El horóscopo de la muerte

Articulo de Willi Sucher, Febrero de 1938

versión en inglés

Nuestro estudio sobre el horóscopo de nacimiento y las amplias perspectivas que se conectan con él han llegado a una cierta conclusión en los últimos artículos. Ahora vamos a tratar con otra perspectiva de nuestra relación con el mundo de las estrellas. Es el horóscopo de la constelación estelar en el momento de la muerte.

El horóscopo del momento de la muerte es algo completamente nuevo en la astrología e incluso podría parecer, en primer lugar, como un trabajo inactivo, pues lo que normalmente se espera de la astrología es un pronóstico, una previsión de las cosas que están a punto de suceder en el futuro. Sólo el horóscopo de nacimiento, que se produce en el comienzo de la vida terrenal, sería útil para este fin, mientras que el horóscopo de la muerte, que es del fin de la vida, obviamente no nos puede ayudar en el pronóstico de los acontecimientos de esta vida. Sin embargo, desde este horóscopo podemos desplegar otras perspectivas. En él se nos muestra la perspectiva de la vida y la evolución del alma en la existencia post-morten.

Este es el valor positivo del horóscopo de la muerte. La imagen  celeste del momento de la muerte es un punto de enfoque en el que la vida terrenal, que ha llegado a su final recoge sus frutos por un lado (incluso en el fruto se encuentra oculta la esencia interior de una planta), mientras que por otro lado esta constelación nos da el cuadro de un  nuevo comienzo, es decir, el paso del alma a través de los mundos cósmico-espirituales después de la muerte, y su dirección hacia una vida futura en la Tierra.

Por lo tanto, el estudio del horóscopo de la muerte no tiene nada que ofrecer a los motivos egoístas que tan frecuentemente inspiran interés en los horóscopos del nacimiento. Sin embargo, puede llevarnos a percibir y reconocer los frutos espirituales de la vida terrenal, que ya ha pasado. Recoge, a modo de cuadro cósmico, todo lo que uno ha hecho de sí mismo durante su vida en la Tierra y que ahora elaborara tomando decisiones y formando su futuro. El horóscopo de la muerte es como una pieza de educación cósmica para la gente de la Tierra. Se nos muestra cómo aparece en su aspecto cósmico el trabajo humano hecho en la Tierra, estando ya en el pasado, o como el juicio de los dioses. Nos enseña cómo podemos tratar de una manera más fructífera los problemas de nuestra vida pasada. Por lo tanto, incluso para una lectura del horóscopo del nacimiento, haremos bien en tomar muy en serio el horóscopo de la muerte. Esto lo veremos con mayor claridad a continuación.

napoleonmuerte

Para empezar, vamos a desarrollar con todo detalle las constelaciones de muerte de personajes históricos. Es muy interesante, por ejemplo, la imagen celeste de la muerte de Napoleón. Se nos dice que murió en la noche del 05 de mayo 1821 justo cuando el sol se ponía en el mar.

Napoleon muerte

En la creación de un horóscopo de muerte tenemos que lidiar con las mismas condiciones matemáticas y astronómicas que se aplican en un horóscopo de nacimiento. Además, tomando la imagen cósmica como un todo, tenemos que prever también aquí tres elementos distintos: el primero es el hecho del espacio terrenal, con lo que un aspecto de la imagen es precisamente fijo; el segundo, los planetas, con todas sus posiciones definidas en relación con este aspecto terrenal, ya sea por debajo o por encima del horizonte; en el este o en el hemisferio occidental del cielo y en tercer lugar la relación de los planetas y el espacio terrestre con el Zodiaco.

La constelación de la muerte de Napoleón presenta una imagen muy llamativa. El Sol, que se estaba poniendo, se encuentra en el hemisferio occidental. Cerca del Sol esta Venus. Aún más abajo del horizonte occidental hay un grupo de planetas en la constelación de Piscis, podemos ver a Saturno, Júpiter, Marte y Mercurio en estrecha conjunción. La Luna pasa de Tauro a Géminis. Por último, en Sagitario hay una conjunción –en realidad de importancia histórico-mundial– de los dos recientemente descubiertos planetas Urano y Neptuno. En esta conjunción vemos un evento cósmico de gran importancia histórica que ocurre rara vez dado el movimiento aparente tan lento de estos distantes planetas. La siguiente conjunción de Urano y Neptuno no tendrá lugar hasta finales del presente siglo.

Esto es lo que vemos, simplemente por los fenómenos en los cielos. Todos los planetas, excepto Urano y Neptuno están en el hemisferio occidental, en el descendente, en su relación con el espacio terrenal. Sumado a esto está la congestión peculiar de planetas en Aries y Piscis. Para empezar, no tenemos más que estos fenómenos para trabajar, en agudo contraste con la astrología de nacimiento no existen experiencias tradicionales o reglas para ayudarnos.

¿Con qué, pues, podemos relacionar estos fenómenos?. Primero vamos a dirigir nuestra atención a todo lo que está determinado por la relación Este-Oeste del espacio terrestre con el cosmos. Debajo del horizonte en el oeste vemos una barricada regular de planetas. Da la impresión casi de un puño cerrado. Aquí vemos una imagen del carácter extraordinario de Napoleón, apareciendo así como un cometa en su día y generando algo totalmente inesperado incalculable en sus efectos. El poder apretado y congestionado cae por debajo del horizonte occidental, es como llegar cansado volviendo en la tarde de un día, que ha traído muchos acontecimientos terribles y difíciles.

En el momento del nacimiento, así como en el de la muerte, estas direcciones espaciales tienen un significado aún más profundo. El ascendente de la natalidad es una imagen de la entrada del ser humano desde la esfera lunar a la esfera terrestre. Así también en la muerte, la dirección Este (el ascendente) podemos decir que es una imagen de su salida a la esfera lunar, alejándose de la Tierra. En las hermandades ocultas hasta el día de hoy, cuando las almas pasan por el Portal de la Muerte, se habla de ellos como que se han marchado “al eterno Oriente”. El camino hacia el este muestra el futuro del ser humano en la vida después de la muerte y viceversa, la dirección oeste indicaría lo que ya ha pasado.

Si esto es así, entonces Napoleón por la dirección de su entrada en la esfera Lunar después de la muerte es hacia Libra. En la imagen de la balanza tenemos una indicación de su personaje como un hombre que está constantemente oscilando entre los poderes de la Luz y la Oscuridad, y de hecho no puede entenderse en absoluto como la de un hombre terrenal común y corriente. Condiciones muy distintas de balance o equilibrio prevalecen en él a las del alma humana normal en la Tierra.

Frente a esto, el pasado se indica en el Oeste, es decir, lo que está dejando atrás. Aquí, pues, tenemos la congestión notable de muchos planetas. Para resumirlo en una sola imagen, quizá podamos verlo de la siguiente manera: él sale por el signo de la balanza, Libra, buscando el equilibrio de su propio ser, ya que en su parte posterior se encuentra la pesada carga manifestada en el cielo occidental, la realidad cósmica de todos los resultados terribles de su camino de violencia a través del escenario de la historia occidental, cayendo como una pesada carga de culpa sobre sus hombros.

Podría parecer, al principio, como si esta forma de ver las constelaciones de muerte fueran más bien subjetivas. Sin embargo, tras muchos años de trabajo con este tipo de horóscopos se revela la presencia de relaciones aún más profundas que por fin confirman lo que se ha dicho. Esta confirmación se debe, sobre todo, al guión cósmico del paso de Saturno a través del zodíaco.

Vamos a considerar una vez más la congestión de los planetas en Piscis en el horóscopo de la muerte de Napoleón. Esta es sin duda la característica más importante. Veremos que unos 30 años antes, alrededor de 1791-4, Saturno ocupaba los lugares en el zodiaco que en el momento de la muerte están ocupados por este grupo de planetas. Pues Saturno tarda unos 30 años en dar la vuelta al zodíaco. Además, encontraremos los siguientes datos: en el año 1796 Saturno estaba en el lugar donde se encuentra la Luna en el horóscopo de la muerte. Luego, alrededor de 1800 Saturno estaba en el punto culminante del Zodiaco, en la constelación de Leo. En 1805 pasó a través de Libra, el ascendente de la hora de la muerte, y finalmente en 1812 se encontraba en Sagitario, donde tenían su conjunción en 1821 Urano y Neptuno. Estos son los tránsitos de Saturno en el tiempo pasado. Es lo contrario de lo que es en el horóscopo de nacimiento, a dónde vamos adelante en el tiempo a medida que estudiamos los tránsitos de Saturno y otros planetas a través de los puntos esenciales del horóscopo. Estos últimos tránsitos que Saturno ejecuta referidos al momento de la muerte, dará lugar a datos muy individuales para cada vida humana.

Llegamos así a la siguiente imagen:

Si ahora comparamos la biografía de Napoleón con el panorama en el tiempo en que nos han llevado estos últimos tránsitos de Saturno, descubriremos que por la escritura de Saturno en el cielo podemos comprobar los hechos más importantes de su vida. En el momento de la muerte los planetas encuentran su camino en todos los lugares en los cielos, donde Saturno se situó en los hechos sobresalientes de la vida del hombre.

En las constelaciones del momento de la muerte se hace manifiesta una imagen poderosa del tiempo cósmico. Al igual que las páginas abiertas de una Meath Chronicle, las estrellas contienen la historia de la vida de la persona que acaba de pasar por el Portal de la Muerte.

Pasemos ahora a considerar el horóscopo de la muerte de Napoleón desde este punto de vista. En el dibujo del horóscopo por encima de los últimos tránsitos de Saturno y su secuencia en el tiempo se indican en el círculo más externo. En primer lugar tenemos a los tránsitos más allá de las posiciones esenciales en Piscis y Aries, en los años 1791-4. Es el tiempo de las condiciones caóticas de la Revolución Francesa. El poderoso impulso social que fue el fondo de la fuerza impulsora de estos hechos sufrió un contratiempo grave, de una manera que sucede a menudo. Del caos un solo hombre se abrió camino a una posición de poder absoluto. Fue Napoleón quien se levantó de un comienzo modesto y en el año 1796, el tiempo de tránsito de Saturno por el lugar de la Luna en la muerte, ya estaba al mando de la campaña de Italia. La victoria que consiguió allí fue una etapa importante en su fenomenal ascenso. Saturno se inscribe en el fondo cósmico poderoso de Tauro. A la vuelta del siglo, tenemos el paso de Saturno a través del punto culminante del Zodiaco, Leo, la imagen de la fuerza y el poder. Napoleón estaba en el apogeo de su poder continental de su elección forzada como Primer Cónsul de la República en 1799, para su coronación como emperador y la aplastante derrota de Prusia y Austria en 1804. Después de esto, Saturno se sitúa en el lugar del cielo que está por debajo del horizonte oriental en el horóscopo de la muerte, una perdida le cuestiona a partir de la infeliz campaña rusa de 1812. Esto está relacionado con el tránsito de Saturno, más allá de la conjunción Urano-Neptuno en el horóscopo de la muerte.

Los poderes del destino entran aquí y provocan la caída de este espíritu absolutista que alcanzó con su sed de poder a todo un continente. En esta conjunción de Urano y Neptuno, se revelan profundas relaciones espirituales como el aumento de meteoros como si este extraño ser que, con todo su ímpetu destructivo, sin embargo, trajo involuntariamente muchos impulsos para el bien de la evolución del mundo occidental, el escozor y la agitación en la vida activa de muchas fuerzas latentes tanto en individuos y naciones se despiertan en ese momento.

Finalmente vemos el retorno de Saturno a su punto de partida en Piscis y, en relación con esto, la prolongada enfermedad de Napoleón y la muerte en la isla solitaria. Se repite una vez más lo que ya hemos indicado, las constelaciones en el cielo occidental en este horóscopo de la muerte nos lleva de nuevo al punto de partida, el tiempo de la Revolución Francesa. El impulso hacia una mejor vida social se transformó en su contrario, en el dominio por la pura violencia. A medida que Saturno regresa de nuevo a Piscis –habiendo recorrido el Zodiaco- la vida de este hombre se extingue y en la cama con el dolor de la enfermedad pone fin a una trayectoria de destino tratando de realizar planes gigantescos y ambiciosos, pero sembrado de innumerables casos de dolor y sufrimiento humanos. Pensemos, por ejemplo, en la retirada del gran ejército desde el interior de Rusia. Estas cosas caen pesadamente sobre la culpabilidad del ser de Napoleón. Esta culpa está escrita en gran medida por la posición de los planetas en el cielo occidental en el momento de su muerte. Vemos pues el punto de partida de su carrera de la que podríamos imaginar, que si hubiera seguido los impulsos espirituales verdaderos que subyacen a la Revolución Francesa en sus inicios, podría haber tomado un camino menos cargado de culpa.

Así que el horóscopo de la muerte se revela una especie de resumen de la vida terrenal, que ya ha pasado. Así se nos presenta un cuadro cósmico imponente, de los momentos más importantes que se inscriben en la vida del ser humano. Pero también hay otra cosa conectada con esto.  La investigación espiritual dice -y las personas que han regresado a la vida después de haber estado en peligro inminente de muerte por ahogamiento o por otros medios lo confirman- que en el primer período después de la muerte el alma humana experimenta un fuerte cuadro de memoria de la vida terrenal pasada, en el que están contenidos todos los puntos importantes de esta vida. Esto no es otro que el cuerpo etérico de ser humano, liberado de sus funciones físicas y ahora se revela en su verdadero carácter como un cuerpo-de-tiempo como el que tuvimos que hacer en nuestros estudios del horóscopo prenatal. El cuerpo etéreo se convierte ahora en un cuadro en el tiempo, con todos los recuerdos de la vida. Es este cuerpo del ser humano el que está más íntimamente relacionado con el horóscopo de la muerte.

Además, es Saturno, el que ahora traza este cuadro cósmico. Saturno, en efecto, tiene que ver con la grabación de la historia, es el cronista cósmico, grabando todo lo que sucede en la vida de las personas y de la humanidad. Saturno también  registra lo que sucedió en los tiempos aciagos de la Revolución Francesa (1792-4), la aparición de Napoleón y el desenvolvimiento de su vida en los años siguientes. Todo esto fue registrado silenciosamente y con imparcialidad por el planeta Saturno en la crónica cósmica. Saturno ha registrado las  diferentes entradas en  los diferentes lugares en el cosmos, dados por Napoleón en el recorrido de la vida en la Tierra.

Lo principal es la acción humana, en nuestra forma de trabajar y actuar que esta decididamente dentro de la esfera de la libertad moral. Sin embargo, si alguna vez hacemos que nuestras decisiones se lleven a cabo en nuestra vida, habremos creado para nosotros mismos un destino que trabajara en el futuro. Así también Saturno hace sus entradas, trabajando con la fuerza del destino, de tal manera que la muerte de la persona se produce cuando los planetas están en los lugares del zodiaco en el que los acontecimientos destacados de la vida han sido grabados por Saturno. Así, en los años de la Revolución Francesa, Napoleón sufrió ciertas decisiones internas que llegaron a ser importantes para el resto de su vida terrenal. Saturno las grabo en la constelación de Piscis. Esto llegó a ser tan importante para su destino ulterior que la muerte de  Napoleón tuvo que producirse en un momento en que ciertos planetas estaban en Piscis, como de hecho vemos en su horóscopo de muerte.

Así, la vida terrenal de un ser humano se refleja dos veces en la memoria cósmica. Por un lado tal como aparece en el cuerpo etérico o cuerpo de fuerzas formativas. La memoria, que se mantiene firme allí, se libera en el momento de la muerte para convertirse en el gran cuadro de la toda la experiencia vital. Pero en el gran cosmos también se imprime en ese momento la memoria del cuadro de la vida terrenal pasada. Es una conexión profundamente significativa. El cosmos espera que le llevemos el registro de las vidas terrenales. El cosmos espera que fluyan a través de los cuerpos etéricos humanos una memoria espiritual impregnada de hechos y experiencias terrenales.

Porque el hecho es que muy poco después de la muerte el cuerpo etérico humano se disuelve completamente en el cosmos, por lo tanto, la constelación de las estrellas en el momento de la muerte se adaptan al cuadro que existe en el cuerpo etérico de la persona que ha fallecido  y la muerte se produce en un momento en que los dos están en perfecta armonía. El horóscopo de la muerte es, por así decirlo, un negativo, un molde, una forma hueca, que responde a las condiciones del cuerpo etérico del individuo y se adapta armoniosamente para recibirlo. Para su existencia en el más allá, el cosmos tiene esta sustancia etérica que viene de la humanidad en la Tierra. Nuestro estudio revela estos hechos espirituales en una luz aún más completa.

Traducido por Gracia Muñoz.

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La constelación del Pensamiento Cósmico – Natividad Espiritual

 Por Willi Sucher

 

English version

 La Astrología tradicional, tal y como se nos ha transmitido desde el pasado y que se basa exclusivamente en la carta natal, sólo nos permite considerar la parte de la existencia humana que va desde el nacimiento hasta la muerte. De ahí que la situación haya evolucionado, pues por un lado nos vemos constantemente confrontados ante la experiencia de que existe una conexión entre el destino humano y el movimiento de las estrellas, y por otro lado no se nos ofrece una explicación satisfactoria que nos permita establecer una conexión que haga justicia, al mismo tiempo, a la libertad humana.

A través de Rudolf Steiner nos ha sido dada esta posibilidad para nuestra época, al considerar al ser humano como un ser que desciende desde la existencia prenatal de los reinos espirituales a la vida terrenal, y que, después de pasar a través del Portal de la Muerte, regresa al mundo espiritual con el fin de prepararse para una nueva encarnación en la Tierra. Desde el punto de vista del conocimiento espiritual antroposófico nos incumbe hablar del ser humano que encontramos con vestidura terrenal entre el nacimiento y la muerte como un ser que, en las condiciones de la existencia entre la muerte y un nuevo nacimiento, es, en realidad, un ser de las estrellas.

Sin duda habrá que tener en cuenta –y en el sentido de Rudolf Steiner, es posible– que el mundo de las estrellas no puede, en estos aspectos, concebirse como un reloj estático, como se nos mostraría desde una perspectiva terrenal, sino como la vestidura de los Seres del mundo espiritual. Y así seguir al autor para tratar de entender nuestra relación con el cosmos, de acuerdo a las instrucciones de Rudolf Steiner, y hacer el esfuerzo de penetrar en la existencia del ser humano antes del nacimiento y después de la muerte, para descubrir una astrología acorde con nuestra dignidad humana como seres espirituales.

Queremos desterrar el malentendido de que todo intento de penetrar en el reino de la preexistencia terrenal tenga que realizarse de una forma mística nebulosa. Al contrario, el punto de partida de nuestros estudios será el horóscopo natal del ser humano. Así, mientras que el horóscopo natal se proyecta de forma general sobre el período de la vida que va entre el nacimiento y la muerte, aquí plantearemos lo opuesto, es decir, consideraremos la disposición de las estrellas en el cielo de nacimiento como una clave, o como un umbral, para la etapa de la existencia pre-terrenal, de la que ya se han expresado algunos pensamientos en la explicación anterior.

La constelación de nacimiento proporciona una clave de la etapa pre-terrenal, antes del descenso del alma humana, de una manera muy real; más concretamente, la posición de la Luna en el nacimiento. Esta posición de la Luna es como un portal que muestra el camino a través de las etapas de la existencia cósmica. Según esto, distinguimos tres etapas,  «tres palabras de las estrellas» si se quiere hablar de acuerdo con la «escritura de las estrellas», que se dirigen a los seres humanos. La primera es la configuración pre-natal que se calcula usando la Trutina de Hermes, como se indicará más adelante; a continuación, la constelación del pensamiento cósmico, que es la que vamos a exponer ampliamente aquí; y la tercera es una configuración que va más hacia el pasado de la vida en la Tierra. Esta tercera constelación será tema de una exposición posterior.

En primer lugar, tenemos que explicar algo acerca de la configuración pre-natal. Es de conocimiento común que este importante evento tiene lugar unos nueve meses antes del nacimiento del ser humano, y que desde el punto de vista terrenal llamamos «la concepción». A partir de las descripciones dadas por Rudolf Steiner en muchos lugares, sabemos que lo que ocurre tras los acontecimientos físicos de la concepción son eventos espirituales de gran importancia. Durante largas épocas de la existencia, entre la muerte y el nuevo nacimiento, el alma humana ha estado trabajado en cooperación con los seres del mundo espiritual a fin de crear una «semilla espiritual» para su nuevo cuerpo en la Tierra. Cuando el alma desciende, por así decirlo, a la última etapa antes de encarnar, entra en la esfera de la Luna y pierde el contacto con la «semilla espiritual». Esta semilla se conecta con lo que se ofrece desde las sustancias de la herencia física. Ante el sentimiento de pérdida, el alma humana, que se ha investido por adelantado de un cuerpo astral, reúne desde el éter cósmico un cuerpo etérico. En la tercera semana después de la concepción, el yo humano, envuelto en los cuerpos astral y etérico, se conecta con lo que se ha desarrollado como una sincronización de las semillas física y espiritual, y se une más íntimamente durante el siguiente período embrionario.

Estos eventos, que vamos a describir a continuación, se reflejan de una manera más penetrante en los eventos estelares en el momento de la concepción. Esto ha sido presentado e iluminado desde un punto de vista especial en la «Constelación del nacimiento de Cristo» (Elisabeth Vreede, «Die Konstellation zu Christi Geburt», Astronomische Rundschreiben Nr. 1, Dec 1934, publicado por la Sección Matemático-astronómica, el Goetheanum, Dornach, Suiza), es decir, bajo el aspecto de lo que la «regla hermética» (trutina hermetis) puede revelar sobre la existencia pre-natal. Esta regla hermética muestra en sí misma, desde distintos puntos de vista, ser un vestigio de los misterios de la verdadera sabiduría, los cuales se explicarán con respecto a su estructura astronómica en futuros estudios. Sólo voy a mencionar aquí que, con esta regla, se indica que la variación del tiempo medio embrionario es de diez meses siderales o 273 días, lo que está conectado con los acontecimientos espirituales descritos anteriormente. La posición de la Luna en el nacimiento es la clave: tanto si la Luna está en su fase creciente o menguante, visible por encima o invisible por debajo del horizonte, nos informa en relación con el tiempo, que puede variar hasta 14 días antes o después de los 273 días antes del nacimiento. En ese momento está presente la constelación de estrellas de la época pre-natal, proyectando un poderoso cuadro de lo que va a ocurrir en la vida en la Tierra, junto con la constitución fisiológica. En el futuro hablaremos mucho más acerca de esta constelación, pero de momento es suficiente esta breve mención.

La configuración  pre-natal (o época) está conectada en su esencia sobre todo con la esfera de la luna. Los procesos del desarrollo embrionario en sí, son de naturaleza lunar. El propio embrión nada en el agua, o líquido amniótico, como un reflejo de la esfera de la luna. La constelación correspondiente, también, es completamente “fluida” y esa fluidez debe ser entendida en su ligereza y vivacidad, no tiene nada de la naturaleza congelada de la configuración natal, que se refiere a un momento muy definido.

Este nadar del ser humano en el estado astral, que es tan excepcionalmente animado en el período embrionario, tiene una existencia paralela en el otro extremo de la vida, en la constelación de la muerte. Rudolf Steiner ha señalado la posibilidad de que un horóscopo para el momento del paso del alma humana a través del portal de la muerte, puede dar una comprensión extraordinaria de la naturaleza del alma y de su karma predeterminado. De hecho Rudolf Steiner señala que, así como durante la gestación el embrión nada en el líquido amniótico, en el período inmediatamente después de la muerte el alma humana nada en la configuración planetaria que está en el cielo. Esto es cierto en todo detalle y se informará a fondo cuando lleguemos a considerar la configuración del horóscopo de la muerte. Es fundamental tener en cuenta que tiene lugar un «nadar» en la muerte, por estar relacionado con la condición líquida que es la esencia misma de la esfera Lunar.

Figura 1

Figura 1

Hemos tratado cómo la constelación de nacimiento se muestra como el punto medio, del momento de la entrada al mundo físico; entonces, precediéndola, nos encontramos como si subiéramos un escalón en el mundo cósmico, una configuración antes del nacimiento, la época pre-natal, que dirige la mirada a los acontecimientos etéricos lunares. En el otro extremo de la vida vemos un modo paralelo de existencia en la configuración de la muerte que refleja los acontecimientos en la esfera etérea lunar; porque en esta configuración se vislumbra una imagen en espejo del cuerpo etérico, disolviéndose del alma, del cuadro del destino que se ilumina en esos primeros días.

Queda por mencionar que la época pre-natal debe ser considerada desde la perspectiva de la Luna. Estamos acostumbrados a ver las constelaciones estelares desde el punto de vista de la Tierra: es decir, cuando nos ponemos a estudiar un horóscopo natal, por ejemplo, lo hacemos asumiendo nuestro punto de vista terrenal y levantando los ojos hacia la bóveda de los cielos como un cuadro donde aparecen las estrellas. Así es como se construyen los horóscopos de nacimiento. Pero la experiencia demuestra que si se quiere obtener una relación adecuada para la época pre-natal, a la hora definida por la regla hermética, no se debe tomar la Tierra como punto de vista para el estudio de los acontecimientos celestes,  lo ideal sería transferir nuestra mirada a la Luna y mirar los espacios siderales desde allí.

Como ya se ha mencionado, el presente estudio se dedicará principalmente a la descripción de la constelación del pensamiento cósmico, o también se podría decir, la configuración de la actitud filosófica. Si la época pre-natal tiene que ver con una etapa ascendente por encima de la física, en el elemento lunar-etérico, el nacimiento espiritual, o constelación del pensamiento cósmico se extiende más allá de esta; pues en realidad proviene de la esfera del Sol. A pesar de esto, el Sol no puede ser considerado como un evento pre-natal en absoluto aunque esta configuración puede estar presente mucho antes del nacimiento. Porque puede ocurrir incluso después del nacimiento, convirtiendo todas las relaciones de tiempo «al revés». Este hecho es un ejemplo que nos muestra que nuestros habituales conceptos lógicos de tiempo desde el punto de vista terrenal ya no son aplicables. Por consiguiente tenemos: el momento del nacimiento o la configuración natal como el horóscopo correcto; una configuración anterior que es la época pre-natal y que hemos denominado brevemente como una configuración Lunar; y en tercer lugar, una configuración adicional, el nacimiento espiritual, que es una configuración desde el Sol. Lo que se ha descrito aquí de una manera sencilla y esquemática se explicará y se irá aclarando poco a poco.

Así como en términos cotidianos hablamos de una puerta o portal, que conecta una habitación con otra y que tenemos que abrir si queremos ir a otra habitación, en los reinos planetarios esas puertas deben existir cuando el alma humana quiere descender, digamos, de la esfera del Sol a la esfera de la Luna y luego, eventualmente, a la de la Tierra. No sin una razón profunda, Rudolf Steiner continuamente usa las expresiones «el portal de la muerte» y «la puerta del nacimiento». Estos portales no sólo existen, sino que se pueden leer en el guion de los cielos estrellados, y están indicados por la posición de la Luna en el nacimiento. La norma hermética establece que la posición de la Luna al nacer indica el «lugar del ascendente o descendente en la época pre-natal»; que en sí mismo indica la puerta que conduce de la esfera del Sol a la esfera de la Luna. Ahora vamos a poner estas relaciones en una imagen con el fin de llegar a tenerlo más claro.

En la figura 2 mostramos una configuración que podría estar presente en un parto concreto. El círculo interior indica la situación en el nacimiento. La línea horizontal muestra el plano del horizonte, mientras que la Luna aparece alta y visible en la bóveda celeste. Debemos subrayar cuidadosamente dos cosas esenciales: Trutina hermetis (la regla hermética) establece que por un lado el ascendente al nacer, es decir, la prolongación matemática del horizonte oriental encuentra un punto en el zodiaco en el que la Luna, vista desde la Tierra, se encontraba en el momento de la época pre-natal. Esta posición de la Luna en la época pre-natal se dibuja en el segundo círculo. Si se considera (como se describe más arriba) en ese momento la situación cósmica desde la posición de la Luna, entonces se vería la Tierra en la posición opuesta. Por otra parte, la hermetis trutina habla de la posición lunar en el nacimiento como el «ascendente de la época pre-natal», que vemos en la figura 2.

Figura 2

Figura 2

Por lo tanto en nuestra consideración entran dos ascendentes: el ascendente del nacimiento y el ascendente pre-natal. ¿Qué se expresa en ellos?.  Debemos tener muy claro el concepto de ascendente en la carta de nacimiento; lo que significa el término «ascendente». Rudolf Steiner habla de ello, no sólo como el punto de intersección entre la prolongación de la línea del horizonte oriental y el zodíaco, sino como el hemisferio espacial de la dirección Este. Esto está conectado con el ser humano central, con el sistema rítmico, el pecho, que describe una semiesfera en la estructura de las costillas. Por lo tanto el ascendente es una imagen de lo que es un puente de conexión entre el sistema cefálico que está más orientado hacia el cosmos y el sistema metabólico que está más ligado a las fuerzas de la Tierra. El ascendente es por lo tanto una puerta desde el «arriba» hacia el «abajo», y viceversa.

De esta manera podemos comprender la naturaleza del ascendente. Para la disposición del nacimiento es la puerta de lo cósmico lunar, que vive en el organismo de la cabeza, se transfiere a la naturaleza terrestre y aparece en el sistema metabólico humano. El ascendente de la época pre-natal (ver figura 2 arriba) muestra la puerta de la esfera solar hacia abajo a la esfera de la Luna. (El significado de este portal va aún más lejos, pero sobre esto hablaremos más adelante). Sin embargo debemos darnos cuenta de que estos portales no están siempre abiertos para los seres humanos. El portal de nacimiento se abre cuando la dirección Este (ascendente) señala el lugar en el zodíaco donde la Luna se sitúa en el momento de la época pre-natal. (Se debe esperar un tiempo definido de días para el parto). Sin embargo el portal de la esfera del Sol a la esfera de la luna se abre cuando el nodo Lunar está en el punto del ascendente o descendente prenatal señalado por la posición de la luna en el horóscopo natal.

Con el fin de aclarar lo que quiero decir, vamos a insistir en la naturaleza del nodo Lunar. Este tema se ha tratado en detalle en una publicación anterior de la Sección de Matemáticas y Astronomía (Astronomische Rundschreiben 1927-1930, volumen 1, números 9 y 12). Por lo tanto podemos limitarnos a los detalles más básicos necesarios para nuestro entendimiento.

Figura 3

Figura 3

Si tenemos en cuenta la relación de la órbita de la Luna con la órbita del Sol (o eclíptica) desde el punto de vista de la Tierra (geocéntricamente), ambas órbitas se encuentran dentro de la banda de constelaciones del llamado zodíaco. Ambas se inclinan de tal manera que surgen las intersecciones en dos puntos opuestos. Éstos son los llamados nodos lunares, el ascendente y  el descendente, según la dirección en la que la Luna cruza la eclíptica. En estos puntos de intersección, por lo tanto, la esfera de la Luna (encerrada por la órbita lunar) esta rodeada por la esfera del sol (camino del Sol o eclíptica); aquí, por así decirlo, se estrechan las manos. Ahora, los nodos lunares tienen la característica de moverse en dirección contraria a la que la Luna y los planetas se mueven en el zodíaco, de manera que completa una órbita retrógrada a lo largo del zodíaco en 18 años y 7 meses.

Supongamos que la figura 3 (arriba) fuera la imagen de las relaciones planetarias al nacer. La posición de la Luna muestra el ascendente pre-natal o portal desde la esfera del Sol a la esfera de la Luna; o bien se podría decir que la Luna muestra la dirección cósmica por la que el ser humano se acerca a la esfera de la Luna. Pero el portal se abrirá solo cuando uno de los dos nodos lunares alcance la posición cósmica donde se encuentra la Luna en el momento del nacimiento. Pueden alcanzar esa posición antes o después del nacimiento. Por norma debe ocurrir dentro de un ciclo de 18 años, por lo tanto sucederá en el intervalo. Durante este período se produce una configuración estelar que es de suma importancia para la persona en cuestión. Porque, como ya se ha dicho, detrás de esta configuración se ilumina la actitud filosófica o «pensamiento cósmico» (nacimiento espiritual). Esto se corresponde por completo con lo que Rudolf Steiner afirmó en el ciclo de conferencias El pensamiento humano y el pensamiento cósmico.

Desde una óptica totalmente diferente, Rudolf Steiner describe en este ciclo de conferencias las diferentes orientaciones filosóficas que tienen su origen en los pensamientos cósmicos o divinos, y muestra de una manera magnífica su relación con las constelaciones y planetas circundantes. Las relaciones descritas en estas clases han sido tratadas por la Dra. Vreede en la primera parte de este estudio.

Ahora, la experiencia empírica demuestra muy claramente que la configuración estelar cuando los nodos lunares llegan al «ascendente o descendente cósmico», es decir, cuando el portal de la esfera solar se abre a la esfera de la Luna (y el nodo Lunar llega en la eclíptica a la posición de la Luna natal), se nos muestra la especial «constelación de la concepción del mundo» según lo describe Rudolf Steiner con respecto a ciertas personalidades.

Sobre estas personalidades se tratará más adelante. En los ejemplos siguientes se mostrará que la «constelación del pensamiento cósmico» (nacimiento espiritual) puede verdaderamente redescubrirse en los eventos estelares desde un punto de vista astrológico científico-espiritual, y como tal, es una configuración astral del Sol frente a la naturaleza etérea de la Luna de la época pre-natal.

Al igual que la época prenatal puede reconocerse como similar a la configuración de la muerte, es posible encontrar todavía otra configuración equiparable con la natividad espiritual (denominada aquí con reserva como la configuración de la esfera solar). Si recordamos cómo el nacimiento espiritual, o la configuración de la esfera Solar, describe las tendencias filosóficas o rasgos espirituales inherentes del alma para la siguiente encarnación, rasgos y tendencias que subyacen en forma latente o que potencialmente actúan a través de las manifestaciones del alma durante la vida terrenal, podemos suponer que el conjunto de estos hechos durante la vida, representados en el horóscopo de muerte, continuarán desarrollándose después de la muerte. Lo hacen, pero tendré que hacer un paréntesis para explicarlo.

Inmediatamente después de la muerte (o incluso en condiciones cercanas) ante al alma se expande una visión global –llamada cuadro de la vida- que se refiere a las acciones y experiencias terrenales. Entonces, con el paso de los dos días y medio o tres días y medio siguientes a la muerte, este cuadro se transforma en Seres. Los actos del alma y las experiencias se convierten en Seres que expresan cualidades morales. Se puede apreciar que estas cualidades pertenecen a dos categorías: las que han favorecido el desarrollo espiritual de la Tierra y del alma humana y las que no lo hicieron. Todas las acciones y experiencias del alma deben ser juzgadas antes de que puedan continuar expandiéndose por el cosmos (o ascender al mundo espiritual superior). Los Seres a quienes verdaderamente podemos llamar Dioses o Ángeles juzgan los hechos y experiencias del alma a la luz de la sabiduría de los objetivos finales de la Tierra. Su juicio requiere tiempo, y su veredicto requiere la purificación del alma de sus obras inútiles.

El alma experimenta conmovida su juicio, pero acepta su veredicto con impaciencia, ya que llega a conocer a la luz de la justicia y la verdad los últimos objetivos espirituales de la evolución de la Tierra. El siguiente período de purificación se conoce como Kamaloca, o purgatorio. Cuando termina, el alma asciende a mayores niveles espirituales. El juicio de los Dioses durante el Kamaloca tiene una relación similar a la del pensamiento cósmico divino en el nacimiento espiritual. Y así como el nodo lunar cruza la posición natal de la Luna, ya sea antes o después del nacimiento, invocando el nacimiento espiritual, podemos esperar que el nodo lunar indique el final del Kamaloca. Lo hace, pero ¿cómo lo hace?, eso se explicara más adelante. De momento tengamos presente que hay una configuración astral que indica el final del Kamaloca, que se corresponde con el nacimiento espiritual en el otro lado.

Figura 4

Figura 4

Para resumir brevemente lo anterior: tomaremos la carta natal como expresión última de la relación del alma con el mundo estelar. Sobre la base de esta carta, llegamos a la carta pre-natal, «configuración etérica-lunar»; y luego, a la luz astral, a la «configuración de la esfera Solar». Asociado con este último, existe otro evento que puede permanecer muchos años antes del nacimiento real, y que tiene una relación  entre el «ascendente cósmico prenatal» y el ciclo de Saturno, que se refiere de nuevo al momento de la encarnación anterior. Es preciso señalar enfáticamente que tal punto no puede ser simplemente calculado en el tiempo. Eso sería imposible, ya que aquí prevalece un elemento que escapa a la comprensión de lo estrictamente calculable.

Entonces, hemos mencionado las correspondencias de esta configuración estelar con la que se produce en el otro extremo de la vida, cuando el alma pasa a través del portal de la muerte, denominándolas como la configuración de la muerte y la que señala el final del Kamaloca. Más allá de esta última, encontramos una «configuración de Saturno», que hace referencia a la encarnación futura. Con el fin de desentrañar las complejas conexiones, el candelabro de siete brazos nos puede servir como una imagen (figura 4). Por el momento, todo esto sólo lo podemos mencionar brevemente, pero quizás sea el área en la que podamos movernos con claridad en las futuras consideraciones.

Por el momento solo recibirá especial atención la configuración del pensamiento cósmico, como se ha probado en la práctica. En el ciclo El pensamiento humano y el pensamiento cósmico, se analiza  la configuración de la actitud filosófica de Hegel. Rudolf Steiner dice que: Hegel es un idealista lógico, en el idioma del cosmos, Hegel tiene a Júpiter en Aries (véase la figura 5). Ahora queremos poner ante esta observación la configuración mencionada anteriormente.

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Hegel nació el 27 de agosto de 1770. Las posiciones de los planetas para esta fecha se muestran en el círculo interior de la figura 5. (Se desconoce la hora exacta de nacimiento, pero esto no interfiere fundamentalmente en nuestro estudio). El círculo interior está dividido en 12 sectores de 30° cada uno con los signos del zodíaco con los que trabaja la astrología tradicional. El círculo exterior muestra las divisiones desiguales de las constelaciones zodiacales empleadas en astronomía, tal  como se puede observar en el cielo. El Sol y Mercurio en el horóscopo de Hegel están en el signo de Virgo; Venus en el signo de Libra; la Luna en el signo de Escorpio; Júpiter en el signo de Sagitario; Marte, solo, en el signo de Géminis.

Desafortunadamente, aquí no podemos tratar sobre la importancia de las imágenes que ofrecen estas constelaciones, pues me gustaría hacerlo de otra manera. Eso también queda para otros estudios posteriores. Ahora bien, se ha dicho que sobre la base del horóscopo natal la época pre-natal se puede encontrar mediante el uso de la regla hermética. Dado que se desconoce la hora exacta de nacimiento, y en consecuencia, el ascendente, no se puede calcular la posición de la Luna en la época pre-natal. Por esta razón hemos elaborado un segundo círculo intermedio correspondiente a la época pre-natal que inscribe el camino del Sol y correspondería a un período de gestación promedio de 273 días. Alrededor de la concepción, el Sol estaba en el signo de Sagitario, por lo cual se tiene en cuenta que progresa alrededor de las tres cuartas partes del camino a través de la eclíptica en un tiempo de 273 días (figura 5). Además, nos encontramos en la esfera lunar de la época pre-natal pero se darán cuenta de que el ser humano tiene que haber salido de la esfera solar antes de entrar en la esfera de la Luna.

Tendría que entrar por el portal cósmico antes mencionado. La posición de este portal esta significada por la posición de la Luna al nacer, que en la configuración del nacimiento de Hegel está en el signo de Escorpio, detrás del cual se puede observar la constelación de Libra. Ya se ha mencionado que este primer portal se abre cuando el nodo lunar llega ahí. En el caso de Hegel, el nodo lunar descendente estaba en el signo de Escorpio o constelación de Libra ya en 1762,

Echemos un vistazo a la constelación de los planetas en el momento en que la esfera del Sol y la esfera de la Luna se relacionan armónicamente entre sí, según lo expresado por el guion cósmico: cuando el nodo lunar descendente (la intersección donde la ruta de la Luna cruza la eclíptica en dirección descendente) se encuentra en el zodíaco en el lugar donde la Luna se detiene ocho años más tarde, en el nacimiento de Hegel. Casi al mismo tiempo, ocho años antes de su nacimiento, Júpiter estaba en la constelación de Aries. Esto corresponde a lo que Rudolf Steiner expresa como la visión del mundo de Hegel: logismo en el Idealismo, o Júpiter en Aries. Esto se anota en el círculo exterior (figura 5). Los otros planetas también podrían estar marcados en este círculo para el año 1762, pero no son el tema de nuestro estudio inmediato. Sólo se ha destacado la configuración relacionada con la visión del mundo de Hegel.

Rudolf Steiner dirigió nuestra atención con profundo fervor a la configuración del pensamiento cósmico (nacimiento espiritual). Debemos ser conscientes de que, a través de nuestro estudio estamos levantando el velo que oculta los pensamientos de los Dioses. Al igual que nosotros como seres humanos y como resultado de  nuestra actividad mental en estado de vigilia, dejamos huella en nuestro cerebro, también los dioses imprimen sus pensamientos en el mundo, y estos se encienden en la mente humana como cosmovisiones filosóficas. Las Jerarquías consiguen percibir sus propios pensamientos de esta manera. En un momento dado «logismo en el idealismo» puede brillar en un pensamiento divino; y una persona en particular, que ha sido preparada durante una vida terrestre anterior, es capaz de asumir este pensamiento cósmico, trayéndolo a la Tierra donde cobró vida en el idealismo lógico de Hegel. La experiencia demuestra, sin embargo, que este fenómeno cósmico-espiritual se ilumina como algo “bien hecho” en la constelación que está presente cuando la esfera solar se imprime a través del corredor de la esfera de la Luna en el nodo Lunar. También se puede considerar esta configuración como la compresión de la energía astral-solar en la etérico-lunar del ser humano, ya sea en la experiencia pre-existencial o como una experiencia recordada más tarde.

Tomamos ahora otro ejemplo (del mismo ciclo de conferencias), relativo a la visión del mundo de Fichte. Rudolf Steiner llama logismo en el psiquismo o Júpiter en Piscis. Veámoslo en la siguiente configuración. Fichte nació el 19 de mayo de 1762. Los planetas de ese momento están marcados en el círculo interior (figura 6). El tiempo exacto no se conoce. No se conoce la hora exacta. Es característico de la personalidad de Fichte –totalmente encendida de voluntad, sin haber inclinado la cabeza– el que casi todos los planetas están en los signos de Aries, Tauro y Géminis, mientras que Marte está en oposición en el signo de Libra.

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Ya que no podemos definir exactamente la época natal, vamos a descartarla y tratar directamente con la configuración del nacimiento espiritual o esfera Solar. El paso desde la esfera del Sol a la esfera de la Luna se encuentra en el signo de Libra, constelación de Virgo, y opuesto al punto de la Luna al nacer de acuerdo a la regla hermética. El nodo lunar alcanzó esta posición en 1773, esto es, once años después de su nacimiento. Sin embargo, este tiempo es importante para nuestras consideraciones, porque entonces Júpiter entró en la constelación de Piscis (marcado en el círculo exterior de la figura 6). En la imagen puede verse esta posición, como el nacimiento espiritual: Logismo en el Psiquismo, lo que concuerda con la naturaleza de Fichte. Hay que señalar que esta fecha, que se encuentra después del nacimiento, nos muestra que hay varias posibilidades para el momento en que se puede abrir la puerta al mundo cósmico.

En el caso de Hegel, ocho años antes y dos años después de su nacimiento el nodo lunar se encontraba en Libra. Pero en este último caso, la configuración de la visión del mundo espiritual (natividad) no se encuentra. Lo que es típico de esta configuración es que escapa a simples cálculos, para los que hay siempre dos o tres posibilidades en un sentido externo, pues la misma configuración nos lleva a una esfera espiritual vital y móvil.

Como otra personalidad más, Rudolf Steiner menciona a Wilhelm Wundt, y pone de relieve el Logismo en el Sensualismo (Júpiter en Leo) y  el Empirismo en el Matematismo, (o el Sol en Géminis). También en este caso vamos a considerar la configuración exterior (figura 7). La configuración del nacimiento volvemos a  marcarla en el círculo interior.

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Una vez más hay que hacer caso omiso de la época pre-natal. El portal cósmico se encuentra en el signo de Libra, constelación de Virgo. Y abrió sus puertas en 1837, cinco años después de su nacimiento, pues en ese momento el nodo Lunar estaba en la misma posición. Y al mismo tiempo, Júpiter era observable en la constelación de Leo; el Logismo aparece en el Sensualismo (círculo externo de la figura 7). La posición del sol en ese momento no se puede afirmar con certeza debido a que desconocemos la hora exacta de nacimiento, pero la configuración correspondiente al Empirismo en el Matematismo, es decir, el Sol en Géminis, se encuentra muy bien dentro de los límites señalados como una posibilidad.

Muy interesante es la configuración de Friedrich Nietzsche. Rudolf Steiner describe como una primera fase de su visión del mundo: el Misticismo en el Idealismo. Esto se corresponde con la época en la vida de Nietzsche en la que aun era amigo de Richard Wagner, cuando escribió  El nacimiento de la tragedia, etc.  Tras esa etapa Nietzsche se volvió escéptico y escribió La gaya ciencia; Humano, demasiado humano, etc. y entró en el Empirismo en el Racionalismo (Sol en Tauro). Es notable observar que el «matiz de la visión del mundo» (perteneciente a la posición planetaria) se mueve un paso adelante: de Aries a Tauro, de Venus al Sol, respectivamente. Después de un tiempo, él debería haber hecho una progresión basándose en el Voluntarismo en el  Matematismo (Marte en Géminis),  sin embargo, esto desapareció en la vida de Nietzsche.

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A través de la resistencia con la que Nietzsche inconscientemente se opuso a la guía divina del mundo, esta configuración, en lugar de avanzar de Tauro a Géminis, conectó con lo opuesto, la constelación de Escorpio. Así surgió el Voluntarismo en el Dinamismo, (Marte en Escorpio), el período de Así habló Zaratustra. Según Rudolf Steiner, este tipo de configuración, con su fuerza de voluntad desatada, sólo puede sostenerse si una persona es capaz de penetrarla a través de una comprensión espiritual del mundo. Nietzsche fue incapaz de llevar a cabo esta hazaña en su encarnación actual por lo que fue aplastado por el desafío. En este punto nos referimos a la configuración externa para ganar claridad pictórica en algunos detalles.

Veamos el círculo interior de la configuración (figura 8). La hora exacta de nacimiento era conocida, por lo tanto aparece aquí el ascendente del nacimiento. Gráficamente plástico, el ser de Nietzsche nos acerca desde un lado definitivo a la conjunción de Marte y Mercurio exactamente a 180° de la eclíptica en Libra, y al mismo tiempo en la posición meridiana hasta que se encuentra con Júpiter (normalmente suficiente) en la oposición. Con el fin de aclarar este aspecto, habría que dedicar un ensayo completo a ello. Aquí podría hacer referencias más exactas sobre la época pre-natal, pero esto nos llevaría demasiado lejos. Veamos el nacimiento espiritual o la configuración de la esfera solar. El portal cósmico está en el signo de Sagitario, constelación de Escorpio. En mayo de 1835, nueve años antes del nacimiento, el nodo lunar descendente llegó a este lugar. Ahora  se abre el portal y surgen los aspectos cósmicos: Venus en Aries (el Misticismo en el Idealismo) y Sol en Tauro (Empirismo en el Racionalismo).

Estos aspectos corroboran completamente las indicaciones de Rudolf Steiner. Pero además encontramos también a Marte en la constelación de Géminis que correspondería al Voluntarismo en el Matematismo, durante la primera parte de abril de 1835. Pero, como ya se ha mencionado, Nietzsche no tenía ninguna predilección para ello. Esto se fundamenta en el aspecto de sextil de Marte a Venus, que Rudolf Steiner llama «desfavorable» cuando aparece en la configuración de la concepción del mundo, en contraste con el aspecto favorable de sextil en el horóscopo natal.

Figura 9

Figura 9

Debido a que Marte es incapaz de obtener influencia en Géminis, cae en oposición con el Sol en Tauro. Eso sucedió en realidad en 1835, cuando Marte entró en la constelación de Escorpio y  en conjunción con el nodo lunar, muy cerca del portal cósmico (posición de la Luna natal -figura 8-). De ahí surge Marte en Escorpio, o el Voluntarismo en el Dinamismo  (figura 9). Esta configuración muestra con especial claridad lo poco que tales aspectos se pueden resolver con exactitud. Casi se podría decir que se «cambia con el tiempo» y muestra una afinidad con el elemento aire, de manera similar a la época pre-natal que muestra una relación con el elemento acuoso.

Vamos a pasar por alto los dos ejemplos citados por el Dr. Steiner de Schopenhauer y Hamerling, cuyas corroboraciones exactas se pueden encontrar, y vamos a la configuración del pensamiento cósmico en lo que se refiere a Goethe desde el mismo punto de vista. En el círculo interior de la figura 10 correspondiente, descubrimos la bien conocida configuración natal de Goethe, de la que él mismo habla tan maravillosamente en “Verdad y Poesía”. Una discusión de la época pre-natal nos ofrecerá después un valioso complemento. La Luna llena, justo después de su apogeo, se encuentra en el signo de Piscis. De acuerdo con la regla hermética, el portal cósmico está en el signo de Virgo, en la constelación de Leo.

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Este portal se abrió por el nodo Lunar la primera vez en 1775, el sexto año de vida de Goethe. En estos casos, en que el evento cósmico se produce después del nacimiento, se puede concluir que actúa como recuerdo de una experiencia prenatal y que en ese momento la actividad del Sol y la Luna resuenan realmente en el ser humano. Esta consideración habla con fuerza en el caso de Goethe, pues su sexto año fue muy importante en otro sentido. Sabemos que a esta edad el joven Goethe construyó un altar al Dios de la Naturaleza, puso en él algunas de las ofertas de la naturaleza, situando en la parte superior una varilla de incienso, que encendió con los rayos del sol naciente, atrapándolos con una lupa. Cuando evocamos este acto ingenuo pero de una genial devoción por el mundo de las apariencias completamente vivas, y lo situamos junto al hecho de que en la cosmovisión de Goethe la configuración de Júpiter en Virgo, o el Logismo permeado por el Fenomenalismo, coincidió con la situación cósmica de 1775 (figura 10 anterior) entonces uno puede tener la impresión de que esta configuración de la esfera Solar tiene efectos profundos en la constitución humana.

Como último ejemplo vamos a debatir la configuración de Richard Wagner. Aquí la configuración relativa a su concepción filosófica del mundo se produce en un momento poco antes del nacimiento. La luna menguante al nacer se encuentra en el signo de Acuario, constelación de Capricornio, muy cerca de Marte. Por lo tanto, en este caso, el portal cósmico se encuentra en el signo opuesto, que es Leo, o la constelación de Cáncer (Figura 11). Unos meses antes de su nacimiento del nodo lunar ascendente cruzó este punto; el Sol y la Luna conectados, y Venus en Aries, es un aspecto notable que −traducido a los términos utilizados por Rudolf Steiner− se refiere al Misticismo en el Idealismo.

Richard Wagner

Si tenemos en cuenta en las creaciones de Richard Wagner de la mitología nórdica, cómo se convirtió en su propio destino, cómo luchó y finalmente levantó victoriosamente el mito en un reino de los ideales humanos primordiales, uno bien puede concluir que la concepción filosófica del Misticismo en el Idealismo describe adecuadamente su inclinación espiritual. Esta fue de hecho también la cosmovisión filosófica que extendió su mano a Nietzsche, dado que el mismo Nietzsche vivió bajo la influencia del Misticismo en el Idealismo (Venus en Aries), que hemos mencionado antes.

Rudolf Steiner ha descrito un camino para alcanzar el conocimiento espiritual. Todos los sectores de la experiencia humana terrenal deberían impregnarse con este conocimiento. El propósito de nuestra exposición ha sido hacer una contribución inicial penetrando en el conocimiento del cosmos, conectando nuestro ser con este conocimiento espiritual, tratando de mostrar cómo detrás de los sucesos astronómicos destellan los pensamientos de los dioses.

 Traducido al español por Gracia Muñoz y Julián Ponce

 

 

©Astrosophy Research Center 2012 – ISBN 1-888686-13-8
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