de gran importancia. El hombre sólo mira hacia el Sol de la manera correcta (aunque sea en su mente) cuando, al mirar hacia arriba, olvida el Espacio y considera solo el Tiempo. Porque, en realidad, el Sol no sólo irradia luz, irradia el Espacio mismo, y cuando miramos al Sol estamos mirando desde el Espacio hacia el mundo del Tiempo. El Sol es la única estrella que cuando la miramos, estamos mirando independientemente del Espacio. Y de ese mundo, fuera del Espacio, vino Cristo a los hombres. En el momento en que el cristianismo fue fundado por Cristo en la Tierra, el hombre había estado demasiado tiempo restringido al mero Ex Deo Nascimur, se había unido completamente a él, se había convertido en un puro y simple Ser Espacial. La razón por la que nos resulta tan difícil comprender las tradiciones de las épocas primitivas, cuando volvemos a ellas con la conciencia de la civilización actual, es que ellos siempre tenían en mente el Tiempo y no el mundo del Espacio. Consideraban el mundo del espacio sólo como un apéndice del mundo del Tiempo.

[Este es un pasaje fascinante, pero el traductor (o editor) mezcló las palabras ‘Espacio’ y ‘Tiempo’ al final de este párrafo, para hacer el pasaje completamente contradictorio! Las dos últimas oraciones del primer párrafo deben ser como sigue (las palabras en negrita se han cambiado):

La razón por la que es tan difícil para nosotros comprender las tradiciones de las épocas primitivas, cuando volvemos a ellas con la conciencia de la civilización actual, es que siempre tenían en mente el espacio y no el mundo del tiempo. Consideraban el mundo del Tiempo sólo como un apéndice del mundo del Espacio.

Aquí está el original alemán:

“Wir verstehen so schwer mit dem heutigen zivilisatorischen Bewußtsein die alten Überlieferungen, weil diese eigentlich überall mit dem Raum rechnen und nicht mit dem Zeitlichen, mit dem Zeitlichen nur wie mit einem Anhängsel des Räumlichen.”

Thanks to Lucas Dreier — e.Ed.]

Cristo vino para traer de nuevo el elemento del Tiempo a los hombres, y cuando el corazón humano, el alma humana y el espíritu humano se unen a Cristo, entonces el hombre recibe el flujo del Tiempo que fluye de Eternidad a Eternidad. ¿Qué más podemos hacer los seres humanos cuando morimos, es decir, cuando salimos del mundo del Espacio, que aferrarnos a Aquel que nos devuelve al Tiempo? En el Misterio del Gólgota el hombre se había convertido en un Ser del Espacio tan enorme que el Tiempo se le había perdido. Cristo devolvió el Tiempo a los hombres.

Si, por lo tanto, al salir del mundo del Espacio, los hombres no morirían tanto en sus almas como en sus cuerpos, debían morir en Cristo, Podríamos ser seres humanos del Espacio y decir: “Ex Deo Nascimur”, y podemos mirar al Niño que sale del Tiempo al Espacio para unir a Cristo con la humanidad. Pero desde el Misterio del Gólgota no podemos concebir la muerte, el límite de nuestra vida terrena, sin este pensamiento: “Debemos morir en Cristo”. De lo contrario, pagaremos nuestra pérdida de tiempo con la pérdida de Cristo mismo y, desterrados de Él, permaneceremos engañados. Debemos llenarnos del Misterio del Gólgota. Además del “Ex Deo Nascimur”, debemos encontrar el “En Christo Morimur”. Debemos hacer surgir el pensamiento de Pascua además del pensamiento navideño. Así, el “Ex Deo Nascimur” deja que el pensamiento navideño aparezca ante nuestras almas, y en el pensamiento de Pascua “en Christo Morimur”.

Ahora podemos decir: En la Tierra el hombre tiene sus tres cuerpos, el físico, el etérico y el astral. El Etérico y Astral también están ahí fuera en el Cosmos, pero el Físico sólo se encuentra en la Tierra. En el Cosmos no hay Físico. Así debemos decir: Sobre la Tierra —físico, etérico, astral. En el Cosmos —no físico, sino sólo el etérico y el astral.

Sin embargo, el Cosmos también es triple, porque lo que el Cosmos carece del nivel más bajo, lo añade más arriba. En el Cosmos el Etérico es el mundo más bajo: en la Tierra el Físico es lo más bajo. En la Tierra el mundo Astral es el más alto; En el Cosmos, lo más elevado es aquello que el hombre actualmente sólo tiene los comienzos, de los cuales su Yo Espiritual estará un día tejido. Por lo tanto, podemos decir: En el Cosmos esta, como, el elemento más elevado, el  Yo Espiritual.

Ahora vemos las estrellas como expresiones de algo real. Comparé su acción con una suave caricia. El Yo Espiritual  que está detrás de ellas es ciertamente el Ser que amorosamente acaricia, sólo que en este caso no es un solo Ser sino el mundo entero de las Jerarquías. Miro a un hombre y veo su forma; Miro sus ojos y los veo brillar hacia mí; oigo su voz; Es la expresión del ser humano. Del mismo modo que miro hacia los Espacios lejanos del mundo, miro a las estrellas. Son el enunciado de las Jerarquías, el enunciado vivo de las Jerarquías, encendiendo el sentimiento astral. Miro las profundidades azules del firmamento y veo en él la revelación exterior del cuerpo etérico que es el miembro más bajo del mundo de las Jerarquías.

Ahora podemos comprender aún más. Miramos hacia el Cosmos lejano que va más allá de la realidad terrenal, incluso cuando la Tierra con su sustancia física y sus fuerzas esta bajo la realidad cósmica. Al igual que en lo Físico, la Tierra tiene un elemento subcósmico, en el Yo Espiritual el Cosmos tiene un elemento supraterrenal.

La ciencia física habla del movimiento del Sol; y puede hacerlo, porque dentro del cuadro espacial del Cosmos que nos rodea, percibimos por ciertos fenómenos que el Sol está en movimiento. Pero eso es sólo una imagen del verdadero movimiento del Sol —una imagen lanzada al Espacio. Si estamos hablando del verdadero Sol es absurdo decir que el Sol se mueve en el Espacio; pues el espacio mismo está siendo irradiado por el sol. El Sol no sólo irradia la luz; El Sol crea el Espacio mismo. Y el movimiento del Sol es sólo un movimiento espacial dentro de este Espacio creado. Fuera del Espacio está el movimiento en el Tiempo. —lo que nos parece evidente, a saber, que el Sol se está acelerando hacia la constelación de Hércules— es sólo una imagen espacial de la evolución temporal del Ser-Solar.

A sus discípulos íntimos, Cristo dijo estas palabras: “He aquí la vida de la Tierra; está relacionada con la vida del Cosmos. Cuando miras la Tierra y el Cosmos que la circunda, es el Padre cuya vida penetra este Universo. [Ver Nota 1] El Dios Padre es el Dios del Espacio. Pero Yo os digo que he venido a vosotros desde el Sol, desde el Tiempo, el que recibe al hombre cuando muere. Yo mismo os he traído del Tiempo. [Véase la Nota 2] Si me reciben, reciben el Tiempo, y no quedarán atrapados en el Espacio. Así vosotros encontráis la transición de una trinidad —Física, Etérica y Astral— a la otra trinidad, que conduce desde el Etérico y Astral al Yo Espiritual. El Yo Espiritual no se encuentra en el mundo terrenal, así como lo Físico-Terrenal no se encuentra en el Cosmos. Pero yo os traigo el mensaje, porque yo soy del Sol.

El Sol tiene de hecho un triple aspecto. Si uno vive dentro del Sol y mira hacia abajo desde el Sol a la Tierra, uno contempla lo Físico, Etérico y Astral. También se puede contemplar lo que está dentro del Sol mismo. Entonces uno ve lo Físico siempre y cuando recuerde la Tierra y mire hacia abajo, hacia la Tierra. Pero si uno mira lejos de la Tierra, uno ve al otro lado el Yo Espiritual. Así, uno se balancea hacia atrás y hacia adelante entre el Físico y la naturaleza del Yo Espiritual. Sólo el cuerpo Etérico y Astral están permanentemente en el medio. Al mirar hacia el gran Universo, lo terrenal desaparece, y se tiene el mundo Etérico, el mundo Astral y el Yo Espiritual. Esto es lo que ustedes ven cuando entran en el Tiempo del Sol entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Imaginemos, en primer lugar, que el estado de ánimo interior del alma de un hombre es tal que se encierra enteramente dentro de esta existencia terrestre. Todavía puede sentir lo Divino, porque nació de lo Divino: “Ex Deo Nascimur”. Entonces imaginémoslo ya no encerrándose en el mero mundo del Espacio, sino recibiendo al Cristo que viene del mundo del Tiempo al mundo del Espacio, que trae el Tiempo mismo al espacio terrenal. Si un hombre consigue eso, entonces en la Muerte vencerá a la Muerte. “Ex Deo Nascimur. En Christo Morimur”. Pero Cristo mismo trae el mensaje de que cuando el Espacio es superado y uno ha aprendido a reconocer al Sol como el creador del Espacio, cuando uno se siente trasplantado por Cristo al Sol, al Sol viviente, lo Físico terrestre desaparece y sólo el mundo Etérico y el mundo Astral están allí. Ahora el mundo Etérico vuelve a la vida, no como el azul del cielo, sino como el resplandor rojo lila del Cosmos, y hacia adelante de la luz rojiza, las estrellas ya no brillan sobre nosotros, sino que nos acarician suavemente con su amorosa efluencia.

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Si un hombre entra realmente en todo esto, puede tener la experiencia de sí mismo, posicionado aquí en la Tierra, dejando a un lado lo Físico, pero con el Etérico fluyendo a través de él y fuera de él en la luz lila-rojiza. Ya no son las estrellas brillantes puntos de luz; Son radiaciones de amor como la mano acariciadora de un ser humano. Cuando sentimos todo esto —lo divino dentro de nosotros mismos, el divino fuego cósmico que arde desde nuestro interior como el mismo ser del hombre; Nosotros mismos dentro del mundo Etérico y experimentando la expresión viva del Espíritu en el resplandor cósmico astral, allí estalla dentro de nosotros el despertar interior del resplandor creativo del Espíritu, que es la alta vocación del hombre en el Universo.

Cuando aquellos a quienes Cristo reveló estas cosas dejaron que la revelación penetrara profundamente en su ser, llegó entonces el momento en que experimentaron la función de este poderoso concepto, en las ardientes lenguas de Pentecostés. Al principio sentían la caída, el descarte de lo Físico terrenal como la muerte. Pero entonces llegó el sentimiento; esto no es la muerte, sino que en lugar de lo físico de la Tierra, ahora amanece sobre nosotros la Espiritualidad del Universo. “Per Spiritum Sanctum Reviviscimus”.

Así podemos considerar la triple naturaleza de la mitad del año. Tenemos el pensamiento navideño—”Ex Deo Nascimur”; El pensamiento de Pascua—”En Christo Morimur”; y el pensamiento de Pentecostés—”Per Spiritum Sanctum Reviviscimus”.

Queda la otra mitad del año. Si lo comprendemos también, nos descubre el otro aspecto de nuestra vida humana. Si comprendemos la relación de lo físico con el alma humana y con lo suprafísico —que contiene la verdadera libertad de la que el hombre debe ser participe en la Tierra— entonces de la interconexión de las fiestas de Navidad, Pascua y Pentecostés entenderemos la libertad humana en la Tierra. A medida que comprendemos al hombre desde estos tres pensamientos, el pensamiento de Navidad, el pensamiento de Pascua y el pensamiento de Pentecostés, y dejamos que enciendan en nosotros el deseo de comprender las partes restantes del año, surge la otra mitad de la vida humana que les indiqué cuando les dije: “Contemplen el destino humano; las Jerarquías aparecen detrás de él: el trabajo y el tejer de las Jerarquías”. Es verdaderamente maravilloso contemplar el destino del ser humano, porque detrás de él está la totalidad de las Jerarquías.

De hecho, es el lenguaje de las estrellas lo que nos resuena desde los pensamientos de Navidad, Pascua y Pentecostés; desde el pensamiento de Navidad, en la medida en que la Tierra es una estrella dentro del Universo; desde el pensamiento de Pascua, puesto que la más radiante de las estrellas, el Sol, nos dona su gracia; y del pensamiento de Pentecostés en la medida en que lo que está escondido más allá de la luces de las estrellas en el alma, se ilumina de nuevo en las ardientes lenguas de Pentecostés.

¡Entren en todo esto, mis queridos amigos! Les he dicho que el Padre, portador del pensamiento navideño, envía al Hijo para que por él se cumpla el pensamiento pascual; Después pase a relatarles cómo el Hijo trae el mensaje del Espíritu, para que en el pensamiento de Pentecostés la vida del hombre en la Tierra pueda ser completada en su triple ser.  Mediten esto ponderándolo bien; entonces todas las bases descriptivas que les he dado para la comprensión del Karma, obtendrán un correcto fundamento de sentimiento interior.

Traten de dejar que los pensamientos de Navidad, Pascua y Pentecostés, de la manera en que los he expresado hoy, trabajen profundamente en su sentir y cuando nos encontremos de nuevo después del viaje que debo emprender este Pentecostés para el Curso de Agricultura—Cuando nos reunamos de nuevo, traigan este sentimiento con ustedes, mis queridos amigos. Porque este sentimiento debe vivir en nosotros como el cálido y ardiente pensamiento de Pentecostés. Entonces podremos ir más lejos en nuestro estudio del Karma; pues su poder de entendimiento será fertilizado con lo que contiene el pensamiento de Pentecostés.

Así como en la primera Fiesta de Pentecostés algo resplandeció de cada uno de los discípulos, el pensamiento de Pentecostés debe vivificarse con nuestro entendimiento antroposófico. Algo debe iluminarse y brillar de nuestras almas. Por lo tanto, es como un sentimiento de Pentecostés el prepararse para continuar con nuestros pensamientos sobre el Karma, que están relacionados con la otra mitad del año, que ya les he dado con lo que he dicho hoy sobre las conexiones internas de la Navidad, Pascua y Pentecostés.

Nota 1: Cp. Pablo: “ El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas,  ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.”. Hechos XVII, 24-28.

Nota 2: “Tiempo”, como aquí se usa, es lo que usualmente designamos como “Eternidad”, es decir, una experiencia de tiempo continua e ininterrumpida. Lo que solemos llamar “Tiempo” es nuestro concepto espacializado de Tiempo Real, eventos sucesionales separados, medidos por cambios espaciales.

Traducido por Gracia Muñoz en Junio de 2017