GA204 – Una imagen de la Tierra – La evolución en el futuro

 

Una conferencia pronunciada por Rudolf Steiner en Dornach el 13 de mayo de 1921

[A partir de un informe taquigráfico, no revisado por el profesor. Publicado con permiso de la Rudolf Steiner-Nachlassverwaltung, Dornach, Suiza.]

English versión

Vivimos un tiempo en el que se está dedicando mucha atención al «espacio exterior», que promueven los científicos, a la manera de ciencia-ficción. Se especula desde varios niveles sobre visitantes de otros mundos. Detrás de todo ello puede haber un sentimiento instintivo -verdadero en sí mismo, aunque a menudo distorsionado en su expresión- de que el aislamiento aparente del hombre sobre la Tierra no es definitivo; que el hombre no está solo en el Universo. Por eso vamos a volver a presentar una conferencia (publicada por primera vez en inglés en el trimestral, «Antroposofía», en la Pascua de 1933, y que estaba fuera de impresión) en la que Rudolf Steiner habló, breve y enigmáticamente, de la necesidad de reconocer y acoger a ciertos seres, «de orden no humano», que desde los años setenta del siglo pasado han descendido de las esferas cósmicas al ámbito de la existencia terrestre, trayendo con ellos «la sustancia y el contenido de la Ciencia Espiritual».

Los editores.

Aurora Boreal

Las conferencias que se han impartido recientemente sobre la naturaleza de los colores [Tres conferencias sobre Das Wesen der Farben, en Dornach, del 6 al 8 de mayo de 1921. Publicado en Inglés como libro titulado «Color». Nueva edición en preparación] pueden haber contribuido a mostrarles que podemos empezar a comprender al Hombre en su verdadero Ser solo cuando lo relacionamos con la totalidad del Universo. Si nos preguntamos: ¿Qué es el hombre en su verdadera naturaleza? −Entonces debemos aprender a mirar hacia arriba de la Tierra, a lo que está más allá de la Tierra. Esta es una capacidad que necesitamos desarrollar, sobre todo en nuestro tiempo. El intelecto humano se está volviendo más y más sombrío y, como resultado de ciertos acontecimientos que tuvieron lugar en el siglo XIX, ya no está arraigado en la realidad.

Esto nos indica, inequívocamente, que es el momento de que el hombre empiece a descubrir la manera de poder recibir un nuevo impulso en su vida anímica; por lo que ahora vamos a centrar nuestra atención en ciertos grandes acontecimientos cósmicos con los que ya estamos familiarizados desde otros puntos de vista.

La mayoría de ustedes han leído el libro «la Ciencia Oculta, un esquema», y saben que uno de los grandes acontecimientos de la evolución terrestre fue la separación de la Luna de la Tierra. La Luna, tal y como la vemos hoy en día, brillando desde el espacio cósmico, estuvo una vez unida a la Tierra. Después se separó y ahora orbita a su alrededor como su satélite. Sabemos qué profundos cambios de alcance global en la evolución están conectados con la separación de la Luna de la Tierra. Tendríamos que ir muy lejos en el tiempo, antes del diluvio Atlante, para encontrar la época en la que la Luna se separó del cuerpo de la Tierra.

Hoy vamos a limitar nuestra atención a lo que aconteció en la Tierra en relación con el ser humano y los reinos de la naturaleza que le rodean, como consecuencia de la separación de la Luna. A partir de las conferencias sobre los colores hemos aprendido que los minerales −es decir, las sustancias minerales con color− en realidad derivan sus diferentes tonalidades de esta relación de la Luna con la Tierra. El reconocimiento de este hecho nos permite hacer de estos eventos cósmicos parte de una concepción artística de la existencia.

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Imagen: Tim Murray

Pero aquí, entran en consideración otros asuntos de la mayor importancia. El ser humano es el producto de las metamorfosis anteriores de la existencia terrestre −a saber, los períodos de evolución del Antiguo Saturno, el Antiguo Sol y la Antigua Luna, en los que no existía el reino mineral. El reino mineral, tal como lo conocemos hoy en día, apareció por primera vez durante el período de la Tierra. La sustancia mineral, por lo tanto, solo llegó a formar parte del ser humano durante esta evolución de la Tierra. Durante las etapas del Antiguo Saturno, el Antiguo Sol y la Antigua Luna, el hombre no tenía absolutamente nada mineral en él. Tampoco su constitución estaba adaptada para la existencia en la Tierra. En su propia naturaleza era un ser del cosmos. Antes de la separación de la Luna, y antes de que las sustancias minerales con su gama de colores llegaran a existir, el hombre no estaba adaptado a la existencia terrestre.

Déjenme describirlo de manera siguiente. Llegó a ser algo muy crucial para los Seres Espirituales que guían la evolución terrestre qué debía suceder con el hombre. ¿Debería ser enviado a la Tierra o habría que dejarle pasar su existencia en un reino más allá de la Tierra? Verdaderamente se puede decir que la separación de la Luna, con los consiguientes cambios en la Tierra y en el ser humano, fue el resultado de la decisión que tomaron los Seres Espirituales que guían y dirigen la evolución de la Humanidad. Que el organismo del hombre pudiera desarrollarse de tal manera que le fuera posible convertirse en un ser terrenal fue debido a que esta sustancia lunar fue alejada de la Tierra. A través de este evento −la separación de la Luna y la incorporación del reino mineral en la Tierra– el hombre se ha convertido en un ser terrenal, viniendo a la existencia en el ámbito de la gravedad terrestre. Sin la gravedad terrestre jamás podría haberse convertido en un ser capaz de alcanzar la libertad. Antes de la separación de la Luna no era, en el sentido real, una personalidad. Fue capaz de convertirse en una personalidad debido a la concentración de fuerzas que iban a construir su cuerpo. Y esta concentración de fuerzas fue el resultado de la separación de la Luna y la incorporación del reino mineral en la existencia terrenal. Así el hombre se convirtió en una personalidad, donde la libertad se puso a su alcance.

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La evolución del hombre sobre la Tierra, después de la separación de la Luna, ha continuado a través de muchas etapas diferentes. Y podemos decir que si no hubiera sucedido nada más, excepto esta salida de la Luna de la Tierra, todavía habría sido posible para el hombre extraer de su organismo, de su cuerpo y de su alma, imágenes tal como surgían en la antigua visión clarividente. Tampoco se le privó al hombre de esta facultad con la separación de la Luna. Todavía podía ver el mundo en imágenes de forma que si nada más hubiera sucedido estaría, incluso hoy, viviendo en un mundo de imágenes. Pero la evolución continuó. El hombre no permaneció encadenado a la Tierra. Recibió un impulso para la evolución en la otra dirección −un impulso que en realidad alcanzó su punto culminante en el siglo XIX.

Incluso cuando hace muchísimo tiempo el ser humano, como ‘hombre metabólico’, quedó sujeto a la fuerza de gravedad terrestre, se fue adaptando como ‘hombre cefálico’ para la existencia cósmica. En efecto, el intelecto comenzó a evolucionar. Las antiguas imágenes clarividentes se densificaron en forma de conciencia intelectual, hasta la época del siglo IV después de Cristo. Fue entonces cuando por primera vez el intelecto humano comenzó a sumergirse en la penumbra. Este proceso ha ido acelerándose cada vez más rápido desde el siglo XV, y hoy en día, aunque el intelecto es una facultad totalmente espiritual en el hombre, su existencia ya no tiene sus raíces en la realidad. Sólo tiene una imagen-existencial. Cuando el hombre de hoy piensa con su intelecto y con la facultad de la razón, sus pensamientos no están en absoluto enraizados en la realidad. Cada vez se mueve más en una existencia sombría, que alcanzó su punto culminante durante el siglo XIX. Hoy en día el hombre carece totalmente del sentido de la realidad. Vive dentro de un elemento espiritual, pero al mismo tiempo es un materialista. Sus pensamientos −que son espirituales, pero que aún no son más que sombras del verdadero pensamiento− se dirigen exclusivamente a la existencia material.

Así, el segundo gran proceso o evento fue que el hombre devino más espiritual. Pero una sustancia espiritual que se derivaba de la materia, ya no del alma. Su naturaleza se ha vuelto más espiritual, pero con sus facultades espirituales sólo piensa en la existencia material.

Ustedes saben que un día la Luna se unirá de nuevo con la Tierra. Para los astrónomos y geólogos, que viven en su mundo de abstracciones, esta unión de la Luna con la Tierra se sitúa en miles y miles de años por delante. Pero esto es una mera ilusión. En realidad no se trata de ninguna manera de algo muy lejano. La humanidad se está haciendo cada vez más joven. Los seres humanos están llegando a un punto en su desarrollo físico y anímico que culminará a una cierta edad en la vida. En el momento de la muerte de Cristo, el Evento del Gólgota, los seres humanos en general eran capaces de desarrollarse en cuerpo y alma hasta los 33 años de vida. Hoy en día este desarrollo es posible hasta los 27 años. Llegará un tiempo en el cuarto milenio en que los hombres serán capaces de desarrollarse sólo hasta los 21 años. En el séptimo milenio la naturaleza corporal será capaz de desarrollarse sólo hasta los 14 años. Las mujeres entonces serán estériles. Se dará una reproducción completamente diferente en la vida terrenal. Esta es la época en la que la Luna volverá a acercarse a la Tierra y será parte de ella.

Ya es el momento de que el hombre ponga atención a este tipo de poderosos eventos del reino de la existencia más allá de la Tierra. No se puede seguir soñando, de una forma vaga y abstracta, sobre la Divinidad, tiene que empezar a despertar ante los grandes acontecimientos que están conectados con su evolución. Debe comprender lo que significa que la Luna una vez se separó de la Tierra y que otra vez volverá a unirse con ella.

Del mismo modo que la separación de la Luna fue un acontecimiento decisivo, también lo será su reingreso. Es cierto que como seres humanos habitaremos todavía la Tierra, aunque el nacimiento ya no sucederá de la forma actual. Estaremos conectados con la Tierra por otros medios que no serán por nacimiento. Debemos, sin embargo, desarrollar un cierto respeto por ese tiempo. Y tenemos que aprender a conectar lo que está sucediendo hoy en día −me refiero al hecho de que el intelecto se está volviendo más y más sombrío− con lo que un día será un gran acontecimiento en la evolución terrestre −la reintroducción de la Luna en la sustancia de la Tierra.

Si el intelecto continúa desarrollándose de la manera tan espectral como lo está haciendo ahora, si los hombres no toman la decisión de recibir en su ser lo que ahora fluye desde los mundos espirituales, entonces forzosamente se verán absorbidos en la penumbra grisácea de su vida intelectual.

¿Qué es este intelecto sombrío? Con él no se puede entender la verdadera naturaleza y el ser del hombre. El único reino que este intelecto humano es capaz de entender, hasta cierto punto, es el mundo mineral. Incluso la vida de la planta le sigue siendo enigmática; y más aún la vida del animal; quedando la vida humana en su conjunto más allá del alcance de la mente. Y así el hombre sigue su camino, desarrollando imágenes existenciales que en realidad no son más que un gran cuestionamiento sobre el mundo. Su intelecto no puede comprender la verdadera naturaleza de la planta o del animal, y mucho menos la del ser humano. Este estado de cosas continuará si el hombre no puede escuchar lo que se le está dando en la forma de nuevas Imaginaciones, en las que se le representa la existencia cósmica. La sabiduría viviente que la Ciencia Espiritual es capaz de impartir debe ser recibida en sus  pensamientos y conceptos intelectuales, porque sólo así podrá llenarse de vida la sombría imaginación  del intelecto.

Este llenar de vida las imágenes-sombrías del intelecto no es algo que sucede sólo en el ser humano, sino que es un acontecimiento cósmico. Recuerden el pasaje del libro La Ciencia Oculta donde se habla del momento en el que las almas humanas ascendieron a otros planetas y después descendieron de nuevo a la existencia terrestre. Expuse cómo los hombres de Marte, los hombres de Júpiter y los otros, descendieron de nuevo a la Tierra. Ahora, a finales de los años setenta del siglo pasado, ha acontecido un evento de suma importancia. Es un evento que puede ser descrito sólo a la luz de los hechos que nos son revelados en el mundo espiritual.

Mientras que en los días de la antigua Atlántida los seres humanos llegaron a la Tierra desde Saturno, Júpiter, Marte, y así sucesivamente −es decir, seres dotados con alma se vieron envueltos en el reino de la existencia terrestre−, desde finales de los años setenta del siglo pasado, otros seres −de orden no humano− han ido descendiendo a la Tierra con el objetivo de su ulterior desarrollo. Vienen a la Tierra desde los reinos cósmicos más allá de la Tierra y entran en una relación muy determinada con los seres humanos. Desde los años ochenta del siglo XIX, estos seres supra-terrestres han estado tratando de entrar en la esfera de la existencia terrestre. Del mismo modo que los hombres de Vulcano fueron los últimos en descender a la Tierra, ahora, en realidad, estos seres de Vulcano están entrando en el reino de la existencia terrenal. Seres supra-terrestres que ya están aquí, y el hecho de que seamos capaces de que nuestro cuerpo esté todo el día conectado con la Ciencia Espiritual se debe a la circunstancia de que los seres de más allá de la Tierra están trayendo los mensajes del mundo espiritual hacia la existencia terrestre.

Pero, hablando en términos generales, ¿cuál es la actitud adoptada por la raza humana?.  La raza humana se comporta, si se me permite decirlo así, de una manera muy mezquina ante estos seres que están apareciendo desde el cosmos y que bajan −lenta y paulatinamente, es cierto− a la Tierra. La raza humana no se preocupa por ellos; ignora su existencia. Y esto es lo que va a llevar a la Tierra a unas condiciones trágicas, ya que en el transcurso de los próximos siglos más y más Seres Espirituales estarán entre nosotros −Seres cuyo idioma debemos comprender. Y esto sólo es posible si tratamos de conocer lo que ellos nos traen: a saber, la sustancia y el contenido de la Ciencia Espiritual. Ellos quieren darnos y quieren que actuemos en el sentido de la Ciencia Espiritual. Su deseo es que la Ciencia Espiritual se introduzca en el comportamiento y en los actos sociales en la Tierra.

Repito, pues, que desde el último tercio del siglo XIX estos Seres Espirituales están viniendo desde el cosmos a nuestra esfera de existencia. Su hogar es la esfera que se encuentra entre la Luna y Mercurio, pero ellos ya están ejerciendo presión para entrar en el reino de la existencia terrestre y procurando encontrar un lugar aquí. Y serán capaces de encontrarlo si los seres humanos se impregnan con la idea de su existencia. Esto también puede expresarse como lo hice hace un momento, al decir que nuestro sombrío entendimiento debe ser revitalizado con las imágenes de la Ciencia Espiritual. Estamos hablando de un hecho concreto cuando decimos que existen Seres Espirituales que están tratando de descender a la existencia terrenal −y deben ser calurosamente recibidos. Se producirá catástrofe tras catástrofe y la vida en la Tierra caerá en el caos social si se mantiene esta oposición en la existencia humana ante el advenimiento de estos Seres. Ellos no desean otra cosa que ser una especie de custodios de la evolución ante lo que sucederá en la existencia de la Tierra cuando la Luna se vuelva a unir con ella.

Hoy las personas pueden considerar que es relativamente inofensivo elaborar los pensamientos automáticos y muertos que surgen en relación con el mundo mineral y la naturaleza mineral de las plantas, los animales y el hombre. Los materialistas se deleitan con este tipo de pensamientos que son –además– solo pensamientos y nada más. Pero traten de imaginar lo que sucedería si los hombres siguen sin desplegar ningún otro tipo de pensamientos hasta el momento en que, en el octavo milenio, la existencia lunar se una de nuevo con la Tierra. Estos seres de los que he hablado irán llegando poco a poco a la Tierra. Seres de Vulcano, ‘superhombres’ de Vulcano, ‘superhombres’ de Venus, de Mercurio, del Sol, se unirán con la existencia terrestre. Pero, si los seres humanos persisten en su incredulidad u oposición a ellos, la existencia en la Tierra se hundirá en el caos en el transcurso de los próximos mil años.

Es muy posible que los hombres de la Tierra, si así lo desean, puedan desarrollar una forma de intelecto cada vez más y más automática —cosa que también puede ocurrir en medio de condiciones de barbarie. Sin embargo la madurez plena y completa no puede llegar a su expresión en una forma de inteligencia tal, y los hombres no podrán relacionarse con los Seres que desean contactar con ellos en la existencia terrestre. Y todos esos seres, de quienes los hombres tienen una concepción errónea porque su entendimiento sombrío sólo puede captar la naturaleza mineral, la naturaleza crudamente material de los minerales, plantas y animales, o incluso del reino humano en sí, todos estos pensamientos que no tienen ninguna realidad, van a convertirse en realidades sustanciales en el instante en que la Luna se una de nuevo con la Tierra. Y a partir de la Tierra brotará una terrible raza de seres, una camada de autómatas de un orden existencial que se extiende entre los reinos mineral y vegetal, y será poseedor de un abrumador poder intelectual.

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Este enjambre que tenderá a apoderarse de la Tierra se extenderá sobre la misma como una red de criaturas fantasmales, en forma de araña, y serán de un orden inferior a la existencia de la planta, pero poseerán una sabiduría abrumadora. Estas criaturas-araña estarán todas entrelazadas unas con otras, y en sus movimientos exteriores imitaran los pensamientos que los hombres han tejido en su intelecto de sombras que no han permitido que fueran vivificados por la nueva forma del conocimiento imaginativo de la Ciencia Espiritual. Entonces todos los pensamientos que carecen de sustancia y realidad serán dotados de ser.

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La Tierra estará rodeada −como lo está ahora con el aire y a veces con enjambres de langostas− con una camada de terribles criaturas en forma de araña, mitad minerales, mitad plantas, que entretejerán con inteligencia magistral, cierto, pero con propósitos intensamente malignos. Y en la medida en que el hombre no ha permitido que sus sombríos conceptos intelectuales puedan ser llenados de vida, su existencia se unirá no con los seres que han estado tratando de descender desde el último tercio del siglo XIX, sino con esta camada espantosa de criaturas mitad minerales, mitad plantas. Él tendrá que convivir con estas criaturas en forma de araña y continuar su existencia cósmica dentro del orden de la evolución en la que entrará entonces esta camada.

Este es un destino que muy ostentosamente forma parte de la evolución humana sobre la Tierra, y en la actualidad es muy conocido por muchos de aquellos que tratan de mantener a la humanidad de espaldas al conocimiento de la Ciencia Espiritual. Porque hay hombres que en realidad son aliados conscientes de este proceso de enredo de la existencia terrestre. Ya no debemos permitir que se nos sorprenda con descripciones de este tipo. Tales hechos son el telón de fondo de lo que se dice a menudo hoy en día por las personas que todavía tienen alguna conciencia de antiguas tradiciones de estas cosas y que luego se consideró adecuado rodearlas con un velo de misterio. Pero este velo del misterio ya no es correcto para el proceso de la evolución terrestre de la humanidad. Por grande que sea la resistencia, estas cosas hay que decirlas, pues, como repito constantemente, la aceptación o el rechazo del conocimiento científico-espiritual es un asunto serio para toda la Humanidad.

Aquí, la cuestión no tiene que ver con obtener conclusiones a partir de lo que esté relacionado con una simpatía o antipatía imparcial, sino con algo que está ligado a todo el contexto del cosmos, tiene que ver con la toma de decisión por parte de la Humanidad de ponerse a la altura de lo que los Espíritus del Bien le aportan desde el Cosmos en la actualidad, o si la humanidad pretenderá buscar la existencia cósmica desde el propio enmarañamiento de sus ensombrecidos pensamientos. Hoy no es suficiente hablar en términos abstractos de la necesidad de la Ciencia Espiritual. Lo único que podemos hacer es mostrar cómo los pensamientos se convierten en realidades. Terribles teorías abstractas son arrojadas a los hombres de hoy, como, por ejemplo, «Los pensamientos se convierten en cosas», o frases similares. Declaraciones abstractas de este tipo no transmiten la realidad completa y concreta. Y la realidad concreta es que los pensamientos intelectuales evolucionados hacia el interior de los hombres de hoy, el día de mañana fluirán sobre la Tierra como una tela de araña en la que se enredarán los seres humanos, si no pueden llegar a un mundo que esté más allá y por encima de sus pensamientos y conceptos sombríos.

Tenemos que aprender a tomar con profunda seriedad los asuntos que indiqué al final de mis conferencias sobre la naturaleza de los colores, cuando dije que la ciencia del color debe ser llevada fuera del ámbito de la física abstracta, a una región donde la fantasía creativa y el sentimiento del artista que entiende la verdadera naturaleza del color debe ir de la mano de una concepción del mundo basada en la Ciencia Espiritual. Hemos visto cómo se puede entender la naturaleza del color y cómo la física moderna, con sus gráficos sin imaginación, la ha enterrado en un mundo Ahrimánico, pero que puede elevarse a la esfera del arte, de forma que se pueda fundamentar una teoría de los colores, que por otro lado, estando muy alejada de los principios de la ciencia moderna, es capaz de proporcionar un verdadero fundamento a la creación artística, si el hombre se deja permear por ella.

Y hay otro pensamiento, también, que debe ser tomado muy en serio. ¿Qué encontramos extendido actualmente en el mundo civilizado? Los jóvenes estudiantes entran en los hospitales o universidades para estudiar la ciencia, donde se les explica la constitución del ser humano. Al estudiar el cadáver aprenden acerca de los huesos y del resto del organismo. Por una serie de pensamientos abstractos se supone que deben ser capaces de tomar conocimiento de la naturaleza del ser humano. Pero con este método sólo es posible aprender algo sobre la parte mineral del organismo humano. Con este tipo de ciencia sólo podemos aprender sobre la parte del ser humano que tiene importancia desde el momento de la separación de la Luna hasta su regreso, cuando los pensamientos sombríos de los tiempos modernos se convertirán en criaturas-araña que tendrán una existencia concreta.

Debe desarrollarse una forma de conocimiento que aporte una concepción diferente del ser humano, y esto podrá ser desarrollado sólo elevando la ciencia al nivel de la percepción artística. Entonces nos daremos cuenta de que la ciencia, tal como es en la actualidad, solo es capaz de captar la naturaleza mineral, ya sea en el propio reino mineral o en los reinos de las plantas, los animales y el hombre. Incluso cuando se aplica al reino vegetal, la ciencia debe convertirse en una forma de arte, y más aún en el caso del reino animal. Pero no tiene sentido pensar que la forma y estructura de un animal pueda entenderse con los medios empleados por los anatomistas y fisiólogos. Y mientras no nos demos cuenta de que no tiene sentido, el intelecto de sombras no podrá ser transformado en una verdadera comprensión espiritual y viva del mundo. Lo que se enseña a los jóvenes estudiantes en la actualidad, bajo una forma tan abstracta en las universidades, debe ser transformado y debe conducir a una verdadera concepción artística del mundo. Porque la propia naturaleza del mundo ya crea como un artista. Y hasta que no nos demos cuenta de que la Naturaleza es un mundo de arte creativo que solo puede ser entendida a través de la sensibilidad artística, nuestra imagen del mundo no tendrá un efecto sanador.

En las cámaras de tortura de los castillos medievales, las personas fueron encerradas en lo que se llamó la «virgen de hierro», donde se les clavaba lentamente con púas de hierro. Este fue un procedimiento físico y más tangible que el que los estudiantes de nuestros días tienen que ver cuando se les enseña la anatomía y la fisiología, y se les dice que de esta manera están adquiriendo el conocimiento de la naturaleza del hombre, pero fundamentalmente se trata del mismo tipo de procedimiento. Todo lo que se puede entender de la naturaleza del hombre por tales métodos se deriva de una actitud de la mente que no es diferente a la actitud de los que estaban a favor de las torturas en la Edad Media.

No. A partir de elementos de tortura anímicos y espirituales el estudiante no aprende nada. El hombre mineral y desmembrado, eso que un día será una tela de araña sobre la Tierra, eso es lo único que aprende.

Es un destino duro que el poder tenga que estar en manos de hombres que consideran los pensamientos más verdaderos como absurdos y que desprecian los impulsos que están vinculados más hacia lo interior e íntimamente ligados con la salvación de la evolución humana, con la misión de la humanidad en el mundo. Es trágico, uno debe poner ante sí esta tragedia. En efecto, sólo cuando se pone ante el alma esta tragedia, se hace posible un despertar de tal manera que los hombres puedan decidir, en la medida que les sea posible, ayudar a que el intelecto sombrío encuentre la posibilidad de acoger lo que el mundo espiritual que viene de lo alto, trae, a fin de que este intelecto pueda adaptarse a las diversas condiciones de los tiempos futuros. No es adecuado que este intelecto de sombras sea conducido hacia abajo, a un orden de existencia inferior al de las plantas, en el de la generación de criaturas-araña que se extenderán sobre la Tierra, sino que el hombre necesita elevarlo a un nivel superior de existencia, cuando llegue el octavo milenio y la Luna se una de nuevo con la Tierra. Entonces lo terrestre quedará atrás, de forma que lo dirigirá y controlará desde el exterior como algo que no tiene por qué llevar con él en la existencia cósmica.

El hombre deberá prepararse de manera que no tendrá por qué estar involucrado en lo que inevitablemente se desarrollará sobre la superficie de la Tierra.

Porque así como el hombre dejó su existencia pre-terrenal y descendió a esta vida terrestre; así como su forma de nacer a través de la mujer comenzó con la salida de la Luna, siendo esta fase de nacimiento físico solo un episodio pasajero en la magnitud de la evolución cósmica que será reemplazada por una etapa en la que el ser humano no nacerá de mujer, esta fase actual está destinada a traer al hombre el sentimiento y la conciencia de la libertad, la autorrealización de la individualidad y la personalidad. Es una fase que de ninguna manera debe ser infravalorada. Es necesaria en la totalidad del proceso cósmico, pero no debe permanecer para siempre, sin transformación. El hombre no debe permitirse el camino fácil de asumir la existencia de un Dios abstracto, tiene que atreverse a mirar, concretamente, los eventos que están conectados con su evolución. Pero su ser anímico-espiritual sólo puede ser estimulado interiormente cuando él entiende de verdad la naturaleza de las realidades concretas relacionadas con la gran época hacia la que le están conduciendo sus sucesivas vidas terrenales.

Eso es lo que una verdadera Ciencia Espiritual nos dice hoy. La voluntad humana está en peligro de ser privada de los impulsos espirituales y de involucrarse en la red de araña que va a deslizarse sobre la Tierra. Hay hombres en existencia que se imaginan que van a lograr sus fines mediante la promoción de su propio desarrollo espiritual y dejando al resto de sus semejantes en un estado de ignorancia. Sin embargo, la gran mayoría vive inconsciente del terrible destino que les espera si se prestan a lo que una antigua forma de conocimiento espiritual llamaba «los dieciséis caminos hacia la corrupción». Porque así como hay muchos caminos por los que puede transitar el intelecto sombrío en su dirección a los impulsos y conocimientos que vienen del mundo espiritual, naturalmente, hay muchos caminos por los que las variedades del intelecto-sombra serán capaces de unirse con los seres-araña que extenderán su red sobre la Tierra en los tiempos por venir. Entonces el intelecto será objetivado en las mismas extremidades y tentáculos de estas criaturas-araña que, en sus maravillosos y entretejidos tejidos y circunvoluciones a modo de caduceo, presentarán una increíble red de intrincadas formas.

Sólo mediante el desarrollo de una comprensión interna de lo que es verdaderamente artístico es como el hombre será capaz de entender el reino que está por encima de la existencia de los minerales, ese reino del que vemos una expresión en la configuración real y la forma de las superficies de las cosas en el mundo.

La teoría de la metamorfosis de Goethe fue un descubrimiento muy significativo. Los pedantes de su época lo consideraron como diletantismo, y es la misma opinión que prevalece en la actualidad. Pero en Goethe, la claridad de visión y la inteligencia se combinaron con una facultad para percibir la naturaleza en sí misma como una expresión activa de creación artística. Sin embargo, en relación con el mundo animal, Goethe sólo alcanzó el punto de aplicación de este principio de la metamorfosis en las formas de las vértebras y los huesos craneales. Pero el proceso por el cual las formas de una existencia anterior se transforman, de forma que el cuerpo de la vida anterior se transforma en la cabeza de la vida posterior, esto solo es posible gracias a una comprensión interior de esta maravillosa transformación artística de los huesos radiales en esféricos, y que realmente podemos percibir en la diferencia entre la cabeza y el resto de la estructura humana. Sin este conocimiento no podemos percibir la conexión interna, orgánica, entre la cabeza y el resto del cuerpo humano.

Pero esta es una forma de arte que es al mismo tiempo ciencia. Siempre que la ciencia no pueda convertirse en arte, degenera en un sofisma, en una forma de conocimiento que precipita a la humanidad en el desastre en cuanto a su existencia cósmica se refiere. Vemos, por tanto, cómo una verdadera Ciencia Espiritual apunta a la necesidad de una intuición y percepción artística. Esta facultad ya estaba viva en el alma de Goethe y llegó a expresarla en su himno en prosa titulado Naturaleza, escrito hacia el año 1780, que comienza así: «¡Naturaleza! Estamos rodeados y abrazados por ella…». Las ideas se entrelazan tan maravillosamente que el himno es como la expresión del deseo de recibir el Espíritu desde la totalidad del cosmos.

Se puede decir verdaderamente que el desarrollo de las ideas contenidas en el himno de Goethe a la naturaleza proporcionaría una morada a los seres que descenderán del cosmos a la Tierra. Pero los conceptos estériles de la fisiología y la biología, la sistematización de la vida vegetal y las teorías que se han ido desarrollando durante el siglo XIX −todos los pensamientos que, como he mostrado en las conferencias sobre el color no tienen realmente nada que ver con la verdadera naturaleza de las plantas− no pueden despertar un conocimiento real, ni pueden decir nada sobre el ser del hombre. Por lo tanto, el conjunto de conocimientos que se considera hoy en día como ciencia es esencialmente un producto de Ahriman, que lleva al hombre en dirección a la destrucción terrenal y que le impide entrar en la esfera que los seres de más allá de la Tierra han estado tratando de poner a su alcance desde el último tercio del siglo XIX.

Cultivar la Ciencia Espiritual no es una búsqueda abstracta. Cultivar la Ciencia Espiritual significa abrir las puertas a esas influencias de más allá de la Tierra, que están procurando bajar a la Tierra desde el último tercio del siglo XIX. El cultivo de la Ciencia Espiritual es en verdad un evento cósmico del que deberíamos ser plenamente conscientes.

Así podemos estudiar todo el lapso del tiempo que va desde la separación hasta el regreso de la Luna. Una Luna, que, como se dice, refleja la luz del sol hacia nosotros, y que está en verdad profundamente conectada con nuestra existencia. Se separó de la Tierra con el fin de que el hombre pudiera llegar a ser libre. Pero este período de tiempo debe ser utilizado por el hombre de tal manera que no prepare el material que, con la reintroducción de la Luna en la esfera terrestre, se combinaría con la sustancia lunar para producir ese nuevo reino del que he tratado de dar una imagen gráfica.

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De vez en cuando surge entre los seres humanos de nuestro tiempo una especie de presagio de lo que vendrá en el futuro. No sé qué significado se ha leído en el capítulo de Así habló Zaratustra, donde Nietzsche escribe sobre el «hombre horrible» en el «valle de la muerte».  Es un pasaje en movimiento trágico. Nietzsche, por supuesto, no tenía una percepción concreta del valle de la muerte en el que se transformará la existencia cuando la generación de arañas de las que he hablado se propague sobre la Tierra. Sin embargo, en el cuadro de este valle de la muerte en la imaginación de Nietzsche, había una visión subconsciente del futuro, y dentro de este valle de la muerte, colocó la figura del «hombre horroroso». Era una especie de premonición de lo que sucederá si los hombres siguen cultivando pensamientos oscuros. Pues en su destino estará ser capturados de una forma horrible por las fuerzas de la existencia Lunar, que solo se limitan a la esfera de la Tierra, y se unirán a la raza de criaturas-araña de la que he estado hablando.

¿Qué objeto tendrá hoy en día mantener estas cosas en secreto como muchas personas desean? Mantenerlas en secreto sería como arrojar arena a los ojos de los hombres.“Mucho de lo que hoy se extiende en el mundo bajo el nombre de enseñanza espiritual no es más que un proceso de arrojar arena a los ojos de los hombres, para que ni un solo caso pueda ser entendido en la historia como lo que realmente es. ¿Cuántas personas son conscientes hoy en día de la importancia trascendental de los acontecimientos que se están llevando a cabo? Ya he hablado de estas cosas. ¿Cuántas personas se preparan realmente para tratar sobre ellas? La gente prefiere cerrar los ojos a lo que está sucediendo y pensar que, después de todo, los eventos realmente no son de tanta importancia. Sin embargo, los signos de los tiempos son inconfundibles y deben ser entendidos.

Esto es lo que quería decir, queridos amigos, como continuación a las consideraciones expresadas sobre el mundo del color y en relación con la manera en que el ser humano está conectado con el cosmos. Continuaremos estas reflexiones en el futuro.

Traducida y elaborada por Gracia Muñoz, Julián Ponce, Diego Milillo y Linda R. Gámez.

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Astrologia I – Astrologia Prenatal.

Articulo de Willi Sucher – Julio de 1937

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Hay algunas personas capaces de apreciar desde su interior el cielo estrellado,  de una manera intima y peculiarmente personal. Cuando en los momentos de soledad y quietud admiran esa multitud abriéndose y cerrándose, les invade la sensación de que los cielos podrían revelarle sus penetrantes tonos y armonías secretas cuyas correspondencias personales sólo pueden encontrar en las profundidades del alma. Los que pueden detectar estos matices cósmicos son un número que disminuye gradualmente; tales armonías son parte de una corriente que pertenece a un pasado cada vez más difícil de contactar pues la ciencia moderna ha tomado posesión de la Tierra.

En el siglo XVI, Nostradamus poseía unos poderes de percepción que nos son casi incomprensibles. Para él, el cielo era un guión desde el que podía leer profecías en el tiempo que abarcaban los destinos de los pueblos y las generaciones venideras; profecías que llegaron a cumplirse hasta el momento de la Revolución Francesa. Parecía haber almacenado en ellas toda la sabiduría estelar de los antiguos caldeos, egipcios y griegos.

Los sacerdotes de los Centros de Misterios pudieron revelar la historia del mundo y de la humanidad del pasado y del futuro por su conocimiento de las estrellas. Y sólo una pequeña parte de su inmensa sabiduría radica en el conocimiento de la relación entre la humanidad y el mundo estelar según lo que se retrata en una carta astral ordinaria. Señalaron, por ejemplo, la posición de la Luna, si estaba creciente o menguante, en qué signo zodiacal se situaba, indicando su destino en la Tierra, el carácter y las capacidades del sujeto. Con la decadencia de los antiguos misterios, se deterioró la capacidad de los antiguos iniciados; perdiéndose en un laberinto de registros, fórmulas y reglas que, en el transitar de los siglos, ya no se puede entender.

En la astrología moderna sólo son reconocibles los restos de la sabiduría que poseían los antiguos, en toda su magnífica plenitud. La fuente inmediata de la inspiración elaborada por los antiguos Iniciados ha sido necesariamente cerrada para nosotros

Las ciencias naturales se han convertido en la directriz de la búsqueda del conocimiento durante los últimos cuatro siglos, siguiendo un camino que también establece límites a la cantidad de conocimiento alcanzable por este método. No hay correspondencia entre la astronomía moderna y la antigua sabiduría. Las enseñanzas científicas modernas cambian rápidamente, sin embargo, el espíritu subyacente que la impregna y una sincera búsqueda interior por el conocimiento es con lo que debemos acercarnos a la astrología, si queremos recuperar esa antigua sabiduría. Pues el impulso que insta a la ciencia es un amor natural y exigente por la Tierra. Es cierto que debido a ello los cielos se han perdido, pero pueden recuperarse cuando la ciencia infunda a sus investigaciones el conocimiento del Espíritu.

En embriología, una ciencia de gran importancia en relación con la astrología, se han hecho grandes avances. El origen y el crecimiento del embrión tanto animal como humano están siendo objeto de una laboriosa investigación. En verdad quedan muchos puntos oscuros, especialmente acerca de las primeras etapas del desarrollo embrionario, un período de primordial importancia y cuyos efectos sobre el ser humano después de su nacimiento son de largo alcance. De hecho, se plantea la cuestión de si el momento real del nacimiento (considerado por los antiguos como fundamental para la sabiduría estelar) no es, después de todo, algo que sólo tiene una importancia secundaria. En el estudio de la influencia de los astros en el ser humano, cabe preguntarse si el momento de la concepción y la etapa embrionaria no es de mayor importancia que la constelación del nacimiento. El nacimiento sólo significa que la joven vida ha alcanzado el momento de iniciar una existencia separada; liberándose de la madre.

Cuando comprendemos lo que nos ha sido legado por tradición, vemos que los sabios astrólogos de la antigüedad eran muy conscientes de los acontecimientos prenatales en su aspecto más cósmico espiritual. Los registros casi míticos de la época egipcia hablan de la sabiduría hermética de las estrellas y se refieren a Thoth o Hermes, el legendario fundador de la antigua cultura egipcia. A través de la conciencia clarividente, en aquellos tiempos la humanidad todavía tenía esta sabiduría al arrojar luz sobre el horóscopo de nacimiento, sobre todo de la relación entre el Sol, la Luna y la Tierra

A partir de la comprensión de estas relaciones, podemos ser capaces de deducir el verdadero comienzo del desarrollo embrionario y apreciar los aspectos particulares que se están tejiendo desde el cosmos en el organismo humano al entrar en la existencia. Entendida a la luz de este conocimiento, la constelación de nacimiento nos da la llave para abrir la naturaleza espiritual y los poderes universales que forman y moldean el ser real que traemos con nosotros a través de la puerta del nacimiento a la existencia terrenal.

La constelación de las estrellas en el momento del nacimiento ilumina al ser humano a partir de tres aspectos: la Luna, el Sol y Saturno, revelando profundas conexiones espirituales en su relación con la Tierra. En el momento del nacimiento, si la Luna si está visible por encima o invisible por debajo del horizonte; su aspecto con el Sol ya sea creciente o menguante. Con estos datos como base, es posible en cada caso concreto  volver a la época de la concepción. De esta manera nos lleva a la constelación que existía aproximadamente 273 días antes del nacimiento real, aunque este período varía en cada caso. (En un artículo posterior se darán detalles técnicos acompañados de ejemplos).

El aspecto fisiológico del nacimiento sigue siendo un gran un misterio, pero los interesados en la astrología, probablemente estarán de acuerdo en que la constelación del momento de la concepción, para los efectos de nuestro estudio, es probablemente de gran importancia. Una nueva vida comienza a tomar forma bajo su influencia. Cualquiera que esté familiarizado con el desarrollo del embrión estará también de acuerdo en que el momento preciso de la concepción es vital, por lo que tendrá la voluntad de invertir su tiempo en estudiar las condiciones cósmicas vigentes en ese momento. A partir de entonces será necesario estudiar la vida cósmica que fluye en los siguientes nueve meses, observando la trayectoria del Sol a través de los signos del Zodiaco, junto con la  de los planetas, sus retrogradaciones y así sucesivamente, haciéndoles coincidir aproximadamente con diez revoluciones de la Luna alrededor de la Tierra.

Estas revoluciones lunares son de la mayor importancia. Son precursoras de las épocas rítmicas posteriores de la vida en la Tierra,  todo el proceso cósmico por venir se representa en ellas. Pero además de la obtención de una visión de la vida terrenal del nuevo ser humano, tendremos una imagen de su destino en el que se indican sus potencialidades, los obstáculos y las condiciones que prevalecerán en los diferentes períodos de su vida. Se darán a conocer incluso las tendencias a la salud y la enfermedad.

Los fenómenos cósmicos prenatales retratan el elemento creativo en el ser humano, el llamado cuerpo etérico, que a lo largo de la vida en la Tierra acompañara al cuerpo físico para lograr su desarrollo y los cambios y protecciones en su tendencia a la decadencia. Todo esto tiene mucho que ver con la Luna. La Luna traduce el núcleo cósmico espiritual, a los eventos en el tiempo. Este hecho podría ser llamado el Misterio de la luna en el ser humano.

Vamos a avanzar. Nuestra conexión con la Luna nos permite comprender las cualidades más etéreas del organismo, incluyendo todo lo que está relacionado con la herencia. Tenemos una particular e importante relación con el Sol, no sólo en su sentido objetivo como un cuerpo celeste de fuego, sino en el sentido de que es una entidad solar que se expresa en una órbita designada. Sabemos que el camino aparente del Sol es una realidad cósmica muy importante. La esfera del Sol nos lleva a una constelación [espiritual], que, aunque tiene una relación matemática con la constelación de nacimiento, es en gran medida independiente de ella en el punto del tiempo.

Puede, y de hecho, aparecerá antes o después del nacimiento, pero daremos mas detalles de esto en futuros artículos. Esta constelación tiene una correspondencia profunda con el alma y la naturaleza esencial del ser; revela su perspectiva fundamental en el mundo. Ya se ha demostrado que cada posible concepción filosófica del mundo puede estar relacionada con uno u otro de los signos del Zodiaco. (Véase el pensamiento humano y el pensamiento cósmico de Rudolf Steiner). El idealismo, como filosofía está relacionado con Aries, el logismo con Júpiter, y así sucesivamente. Si a continuación, uno es un idealista, pero tiende hacia una expresión lógica de ello, se puede decir que uno tiene a Júpiter en Aries como horóscopo espiritual en contraposición con la precisión matemática del horóscopo ordinario de nacimiento. A fin de determinar esta constelación espiritual será necesario estudiar vidas reales. Se hace evidente que se puede deducir con exactitud matemática de la constelación de nacimiento.

Partiendo de ciertos hechos y condiciones matemáticas, relativas a Saturno en el momento del nacimiento, se puede encontrar una constelación que nos dirá mucho acerca del paso de la individualidad humana a través de encarnaciones anteriores. Este aspecto de los cielos está en sublimidad casi intemporal encima del horóscopo.

El diagrama siguiente nos ayudará a tener las relaciones cósmicas más claras, donde trataremos de llegar a  detalles exactos. En primer lugar tenemos el hecho reconocido de la reencarnación de la individualidad sumergiéndose una y otra vez en las épocas de la evolución de la Tierra en momentos concretos adecuados para su desarrollo. Cada alma está preparando su próxima vida en la Tierra durante los períodos entre encarnaciones; por lo tanto, se puede suponer una cierta dirección a través de todas las encarnaciones sucesivas, indicadas en el diagrama por las líneas que van hacia el nacimiento. Después de la entrada por la puerta de nacimiento, no queda nada en la conciencia que recuerde al ser humano su estancia en los mundos espirituales. Sin embargo, hay una manera de penetrar el velo de la constelación estelar en el momento del nacimiento, un desgarramiento que nos habla de la inmensa preparación a la que estuvo sometido para hacer posible esta vida terrenal. Esto se indica en los tres círculos del diagrama.

 

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Diagrama 1

Todo esto se puede encontrar en las relaciones matemáticas de la constelación de nacimiento. Para empezar, derramaremos luz en las influencias cósmicas prenatales que se corresponden con el desarrollo embrionario. También se reflejara en esta constelación imágenes expresivas de la naturaleza corporal en su sentido más amplio, el destino que encuentra su expresión concreta en la forma del cuerpo. El círculo más interno del diagrama, indica el misterio de la luna en el ser humano.

Por otra parte, nos da una idea de la vida del alma humana en los reinos de los seres espirituales divinos. Esto se refleja en la constelación del Sol. La filosofía de una persona el “último eco de su antigua unión con el mundo de los dioses”, se revela en él. Una filosofía que es, por así decirlo, la herencia de los pensamientos de los dioses, segundo círculo en el diagrama. Por último, desde distancias cósmicas, la corriente de  la constelación de nacimiento en relación con el círculo de esfera exterior de Saturno, las influencias del pasado que se vivió en la Tierra.

Hay otro aspecto de la relación del ser humano con las estrellas que se revela en la constelación del momento de la muerte. Steiner entiende muy bien esta realidad y ha señalado que el “horóscopo de la muerte” es de gran importancia para la individualidad que ingresa de nuevo en el mundo espiritual. Afirma, además, que la contemplación del horóscopo, da a los que viven en la Tierra, una comprensión hermosa y desinteresada de la existencia de los que han fallecido. La lectura del horóscopo de nacimiento, por el contrario,  a menudo da lugar a una expresión del egoísmo humano.

El nacimiento y la muerte pueden ser comparados con el ritmo de la respiración. Al nacer, tomamos como en un poderoso aliento los ingredientes del cosmos y de la Tierra, y con ellos formamos nuestro propio organismo. Con la muerte exhalamos nuestro ser en las esferas que nos rodean, nuestro cuerpo físico es devuelto a los poderes decadentes de la Tierra, y nuestro ser supra-físico se dilata en los espacios espirituales cósmicos.

Entre estos dos polos de inhalación al nacer y de exhalación al morir, esta la vida terrenal que transforma y evoluciona las sustancias de la Tierra y del cosmos en nuestro organismo físico. Como resultado del destino pasado, luchamos y trabajamos con lo que hemos traído con nosotros; esa es nuestra tarea. Con el fin de elevarse por encima de las olas de acontecimientos y demandas externas, el “yo” humano debe trabajar en las esferas más finas del temperamento e inclinaciones. La tendencia del ser humano hacia una cierta filosofía de la vida es una herencia, en cierto modo, de los dioses, pero la dura realidad de la vida terrenal nos impulsa a ampliar y profundizar nuestra filosofía, a cambiar y desarrollar nuestro punto de vista, e infundir en ella una cualidad que abarca todo el universo.

El desarrollo posterior influye en nuestra naturaleza corporal a través de enfermedades o circunstancias similares; y nos vamos transformando. Los frutos de todas estas luchas y transformaciones se hacen visibles en la constelación de las estrellas en el momento de la muerte.

La ciencia espiritual dice que, después de la muerte, el alma experimenta su vida pasada como en una gran imagen que pasa ante ella. Muchas personas que han estado muy cerca de la muerte han experimentado cómo su vida, concentrada en sus puntos más importantes, se ha mostrado ante ellas como una gran imagen de la memoria. Algo similar a esto es el resultado de un estudio del horóscopo de la muerte. En él se inscriben los hechos más significativos de la vida de la persona que ha fallecido.

A medida que la constelación del nacimiento, tal como la hemos descrito, apunta hacia el pasado, a la existencia pre-física del ser humano, la constelación de la muerte apunta hacia adelante, a la existencia del alma después de la muerte. La constelación de la muerte también tiene una importante conexión con los eventos cósmicos prenatales que se llevaron a cabo durante el desarrollo del embrión, así como a un evento que se relaciona con la constelación de la esfera del Sol en el momento del nacimiento antes mencionado.

Del mismo modo que esta última constelación en la esfera Sol es un símbolo de la destitución del alma desde el regazo de los dioses, la constelación de la muerte refleja el retorno del alma a la esfera de los dioses después de despojarse de los últimos restos de la existencia de la Tierra. De hecho, a menudo es sólo en el tiempo después de la muerte cuando las luchas terrenales llegan a buen término.

Esta constelación, que puede aparecer muchos años después de la muerte, surge con la consistencia matemática de las posiciones de las estrellas en el momento de la muerte, todo lo que esta purificado y suficientemente maduro para ser tejido en formas futuras de destino en la Tierra se eleva a las alturas cósmicas.

Traducido por Gracia Muñoz.

Contenido tambien en: El Universo viviente – Estudios de Astrosofía de Willi Sucher

Reservados todos los derechos. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida en cualquier forma sin el permiso por escrito del editor, a excepción de citas breves en críticas y artículos críticos, o para obtener copias que no están a la venta, pero para uso privado. Impreso en los Estados Unidos de América

C1. Nueve Lecciones sobre las abejas .

Rudolf Steiner – Dornach, 3 de febrero de 1923 – GA351

English version

Buenos días, caballeros! desde nuestra última reunión, ¿tienen alguna pregunta?

(Se formuló una pregunta en cuanto a los efectos de la absenta, también se preguntó sobre la diferencia entre las abejas y las avispas.)

Dr. Steiner:

La pregunta formulada por el caballero de la audiencia, como especialista-maestro en abejas, llama la atención sobre la diferencia entre la vida de las abejas y la de las avispas. Es mucha su semejanza y ya he descrito recientemente la vida de las avispas. La vida de las abejas es muy parecida, pero, por otro lado, en la colmena hay una vida muy especial y notable. ¿Cómo podemos explicar esto?.

Ya ven, esto no se puede explicar completamente sin la facultad de percepción espiritual. Quien haya observado alguna vez  la vida de la colmena no podrá negar que está organizada con extraordinaria sabiduría. Naturalmente, no se puede decir que las abejas tienen el mismo tipo de inteligencia que los hombres, que usan el instrumento del cerebro, mientras que las abejas no tienen nada de eso, por lo que la sabiduría del Universo no puede irradiar en los cuerpos de la misma manera. Pero las influencias que vienen del universo que nos rodea, trabajan en la colmena, con un inmenso poder. De hecho, sólo se puede llegar a un entendimiento correcto de lo que es en realidad, la vida de las abejas si se tiene en cuenta que todo el entorno de la Tierra tiene una gran influencia sobre la vida de la colonia.

Esta vida en la colmena se basa en el hecho de que las abejas, en un grado mucho mayor que las hormigas y avispas, trabajan totalmente unidas, de manera que su actividad se organiza en una perfecta armonía.

Si uno entiende cómo sucede esto, tendría que decir: En la vida de la abeja todo lo que en otras criaturas se expresa como vida sexual, está, en el caso de las abejas, reprimido, notablemente suprimido, tanto, que en gran medida se impulsa hacia el fondo. Pueden ver que, en el caso de las abejas, la reproducción se limita a unas cuantas excepciones, hembras -la abeja reina- y unos pocos machos elegidos y en el resto, la vida sexual está mas o menos suprimida.

reina

Pero es el amor lo que está presente en la vida del sexo y el amor pertenece a la esfera del alma, y además, por el hecho de que ciertos órganos del cuerpo trabajan con las fuerzas del alma, estos órganos son capaces de revelar, de expresar amor. Y debido a que todo lo que esta reprimido en la naturaleza de las abejas se reserva solo para la abeja reina, la otra parte de la vida sexual de la colonia se transforma en la actividad que desarrollan las abejas.

Esta era la razón por la que en los tiempos antiguos, los hombres sabios, que tenían un conocimiento de todo esto bastante diferente del  de los hombres de hoy, podían relacionar la maravillosa actividad en la colmena, esta vida de amor, con la parte de la vida que se relaciona con el planeta Venus.

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Si describimos las avispas y las hormigas, podemos decir que son criaturas que, en cierto sentido, se retiran de la influencia de Venus, mientras que las abejas se entregan por entero a Venus, desarrollando una vida de amor comunitario en toda la colmena. Esta vida está llena de sabiduría; ustedes pueden observar cuánta sabiduría se encuentra en ella.

Ya he hablado varias veces sobre el proceso reproductivo y la inconsciente sabiduría que contiene. Esta sabiduría inconsciente la despliegan las abejas en su actividad exterior. Lo que experimentamos cuando surge el amor en nuestros corazones, es lo que se encuentra como sustancia, por así decirlo, en el conjunto de la colmena. La colmena entera está en realidad impregnada de amor. Las abejas individuales renuncian al amor de muchas maneras, y así se desarrolla el amor a lo largo de toda la colmena. Sólo se empieza a entender la vida de las abejas cuando se sabe que la abeja vive en un ambiente totalmente impregnado de amor.

Por otra parte la abeja sale muy favorecida, especialmente por el hecho de que se alimenta sólo de aquellas partes de las plantas que están totalmente impregnadas de amor. Las abejas succionan el alimento -que luego convierten en miel- exclusivamente de las partes de las plantas que se centran en el amor, por lo que llevan, por así decirlo, la vida amorosa de las flores a la colmena.

Por lo tanto podemos decir que la vida de las abejas debe ser estudiada mediante el uso del alma.

Esto no es tan necesario cuando se estudia a las hormigas o las avispas porque aquí vemos que a pesar de que se retiran hasta cierto punto, todavía se entregan a la vida del sexo. Con la excepción de la reina, las abejas en realidad son seres que, como me gusta describir se dicen a sí mismas “Vamos a renunciar a la vida sexual individual para transformarnos nosotras mismas en seres portadores de amor”. Así han podido llevar lo que vive en las flores a la colmena, y cuando comenzamos realmente a pensar todo esto, llegamos al misterio de la colmena.

flores

La vida que brota, el amor en ciernes que está en las flores también está allí, en el cosmos. También podemos estudiar lo que hace la miel cuando se consume. ¿Qué hace la miel? Cuando consumimos miel se promueve la conexión correcta en el hombre entre los elementos aéreos y los elementos acuosos. No hay nada mejor para el hombre que añadir la parte correcta de miel en su alimentación  Porque lo que podemos ver de una manera maravillosa en las abejas, el hombre aprende a trabajar con el alma en los órganos de su cuerpo. En la miel de la abeja se le da al hombre lo que necesita para impulsar la actividad de las fuerzas del alma en el cuerpo. Por lo tanto, cuando el hombre añade un poco de miel a su comida, si así lo desea, puede prepararse anímicamente para trabajar correctamente en su cuerpo – la respiración correcta.

La apicultura es por lo tanto algo que ayuda mucho a avanzar a nuestra civilización, ya que hace a los hombres fuertes.

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Cuando uno se da cuenta de que las abejas reciben influencias de los mundos estrellados, ve también cómo se puede transmitir al hombre lo que esta provisto para él. Todo lo que está vivo, cuando se combina acertadamente, trabajan juntos de la manera correcta. Cuando uno se encuentra ante una colmena de abejas tendría que decirse con solemnidad: “Por medio de la colmena el Cosmos entra en el hombre y le hace fuerte y capaz.”

Antroposofía y Astronomía

Dra. Elizabeth Vreede

English version

La Ciencia Espiritual de Rudolf Steiner nos ha legado una cosmología del Espíritu, que da al hombre un lugar dentro del contexto universal y que vincula Cielo y Tierra  como una unidad. Al mismo tiempo, el objetivo de Rudolf Steiner fue construir un puente desde este conocimiento de la Astronomía tal y como se cultiva en la ciencia moderna. Que tal puente es necesario se deriva del principio fundamental de todo conocimiento espiritual: el mundo exterior de los sentidos es maya, ilusión, en tanto que la ciencia espiritual penetra en la realidad subyacente detrás de este mundo exterior.

¿Cómo y en qué punto maya y realidad se encuentran?. Este es el gran problema del que Rudolf Steiner hablo en el año 1912 en su curso de conferencias en Helsingfors: Las Jerarquías Espirituales en los cuerpos celestes y en los Reinos de la Naturaleza [Curso N º XXI. Antroposófica Publishing Co., de Londres].

El estudio detallado de estas conferencias señala el camino del maya exterior a la realidad espiritual interior. Nos orientaremos más rápido si descubrimos lo que corresponde a la realidad.

 “El universo de los cuerpos celestes físicos, representa lo que ha quedado de las acciones pasadas de las Jerarquías Espirituales, cuyas influencias posteriores han perdurado en nuestro tiempo presente”.

En este sentido, el mundo de las estrellas, así como el resto de la naturaleza es maya –¡es pasado! Detrás de este velo de maya las estrellas se revelan como “colonias de seres espirituales.” Somos  llevados  a un estudio de la naturaleza de las jerarquías más altas, que se extiende en nueve etapas por encima del hombre y a todo lo ligado de alguna manera con el mundo de las estrellas o de su evolución cosmológica. Estas Jerarquías son descritas con mayor detalle en  “La Ciencia Oculta, un  Bosquejo“, de Rudolf Steiner .

El primer reino por encima del hombre es el de los seres angélicos, los Ángeles. Son los Espíritus Guardianes del hombre y lo guían de encarnación en encarnación. Su casa es la esfera de la Luna, aunque para empezar, no pueden  desplegar su actividad en la propia Luna.

Aún mayores poderes son necesarios para esto –poderes como sólo los Arcángeles y Arkai, (Poderes Primordiales) poseen-. Estos Seres, que junto con los Ángeles constituyen la jerarquía más baja del mundo espiritual, guían y dirigen a los pueblos y las grandes épocas  de la Tierra.

Los Arcángeles son también los Espíritus del Pueblo, y los Archai son los Espíritus del Tiempo. Estas jerarquías –cuyo campo de acción es la esfera de la Luna- se ocupan  esencialmente con la vida histórica de los seres humanos individuales y de los pueblos.

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En la  esfera del sol moran los seres de la segunda jerarquía – Espíritus de la Forma, Espíritus del Movimiento y Espíritus de la Sabiduría. Rudolf Steiner hablo de estos Seres en su conferencia titulada “El Misterio del Gólgota” [Una traducción completa de esta conferencia apareció en Antroposofía , vol. I., Pascua de 1926.] impartida  en Manchester College Chapel, Oxford, agosto, 1922.

“Las almas de tiempos antiguos, mirando a su entorno físico, veían en las estrellas las imágenes del mundo de los Seres espirituales que habían dejado atrás cuando descendieron a esta vida a través del nacimiento. En el flagor del sol, vieron la radiante sabiduría en la que habían habitado, y que había sido su aliento de vida. En el mismo sol, vieron los coros de las jerarquías divinas, aquellas por las que habían sido enviados a la Tierra. “

Es cierto que el hogar de esos seres está en el sol, pero desde allí trabajan sobre los planetas, para enviar sus fuerzas también desde los planetas a la Tierra. La forma y la configuración de cada planeta es impartida por los Espíritus de la Forma. Los Espíritus de Movimiento generan la movilidad interna del planeta, no su movimiento en el espacio, sino los cambios producidos en el curso de cientos y miles de años por el flujo y reflujo, terremotos y actividad volcánica, influencias meteorológicas y  climáticas.

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En cierto modo es diferente cuando hablamos de los Espíritus de la Sabiduría, que trabajan desde el propio sol, derramando fuerzas solares en el sistema planetario. Mientras que la configuración interna y la movilidad interior de cada planeta es diferente según la operación de los Espíritus de la Forma o del Movimiento, la acción de los Espíritus de la Sabiduría es uniforme en todos los planetas. Esta uniformidad de acción de los Espíritus de la Sabiduría es fácil de observar en el mundo vegetal. Hay gran variedad de formas en las plantas, la posición de sus hojas, zarcillos, etc., revelando diferentes proporciones en espiral, y en estas formas, están reflejadas las fuerzas que emanan desde un Espíritu de la Forma o un Espíritu del Movimiento trabajando desde la perspectiva de un planeta en particular. Sin embargo una cosa, es común a todas las plantas – la dirección perpendicular del tallo, alejándose de la Tierra y dirigiéndose hacia el sol. Aquí tenemos una expresión del trabajo uniforme de los Espíritus de la Sabiduría en todas las plantas. Una especie de conciencia general, rudimentaria,  de todo el sistema planetario está funcionando aquí, algo así como existen en todos los seres humanos elementos comunes del sentimiento y de los impulsos que pueden surgir del subconsciente. Los Espíritus de la Sabiduría tienen su casa, no sólo en el Sol, sino en todas las estrellas fijas de manera que el primer y básico principio común de todas las estrellas fijas se encuentra en estos Espíritus de la Sabiduría.

En la Primera Jerarquía tenemos los seres más sublimes de todo el cosmos, los Tronos, Querubines y Serafines, como fueron nombrados por la antigua sabiduría esotérica. Los Tronos o Espíritus de Voluntad  gobiernan el movimiento de los planetas en el espacio; los Querubines armonizan los diferentes movimientos y logran un “entendimiento” entre un planeta y otro. Ellos son los mensajeros planetarios, así como los Ángeles son los mensajeros del mundo de los hombres. Los Serafines tienen a su vez la misma tarea en  respecto al mundo de las estrellas, producen  una mutua comprensión entre el Sol y otras estrellas, de estrella fija a estrella fija, engarzando el Cosmos entero en una gran unidad.

Así tenemos:

SERAFINES – QUERUBINES Cometas
TRONOS (THRONOI) – ESPIRITUS DE LA SABIDURIA (KYRIOTETES) Estrellas fijas
ESPIRITUS DEL MOVIMIENTO (DYNAMIS) – ESPIRITUS DE LA FORMA (EXUSIA) Planetas
PODERES PRIMORDIALES (ARCHAI) – ARCANGELES (ARCHANGELOI) Luna
ANGELES (ANGELOI) –  HOMBRE Tierra

De los cometas, hay que decir que son particularmente el campo de acción de los Serafines y Querubines. Tal vez sea una causa de sorpresa que atribuimos los cometas –los rebeldes en el ámbito de la ley cósmica- a los más altos Seres que hemos considerado hasta ahora. Para entender esto debemos tratar de penetrar más profundamente en la relación entre  realidad y maya.

Podemos hablar de los cometas como de constantes purificadores de la atmósfera espiritual dentro del sistema solar.

El plan divino es recibido por los Seres de las jerarquías (especialmente de la primera jerarquía) del Espíritu Cósmico y lo llevan a cabo en el curso de la evolución. Pero en esta evolución han ocurrido muchas cosas que han cambiado la realidad espiritual en el maya que percibimos a través de los sentidos y con la que vivimos hoy en día.

Los movimientos de los planetas y las estrellas fijas (también los llamados movimientos ‘aparentes’) se llevan a cabo con tanta regularidad que el hombre de nuestra época se pregunta: “¿Queda algo entonces para que los Tronos sigan regulando los movimientos exteriores de los planetas? Todos ellos proceden de acuerdo con estrictas leyes mecánicas.

Esto no ha sido siempre así, ni tampoco lo es hoy en día. Los cometas son una excepción, y quizás esto es lo que nos conduce a suponer que sus  movimientos deben ser dirigidos por los Seres más sublimes de todos. En este punto debemos tener en cuenta que el universo ha pasado por diferentes etapas, descritas por Rudolf Steiner “La Ciencia Oculta, un Bosquejo”, como los períodos evolutivos de los antiguos Saturno, Sol, Luna y Tierra. En cada una de estas etapas, el mundo de las estrellas, también era diferente. En la etapa del antiguo Saturno, solo había Seres –esos seres de los cuales ya hemos hablado. Entonces, sin embargo, no se expresaban en los mundo estrellados, de los cuales, ciertamente, no había nada más que una rudimentaria indicación.

Durante la etapa de la evolución del Antiguo Sol, las estrellas eran las manifestaciones de los seres espirituales. Eran una expresión directa de la permanencia de Seres espirituales, en el mismo sentido que el cuerpo humano se dirige en sus movimientos y expresiones por el espíritu que mora en él.

En la siguiente etapa – la de la antigua Luna – sólo les fue posible a los Seres espirituales  enviar sus impulsos dentro los de los cuerpos celestes, pero su verdadero Ser llego a ser más y más remoto. Con el fin de dejar estas cosas un poco más claras, consideraremos brevemente el curso de la evolución terrestre, desde este punto de vista.

La tierra representa la cuarta etapa –denominada por Rudolf Steiner el mundo del trabajo terminado-  un mundo que cumple con la descripción citada al comienzo de este ensayo. Sin embargo, en las épocas históricas, el hombre recapituló en su conciencia las primeras etapas evolutivas. En la época de la Antigua India, por ejemplo, no se prestó atención al mundo de las estrellas como tales, sino sólo a los Seres espirituales en si. (Estamos hablando aquí de una época anterior a la de los Vedas). En la antigua época Persa, la esencia del ser-Solar fue revelada por Zaratustra. El movimiento del sol mismo, por supuesto, estaba sujeto a la misma ley de hoy en día, mientras que durante el período de la evolución del Antiguo Sol era la expresión directa del Espíritu del Sol.

En la época de la antigua civilización persa, el hombre experimentaba una condición previa. Los antiguos caldeos y los egipcios tenían la experiencia viva de las actividades de los Seres espirituales en los cuerpos celestes; de ello emanaba su Astrología -que era maravillosa, en esos tiempos, aunque no debe ser aplicada de la misma forma en nuestros días-. La Época Egipcio-Caldea era, en cierto sentido, una recapitulación de la evolución de la Antigua Luna. El hombre veía los Seres relacionados con el sol y la luna, planetas y estrellas, pero no se puede decir que estos Seres pertenecen a las jerarquías propias, sino a sus descendientes  –Seres que se han separado de las jerarquías-. Llevando a cabo, por así decirlo, una actividad de la cual,  sus Creadores, las jerarquías propias, se retiraron cuando el plan que subyacía a los movimientos en el sistema planetario se había establecido. Muchas de estas órdenes de dioses menores están activos en el Cosmos y los egipcios y caldeos, especialmente de la última época, que ya no podían ascender a la esfera real de los dioses estelares, observaban  la actividad de estos seres subordinados. Estos ‘descendientes’ de las jerarquías son responsables de los fenómenos que hoy en día creemos que son producidos ´”por si  solos”.

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Para que el hombre pudiera desarrollar la libertad, era necesario que los Seres superiores se retirasen del mundo de las estrellas y de la naturaleza y dejarlos abandonados a las leyes “aparentemente” mecánicas, sin espíritu. Sin embargo, en este mecanismo, como en todos los fenómenos naturales, seres espirituales, los ‘descendientes’ de las jerarquías superiores  siguen trabajando.

El hecho de que en la primavera las plantas broten de la tierra, que flor y fruto aparezcan, que las plantas se marchitan en otoño y también el hecho de que cuando aquí tenemos el otoño, la primavera comienza a su proceso  en el otro lado de la Tierra -todo esto es provocado por los espíritus de la naturaleza, los gnomos, ondinas y silfos (los descendientes de la tercera jerarquía), junto con las salamandras que se han separado de los Espíritus de la Forma. Estos seres subordinados realizan el trabajo bajo la tutela de los Espíritus de las Estaciones”o “Espíritus de la Rotación”, quienes les orientan sobre la Tierra. La acción  de algunos de estos Espíritus de la Rotación hace que  la Tierra gire alrededor de su eje, mientras que otros llevan a la Tierra y a los planetas en sus órbitas regulares alrededor del sol. Estos Seres son los descendientes de las más altas jerarquías – los Serafines y Querubines.

Los Espíritus de Movimiento, de la Sabiduría y la Voluntad también tienen descendientes, siendo estos las “almas-grupo” de los animales, plantas y minerales.

Todos estos seres son de un orden inferior al de sus progenitores, son ellos los que –en virtud de mandamiento divino, por así decirlo- han dado lugar a la separación del orden natural y el orden moral del mundo, que en cierto modo  presentan una dualidad a la observación externa. Por lo tanto, ocurre que en la Naturaleza y en el Cosmos nos enfrentamos a un maya donde las fuerzas de la naturaleza aparecen como una huella de las actividades de los espíritus de la naturaleza. Y en lugar del poderoso trabajo directo de las jerarquías, ahora tenemos las leyes de la naturaleza como la impresión de los Espíritus de la Rotación en el mundo de maya.

Vinedos

Todos estos procesos siguen su curso conforme a la ley que necesariamente se obtiene en el mundo exterior a fin de permitir que el  hombre desarrolle la experiencia de la libertad interior. Los cometas representan un elemento que no entra por completo en este ámbito de la ley. A pesar de que los llamados cometas periódicos se someten más o menos a las leyes del sistema planetario, con la aparición de nuevos cometas (e incluso Kepler dijo que los cometas son tan numerosos como los peces en el mar), estas leyes siempre se rompen.

Los cometas todavía contienen un vestigio del trabajo directo del poder espiritual, de hecho, de los más elevados Seres –los Serafines y Querubines-. Antes de que las leyes comunes puedan ser rotas, la más grande visión y poder espiritual son necesarios. Los cometas, son agentes de una naturaleza muy especial en nuestro sistema planetario, su antítesis, su polaridad, son las lunas. Así como las lunas son una especie de cadáver que el sistema planetario va arrastrando con él, por otro lado, podemos hablar de los cometas como de constantes purificadores de la atmósfera espiritual dentro del sistema solar. En los tempranos tiempos, los hombres veían en ellos los “carroñeros de Dios”, y muchas supersticiones se han reunido alrededor de los mismos. Desde el punto de vista del Espíritu, la misión de los cometas es perpetuamente expulsar a las impuras fuerzas astrales del Cosmos para introducir nuevos impulsos.

El Cosmos no sólo contiene los seres y fuerzas de las que hemos estado hablando hasta ahora. Si esto fuera así, todo el Cosmos consistiría únicamente de Ser, sin sustancia. Los cuerpos celestes no serían visibles, ni habría sustancia terrenal, es decir: tangible. Con el fin de comprender plenamente maya, también tenemos que recordar que hay  otras órdenes de Seres – Luciféricos y Ahrimánicos como se les llama en “La Ciencia Oculta, un Bosquejo”, que han intervenido en la evolución y están jugando su papel en ésta. Son Seres que pertenecen a las jerarquías superiores que no pasan por el mismo desarrollo que los demás, que quedan rezagados, mientras que los espíritus jerárquicos normales ascienden a etapas cada vez más altas. Tenemos, por ejemplo, un número de los Espíritus de la Forma, que en el curso normal serían Espíritus de Movimiento, pero que se han quedado en la etapa de los Espíritus de la Forma.

Las esferas etéreas de Saturno o Júpiter, están formadas por los Espíritus de la Forma, su movilidad interna es el trabajo de los Espíritus de Movimiento. Los espíritus de la Forma rebeldes se oponen y, en lugar de trabajar en armonía con los Espíritus del  Movimiento Planetario, crean una forma, en un punto definido en el ámbito etéreo como resultado de la congestión. ¡Esta forma son los planetas que vemos en los cielos! La esfera planetaria sigue siendo una estructura etérea en la que las fuerzas astrales  trabajan, mientras que el planeta en sí sólo se mueve alrededor de la periferia de esta esfera etérea.

Otros seres Luciféricos aparecen  en la escena y, desde el planeta existente,  lanzan de nuevo (reflejan) la luz que se irradia espiritualmente desde el sol para que el planeta sea visible hacia el exterior. Más tarde, los Seres Ahrimánicos imparten la sustancia sólida de la Tierra, generando así el denso velo de maya que se presenta en el mundo exterior de los sentidos. Todo lo que por lo tanto puede ser un objeto de la investigación externa contiene de alguna manera un  elemento luciferico –la  esencia exterior de la luz- y el elemento Ahrimánico –pesadez o la gravedad-. Esto también es parte de la maya que se extiende sobre la realidad espiritual.

Podemos seguir la misma línea de estudio en referencia a otros fenómenos cósmicos, los meteoros,  ellos también están relacionados con los cometas. Los cometas son formaciones espirituales enviadas al Cosmos por las más altas y sublimes Espíritus, pero en el transcurso de su actividad como purificadores de la atmósfera astral, reúnen hacia sí diversas sustancias, gases, etc. Ahora otras formaciones cósmicas, generadas por los ‘anormales’ Espíritus del reino de los Tronos –Seres que deberían  haberse convertido en Serafines y Querubines, pero que han permanecido en la etapa de los Tronos- se arrojan en el camino de los meteoros y  trabajan con una potencia prodigiosa adquirida al haber permanecido en un nivel inferior. Los Tronos son los creadores de las almas-grupo de los minerales y los Tronos rezagados, aquellos que se han quedado atrás, generan formaciones minerales sólidas en el Cosmos, en los meteoritos que a menudo acompañan a los cometas o aparecen a intervalos más o menos regulares de tiempo en la atmósfera de la Tierra. Y así, en estas formaciones – retiradas como están en cierto sentido de las leyes ordinarias en el sistema planetario – tenemos la más alta espiritualidad unida  con la más densa materialidad.

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El comportamiento mismo de los cometas puede recordarnos que los procesos que tienen lugar en el sistema solar no pueden ser exhaustivamente explicados por la teoría Newtoniana de la gravitación. En el caso de los otros cuerpos celestes, también hay algo que siempre se puede detectar, lo cual, cuando la observación se realiza durante largos períodos de tiempo, se ve que es una expresión del trabajo de los Seres espirituales que no han acabado en totalidad su  “Trabajo final”. Es sólo en los cometas y los meteoritos que lo “incalculable”, la arbitrariedad, se hace manifiesta. El factor inconmensurable en los movimientos de los otros  cuerpos celestes muestra que debemos basar nuestra observación de sus movimientos en algo más allá que la teoría de la gravitación, que es válida y autentica para la Tierra.

Ritmo y la periodicidad viven en los movimientos planetarios y constituyen sus leyes primarias; así como la ley de la gravedad mantiene su dominio en el entorno inmediato de la Tierra. (La Tierra, por supuesto, como uno de los cuerpos celestes también participa en las leyes cósmicas del ritmo y la periodicidad). Estas leyes son idénticas a las que el hombre y los demás reinos de la naturaleza han sido moldeados. Por lo tanto el hombre y el universo vuelven a ser uno, nuevamente la religión se une al mundo de las estrellas. Las estrellas  nos muestran las huellas de los hechos de los dioses, que nos llevan a través de los Seres de las jerarquías  a las fronteras de la Divinidad misma. Y en este sentido, Rudolf Steiner fue capaz de decir a sus oyentes, cuando los llevó desde la Antroposofía a la Astronomía: “Cuando observamos la vida del mundo de las estrellas, estamos contemplando los cuerpos de los dioses y, en última instancia, de la Divinidad misma. “

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Traducción: Mª Jesus Garrido

1ª CARTA – La Estructura del Universo Solar

Del libro Isis Sophia I, de Willi Sucher

English version

abril 1944

La intención de estas cartas es elaborar una relación entre el universo estrellado y la Tierra. Y el ser humano como principal representante de la Tierra será mayoritariamente el objeto de examen, consideraremos también los otros reinos de la naturaleza. Por supuesto, este es un vasto campo, y en esta época estamos limitados en nuestro conocimiento. Sin embargo, gracias a los conocimientos clave que nos fueron dados por Rudolf Steiner, ha sido posible después de más de veinte años de trabajo silencioso y persistente, recoger muchos datos sobre estas relaciones. Y con los datos obtenidos estamos creando un organismo que todavía es infantil, pero que puede llegar a ser la semilla de nuevas y más elaboradas investigaciones en los siglos y milenios venideros.

A través de estas cartas y en primer lugar, vamos a establecer una idea clara de la estructura de nuestro Sistema Solar y su relación con los mundos estelares más allá de nuestro propio sistema. Hablaremos de las Constelaciones que vemos en el cielo. Y daremos prioridad a las Constelaciones del Zodiaco, con las que trabajaremos para descubrir su naturaleza espiritual, ya que están conectadas con la evolución de la Tierra y de la Humanidad. Después, consideraremos el mundo de los planetas –los astros en movimiento–. Y esto  lo conectaremos principalmente con la vida del ser humano después de la muerte y antes del nacimiento. También tendremos en cuenta la relación entre los planetas y la vida de la naturaleza, en la medida que la ciencia ha comprobado esta relación. Entonces surgirá el dilema sobre el destino o la necesidad y el reino de la libertad, en relación a la condición humana. Al final tendremos que informarnos sobre la relación entre las estrellas y la Humanidad en su conjunto y sobre la evolución futura del planeta en que vivimos.

La pregunta que surge, es ¿con que nombre podríamos llamar a esta clase de conocimiento, que tenemos la intención de investigar en estas cartas? llamarlo Astronomía no sería correcto, ya que los cálculos matemáticos del mundo estelar se tratarán sólo en la medida que sea necesario. Tampoco se le puede llamar Astrología, ya que no se convertirá en una base para las prácticas del horóscopo en el sentido en que se realiza la astrología hoy en día. Vamos a investigar el trasfondo espiritual de la relación entre las estrellas y la Tierra con sus habitantes. Podemos llamarlo Astrosofía.

¿Qué es Astrosofía?

El movimiento es la esencia del mundo de las estrellas. Todo se mueve en la esfera que rodea la Tierra. Cuando miramos la multiplicidad del cielo estrellado entramos en el  gigantesco mundo de los ritmos.

Un ritmo es el del día y la noche. El firmamento parece estar girando alrededor de su eje celestial en 24 horas. Este es uno de los movimientos fundamentales del universo que crea el cambio de día y noche. La astronomía moderna dice que esta revolución se produce por la rotación diaria de la Tierra alrededor de su eje. Sólo los observadores en la Tierra perciben que se invierte, como si fuera el firmamento el que  girara.

A continuación, podemos observar los ritmos de la Luna, el cambio de las fases de luna nueva a luna llena y de nuevo a Luna Nueva. Sabemos por la observación, que este ritmo se lleva a cabo aproximadamente en un mes.

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Si avanzamos más lejos en el universo, nos encontraremos con más ritmos, los de Venus y Mercurio. Luego está el ritmo del sol, el tiempo que tarda en pasar a través del Zodiaco  Llamamos a este ritmo un año y la astronomía nos dice que este movimiento del Sol durante un año es una  ilusión. Que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol en el transcurso de un año y durante este movimiento circular de nuestro globo, nosotros, desde la Tierra percibimos al Sol en diferentes lugares del cielo. Avanzando, nos encontramos con los ritmos de los planetas exteriores llamados: Marte, Júpiter, Saturno y los planetas descubiertos últimamente, Urano, Neptuno y Plutón. Aquí nos encontramos con ritmos que se extienden por decenas, incluso cientos de años.

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También podemos ver cambios en la estructura del universo que se desenvuelven en largos intervalos rítmicos. Estos comprenden épocas enteras de la evolución humana y de la Tierra, miles e incluso decenas de miles de años. Sabemos que las estrellas fijas están en movimiento, a pesar de que este movimiento, sólo se hace visible a simple vista en intervalos de tiempo que están más allá del alcance de la concepción ordinaria del tiempo humano.

Podemos comprender que el movimiento es el fundamento del mundo de las estrellas. Y podemos acercarnos a este mundo en movimiento de diferentes maneras. Incluso considerarlo como un mecanismo gigantesco. Los hechos, que encontramos en los movimientos universales, inspiran esta idea. Podemos calcular los movimientos, e incluso calcular previamente los ritmos de las estrellas. Los descubrimientos de Plutón y Neptuno se lograron mediante la aplicación de las puras leyes de la mecánica de nuestro universo. Y, sin embargo, la idea de un universo mecánico, nos puede llevar a la desolación en un momento determinado. Podemos compararlo con un motor rotativo. Los movimientos del motor, su comportamiento, todo puede ser calculado. Todos los detalles pueden ser explicados por leyes mecánicas. Pero no se movería ni un ápice, ni siquiera existiría un solo tornillo, si la mente humana no lo hubiese inventado. En cada uno de los detalles del motor esta la creación, el esfuerzo de los inventores en el ámbito de la mecánica. La mente humana es el verdadero origen del motor y sin esa mente creadora, el motor no existiría.

¿Cómo es posible nuestro Universo? Podemos ver la existencia de este mecanismo de innumerables movimientos, pero ¿quién lo ha creado y lo  ha puesto en rotación? Un mecanismo no puede ser creador, de lo contrario ya no sería un mecanismo. Debe haber habido algo así como una gigantesca planificación mental, o incluso una congregación de esas mentes, antes de que cualquier universo pudiera ser creado.

Partiendo de esto vayamos a otro punto de vista. Al igual que el motor es una expresión de las capacidades de la mente humana, tal vez incluso de sus debilidades, nuestro universo puede ser considerado como la expresión de un mundo interior, de una vida anímica.

Veamos al ser humano en movimiento. Todos los movimientos de las extremidades pueden explicarse en términos de leyes físicas y mecánicas. Sin embargo, siempre hay una razón por la cual el ser humano mueve sus extremidades. Él tiene intención de hacer algo o ir a algún lugar. Detrás de los movimientos visibles del cuerpo hay una vida interior, una vida anímica , una vida que da razón y justificación a esos movimientos.

De la misma manera podemos mirar a una estrella solitaria. Calculamos sus movimientos, ritmos, y muchas cosas relacionadas con su estado general y sus relaciones con otras estrellas. Incluso podemos ir un paso más allá y encontrar la causa interior de su comportamiento en particular. Tendríamos que buscar la vida anímica de la estrella que lo ha creado y que se expresa en las llamadas leyes mecánicas.

No creo que encontremos, en el reino de su vida interior las razones de los movimientos de la estrella solitaria. Quizás tengamos que buscarla en el ámbito de la comunidad de las estrellas. En las comunidades humanas, el ser individual tiene su propio mundo de cualidades anímicas que  son la causa de su movimiento y la actividad. Sin embargo, las acciones del ser individual le hacen entrar en contacto con las acciones de otros seres humanos. Por otra parte, estas acciones sólo tienen sentido cuando se relacionan con la vida de toda la comunidad. De hecho, los ideales comunes de la comunidad son la medida de la actividad del ser individual.

De la misma manera, cada estrella tiene su propio movimiento anímico, que hace que sus movimientos visibles, la conviertan en un miembro útil y creativo del universo. También se relaciona con sus compañeras estrellas. Visto desde el Sol como el centro de nuestro universo, o incluso visto desde la Tierra, los planetas a veces se encuentran y están juntos (conjunción) o se pueden separar y pasar a la oposición el uno del otro, y así sucesivamente. Todas estas actividades están relacionadas con todo el Sistema Solar y el Sol, como su centro. Así, los planetas deben tomar parte del objetivo común del universo solar.

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Aprender a conocer, a partir de los hechos, el mundo anímico de la estrella solitaria, la vida social de sus comunidades, con sus ideales y objetivos comunes, es Astrosofía. Estamos buscando no sólo el alma de las estrellas que es la manifestación de su ser y actividades dentro de un tiempo limitado, sino que tendremos que adquirir un poco de conocimiento acerca de su vida espiritual. Sólo así podremos entender su verdadera esencia. Su vida espiritual sería su historia, (su biografía, por así decirlo), sus luchas y logros, y su destino (en relación con el futuro).

¿Por qué Astrosofía?

Puede plantearse la cuestión: ¿Por qué nosotros, como seres humanos en la Tierra nos esforzamos por un conocimiento de las estrellas tal como se ha esbozado? El mundo de las estrellas puede ser un interesante tema de estudio, pero ¿no están las estrellas demasiado lejos como para ser capaces de afectar nuestra vida en la Tierra?.

Nuestro planeta es una parte de la comunidad estelar, y al igual que la actividad de la Luna influye en el ritmo de las mareas, también podemos encontrar que el organismo de la Tierra está influido por todas las estrellas de la Comunidad Celeste. Esto lo podemos verificar a través de diferentes tipos de observación.

Nosotros, como seres humanos formamos parte de la influencia estelar de la Tierra  por lo tanto, nos guste o no, formamos parte de la vida de todo el Universo.

Como gente de la tierra, tenemos la tendencia natural a sumergirnos en el mundo de nuestro horizonte humano. En general este horizonte comprende muy poco del gran universo. Podemos dirigirnos sólo al mundo de nuestros pequeños deseos o ambiciones personales. También podemos vivir una filosofía o una religión que puede unirnos a diferentes grupos humanos, o más, puede separarnos del resto de la humanidad. También puede consistir en el papel que podemos desempeñar en la vida de la nación o la raza en la que hemos nacido. Sabemos que muy a menudo, incluso se podría decir siempre, estas diferencias conducen a las disputas y a las guerras. Si sólo vivimos en el pequeño horizonte de nuestro mundo humano, surge el peligro de una estrechez de miras hacia la vida. Esta estrechez de la vida del alma puede llevarnos fácilmente a la equivocación de nuestros propios asuntos en el marco de todo el universo.

Sin embargo, si somos capaces de, al menos de vez en cuando, confrontarnos con el mundo de las estrellas, con su vida anímica, con su vida espiritual, podemos crecer más allá de nuestros propios problemas y comparativamente, pequeños asuntos sin importancia. Podremos ser capaces de hacernos conscientes y apropiarnos de la corriente evolutiva de nuestro universo. Si tan sólo hiciéramos esto de vez en cuando, podríamos entrar en el mundo de los grandes ideales y las metas espirituales cósmicas que no dividen a la humanidad en grupos de creencias religiosas o filosóficas, teorías raciales  y similares. Las estrellas nos enseñan que los vínculos que unen al ser humano a los ámbitos de la vida, como por ejemplo: la familia, la nación, la raza, o incluso una determinada religión, se justifican en la medida en que las fronteras de estos reinos no se extralimiten y hagan caso omiso a otras esferas de la vida humana.

Se descubriría además, el lugar apropiado para la filosofía del Idealismo en nuestro mundo humano, así como la del Realismo, o incluso el Materialismo. Todas estas concepciones del mundo y actitudes ante la vida se mantendrían en el universo en un orden correcto y pacífico, dentro de la vida anímica del mundo estelar. Los seres humanos muchas veces sufren de estrechez y falta de visión, y no pueden encontrar el orden correcto en su propio mundo anímico. Este desorden se refleja luego en las disputas y guerras entre la Humanidad.

Si meditamos profundamente en el mundo de las estrellas y nos esforzamos en desvelar sus misterios, podemos unir a la Humanidad. Ellas brillan en todos los pueblos. Todos los fenómenos en el universo de las estrellas se refieren a la Humanidad en la misma forma indiferenciada. No hay distinción como las diferencias provocadas en la Tierra a través de la necesidad de vivir bajo ciertas condiciones sociales o geográficas. En el curso del tiempo toda la superficie de la Tierra y, con ella, la Humanidad recibirá la luz y la enseñanza de las estrellas.

Así pues, se nos abre una puerta al mundo de la verdadera paz y libertad, o freehood. [Freehood: el estado o calidad de ser libre. NT.] El mundo de la verdadera paz, porque es ahí donde podemos aprender a conocer las intenciones y metas evolutivas de los Dioses. La aplicación de este conocimiento a nuestra vida diaria, paso a paso, nos puede traer la verdadera paz, el mundo del  verdadero “Freehood”, porque nos libera de los grilletes de nuestros pequeños asuntos terrenales, nuestras estrecheces y problemas. Por lo tanto la Astrosofía, como una nueva Sabiduría de las Estrellas, se convertirá en el futuro  en una necesidad en el ámbito de la cultura espiritual de la Humanidad.

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La estructura de nuestro Sistema solar

Antes de empezar a conocer los detalles del alma y el mundo espiritual que se manifiestan en el cosmos, debemos crear un cierto conocimiento de la estructura física de nuestro universo solar y su conexión con el mundo de las profundidades del espacio celeste. Debemos formar conceptos claros sobre los ritmos de las estrellas y su disposición u orden en el espacio. Esto significa que tenemos que elaborar una cierta cantidad de conocimientos astronómicos.

Por supuesto que no podemos extendernos demasiado lejos, ya que es, de hecho, un vasto campo de complicados cálculos matemáticos y otros detalles. Lo haremos en la medida en que sea necesario para crear un entendimiento o lenguaje común acerca de los hechos cósmicos, con los que tendremos que lidiar más adelante.

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Si observamos el firmamento, podemos distinguir dos tipos de cuerpos celestes: en primer lugar, aparecen las llamadas estrellas fijas. Se les llama estrellas fijas porque parecen tener siempre las mismas posiciones y distancias entre ellas. Está, por ejemplo, la constelación bien conocida de la Osa o El Carro. Cuatro estrellas fijas forman el cuerpo de la Osa y otras tres la cola. Podemos ver esta constelación noche tras noche durante años. No va a suceder que de repente una noche se descubra que una de las cuatro estrellas que forman el cuerpo de la osa se ha alejado de su posición relativa. Así, muchos grupos de estrellas fijas forman las constelaciones, y ninguna estrella se aleja de su posición relativa. Las mismas estrellas, por ejemplo, siempre forman las constelaciones de Casiopea, Orión, y muchas otras. Pero, de hecho, las estrellas fijas también se mueven.

Después de miles de años, las estrellas que forman la imagen familiar de la Osa Mayor ya no estarán en las mismas posiciones, y en un futuro lejano ya no se percibirán los contornos de la Osa Mayor  tal y como lo percibimos hoy. Estos movimientos sin embargo, son muy lentos. Están más allá del alcance del ojo humano y también más allá de la concepción del tiempo humano, es por ello que justamente las llamamos estrellas “fijas”.

También se perciben las estrellas por las que se desplazan los astros que pertenecen a nuestro sistema solar. Un ejemplo muy bueno es la observación de la Luna. Podemos percibirla, durante una noche clara en el ámbito de las estrellas fijas que forman la constelación de Tauro. Si nos fijamos, dos o tres días después la encontramos en la constelación de  Géminis. Por lo tanto, en ese ínterin debe haberse movido de Tauro a Géminis. Y nuestra Luna no es el único astro en movimiento, hay varios más.

En total podemos contar con ocho grandes planetas en nuestro sistema solar, además de la Luna, que son:

Mercurio         Marte,              Urano – descubierto en 1781
Venus,             Júpiter,            Neptuno – descubierto en 1846
Tierra              Saturno            Plutón – descubierto en 1930

Otra distinción entre las estrellas fijas y los planetas, de acuerdo con la astronomía, es que las estrellas fijas emiten su propia luz. Son, por así decirlo, como nuestro Sol y emiten su propia luz. Los astros o los planetas que se mueven, que pertenecen a nuestro sistema solar, no tienen luz propia. Ellos sólo reflejan la luz que reciben del Sol.

Además de las estrellas fijas y los planetas, la mayoría de los cuales sólo son visibles durante la noche, tenemos al Sol, al que vemos durante el día. La luz del Sol es tan abrumadoramente fuerte, que no podemos ver las estrellas durante el día, por lo tanto, es difícil encontrar su posición en relación con las Constelaciones de estrellas fijas. Y por ciertos medios astronómicos, sabemos que el Sol, al igual que los planetas, también se está moviendo, y que completa su círculo en un año. Sin embargo, la astronomía moderna nos dice que quien se mueve no es el Sol. Que es la Tierra la que gira a su alrededor, que el Sol, es el centro del círculo de la órbita de la Tierra. Y que a través de este movimiento de la Tierra, que se completa en un año, vemos el disco del Sol, en diferentes lugares del cosmos. Esto nos crea la ilusión del movimiento del Sol a lo largo del círculo de la eclíptica o Zodiaco.

Ahora podemos distinguir entre tres características principales en la estructura de nuestro Sistema Solar: El Sol en el centro, alrededor de este Sol, los planetas que lo circundan, y las órbitas de los planetas  que están aproximadamente en el mismo plano, mientras que sus centros están más o menos en el sol. Por lo tanto, tendríamos que imaginar que nuestro Sistema Solar tiene la forma de una lente o un disco enorme, con anillos concéntricos como las órbitas de los planetas.

Este disco tiene gran su circunferencia en la órbita del planeta más exterior. Esta circunferencia, como círculo, tiene una conexión relativa con algunas de las estrellas fijas. Visto en perspectiva, por así decirlo, desde el centro del disco, pasa por delante de un cierto número de estrellas fijas. Estas estrellas fijas forman una especie de cinta o anillo alrededor de nuestro universo solar. Esta cinta circular más allá de la circunferencia del sistema planetario en que vivimos, es lo que llamamos el Zodiaco o grupo de Estrellas Fijas. Está formado por las doce Constelaciones que vemos en el cielo estrellado.

Estos son los tres componentes de nuestro universo solar:

1) El sol, más o menos como el centro del disco.

2) Las órbitas de los planetas a diferentes distancias del Sol central.

3) La circunferencia del disco,  las Doce Constelaciones del Zodiaco.

Todavía podemos hacer otra distinción en este disco. La Tierra, en la que vivimos, se mueve a lo largo de la tercera órbita desde el centro. Las órbitas de Mercurio y Venus están dentro de la órbita de la Tierra. Estos son los llamados planetas interiores. A medida que sus órbitas son más pequeñas que la de la Tierra, completan el círculo alrededor del Sol en un tiempo mucho menor:

  • Mercurio completa una vuelta completa alrededor del Sol en aproximadamente 88 días.
  • Venus hace lo mismo en unos 225 días, porque ya está más lejos del Sol y la órbita es más grande.
  • La Tierra completa su círculo alrededor del Sol en aproximadamente 365 días. Rodeando a la Tierra, a una distancia relativamente pequeña, tenemos que imaginar la órbita de la Luna, que culmina su giro alrededor de la Tierra en unos 27 días.

Los planetas que tienen sus órbitas fuera del círculo descrito por la órbita de la Tierra son los llamados planetas exteriores. Las distancias de las órbitas del Sol son  mucho más grandes que la órbita de la Tierra y el Sol, por lo tanto, estos planetas necesitan mucho más tiempo para completar el giro alrededor del Sol a lo largo de sus trayectorias.

  • Marte necesita alrededor de 687 días para completar su círculo.
  • Júpiter completa su círculo de unos 12 años.
  • Saturno unos 30 años.
  • Urano tarda unos 84 años para hacer el mismo movimiento.
  • Neptuno esta todavía más lejos del Sol, por lo tanto, su órbita es muy grande, y el planeta necesita alrededor de 164 años para retornar al mismo lugar de la órbita.
  • Plutón necesita aún más tiempo, alrededor de 250 años.

Para nuestras investigaciones sera muy importante diferenciar entre planetas interiores y exteriores.

Las doce constelaciones de estrellas fijas, que forman el círculo del Zodiaco más allá de la circunferencia exterior del disco de nuestro sistema solar, son:

 Aries – Tauro – Géminis – Cáncer – Leo – Virgo – Libra – Escorpio – Sagitario – Capricornio – Acuario – Piscis

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(Traducido al español por Gracia Muñoz)

(Copyright Astrosophy Research Center, Inc. 2003)

Dios, el Hombre, la Naturaleza

(Edouard Schuré – del libro “Tratado de Cosmogonía)

TERCERA LECCIÓN

Uno de los principios más profundos del Ocultismo, fundado en la gran ley de las analogías, es que la Naturaleza nos revela lo que pasa en nosotros. Para dar un ejemplo resaltante y típico, aunque completamente ignorado por la ciencia oficial, de esta ley, mencionaremos el de la piedra filosofal. Los Rosacruces la conocían muy bien. Ya en un diario alemán de fines del siglo XVIII, se hace cuestión acerca de esta piedra. Se habla de ella como una cosa real y se dice: “Cada uno la toca a menudo sin saberlo,” y esto es absolutamente verdad al pie de la letra.

Todo el mundo sabe que el hombre aspira oxígeno y exhala ácido carbónico, lo que, para la ciencia del Yoga tiene un sentido físico y espiritual. El hombre no puede aspirar ácido carbónico para alimentarse, porque moriría en seguida. Sin embargo, las plantas viven con él. Las plantas renuevan el aire y lo tornan respirable y retributivamente el hombre y los animales suministran a las plantas el ácido carbónico con el que ellas se nutren. ¿Qué hace la planta con el ácido carbónico que absorbe? Construye su propio cuerpo. Ahora bien, sabemos perfectamente que el cadáver de la planta es hulla, el carbón de piedra. La hulla no es más que el ácido carbónico cristalizado.

Oh, Hombre debes saber que a través de ti pasa una corriente que sube y otra que baja

La sangre roja, al fijar el ácido carbónico, se convierte en sangre azul, que necesita ser renovada por el oxígeno; porque no puede servirse del ácido carbónico para construir el cuerpo. Los ejercicios del Yoga son un ejercitamiento especial que hace al hombre capaz de convertir la sangre roja en constructora del cuerpo. Y es así como el Yoga fabrica su cuerpo con la sangre de la misma manera que la planta fabrica el suyo con el ácido carbónico. Vemos, pues, que el poder de transmutación que existe en la Naturaleza está representado por la hulla que es una planta cristalizada. Y la piedra filosofal, en su sentido más general, significa precisamente ese poder de transmutación.

La ley de la Regresión es cierta y verdadera para todos los seres, lo mismo que la ley de la Ascensión. Los minerales son plantas degeneradas; las plantas son antiguos animales, y el hombre (física y corpóreamente considerados) y los animales tienen un antecesor común. El hombre ha subido, el animal ha descendido. En cuanto a la parte espiritual del hombre, éste proviene de los Dioses. En este sentido el hombre es un Dios degenerado y el verso de Lamartine es cierto literalmente: “L’Homme est un Dieu déchu qui se souvient des cieux”. (El hombre es un Dios caído que se acuerda del cielo).

Hubo una época en que todo vivía en la Tierra en una vida semivegetal y semianimal. La Tierra misma era un conjunto viviente y constituía algo así como un gran animal. Todo su suelo estaba formado como por una sustancia análoga a la turba, de donde brotaban bosques gigantescos, que más tarde se convirtieron en hulla. En esa época la Tierra y la Luna no formaban más que un solo astro. La Luna representaba el elemento femenino de la Tierra.

Hay seres que se han quedado retrasados en el camino, que han permanecido en una etapa inferior de la evolución. El muérdago, por ejemplo, es un testigo de dicha época, un sobreviviente del género de plantas parásitas que vivían entonces sobre la tierra, como ahora viven sobre otros vegetales, de ahí sus virtudes ocultas especiales, que los Druidas conocían, por cuyo motivo la convirtieron en su planta sagrada. El muérdago parásito es un sobreviviente de la época lunar del Globo Terrestre, es parásito, porque no ha aprendido, como las demás plantas, a vivir directamente sobre el reino mineral.

La enfermedad es algo análoga. Es causada por una regresión de los elementos parasitarios del organismo. Los Druidas conocían esas relaciones entre el muérdago y el hombre, de lo cual pueden notarse ciertas referencias en la leyenda de Baldour. El muérdago da muerte a Baldour, porque esta planta es un elemento hostil de la época precedente que no forma cuerpo ya con el hombre. En cambio, las otras plantas, adaptadas en la época, le habían jurado amistad. Cuando esta tierra vegetal se convirtió en mineral, adquirió por los metales una nueva propiedad, la de reflejar la luz. Un astro no se torna visible en el cielo hasta que se ha vuelto mineral. En el cielo existen multitud de mundos que nuestro ojo físico no puede percibir y que sólo son visibles para los clarividentes.

Tanto la tierra como el cuerpo físico del hombre se han mineralizado, pero la característica del hombre es que existe en él un doble movimiento, y mientras el hombre físico ha descendido, el hombre espiritual ha ascendido. San Pablo ha explicado esta verdad, declarando que hay una ley para el cuerpo y otra para el espíritu. Así como el hombre aparece a la vez como un fin y como un principio.

El punto vital, el punto de intersección y de retorno en la ascensión humana, fue el tiempo de la separación de los sexos. Hubo un tiempo en que ambos sexos estaban reunidos en el ser humano. El mismo Darwin ha reconocido la posibilidad de esta hipótesis. Al separarse los sexos surgió un elemento nuevo, trascendental e inmenso: el amor. La atracción del amor es tan poderosa y misteriosa, que las mariposas tropicales, de sexos diferentes, traídas a Europa, aclimatadas a doscientas leguas las unas de las otras, al ser puestas en libertad en el aire, volaron hasta reunirse a mitad del camino.

Algo semejante ocurre entre el mundo humano y el mundo divino, así como entre el Reino Humano y el Reino Animal. El oxígeno y el ácido carbónico son la aspiración y la expiración del hombre. Y así como el Reino Vegetal exhala el oxígeno, así también la humanidad exhala amor, después de la separación de los sexos, y de los efluvios de ese amor viven los dioses. ¿Por qué tanto el animal como el hombre exhalan el amor?

El ocultista ve en el hombre actual un ser en plena evolución. El hombre es a la vez un dios caído y un dios en potencia o en desarrollo. El Reino de los Cielos se nutre con los efluvios del amor humano. La antigua Grecia trató de expresar esta realidad con el mito del néctar y de la ambrosía. Sin embargo, los dioses están por encima del hombre y su tendencia natural sería más bien la de comprimirlo. Pero hay algo entre el hombre y los dioses, un ser intermediario, como el muérdago entre la planta y el animal. Este es Lucifer y el elemento luciférico. Los dioses no tienen otro interés que el amor de los hombres. Cuando Lucifer, bajo la forma de serpiente, quiso inducir al hombre a buscar la ciencia, Jehová se negó. Pero Lucifer es un dios caído que no podrá elevarse de nuevo sino por intermedio del hombre, insuflándole el deseo de un conocimiento personal. Es él quien se opone a la voluntad de Dios, que había creado el hombre “a su imagen”.

Los Rosacruces explican el papel de Lucifer en el mundo. Este punto lo trataremos más adelante. Por el momento bastará con que recordemos aquí esta sentencia fundamental de nuestra Orden: “Oh, Hombre debes saber que a través de ti pasa una corriente que sube y otra que baja”.

Entidades individuales y unidad indivisa del Cosmos 2/3

Tres conferencias pronunciadas por Rudolf Steiner en Dornach (Suiza), del 18 al 25 de Noviembre de 1917

Traducción directa del alemán de Iván Villanueva

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Segunda Conferencia

Dornach, 19 de Noviembre de 1917

He de hacer hincapié con respecto a todas nuestras digresiones llevadas a cabo con el propósito del conocer, aunque sea con medios muy deficientes, que si, por un lado, nos llevan a descubrir amplias perspectivas históricas, por el otro, y esto es lo fundamental, nos permiten lograr una información sobre hechos reales, no sobre teorías cualesquiera, no en relación con una sistematización ideal cualquiera. Es indispensable dejar esto muy claro, como así lo he manifestado en mi visita anterior, pues de lo contrario resultaría sumamente difícil la comprensión de estos temas. No intento, en ningún sentido, referirme a las leyes o a las ideas del proceso histórico, sino a hechos reales que corresponden a los propósitos e intenciones de determinados personajes organizados en hermandades, así como a otras que actúan sobre ellas y cuya influencia precisamente ellas buscan, pero que, en su forma de ser, no pertenecen a la especie humana que encarna, sino a la de los seres que se “corporizan” en el mundo espiritual. Hay que tomar esto muy en cuenta, sobre todo por la clase de observaciones que hice ayer. En estas hermandades encontramos, por así decir, diferentes partidos, como seguramente ya dedujeron por nuestros comentarios del año pasado. Ya en aquel entonces llamé su atención sobre el hecho de que, dentro de dichas hermandades, nos encontramos con el partido que propugna el mantenimiento de un secreto absoluto de ciertas verdades superiores, y, junto a él, otro, cuyos miembros, dentro de diversos matices, ya desde mediados del siglo XIX, son partidarios de revelar algunas de esas verdades, si bien con la precaución y objetividad pertinentes, así como con la restricción de que, al principio, únicamente se de a conocer aquello cuya divulgación sea de improrrogable necesidad.

Junto a estos dos partidos principales, hay otros de distintos matices. Por ahí se puede deducir que los propósitos, los impulsos que esas hermandades transmiten a la evolución humana, son muchas veces producto de una transacción.

Ahora bien, precisamente cuando estas hermandades, familiarizadas con los impulsos espirituales activos en la evolución de la humanidad, veían acercarse el trascendental acontecimiento de comienzos de mil ochocientos cuarenta, o sea, el combate de ciertos espíritus contra los superiores que terminaría en 1879 con la supeditación de los espíritus angélicos de las tinieblas, efeméride simbolizada por la derrota del dragón a manos del arcángel Micael (veáse “La caída de los espíritus de las tinieblas” o “ Micael y el Dragón” ), cuando esas hermandades se dieron cuenta de la proximidad de tal acontecimiento, sintieron la necesidad de tomar posición al respecto, y preguntarse: ¿qué hacer?.

Los miembros de las repetidas hermandades cuyas opiniones armonizaban con las exigencias de la época, animados de las mejores intenciones, cayeron en el error de querer tener en cuenta el materialismo que era la característica de los tiempos, pensando que, puesto que los hombres sólo se interesaban por los conocimientos relacionados con lo físico, era lógico proporcionarles por ese medio algunos conocimientos del mundo espiritual. Fue, pues, con buena intención que este grupo difundió el espiritismo en los años cuarenta.

Cuando tuvo lugar el aludido combate, que coincidió con el predominio del espíritu crítico, de la razón orientada hacia lo exterior, se hizo necesario intentar que los hombres tuvieran, al menos, la impresión, el sentimiento de que existía a su alrededor un mundo espiritual. Y como se logran determinadas transacciones, se logró ésta. Algunos integrantes de las hermandades que por completo rechazaban la comunicación de los humanos con ciertas verdades espirituales, se vieron, por así decir, dominados por la mayoría y precisados a dar su consentimiento. Pero su intención primera no había sido implantar el espiritismo y sus implicaciones en el mundo. Sin embargo, donde hay corporaciones, y éstas manifiestan una voluntad expresa, existen transacciones que implican, como ocurre siempre en el plano externo de la vida, que toda decisión de una corporación incluya el deseo de sacar algún provecho del acuerdo logrado, entre los que montaron la escena según sus propios designios, y los que originariamente se oponían a ello .

Así, pues, los miembros bien intencionados de esas hermandades cayeron en el error de creer que recurriendo a médiums llegarían a convencer a los hombres sobre la existencia de un mundo espiritual, y de que, con base en esta convicción, podrían hacerles partícipes de otras verdades. Lo que hubiera dado buen resultado si, en realidad, hubiera ocurrido lo que esos bienintencionados miembros dieron por sentado: que los fenómenos provocados por los médiums se interpretaban como manifestaciones de un mundo espiritual; pero algo totalmente distinto ocurrió: los fenómenos provocados los interpretaron las personas presentes en las sesiones como procedentes de los muertos. Y así, el espiritismo produjo una decepción general: por un lado, los que habían sido superados por el voto de las mayorías, sufrieron un disgusto máximo al saber que, en las sesiones espiritistas, existían -a veces con razón- manifestaciones de los espíritus de los difuntos, lo que no esperaban que esto sucediera los iniciados progresistas y bienintencionados, sino comentarios sobre un mundo subyacente general: a ellos alcanzó asimismo la decepción.

las comunicaciones de éstos podrían poner en evidencia cómo aquellos miembros manipulaban las almas de los difuntos; precisamente de aquellos de quienes los hermanos de la izquierda habían abusado en cierto modo.

Pero este proceso lo siguieron con suma atención los que poseían cierta iniciación, Y es que, además de los miembros de las mencionadas hermandades, existen también miembros de otras, e incluso de las primeramente mencionadas, en las que llegan a formarse minorías y, a veces, hasta mayorías de iniciados que suelen denominarse “hermanos de la izquierda”, cuyo principal propósito es la conquista de poder por medio de cualquier impulso que se infiltra en la evolución de la humanidad, hermanos de la izquierda que mucho esperaban por su parte de los resultados del espiritismo. Ya puntualicé ayer que estos hermanos de la izquierda fueron quienes tomaron en primer lugar providencias con las almas de las personas muertas, y eran del máximo interés para ellos los resultados de las sesiones espiritistas; por eso, poco a poco, se fueron apoderando de todo ese territorio. En cambio, los bienintencionados iniciados perdieron gradualmente todo interés por el movimiento espiritista, y hasta se sintieron en cierto modo avergonzados, porque los que habían rechazado, en un principio, ese movimiento les decían que debían ya haber sabido de antemano que eso no iba a dar nada de sí. Por eso, cayó el espiritismo precisamente dentro de la zona de influencia de los hermanos de la izquierda, individuos que, como les decía, se habían decepcionado también, sobre todo se daban cuenta que, a causa del espiritismo, posiblemente se descubriría su verdadera maquinación, lo que en ningún sentido les interesaba: precisamente en las sesiones espiritistas, donde los participantes se creían influidos por las sugerencias de los muertos, las comunicaciones de éstos podrían poner en evidencia cómo aquellos miembros manipulaban las almas de los difuntos; precisamente de aquellos de quienes los hermanos de la izquierda habían abusado en cierto modo.

Insisto: estas consideraciones no son simples elucubraciones teóricas, sino hechos reales que tienen relación con individualidades determinadas, individualidades que, por hallarse agrupadas en hermandades, unas pueden esperar, de un mismo asunto, determinado resultado, y otras individualidades, otro resultado. Cuando se habla de hechos reales del mundo espiritual, no se puede pretender otra cosa que no sea la consecuencia conflictiva de los impulsos de las diversas individualidades. También en la vida se contradicen las acciones de unos y otros. Pero cuando se habla de teorías, el principio de la no contradicción es inviolable; no así cuando recurrimos a hechos reales –las acciones en el mundo espiritual– concuerdan entre sí tan poco como las de los hombres en el plano físico; tengan esto siempre presente. En estos asuntos no podemos hablar de realidades, si no las relacionamos con hechos individuales. Diferenciemos, pues, las distintas corrientes, mantengámoslas separadas.

Esto trae como consecuencia, algo tan importante, que no hemos de olvidar, si queremos llegar a una concepción del mundo un tanto satisfactoria. Muy importante es lo que les voy a decir; importante y trascendente, a pesar de su abstracción; expongámoslo de una vez.

Cuando el hombre quiere formarse una concepción del mundo, tiende, con justa razón, a que las distintas partes de dicha concepción concuerden entre sí. Esto lo hace por costumbre, costumbre plenamente justificada, pues deriva de lo que, durante muchos siglos, constituyó el mas inapreciable tesoro anímico y espiritual de la humanidad: el monoteísmo. Uno intenta referir todo lo que acaece en el mundo, a la unidad indivisa del Cosmos, y es lógico que así sea, si bien no en el aspecto que muchas personas creen sino desde otro punto de vista, aquel del que hablaremos la próxima vez. Hoy me limito a destacar su fundamental importancia.

Quien presupone que todo se puede explicar sin contradicciones, como si las cosas procedieran de un motivo único y universal, sufrirá muchas desilusiones, sobre todo si enfoca imparcialmente al mundo y sus vicisitudes. Es común que el hombre considere todo lo que percibe a su alrededor desde la concepción sacerdotal del mundo: todo se retrotrae a la unidad indivisa, de Dios; todo, por lo tanto, ha de poder explicarse de una sola manera.

Pero la realidad no es así. No todas las experiencias de este mundo provienen de una causa primera y única, sino de individualidades espirituales diferenciadas entre si; y en los sucesos que tienen lugar, confluyen los actos de diferentes entidades individuales; así es, por lo pronto.

La próxima vez aportaré elementos adicionales que justifican el monoteísmo, esto es, la concepción de la fundamentación unitaria del Universo; mas para nuestro cometido de hoy, hemos de detenernos en la diversidad: hemos de pensar en entidades individuales, en grado sumo independientes unas de otras, que salen a nuestro encuentro tan pronto como damos el primer paso cruzando el umbral del mundo espiritual. Esto implica que ya no se puede pretender que el devenir sea explicable partiendo de un principio unitario. Supongamos que aquí tenemos, esquemáticamente representado, un acontecimiento cualquiera, digamos los acontecimientos sucedidos desde el año 1913 a 1919.

Entidades Espirituales y unidad indivisa del Cosmos c2.

Naturalmente, las experiencias de la gente van más allá de esas fechas en ambas direcciones, y aunque el historiador esté tentado a postular un principio unitario dentro de la complejidad del desarrollo, no lo hace, pues en cuanto se traspasa el umbral del mundo espiritual, ya sea hacia abajo o hacia arriba, lo que es lo mismo (ver dibujo rojo), diferentes individualidades influyen conjuntamente en los acontecimientos, individualidades relativamente independientes unas de otras (ver dibujo, flechas). Si ustedes no toman esto en cuenta, si presuponen siempre la unidad indivisa del cosmos, nunca podrán entender los acontecimientos. Sólo cuando en la complicación de los sucesos, se toma en cuenta la acción conjunta o antagónica de las más diversas entidades, puede llegarse a entenderlas correctamente.

Lo que afirmo se relaciona con los más profundos secretos de la evolución humana, ignorados durante siglos o milenios por el sentimiento monoteísta; pero no hemos de olvidar esto en nuestra época. Si queremos pues, ahondar nuestros problemas filosóficos, tratemos, ante todo, de no confundir la lógica con una abstracta ausencia de contradicción. Esta ausencia no puede existir en un mundo en el que confluyen influencias de Individualidades independientes entre sí, por cuya razón es absurdo postular la no contradicción abstracta que sólo nos conducirla al empobrecimiento de las ideas, incapaces de abarcar en si la plena realidad.

La realidad sólo puede ser íntegra cuando contiene en sí lo positivo y lo negativo, es decir, el mundo contradictorio de la realidad.

El reino de la Naturaleza que se despliega ante el hombre, se forma de muy notable manera. También en ella, o sea, en todo lo que con ese nombre intenta captar el hombre, con las ciencias naturales por una parte, con el culto que le suscita la estética natural, etc., por la otra, también ahí actúan diversas individualidades. Pero en el ciclo actual de la evolución humana, el sapientísimo gobierno del Universo ha tomado providencias de sumo provecho para los hombres: puede el hombre concebir la Naturaleza por medio de las ideas armónicas con la dirección unitaria, porque la percepción sensoria sólo permite que llegue a su conciencia aquel aspecto natural que efectivamente tiene por causa una ordenación unitaria. Detrás de ese tapiz, existe, sin embargo, algo más, sometido a un centro de influencias completamente distinto, en el que queda excluida la percepción sensoria. Por eso, lo que el hombre denomina Naturaleza es, efectivamente, un sistema unitario, pero sólo porque pasa a través de un tamiz, nuestros sentidos, los tamizadores. Al percibir la Naturaleza, todo lo que ella contiene de contradictorio se retiene en ese filtro, y la recibimos efectivamente en forma de sistema unitario. Mas en el mismo instante en que se traspasa el umbral, y se toma la realidad integral como base para explicar el mundo natural, los espíritus elementales, o las influencias sobre el alma humana, que también recaen sobre la Naturaleza, en ese mismo instante ya no se puede hablar de sistema unitario, y hay que admitir la interacción de individualidades en lucha recíproca o en recíproco apoyo y fortalecimiento.

En el mundo elemental encontramos los geniecillos de la tierra, criaturas gnómicas; los del agua, criaturas ondinas; los del aire, criaturas silfídeas; los del fuego, criaturas salamándricas. Todos ellos se encuentran allí. Y no son de tal índole que se pudiera formar con ellos como un regimiento unitario; de ninguna manera

En el mundo elemental encontramos los geniecillos de la tierra, criaturas gnómicas; los del agua, criaturas ondinas; los del aire, criaturas silfídeas; los del fuego, criaturas salamándricas. Todos ellos se encuentran allí. Y no son de tal índole que se pudiera formar con ellos como un regimiento unitario; de ninguna manera. Constituyen diferentes reinos: el de los gnomos, las ondinas, los silfos y las salamandras, cada uno independiente en cierto modo; no trabajan en formación cerrada partiendo de un sistema único, y sostienen luchas entre ellos. Sus intenciones no se corresponden previamente y la conjugación de esas intenciones produce los más diversos resultados. Cuando las intenciones son conocidas, se puede ver en un hecho la participación conjunta de, por ejemplo, los genios del fuego y los de las ondinas. Mas tampoco hemos de suponer que exista tras ellos alguien a quien obedecer; no es así.

Muy difundida está esa suposición en la actualidad, y algunos filósofos, como por ejemplo Wundt – de quien Friti Mauthner afirma, no sin razón, que es una “autoridad por gracia de su editor”, deducen que la totalidad de las funciones anímicas, o sea, la vida representativa, la sentimental y lavolitiva, forman una unidad, y razonan que, siendo el alma una, todo en ella debe ser indiviso, corresponder a un sistema común. Pero no es así y si nuestra vida representativa tras el umbral de la sensoria no se remontara a otras regiones completamente diferentes, desde donde queda influida por determinadas individualidades, así como lo está nuestra vida sentimental por otras, y la volitiva por otras, no surgirían las discrepancias tan intensas y significativas en la vida humana, esas discrepancias que precisamente son el objeto de estudio de la psicología analítica.

¡Qué extraño es todo esto! Si suponemos que esto es la entidad humana (ver dibujo), integrada por la vida representativa, la sentimental y la volitiva (ver dibujo, letras T, F, W), un sistematizante como lo es Wundt, no podría pensar sino que todo ello constituye un sistema.

Entidades individuales y unidad indivisa del Cosmos c2.

Pero la vida representativa desemboca en un mundo (W1), en otro, la vida sentimental, (W2) y en otro, la volitiva (W3); y para integrarlos está ahí el alma humana, para formar la unidad de lo que en lo prehumano, momentáneamente prehumano, es realmente trinidad.

Hay que tener todo esto en cuenta, porque en la evolución histórica de la humanidad son de considerar los impulsos que la integran.

En el transcurso de estas conferencias, he sustentado que cada época del período postatlante tiene su misión especial; y en términos generales, he caracterizado la de la quinta época como la de la confrontación con el Mal, considerado como impulso dentro de la evolución universal. Ya hemos comentado diversamente lo que esto quiere decir. La única posibilidad de contrarrestarlo consiste en que los poderes que, por su desviación, son malignos, sean conquistados a favor de la humanidad, gracias a los esfuerzos del hombre del quinto periodo postatlante, y así los transmute en algo beneficioso para la íntegra evolución universal en su futuro. Esto implica que la misión de esta quinta época postatlante es particularmente ardua, pues la humanidad se halla expuesta a gran variedad de tentaciones. Ante la aparición sucesiva de los poderes del Mal, el hombre se siente, a veces, naturalmente inclinado a entregarse a él en todos sentidos, en vez de emprender la lucha por supeditarlo al servicio de la positiva evolución universal. Pero esto es lo que ha de llevarse a cabo; el mal debe, hasta cierto punto, incorporarse al servicio del favorable desarrollo cósmico, ya que de lo contrario no podríamos entrar en el sexto período postatlante, cuya misión es completamente distinta: que la humanidad, a pesar de la continuidad de su contacto con la Tierra, se halle en contemplación constante del mundo espiritual, responda en todo momento a los impulsos espirituales. Esta misión frente al Mal en el curso del quinto período postatlante, origina en el hombre cierta ofuscación.

Ya sabemos que desde el año 1879, los espíritus de las tinieblas más próximos al hombre, integrantes del reino angélico, deambulan, expulsados del mundo espiritual, por el reino humano, y que moran dentro de los impulsos del hombre, y de ellos se sirven para actuar. He dicho también que precisamente a causa de que estas entidades próximas al hombre actúan invisibles entre nosotros, y que los poderes del Mal interfieren impidiéndole al hombre que, con su razón, reconozca lo espiritual – otra misión concomitante de la quinta época postatlante – precisamente por esto abundan en esta quinta época las ocasiones de cometer errores funestos y desmanes peligrosísimos. Debe el hombre, en esta época, concebir lo espiritual por medio de la razón.

Puesto que los espíritus de las tinieblas fueron derrotados en el año 1879, habrá de revelarse lo espiritual al hombre, y la sabiduría espiritual manará en abundancia cada vez mayor desde los reinos del espíritu.

Puesto que los espíritus de las tinieblas fueron derrotados en el año 1879, habrá de revelarse lo espiritual al hombre, y la sabiduría espiritual manará en abundancia cada vez mayor desde los reinos del espíritu. No hubiera sido esto posible si los espíritus de las tinieblas hubieran permanecido en esos reinos espirituales; pero sí pueden todavía promover confusión, sí pueden obscurecer las almas; ya hemos descrito en qué forma, cuáles son las oportunidades que aprovechan para lograrlo; qué maquinaciones llevan a cabo para impedir que los hombres den cabida a la vida espiritual.

Claro que esto no debe ser motivo de lamentaciones, pero sí el intensificar las fuerzas y energías anímicas que tienden hacia lo espiritual. Si en nuestra quinta época postatlante, alcanzamos lo que debe conseguirse, incorporando las fuerzas del Mal a la causa del Bien, habremos logrado algo inaudito: que la quinta época postatlante obtenga un saber de ideas mas vastas que cualquier otra época, que cualquier otro periodo de la evolución terrestre. Por ejemplo, el Cristo apareció durante la cuarta época postatlante en el Misterio del Gólgota; pero la razón humana no puede asimilarlo hasta la quinta época. En la cuarta, los hombres comprendieron que había algo en el Impulso Crístico que podía ayudar a sus almas a superar la muerte: quedó claramente expuesto en el cristianismo de San Pablo; pero en la quinta época sucederá algo de mayor importancia todavía para su desarrollo; el alma humana llegará a la convicción de que tiene en Cristo la ayuda necesaria para convertir al Bien las fuerzas del Mal, algo caracteriza la peculiaridad de esta quinta época postatlante, algo que debe el hombre tener grabado siempre en su alma, sin que tienda a olvidarlo como acostumbra: que ha de ser militante en pro del espíritu, y que flaquearán sus energías si no se hallan en todo momento embridadas y listas para la conquista del mundo espiritual.

En esta quinta época postatlante, goza el hombre en grado máximo de su propia libertad: corresponde a su proceso evolutivo. Y todas las vicisitudes por las que pase en esta quinta época, han de calibrarse en cierto modo con la idea de la libertad humana: si sus fuerzas flaquearan, podría todo desviarse hacia la maldad. El hombre ya ha trascendido la etapa de ser guiado como un niño, y si perduran las hermandades que todavía prescriben aquel ideal de conducirle como a un infante, así fue en los tercero y cuarto períodos postatlantes, estas hermandades no siguen el acertado camino, no enfocan lo que debe hacerse para el desarrollo humano. Quien en esta quinta época post-atlante, se lance a la proyección del mundo espiritual, ha de adoptar tal actitud que su aceptación o rechazo quede al libre albedrío del individuo. A esto se debe que ahora, sólo determinados aspectos de la verdad han de mencionarse; el simple roce de ella, es tan importante en este momento como pudo haber sido en otra época, cualquier amplia manifestación suya. Pondré un ejemplo.

En nuestra hora, lo más importante es la transmisión de verdades o, si me permiten expresarlo trivialmente, contar las verdades; dejar después que la gente libremente decida. En puridad, no se debería ir nunca más allá de la transmisión del informe, y dejar el resto a discreción del informado, al igual que como actuamos en el plano físico. Esto incluye asimismo los asuntos cuya dirección y manejo sólo pueden provenir del mismo mundo espiritual.

Nos entendemos mejor si entramos en pormenores. Todavía en la cuarta época, las circunstancias eran tales que otras cosas privaban sobre la mera palabra, la pura transmisión. ¿Qué eran esas cosas? Tomemos un caso concreto: la isla de Irlanda, como hoy la llamamos, es muy particular; en algunos aspectos se diferencia del resto de la Tierra. Los territorios son distintos unos de otros; lo que nada tiene de particular; mas hoy quiero destacar la gran diferencia que existe entre Irlanda y otros lugares terrestres. Arrojemos una mirada retrospectiva a la evolución de la Tierra -ya la conocen por mi libro “La Ciencia Oculta”- y comprobemos diversas influencias, diversos acontecimientos que procedían del mundo espiritual. Por mi “Ciencia Oculta” conocen como se hallaba durante el período lemúrico, lo sucedido desde entonces, y cómo se fueron desarrollando los siguientes procesos. Ayer, les hice notar que la Tierra es propiamente un organismo y que, de los distintos territorios, fluyen emanaciones diversas sobre sus habitantes, emanaciones que ejercen una bien determinada influencia sobre nuestro doble, del que también les hablé ayer al finalizar mi conferencia. En el caso de Irlanda, la antigua humanidad que conoció esta isla, describió su carácter peculiar de una manera legendaria y fabulosa. En un tiempo, se conoció una leyenda esotérica que trataba de la esencialidad de Irlanda dentro del conjunto del organismo terrestre, y decía: la humanidad fue expulsada del Paraíso, porque Lucifer la pervirtió, y desde entonces se dispersó por el resto del mundo; pero esta afirmación implica que este resto del mundo ya existía cuando tuvo lugar la expulsión del Paraíso. Hay que distinguir entonces -así decía el legendario y fabuloso relato- entre el Paraíso en el que se hallaba Lucifer también, y el resto de la Tierra, adonde se expulsó la humanidad. Sin embargo, Irlanda constituye una excepción, porque no pertenecía propiamente al resto de la Tierra: antes de que Lucifer entrara en el Paraíso, se había formado en la Tierra una reproducción suya, es decir, del Paraíso, reproducción que precisamente, corresponde a lo que hoy es Irlanda.

Aclaro: Irlanda es aquella porción de la Tierra en la que Lucífer no tiene participación, con la que no tiene relación alguna. Lo que hubo de separarse del Paraíso a fin de que su trasunto en la Tierra pudiera existir, hubiera bastado para impedir la entrada de Lucifer al Paraíso. O sea, que según esta leyenda, Irlanda fue concebida como una segregación de la porción del Paraíso que hubiera podido impedir la entrada de Lucifer. Sólo después de que Irlanda quedó segregada del Paraíso, pudo Lucifer entrar en él.

Esta leyenda esotérica que muy imperfectamente les he referido, es muy hermosa. Para muchos hombres correspondía la explicación de la peculiar misión de Irlanda durante siglos. En el primero de mis Dramas Iniciáticos se pone de manifiesto lo que tanto se ha repetido: que la Cristianización de Europa partió de los monjes irlandeses. Después de que San Patricio introdujo el cristianismo en Irlanda, alcanzó allí el movimiento la máxima devoción. Según la exégesis de la mencionada leyenda, Irlanda, a quien los griegos llamaban “Ierne” y los romanos “Ivernia” , era conocida en esta época, cuando las fuerzas de la cristiandad europea recibían de ella sus mejores estímulos, a través de los amantísimos iniciados cristianos irlandeses; se la llamaba Isla de los Santos, por la devoción reinante en los claustros cristianos que allí tenían su sede. La causa de esto es que en Irlanda son óptimas las fuerzas de las que les he hablado, las fuerzas territoriales que, ascendiendo de la Tierra, se apoderan del doble de las personas.

 causa de esto es que en Irlanda son óptimas las fuerzas de las que les he hablado, las fuerzas territoriales que, ascendiendo de la Tierra, se apoderan del doble de las personas.

Quizá ustedes deduzcan: en este caso, lo mejor del mundo son los irlandeses, las realidades humanas no son tan simples; a cualquier territorio llegan inmigrantes, tienen descendientes, y así sucesivamente. El hombre no es simple producto de la parte de la Tierra en que se encuentra, y puede ocurrir muy bien que el carácter del hombre contradiga las emanaciones terrestres. No se puede, pues, juzgar la proyección real del hombre como característica del organismo terrestre relativo a determinado territorio; de hacerlo, no haríamos más que entregarnos de nuevo a la ilusión.

De todos modos, hay que reconocer que Irlanda es un territorio muy especial; y de lo dicho deberíamos entresacar un factor entre muchos que pueden ser fructíferos en el campo de las ideas político-sociales, factores que deberían ser tenidos en cuenta: lo dicho de Irlanda es uno de ellos. Si coordináramos todo lo enfocado, llegaríamos a una ciencia de las relaciones humanas en la Tierra; y, por faltar, nos es imposible darnos cuenta de la disposición justa y sana de los asuntos públicos. La información que podemos difundir procedente del mundo espiritual, debiera determinar las medidas a tomar. Por esto he dicho recientemente en mis conferencias públicas que es importante que quienes se relacionan con los asuntos públicos, como los estadistas, deberían interesarse en conocer todo esto, ya que solamente de este modo llegarían a dominar la realidad. Pero no lo hacen, o por lo menos hasta ahora, aunque la necesidad exista.

En el presente, y de acuerdo con la misión de la quinta época postatlante, son esenciales la transmisión e información, pues antes de que la palabra se convirtiera en acto, hay que tomar las decisiones pertinentes, a la manera de cómo suele hacerse con los impulsos que provienen del plano físico. Era distinto en otros tiempos porque otros eran entonces los procedimientos.

En cierto momento de la tercera época postatlante, una hermandad concibió la idea de enviar gran cantidad de colonizadores del Asia Menor a Irlanda, y se establecieron en ella colonos procedentes de la parte de Asia, donde más tarde nacería el filósofo Thales. Relean en mis “Enigmas de la Filosofía” lo concerniente a la filosofía de ese autor. Thales, aunque de posterior nacimiento, pues vino al mundo en la 4a época postatlante, procedía de los mismos distritos del Asia, de donde, anteriormente, los iniciados habían enviado a Irlanda colonos formados dentro del mismo medio ambiente, de la misma sustancia espiritual en que se engendraría el filósofo Thales. ¿Por qué? Porque conocían las características de esa parte de la Tierra irlandesa. Sabían aquello que revelaba la leyenda esotérica de que les he hablado; que las fuerzas que ascienden de la Tierra a través del suelo de esa isla, actúan sobre el hombre de tal modo que proyectan escasa influencia hacia el intelectualismo, hacia el egoísmo y hacia la facultad de decidir. Sabían esto muy bien los iniciados que enviaron los colonos a la isla, y seleccionaron a quienes les parecieron más adecuados por su predisposición kármica a asimilar las influencias de su territorio. Todavía existen hoy, en esa isla, descendientes de la antigua población transplantada del Asia Menor, destinada a evolucionar de tal modo que en ellos no floreciera la mínima intelectualidad, ni el menor racionalismo, ni tampoco un carácter resuelto; sí, en cambio, y en forma sobresaliente, ciertas otras cualidades anímicas.

Así se estuvo preparando muy de antemano lo que después había de arraigar en Irlanda como pacífica forma de expansión del cristianismo, y el glorioso desarrollo, cuya irradiación posterior fue la cristianización de Europa: todo preparado con gran antelación. Los compatriotas del futuro Thales enviaron a la gente idónea para que de ellos nacieran los monjes que habían de actuar en la forma descrita. En los tiempos antiguos, mucho encontramos de este proceder, y cuando ustedes se relacionen ahora con la historia exotérica y superficial redactada por historiadores incomprensivos, con mucho entendimiento, sin embargo, pues el entendimiento es lo característico del mundo de hoy, descripciones de colonizaciones antiguas, no duden de que en esas colonizaciones se oculta una profunda sabiduría, de que fueron ordenadas y dirigidas tomando muy en cuenta lo que habría de suceder en el futuro, tomando muy en cuenta lo fundamental de la evolución terrestre.

Esta era otra manera de implantar en el mundo la sabiduría espiritual. El que hoy sigue el recto sendero, no debiera hacerlo así; nada debiera proscribir a las personas contra su voluntad, con el objetivo de zonificar la Tierra: limítese a transmitir las verdades, y que cada cual se decida por si mismo.

Pueden ver así un progreso esencial de la tercera a la cuarta y a la quinta época postatlante. Es preciso fijarse bien en ello, así como reconocer que el impulso de libertad debe extenderse a lo largo de toda la quinta época, pues precisamente contra esa libertad humana se rebela aquel adversario que acompaña al hombre como su doble desde poco antes de su nacimiento hasta poco antes de su muerte, cuando tiene que abandonarlo intempestivamente. Cuando se está bajo la influencia que se ejerce directamente con el doble, pueden surgir, en esta quinta época, manifestaciones que no son adecuadas para facilitar el cumplimiento de su misión: aceptar el combate contra el Mal para transmutarlo, hasta cierto punto, en Bien.

Imagínense el transfondo que acecha al hombre en el transcurso de esta quinta época; no me canso en aclarar sus circunstancias, para que se entiendan. Pues ahí donde opera reciamente el doble de quien les hablé ayer, se actúa en realidad contra las tendencias propias de esta quinta época, cuando la humanidad no se halla todavía en condiciones de aquilatar acertadamente sus valores; sobre todo, después de estos tres últimos años tan tristes. (Postrimerías de la 1ª Guerra Mundial)

Tomemos un hecho aparentemente muy alejado de nuestras actuales reflexiones: en una gran empresa metalúrgica hay que cargar diez mil toneladas de hierro colado en vagones de ferrocarril. Se destinan a ello determinado número de trabajadores: setenta y cinco hombres, cada uno de los cuales podrá cargar, según cálculos efectuados, doce toneladas y media al día; son, por lo tanto, setenta y cinco hombres a doce toneladas y media por día cada uno.

Alguien, que otorgaba al doble más consideración de la que, en sentido del adelanto de la humanidad, prodigaba a lo que se refiere al ánimo humano, durante la quinta época postatlante, ese alguien era Taylor. Este hombre preguntó a los fabricantes si no creían que un obrero podía cargar mucho más de doce toneladas y media por día; a lo que respondieron que un obrero al máximo, podía cargar dieciocho toneladas diarias, Taylor asintió y dijo: hagamos el experimento. Y empezó a experimentar con los hombres. Con esto, lo mecánico se transfiere a la vida social humana: ¡había que experimentar con los hombres! Comprobó si era o no verdad lo que afirmaban los fabricantes de mayor práctica, o sea, que un hombre sólo podía cargar máximo dieciocho toneladas al día. Distribuyó los descansos, de tal modo que, según las leyes de la fisiología, los trabajadores pudieran recuperar en los intervalos, exactamente la misma cantidad de energías que habían perdido, y naturalmente, se comprobó que cada caso era distinto. En el mundo de la mecánica podemos recurrir al promedio aritmético, pero no así en los hombres, porque cada uno tiene su razón de ser. Taylor recurrió no obstante a los promedios aritméticos, seleccionando los obreros que se adaptaban en su conjunto a las pausas racionales, y dispuso que les fueran concedidos esos descansos; quienes no podían recuperar sus energías dentro del tiempo descrito, fueron despedidos. El resultado de estos experimentos fue que los obreros seleccionados, recuperadas sus energías por completo durante los descansos, se hallaban en condiciones de cargar cada uno cuarenta y siete toneladas y media por día.

Habían aplicado así el mecanismo de la teoría darwinista a la vida laboral: los ineptos fuera, y selección práctica de los aptos. Los aptos son aquellos que, con el correspondiente aprovechamiento de los descansos, pueden cargar, no un máximo de dieciocho toneladas, como se suponía, sino cuarenta y siete toneladas y media. Con esto también se puede satisfacer a los obreros, pues con el enorme ahorro conseguido se pueden aumentar los salarios de cada uno en un sesenta por ciento. Con este sencillo procedimiento, se logra además que los seleccionados, los más aptos en la lucha por la vida, los elegidos por eliminación, queden muy satisfechos; si los ineptos se mueren de hambre, pues allá ellos…

He ahí la entrada a una práctica aplicación de un principio, cosas que suelen pasar inadvertidas, porque no se observan con la óptica debida, no se examinan a la luz de las grandes perspectivas. Hoy todavía no deja de ser mera aplicación a la vida humana de erróneas ideas científico-naturales. Pero subsiste el impulso, y luego se aplicará a lo que verdades ocultas se presenten en el transcurso de la quinta época postatlante. El darwinismo no encierra verdad oculta alguna, pero su aplicación, la concepción darwinista a la experimentación directa con hombres, nos llevaría a grandes desequilibrios. Sin embargo, cuando esto se conjuga con verdades ocultas, que han de revelarse en el curso de la quinta época postatlante, puede alcanzar un poder enorme sobre los hombres, simplemente seleccionando siempre los más aptos. No nos limitaríamos a la selección de los más aptos, sino que, con la intención de lograr determinado descubrimiento ocultista, con la intención de hacer a los aptos cada vez más aptos, se llegaría al inaudito despliegue de fuerzas que actuarían precisamente en contra de la tendencia benigna de la quinta época postatlante.

Estas consideraciones no tienen otro objeto que llamarles la atención sobre el despliegue de intenciones futuristas de largo alcance, para iluminarlas desde superiores puntos de vista. Nuestro objetivo ahora será referirnos en la próxima charla a las tres o cuatro grandes verdades que habrá de descubrir la quinta época postatlante, para que se destaque de qué manera, negativamente, se desviarían si, en vez de utilizarlas dentro de la correcta tendencia benigna de ésta, nuestra quinta época, se cumplieran preferentemente las condiciones que nos impone nuestro doble, y que son las que sustentan aquellas hermandades que pretenden suplantar al Cristo con otra entidad distinta.