PASTORES – Libertad Espiritual

Willi Sucher – 31 de diciembre 1954

Incluido en el Curso I de Cosmología, publicado por el Centro de Investigación Astrosófica

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Hoy me gustaría hablar de la corriente de los Pastores y su reflejo en los ritmos cósmicos. La última vez, hablé de las tres corrientes y sus representantes en la Humanidad. Uno puede imaginar estas tres diferentes corrientes como el pensamiento, el sentimiento y la voluntad. Son las tres corrientes que podemos ver en el triángulo formado a partir de las conjunciones entre Júpiter y Saturno que tienen lugar en intervalos de 20 años en tres lugares diferentes del zodiaco. La última vez hemos trabajado sobre cómo estas tres conjunciones siguen adelante, volviendo a los mismos lugares cada 60 años. Esta estrella triangular no es visible, sólo puede encontrarse a través del cálculo de las conjunciones. No esta fijada, sino que gira alrededor de la Tierra incluyéndola en sí misma, por así decirlo.

triangulo

 

Hoy nos ocuparemos principalmente con la conjunción del año 7 AC y la que le sigue 60 años después en Piscis. En la repetición de estas Grandes Conjunciones, podemos leer algo que asemeja a un reflejo de las experiencias, del destino de las Corrientes —en este caso de la Corriente de los Pastores. Es difícil dar una fecha exacta del nacimiento de Jesús, pues no es mucho lo registrado en el Evangelio de San Lucas. Los Pastores a los que se hace referencia en el Evangelio de San Lucas, están relacionados con el nacimiento en un sentido especial. ¿Quiénes son los Pastores?. Lo que se reproduce en las obras navideñas expresa la actitud de los Pastores. En toda obra navideña se reproduce a los Pastores como seres humanos humildes, fuertemente conectados con la Tierra, con lo que es natural y con los que cuidan a sus ovejas. Incluso están acostados en el suelo entre ellas cuando escuchan el mensaje de los Ángeles. Después, llegan a la cueva con gran devoción. Tienen una gran humildad y una profunda lealtad a la Tierra. El peligro es que tienen una cierta estrechez de mente y también cierta tendencia a volverse fácilmente materialistas. Y con estas virtudes y peligros, se mueven, por así decirlo, como sus representantes a través de la Historia Humana, a través de la Historia Cristiana. Estos Pastores, con toda su humildad y lealtad a la Tierra, están conectados con lo que ocurrió mucho antes de los acontecimientos de Palestina, ya que también están conectados con Buda. Esto ha sido descrito por Rudolf Steiner en muchos de sus ciclos de conferencias.

Los Pastores están llenos de preocupaciones, ansiedades, de problemas cotidianos y de todo lo que está en conexión con la Tierra, pero también tienen una especie de esperanza divina, alimentan e intuyen la gran esperanza y la Gran Promesa a la Humanidad. Así, los que están preparados son “llamados” a presenciar al Niño en el establo.

Esta “llamada” a la corriente se lleva a cabo por ciertos grupos de la humanidad. Ellos representan a esa parte de la humanidad que puede hablar de las fuerzas que se introducen en ella a través de Cristo. Es una especie de vivencia de las fuerzas que ingresaron a través de Cristo. Es de hecho un impulso espiritual del corazón, y que vive en el corazón humano. Esta parte de la humanidad pasó por una evolución, y las etapas de esta evolución interior se pueden leer a través de la Gran Conjunción a medida que se mueve alrededor del Zodiaco. En el momento en que nace Jesús, se encontraba en Piscis. Una rotación completa de la estrella triangular tarda unos 2.600 años. Este punto de la estrella triangular se encuentra actualmente en la constelación de Sagitario (signo de capricornio) y dentro de unos 600 años, regresará de nuevo a Piscis. La próxima conjunción de esta punta de la estrella se llevará a cabo en 1961, y ocurrirá en el signo de Capricornio.

f1

corriente pastores

En cuanto a la conjunción en Piscis, podemos pensar en ella como algo que se lleva a cabo ya sea en la Tierra o en el Cosmos. Los planetas son la expresión de intervalos de tiempo. Las oposiciones tienen lugar en la misma dirección, y son similares a las conjunciones. Son marcas de tiempo, expresiones de los mismos Seres Divinos. Estas conjunciones y oposiciones son como señales de los seres del mundo espiritual por las cuales anuncian qué cosas hay que hacer y algunas cosas que han sucedido. A causa de estos eventos que han sucedido, se tiene que llegar a algunas resoluciones con respecto al futuro. Si utilizamos nuestras capacidades internas y penetramos con una mayor percepción, podríamos entrar en la mansión cósmica en la que habitan los mismos Seres Divinos.

La constelación de Piscis es la constelación que aparentemente está al final del Zodíaco. Es el final, pero en cierto sentido también es un comienzo. Uno de los peces nada hacia Aries, el otro hacia Acuario. Ambos se mantienen unidos por una cinta de estrellas, por lo que juntos mantienen el principio y el fin: “Yo soy  el Alfa y el Omega”. Encontramos al signo de Piscis en las catacumbas. Es lo que los Pastores presenciaron, el principio y el fin, y son ellos los que están llamados a sostener el principio y el fin. Ahí podemos ver el gran drama en su primer acto, el gran drama de la encarnación de Cristo.

Alrededor del comienzo del segundo siglo este ángulo se trasladó a Aries, donde toma un gesto diferente. Aries es el comienzo del zodiaco, pero la cabeza de Aries está mirando hacia el pasado. La transmisión de fuerzas desde Aries, después de millones de años, acumuló lo que hoy aparece como la organización de la cabeza humana. Los seres Aries que se mueven hacia el futuro son, de alguna manera, brillantes e irradian luz. Representan en el Cristianismo a personalidades como San Juan el Divino, y a aquellos que le siguieron y que hallan aquí su expresión, puesto que son seres progresivos. También hay algunos que se fijan en el pasado y que aún viven en la tradición. Estos se expresan en ese Aries que mira hacia atrás, hacia el pasado, por ejemplo, cuando el cristianismo mira de nuevo hacia su grandeza del pasado y que vemos manifestarse en el mundo romano o en los filósofos griegos. El cristianismo se encuentra con la civilización ariana del pasado, y tenemos entonces un movimiento cristiano como los gnósticos, avanzando, pero también tenemos allí las persecuciones. Así, las fuerzas de Aries generan una oposición y se inician las persecuciones. Las persecuciones, sin embargo, siguen más a los ritmos de las  conjunciones de la corriente de los Reyes, de la que hablaremos la próxima vez.

Cerca del año 292, hacia el final del siglo tercero, la conjunción de la corriente de los Pastores ingresó en la constelación de Tauro, lo que la condujo a un estado de ánimo diferente. En Aries se encuentra todavía en una especie de reino filosófico. En Tauro se expresa el deseo de ampliarse o extenderse, pero en este deseo también pueden existir peligros referidos a la tentación de ambicionar el poder. Una vez más, habría que distinguir entre aquellos seres que trabajan de manera progresiva y aquellos otros que son seres retardatarios o que se rezagan.

292

En el año 324 el cristianismo se convirtió en la religión del Estado a través de Constantino el Grande. San Agustín nació en ese momento, al producirse una Gran Oposición en Tauro. Ambrosio era el obispo de Milán, estableciendo la supremacía y el poder político sobre el año 380-86, lo que significó el inicio del poder papal. Nuevamente se produjo otra oposición de Saturno y Júpiter, que expresaba la tentación por el poder. El cristianismo se estaba expandiendo por la Tierra, lo cual es típico de Tauro.

A finales del siglo quinto la Gran Conjunción ingresó en Géminis. En Géminis hay polaridad y división. La labor de los seres allí es crear situaciones que requieren de decisiones —por ejemplo, para seguir hacia “adelante” con el impulso de una división potencial en el mundo. Ellos pueden cortar el hilo, por así decirlo. El cristianismo romano no fue el único grupo que representaba al cristianismo espiritual. También hubo luchas tremendas que se empeñaron en destruir al cristianismo gnóstico y celta. San Agustín desembarcó en las islas británicas cuando se estaba produciendo una Gran Conjunción en Géminis. Uno de los gemelos, que se desarrolló en Roma, es el gemelo terrestre. Sin embargo, es también el momento histórico en que fueron colocadas las primeras semillas del cristianismo esotérico.

 

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No hubo una conjunción en Cáncer, sólo una oposición. Está profundamente marcada con la corriente de los Pastores. Es como su primer descenso, entrando en una especie de crisis.

El Gran Conjunción ingresó en Leo en el año 828-9. Desde Leo están trabajando los Seres Divinos que pertenecen a la Logia Solar. Son seres que dirigen el desarrollo en el sistema solar desde el Sol, tienen gran influencia en la Historia, pero por una vía más oculta. El cristianismo romano se había desarrollado hasta un cierto punto. Luego vino el Concilio de Constantinopla, que tuvo lugar en el año 868-9, en donde se eliminó al Espíritu. En ese momento el cristianismo entró en una cierta oscuridad, sin embargo, fue también el momento en el que se introdujeron las historias del Santo Grial y de Parsifal. Poderosos impulsos Solares entraron en una humanidad enferma. Amfortas estaba enfermo, pero no podía morir. Ciertas declaraciones en la historia de Amfortas sitúan a Saturno en Cáncer cuando la enfermedad estaba en su apogeo. Su enfermedad sólo podía ser curada a través de la pregunta de Parsifal. Saturno en Cáncer nos habla de la enfermedad de la Humanidad-Amfortas. La Gran Conjunción de Leo es la inauguración del Cristianismo Cósmico, que probablemente tuvo lugar durante la época de Parsifal.

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La Gran Conjunción en la constelación de Virgo (signo de Libra-NT) tiene una expresión muy sutil en el desarrollo espiritual del Cristianismo de los Pastores. Expresa su evolución en la historia en el movimiento de los Cátaros, que se originó desde un cristianismo muy esotérico, por ejemplo, en el movimiento maniqueo y el Grial. Este sutil cristianismo no era solamente para la élite, sino que era realmente un Cristianismo, en cierto sentido, para la gente común. Era un desarrollo del Cristianismo de los Pastores y se inspiró de lo que provenía de Virgo. Sin embargo, también existe un gran peligro, porque la Hidra está debajo de Virgo. Los cátaros fueron destruidos con gran crueldad. La Gran Conjunción tuvo lugar cuando la fortaleza de Montségur fue destruida en 1246.

1246

En Libra están los Seres que trabajan para establecer el equilibrio en el mundo. Fue también cuando los Templarios fueron destruidos (1.305-6) y cuando se produjo la destrucción de la Antigua Sabiduría. A través de esta destrucción, comenzó la Era Actual, en la que la Humanidad ha de sostenerse por sí misma. Los hechos tuvieron lugar cuando la conjunción estaba en Libra en 1414. Este fue el comienzo de la nueva era de la ciencia y el conocimiento, que fue y sigue siendo el anhelo de liberarse de los lazos ancestrales. Esto continuó y se hizo aún más intenso cuando la Gran Conjunción entró en Escorpio.

En Escorpio trabajan Seres de una naturaleza muy elevada, pero también los hay con fuertes impulsos marciales. Se convirtió en una cuestión de cómo preservar a la Humanidad de estos dos peligros de Escorpio: las fuerzas atávicas antiguas y las fuerzas marciales. Era particularmente importante que los impulsos marciales fueran revisados. Entonces se le ordeno a Buda a entrar en la esfera ‘marcial’ de Marte con su capacidad de sanación, en 1603, cuando se produjo un Gran Conjunción en Escorpio. En aquel momento se hallaba gente, como Copérnico, Kepler, etc., relacionadas con Escorpio. Fue un momento de gran peligro para la Humanidad, un momento en que la libertad entró en el mundo, pero también el peligro del pensamiento destructivo. Así, podemos ver que la Gran Conjunción de 1603, perteneciente a la corriente de los Pastores, está conectada con Buda. Es la punta del año 7 AC de Buda, de la estrella triangular, que está conectada con el nacimiento sobre el cual leemos en el Evangelio de San Lucas.

1603

Vemos ingresar a esta Gran Conjunción en Sagitario, está ahí ahora, y entrará Capricornio en el próximo siglo. ¿Qué clase de espíritus están trabajando a partir de allí?. Es importante meditar sobre la imagen antigua, el centauro con el arco y la flecha, mitad animal y mitad humano. El objetivo de Sagitario es desarrollar la humanidad, la yoidad. La naturaleza animal se opone a esto y proviene de esa naturaleza ancestral que está conectada con el cosmos. Hay una cierta polaridad aquí que está conectada con Géminis. El anhelo de “libertad espiritual” también pertenece al Cristianismo. Esta humanidad “pastoril” entró en un estado de contradicción. Cada vez que una conjunción tiene lugar en Sagitario, hay acontecimientos decisivos que tienen lugar en la historia. Por ejemplo, la Enciclopedia se creó en 1751 durante una Gran Oposición.

A través de la Enciclopedia, el conocimiento se abrió a todos los seres humanos, fue un paso hacia la libertad. Sin embargo, la Enciclopedia no sólo afecta a la humanidad que lucha por la libertad, sino que también trae consigo ciertas tradiciones que carecen de libertad. Aunque la libertad significa estar libre de las ataduras de la ignorancia,  también puede producir revoluciones. Hay una conexión, en este sentido, con la Revolución Francesa en particular. Sagitario representa al centauro y su poderoso cuerpo equino puede generar oposiciones, incluso revoluciones. Así tenemos en este Sagitario el desarrollo de los Pastores conectados con la Conjunción. El centauro desea convertirse en un ser humano moderno en cuanto al conocimiento, la ciencia, la tecnología y todo lo que está relacionado con ella, pero adjuntado a él se halla ese poderoso apéndice equino, ya en reposo, ya retorciéndose, provocando poderosas emociones y revoluciones.

1663

 

La próxima conjunción será en la constelación de Capricornio, lo que cambiará muchas cosas. Capricornio es la imagen de la cabra montesa. Sus cuernos alcanzan el calor y la luz, pero tiene una cola de pez que se inclina profundamente hacia la Tierra. Esto podría implicar revoluciones, por ejemplo, el uso de la tecnología cósmica o la cosmología. Pero existe la parte del pez, y salvo que la Humanidad sea consciente de esto,  existe un gran peligro en este elemento acuoso de la Tierra. Se plantea la cuestión de si la Humanidad aprenderá a reconocer la naturaleza de su humanización, de aquello que se ha convertido en lo representativo del Cristo.

1961

Uno tiene la impresión de que por mucho que la humanidad moderna intente llegar a las fuerzas cósmicas o a mejoras de todo tipo, especialmente en los ámbitos tecnológicos y científicos, tanto más se va alejando de su envoltura humana real, de aquello que ha sido representado a través de los Hechos del Cristo. La cuestión consiste en si la humanidad moderna reconoce esto. Si no lo hacemos, puede convertirse en una especie de cocodrilo. Capricornio a veces está representado por un cocodrilo. Estamos siendo testigos de la actividad del nacimiento del mundo espiritual en el alma de la Humanidad a modo de curación. Me gustaría decir una vez más que ser un Pastor no sólo corresponde a una parte de la humanidad. Cada uno de nosotros debe portar las tres partes consigo. Tenemos que aprender a amalgamar al Pastor en nosotros, así como a los otros dos restantes. Podemos vislumbrar que la humanidad se encuentra en el momento presente, sobre todo en la víspera de Año Nuevo, haciendo balance por sobre dónde estamos y cuál es el futuro que esperamos.

2021

[Ed. Nota: En el momento de la Gran Conjunción geocéntrica de 1901 en la constelación de Sagitario (signo de capricornio) que pertenece a esta corriente, Rudolf Steiner habló por primera vez acerca de la verdadera naturaleza del Cristo Cósmico. Brindó las conferencias que se publicaron en “El Cristianismo como hecho Místico”. En un cierto momento previo a la conjunción heliocéntrica correspondiente, fue publicado su libro “El Misticismo en los albores de la Edad Moderna”. La introducción es una obra maestra acerca de la libertad, por lo que la incluimos al final de esta publicación].

 

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

 

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El Hombre, hijo del Mundo Estelar.

Conferencia del Dr. Rudolf Steiner pronunciada en Dornach, el  5 de mayo 1921. GA 204

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La Civilización de la Cuarta Época Post-Atlante -el período de evolución del Alma Racional en la Humanidad- fue dirigida desde los Antiguos Misterios Griegos. Es decir: de allí salieron las indicaciones sobre las cuales se basaba la cultura humana, emitida desde los misterios de los Santuarios que existían aquí y allá en Asia Menor y Europa del Sur. Una parte esencial de estas enseñanzas ocultas era el secreto de la relación del hombre con el Sol. En el libro “Teosofía” se explica que el Yo, se enciende en el Alma Intelectual o Racional y entra en posesión con toda su fuerza interior, durante la era de la Consciencia, o del Alma Consciente.

Desde cierto punto vista, el Yo del hombre, durante la Época Cultural del Alma Racional, o del intelecto, estaba destinado a despertarse, era pues natural que los Misterios de esa época estuvieran enfocados en los secretos del Sol y su conexión con el Yo humano. En el libro  “Enigmas de la Filosofía”, se dice que la vida del pensamiento griego consistía en una percepción real del mundo exterior. El pensamiento griego era al mismo tiempo una percepción, al igual que hoy en día percibimos los colores o  los sonidos. Los pensamientos y concepciones de los griegos no se objetivaron simplemente por la actividad interior del alma, sino que nacieron como desde los propios objetos.

En este sentido, el pensamiento de Goethe, poseía sin duda, cualidades comunes con el pensamiento griego. Esto nos queda claro en su famosa conversación con Schiller. Schiller dijo que las concepciones de Goethe no eran percepciones, sino ideas, y hasta Goethe replicó que él realmente veía a las ideas antes de poder percibirlas objetivamente.

La vida pensante en la Antigua Grecia se asoció con una experiencia interior muy definida, que surgía cuando los hombres contemplaban el mundo alrededor. Consideraban que la sustancia de las ideas se encendía en ellos con el amanecer del sol. Con la salida del Sol, veían la aparición en el espacio de la vida de las ideas, y la vida de las ideas desaparecía de nuevo con el ocaso del sol.

Los pensamientos y concepciones de los griegos no fueron traídos a la existencia simplemente por la actividad interna del alma, sino que nacieron como desde los propios objetos.

 Los hombres actualmente han perdido la facultad de percibir y experimentar la espiritualidad del mundo que nos rodea. Cuando se eleva el Sol, sólo ven los fenómenos de la luz y color que allí aparecen. Y lo mismo cuando el Sol llega a su ocaso, por el resplandor rojo de la noche. Los griegos consideraron que al amanecer se les acercaba el mundo de las ideas y  al atardecer desaparecía . A su juicio, en la oscuridad de la noche, estaban privados del mundo de las ideas. Y cuando miraban al cielo, que ahora nos parece azul, los griegos usaban una palabra que simplemente significa “oscuridad”, sintieron que su mundo de ideas llegaba a su fin en los límites del  espacio visible.

Más allá de este mundo espacial, el griego adivinó la existencia de otros mundos, el mundo de los pensamientos de los dioses, que se conectaba con la luz. Este mundo parecía estar concentrado en el Sol viviente, que se retiraba durante la noche dejando oscuros los espacios del firmamento. Sin una visión de este mundo, completamente diferente en la percepción y la experiencia, no podemos entender la evolución de la vida anímica del hombre.

Esta facultad de percepción interior funcionó durante un cierto período de tiempo, pero despues, los representantes más avanzados de la raza humana, que habían recibido su formación en los Misterios Griegos, comenzaron a sentir que estaba menguando el poder de percibir las radiaciones espirituales de la vida Solar en el espacio cósmico, y vieron la salvación en el Misterio del Gólgota, ya que el impulso proveniente del Misterio del Gólgota  hizo posible volver a encender la luz dentro del propio ser. Y trataron de experimentar la luz, al entrar en el Espíritu de los acontecimientos relacionados con el Misterio del Gólgota.

golgota

Ahora bien, el intelecto por sí solo no puede darnos ningún conocimiento real de lo que pasa en la vida de la humanidad a través de los siglos. Cuando estudiamos el curso de la evolución humana, no debemos olvidar la gran metamorfosis, que tuvo lugar en la vida del alma. Desde el comienzo del siglo XV entramos en la época del desarrollo del Alma Consciente y en nuestra  actividad interior, intelectual, sólo tenemos un reflejo oscuro de la espiritualidad que impregnó la vida mental en el cuarto período de la civilización Post-Atlante. Nuestra tarea, es despertar una facultad del alma, que acelere en este intelecto tenebroso, una comprensión del universo. Este intelecto sombrío, característica de toda la cultura moderna, tiene al hombre encadenado a la Tierra. El hombre sólo tiene puesta su mirada hacia las cosas de la Tierra, especialmente cuando se deja influir por las pretensiones de la ciencia moderna. Actualmente pocos se paran a pensar que su ser pertenece, no solo a la Tierra, sino al Cosmos. Necesitamos el conocimiento de nuestra conexión con el cosmos.

astros

Tomamos la vida terrenal como base para desarrollar nuestras ideas y conceptos y construimos una concepción del universo de acuerdo con las condiciones de esta vida terrenal. Estamos desarrollando la imagen del Universo con la simple transferencia de las condiciones terrenales al mundo más allá de la Tierra. Por medio de métodos de análisis  espectrales, y otros, a su manera admirables, se ha creado una concepción del Sol que en realidad es un modelo a semejanza de las condiciones de la tierra. Todo el mundo está familiarizado con la aparición de ese cuerpo de gas luminoso, incandescente, y esta imagen se transfiere al sol en el cielo.

Pero tenemos que aprender a pensar en el sol, a la luz de la Ciencia Espiritual. El Sol, que el físico cree que es un cuerpo luminoso de gas en el espacio cósmico, es espiritual hasta la médula. El Sol recibe la luz cósmica y la irradia a la Tierra, pero el Sol no es físico en absoluto. Es espiritual en toda su naturaleza y ser.

El griego tenía razón cuando sentía que el Sol estaba relacionado con el desarrollo de su yo, y el desarrollo del Yo se asocia con la inteligencia y la facultad de formar ideas. Los griegos concibieron los rayos del Sol como el poder que encendía y aceleraba el Yo. Todavía eran conscientes de la espiritualidad del Cosmos, y el Sol era un ser vivo, relacionado con el Yo humano de una forma absolutamente concreta. Cuando el hombre se dice “Yo” a sí mismo, experimenta una fuerza que está trabajando en su interior, y el griego, al sentir el trabajo de esta fuerza interior, la relacionaba con el sol. El griego se decía a sí mismo: “el Sol y Yo son los aspectos externos e internos de uno y el mismo ser. El sol que hay en el espacio es el  Yo Cósmico. Lo que vive dentro de mí es el Yo humano”.

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De hecho, esta experiencia todavía llega a aquellos que tienen un sentimiento más profundo de la naturaleza. La experiencia no es tan intensa como lo fue en los días de Grecia, sino para todos a los que aún les es posible llegar a ser conscientes de las fuerzas espirituales permanentes de los rayos del sol en primavera. Hay gente aquí y allá que sienten que el Yo está imbuido de un nuevo vigor cuando los rayos del sol comienzan a brillar sobre la Tierra con más fuerza. Pero esto es un eco débil último, una cáscara externa de una experiencia que está desapareciendo por completo en el intelectualismo abstracto, oscuro, predominante en todas las ramas de la actual civilización. La tarea que tenemos ante nosotros es empezar de nuevo a investigar y comprender la relación del ser humano con la existencia supra-terrenal.

Si profundizamos en lo que se encuentra en la literatura antroposófica, seremos capaces de comprender la forma en que se relaciona el Sol con el Yo. Podremos ver que las fuerzas que llegan a la Tierra desde el Sol y la Luna son totalmente diferentes en carácter y función. En cierto sentido, el Sol y la Luna están polarizados. Las fuerzas que fluyen desde el Sol permiten al ser humano  convertirse en el portador de un Yo. Le debemos a los rayos del sol la energía que moldea la forma humana como una imagen del Yo. Las fuerzas que determinan la forma humana desde el exterior, incluso durante el período de vida embrionaria, son las fuerzas activas del Sol. Mientras que el embrión se desarrolla en el cuerpo de la madre, está sucediendo mucho más de lo que sueña la ciencia moderna. La ciencia moderna opina que las fuerzas se originan a partir del mismo germen fecundado. Pero la verdad es que el embrión humano sólo descansa allí, en el cuerpo de la madre; y son las fuerzas solares las que le dan forma. Estas fuerzas solares están, por supuesto, asociadas con las fuerzas de la luna que también están trabajando, pero de una manera diferente.

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Las fuerzas lunares trabajan sobre todo en los procesos metabólicos internos. Por tanto, podemos decir: las fuerzas solares dan forma al ser humano desde el exterior. La Luna irradia como fuerza centrífuga desde el centro del proceso metabólico.

Esto no contradice el hecho de que estas fuerzas Lunares trabajen por ejemplo, en la conformación y moldeado del rostro humano. Las fuerzas de la Luna trabajan como si fuera por atracción, en la formación del rostro humano, diferenciando las características, así hay una interacción entre estas fuerzas lunares y las fuerzas solares. El organismo conectado con la procreación está sujeto a las fuerzas solares; todo el ser del hombre está involucrado de esta manera en la interacción entre las fuerzas del Sol y las fuerzas de la Luna.

Sin embargo debe hacerse una distinción entre las fuerzas Lunares que trabajan en los procesos internos del metabolismo en el hombre, y las fuerzas que se originan en los procesos metabólicos en sí. Las fuerzas lunares fluyen en el proceso metabólico, pero este proceso metabólico tiene también sus propias fuerzas. Y estas son las fuerzas terrenales. Las sustancias y fuerzas vegetales así como otros productos alimenticios trabajan en el ser humano en virtud de su propia naturaleza inherente. Trabajan aquí, como fuerzas de la Tierra. El metabolismo es principalmente el resultado de la actuación de las fuerzas de la Tierra.

Si las sustancias alimenticias fueran las únicas en desplegar sus propias fuerzas dentro del organismo humano, el hombre no sería nada más que un juego caótico de fuerzas. El hecho de que estas fuerzas trabajen sin descanso para renovar y reconstruir el ser del hombre, no se debe solo a la Tierra, también se deben a la Luna. El ser humano tiene la forma de adentro hacia afuera por las fuerzas de la luna, y desde el exterior hacia el interior por las fuerzas del sol, debido a que los rayos solares son recibidos por el ojo en la organización cefálica. Las fuerzas solares trabajan en el organismo, pero desde fuera.

sol-luna

Así, tenemos por un lado, el desarrollo y la evolución del yo del hombre, que depende de las fuerzas del sol. Sin el Sol, el hombre no podría ser un Yo viviente en la Tierra y, por otro el hombre no podría reproducirse, no podría existir el género humano sin las fuerzas de la Luna. Es el Sol el que coloca al hombre como individualidad en la Tierra, y es la Luna  la que “encanta” a la raza humana a la Tierra, la raza humana concebida aquí como un todo. La raza humana como el producto físico de las generaciones, es un producto de las fuerzas de la Luna, que trabajan en el proceso generativo. Como individualidad, el hombre es el producto de las fuerzas solares.

Por tanto, si queremos entender el ser humano y la raza humana en su conjunto, no podemos hacerlo a través de un estudio que se limite solamente a las condiciones de la Tierra. Vanos son los esfuerzos de los geólogos por entender al ser del hombre mediante la investigación de la naturaleza. El hombre no es sólo una creación de la Tierra. Recibe  la forma del cosmos, es un descendiente del mundo de las estrellas, sobre todo, del Sol y la Luna. De la Tierra se derivan solamente aquellas fuerzas que están contenidas en los productos de la tierra. Estas fuerzas trabajan fuera del ser humano y también dentro de él cuando se introducen en el organismo a través de la alimentación. Pero una vez introducidas en el organismo, son asumidas por fuerzas de orden supra-terrenal. El proceso que tiene lugar en el organismo humano no es en absoluto un asunto de la tierra. Este proceso transcurre por y a través del mundo de las estrellas. Este es el tipo de conocimiento, que debemos esforzarnos por recuperar.

Pensemos en el ser humano tal y como se muestra ante nosotros en su cuerpo físico. Este cuerpo físico necesita consumir los productos alimenticios procedentes del mundo exterior y las fuerzas de esos alimentos continúan trabajando en el cuerpo. Pero el cuerpo físico, está permeado por el cuerpo astral y en el cuerpo astral trabajan activamente las fuerzas lunares y las fuerzas solares. El cuerpo etérico media, entre el cuerpo físico y el astral.

Cuando estudiamos las fuerzas que obtenemos de los alimentos, nos encontramos, para empezar, con que estas fuerzas se activan en el cuerpo físico, después se absorben por el cuerpo astral que a su vez recibe constantemente la influencia del Sol y de la Luna. Pero entre el cuerpo físico y el cuerpo astral actúa el cuerpo etérico. Las fuerzas del cuerpo etérico no provienen de la Tierra, sino del espacio cósmico. Cuando ingerimos los productos de la tierra, acogemos en nuestro ser las sustancias terrenales en su condición sólida, líquida o gaseosa, y ellas son metabolizadas por las fuerzas del Sol y de la Luna. Pero en el organismo humano también trabajan las fuerzas que fluyen del espacio cósmico. Las fuerzas contenidas en los alimentos vienen de la Tierra, pero desde el espacio cósmico fluye una corriente de fuerzas etéricas. Estas fuerzas etéricas también las asimilan los productos alimenticios y trabajan sobre ellos de tal manera que se hacen interiormente sensibles a la luz y al calor. Decimos, por lo tanto: el ser humano es parte de la Tierra, porque tiene un cuerpo físico. Su cuerpo etérico le relaciona con todo el ambiente de la Tierra. A través de su cuerpo astral está involucrado en las fuerzas del Sol y de la Luna.

Ahora bien, estas influencias astrales del Sol y la Luna se modifican y  diferencian en alto grado a medida que trabajan en el hombre “superior”.  Por hombre “superior” entendemos la parte del organismo que está rodeada y atravesada por el torrente sanguíneo que pasa hacia arriba desde el corazón en la dirección de la cabeza. Por la parte “inferior” del hombre, entendemos la parte situada por debajo del corazón.

Así tenemos que la parte superior del hombre, incluyendo la cabeza y todo lo que está orgánicamente conectado con la cabeza. La formación de esta parte del organismo depende, principalmente, de las influencias del sol. Su período más importante del desarrollo es durante la vida embrionaria. La influencia del Sol trabaja sobre el embrión de una manera muy especial, pero estas influencias siguen estando activas mientras el ser humano viva en el mundo físico entre el nacimiento y la muerte.

 Las influencias astrales que trabajan en esa parte del organismo humano se encuentran por encima del corazón, hablando a grandes rasgos, (ya que sería necesario entrar en detalles más precisos si estuviéramos describiendo la circulación de la sangre), estas influencias astrales después son modificadas por las influencias de Saturno, Júpiter y Marte.

Saturno en su órbita alrededor del Sol desarrolla fuerzas y las envía a la Tierra. Estas fuerzas de Saturno trabajan en el cuerpo astral del hombre, sobre todo en la parte del cuerpo astral que corresponde al hombre «superior». Estas corrientes se impregnan en el cuerpo astral del hombre y son el factor esencial en el logro de una conexión adecuada entre el cuerpo astral y el cuerpo físico.

Por ejemplo, cuando el hombre no puede dormir bien, es decir, cuando su cuerpo astral no puede desprenderse adecuadamente de su cuerpo etéreo y físico y cuando al despertar no puede volver a integrarse adecuadamente al cuerpo físico, es consecuencia de un efecto inapropiado de las fuerzas de Saturno.

 En otras palabras, Saturno es el cuerpo celeste que, a través de la cabeza humana, promueve y se responsabiliza de establecer la relación adecuada del cuerpo astral del hombre con su cuerpo etérico y su cuerpo físico. Y son las fuerzas de Saturno también las que median en la relación del cuerpo astral y el Yo, porque la relación de Saturno con el Sol se expresa en el tiempo y el espacio ya que Saturno logra su órbita alrededor del Sol en un período de treinta años.

En el ser humano, la relación de Saturno con el Sol se expresa en una adecuada relación del yo con el cuerpo astral, pero fundamentalmente en la adecuada integracion del cuerpo astral en la organización humana. La conexión de Saturno con la parte superior del cuerpo astral se consideró como un factor de gran importancia en los tiempos antiguos. En el período egipcio-caldeo, tres o cuatro mil años antes del Misterio del Gólgota, los maestros iniciados de los Misterios juzgaban al ser humano de acuerdo con su relación con Saturno, que se revelaba por la fecha y hora del nacimiento. Estos iniciados, sabían muy bien que por la posición de Saturno en el cielo en el momento del nacimiento del hombre, se sabía exactamente si bajo esta o aquella constelación saturnina el ser humano podía integrar mejor o peor su cuerpo astral  en su cuerpo físico. El conocimiento de estas influencias jugaban un papel muy importante en los aquellos tiempos.

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 Pero el progreso ulterior de la evolución se denota precisamente por el hecho de que en nuestra época, que, como ustedes saben, se inició en el siglo XV, tenemos que liberarnos de estas fuerzas e influencias.

Por favor, no me malinterpreten. Esto no quiere decir que Saturno no esté obrando en nosotros hoy en día. Naturalmente, las fuerzas de Saturno obran en nosotros, de la misma manera como obraban en la antigüedad, pero ahora debemos aprender a hacernos libres e independientes de ellas. ¿Y cómo podemos liberarnos?. Nada es peor que entregarse al sombrío intelectualismo de nuestra época. Si hacemos eso, las fuerzas de Saturno toman rienda suelta en nosotros y dan lugar a los llamados trastornos nerviosos que son tan frecuentes en estos tiempos. Cuando un hombre sufre de «nervios», como decimos, es porque su cuerpo astral no está bien conectado con su organización física. Esta es la base de los síntomas nerviosos mórbidos que son tan comunes hoy en día.

Debemos esforzarnos en desplegar una cosmovisión apropiada para alcanzar la Imaginación. Cuando se persiste en representaciones de ideas y conceptos abstractos, el ser humano se torna cada vez más nervioso, porque se aleja de la actividad saturnina, pero como ella sigue actuando en su interior, lo vapulea de aquí para allá, extrayendo el cuerpo astral de su sistema nervioso, y lo conducirá mas y mas a un estado de tensión nerviosa y excitabilidad. Los trastornos nerviosos de nuestra época deben ser reconocidos en su aspecto cósmico, porque ellos son causados por un funcionamiento irregular de las fuerzas de Saturno.

Al igual que Saturno trabaja principalmente en la parte superior del cuerpo astral actuando sobre todo el organismo humano a través del sistema nervioso, Júpiter está activo en el pensamiento. Cuando un hombre piensa, una parte de su cuerpo astral entra en actividad. Son preeminentemente las fuerzas de Júpiter en el cuerpo astral las que fortalecen la facultad de pensar, y Júpiter es el responsable de permear el cerebro humano con las fuerzas astrales.

Las influencias de Saturno continuarán a lo largo de toda la vida humana. El comienzo de una vida humana realmente se puede decir que consta de los tres primeros períodos de diez años. Este es el período de crecimiento, de hecho la actividad de las fuerzas de crecimiento no cesan hasta después de los 30 años. Y toda nuestra vida y nuestra salud depende de cómo se desarrolle nuestro cuerpo astral durante esos treinta años. Saturno tarda treinta años en completar su órbita alrededor del Sol, lo que tiene su paralelo exacto en la vida del hombre.

El desarrollo de la facultad de pensar se lleva a cabo fundamentalmente durante los primeros doce años de vida. Una vez más nos encontramos con el paralelismo de la órbita de Júpiter.

Al igual que Júpiter tiene que ver con el pensamiento, Marte tiene que ver con  el habla, con el discurso.

♄ – Saturno: Parte superior del cuerpo astral como un todo.
♃ – Júpiter: Pensamiento
♂ – Marte: El habla, el discurso

Marte trabaja en una parte aún más pequeña del cuerpo astral que la que corresponde al pensar y al resto de la organización humana. Y el desarrollo de las fuerzas que finalmente se expresan en el lenguaje, depende del funcionamiento de Marte dentro de nuestro ser. El hombre aprende a pronunciar los primeros sonidos del habla en un período que corresponde aproximadamente a la mitad del tiempo requerido por Marte en completar su órbita alrededor del sol.

Vemos, entonces, que el desarrollo de las facultades situadas principalmente en la región de la cabeza humana está conectada con las fuerzas de Saturno, de Júpiter y de Marte. Las fuerzas de los tres planetas exteriores, por lo tanto, trabajan en el interior del cuerpo astral a través de la vida del hombre.

El Sol se conecta más directamente con el Yo, Saturno, Júpiter y Marte se refieren, respectivamente, con el comportamiento y el funcionamiento del cuerpo astral en el organismo humano, con la facultad de pensar y con la facultad de hablar.

Ahora llegamos a los planetas llamados interiores, los planetas que están más cerca de la Tierra y se encuentran entre la Tierra y el Sol, mientras que Saturno, Júpiter y Marte están al otro lado del sol. Las fuerzas de estos planetas interiores están igualmente conectadas con el ser del hombre. Para empezar, estudiemos a Mercurio.

Al igual que la Luna, Mercurio se relaciona con los aspectos mas internos, solo que a nuestro parecer, actúa desde el exterior, pero sus efectos comienzan en esa parte de la organización humana que se encuentra debajo del corazón y es sólo en relación con la formación del rostro humano que Mercurio trabaja desde el exterior. Sus fuerzas operan sobre la organización humana interna y desde allí son irradiadas. Allí actúa preponderantemente mediando entre los efectos del cuerpo astral y toda la actividad respiratoria y circulatoria de la organización humana. Debido a que esto, las fuerzas de mercurio intervienen, al igual que las fuerzas de la luna, en los procesos metabólicos en su conjunto, pero sólo en la medida en que el proceso metabólico está sujeto al ritmo y reacciona a su vez sobre las funciones rítmicas.

Luego tenemos a Venus. Venus trabaja por excelencia en el cuerpo etérico del hombre. Las fuerzas cósmicas activas principalmente en el cuerpo etérico, por lo tanto, son las de Venus.

Volvemos de nuevo a la Luna. Las fuerzas de la Luna en el organismo humano actúan polarizándose con las fuerzas del sol. Y además es lo que desde el interior transforma la sustancia en vida y por lo tanto está relacionada con la procreación. La Luna estimula no sólo los procesos internos, la reproducción del organismo, sino también el proceso procreador. Así tenemos:

Saturno ♄:  La parte superior del cuerpo astral como un todo.
Júpiter ♃: Pensamiento.
Marte ♂: Discurso.
Sol ☼: Yo.
Mercurio ☿: Intermediario entre el cuerpo astral y las funciones rítmicas en el organismo.
Venus ♀: Actividad del cuerpo etérico.
Luna ☾: Estimula la reproducción.

Vemos de qué manera los procesos en el organismo humano dependen del Cosmos. Por un lado, el hombre está ligado a las fuerzas terrestres a través de su cuerpo físico y por el otro está ligado a su entorno cósmico a través del cuerpo etérico.

Las fuerzas cósmicas, sin embargo, funcionan de manera diferente tal y  como he expuesto. Esta diferenciación se origina en el cuerpo astral en el que se encuentran las fuerzas de Saturno, Júpiter, Marte, Venus, Mercurio, la Luna. Por medio del Yo, el Sol actúa en el hombre.

Por el hecho de que el ser humano se halla integrado en el cosmos es muy distinto si esta en un punto de la tierra y digamos Júpiter le aspecta o si esta en otro lugar y Júpiter esta oculto por la tierra. En el primer caso los efectos son directos y en el otro caso la tierra esta interfiriendo. La diferencia en ambos casos es muy significativa, como hemos dicho Júpiter se relaciona con el pensar.

Supongamos que, como resultado de sus encarnaciones anteriores un hombre tiene dentro de sí fuerzas que le predestinan a ser un pensador en la vida en la tierra sobre la que está entrando. Él se prepara para su descenso a la Tierra y recibe todos sus efectos jupiterianos sin ninguna interferencia. Su cerebro en este caso se transformara muy especialmente hacia el pensar; es como si recibiese una buena dote para la actividad del pensar. De haber sido otro el caso, por ejemplo en el que todo aquello que proviene de las sustancias terrenas está siendo transformado por los efectos lunares, los que de un modo u otro siempre están allí, el ser humano no llega a desarrollar un pensar significativo y su conciencia permanece algo torpe y poco clara.

Tomemos el caso de un ser humano que posee fuerzas de este tipo, que provienen de una encarnación previa y las que por ende en la vida terrena que tiene que comenzar ahora lo predestinan a desarrollar el pensar, a llegar a ser especialmente culto. Al elegir el momento de bajar a la tierra opta por un tiempo en el que Júpiter,  tenga un periodo de revolución tal que a él le aspecte directamente. De esta manera, las constelaciones celestes proporcionan aquello para lo que está predestinado el ser humano, condiciones determinadas por sus vidas terrenales anteriores.

En la era del Alma Consciente, por supuesto, es la tarea del hombre es ir liberándose poco a poco, hacerse libre de estas influencias. Pero debe liberarse de ellas por el camino correcto.

Al hablar de la influencia de Saturno, insinué que es necesario reemplazar el intelectualismo abstracto y sombrío por un desenvolvimiento imaginativo y visualmente presente.  En el libro “Cómo se adquiere el conocimiento de los mundos superiores” se dan indicaciones que, si se siguen correctamente, pueden hacernos independientes de las fuerzas cósmicas, aunque, no obstante, estas fuerzas cósmicas sigan trabajando en nuestro ser.

El hombre nace en la Tierra en las condiciones determinadas por una constelación en los cielos, pero él mismo debe equiparse con las fuerzas que le ayuden a independizarse correctamente de esta constelación. Ese es el tipo de conocimiento, el conocimiento de la relación del hombre con el cosmos más allá de la Tierra, que nuestra civilización debe alcanzar. El hombre debe aprender a darse cuenta de que las fuerzas de la herencia descritas por la ciencia moderna no son las únicas fuerzas que trabajan en su organismo, imaginar una cosa así, mis queridos amigos, es la más pura tontería. Es una tontería pensar que el organismo materno contiene aquellas fuerzas que se transmiten por herencia y así construyen un corazón, un hígado y otros órganos. No habría corazón en el organismo humano si el Sol no lo construyera en el organismo del hombre, ni habría un hígado si Venus no lo colocara en el organismo. Y así con cada órgano. Su presencia en el organismo humano es debida a la acción de las fuerzas cósmicas.

Estas son las cosas que la humanidad debe volver a aprender, a comprender. El hombre debe darse cuenta de que el misterio de su ser no puede ser explicado por una ciencia que se ocupa sólo de los fenómenos terrestres. En torno al hombre viven otras criaturas – y ellas también son algo más que criaturas de la Tierra. En primer lugar parece, como si los minerales fueran totalmente de naturaleza terrenal. Sin embargo, en los minerales, también se han producido cambios que se deben a las fuerzas que trabajan en el entorno cósmico de la Tierra. De modo que todos los metales en la medida que cristalizan, existen en su forma porque, de algún modo su existencia depende de las fuerzas extra terrenas, porque habían sido creados cuando la Tierra no poseía  todavía su propia fuerza formadora sino que todavía actuaban fuerzas externas sobre ella. Las fuerzas curativas contenidas en los minerales, sobre todo en los metales, están conectadas con la forma en que estos metales se formaron dentro de la Tierra por la acción de fuerzas cósmicas.

En la primera época de la post-Atlante, cuando la civilización de la antigua India estaba en su mejor momento, el hombre se sentía y sabía a sí mismo como un ciudadano del universo entero. A pesar de que todavía no había desarrollado las fuerzas que la humanidad moderna está tan orgullosa de poseer, él era, en el verdadero sentido de la palabra, el hombre. En el momento de la época caldea, sin embargo, la atención del hombre ya había empezado a desviarse del sol. En cierto modo se había convertido en una especie de anfibio,  una criatura que se siente agradecida cuando los rayos del Sol se derraman sobre ella, y no tiene que estar confinada en su oscura madriguera. Pero en nuestro tiempo no se puede decir que el hombre ni siquiera se asemeje a una criatura como el topo, porque realmente es mucho más parecido al gusano que tiene ojos como mucho de lo que ha sido enviado al espacio desde la Tierra y vuelve de nuevo en forma de lluvia. Esto es realmente lo que se percibe en cuanto a fuerzas extra-terrenas. En su materialismo el hombre de hoy se ha convertido en un gusano. Él debe elevarse por encima del gusano, pero sólo puede hacerlo reconociendo su  conexión con el cosmos más allá de la Tierra.

Nuestra tarea entonces, es elevarnos por encima del estado de lombriz en la que nuestra civilización ha caído, y traer una nueva vida espiritual a la existencia.

Traducido por Gracia Muñoz.

La misión del maniqueísmo

(Edouard Schuré – del libro “Tratado de Cosmogonía)

SEGUNDA LECCIÓN

La diferencia entre las fraternidades ocultas antes y después del Cristianismo, es que antes se dedicaban a conservar las tradiciones sagradas y que después tuvieron por objetivo principal el de formar el futuro. La Ciencia Oculta no es una ciencia abstracta y muerta, sino una ciencia activa y viviente. El Ocultismo Cristiano procede, en gran parte, de los Maniqueos, cuya tradición está siempre viva, y cuyo fundador, Manes, vivió sobre la Tierra trescientos años después de Jesucristo. Lo esencial de la doctrina maniquea se refiere al Bien y al Mal. Para la opinión vulgar, el Bien y el Mal son dos cosas absolutamente irreductibles, de las cuales, una, el Bien, debe destruir a la otra, el Mal.

Para los Maniqueos, el Mal, por el contrario, es una parte integrante del Cosmos, que colabora con su evolución y que finalmente debe ser absorbido y transfigurado por el Bien. La gran originalidad del Maniqueísmo es la de estudiar la función del Mal y del Dolor en el Mundo. Para comprender el desenvolvimiento de la humanidad, es necesario contemplarlo desde lejos y desde arriba, abarcándolo en conjunto. Si no es así no podemos tener grandes ideales. Y sería un error gravísimo creer que el Ideal no es necesario para la acción. Un hombre sin ideal carece de fuerza. El papel del Ideal en la vida es como el del vapor en la máquina. El vapor encierra en alguna forma, en un pequeño espacio, una inmensidad de espacio condensado. De ahí su tremenda fuerza de expansión. Y así es también la fuerza mágica del pensamiento en la vida. Elevémonos hasta el pensamiento ideal de la humanidad en conjunto y tomemos el hilo de su evolución a través de las diferentes épocas.

Muchos sistemas, como el de Darwin, buscan igualmente ese hilo conductor. No es necesario negar la grandeza del Darwinismo. Pero ese sistema no explica la evolución integral del hombre, puesto que no contempla más que sus elementos inferiores. Y lo mismo ocurre con toda explicación puramente física que ignore la esencia espiritual del hombre. Y es así como la hipótesis evolucionista que se basa únicamente en los hechos físicos, atribuye al hombre un origen animal, porque ha constatado que el hombre fósil carecía de frente. Ahora bien: el Ocultismo, para el que el hombre físico no es más que la expresión del hombre etérico, contempla las cosas desde un aspecto completamente distinto. Actualmente el cuerpo etérico del hombre tiene la misma forma que el cuerpo físico, aunque lo sobrepasa ligeramente. Pero cuanto más retrocedemos en la historia, tanta mayor desproporción encontramos entre la cabeza etérica y la física y tanto más grande era aquella. Esto puede observarse más notablemente en un período de desenvolvimiento terrestre que precedió al nuestro. Los hombres de entonces se llamaban los “Atlantes”. Los geólogos están comenzando ahora a descubrir las huellas de la antigua Atlántida, los minerales y la flora de este continente que se hundió en el océano que lleva su nombre. Todavía no se han encontrado las huellas del hombre de esa época, pero pronto se encontrarán. Las profecías ocultas han precedido siempre a la historia oficial.
En las razas europeas que sucedieron a los atlantes comenzó a desarrollarse la parte frontal de la cabeza, pero entre los atlantes, la parte en que se encontraba la conciencia estaba fuera de la frente, en la cabeza etérica. Ahora esta parte se encuentra en el interior de la cabeza física, próxima a la raíz de la nariz.

Lo que la mitología germana designa con el nombre de Nifelheim o Nebelheim, país de la niebla, era el país de los atlantes. En efecto, en esa época la tierra era mucho más caliente y estaba envuelta en una nube constante de vapores. El continente de los Atlantes fue destruido por una serie de diluvios, a raíz de los cuales se aclaró la atmósfera terrestre. Sólo después de este acontecimiento apareció el cielo azul, así como las tempestades, la lluvia y el Arco-Iris. Y he aquí el motivo por qué después que se detuvo el Arca de Noé, dijo la Biblia que el Arco-Iris se presentó como nuevo signo de alianza entre Dios y el hombre.

El yo de la raza Aria no podía tornarse consciente sino mediante la centralización del cuerpo etérico dentro del cerebro físico. Fue entonces solamente cuando el hombre comenzó a decir “yo”. Los Atlantes hablaban de sí mismos en tercera persona. El Darwinismo ha cometido muchísimos errores en la diferenciación que establece entre las razas que se encuentran actualmente en el globo. Las razas superiores no descienden de las razas inferiores, sino que, por el contrario, las razas inferiores son degeneraciones de las superiores que las han precedido.

Supongamos que vemos dos hermanos: uno inteligente y hermoso y el otro feo e idiota. Ambos son hijos del mismo padre. ¿Qué diríamos del hombre que creyera que el inteligente y hermoso descendía del idiota y feo? Ese mismo es el error que el Darwinismo comete al estudiar el asunto de las razas. El hombre y el animal tienen un origen común: los animales son una decadencia o degeneración del antecesor común del cual el hombre fue el desenvolvimiento superior. Sin embargo, esto no debe volvernos orgullosos, porque sólo gracias a los reinos inferiores es que las razas superiores han podido desarrollarse.

El Cristo, al lavar los pies de los Apóstoles, es el símbolo de la humildad del iniciado ante sus inferiores.

El Cristo, al lavar los pies de los Apóstoles (San Juan, XIII) es el símbolo de la humildad del iniciado ante sus inferiores. El iniciado debe su existencia a los no iniciados. De ahí la profunda humildad de aquellos que saben ante aquellos que no saben. La faz trágica del desenvolvimiento cósmico reside en el hecho de que una clase de hombres debe humillarse para que otra pueda elevarse. Esto explica las hermosas palabras de Paracelso cuando dijo: “He contemplado todos los seres, piedras, plantas y animales, y me han parecido como letras desparramadas de las cuales el hombre era la Palabra viva y completa”. En el curso de la evolución humana y animal, lo inferior desciende de lo superior; lo que se desprende y muere se separa de lo viviente.

El mal y el bien se encuentran todavía en el hombre, de la misma manera en que antiguamente se encontraban también en él los animales. Las contradicciones que hay en el hombre, la forma en que los diversos elementos se combinan en él, constituyen su Karma, su Destino. Y de la misma manera en que el hombre se desprendió del animal, así también se desprenderá a su tiempo del Mal pero nunca jamás pasó por una crisis más violenta que en la hora actual. He aquí el sentido oculto del Maniqueísmo. Quiere elevar a los hombres al rango de Salvadores y Redentores. Todo lo que está caído será levantado. Es menester que el Maestro sea el Servidor de todos. La verdadera moral surge de la comprensión de las grandes leyes del Universo.

Relaciones kármicas – Volumen II, conferencia XI

Conferencia del Dr. Rudolf Steiner pronunciada en Dornach el 18 de mayo de 1924. GA236

English Versión

Si queremos comprender la verdadera naturaleza del karma, es de suma importancia centrar nuestra atención en lo que, desde el Cosmos, participa en la evolución de la humanidad. Con el fin de poder ser capaces de dirigir nuestra atención a los seres que desde el universo juegan un papel en la evolución humana, vamos a considerar, en primer lugar, la conexión del hombre con los seres que pertenecen a la Tierra. En ella vemos al hombre rodeado de seres del reino mineral, vegetal y animal. Como ya sabemos, estos tres reinos naturales existen en él en una forma superior.

A través del cuerpo físico, el hombre está relacionado con el reino mineral. El ser humano, eleva lo que se encuentra en el reino mineral exterior, a una forma superior. A través de su cuerpo etéreo está emparentado con el reino vegetal, elevando a una forma superior lo que de otra manera se encuentra en el reino vegetal. Y lo mismo puede decirse del cuerpo astral del hombre en relación con los seres del mundo animal. Por tanto, cuando pensamos en el entorno espacial del hombre, podemos darnos cuenta de que lleva dentro de él los reinos mineral, vegetal y animal. Y así como el hombre lleva en él los reinos de la Naturaleza, que encontramos en el espacio, también lleva en sí respecto al tiempo, no al espacio, los reinos de las Jerarquías Superiores. Y sólo podremos entender el karma humano en todos sus aspectos, cuando sepamos cómo trabajan los diversos reinos de las Jerarquías sobre el hombre en el transcurso de su vida terrenal.

Al considerar cómo trabaja el reino mineral sobre el hombre, podemos ver los procesos relacionados con la nutrición. Por cualquier medio de alimentación, el hombre mineraliza, en primer lugar lo que acoge de los reinos que se encuentran por encima de la condición mineral. Pasando al reino vegetal, sabemos que el hombre tiene dentro de sí las fuerzas vitales. Respecto al reino animal, vemos que a través de su cuerpo astral el hombre eleva lo que es mera vida a una esfera superior, al reino de las sensaciones. En resumen, en el organismo humano podemos seguir la secuencia de los procesos de los tres reinos de la Naturaleza. De la misma manera podemos sentir el trabajo de las Jerarquías Superiores en la vida anímica y espiritual del hombre.

La naturaleza mineral, vegetal y animal del hombre se puede entender a la luz de los procesos que operan en los tres reinos de la naturaleza, en el espacio. Paralelamente, podemos entender en el tiempo, las Fuerzas Anímicas Superiores, que operan en la vida del hombre.

Para empezar, vamos a considerar el destino humano y tratar de entender cómo los reinos de las Jerarquías trabajan en él. Pero aquí tendremos que mirar, no lo que está presente simultáneamente en el hombre, es decir, el cuerpo físico, el cuerpo etérico y el cuerpo astral. En relación al trabajo de las Jerarquías Superiores, debemos observar lo que sucede en la vida terrenal del hombre  desde el punto de vista anímico espiritual, considerando la sucesión del tiempo.

En nuestros estudios antroposóficos siempre hemos reconocido distintos períodos en el curso de la vida humana:

  • desde el nacimiento hasta el cambio de dientes alrededor de los 7 años. A partir del cambio de los dientes hasta la pubertad, a los 14 años;
  • desde la pubertad hasta los 21 años, donde la diferenciación es menos perceptible;
  • desde los 21 a los 28 años;
  • desde los 28 hasta los 35, desde los 35 a los 42, desde los 42 hasta los 49; desde los 49 hasta la 56, y así sucesivamente.

En cuanto a lo que está más allá de los 56 años hablaré en el próximo estudio. Hoy vamos a considerar el curso de la vida humana hasta los 56 años.

Tenemos por tanto tres septenios de la vida hasta los 21 años, luego otros tres septenios (21-42 años) y así sucesivamente. El hombre es el único ser capaz de decirse “yo” , a sí mismo, pero sobre este Yo, actúan muchas fuerzas. Desde el punto de vista exterior, en el “yo” trabajan fuerzas minerales, vegetales y los animales y observado interiormente, desde el aspecto anímico espiritual está influenciado por las Jerarquías Superiores: Tercera Jerarquía, (Ángeles, Arcángeles y Arkáis), Segunda Jerarquía (Exusiai, Kyriótetes, Dynamis) y Primera Jerarquía (Serafines, Querubines y Tronos).

Estos Seres sin embargo, no hacen todo el trabajo en el curso de la vida del hombre de la misma forma. Incluso exteriormente, hay una diferencia en las influencias, que tienen efecto en el ser humano de acuerdo con su edad, con el tiempo. Podemos decir que la parte exterior del hombre está expuesta a las diferentes etapas que recorren su biografía.

Los septenios en el hombre

Cuando observamos un bebé, al comienzo mismo de la vida terrenal, encontramos especialmente marcado en él un creciente y próspero proceso de edificación y desarrollo, algo característico del reino animal. Si tenemos en cuenta la última parte de la vida, los años que nos llevan a la vejez, encontramos evidentes procesos de mineralización. El organismo se vuelve esclerótico y quebradizo. Debido a que este proceso de mineralización es más sutil e íntimo en el hombre, funciona con más fuerza en él que en los animales, con la excepción de los animales superiores, debido a condiciones en las que no voy a entrar ahora, lo trataré en una ocasión posterior. Mientras que en los animales, comienza enseguida la detención del flujo de las fuerzas vitales, el hombre realiza importantes fases de su desarrollo dentro del periodo de disminución de estas fuerzas vitales, comenzando esta en la década de los treinta. Y muchas cosas de enorme importancia cultural, en la evolución de la humanidad, simplemente no existirían si los seres humanos se desarrollaran de la misma manera que los animales, que no aportan nada a la vejez.

Los seres humanos pueden llevar mucho a la ancianidad, y muchos logros trascendentales se deben a lo que ha sido así llevado hasta la ultima parte de su vida, en el período de su declive físico, cuando el proceso de mineralización es particularmente evidente. Es claramente perceptible que en el comienzo de la vida terrenal predomina la naturaleza animal, al final de la vida terrenal, la naturaleza mineral, y en el período intermedio de la vida, la naturaleza vegetal.

Sin embargo, el obrar de las Jerarquías Superiores en el ser humano hace la diferencia aún más clara y enfática. En la primera infancia es la Tercera Jerarquía: Ángeles  Arcángeles  y Arkais, la que trabaja con particular fuerza en la vida del alma y el espíritu. La actividad de esta Tercera Jerarquía alcanza, hablando con propiedad, los tres primeros septenios de la vida. Los Ángeles, Arcángeles y Arkais trabajan a lo largo de este período. En el niño, el organismo está siendo construido constantemente por el alma y el espíritu. Esta actividad lo abarca casi todo, y en ella trabajan fuerzas de la Tercera Jerarquía.

A los 14 años comienza a trabajar la Segunda Jerarquía (Exusiai, Dynamis, Kyriótetes o Potestades, Virtudes y Dominaciones). De tal forma que (ver dibujo) que entre los 14 y 35 años tenemos que escribir Potestades, Virtudes y Dominaciones. Como pueden ver, en el periodo entre los 14 y los 21 años actúan simultáneamente sobre el hombre la segunda y la tercera Jerarquía. Es en el septenio de los 21-28 años cuando sólo está presente el obrar de la Segunda Jerarquía.

En la pubertad, los grandes procesos cósmicos, que hasta ese momento no estaban actuando en el ser humano, comienzan en cierta medida, a participar activamente en él. Poca reflexión es necesaria para percibir que el hombre es capaz de procrear, está preparado para acoger aquellas fuerzas cósmicas que actúan en él en el instante en que ha de tener lugar una concepción o nueva creación física en el ser humano. Antes de esa edad estas fuerzas cósmicas no están presentes. Es en el organismo donde tiene lugar esta transformación y, a través de ella, se envían a éste fuerzas más poderosas de las que previamente contenía. Estas poderosas fuerzas no están presentes en el niño antes de esa edad. El niño carece de ellas, aunque las contiene de una forma aun débil, y obran sólo sobre el alma en la vida terrenal, no en el cuerpo.

A los 35 años comienza un período donde el ser humano se vuelve más débil con respecto a sus fuerzas anímicas, se hace menos capaz de soportar la aparición de las fuerzas destructivas en su organismo. Antes de esta edad,  el propio organismo constituye un apoyo fundamental, por su tendencia inherente a fomentar lo constructivo. Esta tendencia se prolonga a lo largo de la década de los treinta, pero entonces comienza a predominar una tendencia destructiva. Este proceso de destrucción no puede ser contrarrestado ni siquiera por las fuerzas que emanan de los Seres de la Segunda Jerarquía.

A partir de entonces el alma debe recibir suficiente apoyo desde el cosmos para impedir que el curso normal de la vida desemboque en la muerte a la edad de 35 años. Porque si hasta los 21 años sólo trabajaran los seres de la Tercera Jerarquía y, después, desde los 14 hasta los 35 años, sólo los Seres de la Segunda Jerarquía, estaríamos maduros para la muerte a la edad de 35 años, es decir en la mitad del curso de la vida terrenal, a no ser que el cuerpo se siguiera manteniendo por pura inercia. Pero esto no llega a suceder porque no ya desde los 35 años, sino desde los 28, y de nuevo durante tres periodos de siete años, hasta los 49, obran en el hombre las entidades de la Primera Jerarquía: Serafines, Querubines y Tronos.

Una vez más hay un septenio, entre los 28 y los 35 años, donde la Segunda y la Primera Jerarquía trabajan conjuntamente.  Así, en realidad, la Segunda Jerarquía funciona por sí misma durante el período comprendido entre los 21 y los 28  años de edad.

Como he dicho antes, vamos a considerar el último período de la vida en la próxima conferencia. Naturalmente, dirán: Pero ¿está el ser humano a partir de los 49 años abandonado por todas las Jerarquías?. Estudiaremos esta posibilidad en otra ocasión. Lo que estamos estudiando hoy no tiene por qué ser aplicado solo a los que están por debajo de la edad de 49 años. Para empezar, sin embargo, debemos aprender a conocer cómo vierten sus fuerzas las Jerarquías, en el curso de la biografía humana.

Naturalmente, no hay que pensar que estos asuntos pueden ser adecuadamente estudiados poniéndolos de una manera esquemática. Esto es imposible cuando tenemos que entrar en las regiones de una vida superior.

Durante muchos años he estado hablando del hombre como un ser tripartito: el hombre cefálico (neuro-sensorial), el hombre rítmico, y el hombre metabólico. Un profesor dedujo de ello ¡lo que deducen los profesores!  que yo había dividido al hombre en tres -la cabeza, el pecho y el sistema abdominal-; lo hizo así porque puso esquemáticamente una cosa al lado de la otra. Pero yo siempre he puesto el acento en que el sistema neuro-sensorio está realmente concentrado en la cabeza, pero por otro lado, se extiende por todo el hombre. Lo mismo sucede respecto al sistema rítmico. Las cosas vivas simplemente no se pueden poner una al lado de la otra,  espacialmente.  De la misma manera no se debe concebir la secuencia del funcionamiento de Ángeles, Arcángeles y Arkais limitado por lo general a los tres primeros períodos de la vida, pues las consecuencias de estos períodos continúan a través de la toda la vida, al igual que el sistema neuro-sensorial se concentra principalmente en la cabeza, pero está presente en todo el organismo. Podemos sentir con el dedo gordo del pie, ya que éste también contiene el sistema neuro-sensorial. La tripartición del organismo humano es una realidad, como también lo es la tripartición de la que voy a hablar ahora.

Al estudiar los septenios de la vida humana, se podría decir: por un lado el “yo” humano está sujeto a numerosas influencias procedentes del mundo espiritual, al igual que en el aspecto físico está sujeto a influencias procedente de los reinos naturales. Como seres humanos estamos con nuestro “yo” expuestos a lo que nos viene del cosmos, de una manera más complicada. Esta actividad espiritual que se extiende a partir de las Jerarquías desde el cosmos hacia el hombre, también se ocupa de la formación del karma durante la vida física en la tierra.

Los Ángeles, Arcángeles y Arkáis nos traen desde el mundo espiritual al mundo físico, y son ellos principalmente los que nos acompañan a través de los tres primeros septenios de la vida. Y  trabajan con más fuerza sobre todo en el sistema cefálico. Todo el complicado y maravilloso desarrollo que tiene lugar en nuestra vida sensorial e intelectual hasta la edad de 21 años está marcado por la Tercera Jerarquía. Innumerables acontecimientos tienen lugar tras las escenas de la conciencia ordinaria. Y es precisamente en estos acontecimientos donde participan estos Seres de las Jerarquías Superiores.

Por otra parte a partir de la pubertad, alrededor de los 14 años en adelante, Seres, cuyas fuerzas son más potentes que las de la Tercera Jerarquía, comienzan a actuar en el sistema rítmico. La verdadera tarea de los Seres de la Tercera Jerarquía (Ángeles, Arcángeles y Arkáis), es influir en nuestra vida anímica. Desde la pre-existencia terrenal traemos con nosotros para las tres primeras etapas de la vida fuerzas tales, que el alma es capaz de trabajar poderosamente sobre el cuerpo físico. Durante este período, sólo son necesarias comparativamente, las fuerzas mas débiles de la Tercera Jerarquía para venir en ayuda del hombre.

Las fuerzas que necesitan la Tercera Jerarquía, para guiar y dirigir la vida humana hasta los 21 años emanan de estas entidades desde las radiaciones espirituales de Saturno (♄), Júpiter (♃) y Marte (♂).

Cuando la ciencia física trata de describir el cosmos, es muy ingenuo. De Saturno, Júpiter y Marte irradian fuerzas de las cuales, los Ángeles  Arcángeles y Arkais obtienen el entendimiento más profundo.

Cuando el hombre pasa el umbral de la muerte, entra, en primer lugar, en la esfera de la Luna, donde toma contacto con Seres que una vez estuvieron en la Tierra y que son jueces severos del bien y el mal que éste trae consigo. Por el momento tendrá que dejar en esta esfera lunar el mal que forma parte de él. No lo puede  llevar a la Región Solar. Luego pasa a través de la esfera Sol, y aún más lejos en el cosmos. Las fuerzas de Marte, Júpiter y Saturno comienzan a trabajar sobre él.

Transcurre la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, y en el camino de regreso, cuando ha llegado de nuevo a la esfera Lunar, salen a su encuentro los Ángeles  Arcángeles y Arkáis donde, por así decirlo le susurran: “Saturno, Júpiter y Marte nos han dicho que te encuentras lisiado en determinados aspectos. Nos han dicho que tuviste que dejar el mal, pero esto significa que dejaste atrás algo de ti mismo y entraste como un lisiado en la esfera del Sol, así como en las regiones más allá del mismo. Y la mirada de Saturno, Júpiter y Marte caen sobre ti.”

En verdad, mis queridos amigos, la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento es complicada. Tan pronto como pasamos por el portal de la muerte, acontece lo que he descrito que se lleva a cabo en la esfera Lunar. El hombre debe dejar atrás todo lo que de su ser se ha identificado con el mal. Es como si el cuerpo físico se viera obligado a abandonar sus extremidades. Debido a que se ha identificado con el mal, el hombre entra en la esfera Sol y al resto del cosmos en un estado mutilado; mutilado, porque se ha visto obligado a dejar atrás ciertas partes de su ser. Y cuando, después de haber pasado por el esfera del Sol, entra en la esfera de Marte, Júpiter y Saturno, siente la mirada de los Seres que habitan en estas esferas. Siente que estos Seres le contemplan  con la mirada penetrante de la justicia, porque como tejedores de la justicia cósmica, observan cuanto de su ser como hombre puede llevar hacia allí  Se miran en él. Cada uno de nosotros percibe cuánto bien o mal se ha convertido en parte de nosotros, lo que hemos podido llevar hacia arriba, así como lo que nos falta, es decir, lo que nos vimos obligados a dejar atrás, cada uno de nosotros se da cuenta ¿hasta qué punto estamos identificados con el mal?, ¿cuánto nos falta?. La mirada que nos dirigen los Seres de Marte, Saturno y Júpiter hace que nos hagamos conscientes de nuestras imperfecciones y defectos.

Transcurrido el tiempo, cuando el hombre se prepara para su nueva encarnación, cuando vuelve de nuevo, Saturno, Júpiter y Marte comunican a los Ángeles, Arcángeles y Arkais, lo que vieron y experimentaron cuando el hombre pasó frente a ellos, con todas sus imperfecciones. Los Seres de la Tercera Jerarquía tejen esto en él, por lo que el hombre lleva inscrito en su ser, lo que tiene que hacer en la vida terrenal como compensación kármica.  Es en estos tres primeros septenios de la vida (0-21 años) cuando Ángeles, Arcángeles y Arkáis trabajan con especial fuerza sobre el ser humano, inscribiendo las demandas kármicas en el sistema neuro-sensorio, en el sistema cefálico.

Cuando traspasamos los 21 años (en las próximas conferencias presentare lo que ocurre con los seres humanos que mueren antes de esa edad) llevamos grabado en nosotros lo que son las exigencias kármicas de nuestra vida. Esto se puede leer en las personas de 21 años, se pueden percibir las demandas kármicas inscritas en ellas, porque es en este período, hasta los 21 años cuando se inscriben estas demandas. Las llevamos en el trasfondo oculto del sistema neuro-sensorio, en lo que constituye nuestro fundamento anímico-espiritual.

Cuando, por el contrario, dirigimos nuestra atención hacia el curso posterior de la vida, cuando observamos el ser humano entre las edades de 28 y 49 años, nos encontramos con que no es tanto una cuestión de la inscripción de demandas kármicas, sino más bien del cumplimiento del karma, la descarga del karma. En este periodo de la vida aparece el cumplimiento kármico, lo que tenemos que descargar en función de lo que se acuñó en los tres primeros septenios.

Así que aquí puedo escribir (ver diagrama): desde los 28 hasta los 49 años, cumplimiento del karma. Durante el período comprendido entre los 21 y los 28 años las exigencias kármicas y el cumplimiento kármico se mantienen en equilibrio.

Ahora, hay un notable fenómeno al que se debe prestar atención en nuestro tiempo. En la época actual de la evolución de la humanidad existen muchos seres humanos cuya última encarnación de importancia se produjo en los primeros siglos después de la fundación del cristianismo, hasta aproximadamente el siglo VIII y IX. (Esto no implica que no halla habido ninguna otra encarnación en el tiempo transcurrido, pero en caso afirmativo, fue poco importante). Si tuviéramos que hacer un estudio de los seres humanos que viven en nuestro tiempo y participan en su cultura, podríamos encontrar que, con mucho, la mayoría de ellos tuvieron su última encarnación importante en los primeros siete u ocho siglos después de la fundación del cristianismo.

Ahora bien, este período tuvo un efecto notable sobre los seres humanos que vivían entonces. Esto se puede percibir hoy en día cuando se observa a ciertas personas en relación con su karma. Una y otra vez, mis queridos amigos, me he impuesto la tarea de estudiar a una serie de personas, desde este punto de vista en particular, personas que han adquirido un cierto grado de cultura contemporánea, la cultura intelectual predominante en nuestra época que es la cultura de la cabeza, así pues se trata de hombres que, comparativamente aprendieron mucho. Piensen en el gran número de personas que se han convertido hoy en día en profesores, de secundaria, funcionarios, y similares.  Estos han aprendido mucho, han estado a las escuelas secundarias, incluso en las universidades, y se han convertido realmente en personas muy inteligentes. (No me refiero a esto, irónicamente, sólo pido que se lo tome en relación con lo que he dicho en otras ocasiones sobre estas cosas). Hay un número incalculable de personas muy listas hoy en día. La mayoría, de hecho, son tan inteligentes que difícilmente se les puede decir nada, porque ellos ya lo saben. Cada uno tiene su propio punto de vista, su criterio, cada uno pronuncia un juicio acerca de lo que se le dice.

Así son las cosas en nuestro tiempo, pero sólo en nuestro tiempo. En épocas anteriores era bastante diferente. Entonces eran pocas las personas que tenían conocimiento, las demás escuchaban. No era normal que existieran tantas personas inteligentes como las de hoy en día  incluso en la temprana juventud ya se es sagaz. Basta pensar en cuántas personas menores de 21 años escriben -no voy a decir poesía, pues eso se ha hecho siempre- sino que elaboran artículos de prensa, incluso críticas serias.

Así pues, hoy en día la intelectualidad está extraordinariamente desarrollada. En el caso de la mayoría de las personas, esta intelectualidad está influenciada, fundamentalmente, por su encarnación en los primeros siete u ocho siglos después de la fundación del cristianismo.

En estos siglos se fue debilitando paulatinamente en el alma humana el sentimiento de lo que de la vida pre-terrenal venía a la existencia terrenal. Los hombres comenzaron a interesarse cada vez más por lo que viene después de la muerte y menos por lo que precedió a la vida terrenal. En este sentido he señalado en reiteradas ocasiones que no tenemos una expresión adecuada para la eternidad, sino sólo para la mitad de la eternidad que tiene un principio y nunca termina. Para esta parte de la eternidad de la existencia del hombre tenemos la palabra “inmortalidad”, pero a diferencia de las lenguas antiguas, no tenemos una palabra para la otra mitad de la eternidad, que nunca tuvo un principio. La eternidad abarca tanto la ‘inmortalidad’ como la ‘anatividad‘. Hemos venido a este mundo como seres para quienes el nacimiento es solo una metamorfosis, al igual que nos alejamos del mundo terrenal a través de la muerte que a su vez significa sólo una metamorfosis, no un fin.

Esta consciencia estaba presente en el hombre hasta los primeros siglos cristianos, el hombre se decía  “He descendido del mundo espiritual a la existencia física”. Esta conciencia se hizo más y más débil hasta que el hombre comenzó a limitarse con este otro pensamiento: ¡Estoy aquí!. ¿Qué pasó antes? eso no me interesa. Lo que me interesa es lo que sigue después de la muerte. Esta fue la conciencia que se hizo más y más potente durante los primeros siglos cristianos. El sentimiento de existencia pre-terrenal se oscureció para los que en ese momento estaban pasando por su última encarnación importante, y es por esto que la inteligencia intelectual está actualmente totalmente dirigida a la tierra. Es por ello  que la inteligencia que ahora muestra el hombre es enorme, porque se dirige únicamente a lo terrenal. Cuando uno lleva a cabo investigaciones kármicas en este dominio, aparecen cosas muy sorprendentes y significativas. Voy a mencionar dos casos.

La primera es la de un hombre que enseñó historia en una escuela secundaria, un hombre extremadamente inteligente y muy impresionante como profesor. Hasta el momento en que las demandas kármicas aún estaban trabajando y luego a través de esta zona neutra aquí (véase el diagrama anterior) – es decir, hasta el comienzo de los treinta años, su inteligencia era muy evidente. Fue uno de los muchos hombres realmente inteligentes de nuestro tiempo. Pero  en el momento en que entró en esta fase aquí (de los 28 a los 49 años), su astucia ya no era un apoyo y sus impulsos morales estaban en peligro. No quedaba nada sino la intelectualidad, que entonces fue socavada. Cuando llegó el tiempo en el que las fuerzas ya no estaban unidas al sistema neuro-sensorio, sino hacia las del final de la vida, al sistema metabólico-motor, la naturaleza inferior reprimió lo que anteriormente había emergido, expresándose de forma tan evidente en el sistema neuro-sensorio. Esta personalidad que, en cuanto a la intelectualidad, había comenzado con tanta fuerza en su vida, termino en una degeneración moral. En una debacle moral. Este es un ejemplo.

Y ahora otro ejemplo –una personalidad que era aún más inteligente que la que acabo de mencionar- pero de nuevo sólo inteligente. Era extremadamente miope y estaba en posesión de una inteligencia realmente notable. Hasta la edad de 30 años, esta personalidad también, debido a su inteligencia, tuvo una fuerte influencia sobre sus semejantes. Sin embargo, cuando  cumplió los 30 años, e incluso los 35, cuando el sistema neuro-sensorio dejo de trabajar con tanta fuerza, dando paso a la actividad del sistema metabólico, este hombre, que había sido tan capaz e inteligente, se convirtió  en alguien absolutamente trivial y banal, absorto en pequeñas disputas. Lo conocí en su juventud y confieso que me sorprendió cuando lo encontré posteriormente entre las personas que quedan absortas en la vida trivial característica de un partido. La observación de la ruta de la exigencia kármica que conduce al cumplimiento kármico reveló que las fuerzas de la inteligencia en los hombres de nuestro tiempo, preparadas en la encarnación anterior durante los primeros siglos cristianos, no eran lo suficientemente fuertes como para que el alma pudiera elevarse al reino de la Primera Jerarquía, en el tiempo en que deviene más débil, cuando el cuerpo le ofrece la oposición más grande.

Y entonces, para mi se hizo evidente, que el gran número de hombres que son tan inteligentes, que pueden, sobre todo ser tan inteligentes a través de su educación, estos hombres que en la primera época de la vida desarrollan la capacidad de llegar con las fuerzas de su inteligencia a la Tercera Jerarquía, (Ángeles, Arcángeles y Arkáis). Esto lo obtienen. Y en esta época de la vida son personalidades que prometen.

Cuando entran en el ámbito de la Segunda Jerarquía, cuando están  por decirlo así, entregados a esta Jerarquía. Cuando la Segunda Jerarquía (Exusiai, Dynamis, Kyriótetes –Espíritus de la Forma, del Movimiento y de la Sabiduría) desciende a los seres humanos, casi todos los seres humanos son capaces de procrear, de reproducirse. Esta Jerarquía cósmica desciende. Aquí no hay un verdadero abismo entre el hombre y las Jerarquías. Sin embargo, cuando el hombre llega a sus 28 años y debe empezar a buscar una relación con la Jerarquía superior, la Primera Jerarquía, debe encontrar esta relación con toda su naturaleza, hasta en el sistema metabólico y las extremidades. Aquí se necesita una gran fuerza de apoyo interior en el ámbito espiritual, y a la semilla que fue plantada en él durante una vida anterior, en una época en que los hombres dejaron de pensar en la existencia pre-terrenal,  le resulta imposible suministrar tales fuerzas.

En relación con el karma, uno de buena gana querría impresionar a todos los verdaderos educadores y maestros, de la urgente necesidad de imbuir intelectualidad con tal fuerza espiritual que cuando el ser humano pase a través de los años posteriores de la vida, lo que se ha impregnado como fuerza moral en su intelecto pueda ser capaz de mantener el equilibrio contra las fuerzas que lo alejan de la Primera Jerarquía. (Vean la flecha en el diagrama.)

Es una cuestión de gran interés en nuestra época comparar la segunda parte de la vida humana con la primera, y los que tienen una aptitud para la observación de la vida deben comenzar a practicar la observación desde este punto de vista. Porque las cosas de las que he hablado se producen en la vida ordinaria; Los ejemplos que he dado son tomados de la vida cotidiana y pueden ser multiplicados no por cien, sino por mil, los encontramos por todas partes.

Pero también se puede encontrar algo distinto, en donde lo mismo solo se muestra en una región superior de la vida. Siempre he estado interesado en el camino del desarrollo espiritual de  la humanidad, y cuando dirijo mi atención a un numero de estos hombres, que entran en la vida de forma tan productiva, que incluso como jóvenes poetas o artistas causan una gran impresión sobre sus congéneres, y mas tarde dirijo la mirada a los mismos,  de quienes se dijo cuando tenían 24, 25, 26, 27 años: “¿Qué talento maravilloso!” veo que se hicieron mayores y todo se agoto, todo se quedo en la poesía o en lo artístico de la juventud. Mas tarde, todo se seco. No tenían ya la relevancia anterior, se agotaron en el terreno en que gozaron una vez de significación real.

Si ustedes recorren los nombres de los que  se han hecho una reputación como jóvenes poetas o artistas y luego perdieron todo derecho a ser incluidos en los anales de la literatura o el arte, encontrarán abundantes pruebas de lo que estoy diciendo.  Con ello quiero  mostrar cómo las diferentes épocas de la vida humana revelan de muchas maneras cómo entra en vigor el karma y los impulsos del karma.

Todo lo que es meramente intelectual y materialista realmente sólo puede influir interiormente en el ser humano en su juventud. Solo puede mantenerse a lo largo de toda la vida humana en concordancia con el karma a través de la vida terrenal, lo que como espíritu se añade a lo intelectual. Por lo tanto, cuando observamos el tipo de destinos que he descrito, debemos mirar hacia atrás, a las encarnaciones anteriores, donde al hombre no le fue dado el dirigir su atención a lo espiritual. Lo espiritual solo puede ser aprendido cuando la mirada se dirige a la vida antes del nacimiento, no sólo a la vida después de la muerte.

Estamos sumergidos en una autentica tragedia y hay múltiples cosas que no llegan a resistir la prueba de los años. En la juventud, los ideales son abundantes, y en la vejez pocos permanecen. Las personas mayores se basan más en el Estado y en sus pensiones que en el poder que sustenta la vida misma,  necesitan apoyo del exterior, porque no pueden encontrar en sí mismos lo que les lleva a vincularse con la Primera Jerarquía.

Vemos pues, que si queremos estudiar el karma por la senda correcta, debemos prestar atención a los diferentes miembros del hombre que se engranan unos con otros.  Cuando el hombre pasa a través de las tres primeras épocas de la vida, luego por las tres segundas y más tarde por las tres siguientes, vive de tal forma que primero tiene relación con la Tercera Jerarquía. Después añade la relación interior, inconsciente, con la Segunda Jerarquía y finalmente con la Primera Jerarquía. Sólo sobre la base de este conocimiento podemos juzgar hasta qué punto el hombre permite que sus impulsos kármicos, puedan llegar a su expresión. Pues es este saber respecto a la relación del hombre con las Jerarquías Superiores, el que otorga y muestra lo que es  la vida humana, en la realidad concreta.

Los Ángeles, Arcángeles y Arkáis nos dicen en nuestro inconsciente durante las tres primeras épocas de la vida: “todo esto lo has traído de épocas anteriores, a partir de vidas terrenales anteriores. Esto lo debes tomar sobre ti mismo”. Esto se nos dice en nuestra experiencia subconsciente de la vivencia del destino. Y en verdad, este mensaje de destino resuena constantemente en nosotros a lo largo de estos tres septenios, proveniente de la Tercera Jerarquía: “Esto es lo que Saturno, Júpiter y Marte han impuesto sobre ti. Sus fuerzas se nos han revelado”.

Luego pasamos a todo lo que viene de la Segunda Jerarquía, desde la región solar, y por último lo que viene de la Primera Jerarquía, desde la esfera de Venus, Mercurio y la Luna. Y así como los Ángeles evocan en las primeras épocas de la vida: “nos dijeron Saturno, Júpiter y Marte que esto te ha sido impuesto para llevarlo en la vida”, así desde los 28 años se encuentran en nuestra inconsciencia los Serafines, que también nos hablan: “Todo esto queda contigo, porque no puedes llevarlo a cumplimiento, porque eres incapaz de elevarte hasta nosotros, esto se queda contigo y has de soportarlo en la siguiente vida terrenal; tú no puedes equilibrarlo porque no tienes la fuerza para hacerlo”.

Por debajo de la consciencia del hombre hablan las fuerzas del karma, las fuerzas que forman el destino. Hablan desde  las tres Jerarquías Superiores. Y si tenemos la facultad sensitiva de percibir lo que entra en nuestra vida como destino, entonces también podemos presentir con reverencia y asombro cómo en el curso de nuestra vida los Seres de las Jerarquías Superiores están tejiendo en nuestro destino. Y en verdad, sólo entonces aprenderemos a ver la vida de la manera correcta.

Porque, ¿quién estaría satisfecho, si, cuando nos preguntan acerca de un hombre de cuya vida en la tierra se quiere saber algo, y se presupone que podemos contestar, nos limitamos a responder: “Oh, se llama Joseph Müller. Todo lo que puedo decirle es sólo el nombre?. Pues ante esa pregunta se esperaba que se iba a decir algo más que un nombre: los eventos de su vida, algo que arroje luz sobre las fuerzas e impulsos que influyeron en su vida terrenal. Nadie que realmente quiera saber algo acerca de un ser humano puede quedarse satisfecho con sólo saber su nombre. Pero en esta época materialista,  por desgracia, los hombres se conforman con el concepto “hombre” respecto a lo que se encuentra detrás de la conciencia ordinaria, en donde obran los Ángeles, Arcángeles, Arkáis, Exusiai, Dynamis, Kyriótetes, Querubines, Serafines y Tronos; pero no solo con la palabra “hombre”, sino con el concepto general “hombre”. No miran a las realidades concretas. Pero tienen que aprender a hacerlo, los hombres tienen que aprender a dirigir de nuevo la mirada a estas realidades concretas de la vida humana.

Traducido por Gracia Muñoz.