GA137c6. El Hombre a la luz del Ocultismo, la Filosofía y la Religión

Christiania, 8 de junio de 1912

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Mis queridos amigos,

Tal vez os sorprenda que en el curso de estas conferencias vayamos a dedicar tanto tiempo a considerar la naturaleza de lo que después de todo es la parte externa del hombre, su forma y su figura. Sin embargo, si se quiere profundizar en el conocimiento que el verdadero ocultismo puede dar, no se puede omitir de su estudio del hombre los aspectos con los que ahora estamos tratando. Recuerden cuán a menudo en el curso de sus estudios se han encontrado con el pensamiento de que en su forma exterior la figura el hombre es un templo de la Deidad.

Así es, y esto es lo que debemos tener en la mente todo el tiempo que lo estudiemos, como si colocáramos las piedras de construcción del templo, tal y como comenzamos a hacer ayer y como continuaremos haciendo por un tiempo. Veremos que cuando nos tomamos la molestia de buscar en la figura humana los secretos ocultos del mundo espiritual, llegamos a un conocimiento que es de suma importancia para el corazón y el alma humana.

Ayer estudiamos al hombre en sus doce miembros. Ahora estos doce miembros aparecen a primera vista como formando una unidad. Sin embargo, en realidad no es una unidad, y es importante reconocer esto. Pues, en el momento en que estamos despiertos al hecho de que la unidad externa de la forma humana es sólo aparente, en el momento en que nos hacemos conscientes de que toda la forma y figura del cuerpo, tal como lo vemos y podemos tener conocimiento de ello aquí en la vida terrenal  es sólo una apariencia  —en ese momento también podemos comenzar a entender cómo es el Yo, el punto central de la conciencia del hombre.

Vimos ayer cómo este Yo nuestro desaparece de nuestra conciencia cada noche, y es por ello que nuestro Yo solo puede ser para el hombre una imagen; pues de otra manera no se le podría quitar la realidad de la noche. Cada noche algo del yo del hombre (que siempre va con él a través de toda la vida terrena) se retira; Y los Poderes Divinos han ordenado las cosas de tal manera que lo que el hombre pierde en el sueño se le dona en el cuerpo externo; se adhiere en su lugar del cuerpo. Es por ello que el hombre puede mirar su cuerpo como una unidad. Pero en realidad no es unidad. En realidad se compone de miembros que se amalgaman de la manera más complicada.

Aquí estamos acercándonos a uno de los misterios más importantes del ser humano, que nos llevará a profundizar en los secretos fundamentales de la existencia. Uno de los misterios lo tocamos en el mundo exterior; y es importante tomar este camino de fuera hacia dentro para recibir en nuestra conciencia esta idea que no tiene objeto.

  El hombre tal como lo vemos en el mundo consiste en tres partes, y estamos tratando todo el tiempo con una apariencia si simplemente tratamos estas tres partes del hombre como una unidad. La forma del hombre, que ayer vimos compuesta de doce miembros, está realmente dividida en tres, y debemos aprender a comprender cómo el hombre tiene en él, por así decirlo, tres hombres. Pongamos ante nosotros a estos tres hombres en sucesión.

Ayer, cuando pusimos un orden a los miembros de la forma humana, comenzamos con lo que llamamos la postura erguida  y continuamos con que el hombre está orientado en una dirección de avanzar —para expresarlo mejor, para el acto de hablar—Tenemos, por lo tanto, como segundo miembro la dirección de avance, la dirección para el habla. La tercera, como recordarán, era la simetría. Teniendo por el momento sólo estos tres miembros de la naturaleza del hombre, vemos una parte de la forma humana tal y como la contemplamos en el espacio exterior.

Veamos ahora ver si podemos, siguiendo una percepción puramente exterior, buscar otra cosa a la que podemos aplicar la palabra simetría, —y que en su aspecto externo ofrece a una observación cuidadosa muchos problemas interesantes. Por simetría nos referimos, por supuesto, la forma en que el hombre muestra un desarrollo de dos caras. Esta calidad de simetría está presente en todos los órganos de la cabeza, pero a medida que avanzamos hacia abajo desde la cabeza llegamos a una parte de la figura humana donde es aún más patente la evidencia.

Recordarán que hemos dado a  la  “postura erguida”, el nombre de Aries y el signo ♈ , y a la “orientación a la formación de sonido” el Toro nombre (Tauro) y el signo ♉ y a la “simetría” el nombre de Mellizos (Géminis) y el signo ♊. Estos son los nombres dados a los tres primeros miembros del organismo del hombre.

 Llegamos entonces a algo que parece seguir como una especie de continuación de la cabeza y que manifiesta de una manera muy especial la propiedad de la simetría. Me refiero a los brazos y las manos. Es a estos que les voy a pedir ahora tengan en consideración.

Los brazos y las manos del hombre se unen a la parte de la cabeza de tal manera que prefiguran de una manera sorprendente lo que tenemos en el hombre inferior como el muslo, la pierna y el pie. Si consideráis el reino animal, seréis inmediatamente golpeados con la semejanza de estos últimos órganos con aquellos que en el hombre, como brazos y manos, son diferentes. Podréis hacer observaciones muy importantes dedicando un cuidadoso estudio y pensamiento a la diferencia que hay en el hombre entre los brazos y las piernas, y entre las manos y los pies, en contraposición a los animales que están más cerca de él.

Tomemos ahora los nombres que empleamos ayer para las piernas y los pies y los aplicamos de manera correspondiente a los brazos y manos que se unen a la cabeza y que —como una observación bastante superficial nos permitirá ver— tienen conexión espiritual con todo el mundo del pensamiento de la cabeza. No lo encontraremos irrazonable o inapropiado si aplicamos ahora a estos brazos y manos que están conectados con la cabeza, los mismos términos que usamos ayer para las piernas y los pies, y nombrar esta continuación simétricamente extendida de la cabeza de la siguiente manera.

Primero tenemos, como cuarto miembro, el brazo superior, y a esto le damos la misma designación que le dimos al muslo, el Arquero (Sagitario) ♐.

Observamos una diferencia entre el codo y la rodilla, no habiendo desarrollo el codo una correspondencia con la rotula, pero a pesar de ello la similitud es suficientemente obvia. Y así le damos al codo el signo y el nombre que dimos a la rodilla, – Cabra (Capricornio) y ♑.

Asignamos al brazo inferior el mismo signo que tomamos para la pierna, el Signo de Acuario ♒, y las manos se indican con el mismo signo que dimos a los pies,  el signo de los Peces (Piscis) ♓.

Y si ahora juntamos estos miembros de la naturaleza del hombre, por sí mismos, comprendiendo la cabeza y los brazos, obtenemos un hombre de siete miembros. Esta es una percepción importante. Al reflexionar sobre cómo este hombre séptuple completo recibe alimento —la nutrición es naturalmente traída a él del resto del hombre— entonces la idea no será totalmente grotesca si imaginamos por un momento que este hombre séptuple podría recibir su alimento de fuera, como una planta que encuentra alimento preparado para ella en el mundo exterior, y simplemente la recibe y trabaja sobre ella. Podríamos muy bien imaginar que sucedió lo mismo con este hombre séptuple, y que no obtuvo lo que necesitaba para el mantenimiento del cerebro y demás de las otras partes de la naturaleza del hombre, sino directamente del mundo exterior. Este séptimo hombre estaría entonces directamente e inmediatamente ligado al mundo exterior.

Es esencial que el ocultista llegue a una comprensión de este hombre séptuple si quiere elevarse de manera correcta al nivel de una conciencia superior. Lo que acabamos de describir debe encontrar en algún momento un lugar en su mente, esta posibilidad de un hombre séptuple, de la cual uno piensa todas las partes restantes y miembros del ser humano actual.

HOMBRE SUPERIOR

Pasemos ahora a considerar al segundo hombre. Entenderemos mejor al segundo hombre si perseguimos el siguiente tren de pensamiento. El órgano esencial de la cabeza es, como veréis fácilmente, el cerebro. Ahora el hombre tiene algo más en su forma que es similar al cerebro. Difiere del cerebro de la cabeza en lo que aparentemente es un detalle, pero realmente es un punto de gran importancia. El hombre tiene en realidad algo así como un segundo cerebro; Es el cerebro de la médula espinal, que está encerrado en la columna vertebral.

Voy a pedirles que nos detengamos un poco en este pensamiento. Traten de imaginar que la médula espinal no es otra cosa que un cerebro extraño y peculiar. Es muy posible sentirlo como un cerebro que ha sido alargado y se ha convertido como en un bastón —al igual que también podemos ver el cerebro como una médula espinal inflada.

Nos ayudará aquí si imaginamos al hombre asumiendo por el momento la misma postura en el mundo que los animales todavía tienen hoy, es decir, con su columna vertebral no vertical sino paralela a la superficie de la Tierra. Entonces tendría un cerebro que simplemente ha sido sacado en la forma de un bastón. Y ahora observen al ser humano como lo tendría antes, paralelo a la superficie de la tierra, con la espalda recostada horizontalmente en el espacio. En esta posición la médula espinal puede muy bien pasar por una especie de cerebro.

Y ahora notamos algo muy extraño y notable, a saber, que tenemos nuevamente apéndices a la derecha y a la izquierda, aunque naturalmente muy diferentes de los apéndices de los brazos que teníamos antes. Pero imagínense una condición en la que el hombre no hubiera desarrollado la simetría tanto como hoy (que los dos brazos son casi iguales), pero aquí un brazo habría experimentado un peculiar desarrollo propio que lo diferenciara muy claramente del otro. En el día de hoy hay incluso una tendencia —y es una tontería— descartar la derecha y cultivar una igualdad de izquierda y derecha. Pero imagínense ahora que el brazo izquierdo, por el contrario, se convirtiera en un órgano completamente diferente; entonces no os parecerá imposible o absurdo referirnos en la forma en que lo haremos ahora de otros dos apéndices.

Consideremos al ser humano en esta posición, con su columna vertebral arriba, tendido horizontalmente, y unido a él por un lado la cabeza y por el otro lado los pies. Tenemos entonces dos apéndices, como lo habíamos hecho antes con los brazos. Podemos considerar la cabeza como un brazo y los dos pies como el otro brazo. A primera vista, suena muy extraño: pero cuando reflexionan en el reino animal se dan formas que no son muy diferentes a la que he descrito, la idea después de todo tal vez no  parezca tan grotesca.

De hecho, esta idea debe encontrar lugar en nuestra mente, si queremos tener la comprensión de todo el ser que es en verdad un ser de tres miembros. Entonces podemos decir que tenemos aquí apéndices,  —sólo formados asimétricamente; melllizos, digamos, que no son iguales. En efecto, llegamos a percibir que tenemos ante nosotros algo así como una repetición del primer hombre séptuple.

Comencemos entonces asignando a este hombre horizontal de dos formas disimilares Gemelos. Pues podemos llamar de nuevo a los dos apéndices laterales Gemelos (Géminis). En el hombre horizontal, la cabeza por un lado y los pies por el otro se pertenecen; están dispuestos en una relación mutua, y los denotamos en relación con el nombre Geminis.

Y ahora debemos regresar a lo que hemos visto ser un cerebro. Recuerden lo que dijimos antes. Ahora tenemos la imagen del hombre al que ahora miramos tumbándolo. Tenemos ante nosotros la parte media del hombre, el cuerpo como tal. Esto debe considerarse como un mundo encerrado en sí mismo y, además, como un mundo del que pensamos que contiene en él el segundo hombre. Así tenemos la cobertura o el encerramiento de este segundo hombre, y dentro, por encima, una especie de cerebro. Al recinto –el sudario o envoltura por así decirlo– lo designamos como Cangrejo (Cáncer). Todo el recinto del pecho adquiere un carácter completamente nuevo por el hecho de que hemos tumbado al hombre para obtener una imagen correcta de él.

HOMBRE medio

Ahora veamos qué miembros podemos encontrar dentro de este recinto del pecho. Sólo tenemos que seguir a los miembros como los tomamos en su secuencia ayer, en cuanto al lugar donde es posible todavía contarlos como la parte del tronco o del hombre medio. No hay duda del interior al que le dimos el nombre de León (Leo) ♌ y que se concentra en el corazón. Este es el tercer miembro. Entonces recordarán que vimos cómo el hombre está realmente dividido en dos miembros, un contenido interior que está encerrado por el Cangrejo (Cáncer) y un contenido interno que está encerrado por las paredes abdominales. Anatómicamente, el cuerpo del hombre está dividido exactamente por el diafragma en una cavidad superior y una cavidad inferior; lo que está debajo del diafragma también tiene que ser contado con el hombre medio. Lo designamos por el nombre de Virgen (Virgo) con el Signo ♍.

Llegamos entonces al lugar del equilibrio, donde el hombre comienza a no estar encerrado en su propia forma, sino a abrirse al mundo exterior. Cuando usa sus piernas está tomando contacto con lo que está fuera de él. El lugar del equilibrio es el límite en el que el estar totalmente “dentro” llega a su fin. Este quinto miembro se llama Escalas (Libra) y se le da el Signo ♎.

Del modo en que se colocan los órganos de la reproducción en el hombre, se verá que obviamente deben contarse con el hombre medio; Y así tenemos, como sexto miembro, los órganos reproductores, Escorpión (Escorpio) con el Signo ♏.

Y ahora nada queda por hacer sino definir el apéndice que forma el segundo de los Gemelos. Si consideran lo que es el muslo para el hombre y observan cómo su movimiento está condicionado por la naturaleza del hombre medio (porque el muslo está estrechamente relacionado con todo el sistema muscular del hombre medio), verán que debemos contarlo también como miembro. En cuanto a la rodilla, el hombre es hombre medio; las fuerzas del hombre medio entran en el muslo y se extienden hasta la rodilla. Por otra parte, ya hemos incluido el muslo como uno de los gemelos. La cabeza en un lado y el muslo en el otro constituyen el par de gemelos. Al muslo, entonces, lo denotamos con el Signo ♐ y lo llamamos Sagitario.

Cuando vamos más allá y consideramos los pies, encontramos que mientras que el muslo aún conserva una conexión íntima con el hombre medio, la rodilla, la pierna y el pie requieren el apoyo de la tierra. El muslo, es cierto, usa este apoyo, pero la pierna y el pie están allí sólo porque el hombre tiene que estar firme y recto en la tierra. En el muslo todavía tenemos que ver con la continuación del hombre medio. Si no estuviera adaptado a los otros miembros de la pierna y el pie, el muslo, de hecho, podría asumir una forma diferente y permitir al hombre ser una criatura aérea. Órganos muy diferentes podrían ser desarrollados más allá de él, adecuados para nadar o volar. Estos se pondrían en movimiento por medio del muslo, pero entonces todo lo que esta sobre ellos tendría que adaptarse a su propósito.

Vemos por lo tanto, que las partes restantes de la forma del hombre no requieren ser contadas con el hombre medio, de modo que ahora tenemos nuevamente un hombre séptuple. Es el segundo. Si miramos la diferencia entre los dos, encontraremos que es absolutamente asombrosa. En el primer hombre de siete miembros tenemos, al principio, todos los órganos sensoriales importantes, situados en la cabeza. Y cuando contamos en este primer hombre séptuple, como debemos hacerlo, los brazos y las manos, entonces hemos incluido en él órganos que tienen una cualidad distintiva que ninguna otra observación puramente externa y materialista podría dejar de reconocer. Porque los órganos que llamamos brazos y manos, si los estudiáramos seriamente, revelan en alto grado el significado sublime de la naturaleza del hombre.

Si quisiéramos hablar del arte en la Naturaleza  —y todo lo que el hombre considera con razón como el Templo de Dios está maravillosamente imbuido del arte de la Naturaleza— no podremos encontrar mejor expresión que en la maravillosa construcción de las manos y los brazos del hombre. Tomen los órganos correspondientes en otras criaturas que están relacionadas con el hombre. Miren, por ejemplo,  las alas de un pájaro,  —un animal alejado del hombre. Las alas son los miembros delanteros del pájaro, son comparables con lo que tenemos en el hombre como manos. El pájaro no podría volar sin alas. Las alas son órganos que son útiles y necesarios para su existencia— en el sentido más completo, órganos de utilidad. La mano humana no es en el mismo sentido un órgano de utilidad en absoluto. Es cierto que podemos desarrollarla para que lo sea, pero requiere desarrollo. No podemos volar con ellas, ni nadar con ellas, y es incluso torpe en la escalada, en la que los miembros delanteros del mono —el animal que está más relacionado con el hombre— son muy inteligentes. Podríamos casi decir que, mirado puramente desde el punto de vista de la utilidad, hay muy poco significado o propósito en la forma de las manos. Si, sin embargo, observamos todo lo que el hombre tiene que hacer en el curso de la evolución con sus manos, encontramos que son sus posesiones más preciadas. Cuando se trata de llevar a la expresión exterior lo que la mente y el espíritu son capaces de lograr, entonces las manos muestran su valor.

Piensen en los movimientos más sencillos y elementales de la mano. ¿Acaso la mano, cuando acompaña a la palabra con un gesto, no se convierte en el órgano más expresivo? En todos los diferentes movimientos y posiciones de la mano ¿no vemos a menudo algo revelado del carácter interior del ser humano? Supongamos por un momento que las manos fueran adaptadas para escalar o nadar; o suponer que el hombre necesitara sus manos para ayudarse a moverse por la tierra. El mundo podría estar tan ordenado que no tendríamos que aprender a caminar, sino que haríamos uso de nuestras manos para ayudarnos. Para tener en cuenta, que tenemos que aprender a caminar haciendo movimientos que son bastante inadecuados para el propósito —movimientos pendulares con ambas piernas—. Por lo general, no se observa lo poco adaptados para el fin en vista de lo que son los movimientos de la pierna; no hay un solo animal que no tenga sus piernas mucho más útilmente colocadas y ajustadas que el hombre. Y en cuanto a nuestras manos, no tienen nada que ver con este reino de nuestra existencia. Pero supongamos ahora que no fuera así, supongamos que el hombre encontrase más fácil, más natural, moverse con la ayuda de sus manos. ¡En ese caso tendríamos que olvidarnos de toda la cultura humana! ¿Qué no hace un artista con su mano? Todo arte sería simplemente inexistente, si las manos hubieran sido órganos de utilidad.

Este es un hecho que debe tener muy presente el aspirante del ocultismo, que en los brazos y las manos tenemos órganos maravillosos, profunda y fuertemente conectados con la vida espiritual que vive el hombre en la Tierra. Cuando consideramos cómo el hombre en su cabeza tiene un sentido de contacto con el mundo exterior, donde los órganos de los sentidos están principalmente localizados, y luego trabaja en ese mundo externo por medio de sus manos, cuando consideramos cómo puede preparar en su cabeza lo que despues muestra al mundo exterior con sus manos y lo lega como arte y cultura, entonces comenzamos a ver el verdadero carácter de este primer hombre séptuple. Es el hombre esencialmente espiritual, es el hombre en su conexión con el mundo externo. Si miramos a estos siete miembros y vemos cómo forman un todo autocontenido entonces vemos cómo en este hombre séptuple el proceso de la tierra se vuelve consciente para el hombre. Este primer hombre de siete miembros debe considerarse como la naturaleza espiritual del ser humano; es el ser espiritual del hombre, en la medida en que es hombre de la Tierra.

Veamos ahora al segundo hombre. El hecho de que el hombre medio tiene gemelos (Géminis) que muestran desarrollos totalmente diferentes en ambos lados, le da una relación doble con el mundo exterior. Está conectado con el mundo exterior por un lado a través de la cabeza, —porque tiene el conocimiento en la cabeza; y por otro lado, a través del hecho de que el hombre es una criatura que se mueve sobre la Tierra y puede dirigir su movimiento desde dentro. Finalmente, también está conectado con el mundo exterior por medio de los órganos reproductivos que hacen posible la continuidad física del hombre. Si no fuera por estos tres miembros, Géminis por los dos lados, y por los órganos reproductores, no habría conexión con el mundo exterior. Estos tres miembros en el organismo medio permiten al hombre tener conexión por un lado con el proceso de la Tierra y por otro lado con la evolución continua del hombre en la tierra, con la secuencia de las generaciones y la reciprocidad del sexo.

Sin embargo, cuando nos volvemos a los miembros medios que denotamos con las palabras Cáncer, Leo, Virgo y Libra, descubrimos que sólo están allí para el hombre interior —quiero decir, por supuesto, “interior” en el sentido corporal—. Esta naturaleza interna corporal del hombre tiene, es cierto, continuación en dos direcciones exteriores en lo que para él es Géminis; pero el resto está enteramente ocupado con el organismo interior. Para el organismo interior del hombre es de la mayor importancia que tenga un corazón, pero es de muy poco interés para la naturaleza externa, y de poco interés que tenga un abdomen.

Tenemos, pues, tres miembros que son importantes para la naturaleza terrestre externa y otros cuatro que sirven especialmente al propio organismo interno del hombre. Mientras que el hombre superior vive esencialmente en el mundo exterior, en virtud de los sentidos, así como en virtud del mecanismo del brazo y la mano, aquí tenemos fundamentalmente una vida dentro del organismo. Por lo tanto, existen grandes diferencias entre estos dos hombres, el hombre medio y el hombre cefálico.

Ahora debemos pasar a considerar al tercer hombre. Para hacernos más fácil de formar un cuadro mental de este tercer hombre, lo tomaremos en el orden inverso, comenzando desde el otro extremo. Encontraremos que este tercer hombre se separa de los otros dos de una manera perfectamente natural y obvia.

Comencemos con el séptimo miembro, los pies. Sabemos por la conferencia de ayer que conferimos a los pies el nombre de Piscis y el Signo ♓. La forma humana está aquí totalmente adaptada al mundo exterior. Si se piensa un poco sobre ello encontrarán que no hay ninguna pregunta al respecto. Porque es esencialmente la forma del pie lo que hace posible que el hombre sea una criatura que se mueve sobre la Tierra.

Todo lo que se requiere para caminar el hombre tiene que aprenderlo. Es conforme con la naturaleza que el hombre tiene que colocar sobre la Tierra la planta del pie, de modo que la superficie extendida del pie no esté dirigida hacia dentro sino hacia la Tierra. Y ahora, como lo que llamamos la pierna pertenece y corresponde a esta naturaleza del pie, debemos considerar como sexto miembro la pierna, a la que le damos el nombre de Acuario y el Signo ♒.

Llegamos entonces al quinto miembro, la rodilla, que aquí no se debe considerar de otra manera que formando un necesario mecanismo de descanso para el muslo. Debido a que el hombre tiene que poner a su hombre medio en conexión con el hombre inferior —el pie y la pierna— por lo tanto debe haber esta partición en la rodilla. Piensen en lo difícil que sería caminar si la pierna y el pie no se separaran de esta manera. Caminar sería una cuestión aún más difícil de lo que es, si la pierna y el muslo estuvieran hechos de una sola pieza! Si no tuviéramos que caminar, el hombre medio no nos preocuparía. Como sin embargo es así,  necesitamos al hombre medio y, en consecuencia, también se requiere de la rodilla como miembro de conexión. Lo llamamos Capricornio, con el Signo ♑. Este es el quinto miembro.

El cuarto, el muslo, ya lo hemos considerado y hemos visto que pertenece al hombre medio. El muslo tendría que estar allí incluso si el hombre tuviera otro tipo de movimiento. Si, por ejemplo, volara o nadara, seguiría necesitando el muslo, aunque podría tener que asumir otra forma. Si el hombre es capaz de caminar sobre la tierra, no sólo debe adaptarse el pie, la pierna y la rodilla a la tierra, sino también el muslo debe estar en la relación y proporción correcta con la de estos miembros. Debe ser formado de modo que corresponda de la manera correcta a los tres miembros inferiores. Lo reconocerán cuando observen que, en la medida en que el muslo está en correspondencia con los órganos medios, es del mismo tipo en aves, y en los animales de cuatro patas; solo en el hombre se desarrolla de manera diferente. Así, el muslo pertenece al hombre en cuanto tiene de naturaleza animal. Le damos el nombre de Arquero (Sagitario) y el signo ♐.

Se puede ver fácilmente que los órganos de reproducción están formados, por un lado, desde dentro, y por otro en sus funciones se adaptan al trabajo exterior. Permítanme decir de paso que debemos hablar de estas cosas con bastante objetividad, y considerar aspectos de ellas que sólo se pueden considerar cuando se trata el tema con seriedad científica. Los órganos reproductivos se adaptan a la naturaleza externa en el sentido de que relacionan un sexo con el otro. El órgano del macho no sólo se forma fuera del hombre medio, sino que también se le da una dirección externa y un forma adaptada al órgano reproductor de la hembra. Tenemos, por lo tanto, que hablar de los órganos reproductivos como el tercer miembro, que llamamos Escorpión y denotamos con el Signo ♏.

Ahora vamos a lo que se llama la balanza (Libra), el lugar del equilibrio en el hombre. La forma externa de la región del equilibrio es prueba suficiente de que tenemos aquí un miembro de la naturaleza media del hombre. Tengan en cuenta que es porque el hombre se ha vuelto vertical que tuvo que tener aquí este órgano de equilibrio. Debe desarrollarse de tal manera que le permita convertirse en un ser recto. Comparen la región de equilibrio en un animal de cuatro patas con el del hombre y reconocerán que este miembro del equilibrio es diferente pues la parte superior del cuerpo tiene una dirección ascendente o descansa horizontalmente en las piernas y los pies. Así, el lugar donde se encuentra el equilibrio y que designamos como Libra tiene que ser contado como el segundo miembro del hombre inferior.

Y ahora llegamos a algo que no puede sino encontrarse con malentendidos por parte de la ciencia actual. Hemos considerado hasta ahora un hombre de seis envolturas; hemos estudiado al tercer hombre empezando desde abajo hacia arriba y encontramos en él a estos seis miembros. Cuando consideramos a los otros dos, al primer y el segundo hombre séptuple, tomamos como punto de partida en cada caso un cerebro. Al considerar la cabeza, comenzamos con el cerebro y eso nos condujo a los brazos y manos. Entonces aprendimos a ver un segundo cerebro, un cerebro que es como un cuerpo alargado, pero aún así es verdaderamente cerebro,—la médula espinal. Como usted sabrá, la diferencia entre la médula espinal y el cerebro, aunque aparentemente  parece pequeña, es realmente muy grande. La médula espinal es el instrumento para todos los movimientos que el hombre está obligado a realizar; los movimientos que llamamos movimientos involuntarios son controlados por la médula espinal. Cuando, por otra parte, empleamos el instrumento del cerebro, el pensamiento se inserta entre la percepción y el movimiento. En la médula espinal no existe conexión con el pensamiento. Allí el movimiento sigue directamente a la percepción. En el caso del animal la médula espinal desempeña una mayor parte que en el caso del hombre, y el cerebro una parte menor. La mayoría de los animales realizan sus acciones de manera involuntaria. El hombre, sin embargo, en virtud de su cerebro superior, se inclina al pensamiento entre la percepción y el movimiento; por consiguiente, sus hechos muestran un carácter voluntario.

Tratemos ahora de imaginar al tercer hombre de tal manera que en él también descubrimos una clase de cerebro. Como ustedes saben, hay en el hombre un tercer sistema nervioso distinto del cerebro y de la médula espinal. Es el sistema nervioso simpático, el denominado plexo solar, situado en la parte inferior del hombre y que envía sus fibras hacia arriba, paralelas a la médula espinal. Es un sistema nervioso que está separado de los otros dos y en relación con el propio cerebro, puede considerarse como un cerebro peculiar, no desarrollado. Cuando seguimos la forma humana más allá de Libra, encontramos este notable sistema nervioso simpático, el sistema del plexo solar extendido como el cerebro del tercer hombre. Con los órganos especiales que ya hemos enumerado, también está conectado lo que tenemos que considerar como una especie de tercer cerebro, el plexo solar.

Ahora bien, existe una conexión vital —y esto es lo que la ciencia externa no puede sino encontrar difícil de aceptar— entre el plexo solar y los riñones. Como la sustancia del cerebro en la cabeza y las fibras de las vías nerviosas permanecen unidas, también lo hacen los riñones que pertenecen al cerebro del abdomen, al plexo solar. De hecho, el plexo solar y los riñones forman, en conjunto, un tipo peculiar de cerebro subordinado. Reconociendo este cerebro como parte del hombre inferior, podemos designarlo con el término Virgen (Virgo) ♍. Tenemos, pues, ahora nuestro séptimo, o más bien nuestro primer miembro, compuesto por la conexión del plexo solar con los riñones; y en este punto llegamos a completar el tercer hombre séptuple.

HOMBRE INFERIOR

Así, el hombre se encuentra triformado en su composición. Estos tres hombres colaboran entre sí, y no es posible comprender la naturaleza del ser humano hasta que se sepa que en él están activos en realidad tres seres humanos. Tres hombres séptuples trabajan unidos en el hombre.

El último cerebro nombrado toma extraordinariamente poco interés en el mundo externo. Su único propósito es mantener las partes interiores del hombre en posición vertical. Todo el resto de los órganos en el hombre inferior se adaptan al mundo exterior, aunque de una manera muy diferente a la del hombre cefálico. La relación del hombre cefálico con el mundo externo se expresa en el hecho de que él re-forma el mundo de la tierra al mundo de la cultura humana. Por otro lado, en los órganos externos e internos del hombre inferior tenemos que ver con algo que pertenece y sirve al ser humano mismo. Es sólo porque no nos tomamos la molestia de pensar con precisión en estos asuntos que no podemos observar la enorme diferencia que hay entre esta Triformación que engloba la totalidad del ser humano

El ocultismo siempre ha dado el nombre de Mysterium Magnum, el Gran Misterio, al maravilloso secreto de la naturaleza del hombre, cuyo aspecto exterior hemos estado considerando aquí. Este aspecto del Mysterium Magnum es visible en el mundo exterior; sólo que, en general, no estamos en condiciones de entenderlo, porque no distinguimos desde un principio, en lo que parece ser una unidad, un ser tres veces séptuple.

Ahora podemos pasar a considerar el otro aspecto de este misterio. Hablamos antes de la naturaleza del Yo del hombre, y dijimos cómo tiene la apariencia de ser una unidad. Vimos también cómo esta unidad se rompe continuamente, siendo continuamente interrumpida por el sueño. Si leen “Como se alcanza el conocimiento de los Mundos Superiores” encontrarán que se describe un hecho notable, cuando el discípulo de ocultismo da el paso que lo lleva fuera de su conciencia ordinaria algo extraño sucede con su Yo, con su conciencia. El está dividido en tres miembros, y tan eficazmente que es dominado por estos miembros auto-dependientes dentro de él —el alma pensante, el alma sensible y el alma dispuesta—. En la vida ordinaria estas tres cosas —pensamiento, sentimiento y voluntad— están unidas en la naturaleza del Yo, en la conciencia del Yo. En nuestra conciencia cotidiana común juegan entre sí. Sin embargo, tan pronto como damos un paso hacia una conciencia superior, el pensamiento, el sentimiento y la voluntad se desmoronan. Este es un hecho al cual el aspirante del ocultismo debe prestar atención. Cuando sale de su conciencia cotidiana, se encuentra dividido en tres, encuentra la unidad del Yo dividida en un hombre pensante, un hombre sensible y un hombre dispuesto.

Ahí tienen el otro aspecto del Mysterium Magnum. Cuando el hombre se precipita, por así decirlo, cuando realmente pasa por encima de los límites de su conciencia, entonces su unidad del Yo se divide en tres al igual que la aparente unidad de la figura humana externa, tan pronto como llegamos a estudiar el cuerpo más de cerca, se divide en tres, —en tres hombres de siete miembros.

Así, nuestra naturaleza interna del Yo, al igual que nuestra forma externa, es una unidad formada de una trinidad. El hombre exterior se divide en el hombre cefálico de siete miembros, el hombre medio o rítmico se divide en siete miembros  y el hombre inferior o metabólico consta de siete miembros. En consecuencia, el yo interior del ser humano se divide, en cuanto alcanza el primer paso en el reino oculto, en un ser trimembrado, el hombre pensante, el hombre sensible y el hombre dispuesto, que colaboran entre sí en completa independencia. Ese es el segundo aspecto del misterio.

Ambos hechos deben ser reconocidos por el discípulo del ocultismo, cuando da el primer paso hacia una conciencia superior. (Hablaremos mañana del encuentro con el Guardián del umbral.) Así como la conciencia se divide en tres partes, así si avanzamos de la manera correcta, aprenderemos a percibir en la forma externa manifiesta del hombre un ser trino y séptuple. Tenemos aquí dos aspectos de un aspecto múltiple, —el Mysterium Magnum. De los otros aspectos hablaremos más adelante. De momento estamos indicando los primeros y más elementales pasos para el comienzo de este gran y maravilloso misterio. Por eso, cuando se llega a una etapa particular del desarrollo oculto, se encuentra por todos los lados con la fórmula (expresada de muchas maneras diferentes): El gran secreto es —”Tres son uno y uno son tres”. Para el ocultista esta fórmula significa lo que he descrito hoy; aquí tiene su pleno y verdadero significado. Sólo cuando la gente lo malinterpreta y lo convierte en un dogma materialista pierde su verdadero significado. Sin embargo, si lo toman en el sentido que he explicado, puede ser un símbolo correcto para las verdades con las que hemos estado tratando hoy. La fórmula se convierte entonces en una expresión del Mysterium Magnum. Si queremos encontrar el camino correcto en el reino del ocultismo —y esto es lo que intentamos aquí, en muchas conexiones—, entonces debemos aprender a comprender esta misteriosa y aparentemente contradictoria fórmula: Tres son uno y uno son tres. Para el discípulo medieval del ocultismo una y otra vez le fueron pronunciadas las palabras: “Presta atención a lo que se te dice; así podrás entender el misterio de cómo los Tres pueden ser al mismo tiempo Uno, y el Uno al mismo tiempo Tres. “

HOMBRETRIMEMBRADO

Traducido por Gracia Muñoz

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El perfil del siglo XX

Curso de conferencias no revisadas por WILLI SUCHER del 14 al 21 de julio de 1966 en Hawkwood College, Stroud

(Los dibujos en estas conferencias no fueron dibujados por Willi)

1ª) 14 de julio de 1966 – Antecedentes

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2907 AC (Egipto) -747 AC (Grecia-Roma) -1413 DC (Edad Moderna)

 

En estas conferencias, vamos a intentar orientarnos en el contexto del siglo XX para poder encontrar la profunda relación entre el mundo cósmico y nuestro planeta. Por lo cual y para poder guiarnos, consideraremos los ritmos cósmicos desde varios aspectos.

Para ello, primero trataremos sobre la precesión de los equinoccios. Sabemos que el vértice, o equinoccio, indica el comienzo de la primavera alrededor del 21 de marzo, cuando el Sol está relacionado especialmente con una de las constelaciones del Zodiaco de las estrellas fijas. Estas estrellas fijas, situadas en las doce constelaciones del Zodiaco, son una característica estable en los cielos.

Recordemos que el Sol, en su recorrido alrededor de la eclíptica, vuelve a la misma posición cada 365 días, y cuando miramos hacia el Sol, vemos como telón de fondo el mundo de las estrellas fijas en el espacio solar. El Sol va haciendo el recorrido gradualmente de una constelación a otra cada 2,160 años aproximadamente, y a esto se le llama precesión, a la trayectoria del Sol alrededor de la eclíptica (ver Fig. 1). Incidentalmente, nos acercamos a esto desde el punto de vista ptolemaico, en el que, con la Tierra como centro, no tenemos el sentido del movimiento de la Tierra, sino sólo el del movimiento aparente del Sol alrededor de la Tierra sobre la cual nos hallamos.

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Hoy tomaré el movimiento del equinoccio de Otoño en lugar del equinoccio de primavera, que es el punto de vista opuesto, como vemos en la Fiesta de Micael. En Primavera, las fuerzas cósmicas caen sobre nuestra Tierra, pero en el Otoño tenemos una especie de recesión o retirada, dejando sola a la Humanidad. Es entonces el momento en el que podemos y debemos esforzarnos por conservar nuestra integridad y desarrollar nuestra propia conciencia con renovada fuerza interior. Me gustaría que observaran particularmente las constelaciones de Virgo, Libra y Escorpio. Recuerden también que en el tiempo de Cristo el equinoccio de otoño pasó de Libra a Virgo. A esto se le puede llamar una gran transición. En los antiguos templos de misterios, el neófito experimentaba las grandes fuerzas que fluían del sistema solar, ya fuera a través de la meditación profunda o de la intuición, que se puede describir como el elemento Libra o el de equilibrio. Los símbolos abreviados que se asignaron a las constelaciones proporcionan una visión aún más profunda.

En Egipto, Libra se elevaba ante Osiris en el tiempo en que las almas de los muertos le fueran llevadas por Annubis, el de cabeza de perro y se pesaban contra una pluma, para que pudieran considerarse dignas de elevarse al más alto reino espiritual. La constelación de Libra todavía podemos experimentarla como un reino conectado con la libertad condicional y la purificación, con lo cual uno puede evolucionar y ascender interiormente a etapas superiores de experiencia y existencia. Este es el aspecto de Libra en Otoño o la Fiesta de Micael.

Hace más de dos mil años, esto también fue experimentado por el pueblo judío después del Éxodo, cuando se les dio su verdadera tarea en la historia narrada por Moisés. Este fue un tiempo de prueba para ellos, cuando se prepararon para la venida de Cristo a través de diversas vicisitudes, como los cuarenta años en el desierto, hasta su exilio de Palestina. Estas fueron algunas de las tremendas pruebas de la humanidad.

El equinoccio de Otoño está conectado con el elemento de interiorización del alma humana, mientras que el equinoccio de Primavera está conectado con su contraparte cósmica. Por lo tanto, debemos comparar Libra en Otoño con Aries en Primavera. Con el equinoccio de Primavera en la constelación opuesta de Aries, encontramos la indicación al pueblo judío de su preparación para recibir a Cristo. En el Éxodo se les dio el símbolo del Cordero de la Pascua, Aries, cargado simbólicamente con los pecados del mundo entero o del pueblo y empujado al abismo. ¿Por qué un carnero? Juan el Bautista explicó: “He aquí el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo”. Esta era una imaginación preparada anualmente ante el pueblo judío. La Imaginación del Cristo fue reconocida por Juan el Bautista como el más alto iniciado de la Jerarquía Espiritual de los Kyriótetes, a quien llamaba El Cordero de Dios. Rudolf Steiner se refiere a los Kyriótetes como los Espíritus de la Sabiduría, que donaron a los seres el poder de la vida y Cristo fue su Cabeza.

Ahora, vamos a seguir el movimiento del punto equinoccial a Piscis (Primavera) y a Virgo (Otoño). Hemos visto a Libra como un reino de libertad condicional, aunque ésta es sólo una faceta de la historia cósmica. Rudolf Steiner sugirió que el símbolo de Virgo representaba tres portales, que parecen estar flanqueados por una serpiente. A medida que nos movemos en la dirección de Virgo nos acercamos hacia los grandes misterios cósmicos, no necesariamente los más importantes, sino los que nos conducen a nuestros orígenes cósmicos y los del mundo. Por lo tanto, parece que la iniciación sigue a la libertad condicional, ya que el neófito egipcio fue cuidadosamente preparado y purificado para luego pasar por los tres portales, o etapas de imaginación, inspiración e intuición. Finalmente, el neófito experimentó las etapas de la evolución.

Esta es la experiencia de Otoño de la Era actual y es por ello que la elegimos como nuestro fondo. Rudolf Steiner nos trajo la Ciencia Oculta como un mensaje vital, porque debemos aprender a reconocer la sabiduría de la serpiente cósmica y comprender también la sabiduría cósmica de la Antropo-Sofía.

El equinoccio de Primavera, frente al del Otoño, está en Piscis. En Piscis, los dos mundos parece que se encuentran, mientras que en Géminis se apartan, y el mundos cósmico y el humano están separados en lugar de unidos (véase más adelante). Pero en Piscis se encuentran uno al lado del otro, están unidos, y aquí encontramos el símbolo de la fraternidad cósmica. Debemos aprender nuevamente en esta Era a permanecer en el cosmos, no como entidades separadas, sino para encontrar el mundo espiritual en nuestro propio nivel y elevarnos en una comunión establecida.

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El equinoccio otoñal se trasladará a Leo dentro de unos 500 años, pues Piscis es más extenso. El cosmos da el impulso, pero la inercia de la Tierra es mucho más lenta en su realización. ¿Cuál es la expectativa de Otoño para la humanidad?

El símbolo de Leo parece representar la cabeza de un león con una cola larga y sin cuerpo. Sin embargo, el círculo siempre indica una entidad que ha llegado a ser, una entidad que se ha encontrado a sí misma. La dificultad humana actual es encontrarnos en nuestro ser íntimo y encontrar nuestra propia integridad. Una vez logrado esto, debemos ir a la periferia, hacia el infinito, y ganar una nueva relación con el cosmos. La edad futura del punto otoñal en Leo, con Acuario como punto vernal, indica una relación totalmente nueva para la Humanidad.

Cuando el Sol entre en el punto vernal de Acuario, podemos hacernos conscientes de dos ondas que representan tanto la altura como la profundidad —un movimiento rítmico— tanto arriba, como abajo. Cuando hayamos encontrado nuestro yo en el cosmos como seres egóicos, podemos ir con seguridad a la periferia por primera vez. Nos perderíamos si nuestro yo no fuera lo suficientemente fuerte, pero a través de nuestro fortalecimiento podemos realizar los ritmos cósmicos en libertad, porque habremos trabajado con los ritmos naturales del pasado. En el futuro, se nos requerirá trabajar con ritmos y fuerzas cósmicas y conservar sin embargo nuestra identidad

La E rade Leo / Acuario traerá a la humanidad la necesidad de vivir con ritmos cósmicos. Ya conocemos los ritmos del año y los de la Luna, pero éstos son sólo una fracción de los ritmos cósmicos. Si aprendemos a trabajar con ellos, podremos lograr milagros. Por ejemplo, los ritmos de la mañana y de la noche relacionados con la meditación y los medicamentos: el Dr. Hauschka ha demostrado que estos últimos pueden ser preservados sin alcohol durante años, sólo con la exposición al sol naciente y poniente por períodos cortos a la vez. Debemos aprender a trabajar conscientemente con tales ritmos, y para ello necesitaremos la cualidad de la fiesta de San Miguel de retener nuestra identidad mientras somos capaces de salir al cosmos.

Cuando miramos nuevamente a los puntos de Tauro (Primavera) y Escorpio (Otoño), encontramos que estamos de vuelta a la civilización egipcio-caldea. Nos hacemos conscientes de que hay un misterio y una verdad tremendos en sus símbolos, pero ya no se comprenden. A veces el Escorpión se representa con la picadura apuntando hacia abajo y otras hacia arriba. Podemos compararlo con Virgo, porque también tiene tres portales a la vida cósmica. Pero ahora en nuestro tiempo nos dirigimos hacia abajo para encontrar los nuevos secretos.

Hemos anotado antes que en Libra nos movemos a través de los portales de los misterios. En Virgo comenzamos a penetrar en los misterios cósmicos. A través de Escorpio nos movemos hacia los misterios menores: Isis es la Diosa que representa las fuerzas del alma ante los seres humanos. En Escorpio, Sagitario, etc., podemos ahora entrar en los misterios menores del alma humana y su desarrollo, de la gente y de los principios superiores que se manifiestan en ellos. A Escorpio se le asocia con la muerte —muerte cósmica en el alma humana— en todas las mitologías, incluso en la indio-americana, mientras que Virgo está asociada con la vida cósmica. No sólo el enigma de la muerte es el símbolo del Escorpión, sino también el misterio de la resurrección y el rejuvenecimiento humanos. Por lo tanto, es significativo si su aguijón apunta sólo a la muerte, o si apunta hacia arriba, hacia la resurrección a través de los tres portales. Este impulso hacia arriba es también de lanza y nos recuerda la historia de Parsifal, en la que la lanza había causado tanta desolación y enfermedad. El misterio de la muerte desempeñó un papel importante en los misterios egipcios inspirados por Isis, el ser del alma del cosmos y el gran enigma del alma humana.

Tauro es el opuesto en el equinoccio vernal. Esto da una imagen tremendamente exaltada del cosmos: Aries como el Cordero de Dios y el símbolo Tauro como el Logos. El Dios Ptah fue el gran inspirador de todos los artistas, el Dios guardián de todos los artesanos. Él fue el arquitecto del cosmos, y todo fue creado por Su palabra. Todos los edificios y templos egipcios fueron construidos sobre este principio.

Sin embargo, la puerta del cosmos se cerró lentamente, y la gente dejó de aprender lo que estaba más allá de sus creaciones. Necesitamos estos antecedentes para nuestro futuro trabajo nocturno, especialmente en la perspectiva actual de Virgo y  Piscis. Debemos vivir esta situación, invocada por el Mundo Divino, para atravesar los misterios de la vida cósmica (ver La Ciencia Oculta). También, surge en la humanidad un fuerte impulso espiritual para crear posteriormente la fraternidad en las condiciones externas, pero esta primero debe realizarse espiritualmente. Debemos comenzar con las condiciones sociales humanas. El presente problema que se teje a través de nuestra vida social acerca de qué hacer con el problema racial y los órdenes sociales jerárquicos, con muchos intentos infelices de solución. Esto sólo puede hacerse sobre una base espiritual, estableciendo como fondo a Virgo —nuestros orígenes y futuro—. Esto debe ser recreado de nuevo, a partir de una sabiduría cósmica. Y sólo esto puede resolver el problema de la Era de Piscis.

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

SEGUNDA PARTE – El Zodiaco y la Evolución.

Del libro “Isis Sophia II” de Willi Sucher

English version

En la parte precedente, se pretendió mostrar cómo la civilización antigua reconocía a los cielos estelares como a una manifestación exterior del mundo divino. Toda cosmología antigua revela tal hecho, si bien puede que haya diferido según la tipología nacional a lo largo de la Tierra. Por ejemplo, en la mitología céltica el conocimiento sobre la relación entre el mundo cósmico divino y los asuntos humanos se vuelve aún más evidente en Grecia, si bien puede que no se detecte fácilmente. Es de esperar que surja una nueva oportunidad en el futuro por la cual pueda contemplarse la belleza y la grandeza de la mitología sideral céltica.

Como sea, el objetivo de esta publicación es hallar una nueva sabiduría estelar. Puesto que toda cosmología antigua estaba supeditada a un nivel de la consciencia humana completamente diferente y éste es el motivo por el cual no puede ser aplicado a nuestra era moderna. Hemos de buscar una nueva sabiduría estelar que se corresponda con las capacidades actuales.

La concepción actual sobre el cosmos estelar que fue creada por la humanidad, pareciera prohibir cualquier tentativa de contemplar a ese universo como una manifestación del mundo divino. Hemos aprendido a considerar a los astros como cuerpos celestes gigantes, compuestos de una materia similar a la terrestre. Se calculan sus movimientos, edad y las distancias son supuestamente computables. Para la mente humana, el universo completo semeja a un gigantesco mecanismo. Allí no hay cabida para el mundo espiritual; todo parece ser explicable solamente por medio de leyes mecánicas. Ciertamente, esta astronomía moderna ha logrado descubrimientos dignos de asombro, y es de hecho uno de los rasgos característicos de nuestra civilización.

Sin embargo, la mente pesquisadora ha fracasado en su intento de desarrollar teorías cosmológicas basadas en cosmovisiones puramente mecánicas y materialistas. Puede tomarse cualquiera de las teorías que han surgido en lo relacionado a nuestro sistema solar. Si el sistema planetario es descrito como surgiendo a partir de una acción centrífuga desde un Sol central o gracias a la coalición de dos estrellas gigantes, la cuestión sobre la causa original nunca queda en claro. Mayormente se desplaza la causa inicial de un nivel a otro, y cualquier supuesto acto original de la creación cósmica surge en última instancia a modo de algo que aún se desconoce. Por lo general, esas concepciones han sido tomadas desde los hechos y teorías relacionados con las leyes naturales terrestres. Es impresionante constatar cómo, en principio, tales métodos comparativos no permiten que todo el mundo se percate del corto alcance de esas ideas mecánicas unilateralistas. Por ejemplo, de intentar explicar una avalancha a través de causas puramente mecánicas. Se llega a decir que es a causa de condiciones meteorológicas. Pero ¿qué causa los cambios meteorológicos?. Se puede volver a intentar, incluso exitosamente, hallar causas mecánicas también en la meteorología, logrando solamente desplazar el problema hacia otro nivel en donde nuevamente surge la misma cuestión. No se toca fin dentro de esta auto-decepción, de sólo permanecer en la pura esfera mecánico-material.

En última instancia, no existe escapatoria al hecho de que a toda existencia cósmica le subyace el espíritu. Puede que ciertos sectores de la humanidad actual pretendan continuar el intento –incluso por un largo tiempo aún– de explicar la existencia en base a puras causas mecánicas. Todavía quedan incontables posibilidades para esto. Sin embargo, otro sector de la humanidad ya se ha desligado del crudo materialismo. Han cobrado noción sobre el hecho de que la materia no existe del modo en que se imaginaba antes, y que en su lugar consiste de una energía que puede ser calculada hasta cierto punto. Tal es así que algunos astrónomos modernos ya aceptan la idea de que el fundamento del universo sea posiblemente el ‘pensamiento’, puesto que el cosmos opera desde la base de leyes matemáticas.

Estas leyes matemáticas, inherentes al mundo de los astros, supuestamente existieron previamente como una especie de forma pensante antes de haberse podido imprimir en el universo físico. ¿Podemos entonces esperar que tales pensamientos cósmicos hayan atravesado salvajemente el espacio sin antes haberse originado dentro de una inteligencia directiva y supervisora?. No sirve de mucho recorrer medio camino solamente y aquí podemos vernos confrontados con otra de esas prácticas de desplazamiento que tan sólo acarrean el problema desde el nivel de la cosmovisión materialista hacia un cuadro puramente matemático del mundo, sin aportar una solución real.

Por supuesto, resulta en principio poco confortable aceptar la idea de un mundo espiritual real trabajando sobre el físico. El espíritu no se somete a métodos de laboratorio, y existe un miedo muy propagado sobre la posibilidad de volverse poco científico y de no poder ya controlar ni dominar las cosas mediante la experimentación científica. La era actual ha aceptado esa idea, o más bien el dogma de que el espíritu –de existir realmente– es indefectiblemente un terreno inaccesible para el ser humano. Cualquier intento de sobrepasar el umbral es ampliamente considerado como una empresa peligrosa que solamente puede conducir a la decepción, a la especulación enfermiza o a un misticismo incontrolable.

Como científico occidental, Rudolf Steiner describió en muchos libros la existencia de un mundo espiritual real, compuesto de inteligencias cósmicas que crearon al universo físico y que trabajan a través de él. No sólo brindó innumerables detalles sobre el mundo que se oculta frente a los sentidos, sino que en libros tales como ¿Cómo se obtiene el conocimiento de los mundos superiores?, La Ciencia Oculta un esbozo y otros, describió métodos y ejercicios que, de ser seguidos, pueden permitir abrir el portal del conocimiento hacia ese mundo oculto. Ya en los tiempos arcaicos, las cosmovisiones orientales hablaron sobre prácticas que capacitan a los seres humanos a obtener conocimientos sobre los mundos superiores, pero Rudolf Steiner brindó sus métodos de la manera que concaben especialmente a la humanidad occidental moderna. Estos métodos están firmemente construidos sobre la disciplina del pensar moderno. El pensar controla inexorablemente el desarrollo de las capacidades cognitivas superiores, al igual que la disciplina matemática controla la experimentación de laboratorio. Por lo tanto, este pensar superior o percepción espiritual que se obtiene a través del camino sugerido por Rudolf Steiner, no puede ser identificado con ningún tipo de brumoso e ilusorio misticismo. Está basado en un sistema científico estricto y en una disciplina que se aplica sobre la investigación experimental en la ciencia natural.

En su Ciencia Oculta un esbozo, Rudolf Steiner detalla acerca de la creación del universo actual en procesos sucesivos de evolución cósmica. El describe cómo el mundo fue creado por seres espirituales a través de largos estadios, manifestándose a sí mismos. En este libro se describe lo que el autor considera ser una de las muchas manifestaciones y revelaciones de ese mundo de seres espirituales, dentro de las estructuras y las propiedades dinámicas del cosmos estelar actual. De ser posible que la presente edición tenga repercusión en el futuro, el resultado de muchos años de investigación empírica quedará entonces a disposición, lo cual expondrá el impacto de ese cosmos espiritual sobre el quehacer y el obrar terrestres. Debe quedar enfatizado que mismo el autor no se hubiera permitido expresar las declaraciones contenidas en este libro, de no verse justificadas y sostenidas por una intensiva y prolongada investigación –basada por sobre todo en eventos históricos– que lleva a la formulación final del cuadro sobre el cosmos estelar que aquí se presenta. Por lo tanto, las declaraciones propuestas no son solamente vagas especulaciones. Están basadas en la investigación espiritual y en incontables indagaciones astronómicas e históricas [el autor del presente libro se dedicó por muchos años a esta labor descriptiva. Además, trabajó intensamente para confirmar este cuadro del cosmos, basado tanto sobre el camino cognitivo brindado por Rudolf Steiner, como se menciona arriba, así como en conexión con los hechos externos del mundo físico. Puesto que las huellas de esos seres espirituales que crearon al universo y que aún se expresan a través del mismo, han de verse manifestados por doquier tanto en la naturaleza como en el mundo humano. Nota de los Editores].

A efecto de describir los seres espirituales y las obras del mundo espiritual, será empleada la terminología que utilizase Rudolf Steiner en su libro “Ciencia Oculta un esbozo”. Pese a que será explicada con suficiencia, no se remitirá a ella constantemente. Un estudio a fondo de la obra mencionada contribuirá considerablemente como una ayuda al lector.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

GA110.c4, Las Jerarquías Espirituales y su reflejo en el mundo físico.

Steiner – Dusseldorf 13 de abril de 1909

English Version

La mirada retrospectiva sobre lo que se dijo esta mañana, nos permite comprender que las condiciones de Saturno, relativamente transparentes y no tan opacadas por maya e ilusión nos suministran mayor claridad sobre cómo se realiza la redención o la continuada atadura de ciertas entidades que conocimos ayer al ocuparnos del profundamente significativo y, a la par incisivo pasaje del Bhagavad Gita.

Recuerden lo que les dije, si los Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno hubieran absorbido esos cuerpos calóricos de forma ovoide sin dejar nada atrás, al final de su evolución, la totalidad de Saturno se habría reabsorbido en el mundo espiritual. Pero como he señalado, esto no fue así, pues los Espíritus de la Personalidad imprimieron sus huellas en el conjunto del Antiguo Saturno con mayor intensidad de lo que hubieran debido, y no lo reabsorbieron en su totalidad, es decir, dejaron fuera de si esos cuerpos de calor exteriormente perceptibles.

¿Cuál es el poder que late en los Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno?.  No es otro que lo que conocemos en el hombre moderno como el poder mental, el pensamiento. Porque en realidad, los Espíritus de Personalidad no hicieron otra cosa en el antiguo Saturno que ejercer el poder mental y lograr la formación de esos huevos calóricos, suscitando en sí mismos la idea de ellos. Así ese poder representativo de los Espíritus de la Personalidad tiene una potencialidad mucho más superior que en el caso de la humanidad moderna. ¿Cual es el poder que está detrás de la fuerza de las ideas, o conceptos, en la humanidad moderna?. Cuando se formula una idea hoy en día, se forma la representación sólo en el cuerpo astral, no se proyecta más allá del cuerpo astral. Y así la permanencia de esa forma no puede distinguirse en el mundo físico externo. En el antiguo Saturno los Espíritus de Personalidad eran magos poderosos. Formaron los huevos de calor en Saturno por la fuerza de sus pensamientos, y a través de esa misma fuerza también los dejaron atrás. Así que en realidad fue el poder de los Espíritus de la Personalidad los que causaron el residuo del antiguo Saturno, residuos que reaparecen una y otra vez, incluso durante la evolución del Antiguo Sol.

Es perfectamente comprensible que una entidad, que es realmente humana debe tomar forma a partir de su entorno, (pues los huevos que se formaron allí se construyeron del medio ambiente de Saturno) y los huevos se quedaron encantados, o encadenados a una existencia posterior. Esto se presenta en un sentido más abarcante de las condiciones de las que hablamos ayer pues aún no había llegado a ser tan complicado.

En este punto se puede decir: He aquí el fuego de Saturno, he aquí lo que siempre se espiritualiza de nuevo por ese fuego antiguo, que se retira de nuevo como el fuego interior del alma, como un calor confortable que se eleva hacia arriba a los mundos superiores. Pero si hubiera ocurrido sólo esto, Saturno se habría disuelto en los mundos superiores. Lo que se percibe como calor externo, que se ha condensado en calor externo es necesario que nazca de nuevo, debe reaparecer de nuevo, y reaparece de nuevo en el Antiguo Sol, como ya describí.

Ahora vamos a echar un vistazo a lo que hemos descrito en la conferencia anterior. Hemos dejado claro que esos seres de las jerarquías espirituales que llamamos Arcángeles, o Espíritus del Fuego, pasaron por su etapa humana en el Antiguo Sol, y que el elemento de calor se condenso por un lado, en humo o gas, por lo que el sol se convirtió en una esfera de gas, y por el otro lado el gas se combustionó de tal manera que la luz sale al espacio universal, y son los Arcángeles o Espíritus de Fuego los que viven en esa emanación de luz, quienes la inhalan y  la emiten y en esa actividad tienen su Ser. Como ya he dicho, si se hubiera viajado entonces por el universo, habrían visto al Antiguo Sol brillando en la distancia. En el interior de este sol hubieran registrado las distintas corrientes de gas, y lo habrían percibido como el proceso de la respiración de todo el cuerpo solar.

Vamos ahora a traer una vez más a nuestra mente este antiguo Saturno y el antiguo Sol. Hemos visto que en la vida de estos cuerpos planetarios reinan la vida y la actividad y que algo está ocurriendo allí. Hemos sido capaces de describir en el antiguo Saturno, las formaciones ovoides, que fueron construidas apareciendo y disolviéndose  de nuevo, con la excepción de aquellos restos que quedaron atrás. Cualquiera que observara la actividad interna del Antiguo Saturno se hubiera dicho a sí mismo: “Saturno es realmente un ser viviente. Es exactamente como si fuera un ser vivo. Vive: vive en sí mismo, y continuamente acumula formas de vida propia y así sucesivamente”. En un grado aún más alto ocurre con el antiguo Sol. El se presenta como una unidad, como una totalidad en las condiciones cambiantes de su noche Solar y su día Solar, de la inhalación y la exhalación de la luz. Si se le hubiera podido observar habría dado la impresión de ser un cuerpo celeste lleno de vida.

Ahora todo lo que vive, que tiene ese tipo de actividad, que vive interiormente debe su vida y movilidad interna a los seres espirituales que gobiernan y guían ese movimiento. Es cierto que hemos dicho, que los Espíritus de Personalidad construyeron esas formas ovoides a través de su poder mental. Pero primero tiene que existir algo que suministre la sustancia de esos huevos. Los Espíritus de la Personalidad, los primigenios “principios” o Arkai no pueden producir esa sustancia. Eso es lo primero que debemos poner en nuestras mentes, que algo debe estar allí que proporcione la sustancia, es decir la calidez indiferenciada, el fuego mismo. Los espíritus de la personalidad sólo pueden moldear esa sustancia. Pero el calor lo deben recibir de otros lugares. ¿De dónde consiguen los Espíritus de Personalidad, la sustancia de calor, ese elemento de fuego?

Viene de Espíritus superiores esencialmente, seres espirituales que ya pasaron por su evolución humana hacia mucho tiempo, y que en el antiguo Saturno ya estaban mucho más allá de esa etapa.

Con el fin de formarnos una idea de tales seres sublimes, y por qué eran necesarios para dar el calor ardiente del antiguo Saturno, debemos por medio de una comparación, recordar el desarrollo del hombre mismo, pues el hombre  también, algún día se convertirá en un ser divino.

Sabemos que el hombre de hoy, integra su naturaleza humana en cuatro miembros constitutivos que son la clave de toda la ciencia espiritual: el hombre se compone de los cuerpos físico, etérico, astral y el yo. Sabemos cómo continua el desarrollo del hombre, su “yo” trabajando desde el interior empieza por remodelar el cuerpo astral para ponerlo por completo bajo su dominio.  Y, cuando el cuerpo astral este lo suficientemente transformado para que el yo tenga pleno poder sobre él, se puede decir que se ha configurado de modo que contiene el Yo Espiritual o Manas. Yo Espiritual o Manas es pues, un cuerpo astral supeditado al Yo.  Lo mismo sucede con el cuerpo etérico. Cuando el ‘yo’ intensificando aun mas su esfuerzo, vence también las fuerzas de resistencia del cuerpo etérico, este se transmuta en el Espíritu de Vida o Budhi. Y por último, cuando el ‘yo’ se enseñorea del cuerpo físico, cuando vence las fuerzas más reacias que son las fuerzas del cuerpo físico, entonces el hombre ha desarrollado dentro de sí al Hombre–Espíritu o Atman. Así queda constituido el hombre septenario con su cuerpo físico transformado en Atman u Hombre–Espíritu. Externamente, el cuerpo físico se muestra como tal cuerpo físico,  pero internamente, se halla totalmente supeditado a la incandescencia del yo, siendo cuerpo físico y  Atman, al mismo tiempo.

Análogamente el cuerpo etérico es a la vez cuerpo etéreo y Espíritu de Vida o Budhi, y el cuerpo astral es cuerpo astral y Yo Espiritual o Manas, el “yo” se ha convertido en soberano. Así, es como el hombre asciende a grados superiores en su propio desarrollo, con lo que se transforma, y trabaja en su propia divinidad, en su propia deificación, como diría Dionisio, el Areopagita, el amigo y discípulo del apóstol Pablo.

Sin embargo aquí no termina la evolución. Cuando el hombre este tan avanzado que ya ha conquistado por completo y absolutamente el cuerpo físico, todavía tiene por delante otras etapas superiores de desarrollo. Miremos las alturas espirituales, más y más elevadas, y a entidades suprahumanas mas y mas portentosas. ¿En qué consiste el continuo aumento de poder en estos seres?. Consiste en que en primer lugar se encuentran menesterosos y necesitan de algo, quieren algo, demandan algo del mundo, en tanto que después de su desarrollo, podrán entregarle algo. Fundamentalmente, todo el sentido y el espíritu de la evolución se apoya en el hecho de que pasamos del recibir, al dar. Vemos la analogía con la evolución humana en nuestra vida aquí entre el nacimiento y la muerte: el niño  nace desamparado y depende totalmente de quienes le rodean. Poco a poco se sobrepone a ese desamparo hasta que finalmente, el mismo se convierte en auxiliador de quienes le rodean.  Así sucede también con la gran evolución humana en el Universo.

En el antiguo Saturno, el hombre existía sólo como primer germen físico humano. Allí tuvo que contentarse con recibir las primeras bases de su humanidad, y así continuó durante toda la época solar y la lunar. En la Tierra adquirió su Yo, y ahora poco a poco se prepara para dejar que su Yo actúe sobre su cuerpo astral , etérico y  físico y así convertirse cósmicamente en un ser capaz de dar. Poco a poco se va introduciendo del estado de recibir, al de dar cósmico universal. Otro ejemplo de este hecho, nos lo ofrecen los Arcángeles o Arcangeloi. Ya en el Sol, su desarrollo les permitió darle la luz al espacio universal.

Repito, la evolución progresa del recibir al dar. En el caso de dar, la cosa tiene mayor alcance. Tomemos un ser que sólo puede dar sus pensamientos, que hablando con franqueza, no es todavía mucho lo que da por muchos que sean, pues el dador de pensamientos, seguirá siendo igual a como estaba. No ha dado nada visible o tangible, nada de efectivo en sentido superior. Pero llega un momento en que las entidades pueden dar no sólo pensamientos o especies mentales, sino mucho mas, por ejemplo, aquello que los Espíritus de Personalidad necesitaban en el antiguo Saturno: la sustancia del fuego calórico.

¿Quién estaba en un grado tan elevado de su propio desarrollo que pudiera emitir de su propio cuerpo esa sustancia calórica?. Eran los seres a quienes llamamos Tronos o Espíritus de la voluntad.

Así vemos que el antiguo Saturno se origina a través del hecho de que, desde determinado punto del Universo se concentran los Tronos y realizan en gran escala lo que a nivel inferior hacen los gusanos de seda, cuando con la materialidad de sus cuerpos hilan las hebras de seda. Los Tronos expelen e hilan la sustancia calórica y la ofrendan en el altar del antiguo Saturno.

Tenemos que considerar la vida de los Espíritus de la Personalidad en Saturno de tal manera, que estos Espíritus de la Personalidad o Arcai realmente impartían personalidad a ese calor dotándolo de autoconciencia. La sustancia del fuego calórico afluye desde el Universo  emanada de las sublimes entidades espirituales que son los Tronos.

¿En qué consisten esos huevos que se encuentran en Saturno?. En hilados del cuerpo ofrendado de los Tronos.

Pero eso no hubiera sido suficiente, la operación conjunta de los Espíritus de Personalidad tenía el poder de dar forma a la sustancia de calor, pero no podían hacerlo solos. Para producir esa vida interior y actividad, fueron necesarios otros seres espirituales que también habitaban en el antiguo Saturno, seres de una jerarquía inferior a los Tronos, pero mayor que la de los Archai o Espíritus de la Personalidad. Entidades a quienes les incumbe prestar ayuda a estos últimos. Podemos hacernos una idea de esa ayuda si pensamos en los ángeles que son los que están inmediatamente por encima de nosotros, y luego los Arcángeles, y los Principados o Espíritus de la Personalidad – arkai. Estos seres pertenecen a la Jerarquía que se encuentra inmediatamente por encima de nosotros. Los Tronos no son contiguos a los Principados sino que entre los dos existen grados intermedios, a lo que Dionisio el Areopagita; denomina Potestades o Exusiai (también Espíritus de la Forma) superiores en un grado a los Principados (Espíritus de la Personalidad). Las Potestades tenían con los Principados la misma relación que los Angeles tienen con nosotros. Otro grado superior a las Potestades lo ocupan las Virtudes (en griego Dynamis). Éstos se relacionan con los Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno de la misma forma que los Arcángeles se relacionan hoy en día con nosotros.  Luego en ascenso le siguen las Dominaciones (Espíritus de Sabiduría) en griego Kyriotetes cuya relación con los Principados corresponde a la que estos tienen con nosotros. Solo después siguen los Tronos o Espíritus de la Voluntad.

Así, el antiguo Saturno tenemos una gradación ascendente de seres: los Espíritus de la Personalidad que estimulan y ejecutan la conciencia del “yo”, luego los Tronos, o Espíritus de la Voluntad, que son superiores en cuatro grados, y que donan la sustancia ígnea  y entre estos dos coros para que pueda regularse y dirigirse toda la vida en el Antiguo Saturno, tenemos, en ascenso: las Potestades, o Espíritus de la Forma, las Virtudes o Espíritus del Movimiento (Dynamis); y las Dominaciones o Espíritus de la Sabiduría (en griego Exusiai y Kyriótetes). Estos eran, si se puede llamar así los habitantes del antiguo Saturno.

Mientras que el antiguo Saturno está evolucionando hacia el antiguo Sol -como se ha descrito en la última conferencia- los seres que acabo de enumerar también evolucionan hacia una etapa superior y los Arcángeles entran en la etapa humana. Externamente -podríamos decir físicamente- el calor se condensa en gas. El Antiguo Sol es un cuerpo gaseoso. Mientras que el Antiguo Saturno era todavía un cuerpo calórico oscuro, el Sol ya empieza a brillar pero alternando, por así decirlo, entre lo que podríamos llamar días solares y noches solares, alternancia de particular importancia, pues existe una enorme diferencia entre la vida solar diurna y la nocturna. Si no se hubiera producido otra influencia que la que señalé en mis dos conferencias anteriores,  los Arcángeles, que realizaban su condición humana en el antiguo Sol viajarían hacia el Universo en alas de los rayos luminosos, por el se difundirían y en las noches solares, tendrían que regresar al seno del Sol. Sería una inhalación y exhalación de la luz, y con ello también de los seres que hayan su medio vital en esa luz. Pero no fue así.

Permítanme ahora caracterizar la naturaleza de estos Arcángeles, de una forma sencilla, también podría decir trivial.

Cuando ellos se escapan, les gusta más esa expansión en la espiritualidad del Universo que la posterior concentración, existencia oprimente y de menos categoría. Les gusta más la vida en el éter lumínico. Pero no podrían jamás extender su vida en el éter lumínico mas allá de cierto límite, si nada hubiese acudido en su auxilio. Si los Arcángeles hubieran dependido totalmente de sí mismos, no hubieran podido hacer otra cosa que regresar dócilmente al Sol durante las noches solares. Sin embargo, ellos no lo hicieron, sino que prolongaron por mas y mas tiempo su estancia en el Mundo Espiritual. ¿Quién les ayudó a hacer esto?.

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Imaginemos que el círculo pequeño es esfera del Antiguo Sol, los Arcángeles tienden en todas direcciones hacia fuera, extendiendo su esencia espiritual en el Universo. Lo que favoreció esta expansión fue la circunstancia de que ciertos seres del Universo salieron a su encuentro. Así como en el Antiguo Saturno el elemento ígneo de los Tronos, afluía desde el Universo, así también los Arcángeles en su emigración se encontraron con otras entidades, incluso superiores a los Tronos, y ellas les ayudaron a permanecer en el mundo espiritual más tiempo del que hubiera sido posible por si solos.

Estas entidades que desde el espacio espiritual salen al encuentro de los Arcángeles, son los Querubines (Espíritus de la Armonía) coro particularmente egregio de entidades espirituales dispuestas a recibir a los Arcángeles con los brazos abiertos. Cuando los Arcángeles se propagan hacia el exterior, los Querubines acuden a su encuentro desde el Universo y  así toda la esfera del Antiguo Sol se hallaba rodeada del reino de los Querubines que se les acercaban. Del mismo modo que nuestra Tierra esta rodeada de su atmósfera, así el antiguo Sol se hallaba rodeado por el reino de los Querubines, en beneficio de los Arcángeles. Por lo tanto, al salir estos a los espacios universales, contemplaban a sus grandes ayudantes.

¿De qué manera se les acercaban? ¿Cómo se veían?.  Solo la conciencia clarividente que puede leer los Anales Akáshicos puede comprobarlo. Estos Grandes Auxiliadores Universales adoptaron figuras etéreas bien determinadas. Nuestros antepasados que, a través de sus tradiciones, todavía eran conscientes de estos significativos hechos, los representaban como peculiares animales alados, con sus cabezas configuradas de manera diferente: el león alado, el águila, el toro, el hombre alado. En efecto, los Querubines se acercaban por de pronto desde cuatro lados, mostrando precisamente los aspectos que corresponden a su posterior popularización. De ahí que las Escuelas de los primeros iniciados en la época post-Atlante designaron a los  Querubines que desde cuatro lados, se  acercaban al Sol con nombres que posteriormente se transformaron en el Toro, el León, el Águila y el Hombre. Oportunamente nos ocuparemos de ello en mayor detalle; por hoy nos limitaremos a estudiar los cuatro tipos de Querubines que se acercaron a los Arcángeles.

He ahí pues el aspecto presentado por el antiguo Sol, cuando sus auténticos moradores humanos, también llamados Arcángeles, se desplazaron al espacio universal, se les acercaron los Querubines desde cuatro lados y de cuadruple manera. Y esto les permitió permanecer en la región espiritual que rodeaba al antiguo Sol por más tiempo de lo que, de otra manera les hubiera sido posible. Y es que la influencia de los Querubines ejercía sobre los antiguos Arcángeles un efecto sumamente vivificante en el más alto grado, en el sentido espiritual. Pero como sea que esa influencia entró en la vecindad del Sol, esa influencia no podía quedar restringida únicamente a los Arcángeles, tenía que hacerse valer de otra manera. Pues así es siempre; lo que existe en alguna parte, ejerce efecto múltiple, no único. Pongamos el caso de dos personas que se hallan en una habitación; una de ellas desea un calor fuerte pero no la otra; sin embargo quedara afectada por el excesivo calor. Lo mismo sucedió con los Querubines que irradiaban desde el espacio cósmico: ejercían el efecto descrito sobre las entidades del antiguo Sol que se habían encumbrado hasta el elemento luminoso y podian vivir en el, acción que, sin embargo solo era posible durante el día solar, cuando la luz emanaba hacia el espacio cósmico.

Pero también había noches solares  cuando no emanaba luz alguna, los Querubines entonces también estaban en el cielo. En esa fase de oscurecimiento, el planeta solar era tan solo gas y calor, sin resplandor, los gases calóricos circulaban entonces dentro de la esfera solar. En esta etapa, los Querubines que de todos modos continuaban enviando sus efectos hacia el Sol, no podían ejercer normalmente su influencia sobre los Arcángeles,  sino que la ejercían sobre el oscuro humo del Sol, sobre el oscuro gas. En tanto que en el antiguo Saturno los efectos procedentes del cosmos se producían sobre el calor como tal, ahora, en el Sol, se ejercían sobre el calor condensado, esto es, sobre el gas. A esta acción de los Querubines hay que atribuir el hecho de que en el antiguo Sol a partir de la neblina solar se formaran los primeros rudimentos de lo que hoy llamamos el reino animal.  Al igual que sobre el Antiguo Saturno se genero a partir del calor, el primer rudimento del reino humano, o sea su cuerpo físico, asimismo en el Antiguo Sol se genera el primer rudimento del reino animal a partir del humo o gas, gracias a las figura de los Querubines reflejadas en los gases solares.

Estas figuras querubínicas que se extienden por toda la periferia del Sol, integran pues el conjunto de elevadas entidades que, por un lado se abren a los Arcángeles, y por el otro en las noches solares hacen surgir del gas o neblina solar, como por magia, los primeros rudimentos físicos del reino animal. De ahí que los antiguos conocedores de la cosmología espiritual le dieran el nombre de Zodiaco, esto es, circulo de animales a esas entidades que desde diferentes direcciones del espacio universal obraban sobre el antiguo Sol. He ahí el significado del zodiaco. En el antiguo Saturno los Tronos  derraman y sacrifican la sustancia precursora del cuerpo físico humano; en el Sol, se empieza trazando las primeras formas del reino animal, gracias a que los Querubines que se reflejan en el gas, es decir, en la sustancia calórica condensada, las evocan de ella. Inicialmente, los animales son, pues, trasuntos solares del zodiaco, existe una autentica relación interna entre el zodiaco y los animales que están en trance de devenir en el Sol.

En verdad, hubo buenas razones para dar semejantes nombres, y no se crean que, en aquellos tiempos los nombres se inventaron porque si. Uno nunca debe pensar que en aquellos tiempos antiguos los nombres fueran escogidos al azar. Hoy en día, cuando se descubre un nuevo planeta en la cadena planetaria, ¿qué dice el astrónomo que haya tenido la suerte de descubrirlo?. Abre el diccionario y buscan algún nombre tomado de la mitología griega que de casualidad todavía está desocupado, y se lo cuelga a su estrella.  En los tiempos en que en los nombres debían expresar la esencia de las cosas, es decir, en los tiempos en que los Misterios se hallaban en todo su apogeo, los nombres nunca se daban así; las denominaciones de antaño denuncian siempre un significado profundo del objeto. Las formas de nuestros animales, aunque hoy se hallen desfiguradas en caricatura, se extrajeron de la periferia del Universo, de la configuración del zodiaco, tal como existía entonces.

Puede que les haya llamado la atención el que aquí solo se apuntaran cuatro de los nombres zodiacales. Si bien estos son las expresiones principales para los Querubines, cada una de las figuras querubínicas tiene un descendiente o acompañante a la izquierda y a la derecha. Imaginen a cada Querubín escoltado de dos acompañantes, y así tendrán doce potencias en la circunferencia del Sol, que tienen que cumplir su misión cósmica conforme acabo de describir.

 Ahora se puede preguntar: ¿Qué relación tiene esto con los nombres comunes del Zodiaco?. A ello dedicaremos un comentario durante los próximos días, pues la secuencia de nombres ha cambiado un poco. En general se empieza a contar con Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo. Luego siguen Virgo y Libra. El Águila, por cierta transformación posterior tuvo que aceptar que la rebautizasen como Escorpión, por buenas razones. Siguen los dos acompañantes: Sagitario, Capricornio. El Hombre, por causas que oportunamente conoceremos se llama ahora Acuario. Finalmente Piscis. Así pues, la figura primordial de la que ha surgido el zodiaco, ya no trasluce sino en Tauro y Leo y un poco en el Hombre, que en ordinaria terminología exotérica, se llama Acuario. En los próximos días veremos el porqué de estas transformaciones.

Sintetizando, en el antiguo Saturno, elevadas entidades espirituales, los Tronos, segregan de su propia sustancia la materia ígnea. Otras entidades aun superiores, los Querubines recogen en su propio ser, la luz que nace de esa materia ígnea y transfiguran y enaltecen su condición luminosa. Sin embargo, cada enaltecimiento en el Universo, clama porque se produzca un rebajamiento para crear la necesaria compensación. Así, para que, de día, los Arcángeles encuentren la oportunidad de expandir su existencia espiritual, los Querubines tienen que continuar actuando de noche, y objetivar, en la sustancia calórica condensada a neblina, humo y gas, los entes y formas animales inferiores al hombre.

Con ello, hemos adquirido en sentido de la sabiduría primordial, una primera visión de la acción concertada de ciertas entidades espirituales del Universo con nuestro propio cuerpo celeste; hemos visto, asimismo, que lo que física y externamente sale a nuestro encuentro, siempre puede atribuirse a entidades espirituales. Lo que hoy tan profanamente se llama zodiaco, tiene su oriundez en la ronda de los Querubines que desde la periferia universal, ejercían su influencia sobre el antiguo Sol, cuando este irradiaba hacia el Universo cual energía luminosa, su propia energía.

Así hemos derivado el importante concepto del zodiaco y mañana continuaremos dentro de esta misma línea, podremos paulatinamente ascender a otros conceptos sobre los cuerpos celestes y verter mas y mas luz sobre su relación con las Jerarquías Espirituales.

Traducido por Gracia Muñoz con ayuda del texto de Juan Berlín traducido del alemán.

 

2ª Conferencia – 10 de Enero de 1956

Cuatro conferencias y dibujos dados por Willi Sucher en el Circulo Experimental Biodinámica en Peredur, East Grinstead, Sussex, el 9 hasta el 12 de enero de 1956

English version

Esta noche quisiera hablar sobre el zodiaco, y quizás se me permita repasar muy brevemente lo dicho la noche pasada con el fin de retomar el hilo de la cuestión. Ayer se habló sobre el Sol como de un ‘agujero’ en el espacio, y sobre el hecho de que el Sol –esta especie de super-vacuum en el cosmos– recibe substancia cósmica, una especie de substancia sideral desde la periferia. Se podría imaginar que allí fuera en la periferia del universo se encuentra una reserva, un trasfondo en el cual pueden hallarse todas las bases constitutivas de todo aquello que ha sido y continúa siendo construido dentro del sistema solar. También fue indicado que el universo solar no ha de considerarse como una esfera sino más bien como un disco plano. Todos los planetas se mueven por ese disco, con sutiles desvíos. Lo que nos cabe descubrir esta noche, es algo que se relaciona con la naturaleza de ese trasfondo desde el cual obtiene sus bases constitutivas nuestro universo solar. Obviamente, el trasfondo es el zodiaco.

Ahora bien, aquí nos confrontamos con un cierto dilema. Quizás pueda hacer una breve referencia sobre los métodos que aplica la Astronomía para investigar el cosmos. ¿Qué es lo que se ha logrado?. La Astronomía moderna ha ganado varios puntos!. Se han hecho magníficos descubrimientos desde que fuera inventado el telescopio. Hemos podido penetrar cada vez más profundo dentro del universo y, como es sabido, el número de las estrellas conocidas –especialmente las estrellas fijas- se incrementó enormemente desde que los telescopios se fueron perfeccionando. Por ejemplo, se ha intentado pesar y –naturalmente– medir las estrellas. Se ha puesto empeño en desentrañar su naturaleza, su supuesta naturaleza, directamente por medio del telescopio. De todos modos, el enorme aparato que constituye a la Astronomía moderna ofrece solamente un aspecto unilateralista. Imaginemos por un momento que somos sordos y lerdos, que carecemos de olfato, de tacto y que sólo poseemos el sentido visual. En tal caso se podría acordar sobre cuán distorsionada sería la cosmovisión resultante. La Astronomía se ha basado completamente en el sentido visual. Es todo lo que ha sido capaz de lograr. Se ha magnificado el potencial de los telescopios. Como sabrán, uno de los últimos desarrollados es el telescopio de 200 pulgadas en Mount Palomar. Se depositaron muchas esperanzas en él. Se esperaba que pudiese penetrar más profundamente en el espacio para así descubrir algo relacionado con la infinidad del mismo o sus límites. Pero todo lo que se halló –de hecho ya había sido hallado con telescopios menos potentes– fue más estrellas. Estrellas nunca vistas anteriormente fueron descubiertas en las profundidades del espacio. Además, se ha llegado a una conclusión un tanto extraña que puede tomarse en un sentido simbólico. Se ha descubierto que todo el conjunto del gran universo se esparce y se aleja del sistema solar en el cual vivimos, en donde las distancias se miden de a millones de años luz.

Las distancias de por sí son ya inimaginables. ¿Podemos imaginar un segundo-luz, la distancia que recorre un haz de luz en un segundo?. Esto equivaldría a unas 19.000 millas por segundo. ¿Podemos imaginarlo?. Ningún ser humano es capaz de hacerlo!. Multiplicando esto por 60 obtendremos un minuto-luz, nuevamente por 60 y obtenemos una hora-luz, etc. Con lo cual al hablar de millones de años luz, nos percatamos de que está más allá de toda imaginación humana. Considero como correcto decir que si hablamos de dimensiones más allá de la esfera espacial imaginable, entonces ya estamos realmente fuera del espacio.

No nos es posible saber si tales distancias son correctas o no, puesto que están basadas en condiciones puramente terrestres. Estas condiciones han sido trasladadas o impuestas, digamos, al cosmos. Se asume simplemente que la luz en el cosmos tiene la misma velocidad a la que se supone aquí en la Tierra y tal es la base de los cálculos. De aquí se desprende que todo este andamiaje basado en el cálculo exacto, sólo sea una ilusión.

Aparte de esta concepción sobre espacio y distancia, algo más fue descubierto. Nos vemos inclinados a imaginar que todas estas estrellas y galaxias distantes se mueven tranquilamente por su trayecto, manteniendo una buena unidad. Pero se descubrió lo contrario. Todo el gran universo se separa a una tremenda velocidad. Si bien las galaxias no han alcanzado aún la velocidad de la luz, no están lejos de lograrlo. Nos confrontamos con un gran universo que semeja a una explosión atómica; sus partículas simplemente se desintegran!. No es mi intención explayarme demasiado sobre esta concepción, pero la idea en sí es simbólicamente muy reveladora. En el intento de penetrar el espacio cósmico, lo único que se logró es un cosmos que aparentemente se aparta de nosotros. Vemos cómo el aplicar solamente el sentido visual conduce a un cuadro atemorizador del cosmos.

Cuando oímos hablar sobre un radar astronómico, y se nos quiere decir que se está ‘escuchando’ al universo, hemos de saber que simplemente no es verdad. Sólo seguimos viéndolo, puesto que lo estamos viendo en una pantalla y eso se logra por el sentido visual. No hay más que esto, todo está basado en el sentido de la vista.

Con lo que tenemos a un universo, o más bien a un aspecto del universo que es en extremo unilateral, y de un universo que además se aleja de nuestro sentido visual. En otras palabras, llegamos a un punto –y esto es admitido por astrónomos que saben razonar– en el cual la Astronomía moderna no puede decir mucho más acerca del universo. Hemos llegado a un punto muerto. No podemos ir hasta las estrellas y tocarlas. Ni podemos aplicar nuestro sentido táctil ni pretender oírlas. El sentido visual es el único aplicable en esta esfera. Naturalmente que los astrónomos se ven en la obligación de mantener su postura, pero para nosotros  debe generarse la cuestión de si no es posible aplicar otros sentidos. Yo lo considero posible, pero desarrollando sentidos internos especiales. Estoy seguro de que en el futuro seremos capaces de aplicar el sentido auditivo astronómicamente, del mismo modo en que aplicamos el visual. Habrá que desarrollar una audición que posea algo de la naturaleza inspirativa, en terminología antroposófica.

Debemos considerar  a qué tipo de enfoque práctico podemos recurrir ahora. ¿Cómo se puede  investigar la naturaleza del zodíaco?. Deseamos descubrir un obrar del zodíaco que nos ayude a comprender lo que fluye constantemente hacia nuestro sistema solar. Obviamente, deberemos confeccionar diferentes instrumentos y hallar otros medios diferentes a aquellos que han sido utilizados hasta el momento por la Astronomía. ¿Cómo se puede lograr esto?. La solución es bastante simple. Existe un excelente y muy fino instrumento a nuestro alcance que puede ser utilizado para la observación de los astros, y éste es el ser humano. El ser humano es por lejos el mejor de los instrumentos, en lo que respecta a su naturaleza corporal y su organización. ¿Cómo es esto posible?.

Ayer se habló sobre la substancia o esencia proveniente desde la periferia de nuestro sistema solar. Fue dicho que posee una naturaleza divisible en  doce partes, dado que se origina en el zodíaco, viéndose éste mismo constituido por las doce constelaciones que nos son familiares. También fue dicho que hallamos rastros de tal substancia o energías provenientes desde más allá de nuestro sistema solar dentro de los reinos naturales. Podemos encontrarlos allí porque todos los reinos naturales fueron construidos gracias a las fuerzas cósmicas que son absorbidas por la super-succión solar, por el ‘agujero’ en el espacio. Más allá de los reinos mineral, vegetal y animal, existe otro ser que reúne a la división doceava y éste es el ser humano!. En el hombre no hay una separación de estos doce grupos diferentes. En nuestra organización corporal somos una manifestación completa de las doce constelaciones. Lo que se ve disperso en los reinos naturales está unificado y forma un organismo integral en el ser humano. Este es el tema a ser tratado. Ya que al estudiar la constitución doceava de la organización humana, encontramos que se trata simplemente de un zodíaco humanizado, al menos en lo concerniente a su forma. No considero que deba elaborar una razón del por qué en este momento. Todos sabemos que el ser humano, el alma humana, desciende desde las alturas cósmicas hasta su encarnación terrestre. Mucho antes de nacer, ciertamente durante todo el tiempo que dista entre dos encarnaciones, el ser humano se ve completamente ocupado en construir la base espiritual de su cuerpo físico, de su futura organización física. Recibimos esta base desde el mundo que se nos aparece externamente como las doce constelaciones del zodíaco. El ser humano trae consigo a esta forma espiritual a la Tierra –o cercano a ella– y al producirse la concepción, esta forma de naturaleza cósmica, hecha de substancia o energía cósmica, queda impresa en el elemento material terrestre. Cada organización humana conlleva la impronta del majestuoso trasfondo de las doce constelaciones del zodíaco.

Por lo tanto, la tarea que nos hemos propuesto es estudiar al organismo humano. Debemos ser capaces de leer sobre el impacto dinámico por parte de las constelaciones del zodíaco. Se trata de una tarea formidable de por sí, y no creo que podamos ir más allá de las generalidades esta noche. De todos modos, espero ser capaz de brindar una indicación acerca de la dirección en la que habremos de investigar, con el fin de comprender estos hechos.

Existe una manera de expresar la naturaleza de las constelaciones del zodíaco por medio de un lenguaje abreviado. Se halla contenido en los símbolos del zodíaco. Sobre ellos sabemos desde tiempos antiguos, y se han ido modificando en el transcurso de la historia de la humanidad moderna. Aún podemos reconocer en las formas dinámicas a la naturaleza del obrar de las constelaciones en la materia. Quisiera agregar que debe considerarse al ser humano desde dos aspectos, y uno de ellos es la cabeza. La cabeza es algo como un cosmos en sí mismo. Más allá de esto, también la totalidad de la organización humana es un cosmos, sólo que ha sido modificada; en cierto sentido, ha sido colocada en la verticalidad. Todo el conjunto del organismo humano deja entrever el impacto de las fuerzas dinámicas del zodíaco.

Veamos cómo se puede hallar la primera de todas las constelaciones, la de Aries, en la cabeza. ¿Dónde encontramos a Aries allí?, ¿dónde está actuando?. Está impresa en la cabeza (Fig. 1a) y éste es el símbolo que se utiliza para Aries. ¿Qué significa este símbolo?. Simplemente que tenemos allí a un gran cosmos, todavía indiferenciado. En ese gran cosmos ingresa un impulso que llevará algo a cabo (Fig. 1b), aportando movimiento y evolución.

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Surge algo que semeja a una acción iluminadora, algo que pretende dirigirse en cierta dirección. Esto puede verse también en el antiguo símbolo del Tao. Arriba, en la línea horizontal, hay algo que reposa. La línea vertical desciende; tiene la tendencia de abandonar la inmovilidad. Ciertamente, tal tendencia se halla presente en la inmovilidad del cráneo (Fig. 1a). En cierto sentido, el cráneo es un cosmos contenido en sí mismo. Pero luego, podría decirse que en la parte inferior de la cabeza tenemos un miembro. La mandíbula es como un miembro, sirve al movimiento. El maxilar se mantiene fijo, pero la mandíbula ha conseguido al menos un cierto porcentaje de liberación o movimiento.

Esto también puede hallarse dentro de la totalidad del organismo humano. ¿Cómo hallar esto?. Bien, aquí tenemos a la cabeza y aquí a los miembros (Fig. 1c). Aquí vemos claramente la tendencia descendente, liberadora, como si abandonase la esfera de la cabeza que representa a la imagen del cosmos. Por ejemplo, el cerebro humano se ajusta a la esfera del cráneo, pero la espina dorsal desciende a lo largo del cuerpo. Esta es una de las manifestaciones de Aries dentro de cuerpo. De este modo es como ingresa un impulso en un universo que tiende al reposo.

El próximo paso nos conduce a Tauro. Este es el símbolo que le adjudicamos (Fig. 2a).

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Tauro

Vemos que ha tenido lugar un cierto proceso. El mundo superior, el majestuoso, maravilloso mundo cósmico aún se reposa en su perfección. Pero a través del impulso dinámico se ha conseguido desarrollar otra cosa. El símbolo expresa tal progreso. Se ofrece una indicación sobre una esfera que se inicia desde una formación córnea. Podría conectarse esto con el cerebro, pero los cuernos superan a la esfera de la cabeza. El círculo más pequeño corresponde al cerebro (Fig. 2b). Con lo cual tenemos dos entidades: una esfera mayor por encima de la cabeza, que es una imagen del reino del pensar cósmico, y una esfera menor –el cerebro– que viene a ser un espejo de la mayor. El mundo del pensar humano, ligado al cerebro, aún permanece estrechamente cercano al pensar cósmico, pero sin ser ya más que un reflejo. El pensamiento humano tiene su origen en el pensamiento cósmico divino, pero fenece en una existencia sombría tan pronto como toca el cerebro humano. Aquí vemos realizarse el impacto de Tauro dentro de la cabeza.

¿Qué hay de Tauro en lo que resta del ser humano?. Allí se manifiesta en la laringe (Fig. 2c) la cual está ligada a Tauro. Desde las alturas hemos recibido la capacidad del habla –se convirtió en humana. ¿Dónde se originó?. En la Palabra cósmica que creó el universo y que hizo nacer a todo lo que vemos a nuestro alrededor como mundo de los objetos. En el primer capítulo del Evangelio de San Juan escuchamos las palabras: ‘En el principio era la Palabra’ y ‘todas las cosas fueron hechas por ella y sin ella, nada de lo hecho estaría hecho’.

Podemos ver al símbolo de Tauro casi de forma literal en la organización humana. Considérese a la laringe como una esfera necesaria para generar el habla. Como es sabido, desde esta laringe se extienden dos tubos que llegan hasta el oído medio. Tal es la impronta de Tauro en el organismo humano.

¿Cómo podemos describir el principio de la constelación de Tauro. Seguramente, se trata de un elemento que ha descendido un paso más por debajo de Aries. Aries no representa más que un impulso inicial; aún no se ha conseguido nada, sólo la tendencia de hacer algo. En Tauro se ha logrado algo, pero todavía está ligado estrechamente a su origen cósmico, el pensamiento cósmico. Puede decirse que este pensamiento cósmico es nuestra gran morada en el espíritu, desde donde hemos descendido al mundo material.

Este principio es llevado hasta la constelación de Géminis. En la cabeza (Fig.3a) tenemos a una manifestación múltiple de esta constelación. Por ejemplo, existen ‘gemelos’ en los dos hemisferios cerebrales, pero también tenemos ‘gemelos’ en la polaridad que existe entre la esfera del cráneo y la parte inferior de la cabeza. Digamos que los gemelos se corresponden pero sin llegar a ser idénticos (Fig. 3a).

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Géminis

Este es el símbolo utilizado para Géminis (Fig. 3b). Vemos dos mundos que se separan. Esta es una tendencia que podemos encontrar por doquier en la cabeza. Un ejemplo de esto es la diferenciación entre izquierda y derecha. Sabemos que el costado derecho del rostro se diferencia del izquierdo. Son ‘gemelos’ y ligados entre sí, pero cada uno está formado de manera diferente. Luego tenemos una diferencia en la vertical y entre el frente y la parte posterior.

¿Qué hay del ser humano como un todo?. También allí existen ‘gemelos’ en muchas direcciones, por ejemplo, entre la cabeza y el resto del organismo (Fig. 3c). Estos gemelos están conectados; son desiguales pero unidos estrechamente por la columna vertical. El uno precisa del otro. También hay gemelos en la dirección izquierda-derecha, especialmente en lo referido a los brazos. Y de tomar simplemente al conjunto del ser humano y contemplamos su organización, nuevamente hallamos gemelos en una dirección diferente, la vertical-horizontal, que queda expresada en los contornos del cuerpo humano (Fig. 3d).

¿Cuál es la naturaleza arquetípica de la función cósmico-dinámica que encontramos aquí?. Es la tendencia a separarse. Ambos mundos se han separado suficientemente, pero todavía están conectados. Tal es el impacto dinámico de la constelación de Géminis. Puede hallarse en innumerables manifestaciones en el mundo. Esto se origina en Géminis, diversificándose a medida en que va pasando a través del mundo planetario, antes de descender finalmente hasta la Tierra y emerger en la materia.

Los símbolos son realmente una especie de lenguaje arquetípico que puede ayudarnos a comprender las actividades fundamentales de las constelaciones.

La constelación que continúa, la de Cáncer, también se manifiesta a sí misma en el ser humano de diversas maneras. Veamos primeramente la cabeza. Sabemos que en el bebé, las fontanelas aún están abiertas. Esto indica que todavía existe una comunicación cordal con el universo. Hasta no pasado cierto tiempo luego del nacimiento, este portal no se cierra (Fig. 4a).

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Cáncer

De contemplarlo desde arriba, podremos ver la ovalación del cráneo humano (Fig. 4b). Primeramente está abierto pero luego se cierra. Aquí podemos reconocer al símbolo de Cáncer. En primera instancia todavía existe una conexión con el mundo cósmico, pero tan pronto como se cierran las fontanelas, ésta queda truncada y el ser humano se aparta del cosmos. Esto queda expresado por el símbolo de Cáncer. En la figura 4 pueden observarse dos curvas, una que expresa al extenso desarrollo pasado, es decir a toda la evolución previa del cosmos que el hombre recapitula antes de nacer y que culmina en ese instante. Ahora debe inaugurarse algo nuevo. El alma que encarna es enviada con el fin de que desarrolle ciertas capacidades en el aislamiento de la Tierra. Estas fuerzas son solamente adquiribles en la Tierra. Sabemos que están directamente conectadas con el desarrollo del Yo. Es así como el hombre es enviado y separado del mundo cósmico, y es en esta separación donde debe hacerse de una nueva evolución y participar en la creación de un nuevo cosmos. La nueva evolución queda indicada por la segunda curva del símbolo (Fig. 4c).

El espacio que queda establecido entre ambas curvas, ¿puede ser superado?. Esto es algo de gran importancia hoy día. Quisiera darles una indicación sobre cuán importante son estas cosas: cuando tuvo lugar el Misterio del Gólgota, el planeta Saturno se ubicaba en la constelación de Cáncer. El Cristo trajo consigo a todas las fuerzas del cosmos a la Tierra, y la Tierra quedó impregnada con las fuerzas que permean y mueven a los astros. Cada ser humano que se une al impulso del Cristo puede participar de aquellas fuerzas celestes que el Cristo ligó a la Tierra. Lo que leemos de un evento tal –Saturno en la constelación de Cáncer– es el hecho de que la Tierra y la humanidad fue imbuida de potencias espirituales cósmicas, las cuales nos permiten puentear el abismo o espacio que hay entre la involución y la evolución. Vemos al pasado de la Tierra y del cosmos como un proceso en involución, y vemos como evolución al desarrollo de un nuevo cosmos que avanza hacia el futuro. Nos percatamos de este modo de que durante el suceso en el Gólgota, estaban obrando fuerzas e impulsos. Sin su incorporación, la Tierra no hubiera sobrevivido.

Dentro del total del ser humano, hallamos a las fuerzas de Cáncer en lo que conforma al tórax humano (Fig. 4d). Si bien han sido modificadas hasta cierto punto, en un sentido u otro mantienen el mismo principio –una actividad de cierre. En la cavidad torácica moramos con nosotros mismos; es la ‘residencia’ en la cual habitamos, donde late nuestro corazón, y donde en cierto sentido nos aislamos del gran hogar del universo.

Vayamos ahora a la constelación de Leo. Ya consideramos que en el tórax el hombre vive en su propia morada, pero escindido del gran cosmos. ¿Dónde encontramos este impulso de Leo?. El cráneo ya ha atravesado por el impacto de Cáncer; a partir de aquí, una nueva evolución habrá de ser impulsada desde el Yo, al cual sólo podrá ser desarrollada dentro del espacio abierto que se ubica entre las dos curvas del símbolo de Cáncer. Este Yo, indicado por un círculo en la Fig. 5a, es algo que fue encapsulado en sí mismo y dejado a su suerte. Está llamado a construir un nuevo cosmos, lo que puede describirse por medio de una curva que desciende y se extiende. De este modo llegamos al símbolo de la Fig. 5a y b.

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Existen dos maneras de representar el símbolo de Leo. Uno parte desde la periferia para arribar al punto (Fig. 5b). Este correspondería a Leo en involución, un movimiento por el cual el cosmos espiritual se contrajo y se densificó hasta ‘abrirse paso’ en la materia. Se pone de manifiesto cada vez que encarna un ser humano, viniendo desde la periferia del cosmos espiritual, encarnando paso a paso, llegando finalmente hasta la esperada simiente en la Tierra, lo cual es un trabajo muy tedioso y que puede llevar muchos años. Una vez encarnados, nos vemos convocados a colaborar en la construcción de un nuevo cosmos. Podemos hacer esto si desarrollamos las facultades mencionadas por Rudolf Steiner: Imaginación, Inspiración e Intuición. Estas se convertirán en los cimientos de un cosmos nuevo.

También encontramos al principio de Leo en el total de la organización humana, particularmente en el tórax. Primero tenemos al espacio cerrado, la ‘casa’. Por dentro late el corazón (Fig. 5c). Aquí tenemos dos acciones, el salir de la circulación y el retorno desde la periferia al cuerpo. ¿Cómo podemos describir el impacto de Leo a través de un concepto simple que nos ayude a comprender, en un sentido universal, a la naturaleza de las fuerzas que actúan desde la dirección de Leo?. Obviamente, el principio consiste en la relación que existe entre el centro y la periferia, y la cuestión se trata más bien de si el centro es activado desde fuera o si adquirió la capacidad de auto-activarse. Puede cobrar variedad infinita. Puede suceder, por ejemplo, que una persona no pueda encontrar el centro y se vea inclinada a vivir en la periferia. Puede parecer que uno viva enajenado de la Tierra, sin encarnar propiamente, o participando plenamente de la vida terrestre. También puede suceder lo opuesto, y uno puede verse demasiado encerrado en su propia celda y no le es posible acceder a la periferia, el entorno, etc.

Un número considerable de investigaciones ha verificado que tales tendencias se encuentran presentes en la naturaleza humana, pero también podemos encontrarlas por doquier en los reinos de la naturaleza, de buscar allí diligentemente. Corresponde tanto a nuestra tarea como a la capacidad de transformarlas y hasta incluso ofrecerles resistencia. Podemos lograr esto desarrollando las facultades mencionadas anteriormente.

Contiguo a Leo encontramos a la constelación de Virgo. En la cabeza humana encontramos su impacto directamente a como se indica en la Fig. 6a. Hasta aquí, el contraste entre periferia y centro sólo ha sido una tendencia, pero en Virgo se inicia una labor real. En cierto sentido, la constelación de Virgo es una especie de laboratorio de los Dioses, la matriz del divino mundo cósmico. Allí se activan las grandes transformaciones. ¿Cómo se lee este símbolo?. Nos habla de una región muy misteriosa, en donde se albergan los secretos de la vida y del devenir. Se hallan cuidadosamente guardados de ser profanados como si fuera un santuario, por detrás de sus tres velos. Si nos preparamos correspondientemente, seremos capaces de atravesar los tres velos y así ingresar finalmente al recinto más íntimo del Templo, en donde están preservados los misterios de la vida y del devenir. Los tres velos quedan expresados por los tres trazos que conforman al símbolo (Fig. 6b).

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Habiéndolos pasado encontraremos a la Divina Sabiduría Suprema, quien es también la vida. Esto queda indicado por la especie de serpiente que vemos al final del símbolo, la Serpiente de la Sabiduría. Es allí donde tienen lugar esas actividades misteriosas dentro del espejo del cerebro, que traducen la percepción en concepto para luego distribuirlo por todo el cuerpo (Fig. 6a). Nadie sabe o comprende todavía cómo un ser humano es capaz de realizar un movimiento. En la mente tenemos a la imagen del movimiento ‘quiero hacer esto’, pero cómo es que se produce la ejecución en nuestro organismo no ha sido descubierto todavía. Aquí nos confrontamos con grandes misterios.

Encontramos misterios similares en todo el ser humano, puesto que la constelación de Virgo está ligada a la misteriosa región del plexo solar y de la digestión, en donde se ubican los órganos en la esfera que está por debajo del diafragma.

Esta región misteriosa, la cual no se llega a comprender muy bien, es aquella en donde –por ejemplo– tiene lugar la desintegración de la substancia alimenticia, pero no sabemos cómo se lleva a cabo. Nuevamente, es una región velada en forma triple (Fig. 6c) y profundamente ligada a los misterios de la vida y el devenir, ofreciendo muchos otros aspectos además del de la digestión.

A Virgo le sigue la constelación de Libra. En la cabeza humana la hallamos encarnada en el complejo organismo de la audición. En el oído interno se encuentra el misterioso órgano del equilibrio. El símbolo representa a una balanza, algo que está en suspensión y debe mantener la horizontal con el fin de permanecer balanceado (Fig. 7a). En la totalidad del organismo humano está conectada a las caderas (Fig. 7b), también una región de equilibrio –la balanza entre el organismo superior e inferior. Sólo podemos comprender a pleno este equilibrio y a su símbolo de entender a la constelación de Escorpio, a continuación de Libra.

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En Escorpio nos confrontamos una vez más con fuerzas provenientes del universo que están veladas tres veces. Pero estos misterios se ven conectados con los estadios cósmicos que apuntan hacia la realización del Yo. Son los misterios del logro, en última instancia es el hecho que surge desde el ego emancipado. Nuevamente tenemos un primer, segundo y tercer portal (Fig. 8a y b) en los tres trazos del Símbolo. Solamente luego de haberlos atravesado podemos ingresar en el terreno dentro de cual buscamos el fundamento para realizar algo, o que al menos pretendemos lograr. Esto queda indicado por la flecha al final del símbolo. En la cabeza encontramos a Escorpio en la región de la laringe (Fig. 8a); de hecho, le atañe toda la región que sirve al proceso vocal. Sabemos que la constelación de Escorpio está opuesta a Tauro, que también está ligada al habla, la laringe y los tubos que llegan hasta el oído medio (las trompas de Eustaquio). De todos modos, en Tauro aún conservamos una fuerte afinidad con el mundo cósmico y que es donde nació la palabra humana. En Escorpio, la Palabra se convierte en palabra humana, emancipada del cosmos. Debe nacer desde la actividad interior del ser humano. En la conferencia VI del ciclo ‘El mundo de los sentidos’, 1 de Enero de 1912, Rudolf Steiner habla sobre el hecho de que la audición irá desapareciendo gradualmente. Esto esta conectado con Tauro y con la antigua creación que ha llegado a su fin. El órgano de la laringe y el habla, todo aquello ligado a Escorpio se encuentra en ascenso. Los seres humanos del futuro tendrán a disposición las bases de una nueva Palabra creativa en Escorpio purificado. En la totalidad del ser humano, Escorpio se manifiesta en toda la esfera reproductiva y de propagación. Aquí también subyacen grandes misterios que, en un cierto sentido, debieron ser profundamente velados.

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Ahora podemos comprender por qué Libra se ubica entre las constelaciones de Virgo y Escorpio. Por un lado están los portales hacia los misterios de la vida y del devenir y por el otro, los misterios de la muerte y del obrar. Con el fin de ingresar en dichas regiones con plena consciencia, deberá alcanzarse un alto grado de equilibrio. De carecer de este máximo alcance, los efectos de Virgo y Escorpio se convertirían en fuerzas destructivas para nosotros.

Seguido a Escorpio está la constelación de Sagitario. Allí, todo se manifiesta al servicio de la acción e irradia hacia afuera. Por ejemplo, podemos hallar esto en los huesos de la mandíbula (Fig. 9a). En la totalidad de la organización humana lo vemos surgir en la parte superior de las piernas y de los brazos. En dichas regiones notamos una tendencia hacia la exteriorización, de salir del encierro que todavía queda expresado por Virgo, de aquello que aún permanece guardado, aislado y velado. Esto queda referido por el símbolo de la flecha. En los miembros, la acción se ve dirigida hacia la Tierra. Esta es la tarea de la humanidad moderna, la de obrar en la Tierra (Fig. 9b) partiendo del impulso de la libertad interior y del amor.

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Por lo tanto, desde la dirección de Sagitario vemos fuerzas que fluyen hacia la Tierra y que tienen la tendencia de surgir en el mundo como impulsos de acción, como si fueran flechas que atraviesan el espacio. Como seres humanos, podría ser incluso nuestra tarea el sopesar y considerar que tales impulsos no se agoten en sí mismos por carecer de un objetivo. Esto puede lograrse de disponer del conocimiento. Nuestra tarea reguladora deberá ser posible de aplicar en la agricultura.

Por supuesto que con el fin de manejar tales fuerzas debemos primero conocerlas, saber cómo y cuándo ingresan a la Tierra. Por ejemplo, si sabemos que el año entrante o dentro de unos años Saturno se ubicará en la constelación de Sagitario, entonces se podrá calibrar el impacto sobre la Tierra. Estos se manifestarán por doquier en la naturaleza. De poseer estos conocimientos, seremos capaces de usar o moldear estas fuerzas como corresponde.

La constelación siguiente es la de Capricornio, Cabra o Pez Cabra. Primero me gustaría explicar el símbolo. Este es el que utilizamos para Capricornio (♑ Fig. 10a). En el continente se utiliza esta figura (Fig. 10b) que es similar. En ambos casos, algo que semeja a una Luna creciente (Fig. 10c), la cual puede extenderse hasta una circunferencia, es sostenida o portada. La parte inferior de símbolo nos recuerda a Cáncer, que en sí se ubica opuestamente a Capricornio.

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 ¿Qué habíamos encontrado en Cáncer?. Un movimiento de separación, hacia la emancipación total. Podríamos decir que Capricornio es completamente lo opuesto. Allí existe una tendencia a reestablecer nuevamente un contacto entre un elemento superior con otro inferior. Una parte de Cáncer, la espiral inferior, se desarrolló en un grado tal que puede elevar a esa esfera hasta las alturas. En un cierto sentido, la flecha de Sagitario que se vería disparada hacia el infinito de no verse retenida, se ve direccionada. Queda transformada y redirigida hacia un objetivo preciso. Porta al cosmos consigo por medio de aquellas facultades adquiridas en crisis previas, por ejemplo en las crisis de independencia que fueron indicadas en la constelación de Escorpio.

En la forma humana se manifiesta como capacidades de sostén. Dibujaré el símbolo aquí arriba (Fig. 10c y d). Fisiológicamente, la cabeza es transportada por el cuerpo. Pero metafóricamente, podemos imaginar a la cabeza llevando al cuerpo. La cabeza es un antiguo mundo, realmente un residuo de la encarnación previa. El cuerpo, separadamente de la cabeza, es el inicio de futuro. En primer lugar, el cuerpo es la simiente de una encarnación futura, pero en última instancia es el germen o la contribución para un universo futuro. La cabeza, que proviene de un viejo mundo y que ha atravesado por estadios de emancipación y materialización, debe ahora servir a un propósito final y portar al cuerpo, la simiente del futuro. Debe trabajar y transmitir su última facultad adquirida como pensar auto-consciente a lo que indica un nuevo cosmos.

Dentro del total de la organización humana, encontramos a Capricornio en las rodillas (Fig. 10c). Aquí también se dispone de la actividad de Sagitario. ¿Podemos imaginar al hombre sin rodillas, con piernas como palos?. Su vida sería completamente diferente. Sería extremadamente difícil adquirir flexibilidad y gracia en nuestros movimientos. Seríamos incapaces de encarnar completamente en la Tierra o de desarrollar un sentido de responsabilidad frente a ella dentro de nuestra labor cotidiana. Además de las rodillas, Capricornio está asociado con todas las articulaciones en el cuerpo humano.

¿Qué tipo de fuerzas son las que se introducen desde Capricornio?. Obviamente poseen un potencial que puede ser aplicado en la reunificación de lo que fue separado en Cáncer -el cielo y la Tierra.

Estas fuerzas pueden ser empleadas en el establecimiento y la aplicación de un nuevo conocimiento de las energías cósmicas que obran en la materia terrestre. Estoy convencido de que de saber cómo, podríamos suscitar milagros con ellas. Muy probablemente, mucho es lo que podría hacerse a partir de estas fuerzas cósmicas de lo que se logra extraer de la física atómica.

Continuemos con la constelación de Acuario. Nos confrontamos nuevamente con todo un mundo nuevo, descrito por un simple símbolo. Aquí, algo fluye y se mueve. Un cierto proceso a sido llevado un paso más allá. Esto comenzó en Sagitario, fue tomado y modificado por Capricornio y aquí en Acuario ha recibido un movimiento armonioso. En Capricornio fue descubierto un mundo nuevo, un cosmos nuevo contenido dentro de una simiente, que es el del cuerpo humano. En Acuario tenemos al subir y bajar del movimiento y el desarrollo hacia el futuro. Pero el punto más importante que representa este símbolo consiste en que la libertad nacida desde las profundidades se ajusta a sí misma –gracias a la decisión propia– al movimiento y la evolución en las alturas. Dicho de otro modo, Acuario irradia fuerzas que desean armonizar con las aplicaciones prácticas de la Cosmología o Astrosofía dentro de los asuntos terrestres. La germinación y el crecimiento de una simple planta son manifestaciones de la cooperación entre el cielo y la Tierra. De todos modos, es la tarea de nuestra individualidad libre el establecer esta cooperación conscientemente. De otra manera, la existencia terrena se desecará espiritualmente y se volverá estéril.

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En la cabeza humana, encontramos indicada una de las manifestaciones de Acuario en los labios (Fig. 11a). Los labios son los órganos que formulan finalmente lo que fluye hacia el mundo como habla. Ellos crean una armonía entre lo que vive interiormente en el ser humano y aquello que recibe a la palabra humana en el mundo exterior. En la totalidad de la forma humana lo hallamos en las pantorrillas (Fig. 11b). Esta es una región que todavía está sin desarrollar completamente en el organismo humano, pero que jugará un importante rol en el futuro. Aquí, el calor interior se encuentra con el exterior. Sabemos que las corrientes sanguíneas alcanzan la periferia del organismo humano en las pantorrillas. Por ejemplo, allí se puede corroborar y regularlas en caso de fiebre. Por lo tanto, aquí también tenemos a un órgano de comunicación entre el mundo exterior de las fuerzas formativas y el mundo interior. Sin embargo, en cierto sentido esta región del organismo humano aún está en su infancia. Atravesará por muchas transformaciones antes de convertirse en un órgano de creación cósmica activa.

Finalmente llegamos a la constelación de Piscis. Aquí se debería esperar un logro definitivo, puesto que es la última constelación del zodíaco. Comenzamos por una estrecha conexión con el cosmos. Esto se mostró aparente en Aries, Tauro, etc. Luego llegamos hasta una tendencia emancipativa del cosmos. Ingresamos en nuestra propia ‘casa’ y nos establecemos a nosotros mismos. Luego de haber ingresado, nos encontramos en una esfera crítica por habernos escindido del sostén cósmico en nombre de la libertad y laindependencia. A continuación llega el impulso del obrar individual y la obra en sí misma. Pero tuvimos que hacer una preparación considerable para que la obra pudiera ser controladay finalmente reestablecemos una conexión con el gran cosmos. Esto fue hecho empero desde nuestra propia libertad y amor por los propósitos cósmicos divinos.

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Llega ahora el paso final, en donde nos encontramos cara a cara con el cosmos del cual nos separamos una vez, y al que rencontramos tras ardua labor. Sólo que ahora hay una diferencia fundamental, una diferencia que se revela gracias al símbolo de Piscis. Este es el símbolo (Fig. 12a). Colocaré el símbolo de Géminis a su lado (Fig. 12b). ¿Cómo vivenciamos a Géminis?. Allí teníamos un cuadro del orden jerárquico. El gran cosmos estaba indicado por la esfera superior, obrando todavía fuertemente sobre el ámbito inferior. Pero inclusive allí había signos de separación, a lo cual se llega en el signo de Cáncer. No obstante, en Piscis las dos esferas se ven sobre una base de igualdad. Están conectadas en la horizontalidad. Al alcanzarse este estadio, la persona ya no es la misma criatura en el orden jerárquico sino que se ha convertido en creadora. Por supuesto que este estadio se refiere a un futuro distante del género humano.

Lo que todavía estaba en un estado de dependencia en Géminis, se pondrá lado a lado con las jerarquías. Esto se nos recuerda por medio de las palabras del Cristo en los últimos capítulos del Evangelio de San Juan, donde dice: ‘a partir de ahora no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hará su amo, sino que os llamaré amigos, ya que todas las cosas que he oído del Padre os las he hecho saber’ (XV,15).

Tal es lo que está contenido en Piscis, pero es un camino largo y doloroso hasta allí. Los Peces han obrado sobre el cosmos desde el principio, y establecieron en las manifestaciones y reflejos del organismo humano el ‘lado a lado’ como visión evolutiva. Por ejemplo, en la cabeza humana (Fig. 12c) tenemos a los dos ‘peces’ de los ojos, de las orejas, etc. Si bien izquierda-derecha corresponden a una naturaleza diferente (la derecha es más activa la izquierda más pasiva-receptiva) no obstante colaboran. Pies y manos también difieren con respecto a izquierda-derecha, pero se encuentran ‘lado a lado’ y los utilizamos  de modo fraternalmente cooperativo. Todas estas partes del cuerpo, manos, pies, etc., son evidencia de la labor de Piscis. Con el fin de manejar estas fuerzas conscientemente cualquiera sea el ámbito, habremos de desarrollar una actitud fraternal frente a los demás, frente a los reinos naturales, las substancias de la Tierra, el cosmos, etc.

Admito que ésta ha sido una descripción muy esquemática del zodíaco y sus símbolos. No ha sido más que una indicación sobre la dirección en la cual habremos de movernos según el propósito de investigar la naturaleza de las constelaciones, y para hallar modos y medios que sirvan al manejo de sus impactos, en tanto son una manifestación de la naturaleza que nos rodea e inclusive dentro de nuestro propio organismo humano. Pero nunca debemos olvidar que nuestra vida anímica debe permanecer independiente  de las fuerzas del cosmos. Aquí debemos distinguir estrictamente que en lo que respecta a nuestro organismo corporal, participamos de las fuerzas que fluyen desde el zodíaco, modificadas por los planetas hasta que ‘romperse’ en los objetos y las cosas que hallamos en la Tierra. Esta reserva contiene el preciado fruto de toda una era de trabajo en favor de la libertad espiritual. No debemos perderla, de lo contrario perderemos también la integridad de nuestra individualidad.

Esto ha sido un intento de trabajar sobre los símbolos, sin aceptarlos de la manera tradicional sino intentando comprender su significado interior. Han llegado a nosotros por tradición y no nos podemos basar enteramente en ella. Quizás deberíamos inventar nuevos símbolos, al menos en parte. Espero que esto suceda en algún futuro. De hecho me he sentido en la obligación de  traducir los símbolos a un lenguaje más acorde a las concepciones modernas. Como sea, disponemos de una base sobre la cual sostenernos y trabajar de frente al futuro, en el cual esperamos ser capaces de comprender y emplear las fuerzas que fluyen desde las esferas planetarias hacia la Tierra.

En una época en donde se reconoce con creces solamente la realidad de lo terrestre, las fuerzas y substancias materiales, la integración activa del conocimiento espiritual sobre el cosmos y nuestra labor en la Tierra será de una importancia considerable. De otro modo, podemos caer en un abismo de catástrofes inimaginables. Desconociendo el manejo del trasfondo cósmico no podemos trabajar eficientemente  en este planeta, ya que nos veríamos inclinados a dejar de lado una mitad de la existencia y caeríamos presos  en concepciones turbias y vagas sobre la otra mitad.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz

 

La Renovación de los Antiguos Misterios Persas

Willi Sucher – 17 de julio de 1966

English version

Rudolf Steiner habló acerca de de la importancia de la cronología persa, y debemos hacer un gran esfuerzo para conseguir ver por detrás de sus palabras. La antigua relación persa era que 12 meses era igual a un mes de 28/29, 30, 31 días. Ésta era la base de la astrología persa en la era de Géminis.

¿Qué se obtiene de esto?, Cronos (Saturno) se ve referido al tiempo, siendo un tipo de medida. Sabemos que cada día consiste en 24 horas, o una rotación de la Tierra alrededor de su eje. Un mes es la rotación del calendario lunar. Estas lunaciones (órbita sinódica) progresan de Luna Nueva a Luna Nueva, lo que toma 29,5 días. Un año es cronometrado por la trayectoria aparente del Sol alrededor de la Tierra, volviendo a la misma posición en 365 días.

Estos son todos los estándares cósmicos, y son la base de todas nuestras mediciones de tiempo (dibujo). Una órbita es el camino de la rotación de la Tierra alrededor de su eje. El Sol, la Luna y los planetas transitan a través de sus propias órbitas.

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También sabemos que en la prospección de la Tierra se utiliza un punto fijo para evaluar el tamaño de un espacio de tierra particular. Se  proyecta un estándar minimizado del espacio en un espacio más grande, o un tiempo minimizado en un tiempo más grande, con respecto a la medida del espacio y del tiempo. Esto se llama progresión; Por ejemplo, un día es esencialmente lo mismo que un año, aunque toma menos tiempo. Representa simbólicamente una rotación más grande. Esto puede usarse como un medio para descubrir el tiempo. Un día -o grado-  solar  después del nacimiento puede representar un año de vida. Si el Sol se mueve diez grados después del nacimiento, esto se refleja en el décimo año de la vida. Hay todo tipo de progresiones que demuestran que la parte refleja el todo, y el todo refleja la parte. Hoy tomaremos tales proyecciones, por ejemplo, el estándar de la lunación.

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Cuando un lado de la Luna está iluminado por el Sol, tenemos una Luna Nueva en la Tierra, y esta Luna regresa al mismo lugar después de 27,3 días, pero el Sol se habrá movido a otra posición que la Luna debe seguir. Así que añadimos dos días, y este es el mes sinódico. Durante un año, hay doce lunaciones, con una brecha de unos días excedentes, o 12,37 días. Experimenten donde vuelve el mes sinódico, recordando que tenemos que esperar que 29,5 días sean similares a los 365 días.

Los persas usaron esto en los Misterios con una plena conciencia de sus implicaciones, por lo que debemos tratar de penetrar  en la obra de los persas. Digamos que estamos viviendo en el año 2907 AC, al comienzo de la Era de Tauro y en el tiempo de Zaratustra, y que decidimos tener una “vista previa” del año 747 AC, que representa el comienzo de la Era de Aries.

Restando 747 de 2907, llegamos a 2160, que es la longitud de tiempo de cada Era de la civilización. Las fuerzas cósmicas fluían hacia abajo desde Aries, lo que nos lleva a la civilización del tiempo de Cristo. Pero primero investigaremos esa época egipcio-caldea del año 2907, la cual estaba impregnada por las fuerzas de Tauro.

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En el 2907 AC, al final de la Era de Géminis y de la Época Persa, el gran iniciado Zaratustra había pronosticado la futura salvación. Esto lo hizo en un momento en que la humanidad se deslizaba por el abismo más profundo. Sabía entonces que debía venir el momento de la Resurrección, y que el punto más profundo en el que podría tener lugar sería en el Misterio del Gólgota. Tales Iniciados debían guiar a su pueblo, y por lo tanto fueron llamados Reyes. Por ejemplo, el rey Arturo, en la tradición celta, es realmente un grado de iniciación. Aconsejaron a su gente en la economía, en la agricultura y espiritualmente. Todos los reyes eran iniciados, al igual que los faraones; Por lo tanto, se veían obligados a mirar hacia el futuro para sus visiones y cálculos. Los Reyes Magos tenían un don especial para leer las profecías de la estrellas. Las estrellas pueden dar un recuerdo de la realidad espiritual, que se puede experimentar en el propio ser.

Tomemos el año 2687 AC, que es 220 años después del comienzo de la Era de Tauro. En ese tiempo, Júpiter y Saturno estaban en una Gran Conjunción en Piscis, y los persas sabían calcular tales cosas de antemano. Ahora debemos transmutar estos 220 años en lunaciones. Para ello, tenemos que multiplicar 220 años por el número de lunaciones en un año —12,37—para llegar al número de lunaciones de 29,5 días cada uno, lo que ocurre en un año de 365 días. Estamos mirando a partir del 2907 hacia el 2687-Equivalentes a un año solar (un año lunar equivalente a un año solar). Esto nos deja un balance de 33 años, a través de la transformación de estas lunaciones en años solares.

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¿Qué vieron entonces estos sabios? Ellos vieron esta Gran Conjunción de Saturno y Júpiter en Piscis, que se refiere a la Gran Conjunción del año 6 AC. que siguieron los Tres Reyes, y que fue el tiempo de su Encarnación Espiritual. Este era su faro guía en los cielos, llevándolos al lugar donde había tenido lugar el Nacimiento. De hecho, esperaban con ansia el momento en que el gran cumplimiento se llevase  a cabo, algo que Zaratustra había predicho a través de sus cálculos como la Gran Redención. Piscis, como sabemos, es un símbolo de cumplimiento. La obra retrata este hecho espiritual, por su símbolo: ♓ o (“lado a lado” o “dos mundos”), sugiriendo que después de una larga lucha, dos mundos entrarían en un estado de comunión que exige sufrimiento y curación para su cumplimiento. De esta manera, los Iniciados, en virtud de la cronología, fueron capaces de calcular el tiempo del acontecimiento en el año 33 DC. La gente moderna podría llamarlo coincidencia. Los antiguos, sin embargo, no eran tan primitivos como para ser incapaces de corroborar esto por otro método de progresión—por la transmutación del tiempo.

Sabemos que Saturno tarda 29,458 años en recorrer su órbita y volver a la misma estrella fija. Esta es una revolución sideral. De acuerdo con la citada ley de Progresión, esto equivale a un año del Sol que atraviesa su órbita, de modo que un año Solar equivale a un año de Saturno. Por lo tanto, si tomamos un año de Sol como equivalente a un año de Saturno de 29,458 años, encontraremos que los persas usaron este cálculo y llegaron al año 2806 AC. Esto fue aproximadamente 100 años después del comienzo de la Era de Tauro, y 120 años (dos Grandes Conjunciones) antes de 2687 AC, cuando se produjo  otra Gran Conjunción entre Saturno y Júpiter en Piscis:

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Los cronistas persas vieron a través de las perspectivas del tiempo. Tales comparaciones calculadas, aunque sin la rigidez de una computadora, nos dan una base segura y correcta sobre la cual establecer una astrología espiritualizada, y también otorgan la espina dorsal a nuestra visión en el mundo espiritual.

Si retrocedemos  ahora al año 747 AC, hasta el comienzo de la Era de Aries, un cosmólogo entrenado en los misterios podría llegar  nuevamente  a un resultado similar de ese predecesor de la Gran Conjunción en Piscis de 6 AC. Trabajando con esta ecuación del tiempo, uno se encontraría de nuevo en el tiempo de Cristo, y volvería a encontrar la profecía. Para probar esto, sólo tenemos que escoger algunos ejemplos como un punto de vista general. Se podría incluso verificar tales cálculos con respecto a las posiciones geográficas.

¿Qué vamos a hacer con este aspecto pre-cristiano? Para hacer frente a la edad moderna, se exige una recreación de la astrología a través de un rejuvenecimiento de la cronología persa por el Impulso de Cristo.

Pero hoy me gustaría hablar de la proyección del tiempo desde el propio Gólgota. En el año 1910, Rudolf Steiner habló en Estocolmo sobre la Segunda Venida. La ciudad entonces sostuvo una rama de la Sociedad Teosófica, cuyo líder imploró a Steiner que no diera clases debido a unas configuraciones planetarias adversas. Se producía lo que se llama una “cruz” en los cielos formada por cuatro planetas en cuadratura y las cuadraturas son mortales para el astrólogo. Sin embargo, el Dr. Steiner insistió en hablar de la Segunda Venida tal como se muestra en Hechos I. Este es un ejemplo de lo que debemos hacer cuando nos enfrentamos a las estrellas, no sucumbir al miedo, sino desarrollar acciones espirituales positivas.

Tomemos ahora la ecuación de un año Solar a un año de Saturno. Rudolf Steiner señaló que a partir de los años 1933-5-7 hasta un futuro lejano —durante los próximos 3000 años— se nos daría la oportunidad de experimentar la Presencia de Cristo en el Cuerpo Etérico. Tomaremos un año lunar, que equivale a 12,37 lunaciones, iguales a un año Solar. Por lo tanto, un año solar representa 12,37 años en la Historia. En una lunación (un mes), Saturno mueve un grado de su órbita, llegando a 12° al año.

A partir de 1933 DC (la Segunda Venida), restamos 33 (el ritmo de Cristo Jesús), dándonos 1900 años, o 1900 grados de Saturno. Esto es cinco ciclos de Saturno, más 100 grados (5 x 360 grados = 1800 + 100 grados) = 1900.

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¿Qué podemos ver con esto? En el año 188 DC Saturno había pasado por 1900 grados de su órbita desde el 33 DC. En ese año 33 DC, Júpiter estaba en su nodo ascendente en géminis, recordándonos el Gólgota; mientras que Saturno, entrando en el nodo de Júpiter en el año 30 DC, nos recuerda el bautismo.

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Saturno está conectado con el Padre y Júpiter con el Hijo. Urano entró en el nodo ascendente de Júpiter en el año 188 dC, lo que indica que tuvo lugar una especie de acontecimiento equivalente del bautismo en un nivel superior. De esta manera, podemos progresar con Saturno a través de la historia

Cuando se crearon las pinturas de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, Saturno estaba en este nodo ascendente de Júpiter. Aquí se hace eco otra vez de la voz del Padre, como diciendo: “Será”, así como San Juan Bautista oyó las palabras: “Este es mi Hijo Amado, en quien yo me doy como Yo” -como el Yo Cósmico. En el tiempo del Gólgota, Júpiter entró en su propio nodo, pues Júpiter está conectado con las fuerzas del Hijo, que preparan el futuro. Dentro de la esfera de Júpiter, se realizan hechos que se preparan para el futuro de este cosmos solar. El Hijo se ha hecho cargo de la jurisdicción, y ésta es la semilla de toda evolución futura. Seguramente es una cuestión de llevar el pasado hacia el futuro.

En el año 188 DC, Urano se ubicó sobre este nodo planetario de Júpiter. Urano representa una octava superior, porque proviene de un sistema extra- solar, y está conectado con Manas, un principio superior de nuestro ser. Esto demuestra que algo tal como la Segunda Venida, puede llegar a trascender la existencia meramente física. Con respecto al 188 DC, hemos estado tratando con ritmos puramente temporales que apuntan a un tiempo de crisis invisible, de la cual no hay evidencia documental.

Esta es una indicación de una cronología de los Misterios Persas que pueden ser revividos. Sin embargo, nuestras investigaciones deben estar impregnadas de la esencia del Cristianismo y de ese impulso de Cristo que conduce a perspectivas tan grandiosas del futuro -como el Apocalipsis.

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Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

 

 

El horóscopo del deceso y la vida tras la muerte

Artículo de Willi Sucher, Julio de 1938

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En nuestros estudios precedentes hemos considerado al horóscopo del deceso como una especie de epítome de la vida terrena, el cual llega a su final al momento del fallecimiento. Es una imagen de lo que se ha obtenido como fruto de la vida y que ahora acompaña al individuo hasta el gran universo con el fin de seguir elaborándolo. Es como si la humanidad se viese a cargo de pintar una enorme cúpula. Queda así revelada la relación activa de los seres humanos con los seres estelares, por medio de los horóscopos del deceso de personajes e individuos históricos a través de extensos períodos de tiempo.

También será necesario que veamos este hecho a la luz de lo que experimenta el alma tras la muerte. Como ya fuera indicado, el horóscopo del fallecimiento apunta en dos direcciones, no sólo hacia la vida terrena que ha quedado atrás sino que también hacia el futuro, es decir, principalmente hacia la existencia post-mortem del alma en los mundos espirituales.

En relación al horóscopo natal, fue explicado cómo el alma humana desciende hasta su vida terrena a través de diferentes estadios, reconocidos por la Ciencia Espiritual. Generalizando, la individualidad humana atraviesa por tres estadios de desarrollo cuando prepara el camino hacia una nueva encarnación. Los hemos descrito como el pasaje por las esferas de Saturno, del Sol y de la Luna. Hemos mostrado como los pasajes por las esferas solar y lunar se ven reflejadas en el horóscopo o la constelación del pensamiento cósmico (la constelación por la cual a cada quién le corresponde una filosofía  o cosmovisión en particular) y en la constelación prenatal que se inicia hacia el momento de la concepción y que concluye con el nacimiento. De la misma manera, debería ser posible realizar un seguimiento del alma de un ser humano por su camino a través de los mundos espirituales tras el deceso.

Los hechos cósmicos conectados con la Luna han sido los que se convirtieron en nuestra línea guía, en pos de hallar las relaciones prenatales de alguien con el cosmos. Es de este modo como el horóscopo prenatal se vio determinado por la relación de la Luna con el Ascendente natal. La constelación del pensamiento cósmico, por la posición de la Luna natal en relación al nodo lunar. Efectivamente, a partir del momento en que ocurre el nacimiento, ciertas direcciones en el cosmos pueden ponerse en funcionamiento. En estas direcciones hemos visto una imagen del camino de ingreso del alma en la Tierra y de su paso a través de las esferas prenatales. La posición de la Luna natal es especialmente importante; la hemos descrito como indicadora de la dirección por la cual el alma ingresa a la esfera lunar desde la solar.

De este modo, deberíamos ser capaces de hallar una ‘dirección’ en el horóscopo del deceso, una realidad astronómica, una imagen del camino por el cual este alma humana se adentra en el cosmos. Ya hemos mencionado a la dirección hacia el Este luego de producirse la muerte, el modo en que el alma se dirige hacia el Este eterno. Como fuere, esta dirección sólo nos conduce desde la Tierra hacia la esfera lunar. Para alcanzar las esferas del Sol y de Saturno, el alma ha de recibir ahora otra ‘dirección cósmica’, tal como sucedió mientras tomaba el camino descendente antes de nacer. Pero aquí tenemos una diferencia importante: si bien ha sido la Luna quien impartió la dirección del ingreso del alma a través del nacimiento, al producirse el fallecimiento será el Sol quien determine la dirección de la partida hacia las esferas superiores. Esto arrojará luz por sobre muchas otras cosas.

Dondequiera que se halle el Sol al momento de fallecer un ser humano, ésa es la dirección cósmica, la dirección que indica el lugar de partida hacia las altas esferas del Sol y de Saturno. Si somos capaces de leer la escritura cósmica resultante, ganaremos algún tipo de idea acerca de la actitud con la cual inicia su partida el alma que desencarna.

Rafael por ejemplo, a quien ya mencionamos, falleció el 6 de Abril de 1520. En ese momento el Sol ingresaba en Aries. En consecuencia, ésta fue la dirección por la cual Rafael ingresó en los mundos espirituales. Aquí tenemos a una imagen que tiende a expresar cuál de todas las esferas espirituales cósmicas buscará su hogar luego de fallecer. Ahora bien, mismo el símbolo que representa a Aries (♈) indica un abrirse, un soplo ascendente de alabanza y alegría, una expansión. Ciertamente, Aries siempre está relacionado con el recibir algo, nuestra apertura frente a las fuerzas espirituales. Mismo desde este solo hecho, el Sol en Aries al morir Rafael, podemos desarrollar un sentir acerca de lo que sería el entorno espiritual de esta individualidad durante la vida post-mortem, más aún si tenemos en cuenta el modo en que vivió su vida terrena, ofreciendo todo su arte a las ideas creativas y los impulsos  de los mundos espirituales.

Lo mismo podemos encontrar también en el caso de otros seres humanos, sobre quienes podemos intentar sentir  cómo se desarrollan en la esfera de las ideas creativas luego de fallecer, plenos de vida real y situándose en el Espíritu.

Por ejemplo, el Sol se ubicaba en Aries cuando fallece Byron, el 19 de Abril de 1824. También fue el caso de Schiller, el 9 de Mayo de 1805. El Sol ingresaba a Tauro desde Aries, con lo cual la imagen cósmica se transforma un tanto. El mundo de Schiller es un mundo ideal, más fuerte y firme, más marcadamente delineado comparado con el de Byron, que poseía un toque más liviano y bellamente móvil.

Por lo tanto, mucho más puede descubrirse acerca de la vida post-mortem. De ahondar un poco más, podemos tomar consciencia acerca de cómo se revela aquí la actitud y el tono anímico fundamental o –digamos– el carácter básico del cuerpo astral de una individualidad tal, manifestada en el juicio cósmico. Ciertamente, esto no difiere de lo que contemplamos como pensamiento cósmico, sólo que en dirección opuesta. Vemos el juzgar del cosmos sobre la vida y la esencia que, ahora, el ser humano lleva consigo hacia el cosmos como los primeros  frutos  de su alma.

Si –por ejemplo– al momento en que muere Tolstoi, el 20 de Noviembre de 1910 (calendario gregoriano) el Sol ingresa en la constelación de Escorpio, debemos reconocer aquí a la imagen de la configuración interior del alma de Tolstoi, vista desde el juzgar del cosmos, la esfera cósmica en particular que delinea  a este alma en sí misma. Si luego contemplamos el aspecto a menudo dual y escindido del ser de Tolstoi, ya volcándose vigorosamente hacia el mundo de los sentidos, ya retrayéndose hacia la soledad del alma pero siempre inagotable y dinámico en su empeño, reconoceremos la afinidad interior de esta alma humana con Escorpio dentro de la existencia post-mortem.

Este aspecto, la ubicación del Sol en el Zodíaco cuando ocurre el deceso, es tan sólo uno entre los muchos que han de ser considerados como importantes. Ya hemos hablado acerca de cómo las experiencias propias conforman un gran cuadro de la vida terrena concluida, durante los primeros días tras haber fallecido, pudiendo contemplar los puntos esenciales de ese destino terrestre a modo de poderosa imagen. Este es el primer estadio del trayecto post-mortem; sólo dura unos pocos días, concretamente, hasta que el cuerpo etérico es disuelto en el cosmos.

El alma humana ha dejado entonces atrás a los cuerpos físico y etérico. El único velo que la individualidad espiritual interior conserva aún consigo es el astral –el cuerpo del alma. Ahora bien, en este cuerpo astral aún se hallan vivos todos los deseos, pasiones e inclinaciones de todo tipo y grado, los cuales han sido gestados por el alma durante su estadía en la vida terrena. Antes de poder elevarse hacia esferas más altas del mundo espiritual, esta aura anímica debe ser limpiada y purificada. Se debe atravesar un lapso de tiempo de purificación y purgamiento, algo que nos es relatado por todas las religiones basadas en una contemplación espiritual. Fue Dante quien otorgó forma poética a esto en su Divina Comedia.

Durante este lapso de tiempo, el así llamado fuego de la purificación, el alma humana atraviesa una vez más por todas la experiencias de la vida terrestre pasada, pero en forma inversa. Vivenciamos todo el bien que causamos en otros desde su verdadero aspecto moral. Percibimos el efecto real de nuestros actos en las almas de los demás seres. De la misma manera experimentamos los efectos de nuestro mal obrar, en las almas de quienes hemos perjudicado. Inclusive, la inversión llega más lejos, puesto que siendo en orden inverso la forma por la cual el alma experimenta todos los sucesos de su vida pasada bajo la luz de su aspecto moral, la visión se extiende desde los últimos acontecimientos previos a la muerte hasta el momento en que se produce el nacimiento. Además, como lo demuestra la Ciencia Espiritual, este lapso de purificación dura alrededor de un tercio de lo que duró la vida terrestre pasada. Por lo tanto, si un ser humano vivió hasta la edad de 60 años, el trayecto a través de esta esfera cósmica abarcará unos 20 años. Entonces, el alma se verá lo suficientemente purificada como para continuar su trayecto hacia regiones más elevadas del mundo espiritual.

Este lapso de tiempo en el que el alma se halla en la esfera de purificación,  se verá indicado de manera bastante real en el horóscopo del deceso. Como ejemplo tomaremos el horóscopo de la muerte de Beethoven, quien fallece en Viena el 26 de Marzo de 1827, pasadas las cinco de la tarde. El círculo interior de la figura 1 muestra las constelaciones para ese momento. Particularmente sorprendente es la posición de Saturno sobre el Meridiano. Como si la pesada mano de Saturno sobrecargase la escena. En efecto, la vida de Beethoven no fue muy feliz; se sintió profundamente solo y portaba una pesada carga del destino sobre sus hombros. Sus sufrimientos, sobre todo su soledad, provenía de su problema auditivo, el cual le condujo a una sordera total. Fue precisamente esta pérdida de audición la que estaba bajo la influencia de Saturno. Los primeros signos de enfermedad auditiva, que pese a todo esfuerzo no pudo detenérsele, aparecen en el año 1798. En aquel año, Saturno se ubicaba aproximadamente sobre el mismo sitio que en el de la constelación del deceso. Por lo tanto, debemos confrontarnos con un tránsito previo de Saturno a como fuera explicado en los artículos anteriores, y todo esto se aprecia en medida impresionante por la posición de Saturno sobre el Meridiano al morir.

betov

La sordera fue ciertamente un durísimo golpe del destino para Beethoven, puesto que le disminuyó considerablemente en el ejercicio de su profesión como músico, pero él luchó con gran fortaleza con el fin de atravesar tales dificultades. Bajo la tenacidad de la fuerza de su destino, logró elevarse a mayores alturas como compositor, uno cuyas obras se vieron consecuentemente destinadas a ejercer la más profunda influencia sobre la humanidad –mismo hasta el día de hoy. Esto aplica sobre todo para la Novena Sinfonía, la cual él describió como la obra más madura de su espíritu. La Novena Sinfonía fue compuesta durante la época en que Saturno se hallaba en Aries, es decir, en el mismo lugar en donde se ubicó Marte al fallecer. Consecuentemente, esto está relacionado con Marte en Aries.

Todo esto ha sido dicho para vitalizar el horóscopo y volverle más real. De todos modos, lo que nos concierne en este contexto es la posición del Sol, que al momento en que fallece Beethoven se ubicaba a 6° del signo de Aries o constelación de Piscis. Como se explicó más arriba, ésta sería la dirección cósmica por donde partió el alma de Beethoven, pero esto no es todo aún. Debemos tomar también en consideración la relación con la dirección cósmica  del nodo lunar, que al morir Beethoven se hallaba a 16° del signo de Escorpio. Esto corresponde al nodo ascendente; el nodo descendente –opuesto- se ubicaba en el signo de Tauro. Sabemos que los nodos lunares se mueven inversamente a través del Zodíaco. Dos años después de la muerte de Beethoven, el nodo descendente –en su movimiento inverso- arribó a los 6° del signo de Aries, es decir al sitio en los cielos en donde se ubicó el Sol del deceso. Pero debemos seguir al nodo durante toda su revolución completa (18 años y 7 meses). Esto nos lleva a Diciembre de 1847. Ese día, el nodo descendente se ubicó nuevamente sobre el sitio donde estuvo el Sol al ocurrir la muerte.

Hemos hallado ahora lo que buscábamos. En primer lugar, han pasado 20 años desde la muerte de Beethoven en 1827. Llegó a vivir hasta los 57 años, ya que había nacido en 1770. Recordemos que tras ocurrido el deceso, el alma atraviesa la esfera de la purificación, un recorrido que dura un tercio de la duración total de la vida terrena, con lo cual contamos con que esto haya tomado unos 19-20 años de la vida post-mortem de Beethoven. Por tanto, en los sucesos cósmicos reales hallamos ciertamente algo que responde al carácter interior de la experiencia de este alma humana, ya que 20 años luego de su fallecimiento, aproximadamente hacia finales del tiempo de la purificación, el nodo lunar retorna al sitio en donde se ubicó el Sol del deceso.

Surge la pregunta: ¿qué es lo que justifica que relacionemos  a la experiencia anímica post-mortem  –el pasar a través de la ‘esfera de purificación’– con estos sucesos cósmicos particulares?. Para brindar respuesta a tal pregunta, apelaremos nuevamente al significado de los nodos lunares que fue descrito en un artículo anterior (Fig.2).

fig2

Los nodos son los puntos de intersección entre las órbitas solar y lunar. Estos son los puntos en donde entran en contacto las esferas lunar y solar –donde se estrechan las manos, digamos. Puesto que consideramos al trayecto u órbita del Sol y de la Luna como las demarcaciones externas de las esferas respectivas –los ecuadores varios, por decirlo así, de estas esferas celestes. La esfera lunar rota por dentro de la solar, con los cual los puntos de intersección van rotando, creándose un ritmo de 18 años y 7 meses hasta dar la vuelta completa. De este modo se deduce cómo se produce el retorno del nodo lunar a este punto esencial una y otra vez, el cual indica la dirección cósmica del punto de partida que tomó el alma al dejar la Tierra. Como hemos dicho, esto ocurrió para Beethoven en el año 1847, ya que entonces había retornado el nodo a los 6° de Aries, donde se ubicó el Sol del deceso.

Ahora nos será también posible expresar este hecho cósmico de manera más concreta. Ya que el alma pasa el tiempo de la purificación dentro de la esfera lunar. Es allí donde la naturaleza inferior ha de ser purificada y dejada de lado. Hasta que este estadio post-mortem no haya concluido (una vez más, como fuera establecido por la Ciencia Espiritual, conlleva un tercio de la vida terrena pasada), el alma no puede ingresar a la esfera superior, aquella del Sol. Este es el momento en que, por medio del nodo lunar, las esferas solar y lunar están en contacto precisamente en la dirección individual de la partida del alma.

Podría demostrarse la misma conexión dentro de muchos otros ejemplos. A menos que se hubiese producido alguna idiosincrasia orgánica, deberíamos ser siempre capaces de rastrear este tercio aproximado de la duración de la vida terrena en conexión al horóscopo del deceso, indicando la conexión espiritual que ha sido descrita.

La constelación de los planetas sobre el momento que hemos señalado, resulta pues significativa: el momento en que se deja la esfera lunar para ingresar en la solar. En el caso de Beethoven, Marte se ubica nuevamente sobre el mismo sitio en el año 1847 que al momento del fallecimiento, en la constelación de Aries. Podría decirse que Marte ha sido portado a un nivel superior, aportando significado al pasaje del alma desde la esfera lunar a la solar. Podemos sacar en conclusión de que éste es un punto de particular relevancia que el cosmos desea enfatizar especialmente. Como dicho anteriormente, este Marte en Aries corresponde  a la época en la vida de Beethoven durante el cual fue creada su gran obra maestra, la Novena Sinfonía. Ahora que el alma ha sido admitida en las esferas superiores, se ve iluminada una vez más por el juicio cósmico, es el horizonte espiritual, el trasfondo cósmico y creativo de su gran obra de arte loque se enciende aquí en la esfera de Aries – el Idealismo (como fuera explicado en un artículo previo). Como si en el Pensar del cosmos emergiese ahora el arquetipo espiritual. Incentivado desde la voluntad interior, es el mundo de las ideas y de los ideales lo que se ocultaba detrás de esta realidad, la mayor de las obras del genial compositor. La Novena Sinfonía recibe su significado cósmico sólo tras la muerte, madurando dentro del alma de Beethoven hasta alcanzar una estatura gigantesca. Durante su vida terrena, Beethoven vivenció un ideal -más bien todo un mundo de ideales humanos- y lo manifestó por medio de la enérgica realidad de su música. Ahora, a modo del más puro y esencial elemento de su ser, le es permitido brindarlo a los Dioses en los cielos. Puesto que al ingresar en la esfera del Sol, él retorna al seno de los Dioses; y con los frutos de su labor terrenal puede incluso enriquecer a la esfera cósmica y arquetípica de donde provino, la esfera del Idealismo en el pensar cósmico y divino.

Aquí tenemos al menos una pista, una indicación sobre las experiencias del alma humana durante la vida post-mortem.

Expresar estas cosas con palabras no es fácil en absoluto; ellas requieren más bien que se las vivencie en el silencio interior.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz