GA171c8. Los Templarios.

Dornach, 2 de octubre de 1916

English version

En las conferencias ofrecidas aquí durante un tiempo mi tarea ha sido dirigir la atención hacia determinados impulsos, ciertas fuerzas que actúan en las almas de los hombres y de ese modo en todo lo que esas almas expresan en la vida terrenal. He destacado cómo estos impulsos y fuerzas se desarrollaron en el amanecer de la vida espiritual moderna. Hoy, debido a que quiero llamar su atención hacia una particular clase de esfuerzo espiritual moderno, consideraremos, una vez más, un importante punto de partida para la vida espiritual que ya hemos considerado pero que es una de las más importantes y esenciales de todas. Cuando investigamos las fuerzas que actúan en las almas, nos sentimos obligados a reconocer la importancia y significado de este suceso de la historia. Me refiero al destino y desarrollo de la Orden de los Caballeros Templarios.

Me gustaría, pues, exponer ante ustedes una vez más, la imagen de la Orden de los Caballeros Templarios para mostrarles cómo lo que provino de esta Orden actuó en corrientes más amplias que fluyen incluso hasta en los sentimientos y percepciones de la Humanidad actual.

Sabemos que la Orden de los Templarios fue fundada en relación con las Cruzadas. Fue, por así decirlo, un importante fenómeno que acompañó a aquel gran suceso de la historia, mediante el cual los pueblos de Europa buscaron, a su manera, acercarse más al Misterio del Gólgota de lo que anteriormente habían podido. La Orden de los Templarios se fundó casi en el comienzo mismo de las Cruzadas. Dejando a un lado todo lo que se conoce exteriormente sobre la fundación de la Orden y el posterior curso de sus actividades –ustedes pueden leerlo fácilmente en los libros de historia— encontramos que esta Orden de los Caballeros Templarios, interiormente considerada, expresa especialmente un profundo acercamiento al Misterio del Gólgota por parte de la Humanidad moderna. Primero, un pequeño número de almas que eran fieles y devotos seguidores del Cristianismo se reunieron en un lugar que estaba cerca del antiguo Templo de Salomón en Jerusalén y establecieron allí una especie de Orden espiritual. Como ya hemos dicho, no consideraremos ahora el aspecto más exterior de los sucesos, sino que lo observaremos desde un punto de vista espiritual dirigiendo nuestra atención a aquello que gradualmente comenzó a vivir en las almas de los Templarios.

En su sangre, como representante de aquello que distingue al hombre terrenal, en su yo, pero también en todos sus sentimientos y pensamientos, en su ser y existencia mismos, estas almas iban a olvidar, en cierto sentido, su conexión con la existencia física sensible; iban a vivir únicamente en lo que fluye del Misterio del Gólgota, y luchar por la continuidad de los más vigorosos impulsos que están relacionados con el Misterio del Gólgota.

La sangre de los Templarios pertenecía a Jesucristo —todos ellos sabían esto— su sangre no pertenecía a nadie más sobre la Tierra que a Jesucristo. Cada momento de sus vidas iba a estar permeado con la consciencia continua de cómo en sus propias almas moraba, en palabras de Pablo, “No yo, sino Cristo en mí”. Y en sangrientos y encarnizados combates, en el trabajo devoto tal como exigían las Cruzadas, los Templarios vivieron en la práctica aquello que habían decidido espiritualmente. Las palabras se ven incapaces de describir lo que vivía en las almas de estos hombres que nunca flaqueaban en su deber, quienes, incluso si una fuerza tres veces superior se enfrentaba a ellos en el plano físico, nunca huían, sino que esperaban la muerte tranquilamente, la muerte que estaban preparados a asumir para establecer con mayor firmeza en la existencia terrenal el impulso que provenía del Misterio del Gólgota. Era una intensa vida de unión completa del ser humano con el Misterio del Gólgota.

Y ahora, cuando una vida tan intensa se vive con los ritmos correctos, de tal modo que pueda ocupar su lugar en la corriente de las fuerzas terrenales y cósmicas, entonces se desarrolla algo de verdadera importancia a partir de una vida así. Digo “de verdadera importancia” deliberadamente. Pues cuando una consciencia como esta se sitúa interiormente, místicamente, y con un determinado ritmo, en todo lo que sucede en el mundo exterior, entonces el hombre puede experimentar una y otra vez cómo su propio ser interior entra en conexión con lo divino y lo espiritual. Pero se desarrolla algo más, algo que tiene aún mayor efecto cuando esta experiencia interior se une con el curso de la historia exterior y se pone al servicio del curso de los sucesos. Y se pretendía que lo que vivía conscientemente en las almas de los Caballeros Templarios estuviera en armonía con lo que había de hacerse para intentar recuperar el control del sagrado sepulcro. Se desarrolló de esta manera una vida profundamente mística entre aquellos que pertenecían a esta llamada Orden Espiritual, una Orden que en este mismo aspecto podría hacer más por el mundo que otras Órdenes Espirituales. Pues cuando se vive de esta manera una vida mística, que también está en conexión con la vida que transcurre en el mundo circundante, entonces lo que se experimenta místicamente fluye en las fuerzas invisibles y suprasensibles del mundo circundante de ese ser humano. Se hace objetivo, no meramente dentro de su propia alma, sino que continúa actuando en el curso de la historia. A través de un misticismo de esta clase, resulta que una experiencia del alma no surge simplemente para el ser humano individual, sino que se convierte en fuerzas objetivas, que anteriormente no estaban allí, en la corriente espiritual que transporta y mantiene a la Humanidad. Estas fuerzas nacen y están ahí. Cuando una persona realiza sus tareas diarias con sus manos o con herramientas, introduce en el mundo alguna cosa material externa. Con un misticismo como el que desarrollaron los Caballeros Templarios, se agrega algo espiritual a los “efectos” espirituales del mundo. Y en la medida en que esto tuvo lugar, la Humanidad realmente avanzó una etapa en su evolución. A través de esta experiencia de los Templarios, se comprendió y también se experimentó el Misterio del Gólgota, en un nivel superior al de antes. Había ahora algo presente en el mundo, en relación a este Misterio del Gólgota, que anteriormente no estaba allí.

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Sin embargo, las almas de los Templarios habían logrado al mismo tiempo algo más. A través de su intensa penetración interior en el Misterio del Gólgota, habían alcanzado realmente el poder de lograr la iniciación Cristiana por medio del suceso histórico. La iniciación Cristiana puede alcanzarse en la manera descrita en nuestros libros, pero en este caso se alcanzó de la siguiente manera. Sus actos exteriores y el entusiasmo que vivió en estos actos, hizo salir a las almas de los Templarios fuera de sus cuerpos, de tal forma que estas almas, separadas del cuerpo, fuera del cuerpo, vivieron con el progreso espiritual de la Humanidad y penetraron en alma y espíritu en los secretos del Misterio del Gólgota. Vivenciaron entonces muchas experiencias profundas, y no sólo para el alma individual, sino para toda la Humanidad.

Entonces, como sabemos, la Orden de los Caballeros Templarios creció y se extendió, y además de la influencia inmensamente poderosa que poseía espiritualmente –más bien en forma suprasensible que a través de canales exteriores– adquirió grandes riquezas. Y ya he descrito cómo llegó un momento en que estos tesoros exteriores, que los Caballeros Templarios acumulaban cada vez en mayor grado, se convirtieron en un poder temporal. Les he contado cómo, a través de una especie de iniciación con el principio maligno del oro, Felipe el Hermoso fue elegido como instrumento de oposición a los Templarios. Es decir, él quería en primer lugar poseer sus tesoros. Pero Felipe el Hermoso sabía más que la mayoría de los hombres del mundo. A través de lo que había experimentado conocía muchos de los secretos del alma humana. Y así sucedió que Felipe el Hermoso pudo ser un instrumento apropiado al servicio de los poderes Mefistofélicos-Ahrimánicos cuyo objetivo y objeto era inutilizar el Movimiento Templario en la forma que había asumido al principio.

Felipe el Hermoso era, como hemos dicho, el instrumento de otros poderes espirituales Mefistofélicos-Ahrimánicos. Bajo la inspiración de estos poderes Felipe el Hermoso sabía lo que hubiera significado si, en las corrientes espirituales que fluyen a través del mundo de una manera tan real como lo hacen los sucesos visibles exteriores, si en estas corrientes se hubiera permitido que fluyera  lo que los Templarios habían obtenido como conocimientos del Misterio del Gólgota y como sentimientos e impulsos de la voluntad conectados con ese Misterio. Lo que así se había desarrollado debía por tanto ser arrancado de los poderes divino-espirituales progresivos normales; debía ser encauzado por otros caminos. Con este objetivo tenía que conseguirse también que algo que sólo podía vivir en las almas de los Templarios fuera arrancado de las individualidades de los Templarios mismos. Del mismo modo que aquello que los Templarios habían vivenciado en relación con el Misterio del Gólgota no permanecía en ellos como individuos, sino que se situaba en la evolución general de la Humanidad, igualmente ahora se iba a quitar algo más, por así decirlo, de la individualidad e iba a ser encarnado en la corriente espiritual objetiva. Y esto sólo podía lograrse por medio de un acto particularmente cruel, por medio de un terrible acto de crueldad.

Los Templarios fueron sometidos a juicio. No sólo fueron acusados de crímenes exteriores, de los que eran inocentes a ciencia cierta –como puede demostrarse con fundamentos históricos, si uno está dispuesto a ver la verdad– sino que fueron acusados sobre todo de blasfemia contra el Cristianismo, de blasfemia contra el Misterio del Gólgota mismo, de adorar ídolos, de introducir el paganismo en el Misterio del Gólgota, de no utilizar la fórmula correcta en el acto de consagración en la Transubstanciación,  incluso de profanar la Cruz. Los Templarios fueron acusados de toda clase de crímenes, incluso antinaturales. Y cientos y cientos de ellos fueron sometidos a la más cruel tortura del potro.

Aquellos que los sometieron a juicio sabían lo que significaba esta tortura en el potro. La consciencia ordinaria diurna de aquellos que soportaron esta tortura fue eliminada, de tal forma que durante la tortura olvidaron, en su consciencia superficial, su conexión con el Misterio del Gólgota. Pero se habían familiarizado –y esto es lo que sucede con alguien que ve verdaderamente en el mundo espiritual– se habían familiarizado con todas las pruebas y tentaciones que acosan a una persona cuando se acerca realmente a los poderes divinos espirituales del bien. Con todos los enemigos que salen de los reinos espirituales inferiores y que quieren hacer caer al hombre y conducirlo al mal, que son capaces de actuar sobre los impulsos, deseos y pasiones, y especialmente en el odio, la burla y la ironía contra el Bien, con todo esto se habían familiarizado los Templarios. En muchas horas que para ellos eran horas sagradas de sus vidas, habían logrado aquellas victorias interiores que el hombre sólo puede lograr cuando abre los ojos a través de los mundos que están más allá del umbral del mundo de los sentidos; pues estos mundos deben ser superados antes de que el hombre pueda entrar con fuerzas redobladas en los mundos espirituales a los que justamente pertenece.

Durante su tortura, la visión de los Templarios, que podía mirar en estos mundos espirituales a los que ellos pertenecían, se hizo turbia y vaga; su consciencia superficial fue adormecida, y su mirada interior se dirigió única y exclusivamente a lo que habían experimentado como algo a superar, fue dirigida a las tentaciones sobre las que habían obtenido victoria tras victoria. Y así sucedió que, durante los momentos en que estaban siendo torturados en el potro, olvidaron su conexión con el Misterio del Gólgota, olvidaron cómo vivían con sus almas en los mundos espirituales y eternos. Y las pruebas que habían resistido y superado se presentaron ante ellos, como en una visión, mientras estaban en el potro descoyuntados, y reconocieron lo mismo que cada uno de ellos había superado por sí mismo; confesión que era costumbre dentro de la Orden. Se confesaron culpables de justo aquello sobre lo que habían salido victoriosos una y otra vez. Cada uno de estos Templarios fue obligado a parecer ser el hombre sobre el que habían obtenido interiormente la victoria, sobre el que habían tenido que obtener la victoria antes de que, con fuerzas más elevadas, pudieran llegar a lo más elevado y sagrado de todo. (Hablo de todos los verdaderos Templarios, por supuesto pueden encontrarse abusos por doquier).

Todo esto lo sabían los adversarios. Sabían que, igual que por una parte el Misterio del Gólgota había sido situado en la evolución de la Humanidad como una influencia para el bien, del mismo modo ahora, debido a que la consciencia ordinaria estaba adormecida, lo que vivía por tanto en esta consciencia maligna salía de esta manera al exterior, se objetivaba y se encarnaba en la evolución de la Humanidad. Se había convertido en un factor de la historia.

Se permitió así que discurrieran dos corrientes en la historia moderna: lo que los Templarios vivenciaron en sus momentos más sagrados, lo que habían trabajado y desarrollado dentro de la corriente espiritual progresista de la Humanidad, pero también lo que Ahriman-Mefistófeles les había arrancado, extraído de su consciencia para hacerlo objetivo, para darle forma objetiva y hacerlo efectivo en el progreso posterior de los siglos.

En este punto, una persona ingenua podría fácilmente plantear la pregunta: ¿Por qué los poderes divinos espirituales de la providencia permiten que tales cosas sucedan? ¿Por qué no guían a la Humanidad a través del curso de la historia sin que el hombre tenga que sobrellevar pruebas tan dolorosas? Tal pensamiento es “humano, demasiado humano”. Surge en la mente de alguien que puede creer que el mundo sería mejor si hubiera sido hecho, no por los Dioses, sino por los hombres. Mucha gente piensa esto; pensar que, con su intelecto, pueden criticar la sabiduría que trabaja y teje en el mundo. Pero tal forma de pensamiento conduce también al extremo mismo del orgullo intelectual.

Nosotros, seres humanos, estamos llamados a penetrar en los secretos de la existencia, no a criticar la guía llena de sabiduría del mundo. Debemos por tanto también obtener conocimientos del lugar y de la importancia de las corrientes del mal que la sabia dirección del mundo permite. Pues si sólo se permitiera el bien, si sólo los impulsos del bien actuaran en la historia, los seres humanos nunca serían guiados en su evolución histórica de forma que pudieran desarrollar la libertad. Sólo gracias al hecho de que el mal predomina en el curso espiritual de la historia humana, la Humanidad puede desarrollarse hacia la libertad. Y si los Dioses alejaran la mirada del hombre del mal, tendría que ser un autómata para siempre,  nunca llegaría a ser libre. Las cosas ciertamente están ordenadas de tal modo en el progreso de la Humanidad, que incluso aquello que produce la aflicción más profunda, es conducido finalmente hacia el bien. El dolor sólo es algo temporal, aunque no por ello es menos grande y profundo. No debemos engañarnos en cuanto al dolor y caer presas de algún misticismo barato que no vea el dolor; debemos estar dispuestos a participar de él, dispuestos a sumergirnos en él, dispuestos a verterlo sobre nuestra propia alma. Pero, al mismo tiempo, sin criticar el propósito espiritual y la voluntad de la existencia, también debemos aprender a comprender cómo los más variados impulsos de naturaleza positiva y negativa se introducen en la evolución de la Humanidad para que los seres humanos puedan llegar a ser no sólo buenos, sino también libres y dueños de sus propios impulsos.

Y así, en la evolución y destino de los Templarios vemos un impulso que es importante para todos los siglos posteriores de los tiempos modernos. Si hubiera sido posible que el propósito de la Orden hubiera seguido viviendo con la intensidad y fuerza con que fue vivida por los grandes Templarios, la Humanidad posterior no hubiera sido capaz de soportarlo. La velocidad de la evolución tenía que ser contenida, por así decirlo; la corriente debía ser reprimida. Pero de esta manera se hizo más interior. Y así vemos cómo, en las dos corrientes que hemos indicado en la historia moderna, se desarrolló una profunda interioridad de la vida junto con el materialismo externo. Pues el impulso que Mefistófeles-Ahriman alargó por la fuerza utilizando como instrumento a Felipe el Hermoso, continuó vivo. Continuó vivo, junto con otras muchas cosas, en los pensamientos y sentimientos materialistas de los hombres y en todos los impulsos materialistas que aparecieron entre la Humanidad entre los siglos XV al XIX. De ahí que lo que conocemos como materialismo se haya extendido tan ampliamente sobre el alma y el espíritu del hombre y sobre su vida social, y haya preparado el terreno para el karma de nuestro propio tiempo.

Si las cosas no hubieran sucedido de esta manera, si a la corriente del materialismo no se le hubiera permitido extenderse tan ampliamente, nuestra conexión con el mundo espiritual, por otra parte, tampoco podría haber llegado a ser tan profunda e íntima. Pues ciertamente, lo que los Templarios lograron al entrar en un sentido espiritual y vivo en el Misterio del Gólgota, no se perdió. Continuó vivo. Y las almas de los Templarios –después de sus terribles experiencias en el potro, cincuenta y cuatro de ellos fueron ejecutados– las almas de los Templarios que habían pasado, en estas circunstancias, a través del portal de la muerte, eran ahora capaces de enviar desde el mundo espiritual corrientes de vida espiritual para aquellos que vivieron en siglos posteriores.

Cincuenta y cuatro Templarios fueron quemados en la hoguera en 1312. Cincuenta y cuatro almas se elevaron a los mundos espirituales. Y desde ese momento en adelante, de manera suprasensible e invisible, sin ser exteriormente perceptible para los hechos de la historia, comenzó en la Humanidad europea un desarrollo espiritual que debió su origen al hecho de que había almas individuales que estaban siendo continuamente inspiradas desde el mundo espiritual con aquello que estas cincuenta y cuatro almas llevaron consigo a través del portal de la muerte hasta el mundo espiritual.

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Permítanme darles un ejemplo de esto. Es un ejemplo que ya he mencionado antes, pero ahora lo trataré en mayor detalle desde otro punto de vista.

Antes de que la tragedia cayera sobre la Orden de los Templarios –un siglo antes del año 1312– Wolfram von Eschenbach compuso su poema Parsifal. Trabajando solo, o en un círculo muy pequeño, Wolfram von Eschenbach produjo este canto sobre un alma que se esfuerza, por medio de la purificación interior, por alcanzar la vida que los Caballeros Templarios tuvieron continuamente ante ellos como su meta última. Con una gran riqueza de imágenes y con maravillosas imaginaciones, Wolfram von Eschenbach despliega ante nuestra visión la vida interior de Parsifal, que fue para él el representante del ideal Templario. Ahora preguntémonos: ¿Vemos algún resultado exterior importante de Parsifal –que para él fue el representante del ideal Templario- en el desarrollo histórico de los tiempos posteriores? La respuesta es no. En la historia posterior de la Humanidad europea fue Richard Wagner, como sabemos, quien primero introdujo a Parsifal de nuevo,  y lo hizo de una manera bastante diferente. Pero el poder espiritual, el impulso espiritual que fue capaz de fluir en el alma de Wolfram von Eschenbach –en ese momento aún desde la Tierra– se convirtió en siglos posteriores en una inspiración desde el mundo espiritual para muchos otros. Y alguien que es capaz de percibir las misteriosas relaciones entre la vida sobre la Tierra y la vida espiritual, sabe que los impulsos que fueron llevados al mundo espiritual mediante el destino de los Templarios fluyeron también en el alma de Goethe. No sin razón Goethe comenzó en los 80 un poema que jamás terminó. Es importante que lo comenzara, e igualmente significativo que incluso él no fuera lo bastante fuerte como para plasmar realmente el poderoso pensamiento de este poema. Me refiero al poema Los Misterios, donde el Hermano Mark (Marcos) va al solitario castillo de los Rosacruces y entra en el círculo de los Doce. Goethe captó, por supuesto a su manera, el pensamiento fundamental que está también contenido en Parsifal, pero no fue capaz de completarlo; y podemos ver en ese hecho una indicación de cómo todos nosotros estamos dentro del mismo desarrollo espiritual que Goethe experimentó en sus comienzos, y en el que debemos trabajar y trabajar y trabajar para que seamos capaces de dar forma a estos comienzos y progresar más y más en la penetración del mundo espiritual. Goethe dedicó a los primeros comienzos de su desarrollo espiritual las mejores fuerzas de su existencia; las dejó fluir en su Fausto, donde se propuso representar la relación del hombre con las fuerzas del espíritu, que para él incluyen las fuerzas Ahrimánicas-Mefistofélicas.

Quien observe la historia concretamente en su desarrollo espiritual puede ver con bastante claridad que en el alma de Goethe entró desde el mundo espiritual lo que los Templarios –cuya muerte fue tan cruel y tan significativa– habían portado hasta los mundos espirituales; y, justo porque habían atravesado el portal de la muerte de esta manera, pudieron derramarlo como imaginaciones sobre las almas de los hombres. Se vertió, muy significativamente sobre el alma de Goethe, pero no sólo sobre su alma, sino sobre la de muchos otros; y sigue vivo, aunque los seres humanos apenas lo noten. ¡El elemento espiritual en Fausto aún se escapa a nuestra atención en el mundo exterior! Sin embargo sigue vivo, y está avanzando hacia una vida cada vez más plena, y tendrá que ser más y más fructífera si la Humanidad debe evitar caer en la decadencia en vez de evolucionar en una dirección ascendente. Pero esto depende de nuestra propia elección. En nuestra época se le entrega al hombre a sus propias manos. Se le plantea la elección –y cada vez será más y más definida– de si caerá en la decadencia y continuará aferrándose al materialismo, o se esforzará por elevarse hasta los mundos espirituales.

Pues nosotros los seres humanos, cuando vivimos en la Tierra, vivimos una vida relacionada con la Tierra sólo en nuestro cuerpo físico. El cuerpo que está tejido de luz, sonido y vida y que está dentro de este cuerpo físico –el llamado cuerpo etérico– participa no sólo de la vida de la Tierra, sino de la vida del cosmos. Y cuando un alma humana desciende desde los mundos espirituales para entrar en la existencia a través del nacimiento, entonces, ya antes del suceso, hay fuerzas en el cosmos dirigidas de una manera correcta para el desarrollo del organismo etérico del ser humano, incluso mientras el cuerpo físico del hombre se desarrolla a partir de las fuerzas y sustancias físicas de la Tierra.

En las ideas más simples del hombre viven el orgullo y la arrogancia y esto es especialmente cierto en nuestra época materialista. En esta época materialista, los padres creen realmente que ellos solos traen a sus hijos a la existencia. Y según se extienda el materialismo, cada vez estará más extendida la creencia de que son los padres únicamente los que traen a los niños a la existencia. Visto desde una perspectiva espiritual el asunto es distinto. Los seres humanos aquí en la Tierra sólo proporcionan la oportunidad para que algo espiritual baje hasta ellos. El papel que desempeña un ser humano consiste únicamente en esto, puede preparar el lugar por medio del cual un cuerpo etérico, que se está preparando desde fuera de los confines del cosmos, sea capaz de bajar a la Tierra. Este organismo etérico del ser humano es una entidad organizada en la misma medida que lo esta el organismo físico. El organismo físico –vemos cómo tiene cabeza, brazos, manos, tronco y todas las partes que el anatomista y el fisiólogo descubren– para la visión espiritual, está compenetrado y rebosante del organismo etérico. El organismo físico inhala aire y exhala aire. El organismo etérico exhala luz, y nos da esta luz. Y cuando exhala luz y la confiere sobre nosotros, vivimos por medio de su luz. Y también inhala luz. Igual que inhalamos y exhalamos aire, del mismo modo el cuerpo etérico inhala y exhala. Y cuando inhala luz, consume la luz, igual que consumimos el aire físicamente. (Pueden ustedes leer acerca de esto en un pasaje de mis Dramas Misterio, donde este secreto del mundo etérico se desarrolla dramáticamente). El cuerpo etérico inhala luz, agota la luz y la torna oscuridad, y en esta oscuridad puede entonces recibir el sonido de los mundos que vive en la Armonía de las Esferas, puede recibir en esa oscuridad los impulsos de la vida. Igual que recibimos el alimento físico, de igual forma el ser etérico que vive en nosotros inhala y exhala luz. Según consumimos el oxígeno del aire y exhalamos ácido carbónico gaseoso, del mismo modo el cuerpo etérico consume la luz, exhalándola junto con la oscuridad, de tal forma que aparece en colores, de tal forma que el cuerpo etérico se muestra a la visión clarividente en ondas de color. Y mientras el cuerpo etérico prepara la luz para la oscuridad y de ese modo lleva a cabo un trabajo de respiración interior, vive al recibir este sonido de los mundos transformandolo en la vida de los mundos.

Pero lo que recibimos de esta manera como nuestro cuerpo etérico, baja hasta nosotros desde las anchas vastedades del cosmos, y viene en determinados momentos, desde los lejanos confines del cosmos. Hoy aún no es posible mostrar en todo detalle cómo el cuerpo etérico humano desciende por los senderos de luz cuando estos senderos están orientados de una determinada manera a través de la constelación estelar de ese momento. Para que eso sea posible, los seres humanos tendrán que elevarse hasta un nivel más elevado de moralidad. Pues hoy, este misterio del recorrido de los cuerpos etéricos humanos por los senderos de la luz y los senderos del sonido de la Armonía de las Esferas, sería empleado por los seres humanos de la manera más horrible. Pues el conocimiento de este misterio daría, a las personas de bajos impulsos el querer dar un poder ilimitado a los padres sobre la totalidad de sus descendientes. Ustedes comprenderán por consiguiente que este misterio de cómo vienen los cuerpos etéricos a los seres humanos que están encarnando –de cómo vienen por los senderos de luz y los senderos del sonido desde la Armonía de las Esferas– tendrá que seguir siendo un misterio durante mucho tiempo aún. Sólo bajo determinadas condiciones muy definidas se puede aprender algo de este misterio. Pues el no cumplir estas condiciones significaría, como he dicho, que los padres podrían obtener un poder desconocido hasta ahora sobre su descendencia, que se vería completamente privada de cualquier independencia, de toda personalidad e individualidad y la voluntad de sus padres se impondría sobre ellos. Este misterio está sabiamente oculto para la Humanidad en el inconsciente y sigue su curso en el inconsciente de una manera legítima y saludable, obrando a través de la voluntad de la sabia dirección del mundo.

Nuestro cuerpo etérico sigue un camino diferente al de nuestro cuerpo físico. Después de atravesar el portal de la muerte, aún llevamos, como ustedes saben, este cuerpo etérico durante unos pocos días; despues tenemos que devolverlo al cosmos. En el mundo espiritual, en el cosmos, nuestro cuerpo etérico permanece sólo como una imagen para nuestra ulterior vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Se incorpora al cosmos de las maneras más diversas: en el caso de personas que mueren prematuramente a causa de algún accidente o similar es diferente al caso de aquellos que alcanzan la madurez. Pero cuando uno mira en el mundo que está más allá del umbral, uno sabe que ambos –el que murió pronto y el que murió más tarde– tienen mucha importancia en las relaciones cósmicas completas. Pues el cuerpo etérico que nosotros entregamos continúa actuando espiritualmente.

Fundamentalmente hablando, visto desde un aspecto más profundo, todos envejecemos. Físicamente, uno muere antes y otro después; visto desde una perspectiva espiritual, todos envejecemos por igual. Si morimos pronto, nuestro cuerpo físico llega a su fin pronto, pero nuestro cuerpo etérico continúa viviendo para el cosmos, y sólo porque hemos muerto pronto, nuestro cuerpo etérico tiene otras funciones en el cosmos que si hubiéramos muerto más tarde. Cuando calculamos los años que vivimos en el cuerpo físico y etérico como seres humanos –tenemos los actos realizados sobre la Tierra que cumplimos con el cuerpo físico, y tenemos lo que logramos en el cuerpo etérico también tras la muerte, y la vida que vivimos allí no para nosotros mismos, sino para los demás, para el mundo– cuando sumamos todo esto en sus años, encontramos que todos vivimos aproximadamente hasta la misma edad.

Pero ahora, cuando tiene lugar un suceso como el que tuvo lugar con los Templarios, de nuevo se produce algo distinto a cuando se trata sólo de las vidas individuales. La vida que llevamos como individuos permanece dentro de nuestra propia persona; pero está también la vida que puede ser objetivamente separada de nosotros, como en el caso de los Templarios. Por una parte, lo que fueron capaces de hacer por la continuación y propagación del Misterio del Gólgota y, por otra parte, lo que sucedió a través de la acción de las fuerzas Mefistofélico-Ahrimánicas para el impulso del materialismo moderno, todo esto también continúa vivo como fragmentos del cuerpo etérico. Pero es incorporado en el proceso completo de la historia. De esa forma parte de la vida que el hombre vive en su cuerpo etérico continúa viviendo con la individualidad humana, mientras que otra parte se incorpora al curso de la historia, cuando ha sido arrancada del ser humano de la manera descrita. Y el cuerpo etérico es el medio a través del cual, aquello que una persona vive en su alma de una forma objetiva, puede salir de su alma –por medio de lo cual puede tener, por así decirlo, algo que preservar para su vida ulterior– es el cuerpo etérico el que logra esto.

Lo que fluyó al mundo etérico a partir de los impulsos espirituales de los Templarios siguió vivo etéricamente, y a través de esta continuada vida etérica muchas almas se prepararon para recibir las inspiraciones que he descrito como provenientes del mundo espiritual desde las almas de los Templarios mismos. Eso es lo que ha estado sucediendo realmente en los tiempos modernos.

En aquello que manó de las almas de los Templarios, sin embargo, comenzó a entrar progresivamente aquello que fluye desde los impulsos Mefistofélico-Ahrimánicos y está impregnado en el elemento Mefistofélico, y comenzó en los potros en que los Templarios fueron torturados, ya que fueron forzados a mentir sobre ellos mismos bajo tortura. Este hecho –como uno de los fundamentos espirituales del materialismo moderno– debe comprenderse si uno quiere obtener una comprensión interior de la evolución materialista moderna.

Y así sucedió que en los tiempos modernos, mientras determinados individuos estuvieron inspirados por elevadas verdades espirituales, la cultura general adquirió un carácter cada vez más materialista; y el ojo del alma se fue quedando ciego ante lo que nos rodea espiritualmente y ante el lugar al que vamos cuando atravesamos el portal de la muerte y del que venimos cuando atravesamos el portal del nacimiento. La mirada del hombre se alejó cada vez más de la contemplación de lo espiritual, y esto fue cierto en todas las esferas de la vida: la esfera espiritual, la religiosa, la social. La mirada se dirigía cada vez más hacia el mundo material tal y como se muestra a los sentidos. Y el resultado ha sido que, desde el amanecer de los tiempos modernos, la Humanidad ha caído en muchos y graves errores.

Déjenme decir de nuevo, que no estoy criticando el hecho, no estoy juzgándolo. Debido al hecho de que los errores entraron en la evolución humana, los seres humanos han de experimentar estos errores, y gradualmente llegarán a verlos; y, al superarlos, obtendrán fuerzas más poderosas de las que podrían haber obtenido si se hubiera implantado en ellos el camino hasta su meta automáticamente. Y ahora ha llegado el momento en que debe desarrollarse este conocimiento y los seres humanos deben ahora ver cómo, en todo lo que es material, viven los impulsos a errar. Hoy el hombre es llamado una y otra vez a preparar su mente para ver a través de los errores y superarlos.

No es nuestra intención culpar de algo que haya sucedido en la historia, lo que queremos hacer es mirarla objetivamente. Los sucesos de los tiempos modernos han ocasionado que los pensamientos y sentimientos del hombre sigan su curso sólo en concordancia con la realidad física externa, sólo en consonancia con los que el hombre experimenta entre el nacimiento y la muerte. Incluso la vida religiosa ha ido asumiendo gradualmente un carácter personal, en la medida en que aspira meramente a poner en las manos del hombre un medio mediante el cual pueda encontrar bienaventuranza en su propia alma. La vida religiosa de los tiempos modernos, que aleja más y más la mirada del hombre del mundo espiritual concreto, está realmente impregnada con el punto de vista materialista. Como se ha dicho, no tenemos intención de difamar cualquier suceso de la historia; los sucesos de la historia deben, sin embargo, ser descritos de manera tal que puedan ser correctamente comprendidos, si no se quiere que la próxima generación caiga en la decadencia sino que dé un giro, y se eleve.

Vemos que la corriente del materialismo sigue fluyendo y, junto a ella, la corriente oculta paralela; y entonces a finales del siglo XVIII llegamos a un tremendo suceso, cuya influencia se sintió a lo largo de todo el siglo XIX y late en la actualidad. A finales del siglo XVIII vemos la Revolución Francesa extendiendo su influencia a lo largo y ancho de la civilización europea. Muchas cosas siguieron su curso en la Revolución Francesa tal como lo han descrito los historiadores. Pero además de la comprensión que ya se tiene de la Revolución Francesa, además del impulso que se reconoce como procedente de ella y actuando en la historia europea, debemos también comprender los efectos espirituales de los impulsos materialistas Mefistofélicos-Ahrimánicos. La Revolución Francesa se esforzó por alcanzar un ideal muy elevado. (Como he dicho antes, no nos ocupamos de encontrar errores sino de comprender los sucesos de la historia). y lo hizo en un tiempo en el que aún se sentía la sombra del suceso que he descrito hoy, el suceso que permitió que Mefistófeles-Ahriman propagara poderosamente en la vida europea el impulso del materialismo. Y podemos decir de los mejores de aquellos que fueron responsables de la Revolución Francesa, que sólo creían en el plano físico. Puede que en sus consciencias pensaran que creían en algo más. Lo que la gente expresa con palabras sin embargo tiene poca importancia; lo importante es tener una consciencia viva en el alma de lo que está realmente obrando en el mundo; y aquellos que fueron responsables de la Revolución Francesa sólo fueron conscientes del plano físico.

Se esforzaron, es cierto, por un elevado ideal, pero no sabían nada de la trinidad en el hombre, el cuerpo que actúa por medio del principio etérico en el ser humano, el alma que obra a través del principio astral, y el espíritu que actúa en el hombre a través del yo.

A finales del siglo XVIII, se contemplaba al hombre de la manera que lo contempla –para su duradero perjuicio y pérdida– la fisiología y biología materialistas modernas. Es decir, incluso si de una manera religiosa los hombres tuvieran alguna noción de una vida espiritual y quizás también hablaran sobre ella, su mirada estaría dirigida realmente sólo a lo que se vive aquí en el mundo físico entre el nacimiento y la muerte, a lo que se vive aquí fuera, a lo que uno puede comprender. (Incluso eso por supuesto no se comprende completamente; no obstante uno puede comprenderlo cuando dirige su atención únicamente al cuerpo físico externo). Lo que vive en el ser humano completo, eso sólo puede comprenderse cuando se sabe que con el cuerpo físico externo están unidos un principio etérico, un principio astral y un principio de yo. Pues incluso mientras estamos aquí en el mundo físico, hay viviendo en nosotros algo que es anímico y espiritual y que pertenece al mundo espiritual. Aquí somos cuerpo, alma y espíritu.

Y cuando atravesemos la puerta de la muerte, seremos de nuevo seres triformados, sólo que con otro cuerpo espiritual. Así que cualquiera que observe y estudie al hombre viviendo su vida física como un hombre físico entre el nacimiento y la muerte, no está estudiando al ser humano completo, y está abocado al error en lo que respecta al ser humano en su totalidad.

Los acontecimientos que ocurren en el mundo no deben considerarse erróneos en sí mismos. Lo que se manifiesta en el mundo es verdad; Pero la forma en que el hombre la considera y la convierte en acto y acción a menudo causa confusión. Y la confusión surgió en las mentes de los hombres de finales del siglo XVIII, porque todo se aplicaba al cuerpo, y se aspiraba a ideales, que sólo pueden tener significado cuando el hombre es visto como una Trinidad, y se aspiraba a los ideales para una “unicidad” puramente física. Y así sucedió que en los labios de todos había elevados y hermosos ideales en un tiempo en que los hombres no fueron capaces de entenderlos, sino sólo de confundirlos y falsificarlos, porque trataron de comprenderlos todos juntos, creyendo como creían solo en la realidad del cuerpo físico.

Pero en lo verdadero del ideal triformado, Fraternidad, Libertad e Igualdad, la Fraternidad es lo único que tiene vigencia para el cuerpo físico del hombre. La Libertad sólo tiene sentido cuando está referida al alma humana, y la Igualdad cuando se refiere al espíritu que vive en el hombre, en el yo.

Sólo cuando se sabe que el hombre consiste en cuerpo, alma y espíritu, y que las tres ideas de finales del siglo XVIII se reparten: la Fraternidad para el cuerpo, la Libertad para el alma y la Igualdad para el yo, sólo entonces se podrá hablar en el sentido que está de acuerdo con el significado interior del mundo espiritual.

La Fraternidad la podemos desarrollar en la medida en que somos seres humanos físicos portando cuerpos físicos de la Tierra; y cuando aceptamos la Fraternidad en nuestro orden social, entonces el orden social sobre el plano físico, la Fraternidad es algo correcto y verdadero.

La Libertad sólo puede adquirirla el hombre en su alma, en la medida en que es con el alma con lo que encarna en la Tierra. Y para que  la Libertad prevalezca sobre la Tierra, sólo será posible cuando abarque a las almas de los hombres que viven en ella en sus diferentes órdenes sociales, a fin de que puedan adquirir la facultad de mantener el equilibrio entre las fuerzas inferiores y las superiores.

Cuando somos capaces, como seres humanos, de mantener el equilibrio entre las fuerzas inferiores y las superiores en el alma humana, entonces desarrollamos las fuerzas que pueden vivir aquí entre el nacimiento y la muerte, y las fuerzas que también necesitaremos cuando pasemos por la puerta de la muerte. Para que, junto al orden social, sea necesario un orden del alma en la tierra, en el que las almas de los hombres puedan ocupar sus lugares individualmente y ser capaces de desarrollar las fuerzas de la libertad, que puedan llevar consigo a través de la puerta de la muerte, pero que sólo podrán hacerlo si, ya en esta vida, se preparan para la vida después de la muerte.

Que se establezca en la Tierra una verdadera relación entre las almas, que las almas sean capaces de desarrollar las fuerzas de la libertad, que todos los acontecimientos humanos, grandes o pequeños, y todos los intentos de dar forma a la creación y la actividad humana tendrán como objetivo, al Hombre sosteniendo el equilibrio en su alma con respecto a lo que vive y trabaja espiritualmente —esto debe llegar a ser un ideal.

El hombre se hace libre cuando está en posición de adquirir estas fuerzas anímicas en el mundo físico exterior, como puede adquirirlas, por ejemplo, cuando es capaz de seguir las hermosas formas que viven en el arte que tiene realmente su origen y principios en el espíritu.

El hombre se hace libre, cuando consigue un intercambio y comunión con otras almas de una naturaleza tal que el alma es capaz de seguir a las otras con una comprensión y amor siempre crecientes.

Y cuando se trata de los cuerpos de los hombres de los que nos preocupamos, entonces entra en consideración la Fraternidad;

Si se trata de una cuestión del alma, entonces debemos buscar el forjar los delicados y sutiles vínculos que surgen entre alma y alma, y que deben encontrar su camino en la estructura de nuestra vida en la tierra y que siempre deben trabajar en la dirección de engendrar el interés —un profundo interés de un alma por el otro. Porque solo de esta manera las almas pueden llegar a ser libres, y sólo las almas pueden llegar a ser libres.

La Igualdad aplicada al mundo físico exterior es una tontería; pues la igualdad sería uniformidad. Todo lo que existe en el mundo experimenta cambios, todo lo que hay en el mundo está obligado a estar expresado en cantidades; todo lo que hay en el mundo está obligado a expresarse en la multiplicidad y la variedad. Con este mismo fin está ahí el mundo físico, para que lo espiritual pueda atravesar una multitud de formas.

Pero en toda la múltiple vida del hombre, sólo una cosa permanece igual, porque está aún en sus comienzos. El resto de nuestra naturaleza humana la hemos llevado en nosotros desde los tiempos de Antiguo Saturno, Antiguo Sol y Antigua Luna; el yo lo tenemos por primera vez en esta vida de la Tierra. El yo está sólo en sus comienzos. Durante toda nuestra vida entre el nacimiento y la muerte no llegamos más lejos en lo espiritual que decirnos a nosotros mismos “yo”, y tomar conocimiento de este yo.

Sólo podemos contemplar el yo, ya sea a través de la iniciación cuando estamos fuera del cuerpo aquí entre el nacimiento y la muerte, o cuando hemos atravesado el portal de la muerte y se nos concede mirar atrás en el recuerdo de nuestro cuerpo terrenal y contemplar el Yo espiritualmente.

A través de este Yo se expresa toda posible diversidad aquí sobre la Tierra. Y nuestra vida sobre la Tierra debe ser construida de tal forma que posibilite el que pueda expresarse toda la variedad que pueda entrar en la vida terrenal en la individualidad humana. Un ser humano manifiesta una individualidad, un segundo ser humano manifiesta otra, y un tercer ser humano manifiesta otra diferente. Todas estas individualidades en sus diversas actuaciones están enfocadas en un punto, el punto del yo. Ahí somos iguales, y a través de este punto focal donde somos iguales puede pasar todo lo que nos comunicamos entre nosotros como espíritus. El hecho de que todos nosotros tengamos este punto del yo donde somos iguales, da la posibilidad de que la Humanidad desarrolle una vida comunitaria. Aquello que es diferente en todos nosotros pasa a través de lo que es igual.

yo

En consecuencia, no es el establecimiento de lo que es aportado por un solo individuo humano a toda la corriente de la evolución espiritual cósmica que se logra la Igualdad espiritual; más bien es así, porque lo que nos ha colocado a cada uno en un tipo diferente de vida pasa a través de nuestro Yo, y a través de lo espiritual en nosotros, se convierte en algo que puede ser compartido por todos, fluye como un bien común en la corriente de la evolución cósmica. La igualdad pertenece propiamente al espíritu.

Ninguna generación comprenderá cómo los tres ideales de Fraternidad, Libertad e Igualdad pueden llegar a realizarse en la vida de la Humanidad, a menos que comprendan que el hombre lleva en él esta Triformación de cuerpo, alma y espíritu. El que la gente fuera incapaz en el siglo XVIII, y siga siendo  incapaz a lo largo del XIX, de comprender esto, fue el resultado de la fuerza de la corriente Ahrimánico-Mefistofélica que entró en la evolución moderna de la manera que he descrito. El siglo XVIII mezcló la Igualdad, la Libertad y la Fraternidad, y las aplicó todas ellas a la vida física exterior. De la forma en que se ha comprendido en el siglo XIX, sólo puede significar el caos social. Y la Humanidad tendrá que ir a la deriva más y más por este caos, si no recibe la ciencia y la vida espirituales, que conducen a una comprensión del hombre como una trinidad y a una reconstrucción de la vida terrenal para el Hombre Triformado.

El hombre tuvo que pasar a través del materialismo. Sus fuerzas hubieran sido demasiado débiles para los tiempos posteriores, si no hubiera atravesado el materialismo. Pues la evolución de la Humanidad es extraña y sorprendente. Consideremos un momento un suceso de la época Lemúrica. Encontramos allí en un cierto momento de la evolución –miles y miles de años atrás– cuando la Humanidad de la Tierra era bastante diferente de lo que lo es ahora. Sabrán por las descripciones que he dado en mi Ciencia Oculta de la evolución humana sobre la Tierra que los diversos impulsos entraron en el hombre sólo gradualmente. Hubo un momento en la evolución en que lo que hoy llamamos fuerzas magnéticas y eléctricas se establecieron dentro del hombre. Pues las fuerzas magnéticas y eléctricas viven en nosotros de una manera misteriosa. Antes de ese momento, el hombre vivía sobre la Tierra sin las fuerzas magnéticas y eléctricas que se han desarrollado desde entonces, espiritualmente, entre la acción de los nervios y la sangre. Se incorporaron al hombre en aquel momento. Las fuerzas del magnetismo las dejaremos fuera de consideración, y una parte de las fuerzas de la electricidad también. Pero las fuerzas que distinguiré como las fuerzas eléctricas del galvanismo, voltaje, etc. –fuerzas que han entrado profundamente en la cultura y civilización de nuestro tiempo– estas fuerzas encontraron su entrada en aquel distante momento en el organismo humano y se unieron a la vida humana; y este mismo hecho hizo posible que permanecieran desconocidas para la consciencia humana durante un largo tiempo.

El hombre las llevaba dentro de sí, y por esa misma razón permanecieron desconocidas para él externamente. Las fuerzas del magnetismo y las demás fuerzas eléctricas aprendimos a conocerlas antes. El galvanismo, la electricidad del contacto, que tiene una influencia determinante mucho más profunda en el karma de nuestra época de lo que generalmente se reconoce, sólo fue descubierta, como ustedes saben, a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, por Galvani y Volta. La gente dedica pocos pensamientos a hechos como estos. ¡Considérenlo sólo un momento! Este Galvani estaba ocupado con la pata de una rana. “Por casualidad”, como decimos, la ató a la ventana, y entró en contacto con el hierro, y se movió. Ese fue el comienzo de todos los descubrimientos que gobiernan la Tierra hoy por medio de la corriente eléctrica. ¡Y sucedió hace tan poco tiempo! La gente generalmente no se para a pensar cómo es que la Humanidad no llegó a este conocimiento antes. De repente este pensamiento emerge en un ser humano, de una manera perfectamente milagrosa; tropieza con ello, por así decirlo, por necesidad. En esta época nuestra materialista, naturalmente nunca nos detenemos a pensar sobre tales cosas. Y esta es la razón por la que no podemos comprender absolutamente nada del verdadero devenir de la Tierra. La verdad del asunto es como sigue:

Después de que la Humanidad hubiera pasado por el momento en la época Lemúrica en que se implantaron en ella, o recibió implantadas en ella, las fuerzas que van a través de los cables hoy en la electricidad y actúan de una forma invisible en el hombre mismo, después de que este momento hubiera pasado, la electricidad vivió dentro del ser humano. Ahora bien, la evolución no procede en la forma simple y directa en la que la gente se siente inclinada a imaginar. Imaginan que el tiempo va siempre hacia adelante hasta el infinito. Eso es una concepción completamente abstracta. La verdad es que el tiempo se mueve y gira de tal forma que la evolución se invierte y va hacia atrás continuamente. No es sólo en el espacio donde encontramos movimientos en curvas como en una lemniscata, sino también en el tiempo.

Durante la época Lemúrica, el hombre estaba en el punto de cruce del movimiento de lemniscata, y ese fue el momento en que se le implantó el principio de la fuerza eléctrica. Recorrió el camino de regreso en el tiempo atlante y, en relación con ciertas fuerzas, en la época post-Atlante, y llegó a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX exactamente al punto de la evolución de los mundos en que estaba en el antiguo tiempo Lemúrico cuando se le implantó desde el cosmos el principio de la electricidad.

Ahí tienen la explicación de por qué Galvani descubrió la electricidad en ese determinado momento. El hombre siempre regresa de nuevo en tiempos posteriores a lo que experimentó anteriormente. La vida sigue su curso en ciclos, en ritmos. En la mitad de la época materialista que se ha estado desarrollando desde el siglo XIV-XV, la Humanidad estaba en aquel punto en el mundo. El hombre había pasado hace mucho tiempo a través de todo esto en la época Lemúrica. Y la Humanidad como un todo recordó en aquel momento la entrada de la electricidad en el ser humano, y por lo tanto como resultado de este recuerdo impregnó toda su civilización de electricidad. El alma y el espíritu del hombre encontraron de nuevo lo que habían experimentado hace mucho tiempo.

Las verdades como esta deben ser claramente imaginadas de nuevo, pues sólo con verdades como esta escaparemos a la decadencia en el futuro.

Bajo la influencia de las inspiraciones de las que he estado hablándoles hoy, ciertas mentes llegaron a tales verdades. Pues el hecho de que le gente siguiera tales caminos fue el resultado del hecho de que hay muchas y diferentes corrientes actuando en la evolución humana. Si, por ejemplo, lo que los Templarios quisieron alcanzar hubiera sido la única influencia actuando en la historia, hubiera resultado una evolución bastante diferente para el hombre.

Debido al hecho de que la otra corriente también –la Mefistofélica– ha estado entremezclada con ella (la corriente Mefistofélica estaba también allí desde el principio, por supuesto, pero se le dieron nuevas fuerzas con el destino de los Templarios) el hombre ha sido llevado, en nuestro tiempo, al materialismo de la forma que ha sucedido realmente. Estas fuerzas Mefistofélicas-Ahrimánicas son necesarias en la evolución de la Humanidad. Y, como he dicho, ciertas mentes extraordinarias fueron conducidas por la inspiración que proviene de los Templos Rosacruces y que tiene su origen en el mundo espiritual, para reconocer este principio del que estoy hablando aquí.

¡No se crean que un gran poeta, un poeta realmente excepcional que crea a partir del mundo espiritual, reúne sus palabras de una manera superficial, la gente a menudo cree que el poeta tiene la libertad de escoger las palabras de manera superficial! No, un poeta como Goethe, por ejemplo, sabe lo que está contenido e implícito en el Verbo; él sabe que en el Verbo tenemos algo que permite que el espíritu resuene a través de la persona que habla. ¿”Persona”, dije? Aquí debemos recordarnos que “persona” es una palabra que proviene del latín y se refiere a la máscara que el actor lleva y a través de la cual suena su voz. “Personare” significa sonar, sonar “a través de”. Todo esto está estrechamente relacionado con la evolución del Verbo. “En el principio fue el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”. El Verbo no estuvo en el Hombre, no obstante la personalidad humana está estrechamente relacionada con él.

La evolución completa, como hemos dicho, avanza hacia delante en la medida en que no sólo actúan las fuerzas del bien, sino que también hay otras fuerzas actuando. Y un hombre como Goethe escribió en su Fausto –incluso aunque en parte inconscientemente, no obstante bajo inspiración– notables y grandes verdades. Cuando el Señor está conversando con Mefistófeles en el Prólogo en el Cielo, al final dice a Mefistófeles que Él no tiene objeción a su trabajo e influencias. Le reconoce y le permite su lugar en la evolución de los mundos. Es debido a él que hay incentivos e influencias que deben crear lo que es maligno. Pero entonces el Señor se vuelve y dirige sus palabras hacia los verdaderos y genuinos Hijos de los Dioses que llevan adelante la evolución normal, y con cuyo trabajo está unida la actuación de la otra corriente. ¿Y qué les dice Él a estos verdaderos Hijos de los Dioses?

¡Pero vosotros, verdaderos Hijos de Dios, regocijaos!

En la espléndida belleza viviente.

Que lo evolutivo que perpetuamente obra y vive,

Os circunde con dulces barreras de amor,

Y a lo que se cierne en el aire cual flotante aparición,

Dadle fijeza con pensamientos duraderos.

¡El Señor les da a Sus Hijos la orden directa de fijar en los lugares del mundo pensamientos duraderos! Un pensamiento duradero de tal naturaleza se situó en el mundo cuando el principio de la electricidad se implantó en el hombre, y el hombre fue conducido de vuelta al pensamiento duradero cuando descubrió el principio de la electricidad y lo implantó en su civilización materialista. De una profundidad inconmensurable es el pensamiento expresado en estas líneas:

Que lo evolutivo que perpetuamente obra y vive,

Os circunde con dulces barreras de amor,

Y a lo que se cierne en el aire cual flotante aparición,

Dadle fijeza con pensamientos duraderos.

Y significa una profunda experiencia para el alma, sentir ese misterio de los “pensamientos duraderos”. Pues entonces sentimos cómo en el mundo aquí y allí lo Eterno descansa en la forma de un pensamiento duradero, y nosotros que pertenecemos al mundo del movimiento estamos pasando a través de lo que está siendo fijado en apariciones flotantes como pensamientos duraderos, cómo la belleza que teje y obra perpetuamente, se revela para que podamos comprenderla cuando llegue el momento adecuado.

Y que llegue también un momento adecuado para la Humanidad en el futuro cercano, incluso aunque esté predestinado a venir si la Humanidad ha de evitar caer en la decadencia. Que el hombre comprenda que tiene que pasar a través del próximo punto, que invierte el materialismo en su opuesto, el punto en que el gran pensamiento del mundo espiritual pueda irradiar a la Humanidad. Aquellos cuyo karma les ha permitido llegar hasta la Ciencia Espiritual están ya preparándose para esto. Y será la tarea continuamente recurrente de la Ciencia Espiritual dirigir su trabajo en esta dirección. Pues a la época materialista que ha encontrado el pensamiento duradero que en su forma más nueva Ahriman-Mefistófeles ha situado en la evolución moderna, a esta época materialista debe agregarse lo que puede experimentarse al pasar a través de un pensamiento duradero espiritual. La Ciencia Espiritual debe encargarse de que la Humanidad no omita la comprensión de este pensamiento espiritual. Por tanto no debemos cansarnos de alertar al hombre una y otra vez, no sea que el momento para la comprensión de la Ciencia Espiritual pase y se pierda.

Traductor desconocido, editado y revisado por Gracia Muñoz.

GA202c3. El camino hacia la Libertad y el Amor y su importancia en los acontecimientos mundiales

Rudolf Steiner – Dornach – 19 de Diciembre de 1920

English version

El hombre está en el mundo por un lado como un ser pensante, contemplativo y como hacedor, como un ser de acción, por el otro; Con sus sentimientos vive dentro de estas dos esferas. Con su sentimiento responde, por un lado, a lo que se le presenta a su observación; y por el otro lado, introduce el sentimiento en sus hechos, en sus acciones. Sólo necesitamos considerar cómo un hombre puede estar satisfecho o insatisfecho con el éxito o la falta de éxito de sus actos, cómo en verdad toda acción va acompañada de impulsos de sentimiento, y veremos que el sentimiento une los dos polos de nuestro ser: el polo del pensamiento y el polo de la voluntad, de la acción. Sólo a través del hecho de que somos seres pensantes somos Hombres en el sentido más verdadero. Consideren también, cómo todo lo que nos da conciencia de nuestra humanidad esencial está conectado con el hecho de que podemos crear interiormente una imagen del mundo que nos rodea, Vivimos en este mundo y podemos contemplarlo. Imaginar que no podemos contemplar el mundo implicaría perder nuestro ser esencial. Como hacedores, como hombres de acción, tenemos nuestro lugar en la vida social y fundamentalmente hablando, todo lo que realizamos entre el nacimiento y la muerte tiene un cierto significado en esta vida social.

En cuanto que somos seres contemplativos, el pensamiento opera en nosotros; En la medida en que somos hacedores, es decir, seres sociales, la voluntad operará en nosotros. No es el caso en la naturaleza humana, ni lo es nunca, que las cosas puedan simplemente ser pensadas intelectualmente una al lado de la otra; la verdad es que lo que es un factor activo en la vida se puede caracterizar como de un aspecto u otro; Las fuerzas del mundo se interpenetran, fluyen unas a otras. Mentalmente, podemos imaginarnos a nosotros mismos como seres de pensamiento y también como seres de voluntad. Pero incluso cuando estamos completamente absortos en la contemplación, cuando el mundo exterior está completamente saciado, la voluntad está continuamente activa. Y de nuevo, cuando estamos haciendo algo, el pensamiento también está activo en nosotros. Es inconcebible que algo proceda de nosotros en el camino de las acciones o andanzas —que también pueden tener efecto en el ámbito de la vida social— sin que nos identifiquemos en el pensamiento con lo que estamos haciendo. En todo lo que es de la naturaleza de la voluntad, está contenido el elemento del pensamiento; y en todo lo que es de la naturaleza del pensamiento, la voluntad está presente. Es esencial ser muy claro acerca de lo que está involucrado aquí si queremos seriamente construir el puente entre el orden mundial moral-espiritual y el orden natural-físico del mundo.

Imaginen que están viviendo por un tiempo puramente en la reflexión como generalmente se entiende, que no están involucrados en ningún tipo de actividad exterior, sino que están completamente absortos en el pensamiento. Sin embargo deben comprender, que en esta vida de pensamiento, también esta activa la voluntad; la voluntad está entonces trabajando en su ser interior, irradiando sus fuerzas al reino del pensamiento. Cuando imaginamos al ser humano pensante de esta manera, cuando nos hacemos conscientes de que la voluntad está irradiando todo el tiempo en los pensamientos, algo ciertamente nos afectará con respecto a la vida y a sus realidades. Si revisamos todos los pensamientos que hemos formulado, encontraremos en cada caso que están vinculados con algo de nuestro entorno, algo que nosotros mismos hemos experimentado. Entre el nacimiento y la muerte no tenemos, en cierto sentido, pensamientos distintos a los que nos trae la vida. Si nuestra vida ha sido rica en experiencias tendremos un rico contenido de pensamientos; si nuestra experiencia de la vida ha sido escasa, tendremos un pobre contenido de pensamientos. El contenido del pensamiento representa nuestro destino interno —hasta cierto punto. Pero dentro de esta vida de pensamiento hay algo que es inherentemente nuestro; Lo que es intrínsecamente nuestro es cómo conectamos un pensamiento con otro y de nuevo lo disociamos, cómo los elaboramos interiormente, cómo llegamos a los juicios y sacamos conclusiones, cómo nos orientamos en la vida del pensamiento —todo esto es inherentemente nuestro. La voluntad en nuestra vida de pensamiento es nuestra.

Si estudiamos esta vida de pensamiento en un cuidadoso autoexamen, ciertamente nos daremos cuenta de que los pensamientos, en lo que respecta a su contenido real, nos vienen desde fuera, pero que somos nosotros mismos los que elaboramos estos pensamientos. —Fundamentalmente hablando, por lo tanto, con respecto a nuestro mundo de pensamientos dependemos totalmente de las experiencias que traemos por nuestro nacimiento, por nuestro destino. Pero a través de la voluntad, que brota de las profundidades del alma, llevamos a lo que viene a nosotros desde el mundo exterior, algo que es inherentemente nuestra propiedad.

Para el cumplimiento de lo que nos exige el autoconocimiento, es muy importante mantener separados en nuestras mentes por un lado, el contenido del pensamiento que nos viene del mundo circundante y por otro lado, la fuerza de la voluntad, que viene de dentro de nuestro ser, irradiando en el mundo del pensamiento. ¿Cómo nos volvemos en realidad interiormente más y más espirituales?  —No tomando el mayor número posible de pensamientos del mundo circundante, pues estos pensamientos simplemente reproducen en imágenes este mundo exterior, que es el mundo físico y material. Correr constantemente en busca de sensaciones no nos hace más espirituales. Nos volvemos más espirituales a través del trabajo interior, permeable, que llevamos a cabo en nuestros pensamientos.

Por eso la meditación también consiste en no caer en pensamientos fortuitos, sino en mantener ciertos pensamientos fácilmente contemplados en el centro de nuestra conciencia, atrayéndolos allí con un fuerte esfuerzo de voluntad. Y cuanto mayor sea la fuerza e intensidad de esta irradiación interna de la voluntad en la esfera del pensamiento, en más espirituales nos convertiremos. Cuando tomamos los pensamientos del mundo material exterior —y entre el nacimiento y la muerte sólo podemos tomar tales pensamientos— nos convertimos, como ustedes pueden fácilmente comprobar, en libres; porque estamos entregados a las concatenaciones de cosas y acontecimientos en el mundo exterior; en lo que se refiere al contenido real de los pensamientos, estamos obligados a pensar como prescribe el mundo exterior; sólo cuando elaboramos los pensamientos nos volvemos libres en el sentido real.

Ahora es posible alcanzar la libertad completa en nuestra vida interior si cada vez borramos y excluimos más el contenido real del pensamiento, en la medida en que este viene de fuera, y acentuamos en mayor actividad el elemento de voluntad que fluye a través de nuestros pensamientos cuando formamos juicios, sacando conclusiones y cosas por el estilo. De este modo, nuestro pensamiento se convierte en lo que he llamado en mi “Filosofía de la Libertad”: en pensamiento puro. Pensamos, pero en nuestro pensamiento no hay nada sino voluntad. He puesto especial énfasis en esto en la nueva edición del libro (1918). Lo que está dentro de nosotros está en la esfera del pensamiento. Pero el pensamiento puro también puede llamarse voluntad pura. Así, desde el reino del Pensamiento llegamos al reino de la Voluntad, cuando nos volvemos interiormente libres; Nuestro pensamiento alcanza tal madurez que está enteramente irradiado por la voluntad; ya no toma nada de fuera, sino que su propia vida es de naturaleza volitiva. Al fortalecer progresivamente el impulso de la voluntad en nuestro pensamiento, nos preparamos para lo que he llamado en la “Filosofía de la Libertad”, “Imaginación Moral”.

La Imaginación Moral se eleva a las Intuiciones Morales que entonces impregnan e iluminan nuestra voluntad que ahora se ha convertido en pensamiento, o nuestro pensamiento que ahora se ha convertido en voluntad. De esta manera nos elevamos por encima del dominio de la «necesidad» que impera en el mundo material, nos impregnamos de una fuerza que es inherentemente nuestra y nos preparamos para la Intuición Moral. Y todo lo que puede fluir en el hombre desde el mundo espiritual tiene su fundamento, principalmente, en estas Intuiciones Morales. Por lo tanto, la libertad nace cuando permitimos que la voluntad se convierta en una fuerza cada vez más y más poderosa en nuestro pensamiento.

Ahora consideremos al ser humano desde el polo opuesto, el de la voluntad. ¿Cuándo se presenta la voluntad con particular claridad a través de lo que hacemos? —Cuando estornudamos, digamos que también estamos haciendo algo, pero ¡no podemos atribuirnos a nosotros mismos ningún impulso definitivo de voluntad cuando estornudamos! Cuando hablamos, estamos haciendo algo en lo que la voluntad está indudablemente contenida. Pero piensen cómo, al hablar, la intención deliberada y la ausencia de intención, volición y ausencia de volición, se entremezclan. Tenemos que aprender a hablar, de tal manera que ya no estemos obligados a formular cada palabra a golpe de un esfuerzo de voluntad; pues también un elemento instintivo entra en el habla. Al menos, es así en la vida cotidiana, y lo es enfáticamente en el caso de aquellos que no se esfuerzan por la espiritualidad. Los marrulleros, que siempre abren la boca para decir alguna cosa u otra en la que se encuentra muy poco pensamiento, dan a los demás la oportunidad de notar —ellos mismos, por supuesto, no lo notan— cuánto hay en el discurso que es instintivo e involuntario.

Pero cuanto más salimos de nuestra vida orgánica y pasamos a actividades liberadas, por así decirlo, de procesos orgánicos, más llevamos los pensamientos a nuestras acciones y hechos. Los estornudos son todavía enteramente una cuestión de vida orgánica; El hablar se relaciona en gran parte con la vida orgánica; caminando realmente hay muy poco; lo que hacemos con las manos, también muy poco. Y así vamos gradualmente a acciones cada vez más emancipadas de nuestra vida orgánica. Acompañamos estas acciones con nuestros pensamientos, aunque no sabemos cómo fluye la voluntad en estos pensamientos. Si no somos sonámbulos y no vamos en esta condición, nuestras acciones siempre van acompañadas de nuestros pensamientos. Llevamos nuestros pensamientos a nuestras acciones y cuando nuestras acciones evolucionan más hacia la perfección, mas se están llevando nuestros pensamientos hacia ellas.

Nuestra vida interior se profundiza constantemente cuando enviamos la voluntad —nuestra propia fuerza inherente— a nuestro pensamiento, cuando impregnamos nuestro pensamiento con voluntad. Traemos la voluntad al pensamiento y, por lo tanto, alcanzamos la libertad. A medida que gradualmente perfeccionamos nuestras acciones finalmente conseguimos enviar pensamientos a estas acciones; Irradiamos nuestras acciones —que proceden de nuestra voluntad— con pensamientos. Por un lado (hacia adentro) vivimos una vida de pensamiento; Lo impregnamos con la voluntad y así encontramos la libertad. Del otro lado (hacia fuera) nuestras acciones fluyen de nuestra voluntad, y las impregnamos con nuestros pensamientos. (Diagrama IX).

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Pero, ¿por qué medios evolucionan nuestras acciones hacia una mayor perfección? Para utilizar una expresión invariablemente polémica —¿Cómo lograr una mayor perfección en nuestras acciones?. Logramos esto desarrollando en nosotros la fuerza que sólo puede designarse con las palabras: devoción al mundo exterior. —Cuanto más crece y se intensifica nuestra devoción al mundo exterior, más este mundo exterior nos mueve a la acción. Pero es sólo a través del despliegue de la devoción al mundo exterior que logramos impregnar nuestras acciones con pensamientos. ¿Qué es, en realidad, la devoción al mundo exterior? La devoción al mundo exterior, que impregna nuestras acciones con pensamientos, no es otra cosa que el Amor.

Así como alcanzamos la libertad irradiando la vida del pensamiento con la voluntad, también alcanzamos el amor impregnando la vida de la voluntad con pensamientos. Desarrollamos el amor en nuestras acciones dejando que los pensamientos irradien en el reino de la voluntad; desarrollamos la libertad en nuestro pensamiento dejando que lo que es de naturaleza volitiva irradie en nuestros pensamientos. Y porque, como hombres, somos un todo unificado, cuando llegamos al punto donde encontramos la libertad en la vida del pensamiento y del amor en la vida de la voluntad, habrá libertad en nuestras acciones y amor en nuestro pensamiento. Cada uno irradia al otro: la acción llena de pensamiento es forjada en el amor; el pensamiento que está impregnado de voluntad da lugar a acciones y hechos verdaderamente libres.

Así podemos ver cómo en el ser humano los dos grandes ideales, la Libertad y el Amor, crecen juntos. La libertad y el amor son también lo que el hombre, de pie en el mundo, puede llevar a la realización en sí mismo de tal manera que, a través de él, se une uno con el otro para el bien del mundo.

Podemos preguntarnos: ¿Cómo se alcanza el ideal, el ideal más elevado, en la vida permeada por la voluntad en el pensamiento? Ahora bien, si la vida del pensamiento fuera algo que representara procesos materiales, la voluntad nunca podría penetrar plenamente en el reino de los pensamientos y arraigar cada vez más allí. La voluntad a lo sumo sería capaz de rayar en estos procesos materiales como una fuerza organizadora. La voluntad sólo puede tener un efecto real si la vida del pensamiento es algo que no tiene una realidad física exterior. ¿Qué debe ser entonces?.

Podrán imaginar lo que debe ser si toman una imagen como punto de partida. Si tienen aquí un espejo y aquí un objeto, el objeto se refleja en el espejo; sfgi luego se colocan detrás del espejo, no encontraran nada. En otras palabras, ustedes tienen una imagen —nada más. Nuestros pensamientos son imágenes en este mismo sentido. (Diagrama X) ¿Cómo se explica esto? —

 

En una conferencia anterior dije que la vida del pensamiento como tal no es una realidad del momento inmediato. La vida del pensamiento irradia desde nuestra existencia antes del nacimiento, o más bien, antes de la concepción. La vida del pensamiento tiene su realidad entre la muerte y un nuevo nacimiento. Y así como aquí el objeto se coloca ante el espejo y lo que presenta es una imagen —sólo eso y nada más— así lo que desplegamos como la vida del pensamiento se vive en el sentido real entre la muerte y un nuevo nacimiento, y sólo irradian en nuestra vida desde el nacimiento. Como seres pensantes, tenemos dentro de nosotros una realidad espejo solamente. Porque esto es así, la otra realidad que, como ustedes saben, surge del proceso metabólico, puede penetrar en el espejo de la vida del pensamiento. Si, como muy raramente es el caso hoy en día, hacemos esfuerzos sinceros por desarrollar un pensamiento imparcial, veremos que la vida del pensamiento consiste en una imagen-espejo, si miramos el pensamiento en su forma más pura —las matemáticas. El pensamiento matemático fluye completamente de nuestro ser interior, pero sólo tiene una existencia espejo. A través de las matemáticas, la composición de objetos externos puede ser analizada y determinada; pero los pensamientos matemáticos en sí mismos son sólo pensamientos, existen simplemente como imágenes. No se han adquirido de ninguna realidad exterior.

Pensadores abstractos como Kant también emplean una expresión abstracta. Dicen: los conceptos matemáticos son a priori. – A priori, (apriority) significa “de lo que es antes”. [E.Ed: Ver Diccionario de Oxford.] ¿Pero por qué los conceptos matemáticos son a priori? Porque fluyen de la existencia anterior al nacimiento, o más bien de la concepción precedente. Esto es lo que constituye su “aprioridad”. Y la razón por la que parecen reales a nuestra conciencia es porque son irradiados por la voluntad. Esto es lo que los hace reales. ¡Piensen cómo se ha convertido el pensamiento moderno abstracto cuando utiliza palabras abstractas para algo que, en su realidad, no se entiende! Los hombres como Kant tenían una idea débil de que traemos las matemáticas con nosotros desde nuestra existencia antes del nacimiento, y por lo tanto llamaron a priori las conclusiones de las matemáticas. Pero el término “a priori” realmente no nos dice nada, en realidad, señala algo meramente formal. En cuanto a la vida del pensamiento, que con su existencia-espejo debe ser irradiada por la voluntad para convertirse en realidad, las tradiciones antiguas hablan de Semblanza. (Diagrama XI, Schein.)

Consideremos ahora el otro polo de la naturaleza del hombre, donde los pensamientos fluyen hacia la esfera de la voluntad, donde los actos se realizan con el Amor. Aquí nuestra conciencia está, por decirlo así, rayando, rebotando en la realidad. No podemos mirar a ese reino de oscuridad, un reino de tinieblas para nuestra conciencia, donde se despliega la voluntad cuando levantamos un brazo o giramos la cabeza, a menos que tomemos conceptos suprasensibles en nuestra ayuda. Movemos un brazo; pero su complicado proceso de funcionamiento permanece tan escondido de la conciencia ordinaria como lo que ocurre en el sueño profundo, en el sueño sin sueños. Percibimos nuestro brazo; percibimos cómo nuestra mano agarra un objeto. Esto es porque permeamos la acción con pensamientos. Pero los pensamientos mismos que están en nuestra conciencia todavía son sólo apariencia. Vivimos en lo que es real, pero no irradia en nuestra conciencia ordinaria. Las tradiciones antiguas hablan aquí del Poder (Gewalt), porque la realidad en la que vivimos está, de hecho, permeada por el pensamiento, pero sin embargo el pensamiento en cierto sentido, esta rebotando de ella durante la vida entre el nacimiento y la muerte. (Diagrama XI).

Entre estos dos polos yace el factor de equilibrio que une a los dos: une la voluntad que irradia hacia la cabeza con los pensamientos que, como fluyen en hechos forjados con amor, se sienten, por decirlo así, con el corazón. Este medio de unión es la vida del sentimiento, que es capaz de dirigirse hacia la voluntad así como hacia los pensamientos. En nuestra conciencia ordinaria vivimos en un elemento mediante el cual comprendemos, por un lado, lo que viene a expresarse en nuestro pensamiento permeado por la voluntad con su predisposición a la libertad, mientras que por otro lado tratamos de asegurar que lo que pasa más en nuestras acciones se llene cada vez más con pensamientos. Y lo que forma el puente que conecta ambos ha sido llamado desde tiempos antiguos Sabiduría. (Diagrama XI).

En su cuento de hadas, La serpiente verde y el hermoso lirio, Goethe ha dado indicaciones de estas antiguas tradiciones en las figuras del rey de oro, el rey de plata y el rey de bronce. Ya hemos demostrado desde otros puntos de vista cómo estos tres elementos deben volver a la vida, pero en una forma completamente diferente —los tres elementos a los que apuntaban los conocimientos instintivos antiguos y que sólo pueden revivir si el hombre adquiere el conocimiento dado por la Imaginación, Inspiración, e Intuición.

Pero, ¿qué es lo que realmente ocurre cuando el hombre despliega su vida de pensamiento? —¡Que la realidad se convierte en apariencia! Es muy importante tener claro esto. Llevamos con nosotros la cabeza, que con su cráneo duro y su tendencia a la osificación, presenta, incluso exteriormente, una imagen de lo que está muerto, en contraste con el resto del organismo vivo. Entre el nacimiento y la muerte llevamos en la cabeza aquello que, desde un tiempo anterior, cuando era realidad, entra en nosotros como apariencia, y del resto de nuestro organismo impregnamos esa apariencia con el elemento que emana de nuestros procesos metabólicos, lo impregnamos con el elemento real de la voluntad. Allí tenemos dentro de nosotros una semilla, una entidad germinativa que, ante todo, es parte de nuestra humanidad, pero también significa algo en el cosmos. Piénsenlo: un hombre nace en un año determinado; antes  estaba en el mundo espiritual. Cuando sale del mundo espiritual, el pensamiento que es la realidad, se convierte en apariencia, y lleva a esa apariencia las fuerzas de su voluntad que proceden de una dirección completamente distinta, surgiendo de partes de su organismo distintas de la cabeza. Así es como el pasado, muriendo en apariencia, se enciende de nuevo para convertirse en realidad del futuro.

Vamos a entender esto correctamente. ¿Qué sucede cuando el hombre se eleva al pensamiento puro, al pensamiento irradiado por la voluntad? —Sobre el fundamento del pasado que se ha disuelto en la apariencia, a través de la fructificación por la voluntad que surge de su yoidad, se despliega dentro de él una nueva realidad que conduce al futuro. Él es el portador de la semilla del futuro. Los pensamientos del pasado, como realidades, son como el suelo-madre; en este suelo-madre se coloca lo que viene del yo individual y la semilla es enviada al futuro para la vida futura.

En el otro lado, el hombre evoluciona impregnando sus hechos y acciones, su naturaleza de voluntad, con pensamientos; con actos que se realizan con amor. Tales hechos se separan de él. Nuestras acciones no permanecen confinadas a nosotros mismos. Se convierten en acontecimientos del mundo; y si están permeadas por el amor, entonces el amor va con ellas. En lo que respecta al cosmos, una acción egoísta es diferente de una acción permeada por el amor. Cuando, a través de la apariencia, a través de la fructificación por la voluntad, desplegamos lo que procede de nuestro ser íntimo, entonces lo que fluye hacia el mundo desde nuestra cabeza encuentra nuestras acciones impregnadas de pensamiento. Y así como cuando se despliega una planta ya contiene en su flor la semilla a la que debe venir la luz del sol, el aire exterior, y así sucesivamente, a lo que algo debe ser traído desde el cosmos para que pueda crecer, en lo que se despliega a través de la libertad debe encontrarse un elemento en el que crecer a través del amor que vive en nuestros actos.

Así, el hombre permanece dentro del gran proceso de la evolución del mundo, y lo que ocurre dentro del límite de su piel y fluye más allá de su piel en forma de hechos, tiene significado no sólo para él, sino para el mundo, para el Universo. Él pone su granito en la arena de los acontecimientos cósmicos, en los acontecimientos del mundo. Lo que era la realidad en épocas anteriores se convierte en apariencia en el hombre, la realidad se disuelve continuamente, y su apariencia es acelerada de nuevo por la voluntad, surgiendo una nueva realidad. Aquí tenemos —como si espiritualmente pudiéramos poner nuestro dedo sobre ello— lo que también se ha hablado desde otros puntos de vista. ¡No hay conservación eterna de la materia! La materia se transforma en apariencia y la apariencia se transforma en realidad por la voluntad. La ley de la conservación de la materia y la energía afirmada por la física es una ilusión, porque sólo se tiene en cuenta el mundo natural. La verdad es que la materia está continuamente transformándose en apariencia; y una nueva creación tiene lugar en lo que a través del Hombre, que se presenta ante nosotros como el logro supremo del cosmos, la apariencia se transforma nuevamente en Ser (Sein).

También podemos ver esto si nos fijamos en el otro polo  —sólo que este no es tan fácil de percibir. Los procesos que finalmente llevan a la libertad ciertamente pueden ser capturados por el pensamiento imparcial. Pero ver correctamente el caso de este otro polo se necesita un cierto grado de desarrollo científico-espiritual. Porque aquí, para empezar, la conciencia ordinaria rebota cuando se enfrenta a lo que las antiguas tradiciones llaman Poder. Lo que se vive como Poder, como Fuerza, está verdaderamente permeado por pensamientos; pero la conciencia ordinaria no percibe que así como la voluntad entra más y más en el mundo del pensamiento con una facultad cada vez mayor de juicio, así cuando llevamos los pensamientos a la naturaleza de la voluntad, cuando superamos el elemento del Poder más y más completamente, también impregnamos lo que es meramente Poder con la luz del pensamiento. En un polo del ser humano vemos la superación de la materia; en el otro polo, vemos el nuevo nacimiento de la materia.

Como he señalado brevemente en mi libro Enigmas del alma, el hombre es un ser triple: como hombre de sistema nervioso y perceptivo es portador de la vida del pensamiento, de la percepción; como ser rítmico (respiración, sangre circulante), es portador de la vida del sentimiento; como ser metabólico, es portador de la vida de la voluntad. Pero ¿cómo, entonces, opera el proceso metabólico en el hombre cuando la voluntad se despliega cada vez más en el amor? Opera en que, como el hombre realiza tales actos, la materia es continuamente superada. Y qué es lo que se despliega en el hombre cuando, como ser libre, encuentra su camino en el pensamiento puro, que es, sin embargo, realmente de la naturaleza de la voluntad? —¡Nace la materia!— ¡Contemplamos el devenir-en-ser de la materia! Llevamos en nosotros lo que hace nacer la materia: nuestra cabeza; Y llevamos en nosotros lo que destruye la materia, donde podemos ver cómo se destruye la materia: nuestro organismo de las extremidades y del metabolismo.

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Esta es la manera en que debemos estudiar al hombre completo. Vemos cómo lo que la conciencia concibe en las abstracciones es un factor real en el proceso del devenir del mundo; Y vemos cómo aquello que está contenido en este proceso de devenir del mundo y al que la conciencia ordinaria se aferra tan firmemente que no puede hacer otra cosa que concebirla como realidad, vemos cómo esto se disuelve hasta la nulidad. Es realidad para la conciencia ordinaria, y cuando obviamente no coincide con las realidades externas, entonces el recurso de los átomos tiene que ser tomado, considerándolo una realidad firmemente fijada. Y porque el hombre no puede liberarse en sus pensamientos de estas realidades firmemente fijas, uno las deja mezclarse unas con otras, ahora de esta manera, ahora de esta otra. En un momento se mezclan para formar hidrógeno, en otro, oxígeno; Simplemente se agrupan de forma diferente. Esto es simplemente porque la gente es incapaz de cualquier otra creencia de que lo que una vez ha estado firmemente fijado en el pensamiento también debe estar firmemente fijado en la realidad.

No es otra cosa que la debilidad del pensamiento en la que se pierde cuando acepta la existencia de átomos fijos y duraderos. Lo que se revela a nosotros a través del pensamiento que está de acuerdo con la realidad es que la materia es continuamente disuelta hasta la nulidad y continuamente reconstruida a partir de la nulidad. Es sólo porque cuando la materia muere, surge la nueva materia, que la gente habla de la conservación de la materia. Caen en el mismo error en el que caerían, digamos, si un número de documentos fueran llevados a una casa, y copiados allí, pero los originales se queman y las copias se sacaran de nuevo, y entonces creyeran que lo que fue cargado había sido  llevado a cabo—que es la misma cosa. La realidad es que los documentos antiguos han sido quemados y los nuevos reescritos. Es lo mismo con lo que viene a ser en el mundo, y es importante para nuestro conocimiento avanzar a este punto. Porque en ese reino del ser del hombre, donde la materia muere y de la apariencia surge la nueva materia, está la posibilidad de la libertad, y también está la posibilidad del amor. Y la libertad y el amor siempre están van unidos, como ya he indicado en mi Filosofía de la Libertad. Aquellos que, partiendo de alguna concepción particular del mundo, hablan de lo imperecedero de la materia, anulan la libertad por un lado y el desarrollo pleno del amor por el otro.

Pues sólo por el hecho de que en el hombre el pasado muere, se convierte en apariencia, y el futuro como nueva creación en la condición de una semilla, surge en nosotros el sentimiento del amor —devoción a algo a lo que no estamos coaccionados por el pasado— y la libertad —acción que no está predeterminada.

La libertad y el amor son, en realidad, comprensibles sólo para una concepción científico-espiritual del mundo, no de cualquier otra. Aquellos que están familiarizados con la imagen del mundo que ha aparecido en el transcurso de los últimos siglos podrán evaluar las dificultades que habrá que superar antes de que los hábitos de pensamiento prevalecientes en la humanidad moderna puedan ser inducidos a dar paso a este pensamiento imparcial y científico-espiritual. Pues en la imagen del mundo existente en las ciencias naturales no hay realmente puntos a partir de los cuales podamos avanzar hacia una verdadera comprensión de la libertad y el amor.

Cómo la imagen natural-científica del mundo, por un lado y por el otro, la imagen tradicional y antigua del mundo, se relacionan con un desarrollo verdaderamente progresivo, espiritual y científico de la humanidad —de esto hablaremos en alguna otra ocasión.

Traducido por Gracia Muñoz, en Mayo de 2017