Cap.III. La interpretación del asterograma de la muerte.

Willi Sucher – Del libro Isis Sophia III

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En el capítulo anterior, hablamos más sobre el asterograma de la muerte desde el punto de vista técnico. Lo vimos como un panorama, la suma total de una vida humana en la Tierra. Este aspecto nos lleva de regreso al pasado, y algunas veces hemos llamado a las posiciones anteriores de Saturno, relativas a los lugares de los planetas en la muerte, como los tránsitos “anteriores” (zurükliegende) de Saturno. Sin embargo, también hay otro aspecto del asterograma de la muerte que conduce al futuro, a las diversas etapas de la vida después de la muerte, a través de las cuales el alma debe pasar. Para este propósito, llevaremos a cabo una interpretación cualitativa de las posiciones de los planetas en el momento de la muerte de Tycho Brahe.

Encontramos a Marte en la constelación de Leo. Para elaborar una interpretación de Leo, buscamos el diagrama llamado Etapas de Evolución en la tercera parte de Isis Sophia II. Ahí encontramos una indicación que nos lleva de vuelta al sexto gran ciclo del Antiguo Saturno. (Véase también la constelación en oposición de Acuario). Este fue el gran escenario en el primer comienzo, cuando los Espíritus de las Armonías, o Querubines, impulsaron las armonías (o “la Música de las Esferas”) en el Antiguo Saturno. Podemos Imaginar que un mundo estelar físicamente visible aún no existía, y en lugar de las estrellas fijas que vemos ahora, había una “galaxia” más profunda y armoniosa, un sonido de esencia divina. Éste era el mundo en donde los Espíritus de la Armonía estaban activos. Aquí tenemos, en una imaginación cósmica, la imagen del gran cosmólogo Tycho Brahe, quien de niño podía ver en la astronomía una manifestación de lo divino.

Además, nuestro diagrama indica una conexión de Leo con el segundo gran ciclo de la evolución del Antiguo Sol. Entonces los Espíritus del Movimiento estaban activos. Vivieron en el reflejo de esas “Armonías de las Esferas”, que se manifestaron mucho más tarde en los movimientos de los planetas de nuestro sistema solar. Este poder de movimiento y dirección en el Antiguo Sol todavía estaba en un estado de alma o formación astral que reflejaba la armonía de la gran galaxia más allá del universo del Antiguo Sol. En esta astralidad cósmica o fuerza del alma, vivieron y trabajaron los Espíritus del Movimiento. También lo irradiaron a la humanidad en el antiguo Sol. Sin embargo, la humanidad todavía no podía realizar la actividad del alma, y sólo permaneció en nuestros primeros ancestros un reflejo del funcionamiento de los Dynamis. Así, se estableció la primera base de nuestro sistema rítmico, que aún hoy refleja los ritmos cósmicos. Nuestra respiración y latidos cardíacos están relacionados con el ritmo del año platónico (ver Isis Sophia II, Tercera parte). Somos, con respecto a nuestra organización Leo, un cosmólogo perfecto, pero inconsciente.

Ahora con Marte en Leo, podemos ver aún más claramente la imagen del gran astrónomo. También podemos corroborar nuestro punto de vista anterior sobre Marte cuando lo conectamos con los años 1563/65. Fue entonces cuando Tycho Brahe finalmente decidió convertirse en astrónomo. Él obedeció a su propia vocación; el cosmos estaba vivo en su ser más íntimo.

Otra indicación concerniente a Leo se refiere al segundo gran ciclo de la Antigua Luna. (Isis Sophia II, Tercera parte). En el transcurso de esa etapa de la evolución, el planeta de la antigua Luna se condensó a tal grado que los rangos superiores de las jerarquías espirituales ya no pudieron habitar en él. Separaron una parte de las sustancias más refinadas y fundaron otro cuerpo celeste, una especie de antiguo Sol renacido, como su foco de actividad. Estos gigantescos sucesos cósmicos se reflejan en Libra, pero vemos al separado Sol yendo por un tiempo a su manera en Leo.

Aquí ahora miramos más profundamente en el destino de Tycho Brahe. No se convirtió en astrónomo por mero deseo de conocimiento. Un profundo propósito espiritual estaba trabajando en él. Anteriormente hemos indicado que se opuso a las opiniones de Copérnico sobre los movimientos de los planetas y la posición del Sol. ¿Por qué hizo esto?

Copérnico simplificó la concepción de nuestro sistema solar al considerar que el Sol se encuentra en el centro del universo planetario. Los puntos de vista más antiguos, que en parte eran extremadamente complicados, consideraban a la Tierra como el foco central. Nuestra época está tan acostumbrada al esquema copernicano que a veces encontramos los aspectos más antiguos, por ejemplo, los sistemas ptolemaicos, extraños y propios de la naturaleza primitiva de la humanidad en esos tiempos. Sin embargo, los sistemas antiguos se fundaban en ideas y estados de conciencia completamente distintos, que la mentalidad de nuestro tiempo, difícilmente puede comprender.

Originalmente, los antiguos esquemas del cosmos se basaban en la concepción de las esferas de los planetas. Estas esferas, indicadas por las órbitas de los cuerpos celestes, fueron concebidas como las más importantes. Se consideraba que los dioses, o jerarquías espirituales, vivían en ellos, y movían las esferas. Por lo tanto, los planetas, que se fijaron a las esferas, también se movieron, pero eran de importancia secundaria. Solo una época que se movía hacia interpretaciones mecánicas de todo lo que existe en el universo, podría descartar tan fácilmente esos puntos de vista antiguos. Por lo tanto, era posible que un hombre como Copérnico pudiera sentar las bases de una concepción del sistema solar que se pudiera explicar de manera similar al funcionamiento de una máquina. Tycho Brahe era muy consciente de esto. Él tenía una conexión profunda con los Misterios antiguos de encarnaciones previas en los cuales, las esferas planetarias eran experimentadas como las moradas de los dioses. Por lo tanto, debe de haberse horrorizado ante los puntos de vista de Copérnico, que tienden a convertir al universo en un puro mecanismo. Luchó mucho por poner en su lugar algo mejor,  pero no lo logró muy bien; su tiempo estaba en su contra.

Por lo tanto, él se encontraba entre la Edad de Oro de los Misterios, cuando la humanidad todavía vivía con los dioses, y un futuro que aún retiene el renacimiento de los Misterios en su seno. La dirección hacia este futuro, y la profunda conexión interna de Tycho Brahe con ella, la encontramos indicada en la asociación de Leo con el sexto gran ciclo de la evolución de la Tierra (Isis Sophia II, Tercera parte). La humanidad de esa sexta etapa de la Tierra serán los verdaderos cosmólogos. Entonces  comprenderán por completo la interacción entre las fuerzas astrales cósmicas y su propio ser y los seres de la naturaleza.

Estas implicaciones de Leo están indicadas por la posición de Marte en esa constelación. El alma experimenta en la esfera de Marte después de la muerte, el trasfondo espiritual del mundo físico-material, que había conocido previamente en la Tierra. (Véase Isis Sophia II, Tercera parte.) Así podemos imaginar que Marte en Leo señala el tipo de experiencias que Tycho Brahe tuvo después de la muerte en esa esfera cósmica. Él pudo ver la verdad espiritual completa sobre la interconexión física entre el cosmos y la Tierra. Se convirtió en un gran “astrólogo” en un sentido espiritual y pudo inspirar a quienes vivían en la Tierra. Podía leer la profecía de los futuros eventos terrestres y así ayudar a las almas a cumplir su destino.

Estos aspectos pueden ser ampliados por un estudio de las vidas de otras almas cuyo Marte también estaba en Leo en el momento de la muerte. De los muchos ejemplos que tenemos ante nosotros, tomamos el del famoso poeta de la Divina Comedia, Dante. Murió el 14 de septiembre de 1321 cuando Marte estaba en Leo. El tránsito anterior o previo de Saturno sobre esta posición, apunta al año 1301. Dante estaba involucrado en ese momento en agitaciones políticas en su ciudad natal de Florencia, en el curso de las cuales tuvo que ir al exilio. Nunca se le permitió regresar a Florencia, y deambuló de un lugar a otro durante los últimos veinte años de su vida. Externamente, se vio obligado a llevar una vida inestable, pero durante todos esos dolorosos años, el poeta de la insuperable Divina Comedia, nació espiritualmente. En 1300, el año anterior a la catástrofe, tuvo una profunda experiencia interna en la que había concebido ese gran poema, y Saturno estaba en Leo. Todos los que conocen la Divina Comedia estarán de acuerdo en que se basa en una gran concepción de la naturaleza espiritual del interior de la Tierra y del cosmos de las estrellas. Por lo tanto, Dante también era un cosmólogo que se inició en la interrelación entre el ser humano y las estrellas. Vemos en eso una confirmación de lo que dijimos sobre Marte en Leo.

Ahora pasamos a la posición de Júpiter en Virgo, en el momento de la muerte de Tycho Brahe. Una experiencia en la esfera de Júpiter después de la muerte, los arquetipos espirituales de todas las fuerzas de la vida. (Véase Isis Sophia II, Tercera parte.) Se da cuenta de los orígenes de la enorme sabiduría-de vida que fluye a través de todas las criaturas vivientes y une su existencia en la gran corriente de la evolución divina. Así podemos imaginar que Júpiter en Virgo señala la estancia de Tycho en esa esfera donde vio la verdad de los impulsos eternos que hay detrás de toda la vida y la evolución, el origen común y el objetivo final de todas las criaturas vivientes. También debe haber comprendido su propia posición en esta corriente gigantesca de vida y desarrollo cósmicos. En la existencia terrenal de la humanidad, esta participación individual en la corriente tan sabia y múltiple de la evolución cósmica que está oculta detrás de su actitud interna hacia la vida, generalmente expresada en los temperamentos humanos y en la concepción de su vida entera.

Júpiter estaba en la constelación de Virgo. Además de la evolución del Antiguo Saturno, encontramos esta constelación asociada con el primer gran ciclo del universo del Antiguo Sol. (Véase Isis Sophia II, Tercera parte). Esa primera etapa del cosmos solar vio la recapitulación del Antiguo Saturno. La base misma de toda sustancia física se recreó, pero ahora estaba parcialmente impregnada de vida. Algo similar sucedió durante el ciclo inicial de la Antigua Luna que también asociamos con Virgo. Más aún, en relación con la evolución de la Tierra, encontramos allí la indicación de la etapa final de la Tierra. Hasta entonces nos habremos desarrollado, con respecto a nuestro yo, que seremos capaces de darnos cuenta de nuestra unidad espiritual, nuestra conexión interna con el universo, y con todo lo que existirá en ese universo futuro como los descendientes de los reinos actuales de la naturaleza, de las estrellas, etc.

En este escenario, encontramos al Júpiter de Tycho Brahe. Indica que después de la muerte, debe haber obtenido una visión profunda del funcionamiento, orígenes y propósitos últimos de la vida. Debe haber sido transmitido a esta alma, la Sabiduría divina, que opera en toda vida y que es la expresión de la poderosa corriente de evolución cósmica, tal como fue contemplada por las jerarquías espirituales más elevadas. También debe haber alcanzado una visión exaltada del funcionamiento de estas fuerzas vitales en el simple objeto, en la química de la materia, en la alquimia del destino humano, etc.

No podría haber aspirado a tales realizaciones si no hubiera puesto los cimientos para ellos en la Tierra. Las posiciones de los planetas en el asterograma de la muerte implican dos aspectos, como hemos visto: uno se refiere al pasado terrenal, el otro al futuro, a la vida después de la muerte. El pasado está indicado por los tránsitos previos o anteriores de Saturno. En relación con este último, encontramos información interesante, como se describió anteriormente. En 1569, Saturno estaba en el lugar posterior de Júpiter, y Tycho Brahe estaba entonces en Augsburgo, dedicado a estudios astronómicos y alquimistas.

Nuestra era actual tiende a menospreciar los esfuerzos de la alquimia medieval como una especie de superstición debido a la ignorancia de esas personas. Esto es cierto con respecto a las prácticas de un gran número de charlatanes que intentaron, o pretendieron, hacer oro. El verdadero alquimista, sin embargo, no dedicó energías a la satisfacción de la codicia humana básica. Trató de encontrar los secretos ocultos del funcionamiento de la naturaleza, las manifestaciones del espíritu en las propiedades y las sustancias de la Tierra. Mediante una profunda actitud devocional, se preparó para vislumbrar el funcionamiento de los seres elementales en la materia -la sabiduría cósmica- y las fuerzas de la vida, etc. Éste era el oro que deseaba encontrar, el metal de oro sólo era la manifestación externa de la Luz Divina de Sabiduría. Sin saber que expresiones como oro, mercurio o azufre, etc., significaban fuerzas invisibles y creativas en la naturaleza, para el genuino alquimista, no podemos entender el extraño lenguaje de los libros medievales sobre Alquimia.

Debemos imaginar que Tycho Brahe hizo experimentos de este tipo. Por supuesto, no sabemos lo que logró, pero continuó con sus experimentos en la isla de Ven. Él preparó medicinas e hizo uso de ellas en ciertas ocasiones. Por muy imperfectos que hayan sido estos intentos, fueron el fundamento de sus experiencias después de la muerte en la esfera de Júpiter, cuando se encontró cara a cara con la verdad espiritual del funcionamiento del mundo jerárquico cósmico en lo físico en las alas de las fuerzas de vida.

Encontramos a Júpiter asociado con Virgo en los asterogramas de la muerte de las siguientes personalidades: Pico della Mirandola, fallecido el 17 de noviembre de 1474. Estaba profundamente preocupado por el deterioro de la astrología convertida en un medio de adivinación y, por lo tanto, se oponía a ella. Sin embargo, tenía una opinión muy alta sobre la verdadera cosmología y sabiduría de las estrellas y deploraba su profanación.

Cuando William Blake murió el 12 de agosto de 1827, Júpiter también estaba en Virgo. Los tránsitos previos o anteriores de Saturno sobre esta posición de Júpiter coincidieron con el comienzo de la gran obra de Blake, Jerusalén. Por difícil que sea emitir una opinión sobre las obras de Blake, podemos decir con seguridad que su Jerusalén es una concepción apocalíptica de la gran transformación alquímica de la Tierra en un futuro estado de existencia. Sin duda es una interpretación artística de la Revelación de Juan el Divino. Podríamos agregar muchos más ejemplos, pero estos dos pueden ser suficientes para desarrollar lo que dijimos sobre el Júpiter de Tycho Brahe en Virgo.

Saturno estaba en la constelación de Libra en el momento de la muerte de Tycho. De la descripción de Saturno en Isis Sophia II, Tercera Parte, nos damos cuenta de que es el gran conservador de la “entelequia”, el flujo de evolución no transitado a través de toda la existencia. El alma experimenta en esa esfera después de la muerte, los arquetipos espirituales de toda la existencia del alma, los motivos divinos de todas las emociones, impulsos, nociones, etc., que se encontraron en la Tierra sin saber de dónde venían. Podemos imaginarnos que Tycho Brahe conoció el trasfondo real de su composición psicológica. Por ejemplo, estaba en él el profundo deseo de servir a la sabiduría de las estrellas que moldeó toda su vida. ¿De dónde vino? Solo en la esfera de Saturno podemos obtener respuestas a tales preguntas. Allí, el conocimiento y la realización de encarnaciones pasadas proporciona las claves para la comprensión de las formaciones individuales del alma.

En la constelación de Libra encontramos la huella del último gran ciclo de la evolución del Antiguo Sol y la segunda etapa de la Antigua. Luna (Véase Isis Sophia II, tercera parte). Durante la séptima etapa del Antiguo Sol, los antepasados de la humanidad alcanzaron la perfección más elevada de la que entonces eran capaces. En una actitud similar a una planta, eran un espejo perfecto del universo del Sol y seguían infaliblemente sus direcciones. Esto nos da una idea del carácter de la individualidad de Tycho Brahe en encarnaciones anteriores. Estaba profundamente conectado con los antiguos misterios del Sol y se inició en vidas anteriores en los secretos de la naturaleza espiritual del Sol.

En la tercera parte de Isis Sophia II, hemos indicado brevemente el triple carácter del Sol, del presente que es, en cierto sentido, una réplica del Antiguo Sol. Esta individualidad se inició en vidas anteriores en secretos como éstos del triple Sol. Esta fue la razón por la que se convirtió en cosmólogo en su encarnación como Tycho Brahe. Era el arquetipo espiritual de su composición psicológica y puede explicar muchas de sus características y su destino.

Existe el otro aspecto de Libra, el segundo ciclo de la Antigua Luna. Ocurrió entonces la dramática salida del renacido Antiguo Sol con las jerarquías espirituales superiores. Por primera vez en la historia del universo, surgió una profunda brecha entre las fuerzas divinas superiores y las regiones inferiores de la existencia. Se hizo en aras del desarrollo de la independencia y de la libertad, pero también ofreció la posibilidad de que el mal, la muerte y la enfermedad se introdujesen en el universo.

Este aspecto de Libra apunta a otro aspecto del mundo del alma de Tycho Brahe. Anteriormente hemos mencionado su aversión por las visiones del mundo copernicano. En parte le influenció la herencia de los Antiguos Misterios del Sol, sin embargo, no fue capaz de retroceder en la rueda de la evolución. Después de su muerte, incluso su más estrecho colaborador del último año, Kepler, se pasó al copernicanismo y cada vez tenía más éxito. Por el bien del pensamiento y la libertad independientes, la humanidad tuvo que olvidar por un tiempo las antiguas concepciones espirituales del universo y experimentarlo solamente como un sistema material y mecánico. Ver a la humanidad moviéndose en esta dirección debe haber sido una experiencia trágica para Tycho Brahe.

Sin embargo, sobre la base del asterograma de la muerte, también podemos encontrar que esta experiencia de Saturno en Libra fue para esta alma el amanecer de una nueva luz. Mucho después de la muerte, debe haberse dado cuenta del gran cambio que había tenido lugar a través de la unión de Cristo con la Tierra. Percibió los nuevos Misterios del Sol que también había conocido en una encarnación anterior. (Tratamos de describir algunos de estos hechos en la tercera parte de Isis Sophia II.) Encontró y retomó el hilo de los Misterios que, para él, en su vida como Tycho Brahe, parecían haberse roto.

Saturno en Libra presagia, de hecho, las grandes decisiones en el curso de la evolución, también los grandes impulsos que hicieron posible el progreso de la humanidad en tiempos de crisis. Encontramos a Saturno en Libra en los asterogramas de la muerte de Copérnico y Kepler. Hemos mencionado ambos ya en relación con Tycho Brahe. El drama de la batalla a favor y en contra del sistema copernicano se hizo visible aquí. También en el asterograma de la muerte de Rudolf Steiner, Saturno estaba en Libra.

Ahora vamos a considerar brevemente la Luna y a los planetas interiores. En su caso, nos gustaría emplear las divisiones de la eclíptica en lugar de las constelaciones de las estrellas fijas del zodíaco. La astrología ortodoxa los llama signos, y desafortunadamente se les dan los mismos nombres y símbolos que a las constelaciones. (Las figuras 6a y 6b pueden ayudarnos a entender la diferencia. Los signos y las constelaciones se están separando lentamente. Esta creciente divergencia es causada por la precesión del punto vernal).

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Los planetas interiores están más conectados con el camino (aparente) del Sol o la eclíptica; por lo tanto, los consideramos desde el punto de vista de los signos. Además, la Luna tiene una afinidad más fuerte con la eclíptica. De la descripción de la Luna en la tercera parte de Isis Sophia II, concluimos que esta esfera cósmica es el gran almacén, por así decirlo, del cual todos los objetos físicos obtienen las sustancias que necesitan para su existencia corporal. Además, nuestro cuerpo se crea bajo la influencia de las fuerzas lunares, durante el tiempo de gestación. Después de la muerte se nos pide que abandonemos nuestra afinidad con el mundo corporal en la esfera de la Luna.

En el asterograma de la muerte de Tycho Brahe, encontramos a la Luna en la fase menguante y en el signo de Libra (♎). Los signos están más asociados con los ritmos estacionales y con el funcionamiento de las fuerzas formativas o de la vida en la naturaleza. En (♎) es el signo en el que se encuentra el Sol al comienzo del otoño, cuando en la naturaleza, la “caída” de la hoja comienza. Podemos ver en esta Luna de Tycho Brahe una indicación de su condición corporal hacia el final. Debe haber estado muy agotado, no solo desde el punto de vista fisiológico, sino también con respecto a su fondo interno de resistencia y naturaleza positiva hacia la vida. Bien podría ser que su vana lucha contra su tiempo hubiera sido extremadamente exigente, más aún porque su naturaleza no era en modo alguno plácida, sino más bien colérica.

Se puede decir, con cierta justificación, que sus últimos años ya fueron un proceso de purificación interna, que el ser humano normalmente experimenta sólo después de la muerte. La Luna menguante en el signo de Libra (♎) es una cierta amplificación de esto. Los lazos de Tycho Brahe con la existencia material ya no eran muy fuertes cuando murió; por lo tanto, su ascenso a las alturas espirituales fue probablemente bastante rápido y sin oposición.

El planeta Venus aparece aquí en la constelación de Leo (figura 7a), que corresponde al signo eclíptico de Virgo ♍ (véase la figura 6a y 6 b). Asociamos la esfera de este planeta en nuestras investigaciones con el “Mercurio de los Antiguos Misterios”. En la tercera parte de Isis Sophia II, hemos delineado nuestros puntos de vista sobre este asunto de “M-Mercurio”. También recogemos de esas descripciones que esta esfera está especialmente conectada con todo lo que podemos llamar “relaciones”.

Sin embargo, para llegar al punto de vista de la esfera de Venus (M-Mercurio), no es suficiente tener en cuenta únicamente la posición momentánea del planeta. Toda la órbita es una indicación de la “esfera”. Por lo tanto, debemos extender nuestras observaciones a los gestos del planeta en el transcurso del tiempo. Los gestos más reveladores de los planetas interiores son sus conjunciones con el Sol, cuando están más o menos en la misma posición que el Sol, tal como los percibimos desde la Tierra. Hay dos posibilidades: el planeta puede colocarse frente al sol, o detrás de él. A la primera posición se le llama “conjunción inferior”, a la segunda conjunción superior. Ambas se alternan en el tiempo. En la figura 7a y 7b (abajo), presentamos un diagrama de estos ritmos de Venus (M-Mercurio), primero sobre la base de la vista ptolemaica (con la Tierra en el centro) y en segundo lugar desde la visión copernicana. Hemos elegido los gestos sobre el momento de la muerte de Tycho Brahe.

Vemos en el diagrama que el “M-Mercurio” (o Venus) de Tycho Brahe tenía una conjunción inferior, antes de su muerte, con el Sol en el signo de la eclíptica Leo (♌). Visto desde la Tierra, parecía estar en un bucle causado por el movimiento retrógrado del planeta. Después de la muerte de Tycho Brahe, se movió a una conjunción superior en el signo de la eclíptica Tauro ♉. Estos gestos nos dan una idea de la condición de la esfera en ese momento. Podemos leer en él el carácter de la relación que este alma tuvo con su mundo circundante tanto durante la vida como también después de la muerte.

La posición en el signo de la eclíptica de Virgo (♍) nos da una indicación de la dirección que debemos buscar. Es un signo que está muy relacionado con la madurez. Cuando el Sol está allí en el curso de las estaciones, está madurando en la naturaleza (en el hemisferio norte). Este signo también tiene un carácter muy sutil y sensible, que ciertamente fue el caso con respecto a la vida de Tycho Brahe. Era como un ser con su piel sin protección, y su temperamento colérico podía estallar a la menor provocación. Tenía un fuerte sentido de la dignidad y era muy consciente de su propio peso e importancia espiritual. Esto también se indica por el tránsito previo de Saturno sobre esta posición en 1597, cuando dejó la isla de Ven. Estaba profundamente herido por la actitud de la corte del joven rey Christian y estaba dispuesto a renunciar al trabajo que había creado durante 21 años, en lugar de continuar bajo las difíciles circunstancias que habían surgido.

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La conjunción superior en el signo de  Tauro (♉), que tuvo lugar después de su muerte, está conectada con las experiencias de esta alma más allá del umbral de la muerte. El alma toma conciencia en la esfera del “M-Mercurio” de las implicaciones morales y los valores de sus relaciones y conexiones con grupos y comunidades. Los gestos del planeta en el asterograma de la muerte de Tycho Brahe sugieren que experimentó un cambio tremendo en esa esfera después de la muerte. Su sensación de “sensibilidad” se volvió muy refinada en cierto sentido, incluso resignada. Debió haberse dado cuenta de que, a través de su vida de sufrimiento en la Tierra, había preparado el camino para algo mucho más grande. Poco a poco, se convirtió en un guía espiritual e inspirador de las almas que moraban en la Tierra. Sabemos de inspiraciones definidas que procedían de él a personas de importancia histórica, y también somos conscientes de que en esta era presente puede ser consejero de almas que luchan por encontrar y cumplir la llamada interna de su destino. También puede ser experimentado como un espíritu líder de grupos, de aquellos que luchan por una unión espiritual y armonía entre los cielos estrellados y el destino terrestre. Desafortunadamente, no podemos explicar las bases de las afirmaciones anteriores. Para ello habría que realizarlo en una publicación posterior, ya que ésta necesitaría al menos un volumen.

Mercurio estaba en el signo de la eclíptica de Libra (♎), como la Luna. Consideramos los movimientos y gestos de este planeta como indicaciones de la esfera (invisible) de “Misterioso-Venus” (M-Venus). En la figura 8a y 8 b, presentamos un diagrama de estos gestos en el momento de la muerte de Tycho Brahe. Lo que dijimos antes sobre “M-Mercurio” se refiere también a “M-Venus”; solo, los ritmos son diferentes. Mercurio (M-Venus) está conectado con el desarrollo de la personalidad humana integrada, con la auto-manifestación de una persona como un ser inteligente en la familia de la humanidad. Después de la muerte experimentamos en esa esfera los aspectos morales de nuestras afiliaciones con instituciones y comunidades religiosas, filosóficas, etc.

 

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El planeta Mercurio, que indica esta región, se situó en el signo de Libra (♎), donde también tenía una conjunción inferior con el Sol (un lazo, véase la Fig. 8a) antes de la muerte de Tycho Brahe. Con referencia al asterograma de la muerte, vemos en esto una indicación de una actitud más bien desapegada, una especie de restricción que resulta de la seguridad de su propia dignidad personal, especialmente en años posteriores. Aunque el contacto social no fue difícil, existía el deseo de mantenerse al margen de cualquier asociación con grupos, etc. Por ejemplo, no se sabe nada sobre una conexión más profunda con ninguna institución religiosa. Debe haber sido una personalidad con un fuerte sentido de independencia y autosuficiencia espiritual.

Esta tendencia al desprendimiento después de la muerte hizo posible un ascenso bastante pronunciado hacia las regiones más altas de la vida, más allá del umbral. Las indicaciones adicionales de “M-Venus”, una conjunción superior en el signo de Escorpio (♏) y un lazo o conjunción inferior en Capricornio (♑) (véase la figura 8a), sugieren que atravesó por una transformación fuerte y profunda. Su conocimiento íntimo de las estrellas y sus puntos de vista espirituales en el cosmos, lo ayudaron a preservar la conciencia en un alto grado después de la muerte. No todas las almas humanas pueden permanecer despiertas después de la muerte cuando se enfrentan a la deslumbrante luz del mundo espiritual. El cultivo de una sabiduría espiritual estelar ciertamente puede ayudar a un alma a atravesar las regiones más allá de la muerte en plena conciencia.

Finalmente, llegamos al Sol en el asterograma de la muerte de Tycho Brahe, que estaba en Virgo, o más bien a los pies de esa constelación. Las experiencias del alma después de la muerte en la esfera del Sol son bastante peculiares. El alma, en cierto sentido, se remite a la Tierra. En la Tercera Parte de Isis Sophia II, hemos descrito el gran cambio que ha tenido lugar con respecto al Sol y la Tierra. En un momento determinado, el gran líder espiritual de las jerarquías del Sol vivió en la esfera del Sol y al comienzo de nuestra era se unió a la Tierra. La humanidad cristiana llama a este espíritu el Cristo. Desde ese momento las cualidades espirituales del Sol han comenzado a funcionar dentro de la Tierra. Si las almas humanas entran a la esfera del Sol ahora, después de la muerte, la encuentran, en cierto sentido, desprovista de su gran líder espiritual, el Cristo. Solo podrán avanzar si pueden mirar hacia atrás en las experiencias del Espíritu del Sol, el Cristo, en la Tierra. No necesitan haber pertenecido a ninguna de las instituciones religiosas cristianas, pero solo pueden soportar la prueba de pasar por encima del umbral de la esfera del Sol, cuando han experimentado conscientemente en la Tierra el gran impulso de amor y hermandad de todos los seres en las que el Cristo se manifiesta. Sólo entonces el alma puede ascender a las regiones más elevadas del mundo espiritual, donde se enfrentará con su propio y verdadero “Yo” superior. Por lo tanto, la posición del Sol en el momento de la muerte indica, más bien, el camino del alma desde la Tierra a través de las regiones cósmicas y a través de la puerta del Sol al reino donde mora su propio y eterno arquetipo espiritual. En nuestras investigaciones encontramos que el alma generalmente regresa a la siguiente encarnación de la misma región donde ascendió después de la muerte precedente. Esta zona está indicada por la posición del Sol en el zodíaco en el momento de la muerte.

El Sol a los pies de Virgo en el asterograma de la muerte de Tycho Brahe nos recuerda el último gran ciclo de la evolución de la Tierra (Tercera parte de Isis Sophia II). Lo encontramos también en las visiones de Juan (San Juan). Es la imaginación en el Capítulo XII del Libro de Apocalipsis: La Mujer en el Cielo, vestida con el Sol, de pie sobre la Luna y coronada con doce estrellas, es perseguida por un poderoso dragón. Él está esperando que nazca su hijo, el “Hijo del Hombre”, porque quiere destruirlo. Entonces el Arcángel Miguel con sus huestes viene al rescate de la mujer. Se desata una poderosa batalla en el cielo, y el dragón es derrotado y destruido.

Vemos en esta imaginación la imagen del comienzo de las etapas finales de la evolución de la Tierra. La mujer en el cielo es el Alma del Mundo, de quien vive una reflexión en cada alma humana. El niño, el “Hijo del Hombre”, es el fruto espiritual de la evolución de toda la humanidad, en la medida en que apunta a la realización de las fuerzas de Cristo en cada corazón humano. Contra este nacimiento espiritual en un ser humano, resisten otras fuerzas que quieren evitar el ascenso de la humanidad a las alturas espirituales de la existencia. Quieren aferrarse a la etapa actual de un universo material, preservarlo para sus propios fines como un mecanismo gigantesco, sin vida y sin alma. Estas son las fuerzas del dragón.

La posición del Sol en el asterograma de la muerte de Tycho Brahe delata su asociación con las “huestes de Micael”, que se preparan para luchar contra el adversario de la mujer en el Cielo. Él no puede ser llamado cristiano en el sentido ordinario y convencional. El cristianismo con el que entró en la esfera del Sol 25 es mucho mayor. Su lucha por una concepción del cosmos de las estrellas como manifestación de la divinidad es, para alguien que puede ver más profundamente en el alma humana, un testigo seguro del cristianismo cósmico de Tycho Brahe. En duras batallas que se remontan a encarnaciones anteriores a esta, en la Edad Media, se abrió paso a la realización de Cristo como el gran Espíritu del Sol que descendió a la Tierra, sufrió la muerte en la Cruz y pasó por la resurrección por el bien de la salvación. Así, esta alma ha ingresado al mundo espiritual y está trabajando para un cristianismo cósmico-espiritual, que no es solo una cuestión de palabras elocuentes, sino de obras de gran alcance y penetrantes. Algún día entrará en otra existencia terrenal y se mantendrá en las filas de aquellos que luchan por preservar la vida espiritual contra las fuerzas que proclaman el agotamiento del universo y la insignificancia de la Tierra y de la humanidad, y así sucesivamente. Estos parecen ser los únicos aspectos de los que una determinada sección de la ciencia actual es capaz.

 

Traducido por Carmen Ibañez Berbel en enero de 2018.

 

 

 

 

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GA201c7. El Hombre: Enigma del Universo

Rudolf Steiner — Dornach, 23 de abril de 1920

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Las últimas conferencias describieron un camino que, si se sigue de la manera correcta, conduce a una percepción del Universo y a su organización. Como han visto, este camino obliga a una búsqueda continua de la armonía existente entre los procesos que tiene lugar en el Hombre y los procesos observados en el Universo. Mañana y pasado voy a tratar este tema de tal manera que los amigos que han venido a la Asamblea General puedan recibir algo de las dos conferencias dadas a los que estaban presentes. Mañana voy a repasar algo de lo que se ha dicho para después conectarlo con algo nuevo.

Al leer mi “Ciencia Oculta, un Esbozo”, habrán visto que en la descripción que da de la evolución del Universo conocido, se mantiene en todas partes la relación de esa evolución con la evolución del Hombre mismo. Comenzando con el período de Antiguo Saturno que fue seguido por los períodos del Antiguo Sol y la Antigua Luna que preceden al período de la Tierra, recordarán que el período del  Antiguo Saturno se caracterizó por la colocación de los primeros fundamentos de los sentidos humanos. Y a lo largo de esta línea de pensamiento, procede el libro. En todas partes, las condiciones universales se consideran de tal manera que al mismo tiempo describen también la evolución del hombre. En resumen, no se considera el hombre en el Universo como la ciencia moderna lo ve —el Universo exterior por un lado, y el hombre por el otro— dos entidades que no se pertenecen correctamente el uno al otro. Aquí, por el contrario, se considera que los dos se fusionan entre sí, y la evolución de ambos continua. Esta concepción debe, necesariamente, ser aplicada también a los atributos, fuerzas y movimientos presentes del Universo. No podemos considerar en primer lugar el Universo de forma abstracta en su aspecto puramente espacial, como se hace en el sistema Galileo-Copernicano, y luego al Hombre como algo que existe a su lado; debemos hacer que ambos se combinen en nuestro estudio.

Esto solo es posible cuando hemos adquirido una comprensión del Hombre mismo. Ya les he mostrado cuán poco la ciencia natural moderna está en posición de explicar al hombre. ¿Qué hace la ciencia, por ejemplo, en esa esfera donde es más grande, a juzgar por los métodos modernos de pensamiento?. Establece de una manera grandiosa que el Hombre ha evolucionado físicamente desde otras formas inferiores. Luego muestra cómo, durante el período embrionario, el Hombre vuelve a pasar rápidamente a través de estas formas en recapitulación. Esto significa que se considera al Hombre como el más elevado de los animales. La ciencia contempla el reino animal y luego construye al Hombre a partir de lo que allí se encuentra; en otras palabras, examina todo lo no humano, y luego dice: “Aquí nos detenemos; aquí comienza el hombre’. La ciencia natural no se siente llamada a estudiar al hombre como Hombre, y en consecuencia, cualquier comprensión real de su naturaleza está fuera de discusión.

En verdad es muy necesario hoy en día para las personas que dicen ser expertas en este dominio de la naturaleza, examinar las investigaciones de Goethe en las ciencias naturales, particularmente su Teoría de los colores. Ahí se usa un método de investigación muy diferente del que hoy estamos acostumbrados. En el mismo comienzo, se hace mención de los colores subjetivos y fisiológicos, y luego se investigan cuidadosamente los fenómenos de la experiencia viviente del ojo humano en relación con su entorno. Se muestra, por ejemplo, cómo estas experiencias o impresiones no solo duran mientras el ojo está expuesto a su entorno, sino que permanece un efecto posterior. Todos conocen un fenómeno muy simple relacionado con esto. Miran una superficie roja y luego, al girar rápidamente hacia una superficie blanca, verán en el color rojo un fondo verde. Esto muestra que el ojo está, en cierto sentido, todavía bajo la influencia de la impresión original. Aquí no hay necesidad de examinar la razón por la cual el segundo color visto debe ser verde, solo nos quedaremos con el hecho más general de que el ojo conserva el efecto posterior de su experiencia. Aquí tenemos que ver con una experiencia de la periferia del cuerpo humano, porque el ojo está en la periferia. Cuando contemplamos esta experiencia, encontramos que durante un cierto tiempo limitado, el ojo conserva el efecto posterior de la impresión; después de eso la experiencia cesa, y el ojo puede entonces exponerse a nuevas impresiones sin interferencia del último.

Consideremos ahora de manera bastante objetiva un fenómeno conectado no con un único órgano localizado del organismo humano, sino con todo el ser humano. Siempre que nuestras observaciones no tengan prejuicios, no podemos dejar de reconocer que esta experiencia realizada por todo el ser humano está relacionada con la experiencia localizada con el ojo. Nos exponemos a una impresión, a una experiencia, con todo nuestro ser. Al hacerlo, absorbemos esta experiencia del mismo modo que el ojo absorbe la impresión del color al que está expuesto; y encontramos que después del lapso de meses, o incluso años, el efecto posterior aparece en forma de una imagen de pensamiento. Todo el fenómeno es algo diferente, pero no fallará en reconocer la relación de esta imagen de la memoria con la imagen posterior de la experiencia que el ojo retiene por un corto tiempo limitado.

Este es el tipo de pregunta que el hombre debe enfrentar, ya que solo puede obtener un poco de conocimiento del mundo cuando aprende a hacer preguntas de la manera correcta. Preguntémonos por lo tanto: ¿Cuál es la conexión entre estos dos fenómenos, entre la imagen posterior del ojo y la imagen de la memoria que se eleva dentro de nosotros en relación con una determinada experiencia? Tan pronto como planteemos nuestra pregunta de esta forma y requiramos una respuesta definitiva, nos daremos cuenta de que todo el método actual del pensamiento científico natural no proporciona la respuesta; y falla debido a la ignorancia de un gran hecho: el hecho del significado universal de la metamorfosis. Esta metamorfosis es algo que no se completa en el Hombre dentro de los límites de una vida, sino que se va desarrollando a lo largo de vidas consecutivas en la Tierra.

Recordarán que para obtener una verdadera percepción de la naturaleza del Hombre, lo dividimos en tres partes: la cabeza, el hombre rítmico y las extremidades. Podemos, para el presente propósito, considerar los dos últimos como uno, y así tenemos la organización principal por un lado y todo lo que compone las partes restantes por el otro. A medida que tratamos de comprender esta organización principal, debemos ser capaces de entender cómo se relaciona con la evolución total del Hombre. La cabeza es una metamorfosis posterior, una transformación, del resto del hombre, considerada en términos de sus fuerzas. ¿Se imaginan a ustedes mismos sin cabeza? —y por supuesto también sin lo que está presente en el resto del organismo, pues realmente pertenece a la cabeza— en primer lugar, pensarían en la parte restante de su organismo como sustancial.

Pero aquí no nos preocupamos por la sustancia; es la interrelación de las fuerzas de esta sustancia la que experimenta una transformación completa en el período entre la muerte y un nuevo nacimiento y se convierte en la próxima encarnación en la organización principal. En otras palabras, lo que ahora incluye en la parte inferior (el hombre rítmico y las extremidades) es una metamorfosis anterior de lo que va a ser la organización principal. Pero si desean comprender cómo procede esta metamorfosis, tendrán que considerar lo siguiente. Tomen cualquier órgano —hígado o riñón— del hombre inferior, y compárenlo con la organización de la cabeza. Inmediatamente se darán cuenta de una diferencia fundamental y esencial; a saber, que todas las actividades de las partes inferiores del cuerpo, a diferencia de la parte superior o la cabeza, se dirigen hacia adentro, como lo indican los riñones, cuya actividad se ejerce internamente. La actividad de los riñones es una actividad de secreción. Al comparar este órgano con un órgano característico de la cabeza —el ojo, por ejemplo— se encuentra que la construcción de este último es exactamente lo contrario. Se dirige completamente hacia afuera, y los resultados de las impresiones cambiantes se transmiten hacia adentro a la razón, a la cabeza. En cualquier órgano particular de la cabeza, tienes el polo opuesto de un órgano que pertenece a la otra parte del cuerpo. Podemos representar este hecho en forma de diagrama.

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Tomen el dibujo de la izquierda como la primera metamorfosis y el dibujo de la derecha como la segunda; entonces tendrán que imaginar lo primero como la primera vida, y lo segundo como la segunda vida, y entre los dos está la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Primero tenemos un órgano interno que se dirige hacia adentro. Debido a la transformación que tiene lugar entre dos vidas físicas, toda la posición y dirección de este órgano se invierte por completo, ahora se abre hacia afuera. De modo que un órgano que desarrolla su actividad hacia dentro en una encarnación, la desarrolla externamente en la vida sucesiva. Ahora pueden imaginar que algo ha sucedido entre las dos encarnaciones que se puede comparar con ponerse un guante, quitárselo y darle la vuelta; al volver a ponerse el guante, la superficie que se estaba hacia adentro sale y viceversa. Por lo tanto, debe notarse que esta metamorfosis no solo transforma los órganos, sino que los vuelve al revés; lo interno se vuelve externo. Ahora podemos decir que los órganos del cuerpo (tomando ‘cuerpo’ como lo opuesto a ‘cabeza’) se han transformado. De modo que uno u otro de nuestros órganos abdominales, por ejemplo, se ha convertido en nuestros ojos en esta encarnación. Se ha invertido en sus fuerzas activas, se ha convertido en un ojo y ha alcanzado la capacidad de generar secuelas que siguen a las impresiones externas. Ahora esta facultad debe su origen a algo. Consideremos el ojo y la misión de su actividad vital, de una manera imparcial. Estas secuelas solo nos demuestran que el ojo es un ser vivo. Demuestran que el ojo, por un momento, retiene impresiones; ¿y por qué? Usaré como símil algo más simple. Supongamos que tocan seda; su órgano del tacto conserva un efecto posterior de la suavidad de la seda. Si más tarde vuelven a tocar la seda, la reconocerán como la primera impresión que nos dejo. Es lo mismo con el ojo. El efecto posterior está de alguna manera conectado con el reconocimiento. La vida interior que produce este efecto posterior, juega un papel en el reconocimiento. Pero el objeto externo, cuando se reconoce, permanece afuera. Si veo a alguno de ustedes ahora, y mañana nos volvemos a ver y nos reconocemos, están físicamente presentes ante mí.

Ahora comparen esto con el órgano interno del cual el ojo es una transformación con respecto a su actividad y fuerzas. En este órgano debe residir algo que en cierto sentido corresponde a la capacidad del ojo para retener imágenes de impresiones, algo similar a la vida interior del ojo; pero debe estar dirigido hacia adentro. Y esto también debe tener alguna conexión con el reconocimiento. Pues reconocer una experiencia significa recordarla. Entonces, cuando buscamos la metamorfosis fundamental de la actividad del ojo en una vida anterior, debemos investigar la actividad de ese órgano que actúa en la memoria.

Es imposible explicar estas cosas en un lenguaje simple, como se desea a menudo en la actualidad, pero podemos dirigir nuestros pensamientos a lo largo de una línea determinada que, de ser seguida, nos llevará a esta concepción —a saber, que todos nuestros órganos de los sentidos que se dirigen hacia afuera tienen sus correspondencias en los órganos internos, y que estos últimos también son los órganos de la memoria. Con el ojo vemos lo que se repite como una impresión del mundo exterior, mientras que con aquellos órganos dentro del cuerpo humano que corresponden a la metamorfosis previa del ojo, recordamos las imágenes transmitidas a través del ojo.

Escuchamos el sonido con el oído, y con el órgano interno correspondiente al oído recordamos ese sonido. De este modo, el hombre, al dirigir o abrir sus órganos hacia adentro, los convierte en un órgano de la memoria. Nos enfrentamos al mundo exterior, tomándolo en nosotros mismos en forma de impresiones. Las ciencias naturales materialistas afirman que recibimos una impresión, por ejemplo, con la ayuda del ojo. La impresión se transmite al nervio óptico. Pero aquí la actividad aparentemente cesa; en cuanto al proceso de la cognición, ¡todo el organismo restante es como la quinta rueda de un carro! Pero esto está lejos de ser la verdad. Todo lo que percibimos pasa al resto del organismo. Los nervios no tienen relación directa con la memoria. Por el contrario, todo el cuerpo humano, el hombre completo, se convierte en un instrumento de memoria, solo especializada de acuerdo con el órgano particular que dirige su actividad hacia adentro. El materialismo está experimentando una paradoja trágica: no comprende la materia, ¡porque se adhiere rápidamente a sus abstracciones! Se vuelve más y más abstracto, lo espiritual se filtra cada vez más; por lo tanto, no puede penetrar en la esencia de los fenómenos materiales, ya que no reconoce lo espiritual dentro de lo material. Por ejemplo, el materialismo no se da cuenta de que nuestros órganos internos tienen mucho más que ver con nuestra memoria, que el cerebro simplemente prepara la idea o las imágenes para que puedan ser absorbidas por los otros órganos del cuerpo. En este sentido, nuestra ciencia es una perpetuación de un ascetismo unilateral, que consiste en la falta de voluntad para comprender la espiritualidad del mundo material y el deseo de superarlo. Nuestra ciencia ha aprendido suficiente ascetismo para privarse de la capacidad de comprender el mundo, cuando afirma que los ojos y otros órganos de los sentidos reciben las diversas impresiones, las transmiten al sistema nervioso y luego a otra cosa, que permanece indefinida. ¡Pero este “algo” indefinido es todo el organismo restante! Aquí es donde se originan los recuerdos  a través de la transmutación de los órganos.

Esto era muy conocido en los días cuando ningún ascetismo espurio oprimía la percepción humana. Por lo tanto, encontramos que los antiguos, cuando hablaban de “hipocondría” por ejemplo, no hablaban de ella de la misma manera que lo hace el hombre moderno e incluso el psicoanalista cuando sostiene que la hipocondría es meramente psíquica, es algo arraigado en el alma. No, hipocondría significa un endurecimiento de las partes abdominales bajas. Los antiguos sabían muy bien que este endurecimiento del sistema abdominal tiene como resultado lo que llamamos hipocondría y el idioma Inglés que da evidencia de una etapa menos avanzada que otras lenguas europeas, todavía contiene un remanente de memoria de esta correspondencia entre lo material y lo espiritual Por el momento, solo puedo recordar una instancia de esto. En inglés, la depresión se llama “bazo”. La palabra es la misma que el nombre del órgano físico que tiene mucho que ver con esta depresión. Pues esta condición del alma no se puede explicar en el sistema nervioso, la explicación para ello se encuentra en el bazo. Podríamos encontrar muchas correspondencias de este tipo, ya que el genio del lenguaje ha conservado mucho; e incluso si las palabras se han transformado de algún modo con el propósito de aplicarlas al alma, sin embargo, apuntan a una visión que el hombre una vez poseyó en la antigüedad y que le sirvió de mucho. Repito, tú, como hombre completo, observas el mundo circundante, y este mundo reacciona sobre tus órganos, que se adaptan a estas experiencias de acuerdo con su naturaleza. En una escuela de medicina, cuando se estudia la anatomía, el hígado simplemente se llama hígado, ya sea el hígado de un hombre de 50 o de 25 años, de un músico o de alguien que entiende tanta música como lo hace una vaca el domingo después de estar regalándose sobre la hierba por una semana! Es simplemente hígado. El hecho es que existe una gran diferencia entre el hígado de un músico y el de un no músico, ya que el hígado está muy relacionado con todo lo que puede resumirse como las concepciones musicales que viven y resuenan en el hombre. No sirve de nada mirar el hígado con el ojo de un asceta y verlo como un órgano inferior; porque ese órgano aparentemente humilde es la sede de todo lo que vive y se expresa a través de la bella secuencia de la melodía; está estrechamente relacionado, p.e. con el acto de escuchar una sinfonía. Debemos entender claramente que el hígado también posee órganos etéricos; son estos últimos los que, en primer lugar, tienen que ver con la música. Pero el hígado físico externo es, en cierto sentido, una externalización del hígado etérico, y su forma es como la forma de este último. De esta forma, como ven, preparan sus órganos; y si dependiera enteramente de uno mismo, los instrumentos de los sentidos serían, en la próxima encarnación, una réplica de las experiencias que se hayan hecho en el mundo en la presente encarnación. Pero esto es verdad solo en cierta medida, ya que en el intervalo entre la muerte y un nuevo nacimiento, los Seres de las Jerarquías superiores vienen en nuestra ayuda, y no siempre deciden que las lesiones producidas en nuestros órganos por falta de conocimiento o de autocontrol deberían ser llevadas con nosotros como nuestro destino. Recibimos ayuda entre la muerte y el renacimiento, y por lo tanto, con respecto a esta parte de nuestra constitución, no dependemos solo de nosotros.

De todo esto, verán que realmente existe una relación entre la organización principal y el resto del cuerpo con sus órganos. El cuerpo se convierte en cabeza, y perdemos la cabeza con la muerte en lo que respecta a sus fuerzas formativas. Por lo tanto, es esencialmente ósea en su estructura y se conserva más tiempo en la Tierra que el resto del organismo, hecho que es solo el signo externo de que se nos ha perdido para nuestra siguiente reencarnación, con respecto a todo lo que tenemos que experimentar entre la muerte y el renacimiento. La antigua sabiduría atávica percibió estas cosas claramente, y especialmente cuando se investigó esa gran relación entre el Hombre y el Macrocosmos, que encontramos expresada en la antigua descripción de los movimientos de los cuerpos celestes. El genio del lenguaje también ha preservado aquí mucho. Como señalé ayer, el hombre físico se adhiere internamente al ciclo diurno. Él exige el desayuno todos los días, y no solo los domingos. El desayuno, la comida y la cena se requieren todos los días, y no solo el desayuno del domingo, la cena del miércoles y la cena del sábado.

El hombre está vinculado al ciclo de 24 horas con respecto a su metabolismo —o la transmutación de la materia del mundo exterior. Este ciclo diurno en el interior del Hombre corresponde al movimiento diario de la Tierra sobre su eje. Estas cosas fueron percibidas de cerca por la antigua sabiduría. El hombre no sentía que fuera una criatura aparte de la Tierra, porque sabía que se ajustaba a sus movimientos; él también sabía la naturaleza de aquello a lo que se conformaba. Aquellos que tienen una comprensión para las obras de arte antiguas —aunque los ejemplos aún conservados hoy ofrecen pocas oportunidades para estudiar estas cosas— se dará cuenta del sentido de la vida, por parte de los antiguos, de la conexión del Hombre, el Microcosmos con el Macrocosmos. Está demostrado por la posición que ocupan ciertas figuras en sus imágenes, y las posiciones que otros están comenzando a asumir, etc.; en estos, que los movimientos cósmicos son constantemente imitados. Pero encontraremos algo de aún mayor importancia en otra consideración.

En casi todas las personas que habitan la Tierra, encuentran que existe una distinción o comparación reconocida entre la semana y el día. Tienen, por un lado, el ciclo de la transmutación de sustancias —o metabolismo, que se expresa en la toma de comidas a intervalos regulares. Sin embargo, el hombre nunca ha contado solo con este ciclo  él ha agregado al ciclo diurno un ciclo semanal. Primero distinguió este levantamiento y configuración del Sol —correspondiente a un día; luego agregó lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábados, un ciclo siete veces mayor que el otro, donde regresa nuevamente al domingo. (En cierto sentido, después de completar siete de esos ciclos, volvemos también al punto de partida). Experimentamos esto en el contraste entre el día y la semana. Pero el hombre deseaba expresar mucho más con este contraste. Primero deseaba mostrar la conexión del ciclo diario con el movimiento del sol.

Pero hay un ciclo siete veces mayor, que, al regresar nuevamente al Sol, incluye todos los planetas: Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Este es el ciclo semanal. Esto estaba destinado a significar que, teniendo un ciclo correspondiente a un día, y uno siete veces mayor que incluye los planetas, la Tierra no solo gira sobre su eje (o el Sol da vueltas), sino que todo el sistema también tiene en sí mismo un movimiento. El movimiento se puede ver en varios otros ejemplos. Si toman el curso del ciclo del año, entonces tienen en el año, como ustedes saben, 52 semanas, por lo que 7 semanas es aproximadamente la séptima parte —en cuestión de número— del año.

Esto significa que imaginamos que el ciclo de la semana se extendió o estiró durante el año, tomando el comienzo y el final del año como correspondientes al comienzo y al final de la semana. Y esto requiere la idea de que todos los fenómenos resultantes del ciclo semanal deben tener lugar a una velocidad diferente de aquellos eventos que tienen su origen en el ciclo diario.

¿Y dónde debemos buscar el origen del sentimiento que nos impulsa a contar, ahora con el ciclo diurno y ahora con el ciclo semanal? Surge de la sensación dentro de nosotros del contraste entre el desarrollo de la cabeza humana y el del resto del organismo. Vemos la organización de cabeza humana representada por un proceso del que ya he llamado su atención: la formación dentro de un ciclo de aproximadamente un año de los primeros dientes. Si consideran la primera y la segunda dentición, verán que la segunda ocurre después de un ciclo siete veces más largo que el ciclo de la primera dentición. Podemos decir que así como el ciclo de un año con respecto a la primera dentición corresponde al ciclo de evolución humana que trabaja hasta la segunda dentición, así también lo hace el día con la semana. Los antiguos sentían que esto era cierto, porque entendían correctamente otra cosa.

Entendieron que la primera dentición era principalmente el resultado de la herencia. Basta con mirar el embrión para darse cuenta de que su desarrollo procede de la organización principal; anexando, por así decirlo, el resto del organismo más tarde. Entonces comprenderán que la idea de los antiguos era bastante correcta cuando vieron una conexión en la formación de los primeros dientes con la cabeza y de los segundos dientes con  la totalidad del organismo. Y hoy debemos llegar al mismo resultado si consideramos estos fenómenos objetivamente. Los primeros dientes están conectados con las fuerzas de la cabeza humana, los segundos con las fuerzas que trabajan desde el resto del organismo y penetran en la cabeza.

Al analizar el asunto de esta manera, hemos indicado una diferencia importante entre la cabeza y el resto del cuerpo humano. La diferencia en primer lugar, puede considerarse conectada con el tiempo, porque lo que tiene lugar en la cabeza humana tiene un tiempo siete veces mayor que lo que tiene lugar en el resto del organismo humano. Vamos a traducir esto al lenguaje racional. Digamos que hoy ha comido su número habitual de comidas en la secuencia correcta. El organismo exigirá una repetición de ellas mañana. No es así la cabeza. Esta actúa de acuerdo con otra medida de tiempo; debe esperar siete días antes de que la comida tomada en el resto del organismo haya avanzado lo suficiente como para permitir que la cabeza lo asimile.

Suponiendo que esto ocurra el domingo, su cabeza tendría que esperar hasta el próximo domingo antes de poder beneficiarse con el fruto de la cena del domingo de hoy. En la organización principal, se produce una repetición después de un período de siete días, de lo que se ha logrado siete días antes en el organismo. Todo esto los antiguos lo sabían intuitivamente y lo expresaban diciendo: es necesaria una semana para transmutar lo que es físico y corporal en alma y espíritu.

Ahora verán que la metamorfosis también produce una repetición en la encarnación siguiente en el tiempo ‘único’ de lo que anteriormente requería un período siete veces más largo para lograrlo. Por lo tanto, nos ocupamos de una metamorfosis que es espacial a través del hecho de que nuestro organismo remanente —nuestro cuerpo— no se transforma simplemente, sino que se vuelve al revés y, al mismo tiempo, temporal, ya que nuestra organización principal se ha quedado atrás en la medida de un período siete veces más largo. Les será claro ahora que esta organización humana no es, después de todo, tan simple como nuestra ciencia moderna y amante de la comodidad quisiera creer. Debemos tomar la decisión de considerar que la organización del hombre es mucho más complicada; porque si no entendemos al Hombre correctamente, tampoco podremos realizar los movimientos cósmicos en los que él participa. Las descripciones del Universo que circulan desde el comienzo de los tiempos modernos son meras abstracciones, ya que se describen sin un conocimiento del Hombre.

Esta es la reforma que es necesaria, sobre todo en Astronomía, una reforma que exige la reincorporación del Hombre en el esquema de las cosas, cuando se estudian los movimientos cósmicos. Tales estudios serán, naturalmente, algo más difíciles. Goethe sintió intuitivamente la metamorfosis del cráneo de las vértebras, cuando, en un cementerio judío veneciano, encontró un cráneo de oveja que se había desmoronado en varias secciones pequeñas; esto le permitió estudiar la transformación de las vértebras, y luego siguió su descubrimiento en detalle. La ciencia moderna también ha tocado esta línea de investigación. Encontrarán algunas observaciones interesantes relacionadas con el asunto, y algunas hipótesis construidas sobre él, por el anatomista comparativo Karl Gegenbaur; pero en realidad, Gegenbaur creó obstáculos para la investigación intuitiva de Goethe, ya que no encontró suficientes razones para declararse a favor del paralelo entre las vértebras y las secciones individuales del cráneo.

¿Por qué falló? Porque mientras las personas piensen solo en una transformación e ignoren la inversión de adentro hacia afuera, siempre obtendrán una idea aproximada de la similitud de los dos tipos de huesos. Porque en realidad los huesos del cráneo son el resultado de esas fuerzas que actúan sobre el hombre entre la muerte y el renacimiento, y por lo tanto, están obligados a ser esencialmente diferentes en apariencia del hueso meramente transformado. Ellos han dados la vuelta al revés; es esta inversión lo que es el punto importante.

 

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Imaginen que tenemos aquí (diagrama) el hombre superior o el hombre cefálico. Todas las influencias o impresiones proceden hacia dentro desde fuera. Aquí abajo estaría el resto del cuerpo humano. Aquí todo funciona desde dentro hacia fuera, pero permaneciendo dentro del organismo. Déjenme ponerlo de otra manera. Con su cabeza, el hombre está en relación con su entorno externo, mientras que con su organismo inferior está relacionado con los procesos que tienen lugar dentro de él. El místico abstracto dice: “Mira dentro para encontrar la realidad del mundo exterior”. Pero esto es meramente pensamiento abstracto, no concuerda con el camino real. La realidad del mundo exterior no se encuentra a través de la contemplación interior, de todo lo que actúa sobre nosotros desde el exterior; debemos profundizar y considerarnos como una dualidad, y permitir que el mundo tome forma en una parte bastante diferente de nuestro ser. Es por eso que el misticismo abstracto produce tan poco fruto, y por qué es necesario pensar también aquí en un proceso interno.

¡No espero que ninguno de ustedes permita que su cena permanezca intacta, dependiendo de su  atractiva apariencia para apaciguar el hambre! La vida no puede ser sustentada de esta manera. ¡No! Debemos inducir ese proceso que sigue su curso en el ciclo de 24 horas y que, si consideramos al hombre completo, incluida la organización superior, solo termina su curso después de siete días. ¡Pues eso se asimila espiritualmente, porque realmente tiene que ser asimilado y no simplemente contemplado, también requiere para este proceso un período siete veces más largo.

Por lo tanto, primero se hace necesario asimilar intelectualmente todo lo que absorbemos. Pero para verlo renacer de nuevo dentro de nosotros, debemos esperar siete años. Solo entonces se desarrollara en lo que se pretendía ser. ¡Es por eso que después de la fundación de la Sociedad Antroposófica en 1901 tuvimos que esperar pacientemente, siete e incluso catorce años para obtener el resultado!

 

Traducido por Gracia Muñoz en Febrero de 2018.

GA201c6. El Hombre: Enigma del Universo

Rudolf Steiner — Dornach, 18 de abril de 1920

English version

 

Hemos visto que debemos buscar una armonía entre los procesos que tienen lugar en y con el Hombre, y los procesos que tienen lugar en el Universo exterior. Recordemos una vez más brevemente el punto al que nos condujo nuestro estudio de ayer. Dijimos que, para empezar, el hombre debía ser considerado desde cuatro puntos de vista. Primero, desde el punto de vista de las fuerzas que son responsables de su forma; en segundo lugar, de aquello que comprende todas las fuerzas que se expresan en la circulación de la sangre, la linfa, etc., en resumen las fuerzas del movimiento interno. (Ya saben que las fuerzas formativas están en gran medida en estado de reposo en el hombre adulto, mientras que el movimiento interior está en un flujo continuo). En tercer lugar, tenemos las fuerzas orgánicas y en el cuarto, el metabolismo actual.

Para empezar, debemos considerar todo lo que tiene conexión con las fuerzas formativas. Estas son las fuerzas que trabajan hacia afuera desde adentro hasta que alcanzan la periferia más externa, los límites de la circunferencia del hombre. Si formamos una silueta del hombre, vista por así decirlo por todos lados, debemos comprender y encerrar los extremos más externos de las actividades resultantes de estas fuerzas internas, que se construyen desde adentro hacia afuera.

Ahora bien, no debería ser difícil entender que estas fuerzas formativas deben estar conectadas con otras fuerzas, que, como ellas, pertenecen a la periferia del hombre y allí deben descubrirse. Estas últimas son las fuerzas que tienen su actividad en los sentidos. Los sentidos del hombre yacen, como saben, en la periferia. Por supuesto, están distribuidos y diferenciados, pero para entrar en contacto con las fuerzas que actúan en los sentidos deben buscarlas en la periferia, y esto nos justifica al decir que las fuerzas formativas deben tener una conexión con la actividad de los sentidos.

Tal vez comprendamos mejor este punto si recordamos las palabras que Goethe cita como pronunciadas por uno de los antiguos místicos.

"Si el ojo no fuera como el Sol en sí mismo,

¿Cómo podríamos ver el Sol? "

Ahora bien, no puede ser la actividad lumínica que nos rodea todo el tiempo lo que se entiende cuando se dice que el ojo es similar al sol o similar a la luz, ya que el ojo solo puede percibir esta actividad lumínica cuando está completamente formado. Por lo tanto, no puede ser esto lo que se quiere decir cuando hablamos de la construcción del ojo. Debemos imaginar esta actividad de luz como algo intrínsecamente diferente. Y es un hecho que llegamos a una cierta concepción de lo que subyace en este verso, si seguimos al hombre durante el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento. Porque durante este período sus experiencias consisten en parte —pero, por supuesto, solo en parte— en una percepción de la transformación gradual de las fuerzas de la vida física precedente en él a la nueva; y percibe cómo el hombre metabólico se transforma en el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento en la forma de la cabeza. Estas experiencias no son menos ricas en contenido que aquellas experiencias que vivimos en esta vida, cuando vemos la aceleración gradual de las plantas en primavera y su decadencia en otoño, etc.

Todo este desarrollo que ocurre en el hombre en el tiempo entre la muerte y el renacimiento es una gran riqueza de eventos, una riqueza de acontecimientos reales que de ninguna manera son tan fáciles de entender como la mera idea abstracta de ellos. Todo lo que tiene lugar durante este tiempo para efectuar la transformación de las fuerzas de los miembros en las fuerzas de la cabeza para la nueva encarnación, es extraordinariamente múltiple. El hombre mismo participa en el proceso. Experimenta, por ejemplo, algo parecido con la construcción del ojo. Pero él no lo experimenta de la misma manera que lo hizo durante el largo período evolutivo, cuando pasó por las diversas etapas que precedieron a nuestra Tierra, a saber, las de la Antigua Luna, el Antiguo Sol y Antiguo Saturno. Las fuerzas del Universo Estelar actuaron sobre él de una manera diferente. Este Universo Estelar también tenía una forma diferente de la que tiene ahora.

Es de una gran importancia formarse ideas claras sobre estos asuntos. Si consideramos nuestras percepciones actuales de lo que nos rodea, ¿cuáles son?. Ellas son en realidad imágenes. Detrás de estas imágenes, por supuesto, se encuentra el mundo real; pero es el mundo que está detrás de estas imágenes, el que en realidad construyó al hombre antes de que hubiera evolucionado lo suficiente como para poder percibir estas imágenes. Hoy percibimos con nuestros ojos las imágenes del mundo circundante. Detrás de este maya está lo que ha edificado nuestros ojos. Esto nos lleva a la verdad: si las fuerzas que residían detrás de la imagen del Sol no hubieran construido el ojo, el ojo no podría percibir la imagen del Sol.

El dicho, como ven, tiene que ser modificado, porque si bien la percepción de la luz hoy nos da imágenes, sin embargo, lo que primero construyó los órganos en la periferia del hombre no fueron las imágenes, sino las realidades. De modo que cuando miramos a nuestro alrededor en este mundo, lo que percibimos son realmente las fuerzas que nos han fortalecido: nuestras propias fuerzas formativas. Ahora han sido atraídas hacia nosotros; lo que actuaba desde fuera hasta el período de la Tierra, ahora actúa desde dentro. Retendremos este pensamiento para nuestros estudios posteriores y ahora reuniremos la primera y la cuarta de estas fuerzas.

  1. Fuerzas Formativas.
  2. Fuerzas del movimiento interno.
  3. Fuerzas orgánicas.
  4. Fuerzas asimilativas o metabólicas.

 

Permítanme, por el momento, considerar estas últimas. El proceso del metabolismo ya se ha vuelto en algún grado irregular; pero hay causas naturales que aún llevan al Hombre a una cierta regularidad en este respecto; y todos ustedes saben del inconveniente si, por una razón u otra, algo falla en el proceso rítmico de asimilación. Pueden desviarse de él dentro de los límites, pero siempre se esfuerzan por regresar a un cierto ritmo; y ustedes saben que este ritmo es uno de los primeros elementos esenciales de la salud física. Es un ritmo que abarca el día y la noche. Dentro de las 24 horas, se completa el proceso rítmico del metabolismo. Veinticuatro horas después del desayuno, nuevamente tienen apetito para el desayuno. Todo lo que está conectado con la asimilación está conectado también con el curso del día. Ahora les pediría que comparen la solidez, la firmeza de la periferia corporal con la movilidad de las fuerzas de asimilación. Se puede decir que no ocurren alteraciones en la primera, mientras que se repita la asimilación cada 24 horas. Mucho se lleva a cabo dentro del organismo, pero su periferia permanece sin cambios. Ahora traten de descubrir, en el mundo exterior, algo que se corresponda con esta movilidad interna en relación con la firmeza, que encuentran en el Hombre. Miren el universo de las estrellas. Observen cómo las constelaciones se mueven tan poco como las partículas en la superficie de la periferia humana. Encontrarán que la constelación de Aries está siempre a una distancia fija de la constelación de Tauro, así como los ojos permanecen a la misma distancia el uno del otro. Pero aparentemente todo este cielo estelar se mueve; aparentemente gira alrededor de la Tierra. Bueno, con respecto a esto, los hombres hoy en día ya no son ignorantes, saben que el movimiento es meramente aparente, y atribuyen su apariencia a la rotación de la Tierra sobre su propio eje.

Muchos han sido los intentos de encontrar pruebas de esta rotación de la Tierra sobre su eje. En realidad, fue solo durante los años cincuenta del siglo pasado que el hombre comenzó a tener derecho a hablar de tal revolución, ya que fue solo entonces que los experimentos con el péndulo de Foucault mostraron este giro de la Tierra. No entraré más en esto hoy. Sin embargo, tenemos, de esta manera, una prueba válida de este proceso terrestre, que se repite cada 24 horas. Representa, en relación con las constelaciones fijas, una analogía del curso rítmico del metabolismo en el hombre en comparación con la naturaleza fija de su forma periférica; y aquí puede encontrar, si examinan a fondo todas las condiciones y relaciones, pruebas exactas del movimiento de la Tierra en los procesos del metabolismo en el hombre.

En estos tiempos nos encontramos con varias de las llamadas teorías de la relatividad que afirman que no podemos hablar realmente de movimiento absoluto. Si miro por la ventanilla de un vagón de tren y pienso que los objetos exteriores se mueven, cuando la realidad es que el tren y yo somos los que nos movemos. ¡Sin embargo, tampoco se puede probar estrictamente que el mundo exterior no se está moviendo en la dirección opuesta! Todo este tipo de charla, de hecho, no tiene mucho valor. Porque si un hombre camina hacia adelante y otro hombre permanece quieto en la distancia mientras se acerca a él, es relativamente irrelevante si dice: “Me acerco a él” o “él se acerca a mí”. Visto de esta manera, parece que no hay diferencia. Tales consideraciones como esta forman, como saben, los fundamentos de las teorías de la relatividad de Einstein.

Todo está muy bien, pero hay una manera en que uno puede probar estrictamente el movimiento, ya que la persona que permanece en reposo no experimentará fatiga, mientras que el que camina lo hará. Por medio de procesos internos, la realidad absoluta del movimiento puede ser probada; de hecho, no hay más pruebas que los procesos internos. Aplicando esto a la Tierra, también podemos hablar verdaderamente de movimiento absoluto, ya que a través de la Ciencia Espiritual aprendemos a darnos cuenta de que este movimiento es el equivalente del movimiento interno del metabolismo en comparación con la forma fija del hombre. No deberíamos hacer tanto hincapié en el hecho de que la Tierra al girar sobre su eje provoca un movimiento solar aparente en el espacio, sino que deberíamos relacionar este movimiento terrestre con todo el Universo Estrellado; no deberíamos hablar de días de sol, sino de días de estrellas, que no son sinónimos, ya que el día estelar es más corto que el día solar. Siempre es necesaria una corrección en las fórmulas que se relacionan con el día solar. Por lo tanto, podemos hablar realmente de este movimiento de la Tierra sobre su eje como algo que se deriva de la naturaleza del Hombre; porque como ya se señaló, la rotación considerada en su relación con el cielo de las estrellas fijas está conectada con el movimiento interno del metabolismo en el Hombre. En resumen, la relación del metabolismo en el Hombre con las fuerzas responsables de la forma del Hombre es la relación de la rotación de la Tierra con el Cielo de las Estrellas Fijas, que representa para nosotros el Zodiaco.

Cuando miramos el Zodíaco, vemos que es para nosotros el representante cósmico externo de nuestra propia forma externa. Cuando consideramos la Tierra, tenemos ante nosotros la representación de nuestra propias fuerzas asimilativas; y la relación del movimiento correspondiente en cada caso.

Ahora será un poco más difícil encontrar la relación entre (2) y (3), entre el Movimiento interno y las Fuerzas orgánicas. Sin embargo, podemos hacer que el asunto sea comprensible de la siguiente manera. Si consideran los movimientos dentro del organismo humano, concluirán fácilmente que son algo en el hombre que de ninguna manera está tan fijo como su periferia externa. Ellos están en movimiento. Pero algo más está conectado con este movimiento. Los movimientos incluyen el de la sangre así como el líquido nervioso, la linfa, etc. No necesitamos dar una lista detallada de ellos aquí, pero hay siete de estos movimientos internos. Conectados con estos movimientos están los órganos individuales. Las fuerzas del movimiento han producido, dentro de su curso, estos órganos; en estos últimos debemos reconocer los resultados de estos movimientos. A menudo he llamado la atención sobre la verdadera realidad del corazón humano. La visión materialista como he señalado, es de la opinión de que el corazón es una especie de bomba que obliga a la sangre a pasar por todo el cuerpo. Pero este no es el caso; por el contrario, la pulsación del corazón no es la causa sino el efecto de la circulación. En los movimientos o movimientos interiores vivientes se inserta el funcionamiento de los órganos.

Si tratamos de descubrir un equivalente cósmico para esto, lo encontraremos observando, por un lado, los movimientos de los planetas, especialmente si consideramos sus movimientos en relación con los movimientos de la Luna. Sabrán —habiendo tenido esta explicación en conferencias anteriores— la conexión entre los movimientos de la luna y los fenómenos de las mareas; y mucho más está conectado con este movimiento lunar. Si estudiáramos más profundamente los fenómenos de la naturaleza, deberíamos encontrar que no solo aparece la luz como resultado del amanecer, sino que también —y de hecho más material— los efectos en nuestro medio ambiente de la Tierra deben estar conectados con el movimiento planetario. Una vez que esto se base en un estudio real y genuino, nos daremos cuenta de la armonía existente entre muchos fenómenos en la Tierra y los movimientos de los planetas. Estudiaremos los efectos de la influencia planetaria sobre el aire, el agua y la tierra, de la misma manera que tenemos que estudiar —en el cuerpo humano— las influencias sobre sus respectivos órganos de las fuerzas del movimiento interno que existen en la circulación de la sangre y en otras circulaciones. De esta forma descubriremos una cierta acción recíproca entre las actividades orgánicas y las fuerzas del movimiento interno. Del mismo modo que ya hemos observado una correspondencia entre la Tierra y las estrellas fijas, ahora tendremos ante nosotros una correspondencia similar entre la tierra, el agua, el aire, el fuego (calor) y los planetas, entre los que contamos, por supuesto, al Sol.

Así llegamos a una cierta relación entre lo que ocurre en el organismo humano y lo que ocurre en el Macrocosmos. Por el momento, sin embargo, solo necesitamos preocuparnos de las fuerzas orgánicas. ¿Cómo se forman en el cuerpo humano? Están formadas de tal manera que a medida que seguimos la vida humana durante los períodos de este proceso de construcción de los órganos, podemos reconocer con bastante precisión que este proceso está relacionado con el transcurso del año así como el metabolismo está relacionado con el curso del día. Pues este curso se encuentra en una relación similar a las fuerzas del movimiento interior en el hombre como las variadas condiciones de la actividad del año —primavera, verano, otoño e invierno— hacen afectan a los planetas. Aquí nuevamente descubrimos algo en el Hombre que tiene su correspondencia en el Macrocosmos. No podemos estudiar estos asuntos de otra manera que comparando detalles entre sí. Todo lo que puedo hacer hoy es llamar su atención sobre ciertos hechos que tienen que ver con este tema, ya que si examinamos las conexiones en detalle nos tomaría demasiado tiempo; pero al estudiar ciertas relaciones en el Hombre durante el proceso real de construcción de los órganos, y ponerlos en conexión con las fuerzas del movimiento interior, pueden encontrar en todas partes analogías de lo que ocurre en los cambios trimestrales de las Estaciones, como se ve en sus relación con las fuerzas del movimiento planetario. Pero debemos evitar comenzar nuestro examen sobre la base de que el corazón es una bomba; por el contrario, el corazón debe ser visto como una creación de la circulación de la sangre. Debemos, por así decirlo, insertar el corazón en una circulación sanguínea viva. También se debe pensar que el movimiento del Sol está insertado de manera similar en los movimientos de los Planetas. Un examen imparcial de las condiciones intrahumanas nos lleva a hablar de una rotación de la Tierra sobre su eje que causa un movimiento aparente de los cielos estrellados, y que esto constituye el equivalente de los movimientos relacionados con el metabolismo en su relación con la forma externa humana. Pero no podemos hablar de un movimiento de la Tierra alrededor del Sol durante el año. No podemos hacer esto, si entendemos al hombre interior viviendo en estrecha relación con el Macrocosmos; porque no debemos concebir lo que se mueve hacia el corazón, de ninguna otra manera que como lo haríamos con los otros flujos del movimiento dentro del hombre. Por lo tanto, debemos reconocer que no nos estamos ocupando del movimiento eclíptico de la Tierra en el transcurso del año, sino más bien de un movimiento que corresponde al movimiento solar. Es decir, la Tierra y el Sol se mueven juntos en el transcurso del año; el uno no da vueltas alrededor del otro.

Esta última opinión es el resultado de juzgar por las apariencias; en realidad tenemos aquí el movimiento de ambos cuerpos en el espacio con una cierta conexión entre los dos. Esto es algo de la teoría de Copérnico que deberá corregirse sustancialmente. Pero aún hay otra manera en la que debemos concebir la relación del hombre con la naturaleza macrocósmica. ¿Cuál es realmente la naturaleza del proceso que observamos en el movimiento diario del metabolismo? Sólo parte de este proceso se lleva a cabo de tal manera que va acompañado de los fenómenos de nuestra consciencia, mientras que se logra otra parte cuando se cierra la consciencia, al separarse el yo y el cuerpo astral del cuerpo físico y etérico. Ahora debemos tener en cuenta especialmente lo siguiente. El hombre no experimenta de la misma manera lo que ocurre entre el despertar y el dormir, y lo que ocurre entre el dormir y el despertarse. Solo consideren la relación entre los dos momentos del tiempo: ir a dormir y despertar. Si hacen esto con una mente libre de prejuicios, llegarán a una visión inequívoca de este asunto. Cuando te vas a dormir, estás, por así decirlo, en el cero de tu ser; la condición del sueño no es meramente de descanso, es la condición antitética del estado de vigilia. Cuando estás despierto, estás, desde el punto de vista de tu vida, realmente en la misma relación contigo mismo y tu entorno que en el momento de irte a dormir. El uno es el equivalente del otro, la única diferencia es la de dirección. Despertar significa pasar del sueño al estado de vigilia; quedarse dormido es al revés. Además de la dirección, son absolutamente iguales. Por lo tanto, si pudiéramos indicar los movimientos del metabolismo con una línea, entonces no podria ser una línea recta o un círculo, ya que no contendría los puntos de despertar y de quedarse dormido. Debemos encontrar una línea que represente los movimientos del metabolismo, de modo de contenga estos puntos, y la única —busquen todo el tiempo que quieran— es la lemniscata. Aquí tienen el punto de despertarse en una dirección y el punto de quedarse dormidos en la otra dirección. Solo las direcciones están opuestas, siendo los dos movimientos iguales en cuanto a las condiciones de vida. Ahora podemos distinguir de una manera real el ciclo del día y el ciclo de la noche.

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¿A dónde conduce todo esto? Si hemos captado el hecho de que el movimiento del metabolismo diario corresponde al movimiento de la Tierra, ya no podemos, con la Tierra aquí (diagrama) atribuir a cualquier punto un movimiento circular. Por el contrario, debemos formarnos el concepto de que la Tierra, en realidad, avanza a lo largo de su camino de tal manera que produce una línea como la de la lemniscata. El movimiento no es una simple revolución, sino un movimiento más complicado; cada punto de la superficie terrestre describe una lemniscata, que también es la línea descrita por el proceso metabólico.

Por lo tanto, no podemos imaginar que el movimiento de la Tierra consista simplemente en que da la vuelta sobre su eje, porque en realidad es un movimiento complicado en el que cada punto sobre el que se encuentra describe en realidad lo que forma la base del movimiento de sus procesos metabólicos —una lemniscata. Es absolutamente necesario buscar en los movimientos del Universo externo el equivalente de los movimientos que tienen lugar dentro del Hombre. Porque solo mediante un estudio de los cambios dentro del Hombre físico podemos llegar a una comprensión de los movimientos planetarios exteriores al Hombre.

Cuando el hombre pone en movimiento sus extremidades y se cansa, ¡no podemos seguir discutiendo sobre si está en movimiento relativo o real! Está fuera de cuestión decir: tal vez el movimiento sea solo relativo, ¡tal vez el otro hombre al que se está acercando esta después de todo realmente acercándose a él! Las teorías de la relatividad ya no contienen agua, cuando el movimiento interno comprueba que el hombre se está moviendo. Y es imposible también probar los movimientos del interior de la Tierra, excepto por medio de los cambios internos que ocurren en el Hombre. Los movimientos del metabolismo, por ejemplo, son el verdadero reflejo de lo que la Tierra ejecuta como movimiento en el espacio. Y nuevamente, eso que hemos llamado las fuerzas de construcción de los órganos, activas en el transcurso del año, son el equivalente del movimiento anual de la Tierra y el Sol. Tendremos ocasión de hablar más específicamente de estas cosas más adelante; en este momento me gustaría llamar su atención una vez más al dibujo, donde he señalado que la Tierra se mueve detrás del Sol en una línea similar a una hélice, moviéndose la Tierra siempre con el Sol. Y luego, si miramos la línea desde arriba, obtenemos una proyección de la línea y la proyección muestra una lemniscata.

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Ahora todo esto dejará claro que ciertamente podemos hablar de un movimiento diario de la Tierra alrededor de su eje, pero de ningún modo de un movimiento anual de la Tierra alrededor del Sol. Porque la Tierra sigue al Sol, describiendo el mismo camino. Otros hechos muestran que no tenemos derecho a hablar de tal revolución. Para dar una instancia, el hecho de que se consideró necesario —he hablado de esto antes—  simplemente para suprimir una declaración de Copérnico. Si la Tierra girara alrededor del Sol, deberíamos esperar que su eje, que debido a su inercia permanece paralelo, apunte en la dirección de diferentes estrellas fijas durante esta revolución. ¡Pero no es así! Si la Tierra girara alrededor del Sol, el eje no podría indicar la dirección de la Estrella Polar, ya que el punto indicado tendría que girar alrededor de la Estrella Polar; sin embargo, no hace esto, el eje indica continuamente la Estrella Polar. Esa línea que debería ser evidente para nosotros y que correspondería al movimiento progresivo de la Tierra en su relación con el Sol, no se puede encontrar.

La Tierra sigue al Sol en un camino en espiral y en forma de hélice, taladrando su camino, como si dijéramos, al espacio cósmico. Ya he indicado, sin embargo, que hay otro movimiento que se manifiesta en los fenómenos de la precesión de los equinoccios: el movimiento del punto de salida del sol en el equinoccio de primavera a través del zodíaco, volviendo al mismo punto cada 25.920 años. Esto también es el equivalente de un cierto movimiento en el Hombre. ¿Qué podemos encontrar dentro del Hombre que le corresponda?

Pueden ser capaces de llegar a una conclusión sobre este punto a partir de lo que he dicho anteriormente. Tenemos que encontrar un movimiento equivalente a la relación del Sol con las Estrellas Fijas, porque el punto del amanecer progresa a través del Zodíaco completo —o estrellas fijas—en 25.920 años. El equivalente en el Hombre es la relación entre las fuerzas del movimiento interno y las fuerzas de la forma; esto también debe ser de larga duración. Las fuerzas del movimiento interno en el Hombre deben cambiar de alguna manera, para alterar su posición en relación con la periferia del Hombre.

Recordarán lo que dije sobre algo que ha sido observable desde el período de la antigua Grecia. Dije que los griegos usaban la misma palabra para “amarillo” y “verde”, pues realmente no veían el azul de la misma manera que nosotros, y como informaron los escritores romanos, solo realizaron y usaron cuatro colores en su arte, es decir, amarillo, rojo, blanco y negro. Vieron estos cuatro colores vivos. Para ellos el cielo no era azul como lo vemos; les parecía una especie de oscuridad. Ahora bien, esta es una afirmación que puede hacerse con toda certeza, y la Ciencia Espiritual lo confirma. Este cambio en el hombre ha tenido lugar desde la época de la antigua Grecia. Cuando reflexionan sobre el hecho de que la constitución del ojo humano ha experimentado tal grado de modificación desde el período de la Grecia antigua, entonces también pueden concebir otras alteraciones en el organismo humano, teniendo lugar en la periferia y ocupando períodos aún más largos de tiempo para su realización. Tales alteraciones en la periferia deben necesariamente tener una relación con las fuerzas del movimiento interno, ya que, por supuesto, no pueden ser producidas por la digestión o las funciones orgánicas. Estas modificaciones periféricas corresponden, de hecho, al curso del equinoccio de primavera en el Zodíaco, es decir a un período de 25.920 años. Durante este período, la raza humana sufre un cambio completo. No debemos cometer el error de pensar que, antes de ese tiempo, la humanidad apareció tal como ahora la vemos. La consideración de las circunstancias relacionadas con la existencia física hace que sea absurdo utilizar las cifras que nos da la geología moderna con el propósito de seguir la evolución humana en el tiempo, ya que podemos comprender esto solo en el período de 25.920 años, y parte de eso todavía está en el futuro.

Cuando el equinoccio de primavera haya vuelto al mismo lugar, las alteraciones que habrán tenido lugar en toda la raza humana serán tales que la forma humana será bastante diferente de lo que es ahora. Ya les he contado algo derivado de otras fuentes de conocimiento sobre el futuro de la raza humana y sobre su época. Y aquí vemos cómo la consideración de las condiciones físicas obliga al reconocimiento del mismo conocimiento.

Como resultado de lo anterior, llegamos a la conclusión de que lo que llamamos los “movimientos de los cuerpos celestes” no son tan simples como la astronomía actual nos haría creer, pero entramos aquí en condiciones extremadamente complicadas, condiciones que pueden ser estudiadas desde el punto de vista de la conexión del Hombre con el Macrocosmos. Ya he podido señalarles ciertos detalles de los movimientos de los cuerpos celestes, y en el transcurso del tiempo aprenderemos más y más sobre ellos de otras fuentes.

Ya podrán ver una cosa: que el hombre no depende por completo del Macrocosmos. Con lo que yace en lo profundo del subconsciente, con los procesos de asimilación, todavía está en cierto modo —pero solo en cierto modo— obligado a la rotación diaria de la Tierra. Sin embargo, él puede salir de esta conexión. ¿Cómo es esto? Es posible porque el hombre tal como está ahora, constituido de acuerdo con las fuerzas de la periferia y del movimiento interior, con las fuerzas de los órganos y del sistema metabólico, está completo y terminado en su dependencia de las fuerzas de afuera; y ahora él puede, con su organización completa y terminada, separarse de esta conexión. En el mismo sentido que tenemos al despertar y dormir una copia del día y de la noche, teniendo así en nosotros el ritmo interno del día y de la noche, pero sin necesidad de hacer que este ritmo interno se corresponda con el ritmo externo del día y la noche (es decir, no es necesario dormir por la noche, ni despertarse durante el día), así que de una manera similar el Hombre corta su conexión con el Macrocosmos en otros departamentos de su existencia. Sobre esto se funda la posibilidad del libre albedrío humano.

No es la formación presente del Hombre la que depende del Macrocosmos, sino su formación pasada. Las experiencias actuales del hombre son fundamentalmente una imagen o copia de su adaptación pasada al Macrocosmos, y en este sentido vivimos en las imágenes de nuestro pasado. Dentro de este estamos capacitados para desarrollar nuestra libertad, y de ello recibimos nuestras leyes morales, que son independientes de la necesidad que rige en nuestra naturaleza. Cuando comprendemos claramente cómo el Hombre y el Macrocosmos se relacionan entre sí, reconocemos la posibilidad del libre albedrío en el Hombre.

Finalmente, debemos pensar en lo siguiente. Está claro que en el hombre las fuerzas metabólicas todavía están, en cierto sentido, conectadas con el ritmo de su vida diaria. Las fuerzas de la forma se han solidificado. Ahora consideren al animal en lugar del hombre. Aquí encontraremos una dependencia mucho más completa del Macrocosmos. El hombre ha crecido fuera o más allá de esta dependencia. Por lo tanto, la sabiduría antigua hablaba del Zodíaco o Círculo de Animales, no del Círculo del Hombre, como correspondiente a las fuerzas de la formación. Las fuerzas de la forma se manifiestan en el reino animal en una gran variedad de formas, mientras que en el hombre se manifiestan esencialmente en una forma que cubre a toda la raza humana; pero son las fuerzas del reino animal, y a medida que evolucionamos más allá de ellas y nos convertimos en Hombres, debemos ir más allá del Zodíaco. Más allá del zodíaco se encuentra aquello sobre lo que nosotros, como seres humanos, dependemos en un sentido más elevado de lo que estamos en todo lo que existe dentro del zodíaco, es decir, dentro del círculo de las estrellas fijas. Más allá del zodíaco esta lo que corresponde a nuestro Yo.

Con el cuerpo astral —que el animal también posee— estamos encadenados a una dependencia del Macrocosmos, y la construcción del vehículo astral se lleva a cabo de acuerdo con la voluntad de las Estrellas. Pero con nuestro ‘Yo’ o Ego trascendemos este Zodíaco. Aquí tenemos el principio sobre el cual hemos ganado nuestra libertad. Dentro del Zodíaco no podemos pecar, como tampoco los animales; comenzamos a pecar tan pronto como llevamos a cabo nuestra acción más allá del Zodíaco. Esto sucede cuando hacemos aquello que nos libera de nuestra conexión con las fuerzas de formación universales, cuando entramos en relación con regiones exteriores al Zodíaco o región de estrellas fijas. Y este es el contenido esencial del yo humano.

Como ven, podemos medir el Universo en tanto que nos aparece como una cosa visible y temporal, podemos medir su extensión completa a través del espacio de las estrellas fijas más externas, y todo lo que tiene lugar a través del movimiento en el tiempo en este cielo estrellado, y podemos considerar todo esto en su relación con el Hombre; pero en el Hombre se está cumpliendo algo que sucede fuera de este espacio y fuera de este tiempo, fuera de todo lo que tiene lugar en lo astral. Más allá, no hay “necesidad de la Naturaleza”, sino algo que tiene un lugar que está íntimamente conectado con nuestra naturaleza moral y nuestras acciones morales. Dentro del Zodiaco no podemos evolucionar nuestra naturaleza moral; pero en la medida en que evolucionamos, lo registramos en el Macrocosmos más allá del Zodíaco. Todo lo que hacemos permanece y funciona en el mundo. Los procesos que tienen lugar dentro de nosotros, desde las fuerzas de la formación hasta las fuerzas del metabolismo, son el resultado del pasado. Pero el pasado no prejuzga todo el futuro, no tiene poder sobre ese futuro que deriva del propio Hombre en sus acciones morales.

Solo puedo guiarles en este estudio paso a paso. Tengan en cuenta lo que he dicho hoy y en mi próxima conferencia vamos a examinar el asunto desde otro punto de vista.

 

 

Traducido por Gracia Muñoz en Febrero de 2018.

GA201c5. El Hombre: Enigma del Universo

Rudolf Steiner — Dornach, 17 de abril de 1920

English version

Nuestros estudios de los últimos días habrán dejado claro que es completamente imposible conocer la configuración del Universo espacial y sus movimientos de la forma que es adoptada por la ciencia moderna. Porque no solo se considera al Universo como completamente separado del Hombre, sino que incluso los diferentes cuerpos celestes, que a nuestra vista parecen desconectados, se tratan como algo aislado y desde su aislamiento, se observan sus efectos entre sí. Se trata de lo mismo que si, por ejemplo, estudiáramos el organismo humano examinando primero un brazo y luego una pierna, para luego entender el organismo completo por la manera en que los miembros individuales trabajan juntos.

Pero el hecho es que no es posible comprender el organismo humano estudiando sus miembros individuales; pues toda la investigación del cuerpo del hombre debe tener el punto de partida en el todo, desde el cual podemos pasar a las diferentes partes. Lo mismo se aplica al Sistema Solar y también al Sistema Solar en su relación con la totalidad del Universo Estelar visible. Porque el Sol, la Luna, la Tierra y los otros planetas son solo partes de todo el sistema. ¿Por qué debería el Sol, por ejemplo, ser considerado como un cuerpo aislado? No hay absolutamente ninguna razón para que imaginemos que el Sol está simplemente donde lo vemos, limitado por las fronteras desde las que nuestros ojos lo perciben. En relación con esto, el filósofo Schelling estaba en lo cierto cuando se negó a hacer la pregunta: “¿Dónde está el Sol?” con otro significado que no fuera “¿Dónde se siente su influencia?”. Si el Sol actúa sobre la Tierra, los efectos de dicha actividad deben pertenecer necesariamente a la esfera del Sol; y es muy incorrecto extraer una parte de un todo y estudiar esa parte en sí misma. Pero esto es precisamente lo que la concepción materialista moderna del Universo se propuso hacer, y su influencia se está fortaleciendo cada vez más desde mediados del siglo XV.

Esto es contra lo que Goethe siempre luchó cuando estaba trabajando en sus investigaciones en el ámbito de la ciencia natural, y contra lo que todos los verdaderos seguidores de su ciencia también deben luchar. Goethe se vio obligado a llamar la atención sobre el hecho de que no debemos estudiar la Naturaleza sin el Hombre, sin tener en cuenta la relación de la Naturaleza con el Hombre. El estudio de los fenómenos naturales fuera del hombre debe tener su base en la comprensión de la naturaleza del hombre. El siguiente ejemplo le mostrará el valor de algunas de las afirmaciones hechas por la Astronomía moderna.

La Astronomía moderna se esfuerza, con el uso de todo tipo de argumentos, por hablar de un camino elíptico de la Tierra alrededor del Sol; afirmando que este movimiento fue en primer lugar iniciado por esa propulsión tangencial de la que hablé ayer en relación con la atracción gravitacional del Sol. Pero la Astronomía no puede negar el hecho de que cuando se habla de atracción, el Sol no solo atrae a la Tierra, sino que la Tierra también debe atraer al Sol. Esto, sin embargo, nos obliga a concluir que no podemos hablar de una revolución en una trayectoria elíptica de la Tierra alrededor del Sol, ya que si la atracción es mutua no podemos tener un movimiento unilateral de la Tierra alrededor del Sol, pues ambos deberían girar alrededor de un punto neutral. En otras palabras, esta revolución no puede tener lugar de una manera que nos permita mirar el centro del Sol como el pivote, porque el pivote debe ser un punto neutral situado entre el centro del Sol y el centro de la Tierra. Al decir esto, no estoy planteando objeciones a la Astronomía, simplemente estoy diciendo lo que pueden encontrar por ustedes mismos en los libros astronómicos. Por lo tanto, estamos obligados a admitir la existencia —de una u otra manera— de un pivote (eje) entre las dos esferas.

Nuestra Astronomía, a modo de consuelo, mantiene que este pivote o punto se encuentra dentro del Sol mismo. Tanto la Tierra como el Sol giran entonces alrededor de este punto. Y así, una vez más, no obtenemos una revolución directa de la Tierra alrededor del Sol, pues el Sol también gira, sin embargo gira alrededor de un punto que está dentro de sí mismo. Así, la Astronomía exotérica ha llegado a suponer que pivota un punto que no es el centro del Sol, sino que se encuentra en la línea que conecta el Sol y la Tierra, y aún dentro del Sol. Pero ahora nos enfrentamos con otra dificultad. Primero debe calcularse el tamaño del Sol. (La verdad de la suposición anterior depende del tamaño calculado del Sol). Sobre el resultado de tal cálculo se construye una conclusión que, por supuesto, debe poseer una cierta validez limitada (los cálculos se hacen a partir de la evidencia de los sentidos), pero que no necesariamente tiene que ser el criterio por el cual podamos juzgar la realidad de lo que yace detrás de los fenómenos de la naturaleza.

Por lo tanto, es necesario tener un ojo estricto con la Astronomía moderna, así como con otras ciencias, con el fin de discernir los lugares —y son numerosos—  donde la ciencia se sobrepasa y se mete en dificultades.

Esta dificultad no puede resolverse estudiando el aspecto externo de los fenómenos; solo podemos llegar a un resultado verdadero al examinar el Universo en su relación con el Hombre. Debemos, en primer lugar, tomar nota de las conexiones previamente explicadas entre el Universo y el Hombre; y luego debemos agregar muchos otros hechos, antes de que podamos llegar a una verdadera imagen del mundo. Hemos dicho que debemos imaginar, antes que nada, la materia ordinaria y ponderable, como una cuestión que pueda ser sopesada. La Luz que no podemos pesar; no pertenece al ámbito de la materia ponderable, como tampoco lo hace el calor. Entonces debemos imaginar primero lo ponderable, y debemos oponer a esto el éter. Dijimos que es incorrecto considerar que el Sol consiste en materia ponderable como la materia de la Tierra. El Sol es algo que en realidad es menos que el espacio, por así decirlo, es un “vaciado” del espacio; es algo que absorbe, en contraposición a la presión de la materia ponderable.

Y tenemos que hacernos no solo con una agregación (por el Sol) de este éter absorbente en el Universo externo, sino también con el hecho de que este éter se distribuye por todas partes, en todas partes encontramos, coexistiendo con la fuerza de presión, la fuerza absorbente. Nosotros mismos llevamos esta fuerza de succión en nuestros propios cuerpos etéricos. Con esto, agotamos por completo todo lo que llamamos Espacio. Presión y succión —ambos dos, los encontramos en el espacio. Porque no solo poseemos nuestro cuerpo físico, compuesto de materia ponderable que asimila y expulsa de nuevo, no solo tenemos también un cuerpo etérico, compuesto de éter absorbente, sino que tenemos además un cuerpo astral —si podemos usar el término ‘cuerpo’ a este respecto. ¿Qué implica la posesión de este tercer cuerpo? Significa que tenemos dentro de nosotros algo que ya no es espacial, aunque tenga cierta relación con el espacio. Esta relación puede ser probada cuando nos damos cuenta de que durante las horas de vigilia el cuerpo astral interpenetra los cuerpos etérico y físico. Pero el cuerpo etérico actúa de forma muy diferente cuando estamos despiertos a cuando estamos dormidos. Se establece una relación diferente entre los cuerpos etérico y físico cuando nos despertamos, y esto es causado por el cuerpo astral. Está activo y trabaja sobre lo espacial, aunque no es en sí mismo espacial. Porta el orden y la organización a las correlaciones del espacio. Esta actividad organizadora del cuerpo astral dentro de nosotros tiene lugar también en el Universo externo, donde se manifiesta de la siguiente manera.

Intenten por un momento considerar solo el Espacio y fuera de todo el Cielo visible, consideremos solo las regiones indicadas por el Zodíaco. No pretendo aquí tratar en detalle los diversos signos zodiacales, pero consideremos las direcciones a las que miramos en el cielo cuando nos volvemos, por ejemplo, hacia Aries, en el zodíaco; luego a Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Todo lo que tenemos que anotar, en primer lugar, es que el espacio que se encuentra ante nosotros como nuestro Universo visible está dividido de esta manera. Los signos simplemente indican la división, en la medida en que cada uno de ellos denota el límite de una determinada sección del espacio. Ahora no debemos imaginar que estas direcciones del espacio puedan tratarse de tal manera que uno pueda decir: ‘Hay un espacio vacío, y simplemente trazo una línea en algún lugar dentro de él’. Simplemente no existe tal cosa que las matemáticas llaman ‘Espacio’; pues en todas partes hay líneas de fuerza, direcciones de fuerza, y estas no son iguales, varían, se diferencian. Podemos distinguir entre estas doce regiones al darnos cuenta de que si nos colocamos en la dirección del signo de Aries, la fuerza que experimentamos es diferente a la que tendríamos si enfrentáramos el signo de Libra o Cáncer. En cada dirección, la fuerza es diferente. El hombre no admitirá esto, mientras viva meramente en el mundo de los sentidos; pero tan pronto como ascienda a la vida Imaginativa del alma, ya no experimentara las direcciones en el espacio de la misma manera cuando se coloca frente a Aries o frente a Cáncer, sino que sentirá su influencia como muy diferenciada.

Para darles un paralelismo, puedo presentar lo siguiente. Imaginen que organizan a su alrededor un círculo de doce personas de tal manera que aquellos que con los que simpatizan más ocupan una parte del círculo, luego se van colocando los menos comprensivos, hasta que en el otro lado tienen a todos aquellos que les son antipáticos. (No estamos imaginando el grado de simpatía o antipatía que resulta de cualquier emoción personal; puede ser simplemente una cuestión de apariencia externa). Ahora si dan la vuelta dentro del círculo, doce imágenes pasan frente a la visión y al mismo tiempo experimentan una serie graduada de sensaciones diferenciadas. El hombre se da cuenta de tal serie de sensaciones si, después de alcanzar la percepción Imaginativa, se mueve dentro del Zodíaco. Una gradación similar de sensación, una gradación de visión similar se produce en él, y tiene lugar dentro de él en el momento en que escapa de la indiferencia de la existencia sensorial ordinaria. Por lo tanto, cuando tratamos con estas diversas secciones del espacio no hay uniformidad, ya que debemos ser conscientes de que cada una de estas direcciones ejerce una influencia diferente sobre nosotros.

Verán, aquí sale a la luz un hecho íntimamente conectado con la evolución del Hombre. Si hubiera permanecido en la etapa de la antigua conciencia, la conciencia pictórica atávica, todavía experimentaría con fuerza la realidad de esta diferenciación en las diversas secciones de los cielos; habría sido consciente de una sensación de simpatía hacia una dirección del espacio y antipatía hacia otra. Sin embargo, el hombre ha sido liberado de este juego de fuerzas en el cual estuvo conscientemente rodeado en un momento, y ha sido liberado de él simplemente por el hecho de que su organización actual lo ha colocado en el mundo de los sentidos. Pero el Hombre en realidad está organizado de acuerdo con las leyes cósmicas, incluso ahora puede ser probado mediante experimentos bastante externos, si se presta atención a ciertos fenómenos. Porque de ninguna manera es una tontería decir que ciertas enfermedades se pueden curar más rápidamente si la cama del paciente se coloca en la dirección de Este a Oeste. No es una superstición sino un hecho capaz de una prueba definitiva. ¡Pero esto no pretende ser una recomendación para que cada uno de ustedes coloque su cama en una determinada posición! ¡He tenido tantas experiencias en este sentido, que creo necesario interponer aquí unas palabras de advertencia! por ejemplo una vez me sucedió en Berlín, al final de un discurso antroposófico. Puse un cierto énfasis en el hecho de poder ponerme mis chanclos porque estaba lloviendo, sin sentarme, diciendo que esto se podía hacer al pararse sobre una pierna y luego sobre la otra, y agregué ‘Y uno debería ¡poder pararse sobre una pierna!”. Esto fue tomado por algunos antropósofos de tal manera que, al regresar de Londres a Berlín, descubrí que a los miembros de la Sociedad Antroposófica de allí se les recomendaba, como entrenamiento esotérico, pararse sobre una pierna por un corto tiempo en la medianoche!. Muchas aseveraciones sobre nosotros tienen una buena base. Una y otra vez se dicen cosas de este tipo y luego se abren camino en este o aquel artículo periodístico con la pluma de una persona bien o mal dispuesta, generalmente lo último. Entonces, repito, no tengo ningún deseo de recomendarles a cada uno que coloquen su cama en una posición particular. Sin embargo, este hecho y muchos otros muestran que aún hoy, en la parte interna o subconsciente de su ser, el Hombre todavía se encuentra en cierta relación con estas diferenciaciones espaciales externas, en las cuales ha sido colocado.

Ahora, ¿a través de qué medios posee el Hombre estas relaciones? Las posee a través de su cuerpo astral, que establece estas relaciones. Solo son posibles para él porque a través de su cuerpo astral, el Hombre es un habitante del mundo astral, un mundo que, aunque actúa sobre el Espacio, no es en sí mismo espacial. Solo concebimos el Zodíaco en todo su significado cuando lo tratamos como el representante más allá del mundo astral. Y ahora, sin tener en cuenta las teorías astronómicas actuales, examinemos estos fenómenos que aparecen ante nuestro sentido de la vista. Sabemos que, de hecho o aparentemente, el Sol pasa a través del Zodíaco de diferentes maneras; en su curso diario, en su curso anual, y de nuevo en su curso hasta el año platónico, a través de la precesión de los equinoccios. Esto apunta al hecho de que los efectos sobre nosotros de esa bola de éter absorbente llamada Sol varían enormemente, ya que provienen de las diferentes direcciones del espacio. En un momento, la energia del Sol nos afecta desde una parte que llamamos Aries, en otro momento desde una sección diferente y así sucesivamente. Tomando el caso de un habitante de nuestra propia parte del globo, podemos ver que en cualquier momento dado tiene frente a él la mitad de los signos zodiacales, mientras que la otra mitad está oscurecida por la Tierra. En otras palabras, estamos tan ubicados en relación con esta diferenciación del Espacio, que estamos dirigidos directamente hacia una parte del Zodíaco, mientras que entre la otra y nosotros mismos esta la Tierra. Obviamente esto no tiene nada que ver con un movimiento real o aparente; es un hecho simple que en cualquier momento dado enfrentamos una parte del Zodíaco, mientras que la otra parte es interceptada por la Tierra. Ahora, por favor, intenten imaginar estas secciones del espacio con nuestra Tierra oscureciendo algunas de ellas. ¿Qué significa para nosotros? Está claro que la mitad nos influenciará directamente, la otra no directamente, sino más bien, debo decir, a través de su ausencia. En un momento tenemos el trabajo directo de estas regiones diferenciadas del espacio, en otro momento el funcionamiento de su ausencia, el efecto, por así decirlo, de su falta de presencia. Este hecho es algo que está activo en nosotros y nos permite, en cierta medida, poner en una especie de relación lo que está trabajando directamente sobre nosotros y lo que está ausente, de cuya influencia directa somos eliminados. Porque abre otra posibilidad.

Digamos, desde la dirección de Cáncer, procede cierto tipo de influencia. Esto se opondría a la influencia de Capricornio, pues este último estaría ocultado, estaría interceptado. En consecuencia, tengo en mí la influencia de Cáncer y me opongo a la influencia capricorniana interceptada; la influencia de Cáncer, en cierto sentido, queda en mí, la tengo en mis manos, por así decirlo. Por supuesto, lo que está ausente no puede actuar sobre mí de la misma manera que lo que está presente; pero gano una cierta influencia con respecto al Signo que actúa sobre mí en razón de la oposición a su antítesis interceptada. A través del hecho de que estoy en la Tierra, las influencias celestiales se vuelven bastante diferentes de lo que serían, si estuviera flotando libremente en el espacio y directamente expuesto a todas ellas. Quiero que entiendan este punto especialmente, y luego se darán cuenta de que no puedes decir simplemente: sobre nosotros tenemos los signos Aries, Piscis, Acuario, etc., y debajo de Libra, Virgo, etc., pues tendrán que concebir el todo como una organización, con ustedes mismos insertados. Y a medida que avanzan, a causa de la rotación de la Tierra, de signo a signo, están siendo llevados a través de todas estas influencias directas a la vez. Aquí en un punto, la influencia de Escorpio fue obstaculizada y allí en otro punto has sido llevado a ella. Una analogía seria tomar comida; tenías hambre, la comida no estaba allí dentro de ti, pero después de la comida la comida está presente dentro de ti. La influencia de Escorpio estuvo ausente aquí, pero en este otro punto se activó. Y así formamos conexiones con el Cosmos circundante a medida que entramos en diferentes relaciones con él a través del movimiento de la Tierra.

Pero, ¿es el hombre consciente de estas influencias variables, mientras está todavía en el plano físico? No, no lo es; hemos visto que el mundo físico lo aleja de ellas. Pero en el momento en que se retira con su cuerpo astral y el yo de sus cuerpos físico y etérico, se encuentra dentro de estas fuerzas; ellas actúan directa y fuertemente sobre él. Estas influencias extraterrenas y celestiales comienzan entonces sobre esa parte del Hombre que ya no está conectada con lo físico y etérico; actúan sobre él tan poderosamente como el alimento sobre el cuerpo físico. Es solo este descenso a lo físico la causa de la retirada del hombre de estas influencias externas. Por lo tanto, podemos considerar que el cuerpo astral es, en cierto sentido, parte del universo celestial, y no del terrestre, porque cuando, junto con el yo, está fuera del cuerpo físico, tenemos que coordinarlo con la no-influencia terrestre.

Al considerar el asunto de esta manera, gradualmente llegamos a la conclusión de que el hombre se vuelve receptivo a estas fuerzas celestiales en la medida en que deja de actuar a través de los órganos de su cuerpo físico, es decir, cuando esta, a través de esta no actividad, más o menos en estado de sueño. El hombre cuando es niño está siempre más o menos dormido, por lo tanto, el niño es mucho más receptivo a las influencias celestiales que el hombre. A medida que crece, se va abriendo camino cada vez más a las condiciones terrenales. Durante la infancia, todo lo que está dentro de la piel sigue siendo plástico y en estado de formación. Los poderes formativos se vuelven cada vez menos activos con los años, hasta que, en un momento considerablemente posterior de la vida, se vuelven muy pequeños.

Esto muestra que el proceso de formación físico interno se encuentra en cierta relación con los movimientos y configuraciones del Universo celestial externo. Pero la parte de nuestro ser que, en lo que concierne a la conciencia, permanece en un estado continuo de sueño —como nuestra actividad cardíaca, nuestro proceso digestivo, etc.; de hecho, todos los procesos físicos internos— toda esa parte de nuestro ser permanece bajo la influencias de lo suprafísico durante toda nuestra vida. (Estos procesos son inducidos de la misma manera que el proceso que sigue cuando doy un paso adelante conscientemente, solo que todos están dirigidos hacia adentro en lugar de hacia afuera). Tomemos un ejemplo característico. Por medio de los movimientos internos de los intestinos, el quimo toma un impulso en su camino. Estos son movimientos internos dentro del límite de la piel humana, y por lo tanto, como dijimos, dependen de lo que está más allá de la Tierra. Fundamentalmente, el hombre como Hombre depende solo de lo terrestre, de la materia terrestre ponderable, de todo lo que le afecta desde fuera de su piel. Pero en el momento en que cualquier acto o circunstancia exterior se traduce en actividad dentro de la piel, entonces comienza en su organismo una actividad que está relacionada con lo suprasensible. Cuando tomas un trozo de azúcar en la palma de tu mano, sientes su peso físicamente, lo elevas a tus labios; el proceso sigue siendo físico, pero tan pronto como lo disuelves en la lengua y entra en la esfera del gusto, ya no queda dentro del alcance de los procesos terrestres, sino que queda sujeto a las fuerzas extraterrestres. Para encontrar el funcionamiento de lo extraterrestre, debemos penetrar en lo que está encerrado dentro de la piel humana. Esto nos llevará a darnos cuenta del hecho de que, mientras andas por el mundo, te rodeas, por así decirlo, de todo tu ser, estás en el reino de lo terrenal. Pero tan pronto como uno entra, incluso dentro de la organización física, ya no está en el ámbito de lo Terrenal, sino que ha entrado en una esfera que depende de fuerzas extraterrenales. Pueden demostrárselo fácilmente a ustedes mismos en el hecho de que dentro de nosotros reside algo que no se fusionó con la existencia terrenal, si recuerdan el hecho tantas veces repetido, de que el cerebro humano flota en el fluido meníngeo. Si este no fuera el caso, la presión del cerebro sobre los órganos colocados en el piso del cráneo aplastaría todos los vasos sanguíneos. Cualquier libro de texto que trate estos asuntos le dirá el peso del cerebro. Si su elección es un “Bischoff”, notará que afirma que el cerebro femenino es mucho más ligero que el del hombre, afirmación que se volvió absurda más adelante, para el deleite de las damas, cuando se descubrió al ser examinado, que el cerebro del propio Bischoff demostró tener mucho menos peso que el cerebro más ligero examinado por él. Esto es por cierto, solo un ejemplo del valor general de los juicios humanos. Sin embargo, el cerebro humano, que posee un peso considerable (al menos de 1.200 a 1.300 gramos), no ejerce presión de ninguna manera, de acuerdo con su peso real, sino solo, como podríamos decir, un peso de comparativamente pocos gramos, por la presión hacia arriba del líquido meníngeo. Recuerden la ley de Arquímedes, según la cual el peso de un objeto se reduce por el peso del agua que desaloja.

Por lo tanto, la presión del cerebro es igual a solo unos pocos gramos porque flota en el líquido. Si tuviera una tendencia a presionar hacia abajo con todo su peso, el hombre no podría usar su cerebro para pensar. Supera su peso porque esta flotando en el líquido. No pensamos en la cuestión del cerebro, sino en aquello que se retira de la materia, con las fuerzas ascendentes, con lo que crece más allá de la Tierra. Y debemos seguir con esto en todas las partes de la organización del hombre. Así como interiormente nos retiramos de las fuerzas de la gravedad terrestre en el caso del peso del cerebro (exteriormente, por supuesto, esto es imposible, el cerebro sobre la balanza muestra su peso real, incluso mientras está dentro de nosotros), del mismo modo nosotros también nos separamos de las fuerzas físicas y químicas terrenales de otro tipo.

 ¿Qué nos permite separarnos de estas fuerzas? Es el yo y el cuerpo astral. Tan pronto como estos actúan sobre el cuerpo etérico y físico retiran lo etérico de lo físico, la fuerza absorbente se ausenta y solo queda la materia ponderable. La materia ponderable no es parte de la Tierra, ya que la Tierra no la retiene en su forma original, sino que la destruye. Las fuerzas terrestres no contienen en ellas lo que le da al hombre su forma. Eso no es difícil de comprender, ya que hemos visto que nos separamos interiormente de las fuerzas terrestres. Con todo lo que entra en él a través del cuerpo astral y del yo, el hombre se relacionado con las fuerzas que están activas más allá de la Tierra.

Nuestra siguiente pregunta puede ser: ¿cuál es la naturaleza de esta relación? Para determinar esto, debemos de alguna manera estudiar la calidad y naturaleza del Hombre. Encontramos en primer lugar su forma o figura completa. No me refiero con esto a la forma que dibujaría si fuera a hacer un boceto de él, sino a toda la configuración, toda la formación del Hombre. Incluirá, por ejemplo el hecho de que los ojos se colocan en la cara y los talones en los pies; porque esto es parte de la configuración interna del Hombre de acuerdo con la ley. Los pintores expresionistas pueden afirmar que el Hombre puede ser dibujado de tal manera que su dedo del pie tome el lugar de su nariz, o que un ojo se coloque aquí y el otro en su mano. Sí, realmente existen tales personas, pero solo muestran la poca relación interior que tienen con el mundo. De hecho, en estos días hemos avanzado tanto en el pensamiento materialista como para poder representar cosas individuales por separado, cuando realmente pertenecen al todo y no deben representarse por sí mismas.

Tenemos, por lo tanto, primero la forma completa del hombre; y este, como saben muy bien, no se produce como cuando se modela una figura tallándola en madera, por ejemplo, sino que se forma desde dentro. Ni siquiera podríamos volver a tallar ninguna parte que no cuente con nuestra aprobación. La forma humana está modelada por fuerzas que residen en la periferia y son fuerzas que vienen de más allá de la Tierra. Por lo tanto, cuando contemplamos la forma humana, estamos viendo un producto de lo extraterrenal.

En segundo lugar, podemos distinguir en el Hombre, además de su forma, todo lo que esta dentro de la categoría del movimiento interno. Tomemos, por ejemplo, la sangre y los otros jugos corporales; estos poseen movimiento interno. Esto también se produce desde adentro; esta, por así decirlo, situado incluso más profundamente en el hombre que su forma. Esta última avanza hacia la periferia, mientras que el movimiento interno tiene lugar completamente dentro; y nuevamente es un proceso que se encuentra en relación con el mundo que está más allá de la Tierra.

En tercer lugar, la actividad de los órganos. Órganos como los pulmones, el hígado, el bazo, etc., son los responsables de las actividades dentro del Hombre, y son estas actividades las que nombraré como el tercer hecho que encontramos en el Hombre. No es necesario que esto les sorprenda, más bien debería llevarles a buscar la razón.

Consideren por ejemplo, un órgano importante, a saber, el corazón, del cual recientemente he hablado en repetidas ocasiones. Nos damos cuenta de que en cierto sentido, el corazón ha sido soldado.

Al seguir la Embriología, encontramos cómo el corazón se va soldando gradualmente o se acumula, por así decirlo, por la circulación sanguínea, y no es una forma primaria. Esto es verificado por la Embriología. Y lo mismo ocurre con otros órganos.   Son el resultado de estas circulaciones, más que las causas de ellas. Dentro de los órganos, la circulación se paraliza, sufre una especie de metamorfosis y avanza de otra manera.

Para ilustrar la idea, digamos que tenemos una corriente de agua que cae sobre una roca. Lanza una variedad de formaciones y luego fluye. Estas formaciones son causadas por las fuerzas del equilibrio y el movimiento en ese lugar. Ahora imaginen que de repente todo esto se petrificara; se formaría como una piel a modo de pared, luego el resto seguiría fluyendo de nuevo, y tendríamos una estructura orgánica formada. Deberíamos hacer que la corriente atraviese la estructura y que vuelva a salir y fluir más allá de forma alterada. Pueden imaginar algo como esto en el caso del flujo de la sangre, que circula por el corazón. Solo puedo indicar estas cosas aquí. Están bien fundamentadas, pero aquí solo se puede dar una indicación de ellas.

Aunque los órganos en la manera de su formación dependen del flujo de las fuerzas internas, sin embargo, son algo de la parte interna del Hombre que de nuevo entra en relación con lo que está afuera. Aquí tenemos algo que, como pueden ver en un ejemplo que daré, se encuentra en una relación más cercana con lo terrenal; a través de estos órganos, somos llevados desde el interior al contacto con el exterior.

Tomen el caso de los pulmones. Los pulmones son órganos, pero a la vez son la base de la respiración. Como instrumento para la transmutación del oxígeno inhalado en el ácido carbónico exhalado, los pulmones forman una relación con algo que tiene significado para el Hombre, pero que aún existe fuera de él en el ámbito de lo Terrenal. De esta forma regresamos, por así decirlo, al entorno terrestre a través de las actividades orgánicas. En el momento en que sobrepasamos, a través de la actividad orgánica, el límite de nuestra piel, estamos fuera, en la esfera terrestre. Verán, todos estos procesos que tienen lugar completamente dentro de nosotros, la formación y regulación de movimientos fluídicos, etc., se encuentran en una relación con lo extraterrenal; mientras que cuando llegamos a los órganos, nuevamente nos acercamos a lo terrestre. Aquí tenemos en el Hombre la unión del Cielo y la Tierra. Los pulmones están formados por seres extraterrestres, pero lo que hacen con el oxígeno los relaciona con lo terrenal. Y ahora, cuando el hombre toma sustancias aún más terrenales y las recibe en su organismo, entra en contacto inmediato, a través del proceso del metabolismo con lo verdaderamente terrenal.

Por lo tanto, podemos estudiar al hombre desde cuatro puntos de vista diferentes: La Forma completa, en la medida en que esta se construye desde adentro hacia afuera; Movimiento interno, actividad orgánica y metabolismo. Si estudiamos la forma completa, que está totalmente construida por fuerzas internas, encontramos que es de todas la que menor conexión tiene con la Tierra.

Este punto se explicará más mañana. Solo comenzaremos a comprender esta conexión cuando relacionemos, como haremos mañana, la forma completa del Hombre con  el Zodiaco. El movimiento interno, la circulación de la sangre, la linfa, etc., solo pueden concebirse en su realidad, cuando los relacionamos con nuestro sistema planetario. Y cuando llegamos a la actividad de los órganos, ya nos acercamos a lo terrestre.

adzodiaco

 

Les di el ejemplo de los pulmones, que, en lo que respecta a su construcción interna, están formados por fuerzas extraterrestres, pero en relación con el oxígeno están en relación con el aire. Otros órganos humanos entran en relación con el agua, otros de nuevo con calor, etc. Por lo tanto, al estudiar la actividad de los órganos, entramos en contacto con el mundo Elemental —con fuego, agua, aire. Solo cuando nuestras observaciones se centran en la asimilación real o el metabolismo, estamos en la esfera de la Tierra. El mundo Elemental es aquel que abarca la Tierra como la esfera del agua y del aire, y solo cuando nos encontramos con el proceso del metabolismo, nos acercamos a la relación del Hombre con la Tierra misma.

De esta forma podemos descubrir la relación del Hombre con el Universo que lo rodea:

Zodiaco (1) Forma completa
Mundo de los Planetas (2) Movimiento interno
Mundo de los Elementos (3) Actividad de los órganos
Tierra (4) Metabolismo

 

Y ahora consideren, si entendemos la forma del Hombre en toda su naturaleza y condiciones, y encontramos la posibilidad de rastrearlo hasta el Zodíaco —es decir, el mundo de estrellas fijas — solo en ese momento podemos formarnos, desde el Hombre, una idea de todo lo que nos es visible en el espacio circundante; porque no puede ser investigado por medios mecánicos o matemáticos, sino solo a través del conocimiento de la forma completa del Hombre. Tampoco los movimientos planetarios pueden ser examinados simplemente por medio de un telescopio. Con un telescopio uno encuentra sus posiciones, colocándolo primero frente a una estrella y luego frente a otra, encontrando el ángulo, y de esta manera ir descubriendo las posiciones. Lo que está realmente presente en los procesos del Mundo Planetario es algo que se forma desde adentro hacia afuera. Es por un estudio de las actividades de los jugos y la savia en el hombre que aprenderemos a comprender las actividades planetarias. Del mismo modo, si comprendemos nuestras propias actividades orgánicas, también comprenderemos lo que sucede en el mundo elemental; y cuando seamos capaces de comprender lo que sucede en el Hombre en el momento en que se introduce la sustancia terrenal en su sistema metabólico, poseeremos la clave de las actividades de la Tierra y podremos separarlas espacialmente de todas las actividades extraterrestres.

 

 

 

Traducido por Gracia Muñoz en Febrero de 2018.

GA102c2. La influencia de los seres espirituales en el hombre

Rudolf Steiner — Berlín 27 de enero de 1908

English version

En la conferencia de hoy vamos a hacer un recorrido de largo alcance por el espacio cósmico. Esto nos revelara, a grandes rasgos, el curso interior de la evolución del mundo, y al mismo tiempo, su íntima relación con la evolución humana en la Tierra. Todo en el universo está interconectado. Para poder ser capaces de seguir estas complicadas conexiones, naturalmente, necesitamos un largo, largo tiempo, y sólo muy poco a poco el hombre podrá encontrar su camino, por así decirlo, en el complejo funcionamiento del cosmos.

En conferencias anteriores hemos hablado de como ciertos seres que tienen su residencia en otros cuerpos cósmicos ejercen una influencia sobre nuestra propia vida, cómo se relacionan con lo que llamamos la linfa, los líquidos digestivos y también a través de nuestras percepciones sensoriales. Esto nos ha dado una imagen de cómo se proyecta el espíritu a través del espacio cósmico. hoy lo vamos a estudiar desde un aspecto diferente, recordemos, para empezar, que nuestra Tierra, como el hombre mismo, ha pasado por diferentes etapas de evolución y pasará por otras en los tiempos por venir.

Miremos hacia atrás, a las tres etapas anteriores de la Tierra: a la etapa de la Antigua Luna (no debe confundirse con la Luna actual), y luego a la del “Antiguo Sol”, y  más atrás a la de “Antiguo Saturno”. Y mirando al porvenir vemos proféticamente que la Tierra se transformará en “Nuevo Júpiter”, una “Nueva Venus” y “Vulcano”.

Estas son las encarnaciones sucesivas de nuestro planeta Tierra. Si  meditamos en estas etapas de la evolución de nuestro planeta, veremos que lo que en La Ciencia Oculta  denominamos  un “Sol” —como nuestro Sol actual— es un cuerpo celeste alrededor del cual gira un número de planetas. Aparte de esto cuando, hablamos de un planeta llamado Antiguo Sol, diciendo que nuestra propia Tierra en un estado anterior de la evolución, fue “Sol”, implica en cierto sentido, que el Sol que está actualmente en el centro de nuestro sistema planetario, no siempre fue un Sol. Ha avanzado, por así decirlo, al rango y la dignidad de un Sol en el Cosmos. Se unió una vez con las sustancias y  fuerzas que forman nuestra Tierra y, a continuación, recogió, por así decirlo, lo mejor y fue capaz de alcanzar su más alto grado de desarrollo separándose de la Tierra, dejándonos con ciertas fuerzas que estaban destinadas a una evolución más lenta. El Sol se llevó consigo a algunos seres superiores y junto con estos seres superiores se estableció en el centro de nuestro sistema. Por lo tanto en las dos etapas anteriores, lo que está contenido en el Sol de hoy tuvo una existencia planetaria y posteriormente ha pasado por tal grado de evolución que su forma de existencia pertenece a las estrellas fijas. Esto nos muestra los grandes cambios en la evolución que tienen lugar en el universo. En primer lugar, el Sol no nace Sol. Una estrella fija no ha sido una estrella fija desde el principio, ha tenido que pasar a través de la escuela elemental de la existencia planetaria.

Ahora naturalmente pueden preguntarme: ¿Qué ocurre entonces cuando una estrella fija evoluciona a una etapa posterior? Tan cierto como la existencia del Sol —una existencia de estrella fija— ha surgido de una existencia planetaria, por lo que realmente su evolución procede de etapas posteriores de la vida en el cosmos. Por supuesto, comprenderemos esta evolución aún mejor si estudiamos la evolución posterior de nuestra Tierra.

Es cierto que por un determinado período de su evolución cósmica nuestra Tierra ha sido separada del Sol. El Sol y sus seres avanzaron por un camino evolutivo más rápido. Nuestra Tierra y los seres que a ella pertenecen tomaron un rumbo diferente. Pero estos seres, y la Tierra como un todo, un día progresaran hasta la etapa en que sea posible de nuevo la unión con el Sol, después de una existencia separada que les ha permitido completar y perfeccionar su fase actual de desarrollo. Nuestra Tierra volverá a unirse con el Sol. Durante la etapa de la existencia de la Tierra misma, la Tierra se reunirá con el sol, así como durante la misma fase de evolución se separó del sol. Y durante la etapa de Júpiter debe haber nuevamente una separación. Los seres de la Tierra deben ser nuevamente separados del sol durante la condición de Júpiter. Nuevamente habrá una reunión, y durante la condición de Venus, nuestra tierra se unirá permanentemente con el sol, habrá sido tomado asumida permanentemente por el sol. Y durante la condición de Vulcano, nuestra Tierra se convertirá en un Sol dentro del sol y habrá contribuido en algo a la evolución solar, habrá agregado algo que, a pesar de su rango superior, aquellos seres que siempre han permanecido en el sol, nunca hubieran podido lograr por ellos mismos. La existencia de la Tierra es necesaria para que los hombres puedan evolucionar de la manera que han evolucionado, con una conciencia que alterna entre la vigilia y el sueño. Esto está relacionado con la separación del Sol. Los Seres que viven siempre en el Sol no tienen días y noches. La conciencia de los sentidos que llamamos la conciencia clara del día y que en los tiempos venideros evolucionará hacia condiciones más elevadas, lleva consigo a la evolución solar los frutos de las experiencias conectadas con las cosas del espacio físico exterior. De esta manera, los seres de la Tierra le dan algo al sol, enriquecen al sol. Y de lo que se adquiere así en la tierra, aumentado por lo que se adquiere en el sol, nace la existencia de Vulcano. Esta existencia de Vulcano es en realidad una condición más alta que la de nuestra presente existencia solar. La tierra evoluciona, el sol evoluciona, hasta que pueden unirse para constituir la existencia de Vulcano.

Pueden preguntarme: cuando un planeta ha evolucionado de esta manera a una existencia solar, ¿en qué se convierte este sol en el curso de la evolución cósmica posterior? Cuando nuestra Tierra alcance la condición de Venus, se convertirá en sol y todos los seres de Venus serán seres del Sol, en realidad en una etapa más elevada que los seres del sol presente. ¿Cuál es, entonces, la etapa posterior de tal evolución planetaria?

Lo siguiente parecerá grotesco, incluso absurdo, para aquellos cuyos conceptos están enraizados en la astronomía moderna. Sin embargo, es una verdad de evolución cósmica que cuando un planeta como nuestra Tierra se eleva a la existencia del sol, cuando gradualmente se ha logrado la unión con el sol e incluso, la existencia el sol se trasciende, como una etapa todavía más elevada de la evolución algo que en cierto sentido pueden percibir en los cielos: surge lo que hoy llamamos un “Zodiaco”: es un nivel más elevado que el de una estrella fija. Así, cuando los seres ya no están restringidos a la forma de existencia que pertenece a una estrella fija sino que han expandido su evolución tan poderosamente que se extiende más allá de las estrellas fijas y las estrellas fijas yacen como cuerpos incrustados en ella, entonces se alcanza un nivel superior, el escenario de la existencia del zodiaco. Las fuerzas que trabajan desde un zodiaco hasta un sistema planetario evolucionaron, en épocas anteriores, en un sistema planetario y han avanzado al estado de un zodiaco.

Y ahora regresen sus mentes a la evolución del Antiguo Saturno, la primera encarnación de nuestra Tierra. Este Antiguo Saturno brilló una vez, por así decirlo, en el espacio cósmico, como el primer heraldo del amanecer de nuestra existencia planetaria. Saben, también, que en este Antiguo Saturno nació el primer inicio germinal de nuestro cuerpo físico. Incluso en su mayor densidad, este Saturno no era tan denso como nuestra Tierra física. Era una condición de rarefacción extrema. Lo que hoy está presente en todos los seres en forma de calor —conocido en ocultismo como “fuego”— era la materia de Saturno. Podemos imaginarnos a nosotros mismos que en torno a este alborear de Saturno,  la primera condición de nuestro sistema planetario, estaban las constelaciones del Zodiaco, pero no como están actualmente. Las estrellas individuales que componen las constelaciones zodiacales en torno al antiguo Saturno apenas se distinguían unas de otras. Brillaban sólo muy débilmente, como rayos de luz derramándose hacia Saturno. La mejor manera de representar esto es pensar en el antiguo Saturno rodeado de haces de luz, al igual que nuestra Tierra está rodeada por el Zodiaco. Y en el curso de la evolución misma de la Tierra estas masas de luz se convirtieron en los cúmulos de estrellas actuales comprendidas en el zodiaco. Así que el Zodiaco —por usar una expresión abstracta— se ha diferenciado de aquel océano primigenio de luz. ¿Y cómo se presenta este océano de  luz?

Surgió de un sistema planetario que precedió al nuestro. El propio Saturno fue precedido por evoluciones planetarias en una época que, hablando en el sentido de la astronomía oculta, de ninguna manera puede describirse como “tiempo”, como entendemos el tiempo, ya que su carácter era bastante diferente. Pero para la mente humana de hoy el concepto es tan fabuloso que no tenemos palabras para expresarlo. Hablando en analogía, sin embargo, podemos decir que las fuerzas que precedieron a nuestro sistema planetario en un ciclo anterior de existencia planetaria salieron de las corrientes de luz, y de una pequeña porción de materia que gradualmente se unió en el centro, de esta primera condición surgió el amanecer de la Tierra; esto fue el Antiguo Saturno y las fuerzas contenidas en el zodiaco irradiaban desde el Todo cósmico.

Algo bastante notable sale a la luz cuando se compara la existencia planetaria con la existencia del zodiaco. El ocultista hace uso de dos palabras para indicar la diferencia entre ellas. Él dice: Todo lo que está contenido en el Zodiaco se encuentra bajo el signo de la “Duración”, todo lo que está comprendido dentro de la existencia planetaria está bajo el signo del que se puede obtener una idea de lo que significa si no recordáramos siquiera el concepto “Tiempo”, ni los más lejanos confines de la mente pueden concebir los cambios que han tenido lugar en el zodiaco. Cada planeta puede haber sufrido un cambio considerable a través de largos períodos y difiere mucho en la evolución, las fuerzas que trabajan en el Zodiaco siguen siendo, en términos relativos, fijas y permanentes. Estos conceptos pueden, en cualquier caso, ser solo relativos. La única diferencia en estos cambios que podemos concebir es con respecto a la velocidad. Los cambios en el Zodiaco tienen lugar lentamente; los cambios en el mundo planetario e incluso en la existencia de una estrella fija tienen lugar rápidamente —es decir en comparación con lo que sucede en el Zodiaco—. La diferencia es siempre relativa, solo relativa. En lo que respecta al pensamiento humano, podemos decir que la existencia planetaria pertenece a la esfera de lo finito, mientras que la existencia zodiacal pertenece a la esfera de la Infinitud. Esto, como ya se dijo, debe tomarse en el sentido relativo, pero por el momento es lo suficientemente preciso.

Y ahora les pido que presten especial atención a lo siguiente: ¿Qué es lo que se ha logrado en una existencia planetaria para que se haya convertido en Sol, para que ascienda a la existencia “celestial”, transformándose en un zodiaco?. Y habiendo llegado a la existencia zodiacal, ¿qué hace? ¡se ofrece en sacrificio!. Por favor, tengan en cuenta esta palabra en particular. La primera condición del amanecer de la Tierra, el antiguo Saturno, surgió de una manera misteriosa, como resultado de un sacrificio por parte del Zodiaco. Las fuerzas que provocaron que las primeras enrarecidas masas de Saturno se juntaran eran las que fluían desde el zodiaco, produciendo en Saturno el primer inicio germinal del hombre físico. Esto continuó sin cesar.

. No hay que imaginar que sucede sólo una vez. Fundamentalmente hablando, lo que está sucediendo de forma continua es que dentro de lo que llamamos un sistema planetario  las fuerzas que se desarrollaron a una etapa superior después de haber pasado a través de un sistema planetario, se sacrifican. Podemos decir, en efecto: lo que está contenido primero en un sistema planetario evoluciona a la existencia de un “Sol”, y después a la existencia del zodiaco donde alcanza  el poder de ser él mismo creador y ofrecerse en sacrificio dentro de una existencia planetaria. Las fuerzas del zodiaco “llueven” de forma continua a la existencia planetaria y continuamente suben de nuevo, porque lo que en algún momento se convirtió en zodiaco gradualmente debe ascender de nuevo. La distribución de fuerzas en nuestra existencia de la Tierra puede ser concebida de la siguiente manera: las fuerzas laterales que descienden del Zodiaco y, por otro lado, las fuerzas que ascienden al Zodiaco. Tal es la interacción misteriosa entre el zodiaco y nuestra Tierra. Fuerzas que descienden y ascienden. Esta es la misteriosa “escalera celestial” en la que las fuerzas están descendiendo y ascendiendo. Estas fuerzas se indican de varias maneras en las diferentes escrituras,  también, en el Fausto de Goethe:

“Fuerzas celestiales que suben y bajan

intercambiando los recipientes de oro”.

En lo que respecta a nuestro entendimiento humano, estas fuerzas comenzaron a descender durante la existencia de Saturno de nuestra Tierra y cuando la propia existencia de la Tierra había alcanzado su punto medio, llego el momento donde gradualmente comenzaron nuevamente a ascender.  Ahora hemos pasado más allá del punto medio de nuestra evolución, que cayó en la mitad de la época atlante; y lo que los seres humanos han vivido desde entonces es una fase de existencia más allá del punto medio. En cierto sentido, por lo tanto, podemos decir que en este momento, están ascendiendo más fuerzas al Zodiaco que las que descienden de él.

Por tanto, cuando pensamos en el zodiaco en su totalidad, debemos imaginar que algunas de sus fuerzas están descendiendo y otras están ascendiendo. Pensamos en las fuerzas que están involucradas en la línea ascendente de la evolución, de manera colectiva, como Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, ya que en realidad pertenecen a estas constelaciones. Estas siete constelaciones comprenden las fuerzas ascendentes. Las fuerzas descendentes se componen, aproximadamente hablando, a las cinco constelaciones de Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Así, de las fuerzas que llueven desde el zodiaco y ascienden de nuevo: siete constelaciones son ascendentes y cinco constelaciones descendentes. Las fuerzas ascendentes corresponden también, en el hombre, a los miembros superiores de su ser, a sus atributos más nobles. Las fuerzas que están en la fase descendente de la evolución tienen primero que pasar por el hombre y alcanzar dentro de él la fase en la que también pueden convertirse en fuerzas ascendentes.

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De esta manera nos hacemos conscientes de que hay una interacción entre todo, en el espacio cósmico todo está interconectado, interrelacionado. Pero nunca hay que olvidar que estas operaciones y actividades, están funcionando constantemente, que están siempre presentes. En un momento dado de nuestra evolución por lo tanto, se puede hablar de fuerzas que van por delante del hombre y fuerzas que están llegando, son las fuerzas que están descendiendo y las fuerzas que ascienden. Para todas y cada una de estas fuerzas llega un momento, en que pasan de la condición descendente a fuerzas que se transforman en ascendentes. Todas las fuerzas que eventualmente se convierten en fuerzas ascendentes han sido en un primer momento fuerzas descendentes. Descienden, por así decir, en la medida del hombre. En el hombre, adquieren el poder de ascender.

En el punto medio de su evolución, cuando nuestra Tierra hubo pasado por las tres etapas planetarias de Saturno, el Sol, la Luna, y alcanzado la cuarta condición planetaria, teniendo delante de ella las etapas de Júpiter, Venus y Vulcano (así la Tierra, por lo tanto, está a mitad de camino en el lapso de su existencia) —ha pasado por tres “condiciones de vida” (también llamadas “rondas”). Ha pasado por tres de estas condiciones de vida y ahora está en la cuarta; ha pasado por tres “condiciones de forma”— el arupa, el rupa y el astral, que conducen a la existencia física. Por lo tanto, con respecto a las “condiciones de forma”, nuestra Tierra se encuentra en la fase intermedia de su evolución. Como Tierra física, en la cuarta forma-condición de la cuarta condición de vida de la cuarta existencia planetaria, ha tenido tres grandes razas: la primera, la raza polar; la segunda, la raza hiperbórea; la tercera, la raza lemuriana. La raza Atlante es la cuarta. En la raza Atlante, la humanidad estaba en el medio de esas fases de evolución de las que estamos hablando. Desde mediados de la época Atlante, la humanidad ha pasado más allá de este punto medio. Y desde mediados de la época de la Atlántida, han comenzado, para los hombres en general, las condiciones en que predominan las fuerzas ascendentes. Si estuviéramos hablando de la proporción de fuerzas que descienden y ascienden al Zodíaco antes de la mitad de la época Atlante, deberíamos decir: estaban en igual proporción. Deberíamos tener que hablar de manera diferente de las condiciones imperantes entonces, enumerando como las fuerzas ascendentes: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, contando a Libra con las otras fuerzas descendentes.

Pero algo más está conectado con todo esto. Debemos entender que al hablar de estos procesos cósmicos, no estamos hablando del cuerpo físico o etéreo, sino de los seres que habitan en los diferentes cuerpos celestes. Cuando hablamos de hombre en términos de Ciencia Espiritual, decimos que el hombre completo —y solo pensamos en el hombre en este sentido— es un ser de siete envolturas, que consiste en cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral, yo, yo espiritual, espíritu de vida y hombre espíritu. Su desarrollo aún no se ha completado, pero lo será cuando su ser séptuple se haya desarrollado completamente. Pero en el gran universo cósmico, existen seres distintos del hombre, seres de una naturaleza diferente. Hay, por ejemplo, seres en el cosmos de los que no podemos decir que, como el hombre, tienen el cuerpo físico como uno de sus miembros. Hay seres de quienes debemos hablar de manera diferente. Los miembros de los que se compone el hombre se pueden enumerar de la siguiente manera:

  1. Hombre-Espíritu
  2. Espíritu de Vida
  3. Yo espiritual
  4. Ego – Yo
  5. Cuerpo Astral
  6. Cuerpo Etéreo
  7. Cuerpo Físico

 

Ahora hay seres cuyo miembro más bajo es el cuerpo etérico, y que también son siete, con un octavo miembro, por encima de hombre-espíritu. Empezamos a enumerar así: cuerpo etérico, cuerpo astral, y así sucesivamente, terminando con un miembro por encima de nuestro hombre-espíritu (Atma). Hay otros seres cuyo miembro más bajo es el cuerpo astral, por encima del espíritu del hombre que tienen un octavo y un noveno miembro todavía. Una vez más hay seres cuyo miembro más bajo es el ‘yo’, que por lo tanto no tiene un cuerpo físico, ni etérico, ni astral, en nuestro sentido, pero cuyo Yo se muestra al exterior, sin las corrientes de estas tres envolturas. Por consiguiente, son seres que envían sucesivamente su yo en todas las direcciones. Estos seres tienen un octavo, un noveno y un décimo miembro, se describe en el Apocalipsis como seres que están “llenos de ojos”. A continuación, hay seres cuyo yo espiritual (Manas) es el miembro más bajo. Todavía tienen un undécimo miembro. Y finalmente están los seres cuyo miembro más bajo es el espíritu de vida y que aún no han alcanzado un duodécimo miembro. Por lo tanto, hay que pensar en los seres que, así como el miembro más bajo del hombre es un cuerpo físico, ellos tienen el espíritu de vida (Budhi) como su miembro más bajo y por encima, un miembro más, designado por el número 12. Estos son los seres más sublimes, que trascienden con mucho todo lo que el hombre es capaz de concebir. ¿Cómo es posible formar cualquier tipo de idea de estos maravillosos y sublimes seres?.

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Cuando se trata de caracterizar el hombre, en un aspecto, es evidente que, con respecto al universo, es un ser que recibe. Las cosas y los seres del mundo están extendidas a su alrededor,  las percibe y se forma conceptos de ellas. Imagínense que el mundo que les rodea estuviese vacío, y oscuro. No podrían tener percepciones, ni habría nada de lo que se pudiera formar conceptos. Tendríamos que confiar en recibir desde el exterior el contenido del mundo interior. Es característico del hombre que él es un ser que recibe, que recibe el contenido de la vida de su alma, de su vida interior, desde fuera, las cosas deben existir en el mundo si su alma quiere tener un contenido. La naturaleza del cuerpo etérico del hombre es tal que no podría experimentar nada en sí mismo si no estuviera comprometido con todo el universo circundante por todas las experiencias, por todo lo que entra en él. Estos seres de los cuales acabo de hablar, que tienen el Espíritu de Vida como su miembro más bajo, se encuentran en una posición completamente diferente. Con respecto a su vida, estos seres no dependen de recibir nada de fuera, sino que son “donantes”, que ellos mismos son creativos.

Por lo que les he dicho a menudo, saben que el ‘yo’, el ego, trabaja en el cuerpo etérico y que ‘Budhi’ no es más que un cuerpo etérico transformado. Con respecto a la sustancia, por lo tanto, el espíritu de vida también es un cuerpo de éter El duodécimo miembro de estos seres sublimes es también un “cuerpo de éter”, pero uno que derrama vida, que trabaja en el mundo de tal manera que no recibe vida sino que la da, ofrece vida en sacrificio perpetuo.

Y ahora preguntémonos: ¿Podemos concebir un ser que de alguna manera esté conectado con nosotros y que irradie vida a nuestro universo? ¿Es posible concebir la vida que fluye perpetuamente al mundo, impregnando al mundo de vida?

Pensemos por un momento de lo que se dijo al comienzo de la conferencia, a saber, que hay fuerzas que ascienden y descienden, fuerzas que están ascendiendo en el zodiaco y las fuerzas que están descendiendo desde el Zodiaco. ¿Cómo ha llegado el hombre a una posición que hace posible que pueda transmitir algo desde dentro de él? ¿Qué ha pasado con el hombre que permite que algo pueda fluir de él? Ha llegado a esta posición porque su yo, después de una larga preparación y tiempo, se ha ido desplegando y desarrollando. Este Yo, este ego, ha estado en preparación durante largas, largas eras. Para decir la verdad, el objeto de toda la existencia en la condición de Saturno, la condición del Sol y la condición de la Luna fue el producir las envolturas en las que se iba a recibir el Yo, era preparar al Yo. En esas condiciones anteriores, otros seres crearon la morada para el Yo. Ahora, en la tierra, el lugar de la morada estaba en la etapa donde el yo podía enraizarse en el hombre y de allí en adelante comenzar a trabajar sobre las envolturas corporales externas desde adentro. El hecho de que el yo pueda trabajar desde adentro también ha producido un excedente, un excedente de fuerzas ascendentes; ya no hay un estado de paridad. Antes de que el yo fuera capaz de trabajar dentro del hombre, las fuerzas ascendentes evolucionaron gradualmente hasta que se alcanzo el punto medio, y cuando el yo realmente entró en el hombre las fuerzas ascendentes y descendentes habían llegado a una etapa en la que se encontraban en “equilibrio”. Con la entrada del yo, las fuerzas ascendentes y descendentes se encontraban en equilibrio y le corresponde al hombre llevar las escalas en la dirección correcta. Es por eso que los ocultistas han llamado a la constelación que se ha introducido en el momento en que el yo mismo comenzó a trabajar, la “Balanza” (Libra). Hasta el final de Virgo, se estuvo preparando para el obrar del yo en nuestra evolución planetaria, pero el yo no había comenzado a funcionar. Cuando se llegó a Libra, el yo comenzó a participar y este fue el momento más importante de su evolución.

Basta pensar lo que significa que el yo haya llegado a esta etapa de la evolución:

A partir de entonces fue posible para el yo participar en la elaboración de las fuerzas pertenecientes al Zodiaco, para alcanzar el zodíaco. Cuanto más se esfuerza el yo por lograr el punto más alto de su evolución, más se trabaja en el zodíaco. No hay nada que ocurra en el núcleo más interno del yo que no tenga sus consecuencias hasta el mismísimo Zodíaco. Y en la medida en que el hombre con su yo sienta las bases para su desarrollo en Atma, u hombre espíritu, desarrolla, etapa por etapa, las fuerzas que le permiten trabajar hacia arriba en la esfera de Libra, el Equilibrio, en el Zodíaco. Él alcanzará pleno poder sobre Libra en el Zodíaco cuando su yo se haya desarrollado a Atma, o espíritu-hombre. Entonces será un ser de quien algo fluye, que ha pasado de la esfera del Tiempo a la esfera de la Duración, de la Eternidad.

Tal es el camino del hombre. Pero hay otros seres cuya esfera de operación más baja es la más alta del hombre. Intentemos concebir a estos seres cuya esfera de operación más baja es la más alta del hombre (Libra en el zodíaco). Cuando relacionamos al hombre con el Zodíaco, él alcanza a Libra. El Ser cuya naturaleza más interna pertenece enteramente al Zodíaco, cuyas fuerzas pertenecen por completo al Zodíaco, que solo se manifiesta en la vida planetaria a través de su miembro más bajo, que corresponde a Libra (como el miembro más bajo del hombre corresponde a Piscis) —este es el Ser que difunde la vida a través de todo nuestro Universo:

 

 

  12º.   Aries  

 

 

Cordero Místico

  11º.   Tauro
  10º.   Géminis
   9º.   Cáncer
   8º.   Leo
7º. Hombre Espíritu  7º.   Virgo
6º. Espíritu de Vida  6º.   Libra
5º. Yo espiritual Escorpio  
4º. Yo Sagitario  
3º. Cuerpo astral Capricornio  
2º. Cuerpo etérico Acuario  
1º. Cuerpo físico Piscis  

 

Así como el hombre recibe vida en sí mismo, también lo hace este Ser que irradia vida a través de todo nuestro universo. Este es el Ser que tiene el poder de hacer el gran sacrificio y que está inscrito en el Zodíaco como el Ser que por el bien de nuestro mundo se ofrece en sacrificio. Así como el hombre se esfuerza hacia arriba en el zodíaco, también este ser nos envía su regalo de sacrificio desde Aries —que está relacionado con Él, como Libra está relacionado con el hombre. Y así como el hombre eleva su yo hacia Libra, así también este Ser irradia su propio Ser en sacrificio sobre nuestra esfera. Este Ser se llama el “Cordero Místico”, porque el Cordero y Aries son lo mismo; por lo tanto, la descripción ‘Cordero sacrificial’ o ‘Aries’ se le da a Cristo. Cristo pertenece al Cosmos como un todo. Su Yo, su Ego, alcanza a Aries y así se convierte en el “Gran Sacrificio”, está relacionado con toda la Humanidad y, en cierto sentido, los seres y fuerzas presentes en la Tierra son Sus creaciones. La configuración de las fuerzas es tal que podría convertirse en el Creador de estos seres en la constelación de Aries, o el Cordero. La designación “Cordero sacrificial” o “Cordero místico” proviene de los mismos cielos.

Este es uno de los aspectos que se nos revelan cuando, desde nuestra existencia circunscrita, miramos hacia los cielos y percibimos el interfuncionamiento de las fuerzas y los seres celestiales en el espacio cósmico. Poco a poco comenzamos a darnos cuenta de que las fuerzas que fluyen del cuerpo celestial al cuerpo celestial son similares a las fuerzas que fluyen de un alma humana a otra como el amor y el odio. Percibimos las fuerzas del alma que fluyen de estrella a estrella y aprendemos a reconocer el guión celestial que registra para nosotros lo que se produce y efectúa por esas fuerzas en el espacio cósmico.

Traducido por Gracia Muñoz en Enero de 2018.

 

El Ser de la Navidad

Conferencia no Revisada de Willi Sucher – Rudolf Steiner Hall, 30 de Diciembre de 1955

English version

Señoras y señores, creo que se puede decir que la conciencia de la imagen de la Navidad ha crecido enormemente durante las últimas décadas. Incluso las tarjetas de Navidad tradicionales han cambiado de alguna manera, y ahora se puede ver en las felicitaciones copias de las antiguas pinturas de los pintores medievales sobre la Virgen y el Niño. Creo, por lo tanto, que está justificado contemplar esta imagen universal de la Virgen y el Niño, que queremos hacer esta noche.

Hay, por supuesto, algunos obstáculos en el cristianismo moderno que no permiten que la realidad del evento de Navidad, de la gran visión de la Navidad, llegue a una realidad completa. Creo que eso se debe principalmente a la incertidumbre sobre la historicidad del nacimiento de Jesús, que en cierto sentido ha sido creada por la investigación histórica moderna y también por la teología. La fecha tradicional del 25 de diciembre se introdujo durante los primeros siglos del cristianismo, y hoy en día no se sabe con certeza si esa fecha tradicional del 25 de diciembre fue realmente la fecha del nacimiento de Jesús,  de quien leemos en el Evangelio de San Lucas.

Hay opiniones que dicen más o menos que esos días, que ahora llamamos las 12 noches santas, coincidieron en la antigüedad con ciertas fiestas paganas que se referían a la salida del sol. Los Misterios del Sol estaban de alguna manera relacionados con esas festividades antiguas, y a veces se escucha la opinión de que el cristianismo primitivo tomó el control, o trató de hacerse cargo de esas fiestas y las revisó mediante el Misterio, la imagen o la visión del nacimiento de Jesús.

Ahora, esos Misterios del Sol, la salida del sol, que es algo tremendo a lo largo del año, jugaron un gran papel en la vida de aquellos que vivieron en la antigüedad.  En el transcurso del año vemos que el sol se levanta; comenzando desde el 21 de diciembre en adelante, vemos que el arco del Sol se eleva y se hace más y más grande hasta que llegamos al tiempo del pleno verano, cuando vemos el Sol en su punto más alto en el cielo. Luego, después del 23 de junio, el Sol desciende nuevamente; la “marca” diaria del Sol se hace cada vez más pequeña, y hacia el 21 de diciembre el Sol ha alcanzado nuevamente su punto más bajo. Así, en el transcurso del año, este momento en que el Sol volvía a subir e indicaba que la vida, el calor y la luz estaban renaciendo —que era la esperanza de que la oscuridad reinante de los días invernales se superaría algún día—era de enorme importancia y significado para la gente de la antigüedad. Por lo tanto, aquellos días en los que se veían los primeros signos de que el Sol estaba en realidad subiendo, comenzando el 25 de diciembre, esos 12 días se consideraban como el momento más significativo en el transcurso del año.

Estamos hablando aquí desde el punto de vista de la investigación antroposófica con respecto a ciertos hechos espirituales concernientes a la humanidad y la evolución del mundo. Desde este punto de vista, no podemos dejar de ver en los eventos de Cristo, que tuvieron lugar hace unos 2.000 años, eventos que conciernen a la evolución completa de este planeta en el sentido más profundo. También podemos imaginar, no debería ser demasiado difícil de aceptar, el hecho de que todos esos Acontecimientos, que están en el centro de la evolución total de nuestro planeta, se coordinaron con respecto a los eventos cósmicos.

Este es un hecho que ha sido elaborado por la ciencia del espíritu, que de hecho ha confirmado que esos eventos, que tuvieron lugar hace 2.000 años, estaban en total conformidad con los eventos en el cosmos. Espero más tarde tener la oportunidad de explicar de por qué fue así. Por lo tanto, podemos imaginarnos que el nacimiento de Jesús efectivamente tuvo lugar, al menos ese nacimiento del que escuchamos en el Evangelio de San Lucas, durante ese tiempo. Esto significa que el nacimiento de esa nueva Esperanza de la Humanidad, de esa Esperanza concentrada con respecto al futuro de nuestro planeta, en realidad tuvo lugar en conformidad con ese gran símbolo en el cielo, el del Sol naciente: el Sol que en el curso del año se aleja de la oscuridad llegando a las alturas del verano. Sin embargo, hay otro aspecto del que también debemos hablar.

Lo primero de todo es que celebramos la Navidad todos los años en recuerdo del día del nacimiento de Jesús. Por supuesto, esto se ha convertido más o menos en una tradición. Si uno solo toma el nacimiento de Jesús en el día tradicional del 25 de diciembre, como una especie de fecha adoptada y no como la fecha verdadera, la cual no podemos saber, entonces este evento anual tiene una base débil. Sin embargo, si podemos aceptar que los Eventos que tuvieron lugar hace 2.000 años estuvieron en conformidad con los eventos cósmicos, entonces nuestra celebración de Navidad tiene un significado mucho más profundo. Además, cada año volvería a coincidir con el gran símbolo cósmico del sol naciente.

Ahora, hay más en eso. ¿Por qué celebramos la Navidad como un evento que se refiere a algo más que esa misma noche del 24 al 25 de diciembre? ¿Por qué incluimos un intervalo de tiempo de 12 días, o más bien, como estamos acostumbrados a decir, 12 noches en la celebración de este festival?

El concepto de 12 noches es bastante lógico si piensan que a menudo hablamos, cuando se trata de intervalos de tiempo, no de días sino de noches. Hablamos, por ejemplo, de una quincena; o, en algunas Obras de Navidad, escuchamos “sennight”, que son siete noches —no siete días o 12 días o catorce días, sino que hablamos de una semana o quince días. Por lo tanto, lo que cuenta es el elemento de la noche. ¿Por qué entonces celebramos 12 días? ¿Son esos 12 días tan importantes? Aquí nuevamente, a este respecto, podemos revivir nuevamente la experiencia y la importancia de esos 12 días en nuestro tiempo fuera del conocimiento espiritual. Volvemos otra vez al misterio del Sol. Tal como lo tenemos en el momento del Sol naciente, después de su punto más bajo en el transcurso del año, también tenemos un misterio del sol escondido detrás del concepto de esos 12 días, detrás de la imagen de esos 12 días.

Imaginemos que el Sol está en el cosmos brillando en el espacio cósmico. Aquí tenemos la Tierra en la que vivimos. También sabemos que lo más cercano a la Tierra es nuestra compañera la Luna, que viaja alrededor de la Tierra. La Luna, al igual que la Tierra, tiene cierta relación con el Sol. Como cuestión de hecho, si uno investiga la naturaleza del Sol sobre la base de una ciencia espiritual, uno llega a concepciones bastante diferentes con respecto al Sol. Uno llega a la imagen real del Sol como la entidad central en nuestro universo solar, el que mantiene nuestro universo e incluso el creador de todo el universo solar. En nuestro tiempo, mucho después de la existencia del universo solar, este mismo Sol todavía mantiene ese universo solar, lo anima y lo hace trabajar y funcionar, en cierto sentido.

La Luna está viajando alrededor de la Tierra, y sabemos que en ciertos momentos esta Luna entra en una relación bastante definida, bastante específica al Sol, y ese es el tiempo de la Luna Llena. En tiempos de Luna llena tenemos el reflejo completo, como decimos, de la luz del Sol, que la Luna recibe en su superficie. Ahora es un hecho que esto sucede dentro de un cierto ritmo, y ese ritmo es de aproximadamente 29.5 días —es entre 29 y 30 días, que es, por supuesto, un mes. El concepto del mes en nuestro calendario se deriva de la Luna. Mes realmente significa el intervalo de una Luna— es decir, de luna llena a luna llena.

Si nos tomamos el tiempo de manera muy exacta, al observar las Lunas llenas en el transcurso del año, llegaremos a la conclusión de que hay 12 Lunas llenas en un año. A veces, bajo circunstancias muy específicas, es posible que haya trece Lunas llenas, pero eso es excepcional. Si tomamos el ritmo de la Luna —29.5 días— y lo multiplicamos por 12, llegamos a un tiempo de 354 días. Así tenemos en el curso de un año 12 Lunas llenas, que se agrupan alrededor de la Tierra de tal manera que tenemos una especie de progresión. Por lo tanto, llegamos a 12 Lunas llenas en el transcurso de un año. Sin embargo, como podemos ver, queda algo. El intervalo de tiempo de 354 días no cubre todo el año, porque sabemos muy bien que el año contiene 365 días, en realidad 365 y ¼ de un día. Esta cuarta parte de un día después se suma cada 4 años para producir un día bisiesto completo. Tenemos, pues, un año bisiesto cada cuatro años en nuestro calendario, dejando un tiempo sobrante de 11 a 12 días.

Ahora, durante el transcurso de un año, como sabemos, todo está en movimiento. Para demostrar este movimiento exactamente, tendría que mover la Tierra y también tendría que mover el Sol, y sólo entonces podríamos ver que hay un movimiento constante de ese ciclo de la Luna Llena en el transcurso del año. El Sol se mueve demasiado, pues bien, como decimos, está aparentemente en movimiento alrededor de la Tierra. Hemos aprendido en la escuela que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol, pero esto no debe preocuparnos tanto ahora. El Sol está aparentemente en movimiento alrededor de la Tierra, al igual que las lunas llenas se mueven alrededor de la Tierra, sólo que el Sol sería mucho más lejos. Por lo tanto, en 365,25 días el Sol se volverá exactamente a la estrella fija mismo donde estaba un año antes. Si pudiéramos ver el Sol después de 365 días, veríamos el Sol cerca de esa estrella fija mismo donde lo vimos el año anterior. Así tenemos este excedente de 11 a 12 días más allá de los 354 días de los 12 meses lunares.

Ahora, en el transcurso de un año, como sabemos, todo está en movimiento. Para mostrar este movimiento exactamente, tendría que mover la Tierra y también tendría que mover el Sol; y solo entonces podríamos ver que hay un movimiento constante de ese ciclo de Luna Llena durante el transcurso del año. El Sol también se está moviendo; bueno, como decimos, aparentemente se está moviendo alrededor de la Tierra. Hemos aprendido en la escuela que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol, pero esto no tiene por qué preocuparnos mucho ahora.   El Sol aparentemente se está moviendo alrededor de la Tierra, justo cuando esas Lunas llenas se mueven alrededor de la Tierra; solo que el Sol está mucho más lejos. Por lo tanto, en 365.25 días el Sol volvería exactamente a la misma estrella fija donde estaba un año antes. Si pudiéramos ver el Sol después de 365 días, veríamos al Sol cerca de la misma estrella fija donde lo vimos el año anterior. Por lo tanto, tenemos este excedente de 11 a 12 días más allá de los 354 días de los 12 meses de la Luna.

Este excedente está contenido en el hecho de las 12 noches santas. Las 12 noches santas son, por así decirlo, el excedente del sol en el año lunar, que claramente no se hace al azar. Como cuestión de hecho, en la antigüedad se encuentra que las personas organizaron su calendario de acuerdo con el ciclo de la Luna. ¿Por qué? Bueno, antes que nada, podían observar la Luna Llena y podían ver cuándo se desarrollaba la Luna Llena. Era un evento en el cosmos que podían observar y según el cual podían organizar su calendario. Eso fue algo que tuvo lugar visiblemente. Hubiera sido mucho más difícil para ellos descubrir el momento en que el Sol regresa a la misma estrella fija. Por lo tanto, el año lunar era mucho más ameno; pero, ya ven, estaba el problema de que ese año lunar de las 12 Lunas llenas hacia un año de solo 354 días, y esto no encajaba con el año de las estaciones.

En aquellas culturas cuyos años fueron calculados por el año lunar, que encontramos, por ejemplo, en el antiguo calendario hebreo y también en muchos otros calendarios de origen oriental, siempre había una diferencia de 11 a 12 días. Por lo tanto, tuvieron que insertar un mes bisiesto completo cada dos o tres años, como se hace incluso hoy en el calendario judío y también en otros calendarios. Ahora, ¿por qué es esto tan importante? ¿Qué podemos ver en este evento de las 12 noches santas que tiene lugar cada año y que también nos concierne? ¿Por qué deberíamos pensar que este evento anual es de tanta importancia con respecto a la celebración de la Navidad? Si tomamos la Navidad no solo como un evento de conmemoración (que por supuesto lo es) sino como un evento que tiene lugar, sobre todo, en el alma humana, entonces debemos de alguna manera crear un concepto apropiado de esta diferencia entre  el año lunar y el año solar.

La Luna —y esto se puede verificar de varias maneras— es un cuerpo, una entidad en el cosmos que trabaja en la Tierra;  No hay duda sobre eso. Eso puede ser investigado y confirmado. La Luna, en la Tierra, trabaja principalmente en la dirección de todo lo que concierne a la necesidad en nuestro planeta; por ejemplo, el crecimiento, como el crecimiento de las plantas, y muchas otras cosas también están conectadas con este influjo de la Luna en la esfera de la Tierra. En la Luna podemos ver un vehículo de fuerzas cósmicas que trabajan en la dirección de la “necesidad” y también funcionan, en cierto sentido, en la dirección de lo que incluso llamamos destino. La “necesidad” es aquello que simplemente no podemos circunnavegar mientras tengamos que vivir en un cuerpo en la Tierra.

El Sol es un vehículo de fuerzas bastante diferentes. Una vez más, debo decir que se puede demostrar muy bien por los medios, que han sido dados por la ciencia espiritual, que las fuerzas que usan el Sol como su vehículo de operación trabajan mucho más en la dirección de la libertad espiritual. El Sol: Bien, pueden imaginar un día de verano muy caluroso, no en nuestra latitud, sino ir más al sur, es decir al ecuador, e imaginar que el Sol estuviera brillando todo el día, todos los días. ¿Qué pasaría?.  La vida física se destruiría. Realmente eso sucede en las partes de la Tierra cercanas al ecuador. ¿Qué está trabajando ahí? Está operando un elemento que, en el extremo, demuestra lo que haría el Sol si estuviera solo en el cosmos. Disolvería externamente todo lo que está ligado a la existencia física y material. Desde un punto externo, las plantas morirían, los seres humanos no podrían vivir, y los animales se extinguirían. Estamos siendo testigos de un elemento que, por sí mismo, eliminaría la incorporación terrenal; es decir, el acto mismo de ser bajado a la tumba de la existencia física y material y de todo lo terrenal que generaría un valor espiritual, que solo se produce por el equilibrio entre el Sol y la Luna. Este es solo un ejemplo extremo. El Sol trabaja sobre la Tierra, y las fuerzas que usa el Sol como vehículo de su operación están funcionando todo el tiempo, incluso si el Sol no está brillando, o si está debajo del horizonte. Incluso entonces, el Sol está funcionando, porque la Tierra como un organismo integrado recibe el impacto del Sol desde el otro lado. Todo el tiempo el Sol está trabajando sobre la Tierra en la dirección de la creación de la libertad, del surgimiento de la libertad espiritual.  Es solo esa actividad de las fuerzas del Sol, que es contrarrestada por el elemento que proviene de la Luna que siempre tiende a guardar la vida en la existencia material. Por lo tanto, se establece en el cosmos un equilibrio perfecto que varía según las fases de la Luna y también según la posición del Sol. La posición relativa del Sol varía, pero sin embargo hay una especie de equilibrio establecido entre los dos: la Luna y el Sol. Pero durante la época navideña, cuando el año lunar ha finalizado y la siguiente Luna Llena debe ser contada en el año próximo, la Luna “se retira”, por así decirlo, de ese año.

Entonces las fuerzas del Sol, a través de la superposición natural y cósmica, predominan durante 11 a 12 días. Tenemos pues un funcionamiento puro del Sol en el elemento de la Tierra. Es durante este tiempo, durante esas 12 noches santas, que realmente podemos experimentar un momento en el año durante el cual podemos despertar en nosotros mismos si nos preparamos adecuadamente, por ejemplo, tomando el tiempo de Adviento como preparación  para  una realidad.

Entonces podemos experimentar realmente un elemento en la Tierra que puede ayudarnos a experimentar, a realizar, un Sol espiritual. Es posible que experimentemos algo que nos pueda guiar, algo que nos brinde una plataforma sobre la cual apoyarnos, o que pueda indicar una puerta, un camino hacia la realización de la libertad espiritual. Por lo tanto, la Navidad no es solo un evento que quiere referirnos al pasado, a lo que ha sido, a lo que tal vez tuvo lugar hace unos 2.000 años. Es también un evento que puede renovarse y convertirse en una experiencia real en nuestra alma. Si nos preparamos y tomamos precauciones, nuestra vida anímica no estará demasiado comprimida por los impactos de la civilización, que nos rodea en la época actual, de una manera casi aterradora. En un sentido cósmico, podemos ver todo esto, como imagen renovada de esa gran visión la Virgen y el Niño: la imagen que alcanzó su punto culminante, en cuanto a la representación pictórica, es la Madonna Sixtina de Rafael Santi. En todo esto que hemos estado diciendo hasta ahora, está escondido el secreto de la Virgen y el Niño, aunque puede no haber sido aparente.

¿Qué es lo que tenemos aquí en las fuerzas lunares? En todo lo que se necesita en la existencia de la Tierra?  No podríamos vivir en este planeta sin la Luna. Sin la Luna no habría vida; ni siquiera habría agua en este planeta, en cuyo caso no podría haber vida en la Tierra. Muy a menudo hablamos de la Luna como una ceniza cósmica, algo que está completamente seco, un desierto completo, y que el crecimiento de la vegetación no es posible en ese planeta. Seguramente eso es así, pero solo en este mismo hecho —que la Luna aparece allí en el cosmos como una tremenda ceniza, como un tremendo desierto— ahí yace el tremendo sacrificio que han realizado las fuerzas que están conectadas con la Luna, que usan la Luna como su vehículo. Han sacrificado todo lo que está conectado con el agua, con el elemento líquido, con el elemento fluido en la Tierra; y por lo tanto, la Luna puede trabajar aún más en lo que ha regalado, en lo que ha dejado atrás, incluso, en la Tierra. Por lo tanto, la Luna es un elemento de fructificación, en lo que respecta a nuestra Tierra, un elemento de éter constantemente vivificante. Si tomamos el camino de la órbita de la Luna alrededor de la Tierra como una realidad, entonces encontraríamos en ese espacio que rodea a la Tierra, el cielo azul. Y en ese cielo azul se encuentra algo así como el gentil manto de fuerzas que son similares, en un sentido cósmico, a lo que se ve en la imagen como la del manto azul en la Virgen Sixtina. Necesitamos esto, porque no podría haber vida en la Tierra si no tuviéramos ese elemento lunar. Por lo tanto, es un elemento Maternal, en cierto sentido, que le da a la existencia de la Tierra la posibilidad de vivir, de existir y de crecer en el transcurso del año. En todo lo que tenemos a través de la Luna, también hay un elemento Maternal, en el más verdadero sentido, contenido en las fuerzas de la Luna.

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¿Y qué hay del Sol? Como dije antes, en el Sol tenemos un elemento que nos lleva a otro principio en el cosmos, que se opone, o parece oponerse a lo que es el elemento contenido en la Luna. El Sol quiere llevarnos a la libertad espiritual, y conectado con ese Ser del Sol (hay, por supuesto, grandes misterios conectados con el Sol, pero no creo que podamos enumerarlos todos esta noche) son fuerzas que quieren guiar al universo hacia la libertad espiritual, hacia lo que en realidad es la superación de la muerte mediante la disolución de la materia. En un sentido externo, habría decadencia; por ejemplo, si las fuerzas del Sol funcionaran solas, habría algo así como un proceso de contracción. Por otro lado sin embargo, tenemos la posibilidad de un nacimiento espiritual, de salir de la prisión de la existencia material, y eso es lo que hace el Sol y las fuerzas que usan el Sol como vehículo. Así podemos ver que así como en la Luna está contenido ese elemento Maternal de preservar la vida, de crear vida, de traer esa fuerza de brote alrededor del tiempo de la Luna Llena de Primavera (porque siempre la Luna Llena está conectada con el brote de vida en la Tierra), así hay un elemento disolviéndose en el elemento espiritual del Sol.  No es tanto lo que llamamos el Sol en el cielo sino lo que se destaca como fuerzas espirituales detrás de esa entidad cósmica. Ahí tenemos un elemento que nos llevará a la libertad espiritual, a un nacimiento en el espíritu. Así, podemos encontrar de nuevo, desde una dirección diferente, lo que es el Niño, a saber, el Niño de la Esperanza, la Esperanza de la evolución, del futuro progresivo de lo que finalmente encontramos en el impulso Crístico.

 

Por lo tanto, todos los años, debido a que existe una justificación de los hechos cósmicos, es necesario celebrar ese momento cuando las fuerzas de la Luna entran en un segundo plano y donde las fuerzas del Sol pueden trabajar sin obstáculos en el cosmos. Es un momento en el año en el que realmente podemos celebrar el nacimiento de ese nuevo impulso de libertad espiritual, el impulso de Cristo, donde podemos celebrar el nacimiento de ese impulso y hacerlo realidad incluso en la vida diaria, llegando directamente a los hechos prácticos. Creo que el futuro de la civilización humana, mucho dependerá de la comprensión de estos hechos que están relacionados con las estaciones del año, como por ejemplo la Navidad. Mucho dependerá de la realización de esos hechos, porque necesitamos esa orientación, necesitamos esa experiencia interior, esa toma de conciencia de lo que ocurre con respecto a todo el organismo de la Tierra y con respecto al cosmos que nos rodea.

Sin embargo, también hay un tercer aspecto, un gran aspecto cósmico que nos puede acercar a la realidad de la conexión entre la Madre y el Niño, acerca de esa gran visión presentada a la humanidad por los pintores medievales.   Este tercer aspecto es la relación entre lo que uno podría llamar, en un sentido cósmico, la relación entre Sophia y el Cristo. Esto es algo de lo que tenemos una gran necesidad en nuestro tiempo. El cristianismo, en la medida en que descansa en los pilares de la tradición y principalmente en los pilares de esa tradición contenida en los Evangelios, ha entrado en una crisis tremenda. Los mismos soportes del cristianismo parecen desmoronarse. Podemos visitar muchos lugares y naciones en toda la Tierra, y encontraremos en todas partes el mismo cuadro: la humanidad cristiana ha perdido gradualmente la comprensión del contenido de los Evangelios. El desarrollo de las ciencias naturales modernas ha tenido un gran impacto en la comprensión de la humanidad moderna, incluso en nuestro enfoque de lo que contienen los Evangelios. Piensen en el Evangelio de San Juan donde habla de las siete grandes obras, las Siete Señales. ¿Quién puede aceptar, sobre una base científica, tal cosa como una de las Siete Señales, por ejemplo, la alimentación de los cinco mil o la resurrección de Lázaro o cualquiera de los otros siete signos? ¿Quién puede aceptar esto? La humanidad cristiana está en una posición deplorable. Solo puede aceptar con fe ciega lo que se presenta en los Evangelios, y solo si ignora por completo todo lo que viene desde el ángulo del materialismo en la conciencia moderna, como los hechos que la ciencia natural moderna ha descubierto. Las preguntas son: “¿Cómo va a continuar esto? ¿Podemos encontrar alguna solución, o el cristianismo está condenado a desaparecer de este mundo? Creo que debemos encontrar nuevas bases para comprender lo que está contenido en los Evangelios; y aquí nuevamente debo decir que la ciencia del espíritu, o antroposofía, puede dar una base sólida para la comprensión de los eventos que se describen en los Evangelios. Además, me gustaría hablar hoy de algo más que está realmente relacionado con esto, y esa es la relación de Sophia, o Isis, como la llamaban en la antigüedad, con el Cristo.

 

Encontramos en Egipto —en el Egipto actual— la visión, la imagen de la Virgen con el Niño. Existen estatuas que muestran a la Diosa Isis con el Niño, el bebé Horus, en su regazo. Podemos preguntar: “¿Cómo es posible? ¿Qué significa que estas cosas existan mucho antes de que ocurrieran los eventos en Palestina?”. Sobre la base de la ciencia espiritual, quizás pueda decir, en el momento, que esas imágenes en tiempos precristianos son en realidad una especie de previsión de lo que vendrá. ¿Por qué es así? Isis, la antigua diosa de la mitología egipcia, también fue llamada la Reina del Cielo; y, por supuesto, en varias naciones ella tenía diferentes nombres. Ustedes ven en representaciones antiguas, por ejemplo, la diosa que se extiende por el cielo. Ella está parada en un extremo del mundo; el mundo se imagina, por supuesto, algo así como un disco plano. Ella se para en un extremo del mundo y llega al otro extremo. Se inclina sobre la Tierra y su cuerpo lleva las estrellas. Ella es en realidad el Ser, el Ser del Alma de las estrellas, lo que vive detrás de las estrellas.

Luego llegó el momento en que los misterios antiguos, toda esa gran y maravillosa sabiduría de la antigüedad, de la que ahora tenemos poco conocimiento, llegaron a su fin. Se acercó el tiempo donde la humanidad gradualmente perdió toda esa conexión instintiva y contacto con el mundo espiritual divino. Así también se perdió el conocimiento de la Divina Isis del mundo divino. Esta pérdida fue en realidad una pérdida para la humanidad, ya que los dioses nunca pueden morir; por lo tanto, debemos darnos cuenta de que Isis nunca murió. Lo que murió fue algo en el corazón de la humanidad, haciéndole incapaz de alcanzar a Isis, de tener una verdadera experiencia interna del ser de Isis. Esto fue comprimido, por así decirlo, en la leyenda de Osiris, que tal vez conozcan.

 

También hay una leyenda de la muerte de Isis. Ella fue asesinada por un oponente de la evolución normal, a quien hoy llamamos Lucifer. Lucifer mató a Isis. Su esposo, Osiris, fue asesinado antes, y Osiris fue bajado a la tumba de la Tierra; en realidad, su cuerpo fue cortado y las piezas fueron enterradas en toda la Tierra. Isis también fue asesinada, pero por Lucifer, y colocada en la Tumba de los Cielos. Ahora debemos aprender a entender esta maravillosa leyenda. ¿Qué quiere decirnos? Quiere decirnos que hay un Ser, hay un poder trabajando en la Tierra —en el alma de la humanidad— que quiere permitirnos usar nuestros sentidos para ver solo lo que es visible. Por ejemplo, el Sol visible, las estrellas visibles, todo lo que se nos aparece y que podemos percibir a través de nuestros sentidos. Ese poder de Lucifer quiere hacer o formar nuestra constitución en una constitución que está dirigida solo hacia lo que nos aparece como el mundo visible. Así, esta leyenda habla de una tendencia en nosotros que está dirigida solo y exclusivamente hacia el mundo de los sentidos. Esa fuerza, por supuesto, mataría algo en nosotros, eliminaría algo de lo que la antigua humanidad era instintivamente consciente, y ese es el hecho de que detrás de lo visible hay fuerzas espirituales invisibles. Hay fuerzas espirituales y seres espirituales trabajando, quienes en primer lugar crearon el mundo cósmico, ese mundo de las estrellas y aquello que lo dirige. Por lo tanto, Lucifer intentó e incluso logró, hasta cierto punto, matar algo en nosotros que originalmente era capaz de percibir el Ser de Isis detrás del mundo de las estrellas visibles. Miren a su alrededor: tenemos una astronomía moderna, hemos acumulado un tremendo conocimiento sobre el mundo cósmico, hemos llegado a conclusiones fantásticas con respecto al tamaño del Universo, hemos calculado sus distancias, las hemos medido, e incluso hemos intentado pesarlas. Hemos tratado todo el cosmos en la astronomía moderna como una máquina y nada más que una máquina. Ya no hay vida en este cosmos. Ha habido una tendencia en el trabajo en la humanidad, que ha creado paso a paso y muy lentamente, una capacidad unilateral que es una certeza altamente cultivada pero dirigida solo hacia lo que se puede ver.

 

Imaginen por un momento, todo lo que se ha hecho y todo lo que se ha logrado en la astronomía moderna se ha construido exclusivamente con el sentido de la vista. Saben que uno habla generalmente de cinco sentidos —la ciencia espiritual incluso habla de 12 sentidos— y de todo ese cosmos de sentidos, hemos escogido para la base de nuestra información en astronomía ese único sentido: el sentido de la vista. Ciertamente, el astrónomo moderno preguntaría: “¿Qué otra cosa podríamos hacer?” Pero hemos distinguido el sentido de la vista y lo hemos convertido en el único espectador en el mundo de las estrellas. Por lo tanto, Isis fue asesinada; pero los Dioses nunca pueden morir, solo pueden morir en la conciencia humana, y eso es lo que ha sucedido. Lo que necesitamos es un nuevo despertar de esas fuerzas.

 

Como dije antes, Isis fue experimentada en la antigüedad como una fuerza maternal en el cosmos. La gente en la antigüedad se dio cuenta de que habían nacido de la totalidad del cosmos, y la ciencia espiritual moderna, trabajando realmente con medios que pueden probar estos hechos, ha encontrado de nuevo esta verdad: que nacemos de la totalidad del Cosmos. En realidad, todo lo que existe en este planeta: mineral, vegetal, animal, seres humanos, con respecto a las fuerzas espirituales, y los elementos espirituales que trabajan en la materia, provienen del cosmos, provienen del mundo de las estrellas. Como ven, Isis no ha muerto, todavía está dando a luz a todo lo que existe en este planeta; solo nosotros debemos aprender a reconocerla y a experimentarla de nuevo. Si hacemos esto, entonces podemos encontrar una imagen mucho más amplia: podemos encontrar la glorificación del cuadro que fue pintado por Rafael. Entonces podemos encontrar que el gran cosmos en el que vivimos, el mundo de las estrellas, realmente nos está dando la existencia que necesitamos en nuestro planeta. Es desde el elemento de la Luna, pero de una manera cósmica expandida y magnificada. Recibimos esta existencia en nuestro planeta Tierra para desarrollar nuestras facultades espirituales: todo lo contenido en la vida de nuestra alma y en las capacidades que podemos desarrollar en el curso de nuestra estadía en este planeta. Piensen en todos los logros culturales de la humanidad, incluidos los logros tecnológicos.

 

Tomando todo en conjunto, habla un lenguaje majestuoso de las capacidades que están ocultas en el ser humano, y lo que se ha logrado es solo una partícula de lo que está escondido en nosotros como capacidades, como facultades que podemos desarrollar, que podemos elevar la existencia a alturas de las cuales, en su mayoría, ni siquiera podemos imaginar hoy. Así que allí tenemos de nuevo la gran imagen de haber nacido como humanidad, como miembros del planeta Tierra que nace de la gran Madre cósmica que es el mundo de las estrellas. Eso es solo un lado. También debemos reconocer el hecho de que recibimos esta existencia para manifestar lo que está escondido en nuestro ser como nuestras capacidades y facultades. Esto se puede realizar en todos los sentidos. Dije que el cristianismo moderno se encuentra en una posición muy difícil, que los documentos antiguos están en su mayoría destruidos.

 

Deberíamos tomar la imagen de la Madre y el Niño muy en serio en un verdadero sentido cósmico. Podemos hacerlo; se puede hacer. Por supuesto, no hay tiempo hoy para entrar en grandes detalles, pero hay una posibilidad, incluso hay muchas posibilidades. Durante esos tres años del ministerio de Cristo, los últimos y decisivos tres años después del Bautismo en el río Jordán, el Cristo caminó por este planeta y ejecutó las obras que escuchamos en los Evangelios. Él habló las palabras de las cuales escuchamos; Mientras tanto, en el cosmos, las entidades cósmicas —los planetas, el sol— se movían en sus cursos.

 

Existe una intima relación entre lo que sucedió en la Tierra hace 2.000 años y lo que sucedió al mismo tiempo en el cosmos. Si estudiáramos los cursos de las entidades celestiales durante esos tres años, encontraríamos algo así como un reflejo, como un espejo, y veríamos lo que sucedió en la Tierra. ¿Por qué es así? ¿Por qué podemos hablar de esto? Bueno, ¿quién era el Cristo? Esa es una de las cosas que un cristianismo moderno no puede entender fácilmente. ¿Quién era el Cristo? La teología, principalmente del siglo pasado y el comienzo de este siglo, llegó a la conclusión de que Cristo era un simple ser humano, el hombre simple de Nazaret, nada especial. Luego, otras religiones de Oriente preguntaron: “¿Por qué deberíamos aceptar a esta persona sencilla? Hay otros: profetas, Buda y otros, ¿por qué no deberían ser ellos también los elegidos y por qué no deberían ser también luces de guía en la humanidad? “. En esto se reveló el hecho de que la cristiandad moderna no podía entender la naturaleza de Cristo. En la ciencia espiritual, la antroposofía habla de que el Ser Crístico vino del cosmos, en realidad descendió del Sol. Cristo fue la guía en los tiempos precristianos, , en cierto sentido el Creador de ese Sol que vemos en el cosmos. Por lo tanto, Él fue el Creador de todo el Universo Solar en el que vivimos.

 

Todo esto se puede resolver en un sentido filosófico estricto e incluso en un sentido matemático, si se investigan las propiedades del sol. El Cristo descendió de ese Sol a la Tierra. Si Cristo fue el Espíritu Guía de ese Sol, que fue y que todavía es el vehículo de la creación, el vehículo que mantiene e ilumina todo el sistema solar, entonces debe haber en el Cristo, un Ser que es el Espíritu del universo entero en el que vivimos; y como tal, descendió a la Tierra. Por lo tanto, durante esos tres años mientras Cristo caminó sobre la Tierra, Su Corte, si me permiten esta expresión (en realidad hay una oración celta que habla de la Corte de Cristo como las Estrellas, que es Su manto y que era Su vestidura en tiempos precristianos, cuando aún no había nacido en la Tierra, cuando todavía moraba en el vientre de la gran Madre cósmica, la Virgen), esta Corte de Cristo se adapto alrededor de todo lo que el Cristo hizo en la Tierra. Ciertamente no fue que ninguna de las obras de Cristo estuviera determinada por lo que sucedió en el cosmos. No, era más bien que el cosmos seguía como la corte de un Rey siguiendo los movimientos, los deseos y las peticiones de un Rey. Así tenemos allá afuera en el cosmos en ese manto azul de la Divina Sophia-Divina Isis en un sentido antiguo el elemento de la gran Madre, y en la Tierra tenemos esas acciones que toman lugar inauguradas por el Cristo.

 

Si podemos leer y volver a despertar al conocimiento o la sabiduría que está detrás o se revela en los movimientos de las estrellas, entonces tendremos una luz de sabiduría. En realidad, a Sophia también se la llama Sabiduría divina en las Iglesias orientales. Siempre se supo que Isis era la Sabiduría Divina de las estrellas. Si volvemos a despertar nuestra capacidad de leer, experimentar y tomar conciencia de lo que funcionó como sabiduría divina detrás de los movimientos de las estrellas durante los tres años del ministerio de Cristo, entonces tendremos algo dentro de nosotros como una Luz de Sabiduría que puede brillar en todo lo que ocurrió hace 2.000 años.

 

Aquí en la Tierra tenemos algo que nos ha llegado a través de la tradición en lo que está contenido en los Evangelios. La humanidad cristiana, como un todo, ha perdido ese enfoque o lo está perdiendo rápidamente hoy. Lo que necesitamos es una Luz de la Sabiduría que nuevamente arroje luz, pero desde una dirección completamente diferente a lo que ocurrió hace 2.000 años. Necesitamos, en cierto sentido, no tanto el Cristo, porque Él se ha unido a la Tierra, pero lo que necesitamos ahora es la Sabiduría que finalmente se encuentra en la comprensión de los movimientos, los ritmos y los gestos del estrellas como una expresión externa de la divina Sophia. Si tenemos eso, entonces la luz puede caer sobre el Ser de Cristo. Por ejemplo, si tuviéramos tiempo para estudiar el Ser del Sol —todo lo que podemos reconciliar, en cierto sentido, con lo que la astronomía moderna ha encontrado con respecto al Sol— y descubrir qué es el Ser del Sol, encontraríamos la luz que arrojaríamos sobre la gran pregunta: ¿Quién es el Cristo y cómo se ha unido el Cristo con la Tierra desde el Misterio del Gólgota? Si tomáramos los eventos en el cosmos estrellado durante esos tres años del ministerio de Cristo, si siguiéramos los gestos de Saturno, Júpiter, Marte, y leyéramos en ellos la vida o la expresión del cosmos (tal como podemos leer en la expresión de un semblante humano la vida interior de ese ser), si pudiéramos leer en los movimientos y gestos externos de los planetas la vida interior de la Divina Sofía, que fue asesinada en tiempos precristianos por Lucifer (a través de ese elemento que quería llevar todo a un nivel materialista), si pudiéramos leer esos movimientos y esos gestos de los planetas durante esos tres años, aprenderíamos de nuevo a comprender lo que ocurrió hace 2000 años. Así habríamos magnificado a dimensiones cósmicas la imagen de la Virgen y el Niño de una manera que, quizás, no solo tendría un atractivo para una especie de conciencia sentimental y experimental del hecho de la Navidad, sino que podría reconciliarse por completo con todo lo que vive en nosotros como el esfuerzo, como el anhelo de un conocimiento de estas cosas. No solo es necesario que la imagen de la Virgen y el Niño sea algo que apele al sentimiento del ser humano, a lo que sin duda y de manera justificada puede traer calor y luz interior al alma humana en el momento de Navidad, pues esta gran imagen, esta gran visión de la Virgen y el Niño podría elevarse al nivel en que lo que puede ser representado por medios artísticos puede reconciliarse por completo, y no solo reconciliarse sino verificarse con lo que podemos encontrar a nivel científico.

 

Este es el mensaje que creo debería sonar en una humanidad moderna, especialmente en la humanidad cristiana moderna. Tal imagen aparentemente simple, como la de la visión navideña, no tiene por qué ser algo meramente empujado a un rincón de la existencia humana por el impacto de la civilización moderna, solo para ser sacado de esa esquina y utilizado como una especie de refrescante y calentamiento de los sentimientos de los seres humanos durante unos días. Más bien, esta gran visión puede mantenerse en medio de la existencia humana, incluso de una existencia humana moderna que está tan interesada en la tecnología, en la ciencia natural y demás. Se puede hacer; y de esto, creo, tenemos que hablar en esta ocasión sobre la base de la ciencia espiritual antroposófica.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Diciembre de 2017

 

 

GA202c3. El camino hacia la Libertad y el Amor y su importancia en los acontecimientos mundiales

Rudolf Steiner – Dornach – 19 de Diciembre de 1920

English version

El hombre está en el mundo por un lado como un ser pensante, contemplativo y como hacedor, como un ser de acción, por el otro; Con sus sentimientos vive dentro de estas dos esferas. Con su sentimiento responde, por un lado, a lo que se le presenta a su observación; y por el otro lado, introduce el sentimiento en sus hechos, en sus acciones. Sólo necesitamos considerar cómo un hombre puede estar satisfecho o insatisfecho con el éxito o la falta de éxito de sus actos, cómo en verdad toda acción va acompañada de impulsos de sentimiento, y veremos que el sentimiento une los dos polos de nuestro ser: el polo del pensamiento y el polo de la voluntad, de la acción. Sólo a través del hecho de que somos seres pensantes somos Hombres en el sentido más verdadero. Consideren también, cómo todo lo que nos da conciencia de nuestra humanidad esencial está conectado con el hecho de que podemos crear interiormente una imagen del mundo que nos rodea, Vivimos en este mundo y podemos contemplarlo. Imaginar que no podemos contemplar el mundo implicaría perder nuestro ser esencial. Como hacedores, como hombres de acción, tenemos nuestro lugar en la vida social y fundamentalmente hablando, todo lo que realizamos entre el nacimiento y la muerte tiene un cierto significado en esta vida social.

En cuanto que somos seres contemplativos, el pensamiento opera en nosotros; En la medida en que somos hacedores, es decir, seres sociales, la voluntad operará en nosotros. No es el caso en la naturaleza humana, ni lo es nunca, que las cosas puedan simplemente ser pensadas intelectualmente una al lado de la otra; la verdad es que lo que es un factor activo en la vida se puede caracterizar como de un aspecto u otro; Las fuerzas del mundo se interpenetran, fluyen unas a otras. Mentalmente, podemos imaginarnos a nosotros mismos como seres de pensamiento y también como seres de voluntad. Pero incluso cuando estamos completamente absortos en la contemplación, cuando el mundo exterior está completamente saciado, la voluntad está continuamente activa. Y de nuevo, cuando estamos haciendo algo, el pensamiento también está activo en nosotros. Es inconcebible que algo proceda de nosotros en el camino de las acciones o andanzas —que también pueden tener efecto en el ámbito de la vida social— sin que nos identifiquemos en el pensamiento con lo que estamos haciendo. En todo lo que es de la naturaleza de la voluntad, está contenido el elemento del pensamiento; y en todo lo que es de la naturaleza del pensamiento, la voluntad está presente. Es esencial ser muy claro acerca de lo que está involucrado aquí si queremos seriamente construir el puente entre el orden mundial moral-espiritual y el orden natural-físico del mundo.

Imaginen que están viviendo por un tiempo puramente en la reflexión como generalmente se entiende, que no están involucrados en ningún tipo de actividad exterior, sino que están completamente absortos en el pensamiento. Sin embargo deben comprender, que en esta vida de pensamiento, también esta activa la voluntad; la voluntad está entonces trabajando en su ser interior, irradiando sus fuerzas al reino del pensamiento. Cuando imaginamos al ser humano pensante de esta manera, cuando nos hacemos conscientes de que la voluntad está irradiando todo el tiempo en los pensamientos, algo ciertamente nos afectará con respecto a la vida y a sus realidades. Si revisamos todos los pensamientos que hemos formulado, encontraremos en cada caso que están vinculados con algo de nuestro entorno, algo que nosotros mismos hemos experimentado. Entre el nacimiento y la muerte no tenemos, en cierto sentido, pensamientos distintos a los que nos trae la vida. Si nuestra vida ha sido rica en experiencias tendremos un rico contenido de pensamientos; si nuestra experiencia de la vida ha sido escasa, tendremos un pobre contenido de pensamientos. El contenido del pensamiento representa nuestro destino interno —hasta cierto punto. Pero dentro de esta vida de pensamiento hay algo que es inherentemente nuestro; Lo que es intrínsecamente nuestro es cómo conectamos un pensamiento con otro y de nuevo lo disociamos, cómo los elaboramos interiormente, cómo llegamos a los juicios y sacamos conclusiones, cómo nos orientamos en la vida del pensamiento —todo esto es inherentemente nuestro. La voluntad en nuestra vida de pensamiento es nuestra.

Si estudiamos esta vida de pensamiento en un cuidadoso autoexamen, ciertamente nos daremos cuenta de que los pensamientos, en lo que respecta a su contenido real, nos vienen desde fuera, pero que somos nosotros mismos los que elaboramos estos pensamientos. —Fundamentalmente hablando, por lo tanto, con respecto a nuestro mundo de pensamientos dependemos totalmente de las experiencias que traemos por nuestro nacimiento, por nuestro destino. Pero a través de la voluntad, que brota de las profundidades del alma, llevamos a lo que viene a nosotros desde el mundo exterior, algo que es inherentemente nuestra propiedad.

Para el cumplimiento de lo que nos exige el autoconocimiento, es muy importante mantener separados en nuestras mentes por un lado, el contenido del pensamiento que nos viene del mundo circundante y por otro lado, la fuerza de la voluntad, que viene de dentro de nuestro ser, irradiando en el mundo del pensamiento. ¿Cómo nos volvemos en realidad interiormente más y más espirituales?  —No tomando el mayor número posible de pensamientos del mundo circundante, pues estos pensamientos simplemente reproducen en imágenes este mundo exterior, que es el mundo físico y material. Correr constantemente en busca de sensaciones no nos hace más espirituales. Nos volvemos más espirituales a través del trabajo interior, permeable, que llevamos a cabo en nuestros pensamientos.

Por eso la meditación también consiste en no caer en pensamientos fortuitos, sino en mantener ciertos pensamientos fácilmente contemplados en el centro de nuestra conciencia, atrayéndolos allí con un fuerte esfuerzo de voluntad. Y cuanto mayor sea la fuerza e intensidad de esta irradiación interna de la voluntad en la esfera del pensamiento, en más espirituales nos convertiremos. Cuando tomamos los pensamientos del mundo material exterior —y entre el nacimiento y la muerte sólo podemos tomar tales pensamientos— nos convertimos, como ustedes pueden fácilmente comprobar, en libres; porque estamos entregados a las concatenaciones de cosas y acontecimientos en el mundo exterior; en lo que se refiere al contenido real de los pensamientos, estamos obligados a pensar como prescribe el mundo exterior; sólo cuando elaboramos los pensamientos nos volvemos libres en el sentido real.

Ahora es posible alcanzar la libertad completa en nuestra vida interior si cada vez borramos y excluimos más el contenido real del pensamiento, en la medida en que este viene de fuera, y acentuamos en mayor actividad el elemento de voluntad que fluye a través de nuestros pensamientos cuando formamos juicios, sacando conclusiones y cosas por el estilo. De este modo, nuestro pensamiento se convierte en lo que he llamado en mi “Filosofía de la Libertad”: en pensamiento puro. Pensamos, pero en nuestro pensamiento no hay nada sino voluntad. He puesto especial énfasis en esto en la nueva edición del libro (1918). Lo que está dentro de nosotros está en la esfera del pensamiento. Pero el pensamiento puro también puede llamarse voluntad pura. Así, desde el reino del Pensamiento llegamos al reino de la Voluntad, cuando nos volvemos interiormente libres; Nuestro pensamiento alcanza tal madurez que está enteramente irradiado por la voluntad; ya no toma nada de fuera, sino que su propia vida es de naturaleza volitiva. Al fortalecer progresivamente el impulso de la voluntad en nuestro pensamiento, nos preparamos para lo que he llamado en la “Filosofía de la Libertad”, “Imaginación Moral”.

La Imaginación Moral se eleva a las Intuiciones Morales que entonces impregnan e iluminan nuestra voluntad que ahora se ha convertido en pensamiento, o nuestro pensamiento que ahora se ha convertido en voluntad. De esta manera nos elevamos por encima del dominio de la «necesidad» que impera en el mundo material, nos impregnamos de una fuerza que es inherentemente nuestra y nos preparamos para la Intuición Moral. Y todo lo que puede fluir en el hombre desde el mundo espiritual tiene su fundamento, principalmente, en estas Intuiciones Morales. Por lo tanto, la libertad nace cuando permitimos que la voluntad se convierta en una fuerza cada vez más y más poderosa en nuestro pensamiento.

Ahora consideremos al ser humano desde el polo opuesto, el de la voluntad. ¿Cuándo se presenta la voluntad con particular claridad a través de lo que hacemos? —Cuando estornudamos, digamos que también estamos haciendo algo, pero ¡no podemos atribuirnos a nosotros mismos ningún impulso definitivo de voluntad cuando estornudamos! Cuando hablamos, estamos haciendo algo en lo que la voluntad está indudablemente contenida. Pero piensen cómo, al hablar, la intención deliberada y la ausencia de intención, volición y ausencia de volición, se entremezclan. Tenemos que aprender a hablar, de tal manera que ya no estemos obligados a formular cada palabra a golpe de un esfuerzo de voluntad; pues también un elemento instintivo entra en el habla. Al menos, es así en la vida cotidiana, y lo es enfáticamente en el caso de aquellos que no se esfuerzan por la espiritualidad. Los marrulleros, que siempre abren la boca para decir alguna cosa u otra en la que se encuentra muy poco pensamiento, dan a los demás la oportunidad de notar —ellos mismos, por supuesto, no lo notan— cuánto hay en el discurso que es instintivo e involuntario.

Pero cuanto más salimos de nuestra vida orgánica y pasamos a actividades liberadas, por así decirlo, de procesos orgánicos, más llevamos los pensamientos a nuestras acciones y hechos. Los estornudos son todavía enteramente una cuestión de vida orgánica; El hablar se relaciona en gran parte con la vida orgánica; caminando realmente hay muy poco; lo que hacemos con las manos, también muy poco. Y así vamos gradualmente a acciones cada vez más emancipadas de nuestra vida orgánica. Acompañamos estas acciones con nuestros pensamientos, aunque no sabemos cómo fluye la voluntad en estos pensamientos. Si no somos sonámbulos y no vamos en esta condición, nuestras acciones siempre van acompañadas de nuestros pensamientos. Llevamos nuestros pensamientos a nuestras acciones y cuando nuestras acciones evolucionan más hacia la perfección, mas se están llevando nuestros pensamientos hacia ellas.

Nuestra vida interior se profundiza constantemente cuando enviamos la voluntad —nuestra propia fuerza inherente— a nuestro pensamiento, cuando impregnamos nuestro pensamiento con voluntad. Traemos la voluntad al pensamiento y, por lo tanto, alcanzamos la libertad. A medida que gradualmente perfeccionamos nuestras acciones finalmente conseguimos enviar pensamientos a estas acciones; Irradiamos nuestras acciones —que proceden de nuestra voluntad— con pensamientos. Por un lado (hacia adentro) vivimos una vida de pensamiento; Lo impregnamos con la voluntad y así encontramos la libertad. Del otro lado (hacia fuera) nuestras acciones fluyen de nuestra voluntad, y las impregnamos con nuestros pensamientos. (Diagrama IX).

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Pero, ¿por qué medios evolucionan nuestras acciones hacia una mayor perfección? Para utilizar una expresión invariablemente polémica —¿Cómo lograr una mayor perfección en nuestras acciones?. Logramos esto desarrollando en nosotros la fuerza que sólo puede designarse con las palabras: devoción al mundo exterior. —Cuanto más crece y se intensifica nuestra devoción al mundo exterior, más este mundo exterior nos mueve a la acción. Pero es sólo a través del despliegue de la devoción al mundo exterior que logramos impregnar nuestras acciones con pensamientos. ¿Qué es, en realidad, la devoción al mundo exterior? La devoción al mundo exterior, que impregna nuestras acciones con pensamientos, no es otra cosa que el Amor.

Así como alcanzamos la libertad irradiando la vida del pensamiento con la voluntad, también alcanzamos el amor impregnando la vida de la voluntad con pensamientos. Desarrollamos el amor en nuestras acciones dejando que los pensamientos irradien en el reino de la voluntad; desarrollamos la libertad en nuestro pensamiento dejando que lo que es de naturaleza volitiva irradie en nuestros pensamientos. Y porque, como hombres, somos un todo unificado, cuando llegamos al punto donde encontramos la libertad en la vida del pensamiento y del amor en la vida de la voluntad, habrá libertad en nuestras acciones y amor en nuestro pensamiento. Cada uno irradia al otro: la acción llena de pensamiento es forjada en el amor; el pensamiento que está impregnado de voluntad da lugar a acciones y hechos verdaderamente libres.

Así podemos ver cómo en el ser humano los dos grandes ideales, la Libertad y el Amor, crecen juntos. La libertad y el amor son también lo que el hombre, de pie en el mundo, puede llevar a la realización en sí mismo de tal manera que, a través de él, se une uno con el otro para el bien del mundo.

Podemos preguntarnos: ¿Cómo se alcanza el ideal, el ideal más elevado, en la vida permeada por la voluntad en el pensamiento? Ahora bien, si la vida del pensamiento fuera algo que representara procesos materiales, la voluntad nunca podría penetrar plenamente en el reino de los pensamientos y arraigar cada vez más allí. La voluntad a lo sumo sería capaz de rayar en estos procesos materiales como una fuerza organizadora. La voluntad sólo puede tener un efecto real si la vida del pensamiento es algo que no tiene una realidad física exterior. ¿Qué debe ser entonces?.

Podrán imaginar lo que debe ser si toman una imagen como punto de partida. Si tienen aquí un espejo y aquí un objeto, el objeto se refleja en el espejo; sfgi luego se colocan detrás del espejo, no encontraran nada. En otras palabras, ustedes tienen una imagen —nada más. Nuestros pensamientos son imágenes en este mismo sentido. (Diagrama X) ¿Cómo se explica esto? —

 

En una conferencia anterior dije que la vida del pensamiento como tal no es una realidad del momento inmediato. La vida del pensamiento irradia desde nuestra existencia antes del nacimiento, o más bien, antes de la concepción. La vida del pensamiento tiene su realidad entre la muerte y un nuevo nacimiento. Y así como aquí el objeto se coloca ante el espejo y lo que presenta es una imagen —sólo eso y nada más— así lo que desplegamos como la vida del pensamiento se vive en el sentido real entre la muerte y un nuevo nacimiento, y sólo irradian en nuestra vida desde el nacimiento. Como seres pensantes, tenemos dentro de nosotros una realidad espejo solamente. Porque esto es así, la otra realidad que, como ustedes saben, surge del proceso metabólico, puede penetrar en el espejo de la vida del pensamiento. Si, como muy raramente es el caso hoy en día, hacemos esfuerzos sinceros por desarrollar un pensamiento imparcial, veremos que la vida del pensamiento consiste en una imagen-espejo, si miramos el pensamiento en su forma más pura —las matemáticas. El pensamiento matemático fluye completamente de nuestro ser interior, pero sólo tiene una existencia espejo. A través de las matemáticas, la composición de objetos externos puede ser analizada y determinada; pero los pensamientos matemáticos en sí mismos son sólo pensamientos, existen simplemente como imágenes. No se han adquirido de ninguna realidad exterior.

Pensadores abstractos como Kant también emplean una expresión abstracta. Dicen: los conceptos matemáticos son a priori. – A priori, (apriority) significa “de lo que es antes”. [E.Ed: Ver Diccionario de Oxford.] ¿Pero por qué los conceptos matemáticos son a priori? Porque fluyen de la existencia anterior al nacimiento, o más bien de la concepción precedente. Esto es lo que constituye su “aprioridad”. Y la razón por la que parecen reales a nuestra conciencia es porque son irradiados por la voluntad. Esto es lo que los hace reales. ¡Piensen cómo se ha convertido el pensamiento moderno abstracto cuando utiliza palabras abstractas para algo que, en su realidad, no se entiende! Los hombres como Kant tenían una idea débil de que traemos las matemáticas con nosotros desde nuestra existencia antes del nacimiento, y por lo tanto llamaron a priori las conclusiones de las matemáticas. Pero el término “a priori” realmente no nos dice nada, en realidad, señala algo meramente formal. En cuanto a la vida del pensamiento, que con su existencia-espejo debe ser irradiada por la voluntad para convertirse en realidad, las tradiciones antiguas hablan de Semblanza. (Diagrama XI, Schein.)

Consideremos ahora el otro polo de la naturaleza del hombre, donde los pensamientos fluyen hacia la esfera de la voluntad, donde los actos se realizan con el Amor. Aquí nuestra conciencia está, por decirlo así, rayando, rebotando en la realidad. No podemos mirar a ese reino de oscuridad, un reino de tinieblas para nuestra conciencia, donde se despliega la voluntad cuando levantamos un brazo o giramos la cabeza, a menos que tomemos conceptos suprasensibles en nuestra ayuda. Movemos un brazo; pero su complicado proceso de funcionamiento permanece tan escondido de la conciencia ordinaria como lo que ocurre en el sueño profundo, en el sueño sin sueños. Percibimos nuestro brazo; percibimos cómo nuestra mano agarra un objeto. Esto es porque permeamos la acción con pensamientos. Pero los pensamientos mismos que están en nuestra conciencia todavía son sólo apariencia. Vivimos en lo que es real, pero no irradia en nuestra conciencia ordinaria. Las tradiciones antiguas hablan aquí del Poder (Gewalt), porque la realidad en la que vivimos está, de hecho, permeada por el pensamiento, pero sin embargo el pensamiento en cierto sentido, esta rebotando de ella durante la vida entre el nacimiento y la muerte. (Diagrama XI).

Entre estos dos polos yace el factor de equilibrio que une a los dos: une la voluntad que irradia hacia la cabeza con los pensamientos que, como fluyen en hechos forjados con amor, se sienten, por decirlo así, con el corazón. Este medio de unión es la vida del sentimiento, que es capaz de dirigirse hacia la voluntad así como hacia los pensamientos. En nuestra conciencia ordinaria vivimos en un elemento mediante el cual comprendemos, por un lado, lo que viene a expresarse en nuestro pensamiento permeado por la voluntad con su predisposición a la libertad, mientras que por otro lado tratamos de asegurar que lo que pasa más en nuestras acciones se llene cada vez más con pensamientos. Y lo que forma el puente que conecta ambos ha sido llamado desde tiempos antiguos Sabiduría. (Diagrama XI).

En su cuento de hadas, La serpiente verde y el hermoso lirio, Goethe ha dado indicaciones de estas antiguas tradiciones en las figuras del rey de oro, el rey de plata y el rey de bronce. Ya hemos demostrado desde otros puntos de vista cómo estos tres elementos deben volver a la vida, pero en una forma completamente diferente —los tres elementos a los que apuntaban los conocimientos instintivos antiguos y que sólo pueden revivir si el hombre adquiere el conocimiento dado por la Imaginación, Inspiración, e Intuición.

Pero, ¿qué es lo que realmente ocurre cuando el hombre despliega su vida de pensamiento? —¡Que la realidad se convierte en apariencia! Es muy importante tener claro esto. Llevamos con nosotros la cabeza, que con su cráneo duro y su tendencia a la osificación, presenta, incluso exteriormente, una imagen de lo que está muerto, en contraste con el resto del organismo vivo. Entre el nacimiento y la muerte llevamos en la cabeza aquello que, desde un tiempo anterior, cuando era realidad, entra en nosotros como apariencia, y del resto de nuestro organismo impregnamos esa apariencia con el elemento que emana de nuestros procesos metabólicos, lo impregnamos con el elemento real de la voluntad. Allí tenemos dentro de nosotros una semilla, una entidad germinativa que, ante todo, es parte de nuestra humanidad, pero también significa algo en el cosmos. Piénsenlo: un hombre nace en un año determinado; antes  estaba en el mundo espiritual. Cuando sale del mundo espiritual, el pensamiento que es la realidad, se convierte en apariencia, y lleva a esa apariencia las fuerzas de su voluntad que proceden de una dirección completamente distinta, surgiendo de partes de su organismo distintas de la cabeza. Así es como el pasado, muriendo en apariencia, se enciende de nuevo para convertirse en realidad del futuro.

Vamos a entender esto correctamente. ¿Qué sucede cuando el hombre se eleva al pensamiento puro, al pensamiento irradiado por la voluntad? —Sobre el fundamento del pasado que se ha disuelto en la apariencia, a través de la fructificación por la voluntad que surge de su yoidad, se despliega dentro de él una nueva realidad que conduce al futuro. Él es el portador de la semilla del futuro. Los pensamientos del pasado, como realidades, son como el suelo-madre; en este suelo-madre se coloca lo que viene del yo individual y la semilla es enviada al futuro para la vida futura.

En el otro lado, el hombre evoluciona impregnando sus hechos y acciones, su naturaleza de voluntad, con pensamientos; con actos que se realizan con amor. Tales hechos se separan de él. Nuestras acciones no permanecen confinadas a nosotros mismos. Se convierten en acontecimientos del mundo; y si están permeadas por el amor, entonces el amor va con ellas. En lo que respecta al cosmos, una acción egoísta es diferente de una acción permeada por el amor. Cuando, a través de la apariencia, a través de la fructificación por la voluntad, desplegamos lo que procede de nuestro ser íntimo, entonces lo que fluye hacia el mundo desde nuestra cabeza encuentra nuestras acciones impregnadas de pensamiento. Y así como cuando se despliega una planta ya contiene en su flor la semilla a la que debe venir la luz del sol, el aire exterior, y así sucesivamente, a lo que algo debe ser traído desde el cosmos para que pueda crecer, en lo que se despliega a través de la libertad debe encontrarse un elemento en el que crecer a través del amor que vive en nuestros actos.

Así, el hombre permanece dentro del gran proceso de la evolución del mundo, y lo que ocurre dentro del límite de su piel y fluye más allá de su piel en forma de hechos, tiene significado no sólo para él, sino para el mundo, para el Universo. Él pone su granito en la arena de los acontecimientos cósmicos, en los acontecimientos del mundo. Lo que era la realidad en épocas anteriores se convierte en apariencia en el hombre, la realidad se disuelve continuamente, y su apariencia es acelerada de nuevo por la voluntad, surgiendo una nueva realidad. Aquí tenemos —como si espiritualmente pudiéramos poner nuestro dedo sobre ello— lo que también se ha hablado desde otros puntos de vista. ¡No hay conservación eterna de la materia! La materia se transforma en apariencia y la apariencia se transforma en realidad por la voluntad. La ley de la conservación de la materia y la energía afirmada por la física es una ilusión, porque sólo se tiene en cuenta el mundo natural. La verdad es que la materia está continuamente transformándose en apariencia; y una nueva creación tiene lugar en lo que a través del Hombre, que se presenta ante nosotros como el logro supremo del cosmos, la apariencia se transforma nuevamente en Ser (Sein).

También podemos ver esto si nos fijamos en el otro polo  —sólo que este no es tan fácil de percibir. Los procesos que finalmente llevan a la libertad ciertamente pueden ser capturados por el pensamiento imparcial. Pero ver correctamente el caso de este otro polo se necesita un cierto grado de desarrollo científico-espiritual. Porque aquí, para empezar, la conciencia ordinaria rebota cuando se enfrenta a lo que las antiguas tradiciones llaman Poder. Lo que se vive como Poder, como Fuerza, está verdaderamente permeado por pensamientos; pero la conciencia ordinaria no percibe que así como la voluntad entra más y más en el mundo del pensamiento con una facultad cada vez mayor de juicio, así cuando llevamos los pensamientos a la naturaleza de la voluntad, cuando superamos el elemento del Poder más y más completamente, también impregnamos lo que es meramente Poder con la luz del pensamiento. En un polo del ser humano vemos la superación de la materia; en el otro polo, vemos el nuevo nacimiento de la materia.

Como he señalado brevemente en mi libro Enigmas del alma, el hombre es un ser triple: como hombre de sistema nervioso y perceptivo es portador de la vida del pensamiento, de la percepción; como ser rítmico (respiración, sangre circulante), es portador de la vida del sentimiento; como ser metabólico, es portador de la vida de la voluntad. Pero ¿cómo, entonces, opera el proceso metabólico en el hombre cuando la voluntad se despliega cada vez más en el amor? Opera en que, como el hombre realiza tales actos, la materia es continuamente superada. Y qué es lo que se despliega en el hombre cuando, como ser libre, encuentra su camino en el pensamiento puro, que es, sin embargo, realmente de la naturaleza de la voluntad? —¡Nace la materia!— ¡Contemplamos el devenir-en-ser de la materia! Llevamos en nosotros lo que hace nacer la materia: nuestra cabeza; Y llevamos en nosotros lo que destruye la materia, donde podemos ver cómo se destruye la materia: nuestro organismo de las extremidades y del metabolismo.

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Esta es la manera en que debemos estudiar al hombre completo. Vemos cómo lo que la conciencia concibe en las abstracciones es un factor real en el proceso del devenir del mundo; Y vemos cómo aquello que está contenido en este proceso de devenir del mundo y al que la conciencia ordinaria se aferra tan firmemente que no puede hacer otra cosa que concebirla como realidad, vemos cómo esto se disuelve hasta la nulidad. Es realidad para la conciencia ordinaria, y cuando obviamente no coincide con las realidades externas, entonces el recurso de los átomos tiene que ser tomado, considerándolo una realidad firmemente fijada. Y porque el hombre no puede liberarse en sus pensamientos de estas realidades firmemente fijas, uno las deja mezclarse unas con otras, ahora de esta manera, ahora de esta otra. En un momento se mezclan para formar hidrógeno, en otro, oxígeno; Simplemente se agrupan de forma diferente. Esto es simplemente porque la gente es incapaz de cualquier otra creencia de que lo que una vez ha estado firmemente fijado en el pensamiento también debe estar firmemente fijado en la realidad.

No es otra cosa que la debilidad del pensamiento en la que se pierde cuando acepta la existencia de átomos fijos y duraderos. Lo que se revela a nosotros a través del pensamiento que está de acuerdo con la realidad es que la materia es continuamente disuelta hasta la nulidad y continuamente reconstruida a partir de la nulidad. Es sólo porque cuando la materia muere, surge la nueva materia, que la gente habla de la conservación de la materia. Caen en el mismo error en el que caerían, digamos, si un número de documentos fueran llevados a una casa, y copiados allí, pero los originales se queman y las copias se sacaran de nuevo, y entonces creyeran que lo que fue cargado había sido  llevado a cabo—que es la misma cosa. La realidad es que los documentos antiguos han sido quemados y los nuevos reescritos. Es lo mismo con lo que viene a ser en el mundo, y es importante para nuestro conocimiento avanzar a este punto. Porque en ese reino del ser del hombre, donde la materia muere y de la apariencia surge la nueva materia, está la posibilidad de la libertad, y también está la posibilidad del amor. Y la libertad y el amor siempre están van unidos, como ya he indicado en mi Filosofía de la Libertad. Aquellos que, partiendo de alguna concepción particular del mundo, hablan de lo imperecedero de la materia, anulan la libertad por un lado y el desarrollo pleno del amor por el otro.

Pues sólo por el hecho de que en el hombre el pasado muere, se convierte en apariencia, y el futuro como nueva creación en la condición de una semilla, surge en nosotros el sentimiento del amor —devoción a algo a lo que no estamos coaccionados por el pasado— y la libertad —acción que no está predeterminada.

La libertad y el amor son, en realidad, comprensibles sólo para una concepción científico-espiritual del mundo, no de cualquier otra. Aquellos que están familiarizados con la imagen del mundo que ha aparecido en el transcurso de los últimos siglos podrán evaluar las dificultades que habrá que superar antes de que los hábitos de pensamiento prevalecientes en la humanidad moderna puedan ser inducidos a dar paso a este pensamiento imparcial y científico-espiritual. Pues en la imagen del mundo existente en las ciencias naturales no hay realmente puntos a partir de los cuales podamos avanzar hacia una verdadera comprensión de la libertad y el amor.

Cómo la imagen natural-científica del mundo, por un lado y por el otro, la imagen tradicional y antigua del mundo, se relacionan con un desarrollo verdaderamente progresivo, espiritual y científico de la humanidad —de esto hablaremos en alguna otra ocasión.

Traducido por Gracia Muñoz, en Mayo de 2017