GA236c6. – La Festividad de Pentecostés – Su lugar en el estudio del Karma

Dornach, 4 de Junio de 1924

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[Desde febrero hasta septiembre de 1924, con intervalos de visitas a otras ciudades y países, Rudolf Steiner estuvo dando en Dornach la gran serie de 49 conferencias sobre Karma, producida posteriormente en cuatro volúmenes ahora disponible en traducción al inglés. La presente conferencia se dio muy poco antes del Festival de Pentecostés y se ocupa de su significado específico para el problema del destino humano con el que tratan las conferencias de las relaciones Kármicas.

El Dr. Steiner, que se presentó como antropósofo, comienza de inmediato con el hecho fundamental de los tres «cuerpos» que actúan en el organismo humano. Una exposición completa de esto se encuentra en el libro Teosofía, capítulo I.]

Cuando consideramos cómo funciona el Karma, siempre debemos tener en cuenta que el yo humano, que es el ser esencial, el ser íntimo del hombre, tiene tres instrumentos a través de los cuales puede vivir y expresarse en el mundo. Estos son el cuerpo físico, el cuerpo etérico y el cuerpo astral. El hombre lleva realmente los cuerpos físico, etérico y astral con él a través del mundo, pero él mismo no está en ninguno de estos cuerpos. En el sentido más verdadero, es el Yo; Y es el Yo el que sufre y crea el Karma.

Ahora bien, la cuestión es comprender la relación entre el hombre como yoidad y estas tres formas instrumentales —si me permiten llamarlas así— los cuerpos físico, etérico y astral. Esto nos dará la base para una comprensión de la esencia del Karma. Y obtendremos un punto de vista fructífero para el estudio del cuerpo físico, el etérico y el astral en el hombre en relación con el Karma, si consideramos lo siguiente.

Lo físico tal como lo vemos en el reino mineral, el etérico como lo encontramos trabajando en el reino vegetal, y el astral como lo encontramos trabajando en el reino animal —todo lo que se encuentra en el ambiente del hombre aquí en la Tierra. En el Cosmos que rodea a la Tierra tenemos ese Universo en el cual, si puedo describirlo, la Tierra se extiende por todos lados. El hombre puede sentir una cierta relación entre lo que ocurre en la Tierra y lo que ocurre en el ambiente cósmico. Pero cuando llegamos a la Ciencia Espiritual debemos preguntarnos: ¿Esta relación es realmente tan común como la concepción científica actual del mundo imagina?. Esta moderna concepción científica del mundo examina las cualidades físicas de todo lo que existe en la Tierra, vivo o sin vida. También investiga las estrellas, el sol, la luna, etc.; Y descubre —en realidad está particularmente orgulloso del descubrimiento— que estos cuerpos celestes son fundamentalmente de la misma naturaleza que la Tierra.

Tal concepción sólo puede resultar de una forma de conocimiento que en ningún momento llega a una comprensión real del hombre mismo —un conocimiento que toma sólo lo que es externo al hombre. Sin embargo, en el momento en que tomamos al hombre en el Universo, podemos descubrir las relaciones entre los diversos miembros instrumentales de la naturaleza del hombre, el cuerpo físico, el cuerpo etérico y el cuerpo astral y las entidades correspondientes, las realidades correspondientes del Ser, en el Cosmos.

Con respecto al cuerpo etérico del hombre, encontramos extendido en el Cosmos el Éter universal. El cuerpo etérico del hombre tiene una forma humana definida, formas definidas de movimiento dentro de ella, y así sucesivamente. Esto, en realidad, es diferente en el éter cósmico. Sin embargo, el éter cósmico es fundamentalmente de naturaleza similar a la que encontramos en el cuerpo etérico humano. De la misma manera podemos hablar de una semejanza entre lo que se encuentra en el cuerpo astral humano y un cierto principio astral que funciona a través de todas las cosas y todos los seres en el distante Universo.

Aquí llegamos a algo de extraordinaria importancia, algo que en su verdadera naturaleza es ajeno al ser humano de hoy. Empecemos por aquí. (Se hace un dibujo en la pizarra). Tenemos, primero, la Tierra; Y en la Tierra tenemos al Hombre, con su cuerpo etérico. Entonces en el mismo ambiente de la Tierra tenemos el Éter cósmico, —el éter cósmico que es de la misma naturaleza que el cuerpo etérico en el hombre—. En el hombre también tenemos el cuerpo astral. En el ambiente cósmico también hay Astralidad. ¿Dónde encontraremos esta Astralidad cósmica? ¿Dónde está? De hecho, hay que encontrarla, pero primero debemos descubrir lo que en el Cosmos delata la presencia de Astralidad cósmica; Qué es lo que lo revela. En algún lugar u otro está la Astralidad. ¿Es esta Astralidad en el Cosmos bastante invisible e imperceptible, o es, después de todo, de algún modo perceptible para nosotros?

En sí mismo, por supuesto, el éter también es imperceptible para nuestros sentidos físicos. Si puedo decirlo así, cuando estás viendo un pequeño fragmento de Éter, no ves nada con tus sentidos físicos, simplemente lo ves a través de él. El Éter es como una nada vacía para nosotros. Pero cuando consideramos el ambiente etérico como una totalidad, ustedes contemplan el cielo azul, del que también decimos que no está realmente ahí sino que están mirando el espacio vacío. Ahora la razón por la que ven el azul del cielo es porque realmente están percibiendo el fin del Éter. Así ven el Éter como el azul de los cielos. La percepción del cielo azul es real y verdaderamente una percepción del Éter. Por lo tanto, podemos decir: Al percibir el azul del cielo estamos percibiendo el Éter universal que nos rodea.

En el primer contacto, vemos a través del Éter. Nos permite hacerlo; Y sin embargo, se hace perceptible en los cielos azules. De ahí que la existencia de la percepción humana del azul del cielo se exprese en que decimos: El éter mismo, aunque imperceptible, se eleva al nivel de perceptibilidad por la gran majestad con la que se encuentra allí en el Universo, revelando su presencia, haciéndose conocer en el azul de la vasta extensión.

La ciencia física teoriza de manera materialista sobre el azul del cielo; y para la ciencia física es muy difícil llegar a una conclusión inteligente sobre este punto, por la sencilla razón de que está obligado a admitir que donde vemos el azul del cielo no hay nada físico. Sin embargo, los hombres hacen girar las teorías más elaboradas para explicar cómo los rayos de luz se reflejan y refractan de una manera peculiar para obtener a este azul del cielo. La realidad, es que es aquí donde el mundo suprasensible comienza a dominar. En el Cosmos, de hecho, lo Suprasensible se nos hace visible. Sólo tenemos que descubrir dónde y cómo se hace visible. El Éter se nos hace perceptible a través del azul del cielo.

Pero ahora, en algún lugar también está presente el elemento astral del Cosmos. En el cielo azul, el éter atraviesa, por así decirlo, los reinos de los sentidos. ¿Dónde entonces la Astralidad en el Cosmos atraviesa los reinos de la perceptibilidad? La respuesta, queridos amigos, es ésta. Cada estrella que vemos brillando en los cielos es en realidad una puerta de entrada para lo Astral. Dondequiera que las estrellas están parpadeando y brillando hacia nosotros, brilla y brilla el Astral. Miren los cielos estrellados en su variedad múltiple; En una parte las estrellas se juntan en montones y racimos, y en otra se dispersan a lo lejos. En toda esta maravillosa configuración de luz radiante, el cuerpo astral invisible y suprasensible del Cosmos se hace visible para nosotros.

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Por esta razón no debemos considerar el mundo de las estrellas de forma no espiritual. Mirar hacia el mundo de las estrellas y hablar de mundos de gases ardientes es como si —perdonen el aparente absurdo de la comparación, pero es precisamente cierto— es como si alguien que te ama te acaricia suavemente, sosteniendo los dedos un poco separados, y entonces dices que sientes como pequeñas cintas atraídas por tu mejilla. No es más falso que se pongan pequeñas cintas en la mejilla cuando alguien te acaricia, que ahí arriba existen en el cielo aquellas entidades materiales de las que la física moderna cuenta. Es el cuerpo astral del Universo el que perpetuamente ejerce su influencia —como los dedos suavemente acariciadores— en el organismo etérico del Cosmos. El Cosmos etérico está organizado para una duración muy larga; es por esta razón que una estrella tiene su cualidad de fija, representando una perpetua influencia en el éter cósmico por el Universo astral. Dura mucho más que el acariciamiento de la mejilla. Pero en el Cosmos las cosas duran más, porque allí estamos tratando con medidas gigantescas. Así, en los cielos estrellados que percibimos, en realidad contemplamos una expresión de la vida del alma del mundo astral cósmico.

De esta manera, una vida inmensa, insondable, y sin embargo, al mismo tiempo, una vida del alma, una vida real y actual del alma, se introduce en el Cosmos. Piensen que nos parece el Cosmos cuando miramos hacia los lejanos espacios y no vemos nada más que cuerpos gaseosos quemándose. Piensen cómo se vive todo cuando sabemos que las estrellas son una expresión del amor con el que el Cosmos astral trabaja sobre el Cosmos etérico, pues esto es expresarlo con la verdad perfecta. Piensen entonces en aquellos procesos misteriosos cuando ciertas estrellas se iluminan repentinamente en ciertos momentos, —procesos que sólo se nos han explicado por medio de hipótesis físicas que no conducen a una comprensión real. Estrellas que no estaban allí antes, se encienden por un tiempo, y desaparecen de nuevo. Así, en el Cosmos también hay un “acariciamiento” de duración más corta. Porque en realidad es cierto que en épocas en que los Seres divinos desean trabajar de una manera especial desde el mundo astral al etérico, vemos nuevas estrellas que se iluminan y se desvanecen otra vez.

Nosotros mismos en nuestro propio cuerpo astral tenemos sentimientos de deleite y bienestar de las más variadas formas. De la misma manera en el Cosmos, a través del cuerpo astral cósmico, tenemos la variada configuración de los cielos estrellados. No es de extrañar que la antigua ciencia instintiva clarividente, describa este tercer miembro de nuestro organismo humano como el cuerpo “astral” o “estrellado”, viendo que es de naturaleza semejante a lo que se nos revela en las estrellas.

Sólo al Yo no lo encontramos revelado en el ambiente cósmico. ¿Por qué es esto? Encontraremos la razón si consideramos cómo este Yo humano se manifiesta aquí en la Tierra, en un mundo que es en realidad triple: físico, etérico y astral. El Yo del hombre, tal como aparece dentro del Universo, es una y otra vez una repetición de vidas anteriores en la Tierra; Y una y otra vez se encuentra en la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Pero cuando observamos el Yo en su vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, percibimos que el cuerpo Etérico que tenemos aquí en el ambiente cósmico de la Tierra no tiene significado para el Yo humano. El cuerpo etérico se deja a un lado poco después de la muerte. Sólo el mundo astral, que brilla hacia nosotros a través de las estrellas tiene significado para el Yo en la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Y en ese mundo que resplandece hacia nosotros a través de las estrellas, en ese mundo viven los Seres de las Jerarquías Superiores con quienes el hombre forma su Karma entre la muerte y un nuevo nacimiento.

De hecho, cuando seguimos este Yo en sus sucesivas evoluciones a través de las vidas entre el nacimiento y la muerte y entre la muerte y un nuevo nacimiento, no podemos permanecer en el mundo del espacio en absoluto. Porque dos vidas terrenales sucesivas no pueden estar dentro del mismo espacio. No pueden estar dentro de ese Universo que es dependiente de la coexistencia espacial. Aquí, pues, salimos del Espacio y entramos en el Tiempo. Esto es realmente así. Salimos del Espacio y entramos en el flujo puro del Tiempo cuando contemplamos el Yo en sus sucesivas vidas en la Tierra.

Ahora consideren esto, mis queridos amigos. En el espacio, el tiempo todavía está presente, por supuesto, pero dentro de este mundo del espacio no tenemos medios de experimentar el tiempo en sí mismo. Siempre tenemos que experimentar el Tiempo a través del Espacio y de los procesos espaciales. Por ejemplo, si desean experimentar el Tiempo, miran el reloj, o, si lo desean, el curso del sol. ¿Que ven? Ustedes ven las diferentes posiciones de las manecillas del reloj o del sol. Ustedes ven algo que es espacial. A través del hecho de que las posiciones de las manillas o del sol cambian, a través del hecho de que las cosas espaciales se les presentan como cambiantes, se obtiene alguna idea del Tiempo. Pero del Tiempo mismo no hay realmente nada en esta percepción espacial. Sólo hay variadas configuraciones espaciales, diferentes posiciones de las manecillas del reloj, posiciones variadas del sol. Sólo se experimenta el Tiempo como tal cuando entran en la esfera de la experiencia anímica. Allí se experimenta realmente el Tiempo, pero allí también sale del Espacio. Allí, el Tiempo es una realidad, pero dentro del mundo terrenal del Espacio, el Tiempo no es una realidad. Entonces, ¿qué nos sucedería si salimos del espacio en que vivimos entre el nacimiento y la muerte y entramos en la falta de espacio en que vivimos entre la muerte y un nuevo nacimiento? ¿Qué debemos hacer? La respuesta es la siguiente: ¡Debemos morir!.

Debemos tomar estas palabras en su significado exacto y profundo. En la Tierra experimentamos el Tiempo sólo a través del Espacio —a través de puntos en el Espacio, a través de las posiciones de las cosas espaciales—. En la Tierra no experimentamos el Tiempo en su realidad en absoluto. Una vez que comprendan esto, dirán: “Realmente para entrar en el Tiempo debemos salir del Espacio, debemos guardar todas las cosas espaciales”. También se puede expresar en otras palabras, porque en realidad no es otra cosa que morir. Significa, de hecho y de verdad: morir.

Volvamos ahora nuestra mirada a este mundo cósmico que rodea a la Tierra —este mundo cósmico al que somos afines tanto a través de nuestro cuerpo etérico como a través de nuestro cuerpo astral— y veamos lo espiritual en este mundo cósmico. De hecho, ha habido naciones y sociedades humanas que sólo han tenido en cuenta lo espiritual que se encuentra dentro de nuestro mundo terrenal del Espacio. Tales pueblos eran incapaces de tener pensamientos sobre vidas repetidas en la Tierra. Los pensamientos acerca de vidas repetidas en la Tierra los poseían solamente aquellos seres y grupos humanos que fueron capaces de concebir el Tiempo en su pura esencia, el Tiempo en su carácter espacial. Pero si consideramos este mundo terrenal junto con su ambiente cósmico, o, brevemente, todo lo que hablamos del Cosmos, del Universo; y contemplamos su manifestación espiritual, entonces estamos percibiendo algo de lo que se puede decir que tenía que estar presente para que pudiéramos entrar en nuestra existencia como seres humanos terrenales; tenía que estar allí.

Las profundidades insondables están realmente contenidas en esta simple concepción, que acabo de referir, todo tenía que existir para que nosotros como seres humanos terrenales pudiéramos entrar en esta vida terrenal. Profundidades infinitas se revelan cuando realmente comprendemos el aspecto espiritual de todo lo que se nos presenta. Si concebimos este mundo Espiritual en su integridad como un todo autocontenido, si lo consideramos en su propia pureza y esencia, entonces tenemos una concepción de lo que fue llamado “Dios” por aquellos pueblos que limitaban su visión solo al mundo del espacio.

Estos pueblos —en todo caso en sus enseñanzas de Sabiduría— habían llegado a sentir: El Cosmos está tejido a través y por medio de un elemento Divino que está trabajando en él, y podemos distinguir de este elemento Divino en el Cosmos lo que está presente en la Tierra, en nuestro entorno inmediato, como mundo físico. También podemos distinguir lo que en este mundo cósmico, divino-espiritual se revela como el cuerpo Etérico, es decir, lo que nos mira desde el azul del cielo. Podemos distinguir el cuerpo Astral en este mundo divino, en lo que nos mira hacia abajo desde la configuración de los cielos estrellados.

Si entramos lo más posible en la situación tal como estamos aquí, dentro del Universo, como seres humanos en esta Tierra, nos diremos a nosotros mismos: “Nosotros, como seres humanos, tenemos un cuerpo físico: ¿dónde está entonces lo Físico en el universo?” Aquí estoy volviendo a algo que ya he señalado. La ciencia física de hoy espera encontrar todo lo que existe en la Tierra existe también en el Universo. Pero la organización física en sí no se encuentra en el Universo. El hombre tiene en primer lugar su organización física: además tiene la organización etérica y la astral. El Universo, por el contrario, comienza con el Cuerpo Etérico. Allí en el Cosmos lo Físico no se encuentra en ninguna parte. Lo Físico existe sólo en la Tierra, y no es más que fantasía e imaginación vacía hablar de algo físico en el lejano Universo. En el Universo esta el mundo Etérico y el mundo Astral. Hay también un tercer elemento dentro del Universo del que aún no hemos hablado, pues el Cosmos también es triple. Pero la triplicidad del Cosmos, aparte de la Tierra, es diferente de la trinidad del Cosmos en el que incluimos la Tierra.

Que estos sentimientos entren en nuestra conciencia terrenal, la percepción de lo Físico en nuestra inmediata morada terrena; el sentimiento de lo Etérico, que está tanto en la Tierra como en el Universo; la contemplación de lo Astral, que resplandece en la Tierra desde las estrellas, y más intensamente que todas las estrellas el resplandor del Sol. Entonces, cuando consideramos todas estas cosas y colocamos ante nuestras almas la majestad de esta concepción del mundo, podemos comprender bien cómo en la antigüedad, cuando con la clarividencia instintiva los hombres no pensaban tan abstractamente, sino que todavía podían sentir la Majestad de una gran concepción, fueron llevados a entender que: “Un pensamiento tan majestuoso como éste no puede concebirse perpetuamente en toda su plenitud. Debemos tomarlo en un momento especial, permitiéndole trabajar en el alma en su gloria plena e insondable. Entonces trabajará en las profundidades interiores de nuestro ser, sin ser mimado y corrompido por nuestra conciencia superficial”. Si consideramos por qué medios la antigua clarividencia instintiva dio expresión a tal sentimiento, de todo lo que se combinó entonces para dar certidumbre a este pensamiento de la antigüedad, nos queda hoy la institución del Festival de Navidad.

En la Noche de Navidad, el hombre, al estar aquí en la Tierra con sus cuerpos físico, etérico y astral, se siente relacionado con la Trinidad Cósmica que le aparece en su naturaleza Etérica, brillando majestuosamente, maravilla mágica de la noche en el azul de los cielos; Mientras que frente a él esta lo Astral del Universo, en las estrellas que brillan hacia la Tierra. Al saber de la santidad de este ambiente cósmico que está relacionado con lo que está en la misma Tierra, siente que él mismo con su propio Yo ha sido trasplantado del Cosmos a este mundo del Espacio. Y ahora puede contemplar el Misterio de la Navidad —el Niño recién nacido, el Representante de la Humanidad en la Tierra, que, en tanto que está entrando en la infancia, nace en este mundo del Espacio. En la plenitud y majestad de este pensamiento de Navidad, mientras se contempla el nacimiento del Niño en la Noche de Navidad, exclama: “Ex Deo Nascimur  —nací de lo Divino, de lo Divino que teje y surge a través del mundo del Espacio”.

Cuando un hombre ha sentido esto, cuando se ha impregnado completamente con ello, entonces también puede recordar lo que la Antroposofía nos ha revelado sobre el significado de la Tierra. El Niño al que estamos contemplando es la envoltura exterior de lo que ahora nace en el Espacio. ¿Pero de dónde nace, para que nazca en el mundo del espacio? De acuerdo con lo que hemos explicado hoy, sólo puede ser desde el Tiempo. De vez en cuando el Niño nace.

Si seguimos la vida de este Niño y su permeación por el Espíritu del Ser de Cristo, nos damos cuenta de que este Ser, este Ser-Cristo, viene del Sol. Entonces miraremos hacia el Sol y nos diremos: “Al mirar hacia el Sol, debo ver en el sol ese Tiempo, que está oculto en el mundo del Espacio. Dentro del Sol está el Tiempo, y fuera del Tiempo que teje y trabaja dentro del Sol, Cristo salió, salió al Espacio, a la Tierra”.

¿Qué tenemos entonces en Cristo en la Tierra? En Cristo en la Tierra tenemos eso, que viene de más allá del Espacio, desde fuera del Espacio, que se une con la Tierra. Quiero que sean conscientes de cómo nuestra concepción del Universo cambia, en comparación con la concepción ordinaria actual, cuando realmente entramos en todo lo que se ha expuesto ante nuestras almas esta tarde. Allí en el Universo tenemos el Sol, con todo lo que nos parece que esta inmediatamente conectado con él —todo lo que está contenido en el azul de los cielos, en el mundo de las estrellas. En otro punto del Universo tenemos a la Tierra con su humanidad. Cuando miramos hacia arriba desde la Tierra hasta el Sol, estamos mirando al mismo tiempo el flujo del Tiempo.

De esto sigue algo de gran importancia. El hombre sólo mira hacia el Sol de la manera correcta (aunque sea en su mente) cuando, al mirar hacia arriba, olvida el Espacio y considera solo el Tiempo. Porque, en realidad, el Sol no sólo irradia luz, irradia el Espacio mismo, y cuando miramos al Sol estamos mirando desde el Espacio hacia el mundo del Tiempo. El Sol es la única estrella que cuando la miramos, estamos mirando independientemente del Espacio. Y de ese mundo, fuera del Espacio, vino Cristo a los hombres. En el momento en que el cristianismo fue fundado por Cristo en la Tierra, el hombre había estado demasiado tiempo restringido al mero Ex Deo Nascimur, se había unido completamente a él, se había convertido en un puro y simple Ser Espacial. La razón por la que nos resulta tan difícil comprender las tradiciones de las épocas primitivas, cuando volvemos a ellas con la conciencia de la civilización actual, es que ellos siempre tenían en mente el Tiempo y no el mundo del Espacio. Consideraban el mundo del espacio sólo como un apéndice del mundo del Tiempo.

[Este es un pasaje fascinante, pero el traductor (o editor) mezcló las palabras ‘Espacio’ y ‘Tiempo’ al final de este párrafo, para hacer el pasaje completamente contradictorio! Las dos últimas oraciones del primer párrafo deben ser como sigue (las palabras en negrita se han cambiado):

La razón por la que es tan difícil para nosotros comprender las tradiciones de las épocas primitivas, cuando volvemos a ellas con la conciencia de la civilización actual, es que siempre tenían en mente el espacio y no el mundo del tiempo. Consideraban el mundo del Tiempo sólo como un apéndice del mundo del Espacio.

Aquí está el original alemán:

“Wir verstehen so schwer mit dem heutigen zivilisatorischen Bewußtsein die alten Überlieferungen, weil diese eigentlich überall mit dem Raum rechnen und nicht mit dem Zeitlichen, mit dem Zeitlichen nur wie mit einem Anhängsel des Räumlichen.”

Thanks to Lucas Dreier — e.Ed.]

Cristo vino para traer de nuevo el elemento del Tiempo a los hombres, y cuando el corazón humano, el alma humana y el espíritu humano se unen a Cristo, entonces el hombre recibe el flujo del Tiempo que fluye de Eternidad a Eternidad. ¿Qué más podemos hacer los seres humanos cuando morimos, es decir, cuando salimos del mundo del Espacio, que aferrarnos a Aquel que nos devuelve al Tiempo? En el Misterio del Gólgota el hombre se había convertido en un Ser del Espacio tan enorme que el Tiempo se le había perdido. Cristo devolvió el Tiempo a los hombres.

Si, por lo tanto, al salir del mundo del Espacio, los hombres no morirían tanto en sus almas como en sus cuerpos, debían morir en Cristo, Podríamos ser seres humanos del Espacio y decir: “Ex Deo Nascimur”, y podemos mirar al Niño que sale del Tiempo al Espacio para unir a Cristo con la humanidad. Pero desde el Misterio del Gólgota no podemos concebir la muerte, el límite de nuestra vida terrena, sin este pensamiento: “Debemos morir en Cristo”. De lo contrario, pagaremos nuestra pérdida de tiempo con la pérdida de Cristo mismo y, desterrados de Él, permaneceremos engañados. Debemos llenarnos del Misterio del Gólgota. Además del “Ex Deo Nascimur”, debemos encontrar el “En Christo Morimur”. Debemos hacer surgir el pensamiento de Pascua además del pensamiento navideño. Así, el “Ex Deo Nascimur” deja que el pensamiento navideño aparezca ante nuestras almas, y en el pensamiento de Pascua “en Christo Morimur”.

Ahora podemos decir: En la Tierra el hombre tiene sus tres cuerpos, el físico, el etérico y el astral. El Etérico y Astral también están ahí fuera en el Cosmos, pero el Físico sólo se encuentra en la Tierra. En el Cosmos no hay Físico. Así debemos decir: Sobre la Tierra —físico, etérico, astral. En el Cosmos —no físico, sino sólo el etérico y el astral.

Sin embargo, el Cosmos también es triple, porque lo que el Cosmos carece del nivel más bajo, lo añade más arriba. En el Cosmos el Etérico es el mundo más bajo: en la Tierra el Físico es lo más bajo. En la Tierra el mundo Astral es el más alto; En el Cosmos, lo más elevado es aquello que el hombre actualmente sólo tiene los comienzos, de los cuales su Yo Espiritual estará un día tejido. Por lo tanto, podemos decir: En el Cosmos esta, como, el elemento más elevado, el  Yo Espiritual.

Ahora vemos las estrellas como expresiones de algo real. Comparé su acción con una suave caricia. El Yo Espiritual  que está detrás de ellas es ciertamente el Ser que amorosamente acaricia, sólo que en este caso no es un solo Ser sino el mundo entero de las Jerarquías. Miro a un hombre y veo su forma; Miro sus ojos y los veo brillar hacia mí; oigo su voz; Es la expresión del ser humano. Del mismo modo que miro hacia los Espacios lejanos del mundo, miro a las estrellas. Son el enunciado de las Jerarquías, el enunciado vivo de las Jerarquías, encendiendo el sentimiento astral. Miro las profundidades azules del firmamento y veo en él la revelación exterior del cuerpo etérico que es el miembro más bajo del mundo de las Jerarquías.

Ahora podemos comprender aún más. Miramos hacia el Cosmos lejano que va más allá de la realidad terrenal, incluso cuando la Tierra con su sustancia física y sus fuerzas esta bajo la realidad cósmica. Al igual que en lo Físico, la Tierra tiene un elemento subcósmico, en el Yo Espiritual el Cosmos tiene un elemento supraterrenal.

La ciencia física habla del movimiento del Sol; y puede hacerlo, porque dentro del cuadro espacial del Cosmos que nos rodea, percibimos por ciertos fenómenos que el Sol está en movimiento. Pero eso es sólo una imagen del verdadero movimiento del Sol —una imagen lanzada al Espacio. Si estamos hablando del verdadero Sol es absurdo decir que el Sol se mueve en el Espacio; pues el espacio mismo está siendo irradiado por el sol. El Sol no sólo irradia la luz; El Sol crea el Espacio mismo. Y el movimiento del Sol es sólo un movimiento espacial dentro de este Espacio creado. Fuera del Espacio está el movimiento en el Tiempo. —lo que nos parece evidente, a saber, que el Sol se está acelerando hacia la constelación de Hércules— es sólo una imagen espacial de la evolución temporal del Ser-Solar.

A sus discípulos íntimos, Cristo dijo estas palabras: “He aquí la vida de la Tierra; está relacionada con la vida del Cosmos. Cuando miras la Tierra y el Cosmos que la circunda, es el Padre cuya vida penetra este Universo. [Ver Nota 1] El Dios Padre es el Dios del Espacio. Pero Yo os digo que he venido a vosotros desde el Sol, desde el Tiempo, el que recibe al hombre cuando muere. Yo mismo os he traído del Tiempo. [Véase la Nota 2] Si me reciben, reciben el Tiempo, y no quedarán atrapados en el Espacio. Así vosotros encontráis la transición de una trinidad —Física, Etérica y Astral— a la otra trinidad, que conduce desde el Etérico y Astral al Yo Espiritual. El Yo Espiritual no se encuentra en el mundo terrenal, así como lo Físico-Terrenal no se encuentra en el Cosmos. Pero yo os traigo el mensaje, porque yo soy del Sol.

El Sol tiene de hecho un triple aspecto. Si uno vive dentro del Sol y mira hacia abajo desde el Sol a la Tierra, uno contempla lo Físico, Etérico y Astral. También se puede contemplar lo que está dentro del Sol mismo. Entonces uno ve lo Físico siempre y cuando recuerde la Tierra y mire hacia abajo, hacia la Tierra. Pero si uno mira lejos de la Tierra, uno ve al otro lado el Yo Espiritual. Así, uno se balancea hacia atrás y hacia adelante entre el Físico y la naturaleza del Yo Espiritual. Sólo el cuerpo Etérico y Astral están permanentemente en el medio. Al mirar hacia el gran Universo, lo terrenal desaparece, y se tiene el mundo Etérico, el mundo Astral y el Yo Espiritual. Esto es lo que ustedes ven cuando entran en el Tiempo del Sol entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Imaginemos, en primer lugar, que el estado de ánimo interior del alma de un hombre es tal que se encierra enteramente dentro de esta existencia terrestre. Todavía puede sentir lo Divino, porque nació de lo Divino: “Ex Deo Nascimur”. Entonces imaginémoslo ya no encerrándose en el mero mundo del Espacio, sino recibiendo al Cristo que viene del mundo del Tiempo al mundo del Espacio, que trae el Tiempo mismo al espacio terrenal. Si un hombre consigue eso, entonces en la Muerte vencerá a la Muerte. “Ex Deo Nascimur. En Christo Morimur”. Pero Cristo mismo trae el mensaje de que cuando el Espacio es superado y uno ha aprendido a reconocer al Sol como el creador del Espacio, cuando uno se siente trasplantado por Cristo al Sol, al Sol viviente, lo Físico terrestre desaparece y sólo el mundo Etérico y el mundo Astral están allí. Ahora el mundo Etérico vuelve a la vida, no como el azul del cielo, sino como el resplandor rojo lila del Cosmos, y hacia adelante de la luz rojiza, las estrellas ya no brillan sobre nosotros, sino que nos acarician suavemente con su amorosa efluencia.

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Si un hombre entra realmente en todo esto, puede tener la experiencia de sí mismo, posicionado aquí en la Tierra, dejando a un lado lo Físico, pero con el Etérico fluyendo a través de él y fuera de él en la luz lila-rojiza. Ya no son las estrellas brillantes puntos de luz; Son radiaciones de amor como la mano acariciadora de un ser humano. Cuando sentimos todo esto —lo divino dentro de nosotros mismos, el divino fuego cósmico que arde desde nuestro interior como el mismo ser del hombre; Nosotros mismos dentro del mundo Etérico y experimentando la expresión viva del Espíritu en el resplandor cósmico astral, allí estalla dentro de nosotros el despertar interior del resplandor creativo del Espíritu, que es la alta vocación del hombre en el Universo.

Cuando aquellos a quienes Cristo reveló estas cosas dejaron que la revelación penetrara profundamente en su ser, llegó entonces el momento en que experimentaron la función de este poderoso concepto, en las ardientes lenguas de Pentecostés. Al principio sentían la caída, el descarte de lo Físico terrenal como la muerte. Pero entonces llegó el sentimiento; esto no es la muerte, sino que en lugar de lo físico de la Tierra, ahora amanece sobre nosotros la Espiritualidad del Universo. “Per Spiritum Sanctum Reviviscimus”.

Así podemos considerar la triple naturaleza de la mitad del año. Tenemos el pensamiento navideño—”Ex Deo Nascimur”; El pensamiento de Pascua—”En Christo Morimur”; y el pensamiento de Pentecostés—”Per Spiritum Sanctum Reviviscimus”.

Queda la otra mitad del año. Si lo comprendemos también, nos descubre el otro aspecto de nuestra vida humana. Si comprendemos la relación de lo físico con el alma humana y con lo suprafísico —que contiene la verdadera libertad de la que el hombre debe ser participe en la Tierra— entonces de la interconexión de las fiestas de Navidad, Pascua y Pentecostés entenderemos la libertad humana en la Tierra. A medida que comprendemos al hombre desde estos tres pensamientos, el pensamiento de Navidad, el pensamiento de Pascua y el pensamiento de Pentecostés, y dejamos que enciendan en nosotros el deseo de comprender las partes restantes del año, surge la otra mitad de la vida humana que les indiqué cuando les dije: “Contemplen el destino humano; las Jerarquías aparecen detrás de él: el trabajo y el tejer de las Jerarquías”. Es verdaderamente maravilloso contemplar el destino del ser humano, porque detrás de él está la totalidad de las Jerarquías.

De hecho, es el lenguaje de las estrellas lo que nos resuena desde los pensamientos de Navidad, Pascua y Pentecostés; desde el pensamiento de Navidad, en la medida en que la Tierra es una estrella dentro del Universo; desde el pensamiento de Pascua, puesto que la más radiante de las estrellas, el Sol, nos dona su gracia; y del pensamiento de Pentecostés en la medida en que lo que está escondido más allá de la luces de las estrellas en el alma, se ilumina de nuevo en las ardientes lenguas de Pentecostés.

¡Entren en todo esto, mis queridos amigos! Les he dicho que el Padre, portador del pensamiento navideño, envía al Hijo para que por él se cumpla el pensamiento pascual; Después pase a relatarles cómo el Hijo trae el mensaje del Espíritu, para que en el pensamiento de Pentecostés la vida del hombre en la Tierra pueda ser completada en su triple ser.  Mediten esto ponderándolo bien; entonces todas las bases descriptivas que les he dado para la comprensión del Karma, obtendrán un correcto fundamento de sentimiento interior.

Traten de dejar que los pensamientos de Navidad, Pascua y Pentecostés, de la manera en que los he expresado hoy, trabajen profundamente en su sentir y cuando nos encontremos de nuevo después del viaje que debo emprender este Pentecostés para el Curso de Agricultura—Cuando nos reunamos de nuevo, traigan este sentimiento con ustedes, mis queridos amigos. Porque este sentimiento debe vivir en nosotros como el cálido y ardiente pensamiento de Pentecostés. Entonces podremos ir más lejos en nuestro estudio del Karma; pues su poder de entendimiento será fertilizado con lo que contiene el pensamiento de Pentecostés.

Así como en la primera Fiesta de Pentecostés algo resplandeció de cada uno de los discípulos, el pensamiento de Pentecostés debe vivificarse con nuestro entendimiento antroposófico. Algo debe iluminarse y brillar de nuestras almas. Por lo tanto, es como un sentimiento de Pentecostés el prepararse para continuar con nuestros pensamientos sobre el Karma, que están relacionados con la otra mitad del año, que ya les he dado con lo que he dicho hoy sobre las conexiones internas de la Navidad, Pascua y Pentecostés.

Nota 1: Cp. Pablo: “ El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas,  ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.”. Hechos XVII, 24-28.

Nota 2: “Tiempo”, como aquí se usa, es lo que usualmente designamos como “Eternidad”, es decir, una experiencia de tiempo continua e ininterrumpida. Lo que solemos llamar “Tiempo” es nuestro concepto espacializado de Tiempo Real, eventos sucesionales separados, medidos por cambios espaciales.

Traducido por Gracia Muñoz en Junio de 2017

 

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GA110.c4, Las Jerarquías Espirituales y su reflejo en el mundo físico.

Steiner – Dusseldorf 13 de abril de 1909

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La mirada retrospectiva sobre lo que se dijo esta mañana, nos permite comprender que las condiciones de Saturno, relativamente transparentes y no tan opacadas por maya e ilusión nos suministran mayor claridad sobre cómo se realiza la redención o la continuada atadura de ciertas entidades que conocimos ayer al ocuparnos del profundamente significativo y, a la par incisivo pasaje del Bhagavad Gita.

Recuerden lo que les dije, si los Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno hubieran absorbido esos cuerpos calóricos de forma ovoide sin dejar nada atrás, al final de su evolución, la totalidad de Saturno se habría reabsorbido en el mundo espiritual. Pero como he señalado, esto no fue así, pues los Espíritus de la Personalidad imprimieron sus huellas en el conjunto del Antiguo Saturno con mayor intensidad de lo que hubieran debido, y no lo reabsorbieron en su totalidad, es decir, dejaron fuera de si esos cuerpos de calor exteriormente perceptibles.

¿Cuál es el poder que late en los Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno?.  No es otro que lo que conocemos en el hombre moderno como el poder mental, el pensamiento. Porque en realidad, los Espíritus de Personalidad no hicieron otra cosa en el antiguo Saturno que ejercer el poder mental y lograr la formación de esos huevos calóricos, suscitando en sí mismos la idea de ellos. Así ese poder representativo de los Espíritus de la Personalidad tiene una potencialidad mucho más superior que en el caso de la humanidad moderna. ¿Cual es el poder que está detrás de la fuerza de las ideas, o conceptos, en la humanidad moderna?. Cuando se formula una idea hoy en día, se forma la representación sólo en el cuerpo astral, no se proyecta más allá del cuerpo astral. Y así la permanencia de esa forma no puede distinguirse en el mundo físico externo. En el antiguo Saturno los Espíritus de Personalidad eran magos poderosos. Formaron los huevos de calor en Saturno por la fuerza de sus pensamientos, y a través de esa misma fuerza también los dejaron atrás. Así que en realidad fue el poder de los Espíritus de la Personalidad los que causaron el residuo del antiguo Saturno, residuos que reaparecen una y otra vez, incluso durante la evolución del Antiguo Sol.

Es perfectamente comprensible que una entidad, que es realmente humana debe tomar forma a partir de su entorno, (pues los huevos que se formaron allí se construyeron del medio ambiente de Saturno) y los huevos se quedaron encantados, o encadenados a una existencia posterior. Esto se presenta en un sentido más abarcante de las condiciones de las que hablamos ayer pues aún no había llegado a ser tan complicado.

En este punto se puede decir: He aquí el fuego de Saturno, he aquí lo que siempre se espiritualiza de nuevo por ese fuego antiguo, que se retira de nuevo como el fuego interior del alma, como un calor confortable que se eleva hacia arriba a los mundos superiores. Pero si hubiera ocurrido sólo esto, Saturno se habría disuelto en los mundos superiores. Lo que se percibe como calor externo, que se ha condensado en calor externo es necesario que nazca de nuevo, debe reaparecer de nuevo, y reaparece de nuevo en el Antiguo Sol, como ya describí.

Ahora vamos a echar un vistazo a lo que hemos descrito en la conferencia anterior. Hemos dejado claro que esos seres de las jerarquías espirituales que llamamos Arcángeles, o Espíritus del Fuego, pasaron por su etapa humana en el Antiguo Sol, y que el elemento de calor se condenso por un lado, en humo o gas, por lo que el sol se convirtió en una esfera de gas, y por el otro lado el gas se combustionó de tal manera que la luz sale al espacio universal, y son los Arcángeles o Espíritus de Fuego los que viven en esa emanación de luz, quienes la inhalan y  la emiten y en esa actividad tienen su Ser. Como ya he dicho, si se hubiera viajado entonces por el universo, habrían visto al Antiguo Sol brillando en la distancia. En el interior de este sol hubieran registrado las distintas corrientes de gas, y lo habrían percibido como el proceso de la respiración de todo el cuerpo solar.

Vamos ahora a traer una vez más a nuestra mente este antiguo Saturno y el antiguo Sol. Hemos visto que en la vida de estos cuerpos planetarios reinan la vida y la actividad y que algo está ocurriendo allí. Hemos sido capaces de describir en el antiguo Saturno, las formaciones ovoides, que fueron construidas apareciendo y disolviéndose  de nuevo, con la excepción de aquellos restos que quedaron atrás. Cualquiera que observara la actividad interna del Antiguo Saturno se hubiera dicho a sí mismo: “Saturno es realmente un ser viviente. Es exactamente como si fuera un ser vivo. Vive: vive en sí mismo, y continuamente acumula formas de vida propia y así sucesivamente”. En un grado aún más alto ocurre con el antiguo Sol. El se presenta como una unidad, como una totalidad en las condiciones cambiantes de su noche Solar y su día Solar, de la inhalación y la exhalación de la luz. Si se le hubiera podido observar habría dado la impresión de ser un cuerpo celeste lleno de vida.

Ahora todo lo que vive, que tiene ese tipo de actividad, que vive interiormente debe su vida y movilidad interna a los seres espirituales que gobiernan y guían ese movimiento. Es cierto que hemos dicho, que los Espíritus de Personalidad construyeron esas formas ovoides a través de su poder mental. Pero primero tiene que existir algo que suministre la sustancia de esos huevos. Los Espíritus de la Personalidad, los primigenios “principios” o Arkai no pueden producir esa sustancia. Eso es lo primero que debemos poner en nuestras mentes, que algo debe estar allí que proporcione la sustancia, es decir la calidez indiferenciada, el fuego mismo. Los espíritus de la personalidad sólo pueden moldear esa sustancia. Pero el calor lo deben recibir de otros lugares. ¿De dónde consiguen los Espíritus de Personalidad, la sustancia de calor, ese elemento de fuego?

Viene de Espíritus superiores esencialmente, seres espirituales que ya pasaron por su evolución humana hacia mucho tiempo, y que en el antiguo Saturno ya estaban mucho más allá de esa etapa.

Con el fin de formarnos una idea de tales seres sublimes, y por qué eran necesarios para dar el calor ardiente del antiguo Saturno, debemos por medio de una comparación, recordar el desarrollo del hombre mismo, pues el hombre  también, algún día se convertirá en un ser divino.

Sabemos que el hombre de hoy, integra su naturaleza humana en cuatro miembros constitutivos que son la clave de toda la ciencia espiritual: el hombre se compone de los cuerpos físico, etérico, astral y el yo. Sabemos cómo continua el desarrollo del hombre, su “yo” trabajando desde el interior empieza por remodelar el cuerpo astral para ponerlo por completo bajo su dominio.  Y, cuando el cuerpo astral este lo suficientemente transformado para que el yo tenga pleno poder sobre él, se puede decir que se ha configurado de modo que contiene el Yo Espiritual o Manas. Yo Espiritual o Manas es pues, un cuerpo astral supeditado al Yo.  Lo mismo sucede con el cuerpo etérico. Cuando el ‘yo’ intensificando aun mas su esfuerzo, vence también las fuerzas de resistencia del cuerpo etérico, este se transmuta en el Espíritu de Vida o Budhi. Y por último, cuando el ‘yo’ se enseñorea del cuerpo físico, cuando vence las fuerzas más reacias que son las fuerzas del cuerpo físico, entonces el hombre ha desarrollado dentro de sí al Hombre–Espíritu o Atman. Así queda constituido el hombre septenario con su cuerpo físico transformado en Atman u Hombre–Espíritu. Externamente, el cuerpo físico se muestra como tal cuerpo físico,  pero internamente, se halla totalmente supeditado a la incandescencia del yo, siendo cuerpo físico y  Atman, al mismo tiempo.

Análogamente el cuerpo etérico es a la vez cuerpo etéreo y Espíritu de Vida o Budhi, y el cuerpo astral es cuerpo astral y Yo Espiritual o Manas, el “yo” se ha convertido en soberano. Así, es como el hombre asciende a grados superiores en su propio desarrollo, con lo que se transforma, y trabaja en su propia divinidad, en su propia deificación, como diría Dionisio, el Areopagita, el amigo y discípulo del apóstol Pablo.

Sin embargo aquí no termina la evolución. Cuando el hombre este tan avanzado que ya ha conquistado por completo y absolutamente el cuerpo físico, todavía tiene por delante otras etapas superiores de desarrollo. Miremos las alturas espirituales, más y más elevadas, y a entidades suprahumanas mas y mas portentosas. ¿En qué consiste el continuo aumento de poder en estos seres?. Consiste en que en primer lugar se encuentran menesterosos y necesitan de algo, quieren algo, demandan algo del mundo, en tanto que después de su desarrollo, podrán entregarle algo. Fundamentalmente, todo el sentido y el espíritu de la evolución se apoya en el hecho de que pasamos del recibir, al dar. Vemos la analogía con la evolución humana en nuestra vida aquí entre el nacimiento y la muerte: el niño  nace desamparado y depende totalmente de quienes le rodean. Poco a poco se sobrepone a ese desamparo hasta que finalmente, el mismo se convierte en auxiliador de quienes le rodean.  Así sucede también con la gran evolución humana en el Universo.

En el antiguo Saturno, el hombre existía sólo como primer germen físico humano. Allí tuvo que contentarse con recibir las primeras bases de su humanidad, y así continuó durante toda la época solar y la lunar. En la Tierra adquirió su Yo, y ahora poco a poco se prepara para dejar que su Yo actúe sobre su cuerpo astral , etérico y  físico y así convertirse cósmicamente en un ser capaz de dar. Poco a poco se va introduciendo del estado de recibir, al de dar cósmico universal. Otro ejemplo de este hecho, nos lo ofrecen los Arcángeles o Arcangeloi. Ya en el Sol, su desarrollo les permitió darle la luz al espacio universal.

Repito, la evolución progresa del recibir al dar. En el caso de dar, la cosa tiene mayor alcance. Tomemos un ser que sólo puede dar sus pensamientos, que hablando con franqueza, no es todavía mucho lo que da por muchos que sean, pues el dador de pensamientos, seguirá siendo igual a como estaba. No ha dado nada visible o tangible, nada de efectivo en sentido superior. Pero llega un momento en que las entidades pueden dar no sólo pensamientos o especies mentales, sino mucho mas, por ejemplo, aquello que los Espíritus de Personalidad necesitaban en el antiguo Saturno: la sustancia del fuego calórico.

¿Quién estaba en un grado tan elevado de su propio desarrollo que pudiera emitir de su propio cuerpo esa sustancia calórica?. Eran los seres a quienes llamamos Tronos o Espíritus de la voluntad.

Así vemos que el antiguo Saturno se origina a través del hecho de que, desde determinado punto del Universo se concentran los Tronos y realizan en gran escala lo que a nivel inferior hacen los gusanos de seda, cuando con la materialidad de sus cuerpos hilan las hebras de seda. Los Tronos expelen e hilan la sustancia calórica y la ofrendan en el altar del antiguo Saturno.

Tenemos que considerar la vida de los Espíritus de la Personalidad en Saturno de tal manera, que estos Espíritus de la Personalidad o Arcai realmente impartían personalidad a ese calor dotándolo de autoconciencia. La sustancia del fuego calórico afluye desde el Universo  emanada de las sublimes entidades espirituales que son los Tronos.

¿En qué consisten esos huevos que se encuentran en Saturno?. En hilados del cuerpo ofrendado de los Tronos.

Pero eso no hubiera sido suficiente, la operación conjunta de los Espíritus de Personalidad tenía el poder de dar forma a la sustancia de calor, pero no podían hacerlo solos. Para producir esa vida interior y actividad, fueron necesarios otros seres espirituales que también habitaban en el antiguo Saturno, seres de una jerarquía inferior a los Tronos, pero mayor que la de los Archai o Espíritus de la Personalidad. Entidades a quienes les incumbe prestar ayuda a estos últimos. Podemos hacernos una idea de esa ayuda si pensamos en los ángeles que son los que están inmediatamente por encima de nosotros, y luego los Arcángeles, y los Principados o Espíritus de la Personalidad – arkai. Estos seres pertenecen a la Jerarquía que se encuentra inmediatamente por encima de nosotros. Los Tronos no son contiguos a los Principados sino que entre los dos existen grados intermedios, a lo que Dionisio el Areopagita; denomina Potestades o Exusiai (también Espíritus de la Forma) superiores en un grado a los Principados (Espíritus de la Personalidad). Las Potestades tenían con los Principados la misma relación que los Angeles tienen con nosotros. Otro grado superior a las Potestades lo ocupan las Virtudes (en griego Dynamis). Éstos se relacionan con los Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno de la misma forma que los Arcángeles se relacionan hoy en día con nosotros.  Luego en ascenso le siguen las Dominaciones (Espíritus de Sabiduría) en griego Kyriotetes cuya relación con los Principados corresponde a la que estos tienen con nosotros. Solo después siguen los Tronos o Espíritus de la Voluntad.

Así, el antiguo Saturno tenemos una gradación ascendente de seres: los Espíritus de la Personalidad que estimulan y ejecutan la conciencia del “yo”, luego los Tronos, o Espíritus de la Voluntad, que son superiores en cuatro grados, y que donan la sustancia ígnea  y entre estos dos coros para que pueda regularse y dirigirse toda la vida en el Antiguo Saturno, tenemos, en ascenso: las Potestades, o Espíritus de la Forma, las Virtudes o Espíritus del Movimiento (Dynamis); y las Dominaciones o Espíritus de la Sabiduría (en griego Exusiai y Kyriótetes). Estos eran, si se puede llamar así los habitantes del antiguo Saturno.

Mientras que el antiguo Saturno está evolucionando hacia el antiguo Sol -como se ha descrito en la última conferencia- los seres que acabo de enumerar también evolucionan hacia una etapa superior y los Arcángeles entran en la etapa humana. Externamente -podríamos decir físicamente- el calor se condensa en gas. El Antiguo Sol es un cuerpo gaseoso. Mientras que el Antiguo Saturno era todavía un cuerpo calórico oscuro, el Sol ya empieza a brillar pero alternando, por así decirlo, entre lo que podríamos llamar días solares y noches solares, alternancia de particular importancia, pues existe una enorme diferencia entre la vida solar diurna y la nocturna. Si no se hubiera producido otra influencia que la que señalé en mis dos conferencias anteriores,  los Arcángeles, que realizaban su condición humana en el antiguo Sol viajarían hacia el Universo en alas de los rayos luminosos, por el se difundirían y en las noches solares, tendrían que regresar al seno del Sol. Sería una inhalación y exhalación de la luz, y con ello también de los seres que hayan su medio vital en esa luz. Pero no fue así.

Permítanme ahora caracterizar la naturaleza de estos Arcángeles, de una forma sencilla, también podría decir trivial.

Cuando ellos se escapan, les gusta más esa expansión en la espiritualidad del Universo que la posterior concentración, existencia oprimente y de menos categoría. Les gusta más la vida en el éter lumínico. Pero no podrían jamás extender su vida en el éter lumínico mas allá de cierto límite, si nada hubiese acudido en su auxilio. Si los Arcángeles hubieran dependido totalmente de sí mismos, no hubieran podido hacer otra cosa que regresar dócilmente al Sol durante las noches solares. Sin embargo, ellos no lo hicieron, sino que prolongaron por mas y mas tiempo su estancia en el Mundo Espiritual. ¿Quién les ayudó a hacer esto?.

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Imaginemos que el círculo pequeño es esfera del Antiguo Sol, los Arcángeles tienden en todas direcciones hacia fuera, extendiendo su esencia espiritual en el Universo. Lo que favoreció esta expansión fue la circunstancia de que ciertos seres del Universo salieron a su encuentro. Así como en el Antiguo Saturno el elemento ígneo de los Tronos, afluía desde el Universo, así también los Arcángeles en su emigración se encontraron con otras entidades, incluso superiores a los Tronos, y ellas les ayudaron a permanecer en el mundo espiritual más tiempo del que hubiera sido posible por si solos.

Estas entidades que desde el espacio espiritual salen al encuentro de los Arcángeles, son los Querubines (Espíritus de la Armonía) coro particularmente egregio de entidades espirituales dispuestas a recibir a los Arcángeles con los brazos abiertos. Cuando los Arcángeles se propagan hacia el exterior, los Querubines acuden a su encuentro desde el Universo y  así toda la esfera del Antiguo Sol se hallaba rodeada del reino de los Querubines que se les acercaban. Del mismo modo que nuestra Tierra esta rodeada de su atmósfera, así el antiguo Sol se hallaba rodeado por el reino de los Querubines, en beneficio de los Arcángeles. Por lo tanto, al salir estos a los espacios universales, contemplaban a sus grandes ayudantes.

¿De qué manera se les acercaban? ¿Cómo se veían?.  Solo la conciencia clarividente que puede leer los Anales Akáshicos puede comprobarlo. Estos Grandes Auxiliadores Universales adoptaron figuras etéreas bien determinadas. Nuestros antepasados que, a través de sus tradiciones, todavía eran conscientes de estos significativos hechos, los representaban como peculiares animales alados, con sus cabezas configuradas de manera diferente: el león alado, el águila, el toro, el hombre alado. En efecto, los Querubines se acercaban por de pronto desde cuatro lados, mostrando precisamente los aspectos que corresponden a su posterior popularización. De ahí que las Escuelas de los primeros iniciados en la época post-Atlante designaron a los  Querubines que desde cuatro lados, se  acercaban al Sol con nombres que posteriormente se transformaron en el Toro, el León, el Águila y el Hombre. Oportunamente nos ocuparemos de ello en mayor detalle; por hoy nos limitaremos a estudiar los cuatro tipos de Querubines que se acercaron a los Arcángeles.

He ahí pues el aspecto presentado por el antiguo Sol, cuando sus auténticos moradores humanos, también llamados Arcángeles, se desplazaron al espacio universal, se les acercaron los Querubines desde cuatro lados y de cuadruple manera. Y esto les permitió permanecer en la región espiritual que rodeaba al antiguo Sol por más tiempo de lo que, de otra manera les hubiera sido posible. Y es que la influencia de los Querubines ejercía sobre los antiguos Arcángeles un efecto sumamente vivificante en el más alto grado, en el sentido espiritual. Pero como sea que esa influencia entró en la vecindad del Sol, esa influencia no podía quedar restringida únicamente a los Arcángeles, tenía que hacerse valer de otra manera. Pues así es siempre; lo que existe en alguna parte, ejerce efecto múltiple, no único. Pongamos el caso de dos personas que se hallan en una habitación; una de ellas desea un calor fuerte pero no la otra; sin embargo quedara afectada por el excesivo calor. Lo mismo sucedió con los Querubines que irradiaban desde el espacio cósmico: ejercían el efecto descrito sobre las entidades del antiguo Sol que se habían encumbrado hasta el elemento luminoso y podian vivir en el, acción que, sin embargo solo era posible durante el día solar, cuando la luz emanaba hacia el espacio cósmico.

Pero también había noches solares  cuando no emanaba luz alguna, los Querubines entonces también estaban en el cielo. En esa fase de oscurecimiento, el planeta solar era tan solo gas y calor, sin resplandor, los gases calóricos circulaban entonces dentro de la esfera solar. En esta etapa, los Querubines que de todos modos continuaban enviando sus efectos hacia el Sol, no podían ejercer normalmente su influencia sobre los Arcángeles,  sino que la ejercían sobre el oscuro humo del Sol, sobre el oscuro gas. En tanto que en el antiguo Saturno los efectos procedentes del cosmos se producían sobre el calor como tal, ahora, en el Sol, se ejercían sobre el calor condensado, esto es, sobre el gas. A esta acción de los Querubines hay que atribuir el hecho de que en el antiguo Sol a partir de la neblina solar se formaran los primeros rudimentos de lo que hoy llamamos el reino animal.  Al igual que sobre el Antiguo Saturno se genero a partir del calor, el primer rudimento del reino humano, o sea su cuerpo físico, asimismo en el Antiguo Sol se genera el primer rudimento del reino animal a partir del humo o gas, gracias a las figura de los Querubines reflejadas en los gases solares.

Estas figuras querubínicas que se extienden por toda la periferia del Sol, integran pues el conjunto de elevadas entidades que, por un lado se abren a los Arcángeles, y por el otro en las noches solares hacen surgir del gas o neblina solar, como por magia, los primeros rudimentos físicos del reino animal. De ahí que los antiguos conocedores de la cosmología espiritual le dieran el nombre de Zodiaco, esto es, circulo de animales a esas entidades que desde diferentes direcciones del espacio universal obraban sobre el antiguo Sol. He ahí el significado del zodiaco. En el antiguo Saturno los Tronos  derraman y sacrifican la sustancia precursora del cuerpo físico humano; en el Sol, se empieza trazando las primeras formas del reino animal, gracias a que los Querubines que se reflejan en el gas, es decir, en la sustancia calórica condensada, las evocan de ella. Inicialmente, los animales son, pues, trasuntos solares del zodiaco, existe una autentica relación interna entre el zodiaco y los animales que están en trance de devenir en el Sol.

En verdad, hubo buenas razones para dar semejantes nombres, y no se crean que, en aquellos tiempos los nombres se inventaron porque si. Uno nunca debe pensar que en aquellos tiempos antiguos los nombres fueran escogidos al azar. Hoy en día, cuando se descubre un nuevo planeta en la cadena planetaria, ¿qué dice el astrónomo que haya tenido la suerte de descubrirlo?. Abre el diccionario y buscan algún nombre tomado de la mitología griega que de casualidad todavía está desocupado, y se lo cuelga a su estrella.  En los tiempos en que en los nombres debían expresar la esencia de las cosas, es decir, en los tiempos en que los Misterios se hallaban en todo su apogeo, los nombres nunca se daban así; las denominaciones de antaño denuncian siempre un significado profundo del objeto. Las formas de nuestros animales, aunque hoy se hallen desfiguradas en caricatura, se extrajeron de la periferia del Universo, de la configuración del zodiaco, tal como existía entonces.

Puede que les haya llamado la atención el que aquí solo se apuntaran cuatro de los nombres zodiacales. Si bien estos son las expresiones principales para los Querubines, cada una de las figuras querubínicas tiene un descendiente o acompañante a la izquierda y a la derecha. Imaginen a cada Querubín escoltado de dos acompañantes, y así tendrán doce potencias en la circunferencia del Sol, que tienen que cumplir su misión cósmica conforme acabo de describir.

 Ahora se puede preguntar: ¿Qué relación tiene esto con los nombres comunes del Zodiaco?. A ello dedicaremos un comentario durante los próximos días, pues la secuencia de nombres ha cambiado un poco. En general se empieza a contar con Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo. Luego siguen Virgo y Libra. El Águila, por cierta transformación posterior tuvo que aceptar que la rebautizasen como Escorpión, por buenas razones. Siguen los dos acompañantes: Sagitario, Capricornio. El Hombre, por causas que oportunamente conoceremos se llama ahora Acuario. Finalmente Piscis. Así pues, la figura primordial de la que ha surgido el zodiaco, ya no trasluce sino en Tauro y Leo y un poco en el Hombre, que en ordinaria terminología exotérica, se llama Acuario. En los próximos días veremos el porqué de estas transformaciones.

Sintetizando, en el antiguo Saturno, elevadas entidades espirituales, los Tronos, segregan de su propia sustancia la materia ígnea. Otras entidades aun superiores, los Querubines recogen en su propio ser, la luz que nace de esa materia ígnea y transfiguran y enaltecen su condición luminosa. Sin embargo, cada enaltecimiento en el Universo, clama porque se produzca un rebajamiento para crear la necesaria compensación. Así, para que, de día, los Arcángeles encuentren la oportunidad de expandir su existencia espiritual, los Querubines tienen que continuar actuando de noche, y objetivar, en la sustancia calórica condensada a neblina, humo y gas, los entes y formas animales inferiores al hombre.

Con ello, hemos adquirido en sentido de la sabiduría primordial, una primera visión de la acción concertada de ciertas entidades espirituales del Universo con nuestro propio cuerpo celeste; hemos visto, asimismo, que lo que física y externamente sale a nuestro encuentro, siempre puede atribuirse a entidades espirituales. Lo que hoy tan profanamente se llama zodiaco, tiene su oriundez en la ronda de los Querubines que desde la periferia universal, ejercían su influencia sobre el antiguo Sol, cuando este irradiaba hacia el Universo cual energía luminosa, su propia energía.

Así hemos derivado el importante concepto del zodiaco y mañana continuaremos dentro de esta misma línea, podremos paulatinamente ascender a otros conceptos sobre los cuerpos celestes y verter mas y mas luz sobre su relación con las Jerarquías Espirituales.

Traducido por Gracia Muñoz con ayuda del texto de Juan Berlín traducido del alemán.

 

El Misterio de Gólgota

Conferencia del Dr. Rudolf Steiner. Dada en Colonia el 2 de diciembre de 1906.

[A partir de notas abreviadas sin revisar por el conferenciante]

English version.

El misterio del Gólgota es uno de los secretos más profundos de la evolución del mundo. A fin de comprenderlo, debemos arrojar luz sobre la sabiduría oculta de hace miles de años, en un remoto pasado del desarrollo del mundo. No es un argumento convincente estar en contra de un conocimiento más penetrante del Misterio del Gólgota diciendo que la vida y la obra de Jesucristo deben ser accesibles a la mente más simple. De hecho este es el caso. Pero una comprensión que abarque por completo el evento más grande de la Tierra debe ser extraída de las profundidades de la sabiduría de los Misterios.

En esta conferencia vamos a penetrar en las profundidades de la sabiduría de los Misterios con el fin de entender cómo pudo tener lugar un evento como el Misterio del Gólgota. A este respecto hay que tener en cuenta que con la aparición de Jesucristo sobre la Tierra se produjo algo que dividió a la humanidad en dos partes. Podemos entenderlo mejor buscando una respuesta a la pregunta: ¿Quién fue Jesucristo?

Para el ocultista esta pregunta es doble: Pues hay que distinguir entre la personalidad que vivía en ese momento en Palestina y llegó a la edad de treinta años, y qué fue de él después. Cuando alcanzó los 30 años, Jesús se convirtió en Cristo.

En el caso de la gente común, sólo porciones insignificantes del cuerpo astral, del cuerpo etérico y del cuerpo físico se transforman en Manas, Buddhi y Atma, o en Yo Espiritual, Espíritu de Vida y Hombre Espíritu. Jesús de Nazaret era un Iniciado de tercer grado, y sus cuerpos estaban, por tanto, en un estado de alta purificación.

Cuando un Iniciado ha llegado a la purificación de sus tres cuerpos adquiere, en un determinado momento de su vida, la capacidad de sacrificarse. A la edad de 30 años, el Yo de Jesús dejó sus tres cuerpos y paso al mundo astral, por lo que los tres cuerpos santificados se quedaron en la Tierra, vacíos de su Yo, de tal forma que se creó un espacio para una individualidad superior. Cuando cumplió 30 años, el Yo de Jesús de Nazaret hizo el gran sacrificio de poner sus cuerpos purificados a disposición de la individualidad de Cristo. Cristo encarnó estos cuerpos. Es a partir de ese momento que hablamos de Cristo-Jesús, que vivió sobre la Tierra durante tres años y realizó todas sus grandes obras en el cuerpo de Jesús.

Con el fin de comprender el verdadero ser de Cristo tenemos que ir muy atrás en la historia del desarrollo de la Tierra y de la humanidad. Antes de que nuestro planeta actual se convirtiese en la Tierra, fue la Antigua Luna;  y la presente luna es sólo un fragmento de aquella Antigua Luna. Antes de que la Tierra fuese la Antigua Luna, fue el Antiguo Sol; y en una etapa aún más lejana fue Antiguo Saturno. Debemos tener en cuenta que miles de millones de años atrás existía en el espacio cósmico un cuerpo celeste, Saturno. También los planetas se desarrollan a través de diferentes encarnaciones: antes de que la Tierra fuese la TIERRA, existió como Antiguo Saturno, el Antiguo Sol y la Antigua Luna.

Ahora traten de situarse en el Antiguo Sol. Allí, los llamados Espíritus de Fuego tenían el mismo nivel que los seres humanos tienen ahora sobre la Tierra. Por supuesto, ellos no tenían la misma apariencia, no se parecían a los hombres de hoy en día; estas altas individualidades pasaron por la etapa humana en el Antiguo Sol en unas condiciones que eran muy diferentes a las de la actual condición humana. También, en la Antigua Luna, una gran cantidad de seres pasaron por la etapa de la humanidad, y después descendieron a la Tierra como seres superiores, como Pitris lunares o espíritus lunares, que habían llegado a una etapa superior a la del hombre sobre la Tierra. En el esoterismo cristiano se les llama Angeloi = Ángeles. Sólo sobre la Tierra el ser humano se ha hecho HOMBRE. Los Pitris Lunares son seres de un grado más alto que el hombre, y por encima de ellos están los Espíritus de Fuego, que son de un grado más alto que los Pitris lunares. Los Espíritus de Fuego han alcanzado un alto grado de desarrollo.

Ahora volvamos a la Tierra, a la raza Lemuriana que estaba situada en un continente entre la actual Asia, África y Australia. Allí, el hombre tomó su forma actual a través del hecho de que sobre la Tierra vivían seres altamente desarrollados, seres físicos, más evolucionados que los animales actuales pero menos desarrollados que el hombre actual. Aquellos seres físicos formaban una especie de concha, una especie de vivienda y habrían sido condenados a la decadencia si seres superiores no los hubieran fecundado. Sólo en aquel momento las almas humanas entraron en los cuerpos humanos físicos y comenzaron a crear la forma posterior del cuerpo humano. En el pasado, el alma humana era una parte integral de los seres espirituales superiores. Los cascarones físicos de los cuerpos humanos estaban sobre la Tierra, y hacia ellos fluían las almas de los seres superiores que venían de arriba, de los mundos espirituales. En el mundo espiritual las almas estaban conectadas como gotas de agua en un mar, que luego se vertía en una multitud de vasos.

Los seres que vertieron las almas desde arriba eran los que habían pasado por su etapa humana en la Luna, los Espíritus Lunares, cuya etapa de desarrollo estaba en un grado más alto que la del hombre, lo que les permitió verter una parte de su ser en la humanidad, permitir el desarrollo posterior y así pudo el hombre transformar progresivamente su organismo. Pudo erguirse por encima de la Tierra y mantenerse en pie, aprendió a caminar, a hablar y llegar a ser independiente.

Había una cierta relación entre todas estas almas porque procedían de un coro espiritual común. Todos los que habían recibido una gota del mismo ser, llegarían a parecerse mucho entre sí. Miembros, de la misma tribu tenían aquellas almas afines, después fueron los miembros de una raza o nación, por ejemplo, el pueblo egipcio o el pueblo judío. Tenían almas que procedían de una fuente común. De los Espíritus Lunares el hombre recibió el Yo Espiritual y esto le permitió convertirse en un ser independiente, un Yo.

Sin embargo, había algo que el hombre no podía obtener de los espíritus Lunares, sólo podía serle donado por un Ser todavía más elevado, común a todos los hombres, que ya hubiera completado su humanidad sobre el Antiguo Sol: un Espíritu de Fuego. Muchos Espíritus de Fuego se habían desarrollado en el Antiguo Sol y ejercieron su influencia sobre la Tierra, pues eran excelsos Espíritus. Uno de los Espíritus de Fuego fue llamado a derramar su Ser al conjunto de la Humanidad. Un Espíritu que perteneciera a toda la Tierra fue capaz de verter sobre la totalidad de la Humanidad y en cada una de sus partes el elemento del Sol o Espíritu de Fuego, el Buddhi o Espíritu de Vida. Pero en la Lemuria y en la época Atlante los seres humanos no estaban lo suficientemente maduros para recibir esto desde el Espíritu del Sol.

Cuando leemos la Crónica del Akasha (Ver el libro de Rudolf Steiner «La Crónica del Akasha») nos encontramos con que algo muy extraño ocurrió en aquel momento: Los seres humanos estaban constituidos de cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y un Yo Espiritual, pero este habitaba en ellos de una forma muy débil. El Buddhi o Espíritu de Vida se elevaba por encima de todo ser humano –así era percibido en los espacios del Akasha. En el espacio astral cada ser humano estaba rodeado por el Buddhi, pero quedaba fuera ya que no estaba lo suficientemente fuerte como para entrar en el hombre. Este Buddhi era parte del gran Espíritu de Fuego que había derramado sus gotas en los seres humanos, pero estas gotas no pudieron entrar en los seres humanos.

Fueron las obras de Cristo en la Tierra las que dieron al hombre la capacidad de absorber en su Manas lo que designamos como Buddhi.

Lo que Cristo cumplió en la Tierra, fue preparado por otros grandes maestros que le habían precedido, por Buda, por el último Zaratustra, por Pitágoras, que vivieron alrededor de 600 años antes de Cristo,  que eran hombres que ya habían absorbido muchísimo de lo que vivía en el entorno de hombre. Habían absorbido la chispa de Cristo. Moisés también  fue uno de aquellos hombres. Pero el Yo de los otros hombres todavía no había absorbido aquella chispa.

El cuerpo físico, etérico y Astral de Jesús de Nazaret acogió al Espíritu de Fuego, la fuente única de todas las chispas que vivían en los seres humanos. Este Espíritu de Fuego es el Cristo, el único Ser divino que vivió en la Tierra bajo esta forma. Entró en el cuerpo de Jesús de Nazaret y el resultado de aquello es que todos los que se sienten unidos a Cristo Jesús son capaces de absorber Buddhi. La posibilidad de absorber y tomar el Buddhi comienza con la aparición de Cristo Jesús. San Juan Evangelista lo designa como la Palabra Creativa Divina. El Espíritu de Fuego que vierte sus chispas en los hombres es esta Palabra Creadora Divina.

Como resultado, ocurrió lo siguiente: mientras que los Espíritus Lunares pueden crear tribus diferenciadas entre los hombres mediante el envío de sus gotas, Cristo es el Espíritu Unificador de toda la Tierra, y los seres humanos por lo tanto estan unidos como una familia en todo el mundo. Mientras que las diferencias entre los hombres fueron puestas en marcha por las gotas derramadas de los diferentes Espíritus Lunares, la unidad entre los hombres fue alcanzada por el Espíritu derramado por Cristo Jesús. Lo que une a los hombres bajó a la Tierra por medio de Cristo Jesús.

Cuando habla del juicio final, Cristo dice en su profecía: «Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria» (con esto quiere decir: cuando hayan entrado en los seres humanos las gotas de Cristo, cuando todos se hayan convertido en hermanos), «dirá a los de su derecha: venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber.» (San Mateo 25, 35). Entonces la única diferencia entre los hombres será la del bien y el mal.

Cristo dice a Sus discípulos: «Todo lo que hiciereis a cada uno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hacéis a mí». Esto significa: Cristo Jesús indica el momento en el que las gotas derramadas por Él serán todas absorbidas, por lo que cuando un hombre se enfrente a otro, este derrame de Cristo en él se enfrentará a lo derramado por Cristo en el otro. El poder por el que el Buddhi pudo ser llamado a la vida en el hombre, este poder emergió de la luz de la vida de Cristo sobre la Tierra. Por tanto, debemos considerar a Cristo como el Espíritu Unificador de la Tierra.

Si pudiéramos mirar hacia abajo a la Tierra desde una estrella distante, en una época hace miles de años, nos encontraríamos con el momento en que Cristo estuvo activo en la Tierra, de modo que toda la sustancia astral de la Tierra estaba impregnada por el Cristo. Cristo es el Espíritu de la Tierra, y la Tierra es Su cuerpo. Todo lo que crece sobre la Tierra es Cristo. Vive en cada semilla, en cada árbol, en todo lo que crece sobre la Tierra. Por eso Cristo tomó el pan y dijo: «Esto es mi cuerpo». Y del jugo de la uva (en la ÚLTIMA CENA el vino que se compartía era jugo de uvas sin fermentar) dijo: «Esta es mi sangre», pues el zumo de los frutos de la Tierra es su sangre. En consecuencia la humanidad debe aparecer ante Él como seres que caminan sobre su cuerpo. Por eso le dijo a sus discípulos después de haber lavado los pies: «El que come pan conmigo, levanta su talón contra mí» (Deja sus huellas en mí). Esto debe ser tomado literalmente, en el sentido de que la Tierra es el cuerpo de Cristo Jesús. Debido a que tomó sobre Sí la evolución de la Tierra, un ser espiritual distante podría ver que más y más el Espíritu de Cristo fluye en los seres humanos; las gotas individuales de Cristo Jesús están penetrando en cada individualidad humana. Finalmente toda la Tierra estará poblada por hombres transformados, cristianizados, por hombres que han acogido la chispa divina donada por Cristo. Solo quienes no participen de esto, serán puestos a un lado como el mal; y deberán esperar a un momento posterior con el fin de seguir un curso de desarrollo que les conduzca a la bondad.

Todas las  naciones tenían sus Misterios, antes de que Cristo apareciera en la Tierra. Los Misterios revelaban lo que iba a tener lugar en el futuro. Después de un largo entrenamiento, los adeptos tuvieron que someterse a una preparación que consistía en un sepulcro. El hierofante era capaz de poner al adepto en un estado superior de conciencia que provocaba que su cuerpo inerte entrara en una especie de sueño profundo. En la antigüedad, la conciencia siempre tenía que ser disminuida con el fin de que la Esencia Divina pudiera entrar en el hombre. En ese estado bajo de conciencia, el alma se elevaba a través de las esferas del mundo espiritual y al cabo de tres días el hierofante llamaba al adepto de nuevo a la vida. A través de esta experiencia sentía que se había convertido en un hombre nuevo y se le daba un nuevo nombre. Era llamado Hijo de Dios. Todo este proceso se llevó a cabo en el plano físico cuando Cristo apareció en la Tierra y pasó por el del Misterio del Gólgota.

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 En las antiguas iniciaciones las gotas de la vida del espíritu de Cristo primero llamaban a los adeptos de nuevo a la vida y se les decía: «El que va a cristianizar a todos los hombres, aparecerá un día. Y Él será verdaderamente la Palabra encarnada. Sólo puedes experimentar esto durante tres días, cuando viajes a través de los reinos de los cielos; pero vendrá Uno, el que traerá los reinos de los cielos hasta el mundo físico».

El iniciado experimentó en el plano astral lo que Cristo vivió en el plano físico, es decir, que desde el principio existió una palabra divina que derramó sus gotas en los seres humanos; pero el yo de los hombres no pudo absorber esas gotas. San Juan, el heraldo del Yo humano cristianizado que ha absorbido al Cristo, o la Palabra, revela esto. San Juan habla de la Palabra que existía sobre la Tierra desde el principio:

“En el principio era la palabra y la palabra era con Dios y el Verbo era Dios.

Esta era en el principio con Dios.

Todas las cosas fueron hechas por él, y sin él no nada de lo que es hecho fue hecho.

En él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres.

Luz resplandeció en las tinieblas, mas las tinieblas no la comprendieron.

Fue un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

El vino para dar testimonio de la luz, para que todos creyesen por él.

No era la luz, sino un testigo de la luz.

Aquel era la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él; y el mundo no le reconoció.

A los suyos vino, y los suyos no le recibieron.

Más a todos los que le recibieron, dioles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Y aquella Palabra fue hecha carne, y habito entre nosotros y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad.»

La palabra «gracia» en el versículo 14 por San Juan tiene el mismo significado que Buddhi; «Verdad» es Manas, el Yo espiritual.

«Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es del que yo decía: el que viene tras de mí, es anterior a mí, porque es primero que Yo.

Porque de su plenitud tomamos todos gracia sobre gracia.

Porque la ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Ningún hombre ha visto nunca con los ojos a Dios. El unigénito Hijo, que vivió en el seno del Padre Cósmico se ha convertido en nuestra guía en esta visión».

[Prestación del texto de Dr.Rudolf Steiner.]

Todas las iniciaciones de los Misterios del Espíritu señalaron la venida de Jesucristo. Esta iniciación se alcanzó en el sueño del yoga, en el sueño órfico, en el sueño de Hermes. Cuando el iniciado se despertaba de nuevo y volvía a su cuerpo, cuando podía volver a escuchar y hablar con sus sentidos físicos, pronunciaba las palabras que se representan como sigue en el idioma hebreo: «Eli, Eli, lama Sabathani». Los discípulos de los misterios se despertaban con las palabras: «¡Dios mío, Dios mío, como me has elevado!».

Esta fue la iniciación de la antigua época judía. Durante sus tres días de estancia en los mundos superiores, el iniciado experimentaba todo el curso del desarrollo futuro de la humanidad, todo lo que le esperaba al futuro desarrollo de la humanidad. Por regla general, estas futuras etapas del desarrollo humano no se percibían de una forma abstracta. Cada etapa se representaba por una personalidad. El vidente veía doce individualidades. Representaban las doce etapas del desarrollo del alma. Por lo tanto las fuerzas del alma aparecieron en la forma exterior de doce personas. En cierto momento, el iniciado veía una escena determinada: Su propia individualidad se transfiguraba ─la etapa que llegará a toda la humanidad cuando se llene de Buddhi, cuando se Cristianice. Se identificaba con Dios y tras El veía las doce fuerzas del alma. Juan estaba inmediatamente detrás, pues fue el último de los doce que anunció su cumplimiento. Y se veía a si mismo transfigurado, veía la escena que alcanzaría cuando llegase a la perfección; veía las fuerzas de su alma en la forma externa de personas, y percibía a San Juan, el heraldo de la etapa crística de desarrollo. Durante el Yoga-sueño, estas doce figuras se agrupaban a su alrededor, y surgió la escena que fue designada como la Mística Cena. Esta imagen tiene el siguiente significado: Cuando el iniciado se siente rodeado por sus fuerzas anímicas, se dice a sí mismo: Estos son uno conmigo; los que me han llevado a través del desarrollo de la Tierra; los pies de este apóstol me permitieron caminar en mi camino, las manos de ese apóstol me dieron el poder de trabajar. … La Santa Cena es la expresión de la comunión del hombre con las doce fuerzas del alma.

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La perfección humana consiste en el alejamiento de las fuerzas inferiores del alma, de manera que sólo permanezcan las fuerzas superiores; en el futuro, el hombre ya no tendrá las fuerzas inferiores;  por ejemplo, ya no tendrá la fuerza de la procreación. El poder del alma de Juan elevará esas fuerzas inferiores hacia un corazón henchido de amor. Las elevara a las corrientes del amor espiritual. El corazón es el órgano más poderoso, cuando Cristo vive en el hombre. Las fuerzas inferiores del alma son entonces elevadas de las regiones abdominales al corazón.

Cada iniciado experimentaba esto en los Misterios del Corazón. Se hacía eco de las palabras: «¡Dios mío, Dios mío, cómo me has levantado!». Con la aparición de Jesucristo, todo el Misterio, toda la experiencia, se hizo realidad en el plano físico. En aquellos días había hermandades en Palestina que se habían desarrollado a partir de la antigua orden de los Esenios. Entre sus instituciones, también tenían una comida que simbolizaba la mística Santa Cena. Pues «comer el Cordero de Pascua» era una expresión general para algo que tenía lugar en la Pascua. Jesús se sentó con los Doce e inauguró la Santa Cena con las palabras: «Al final de la evolución de la Tierra, todos los hombres habrán absorbido lo que traje a la Tierra, y las palabras: “Este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre”, se harán entonces verdad». Después de esto dijo: «hay uno entre vosotros que me va a entregar». Esto se produce por el poder del egoísmo. Pero tan cierto como que este poder del egoísmo es la fuente de traición, como que con la misma seguridad esta fuerza menor del alma será la que se elevará a un nivel superior. Uno de los discípulos se recostó sobre el seno de Jesús y reposó sobre su corazón. Esto significa que todas las fuerzas inferiores, toda forma de egoísmo, serán elevadas al corazón. En este punto Jesús repitió a sus discípulos las palabras: «Eli, Eli, lama Sabathani»  ─«¡Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él!»

Lo que se ejercía en los antiguos Misterios era lo mismo que lo que ocurrió en el Gólgota. Bajo la Cruz se hallaba el Discípulo a quien el Señor amaba, que había estado sentado junto a Él en la Última Cena y se había recostado sobre su pecho. También están allí las figuras femeninas, su madre, la hermana de ésta, María, y María Magdalena. Juan no relata que la madre de Jesús se llamase María, sino que la hermana de su madre es llamada María. Su madre se llamaba «Sofía».

Juan bautizó a Jesús en el Jordán. Allí descendió una paloma del cielo. En aquel momento se produjo el acto espiritual de la concepción. Pero, ¿quién es la madre de Jesús, qué concibió en aquel momento?.

El Iniciado Jesús de Nazaret, en el momento en que se desprende de su Yo, ve cómo su Manas ─altamente desarrollado─ es fertilizado por el Buddhi que ingresa en éste. El manas que ha concebido al Buddhi es Sabiduría─Sofía, la Madre que es fructificada por el Padre de Jesús. María, que equivale a Maya, tiene el significado general del «nombre de la Madre». El Evangelio relata: «Bienaventurada seas, tú piadosa, mira aquí que serás fértil y darás luz a un hijo. El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra». El Espíritu Santo es el Padre de Jesús; la paloma que desciende genera la concepción de la Sofía que vive en Jesús.

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El Evangelio ha de leerse entonces: «También estaba bajo la cruz la madre de Jesús, Sofía». A esta madre Jesús le dice: «Mira, mujer, he aquí tu hijo». Él le transfiere a Juan la Sofía que vivía en Él mismo. Lo convierte en el hijo de Sofía diciendo: «He aquí, tu madre».«A partir de ahora reconocerás a la divina sabiduría como tu madre y por ella sentirás devoción».

Lo que fue escrito por Juan trata sobre esa Sabiduría Divina; Sofía, encarna en el Evangelio de San Juan. El saber lo ha recibido a través de Jesús, y ha sido autorizado por el Cristo a transmitir la Sabiduría en el mundo.

El más alto Espíritu de la Tierra tuvo que encarnar en un cuerpo físico; este cuerpo tenía que morir, tenía que ser sacrificado y su sangre tenía que fluir.Un significado especial se adjunta a lo presente. Allí donde hay sangre, hay un Yo. El Ser arraigado en la sangre tenía que ser sacrificado con el fin de que las antiguas comunidades basadas en el Yo pudieran llegar a su fin. Las 11 formas individuales de egoísmo se alejan con la sangre del Cristo Crucificado. La sangre de las comunidades raciales se transforma en una sangre que es común a toda la Humanidad, porque la sangre de Cristo fue sacrificada en el momento en que colgaba de la cruz.

En este caso también se llevó a cabo algo que podría haber sido observado por cualquier observador de la atmósfera astral. Cuando Cristo murió en la cruz, toda la atmósfera astral se transformó, pues los acontecimientos que tuvieron lugar, nunca pudieron haberse llevado a cabo anteriormente. Esto solo ha sido posible con el derramamiento de la sangre que Cristo dio a la Humanidad, un Ser que es común a todos. En la sangre que fluía de las heridas de Cristo Jesús para toda la Humanidad un Yo es compartido por todos. Sus tres cuerpos quedaron colgados en la cruz y luego fueron restablecidos por el Cristo resucitado. Cuando Cristo abandonó su estructura física, los tres cuerpos eran tan fuertes que podían pronunciar las palabras de iniciación que siguen a la transfiguración: «¡Eli, Eli, lama Sabathani!».

Para todos los que conocen algo de las verdades de los Misterios, estas palabras deberían haberse revocado cuando un Misterio había sido promulgado. Una pequeña corrección en el texto hebreo, dio lugar a las palabras contenidas en el Evangelio: «!Sabathani Eli, Eli, lama!»«¡Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado!».

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Julián Ponce.

El Zodíaco

Artículo de Willi Sucher, Abril de 1938

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En la fase presente de la evolución humana, la antigua sabiduría estelar tradicional se pierde más y más, y nos vemos en la necesidad de hallar nuevos medios para el conocimiento que corresponde a nuestra relación con los astros. El estudio de las constelaciones de la muerte puede resultar una ayuda muy grande en esta dirección. Casi se podría decir que los fallecidos, que permanecen conectados a la constelación celeste al ocurrir su deceso, son los verdaderos astrólogos de nuestro tiempo. Si los vivos establecen la relación correcta con los muertos, entonces podrán ganar un conocimiento nuevo y fructífero acerca de lo cósmico.

Este aspecto será desarrollado más en detalle en este ensayo. Sobre todo, pretendemos ganar una visión renovada sobre la naturaleza del zodíaco y su segmentación en doce partes. Debemos alcanzar de algún modo un punto de ventaja más amplio; por lo tanto, consideraremos una suma de figuras históricas para ver en el horóscopo de su muerte  cómo se relacionaron con el universo de los astros. Ningún horóscopo puede abarcar el carácter dodecamórfico completamente. El horóscopo de la muerte de Napoleón enfatiza –principalmente– tan sólo una constelación, la de Piscis. Es por esta razón que debemos estudiar varios horóscopos, teniendo en cuenta cómo los planetas superiores –aquellos más allá del Sol: Marte, Júpiter y Saturno– se ven relacionados con las constelaciones de las estrellas fijas.

Comenzaremos retrocediendo lejos en la historia occidental hasta la época medieval y la era de la alta Escolástica. Santo Tomás de Aquino, sin lugar a dudas una de las más grandes figuras del movimiento escolástico, falleció el 6 de Marzo de 1274. La constelación de los astros para ese día nos brindará una imagen sobre la relación de su labor en la Tierra con el cielo estelar. Es un cuadro realmente impresionante. El Sol en Piscis entre medio de Júpiter en Acuario por un lado y Marte en Aries por el otro. Júpiter se ve acompañado por Venus, la Luna también se ubica en esta región, mientras que sobre el otro lado está Mercurio cercano a Marte. Semeja a una pintura en el cosmos, armoniosa en su composición, balanceada y centrada en las fuerzas del Sol. Ahora bien, en esta imagen el Sol presenta otro aspecto, Saturno se halla en Virgo y opuesto a éste.

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Esto le otorga al horóscopo un aspecto peculiarmente dualista, y veremos que esta dualidad permea la obra completa de Santo Tomas durante su vida en la Tierra. Por un lado, él representa a la corriente escolástica en su más fina esencia. Al intentar aprehender la esencia más íntima de esta importante época de nuestra historia espiritual, quizás debamos recurrir a la imagen histórica creada durante esta misma era, la arquitectura de la catedral gótica que alcanza su más alta perfección en aquella de Chartres. En el fuerte énfasis por la línea vertical, con su aspirar por lo celeste, el ánimo espiritual de la gente de aquella época halla aquí su expresión característica.

Por medio de un pensamiento fino y sutil, disciplinado gracias a una inconmensurable devoción por el Espíritu y desarrollando una técnica elaborada para la formación de conceptos puros, la gente de esta época buscó y encontró el contacto con lo divino y espiritual –a menudo se trató de un contacto muy real y asequible. Al igual que el alzarse hacia el infinito del universo de los chapiteles empinados de sus catedrales, ellos disponían aún de un delicado lazo que los unía al mundo divino espiritual de manera muy directa, por medio de un orientarse a sí mismos ascendentemente. Puesto que alzaban su pensamiento receptivamente hacia el mundo espiritual, sentían que las revelaciones divinas se iluminaban en ellos. El más puro y poderoso exponente de ello, Tomás de Aquino, surge en la escena histórica. La gente de su época le apodó Doctor Angelicus. Por sobre todo, él estaba imbuido de aquel ser anímico virginal , capaz de abrirse en su pensar a lo divino en un grado sin paralelismos. De este modo se convirtió en una de las figuras espirituales más grandes de su época. Lo que existe de sus obras, las así llamadas Summae, son un testimonio de su grandeza.

El carácter anímico, sutilmente desarrollado, altamente entrenado y aún así directamente abierto a lo espiritual, se ve bien expresado por la posición de Saturno en Virgo al momento en que él atravesó el umbral de la muerte. Saturno, el más elevado de los siete planetas, se ubica en la virginal constelación. Hasta esta constelación alcanza este aspecto del ser de Santo Tomás, gracias a por el cual fue tan capaz de recibir en su alma a las revelaciones espirituales. Esto se vuelve aún más evidente cuando ponemos atención sobre los tránsitos pasados de Saturno, ya que entonces reconocemos cuál de los períodos de su vida, digamos, es el que reluce en esta constelación. Es alrededor del año 1244-5. Un año antes, Aquino había sido aceptado en la orden de los Dominicanos. En 1245 fue llamado a Paris por la escuela de Alberto Magno. Saturno en Virgo en el horóscopo del deceso es por tanto una imagen de su surgimiento, del paso esencial que él dio y que lo condujo hacia el horizonte espiritual de su era. Virgo se destaca en los horóscopos de otros representantes de aquel tiempo. Alberto Magno, maestro y amigo de Santo Tomás, tuvo a Júpiter en Virgo al morir (15 de Noviembre de 1280), en el mismo lugar donde se ubicó Saturno al fallecer Santo Tomás. Al morir DunsScotus –Doctor Subtilis, como se habituaba llamarle– Marte se hallaba en Virgo (8 de Noviembre de 1308).

Un mundo muy diferente a éste, tan tierna e íntimamente devoto a la experiencia de lo divino y lo espiritual, es el que está inscrito en las constelaciones de Acuario, Piscis y Aries del horóscopo de la muerte de Santo Tomás. Dentro de lo temporal –es decir, respecto a los tránsitos de Saturno– esto representa al período en la vida de Aquino en el que ya era una personalidad famosamente reconocida en la Universidad de Paris y dentro de todo el Cristianismo occidental. Ahora debemos mirar más profundamente. Fue la época en la que se vio bregar con las tendencias que él consideraba un detrimento a la verdadera evolución de la humanidad. Estas tendencias estaban concentradas, sobre todo, en las ideas del filósofo moro Averroes. El conflicto, una vez más, ocurría en la esfera de vida dentro de la cual la gente de aquella época debía entablar una lucha con las grandes verdades espirituales –el elemento del pensamiento. Como punto de partida esencial para el disciplinar de su pensamiento, se basaron en la filosofía de Aristóteles. Pero detrás de esto se libraba una batalla mayor. El tema candente era la realidad y la substancia espiritual del ser eterno en el ser humano.

Aristóteles había vivido y actuado en el S. IV AC, pero su filosofía había permanecido viva inclusive hasta la Edad Media. En principio, sus obras habían sido trasmitidas por las escuelas griegas de los filósofos. En los primeros siglos del Cristianismo, cuando estas antiguas escuelas de sabiduría fueron duramente reprimidas y perseguidas, incluso aniquiladas, las obras de Aristóteles hallaron su camino hacia las civilizaciones de Siria, Mesopotamia y Asia occidental. Traducidas a los idiomas orientales, sufrieron numerosas distorsiones. Una de tales traducciones cayó en manos del filósofo moro Averroes. Fiel al carácter del alma arábiga, Averroes interpretó la filosofía de Aristóteles a criterio propio. Desde su descripción, uno puede llegar fácilmente a la conclusión de que a los ojos del maestro griego, una persona no porta consigo un núcleo espiritual e inmortal. Sólo lleva encendida una chispa de lo divino dentro suyo, que se funde con el océano de seres divinos luego de morir, sin que tenga una continuación de su existencia personal. Tomás de Aquino debía refutar esta interpretación, ya que no correspondía a la línea del desarrollo espiritual normal del mundo occidental. En contra de los latinos averroístas, propuso una nueva traducción sobre ciertas partes de las obras de Aristóteles a partir del griego original y escribió voluminosos comentarios. Esta fue la época en la cual se hallaba trabajando como Magister en la Universidad de Paris y, notablemente, la época de su estadía en la corte del Papa Urbano IV, 1261-4. Es el período que se ve inscrito por los tránsitos de Saturno en las constelaciones de Acuario, Piscis y Aries. La altura de este trabajo fue registrado, sobre todo, por el Sol en Piscis; ciertamente, fue durante el tiempo en que fue de Paris a la corte papal –en cierto sentido, se le reconoció como líder espiritual del Cristianismo occidental.

Así es como en su horóscopo del deceso se revelan dos tendencias, concentradas respectivamente en las constelaciones de Piscis y Virgo. A Virgo pertenece el calmo porte interior del alma, prestando atención a la voz del conocimiento sobre los secretos divinos de la creación del mundo y de la humanidad; conocimiento que puede emerger en las regiones más profundas del alma si somos lo suficientemente serenos como para oírle. Asimismo, la constelación de Virgo está asociada con el ingresar en la vida interior, espiritual de la naturaleza. Piscis, el opuesto de Virgo, está asociado a las grandes batallas espirituales de la humanidad. En el horóscopo de la muerte de Santo Tomás vemos de un modo distinto a como lo hicimos con el de Napoleón. Ahora reconoceremos la tremenda diferencia entre los dos horóscopos. Enormes como fueron las batallas de la Escolástica, Tomás de Aquino las inscribió con serena armonía en la esfera de Piscis a través de su vida y su labor. En su horóscopo del deceso, esta región semeja a una imagen en donde el pasado y el futuro del mundo están unidos muy armoniosamente; los planetas según sus numerosas posiciones son guiados desde Aries, a través del Sol en Piscis hasta Acuario. Por el otro lado, en el horóscopo de Napoleón encontramos a Piscis bloqueado por la conjunción de Saturno, Júpiter, Marte y Mercurio. Aquí también nos confrontamos a una de las grandes batallas de la humanidad. Comenzando con la Revolución Francesa, empuja como un puño apretado hacia el mundo occidental.

Mirado bajo la luz cósmica, tal como se muestran estos horóscopos del deceso, los sucesos de la época de Napoleón se muestran más enmarañados y convulsivos, resueltos nada armoniosamente en comparación a la obra de Santo Tomás, en donde Piscis se ve irradiado por el Sol. Esta vez es el Sol quien aporta su carácter a la constelación de Piscis, viéndose colmado por los prototipos de las batallas espirituales.

Existe un cuadro de Santo Tomás de Aquino realizado por Gozzoli, donde esto se ilustra muy bien. Desde su corazón irradia un Sol, a sus pies se acuclilla Averroes, a quien ha conquistado, mientras que desde lo alto por encima de él está el Cristo diciendo: bene scriptisi de me, Thomma!. Es un hecho de lo más impresionante que en el propio horóscopo de la muerte de Averroes (12 de Diciembre de 1198), el planeta Marte se ubica en el mismo lugar que el Sol de Aquino, una vez más en Piscis. El Sol en el corazón de Santo Tomás ensombrece a los impulsos marcianos de Averroes.

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La era en que tuvieron lugar estos desarrollos fue un gran giro en la vida espiritual de occidente. Puesto bajo la luz cósmica, tuvo lugar a lo largo de la línea que va de Virgo a Piscis. Las fuerzas de Virgo, los impulsos hacia una profundización de la vida interior del alma, perteneciente a la constelación de la Virgen, combatían por su existencia contra aquellas otras fuerzas que cobraban forma en Piscis. Piscis mismo se vió transformado, así como el mundo virginal del pensamiento puro también atravesó por un cambio esencial. El escolasticismo fue aún capaz –por medio de un severo disciplinar del pensamiento– de ascender  hasta lo divino y espiritual –los secretos de la Divina Revelación. Ahora, al ocurrir este giro de la evolución humana, esta facultad fue desapareciendo lentamente. Esto queda revelado por un suceso de esta época –me refiero a la destrucción de la Orden de los Caballeros Templarios, durante los siete años que van de 1307 a 1314.

Fundada con el declarado objetivo de proteger los lugares sagrados de la Cristiandad en Palestina contra los mahometanos que regían sobre la Tierra Santa, la Orden de los Caballeros Templarios albergaba una razón más profunda. Actuaba con el fin de preservar profundos secretos que se cultivaban antaño en los antiguos centros de los Misterios del Este y que brindaban luz por sobre la evolución espiritual del mundo y de la humanidad. La tarea esotérica de la Orden consistía en trasladar los antiguos tesoros de la sabiduría oriental y unirlos con todo aquello que había surgido en el Oeste, a partir de la corriente cristiana. Hasta cierto punto, esto fue un malentendido por parte del mundo exterior, al imaginar que el tesoro secreto de la Orden eran grandes cantidades de oro, lo que eventualmente condujo a su destrucción.

Felipe el Hermoso de Francia fue el protagonista. Codicioso y envidioso del oro templario, quiso destruirlos. En 1307 ordenó el arresto de los líderes templarios en Francia. Hacia esa época, Saturno se hallaba en la constelación de Libra, Júpiter transitaba hacia Escorpio y Marte se ubicaba en Sagitario. Dentro de todo, estos sucesos no fueron más que el preludio de los siete años de terribles conflictos y que ahora sobrevenía. Horrendos reproches anti-cristianos fueron argumentados contra los Templarios, se obtuvieron falsos testimonios mediante tortura. Una cosa siguió a la otra. En el año 1310, cincuenta y cuatro de los Caballeros Templarios fueron quemados vivos. Finalmente, el Maestro de la Orden, Jacques de Molay, muere en la hoguera. Esto sucedió el 11 de Marzo de 1314. La destrucción de la Orden había sido completada.

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Extrañas fueron las constelaciones para estas fechas. En 1310, al acontecer la destrucción de los 54 templarios, Saturno ingresaba en la constelación de Sagitario, Júpiter se hallaba en Piscis y Marte en Géminis. Luego, al morir Jacques de Molay, Saturno pasaba de Sagitario a Capricornio, mientras que Júpiter y Marte hacían conjunción en Géminis. Aquí vemos a una cierta línea que se demarca claramente en el cielo. Al comienzo, en 1307, Saturno se halla en Libra pero proviniendo recientemente desde la dirección de Virgo y Piscis que está asociada a los conflictos del Escolasticismo. Al ocurrir la aniquilación final de la Orden –entre la muerte de los 54 Caballeros y el martirio del Gran Maestre de la Orden– Saturno atravesaba Sagitario. Al mismo tiempo, la constelación de Géminis se ve muy fuertemente implicada en estos dos momentos históricos, como se muestra en el diagrama (fig.2). Es así como la dirección en el cosmos que va desde Géminis a Sagitario está conectada especialmente con la destrucción de la Orden de los Templarios y del mismo modo, la constelación anterior – que va de Virgo a Piscis, juega un cierto rol.

Semeja a una cruz cósmica en la cual se hallan inscritos los sucesos espirituales de esta época. El Escolasticismo luchaba por el Espíritu, empeñándose por encontrar una conexión con la revelación Divina a través de la pureza del pensar. Pero dentro de las consecuencias, esta conexión estaba precisamente destinada a perderse. Todo esto tuvo lugar a lo largo de la línea que va de Virgo a Piscis. Mientras tanto, la Orden de los Caballeros Templarios buscó brindar una continuidad a los tesoros de sabiduría de los antiguos Misterios. La orden fue destruida; su aniquilación se ve asociada a la línea cósmica que va de Sagitario a Géminis. Aquí se manifiesta el giro del tiempo cósmico en el cual estaba involucrada la humanidad del S. XIII. En los siglos sucesivos surgió una nueva modalidad de pensamiento, paulatinamente primero para luego acelerarse, más bien dirigida hacia el mundo exterior. Las profundas corrientes espirituales tomaron ahora un curso más oculto en los trasfondos de la historia exotérica.

Este giro histórico espiritual puede vivenciarse de un modo bastante íntimo y humano. En esto consistió la Mística germana, representada por el Maestro Eckhardt. Educado en la disciplina del pensar escolástico, formaba parte de aquellos que ya eludían la antigua facultad, es decir aquel buscar la conexión con lo divino-espiritual por el solo medio de pensar. Ahora pudo solamente encontrarla por debajo de la región de la consciencia plena, a través de la experiencia mística que brinda la vida purificada del sentir. Partiendo de este estado de ánimo, pudo desarrollar un pensamiento que reza: “Lo que fuere que el hombre es capaz de pensar sobre Dios, no es Dios. Lo que Dios es en Sí mismo, ningún hombre es capaz de alcanzar a menos que sea llevado hasta la Luz que es Dios”. Este tipo de experiencia espiritual se presentaba como nueva para aquella época; ocurrió así que la Iglesia no estuvo a la altura de aceptarla. Deseaba preservar el método escolástico solamente. Llevado a juicio por herejía, las consideraciones del Maestro Eckhardt fueron condenadas. Muere mismo durante el juicio en el año 1327.

Es considerable que en  el horóscopo de su muerte (Figura 3; la fecha exacta se desconoce) surge nuevamente el eje de Sagitario-Géminis, puesto que Saturno se ubicaba en Géminis aquel año, Marte estaba en Tauro y Júpiter en Cáncer. Es la contraparte cósmica de lo sucedido en la época en que fueron destruidos los Caballeros Templarios. Esta vez vemos al mismo eje  desde el otro lado, desde Géminis.

De este modo ganamos un cuadro más completo de la cruz cósmica: Virgo y Piscis – Sagitario y Géminis. Sobre todo, la naturaleza esencial del Zodíaco se torna más real y substancial de esta manera, tanto humana como espiritualmente. Nos volvemos capaces de vivenciarlo como algo cercano a nuestra humanidad, no permanece en la esfera de lo inalcanzable y en mano de los poderes inexorables del destino.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz

GA 335. Los pueblos de la Tierra a la luz de la Antroposofía

Conferencia impartida por Rudolf Steiner. Stuttgart, 10 de marzo de 1920 –

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Los últimos años han demostrado como los intensos sentimientos de odio y antipatía son capaces de fluir a través de las almas de los pueblos de la Tierra. En su vida sentimental nadie puede cegarse a la verdad de que la vida en la Tierra no puede avanzar fructíferamente por ese camino. Y hoy puede ser útil hablar de los elementos que, a la luz del conocimiento científico-espiritual, deben unirse al conjunto de la humanidad civilizada.

El conocimiento y el sentimiento, por supuesto, son dos cosas muy diferentes, pero el conocimiento científico-espiritual esta mucho más íntimamente ligado a la totalidad del hombre, a su naturaleza más íntima, que las verdades abstractas materialistas actuales. Las verdades de la ciencia espiritual son capaces de encender las ideas, los sentimientos y los impulsos de la voluntad de los seres humanos. La fuerza interior que se desarrolla a partir del conocimiento científico-espiritual de los elementos que unen a los diferentes pueblos de la Tierra, intensifica los sentimientos de simpatía y amor mutuo.

Así como es cierto que en el curso de la evolución, el hombre ha pasado de una vida instintiva e inconsciente a una vida consciente, a una comprensión más plena y libre de su misión, en cuanto al futuro hay que decir que el vago sentimentalismo  por sí solo no será suficiente para unir a los pueblos de la Tierra. Lo que se necesita es un entendimiento mutuo y ser conscientes de lo que uno puede esperar del otro.

En otros ámbitos de la vida es relativamente fácil ver la necesidad de esta unificación de los hombres de la Tierra, puesto que podemos ver el desastre que está sucediendo en el mundo de la economía. Al buscar la causa de estos desastres y tendencias destructivas, nos hacemos conscientes de que la aspiración de hacer de la Tierra una esfera económica es una necesidad inconsciente de toda la humanidad hoy en día.

Por otra parte, los pueblos de la Tierra aún no han llegado al punto de ennoblecer sus egoísmos nacionales lo suficiente como para permitir que surja una economía colectiva global de los valores económicos creados individualmente. Una nación intenta superar a la otra en materia de ventajas económicas. Ilusorio punto de vista que surja esto entre los pueblos, ya que los nuevos instintos de la humanidad claman por una vida económica común de toda la Tierra, en efecto, una economía global. Las mentes más importantes de estos tiempos están siempre haciendo hincapié en esta cuestión. En efecto, existe una pugna por una economía uniforme en la Tierra en contraste con las economías nacionales separadas que han existido hasta el siglo XX, y es esta oposición de las economías nacionales a una economía global la que ha causado el caos presente en la vida económica.

Cuando se trata de un país u otro o de asimilar la comprensión de sus riquezas espirituales, no es suficiente simplemente con viajar a otros pueblos o ser llevado allí por el destino. El mero conocimiento de las relaciones cotidianas de hombre a hombre nunca va a lograr el entendimiento mutuo entre los pueblos. Viajar y vivir en otros pueblos no es suficiente, no es más que una observación superficial de los gestos y movimientos de un hombre que nos permita comprender todo su ser. Es cierto que si uno tiene una idea de estas cosas, puede conjeturar mucho sobre el ser interior del otro a partir de sus gestos y movimientos, pero si las circunstancias son tales que podemos entender su discurso, el conocimiento es mucho más fundamental, pues uno puede recibir de él lo que su propio ser interior quiere comunicar. Entonces, ¿es posible que algo similar a esta transmisión de la fuerza interior, del ser interior, pueda generarse entre los pueblos y las naciones?.  No puede ser inherente simplemente en el habla, el lenguaje o en las observaciones de la vida cotidiana de los pueblos, pues para eso ya está el intercambio entre hombre y hombre.

Aquí debe ser revelado por el conocimiento y la comprensión del otro, algo que trasciende lo humano. Estamos realmente ante una dificultad cuando queremos hablar de manera inteligible de una nación o pueblo como una entidad. ¿Hay algo tan real como un objeto externo, tan real como la vida externa, que nos justifique el hablar de una nación o de un pueblo como una entidad?. Se puede hablar de un ser humano individual, la mera percepción sensoria del mismo, pero la percepción sensoria de una nación o de un pueblo es más que un conjunto de personas. Antes de que podamos reconocer a una nación como realidad debemos elevarnos a lo supra-sensible, es la única manera.

El hombre que se somete a la formación espiritual, que desarrolla la fuerza del conocimiento suprasensible que, de otra manera se encontraría latente en su vida cotidiana, poco a poco comenzará a ver a una nación o a un pueblo como un ser real, por supuesto, de una manera suprasensible. Se percibe lo espiritual, cuando un pueblo extranjero se revela como un ser espiritual, como una realidad suprasensible, que -si se me permite utilizar una expresión un tanto burda- impregna y envuelve el sentido de la naturaleza de los individuos que pertenecen a la misma, como una nube. Ese  conocimiento suprasensible nos permite penetrar en el ser real de una nación o de un pueblo, pero el conocimiento suprasensible no se puede adquirir sólo con la observación de la vida cotidiana. Voy a hablar a grandes rasgos de cómo hoy en día la Ciencia Espiritual se esfuerza por obtener un conocimiento realmente profundo de las relaciones entre los pueblos de la Tierra. Y aquí es sobre todo necesario comprender al ser humano a la luz de esta Ciencia Espiritual. En la conferencia anterior, así como en mi libro “Enigmas del alma”, publicado hace unos años, dije que el hombre, tal y como se nos presenta en la vida diaria, no es un ser unitario, sino que está estructurado de tal manera que podemos ver claramente tres componentes.

En el organismo humano tenemos, en primer lugar, todo lo que está relacionado con y centralizado en el sistema cefálico, el llamado sistema nervioso y los sentidos. Por medio de este sistema el hombre tiene  percepciones sensoriales, pensamientos e ideas.

Hoy en día, como resultado de una ciencia natural, se cree que todo el ser espiritual y anímico del hombre se basa en el sistema nervioso y sensorial, pero este sistema es, de hecho, una especie de parásito sobre el resto del organismo. Esto es así. Si se me permite una breve referencia personal, puedo decir que el estudio de más de treinta años de la naturaleza y del ser humano -un estudio en el que siempre he tratado de reconciliar la ciencia espiritual con los resultados de la ciencia natural- me ha llevado a confirmar esta triple naturaleza del organismo humano. Es una suposición general de la ciencia natural moderna que la vida del espíritu y del alma corre paralela a la vida sensorial y al sistema nervioso. En realidad es sólo el pensamiento el que los liga.

La vida sensible, (la sensibilidad), está ligada a los procesos rítmicos del organismo humano. El sentimiento está conectado directamente con los ritmos de la respiración y la circulación sanguínea, al igual que la vida del pensamiento y de la percepción está relacionada con el sistema nervioso y sensorio.

Del mismo modo, la vida volitiva está conectada con el sistema metabólico  (digestión y asimilación) en el hombre. La división más baja aparentemente del organismo humano, (en el sentido de un proceso, por supuesto, lineal), el sistema metabólico es el portador de la vida del hombre  volitivo.

En su naturaleza anímico-espiritual, el hombre es también un ser tripartito. La voluntad espiritual, la sensación de la vida animica, el pensamiento, las ideas y la percepción dirigida a los fenómenos materiales externos – éstos son los tres miembros o divisiones de la naturaleza del hombre anímico-espiritual. Estos tres miembros corresponden a los tres miembros del organismo físico, al sistema nervioso y sensorial, a la vida rítmica de la circulación y respiración y a la vida metabólica.

Ahora bien, si observamos los seres humanos en cualquier región dada de la Tierra, nos encontramos con que los términos de esta triple organización, de ninguna manera son absolutamente iguales en el orbe terrestre. Otro gran error del pensamiento moderno es imaginar que un programa social común podrá ser asumido por la totalidad terrestre y que los hombres podrían ajustarse a él. Los seres humanos están individualizados, especializados en las diferentes regiones de la Tierra. Y el que aprende a conocer el verdadero ser del hombre tal como vive en la Tierra debe ser capaz de desarrollar el amor, no sólo a una humanidad abstracta, universal, pues eso no sería más que una “idea” de la humanidad, una idea muerta, vacía. Los que realmente entienden a sus semejantes deben desarrollar el amor por las formas y expresiones individuales del ser humano en las diferentes regiones de la Tierra.

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En el poco tiempo de que disponemos no es posible caracterizar a todos los pueblos individuales. Todo lo que se puede hacer es considerar los principales tipos de humanidad terrenal. Esto nos lleva, en primer lugar, a un tipo muy característico y también uno de los más antiguos: el oriental, tal como se expresa en la diversidad de formas diferentes en los pueblos de la antigua India y en otras razas orientales. Este tipo oriental revela un elemento común, especialmente en los pueblos hindúes. El hombre del Este ha crecido con la tierra que es su propio suelo. Sin embargo puede parecer que el oriental ha recibido el Espíritu con intensa devoción en su corazón y alma, la mística oriental nos puede impresionar profundamente. Si estudiamos las características raciales de oriente, veremos que la elevada espiritualidad que tan justamente admiramos depende, en este caso, de las experiencias volitivas que fluyen en el ser humano, voluntad que está, a su vez, ligada a los procesos metabólicos. Por paradójico que pueda parecer a primera vista, esta espiritualidad misma de los pueblos orientales, y especialmente de la antigua India, es algo que, por usar una expresión burda, brota de los procesos metabólicos. Estos procesos, a su vez, están conectados con los procesos de la naturaleza en el medio oriental. Piensen en la India de tiempos muy antiguos. A su alrededor están los árboles y frutos, todo lo que la naturaleza en su belleza y maravilla da al hombre.

El oriental une esto con sus propios procesos metabólicos, de tal manera que el metabolismo se convierte en una especie de continuación de todo lo que vive en la maduración de la fruta en los árboles y bajo el suelo, en las raíces. En su naturaleza metabólica, el oriental ha crecido junto con la fertilidad y el bienestar de la Tierra. El proceso metabólico es el portador de la voluntad, desde ahí se desarrolla la voluntad en el ser interior del hombre. Pero lo que se desarrolla en el ser más íntimo, en el que el hombre está firmemente arraigado y por medio del cual se relaciona con su medio ambiente, esto no entra muy vivamente en su conciencia. En la vida consciente del oriental se introduce una corriente de elementos  diferentes. En el sentimiento y la vida pensante del oriental, especialmente en el tipo más característico -el hindú- hay algo en esa corriente que a todas luces se experimenta en los procesos metabólicos en el sentido material. En su “imagen-espejo”, sin embargo, aparece como vida espiritual.

Así, cuando entramos en todo lo que ha salido del alma y pensamiento creativo de los pueblos del Este, aparece realmente como un producto espiritual de la Tierra misma. Cuando nos elevamos a los Vedas nos sentimos invadidos por la luz del Espíritu que habla con gran intensidad a nuestras almas, si respondemos a la sutileza instintiva de la filosofía Vedanta y el Yoga o profundizamos en trabajos como los de Lao-Tze y Confucio, o nos sentimos atraídos por la poesía oriental, la sabiduría oriental, nunca sentimos que fluye de una manera individual, de una personalidad humana.

A través de sus procesos metabólicos el oriental crece junto con la naturaleza que le rodea. La Naturaleza vive, trabaja, hierve y se sobretensiona dentro de él, y cuando permitimos que su sabiduría poética trabaje en nosotros, es como si la Tierra misma hablara. Los misterios del crecimiento de la Tierra parecen hablar a la humanidad a través de los labios del hombre oriental. Sentimos que los pueblos del oeste y centroeuropa no podrían interpretar la interioridad espiritual de la Tierra de esta manera.

Los hombres más elevados de los pueblos orientales parecen moverse sobre la faz de la Tierra, expresando en su vida interior algo que realmente vive bajo su superficie. Esta crece y estalla en flores y frutos, así como lo hace en el espíritu y el alma del hombre oriental. La esencia interior de la Tierra se hace elocuente en los pueblos de oriente. Por tanto, podemos entender que, de conformidad con todo su ser, tienen menos idea de los fenómenos físicos de la superficie de la Tierra y de los hechos externos del mundo material. Su naturaleza más interna es una de las fuerzas sub-terrenales de las cuales resultan los fenómenos externos de los sentidos. Por tanto, están menos preocupados de lo que tiene lugar en la superficie. Son “hombres-metabólicos”. Pero los procesos metabólicos se expresan, en su caso, en la vida del alma y del espíritu.

Ahora bien, cuando un ideal se presenta ante los pueblos de Oriente, ¿qué forma tomará?. La orden dada a los alumnos por los sabios orientales fue algo así: “Para entrar en el ritmo de la vida debéis respirar de una manera determinada”. Estos maestros instruyeron a sus alumnos en la regulación de ciertos ritmos de la respiración y la circulación sanguínea. La forma en que se enseña a los alumnos a entrar en una vida superior del alma es muy característica. Toda la organización del hombre, tal como lo vemos en la vida ordinaria de Oriente, del pueblo asiático, y especialmente al pueblo surasiático, se basa en el metabolismo. Cuando se forma un ideal concreto de cómo se puede llegar a ser más completo, desarrolla su sistema rítmico; por un acto de libre albedrío se esfuerza por algo que es superior y que no le es dado por la naturaleza.

Ahora bien, lo extraño es que cuanto más se pasa de los asiáticos a los pueblos europeos, y especialmente a los pueblos de Europa central, nos encontramos con un notable desarrollo del sistema rítmico en su vida ordinaria. Los pueblos que no son de Oriente o de Europa occidental, sino de Europa Central, poseen como característica natural lo que el hindú se esfuerza por adquirir como su ideal de superhombre. Pero una cosa es tener que adquirir una cualidad por la fuerza de la autodisciplina y la actividad espiritual libre, y otra tomar posesión de ella naturalmente y por instinto. El hombre de Europa Central posee por naturaleza lo que el oriental tiene que desarrollar a partir de su vida metabólica que está conectada con el interior de la Tierra. Por lo tanto, lo que para el oriental es un ideal, para el europeo es una posesión natural de la vida cotidiana, su ideal, por lo tanto, debe ser necesariamente diferente. El ideal del centroeuropeo encuentra una etapa superior, en la vida del pensamiento ligado al sistema neuro-sensorio.

Hay una cualidad de desenfrenada fantasía en las creaciones artísticas de los orientales. Parece que aumenta la actividad interna de la Tierra, al igual que el vapor se eleva desde el agua a las nubes. La “totalidad”, rítmica interiorizada, que es la esencia vital de los centroeuropeos, permitió a los antiguos griegos, que tanto lograron en el conjunto de la civilización moderna, crear lo que llamamos el arte europeo. Los griegos se esforzaron por todo lo que ponía de manifiesto la armonía interior del hombre terrenal. Los elementos materiales y  espirituales están en equilibrio y se expresan en el hombre “medio”. Las creaciones artísticas orientales siempre se ejecutan en exceso en una dirección u otra.

Es en las concepciones artísticas de Grecia en que la forma humana estaba imbuida por primera vez con una armonía y plenitud interior. Esto fue porque el hombre tenía conciencia de su verdadero ser en el sistema rítmico. Cuando el artista griego se proponía un ideal, se esforzaba por alcanzarlo a fuerza de disciplina interna, a fuerza de la educación. Utilizaba el órgano de pensar igual que el oriental utiliza los órganos relacionados con el ritmo en el ser humano. El yogui de la India se esfuerza por regular su respiración de acuerdo con las leyes del espíritu y el alma para poder elevarse por encima del nivel de la humanidad ordinaria.

El hombre de Europa Central se entrena para elevarse por encima de los procesos instintivos del sistema rítmico, de la circulación de la sangre y de la respiración para sentirse verdaderamente hombre y se esfuerza en desarrollar la vida del pensamiento. Pero estos pensamientos, sobre todo en el centroeuropeo más evolucionado, se convierten en más que un “intérprete” del ser del hombre. Esto es lo que nos llama la atención cuando nos dirigimos al producto de la cultura europea después de habernos impregnado de la cultura oriental. En las creaciones altamente espirituales de la cultura oriental vemos, por así decirlo, el mismo florecimiento de la evolución terrestre. Sus labios expresan la voz de la Tierra misma. No es así en el centroeuropeo ni fue así que en el antiguo griego.

Cuando el centroeuropeo sigue los impulsos de su propia naturaleza, cuando no se autoengaña, cuando es consciente de que el autoconocimiento es la más noble corona de la actividad humana, la representación del ser humano en la naturaleza y en la historia es el logro supremo del hombre y luego lo expresará como el ideal de todo lo que él mismo es, como ser humano. La esencia misma del centroeuropeo se expresa cuando da rienda suelta a su ser inherente. Por tanto, podemos entender que el maravilloso pensamiento expresado en el libro de Goethe sobre Winckelmann sólo podía surgir en Europa Central. Me refiero al pasaje donde Goethe resume las elevadas percepciones, el profundo pensamiento y fuerte impulso de voluntad de este hombre maravilloso, en una descripción de su propia concepción del mundo, porque es como el sol de la cultura moderna: “El que el hombre sea colocado en la cima de la Naturaleza, se considera que constituye otra naturaleza entera, cuya misión es producir internamente un nuevo pináculo. A tal fin, aumenta sus poderes, se imbuye con perfecciones y virtudes –citación, discriminación, orden y armonía- y se eleva finalmente a la producción de una obra de arte”, el hombre, de su propia naturaleza espiritual, da a luz a un nuevo ser.

Esta aplicación de todas las fuerzas a la comprensión del hombre mismo se manifiesta especialmente en el hombre de Europa Central, cuando es fiel a su propio ser. Sólo en tiempos más modernos esto ha caído en el olvido. El hombre de Europa tiene toda la motivación para considerar cómo se debe desarrollar la veneración, la comprensión y la penetración de lo que es verdaderamente humano.

Si ahora nos fijamos en el Oriente y sus gentes desde una perspectiva puramente espiritual, nos encontraremos con que los pueblos orientales, sólo porque son “hombres metabólicos,” desarrollan la espiritualidad que constituye la conexión entre el alma humana y la divina. Si la naturaleza del hombre quiere ser completada, debe dar a luz en su ser interior, las cualidades que no le son dadas por el mundo elemental, debe despertar en su propia conciencia la antítesis de todo lo que posee por naturaleza. Así, en el oriental surge una espiritualidad que le hace consciente de la conexión entre el alma humana y la divinidad. El oriental puede hablar de la relación del hombre con la divinidad como algo natural, de una manera que no le es posible a ninguna otra raza, con palabras que tocan al corazón. Otros pueblos de la Tierra pueden someter y conquistar las razas orientales y tratar de inculcar en ellas sus propias idiosincrasias, leyes y reglamentos, sin embargo, asimilar lo que el oriental tiene que decir acerca de la relación del hombre con la divinidad es algo que deberían aplicarse a sí mismos también.

En los tiempos modernos hemos visto cómo la gente de occidente, inmersa en el materialismo vuelven a los antiguos filósofos orientales como Lao-Tsé con las concepciones chinas e hindues del mundo, no tanto en busca de ideas, sino de experimentar un fervor interior que les permitirá sentir la conexión del hombre con la Divinidad. Los sabios de la literatura oriental mucho más con el fin de que sus sentimientos puedan ser vivificados por la forma en que el oriental habla de su relación con lo divino que por cualquier contenido filosófico. La naturaleza abstracta del europeo del este hace que le sea difícil entender realmente la filosofía oriental. Una y otra vez personas que han estudiado los dichos de Buda, con todas sus repeticiones interminables, han expresado que estos mantras deberían ser abreviados y eliminar las repeticiones. Mi única respuesta podría ser: “Usted no tiene ninguna comprensión real de la verdadera grandeza de la filosofía oriental, ya que esta se expresa en las mismas repeticiones que desea cortar. Cuando el oriental se impregna en los dichos de Buda, con los mantras que tanto irritan a los occidentales, están en el camino a su ideal de la recurrencia rítmica del motivo. La misma frase se repite una y otra vez. Ahora, como ya hemos visto, el oriental vive naturalmente en los procesos del sistema metabólico. Cuando él se entrega a las frases recurrentes de Buda, surge en él una contraparte espiritual en el sistema respiratorio y la circulación sanguínea, y lo ha originado por su propio esfuerzo y su propia voluntad.

Si un europeo realmente trata de entender la grandiosa santidad de la naturaleza oriental, obtendría un conocimiento que se le escaparía, a menos que lo desarrolle conscientemente, que lo asimile. Es muy natural que el europeo quiera eliminar las repeticiones de los mantras budistas, porque él vive en el ritmo de la respiración y su ideal es elevarse con el elemento del pensamiento. Cuando el pensamiento ya está comprendido e integrado no quiere repeticiones, se esfuerza por ir más lejos.

Si estudiamos estas repeticiones orientales, debemos, en efecto, desarrollar otro tipo de cualidad, no una comprensión intelectual, sino un amor interno por lo que se expresa en las formas individuales de los diferentes pueblos. Nuestra actitud debe hacernos comprender que las cualidades particulares que hacen a un pueblo grande no son poseídas por los demás y podremos entender estas cualidades sólo cuando seamos capaces de amar a los demás pueblos y apreciar el valor de sus dones particulares.

En el momento en que penetramos en la naturaleza interna y la esencia de los pueblos de la Tierra, encontramos las diferencias de sus naturalezas individuales. Y entonces nos damos cuenta de que la esfera global de lo ‘humano’ no se expresa en su totalidad a través de cualquier hombre individual, o a través de los miembros de cualquier raza, sino a través del conjunto de la humanidad. Si alguien quiere entender todo lo que vive en su ser, se tendrá que poner a estudiar las características de los diferentes pueblos de la Tierra. Asimilar las cualidades que él mismo no puede poseer por naturaleza, porque sólo entonces podrá sentirse un hombre completo. Conseguir una humanidad plena y completa es una posibilidad para todos. Todo el mundo debería prestar atención a lo que vive en su propio ser interior. Debe encontrar la revelación concedida a otros pueblos y que él mismo no posee. Su corazón sabe y siente que es necesario. Si descubre lo que es grande y característico en los demás pueblos y permite que esto penetre profundamente en su propio ser, se hará consciente de que el propósito de su existencia no puede cumplirse sin estas otras cualidades, ya que ellas son parte de su propio esfuerzo interior. La posibilidad de una humanidad plena reside en cada individuo, y debe ser llevada a su cumplimiento mediante la comprensión de las características especiales de los diferentes pueblos repartidos en la Tierra.

Es en el Este, pues,  donde el hombre es capaz de expresar con una especie de espiritualidad natural su conexión con lo Divino.

Cuando nos dirigimos a los pueblos centroeuropeos, nos encontramos con que lo verdaderamente característico de ellos se oculta bajo capas de error y estas deben ser eliminadas. Piensen en todos los grandes filósofos que, habiendo pensado en la naturaleza y Dios en un sentido humano, casi sin excepción plantean también otra pregunta. Casi cada gran filósofo alemán se ha ocupado de la cuestión de la igualdad de derechos entre hombre y hombre. La búsqueda de la igualdad, no se ha comprendido y se la ha obstaculizado para  que sea una característica de los pueblos europeos centrales. Los que no reconocen esto no tienen conocimiento de los pueblos centroeuropeos, y nada los desviará del materialismo reinante (que viene de otra fuente) volviendo a lo que es fundamentalmente característico de las acciones verdaderamente teutónicas.

Así como el hombre de Oriente es el intérprete de la Tierra, porque su vida espiritual es la flor o el fruto de la tierra misma, el teutón es un intérprete de sí mismo, de su propio ser. Él se enfrenta inquisitivamente, y por eso se enfrenta a todos los demás hombres como sus iguales. La gran pregunta para él, por lo tanto, es la de la equidad, la de los derechos. Dondequiera el pensamiento teutón se esfuerza en desentrañar las profundidades del universo, en hombres como Fichte, Hegel o Schelling, nunca ha sido una cuestión de adoptar la antigua tradición romana de equidad, sino de investigar su naturaleza y esencia. Los resultados abstractos de estas investigaciones, que se encuentran en Fichte, Hegel, Schelling y Humboldt, son fundamentalmente los mismos que encontramos en Goethe cuando busca por múltiples caminos la expresión de la verdad, la armonía y la plenitud de la naturaleza del hombre. En este sentido Goethe es el representante de la naturaleza teutónica, de la Europa oriental. Al igual que el oriental se confronta con la Tierra, también lo hace el hombre europeo, con el auto-conocimiento.

Si pasamos a la Europa occidental y de allí a Estados Unidos, nos encontramos con que la figura del verdadero occidental se expresa en el pensamiento abstracto. Para utilizar una figura retórica empleada, por ese escritor profundamente espiritual, Rabindranath Tagore, el occidental es preeminentemente un “hombre-cabeza”. El oriental es un “hombre-corazón”, porque experimenta el proceso del metabolismo en su corazón. El “hombre- Aliento” es el europeo de la Europa central que está en una relación rítmica con el mundo exterior a través de sus procesos rítmicos interiores.

El occidental es un hombre-cefálico y Tagore le compara con una “jirafa espiritual”.  A Tagore le encanta el occidental, pero cuando se trata de describir las características, no entran en juego  necesariamente la simpatía o la antipatía. Tagore compara al occidental con una jirafa espiritual porque lo plantea todo en abstracciones -en abstracciones tales como dieron lugar, por ejemplo, a los “Catorce Puntos” del Presidente Wilson. En estas declaraciones en el sentido de la realidad espiritual, se siente que la cabeza del occidental está separada del resto del cuerpo por un cuello largo y esta cabeza sólo puede expresar lo que ofrece al mundo en conceptos abstractos. Un largo camino se ha de recorrer antes de que estos conceptos abstractos, estas cáscaras de palabras e ideas, encuentren su camino hacia el corazón, los pulmones y el sistema respiratorio, porque es la región en la que pueden convertirse en sentimientos y pasar de allí a la voluntad .

La cualidad característica inherente al hombre occidental es lo que llamaré el sistema de pensamiento. El ideal por el que el centroeuropeo se esfuerza por alcanzar como resultado la libertad, la libre actividad espiritual, no requiere esfuerzos por parte del occidental, especialmente por los americanos, pues esta actividad espiritual libre, el occidental la posee instintivamente. Instintivamente, él es un hombre de abstracciones. Como ya he dicho, no es lo mismo poseer una cualidad instintiva como tener que trabajar para adquirirla con mucho esfuerzo. Pero una vez que ha sido adquirida se liga a la naturaleza del hombre de una manera muy distinta. Pues adquirir una cualidad con la fuerza de la libre actividad espiritual no es lo mismo que poseerla por instinto, como un regalo de la naturaleza.

Ahora aquí existe un gran peligro. Considerando que el hindú con su filosofía yogui se esfuerza por elevarse al sistema rítmico y el centroeuropeo al sistema de pensamiento, el occidental, el ‘jirafa espiritual”, debe trascender los procesos meramente intelectuales si no quiere perder su verdadera humanidad. Como he dicho recientemente y siendo franco, en una reunión a la que asistieron un buen número de occidentales, esta es la gran responsabilidad del Oeste en el momento presente.

En el caso de Europa Central, será un país libre y saludable, si procura que se le conduzca a la espiritualidad, a la Ciencia Espiritual. Toda la naturaleza del hombre occidental se perderá en el abismo, si no se esfuerza por elevarse más allá del pensamiento, caerá en un vacío “espiritual”, buscando las cualidades animicas en una región donde el alma no se detiene. Aquí yace el peligro, pero también una gran responsabilidad. El peligro es que los occidentales pueden caer en el vacío del alma si no se esfuerzan por superar las cualidades que le han sido otorgadas por la naturaleza, y su responsabilidad es la de permitirse a sí mismos ser llevados a la verdadera ciencia espiritual, si no quieren que por virtud de su posición dominante en el mundo se presten a la caída de la humanidad.

Es un deber solemne de los pueblos de Europa Central -porque es parte de su naturaleza- ascender en la escala del conocimiento espiritual. Pues en su camino de ascenso desde lo rítmico-respiratorio, al sistema de pensamiento, gana algo más en la esfera de lo humano.

El peligro al que se enfrentan los pueblos occidentales es que pueden salir de la esfera de lo humano cuando se creen un ideal en sí mismos. Esto realmente está en la raíz de la existencia de los muchos movimientos sectarios en el oeste, movimientos que van en contra del principio de lo “humano universal” en el momento presente.

El oriental, cuyo sistema metabólico está estrechamente relacionado con la Tierra, presenta una actividad espiritual a lo largo de los caminos de la naturaleza misma. El hombre del oeste, con su desarrollado sistema de pensamiento, dirige su mirada principalmente al mundo de los sentidos. Así como si algo bajo la superficie de la Tierra estuviese trabajando en el oriental, el hombre de occidente parece prestar atención sólo a lo que está por encima de la superficie de la Tierra, a los fenómenos que surgen como consecuencia del sol, la luna, las estrellas, el aire, el agua y similares. Los propios procesos de pensamiento, sin embargo, no se derivan de lo que está sucediendo en la periferia. Como dije en una conferencia anterior, lo espiritual en el hombre no se puede explicar por el estudio del mundo terrenal y sus alrededores. Los frutos espirituales de la Tierra surgen en el ser del verdadero oriental y él se sabe, como hombre, con el Espíritu viviente dentro de sí, un ciudadano del Cosmos entero, un miembro no sólo de la tierra sino de todo el Cosmos.

El occidental, con su sistema de pensamiento más desarrollado, ha sido privado de este Cosmos por la ciencia moderna, y se queda solo con la posibilidad de calcular en fórmulas matemáticas y mecánicas. El occidental tiene que hacerse consciente de que  sin el origen de su alma cósmica, en realidad él no podría existir como un ser pensante, si esto no fuera así,  debería darse cuenta de que la frialdad de las matemáticas estériles serian la única ciencia que le quedaría con el propósito de explicar el cosmos. Las emanaciones de la Tierra misma se han convertido en parte de la propia esencia del oriental, su sabiduría poética es como una flor de la Tierra. El centroeuropeo tiene que reconocer que su calidad humana esencial se revela en el hombre y por el hombre. En efecto, el ser humano se enfrenta a sí mismo .

Las cualidades de mayor valor en el hombre occidental son las conferidas no por la Tierra, sino por el Cosmos. Pero la única forma que tiene de acercarse a estos dones cósmicos, suprasensibles es mediante el cálculo matemático, con el seco espectro-análisis o hipótesis similares. Lo que el europeo tiene como objetivo, como expresión de la igualdad entre hombre y hombre, es buscado por los occidentales a través de su dedicación a los asuntos económicos, los derechos humanos que se valoran como expresión del espíritu les parece que surgirán sólo como fruto de la vida económica. Por lo tanto no es de extrañar que Karl Marx abandonase Alemania, donde podría haber aprendido a reconocer la naturaleza de un hombre como Goethe, su sentido humanista, y se fue hacia el oeste, a Inglaterra, donde su mirada se desvió del verdadero elemento humano y fue engañado con la creencia de que lo que el hombre puede conocer no es más que una ideología, un hecho de la vida económica. Esto no es verdad en el sentido absoluto, sino que es fundamental para la naturaleza del hombre de Occidente, al igual que es fundamental para los pueblos orientales contemplar de lado a lado la naturaleza con todo su ser y luego hablar de la conexión del alma humana con la divinidad como un hecho evidente.

Es por eso que muchos hombres de Occidente sienten la necesidad de mirar hacia arriba a lo Divino, porque, como ya he dicho, todos los hombres sienten la necesidad de sentirse hombres completos, son conscientes de esa nostalgia, incluso cuando tratan de conquistar a los pueblos orientales, para recibir de ellos lo que tienen que decir acerca de la conexión del hombre con la Divinidad. Si aplicamos esto a las razas y pueblos más pequeños, o nos limitamos a lo que es típico en todas partes, vemos que el hombre en su totalidad no se expresa en los miembros de un solo pueblo o raza. La humanidad completa es todavía sólo un deseo interior, pero este impulso debe crecer en un amor hacia toda la humanidad, porque esas cualidades que no poseemos por naturaleza, se pueden adquirir si se busca sinceramente el conocimiento de la naturaleza de los otros pueblos de la Tierra.

El internacionalismo imperante en la época de Goethe asumió esta forma. Es este tipo de internacionalismo el que impregna pensamientos tales como los encontramos, por ejemplo, en los límites del estado de Guillermo Von Humboldt. Es el esfuerzo de un cosmopolitismo verdadero que, al asimilar con amor todo lo que se puede adquirir de las otras razas, ennoblece y eleva a las personas individuales, el conocimiento de la propia raza se busca mediante la asimilación de todo lo que es idealista, grande y hermoso de los otros pueblos de la Tierra. Es por esto que en los días del rebrotar espiritual de Alemania, emerge desde la vida rítmica de su gente, un liviano cosmopolitanismo que había sido buscado entre todas las demás personas. Piensen en Herder, cómo su búsqueda lo llevó a otros pueblos, tratando de desentrañar lo más profundo de todos los pueblos de la tierra!. Cómo fue penetrado por la idea que permea “al hombre de carne”, a la persona, que hay otro hombre más grande y más potente, que puede ser descubierto sólo cuando seamos capaces de derramarnos sobre todos los pueblos.

No podemos dejar de contrastar este espíritu, que en el cambio de los siglos XVIII y XIX fue el germen de la grandeza de Europa central, con el internacionalismo de hoy. En su forma actual, la internacional no es un pulso que viva en el mundo, sino que es predicado en la forma de marxismo y el marxismo sólo cree en el pensamiento humano. El internacionalismo es hoy en día una forma más o menos débil del marxismo. Ya no existe la menor idea de la diferenciación de la humanidad plena y completa sobre la Tierra. Se configura una abstracción y se supone que representa a la Humanidad, que representan al hombre. La Internacional no es la primera etapa de una ascensión, sino la última etapa de una disminución, ya que carece de todos los esfuerzos para llegar a una internacionalidad verdadera, que siempre ennoblece la acción individual. El tipo de internacionalismo que aparece en el marxismo y todo lo que se ha desarrollado a partir del mismo es el resultado de permanecer inmóvil dentro de un sistema unilateral y poco práctico de la totalidad del pensamiento que se aplica sólo al mundo de los sentidos y no ha penetrado en las cualidades reales de la nación.

El verdadero internacionalismo, por el contrario, surge de un amor que llega a todos los pueblos y razas a fin de que la luz recibida de ellos pueda ser encendida en los hechos, conceptos y creaciones de su propia gente. Cada prueba individual por la que se debe encontrar un lugar en el gran coro de los pueblos de la Tierra contribuye a la plena comprensión que puede unir a todos en un conocimiento real y mutuo.

En esta conferencia no ha sido mi objetivo hablar de asuntos que puedan parecer un “programa”. Yo quería hablar del conocimiento científico-espiritual que se ha encendido en el investigador espiritual como resultado de un mayor conocimiento de la vida comunitaria del hombre en la Tierra, para que sea posible una verdadera vida comunal.

Uno puede, por supuesto, hablar desde muchos puntos de vista diferentes de lo que es necesario para el futuro inmediato de la humanidad, se puede hablar de este o aquel impulso. Pero debe tenerse en cuenta que el consuelo espiritual que fluye de los conocimientos que he tratado de indicar, en líneas más fugaces que en detalle, se puede añadir a todo lo que se pueda decir en lo que se refiere a los asuntos sociales, políticos y educativos. Es un consuelo que pueda fluir a partir del conocimiento del ritmo, lo digo expresamente el posible ritmo de la vida histórica de la humanidad.

Esta conferencia debe demostrar que el odio y la antipatía en el mundo de hoy en realidad se puede salvar con las alas del amor internacional. Este es un hecho posible. Pero estamos viviendo en una época en que todo lo que es posible debe hacerse con un esfuerzo consciente, deliberado y libre por parte de los hombres.

Debemos adquirir el conocimiento de las condiciones necesarias para unir a los pueblos de la Tierra, a fin de que, como resultado de este conocimiento, cada pueblo individual pueda conseguir que las alas del amor sustituyan a las del odio. El amor humano es el único que tiene poder para sanar las heridas del odio. Si la humanidad no tiene ningún deseo de amar, el caos se mantendrá. Esa es la terrible alternativa que enfrenta ahora a los hombres conscientes.  Aquellos que son conscientes de estos horrores saben que las almas de los hombres no deben dormirse, por el contrario, como resultado de la impotencia causada por el sueño en el que han caído las almas de los pueblos, las olas sanadoras del amor no serán capaces de fluir sobre las olas del odio.

Los hombres que son conscientes de esto sabrán que tienen que adquirir un tipo de conocimiento que se derive de una concepción espiritual de las relaciones entre los pueblos. Y llevarán este conocimiento a un sentimiento de amor por la Humanidad naciente. Llevarán este conocimiento a sus actos de voluntad para el logro de la Humanidad. La evolución de la época, con toda esta terrible parálisis que está apareciendo en la actualidad, establecerá una solemne obligación ante el alma: reunir todo lo que se pueda, unir a la Humanidad en el amor y la concordia, en oposición a los elementos destructivos que han hecho su aparición en los últimos tiempos. Esta búsqueda del amor unificado, porque el amor es unificador, no es un simple y vago sentimiento, es el deber más alto del hombre que comprende las actuales condiciones de la vida.

Traducción al español: Gracia Muñoz

3ª CARTA – La naturaleza espiritual de las estrellas fijas del zodiaco

Del libro Isis Sophia I, de Willi Sucher

English version

 

 Junio de 1944

El universo de nuestro sistema solar con sus planetas girando alrededor de un centro común es un organismo bastante complicado. De acuerdo con la opinión de Ptolomeo, la Tierra está en el centro de este organismo; de acuerdo con Copérnico, el Sol está en el centro y ejerce un firme control para que los planetas no se desvíen de sus órbitas. (Rudolf Steiner ha indicado el movimiento lemniscatorio como base de la futura concepción del universo planetario. Tengo la intención de volver a estos temas a su debido tiempo, sobre todo cuando tengamos que hacer frente a la naturaleza de los planetas).

El sistema ptolemaico y copernicano del universo tiene la forma de un plano circular, con las órbitas de los planetas dentro del mismo como los anillos concéntricos de un disco. Este plano circular está rodeado por un cinturón de doce constelaciones de estrellas fijas, que identificamos como las constelaciones del zodiaco. Los nombres de estas doce constelaciones se han dado en la primera Carta.

Ahora vamos a hablar de la naturaleza de estas doce constelaciones del zodiaco. Forman el mundo «externo» de nuestro sistema solar, y se relacionan con él asi como nuestro mundo exterior se relaciona con nosotros.

¿Cómo nos relacionamos con nuestro mundo exterior? Encontramos a nuestro alrededor sustancias sólidas, líquidas, gaseosas y calor. Todo esto también lo encontramos en la forma humana, pero en condiciones transformadas. El origen de estas sustancias lo encontramos en nuestro entorno. Son la base de nuestra existencia física. Las llevamos dentro, y las tomamos continuamente durante nuestra vida en la Tierra, al respirar y al comer. Al observar estas sustancias y encontrarlas de nuevo en una condición transmutada en nuestro cuerpo, podemos leer la historia de la creación y organización del ser humano. Por supuesto, no sólo tenemos que mirar estas sustancias desde el punto de vista del pensamiento materialista para aprender la historia de la creación de nuestro cuerpo, sino también será necesario encontrar sus cualidades espirituales.

Podemos imaginar que la relación entre las estrellas fijas del zodiaco y el mundo solar se constituye de una forma similar. Nuestro sistema solar tiene que haber llegado a existir en un tiempo que no podemos juzgar de acuerdo a las condiciones terrestres. ¿De dónde procede? Del mismo modo que las sustancias que encontramos en el cuerpo humano, en algún momento han sido parte del mundo que nos rodea, el ser esencial de nuestro universo pudo haber tenido origen en el mundo circundante de las estrellas fijas. Así tendríamos que considerar este mundo de las estrellas fijas, no sólo desde un punto de vista puramente cuantitativo, sino también desde un aspecto cualitativo.

Si aceptamos esto, entonces podemos mirar a las estrellas fijas, y entre ellas especialmente a las estrellas fijas del Zodíaco, como el reino donde podemos aprender algo sobre el origen y la creación de nuestro universo solar.

Buceando en las huellas de la creación puede sernos revelada la naturaleza interna del Zodíaco. Rudolf Steiner nos ha dado la clave para la comprensión de la evolución de nuestro universo en su libro «La Ciencia Oculta». Allí se describen las diversas etapas de la creación hasta el universo en el que actualmente vivimos y percibimos con nuestros sentidos. Describe este proceso, tal como se presenta a la percepción espiritual del clarividente que ha recorrido el camino de la iniciación occidental moderna. Podemos seguir sus explicaciones, en el libro mencionado anteriormente, porque también da los métodos para la obtención de la clarividencia moderna.

Lo que dice acerca de la evolución del mundo no es una hipótesis que no pueda ser probada; cualquier persona puede obtenerla si está dispuesta a seguir el camino de la iniciación tal como se describe. De esta manera, el Dr. Steiner describe tres grandes etapas de la evolución de nuestro universo, que a su vez conducen a una cuarta etapa, a la creación del mundo en el que vivimos.

Estas tres grandes etapas de la evolución, según la tradición oculta, se denominan: evolución del Antiguo Saturno, evolución del Antiguo Sol y evolución de la Antigua Luna. La cuarta etapa se llama la evolución de la Tierra, que en realidad significa la evolución de nuestro universo solar actual. Estas cuatro etapas de la evolución representan la condensación de algo en la materia sólida con todos sus estados intermedios y que en su origen es de carácter puramente psíquico; indicios que todavía se encuentran en la naturaleza como sustancias gaseosas, líquidas y sólidas. (La idea de la materialización de los «pensamientos» como un proceso de evolución se ha considerado incluso por la ciencia natural moderna).

La etapa de la evolución que denominamos como Antiguo Saturno es el estado en el que el ser psíquico puro (en el sentido de la ciencia natural moderna, el «pensamiento») se condensó en calor. Así se alcanzó el primer paso de la creación de la sustancia física. (Puede ser que, de acuerdo con la ciencia moderna, el calor no se considere fácilmente como sustancia física sino como un estado bajo el que se presenta la sustancia física. Más adelante hablaremos de esto).

La evolución del Antiguo Sol es el estado en el que la sustancia calórica creada anteriormente se condensa hasta el estado gaseoso. Continuando el ciclo evolutivo, llegamos a la etapa de la Antigua Luna, donde las sustancias gaseosas anteriormente creadas se condensan hasta el estado líquido; y en la cuarta etapa, ya en la evolución de la Tierra, tiene lugar una nueva condensación, donde las sustancias líquidas se transforman en materia sólida.

Esto es, por supuesto, sólo una muy breve reseña de estas cuatro etapas de la evolución, y ahora nuestra tarea será la de dar una explicación más detallada y encontrar la conexión con las estrellas fijas del zodiaco.

La Evolución en el Antiguo Saturno

Si nos remontamos a los inicios de la creación, por medio del conocimiento de la iniciación moderna, no encontraríamos ninguna sustancia física. Todo se hallaba en una condición psíquica y espiritual. Así como no se puede, por ejemplo, imaginar pensamientos que no estén conectados con la existencia psíquica individual del ser humano, solo encontraremos este estado psíquico del universo existiendo en la vida interior, no física, sino de seres espirituales.

Y así como podemos distinguir en el ámbito de la vida del pensamiento humano entre seres humanos que tienen la capacidad de crear ideas y otros que son capaces de realizarlas y ponerlas en práctica, también podemos distinguir entre las jerarquías de seres espirituales las que tienen diferentes capacidades para materializar lo psíquico, la sustancia arquetipica creada por ellos mismos.

Por lo tanto, en el inicio encontraríamos a los seres espirituales que, en un momento determinado de su evolución intemporal interior, habían alcanzado la capacidad de derramar la sustancia psíquica original; la «idea» o el «pensamiento» o sea lo que fuere. Aquella sustancia, a su vez, pudo ser asumida por otros seres.

Si nada existía en un sentido físico, lo primero que emergió fue la «voluntad (física) de existir» y así sucedió. Excelsos seres espirituales, a los que el Dr. Steiner llama Espíritus de la Voluntad, alcanzaron la capacidad de derramar Voluntad como una sustancia psíquica. Esta voluntad se convirtió en el fundamento de todo lo que, en el curso de la evolución, se transformaría en algo físico. Estos Espíritus de Voluntad sólo fueron capaces de transmitir su sustancia volitiva después de una larga evolución interior.

Lo que supuso aquel principio, desde el punto de vista de la creación de nuestro universo, para estos Espíritus tuvo que haber significado el final de un desarrollo interior. Este primer acto de la creación es una conclusión y a la vez un nuevo comienzo.

¿Puede la «Madre Tierra» de nuestro universo solar, las estrellas fijas del Zodiaco, contarnos algo acerca de aquel evento, como si contuviera un tipo de memoria cósmica? Podemos encontrarlo escrito en la constelación de Piscis, tal como se presenta hoy en el cielo. (Rudolf Steiner, en «La Ciencia Oculta» no indicó ninguna conexión entre los acontecimientos durante las diversas etapas de la evolución de nuestro universo y las constelaciones del zodíaco, como lo haremos aquí. El cómo se describe en estas Cartas, es totalmente la responsabilidad del autor).

Piscis, como lo vemos hoy en día de acuerdo a la imaginación de nuestros antepasados, se compone de dos peces nadando en direcciones opuestas, y sin embargo están unidos por una especie de cinta de estrellas. Piscis está entre Acuario y Aries. Forma la duodécima constelación zodiacal. Ahí finaliza el zodiaco y comienza de nuevo la constelación de Aries. Así Piscis es la imagen del final de una evolución que tuvo lugar en el ser de los Espíritus de la Voluntad, antes de que fueran capaces de derramar la sustancia original de nuestro universo, y también la imagen del comienzo de nuestro ciclo evolutivo.

La constelación de Piscis está nadando en el agua que Acuario vierte en el universo. En ese agua podemos percibir, con los órganos del conocimiento superior, la imagen de la sustancia creativa de todo el universo espiritual el torrente sanguíneo creador del mundo espiritual. Que tiene todas las posibilidades de manifestarse en sí mismo. Los arquetipos de todas las cosas existentes en el mundo físico y anímico están como disueltas en esa corriente. Ni siquiera han llegado a una forma psíquica aún, pero ahora, en este agua celestial, aparece Piscis. Surgen las primeras huellas de una solidificación psíquica de objetos individuales. Los arquetipos de la voluntad como fundamento de la existencia física se consolidan en un mar de posibilidades creativas.

En ese momento, una vez creada la sustancia primigenia, comienza la evolución del Antiguo Saturno. Otros Seres espirituales desplegaron su actividad y la dirigieron hacia esa sustancia volitiva primigenia. El Dr. Steiner los llama Espíritus de la Sabiduría. Para entonces ya han alcanzado otra capacidad. Son capaces de derramar Fuerzas de Vida, y dirigen estas fuerzas hacia este «planeta de Voluntad», que ha llegado a la existencia. Este planeta, que ahora llamamos Antiguo Saturno, no es capaz de recibir la vida. No ha avanzado hasta el punto de volverse vivo.

Aún es como una sustancia inerte que sólo puede reflejar lo que está pasando en su entorno, por lo que solo irradia fuerzas vitales que proceden de los Espíritus de la Sabiduría. La vida reflejada es sabiduría, porque la naturaleza interior de la vida es sabiduría. Así, sucedió que estas fuerzas cósmicas de sabiduría formaron algo así como una esfera en el medio ambiente del planeta.

Podemos encontrar el recuerdo de esta etapa de la evolución, por así decirlo, en la constelación de Aries. Aries lleva un velo blanco. La cabeza de la imagen del animal está coronada con cuernos enrollados como dos espirales invertidas.

Este proceso cósmico puede experimentarse como un gigantesco desarrollo embrionario de nuestro universo. En sí mismo lleva la imagen arquetípica de todo lo que es un proceso embrionario en las distintas etapas de la evolución, y también dentro de los seres individuales de este universo; por ejemplo, el desarrollo embrionario del ser humano. Sabemos por la ciencia de la embriología que durante las primeras etapas de la condición embrionaria, la cabeza es predominante, y el tronco y las extremidades son apenas una especie de apéndice con la cabeza.

Incluso se podría decir que durante las primeras semanas, cuando el cerebro del embrión todavía no se ha desarrollado en detalle, todo el organismo embrionario se asemeja a un cerebro, ya que esta enrollado como una espiral. Fuera de él, las restantes partes del organismo van creciendo paulatinamente.

La primera etapa de la evolución del Antiguo Saturno es la creación del arquetipo del cerebro. Actualmente, el cerebro humano no es más que una débil copia de aquel cerebro cósmico; y sin embargo, aún conserva las huellas de su forma espiritual. Tiene que estar inanimado en un alto grado ―sin sangre―, porque sólo así puede funcionar. Opera de tal manera que la vida en el entorno del ser humano se refleja en él. Esta reflexión, siendo sólo una sombra de la verdadera vida, es capaz de producir el pensamiento y el conocimiento de los objetos del mundo exterior.

Así podemos encontrar en la imagen del Carnero en reposo, mostrando la etapa en la que los Espíritus de la Sabiduría entraron en actividad, la sustancia volitiva aún sin vida, la reflexión (expresada en la cabeza del Carnero, que se vuelve mirando por encima de sus hombros), y la creación de la lana blanca de la Sabiduría. Incluso, en los cuernos del Carnero podemos ver la imagen de las curvas del cerebro, o la espiral del embrión, como un «cerebro» primigenio, que refleja y reproduce la forma como en un acto recordatorio.

La siguiente etapa de la evolución del Antiguo Saturno está conectada con una afluencia en el planeta de fuerzas anímicas o fuerzas de conciencia. Estas fuerzas provienen de los Seres a los que el Dr. Steiner llama «Espíritus del Movimiento».

Ellos son capaces de derramar las fuerzas del movimiento interior, el movimiento del alma. Así pudo ser animada la sustancia del planeta, pero al no ser capaz de recibir la vida de los Espíritus de la Sabiduría, estaba aún menos preparado para ser animado. Por lo tanto, aquellas fuerzas solo pudieron ser reflejadas en el medio ambiente del Antiguo Saturno, y como reflejo, penetraron la esfera de Sabiduría representando el reflejo de la vida emanada previamente por los Espíritus de la Sabiduría. Así pudieron las fuerzas de animación ―del alma consciente― penetrar en el halo de la Sabiduría que rodeaba Saturno.

Se trataba de un proceso de alguna manera similar a lo que sucede cuando en la vida anímica del ser humano se refleja el mundo objetivo por la función del cerebro penetrado por las fuerzas de la conciencia; así creamos los conceptos del mundo que nos rodea. Por ejemplo, el hecho del desvanecimiento de la luz del día, percibido por nuestros sentidos, reflejado por nuestro cerebro, y penetrado por la conciencia, puede crear el concepto de la noche. Este proceso es el fundamento del lenguaje humano.

De hecho, hoy en día, el ser humano expresa los mismos hechos con diferentes sonidos y palabras de acuerdo a los diferentes idiomas, pero hubo un tiempo muy lejano en el que el ser humano a través de sonidos y palabras pudo expresar e indicar la verdadera naturaleza interna de los objetos.

Podemos experimentar algo similar en aquel período de la evolución del Antiguo Saturno pero en una escala gigantesca y mucho más potente. Por la interpenetración de las fuerzas de la Sabiduría con las fuerzas del alma, que se originaban por la actividad de los Espíritus de Movimiento, se crearon los conceptos arquetípicos, los sonidos arquetípicos y las palabras, aunque no como la naturaleza pasiva y reflexiva del lenguaje humano actual. Un tipo de lenguaje cósmico arquetípico entró en la existencia, que es creativo en su naturaleza y es un poder mágico en el universo. Es la Palabra de Dios, a través de la cual fueron creadas todas las cosas.

Podemos encontrar esta etapa de la evolución escrita en la constelación de Tauro. Se puede encontrar entre las constelaciones de Perseo (arriba) y Orión (abajo). Solo se ve la parte frontal del cuerpo del toro, pero en conjunto se asemeja a un animal de gran fuerza; el símbolo de la fertilidad. Este proceso primitivo de la evolución también ha dejado su huella en el organismo humano. Si nos fijamos en la constelación como está mayormente representada, sólo con la cabeza del toro y unos cuernos enormes que salen hacia el espacio universal, entonces tenemos una imagen de la laringe humana y el oído interno. La cabeza es la laringe, y los cuernos son los canales de conexión que conducen al oído medio, donde los pequeños huesecillos conectan la parte externa con las partes más internas del oído.

Durante el siguiente periodo evolutivo del Antiguo Saturno, inician su actividad los Seres Espirituales denominados «Espíritus de la Forma». Ellos irradian fuerzas en el universo que desean dividir e individualizar lo que todavía está unido en un solo gran cuerpo planetario. Sin embargo, el planeta es incapaz de tomar estas fuerzas. Sólo puede reflejarlas. Esta reflexión afecta al planeta de una manera tal que la sustancia se divide en muchos cuerpos individuales, y el planeta, que hasta ese momento era un solo cuerpo, aparece como una enorme mora.

Como resultado de la influencia individualizadora que emana de los Espíritus de la Forma, las pequeñas bayas no pueden lograr la individualización interior durante este período de la evolución, solo reproducen una especie de imagen externa; la división en organismos individuales. Estos cuerpos individuales se convierten en la formación de toda la posterior multiplicidad de seres de nuestro universo; en todos los diferentes reinos de la existencia. Podemos encontrar este acontecimiento evocado en la constelación de Géminis, que se encuentra en el cielo al este de Tauro y encima del pequeño perro de Orión. Muestra dos seres, similares a los seres humanos, que están estrechamente relacionados entre sí y sin embargo, son seres individuales.

Este proceso de división dentro de la evolución del Antiguo Saturno también lo podemos encontrar como una especie de recuerdo aún hoy en día en la naturaleza. Es el proceso de la división celular. Sabemos que es la base física del crecimiento.

En primer lugar nos encontramos con la célula original. Tan pronto como es alcanzada por las fuerzas del crecimiento, se divide en dos.

La unidad es destruida; sin embargo, se crea una dualidad y ahí tenemos la imagen de Géminis.

Entonces, por supuesto, esta dualidad se divide en cuatro como proceso de crecimiento, y así sucesivamente. De este modo se creó esta multiplicidad que también toma la apariencia de una mora, después de algún tiempo.

Este evento se recuerda también en la forma humana, pero de una manera muy peculiar. Está presente en la simetría de la forma humana. El que nuestro cuerpo tenga dos lados, dos oídos, dos ojos, dos manos, dos pies, y así sucesivamente, se debe a esta influencia.

Esta dualidad nos separa del resto del mundo. Hace que sea posible que existamos en un cuerpo que es la base de la individualidad. Esta simetría muestra los últimos vestigios de una larga evolución, en la que la forma humana se separó de las formas vecinas para que en ella pudiera habitar una individualidad. También los otros gemelos –la cabeza y los pies separados de la forma humana, ya que una está por encima y otro por abajo. Esto también era necesario para el libre desarrollo de la individualidad.

Hemos llegado a la mitad de la evolución de Antiguo Saturno, donde tienen lugar importantes cambios y mutaciones. Hasta ahora todo Saturno se encuentra aun en una condición más o menos psíquica. Hemos estado hablando de la sustancia, pero esta sustancia es la Voluntad emanada por los Espíritus de la Voluntad. La Voluntad se encuentra todavía en una condición psíquica. En la siguiente Carta veremos cómo se transmuta esta sustancia psíquica en sustancia física en el período medio de la evolución del Antiguo Saturno.

Traducido al español y elaborado por Linda R. Gámez, Julián Ponce y Gracia Muñoz.

2ª. CARTA – En relación con las estaciones

Del libro Isis Sophia I de Willi Sucher

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– Mayo 1944

En la 1ª Carta hablamos de los tres componentes de nuestro universo solar. Ahora nuestra tarea será la de explicar los detalles de la estructura de nuestro universo, en especial la del Sol y la órbita de la Tierra.

Como ya hemos dicho la Tierra se traslada alrededor del Sol en el transcurso de un año. Desde nuestra posición en la Tierra, se nos muestra como el movimiento del Sol a lo largo de la trayectoria del Zodíaco. Este movimiento no es solo un hecho astronómico, ya que está conectado en el tiempo con definidos eventos rítmicos en la Tierra. Este es el ritmo de las estaciones. Vamos a considerar este ritmo de las estaciones, desde el punto de vista del hemisferio norte de la Tierra.

Cada año, el 21 de marzo comienza la primavera en el hemisferio norte. Esto no cambia en el transcurso del tiempo. No ocurre que de repente la primavera comience el 21 de abril; es el 21 de marzo. Decimos que en ese momento tiene lugar el equinoccio de primavera o que el Sol está en el punto vernal, -de acuerdo con el modelo de Copérnico- cuando la Tierra ha terminado su órbita alrededor del Sol y comienza una nueva ronda.

La primavera dura hasta el 21 de junio. Durante esta estación en el mundo vegetal que nos rodea, tienen lugar los procesos de germinación, crecimiento, expansión y florecimiento. Es la temporada en la que la creación se vuelca principalmente en la naturaleza. Entonces, el 21 de junio, comienza de verano. En ese momento la Tierra se ha trasladado un cuarto de su órbita.

Visto desde la Tierra, el Sol se ha movido durante los tres meses anteriores a través de los signos de Aries, Tauro, y Géminis. Desde la perspectiva de la Tierra, el 21 de junio, el Sol entra en el signo de Cáncer. La naturaleza que nos rodea nos confronta con los fenómenos de la temporada veraniega. Los procesos de floración han llegado a su punto culminante. El mundo de las plantas se perfecciona. Tiene lugar la fructificación, y hacia el final de esta temporada los frutos maduran. Durante este tiempo, el Sol se ha estado moviendo a través de la eclíptica por los signos de Cáncer, Leo, y Virgo; o de acuerdo con Copérnico, la Tierra ha completado otra cuarta parte de su órbita.

El 23 de septiembre, el Sol entra en el signo de Libra.  Comienza el otoño en el hemisferio norte de la Tierra. La naturaleza entra en una época de crisis. Tiene lugar  la separación entre el fruto y la planta madre. La planta madre (es diferente con los árboles) se marchita. El fruto y con él la semilla, se entierra en el suelo. La luz y el calor disminuyen.

El Sol se ha movido a través de los signos de Libra, Escorpio y Sagitario. Después, el 21 de diciembre, el Sol entra en el signo de Capricornio, y mientras está atravesando Capricornio, Acuario y Piscis acontece la temporada del invierno en la Tierra. Durante esta estación las semillas duermen en el suelo; quizás cubiertas por el hielo y la nieve, pero entonces tiene lugar un gran despertar, un gran milagro, de esas semillas se desarrollan el mismo tipo de formas vegetales de la planta madre que se había marchitado en el otoño anterior. Entonces el Sol entra en el signo de Aries de nuevo el 21 de marzo y comienza una vez más todo el ciclo del año y de las estaciones.

estaciones

Podemos preguntarnos: ¿de dónde vienen las fuerzas que hacen que las plantas crezcan y se marchiten después de haber producido la semilla para el siguiente ciclo de las estaciones?.  Desde un punto de vista materialista, se puede responder que el aumento de la luz y el calor del verano hacen que las plantas crezcan, y la disminución de las mismas en otoño, retira la vida en el mundo de las plantas. Sin embargo, esto se dice con demasiada facilidad, porque hay plantas que crecen incluso si la luz y el calor se desvanecen. Luego ellas no sólo pueden recibir la luz y el calor como la única influencia del Sol, debe haber fuerzas irradiando desde el Sol, que son algo más que el calor y la luz.

Las semillas no germinan si solo están expuestas a la luz y al calor; hay que dejarlas en la oscuridad de la tierra húmeda. La Tierra debe recibir influencias desde las profundidades del espacio cósmico, que penetran  la Tierra con más profundidad que el calor y la luz. Estas fuerzas  ocultas se muestran mediante el movimiento del Sol a través de los signos de la eclíptica, y estas no interfieren en la concepción copernicana de nuestro sistema solar.

Incluso si nos imaginamos a la Tierra moviéndose y al Sol fijo en el centro, todavía podemos imaginar el globo terrestre recibiendo ciertas influencias cósmicas a través del Sol desde las diferentes direcciones del Zodiaco. Podríamos imaginar al Sol como una gran lente óptica que recoge las actividades de las distintas partes de la eclíptica y las envía a la Tierra. También podríamos imaginar a los planetas interiores dedicados a esta actividad solar de recogida y transformación. Sólo la superstición materialista haría imposible imaginar que, además de la luz, calor y ciertas influencias magnéticas, el Sol no irradiara nada más.

Si estamos de acuerdo con esto, entonces podríamos imaginar una actividad diferenciada y cuádruple del Sol durante el transcurso del año en función de las cuatro estaciones. La posición relativa del Sol en los diferentes signos de la eclíptica provocaría los cambios. La posición del Sol entre el equinoccio de primavera y el solsticio de verano enviaría a la Tierra las fuerzas de  creación. Entre el solsticio de verano y el equinoccio de otoño, el Sol recogería las fuerzas zodiacales que se manifiestan en la Tierra como  perfección y la maduración. Entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno, recibimos del Sol las fuerzas que dan lugar a la katarsis en la naturaleza, y las fuerzas reunidas por el Sol a través de sus posiciones zodiacales durante el tiempo del solsticio de invierno y el equinoccio de primavera provocarían el milagro del nuevo nacimiento de la naturaleza en la Tierra.

Todavía podemos explicar más sobre la actividad diferenciada del Sol que se nos muestra por su posición en la eclíptica. Así llegaremos a la actividad duodécuple solar de acuerdo con su posición a través de los doce signos.

En abril el Sol se encuentra en la dirección del signo de Aries. Desde allí, el mundo de las plantas recibe el poder de moldear siempre de nuevo las mismas formas. Nunca sucederá, por ejemplo, que de repente los ranúnculos o margaritas tomen una forma diferente de la que tuvieron en el pasado. Las fuerzas de recordación, por así decirlo, irradian de esa parte de la eclíptica y conectan el pasado con el presente y el futuro.

En mayo, cuando el Sol está en el signo de Tauro, vemos el crecimiento de las plantas y su expansión en el espacio. Todo se precipita hacia la existencia y quiere mostrarse lo más grande posible. En este desarrollo podemos reconocer la fuerza y el poder de aumento y propagación procedente del signo de Tauro.

Luego, en junio, el Sol entra en el signo de Géminis. La planta alcanza los límites de su expansión en el espacio y desde el universo -por medio del Sol- recibe el poder para desarrollar dos tendencias: con las raíces quiere alcanzar hacia abajo la oscuridad de la tierra tan profundamente como sea posible, y por el otro lado las ramas quieren alcanzar la esfera de luz y calor. Ahí se crea la flor. En esta actividad dual vemos la polaridad de Géminis; el gemelo celestial en la flor y el gemelo terrestre en la raíz. Polaridad en todo tipo de formas y metamorfosis irradia desde la región de Géminis en la eclíptica.

En julio, el Sol está en el signo de Cáncer. Ahora la planta está saturada en sí misma. Ya no tiene la tendencia a expandirse; los procesos de floración han llegado a su punto culminante. La planta no aspira a nada más.

Ahora recibe del universo el impulso para ofrendar sus propiedades. Esto lo hacen las flores a través del aroma y de la multiplicidad de colores que irradian en el mundo. Es la actitud de servicio del escarabajo, que porta encima de su cabeza una enorme bola de tierra como signo del Sol y el corazón. El escarabajo es la antigua imagen del signo de Cáncer. La transformación de las fuerzas hasta entonces más terrenales se alzan al sol que irradia sus fuerzas desde el poder dinámico del signo de Cáncer.

Luego, en agosto nos encontramos con el Sol en el signo de Leo. Ahora la planta recibe el impulso de sacrificarse. Ha llegado el momento de la cosecha y tiene lugar los procesos de fructificación. Al igual que los rayos del autosacrificado Sol, la planta llena el espacio alrededor de sí misma. La unión con la totalidad del universo solar es la tendencia del signo de Leo.

En septiembre, cuando el Sol se encuentra en el signo de Virgo, los frutos y las semillas están madurando. La luz y el calor del verano se transforman en el dulzor de la fruta que lleva la esperanza del futuro en la semilla; como la santísima Virgen, que lleva con el Niño la esperanza del mundo. La fecundidad como resultado de la unión con el universo, es el poder que irradia desde el signo de Virgo.

En octubre, cuando el Sol aparece en el signo de Libra, se lleva a cabo la separación entre la planta madre y la semilla. Del universo llegan fuerzas que parten el mundo de la planta en dos: la que fue y la que será en el futuro. Es un momento de paz en la naturaleza; un equilibrio entre el pasado y el futuro, como una balanza en equilibrio. El cuidado por el Niño de la Virgen y la retirada de las fuerzas creadoras de la Madre hacia los reinos celestiales es la influencia del signo de Libra.

Después, el Sol entra en el signo de Escorpio. Ahora, desde las profundidades del universo, entran en juego las fuerzas de destrucción y desintegración. Las plantas se marchitan. La imagen del escorpión con el aguijón mortal es, de hecho, una imagen real de las fuerzas que actúan en la naturaleza durante esta época del año. Esto sucede, más o menos, en noviembre, cuando la luz también está disminuyendo y el calor del verano es superado por la frialdad invernal.

En diciembre, el Sol está en el signo de Sagitario. Es la época del año en la que los seres humanos en la Tierra encienden las velas de Adviento y esperan el nacimiento de la luz del alma del mundo. En la naturaleza, las semillas descansan en el suelo. Si uno se imagina las innumerables semillas en el suelo, se puede tener la impresión de millones y millones de pequeñas llamas de esperanza esperando pacientemente un nuevo nacimiento de luz y calor. Estas fuerzas de esperanza están bien expresadas en la imaginación de Sagitario / Arquero. Él apunta a una meta que todavía está muy lejos. La espera y la búsqueda de la luz del alma es el mensaje del signo de Sagitario.

En enero, cuando el Sol entra en el signo de Capricornio, la luz aumenta de nuevo. Tiene lugar el nuevo nacimiento de la luz. Es el tiempo durante el cual el cristianismo celebra el nacimiento de Cristo, que ha venido al mundo como el poder renovador en toda la naturaleza y la humanidad. La semilla puede estar enterrada en el suelo, tal vez cubierta por el hielo y la nieve, pero ha sobrevivido a la oscuridad y al frío; se ha salvado de la destrucción. La luz creativa del mundo espiritual irradia desde el signo de Capricornio.

Después, el Sol entra en el signo de Acuario. Desde esta región fluyen a la tierra corrientes que son las fuerzas de la renovación y el despertar. Ahora es cuando sentimos que las fuerzas ocultas de la actividad del Sol entran en la esfera de la Tierra; fuerzas que no son solo de luz y calor, si no que, como el agua que dona la vida, son fuerzas vitales invisibles. La imagen de Acuario derramando el agua celestial desde los espacios cósmicos es realmente una imagen de estos eventos que acontecen en febrero. El influjo de las fuerzas renovadoras y acumuladoras del cosmos proviene de la región del signo de Acuario.

Luego, a finales de marzo, el Sol entra en el signo de Piscis. En la naturaleza se llevan a cabo los procesos de germinación. Las semillas en el suelo nadan como peces en un mar de agua cósmica portadora de vida. Se abren a sí mismas y  saborean este agua; germinan. Y al beber el agua, se dibuja la actividad de las fuerzas que vienen de la dirección de Piscis, que quieren crear el evento de la escritura en la naturaleza, en este caso, el evento del nuevo comienzo del ritmo del año. La incorporación de las leyes cósmicas y los objetivos espirituales del mundo en el ser terrenal es la influencia del signo de Piscis.

Así, la posición del Sol ordena el ritmo de los acontecimientos que tienen lugar en el ámbito de la vida orgánica en la Tierra. Esto es especialmente evidente en el reino vegetal, pero no es solamente una ordenación. Podemos hablar de fuerzas verdaderas que irradian desde el Sol hacia la Tierra, al igual que la Tierra también recibe luz y el calor del sol. El Sol es como una gran lente óptica que recoge las actividades ubicadas en las diferentes esferas de la eclíptica; por ejemplo, si en la Tierra percibimos el Sol en el signo de Aries, podemos imaginar al Sol recogiendo la actividad de la región de Aries y después enviándola a la Tierra.

Si los doce signos de la  eclíptica –alrededor del Sol y dentro de la órbita de la Tierra- son una realidad dinámica, tendríamos que pensar en la posibilidad de que los otros planetas, especialmente los que están dentro de la órbita de la Tierra, sean capaces de recoger e irradiar igualmente las fuerzas de los signos de la eclíptica de una manera similar a la del sol. Esto afectaría principalmente a los planetas interiores Mercurio y Venus, y en cierta medida también a la Luna.

De hecho, encontramos este tipo de actividades de los planetas interiores de acuerdo con sus posiciones en los diferentes signos de la eclíptica. Sólo los reinos en los que estas actividades se manifiestan en la Tierra son diferentes de los de la actividad solar, como se describió anteriormente. La actividad del Sol se hace visible en la vida de la planta durante el año dentro del mundo de la materia física, pero no sería posible que solo el Sol pudiera crear la vida de la planta; la Luna tiene que ayudar, y ayuda actuando a través del elemento líquido; por ejemplo, actúa en la savia de la planta. Y al mismo tiempo la Luna tiene que estar necesariamente en fase creciente. En otras palabras, sólo si la luna creciente, después del 21 de marzo, cuando el Sol entra en Aries, y se mueve a través de los signos creadores de Aries, Tauro, Géminis y Cáncer, puede tener lugar en la naturaleza la fiesta de la Pascua y la Resurrección.

Esta es la razón por la que la Pascua sólo puede celebrarse después de la primera luna llena tras el equinoccio de primavera.

Pero las actividades combinadas del Sol y la Luna no son suficientes. También los otros planetas de nuestro universo deben contribuir con su parte, especialmente los planetas interiores, Mercurio y Venus, en relación con el crecimiento de las plantas. Traen la variedad de eventos en la naturaleza en las diferentes estaciones del año. Ellos están más conectados con la esfera de luz y calor.

La actividad de los doce signos de la eclíptica, que se manifiestan a través de una actividad diferenciada de Sol durante el año, es un tipo de lenguaje fundamental, sólo que se expresa en una forma transformada por medio de la Luna, Venus y Mercurio. Puede suceder, por ejemplo, que Venus en el signo de Tauro reúna las fuerzas de expansión de Tauro y las exhale a la atmósfera de la Tierra.

El resultado, en determinadas condiciones, puede ser terribles tormentas en algún lugar de la Tierra. Mercurio puede hacer algo similar en la esfera termostática terrestre. Pero también puede ocurrir que los dos planetas intercambien sus actividades, es decir, que Venus ataque la termosfera y Mercurio la atmósfera de la Tierra. Por lo tanto en lo que se refiere a Venus y Mercurio, el lenguaje de los doce signos de la eclíptica tiene que traducirse en los términos de las actividades y eventos dentro de la esfera de la luz y el calor, si se quiere vivir y leer la influencia dinámica de estos planetas.

Lo mismo se aplica a la Luna. La Luna trabaja en las sustancias líquidas de la Tierra. Sabemos de la influencia de la Luna sobre el ritmo de las mareas, y también sabemos que las mareas son más fuertes en el comienzo de la primavera y el otoño cuando la Luna recibe la luz del poder creativo del Sol en Aries. (La elaboración de estos hechos sería objeto de investigaciones, principalmente en relación con la agricultura. Dado que estas Cartas tienen una tarea diferente, sólo daré algunas indicaciones).

Hasta ahora hemos estado hablando acerca de las fuerzas que se tejen entre la Tierra, el Sol, la Luna y los planetas.

La diferenciación de estas fuerzas es en parte debida a la diferencia de la naturaleza de los planetas y de los doce signos de la eclíptica. De acuerdo con el sistema de Ptolomeo, -donde la Tierra está en el centro del universo y todos los planetas, incluso el Sol, se mueven alrededor de la Tierra-  el Sol y los planetas cambiarían su carácter a través de su propio movimiento, pero de acuerdo con el sistema de Copérnico sería la propia Tierra quien se expone por su propio movimiento a cualquier aspecto especial con la actividad del Sol. La órbita de la Tierra estaría entonces creando la realidad de la eclíptica con sus doce signos en nuestro universo. Sería una realidad relativa que sólo afectaría a la Tierra, pero la manera en que nuestro universo está construido en realidad, si la visión de Ptolomeo o Copérnico es correcta o si tenemos que buscar una perspectiva totalmente nueva, es una mera cuestión astronómica.

Lo que hemos descrito hasta ahora en esta Carta acerca de la influencia de los planetas, la Luna y el Sol sobre la vida orgánica de la Tierra, está conectado con la eclíptica. Si miramos nuestro sistema solar desde el punto de vista de Ptolomeo o Copérnico, la eclíptica con sus doce signos es una realidad dentro de nuestro universo solar; debemos imaginar que se lleva a cabo bien por el movimiento del Sol o por el movimiento de la Tierra.

Sin embargo, hasta ahora no hemos conectado esto con el círculo de las estrellas fijas del zodiaco, que están más allá de nuestro sistema solar. Dentro del zodiaco de las estrellas fijas tenemos doce constelaciones, que ya han sido mencionadas en la Carta anterior. Esta es una realidad que empieza donde nuestro universo llega a su fin. Tendremos mucho que decir sobre ello en las siguientes Cartas. Tenemos que tener absolutamente claro el hecho de que, además de las estrellas fijas del zodiaco, existe la eclíptica, que es la otra la realidad, dentro de nuestro sistema solar. Se ha indicado anteriormente como funciona en relación con el año solar. Como se relaciona con las doce constelaciones de las estrellas fijas del zodiaco, se expondrá en las siguientes descripciones.

calendario

La dificultad, que puede crear confusión, es que se utilizan los mismos nombres para las doce constelaciones de las estrellas fijas y para las doce divisiones de la eclíptica. Esto incluso tiene una cierta justificación, pero puede crear confusión. En estas Cartas las doce constelaciones de las estrellas fijas del zodiaco se distinguirán de las doce divisiones de la eclíptica como constelaciones; por ejemplo, la constelación de Aries o Tauro significa la constelación de estrellas fijas con este nombre más allá de la circunferencia exterior de nuestro universo, y  para las doce divisiones de la eclíptica -las doce partes de la órbita del Sol o la Tierra-  utilizaremos la nominación signo, [utilizaremos el nombre en latín] como el signo de Aries que es la parte de la eclíptica a través del cual el Sol parece moverse entre el 21 de marzo y el 21 de abril.

 Traducido y elaborado por Linda R. Gámez, Julián Ponce y Gracia Muñoz.
ASTROSOPHY RESEARCH CENTER, INC.
P.O. Box 13
Meadow Vista, CA 95722
ISBN 1-888686-01-4
These Cartas were originally published as monthly astronomical Cartas fromApril 1944 to March 1946.
© ASTROSOPHY RESEARCH CENTER, INC. 2007
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