REYES – Fraternidad

~ 04 de enero 1955

Incluido en el Curso de Cosmología I, publicado por el Centro de Investigación de Astrosofía.

English version

Existe una hermosa leyenda que es posible hallar en los escasos restos del Cristianismo gnóstico de la Humanidad cristiana. Habla de la venida de Cristo desde el cosmos. Al descender a través de las esferas, Cristo altera el orden del cosmos estelar para que los astrólogos no puedan hacer predicciones con respecto a su encarnación exacta. Esto también es cierto en relación con el nacimiento de Jesús. Las contradicciones son tan completas que es casi imposible desenredarlas. Esto tiene que ver con la cronología romana, que se cambió y se desordeno. Los portales se cerraron y sin embargo, en relación con el otro extremo —la Ascensión— tenemos al Gólgota, al Viernes Santo y a la Pascua, y eso es diferente. Allí, sobre la base del Misterio del Gólgota, uno puede alcanzar los aspectos más grandes del telón cósmico de Cristo. También ha habido intentos de llevar el desorden a este reino del Misterio del Gólgota. El 3 de abril del año 33 DC es la fecha fiable para el Viernes Santo. Sobre la base de esta fecha del 3 de abril, podemos tener las ideas más penetrantes e inspiradoras del fondo cosmológico del Ser de Cristo.

Mº Golgota 3

Hemos hablado de las tres grandes conjunciones. Se basaban en el día 3 de abril. En este aspecto del cielo tenemos que asumir el conjunto de estas tres Grandes Conjunciones. Hemos dicho que la primera tuvo lugar en el año 7 AC, en la constelación de Piscis. Es la corriente de los Pastores, conectada con el nacimiento de Jesús según el Evangelio de San Lucas. A continuación, tuvo lugar otra en el 14 DC, en la constelación de Sagitario, que está conectada con la corriente de los Reyes. Finalmente, se nos da una tercera conjunción en la constelación de Leo conectada con San Pablo. Estas Grandes Conjunciones aparecen en intervalos de 20 años. La conjunción de los Reyes, del año  14 DC fue precedida por una oposición en el mismo lugar, con Saturno en Sagitario y Júpiter en oposición en Géminis. Se llevó a cabo aproximadamente el 16 AC y también está conectada con esta corriente.

triangulo

Desde San Mateo se nos dice que los Reyes fueron guiados por una estrella. Estos Reyes eran los últimos representantes de la antigua sabiduría estelar. Por supuesto que la antigua sabiduría estelar era muy diferente de la sabiduría estelar actual. Sabemos por documentos antiguos que se sabía acerca de la venida del Mesías y también cuando iba a suceder el evento. Sabían que tenían que esperar a la Gran Conjunción. Lo leyeron en los acontecimientos cósmicos que tuvieron lugar en el mundo espiritual. Ellos podían leer lo que veían en el cielo. Tenemos la prueba por las tabletas encontradas en Mesopotamia, que ellos sabían que, por ejemplo, cuando Venus estaba en una posición determinada en el cielo algo especial estaba ocurriendo en el mundo espiritual y que los Seres Divinos estaban tomando algunas decisiones. Este era el tipo de sabiduría que poseían los Reyes Magos. Ellos fueron llamados Reyes porque sabían cuál era la intención del mundo divino. Este es realmente el significado de la capacidad real.

El niño que se describe en el Evangelio de San Mateo es diferente del descrito en el Evangelio de San Lucas,  sólo hay que comparar la historia de los dos evangelios, y podemos ver la diferencia. Rudolf Steiner habló sobre los dos niños en sus conferencias sobre los Evangelios,  en su libro titulado “La Guía Espiritual de la Humanidad” y también en “El quinto Evangelio”. San Mateo relata la línea (real) de Salomón y San Lucas relata la línea sacerdotal, la línea de Nathan (Pastores). Los Reyes Magos supieron que había encarnado el Gran Iniciado de la antigüedad. En la antigüedad fue llamado Zaratustra, el que inauguró la Antigua Época Persa. En la totalidad de la configuración del cielo leyeron que había llegado el momento de la encarnación del alma de Zaratustra.

Las dos corrientes: la del Jesús Zaratustra y el otro Jesús, que está más conectado con el Alma Cándida del principio de la Humanidad,  por un lado y por otro lado con el Buda, fueron representadas por los dos niños Jesús de los que se hace referencia en los dos Evangelios. Cuando Jesús tenía 12 años de edad se encontraron en el templo. Fue entonces, en el templo, cuando se llevó a cabo la unión entre estas dos corrientes. El niño Nathánico no tenía realmente un Yo encarnado en su cuerpo. La individualidad de Zaratustra se une con el niño nathánico, que no estaba completamente encarnado, pero poseía tremendas fuerzas del corazón. Así que la abrumadora sabiduría que le llega al niño Nathánico en el templo fue realmente el Yo de Zaratustra, por el lado corporal del niño Zaratustra que sacrificándose, murió. Las dos corrientes se unieron por tanto en un ser corporal. Esta unión se llevó a cabo alrededor del 12 DC. Durante los 18 años después de la unión, las dos corrientes se prepararon en el cuerpo de Jesús el Cristo.

Esta corriente de los Reyes también atravesó una evolución similar a la corriente de los Pastores, que describí anteriormente. La corriente de los Reyes, antes del nacimiento de Jesús, pasó por una terrible crisis conectada con la ruptura total de los Antiguos Misterios, la Antigua Ciencia de la Iniciación. Tenemos indicios de esta ruptura en la descripción en el Quinto Evangelio por el Dr. Steiner. Los demonios estaban tomando asiento en los altares de los misterios. Dado que la estrella triangular va girando, la última conjunción de las tres se produjo en Escorpión.

Es muy difícil seguir esta corriente de los Reyes. Se trata de una corriente de Iniciados, que había pasado por una profunda transformación. La corriente de los Reyes sólo puede esperar su rejuvenecimiento a través de su propia extinción—pasando por el Gólgota y su Resurrección—. Esta es una tarea muy difícil, por lo tanto, muy oculta por debajo de la superficie. Unos siglos después de Cristo, encontramos que este punto de la estrella triangular ha continuado moviéndose hacia Capricornio, Acuario, Piscis, y así sucesivamente.

Esta conjunción arribó en Virgo en nuestra época, en 1861 y nuevamente en 1921. ¿Qué pasó entonces? Bueno, por lo general esto es muy difícil de entender, sin embargo, se puede leer en la autobiografía de Rudolf Steiner y encontrar allí una especie de caracterización representativa de su vida. Él fue capaz de comprender las intenciones del mundo cósmico. Él era un hombre capaz de responder a lo que se iba a cumplir en la Tierra, de responder a lo que se quería, lo que se deseaba, se intencionaba en las alturas del cosmos espiritual, —hablarle a las estrellas pero sin considerarlas como simples puntos en el cielo para la toma de decisiones y resoluciones. En 1921 dio una serie de conferencias especiales sobre la Ciencia y la Astronomía. Brindó el así llamado “Curso de Astronomía”, por ejemplo, y todavía no hemos empezado a llegar al final de las tareas encomendadas allí. Los Reyes de la antigüedad han pasado por una transformación, y tenemos que hacer lo mismo. En el tiempo de los Santos Reyes, se miraba hacia el cielo, se calculaban en un cierto sentido —de una manera diferente a la de hoy en día—los acontecimientos que estaban por venir. Ahora los Reyes han cambiado.

Algunas personas todavía están mirando hacia el cielo. Esos son los astrónomos modernos. Ellos calculan, como también calculan las grandes máquinas. Tenemos que encontrar una nueva astronomía, una nueva astrología, nuevas formas de cálculo, crear una nueva sabiduría de las estrellas.

Estas grandes conferencias de astronomía tuvieron lugar en 1921. En la antigüedad, los Reyes eran los proveedores de los alimentos, por así decirlo. Por ejemplo, el rey Arturo tenía que cuidar del sustento de su gente. En aquellas épocas, la monarquía se desenvolvía en niveles aristocráticos, pero eso ya no puede continuar. Los Reyes tenían que ver con la economía, también tenían que mirar hacia las estrellas para la agricultura. A estas cualidades debemos añadir ahora una nueva sabiduría estelar, y esto significa reconocer los ritmos de la naturaleza y del cosmos. Entonces se podrá volver a ser un “Rey”. Podemos ver en todo esto que la corriente de los Reyes está activa bajo la superficie de la actual Humanidad. Pues hablar de la realeza, de la corriente regia, significa en realidad hablar sobre los Iniciados, la Ciencia de la Iniciación en la Humanidad. Hay muy pocos iniciados en nuestro tiempo. En la antigüedad no sólo existían los Reyes individuales, también había toda una corte a su alrededor. Esto ha cambiado en nuestro tiempo. Ha habido un cambio tremendo. El principio de la Iniciación debe convertirse en una cuestión de todo ser humano. En la antigüedad era una cuestión del santuario más íntimo y secreto. Puesto que vino Cristo, los Misterios ya no son secretos. Solo son secretos en la medida en que el individuo no tiene la capacidad de comprenderlos. Cristo abrió la iniciación para todos con la resurrección de Lázaro. Esa es la razón por la que se dijo: “Él está traicionando los misterios”. Cristo los abrió para todos los que puedan desarrollar estas capacidades.

La corriente de los Reyes llegó a su final a través de una crisis. Se puede ver lo difícil que es encontrar la secuencia de los Reyes en la historia. En el momento en que este punto de la estrella triangular pasó por Piscis, que fue en los siglos VIII, IX y hacia el final del siglo X. Durante esos siglos fue inaugurado el Santo Grial. Ese fue uno de los más poderosos peldaños de la evolución de la corriente de los Reyes.

En cuanto a los Pastores, tuvieron una especie de crisis en Tauro. Tauro equivale a Poder. La Gran Conjunción de los Reyes en Tauro se produjo durante la época de las cruzadas. Durante este tiempose llevó a cabo el contacto con el arabismo,  que fue una gran tentación. De hecho, cuando se produjeron los hechos con respecto a este punto de la estrella triangular, el gran Tomás de Aquino mantuvo el equilibrio contra el arabismo. Tomás de Aquino fue una de las grandes individualidades que lucharon contra el arabismo. Esta batalla está conectada con la Gran Conjunción en Tauro.

Estos importantes eventos tuvieron lugar a finales del siglo XIV hasta mediados del siglo XVI, cuando la Gran Conjunción ingresó en la constelación de Géminis. Una gran parte del antiguo misticismo decadente entró en Europa. Una fuerte división tuvo lugar cuando una nueva ciencia de la iniciación, sobre la base del Cristianismo del Grial, fue fundada a mediados del siglo XV. Ese fue el momento de la misteriosa personalidad de Christian Rosenkreutz. La Bodas Químicas de Christian Rosenkreutz está conectada con la Gran Conjunción de Géminis como el centro de iniciación moderna. Durante esos años fue inaugurada la verdadera Iniciación Rosacruz.

La conjunción en Cáncer tuvo lugar en los siglos XVI y XVII. En Cáncer hubo  una alteración completa. El Rosacrucismo espiritual y el poder estatal se separaron completamente. Maquiavelo escribió “El Príncipe”, que estaba separado por completo de la iniciación real. Por todas partes había decadencia de lo real y de la iniciación. Debido a un extraño desarrollo en Inglaterra, la personalidad de James III—el Sabio Loco—llego a ser el último que tuvo la verdadera iniciación. También se puede investigar la guerra de los 30 años.

Después, la Gran Conjunción de los Reyes ingresó en Leo. Esto queda comprendido desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX. Las fuerzas solares no pudieron atravesarla. Durante esos años, se formaron un buen número de órdenes secretas, y allí también estaba presente una misteriosa gran personalidad, el conde de Saint Germain, que siempre intentó evitar el desastre de la Revolución Francesa. El aparecía de repente en ciertos lugares y desaparecía de nuevo. Ni siquiera sabemos con certeza quién era esta gran individualidad. Rudolf Steiner indicó  que él era Christian Rosenkreutz.

En la conjunción en Virgo, existe el gran peligro del dragón. A un lado de la Virgen se encuentra el dragón que amenaza a la mujer con el niño. En 1861 una gran individualidad entró en el mundo, Rudolf Steiner, quien habló de la magia de la libertad y del Arcángel Miguel, el gran guerrero del dragón. Dr. Steiner nació cuando la Gran Conjunción de los Reyes entró en Virgo. En realidad el fue el primero en traer el nuevo arte de la iniciación en un lenguaje apropiado para nuestra época. Señaló que esta ciencia de la iniciación es necesaria para la humanidad moderna más que otra cosa. Sólo la aceptación de esta ciencia moderna de la iniciación salvará a la humanidad de un desastre total. Rudolf Steiner, dijo que lo que escribió Oswald Spengler “La decadencia de Occidente”, sería una realidad a menos que la humanidad moderna acepte la ciencia de la iniciación. Podemos ver la importancia de esta corriente  en la Humanidad. Es concerniente aldesarrollo de cada ser humano.

En el futuro, cuando la conjunción ingrese en Escorpio, se producirá una gran crisis. Los pastores anhelan la libertad espiritual, los Reyes tienen que desarrollar la fraternidad. El peligro de la corriente de los Reyes es la arrogancia y el auto énfasis. Es un asunto mortal, serio, ver cómo las actitudes de los Reyes, que en realidad pertenecen a los antiguos tiempos pre-cristianos, sobrevive, por así decirlo, y posiblemente lleven a parte de la humanidad a un gran desastre. La fraternidad es la tarea, el gran problema de los Reyes. Esto sólo se puede lograrse por medio dela Ciencia Espiritual. En la economía hemos llegado a un punto donde es bastante obvio que el pensamiento abstracto no lleva a ninguna parte. La economía debe ser universal. Personalidades como Henry Ford, en cierto modo, trabajaron para la realeza del futuro. El pensamiento abstracto simplemente no lleva a ninguna parte en la política, en el arte de gobernar, en la economía, etc. El “rey” moderno debe tener en cuenta a la ciencia de la iniciación y al conocimiento del mundo espiritual. Sólo entonces podrán los Reyes dar cuenta de la esfera económica.

Esto es sólo un esbozo breve y con limitaciones. Uno de ellos es el tiempo. Espero poder mostrar que los Reyes no son sólo una bella historia, sino que pertenecen a nuestro tiempo,  pertenecen al camino de la humanidad hacia del futuro.

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

 

 

GA204 – Una imagen de la Tierra – La evolución en el futuro

 

Una conferencia pronunciada por Rudolf Steiner en Dornach el 13 de mayo de 1921

[A partir de un informe taquigráfico, no revisado por el profesor. Publicado con permiso de la Rudolf Steiner-Nachlassverwaltung, Dornach, Suiza.]

English versión

Vivimos un tiempo en el que se está dedicando mucha atención al «espacio exterior», que promueven los científicos, a la manera de ciencia-ficción. Se especula desde varios niveles sobre visitantes de otros mundos. Detrás de todo ello puede haber un sentimiento instintivo -verdadero en sí mismo, aunque a menudo distorsionado en su expresión- de que el aislamiento aparente del hombre sobre la Tierra no es definitivo; que el hombre no está solo en el Universo. Por eso vamos a volver a presentar una conferencia (publicada por primera vez en inglés en el trimestral, «Antroposofía», en la Pascua de 1933, y que estaba fuera de impresión) en la que Rudolf Steiner habló, breve y enigmáticamente, de la necesidad de reconocer y acoger a ciertos seres, «de orden no humano», que desde los años setenta del siglo pasado han descendido de las esferas cósmicas al ámbito de la existencia terrestre, trayendo con ellos «la sustancia y el contenido de la Ciencia Espiritual».

Los editores.

Aurora Boreal

Las conferencias que se han impartido recientemente sobre la naturaleza de los colores [Tres conferencias sobre Das Wesen der Farben, en Dornach, del 6 al 8 de mayo de 1921. Publicado en Inglés como libro titulado «Color». Nueva edición en preparación] pueden haber contribuido a mostrarles que podemos empezar a comprender al Hombre en su verdadero Ser solo cuando lo relacionamos con la totalidad del Universo. Si nos preguntamos: ¿Qué es el hombre en su verdadera naturaleza? −Entonces debemos aprender a mirar hacia arriba de la Tierra, a lo que está más allá de la Tierra. Esta es una capacidad que necesitamos desarrollar, sobre todo en nuestro tiempo. El intelecto humano se está volviendo más y más sombrío y, como resultado de ciertos acontecimientos que tuvieron lugar en el siglo XIX, ya no está arraigado en la realidad.

Esto nos indica, inequívocamente, que es el momento de que el hombre empiece a descubrir la manera de poder recibir un nuevo impulso en su vida anímica; por lo que ahora vamos a centrar nuestra atención en ciertos grandes acontecimientos cósmicos con los que ya estamos familiarizados desde otros puntos de vista.

La mayoría de ustedes han leído el libro «la Ciencia Oculta, un esquema», y saben que uno de los grandes acontecimientos de la evolución terrestre fue la separación de la Luna de la Tierra. La Luna, tal y como la vemos hoy en día, brillando desde el espacio cósmico, estuvo una vez unida a la Tierra. Después se separó y ahora orbita a su alrededor como su satélite. Sabemos qué profundos cambios de alcance global en la evolución están conectados con la separación de la Luna de la Tierra. Tendríamos que ir muy lejos en el tiempo, antes del diluvio Atlante, para encontrar la época en la que la Luna se separó del cuerpo de la Tierra.

Hoy vamos a limitar nuestra atención a lo que aconteció en la Tierra en relación con el ser humano y los reinos de la naturaleza que le rodean, como consecuencia de la separación de la Luna. A partir de las conferencias sobre los colores hemos aprendido que los minerales −es decir, las sustancias minerales con color− en realidad derivan sus diferentes tonalidades de esta relación de la Luna con la Tierra. El reconocimiento de este hecho nos permite hacer de estos eventos cósmicos parte de una concepción artística de la existencia.

aurorab

Imagen: Tim Murray

Pero aquí, entran en consideración otros asuntos de la mayor importancia. El ser humano es el producto de las metamorfosis anteriores de la existencia terrestre −a saber, los períodos de evolución del Antiguo Saturno, el Antiguo Sol y la Antigua Luna, en los que no existía el reino mineral. El reino mineral, tal como lo conocemos hoy en día, apareció por primera vez durante el período de la Tierra. La sustancia mineral, por lo tanto, solo llegó a formar parte del ser humano durante esta evolución de la Tierra. Durante las etapas del Antiguo Saturno, el Antiguo Sol y la Antigua Luna, el hombre no tenía absolutamente nada mineral en él. Tampoco su constitución estaba adaptada para la existencia en la Tierra. En su propia naturaleza era un ser del cosmos. Antes de la separación de la Luna, y antes de que las sustancias minerales con su gama de colores llegaran a existir, el hombre no estaba adaptado a la existencia terrestre.

Déjenme describirlo de manera siguiente. Llegó a ser algo muy crucial para los Seres Espirituales que guían la evolución terrestre qué debía suceder con el hombre. ¿Debería ser enviado a la Tierra o habría que dejarle pasar su existencia en un reino más allá de la Tierra? Verdaderamente se puede decir que la separación de la Luna, con los consiguientes cambios en la Tierra y en el ser humano, fue el resultado de la decisión que tomaron los Seres Espirituales que guían y dirigen la evolución de la Humanidad. Que el organismo del hombre pudiera desarrollarse de tal manera que le fuera posible convertirse en un ser terrenal fue debido a que esta sustancia lunar fue alejada de la Tierra. A través de este evento −la separación de la Luna y la incorporación del reino mineral en la Tierra– el hombre se ha convertido en un ser terrenal, viniendo a la existencia en el ámbito de la gravedad terrestre. Sin la gravedad terrestre jamás podría haberse convertido en un ser capaz de alcanzar la libertad. Antes de la separación de la Luna no era, en el sentido real, una personalidad. Fue capaz de convertirse en una personalidad debido a la concentración de fuerzas que iban a construir su cuerpo. Y esta concentración de fuerzas fue el resultado de la separación de la Luna y la incorporación del reino mineral en la existencia terrenal. Así el hombre se convirtió en una personalidad, donde la libertad se puso a su alcance.

amatista

La evolución del hombre sobre la Tierra, después de la separación de la Luna, ha continuado a través de muchas etapas diferentes. Y podemos decir que si no hubiera sucedido nada más, excepto esta salida de la Luna de la Tierra, todavía habría sido posible para el hombre extraer de su organismo, de su cuerpo y de su alma, imágenes tal como surgían en la antigua visión clarividente. Tampoco se le privó al hombre de esta facultad con la separación de la Luna. Todavía podía ver el mundo en imágenes de forma que si nada más hubiera sucedido estaría, incluso hoy, viviendo en un mundo de imágenes. Pero la evolución continuó. El hombre no permaneció encadenado a la Tierra. Recibió un impulso para la evolución en la otra dirección −un impulso que en realidad alcanzó su punto culminante en el siglo XIX.

Incluso cuando hace muchísimo tiempo el ser humano, como ‘hombre metabólico’, quedó sujeto a la fuerza de gravedad terrestre, se fue adaptando como ‘hombre cefálico’ para la existencia cósmica. En efecto, el intelecto comenzó a evolucionar. Las antiguas imágenes clarividentes se densificaron en forma de conciencia intelectual, hasta la época del siglo IV después de Cristo. Fue entonces cuando por primera vez el intelecto humano comenzó a sumergirse en la penumbra. Este proceso ha ido acelerándose cada vez más rápido desde el siglo XV, y hoy en día, aunque el intelecto es una facultad totalmente espiritual en el hombre, su existencia ya no tiene sus raíces en la realidad. Sólo tiene una imagen-existencial. Cuando el hombre de hoy piensa con su intelecto y con la facultad de la razón, sus pensamientos no están en absoluto enraizados en la realidad. Cada vez se mueve más en una existencia sombría, que alcanzó su punto culminante durante el siglo XIX. Hoy en día el hombre carece totalmente del sentido de la realidad. Vive dentro de un elemento espiritual, pero al mismo tiempo es un materialista. Sus pensamientos −que son espirituales, pero que aún no son más que sombras del verdadero pensamiento− se dirigen exclusivamente a la existencia material.

Así, el segundo gran proceso o evento fue que el hombre devino más espiritual. Pero una sustancia espiritual que se derivaba de la materia, ya no del alma. Su naturaleza se ha vuelto más espiritual, pero con sus facultades espirituales sólo piensa en la existencia material.

Ustedes saben que un día la Luna se unirá de nuevo con la Tierra. Para los astrónomos y geólogos, que viven en su mundo de abstracciones, esta unión de la Luna con la Tierra se sitúa en miles y miles de años por delante. Pero esto es una mera ilusión. En realidad no se trata de ninguna manera de algo muy lejano. La humanidad se está haciendo cada vez más joven. Los seres humanos están llegando a un punto en su desarrollo físico y anímico que culminará a una cierta edad en la vida. En el momento de la muerte de Cristo, el Evento del Gólgota, los seres humanos en general eran capaces de desarrollarse en cuerpo y alma hasta los 33 años de vida. Hoy en día este desarrollo es posible hasta los 27 años. Llegará un tiempo en el cuarto milenio en que los hombres serán capaces de desarrollarse sólo hasta los 21 años. En el séptimo milenio la naturaleza corporal será capaz de desarrollarse sólo hasta los 14 años. Las mujeres entonces serán estériles. Se dará una reproducción completamente diferente en la vida terrenal. Esta es la época en la que la Luna volverá a acercarse a la Tierra y será parte de ella.

Ya es el momento de que el hombre ponga atención a este tipo de poderosos eventos del reino de la existencia más allá de la Tierra. No se puede seguir soñando, de una forma vaga y abstracta, sobre la Divinidad, tiene que empezar a despertar ante los grandes acontecimientos que están conectados con su evolución. Debe comprender lo que significa que la Luna una vez se separó de la Tierra y que otra vez volverá a unirse con ella.

Del mismo modo que la separación de la Luna fue un acontecimiento decisivo, también lo será su reingreso. Es cierto que como seres humanos habitaremos todavía la Tierra, aunque el nacimiento ya no sucederá de la forma actual. Estaremos conectados con la Tierra por otros medios que no serán por nacimiento. Debemos, sin embargo, desarrollar un cierto respeto por ese tiempo. Y tenemos que aprender a conectar lo que está sucediendo hoy en día −me refiero al hecho de que el intelecto se está volviendo más y más sombrío− con lo que un día será un gran acontecimiento en la evolución terrestre −la reintroducción de la Luna en la sustancia de la Tierra.

Si el intelecto continúa desarrollándose de la manera tan espectral como lo está haciendo ahora, si los hombres no toman la decisión de recibir en su ser lo que ahora fluye desde los mundos espirituales, entonces forzosamente se verán absorbidos en la penumbra grisácea de su vida intelectual.

¿Qué es este intelecto sombrío? Con él no se puede entender la verdadera naturaleza y el ser del hombre. El único reino que este intelecto humano es capaz de entender, hasta cierto punto, es el mundo mineral. Incluso la vida de la planta le sigue siendo enigmática; y más aún la vida del animal; quedando la vida humana en su conjunto más allá del alcance de la mente. Y así el hombre sigue su camino, desarrollando imágenes existenciales que en realidad no son más que un gran cuestionamiento sobre el mundo. Su intelecto no puede comprender la verdadera naturaleza de la planta o del animal, y mucho menos la del ser humano. Este estado de cosas continuará si el hombre no puede escuchar lo que se le está dando en la forma de nuevas Imaginaciones, en las que se le representa la existencia cósmica. La sabiduría viviente que la Ciencia Espiritual es capaz de impartir debe ser recibida en sus  pensamientos y conceptos intelectuales, porque sólo así podrá llenarse de vida la sombría imaginación  del intelecto.

Este llenar de vida las imágenes-sombrías del intelecto no es algo que sucede sólo en el ser humano, sino que es un acontecimiento cósmico. Recuerden el pasaje del libro La Ciencia Oculta donde se habla del momento en el que las almas humanas ascendieron a otros planetas y después descendieron de nuevo a la existencia terrestre. Expuse cómo los hombres de Marte, los hombres de Júpiter y los otros, descendieron de nuevo a la Tierra. Ahora, a finales de los años setenta del siglo pasado, ha acontecido un evento de suma importancia. Es un evento que puede ser descrito sólo a la luz de los hechos que nos son revelados en el mundo espiritual.

Mientras que en los días de la antigua Atlántida los seres humanos llegaron a la Tierra desde Saturno, Júpiter, Marte, y así sucesivamente −es decir, seres dotados con alma se vieron envueltos en el reino de la existencia terrestre−, desde finales de los años setenta del siglo pasado, otros seres −de orden no humano− han ido descendiendo a la Tierra con el objetivo de su ulterior desarrollo. Vienen a la Tierra desde los reinos cósmicos más allá de la Tierra y entran en una relación muy determinada con los seres humanos. Desde los años ochenta del siglo XIX, estos seres supra-terrestres han estado tratando de entrar en la esfera de la existencia terrestre. Del mismo modo que los hombres de Vulcano fueron los últimos en descender a la Tierra, ahora, en realidad, estos seres de Vulcano están entrando en el reino de la existencia terrenal. Seres supra-terrestres que ya están aquí, y el hecho de que seamos capaces de que nuestro cuerpo esté todo el día conectado con la Ciencia Espiritual se debe a la circunstancia de que los seres de más allá de la Tierra están trayendo los mensajes del mundo espiritual hacia la existencia terrestre.

Pero, hablando en términos generales, ¿cuál es la actitud adoptada por la raza humana?.  La raza humana se comporta, si se me permite decirlo así, de una manera muy mezquina ante estos seres que están apareciendo desde el cosmos y que bajan −lenta y paulatinamente, es cierto− a la Tierra. La raza humana no se preocupa por ellos; ignora su existencia. Y esto es lo que va a llevar a la Tierra a unas condiciones trágicas, ya que en el transcurso de los próximos siglos más y más Seres Espirituales estarán entre nosotros −Seres cuyo idioma debemos comprender. Y esto sólo es posible si tratamos de conocer lo que ellos nos traen: a saber, la sustancia y el contenido de la Ciencia Espiritual. Ellos quieren darnos y quieren que actuemos en el sentido de la Ciencia Espiritual. Su deseo es que la Ciencia Espiritual se introduzca en el comportamiento y en los actos sociales en la Tierra.

Repito, pues, que desde el último tercio del siglo XIX estos Seres Espirituales están viniendo desde el cosmos a nuestra esfera de existencia. Su hogar es la esfera que se encuentra entre la Luna y Mercurio, pero ellos ya están ejerciendo presión para entrar en el reino de la existencia terrestre y procurando encontrar un lugar aquí. Y serán capaces de encontrarlo si los seres humanos se impregnan con la idea de su existencia. Esto también puede expresarse como lo hice hace un momento, al decir que nuestro sombrío entendimiento debe ser revitalizado con las imágenes de la Ciencia Espiritual. Estamos hablando de un hecho concreto cuando decimos que existen Seres Espirituales que están tratando de descender a la existencia terrenal −y deben ser calurosamente recibidos. Se producirá catástrofe tras catástrofe y la vida en la Tierra caerá en el caos social si se mantiene esta oposición en la existencia humana ante el advenimiento de estos Seres. Ellos no desean otra cosa que ser una especie de custodios de la evolución ante lo que sucederá en la existencia de la Tierra cuando la Luna se vuelva a unir con ella.

Hoy las personas pueden considerar que es relativamente inofensivo elaborar los pensamientos automáticos y muertos que surgen en relación con el mundo mineral y la naturaleza mineral de las plantas, los animales y el hombre. Los materialistas se deleitan con este tipo de pensamientos que son –además– solo pensamientos y nada más. Pero traten de imaginar lo que sucedería si los hombres siguen sin desplegar ningún otro tipo de pensamientos hasta el momento en que, en el octavo milenio, la existencia lunar se una de nuevo con la Tierra. Estos seres de los que he hablado irán llegando poco a poco a la Tierra. Seres de Vulcano, ‘superhombres’ de Vulcano, ‘superhombres’ de Venus, de Mercurio, del Sol, se unirán con la existencia terrestre. Pero, si los seres humanos persisten en su incredulidad u oposición a ellos, la existencia en la Tierra se hundirá en el caos en el transcurso de los próximos mil años.

Es muy posible que los hombres de la Tierra, si así lo desean, puedan desarrollar una forma de intelecto cada vez más y más automática —cosa que también puede ocurrir en medio de condiciones de barbarie. Sin embargo la madurez plena y completa no puede llegar a su expresión en una forma de inteligencia tal, y los hombres no podrán relacionarse con los Seres que desean contactar con ellos en la existencia terrestre. Y todos esos seres, de quienes los hombres tienen una concepción errónea porque su entendimiento sombrío sólo puede captar la naturaleza mineral, la naturaleza crudamente material de los minerales, plantas y animales, o incluso del reino humano en sí, todos estos pensamientos que no tienen ninguna realidad, van a convertirse en realidades sustanciales en el instante en que la Luna se una de nuevo con la Tierra. Y a partir de la Tierra brotará una terrible raza de seres, una camada de autómatas de un orden existencial que se extiende entre los reinos mineral y vegetal, y será poseedor de un abrumador poder intelectual.

red

Este enjambre que tenderá a apoderarse de la Tierra se extenderá sobre la misma como una red de criaturas fantasmales, en forma de araña, y serán de un orden inferior a la existencia de la planta, pero poseerán una sabiduría abrumadora. Estas criaturas-araña estarán todas entrelazadas unas con otras, y en sus movimientos exteriores imitaran los pensamientos que los hombres han tejido en su intelecto de sombras que no han permitido que fueran vivificados por la nueva forma del conocimiento imaginativo de la Ciencia Espiritual. Entonces todos los pensamientos que carecen de sustancia y realidad serán dotados de ser.

seraraña

La Tierra estará rodeada −como lo está ahora con el aire y a veces con enjambres de langostas− con una camada de terribles criaturas en forma de araña, mitad minerales, mitad plantas, que entretejerán con inteligencia magistral, cierto, pero con propósitos intensamente malignos. Y en la medida en que el hombre no ha permitido que sus sombríos conceptos intelectuales puedan ser llenados de vida, su existencia se unirá no con los seres que han estado tratando de descender desde el último tercio del siglo XIX, sino con esta camada espantosa de criaturas mitad minerales, mitad plantas. Él tendrá que convivir con estas criaturas en forma de araña y continuar su existencia cósmica dentro del orden de la evolución en la que entrará entonces esta camada.

Este es un destino que muy ostentosamente forma parte de la evolución humana sobre la Tierra, y en la actualidad es muy conocido por muchos de aquellos que tratan de mantener a la humanidad de espaldas al conocimiento de la Ciencia Espiritual. Porque hay hombres que en realidad son aliados conscientes de este proceso de enredo de la existencia terrestre. Ya no debemos permitir que se nos sorprenda con descripciones de este tipo. Tales hechos son el telón de fondo de lo que se dice a menudo hoy en día por las personas que todavía tienen alguna conciencia de antiguas tradiciones de estas cosas y que luego se consideró adecuado rodearlas con un velo de misterio. Pero este velo del misterio ya no es correcto para el proceso de la evolución terrestre de la humanidad. Por grande que sea la resistencia, estas cosas hay que decirlas, pues, como repito constantemente, la aceptación o el rechazo del conocimiento científico-espiritual es un asunto serio para toda la Humanidad.

Aquí, la cuestión no tiene que ver con obtener conclusiones a partir de lo que esté relacionado con una simpatía o antipatía imparcial, sino con algo que está ligado a todo el contexto del cosmos, tiene que ver con la toma de decisión por parte de la Humanidad de ponerse a la altura de lo que los Espíritus del Bien le aportan desde el Cosmos en la actualidad, o si la humanidad pretenderá buscar la existencia cósmica desde el propio enmarañamiento de sus ensombrecidos pensamientos. Hoy no es suficiente hablar en términos abstractos de la necesidad de la Ciencia Espiritual. Lo único que podemos hacer es mostrar cómo los pensamientos se convierten en realidades. Terribles teorías abstractas son arrojadas a los hombres de hoy, como, por ejemplo, «Los pensamientos se convierten en cosas», o frases similares. Declaraciones abstractas de este tipo no transmiten la realidad completa y concreta. Y la realidad concreta es que los pensamientos intelectuales evolucionados hacia el interior de los hombres de hoy, el día de mañana fluirán sobre la Tierra como una tela de araña en la que se enredarán los seres humanos, si no pueden llegar a un mundo que esté más allá y por encima de sus pensamientos y conceptos sombríos.

Tenemos que aprender a tomar con profunda seriedad los asuntos que indiqué al final de mis conferencias sobre la naturaleza de los colores, cuando dije que la ciencia del color debe ser llevada fuera del ámbito de la física abstracta, a una región donde la fantasía creativa y el sentimiento del artista que entiende la verdadera naturaleza del color debe ir de la mano de una concepción del mundo basada en la Ciencia Espiritual. Hemos visto cómo se puede entender la naturaleza del color y cómo la física moderna, con sus gráficos sin imaginación, la ha enterrado en un mundo Ahrimánico, pero que puede elevarse a la esfera del arte, de forma que se pueda fundamentar una teoría de los colores, que por otro lado, estando muy alejada de los principios de la ciencia moderna, es capaz de proporcionar un verdadero fundamento a la creación artística, si el hombre se deja permear por ella.

Y hay otro pensamiento, también, que debe ser tomado muy en serio. ¿Qué encontramos extendido actualmente en el mundo civilizado? Los jóvenes estudiantes entran en los hospitales o universidades para estudiar la ciencia, donde se les explica la constitución del ser humano. Al estudiar el cadáver aprenden acerca de los huesos y del resto del organismo. Por una serie de pensamientos abstractos se supone que deben ser capaces de tomar conocimiento de la naturaleza del ser humano. Pero con este método sólo es posible aprender algo sobre la parte mineral del organismo humano. Con este tipo de ciencia sólo podemos aprender sobre la parte del ser humano que tiene importancia desde el momento de la separación de la Luna hasta su regreso, cuando los pensamientos sombríos de los tiempos modernos se convertirán en criaturas-araña que tendrán una existencia concreta.

Debe desarrollarse una forma de conocimiento que aporte una concepción diferente del ser humano, y esto podrá ser desarrollado sólo elevando la ciencia al nivel de la percepción artística. Entonces nos daremos cuenta de que la ciencia, tal como es en la actualidad, solo es capaz de captar la naturaleza mineral, ya sea en el propio reino mineral o en los reinos de las plantas, los animales y el hombre. Incluso cuando se aplica al reino vegetal, la ciencia debe convertirse en una forma de arte, y más aún en el caso del reino animal. Pero no tiene sentido pensar que la forma y estructura de un animal pueda entenderse con los medios empleados por los anatomistas y fisiólogos. Y mientras no nos demos cuenta de que no tiene sentido, el intelecto de sombras no podrá ser transformado en una verdadera comprensión espiritual y viva del mundo. Lo que se enseña a los jóvenes estudiantes en la actualidad, bajo una forma tan abstracta en las universidades, debe ser transformado y debe conducir a una verdadera concepción artística del mundo. Porque la propia naturaleza del mundo ya crea como un artista. Y hasta que no nos demos cuenta de que la Naturaleza es un mundo de arte creativo que solo puede ser entendida a través de la sensibilidad artística, nuestra imagen del mundo no tendrá un efecto sanador.

En las cámaras de tortura de los castillos medievales, las personas fueron encerradas en lo que se llamó la «virgen de hierro», donde se les clavaba lentamente con púas de hierro. Este fue un procedimiento físico y más tangible que el que los estudiantes de nuestros días tienen que ver cuando se les enseña la anatomía y la fisiología, y se les dice que de esta manera están adquiriendo el conocimiento de la naturaleza del hombre, pero fundamentalmente se trata del mismo tipo de procedimiento. Todo lo que se puede entender de la naturaleza del hombre por tales métodos se deriva de una actitud de la mente que no es diferente a la actitud de los que estaban a favor de las torturas en la Edad Media.

No. A partir de elementos de tortura anímicos y espirituales el estudiante no aprende nada. El hombre mineral y desmembrado, eso que un día será una tela de araña sobre la Tierra, eso es lo único que aprende.

Es un destino duro que el poder tenga que estar en manos de hombres que consideran los pensamientos más verdaderos como absurdos y que desprecian los impulsos que están vinculados más hacia lo interior e íntimamente ligados con la salvación de la evolución humana, con la misión de la humanidad en el mundo. Es trágico, uno debe poner ante sí esta tragedia. En efecto, sólo cuando se pone ante el alma esta tragedia, se hace posible un despertar de tal manera que los hombres puedan decidir, en la medida que les sea posible, ayudar a que el intelecto sombrío encuentre la posibilidad de acoger lo que el mundo espiritual que viene de lo alto, trae, a fin de que este intelecto pueda adaptarse a las diversas condiciones de los tiempos futuros. No es adecuado que este intelecto de sombras sea conducido hacia abajo, a un orden de existencia inferior al de las plantas, en el de la generación de criaturas-araña que se extenderán sobre la Tierra, sino que el hombre necesita elevarlo a un nivel superior de existencia, cuando llegue el octavo milenio y la Luna se una de nuevo con la Tierra. Entonces lo terrestre quedará atrás, de forma que lo dirigirá y controlará desde el exterior como algo que no tiene por qué llevar con él en la existencia cósmica.

El hombre deberá prepararse de manera que no tendrá por qué estar involucrado en lo que inevitablemente se desarrollará sobre la superficie de la Tierra.

Porque así como el hombre dejó su existencia pre-terrenal y descendió a esta vida terrestre; así como su forma de nacer a través de la mujer comenzó con la salida de la Luna, siendo esta fase de nacimiento físico solo un episodio pasajero en la magnitud de la evolución cósmica que será reemplazada por una etapa en la que el ser humano no nacerá de mujer, esta fase actual está destinada a traer al hombre el sentimiento y la conciencia de la libertad, la autorrealización de la individualidad y la personalidad. Es una fase que de ninguna manera debe ser infravalorada. Es necesaria en la totalidad del proceso cósmico, pero no debe permanecer para siempre, sin transformación. El hombre no debe permitirse el camino fácil de asumir la existencia de un Dios abstracto, tiene que atreverse a mirar, concretamente, los eventos que están conectados con su evolución. Pero su ser anímico-espiritual sólo puede ser estimulado interiormente cuando él entiende de verdad la naturaleza de las realidades concretas relacionadas con la gran época hacia la que le están conduciendo sus sucesivas vidas terrenales.

Eso es lo que una verdadera Ciencia Espiritual nos dice hoy. La voluntad humana está en peligro de ser privada de los impulsos espirituales y de involucrarse en la red de araña que va a deslizarse sobre la Tierra. Hay hombres en existencia que se imaginan que van a lograr sus fines mediante la promoción de su propio desarrollo espiritual y dejando al resto de sus semejantes en un estado de ignorancia. Sin embargo, la gran mayoría vive inconsciente del terrible destino que les espera si se prestan a lo que una antigua forma de conocimiento espiritual llamaba «los dieciséis caminos hacia la corrupción». Porque así como hay muchos caminos por los que puede transitar el intelecto sombrío en su dirección a los impulsos y conocimientos que vienen del mundo espiritual, naturalmente, hay muchos caminos por los que las variedades del intelecto-sombra serán capaces de unirse con los seres-araña que extenderán su red sobre la Tierra en los tiempos por venir. Entonces el intelecto será objetivado en las mismas extremidades y tentáculos de estas criaturas-araña que, en sus maravillosos y entretejidos tejidos y circunvoluciones a modo de caduceo, presentarán una increíble red de intrincadas formas.

Sólo mediante el desarrollo de una comprensión interna de lo que es verdaderamente artístico es como el hombre será capaz de entender el reino que está por encima de la existencia de los minerales, ese reino del que vemos una expresión en la configuración real y la forma de las superficies de las cosas en el mundo.

La teoría de la metamorfosis de Goethe fue un descubrimiento muy significativo. Los pedantes de su época lo consideraron como diletantismo, y es la misma opinión que prevalece en la actualidad. Pero en Goethe, la claridad de visión y la inteligencia se combinaron con una facultad para percibir la naturaleza en sí misma como una expresión activa de creación artística. Sin embargo, en relación con el mundo animal, Goethe sólo alcanzó el punto de aplicación de este principio de la metamorfosis en las formas de las vértebras y los huesos craneales. Pero el proceso por el cual las formas de una existencia anterior se transforman, de forma que el cuerpo de la vida anterior se transforma en la cabeza de la vida posterior, esto solo es posible gracias a una comprensión interior de esta maravillosa transformación artística de los huesos radiales en esféricos, y que realmente podemos percibir en la diferencia entre la cabeza y el resto de la estructura humana. Sin este conocimiento no podemos percibir la conexión interna, orgánica, entre la cabeza y el resto del cuerpo humano.

Pero esta es una forma de arte que es al mismo tiempo ciencia. Siempre que la ciencia no pueda convertirse en arte, degenera en un sofisma, en una forma de conocimiento que precipita a la humanidad en el desastre en cuanto a su existencia cósmica se refiere. Vemos, por tanto, cómo una verdadera Ciencia Espiritual apunta a la necesidad de una intuición y percepción artística. Esta facultad ya estaba viva en el alma de Goethe y llegó a expresarla en su himno en prosa titulado Naturaleza, escrito hacia el año 1780, que comienza así: «¡Naturaleza! Estamos rodeados y abrazados por ella…». Las ideas se entrelazan tan maravillosamente que el himno es como la expresión del deseo de recibir el Espíritu desde la totalidad del cosmos.

Se puede decir verdaderamente que el desarrollo de las ideas contenidas en el himno de Goethe a la naturaleza proporcionaría una morada a los seres que descenderán del cosmos a la Tierra. Pero los conceptos estériles de la fisiología y la biología, la sistematización de la vida vegetal y las teorías que se han ido desarrollando durante el siglo XIX −todos los pensamientos que, como he mostrado en las conferencias sobre el color no tienen realmente nada que ver con la verdadera naturaleza de las plantas− no pueden despertar un conocimiento real, ni pueden decir nada sobre el ser del hombre. Por lo tanto, el conjunto de conocimientos que se considera hoy en día como ciencia es esencialmente un producto de Ahriman, que lleva al hombre en dirección a la destrucción terrenal y que le impide entrar en la esfera que los seres de más allá de la Tierra han estado tratando de poner a su alcance desde el último tercio del siglo XIX.

Cultivar la Ciencia Espiritual no es una búsqueda abstracta. Cultivar la Ciencia Espiritual significa abrir las puertas a esas influencias de más allá de la Tierra, que están procurando bajar a la Tierra desde el último tercio del siglo XIX. El cultivo de la Ciencia Espiritual es en verdad un evento cósmico del que deberíamos ser plenamente conscientes.

Así podemos estudiar todo el lapso del tiempo que va desde la separación hasta el regreso de la Luna. Una Luna, que, como se dice, refleja la luz del sol hacia nosotros, y que está en verdad profundamente conectada con nuestra existencia. Se separó de la Tierra con el fin de que el hombre pudiera llegar a ser libre. Pero este período de tiempo debe ser utilizado por el hombre de tal manera que no prepare el material que, con la reintroducción de la Luna en la esfera terrestre, se combinaría con la sustancia lunar para producir ese nuevo reino del que he tratado de dar una imagen gráfica.

luna4

De vez en cuando surge entre los seres humanos de nuestro tiempo una especie de presagio de lo que vendrá en el futuro. No sé qué significado se ha leído en el capítulo de Así habló Zaratustra, donde Nietzsche escribe sobre el «hombre horrible» en el «valle de la muerte».  Es un pasaje en movimiento trágico. Nietzsche, por supuesto, no tenía una percepción concreta del valle de la muerte en el que se transformará la existencia cuando la generación de arañas de las que he hablado se propague sobre la Tierra. Sin embargo, en el cuadro de este valle de la muerte en la imaginación de Nietzsche, había una visión subconsciente del futuro, y dentro de este valle de la muerte, colocó la figura del «hombre horroroso». Era una especie de premonición de lo que sucederá si los hombres siguen cultivando pensamientos oscuros. Pues en su destino estará ser capturados de una forma horrible por las fuerzas de la existencia Lunar, que solo se limitan a la esfera de la Tierra, y se unirán a la raza de criaturas-araña de la que he estado hablando.

¿Qué objeto tendrá hoy en día mantener estas cosas en secreto como muchas personas desean? Mantenerlas en secreto sería como arrojar arena a los ojos de los hombres.“Mucho de lo que hoy se extiende en el mundo bajo el nombre de enseñanza espiritual no es más que un proceso de arrojar arena a los ojos de los hombres, para que ni un solo caso pueda ser entendido en la historia como lo que realmente es. ¿Cuántas personas son conscientes hoy en día de la importancia trascendental de los acontecimientos que se están llevando a cabo? Ya he hablado de estas cosas. ¿Cuántas personas se preparan realmente para tratar sobre ellas? La gente prefiere cerrar los ojos a lo que está sucediendo y pensar que, después de todo, los eventos realmente no son de tanta importancia. Sin embargo, los signos de los tiempos son inconfundibles y deben ser entendidos.

Esto es lo que quería decir, queridos amigos, como continuación a las consideraciones expresadas sobre el mundo del color y en relación con la manera en que el ser humano está conectado con el cosmos. Continuaremos estas reflexiones en el futuro.

Traducida y elaborada por Gracia Muñoz, Julián Ponce, Diego Milillo y Linda R. Gámez.

Conferencia VI. Embriología y evolución del mundo

6 conferencias impartidas por el Dr. Karl König

Traducido del alemán por Diego Milillo

Primero que todo, hoy intentaremos hacer brevemente un repaso de los temas tocados ayer por la mañana y por la tarde. Luego continuaremos hasta concluir con este particular periodo del desarrollo embrionario que ha sido el objeto de nuestro encuentro. Para empezar, permitámonos visualizar otra vez a manera de cuadro, tan precisamente como nos sea posible, cómo el desarrollo de las capas germinales ciertamente continua irradiando, emergiendo, tomando forma desde los cuatro principios arquetípicos que menciona Rudolf Steiner: Águila, León, Toro y Hombre. Al decir esto, inmediatamente vemos el zodiaco y reconocemos que es desde el zodiaco que estos cuatro principios se vierten, en cuatro direcciones diferentes, en la Tierra: formando, moldeando, configurando al ser humano. Podéis ver como esto es revelado una vez más en esta fase del desarrollo.

Pero a medida que el desarrollo avanza, que el embrión crece, desarrollándose de embrión a feto, y de feto a infante, poco quedara de estos sucesos que en un comienzo al ser tantos, nos permitió describirlos.

Ahora podríamos preguntarnos en qué lugar del crecimiento completo del ser humano se halla este cuadruple aspecto, que hemos sido capaces de discutir hasta cierto detalle. Y solo hay una respuesta: este cuadruple aspecto aún persiste en cada uno de nosotros en lo que llamamos GRUPOS SANGUINEOS. En cada uno de los grupos sanguíneos -no quiero entrar en detalles- un remanente de lo que una vez fue Águila, León, Toro y Hombre aun está trabajando. Se ha oscurecido, pero se puso en manifiesto en aquellas formas y figuras que fueron descritas ayer. Tan solo pensad lo que significa que ahora somos capaces de percibir las verdaderas fuerzas del Águila-ectodermo desarrollándose del modo simétrico lateral,  de ver a las fuerzas del León-mesodermo laborando a medida que se despliega el metamerismo y a las fuerzas del Toro-endodermo, en la polaridad delante-detrás. Así, amigos, es como es elaborado el ser humano a través de cuatro capas germinales y sus animales arquetípicos. Se podría decir que en este momento uno es su propia esfinge. Esto ya es decir mucho. Cada cosa que discutimos en esa ocasión previa, cuando describimos a la evolución del mundo como es dada por el Génesis y el desarrollo de las membranas, llegando luego al momento donde la Caída coincide con el desarrollo de la cavidad primitiva, con el ego, el Yo, como un dedo que toma forma a modo de vara central de todo el desarrollo del hombre -todo esto es presentado al hombre en el 3er periodo post-atlante de su desarrollo cultural en la imagen de la esfinge, para que los hombres pudieran ver, al menos simbólicamente, de que se trata todo esto.

Quizás pueda indicar algo entre paréntesis. En la actualidad, la esfinge ha sido puesta una vez más frente a los ojos de aquellos preparados para ver, en una nueva forma arquitectónica. Esta cerca de Basilea, donde estaba el Goetheanum; por debajo del Goetheanum estaba esa extraña forma de la caldera. No se cuantos de vosotros podéis recordarla, pero si miráis esa caldera con la laringe abriéndose y los dos senos curvándose hacia adelante y atrás, entonces no veréis otra cosa que una metamorfosis moderna de lo que en antiguos tiempos egipcios fuera la esfinge. Esto se vuelve perceptible -y tocaremos esto más tarde- cuando uno realmente a puesto su mente en ello y ha ingresado en el modo en que se manifiestan las formas, se configuran, en el embrión que crece y se desarrolla.

lc7

Pero ahora arribamos a uno de los temas mayores del día, así que consideremos lo siguiente: amigos míos, todo lo que sucede hasta el 17mo día se produce sola y exclusivamente a través de la interacción del germen físico provisto por los padres y la entidad que, siguiendo la descripción dada por Rudolf Steiner, he llamado germen espiritual. Este germen espiritual no es otra cosa que el arquetipo de la forma humana. Este arquetipo de la forma humana, si recordáis, deviene en existencia a la medianoche entre muerte y nuevo nacimiento, cuando es entretejido al punto central de la individualidad preparándose para la encarnación. Las Jerarquías, el alma humana enlazada a esa individualidad, ángeles y arcángeles -ellos comienzan a tejer, alcanzando incluso los extremos del universo, tejiendo el destino del individuo a modo de poderoso tapiz, una carpeta de vida y de karma, tejiendo el germen espiritual. Proviniendo desde vastedades todo abarcantes del universo, volviéndose mas y mas pequeño a su paso por las esferas de los planetas, constituyéndose a sí mismo a través de Saturno, Sol, Mercurio y Venus, ataviado con el cuerpo astral y el germen espiritual, el ego o Yo entra en la esfera de la Luna. Y allí, al momento de la fertilización física, el germen espiritual se desprende del cuerpo astral y del ego. Esto genera un vacuum y genera que otro grupo de seres, los Maestros originales de la Humanidad que habitan en la Luna, teja un cuerpo etéreo para ese ser humano, formándolo desde la luz y el calor, sonido y vida.

Ahora podemos visualizar lo siguiente: allí debajo en la Tierra, en el vientre materno, los gérmenes físico y espiritual están interactuando. La constelación del germen espiritual es tal que porta la imagen, no de lo individual, pero sí de la forma humana general. Esta imagen es implantada en el germen físico como forma física espiritual, no material, pero entretejida físicamente con substancia espiritual. Esto ocurre dentro de la organización materna, y las substancias terrenas conjuntamente con las substancias celestes del Hombre, recapitulan ahora el génesis del hombre deviniendo en existencia en la Tierra. Al mismo tiempo que esto está sucediendo en el útero, el órgano lunar de la mujer, otro proceso se produce en la esfera lunar del universo: con ayuda de la colonia de Maestros en la Luna, el cuerpo etéreo, el Yo y el cuerpo astral son reunidos durante esos 17 días santos -podemos llamarlos así- de nuestra existencia, estos días que son como una gran obertura al inicio de cada vida humana sobre la Tierra. Y en el momento en que se ha alcanzado el sexto día de la creación dentro de la recapitulación y se escucha el llamado: “hagamos al Hombre”, en ese momento el ser humano mismo, moldeado por el Yo, el cuerpo astral y etéreo, desciende a la Tierra.

Ahora considerad esto: es preparado un hogar, un primer lugar habitable para un ser que en curso normal de los eventos ha vivido cientos de años, si contamos a la manera terrestre, en un mundo que no conoce tiempo ni espacio. Allí no hay arriba ni abajo, ni derecha ni izquierda, ni delante ni detrás de la manera en que conocemos. Allí todo es cambio constante, un breve momento semeja eternidades, y allí tienen su existencia los elementos etéricos, anímicos y espirituales. Pero ahora algo que es substancia terrenal deviene en existencia aquí debajo y esos dos aspectos, el celeste y el terrestre -y esto es de por si tremendo- ha de ser reunido. Amigos, que hoy por hoy seamos capaces de hablar, de caminar, de pensar, que actuemos y hagamos o no todo lo que la Tierra demande -nada de esto sería posible de no ser por los eventos que suceden entre el 17mo y 40mo día del desarrollo embrionario, en el segundo acto de nuestro drama. Veréis, aquí no hay necesidad de diagramar al Yo. Cabe dentro de esta periferia externa del hogar provisto por la madre. Esto es el corion. Y desde el corion se desarrollo paso a paso la estructura que llamamos placenta. Si pudiéramos ingresar en el, podríamos poner en claro como esta placenta es, de hecho, una imagen del sol. Allí dentro, la entidad egóica de la individualidad que encarna está trabajando y posee su ser. Considerad, amigos míos, lo que significaría si mas y mas personas fueran capaces de acoger nuevamente estas imágenes: el Yo o ego de mi niño en crecimiento, de todos los niños que devienen en existencia en el Sol de la placenta durante el embarazo, vive como en una esfera de fuego. Si habéis visto las ventanas del primer Goetheanum, recordareis esta figura. Allí todo está presentado y delineado.

El cuerpo astral habita en los ritmos del amnión -y no estoy diciendo el fluido en si mismo- digo en donde los ritmos del liquido amniótico deviene y vuelve a desaparecer, entrelaza al Yo en el Sol de la placenta, sin que ni el uno ni el otro posean substancia material. El Yo en el lugar ocupado por la placenta, sin involucrarse en su actividad física, pero en el calor, en el fuego que irradia de ella como si fuese un Sol; el cuerpo astral en los ritmos del liquido amniótico, flotando constantemente alrededor de la forma del embrión. Al mismo tiempo, el cuerpo etéreo se involucra en todo lo concerniente a la formación de las capas germinales.

Mis amigos, aquí es dad la primer oportunidad de convertir paso a paso existencia cósmica en memorias terrestres. Veréis, ayer hice gran hincapié sobre el arriba-abajo, izquierda-derecha, delante-detrás; porque ahora puede ser experimentado el espacio, comenzando con el cuerpo etéreo. Este cuerpo etéreo comienza a colocarse en la orientación arriba-abajo  del mesodermo, sin embargo aun no hay un arriba-abajo, pero adivinando lo que ha de ser, comienza a colocarse en la orientación delante-detrás que el endodermo producirá algún día, y comienza a tomar la simetría, de alguna manera vaga aun, del ectodermo. Uno debe intentar sentir, experimentar esto, como estas fuerzas de desarrollo formadas por luz, calor, sonido y vida, se ajustan a las substancias; como la luz llega a experimentar la oscuridad y surge la simetría; como el sonido experimenta al movimiento, su sombra; como la vida se confronta a la muerte de las substancias; y como todo esto se reúne en delante-detrás, arriba-abajo, izquierda-derecha. Veis, así es como el cuerpo etéreo ingresa, paso a paso. A todo lo que deriva del devenir en existencia de la substancia, de los poderes de rememoración de la evolución de la Tierra y de la Humanidad, a todo lo que es agregado por las jerarquías, y por el León, el águila, el Toro y el Hombre, a todo esto ha de ajustarse sumisamente un cuerpo etéreo que se ha individualizado. Debe colarse, debe volverse una forma espacial en la Tierra. Esto es obligatorio.

Y el cuerpo astral, un cuerpo estelar, en principio expandido por todo el universo, luego inhalado al descender, empequeñeciéndose, ahora comienza a experimentar en los ritmos, lo que es tener un sentido del tiempo; no del hoy y de mañana, no de un año y un día, sino de la función básica que atraviesa todo lo que conocemos como tiempo: ritmo. Al devenir el liquido amniótico y volver a desaparecer, al fluir las aguas alrededor del embrión y dentro de él, en el cerebro y en la medula espinal, el liquido mengua y fluye -no es el agua sino el ritmo a través del cual el cuerpo astral ingresa en el proceso del tiempo. Y luego, amigos, reflejando la experiencia del espacio desde el cuerpo etéreo y la experiencia del tiempo desde el astral, el ego, el Yo, se alista a las lecciones en la escuela de la Tierra ha planeado para él.

Ayer os mostré un esquema de  los segmentos. ¿Tenéis una idea de lo que significa, cuando comenzamos a mirar estos cubos con creciente percepción, tales bloques de la manera en que se hallan uno detrás del otro, en nuestro propio cuerpo físico?.

fig16

Aquí tenéis finalmente la forma terrestre, y dejadme deciros, es un tremendo esfuerzo para el mesodermo adquirir tales formas. Estos son los verdaderos bloques con los que más adelante juegan los niños. El Yo lo experimenta por primera vez. O bien el Yo experimenta como desde los primeros inicios del pulmón se desarrolla gradualmente la circunferencia exterior, y comienza a obtener la experiencia de centro y periferia. Y cuando se desarrolla el cerebro también experimenta la simetría a medida que cobra forma. Ahora no estamos mirando a través del microscopio, lo hacemos con el ojo del Yo que permanece en la placenta. Y encontramos que: aquí se generan experiencias para el Yo, y es gracias a estas experiencias -crepusculares, oníricas- que el mundo del Espíritu se acerca al Yo. La luz que hemos conocido dentro del mundo espiritual, los encuentros que hemos tenido allí, las poderosas impresiones que nos rodeaban, todo esto debe caer, alejarse, perecer, de modo tal que el ser humano se vuelva parte de la Tierra.

Solamente a través del estudio de embriología, amigos míos, es cómo podemos llegar a obtener el sentir de tales experiencias. Nos hacen descender a la Tierra. Ahora que he tratado de describiros esto, seréis capaces de comprender lo que diré a continuación. Básicamente, y aquí retrotraigo lo dicho por mí al comienzo de este curso en Octubre, nosotros podríamos ser músicos, podríamos ser arquitectos, euritmistas, geómetras, matemáticos, si somos capaces realmente de comprender todo lo que sucede durante esos pocos días, esos 23 días en que se desarrollan las capas germinales y los órganos devienen. Y cuando esto ha pasado, al 40mo día, aun no llegamos a tener al ser humano. Lo que obtuvimos fue al ancestro del Hombre, el se ha desarrollado. Pero este ancestro del Hombre está formado por la música del universo, por la arquitectura del universo, por la euritmia, el logos, la matemática, la geometría del universo; y mirad, la fuerza de la alfarería labora en la forma del embrión, ya que es un trabajo de alfarero el que ha sido practicado en la formación de la laringe, por ejemplo, o produce una vesícula biliar en el disco del alfarero del hígado, o recorta las copas y los cálices de la pelvis renal. Ahora bien, la alfarería no es la única fuerza, también hay un tejer. El tejido cartilaginoso es producido, substancia ósea es tejida, tejido conectivo es extendido como una carpeta. Todos los poderes están representados. Debemos darnos cuenta mas y mas  de esto; solamente entonces percibiremos como en esos 23 días se introdujeron en el ser humano los cimientos para toda actividad futura.

Amigos, no podríamos dar forma a la más simple jarra, ni tejer la más pequeña carpeta, tallar madera, configurar cualquier material, si todo esto no hubiera sido puesto en nosotros. Encontrareis un reflejo de esto en el Libro del Genesis, en donde entre los descendientes de Caín son descritos los tres hijos y la hija de Lamech: uno es el instructor de todo artefacto en bronce o hierro, otro es el padre de quienes manejan el arpa y el órgano y el tercero es el padre de quienes habitan en tiendas y que poseen ganado. Y no quiere decir que estos tempranos ancestros hayan conducido al hombre a generar estas actividades; todo esto se halla dentro del embrión.

Por lo tanto, la forma del ancestro del Hombre aparece. Permitidme que os lo diagrame. Si miramos al embrión hacia el final del segundo acto de este drama, se ve algo como esto: aquí tenemos una cabeza gigantesca, una frente poderosa. Realmente, la cosa entera es cabeza, para empezar. Aquí corre la espina dorsal, concluyendo en una pequeña cola. Aquí tenéis los segmentos, creciendo ya hacia el centro y tomando forma -tejido óseo, tejido muscular, formando 50 o 60 de estas estructuras simétricas, metaméricas. Todavía no hay rostro. Y luego aquí, por debajo, encontramos un enorme bulto. Si lo miramos desde fuera, si estuviéramos por abrirlo, entonces veríamos algo muy extraño, serpentíneo, algo así -solo estoy esbozando porque es realmente complicado, y veríais sangre fluyendo a través de esta estructura. Este es el corazón.

Luego viene otra tremenda formación: el hígado. El cordón umbilical se adentra (por favor recordad, esto es solo un esbozo; un embriólogo podría mostrarles numerosos errores que he cometido; por ejemplo, el cordón umbilical debería ir aquí). Ahora entonces, dentro tenemos vida en ciernes, brotando. Los receptáculos sanguíneos comienzan a desarrollarse allí, por todos lados, en el cerebro, en torno al corazón, a través de todo el hígado, a lo largo del cordón espinal. Pero, veis, también podemos decir que aquí tenemos a los tres animales: el endodermo -el Toro; el mesodermo-el León, en el corazón; el ectodermo-el Águila, en esta forma.

fig17

Amigos míos, aquí veis los mismos principios, la misma tendencia formatriz que encontramos en el amnión, donde el amnión se vuelve mas y mas grande y donde de un modo u otro se traga al saco vitelino y al alantoides. Aquí veis como el ectodermo, que pertenece al amnión, se desarrolla poderosamente, produciendo algo que apenas si deja espacio al corazón y al hígado. ¿Qué significa esto?. Significa que sucede lo siguiente. Aquí, esbozado tan solo burdamente, esta la placenta. Aquí el ego, el Yo, tiene su asiento. Ningún animal, ni uno solo, posee una placenta semejante, ni los simios. Los simios tienen dos placentas, por ejemplo, una de  cada lado. Animales de presa poseen lo que se llama placenta-anillo, naturalmente, porque ellos son animales intermedios. Se requeriría un estudio especial completo para describir las diferentes formas que la placenta toma en los mamíferos. Pero aquí, en la placenta solar, se asienta el Yo, y los cuerpos astral y etéreo le comunican las primeras experiencias crepusculares de la Tierra.

Aquí el ectodermo se arquea. Amigos, aquí veis como la forma que deviene en existencia apunta al proceso de reencarnación. Rudolf Steiner ha demostrado esto bien claramente: el tronco y los miembros -no la cabeza- de una encarnación son transformados, metamorfoseados, se vuelve la cabeza que deviene. Esta tremenda cabeza se desarrolla desde todo lo hereditario que el Yo trae conmigo, que yo mismo he presionado en mi cuerpo etéreo en la esfera de la Luna, cuando mi complejo hereditario fue puesto en el. Y para comenzar, no soy más que cabeza. Pero por supuesto, la Tierra tendrá su parte. Y así agrega un corazón, forma un hígado y aquí, en estos dos lugares, los primeros rudimentos de los miembros, como aletas, se van desarrollando. Esta es la dirección que intenta seguir el desarrollo desde las capas germinales. Lo que el cuerpo etéreo ha traído desde la Luna, está trabajando aquí. Ya que ahora podéis ver en varios lugares en la forma humana a Aries, a Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. El Yo ha de experimentar mas, otras cosas.

Hemos tratado, amigos míos, de compartir las experiencias del ser que encarna, de la manera en que ha de confrontarse con esas formas, de cómo debe concordar con las tendencias formatrices que nacieron durante el segundo acto del desarrollo embrionario. Significa que nuestro ser -y cuando digo “ser” me refiero al Yo, y al cuerpo astral y etéreo- ha de concordar con todo lo que tras el nacimiento se volverán experiencias en el tiempo y espacio en la Tierra. Ahora mismo, en este proceso de encarnación, el ser experimenta todo sin luz, sin luz que provenga del exterior, a través de ojos y piel. Pero la luz del Espíritu esta allí en la célula del vientre. No experimenta la respiración sino al flotar aun, al ser absorbido y expulsado nuevamente por sí mismo; tampoco conoce aun la gravedad. Gravedad, la fuerza que activa a la voluntad, aun no está presente; el embrión flota en el útero como un astronauta en su capsula espacial. No hay gran diferencia. No respira, por lo tanto el sentir no está activo. No está iluminado por una luz exterior, así que el pensar todavía duerme aquí. Lo que  ocurre es un tejer, un organizar, un mirar atrás en la memoria por sobre los eventos cósmicos del pasado. Pero estas estructuras de las que os he hablado, borran ahora la memoria del pasado, de la existencia en el mundo espiritual. Y no solamente ha de descubrir al tiempo en el ritmo, y la experiencia del espacio en las dimensiones; la Tierra como estrella, como planeta, debe ser experimentada por adelantado. ¿Cómo se logra esto?  ¿qué es la Tierra en sí?. Nosotros experimentamos a la Tierra al permitir que la gravedad sea experimentada por los miembros, el menguar y fluir de la respiración por el pecho, y la luz por la cabeza. Esto no puede suceder en el útero.

Pero otra cosa sucede, y quisiera daros una idea sobre esto, porque es por demás una parte del alcance completo de experiencias a ser ganadas entre el 17mo y el 40mo día. Por lo que no debemos mirar a las formas como si se desplegasen mecánicamente, sino considerando que el ser que encarna debe concordar con los procesos formativos. Para eso diagramare una vez más a ese ectodermo-Águila, y todo el mesodermo entretejiéndose (solo es un esbozo, para que tengáis una idea -el corazón no se ve así, aun no tiene cuatro cámaras),y aquí está el hígado y allí el intestino, y aquí comienzan a desarrollarse los pulmones. Allí hay una triada. Y, amigos míos, aquí está la Tierra. Ya que todo el sistema nervioso, cerebro y cordón espinal están predominantemente permeados por una actividad interna formativo-luminosa.

Si uno sigue las descripciones de Rudolf Steiner sobre la base de las propias experiencias internas, hay entonces una adecuada justificación para una declaración como esta: pese a que una vez que el sistema nervioso, al estar completamente formado, se vuelve una simiente de muerte en nosotros, la luz del verano habita ahora aquí. Todo se expande, reluce, titila , lo que crece madura; el verano brilla aquí por sobre toda la Tierra. Y podemos decir: en el ectodermo no solo experimentamos derecha e izquierda, no solo simetría, sino también a la TIERRA EN VERANO. En el norte y sur del globo es al revés, pero esto no importa. Ahora tomemos al mesodermo: siempre se ha podido discernir una cierta dicotomía en el. Por un lado se conecta con el sistema de los miembros, pero también es soporte del endodermo. Configura al corazón, los receptáculos sanguíneos; asimismo contiene todo lo conectado al sistema sexual. Es realmente la organización que retiene  la memoria más fuerte y perdurable de la Caída. Este mesodermo experimenta con el corazón, o les hace llegar a las experiencias hechas por los miembros y todo el resto, a la PRIMAVERA Y EL OTOÑO.Y ahora no es difícil de enlazar a la parte remanente, al endodermo, con el INVIERNO.

fig18

Esto hará surgir una enorme cantidad de preguntas, pero solo me atendré a un solo aspecto ahora. No es posible discutir completamente todo en un curso, pero quiero daros tan solo una idea, para que la semilla pueda crecer y conducir a un estudio posterior. Veréis, se puede decir que el verano, portando toda esa configuración zodiacal, rodea a la primavera y al otoño que alcanzan la vida en el mesodermo; y directamente dentro tenemos al invierno del endodermo. ¿Qué quiero decir con el invierno del endodermo?.El conjunto del endodermo es un aparato para la transformación de la substancia. El conjunto del endodermo se ha consagrado, digamos, a la transformación de cuál sea la substancia, sea el hígado, el intestino o cualquier otra parte del sistema digestivo. Y esto es lo que sucede en invierno, cuando el color y la substancia cambian, cuando las semillas de las plantas fructifican la Tierra. La Tierra es la Madre y en ella, cada cosa que cae en la Tierra se transforma en invierno. Esta experiencia invernal es experimentada en la estructura endodérmica que se halla dentro de nosotros desde la boca al ano. Este es el punto del aspecto completo del desarrollo.

Amigos, el tubo gástrico que primeramente se desarrolla en la superficie del saco vitelino, por ejemplo, no tiene en principio una boca ni tampoco tiene un ano. Ved como este desarrollo es bien lo opuesto de la gástrula que os mostré ayer, en donde la abertura, siendo boca y ano al mismo tiempo, es la primer cosa. Aquí se está configurando un sistema de transformación de substancia. Esto es lo que hace. Luego hay un proceso secundario a modo de preparación de lo que sucederá cuando el niño sea traído a este mundo, digamos, que una boca abra hacia fuera, es decir hacia el amnión, y que un ano abra también hacia afuera, hacia el amnión. Pero eso es un proceso secundario, porque de acuerdo a la divina concepción de su devenir en existencia, el hombre no estaba en absoluto designado a ingerir y eliminar substancia alimenticia, porque al comienzo de Lemuria toda ingesta era al mismo tiempo un proceso respiratorio que ocurría sin esos orificios en el cuerpo. ¿Comprendéis lo que quiero decir?. Sería un despropósito lingüístico o un concepto erróneo pensar que ese hombre es un glotón. Se volvió uno solamente porque se convirtió a sí mismo en uno. No fue pensado para serlo. El hombre ni siquiera debería hablar. Debería escuchar, gesticular, respirar, es decir, debería vivir dentro de las esferas de luz y sonido de la existencia, aportando, tejiendo tonos y colores. Las cosas se tornaron diferentes porque intervino la serpiente que portamos con nosotros, el tubo gástrico se abrió y dio lugar a la boca y al ano. Pero el intestino, el hígado, el pulmón, todos los órganos digestivos, son procesos que transforman substancia, trabajando a la manera del invierno. Y eso es lo que experimentamos al ingresar en esa forma embrionaria. Y también experimentamos primavera y otoño en el mesodermo, entre arriba y abajo en el metamerismo que se está desarrollando, con los músculos brotando como en primavera. Pero entretanto, el musculo del corazón es transformación que conduce a la forma de la cruz, con lo cual también portamos a la muerte con nosotros. Y del mismo modo experimentamos  el descenso de arriba hacia abajo en el desarrollo de los riñones. Entonces llega el otoño.

Amigos míos, el Dr. Hillringhaus hablo sobre las experiencias internas conectadas con el riñón. Quizás pueda agregar algo a esto: en nuestro tiempo, cuarenta años atrás, pocos poemas fueron escritos en primavera, casi siempre en otoño. El otoño se volvió una tremenda experiencia. Todo esto emerge desde los riñones. Sucede porque ellos ofrecen la posibilidad de un despertar interior. Luz emerge en el hombre mientras oscuridad se acumula fuera. Pero asimismo la dicotomía, ya que se desarrolla la soledad. Al mismo tiempo emerge también la posibilidad de ser pleno en Espíritu. Y regresamos al Espíritu del otoño, digamos, a Micael, porque en la instancia final reconocemos al mundo como sabiduría, viviendo en todo lo que es endodermo.

Si queremos agregar algo mas a esto, podríamos tomar la descripción de Rudolf Steiner y en base a esto decir: la Tierra es el ciclo de verano a invierno, de primavera a otoño, creado por seres arcangélicos que rodean la Tierra. Podemos experimentarlo como URIEL-AGUILA, RAFAEL-HOMBRE, MICAEL-LEON, GABRIEL-TORO. Estas son nuestras experiencias al momento, ya que al reconocer a las estaciones en nuestras capas germinales, comenzamos a experimentar a los cuatro Arcángeles que influencian nuestras vidas. Al mismo tiempo experimentamos lo siguiente, lo cual sucede actualmente y que os mencione ayer: experimentamos como desciende el riñón y por el otro lado, como asciende el pulmón, y que el riñón que llevamos con nosotros es el resultado de la actividad de Lucifer, y lo que el pulmón logra con la contraparte de Jehová, se eleva, se alza. Y en lugar de tener al riñón arriba y al pulmón debajo, portamos con nosotros a través del diafragma -como consecuencia de la Caída- esa inversión que conducirá mas adelante -nunca antes (mi último diagrama debía de haber mostrado más bien un tubo, con sangre fluyendo a través)- a que el corazón desarrolle las cuatro cámaras. Surge la Cruz de la Tierra, suspendida como os he descrito ayer, desde arriba, a la derecha y atrás hacia abajo a la izquierda y al frente, integrando armoniosamente el espacio y determinando nuestro destino en nosotros.

Vídeo resumen de la gestación humana en 4 minutos.

2ª. CARTA – En relación con las estaciones

Del libro Isis Sophia I de Willi Sucher

English version

 

– Mayo 1944

En la 1ª Carta hablamos de los tres componentes de nuestro universo solar. Ahora nuestra tarea será la de explicar los detalles de la estructura de nuestro universo, en especial la del Sol y la órbita de la Tierra.

Como ya hemos dicho la Tierra se traslada alrededor del Sol en el transcurso de un año. Desde nuestra posición en la Tierra, se nos muestra como el movimiento del Sol a lo largo de la trayectoria del Zodíaco. Este movimiento no es solo un hecho astronómico, ya que está conectado en el tiempo con definidos eventos rítmicos en la Tierra. Este es el ritmo de las estaciones. Vamos a considerar este ritmo de las estaciones, desde el punto de vista del hemisferio norte de la Tierra.

Cada año, el 21 de marzo comienza la primavera en el hemisferio norte. Esto no cambia en el transcurso del tiempo. No ocurre que de repente la primavera comience el 21 de abril; es el 21 de marzo. Decimos que en ese momento tiene lugar el equinoccio de primavera o que el Sol está en el punto vernal, -de acuerdo con el modelo de Copérnico- cuando la Tierra ha terminado su órbita alrededor del Sol y comienza una nueva ronda.

La primavera dura hasta el 21 de junio. Durante esta estación en el mundo vegetal que nos rodea, tienen lugar los procesos de germinación, crecimiento, expansión y florecimiento. Es la temporada en la que la creación se vuelca principalmente en la naturaleza. Entonces, el 21 de junio, comienza de verano. En ese momento la Tierra se ha trasladado un cuarto de su órbita.

Visto desde la Tierra, el Sol se ha movido durante los tres meses anteriores a través de los signos de Aries, Tauro, y Géminis. Desde la perspectiva de la Tierra, el 21 de junio, el Sol entra en el signo de Cáncer. La naturaleza que nos rodea nos confronta con los fenómenos de la temporada veraniega. Los procesos de floración han llegado a su punto culminante. El mundo de las plantas se perfecciona. Tiene lugar la fructificación, y hacia el final de esta temporada los frutos maduran. Durante este tiempo, el Sol se ha estado moviendo a través de la eclíptica por los signos de Cáncer, Leo, y Virgo; o de acuerdo con Copérnico, la Tierra ha completado otra cuarta parte de su órbita.

El 23 de septiembre, el Sol entra en el signo de Libra.  Comienza el otoño en el hemisferio norte de la Tierra. La naturaleza entra en una época de crisis. Tiene lugar  la separación entre el fruto y la planta madre. La planta madre (es diferente con los árboles) se marchita. El fruto y con él la semilla, se entierra en el suelo. La luz y el calor disminuyen.

El Sol se ha movido a través de los signos de Libra, Escorpio y Sagitario. Después, el 21 de diciembre, el Sol entra en el signo de Capricornio, y mientras está atravesando Capricornio, Acuario y Piscis acontece la temporada del invierno en la Tierra. Durante esta estación las semillas duermen en el suelo; quizás cubiertas por el hielo y la nieve, pero entonces tiene lugar un gran despertar, un gran milagro, de esas semillas se desarrollan el mismo tipo de formas vegetales de la planta madre que se había marchitado en el otoño anterior. Entonces el Sol entra en el signo de Aries de nuevo el 21 de marzo y comienza una vez más todo el ciclo del año y de las estaciones.

estaciones

Podemos preguntarnos: ¿de dónde vienen las fuerzas que hacen que las plantas crezcan y se marchiten después de haber producido la semilla para el siguiente ciclo de las estaciones?.  Desde un punto de vista materialista, se puede responder que el aumento de la luz y el calor del verano hacen que las plantas crezcan, y la disminución de las mismas en otoño, retira la vida en el mundo de las plantas. Sin embargo, esto se dice con demasiada facilidad, porque hay plantas que crecen incluso si la luz y el calor se desvanecen. Luego ellas no sólo pueden recibir la luz y el calor como la única influencia del Sol, debe haber fuerzas irradiando desde el Sol, que son algo más que el calor y la luz.

Las semillas no germinan si solo están expuestas a la luz y al calor; hay que dejarlas en la oscuridad de la tierra húmeda. La Tierra debe recibir influencias desde las profundidades del espacio cósmico, que penetran  la Tierra con más profundidad que el calor y la luz. Estas fuerzas  ocultas se muestran mediante el movimiento del Sol a través de los signos de la eclíptica, y estas no interfieren en la concepción copernicana de nuestro sistema solar.

Incluso si nos imaginamos a la Tierra moviéndose y al Sol fijo en el centro, todavía podemos imaginar el globo terrestre recibiendo ciertas influencias cósmicas a través del Sol desde las diferentes direcciones del Zodiaco. Podríamos imaginar al Sol como una gran lente óptica que recoge las actividades de las distintas partes de la eclíptica y las envía a la Tierra. También podríamos imaginar a los planetas interiores dedicados a esta actividad solar de recogida y transformación. Sólo la superstición materialista haría imposible imaginar que, además de la luz, calor y ciertas influencias magnéticas, el Sol no irradiara nada más.

Si estamos de acuerdo con esto, entonces podríamos imaginar una actividad diferenciada y cuádruple del Sol durante el transcurso del año en función de las cuatro estaciones. La posición relativa del Sol en los diferentes signos de la eclíptica provocaría los cambios. La posición del Sol entre el equinoccio de primavera y el solsticio de verano enviaría a la Tierra las fuerzas de  creación. Entre el solsticio de verano y el equinoccio de otoño, el Sol recogería las fuerzas zodiacales que se manifiestan en la Tierra como  perfección y la maduración. Entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno, recibimos del Sol las fuerzas que dan lugar a la katarsis en la naturaleza, y las fuerzas reunidas por el Sol a través de sus posiciones zodiacales durante el tiempo del solsticio de invierno y el equinoccio de primavera provocarían el milagro del nuevo nacimiento de la naturaleza en la Tierra.

Todavía podemos explicar más sobre la actividad diferenciada del Sol que se nos muestra por su posición en la eclíptica. Así llegaremos a la actividad duodécuple solar de acuerdo con su posición a través de los doce signos.

En abril el Sol se encuentra en la dirección del signo de Aries. Desde allí, el mundo de las plantas recibe el poder de moldear siempre de nuevo las mismas formas. Nunca sucederá, por ejemplo, que de repente los ranúnculos o margaritas tomen una forma diferente de la que tuvieron en el pasado. Las fuerzas de recordación, por así decirlo, irradian de esa parte de la eclíptica y conectan el pasado con el presente y el futuro.

En mayo, cuando el Sol está en el signo de Tauro, vemos el crecimiento de las plantas y su expansión en el espacio. Todo se precipita hacia la existencia y quiere mostrarse lo más grande posible. En este desarrollo podemos reconocer la fuerza y el poder de aumento y propagación procedente del signo de Tauro.

Luego, en junio, el Sol entra en el signo de Géminis. La planta alcanza los límites de su expansión en el espacio y desde el universo -por medio del Sol- recibe el poder para desarrollar dos tendencias: con las raíces quiere alcanzar hacia abajo la oscuridad de la tierra tan profundamente como sea posible, y por el otro lado las ramas quieren alcanzar la esfera de luz y calor. Ahí se crea la flor. En esta actividad dual vemos la polaridad de Géminis; el gemelo celestial en la flor y el gemelo terrestre en la raíz. Polaridad en todo tipo de formas y metamorfosis irradia desde la región de Géminis en la eclíptica.

En julio, el Sol está en el signo de Cáncer. Ahora la planta está saturada en sí misma. Ya no tiene la tendencia a expandirse; los procesos de floración han llegado a su punto culminante. La planta no aspira a nada más.

Ahora recibe del universo el impulso para ofrendar sus propiedades. Esto lo hacen las flores a través del aroma y de la multiplicidad de colores que irradian en el mundo. Es la actitud de servicio del escarabajo, que porta encima de su cabeza una enorme bola de tierra como signo del Sol y el corazón. El escarabajo es la antigua imagen del signo de Cáncer. La transformación de las fuerzas hasta entonces más terrenales se alzan al sol que irradia sus fuerzas desde el poder dinámico del signo de Cáncer.

Luego, en agosto nos encontramos con el Sol en el signo de Leo. Ahora la planta recibe el impulso de sacrificarse. Ha llegado el momento de la cosecha y tiene lugar los procesos de fructificación. Al igual que los rayos del autosacrificado Sol, la planta llena el espacio alrededor de sí misma. La unión con la totalidad del universo solar es la tendencia del signo de Leo.

En septiembre, cuando el Sol se encuentra en el signo de Virgo, los frutos y las semillas están madurando. La luz y el calor del verano se transforman en el dulzor de la fruta que lleva la esperanza del futuro en la semilla; como la santísima Virgen, que lleva con el Niño la esperanza del mundo. La fecundidad como resultado de la unión con el universo, es el poder que irradia desde el signo de Virgo.

En octubre, cuando el Sol aparece en el signo de Libra, se lleva a cabo la separación entre la planta madre y la semilla. Del universo llegan fuerzas que parten el mundo de la planta en dos: la que fue y la que será en el futuro. Es un momento de paz en la naturaleza; un equilibrio entre el pasado y el futuro, como una balanza en equilibrio. El cuidado por el Niño de la Virgen y la retirada de las fuerzas creadoras de la Madre hacia los reinos celestiales es la influencia del signo de Libra.

Después, el Sol entra en el signo de Escorpio. Ahora, desde las profundidades del universo, entran en juego las fuerzas de destrucción y desintegración. Las plantas se marchitan. La imagen del escorpión con el aguijón mortal es, de hecho, una imagen real de las fuerzas que actúan en la naturaleza durante esta época del año. Esto sucede, más o menos, en noviembre, cuando la luz también está disminuyendo y el calor del verano es superado por la frialdad invernal.

En diciembre, el Sol está en el signo de Sagitario. Es la época del año en la que los seres humanos en la Tierra encienden las velas de Adviento y esperan el nacimiento de la luz del alma del mundo. En la naturaleza, las semillas descansan en el suelo. Si uno se imagina las innumerables semillas en el suelo, se puede tener la impresión de millones y millones de pequeñas llamas de esperanza esperando pacientemente un nuevo nacimiento de luz y calor. Estas fuerzas de esperanza están bien expresadas en la imaginación de Sagitario / Arquero. Él apunta a una meta que todavía está muy lejos. La espera y la búsqueda de la luz del alma es el mensaje del signo de Sagitario.

En enero, cuando el Sol entra en el signo de Capricornio, la luz aumenta de nuevo. Tiene lugar el nuevo nacimiento de la luz. Es el tiempo durante el cual el cristianismo celebra el nacimiento de Cristo, que ha venido al mundo como el poder renovador en toda la naturaleza y la humanidad. La semilla puede estar enterrada en el suelo, tal vez cubierta por el hielo y la nieve, pero ha sobrevivido a la oscuridad y al frío; se ha salvado de la destrucción. La luz creativa del mundo espiritual irradia desde el signo de Capricornio.

Después, el Sol entra en el signo de Acuario. Desde esta región fluyen a la tierra corrientes que son las fuerzas de la renovación y el despertar. Ahora es cuando sentimos que las fuerzas ocultas de la actividad del Sol entran en la esfera de la Tierra; fuerzas que no son solo de luz y calor, si no que, como el agua que dona la vida, son fuerzas vitales invisibles. La imagen de Acuario derramando el agua celestial desde los espacios cósmicos es realmente una imagen de estos eventos que acontecen en febrero. El influjo de las fuerzas renovadoras y acumuladoras del cosmos proviene de la región del signo de Acuario.

Luego, a finales de marzo, el Sol entra en el signo de Piscis. En la naturaleza se llevan a cabo los procesos de germinación. Las semillas en el suelo nadan como peces en un mar de agua cósmica portadora de vida. Se abren a sí mismas y  saborean este agua; germinan. Y al beber el agua, se dibuja la actividad de las fuerzas que vienen de la dirección de Piscis, que quieren crear el evento de la escritura en la naturaleza, en este caso, el evento del nuevo comienzo del ritmo del año. La incorporación de las leyes cósmicas y los objetivos espirituales del mundo en el ser terrenal es la influencia del signo de Piscis.

Así, la posición del Sol ordena el ritmo de los acontecimientos que tienen lugar en el ámbito de la vida orgánica en la Tierra. Esto es especialmente evidente en el reino vegetal, pero no es solamente una ordenación. Podemos hablar de fuerzas verdaderas que irradian desde el Sol hacia la Tierra, al igual que la Tierra también recibe luz y el calor del sol. El Sol es como una gran lente óptica que recoge las actividades ubicadas en las diferentes esferas de la eclíptica; por ejemplo, si en la Tierra percibimos el Sol en el signo de Aries, podemos imaginar al Sol recogiendo la actividad de la región de Aries y después enviándola a la Tierra.

Si los doce signos de la  eclíptica –alrededor del Sol y dentro de la órbita de la Tierra- son una realidad dinámica, tendríamos que pensar en la posibilidad de que los otros planetas, especialmente los que están dentro de la órbita de la Tierra, sean capaces de recoger e irradiar igualmente las fuerzas de los signos de la eclíptica de una manera similar a la del sol. Esto afectaría principalmente a los planetas interiores Mercurio y Venus, y en cierta medida también a la Luna.

De hecho, encontramos este tipo de actividades de los planetas interiores de acuerdo con sus posiciones en los diferentes signos de la eclíptica. Sólo los reinos en los que estas actividades se manifiestan en la Tierra son diferentes de los de la actividad solar, como se describió anteriormente. La actividad del Sol se hace visible en la vida de la planta durante el año dentro del mundo de la materia física, pero no sería posible que solo el Sol pudiera crear la vida de la planta; la Luna tiene que ayudar, y ayuda actuando a través del elemento líquido; por ejemplo, actúa en la savia de la planta. Y al mismo tiempo la Luna tiene que estar necesariamente en fase creciente. En otras palabras, sólo si la luna creciente, después del 21 de marzo, cuando el Sol entra en Aries, y se mueve a través de los signos creadores de Aries, Tauro, Géminis y Cáncer, puede tener lugar en la naturaleza la fiesta de la Pascua y la Resurrección.

Esta es la razón por la que la Pascua sólo puede celebrarse después de la primera luna llena tras el equinoccio de primavera.

Pero las actividades combinadas del Sol y la Luna no son suficientes. También los otros planetas de nuestro universo deben contribuir con su parte, especialmente los planetas interiores, Mercurio y Venus, en relación con el crecimiento de las plantas. Traen la variedad de eventos en la naturaleza en las diferentes estaciones del año. Ellos están más conectados con la esfera de luz y calor.

La actividad de los doce signos de la eclíptica, que se manifiestan a través de una actividad diferenciada de Sol durante el año, es un tipo de lenguaje fundamental, sólo que se expresa en una forma transformada por medio de la Luna, Venus y Mercurio. Puede suceder, por ejemplo, que Venus en el signo de Tauro reúna las fuerzas de expansión de Tauro y las exhale a la atmósfera de la Tierra.

El resultado, en determinadas condiciones, puede ser terribles tormentas en algún lugar de la Tierra. Mercurio puede hacer algo similar en la esfera termostática terrestre. Pero también puede ocurrir que los dos planetas intercambien sus actividades, es decir, que Venus ataque la termosfera y Mercurio la atmósfera de la Tierra. Por lo tanto en lo que se refiere a Venus y Mercurio, el lenguaje de los doce signos de la eclíptica tiene que traducirse en los términos de las actividades y eventos dentro de la esfera de la luz y el calor, si se quiere vivir y leer la influencia dinámica de estos planetas.

Lo mismo se aplica a la Luna. La Luna trabaja en las sustancias líquidas de la Tierra. Sabemos de la influencia de la Luna sobre el ritmo de las mareas, y también sabemos que las mareas son más fuertes en el comienzo de la primavera y el otoño cuando la Luna recibe la luz del poder creativo del Sol en Aries. (La elaboración de estos hechos sería objeto de investigaciones, principalmente en relación con la agricultura. Dado que estas Cartas tienen una tarea diferente, sólo daré algunas indicaciones).

Hasta ahora hemos estado hablando acerca de las fuerzas que se tejen entre la Tierra, el Sol, la Luna y los planetas.

La diferenciación de estas fuerzas es en parte debida a la diferencia de la naturaleza de los planetas y de los doce signos de la eclíptica. De acuerdo con el sistema de Ptolomeo, -donde la Tierra está en el centro del universo y todos los planetas, incluso el Sol, se mueven alrededor de la Tierra-  el Sol y los planetas cambiarían su carácter a través de su propio movimiento, pero de acuerdo con el sistema de Copérnico sería la propia Tierra quien se expone por su propio movimiento a cualquier aspecto especial con la actividad del Sol. La órbita de la Tierra estaría entonces creando la realidad de la eclíptica con sus doce signos en nuestro universo. Sería una realidad relativa que sólo afectaría a la Tierra, pero la manera en que nuestro universo está construido en realidad, si la visión de Ptolomeo o Copérnico es correcta o si tenemos que buscar una perspectiva totalmente nueva, es una mera cuestión astronómica.

Lo que hemos descrito hasta ahora en esta Carta acerca de la influencia de los planetas, la Luna y el Sol sobre la vida orgánica de la Tierra, está conectado con la eclíptica. Si miramos nuestro sistema solar desde el punto de vista de Ptolomeo o Copérnico, la eclíptica con sus doce signos es una realidad dentro de nuestro universo solar; debemos imaginar que se lleva a cabo bien por el movimiento del Sol o por el movimiento de la Tierra.

Sin embargo, hasta ahora no hemos conectado esto con el círculo de las estrellas fijas del zodiaco, que están más allá de nuestro sistema solar. Dentro del zodiaco de las estrellas fijas tenemos doce constelaciones, que ya han sido mencionadas en la Carta anterior. Esta es una realidad que empieza donde nuestro universo llega a su fin. Tendremos mucho que decir sobre ello en las siguientes Cartas. Tenemos que tener absolutamente claro el hecho de que, además de las estrellas fijas del zodiaco, existe la eclíptica, que es la otra la realidad, dentro de nuestro sistema solar. Se ha indicado anteriormente como funciona en relación con el año solar. Como se relaciona con las doce constelaciones de las estrellas fijas del zodiaco, se expondrá en las siguientes descripciones.

calendario

La dificultad, que puede crear confusión, es que se utilizan los mismos nombres para las doce constelaciones de las estrellas fijas y para las doce divisiones de la eclíptica. Esto incluso tiene una cierta justificación, pero puede crear confusión. En estas Cartas las doce constelaciones de las estrellas fijas del zodiaco se distinguirán de las doce divisiones de la eclíptica como constelaciones; por ejemplo, la constelación de Aries o Tauro significa la constelación de estrellas fijas con este nombre más allá de la circunferencia exterior de nuestro universo, y  para las doce divisiones de la eclíptica -las doce partes de la órbita del Sol o la Tierra-  utilizaremos la nominación signo, [utilizaremos el nombre en latín] como el signo de Aries que es la parte de la eclíptica a través del cual el Sol parece moverse entre el 21 de marzo y el 21 de abril.

 Traducido y elaborado por Linda R. Gámez, Julián Ponce y Gracia Muñoz.
ASTROSOPHY RESEARCH CENTER, INC.
P.O. Box 13
Meadow Vista, CA 95722
ISBN 1-888686-01-4
These Cartas were originally published as monthly astronomical Cartas fromApril 1944 to March 1946.
© ASTROSOPHY RESEARCH CENTER, INC. 2007
All rights reserved. No part of this book may be reproduced in any form without the written permission of the publisher, except for brief quotations embodied in critical reviews and articles, or for copies that are not for sale but for private use.
Printed in the United States of America by the Astrosophy Research Center

EL DEVAKÁN II

(Edouard Schuré – del libro “Tratado de Cosmogonía)

DUODÉCIMA LECCIÓN

El Devakán o morada de los Dioses, corresponde al Cielo de los Cristianos, al Mundo Espiritual de los Ocultistas. Está de más decir que describiendo estas regiones, que no son extraterrestres más que en apariencia, puesto que están en relación viviente con nuestro mundo, pero que están fuera del alcance de nuestros sentidos físicos, no se puede hablar más que por símbolos y alegorías, porque nuestra lengua no está hecha más que para el mundo de los sentidos.

El Devakán presenta siete grados o siete regiones distintas, que se escalonan en orden ascendente. No son etapas o lugares precisos, sino estados del alma o del espíritu. El Devakán está en todas partes, nos rodea, como el mundo astral. Solamente que no la vemos. El iniciado adquiere sucesivamente, por ejercicios, las facultades necesarias para verlo. Vamos a estudiar cómo él se abre gradualmente a quien adquiere posibilidades de percepciones nuevas.

Con la primera forma de la clarividencia, los sueños se hacen más regulares y producen la aparición de figuras notables, palabras llenas de sentido, ellos se cargan de más en más de un sentido que no se puede descifrar y que se relaciona con la vida real. Se sueña, por ejemplo, que la casa de un amigo se incendia, y uno se entera en seguida que acaba de caer enfermo. Esas primeras aberturas del Devakán lo hacen asemejar a un cielo atravesado por nubes que se agrupan, y revisten poco a poco formas vivientes.

Con la segunda forma de la clarividencia, los sueños toman contornos más precisos. Son las figuras geométricas y simbólicas de las más elevadas religiones, los signos sagrados de todos los tiempos, que son, hablando propiamente el idioma del Verbo Creador, los jeroglíficos vivientes de la lengua universal: la Cruz, el signo de la Vida; el pentagrama o estrella de cinco puntas, signo del verbo; el hexagrama, signo del Macrocosmos en líneas abstractas, aparecen aquí coloreados, vivientes y fulgurantes sobre un fondo de luz. No son, sin embargo, la vestidura de seres vivientes, pero designan, por así decirlo, las normas y las leyes de la creación. Con ellos han sido formadas las figuras animales que los primeros iniciados eligieron para representar las revoluciones del Sol en las constelaciones del Zodíaco.

osterwort_mit_rosenkreuz

Los iniciados han traducido sus visiones en estos signos, por ejemplo, en el de Cáncer, que figura un torbellino hecho en los dos sentidos contrarios. Los más antiguos caracteres escritos, sánscritos, egipcios, griegos, rúnicos, de los cuales cada letra tiene siempre un sentido ideográfico, han sido todos, en su origen, figuras celestes. En este grado de su visión, el discípulo no está más que en el umbral del Devakán; se trata de penetrar allí y de encontrar el pasaje que conduce del mundo astral al primer grado del mundo devakánico.

Todas las escuelas secretas han conocido este camino y aun el cristianismo en los primeros siglos, aunque no recurría a los antiguos modos de iniciación, poseyó no obstante una enseñanza esotérica de la cual se encuentran aún trazas. Así por ejemplo, los “Actos” de los Apóstoles, menciona Denys, que fué un discípulo de San Pablo, y que enseñó un cristianismo esotérico. Más tarde, Juan Scot Eiregene, en la corte de Carlos el Calvo, en el siglo IX fundó un cristianismo esotérico. Después de esto, poco a poco, es recubierto por el dogma: sin embargo, cuando se penetra en el Devakán, se ve confirmar la descripción que de él ha hecho Denys.

La respiración rítmica que prescribe el sistema del Yoga, es uno de los medios practicados para penetrar en el mundo del Devakán. El signo cierto de que esta entrada ha tenido lugar, es que la conciencia atraviesa por una experiencia que es designada en la filosofía védica por estas palabras: “tat-twam-así” (aquí estás tú).

El hombre ve, en sueño, su propia forma corporal, desde fuera. Ve su cuerpo extendido sobre el lecho, pero como una envoltura vacía; alrededor de ella, el cuerpo astral que irradia como un nimbo ovoide; aparece después como un aura de la cual se hubiera retirado el cuerpo, en tanto que el cuerpo aparece como un molde hueco y vacío. Es una visión en que las relaciones están invertidas, como en una imagen fotográfica negativa.

Uno se habitúa a esta visión respecto a todas las cosas. Se ve en cierto modo, el alma de los cristales, de las plantas, de los animales, bajo forma de radiaciones, en tanto que la sustancia física aparece como un hueco, un vacío. Pero sólo las cosas naturales pueden verse así, nada de lo que está hecho por la mano del hombre. En este primer grado del Devakán, se contempla, pues, la faz astral del mundo físico; es la que se llama los continentes del Devakán, la forma negativa de los valles, de las montañas, los continentes, etc, físicos. Entrenándose en meditar, mientras se retiene el aliento, se llega al segundo grado del Devakán.

Los huecos que forma la sustancia física, se llenan de un sistema de corrientes espirituales, que son las de la vida universal que atraviesan todas las cosas: es el océano del Devakán. Aquí el iniciado se sumerge en la fuente surtidora de toda vida. El ve esta vida como una red de ríos inmensos cuyos canales lo irrigan todo. Al mismo tiempo, una sensación extraña y ligeramente nueva lo penetra. Comienza a sentirse vivir en los metales. Reichembach, autor del libro sobre el Od, había constatado este fenómeno en los sujetos sensitivos a los cuales hacía adivinar los metales envueltos en trozos de papel. Las entidades que uno encuentra en esta región son las que Dionisio, el Areopagita, llama los arcángeles o animadores de los metales, corresponden al segundo grado de la clarividencia.

Se llega al tercer grado del Devakán cuando libera su pensamiento de todo vínculo en el mundo físico, cuando uno puede sentirse en la vida del pensamiento sin contenido de pensamientos. El Maestro dice a su discípulo: “Vive de manera que poseas la función del intelecto sin su contenido”. Un nuevo mundo se abre entonces. Después de haber visto los continentes y los ríos del Devakán (es decir el alma astral de las cosas y las corrientes de vida) se percibe el aire, la atmósfera devakánica. Esta atmósfera es completamente diferente de la nuestra, su sustancia es sonora, viviente, sensible como un sentimiento. Responde a cada uno de nuestros gestos, de nuestros actos, de nuestros pensamientos, por ondulación, resplandores y sonidos.

Todo lo que pasa sobre la tierra repercute allí como formas de colores, de luces, de sonidos. Sea que se viva allí durante el sueño, sea después de la muerte, se puede seguir allí el eco de la tierra. Se puede, por ejemplo, prestar oídos a una batalla; no se ve la batalla misma, ni sus peripecias, no se oyen los gritos de los combatientes, ni los cañonazos. Pero luchas y pasiones aparecen bajo formas de relámpagos y truenos. Así pues, el Devakán no nos separa de la tierra, nos la muestra como es desde fuera. No se siente el dolor y la alegría de uno. Se las mira objetivamente como un espectáculo. Es un nuevo aprendizaje de la compasión y de la piedad. El devakán es una escuela donde se observa desde un punto más elevado los dolores y los goces de este mundo, donde uno se esfuerza por transmutar las penas en alegrías, las caídas en nuevos ímpetus, la muerte en resurrección.

Esto no tiene nada de común con la contemplación pasiva y la felicidad más o menos egoísta del cielo, tal como se lo figuran ciertos autores religiosos que piensan que los sufrimientos de los condenados hacen parte de la felicidad de los elegidos. Es un cielo viviente, donde el deseo infinito de simpatía y de acción que mora en el alma humana se abre en campos de actividad sin límites y con perspectivas infinitas.

En el cuarto grado de la penetración en el Devakán, las cosas aparecen bajo la forma de sus Arquetipos. Ya no es el aspecto negativo sino su forma original que aparece. Es el laboratorio del mundo que encierra todas las formas de las cuales ha salido la creación; son las “ideas” de Platón, “el reino de las madres” de que habla Goethe y del cual retira el fantasma de Elena. Lo que aparece en ese estado del Devakán es lo que la India llama crónica del Akasha.

En nuestro lenguaje moderno lo llamaríamos el cliché astral de todos los acontecimientos del mundo. Todo lo que ha pasado por el cuerpo astral de los hombres, se fija allí en una sustancia infinitamente sutil que es una materia negativa. Para comprender la posibilidad de estas imágenes que flotan en el mundo astral de la tierra, es necesario servirse de comparaciones y de analogías. La voz humana pronuncia palabras que forman ondas sonoras, penetrando por medio de otros oídos en otros cerebros, para producir allí imágenes y pensamientos. Cada una de estas palabras es una ola sonora de una forma muy particular que si pudiéramos verla se distinguiría de cualquiera otra. Figurémonos que esas palabras pudieran ser fijadas o congeladas como lo sería una ola de agua por un frío intenso y súbito. En ese caso las palabras caerían atierra bajo forma de aire congelado y se podría reconocer a cada una de ellas por su forma. Serían palabras cristalizadas.

Y ahora, en lugar del proceso de densificación, representémonos el inverso, sabemos que cada cuerpo puede pasar del estado más sólido al más inmaterial: sólido, líquido, gaseoso. La sutilización de la materia puede alcanzar un límite que se franquea para terminar en una materia negativa, la que se llama Akasha. Todos los acontecimientos se imprimen en ella de una manera definitiva y se puede volver a encontrarlos a todos, aun los del pasado más remoto. Estos cuadros del Akasha no son inmóviles, se desenvuelven constantemente como imágenes vivientes en que las cosas y los personajes se mueven y hasta a veces hablan. Si se evoca la forma astral del Dante, hablará allí en su estilo, conforme a su medio.

Estas imágenes casi siempre son las que se aparecen en las sesiones espiritistas y pasan por el espíritu del muerto. Es necesario aprender a descifrar las hojas de este libro de imágenes vivientes y a desenrrollar los innumerables rollos de la crónica del universo. No se llega a ello sino distinguiendo la apariencia de la realidad, el esquema, del alma viviente, lo que requiere un ejercicio cotidiano y un largo entrenamiento, a fin de evitarlos errores de interpretación. Porque podría suceder, frente a la forma del Dante por ejemplo, que se recibieran formas exactas, pero que ellas no emanarán de la individualidad del Dante que continúa evolucionando, sino del antiguo Dante fijado en el medio etérico de su tiempo.

El quinto grado es la esfera de la armonía celeste. Las regiones celestes del Devakán se distinguen por este hecho: todos los sonidos se tornan allí más nítidos, más luminosos, más sonoros. Se percibe allí en una gran armonía, la voz de todos los seres, lo que Pitágoras llamaba la música de las esferas. Es la palabra interior, el verbo viviente del universo. Cada ser adquiere ahora, para el clarividente, que ha llegado a ser clariaudiente, una sonoridad particular, como un aura sonora. Entonces, cada ser dice al ocultista su nombre. En el génesis, Jehovah toma a Adam por la mano y Adam nombra a todos los seres. En la tierra, el individuo está perdido en la multitud de todos los seres. Allí en cambio cada uno tiene su sonoridad particular y, sin embargo, al mismo tiempo se sumerge en todos los seres, llega a ser uno con todo lo que le rodea.

205579_3286788548214_424064886_n

El discípulo en este grado es llamado El Cisne, oye los sonidos por medio de los cuales habla el Maestro y los trasciende al mundo. El cisne melodioso de Apolonio hace oír las sonoridades del más allá. Se dice que viene del país de los Hiperbóreos, es decir, del mundo de donde se pone el sol, del cielo. Ha llegado el momento en que se pasa al otro lado del mundo estelar. Se lee la crónica del Akasha, no ya del lado de la tierra sino del cielo, que viene a ser la escritura oculta de las estrellas. Se ve el interior de las estrellas, de las esferas, y se siente la fuente original del Universo, del Logos.

Encontramos en los mitos recuerdos de este grado del Cisne, notablemente en la Edad Media, por los relatos del Grial, que son reflejos de las experiencias del mundo Devakánico. Todas las proezas que se describen ahí son cumplidas por los caballeros del Grial, que representan los grandes impulsos, que por los Maestros atraviesan por la humanidad. El tiempo en que fue compuesta la leyenda del Grial bajo el impulso de los grandes Iniciados, es el del comienzo del reino de la burguesía, y en esa época se desarrolla el movimiento de las grandes ciudades libres, que viene de Escocia en Inglaterra y de allí va a Francia y a Alemania. El hombre liberado aspira inconscientemente a la verdad y a la vida divina.

En la leyenda de Lohengrin, Elsa representa el Alma humana, el Alma de la Edad Media que tiende a desenvolverse, la cual en ocultismo se representa siempre bajo una forma femenina. El caballero Lohengrin, que viene de un modo desconocido, del Castillo del Santo Grial, para liberarla, representa al Maestro que trae la verdad. Es el mensajero del Iniciado llevado por el cisne simbólico. El mensajero de los grandes iniciados se llama “Un Cisne”, no se debe preguntar su origen ni su verdadero nombre, no se debe dudar de sus verdaderos títulos de nobleza. Se le debe de creer bajo su palabra y reconocer en su faz los rayos de la verdad. El que no tiene esa fe no es capaz de comprenderlo ni es digno de oírlo. De ahí que Lohengrin prohiba a Elsa que le pregunte su origen y su nombre. El cisne es el Chela que conduce al Maestro. El mensajero del Maestro en el plano físico es el discípulo iniciado que se ha elevado al quinto grado y que el Maestro envía al mundo. Así es como esta leyenda expresa lo que pasa en los mundos superiores. El Logos, el Verbo Solar y planetario proyecta su luz sobre los mitos y leyendas.

La luz de sol, la luz de la luna, los eclipses y la vida anímica del hombre

Conferencia pronunciada por Rudolf Steiner el 25 de Junio de 1922 – GA213

English Version

Es extremadamente difícil para la conciencia moderna actual ver alguna relación entre el alma y el espíritu del hombre y el mundo físico puramente material, a su alrededor y no hay, de hecho, justificación alguna ante la falta de comprensión hacia la Antroposofía, cuando se dice que el alma y el espíritu del hombre, es decir, el cuerpo astral y el Yo, abandonan el cuerpo físico y etérico y continúan existiendo fuera de ellos.

¿Dónde, están pues el cuerpo astral y el Yo? Esta es la pregunta que nos plantean las personas que obtienen su conocimiento de la ciencia materialista de nuestros días. Ellos, naturalmente, no pueden concebir que el elemento del alma pueda  tener su lugar dentro de los límites del espacio. A lo sumo, pueden reconocer que existe el aire y que el espacio está impregnado de luz, pero la idea de que el alma y el espíritu existan en el espacio está para ellos más allá del reino de lo posible.

Esta imposibilidad no es más que una pequeña muestra de esa gran imposibilidad de concebir donde van el alma y el espíritu del hombre, cuando a través de la muerte, deja el cuerpo inerte en la tierra. El verdadero hombre moderno dice que puede “creer” en esas cosas. Sin embargo, en el momento en que comienza a hacer uso de su poder de pensamiento, se encuentra inmerso en conflictos interminables. Estos conflictos cesan cuando se esfuerza en investigar la Ciencia Espiritual. Pero para el hombre moderno las ideas que tiene que asimilar son extrañas y desconocidas y tiene que abordarlas lenta y gradualmente. En este punto vamos a considerar ciertos hechos de la historia espiritual que hoy en día son muy poco conocidos en el mundo exterior.

Sabemos que las antiguas concepciones tradicionales que se remontan a la Sabiduría Primordial, se incorporaron después en las distintas religiones, convirtiéndose en materia de fe. En la antigüedad existían Centros de Misterios que cumplían las funciones de Iglesia, Academia y Escuela de Arte. Estos Centros de Misterios eran la fuente de todo el conocimiento que desembocó en las masas del pueblo, y en los impulsos que determinaban sus actividades.

En estos Centros de Iniciación habitaban hombres que, a fuerza de un entrenamiento especial, habían alcanzado un mayor conocimiento. Como resultado de las pruebas por las que habían pasado, entraron en una relación definida con el Cosmos, una relación que les permitió aprender, prestando atención a los procesos cósmicos, a la marcha de los acontecimientos cósmicos, lo que ellos deseaban saber con respecto al mundo.

Sólo las formas posteriores, más o menos corruptas de ese conocimiento, se han conservado en la historia exterior. Ustedes saben que en los Oráculos de los templos griegos, algunas personas solían pasar por un estado mediúmnico, y cuando, en determinados momentos,  se levantaban los vapores de la tierra, estas personas caían en un estado de conciencia que hoy en día sería llamado de “trance” por aquellos que persistian en mantener una actitud superficial hacia las cosas espirituales. No hay conocimiento verdadero, no hay conocimiento que corresponda a la realidad que se pueda alcanzar a través del trance, todo es un revoltijo confuso y no tiene ningún fundamento real. Pero cuando los métodos antiguos para entrar en relación con el cosmos, se deterioraron y corrompieron, la gente consultaba los oráculos como un último recurso. Y todo lo que se revelaba desde esa conciencia de trance era considerado como una revelación de los objetivos de los seres divino-espirituales que estaban detrás de todos los procesos cósmicos. Los hombres ordenaban sus vidas de acuerdo con las declaraciones de estos oráculos. Se dirigían a los oráculos, que ya habían perdido las facultades que una vez habían poseído los Iniciados en los Misterios. Fue por ello que confiaron en otros medios más externos para regular sus acciones.

Voy a tratar de clarificar una de las maneras por las cuales, en tiempos muy antiguos, los Iniciados en los Misterios penetraron en los secretos del universo, secretos que expresaban los propósitos de los Seres Divino-Espirituales, cuya misión es dirigir y gobernar los fenómenos de la Naturaleza. Tal iniciado, después de un largo período de preparación, durante el cual trabajaba en la totalidad (el conjunto),  llegaba a ser capaz de observar los procesos vitales más sutiles, alcanzando finalmente un punto en su desarrollo en el que, al contemplar la salida del sol, entraba en un estado anímico determinado. Esta fue una práctica a la que constantemente se aplicaban los antiguos iniciados. Trataban de estar espiritualmente receptivos a todo lo que se llevaba a cabo al amanecer. Cuando el sol se elevaba lentamente sobre el horizonte, un intenso sentimiento de admiración y devoción interior llenaba el alma del iniciado. Es difícil hoy en día formarnos un concepto de semejante estado anímico, pues era un sentimiento de profunda reverencia combinado con un anhelo de conocimiento.

Y en los Centros de los Misterios, los antiguos iniciados, cuando se preparaban de una manera definida, eran capaces, justo en el momento de la salida del sol, de formular las preguntas más solemnes y sagradas a los espíritus cósmicos, y enviar estas preguntas, desde lo más profundo de sus corazones, a la lejanía del espacio cósmico.

Un último eco de este estado anímico puede llegarnos cuando leemos la maravillosa y hermosa descripción de la salida del sol, del poeta y escritor alemán, Johann Gottfried Herder. Esta descripción fue escrita hace más de cien años, y se diferencia de cualquier otra que pudiera emanar de algunos de los insignificantes poetas modernos. Herder contemplaba la salida del sol como el símbolo de toda la vida de vigilia, no sólo en la naturaleza, sino también en el alma humana, en el corazón humano. La sensación de la madrugada en el alma humana misma, cuando el sol se elevaba desde las profundidades interiores, fue interpretada maravillosamente por Herder al tratar de mostrar cómo entraba el humor poético en la evolución humana, y cómo este sentimiento poético se vivificaba con todo lo que el hombre podia experimentar, cuando contemplaba un amanecer.

Y las siguientes palabras del Fausto de Goethe: “Arriba, Académico, lejos del cansancio, baña tu pecho en la mañana roja”

Aún con mayor intensidad podemos ver el misterio de la salida del sol que siente un hombre como Jacob Boehme, cuyo primer trabajo fue, Aurora, o la llegada del amanecer. Y las siguientes palabras del Fausto de Goethe: “Arriba, Académico, aleja el cansancio, baña tu pecho en la mañana roja”, no son ajenos a los secretos de la aurora.

Cuanto más nos remontamos en la historia de la evolución humana, encontramos los más maravillosos estados de ánimo que se despiertan en el alma humana en el momento de la salida del sol, cuando los primeros rayos del sol de la mañana llegan hacia la tierra en sus ondas pulsantes, acelerando la luz del cosmos. Y en los Centros de los Misterios, los antiguos iniciados, cuando se preparaban de una manera definida, eran capaces, justo en el momento de la salida del sol, de formular las preguntas más solemnes y sagradas a los Espíritus Cósmicos, y enviar estas preguntas, desde lo más profundo de sus corazones, a la lejanía del espacio.

Tal iniciado se decía a sí mismo: “Cuando el sol envía los primeros rayos de luz hacia la tierra, es el mejor momento para que el hombre lance sus preguntas hacia los amplios espacios cósmicos.” Y así el antiguo iniciado derramaba hacia las distancias cósmicas, los enigmas que llenaban su alma y corazón. Sin embargo, no buscaba respuestas de la forma trivial que estamos acostumbrados en nuestra ciencia física, sino que entraba en un estado de ánimo en el que se decía: “Hemos entregado nuestros enigmas y preguntas al Universo. Estas preguntas no descansan en el cosmos, sino que han sido recibidas por los Dioses”.

La gente puede pensar lo que quiera acerca de tales cosas. Eran como las he descrito; tales eran las prácticas en los tiempos antiguos. Después, los iniciados esperaban, y al llegar la noche ponían su corazón en alerta. Pero ahora no se entregaban al estado de ánimo que hace preguntas, sino que se hacían receptivos, y en un estado anímico devocional esperaban a los rayos de la luna llena que se alzaban sobre el horizonte. A su juicio, era el momento en el que se podía recibir la respuesta del Cosmos. En los Misterios Mayores se trataba de un procedimiento muy habitual. En ciertas ocasiones, las preguntas y enigmas se enviaban al espacio cósmico, y las respuestas de los Dioses se enviaban a la Tierra, a través de los rayos de luz de la luna llena.

De esta manera el hombre vivía en comunión con el cosmos. Él no era entonces tan orgulloso que formulaba ciertas preguntas a la manera intelectual, como suele hacer un filósofo moderno, para luego inmediatamente exigir una respuesta. No estaba tan engreído como para suponer que podía sentarse ante un trozo de papel  y por medio del cerebro humano resolver los grandes enigmas de la existencia. Más bien creía que debía obtener el consejo de los Poderes Divino-Espirituales trabajando y tejiendo en el cosmos para descubrir las respuestas a los enigmas cósmicos. Porque sabía: “Fuera de mí, en el cosmos, no encuentro más que el contenido de mis percepciones sensoriales normales. El elemento espiritual está trabajando y tejiendo en todas partes. Y en el momento en que los rayos del sol penetren a mí, puedo salir a su encuentro con todo el contenido de mi voluntad”.

Este secreto se ha perdido por completo en la investigación moderna. Sin embargo, esas cosas eran entendidas por el hombre y vivían en ellas con verdadero conocimiento y sabiduría. En Europa, uno de los últimos en preservar esta tradición fue Juliano el Apóstata. El cometió la imprudencia de tomarse estas cosas muy en serio, y como resultado, fue víctima de sus enemigos.

Hoy en día los hombres describen al sol diciendo que envía sus rayos sobre la tierra. El Antiguo Iniciado habría dicho: “Esto es sólo el aspecto físico. La realidad espiritual es que los hombres viven sobre la Tierra y en ella desarrollan su voluntad, y cuando los rayos del sol, llegan desde los cielos a la tierra, él puede elevar su voluntad a la dirección del sol, al lejano espacio cósmico. En la corriente de la voluntad, que, por así decirlo, fluye de la Tierra hacia el Sol, el iniciado enviaba sus preguntas al cosmos.

Y mientras que el hombre actual dice: “En el otro lado está la luna, y la luna envía sus rayos sobre la tierra”, el Antiguo Iniciado decía: “Eso es de nuevo sólo el aspecto físico. La verdad es que los pensamientos llegan a la tierra a través de las corrientes de la luz de la Luna”. Así, el iniciado confiaba sus preguntas a los rayos de la voluntad que corriente arriba, iban de la Tierra hacia el Sol, y recibía las respuestas de los rayos de pensamiento que desde la Luna llegaban a la Tierra.

La ciencia moderna sólo conoce un lado de la imagen. El científico considera sólo las propiedades físicas del sol y la luna. El iniciado antiguo decía: “Mientras que el sol envía continuamente su luz sobre la Tierra, la Tierra envía sus rayos de voluntad —la combinación de las fuerzas de voluntad de todos los seres humanos que viven en la tierra— al cosmos. Y cuando el hombre permite que la luz de la luna brille sobre él, le llegan los pensamientos cósmicos  a través de sus rayos”.

El organismo humano ha sufrido muchos cambios. Cualquiera que esté actualmente en la búsqueda del conocimiento suprasensible no puede proceder de la manera antigua. El poder de comprensión del hombre es más burdo de lo que era en tiempos antiguos. Es cierto, por supuesto, que aún hoy en día los rayos de su voluntad fluyen hacia el cosmos. Pero él ya no siente que los rayos de su voluntad puedan elevar sus preguntas al cosmos, pues ya no arden en él, como lo hicieron una vez . Se ha hecho demasiado intelectual, y el intelecto enfría la intensidad de todas las preguntas. Tenemos muy poca sensación del insaciable anhelo que existía en el hombre por el conocimiento de los misterios más sagrados del Universo. Ya no estamos apasionadamente deseosos de conocimiento, solo curioseamos y nos gustaría saberlo todo, lo más rápido posible, sin tomarnos la molestia de comprender realmente el mundo que nos rodea.

En nuestra época actual sólo a los amantes les gusta soñar en el claro de luna. Los hombres “sabios” considerarían una superstición terrible si se les preguntara si creen que las respuestas a los enigmas más candentes de la existencia podrían llegarles a través de los rayos de la luna. Para el hombre moderno, el mundo está totalmente carente de Espíritu, y no entiende nada de lo espiritual que se manifiesta por todas partes del mundo, o, si habla del espíritu lo hace en un sentido vago, panteísta, sin ningún conocimiento concreto de por qué los rayos de la voluntad están relacionados con los rayos del Sol,  o cómo la forma del pensamiento humano está relacionada con la luz que nos llega de la Luna.

luna4

Por medio de una iniciación adaptada a los tiempos modernos, podríamos sin embargo ser capaces de entrar una vez más en relación con el Cosmos y con el Espíritu del Universo. La única diferencia es que el intelecto moderno tiene que hacerlo de otra manera. Con los ejercicios preparatorios que conducen a la iniciación que se describen en mis libros, en particular en “Como se adquiere el conocimiento de los Mundos Superiores”. El propósito de estos ejercicios es llevar al hombre actual a un punto en el que le sea realmente posible recibir respuestas a sus preguntas, no sólo en su orgullo moderno de hacer las preguntas a la manera intelectual y esperar que las respuestas surjan de su propio cerebro. Este último método puede de hecho resultar en ideas muy inteligentes, pero la simple “inteligencia” nunca podrá conducir a las verdaderas respuestas a los enigmas de la vida. Esta agitación continua en la cabeza, aísla al hombre del universo.

El iniciado moderno también debe hacerse preguntas, pero tiene que llenarse de paciencia y no esperar a recibir una respuesta inmediata. Así poco a poco llegará a una etapa de su desarrollo en el que ya no se limitará a observar el mundo exterior con el fin de satisfacer su curiosidad a través de las impresiones recibidas por sus ojos, oídos y demás sentidos. Es cierto, que recibe las impresiones exteriores por medio de sus sentidos, pero mientras él observa definitivamente, íntimamente, todo lo que está alrededor de él, —las flores, el sol, la luna, las estrellas, los otros seres humanos, las plantas y los animales—, mientras que gira sus sentidos en todas las direcciones, y permite que todas estas impresiones exteriores fluyan hacia él, envía a su encuentro una corriente de fuerzas de su propio ser. Y es esta fuerza la que representa la pregunta que él quiere hacer.

El hombre mira, tal vez, una hermosa flor. No obstante, no se limita a mirarla pasivamente, sino que fija su mirada en su color amarillo, y permite hacerse una impresión sobre él y al tiempo que envía su pregunta hacia el amarillo de la flor, se sumerge en la pregunta y en el enigma de la existencia del color amarillo, o tal vez del color rosado de la salida del sol o de alguna otra percepción. Él no hace las preguntas desde su corazón, por una impresión particular, como, por ejemplo, la salida del sol, sino que las derrama en todas y cada una de sus percepciones sensoriales. Si estuviera dispuesto a esperar para recibir las respuestas de esas mismas percepciones sensoriales, sería como si el antiguo iniciado enviase sus enigmas a la salida del sol y esperase a continuación la respuesta del sol, en lugar de esperar, como sabemos que hacía, al momento de la luna llena. El iniciado antiguo tenía que esperar por lo menos catorce días, pues era en el momento de la luna nueva cuando él realizaba sus preguntas a la salida del sol, y sólo recibía las respuestas  cuando la luna estaba llena.

El filósofo moderno difícilmente estaría dispuesto a esperar catorce días. Ya para entonces esperaría que su libro estuviese en las manos de los impresores, o, digamos, habría esperado antes de que fuera tan difícil encontrar una editorial. Hoy, sin embargo, tenemos que aprender a tener paciencia. Cuando el hombre se entrega a sus preguntas sobre las impresiones de los sentidos, cuando permite que estas preguntas se impregnen de todo tipo de cosas, no debe esperar que estas mismas impresiones sensoriales, le traigan inmediatamente la respuesta a modo de revelación. Él debe esperar, —y esto es fácil si ha realizado los ejercicios de preparación, durante un tiempo suficientemente largo—, esperar a menudo durante un largo tiempo, hasta que finalmente todo lo que ha llevado al mundo exterior se eleve en su interior en forma de respuesta. En caso de que se hagan las preguntas al azar, de una manera azarosa, tal vez pueda recibir un tipo de respuesta fortuita, —respuestas que proporcionan a ciertas personas un a modo de satisfacción egoísta—, pero de una cosa pueden estar seguros: no serán respuestas reales. Deben proyectar sus preguntas en la flor, el océano, en la gran bóveda celeste y sus estrellas, en todo lo que nos viene como impresión desde fuera, y deben esperar hasta que tarde o temprano surjan las respuestas en lo más íntimo de su ser. No tienen que esperar  exactamente catorce días, la duración del período es algo que no se puede determinar, como consiguieron hacerlo los antiguos iniciados. Simplemente tenemos que esperar a que llegue el momento oportuno, el momento en que todo lo que anteriormente era impresión exterior se convierta en experiencia interior, y en el propio interior resuene la respuesta.

El arte de la investigación espiritual, de la investigación del cosmos, consiste en ser capaces de esperar, y no imaginar que las respuestas nos serán dadas inmediatamente. De ello se desprende también, como una cuestión de rutina, que las preguntas definitivas solo deben hacerse si vamos a obtener la respuesta. Si usted pregunta a los que ya han obtenido el verdadero conocimiento, como se entiende en el sentido moderno de la iniciación, oirá lo mismo de todos ellos. Un hombre así quizás le conteste la siguiente historia: “Cuando tenía treinta y cinco años me hice consciente de este u otro gran problema de la existencia, y todo lo que experimenté en relación con él entró profundamente en mi ser. En ese momento me llegó el problema como una cierta impresión particular desde el mundo exterior. Y cuando ya tenía cincuenta años dentro de mí  surgió la solución al problema”.

Antiguamente los Iniciados colocaban sus preguntas dentro de la matriz del espacio con el fin de que del espacio pudieran nacer de nuevo. El elemento solar pasaba a través de una metamorfosis lunar. Hoy en día los misterios que el hombre de buena gana querría desentrañar, todo lo que de buena gana aprendería en su conversación con los Seres espirituales, debe colocarlo primero en la corriente del tiempo. El elemento cósmico aparecerá una vez más, naciendo del alma humana después de un período de tiempo determinado por los mismos poderes cósmicos. Pero es necesario que el hombre llegue a un punto en el que sea capaz de sentir y saber cuándo se mueve dentro de sí una respuesta divina, cósmica, y distinguir entre esa respuesta y que lo es meramente humano.

Así, el contenido real de la iniciación antigua todavía está presente, pero de otra forma. Sin embargo, tenemos que tener muy claro lo siguiente. Si un hombre desea penetrar en los grandes misterios de la existencia, debe ser capaz de entrar en una relación espiritual con los Seres Espirituales, con los seres cósmicos. No debe seguir siendo un ermitaño en la vida, no debe tratar de resolverlo todo por sí mismo, a su manera egoísta. Debe estar dispuesto a esperar hasta que el cosmos le de la respuesta a esos enigmas y problemas que él mismo ha enviado al espacio cósmico.

Es evidente que si un hombre ha aprendido a enviar las fuerzas de su alma al cosmos y a recibir las fuerzas cósmicas en sí mismo, es mucho más capaz de comprender los misterios del nacimiento y la muerte de lo que lo era antes de haber llegado a tal conocimiento. Cuando el hombre empieza a comprender cómo el elemento volitivo inherente a la corriente del alma fluye hacia los rayos del sol, como lo transmite a todas las impresiones sensoriales que recibe del mundo exterior, — también empieza a entender cómo su alma y espíritu fluyen hacia el universo en oleajes de un elemento espiritual, de un elemento cósmico, cuando su cuerpo físico ha caído  víctima de las fuerzas de la muerte. Además, aprende a entender cómo la espiritualidad es devuelta de nuevo a la Tierra por la Luna, por la luz de la luna. Se hace consciente de que sus pensamientos más elevados regresan a él desde el espacio cósmico. Porque aunque en la época actual los pensamientos se elevan desde el propio ser del hombre, sin embargo, es el elemento lunar en el organismo humano, el que genera los pensamientos.

El hombre que ha tenido estas experiencias, debe aprender a medir el verdadero significado de ciertos fenómenos transitorios que se destacan, por así decirlo, a medio camino entre los procesos considerados como físicos y cósmicos en su naturaleza, y los que son cósmicos y espirituales. El hombre actual, debido en gran parte a su educación materialista, describe todo desde el punto de vista físico. Él dice: “Un eclipse de sol se debe al hecho de que la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra, interrumpiendo los rayos del sol”. Esta es una explicación física, construida a partir de la observación física y es obvia, es como que si dijéramos: “Aquí hay una luz, y aquí hay un ojo. Si pongo mi mano en la parte frontal del ojo, la luz se oscurecerá”. Como pueden ver, se trata de algo puramente físico, una explicación espacial, y ese es el camino por el que va la conciencia moderna.

Debemos esforzarnos una vez más por un verdadero conocimiento de tales fenómenos. No son algo que ocurra cotidianamente, y las ocasiones relativamente raras de este aspecto deben ser estudiadas no sólo físicamente, sino también en su aspecto espiritual.

En el momento de un eclipse solar, en la parte de la Tierra afectada tiene lugar algo totalmente diferente de lo que ocurre cuando no hay eclipse. Cuando se sabe que por una parte los rayos del sol penetran en la Tierra y por otro lado las fuerzas o rayos de la Tierra fluirán al encuentro con el sol, es posible formarse una idea de cómo un eclipse solar puede afectar estas radiaciones de voluntad que son totalmente espirituales en su naturaleza. La luz del sol es bloqueada por la luna, proceso puramente físico. Pero la materia física, en este caso el cuerpo lunar, no es un obstáculo para las fuerzas volitivas que fluyen hacia el espacio. Estas irradian sus fuerzas en la oscuridad, y sobreviene un breve período de tiempo, en el que todo lo que es de naturaleza volitiva en la tierra fluye hacia el espacio universal de una forma anormal. Es totalmente diferente de lo que ocurre cuando no hay eclipse. Por lo general, la luz física del sol se une a las radiaciones de la voluntad que fluyen hacia él. Cuando hay un eclipse, dichas fuerzas fluyen sin obstáculos hacia el espacio cósmico.

Un eclipse es un evento físico detrás del cual se esconde una realidad espiritual significativa.

Los antiguos iniciados sabían estas cosas. Vieron que en ese momento todos los impulsos e instintos desenfrenados de la humanidad ondeaban hacia el cosmos. Y daban a sus alumnos la siguiente explicación: En condiciones normales, los malos impulsos de la voluntad que se envían al cosmos por los seres humanos son quemados y consumidos por los rayos del sol, de modo que sólo pueden herir al propio ser, pero no hay ningún mal universal. Sin embargo, cuando hay un eclipse de sol, se da la oportunidad para que el mal que existe en la Tierra pueda extenderse a todo el cosmos. Un eclipse es un evento físico detrás del cual se esconde una realidad espiritual significativa.

Y de nuevo, cuando hay un eclipse de Luna, el hombre de hoy se limita a decir: “La tierra se interpone entre el Sol y la Luna, por lo que podemos ver la sombra de la tierra proyectada sobre la luna.” Esa es la explicación física. Pero en este caso, también el iniciado sabía  que había una realidad espiritual detrás de la realidad física . Sabían que cuando hay un eclipse de Luna, los pensamientos fluyen a través de la oscuridad de la Tierra, y que esos pensamientos tienen una relación más estrecha con la vida inconsciente que con la vida consciente del ser humano. El iniciado a menudo hacia uso de un cierto símil cuando hablaba con sus alumnos. Por supuesto, es necesario traducir sus palabras a un lenguaje moderno, pero esta es la esencia de lo que decían: “A los visionarios y soñadores les encanta pasear bajo la luz de la luna llena. Existen, sin embargo, ciertas personas que no desean recibir los buenos pensamientos que les llegan desde el cosmos, sino que, por el contrario, están deseosos de apoderarse del mal, de pensamientos diabólicos. Esas personas eligen el momento de un eclipse lunar para sus andanzas nocturnas”.

Una vez más nos acercamos a la realidad espiritual en un evento físico. Hoy en día no hay que absorber este tipo de enseñanza en su forma antigua. Si tuviéramos que hacerlo, seriamos conducidos a la superstición. Pero es muy necesario llegar a un punto en el que seamos capaces de percibir una vez más lo espiritual que impregna todos los procesos cósmicos. Los eclipses del sol y la luna, que se repiten como lo hacen en el transcurso del año, en realidad pueden ser vistos como una válvula de seguridad; están ahí para evitar el peligro, para dar salida a una cosa u otra “válvulas de seguridad” —Vapor, por ejemplo — en el momento adecuado.

Una de las válvulas de seguridad, que hace su aparición en el cosmos y al que damos el nombre de eclipse solar, tiene el propósito de llevar al espacio de una manera luciferina, el mal que se extiende sobre la tierra, con el fin de que el mal pueda trabajar en un caos mayor, en una esfera menos concentrada. La otra válvula de escape, el eclipse lunar, existe con el propósito de permitir que los malos pensamientos que están presentes en el cosmos puedan acercarse a aquellos seres humanos que están deseosos de ser poseídos por ellos. En asuntos de esta naturaleza la gente, por regla general, no actúa con plena conciencia, pero los hechos, sin embargo son reales —tan reales como la atracción de un imán por las pequeñas partículas de hierro. Tales son las fuerzas que trabajan, en el cosmos, fuerzas no menos potentes que las fuerzas que se analizan e investigan hoy en nuestros laboratorios químicos.

eclipse del 28 de septiembre de 2015

El hombre no será capaz de liberarse de las fuerzas de su ser, que tienden a arrastrarlo hacia abajo hasta que desarrolle en sí mismo un cierto sentimiento de conceptos espirituales como éstos. Sólo entonces se abrirá a la humanidad el camino que conduce a una verdadera comprensión del nacimiento y de la muerte. Y esa comprensión y entendimiento es muy necesaria para la humanidad hoy en día, en que los hombres están sumergidos en la oscuridad espiritual. Tenemos que aprender de nuevo lo que significa realmente cuando el sol difunde su luz hacia nosotros. Cuando la luz del sol fluye hacia nosotros, el espacio circundante se abre paso a las almas que deben dejar sus cuerpos físicos y se dirigen hacia el espacio universal. Cuando el sol envía su luz a la Tierra, la Tierra envía las almas humanas al espacio cósmico, donde sufren muchas metamorfosis. Luego, en una forma espiritual, se acercan a la Tierra una vez más, pasando en su descenso por la esfera de la Luna, y toman posesión de un cuerpo físico que se ha preparado para ellos en la corriente de la herencia física. No será posible entrar en una relación correcta con el universo hasta el momento en que empecemos a sentir y experimentar estas cosas de una manera real y viviente.

Hoy las aprendemos por la astronomía, los telescopios y así sucesivamente. Aprendemos cómo los rayos del sol penetran la tierra, e imaginamos que ya está todo dicho. Aprendemos cómo los rayos del sol caen sobre la luna y la luna los refleja de vuelta a la tierra, y miramos a la luz de la luna en este único camino, teniendo en cuenta sólo su aspecto físico. Por estos medios se pone en juego el intelecto. El conocimiento intelectual saca al hombre del cosmos y tiende a destruir la actividad interna del alma. Esta vida interior del alma puede ser despertada, pero el hombre primero debe recuperar una relación espiritual con el cosmos. Esto lo podrá hacer sólo cuando vuelva a decirse a sí mismo: “Un hombre ha muerto. Su alma irradia hacia el sol, hacia el cosmos, viajando por el camino hecho para él por los rayos del sol, hasta que entra en una región donde el espacio tiene un final, donde ya no se puede hablar en términos de tres dimensiones, sino que las tres dimensiones se fusionan en una unidad. En esta región, más allá del espacio y fuera del tiempo, suceden muchas y variadas cosas: pero más tarde, desde la dirección opuesta, desde la dirección de la luna, de la luz de la luna, el alma vuelve una vez más y entra en un cuerpo humano físico, nace de nuevo a la vida terrenal. “

Cuando el hombre aprenda una vez más, que las almas de los muertos van al encuentro de los rayos de luz del sol, que los haces luminosos de la luna introducen a las almas jóvenes de nuevo a la tierra, cuando aprenda a sentir concretamente cómo los procesos y fenómenos naturales están impregnados de espíritu por todas partes, entonces surgirá una vez más en la Tierra un conocimiento que es al mismo tiempo Religión, un conocimiento verdaderamente devocional. El conocimiento basado totalmente en el materialismo nunca puede convertirse en Religión. Y la religión que se basa en una fe, que no surge de la fuente del conocimiento, nunca se podrá armonizar con todo lo que el hombre ve y observa en el universo que le rodea. Los hombres de hoy todavía repiten ciertas oraciones desde los tiempos antiguos. Y si alguien sostiene, como lo he hecho en el folleto titulado “La Oración del Señor”, que las profundas verdades espirituales se ocultan en estas antiguas oraciones, la gente moderna inteligente dice: Eso es visionario, mero sueño, pura fantasía. Pero no es fantasía, sino que se basa en el conocimiento del hecho de que estas oraciones, que se remontan a tiempos antiguos, y que la tradición ha conservado para la Humanidad, han sido concebidas por una comprensión profunda de los procesos cósmicos. Debemos recuperar para nosotros mismos una vez más un conocimiento y una comprensión que nos permitirá acceder en el alma un sentimiento parecido a la religión cuando nos enfrentamos a grandes eventos cósmicos. Debemos ser capaces de decir, con los hombres de la antigüedad: “¡Oh Sol, tú envías hacia mí los rayos de tu luz. Estos rayos forman un camino para mí en la Tierra y a lo largo de esta vía, que se mueve en la dirección opuesta, las almas de los seres humanos, las almas de los muertos fluyen hacia el espacio cósmico. “Y otra vez:” ¡Oh Luna, tú brillas con suave resplandor sobre la tierra desde tu lugar en el cielo. Y llevados por las olas de tu luz suave desde los lejanos espacios cósmicos, llegan las almas que están de regreso, una vez más a la existencia terrenal. “

Es así como podemos encontrar de nuevo la conexión entre la luz y el resplandor del mundo exterior y todo lo que vive y teje en el ser interior del hombre mismo. Entonces dejarán de decir sin pensar: “El hombre está rodeado por el universo físico y no puede formarse ninguna concepción de lo que será de su alma cuando, separada del cuerpo, pase hacia fuera en este universo puramente material.” Por el contrario, sabremos que mientras los rayos penetrantes del sol se abren paso a través del espacio, están todo el tiempo trabajando para las fuerzas que fluyen hacia la voluntad humana, y preparar un camino para ellos. Debemos reconocer también que la Luna no arroja su luz suavemente ondulada sobre la tierra sin fin o propósito, sino que hay un elemento espiritual sobre los oleajes y corrientes a través del espacio, llevados por las ondas de la Luna.

Cuando percepciones como éstas entren en nuestra conciencia, ya no seremos capaces de mirar con indiferencia una planta, cuando se baña en la luz del sol de la mañana. Porque es un momento muy especial, donde se llevan a cabo los procesos en la planta. Es entonces cuando los jugos de la planta se realizan por sus delicados vasos en flores y hojas. Es entonces cuando los rayos del sol, que quedan en la planta, dan paso a las fuerzas de voluntad que vienen de la tierra. Y no es sólo que la savia descrita por nuestros científicos modernos fluyen a través de la planta en ese momento, son las fuerzas de la voluntad que tienen su asiento en las profundidades de la Tierra, la corriente hacia arriba también de la raíz de la planta en flor. Y por la tarde, cuando las hojas y pétalos se cierran, cuando los rayos del sol ya no preparan un camino para que las emanaciones de la voluntad se transmitan hacia arriba de la tierra, la actividad interna de la planta cesará y descansará.

La planta, sin embargo, también está expuesta a la luz suave de la luna. La luz de la luna no proyecta su hechizo sólo sobre los amantes, también influye en la planta durmiente. Entretejida con la luz de la luna, el pensamiento cósmico fluye hacia la planta y trabaja en ella.

Así, en la planta aprendemos a buscar las fuerzas combinadas de la “voluntad terrenal” y el “pensamiento cósmico.” Y se estudiara la forma de las diferentes plantas con el fin de descubrir en qué medida cada una de ellas se teje de “pensamiento cósmico” y de “voluntad terrenal.” Y cuando aprendemos espiritualmente, las fuerzas curativas de primavera a partir de estos pensamientos cósmicos, y de esta voluntad terrenal, las propiedades curativas de las plantas se nos darán a conocer y aprenderemos a ver en la planta la hierba medicinal. Pero esto sólo llegara cuando uno ha llegado a un conocimiento profundo de los procesos cósmicos que hace posible reconocer las potencialidades correctoras de las diferentes plantas.

Tenemos que ganar este nuevo conocimiento. Debemos llegar al punto en que podamos entender como la cabeza humana está en realidad moldeada a la imagen de la tierra misma. En el embrión humano es la cabeza lo primero que toma forma. Se moldea a semejanza de la tierra, y el resto del cuerpo se une a él. Cuando la cabeza humana se baña en la luz, y la luz del sol penetra, entonces lo que en la mente humana es análogo a la voluntad “terrenal” resplandece en el cosmos como un poder viviente.

Ahora bien, si tenemos en cuenta una planta cuya raíz contiene las fuerzas de la “voluntad terrenal”, en grado notable, podemos estar seguros de que la raíz de esta planta busca continuamente evadir la luz del sol, y podemos estar igualmente seguros de que esta especialmente sometida a la influencia de la luz de la luna, que, aunque nos parece que sus rayos brillan débilmente sobre la tierra, sin embargo penetran a través de las raíces de las plantas.

Si, por la quema de la raíz de una planta, traemos el elemento de la luz, y si conservamos las cenizas obtenidas de este modo y hacemos un polvo de ellas, entonces tenemos los medios para probar cómo tal polvo es capaz, en virtud de los procesos cósmicos inherentes dentro de ella, de trabajar sobre la cabeza humana, pues las fuerzas de la voluntad de la cabeza son similares en su naturaleza a las fuerzas de la voluntad de la tierra. El punto es que debemos aprender a comprender la relación que existe en todas partes entre la materia y el espíritu, una conexión que no difiere si se trata de la más pequeña partícula de materia o de la mayor masa. Entonces seremos capaces de hacer algo que en la actualidad es válido sólo para las matemáticas, hemos de ser capaces de aplicar a todo el ámbito de las verdades de la naturaleza que primero vienen a nosotros como intuiciones puramente espirituales.

Un cubo, como sabemos, está formado por seis cuadrados. Tal cosa se puede girar de pensamiento, es un pensamiento—imagen. En la sal, —en la sal ordinaria con que cocinamos—, nos encontramos con el cubo de nuevo en la naturaleza misma, y aquí descubrimos la conexión entre un principio espiritual — algo “pensado”— y una sustancia material en la naturaleza exterior. Pero yo le pregunto: -—¿Qué hace el hombre medio de hoy en día, conoce el grado en el cual las fuerzas espirituales —las fuerzas cósmicas del pensamiento, las fuerzas terrestres de la voluntad— se encuentran en la raíz de cualquier planta en particular? Y sin embargo, el proceso es el mismo que el que llevamos a cabo hoy, aunque de la manera más abstracta, cuando por primera vez concebimos el cubo, y luego procedimos a encontrarlo de nuevo en la sal común.

Lo que hoy en día sólo practicamos cuando pensamos en términos de matemáticas, tenemos que aprender a hacerlo de nuevo con todo lo que está comprendido en el rango del alma humana. El estudio de las matemáticas, por regla general, no da lugar a una actitud piadosa, religiosa de la mente. Un hombre así como Novalis podría, es cierto, ser arrebatado por la devoción cuando se entregaba al estudio de las matemáticas. Para Novalis, la ciencia de las matemáticas era un gran y hermoso poema. Uno se encuentra con algunas personas que entran en un estado de ánimo devocional al estudiar matemáticas.

Sin embargo, cuando vamos un paso mas allá, cuando evocamos al espíritu de las profundidades del ser humano y llevamos este espíritu al cosmos, donde por supuesto, lo que ya es (uno solo aprende a reconocer otra vez) entonces la ciencia se impregnara de religión, la armonía entre la religión y la ciencia se habrán logrado una vez más.

Traducido por Gracia Muñoz.

Tratado de Cosmogonía

Edouard Schuré

Prólogo

En el mes de mayo de 1906 el Dr. Steiner vino a París con algunos discípulos para dar una serie de conferencias privadas, reducidas a un círculo íntimo. Nunca lo había visto; apenas si sabía que existía. Pero a propósito de uno de mis libros, (el drama “Les Enfants de Lucifer”), había estado en correspondencia con su distinguida amiga, Mlle. de Sivers, que más tarde se convirtió en su esposa y en su colaboradora más inteligente y eficaz. Y fue ella la que, un buen día, trajo al maestro a mi gabinete de trabajo.

Nunca jamás olvidaré la impresión extraordinaria que me hizo este hombre al entrar en mi despacho. Al ver su rostro enflaquecido, pero de una serenidad poderosa y abrumadora, sus ojos negros y misteriosos, donde brillaba una luz maravillosa que surgía de insondables profundidades, tuve, por primera vez en mi vida, la convicción de encontrarme frente a uno de esos videntes sublimes, que tienen la percepción directa del más allá. Yo había descrito intuitiva y poéticamente hombres parecidos en mi obra “Los Grandes Iniciados”, pero jamás había esperado encontrar a alguno de ellos en este mundo. La sensación fue instantánea e irresistible. Era a la vez lo inesperado y lo ya visto. Antes de que él hubiera abierto la boca la voz interior me decía: “He aquí a un verdadero maestro, que desempeñará un gran papel en tu vida”.

Se diría que el maestro sólo quería mostrarnos el plan general, contemplado desde la más alta cumbre

Nuestras siguientes relaciones me demostraron que esta primera impresión no había sido una ilusión. La serie de sus conferencias que se siguieron día tras día y cuyo programa no había sido anunciado por el orador, exitaron mi mayor interés. Este programa comprendía todo el conjunto de su filosofía, pero sólo desenvolvía los puntos más salientes. Se diría que el maestro sólo quería mostrarnos el plan general, contemplado desde la más alta cumbre. Su elocuencia cálida y persuasiva, iluminada por un pensamiento siempre claro, me cautivó completamente por dos facultades de un género imprevisto.

En primer lugar, se destacaba su poder plástico y evocador. Cuando hablaba de los fenómenos y de las entidades del mundo invisible, tenía el aire de andar como en su propio hogar. Relataba las cosas que pasaban en esos dominios desconocidos en términos familiares, con detalles precisos, como los hechos más ordinarios. No describía “sino que veía y hacía ver” los objetos y las escenas, cuyos aspectos cósmicos tenían la nitidez de las cosas reales. Al escucharlo, era imposible dudar de la fuerza de su visión astral, tan límpida y precisa como la mejor visión física.

Y había otra particularidad notable: En este filósofo místico, en este pensador vidente, todas las experiencias psíquicas eran puestas en relación con las leyes inmutables de la Naturaleza física. Estas leyes servían para explicar y clasificar los fenómenos psíquicos que se presentan al principio al vidente en toda su prodigiosa variedad, en un florecimiento turbador. Luego, por un contragolpe maravilloso, estos fenómenos sutiles y fluidos, convertidos en potencias cósmicas, desplegados en una magnífica jerarquía, aclaraban e iluminaban todo el edificio de la naturaleza material con una luz completamente nueva. Reunían las diversas partes y las atravesaban de parte a parte, de arriba a abajo y de abajo a arriba. Permitían así, percibir la arquitectura grandiosa del Universo “por dentro”, donde todo lo visible emana de lo invisible, en un nacimiento incesante.

Yo no había tomado nota alguna de la primera conferencia del doctor Steiner, pero ella me había afectado en tal forma, que, al regresar a mi casa, sentí la imperiosa necesidad de reproducirla y escribirla, sin olvidar un solo eslabón de esos pensamientos luminosos. La asimilación había sido tan completa, que no encontré ninguna dificultad en mi trabajo, pero por una trasmutación involuntaria e inmediata, el texto alemán que se había grabado en mi memoria se reproducía automáticamente en francés. La misma operación se repitió en las dieciocho conferencias, las cuales formaron un cuaderno que conservé como raro y rico tesoro. Estas conferencias, que nunca fueron taquigrafiadas, ni corregidas por su autor, no se encuentran en la colección de conferencias publicadas por él o dactilografiada por los miembros de la Sociedad Antroposófica. Son por lo tanto, absolutamente inéditas. Algunos miembros del grupo francés de esta sociedad expresaron su deseo de hacerlas aparecer en un volumen, a lo cual accedí tanto más gustosamente, cuanto que estas conferencias preciosas marcan un momento capital en el pensamiento del doctor Steiner: la concepción espontánea y genial y su primera cristalización. En fin, me siento feliz de poder rendir este homenaje al maestro incomparable, a quien debo una de las más grandes revelaciones de mi vida.