GA193c3. Las Influencias de Lucifer y Ahriman

Rudolf Steiner — Berna, 4 de  noviembre de 1919

English version

La fase de la evolución que comienza en nuestro propio tiempo tiene un carácter muy especial. Lo mismo puede decirse, por supuesto, de cada época, pero en todos los casos se trata de definir las características particulares. La fase actual de la evolución puede caracterizarse de manera general diciendo que todas las experiencias que enfrenta la Humanidad en el mundo físico durante la existencia posterior de la Tierra representarán un declive, un retroceso. El tiempo en que el progreso humano fue posible gracias al constante refinamiento de las fuerzas físicas ya ha terminado. En el futuro, también, la Humanidad progresará, pero sólo a través del desarrollo espiritual, a través del desarrollo a un nivel superior al de los procesos del plano físico. Las personas que dependen enteramente de los procesos del plano físico no encontrarán en ello ninguna fuente de satisfacción.

La indicación dada en la Ciencia Espiritual hace mucho tiempo, en el curso de conferencias sobre el Apocalipsis, es decir, que nos dirigimos a la “guerra de todos contra todos”, debe ser capturada a partir de ahora en todo su significado y gravedad; Sus implicaciones no deben permanecer en el ámbito de la teoría, sino que también se deben manifestar en las acciones, en el comportamiento de los seres humanos.

El hecho de que —por decirlo coloquialmente— la gente en el futuro no vaya a divertirse mucho con el desarrollo en el plano físico les llevara a comprender que la evolución posterior debe proceder de las fuerzas espirituales.

Esto sólo puede entenderse examinando un largo período de evolución y aplicando lo que se descubre en experiencias que se harán más y más generales en el futuro. La tendencia de las fuerzas que se manifiestan en el inicio casi rítmico de la guerra y la destrucción —procesos de los cuales la catástrofe actual no es más que el comienzo— se hará demasiado evidente. Es infantil creer que cualquier cosa relacionada con esta guerra puede traer una era permanente de paz para la Humanidad en el plano físico. Eso no será así. Lo que debe ocurrir en la Tierra es el desarrollo espiritual. Su dirección y propósito estarán claros para nosotros si, después de examinar la época comparativamente larga que precede al Misterio del Gólgota, tenemos en mente algo del significado del Misterio del Gólgota y entonces tratamos de prever el impulso de ese evento que trabaja en la futura evolución de la Humanidad.

Hemos estudiado el Misterio del Gólgota desde muchos puntos de vista diferentes y lo haremos de nuevo hoy mismo, caracterizando muy brevemente la civilización que le precedió, —digamos desde el tercer milenio AC—  y que luego continuó por un tiempo como cultura pagana en el período del desarrollo cristiano mismo. Dentro de esta cultura pagana, se arraigó la cultura hebreo-judía completamente diferente, teniendo al cristianismo como su descendencia.

La naturaleza de la cultura pagana se puede entender mejor si nos damos cuenta de que fue el resultado del conocimiento, la visión y la acción nacidos de fuerzas mucho más amplias que las que pertenecen a la presente existencia terrenal. Fue en realidad a través de la cultura hebraica que se inculcó primero el elemento moral en la Humanidad. En el paganismo el elemento moral no ocupaba un lugar separado y aparte; Esta cultura pagana era tal que las personas se sentían miembros de todo el Cosmos.

Esto es algo que debemos tener particularmente en cuenta. Los seres humanos que vivían en la Tierra dentro del antiguo mundo pagano se sentían miembros de todo el Cosmos. Sintieron cómo las fuerzas que actúan en los movimientos de las estrellas se extendían a su propia acción o, mejor dicho, a las fuerzas que surtían efecto en sus acciones. Lo que más tarde pasó por la astrología, y lo hace todavía, no es más que un reflejo —y muy engañoso— de la antigua sabiduría que se obtenía de la contemplación del curso de las estrellas y luego se utilizaba como base para los preceptos que regían la acción humana.

Estas civilizaciones antiguas sólo pueden entenderse si la Ciencia Espiritual arroja la luz sobre la evolución humana en su aspecto exterior unos cuatro o cinco mil años antes de Cristo.

Estamos dispuestos a hablar de una manera más bien práctica de la segunda o primera época posterior a la Atlántida, pero nos equivocamos si imaginamos la existencia humana en la Tierra en el quinto, sexto o séptimo milenio AC. como si hubieran sido similares a nuestra existencia actual. Es muy cierto que la gente que vivía en la Tierra en aquellos tiempos antiguos tenía una especie de vida anímica instintiva, en cierto sentido más afín a la vida del alma de los animales que a la de los seres humanos actuales. Pero es un concepto muy unilateral de la vida humana decir que en aquellos tiempos antiguos la gente era más como animal. En tenor del alma, el ser humano que se movía entonces alrededor de la Tierra era, es verdad, más parecido al animal; Pero esos cuerpos humanos-animales eran utilizados por seres de anímico espirituales que se sentían miembros de los mundos suprasensibles, sobre todo de los mundos cósmicos. Y siempre que vayamos lo suficientemente lejos, digamos al quinto milenio pre-cristiano, se puede decir que la gente hacia uso de cuerpos animales como instrumentos en lugar de sentirse dentro de esos cuerpos. Para caracterizar a estas personas con precisión, habría que decir que cuando estaban despiertos, se movían con una vida anímica instintiva como la de los animales, pero en esta vida instintiva del alma brillaba algo como sueños de su estado durmiente, sueños despiertos. Y en estos sueños despiertos percibían cómo habían descendido, usando los cuerpos animales simplemente como instrumentos.

Este tenor interior y fundamental del alma humana se expresó entonces como un rito religioso, en el culto de Mitras, con su símbolo principal del Dios Mitras montado en un toro, sobre él los cielos estrellados a los que pertenece, y debajo de él la Tierra a la que pertenece el toro. Este símbolo no era, estrictamente hablando, un mero símbolo para estas personas de antaño; era una visión de la realidad. Todo el tenor del alma de la gente les hizo decirse a sí mismos: Cuando estoy fuera de mi cuerpo por la noche pertenezco a las fuerzas del cosmos, de los cielos estrellados; cuando me despierto por la mañana hago uso de instintos animales en un cuerpo animal.

mitras

 

Entonces la evolución humana pasó, figurativamente hablando, a un período de crepúsculo. Una cierta oscuridad, un cierto letargo, se extendió sobre la vida de la Humanidad; los sueños cósmicos retrocedieron y el instinto ganó ventaja.

La actitud del alma prevaleciente en los seres humanos fue preservada a través de los Centros de Misterios, principalmente a través de los Misterios Asiáticos. Pero en el cuarto milenio AC. y hasta el comienzo del tercero, la Humanidad en general —no influenciada por la sabiduría de los Centros de Misterios— vivió una existencia impregnada por una conciencia más o menos tenue y crepuscular. En Asia y el entonces mundo conocido, se puede decir que durante el cuarto y el principio del tercer milenio antes del Misterio del Gólgota, la vida anímica de la población era tenue e instintiva. Pero los Centros de Misterios estaban allí, en los cuales, a través de los poderosos ritos y ceremonias, los mundos espirituales fueron capaces de penetrar. Y fue en estos Centros de Misterios donde los seres humanos recibieron iluminación.

A principios del tercer milenio tuvo lugar un acontecimiento trascendental. La causa fundamental de esta vida débil y más instintiva puede caracterizarse diciendo que como seres de espíritu y alma, la gente todavía no podía en ese momento hacer uso de los órganos humanos del intelecto. Estos órganos ya estaban dentro de ellos, habían tomado forma en su constitución física, pero el ser anímico espiritual no podía hacer uso de ellos. Así, los seres humanos no podían adquirir conocimiento a través de su propio pensamiento, a través de sus propios poderes de discernimiento intelectual. Dependían de lo que les era impartido de los Centros de Misterios. Y entonces, hacia el comienzo del tercer milenio, tuvo lugar un acontecimiento trascendental en el este de Asia.

A un niño de una distinguida familia asiática de la época se le permitió crecer en los recintos de las ceremonias de los Centros de Misterio. Las circunstancias eran tales que a este niño se le permitía participar en las ceremonias, sin duda porque los sacerdotes que llevaban a cabo los ritos en los Misterios sentían como una inspiración el que un niño así pudiera participar. Y cuando el ser encarnado en ese niño alcanzo la edad de unos cuarenta años, aproximadamente esa edad, algo muy notable salió a la luz. Se hizo evidente —y no hay duda de que los sacerdotes de los Misterios habían previsto el acontecimiento proféticamente— se hizo evidente que este hombre que se había permitido crecer en los recintos de uno de los centros de Misterio en Asia Oriental, comenzó de repente, a la edad de unos cuarenta años, a captar a través de la facultad del intelecto humano mismo lo que antes había llegado a los Misterios a través de la revelación, y sólo a través de la revelación. Era como si fuera el primero en hacer uso de los órganos del intelecto humano, pero aún en asociación con los Misterios.

Al traducir en términos de nuestra lengua actual cómo los sacerdotes de los Misterios hablaron de este asunto, debemos decir: En este hombre, Lucifer mismo se encarnó —¡ni más ni menos que eso! Es un hecho significativo y trascendental que en el tercer milenio antes de Cristo la encarnación física de Lucifer realmente tuvo lugar en el este de Asia. Y de esta encarnación de Lucifer —porque este ser se convirtió en un maestro— salió lo que se describe como la cultura pre-cristiana, pagana que todavía sobrevivió en la Gnosis de los primeros siglos cristianos.

Sería un error aprobar un juicio despectivo sobre esta cultura luciférica. Pues toda la belleza producida por la civilización griega, incluso la intuición que todavía está viva en la antigua filosofía griega y en las tragedias de Esquilo habrían sido imposibles sin esta encarnación de Lucifer.

La influencia de la encarnación de Lucifer seguía siendo poderosa en el sur de Europa, en el norte de África y en Asia Menor durante los primeros siglos de la cristiandad. Y cuando el Misterio del Gólgota tuvo lugar en la Tierra, fue esencialmente a través de la sabiduría luciférica donde podía entenderse. La Gnosis, que se dedicaba a la tarea de captar la importancia del Misterio del Gólgota, estaba impregnada completamente con la sabiduría luciférica. Por lo tanto, hay que destacar, en primer lugar, que a principios del tercer milenio AC. hubo una encarnación china de Lucifer; Al comienzo de nuestra era, tuvo lugar la encarnación de Cristo. Y para empezar, el significado de la encarnación de Cristo fue captado porque el poder de la encarnación de Lucifer todavía sobrevivía en ese tiempo. Este poder no se desvaneció realmente de la facultad humana de comprensión hasta el siglo IV DC; e incluso entonces, tuvo sus consecuencias, sus ramificaciones.

A estas dos encarnaciones, la encarnación de Lucifer en los tiempos antiguos y la encarnación del Cristo que da a la Tierra su significado, una tercera encarnación se añadirá en un futuro no muy lejano. Y los acontecimientos de la época actual ya se están moviendo de tal manera que se preparan para ello.

De la encarnación de Lucifer a principios del tercer milenio AC. debemos decir: a través de Lucifer, los seres humanos han adquirido la facultad de utilizar los órganos de su intelecto, su poder de discernimiento intelectual. Fue Lucifer mismo, en un cuerpo humano, el primero en captar a través del poder del intelecto lo que antes podía ser impartido a la Humanidad sólo a través de la revelación, a saber, del contenido de los Centros de Misterios.

Lo que ahora está en preparación y definitivamente llegará a pasar en la Tierra en un futuro no muy lejano es una encarnación real de Ahriman.

Como ustedes saben, desde mediados del siglo XV hemos estado viviendo en una época en la que corresponde a la Humanidad llegar cada vez más a la posesión del pleno poder de la conciencia. Es de la mayor importancia que la gente se acerque a la encarnación de Ahriman con plena conciencia de este acontecimiento. La encarnación de Lucifer sólo podía ser reconocida por la visión profética de los sacerdotes de los Misterios. La gente también era muy inconsciente de lo que realmente significaba la encarnación de Cristo y el acontecimiento del Gólgota. Pero deben seguir viviendo hacia la encarnación de Ahriman con plena conciencia en medio de los acontecimientos quebrantadores que ocurrirán en el plano físico. En medio de las tensiones perpetuas de la guerra y otras tribulaciones del futuro inmediato, la mente humana se volverá muy inventiva en el ámbito de la vida física. Y a través de este mismo crecimiento de la inventiva en la vida física —que no se puede evitar de ninguna manera ni por ningún medio— la existencia corporal de una individualidad humana en la que Ahriman podrá encarnarse será posible e inevitable.

Desde el mundo espiritual, este poder ahrimánico se está preparando para encarnarse en la Tierra, esforzándose de cualquier manera concebible para hacer tal preparación que la encarnación de Ahriman en forma humana pueda engañar y corromper a la Humanidad en la Tierra hasta el extremo. Una tarea de la Humanidad durante la siguiente fase de la civilización será vivir hacia la encarnación de Ahriman con tal conciencia alerta que esta encarnación pueda realmente servir para promover un desarrollo espiritual superior, ya que a través de Ahriman mismo la Humanidad se dará cuenta de lo que puede, o digamos, no puede lograrse solo por la vida física. Pero la gente debe avanzar con plena conciencia hacia esta encarnación de Ahriman y estar cada vez más alerta en cada dominio, para reconocer con mayor claridad las tendencias de la vida que conducen a esta encarnación ahrimánica. La gente debe aprender de la Ciencia Espiritual para encontrar la clave de la vida y así ser capaz de reconocer y aprender a controlar las corrientes que conducen hacia la encarnación de Ahriman. Hay que saber que Ahriman vivirá entre la gente de la Tierra, pero que al enfrentarse con él, las personas determinarán lo que pueden aprender de él, lo que pueden recibir de él. Esto, sin embargo, no serán capaces de hacerlo a menos que, a partir de ahora, tomen el control de ciertas corrientes espirituales y también no espirituales que son usadas por Ahriman con el propósito de dejar a la Humanidad tan profundamente inconsciente como sea posible de su venida; Entonces, un día, será capaz de aparecer en la Tierra y abrumar a la gente tentándolos y atrayéndolos a repudiar la evolución de la Tierra, impidiéndole así alcanzar su meta. Para comprender todo el proceso del que he estado hablando, es esencial reconocer el carácter de ciertas corrientes e influencias —espirituales o inversas.

¿No ven ustedes el número cada vez mayor de personas en el tiempo presente que no quieren ninguna ciencia del espíritu, ningún conocimiento de lo espiritual? ¿No ven cuán numerosas son las personas a las que las antiguas fuerzas de la religión ya no dan ningún estímulo interior? Ya sea que vayan a la iglesia o no es una cuestión de completa indiferencia para un gran número de seres humanos en la actualidad. Los antiguos impulsos religiosos no significan nada para ellos. Pero tampoco se darán a pensar en lo que puede fluir en nuestra civilización como nueva vida espiritual. Ellos se resisten, lo rechazan, lo consideran como locura, como algo inconveniente; no se permitirán tener nada que ver con ello. Pero, vean ustedes, los seres humanos tal como vivimos en la Tierra somos verdaderamente una unidad. Nuestra naturaleza espiritual no puede separarse de nuestra naturaleza física; Ambas trabajan juntas como una unidad entre el nacimiento y la muerte. Y aun si los seres humanos no reciben lo espiritual a través de sus facultades de alma, lo espiritual sin embargo se hace efectivo. Desde el último tercio del siglo XIX, el mundo espiritual esta fluyendo a nuestro alrededor; Está fluyendo hacia la evolución terrenal. Lo espiritual está allí en verdad, —sólo que las personas no están dispuestas a recibirlo.

Pero incluso si no aceptan lo espiritual, ¡está ahí! ¿Y qué pasa con ello? Por paradójico que parezca, pues mucho de lo que es cierto parece paradójico para la mente moderna, en aquellas personas que rechazan lo espiritual y les gusta comer y beber lo mejor de todas las cosas en la vida, las corrientes espirituales, inconscientemente, entran en los procesos del comer y la digestión. Este es el secreto de esa marcha hacia el materialismo que comenzó alrededor del año 1840, o más bien que estaba preparándose activamente. Aquellos que no reciben lo espiritual a través de sus almas, lo reciben hoy sin embargo: al comer y beber comen y beben el espíritu.

Ellos son “comilones” del alma y el espíritu. Y de esta manera el espíritu que fluye en la evolución de la Tierra pasa hacia el elemento luciférico, se transmite a Lucifer. Por lo tanto, el poder luciférico, puede entonces ser de ayuda al poder ahrimánico para su encarnación posterior, y está constantemente fortalecido. Esto debe llegar al conocimiento de aquellos que admiten el hecho de que en el futuro las personas recibirán conscientemente el conocimiento espiritual o consumirán el espíritu inconscientemente, entregándolo así a las manos de los poderes luciféricos.

Ahriman anima particularmente este flujo de consumo de alma y espíritu, porque de esta manera puede acallar a la Humanidad en una mayor y mayor somnolencia, de modo que entonces, a través de su encarnación, podrá venir entre las personas y caer sobre ellas desprevenidas porque no lo enfrentan conscientemente.

Pero Ahriman también puede prepararse directamente para su encarnación, y lo hace. Ciertamente, las personas de nuestros días también tienen una vida espiritual, pero es puramente intelectual, sin relación con el mundo espiritual. Esta vida puramente intelectual se está extendiendo cada vez más; Al principio tuvo efecto principalmente en las ciencias, pero ahora también está conduciendo a malicias de todo tipo en la vida social. ¿Cuál es el carácter esencial de esta vida intelectual?.

¡Esta vida intelectual tiene muy poco que ver con los verdaderos intereses de los seres humanos! Les pregunto: ¿cuántos maestros no ven ustedes hoy, pasando dentro y fuera de las instituciones educativas más altas y bajas sin traer ningún entusiasmo interior a su ciencia sino perseguirla meramente como un medio de subsistencia? En tales casos, el interés del alma no está directamente relacionado con la persecución real. Lo mismo sucede incluso en la escuela. Piensen cuánto se aprende en las diversas etapas de la vida sin ningún entusiasmo o interés real, en que se está convirtiendo la vida intelectual externa para mucha gente que se dedica a ella! ¡Y cuántos son hoy los que se ven obligados a producir una masa de material intelectual que luego se conserva en las bibliotecas y, como vida espiritual, no está realmente viva!.

Todo lo que se desarrolla como vida intelectual sin ser absorbido por el calor del alma, sin ser acelerado por el entusiasmo, favorece directamente la encarnación de Ahriman de una manera que después es su propio corazón. Acobarda a la gente adormeciéndola de la manera que he descrito, con unos resultados muy ventajosos para Ahriman.

Existen muchas otras corrientes en la vida espiritual o no espiritual que Ahriman puede aprovechar. Ustedes han oído últimamente —y todavía lo están escuchando— que los estados nacionales, los imperios nacionales deben ser fundados. Mucho se dice acerca de la “libertad de los pueblos individuales”. Pero el tiempo para fundar imperios basados en relaciones de sangre y raza esta mas que pasado en la evolución de la Humanidad. Si hoy se hace una apelación a las relaciones nacionales, raciales y similares, a las relaciones que surgen del intelecto y no del espíritu, entonces se intensificará la desarmonía entre la Humanidad. Y es esta desarmonía entre la Humanidad a la que el poder ahrimánico puede dar un uso especial. Chauvinismo, patriotismo pervertido en todas sus formas —este es el material con el cual Ahriman construirá justo lo que necesita.

Pero hay otras cosas también. En todas partes hoy vemos partidos que se forman para un objetivo u otro. Hoy en día la gente no tiene discernimiento, ni quiere tenerlo en las opiniones partidarias y los programas de partidos. Con ingenio intelectual, se puede proporcionar la prueba en apoyo de las teorías más radicalmente opuestas. Se pueden usar argumentos muy inteligentes para probar la solidez del leninismo, pero lo mismo se puede aplicar a los principios directamente contrarios y también a lo que está entre los dos extremos. Una excelente validez se puede hacer para cada programa de partido: pero el que establece la validez del programa opuesto es igualmente correcto. El intelectualismo prevaleciente entre la gente de hoy no es capaz de demostrar las potencialidades internas y los valores de nada. Pueden proporcionar pruebas; pero lo que se demuestra intelectualmente no debe considerarse como de verdadero valor o eficacia en la vida. Las personas se oponen unas a otras en los partidos porque la solidez de cada opinión del partido —en todo caso las opiniones principales del partido— pueden probarse con la misma justificación. Nuestro intelecto permanece en la capa superficial de la comprensión y no penetra hasta la capa más profunda donde está la verdad. Esto debe entenderse fundamental y completamente.

La gente hoy prefiere dejar que su intelecto permanezca en la superficie y no penetre con sus fuerzas más profundas en esos niveles donde se revela la naturaleza esencial de las cosas. Sólo es necesario mirar un poco, porque aun cuando toma su forma más externa, la vida a menudo revela las trampas de las predilecciones actuales. A la gente le gustan los números y las cifras de la ciencia, pero también aman a las figuras sociales. La ciencia social consiste casi enteramente en estadísticas. Y de las estadísticas, es decir de las cifras, se alcanzan las conclusiones más importantes. Bueno, con cifras también, cualquier cosa puede ser probada y cualquier cosa creída; pero las figuras no son un medio por el cual se pueda probar la realidad esencial de las cosas, —son simplemente una forma de engaño. Cada vez que uno no puede mirar más allá de las cifras hacia lo cualitativo, estas pueden ser totalmente engañosas.

El siguiente es un ejemplo obvio. Hay, o por lo menos solía haber, mucha discusión sobre la nacionalidad de los macedonios. La vida política de la península balcánica, dependía mucho de las estadísticas allí compiladas. Las cifras tienen tanto valor como las contenidas en otras estadísticas. Si en Macedonia se compilan estadísticas sobre la producción de trigo y centeno, o sobre el número de ciudadanos griegos, serbios o búlgaros, en lo que respecta a lo que puede probarse por estos medios da igual. De las cifras citadas para los griegos, para los búlgaros y para los serbios, se pueden extraer conclusiones muy plausibles. Pero uno puede también tener una visión para el elemento cualitativo, y entonces a menudo se encuentra registrado que el padre es griego, un hijo es búlgaro, otro es serbio. Lo que está en la parte de atrás puede romperse por sí mismo! Estas estadísticas se toman como autoritativas, mientras que en este caso fueron compiladas únicamente en apoyo de los objetivos del partido. Es lógico que si el padre es realmente un griego, los dos hijos sean también griegos. Pero el procedimiento adoptado allí es sólo un ejemplo de muchas otras cosas que se hacen con cifras. Ahriman puede lograr mucho mediante cifras y números usados ​​de esta manera como evidencia de la prueba.

Otro medio del cual Ahriman puede valerse es de nuevo uno que parecerá paradójico. Como ustedes saben, nos hemos preocupado en nuestro movimiento de estudiar los Evangelios a la luz de la Ciencia Espiritual. Pero estas interpretaciones más profundas de los Evangelios, cada vez más necesarias en nuestro tiempo, son rechazadas por todos lados, así como la Ciencia Espiritual como un todo es rechazada.

Las personas que a menudo profesan humildad en estos asuntos —e insisten en ello— son en realidad las más arrogantes de todas. Más y más generalmente se dice que la gente debe empeñarse en la simplicidad misma de los Evangelios y no intentar comprender el Misterio del Gólgota entrando en las complejidades de la Ciencia Espiritual. Aquellos que fingen despretensión en su estudio de los Evangelios son los más arrogantes de todos, porque desprecian la búsqueda honesta del conocimiento exigido en la Ciencia Espiritual. Tan arrogantes son ellos que creen que las revelaciones más altas del mundo espiritual pueden ser obtenidas sin esfuerzo, simplemente explorando la simplicidad de los Evangelios. Lo que dice ser “humilde” o “simple” hoy en día es a menudo la suprema arrogancia. En las sectas, en las confesiones religiosas —es allí donde se encuentran las personas más arrogantes:

Debe recordarse que los Evangelios surgieron en un tiempo en que la sabiduría luciférica todavía sobrevivía. En los primeros siglos de la cristiandad, la comprensión de la gente de los Evangelios fue muy diferente de lo que ha llegado a ser en los últimos tiempos. Hoy en día, las personas que no pueden profundizar sus mentes a través de la Ciencia Espiritual simplemente pretenden entender los Evangelios. En realidad, ni siquiera tienen idea del significado original de las palabras; Porque las traducciones que se han hecho en las diferentes lenguas no son reproducciones fieles de los Evangelios; A menudo apenas recuerdan el significado original de las palabras en que se componían los Evangelios.

La comprensión real de la intervención del ser de Cristo en la evolución terrenal es posible sólo hoy a través de la Ciencia Espiritual. Aquellos que quieren estudiar o actualizar los estudios de los Evangelios “sin pretensión” —como dice el refrán— no pueden llegar a ninguna realización interior del ser de Cristo como él realmente es, sino sólo a un cuadro ilusorio o, a lo sumo, una visión o alucinación del ser de Cristo. Ninguna conexión real con el impulso de Cristo puede ser alcanzada hoy por la simple lectura de los Evangelios, sino sólo una imagen alucinante del Cristo. De ahí la prevalencia de la visión teológica de que el Cristo no estaba presente en el hombre Jesús de Nazaret, que era simplemente una figura histórica como Sócrates o Platón u otros, aunque posiblemente más exaltado. El “hombre sencillo de Nazaret” es un ideal incluso para los teólogos. Y muy pocos de ellos pueden hacer nada de un acontecimiento como el de la visión de Pablo en la puerta de Damasco, porque sin el conocimiento profundizado cedido por la Ciencia Espiritual los Evangelios pueden dar lugar sólo a una alucinación del Cristo, no a la visión del Cristo real. Y así la visión de Pablo en Damasco también se considera una alucinación.

Una comprensión más profunda de los Evangelios a la luz de la Ciencia Espiritual es esencial hoy en día, porque la apatía que se apodera de las personas que se contentan con vivir simplemente dentro de los brazos de las denominaciones será utilizada por Ahriman para alcanzar su meta —que es que su encarnación atrape a la gente desprevenida. Y aquellos que creen que son verdaderamente cristianos al rechazar cualquier desarrollo de la concepción del misterio de Cristo, son, en su arrogancia, los que más están promoviendo los objetivos de Ahriman. Las denominaciones y las sectas son positivamente esferas de estímulo, campos de cultivo para Ahriman. Es inútil acabar con estas cosas con ilusiones. Del mismo modo que la actitud materialista, rechazando todo lo espiritual y sosteniendo que el ser humano es producto de lo que la gente come y bebe, favorece los objetivos de Ahriman, así también lo son los rechazos obstinados de todo lo espiritual y la adhesión a la literal “simple” concepción de los Evangelios.

Una barrera que impide que los Evangelios únicos circunscriban indebidamente la mente humana se ha erigido a través del hecho de que el acontecimiento del Gólgota se describe en los Evangelios desde cuatro lados aparentemente contradictorios. Sólo una pequeña reflexión demostrará que se trata de una protección contra una concepción demasiado literal. En las sectas, sin embargo, donde un solo Evangelio se toma como la base de la enseñanza —y tales sectas son muy numerosas— se generan trampas, estupefacción y alucinación. En su día, los Evangelios fueron dados como un contrapeso necesario a la gnosis luciférica; pero si no se intenta desarrollar la comprensión de su contenido, se fomentan los objetivos de Ahriman, no el progreso de la Humanidad. En el sentido absoluto, nada es bueno o malo en sí mismo, pero siempre es bueno o malo de acuerdo con el uso que se le da. Lo mejor puede ser lo peor si se usa incorrectamente. Por sublimes que sean, los Evangelios también pueden tener el efecto contrario si la gente es demasiado vaga para buscar una comprensión más profunda basada en la Ciencia Espiritual.

Por lo tanto, hay mucho en las corrientes espirituales y no espirituales de la época presente, de las cuales la gente debe estar agudamente consciente y determinar en consecuencia su actitud anímica. Sobre la capacidad y la voluntad de penetrar en las raíces de tales asuntos dependerá el efecto que la encarnación de Ahriman pueda tener sobre los seres humanos, si esta encarnación les llevará a impedir que la Tierra alcance su meta, o les traerá el significado muy limitado de la vida intelectual, no espiritual. Si las personas toman correctamente las corrientes que conducen a Ahriman, entonces, simplemente a través de su encarnación en la vida terrenal, reconocerán la influencia ahrimánica por un lado y por el otro su opuesto polar: la influencia luciférica. Y entonces el contraste mismo entre lo ahrimánico y lo luciférico les permitirá percibir la tercera realidad. Los seres humanos deben luchar conscientemente para comprender esta trinidad del impulso cristiano, las influencias ahrimánicas y las influencias luciféricas; pues sin esta conciencia no podrán avanzar hacia el futuro con la perspectiva de alcanzar la meta de la existencia terrena.

golgota

 

La Ciencia Espiritual debe tomarse con profunda seriedad, porque sólo así puede ser entendida correctamente. No es el resultado de ningún capricho sectario sino algo que ha procedido de las necesidades fundamentales de la evolución humana. Aquellos que reconocen estas necesidades no pueden elegir si quieren o no tratar de fomentar la Ciencia Espiritual. Por el contrario, se dirán a sí mismos: ¡Toda la vida física y espiritual de los seres humanos debe ser iluminada e impregnada por las concepciones de la Ciencia Espiritual!

Así como una vez en el Oriente hubo una encarnación de Lucifer, y luego, en el punto medio, por así decirlo, de la evolución del mundo, la encarnación de Cristo, así en Occidente habrá una encarnación de Ahriman.

Esta encarnación ahrimánica no puede ser evitada; Es inevitable, porque la Humanidad debe enfrentarse cara a cara con Ahriman. Será la individualidad la que tendrá que aclararse qué indescriptible inteligencia puede desarrollarse si piden ayuda a todo lo que las fuerzas terrestres pueden hacer para mejorar la inteligencia y el ingenio. En las catástrofes que afectarán a la Humanidad en un futuro próximo, la gente se volverá muy inventiva; Muchas cosas descubiertas en las fuerzas y sustancias del universo serán usadas para proveer alimento humano. Pero estos descubrimientos al mismo tiempo harán evidente que la materia está conectada con los órganos del intelecto, no con los órganos del espíritu, sino con el intelecto.

La gente aprenderá qué comer y beber para ser realmente inteligente. Comer y beber no puede hacerlos espirituales, pero inteligentes y astutos, sí. La Humanidad todavía no tiene conocimiento de estas cosas; Pero no sólo se esforzará por ellas, sino que será el resultado inevitable de las catástrofes que se avecinan en el futuro cercano. Y ciertas sociedades secretas  —cuando los preparativos ya estén en marcha—  aplicarán estas cosas de tal manera que se puedan establecer las condiciones necesarias para una encarnación real de Ahriman en la Tierra. Esta encarnación no puede ser evitada, pues la gente debe darse cuenta durante el tiempo de la existencia de la Tierra cuánto puede proceder de procesos puramente materiales. Debemos aprender a poner bajo nuestro control aquellas corrientes espirituales o no espirituales que conducen a Ahriman.

Una vez que se compruebe que los programas de partidos contradictorios pueden demostrarse igualmente correctos, nuestra actitud de alma será que no nos proponemos probar cosas, sino experimentarlas. Porque experimentar algo es algo muy diferente de intentar probarlo intelectualmente.

Igualmente estaremos convencidos de que es necesaria una penetración más profunda de los Evangelios a través de la Ciencia Espiritual. La aceptación literal, palabra por palabra, de los Evangelios, que todavía es tan frecuente hoy en día, promueve la cultura ahrimánica. Incluso por razones externas es obvio que una aceptación estrictamente literal de los Evangelios es injustificada. Porque como ustedes saben, lo que es bueno y correcto por un tiempo no es lo correcto para otro momento. Lo que es correcto para una época se convierte en luciférico o ahrimánico cuando se practica en una época posterior. La mera lectura de los textos evangélicos ha tenido su día. Lo esencial ahora es adquirir una comprensión espiritual del Misterio del Gólgota a la luz de las verdades consagradas en los Evangelios. Muchas personas, por supuesto, encuentran estas cosas inquietantes; Pero aquellos cuyo interés les lleva a la antroposofía deben aprender a darse cuenta de que los niveles de cultura, acumulándose gradualmente uno encima del otro, han creado el caos y que la luz debe penetrar de nuevo en este caos.

Es interesante hoy en día escuchar a alguien cuyas opiniones se han vuelto muy extremas, o leer sobre alguna pregunta candente del día, y luego escuchar sermones sobre el mismo tema dado por un sacerdote de alguna denominación que todavía está empapado en la forma del pensamiento actual en épocas pasadas. Allí enfrentas dos mundos que no puedes confundir a menos que evites todos los intentos de llegar a la raíz de estas cosas. Escuchar a un socialista moderno hablando sobre cuestiones sociales y luego, inmediatamente después, a un predicador católico que habla sobre las mismas cuestiones. Es muy interesante encontrar dos niveles de cultura existentes lado a lado pero usando las palabras en un sentido totalmente diferente. La misma palabra tiene un significado completamente diferente en cada caso.

Estas cosas deben ser vistas en la luz que amanecerá si se toma en serio el espíritu que he estado tratando de transmitir. Las personas pertenecientes a religiones definidas también llegan, al final, a largo tiempo en su camino a la profundización espiritual. No es en modo alguno significativo que un hombre tan eminentemente espiritual como el cardenal Newman, aunque fuera ardiente católico, dijera en su investidura en Roma que no podía ver ninguna salvación para el cristianismo si no fuera a través de una nueva revelación.

En efecto, lo que el cardenal Newman dijo es que no podía ver ninguna salvación para el cristianismo si no hubiera una nueva revelación. Pero no tuvo el valor de tomar en serio una nueva revelación espiritual. Y así sucede con muchos otros. Hoy se pueden leer innumerables tratados sobre lo que se necesita en la vida social. Otro libro ha aparecido recientemente: Socialismo, de Robert Wilbrandt, el hijo del poeta. En él se discute la cuestión social sobre el fundamento de un conocimiento preciso y detallado. Y finalmente se afirma que sin el espíritu nada se logra, que el curso mismo de los acontecimientos demuestra que el espíritu es necesario. Sí, pero ¿qué es lo que el hombre realmente consigue? Llega a pronunciar la palabra «espíritu», pronuncia de manera abstracta la palabra «espíritu», pero se niega a aceptar, en realidad rechaza, cualquier esfuerzo por hacer que el espíritu sea realmente efectivo.

Para ello, es esencial ante todo ser consciente de que revolcarse en las abstracciones, por muy alto que sea el grito para el espíritu, no es todavía espiritual, ¡aún no es espíritu! La charla vaga y abstracta sobre el espíritu no debe confundirse nunca con la búsqueda activa del contenido del mundo espiritual perseguido en la ciencia antroposófica.

Hoy en día se habla mucho del espíritu. Pero ustedes que aceptan la Ciencia Espiritual no deben dejarse engañar por tales parloteos; Deben percibir la diferencia entre ello y las descripciones del mundo espiritual intentadas en la antroposofía, donde el mundo espiritual es descrito tan objetivamente como el mundo físico. Deberían investigar estas diferencias, recordándoles repetidamente que la conversación abstracta del espíritu es una desviación del esfuerzo sincero por el espíritu y que, con su propia charla, la gente se está apartando del espíritu. La alusión puramente intelectual al espíritu no conduce a ninguna parte. ¿Cuál es entonces la inteligencia? ¿Cuál es el contenido de nuestra inteligencia humana? La mejor manera en que puedo explicar esto es la siguiente.

Imagínese —y esto será mejor entendido por las muchas damas presentes!— imagínense de pie mirándose frente a un espejo. La imagen que les presenta el espejo son ustedes, pero no tiene realidad en absoluto. No es más que un reflejo. Toda la inteligencia dentro del alma, todo el contenido intelectual, es sólo una imagen especular; No tiene realidad. Y así como su imagen reflejada se ve a través del espejo, lo que se refleja de sí mismo como inteligencia se refleja en la existencia a través del aparato físico del cuerpo, a través del cerebro. Eres inteligente sólo porque tu cuerpo está ahí. Y tan poco como puedas tocarte al estirar tu mano hacia tu imagen reflejada, tan poco puedes agarrarte al espíritu si te vuelves sólo un intelectual, —¡porque el espíritu no está allí!. Lo que se capta a través del intelecto, por ingenioso que sea, nunca contiene el espíritu mismo, sino sólo una imagen del espíritu. No puedes experimentar verdaderamente el espíritu si no vas más allá de la mera inteligencia. La razón por la que la inteligencia es tan seductora es que da una imagen, una imagen reflejada del espíritu, pero no el espíritu mismo. Parece innecesario ir a la inconveniencia de penetrar en el espíritu, porque está ahí —o al menos, se imagina. Porque en realidad es sólo una imagen reflejada— pero por todo eso, no es difícil hablar del espíritu.

Eso es lo que quería decirles hoy para intensificar la seriedad que debe impregnar toda nuestra actitud hacia la vida espiritual concebida por la Antroposofía. Porque la evolución de la Humanidad en el futuro dependerá de la verdadera actitud adoptada por la gente de hoy. Si lo que he caracterizado en esta conferencia continúa ofreciendo la recepción que todavía hoy le ofrece la gran mayoría de la gente en la Tierra, entonces Ahriman será un mal huésped cuando venga. Pero si las personas son capaces de despertarse para tomar conciencia de lo que hemos estado estudiando, si son capaces de guiarlo para que la Humanidad pueda enfrentar libremente la influencia ahrimánica, entonces, cuando Ahriman aparezca, los seres humanos adquirirán, precisamente a través de él, el poder de darse cuenta de que aunque la Tierra debe entrar inevitablemente en su declive, la Humanidad se elevara por encima de la existencia terrenal por este mismo hecho. Cuando los seres humanos han alcanzado cierta edad en la vida física, el cuerpo comienza a declinar, pero si son sensatos no se quejan, sabiendo que junto con el alma se están acercando a una vida que no va paralela a este declive físico. Vive en la Humanidad algo que no está vinculado con el ya prevaleciente declive de la Tierra física, sino que se vuelve más y más espiritual sólo por este declive físico.

Aprendamos a decir con franqueza: Sí, la Tierra está en su decadencia, y la vida humana también, con respecto a su manifestación física; Pero sólo porque es así, reunimos la fuerza para atraer a nuestra civilización ese elemento que, brotando de la misma Humanidad, vivirá mientras la Tierra decae, como el fruto inmortal de la evolución de la Tierra.

Traducido por Gracia Muñoz en Julio de 2017.

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GA137c6. El Hombre a la luz del Ocultismo, la Filosofía y la Religión

Christiania, 8 de junio de 1912

English version

Mis queridos amigos,

Tal vez os sorprenda que en el curso de estas conferencias vayamos a dedicar tanto tiempo a considerar la naturaleza de lo que después de todo es la parte externa del hombre, su forma y su figura. Sin embargo, si se quiere profundizar en el conocimiento que el verdadero ocultismo puede dar, no se puede omitir de su estudio del hombre los aspectos con los que ahora estamos tratando. Recuerden cuán a menudo en el curso de sus estudios se han encontrado con el pensamiento de que en su forma exterior la figura el hombre es un templo de la Deidad.

Así es, y esto es lo que debemos tener en la mente todo el tiempo que lo estudiemos, como si colocáramos las piedras de construcción del templo, tal y como comenzamos a hacer ayer y como continuaremos haciendo por un tiempo. Veremos que cuando nos tomamos la molestia de buscar en la figura humana los secretos ocultos del mundo espiritual, llegamos a un conocimiento que es de suma importancia para el corazón y el alma humana.

Ayer estudiamos al hombre en sus doce miembros. Ahora estos doce miembros aparecen a primera vista como formando una unidad. Sin embargo, en realidad no es una unidad, y es importante reconocer esto. Pues, en el momento en que estamos despiertos al hecho de que la unidad externa de la forma humana es sólo aparente, en el momento en que nos hacemos conscientes de que toda la forma y figura del cuerpo, tal como lo vemos y podemos tener conocimiento de ello aquí en la vida terrenal  es sólo una apariencia  —en ese momento también podemos comenzar a entender cómo es el Yo, el punto central de la conciencia del hombre.

Vimos ayer cómo este Yo nuestro desaparece de nuestra conciencia cada noche, y es por ello que nuestro Yo solo puede ser para el hombre una imagen; pues de otra manera no se le podría quitar la realidad de la noche. Cada noche algo del yo del hombre (que siempre va con él a través de toda la vida terrena) se retira; Y los Poderes Divinos han ordenado las cosas de tal manera que lo que el hombre pierde en el sueño se le dona en el cuerpo externo; se adhiere en su lugar del cuerpo. Es por ello que el hombre puede mirar su cuerpo como una unidad. Pero en realidad no es unidad. En realidad se compone de miembros que se amalgaman de la manera más complicada.

Aquí estamos acercándonos a uno de los misterios más importantes del ser humano, que nos llevará a profundizar en los secretos fundamentales de la existencia. Uno de los misterios lo tocamos en el mundo exterior; y es importante tomar este camino de fuera hacia dentro para recibir en nuestra conciencia esta idea que no tiene objeto.

  El hombre tal como lo vemos en el mundo consiste en tres partes, y estamos tratando todo el tiempo con una apariencia si simplemente tratamos estas tres partes del hombre como una unidad. La forma del hombre, que ayer vimos compuesta de doce miembros, está realmente dividida en tres, y debemos aprender a comprender cómo el hombre tiene en él, por así decirlo, tres hombres. Pongamos ante nosotros a estos tres hombres en sucesión.

Ayer, cuando pusimos un orden a los miembros de la forma humana, comenzamos con lo que llamamos la postura erguida  y continuamos con que el hombre está orientado en una dirección de avanzar —para expresarlo mejor, para el acto de hablar—Tenemos, por lo tanto, como segundo miembro la dirección de avance, la dirección para el habla. La tercera, como recordarán, era la simetría. Teniendo por el momento sólo estos tres miembros de la naturaleza del hombre, vemos una parte de la forma humana tal y como la contemplamos en el espacio exterior.

Veamos ahora ver si podemos, siguiendo una percepción puramente exterior, buscar otra cosa a la que podemos aplicar la palabra simetría, —y que en su aspecto externo ofrece a una observación cuidadosa muchos problemas interesantes. Por simetría nos referimos, por supuesto, la forma en que el hombre muestra un desarrollo de dos caras. Esta calidad de simetría está presente en todos los órganos de la cabeza, pero a medida que avanzamos hacia abajo desde la cabeza llegamos a una parte de la figura humana donde es aún más patente la evidencia.

Recordarán que hemos dado a  la  “postura erguida”, el nombre de Aries y el signo ♈ , y a la “orientación a la formación de sonido” el Toro nombre (Tauro) y el signo ♉ y a la “simetría” el nombre de Mellizos (Géminis) y el signo ♊. Estos son los nombres dados a los tres primeros miembros del organismo del hombre.

 Llegamos entonces a algo que parece seguir como una especie de continuación de la cabeza y que manifiesta de una manera muy especial la propiedad de la simetría. Me refiero a los brazos y las manos. Es a estos que les voy a pedir ahora tengan en consideración.

Los brazos y las manos del hombre se unen a la parte de la cabeza de tal manera que prefiguran de una manera sorprendente lo que tenemos en el hombre inferior como el muslo, la pierna y el pie. Si consideráis el reino animal, seréis inmediatamente golpeados con la semejanza de estos últimos órganos con aquellos que en el hombre, como brazos y manos, son diferentes. Podréis hacer observaciones muy importantes dedicando un cuidadoso estudio y pensamiento a la diferencia que hay en el hombre entre los brazos y las piernas, y entre las manos y los pies, en contraposición a los animales que están más cerca de él.

Tomemos ahora los nombres que empleamos ayer para las piernas y los pies y los aplicamos de manera correspondiente a los brazos y manos que se unen a la cabeza y que —como una observación bastante superficial nos permitirá ver— tienen conexión espiritual con todo el mundo del pensamiento de la cabeza. No lo encontraremos irrazonable o inapropiado si aplicamos ahora a estos brazos y manos que están conectados con la cabeza, los mismos términos que usamos ayer para las piernas y los pies, y nombrar esta continuación simétricamente extendida de la cabeza de la siguiente manera.

Primero tenemos, como cuarto miembro, el brazo superior, y a esto le damos la misma designación que le dimos al muslo, el Arquero (Sagitario) ♐.

Observamos una diferencia entre el codo y la rodilla, no habiendo desarrollo el codo una correspondencia con la rotula, pero a pesar de ello la similitud es suficientemente obvia. Y así le damos al codo el signo y el nombre que dimos a la rodilla, – Cabra (Capricornio) y ♑.

Asignamos al brazo inferior el mismo signo que tomamos para la pierna, el Signo de Acuario ♒, y las manos se indican con el mismo signo que dimos a los pies,  el signo de los Peces (Piscis) ♓.

Y si ahora juntamos estos miembros de la naturaleza del hombre, por sí mismos, comprendiendo la cabeza y los brazos, obtenemos un hombre de siete miembros. Esta es una percepción importante. Al reflexionar sobre cómo este hombre séptuple completo recibe alimento —la nutrición es naturalmente traída a él del resto del hombre— entonces la idea no será totalmente grotesca si imaginamos por un momento que este hombre séptuple podría recibir su alimento de fuera, como una planta que encuentra alimento preparado para ella en el mundo exterior, y simplemente la recibe y trabaja sobre ella. Podríamos muy bien imaginar que sucedió lo mismo con este hombre séptuple, y que no obtuvo lo que necesitaba para el mantenimiento del cerebro y demás de las otras partes de la naturaleza del hombre, sino directamente del mundo exterior. Este séptimo hombre estaría entonces directamente e inmediatamente ligado al mundo exterior.

Es esencial que el ocultista llegue a una comprensión de este hombre séptuple si quiere elevarse de manera correcta al nivel de una conciencia superior. Lo que acabamos de describir debe encontrar en algún momento un lugar en su mente, esta posibilidad de un hombre séptuple, de la cual uno piensa todas las partes restantes y miembros del ser humano actual.

HOMBRE SUPERIOR

Pasemos ahora a considerar al segundo hombre. Entenderemos mejor al segundo hombre si perseguimos el siguiente tren de pensamiento. El órgano esencial de la cabeza es, como veréis fácilmente, el cerebro. Ahora el hombre tiene algo más en su forma que es similar al cerebro. Difiere del cerebro de la cabeza en lo que aparentemente es un detalle, pero realmente es un punto de gran importancia. El hombre tiene en realidad algo así como un segundo cerebro; Es el cerebro de la médula espinal, que está encerrado en la columna vertebral.

Voy a pedirles que nos detengamos un poco en este pensamiento. Traten de imaginar que la médula espinal no es otra cosa que un cerebro extraño y peculiar. Es muy posible sentirlo como un cerebro que ha sido alargado y se ha convertido como en un bastón —al igual que también podemos ver el cerebro como una médula espinal inflada.

Nos ayudará aquí si imaginamos al hombre asumiendo por el momento la misma postura en el mundo que los animales todavía tienen hoy, es decir, con su columna vertebral no vertical sino paralela a la superficie de la Tierra. Entonces tendría un cerebro que simplemente ha sido sacado en la forma de un bastón. Y ahora observen al ser humano como lo tendría antes, paralelo a la superficie de la tierra, con la espalda recostada horizontalmente en el espacio. En esta posición la médula espinal puede muy bien pasar por una especie de cerebro.

Y ahora notamos algo muy extraño y notable, a saber, que tenemos nuevamente apéndices a la derecha y a la izquierda, aunque naturalmente muy diferentes de los apéndices de los brazos que teníamos antes. Pero imagínense una condición en la que el hombre no hubiera desarrollado la simetría tanto como hoy (que los dos brazos son casi iguales), pero aquí un brazo habría experimentado un peculiar desarrollo propio que lo diferenciara muy claramente del otro. En el día de hoy hay incluso una tendencia —y es una tontería— descartar la derecha y cultivar una igualdad de izquierda y derecha. Pero imagínense ahora que el brazo izquierdo, por el contrario, se convirtiera en un órgano completamente diferente; entonces no os parecerá imposible o absurdo referirnos en la forma en que lo haremos ahora de otros dos apéndices.

Consideremos al ser humano en esta posición, con su columna vertebral arriba, tendido horizontalmente, y unido a él por un lado la cabeza y por el otro lado los pies. Tenemos entonces dos apéndices, como lo habíamos hecho antes con los brazos. Podemos considerar la cabeza como un brazo y los dos pies como el otro brazo. A primera vista, suena muy extraño: pero cuando reflexionan en el reino animal se dan formas que no son muy diferentes a la que he descrito, la idea después de todo tal vez no  parezca tan grotesca.

De hecho, esta idea debe encontrar lugar en nuestra mente, si queremos tener la comprensión de todo el ser que es en verdad un ser de tres miembros. Entonces podemos decir que tenemos aquí apéndices,  —sólo formados asimétricamente; melllizos, digamos, que no son iguales. En efecto, llegamos a percibir que tenemos ante nosotros algo así como una repetición del primer hombre séptuple.

Comencemos entonces asignando a este hombre horizontal de dos formas disimilares Gemelos. Pues podemos llamar de nuevo a los dos apéndices laterales Gemelos (Géminis). En el hombre horizontal, la cabeza por un lado y los pies por el otro se pertenecen; están dispuestos en una relación mutua, y los denotamos en relación con el nombre Geminis.

Y ahora debemos regresar a lo que hemos visto ser un cerebro. Recuerden lo que dijimos antes. Ahora tenemos la imagen del hombre al que ahora miramos tumbándolo. Tenemos ante nosotros la parte media del hombre, el cuerpo como tal. Esto debe considerarse como un mundo encerrado en sí mismo y, además, como un mundo del que pensamos que contiene en él el segundo hombre. Así tenemos la cobertura o el encerramiento de este segundo hombre, y dentro, por encima, una especie de cerebro. Al recinto –el sudario o envoltura por así decirlo– lo designamos como Cangrejo (Cáncer). Todo el recinto del pecho adquiere un carácter completamente nuevo por el hecho de que hemos tumbado al hombre para obtener una imagen correcta de él.

HOMBRE medio

Ahora veamos qué miembros podemos encontrar dentro de este recinto del pecho. Sólo tenemos que seguir a los miembros como los tomamos en su secuencia ayer, en cuanto al lugar donde es posible todavía contarlos como la parte del tronco o del hombre medio. No hay duda del interior al que le dimos el nombre de León (Leo) ♌ y que se concentra en el corazón. Este es el tercer miembro. Entonces recordarán que vimos cómo el hombre está realmente dividido en dos miembros, un contenido interior que está encerrado por el Cangrejo (Cáncer) y un contenido interno que está encerrado por las paredes abdominales. Anatómicamente, el cuerpo del hombre está dividido exactamente por el diafragma en una cavidad superior y una cavidad inferior; lo que está debajo del diafragma también tiene que ser contado con el hombre medio. Lo designamos por el nombre de Virgen (Virgo) con el Signo ♍.

Llegamos entonces al lugar del equilibrio, donde el hombre comienza a no estar encerrado en su propia forma, sino a abrirse al mundo exterior. Cuando usa sus piernas está tomando contacto con lo que está fuera de él. El lugar del equilibrio es el límite en el que el estar totalmente “dentro” llega a su fin. Este quinto miembro se llama Escalas (Libra) y se le da el Signo ♎.

Del modo en que se colocan los órganos de la reproducción en el hombre, se verá que obviamente deben contarse con el hombre medio; Y así tenemos, como sexto miembro, los órganos reproductores, Escorpión (Escorpio) con el Signo ♏.

Y ahora nada queda por hacer sino definir el apéndice que forma el segundo de los Gemelos. Si consideran lo que es el muslo para el hombre y observan cómo su movimiento está condicionado por la naturaleza del hombre medio (porque el muslo está estrechamente relacionado con todo el sistema muscular del hombre medio), verán que debemos contarlo también como miembro. En cuanto a la rodilla, el hombre es hombre medio; las fuerzas del hombre medio entran en el muslo y se extienden hasta la rodilla. Por otra parte, ya hemos incluido el muslo como uno de los gemelos. La cabeza en un lado y el muslo en el otro constituyen el par de gemelos. Al muslo, entonces, lo denotamos con el Signo ♐ y lo llamamos Sagitario.

Cuando vamos más allá y consideramos los pies, encontramos que mientras que el muslo aún conserva una conexión íntima con el hombre medio, la rodilla, la pierna y el pie requieren el apoyo de la tierra. El muslo, es cierto, usa este apoyo, pero la pierna y el pie están allí sólo porque el hombre tiene que estar firme y recto en la tierra. En el muslo todavía tenemos que ver con la continuación del hombre medio. Si no estuviera adaptado a los otros miembros de la pierna y el pie, el muslo, de hecho, podría asumir una forma diferente y permitir al hombre ser una criatura aérea. Órganos muy diferentes podrían ser desarrollados más allá de él, adecuados para nadar o volar. Estos se pondrían en movimiento por medio del muslo, pero entonces todo lo que esta sobre ellos tendría que adaptarse a su propósito.

Vemos por lo tanto, que las partes restantes de la forma del hombre no requieren ser contadas con el hombre medio, de modo que ahora tenemos nuevamente un hombre séptuple. Es el segundo. Si miramos la diferencia entre los dos, encontraremos que es absolutamente asombrosa. En el primer hombre de siete miembros tenemos, al principio, todos los órganos sensoriales importantes, situados en la cabeza. Y cuando contamos en este primer hombre séptuple, como debemos hacerlo, los brazos y las manos, entonces hemos incluido en él órganos que tienen una cualidad distintiva que ninguna otra observación puramente externa y materialista podría dejar de reconocer. Porque los órganos que llamamos brazos y manos, si los estudiáramos seriamente, revelan en alto grado el significado sublime de la naturaleza del hombre.

Si quisiéramos hablar del arte en la Naturaleza  —y todo lo que el hombre considera con razón como el Templo de Dios está maravillosamente imbuido del arte de la Naturaleza— no podremos encontrar mejor expresión que en la maravillosa construcción de las manos y los brazos del hombre. Tomen los órganos correspondientes en otras criaturas que están relacionadas con el hombre. Miren, por ejemplo,  las alas de un pájaro,  —un animal alejado del hombre. Las alas son los miembros delanteros del pájaro, son comparables con lo que tenemos en el hombre como manos. El pájaro no podría volar sin alas. Las alas son órganos que son útiles y necesarios para su existencia— en el sentido más completo, órganos de utilidad. La mano humana no es en el mismo sentido un órgano de utilidad en absoluto. Es cierto que podemos desarrollarla para que lo sea, pero requiere desarrollo. No podemos volar con ellas, ni nadar con ellas, y es incluso torpe en la escalada, en la que los miembros delanteros del mono —el animal que está más relacionado con el hombre— son muy inteligentes. Podríamos casi decir que, mirado puramente desde el punto de vista de la utilidad, hay muy poco significado o propósito en la forma de las manos. Si, sin embargo, observamos todo lo que el hombre tiene que hacer en el curso de la evolución con sus manos, encontramos que son sus posesiones más preciadas. Cuando se trata de llevar a la expresión exterior lo que la mente y el espíritu son capaces de lograr, entonces las manos muestran su valor.

Piensen en los movimientos más sencillos y elementales de la mano. ¿Acaso la mano, cuando acompaña a la palabra con un gesto, no se convierte en el órgano más expresivo? En todos los diferentes movimientos y posiciones de la mano ¿no vemos a menudo algo revelado del carácter interior del ser humano? Supongamos por un momento que las manos fueran adaptadas para escalar o nadar; o suponer que el hombre necesitara sus manos para ayudarse a moverse por la tierra. El mundo podría estar tan ordenado que no tendríamos que aprender a caminar, sino que haríamos uso de nuestras manos para ayudarnos. Para tener en cuenta, que tenemos que aprender a caminar haciendo movimientos que son bastante inadecuados para el propósito —movimientos pendulares con ambas piernas—. Por lo general, no se observa lo poco adaptados para el fin en vista de lo que son los movimientos de la pierna; no hay un solo animal que no tenga sus piernas mucho más útilmente colocadas y ajustadas que el hombre. Y en cuanto a nuestras manos, no tienen nada que ver con este reino de nuestra existencia. Pero supongamos ahora que no fuera así, supongamos que el hombre encontrase más fácil, más natural, moverse con la ayuda de sus manos. ¡En ese caso tendríamos que olvidarnos de toda la cultura humana! ¿Qué no hace un artista con su mano? Todo arte sería simplemente inexistente, si las manos hubieran sido órganos de utilidad.

Este es un hecho que debe tener muy presente el aspirante del ocultismo, que en los brazos y las manos tenemos órganos maravillosos, profunda y fuertemente conectados con la vida espiritual que vive el hombre en la Tierra. Cuando consideramos cómo el hombre en su cabeza tiene un sentido de contacto con el mundo exterior, donde los órganos de los sentidos están principalmente localizados, y luego trabaja en ese mundo externo por medio de sus manos, cuando consideramos cómo puede preparar en su cabeza lo que despues muestra al mundo exterior con sus manos y lo lega como arte y cultura, entonces comenzamos a ver el verdadero carácter de este primer hombre séptuple. Es el hombre esencialmente espiritual, es el hombre en su conexión con el mundo externo. Si miramos a estos siete miembros y vemos cómo forman un todo autocontenido entonces vemos cómo en este hombre séptuple el proceso de la tierra se vuelve consciente para el hombre. Este primer hombre de siete miembros debe considerarse como la naturaleza espiritual del ser humano; es el ser espiritual del hombre, en la medida en que es hombre de la Tierra.

Veamos ahora al segundo hombre. El hecho de que el hombre medio tiene gemelos (Géminis) que muestran desarrollos totalmente diferentes en ambos lados, le da una relación doble con el mundo exterior. Está conectado con el mundo exterior por un lado a través de la cabeza, —porque tiene el conocimiento en la cabeza; y por otro lado, a través del hecho de que el hombre es una criatura que se mueve sobre la Tierra y puede dirigir su movimiento desde dentro. Finalmente, también está conectado con el mundo exterior por medio de los órganos reproductivos que hacen posible la continuidad física del hombre. Si no fuera por estos tres miembros, Géminis por los dos lados, y por los órganos reproductores, no habría conexión con el mundo exterior. Estos tres miembros en el organismo medio permiten al hombre tener conexión por un lado con el proceso de la Tierra y por otro lado con la evolución continua del hombre en la tierra, con la secuencia de las generaciones y la reciprocidad del sexo.

Sin embargo, cuando nos volvemos a los miembros medios que denotamos con las palabras Cáncer, Leo, Virgo y Libra, descubrimos que sólo están allí para el hombre interior —quiero decir, por supuesto, “interior” en el sentido corporal—. Esta naturaleza interna corporal del hombre tiene, es cierto, continuación en dos direcciones exteriores en lo que para él es Géminis; pero el resto está enteramente ocupado con el organismo interior. Para el organismo interior del hombre es de la mayor importancia que tenga un corazón, pero es de muy poco interés para la naturaleza externa, y de poco interés que tenga un abdomen.

Tenemos, pues, tres miembros que son importantes para la naturaleza terrestre externa y otros cuatro que sirven especialmente al propio organismo interno del hombre. Mientras que el hombre superior vive esencialmente en el mundo exterior, en virtud de los sentidos, así como en virtud del mecanismo del brazo y la mano, aquí tenemos fundamentalmente una vida dentro del organismo. Por lo tanto, existen grandes diferencias entre estos dos hombres, el hombre medio y el hombre cefálico.

Ahora debemos pasar a considerar al tercer hombre. Para hacernos más fácil de formar un cuadro mental de este tercer hombre, lo tomaremos en el orden inverso, comenzando desde el otro extremo. Encontraremos que este tercer hombre se separa de los otros dos de una manera perfectamente natural y obvia.

Comencemos con el séptimo miembro, los pies. Sabemos por la conferencia de ayer que conferimos a los pies el nombre de Piscis y el Signo ♓. La forma humana está aquí totalmente adaptada al mundo exterior. Si se piensa un poco sobre ello encontrarán que no hay ninguna pregunta al respecto. Porque es esencialmente la forma del pie lo que hace posible que el hombre sea una criatura que se mueve sobre la Tierra.

Todo lo que se requiere para caminar el hombre tiene que aprenderlo. Es conforme con la naturaleza que el hombre tiene que colocar sobre la Tierra la planta del pie, de modo que la superficie extendida del pie no esté dirigida hacia dentro sino hacia la Tierra. Y ahora, como lo que llamamos la pierna pertenece y corresponde a esta naturaleza del pie, debemos considerar como sexto miembro la pierna, a la que le damos el nombre de Acuario y el Signo ♒.

Llegamos entonces al quinto miembro, la rodilla, que aquí no se debe considerar de otra manera que formando un necesario mecanismo de descanso para el muslo. Debido a que el hombre tiene que poner a su hombre medio en conexión con el hombre inferior —el pie y la pierna— por lo tanto debe haber esta partición en la rodilla. Piensen en lo difícil que sería caminar si la pierna y el pie no se separaran de esta manera. Caminar sería una cuestión aún más difícil de lo que es, si la pierna y el muslo estuvieran hechos de una sola pieza! Si no tuviéramos que caminar, el hombre medio no nos preocuparía. Como sin embargo es así,  necesitamos al hombre medio y, en consecuencia, también se requiere de la rodilla como miembro de conexión. Lo llamamos Capricornio, con el Signo ♑. Este es el quinto miembro.

El cuarto, el muslo, ya lo hemos considerado y hemos visto que pertenece al hombre medio. El muslo tendría que estar allí incluso si el hombre tuviera otro tipo de movimiento. Si, por ejemplo, volara o nadara, seguiría necesitando el muslo, aunque podría tener que asumir otra forma. Si el hombre es capaz de caminar sobre la tierra, no sólo debe adaptarse el pie, la pierna y la rodilla a la tierra, sino también el muslo debe estar en la relación y proporción correcta con la de estos miembros. Debe ser formado de modo que corresponda de la manera correcta a los tres miembros inferiores. Lo reconocerán cuando observen que, en la medida en que el muslo está en correspondencia con los órganos medios, es del mismo tipo en aves, y en los animales de cuatro patas; solo en el hombre se desarrolla de manera diferente. Así, el muslo pertenece al hombre en cuanto tiene de naturaleza animal. Le damos el nombre de Arquero (Sagitario) y el signo ♐.

Se puede ver fácilmente que los órganos de reproducción están formados, por un lado, desde dentro, y por otro en sus funciones se adaptan al trabajo exterior. Permítanme decir de paso que debemos hablar de estas cosas con bastante objetividad, y considerar aspectos de ellas que sólo se pueden considerar cuando se trata el tema con seriedad científica. Los órganos reproductivos se adaptan a la naturaleza externa en el sentido de que relacionan un sexo con el otro. El órgano del macho no sólo se forma fuera del hombre medio, sino que también se le da una dirección externa y un forma adaptada al órgano reproductor de la hembra. Tenemos, por lo tanto, que hablar de los órganos reproductivos como el tercer miembro, que llamamos Escorpión y denotamos con el Signo ♏.

Ahora vamos a lo que se llama la balanza (Libra), el lugar del equilibrio en el hombre. La forma externa de la región del equilibrio es prueba suficiente de que tenemos aquí un miembro de la naturaleza media del hombre. Tengan en cuenta que es porque el hombre se ha vuelto vertical que tuvo que tener aquí este órgano de equilibrio. Debe desarrollarse de tal manera que le permita convertirse en un ser recto. Comparen la región de equilibrio en un animal de cuatro patas con el del hombre y reconocerán que este miembro del equilibrio es diferente pues la parte superior del cuerpo tiene una dirección ascendente o descansa horizontalmente en las piernas y los pies. Así, el lugar donde se encuentra el equilibrio y que designamos como Libra tiene que ser contado como el segundo miembro del hombre inferior.

Y ahora llegamos a algo que no puede sino encontrarse con malentendidos por parte de la ciencia actual. Hemos considerado hasta ahora un hombre de seis envolturas; hemos estudiado al tercer hombre empezando desde abajo hacia arriba y encontramos en él a estos seis miembros. Cuando consideramos a los otros dos, al primer y el segundo hombre séptuple, tomamos como punto de partida en cada caso un cerebro. Al considerar la cabeza, comenzamos con el cerebro y eso nos condujo a los brazos y manos. Entonces aprendimos a ver un segundo cerebro, un cerebro que es como un cuerpo alargado, pero aún así es verdaderamente cerebro,—la médula espinal. Como usted sabrá, la diferencia entre la médula espinal y el cerebro, aunque aparentemente  parece pequeña, es realmente muy grande. La médula espinal es el instrumento para todos los movimientos que el hombre está obligado a realizar; los movimientos que llamamos movimientos involuntarios son controlados por la médula espinal. Cuando, por otra parte, empleamos el instrumento del cerebro, el pensamiento se inserta entre la percepción y el movimiento. En la médula espinal no existe conexión con el pensamiento. Allí el movimiento sigue directamente a la percepción. En el caso del animal la médula espinal desempeña una mayor parte que en el caso del hombre, y el cerebro una parte menor. La mayoría de los animales realizan sus acciones de manera involuntaria. El hombre, sin embargo, en virtud de su cerebro superior, se inclina al pensamiento entre la percepción y el movimiento; por consiguiente, sus hechos muestran un carácter voluntario.

Tratemos ahora de imaginar al tercer hombre de tal manera que en él también descubrimos una clase de cerebro. Como ustedes saben, hay en el hombre un tercer sistema nervioso distinto del cerebro y de la médula espinal. Es el sistema nervioso simpático, el denominado plexo solar, situado en la parte inferior del hombre y que envía sus fibras hacia arriba, paralelas a la médula espinal. Es un sistema nervioso que está separado de los otros dos y en relación con el propio cerebro, puede considerarse como un cerebro peculiar, no desarrollado. Cuando seguimos la forma humana más allá de Libra, encontramos este notable sistema nervioso simpático, el sistema del plexo solar extendido como el cerebro del tercer hombre. Con los órganos especiales que ya hemos enumerado, también está conectado lo que tenemos que considerar como una especie de tercer cerebro, el plexo solar.

Ahora bien, existe una conexión vital —y esto es lo que la ciencia externa no puede sino encontrar difícil de aceptar— entre el plexo solar y los riñones. Como la sustancia del cerebro en la cabeza y las fibras de las vías nerviosas permanecen unidas, también lo hacen los riñones que pertenecen al cerebro del abdomen, al plexo solar. De hecho, el plexo solar y los riñones forman, en conjunto, un tipo peculiar de cerebro subordinado. Reconociendo este cerebro como parte del hombre inferior, podemos designarlo con el término Virgen (Virgo) ♍. Tenemos, pues, ahora nuestro séptimo, o más bien nuestro primer miembro, compuesto por la conexión del plexo solar con los riñones; y en este punto llegamos a completar el tercer hombre séptuple.

HOMBRE INFERIOR

Así, el hombre se encuentra triformado en su composición. Estos tres hombres colaboran entre sí, y no es posible comprender la naturaleza del ser humano hasta que se sepa que en él están activos en realidad tres seres humanos. Tres hombres séptuples trabajan unidos en el hombre.

El último cerebro nombrado toma extraordinariamente poco interés en el mundo externo. Su único propósito es mantener las partes interiores del hombre en posición vertical. Todo el resto de los órganos en el hombre inferior se adaptan al mundo exterior, aunque de una manera muy diferente a la del hombre cefálico. La relación del hombre cefálico con el mundo externo se expresa en el hecho de que él re-forma el mundo de la tierra al mundo de la cultura humana. Por otro lado, en los órganos externos e internos del hombre inferior tenemos que ver con algo que pertenece y sirve al ser humano mismo. Es sólo porque no nos tomamos la molestia de pensar con precisión en estos asuntos que no podemos observar la enorme diferencia que hay entre esta Triformación que engloba la totalidad del ser humano

El ocultismo siempre ha dado el nombre de Mysterium Magnum, el Gran Misterio, al maravilloso secreto de la naturaleza del hombre, cuyo aspecto exterior hemos estado considerando aquí. Este aspecto del Mysterium Magnum es visible en el mundo exterior; sólo que, en general, no estamos en condiciones de entenderlo, porque no distinguimos desde un principio, en lo que parece ser una unidad, un ser tres veces séptuple.

Ahora podemos pasar a considerar el otro aspecto de este misterio. Hablamos antes de la naturaleza del Yo del hombre, y dijimos cómo tiene la apariencia de ser una unidad. Vimos también cómo esta unidad se rompe continuamente, siendo continuamente interrumpida por el sueño. Si leen “Como se alcanza el conocimiento de los Mundos Superiores” encontrarán que se describe un hecho notable, cuando el discípulo de ocultismo da el paso que lo lleva fuera de su conciencia ordinaria algo extraño sucede con su Yo, con su conciencia. El está dividido en tres miembros, y tan eficazmente que es dominado por estos miembros auto-dependientes dentro de él —el alma pensante, el alma sensible y el alma dispuesta—. En la vida ordinaria estas tres cosas —pensamiento, sentimiento y voluntad— están unidas en la naturaleza del Yo, en la conciencia del Yo. En nuestra conciencia cotidiana común juegan entre sí. Sin embargo, tan pronto como damos un paso hacia una conciencia superior, el pensamiento, el sentimiento y la voluntad se desmoronan. Este es un hecho al cual el aspirante del ocultismo debe prestar atención. Cuando sale de su conciencia cotidiana, se encuentra dividido en tres, encuentra la unidad del Yo dividida en un hombre pensante, un hombre sensible y un hombre dispuesto.

Ahí tienen el otro aspecto del Mysterium Magnum. Cuando el hombre se precipita, por así decirlo, cuando realmente pasa por encima de los límites de su conciencia, entonces su unidad del Yo se divide en tres al igual que la aparente unidad de la figura humana externa, tan pronto como llegamos a estudiar el cuerpo más de cerca, se divide en tres, —en tres hombres de siete miembros.

Así, nuestra naturaleza interna del Yo, al igual que nuestra forma externa, es una unidad formada de una trinidad. El hombre exterior se divide en el hombre cefálico de siete miembros, el hombre medio o rítmico se divide en siete miembros  y el hombre inferior o metabólico consta de siete miembros. En consecuencia, el yo interior del ser humano se divide, en cuanto alcanza el primer paso en el reino oculto, en un ser trimembrado, el hombre pensante, el hombre sensible y el hombre dispuesto, que colaboran entre sí en completa independencia. Ese es el segundo aspecto del misterio.

Ambos hechos deben ser reconocidos por el discípulo del ocultismo, cuando da el primer paso hacia una conciencia superior. (Hablaremos mañana del encuentro con el Guardián del umbral.) Así como la conciencia se divide en tres partes, así si avanzamos de la manera correcta, aprenderemos a percibir en la forma externa manifiesta del hombre un ser trino y séptuple. Tenemos aquí dos aspectos de un aspecto múltiple, —el Mysterium Magnum. De los otros aspectos hablaremos más adelante. De momento estamos indicando los primeros y más elementales pasos para el comienzo de este gran y maravilloso misterio. Por eso, cuando se llega a una etapa particular del desarrollo oculto, se encuentra por todos los lados con la fórmula (expresada de muchas maneras diferentes): El gran secreto es —”Tres son uno y uno son tres”. Para el ocultista esta fórmula significa lo que he descrito hoy; aquí tiene su pleno y verdadero significado. Sólo cuando la gente lo malinterpreta y lo convierte en un dogma materialista pierde su verdadero significado. Sin embargo, si lo toman en el sentido que he explicado, puede ser un símbolo correcto para las verdades con las que hemos estado tratando hoy. La fórmula se convierte entonces en una expresión del Mysterium Magnum. Si queremos encontrar el camino correcto en el reino del ocultismo —y esto es lo que intentamos aquí, en muchas conexiones—, entonces debemos aprender a comprender esta misteriosa y aparentemente contradictoria fórmula: Tres son uno y uno son tres. Para el discípulo medieval del ocultismo una y otra vez le fueron pronunciadas las palabras: “Presta atención a lo que se te dice; así podrás entender el misterio de cómo los Tres pueden ser al mismo tiempo Uno, y el Uno al mismo tiempo Tres. “

HOMBRETRIMEMBRADO

Traducido por Gracia Muñoz

GA130. Buda y Cristo – La Esfera de los Bodhisattvas

Rudolf Steiner – Milán, 21 de septiembre de 1911

English version

En esta conferencia quiero hablar sobre ciertos hechos que pertenecen esencialmente al dominio ético y moral y nos ayudarán a comprender la misión de la ciencia espiritual en nuestro tiempo.

Estamos profundamente convencidos de la gran verdad de la reencarnación, de las vidas terrenales consecutivas, y deberíamos saber que esta repetición tiene su propio propósito en la evolución de la Tierra. A la pregunta: “¿Por qué  reencarnamos?”. La investigación oculta da la respuesta de que nuestras experiencias son diferentes en cada una de las épocas en las que volvemos a nacer en la Tierra. En las encarnaciones inmediatas a la catástrofe atlante, las experiencias del alma humana eran completamente diferentes de las obtenidas en épocas pre-cristianas posteriores así como en nuestro propio tiempo.

Basta con mencionar brevemente que en los tiempos inmediatamente después de la catástrofe atlante, las almas estaban dotadas de una cierta clarividencia elemental proveniente de los cuerpos que entonces habitaban. Esta clarividencia, que una vez fue una facultad natural en el hombre, se fue perdiendo gradualmente, principalmente como resultado de las condiciones culturales imperantes en la época greco-romana. Desde entonces, el hombre se ha desarrollado de tal manera que ha logrado un gran progreso en el plano físico y durante el curso de la presente época post-atlante irá recuperando gradualmente la clarividencia.

Estamos viviendo en la quinta época cultural post-Atlante; la primera época cultural se denomina la Antigua India, la segunda la antigua Persia, la tercera la Babilonia-caldea y la cuarta la Greco-romana; a nuestra quinta época cultural le seguirán la sexta y la séptima. Después otra gran catástrofe caerá sobre la Tierra y la Humanidad, como ocurrió hacia el final de la época Atlante.

La investigación oculta es capaz de indicar la tendencia característica de la evolución humana en cada una de estas épocas de la civilización post-atlante –incluyendo la quinta, sexta y séptima–. La característica esencial de nuestra presente quinta época es el desarrollo de la inteligencia, de la razón. La característica principal de la sexta época será el desarrollo  de un sentimiento muy definido en las almas humanas,  con respecto a lo que es moral y lo que es inmoral. Delicados sentimientos de simpatía se despertarán por hechos amables y compasivos y sentimientos de antipatía por acciones maliciosas. Ningún ser humano que vive en la actualidad puede tener la menor idea de la intensidad de estos sentimientos.

La sexta época será seguida por la séptima, donde se profundizará aún más la vida moral. Mientras que en la sexta época el hombre sentirá placer ante las acciones buenas y nobles, en la séptima época el resultado natural de tal placer será el impulso moral , es decir, habrá una firme resolución de hacer lo que es moral. Hay una gran diferencia entre sentir placer ante una acción moral y el ejecutarla. Por lo tanto, podemos decir: nuestra época es la época del intelectualismo; la característica esencial de la época siguiente será el placer estético en el bien y el disgusto estético ante el mal; y la séptima se caracterizara por una vida moral activa.

En la actualidad sólo las simientes de lo que pasará a formar parte de la Humanidad en épocas futuras están contenidas en el alma humana, y se puede decir que todas estas aptitudes o predisposiciones en el hombre –aptitudes intelectuales, predisposiciones que conducen a los sentimientos de simpatía o antipatía que despiertan ciertas acciones, e impulsos morales– todo esto se relaciona con los mundos superiores. Cada acción moral tiene una relación clara con los mundos superiores. Nuestras aptitudes intelectuales tienen una conexión suprasensible con el plano astral. Nuestras simpatías y antipatías para el bien o el mal están conectadas con la esfera del Devacán inferior; y el dominio de los impulsos morales en el alma está conectado con el Devacán superior. Por lo tanto, también podemos decir: en nuestra época actual son principalmente  las fuerzas del mundo astral  las que penetran e ingresan  con vigor en el alma humana; en la sexta época serán las fuerzas de  Devacán inferior las que penetrarán más profundamente en el alma; y en la séptima, las fuerzas del Devacán superior actuarán con especial fuerza en la Humanidad.

A partir de esto, es comprensible que en la cuarta época post-atlante previa (greco-romana) fueran las fuerzas del plano físico las que ejercieron la influencia más fuerte en el alma del hombre. Es por ello que la cultura griega fue capaz de producir ese tipo de esculturas maravillosas, a través de las cuales se le otorgó a la forma humana tan magnífica expresión en el plano físico. Por lo tanto, las condiciones en aquella época eran especialmente adecuadas para que los hombres experimentaran al Cristo en el plano físico dentro de un cuerpo físico. En nuestra quinta época, que durará hasta el cuarto milenio, las almas se volverán gradualmente capaces –a partir del siglo XX en adelante– de experimentar al Ser de Cristo en una forma etérea en el plano astral, al igual que en la cuarta época el Cristo fue visible en el plano físico dentro de una forma física.

Con el fin de comprender la naturaleza del desarrollo de la sexta época cultural, es bueno considerar lo que serán las cualidades características del alma en futuras encarnaciones. Hoy en día, en nuestra época intelectual, la intelectualidad y la moralidad conforman esferas  prácticamente separadas en la vida del alma. Hoy en día es factible que un hombre sea muy inteligente y al mismo tiempo inmoral, o viceversa –ser profundamente moral y cualquier cosa menos inteligente–.

En la cuarta época, la futura yuxtaposición de la moralidad y la intelectualidad fue proféticamente prevista por un pueblo, a saber, el hebreo. Ellos se esforzaron por lograr la armonía artificial entre la moralidad y la intelectualidad, mientras que entre los griegos tal armonía era más una cuestión natural, por supuesto. Hoy en día podemos aprender de la Crónica Akáshica cómo los líderes del antiguo pueblo hebreo se esforzaron por establecer esta armonía entre la intelectualidad y la moral. Ellos portaban símbolos consigo, de los cuales el resto no tenía tan profundo entendimiento, en los que concentraban la mirada para volverse receptivos a sus influencias, así podían establecer una cierta armonía entre lo que era bueno en un sentido moral y lo que era conveniente. Los sacerdotes del antiguo pueblo hebreo usaban estos símbolos sobre su vestimenta. El símbolo de la moralidad fue llamado Urim, el símbolo de la sabiduría, Tumim.

[ De acuerdo con la nota al pie en el texto alemán de esta conferencia, Urim = Glanz (Resplandor o Lustre) y Tumim = Wahrheit (Verdad). La mayoría de los libros en inglés de referencia dan “luces” y “perfecciones”, como las interpretaciones, al tiempo que reconoce la incertidumbre. La Septuaginta los traduce como “manifestación” y “verdad”. No hay unanimidad en cuanto a si los objetos en cuestión se pueden identificar de forma fiable, pero las referencias bíblicas sugieren que eran piedras preciosas. Algunos estudiosos suponen que eran las doce piedras del pectoral del Sumo Sacerdote. Lo que parece ser cierto es que en estos objetos fueron grabados los nombres de las doce tribus, y que el sumo sacerdote las utilizaba como un oráculo con el fin de determinar la voluntad de Dios. (Véase entre otras referencias bíblicas: Éxodo 28, 9-30 ; Levítico 8, 8 .) Robertson Smith escribió en el Antiguo Testamento en la Iglesia judía: “En la antigüedad, el oráculo sacerdotal de Urim y Tumim era muy sagrado; en I Sam. XIV: 41 . el texto verdadero, ya que todavía se puede restaurar desde la LXX, Saul hace rezar, si la maldad sea en mí o Jonathan, dar Urim; pero si es en Israel, dar Tumim. Este lote sagrado estaba conectado con el efod, que en el tiempo de los jueces era algo muy parecido a un ídolo “. Véase en la traducción Moffatt de la Biblia I Sam. xiv. 18-43 . – Nota de DSO y MK ]

Si un sacerdote hebreo quería descubrir si una determinada acción era a la vez buena y sabia, se volvía receptivo a las fuerzas del Urim y Tumim; el resultado era la inducción de una cierta armonía entre la moralidad y la intelectualidad. Efectos mágicos se producían por medio de estos símbolos y de este modo se establecía un vínculo mágico con el mundo espiritual.

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Nuestra tarea consiste ahora en lograr en futuras encarnaciones, a través del desarrollo anímico interior, el sentido que en épocas anteriores se producía por medio de estos símbolos.

Pensemos una vez más acerca de  las fases de la evolución que van a través del quinto, sexto y séptimo periodo cultural post-atlante, con el fin de comprender cómo la intelectualidad, la estética y la moral se expresarán en la vida anímica de los hombres.

Mientras que en la presente quinta época, la intelectualidad puede permanecer intacta incluso si no se siente placer ante las acciones morales, en la sexta época será bastante diferente. En la sexta época, es decir, partiendo del el tercer milenio en adelante, la inmoralidad tendrá un efecto paralizante sobre la intelectualidad. Las facultades mentales de un hombre que es intelectual y, al mismo tiempo inmoral sin duda se deteriorarán y esta condición se hará más y más pronunciada en la evolución futura de la Humanidad. Un hombre que no tiene moral será despojado de su poder intelectual pues esto dependerá enteramente de sus acciones morales; y en la séptima época, la inteligencia sin moral será inexistente.

En este punto correspondería tener en cuenta la naturaleza de las fuerzas morales en las almas individuales en sus encarnaciones actuales. ¿Cómo es posible que en nuestra fase de la evolución un ser humano puede llegar a ser inmoral?. Se debe a que en sus sucesivas encarnaciones, el hombre ha descendido más y más profundamente en el mundo físico y por lo tanto, se ha visto impulsado cada vez en más hacia el mundo de los sentidos.

Tanto más intensamente actúen las fuerzas correspondientes a la fase descendente de la evolución sobre un alma, tanto más fuerte será la tendencia a ser inmoral. Este hecho es confirmado por un hallazgo muy interesante de la investigación oculta. Es sabido que cuando un hombre pasa por el umbral de la muerte, deja a un lado sus cuerpos  físico y etérico y por un breve tiempo, tiene una visión retrospectiva de su vida pasada en la tierra. Sigue una especie de sueño y después de unos meses, o quizás años, se despierta en el plano astral, en el Kamaloka. Luego continúa  la vida en el Kamaloka,  en donde se vivencia de manera inversa la vida terrenal, tres veces más velozmente.

Al comienzo de la vida en el Kamaloca, a cada individuo le sobreviene una experiencia muy significativa. En el caso de la mayoría de los europeos o, en general, de los hombres que pertenecen a la civilización moderna, esta experiencia se muestra de la siguiente forma. Al comienzo de la vida en el Kamaloka, una individualidad espiritual nos muestra todo lo que hemos hecho por motivos egoístas en la última vida; nos muestra un tipo de registro de todas nuestras transgresiones. Cuanto más concretamente se lleguen a imaginar esta experiencia, mejor. Al comienzo del período del Kamaloka, en realidad es como si una figura se nos  presentara con el registro de nuestra vida física. El hecho importante –para lo cual, naturalmente, no se puede ofrecer ninguna prueba, puesto que sólo puede ser confirmado por la experiencia oculta– es que la mayoría de los hombres que pertenecen a la civilización europea reconocen a Moisés en esta figura. Este hecho se ha conocido siempre en la investigación Rosacruz desde la Edad Media y en los últimos años ha sido confirmado por investigaciones de un carácter muy sutil.

Se puede deducir de esto que al principio de su vida en el Kamaloka, el hombre siente una gran responsabilidad hacia las potencias pre-cristianas por haberse permitido caer, y es un hecho real en la vida oculta que es la individualidad de Moisés la que exige el ajuste de cuentas por los errores cometidos en nuestro tiempo.

Los potencias y las fuerzas que elevan al hombre nuevamente hacia el mundo espiritual, se dividen en dos categorías: las que impulsan al hombre hacia el camino de la sabiduría, y aquellas que lo llevan por el camino de la moral. Las fuerzas a las que se debe principalmente el progreso intelectual proceden del impulso brindado por una gran individualidad de la cuarta época post-atlante, que es conocido por todos como el Gautama Buda. Es un notable descubrimiento de la investigación espiritual que los pensamientos más penetrantes, más significativos que fueron  concebidos en nuestra época actual, hayan procedido de Gautama Buda. Esto es tanto más notable por cuanto hasta los días de Schopenhauer –Por lo tanto, no hace mucho tiempo– el nombre de Gautama Buda era casi desconocido en Occidente. Esto es muy comprensible, ya que cuando Gautama Buda nació como el hijo del rey Suddhodana, se elevó de Bodhisattva a Buda, y llegar a ser un Buda significa que la individualidad en mención no encarnará de nuevo en la Tierra en un cuerpo físico.

El Bodhisattva que se convirtió en Buda cinco o seis siglos antes del comienzo de la era cristiana, no ha encarnado más debido a  que ya no puede encarnar en un cuerpo físico.Pero en su lugar, logra que sus fuerzas desciendan desde los mundos superiores, desde los mundos suprasensibles, e inspira a todos los portadores de la cultura que aún no están permeados por el Impulso de Cristo. La conciencia de esta verdad se demostró en una hermosa leyenda escrita por Juan de Damasco en el siglo VIII y fue bien conocida en toda Europa en la Edad Media. Es la leyenda de Barlaam y Josafat, que relata cómo el que se había convertido en el sucesor de Buda (Josafat es una variación fonética de ‘Bodhisattva’) recibió las enseñanzas de Barlaam sobre el Impulso de Cristo. La leyenda, que fue posteriormente olvidada, nos dice que el Bodhisattva que sucedió a Buda Gautama fue instruido por Barlaam y que su alma fue encendida por el impulso cristiano. Este es el segundo impulso que, además del de Buda, continúa trabajando en la evolución de la Humanidad. Es el Impulso de Cristo y está conectado con el futuro ascenso hacia la Moralidad de la Humanidad. Aunque la enseñanza de Buda es en sentido particular  una  enseñanza moral, el Impulso de Cristo no es una enseñanza, sino un poder real que actúa como tal y que, en grado creciente, impregna a la humanidad de fuerza moral. [ I Cor IV, 20 . ]

En la cuarta época post-atlante,  el Ser de Cristo  que desciende desde las alturas cósmicas tenía primero que aparecer en un cuerpo físico. En nuestra quinta época, la intensa consolidación de las fuerzas intelectuales hará posible que el hombre contemple al Cristo como una figura etérea. Esto tiene su inicio  incluso en nuestro siglo. A partir de los años treinta a los años cuarenta del siglo XX en adelante, van a surgir personas que se habrán desarrollado de un modo tal que serán capaces de ver la forma etérica de Cristo, así como en la época de Jesús de Nazaret pudieron ver al Cristo físico. Y durante los próximos tres mil años, el número de personas capaces de contemplar al Cristo etérico aumentará constantemente, hasta que en unos tres mil años, contando desde el momento presente, habrá un número suficiente de seres humanos en la Tierra que no necesitarán evangelios u otros registros, porque tendrán la visión real del Cristo dentro de su propia alma.

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Por lo tanto, debemos entender claramente que en la cuarta época post-Atlante los hombres sólo fueron capaces de contemplar al Cristo físico; consecuentemente, hubo de habitar en un cuerpo físico. En nuestra propia época y en el tercer milenio, la humanidad se tornará gradualmente capaz de contemplar al Cristo etérico. Nunca más regresará en un cuerpo físico.

Si tenemos en cuenta el hecho de que cuando un hombre de la época actual logra unirse cada vez más profundamente con el Impulso de Cristo, pasa al Kamaloca y ve llamar su atención por una figura que personifica una fuerza moral –por Moisés– entenderemos cómo puede llevarse a cabo una transformación de la figura de Moisés. Porque ¿qué es lo que Moisés nos muestra cuando nos confronta con el registro de nuestros pecados y transgresiones?. Nos muestra lo que se interpone en el deber de nuestro karma. Para un alma de nuestra época es de gran importancia que, a través de la inspiración del Buda, sea comprendida  la doctrina del karma, puesto que la realidad del trabajo del karma después de la muerte se nos revela por la figura del Antiguo Testamento de Moisés.

A medida que las influencias del Cristo suprasensible impregnan las almas de los hombres en una medida cada vez mayor, la figura de Moisés se transforma después de la muerte en la de Cristo Jesús. Esto significa que nuestro karma está vinculado con Cristo, que Cristo se une con nuestro karma.

Es interesante cobrar la noción de que en las enseñanzas de Buda, el karma es una cuestión abstracta, que tiene un carácter impersonal. En las futuras encarnaciones de los hombres, como Cristo entra en conexión cada vez más estrecha con el karma, éste adquirirá la calidad de existencialidad, de vida potencial.

Nuestras primeras etapas de la evolución, la vida en el pasado, pueden estar relacionadas con las palabras: Ex Deo Nascimur. Si dirigimos nuestro desarrollo de tal manera que después de la muerte, en lugar de Moisés encontramos a quien se unificará con nuestro karma, a Cristo, esto queda expresado en el Cristianismo Rosacruz –que existe desde el siglo XIII– por medio de las palabras: In Christo Morimur .

Del mismo modo que el grado de Buda sólo se puede alcanzar en el plano físico, la calificación para el encuentro con Cristo en la muerte, puede ser adquirida por el alma humana sólo en el plano físico. Un Buda es primero un Bodhisattva, pero se eleva al rango de Buda durante una encarnación física y entonces ya no le es necesario volver a la Tierra. La comprensión de Cristo, en el sentido que acabamos de explicar, se puede adquirir sólo en el plano físico. Por lo tanto, durante los próximos tres mil años  los hombres tendrán que adquirir en el mundo físico el poder de contemplar al Cristo suprasensible, y es la misión del Movimiento Antroposófico crear, en primer lugar, las condiciones para lograr que la comprensión de Cristo sea posible en el plano físico, para después adquirir la capacidad de contemplarle.

En la época en la que Cristo trabaja en el mundo de los hombres como el Cristo Etérico, no importa si estamos viviendo en un cuerpo físico o nos hallamos entre la muerte y un nuevo nacimiento, si en el plano físico hemos adquirido el poder para verle. Supongamos, por ejemplo, que a causa de su muerte un hombre no tuvo en principio la oportunidad de contemplar a Cristo en su forma etérica actual. No obstante, si durante su vida en el mundo físico tal hombre había adquirido el conocimiento necesario, la visión del Cristo será posible para él entre la muerte y el nuevo nacimiento. Un hombre que se mantiene apartado de la vida espiritual y no adquiere la comprensión de Cristo, permanecerá sin tal conocimiento hasta que pueda adquirirlo en su próxima encarnación.

Lo que se acaba de decir pretende indicar que a medida que la Humanidad vaya pasando por  la Quinta, Sexta y Séptima Épocas de la Civilización, el Impulso de Cristo va a ganar cada vez más peso en la Tierra. Habéis oído que en la Sexta Época, la intelectualidad se verá perjudicada por la inmoralidad. El otro aspecto es que un hombre que ha paralizado su facultad intelectual como resultado de la inmoralidad debe volverse a Cristo con  la mayor de sus fuerzas, con el fin de que Cristo lo pueda conducir a la moral e impregnarlo con ella.

Lo que he dicho, ha sido investigado de cerca sobre todo por los Rosacruces desde el siglo XIII, pero es una verdad que es conocida por muchos ocultistas en todo momento.

Si se llegara a afirmar que podría haber una segunda aparición de Cristo en la Tierra en un cuerpo físico, de acuerdo con el ocultismo sería equivalente a decir que una balanza funcionaría  de manera más eficiente si se la apoya sobre dos puntos en lugar de en uno. En verdad, los tres años de duración de la vida de Cristo en la Tierra en el cuerpo de Jesús de Nazaret, constituyen el punto de apoyo de la evolución de la Tierra; y así como no puede haber más que sólo un punto en el que está fijado el fiel de una balanza, solamente  puede haber un único punto de apoyo de la evolución de la Tierra.

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La enseñanza del desarrollo moral no es lo mismo que el impulso para su desarrollo. Antes del Evento del Gólgota, el Bodhisattva que sería el sucesor de Buda estaba presente en la Tierra con el fin de prepararse para ese evento y brindar sus enseñanzas a los que le rodeaban. Él encarnó en la personalidad de Yeshu ben Pandira [Ver Yeshu ben Pandira , dos conferencias dadas por Rudolf Steiner en Leipzig, el 4 y 5 de noviembre de 1911, y las referencias en su posterior ciclo sobre  El Evangelio de San Mateo], un siglo antes el nacimiento de Jesús de Nazaret. Por lo tanto hay que distinguir entre el Yeshu ben Pandira, encarnación del Bodhisattva que es el sucesor de Gautama Buda, y la encarnación de Jesús de Nazaret al comienzo de nuestra era, que durante tres años de su vida fue impregnado por el Ser Cósmico que llamamos el Cristo.

El Bodhisattva que encarnó en Yeshu ben Pandira y también en otras personalidades, volverá una y otra vez, hasta que en unos tres mil años a partir de ahora, alcanzará el grado de Buda y atravesará su encarnación final como el Maitreya Buda. La individualidad de Cristo que moró en la Tierra en el cuerpo de Jesús de Nazaret durante tres años ya no volverá a tomar  un cuerpo físico; en la quinta época post-atlante reaparecerá en un cuerpo etérico, en la sexta época en un cuerpo astral, y en la séptima lo hará a modo de un poderoso Yo cósmico que representará el gran Alma–Grupo de la Humanidad.

Cuando un ser humano muere, sus cuerpos físico, etérico y astral se desprenden de él y su Yo pasa a la siguiente encarnación. Sucede exactamente lo mismo con el planeta Tierra. Lo que es físico en nuestra Tierra decaerá a finales del período  terrestre, y las almas humanas en su totalidad pasaran a reubicarse en la condición de Júpiter, la próxima manifestación  planetaria de la Tierra. Y al igual que en el caso de un ser humano individual, su Yo es el centro de su evolución posterior,  el conjunto de la humanidad futura conformará el Yo de Cristo en los cuerpos astrales y etéricos de los hombres, y pasará a ser parte de la vida existencial de Júpiter. Por lo tanto, podemos ver cómo a partir de hombre físico en la Tierra, el Cristo evoluciona gradualmente desde Cristo etérico, luego como Cristo astral hasta llegar a ser finalmente el Cristo-Yo, siendo éste el Espíritu de la Tierra que luego se irá elevando a etapas más altas, junto con toda la Humanidad.

¿Qué es lo que hacemos  cuando enseñamos la ciencia espiritual?. Estamos enseñando lo que la sabiduría oriental proclamaba tan claramente, cuando el Bodhisattva que entonces fuera  el hijo del rey Suddhodana, alcanzó el grado de  Buda. En esas enseñanzas orientales se expresó la idea de lo que sería la tarea del próximo Bodhisattva –que con el tiempo se convertirá en un Buda– el divulgar por la Tierra el conocimiento que revelaría a Cristo a los hombres  en su verdadera luz. Así, el Bodhisattva que encarnó en Yeshu ben Pandira y demás, se convirtió en el Gran Maestro del Impulso de Cristo. Esto se indica muy claramente en la leyenda de Barlaam y Josafat, que cuenta cómo Josafat (es decir, el Bodhisattva) es instruido por Barlaam, el maestro cristiano. Las enseñanzas ocultas orientales llaman a este Bodhisattva el “Portador de lo Bueno” –Maitreya Buda–. Y sabemos gracias a  las investigaciones ocultas que en este Buda Maitreya está presente la concepción del poder de la Palabra en un grado que los hombres de la actualidad no pueden imaginar todavía. Hoy en día es posible gracias a una mayor percepción clarividente del proceso de evolución mundo descubrir cómo el Maitreya Buda enseñará al cabo de tres mil años. Gran parte de su enseñanza también puede expresarse en formas simbólicas. Pero hoy –debido a que la Humanidad no está lo suficientemente madura– todavía no le es posible pronunciar palabras como las que surgirán de los labios del Maitreya Buda.

En la trayectoria del óctuple sendero, el Buda Gautama brindó las grandes enseñanzas espirituales sobre el correcto hablar, el correcto pensar, el correcto actuar y así sucesivamente. Las palabras pronunciadas por el Buda Maitreya contendrán un poder mágico que se convertirán en impulsos morales en los hombres que las escuchen. Y si debería haber un  Evangelio revelador  del Buda Maitreya, el escritor tendría que usar unas palabras que difieren de las utilizadas por Cristo en el Evangelio de San Juan: “Y la Palabra se hizo carne”. El evangelista del Buda Maitreya tendría que declarar: “Y la carne fue hecha Palabra”. Las declaraciones del Maitreya Buda se impregnarán de una manera milagrosa con el poder de Cristo. Investigaciones ocultas nos muestran hoy en día que en cierto modo,  incluso la vida externa del Buda Maitreya será un reflejo de la vida de Cristo.

En los tiempos antiguos, cuando una gran Individualidad aparecía y debía convertirse en un Maestro de la humanidad, los signos que indicaban esto se mostraban en la temprana juventud del niño en cuestión, en talentos y cualidades especiales del alma. Sin embargo, existe un tipo diferente de desarrollo en el curso del cual se hace evidente un cambio completo en la personalidad en un cierto punto de su vida. Sucede así que cuando este ser humano ha llegado a una cierta edad, su Yo se libera de sus envolturas corporales y un Yo diferente ingresa en su cuerpo. El mejor ejemplo de esto es el del mismo Jesús, quien en su trigésimo año de vida cedió su cuerpo a la individualidad de Cristo. Todas las encarnaciones del Bodhisattva que se convertirá en el Buda Maitreya  indican  que su vida semejará a la de Cristo en este sentido.

En ninguna de las encarnaciones del Bodhisattva se sabrá, ya sea en su infancia o en su juventud, que se convertirá en un Bodhisattva. Cada vez que un Bodhisattva se convierte en Buda existe evidencia de que a la edad de 30 o 31, otra individualidad toma posesión de su cuerpo. El Bodhisattva nunca se revelará a sí mismo como tal en su primera juventud, pero en su trigésimo o trigésimo primer año de vida manifestará cualidades muy diferentes, porque otro Ser tomara posesión de su cuerpo. Individualidades que tomaron posesión de la personalidad de un ser humano de esta manera y no atravesaron por una niñez son, por ejemplo, las individualidades como Moisés, Abraham, Ezequiel.

Lo mismo sucederá en nuestro siglo presente en el caso del Bodhisattva que más adelante, al cabo de tres mil años, se convertirá en el Maitreya Buda. Sería diletantismo oculto afirmar que este Ser será reconocible en sus primeros años como Bodhisattva. Es entre los 30-31 años donde se revelará a sí mismo a través de su propio poder, sin tener que ser proclamado por otros. Él  convencerá  al mundo a través de su propio poder y  éste será el modo de reconocer que, si el Bodhisattva fuese anunciado en algunos sectores o pretendiera revelarse a sí mismo por medio un ser humano de menos de treinta años de edad, ese mismo hecho sería una prueba de la falsedad de tales declaraciones. Con frecuencia se han hecho afirmaciones de este tipo. Por ejemplo, en el siglo XVII un determinado individuo se proclamó como la encarnación del Mesías, de Cristo. Su nombre era Sabbati Zewi y representantes de toda Europa, desde España, Italia y Francia, peregrinaron a Esmirna para conocerle.

Es cierto que en nuestro tiempo se ha arraigado una falta de inclinación por reconocer el genio en los seres humanos. Pero por otro lado, dado que la pereza mental es muy prevalente, se genera el resultado de que las personas están más que dispuestas a reconocer a un individuo como un gran alma por el mero peso de la autoridad. Es importante para la Antroposofía que se presente de una manera tal que se base en el menor grado posible sobre la creencia en la autoridad.

Mucho de lo que hoy he dicho solo puede ser justificado por medio de la investigación oculta. Sin embargo, yo ruego que no se otorgue crédito a estas cosas sólo porque yo las diga, sino para ponerlas a prueba por medio de todo lo conocido  a través de  la historia –sobre todo por lo que se puede aprender desde la propia experiencia– y estoy absolutamente seguro de que cuanto más cerca lo examinen, más fácilmente encontraran la confirmación. En esta era de intelectualismo, no apelo a la creencia en la autoridad, sino a la capacidad de examinar inteligentemente. El Bodhisattva del siglo XX no dependerá de ningún heraldo que le anuncie como el Maitreya Buda, sino será el poder de sus propias palabras; el permanecerá, por sus propios pies en el mundo.

Lo que se ha dicho en esta conferencia puede quizás resumirse de la siguiente manera.

En nuestro período de evolución, están trabajando dos corrientes de vida espiritual; una de ellas es la corriente de la Sabiduría, o la corriente de Buda, que contiene la enseñanza más sublime de la sabiduría, la bondad del corazón y de la paz en la Tierra. Para habilitar esta enseñanza del Buda e impregnar el corazón de todos los hombres, es indispensable el Impulso de Cristo. La segunda corriente es la corriente del propio Cristo que conducirá a la Humanidad desde la intelectualidad, por medio del sentir y el contemplar estético, hasta lo moral.

Y el más grande Maestro del Impulso de Cristo será en todas las épocas el sucesor de ese Bodhisattva que encarna una y otra vez y que, en tres mil años a partir de ahora, se convertirá en el Maitreya Buda. Pues la declaración contenida en las crónicas orientales es cierta: que exactamente cinco mil años después de que el Gautama Buda alcanzara la iluminación bajo el árbol Bodhi, el Maitreya Buda encarnará en la Tierra por última vez.

Como tal, la sucesión de los Bodhisattvas y Budas no tiene relación con el Ser Cósmico que llamamos Cristo; fue un Bodhisattva –no el Cristo– el que encarnó en el cuerpo de Yeshu ben Pandira. Cristo encarnó en un cuerpo físico una vez y sólo una vez por un período de tres años. El Bodhisattva aparece en cada siglo hasta alcanzar el grado de Maitreya Buda.

La misión de la Antroposofía es llegar a ser una síntesis de las religiones. Podemos concebir una forma de religión que esté  comprendida en el Budismo, otra forma dentro del Cristianismo, y en la medida en que la evolución avance, tanto más estrecha será la unión entre las diferentes religiones, de la misma forma en que el Buda y Cristo  están unidos en nuestros corazones.

Esta visión por sobre la evolución espiritual de la Humanidad nos permite además tomar consciencia acerca de la necesidad del impulso de la Antroposofía, como una preparación para comprender el progreso de la cultura y de los sucesos en el gran proceso de la evolución.

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

El Misterio de Gólgota

Conferencia del Dr. Rudolf Steiner. Dada en Colonia el 2 de diciembre de 1906.

[A partir de notas abreviadas sin revisar por el conferenciante]

English version.

El misterio del Gólgota es uno de los secretos más profundos de la evolución del mundo. A fin de comprenderlo, debemos arrojar luz sobre la sabiduría oculta de hace miles de años, en un remoto pasado del desarrollo del mundo. No es un argumento convincente estar en contra de un conocimiento más penetrante del Misterio del Gólgota diciendo que la vida y la obra de Jesucristo deben ser accesibles a la mente más simple. De hecho este es el caso. Pero una comprensión que abarque por completo el evento más grande de la Tierra debe ser extraída de las profundidades de la sabiduría de los Misterios.

En esta conferencia vamos a penetrar en las profundidades de la sabiduría de los Misterios con el fin de entender cómo pudo tener lugar un evento como el Misterio del Gólgota. A este respecto hay que tener en cuenta que con la aparición de Jesucristo sobre la Tierra se produjo algo que dividió a la humanidad en dos partes. Podemos entenderlo mejor buscando una respuesta a la pregunta: ¿Quién fue Jesucristo?

Para el ocultista esta pregunta es doble: Pues hay que distinguir entre la personalidad que vivía en ese momento en Palestina y llegó a la edad de treinta años, y qué fue de él después. Cuando alcanzó los 30 años, Jesús se convirtió en Cristo.

En el caso de la gente común, sólo porciones insignificantes del cuerpo astral, del cuerpo etérico y del cuerpo físico se transforman en Manas, Buddhi y Atma, o en Yo Espiritual, Espíritu de Vida y Hombre Espíritu. Jesús de Nazaret era un Iniciado de tercer grado, y sus cuerpos estaban, por tanto, en un estado de alta purificación.

Cuando un Iniciado ha llegado a la purificación de sus tres cuerpos adquiere, en un determinado momento de su vida, la capacidad de sacrificarse. A la edad de 30 años, el Yo de Jesús dejó sus tres cuerpos y paso al mundo astral, por lo que los tres cuerpos santificados se quedaron en la Tierra, vacíos de su Yo, de tal forma que se creó un espacio para una individualidad superior. Cuando cumplió 30 años, el Yo de Jesús de Nazaret hizo el gran sacrificio de poner sus cuerpos purificados a disposición de la individualidad de Cristo. Cristo encarnó estos cuerpos. Es a partir de ese momento que hablamos de Cristo-Jesús, que vivió sobre la Tierra durante tres años y realizó todas sus grandes obras en el cuerpo de Jesús.

Con el fin de comprender el verdadero ser de Cristo tenemos que ir muy atrás en la historia del desarrollo de la Tierra y de la humanidad. Antes de que nuestro planeta actual se convirtiese en la Tierra, fue la Antigua Luna;  y la presente luna es sólo un fragmento de aquella Antigua Luna. Antes de que la Tierra fuese la Antigua Luna, fue el Antiguo Sol; y en una etapa aún más lejana fue Antiguo Saturno. Debemos tener en cuenta que miles de millones de años atrás existía en el espacio cósmico un cuerpo celeste, Saturno. También los planetas se desarrollan a través de diferentes encarnaciones: antes de que la Tierra fuese la TIERRA, existió como Antiguo Saturno, el Antiguo Sol y la Antigua Luna.

Ahora traten de situarse en el Antiguo Sol. Allí, los llamados Espíritus de Fuego tenían el mismo nivel que los seres humanos tienen ahora sobre la Tierra. Por supuesto, ellos no tenían la misma apariencia, no se parecían a los hombres de hoy en día; estas altas individualidades pasaron por la etapa humana en el Antiguo Sol en unas condiciones que eran muy diferentes a las de la actual condición humana. También, en la Antigua Luna, una gran cantidad de seres pasaron por la etapa de la humanidad, y después descendieron a la Tierra como seres superiores, como Pitris lunares o espíritus lunares, que habían llegado a una etapa superior a la del hombre sobre la Tierra. En el esoterismo cristiano se les llama Angeloi = Ángeles. Sólo sobre la Tierra el ser humano se ha hecho HOMBRE. Los Pitris Lunares son seres de un grado más alto que el hombre, y por encima de ellos están los Espíritus de Fuego, que son de un grado más alto que los Pitris lunares. Los Espíritus de Fuego han alcanzado un alto grado de desarrollo.

Ahora volvamos a la Tierra, a la raza Lemuriana que estaba situada en un continente entre la actual Asia, África y Australia. Allí, el hombre tomó su forma actual a través del hecho de que sobre la Tierra vivían seres altamente desarrollados, seres físicos, más evolucionados que los animales actuales pero menos desarrollados que el hombre actual. Aquellos seres físicos formaban una especie de concha, una especie de vivienda y habrían sido condenados a la decadencia si seres superiores no los hubieran fecundado. Sólo en aquel momento las almas humanas entraron en los cuerpos humanos físicos y comenzaron a crear la forma posterior del cuerpo humano. En el pasado, el alma humana era una parte integral de los seres espirituales superiores. Los cascarones físicos de los cuerpos humanos estaban sobre la Tierra, y hacia ellos fluían las almas de los seres superiores que venían de arriba, de los mundos espirituales. En el mundo espiritual las almas estaban conectadas como gotas de agua en un mar, que luego se vertía en una multitud de vasos.

Los seres que vertieron las almas desde arriba eran los que habían pasado por su etapa humana en la Luna, los Espíritus Lunares, cuya etapa de desarrollo estaba en un grado más alto que la del hombre, lo que les permitió verter una parte de su ser en la humanidad, permitir el desarrollo posterior y así pudo el hombre transformar progresivamente su organismo. Pudo erguirse por encima de la Tierra y mantenerse en pie, aprendió a caminar, a hablar y llegar a ser independiente.

Había una cierta relación entre todas estas almas porque procedían de un coro espiritual común. Todos los que habían recibido una gota del mismo ser, llegarían a parecerse mucho entre sí. Miembros, de la misma tribu tenían aquellas almas afines, después fueron los miembros de una raza o nación, por ejemplo, el pueblo egipcio o el pueblo judío. Tenían almas que procedían de una fuente común. De los Espíritus Lunares el hombre recibió el Yo Espiritual y esto le permitió convertirse en un ser independiente, un Yo.

Sin embargo, había algo que el hombre no podía obtener de los espíritus Lunares, sólo podía serle donado por un Ser todavía más elevado, común a todos los hombres, que ya hubiera completado su humanidad sobre el Antiguo Sol: un Espíritu de Fuego. Muchos Espíritus de Fuego se habían desarrollado en el Antiguo Sol y ejercieron su influencia sobre la Tierra, pues eran excelsos Espíritus. Uno de los Espíritus de Fuego fue llamado a derramar su Ser al conjunto de la Humanidad. Un Espíritu que perteneciera a toda la Tierra fue capaz de verter sobre la totalidad de la Humanidad y en cada una de sus partes el elemento del Sol o Espíritu de Fuego, el Buddhi o Espíritu de Vida. Pero en la Lemuria y en la época Atlante los seres humanos no estaban lo suficientemente maduros para recibir esto desde el Espíritu del Sol.

Cuando leemos la Crónica del Akasha (Ver el libro de Rudolf Steiner «La Crónica del Akasha») nos encontramos con que algo muy extraño ocurrió en aquel momento: Los seres humanos estaban constituidos de cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y un Yo Espiritual, pero este habitaba en ellos de una forma muy débil. El Buddhi o Espíritu de Vida se elevaba por encima de todo ser humano –así era percibido en los espacios del Akasha. En el espacio astral cada ser humano estaba rodeado por el Buddhi, pero quedaba fuera ya que no estaba lo suficientemente fuerte como para entrar en el hombre. Este Buddhi era parte del gran Espíritu de Fuego que había derramado sus gotas en los seres humanos, pero estas gotas no pudieron entrar en los seres humanos.

Fueron las obras de Cristo en la Tierra las que dieron al hombre la capacidad de absorber en su Manas lo que designamos como Buddhi.

Lo que Cristo cumplió en la Tierra, fue preparado por otros grandes maestros que le habían precedido, por Buda, por el último Zaratustra, por Pitágoras, que vivieron alrededor de 600 años antes de Cristo,  que eran hombres que ya habían absorbido muchísimo de lo que vivía en el entorno de hombre. Habían absorbido la chispa de Cristo. Moisés también  fue uno de aquellos hombres. Pero el Yo de los otros hombres todavía no había absorbido aquella chispa.

El cuerpo físico, etérico y Astral de Jesús de Nazaret acogió al Espíritu de Fuego, la fuente única de todas las chispas que vivían en los seres humanos. Este Espíritu de Fuego es el Cristo, el único Ser divino que vivió en la Tierra bajo esta forma. Entró en el cuerpo de Jesús de Nazaret y el resultado de aquello es que todos los que se sienten unidos a Cristo Jesús son capaces de absorber Buddhi. La posibilidad de absorber y tomar el Buddhi comienza con la aparición de Cristo Jesús. San Juan Evangelista lo designa como la Palabra Creativa Divina. El Espíritu de Fuego que vierte sus chispas en los hombres es esta Palabra Creadora Divina.

Como resultado, ocurrió lo siguiente: mientras que los Espíritus Lunares pueden crear tribus diferenciadas entre los hombres mediante el envío de sus gotas, Cristo es el Espíritu Unificador de toda la Tierra, y los seres humanos por lo tanto estan unidos como una familia en todo el mundo. Mientras que las diferencias entre los hombres fueron puestas en marcha por las gotas derramadas de los diferentes Espíritus Lunares, la unidad entre los hombres fue alcanzada por el Espíritu derramado por Cristo Jesús. Lo que une a los hombres bajó a la Tierra por medio de Cristo Jesús.

Cuando habla del juicio final, Cristo dice en su profecía: «Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria» (con esto quiere decir: cuando hayan entrado en los seres humanos las gotas de Cristo, cuando todos se hayan convertido en hermanos), «dirá a los de su derecha: venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber.» (San Mateo 25, 35). Entonces la única diferencia entre los hombres será la del bien y el mal.

Cristo dice a Sus discípulos: «Todo lo que hiciereis a cada uno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hacéis a mí». Esto significa: Cristo Jesús indica el momento en el que las gotas derramadas por Él serán todas absorbidas, por lo que cuando un hombre se enfrente a otro, este derrame de Cristo en él se enfrentará a lo derramado por Cristo en el otro. El poder por el que el Buddhi pudo ser llamado a la vida en el hombre, este poder emergió de la luz de la vida de Cristo sobre la Tierra. Por tanto, debemos considerar a Cristo como el Espíritu Unificador de la Tierra.

Si pudiéramos mirar hacia abajo a la Tierra desde una estrella distante, en una época hace miles de años, nos encontraríamos con el momento en que Cristo estuvo activo en la Tierra, de modo que toda la sustancia astral de la Tierra estaba impregnada por el Cristo. Cristo es el Espíritu de la Tierra, y la Tierra es Su cuerpo. Todo lo que crece sobre la Tierra es Cristo. Vive en cada semilla, en cada árbol, en todo lo que crece sobre la Tierra. Por eso Cristo tomó el pan y dijo: «Esto es mi cuerpo». Y del jugo de la uva (en la ÚLTIMA CENA el vino que se compartía era jugo de uvas sin fermentar) dijo: «Esta es mi sangre», pues el zumo de los frutos de la Tierra es su sangre. En consecuencia la humanidad debe aparecer ante Él como seres que caminan sobre su cuerpo. Por eso le dijo a sus discípulos después de haber lavado los pies: «El que come pan conmigo, levanta su talón contra mí» (Deja sus huellas en mí). Esto debe ser tomado literalmente, en el sentido de que la Tierra es el cuerpo de Cristo Jesús. Debido a que tomó sobre Sí la evolución de la Tierra, un ser espiritual distante podría ver que más y más el Espíritu de Cristo fluye en los seres humanos; las gotas individuales de Cristo Jesús están penetrando en cada individualidad humana. Finalmente toda la Tierra estará poblada por hombres transformados, cristianizados, por hombres que han acogido la chispa divina donada por Cristo. Solo quienes no participen de esto, serán puestos a un lado como el mal; y deberán esperar a un momento posterior con el fin de seguir un curso de desarrollo que les conduzca a la bondad.

Todas las  naciones tenían sus Misterios, antes de que Cristo apareciera en la Tierra. Los Misterios revelaban lo que iba a tener lugar en el futuro. Después de un largo entrenamiento, los adeptos tuvieron que someterse a una preparación que consistía en un sepulcro. El hierofante era capaz de poner al adepto en un estado superior de conciencia que provocaba que su cuerpo inerte entrara en una especie de sueño profundo. En la antigüedad, la conciencia siempre tenía que ser disminuida con el fin de que la Esencia Divina pudiera entrar en el hombre. En ese estado bajo de conciencia, el alma se elevaba a través de las esferas del mundo espiritual y al cabo de tres días el hierofante llamaba al adepto de nuevo a la vida. A través de esta experiencia sentía que se había convertido en un hombre nuevo y se le daba un nuevo nombre. Era llamado Hijo de Dios. Todo este proceso se llevó a cabo en el plano físico cuando Cristo apareció en la Tierra y pasó por el del Misterio del Gólgota.

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 En las antiguas iniciaciones las gotas de la vida del espíritu de Cristo primero llamaban a los adeptos de nuevo a la vida y se les decía: «El que va a cristianizar a todos los hombres, aparecerá un día. Y Él será verdaderamente la Palabra encarnada. Sólo puedes experimentar esto durante tres días, cuando viajes a través de los reinos de los cielos; pero vendrá Uno, el que traerá los reinos de los cielos hasta el mundo físico».

El iniciado experimentó en el plano astral lo que Cristo vivió en el plano físico, es decir, que desde el principio existió una palabra divina que derramó sus gotas en los seres humanos; pero el yo de los hombres no pudo absorber esas gotas. San Juan, el heraldo del Yo humano cristianizado que ha absorbido al Cristo, o la Palabra, revela esto. San Juan habla de la Palabra que existía sobre la Tierra desde el principio:

“En el principio era la palabra y la palabra era con Dios y el Verbo era Dios.

Esta era en el principio con Dios.

Todas las cosas fueron hechas por él, y sin él no nada de lo que es hecho fue hecho.

En él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres.

Luz resplandeció en las tinieblas, mas las tinieblas no la comprendieron.

Fue un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

El vino para dar testimonio de la luz, para que todos creyesen por él.

No era la luz, sino un testigo de la luz.

Aquel era la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él; y el mundo no le reconoció.

A los suyos vino, y los suyos no le recibieron.

Más a todos los que le recibieron, dioles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Y aquella Palabra fue hecha carne, y habito entre nosotros y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad.»

La palabra «gracia» en el versículo 14 por San Juan tiene el mismo significado que Buddhi; «Verdad» es Manas, el Yo espiritual.

«Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es del que yo decía: el que viene tras de mí, es anterior a mí, porque es primero que Yo.

Porque de su plenitud tomamos todos gracia sobre gracia.

Porque la ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Ningún hombre ha visto nunca con los ojos a Dios. El unigénito Hijo, que vivió en el seno del Padre Cósmico se ha convertido en nuestra guía en esta visión».

[Prestación del texto de Dr.Rudolf Steiner.]

Todas las iniciaciones de los Misterios del Espíritu señalaron la venida de Jesucristo. Esta iniciación se alcanzó en el sueño del yoga, en el sueño órfico, en el sueño de Hermes. Cuando el iniciado se despertaba de nuevo y volvía a su cuerpo, cuando podía volver a escuchar y hablar con sus sentidos físicos, pronunciaba las palabras que se representan como sigue en el idioma hebreo: «Eli, Eli, lama Sabathani». Los discípulos de los misterios se despertaban con las palabras: «¡Dios mío, Dios mío, como me has elevado!».

Esta fue la iniciación de la antigua época judía. Durante sus tres días de estancia en los mundos superiores, el iniciado experimentaba todo el curso del desarrollo futuro de la humanidad, todo lo que le esperaba al futuro desarrollo de la humanidad. Por regla general, estas futuras etapas del desarrollo humano no se percibían de una forma abstracta. Cada etapa se representaba por una personalidad. El vidente veía doce individualidades. Representaban las doce etapas del desarrollo del alma. Por lo tanto las fuerzas del alma aparecieron en la forma exterior de doce personas. En cierto momento, el iniciado veía una escena determinada: Su propia individualidad se transfiguraba ─la etapa que llegará a toda la humanidad cuando se llene de Buddhi, cuando se Cristianice. Se identificaba con Dios y tras El veía las doce fuerzas del alma. Juan estaba inmediatamente detrás, pues fue el último de los doce que anunció su cumplimiento. Y se veía a si mismo transfigurado, veía la escena que alcanzaría cuando llegase a la perfección; veía las fuerzas de su alma en la forma externa de personas, y percibía a San Juan, el heraldo de la etapa crística de desarrollo. Durante el Yoga-sueño, estas doce figuras se agrupaban a su alrededor, y surgió la escena que fue designada como la Mística Cena. Esta imagen tiene el siguiente significado: Cuando el iniciado se siente rodeado por sus fuerzas anímicas, se dice a sí mismo: Estos son uno conmigo; los que me han llevado a través del desarrollo de la Tierra; los pies de este apóstol me permitieron caminar en mi camino, las manos de ese apóstol me dieron el poder de trabajar. … La Santa Cena es la expresión de la comunión del hombre con las doce fuerzas del alma.

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La perfección humana consiste en el alejamiento de las fuerzas inferiores del alma, de manera que sólo permanezcan las fuerzas superiores; en el futuro, el hombre ya no tendrá las fuerzas inferiores;  por ejemplo, ya no tendrá la fuerza de la procreación. El poder del alma de Juan elevará esas fuerzas inferiores hacia un corazón henchido de amor. Las elevara a las corrientes del amor espiritual. El corazón es el órgano más poderoso, cuando Cristo vive en el hombre. Las fuerzas inferiores del alma son entonces elevadas de las regiones abdominales al corazón.

Cada iniciado experimentaba esto en los Misterios del Corazón. Se hacía eco de las palabras: «¡Dios mío, Dios mío, cómo me has levantado!». Con la aparición de Jesucristo, todo el Misterio, toda la experiencia, se hizo realidad en el plano físico. En aquellos días había hermandades en Palestina que se habían desarrollado a partir de la antigua orden de los Esenios. Entre sus instituciones, también tenían una comida que simbolizaba la mística Santa Cena. Pues «comer el Cordero de Pascua» era una expresión general para algo que tenía lugar en la Pascua. Jesús se sentó con los Doce e inauguró la Santa Cena con las palabras: «Al final de la evolución de la Tierra, todos los hombres habrán absorbido lo que traje a la Tierra, y las palabras: “Este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre”, se harán entonces verdad». Después de esto dijo: «hay uno entre vosotros que me va a entregar». Esto se produce por el poder del egoísmo. Pero tan cierto como que este poder del egoísmo es la fuente de traición, como que con la misma seguridad esta fuerza menor del alma será la que se elevará a un nivel superior. Uno de los discípulos se recostó sobre el seno de Jesús y reposó sobre su corazón. Esto significa que todas las fuerzas inferiores, toda forma de egoísmo, serán elevadas al corazón. En este punto Jesús repitió a sus discípulos las palabras: «Eli, Eli, lama Sabathani»  ─«¡Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él!»

Lo que se ejercía en los antiguos Misterios era lo mismo que lo que ocurrió en el Gólgota. Bajo la Cruz se hallaba el Discípulo a quien el Señor amaba, que había estado sentado junto a Él en la Última Cena y se había recostado sobre su pecho. También están allí las figuras femeninas, su madre, la hermana de ésta, María, y María Magdalena. Juan no relata que la madre de Jesús se llamase María, sino que la hermana de su madre es llamada María. Su madre se llamaba «Sofía».

Juan bautizó a Jesús en el Jordán. Allí descendió una paloma del cielo. En aquel momento se produjo el acto espiritual de la concepción. Pero, ¿quién es la madre de Jesús, qué concibió en aquel momento?.

El Iniciado Jesús de Nazaret, en el momento en que se desprende de su Yo, ve cómo su Manas ─altamente desarrollado─ es fertilizado por el Buddhi que ingresa en éste. El manas que ha concebido al Buddhi es Sabiduría─Sofía, la Madre que es fructificada por el Padre de Jesús. María, que equivale a Maya, tiene el significado general del «nombre de la Madre». El Evangelio relata: «Bienaventurada seas, tú piadosa, mira aquí que serás fértil y darás luz a un hijo. El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra». El Espíritu Santo es el Padre de Jesús; la paloma que desciende genera la concepción de la Sofía que vive en Jesús.

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El Evangelio ha de leerse entonces: «También estaba bajo la cruz la madre de Jesús, Sofía». A esta madre Jesús le dice: «Mira, mujer, he aquí tu hijo». Él le transfiere a Juan la Sofía que vivía en Él mismo. Lo convierte en el hijo de Sofía diciendo: «He aquí, tu madre».«A partir de ahora reconocerás a la divina sabiduría como tu madre y por ella sentirás devoción».

Lo que fue escrito por Juan trata sobre esa Sabiduría Divina; Sofía, encarna en el Evangelio de San Juan. El saber lo ha recibido a través de Jesús, y ha sido autorizado por el Cristo a transmitir la Sabiduría en el mundo.

El más alto Espíritu de la Tierra tuvo que encarnar en un cuerpo físico; este cuerpo tenía que morir, tenía que ser sacrificado y su sangre tenía que fluir.Un significado especial se adjunta a lo presente. Allí donde hay sangre, hay un Yo. El Ser arraigado en la sangre tenía que ser sacrificado con el fin de que las antiguas comunidades basadas en el Yo pudieran llegar a su fin. Las 11 formas individuales de egoísmo se alejan con la sangre del Cristo Crucificado. La sangre de las comunidades raciales se transforma en una sangre que es común a toda la Humanidad, porque la sangre de Cristo fue sacrificada en el momento en que colgaba de la cruz.

En este caso también se llevó a cabo algo que podría haber sido observado por cualquier observador de la atmósfera astral. Cuando Cristo murió en la cruz, toda la atmósfera astral se transformó, pues los acontecimientos que tuvieron lugar, nunca pudieron haberse llevado a cabo anteriormente. Esto solo ha sido posible con el derramamiento de la sangre que Cristo dio a la Humanidad, un Ser que es común a todos. En la sangre que fluía de las heridas de Cristo Jesús para toda la Humanidad un Yo es compartido por todos. Sus tres cuerpos quedaron colgados en la cruz y luego fueron restablecidos por el Cristo resucitado. Cuando Cristo abandonó su estructura física, los tres cuerpos eran tan fuertes que podían pronunciar las palabras de iniciación que siguen a la transfiguración: «¡Eli, Eli, lama Sabathani!».

Para todos los que conocen algo de las verdades de los Misterios, estas palabras deberían haberse revocado cuando un Misterio había sido promulgado. Una pequeña corrección en el texto hebreo, dio lugar a las palabras contenidas en el Evangelio: «!Sabathani Eli, Eli, lama!»«¡Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado!».

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Julián Ponce.

El horóscopo del deceso y la vida tras la muerte

Artículo de Willi Sucher, Julio de 1938

English version

 

 

En nuestros estudios precedentes hemos considerado al horóscopo del deceso como una especie de epítome de la vida terrena, el cual llega a su final al momento del fallecimiento. Es una imagen de lo que se ha obtenido como fruto de la vida y que ahora acompaña al individuo hasta el gran universo con el fin de seguir elaborándolo. Es como si la humanidad se viese a cargo de pintar una enorme cúpula. Queda así revelada la relación activa de los seres humanos con los seres estelares, por medio de los horóscopos del deceso de personajes e individuos históricos a través de extensos períodos de tiempo.

También será necesario que veamos este hecho a la luz de lo que experimenta el alma tras la muerte. Como ya fuera indicado, el horóscopo del fallecimiento apunta en dos direcciones, no sólo hacia la vida terrena que ha quedado atrás sino que también hacia el futuro, es decir, principalmente hacia la existencia post-mortem del alma en los mundos espirituales.

En relación al horóscopo natal, fue explicado cómo el alma humana desciende hasta su vida terrena a través de diferentes estadios, reconocidos por la Ciencia Espiritual. Generalizando, la individualidad humana atraviesa por tres estadios de desarrollo cuando prepara el camino hacia una nueva encarnación. Los hemos descrito como el pasaje por las esferas de Saturno, del Sol y de la Luna. Hemos mostrado como los pasajes por las esferas solar y lunar se ven reflejadas en el horóscopo o la constelación del pensamiento cósmico (la constelación por la cual a cada quién le corresponde una filosofía  o cosmovisión en particular) y en la constelación prenatal que se inicia hacia el momento de la concepción y que concluye con el nacimiento. De la misma manera, debería ser posible realizar un seguimiento del alma de un ser humano por su camino a través de los mundos espirituales tras el deceso.

Los hechos cósmicos conectados con la Luna han sido los que se convirtieron en nuestra línea guía, en pos de hallar las relaciones prenatales de alguien con el cosmos. Es de este modo como el horóscopo prenatal se vio determinado por la relación de la Luna con el Ascendente natal. La constelación del pensamiento cósmico, por la posición de la Luna natal en relación al nodo lunar. Efectivamente, a partir del momento en que ocurre el nacimiento, ciertas direcciones en el cosmos pueden ponerse en funcionamiento. En estas direcciones hemos visto una imagen del camino de ingreso del alma en la Tierra y de su paso a través de las esferas prenatales. La posición de la Luna natal es especialmente importante; la hemos descrito como indicadora de la dirección por la cual el alma ingresa a la esfera lunar desde la solar.

De este modo, deberíamos ser capaces de hallar una ‘dirección’ en el horóscopo del deceso, una realidad astronómica, una imagen del camino por el cual este alma humana se adentra en el cosmos. Ya hemos mencionado a la dirección hacia el Este luego de producirse la muerte, el modo en que el alma se dirige hacia el Este eterno. Como fuere, esta dirección sólo nos conduce desde la Tierra hacia la esfera lunar. Para alcanzar las esferas del Sol y de Saturno, el alma ha de recibir ahora otra ‘dirección cósmica’, tal como sucedió mientras tomaba el camino descendente antes de nacer. Pero aquí tenemos una diferencia importante: si bien ha sido la Luna quien impartió la dirección del ingreso del alma a través del nacimiento, al producirse el fallecimiento será el Sol quien determine la dirección de la partida hacia las esferas superiores. Esto arrojará luz por sobre muchas otras cosas.

Dondequiera que se halle el Sol al momento de fallecer un ser humano, ésa es la dirección cósmica, la dirección que indica el lugar de partida hacia las altas esferas del Sol y de Saturno. Si somos capaces de leer la escritura cósmica resultante, ganaremos algún tipo de idea acerca de la actitud con la cual inicia su partida el alma que desencarna.

Rafael por ejemplo, a quien ya mencionamos, falleció el 6 de Abril de 1520. En ese momento el Sol ingresaba en Aries. En consecuencia, ésta fue la dirección por la cual Rafael ingresó en los mundos espirituales. Aquí tenemos a una imagen que tiende a expresar cuál de todas las esferas espirituales cósmicas buscará su hogar luego de fallecer. Ahora bien, mismo el símbolo que representa a Aries (♈) indica un abrirse, un soplo ascendente de alabanza y alegría, una expansión. Ciertamente, Aries siempre está relacionado con el recibir algo, nuestra apertura frente a las fuerzas espirituales. Mismo desde este solo hecho, el Sol en Aries al morir Rafael, podemos desarrollar un sentir acerca de lo que sería el entorno espiritual de esta individualidad durante la vida post-mortem, más aún si tenemos en cuenta el modo en que vivió su vida terrena, ofreciendo todo su arte a las ideas creativas y los impulsos  de los mundos espirituales.

Lo mismo podemos encontrar también en el caso de otros seres humanos, sobre quienes podemos intentar sentir  cómo se desarrollan en la esfera de las ideas creativas luego de fallecer, plenos de vida real y situándose en el Espíritu.

Por ejemplo, el Sol se ubicaba en Aries cuando fallece Byron, el 19 de Abril de 1824. También fue el caso de Schiller, el 9 de Mayo de 1805. El Sol ingresaba a Tauro desde Aries, con lo cual la imagen cósmica se transforma un tanto. El mundo de Schiller es un mundo ideal, más fuerte y firme, más marcadamente delineado comparado con el de Byron, que poseía un toque más liviano y bellamente móvil.

Por lo tanto, mucho más puede descubrirse acerca de la vida post-mortem. De ahondar un poco más, podemos tomar consciencia acerca de cómo se revela aquí la actitud y el tono anímico fundamental o –digamos– el carácter básico del cuerpo astral de una individualidad tal, manifestada en el juicio cósmico. Ciertamente, esto no difiere de lo que contemplamos como pensamiento cósmico, sólo que en dirección opuesta. Vemos el juzgar del cosmos sobre la vida y la esencia que, ahora, el ser humano lleva consigo hacia el cosmos como los primeros  frutos  de su alma.

Si –por ejemplo– al momento en que muere Tolstoi, el 20 de Noviembre de 1910 (calendario gregoriano) el Sol ingresa en la constelación de Escorpio, debemos reconocer aquí a la imagen de la configuración interior del alma de Tolstoi, vista desde el juzgar del cosmos, la esfera cósmica en particular que delinea  a este alma en sí misma. Si luego contemplamos el aspecto a menudo dual y escindido del ser de Tolstoi, ya volcándose vigorosamente hacia el mundo de los sentidos, ya retrayéndose hacia la soledad del alma pero siempre inagotable y dinámico en su empeño, reconoceremos la afinidad interior de esta alma humana con Escorpio dentro de la existencia post-mortem.

Este aspecto, la ubicación del Sol en el Zodíaco cuando ocurre el deceso, es tan sólo uno entre los muchos que han de ser considerados como importantes. Ya hemos hablado acerca de cómo las experiencias propias conforman un gran cuadro de la vida terrena concluida, durante los primeros días tras haber fallecido, pudiendo contemplar los puntos esenciales de ese destino terrestre a modo de poderosa imagen. Este es el primer estadio del trayecto post-mortem; sólo dura unos pocos días, concretamente, hasta que el cuerpo etérico es disuelto en el cosmos.

El alma humana ha dejado entonces atrás a los cuerpos físico y etérico. El único velo que la individualidad espiritual interior conserva aún consigo es el astral –el cuerpo del alma. Ahora bien, en este cuerpo astral aún se hallan vivos todos los deseos, pasiones e inclinaciones de todo tipo y grado, los cuales han sido gestados por el alma durante su estadía en la vida terrena. Antes de poder elevarse hacia esferas más altas del mundo espiritual, esta aura anímica debe ser limpiada y purificada. Se debe atravesar un lapso de tiempo de purificación y purgamiento, algo que nos es relatado por todas las religiones basadas en una contemplación espiritual. Fue Dante quien otorgó forma poética a esto en su Divina Comedia.

Durante este lapso de tiempo, el así llamado fuego de la purificación, el alma humana atraviesa una vez más por todas la experiencias de la vida terrestre pasada, pero en forma inversa. Vivenciamos todo el bien que causamos en otros desde su verdadero aspecto moral. Percibimos el efecto real de nuestros actos en las almas de los demás seres. De la misma manera experimentamos los efectos de nuestro mal obrar, en las almas de quienes hemos perjudicado. Inclusive, la inversión llega más lejos, puesto que siendo en orden inverso la forma por la cual el alma experimenta todos los sucesos de su vida pasada bajo la luz de su aspecto moral, la visión se extiende desde los últimos acontecimientos previos a la muerte hasta el momento en que se produce el nacimiento. Además, como lo demuestra la Ciencia Espiritual, este lapso de purificación dura alrededor de un tercio de lo que duró la vida terrestre pasada. Por lo tanto, si un ser humano vivió hasta la edad de 60 años, el trayecto a través de esta esfera cósmica abarcará unos 20 años. Entonces, el alma se verá lo suficientemente purificada como para continuar su trayecto hacia regiones más elevadas del mundo espiritual.

Este lapso de tiempo en el que el alma se halla en la esfera de purificación,  se verá indicado de manera bastante real en el horóscopo del deceso. Como ejemplo tomaremos el horóscopo de la muerte de Beethoven, quien fallece en Viena el 26 de Marzo de 1827, pasadas las cinco de la tarde. El círculo interior de la figura 1 muestra las constelaciones para ese momento. Particularmente sorprendente es la posición de Saturno sobre el Meridiano. Como si la pesada mano de Saturno sobrecargase la escena. En efecto, la vida de Beethoven no fue muy feliz; se sintió profundamente solo y portaba una pesada carga del destino sobre sus hombros. Sus sufrimientos, sobre todo su soledad, provenía de su problema auditivo, el cual le condujo a una sordera total. Fue precisamente esta pérdida de audición la que estaba bajo la influencia de Saturno. Los primeros signos de enfermedad auditiva, que pese a todo esfuerzo no pudo detenérsele, aparecen en el año 1798. En aquel año, Saturno se ubicaba aproximadamente sobre el mismo sitio que en el de la constelación del deceso. Por lo tanto, debemos confrontarnos con un tránsito previo de Saturno a como fuera explicado en los artículos anteriores, y todo esto se aprecia en medida impresionante por la posición de Saturno sobre el Meridiano al morir.

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La sordera fue ciertamente un durísimo golpe del destino para Beethoven, puesto que le disminuyó considerablemente en el ejercicio de su profesión como músico, pero él luchó con gran fortaleza con el fin de atravesar tales dificultades. Bajo la tenacidad de la fuerza de su destino, logró elevarse a mayores alturas como compositor, uno cuyas obras se vieron consecuentemente destinadas a ejercer la más profunda influencia sobre la humanidad –mismo hasta el día de hoy. Esto aplica sobre todo para la Novena Sinfonía, la cual él describió como la obra más madura de su espíritu. La Novena Sinfonía fue compuesta durante la época en que Saturno se hallaba en Aries, es decir, en el mismo lugar en donde se ubicó Marte al fallecer. Consecuentemente, esto está relacionado con Marte en Aries.

Todo esto ha sido dicho para vitalizar el horóscopo y volverle más real. De todos modos, lo que nos concierne en este contexto es la posición del Sol, que al momento en que fallece Beethoven se ubicaba a 6° del signo de Aries o constelación de Piscis. Como se explicó más arriba, ésta sería la dirección cósmica por donde partió el alma de Beethoven, pero esto no es todo aún. Debemos tomar también en consideración la relación con la dirección cósmica  del nodo lunar, que al morir Beethoven se hallaba a 16° del signo de Escorpio. Esto corresponde al nodo ascendente; el nodo descendente –opuesto- se ubicaba en el signo de Tauro. Sabemos que los nodos lunares se mueven inversamente a través del Zodíaco. Dos años después de la muerte de Beethoven, el nodo descendente –en su movimiento inverso- arribó a los 6° del signo de Aries, es decir al sitio en los cielos en donde se ubicó el Sol del deceso. Pero debemos seguir al nodo durante toda su revolución completa (18 años y 7 meses). Esto nos lleva a Diciembre de 1847. Ese día, el nodo descendente se ubicó nuevamente sobre el sitio donde estuvo el Sol al ocurrir la muerte.

Hemos hallado ahora lo que buscábamos. En primer lugar, han pasado 20 años desde la muerte de Beethoven en 1827. Llegó a vivir hasta los 57 años, ya que había nacido en 1770. Recordemos que tras ocurrido el deceso, el alma atraviesa la esfera de la purificación, un recorrido que dura un tercio de la duración total de la vida terrena, con lo cual contamos con que esto haya tomado unos 19-20 años de la vida post-mortem de Beethoven. Por tanto, en los sucesos cósmicos reales hallamos ciertamente algo que responde al carácter interior de la experiencia de este alma humana, ya que 20 años luego de su fallecimiento, aproximadamente hacia finales del tiempo de la purificación, el nodo lunar retorna al sitio en donde se ubicó el Sol del deceso.

Surge la pregunta: ¿qué es lo que justifica que relacionemos  a la experiencia anímica post-mortem  –el pasar a través de la ‘esfera de purificación’– con estos sucesos cósmicos particulares?. Para brindar respuesta a tal pregunta, apelaremos nuevamente al significado de los nodos lunares que fue descrito en un artículo anterior (Fig.2).

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Los nodos son los puntos de intersección entre las órbitas solar y lunar. Estos son los puntos en donde entran en contacto las esferas lunar y solar –donde se estrechan las manos, digamos. Puesto que consideramos al trayecto u órbita del Sol y de la Luna como las demarcaciones externas de las esferas respectivas –los ecuadores varios, por decirlo así, de estas esferas celestes. La esfera lunar rota por dentro de la solar, con los cual los puntos de intersección van rotando, creándose un ritmo de 18 años y 7 meses hasta dar la vuelta completa. De este modo se deduce cómo se produce el retorno del nodo lunar a este punto esencial una y otra vez, el cual indica la dirección cósmica del punto de partida que tomó el alma al dejar la Tierra. Como hemos dicho, esto ocurrió para Beethoven en el año 1847, ya que entonces había retornado el nodo a los 6° de Aries, donde se ubicó el Sol del deceso.

Ahora nos será también posible expresar este hecho cósmico de manera más concreta. Ya que el alma pasa el tiempo de la purificación dentro de la esfera lunar. Es allí donde la naturaleza inferior ha de ser purificada y dejada de lado. Hasta que este estadio post-mortem no haya concluido (una vez más, como fuera establecido por la Ciencia Espiritual, conlleva un tercio de la vida terrena pasada), el alma no puede ingresar a la esfera superior, aquella del Sol. Este es el momento en que, por medio del nodo lunar, las esferas solar y lunar están en contacto precisamente en la dirección individual de la partida del alma.

Podría demostrarse la misma conexión dentro de muchos otros ejemplos. A menos que se hubiese producido alguna idiosincrasia orgánica, deberíamos ser siempre capaces de rastrear este tercio aproximado de la duración de la vida terrena en conexión al horóscopo del deceso, indicando la conexión espiritual que ha sido descrita.

La constelación de los planetas sobre el momento que hemos señalado, resulta pues significativa: el momento en que se deja la esfera lunar para ingresar en la solar. En el caso de Beethoven, Marte se ubica nuevamente sobre el mismo sitio en el año 1847 que al momento del fallecimiento, en la constelación de Aries. Podría decirse que Marte ha sido portado a un nivel superior, aportando significado al pasaje del alma desde la esfera lunar a la solar. Podemos sacar en conclusión de que éste es un punto de particular relevancia que el cosmos desea enfatizar especialmente. Como dicho anteriormente, este Marte en Aries corresponde  a la época en la vida de Beethoven durante el cual fue creada su gran obra maestra, la Novena Sinfonía. Ahora que el alma ha sido admitida en las esferas superiores, se ve iluminada una vez más por el juicio cósmico, es el horizonte espiritual, el trasfondo cósmico y creativo de su gran obra de arte loque se enciende aquí en la esfera de Aries – el Idealismo (como fuera explicado en un artículo previo). Como si en el Pensar del cosmos emergiese ahora el arquetipo espiritual. Incentivado desde la voluntad interior, es el mundo de las ideas y de los ideales lo que se ocultaba detrás de esta realidad, la mayor de las obras del genial compositor. La Novena Sinfonía recibe su significado cósmico sólo tras la muerte, madurando dentro del alma de Beethoven hasta alcanzar una estatura gigantesca. Durante su vida terrena, Beethoven vivenció un ideal -más bien todo un mundo de ideales humanos- y lo manifestó por medio de la enérgica realidad de su música. Ahora, a modo del más puro y esencial elemento de su ser, le es permitido brindarlo a los Dioses en los cielos. Puesto que al ingresar en la esfera del Sol, él retorna al seno de los Dioses; y con los frutos de su labor terrenal puede incluso enriquecer a la esfera cósmica y arquetípica de donde provino, la esfera del Idealismo en el pensar cósmico y divino.

Aquí tenemos al menos una pista, una indicación sobre las experiencias del alma humana durante la vida post-mortem.

Expresar estas cosas con palabras no es fácil en absoluto; ellas requieren más bien que se las vivencie en el silencio interior.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz

El Zodiaco (continuación)

Artículo de Willi Sucher, Mayo de 1938

English versión

En el artículo del mes pasado, intentamos mostrar un momento de profundo significado en la evolución espiritual de la humanidad –el giro de los siglos XIII y XIV– que fue incorporado en la escritura de los astros. Esta época está grabada en los cielos estelares por medio de una gran cruz cósmica. Por un lado se produjo la retirada de la antigua sabiduría hacia el oscuro y oculto trasfondo de la historia exterior, mostrado en el trágico drama de la destrucción de los Caballeros Templarios y grabado en la constelación de Sagitario, y por el otro lado tenemos el florecimiento de la Escolástica medieval, relacionada a las constelaciones de Virgo y de Piscis. Finalmente, tenemos el surgimiento de la Mística en la figura del Maestro Eckhardt, cuyo destino está inscrito en Géminis.

La cruz cósmica –Sagitario/Géminis y Virgo/Piscis– representa en su aspecto histórico-mundial un momento decisivo en la evolución de la humanidad  como un todo. Las fuerzas de la consciencia que restan de antaño se extinguen y un nuevo inicio alborea en el horizonte. Ciertamente, es significativo ver cómo la evolución del mundo occidental, a partir de aquel entonces hasta el día presente, queda revelada a la luz del actuar del cosmos. Con una continuidad remarcable, esta evolución de la humanidad que va desde la Edad Media en adelante, está representada en el cosmos.

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Esta vez, partamos desde Aries. Podremos ver cómo las principales figuras de la evolución espiritual se relacionaron con el Zodiaco a través del horóscopo de sus muertes. Para comenzar, tenemos a San Bernardo de Clairvaux, quien falleció el 20 de Agosto de 1153. Marte se hallaba en la constelación de Aries. ¿Qué significa esta ubicación de Marte?. Los tránsitos pasados de Saturno, explicados en una entrega anterior, nos capacitarán para encontrar la respuesta. Es en la fundación y el desempeño del monasterio de Clairvaux en donde San Bernardo jugó un rol decisivo y es lo que se encuentra inscrito aquí por el planeta Marte. En Aries se halla inscrito un suceso que proviene de un impulso importantísimo, surgido de la ardiente experiencia mística de un hombre que sería el inspirador de la Segunda Cruzada. En estos eventos alborea el paso al cual estaría destinada la humanidad medieval, desde las últimas reliquias de la antigua sabiduría de los Misterios hasta el tipo de experiencia mística que alcanza su mayor expresión en el Maestro Eckhardt.

Esta nueva incisión en los esfuerzos espirituales de la humanidad tocó de cerca a los seres humanos de la edad Media una y otra vez, y desde diversos aspectos. Pasando ahora a la esfera de Tauro, encontramos a Raimundo Lullio, y Marte se ubicó en esta constelación al fallecer éste. El fue el conocido originador del ‘arte lulliano’, como se le llamaba algunas veces, que intenta desarrollar nuevos tipos de cuestionamientos y respuestas, a partir de combinaciones sutiles sobre conceptos filosóficos ya conocidos por la humanidad. Su modo de pensar influyó a muchos otros, inclusive en épocas posteriores –a Giordano Bruno, por ejemplo.

Raimundo Lullio nació en Mallorca. Paso su juventud dedicado exclusivamente a las impresiones de los sentidos. Repentinamente tiene una vivencia visionaria que cambia el curso de su vida. A partir de allí  se dedicó con toda su alma al estudio espiritual y a las grandes cuestiones religiosas de su época. Este fue un suceso decisivo en su vida, y fue inscrito en Tauro por Marte.

En Aries vimos reflejado un suceso humano surgiendo desde un impulso profundamente interior, una misión completamente absorbente. En Tauro tenemos a la imagen de una conversión, una transformación debido a una experiencia profunda en el espíritu. Una incisión poderosa proporciona con suficiencia un nuevo giro a la tendencia que preexiste en la vida. Esta cualidad de Tauro podrá encontrarse también en otros horóscopos de muerte.

Ahora llevemos al aspecto cósmico de la historia humana hasta la esfera de Géminis, en donde aparece una profunda hendidura entre el mundo interno y el externo. Ya nos hemos confrontado a este tipo de vivencias del alma en el Maestro Eckhardt. La Mística, con su profunda orientación hacia el interior se coloca en un conflicto con la Iglesia. Géminis, los hermanos gemelos que luchan entre sí en cada alma humana, se revela aquí; estereotipada en el empeño dentro del individuo mismo por la luz interior y, en la poderosa institución eclesiástica, deseando adherirse a la tradición del pasado.

Ahora, la evolución emprendió su curso de un modo tal que las antiguas facultades cognitivas fueron muriendo gradualmente hasta la característica experiencia mística del Medioevo. A través de sus mejores exponentes, la Escolástica mantuvo aún un balance por medio de una aguda disciplina del pensar. En el pensamiento, la vida interior consciente del ser humano buscó retener la conexión con el alto mundo de la Revelación Divina. Esta facultad se fue extinguiendo más y más.

Significativamente, vemos cómo sucede esto en alguien como Nicolás de Cusa, quien muere el 11 de Agosto de 1464. Nacido entre los siglos XIV y XV, fue educado en la disciplina del pensamiento escolástico; pero su experiencia interior lo llevó por otro camino. Mientras viajaba por mar, tuvo una experiencia mística que lo hizo sentirse como bañado por el océano eterno del Espíritu, de un modo tal que la experiencia no llegó ya a alcanzar el reino del pensamiento. ‘Docta ignorancia’ fue como él llamó a esta experiencia de lo divino; así lo describe pues en su libro ‘De Docta Ignorantia’. Al momento de fallecer, ocurre una conjunción entre Saturno y Júpiter en la constelación de Acuario. Aquí vemos su conexión con el Escolasticismo. Por el otro lado, Marte y Venus se encuentran en la región de Cáncer y Leo. Esta es la imagen cósmica de su paso más interior hacia la esfera de la docta ignorancia. Entre las dos constelaciones, su experiencia marítima quedó inscrita en Aries.

Por lo tanto, en la constelación de Cáncer vemos indicada la tendencia en el desarrollo espiritual del ser humano a retraerse dentro de la vida interior del alma. Esto se expresa aún más fuertemente en los horóscopos en Leo. Consiguientemente, en los horóscopos del deceso de un significativo número de místicos de la Edad Media tardía y en los albores de la época moderna, vemos ingresar a los planetas en la región de Leo. Uno de los que se destaca entre ellos es Johannes Tauler, discípulo del Maestro Eckhardt. Al fallecer en Junio de 1361, Saturno, Marte y Venus se hallaban en Leo. Una experiencia de carácter único quedó grabada en esta constelación. Nos referimos a la así llamada conversión del Amigo de Dios de Oberland, un hombre cuya influencia se extendía a lo largo y ancho de los alrededores de Basilea por aquel entonces. El Amigo de Dios es ciertamente una figura misteriosa en la Historia. No existe evidencia histórica concreta acerca de quién era o de dónde venía, solamente quedan las historias contadas por aquellos que le rodeaban que se refieren a él como un ser maravilloso que poseía una influencia espiritual profunda y extensa. Lo mismo sucede con la historia de la ‘conversión’ de Tauler. A través de su encuentro con el Amigo de Dios, atraviesa por profundas experiencias internas, y a partir de allí su influencia y su elocuencia se vieron realzadas de un modo maravilloso.

Mientras que la constelación de Leo está conectada con la búsqueda de la verdad espiritual en lo más hondo del alma humana, Virgo corresponde a la paz interior, el calmo equilibrio del alma dentro del ser espiritual de la naturaleza y de la vida humana. Esto ya fue indicado en relación al Escolasticismo en el artículo previo. Pasando desapercibidas por el mundo exterior, en silencio interno y la serenidad del alma, las experiencias cobran forma en la esfera de Virgo preparándose para manifestar cambios esenciales en el desarrollo de la consciencia. En la constelación de Virgo tenemos consecuentemente a alguien que muestra vigorosamente este rasgo: Paracelso, el famoso alquimista y médico, quien murió el 23 de Septiembre de 1541. Al fallecer, Júpiter se hallaba en Leo mientras que Marte y Saturno, junto con el Sol y los dos planetas interiores Mercurio y Venus, se ubicaban en Virgo. Saturno se hallaba más bien al límite entre Virgo y Libra. Todo esto corresponde al lugar peculiar que ocupa esta gran individualidad en la vida espiritual de su época. Ya que por un lado, Paracelso como alquimista vivía dentro de la corriente espiritual que buscaba penetrar hasta la comprensión de lo divino y lo espiritual atravesando un sendero místico más interior; pero por el otro lado ya era alguien que se había volcado conscientemente hacia el mundo exterior, buscando encontrar las verdaderas raíces de ser de la naturaleza. Esto lo vemos por el modo en que aporta una concepción nueva sobre la naturaleza humana y hasta cierto punto, una nueva ciencia médica. Paracelso es un representante muy vital de la transición que va desde la humanidad medieval –cuya experiencia sobre lo espiritual se iba desvaneciendo dentro del Misticismo– hasta la nueva tendencia del alma que dio nacimiento a la ciencia moderna. Dentro de esta corriente científica, la consciencia sobre la realidad del mundo espiritual se hallaba y está verdaderamente en peligro de ser sofocada por completo; como fuere, este desarrollo también estaba destinado a ser llevado a cabo y era por tanto inevitable; es una fase necesaria de nuestra evolución, puesto que nos situó sobre el camino que conduce a la libertad espiritual. Este giro en la evolución de la humanidad se ve expresado potencialmente en la constelación de Libra.

Hallamos a Saturno en Libra dentro de los horóscopos de la muerte de tres grandes hombres –inauguradores de la era científica: Copérnico, el fundador de una nueva Astronomía (fallece el 24 de Mayo de 1543); Tycho Brahe, el famoso astrónomo danés (fallece el 24 de Octubre de 1601); y Johannes Kepler, el gran astrónomo y matemático alemán (fallece el 15 de Noviembre de 1630).  La transición de la humanidad hacia la nueva visión sobre la naturaleza, se retrata de un modo impresionante a través de la relación de estos tres.

Copérnico estableció las bases de una nueva sistematización del mundo, exclusivamente por medio de la observación exterior y la experimentación matemática. Tycho Brahe incursionó una línea muy distinta. Como astrónomo, también él se dedicó encarecidamente a la observación del cielo estelar, pero en lo profundo de su alma prevalecía la memoria de una vida pasada en la Tierra, durante la cual había estado unido a la sabiduría de los antiguos Misterios de manera aún más íntima. De aquí que se rebelara contra la idea central del sistema copernicano, que consistía en situar al Sol en el centro de nuestro sistema solar. El desarrolló un sistema propio, por el cual intentó otorgarle el rol central a la Tierra una vez más.

Luego surge Kepler, quien trabaja junto a él como su asistente. Cuando Tycho presintió su final, rogó a Kepler que basase su trabajo futuro en su sistema, el tychoniano, y no en el copernicano. Pero Kepler no siguió tal consejo y basó su labor subsiguiente en la idea copernicana.

Vemos conectado a la constelación de Libra uno de los más grandes giros en la evolución espiritual. La cosmovisión de los antiguos, como por ejemplo el sistema ptolemaico, es sustituida por el punto de vista moderno de la investigación científica y el experimento. Ahora, los hombres se hallan dedicados al exámen de la naturaleza visible externa.

Arribamos ahora a la constelación de Escorpio. Allí tenemos a Marte, tanto en el horóscopo de muerte de Kepler como en el de Galileo (8 de Enero de 1642). En el Marte de Kepler se ve inscrito el giro hacia el sistema copernicano tras la muerte de Tycho Brahe; en el de Galileo señala el período de su vida en donde lo vemos llevar a cabo importantes investigaciones en Padua. Además, en la vida posterior de Galileo representa el momento en el que defendía valerosamente al sistema copernicano frente a la Inquisición. Consecuentemente, a Escorpio le corresponde la transformación profunda de la cosmovisión dentro de la humanidad. Kepler, Galileo y muchos otros confrontan a las viejas ideas con las bases de un método de investigación completamente nuevo. Escorpio está ligado a la destrucción de las tradiciones vetustas y a su vez, con la transmutación y el progreso.

El ciclo evolutivo nos conduce ahora hacia la esfera de Sagitario. Esta esfera  está conectada al surgimiento y la caída de las corrientes espirituales dentro de la evolución, como ya hemos visto a través de la destrucción de la Orden de los Caballeros Templarios. Existe una batalla por la continuidad espiritual en el progreso humano. El horóscopo de la muerte de Martín Lutero, por ejemplo (18 de febrero de 1546) se ve penetrado de manera decisiva por esta constelación. Saturno y Marte se hallan en Sagitario mientras que Júpiter ingresa a Capricornio desde allí. Saturno en Sagitario representa a la época en que Lutero clavó sus tesis en las puertas del palacio de Wittenberg, marcó la incisión en el camino que conduciría a la separación de la Iglesia romana. También en el horóscopo de la muerte de Leonardo da Vinci (2 de Mayo de 1519), Saturno estaba en Sagitario. Esta es una imagen de las dificultades que debieron atravesar los grandes maestros en pos de alcanzar nuevos puntos de vista sobre todo el terreno de las artes y la ciencia. Cierto es que sus fuerzas, al verse confrontados con lo viejo, no son aún lo suficientemente fuertes y muchos de sus intentos ven esquivar el éxito inmediato. Pero tanto en Leonardo como en Lutero, el empeño sincero por el progreso de la humanidad, por la realización de nuevas formas de vida, se manifiesta vigorosamente. Este es el temple de Sagitario.

La constelación siguiente, Capricornio, se ve plena de destinos humanos en donde lo esencial consiste en alcanzar una rápida realización de una tarea o misión. Podrían darse muchos ejemplos. Uno que expresó esto del más bello modo fue el gran pintor Rafael. A su muerte, un Viernes Santo de 1520, Saturno se hallaba en Capricornio. Esta posición de Saturno corresponde a los sucesos ocurridos en la juventud temprana de Rafael, al morir su madre para luego ser tomado como aprendiz en el taller de su padre. Fue un momento importante del destino cuando este ser amable y delicado se vio privado de la protección materna y se lo situó en una corriente que lo condujo con gran rapidez hacia las más grandes alturas de su creación. En los 30 años que siguieron, con un toque de increíble facilidad y liviandad, dio a luz a las verdades espirituales más profundas mediante su arte y las ofreció a la humanidad. Esta manera de llevar un impulso espiritual a  la concreción, casi sin resistencia, es el verdadero temple de Capricornio.

A través de la constelación de Acuario, las corrientes espirituales cósmicas se manifiestan a sí mismas en el fluir de la historia humana en la Tierra. Como representante de esta tipología podemos mencionar una vez más al cardenal Nicolás de Cusa, quien en el horóscopo de su muerte mostraba a Júpiter conjunto a Saturno en Acuario. Por sobre todo, esto estaba conectado con el curso que había tomado el Concilio de Basilea durante la década de 1430. Nicolás de Cusa tuvo mucho que ver con este Concilio. Quienes se habían reunido allí intentaban realmente de entablar términos sobre un evento el cual –en el terreno de lo espiritual– se mostraba ya como un hecho. Esto fue la creciente rebelión de la humanidad en contra de los viejos principios jerárquicos representados por la Iglesia romana. La tendencia y el propósito de la nueva era que alboreaba, consistía en congregar a toda la humanidad  por medio de un espíritu unificado, pese a la inmensidad de sus diferencias. El mismo Nicolás había atravesado por experiencias espirituales de las cuales había aprendido que las más diversas –inclusive las creencias religiosas no cristianas– podían llegar a entablar una comprensión pacífica entre sí. Que un sentimiento tal pudiera surgir en el alma humana, así como en el seno de la Reforma, provocó que se creasen poderosos movimientos opositores al principio autoritario de la Iglesia Católica. Todo esto se debió a que la transformación en una nueva era ya había tenido lugar en el mundo espiritual. Los seres humanos sobre la Tierra –como por ejemplo aquellos que tomaron parte del Concilio de Basilea– vivenciaron este hecho que se reflejaba en lo profundo de sus almas, e intentaron por todos los medios comprenderlo y asimilarlo. Esta vivencia humana fue inscrita en Acuario gracias a horóscopos del deceso como lo fue el caso de Nicolás de Cusa.

De allí nos vemos dirigidos hasta la constelación de Piscis, en donde se ven configuradas las grandes batallas libradas a causa de la cosmovisión y las formas de vida en la humanidad, tal como explicamos al tratar la Escolástica. Tales batallas pueden extenderse a lo largo de los siglos, pero aún así se focalizan sobre individualidades particulares y lograron inscribirse en esta constelación a través de sus horóscopos.

De este modo es como podemos reconocer el trayecto continuo de la humanidad occidental a través de la totalidad del Zodiaco. Alrededor de los siglos XII y XIII se produce una especie de nudo, un punto nodal en la evolución. Por un lado se iban extinguiendo las reliquias de las antiguas facultades cognitivas, todavía en conexión más directa con el mundo espiritual real, pero el Escolasticismo fue aún capaz de mantener un sutil lazo entre ambos gracias a heroicos esfuerzos del pensar. Esto se perdió en última instancia al concluir el Misticismo medieval, con su ansiar profundo por una experiencia de lo divino, ya no le era posible lograr que tal experiencia se vivenciara con la plena consciencia. Como consecuencia, la humanidad se volcó más y más a la observación y experimentación sobre la naturaleza externa. A su modo, esto fue el comienzo de una evolución que se extiende lejos hacia el futuro, una evolución que busca por un lado el liberarse de reglas y tradiciones antiguas, mientras que por el otro lado, la gente se esforzó desde lo profundo de su alma por alcanzar un nuevo conocimiento sobre las relaciones espirituales entre la Tierra y el cosmos, conocimiento que nacía desde la libertad. Puede admitirse que en nuestra época, este rasgo marcante de la evolución moderna se malentiende a menudo o incluso se lo niega. Pese a todo, a través de la oscura noche del vacío espiritual reinante, una nueva especie de ser humano está a la búsqueda de la luz. Los delineamientos de este ser humano futuro se hallan escritos en el cosmos del modo en que hemos intentado indicar, si bien resumidamente.

No debemos contemplar solamente las secciones parciales o las perspectivas azarosas de la historia exterior, su unilateralidad e imperfecciones, debemos intentar ver el todo. Esto se ve representado en la imagen cósmica, y lo maravilloso aquí es ver cómo las tendencias más opuestas se ubican –a pesar de todo- armoniosamente dentro del cosmos, en los lugares cósmicos que les corresponde según sus numerosas virtudes e inspiraciones. De este modo, ellas hallan su lugar en este empeño hacia el ser humano perfecto; un empeño escrito en el universo por medio de los horóscopos del deceso, trascendiendo al ser humano individual y convocándonos una y otra vez a elevarnos por encima de nuestra unilateralidad hacia el todo.

Este ser espiritual compuesto por doce partes puede vivenciarse en el Zodíaco, puesto que en el Zodíaco se halla la verdadera imagen arquetípica de la forma humana. Comenzamos por Aries que representa a la esfera directriz y que equivale a la cabeza del cuerpo terrestre; de allí irradia a través del cuerpo espiritual viviente, pasando por la introspección profunda y emergiendo nuevamente desde la esfera del movimiento y la actividad comparable a los miembros en el cuerpo terrestre. Así es como se ven conectadas las numerosas constelaciones del Zodíaco a  los esfuerzos espirituales de los seres humanos:

Aries: los impulsos espirituales son vertidos en la evolución.

Tauro: los impulsos intentan encarnar en realidades terrestres; se confrontan con resistencias pero son capaces de lograr transmutaciones.

Géminis: el hermano luminoso y el oscuro; el impulso espiritual lucha contra las dos aberraciones del alma humana: la liviandad del ser y el materialismo.

Cáncer: la introspección hacia el silencio interior.

Leo: la búsqueda por la fuente del Espíritu en las profundidades del propio ser.

Virgo: el Portal hacia el interior de todos los seres.

Libra: desde la vida interior, se genera nuevamente el giro hacia el exterior; de aquí la cuestión del balance –los momentos decisivos del Espíritu.

Escorpio: viejas conexiones son destruidas y han de ser creadas nuevas por medio de propósitos y buena voluntad.

Sagitario: la alternancia de grandes corrientes espirituales en la historia humana.

Capricornio: el lograr con éxito tareas del destino dentro de la esfera terrestre.

Acuario:  las corrientes de la vida espiritual en la Tierra, a modo de imágenes de corrientes cósmicas.

Piscis: la lucha de las corrientes espirituales en la humanidad  por el futuro del mundo.

Como podrá revelarse en el curso de trabajos futuros, el ser humano espiritual macrocósmico es una realidad en cada uno de sus detalles.

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Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

El Zodíaco

Artículo de Willi Sucher, Abril de 1938

English version

En la fase presente de la evolución humana, la antigua sabiduría estelar tradicional se pierde más y más, y nos vemos en la necesidad de hallar nuevos medios para el conocimiento que corresponde a nuestra relación con los astros. El estudio de las constelaciones de la muerte puede resultar una ayuda muy grande en esta dirección. Casi se podría decir que los fallecidos, que permanecen conectados a la constelación celeste al ocurrir su deceso, son los verdaderos astrólogos de nuestro tiempo. Si los vivos establecen la relación correcta con los muertos, entonces podrán ganar un conocimiento nuevo y fructífero acerca de lo cósmico.

Este aspecto será desarrollado más en detalle en este ensayo. Sobre todo, pretendemos ganar una visión renovada sobre la naturaleza del zodíaco y su segmentación en doce partes. Debemos alcanzar de algún modo un punto de ventaja más amplio; por lo tanto, consideraremos una suma de figuras históricas para ver en el horóscopo de su muerte  cómo se relacionaron con el universo de los astros. Ningún horóscopo puede abarcar el carácter dodecamórfico completamente. El horóscopo de la muerte de Napoleón enfatiza –principalmente– tan sólo una constelación, la de Piscis. Es por esta razón que debemos estudiar varios horóscopos, teniendo en cuenta cómo los planetas superiores –aquellos más allá del Sol: Marte, Júpiter y Saturno– se ven relacionados con las constelaciones de las estrellas fijas.

Comenzaremos retrocediendo lejos en la historia occidental hasta la época medieval y la era de la alta Escolástica. Santo Tomás de Aquino, sin lugar a dudas una de las más grandes figuras del movimiento escolástico, falleció el 6 de Marzo de 1274. La constelación de los astros para ese día nos brindará una imagen sobre la relación de su labor en la Tierra con el cielo estelar. Es un cuadro realmente impresionante. El Sol en Piscis entre medio de Júpiter en Acuario por un lado y Marte en Aries por el otro. Júpiter se ve acompañado por Venus, la Luna también se ubica en esta región, mientras que sobre el otro lado está Mercurio cercano a Marte. Semeja a una pintura en el cosmos, armoniosa en su composición, balanceada y centrada en las fuerzas del Sol. Ahora bien, en esta imagen el Sol presenta otro aspecto, Saturno se halla en Virgo y opuesto a éste.

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Esto le otorga al horóscopo un aspecto peculiarmente dualista, y veremos que esta dualidad permea la obra completa de Santo Tomas durante su vida en la Tierra. Por un lado, él representa a la corriente escolástica en su más fina esencia. Al intentar aprehender la esencia más íntima de esta importante época de nuestra historia espiritual, quizás debamos recurrir a la imagen histórica creada durante esta misma era, la arquitectura de la catedral gótica que alcanza su más alta perfección en aquella de Chartres. En el fuerte énfasis por la línea vertical, con su aspirar por lo celeste, el ánimo espiritual de la gente de aquella época halla aquí su expresión característica.

Por medio de un pensamiento fino y sutil, disciplinado gracias a una inconmensurable devoción por el Espíritu y desarrollando una técnica elaborada para la formación de conceptos puros, la gente de esta época buscó y encontró el contacto con lo divino y espiritual –a menudo se trató de un contacto muy real y asequible. Al igual que el alzarse hacia el infinito del universo de los chapiteles empinados de sus catedrales, ellos disponían aún de un delicado lazo que los unía al mundo divino espiritual de manera muy directa, por medio de un orientarse a sí mismos ascendentemente. Puesto que alzaban su pensamiento receptivamente hacia el mundo espiritual, sentían que las revelaciones divinas se iluminaban en ellos. El más puro y poderoso exponente de ello, Tomás de Aquino, surge en la escena histórica. La gente de su época le apodó Doctor Angelicus. Por sobre todo, él estaba imbuido de aquel ser anímico virginal , capaz de abrirse en su pensar a lo divino en un grado sin paralelismos. De este modo se convirtió en una de las figuras espirituales más grandes de su época. Lo que existe de sus obras, las así llamadas Summae, son un testimonio de su grandeza.

El carácter anímico, sutilmente desarrollado, altamente entrenado y aún así directamente abierto a lo espiritual, se ve bien expresado por la posición de Saturno en Virgo al momento en que él atravesó el umbral de la muerte. Saturno, el más elevado de los siete planetas, se ubica en la virginal constelación. Hasta esta constelación alcanza este aspecto del ser de Santo Tomás, gracias a por el cual fue tan capaz de recibir en su alma a las revelaciones espirituales. Esto se vuelve aún más evidente cuando ponemos atención sobre los tránsitos pasados de Saturno, ya que entonces reconocemos cuál de los períodos de su vida, digamos, es el que reluce en esta constelación. Es alrededor del año 1244-5. Un año antes, Aquino había sido aceptado en la orden de los Dominicanos. En 1245 fue llamado a Paris por la escuela de Alberto Magno. Saturno en Virgo en el horóscopo del deceso es por tanto una imagen de su surgimiento, del paso esencial que él dio y que lo condujo hacia el horizonte espiritual de su era. Virgo se destaca en los horóscopos de otros representantes de aquel tiempo. Alberto Magno, maestro y amigo de Santo Tomás, tuvo a Júpiter en Virgo al morir (15 de Noviembre de 1280), en el mismo lugar donde se ubicó Saturno al fallecer Santo Tomás. Al morir DunsScotus –Doctor Subtilis, como se habituaba llamarle– Marte se hallaba en Virgo (8 de Noviembre de 1308).

Un mundo muy diferente a éste, tan tierna e íntimamente devoto a la experiencia de lo divino y lo espiritual, es el que está inscrito en las constelaciones de Acuario, Piscis y Aries del horóscopo de la muerte de Santo Tomás. Dentro de lo temporal –es decir, respecto a los tránsitos de Saturno– esto representa al período en la vida de Aquino en el que ya era una personalidad famosamente reconocida en la Universidad de Paris y dentro de todo el Cristianismo occidental. Ahora debemos mirar más profundamente. Fue la época en la que se vio bregar con las tendencias que él consideraba un detrimento a la verdadera evolución de la humanidad. Estas tendencias estaban concentradas, sobre todo, en las ideas del filósofo moro Averroes. El conflicto, una vez más, ocurría en la esfera de vida dentro de la cual la gente de aquella época debía entablar una lucha con las grandes verdades espirituales –el elemento del pensamiento. Como punto de partida esencial para el disciplinar de su pensamiento, se basaron en la filosofía de Aristóteles. Pero detrás de esto se libraba una batalla mayor. El tema candente era la realidad y la substancia espiritual del ser eterno en el ser humano.

Aristóteles había vivido y actuado en el S. IV AC, pero su filosofía había permanecido viva inclusive hasta la Edad Media. En principio, sus obras habían sido trasmitidas por las escuelas griegas de los filósofos. En los primeros siglos del Cristianismo, cuando estas antiguas escuelas de sabiduría fueron duramente reprimidas y perseguidas, incluso aniquiladas, las obras de Aristóteles hallaron su camino hacia las civilizaciones de Siria, Mesopotamia y Asia occidental. Traducidas a los idiomas orientales, sufrieron numerosas distorsiones. Una de tales traducciones cayó en manos del filósofo moro Averroes. Fiel al carácter del alma arábiga, Averroes interpretó la filosofía de Aristóteles a criterio propio. Desde su descripción, uno puede llegar fácilmente a la conclusión de que a los ojos del maestro griego, una persona no porta consigo un núcleo espiritual e inmortal. Sólo lleva encendida una chispa de lo divino dentro suyo, que se funde con el océano de seres divinos luego de morir, sin que tenga una continuación de su existencia personal. Tomás de Aquino debía refutar esta interpretación, ya que no correspondía a la línea del desarrollo espiritual normal del mundo occidental. En contra de los latinos averroístas, propuso una nueva traducción sobre ciertas partes de las obras de Aristóteles a partir del griego original y escribió voluminosos comentarios. Esta fue la época en la cual se hallaba trabajando como Magister en la Universidad de Paris y, notablemente, la época de su estadía en la corte del Papa Urbano IV, 1261-4. Es el período que se ve inscrito por los tránsitos de Saturno en las constelaciones de Acuario, Piscis y Aries. La altura de este trabajo fue registrado, sobre todo, por el Sol en Piscis; ciertamente, fue durante el tiempo en que fue de Paris a la corte papal –en cierto sentido, se le reconoció como líder espiritual del Cristianismo occidental.

Así es como en su horóscopo del deceso se revelan dos tendencias, concentradas respectivamente en las constelaciones de Piscis y Virgo. A Virgo pertenece el calmo porte interior del alma, prestando atención a la voz del conocimiento sobre los secretos divinos de la creación del mundo y de la humanidad; conocimiento que puede emerger en las regiones más profundas del alma si somos lo suficientemente serenos como para oírle. Asimismo, la constelación de Virgo está asociada con el ingresar en la vida interior, espiritual de la naturaleza. Piscis, el opuesto de Virgo, está asociado a las grandes batallas espirituales de la humanidad. En el horóscopo de la muerte de Santo Tomás vemos de un modo distinto a como lo hicimos con el de Napoleón. Ahora reconoceremos la tremenda diferencia entre los dos horóscopos. Enormes como fueron las batallas de la Escolástica, Tomás de Aquino las inscribió con serena armonía en la esfera de Piscis a través de su vida y su labor. En su horóscopo del deceso, esta región semeja a una imagen en donde el pasado y el futuro del mundo están unidos muy armoniosamente; los planetas según sus numerosas posiciones son guiados desde Aries, a través del Sol en Piscis hasta Acuario. Por el otro lado, en el horóscopo de Napoleón encontramos a Piscis bloqueado por la conjunción de Saturno, Júpiter, Marte y Mercurio. Aquí también nos confrontamos a una de las grandes batallas de la humanidad. Comenzando con la Revolución Francesa, empuja como un puño apretado hacia el mundo occidental.

Mirado bajo la luz cósmica, tal como se muestran estos horóscopos del deceso, los sucesos de la época de Napoleón se muestran más enmarañados y convulsivos, resueltos nada armoniosamente en comparación a la obra de Santo Tomás, en donde Piscis se ve irradiado por el Sol. Esta vez es el Sol quien aporta su carácter a la constelación de Piscis, viéndose colmado por los prototipos de las batallas espirituales.

Existe un cuadro de Santo Tomás de Aquino realizado por Gozzoli, donde esto se ilustra muy bien. Desde su corazón irradia un Sol, a sus pies se acuclilla Averroes, a quien ha conquistado, mientras que desde lo alto por encima de él está el Cristo diciendo: bene scriptisi de me, Thomma!. Es un hecho de lo más impresionante que en el propio horóscopo de la muerte de Averroes (12 de Diciembre de 1198), el planeta Marte se ubica en el mismo lugar que el Sol de Aquino, una vez más en Piscis. El Sol en el corazón de Santo Tomás ensombrece a los impulsos marcianos de Averroes.

Gozzolitomasaquino

La era en que tuvieron lugar estos desarrollos fue un gran giro en la vida espiritual de occidente. Puesto bajo la luz cósmica, tuvo lugar a lo largo de la línea que va de Virgo a Piscis. Las fuerzas de Virgo, los impulsos hacia una profundización de la vida interior del alma, perteneciente a la constelación de la Virgen, combatían por su existencia contra aquellas otras fuerzas que cobraban forma en Piscis. Piscis mismo se vió transformado, así como el mundo virginal del pensamiento puro también atravesó por un cambio esencial. El escolasticismo fue aún capaz –por medio de un severo disciplinar del pensamiento– de ascender  hasta lo divino y espiritual –los secretos de la Divina Revelación. Ahora, al ocurrir este giro de la evolución humana, esta facultad fue desapareciendo lentamente. Esto queda revelado por un suceso de esta época –me refiero a la destrucción de la Orden de los Caballeros Templarios, durante los siete años que van de 1307 a 1314.

Fundada con el declarado objetivo de proteger los lugares sagrados de la Cristiandad en Palestina contra los mahometanos que regían sobre la Tierra Santa, la Orden de los Caballeros Templarios albergaba una razón más profunda. Actuaba con el fin de preservar profundos secretos que se cultivaban antaño en los antiguos centros de los Misterios del Este y que brindaban luz por sobre la evolución espiritual del mundo y de la humanidad. La tarea esotérica de la Orden consistía en trasladar los antiguos tesoros de la sabiduría oriental y unirlos con todo aquello que había surgido en el Oeste, a partir de la corriente cristiana. Hasta cierto punto, esto fue un malentendido por parte del mundo exterior, al imaginar que el tesoro secreto de la Orden eran grandes cantidades de oro, lo que eventualmente condujo a su destrucción.

Felipe el Hermoso de Francia fue el protagonista. Codicioso y envidioso del oro templario, quiso destruirlos. En 1307 ordenó el arresto de los líderes templarios en Francia. Hacia esa época, Saturno se hallaba en la constelación de Libra, Júpiter transitaba hacia Escorpio y Marte se ubicaba en Sagitario. Dentro de todo, estos sucesos no fueron más que el preludio de los siete años de terribles conflictos y que ahora sobrevenía. Horrendos reproches anti-cristianos fueron argumentados contra los Templarios, se obtuvieron falsos testimonios mediante tortura. Una cosa siguió a la otra. En el año 1310, cincuenta y cuatro de los Caballeros Templarios fueron quemados vivos. Finalmente, el Maestro de la Orden, Jacques de Molay, muere en la hoguera. Esto sucedió el 11 de Marzo de 1314. La destrucción de la Orden había sido completada.

f2

Extrañas fueron las constelaciones para estas fechas. En 1310, al acontecer la destrucción de los 54 templarios, Saturno ingresaba en la constelación de Sagitario, Júpiter se hallaba en Piscis y Marte en Géminis. Luego, al morir Jacques de Molay, Saturno pasaba de Sagitario a Capricornio, mientras que Júpiter y Marte hacían conjunción en Géminis. Aquí vemos a una cierta línea que se demarca claramente en el cielo. Al comienzo, en 1307, Saturno se halla en Libra pero proviniendo recientemente desde la dirección de Virgo y Piscis que está asociada a los conflictos del Escolasticismo. Al ocurrir la aniquilación final de la Orden –entre la muerte de los 54 Caballeros y el martirio del Gran Maestre de la Orden– Saturno atravesaba Sagitario. Al mismo tiempo, la constelación de Géminis se ve muy fuertemente implicada en estos dos momentos históricos, como se muestra en el diagrama (fig.2). Es así como la dirección en el cosmos que va desde Géminis a Sagitario está conectada especialmente con la destrucción de la Orden de los Templarios y del mismo modo, la constelación anterior – que va de Virgo a Piscis, juega un cierto rol.

Semeja a una cruz cósmica en la cual se hallan inscritos los sucesos espirituales de esta época. El Escolasticismo luchaba por el Espíritu, empeñándose por encontrar una conexión con la revelación Divina a través de la pureza del pensar. Pero dentro de las consecuencias, esta conexión estaba precisamente destinada a perderse. Todo esto tuvo lugar a lo largo de la línea que va de Virgo a Piscis. Mientras tanto, la Orden de los Caballeros Templarios buscó brindar una continuidad a los tesoros de sabiduría de los antiguos Misterios. La orden fue destruida; su aniquilación se ve asociada a la línea cósmica que va de Sagitario a Géminis. Aquí se manifiesta el giro del tiempo cósmico en el cual estaba involucrada la humanidad del S. XIII. En los siglos sucesivos surgió una nueva modalidad de pensamiento, paulatinamente primero para luego acelerarse, más bien dirigida hacia el mundo exterior. Las profundas corrientes espirituales tomaron ahora un curso más oculto en los trasfondos de la historia exotérica.

Este giro histórico espiritual puede vivenciarse de un modo bastante íntimo y humano. En esto consistió la Mística germana, representada por el Maestro Eckhardt. Educado en la disciplina del pensar escolástico, formaba parte de aquellos que ya eludían la antigua facultad, es decir aquel buscar la conexión con lo divino-espiritual por el solo medio de pensar. Ahora pudo solamente encontrarla por debajo de la región de la consciencia plena, a través de la experiencia mística que brinda la vida purificada del sentir. Partiendo de este estado de ánimo, pudo desarrollar un pensamiento que reza: “Lo que fuere que el hombre es capaz de pensar sobre Dios, no es Dios. Lo que Dios es en Sí mismo, ningún hombre es capaz de alcanzar a menos que sea llevado hasta la Luz que es Dios”. Este tipo de experiencia espiritual se presentaba como nueva para aquella época; ocurrió así que la Iglesia no estuvo a la altura de aceptarla. Deseaba preservar el método escolástico solamente. Llevado a juicio por herejía, las consideraciones del Maestro Eckhardt fueron condenadas. Muere mismo durante el juicio en el año 1327.

Es considerable que en  el horóscopo de su muerte (Figura 3; la fecha exacta se desconoce) surge nuevamente el eje de Sagitario-Géminis, puesto que Saturno se ubicaba en Géminis aquel año, Marte estaba en Tauro y Júpiter en Cáncer. Es la contraparte cósmica de lo sucedido en la época en que fueron destruidos los Caballeros Templarios. Esta vez vemos al mismo eje  desde el otro lado, desde Géminis.

De este modo ganamos un cuadro más completo de la cruz cósmica: Virgo y Piscis – Sagitario y Géminis. Sobre todo, la naturaleza esencial del Zodíaco se torna más real y substancial de esta manera, tanto humana como espiritualmente. Nos volvemos capaces de vivenciarlo como algo cercano a nuestra humanidad, no permanece en la esfera de lo inalcanzable y en mano de los poderes inexorables del destino.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz