GA171c8. Los Templarios.

Dornach, 2 de octubre de 1916

English version

En las conferencias ofrecidas aquí durante un tiempo mi tarea ha sido dirigir la atención hacia determinados impulsos, ciertas fuerzas que actúan en las almas de los hombres y de ese modo en todo lo que esas almas expresan en la vida terrenal. He destacado cómo estos impulsos y fuerzas se desarrollaron en el amanecer de la vida espiritual moderna. Hoy, debido a que quiero llamar su atención hacia una particular clase de esfuerzo espiritual moderno, consideraremos, una vez más, un importante punto de partida para la vida espiritual que ya hemos considerado pero que es una de las más importantes y esenciales de todas. Cuando investigamos las fuerzas que actúan en las almas, nos sentimos obligados a reconocer la importancia y significado de este suceso de la historia. Me refiero al destino y desarrollo de la Orden de los Caballeros Templarios.

Me gustaría, pues, exponer ante ustedes una vez más, la imagen de la Orden de los Caballeros Templarios para mostrarles cómo lo que provino de esta Orden actuó en corrientes más amplias que fluyen incluso hasta en los sentimientos y percepciones de la Humanidad actual.

Sabemos que la Orden de los Templarios fue fundada en relación con las Cruzadas. Fue, por así decirlo, un importante fenómeno que acompañó a aquel gran suceso de la historia, mediante el cual los pueblos de Europa buscaron, a su manera, acercarse más al Misterio del Gólgota de lo que anteriormente habían podido. La Orden de los Templarios se fundó casi en el comienzo mismo de las Cruzadas. Dejando a un lado todo lo que se conoce exteriormente sobre la fundación de la Orden y el posterior curso de sus actividades –ustedes pueden leerlo fácilmente en los libros de historia— encontramos que esta Orden de los Caballeros Templarios, interiormente considerada, expresa especialmente un profundo acercamiento al Misterio del Gólgota por parte de la Humanidad moderna. Primero, un pequeño número de almas que eran fieles y devotos seguidores del Cristianismo se reunieron en un lugar que estaba cerca del antiguo Templo de Salomón en Jerusalén y establecieron allí una especie de Orden espiritual. Como ya hemos dicho, no consideraremos ahora el aspecto más exterior de los sucesos, sino que lo observaremos desde un punto de vista espiritual dirigiendo nuestra atención a aquello que gradualmente comenzó a vivir en las almas de los Templarios.

En su sangre, como representante de aquello que distingue al hombre terrenal, en su yo, pero también en todos sus sentimientos y pensamientos, en su ser y existencia mismos, estas almas iban a olvidar, en cierto sentido, su conexión con la existencia física sensible; iban a vivir únicamente en lo que fluye del Misterio del Gólgota, y luchar por la continuidad de los más vigorosos impulsos que están relacionados con el Misterio del Gólgota.

La sangre de los Templarios pertenecía a Jesucristo —todos ellos sabían esto— su sangre no pertenecía a nadie más sobre la Tierra que a Jesucristo. Cada momento de sus vidas iba a estar permeado con la consciencia continua de cómo en sus propias almas moraba, en palabras de Pablo, “No yo, sino Cristo en mí”. Y en sangrientos y encarnizados combates, en el trabajo devoto tal como exigían las Cruzadas, los Templarios vivieron en la práctica aquello que habían decidido espiritualmente. Las palabras se ven incapaces de describir lo que vivía en las almas de estos hombres que nunca flaqueaban en su deber, quienes, incluso si una fuerza tres veces superior se enfrentaba a ellos en el plano físico, nunca huían, sino que esperaban la muerte tranquilamente, la muerte que estaban preparados a asumir para establecer con mayor firmeza en la existencia terrenal el impulso que provenía del Misterio del Gólgota. Era una intensa vida de unión completa del ser humano con el Misterio del Gólgota.

Y ahora, cuando una vida tan intensa se vive con los ritmos correctos, de tal modo que pueda ocupar su lugar en la corriente de las fuerzas terrenales y cósmicas, entonces se desarrolla algo de verdadera importancia a partir de una vida así. Digo “de verdadera importancia” deliberadamente. Pues cuando una consciencia como esta se sitúa interiormente, místicamente, y con un determinado ritmo, en todo lo que sucede en el mundo exterior, entonces el hombre puede experimentar una y otra vez cómo su propio ser interior entra en conexión con lo divino y lo espiritual. Pero se desarrolla algo más, algo que tiene aún mayor efecto cuando esta experiencia interior se une con el curso de la historia exterior y se pone al servicio del curso de los sucesos. Y se pretendía que lo que vivía conscientemente en las almas de los Caballeros Templarios estuviera en armonía con lo que había de hacerse para intentar recuperar el control del sagrado sepulcro. Se desarrolló de esta manera una vida profundamente mística entre aquellos que pertenecían a esta llamada Orden Espiritual, una Orden que en este mismo aspecto podría hacer más por el mundo que otras Órdenes Espirituales. Pues cuando se vive de esta manera una vida mística, que también está en conexión con la vida que transcurre en el mundo circundante, entonces lo que se experimenta místicamente fluye en las fuerzas invisibles y suprasensibles del mundo circundante de ese ser humano. Se hace objetivo, no meramente dentro de su propia alma, sino que continúa actuando en el curso de la historia. A través de un misticismo de esta clase, resulta que una experiencia del alma no surge simplemente para el ser humano individual, sino que se convierte en fuerzas objetivas, que anteriormente no estaban allí, en la corriente espiritual que transporta y mantiene a la Humanidad. Estas fuerzas nacen y están ahí. Cuando una persona realiza sus tareas diarias con sus manos o con herramientas, introduce en el mundo alguna cosa material externa. Con un misticismo como el que desarrollaron los Caballeros Templarios, se agrega algo espiritual a los “efectos” espirituales del mundo. Y en la medida en que esto tuvo lugar, la Humanidad realmente avanzó una etapa en su evolución. A través de esta experiencia de los Templarios, se comprendió y también se experimentó el Misterio del Gólgota, en un nivel superior al de antes. Había ahora algo presente en el mundo, en relación a este Misterio del Gólgota, que anteriormente no estaba allí.

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Sin embargo, las almas de los Templarios habían logrado al mismo tiempo algo más. A través de su intensa penetración interior en el Misterio del Gólgota, habían alcanzado realmente el poder de lograr la iniciación Cristiana por medio del suceso histórico. La iniciación Cristiana puede alcanzarse en la manera descrita en nuestros libros, pero en este caso se alcanzó de la siguiente manera. Sus actos exteriores y el entusiasmo que vivió en estos actos, hizo salir a las almas de los Templarios fuera de sus cuerpos, de tal forma que estas almas, separadas del cuerpo, fuera del cuerpo, vivieron con el progreso espiritual de la Humanidad y penetraron en alma y espíritu en los secretos del Misterio del Gólgota. Vivenciaron entonces muchas experiencias profundas, y no sólo para el alma individual, sino para toda la Humanidad.

Entonces, como sabemos, la Orden de los Caballeros Templarios creció y se extendió, y además de la influencia inmensamente poderosa que poseía espiritualmente –más bien en forma suprasensible que a través de canales exteriores– adquirió grandes riquezas. Y ya he descrito cómo llegó un momento en que estos tesoros exteriores, que los Caballeros Templarios acumulaban cada vez en mayor grado, se convirtieron en un poder temporal. Les he contado cómo, a través de una especie de iniciación con el principio maligno del oro, Felipe el Hermoso fue elegido como instrumento de oposición a los Templarios. Es decir, él quería en primer lugar poseer sus tesoros. Pero Felipe el Hermoso sabía más que la mayoría de los hombres del mundo. A través de lo que había experimentado conocía muchos de los secretos del alma humana. Y así sucedió que Felipe el Hermoso pudo ser un instrumento apropiado al servicio de los poderes Mefistofélicos-Ahrimánicos cuyo objetivo y objeto era inutilizar el Movimiento Templario en la forma que había asumido al principio.

Felipe el Hermoso era, como hemos dicho, el instrumento de otros poderes espirituales Mefistofélicos-Ahrimánicos. Bajo la inspiración de estos poderes Felipe el Hermoso sabía lo que hubiera significado si, en las corrientes espirituales que fluyen a través del mundo de una manera tan real como lo hacen los sucesos visibles exteriores, si en estas corrientes se hubiera permitido que fluyera  lo que los Templarios habían obtenido como conocimientos del Misterio del Gólgota y como sentimientos e impulsos de la voluntad conectados con ese Misterio. Lo que así se había desarrollado debía por tanto ser arrancado de los poderes divino-espirituales progresivos normales; debía ser encauzado por otros caminos. Con este objetivo tenía que conseguirse también que algo que sólo podía vivir en las almas de los Templarios fuera arrancado de las individualidades de los Templarios mismos. Del mismo modo que aquello que los Templarios habían vivenciado en relación con el Misterio del Gólgota no permanecía en ellos como individuos, sino que se situaba en la evolución general de la Humanidad, igualmente ahora se iba a quitar algo más, por así decirlo, de la individualidad e iba a ser encarnado en la corriente espiritual objetiva. Y esto sólo podía lograrse por medio de un acto particularmente cruel, por medio de un terrible acto de crueldad.

Los Templarios fueron sometidos a juicio. No sólo fueron acusados de crímenes exteriores, de los que eran inocentes a ciencia cierta –como puede demostrarse con fundamentos históricos, si uno está dispuesto a ver la verdad– sino que fueron acusados sobre todo de blasfemia contra el Cristianismo, de blasfemia contra el Misterio del Gólgota mismo, de adorar ídolos, de introducir el paganismo en el Misterio del Gólgota, de no utilizar la fórmula correcta en el acto de consagración en la Transubstanciación,  incluso de profanar la Cruz. Los Templarios fueron acusados de toda clase de crímenes, incluso antinaturales. Y cientos y cientos de ellos fueron sometidos a la más cruel tortura del potro.

Aquellos que los sometieron a juicio sabían lo que significaba esta tortura en el potro. La consciencia ordinaria diurna de aquellos que soportaron esta tortura fue eliminada, de tal forma que durante la tortura olvidaron, en su consciencia superficial, su conexión con el Misterio del Gólgota. Pero se habían familiarizado –y esto es lo que sucede con alguien que ve verdaderamente en el mundo espiritual– se habían familiarizado con todas las pruebas y tentaciones que acosan a una persona cuando se acerca realmente a los poderes divinos espirituales del bien. Con todos los enemigos que salen de los reinos espirituales inferiores y que quieren hacer caer al hombre y conducirlo al mal, que son capaces de actuar sobre los impulsos, deseos y pasiones, y especialmente en el odio, la burla y la ironía contra el Bien, con todo esto se habían familiarizado los Templarios. En muchas horas que para ellos eran horas sagradas de sus vidas, habían logrado aquellas victorias interiores que el hombre sólo puede lograr cuando abre los ojos a través de los mundos que están más allá del umbral del mundo de los sentidos; pues estos mundos deben ser superados antes de que el hombre pueda entrar con fuerzas redobladas en los mundos espirituales a los que justamente pertenece.

Durante su tortura, la visión de los Templarios, que podía mirar en estos mundos espirituales a los que ellos pertenecían, se hizo turbia y vaga; su consciencia superficial fue adormecida, y su mirada interior se dirigió única y exclusivamente a lo que habían experimentado como algo a superar, fue dirigida a las tentaciones sobre las que habían obtenido victoria tras victoria. Y así sucedió que, durante los momentos en que estaban siendo torturados en el potro, olvidaron su conexión con el Misterio del Gólgota, olvidaron cómo vivían con sus almas en los mundos espirituales y eternos. Y las pruebas que habían resistido y superado se presentaron ante ellos, como en una visión, mientras estaban en el potro descoyuntados, y reconocieron lo mismo que cada uno de ellos había superado por sí mismo; confesión que era costumbre dentro de la Orden. Se confesaron culpables de justo aquello sobre lo que habían salido victoriosos una y otra vez. Cada uno de estos Templarios fue obligado a parecer ser el hombre sobre el que habían obtenido interiormente la victoria, sobre el que habían tenido que obtener la victoria antes de que, con fuerzas más elevadas, pudieran llegar a lo más elevado y sagrado de todo. (Hablo de todos los verdaderos Templarios, por supuesto pueden encontrarse abusos por doquier).

Todo esto lo sabían los adversarios. Sabían que, igual que por una parte el Misterio del Gólgota había sido situado en la evolución de la Humanidad como una influencia para el bien, del mismo modo ahora, debido a que la consciencia ordinaria estaba adormecida, lo que vivía por tanto en esta consciencia maligna salía de esta manera al exterior, se objetivaba y se encarnaba en la evolución de la Humanidad. Se había convertido en un factor de la historia.

Se permitió así que discurrieran dos corrientes en la historia moderna: lo que los Templarios vivenciaron en sus momentos más sagrados, lo que habían trabajado y desarrollado dentro de la corriente espiritual progresista de la Humanidad, pero también lo que Ahriman-Mefistófeles les había arrancado, extraído de su consciencia para hacerlo objetivo, para darle forma objetiva y hacerlo efectivo en el progreso posterior de los siglos.

En este punto, una persona ingenua podría fácilmente plantear la pregunta: ¿Por qué los poderes divinos espirituales de la providencia permiten que tales cosas sucedan? ¿Por qué no guían a la Humanidad a través del curso de la historia sin que el hombre tenga que sobrellevar pruebas tan dolorosas? Tal pensamiento es “humano, demasiado humano”. Surge en la mente de alguien que puede creer que el mundo sería mejor si hubiera sido hecho, no por los Dioses, sino por los hombres. Mucha gente piensa esto; pensar que, con su intelecto, pueden criticar la sabiduría que trabaja y teje en el mundo. Pero tal forma de pensamiento conduce también al extremo mismo del orgullo intelectual.

Nosotros, seres humanos, estamos llamados a penetrar en los secretos de la existencia, no a criticar la guía llena de sabiduría del mundo. Debemos por tanto también obtener conocimientos del lugar y de la importancia de las corrientes del mal que la sabia dirección del mundo permite. Pues si sólo se permitiera el bien, si sólo los impulsos del bien actuaran en la historia, los seres humanos nunca serían guiados en su evolución histórica de forma que pudieran desarrollar la libertad. Sólo gracias al hecho de que el mal predomina en el curso espiritual de la historia humana, la Humanidad puede desarrollarse hacia la libertad. Y si los Dioses alejaran la mirada del hombre del mal, tendría que ser un autómata para siempre,  nunca llegaría a ser libre. Las cosas ciertamente están ordenadas de tal modo en el progreso de la Humanidad, que incluso aquello que produce la aflicción más profunda, es conducido finalmente hacia el bien. El dolor sólo es algo temporal, aunque no por ello es menos grande y profundo. No debemos engañarnos en cuanto al dolor y caer presas de algún misticismo barato que no vea el dolor; debemos estar dispuestos a participar de él, dispuestos a sumergirnos en él, dispuestos a verterlo sobre nuestra propia alma. Pero, al mismo tiempo, sin criticar el propósito espiritual y la voluntad de la existencia, también debemos aprender a comprender cómo los más variados impulsos de naturaleza positiva y negativa se introducen en la evolución de la Humanidad para que los seres humanos puedan llegar a ser no sólo buenos, sino también libres y dueños de sus propios impulsos.

Y así, en la evolución y destino de los Templarios vemos un impulso que es importante para todos los siglos posteriores de los tiempos modernos. Si hubiera sido posible que el propósito de la Orden hubiera seguido viviendo con la intensidad y fuerza con que fue vivida por los grandes Templarios, la Humanidad posterior no hubiera sido capaz de soportarlo. La velocidad de la evolución tenía que ser contenida, por así decirlo; la corriente debía ser reprimida. Pero de esta manera se hizo más interior. Y así vemos cómo, en las dos corrientes que hemos indicado en la historia moderna, se desarrolló una profunda interioridad de la vida junto con el materialismo externo. Pues el impulso que Mefistófeles-Ahriman alargó por la fuerza utilizando como instrumento a Felipe el Hermoso, continuó vivo. Continuó vivo, junto con otras muchas cosas, en los pensamientos y sentimientos materialistas de los hombres y en todos los impulsos materialistas que aparecieron entre la Humanidad entre los siglos XV al XIX. De ahí que lo que conocemos como materialismo se haya extendido tan ampliamente sobre el alma y el espíritu del hombre y sobre su vida social, y haya preparado el terreno para el karma de nuestro propio tiempo.

Si las cosas no hubieran sucedido de esta manera, si a la corriente del materialismo no se le hubiera permitido extenderse tan ampliamente, nuestra conexión con el mundo espiritual, por otra parte, tampoco podría haber llegado a ser tan profunda e íntima. Pues ciertamente, lo que los Templarios lograron al entrar en un sentido espiritual y vivo en el Misterio del Gólgota, no se perdió. Continuó vivo. Y las almas de los Templarios –después de sus terribles experiencias en el potro, cincuenta y cuatro de ellos fueron ejecutados– las almas de los Templarios que habían pasado, en estas circunstancias, a través del portal de la muerte, eran ahora capaces de enviar desde el mundo espiritual corrientes de vida espiritual para aquellos que vivieron en siglos posteriores.

Cincuenta y cuatro Templarios fueron quemados en la hoguera en 1312. Cincuenta y cuatro almas se elevaron a los mundos espirituales. Y desde ese momento en adelante, de manera suprasensible e invisible, sin ser exteriormente perceptible para los hechos de la historia, comenzó en la Humanidad europea un desarrollo espiritual que debió su origen al hecho de que había almas individuales que estaban siendo continuamente inspiradas desde el mundo espiritual con aquello que estas cincuenta y cuatro almas llevaron consigo a través del portal de la muerte hasta el mundo espiritual.

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Permítanme darles un ejemplo de esto. Es un ejemplo que ya he mencionado antes, pero ahora lo trataré en mayor detalle desde otro punto de vista.

Antes de que la tragedia cayera sobre la Orden de los Templarios –un siglo antes del año 1312– Wolfram von Eschenbach compuso su poema Parsifal. Trabajando solo, o en un círculo muy pequeño, Wolfram von Eschenbach produjo este canto sobre un alma que se esfuerza, por medio de la purificación interior, por alcanzar la vida que los Caballeros Templarios tuvieron continuamente ante ellos como su meta última. Con una gran riqueza de imágenes y con maravillosas imaginaciones, Wolfram von Eschenbach despliega ante nuestra visión la vida interior de Parsifal, que fue para él el representante del ideal Templario. Ahora preguntémonos: ¿Vemos algún resultado exterior importante de Parsifal –que para él fue el representante del ideal Templario- en el desarrollo histórico de los tiempos posteriores? La respuesta es no. En la historia posterior de la Humanidad europea fue Richard Wagner, como sabemos, quien primero introdujo a Parsifal de nuevo,  y lo hizo de una manera bastante diferente. Pero el poder espiritual, el impulso espiritual que fue capaz de fluir en el alma de Wolfram von Eschenbach –en ese momento aún desde la Tierra– se convirtió en siglos posteriores en una inspiración desde el mundo espiritual para muchos otros. Y alguien que es capaz de percibir las misteriosas relaciones entre la vida sobre la Tierra y la vida espiritual, sabe que los impulsos que fueron llevados al mundo espiritual mediante el destino de los Templarios fluyeron también en el alma de Goethe. No sin razón Goethe comenzó en los 80 un poema que jamás terminó. Es importante que lo comenzara, e igualmente significativo que incluso él no fuera lo bastante fuerte como para plasmar realmente el poderoso pensamiento de este poema. Me refiero al poema Los Misterios, donde el Hermano Mark (Marcos) va al solitario castillo de los Rosacruces y entra en el círculo de los Doce. Goethe captó, por supuesto a su manera, el pensamiento fundamental que está también contenido en Parsifal, pero no fue capaz de completarlo; y podemos ver en ese hecho una indicación de cómo todos nosotros estamos dentro del mismo desarrollo espiritual que Goethe experimentó en sus comienzos, y en el que debemos trabajar y trabajar y trabajar para que seamos capaces de dar forma a estos comienzos y progresar más y más en la penetración del mundo espiritual. Goethe dedicó a los primeros comienzos de su desarrollo espiritual las mejores fuerzas de su existencia; las dejó fluir en su Fausto, donde se propuso representar la relación del hombre con las fuerzas del espíritu, que para él incluyen las fuerzas Ahrimánicas-Mefistofélicas.

Quien observe la historia concretamente en su desarrollo espiritual puede ver con bastante claridad que en el alma de Goethe entró desde el mundo espiritual lo que los Templarios –cuya muerte fue tan cruel y tan significativa– habían portado hasta los mundos espirituales; y, justo porque habían atravesado el portal de la muerte de esta manera, pudieron derramarlo como imaginaciones sobre las almas de los hombres. Se vertió, muy significativamente sobre el alma de Goethe, pero no sólo sobre su alma, sino sobre la de muchos otros; y sigue vivo, aunque los seres humanos apenas lo noten. ¡El elemento espiritual en Fausto aún se escapa a nuestra atención en el mundo exterior! Sin embargo sigue vivo, y está avanzando hacia una vida cada vez más plena, y tendrá que ser más y más fructífera si la Humanidad debe evitar caer en la decadencia en vez de evolucionar en una dirección ascendente. Pero esto depende de nuestra propia elección. En nuestra época se le entrega al hombre a sus propias manos. Se le plantea la elección –y cada vez será más y más definida– de si caerá en la decadencia y continuará aferrándose al materialismo, o se esforzará por elevarse hasta los mundos espirituales.

Pues nosotros los seres humanos, cuando vivimos en la Tierra, vivimos una vida relacionada con la Tierra sólo en nuestro cuerpo físico. El cuerpo que está tejido de luz, sonido y vida y que está dentro de este cuerpo físico –el llamado cuerpo etérico– participa no sólo de la vida de la Tierra, sino de la vida del cosmos. Y cuando un alma humana desciende desde los mundos espirituales para entrar en la existencia a través del nacimiento, entonces, ya antes del suceso, hay fuerzas en el cosmos dirigidas de una manera correcta para el desarrollo del organismo etérico del ser humano, incluso mientras el cuerpo físico del hombre se desarrolla a partir de las fuerzas y sustancias físicas de la Tierra.

En las ideas más simples del hombre viven el orgullo y la arrogancia y esto es especialmente cierto en nuestra época materialista. En esta época materialista, los padres creen realmente que ellos solos traen a sus hijos a la existencia. Y según se extienda el materialismo, cada vez estará más extendida la creencia de que son los padres únicamente los que traen a los niños a la existencia. Visto desde una perspectiva espiritual el asunto es distinto. Los seres humanos aquí en la Tierra sólo proporcionan la oportunidad para que algo espiritual baje hasta ellos. El papel que desempeña un ser humano consiste únicamente en esto, puede preparar el lugar por medio del cual un cuerpo etérico, que se está preparando desde fuera de los confines del cosmos, sea capaz de bajar a la Tierra. Este organismo etérico del ser humano es una entidad organizada en la misma medida que lo esta el organismo físico. El organismo físico –vemos cómo tiene cabeza, brazos, manos, tronco y todas las partes que el anatomista y el fisiólogo descubren– para la visión espiritual, está compenetrado y rebosante del organismo etérico. El organismo físico inhala aire y exhala aire. El organismo etérico exhala luz, y nos da esta luz. Y cuando exhala luz y la confiere sobre nosotros, vivimos por medio de su luz. Y también inhala luz. Igual que inhalamos y exhalamos aire, del mismo modo el cuerpo etérico inhala y exhala. Y cuando inhala luz, consume la luz, igual que consumimos el aire físicamente. (Pueden ustedes leer acerca de esto en un pasaje de mis Dramas Misterio, donde este secreto del mundo etérico se desarrolla dramáticamente). El cuerpo etérico inhala luz, agota la luz y la torna oscuridad, y en esta oscuridad puede entonces recibir el sonido de los mundos que vive en la Armonía de las Esferas, puede recibir en esa oscuridad los impulsos de la vida. Igual que recibimos el alimento físico, de igual forma el ser etérico que vive en nosotros inhala y exhala luz. Según consumimos el oxígeno del aire y exhalamos ácido carbónico gaseoso, del mismo modo el cuerpo etérico consume la luz, exhalándola junto con la oscuridad, de tal forma que aparece en colores, de tal forma que el cuerpo etérico se muestra a la visión clarividente en ondas de color. Y mientras el cuerpo etérico prepara la luz para la oscuridad y de ese modo lleva a cabo un trabajo de respiración interior, vive al recibir este sonido de los mundos transformandolo en la vida de los mundos.

Pero lo que recibimos de esta manera como nuestro cuerpo etérico, baja hasta nosotros desde las anchas vastedades del cosmos, y viene en determinados momentos, desde los lejanos confines del cosmos. Hoy aún no es posible mostrar en todo detalle cómo el cuerpo etérico humano desciende por los senderos de luz cuando estos senderos están orientados de una determinada manera a través de la constelación estelar de ese momento. Para que eso sea posible, los seres humanos tendrán que elevarse hasta un nivel más elevado de moralidad. Pues hoy, este misterio del recorrido de los cuerpos etéricos humanos por los senderos de la luz y los senderos del sonido de la Armonía de las Esferas, sería empleado por los seres humanos de la manera más horrible. Pues el conocimiento de este misterio daría, a las personas de bajos impulsos el querer dar un poder ilimitado a los padres sobre la totalidad de sus descendientes. Ustedes comprenderán por consiguiente que este misterio de cómo vienen los cuerpos etéricos a los seres humanos que están encarnando –de cómo vienen por los senderos de luz y los senderos del sonido desde la Armonía de las Esferas– tendrá que seguir siendo un misterio durante mucho tiempo aún. Sólo bajo determinadas condiciones muy definidas se puede aprender algo de este misterio. Pues el no cumplir estas condiciones significaría, como he dicho, que los padres podrían obtener un poder desconocido hasta ahora sobre su descendencia, que se vería completamente privada de cualquier independencia, de toda personalidad e individualidad y la voluntad de sus padres se impondría sobre ellos. Este misterio está sabiamente oculto para la Humanidad en el inconsciente y sigue su curso en el inconsciente de una manera legítima y saludable, obrando a través de la voluntad de la sabia dirección del mundo.

Nuestro cuerpo etérico sigue un camino diferente al de nuestro cuerpo físico. Después de atravesar el portal de la muerte, aún llevamos, como ustedes saben, este cuerpo etérico durante unos pocos días; despues tenemos que devolverlo al cosmos. En el mundo espiritual, en el cosmos, nuestro cuerpo etérico permanece sólo como una imagen para nuestra ulterior vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Se incorpora al cosmos de las maneras más diversas: en el caso de personas que mueren prematuramente a causa de algún accidente o similar es diferente al caso de aquellos que alcanzan la madurez. Pero cuando uno mira en el mundo que está más allá del umbral, uno sabe que ambos –el que murió pronto y el que murió más tarde– tienen mucha importancia en las relaciones cósmicas completas. Pues el cuerpo etérico que nosotros entregamos continúa actuando espiritualmente.

Fundamentalmente hablando, visto desde un aspecto más profundo, todos envejecemos. Físicamente, uno muere antes y otro después; visto desde una perspectiva espiritual, todos envejecemos por igual. Si morimos pronto, nuestro cuerpo físico llega a su fin pronto, pero nuestro cuerpo etérico continúa viviendo para el cosmos, y sólo porque hemos muerto pronto, nuestro cuerpo etérico tiene otras funciones en el cosmos que si hubiéramos muerto más tarde. Cuando calculamos los años que vivimos en el cuerpo físico y etérico como seres humanos –tenemos los actos realizados sobre la Tierra que cumplimos con el cuerpo físico, y tenemos lo que logramos en el cuerpo etérico también tras la muerte, y la vida que vivimos allí no para nosotros mismos, sino para los demás, para el mundo– cuando sumamos todo esto en sus años, encontramos que todos vivimos aproximadamente hasta la misma edad.

Pero ahora, cuando tiene lugar un suceso como el que tuvo lugar con los Templarios, de nuevo se produce algo distinto a cuando se trata sólo de las vidas individuales. La vida que llevamos como individuos permanece dentro de nuestra propia persona; pero está también la vida que puede ser objetivamente separada de nosotros, como en el caso de los Templarios. Por una parte, lo que fueron capaces de hacer por la continuación y propagación del Misterio del Gólgota y, por otra parte, lo que sucedió a través de la acción de las fuerzas Mefistofélico-Ahrimánicas para el impulso del materialismo moderno, todo esto también continúa vivo como fragmentos del cuerpo etérico. Pero es incorporado en el proceso completo de la historia. De esa forma parte de la vida que el hombre vive en su cuerpo etérico continúa viviendo con la individualidad humana, mientras que otra parte se incorpora al curso de la historia, cuando ha sido arrancada del ser humano de la manera descrita. Y el cuerpo etérico es el medio a través del cual, aquello que una persona vive en su alma de una forma objetiva, puede salir de su alma –por medio de lo cual puede tener, por así decirlo, algo que preservar para su vida ulterior– es el cuerpo etérico el que logra esto.

Lo que fluyó al mundo etérico a partir de los impulsos espirituales de los Templarios siguió vivo etéricamente, y a través de esta continuada vida etérica muchas almas se prepararon para recibir las inspiraciones que he descrito como provenientes del mundo espiritual desde las almas de los Templarios mismos. Eso es lo que ha estado sucediendo realmente en los tiempos modernos.

En aquello que manó de las almas de los Templarios, sin embargo, comenzó a entrar progresivamente aquello que fluye desde los impulsos Mefistofélico-Ahrimánicos y está impregnado en el elemento Mefistofélico, y comenzó en los potros en que los Templarios fueron torturados, ya que fueron forzados a mentir sobre ellos mismos bajo tortura. Este hecho –como uno de los fundamentos espirituales del materialismo moderno– debe comprenderse si uno quiere obtener una comprensión interior de la evolución materialista moderna.

Y así sucedió que en los tiempos modernos, mientras determinados individuos estuvieron inspirados por elevadas verdades espirituales, la cultura general adquirió un carácter cada vez más materialista; y el ojo del alma se fue quedando ciego ante lo que nos rodea espiritualmente y ante el lugar al que vamos cuando atravesamos el portal de la muerte y del que venimos cuando atravesamos el portal del nacimiento. La mirada del hombre se alejó cada vez más de la contemplación de lo espiritual, y esto fue cierto en todas las esferas de la vida: la esfera espiritual, la religiosa, la social. La mirada se dirigía cada vez más hacia el mundo material tal y como se muestra a los sentidos. Y el resultado ha sido que, desde el amanecer de los tiempos modernos, la Humanidad ha caído en muchos y graves errores.

Déjenme decir de nuevo, que no estoy criticando el hecho, no estoy juzgándolo. Debido al hecho de que los errores entraron en la evolución humana, los seres humanos han de experimentar estos errores, y gradualmente llegarán a verlos; y, al superarlos, obtendrán fuerzas más poderosas de las que podrían haber obtenido si se hubiera implantado en ellos el camino hasta su meta automáticamente. Y ahora ha llegado el momento en que debe desarrollarse este conocimiento y los seres humanos deben ahora ver cómo, en todo lo que es material, viven los impulsos a errar. Hoy el hombre es llamado una y otra vez a preparar su mente para ver a través de los errores y superarlos.

No es nuestra intención culpar de algo que haya sucedido en la historia, lo que queremos hacer es mirarla objetivamente. Los sucesos de los tiempos modernos han ocasionado que los pensamientos y sentimientos del hombre sigan su curso sólo en concordancia con la realidad física externa, sólo en consonancia con los que el hombre experimenta entre el nacimiento y la muerte. Incluso la vida religiosa ha ido asumiendo gradualmente un carácter personal, en la medida en que aspira meramente a poner en las manos del hombre un medio mediante el cual pueda encontrar bienaventuranza en su propia alma. La vida religiosa de los tiempos modernos, que aleja más y más la mirada del hombre del mundo espiritual concreto, está realmente impregnada con el punto de vista materialista. Como se ha dicho, no tenemos intención de difamar cualquier suceso de la historia; los sucesos de la historia deben, sin embargo, ser descritos de manera tal que puedan ser correctamente comprendidos, si no se quiere que la próxima generación caiga en la decadencia sino que dé un giro, y se eleve.

Vemos que la corriente del materialismo sigue fluyendo y, junto a ella, la corriente oculta paralela; y entonces a finales del siglo XVIII llegamos a un tremendo suceso, cuya influencia se sintió a lo largo de todo el siglo XIX y late en la actualidad. A finales del siglo XVIII vemos la Revolución Francesa extendiendo su influencia a lo largo y ancho de la civilización europea. Muchas cosas siguieron su curso en la Revolución Francesa tal como lo han descrito los historiadores. Pero además de la comprensión que ya se tiene de la Revolución Francesa, además del impulso que se reconoce como procedente de ella y actuando en la historia europea, debemos también comprender los efectos espirituales de los impulsos materialistas Mefistofélicos-Ahrimánicos. La Revolución Francesa se esforzó por alcanzar un ideal muy elevado. (Como he dicho antes, no nos ocupamos de encontrar errores sino de comprender los sucesos de la historia). y lo hizo en un tiempo en el que aún se sentía la sombra del suceso que he descrito hoy, el suceso que permitió que Mefistófeles-Ahriman propagara poderosamente en la vida europea el impulso del materialismo. Y podemos decir de los mejores de aquellos que fueron responsables de la Revolución Francesa, que sólo creían en el plano físico. Puede que en sus consciencias pensaran que creían en algo más. Lo que la gente expresa con palabras sin embargo tiene poca importancia; lo importante es tener una consciencia viva en el alma de lo que está realmente obrando en el mundo; y aquellos que fueron responsables de la Revolución Francesa sólo fueron conscientes del plano físico.

Se esforzaron, es cierto, por un elevado ideal, pero no sabían nada de la trinidad en el hombre, el cuerpo que actúa por medio del principio etérico en el ser humano, el alma que obra a través del principio astral, y el espíritu que actúa en el hombre a través del yo.

A finales del siglo XVIII, se contemplaba al hombre de la manera que lo contempla –para su duradero perjuicio y pérdida– la fisiología y biología materialistas modernas. Es decir, incluso si de una manera religiosa los hombres tuvieran alguna noción de una vida espiritual y quizás también hablaran sobre ella, su mirada estaría dirigida realmente sólo a lo que se vive aquí en el mundo físico entre el nacimiento y la muerte, a lo que se vive aquí fuera, a lo que uno puede comprender. (Incluso eso por supuesto no se comprende completamente; no obstante uno puede comprenderlo cuando dirige su atención únicamente al cuerpo físico externo). Lo que vive en el ser humano completo, eso sólo puede comprenderse cuando se sabe que con el cuerpo físico externo están unidos un principio etérico, un principio astral y un principio de yo. Pues incluso mientras estamos aquí en el mundo físico, hay viviendo en nosotros algo que es anímico y espiritual y que pertenece al mundo espiritual. Aquí somos cuerpo, alma y espíritu.

Y cuando atravesemos la puerta de la muerte, seremos de nuevo seres triformados, sólo que con otro cuerpo espiritual. Así que cualquiera que observe y estudie al hombre viviendo su vida física como un hombre físico entre el nacimiento y la muerte, no está estudiando al ser humano completo, y está abocado al error en lo que respecta al ser humano en su totalidad.

Los acontecimientos que ocurren en el mundo no deben considerarse erróneos en sí mismos. Lo que se manifiesta en el mundo es verdad; Pero la forma en que el hombre la considera y la convierte en acto y acción a menudo causa confusión. Y la confusión surgió en las mentes de los hombres de finales del siglo XVIII, porque todo se aplicaba al cuerpo, y se aspiraba a ideales, que sólo pueden tener significado cuando el hombre es visto como una Trinidad, y se aspiraba a los ideales para una “unicidad” puramente física. Y así sucedió que en los labios de todos había elevados y hermosos ideales en un tiempo en que los hombres no fueron capaces de entenderlos, sino sólo de confundirlos y falsificarlos, porque trataron de comprenderlos todos juntos, creyendo como creían solo en la realidad del cuerpo físico.

Pero en lo verdadero del ideal triformado, Fraternidad, Libertad e Igualdad, la Fraternidad es lo único que tiene vigencia para el cuerpo físico del hombre. La Libertad sólo tiene sentido cuando está referida al alma humana, y la Igualdad cuando se refiere al espíritu que vive en el hombre, en el yo.

Sólo cuando se sabe que el hombre consiste en cuerpo, alma y espíritu, y que las tres ideas de finales del siglo XVIII se reparten: la Fraternidad para el cuerpo, la Libertad para el alma y la Igualdad para el yo, sólo entonces se podrá hablar en el sentido que está de acuerdo con el significado interior del mundo espiritual.

La Fraternidad la podemos desarrollar en la medida en que somos seres humanos físicos portando cuerpos físicos de la Tierra; y cuando aceptamos la Fraternidad en nuestro orden social, entonces el orden social sobre el plano físico, la Fraternidad es algo correcto y verdadero.

La Libertad sólo puede adquirirla el hombre en su alma, en la medida en que es con el alma con lo que encarna en la Tierra. Y para que  la Libertad prevalezca sobre la Tierra, sólo será posible cuando abarque a las almas de los hombres que viven en ella en sus diferentes órdenes sociales, a fin de que puedan adquirir la facultad de mantener el equilibrio entre las fuerzas inferiores y las superiores.

Cuando somos capaces, como seres humanos, de mantener el equilibrio entre las fuerzas inferiores y las superiores en el alma humana, entonces desarrollamos las fuerzas que pueden vivir aquí entre el nacimiento y la muerte, y las fuerzas que también necesitaremos cuando pasemos por la puerta de la muerte. Para que, junto al orden social, sea necesario un orden del alma en la tierra, en el que las almas de los hombres puedan ocupar sus lugares individualmente y ser capaces de desarrollar las fuerzas de la libertad, que puedan llevar consigo a través de la puerta de la muerte, pero que sólo podrán hacerlo si, ya en esta vida, se preparan para la vida después de la muerte.

Que se establezca en la Tierra una verdadera relación entre las almas, que las almas sean capaces de desarrollar las fuerzas de la libertad, que todos los acontecimientos humanos, grandes o pequeños, y todos los intentos de dar forma a la creación y la actividad humana tendrán como objetivo, al Hombre sosteniendo el equilibrio en su alma con respecto a lo que vive y trabaja espiritualmente —esto debe llegar a ser un ideal.

El hombre se hace libre cuando está en posición de adquirir estas fuerzas anímicas en el mundo físico exterior, como puede adquirirlas, por ejemplo, cuando es capaz de seguir las hermosas formas que viven en el arte que tiene realmente su origen y principios en el espíritu.

El hombre se hace libre, cuando consigue un intercambio y comunión con otras almas de una naturaleza tal que el alma es capaz de seguir a las otras con una comprensión y amor siempre crecientes.

Y cuando se trata de los cuerpos de los hombres de los que nos preocupamos, entonces entra en consideración la Fraternidad;

Si se trata de una cuestión del alma, entonces debemos buscar el forjar los delicados y sutiles vínculos que surgen entre alma y alma, y que deben encontrar su camino en la estructura de nuestra vida en la tierra y que siempre deben trabajar en la dirección de engendrar el interés —un profundo interés de un alma por el otro. Porque solo de esta manera las almas pueden llegar a ser libres, y sólo las almas pueden llegar a ser libres.

La Igualdad aplicada al mundo físico exterior es una tontería; pues la igualdad sería uniformidad. Todo lo que existe en el mundo experimenta cambios, todo lo que hay en el mundo está obligado a estar expresado en cantidades; todo lo que hay en el mundo está obligado a expresarse en la multiplicidad y la variedad. Con este mismo fin está ahí el mundo físico, para que lo espiritual pueda atravesar una multitud de formas.

Pero en toda la múltiple vida del hombre, sólo una cosa permanece igual, porque está aún en sus comienzos. El resto de nuestra naturaleza humana la hemos llevado en nosotros desde los tiempos de Antiguo Saturno, Antiguo Sol y Antigua Luna; el yo lo tenemos por primera vez en esta vida de la Tierra. El yo está sólo en sus comienzos. Durante toda nuestra vida entre el nacimiento y la muerte no llegamos más lejos en lo espiritual que decirnos a nosotros mismos “yo”, y tomar conocimiento de este yo.

Sólo podemos contemplar el yo, ya sea a través de la iniciación cuando estamos fuera del cuerpo aquí entre el nacimiento y la muerte, o cuando hemos atravesado el portal de la muerte y se nos concede mirar atrás en el recuerdo de nuestro cuerpo terrenal y contemplar el Yo espiritualmente.

A través de este Yo se expresa toda posible diversidad aquí sobre la Tierra. Y nuestra vida sobre la Tierra debe ser construida de tal forma que posibilite el que pueda expresarse toda la variedad que pueda entrar en la vida terrenal en la individualidad humana. Un ser humano manifiesta una individualidad, un segundo ser humano manifiesta otra, y un tercer ser humano manifiesta otra diferente. Todas estas individualidades en sus diversas actuaciones están enfocadas en un punto, el punto del yo. Ahí somos iguales, y a través de este punto focal donde somos iguales puede pasar todo lo que nos comunicamos entre nosotros como espíritus. El hecho de que todos nosotros tengamos este punto del yo donde somos iguales, da la posibilidad de que la Humanidad desarrolle una vida comunitaria. Aquello que es diferente en todos nosotros pasa a través de lo que es igual.

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En consecuencia, no es el establecimiento de lo que es aportado por un solo individuo humano a toda la corriente de la evolución espiritual cósmica que se logra la Igualdad espiritual; más bien es así, porque lo que nos ha colocado a cada uno en un tipo diferente de vida pasa a través de nuestro Yo, y a través de lo espiritual en nosotros, se convierte en algo que puede ser compartido por todos, fluye como un bien común en la corriente de la evolución cósmica. La igualdad pertenece propiamente al espíritu.

Ninguna generación comprenderá cómo los tres ideales de Fraternidad, Libertad e Igualdad pueden llegar a realizarse en la vida de la Humanidad, a menos que comprendan que el hombre lleva en él esta Triformación de cuerpo, alma y espíritu. El que la gente fuera incapaz en el siglo XVIII, y siga siendo  incapaz a lo largo del XIX, de comprender esto, fue el resultado de la fuerza de la corriente Ahrimánico-Mefistofélica que entró en la evolución moderna de la manera que he descrito. El siglo XVIII mezcló la Igualdad, la Libertad y la Fraternidad, y las aplicó todas ellas a la vida física exterior. De la forma en que se ha comprendido en el siglo XIX, sólo puede significar el caos social. Y la Humanidad tendrá que ir a la deriva más y más por este caos, si no recibe la ciencia y la vida espirituales, que conducen a una comprensión del hombre como una trinidad y a una reconstrucción de la vida terrenal para el Hombre Triformado.

El hombre tuvo que pasar a través del materialismo. Sus fuerzas hubieran sido demasiado débiles para los tiempos posteriores, si no hubiera atravesado el materialismo. Pues la evolución de la Humanidad es extraña y sorprendente. Consideremos un momento un suceso de la época Lemúrica. Encontramos allí en un cierto momento de la evolución –miles y miles de años atrás– cuando la Humanidad de la Tierra era bastante diferente de lo que lo es ahora. Sabrán por las descripciones que he dado en mi Ciencia Oculta de la evolución humana sobre la Tierra que los diversos impulsos entraron en el hombre sólo gradualmente. Hubo un momento en la evolución en que lo que hoy llamamos fuerzas magnéticas y eléctricas se establecieron dentro del hombre. Pues las fuerzas magnéticas y eléctricas viven en nosotros de una manera misteriosa. Antes de ese momento, el hombre vivía sobre la Tierra sin las fuerzas magnéticas y eléctricas que se han desarrollado desde entonces, espiritualmente, entre la acción de los nervios y la sangre. Se incorporaron al hombre en aquel momento. Las fuerzas del magnetismo las dejaremos fuera de consideración, y una parte de las fuerzas de la electricidad también. Pero las fuerzas que distinguiré como las fuerzas eléctricas del galvanismo, voltaje, etc. –fuerzas que han entrado profundamente en la cultura y civilización de nuestro tiempo– estas fuerzas encontraron su entrada en aquel distante momento en el organismo humano y se unieron a la vida humana; y este mismo hecho hizo posible que permanecieran desconocidas para la consciencia humana durante un largo tiempo.

El hombre las llevaba dentro de sí, y por esa misma razón permanecieron desconocidas para él externamente. Las fuerzas del magnetismo y las demás fuerzas eléctricas aprendimos a conocerlas antes. El galvanismo, la electricidad del contacto, que tiene una influencia determinante mucho más profunda en el karma de nuestra época de lo que generalmente se reconoce, sólo fue descubierta, como ustedes saben, a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, por Galvani y Volta. La gente dedica pocos pensamientos a hechos como estos. ¡Considérenlo sólo un momento! Este Galvani estaba ocupado con la pata de una rana. “Por casualidad”, como decimos, la ató a la ventana, y entró en contacto con el hierro, y se movió. Ese fue el comienzo de todos los descubrimientos que gobiernan la Tierra hoy por medio de la corriente eléctrica. ¡Y sucedió hace tan poco tiempo! La gente generalmente no se para a pensar cómo es que la Humanidad no llegó a este conocimiento antes. De repente este pensamiento emerge en un ser humano, de una manera perfectamente milagrosa; tropieza con ello, por así decirlo, por necesidad. En esta época nuestra materialista, naturalmente nunca nos detenemos a pensar sobre tales cosas. Y esta es la razón por la que no podemos comprender absolutamente nada del verdadero devenir de la Tierra. La verdad del asunto es como sigue:

Después de que la Humanidad hubiera pasado por el momento en la época Lemúrica en que se implantaron en ella, o recibió implantadas en ella, las fuerzas que van a través de los cables hoy en la electricidad y actúan de una forma invisible en el hombre mismo, después de que este momento hubiera pasado, la electricidad vivió dentro del ser humano. Ahora bien, la evolución no procede en la forma simple y directa en la que la gente se siente inclinada a imaginar. Imaginan que el tiempo va siempre hacia adelante hasta el infinito. Eso es una concepción completamente abstracta. La verdad es que el tiempo se mueve y gira de tal forma que la evolución se invierte y va hacia atrás continuamente. No es sólo en el espacio donde encontramos movimientos en curvas como en una lemniscata, sino también en el tiempo.

Durante la época Lemúrica, el hombre estaba en el punto de cruce del movimiento de lemniscata, y ese fue el momento en que se le implantó el principio de la fuerza eléctrica. Recorrió el camino de regreso en el tiempo atlante y, en relación con ciertas fuerzas, en la época post-Atlante, y llegó a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX exactamente al punto de la evolución de los mundos en que estaba en el antiguo tiempo Lemúrico cuando se le implantó desde el cosmos el principio de la electricidad.

Ahí tienen la explicación de por qué Galvani descubrió la electricidad en ese determinado momento. El hombre siempre regresa de nuevo en tiempos posteriores a lo que experimentó anteriormente. La vida sigue su curso en ciclos, en ritmos. En la mitad de la época materialista que se ha estado desarrollando desde el siglo XIV-XV, la Humanidad estaba en aquel punto en el mundo. El hombre había pasado hace mucho tiempo a través de todo esto en la época Lemúrica. Y la Humanidad como un todo recordó en aquel momento la entrada de la electricidad en el ser humano, y por lo tanto como resultado de este recuerdo impregnó toda su civilización de electricidad. El alma y el espíritu del hombre encontraron de nuevo lo que habían experimentado hace mucho tiempo.

Las verdades como esta deben ser claramente imaginadas de nuevo, pues sólo con verdades como esta escaparemos a la decadencia en el futuro.

Bajo la influencia de las inspiraciones de las que he estado hablándoles hoy, ciertas mentes llegaron a tales verdades. Pues el hecho de que le gente siguiera tales caminos fue el resultado del hecho de que hay muchas y diferentes corrientes actuando en la evolución humana. Si, por ejemplo, lo que los Templarios quisieron alcanzar hubiera sido la única influencia actuando en la historia, hubiera resultado una evolución bastante diferente para el hombre.

Debido al hecho de que la otra corriente también –la Mefistofélica– ha estado entremezclada con ella (la corriente Mefistofélica estaba también allí desde el principio, por supuesto, pero se le dieron nuevas fuerzas con el destino de los Templarios) el hombre ha sido llevado, en nuestro tiempo, al materialismo de la forma que ha sucedido realmente. Estas fuerzas Mefistofélicas-Ahrimánicas son necesarias en la evolución de la Humanidad. Y, como he dicho, ciertas mentes extraordinarias fueron conducidas por la inspiración que proviene de los Templos Rosacruces y que tiene su origen en el mundo espiritual, para reconocer este principio del que estoy hablando aquí.

¡No se crean que un gran poeta, un poeta realmente excepcional que crea a partir del mundo espiritual, reúne sus palabras de una manera superficial, la gente a menudo cree que el poeta tiene la libertad de escoger las palabras de manera superficial! No, un poeta como Goethe, por ejemplo, sabe lo que está contenido e implícito en el Verbo; él sabe que en el Verbo tenemos algo que permite que el espíritu resuene a través de la persona que habla. ¿”Persona”, dije? Aquí debemos recordarnos que “persona” es una palabra que proviene del latín y se refiere a la máscara que el actor lleva y a través de la cual suena su voz. “Personare” significa sonar, sonar “a través de”. Todo esto está estrechamente relacionado con la evolución del Verbo. “En el principio fue el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”. El Verbo no estuvo en el Hombre, no obstante la personalidad humana está estrechamente relacionada con él.

La evolución completa, como hemos dicho, avanza hacia delante en la medida en que no sólo actúan las fuerzas del bien, sino que también hay otras fuerzas actuando. Y un hombre como Goethe escribió en su Fausto –incluso aunque en parte inconscientemente, no obstante bajo inspiración– notables y grandes verdades. Cuando el Señor está conversando con Mefistófeles en el Prólogo en el Cielo, al final dice a Mefistófeles que Él no tiene objeción a su trabajo e influencias. Le reconoce y le permite su lugar en la evolución de los mundos. Es debido a él que hay incentivos e influencias que deben crear lo que es maligno. Pero entonces el Señor se vuelve y dirige sus palabras hacia los verdaderos y genuinos Hijos de los Dioses que llevan adelante la evolución normal, y con cuyo trabajo está unida la actuación de la otra corriente. ¿Y qué les dice Él a estos verdaderos Hijos de los Dioses?

¡Pero vosotros, verdaderos Hijos de Dios, regocijaos!

En la espléndida belleza viviente.

Que lo evolutivo que perpetuamente obra y vive,

Os circunde con dulces barreras de amor,

Y a lo que se cierne en el aire cual flotante aparición,

Dadle fijeza con pensamientos duraderos.

¡El Señor les da a Sus Hijos la orden directa de fijar en los lugares del mundo pensamientos duraderos! Un pensamiento duradero de tal naturaleza se situó en el mundo cuando el principio de la electricidad se implantó en el hombre, y el hombre fue conducido de vuelta al pensamiento duradero cuando descubrió el principio de la electricidad y lo implantó en su civilización materialista. De una profundidad inconmensurable es el pensamiento expresado en estas líneas:

Que lo evolutivo que perpetuamente obra y vive,

Os circunde con dulces barreras de amor,

Y a lo que se cierne en el aire cual flotante aparición,

Dadle fijeza con pensamientos duraderos.

Y significa una profunda experiencia para el alma, sentir ese misterio de los “pensamientos duraderos”. Pues entonces sentimos cómo en el mundo aquí y allí lo Eterno descansa en la forma de un pensamiento duradero, y nosotros que pertenecemos al mundo del movimiento estamos pasando a través de lo que está siendo fijado en apariciones flotantes como pensamientos duraderos, cómo la belleza que teje y obra perpetuamente, se revela para que podamos comprenderla cuando llegue el momento adecuado.

Y que llegue también un momento adecuado para la Humanidad en el futuro cercano, incluso aunque esté predestinado a venir si la Humanidad ha de evitar caer en la decadencia. Que el hombre comprenda que tiene que pasar a través del próximo punto, que invierte el materialismo en su opuesto, el punto en que el gran pensamiento del mundo espiritual pueda irradiar a la Humanidad. Aquellos cuyo karma les ha permitido llegar hasta la Ciencia Espiritual están ya preparándose para esto. Y será la tarea continuamente recurrente de la Ciencia Espiritual dirigir su trabajo en esta dirección. Pues a la época materialista que ha encontrado el pensamiento duradero que en su forma más nueva Ahriman-Mefistófeles ha situado en la evolución moderna, a esta época materialista debe agregarse lo que puede experimentarse al pasar a través de un pensamiento duradero espiritual. La Ciencia Espiritual debe encargarse de que la Humanidad no omita la comprensión de este pensamiento espiritual. Por tanto no debemos cansarnos de alertar al hombre una y otra vez, no sea que el momento para la comprensión de la Ciencia Espiritual pase y se pierda.

Traductor desconocido, editado y revisado por Gracia Muñoz.

Las doce noches santas

Conferencia no revisada por Willi Sucher, Albrighton Hall, 6 de enero de 1953

English version

Ya han pasado las 12 Noches Santas y los símbolos del árbol de Navidad han desaparecido. En la 13va noche nos alejamos del recuerdo de las estrellas, y traemos del cosmos la Imaginación de los Tres Reyes y Epifanía, cuando Cristo ingresó en la Tierra.

Existe una costumbre durante la Epifanía, en la cual los Tres Reyes vienen a limpiar el árbol de Navidad, y se lo llevan. Ellos, que eran los maestros de la antigua sabiduría de las estrellas, tenían que quitar los símbolos de las estrellas para que regresáramos a la Tierra.

Ahora hablaremos de Venus Oculto, la estrella de los Hechos. Este Venus Oculto es la verdadera estrella de seis puntas, que se dibuja por medio de los movimientos del planeta que llamamos Mercurio. Y así como la estrella de cinco puntas nos recuerda la compasión y sanación de los pastores, la estrella de seis puntas de Venus Oculto nos recuerda a la verdadera estrella de los Reyes Magos. Es la estrella de las Escrituras.

Y aquí tenemos una dificultad, ya que en la astronomía moderna este planeta se llama Mercurio. Si tomamos la posición de Venus Oculto visto desde la Tierra, encontraremos que a veces se encuentra por detrás del Sol y a veces delante de él, ya que siempre permanece alrededor del Sol. Los lazos y las conjunciones describen una estrella de seis puntas, que no podemos ver, pero que en el transcurso de 40 años, estas conjunciones van  girando alrededor del zodiaco, llegando a un grado o así de su punto de partida anterior. Las conjunciones inferiores son compresiones o contracciones y las conjunciones superiores son más ligeras o expansiones.

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Cuando  Mercurio Oculto cruzó el Sol, frente a la Tierra, surgió la raza negra —luz y oscuridad. Los guardianes, responsables de ayudar a crear las diferentes razas, ocultaron este significado. La Sabiduría de los Magos tiene de hecho poderes mágicos. Uno de los Reyes Magos vino de Persia, donde cultivaban el suelo. Los siete signos de Cristo son como una especie de arquetipo sanador. Los Tres Años no están realmente completos, son 2¼ años. Tenemos siete signos durante los cuales ocurren las conjunciones inferiores de Venus Oculto con el Sol. Cristo había tomado las fuerzas de la luz procedentes de las anteriores conjunciones superiores de Venus Oculto con el Sol y las manifestó a través de Signos durante las conjunciones inferiores que le siguieron.

Los siete ciclos de Venus Oculto en estos 2 años y medio corresponden a los siete Signos dados por Cristo y que se encuentran en el Evangelio de San Juan. A esto también le hemos unido la siete división heptagesimal de los planetas, y también podemos ver cómo se asocian con los días de la semana.

Podemos ver a Saturno en la Primera Señal, las bodas de Canaán. Aquí es donde Cristo dio un paso adelante a través de Jesús, por así decirlo; era el principio del Servicio, por el cual el “Yo” ahora hizo vino del agua, ahora tomó el lugar el vino.

El Segundo Signo, la curación del hijo del Noble de Cafarnaúm, reveló el Misterio del Sol. La curación tuvo lugar en la 7ª hora, al mediodía a mediados de verano.

El tercer signo fue la curación del hombre que estuvo enfermo durante 38 años en el estanque de Bethesda, revelando el misterio de la Luna. Las aguas de la fuente eran movidas a veces por un ángel, y el que entraba primero era sanado, pero no había nadie para ayudar al enfermo a  entrar en la fuente a tiempo. El Cristo le pregunta al enfermo si quiere ser sanado, luego le ordenó que tomara su cama y se fuera a casa. La curación ocurrió  en el día de reposo en el 31DC. El nodo de la Luna tiene un ritmo de unos 38 años, y el hombre había estado enfermo durante 38 años.

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Los planetas no se mueven exactamente en el mismo plano. El plano de la Luna está ligeramente inclinado al de la Tierra, y por lo tanto el plano orbital de la Luna cruza el de la Tierra en un punto o nodo descendente, y un punto o nodo ascendente. Estos nodos giran alrededor del plano de la Tierra. Una vuelta completa del nodo de la Luna toma cerca de 18 años y 7 meses. Dos vueltas de nodo lunar son 37 años y 3 meses, y 31 años a partir de 38 llega al año 7 AC, cuando hubo tremendos eventos en el cielo. Sucesos majestuosos, como el primero en el año 7 aC., anunciando la inminente encarnación de Cristo, cuando hubo un tremendo eclipse. Ese hombre cayó enfermo en ese momento, como un reflejo de la Gran Caída en el cosmos (ver Antigua Luna III). Este hombre no pudo recibir el mensaje del Sol y tuvo que esperar 38 años. Entonces vino el Ser Solar y sanó el misterio de la Luna, con el Sol descendiendo hacia la ella; Es decir, el Sol volviendo y entrando nuevamente en la Luna.

Mirando hacia atrás de estos acontecimientos podemos traer a la luz el significado de Cristo. Las estrellas están avanzando; El Cristo se ha unido con la Tierra. Júpiter en Aries-Kyriótetes; El Cordero de Dios. Tales eventos ocurren sólo una vez. Una vez, las fuerzas de Júpiter en Aries fueron llevadas a la Tierra; Ahora podemos mirar hacia la Tierra y visualizar en imágenes vívidas el gran cosmos y el líder espiritual de los Kyriótetes. Esto se refiere al universo entero.

(1) Saturno / Sábado: La boda en Cana.

(2) Domingo / Domingo: La curación del hijo del Noble de Cafarnaúm.

(3) Luna / Lunes: La curación del hombre que estaba enfermo 38 años.

(4) Marte / Martes (uniendo el Sol y la Luna) -La Alimentación de los 5000. Marte, que estuvo activo durante la primera mitad de la evolución de la Tierra, ahora se convierte en el servidor, el Pan. En este Cuarto Signo, la estrella de Venus Oculto señala efectivamente el futuro lejano. Júpiter también señala el futuro. Nuestros pensamientos se convertirán en la sustancia del futuro Júpiter. Contemplaremos el espíritu. Venus Oculto será capaz de crear el Espíritu. Mercurio (Venus oculto) llega al lugar donde tuvo lugar la alimentación de los 5.000. Y aquí podemos  experimentar vívidamente la alimentación de los 5.000. En un futuro lejano, la humanidad podrá hacer mayores obras.

(5) Mercurio Oculto / Miércoles: Cristo camina sobre el Mar: Mercurio es el planeta de la paz. Tal y como se ve desde la Tierra, Venus conjunta al Sol y luego esta Mercurio justo antes de hacer conjunción con el Sol, y Júpiter está en Tauro. Las cuatro de la madrugada en el reloj. Antes del amanecer, los discípulos estaban atrapados en los elementos, luego el Sol se elevó. Cristo calmó el mar con las fuerzas de Mercurio.

(6) Júpiter / Jueves: La curación del hombre que era ciego desde el nacimiento: se trataba de un  despertar de las fuerzas de Júpiter. Preparación para el futuro mientras duren los días. “Yo Soy la Luz del mundo y del Cosmos”. Cristo da su propia sustancia -símbolo del choque entre la oscuridad del pasado y la luz del futuro.

(7) Venus Oculto / Viernes: La Resurrección de Lázaro  —Hubo una conjunción superior en Capricornio / Cabra: “Yo Soy la Puerta” (San Juan, Capítulo 10) y una conjunción inferior, un lazo, en Piscis. En Venus Oculto tenemos a los Misterios, y en el séptimo ciclo, los Misterios se manifiestan en la Resurrección de Lázaro (San Juan, Capítulo 11).

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Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

GA130. Buda y Cristo – La Esfera de los Bodhisattvas

Rudolf Steiner – Milán, 21 de septiembre de 1911

English version

En esta conferencia quiero hablar sobre ciertos hechos que pertenecen esencialmente al dominio ético y moral y nos ayudarán a comprender la misión de la ciencia espiritual en nuestro tiempo.

Estamos profundamente convencidos de la gran verdad de la reencarnación, de las vidas terrenales consecutivas, y deberíamos saber que esta repetición tiene su propio propósito en la evolución de la Tierra. A la pregunta: “¿Por qué  reencarnamos?”. La investigación oculta da la respuesta de que nuestras experiencias son diferentes en cada una de las épocas en las que volvemos a nacer en la Tierra. En las encarnaciones inmediatas a la catástrofe atlante, las experiencias del alma humana eran completamente diferentes de las obtenidas en épocas pre-cristianas posteriores así como en nuestro propio tiempo.

Basta con mencionar brevemente que en los tiempos inmediatamente después de la catástrofe atlante, las almas estaban dotadas de una cierta clarividencia elemental proveniente de los cuerpos que entonces habitaban. Esta clarividencia, que una vez fue una facultad natural en el hombre, se fue perdiendo gradualmente, principalmente como resultado de las condiciones culturales imperantes en la época greco-romana. Desde entonces, el hombre se ha desarrollado de tal manera que ha logrado un gran progreso en el plano físico y durante el curso de la presente época post-atlante irá recuperando gradualmente la clarividencia.

Estamos viviendo en la quinta época cultural post-Atlante; la primera época cultural se denomina la Antigua India, la segunda la antigua Persia, la tercera la Babilonia-caldea y la cuarta la Greco-romana; a nuestra quinta época cultural le seguirán la sexta y la séptima. Después otra gran catástrofe caerá sobre la Tierra y la Humanidad, como ocurrió hacia el final de la época Atlante.

La investigación oculta es capaz de indicar la tendencia característica de la evolución humana en cada una de estas épocas de la civilización post-atlante –incluyendo la quinta, sexta y séptima–. La característica esencial de nuestra presente quinta época es el desarrollo de la inteligencia, de la razón. La característica principal de la sexta época será el desarrollo  de un sentimiento muy definido en las almas humanas,  con respecto a lo que es moral y lo que es inmoral. Delicados sentimientos de simpatía se despertarán por hechos amables y compasivos y sentimientos de antipatía por acciones maliciosas. Ningún ser humano que vive en la actualidad puede tener la menor idea de la intensidad de estos sentimientos.

La sexta época será seguida por la séptima, donde se profundizará aún más la vida moral. Mientras que en la sexta época el hombre sentirá placer ante las acciones buenas y nobles, en la séptima época el resultado natural de tal placer será el impulso moral , es decir, habrá una firme resolución de hacer lo que es moral. Hay una gran diferencia entre sentir placer ante una acción moral y el ejecutarla. Por lo tanto, podemos decir: nuestra época es la época del intelectualismo; la característica esencial de la época siguiente será el placer estético en el bien y el disgusto estético ante el mal; y la séptima se caracterizara por una vida moral activa.

En la actualidad sólo las simientes de lo que pasará a formar parte de la Humanidad en épocas futuras están contenidas en el alma humana, y se puede decir que todas estas aptitudes o predisposiciones en el hombre –aptitudes intelectuales, predisposiciones que conducen a los sentimientos de simpatía o antipatía que despiertan ciertas acciones, e impulsos morales– todo esto se relaciona con los mundos superiores. Cada acción moral tiene una relación clara con los mundos superiores. Nuestras aptitudes intelectuales tienen una conexión suprasensible con el plano astral. Nuestras simpatías y antipatías para el bien o el mal están conectadas con la esfera del Devacán inferior; y el dominio de los impulsos morales en el alma está conectado con el Devacán superior. Por lo tanto, también podemos decir: en nuestra época actual son principalmente  las fuerzas del mundo astral  las que penetran e ingresan  con vigor en el alma humana; en la sexta época serán las fuerzas de  Devacán inferior las que penetrarán más profundamente en el alma; y en la séptima, las fuerzas del Devacán superior actuarán con especial fuerza en la Humanidad.

A partir de esto, es comprensible que en la cuarta época post-atlante previa (greco-romana) fueran las fuerzas del plano físico las que ejercieron la influencia más fuerte en el alma del hombre. Es por ello que la cultura griega fue capaz de producir ese tipo de esculturas maravillosas, a través de las cuales se le otorgó a la forma humana tan magnífica expresión en el plano físico. Por lo tanto, las condiciones en aquella época eran especialmente adecuadas para que los hombres experimentaran al Cristo en el plano físico dentro de un cuerpo físico. En nuestra quinta época, que durará hasta el cuarto milenio, las almas se volverán gradualmente capaces –a partir del siglo XX en adelante– de experimentar al Ser de Cristo en una forma etérea en el plano astral, al igual que en la cuarta época el Cristo fue visible en el plano físico dentro de una forma física.

Con el fin de comprender la naturaleza del desarrollo de la sexta época cultural, es bueno considerar lo que serán las cualidades características del alma en futuras encarnaciones. Hoy en día, en nuestra época intelectual, la intelectualidad y la moralidad conforman esferas  prácticamente separadas en la vida del alma. Hoy en día es factible que un hombre sea muy inteligente y al mismo tiempo inmoral, o viceversa –ser profundamente moral y cualquier cosa menos inteligente–.

En la cuarta época, la futura yuxtaposición de la moralidad y la intelectualidad fue proféticamente prevista por un pueblo, a saber, el hebreo. Ellos se esforzaron por lograr la armonía artificial entre la moralidad y la intelectualidad, mientras que entre los griegos tal armonía era más una cuestión natural, por supuesto. Hoy en día podemos aprender de la Crónica Akáshica cómo los líderes del antiguo pueblo hebreo se esforzaron por establecer esta armonía entre la intelectualidad y la moral. Ellos portaban símbolos consigo, de los cuales el resto no tenía tan profundo entendimiento, en los que concentraban la mirada para volverse receptivos a sus influencias, así podían establecer una cierta armonía entre lo que era bueno en un sentido moral y lo que era conveniente. Los sacerdotes del antiguo pueblo hebreo usaban estos símbolos sobre su vestimenta. El símbolo de la moralidad fue llamado Urim, el símbolo de la sabiduría, Tumim.

[ De acuerdo con la nota al pie en el texto alemán de esta conferencia, Urim = Glanz (Resplandor o Lustre) y Tumim = Wahrheit (Verdad). La mayoría de los libros en inglés de referencia dan “luces” y “perfecciones”, como las interpretaciones, al tiempo que reconoce la incertidumbre. La Septuaginta los traduce como “manifestación” y “verdad”. No hay unanimidad en cuanto a si los objetos en cuestión se pueden identificar de forma fiable, pero las referencias bíblicas sugieren que eran piedras preciosas. Algunos estudiosos suponen que eran las doce piedras del pectoral del Sumo Sacerdote. Lo que parece ser cierto es que en estos objetos fueron grabados los nombres de las doce tribus, y que el sumo sacerdote las utilizaba como un oráculo con el fin de determinar la voluntad de Dios. (Véase entre otras referencias bíblicas: Éxodo 28, 9-30 ; Levítico 8, 8 .) Robertson Smith escribió en el Antiguo Testamento en la Iglesia judía: “En la antigüedad, el oráculo sacerdotal de Urim y Tumim era muy sagrado; en I Sam. XIV: 41 . el texto verdadero, ya que todavía se puede restaurar desde la LXX, Saul hace rezar, si la maldad sea en mí o Jonathan, dar Urim; pero si es en Israel, dar Tumim. Este lote sagrado estaba conectado con el efod, que en el tiempo de los jueces era algo muy parecido a un ídolo “. Véase en la traducción Moffatt de la Biblia I Sam. xiv. 18-43 . – Nota de DSO y MK ]

Si un sacerdote hebreo quería descubrir si una determinada acción era a la vez buena y sabia, se volvía receptivo a las fuerzas del Urim y Tumim; el resultado era la inducción de una cierta armonía entre la moralidad y la intelectualidad. Efectos mágicos se producían por medio de estos símbolos y de este modo se establecía un vínculo mágico con el mundo espiritual.

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Nuestra tarea consiste ahora en lograr en futuras encarnaciones, a través del desarrollo anímico interior, el sentido que en épocas anteriores se producía por medio de estos símbolos.

Pensemos una vez más acerca de  las fases de la evolución que van a través del quinto, sexto y séptimo periodo cultural post-atlante, con el fin de comprender cómo la intelectualidad, la estética y la moral se expresarán en la vida anímica de los hombres.

Mientras que en la presente quinta época, la intelectualidad puede permanecer intacta incluso si no se siente placer ante las acciones morales, en la sexta época será bastante diferente. En la sexta época, es decir, partiendo del el tercer milenio en adelante, la inmoralidad tendrá un efecto paralizante sobre la intelectualidad. Las facultades mentales de un hombre que es intelectual y, al mismo tiempo inmoral sin duda se deteriorarán y esta condición se hará más y más pronunciada en la evolución futura de la Humanidad. Un hombre que no tiene moral será despojado de su poder intelectual pues esto dependerá enteramente de sus acciones morales; y en la séptima época, la inteligencia sin moral será inexistente.

En este punto correspondería tener en cuenta la naturaleza de las fuerzas morales en las almas individuales en sus encarnaciones actuales. ¿Cómo es posible que en nuestra fase de la evolución un ser humano puede llegar a ser inmoral?. Se debe a que en sus sucesivas encarnaciones, el hombre ha descendido más y más profundamente en el mundo físico y por lo tanto, se ha visto impulsado cada vez en más hacia el mundo de los sentidos.

Tanto más intensamente actúen las fuerzas correspondientes a la fase descendente de la evolución sobre un alma, tanto más fuerte será la tendencia a ser inmoral. Este hecho es confirmado por un hallazgo muy interesante de la investigación oculta. Es sabido que cuando un hombre pasa por el umbral de la muerte, deja a un lado sus cuerpos  físico y etérico y por un breve tiempo, tiene una visión retrospectiva de su vida pasada en la tierra. Sigue una especie de sueño y después de unos meses, o quizás años, se despierta en el plano astral, en el Kamaloka. Luego continúa  la vida en el Kamaloka,  en donde se vivencia de manera inversa la vida terrenal, tres veces más velozmente.

Al comienzo de la vida en el Kamaloca, a cada individuo le sobreviene una experiencia muy significativa. En el caso de la mayoría de los europeos o, en general, de los hombres que pertenecen a la civilización moderna, esta experiencia se muestra de la siguiente forma. Al comienzo de la vida en el Kamaloka, una individualidad espiritual nos muestra todo lo que hemos hecho por motivos egoístas en la última vida; nos muestra un tipo de registro de todas nuestras transgresiones. Cuanto más concretamente se lleguen a imaginar esta experiencia, mejor. Al comienzo del período del Kamaloka, en realidad es como si una figura se nos  presentara con el registro de nuestra vida física. El hecho importante –para lo cual, naturalmente, no se puede ofrecer ninguna prueba, puesto que sólo puede ser confirmado por la experiencia oculta– es que la mayoría de los hombres que pertenecen a la civilización europea reconocen a Moisés en esta figura. Este hecho se ha conocido siempre en la investigación Rosacruz desde la Edad Media y en los últimos años ha sido confirmado por investigaciones de un carácter muy sutil.

Se puede deducir de esto que al principio de su vida en el Kamaloka, el hombre siente una gran responsabilidad hacia las potencias pre-cristianas por haberse permitido caer, y es un hecho real en la vida oculta que es la individualidad de Moisés la que exige el ajuste de cuentas por los errores cometidos en nuestro tiempo.

Los potencias y las fuerzas que elevan al hombre nuevamente hacia el mundo espiritual, se dividen en dos categorías: las que impulsan al hombre hacia el camino de la sabiduría, y aquellas que lo llevan por el camino de la moral. Las fuerzas a las que se debe principalmente el progreso intelectual proceden del impulso brindado por una gran individualidad de la cuarta época post-atlante, que es conocido por todos como el Gautama Buda. Es un notable descubrimiento de la investigación espiritual que los pensamientos más penetrantes, más significativos que fueron  concebidos en nuestra época actual, hayan procedido de Gautama Buda. Esto es tanto más notable por cuanto hasta los días de Schopenhauer –Por lo tanto, no hace mucho tiempo– el nombre de Gautama Buda era casi desconocido en Occidente. Esto es muy comprensible, ya que cuando Gautama Buda nació como el hijo del rey Suddhodana, se elevó de Bodhisattva a Buda, y llegar a ser un Buda significa que la individualidad en mención no encarnará de nuevo en la Tierra en un cuerpo físico.

El Bodhisattva que se convirtió en Buda cinco o seis siglos antes del comienzo de la era cristiana, no ha encarnado más debido a  que ya no puede encarnar en un cuerpo físico.Pero en su lugar, logra que sus fuerzas desciendan desde los mundos superiores, desde los mundos suprasensibles, e inspira a todos los portadores de la cultura que aún no están permeados por el Impulso de Cristo. La conciencia de esta verdad se demostró en una hermosa leyenda escrita por Juan de Damasco en el siglo VIII y fue bien conocida en toda Europa en la Edad Media. Es la leyenda de Barlaam y Josafat, que relata cómo el que se había convertido en el sucesor de Buda (Josafat es una variación fonética de ‘Bodhisattva’) recibió las enseñanzas de Barlaam sobre el Impulso de Cristo. La leyenda, que fue posteriormente olvidada, nos dice que el Bodhisattva que sucedió a Buda Gautama fue instruido por Barlaam y que su alma fue encendida por el impulso cristiano. Este es el segundo impulso que, además del de Buda, continúa trabajando en la evolución de la Humanidad. Es el Impulso de Cristo y está conectado con el futuro ascenso hacia la Moralidad de la Humanidad. Aunque la enseñanza de Buda es en sentido particular  una  enseñanza moral, el Impulso de Cristo no es una enseñanza, sino un poder real que actúa como tal y que, en grado creciente, impregna a la humanidad de fuerza moral. [ I Cor IV, 20 . ]

En la cuarta época post-atlante,  el Ser de Cristo  que desciende desde las alturas cósmicas tenía primero que aparecer en un cuerpo físico. En nuestra quinta época, la intensa consolidación de las fuerzas intelectuales hará posible que el hombre contemple al Cristo como una figura etérea. Esto tiene su inicio  incluso en nuestro siglo. A partir de los años treinta a los años cuarenta del siglo XX en adelante, van a surgir personas que se habrán desarrollado de un modo tal que serán capaces de ver la forma etérica de Cristo, así como en la época de Jesús de Nazaret pudieron ver al Cristo físico. Y durante los próximos tres mil años, el número de personas capaces de contemplar al Cristo etérico aumentará constantemente, hasta que en unos tres mil años, contando desde el momento presente, habrá un número suficiente de seres humanos en la Tierra que no necesitarán evangelios u otros registros, porque tendrán la visión real del Cristo dentro de su propia alma.

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Por lo tanto, debemos entender claramente que en la cuarta época post-Atlante los hombres sólo fueron capaces de contemplar al Cristo físico; consecuentemente, hubo de habitar en un cuerpo físico. En nuestra propia época y en el tercer milenio, la humanidad se tornará gradualmente capaz de contemplar al Cristo etérico. Nunca más regresará en un cuerpo físico.

Si tenemos en cuenta el hecho de que cuando un hombre de la época actual logra unirse cada vez más profundamente con el Impulso de Cristo, pasa al Kamaloca y ve llamar su atención por una figura que personifica una fuerza moral –por Moisés– entenderemos cómo puede llevarse a cabo una transformación de la figura de Moisés. Porque ¿qué es lo que Moisés nos muestra cuando nos confronta con el registro de nuestros pecados y transgresiones?. Nos muestra lo que se interpone en el deber de nuestro karma. Para un alma de nuestra época es de gran importancia que, a través de la inspiración del Buda, sea comprendida  la doctrina del karma, puesto que la realidad del trabajo del karma después de la muerte se nos revela por la figura del Antiguo Testamento de Moisés.

A medida que las influencias del Cristo suprasensible impregnan las almas de los hombres en una medida cada vez mayor, la figura de Moisés se transforma después de la muerte en la de Cristo Jesús. Esto significa que nuestro karma está vinculado con Cristo, que Cristo se une con nuestro karma.

Es interesante cobrar la noción de que en las enseñanzas de Buda, el karma es una cuestión abstracta, que tiene un carácter impersonal. En las futuras encarnaciones de los hombres, como Cristo entra en conexión cada vez más estrecha con el karma, éste adquirirá la calidad de existencialidad, de vida potencial.

Nuestras primeras etapas de la evolución, la vida en el pasado, pueden estar relacionadas con las palabras: Ex Deo Nascimur. Si dirigimos nuestro desarrollo de tal manera que después de la muerte, en lugar de Moisés encontramos a quien se unificará con nuestro karma, a Cristo, esto queda expresado en el Cristianismo Rosacruz –que existe desde el siglo XIII– por medio de las palabras: In Christo Morimur .

Del mismo modo que el grado de Buda sólo se puede alcanzar en el plano físico, la calificación para el encuentro con Cristo en la muerte, puede ser adquirida por el alma humana sólo en el plano físico. Un Buda es primero un Bodhisattva, pero se eleva al rango de Buda durante una encarnación física y entonces ya no le es necesario volver a la Tierra. La comprensión de Cristo, en el sentido que acabamos de explicar, se puede adquirir sólo en el plano físico. Por lo tanto, durante los próximos tres mil años  los hombres tendrán que adquirir en el mundo físico el poder de contemplar al Cristo suprasensible, y es la misión del Movimiento Antroposófico crear, en primer lugar, las condiciones para lograr que la comprensión de Cristo sea posible en el plano físico, para después adquirir la capacidad de contemplarle.

En la época en la que Cristo trabaja en el mundo de los hombres como el Cristo Etérico, no importa si estamos viviendo en un cuerpo físico o nos hallamos entre la muerte y un nuevo nacimiento, si en el plano físico hemos adquirido el poder para verle. Supongamos, por ejemplo, que a causa de su muerte un hombre no tuvo en principio la oportunidad de contemplar a Cristo en su forma etérica actual. No obstante, si durante su vida en el mundo físico tal hombre había adquirido el conocimiento necesario, la visión del Cristo será posible para él entre la muerte y el nuevo nacimiento. Un hombre que se mantiene apartado de la vida espiritual y no adquiere la comprensión de Cristo, permanecerá sin tal conocimiento hasta que pueda adquirirlo en su próxima encarnación.

Lo que se acaba de decir pretende indicar que a medida que la Humanidad vaya pasando por  la Quinta, Sexta y Séptima Épocas de la Civilización, el Impulso de Cristo va a ganar cada vez más peso en la Tierra. Habéis oído que en la Sexta Época, la intelectualidad se verá perjudicada por la inmoralidad. El otro aspecto es que un hombre que ha paralizado su facultad intelectual como resultado de la inmoralidad debe volverse a Cristo con  la mayor de sus fuerzas, con el fin de que Cristo lo pueda conducir a la moral e impregnarlo con ella.

Lo que he dicho, ha sido investigado de cerca sobre todo por los Rosacruces desde el siglo XIII, pero es una verdad que es conocida por muchos ocultistas en todo momento.

Si se llegara a afirmar que podría haber una segunda aparición de Cristo en la Tierra en un cuerpo físico, de acuerdo con el ocultismo sería equivalente a decir que una balanza funcionaría  de manera más eficiente si se la apoya sobre dos puntos en lugar de en uno. En verdad, los tres años de duración de la vida de Cristo en la Tierra en el cuerpo de Jesús de Nazaret, constituyen el punto de apoyo de la evolución de la Tierra; y así como no puede haber más que sólo un punto en el que está fijado el fiel de una balanza, solamente  puede haber un único punto de apoyo de la evolución de la Tierra.

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La enseñanza del desarrollo moral no es lo mismo que el impulso para su desarrollo. Antes del Evento del Gólgota, el Bodhisattva que sería el sucesor de Buda estaba presente en la Tierra con el fin de prepararse para ese evento y brindar sus enseñanzas a los que le rodeaban. Él encarnó en la personalidad de Yeshu ben Pandira [Ver Yeshu ben Pandira , dos conferencias dadas por Rudolf Steiner en Leipzig, el 4 y 5 de noviembre de 1911, y las referencias en su posterior ciclo sobre  El Evangelio de San Mateo], un siglo antes el nacimiento de Jesús de Nazaret. Por lo tanto hay que distinguir entre el Yeshu ben Pandira, encarnación del Bodhisattva que es el sucesor de Gautama Buda, y la encarnación de Jesús de Nazaret al comienzo de nuestra era, que durante tres años de su vida fue impregnado por el Ser Cósmico que llamamos el Cristo.

El Bodhisattva que encarnó en Yeshu ben Pandira y también en otras personalidades, volverá una y otra vez, hasta que en unos tres mil años a partir de ahora, alcanzará el grado de Buda y atravesará su encarnación final como el Maitreya Buda. La individualidad de Cristo que moró en la Tierra en el cuerpo de Jesús de Nazaret durante tres años ya no volverá a tomar  un cuerpo físico; en la quinta época post-atlante reaparecerá en un cuerpo etérico, en la sexta época en un cuerpo astral, y en la séptima lo hará a modo de un poderoso Yo cósmico que representará el gran Alma–Grupo de la Humanidad.

Cuando un ser humano muere, sus cuerpos físico, etérico y astral se desprenden de él y su Yo pasa a la siguiente encarnación. Sucede exactamente lo mismo con el planeta Tierra. Lo que es físico en nuestra Tierra decaerá a finales del período  terrestre, y las almas humanas en su totalidad pasaran a reubicarse en la condición de Júpiter, la próxima manifestación  planetaria de la Tierra. Y al igual que en el caso de un ser humano individual, su Yo es el centro de su evolución posterior,  el conjunto de la humanidad futura conformará el Yo de Cristo en los cuerpos astrales y etéricos de los hombres, y pasará a ser parte de la vida existencial de Júpiter. Por lo tanto, podemos ver cómo a partir de hombre físico en la Tierra, el Cristo evoluciona gradualmente desde Cristo etérico, luego como Cristo astral hasta llegar a ser finalmente el Cristo-Yo, siendo éste el Espíritu de la Tierra que luego se irá elevando a etapas más altas, junto con toda la Humanidad.

¿Qué es lo que hacemos  cuando enseñamos la ciencia espiritual?. Estamos enseñando lo que la sabiduría oriental proclamaba tan claramente, cuando el Bodhisattva que entonces fuera  el hijo del rey Suddhodana, alcanzó el grado de  Buda. En esas enseñanzas orientales se expresó la idea de lo que sería la tarea del próximo Bodhisattva –que con el tiempo se convertirá en un Buda– el divulgar por la Tierra el conocimiento que revelaría a Cristo a los hombres  en su verdadera luz. Así, el Bodhisattva que encarnó en Yeshu ben Pandira y demás, se convirtió en el Gran Maestro del Impulso de Cristo. Esto se indica muy claramente en la leyenda de Barlaam y Josafat, que cuenta cómo Josafat (es decir, el Bodhisattva) es instruido por Barlaam, el maestro cristiano. Las enseñanzas ocultas orientales llaman a este Bodhisattva el “Portador de lo Bueno” –Maitreya Buda–. Y sabemos gracias a  las investigaciones ocultas que en este Buda Maitreya está presente la concepción del poder de la Palabra en un grado que los hombres de la actualidad no pueden imaginar todavía. Hoy en día es posible gracias a una mayor percepción clarividente del proceso de evolución mundo descubrir cómo el Maitreya Buda enseñará al cabo de tres mil años. Gran parte de su enseñanza también puede expresarse en formas simbólicas. Pero hoy –debido a que la Humanidad no está lo suficientemente madura– todavía no le es posible pronunciar palabras como las que surgirán de los labios del Maitreya Buda.

En la trayectoria del óctuple sendero, el Buda Gautama brindó las grandes enseñanzas espirituales sobre el correcto hablar, el correcto pensar, el correcto actuar y así sucesivamente. Las palabras pronunciadas por el Buda Maitreya contendrán un poder mágico que se convertirán en impulsos morales en los hombres que las escuchen. Y si debería haber un  Evangelio revelador  del Buda Maitreya, el escritor tendría que usar unas palabras que difieren de las utilizadas por Cristo en el Evangelio de San Juan: “Y la Palabra se hizo carne”. El evangelista del Buda Maitreya tendría que declarar: “Y la carne fue hecha Palabra”. Las declaraciones del Maitreya Buda se impregnarán de una manera milagrosa con el poder de Cristo. Investigaciones ocultas nos muestran hoy en día que en cierto modo,  incluso la vida externa del Buda Maitreya será un reflejo de la vida de Cristo.

En los tiempos antiguos, cuando una gran Individualidad aparecía y debía convertirse en un Maestro de la humanidad, los signos que indicaban esto se mostraban en la temprana juventud del niño en cuestión, en talentos y cualidades especiales del alma. Sin embargo, existe un tipo diferente de desarrollo en el curso del cual se hace evidente un cambio completo en la personalidad en un cierto punto de su vida. Sucede así que cuando este ser humano ha llegado a una cierta edad, su Yo se libera de sus envolturas corporales y un Yo diferente ingresa en su cuerpo. El mejor ejemplo de esto es el del mismo Jesús, quien en su trigésimo año de vida cedió su cuerpo a la individualidad de Cristo. Todas las encarnaciones del Bodhisattva que se convertirá en el Buda Maitreya  indican  que su vida semejará a la de Cristo en este sentido.

En ninguna de las encarnaciones del Bodhisattva se sabrá, ya sea en su infancia o en su juventud, que se convertirá en un Bodhisattva. Cada vez que un Bodhisattva se convierte en Buda existe evidencia de que a la edad de 30 o 31, otra individualidad toma posesión de su cuerpo. El Bodhisattva nunca se revelará a sí mismo como tal en su primera juventud, pero en su trigésimo o trigésimo primer año de vida manifestará cualidades muy diferentes, porque otro Ser tomara posesión de su cuerpo. Individualidades que tomaron posesión de la personalidad de un ser humano de esta manera y no atravesaron por una niñez son, por ejemplo, las individualidades como Moisés, Abraham, Ezequiel.

Lo mismo sucederá en nuestro siglo presente en el caso del Bodhisattva que más adelante, al cabo de tres mil años, se convertirá en el Maitreya Buda. Sería diletantismo oculto afirmar que este Ser será reconocible en sus primeros años como Bodhisattva. Es entre los 30-31 años donde se revelará a sí mismo a través de su propio poder, sin tener que ser proclamado por otros. Él  convencerá  al mundo a través de su propio poder y  éste será el modo de reconocer que, si el Bodhisattva fuese anunciado en algunos sectores o pretendiera revelarse a sí mismo por medio un ser humano de menos de treinta años de edad, ese mismo hecho sería una prueba de la falsedad de tales declaraciones. Con frecuencia se han hecho afirmaciones de este tipo. Por ejemplo, en el siglo XVII un determinado individuo se proclamó como la encarnación del Mesías, de Cristo. Su nombre era Sabbati Zewi y representantes de toda Europa, desde España, Italia y Francia, peregrinaron a Esmirna para conocerle.

Es cierto que en nuestro tiempo se ha arraigado una falta de inclinación por reconocer el genio en los seres humanos. Pero por otro lado, dado que la pereza mental es muy prevalente, se genera el resultado de que las personas están más que dispuestas a reconocer a un individuo como un gran alma por el mero peso de la autoridad. Es importante para la Antroposofía que se presente de una manera tal que se base en el menor grado posible sobre la creencia en la autoridad.

Mucho de lo que hoy he dicho solo puede ser justificado por medio de la investigación oculta. Sin embargo, yo ruego que no se otorgue crédito a estas cosas sólo porque yo las diga, sino para ponerlas a prueba por medio de todo lo conocido  a través de  la historia –sobre todo por lo que se puede aprender desde la propia experiencia– y estoy absolutamente seguro de que cuanto más cerca lo examinen, más fácilmente encontraran la confirmación. En esta era de intelectualismo, no apelo a la creencia en la autoridad, sino a la capacidad de examinar inteligentemente. El Bodhisattva del siglo XX no dependerá de ningún heraldo que le anuncie como el Maitreya Buda, sino será el poder de sus propias palabras; el permanecerá, por sus propios pies en el mundo.

Lo que se ha dicho en esta conferencia puede quizás resumirse de la siguiente manera.

En nuestro período de evolución, están trabajando dos corrientes de vida espiritual; una de ellas es la corriente de la Sabiduría, o la corriente de Buda, que contiene la enseñanza más sublime de la sabiduría, la bondad del corazón y de la paz en la Tierra. Para habilitar esta enseñanza del Buda e impregnar el corazón de todos los hombres, es indispensable el Impulso de Cristo. La segunda corriente es la corriente del propio Cristo que conducirá a la Humanidad desde la intelectualidad, por medio del sentir y el contemplar estético, hasta lo moral.

Y el más grande Maestro del Impulso de Cristo será en todas las épocas el sucesor de ese Bodhisattva que encarna una y otra vez y que, en tres mil años a partir de ahora, se convertirá en el Maitreya Buda. Pues la declaración contenida en las crónicas orientales es cierta: que exactamente cinco mil años después de que el Gautama Buda alcanzara la iluminación bajo el árbol Bodhi, el Maitreya Buda encarnará en la Tierra por última vez.

Como tal, la sucesión de los Bodhisattvas y Budas no tiene relación con el Ser Cósmico que llamamos Cristo; fue un Bodhisattva –no el Cristo– el que encarnó en el cuerpo de Yeshu ben Pandira. Cristo encarnó en un cuerpo físico una vez y sólo una vez por un período de tres años. El Bodhisattva aparece en cada siglo hasta alcanzar el grado de Maitreya Buda.

La misión de la Antroposofía es llegar a ser una síntesis de las religiones. Podemos concebir una forma de religión que esté  comprendida en el Budismo, otra forma dentro del Cristianismo, y en la medida en que la evolución avance, tanto más estrecha será la unión entre las diferentes religiones, de la misma forma en que el Buda y Cristo  están unidos en nuestros corazones.

Esta visión por sobre la evolución espiritual de la Humanidad nos permite además tomar consciencia acerca de la necesidad del impulso de la Antroposofía, como una preparación para comprender el progreso de la cultura y de los sucesos en el gran proceso de la evolución.

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

El Misterio de Gólgota

Conferencia del Dr. Rudolf Steiner. Dada en Colonia el 2 de diciembre de 1906.

[A partir de notas abreviadas sin revisar por el conferenciante]

English version.

El misterio del Gólgota es uno de los secretos más profundos de la evolución del mundo. A fin de comprenderlo, debemos arrojar luz sobre la sabiduría oculta de hace miles de años, en un remoto pasado del desarrollo del mundo. No es un argumento convincente estar en contra de un conocimiento más penetrante del Misterio del Gólgota diciendo que la vida y la obra de Jesucristo deben ser accesibles a la mente más simple. De hecho este es el caso. Pero una comprensión que abarque por completo el evento más grande de la Tierra debe ser extraída de las profundidades de la sabiduría de los Misterios.

En esta conferencia vamos a penetrar en las profundidades de la sabiduría de los Misterios con el fin de entender cómo pudo tener lugar un evento como el Misterio del Gólgota. A este respecto hay que tener en cuenta que con la aparición de Jesucristo sobre la Tierra se produjo algo que dividió a la humanidad en dos partes. Podemos entenderlo mejor buscando una respuesta a la pregunta: ¿Quién fue Jesucristo?

Para el ocultista esta pregunta es doble: Pues hay que distinguir entre la personalidad que vivía en ese momento en Palestina y llegó a la edad de treinta años, y qué fue de él después. Cuando alcanzó los 30 años, Jesús se convirtió en Cristo.

En el caso de la gente común, sólo porciones insignificantes del cuerpo astral, del cuerpo etérico y del cuerpo físico se transforman en Manas, Buddhi y Atma, o en Yo Espiritual, Espíritu de Vida y Hombre Espíritu. Jesús de Nazaret era un Iniciado de tercer grado, y sus cuerpos estaban, por tanto, en un estado de alta purificación.

Cuando un Iniciado ha llegado a la purificación de sus tres cuerpos adquiere, en un determinado momento de su vida, la capacidad de sacrificarse. A la edad de 30 años, el Yo de Jesús dejó sus tres cuerpos y paso al mundo astral, por lo que los tres cuerpos santificados se quedaron en la Tierra, vacíos de su Yo, de tal forma que se creó un espacio para una individualidad superior. Cuando cumplió 30 años, el Yo de Jesús de Nazaret hizo el gran sacrificio de poner sus cuerpos purificados a disposición de la individualidad de Cristo. Cristo encarnó estos cuerpos. Es a partir de ese momento que hablamos de Cristo-Jesús, que vivió sobre la Tierra durante tres años y realizó todas sus grandes obras en el cuerpo de Jesús.

Con el fin de comprender el verdadero ser de Cristo tenemos que ir muy atrás en la historia del desarrollo de la Tierra y de la humanidad. Antes de que nuestro planeta actual se convirtiese en la Tierra, fue la Antigua Luna;  y la presente luna es sólo un fragmento de aquella Antigua Luna. Antes de que la Tierra fuese la Antigua Luna, fue el Antiguo Sol; y en una etapa aún más lejana fue Antiguo Saturno. Debemos tener en cuenta que miles de millones de años atrás existía en el espacio cósmico un cuerpo celeste, Saturno. También los planetas se desarrollan a través de diferentes encarnaciones: antes de que la Tierra fuese la TIERRA, existió como Antiguo Saturno, el Antiguo Sol y la Antigua Luna.

Ahora traten de situarse en el Antiguo Sol. Allí, los llamados Espíritus de Fuego tenían el mismo nivel que los seres humanos tienen ahora sobre la Tierra. Por supuesto, ellos no tenían la misma apariencia, no se parecían a los hombres de hoy en día; estas altas individualidades pasaron por la etapa humana en el Antiguo Sol en unas condiciones que eran muy diferentes a las de la actual condición humana. También, en la Antigua Luna, una gran cantidad de seres pasaron por la etapa de la humanidad, y después descendieron a la Tierra como seres superiores, como Pitris lunares o espíritus lunares, que habían llegado a una etapa superior a la del hombre sobre la Tierra. En el esoterismo cristiano se les llama Angeloi = Ángeles. Sólo sobre la Tierra el ser humano se ha hecho HOMBRE. Los Pitris Lunares son seres de un grado más alto que el hombre, y por encima de ellos están los Espíritus de Fuego, que son de un grado más alto que los Pitris lunares. Los Espíritus de Fuego han alcanzado un alto grado de desarrollo.

Ahora volvamos a la Tierra, a la raza Lemuriana que estaba situada en un continente entre la actual Asia, África y Australia. Allí, el hombre tomó su forma actual a través del hecho de que sobre la Tierra vivían seres altamente desarrollados, seres físicos, más evolucionados que los animales actuales pero menos desarrollados que el hombre actual. Aquellos seres físicos formaban una especie de concha, una especie de vivienda y habrían sido condenados a la decadencia si seres superiores no los hubieran fecundado. Sólo en aquel momento las almas humanas entraron en los cuerpos humanos físicos y comenzaron a crear la forma posterior del cuerpo humano. En el pasado, el alma humana era una parte integral de los seres espirituales superiores. Los cascarones físicos de los cuerpos humanos estaban sobre la Tierra, y hacia ellos fluían las almas de los seres superiores que venían de arriba, de los mundos espirituales. En el mundo espiritual las almas estaban conectadas como gotas de agua en un mar, que luego se vertía en una multitud de vasos.

Los seres que vertieron las almas desde arriba eran los que habían pasado por su etapa humana en la Luna, los Espíritus Lunares, cuya etapa de desarrollo estaba en un grado más alto que la del hombre, lo que les permitió verter una parte de su ser en la humanidad, permitir el desarrollo posterior y así pudo el hombre transformar progresivamente su organismo. Pudo erguirse por encima de la Tierra y mantenerse en pie, aprendió a caminar, a hablar y llegar a ser independiente.

Había una cierta relación entre todas estas almas porque procedían de un coro espiritual común. Todos los que habían recibido una gota del mismo ser, llegarían a parecerse mucho entre sí. Miembros, de la misma tribu tenían aquellas almas afines, después fueron los miembros de una raza o nación, por ejemplo, el pueblo egipcio o el pueblo judío. Tenían almas que procedían de una fuente común. De los Espíritus Lunares el hombre recibió el Yo Espiritual y esto le permitió convertirse en un ser independiente, un Yo.

Sin embargo, había algo que el hombre no podía obtener de los espíritus Lunares, sólo podía serle donado por un Ser todavía más elevado, común a todos los hombres, que ya hubiera completado su humanidad sobre el Antiguo Sol: un Espíritu de Fuego. Muchos Espíritus de Fuego se habían desarrollado en el Antiguo Sol y ejercieron su influencia sobre la Tierra, pues eran excelsos Espíritus. Uno de los Espíritus de Fuego fue llamado a derramar su Ser al conjunto de la Humanidad. Un Espíritu que perteneciera a toda la Tierra fue capaz de verter sobre la totalidad de la Humanidad y en cada una de sus partes el elemento del Sol o Espíritu de Fuego, el Buddhi o Espíritu de Vida. Pero en la Lemuria y en la época Atlante los seres humanos no estaban lo suficientemente maduros para recibir esto desde el Espíritu del Sol.

Cuando leemos la Crónica del Akasha (Ver el libro de Rudolf Steiner «La Crónica del Akasha») nos encontramos con que algo muy extraño ocurrió en aquel momento: Los seres humanos estaban constituidos de cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y un Yo Espiritual, pero este habitaba en ellos de una forma muy débil. El Buddhi o Espíritu de Vida se elevaba por encima de todo ser humano –así era percibido en los espacios del Akasha. En el espacio astral cada ser humano estaba rodeado por el Buddhi, pero quedaba fuera ya que no estaba lo suficientemente fuerte como para entrar en el hombre. Este Buddhi era parte del gran Espíritu de Fuego que había derramado sus gotas en los seres humanos, pero estas gotas no pudieron entrar en los seres humanos.

Fueron las obras de Cristo en la Tierra las que dieron al hombre la capacidad de absorber en su Manas lo que designamos como Buddhi.

Lo que Cristo cumplió en la Tierra, fue preparado por otros grandes maestros que le habían precedido, por Buda, por el último Zaratustra, por Pitágoras, que vivieron alrededor de 600 años antes de Cristo,  que eran hombres que ya habían absorbido muchísimo de lo que vivía en el entorno de hombre. Habían absorbido la chispa de Cristo. Moisés también  fue uno de aquellos hombres. Pero el Yo de los otros hombres todavía no había absorbido aquella chispa.

El cuerpo físico, etérico y Astral de Jesús de Nazaret acogió al Espíritu de Fuego, la fuente única de todas las chispas que vivían en los seres humanos. Este Espíritu de Fuego es el Cristo, el único Ser divino que vivió en la Tierra bajo esta forma. Entró en el cuerpo de Jesús de Nazaret y el resultado de aquello es que todos los que se sienten unidos a Cristo Jesús son capaces de absorber Buddhi. La posibilidad de absorber y tomar el Buddhi comienza con la aparición de Cristo Jesús. San Juan Evangelista lo designa como la Palabra Creativa Divina. El Espíritu de Fuego que vierte sus chispas en los hombres es esta Palabra Creadora Divina.

Como resultado, ocurrió lo siguiente: mientras que los Espíritus Lunares pueden crear tribus diferenciadas entre los hombres mediante el envío de sus gotas, Cristo es el Espíritu Unificador de toda la Tierra, y los seres humanos por lo tanto estan unidos como una familia en todo el mundo. Mientras que las diferencias entre los hombres fueron puestas en marcha por las gotas derramadas de los diferentes Espíritus Lunares, la unidad entre los hombres fue alcanzada por el Espíritu derramado por Cristo Jesús. Lo que une a los hombres bajó a la Tierra por medio de Cristo Jesús.

Cuando habla del juicio final, Cristo dice en su profecía: «Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria» (con esto quiere decir: cuando hayan entrado en los seres humanos las gotas de Cristo, cuando todos se hayan convertido en hermanos), «dirá a los de su derecha: venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber.» (San Mateo 25, 35). Entonces la única diferencia entre los hombres será la del bien y el mal.

Cristo dice a Sus discípulos: «Todo lo que hiciereis a cada uno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hacéis a mí». Esto significa: Cristo Jesús indica el momento en el que las gotas derramadas por Él serán todas absorbidas, por lo que cuando un hombre se enfrente a otro, este derrame de Cristo en él se enfrentará a lo derramado por Cristo en el otro. El poder por el que el Buddhi pudo ser llamado a la vida en el hombre, este poder emergió de la luz de la vida de Cristo sobre la Tierra. Por tanto, debemos considerar a Cristo como el Espíritu Unificador de la Tierra.

Si pudiéramos mirar hacia abajo a la Tierra desde una estrella distante, en una época hace miles de años, nos encontraríamos con el momento en que Cristo estuvo activo en la Tierra, de modo que toda la sustancia astral de la Tierra estaba impregnada por el Cristo. Cristo es el Espíritu de la Tierra, y la Tierra es Su cuerpo. Todo lo que crece sobre la Tierra es Cristo. Vive en cada semilla, en cada árbol, en todo lo que crece sobre la Tierra. Por eso Cristo tomó el pan y dijo: «Esto es mi cuerpo». Y del jugo de la uva (en la ÚLTIMA CENA el vino que se compartía era jugo de uvas sin fermentar) dijo: «Esta es mi sangre», pues el zumo de los frutos de la Tierra es su sangre. En consecuencia la humanidad debe aparecer ante Él como seres que caminan sobre su cuerpo. Por eso le dijo a sus discípulos después de haber lavado los pies: «El que come pan conmigo, levanta su talón contra mí» (Deja sus huellas en mí). Esto debe ser tomado literalmente, en el sentido de que la Tierra es el cuerpo de Cristo Jesús. Debido a que tomó sobre Sí la evolución de la Tierra, un ser espiritual distante podría ver que más y más el Espíritu de Cristo fluye en los seres humanos; las gotas individuales de Cristo Jesús están penetrando en cada individualidad humana. Finalmente toda la Tierra estará poblada por hombres transformados, cristianizados, por hombres que han acogido la chispa divina donada por Cristo. Solo quienes no participen de esto, serán puestos a un lado como el mal; y deberán esperar a un momento posterior con el fin de seguir un curso de desarrollo que les conduzca a la bondad.

Todas las  naciones tenían sus Misterios, antes de que Cristo apareciera en la Tierra. Los Misterios revelaban lo que iba a tener lugar en el futuro. Después de un largo entrenamiento, los adeptos tuvieron que someterse a una preparación que consistía en un sepulcro. El hierofante era capaz de poner al adepto en un estado superior de conciencia que provocaba que su cuerpo inerte entrara en una especie de sueño profundo. En la antigüedad, la conciencia siempre tenía que ser disminuida con el fin de que la Esencia Divina pudiera entrar en el hombre. En ese estado bajo de conciencia, el alma se elevaba a través de las esferas del mundo espiritual y al cabo de tres días el hierofante llamaba al adepto de nuevo a la vida. A través de esta experiencia sentía que se había convertido en un hombre nuevo y se le daba un nuevo nombre. Era llamado Hijo de Dios. Todo este proceso se llevó a cabo en el plano físico cuando Cristo apareció en la Tierra y pasó por el del Misterio del Gólgota.

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 En las antiguas iniciaciones las gotas de la vida del espíritu de Cristo primero llamaban a los adeptos de nuevo a la vida y se les decía: «El que va a cristianizar a todos los hombres, aparecerá un día. Y Él será verdaderamente la Palabra encarnada. Sólo puedes experimentar esto durante tres días, cuando viajes a través de los reinos de los cielos; pero vendrá Uno, el que traerá los reinos de los cielos hasta el mundo físico».

El iniciado experimentó en el plano astral lo que Cristo vivió en el plano físico, es decir, que desde el principio existió una palabra divina que derramó sus gotas en los seres humanos; pero el yo de los hombres no pudo absorber esas gotas. San Juan, el heraldo del Yo humano cristianizado que ha absorbido al Cristo, o la Palabra, revela esto. San Juan habla de la Palabra que existía sobre la Tierra desde el principio:

“En el principio era la palabra y la palabra era con Dios y el Verbo era Dios.

Esta era en el principio con Dios.

Todas las cosas fueron hechas por él, y sin él no nada de lo que es hecho fue hecho.

En él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres.

Luz resplandeció en las tinieblas, mas las tinieblas no la comprendieron.

Fue un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

El vino para dar testimonio de la luz, para que todos creyesen por él.

No era la luz, sino un testigo de la luz.

Aquel era la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él; y el mundo no le reconoció.

A los suyos vino, y los suyos no le recibieron.

Más a todos los que le recibieron, dioles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Y aquella Palabra fue hecha carne, y habito entre nosotros y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad.»

La palabra «gracia» en el versículo 14 por San Juan tiene el mismo significado que Buddhi; «Verdad» es Manas, el Yo espiritual.

«Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es del que yo decía: el que viene tras de mí, es anterior a mí, porque es primero que Yo.

Porque de su plenitud tomamos todos gracia sobre gracia.

Porque la ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Ningún hombre ha visto nunca con los ojos a Dios. El unigénito Hijo, que vivió en el seno del Padre Cósmico se ha convertido en nuestra guía en esta visión».

[Prestación del texto de Dr.Rudolf Steiner.]

Todas las iniciaciones de los Misterios del Espíritu señalaron la venida de Jesucristo. Esta iniciación se alcanzó en el sueño del yoga, en el sueño órfico, en el sueño de Hermes. Cuando el iniciado se despertaba de nuevo y volvía a su cuerpo, cuando podía volver a escuchar y hablar con sus sentidos físicos, pronunciaba las palabras que se representan como sigue en el idioma hebreo: «Eli, Eli, lama Sabathani». Los discípulos de los misterios se despertaban con las palabras: «¡Dios mío, Dios mío, como me has elevado!».

Esta fue la iniciación de la antigua época judía. Durante sus tres días de estancia en los mundos superiores, el iniciado experimentaba todo el curso del desarrollo futuro de la humanidad, todo lo que le esperaba al futuro desarrollo de la humanidad. Por regla general, estas futuras etapas del desarrollo humano no se percibían de una forma abstracta. Cada etapa se representaba por una personalidad. El vidente veía doce individualidades. Representaban las doce etapas del desarrollo del alma. Por lo tanto las fuerzas del alma aparecieron en la forma exterior de doce personas. En cierto momento, el iniciado veía una escena determinada: Su propia individualidad se transfiguraba ─la etapa que llegará a toda la humanidad cuando se llene de Buddhi, cuando se Cristianice. Se identificaba con Dios y tras El veía las doce fuerzas del alma. Juan estaba inmediatamente detrás, pues fue el último de los doce que anunció su cumplimiento. Y se veía a si mismo transfigurado, veía la escena que alcanzaría cuando llegase a la perfección; veía las fuerzas de su alma en la forma externa de personas, y percibía a San Juan, el heraldo de la etapa crística de desarrollo. Durante el Yoga-sueño, estas doce figuras se agrupaban a su alrededor, y surgió la escena que fue designada como la Mística Cena. Esta imagen tiene el siguiente significado: Cuando el iniciado se siente rodeado por sus fuerzas anímicas, se dice a sí mismo: Estos son uno conmigo; los que me han llevado a través del desarrollo de la Tierra; los pies de este apóstol me permitieron caminar en mi camino, las manos de ese apóstol me dieron el poder de trabajar. … La Santa Cena es la expresión de la comunión del hombre con las doce fuerzas del alma.

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La perfección humana consiste en el alejamiento de las fuerzas inferiores del alma, de manera que sólo permanezcan las fuerzas superiores; en el futuro, el hombre ya no tendrá las fuerzas inferiores;  por ejemplo, ya no tendrá la fuerza de la procreación. El poder del alma de Juan elevará esas fuerzas inferiores hacia un corazón henchido de amor. Las elevara a las corrientes del amor espiritual. El corazón es el órgano más poderoso, cuando Cristo vive en el hombre. Las fuerzas inferiores del alma son entonces elevadas de las regiones abdominales al corazón.

Cada iniciado experimentaba esto en los Misterios del Corazón. Se hacía eco de las palabras: «¡Dios mío, Dios mío, cómo me has levantado!». Con la aparición de Jesucristo, todo el Misterio, toda la experiencia, se hizo realidad en el plano físico. En aquellos días había hermandades en Palestina que se habían desarrollado a partir de la antigua orden de los Esenios. Entre sus instituciones, también tenían una comida que simbolizaba la mística Santa Cena. Pues «comer el Cordero de Pascua» era una expresión general para algo que tenía lugar en la Pascua. Jesús se sentó con los Doce e inauguró la Santa Cena con las palabras: «Al final de la evolución de la Tierra, todos los hombres habrán absorbido lo que traje a la Tierra, y las palabras: “Este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre”, se harán entonces verdad». Después de esto dijo: «hay uno entre vosotros que me va a entregar». Esto se produce por el poder del egoísmo. Pero tan cierto como que este poder del egoísmo es la fuente de traición, como que con la misma seguridad esta fuerza menor del alma será la que se elevará a un nivel superior. Uno de los discípulos se recostó sobre el seno de Jesús y reposó sobre su corazón. Esto significa que todas las fuerzas inferiores, toda forma de egoísmo, serán elevadas al corazón. En este punto Jesús repitió a sus discípulos las palabras: «Eli, Eli, lama Sabathani»  ─«¡Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él!»

Lo que se ejercía en los antiguos Misterios era lo mismo que lo que ocurrió en el Gólgota. Bajo la Cruz se hallaba el Discípulo a quien el Señor amaba, que había estado sentado junto a Él en la Última Cena y se había recostado sobre su pecho. También están allí las figuras femeninas, su madre, la hermana de ésta, María, y María Magdalena. Juan no relata que la madre de Jesús se llamase María, sino que la hermana de su madre es llamada María. Su madre se llamaba «Sofía».

Juan bautizó a Jesús en el Jordán. Allí descendió una paloma del cielo. En aquel momento se produjo el acto espiritual de la concepción. Pero, ¿quién es la madre de Jesús, qué concibió en aquel momento?.

El Iniciado Jesús de Nazaret, en el momento en que se desprende de su Yo, ve cómo su Manas ─altamente desarrollado─ es fertilizado por el Buddhi que ingresa en éste. El manas que ha concebido al Buddhi es Sabiduría─Sofía, la Madre que es fructificada por el Padre de Jesús. María, que equivale a Maya, tiene el significado general del «nombre de la Madre». El Evangelio relata: «Bienaventurada seas, tú piadosa, mira aquí que serás fértil y darás luz a un hijo. El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra». El Espíritu Santo es el Padre de Jesús; la paloma que desciende genera la concepción de la Sofía que vive en Jesús.

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El Evangelio ha de leerse entonces: «También estaba bajo la cruz la madre de Jesús, Sofía». A esta madre Jesús le dice: «Mira, mujer, he aquí tu hijo». Él le transfiere a Juan la Sofía que vivía en Él mismo. Lo convierte en el hijo de Sofía diciendo: «He aquí, tu madre».«A partir de ahora reconocerás a la divina sabiduría como tu madre y por ella sentirás devoción».

Lo que fue escrito por Juan trata sobre esa Sabiduría Divina; Sofía, encarna en el Evangelio de San Juan. El saber lo ha recibido a través de Jesús, y ha sido autorizado por el Cristo a transmitir la Sabiduría en el mundo.

El más alto Espíritu de la Tierra tuvo que encarnar en un cuerpo físico; este cuerpo tenía que morir, tenía que ser sacrificado y su sangre tenía que fluir.Un significado especial se adjunta a lo presente. Allí donde hay sangre, hay un Yo. El Ser arraigado en la sangre tenía que ser sacrificado con el fin de que las antiguas comunidades basadas en el Yo pudieran llegar a su fin. Las 11 formas individuales de egoísmo se alejan con la sangre del Cristo Crucificado. La sangre de las comunidades raciales se transforma en una sangre que es común a toda la Humanidad, porque la sangre de Cristo fue sacrificada en el momento en que colgaba de la cruz.

En este caso también se llevó a cabo algo que podría haber sido observado por cualquier observador de la atmósfera astral. Cuando Cristo murió en la cruz, toda la atmósfera astral se transformó, pues los acontecimientos que tuvieron lugar, nunca pudieron haberse llevado a cabo anteriormente. Esto solo ha sido posible con el derramamiento de la sangre que Cristo dio a la Humanidad, un Ser que es común a todos. En la sangre que fluía de las heridas de Cristo Jesús para toda la Humanidad un Yo es compartido por todos. Sus tres cuerpos quedaron colgados en la cruz y luego fueron restablecidos por el Cristo resucitado. Cuando Cristo abandonó su estructura física, los tres cuerpos eran tan fuertes que podían pronunciar las palabras de iniciación que siguen a la transfiguración: «¡Eli, Eli, lama Sabathani!».

Para todos los que conocen algo de las verdades de los Misterios, estas palabras deberían haberse revocado cuando un Misterio había sido promulgado. Una pequeña corrección en el texto hebreo, dio lugar a las palabras contenidas en el Evangelio: «!Sabathani Eli, Eli, lama!»«¡Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado!».

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Julián Ponce.

El Zodiaco (continuación)

Artículo de Willi Sucher, Mayo de 1938

English versión

En el artículo del mes pasado, intentamos mostrar un momento de profundo significado en la evolución espiritual de la humanidad –el giro de los siglos XIII y XIV– que fue incorporado en la escritura de los astros. Esta época está grabada en los cielos estelares por medio de una gran cruz cósmica. Por un lado se produjo la retirada de la antigua sabiduría hacia el oscuro y oculto trasfondo de la historia exterior, mostrado en el trágico drama de la destrucción de los Caballeros Templarios y grabado en la constelación de Sagitario, y por el otro lado tenemos el florecimiento de la Escolástica medieval, relacionada a las constelaciones de Virgo y de Piscis. Finalmente, tenemos el surgimiento de la Mística en la figura del Maestro Eckhardt, cuyo destino está inscrito en Géminis.

La cruz cósmica –Sagitario/Géminis y Virgo/Piscis– representa en su aspecto histórico-mundial un momento decisivo en la evolución de la humanidad  como un todo. Las fuerzas de la consciencia que restan de antaño se extinguen y un nuevo inicio alborea en el horizonte. Ciertamente, es significativo ver cómo la evolución del mundo occidental, a partir de aquel entonces hasta el día presente, queda revelada a la luz del actuar del cosmos. Con una continuidad remarcable, esta evolución de la humanidad que va desde la Edad Media en adelante, está representada en el cosmos.

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Esta vez, partamos desde Aries. Podremos ver cómo las principales figuras de la evolución espiritual se relacionaron con el Zodiaco a través del horóscopo de sus muertes. Para comenzar, tenemos a San Bernardo de Clairvaux, quien falleció el 20 de Agosto de 1153. Marte se hallaba en la constelación de Aries. ¿Qué significa esta ubicación de Marte?. Los tránsitos pasados de Saturno, explicados en una entrega anterior, nos capacitarán para encontrar la respuesta. Es en la fundación y el desempeño del monasterio de Clairvaux en donde San Bernardo jugó un rol decisivo y es lo que se encuentra inscrito aquí por el planeta Marte. En Aries se halla inscrito un suceso que proviene de un impulso importantísimo, surgido de la ardiente experiencia mística de un hombre que sería el inspirador de la Segunda Cruzada. En estos eventos alborea el paso al cual estaría destinada la humanidad medieval, desde las últimas reliquias de la antigua sabiduría de los Misterios hasta el tipo de experiencia mística que alcanza su mayor expresión en el Maestro Eckhardt.

Esta nueva incisión en los esfuerzos espirituales de la humanidad tocó de cerca a los seres humanos de la edad Media una y otra vez, y desde diversos aspectos. Pasando ahora a la esfera de Tauro, encontramos a Raimundo Lullio, y Marte se ubicó en esta constelación al fallecer éste. El fue el conocido originador del ‘arte lulliano’, como se le llamaba algunas veces, que intenta desarrollar nuevos tipos de cuestionamientos y respuestas, a partir de combinaciones sutiles sobre conceptos filosóficos ya conocidos por la humanidad. Su modo de pensar influyó a muchos otros, inclusive en épocas posteriores –a Giordano Bruno, por ejemplo.

Raimundo Lullio nació en Mallorca. Paso su juventud dedicado exclusivamente a las impresiones de los sentidos. Repentinamente tiene una vivencia visionaria que cambia el curso de su vida. A partir de allí  se dedicó con toda su alma al estudio espiritual y a las grandes cuestiones religiosas de su época. Este fue un suceso decisivo en su vida, y fue inscrito en Tauro por Marte.

En Aries vimos reflejado un suceso humano surgiendo desde un impulso profundamente interior, una misión completamente absorbente. En Tauro tenemos a la imagen de una conversión, una transformación debido a una experiencia profunda en el espíritu. Una incisión poderosa proporciona con suficiencia un nuevo giro a la tendencia que preexiste en la vida. Esta cualidad de Tauro podrá encontrarse también en otros horóscopos de muerte.

Ahora llevemos al aspecto cósmico de la historia humana hasta la esfera de Géminis, en donde aparece una profunda hendidura entre el mundo interno y el externo. Ya nos hemos confrontado a este tipo de vivencias del alma en el Maestro Eckhardt. La Mística, con su profunda orientación hacia el interior se coloca en un conflicto con la Iglesia. Géminis, los hermanos gemelos que luchan entre sí en cada alma humana, se revela aquí; estereotipada en el empeño dentro del individuo mismo por la luz interior y, en la poderosa institución eclesiástica, deseando adherirse a la tradición del pasado.

Ahora, la evolución emprendió su curso de un modo tal que las antiguas facultades cognitivas fueron muriendo gradualmente hasta la característica experiencia mística del Medioevo. A través de sus mejores exponentes, la Escolástica mantuvo aún un balance por medio de una aguda disciplina del pensar. En el pensamiento, la vida interior consciente del ser humano buscó retener la conexión con el alto mundo de la Revelación Divina. Esta facultad se fue extinguiendo más y más.

Significativamente, vemos cómo sucede esto en alguien como Nicolás de Cusa, quien muere el 11 de Agosto de 1464. Nacido entre los siglos XIV y XV, fue educado en la disciplina del pensamiento escolástico; pero su experiencia interior lo llevó por otro camino. Mientras viajaba por mar, tuvo una experiencia mística que lo hizo sentirse como bañado por el océano eterno del Espíritu, de un modo tal que la experiencia no llegó ya a alcanzar el reino del pensamiento. ‘Docta ignorancia’ fue como él llamó a esta experiencia de lo divino; así lo describe pues en su libro ‘De Docta Ignorantia’. Al momento de fallecer, ocurre una conjunción entre Saturno y Júpiter en la constelación de Acuario. Aquí vemos su conexión con el Escolasticismo. Por el otro lado, Marte y Venus se encuentran en la región de Cáncer y Leo. Esta es la imagen cósmica de su paso más interior hacia la esfera de la docta ignorancia. Entre las dos constelaciones, su experiencia marítima quedó inscrita en Aries.

Por lo tanto, en la constelación de Cáncer vemos indicada la tendencia en el desarrollo espiritual del ser humano a retraerse dentro de la vida interior del alma. Esto se expresa aún más fuertemente en los horóscopos en Leo. Consiguientemente, en los horóscopos del deceso de un significativo número de místicos de la Edad Media tardía y en los albores de la época moderna, vemos ingresar a los planetas en la región de Leo. Uno de los que se destaca entre ellos es Johannes Tauler, discípulo del Maestro Eckhardt. Al fallecer en Junio de 1361, Saturno, Marte y Venus se hallaban en Leo. Una experiencia de carácter único quedó grabada en esta constelación. Nos referimos a la así llamada conversión del Amigo de Dios de Oberland, un hombre cuya influencia se extendía a lo largo y ancho de los alrededores de Basilea por aquel entonces. El Amigo de Dios es ciertamente una figura misteriosa en la Historia. No existe evidencia histórica concreta acerca de quién era o de dónde venía, solamente quedan las historias contadas por aquellos que le rodeaban que se refieren a él como un ser maravilloso que poseía una influencia espiritual profunda y extensa. Lo mismo sucede con la historia de la ‘conversión’ de Tauler. A través de su encuentro con el Amigo de Dios, atraviesa por profundas experiencias internas, y a partir de allí su influencia y su elocuencia se vieron realzadas de un modo maravilloso.

Mientras que la constelación de Leo está conectada con la búsqueda de la verdad espiritual en lo más hondo del alma humana, Virgo corresponde a la paz interior, el calmo equilibrio del alma dentro del ser espiritual de la naturaleza y de la vida humana. Esto ya fue indicado en relación al Escolasticismo en el artículo previo. Pasando desapercibidas por el mundo exterior, en silencio interno y la serenidad del alma, las experiencias cobran forma en la esfera de Virgo preparándose para manifestar cambios esenciales en el desarrollo de la consciencia. En la constelación de Virgo tenemos consecuentemente a alguien que muestra vigorosamente este rasgo: Paracelso, el famoso alquimista y médico, quien murió el 23 de Septiembre de 1541. Al fallecer, Júpiter se hallaba en Leo mientras que Marte y Saturno, junto con el Sol y los dos planetas interiores Mercurio y Venus, se ubicaban en Virgo. Saturno se hallaba más bien al límite entre Virgo y Libra. Todo esto corresponde al lugar peculiar que ocupa esta gran individualidad en la vida espiritual de su época. Ya que por un lado, Paracelso como alquimista vivía dentro de la corriente espiritual que buscaba penetrar hasta la comprensión de lo divino y lo espiritual atravesando un sendero místico más interior; pero por el otro lado ya era alguien que se había volcado conscientemente hacia el mundo exterior, buscando encontrar las verdaderas raíces de ser de la naturaleza. Esto lo vemos por el modo en que aporta una concepción nueva sobre la naturaleza humana y hasta cierto punto, una nueva ciencia médica. Paracelso es un representante muy vital de la transición que va desde la humanidad medieval –cuya experiencia sobre lo espiritual se iba desvaneciendo dentro del Misticismo– hasta la nueva tendencia del alma que dio nacimiento a la ciencia moderna. Dentro de esta corriente científica, la consciencia sobre la realidad del mundo espiritual se hallaba y está verdaderamente en peligro de ser sofocada por completo; como fuere, este desarrollo también estaba destinado a ser llevado a cabo y era por tanto inevitable; es una fase necesaria de nuestra evolución, puesto que nos situó sobre el camino que conduce a la libertad espiritual. Este giro en la evolución de la humanidad se ve expresado potencialmente en la constelación de Libra.

Hallamos a Saturno en Libra dentro de los horóscopos de la muerte de tres grandes hombres –inauguradores de la era científica: Copérnico, el fundador de una nueva Astronomía (fallece el 24 de Mayo de 1543); Tycho Brahe, el famoso astrónomo danés (fallece el 24 de Octubre de 1601); y Johannes Kepler, el gran astrónomo y matemático alemán (fallece el 15 de Noviembre de 1630).  La transición de la humanidad hacia la nueva visión sobre la naturaleza, se retrata de un modo impresionante a través de la relación de estos tres.

Copérnico estableció las bases de una nueva sistematización del mundo, exclusivamente por medio de la observación exterior y la experimentación matemática. Tycho Brahe incursionó una línea muy distinta. Como astrónomo, también él se dedicó encarecidamente a la observación del cielo estelar, pero en lo profundo de su alma prevalecía la memoria de una vida pasada en la Tierra, durante la cual había estado unido a la sabiduría de los antiguos Misterios de manera aún más íntima. De aquí que se rebelara contra la idea central del sistema copernicano, que consistía en situar al Sol en el centro de nuestro sistema solar. El desarrolló un sistema propio, por el cual intentó otorgarle el rol central a la Tierra una vez más.

Luego surge Kepler, quien trabaja junto a él como su asistente. Cuando Tycho presintió su final, rogó a Kepler que basase su trabajo futuro en su sistema, el tychoniano, y no en el copernicano. Pero Kepler no siguió tal consejo y basó su labor subsiguiente en la idea copernicana.

Vemos conectado a la constelación de Libra uno de los más grandes giros en la evolución espiritual. La cosmovisión de los antiguos, como por ejemplo el sistema ptolemaico, es sustituida por el punto de vista moderno de la investigación científica y el experimento. Ahora, los hombres se hallan dedicados al exámen de la naturaleza visible externa.

Arribamos ahora a la constelación de Escorpio. Allí tenemos a Marte, tanto en el horóscopo de muerte de Kepler como en el de Galileo (8 de Enero de 1642). En el Marte de Kepler se ve inscrito el giro hacia el sistema copernicano tras la muerte de Tycho Brahe; en el de Galileo señala el período de su vida en donde lo vemos llevar a cabo importantes investigaciones en Padua. Además, en la vida posterior de Galileo representa el momento en el que defendía valerosamente al sistema copernicano frente a la Inquisición. Consecuentemente, a Escorpio le corresponde la transformación profunda de la cosmovisión dentro de la humanidad. Kepler, Galileo y muchos otros confrontan a las viejas ideas con las bases de un método de investigación completamente nuevo. Escorpio está ligado a la destrucción de las tradiciones vetustas y a su vez, con la transmutación y el progreso.

El ciclo evolutivo nos conduce ahora hacia la esfera de Sagitario. Esta esfera  está conectada al surgimiento y la caída de las corrientes espirituales dentro de la evolución, como ya hemos visto a través de la destrucción de la Orden de los Caballeros Templarios. Existe una batalla por la continuidad espiritual en el progreso humano. El horóscopo de la muerte de Martín Lutero, por ejemplo (18 de febrero de 1546) se ve penetrado de manera decisiva por esta constelación. Saturno y Marte se hallan en Sagitario mientras que Júpiter ingresa a Capricornio desde allí. Saturno en Sagitario representa a la época en que Lutero clavó sus tesis en las puertas del palacio de Wittenberg, marcó la incisión en el camino que conduciría a la separación de la Iglesia romana. También en el horóscopo de la muerte de Leonardo da Vinci (2 de Mayo de 1519), Saturno estaba en Sagitario. Esta es una imagen de las dificultades que debieron atravesar los grandes maestros en pos de alcanzar nuevos puntos de vista sobre todo el terreno de las artes y la ciencia. Cierto es que sus fuerzas, al verse confrontados con lo viejo, no son aún lo suficientemente fuertes y muchos de sus intentos ven esquivar el éxito inmediato. Pero tanto en Leonardo como en Lutero, el empeño sincero por el progreso de la humanidad, por la realización de nuevas formas de vida, se manifiesta vigorosamente. Este es el temple de Sagitario.

La constelación siguiente, Capricornio, se ve plena de destinos humanos en donde lo esencial consiste en alcanzar una rápida realización de una tarea o misión. Podrían darse muchos ejemplos. Uno que expresó esto del más bello modo fue el gran pintor Rafael. A su muerte, un Viernes Santo de 1520, Saturno se hallaba en Capricornio. Esta posición de Saturno corresponde a los sucesos ocurridos en la juventud temprana de Rafael, al morir su madre para luego ser tomado como aprendiz en el taller de su padre. Fue un momento importante del destino cuando este ser amable y delicado se vio privado de la protección materna y se lo situó en una corriente que lo condujo con gran rapidez hacia las más grandes alturas de su creación. En los 30 años que siguieron, con un toque de increíble facilidad y liviandad, dio a luz a las verdades espirituales más profundas mediante su arte y las ofreció a la humanidad. Esta manera de llevar un impulso espiritual a  la concreción, casi sin resistencia, es el verdadero temple de Capricornio.

A través de la constelación de Acuario, las corrientes espirituales cósmicas se manifiestan a sí mismas en el fluir de la historia humana en la Tierra. Como representante de esta tipología podemos mencionar una vez más al cardenal Nicolás de Cusa, quien en el horóscopo de su muerte mostraba a Júpiter conjunto a Saturno en Acuario. Por sobre todo, esto estaba conectado con el curso que había tomado el Concilio de Basilea durante la década de 1430. Nicolás de Cusa tuvo mucho que ver con este Concilio. Quienes se habían reunido allí intentaban realmente de entablar términos sobre un evento el cual –en el terreno de lo espiritual– se mostraba ya como un hecho. Esto fue la creciente rebelión de la humanidad en contra de los viejos principios jerárquicos representados por la Iglesia romana. La tendencia y el propósito de la nueva era que alboreaba, consistía en congregar a toda la humanidad  por medio de un espíritu unificado, pese a la inmensidad de sus diferencias. El mismo Nicolás había atravesado por experiencias espirituales de las cuales había aprendido que las más diversas –inclusive las creencias religiosas no cristianas– podían llegar a entablar una comprensión pacífica entre sí. Que un sentimiento tal pudiera surgir en el alma humana, así como en el seno de la Reforma, provocó que se creasen poderosos movimientos opositores al principio autoritario de la Iglesia Católica. Todo esto se debió a que la transformación en una nueva era ya había tenido lugar en el mundo espiritual. Los seres humanos sobre la Tierra –como por ejemplo aquellos que tomaron parte del Concilio de Basilea– vivenciaron este hecho que se reflejaba en lo profundo de sus almas, e intentaron por todos los medios comprenderlo y asimilarlo. Esta vivencia humana fue inscrita en Acuario gracias a horóscopos del deceso como lo fue el caso de Nicolás de Cusa.

De allí nos vemos dirigidos hasta la constelación de Piscis, en donde se ven configuradas las grandes batallas libradas a causa de la cosmovisión y las formas de vida en la humanidad, tal como explicamos al tratar la Escolástica. Tales batallas pueden extenderse a lo largo de los siglos, pero aún así se focalizan sobre individualidades particulares y lograron inscribirse en esta constelación a través de sus horóscopos.

De este modo es como podemos reconocer el trayecto continuo de la humanidad occidental a través de la totalidad del Zodiaco. Alrededor de los siglos XII y XIII se produce una especie de nudo, un punto nodal en la evolución. Por un lado se iban extinguiendo las reliquias de las antiguas facultades cognitivas, todavía en conexión más directa con el mundo espiritual real, pero el Escolasticismo fue aún capaz de mantener un sutil lazo entre ambos gracias a heroicos esfuerzos del pensar. Esto se perdió en última instancia al concluir el Misticismo medieval, con su ansiar profundo por una experiencia de lo divino, ya no le era posible lograr que tal experiencia se vivenciara con la plena consciencia. Como consecuencia, la humanidad se volcó más y más a la observación y experimentación sobre la naturaleza externa. A su modo, esto fue el comienzo de una evolución que se extiende lejos hacia el futuro, una evolución que busca por un lado el liberarse de reglas y tradiciones antiguas, mientras que por el otro lado, la gente se esforzó desde lo profundo de su alma por alcanzar un nuevo conocimiento sobre las relaciones espirituales entre la Tierra y el cosmos, conocimiento que nacía desde la libertad. Puede admitirse que en nuestra época, este rasgo marcante de la evolución moderna se malentiende a menudo o incluso se lo niega. Pese a todo, a través de la oscura noche del vacío espiritual reinante, una nueva especie de ser humano está a la búsqueda de la luz. Los delineamientos de este ser humano futuro se hallan escritos en el cosmos del modo en que hemos intentado indicar, si bien resumidamente.

No debemos contemplar solamente las secciones parciales o las perspectivas azarosas de la historia exterior, su unilateralidad e imperfecciones, debemos intentar ver el todo. Esto se ve representado en la imagen cósmica, y lo maravilloso aquí es ver cómo las tendencias más opuestas se ubican –a pesar de todo- armoniosamente dentro del cosmos, en los lugares cósmicos que les corresponde según sus numerosas virtudes e inspiraciones. De este modo, ellas hallan su lugar en este empeño hacia el ser humano perfecto; un empeño escrito en el universo por medio de los horóscopos del deceso, trascendiendo al ser humano individual y convocándonos una y otra vez a elevarnos por encima de nuestra unilateralidad hacia el todo.

Este ser espiritual compuesto por doce partes puede vivenciarse en el Zodíaco, puesto que en el Zodíaco se halla la verdadera imagen arquetípica de la forma humana. Comenzamos por Aries que representa a la esfera directriz y que equivale a la cabeza del cuerpo terrestre; de allí irradia a través del cuerpo espiritual viviente, pasando por la introspección profunda y emergiendo nuevamente desde la esfera del movimiento y la actividad comparable a los miembros en el cuerpo terrestre. Así es como se ven conectadas las numerosas constelaciones del Zodíaco a  los esfuerzos espirituales de los seres humanos:

Aries: los impulsos espirituales son vertidos en la evolución.

Tauro: los impulsos intentan encarnar en realidades terrestres; se confrontan con resistencias pero son capaces de lograr transmutaciones.

Géminis: el hermano luminoso y el oscuro; el impulso espiritual lucha contra las dos aberraciones del alma humana: la liviandad del ser y el materialismo.

Cáncer: la introspección hacia el silencio interior.

Leo: la búsqueda por la fuente del Espíritu en las profundidades del propio ser.

Virgo: el Portal hacia el interior de todos los seres.

Libra: desde la vida interior, se genera nuevamente el giro hacia el exterior; de aquí la cuestión del balance –los momentos decisivos del Espíritu.

Escorpio: viejas conexiones son destruidas y han de ser creadas nuevas por medio de propósitos y buena voluntad.

Sagitario: la alternancia de grandes corrientes espirituales en la historia humana.

Capricornio: el lograr con éxito tareas del destino dentro de la esfera terrestre.

Acuario:  las corrientes de la vida espiritual en la Tierra, a modo de imágenes de corrientes cósmicas.

Piscis: la lucha de las corrientes espirituales en la humanidad  por el futuro del mundo.

Como podrá revelarse en el curso de trabajos futuros, el ser humano espiritual macrocósmico es una realidad en cada uno de sus detalles.

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Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

El ritmo de 33 años

Por Willi Sucher

 

 

Para los miembros de la Sociedad Antroposófica de Gran Bretaña – Vol. XXXI. Nº 4 de abril de 1954  – (Publicado por el Consejo Ejecutivo de la Sociedad Antroposófica en Gran Bretaña).

 

English version

 

Todos los cuerpos celestes se mueven acorde a ciertos ritmos. Esto ha hecho surgir conceptos mundiales que contemplan al cosmos como si rodase como una máquina gigantesca. Muy a menudo se olvida que todo movimiento cósmico ha de haber sido originado desde la intención y los actos de algún tipo de inteligencia cósmica.

Si, por ejemplo, hablamos de la revolución de un planeta, debemos considerar que este movimiento rítmico puede existir solamente gracias a que un ser inteligente de magnitudes cósmicas, en algún momento pusiera a ese planeta en movimiento alrededor de su órbita a una determinada velocidad. Además, por medio de un pensamiento meramente lógico, podemos inferir que la órbita y la velocidad de un planeta puede cambiar si la Inteligencia que se halla por detrás altera su propia intención y capacidad. Puede también suceder que otra Inteligencia Cósmica tome su lugar.

Desde la Astronomía copernicana sabemos que la Tierra se mueve alrededor del Sol en el curso de 365 ¼ días y al intervalo temporal que se requiere para completar este movimiento, le llamamos ‘un año’. No podemos imaginar que nuestro planeta pudiese realizar este ritmo,  a menos que una Inteligencia cósmica haya puesto a mover la Tierra de este modo mucho tiempo atrás. Esto queda referido a una Astronomía que está fundada en la pura experiencia visual y en un  pensar que deriva de ella. Como fuere, la Ciencia Espiritual  puede ir más allá en lo que respecta al reconocimiento de las Inteligencias inspiradoras de los cuerpos celestes; por ejemplo, una tal como la de la Tierra.

Como planeta, nuestra Tierra puede ser considerada como relativamente cercana al Sol. Dentro de esta relación es donde debemos buscar el origen inteligente de las propiedades de nuestro planeta: órbita, velocidad y demás. Se podría incluso decir que la Tierra fue creada por Seres Espirituales conectados con el Sol.

Bien podemos imaginar que esta unión entre el Sol y la Tierra no permanecerá siempre igual. Pero puede darse otro accionar de la Inteligencia cósmica sobre la Tierra y cambiar gradualmente su carácter, expresable en términos de órbita, velocidad, etc. De hecho, la Ciencia Espiritual ha revelado que tal circunstancia tuvo ya lugar en un sentido cósmico, alrededor de dos mil años atrás en el transcurso de los eventos del Gólgota. El Ser del Cristo, que hasta entonces había habitado en el Sol a modo de Inteligencia directriz del foco central y creativo de todo nuestro sistema solar, se unió entonces al planeta Tierra. De aquí podemos imaginar que un completo nuevo accionar de impulsos e intenciones divinas se combinaron con nuestro planeta para entonces.

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Tales sucesos pueden alterar la naturaleza de un planeta, inclusive con respecto a sus propiedades astronómicas ‘externas’. Por supuesto, se requiere de un cierto tiempo hasta que un cuerpo celeste responda frente a la Inteligencia cósmica como su nueva Guía Espiritual. Por ello es que no podemos esperar que la Tierra manifestase inmediatamente el impulso espiritual que había ingresado en ella durante el curso de los eventos del Cristo. Esto tomará su tiempo y mientras tanto, el impulso actuará más fuertemente en el terreno de la Inteligencia, por ejemplo, en la inteligencia humana y la capacidad espiritual. Una expresión de la manifestación del Impulso Crístico puede encontrarse a modo de un nuevo ritmo temporal en la historia y la biografía humana.

Este es el ritmo de 33 años, desde el nacimiento de Jesús hasta la Muerte en el Gólgota y la Resurrección. De entre muchos otros efectos que el Impulso Crístico tendrá sobre la Tierra, esta entidad de tiempo permeará más y más al planeta entero y un día futuro, puede que se manifieste a sí mismo en sus ritmos astronómicos.

La vida del Cristo Jesús duró 33 años, desde el nacimiento de Jesús hasta la Muerte en el Gólgota y la Resurrección. La natividad tuvo lugar hacia el 1 AC (no podemos ni es necesario que nos adentremos aquí en la controversia histórica que concierne al año de nacimiento).

La Muerte en el Gólgota ocurrió un Viernes Santo, el 3 de Abril del año 33 DC, según los resultados de la investigación espiritual. Por lo tanto, 32 años y medio transcurren entre ambos eventos.

Al nacer Jesús, el vehículo corpóreo del Cristo surge tras eras de preparación en el mundo espiritual. El impulso había entrado en un estado crucial de la realidad corpórea. Al momento del Misterio del Gólgota, el Cristo había alcanzado la encarnación absoluta: Su unión con el planeta Tierra. Lo había hecho en beneficio de la continuación de su evolución y la de sus habitantes.

Este ritmo histórico proveniente desde la iniciativa cósmica que comprende a lo imprescindible y al extenso alcance del hecho de la Resurrección, fue el comienzo de un nuevo ritmo cósmico. De ser establecido como un intervalo de revolución planetaria bajo las circunstancias actuales, excedería  el movimiento de Saturno a través del zodíaco. Este último requiere de menos de 30 años para retornar a la misma posición en el cielo de las estrellas fijas. Esto nos da una idea de la magnitud y del posible significado del impulso crístico para todo el universo solar.

Este ritmo de tiempo no sólo se tornará cada vez más importante para la vida terrestre y sus habitantes. Cada uno de los sucesos en la vida del Cristo Jesús quedará impreso en nuestro planeta y actuará como arquetipo creativo de la evolución en un sentido histórico y biográfico.

Las imágenes relacionadas a los Evangelios, muchas veces parecieran ser  muy simples y poco complejas. Esto es verdadero hasta cierto punto, el Impulso Crístico está muy cercano al corazón humano pero aparte de la simpleza, también contiene los aspectos más supremos y universales de la evolución espiritual.

La manifestación del ritmo de los Treinta y Tres Años ya se ha vuelto obvio en la vida de la humanidad. Muchos desarrollos históricos así como las biografías de incontables personas revelan inequívocamente este hecho. Un impulso puede ingresar en la humanidad o en un solo ser humano, y podemos presenciar  que este impulso requiere muy a menudo de 33 años para alcanzar realización, para moverse –por decirlo así– desde su nacimiento hasta su resurrección.

De todos modos, no son solamente el inicio y el final de esta vía de la humanidad de 33 años los que se han vuelto patrones guías de la evolución. También los puntos intermedios son de gran significancia. Por ejemplo, un impulso tal en la humanidad puede alcanzar en un cierto punto los ’12 años de edad’, y entonces se puede percibir que atraviesa experiencias y desarrollos que solamente puede ser comparados con la historia de Jesús a la edad de 12 años en el templo (San Lucas II). Sería de gran beneficio para la Humanidad si se prestase más atención a estos hechos. Una situación puede ser desesperanzadora en ciertos momentos, pero un juicio fundado en el ritmo de 33 años puede aportar una seguridad consoladora, sabiendo que una crisis en un momento dado es la condición inevitable para un progreso posterior.

Cuando llega el momento en que un impulso alcanzó los 30 años, se halla en un punto especialmente crucial dentro del camino hacia su logro. En los 33 años arquetípicos del Cristo Jesús, esto ocurrió hacia el momento del Bautismo, ya que Jesús ‘tenía cerca de 30 años’ cuando se encaminó hacia el Jordán, el lugar en donde bautizaba Juan el Bautista (San Lucas III).

Fue el momento en que las envolturas estaban lo suficientemente maduras como para servir de vehículo al Cristo cósmico, en los cuales habitó durante ‘tres años’. Rudolf Steiner describió el significado cósmico de este suceso para toda la evolución futura de la Tierra. Si los impulsos espirituales crecen y maduran de acuerdo al ciclo de 33 años, entonces el punto de los 30 años ha de significar un estadio decisivo para ellos. Significa un momento en el cual el impulso ha de probarse a sí mismo si es lo suficientemente maduro para ser aceptado por el Espíritu Solar, quien se uniese a la Tierra durante los eventos en el Gólgota.

El Movimiento Antroposófico se ve confrontado actualmente por esta situación. En Navidad de 1953/4 se cumplieron 30 años desde que Rudolf Steiner brindó un nuevo impulso, durante el Congreso de Navidad en 1923/4.

Este impulso impartió una imagen de significado mundial frente al antropósofo de seria búsqueda, como contenido meditativo y ejercitación: la visión de los Tres Reyes Santos que actúan en la organización craneana del ser humano, de los Pastores en el corazón humano, yendo hacia la unión de su objetivo en común, a la búsqueda del nacimiento del Espíritu Eterno o del Cristo en el alma humana. Aquí se hallan las raíces de una ‘Imitación del Cristo’ real y espiritual, la transformación en la realidad del alma de aquello que una vez estuvo delante del Niño Jesús como las figuras de Reyes y Pastores.

Desde entonces, este impulso ha recorrido otros caminos, lleno de desencuentros. Cierta gente se verá inclinada a pensar incluso que ‘falleció’ en algún momento de su camino. Pese a todo, estamos convencidos de que esas ‘muertes’ eran condiciones necesarias para su desarrollo posterior. Un impulso nunca puede morir si es uno verdaderamente espiritual. Puede verse eclipsado por cierto tiempo, pero ‘resucitará’ tarde o temprano.

La ‘Acción Espiritual’ del Congreso de Navidad entró en su punto crucial de los ‘Tres Años’ durante la última Navidad. A  partir de ahora puede volverse efectivo en cierto sentido en todo alma humana. La unión espiritual cooperativa de las corrientes de los ‘Reyes’ y de los ‘Pastores’ puede posibilitarse a tal punto que el propósito interior de la Tierra permeada de Cristo en el universo, se revele a sí misma para todas las almas de buena voluntad.

El impulso caminará hacia su propio Gólgota y su Resurrección. Ningún ser en la Tierra será capaz de frenarle. Pero sería una esperanza vana si esperamos que las cosas sucedan de algún modo. El impulso sólo puede ‘resucitar’ en el alma de aquellos que toman parte en la institución original, por medio de estrictos esfuerzos meditativos y ejercitación. No sucederá ‘a su guisa’. De este modo, la responsabilidad resta sobre cada discípulo de Rudolf Steiner.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

19ª Carta – La naturaleza del mundo Planetario: Mercurio

Del libro Isis Sophia I, de Willi Sucher

Octubre 1945

English version

 

Mercurio y su esfera

Contrariamente a la convocatoria de la carta 18, por ahora no vamos a analizar los nacimientos históricos con referencia al planeta Venus, pero vamos a continuar con la descripción de la actividad del planeta Mercurio y su esfera. Después podremos embarcarnos en la delineación de varios ejemplos históricos con referencia a la totalidad de los cinco planetas, junto con el Sol y la Luna, pues esto será mucho más satisfactorio que la consideración de las actividades aisladas de planetas individuales.

Algunos lectores pueden haber notado que la descripción de Venus en la carta 18ª no es lo que podríamos esperar de lo que respecta a la actividad esencial de este planeta, sino que nos hemos acercado mas al carácter que nos conecta con Mercurio. Hay una profunda razón interior  para esto. Hemos estado hablando de la esfera del planeta Venus, porque no lo estamos considerando desde el punto de vista de las posiciones fijas como la posición definitiva de Venus en un nacimiento, sino desde el aspecto del movimiento; por ejemplo, durante el desarrollo embrionario.

Tan pronto como tengamos en cuenta los movimientos de un planeta durante un cierto intervalo de tiempo, nos vamos fijando en la dinámica de su esfera, que está indicada por los gestos del planeta. Por lo tanto, podemos experimentar que el carácter de la esfera indicado por los gestos de Venus, tiene una naturaleza diferente de la del propio planeta. Lo mismo se aplica a Mercurio. Detrás de esto se esconde el hecho, que se conoce en el Ocultismo y es que las esferas de estos dos planetas interiores se intercambiaron en un determinado momento de la evolución humana. La esfera de Venus tiene realmente el carácter de Mercurio y la de Mercurio la dinámica de Venus.

Durante el período en que la humanidad perdió gradualmente la antigua sabiduría de las esferas observando únicamente a los planetas visibles, comenzó a elaborarse un velo ante estos misterios, que ya no pueden ser fácilmente levantados hoy en día. Muchos enigmas están, pues, aún sin resolver, y será la tarea de la futura astronomía espiritual traer  gradualmente la luz  sobre estos problemas. No es posible en estas cartas, que se ocupan principalmente de Astrosofía, exponer las muchas preguntas astronómicas relacionadas con este tema. Ahora vamos a tener que descubrir las leyes y los gestos fundamentales del planeta Mercurio a fin de encontrar el carácter de su esfera. A partir de un estudio de cualquier manual astronómico, podemos encontrar que este planeta hace tres bucles durante un año, y también que tiene tres conjunciones superiores con el Sol.

A partir de las descripciones anteriores en relación con Venus, sabemos que los planetas interiores hacen bucles (están entonces retrógrados) cuando en el curso de sus ritmos se paran  entre el Sol y la Tierra. Ellos están en conjunción superior cuando se mueven detrás del Sol y se colocan entre el Sol y la franja exterior de nuestro sistema solar. Así, con respecto a los gestos de Mercurio tenemos dos veces tres eventos que están relacionados entre sí. Si imaginamos que Mercurio, al igual que los otros planetas, se nos presenta desde la Tierra moviéndose en un círculo alrededor de la Tierra, más o menos por el círculo zodiacal, entonces tenemos la imagen que se produce en la Fig. 1.

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Recordemos ahora lo que dijimos en la carta anterior sobre el carácter de la esfera del planeta durante una conjunción inferior y una superior. La esfera invisible, de la cual el planeta es sólo el punto más denso, es presionada conjuntamente durante el tiempo de un bucle y no puede desplegar adecuadamente sus actividades con lo que también abarca a la Tierra. Durante la conjunción superior, que está bellamente expandida en el espacio cósmico. (Sólo tenemos que reemplazar Venus con Mercurio en el diagrama en la carta 18a con el fin de obtener la verdadera imagen de los movimientos de Mercurio).

Por lo tanto, durante el transcurso de un año tenemos un triángulo de conjunciones inferiores de Mercurio en el círculo zodiacal y otro triángulo de conjunciones superiores. El primero de ellos presenta el estado de ánimo más terrenal, más oscuro de la esfera planetaria y en el segundo una manifestación plena de luz cósmica. Sin embargo, esto no es del todo correcto, pues una observación cuidadosa a lo largo de varios años revela que estas conjunciones del planeta Mercurio no siempre se llevan a cabo en las mismas posiciones exactas del Zodíaco. Ellas retroceden. Por ejemplo, en noviembre/diciembre de 1945, nos encontraremos con una conjunción inferior o bucle de Mercurio en la constelación de Escorpio. El próximo año casi al mismo tiempo se producirá otro bucle en esta constelación, pero notarán que está más atrás en el zodiaco, en la constelación de Libra.

Nos daremos cuenta de que en el curso de los próximos años, este punto del triángulo (ver Fig. 2) deambulará lentamente a través de la eclíptica, y los demás puntos de los triángulos se moverán también hacia atrás. La estrella de seis puntas de la esfera indicada por el planeta Mercurio darán una vuelta por los espacios cósmicos y al igual que los gestos del planeta Venus revelaron una estrella de cinco puntas en su ámbito (véase la 13ª carta). En un período de unos siete años, un punto de los dos triángulos se moverá a la posición zodiacal en el que el punto anterior se situó 7 años antes. Además, después de un intervalo de tiempo de aproximadamente 20 años, cada uno de los puntos de los dos triángulos volverán a grandes rasgos a la misma posición que ocuparon aproximadamente 20 años antes. Estos ritmos ya revelan mucho sobre el carácter interno y la actividad de esta esfera.

Sabemos cuán profundamente se inscribe el ritmo de siete años en la organización humana. Está conectado con el desarrollo de las capacidades y cualidades ocultas en las personas. Transporta los impulsos que llegan a la vida anímica de una persona a través de las etapas del crecimiento natural y se van desarrollando hacia su realización. Esto se expresa aún más claramente en el ritmo de 20 o 21 años. Es el ritmo del desarrollo anímico de una persona, de los impulsos hacia la realización de su vocación. Por lo tanto, este ámbito se expresa en la voluntad del ser humano. Vimos a la Luna conectada con la cabeza, por lo que las fuerzas de la cabeza y las posibilidades de su desarrollo son experimentadas en el reino del pensamiento. Vimos que Venus se manifiesta en el sistema medio o rítmico de la organización humana, la vida que se refleja en la vida de los sentimientos. Ahora vemos a Mercurio activo en la profundidad de la voluntad humana.

Con el fin de encontrar la cualidad espiritual de Mercurio y su ámbito, debemos dar un paso adelante. En la esfera de la Luna nos encontramos con la actividad de la Jerarquía de los Ángeles. En el ámbito que se indica por los gestos del planeta Venus, vimos una expresión del trabajo de los Arcángeles. La esfera de la cual el planeta Mercurio es el punto de densificación visible es el reino de la jerarquía de los Arcai o Espíritus del Tiempo. Por lo tanto, si recordamos la biografía espiritual de los Arcai, vamos a ser capaces de encontrar los rastros de su actividad en la presencia de este planeta en nuestro universo. Dentro del ciclo de la evolución cósmica que llamamos Antiguo Saturno, los Arcai pasaron por la etapa de su evolución que corresponde en cierto modo al desarrollo del ser humano durante la actual evolución de la Tierra. Alcanzaron una conciencia del “Yo” igual a la de los seres humanos. Ahora debemos imaginar que hasta el momento de su actividad dentro del ciclo del Antiguo Saturno, sólo existía una sustancia primigenia que había sido dividida por la influencia de los Espíritus de la Forma en muchas entidades individuales, las bases de los cuerpos físicos de la Humanidad, y los seres de los otros reinos de la naturaleza. Ahora, durante las siguientes etapas de esta evolución cósmica, los Arcai empezaron su actividad. Ellos irradiaban “personalidad” a los espacios cósmicos, pero la sustancia planetaria no fue capaz de mantener estas fuerzas de la experiencia de la personalidad. Ellas fueron reflejadas en el ambiente espiritual del planeta. Así, los Arcai o Espíritus de la Personalidad alcanzaron el conocimiento de su propia personalidad, y este evento trajo un cambio en la cualidad de la sustancia planetaria primitiva. Se separó un paso más allá de su origen divino; se convirtió en calidez o calor. Incluso podemos experimentarlo como el primer paso decisivo de la separación desde el origen.

La experiencia del “yo”, que es el paso evolutivo de los Arcai, lleva en sí la tendencia a convertirse en una entidad o de convertirse en un centro de la existencia distinto y separado de su entorno. El reflejo de esta experiencia del Arcai (como hemos dicho, la sustancia planetaria sólo podía sostener la “reflexión”) apareció como la transformación de la sustancia primigenia de Voluntad Divina, en calor. Por lo tanto, la sustancia de calor se convirtió en el “espejo” a través del cual la jerarquía de los Arcai experimentaron la personalidad. Esta primera evolución de estos seres espirituales esta aún hoy, fundamentalmente, impresa en la esfera indicada por Mercurio. Se manifiesta en la Tierra donde se puede establecer una conexión con la creación de las personas y los seres en los reinos de la naturaleza.

Por lo tanto, se hace visible en la naturaleza del calor humano que es inherente a nuestra esfera volitiva. El estudio de Mercurio y sus movimientos durante el desarrollo prenatal revela la propia incorporación individual en la esfera de la voluntad; revela, por así decirlo, la “temperatura” psíquica de la vida volitiva. Esta temperatura es la base de la experiencia de una persona de sí misma como un Yo. Sabemos, por ejemplo, cómo el calor de la sangre está relacionado con el desarrollo del ego o del “Yo”, pero también se puede encontrar en el individuo y la forma característica en que los seres humanos mueven sus extremidades, ya que están activos en la vida y hacen frente a sus problemas prácticos. En esto podemos experimentar los últimos vestigios de la herencia que los Arcai o los Espíritus de la Personalidad han impreso en la esfera que pertenece al planeta Mercurio.

En la siguiente etapa de la evolución cósmica, que llamamos el ciclo o la evolución del Antiguo Sol, los Arcai avanzaron a un plano superior de conciencia, a la capacidad de la cognición imaginativa. Fue entonces que ya no era necesario que experimentaran y supieran de su propio ser a través de la reflexión de los cuerpos de calor como en el Antiguo Saturno. Nuestro antepasado humano, mientras tanto, había evolucionado a la etapa de ser capaz de acoger y ser penetrados por un cuerpo etérico o de vida. En este cuerpo de vida los Arcai no podían trabajar. Y fueron ayudados los Seres Jerárquicos muy elevados, los Serafines.

Los Arcai penetraron estos cuerpos de vida con las imaginaciones recibidas de los Serafines o Espíritus del Amor. Así, fue creado un tipo de propagación primigenia en nuestro ancestro humano, y esta propagación consistía en el poder donar un poco de su propia sustancia de la que podría llegar a existir una nueva “hija-ser”. Junto con esto fueron creados los primeros gérmenes de los órganos glandulares que observamos en las personas hoy en día. Aquí tenemos una preciosa indicación de las fuerzas que se encuentran, como una antigua inscripción en la esfera que pertenece al planeta Mercurio, y que se ponen de manifiesto en la actividad de este planeta, dentro de una persona cuando se crea su cuerpo durante el desarrollo embrionario.

Una vez más podemos detectar aquí el regalo de la actividad creativa, que a la vez revela dos partes diferentes de su tendencia primordial. Por un lado vemos aquí el mundo de los secretos de la actividad glandular en la propia organización, no sólo en relación con la propagación sino también con respecto a la función de las glándulas en su sentido más amplio. Estas glándulas finalmente establecen el equilibrio de la formación corporal y el crecimiento. Hacen del cuerpo una imagen armonizada y hermosa del arquetipo humano. También hacen posible que el ser humano pueda hacer de sí mismo, de la productividad artística de todo tipo, una imagen de lo cósmico, el arquetipo de la humanidad, el cual se extiende hasta lejanos futuros, que no solo será capaz de permitir que las fuerzas naturales produzcan el arquetipo tanto físico como espiritual del ser humano sino que será asimismo capaz de ser él mismo un creador en el espacio cósmico.

También podemos encontrar la manifestación de las fuerzas de Mercurio y su ámbito si nos fijamos en los gestos de este planeta durante el desarrollo embrionario del individuo. Ellos se manifiestan en la vida en la Tierra después de su nacimiento, y piden de cada persona su propia satisfacción. El siguiente ciclo de evolución, el universo de la Antigua Luna, trajo de nuevo un mayor desarrollo de las actividades de los Espíritus de la Personalidad. Luego alcanzaron la conciencia de inspiración. Hasta ahora habían percibido los acontecimientos del universo en poderosas imágenes interiores. Ahora podían oír la Palabra, los sonidos del lenguaje interior que era inherente como el impulso en movimiento de toda la Creación.

Así también fueron capaces de trabajar en el cuerpo anímico del ancestro humano y despertar en él la tendencia hacia la independencia. Sabemos por las descripciones anteriores que durante la evolución del Antiguo Saturno se creó nuestro cuerpo físico, y dentro de la evolución del Antiguo Sol este cuerpo físico se impregno con las fuerzas de la vida. Debemos imaginar este universo del antiguo Sol, que aún no estaba condensado en un sistema de estrellas visibles, moviéndose de manera que sus órbitas se pudieron calcular. Nada de un mundo estrellado era entonces existente. Pero las leyes del movimiento, que hoy parecen congeladas en la aparente rigidez del mundo estrellado, existían en el universo del antiguo Sol como el mundo psíquico de los Dioses.

Por ejemplo, aquello que podemos percibir hoy como el bucle de un planeta, entonces podría haber sido sólo un movimiento anímico que expresaba la percepción interna de un evento o tal vez la resolución de un ser espiritual. Puede que haya sido el impulso de transformar algo en una forma de existencia, que este ser no había asumido hasta ahora. En nuestro ancestro humano del Antiguo Sol, estuvo presente una reflexión de esta calidad en constante transmutación en el universo, y esto provocó la transmutación de los procesos en su propio cuerpo durante un período de tiempo. Por lo tanto, estaba dotado de vida. Dentro de la evolución de la Antigua Luna este cuerpo fue penetrado por un tercer principio, el alma o cuerpo astral.

Una parte interior, moviéndose en el mundo anímico que dirige el curso del mundo desde las experiencias interiores entró también en este ancestro humano. Ahora era capaz de tener una conciencia de lo que sucede dentro y alrededor de él. En si mismo se hallaba presente una imagen de aquello que aporto movimiento en el universo desde los impulsos psíquicos, emociones y reflejos. En esta alma o cuerpo astral, los Espíritus de Personalidad vertieron los impulsos de la independencia y el carácter de la personalidad.

Así sucedió que este impulso esta aún hoy escrito en la esfera de los seres jerárquicos pertenecientes al planeta Mercurio. En el movimiento y los gestos de este planeta, podemos experimentar la revelación de lo que vive en nosotros como el microcosmos, como nuestro mundo anímico personal que se manifiesta en las intenciones, emociones e impulsos. Podemos percibir la disposición de este pequeño universo anímico interior en nosotros, en las simpatías y antipatías que actúan como los eventos en un universo estrellado y crear las armonías o tal vez las discordias de la vida anímica humana. Así como las estrellas tienen sus ritmos, pueden hacerse invisibles en determinados momentos a nuestros ojos, a causa de sus posiciones en el cielo, o pueden estar en posiciones fuertes o débiles, también la vida del alma humana tiene sus ritmos. Podemos tener largos períodos de pasividad que alternan con periodos de fuerte actividad. Períodos de interés y dirección anímica que pueden desaparecer y ser reemplazados por nuevos intereses y flujos. Todos estos intervalos más largos de las direcciones psíquicas de los intereses de un ser humano se indican en cierta manera en los gestos prenatales de este planeta; por ejemplo, si un ser humano tiene, en un momento determinado de la vida, una inclinación hacia una concepción del mundo materialista o idealista se puede ver en los movimientos de Mercurio.

La evolución de los Espíritus de Personalidad dentro del ciclo de la Tierra trajo también un nuevo aspecto en la actividad, que hoy se manifiesta en los movimientos del planeta Mercurio y la relación de su esfera con los seres humanos. Dentro de la evolución Antigua Luna, esta jerarquía de seres espirituales implantó el impulso para desarrollar la independencia en la humanidad, es el más alto principio, el alma, o cuerpo astral. Este impulso fue necesario debido a que estaba destinado por los Dioses el convertirse en portadores autoconscientes de la astrología divina en el futuro.

Este desarrollo incluye también el peligro de ser demasiado independiente a través de la separación completa del mundo del alma cósmica y de la auto-satisfacción en el reino psíquico microcósmico de nuestro propio ser. Este peligro se escribe en la esfera del planeta Mercurio. Por ejemplo, podemos encontrar a través de la escritura del Mercurio en el nacimiento y sus antecedentes prenatales el posible sobre-énfasis del alma a la independencia, que a su vez se constituye en un intelectualismo que le separa del mundo de la realidad y le encierra en su propio universo anímico.

Pero la independencia en este ámbito también es una ilusión, porque no podemos romper los lazos con el alma y el espíritu del mundo del universo, ya que hemos nacido fuera de ese ámbito. Así también podemos ver el otro peligro que es el resultado de la ilusión del intelectualismo, la exposición de una persona a los poderes incontrolados de las pasiones y emociones que habitan profundamente en el reino del subconsciente. Ahora podemos ver que la imagen de los gestos del planeta Mercurio como dos triángulos en intersección es también una realidad interior (ver Fig. 1 y 2).

Uno de los triángulos apunta hacia la Tierra y está formado por las conjunciones inferiores cerca a la Tierra. Significa el peligro de la caída de las capacidades mercuriales de una persona a la tumba de la intelectualidad con destino al cerebro. El otro triángulo vuelto hacia el cielo muestra el peligro de caer en las profundidades de emociones y pasiones incalculables e incontrolables.

 También hay otro aspecto de este planeta y de su esfera. Los maestros espirituales de esta esfera, los Espíritus de Personalidad, avanzaron dentro de la evolución de la Tierra a la conciencia de la Intuición. Esto también se escribe en este ámbito planetario. Por lo tanto, podemos desarrollar estas fuerzas a medida que se encarnan en nuestro propio ser. Y en lugar de encerrarnos en nuestro propio mundo aislado, podemos experimentar a través del desarrollo anímico interior, la presencia de los seres espirituales reales dentro de nosotros.

Viven y trabajan en nuestro cuerpo astral, porque lo tomamos del mundo en el que estos Seres tienen su morada. Sin embargo, si no los reconocemos, si vivimos sólo en el ámbito de nuestro intelectualismo abstracto-distanciado del mundo, entonces estos Seres se convertirán en los amos incontrolados de nuestra alma. Por lo tanto, si nos fijamos en la posición y los gestos de Mercurio en un nacimiento, normalmente no es correcto considerar esto como una indicación clara de las peculiaridades del destino humano, en el sentido de pronóstico astrológico.

Esto se puede decir no sólo de Mercurio, sino de todos los planetas. Tenemos que aprender a mirarlos como grandes preguntas cósmicas cuyas respuestas solo podemos encontrarlas en la evolución de las facultades psíquicas y espirituales ocultas del ser humano. Sólo entonces podrá descender de nuevo la Astrosofía e incorporarse a una nueva Astrología Cristianizada.

Los acontecimientos en el Cielo

El cielo estrellado durante el mes de octubre es muy interesante. Podemos encontrar dos grupos de eventos:   el 1 de octubre se llevará a cabo una conjunción entre el Sol y Júpiter, y en el mismo día también se producirá una conjunción entre Mercurio y Júpiter. Esto sugiere que Mercurio debe estar también muy cerca del Sol (visto desde la Tierra), y de hecho podemos encontrar que el 2 de octubre habrá una conjunción superior de Mercurio con el Sol. En este caso, el planeta Mercurio se mantendrá detrás del Sol, entre el Sol y Júpiter. Por lo tanto vamos a tener el raro caso del Sol, Mercurio y Júpiter alineados uno detrás de otro.

Durante todo el tiempo el planeta Neptuno estará muy cerca de los tres cuerpos celestes que acabamos de mencionar; o ponerlo de otra manera, si fuéramos a extender una línea recta desde la Tierra a través del Sol, Mercurio y Júpiter en el espacio detrás de ellos, entonces nos acercamos al barrio de Neptuno. De hecho, las conjunciones del Sol, Mercurio y Júpiter con Neptuno han tenido lugar en los últimos días de septiembre; la del Sol y Neptuno en el Día de San Miguel, 29 de Septiembre.

Podemos ver que este grupo de eventos cósmicos está fuertemente relacionado con el tiempo de San Miguel de este año. Todos ellos tendrán lugar en la constelación de Virgo, en la parte superior de esta constelación, se puede distinguir en el cielo como la figura de un ser humanoide pero con alas, como un ángel. No podremos, sin embargo, ver estos eventos, porque el Sol está tan cerca que sus manchas de luz ciegan cualquier visión de estas estrellas. Se producirá una conjunción entre Marte y Saturno en la constelación de Géminis el 26 de octubre, casi en la frontera entre Géminis y Cáncer. Esto también es un evento muy importante, porque va a inaugurar un largo período durante el cual ambos planetas se pondrán retrógrados y realizarán dos conjunciones más. El último de ellos se producirá el 20 de marzo de 1946.

Por lo tanto, tenemos dos grupos de eventos: uno que está en la constelación de Virgo, el otro en Géminis. Este último incluso podemos observarlo en las primeras horas de la mañana, entre la medianoche y el amanecer, alrededor de 26 de octubre. Si tratamos de imaginar estos eventos, entonces oscuros recuerdos de largos tiempos pasados y las condiciones culturales pueden sonar de lo más profundo de nuestro ser como los sonidos del mar en constante movimiento. ¿De dónde vienen estos fragmentos de recuerdos y qué es lo que quieren decir o pedirnos? El conocimiento de la precesión, que es el movimiento del punto vernal  a través de las constelaciones del Zodíaco, podría llevarnos de vuelta al oscuro pasado cuando el gran Zaratustra fundó la antigua cultura persa, alrededor de 6000 AC. Saturno, el gran guardián de la memoria cósmica, puede abrir esta página en los registros cósmicos de la historia del mundo, y se nos permite leer en esta página la gran historia de Zaratustra y cómo fue capaz de experimentar, en o detrás de las estrellas, seres espirituales de los órdenes jerárquicos que trabajan en el planeta Tierra.

Podríamos deducir una imaginación débil de lo que vio en los eventos en la Tierra, en el cambio de las estaciones, en los acontecimientos de la vida humana y de la historia, y en la lucha entre el bien y el mal, el reflejo de estos poderosos eventos y constelaciones del gran universo. Vivía con los grandes seres espirituales del universo, que están más cerca de la Tierra y sus condiciones, sus necesidades y su futuro que otras personas de su tiempo, porque él vivió y podría unirse con el origen de todo lo que era y que estaba por venir.

Cuando nos preguntamos: ¿De dónde vino este gigantesco guía del conocimiento?, entonces podemos mirar a los otros eventos que tienen lugar en la constelación de Virgo. Si volvemos a la orientación de la precesión, el movimiento del punto vernal, nos puede llevar aún más atrás, a un pasado aún más remoto. Podemos llegar a una época anterior a la gran inundación atlante que destruyó el continente de la Atlántida. Podemos llegar a personas que tenían un conocimiento del universo estrellado, que excede a todo lo que podemos imaginar hoy.

Ellos fueron llamados los acadios. Ellos organizaron y ordenaron todo en la vida social de la Tierra según el gran fin de prototipos, que percibían en o detrás del universo estrellado. Ellos experimentaron en la multitud de estrellas la escritura de las huestes celestiales de seres excelsos, y en la lectura de este guión y actuar de acuerdo a ella, tuvieron la cierta experiencia que sus asuntos terrenales se dispusieron de la mejor manera posible.

Estos son los sonidos que podemos oír si tratamos de escuchar con nuestros oídos internos los eventos estelares de los que hemos hablado. Podemos escuchar mucho más por lo que hay que estar en silencio hasta que ha llegado el momento. Pero entre todo esto podemos percibir un sonido profundo, solemne, y podemos llegar a ser conscientes de que es la voz de ese Ser cuya fiesta celebramos en estos días. Él puede querer recordarnos a través de esas imágenes de un pasado remoto lo que la Humanidad ha perdido y tiene que recuperar de una forma completamente nueva. No podemos ahora mirar a las estrellas como los guías de nuestra vida en la Tierra.

Están muertos para nosotros; años luz e hipótesis espectro-analíticas los han desterrado de nosotros, pero podemos plantear la voluntad en nuestro lisiado pensamiento y restablecerlo con el fin de encontrar una nueva revelación de las estrellas. Podemos descubrir en ellas el gran recuerdo de toda la evolución pasada del mundo y de la Humanidad desde el principio. A partir de este conocimiento todo terrenal y del cerebro atado, superando la memoria cósmica, podemos obtener la sabiduría con la que ahora podemos empezar a ser seres humanos. A saber, seres que, de las profundidades insondables de la inteligencia cósmica, conocen las necesidades y la meta de la Humanidad, de la Tierra, y de todo el cosmos y que actúan libremente fuera este conocimiento en y para el futuro de nuestro universo.

Esto tal vez podría ser una parte del mensaje de San Miguel de este año que suena a través de los espacios cósmicos y quiere ser escuchado por el oído humano… Es sólo una representación general de estos eventos cósmicos que hemos tratado de describir. Puede que tengamos que decir mucho más acerca de ellos en el futuro.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.