La Pascua

Publicaciones para una nueva cultura – Artículo por John Seeker (pseudónimo utilizado por Willi Sucher)

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El declive general en la vida cultural de la civilización humana ha visto madurar una inhabilidad casi completa por la comprensión y el festejo de las grandes festividades del año cristiano. Por lo tanto, pareciera ser necesario abrir nuevos portales hacia la comprensión sobre los hechos conectados a tales festividades.

Durante la Pascua, la humanidad cristiana conmemora la Muerte y la Resurrección del Cristo Jesús. Según la tradición, se celebra el domingo que sigue a la primera Luna llena de primavera.

Por medio de la cognición común y corriente, la humanidad moderna ya no es capaz de comprender estos dos hechos. En ningún lugar del mundo –el que percibimos gracias a los sentidos– podemos encontrar algo que sugiera la posibilidad de que el hombre resucite de la muerte, tal como se describe en los Evangelios. Paulatinamente, esto se fue tornando en una cuestión de fe. Hoy en día, la humanidad moderna demanda un conocimiento aceptable al intelecto y no meras creencias de las confesiones cristianas. Y así, en tanto el conocimiento no pueda penetrar hasta los hechos reales que están detrás del suceso histórico de Pascua, este festejo se verá menos comprendido y se lo tomara menos en serio.

Además, el hecho de que esta época pascual se estime partiendo de condiciones cósmicas tampoco logra ser comprendido por el pensamiento moderno. La gente se ha emancipado tanto de la naturaleza gracias a la tecnología, que no pareciera necesario tener que regular ningún festejo acorde a las condiciones pertinentes a los cielos estelares. Por ende, la tendencia actual pretende acabar con la tradicional movilidad del festejo pascual. El efecto moral que resulta de esta celebración a ser acordada según las condiciones cósmicas, sólo causa disturbios en el calcular del mundo de los negocios. De aquí que se haya propuesto fijarla a una cierta fecha, por ejemplo, tal como la celebración navideña está fijada al 25 de Diciembre.

Detrás de todo esto está el hecho de que la Pascua se ha convertido en objeto de mera tradición. Difícilmente se ve ligada a una experiencia interior, y tranquilamente se podría establecer como tiempo vacacional a disposición del recreo usual de la estación. Se ha tornado un desafío para el mundo moderno, junto con los demás festejos cristianos, y ante todo debemos decidir si queremos tener simplemente unas vacaciones públicas en lugar de Pascua, o si deseamos hacer de ésta una festividad de verdadera devoción y fortaleza interior religiosas.

Pero ¿cómo podemos hallar nuevamente en la festividad pascual una fuente de experiencia y de fortaleza interior?.

Podemos intentarlo por medio del punto de vista de las estaciones anuales. Esto ocurre durante la Primavera, después del equinoccio. Es la época del año en que quedan atrás las largas, oscuras y frías noches invernales, gracias al Sol que asciende. Los días se extienden, y el calor y la luz llenan  nuevamente la vida de la Tierra. La naturaleza despierta de su profundo sueño e incontables florecillas y hojas surgen del letargo desde las semillas y los brotes. El estéril paisaje invernal pronto se ve transformado en una bella carpeta de brillantes colores.

¿No es la Primavera una imagen verdadera del poder de resurrección inherente a la naturaleza?. Cada año, el calor y la luz resurgen de los signos de la muerte. El hielo y la nieve invernal se derriten; el suelo congelado se suaviza cubriéndose de abundantes manifestaciones de vida. Incluso el proceso de germinación nos provee de una verdadera imagen acerca de la muerte sucedida el Viernes Santo. Ya que millones y millones de semillas enterradas en la matriz terrestre han de morir para que sea posible el resurgir de la vida.

Por decirlo de algún modo, la naturaleza nos brinda ‘muletas’ sobre las cuales sostener una comprensión acerca del Viernes Santo y la Pascua. No fue una persona quien decidió sobre esta época del año la celebración de la Pascua, sino que los sucesos descritos en los Evangelios tuvieron lugar realmente en Primavera, hacia la época de la Pascua judía. Fueron los poderes del destino quienes se encargaron de generar esta coincidencia.

Ahora bien, debemos confesar que la imagen sobre la naturaleza en Primavera sólo nos presta ‘muletas’ para la comprensión de la Pascua. Esta solo nos ayuda a lo largo de cierta parte del camino hacia la comprehensión de esta festividad; pero después no basta. Ya que si bien percibimos a la imagen de la resurrección en la naturaleza, como seres pensantes sabemos muy bien que todo ese esplendor decae en Otoño, cuando las noches comienzan a alargarse otra vez, y la oscuridad y el frío hacen desaparecer a la hermosa carpeta de color y vida. Es así como las manifestaciones de la naturaleza no proveen realmente una imagen de la Resurrección tal como la que deseamos encontrar, en conexión con el Cristo. Esta semeja un eterno círculo de destrucción y re-creación. Sobre todo las personas con mentes orientadas a la ciencia moderna, saben muy bien que este círculo cesará su actividad en un futuro lejano. La gente sabe acerca de esto, e intenta incluso pre-calcular la época en la que este planeta sobre el cual vivimos ya no reciba ni luz ni calor desde el Sol decadente. Para entonces ya no existirá una vegetación sobre la Tierra; la muerte prevalecerá sobre la naturaleza. Por ende, también la Naturaleza nos deja sin respuesta a la pregunta que hemos de proponer cuando nos vemos confrontados al mensaje de la Pascua.

También nosotros estamos ligados al destino de la Naturaleza, puesto que nuestro cuerpo es parte de ella. Sabemos que algún día, nuestro cuerpo se desgastará; hemos de morir inevitablemente, y nada en el mundo de nuestras experiencias sensoriales sugiere la existencia de una parte imperecedera en nosotros, más allá de lo que desaparece con el transcurso de los sucesos naturales.

Fuere como fuere, la imagen de la Resurrección del Cristo persiste. ¿Puede la Humanidad moderna apreciarla como una verdad, más allá de los meros registros tradicionales?. Salvarnos del devenir incesante de la naturaleza depende de la respuesta a esta pregunta. Habremos de decir que si, que existe una respuesta y que puede ser experimentada por cada ser humano en forma personal.

La Resurrección de Cristo, por El Greco.

La vida del Cristo abarca el tiempo que va desde Navidad hasta Pascua. Nació durante la Noche Buena; muere en la cruz un Viernes Santo y resurge desde la tumba durante la Pascua. Entre estos dos sucesos fundamentales se extiende un tiempo de 33 años, treinta hasta el Bautismo en el Jordán y tres años de ministerio efectivo. El Amor divino nace la noche de Navidad; durante los sucesos pascuales –33 años más tarde– este impulso resucitó y halló una morada en la gente, por el bien de su realización.

Desde aquella época, este ritmo de 33 años, el ritmo establecido por el nacimiento de un impulso hasta su resurrección y realización, se encuentra arraigado profundamente en la historia y en las actividades de la humanidad. Esto ya no puede negarse, y reconocerlo puede abrir las puertas que permiten el acceso al gran mensaje de la Pascua dentro de cada ser humano individual, si éste predispone su voluntad a tal efecto (Rudolf Steiner, el gran maestro de la nueva revelación espiritual, fue el primero en enfatizar el hecho que subyace al ritmo de 33 años, en referencia a los sucesos históricos).

En 1113, el gran San Bernardo de Claivaux ingresa como monje en el monasterio de Citeaux. Siguió la estricta disciplina de la vida monástica con gran energía y un fervor religioso indesviable. Llevó a cabo las prácticas hasta el agotamiento físico total. La vida monástica medieval ya no es aplicable al hombre contemporáneo. Pero para los monjes de entonces significaba un desarrollo de fuerzas volitivas inusuales, muy superiores a las de la gente común y corriente. Para San Bernardo, el año 1113 fue la época en donde nacieron fuerzas volitivas tremendas, en relación a la vida religiosa. Significó realmente una época navideña para él. Treinta y tres años después, este impulso volitivo que había nacido en 1113 resucita, y se manifiesta poderosamente a sí mismo como impulso mundial histórico. Ya que en 1146, San Bernardo proclamó a la 2ª Cruzada por toda Europa y gracias a una elocuencia brillante, encendió el entusiasmo de miles de personas por esta idea.

El fracaso de la 2ª Cruzada merece otro estudio. Pero el ejemplo de San Bernardo expone cómo un impulso anímico tan fuerte puede permanecer en letargo dentro de una persona, hasta que llega el día en que surge poderosamente, superando todo obstáculo en su camino. Este impulso, nacido en lo más profundo de la intimidad de San Bernardo, requirió de treinta y tres años para poder resucitar dentro de la humanidad. Este tiempo corresponde al período de vida del Cristo que va desde Navidad hasta Pascua, y abre las puertas a la experiencia del poder de la Resurrección, de su inmortalidad, que fue otorgado al mundo por el Cristo Jesús.

Pero esta manifestación del desarrollo de un impulso anímico, desde su nacimiento hasta la resurrección no está confinada solamente a la vida humana terrestre. Su poder creativo se revela incluso más acentuadamente al dejar atrás las ataduras que sujetan a la vida al cuerpo mortal.

El príncipe Enrique de Portugal, usualmente llamado ‘el navegante’, aplicó todas sus capacidades casi exclusivamente en el esfuerzo de hallar un pasaje marítimo hacia la India y el Asia oriental. Realizó numerosos intentos con grandes sacrificios, que lo llevaron lejos por la costa oeste de África. Ahora bien, al fallecer el 13 de Noviembre de 1460, el objetivo final –el rodeo por la costa sur africana– todavía no había sido logrado. Podría decirse que al acaecer su muerte, su impulso (que hasta entonces había sido una cuestión personal) se torna en el interés de toda la humanidad civilizada. Nace, por así decirlo, dentro de la humanidad. Y 33 años tras la muerte de Enrique, en Marzo de 1943, Colón retorna desde el Oeste y le cuenta al mundo atónito que había hallado el pasaje hasta la India. No sabía que había descubierto un continente hasta ahora desconocido. Su idea se basaba en que si la Tierra fuese redonda, entonces cabría la posibilidad de establecer un pasaje hasta la India, tanto por el Este como el Oeste. El eligió el camino por el Oeste y descubrió América.

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Enrique el Navegante

 

En este caso, un impulso o una idea se apoderaron de un hombre. El no fue capaz de realizarlo por él mismo, y al morir lo dejó tras sí como una especie de testamento espiritual para la humanidad. Ya que 33 años después quedó celebrada su resurrección y su realización. No obstante, el resultado fue diferente al modo en que existía en las mentes humanas. En lugar de ser un pasaje hasta la India, resultó ser el descubrimiento de un nuevo continente. De este modo, impulsos e ideas revelan poseer propósitos diferentes a los deseos comunes de los humanos. Este hecho revela justamente la existencia real  e independiente, como lo son los objetos en el mundo material. Pero incluso los seres humanos individuales pueden ganar una existencia superior e inmortal, de volverse capaces de penetrar hasta su naturaleza esencial.

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El nacimiento de tales impulsos dentro del alma humana puede significar a veces una experiencia dolorosa, teniendo lugar en medio de la desesperación interior y la depresión.

El famoso pintor y escultor italiano Michelangelo (1475-1564) atravesó por una crisis de vida muy dificultosa. Fue un punto de inflexión para él (en 1505), y luego se vio inclinado a cultivar una actitud depresiva y de pesadez. También aquí podemos reconocer el ingreso de un impulso espiritual en el alma de Michelangelo. Puesto que 33 años más tarde, éste se revela y manifiesta majestuosamente a través de su pintura ‘El Juicio Final’ (1535 en adelante) en la Capilla Sixtina. Lo que se había mostrado como pesadez y depresión al nacer, alcanza su resurrección a través de la pintura como una Imaginación gigantesca del juicio del Cristo por sobre las almas.

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Ninguno de los impulsos espirituales que ingresan en el mundo a través de las almas humanas se pierde, aunque puede que se los rechace por un tiempo. Las personas que por destino están provistas de lo necesario para concebir tales ideas, posiblemente no se identifiquen siempre con estas ideas ni pretendan luchar por su realización; pero las ideas son seres inmortales, y reaparecerán desde otras almas buscando allí su resurrección.

Pero ¿qué sucede con aquellos impulsos que parecen ser destructivos en la historia humana?. Su existencia y su desarrollo concretan finalmente la manifestación y la realización del Bien. Estos también están involucrados dentro del mismo ritmo de 33 años.

La crucifixión del Cristo tuvo lugar, según las fuentes fidedignas, en el año 33 DC. Los Hechos apostólicos nos narran acerca de la persecución que sufrió la primera pequeña comunidad cristiana bajo los judíos. En esto consistió la gran tragedia del pueblo judío: negaron que el Cristo fuese el Mesías, por quien esperaban desde el inicio de su existencia como nación. En su lugar, nace un impulso de odio que también se desarrolló dentro de un período de 33 años. En la Primavera del año 66 DC comienza la denominada Guerra Judía, la cual duró siete años; y en medio se lleva a cabo la destrucción de Jerusalén y su templo.

En este caso, el impulso nacido el año 33 DC pareciera haber resucitado sólo en destrucción. Pero si se contempla más detenidamente, se puede reconocer una gran enseñanza. Ya que muchas de aquellas almas que estaban presas de la idea de un imperio judío mundial, en contradicción al impulso del Amor divino del Cristo, los hechos y los sucesos así como sus propias muertes les aleccionaron sobre lo equívoco de sus tendencias nacionalistas.

 Por lo tanto, la Resurrección no es un suceso que sucedió solamente una vez y que quedó inscrito en los Evangelios. Se la puede experimentar una y otra vez puramente por medio del desarrollo de los impulsos espirituales que ingresan en el alma humana. Por detrás de los múltiples impulsos unitarios, puede asumirse que aquí subyace un gran principio directivo. Puede denominársele como el principio de la evolución humana, en cuyo seno moran todos los impulsos e ideas. El principio de la evolución humana puede exaltarse muy por encima del impulso de una persona en singular. Pese a todo, sigue siendo el juez certero por sobre cada impulso espiritual unitario dentro de la humanidad, se trate de la idea de una cruzada, sea el espíritu todo abarcante de un descubrimiento o de la realización artística.

En realidad, esta entidad inmortal deviene en cada ser humano que esté predispuesto a llevar a cabo alguna tarea cultural, e incentiva su desarrollo de un modo u otro. Algún feligrés que otro puede extraviarse de la guía conductora del propósito humano original por un tiempo. Y a través del ritmo de 33 años, el poder de la Resurrección le llamará de regreso tarde o temprano. Y lo que a veces semeja ser una catástrofe en lugar de una resurrección, puede que sea una enseñanza necesaria para la evolución posterior. Consiguientemente, no puede resultar tan extraña la idea de que, habiendo atravesado por desarrollos de esta índole, el espíritu humano retorne a la Tierra con el propósito de purificarse a sí mismo y avanzar así en armonía con el Principio Guía Humano. Una persona puede haber dado a luz a cierto impulso, el cual quizás logró resucitar durante el transcurso de su vida o solamente tras haber fallecido. Quizás no pudo serle útil al propósito evolutivo de la humanidad. ¿No es posible entonces que una persona tal retorne en otro cuerpo, en pos de recibir nuevamente el impulso que le es idóneo para así seguir desarrollándolo, ahora bajo un mundo de condiciones diferentes?. ¿Y acaso los hombres no comparten todos el mismo destino: no poder realizar completamente aquello que se ve representado por sus más altos ideales?.

Pero podemos destacar un hecho: cuanto más alta es la cualidad moral del impulso que guía al ser humano, podría decirse que tanto más se lo malinterpreta y hasta llega a ser perseguido por sus contemporáneos. Aquí emerge la otra faceta de la Pascua: la resurrección no es posible sin un Viernes Santo. El mundo mortal detesta al mundo de las ideas cuando éstas se manifiestan a través del ser superior de las personas, porque finalmente supera lo que es mortal. Por ende, el mundo mortal se resiste frente al surgir de lo que le es adversario desde el ser interior de alguien. Y solamente si lo mortal cede lugar y renuncia a su deseo de permanencia, puede lo eterno en uno brillar sin oposición.

Nuestros más altos impulsos constituyen nuestro Yo Superior. No se concibe que las ideas y los impulsos de la evolución humana lleven una especie de vida impersonal y que de vez en cuando se instalen en el ser humano, por decirlo de algún modo.

Ninguna persona en la Tierra que no se refiriera a sí misma como un ‘Yo’ en el más elevado de los sentidos, será jamás capaz de evolucionar ni de realizar impulsos creativos. El ‘Yo’ de la persona y el Ser de la idea deben conformar una unidad, de otra manera no hay resurrección posible. La idea sólo es creativa cuando se convierte en la más alta realización del ‘Yo’. No es posible imaginar a las ideas que actúan en el mundo separadas de la persona egóica, más de lo que estas ideas puedan llegar a manifestarse  a través de un animal.

¿Cómo se verifica el principio conductor dentro de la evolución de la humanidad?. Si la idea en cuestión y el ‘Yo’ son indivisibles, ¿no habrá de ser un ‘Yo’ mucho más grande y universal a quien se le remita este cosmos de ideas creativas unificadas, cuyos impulsos individuales le son como los rayos al Sol?.

Yendo más lejos, si aquellos impulsos multifacéticos fueron incorporados dentro de la envoltura mortal de una persona egóica, ¿no hubiera sido posible para este gran ‘Yo’ universal del cosmos de las ideas creativas el incorporarse dentro del cuerpo mortal de un hombre?

Respondiendo con honestidad a todas estas preguntas, no debería ser demasiado difícil llegar a percibir al Cristo Jesús de los Evangelios en este Ser único. Puesto que Él muestra de sí –partiendo de todo el registro de los detalles– al arquetipo de todo lo que ha sido descrito como el poder de resurrección que conlleva el ser superior del hombre (ha de confesarse que los detalles conforman solamente una fracción y que han sufrido distorsiones varias).

Su vida quedó representada por el lapso de los 33 años, los cuales son el fundamento del ritmo Nacimiento/Resurrección dentro de los impulsos históricos. Si este cosmos de las ideas creativas, a modo de seres divinos, estaba realmente representado por Su presencia, el mundo mortal no pudo más que haber desarrollado el mayor odio y deseo de persecución concebibles. Y finalmente, sólo la muerte –la superación total de lo mortal– pudo haber abierto el portal, a través del cual la plenitud de semejante luz espiritual, logró resucitar gradualmente dentro de la humanidad.

El razonamiento mental puede decir que las palabras y los hechos de Aquel sobre el cual narran los Evangelios, no justifican el ver en El semejante grandeza universal como para considerarle el portador  del cosmos espiritual de las ideas. Sus palabras y hechos corresponden al de un simple hombre. Un juicio tal revelaría solamente que aún no se han comprendido –largo es el trecho que dista– las profundidades inconmensurables de los Evangelios. Sólo las eras futuras de la evolución humana se verán capacitadas para iluminar aquello que se halla oculto en estos documentos aparentemente poco pretensiosos, y favorecer así a la humanidad en su comprensión.

La celebración de la festividad de Pascuas debería unir ambos factos: la conmemoración del Viernes Santo original y las escenas pascuales, tal como fueran descritas en los Evangelios; y la creación de una consciencia sobre la realidad espiritual dentro de cada ser humano por medio de la cual las personas se hallan ligadas al Uno, que fue quien manifestó el poder de la Resurrección. La Pascua no será entonces una conmemoración y una tradición desvanecida, sino un momento en el cual se experimente al Espíritu Universal de la evolución humana que irradia sus rayos curativos de luz solar espiritual. De este modo, la Pascua ha de convertirse en una festividad que contemple el propósito de la existencia humana. Una contemplación tal nos conduce a considerar los ejemplos otorgados por aquellos miembros del género humano que se esforzaron por realizar los más altos impulsos evolutivos de la humanidad, pese a dificultades, oposiciones e incluso persecución. Finalmente, esto puede conducir a la vivencia de Aquel en quien se hallan presentes los arquetipos purificados de todos los ideales e impulsos evolutivos humanos, quien es la Resurrección y la Vida.

Tal experiencia nos demanda grandeza cósmica. Por supuesto que sólo podemos evolucionar gradualmente hasta semejante altura. Por lo tanto, la festividad de Pascua no puede estar determinada solo por factores terrestres sino que debe acordarse según las condiciones cósmicas, y las personas pueden volverse cada vez más conscientes sobre esta necesidad. Los primeros cristianos, que todavía conservaban la memoria personal de los verdaderos sucesos pascuales, sabían de la exigencia por esta grandeza cósmica. Ellos acordaron que se festejase el Domingo que sigue a la primera Luna llena de Primavera. Tenían dos razones para que así fuera, y de este modo se estableció la verdadera conmemoración de las primeras Pascuas, ya que los Evangelios relatan que la crucifixión del Cristo tuvo lugar un Viernes previo a la Pascua judía. Esta Pascua estaba fijada por la primera Luna llena pasado el 21 de Marzo, el equinoccio de Primavera. Consecuentemente, la mañana de Pascua, de la Resurrección ocurrió un Domingo luego de esta Luna llena de Primavera. Y al celebrarla acorde a esta tradición a lo largo de los siglos que siguieron, no se trató solamente de una verdadera conmemoración sino que también se elevó la festividad hasta las alturas y la grandeza del cosmos.

Solo si se pretende generar conscientemente un trasfondo cósmico tal en lo que concierne al festejo pascual, seremos capaces de celebrarlo como un evento que nos puede brindar fortaleza y dignidad interiores.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

El Misterio de Gólgota

Conferencia del Dr. Rudolf Steiner. Dada en Colonia el 2 de diciembre de 1906.

[A partir de notas abreviadas sin revisar por el conferenciante]

English version.

El misterio del Gólgota es uno de los secretos más profundos de la evolución del mundo. A fin de comprenderlo, debemos arrojar luz sobre la sabiduría oculta de hace miles de años, en un remoto pasado del desarrollo del mundo. No es un argumento convincente estar en contra de un conocimiento más penetrante del Misterio del Gólgota diciendo que la vida y la obra de Jesucristo deben ser accesibles a la mente más simple. De hecho este es el caso. Pero una comprensión que abarque por completo el evento más grande de la Tierra debe ser extraída de las profundidades de la sabiduría de los Misterios.

En esta conferencia vamos a penetrar en las profundidades de la sabiduría de los Misterios con el fin de entender cómo pudo tener lugar un evento como el Misterio del Gólgota. A este respecto hay que tener en cuenta que con la aparición de Jesucristo sobre la Tierra se produjo algo que dividió a la humanidad en dos partes. Podemos entenderlo mejor buscando una respuesta a la pregunta: ¿Quién fue Jesucristo?

Para el ocultista esta pregunta es doble: Pues hay que distinguir entre la personalidad que vivía en ese momento en Palestina y llegó a la edad de treinta años, y qué fue de él después. Cuando alcanzó los 30 años, Jesús se convirtió en Cristo.

En el caso de la gente común, sólo porciones insignificantes del cuerpo astral, del cuerpo etérico y del cuerpo físico se transforman en Manas, Buddhi y Atma, o en Yo Espiritual, Espíritu de Vida y Hombre Espíritu. Jesús de Nazaret era un Iniciado de tercer grado, y sus cuerpos estaban, por tanto, en un estado de alta purificación.

Cuando un Iniciado ha llegado a la purificación de sus tres cuerpos adquiere, en un determinado momento de su vida, la capacidad de sacrificarse. A la edad de 30 años, el Yo de Jesús dejó sus tres cuerpos y paso al mundo astral, por lo que los tres cuerpos santificados se quedaron en la Tierra, vacíos de su Yo, de tal forma que se creó un espacio para una individualidad superior. Cuando cumplió 30 años, el Yo de Jesús de Nazaret hizo el gran sacrificio de poner sus cuerpos purificados a disposición de la individualidad de Cristo. Cristo encarnó estos cuerpos. Es a partir de ese momento que hablamos de Cristo-Jesús, que vivió sobre la Tierra durante tres años y realizó todas sus grandes obras en el cuerpo de Jesús.

Con el fin de comprender el verdadero ser de Cristo tenemos que ir muy atrás en la historia del desarrollo de la Tierra y de la humanidad. Antes de que nuestro planeta actual se convirtiese en la Tierra, fue la Antigua Luna;  y la presente luna es sólo un fragmento de aquella Antigua Luna. Antes de que la Tierra fuese la Antigua Luna, fue el Antiguo Sol; y en una etapa aún más lejana fue Antiguo Saturno. Debemos tener en cuenta que miles de millones de años atrás existía en el espacio cósmico un cuerpo celeste, Saturno. También los planetas se desarrollan a través de diferentes encarnaciones: antes de que la Tierra fuese la TIERRA, existió como Antiguo Saturno, el Antiguo Sol y la Antigua Luna.

Ahora traten de situarse en el Antiguo Sol. Allí, los llamados Espíritus de Fuego tenían el mismo nivel que los seres humanos tienen ahora sobre la Tierra. Por supuesto, ellos no tenían la misma apariencia, no se parecían a los hombres de hoy en día; estas altas individualidades pasaron por la etapa humana en el Antiguo Sol en unas condiciones que eran muy diferentes a las de la actual condición humana. También, en la Antigua Luna, una gran cantidad de seres pasaron por la etapa de la humanidad, y después descendieron a la Tierra como seres superiores, como Pitris lunares o espíritus lunares, que habían llegado a una etapa superior a la del hombre sobre la Tierra. En el esoterismo cristiano se les llama Angeloi = Ángeles. Sólo sobre la Tierra el ser humano se ha hecho HOMBRE. Los Pitris Lunares son seres de un grado más alto que el hombre, y por encima de ellos están los Espíritus de Fuego, que son de un grado más alto que los Pitris lunares. Los Espíritus de Fuego han alcanzado un alto grado de desarrollo.

Ahora volvamos a la Tierra, a la raza Lemuriana que estaba situada en un continente entre la actual Asia, África y Australia. Allí, el hombre tomó su forma actual a través del hecho de que sobre la Tierra vivían seres altamente desarrollados, seres físicos, más evolucionados que los animales actuales pero menos desarrollados que el hombre actual. Aquellos seres físicos formaban una especie de concha, una especie de vivienda y habrían sido condenados a la decadencia si seres superiores no los hubieran fecundado. Sólo en aquel momento las almas humanas entraron en los cuerpos humanos físicos y comenzaron a crear la forma posterior del cuerpo humano. En el pasado, el alma humana era una parte integral de los seres espirituales superiores. Los cascarones físicos de los cuerpos humanos estaban sobre la Tierra, y hacia ellos fluían las almas de los seres superiores que venían de arriba, de los mundos espirituales. En el mundo espiritual las almas estaban conectadas como gotas de agua en un mar, que luego se vertía en una multitud de vasos.

Los seres que vertieron las almas desde arriba eran los que habían pasado por su etapa humana en la Luna, los Espíritus Lunares, cuya etapa de desarrollo estaba en un grado más alto que la del hombre, lo que les permitió verter una parte de su ser en la humanidad, permitir el desarrollo posterior y así pudo el hombre transformar progresivamente su organismo. Pudo erguirse por encima de la Tierra y mantenerse en pie, aprendió a caminar, a hablar y llegar a ser independiente.

Había una cierta relación entre todas estas almas porque procedían de un coro espiritual común. Todos los que habían recibido una gota del mismo ser, llegarían a parecerse mucho entre sí. Miembros, de la misma tribu tenían aquellas almas afines, después fueron los miembros de una raza o nación, por ejemplo, el pueblo egipcio o el pueblo judío. Tenían almas que procedían de una fuente común. De los Espíritus Lunares el hombre recibió el Yo Espiritual y esto le permitió convertirse en un ser independiente, un Yo.

Sin embargo, había algo que el hombre no podía obtener de los espíritus Lunares, sólo podía serle donado por un Ser todavía más elevado, común a todos los hombres, que ya hubiera completado su humanidad sobre el Antiguo Sol: un Espíritu de Fuego. Muchos Espíritus de Fuego se habían desarrollado en el Antiguo Sol y ejercieron su influencia sobre la Tierra, pues eran excelsos Espíritus. Uno de los Espíritus de Fuego fue llamado a derramar su Ser al conjunto de la Humanidad. Un Espíritu que perteneciera a toda la Tierra fue capaz de verter sobre la totalidad de la Humanidad y en cada una de sus partes el elemento del Sol o Espíritu de Fuego, el Buddhi o Espíritu de Vida. Pero en la Lemuria y en la época Atlante los seres humanos no estaban lo suficientemente maduros para recibir esto desde el Espíritu del Sol.

Cuando leemos la Crónica del Akasha (Ver el libro de Rudolf Steiner «La Crónica del Akasha») nos encontramos con que algo muy extraño ocurrió en aquel momento: Los seres humanos estaban constituidos de cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y un Yo Espiritual, pero este habitaba en ellos de una forma muy débil. El Buddhi o Espíritu de Vida se elevaba por encima de todo ser humano –así era percibido en los espacios del Akasha. En el espacio astral cada ser humano estaba rodeado por el Buddhi, pero quedaba fuera ya que no estaba lo suficientemente fuerte como para entrar en el hombre. Este Buddhi era parte del gran Espíritu de Fuego que había derramado sus gotas en los seres humanos, pero estas gotas no pudieron entrar en los seres humanos.

Fueron las obras de Cristo en la Tierra las que dieron al hombre la capacidad de absorber en su Manas lo que designamos como Buddhi.

Lo que Cristo cumplió en la Tierra, fue preparado por otros grandes maestros que le habían precedido, por Buda, por el último Zaratustra, por Pitágoras, que vivieron alrededor de 600 años antes de Cristo,  que eran hombres que ya habían absorbido muchísimo de lo que vivía en el entorno de hombre. Habían absorbido la chispa de Cristo. Moisés también  fue uno de aquellos hombres. Pero el Yo de los otros hombres todavía no había absorbido aquella chispa.

El cuerpo físico, etérico y Astral de Jesús de Nazaret acogió al Espíritu de Fuego, la fuente única de todas las chispas que vivían en los seres humanos. Este Espíritu de Fuego es el Cristo, el único Ser divino que vivió en la Tierra bajo esta forma. Entró en el cuerpo de Jesús de Nazaret y el resultado de aquello es que todos los que se sienten unidos a Cristo Jesús son capaces de absorber Buddhi. La posibilidad de absorber y tomar el Buddhi comienza con la aparición de Cristo Jesús. San Juan Evangelista lo designa como la Palabra Creativa Divina. El Espíritu de Fuego que vierte sus chispas en los hombres es esta Palabra Creadora Divina.

Como resultado, ocurrió lo siguiente: mientras que los Espíritus Lunares pueden crear tribus diferenciadas entre los hombres mediante el envío de sus gotas, Cristo es el Espíritu Unificador de toda la Tierra, y los seres humanos por lo tanto estan unidos como una familia en todo el mundo. Mientras que las diferencias entre los hombres fueron puestas en marcha por las gotas derramadas de los diferentes Espíritus Lunares, la unidad entre los hombres fue alcanzada por el Espíritu derramado por Cristo Jesús. Lo que une a los hombres bajó a la Tierra por medio de Cristo Jesús.

Cuando habla del juicio final, Cristo dice en su profecía: «Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria» (con esto quiere decir: cuando hayan entrado en los seres humanos las gotas de Cristo, cuando todos se hayan convertido en hermanos), «dirá a los de su derecha: venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber.» (San Mateo 25, 35). Entonces la única diferencia entre los hombres será la del bien y el mal.

Cristo dice a Sus discípulos: «Todo lo que hiciereis a cada uno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hacéis a mí». Esto significa: Cristo Jesús indica el momento en el que las gotas derramadas por Él serán todas absorbidas, por lo que cuando un hombre se enfrente a otro, este derrame de Cristo en él se enfrentará a lo derramado por Cristo en el otro. El poder por el que el Buddhi pudo ser llamado a la vida en el hombre, este poder emergió de la luz de la vida de Cristo sobre la Tierra. Por tanto, debemos considerar a Cristo como el Espíritu Unificador de la Tierra.

Si pudiéramos mirar hacia abajo a la Tierra desde una estrella distante, en una época hace miles de años, nos encontraríamos con el momento en que Cristo estuvo activo en la Tierra, de modo que toda la sustancia astral de la Tierra estaba impregnada por el Cristo. Cristo es el Espíritu de la Tierra, y la Tierra es Su cuerpo. Todo lo que crece sobre la Tierra es Cristo. Vive en cada semilla, en cada árbol, en todo lo que crece sobre la Tierra. Por eso Cristo tomó el pan y dijo: «Esto es mi cuerpo». Y del jugo de la uva (en la ÚLTIMA CENA el vino que se compartía era jugo de uvas sin fermentar) dijo: «Esta es mi sangre», pues el zumo de los frutos de la Tierra es su sangre. En consecuencia la humanidad debe aparecer ante Él como seres que caminan sobre su cuerpo. Por eso le dijo a sus discípulos después de haber lavado los pies: «El que come pan conmigo, levanta su talón contra mí» (Deja sus huellas en mí). Esto debe ser tomado literalmente, en el sentido de que la Tierra es el cuerpo de Cristo Jesús. Debido a que tomó sobre Sí la evolución de la Tierra, un ser espiritual distante podría ver que más y más el Espíritu de Cristo fluye en los seres humanos; las gotas individuales de Cristo Jesús están penetrando en cada individualidad humana. Finalmente toda la Tierra estará poblada por hombres transformados, cristianizados, por hombres que han acogido la chispa divina donada por Cristo. Solo quienes no participen de esto, serán puestos a un lado como el mal; y deberán esperar a un momento posterior con el fin de seguir un curso de desarrollo que les conduzca a la bondad.

Todas las  naciones tenían sus Misterios, antes de que Cristo apareciera en la Tierra. Los Misterios revelaban lo que iba a tener lugar en el futuro. Después de un largo entrenamiento, los adeptos tuvieron que someterse a una preparación que consistía en un sepulcro. El hierofante era capaz de poner al adepto en un estado superior de conciencia que provocaba que su cuerpo inerte entrara en una especie de sueño profundo. En la antigüedad, la conciencia siempre tenía que ser disminuida con el fin de que la Esencia Divina pudiera entrar en el hombre. En ese estado bajo de conciencia, el alma se elevaba a través de las esferas del mundo espiritual y al cabo de tres días el hierofante llamaba al adepto de nuevo a la vida. A través de esta experiencia sentía que se había convertido en un hombre nuevo y se le daba un nuevo nombre. Era llamado Hijo de Dios. Todo este proceso se llevó a cabo en el plano físico cuando Cristo apareció en la Tierra y pasó por el del Misterio del Gólgota.

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 En las antiguas iniciaciones las gotas de la vida del espíritu de Cristo primero llamaban a los adeptos de nuevo a la vida y se les decía: «El que va a cristianizar a todos los hombres, aparecerá un día. Y Él será verdaderamente la Palabra encarnada. Sólo puedes experimentar esto durante tres días, cuando viajes a través de los reinos de los cielos; pero vendrá Uno, el que traerá los reinos de los cielos hasta el mundo físico».

El iniciado experimentó en el plano astral lo que Cristo vivió en el plano físico, es decir, que desde el principio existió una palabra divina que derramó sus gotas en los seres humanos; pero el yo de los hombres no pudo absorber esas gotas. San Juan, el heraldo del Yo humano cristianizado que ha absorbido al Cristo, o la Palabra, revela esto. San Juan habla de la Palabra que existía sobre la Tierra desde el principio:

“En el principio era la palabra y la palabra era con Dios y el Verbo era Dios.

Esta era en el principio con Dios.

Todas las cosas fueron hechas por él, y sin él no nada de lo que es hecho fue hecho.

En él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres.

Luz resplandeció en las tinieblas, mas las tinieblas no la comprendieron.

Fue un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

El vino para dar testimonio de la luz, para que todos creyesen por él.

No era la luz, sino un testigo de la luz.

Aquel era la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él; y el mundo no le reconoció.

A los suyos vino, y los suyos no le recibieron.

Más a todos los que le recibieron, dioles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Y aquella Palabra fue hecha carne, y habito entre nosotros y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad.»

La palabra «gracia» en el versículo 14 por San Juan tiene el mismo significado que Buddhi; «Verdad» es Manas, el Yo espiritual.

«Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es del que yo decía: el que viene tras de mí, es anterior a mí, porque es primero que Yo.

Porque de su plenitud tomamos todos gracia sobre gracia.

Porque la ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Ningún hombre ha visto nunca con los ojos a Dios. El unigénito Hijo, que vivió en el seno del Padre Cósmico se ha convertido en nuestra guía en esta visión».

[Prestación del texto de Dr.Rudolf Steiner.]

Todas las iniciaciones de los Misterios del Espíritu señalaron la venida de Jesucristo. Esta iniciación se alcanzó en el sueño del yoga, en el sueño órfico, en el sueño de Hermes. Cuando el iniciado se despertaba de nuevo y volvía a su cuerpo, cuando podía volver a escuchar y hablar con sus sentidos físicos, pronunciaba las palabras que se representan como sigue en el idioma hebreo: «Eli, Eli, lama Sabathani». Los discípulos de los misterios se despertaban con las palabras: «¡Dios mío, Dios mío, como me has elevado!».

Esta fue la iniciación de la antigua época judía. Durante sus tres días de estancia en los mundos superiores, el iniciado experimentaba todo el curso del desarrollo futuro de la humanidad, todo lo que le esperaba al futuro desarrollo de la humanidad. Por regla general, estas futuras etapas del desarrollo humano no se percibían de una forma abstracta. Cada etapa se representaba por una personalidad. El vidente veía doce individualidades. Representaban las doce etapas del desarrollo del alma. Por lo tanto las fuerzas del alma aparecieron en la forma exterior de doce personas. En cierto momento, el iniciado veía una escena determinada: Su propia individualidad se transfiguraba ─la etapa que llegará a toda la humanidad cuando se llene de Buddhi, cuando se Cristianice. Se identificaba con Dios y tras El veía las doce fuerzas del alma. Juan estaba inmediatamente detrás, pues fue el último de los doce que anunció su cumplimiento. Y se veía a si mismo transfigurado, veía la escena que alcanzaría cuando llegase a la perfección; veía las fuerzas de su alma en la forma externa de personas, y percibía a San Juan, el heraldo de la etapa crística de desarrollo. Durante el Yoga-sueño, estas doce figuras se agrupaban a su alrededor, y surgió la escena que fue designada como la Mística Cena. Esta imagen tiene el siguiente significado: Cuando el iniciado se siente rodeado por sus fuerzas anímicas, se dice a sí mismo: Estos son uno conmigo; los que me han llevado a través del desarrollo de la Tierra; los pies de este apóstol me permitieron caminar en mi camino, las manos de ese apóstol me dieron el poder de trabajar. … La Santa Cena es la expresión de la comunión del hombre con las doce fuerzas del alma.

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La perfección humana consiste en el alejamiento de las fuerzas inferiores del alma, de manera que sólo permanezcan las fuerzas superiores; en el futuro, el hombre ya no tendrá las fuerzas inferiores;  por ejemplo, ya no tendrá la fuerza de la procreación. El poder del alma de Juan elevará esas fuerzas inferiores hacia un corazón henchido de amor. Las elevara a las corrientes del amor espiritual. El corazón es el órgano más poderoso, cuando Cristo vive en el hombre. Las fuerzas inferiores del alma son entonces elevadas de las regiones abdominales al corazón.

Cada iniciado experimentaba esto en los Misterios del Corazón. Se hacía eco de las palabras: «¡Dios mío, Dios mío, cómo me has levantado!». Con la aparición de Jesucristo, todo el Misterio, toda la experiencia, se hizo realidad en el plano físico. En aquellos días había hermandades en Palestina que se habían desarrollado a partir de la antigua orden de los Esenios. Entre sus instituciones, también tenían una comida que simbolizaba la mística Santa Cena. Pues «comer el Cordero de Pascua» era una expresión general para algo que tenía lugar en la Pascua. Jesús se sentó con los Doce e inauguró la Santa Cena con las palabras: «Al final de la evolución de la Tierra, todos los hombres habrán absorbido lo que traje a la Tierra, y las palabras: “Este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre”, se harán entonces verdad». Después de esto dijo: «hay uno entre vosotros que me va a entregar». Esto se produce por el poder del egoísmo. Pero tan cierto como que este poder del egoísmo es la fuente de traición, como que con la misma seguridad esta fuerza menor del alma será la que se elevará a un nivel superior. Uno de los discípulos se recostó sobre el seno de Jesús y reposó sobre su corazón. Esto significa que todas las fuerzas inferiores, toda forma de egoísmo, serán elevadas al corazón. En este punto Jesús repitió a sus discípulos las palabras: «Eli, Eli, lama Sabathani»  ─«¡Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él!»

Lo que se ejercía en los antiguos Misterios era lo mismo que lo que ocurrió en el Gólgota. Bajo la Cruz se hallaba el Discípulo a quien el Señor amaba, que había estado sentado junto a Él en la Última Cena y se había recostado sobre su pecho. También están allí las figuras femeninas, su madre, la hermana de ésta, María, y María Magdalena. Juan no relata que la madre de Jesús se llamase María, sino que la hermana de su madre es llamada María. Su madre se llamaba «Sofía».

Juan bautizó a Jesús en el Jordán. Allí descendió una paloma del cielo. En aquel momento se produjo el acto espiritual de la concepción. Pero, ¿quién es la madre de Jesús, qué concibió en aquel momento?.

El Iniciado Jesús de Nazaret, en el momento en que se desprende de su Yo, ve cómo su Manas ─altamente desarrollado─ es fertilizado por el Buddhi que ingresa en éste. El manas que ha concebido al Buddhi es Sabiduría─Sofía, la Madre que es fructificada por el Padre de Jesús. María, que equivale a Maya, tiene el significado general del «nombre de la Madre». El Evangelio relata: «Bienaventurada seas, tú piadosa, mira aquí que serás fértil y darás luz a un hijo. El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra». El Espíritu Santo es el Padre de Jesús; la paloma que desciende genera la concepción de la Sofía que vive en Jesús.

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El Evangelio ha de leerse entonces: «También estaba bajo la cruz la madre de Jesús, Sofía». A esta madre Jesús le dice: «Mira, mujer, he aquí tu hijo». Él le transfiere a Juan la Sofía que vivía en Él mismo. Lo convierte en el hijo de Sofía diciendo: «He aquí, tu madre».«A partir de ahora reconocerás a la divina sabiduría como tu madre y por ella sentirás devoción».

Lo que fue escrito por Juan trata sobre esa Sabiduría Divina; Sofía, encarna en el Evangelio de San Juan. El saber lo ha recibido a través de Jesús, y ha sido autorizado por el Cristo a transmitir la Sabiduría en el mundo.

El más alto Espíritu de la Tierra tuvo que encarnar en un cuerpo físico; este cuerpo tenía que morir, tenía que ser sacrificado y su sangre tenía que fluir.Un significado especial se adjunta a lo presente. Allí donde hay sangre, hay un Yo. El Ser arraigado en la sangre tenía que ser sacrificado con el fin de que las antiguas comunidades basadas en el Yo pudieran llegar a su fin. Las 11 formas individuales de egoísmo se alejan con la sangre del Cristo Crucificado. La sangre de las comunidades raciales se transforma en una sangre que es común a toda la Humanidad, porque la sangre de Cristo fue sacrificada en el momento en que colgaba de la cruz.

En este caso también se llevó a cabo algo que podría haber sido observado por cualquier observador de la atmósfera astral. Cuando Cristo murió en la cruz, toda la atmósfera astral se transformó, pues los acontecimientos que tuvieron lugar, nunca pudieron haberse llevado a cabo anteriormente. Esto solo ha sido posible con el derramamiento de la sangre que Cristo dio a la Humanidad, un Ser que es común a todos. En la sangre que fluía de las heridas de Cristo Jesús para toda la Humanidad un Yo es compartido por todos. Sus tres cuerpos quedaron colgados en la cruz y luego fueron restablecidos por el Cristo resucitado. Cuando Cristo abandonó su estructura física, los tres cuerpos eran tan fuertes que podían pronunciar las palabras de iniciación que siguen a la transfiguración: «¡Eli, Eli, lama Sabathani!».

Para todos los que conocen algo de las verdades de los Misterios, estas palabras deberían haberse revocado cuando un Misterio había sido promulgado. Una pequeña corrección en el texto hebreo, dio lugar a las palabras contenidas en el Evangelio: «!Sabathani Eli, Eli, lama!»«¡Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado!».

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Julián Ponce.

El horóscopo del deceso y la vida tras la muerte

Artículo de Willi Sucher, Julio de 1938

English version

 

 

En nuestros estudios precedentes hemos considerado al horóscopo del deceso como una especie de epítome de la vida terrena, el cual llega a su final al momento del fallecimiento. Es una imagen de lo que se ha obtenido como fruto de la vida y que ahora acompaña al individuo hasta el gran universo con el fin de seguir elaborándolo. Es como si la humanidad se viese a cargo de pintar una enorme cúpula. Queda así revelada la relación activa de los seres humanos con los seres estelares, por medio de los horóscopos del deceso de personajes e individuos históricos a través de extensos períodos de tiempo.

También será necesario que veamos este hecho a la luz de lo que experimenta el alma tras la muerte. Como ya fuera indicado, el horóscopo del fallecimiento apunta en dos direcciones, no sólo hacia la vida terrena que ha quedado atrás sino que también hacia el futuro, es decir, principalmente hacia la existencia post-mortem del alma en los mundos espirituales.

En relación al horóscopo natal, fue explicado cómo el alma humana desciende hasta su vida terrena a través de diferentes estadios, reconocidos por la Ciencia Espiritual. Generalizando, la individualidad humana atraviesa por tres estadios de desarrollo cuando prepara el camino hacia una nueva encarnación. Los hemos descrito como el pasaje por las esferas de Saturno, del Sol y de la Luna. Hemos mostrado como los pasajes por las esferas solar y lunar se ven reflejadas en el horóscopo o la constelación del pensamiento cósmico (la constelación por la cual a cada quién le corresponde una filosofía  o cosmovisión en particular) y en la constelación prenatal que se inicia hacia el momento de la concepción y que concluye con el nacimiento. De la misma manera, debería ser posible realizar un seguimiento del alma de un ser humano por su camino a través de los mundos espirituales tras el deceso.

Los hechos cósmicos conectados con la Luna han sido los que se convirtieron en nuestra línea guía, en pos de hallar las relaciones prenatales de alguien con el cosmos. Es de este modo como el horóscopo prenatal se vio determinado por la relación de la Luna con el Ascendente natal. La constelación del pensamiento cósmico, por la posición de la Luna natal en relación al nodo lunar. Efectivamente, a partir del momento en que ocurre el nacimiento, ciertas direcciones en el cosmos pueden ponerse en funcionamiento. En estas direcciones hemos visto una imagen del camino de ingreso del alma en la Tierra y de su paso a través de las esferas prenatales. La posición de la Luna natal es especialmente importante; la hemos descrito como indicadora de la dirección por la cual el alma ingresa a la esfera lunar desde la solar.

De este modo, deberíamos ser capaces de hallar una ‘dirección’ en el horóscopo del deceso, una realidad astronómica, una imagen del camino por el cual este alma humana se adentra en el cosmos. Ya hemos mencionado a la dirección hacia el Este luego de producirse la muerte, el modo en que el alma se dirige hacia el Este eterno. Como fuere, esta dirección sólo nos conduce desde la Tierra hacia la esfera lunar. Para alcanzar las esferas del Sol y de Saturno, el alma ha de recibir ahora otra ‘dirección cósmica’, tal como sucedió mientras tomaba el camino descendente antes de nacer. Pero aquí tenemos una diferencia importante: si bien ha sido la Luna quien impartió la dirección del ingreso del alma a través del nacimiento, al producirse el fallecimiento será el Sol quien determine la dirección de la partida hacia las esferas superiores. Esto arrojará luz por sobre muchas otras cosas.

Dondequiera que se halle el Sol al momento de fallecer un ser humano, ésa es la dirección cósmica, la dirección que indica el lugar de partida hacia las altas esferas del Sol y de Saturno. Si somos capaces de leer la escritura cósmica resultante, ganaremos algún tipo de idea acerca de la actitud con la cual inicia su partida el alma que desencarna.

Rafael por ejemplo, a quien ya mencionamos, falleció el 6 de Abril de 1520. En ese momento el Sol ingresaba en Aries. En consecuencia, ésta fue la dirección por la cual Rafael ingresó en los mundos espirituales. Aquí tenemos a una imagen que tiende a expresar cuál de todas las esferas espirituales cósmicas buscará su hogar luego de fallecer. Ahora bien, mismo el símbolo que representa a Aries (♈) indica un abrirse, un soplo ascendente de alabanza y alegría, una expansión. Ciertamente, Aries siempre está relacionado con el recibir algo, nuestra apertura frente a las fuerzas espirituales. Mismo desde este solo hecho, el Sol en Aries al morir Rafael, podemos desarrollar un sentir acerca de lo que sería el entorno espiritual de esta individualidad durante la vida post-mortem, más aún si tenemos en cuenta el modo en que vivió su vida terrena, ofreciendo todo su arte a las ideas creativas y los impulsos  de los mundos espirituales.

Lo mismo podemos encontrar también en el caso de otros seres humanos, sobre quienes podemos intentar sentir  cómo se desarrollan en la esfera de las ideas creativas luego de fallecer, plenos de vida real y situándose en el Espíritu.

Por ejemplo, el Sol se ubicaba en Aries cuando fallece Byron, el 19 de Abril de 1824. También fue el caso de Schiller, el 9 de Mayo de 1805. El Sol ingresaba a Tauro desde Aries, con lo cual la imagen cósmica se transforma un tanto. El mundo de Schiller es un mundo ideal, más fuerte y firme, más marcadamente delineado comparado con el de Byron, que poseía un toque más liviano y bellamente móvil.

Por lo tanto, mucho más puede descubrirse acerca de la vida post-mortem. De ahondar un poco más, podemos tomar consciencia acerca de cómo se revela aquí la actitud y el tono anímico fundamental o –digamos– el carácter básico del cuerpo astral de una individualidad tal, manifestada en el juicio cósmico. Ciertamente, esto no difiere de lo que contemplamos como pensamiento cósmico, sólo que en dirección opuesta. Vemos el juzgar del cosmos sobre la vida y la esencia que, ahora, el ser humano lleva consigo hacia el cosmos como los primeros  frutos  de su alma.

Si –por ejemplo– al momento en que muere Tolstoi, el 20 de Noviembre de 1910 (calendario gregoriano) el Sol ingresa en la constelación de Escorpio, debemos reconocer aquí a la imagen de la configuración interior del alma de Tolstoi, vista desde el juzgar del cosmos, la esfera cósmica en particular que delinea  a este alma en sí misma. Si luego contemplamos el aspecto a menudo dual y escindido del ser de Tolstoi, ya volcándose vigorosamente hacia el mundo de los sentidos, ya retrayéndose hacia la soledad del alma pero siempre inagotable y dinámico en su empeño, reconoceremos la afinidad interior de esta alma humana con Escorpio dentro de la existencia post-mortem.

Este aspecto, la ubicación del Sol en el Zodíaco cuando ocurre el deceso, es tan sólo uno entre los muchos que han de ser considerados como importantes. Ya hemos hablado acerca de cómo las experiencias propias conforman un gran cuadro de la vida terrena concluida, durante los primeros días tras haber fallecido, pudiendo contemplar los puntos esenciales de ese destino terrestre a modo de poderosa imagen. Este es el primer estadio del trayecto post-mortem; sólo dura unos pocos días, concretamente, hasta que el cuerpo etérico es disuelto en el cosmos.

El alma humana ha dejado entonces atrás a los cuerpos físico y etérico. El único velo que la individualidad espiritual interior conserva aún consigo es el astral –el cuerpo del alma. Ahora bien, en este cuerpo astral aún se hallan vivos todos los deseos, pasiones e inclinaciones de todo tipo y grado, los cuales han sido gestados por el alma durante su estadía en la vida terrena. Antes de poder elevarse hacia esferas más altas del mundo espiritual, esta aura anímica debe ser limpiada y purificada. Se debe atravesar un lapso de tiempo de purificación y purgamiento, algo que nos es relatado por todas las religiones basadas en una contemplación espiritual. Fue Dante quien otorgó forma poética a esto en su Divina Comedia.

Durante este lapso de tiempo, el así llamado fuego de la purificación, el alma humana atraviesa una vez más por todas la experiencias de la vida terrestre pasada, pero en forma inversa. Vivenciamos todo el bien que causamos en otros desde su verdadero aspecto moral. Percibimos el efecto real de nuestros actos en las almas de los demás seres. De la misma manera experimentamos los efectos de nuestro mal obrar, en las almas de quienes hemos perjudicado. Inclusive, la inversión llega más lejos, puesto que siendo en orden inverso la forma por la cual el alma experimenta todos los sucesos de su vida pasada bajo la luz de su aspecto moral, la visión se extiende desde los últimos acontecimientos previos a la muerte hasta el momento en que se produce el nacimiento. Además, como lo demuestra la Ciencia Espiritual, este lapso de purificación dura alrededor de un tercio de lo que duró la vida terrestre pasada. Por lo tanto, si un ser humano vivió hasta la edad de 60 años, el trayecto a través de esta esfera cósmica abarcará unos 20 años. Entonces, el alma se verá lo suficientemente purificada como para continuar su trayecto hacia regiones más elevadas del mundo espiritual.

Este lapso de tiempo en el que el alma se halla en la esfera de purificación,  se verá indicado de manera bastante real en el horóscopo del deceso. Como ejemplo tomaremos el horóscopo de la muerte de Beethoven, quien fallece en Viena el 26 de Marzo de 1827, pasadas las cinco de la tarde. El círculo interior de la figura 1 muestra las constelaciones para ese momento. Particularmente sorprendente es la posición de Saturno sobre el Meridiano. Como si la pesada mano de Saturno sobrecargase la escena. En efecto, la vida de Beethoven no fue muy feliz; se sintió profundamente solo y portaba una pesada carga del destino sobre sus hombros. Sus sufrimientos, sobre todo su soledad, provenía de su problema auditivo, el cual le condujo a una sordera total. Fue precisamente esta pérdida de audición la que estaba bajo la influencia de Saturno. Los primeros signos de enfermedad auditiva, que pese a todo esfuerzo no pudo detenérsele, aparecen en el año 1798. En aquel año, Saturno se ubicaba aproximadamente sobre el mismo sitio que en el de la constelación del deceso. Por lo tanto, debemos confrontarnos con un tránsito previo de Saturno a como fuera explicado en los artículos anteriores, y todo esto se aprecia en medida impresionante por la posición de Saturno sobre el Meridiano al morir.

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La sordera fue ciertamente un durísimo golpe del destino para Beethoven, puesto que le disminuyó considerablemente en el ejercicio de su profesión como músico, pero él luchó con gran fortaleza con el fin de atravesar tales dificultades. Bajo la tenacidad de la fuerza de su destino, logró elevarse a mayores alturas como compositor, uno cuyas obras se vieron consecuentemente destinadas a ejercer la más profunda influencia sobre la humanidad –mismo hasta el día de hoy. Esto aplica sobre todo para la Novena Sinfonía, la cual él describió como la obra más madura de su espíritu. La Novena Sinfonía fue compuesta durante la época en que Saturno se hallaba en Aries, es decir, en el mismo lugar en donde se ubicó Marte al fallecer. Consecuentemente, esto está relacionado con Marte en Aries.

Todo esto ha sido dicho para vitalizar el horóscopo y volverle más real. De todos modos, lo que nos concierne en este contexto es la posición del Sol, que al momento en que fallece Beethoven se ubicaba a 6° del signo de Aries o constelación de Piscis. Como se explicó más arriba, ésta sería la dirección cósmica por donde partió el alma de Beethoven, pero esto no es todo aún. Debemos tomar también en consideración la relación con la dirección cósmica  del nodo lunar, que al morir Beethoven se hallaba a 16° del signo de Escorpio. Esto corresponde al nodo ascendente; el nodo descendente –opuesto- se ubicaba en el signo de Tauro. Sabemos que los nodos lunares se mueven inversamente a través del Zodíaco. Dos años después de la muerte de Beethoven, el nodo descendente –en su movimiento inverso- arribó a los 6° del signo de Aries, es decir al sitio en los cielos en donde se ubicó el Sol del deceso. Pero debemos seguir al nodo durante toda su revolución completa (18 años y 7 meses). Esto nos lleva a Diciembre de 1847. Ese día, el nodo descendente se ubicó nuevamente sobre el sitio donde estuvo el Sol al ocurrir la muerte.

Hemos hallado ahora lo que buscábamos. En primer lugar, han pasado 20 años desde la muerte de Beethoven en 1827. Llegó a vivir hasta los 57 años, ya que había nacido en 1770. Recordemos que tras ocurrido el deceso, el alma atraviesa la esfera de la purificación, un recorrido que dura un tercio de la duración total de la vida terrena, con lo cual contamos con que esto haya tomado unos 19-20 años de la vida post-mortem de Beethoven. Por tanto, en los sucesos cósmicos reales hallamos ciertamente algo que responde al carácter interior de la experiencia de este alma humana, ya que 20 años luego de su fallecimiento, aproximadamente hacia finales del tiempo de la purificación, el nodo lunar retorna al sitio en donde se ubicó el Sol del deceso.

Surge la pregunta: ¿qué es lo que justifica que relacionemos  a la experiencia anímica post-mortem  –el pasar a través de la ‘esfera de purificación’– con estos sucesos cósmicos particulares?. Para brindar respuesta a tal pregunta, apelaremos nuevamente al significado de los nodos lunares que fue descrito en un artículo anterior (Fig.2).

fig2

Los nodos son los puntos de intersección entre las órbitas solar y lunar. Estos son los puntos en donde entran en contacto las esferas lunar y solar –donde se estrechan las manos, digamos. Puesto que consideramos al trayecto u órbita del Sol y de la Luna como las demarcaciones externas de las esferas respectivas –los ecuadores varios, por decirlo así, de estas esferas celestes. La esfera lunar rota por dentro de la solar, con los cual los puntos de intersección van rotando, creándose un ritmo de 18 años y 7 meses hasta dar la vuelta completa. De este modo se deduce cómo se produce el retorno del nodo lunar a este punto esencial una y otra vez, el cual indica la dirección cósmica del punto de partida que tomó el alma al dejar la Tierra. Como hemos dicho, esto ocurrió para Beethoven en el año 1847, ya que entonces había retornado el nodo a los 6° de Aries, donde se ubicó el Sol del deceso.

Ahora nos será también posible expresar este hecho cósmico de manera más concreta. Ya que el alma pasa el tiempo de la purificación dentro de la esfera lunar. Es allí donde la naturaleza inferior ha de ser purificada y dejada de lado. Hasta que este estadio post-mortem no haya concluido (una vez más, como fuera establecido por la Ciencia Espiritual, conlleva un tercio de la vida terrena pasada), el alma no puede ingresar a la esfera superior, aquella del Sol. Este es el momento en que, por medio del nodo lunar, las esferas solar y lunar están en contacto precisamente en la dirección individual de la partida del alma.

Podría demostrarse la misma conexión dentro de muchos otros ejemplos. A menos que se hubiese producido alguna idiosincrasia orgánica, deberíamos ser siempre capaces de rastrear este tercio aproximado de la duración de la vida terrena en conexión al horóscopo del deceso, indicando la conexión espiritual que ha sido descrita.

La constelación de los planetas sobre el momento que hemos señalado, resulta pues significativa: el momento en que se deja la esfera lunar para ingresar en la solar. En el caso de Beethoven, Marte se ubica nuevamente sobre el mismo sitio en el año 1847 que al momento del fallecimiento, en la constelación de Aries. Podría decirse que Marte ha sido portado a un nivel superior, aportando significado al pasaje del alma desde la esfera lunar a la solar. Podemos sacar en conclusión de que éste es un punto de particular relevancia que el cosmos desea enfatizar especialmente. Como dicho anteriormente, este Marte en Aries corresponde  a la época en la vida de Beethoven durante el cual fue creada su gran obra maestra, la Novena Sinfonía. Ahora que el alma ha sido admitida en las esferas superiores, se ve iluminada una vez más por el juicio cósmico, es el horizonte espiritual, el trasfondo cósmico y creativo de su gran obra de arte loque se enciende aquí en la esfera de Aries – el Idealismo (como fuera explicado en un artículo previo). Como si en el Pensar del cosmos emergiese ahora el arquetipo espiritual. Incentivado desde la voluntad interior, es el mundo de las ideas y de los ideales lo que se ocultaba detrás de esta realidad, la mayor de las obras del genial compositor. La Novena Sinfonía recibe su significado cósmico sólo tras la muerte, madurando dentro del alma de Beethoven hasta alcanzar una estatura gigantesca. Durante su vida terrena, Beethoven vivenció un ideal -más bien todo un mundo de ideales humanos- y lo manifestó por medio de la enérgica realidad de su música. Ahora, a modo del más puro y esencial elemento de su ser, le es permitido brindarlo a los Dioses en los cielos. Puesto que al ingresar en la esfera del Sol, él retorna al seno de los Dioses; y con los frutos de su labor terrenal puede incluso enriquecer a la esfera cósmica y arquetípica de donde provino, la esfera del Idealismo en el pensar cósmico y divino.

Aquí tenemos al menos una pista, una indicación sobre las experiencias del alma humana durante la vida post-mortem.

Expresar estas cosas con palabras no es fácil en absoluto; ellas requieren más bien que se las vivencie en el silencio interior.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz

Horóscopos natales y de muerte

Artículo de Willi Sucher, Junio de 1938

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Al recordar cómo la gente del Medioevo contemplaba los cielos estelares, se genera la impresión de que los astros en aquella época aún hablaban en un lenguaje comprensible para los humanos. Sin embargo, el lenguaje de los astros se redujo lentamente hasta el silencio; mismo durante la Edad Media sucedía parcialmente así. La sublime sabiduría de los astros fue muriendo cada vez más en la mera tradición, la trasmisión de lo antiguo y hasta cierto punto, la añadidura de reglas nuevas. Hoy hemos alcanzado el punto de mayor silencio.

Por el otro lado, hemos podido ver cómo a través de las constelaciones del fallecimiento se ha podido explorar una nueva relación con  las estrellas. El ser humano porta consigo substancia espiritual fresca hacia el cosmos; en cierto sentido, el mundo estelar se rejuvenece. Multifacéticos, ricamente coloreados, completamente impregnados de la realidad terrestre, los destinos humanos se ven ahora inscritos en los cielos. Comenzamos entonces a hablarle a las estrellas –al menos eso intentamos– así como una vez lo hiciesen con nosotros. Este es el gran punto de inversión mundial a través del cual está pasando la humanidad, afectando a todos los aspectos de la vida humana. Debemos aprender a confrontarlo con claridad de consciencia.

El gran Hombre-Espíritu cósmico que se revela –en el espejo de las constelaciones del fallecimiento– cuando consideramos un período histórico completo, de la manera en que lo hicimos en el artículo previo, puesto que no queda allí en el cosmos exterior separado de nosotros aquí en la Tierra. Por el contrario, está íntimamente conectado. Además, gracias a los cambios de la humanidad en la Tierra, también se transforma el ser humano macrocósmico.

Esto sucede del siguiente modo: la substancia espiritual que fluye desde cada persona hacia el cosmos a través del horóscopo del fallecimiento, retorna una vez más a la humanidad en la Tierra a modo de cuestionamientos y problemáticas de la vida terrestre. Lo que períodos y generaciones previas portaron consigo hacia el cosmos exterior gracias a los horóscopos del fallecimiento, recobra vida ahora a través de los horóscopos natales en épocas posteriores. De por sí, una era sólo puede resolver las problemáticas de la vida terrena, consideradas como un todo, hasta un punto determinado. Las cosas no pueden finalizarse dentro de una sola vida terrestre. Cambios interminables y transmutaciones son el destino de la Tierra. Esto también se revela en la relación de uno mismo con los cielos. En los horóscopos natales de la humanidad que prosigue, vuelve a cobrar vida aquello que fue elaborado hasta cierto punto en épocas anteriores.

Un ejemplo histórico nos será de utilidad para ilustrar esto. Hallamos en la historia a la poderosa figura de Dante Aliguieri, quien causó gran impresión sobre la gente de la Edad Media con su poema La Divina Comedia. Consideraremos el horóscopo de su muerte (14 de Septiembre de 1321) para apreciar cómo se refleja el paso del destino.

La vida de Dante estuvo plena de drama; cortada al medio por cambios revolucionarios y sucesos. En el espacio oculto del tiempo, su vida puede compararse a una elipse con dos centros. Uno de ellos representa a su juventud, la cual describe en su poesía temprana Vita Nuova. De allí en adelante, así nos es narrado, su vida interior se vio centrada sobre aquel ser misterioso que él llama Beatrice. No fue posible establecer por medio de datos históricos quién fue esta doncella Beatrice, allí en Florencia donde vivía Dante. Algunos han llegado a creer que ella no existió en absoluto como ser terrenal, y si Beatrice sería más bien una figura alegórica que representa a algún tipo de experiencia interior.

Dante describe la abrumadora impresión que ella provocó en su vida interior. Cuando ella se le acercaba, él se veía movido por las más profundas emociones. Sobre todo, su temprana muerte se convirtió en un factor determinante en su desarrollo. Primeramente, le inspiró a narrar sus experiencias con ella en su Vita Nuova. Al final del poema él cuenta cómo el alma de la fallecida Beatrice apareció frente a él con maravillosa claridad y le prometió aparecérsele más seguido en el futuro. Aquí hemos sido llevados hasta el otro centro en la vida de Dante, el orígen y la creación de la Divina Comedia.

Entre ambos polos encontramos a la época en que trabajó para su ciudad natal y alcanzó un alto oficio. Pero las revoluciones políticas en Florencia alteraron el curso de su vida. Se vio obligado a partir, para nunca más volver. Pasó los últimos veinte años de su vida peregrinando sin cesar, de una ciudad o monasterio a la otra. Fue en esta época que la Divina Comedia alcanzó su dramática grandeza.

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Descubrimos la marca de estos dos polos en el horóscopo de la muerte de Dante (Fig.1), en la posición de Júpiter en Capricornio por un lado, y la de Marte en Leo por el otro, muy próximo a realizarse una oposición entre ambos. Los tránsitos previos de Saturno, descritos en el artículo anterior, sitúa a Júpiter en Capricornio como a la época en que se originó su Vita Nuova –el poema dedicado a Beatrice. Mientras que en cuadrante celeste opuesto –enfrentado a Júpiter– se halla inscrita la hora de nacimiento de la Divina Comedia, un Viernes Santo del año 1300. Ese día, Dante atravesó por una profunda experiencia interior. El nos narra sobre esto en el pasaje de apertura de la Divina Comedia, seguido inmediatamente por la asombrosa descripción de su viaje por el infierno, en donde presencia el dolor y la tortura de las almas condenadas al castigo eterno. Para empezar, Virgilio será su guía a través del reino de las sombras. Más tarde, tras haber hecho el largo peregrinaje a través de las esferas de la existencia post-mortem, le es permitido elevarse al cielo y es Beatriz quien aquí le sirve de guía. Vemos entonces cómo los núcleos de la vida de Dante citados anteriormente se pertenecen entre sí, y cómo ésto se refleja armoniosamente en las constelaciones al morir. Gracias a su amor por Beatriz, preservado en juvenil pureza, Dante es guiado desde las regiones del purgatorio y de la condena hacia la esfera de beatitud eterna.

Esta enorme y abarcante experiencia de Dante fue portada hacia el cosmos por Júpiter en Capricornio, pero no permaneció solamente allí. Fluyó nuevamente en la esfera terrestre con el fin de ser transmutada, y es maravilloso poder ver cómo emerge nuevamente en los horóscopos natales de aquellos nacidos más tarde, por ejemplo, en el de Michelangelo (6 de Marzo de 1475 – Fig. 2)

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En primer lugar, en el horóscopo natal de Michelangelo, Júpiter se ubica sobre el mismo lugar que al morir Dante, en la constelación de Capricornio. Este hecho pareciera ya sugerir una especie de reminiscencia cósmica, algo similar a un lazo oculto entre el poeta y el artista. Pero no solamente esto; se revelan conexiones más profundas cuando tomamos en consideración al horóscopo prenatal.

Marte, por ejemplo, se halla en Leo al comenzar la constelación prenatal y se ubica en el mismo sitio cósmico que al morir Dante. Luego transita hasta Capricornio, el lugar que ocupa Júpiter, en donde ambos planetas conjuncionan durante el noveno ciclo lunar prenatal. Además éste será más tarde el sitio del Ascendente natal. Ahora bien, como fuera indicado en artículos anteriores, los ciclos lunares prenatales han de ser referidos a los ritmos de las edades tempranas y al destino, y en este sentido hallamos a la conjunción prenatal entre Marte y Júpiter relacionada con el período de los años 1534-35 en la vida de Michelangelo. Esta es precisamente la época que arroja la mayor de las luces sobre la peculiar conexión entre Michelangelo y Dante. Ya que fue en estos años comenzó su labor sobre el gran fresco de la Capilla Sixtina, conocido como el Juicio Final. Si podemos recordar la imagen del drama arrobador de las almas ascendiendo al cielo, en contraste con aquellas que se precipitan a la condena, nos damos cuenta de que ha nacido completamente desde el mundo pensante de la Divina Comedia. Hermann Grimm, en su tan conocida Vida de Michelangelo, relata a pleno sobre esta conexión. Al contemplar el Juicio Final, le parece ver a Dante junto a Michelangelo mientras éste trabajaba, ‘insuflándole’ su espíritu. Para cualquiera que esté familiarizado con Dante, la obra de Michelangelo no puede presentarse de otro modo que no fuere como segunda inspiración de un mismo genio inspirador. La fluida corriente poética dentro de la cual vivía la fantasía del poeta, fue manifestada a modo de formas eternas por el pintor.

Vemos entonces cómo un cierto mundo de pensamientos, el empeño de toda una época por la esencia del ser espiritual de la humanidad, es portada a través de todo tipo de tempestades y obstáculos por un destino humano individual, fluye a través del horóscopo de su muerte hacia el cosmos. A continuación, nace nuevamente dentro de la vida terrena de una persona que pertenece a otra época y sufre una transmutación. Podemos sentir cómo una substancia espiritual tal, rebosante de vida espiritual de seres humanos individuales, crece aún más gracias a la transformación y, sin lugar a dudas, sobrepasando lejos a la limitación imaginativa de una época histórica particular, emergerá como la manifestación verdadera del mundo espiritual.

Sería muy valioso que veamos ahora cómo este impulso que habita en hombres tal como Dante y Michelangelo, el impulso de retomar la posta de la existencia post-mortem en toda su realidad, vive dentro de la humanidad.

En el caso de ambos, Júpiter en Capricornio fue la constelación importante y podemos rastrear su pista. En épocas más recientes vivió un hombre que en su vida y destino personal, experimentó la conexión entre vivos y muertos de un modo bastante nuevo. Nos referimos al poeta Novalis -seudónimo de Georg Friedrich von Hardenberg, nacido el 2 de Mayo de 1772. Una vez más, es el horóscopo prenatal quien más nos relata (Fig. 3). Durante el período prenatal, Júpiter atravesó Capricornio, mientras Marte inició su tránsito desde Leo. En líneas generales, se nos pide recordar nuevamente el horóscopo de la muerte de Dante. Ciertamente, existe una similitud impresionante entre los destinos de ambos hombres. Pareciera como si la tarea que Dante cargaba en su vida, con enorme grandeza pese a las limitaciones de la Edad Media, se convirtió en el motivo que subyacía a la vida terrena de Novalis, de un modo infinitamente más profundo y agraciado.

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Como mismo lo describe Dante, el amor celestial de Beatrice le instó a penetrar en las esferas de la existencia post-mortem. Fue Beatrice quien le guió hasta las más elevadas regiones. Un destino similar guió a Novalis.

Temprano en su vida, llegó a amar a una criatura. Ella fue un ser que causaba una impresión casi celestial a quienes la conocieron –Sophie von Kühn. Al joven poeta le pareció que ella fuese una aparición del mundo ideal de sus sueños poéticos. Siendo de naturaleza delicada y frágil, no pudo permanecer por mucho tiempo como para iluminarle el camino terrenal. Muere a los catorce años de edad, poco después de que Novalis la conociera, lo que le dejó en profunda desesperación. Tan grande fue su pena que deseó morir. Ciertamente, había decidido morir de inanición. Gradualmente, su pena abrumadora fue disolviéndose en un calmo matiz de resignación. Allí es donde se inicia para él un corto pero fertilísimo período de labor creativa, que culmina con su propia muerte temprana, el 25 de Marzo de 1801.

Lo primero que surge desde su desconsuelo fue el ciclo poético Himnos a la Noche. Comenzando con lamentos y el deseo de morir, el poema concluye a modo de apoteosis de la vida post-mortem, el único y verdadero reino de la existencia. Es como si el alma de Sophie, tras su muerte, le hubiese abierto un portal hacia el conocimiento, hacia la realidad del espíritu creativo. Una y otra vez, Novalis habló acerca del lazo absolutamente real que le unía a ella. Desde esta actitud, dio nacimiento a gran número de aforismos, pensamientos sobre todos los reinos de la existencia, la ciencia y la filosofía, probando que verdaderamente había alcanzado profundísima visión, incluso dentro de la esencia espiritual del mundo material que le rodeaba.

Su obra final fue la novela Enrique de Ofterdingen, sin poder concluírla antes de fallecer. De todos modos, en ella se encuentra un cuento de hadas y que es narrado por un personaje de nombre Klingsor, que equivale al mayor aporte por el cual se puede comprender al espíritu de Novalis. Las preciosas imágenes de este cuento proponen una perspectiva maravillosa sobre el futuro espiritual de la humanidad y de la Tierra. Así como Dante nos brinda una imagen asombrosa de la vida post-mortem, como Michelangelo retrató la pavorosa división de los caminos en su Juicio Final, también Novalis nos ofrece un cuadro abrumador a través de su cuento de hadas que, dentro de todo, es una imagen de la salvación.

Si reflexionamos acerca de la variabilidad con la que estos tres configuraron y trasmutaron a la misma constelación espiritual de Júpiter en Capricornio, dentro de las más amplias esferas históricas en las que vivieron, podemos atisbar cómo el gran Hombre-Espíritu es trasmutado una y otra vez y obtiene una delineación más y más clara a medida en que la humanidad avanza hacia el futuro.

Se genera ahora la pregunta: ¿cómo logra un impulso tal, portado como un Leiv motiv espiritual que atraviesa una vida en la Tierra, reaparecer bajo la luz cósmica en el horóscopo del deceso?. Alguien que mostró esta relación de un modo penetrante fue León Tolstoi, nacido el 9 de Septiembre de 1828 y falleció el 20 de Noviembre de 1910. Siéndonos más importante la constelación de la época prenatal para nuestro propósito, compararemos ésta con el horóscopo del deceso, abajo en la Fig. 4. Inmediatamente reconocemos la estrecha relación entre ambos cuadros en los cielos. Sobre todo, lo vemos al contemplar en dirección de Escorpio y de Libra.

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Recordando ahora lo dicho anteriormente acerca de la esencia del Zodíaco y su conexión con los horóscopos del deceso, recordando también cómo esta substancia espiritual desciende nuevamente y es rejuvenecida por medio de los destinos de otros individuos, diremos que el horóscopo prenatal de Tolstoi concentra a los planetas en Escorpio y en Libra, indicando cuán profundamente conectado estaba al empeño por el balance verdadero sobre el pasaje que va desde el mundo interior al exterior y además, cómo se ubicaba en el medio de un quiebre de las formas de vida obsoletas, teniendo que luchar en pos de las fuerzas de sostén del futuro.

Mucho ha sido publicado recientemente sobre la dramática vida de Tolstoi. Esto lo vemos indicado en alto grado dentro de su horóscopo prenatal. Por otro lado, el horóscopo de su muerte revela cómo logra asirse a estas tareas predestinadas durante su vida en la Tierra. Debemos considerar una vez más a los tránsitos previos de Saturno. Precisaremos considerar solamente a dos de los tránsitos, por ejemplo, y reconoceremos cuán elocuente es esta constelación.

En el año 1881, Saturno pasó por sobre la misma ubicación en el horóscopo del deceso; en 1865 pasó por el lugar en Libra sobre el cual se agrupan los planetas en el horóscopo del deceso. Luego de atravesar una juventud algo excéntrica, vemos que en el año 1865 contrae matrimonio y su vida se asienta y se ordena complacientemente. Desde esta esfera es que escribe su novela Guerra y Paz, la cual porta los aires de las amplias perspectivas y visiones del lenguaje ruso y del alma popular de este país. La calma interior, la tranquilidad casi física de esta obra es la expresión de uno de los aspectos del ser de Tolstoi.

Otro aspecto bastante distinto se manifiesta a través de las experiencias por las que atravesó en el año 1881. Fue una crisis interior abrumadora. Todo su pasado, los estándares religiosos y sociales que él había aceptado quedaron en ruinas. Emergió la actitud de Escorpio –la destrucción de lo obsoleto- mientras que al mismo tiempo, una nueva actitud surgía. Su camino se convirtió en una lucha por los nuevos conceptos religiosos y sociales de la humanidad. Este es un aspecto de su ser que se refleja en la posición de Saturno en Aries –el Aries que tanto tiene que ver con el verter impulsos frescos dentro de la evolución.

Podemos apreciar entonces cómo la problemática de Libra y de Escorpio que se indica en el horóscopo prenatal de Tolstoi y que corresponde a la gran crisis interior y la toma de decisiones en su vida, se ve finalmente trasmutada en un nuevo inicio –Saturno en Aries al fallecer.

Visto superficialmente, este inicio de la gran individualidad de Tolstoi se presenta sin dudas primitiva e ingenuamente, pero pese a ello semeja igualmente haber llegado más lejos del simple hecho de haber creado una bella literatura; desde el horóscopo de su muerte obtenemos la impresión de que los nuevos impulsos sociales propuestos por él, prosperarán y alcanzarán una manifestación en algún momento futuro.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

El Zodiaco (continuación)

Artículo de Willi Sucher, Mayo de 1938

English versión

En el artículo del mes pasado, intentamos mostrar un momento de profundo significado en la evolución espiritual de la humanidad –el giro de los siglos XIII y XIV– que fue incorporado en la escritura de los astros. Esta época está grabada en los cielos estelares por medio de una gran cruz cósmica. Por un lado se produjo la retirada de la antigua sabiduría hacia el oscuro y oculto trasfondo de la historia exterior, mostrado en el trágico drama de la destrucción de los Caballeros Templarios y grabado en la constelación de Sagitario, y por el otro lado tenemos el florecimiento de la Escolástica medieval, relacionada a las constelaciones de Virgo y de Piscis. Finalmente, tenemos el surgimiento de la Mística en la figura del Maestro Eckhardt, cuyo destino está inscrito en Géminis.

La cruz cósmica –Sagitario/Géminis y Virgo/Piscis– representa en su aspecto histórico-mundial un momento decisivo en la evolución de la humanidad  como un todo. Las fuerzas de la consciencia que restan de antaño se extinguen y un nuevo inicio alborea en el horizonte. Ciertamente, es significativo ver cómo la evolución del mundo occidental, a partir de aquel entonces hasta el día presente, queda revelada a la luz del actuar del cosmos. Con una continuidad remarcable, esta evolución de la humanidad que va desde la Edad Media en adelante, está representada en el cosmos.

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Esta vez, partamos desde Aries. Podremos ver cómo las principales figuras de la evolución espiritual se relacionaron con el Zodiaco a través del horóscopo de sus muertes. Para comenzar, tenemos a San Bernardo de Clairvaux, quien falleció el 20 de Agosto de 1153. Marte se hallaba en la constelación de Aries. ¿Qué significa esta ubicación de Marte?. Los tránsitos pasados de Saturno, explicados en una entrega anterior, nos capacitarán para encontrar la respuesta. Es en la fundación y el desempeño del monasterio de Clairvaux en donde San Bernardo jugó un rol decisivo y es lo que se encuentra inscrito aquí por el planeta Marte. En Aries se halla inscrito un suceso que proviene de un impulso importantísimo, surgido de la ardiente experiencia mística de un hombre que sería el inspirador de la Segunda Cruzada. En estos eventos alborea el paso al cual estaría destinada la humanidad medieval, desde las últimas reliquias de la antigua sabiduría de los Misterios hasta el tipo de experiencia mística que alcanza su mayor expresión en el Maestro Eckhardt.

Esta nueva incisión en los esfuerzos espirituales de la humanidad tocó de cerca a los seres humanos de la edad Media una y otra vez, y desde diversos aspectos. Pasando ahora a la esfera de Tauro, encontramos a Raimundo Lullio, y Marte se ubicó en esta constelación al fallecer éste. El fue el conocido originador del ‘arte lulliano’, como se le llamaba algunas veces, que intenta desarrollar nuevos tipos de cuestionamientos y respuestas, a partir de combinaciones sutiles sobre conceptos filosóficos ya conocidos por la humanidad. Su modo de pensar influyó a muchos otros, inclusive en épocas posteriores –a Giordano Bruno, por ejemplo.

Raimundo Lullio nació en Mallorca. Paso su juventud dedicado exclusivamente a las impresiones de los sentidos. Repentinamente tiene una vivencia visionaria que cambia el curso de su vida. A partir de allí  se dedicó con toda su alma al estudio espiritual y a las grandes cuestiones religiosas de su época. Este fue un suceso decisivo en su vida, y fue inscrito en Tauro por Marte.

En Aries vimos reflejado un suceso humano surgiendo desde un impulso profundamente interior, una misión completamente absorbente. En Tauro tenemos a la imagen de una conversión, una transformación debido a una experiencia profunda en el espíritu. Una incisión poderosa proporciona con suficiencia un nuevo giro a la tendencia que preexiste en la vida. Esta cualidad de Tauro podrá encontrarse también en otros horóscopos de muerte.

Ahora llevemos al aspecto cósmico de la historia humana hasta la esfera de Géminis, en donde aparece una profunda hendidura entre el mundo interno y el externo. Ya nos hemos confrontado a este tipo de vivencias del alma en el Maestro Eckhardt. La Mística, con su profunda orientación hacia el interior se coloca en un conflicto con la Iglesia. Géminis, los hermanos gemelos que luchan entre sí en cada alma humana, se revela aquí; estereotipada en el empeño dentro del individuo mismo por la luz interior y, en la poderosa institución eclesiástica, deseando adherirse a la tradición del pasado.

Ahora, la evolución emprendió su curso de un modo tal que las antiguas facultades cognitivas fueron muriendo gradualmente hasta la característica experiencia mística del Medioevo. A través de sus mejores exponentes, la Escolástica mantuvo aún un balance por medio de una aguda disciplina del pensar. En el pensamiento, la vida interior consciente del ser humano buscó retener la conexión con el alto mundo de la Revelación Divina. Esta facultad se fue extinguiendo más y más.

Significativamente, vemos cómo sucede esto en alguien como Nicolás de Cusa, quien muere el 11 de Agosto de 1464. Nacido entre los siglos XIV y XV, fue educado en la disciplina del pensamiento escolástico; pero su experiencia interior lo llevó por otro camino. Mientras viajaba por mar, tuvo una experiencia mística que lo hizo sentirse como bañado por el océano eterno del Espíritu, de un modo tal que la experiencia no llegó ya a alcanzar el reino del pensamiento. ‘Docta ignorancia’ fue como él llamó a esta experiencia de lo divino; así lo describe pues en su libro ‘De Docta Ignorantia’. Al momento de fallecer, ocurre una conjunción entre Saturno y Júpiter en la constelación de Acuario. Aquí vemos su conexión con el Escolasticismo. Por el otro lado, Marte y Venus se encuentran en la región de Cáncer y Leo. Esta es la imagen cósmica de su paso más interior hacia la esfera de la docta ignorancia. Entre las dos constelaciones, su experiencia marítima quedó inscrita en Aries.

Por lo tanto, en la constelación de Cáncer vemos indicada la tendencia en el desarrollo espiritual del ser humano a retraerse dentro de la vida interior del alma. Esto se expresa aún más fuertemente en los horóscopos en Leo. Consiguientemente, en los horóscopos del deceso de un significativo número de místicos de la Edad Media tardía y en los albores de la época moderna, vemos ingresar a los planetas en la región de Leo. Uno de los que se destaca entre ellos es Johannes Tauler, discípulo del Maestro Eckhardt. Al fallecer en Junio de 1361, Saturno, Marte y Venus se hallaban en Leo. Una experiencia de carácter único quedó grabada en esta constelación. Nos referimos a la así llamada conversión del Amigo de Dios de Oberland, un hombre cuya influencia se extendía a lo largo y ancho de los alrededores de Basilea por aquel entonces. El Amigo de Dios es ciertamente una figura misteriosa en la Historia. No existe evidencia histórica concreta acerca de quién era o de dónde venía, solamente quedan las historias contadas por aquellos que le rodeaban que se refieren a él como un ser maravilloso que poseía una influencia espiritual profunda y extensa. Lo mismo sucede con la historia de la ‘conversión’ de Tauler. A través de su encuentro con el Amigo de Dios, atraviesa por profundas experiencias internas, y a partir de allí su influencia y su elocuencia se vieron realzadas de un modo maravilloso.

Mientras que la constelación de Leo está conectada con la búsqueda de la verdad espiritual en lo más hondo del alma humana, Virgo corresponde a la paz interior, el calmo equilibrio del alma dentro del ser espiritual de la naturaleza y de la vida humana. Esto ya fue indicado en relación al Escolasticismo en el artículo previo. Pasando desapercibidas por el mundo exterior, en silencio interno y la serenidad del alma, las experiencias cobran forma en la esfera de Virgo preparándose para manifestar cambios esenciales en el desarrollo de la consciencia. En la constelación de Virgo tenemos consecuentemente a alguien que muestra vigorosamente este rasgo: Paracelso, el famoso alquimista y médico, quien murió el 23 de Septiembre de 1541. Al fallecer, Júpiter se hallaba en Leo mientras que Marte y Saturno, junto con el Sol y los dos planetas interiores Mercurio y Venus, se ubicaban en Virgo. Saturno se hallaba más bien al límite entre Virgo y Libra. Todo esto corresponde al lugar peculiar que ocupa esta gran individualidad en la vida espiritual de su época. Ya que por un lado, Paracelso como alquimista vivía dentro de la corriente espiritual que buscaba penetrar hasta la comprensión de lo divino y lo espiritual atravesando un sendero místico más interior; pero por el otro lado ya era alguien que se había volcado conscientemente hacia el mundo exterior, buscando encontrar las verdaderas raíces de ser de la naturaleza. Esto lo vemos por el modo en que aporta una concepción nueva sobre la naturaleza humana y hasta cierto punto, una nueva ciencia médica. Paracelso es un representante muy vital de la transición que va desde la humanidad medieval –cuya experiencia sobre lo espiritual se iba desvaneciendo dentro del Misticismo– hasta la nueva tendencia del alma que dio nacimiento a la ciencia moderna. Dentro de esta corriente científica, la consciencia sobre la realidad del mundo espiritual se hallaba y está verdaderamente en peligro de ser sofocada por completo; como fuere, este desarrollo también estaba destinado a ser llevado a cabo y era por tanto inevitable; es una fase necesaria de nuestra evolución, puesto que nos situó sobre el camino que conduce a la libertad espiritual. Este giro en la evolución de la humanidad se ve expresado potencialmente en la constelación de Libra.

Hallamos a Saturno en Libra dentro de los horóscopos de la muerte de tres grandes hombres –inauguradores de la era científica: Copérnico, el fundador de una nueva Astronomía (fallece el 24 de Mayo de 1543); Tycho Brahe, el famoso astrónomo danés (fallece el 24 de Octubre de 1601); y Johannes Kepler, el gran astrónomo y matemático alemán (fallece el 15 de Noviembre de 1630).  La transición de la humanidad hacia la nueva visión sobre la naturaleza, se retrata de un modo impresionante a través de la relación de estos tres.

Copérnico estableció las bases de una nueva sistematización del mundo, exclusivamente por medio de la observación exterior y la experimentación matemática. Tycho Brahe incursionó una línea muy distinta. Como astrónomo, también él se dedicó encarecidamente a la observación del cielo estelar, pero en lo profundo de su alma prevalecía la memoria de una vida pasada en la Tierra, durante la cual había estado unido a la sabiduría de los antiguos Misterios de manera aún más íntima. De aquí que se rebelara contra la idea central del sistema copernicano, que consistía en situar al Sol en el centro de nuestro sistema solar. El desarrolló un sistema propio, por el cual intentó otorgarle el rol central a la Tierra una vez más.

Luego surge Kepler, quien trabaja junto a él como su asistente. Cuando Tycho presintió su final, rogó a Kepler que basase su trabajo futuro en su sistema, el tychoniano, y no en el copernicano. Pero Kepler no siguió tal consejo y basó su labor subsiguiente en la idea copernicana.

Vemos conectado a la constelación de Libra uno de los más grandes giros en la evolución espiritual. La cosmovisión de los antiguos, como por ejemplo el sistema ptolemaico, es sustituida por el punto de vista moderno de la investigación científica y el experimento. Ahora, los hombres se hallan dedicados al exámen de la naturaleza visible externa.

Arribamos ahora a la constelación de Escorpio. Allí tenemos a Marte, tanto en el horóscopo de muerte de Kepler como en el de Galileo (8 de Enero de 1642). En el Marte de Kepler se ve inscrito el giro hacia el sistema copernicano tras la muerte de Tycho Brahe; en el de Galileo señala el período de su vida en donde lo vemos llevar a cabo importantes investigaciones en Padua. Además, en la vida posterior de Galileo representa el momento en el que defendía valerosamente al sistema copernicano frente a la Inquisición. Consecuentemente, a Escorpio le corresponde la transformación profunda de la cosmovisión dentro de la humanidad. Kepler, Galileo y muchos otros confrontan a las viejas ideas con las bases de un método de investigación completamente nuevo. Escorpio está ligado a la destrucción de las tradiciones vetustas y a su vez, con la transmutación y el progreso.

El ciclo evolutivo nos conduce ahora hacia la esfera de Sagitario. Esta esfera  está conectada al surgimiento y la caída de las corrientes espirituales dentro de la evolución, como ya hemos visto a través de la destrucción de la Orden de los Caballeros Templarios. Existe una batalla por la continuidad espiritual en el progreso humano. El horóscopo de la muerte de Martín Lutero, por ejemplo (18 de febrero de 1546) se ve penetrado de manera decisiva por esta constelación. Saturno y Marte se hallan en Sagitario mientras que Júpiter ingresa a Capricornio desde allí. Saturno en Sagitario representa a la época en que Lutero clavó sus tesis en las puertas del palacio de Wittenberg, marcó la incisión en el camino que conduciría a la separación de la Iglesia romana. También en el horóscopo de la muerte de Leonardo da Vinci (2 de Mayo de 1519), Saturno estaba en Sagitario. Esta es una imagen de las dificultades que debieron atravesar los grandes maestros en pos de alcanzar nuevos puntos de vista sobre todo el terreno de las artes y la ciencia. Cierto es que sus fuerzas, al verse confrontados con lo viejo, no son aún lo suficientemente fuertes y muchos de sus intentos ven esquivar el éxito inmediato. Pero tanto en Leonardo como en Lutero, el empeño sincero por el progreso de la humanidad, por la realización de nuevas formas de vida, se manifiesta vigorosamente. Este es el temple de Sagitario.

La constelación siguiente, Capricornio, se ve plena de destinos humanos en donde lo esencial consiste en alcanzar una rápida realización de una tarea o misión. Podrían darse muchos ejemplos. Uno que expresó esto del más bello modo fue el gran pintor Rafael. A su muerte, un Viernes Santo de 1520, Saturno se hallaba en Capricornio. Esta posición de Saturno corresponde a los sucesos ocurridos en la juventud temprana de Rafael, al morir su madre para luego ser tomado como aprendiz en el taller de su padre. Fue un momento importante del destino cuando este ser amable y delicado se vio privado de la protección materna y se lo situó en una corriente que lo condujo con gran rapidez hacia las más grandes alturas de su creación. En los 30 años que siguieron, con un toque de increíble facilidad y liviandad, dio a luz a las verdades espirituales más profundas mediante su arte y las ofreció a la humanidad. Esta manera de llevar un impulso espiritual a  la concreción, casi sin resistencia, es el verdadero temple de Capricornio.

A través de la constelación de Acuario, las corrientes espirituales cósmicas se manifiestan a sí mismas en el fluir de la historia humana en la Tierra. Como representante de esta tipología podemos mencionar una vez más al cardenal Nicolás de Cusa, quien en el horóscopo de su muerte mostraba a Júpiter conjunto a Saturno en Acuario. Por sobre todo, esto estaba conectado con el curso que había tomado el Concilio de Basilea durante la década de 1430. Nicolás de Cusa tuvo mucho que ver con este Concilio. Quienes se habían reunido allí intentaban realmente de entablar términos sobre un evento el cual –en el terreno de lo espiritual– se mostraba ya como un hecho. Esto fue la creciente rebelión de la humanidad en contra de los viejos principios jerárquicos representados por la Iglesia romana. La tendencia y el propósito de la nueva era que alboreaba, consistía en congregar a toda la humanidad  por medio de un espíritu unificado, pese a la inmensidad de sus diferencias. El mismo Nicolás había atravesado por experiencias espirituales de las cuales había aprendido que las más diversas –inclusive las creencias religiosas no cristianas– podían llegar a entablar una comprensión pacífica entre sí. Que un sentimiento tal pudiera surgir en el alma humana, así como en el seno de la Reforma, provocó que se creasen poderosos movimientos opositores al principio autoritario de la Iglesia Católica. Todo esto se debió a que la transformación en una nueva era ya había tenido lugar en el mundo espiritual. Los seres humanos sobre la Tierra –como por ejemplo aquellos que tomaron parte del Concilio de Basilea– vivenciaron este hecho que se reflejaba en lo profundo de sus almas, e intentaron por todos los medios comprenderlo y asimilarlo. Esta vivencia humana fue inscrita en Acuario gracias a horóscopos del deceso como lo fue el caso de Nicolás de Cusa.

De allí nos vemos dirigidos hasta la constelación de Piscis, en donde se ven configuradas las grandes batallas libradas a causa de la cosmovisión y las formas de vida en la humanidad, tal como explicamos al tratar la Escolástica. Tales batallas pueden extenderse a lo largo de los siglos, pero aún así se focalizan sobre individualidades particulares y lograron inscribirse en esta constelación a través de sus horóscopos.

De este modo es como podemos reconocer el trayecto continuo de la humanidad occidental a través de la totalidad del Zodiaco. Alrededor de los siglos XII y XIII se produce una especie de nudo, un punto nodal en la evolución. Por un lado se iban extinguiendo las reliquias de las antiguas facultades cognitivas, todavía en conexión más directa con el mundo espiritual real, pero el Escolasticismo fue aún capaz de mantener un sutil lazo entre ambos gracias a heroicos esfuerzos del pensar. Esto se perdió en última instancia al concluir el Misticismo medieval, con su ansiar profundo por una experiencia de lo divino, ya no le era posible lograr que tal experiencia se vivenciara con la plena consciencia. Como consecuencia, la humanidad se volcó más y más a la observación y experimentación sobre la naturaleza externa. A su modo, esto fue el comienzo de una evolución que se extiende lejos hacia el futuro, una evolución que busca por un lado el liberarse de reglas y tradiciones antiguas, mientras que por el otro lado, la gente se esforzó desde lo profundo de su alma por alcanzar un nuevo conocimiento sobre las relaciones espirituales entre la Tierra y el cosmos, conocimiento que nacía desde la libertad. Puede admitirse que en nuestra época, este rasgo marcante de la evolución moderna se malentiende a menudo o incluso se lo niega. Pese a todo, a través de la oscura noche del vacío espiritual reinante, una nueva especie de ser humano está a la búsqueda de la luz. Los delineamientos de este ser humano futuro se hallan escritos en el cosmos del modo en que hemos intentado indicar, si bien resumidamente.

No debemos contemplar solamente las secciones parciales o las perspectivas azarosas de la historia exterior, su unilateralidad e imperfecciones, debemos intentar ver el todo. Esto se ve representado en la imagen cósmica, y lo maravilloso aquí es ver cómo las tendencias más opuestas se ubican –a pesar de todo- armoniosamente dentro del cosmos, en los lugares cósmicos que les corresponde según sus numerosas virtudes e inspiraciones. De este modo, ellas hallan su lugar en este empeño hacia el ser humano perfecto; un empeño escrito en el universo por medio de los horóscopos del deceso, trascendiendo al ser humano individual y convocándonos una y otra vez a elevarnos por encima de nuestra unilateralidad hacia el todo.

Este ser espiritual compuesto por doce partes puede vivenciarse en el Zodíaco, puesto que en el Zodíaco se halla la verdadera imagen arquetípica de la forma humana. Comenzamos por Aries que representa a la esfera directriz y que equivale a la cabeza del cuerpo terrestre; de allí irradia a través del cuerpo espiritual viviente, pasando por la introspección profunda y emergiendo nuevamente desde la esfera del movimiento y la actividad comparable a los miembros en el cuerpo terrestre. Así es como se ven conectadas las numerosas constelaciones del Zodíaco a  los esfuerzos espirituales de los seres humanos:

Aries: los impulsos espirituales son vertidos en la evolución.

Tauro: los impulsos intentan encarnar en realidades terrestres; se confrontan con resistencias pero son capaces de lograr transmutaciones.

Géminis: el hermano luminoso y el oscuro; el impulso espiritual lucha contra las dos aberraciones del alma humana: la liviandad del ser y el materialismo.

Cáncer: la introspección hacia el silencio interior.

Leo: la búsqueda por la fuente del Espíritu en las profundidades del propio ser.

Virgo: el Portal hacia el interior de todos los seres.

Libra: desde la vida interior, se genera nuevamente el giro hacia el exterior; de aquí la cuestión del balance –los momentos decisivos del Espíritu.

Escorpio: viejas conexiones son destruidas y han de ser creadas nuevas por medio de propósitos y buena voluntad.

Sagitario: la alternancia de grandes corrientes espirituales en la historia humana.

Capricornio: el lograr con éxito tareas del destino dentro de la esfera terrestre.

Acuario:  las corrientes de la vida espiritual en la Tierra, a modo de imágenes de corrientes cósmicas.

Piscis: la lucha de las corrientes espirituales en la humanidad  por el futuro del mundo.

Como podrá revelarse en el curso de trabajos futuros, el ser humano espiritual macrocósmico es una realidad en cada uno de sus detalles.

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Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

Astrologia II – Mirando a través del horóscopo natal

              Artículo de Willi Sucher – Agosto de 1937

 

English versión

En el artículo precedente ha sido destacado que a la luz del conocimiento científico moderno, el considerar solamente al nacimiento como base para la investigación astrológica no es suficientemente sólido. Investigaciones en el campo de la embriología han demostrado que el desarrollo del germen, especialmente en los primeros estadios, posee una significancia mucho mayor que el nacimiento en sí. Por lo tanto, si la Astrología ha de tener un lugar dentro de los tiempos modernos, hemos de utilizar al horóscopo natal como punto de partida para poder adentrarnos en aquellos sucesos que ocurren en el cielo estelar durante el período prenatal.

La constelación natal es más bien la fisonomía del ser humano. Incluso la persona más inexperta puede percibir cuántas cosas se hallan presentes detrás de la faz; cosas de importancia que conciernen al carácter del ser humano, los destinos que ha sufrido, etc. La fisonomía humana puede ser percibida como un portal de acceso a la comprensión del individuo que se halla por detrás. Esto es la constelación natal. Hemos de atravesarla si deseamos obtener un conocimiento sobre el devenir existencial del ser humano durante la época prenatal. ¿Cómo podemos hacer esto?.

Existe una antigua regla que nos llega de los egipcios. Es la así llamada Regla Hermética. Surge mucho antes de la era cristiana, en los escritos casi míticos de los sacerdotes egipcios Nechepso y Petosiris. Esta regla aporta valiosas indicaciones sobre un concepto de la constelación natal más amplio y menos rígido, con lo que puede comprendérsela dentro de la conexión con los sucesos prenatales. Su focalización es la siguiente:

1- Si la Luna natal esta creciente, entonces al momento de la concepción —aproximadamente 273 días antes del nacimiento—la Luna se hallaba en el zodíaco en donde está el Ascendente del horóscopo natal (u horizonte Este).

2- Si la Luna natal esta menguante, entonces al momento de la concepción se hallaba en el zodíaco en donde está del Descendente del horóscopo natal (u horizonte Oeste). Este período de 273 días corresponde aproximadamente  a la duración normal del desarrollo embrionario, aunque en el caso de un embarazo anormalmente corto, como el de un niño sietemesino, sería correspondientemente más corto.

Cuando esta regla es aplicada en la Astrología práctica, surgen cuatro casos. Esto lo ilustraremos en cuatro gráficos.

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Estas son las cuatro condiciones posibles para un horóscopo natal.

En el primer ejemplo, la Luna está creciente y por encima del horizonte (designado por la línea horizontal que va del Descendente al Ascendente). Entonces, en la así llamada época, la Luna ha de haber estado en la parte de los cielos en donde se halla el Ascendente, en este caso en el signo de Libra. Desde allí, en aproximadamente 273 días, se ha movido hasta su lugar en el horóscopo, el cual está en Leo. No ha regresado por completo a su punto de partida en Libra. Para hacerlo le llevaría exactamente 273 días, ya que es el tiempo que corresponde a diez revoluciones lunares completas alrededor del zodíaco (10 veces 27,3 días). Por lo tanto. En el primer ejemplo la época es 4 días más corta que los 273 días; en suma, los cuatro días que requeriría para llegar de Leo a Libra.

En el segundo ejemplo, la Luna está creciente pero debajo del horizonte. Según la Regla Hermética, al momento de la concepción se hallaba en el lugar donde está el Ascendente natal –que es nuevamente Libra. Transcurridos los 273 días, ha regresado a Libra, pero el nacimiento tuvo lugar pocos días después, con lo cual en este caso el período de 273 días se ve extendido por lo días que le llevó a la Luna llegar desde Libra a Capricornio.

En el 3er y 4to gráfico, la Luna está menguante. Al momento de la concepción ha de haber estado en el lugar del zodíaco que corresponde al Descendente del horóscopo natal, el cual es Aries. En el 3er gráfico tenemos ahora a la Luna por encima del horizonte del horóscopo natal, y debemos asumir que le llevó un poco más de 273 días hasta llegar a Géminis. En el 4to caso, por otro lado, le llevó menos de 273 días, el número de días que le tomó para ir  desde Acuario hasta Aries.

Ahora se habrá entendido fácilmente que la época a la que está referida la Regla Hermética, indica un momento en el tiempo que se sitúa alrededor del período de la concepción. Se sobreentiende que en el caso de un sietemesino no debemos calcular 10 ciclos lunares (10 veces 27,3 = 273 días) sino 8 (8 veces 27,3 = 218 días) como promedio standard.

De todos modos, estos cálculos no nos dicen si el momento de la época coincide exactamente con el de la concepción física. Los múltiples procesos conectados a la concepción no son ciertamente tan tangibles dentro del estado actual del conocimiento científico ni es tampoco necesario que lo sean, visto desde un punto de vista astrológico. La Ciencia Espiritual contempla a la concepción como un foco o punto de irradiación de todo un mundo de sucesos cósmico-espirituales, y son éstos quienes se reflejan, se dibujan en un cierto sentido, durante la época. La concepción indica un punto físico preciso en la línea del desarrollo, mientras que la época se refiere a toda una esfera de sucesos –inclusive a una esfera temporal.

Que al momento de la concepción la Luna se ubique en el lugar del zodíaco donde se encuentra el Ascendente (o el Descendente) al nacer, es de lo más significativo. Significa que el Ascendente o el Descendente es como la imagen de un puente que conduce hacia dentro desde las regiones cósmicas en las que se hallaba la Luna, durante los inicios del desarrollo prenatal, un puente que une a todo lo correspondiente a la esfera lunar con la terrestre. Es claro que este tipo de imaginación astrológica no tiene por qué negar a las tradiciones clásicas, pero nos ayuda a penetrar en lo que quedó manifiesto en el horóscopo natal por medio de un conocimiento más activo. Pues el Ascendente o Descendente se nos presentará ahora como un paso por sobre el cual el ser humano es guiado: desde una fina condición etérea en  la esfera lunar, atravesando todo el desarrollo embriónico hasta el elemento más sólido de la Tierra –un proceso que alcanza una cierta culminación con el nacimiento. Dicho brevemente, el Ascendente o Descendente es un cuadro del camino por el cual el ser humano etérico, el así llamado cuerpo etérico, ingresa en el ser humano físico. De este modo se expande la noción astrológica sobre el Ascendente hasta un mundo de hechos más reales y concretos, al ser éste la entrada del ser humano a la vida. Esto será mostrado con la ayuda de ejemplos. Lo aplicaremos primero sobre un ejemplo histórico, en el horóscopo de Richard Wagner.

El nacimiento de Richard Wagner tuvo lugar el 22 de Mayo de 1813. En aquel momento se hallaba presente la siguiente constelación en el diagrama. En el gráfico, las así denominadas casas astrológicas han sido obviadas expresamente ya que el objetivo central de estos artículos es construir desde principios simples e ir comprendiendo según avancemos. Solo indicaremos la línea del horizonte como Ascendente.

A fin de comprender el lenguaje de esta constelación sin caer demasiado en la tradición, debemos mirar a través de él aquello que está actuando en el trasfondo, es decir las fuerzas que han sido las guías hasta el momento del nacimiento, hasta el punto de la culminación. Una vez más, es como si tratásemos de mirar a través de la fisonomía de un ser humano a los poderes formativos que están por debajo.

Primero trazaremos la época con la ayuda de la Regla Hermética. La Luna está menguando y por encima del horizonte; por lo tanto, viene a cuestión el 3er caso (véase arriba). Durante la época, la Luna ha de haber estado sobre el Descendente del horóscopo natal –en Sagitario. Si desde el nacimiento, estando la Luna en Acuario, retrocedemos 273 días, habremos seguido el curso de la Luna durante 10 revoluciones completas y retornaríamos a Acuario una vez más. Pero buscamos a la Luna en Sagitario, con lo cual deberemos retroceder un poco más de 273 días hasta el 15 de Agosto de 1812. Esto nos brinda el momento para la época -más correctamente- su inicio.

Allí se ubicaba una cierta constelación de planetas presentes en aquel instante. Durante el período subsecuente hasta la fecha de nacimiento el 22 de Mayo de 1813, la constelación atravesó por grandes cambios. Todos estos sucesos en el cosmos se aclararán en el siguiente gráfico.

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En este gráfico hemos añadido algo nuevo, en suma, al zodíaco real de las estrellas fijas – las constelaciones actuales del zodíaco visible del cielo estelar. Estas están indicadas en el círculo externo, y cada constelación se muestra mayor o menormente en su extensión actual. Sobre el zodíaco de la eclíptica, que está indicado en el círculo interior, este zodíaco de las estrellas fijas es una realidad distinta. El zodíaco de la eclíptica, como es bien sabido, tiene su inicio con el punto vernal (un punto determinado por el ritmo de las estaciones) y de allí divide el trayecto anual solar en doce sectores equivalentes. El punto vernal es conocido como Aries y de allí en adelante, los sectores que continúan son denominados según el orden  de los doce signos zodiacales. Ahora bien, el zodíaco de las estrellas fijas es hasta cierto punto independiente de este círculo eclíptico, ya que como resultado de la precesión de los equinoccios, las constelaciones reales no coinciden ya con los signos zodiacales eclípticos correspondientes, y lo harán cada vez menos en el futuro. Entonces, por ejemplo, cuando miramos hacia la porción de la órbita solar designada como Aries, la constelación que realmente vemos es a la de Piscis y no Aries. En la ciencia astrológica del futuro será necesario considerar a las constelaciones reales así como a los signos de la eclíptica.

En el diagrama, las posiciones de los planetas para el inicio de la época el 12 de Agosto de 1812, están indicadas en el círculo externo. Allí se produce una conjunción entre Júpiter y Venus hacia su transición desde Géminis a Cáncer. También se produce una conjunción entre el Sol y Marte en Leo, Mercurio está pasando de Leo a Virgo y Saturno se ubica en Sagitario. Durante el período del desarrollo prenatal hasta el 22 de Mayo de 1813 los planetas se avanzan por el zodíaco, y sus varios trayectos se muestran en el gráfico por medio de sus arcos circulares correspondientes, o de lazos en el caso de Júpiter y Saturno. Saturno se encuentra retrogradando al principio y al final, y Júpiter hacia mediados de la época prenatal. El trayecto de Marte es indicado por —–, el del Sol por ____, el de Venus por ……. y el de Mercurio por +++++.

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Procediendo de este modo, vemos formarse un cuadro multifacético. Todo el conjunto semeja a una gran marea de movimiento cósmico y lo vemos presentarse en una riqueza de fenómenos, mismo si sólo consideramos a las conjunciones planetarias dentro de todo el período. Tres cosas son las que habremos de considerar especialmente si deseamos sintetizar la imagen de este fluir y de este movimiento como un todo.

Tenemos a los movimientos de la Luna, del Sol y de Saturno durante este tiempo prenatal. Ya hemos visto que en el tiempo que va desde el 15 de Agosto de 1812 hasta el 22 de mayo de 1813, la Luna fue desde Sagitario (Sagitario eclíptico) hasta Acuario. Diez ciclos lunares se producen entre estas fechas más el pequeño trayecto adicional desde Sagitario a Acuario. Promedialmente, la Luna habrá pasado por sobre cada planeta alrededor de diez veces y en cada ocasión lo ha encontrado en otro punto del cosmos, ya que el planeta también se mueve. De las maneras más diversas, las fuerzas de los planetas son recogidas y reflejadas por la Luna hacia la esfera terrestre. Este es un punto  extremadamente importante y nos conducirá ahora hacia una visión más profunda.

Si consideramos al trayecto del Sol y a los trayectos contiguos de Venus y Mercurio, nos da la impresión de que no alcanzaron a cubrir una porción del zodíaco. Este permanece como una especie de espacio abierto en el cuadro. En el horóscopo de Richard Wagner esto se muestra como evidente y simple, pero en otros casos puede llegar a ser mucho más irregular. Venus, por ejemplo, puede llegar incluso a cerrar este espacio. Este hecho puede revelarnos también muchas cosas valiosas; está más conectado al ser humano como personalidad terrestre, incluso con nuestra apariencia externa. Por otro lado, la Luna y sus revoluciones prenatales grafica a todo el proceso de incorporación del ser humano suprasensible dentro del organismo físico. Saturno, en cierto sentido ayudado por Júpiter y Marte, se halla lejos en el trasfondo de todos estos eventos, no pasivamente pero si en gran calma cósmica. Saturno se mueve mucho más lentamente que los demás planetas y por sobre todo, Saturno trae consigo al gran drama del destino a nuestra existencia.

En los próximos artículos, enlazando a todo lo que hemos desarrollado hasta aquí, discerniremos los puntos focales en la biografía de Richard Wagner, para poder ver de este modo cómo su vida terrena se espejó en este cuadro cósmico. A tal fin nos fue necesario atravesar esta extensa preparación, puesto que deseamos conscientemente, por sobre todo, comprender a los hechos cósmicos y sus relaciones.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

 

 

El ritmo de 33 años

Por Willi Sucher

 

 

Para los miembros de la Sociedad Antroposófica de Gran Bretaña – Vol. XXXI. Nº 4 de abril de 1954  – (Publicado por el Consejo Ejecutivo de la Sociedad Antroposófica en Gran Bretaña).

 

English version

 

Todos los cuerpos celestes se mueven acorde a ciertos ritmos. Esto ha hecho surgir conceptos mundiales que contemplan al cosmos como si rodase como una máquina gigantesca. Muy a menudo se olvida que todo movimiento cósmico ha de haber sido originado desde la intención y los actos de algún tipo de inteligencia cósmica.

Si, por ejemplo, hablamos de la revolución de un planeta, debemos considerar que este movimiento rítmico puede existir solamente gracias a que un ser inteligente de magnitudes cósmicas, en algún momento pusiera a ese planeta en movimiento alrededor de su órbita a una determinada velocidad. Además, por medio de un pensamiento meramente lógico, podemos inferir que la órbita y la velocidad de un planeta puede cambiar si la Inteligencia que se halla por detrás altera su propia intención y capacidad. Puede también suceder que otra Inteligencia Cósmica tome su lugar.

Desde la Astronomía copernicana sabemos que la Tierra se mueve alrededor del Sol en el curso de 365 ¼ días y al intervalo temporal que se requiere para completar este movimiento, le llamamos ‘un año’. No podemos imaginar que nuestro planeta pudiese realizar este ritmo,  a menos que una Inteligencia cósmica haya puesto a mover la Tierra de este modo mucho tiempo atrás. Esto queda referido a una Astronomía que está fundada en la pura experiencia visual y en un  pensar que deriva de ella. Como fuere, la Ciencia Espiritual  puede ir más allá en lo que respecta al reconocimiento de las Inteligencias inspiradoras de los cuerpos celestes; por ejemplo, una tal como la de la Tierra.

Como planeta, nuestra Tierra puede ser considerada como relativamente cercana al Sol. Dentro de esta relación es donde debemos buscar el origen inteligente de las propiedades de nuestro planeta: órbita, velocidad y demás. Se podría incluso decir que la Tierra fue creada por Seres Espirituales conectados con el Sol.

Bien podemos imaginar que esta unión entre el Sol y la Tierra no permanecerá siempre igual. Pero puede darse otro accionar de la Inteligencia cósmica sobre la Tierra y cambiar gradualmente su carácter, expresable en términos de órbita, velocidad, etc. De hecho, la Ciencia Espiritual ha revelado que tal circunstancia tuvo ya lugar en un sentido cósmico, alrededor de dos mil años atrás en el transcurso de los eventos del Gólgota. El Ser del Cristo, que hasta entonces había habitado en el Sol a modo de Inteligencia directriz del foco central y creativo de todo nuestro sistema solar, se unió entonces al planeta Tierra. De aquí podemos imaginar que un completo nuevo accionar de impulsos e intenciones divinas se combinaron con nuestro planeta para entonces.

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Tales sucesos pueden alterar la naturaleza de un planeta, inclusive con respecto a sus propiedades astronómicas ‘externas’. Por supuesto, se requiere de un cierto tiempo hasta que un cuerpo celeste responda frente a la Inteligencia cósmica como su nueva Guía Espiritual. Por ello es que no podemos esperar que la Tierra manifestase inmediatamente el impulso espiritual que había ingresado en ella durante el curso de los eventos del Cristo. Esto tomará su tiempo y mientras tanto, el impulso actuará más fuertemente en el terreno de la Inteligencia, por ejemplo, en la inteligencia humana y la capacidad espiritual. Una expresión de la manifestación del Impulso Crístico puede encontrarse a modo de un nuevo ritmo temporal en la historia y la biografía humana.

Este es el ritmo de 33 años, desde el nacimiento de Jesús hasta la Muerte en el Gólgota y la Resurrección. De entre muchos otros efectos que el Impulso Crístico tendrá sobre la Tierra, esta entidad de tiempo permeará más y más al planeta entero y un día futuro, puede que se manifieste a sí mismo en sus ritmos astronómicos.

La vida del Cristo Jesús duró 33 años, desde el nacimiento de Jesús hasta la Muerte en el Gólgota y la Resurrección. La natividad tuvo lugar hacia el 1 AC (no podemos ni es necesario que nos adentremos aquí en la controversia histórica que concierne al año de nacimiento).

La Muerte en el Gólgota ocurrió un Viernes Santo, el 3 de Abril del año 33 DC, según los resultados de la investigación espiritual. Por lo tanto, 32 años y medio transcurren entre ambos eventos.

Al nacer Jesús, el vehículo corpóreo del Cristo surge tras eras de preparación en el mundo espiritual. El impulso había entrado en un estado crucial de la realidad corpórea. Al momento del Misterio del Gólgota, el Cristo había alcanzado la encarnación absoluta: Su unión con el planeta Tierra. Lo había hecho en beneficio de la continuación de su evolución y la de sus habitantes.

Este ritmo histórico proveniente desde la iniciativa cósmica que comprende a lo imprescindible y al extenso alcance del hecho de la Resurrección, fue el comienzo de un nuevo ritmo cósmico. De ser establecido como un intervalo de revolución planetaria bajo las circunstancias actuales, excedería  el movimiento de Saturno a través del zodíaco. Este último requiere de menos de 30 años para retornar a la misma posición en el cielo de las estrellas fijas. Esto nos da una idea de la magnitud y del posible significado del impulso crístico para todo el universo solar.

Este ritmo de tiempo no sólo se tornará cada vez más importante para la vida terrestre y sus habitantes. Cada uno de los sucesos en la vida del Cristo Jesús quedará impreso en nuestro planeta y actuará como arquetipo creativo de la evolución en un sentido histórico y biográfico.

Las imágenes relacionadas a los Evangelios, muchas veces parecieran ser  muy simples y poco complejas. Esto es verdadero hasta cierto punto, el Impulso Crístico está muy cercano al corazón humano pero aparte de la simpleza, también contiene los aspectos más supremos y universales de la evolución espiritual.

La manifestación del ritmo de los Treinta y Tres Años ya se ha vuelto obvio en la vida de la humanidad. Muchos desarrollos históricos así como las biografías de incontables personas revelan inequívocamente este hecho. Un impulso puede ingresar en la humanidad o en un solo ser humano, y podemos presenciar  que este impulso requiere muy a menudo de 33 años para alcanzar realización, para moverse –por decirlo así– desde su nacimiento hasta su resurrección.

De todos modos, no son solamente el inicio y el final de esta vía de la humanidad de 33 años los que se han vuelto patrones guías de la evolución. También los puntos intermedios son de gran significancia. Por ejemplo, un impulso tal en la humanidad puede alcanzar en un cierto punto los ’12 años de edad’, y entonces se puede percibir que atraviesa experiencias y desarrollos que solamente puede ser comparados con la historia de Jesús a la edad de 12 años en el templo (San Lucas II). Sería de gran beneficio para la Humanidad si se prestase más atención a estos hechos. Una situación puede ser desesperanzadora en ciertos momentos, pero un juicio fundado en el ritmo de 33 años puede aportar una seguridad consoladora, sabiendo que una crisis en un momento dado es la condición inevitable para un progreso posterior.

Cuando llega el momento en que un impulso alcanzó los 30 años, se halla en un punto especialmente crucial dentro del camino hacia su logro. En los 33 años arquetípicos del Cristo Jesús, esto ocurrió hacia el momento del Bautismo, ya que Jesús ‘tenía cerca de 30 años’ cuando se encaminó hacia el Jordán, el lugar en donde bautizaba Juan el Bautista (San Lucas III).

Fue el momento en que las envolturas estaban lo suficientemente maduras como para servir de vehículo al Cristo cósmico, en los cuales habitó durante ‘tres años’. Rudolf Steiner describió el significado cósmico de este suceso para toda la evolución futura de la Tierra. Si los impulsos espirituales crecen y maduran de acuerdo al ciclo de 33 años, entonces el punto de los 30 años ha de significar un estadio decisivo para ellos. Significa un momento en el cual el impulso ha de probarse a sí mismo si es lo suficientemente maduro para ser aceptado por el Espíritu Solar, quien se uniese a la Tierra durante los eventos en el Gólgota.

El Movimiento Antroposófico se ve confrontado actualmente por esta situación. En Navidad de 1953/4 se cumplieron 30 años desde que Rudolf Steiner brindó un nuevo impulso, durante el Congreso de Navidad en 1923/4.

Este impulso impartió una imagen de significado mundial frente al antropósofo de seria búsqueda, como contenido meditativo y ejercitación: la visión de los Tres Reyes Santos que actúan en la organización craneana del ser humano, de los Pastores en el corazón humano, yendo hacia la unión de su objetivo en común, a la búsqueda del nacimiento del Espíritu Eterno o del Cristo en el alma humana. Aquí se hallan las raíces de una ‘Imitación del Cristo’ real y espiritual, la transformación en la realidad del alma de aquello que una vez estuvo delante del Niño Jesús como las figuras de Reyes y Pastores.

Desde entonces, este impulso ha recorrido otros caminos, lleno de desencuentros. Cierta gente se verá inclinada a pensar incluso que ‘falleció’ en algún momento de su camino. Pese a todo, estamos convencidos de que esas ‘muertes’ eran condiciones necesarias para su desarrollo posterior. Un impulso nunca puede morir si es uno verdaderamente espiritual. Puede verse eclipsado por cierto tiempo, pero ‘resucitará’ tarde o temprano.

La ‘Acción Espiritual’ del Congreso de Navidad entró en su punto crucial de los ‘Tres Años’ durante la última Navidad. A  partir de ahora puede volverse efectivo en cierto sentido en todo alma humana. La unión espiritual cooperativa de las corrientes de los ‘Reyes’ y de los ‘Pastores’ puede posibilitarse a tal punto que el propósito interior de la Tierra permeada de Cristo en el universo, se revele a sí misma para todas las almas de buena voluntad.

El impulso caminará hacia su propio Gólgota y su Resurrección. Ningún ser en la Tierra será capaz de frenarle. Pero sería una esperanza vana si esperamos que las cosas sucedan de algún modo. El impulso sólo puede ‘resucitar’ en el alma de aquellos que toman parte en la institución original, por medio de estrictos esfuerzos meditativos y ejercitación. No sucederá ‘a su guisa’. De este modo, la responsabilidad resta sobre cada discípulo de Rudolf Steiner.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.