Las doce noches santas

Conferencia no revisada por Willi Sucher, Albrighton Hall, 6 de enero de 1953

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Ya han pasado las 12 Noches Santas y los símbolos del árbol de Navidad han desaparecido. En la 13va noche nos alejamos del recuerdo de las estrellas, y traemos del cosmos la Imaginación de los Tres Reyes y Epifanía, cuando Cristo ingresó en la Tierra.

Existe una costumbre durante la Epifanía, en la cual los Tres Reyes vienen a limpiar el árbol de Navidad, y se lo llevan. Ellos, que eran los maestros de la antigua sabiduría de las estrellas, tenían que quitar los símbolos de las estrellas para que regresáramos a la Tierra.

Ahora hablaremos de Venus Oculto, la estrella de los Hechos. Este Venus Oculto es la verdadera estrella de seis puntas, que se dibuja por medio de los movimientos del planeta que llamamos Mercurio. Y así como la estrella de cinco puntas nos recuerda la compasión y sanación de los pastores, la estrella de seis puntas de Venus Oculto nos recuerda a la verdadera estrella de los Reyes Magos. Es la estrella de las Escrituras.

Y aquí tenemos una dificultad, ya que en la astronomía moderna este planeta se llama Mercurio. Si tomamos la posición de Venus Oculto visto desde la Tierra, encontraremos que a veces se encuentra por detrás del Sol y a veces delante de él, ya que siempre permanece alrededor del Sol. Los lazos y las conjunciones describen una estrella de seis puntas, que no podemos ver, pero que en el transcurso de 40 años, estas conjunciones van  girando alrededor del zodiaco, llegando a un grado o así de su punto de partida anterior. Las conjunciones inferiores son compresiones o contracciones y las conjunciones superiores son más ligeras o expansiones.

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Cuando  Mercurio Oculto cruzó el Sol, frente a la Tierra, surgió la raza negra —luz y oscuridad. Los guardianes, responsables de ayudar a crear las diferentes razas, ocultaron este significado. La Sabiduría de los Magos tiene de hecho poderes mágicos. Uno de los Reyes Magos vino de Persia, donde cultivaban el suelo. Los siete signos de Cristo son como una especie de arquetipo sanador. Los Tres Años no están realmente completos, son 2¼ años. Tenemos siete signos durante los cuales ocurren las conjunciones inferiores de Venus Oculto con el Sol. Cristo había tomado las fuerzas de la luz procedentes de las anteriores conjunciones superiores de Venus Oculto con el Sol y las manifestó a través de Signos durante las conjunciones inferiores que le siguieron.

Los siete ciclos de Venus Oculto en estos 2 años y medio corresponden a los siete Signos dados por Cristo y que se encuentran en el Evangelio de San Juan. A esto también le hemos unido la siete división heptagesimal de los planetas, y también podemos ver cómo se asocian con los días de la semana.

Podemos ver a Saturno en la Primera Señal, las bodas de Canaán. Aquí es donde Cristo dio un paso adelante a través de Jesús, por así decirlo; era el principio del Servicio, por el cual el “Yo” ahora hizo vino del agua, ahora tomó el lugar el vino.

El Segundo Signo, la curación del hijo del Noble de Cafarnaúm, reveló el Misterio del Sol. La curación tuvo lugar en la 7ª hora, al mediodía a mediados de verano.

El tercer signo fue la curación del hombre que estuvo enfermo durante 38 años en el estanque de Bethesda, revelando el misterio de la Luna. Las aguas de la fuente eran movidas a veces por un ángel, y el que entraba primero era sanado, pero no había nadie para ayudar al enfermo a  entrar en la fuente a tiempo. El Cristo le pregunta al enfermo si quiere ser sanado, luego le ordenó que tomara su cama y se fuera a casa. La curación ocurrió  en el día de reposo en el 31DC. El nodo de la Luna tiene un ritmo de unos 38 años, y el hombre había estado enfermo durante 38 años.

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Los planetas no se mueven exactamente en el mismo plano. El plano de la Luna está ligeramente inclinado al de la Tierra, y por lo tanto el plano orbital de la Luna cruza el de la Tierra en un punto o nodo descendente, y un punto o nodo ascendente. Estos nodos giran alrededor del plano de la Tierra. Una vuelta completa del nodo de la Luna toma cerca de 18 años y 7 meses. Dos vueltas de nodo lunar son 37 años y 3 meses, y 31 años a partir de 38 llega al año 7 AC, cuando hubo tremendos eventos en el cielo. Sucesos majestuosos, como el primero en el año 7 aC., anunciando la inminente encarnación de Cristo, cuando hubo un tremendo eclipse. Ese hombre cayó enfermo en ese momento, como un reflejo de la Gran Caída en el cosmos (ver Antigua Luna III). Este hombre no pudo recibir el mensaje del Sol y tuvo que esperar 38 años. Entonces vino el Ser Solar y sanó el misterio de la Luna, con el Sol descendiendo hacia la ella; Es decir, el Sol volviendo y entrando nuevamente en la Luna.

Mirando hacia atrás de estos acontecimientos podemos traer a la luz el significado de Cristo. Las estrellas están avanzando; El Cristo se ha unido con la Tierra. Júpiter en Aries-Kyriótetes; El Cordero de Dios. Tales eventos ocurren sólo una vez. Una vez, las fuerzas de Júpiter en Aries fueron llevadas a la Tierra; Ahora podemos mirar hacia la Tierra y visualizar en imágenes vívidas el gran cosmos y el líder espiritual de los Kyriótetes. Esto se refiere al universo entero.

(1) Saturno / Sábado: La boda en Cana.

(2) Domingo / Domingo: La curación del hijo del Noble de Cafarnaúm.

(3) Luna / Lunes: La curación del hombre que estaba enfermo 38 años.

(4) Marte / Martes (uniendo el Sol y la Luna) -La Alimentación de los 5000. Marte, que estuvo activo durante la primera mitad de la evolución de la Tierra, ahora se convierte en el servidor, el Pan. En este Cuarto Signo, la estrella de Venus Oculto señala efectivamente el futuro lejano. Júpiter también señala el futuro. Nuestros pensamientos se convertirán en la sustancia del futuro Júpiter. Contemplaremos el espíritu. Venus Oculto será capaz de crear el Espíritu. Mercurio (Venus oculto) llega al lugar donde tuvo lugar la alimentación de los 5.000. Y aquí podemos  experimentar vívidamente la alimentación de los 5.000. En un futuro lejano, la humanidad podrá hacer mayores obras.

(5) Mercurio Oculto / Miércoles: Cristo camina sobre el Mar: Mercurio es el planeta de la paz. Tal y como se ve desde la Tierra, Venus conjunta al Sol y luego esta Mercurio justo antes de hacer conjunción con el Sol, y Júpiter está en Tauro. Las cuatro de la madrugada en el reloj. Antes del amanecer, los discípulos estaban atrapados en los elementos, luego el Sol se elevó. Cristo calmó el mar con las fuerzas de Mercurio.

(6) Júpiter / Jueves: La curación del hombre que era ciego desde el nacimiento: se trataba de un  despertar de las fuerzas de Júpiter. Preparación para el futuro mientras duren los días. “Yo Soy la Luz del mundo y del Cosmos”. Cristo da su propia sustancia -símbolo del choque entre la oscuridad del pasado y la luz del futuro.

(7) Venus Oculto / Viernes: La Resurrección de Lázaro  —Hubo una conjunción superior en Capricornio / Cabra: “Yo Soy la Puerta” (San Juan, Capítulo 10) y una conjunción inferior, un lazo, en Piscis. En Venus Oculto tenemos a los Misterios, y en el séptimo ciclo, los Misterios se manifiestan en la Resurrección de Lázaro (San Juan, Capítulo 11).

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Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

La Renovación de los Antiguos Misterios Persas

Willi Sucher – 17 de julio de 1966

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Rudolf Steiner habló acerca de de la importancia de la cronología persa, y debemos hacer un gran esfuerzo para conseguir ver por detrás de sus palabras. La antigua relación persa era que 12 meses era igual a un mes de 28/29, 30, 31 días. Ésta era la base de la astrología persa en la era de Géminis.

¿Qué se obtiene de esto?, Cronos (Saturno) se ve referido al tiempo, siendo un tipo de medida. Sabemos que cada día consiste en 24 horas, o una rotación de la Tierra alrededor de su eje. Un mes es la rotación del calendario lunar. Estas lunaciones (órbita sinódica) progresan de Luna Nueva a Luna Nueva, lo que toma 29,5 días. Un año es cronometrado por la trayectoria aparente del Sol alrededor de la Tierra, volviendo a la misma posición en 365 días.

Estos son todos los estándares cósmicos, y son la base de todas nuestras mediciones de tiempo (dibujo). Una órbita es el camino de la rotación de la Tierra alrededor de su eje. El Sol, la Luna y los planetas transitan a través de sus propias órbitas.

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También sabemos que en la prospección de la Tierra se utiliza un punto fijo para evaluar el tamaño de un espacio de tierra particular. Se  proyecta un estándar minimizado del espacio en un espacio más grande, o un tiempo minimizado en un tiempo más grande, con respecto a la medida del espacio y del tiempo. Esto se llama progresión; Por ejemplo, un día es esencialmente lo mismo que un año, aunque toma menos tiempo. Representa simbólicamente una rotación más grande. Esto puede usarse como un medio para descubrir el tiempo. Un día -o grado-  solar  después del nacimiento puede representar un año de vida. Si el Sol se mueve diez grados después del nacimiento, esto se refleja en el décimo año de la vida. Hay todo tipo de progresiones que demuestran que la parte refleja el todo, y el todo refleja la parte. Hoy tomaremos tales proyecciones, por ejemplo, el estándar de la lunación.

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Cuando un lado de la Luna está iluminado por el Sol, tenemos una Luna Nueva en la Tierra, y esta Luna regresa al mismo lugar después de 27,3 días, pero el Sol se habrá movido a otra posición que la Luna debe seguir. Así que añadimos dos días, y este es el mes sinódico. Durante un año, hay doce lunaciones, con una brecha de unos días excedentes, o 12,37 días. Experimenten donde vuelve el mes sinódico, recordando que tenemos que esperar que 29,5 días sean similares a los 365 días.

Los persas usaron esto en los Misterios con una plena conciencia de sus implicaciones, por lo que debemos tratar de penetrar  en la obra de los persas. Digamos que estamos viviendo en el año 2907 AC, al comienzo de la Era de Tauro y en el tiempo de Zaratustra, y que decidimos tener una “vista previa” del año 747 AC, que representa el comienzo de la Era de Aries.

Restando 747 de 2907, llegamos a 2160, que es la longitud de tiempo de cada Era de la civilización. Las fuerzas cósmicas fluían hacia abajo desde Aries, lo que nos lleva a la civilización del tiempo de Cristo. Pero primero investigaremos esa época egipcio-caldea del año 2907, la cual estaba impregnada por las fuerzas de Tauro.

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En el 2907 AC, al final de la Era de Géminis y de la Época Persa, el gran iniciado Zaratustra había pronosticado la futura salvación. Esto lo hizo en un momento en que la humanidad se deslizaba por el abismo más profundo. Sabía entonces que debía venir el momento de la Resurrección, y que el punto más profundo en el que podría tener lugar sería en el Misterio del Gólgota. Tales Iniciados debían guiar a su pueblo, y por lo tanto fueron llamados Reyes. Por ejemplo, el rey Arturo, en la tradición celta, es realmente un grado de iniciación. Aconsejaron a su gente en la economía, en la agricultura y espiritualmente. Todos los reyes eran iniciados, al igual que los faraones; Por lo tanto, se veían obligados a mirar hacia el futuro para sus visiones y cálculos. Los Reyes Magos tenían un don especial para leer las profecías de la estrellas. Las estrellas pueden dar un recuerdo de la realidad espiritual, que se puede experimentar en el propio ser.

Tomemos el año 2687 AC, que es 220 años después del comienzo de la Era de Tauro. En ese tiempo, Júpiter y Saturno estaban en una Gran Conjunción en Piscis, y los persas sabían calcular tales cosas de antemano. Ahora debemos transmutar estos 220 años en lunaciones. Para ello, tenemos que multiplicar 220 años por el número de lunaciones en un año —12,37—para llegar al número de lunaciones de 29,5 días cada uno, lo que ocurre en un año de 365 días. Estamos mirando a partir del 2907 hacia el 2687-Equivalentes a un año solar (un año lunar equivalente a un año solar). Esto nos deja un balance de 33 años, a través de la transformación de estas lunaciones en años solares.

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¿Qué vieron entonces estos sabios? Ellos vieron esta Gran Conjunción de Saturno y Júpiter en Piscis, que se refiere a la Gran Conjunción del año 6 AC. que siguieron los Tres Reyes, y que fue el tiempo de su Encarnación Espiritual. Este era su faro guía en los cielos, llevándolos al lugar donde había tenido lugar el Nacimiento. De hecho, esperaban con ansia el momento en que el gran cumplimiento se llevase  a cabo, algo que Zaratustra había predicho a través de sus cálculos como la Gran Redención. Piscis, como sabemos, es un símbolo de cumplimiento. La obra retrata este hecho espiritual, por su símbolo: ♓ o (“lado a lado” o “dos mundos”), sugiriendo que después de una larga lucha, dos mundos entrarían en un estado de comunión que exige sufrimiento y curación para su cumplimiento. De esta manera, los Iniciados, en virtud de la cronología, fueron capaces de calcular el tiempo del acontecimiento en el año 33 DC. La gente moderna podría llamarlo coincidencia. Los antiguos, sin embargo, no eran tan primitivos como para ser incapaces de corroborar esto por otro método de progresión—por la transmutación del tiempo.

Sabemos que Saturno tarda 29,458 años en recorrer su órbita y volver a la misma estrella fija. Esta es una revolución sideral. De acuerdo con la citada ley de Progresión, esto equivale a un año del Sol que atraviesa su órbita, de modo que un año Solar equivale a un año de Saturno. Por lo tanto, si tomamos un año de Sol como equivalente a un año de Saturno de 29,458 años, encontraremos que los persas usaron este cálculo y llegaron al año 2806 AC. Esto fue aproximadamente 100 años después del comienzo de la Era de Tauro, y 120 años (dos Grandes Conjunciones) antes de 2687 AC, cuando se produjo  otra Gran Conjunción entre Saturno y Júpiter en Piscis:

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Los cronistas persas vieron a través de las perspectivas del tiempo. Tales comparaciones calculadas, aunque sin la rigidez de una computadora, nos dan una base segura y correcta sobre la cual establecer una astrología espiritualizada, y también otorgan la espina dorsal a nuestra visión en el mundo espiritual.

Si retrocedemos  ahora al año 747 AC, hasta el comienzo de la Era de Aries, un cosmólogo entrenado en los misterios podría llegar  nuevamente  a un resultado similar de ese predecesor de la Gran Conjunción en Piscis de 6 AC. Trabajando con esta ecuación del tiempo, uno se encontraría de nuevo en el tiempo de Cristo, y volvería a encontrar la profecía. Para probar esto, sólo tenemos que escoger algunos ejemplos como un punto de vista general. Se podría incluso verificar tales cálculos con respecto a las posiciones geográficas.

¿Qué vamos a hacer con este aspecto pre-cristiano? Para hacer frente a la edad moderna, se exige una recreación de la astrología a través de un rejuvenecimiento de la cronología persa por el Impulso de Cristo.

Pero hoy me gustaría hablar de la proyección del tiempo desde el propio Gólgota. En el año 1910, Rudolf Steiner habló en Estocolmo sobre la Segunda Venida. La ciudad entonces sostuvo una rama de la Sociedad Teosófica, cuyo líder imploró a Steiner que no diera clases debido a unas configuraciones planetarias adversas. Se producía lo que se llama una “cruz” en los cielos formada por cuatro planetas en cuadratura y las cuadraturas son mortales para el astrólogo. Sin embargo, el Dr. Steiner insistió en hablar de la Segunda Venida tal como se muestra en Hechos I. Este es un ejemplo de lo que debemos hacer cuando nos enfrentamos a las estrellas, no sucumbir al miedo, sino desarrollar acciones espirituales positivas.

Tomemos ahora la ecuación de un año Solar a un año de Saturno. Rudolf Steiner señaló que a partir de los años 1933-5-7 hasta un futuro lejano —durante los próximos 3000 años— se nos daría la oportunidad de experimentar la Presencia de Cristo en el Cuerpo Etérico. Tomaremos un año lunar, que equivale a 12,37 lunaciones, iguales a un año Solar. Por lo tanto, un año solar representa 12,37 años en la Historia. En una lunación (un mes), Saturno mueve un grado de su órbita, llegando a 12° al año.

A partir de 1933 DC (la Segunda Venida), restamos 33 (el ritmo de Cristo Jesús), dándonos 1900 años, o 1900 grados de Saturno. Esto es cinco ciclos de Saturno, más 100 grados (5 x 360 grados = 1800 + 100 grados) = 1900.

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¿Qué podemos ver con esto? En el año 188 DC Saturno había pasado por 1900 grados de su órbita desde el 33 DC. En ese año 33 DC, Júpiter estaba en su nodo ascendente en géminis, recordándonos el Gólgota; mientras que Saturno, entrando en el nodo de Júpiter en el año 30 DC, nos recuerda el bautismo.

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Saturno está conectado con el Padre y Júpiter con el Hijo. Urano entró en el nodo ascendente de Júpiter en el año 188 dC, lo que indica que tuvo lugar una especie de acontecimiento equivalente del bautismo en un nivel superior. De esta manera, podemos progresar con Saturno a través de la historia

Cuando se crearon las pinturas de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, Saturno estaba en este nodo ascendente de Júpiter. Aquí se hace eco otra vez de la voz del Padre, como diciendo: “Será”, así como San Juan Bautista oyó las palabras: “Este es mi Hijo Amado, en quien yo me doy como Yo” -como el Yo Cósmico. En el tiempo del Gólgota, Júpiter entró en su propio nodo, pues Júpiter está conectado con las fuerzas del Hijo, que preparan el futuro. Dentro de la esfera de Júpiter, se realizan hechos que se preparan para el futuro de este cosmos solar. El Hijo se ha hecho cargo de la jurisdicción, y ésta es la semilla de toda evolución futura. Seguramente es una cuestión de llevar el pasado hacia el futuro.

En el año 188 DC, Urano se ubicó sobre este nodo planetario de Júpiter. Urano representa una octava superior, porque proviene de un sistema extra- solar, y está conectado con Manas, un principio superior de nuestro ser. Esto demuestra que algo tal como la Segunda Venida, puede llegar a trascender la existencia meramente física. Con respecto al 188 DC, hemos estado tratando con ritmos puramente temporales que apuntan a un tiempo de crisis invisible, de la cual no hay evidencia documental.

Esta es una indicación de una cronología de los Misterios Persas que pueden ser revividos. Sin embargo, nuestras investigaciones deben estar impregnadas de la esencia del Cristianismo y de ese impulso de Cristo que conduce a perspectivas tan grandiosas del futuro -como el Apocalipsis.

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Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

 

 

GA130. Buda y Cristo – La Esfera de los Bodhisattvas

Rudolf Steiner – Milán, 21 de septiembre de 1911

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En esta conferencia quiero hablar sobre ciertos hechos que pertenecen esencialmente al dominio ético y moral y nos ayudarán a comprender la misión de la ciencia espiritual en nuestro tiempo.

Estamos profundamente convencidos de la gran verdad de la reencarnación, de las vidas terrenales consecutivas, y deberíamos saber que esta repetición tiene su propio propósito en la evolución de la Tierra. A la pregunta: “¿Por qué  reencarnamos?”. La investigación oculta da la respuesta de que nuestras experiencias son diferentes en cada una de las épocas en las que volvemos a nacer en la Tierra. En las encarnaciones inmediatas a la catástrofe atlante, las experiencias del alma humana eran completamente diferentes de las obtenidas en épocas pre-cristianas posteriores así como en nuestro propio tiempo.

Basta con mencionar brevemente que en los tiempos inmediatamente después de la catástrofe atlante, las almas estaban dotadas de una cierta clarividencia elemental proveniente de los cuerpos que entonces habitaban. Esta clarividencia, que una vez fue una facultad natural en el hombre, se fue perdiendo gradualmente, principalmente como resultado de las condiciones culturales imperantes en la época greco-romana. Desde entonces, el hombre se ha desarrollado de tal manera que ha logrado un gran progreso en el plano físico y durante el curso de la presente época post-atlante irá recuperando gradualmente la clarividencia.

Estamos viviendo en la quinta época cultural post-Atlante; la primera época cultural se denomina la Antigua India, la segunda la antigua Persia, la tercera la Babilonia-caldea y la cuarta la Greco-romana; a nuestra quinta época cultural le seguirán la sexta y la séptima. Después otra gran catástrofe caerá sobre la Tierra y la Humanidad, como ocurrió hacia el final de la época Atlante.

La investigación oculta es capaz de indicar la tendencia característica de la evolución humana en cada una de estas épocas de la civilización post-atlante –incluyendo la quinta, sexta y séptima–. La característica esencial de nuestra presente quinta época es el desarrollo de la inteligencia, de la razón. La característica principal de la sexta época será el desarrollo  de un sentimiento muy definido en las almas humanas,  con respecto a lo que es moral y lo que es inmoral. Delicados sentimientos de simpatía se despertarán por hechos amables y compasivos y sentimientos de antipatía por acciones maliciosas. Ningún ser humano que vive en la actualidad puede tener la menor idea de la intensidad de estos sentimientos.

La sexta época será seguida por la séptima, donde se profundizará aún más la vida moral. Mientras que en la sexta época el hombre sentirá placer ante las acciones buenas y nobles, en la séptima época el resultado natural de tal placer será el impulso moral , es decir, habrá una firme resolución de hacer lo que es moral. Hay una gran diferencia entre sentir placer ante una acción moral y el ejecutarla. Por lo tanto, podemos decir: nuestra época es la época del intelectualismo; la característica esencial de la época siguiente será el placer estético en el bien y el disgusto estético ante el mal; y la séptima se caracterizara por una vida moral activa.

En la actualidad sólo las simientes de lo que pasará a formar parte de la Humanidad en épocas futuras están contenidas en el alma humana, y se puede decir que todas estas aptitudes o predisposiciones en el hombre –aptitudes intelectuales, predisposiciones que conducen a los sentimientos de simpatía o antipatía que despiertan ciertas acciones, e impulsos morales– todo esto se relaciona con los mundos superiores. Cada acción moral tiene una relación clara con los mundos superiores. Nuestras aptitudes intelectuales tienen una conexión suprasensible con el plano astral. Nuestras simpatías y antipatías para el bien o el mal están conectadas con la esfera del Devacán inferior; y el dominio de los impulsos morales en el alma está conectado con el Devacán superior. Por lo tanto, también podemos decir: en nuestra época actual son principalmente  las fuerzas del mundo astral  las que penetran e ingresan  con vigor en el alma humana; en la sexta época serán las fuerzas de  Devacán inferior las que penetrarán más profundamente en el alma; y en la séptima, las fuerzas del Devacán superior actuarán con especial fuerza en la Humanidad.

A partir de esto, es comprensible que en la cuarta época post-atlante previa (greco-romana) fueran las fuerzas del plano físico las que ejercieron la influencia más fuerte en el alma del hombre. Es por ello que la cultura griega fue capaz de producir ese tipo de esculturas maravillosas, a través de las cuales se le otorgó a la forma humana tan magnífica expresión en el plano físico. Por lo tanto, las condiciones en aquella época eran especialmente adecuadas para que los hombres experimentaran al Cristo en el plano físico dentro de un cuerpo físico. En nuestra quinta época, que durará hasta el cuarto milenio, las almas se volverán gradualmente capaces –a partir del siglo XX en adelante– de experimentar al Ser de Cristo en una forma etérea en el plano astral, al igual que en la cuarta época el Cristo fue visible en el plano físico dentro de una forma física.

Con el fin de comprender la naturaleza del desarrollo de la sexta época cultural, es bueno considerar lo que serán las cualidades características del alma en futuras encarnaciones. Hoy en día, en nuestra época intelectual, la intelectualidad y la moralidad conforman esferas  prácticamente separadas en la vida del alma. Hoy en día es factible que un hombre sea muy inteligente y al mismo tiempo inmoral, o viceversa –ser profundamente moral y cualquier cosa menos inteligente–.

En la cuarta época, la futura yuxtaposición de la moralidad y la intelectualidad fue proféticamente prevista por un pueblo, a saber, el hebreo. Ellos se esforzaron por lograr la armonía artificial entre la moralidad y la intelectualidad, mientras que entre los griegos tal armonía era más una cuestión natural, por supuesto. Hoy en día podemos aprender de la Crónica Akáshica cómo los líderes del antiguo pueblo hebreo se esforzaron por establecer esta armonía entre la intelectualidad y la moral. Ellos portaban símbolos consigo, de los cuales el resto no tenía tan profundo entendimiento, en los que concentraban la mirada para volverse receptivos a sus influencias, así podían establecer una cierta armonía entre lo que era bueno en un sentido moral y lo que era conveniente. Los sacerdotes del antiguo pueblo hebreo usaban estos símbolos sobre su vestimenta. El símbolo de la moralidad fue llamado Urim, el símbolo de la sabiduría, Tumim.

[ De acuerdo con la nota al pie en el texto alemán de esta conferencia, Urim = Glanz (Resplandor o Lustre) y Tumim = Wahrheit (Verdad). La mayoría de los libros en inglés de referencia dan “luces” y “perfecciones”, como las interpretaciones, al tiempo que reconoce la incertidumbre. La Septuaginta los traduce como “manifestación” y “verdad”. No hay unanimidad en cuanto a si los objetos en cuestión se pueden identificar de forma fiable, pero las referencias bíblicas sugieren que eran piedras preciosas. Algunos estudiosos suponen que eran las doce piedras del pectoral del Sumo Sacerdote. Lo que parece ser cierto es que en estos objetos fueron grabados los nombres de las doce tribus, y que el sumo sacerdote las utilizaba como un oráculo con el fin de determinar la voluntad de Dios. (Véase entre otras referencias bíblicas: Éxodo 28, 9-30 ; Levítico 8, 8 .) Robertson Smith escribió en el Antiguo Testamento en la Iglesia judía: “En la antigüedad, el oráculo sacerdotal de Urim y Tumim era muy sagrado; en I Sam. XIV: 41 . el texto verdadero, ya que todavía se puede restaurar desde la LXX, Saul hace rezar, si la maldad sea en mí o Jonathan, dar Urim; pero si es en Israel, dar Tumim. Este lote sagrado estaba conectado con el efod, que en el tiempo de los jueces era algo muy parecido a un ídolo “. Véase en la traducción Moffatt de la Biblia I Sam. xiv. 18-43 . – Nota de DSO y MK ]

Si un sacerdote hebreo quería descubrir si una determinada acción era a la vez buena y sabia, se volvía receptivo a las fuerzas del Urim y Tumim; el resultado era la inducción de una cierta armonía entre la moralidad y la intelectualidad. Efectos mágicos se producían por medio de estos símbolos y de este modo se establecía un vínculo mágico con el mundo espiritual.

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Nuestra tarea consiste ahora en lograr en futuras encarnaciones, a través del desarrollo anímico interior, el sentido que en épocas anteriores se producía por medio de estos símbolos.

Pensemos una vez más acerca de  las fases de la evolución que van a través del quinto, sexto y séptimo periodo cultural post-atlante, con el fin de comprender cómo la intelectualidad, la estética y la moral se expresarán en la vida anímica de los hombres.

Mientras que en la presente quinta época, la intelectualidad puede permanecer intacta incluso si no se siente placer ante las acciones morales, en la sexta época será bastante diferente. En la sexta época, es decir, partiendo del el tercer milenio en adelante, la inmoralidad tendrá un efecto paralizante sobre la intelectualidad. Las facultades mentales de un hombre que es intelectual y, al mismo tiempo inmoral sin duda se deteriorarán y esta condición se hará más y más pronunciada en la evolución futura de la Humanidad. Un hombre que no tiene moral será despojado de su poder intelectual pues esto dependerá enteramente de sus acciones morales; y en la séptima época, la inteligencia sin moral será inexistente.

En este punto correspondería tener en cuenta la naturaleza de las fuerzas morales en las almas individuales en sus encarnaciones actuales. ¿Cómo es posible que en nuestra fase de la evolución un ser humano puede llegar a ser inmoral?. Se debe a que en sus sucesivas encarnaciones, el hombre ha descendido más y más profundamente en el mundo físico y por lo tanto, se ha visto impulsado cada vez en más hacia el mundo de los sentidos.

Tanto más intensamente actúen las fuerzas correspondientes a la fase descendente de la evolución sobre un alma, tanto más fuerte será la tendencia a ser inmoral. Este hecho es confirmado por un hallazgo muy interesante de la investigación oculta. Es sabido que cuando un hombre pasa por el umbral de la muerte, deja a un lado sus cuerpos  físico y etérico y por un breve tiempo, tiene una visión retrospectiva de su vida pasada en la tierra. Sigue una especie de sueño y después de unos meses, o quizás años, se despierta en el plano astral, en el Kamaloka. Luego continúa  la vida en el Kamaloka,  en donde se vivencia de manera inversa la vida terrenal, tres veces más velozmente.

Al comienzo de la vida en el Kamaloca, a cada individuo le sobreviene una experiencia muy significativa. En el caso de la mayoría de los europeos o, en general, de los hombres que pertenecen a la civilización moderna, esta experiencia se muestra de la siguiente forma. Al comienzo de la vida en el Kamaloka, una individualidad espiritual nos muestra todo lo que hemos hecho por motivos egoístas en la última vida; nos muestra un tipo de registro de todas nuestras transgresiones. Cuanto más concretamente se lleguen a imaginar esta experiencia, mejor. Al comienzo del período del Kamaloka, en realidad es como si una figura se nos  presentara con el registro de nuestra vida física. El hecho importante –para lo cual, naturalmente, no se puede ofrecer ninguna prueba, puesto que sólo puede ser confirmado por la experiencia oculta– es que la mayoría de los hombres que pertenecen a la civilización europea reconocen a Moisés en esta figura. Este hecho se ha conocido siempre en la investigación Rosacruz desde la Edad Media y en los últimos años ha sido confirmado por investigaciones de un carácter muy sutil.

Se puede deducir de esto que al principio de su vida en el Kamaloka, el hombre siente una gran responsabilidad hacia las potencias pre-cristianas por haberse permitido caer, y es un hecho real en la vida oculta que es la individualidad de Moisés la que exige el ajuste de cuentas por los errores cometidos en nuestro tiempo.

Los potencias y las fuerzas que elevan al hombre nuevamente hacia el mundo espiritual, se dividen en dos categorías: las que impulsan al hombre hacia el camino de la sabiduría, y aquellas que lo llevan por el camino de la moral. Las fuerzas a las que se debe principalmente el progreso intelectual proceden del impulso brindado por una gran individualidad de la cuarta época post-atlante, que es conocido por todos como el Gautama Buda. Es un notable descubrimiento de la investigación espiritual que los pensamientos más penetrantes, más significativos que fueron  concebidos en nuestra época actual, hayan procedido de Gautama Buda. Esto es tanto más notable por cuanto hasta los días de Schopenhauer –Por lo tanto, no hace mucho tiempo– el nombre de Gautama Buda era casi desconocido en Occidente. Esto es muy comprensible, ya que cuando Gautama Buda nació como el hijo del rey Suddhodana, se elevó de Bodhisattva a Buda, y llegar a ser un Buda significa que la individualidad en mención no encarnará de nuevo en la Tierra en un cuerpo físico.

El Bodhisattva que se convirtió en Buda cinco o seis siglos antes del comienzo de la era cristiana, no ha encarnado más debido a  que ya no puede encarnar en un cuerpo físico.Pero en su lugar, logra que sus fuerzas desciendan desde los mundos superiores, desde los mundos suprasensibles, e inspira a todos los portadores de la cultura que aún no están permeados por el Impulso de Cristo. La conciencia de esta verdad se demostró en una hermosa leyenda escrita por Juan de Damasco en el siglo VIII y fue bien conocida en toda Europa en la Edad Media. Es la leyenda de Barlaam y Josafat, que relata cómo el que se había convertido en el sucesor de Buda (Josafat es una variación fonética de ‘Bodhisattva’) recibió las enseñanzas de Barlaam sobre el Impulso de Cristo. La leyenda, que fue posteriormente olvidada, nos dice que el Bodhisattva que sucedió a Buda Gautama fue instruido por Barlaam y que su alma fue encendida por el impulso cristiano. Este es el segundo impulso que, además del de Buda, continúa trabajando en la evolución de la Humanidad. Es el Impulso de Cristo y está conectado con el futuro ascenso hacia la Moralidad de la Humanidad. Aunque la enseñanza de Buda es en sentido particular  una  enseñanza moral, el Impulso de Cristo no es una enseñanza, sino un poder real que actúa como tal y que, en grado creciente, impregna a la humanidad de fuerza moral. [ I Cor IV, 20 . ]

En la cuarta época post-atlante,  el Ser de Cristo  que desciende desde las alturas cósmicas tenía primero que aparecer en un cuerpo físico. En nuestra quinta época, la intensa consolidación de las fuerzas intelectuales hará posible que el hombre contemple al Cristo como una figura etérea. Esto tiene su inicio  incluso en nuestro siglo. A partir de los años treinta a los años cuarenta del siglo XX en adelante, van a surgir personas que se habrán desarrollado de un modo tal que serán capaces de ver la forma etérica de Cristo, así como en la época de Jesús de Nazaret pudieron ver al Cristo físico. Y durante los próximos tres mil años, el número de personas capaces de contemplar al Cristo etérico aumentará constantemente, hasta que en unos tres mil años, contando desde el momento presente, habrá un número suficiente de seres humanos en la Tierra que no necesitarán evangelios u otros registros, porque tendrán la visión real del Cristo dentro de su propia alma.

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Por lo tanto, debemos entender claramente que en la cuarta época post-Atlante los hombres sólo fueron capaces de contemplar al Cristo físico; consecuentemente, hubo de habitar en un cuerpo físico. En nuestra propia época y en el tercer milenio, la humanidad se tornará gradualmente capaz de contemplar al Cristo etérico. Nunca más regresará en un cuerpo físico.

Si tenemos en cuenta el hecho de que cuando un hombre de la época actual logra unirse cada vez más profundamente con el Impulso de Cristo, pasa al Kamaloca y ve llamar su atención por una figura que personifica una fuerza moral –por Moisés– entenderemos cómo puede llevarse a cabo una transformación de la figura de Moisés. Porque ¿qué es lo que Moisés nos muestra cuando nos confronta con el registro de nuestros pecados y transgresiones?. Nos muestra lo que se interpone en el deber de nuestro karma. Para un alma de nuestra época es de gran importancia que, a través de la inspiración del Buda, sea comprendida  la doctrina del karma, puesto que la realidad del trabajo del karma después de la muerte se nos revela por la figura del Antiguo Testamento de Moisés.

A medida que las influencias del Cristo suprasensible impregnan las almas de los hombres en una medida cada vez mayor, la figura de Moisés se transforma después de la muerte en la de Cristo Jesús. Esto significa que nuestro karma está vinculado con Cristo, que Cristo se une con nuestro karma.

Es interesante cobrar la noción de que en las enseñanzas de Buda, el karma es una cuestión abstracta, que tiene un carácter impersonal. En las futuras encarnaciones de los hombres, como Cristo entra en conexión cada vez más estrecha con el karma, éste adquirirá la calidad de existencialidad, de vida potencial.

Nuestras primeras etapas de la evolución, la vida en el pasado, pueden estar relacionadas con las palabras: Ex Deo Nascimur. Si dirigimos nuestro desarrollo de tal manera que después de la muerte, en lugar de Moisés encontramos a quien se unificará con nuestro karma, a Cristo, esto queda expresado en el Cristianismo Rosacruz –que existe desde el siglo XIII– por medio de las palabras: In Christo Morimur .

Del mismo modo que el grado de Buda sólo se puede alcanzar en el plano físico, la calificación para el encuentro con Cristo en la muerte, puede ser adquirida por el alma humana sólo en el plano físico. Un Buda es primero un Bodhisattva, pero se eleva al rango de Buda durante una encarnación física y entonces ya no le es necesario volver a la Tierra. La comprensión de Cristo, en el sentido que acabamos de explicar, se puede adquirir sólo en el plano físico. Por lo tanto, durante los próximos tres mil años  los hombres tendrán que adquirir en el mundo físico el poder de contemplar al Cristo suprasensible, y es la misión del Movimiento Antroposófico crear, en primer lugar, las condiciones para lograr que la comprensión de Cristo sea posible en el plano físico, para después adquirir la capacidad de contemplarle.

En la época en la que Cristo trabaja en el mundo de los hombres como el Cristo Etérico, no importa si estamos viviendo en un cuerpo físico o nos hallamos entre la muerte y un nuevo nacimiento, si en el plano físico hemos adquirido el poder para verle. Supongamos, por ejemplo, que a causa de su muerte un hombre no tuvo en principio la oportunidad de contemplar a Cristo en su forma etérica actual. No obstante, si durante su vida en el mundo físico tal hombre había adquirido el conocimiento necesario, la visión del Cristo será posible para él entre la muerte y el nuevo nacimiento. Un hombre que se mantiene apartado de la vida espiritual y no adquiere la comprensión de Cristo, permanecerá sin tal conocimiento hasta que pueda adquirirlo en su próxima encarnación.

Lo que se acaba de decir pretende indicar que a medida que la Humanidad vaya pasando por  la Quinta, Sexta y Séptima Épocas de la Civilización, el Impulso de Cristo va a ganar cada vez más peso en la Tierra. Habéis oído que en la Sexta Época, la intelectualidad se verá perjudicada por la inmoralidad. El otro aspecto es que un hombre que ha paralizado su facultad intelectual como resultado de la inmoralidad debe volverse a Cristo con  la mayor de sus fuerzas, con el fin de que Cristo lo pueda conducir a la moral e impregnarlo con ella.

Lo que he dicho, ha sido investigado de cerca sobre todo por los Rosacruces desde el siglo XIII, pero es una verdad que es conocida por muchos ocultistas en todo momento.

Si se llegara a afirmar que podría haber una segunda aparición de Cristo en la Tierra en un cuerpo físico, de acuerdo con el ocultismo sería equivalente a decir que una balanza funcionaría  de manera más eficiente si se la apoya sobre dos puntos en lugar de en uno. En verdad, los tres años de duración de la vida de Cristo en la Tierra en el cuerpo de Jesús de Nazaret, constituyen el punto de apoyo de la evolución de la Tierra; y así como no puede haber más que sólo un punto en el que está fijado el fiel de una balanza, solamente  puede haber un único punto de apoyo de la evolución de la Tierra.

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La enseñanza del desarrollo moral no es lo mismo que el impulso para su desarrollo. Antes del Evento del Gólgota, el Bodhisattva que sería el sucesor de Buda estaba presente en la Tierra con el fin de prepararse para ese evento y brindar sus enseñanzas a los que le rodeaban. Él encarnó en la personalidad de Yeshu ben Pandira [Ver Yeshu ben Pandira , dos conferencias dadas por Rudolf Steiner en Leipzig, el 4 y 5 de noviembre de 1911, y las referencias en su posterior ciclo sobre  El Evangelio de San Mateo], un siglo antes el nacimiento de Jesús de Nazaret. Por lo tanto hay que distinguir entre el Yeshu ben Pandira, encarnación del Bodhisattva que es el sucesor de Gautama Buda, y la encarnación de Jesús de Nazaret al comienzo de nuestra era, que durante tres años de su vida fue impregnado por el Ser Cósmico que llamamos el Cristo.

El Bodhisattva que encarnó en Yeshu ben Pandira y también en otras personalidades, volverá una y otra vez, hasta que en unos tres mil años a partir de ahora, alcanzará el grado de Buda y atravesará su encarnación final como el Maitreya Buda. La individualidad de Cristo que moró en la Tierra en el cuerpo de Jesús de Nazaret durante tres años ya no volverá a tomar  un cuerpo físico; en la quinta época post-atlante reaparecerá en un cuerpo etérico, en la sexta época en un cuerpo astral, y en la séptima lo hará a modo de un poderoso Yo cósmico que representará el gran Alma–Grupo de la Humanidad.

Cuando un ser humano muere, sus cuerpos físico, etérico y astral se desprenden de él y su Yo pasa a la siguiente encarnación. Sucede exactamente lo mismo con el planeta Tierra. Lo que es físico en nuestra Tierra decaerá a finales del período  terrestre, y las almas humanas en su totalidad pasaran a reubicarse en la condición de Júpiter, la próxima manifestación  planetaria de la Tierra. Y al igual que en el caso de un ser humano individual, su Yo es el centro de su evolución posterior,  el conjunto de la humanidad futura conformará el Yo de Cristo en los cuerpos astrales y etéricos de los hombres, y pasará a ser parte de la vida existencial de Júpiter. Por lo tanto, podemos ver cómo a partir de hombre físico en la Tierra, el Cristo evoluciona gradualmente desde Cristo etérico, luego como Cristo astral hasta llegar a ser finalmente el Cristo-Yo, siendo éste el Espíritu de la Tierra que luego se irá elevando a etapas más altas, junto con toda la Humanidad.

¿Qué es lo que hacemos  cuando enseñamos la ciencia espiritual?. Estamos enseñando lo que la sabiduría oriental proclamaba tan claramente, cuando el Bodhisattva que entonces fuera  el hijo del rey Suddhodana, alcanzó el grado de  Buda. En esas enseñanzas orientales se expresó la idea de lo que sería la tarea del próximo Bodhisattva –que con el tiempo se convertirá en un Buda– el divulgar por la Tierra el conocimiento que revelaría a Cristo a los hombres  en su verdadera luz. Así, el Bodhisattva que encarnó en Yeshu ben Pandira y demás, se convirtió en el Gran Maestro del Impulso de Cristo. Esto se indica muy claramente en la leyenda de Barlaam y Josafat, que cuenta cómo Josafat (es decir, el Bodhisattva) es instruido por Barlaam, el maestro cristiano. Las enseñanzas ocultas orientales llaman a este Bodhisattva el “Portador de lo Bueno” –Maitreya Buda–. Y sabemos gracias a  las investigaciones ocultas que en este Buda Maitreya está presente la concepción del poder de la Palabra en un grado que los hombres de la actualidad no pueden imaginar todavía. Hoy en día es posible gracias a una mayor percepción clarividente del proceso de evolución mundo descubrir cómo el Maitreya Buda enseñará al cabo de tres mil años. Gran parte de su enseñanza también puede expresarse en formas simbólicas. Pero hoy –debido a que la Humanidad no está lo suficientemente madura– todavía no le es posible pronunciar palabras como las que surgirán de los labios del Maitreya Buda.

En la trayectoria del óctuple sendero, el Buda Gautama brindó las grandes enseñanzas espirituales sobre el correcto hablar, el correcto pensar, el correcto actuar y así sucesivamente. Las palabras pronunciadas por el Buda Maitreya contendrán un poder mágico que se convertirán en impulsos morales en los hombres que las escuchen. Y si debería haber un  Evangelio revelador  del Buda Maitreya, el escritor tendría que usar unas palabras que difieren de las utilizadas por Cristo en el Evangelio de San Juan: “Y la Palabra se hizo carne”. El evangelista del Buda Maitreya tendría que declarar: “Y la carne fue hecha Palabra”. Las declaraciones del Maitreya Buda se impregnarán de una manera milagrosa con el poder de Cristo. Investigaciones ocultas nos muestran hoy en día que en cierto modo,  incluso la vida externa del Buda Maitreya será un reflejo de la vida de Cristo.

En los tiempos antiguos, cuando una gran Individualidad aparecía y debía convertirse en un Maestro de la humanidad, los signos que indicaban esto se mostraban en la temprana juventud del niño en cuestión, en talentos y cualidades especiales del alma. Sin embargo, existe un tipo diferente de desarrollo en el curso del cual se hace evidente un cambio completo en la personalidad en un cierto punto de su vida. Sucede así que cuando este ser humano ha llegado a una cierta edad, su Yo se libera de sus envolturas corporales y un Yo diferente ingresa en su cuerpo. El mejor ejemplo de esto es el del mismo Jesús, quien en su trigésimo año de vida cedió su cuerpo a la individualidad de Cristo. Todas las encarnaciones del Bodhisattva que se convertirá en el Buda Maitreya  indican  que su vida semejará a la de Cristo en este sentido.

En ninguna de las encarnaciones del Bodhisattva se sabrá, ya sea en su infancia o en su juventud, que se convertirá en un Bodhisattva. Cada vez que un Bodhisattva se convierte en Buda existe evidencia de que a la edad de 30 o 31, otra individualidad toma posesión de su cuerpo. El Bodhisattva nunca se revelará a sí mismo como tal en su primera juventud, pero en su trigésimo o trigésimo primer año de vida manifestará cualidades muy diferentes, porque otro Ser tomara posesión de su cuerpo. Individualidades que tomaron posesión de la personalidad de un ser humano de esta manera y no atravesaron por una niñez son, por ejemplo, las individualidades como Moisés, Abraham, Ezequiel.

Lo mismo sucederá en nuestro siglo presente en el caso del Bodhisattva que más adelante, al cabo de tres mil años, se convertirá en el Maitreya Buda. Sería diletantismo oculto afirmar que este Ser será reconocible en sus primeros años como Bodhisattva. Es entre los 30-31 años donde se revelará a sí mismo a través de su propio poder, sin tener que ser proclamado por otros. Él  convencerá  al mundo a través de su propio poder y  éste será el modo de reconocer que, si el Bodhisattva fuese anunciado en algunos sectores o pretendiera revelarse a sí mismo por medio un ser humano de menos de treinta años de edad, ese mismo hecho sería una prueba de la falsedad de tales declaraciones. Con frecuencia se han hecho afirmaciones de este tipo. Por ejemplo, en el siglo XVII un determinado individuo se proclamó como la encarnación del Mesías, de Cristo. Su nombre era Sabbati Zewi y representantes de toda Europa, desde España, Italia y Francia, peregrinaron a Esmirna para conocerle.

Es cierto que en nuestro tiempo se ha arraigado una falta de inclinación por reconocer el genio en los seres humanos. Pero por otro lado, dado que la pereza mental es muy prevalente, se genera el resultado de que las personas están más que dispuestas a reconocer a un individuo como un gran alma por el mero peso de la autoridad. Es importante para la Antroposofía que se presente de una manera tal que se base en el menor grado posible sobre la creencia en la autoridad.

Mucho de lo que hoy he dicho solo puede ser justificado por medio de la investigación oculta. Sin embargo, yo ruego que no se otorgue crédito a estas cosas sólo porque yo las diga, sino para ponerlas a prueba por medio de todo lo conocido  a través de  la historia –sobre todo por lo que se puede aprender desde la propia experiencia– y estoy absolutamente seguro de que cuanto más cerca lo examinen, más fácilmente encontraran la confirmación. En esta era de intelectualismo, no apelo a la creencia en la autoridad, sino a la capacidad de examinar inteligentemente. El Bodhisattva del siglo XX no dependerá de ningún heraldo que le anuncie como el Maitreya Buda, sino será el poder de sus propias palabras; el permanecerá, por sus propios pies en el mundo.

Lo que se ha dicho en esta conferencia puede quizás resumirse de la siguiente manera.

En nuestro período de evolución, están trabajando dos corrientes de vida espiritual; una de ellas es la corriente de la Sabiduría, o la corriente de Buda, que contiene la enseñanza más sublime de la sabiduría, la bondad del corazón y de la paz en la Tierra. Para habilitar esta enseñanza del Buda e impregnar el corazón de todos los hombres, es indispensable el Impulso de Cristo. La segunda corriente es la corriente del propio Cristo que conducirá a la Humanidad desde la intelectualidad, por medio del sentir y el contemplar estético, hasta lo moral.

Y el más grande Maestro del Impulso de Cristo será en todas las épocas el sucesor de ese Bodhisattva que encarna una y otra vez y que, en tres mil años a partir de ahora, se convertirá en el Maitreya Buda. Pues la declaración contenida en las crónicas orientales es cierta: que exactamente cinco mil años después de que el Gautama Buda alcanzara la iluminación bajo el árbol Bodhi, el Maitreya Buda encarnará en la Tierra por última vez.

Como tal, la sucesión de los Bodhisattvas y Budas no tiene relación con el Ser Cósmico que llamamos Cristo; fue un Bodhisattva –no el Cristo– el que encarnó en el cuerpo de Yeshu ben Pandira. Cristo encarnó en un cuerpo físico una vez y sólo una vez por un período de tres años. El Bodhisattva aparece en cada siglo hasta alcanzar el grado de Maitreya Buda.

La misión de la Antroposofía es llegar a ser una síntesis de las religiones. Podemos concebir una forma de religión que esté  comprendida en el Budismo, otra forma dentro del Cristianismo, y en la medida en que la evolución avance, tanto más estrecha será la unión entre las diferentes religiones, de la misma forma en que el Buda y Cristo  están unidos en nuestros corazones.

Esta visión por sobre la evolución espiritual de la Humanidad nos permite además tomar consciencia acerca de la necesidad del impulso de la Antroposofía, como una preparación para comprender el progreso de la cultura y de los sucesos en el gran proceso de la evolución.

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

La Navidad y los ritmos cósmicos

Conferencia dada por Willi Sucher en el Rudolf Steiner House Londres, Inglaterra, con el título Grandes conjunciones

(Nota: conferencia no revisada por el autor – Incluida en el Curso de Cosmología I, publicado por Astrosophy Research Center)

28 de diciembre 1954

English version

Empezamos una serie en la que vamos a hablar sobre los eventos cósmicos que tuvieron lugar hace 2.000 años. Hay un ritmo que se repite y que se inauguró en el tiempo de Cristo.  Rudolf Steiner en “Guía espiritual de la Humanidad” nos describe que en el caso de un ser humano normal, siempre tendrá un conflicto entre las fuerzas cósmicas y las fuerzas terrestres. Sin embargo, en el caso de Cristo, todas las fuerzas espirituales fueron aceptadas. No hubo lucha en contra de ellas, tal y como Rudolf Steiner indicó cuando dijo: “El Cristo es el representante del cosmos.” Sobre la base de esta indicación, he hecho investigaciones cósmicas durante unos 35 años. Son investigaciones con respecto a los acontecimientos cósmicos que tuvieron lugar en el cielo en la época de Cristo. Estas investigaciones revelan cósmicamente lo que dijo Rudolf Steiner. Lo que voy a presentar aquí es sólo una parte de la investigación. Con el fin de lograr esto tuve que practicar un poco de astronomía.

Esta tarde voy a hablar de Saturno y Júpiter. Estos dos planetas se mueven a una cierta distancia uno de otro. Júpiter está más cerca del Sol y se mueve alrededor del zodiaco completándolo en unos 12 años, mientras que Saturno que está más alejado tarda unos 30 años. En un determinado momento, se encuentran (entran en conjunción), y de nuevo se separan  pues Júpiter se mueve más rápido que Saturno. Estos dos planetas hacen un hermoso patrón en el cielo, un gran triángulo.

En la época de Cristo hubo tres encuentros entre Saturno y Júpiter. El primero se produjo en Piscis, el segundo en Sagitario, y el tercero en la constelación del Leo. Vamos a hablar de estas tres conjunciones.

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Estas conjunciones forman un triángulo en el cielo, sin embargo hay una ligera diferencia, después de 60 años, cuando Saturno y Júpiter se reúnen de nuevo en este punto de Piscis, ya que el conjunto se ha movido un poco más hacia Aries. Lo mismo sucede con las conjunciones en Leo y Sagitario, por lo tanto el triángulo entero esta en continuo giro y movimiento. Durante estas tardes vamos a hablar de estos puntos del triángulo tal como estaban en la época de Cristo.

La conjunción del año 7 AC. tuvo lugar en Piscis, Y está relacionada con el nacimiento de Jesús, en un sentido espiritual, según el Evangelio de San Lucas. Espero poder mostrar la conexión de esta conjunción con el nacimiento de Jesús. Es el nacimiento espiritual, y el nacimiento espiritual es mucho más importante que el nacimiento físico en sí, como fue sugerido por el Dr. Steiner (véase el artículo: La constelación del Pensamiento Cósmico).

En el 14 DC, la conjunción se llevó a cabo en Sagitario, y cerca de ese evento tuvo lugar otro hecho . Fue cuando el niño de 12 años de edad, Jesús estaba en el templo. Oímos cómo ese Jesús de 12 años de edad, se perdió y luego fue hallado en el templo entre los sabios hablando con ellos y enseñándoles.

Finalmente, llegamos a la conjunción del año 34 DC, que tuvo lugar en Leo. Esto está relacionado con el Misterio del Gólgota, en un sentido amplio, ya que el evento tuvo lugar el 3 de abril del año 33 DC, según referencias del Dr. Steiner. Esta conjunción también tiene que ver con la conversión de San Pablo a las puertas de Damasco.

Estas conjunciones son como piedras angulares. Todo eso, que podemos ver en la encantadora escena de los pastores, la corriente de los pastores y su renacimiento en el cristianismo, que se conecta con la conjunción en el año 7 AC, que en ese momento estaba en Piscis. Fue el nacimiento que llego a las almas sencillas que están estrechamente relacionadas con el planeta Tierra, con su vida de sufrimientos y alegrías, y todo lo que pasa a través de la Historia.

En este movimiento de la estrella de tres puntas, podemos seguir la Corriente de los Pastores en la Humanidad. Lo mismo se puede hacer con los otros dos puntos.

La conjunción en el 14 AD está estrechamente relacionada con la corriente de los Reyes. Podemos ver cómo se desarrolla la corriente de los Reyes, incluso su movimiento interior, si seguimos el movimiento de esta esquina del triangulo. Esta corriente de los Reyes acababa de entrar en Sagitario, procedente de Escorpio. La corriente real estuvo representada por los Reyes Magos de Oriente. Esta corriente, que ha pasado por tremendas crisis se manifiesta también en la figura de Herodes que provocó la matanza de los niños inocentes.

La conjunción del año 34 se conecta con la conversión de San Pablo. Se trata de un aspecto diferente del cristianismo, conectado con la entrada del Cristo Cósmico en el cuerpo de Jesús durante su bautismo en el río Jordán. El Cristo que San Pablo experimentó en Damasco fue el Cristo Cósmico. Así el Cristo dio paso a un tremendo desarrollo mediante su unión con la Tierra. La Experiencia de San Pablo con Cristo resucitado está escrita en esta conjunción del año 34 DC. Podemos seguir esta corriente en la historia de la humanidad, que también ha pasado por tremendas crisis. Es la interacción entre las fuerzas cósmicas y terrestres de la historia.

Una Gran Conjunción de esta serie se llevó a cabo entre 1940 y 41, y hubo otra anterior en 1603-4, que está conectada en la historia con la guerra de los 30 años. Aquí hay que distinguir dos aspectos. Los hechos reales y la conjunción no siempre tienen lugar al mismo tiempo. Los eventos pueden ocurrir durante el tiempo en que se acerca una Gran Conjunción y también durante el tiempo de la separación, cuando Júpiter se aleja de Saturno. El carácter entonces será diferente.

En la conjunción en el año 7 AC no hubo un acontecimiento real,  era un enfoque para el evento. [Nota: Más adelante Willi Sucher asocia esta conjunción con el nacimiento espiritual de los niños Jesús en el 6 y 7 AC] , que es similar al del año 14 DC.

El Jesús de 12 años de edad, habría estado en Jerusalén en el año 13, o 14. En el 34 DC el evento se llevó a cabo en la Tierra y trabajó para esa conjunción, que fue tomada por el cielo reflejándose después en el futuro. Es algo similar a la indicación de un reloj: es la indicación del tiempo. Cuando un evento tiene lugar en el mundo espiritual, más tarde se convierte en un evento terrenal. Algo ocurrió en el mundo espiritual en el año 7 AC, que luego 6 años más tarde sucedió en la Tierra, por lo que lo que se había decidido en el mundo espiritual se cumplió en un momento posterior.

¿Por qué son tan importantes estos dos planetas Saturno y Júpiter? Esto sólo puede explicarse si se tiene en cuenta el cosmos como un organismo integrado, el cuerpo de la Deidad, pues constelaciones similares habían tenido lugar antes de la época de Cristo. ¿Cómo es posible hablar de esto como un organismo integrado? La forma humana nos da una indicación determinada. Se ha trabajado en todos los detalles. Los planetas exteriores indican las funciones de la cabeza, y los planetas interiores (incluyendo la Tierra) están conectados en el cosmos con las funciones que tienen lugar dentro del cuerpo de un ser humano. Saturno, el planeta de la memoria cósmica, lo anota todo. Es como el cráneo que se ha cerrado con el fin de confinar al ser humano, alejándolo del mundo exterior. Al nacer, las fontanelas del bebé aún están abiertas. La función de Saturno es que el ser humano este perfecta y completamente integrado en su interior. Saturno es también el guardián del umbral del mundo extra solar, del mundo superior. También está conectado con otra actividad: la que mantiene el ser humano en posición vertical, y esta verticalidad proviene de un lugar o punto en el cráneo que contiene también las fuerzas que le elevan. El peso del cuerpo humano nos aplastaría, no sería capaz de mantenerse en pie si no fuera por estas fuerzas edificantes. Saturno es tal fuerza de voluntad, fuerza edificante. Estas grandes fuerzas de la Deidad en el cosmos solar están trabajando en Saturno como las fuerzas que recuerdan todo el pasado.

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A continuación  viene en la escala microscópica del cuerpo humano lo que se encuentra entre los ojos. Es aquí donde tenemos la capacidad de pensar. Esto sucede en el microcosmos. En el cosmos es la esfera donde tiene lugar el pensamiento divino. Júpiter es el gran pensador del universo. El pensar es una actividad creativa que trabaja para el futuro. En Júpiter los seres espirituales-divinos están trabajando directamente en el pensamiento de todo el cosmos. Están preparando el pensamiento cósmico para la futura encarnación de la Tierra.

Si estos dos seres de las dos esferas se encuentran, cuando hay una conjunción de Saturno y Júpiter, es una indicación de que ciertos eventos que tienen lugar en el mundo espiritual, se reflejaran en la Tierra. Las conjunciones indican las decisiones que llevan a cabo el pasado y el futuro. La memoria, el pasado, es el mundo del Padre (Saturno), que se reúne lo que viene del futuro (Júpiter). La conversación entre Júpiter y Saturno prepara una nueva creación. Estos dos mundos comienzan lo que podríamos llamar una asamblea. En ese momento se toman algunas decisiones,  decisiones que se harán notar en todo lo que ocurre en la Historia. Uno puede imaginar que los intervalos rítmicos que se encuentran en el mundo espiritual siempre se podrán integrar con los acontecimientos terrenales, así podremos ver cómo estos tres pilares del triángulo se reflejan en la historia.

Traducido por Gracia Muñoz.

10ª Carta – La naturaleza del mundo Planetario – Júpiter

Del libro Isis Sophia I, de Willi Sucher

 

Diciembre 1944

 

English version

Con el fin de entender la actividad del planeta Júpiter, vamos a retomar de nuevo nuestras investigaciones sobre las indicaciones de Rudolf Steiner en sus libros “La Ciencia Oculta, un Esquema” y “Teosofía”.

Hemos llegado a la conclusión de que el planeta Saturno de nuestro sistema solar, es una especie de repetición o memoria de la evolución del Antiguo Saturno. La pregunta que surge ahora es si las esferas de los demás planetas llevan en sí, de manera similar, los recuerdos de los posteriores ciclos de la evolución del mundo. Por ejemplo, la esfera de Júpiter, es decir el espacio que está contenido en la órbita de este planeta, que sigue a Saturno, y podemos imaginar que se conecta con el segundo gran ciclo de la evolución, llamado en el lenguaje de la Ciencia Oculta, la evolución del Antiguo Sol.

En estas Cartas hasta el momento, no hemos entrado en detalle, sobre los ciclos evolutivos que siguieron a la evolución del Antiguo Saturno; Por lo tanto, ahora vamos a tratar de dar una breve caracterización de la evolución del Antiguo Sol, que se describe detalladamente en un “La Ciencia Oculta, un Esquema”. [Ver también al autor, en Isis Sophia II].

En el Antiguo Saturno fue creada la imagen física de la humanidad. Todavía no tenía vida o consciencia. Era como un autómata o un espejo que reflejaba las actividades de los seres superiores a su alrededor. Después de que se hubiera creado este primer ancestro de la humanidad y llevado a una cierta conclusión, el planeta se disolvió de nuevo en un estado de existencia puramente espiritual. Todos los seres jerárquicos se retiraron a las regiones del mundo espiritual. Sobrevino una especie de “noche cósmica” durante la cual nada de naturaleza física puede ser reconocido por la percepción clarividente. Después de que este intervalo de “reposo cósmico” llegara a su fin, comenzó un nuevo ciclo de evolución llamado Antiguo Sol.

En las primeras etapas, tuvo lugar una especie de repetición de la evolución del Antiguo Saturno hasta que la imagen física de la Humanidad se vigorizo en las Formas que ya existían en el Antiguo Saturno. Entonces, un nuevo impulso alteró el curso de la evolución. La forma física del ancestro de la raza humana, fue penetrada por las fuerzas de la vida. A través de esta afluencia, provocada por los Espíritus de la Sabiduría o Kyriótetes, todo cambió, incluida la sustancia del propio planeta.

Hasta ahora todo había consistido en calidez. Ahora, en el momento en que penetran las fuerzas de la vida, una parte de la calidez se condensa en “aire” o luz. (En los siguientes ciclos de esta evolución planetaria, otras Jerarquías, además de los Espíritus de la Sabiduría trabajan sobre el ancestro humano, que ahora consiste en un cuerpo físico y un cuerpo etérico o de vida). Debemos tener en cuenta que el impulso decisivo de éste ciclo lo tomaron los Espíritus de la Sabiduría o Kyriótetes, quienes entregando una parte de su propio Ser crearon el éter de vida en el cuerpo de la Humanidad.

Ahora volvamos a la descripción que el Dr. Steiner da en su “Teosofía” sobre las experiencias del alma humana en la vida después de la muerte. En la última Carta hablamos de la Tercera Región, la llamada Región del Espíritu en relación con la esfera de Saturno, donde el alma experimenta los arquetipos del mundo anímico.

En la Segunda Región que le precede, el alma experimenta los arquetipos de la vida. Rudolf Steiner dice de esta región [en la página 99] de Teosofía: “La siguiente región es aquella en la que la vida común del mundo Terrestre fluye como un Ser-pensamiento; como un elemento fluido, por así decirlo, en la Región del Espíritu. Mientras observamos el mundo durante la encarnación física, la vida parece estar confinada dentro de los seres como algo independiente. En la Región del Espíritu se libera de esa independencia y, como sangre viviente, fluye a través de toda la Región. Allí, es la unidad viviente que está presente en todo”.

De esta Región, Rudolf Steiner, en el ciclo de conferencias “La vida entre la muerte y el renacimiento” (Berlín 1912 a 1913), dice que es la esfera del planeta Júpiter. Así que tenemos dos puntos de vista: la esfera en la que el alma experimenta los arquetipos de la vida después de la muerte, que es la esfera de Júpiter, y el momento en que en la vida cósmica entró y penetró las formas físicas durante la evolución del Antiguo Sol. Más adelante el Dr. Steiner indica que la esfera de Júpiter de nuestro sistema solar es la morada de los Kyriótetes que dotaron a la existencia física con las fuerzas de la vida.

Ahora podemos ver claramente el planeta Júpiter y su esfera, como la fuente de las fuerzas de la vida de la Humanidad y del Universo. Este hecho volveremos a exponerlo en las páginas siguientes.

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Actualmente estamos viviendo en una época que ha ganado un elaborado conocimiento del mundo físico material. Es el mundo del reino mineral, la sustancia sin vida que la ciencia moderna ha investigado a fondo. Pero el mundo de la vida sigue siendo un gran misterio. Podemos experimentar sus huellas y expresiones por doquier en la naturaleza, pero no sabemos de dónde viene. Todavía no podemos controlar las fuerzas que, en todos los organismos vivos, elevan la materia de sus reacciones puramente minerales a la actividad química. Esto no puede ser percibido con los sentidos físicos, ya que les están ocultos. Los métodos que utilizamos, hasta el momento, en la ciencia moderna no son suficientes para penetrar en el reino de estas fuerzas, sin embargo, la Ciencia Espiritual habla de ello como una realidad suprasensible que puede ser percibida por las capacidades clarividentes.

Incluso se habla del cuerpo etérico o de vida del organismo, como la entidad viva activa. Por lo tanto, ciertamente no podemos decir que esta aquí o está allí; sólo podemos preparar nuestro propio ser de acuerdo con las instrucciones de la Ciencia Espiritual, para que se convierta en un instrumento con el que podamos percibir las fuerzas de la vida. Sin embargo, podemos tratar de entender la actividad de estas fuerzas de la vida con nuestra capacidad de pensar. Este es el primer paso para la preparación del camino hacia el conocimiento superior.

La pregunta es: ¿qué es la vida? ¿Qué es el éter o cuerpo de la vida?. Rudolf Steiner lo llama el arquitecto del cuerpo físico, lo que amolda el cuerpo físico de acuerdo con un plan preconcebido. Ahora podemos preguntarnos: ¿por qué el cuerpo físico necesita la actividad de otro miembro superior que porta el plan de su forma?.  De acuerdo con lo que leemos acerca de la creación del cuerpo físico en el Antiguo Saturno, podemos tener la impresión de que este cuerpo es la imagen completa o el espejo de las actividades e intenciones de los Dioses. Así podemos imaginar que tiene en su propia existencia la impronta del plan de su forma. Puede parecer difícil de entender por qué otro “cuerpo” debería estar activo para crear esta forma. Todavía no podemos resolver este enigma, si no entendemos el sentido y el objetivo espiritual de toda la evolución de nuestro universo a través de las etapas ya descritas como Antiguo Saturno, Antiguo Sol, Antigua Luna, la Tierra, y así sucesivamente.

En el principio del Antiguo Saturno, los Dioses crearon la imagen física del Ser Humano. Esta imagen era una semejanza de su propio ser. Así, el significado más profundo de toda la creación se revela como la creación de un Ser en el universo que es una imagen de la Jerarquía, o de Dios. Pero los Dioses no querían crear sólo una especie de autómata o un espejo que sólo fuera capaz de reflejar los seres del mundo espiritual “mecánicamente”. Querían crear un ser que fuera capaz, en un momento determinado, de alcanzar la autoconciencia. Este ser también estaría capacitado para ascender desde el estado de criatura que refleja, el estado del creador, al estado de ser una imagen de los mundos espirituales que luego se combinaría con el estado de autoconciencia.

El universo espiritual, —que lo componen todos los Seres de las Jerarquías— completa y eleva entonces su propia existencia a través de la Humanidad, que no sólo es su imagen, sino que también es autoconsciente de ello. Por lo tanto la creación completa en sí, la auto-percepción; el coro de los seres en el mundo espiritual experimenta así su propia existencia y actividad.

El ser que fue creado como el antepasado de la humanidad de Saturno estaba destinado a convertirse en un vehículo hacia la auto-conciencia. Sin embargo, esta autoconsciencia, está en principio, en contradicción con la conciencia cósmica, con la conciencia de los Dioses.

Por lo tanto, este ser de Saturno, que llegó a la existencia, tuvo que iniciar un largo viaje hacia su “yo”. Esto significó una caída, una progresiva distanciación de los Dioses. Y esas medidas ya se indican en los ciclos menores del Antiguo Saturno; por ejemplo, la división en el planeta Saturno en muchos Seres de calor, que dio origen a los cuerpos físicos humanos actuales, fue un paso en el largo camino que conduce a la soledad del ser. Aquí tenemos que hacer una distinción muy clara entre el cuerpo físico que es la imagen de la existencia y la actividad de las Jerarquías.

Como imagen, nunca puede alejarse de los Dioses, porque es parte de su propio ser. Pero este cuerpo es invisible a los sentidos terrenales; él es, por así decirlo, la idea arquetípica más alta de la Humanidad, que habita en el reino de los Dioses. El cuerpo que se convirtió en el vehículo del camino hacia la autoconciencia o conciencia del Yo, es el cuerpo material que se compone de lo sólido, lo líquido, lo gaseoso y la sustancia de calor de la Tierra. Lleva la impronta del cuerpo físico, del Arquetipo de la Humanidad, pero se ha alejado de su origen, incluso del origen arquetípico —de los Dioses— con el fin de convertirse en un “yo”.

Esto fue necesario. Alejarse de los Dioses significa que nos volvemos más y más defectuosos, que nos hundimos paulatinamente en el cuerpo de la materia. Se requiere la experiencia de la enfermedad y la muerte, y este es el destino del cuerpo material de la Humanidad. No hubiéramos podido experimentar la enfermedad y la muerte, si en algún lugar no viviera dentro de nosotros la realidad de la salud y la vida eterna. A medida que la humanidad se va alejando de su origen Divino, la enfermedad y la muerte van superado una escala mucho más amplia de la que suele medirse en general.

Toda la miseria de la existencia terrenal, toda la imperfección y la incapacidad de dominar nuestra tarea terrenal es sólo una parte de la enfermedad que ha sobrepasado a la Humanidad en su camino de lo Divino a la individualidad. Si después de haber alcanzado la autoconsciencia-el “yo” podemos ganar de nuevo en el futuro la imagen divina de nuestra propia evolución y con ella la imagen del universo espiritual de las Jerarquías y el mundo físico, entonces podemos redimir nuestra gran enfermedad. Entonces los Dioses, que no conocen la enfermedad, vivirán en nosotros y a través de nosotros. Ellos nos darán su juventud y la vida eterna, y nosotros podremos darles la autoconsciencia de su propia existencia.

Hay un solo mediador entre lo que ha caído en el abismo de la imperfección y los arquetipos cósmicos. Este es el cuerpo etérico. Este cuerpo recibió y recibe continuamente, durante la vida en la Tierra, las imágenes divinas de la forma cósmica de la humanidad y las trabaja en el cuerpo terrenal. Así resiste a las fuerzas de la decadencia y a la enfermedad. Desde el mismo momento en que la vida entra en el embrión, este cuerpo acumula enormes recursos de la memoria cósmica. En el desarrollo del embrión, que se llama la ontogenia —el curso de la filogenia— se repite la historia del desarrollo de toda la raza humana.

El cuerpo etérico puede hacer esto, ya que abarca la historia de las etapas más antiguas del desarrollo del Ser Humano. Por lo tanto, desafía las fuerzas de Dios, negando que habiten en el ser humano, que tienden a llevarle aún más lejos de su origen espiritual. El cuerpo etérico no puede producir la forma humana haciendo caer el arquetipo espiritual a la vez. Sólo puede hacerlo paso a paso, una y otra vez, hasta llegar a superar las fuerzas de la enfermedad y de la muerte. Cada noche, el cuerpo etérico recibe de nuevo, las formas arquetípicas cósmicas y los impulsos que se impresionan una y otra vez en el cuerpo material. Nos aparece entonces como portador de la salud y las fuerzas refrescantes después del sueño. Así, el cuerpo etérico sólo puede cumplir su tarea de mediación en el tiempo; por lo tanto, también podemos llamarlo el cuerpo del tiempo, porque sólo en el tiempo puede lograr la redención de la materia caída y restaurar a la imagen arquetípica.

La paciencia y el poder de la memoria del cuerpo etérico, indican que existe en él un gigantesco mundo de Sabiduría Universal. Podemos entender esto si imaginamos que el cuerpo etérico fue creado por los Espíritus de la Sabiduría. Es la sabiduría que lleva en sí misma el pensamiento de los Dioses desde el comienzo del Universo, y los pensamientos sobre el objetivo final de este Universo. Como los pensamientos de los Dioses viven en las fuerzas etéreas como una especie de reflexión, también podemos imaginar que están vivos en el pensamiento humano. Lo que vive en el ser humano como el impulso, la capacidad de pensar, es sólo el otro aspecto del cuerpo etérico además de su-reedificación y actividad de regeneración.

Durante el gran ciclo de la evolución de la Tierra, el cuerpo etéreo se dedica principalmente a salvaguardar el cuerpo del declive y de un alejamiento demasiado fuerte de su origen cósmico. Pero el desarrollo del pensamiento, que no es tan antiguo en la Humanidad, indica que el cuerpo etérico —o ahora podemos decir, las fuerzas derivadas de la esfera de Júpiter— no sólo preserva el pasado, sino que también pertenece al futuro del Universo.

En la actualidad el cuerpo etéreo está completamente incorporado o sumergido en el cuerpo material. En la antigüedad esto era diferente, ya que el cuerpo etérico estaba en parte fuera del cuerpo físico, y a través de él, el ser humano era capaz de percibir las elevadas regiones espirituales del Universo. Sin embargo, sólo podía hacerlo de una manera onírica porque aún no había alcanzado plenamente la autoconciencia. De nuevo llegará un momento en que las fuerzas etéricas serán liberadas del cuerpo material y ya no solamente se dedicarán a construir sino que desarrollarán su brillante resplandor a la luz de la memoria cósmica y la previsión.

Entonces será penetrado por la propia consciencia, por las fuerzas del “yo”, y después se revelará no sólo la capacidad reflexiva, sino una facultad creativa capaz de construir un nuevo Universo de acuerdo con las grandes Imaginaciones de los Dioses. Esta es la verdadera Imagen Espiritual de la Humanidad. En el lenguaje del Apocalipsis de San Juan, esto se llama la Nueva Jerusalén.

Ahora podemos entender cuando Rudolf Steiner dice en “La Ciencia Oculta” que el presente Júpiter es la morada de los seres que están demasiado avanzados para tomar parte en la evolución de la Tierra como planeta, y que serán capaces de desplegar su actividad en el futuro gran ciclo de evolución, que la Ciencia Oculta llama “Nuevo Júpiter”. Estos seres solo “tocan” o “flotan por encima” la existencia de la Tierra en la actualidad haciendo que las fuerzas etéricas trabajen como fuerzas sanadoras y refrescantes durante toda la vida, evitando que el organismo caiga en la descomposición natural.

Ahora vamos a tratar de reconocer la actividad de Júpiter en una serie de natividades históricas, y mostrar que aparece como una indicación de la naturaleza arquetípica de las fuerzas etéricas de estas personalidades, como su aura etérea, por así decirlo. También veremos cómo aparece Júpiter en todo aquello que no es sólo una cuestión de destino personal en la vida humana, sino que está conectado con el esfuerzo y el progreso de la Humanidad en su conjunto; lo que es útil y valioso para la vida espiritual de la humanidad, aunque la personalidad que ha creado este tipo de obras de sanación espiritual haya cruzado ya el umbral de la muerte.

Júpiter siempre se revela como la esfera de la cual el Dr. Steiner dice, en relación con la vida después de la muerte, en su libro Teosofía, “… allí es una unidad viviente que está presente en todo. Por esto también, sólo aparece como un reflejo del ser humano durante la vida terrenal. Esta reflexión se expresa en todas las formas de reverencia que el ser humano dona a la Totalidad, a la Unidad y la Armonía del Universo. La vida religiosa de la humanidad se deriva de esta reflexión. Los seres humanos se hacen conscientes de hasta qué punto el sentido que abarca toda la existencia no subyace en lo que es transitorio y está separado. Consideran lo no transitorio como una “semejanza”, una imagen de una unidad eterna y armoniosa. Admiran esta unidad con reverencia y adoración. Ofrecen ante si los ritos religiosos y ceremonias… Los frutos de la vida religiosa y todo lo conectado con ella hacen su aparición en esta Región… Ahí se desarrolla la capacidad de conocerse a sí mismo como miembro de la totalidad”.

Tomás Moro (nacido el 07 de febrero 1478): En la natividad de Tomás Moro, Júpiter acababa de ingresar en la constelación de Aries. Durante todo el período de su desarrollo embrionario hizo un bucle en esa parte del zodiaco donde la imagen de Piscis se da la mano con Aries. En conjunto es una posición muy prominente.

Esta posición de Júpiter indica las condiciones principales del organismo etérico de Tomás Moro. Júpiter agrupa, en este momento, los impulsos de Aries detrás de los cuales está la actividad de los Espíritus de la Sabiduría. Por lo tanto la sabiduría cósmica y las fuerzas de la vida creativa de Júpiter están aún más exaltadas en la esfera que abarca todo el pensamiento cósmico. Podemos experimentar esto en la actitud ante la vida de Moro así como su lucha por el conocimiento. Con una vitalidad tal como se indica en este Júpiter, no podía hacer otra cosa que dedicarse y ordenar su vida de acuerdo a la Sabiduría Universal.

Por lo tanto, no es sorprendente que se convirtiera en un discípulo del “humanismo” cuando tenía sólo diecinueve años de edad y Erasmo de Rotterdam llegó a Inglaterra. Más tarde en su vida, vemos cómo decidió todas sus acciones desde el punto de vista de esta Sabiduría Universal. Él no era un fanático, de hecho fue todo lo contrario, ya que desarrolló una actitud de absoluta calma y dominio de sí mismo acerca de lo que sucedía a su alrededor. Él era firme e inquebrantable en sus conceptos y convicciones, como un Aries, con sus poderosos cuernos. Incluso la amenaza de muerte no lo pudo cambiar. El podía morir por sus ideas sin ser un fanático o temerario. La actitud ante la vida de Tomas Moro es la descripción ideal de Júpiter en Aries.

Dante (nacido en Mayo de 1265): cuando Dante nació, Júpiter se hallaba en Tauro en conjunción con Saturno. Si bien se encuentra en una posición prominente, el peso de un destino turbulento (Saturno) ejerce presión sobre él. Tauro es una expresión de los  seres y actividades de los Espíritus del Movimiento. Podemos leer en esta indicación que las tendencias primarias de la vida de Dante estaban fuertemente dirigidas hacia la Palabra, la Palabra creativa de los Dioses, así como la palabra humana que tiene su origen en esta constelación o en el reino espiritual que se encuentra detrás de ella.

No se requieren mayores explicaciones para mostrar cómo estaba presente en Dante esta Palabra Universal a modo de poder vital. Cómo el poeta de la Divina Comedia, sabía realmente el “nombre eterno de todas las cosas y seres” – estaban escritas en su cuerpo etéreo. El trágico destino de Dante, en conexión con la constelación política de su época, esta expresado por Saturno en Tauro. Aquí, la Palabra creadora desciende hasta la esfera de la voluntad y forja con golpes poderosos la multiplicidad de formas de la condición terrena que -desde un punto de vista supraindividual- les son necesarias a toda la Humanidad.

Gotthold Lessing (nacido el 22 de Enero de 1729): Júpiter se hallaba entre las constelaciones de Tauro y Géminis al nacer Lessing. Durante la mayor parte del tiempo de su desarrollo embrionario, realiza un lazo en las estrellas sobre el comienzo de Géminis. Géminis es la expresión cósmica de las fuerzas de individualización en el universo.

En su trasfondo espiritual, encontramos a los Espíritus de la Forma que prepararon la forma humana hasta hacerla capaz de convertirse en un recipiente para el “yo”. El Júpiter de Lessing fue penetrado por estos impulsos, y de nuevo podemos encontrar esto manifestado en la actitud ante la vida de esta personalidad. Podemos decir que él fue el primer periodista, pero le faltaba un conocimiento amplio e integral de la vida espiritual y cultural de su época. Su impulso vital más fuerte fue su lucha por la libertad individual. Fue una de las pocas personalidades modernas que, a través del pensamiento lógico y un verdadero impulso para la educación, llegó a la idea de la reencarnación. En su último drama, “Nathan el Sabio”, expresó su convicción en la unificación de todas las religiones, confesiones y razas en un solo Cristianismo Universal. En su cuerpo etéreo, heredó del mundo de los arquetipos de la vida, el don de reconocer el núcleo eterno de la humanidad, a pesar de las apariencias engañosas de la existencia terrena.

Richard Wagner (nacido el 22 de mayo 1813): cuando Wagner nació Júpiter estaba en Cáncer, pero en oposición a Marte, que entonces estaba en Capricornio. Júpiter en Cáncer indica una fuerte tendencia formativa. Este caso es muy interesante porque la oposición de Marte crea una contradicción en esta personalidad. Las fuerzas anímicas, indicadas por Marte, no estaban completamente formadas, al menos no durante su vida temprana; eran fuerzas casi explosivas y sanguíneas. Pero las fuerzas arquetípicas de su cuerpo  etéreo apuntaban a la forma estricta, algo que logró en sus obras musicales. Sin embargo, tuvo que luchar casi una vida entera hasta que venció a las fuerzas anímicas, que eran demasiado fuertes, al vivir en esferas cósmicas, y no se transformaron fácilmente en formas terrestres. Júpiter en Cáncer también indica una conexión especial con la esfera de los Arcángeles, los Espíritus del Pueblo.

Esto también se expresa en los poemas musicales de Richard Wagner, que ocupan el hilo de las grandes imaginaciones de la mitología nórdica. De hecho, el trabajo de su vida fue formar el drama del nacimiento de la individualidad desde la matriz del Espíritu del Pueblo.

Rudolf Steiner (nacido el 27 de febrero 1861): Durante la primera mitad del desarrollo embrionario de Rudolf Steiner, Júpiter estaba en Cáncer; más tarde  hizo un lazo en Leo y  quedó en Leo al momento de su nacimiento. Aquí nos encontramos de nuevo a Júpiter en Cáncer. Ya hemos dicho que esto indica un fuerte poder formativo del cuerpo etéreo. Podemos encontrar fácilmente esta tendencia en la vida del Dr. Steiner. Es en la primera mitad de su vida que fue dirigido por su particular destino al desarrollo de una fuerte disciplina de su capacidad de pensamiento, como la única manera de ser capaz de llevar a la Humanidad un nuevo y moderno método para el conocimiento de los mundos superiores. Esto se refleja en su obra fundamental La Filosofía de la Libertad. [Re-titulado El Pensamiento Intuitivo como  camino espiritual.]

Más adelante en su vida, este pensamiento disciplinado se convirtió en el portador de un mensaje gigantesco y global de los mundos superiores que brindo a la Humanidad moderna como Antroposofía. En ella emergió un fiel reflejo humano  -una realización microcósmica del alma más intima del macrocosmos. Esto se indica por Júpiter en Leo, y en la vida terrenal del Dr. Steiner tenemos una representación ideal de tales fuerzas arquetípicas etéricas, ya que este contenido divino fluyó en el recipiente de un pensamiento disciplinado.

Rafael Sanzio (nacido el 26 de marzo 1483): En la vida prenatal de Rafael, Júpiter se movió a través de las últimas estrellas de Leo, pero pronto entró en Virgo donde estaba en el momento de su nacimiento. Con respecto a Júpiter en Leo tenemos que dar una descripción similar a la dada para el caso de Rudolf Steiner. Rafael fue también uno de los pocos que habían escuchado los latidos del corazón del Universo. Esto fue impreso en su cuerpo etéreo como una gran capacidad de amar.

El carácter de sus fuerzas  etéreas se transformó en el estado de ánimo de Virgo después de su infancia. Este cambio encontró la expresión más pura posible en la vida de Rafael, en el mundo de sus  múltiples e incontables cuadros de la “Madonna con el Niño”. La constelación de Virgo fue capaz de encontrar, a través de él, una manifestación terrenal tan fuerte, porque como pintor vivió sobre todo en la esfera de la conciencia pictórica e imaginativa que se relaciona con el mundo de los arquetipos de la vida, cuya fuente es Júpiter.

madona

Los cuadros de Rafael sobre la Madonna no son sólo representaciones del nacimiento del niño Jesús; tienen un significado mucho más profundo. Revelan la experiencia del nacimiento del Hijo de Dios, el Señor de la Vida Eterna en el mundo del alma, incluso en el mundo de la creación. Este es el verdadero significado de la constelación de Virgo.

(Traducido por  y Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz)

 

©Astrosophy Research Center 2012 – ISBN 1-888686-12-X

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8ª Carta. La naturaleza del mundo Planetario

Del libro Isis Sophia I de Willi Sucher.

 

noviembre 1944

English version

Hasta ahora hemos tratado de crear el conocimiento del Zodiaco. En este y en los siguientes temas  nuestra tarea será sentar las bases para la comprensión del mundo planetario.

El mundo de las estrellas fijas, que rodea nuestro sistema solar, se concentra en el círculo zodiacal. Hay muchas constelaciones aparte de las estrellas fijas del zodiaco, pero todos estos grupos de estrellas de alguna manera están profundamente relacionados con las doce constelaciones que nos rodean. Encontramos, por ejemplo, por encima de las constelaciones de Aries y Piscis, las de Perseo, Andrómeda, Cefeo, Casiopea, y muchas otras. Si penetramos más profundamente en el fondo espiritual de los mitos relacionados con estas constelaciones, nos encontramos con que son una expresión de los mismos hechos que aparecen en las constelaciones de Aries, Piscis, etc. Si atravesamos el Zodiaco y miramos las constelaciones por encima y por debajo de las imágenes familiares de Tauro, Géminis y Cáncer, encontramos en ellas una especie de “comentario” cósmico de las doce envolturas Zodiacales.

Así, el mundo de las estrellas fijas está representado por las doce constelaciones del zodiaco. Estas doce envolturas son la manifestación del espacio. Allí nos encontramos con los hechos que llevaron a la creación de nuestro universo, así como a la imagen arquetípica de la forma humana, que en la Tierra, se manifiesta en el espacio. En las Cartas anteriores describimos la creación de este universo espacial, como la evolución del Antiguo Saturno.

Todavía no hemos descrito aquellas etapas de la evolución en las que este universo, que se extiende en el espacio, fue penetrado por las fuerzas de la vida y las fuerzas de la conciencia. Esto queda por hacer en los próximos números. Hemos establecido una perspectiva de la creación de nuestro universo desde el punto de vista del espacio, y esto nos conecta con las doce envolturas del Zodiaco.

Si ahora nos fijamos en el universo planetario entraremos en un mundo muy diferente. Nos enfrentamos a una relación de siete. En la antigüedad los seres humanos contaban con los cinco planetas además del Sol y la Luna. Este es el mundo planetario que puede ser percibido a simple vista. Hoy en día ya no parecen ser siete, porque con la ayuda del telescopio moderno hemos detectado más planetas, Urano, Neptuno y Plutón. Puede suceder que en el futuro, con unos telescopios aún más potentes y fuertes, serán detectados muchos más planetas que pertenecen a nuestro universo. Aún así, hay que tener en cuenta que todos estos planetas, que encontramos con la ayuda del telescopio, están más allá del reino del universo humano, ya que no pueden ser vistos por el organismo humano sin ayuda.

Ellos sólo pueden ser vistos a través de instrumentos, a través de un mecanismo —el telescopio— que como máquina esta “más allá” de la naturaleza humana y pertenece a un mundo diferente. Como aquí estamos hablando acerca de la relación entre el ser humano y las estrellas, vamos a limitar nuestra perspectiva estrictamente a las limitaciones de la organización humana, sin ayuda. Esto no nos impide aprender de la naturaleza de los planetas recién descubiertos, pero para obtener tal conocimiento tendríamos que entrar en el mundo de lo sobrehumano. En ediciones posteriores podremos tener la oportunidad de hacerlo, pero ahora vamos a mantenernos dentro de los límites del reino humano.

Nos encontramos con un mundo planetario  en conexión con el ser humano. Para los sentidos humanos normalmente desarrollados, sin medios artificiales, son accesibles estos siete cuerpos celestes de nuestro universo solar, los planetas: Saturno, Júpiter, Marte, Venus, Mercurio,  además de los cuerpos del Sol y la Luna. Todo lo que aparece en el universo en relación con el número siete, es una imagen del tiempo.

El movimiento en el tiempo es la evolución, es decir, la creación por etapas o intervalos. Cuando tuvimos que describir la evolución del Antiguo Saturno, nos vimos obligados a presentarla en un aspecto de siete (los siete ciclos del Antiguo Saturno), porque lo que se crea sólo se puede hacer “en el tiempo”. Sin embargo, la esencia de esta evolución, la imagen arquetípica de la forma humana, aparece en el “espacio”, en las doce envolturas del Zodiaco.

El siete, como una imagen del tiempo, también se manifiesta en los siete días de la semana. Es una imaginación de toda nuestra evolución mundial, no sólo del Antiguo Saturno, sino también del pasado y de las etapas futuras.

¿Por qué es el siete la imagen del tiempo?. El hecho de que el doce, representado por el zodiaco, esté conectado con el espacio puede ser comprendido desde un punto de vista geométrico, porque el círculo es la forma que ha llegado a un reposo y contiene potencialmente las otras formas geométricas de espacio bidimensional dentro de él.

Debemos encontrar la ley fundamental del siete. Una vez que la hayamos encontrado, tendremos una base para la comprensión de la secuencia interna de los siete pasos. Si, por ejemplo, nos fijamos en todo lo que existe en nuestro entorno, nos encontramos con que todo tiene un pasado y un futuro. Entre el pasado y el futuro, existe el momento presente. Si nos fijamos en las flores de nuestra mesa, sabemos que en el pasado estaban creciendo y que decaerán o se marchitaran en el futuro, pero entre estas dos etapas estamos aquí, en el momento actual. Así que no sólo existen en el espacio sino también en el tiempo.

En cuanto a los objetos de la naturaleza que existen en el tiempo, podemos observar tres pasos: pasado, presente y futuro.

Estos tres pasos son algo más que un siete simplificado. Encontramos que los tres primeros pasos siempre se dibujan juntos en lo que llamamos “el pasado”. En realidad, todo lo que pertenece al pasado, lleva siempre la marca de tres etapas de desarrollo. Si observamos en profundidad, nos encontramos con esto en todas partes como una ley fundamental. Y también, lo que llamamos “el futuro” se revela como una triplicidad.

En medio de estos dos, pasado y futuro, se encuentra el presente como un momento único en el tiempo. Así pues, la evolución o el desarrollo en el tiempo se revela como el siete.

Por otra parte, si nuestras observaciones se hacen más exactamente y con cuidado, nos encontramos con que los tres pasos a cada lado de la balanza del pasado y del futuro tienen una relación interna entre sí. Así, la primera etapa del pasado parece estar conectada con la última de los tres pasos en el lado del futuro. La primera etapa de la secuencia de siete veces de cualquier evolución está relacionada con la séptima etapa, la segunda con la sexta, la tercera con la quinta, y en el medio se encuentra la cuarta, que como presente enlaza el pasado con el futuro.

candelabro

Si tratamos de entender esto como una imaginación, empezamos a formar una imagen similar al “candelabro séptuple” del Antiguo Testamento, y nos damos cuenta de que el candelabro, que se situó en el altar del Tabernáculo, era una imagen de lo que el pueblo hebreo tuvo que desarrollar en el tiempo. Moisés, el fundador de la nación hebrea, conocía esta tarea. Los hebreos tuvieron que crear un organismo capaz de servir como un verdadero cáliz para la descendencia del Ser de Cristo. Esto sólo podía llevarse a cabo en el transcurso del tiempo. Por lo tanto, Moisés creó la imagen del tiempo en el candelabro séptuple como una luz reconfortante en el largo y cansado camino de su pueblo.

Si pudiéramos actualizar hoy en día, esta ley fundamental del tiempo, quizás nuestra vida cultural y personal estaría menos caótica y perturbada. En muchas circunstancias nos escapamos de la búsqueda espiritual con la excusa de que “no tenemos tiempo”, o si tenemos un impulso, muy a menudo nos volvemos impacientes y queremos realizarlo de una vez. No solemos reconocer que desde el momento de su concepción, hasta su realización, todo tiene que desarrollarse paso a paso hasta que ya está listo para su cumplimiento; de lo contrario, esta semilla puede estropearse por un nacimiento prematuro. A veces nos olvidamos de que es posible que tengamos que esperar siete años, o tres veces siete años, o incluso un intervalo más largo hasta que nuestros impulsos e ideas puedan realizarse.

Deberíamos aprender nuevamente las leyes secretas del tiempo con el fin de tener una vida anímica más saludable, incluso en nuestro cuerpo. El siete es la ley fundamental del tiempo, pero hay ciertos misterios del tiempo de los que, por ahora, no podemos hablar.

Esta ley se puede encontrar en todos los lugares de nuestro universo, pues revela la esencia del ritmo dinámico interno en la vida del ser humano. Si nos fijamos en la vida de un ser humano adulto, también podemos distinguir entre su pasado, presente y futuro.

El pasado de cada uno de nosotros es nuestra juventud, que incluye la infancia, y hasta la vida embrionaria prenatal. Cuanto más nos remontamos al pasado más encontramos una dependencia de las potencias protectoras que nos rodean. Todavía no somos nuestro propio maestro; otros seres tienen que cuidar de nosotros. Sin embargo, a medida que recorremos la vida, nos vamos haciendo gradualmente independientes. Independientemente de la edad que hayamos alcanzado en la actualidad, nos encontramos con que hasta cierto punto nos hemos liberado de algún poder protector. El bebé recién nacido acaba de ser separado del cuerpo de su madre. Más tarde como personas, ya completamente crecidas, nos vamos separando de muchas otras conexiones.

 Cualquiera que sea el “presente” de una vida humana, siempre es la manifestación de un ser que se ha liberado de una condición precedente de existencia. Este ser, habiéndose convertido en independiente de las condiciones anteriores, es el poder determinante de su propio tercer paso de la evolución, el futuro. En tanto que como ser único se ha convertido en independiente en su “presente”, será capaz de manifestarse en el futuro como una individualidad, en el contexto de las condiciones de las que se ha emancipado. Por lo tanto, la vida humana revela tres pasos de la evolución en el tiempo:

Pasado: La dependencia de muchas otras condiciones y seres.

Presente: Emancipación e independencia.

Futuro: Manifestación y  actividad como ser individual.

De esta manera, hemos encontrado el carácter fundamental de los tres pasos del pasado, el presente y el futuro a medida que se van revelando a través de nuestra vida. Como es siete veces el tiempo, ahora debemos encontrar el carácter fundamental de los tres pasos del pasado y los del futuro, y entre ellos, la etapa del presente. Si tenemos éxito en encontrar el carácter de este siete, no sólo vamos a resolver el enigma de una de las leyes del tiempo, sino que también seremos capaces de leer el carácter y la capacidad de los cinco planetas, mas el Sol y la Luna. Finalmente llegamos a la razón por la que hemos emprendido esta tarea aparentemente seca y árida de descubrir la ley del siete del tiempo.

La esencia de la evolución es la emancipación. Algunos seres que hasta ahora estaban sumergidos en el océano de la existencia general, se mueven hacia la existencia individual. Con el fin de iniciar nuestras observaciones, tomemos al bebé recién nacido en su fase actual y luego miremos hacia atrás, a su pasado. Encontramos en primer lugar, el momento de la concepción en la que entró en la existencia a través de sus padres. Las Poderosas Potencias, que llamamos destino, entraron en la vida de los padres. A través de estos poderes se abrió la puerta de entrada a la existencia física del alma del bebé. Este fue el primer paso, pero esto no habría sido suficiente. Las fuerzas de la vida, penetraron en ese germen del cuerpo físico y lo llevaron progresivamente a la forma humana hasta el nacimiento. Incluso fue necesario un tercer paso para que el organismo, a partir de un determinado momento en adelante, pudiera tener sensaciones y sentir el dolor o la satisfacción a través de sus propias necesidades corporales.

Acabamos de describir las tres etapas de la creación durante las cuales los Poderes del Universo, más allá del control del ser humano, ayudan a traer un ser a la existencia:

  • Primero: poderosas potencias provocan la existencia física. Se crea el germen del cuerpo individual.
  • Segundo: este germen individual se impregna de fuerzas vitales, que moldean el germen a la imagen de sus padres.
  • Tercero: el germen que se va moldeando a la imagen de los padres, se impregna también de las fuerzas anímicas y las fuerzas de la conciencia.

Con la descripción de estas tres etapas, hemos descrito también las características y las capacidades de los tres planetas superiores Saturno, Júpiter y Marte.

Saturno aparece siempre como la manifestación de esas fuerzas del universo que crean el germen de la existencia individual a todo tipo de seres que requieren un cuerpo físico; piedras, plantas, animales o seres humanos para su presencia terrenal. Poderosas fuerzas emanan de esos Seres de Saturno.

Desde Júpiter, el flujo del poder de la vida dotan a los gérmenes de la existencia física individual con la fuerzas de la vitalidad. Aquí, sin embargo, nos encontramos con una dificultad. Podemos percibir que la planta está siendo penetrada por las fuerzas de la vida, pero no podemos ver esto en el mineral. Tenemos que reconocer que los minerales no pueden ser vivificados por las fuerzas de Júpiter, aunque reflejen estas fuerzas. La segunda etapa de la evolución del siete trabaja de una manera diferente dentro del reino mineral. Las formas cristalinas de los minerales surgieron de la reflexión de las fuerzas de Júpiter en ciclos anteriores de la evolución, y revelan la magnífica sabiduría del cosmos. Más adelante veremos también cómo estas fuerzas de sabiduría cósmica están conectadas con Júpiter.

Marte es el dador de las fuerzas del alma. Por las fuerzas del alma nos referimos a los poderes que permiten a las criaturas tener sensaciones y emociones que se despiertan ya sea por los acontecimientos del mundo exterior o por la actividad desde el interior. Estas percepciones pueden despertar ya sea simpatía o antipatía. Así, por ejemplo, el bebé recién nacido es capaz de experimentar cualquier impresión del mundo que le rodea, ya sea como dolorosa o confortable.

Una aguja que te perfora la piel puede explicarse simplemente como un hecho mecánico, pero esto no explica el hecho de que el bebé comience a llorar. El daño causado se experimenta cualitativamente en una esfera diferente de la del mero acontecimiento fisiológico.

La capacidad para la experiencia anímica ya está ahí en el recién nacido, pero ¿qué pasa con las sustancias inertes y las plantas?. No podemos decir que las capacidades del alma sean innatas en estos objetos, son las fuerzas de Marte las que trabajan sobre todo lo que viene a la existencia. Las sustancias inertes, como los minerales y los seres vivos más simples, como las plantas, tienen sólo una “reflexión” de ellos. Las fuerzas del alma se reflejan en las propiedades químicas de estos objetos. Si miro la pluma en mi mano, yo desde luego no puedo decir que tenga algo como sensaciones, pero cuando todavía estaba en ciernes, antes de que llegara a mis manos, la semilla de la desintegración ya estaba implantada en ella. Este destino, que trae la desintegración inevitable, parece en un primer momento como una negación de la vida, sin embargo, tenemos que lidiar con eso. Aquí la naturaleza agresiva de Marte parece que en última instancia, destruye lo que se ha creado. También encontramos que Marte crea capacidades del alma que siembra la semilla de la desintegración, así, debido a que las fuerzas del alma y las emociones de placer y dolor, finalmente destruyen el cuerpo de un ser humano. Estas fuerzas fluyen hacia todos los seres creados antes de entrar en la fase de su existencia actual.

Las fuerzas del Sol crean o causan el estado presente del ser en todos los objetos de la creación. En la época actual también causan la emancipación y la lucha hacia la independencia. Volvamos al bebé recién nacido. Acaba de nacer, eso significa que se ha separado del cuerpo de su madre, de la que ha sido fisiológicamente parte antes de nacer. Ahora está físicamente separado, y a medida que va creciendo se esfuerza hacia la independencia. Esto también se demuestra por el hecho de que uno de los primeros actos que se hace con el niño es dotarle de un nombre propio. Se le reconoce como un ser individual. Con nuestros sentidos podemos observar que tiene su propio cuerpo, y tenemos la esperanza de que este cuerpo crecerá más y más independiente de las necesidades de la vida en la que está involucrado durante su primera infancia y la niñez.

No podemos hablar de un impulso de individualización dentro de los reinos inferiores de la naturaleza de la misma manera como lo hacemos con la humanidad, aunque el impulso solar también está trabajando allí. La luz del sol trae los objetos existentes en la naturaleza a la esfera de nuestra experiencia sensible. La luz del sol los hace visibles a nuestros ojos; percibimos sus contornos y sus colores. Pensemos en la construcción de la primera máquina de vapor.

En primer lugar, la idea surgió del inventor; esta sería la etapa de Saturno. Después el inventor tuvo que reflexionar sobre su idea y considerarla en relación con las leyes mecánicas y físicas, con los logros técnicos de su época. Tuvo que entrar en el mundo de la sabiduría universal, en lo que le fue revelado a la humanidad; este es el escenario de Júpiter en la fabricación de la máquina de vapor. Entonces, el inventor va más lejos en la realización de su plan, tiene que utilizar las sustancias terrenales, como el hierro y el acero, en el que ya se implantaron las reacciones químicas que determinan la estabilidad del metal, considerar las reacciones del vapor, etc. Estos hechos más adelante pueden ser causa del fracaso o la impopularidad de su máquina; este sería el período de Marte de la máquina de vapor. Hasta que un día el motor se ha completado. Podrá ser visto como una entidad y todo el mundo percibirá cómo se mueve y trabaja. Ahora, es una máquina que ha entrado en la fase de su “estado actual de ser”. También ha entrado en el reino de la percepción empírica; este es el trabajo de las fuerzas de sol. Ellas crean el reino del “empirismo”, que brilla como la luz del sol sobre el objeto individualizado.

Hemos descrito el trabajo de las fuerzas de Saturno, Júpiter y Marte como procesos en el tiempo. Estas fuerzas, a través de las cuales todos los seres que entran en la existencia deben pasar, están conectadas con la “fabricación” de los objetos en el universo. Representan el pasado. Las tres etapas del pasado pueden, sin embargo, diferir en gran medida en el tiempo de acuerdo a la naturaleza del objeto. Pueden tener una duración de tiempo “astronómica”, o también pueden reducirse a un par de segundos, pero siempre lo podemos encontrar.

Ahora pensemos en las tres últimas etapas del ciclo séptuple de la evolución. El cuarto paso es la emancipación de la criatura de su origen. En las siguientes etapas el ser individualizado se esfuerza en función de sus capacidades, en manifestarse como un ser libre, y en la manifestación de sí mismo, que sólo es posible si en el camino hacia el futuro, se puede revelar y liberar de todo lo que nació durante las primeras etapas del pasado. Por ejemplo, cuando el bebé crece se vuelve más y más activo en la vida. Sin embargo, a medida que el ser humano se convierte en activo, aparecen en el fondo de su actividad todas las fuerzas anímicas que ya fueron implantadas en él antes de nacer: sus gustos y disgustos; su capacidad innata para las reacciones dolorosas o alegres, bien fomentando u obstaculizando sus acciones; y como la vida sigue, su actividad se convierte en una especie de maestro y redentor de esas cualidades innatas del alma. Muy a menudo, este profesor en el ámbito de nuestra actividad es más sabio que nosotros mismos, y se convierte en nuestro guía espiritual, dotado con la autoridad del destino.

Estas fuerzas vienen del planeta que en la astronomía se llama Mercurio. Así Mercurio es el redentor de las fuerzas de Marte que describimos anteriormente. Los caminos del destino, a lo largo del cual el espíritu de Mercurio conduce al ser humano hacia su redención, son a menudo extraños e incomprensibles. Sólo si nos esforzamos en la comprensión espiritual de nuestro propio destino podremos encontrar una conexión consciente con el espíritu de Mercurio que representa la quinta etapa en la ley séptuple del tiempo.

El planeta llamado Venus en la astronomía representa el sexto paso. El sexto paso está relacionado con el segundo, con Júpiter. Y así como Júpiter es el dador de las fuerzas de la Vida y la Sabiduría, Venus se relaciona con el desarrollo de estas fuerzas de la creación de la vida por el ser humano. Sin embargo, el ser humano actual está lejos de ser capaz de crear vida dentro de la esfera de la Tierra, aunque en la inconsciencia profunda realmente lo estamos haciendo.

Hay actividades en las profundidades inconscientes de nuestro organismo, que no sólo destruyen la vida, sino que también la crean; sin embargo, todavía no tenemos ningún control sobre esto.

En un lejano futuro, la humanidad será capaz de desarrollar actividades similares conscientemente, y entonces podrá crear no sólo objetos como máquinas inertes, sino también seres vivos, como las plantas. Así trabaja  Venus en las profundidades del organismo humano. El arte humano es un tenue resplandor del amanecer de esas fuerzas que un día estarán completamente despiertas en la humanidad.

El séptimo paso es provocado por la Luna. Aunque la Luna está cerca de la Tierra, las capacidades que están conectadas con su esfera están muy alejadas de la conciencia de la humanidad. El séptimo paso, la Luna, está relacionado con el primer paso, Saturno. Saturno aparece conectado con esa etapa de toda la evolución en un impulso o un ser anímico, penetrado por poderosas potencias sobrenaturales, entra en el reino físico y crea por sí mismo un vaso corporal. Ahora, después de haber pasado por todas las etapas de la creación y la individualización, en la séptima etapa ha llegado a la perfección, como ser individual que puede dotar a la pura existencia anímica con la existencia física.

En los seres humanos de la actualidad vive solamente un tenue reflejo de esta capacidad. Sólo es una profecía de lo que un día, en el tiempo futuro, será una actividad plenamente desarrollada y conscientemente controlada. Es la capacidad de “re-producción”, profundamente arraigada en nuestro organismo y guiado por seres espirituales. Este  poder hoy es sólo una imagen muy tenue de su contraparte espiritual real.

 

(Traducido al español por Gracia Muñoz)

©Astrosophy Research Center 2012 – ISBN – 1888686-11-1
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